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Full text of "Cronica del Emperador Carlos V."

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http://www.archive.org/details/cronicadelempera01santuoft 



CRÓNICA 



DEL 



EfáPERñDOR CARLiOS V 



CRÓNICA 



DEL 



EMPERADOR CARLOS V 



COMPUESTA POR 



7\Ionso de Santa Cruz, 

5u Cosmógrafo Mayof; 

Y PUBLICADA POR ACUEÜDO DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

POR LOS 

Excmos. Sres. D. Ricapío Beltráíi j Rózpiíe j D. Híitofiio Blázpez f Delgaío-ípilepa, 

CON UN PRÓLOGO DEL 

Excmo. Sr. D. Francisco de Laiglesia y Auser. 



[(3<Q) 



:^^' 




MADKID 

lm|>reutH del Fatiuuato de Kiiéiraiios de liiteudeiiciii é lutorveiiciu Uilllaieii. 

Caracas, número 7. 

1920 



PRÓLOGO 



DEL 



Excmo. Sr. D. Francisco de baiglBsia y fiuser. 



(1) 



Desde que Ranke refirió que había visto en Roma un 
manuscrito titulado Chronica del Muy Alto y Muy Justo 
Príncipe Don Carlos, Emperador de Alemania y Rey de 
Roprianos y de España, compuesta por Alonso de Santa 
Cruz, su cosmógrafo mayor, todos los aficionados á estos 
estudios, y especialmente los que hemos consagrado nues- 
tra atención á este período de la Historia, deberíamos ha- 
ber procurado con esmero el conocimiento y la publicidad 
de un texto que no podía menos de ser interesante y va- 
lioso, procediendo de quien había acreditado ya sus cua- 
lidades y aptitudes en estos trabajos, que habían puesto 
bien de relieve su competencia crítica. 

Nicolás Antonio, al dar cuenta de sus obras La Censura 
de Zurita, De los Linajes de España, De la Caballería del 
Toisón, De lo que sucedió en Sevilla cuando las Comuni- 
dades y la Historia del Emperador Carlos V, dice de él 
que era muy perito en todas las artes matemáticas, que 
conocía muy bien la Historia, y que eran numerosas las 
obras de Geografía que meditó y los instrumentos útilísi- 
mos inventados para la Cosmografía y la Náutica. 



(1) Informe del Académico de número Excmo. Sr. D. Francisco 
de Laiglesia acerca de esta obra, á la que sirve de prólogo, y fué publi- 
cado en el «Boletín de la Academia», t. LXXI, pág. 110 y siguientes. 



■•TO estos. .•1"{4"'"^ .sccoiilinnai. > roi.ii.l.'lan con los 
.1..1,.. ,,ue piil.li.-ó MarlÍM Vvvn(uu\ry. .1.' Ni.varrplc, al jir/-- 
Karlo .romo K-o^iafo, al rvfnir h.. Iiahaj..^ hmicos y al 
roiiiL-nUir la parí.' iiuporlaMl.' .|.i.' l-»no n, los csludios 
,,,10 sobre cslo se hicieron .-n a.iu.-lla r|HM;a; por ellos se 
>nl).' .|ue en 1525 fué i.oiiihra.lo .\1(mi-o de Santa Cruz 
t,..un.ro de la expcílición al estrecho de Magallanes orga- 
M./ada por Sebaslián Cahol: i\nc navegaba por las costas 
del lirusii en ir>iO, y (pie en eslc niiHi.o afu) regresó á 
Sevilla, dí.nde debió acnMJilar su ((.nipetencia náutica, 
ruando el 7 dr .lidio de 1030 fué nondjrado cosmógrafo 
d.' la (asa dr Conlralarión, <oii treinta mil maravedises 
d.- habrr, y en 1 5:^9 se le dcsiinó á la Armada que organizó 
(Miliénvz N'argas, Obisjx. dr IMascncia, para el estrecho 
dr Magallanes, cargo (pi<' no llegó á ejercer porque le 
reluvi» el emperador en \ alladolid para oir sus lecciones 
de A^lroiiomía v Cosmogiafia. El 6 de Maizo se le nom- 
bró, sin duda por ellas, contino de la Real Casa de Con- 
tratación «le Sevilla, con 3r3.000 maravedises de sueldo. 
Kn \:)V) |iii-;i a l.i-li<ia á reconocer los derroteros de la 
india y á averiguar las variaciones de la aguja observa- 
das en ellys, y el 10 de Noviembre de 1551 escribe al Em- 
pcraflor «les«le Sevilla, carta publicada ya, diciéndole que, 
aunipic muy quebrantado de salud, hacía un año que había 
arabaíb» la lli-toria de los Reyes Católicos, desde el año 
1 \H0, en (\iw la dejó el cronista Hernando del Pulgar, hasta 
hi muerte del Rey Don Fernando; que asimismo tenía 
hecha la Crónica del Enqx-rador desde el año 1500 hasta 
el 15'/», con una noticia de -^us ascendientes y del modo 
en (jue se reunieron en él las Casas de Austria, Flandes, 
Arnuón y Castilla, extendiéndose á los acontecimientos 
de todas jhs parles del nnmdo, y diversos trabajos de As- 
tronomía y Geografía; y terminaba solicitando la plaza 
de hirrclor d»- j;i- dbra- del \I( ;'i/ai- |»a?-a \i\ir en él tran- 



— vil — 

quilo y remediar la carestía de la vida en Sevilla, causada 
por la inmensa abundancia de dinero. Posteriormente ú 
esta carta, en 1500, el Consejo de Castilla encomendó á 
Alonso de Santa Cruz la censura de la primera parle de 
los Anales de Zurita, y su juicio desfavorable y apasionado 
solire ellos suscitó la desaprobación del Consejo, los es- 
critos de Ambrosio de Morales y Juan Páez de Castro en 
defensa de Zurita y violenta oposición á Santa Cruz y sus 
escritos. 

Después de este incidente, en que la polémica que 
suscitó dio lugar á repelidas recriminaciones, Alonso de 
Santa Cruz escribió trabajos propios ele sus estudios es- 
peciales, y que pronto serán objeto de alguna publicación 
de nuestros amigos y compañeros los individuos de la So- 
ciedad de Geografía (1), y sólo menciona Fernández de 
Navarrete, después de estas tareas, el tesoro de documen- 
tos propios y del Consejo de Indias que á su fallecimiento, 
en 1572, se entregaron á Juan López de Velasco, su suce- 
sor en la plaza de cosmógrafo mayor de la Casa de Con- 
tratación de Sevilla. 

Los antecedentes referidos son suficientes para apre- 
ciar la estimación que debiera haberse dado antes á la 
Crónica del Emperador; el crítico á quien el Consejo de 
Castilla encomendaba la censura de los Anales de Zurita, 
no debería haber estado tanto tiempo en el olvido; pero. 
más que la conciencia y el mérito del escritor, podía y 
debía habernos atraído la narración espontánea del testigo 
de los sucesos que refiere, del que vio en Toledo el entu- 
siasmo popular por Padilla, del que tuvo la honra de ha- 
blar varias veces con el Emperador, del que apreció por 
sí mismo sus cualidades, del que logró la confianza de co- 



(1) El «Islario general de todas las Islas del mundo», que ha 
visto la luz pública en 1920. 



VIII — 



(liar > rrprodurir sus pa|»fl<-^. I'ágiíias inspiradas en los 
luMlin^.. impresiones personales adquiridas en el conoci- 
niirnlo direrlü de los hombres, sucesos en que se ha ínter- 
MMiido, podrán referirse con aridrz ó con torpeza, carece- 
rán drl irlirve imperecedero de la forma, cuando ésta es 
obra (ir iiM í'srriloi- (pie sabe serlo; pero expresarán siem- 
pre iu realidad vivida, que predomina y ¡nedominará cons- 
tantemente sobre I(hI;i'< 1;is licciones retóricas del estilo. 

IVmo á pesar de estas razones, y de tantos y tan vigo- 
r(»«.(»s rslimuNo para la investigación y para la crítica, nada 
bicimoH los (jue más especialmente teníamos el deber de 
realizarlo, por la índole misma de nuestros estudios, y en 
Moma M'j^iiiría olvidado el manuscrito de Alonso de Santa 
Cruz, atestiguando nuestra culpable negligencia, sin el 
acierto del Maestro, de Marcelino Menéndez y Pelayo, la 
más alta representación de esta é'poca de la cultura espa- 
fiola, (pie encontró, no sé cuando, el primer tomo de la 
Crónica, y iil leeilii, al apreciar la valía de su texto, utilizó 
algunas noticias i)arciales en un capítulo de los Hetero- 
doTiís y consagró su atención y su experiencia á buscar la 
segunda parte de la obra, que alcanzaba hasta 1550, se- 
gún la carta ya citada del mismo Alonso de Santa Cruz, 
y por fortuna el éxito coronó sus intentos, y en casa de 
I). Caspar Diez de Rivera, uno de los herederos del Conde 
de i'olentinos, halló el tomo II de la Crónica, con la firma 
(•ritual del autor y con interesantes y frecuentes anota- 
í iones suyas en el texto. 

Menéndez y l»elayo ofreció al Sr. Diez de Rivera la 
publicación de la Crónica, que él consideraba como un 
\ aboso documento histórico, y que venía á completar el 
trabajo de Sania Cruz, sobre los f^eyes Católicos, desco- 
nocido ti;,.fi, ,,n,. ^.1 ivctilicó el nombre de Alfonso de Es- 
lanq , que estaba catalogado en la Biblioteca de 

nuestra Academia por error del copista. Como el patrio- 



— IX — 

tismo del Sr. Diez de Rivera no perseguía otro interés que 
la publicación del manuscrito que poseía, agradeció en 
extremo las ofertas que se le hacían, y esperó, y con ra- 
zón, el autorizado patrocinio del Maestro, para la ejecu- 
ción de una obra que sólo podía realizarse por el concurso 
de los dos afortunados poseedores de la primera y segunda 
parte del manuscrito. 

La inesperada y dolorosa muerte de JMenéndez y Pelayo 
vino á interrumpir la realización de esta promesa, que yo 
no conocía entonces; pero el cariñoso concurso de nuestro 
ilustrado compañero, el Sr. Blázquez, me puso en relación 
con el poseedor del segundo tomo de la Crónica, y desde 
entonces todo ha sido fácil para la ejecución del trabajo 
que tengo el gusto de presentaros hoy. D Manuel Artigas, 
celoso bibliotecario de la rica colección donada á Santan- 
der por nuestro inolvidable Director, ha dirigido y corre- 
gido la copia del primer tomo. El Sr. Diez de Rivera, con 
un interés que siempre agradeceré, ha hecho el mismo 
trabajo para el segundo tomo, de modo que aquí tenéis 
copiado literalmente el manuscrito que redactó Alonso de 
Santa Cruz, que vio en Roma Ranke, y que Morel Patio 
deploraba recientemente que yaciera en el olvido. 

Constituyen la obra dos tomos, encuadernados en per- 
gamino, de 0,34 á 0,34,9 mm. de alto y 0,24,5 á 0,25 mm. 
de ancho, caja del renglón de 0,275 á 0,282 mm. de alto 
y 0,19 de ancho, escritos en papel con filigrana de globo 
y cruz: letra del siglo xvi; la primera parte consta de 453 
folios útiles numerados; la segunda, cuya numeración co- 
mienza en el folio 450, consta de 333 hojas, que llegan 
hasta el folio 751, encontrándose al folio 523 vuelto, donde 
termina la primera parte, la firma autógrafa de Alonso 
de Santa Cruz. Las copias hechas llegan á 3.920 hojas 
en letra de máquina de escribir, encuadernadas en los 
ocho tomos que tengo el honor de presentaros. En la pá- 



, .„., „,.„.. -. u. >!' 1;' piiineía pait<' fí.lla casi 

I ^\p ., • ,:.i. por c^lar anaiiracla parte <l<' la lioja 

litiirioii -.' iMonipañaii las íoh.gratías del original dete- 

rmnido 

I..I \. :..lriiiia d<-l»r Mr,,-,r, á mi juicio, eslc trabajo, y 
j.ui.li. arl.» con las observaciones críticas que exigen siem- 
pre e-^la»* antiguas Crónicas, las ¡iclaracicnies (pie la com- 
plrl.-n. las rectili.aciniies geográlicas y biográficas que 
corrijan su sentid'» \ la^ sei>araciones de algunos párrafos 
qu<' »>rdenen en 1«> po>¡l)le su relato; pero esta labor difícil 
V pcno-a correspnnd(> sólo á la Academia, que con tanto 
celo procura cumplir sienifire los deberes que le impone 
su in-tilulo. I ría ("roñica minuciosa, de un escritor de 
notoria ilu>«tración en olios dilicilisimos asuntos, que luvo 
i'ii varias ocasiones, (jue él naturalmente refiere, la suerte 
de hablar con el emperador, acompañarle en sus viajes y 
de «•oiiotrr ^us ¡mpre>«iones íntimas, es algo tan extraordi- 
nario para lo'^ ('«.pañnlc- qiit,' -ieiilen la patria que íu;mos 
en otros dia^. (|ut' yo creo (pie su lectura ha de s.'scitPi 
nobles \ii)raciones en el sentimiento nacional, v que al 
despertarlas contribuirá jioderosamenle la Academia al fin 
mw- noble, más progresivo y más propio de sus tareas: 
recordar á los j»oderosos y á los Reyes que sólo el cum- 
plimiento estricto del deber lo^ hizo en su día grandes, y 
á los pueblos y á lo^ humildes (pie nada útil logró hacerse 
joriiás sin la viiíorosa disciplina de un ideal colectivo. 

.\») me haréis la injusticia de creer que yo anticipe 

ligeramente juicios y críticas sobre un libro que exige más 

re«.|M»liiosa atención; |)ero ¡d devorar sus páginas, al re- 

•vedades (pie he advertido en la Crónica, no 

:-» menos de llamar poderosamente mi atención las 

.»., I,, ■,,.,,,, «s (jue hace sobre el vivo interés que 

P""" ' l'jnperador en coiictni ]i)< vicios y 



— XI — 

errores de la administración colonial, la piadosa com- 
pasión con que oyó las apasionadas denuncias de Las Ca- 
sas, la rectñud con que dictó las Ordenanzas.de 1542 y 
1543 y la extraordinaria energía con que residenció á los 
Consejeros de Indias, condenando á su decano, el doctor 
Bernal, y echando (1) del Consejo al licenciado Carvajal, 
Obispo de Lugo, amigo y protegido del Cardenal de Se- 
villa, de Cobos y de su confesor Soto, por notorios y es- 
candalosos cohechos realizados con particulares y con- 
quistadores- 

Sandoval alude ligeramente á estos hechos importan- 
tes; Robertson suprimió deliberadamente de su intere- 
sante obra cuanto se re feria á la conquista; Lafuente con- 
sagra un capítulo á los descubrimientos de Méjico y el 
Perú, pero advirtiendo que su importancia exige trabajos 
especiales; Altamira dedicó también algunas páginas de 
su Historia de la civilización española á las leyes sobre 
las Indias, pero sin detallar en ellas la acción directa del 
Emperador; Armstrong hace justicia á los nobles y rectos 
sentimientos de Carlos V al ordenar la Legislación colo- 
nial, pero el carácter sintético de su obra no consiente 
mayores esclarecimientos; Baumgarten trata de la inter- 
vención de Las Casas y la instrucciones de L519, porque 
sabido es que su trabajo llegó sólo á 1539. De suerte que 
la caridad en el trato de los indios, la justicia de su admi- 
nistración y el cauterio para atajar la llaga de la preva- 
ricación fueron luminosas adivinaciones del Emperador 
de las funestas consecuencias que tendría para la patria 
en el porvenir la política que representaban aquellos erro- 
res de la conquista. 

Los que hemos vivido los tristes días en que España 
perdió Cuba, Puerto Rico y Filipinas; los que compren- 

(1) Sic. 



;■ i'i-; íjieii ijuc ci cuiJiuri/t» «le l;i ncí ¡niriK la definitiva 
.Ir ln polrin ora cl ahandoiiü de \ü> territorios que rons- 
liliiviTuii iiueslra ??ÍKnificación mundial en la historia; los 
íjuc htMU'»- \i>li» con amargura y con sonrojo la frivola 
•«ensafión que despertó en el país el regreso de los repa- 
triiiijo- y la fortuna d«' aliíunos españoles que huyeron de 
;i<¡iitilo.s dominios, podemos refugiarnos en nuestro infor- 
lui.io en el alto rjempló (jue refiere Alonso de Santa Cruz 
en las páffinas ü q^ie antes he ¡iludido, y reconocer ante 
el severo fallo de la historia, <|ue el fundador del Imperio 
ruloniul español (piiso siempre para todos la rectitud y la 
justicia y ín«-ligó vigorosamente con el látigo de su castigo 
H lo> prevaricadores, que echó de su Consejo de Indias. 

Perdonad las ligeras indicaciones con que os he pre- 
stMitado la Crónica de Carlos V; su lectura acrecentará en 
vuestro ánimo su mérito; publicadla, si podéis, pronto, y 
para ello inútil es (jue \i) ofrezca mi modesto é incondi^ 
tioiial concniso. 

F. DE Laiglesia. 
Madrid 'Jl de Abril de 1917. 



ADVERTENCIA 



La Real Academia de la Historia, en sesión de 12 de 
Diciembre de 1919, aceptó con extraordinario agradeci- 
miento la oferta de su individuo de número Sr. Laiglesia, 
de costear la publicación de esta Crónica, y comisionó á 
los Sres. Beltrán y Blázquez para dirigir la impresión. 
Dichos señores han aceptado las acertadas indicaciones 
que ha hecho el Sr. Laiglesia (1) respecto á la división 
de párrafos, etc., y por esto no debe extrañar el lector 
que se haya variado la ortografía, ni tampoco la supresión 
de algunos capítulos, por ejemplo, los que tratan de la 
ascendencia del Emperador, que en realidad no son parte 
integrante de la vida de aquel Monarca. 



(1) Véase la página X. 



TOMO I. 



PRIMERA PARTE 



CAPITULO PRIMERO 

De lo que aconteció en tiempo de los Reyes Católicos, el año 
de 1500 y del nacimiento del Príncipe Don Carlos, su nieto. 

Como los Reyes Católicos viesen que la esperanza que te- 
nían en lo que la Princesa Madama Margarita había de parir 
les había salido vana, procuraron luego como el Rey Don 
Manuel de Portugal viniese á Castilla para que él y su mujer 
fuesen jurados por Príncipes herederos ; y venidos, los Reyes 
Católicos mandaron llamar Cortes para Toledo, donde fueron 
jurados de muchos Grandes que allí se hallaron y de todos 
los Procuradores del Reino de Castilla y de León, y hecho 
esto determinaron se hiciese lo mismo en los Reinos de Aragón 
y se fueron á Zaragoza, donde mandaron llamar Cortes y les 
pidieron que jurasen al Rey Don Manuel de Portugal y á la 
Reina Doña Isabel su mujer por Príncipes herederos de aquel 
Reino y entre los aragoneses hubo grandes diferencias sobre 
la jura, 3^ al cabo de muchos días se resumieron en que no 
podían jurar á la Reina Doña Isabel por Reina (porque sus cons- 
tituciones mandaban que no se eligiese mujer), y á esta causa 
hubieron de esperar á que la Reina Doña Isabel pariese, por- 
que venía preñada, para hacer jurar la criatura si fuese hijo, 
y fué así que parió un niño, el cual no bien hubo salido á 
luz cuando la Reina Doña Isabel dio el ánima á Dios, la cual 
muerte dio mucha pasión y tristeza á los Reyes sus padres y 
marido, y el niño fué bautizado y puesto nombre Don Miguel 
y fué jurado por Príncipe en las Cortes de Aragón, y los Reyes 
se salieron de aquel Reino y vinieron á Castilla, donde también 
lo hicieron jurar (llamando Cortes- en Ocaña) por Príncipe de 



ji! , y li». iiiii >t iiKioil .1 líi villa <1c Medina 
,<. fué cl año de 1500, donde les vino la nueva 
tlfl notí '1 Príncipe Don Carlos su nieto, <iue había 

nacido tu la villa de Gante en 24 de Febrero, día del Apóstol 
San Matías, de que los Reyes Católicos, sus abuelos, tuvieron 
muy Rran placer y la Reina dijo al Rey Don Fernando, su 
mando, sjibicndo (jue su nieto había nacido día del Apóstol 
San Matías : «Crecdnie, señor, y no dudéis, que así como so- 
bre jujuel AjxSstol cayó la suerte para ser en el número con los 
otros Ai)óstoles, así ha caído la suerte sobre este nuestro nieto 
para heredar nuestros reinos». Y mandaron á las ciudades de 
sus Reinos hacer j^randes procesiones y que diesen gracias á 
Dios i)or cl nieto que les había dado ; y. asimismo, mandaron 
hacer muchos rcRocijos y fiestas de toros y juegos de cañas, 
> lo mismo hicieron en la villa de Cante por más de ocho días 
arreo fifrandes justas, torneos y los Oficiales tomaron en aque- 
llos días muchos i)laceres de convites y danzas noches y días, 
y fué bautizado por el Doctor Villaescusa que en aquella sazón 
era Obisi)o de Málaga, y luego como nació cl Príncipe se hizo 
también saber de su nacimiento al Emperador ^Maximiliano, 
su abuelo, (jue & la sazón estaba en la ciudad de Nuremberg, 
en Alemania, el cual dc*sde que supo el nacimiento de su nieto 
fué inmenso el pl;icer que tomó, dando muchas dádivas y ha- 
ciendo muchas mercedes, y los de la ciudad de Gante presen- 
taron á la Princesa cuatro paños muy ricos de oro y seda 
y de muy subido urdimbre que cada uno era de muy subido 
precio, con título de presentarlos para pañales. De Medina del 
CamiKí se partieron los Reyes para el Reino de Granada para 
pn)vcer en las cosas de aquel Reino, y desde allí se volvieron á 
Sevilla, donde les vino á ver el Rey Don Juan de Navarra ofre- 
ri:iul..s. 1>s i.;iia todo lo que él pudiese servirles é hicieron 

M de paz y amistad entre sí y para favorecerse 

i'.iiira sus enemigos, y después de haberle hecho muchas fiestas 

■' .'1 su Reino y los Reyes Católicos se fueron 

- .da, donde nuestro vSeñor tuvo por bien de 

ll«\arhs ;,I I'iíium.h- Don Miguel, y tomaron á renovar con 

iel Príncipe Df)n Juan y de la Reina Doña 



— 3 — 

Isabel, sus hijos ; pero, como personas cuerdas, se confornía- 
ron con la voluntad de Dios y procuraron luego de enviar men- 
sajeros á Flandes al Rey Don Felipe y á su hija la Princesa 
Doña Juana para que luego viniesen á estos Reinos porque con- 
venía para su sucesión que fuesen jurados en ellos, y después 
de esto determinaron de enviar á su hija Doña INIaría al Reino 
de Portugal, la cual tenían casada por vía de Embajadores con 
el Rey Don Manuel, y por dispensa del Papa por haber sido 
antes casado con Doña Isabel su hermana, que dijimos haber 
muerto en Zaragoza, y como el Rey Luis de Francia se a])ode- 
rase en el Ducado de Milán por cierta traición y l^ellaquería 
que hicieron los suyos al Duque Luis Sforza al tiempo de dar 
la batalla, por do- el Duque fué preso y llevado á Francia, donde 
acabó su vida miserablemente y quedó á esta causa el Rey de 
Francia muy pacífico en el Ducado de Milán. 

CAPÍTULO II 

De las cosas que acontecieron el año de 1501. 

Los Reyes Católicos, parcciéndoles que el Rey de Francia 
con la victoria del Ducado y con la pujanza de gente que 
tenía querría pasar al Reino de Ñapóles, tornaron á enviar otra 
vez al Gran Capitán Gonzalo Fernández de Córdoba al dicho 
Reino con una gruesa Armada de navios y galeras y en ellas 
mucha gente de pie y de á caballo y le mandaron que se fuese á 
Sicilia y allí esperase lo que le fuese mandado, lo cual cumplió 
bien el Gran Capitán. Luego, ehaño siguiente de 1501, sucedió 
que como el Rey de Francia determinase de pasar al Reino 
de Ñapóles y viese cómo los Reyes Católicos habían enviado 
en socorro de aquel Reino al Gran Capitán GoutíslIo Fernández 
con mucha gente de guerra, temió ser echado del Reino como 
había sido el Rey Don Carlos su antecesor, donde se le podía 
seguir deshonra, y á esta causa procuró concertarse con los Re- 
3'es Católicos y que dividiesen entre sí el Reino de Ñapóles, de 
lo cual fueron contentos los Reyes conociendo que según la 
pujanza del Rey de Francia una vez ú otra había de tomar 



j,,,„., y t, . .,s valía (jueclar con algo ciue no sin 

iiadfl, h. x-cho tanto Kasto en las Armadas y gente de 

Kiicrra i|uc había enviado en ayuda de dicho Reino y cupo al 
K. V ■ i> ia t-n su parte la ciudad de Xápoks con la tierra 

,1, s. i.i y ó los Reyes Católicos las provincias de La Pulla 

V v.alal>ria por estar tan juntas á la isla de vSicilia. Y como éste 
estuviese concertado, el Rey de Francia envió su Ejército al 
ReiiH» de NViikíIl-s y llegando á Capua halló el Ejército del Rey 
Don Eedericíi con determinación de morir y ^o volver atrás, 
con el cual los franceses tuvieron batalla, y fueron \encidos 
los na|M»litanos y destruida la ciudad, haciéndose en ella el 
nuiyor estrago y robos y fuerzas que nunca. fueron vistas, y 
hecho esto Uk» franceses se fueron derechos á la ciudad de 
XAiwles, y como el Rey Federico viese la poca resistencia que 
los francesc-s tenían en la ciudad de Xápoles se embarcó en 
Rímini y se fué á Francia donde pensaba tener su remedio, 

V allí murió sin serle dado lo que el Rey Luis por muchas veces 
le había prometido. Y el Oran Capitán, sabido que los france- 
ses habían recuperado su parte, vino de Sicilia á Calabria 
para hacer lo mismo de la suya, y entrando en Calabria se le 
dio sin contradicción alguna y fué á Tarento donde estaba el 
Duque de Calabria Don Fernando, hijo del Rey Don Fadrique, 
y tomó la ciudad, y el Duque se entregó en poder del Rey 
Católico y con la misma facilidad recuperó la provincia de la 
Pulla, y hecho esto, como el Gran Capitán viese que los fran- 
cc-se-s se aiKKUraban en dos provincias pequeñas que eran de la 
Pulla, tlichas Kasilicata y Capitanata, porque decían que les 
IHrrtenecían, fué sobre ellas y tomó á Siponto, defendiendo la 
justicia de su Rey, y sobre esto comenzaron entre los franceses 

V i'sí.añtjKs i,«Tandes diferencias en que hubieren de venir á las 
iiM'ias; U»s franceses fueron vencidos dos veces, con su Capi- 

Aubigny, y como lo sintiesen mucho los franceses 

r todo el Reino de Ñapóles y echar todos los 

>"ns. i(. d, muchos señores del Reino que les 

ran Capitán, viéndose con poca 

'ta, pequeña ciudad donde los france- 



— o — 

ses le cercaron, y como en este tiempo llegase g^ente de España 
para en su socorro, la cual traía Manuel de Benavides, entró 
con ella en el Ducado de Calabria y fué á Cosenza y se juntó 
allí con el Capitán Gómez de vSolís y dieron batalla á los fran- 
ceses y los desbarataron y tomaron la ciudad y otros muchos 
lugares cercanos, por donde cobró muy gran miedo toda Cala- 
bria, y como los franceses tuviesen hecha su gente en dos par- 
tes, la una con Mr. de Aubigny, Capitán General que estaba en 
Calabria, y otra con el Virrey Mr. de Nemours, que había deja- 
do el Rey de Francia en la Puebla qiie estaba contra el Gran 
Capitán, en entrambas partes tuvieron los franceses con los es- 
pañoles grandes encuentros y batallas, principalmente el Gran 
Capitán una sobre la ciudad de Ruvo, donde tomó la ciudad y 
se dio á saco, que fué muy grande, y fué preso Mr. de, la Pali- 
sse, Gobernador del Abruzo, con otros muchos franceses. En 
este año casaron los Reyes á su hija la Infanta Pona Catalina 
con D. Duarte, Príncipe de Gales, hijo mayor del Rey de Ingla- 
terra, y la procuraron enviar á su esposo, dándole su casa y 
todo lo necesario ; fueron con eUa hasta la isla de Inglaterra el 
Arzobispo de Santiago D. Alonso de Fonseca y el Conde de Ca- 
bra y el Obispo de Mallorca y otros muchos caballeros, todos 
bien acompañados. En este tiemi^o, estando los Reyes en Gra- 
nada, les vinieron unos Embajadores de parte del Príncipe Don 
Felipe y <^e la Princesa Doña Juana, su mujer, haciéndoles saber 
cómo los flainencos y holandeses y las gentes de los señoríos 
que en aquellas partes poseía el Príncipe Don Feli]ie no consen- 
tían que se apartase de ellos, y que la Princesa Doña Juana en 
ninguna manera quería venir sin su marido por lo mucho que 
le quería ; y los Embajadores eran un Arzobispo de Besangon 
alemán, que había sido maestro del Príncipe Don Felipe desde 
que era niño, y el otro era un flamenco, hombre principal en 
Flandes, privado del Príncipe, dicho Filiberto, á los cuales die- 
ron muchas dádivas los Reyes \- les encargaron persuadiesen al 
Príncipe, su señor, (lue viniese á España, dándole á entender 
cuan dificultosa cosa era gobernar el Rey gentes del Reino en 
que primero no hubiese estado mucho tiempo. Y el Arzobispo 
y Filiberto prometieron decírselo y hacer todo lo posible para 



- ü — 

; ^paña, y también trajeron estos Enibajá- 
año había parido la Trincesa Doña Jua- 
nn una niña «lUC había puesto nombre Doña Isabel por cansa 
de tsü abuc-lü 

CAPÍTULO III 

De las cosas que acontecieron en el año de 1502. 

líl año (k- 1502 sucedió (lue, como el Arzobispo de Besan^on 
y Filiberto llc«ascn á Flandes. donde estaba el Príncipe Don Fe- 
lipe- ci>n la Princesa Doña Juana, su mujer, después de darle el 
recado (lue llevai)an de los Reyc-i Católicos, procuraron decir 
al Príncipe tales cosas de España que le aficionaron para venir 
á ella, aunque con alguna contradicción de aquellas provincias 
de (|ue eran señores ; y determinada la venida, se determinaron 
que fuese ix)r Francia, porcjue en aquel tiempo tenían paces 
cí»n el Rey Luis, el Emperador Maximiliano su padre y él, y 
ix>r causíi de la paz había casado á Don Carlos, hijo del Rey 
Don Felipe, que en aíjuel tiempo sería ix)co más de un año, con 
Claudia, hija del Rey de Francia y de la Duquesa de Bretaña, 
que también era niña, y en la ciudad de París se firmaron estos 
casamientos y les fueron hechas grandes fiestas y banquetes; 
y á suplicación del Rey de Francia, y para tener más seguro 
el Estado de Milán, le envió el Emperador Maximiliano la in- 
vestiihira del para sí y para Claudia su hija, con tanto que la 
dicha Claudia casase con Don Carlos, hijo del Príncipe Don Fe- 
lil»c ; V (|ue si el dicho casamiento se deshiciese, no siendo cul- 
jiablc de ello el dicho Don Carlos, (lue en tal caso la investidura 
ct»ncetlida al Rey Luis y á su hija Claudia fuese en sí nula y 
de ningún efecto, y pasase el derecho del dicho Ducado y Es- 
lado de MilAn íi Don Carlos, hijo del Príncipe Don Felipe, y 
■id(» iK)r el Rey de F* rancia y por sus Embajado- 
^ haber estado alginios días en París se vinieron 
|»»r '1 1-"rancia á Fuenterrabía, lo cual, como supiesen 

recibieron nuiy gran placer con su venida 
^ "''w • .1;ís las ciudades y villas por donde habían 



_ 7 — 

ík pasar hasta venir á Toledo que les diesen muy abundante- 
mente todo lo necesario y les regocijasen lo más que pudiesen, 
y así lo hicieron hasta venir á Madrid. Los Reyes, en este tiem- 
po, se partieron de Sevilla y se vinieron por sus jornadas á To- 
ledo y el Príncipe Don Felipe y su mujer entraron quince días 
después en la dicha ciudad, d(mde se les hizo gran recibimiento 
y muchas fiestas, y fueron jurados en la iglesia mayor de To- 
ledo, en presencia del Rey y de la Reina y de muchos prelados 
y grandes señores, y hecho esto se partió el Rey Católico para 
Aragón y los llevó consigo á la ciudad de Zaragoza, donde el 
Rey había mandado juntar los señores eclesiásticos y seglares, 
y Síndicos y Procuradores del Reino de Aragón y de Valencia 
y Principado de Cataluña, de los cuales fueron luego jurados 
por Príncipes herederos de aquellos Reinos y de Sicilia, y des- 
pués de esto les hicieron muy grandes fiestas y de allí se vol- 
vieron á Castilla y el Príncipe Don Felipe procuró luego de ade- 
rezar su partida para Flandes con tanta instancia que no bastó 
para quitarle de su propósito las muchas exortaciones de los 
Reyes Católicos, diciéndole que no iría seguro por las guerras 
que traía con Francia, y que la Princesa Doña Juana, su mu- 
jer, quedaba preñada y (jue podía ser que muriese con el dolor 
de su partida, ó moviese, y que mirase que era invierno y que 
iba por tierras de sus enemigos. El Príncipe Don Felipe le res- 
pondió que él había prometido á los flamencos y holandeses y 
á los demás, antes que de Flandes partiese, de volver á ellos 
antes de un año, y que esta promesa había hecho con juramento, 
á los cuales él no quería faltar por ser de su patrimonio, y que 
también sus Altezas veían cómo la mayor parte de sus criados 
se le habían muerto con la mudanza de los aires y de los bas- 
timentos, entre los cuales se había muerto el Arzobispo de Be- 
sanpon, su maestro, dentro de cinco días que le dio la enferme- 
dad, al cual tenía en lugar de padre por haberle criado desde 
niño, y que suplicaba á sus Altezas no le impidiesen su camino, 
pues le iba tanto en ello ; y así se despidió de los Reyes Cató- 
licos y de la Princesa Doña Juana su mujer con muchas lágri- 
mas de entrambos y se tornó por el Reino de Francia á Flandes. 
En este año aconteció al Gran Capitán en Italia que, como en- 



.■5 



, .. juntar su Kcnte, y con buctia ayuda 
mmY) d Emperador Maximiliano rehizo 
„', cíe Barlctta, donde había estado, y se 
^„„. ,l„n(l^^, ^.^taba el campo de sus enemigos. 

,;, V : • :•.,.... como supo de su venida, se partió tras él 
■ ' rite español pasó en este camino mucho trabajo por 
l,,s calorc-s y la falta del agua, lo cual se remedió ctm 
t..n.ar l.«* de caballo á l(,s de pie á las ancas de sus caballos y 
fué A sentar su real en una llanura junto á la Ceriñola, y como 
el \'irTe>' francos lo supo, procuró de venirle á presentar la ba- 
talla, la cual aceptó el C.ran Capitán, y se juntaron entrambos 
Ejércitos y se tlió una batalla, la más cruel y brava que en Ita- 
lia se- había dado, y al fin, por la buena maña del Gran Capitán 
(Gonzalo Feniández. fueron vencidos los franceses y hecho gran 
estrago en ellos, y siguió el alcance de manera fiue ningún hom- 
bre se le escapaba que no fuese nuierto, y el real de los enemi- 
gos fué dado á saco, donde se halló mucho despojo. Murieron 
en esta batalla el Conde de Armagnac y Monseñor de Nemours, 
Virrey del Reino de Xápoles, el cual peleó en esta batalla como 
muy valiente hombre. En este tiempo, como los Reyes Católi- 
cos supiesen la necesidad que tenía de gente de guerra el Gran 
Capitán, le envió una Armada con mucha gente de ¡)ie y de á 
caballo y por Capitán de ella á D. Luis Portocarrero, señor de 
Taima, el cual fué á Sicilia y de allí pasó á Calabria, donde mu- 
rió casi luego en desembarcando, y dejó en su lugar por Capi- 
tán, con consentimiento de los otros Capitanes, á D. Hernando 
de Andtada, ciihallero de Galicia, el ctial se fué con su gente 
por la Calabria y asentó su real en Seminara, y como Mr. de 
Aubigny i-stuviesc con el suyo en Terranova, envió á desafiar 
á D. Hernando para la batalla y él la aceptó de buena volun- 
tad, y juntos los Ejércitos se dio una nmy cruel batalla v muy 
«anffricntn, donde fueron destrozados y vencidos los franceses 
uneró de ellos, y esta batalla se dio á veinte 
o días antes (pie el Gran Capitán diese la ba- 
V] cual, como se viese vencedor, se fué de- 
recho .'i I:i 1 \áiK)lcs, donde fué recibido de los de la 
»^""' y regocijos, y luego determinó tomar 



— 9 - 

la fortaleza de Castilnovo, que estaba en poder de los franceses, 
y como el combate fué encargado* al Capitán Pedro Navarro, 
hombre diestro en la guerra, se dio tan buena maña, que en po- 
cos días fué tomado el castillo á partido, habiendo muerto pri- 
mero mucha gente de entrambas partes, y ganó asimismo el 
castillo de Lobo, una gentil fortaleza que está en una isleta 
junto á Ñapóles. En España aconteció que como los Rej'es Ca- 
tólicos fuesen informados de que muchos de lf)s moros que vi- 
vían en los Reinos de Aragón y de Valencia hacían muchos 
daños y vituperios á los cristianos, acogiendo en los lugares qu^.' 
vivían muchos moros que pasaban de África á saltear y robar 
á los cristianos, dando favor y ayuda para ello, mandaron que 
saliesen todos los moros de sus Reinos no qvteriéndose tornar 
cristianos, y si lo quisiesen hacer que no les hiciesen daño al- 
guno, sino que los dejasen vivir en sus casas y haciendas, y de 
esta manera se volvieron cristianos, aunque no sé con qué vo- 
luntad ; y vino por nueva á los Reyes Católicos cómo su hija 
Doña Catalina, que era casada con Don Duarte, Príncipe de Ga- 
les, había enviudado de él y tornádose á casar por segunda vez 
con el Príncipe Don Enrique, su hermano, que había de ser Rey 
de Inglaterra. Y vino á España D. Fernando de Aragón, Duque 
de Calabria, hijo de Federico, Rey de Ñapóles, al cual envió el 
Gran Capitán á los Reyes Católicos para que hiciesen de él lo 
que fuesen servidos, y el Rey le mandó hacer muy buen trata- 
miento como á deudo muy cercano suyo que era. 

CAPÍTULO IV 

De las cosas que acontecieron el año de 1503. 

Luego, en el año de 1503, á 10 de Marzo, parió la Princesa 
Doña Juana en Alcalá de Henares un hijo, con que la Reina 
Doña Isabel tuvo muy gran placer y lo bautizó Fray Francisco 
Ximénez, Arzobispo de Toledo, y le pusieron nombre Don Fer- 
nando, por causa de su abuelo ; y la guerra del Reino de Ñapó- 
les se concluyó de esta manera : Que como el Gran Capitán hu- 
biese vencido la muy nombrada batalla de Ceriñola envió á Fa- 



hrick» Colana á k«» ¡iiicblos del Abruzo, el cual fu6, y como ya 
UH\fy> saMan la» Rrantlts» victorias de los españoles se le dieron, 
itiisnio hit ic-ron los de Sulmona y Aquila, los cuales to- 
1 iK»r íiiir/a de arniab, y el Gran Capitán determinó de ir 
('. .. t.., que no quedaba otra cosa por ganar de los france- 
laban nuiy fortalecidos, y envió á Federico Co- 
•>c viniese- á juntar con él, y juntos fueron sobre la 
:,;u/..i de Ciulielma, <lc donde los franceses que dentro estaban 
huyeron y tomó la fuerza ; y como el Rey de Francia viese que 
••ola Gaeta era la (jue se había (juedado de todo lo que possía 
i n i-l Reino de Ñapóles, determinó de hacer liga con la señoría 
tic (iénova y con los de Aeste y con otras provincias y ciudades 
dv Italia, y todos juntos le dieron mucha gente de pie y de 
cuI>allo para la guerra y enviaron con la gente al Marqués de 
Mantua ]k>t Capitán el cual se \ino derecho á Gaeta contra el 
Gran Ca|)itAn Gon/.alcí Fernández. Él tuvo mucho placer de 
verlos venir i)or(|ue i)ensaba que vencida aquella batalla los 
franceses luuica más volverían sobre sí y les envió á presentar 
la batalla y ellos no la (juisieron aceptar y se retiraron á Pon- 
tecorvo (¡ue es sobre el río Garellano y el Gran Capitán fué 
«ibrv ellos donde tuvieron algimos encuentros de que los espa- 
ñoles fueron siempre vencedores ; y al cabo el Gran Capitán 
determinó de pasar á ellos y darles batalla y para ello mandó 
hacer una puente de madera cinco millas del río de do estaban 
h.s franceses y pasaron á ellos sin ser sentidos, lo cual <:omo los 
franceses alcanzaron á saber determinaron de huir dejando en 
el Real nuicha parte de su fardaje y se fueron á meter en 
Gaeta. Y címuo el Gran Capitán viese su buen suceso determinó 
de seguir la victoria é ir á Gaeta tras ellos y los españoles ma- 
taron en el aleance nuichos franceses y les tomaron toda la ar- 
tillería que dejaron en el Real, y como cercasen á Gaeta, los 
iraiin-xs (|ue dentro estaban viendo su i)Oco remedio procu- 
' ^ •'» partido, y fué que el Gran Capitán les diese 
tenía presos que eran Mr. de Aubigny, Capi- 
' '" de la Palize y otros caballeros y que los 

libres á Francia, lo cual tuvo por bien el 
"lió á Gaeta y puso en ella muv buena 



— li - 

guardia y visto que no había más que conquistar en aquel Reino 
se fué á Ñapóles donde fué recibido con gran honra y mucha 
alegría de toda la gente de la ciudad. Y así se concluye la 
guerra del Reino de Ñapóles, el cual fué incorporado en la Co- 
rona Real del Reino de Aragón porque les pertenecía. Y en el 
tiempo que esto pasaba en Italia, el Rey de Fjancia, con el 
enojo que tenía de los Reyes Católicos por causa de la guerra de 
Ñapóles, mandó juntar mucha gente y que fuese sobre el cas- 
tillo de Salsas y tomasen el Condado de Rosellón. Y como el 
'Rey Don Fernando lo supo fué á Cataluña y desde Barcelona 
procuró de enviar al dicho castillo mil hombres de guerra para 
que resistiesen allí á los franceses entretanto que juntaba más 
gente y los franceses vinieron sobre Salsas con grandes ingenios 
y pertrechos de guerra y casi le destruyeron todas las torres 
y muralla, matando la m yor parte de la gente que estaba den- 
tro, y como al Rey Católico le viniese la gente que había 
mandado hacer en Castilla, fué con ella hasta Perpiñán y de 
allí la envió con el Duque de Alba contra los franceses, los 
cuales \-isto el gran poder de gente que contra ellos iba no 
osaron esperar y se volvieron á Francia, y como el Rey Luis 
viese el daño que el Rey Don Fernando hacía en su Reino de- 
terminó de hacer paces 3^ el Rey Don Fernando lo tuvo por 
bien y mandó despedir toda la gente y se volvió á Castilla don- 
de la Reina Doña Isabel estaba. 



CAPÍTULO V 

De las cosas que acontecieron el año de 1504, y de la muerte 
de la Reina. Católica Doña Isabel. 

Como los Reyes Católicos viesen la muy iíobrada \ oluntad 
que la Princesa Doña Juana, su hija, tenía de ir a Flandes do 
estaba el Príncipe Don Felipe, su marido, procuraron cómo se 
hiciese una buena Armada en que fuese, la cual como estuviese 
aparejada tomó la Princesa licencia de sus padres y se salió 
de Medina del Campo camino de Laredo donde se embarcó, y 



„,,.,„, . pocos días íi I-Mandes, donde 

\:(.hv ■ 1 cual fué muy bien recibida. 

uuc estuvieron juntos sintió luego la 
,¡uf hallaba cerca de su amor que era 
,,.. i. ir que con él soUa tener, y como mujer que 

.,, . »Mí) á su marido, procuró de saber la causa de 

,,:, i. dijesen que el Principe tenía una amiga, muy 
n.^htf V hermosa, como una leona se fué á casa de la amiga y 
dinn haberla hendió y maJtratado^ y mandado cortar los cabe' 
¡los á raíz del cuero, y como eslo supiese el Príncipe Don Fe- 
lipt se fui á la Princesa y la tnüó muy mal de palabra, diciéri' 
dolé muchas injurias y aun dicen haber puesto las manos en 
ella, lo cual sintió mucho la Princesa Doña Juana, y cayó luego 
mala en una cama perdido casi todo el juicio, y como esto 
alcanzasen á saber los Reyes Católicos lo sintieron mucho y 
tomaron gran ira con el Príncipe Don Felipe v de ahí á pocos 
díaf rayó el Rey malo de unas tercianas y luego la Reina, con . 
la gran tristeza que tenía, y con la congoja de ver al Rey malo, 
le dieron unas calenturas cotidianas que mientras más ibi más 
k- iban creciendo á tanto que muchas veces la sacaban de juicio 
y aquel mal humor se fué derramando por las venas y vino á 
caer en hidropesía, de manera (pie todo su deseo, día y noche, 
era beber y así se fué hinchando poco á ¡xjco y estuvo así por 
espacio de cien días, al cabo de los cuaks quedó muy debili- 
tada y como sintiese- que su fin era llegado pidió los Santos 
Sacramentos los cuaks luego se le dieron y los recibió con mu- 
cha devoción y humildad y i)orque había días qr.e había hecho 
su testamento hizo en este tiempo un codicilo en que dejaba 
la Rohcmación de sus Reinos á su marido el Rey Don Fernando 
••• »•■•••'() casf) del Rey Don Felipe, y así acabó sus días esta 
Ki Reina, i'n Medina del Campo, á 25 de Noviem- 
' :' su muerte dejó nuicha tristeza y lloro en todas las 

ti ' V con mucha razón por haber perdido una 

R no crió otra semejante para gobernación 

:>' '"n V llena de toda honestidad y fiel ami- 

•^u marido, católica cristianísima y 
»"uv • <• ejemplo de buenas y loables eos- 



— 13 — 

tuinbrcs. Fué llevado su cuerpo á la ciudad de Granada á do 
ella se había mandado enterrar y otro día después de la muerte 
de la Reina Doña Isabel- el Re}^ Don Femando con muchas lá- 
grimas salió de palacio muy acompañado de muchos señores y 
grandes del Reyno y otros muchos caballeros y subió en un ca- 
dalso que en la plaza había mandado hacer para aquel efecto, 
y guardando las ceremonias que en tal caso sj requerían hizo 
levantar pendones por la Reina Doña Juana, su hija, que estaba 
en Flandes como hemos dicho, teniendo el Duque de Alba un 
pendón real en sus manos, \^ después de esto hizo leer una cláu- 
sula del testamento de la Reina Católica en que decía que 
dejaba por Gobernador de sus Reinos al Rey Don Fernando su 
marido en ausencia de la Reina Doña Juana su hija, y que vi- 
niendo en estos Reinos y no queriendo ó no-pudiendo gobernar 
gobernase el Rey Don Fernando, y esto que hizo el Rey Don 
Fernando tuvieron todos á gran virtud y bondad y de ^Medina 
se partió el. Re3^ Don Fernando á la ^Mejorada, mon-^sterio de 
Jerónimos para entender en el cumplimiento del testamento de 
la Reink Doña Isabel, y llevó consigo á D. Francisco Ximénez, 
Arzobispo de Toledo, y á Don Diego de Dega, Arzobispo de Se- 
villa, que habían quedado por albaceas, y su Alteza procuró 
como se cumpliese todo lo que la Reina Doña Isabel, su mujer, 
dejó mandado. 

CAPÍTULO VI 

De ¡as cosas que pasaron el año 1505. De las diferencias que 
tuvieron el Rey Don Fernando y el Rey Don Felipe sobre 
la gobernación de los Reinos de Castilla y de León, y cómo 
al cabo hubo concierto entre ellos. 

Después que el Príncipe Don Felipe supo la muerte de la 
Reina Doña Isabel se hizo llamar luego Rey de Castilla y de 
León y determinó de escribir una carta al Rey Don Fernando 
rogándole mucho que se fuese á sus Reinos de Aragón y le de- 
jase libres los de Castilla y de León, pues eran de la Reina Doña 
Juana su mujer. El Rey Don Fernando respondió á su carta 



, iMj.'. .|i. • . había ciitraílo cii los Ruiuos de 
. Io< h.íhía hallado revueltos y llenos de mu- 
cha* «edición - alborotos y muchas ciudades y 
villn* usi: la Corona Real por cai:sa de las necesidades 
no «lile el Rey Don Knriiiuc su antecesor había 
lo cual él había cííbrado y allanado con su mujer 
la Reina Católica reduciendo el Reino en mucha paz y sosiego 
> que así había estado i>or su buen gobierno hasta el tiempo 
prest nte; por tanto, que debía mirar que era mancebo v poco 
cjcrcitnd(> en gobernar estos Reinos (pie eran muy diferentes d..- 
los de Flandcs y <le los otro.> señorícs que él gobernaba, y qre 
bien «wbfa «|ue él no era Rey de Castilla, porquj el título de 
Rey de- su propia voluntad se lo había quitado á sí y dado á 
su hija Doña Juana, pero que otra cosa no quería en Castilla 
sino ser Gobernador de ella, y pues (pie así era (pie no dejase 
de venir á España y traer á la Reina Doña Juana su mujer por- 
que dc-spués de venidos darían orden en la manera que sj había 
tener en la gobernación y rentas del Reino, y asimismo e-cribió 
otra carta para su hija y se la envió ccn Lope de Conchillos, 
su Secretario, para (jue se la dies-j y hablase con ella secreta- 
mente, y todo aprovechó poco, porque como D. Juan Manuel, 
Hiiibajador (jue los Reyes Católicos tenían en Alemania con el 
nmi)eradoi^ Maximiliano con deseo de señorear y mandar, insis- 
tiese al Rey D(;n Felipe la venida á España diciéndole las ri- 
quezas (lUc de ella podría sacar, nunca quiso concierto con el 
Rey Dan Fernandíí, ni se ])U(lo tomar con sus Embajadores, 
sino riue solo él había de reinar y con esta dctcnninación trató 
paz con el Rey Luis de Francia para (lue le diese ayuda contra 
cl Rey Don Femando para echarle de su Reino si no se lo (lui- 

dejar libre, y también i)orquc no le contradijese en la 

■ '■ rpn pensaba ten(.r con el Duque de Gueldres, de lo cual 

•icia fué muy ctmtcnto porque ccn la revuelta del 

'> pensaba volver sobre el Reino de Ñapóles 

(picdaba dolor por haberlo así perdido, y 

T.-'i,L- (1l' Cduchillos llegase á Flandcs, pro- 

*''»'■''• '"•^"' •' llevaba ñ la Reina Doña Juana 

dado le informó no sólo de las cosas de 



— lo — 

España, pero de las de Flaiidcs y de las diferencias que le co 
menzaba á levantar entre el Rey Don Fernando y el Rey Don 
-'Felipe su marido, sobre la ^gobernación de sus Reinos, supli- 
cándole que mientras el Rey Don Felipe no tuviese tanta expe- 
riencia para gobernarlos los pudiese gobernar el Rey Don Fer- 
nando su padre, y la Reina Doña Juana, visto lo que el Secre- 
tario Conchillos le había dicho, y como leyese la carta de su pa- 
dre acordó, aunque con su mala disposición, de responder á ella 
rogándole mucho que no se fuese Su Alteza de sus Reinos de 
Castilla, pues tan bien los había sosegado él y la Reina Católica 
su madre, y que le suplicaba no quisiese desampararla pues era 
su hija, y como tuviese escrita esta carta ]\Tiguel de Ferre- 
ro, aragonés, que era su Secretario, con temor que si se sabía de 
ella le habrían de dar gran pena, se fué á congraciar con el Rey 
Don Felipe, mostrándole la carta que había escrito por manda- 
do de la Reina al Rey Don Fernando su padre, la cual como el 
Rey Don Felipe viese y supiese que el Secretario Conchillcs 
era el que había venido á traer cartas á la Reina, le mandó 
prender y quitó á la Reina los más criados que tenía que I2 
habían dado sus padres, amonestando á los qu? le dejaron 
que no escribiese la Reina cosa para España sin que él lo supie- 
se, y después de esto procuró su venida á España determinandt 
primero de hacer la guerra al Duque de Gueldres sobre, el du- 
cado al cual decía que tenía mejor derecho que no él, y así fué 
contra el dicho Duque, llevando en su favor y ayuda al Em- 
perador Maximiliano su padre, los cuales llevaron gran número 
de gente de pie y de á caballo y como fueron en el dicho du- 
cado tomaron por fuerza de armas algunas villas 3' pusieron 
al Duque en tanto aprieto que vino á demandar misericordia, 
y el Emperador y. el Rey Don Felipe le perdonaron tomándole 
muchas villas y lugares del dicho ducado y las restantes le 
dejaron para que las tuviese con cierta manera de sujeción 
como feudo, y con esta victoria se volvió el Emperador á Ale- 
mania y el Rey Don Felipe á Flandes, llevando consigo al Du- 
que de Gueldres sobre su palabra para que no se fuera de su 
Corte sin su licencia y trajo asimismo á la villa de Ramua una 
gruesa iVrmada de naos y de gente de guerra con intención 



. cual como supiese el Rey Don 

I-'crnaml*'. '>«^" había procurado tener pa/. con el 

kcy tic Fruiu . uclarsc dt- él siéndoL menester, nj obs- 

; _^'. .juL tenía hecho ccni el casamiento del Prín- 

ios, su hijo, con Claudia, hija suya, ]-rocuró de 

.oiiií>tad con el Rey de Francia teniendo t.nior (jue como 

i!i todas las fuerzas del Reino de Ñapóles en poder de 
L. Iridíanos y ninguna en poder de aragoneses, no h ciesen al- 
Kuna cosa en su perjuicio, principalmente teniendo diferencias 
con el Rl-y Don Felipe, su yerno, tpie era Rey de Castilla, y 
imra efectuar su propósito envió á F'rancia á Don Juan de 
Silva, Conde de Ciíuentes, y con él, por acompañado, á un 
Tomás Malfet, mallorquín, gran letrado en leyes. Presidente 
del Consejo de Aragón, hs cuales se dieron tan buena maña 
ijue en p(K-os días negociaron con el Rey Luis toda paz y amis- 
tad con el Rey Don Fernando, con condición que casase con 
madama Cennana, su sobrina, hija de su hermana, y que el 
Rey de Francia de esta manera desistía del derecho que tenía 
al Rt ino de Ñapóles, con condición que si madama Germana 
moría sin dejar hijos, que aquella parte del Reino que había ca- 
bido al Rey de Francia cuando el Rey Federico fué echado de 
él se- reuniese en la Corcma de F'rancia y que los ana;iovinos 
«lue habían seguido la valía de Francia por do habían perdido 
en el Reino de Ñapóles lo que allí tem'an, pudiesen volver al 
diiho Remo y les fuesen restituidos los lugares y haciendas que 
allí iL-nían, y que el Rey Don Fernando fuese obligado de 
dar al Rey de Francia 500.000 ducados pagados en di^z años, 
cada año 50.000 hasta que se cumpliesen los diez años, todo 
lo cual fué asentado y capitulado entre los dichos Reyes, y 
ctirao lo alcanzase á saber el Rey Don Felipe quedó muy con- 
fuso y túvose por muy burlado del Rey de Francia, y procuró 

rs€ del Rey Don Fernando, porque había Incho la paz 

condiciones, pes/uidole sobre tcdo en el ahua del 

•■••"Míe con tener hijos de madama Germana se 

aiMu-tabaí! ,-s de Aragón de los de Castilla y él ni sus 

Rey Católico le respondió cómo 
lUcjarsc de él por haber hecho races cor su 



— 17 — 

suegro y amigo el Rey de Francia, pnes á la clara era enemigo 
suyo y como tal él había procurado de tener su amistad y ayu- 
darse contra él, no habiéndole hecho injuria alguna, y que él 
había casado segunda vez por asegurar el derecho que tenía 
alcanzado por armas del Rey de Ñapóles metiendo los angio- 
vinos sus enemigos en aquel Reino mandándoles volver todo 
lo que tenían antes de la conquista y prometiendo más de pa- 
gar al dicho Rey de Francia 500.000 ducados, y que todo lo cual 
se lo había él constreñido á hacer, rogándole mucho se conten- 
tase con lo que había hecho y que queriendo venir como hijo 
y no como enemigo que sería bien venido, y que de otra ma- 
nera, queriendo creer más á aquellos que buscaban su daño 
por causa de su provecho, había de caer en manifiestas pérdi- 
das y desastres ; lo cual como leyese el Rey Don Felipe, tornó 
luego á enviar otro mensajero con sus cartas al Rey Católico 
dándole á entender que no quería con él sino toda paz y amis- 
tad, y que él tenía por bien que ambos juntos gobernasen y 
firmasen las cartas y privilegios 'y todas las más mercedes 
que hiciesen no excluyendo á la Reina del gobierno y de lo 
demás y si ella quisiese, pues eran suyos los Reinos ; y por esta 
tan buena nueva se hicieron en los Reinos de Castilla y de León 
grandes alegrías y muchas fiestas 3' juegos. En este año envió 
el Rey Don Fernando á África una x\rmada con 7.000 hombres 
y por Capitán de ellos á Don Diego Fernández de Córdoba, 
Alcaide de los Donceles, los cuales fueron y tomaron á Mazal- 
quivii-, que es lugar muy fuerte con un buen puerto, y en este 
año, por Agosto, nació en Flandes la Infanta Doña María, hija 
del Rey Don Felipe y de la Reina Doña Juana. 

CAPITULO VII 

De las cosas que sucedieron el año de 1506 y de cómo el Rey 
Don Felipe y la Reina Doña Juana partieron de Flandes 
y vinieron á España y lo que les sucedió en el camino. 

A nueve días del mes de Febrero partió de Ramua, en Flan- 
des, el Rey Don Felipe y la Reina Doña Juana, su mujer, con 



muy buena Annada i .ir á España, trayendo en ella 

l;.,st:, .inbrcs para su guarda, y como hubiesen pasado 

I<M boncüs tic Flandcs y entrado en el mar que los marineros 
•• ' >• • ■■-; les sobrevino una tormenta que todas las 

1 las unas de las otras anegando muchas de 
ellas y la nave en que venían los Reyes estuvo casi anegada, 
V como amansase el tiempo fueron á reconocer el cabo de Mor- 
ías, en Inglaterra, donde desembarcaron hasta esperar que se 
juntasen las otras naves que se habían apartado de la Armada 
y se proveyesen de las cosas que hubiesen menester. Lo cual 
como supiese el Rey de Inglaterra, envió luego á mandar que 
fuesen proveídos de todas las cosas necesarias, enviándoles 
caballos y muías y caballeros que les acompañasen y trajesen á 
Londres, y él y su hijo los salieron á recibir hasta Windsor, cas- 
tillo diez leguas de Falamua (i), do se les hicieron grandes reci- ' 
bimientos y fiestas; y allí juraron sus amistades y hicieron ca- 
samiento entre el Príncipe Don Carlos y Madama INIaría, hija 
del Rey de Inglaterra, y de aquel castillo se partieron los Re- 
yes para Londres donde les fueron hechas muchas fiestas y 
regf)CÍjos y la Reina Doña Juana fué allí mm- servida de su 
hennana la Princc-sa Doña Catalina, haciéndoles todos cuantos 
placeres pedían, aunque la Reina Doña Juana nunca lo quería 
tomar, holgándose mucho con la soledad. 

Desi)ués de estar el Rey Don Felipe y la Reina Doña Juana 
en aquella isla algunos días determinaron de partirse y se em- 
barcaron en su Armada que ya estaba toda junta y bien aper- 
cibida de tfxlas las cosas necesarias y en pocos días \'inieron á 
reconocer á España y desembarcaron en el puerto de la Co- 
rana, (jue es ciudad del Reino de Galicia, y como el Rey Ca- 
tAlicíj lo supo tuvo mucho placer con su venida, y luego pro- 
curó de enviar al Rey Don Felipe y (i la Reina Doña Juana, 
su hija, á D. Ramón de Cardona, pariente suyo, y á Hernando 
de \'cga i)ara que <le su izarte le diesen la norabuena de su 
Vil. 1.1:;. 1.-,s cu.iles fuerou á la Coruña, y después de haber 
**^^-' •»! Rey D«n Felipe y dádole su embajada le 



— 19 — 

hablaron sobre que quisiese tomar el consejo del Rey Don 
Femando, acerca de la gobernación, pues no tenía tanta expe- 
riencia en ello, y que no creyese á personas que otra cosa le 
aconsejasen, porque miraban más su provecho que el bien suyo 
ni de su Reino, lo cual aprovechó poco para quitar al Rey 
Don Felipe del propósito que traía ya, porque él respondió que 
haría en aquello lo que él viese que' cumplía más á su servi- 
cio y bien de sus Reinos. 

El Rey Don Fernando salió de VaUadolid dejando allí la 
Reina Germana con quien ya era casado y se fué camino de 
la ciudad de León para ir á recibir al Rey Don Felipe y á la 
Reina Doña Juana, su hija, donde estuvo dos días ; y de allí 
se partió para Astorga y Ponferrada, y el Rey Don Felipe y 
la Reina Doña Juana después que hubieron descansado en la 
Coruña algunos días y recibido allí muchos grandes de Cas- 
tilla que les fueron á besar las manos se vinieron á la ciudad 
de Santiago, y de allí se partieron para la ciudad de Orense 
por no encontrarse con el Rey Don Fernando, el cual como 
estuviese en Ponferrada, pensando que fuera su camino por 
allí para hacerse el encontradizo con ellos, sabido que tomaba 
otro camino se volvió á Astorga y de allí á Benavente ; y por 
mensajeros que le enviaron de la una parte y de la otra, con- 
certaron de se ver junto á la Puebla de Sanabria, donde cada 
uno de los Reyes por buena crianza procuró tomar la mano 
del otro y al cabo se abrazaron y hablaron sin que nadie les pu- 
diese oir, y después que se hubieron hablado el Rey Don Fe- 
lipe se filé á la Puebla de Sanabria y el Rey católico se vino 
al lugar de Ríonegro, no consintiendo el Rey Don Felipe que 
el Don Fernando hablase á la Reina Doña Juana su hija, y aun- 
que, al parecer de todos, se pensó que se habían apartado ene- 
migos no fué así, antes quedaron en mucha paz y amistad 
como pareció por cierta capitulación que luego se hizo entre 
ellos en Benavente, en la cual asentaron, firmaron y juraron 
paz, concordia, amistad y unión perpetua, y el Rey Don Fer- 
nando tuvo por bien dejar los Reinos de Castilla y de León y 
la gobernación de ellos al Rey Don Felipe y á la Reina Doña 
Juana, su hija, con tanto que las rentas que 'tenía en las Indias 



- '¿o — 

y >..l)rc las .ilcal-alns de los inaestrazí?os las hubiese de llevar 
,H,r »..«1« u vida y asimismo pudiese tener la ad- 

tración (ic los trts maestrazgos de Santiago, Alcántara y 

. . 1 1 Papa se los había concedido, sin inipedimen- 

alguno en ellos y que fuesen amigos, y amigos 

.1,- . enemigos de enemigos, para la conservación y 

Món y pacificación de sus Estados; y que cualquiera de 
¡US dichos Reyes (|uc hubiese menester gente, mantenimientos 
y navios para la guerra contra infieks, que el otro Rey fuese 
«ibligado A dárselo todo á costa del (lUe \(> pidiese. 

De Bcnavcnte se vinieron los Reyes á la villa de ^lucientes 
y el Rey Don Femando al lugar de Tudela, lugares junto á 
Valladolid, y se concertaron otras vistas entre ellos en el lugar 
de Rcnedo, donde el Rey Don Fernando se despidió del Rey 
Don Felipe y se fué camino de Aragón; y así quedó el Rey 
Don Felipe con más descanso- y contento, y se vino luego á 
\'alladol¡d á donde mandó que se entregasen á D. Juan Manuel 
las fortalezas de Segovia, Atienza, Burgos, Plasencia y Jaén, 
\ las demás las mandó entregar á criados suyos. En esta villa 
le viho un embajador de parte del Rey Luis de Francia en 
<|ue le hacía saber que á Claudia, su hija, que él había prome- 
tido en casamiento al Príncipe Don Carlos (como está dicho), 
la quería casar con Francisco señor de Angulema que había 
de ser Rey de F' rancia, no teniendo hijo varón, por do era 
■:irio que l1 dicho Francisco se casase con Claudia, por qué 

se el Ducado de Bretaña en la casa de Francia, cuando 
la madre muriese ; de manera que por la condición que se 
puso en la investidura cpie dio el Emperador Maximiliano al 
Re>- Luis de Francia y á Claudia, su hija, del Ducado de Mi- 
lán, quedó desde entonces por ninguna, y el derecho del Es- 
tado y s4.ñorfo de Milán pasó al Príncipe Don Carlos con la 
invc stidura del dicho Ducado, pues por su causa no se dejó de 
^'»nu'cnto. Después de esto se juntaron en la 
s Procuradores del Reino y juraron á la Rei- 
'" '' f" Reina y señora y al Rey Don Felipe, como 

por Rey' y señor; y al Príncipe Don Carlos, 
^'' '"i '• TMncipe heredero de los Reinos después 



de los días de la Reina Doña Juana, su madre. Y desde Valla- 
. dolid determinaron el Rey y la Reina ir á la ciudad de Burgos 
y á la entrada de ella les fué hecho muy solemne recibimiento, 
y luego adelante, día de la Exaltación de la Cruz, hubo ju- 
bileo en la ciudad, y los Reyes pusieron en el monasterio de 
San Pablo doce cabezas de vírgenes y mártires con gran so- 
lemnidad y fiestas, y después desto á cabo de pocos días dio 
al Rey Don Felipe una calentura de achaque (según decían al- 
gunos) de haber jugado mucho á la pelota, del cual trabajo, 
como se recreciese mucha sed, había bebido demasiado, por do 
se le recreció la alteración, y otros la atribuían á otras cosas, 
pero todo lo dejamos al juicio de Dios, en cuya mano y deter- 
minación está todo ; de manera que la calentura se le fué au- 
mentando poco á poco, en tanta manera que fué causa de dar 
el ánima á Dios en muy breve tiempo, y fué la muerte de este 
bienaventurado Rey á 25 de Septiembre, y después de muerto 
tomaron sus criados el cuerpo y lo pusieron á la usanza de 
Francia sobre un tablado que mandaron hacer en una gran sala 
de la casa del Condestable do posaba, y después que le hubie- 
ron vestido y ataviado de ricos atavíos le asentaron en una 
silla real como si estuviera vivo y le tuvieron así toda la 
noche siguiente, estando en la sala gran número de frailes 
de todas órdenes cantándole las vigilias y lecciones que se sue- 
len cantar á los muertos ; y otro día lo quitaron del tablado y 
lo desnudaron y abrieron, sacándole las entrañas y corazón con 
todo lo demás para embalsamarlo y le sajaron todo de arriba 
á abajo lo que tenía sangre que se pudiese pudrir y lo metie- 
ron en una caja de plomo, y entretanto que se pudiese llevar 
á la ciudad de Granada, do él había mandado enterrarse con 
la Reina Doña Isabel, su suegra, lo depositaron en el monaste- 
rio de Miraflores, de la orden de los Cartujos, junto á Biu^gos. 
Sabida la muerte del Rey Don Felipe por todos los del Rei- 
no, fueron tanto los llantos y lloros y lutos que no se lo podrían 
encarecer, porque aunque él había estado poco tiempo en Espa- 
ña era amado de todos los grandes del Reino y de los caballeros 
y gente plebeya, por su muy buena condición y extremadas vir- 
tudes, porque él era mancebo de gentil disposición y de her- 



— 22 — 

.ara, muy pulido en sus cosas, de muy buen ingenio v 

' ' :• '-inio en hacer mercedes, era á todos 

ic hombre que jamás se vio, amador de 

ji. aparejado para todas virtudes y era dado á juegos 

virtuosa*, holgaba de hablar y tratar con mujeres, principal- 

C..U las que tenían gentiles gestos de que él era muy 

^^,^ y sobre todo fué limosnero y se apiadaba de la gente 

pobre y necesitada, y al tiempo de su muerte hizo todo lo que 
vin buen cristiano debe hacer, confesándose, haciendo su tes- 
tamentíi, recibiendo los Santos Sacramentos con mucha devo- 
ción, por do se ha de creer que Dios Nuestro Señor tuvo por 
bien llevarlo á su santa gloria. 



CAPITULO VIII 

Lo que hizo el Rey Don Fernando sabida la murte del Rey 
Don Felipe y lo que el Príncipe Don Carlos escribió á aU 
f:unos grandes de Castilla acerca de su sucesión. 

El Rey Don Fernando estaba en Portofino, que es de Ge- 
nova casi 20 millas, esperando tiempo para hacer su camino 
á NáiH)les, cuando le fueron las nue\as de la muerte del Rey 
Don Felipe, de la cual tuvo muy gran pesar; porque aun- 
que entre ellos habían pasado las cosas que hemos dicho, el 
Rey Don Femando le había cobrado tanto amor como si fuera 
su i»ropio hijo, y determinó luego de escribir á todas las ciu- 
dades del Reino de Castilla luciéndoles el pesar y sentimien- 
to que había tenido con la muerte del Rey Don Felipe, su 
^jj". y que les rogaba (juisiesen obedecer á la Reina Doña 
Juana, su nuiy cara y amada hija y su señora, como eran obli- 
gados, y quc no hiciesen cosa alguna en perjuicio del derecho 
de la dicha Serenísima Reina, su hija, y suyo, y que él lle- 
vaba gran c\íi<lado de despachar en l1 Rrino de Ñapóles al- 
gunas iv.sas de que tenía necesidad para venir luego á estos 
Reinos. Y como istas cartas viniesen á Castilla, muchas per- 
K>nas quisieron interpretar mal lo que por ellas decía el Rey 



— 23 — 

Don Fernando, en perjuicio del derecho de la Reina Doña 
Juana, su hija, y suyo, dando á entender que quería usurpar 
la sucesión del Príncipe Don Carlos su nieto. Entre otras per- 
sonas que quisieron entender esto así, fueron los Embajadores 
Mr. de Eeure, del Príncipe Don Carlos, 3' Micer Andrea, del 
Emperador jNíaximiliano, los cuales luego le escribieron al 
Príncipe Don Carlos, el cual en aquella sazón estaba en Bru- 
selas, donde siempre se había criado, teniendo por ayo algunos 
años al Príncipe Desmáy, un gran señor de Flandes, y cuando 
el Rey Don Felipe partió de Flandes para España, le dejó 
por su Rvo y camarero á Guillermo de Croy, señor de Chievres, 
hombre sabio y de buen juicio, amigo de toda paz y concordia, 
y á D. Adriano, Deán de Lobaina, por maestro. 

Como el Príncipe supiese la muerte de su padre el Rey 
Don Felipe, le mandó hacer sus honras muy solemnemente 
y lo mismo marchó á hacer el Emperador ^Maximiliano en Ale- 
mania, el cual, viendo que el Príncipe no tenía edad para 
gobernar sus tierras y señoríos, envió á mandar á su hija 
Madama ^Margarita, que ya había enviudado del Duque de 
Saboya, con quien había casado después que enviudó del Prín- 
cipe Don Juan de Castilla, que gobernase el Estado de Flandes 
y los otros señoríos que eran del Rey Don Felipe, y tuviese 
en cargo al Príncipe Don Carlos su nieto hasta que tuviese 
edad para gobernar. 

El cual, como sus Embajadores le escribiesen lo que el Rey 
Don Fernando, su abuelo, había enviado á decir por sus cartas 
á algunas ciudades de Castilla 5^ á otras personas, con parecer 
de los generosos (sic.) y de su Consejo, escribió una carta al 
Duque de Alba diciéndole que él sabía que en España se trata- 
ban algunas cosas en perjuicio de la Reina su señora y de su 
sucesión, y que le rogaba que lo estorbase, como de su lealtad 
se esperaba, y que él escribía más largo á su Embajador y al 
del Emperador Maximiliano, su abuelo, que les diese entera fe 
y creencia á lo que de su parte le dijesen. Y también escribió 
otras cartas de este tenor á otros grandes de Castilla. 

La creencia de los Embajadores era que decía el Príncipe 
Nuestro Señor y los generosos (sic.) del Consejo, cómo ellos ha- 



,.• a: iMiii.ci.idor (lue fuese á gobernar 

1 Undes, y que luego su Alteza lo había 

,, a, dejando el camino que Uevaba para recibir la 

corona iiTj,H.rial y «lue, de 30.000 combatientes que tenía, en que 

. hombres de armas, había dejado parte de ellos en 

... ..,,......1 de Italia y en üorgoña y traía consigo 10 ó 12.000 

para si fuese necesario venir á estos Reinos en favor de L 
Reina nuestra Señora y de su sucesión y para dar orden en 
la venida del dicluí Señor Príncipe á estos Reinos para la pri- 
mavera ; que si necesario fuese venir el Emperador en persona 
á traer al Principe nuestro vSeñor, lo haría, y si no que enviaría 
ú Su Alteza á algún lugar de la costa de acá, donde estuviese 
con su gente para recibir al Infante y enviarle á los señoríos 
de Klandcs ; y que si necesario fuese que la gente que con el 
Príncipe viniese pasase á África, lo haría. 

Decía además que dijesen al Duque de Alba mirase mu- 
cho del servicio de la Reina, su Señora, y lo que tocase á la su- 
cesión del dicho vSeñor Príncipe, y que en esto le haría servicio 
para hacerle i)or ello mercedes, y el Duque de Alba determinó 
de escribir al Príncipe, nuestro Señor, en respuesta de su carta 
y creencia, diciendo á Su Alteza que en lo que decía que se 
trataban en F.spaña algunas cosas en perjuicio de la Reina, 
su Señora, y sucesión suya y que le rogaba que lo estorba- 
se, á esto le respodía que le besaba las manos por lo que 
le mandaba por su carta y ípie él tenía mucho cuidado de ello 
y que en aquello habían trabajado toda su vida él y sus ante- 
pa.sados, de ser\'ir con nmcho trabajo á la Corona Real de 
cstr* Reinos, como era notorio, y que así trabajaba y trabajaría 
en scn'icio de la Reina, su Señora, y por la paz y sosiego de 
" ^, y que lo mismo haría en que hubiese mucha seguridad 
> >v<>icgo en la sucesión de Su Alteza, y que aquello mismo 
que él hada, hacían otros grandes de estos Reinos que tenían 
el fin que él de servir á la Reina, su vSeñora, y procurar la con- 
" de estos Reinos, y trabajaban que se guardase la 

• ■■ de Su Alteza, y que, pues en estos Reinos era tan 

dcvndn 1 ' \-,.nida de Su Alteza para criarse en ellos como era 
ra>' ía necesidad de la gente que decían los Embaja- 



— 25 — 

dores que tenía el vSerenísimo Rey de los romanos para traer 
á Su Alteza, ni menos había necesidad de que el Serenísimo 
Rey de los romanos tomase trabajo en venir á entender en las 
cosas de estos Reinos, porque la Reina, su Señora, daría la or- 
den que conviniese para la buena gobernación de ellos y que 
por lo que debía á Sti Alteza, le hacía saber que sus Embaja- 
dores no hacían en España lo que convenía á su servicio, por^ 
que le procuraban poner en diferencias con, la Reina, su ma- 
dre, y con el Rey Don Fernando, su abuelo, y que siendo así 
no podría dejar de haber poca paz y sosiego en estos Reinos, 
lo cual era gran inconveniente para la sucesión de Su Alteza, 
por do le parecía que les debía de mandar seguir otro camino 
que hasta aquí habían heclio, y que no le podían en otra 
cosa más servir que en llegarse al servicio de la Reina, su Se- 
ñora, procurando toda conformidad entre ella y Su Alteza y 
el Rey Don Fernando, su abuelo, y que haciendo esto sería 
nuestro Señor ser\ádo y la Corona de estos Reinos conservada 
y ellos conservados y mantenidos en toda paz y sosiego y jus- 
ticia, llevándose en ellos la gobernación comenzada por el Rey 
Don Fernando, su Señor, 3^ la Reina Católica, que hubiese 
santa gloria, sus abuelos, y así, para á su tiempo, estar cierta 
y conservada la sucesión de Su Alteza. 

También escribió el Duque de Alba á los Embajadores 
Mr. de Beure y Micer Andrea diciéndoles que, si Su Alteza 
fuera de edad, no le escribiera aquella carta, porque en ella 
ponía duda de la lealtad de los vasallos de la Reina, su Se- 
ñora, siendo tan notoria en todo el mundo, diciendo que se 
trataban en estos Reinos cosas en deservicio de la Reina, su 
Señora, y en perjuicio de la sucesión del vScñor Príncipe, y 
que lo que él hacía, hacían otros criados de Su Alteza, que 
era procurar su servicio y bien y sosiego de estos Reinos, y 
que se espantaba de las cosas en que entendían, pues era en 
deservicio de la Reina, Su Señora, y de sus Reinos, y del Prín- 
cipe, su Señor, y que debían seguir otro camino para más 
sosiego de los Reinos, porque de lo uno y de lo otro resultaba 
el bien y servicio del Príncipe,' su Señor. 



CAPITULO iX 

; Reina Doña Juana, nuestra Señora, después de 

■ del Rey Don Felipe, su marido, y lo que hicie- 

dcl Consejo Real, y de unas cartas que escribió el 

. >on Fernando á las ciudades del Reino dcclarándóies 

5U voluntad acerca de la sucesión del Príncipe Don Carlos, 

iu nieto. 

I,a Reina Doña Juana, nuestra Señora, después de la muer- 
te del Rey Don Felipe, comenzó á tener muy triste vida, 
deleitándose con soledad y en lugares obscuros, siempre muy 
I»ensativa, sin hablar palabra, no le agradando compañía al- 
guna ni se pudiendo acabar con ella que firmase carta ni otra 
cosa, diciendo ípie vendría su padre el Rey Don Femando 
y cjue él lo haría, y como algunos prelados le encargasen la 
conciencia si no gobernaba ó pusiese una persona que lo hi- 
ciese por los muchos escándalos y muertes que podrían suceder, 
les respondió que más encargaba la conciencia y era digna de 
mayor culpa si eligiese gobernadores que no fuesen conve- 
nientes para regir sus Reinos, y á esta causa estaban los gran- 
des del Reino muy alterados sin querer obedecer á nadie. 

Como I). Juan de Guzmán, Duque de Medina Sidonia, 
viese tal ojiortunidad, acordó de juntar mucha gente y enviar- 
la con su hijo D. Enrique que era de diez años, sobre la ciu- 
dad de (Mbraltar, la cual le había dado el Rey Don Enrique IV, 
y se la habían quitado los Reyes Católicos, por ser uno de 
los títulos de su Corona Real, y llegado á Gibraltar, la tuvo 
cercada casi dos meses, combatiéndola muchas veces ; al cabo, 
viendo la resistencia que los de dentro le hacían y como la 
tierra de Sevilla se comenzaba á juntar contra él, alzó el cerco 
y fc/- vino á .Sevilla. 

V.n todo este tiempo se pudo acabar con la Reina, nuestra 
Señora, que fumase una cédula para que las ciudades y villas 
cercanas fttescn contra el dicho Duque y le hiciesen quitar el 
^^^" ' Infante y los del Consejo Real fuesen á Su 



— 27 - 

Alteza á le suplicar quisiese entender en la gobernación de 
sus Reinos, ó poner una persona en su lugar que los gobernase, 
no los quiso ver ni hablar, ni menos lo quiso hacer aunque 
se lo suplicó el Arzobispo de Toledo ; y visto esto por los del 
Consejo, por que en los Reinos no se levantasen algunos escán- 
dalos y alborotos, como habían comenzado, acordaron de lla- 
mar Cortes y que todas las ciudades enviasen sus Procurado- 
res para que ellos juntos suplicasen á Su Alteza lo mismo que 
ellos habían hecho, y venidos los Procuradores á Valladolid, 
fué acordado entre ellos que todos fuesen á hablar á la Reina, 
nuestra Señora, para ver lo que era más servida que hiciesen, 
y como hablasen á Su Alteza diciéndole cómo estaban allí 
todos los Procuradores de las ciudades y que suplicaban á Su 
Alteza les dijese lo que era más su servicio que hiciesen, y que 
si mandaba que hiciesen Cortes, les respondió que no había ne- 
cesidad de ellas por el presente, y sin decirles otra cosa se fue- 
ron, y con las importunaciones que le daban los Procuradores 
mandó la Reina que no dejasen á nadie entrar á hablarla, y si 
alguno le hablaba decía que ella lo vería ó que le enviaría á 
mandar lo que fuese su servicio y así se eximía de todos, de 
manera que, por muchas veces que le hablaron algunos Procu- 
radores de ciudades sobre el hacer de las Cortes, no quiso que 
se hiciesen hasta que el Rey, su Señor, viniese ; porque si á él 
le pareciese que cumplían hacerse, las haría ; y visto esto por 
los del Consejo 3^ por los Procuradores de Cortes, determina- 
ron de no hablarle más sobre ello y de escribir al Rey Don Fer- 
nando suplicándole no dilatase su venida á estos Reinos por lo 
mucho que cumplía al bien y pacificación de -ellos. 

Como algunos señores de Andalucía viesen que después de 
La muerte del Rey Don Felipe, la Reina, nuestra Señora, no 
quería entender en la gobernación del Reino, y como notasen 
la carta que el Rey Católico escribió á las ciudades de Porto- 
fino, interpretando mal aquellas palabras, como otros habían he- 
cho, acordaron el Duque de jNIedina y el Arzobispo de Sevilla 
y el Conde de Ureña y el de Cabra y ]Marqués de Priego de 
hacer entre sí cierta confederación y amistad, deseando hacer 
servicio á Dios y á la Reina, nuestra Señora, en tener pacífica 



— 28 — 

el AnHflK" . .,._ .. lDu no hubiese levantamiento; la 

<'ual jn -nuaron, prometiendo hacer lo que fuese Ser- 

Su Alteza y bien y pacificación de estos 
K,.iit..,-. ..,,.,.. Kiulu las cartas que viniesen firmadas de su 
Kral ■ ; il.it y las que viniesen firmadas de su muy alto Con- 
M-.i' . ^¡1 servicio (le Sus Altezas, y que no consentirían que se 
utlronicticse en la gobernación del Reino sino la Reina Doña 
Juana, nuestra Señora, ó (¡uien cierto supiesen que era su vo- 
luntad ; y que ponjue sal)ían que habían venido cartas para 
lluniainiento de Cortes, las cuak-s no venían firmadas de Su 
Alteza, dijeron «jue si lo que en dichas Cortes se acordase no 
fuese servici<» de Dios y de vSu Alteza y para provecho de 
l(»s Reinos, cjue no se obligasen á lo cumplir ni estar por ello. 
Y como el Rey Don P'ernando en este tiempo estuviese en la 
ciudad de Ñapóles do se le había hecho gran recibimiento y le 
escribiese Mosén Luis Ferrer, Embajador que había dejado en 
Castilla con el Rey Don Felipe, cómo las cartas que Su Alteza 
había enviado á las ciudades desde Portofino habían sido mal 
entendidas, principalmente por los Embajadores del Emperador 
Maximiliano y del Príncipe Don Carlos, ix)rque aquello que 
había escrito, (jue no consintiese que se hiciese cosa en per- 
juicio del derecho de la Serenísima Reina, su hija, y suyo, 
lo habían interjiretado que quería usurpar el derecho del Prín- 
ciiH.- Don Carlos para sí, y lo habían escrito al Emperador y 
al Prínciiíe Don Carlos, sobre lo cual el Príncipe había escrito 
á muchos señores de Castilla, y también á esta causa se había 
hecho liga entre algunos grandes del Reino con propósito de 
no consentir que -otra persona gobernase en Castilla sino la 
Reina D<jña Juana, su hija, y que cumplía á Su Alteza que tor- 
nase á escribir á las ciudades y otras perscmas del Reino la vo- 
luntad que tenía acerca de a(|uel capítulo que había escrito en 
su carta; lo cual sabido i)or el Rey Don Fernando le pesó 
""'' ' iber dado ocasión á que de él se' pensase tal cosa, 

y • '^^^' <íe escribir á las ciudades liaciéndoles saber 

"'" ' !'"rt..fino les había escrito el pesar y sentimiento 

que había tenido cr,„ la muerte del Rey Don Felipe, su yerno, 
rogánd. • uisiescn obedecer íx la Reina Doña Juana, su 



- '29 — 

muy querida y amada hija y su Señora, como eran obligados, 
y que no hiciesen ni consintiesen que se hiciese cosa alguna en 
perjuicio del derecho de la dicha Serenísima Reina, su hija, 
y suyo, y que por no ir en la carta especificado el derecho de 
gobernación, algunos le habían querido interpretar de sí, pues 
no veían al Príncipe Don Carlos, su "nieto, que era señal de 
quererle el perturbar su sucesióón legítima de e^os Reinos, 
que de derecho le pertenecían, dando entendimiento muy fuera 
de razón y muy al revés de lo que él siempre tenía pensado ; 
y que si él no había dicho claramente el derecho de la goberna- 
ción, era porque nunca él había hablado ni aun imaginado de 
hablar en otro derecho, ni lo había procurado, porque si él 
quisiera otro derecho, mucho mejor pudiera hablar en él y 
procurar de lo adquirir cuando poseía estos Reinos ; pero que 
nunca Dios quisiese que la legítima que de derecho pertenecía 
al Príncipe, su nieto, después de los días de la- Serenísima Rei- 
na Doña Juana, su hija, y á sus hermanos y hijos, se la per- 
turbase ni le pasase tal por el pensamiento, porque allende de 
quererlo así las leyes divinas y humanas, el amor que siempre 
había tenido á la Serenísima Reina, su hija, y al Príncipe y 
á sus hermanos, sus nietos, era tan grande, que ningún otro 
amor de hijos se le prodría apartar ni menoscabar. 

Asimismo escribió otra carta al Arzobispo de Sevilla y á 
otros grandes rogándoles que, entretanto que él no venía á 
estos Reinos por estar entendiendo en las cosas cumplideras 
al Reino de Ñapóles, les rogaba que trabajasen que los Reinos 
de Castilla estuviesen en toda paz y sosiego. 

La Reina, nuestra Señora, al cabo de algunos días que el 
cuerpo del Rey Don Felipe, su marido, estuvo depositado en 
el cementerio de Miraflores, de Burgos, determinó sacarlo de 
allí y llevarlo á Granada, como él había mandado en su testa- 
mento, para lo cual determinó ir al dicho monasterio, y á 
pesar de los frailes, lo hizo sacar de la caja de plomo, para 
que algunos prelados y Embajadores que con ella fueron cono- 
ciesen si era aquel el cuerpo del Rey Don Felipe, su marido ; 
y como lo conociesen, lo mandó tornar á meter en su caja de 
plomo y en el ataúd en que estaba, y todo puesto sobre un 



— 30 — 

carro «Ic rv,.-n<, • :.»>aUos, con sus paños encima, de oro y seda, 
1^ ^'„^ )1 -!c TorqueiDada, viniendo Su Alteza con 

61; y con.u >c ...... u.Uisen en la dicha villa pusieron el cuerpo 

m'lñ i.-U-s-:.. .' •• ■- 'I'-'» '11 '1 íii-í'ir, do estuvo allí la Reina al- 



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CAPÍTrLO X 

De las cosas que acontecieron el aíio de 1507 y de la venida del 
Rey Don Fernando á España. 

Kn este año aconteció que como el Conde de Lemos viese 
la jKHra justicia y gobernación que había en el Reino, acordó 
de meterse en la villa de Ponferrada tomando por fuerza la for- 
taleza de la dicha villa, de lo cual se alborotó mucho el Reino ; 
y los del Consejo Real, que gobernaban en las cosas de justi- 
cia, i^rocedicron contra él como invasor de la Corona Real, 
dando {nn sentencia le fuese tomada la dicha villa y fortaleza, 
mandando á la gente de armas de todas las guardas del Reino 
que fuesen contra el dicho Conde de Lemos. 

Iban por Capitanes Generales de esta gente el Duque de 
Alba y el Conde de Benavente, y como el Conde de Lemos 
viese venir tanta gente sobre sí, y tuviese por cierta la venida 
del Rey Católico, determinó de dar la villa de Ponferrada y 
la fortaleza á la persona que los del Consejo habían enviado 
para (¡ue la recibiese. 

Kl Rey Don Femando, después de haber concluido con 
las cosas del Reino de Ñapóles, procuró con toda brevedad 
la venida d Kspaña, trayendo consigo al Gran Capitán Gon- 
zalo Fcrnfuulez, al que él había dado título de Duque de Sesa 
por los buenos servicios que le había hecho en la coquista 

del ^' ' '■■ Xapolcs, dejando en el dicho Reino por Virrey 

y ' v.r al Conde de Ribagorza, su sobrino, para lo 
ctial mandA hacer una gruesa Annada, y con ella salió del 
pticrto de X¿\!>« Us y en pocos días llegó á la ciudad de Saona, 
' ■ ' ^'Mido el Rey Xuis de Francia, y fueron 



.1. 1 



— 3L — 

recibidos de él ,con muchos al^razos y placeres, y el Rey de 
Francia hizo allí mucha honra al Gran Capitán, mandándole 
sentar á la mesa con el Rey Don Fernando y con él y con 
la Reina Gennana, donde fueron bien servidos de todo lo ne- 
cesario, y así estuvieron los Reyes algunos días con el Rey 
de Francia, al cabo de los cuales se despidieron de él y metidos 
en vSU galera se vinieron con muy buen tiempo hasta la playa 
de Valencia, do fué muy bien recibido de los valencianos. 

De allí procuró partirse luego dejando en Valencia á la 
Reina Gennana, su mujer, para ir á do la Reina Doña Juana, 
su hija, estaba. Y como Su Alteza supo su venida procuró 
de salirse del lugar de Hornillos, con el cuerpo del Rey Don 
Felipe, su marido, delante, y venirse á la villa de Tortoles, 
donde llegó Don Fernando ; y fué tanta la alegría que en ver 
á su hija llevó, que las lágrimas se le saltaron de los ojos y la 
Reina, nuestra Señora, con no menos placer, hincando en el 
suelo las rodillas, le fué á besar las manos, y el Rey no se las 
quiso dar y la levantó en sus brazos y la abrazó y besó ; y 
entrados en un palacio estuvieron toda la noche hablando de 
cosas de mucho placer, y por ser aqu^l lugar muy pequeño 
para estar en él la Corte determinaron de irse á un lugar dicho 
Santa María del Campo, que es seis leguas de la ciudad de 
Burgos. 

De allí salió Su Alteza á demandar la fortaleza de Burgos 
á un alcaide que había dejado en ella D. Juan 2vlanuel, al 
tiempo que se volvió á Flandes con temor del Rej- Don Fer- 
nando, porque sabía que lo había de tratar mal por haber 
aconsejado al Rey Don Felipe muchas cosas contra su servi- 
cio ; y como viese que no se la quería dar, envió allá al Conde 
Pedro Navarro para que la cercase y derribase con la artille- 
ría, y como los de dentro viesen la determinación del Rey y 
la poca ayuda que esperaban, entregaron la fortaleza al Rey 
Don Fernando, el cual, como supiese que el D. ]Manuel había 
dejado encomendada la fortaleza al Duque de Nájera y él 
haberla tomado debajo de su amparo á los que de dentro 
estaban, le envió á llamar que viniese á la Corte, y como el 
Duque no quisiese venir al llamado del Rey, le envió á de- 



mamUr tmla!» la /:is de su Estado, .y como no se las 

lite contra él que se las tomaron todas y 

pn^, o. s (le su mano, y si el Duque no \iniera 

¿ j„.,i.. 1 Uiv st las dciTibara todas y le quitara 

ti»!' 

c-ste tiempo se cumpliese un año que el Rey Don 

i.i.i muerto, la Reina, nuestra vSeñora, le hizo el cabo 

,u ..i.w inandündole decir sus vísperas, y otro día su misa y 

oficios con mucha solemnidad, en los cuales estuvo el Rey y 

hi Reina con muchos prelados y grandes del Reino. 

Acabado esto, el Rey Don Fernando comenzó á entender 
en la gobernación del Reino, y estando vSus Altezas en este lu- 
gar le fué traído el capelo de Cardenal á D. Francisco Jimé- 
nez, Arzobispo de Toledo, y lo recibió con mucha solemnidad. 
Kl Duque de Gueldres que como dijimos traía el Rey Don 
Felipe consigo, sobre seguro que no se iría de su Corte sin 
su licencia, como les dio tanta tonnenta junto á Inglaterra, 
la nao en que el dicho Duque iba se fué derecha á Francia, 
donde el Duípie desembarcó y se tornó al Ducado de Gueldres 
y comenzó de- nuevo á molestar á los de Flandes con mucha 
guerra coníiuistando y destruyendo muchos lugares del dicho 
Condado, y Madama Margarita, como Gobernadora, procuró 
de hacer gente para defenderse de él. , 

Como el Rey Don Femando viese que aquella villa en que 
estaban era pecpieña para la mucha gente que en la Corte ha- 
bía, rogó á la Reina, su hija, que se fuesen á una ciudad gran- 
de do Iludiese estar la Corte más holgadamente, y á ruego de 
su padre se salieron de Santa María del Campo camino de 
Hurgos, y como la Reina oyó decir (¡ue la llevaban á Burgos 
no (piiscj pasar adelante, diciendo que no iría á Burgos mien- 
ir.is viviese por habérsc-le muerto allí el Rey Don Felipe, su 
quedó en la villa de Arcos, junto á Burgos, y 
en Luis Fcrrer, Embajador que era del Rey. 
:.mdo con toda la Corte se- fué á la ciudad de Bur- 
gos, donde vino la Reina Germana que había quedado en Va- 
'-•1 Rey Díjn Femando partió de allí para 
IV)ña Juana, su hija. Y Su Alteza la 



- 33 — 

trajo á Arcos para que viese á la Reina Doña Juana, nuestra 
Señora, donde se recibieron con mucho placer, y después de 
se haber holgado allí dos ó tres horas se volvieron á Burgos, 
de donde venía el Rey Don Fernando algunas veces á ver á 
la Reina, su hija, y á holgarse con ella. 



CAPÍTULO XI 

De las cosas que acontecieron el año 1508. — Cómo el Rey Don 
Fernando mandó proceder contra el Marqués de Priego y 
contra el Duque de Medina Sidonia por la poca obediencia 
que le tuvieron. 

Estuvo este año el Re}' Don Fernando en Burgos enten- 
diendo en la gobernación del Reino y mandando castigar las 
cosas que en ausencia suya se habían cometido en él. Y como 
en la ciudad de Córdoba se hubiesen hecho algunos alborotos, 
á los cuales había dado causa el Marqués de Priego, en esta 
manera, que como un día el Marqués entrase con un Alcalde 
mayor de aquella ciudad que traía la vara por el Alcaide de 
los Donzeles, le preguntó que cómo traía aquella vara no sien- 
do pasada por cabildo se la tomó é hizo pedazos y los mandó 
poner en la picota, lo cual, como fuese sabido en la Corte, en- 
vió el Rey Don Fernando á Córdoba sobre ello al Licenciado 
Herrera, Alcalde de su Corte, y venido á la ciudad mandó ha- 
cer cabildo á los veinticuatro de la ciudad do se halló el Mar- 
qués de Priego, y el Alcalde mostró una provisión que traía 
del Rey y de la Reina, en que por ella mandaba al Marqués 
que luego saliese.de Córdoba, y el Marqués dijo que obedecía 
el mandamiento de Sus Altezas y que así lo quería hacer luego, 
é importunó al Alcalde Herrera que saliese con él y vería cómo 
lo ponía por obra ; y así hubo de salir el Alcalde hasta fuera 
de la ciudad ensn compañía y como le tuvo fuera le hizo por 
fuerza cabalgar en un caballo 5^ que dejase la muía, y mandó 
á ciertos criados suyos que lo llevasen á Montilla y lo entre- 
gasen al Alcaide para que lo tuviese á buen recaudo, y el Mar- 



cabo (le algunos días envió á 
• Iccir al Alcaide (luc le Boltase y le soltó y se vino á Córdoba, 
y u*tuvo < ' ' ,^^^^. d R^y D<jn Fernando fvc avisado 

d« totlo li. , isado, de lo que recibió muy gran enojo, 

y quería luego hacer im ejército contra el Marqués ] ara des- 
tniirlc todo su Estado, si el Gran Capitán no le suplicara que 
rpie la casa de Aguilar le había hecho muy buenos 
. . . u IOS, y que si al presente su sobrino le había ofendido 
que le mandase castigar. 

líl C.ran Capitán escribió al Marqués para que luego viniese 
á iKjnerse en las manos del Rey, donde no, (pie sería perdido 
«Icl tcKlo, y el Marqués lo hi/o aunque el Rey nunca le quiso 
ver y mandóle andar preso dos leguas de la Corte, y él se 
vino á Córdoba con 400 jinetes y 2.500 peones escopeteros y 
bcUesteros, y cf)mo entró en la ciudad mandó hacer luego 
I)rtK:eso contra el Manjués y contra los culpados, todo lo cual 
hicienm los del Consejo y dieron por sentencia contra el Mar- 
qués (jue perdiese todos los oficios v tenencias y mercedes que 
tuviese, lo cual todo aplicaban á la Corona Real de estos Rei- 
nos, y que lo fuese derribada la fortaleza de Montilla ponién- 
«lola t(»da i>or el suelo, y que en ningún tiempo pudiese ser 
ree<lificada, y (lue en lugar de pena de muerte que merecía 
l>or el delito (pie había cometido lo desterraron por cinco años 
de tmla la Andalucía y rjue no pudiese entrar on Córdoba ni 
en tenia su tierra pen'>etuamente, por todos los días de su vida, 
so i>ena de muerte y de confiscación de sus bienes, y que todos 
sus castillos y fuerzas esttiviesen en poder del Rey Don Fer- 
nuMílo ó de quien Su Alte/.a mandase, á costa del dicho Mar- 
qué>, y inAs, le condenaron en todas las costas é intereses que 
se habían hecho en la persecución de los delitos. 

Y esto acabado salió Su Alteza de Córdoba \- se vino á la 
* ■' de Sc-villa porque supo que D. Pedro Girón, hijo ma- 
'-•1 Conde de l'reña, había casado al Du(iuc D. Enrique 
con su hermana, Doña María de Archidona, sin consentimien- 
to -I" • . V haberse juntado dos íasas tan principales para po- 
iuntas y vejaciones en el Reino si viniese 
■'" ' ' ''' '-"Mo se había hecho después 



— 35 — 

que murió el Rey Don Felipe y en perjuicio suyo (como ya 
dijimos) , y á esta causa y para estorbar este casamiento, por 
ser el Duque menor de edad, vino á esta ciudad, y también 
Su Alteza tenía gran gana de lo casar con una nieta suya, 
hija del Arzobispo de Zaragoza, su hijo, lo cual como D. Pedro 
Girón alcanzase á saber, se había anticipado á casarlo con su 
hermana. 

Y cuando Su Alteza entró en la ciudad de Sevilla le fué he- 
cho gran recibimiento por los de la ciudad y el Rey y la 
Reina se fueron á apear á la iglesia mayor, y de allí se fueron 
al Alcázar, y luego envió á llamar á D. Pedro Girón y al 
Duque D. Enrique, porque también traía información de lo 
que la casa de Medina había hecho sobre Gibraltar y las li- 
gas en su perjuicio, y para seguridad de que otra vez no se 
atreviesen á hacer otro tanto estaba determinado de tomar 
al Duque algunas fuerzas, y para ello envió á demandar S 
D. Pedro Girón, como tutor del Duque, que le entregase las 
fortalezas de vSan Lúcar y Huelva y Vejer, mandando que las 
diese á D. Iñigo de Velasco, asistente que era de Sevilla. Y 
como D. Iñigo fuese y se las pidiese le respondió que el Du- 
que era ya casado y que se las pidiese á él ; y así se volvió 
D. Iñigo sin las tomar, y como el Duque y D. Pedro Girón 
viniesen á Sevilla á besar las manos á Su Alteza, el Rey re- 
cibió bien al Duque, pero á D. Pedro Girón no le quiso ver 
mandándole salir fuera de la ciudad. Y D. Pedro se fué al 
monasterio de las Cuevas é hizo poner algunos caballos en pos- 
ta en lugares del Aljarafe y aquella noche entró en Sevilla y 
fuese á las casas del Duque y le hizo levantar diciendo que el 
Rey le quería cortar la cabeza por lo que había hecho en 
Gibraltar, y que le convenía huir, y así le sacó disimulado de 
la ciudad y se fueron camino de Portugal. Y como otro día el 
Rey lo supiese, envió tras ellos mucha gente de á caballo, los 
cuales no loa pudieron alcanzar. 

Su Alteza, "viendo la rebeldía y poca obediencia del Du- 
que D. Enrique, determinó castigarle, mandándole tomar las 
villas y fortalezas de sii Estado por haberlas perdido conforme 
á justicia y ley del Reino. Y como fuese á la villa de Niebla 



— 36 — 

y illa I.. , MI! al Rey, envió luego Su Alteza c<jn- 

tra cUa al AUai do con mucha gente de á pie y de 

á caballo. K»s cuales como todavía estuviesen pertinaces en 
su i I.i mandó combatir reciamente hasta tanto que 

?. .!• ;(.rta parte de la muralla por do entró la gente 

.1 en la villa, donde hicieron muchos males y daños 
en los moradores, usando de tanta crueldad que, no contentán- 
dose con (|tiitarles las haciendas, mataron muchos de ellos, 
cometiendo en sus mujeres y hijas muchos estupros y adulte- 
rios, y como esto vitasen las otras villas y fortalezas del Du- 
cado, se dieron luego sin contradicción alguna, y Su Alteza 
mandó iwner Alcaides en las fortalezas y gente de guarnición 
tn las villas para (pie estuviesen mejor guardadas. 

En este año tomó el Conde Pedro Xavarro la isla de Pe- 
ñón que llaman de Vélcz, por fuerza de armas, que fué muy 
gran cosa para seguridad de los lugares de la costa de Espa- 
ña, y fué en ayuda de los que estaban en Arcila que los tenían 
cercados los moros, y los descercó haciendo huir los moros 
que estaban sobre ella. 



CAPÍTULO XII 

I.as cosas que acontecieron el año de 1509. — Cómo el Rey Don 

Femando llevó á la Reina Doña Juana, su hija, á Torde- 

^íffií fiara que residiese siempre allí por sus indisposicio- 

cówo D. Francisco Ximénez, Cardenal de España, 

t^asó á África con gran Armada y tomó la ciudad de Oran. 

Después que el Rey Don Fernando hubo concluido con las 

cosas del Duíiue D. Enrique, se partió de la ciudad de Sevilla 

V se \'ino á Castilla do la Reina Doña Juana, su hija, estaba, 

se haber holgado con ella algunos días, con mu- 

r.^íTÓ se quisiese salir de aquella villa do estaba 

!gar más apacible, lo cual ella tuvo por bien 

'""^ " podre y se vino A Renedo, junto á Valla- 

'í se fué le Rey Don Fernando á la dicha villa, 



'- 87 — 

donde le vinieron Embajadores del Papa y del Emperador y 
del Rey de Francia y del Príncipe Don Carlos, nuestro Se- 
ñor, los cuales se juntaron un día con Su Alteza y todos jun- 
tamente hicieron juramento sobre una hostia consagrada y pro- 
metieron, el Rey por sí, y los Embajadores por sus señores, 
de juntarse todos á una y no apartarse los unos de los otros 
hasta tanto que cada uno hubiese cobrado de los venecianos 
lo que les tenían tomado, 3- hecho esto se partió el Rey para 
Renedo y tomó á la Reina, nuestra Señora, y la trajo á Tor- 
desillas, y la aposentó en las casas reales que allí había, y le 
concertó su casa con sus servidores, porque por sus malas dis- 
posiciones no la podían traer consigo, y de allí se volvió el 
Rey Don Fernando á Valladolid donde la Reina Germana pa- 
rió un hijo que pusieron nombre Don Juan, y no vivió sino 
una hora porque en acabándole de bautizar murió. 

Como el Cardenal D. Fray Francisco Ximénez tuviese mu- 
cha codicia que se hiciese una conquista en África, procuró 
con el Rey Don Fernando para que la hiciese, ofreciéndosele 
á prestar dineros para ello, y el Cardenal lo aceptó de muy 
buena voluntad, y se fué luego á Toledo donde mandó hacer 
mucha gente, y de allí se fué á la ciudad de Cartagena para 
hacer apercibir una muy gruesa Armada de navios llevando en 
ellos 16.000 hombres de á pie y de á caballo, y por Capitán 
de ellos al Conde Pedro Navarro y al x\delantado de Cazorla ; 
y después que estuvo todo aparejado se hizo á la vela y con 
buen tiempo vino á desembarcar á Mazalquivir, y puesta la 
gente en orden tomaron el camino para la ciudad de Oran, y 
en el camino ganaron á los moros una sierra donde estaban 
puestos para impedirles el paso, y de allí huyeron los moros 
para valerse dentro de la ciudad de Oran, los cuales como lle- 
gasen á ella y hallasen las puertas cerradas, que con la turba- 
ción de los de dentro viendo que á las vueltas venían los cris- 
tianos no las . pudieron abrir, convino á los moros pasarse 
adelante de la ciudad y los cristianos de á pie la comenzaron 
luego á combatir y la entraron á escala vista, matando más 
de 4.000 moros y tomando presos otros tantos y tomaron mu- 
cho despojo de oro y plata y otras muchas riquezas ; y luego 



— 38 — 

luaiidó el Conde Pedro Navarro alzar banderas por Castilla 
V i„ ■ ■■ :i..n Fernando, y el Cardenal vino á la ciudad 
(. ],■ ; las mezquitas y creó allí una abadía que fue- 

se Mijit.i .1 la iglesia de Toledo, y hecho esto, y dejando por 
GoUrnador de Orún al Conde Pedro Navarro con 5.000 hom- 
bies de KntTa, se tornó á embarcar y se vino á Cartagena, y 
de allí se fu6 al Reino de Toledí). 

En Italia, como ya estuviesen hechas las confederaciones 
entre las ¡Hírsonas (¡ue hemos dicho, el Rey de Francia deter- 
minó iwsar á Lombardía con gran Ejército y fué á la ciudad 
de MilAn, do fué muy bien recibido y luego mandó que se 
ainíenzase la guerra contra los enemigos, y Mr. de la Palisse 
fué contra Casano y la comenzó á combatir y los venecianos 
como viesen que tenían grandes competidores procuraron de 
hacer un grue-so Ejército con muy buena artillería y por Ca- 
pitán (leneral de él al Conde de Pitiliano y Viano, valiente 
hombre y de mucho consejo en la guerra, los cuales se fueron 
á Casano con propósito de encontrarse con los franceses y dar- 
les batalla, y pusieron su Real jimto al SU3'0 de manera que 
sólo un río los ai)artaba, y los franceses procuraron de hacer 
un i>uente jiara pasar á ellos, }• como hubiesen pasado puso 
el Rey de Francia su Ejército á vista de los enemigos, los 
cuales por no pelear con los franceses procuraron de mudar 
lugar é irse camino de Ribolta, y como el Rey de Francia sin- 
tió 1»» (jue (juerían hacer procuró que los franceses fuesen á 
Ribolta antes de hallarse ellos en el dicho lugar; y así como 
comcn/ó A moverse el ICjército de los venecianos comenzó á 
llevar el mismo camino el de los franceses, de manera que la 
vanguanlia de los francese-s se encontraba con la retaguardia 
de los venecianos donde iba por Capitán Bartolomé de Al- 
viano, el cual como viese que los franceses comenzaban á ha- 
cer tnuchf. daño en la gente que él llevaba envió mensajeros 
al Conde de Pitiliano, Capitán General, haciéndole saber el 
'■*' I"* t-staha y i\uc viniesen presto á socorrerle por- 

H'" ' d había de pelear con sus enemigos, el cual 

'*^^ '"^ ^^"í la gente de á caballo que traía que los 

hi/r. apartar de sí buen trecho, matando muchos de eUos ; y 



.— 39 — 

como el Rey de Francia que cerca estaba viese su vanguar- 
dia desconcertada arremetió á los enemigos con la gente de 
armas y los atropello y desvárate, de manera ciue la gente que 
llevaba Bartolomé Alviano murió casi toda 3' escapó él con 
muchas heridas, medio muerto. Y como Pitiliano viese el es- 
trago que los franceses habían hecho en su gente procuró de 
huir con el resto de su gente, y los franceses fueron en el 
alcance, de manera que se tuvo por cierto que murieron en 
aquella batalla 16.000 hombres del Ejército veneciano, y el 
Rey de Francia procuró seguir la victoria yendo á Creniona 
y á Brescia, Bergamo y á Crema y á todos los lugares que an- 
tiguamente habían sido del Ducado de Milán, y todos se le 
dieron y Padua y Veróna y Vicenza le enviaron las llaves de 
las ciudades dejando á los venecianos. 

Fué el Rey á la ciudad de Pescara y la tomó por combate 
con 500 hombres de armas que dentro estaban poí guarda, 
los cuales fueron todos muertos que no escapó ninguno, y el 
Rey de Francia envió á los Embajadores que allí estaban del 
Emperador Maximiliano que fuesen á tomar á Padua y a Ve- 
roña y á Vicenza que eran suyas y de su jurisdicción ; y el 
Sumo Pontífice cobró á Rávena, Cervia, Faenza y á Rímini, 
y el propio Emperador cobró á Trento y á Innsbruck sin con- 
tradicción . 

El Virrej^ que el Rey Don Femando había dejado en Ña- 
póles fué con mucha gente sobre las ciudades de Brindisi y 
Trani y Otranto y las cobró, y todos los lugares svjetos á ellas 
que estaban en poder de los venecianos. Y como la ciudad de 
Padua no pudiese sufrir 800 alemanes hombres de guerra que 
el Emperador Maximiliano allí había enviado para su guarda, 
por ser diferentes en las condiciones de los italianos, se re- 
belaron contra el Emperador, llamando á Pitiliano que los 
fuese á socorrer, el cual fué con toda su gente y matando á los 
alemanes que allí estaban tornaron á recobrar la ciudad, lo 
cual sabido por el Emperador fué á Padua con gran Ejército 
de todos los confederados y la tuvo cercada mucho tiempo, y 
como la fortaleza de la ciudad fuese muy grande y la gente 
que dentro estaba resistiese muy valientemente y estaban de- 



.;^ .;aii- i los alemanes, alzó el 
^.^^r, ,,^ , „.s dciKle que se vieron vencidos y que 

el p„pa ■ tomado todos los lu^a^ares que pretendían ser 

V iio obstante esto quedaban todavía enemigos 
¡milfiados, acordaron haljer su amistad y redu- 
1, niio de la Santa Iglesia y así le suplicaron á Su 
Síiiitidad tuviese por bien de restituirles en su gracia, pues 
ellos hal)ían pagado con la pena que les había dado la culpa 
• lUc habían cometido, y Su Santidad vista su humildad y su- 
l)licaci6n tuvo i)or bien perdonarlos con ciertas condiciones 
que les puso (lue no fuesen contra la Iglesia ni contra los lu- 
gares de la Sede Apostólica. 

F,n este año pasó á las Indias D. Diego Colón por Almi- 
rante y Gobernador de ellas por muerte de su padre D. Cristó- 
bal Colón (luc fué el primer descubridor que las descubrió 
como hemos dicho. 



CAPÍTULO XII 

De las cosas que acontecieron el año de 15 lo. — Cómo el Conde 
Pedro Navarro tomó en la costa de África las ciudades 
de Bugía y Tríf>oli, y la miurtc de D. García de Toledo en 
la isla de Gerbes. 

Como el Conde Pedro Navarro se viese victorioso con ha- 
ber tomado el Peñón de Vélez y descercado á Arcila y haber 
sido gran parte de la toma de Oran, determinó ir sobre la 
ciudad de Bugía con más de 23 naos y galeras, y entrando en 
el puerto mandó el Conde tirar con la artillería á la ciudad, 
de la cual hacían otro tanto á las naos, y á la media noche 
salió con toda la gente de la flota, la cual hizo dos partes y 
el Conde con la una fué á combatir por lo bajo de la ciudad 
y por la pucrtn Ul mar, y la otra gente fué por la otra parte 
haLMii \a >ie' l()s unos como los otros se dieron tanta 

P^^' 'e la ciudad (jue la escalaron ¡>or fuerza 



— 41 - 

de armas y entraron dentro y peleando con los moros los ven- 
cieron matando muchos de ellos. 

Así tomaron la ciudad, donde tuvieron gran despojo y de 
mucho valor de moros y moras y oro y plata, caballos y armas 
y artillería, y tuvieran mucho más si el Rey Adurahamel no 
se les fuera huyendo con otra mucha gente por un postigo 
encubierto que salía á la sierra. 

Hecho esto envió el Conde á requerir á la ciudad de Argel; 
que estaba de allí 14 leguas al Poniente, que se diese al Rey 
de España y enviasen luego los cristianos cautivos que tenían, 
y los de la ciudad no osaron hacer otra cosa, y alzaron luego 
pendones por el Rey de España y esto mismo hicieron dos lu- 
gares junto á la mar dichos Tedeliz y Gira, y como el Conde 
Pedro Navarro quisiese ir una noche sobre el Rey de ^ugía 
que estaba cuatro leguas de la ciudad en una sierra con mu- 
cha gente, como allegase cerca de do tenía el Real, fueron 
sentidos, por do el Rey escapó huyendo con los más moros 
que con él estaban. 

En esta entrada murió el Conde de Altamira que le mató 
un criado suyo sin lo querer hacer, yendo tras él con una ba- 
llesta armada para tirar á los moros y como tropezase soltó 
la ballesta y dio la saeta al Conde por un muslo que lo murió- 

Cuando el Rey supo la toma de Bugía hizo merced de la 
tercia de ella á D. García de Toledo, hijo de D. Fadrique, Du- 
que de Alba, y le hizo proveer de una Armada en la ciudad 
de Málaga para pasar á África contra los moros, y en el tiem- 
po que la Armada se aparejaba salió el Conde Pedro Navarro 
á la mar con su flota con determinación de ir sobre la ciudad 
, de Trípoli que llamaban de Berbería, ciudad rica y fuerte, y 
el día de Santiago dieron sobre ella aunque supieron que es- 
taban dentro de ella muchos moros en su guarda de los de 
la ciudad y comarca, y el Conde hizo de su gente dos partes, 
la una para combatir la ciudad y la otra para pelear con los 
moros de á caballo y de pie que andaban fuera de la ciudad, 
y quiso Dios y el Apóstol Santiago poner tanto esfuerzo en 
los cristianos, así en los que combatían la ciudad como en los 
que peleaban en el campo, que los unos y los otros fueron 



— 42 — 

vcticedorc*. I»r n.atiera que entraron en ella por fuerza de 
., ;. ,, 1 ,,.,•! mA-- .le lo.ooo moros sin muchos que 

Uní 

I aliadas en la ciudad muchas riquezas de seda y 

roiuiv. ..i., y plata y artillería, bestias, trigo y cebada, lo cual 
ti <1.. se repartió entre la gente. 

Kn este tiempo D." (iarcía de Toledo tenía hecha su flota 
y allegados 7.000 hombres de guerra y se partió de Málaga 
y vino á Bugía, y como viesen que allí morían de pestilencia 
se- salió de ella, dejando allí 3-ooo hombres con parte de la 
flota (|ue llevaba, y fuese en busca del Conde Pedro Navarro 
la vuelta de Sicilia, y 'llegó al puerto de Trípoli con 15 ó 16 
velas donde hallaron al Conde embarcado con su gente para 
ir sobre la isla de los Gerbes y tuvieron mucho placer los unos 
con los (jtros, y I). í'.arcía de Toledo quiso ir á ver la ciudad 
de Tríi>oli, adonde se le hicieron grandes recibimientos y fies- 
tas, y después de tornado á embarcar se fueron todos juntos 
camino de los C.erbes y llegados á la isla desembarcó la gen- 
te en tierra do hicieron siete escuadrones, y delante con el 
primer escuadrón quiso ir D. García de Toledo crn hasta 
60 hijos-<lalgo que con él habían ido de España y en pos de 
él iban los otros escuadrones en ordenanza, y el Conde encima 
de su caballo visitándolos á todos y dando orden en todo, y 
como aípiel día hacía tanto calor causó en la gente mucha 
si^l, de manera que muchos caían muertos de sed en el ca- 
mino, y cuando llegaron á los palmares do estaba el agua, era 
tanta la sed que llevaban que iban los escuadrones desbaratar 
do*, y como así llegasen á los pozos del agua salieron á ellos 
más de 4.0QO moros que allí estaban en celada, los cuales de- 
no<1adamcnte se vinieron c(mtra los cristianos, y D. García de 
Tolcílo como varón nniy esforzado se estuvo quedo, diciendo 
A lo» del escuadrón «aqrtí, señores, á ellos», pensando que le 
«-•guían, y como mirase vio (jue no iban tras sí más de los ca- 
•s que dicho tengo, porque los del escuadrón habían pro- 
> ,,....... mfts ir & buscar agna que no á i)elear. 

No por c-*o desmayó su esforzado corazón, antes arremetió 
á ]fn morof con muy gran ániíno ; los cuales como fuesen 



— 43 - 

muchos dieron en ellos de tal manera que mataron á D. Gaícía 
de Toledo y á todos los otros caballeros que con él tuvieron, 
queriendo antes perder la vida peleando que escapar huyendo, 
perdiendo tan buen capitán. 

Cuando los del escuadrón viesen á D. García muerto se 
pusieron, todos en huida, y lo mismo hicieron los otros que de- 
trás venían viéndolos así huir. Y el Conde Pedro Navarro 
como viese el desconcierto de la gente los comenzó á detener 
procurando que volviesen, lo cual como no pudiese acabar con 
ellos se retrajo á una torre que estaba en el puerto, y los mo- 
ros siguieron el alcance y mataron muchos cristianos, y ma- 
taran muchos más si quisieran, y muchos huvendo cayeron 
muertos de pura sed, y los que escaparon se tornaron á embar- 
car en las naos y después de embarcados les dio tanta fortuna 
que apartó las naos las unas de las otras, de manera que algunas 
aportaron á Sicilia, otras á Cerdeña y á otras partes do la for- 
tuna les echó, y el Conde Pedro Navarro se fué"á Trípoli. 

Murieron en la isla de los Gerbes más de 4.000 cristianos 
y perdióse mucha artillería. 



CAPITULO XIII 

De las cosas que acontecieron el año de 1511. — Cómo el Rey 
Don Fernando tenía determinado pasar á África y lo dejó 
de -hacer por cansa de remediar los males' y daños que el 
Rey de Francia y ciertos Cardenales cismáticos hacían con' 
ira la Iglesia. 

Como el Rey Don Femando supiese la muerte de D. Gar- 
cía de Toledo determinó de pasar en persona á África contra 
los moros, aunque días había que lo deseaba, y para efectuarlo 
se partió de .Burgos por el mes de Enero y se vino á Sevilla, 
donde, y en todos los puertos de mar, mandó secuestrar las 
naos que en ellos había, y se hicieron muchos bastimentos de 
trigo y cebada y vinos y carnes, tocinos y harinas, finalmente, 
de todas las cosas necesarias para semejante viaje ; y envió 



¿ ,ijM r( ifjir <in;i «u i</ia-. i>;iiii.s «ic i->j'.iü.i > ¡ogar al Rey 
¿r Ii_'.i'(i; . ' .cMio, (lue le enviase gente de su tierra, 
Inu ; ' Rey le envió i.ooo ingleses que vinieron 

á (I, r en Cáíliz. Y como se tuviese por cierto la pasada 

del kt.i J'"ii Femando á África muchas ciudades de\ Reino en- 
viuffin á suplicar á Su Alteza tuviese por bien que aquella 
ci.iii|uisla se hiciese por vía de Capitanes, pues tenía muchos 
y muy i)uenos (|ue podía enviar con la gente, y que Su. Al- 
teza no j)asíise en viaje tan peligroso, pues la obligación que 
tenía de tener estos Reinos en justicia era grande y lo más 
necesario y (pie luAs era conservar lo ganado que ganar de 
nuevo, á lo cual Su Alteza satisfizo lo mejor que pudo no 
dejando «le seguir su buen propósito y de dar mucha prisa en 
la Armada para que estuviesen á punto. 

En esta coyuntura le vinieron correos del Papa Julio II 
pidiéndole ayuda contra el Rey de Francia y contra ciertos 
Cardenales cismáticos que con su favor habían convocado Con- 
cilií», lo cual había sucedido por esta manera, según pareció 
por la carta que el Papa escribió al Rey Don Femando y por 
dicho de otras personas dignas de creer, y fué que como don 
Jorge, Cardenal de Ruán, estuviese en Francia por legado, y 
el Rey Luis le tuviese muy buena voluntad, determinó con 
su favor de habe-r muchos votos de Cardenales por escrito 
para cpie le eligiesen por Papa, y como viese al Rey tan co- 
dicif>so de ser señor de toda Italia, dicho Cardenal le persuadió 
que procurase como se hiciese el Concilio general para reforma 
de la Iglesia y del Papa, jorque pensaba que como se tratase 
de las obras y malas costumbres que decía tener el Papa Julio, 
era necesario haberse de descomponer y que se podría elegir 
en su lugar algún amigo suyo, por donde podría efectuar 
su deseo. 

Este consejo tuvo el Rey poT bueno y de ahí en adelante 
proctiró conif» sf pudiese descomponer el Papa Julio y se pu-^ 
Sumo Pontífice, y procuró así cinco Carde- 
' • - 1 lies muchas dádivas y favores, y procuró asi- 

mismo de conftder irse con los Reyes y hacerse amigo de ellos, 
y como supiese que ol Papa había perdonado á los venecianos 



>— 45 — 

después que hubo recobrado de ellos los lugares qi^e tenían 
de la Iglesia, recibió gran pesar, porque pensó tomarles todo 
su Señorío y amenazar al Papa que le haría guerra ; y Su 
Santidad como sintiese la voluntad del Rey de Francia le 
envió al Cardenal de Pisa quejándose de él y de las opre- 
siones (lue hacía á la Iglesia, y para que asentase paz perpe- 
tua entre él y el dicho Rey de Francia, la cual como fuese 
asentada parecía que estaba en cristiandad sosegada. 

En este tiempo fué cuando el 'Rey Don Fernando partió 
de Burgos para venir á Sevilla para hacer su Armada, y estan- 
do entendiendo en ella aconteció qvie el Papa ayudó al Duque 
de Ferrara para recobrar de los venecianos las tierras que le 
tenían, y no olvidando el Duque estas mercedes que había re- 
cibido hizo asiento con el Rey de Francia en perjuicio de Su 
Santidad, y le usurpó cierto derecho de sal, cosa de mucho 
interés ; y con favor del Rey de Francia salió de la obediencia 
de la Iglesia, por do Su Santidad procedió contra él y fué 
privado de las tierras que tenía de la Iglesia, y el Rey de Fran- 
cia tomó al Duque en su protección para ayudarle cuando cum- 
pliese, y así comenzó la güera contra Su Santidad por el Con- 
dado de Boloña, jtmtándose con el dicho Duque, do hicieron 
mucho daño, de manera que convino á Su Santidad ir en per- 
sona con su Ejército á defender su tierra y á ejecutar la sen- 
tencia dada contra el Duque de Ferrara, y para esto hizo que 
los Cardenales fuesen con él aquel camino, los cuales le si- 
guieron excepto algunos que se fueron camino de Florencia 
á Lombardía no habiéndoles hecho Su Santidad sinrazón al- 
guna ; y estando el Papa en Boloña puso cerco sobre ella el 
Rey de Francia, y la comenzó á bombardear diciendo que ha- 
bía de prender á Su Santidad y á los Cardenales, y el Virrey 
de Ñapóles, por mandado del Rey Don Fernando, fué en so- 
corro del Papa, y los venecianos le enviaron gente, por do con- 
vino á los franceses alzar el campo é irse á Milán. 

Como el Rey Don Fernando conociese el ñn con que el 
Rey de Francia esto hacía (aunque el dicho Rey tomaba por 
color de guerra a3'udar al Emperador Maximiliano contra los 
venecianos), procuró con el Emperador que tomase concordia 



- 46 - 
cou lo» vcncciauos, y hecha ésta prcícuró (luc se asentase paz 
entre el EiniK-rador y el Papa y venecianos y el Rey de Fran- 
cia, entrando su |.ersona en ella, y como el Rey de Francia 
conocic&c que haciendo esto se le cerraba el camino que pen- 
sal»a tener para usurpar lo de la Iglesia, fingió que le placía 
de la paz,, porque de otra manera él no la podía estorbar y 
cnvi/i para ello al Obispo de París al Papa, el cual tenía in- 
te! iRcncia secreta con el Cardenal de Pavía, de quien el Papa 
se fiaba, y el Rey de Francia con dádivas y promesas tenía 
encañado al dicho Cardenal, y estando la paz para concluirse, 
por persuasión del Obispo de París el Cardenal de Payía, 
euRañaudo á los (pie entendían en ella, les dio á entender que 
si se partían sin concluirla que la alcanzarían mejor y que 
el Papa los llamaría con mejores partidos después de idos. 

Creyendo ellos al dicho Cardenal no asentaron lo paz y se 
partieron ; y el Obispo de París conservó el dicho rompimien- 
to i>or(|ue l«)s Kmbajadorcs se detuvieron esperando ser lla- 
mados, y nunca lo fueron; 

Al tienii)o (jue el Rey Don Fcrnanck) esperaba la conclu- 
sión de ello, (|Ue entonces estaba en vSevilla entendiendo en su 
Armada para pasar á África, le vino la nueva cómo el Rey 
de Francia hacía gran Ejército para poder ocupar lo espiritual 
y temporal, y pareciéndole que mejor lo podría hacer so color 
de Concilio, persuadió á los Cardenales que á él se habían aco- 
gido dándoles todo favor y ayuda para que invocasen Con- 
cilio general para la ciudad de Pisa contra el Papa, y que fuese 
á él toda la clerecía de Francia, i)oniendo cisma en la Iglesia, 
y citaron al Papa (|ue en este tiempo estaba en Rávena, para_ 
que viniese al dicho Concilio por ponerle temor ; v el Rey de 
Francia comenzó á descubrir la intención con que lo hacía 
y A ocupar con armas el ixitrimonio de la Iglesia v procuró 
cóm«» los Ik-ntivoglios con el favor que les dio ocupasen la ciu- 
da«l .1. Tí, ',.,,;» i)<)r ser enemigos de la Iglesia, é hizo derrocar 
^ ' ■ llevar la artillería á Milán, y que los manda- 

mientoft de justicia se hiciesen en nombre del Rey de Francia, 
'Ton {\ tinlos los Prelados y clérigos que allí habían 
■ 1, 1, 1,,... ,\^. Roma y les tomaron los bienes. 



— 47 — 

Kl Rey Don Fernando desde (lue esto supo tuvo de ello 
mucha pena y determinó de escribir á su Embajador que te- 
nía en Francia para que de su parte hablase al Rey Luis y 
le rogase se quisiese justificar con Dios y con la Iglesia y mi- 
rase más á lo que debía hacer que no á lo que podía, pues en 
sola su mano estaba la paz de la cristiandad y que debía de 
dar orden que el Condado de Boloña fuese restituido á la Igle- 
sia y no consintiese que dijesen que él lo- había cobrado y él 
se lo había quitado, todo lo cual dijo el Embajador al Rey 
de Francia y otras cosas muchas, y nunca pudo acabar con 
él la dicha paz sino excusarse con decir que él no tenía á 
Boloña y que el Concilio de Milán no le había él hecho con- 
vocar sino los Cardenales, y el Papa Julio, después de haber 
enviado muchos Embajadores al Rey de Francia y requeri- 
mientos de paz para que fuese obediente hijo á los mandamien- 
tos de la Iglesia y lo mismo á los Cardenales cismáticos, di- 
ciendo que les perdonaría si viniesen conociendo su yerros, 
y viendo que no podía sacar de ellos, obediencia ni virtud al- 
guna, procedió contra ellos con monitorios descomulgándoles 
y poniéndoles entredicho en las tierras donde estaban y en 
toda Francia, y privóles de los Reinos y Señoríos, dignidades, 
oficios, beneficios, proveyendo de ellos á otras personas y los 
dio por cismáticos y de once Cardenales que eran sólo quedaron 
cinco, y el principal era D. Bemardino de Carbajal, español, 
natural de Plasencia, que era Cardenal de Santa Cruz y Pa- 
triarca de Jerusalem y Arzobispo de Rosano y Obispo de si- 
güenza, en Castilla. Privó asimismo el Papa de los Reinos 
y Señoríos á los Reyes y otros señores que se juntasen con 
el Rey de Francia ayudándole en su dañado propósito y es- 
cribió á todos los Reyes cristianos pidiéndoles favor y ayuda 
para lo remediar, principahnente al Rey Don Femado, la cual 
carta recibió, como dicho tengo, en SeviUa estando entendien- 
do en su pasada de África, rogándole dejase aqucUa conquista 
y entendiese en poner paz en la cristiandad que importaba 
más, lo cual como oyese el Rey Católico, como bueno y ca- 
tólico cristiano procuró de remediar los males que la Santa 
Iglesia padecía, y dejando la pasada de África tomó toda la 



■1- 

.bailo que tenía aparejada y vínose á Bur- 
i cUa para de allí poder más cóniodainente tratar con el 
Francia y con los Cardenales cismáticos como se re- 
uují -' :: ' ' "' ntn Madre Iglesia. 



CAPÍTULO XIV 

Cómo el Papa Julio envió á notificar una bula al Rey Don 
Fernando de la convocación del Concilio, y cómo Su Al- 
leza se declaró por enemigo del Rey de Francia y' de todos 
los cismáticos v enemigos de la Santa Madre Iglesia. 

Estando el Kcy Don Fernando en Burgos le vino Embaja- 
dor del Papa Julio, al cual se le hizo muy buen recimiento 
y suplfcó á v'^u Alteza le mandase oir públicamente para decir 
su embajada, y el Rey se lo otorgó y se vino un domingo á 
la iglesia mayor con muchos señores y caballeros y los del 
Consejo y gran número de la gente del pueblo, donde se co- 
menzó la misa ile pontifical y al medio de ella se levantó el 
Embajador y en presencia de todos dijo cómo el Papa Julio, 
despuós que era Pontífice, había siempre procurado dos cosas : 
mía «lue se hiciese expedición contra los turcos, y la otra la 
unión de los Príncii)es cristianos, la cual ó por su entrañable 
wlio 6 r»or inducimiento del diablo le había parecido no po- 
derse jamás hacer ningún aparejo contra los infieles si prime- 
ro no fuesen remediadas las semejantes guerras y contiendas 
por vía <U- concilio general, para que de esta manera apaci- 
gtiadas y del todo tjuitadas en común consentimiento y con- 
sejo de todos lf)s Príncipes de la cristiandad se hiciese aquella 
santa expedición, y para esto Su Santidad había convocado 
C<»ncili«) Vs'ciKral y enviaba á Su Alteza, como persona con 
qui< n n t. üf.i mavor amor y afición, para que supiese que 
I"" : 1 - comenzaría el dicho Concilio en Roma, 

en el palacio Latcranense, que rogase de su parte á Su Alteza 
que quisiese, conw) bueno y esforzado defensor de Cristo, dar 



— -Jí) — 

todo favor y aj'uda para que el dicho Concilio general fuese 
celebrado sin cisma y sin escándalo, y suplicó más á Su Al- 
teza, que mandase leer en alta é inteligible voz el breve apos- 
tólico que traía ; y el Rey Don Fernando mandó al Obispo de 
Oviedo, D. Valeriano de Villaquirán, que le respondiese bre- 
vemente, el cual lo hizo diciéndole cómo vSu Alteza obedecía 
el breve apostólico con mucha obediencia y devoción, y que 
él haría como el breve fuese divulgado á toda su Corte y á 
todo el pueblo como él lo pedía ; y subido el dicho Obispo en 
el pulpito lo comenzó á leer, el cual, vuelto en nuestro vulgar 
castellano, la substancia de él era decir lo que en el capítulo 
pasado hemos largamente dicho, así de la inobediencia del 
Duque de Ferrara á la Sede Apostólica como la ida de Su 
Santidad á Bolonia para de allí quitarle la ciudad de Ferrara 
que era de la Iglesia, y cómo mandó ir los Cardenales con él 
y fueron todos á Bolonia, salvo quince que se habían ido á Flo- 
rencia, y ele allí por Pavía á la ciudad de Milán, aunque fueron 
requeridos por Su Santidad para que se fuesen con los otros 
á Boloña, los cuales con poco tenror de Dios y abominable 
ambición se habían atrevido á convocar Concilio general, no 
teniendo para ello facultad, y citar á Su Santidad para él, in- 
citados por el Rey Luis de Francia, el cual había hecho que 
no se procediese contra el Duque de Ferrara, dando favor á 
los bentivoglios que ocupasen la ciudad de Bolonia que era de 
la Santa Iglesia Romana, teniéndola ocupada don mucha gen- 
te de armas y que amenazaban de ir á cercar y destruir 
á Roma, si no hacía Su Santidad con él paz, desechando á 
todos los otros Reyes y Príncipes de la cristiandad, parecien- 
do que la paz que quería sacar de Su Santidad era querer de- 
bajo de su sombra ensanchar su señorío en Italia, y así procu- 
raba de destruir la Iglesia. Los Cardenales cismáticos por otra 
parte tramaban de envolver toda la cristiandad y religión cris- 
tiana en errores. 

Por tanto que rogaba á Su Alteza le diese favor así contra 
el Rey de Francia como contra los Cardenales defendiendo 
con su persona la Santa Madre Iglesia y enviando los Prela- 
dos de sus Reinos al Concilio, pues era tan saludable á la 



ui»úbl¡ca cristiana; y el Obispo de Mondoñedo, consultando 
la respuesta cuii el Rey Don Femando, dijo al Xuncio cómo Su 
Altexa después de haber comunicado aquel negocio con mu- 
cln»s Prelados y grandes de sus Reinos decía que él por sí 
y iii noinl.ri.- de la Reina Doña Juana, su hija, y de todos sus 
\;i>..ll.is y subditos, besaba las manos á vSu vSantidad por el 
iitidadu y solicitud (lue tenía de la reformación de la vSanta 
¡Klcsia á él encomendada y por el deseo que siempre procuraba 
de la unión y paz de la cristiana religión, y que Su Alteza era 
muy contento de enviar al Concilio lateranense que Su San- 
tidad convocaba (i los Prelados y personas que le parecieran 
convenir y (jue asimismo estaba presto y aparejado como ca- 
tólico y übe-<liente hijo de la Santa Iglesia Romana de poner 
por ella y i>or su defensa y amparo su Real persona y Estado, 
C(»n la de sus naturales y subditos, trabajando por que la Igle- 
sia no fuese dividida ni destruida de su patrimonio, y que le 
placía y era contento de tomar las armas por ello para esto \' 
para que el general Concilio convocado por Su Santidad se 
celebrase quieta y santamente sin cisma ni escándalo y porque 
después de celebrado tuviese efecto la expedición y justa gue- 
rra contra infieles que por él había sido tan deseada. Cuando 
el Xuncio esto oyó fué á besar las manos al Rey por su tan 
buena respuesta y Su Alteza le hizo levantar no queriéndose- 
las dar, y acabada la misa se fué el Rey á su palacio y el 
Xuncio se determinó de i)artir para Roma con tnn buen 
despacho. 

Kl Rey Don Fernando después que \ino á Burgos nunca 
cesó con Embajadores de requerir al Re\- de Francia con la 
paz, el cual como fuese tan soberbitj de corazón y, tuviese tanta 
ambición de señorear el mundo, tenía en muy poco lo que le 
acnn.scjaban y todo el resto de los señoríos de los cristianos 
(píe cf.n él eran. Y el Rey Don Fernando viendo su contumacia 
V •' ' '"ix^silo se declaró por defensor de la Iglesia y es- 
*"" '•' I>ésima cisnuí y enemigo de los que h procu- 

raban, y mandó á pregonar guerra contra Francia y con- 
tra t.ulos 1,,^ cismáticos, enviando á África al Conde Pe- 
^..ivarro que hiciese paces con los moros por cinco años 



— 51 — 

y que como las hubiese hecho pasase á Italia con su gente 
y se juntase con la de D. Ramón de Cardona, Virrey de Ña- 
póles, y con la del Papa para defender á Roma y cobrar á 
Bolonia y las tierras de la Iglesia si pudiese. Esto lo hizo con 
mucha presteza porque el Ejército de los franceses estaba muy 
pujante en Italia con el del Duque de Ferrara, y tenían por 
sí al Ducado de Milán y á Genova, Pisa, Florencia y á Bolonia 
y á sus tierras. 

De la parcialidad del Papa eran el Emperador ^Maximiliano 
y el Rey Don Fernando y los venecianos y otros que con él 
hicieron liga; empero no se pudieron juntar sus Ejércitos con 
el del Papa y del Rey Don Fernando tan pronto como fuera 
menester, y el Rey Don Fernando envió á decir al Rey de In- 
glaterra, su yerno, que al presente tenía tiempo para reco- 
brar el Ducado de Guiena, pues le pertenecía ; que le enviase la 
más gente que pudiese, porque él sería en ayudárselo á recobrar, 
con pensamiento que entrando muy poderoso en Francia sería 
hacer estorsión al Re\^ Luis para que no pasase con Ejército 
á Roma y á Ñapóles ; y el Rey de Inglaterra, vista la carta 
del Rey católico, le envió S.ooo ingleses, buenos hombres de 
guerra en una Armada, que vinieron á desembarcar en San 
Sebastián y se fueron á estar en Fuente Rabia. 

En este tiempo vino á Burgos de x\frica el Alcaide de los 
Donceles, porque el Rey Don Fernando le había escrito que 
hiciese paces con los moros por cinco años y se viniese, y trajo 
consigo un moro Aicaide del Rey de Tremecen, el cual traía 
una carta de su Rey para Su Alteza ofreciéndosele con su per- 
sona y Reino para su servicio y obediencia y envióle 130 cris- 
tianos que había cautivos en sus Reinos, y 22 caballos y una 
doncella muy hermosa de sangre Real, muy bien vestida, y 
60.000 doblas V otras muchas cosas ricas. 



— 52 — 

CAPITULO XV 

De las cosas que acontecieron el año de 1512. — Cómo D. Ra- 
món de Cardona, l'irrey de Xdpolcs, dio la batalla á los 
franceses junio á Rávcna, en que fué vencido, y como se 
tornase á rehacer de gentes, tornó sobre los franceses y 
los echó de toda Italia. 

El Papa Julio malició juntar su Ejército y envió con él, 
por Capitán Rcncral, al Ducpic de l'rbino, su sobrino, man- 
dándole que íie juntase con el del Rey Don Fernando y obe- 
deciese al \'irrey de Xápoles D. Ramón de Cardona, los cua- 
les juntos fueron á poner cerco sobre la ciudad de Bolonia y 
la combatieron reciamente, y vista la gran resistencia que los 
de la ciudad hacían se hicieron afuera y con propósito de pe- 
lear, si fuese menester, con el escuadrón de los" franceses que 
venía en socorro de la ciudad, los cuales como viniesen muy 
pujantes, demandanm muchas veces batalla á D. Ramón de 
Cardona, el cual nunca la (piiso aceptar porque el Rey Don 
Fernando se lo había así enviado á mandar, hasta que él pro- 
veyese de más gente, sabido que los franceses eran más de 
30.000 hombres de guerra y los españoles no eran 15 ó 16.000. 
Y como esto vieron los franceses, para sacarlos de barreras de- 
terminaron ir á cercar y tomar la ciudad de Rávena que era 
de la Iglesia y estaba allí cerca, la cual cercaron por todas 
partes dándole muy recios combates, y como el "\^irrey lo su- 
piese partió luego para socorrerla con su Ejército, llevando en 
la delantera al Conde Pedro Navarro y en el escuadrón de me- 
tliü á Fabricio Colona con otros Capitanes y gente noble, yendo 
en la retaguardia su persona, y como los franceses los vieron 
venir alzaron el cerco y se fueron hacia do \enían poniendo 
su gente en orden, y asentaron su Real en muy buen lugar 
y asiento, teniendo á la redonda de sí nuichos fosos y valla- 
dares y encima de ellos nuicha gruesa artillería puesta, la cual 
■ ' •' • •! á tirar contra la vanguardia de los hombres de 
anuas ei>i>añolas é hicieron en ella tanto daño ([xw más no 



— 53 — 

podía ser, y lo mismo hicieron en los escuadrones de la batalla 
y retaguardia española, porque los Capitanes les mandaban 
que estuviesen firmes en el martirio y no se apartasen de la 
orden que tenían, y también porque no se podrían ir á los 
enemigos por estar cercados de fosos, si no era con grande per- 
dición de los españoles ; y D. Ramón de Cardona en todo esto 
no quiso jamás mandar á los suyos que se apartasen de allí 
por no mostrar á los franceses flaqueza de ánimo, ni tampoco 
quiso combatir. 

Y D. Antonio de Córdoba y Carvajal acometieron á los fran- 
ceses, gentiles hoUibres del Rey, con gran trabajo por los fosos 
llenos de agua, á los cuales desbarataron matando muchos de 
ellos y los hicieron ir huyendo, y como ésto viese IMr, de Foix 
arremetió á ellos con su escuadrón de hombres de armas por- 
que los vio andar desbaratados y los rompió del todo, de ma- 
nera que ya no quedaba á los españoles sino el escuadrón que 
gobernaba Fabricio Colona, el cual estaba muy deshecho de 
la artillería de los franceses, y la infantería española como ha- 
bía estado echada en tierra por no ser ofendida de la artillería 
de los contrarios, viendo que ya no tiraban por andar ya la 
batalla trabada con los españoles, se levantó en pie y arreme- 
tieron con la Infantería francesa, de tal manera que la rom- 
pieron toda matando la mayor parte de ella y los demás lan- 
zaron dentro del río Ronco ; y visto esto por la Infantería ale- 
mana, arremetieron á los españoles por vengar á los franceses 
y trabóse entre ellos una cruel batalla, pero al cabo los alema- 
nes fueron casi todos muertos y los españoles anduvieron por 
el campo haciendo muy grande estrago en los enemigos ; lo 
cual como viese INIr. de Foix, habiendo desbaratado con su gen- 
te de annas toda la gente de á caballo española por do el Ca- 
pitán D. Ramón de Cardona á esta causa se había ido huyendo 
camino de Ñapóles y lo mismo había hecho el Duque de Ur- 
bino, Capitán de la gente del Papa, arremetió á la Infantería 
española con su gente y con la de su Teniente Mr. de Lautrec 
y de Mr. de la Palisse, con tan gran ímpetu que la hizo retirar 
harto atrás y al entrar que Mr. de Foix hizo en la Infantería 
española lo mataron á picazos y Mr. de I^autrec salió muy mal 



- 54 — 
iKiido en la cal.c/..i y en la cara y mataron allí muchos fran- 
CI-M.-ÍÍ, y así se estuvo la k'cntc df los españoles en el campo 
como' victoriosos; y como la gente del Duque de Ferrara que 
estalla por retaguardia de Mr. de Foix viese la Cabaüería es- 
jíañola desbaratada y deshecha, y lo mismo la francesa, y que 
los infantes españoles andaban cansados de pelear, se vino 
contra ellos y los españoles se juntaron y determinaron de no 
lo esperar porciue venía con más de 12.000 hombres, no sien- 
do ellos más de 4.500, y así se determinaron de ir hacia la 
tierra de la Romanía con sus banderas y atambores sonando, 
y como esto vido el Duque de Ferrara los dejó caminar sin los 
hacer daño alguno, de manera que los franceses quedaron ven- 
ce<lorcs con muy gran pérdida de gente y los españoles ven- 
cidos con mucho menos daño. 

Fué esta batalla á 12 de Abril, día de Pascua de Resurrec- 
ción, y los franceses como victoriosos fueron á la ciudad de Rá- 
vena y la combatieron y tomaron matando cuantos en ella halla- 
ron que no perdonaron á nadie, hasta las mojas que estaban en 
los monasterios, con lo cual pusieron espanto en todas las otras 
ciudades de Italia, y la gente española de á caballo desbaratada 
se había ido A la ciudad de Ñapóles, donde halló á D. Ramón 
de Cardona que los remedió d todos é hizo proveer de las co- 
sas necesarias con intención de tornar luego contra los enemi- 
gos en Lombardía, r como el Papa y gente de la liga viesen 
lo acontecido, enviaron á rogar al Rey Don Fernando que les 
enviaac socorro y con él al Gran Capitán Gonzalo Fernández 
en cuya ida pensaban que estaba el vencimiento de ellos, lo 
cual como oyese Su Altezo envió luego á llamar al Gran Ca- 
pitán y le rogó que por amor de él quisiese tomar aquella ew 
presa de ir á Italia con la gente que había de enviar, porque 
en aquellas partes lo deseaban mucho, y el Gran Capitán acep- 
tó la ¡da besando las manos al Rey por la merced que le ha- 
cía y determinó aderezarse lo mejor que pudo para la jornada 
y lo mismo hicieron muchos señt)res y caballeros y otras gen- 
te* que determinaban pasar con él con deseo de honra. 

La cual pasada no tuvo después efecto, porque las cosas 
dt Italia conien/jiron luego á mejorar desta manera : que como 



— 55 — 

D. Ramón de Cardona se fuese á Ñapóles y recogiese la gente 
de caballo que escapó de la batalla y el Papa le enviase ó.coo 
infantes y 2.000 que había pasado el Comendador Solís, que 
eran S.Soo hombres de anuas y i.ooo caballos ligeros, rehizo 
su Ejército, y también el Duque Urbino se vino con su gente 
á D. Ramón de Cardona y con esta pujanza comenzaron á bus- 
car los franceses y señorear la tierra y cobrar las ciudades v 
villas de la Iglesia, y así se allegaron á D. Ramón de Cardona 
otras muchas gentes en ayuda de la Iglesia como f .-.eron vene- 
cianos, húngaros, alemanes y muchas ciudades de Italia, las 
cuales como estuviesen fatigadas y enojadas de la sujeción de 
los franceses todas se alzaron contra ellos y se volvieron á la 
obediencia de la Iglesia con sus fortalezas y se dieron al Du- 
que de Urbino, y al Emperador Maximiliano á Verona que la 
tenían ocupada los franceses ; y la gente de los venecianos con 
los suizos cobraron la ciudad de Bresa, y el ^Marqués de Man- 
tua con 1. 000 caballos ligeros en nombre del Imperio entró en 
la ciudad de Plasencia que es del Ducado de Milán 5' la ciudad 
de Milán se levantó contra el Rey de Francia, quedando por 
él la fortaleza. En todo lo cual murieron muchos franceses y 
los que quedaron se recogieron á la ciudad de Alexandría de 
la Pulla, y D. Ramón vino sobre la tierra de Florencia y com- 
batió una ciudad suya llamada Prato y la tomaron y metieron 
á saco, y como esto viese Florencia se dio al Papa á partido, 
dando para el Ejército 200.000 ducados, y luego se dio Pisa 
y Bolonia y su tierra, y el Ducado de Ferrara vino á la obe- 
diencia del Papa, y él los perdonó con ciertas condiciones y 
penitencias que les dio, y así fué quitada toda la tierra de 
Italia y Lombardía de la sujeción de los franceses y se tra- 
dujo á la obediencia de la Iglesia. 



— :tG - 

CAPITULO XVI 

Cómo el Rey de Francia hizo amistad y liga con los Reyes de 
Savarra para que estorbasen al Rey Don Fernando que 
no f^asasc á hacer guerra en su Reino, y cómo el Rey Don 
Fernando mandó entrar su Ejército en Xararra y tomó la 
ciudad de Vamf^lona. 

V.w el tieiui>«) que pasaban las cosas dichas en Italia, el 
Rey Don Fernando en España siempre procuró de hacer amisr 
tad con los Reyes de Navarra para pasar por el dicho Reino 
á hacer puerra en el de Francia, con pensamiento que hacién- 
dolo así el Rey de Francia aflojaría en lo que hacía en Ita- 
lia, y para esto les envió á decir que se acordasen de lo que 
lM)r ellos él y la Reina Católica, su mujer, habían hecho en 
hacerles con^nar por Reyes y que por tales fuesen obedeci- 
dos en su Reino y lo tuvieron en toda paz y sosiego, decla- 
rándose con el Rey de Francia en que había de poner su per- 
sona y su Estado i>or su defensa, y los dichos Rey y Reina 
de Navarra le respondieron que no dejarían de ser sus amigos 
como lo eran del de Francia, y con esta tibieza trajeron al Rey 
Don Fernando muchos días en dilaciones, sin querer declarar 
más su detenninación, ofreciéndose Su Alteza á hacer muchas 
cosas por ellos, queriendo su amistad, y por otra parte escribió 
el Rey Don Juan al Rey de Francia lo que pasaba con el Rey 
Católico y lo que se profería á hacer con él si fuesen amigos 
y le diese pasada por su Reino para entrar con su Ejército 
en Francia, y como esto supo el Rey Luis detenninó de en- 
viar luego á los Reyes de Navarra á un Mr. Urbal, caballero 
francés, tío del Rey Don Juan Labrit, para que asentase con él 
paz y amistad ; el cual vino (\ Navarra, y los Reyes de ella 
hicieron con 61 en nombre del Rey de Francia cierta capitu- 
lación, la cual (juiso Dios que por cierta vía viniese á poder 
del Rey Don Femando (pie tuvo muy gran enojo por ver la 
iuRTatitud que el Rey y la Reina habían us.ulo con él. 

Entre otros capítulos (lue fueron asentados entre los Re- 



— 57 — 

yes de Navarra y el de Francia fueron éstos : que hacían 
amistad y liga perpetua de amigos de amigos y enemigos de 
enemigos, y que los dichos Reyes de Navarra ayudarían con 
todas sus fuerzas y Estado al Rey de Francia contra los es- 
pañoles é ingleses, y contra los que con ellos se juntasen. Y 
que el Rey de Francia ayudaría á los Reyes de Na\-arra para 
conquistar ciertas tierras y castillos en los Reinos de Castilla 
y Aragón, que pretendían los Reyes de Navarra antiguamente 
ser suyos. Y el Rey de Francia profería á dar á los Reyes de 
Navarra el Ducado de Nemours y el Condado de Armagnac y 
4.000 francos de pensión cada año y 100.000 ducados de oro 
prestados, y que ayudaría á los Reyes de Navarra con i.ooo 
lanzas gruesas y 4.000 infantes, pagados mientras durase la 
guerra y ellos pudiesen conquistar las dichas tierras de Cas- 
tilla y de Aragón. 

El Rey Don Fernando procuró avisar de todo ello al Papa 
demandándole su parecer en lo que se debía de hacer, y Su 
Santidad consultándolo con los oidores de la Rota y con el 
Colegio de los Cardenales envió amonestar á los Reyes de 
Navarra mandándoles so graves penas que se apartasen de la 
amistad del Rey de Francia y de los otros cismáticos y que 
favoreciesen al Rey Don Fernando, y como fuesen muchas 
veces requeridos y perseverasen en su mal propósito, el Papa, 
en forma de decreto, declaró á los dichos Reyes por cismáti- 
cos, y por la misma razón por herejes y desposeyó del Reino 
á ellos y á sus hijos y descendientes, y dio la conquista de 
su Reino al Rey Don Fernando, el cual como esto viese, sin 
esperar más mandó á D. Fadrique, Duque de Alba, que es- 
taba con su gente en Vitoria para ir á juntarse en Fuente 
Rabia con el Capitán general de los ingleses, que dejase aquel 
camino y fuese al de Navarra y procurase de tomar todos los 
lugares y fortalezas que conviniesen para la seguridad de su 
paso á Francia y para que no pudiese venir ningún mal á 
Castilla. 

El Duque hizo lo que Su Alteza le mandó, entrando en 
Navarra con muy gran Ejército de españoles y se fué camino 
de la ciudad de Pamplona donde estaba el Rey Don Juan con 



— 58 — 

prujK)M:-. . ría, ti cual envió >üs C.ipitancs con gente 

ú un pucrt , y estrecho por do el Ejército de los cas- 
tellanos había de pasar, í)ara que les defendiesen el paso, y 
ifjmo el Duque de Alba fuese de esto avisado mandó ir de- 
lante alírunc»s Capitanes para ver la disposición de aquel paso, 
y vista la estrechura y aspereza de él fué necesario que se 
dividiese el Ejército en dos partes y (pie la mayor fuese á 
aquella i)arte más áspera para acometer aquel paso, y al mis- 
mo tiemiM) mandó ipie se moviese la artillería con la otra par- 
te del campo por más abajo cerca de una legua, porque por 
la disp(jsición de la tierra no se sufría otra cosa, y la gente 
del Rey de Navarra \iendc) esto desamparó el paso y el Ejér- 
cito del Duque pasó sin resistencia ni daño alguno, y asimis- 
mo pasó la artillería. 

Hecho esto movió el Ejército hacia la ciudad de Pam- 
plona y asentó su Real dos leguas de ella, y como viese esto 
el Rey Don Juan se salió de la ciudad, y el Duque de Alba 
envió á ella un Rey de armas con una carta de creencia de 
parte del Rey Católico en que constaba las causas que le ha- 
bían movido para enviar su Ejército á Francia en favor de la 
Iglesia i)ara la destrucción del cisma, por do le había sido 
necesario entrar por aquella tierra a la dicha empresa para 
seguridad de ella y no para hacer daño alguno, pidiéndoles 
y re<iuiriéndoles que entregasen la dicha ciudad á su Capi- 
tán (leneral y (pie si así lo hiciesen serían muy bien guar- 
dados y tratados y cpie si no su Capitán llevaba tan santa 
empresa cpie le sería lícito entrar por cualesquier tierras que 
para la dicha santa empresa conviniese, y después de partido 
el Rey de armas determinó el Duipie mover el Ejército ca- 
mino de la ciudad, y como llegaron junto á ella asentaron el 
campo en La Taconera que es llano más alto que la ciudad, 
de la cual habían ya salido cuatro Embajadores á tratar con 
el Duq\ie nmchas condiciones si cjuería que les diesen la ciu- 
tlad. y el Dufpie les dijo que él hacía libres á ellos y á sus 
haciendas, y que si esto no querían (jue se aparejasen a pa- 
decer lo qae él solía hacer en las tomadas de las ciudades, y 
con esto se volvieron los Embajadores, y los ciudadanos como 



— 59 — 

se viesen sin esperanza de socorro dieron al Duque la ciudad 
día de Santiago Apóstol, suplicándole no consintiese se hicie- 
se algún daño á sus personas y haciendas como se lo había 
prometido, y el Duque se lo tornó á prometer y entró en la 
ciudad donde le fueron entregadas las llaves y él, en nombre 
del Rey Católico, las recibió y les juró guardar los privile- 
gios y libertades que los Reyes de Navarra les habían con- 
cedido. 

El Rey Don Juan de Navarra salió de la ciudad y se fué 
á la villa de Lumbier, seis leguas de Pamplona, á esperar 
allí lo que sucediese de su Reino, y después que supo que la 
ciudad se había dado al Duque de Alba, determinó (\iendo 
que otra cosa no podía ya hacer y que el Rey de Francia 
le faltaba en su socorro) enviar sus Embajadores al Duque 
con poder bastante para que asentasen con él lo que él qui- 
siese,, y venidos los Embajadores á Pamplona asentaron con 
el Duque de Alba, por virtud de dicho poder, una capitulación 
que fué que el dicho Rey y la Reina de Navarra lo remitían 
enteramente á la disposición del Rey Don Fernando para que 
pudiese disponer y ordenar de la manera que le pareciese, y 
que aquello se cumpliría por los dichos Rey y Reina de Na- 
varra ; y para asegurar el cumplimiento de lo susodicho en la 
manera que Su Alteza lo ordenase y mandase, se asentó que 
le entregasen luego las fortalezas de San Juan de Pie de Puer- 
to y de Maya, las cuales envió luego el Duque á recibir, y 
el Re}^ Católico recibida la capitulación hizo luego una de- 
claración de su voluntad, y fué que por causa de la santa em- 
presa fuese adelante y hasta que la dicha cisma fuese del todo 
destruida, que era necesario que el dicho Reino de Navarra 
y fortalezas de él estuviesen en su poder. 

Por tanto era su voluntad que los dichos Reyes entrega- 
sen todo su Reino al dicho su Capitán General para que es- 
tuviese á su obediencia todo el tiempo que conviniese para 
el bien de la dicha empresa, y después quedase á su voluntad 
el cuándo y la manera como ellos tuviesen dicho Reino, y 
que los Reyes hiciesen venir al Mariscal de Navarra y al Cond.; 
de Santisteban y á D. Juan de Piamonte y á sus hijos para estar 



ci» el kiiiK- ut .\.i\AiiA y <iue estuviesen en ella, porque es- 
taiuU» en la parte tle Francia no sigan á los cismáticos, y por 
la misma manera viniesen á Navarra todos los otros navarros 
(|Uf csttiviescn cu Francia, y que los dichos Reyes le entre- 
gasen al Príncipe, su hijo, hasta que fuese acabada la dicha 
empresa, y no consintiese que por el señorío de Bearne se 
hiciese guerra 6 daño en sus Reinos. 

I. a cual declaración vSu Alteza mandó enviar al Duque de 
Alba i>ara cpie la enviase al Rey Don Juan de Navarra y á 
la Reina, su mujer, para que cumpliesen según por la dicha 
declaración eran obligados, enviándole á mandar que después 
<Uie hubiese recibido las fortalezas de aquel Reino procurase 
luego pasar en Francia con su Ejército y juntarse con el de 
lí)s ingleses para entrar por el Ducado de Guiena ; y en caso 
ciue los dichos Reyes de Navarra no cumpliesen lo contenido 
en dicha declaración, i)ues ya las fortalezas serían entre- 
gadas, le mandaba que luego fuese á tomar la villa de Lum- 
bier y que tomada no se ocupase ni detuviese más en las 
cosas de Navarra, pues tendría ya los puertos y entradas de ella 
I)ara F'rancia y (pie en las otras cosas de aquel Reino él pro- 
veería de ello. 



CAPITULO XVII 

( i-iiii- v( diinni (il naque de Alba iodas las ciudades, villas 
• y fortalezas del Reino de Navarra, y de su pasada al Rei- 
no de Francia para juntarse con los ingleses, y la venida 
del Delfín de Francia en ayuda del Rey Don Juan de ATo- 
varra con mucha gente de pie y de caballo. 

Dcsi>u6s (pie el Ducjue de Alba tuvo puestas en orden las 
cosas de la ciudad de Pamplona, envió mensajeros á las otras 
ciudadc-s, villas, lugares y fortalezas del Reino de Navarra para 
que se le diesen C(mio habían hecho los de Pamplona, los 
aialcs, aunque con el primer mensaje no se quisieron dar, con 
tomarles á amonestar que si no lo hacían los había de matar 



— 01 — 

á todos, determinaron darse con las mismas condiciones que 
la ciudad de Pamplona había hecho, y fueron Olite, Tafalla, 
Tíldela, Maya, Monreal, Sangüesa y Lumbier y los valles de 
Aezcoa y Val de Roncal ; y el Rey de Navarra como viese per- 
dido su Rein(j y que tardaba jnucho el socorro de Francia, pro- 
curó jimtar mucha gente del señorío de Bearne y de Gascuña 
y de todas las otras sus tierras, no sólo para defenderse, mas 
para entrar á cobrar su Reino ; lo cual sabido por el Duque 
de Alba le envió al Obispo de Zamora, D. Antonio de Acuña, 
que le persuadiese á que no quisiese poner toda su esperanza 
en el socorro que esperaba de Francia, sino que se juntase 
con el Rey de España y que si así lo hiciese que sería resti- 
tuido en su Reino, y donde no, por do pensase recobrar al- 
guna parte de él, lo perdería todo ; y como el Obispo fuese 
con esta embajada le .prendieron en el camino los bearneses 
y fué de ellos muy mal tratado, y túvose por cierto aquella 
prisión haber sido con consentimiento del Rey Don Juan, por- 
que el Obispo después no fué suelto, sino redimido por mucho 
precio de dineros, de lo cual el Duque tuvo muy gran enojo, 
y luego procuró de aderezar su viaje para pasar á Francia en- 
viando delante azadoneros para allanar el camino en los men- 
tes Pirineos para poder pasar la artillería hasta San Juan de 
Pie del Puerto, y también envió al Coronel Villalba con 3.000 
hombres, y con él á Ruy Díaz de Rojas y á Lope Sánchez 
de Valenzuela con 300 caballos ligeros para que fuesen á ocu- 
par el paso de Roncesvalles y de allí fuesen á San Juan de 
Pie de Puerto, aunque la fortaleza estaba 3-a por Castilla. 

Los cuales en el camino determinaron de ir sobre los va- 
lles de Salazar y Roncal y Aezcoa, y dieron en ellos con 
mucha presteza, sin que fuesen avisados de su venida, de 
manera que no pudieron hacer otra cosa que dárseles, por do 
fueron tratados muy amigablemente, y de allí se partieron 
á Roncesvalles. Dejando la guarda que convenía se fueron 
para San Juan de Pie de Puerto donde después de haber 
estado algunos días determinaron de ir á Valdecarlos que 
es un valle entre Salvatierra y Bayona, y por estar rebel- 
des fueron dados á saco, pegando fuego á sus casas, 3* con 



_ 62 — 
ti temor que de esto recibieron l.»s valles comarcanos se vi- 
nieron á dar UkIos al Coronel Villalba, y el Duque de Alba, 
ordenadas las esas de Navarra, dejando al Condestable en 
la ciudad de Pamplona con gente de á caballo é infante- 
ría, y puestos alcaides en las fortalezas, se vino á Ronces- 
^;,1K•^ y después de estar allí algunos días se pasó con su 
Ejército y artillería de vSan Juan de Pie de Puerto, y los fran- 
ceses que en los lugares comarcanos estaban se recogieron to- 
dos en Salvatierra con el Capitán General del Rey de Francia 
Mr. de la Palisse, y como el Duque de Alba tuviese gran deseo 
de ir á cercar á Bayona y oyese decir que cada día se forta- 
lecía más, envió á llamar para ello á los ingleses porque tenía 
creído que juntos los dos campos podía ir hasta la ciudad de 
Burdeos ix)rque los ingleses eran S.ooo archeros, y 700 ale- 
manes i)i(iueros y escopeteros, y para más seguridad de su 
venida y para que los franceses no les pudiesen embarazar el 
camino k-s envió 400 caballos ligeros, los cuales como llega- 
sen do los ingleses estaban los hallaron muy discordes, por- 
que <lecían <iue era ya invierno y tiempo de muchas aguas, y 
(jue no podrían sufrir en tal tiempo la guerra, y que ellos 
se querían ir á Inglaterra, y que volverían la primavera, y 
con esta determinación procuraron de dar prisa en su partida 
I>ara irse á embarcar, y el Duque viendo que por causa de los 
ingleses ya no jtodía aquel año hacer guerra á Bayona, acor- 
dó fortalecer á San Juan de Pie de Puerto, y para ello man- 
dó traer la artillería que había dejado en Roncesvallcs, la 
cual se trajo con gran trabajo por causa de la aspereza de 
los montes, y con la gran diligencia que se puso en fortalecer 
á San Juan se acabó de hacer muy pronto. 

Como el Rey de Francia tuviese por cierto que Navarra 
era del tmlo tomada, mandó juntar nmcha gente de alemanes 
y tudcsc<is y saboyanos, en que solo los alemanes eran 8.000, 
y envió con ello á Mr. de Angulema, Delfín de Francia, con 
2.000 caballeros, mandándole que se fuese á juntar con. el 
Ejército (juc el Rey Don Juan y Mr. de la Palisse tenían, y 
encargóles qnc hiciesen la güera con nuicha furia hasta des- 
*'"" ' '>■•••••■ V restituir al Rey de Navarra en su Reino, 



— 63 — 

y que después que tuviese hecho esto que entrase por Ara- 
gón destruyendo hi tierra hasta Zaragoza. 

El Delfín se vino á juntar con el Ejército del Rey Don 
Juan y ]\Ir. de la Palisse, trayendo ocho piezas de artillería 
muy buenas, viniendo por Gascuña recogiendo cuanta gente 
pudo, y el Duque como fuese avisado de la venida del Delfín 
y se viese con poca gente mandó que se recogiese toda den- 
tro de la villa de San Juan y que estuviesen todos á buen 
recaudo hasta esperar el fin de la guerra. 

El Delfín hizo reseña de su gente y halló que tenía 4.000 
de caballo y 20.000 infantes en orden, y más otros 20.000 
hombres de guerra con ballestas y lanzas, y i^artió la gente 
en esta manera : al Rey Don Juan dio i.ooo alemanes y 4.000 
gascones y i.ooo de á caballo, y con él Mr. de la Palisse, para 
que con esta gente entrase por el Val de Roncal y fuese dere- 
cho á Pamplona ; á Mr. de Borbón y Mr. de Lautrec fueron 
dados 400 de á caballo y 10.000 hombres gascones y bearneses, 
mandándoles ir á la frontera de San Sebastián, y que que- 
masen y destruyesen toda la tierra, y el Delfín se quedó con 
6.000 alemanes y toda la otra gente dicha y la artillería para 
ir á dar sobre el Duque de Alba. 

El Rey Don Juan con su gente se vino derecho hacia Pam- 
plona y en el camino destruyó un lugar do estaba el Capitán 
Valdés, donde el dicho Capitán fué muerto y mucha de la 
gente que con él estaba, y de allí se fué á poner con su Ejér- 
cito tres leguas de Pamplona, y si derechamente fuera á en- 
trar en ella se tuvo por cierto que la tomara sin peligro, y 
las ciudades de Olite, Estella y Tafalla se rebelaron luego por 
el Rey Don Juan, lo cual como fuese sabido por el Rey Don 
Fernando envió entre ellos á Antonio de Fonseca, Contador 
mayor, con mucha gente y las recobró sin peligro, y dejando 
en ellas mucha gente de guarda se vino á Pamplona do es- 
taban todos temerosos con la venida del Rey Don Juan. 

Mr. de Borbón y Mr. de Lautrec llegaron á la provincia de 
San Sebastián y quemaron y destruyeron á Irún, Oyarzun y 
otras muchas caserías y herrerías, y fueron sobre la viUa de 
San Sebastián y le pusieron cerco, y como aquella villa la 



— Ü4 — 

cerque cl mar por tres partes, no les podían quitar el socorro 
del agun ni menos ofenderla por aíjuellas partes, y así la tu- 
vieron que- combatir por tierra con seis lombardas, y en poco 
cüpaciíi derribaron parte de la muralla ; pero los de la villa 
se dieron tan buen recaudo que la defendieron valientemente 
con armas y artillería, y con saber los franceses que les venía 
socorro por mar y por tierra, alzaron el cerco y se volvieron 
A Francia, y los vizcaínos viéndoles retraer les tomaron las 
puertas y pasos antes de entrar en Francia y les hicieron 
muchos daños matándoles nnichos de ellos y tomándoles el 
fardaje que llevaban. 

En este tiempo se descubrió en la Corte del Rey Don Fer- 
nando cónu) su sobrino el Duque de Calabria tenía concertado 
de salirse de ella y pasarse á Francia, y para este efecto tenía 
cuatro caballos a¡)arejados en tierra de Navarra para él y 
para otros tres que se habían de ir, y fué descubierto el se- 
creto por un clérigo de misa, á quien fué revelado por los 
traitlores que lo trataban, los cuales como confesasen la ver- 
dad fué heclia justicia de ellos y Su Alteza mandó pi-ender 
al Duque, y que lo llevasen á Játiva, que es en cl Reino de 
\'alencia, y (jue allí lo tuviesen á buen recaudo. 



CAPÍTULO XVIII 

Cómo el Duque de Alba determinó venirse á la ciudad de Pam" 
piona, y el cerco que sobre ella puso cl Rey Don Juan de 
Navarra, combatiéndola nnwhas veces; y como al cabo no 
la pudiese ganar le convino volverse á Francia dejando 
pirdidí' IihIi' s;í J\,i)i.i ,h X.ivarra. 

Como el Duque de All)a, que estaba en San Juan de Pie 
de Puerto, supiese de la estada del Delfín con su Ejército 
nIH muy cerca, mandó que ninguna de su gente saliese de la 
«licha villa, donde le vino nueva de la muerte del Capitán 
\'ald£-s y de la ida del Rey Don Juan de Navarra á poner 
cerco sobre Pamplona, y á esta causa determinó de irse á 



— 65 — 

la dicha ciudad y dejar en la villa de San Jnan á Diego de 
Vera con Seo infantes muy escogidos y 21 jiiezas de arti- 
llería y 200 lanzas y bastimento para seis meses, y así se 
partió de San Juan para Roncesvalles ; y como supiese que 
el Rey Don Juan estaba allí cerca determinó de caminar de 
noche con el Ejército para tomarle la delantera, porque de 
otra manera no excusara la batalla con él antes de llegar á 
Pamplona, la cual temía el Duque por la poca gente que lle- 
vaba, y así entró en Pamplona dos horas antes que amane- 
ciese, donde halló al Contador mayor Fonseca y tuvieron mu- 
cho placer los unos con los otros, y el Rey Don Juan, visto 
que el Duque se le había pasado así sin poderle acometer, 
quedó muy corrido y desesperado, y con pensamiento que, 
pues aquel lance había perdido, no esperaba ya recobrar el 
Reino, envió al Delfín para que le enviase más alemanes y 
gente de á caballo para poder ir á ]jontr cerco á Pamplona. 
El cual le envió 2.000 alemanes y 200 lanzas, y con esta 
gente y la que tenía vino sobre Pamplona, y como esto viese 
el Duque de Alba entendió luego en poner guardas en las 
puertas de la ciudad poniendo en ellas personas de confianza, 
y repartió la muralla á caballeros por sus cuarteles, y todos 
los días que el Rey Don Juan estuvo sobre Pamplona siempre 
hubo muchas escaramuzas entre la gente de los franceses y 
los de la ciudad, donde murieron muchos de entrambas par- 
tes ; y el Rey Don Juan envió á desafiar al Duque para que 
le dejase la ciudad de Pamplona que era suya ó que saliese 
con él al campo donde le esperaba á la batalla, y el Duque 
de Alba le respondió que él tenía la ciudad por -el Rey Don 
Fernando, su Señor, y que no la podía dejar sin su mandado, 
y que por entonces no podía dar la batalla por tener su gente 
repartida por las ciudades y fortalezas de aquel Reino, pero 
que él la mandaría juntar y se la presentaría donde él señalase ; 
y como el Rey Don Juan estuviese determinado de probar to- 
das sus fuerzas en la tomada de Pamplona, visto que los ciu- 
dadanos no hacían mudanza con sii vista, acordó de tomar á 
suplicar al Delfín le enviase alguna artillería porque quería 
tomar á Pamplona, y el Delfín le envió ocho sanes y medias 



- 66 — 

tulcbrmas y con ellas más KciUc de pie y de á caballo, y 
con «to ayuda dfterniinó <»tn) ilía dar combate á la ciudad 
\ m; llcg"'» cí»ii su gente y artillería á la muralla y comenzó á 
tirar en ella con gran presteza, y así se comenzaron á tirar 
«U una parle & otra muchas saetas y escopetas y duró el comba- 
; mucho, hasta «¡ue los franceses, viendo lo poco que ganaban 
en él, se acortlamn de retirar y estuvieron más de quince días 
robando y (¡uemando muchos lugares de la redonda de la ciu- 
dad pensantlo con esto provocar á ira al Duque para que saliese 
á la batalla, ¡Hirque de otra manera tenía su hecho por nin- 
guno, y con esta sospecha sufna el Duque los robos y que- 
nnunientos que hacían. 

Y el Rey Don Juan, como viese que se venía el tiempo 
«kl invierno y (|ue le c<jnvenía volverse á Francia, acordó de 
aventurar primero todo el Ejército tornando á dar combate 
á la ciudad, y para ello envió otra vez al Delfín á demandarle 
gente y artillería y él le envió 2.000 alemanes y cuatro piezas 
de artillería, y mientras este socorro llegaba se dio prisa en 
hacer numtas de combate y escalas y otros pertrechos para 
llegar á la nuiralla, y los de la ciudad como padeciesen mu- 
cha hambre enviaron á pedir socorro al Rey Don Femando 
escribiéndole la necesidad en que estaban, y Su Alteza prove- 
yó luego de enviárselo y mandó al Duque de Nájera qi e to- 
mase cargo del socorro, y él lo aceptó y se vino á la Puente 
de la Reina á juntar con el Alcaide de los Donceles, donde le 
comenzó á venir nuicha gente de \'izcaya y Guipúzcoa y Ala- 
va y de otras partes, y el Duque de Alba como supo que los 
franceses se aparejaban para dar batalla, entendió luego en 
que se fortaleciesen las estancias y se reparasen. 

h\ Rey Don Juan después (jue le vino socorro procuró de ve- 
nir con su Ejército y artillería á la ciudad de Pamplona y 
asentó su Real sobre ella, día de vSanta Catalina, y mandó que 
tirase la artillería, la cual nunca cesó de tirar desde la ma- 
ñana hasta la iKK'he, tanto, cpie derrocaron un pedazo de 
la murada, el cual se tomó Iviego á reparar, y los franceses se 
retjranm sin hacer más y determinaron de allí á dos días de 
tior la batalla, donde pensaban ellos y los alemanes ser ricos 



— 67 — 

con la riqueza de los que estaban en la ciudad, prometiendo 
el Rey Don Juan á los primeros Alféreces que pusiesen sus 
banderas sobre la muralla á cada uno i.ooo ducados. 

El Duque se apercibió de muchas ollas y alcancías de pól- 
vora y que se hiciese cernada junto á la ciudad, y repartió las 
estancias entre caballeros y ciudadanos rogándoles que nin- 
guno desamparase la suya y que estuviesen firmes en ellas, 
y el Rey Don Juan ordenó su gente para el combate, y como 
fuese tiempo, tocaron alarma y luego comenzaron á jugar la 
artillería, la cual hizo caer un pedazo de la muralla y arreme- 
tieron 300 hombres de armas que traían una bandera colorada, 
y llegaron al borde de la cava, y Mr. de la Paliss^ se juntó con 
los de la ciudad á golpes de picas y de alabardas, y jugando 
siempre la artillería de los franceses por alto, que hacía. mu- 
cho daño en los de la ciudad, y así peleaban varonilmente los 
unos contra los otros, no dando lugar los de dentro á los ene- 
migos que subiesen sobre la muralla, echándoles muchas ollas 
de cernada y de pólvora que los trataban muy mal, y como 
hubiesen porfiado en esto más de una hora se retiraron de la 
ciudad con harto pesar del Rey Don Juan que tenía creído 
que fácilmente le habían de entrar. 

Y como viese el daño que los suyos habían recibido y 
toda la gente demás, le pareció que ya no le podía venir tanto 
bien que igualase á su pérdida, y los alemanes viéndole tan 
desesperado se le profirieron de tomar otro día la delantera de 
la batalla y que le darían venganza de sus enemigos, y con esto 
se consoló algo el Rey, y en satisfacción de lo que se proferían 
hacer les dio la presa de la ciudad para que ellos la repartiesen 
entre sí, y se proferió de venir con ellos á la ciudad y entrar 
por fuerza en ella, por tomar venganza de los ciudadanos, ó 
morir allí 

Sabido esto por Mr. de la Palisse fué al Real de los ale- 
manes 3" prendió á los Capitanes que habían sido en el con- 
cierto amenazáiidoles con la muerte, porque siendo su Capi- 
tán General ordenaban sin él la batalla, donde todos loca- 
mente muriesen, y fué asimismo al Rey Don Juan y riñó con 
el diciéndole que la batalla no se daría, ni perseverarían más 



— 08 — 

tu .. vv.v.. ..... v.iusa del frío y aRuas que hacía, y que lo 

que intentaba hacer era más de hombre desesperado que de 
t-sfucr«) ni de l)iicn seso, porque la gente contraria era nniy 
íiK-rtc y su lealtad muy grande. 

Así se- determinó entre ellos la retirada y levantaron el 
cerco y comenzaron á caminar hacia Francia llevando la ar- 
tillería delante de sí, y nuichos de la gente de guerra de los 
de la ciudad los siguieron y robaron muchas cosas que no tu- 
vieron lugar de llevar por la prisa. 

Luego otro día después de su partida vino á la ciudad el 
Duque de Xájera con el socorro y esta venida fué también 
parte para que los enemigos levantasen el cerco, y trajo con- 
sigo b.ooo infantes y muy buena gente de á caballo, entre los 
cuales venían el Duque de Segorbe y el Conde de Rivagorza 
y el Duque de Luna y el Marqués de Aguilar y el Duque de 
\'illahennosa, y los franceses ordenaron sus batallas y escua- 
drones en una gran vega y enviaron á los Duques á presen- 
tarles la batalla (y esto hicieron), porque no pensasen que se 
iban huyendo, y los Duípies fueron muy contentos de dársela, 
y los franceses de que vieron su voluntad acordaron de ca- 
minar, «lueilando los alemanes en la retaguardia y en medio 
la artillería. 

El Duque de All>a los (juisiera seguir sino que el Duque 
de Xájera fué de tal jiarecer diciendo que al enemigo que 
huye la puente de plata, y se volvió luego á Logroño donde 
desi>idió su gente, y como saliesen de noche á lo.> franceses 
algunas gentes de aquellos valles, cobraron temor pensando 
<|Uc t(Kla la tierra era contra ellos y se pasaron á Francia con 
la mayor prisa que pudieron, dejando la artillería (la cual fué 
traída á la ciudad de Pamplona), y como el Duque de Alba 
hubiese dado concierto en todas las cosas que convenían á la 
ciudad y á su buen gobierno, se salió de ella dejando á su 
hijf» el Maríiués de Villafranca para que la entregase al Alcaide 
dt los I)«»nceles á quien el Rey Don Fernando había mandado 
MtK- tuviese cargo de todo el Reino de Navarra y fuese Virrey 
bcrnador de 61 como hombre de buen seso y esfuerzo, 
tláiidulc tftwlo de Maniués de Gomares para más ennoblecerle, 



— 69 — 

y así fué el Duque camino de Burgos donde el Rey le espe- 
raba, el cual le salió á recibir con todos los grandes que en 
la Corte estaban haciéndole muy buen tratamiento, y recibió 
muy bien á los caballeros que con él venían. 

En este año, á suplicación del Rey Don Fernando, le con- 
cedió el Papa Julio que pudiese presentar los Obispos que se 
hubiesen de proveer así en la isla Española como en las otras 
islas y tierra firme de las Indias, y para que después de sus 
días los pudiesen presentar todos los que fuesen Reyes de Cas- 
tilla y de León, y Su Santidad se lo concedió enviando su 
bula para ello, con tanto que los Obispados fuesen sufragá- 
neos al Arzobispado de Sevilla, y que pudiesen los dichos 
Reyes proveer las dignidades y canongías y los otros bene- 
ficios, y confirmó la presentación que Su Alteza había hecho 
de tres Obispos, dos para la isla Española y uno para la isla 
de San Juan, y les dio la instrucción de la manera que habían 
de tener en su vestir, y fiestas que habían de guardar, y las 
condiciones que habían de tener los que habían de ordenar, 
y el enseñamiento que habían de hacer á los indios de nuestra 
santa fe católica y de otras cosas muchas, y acordó Su Alteza 
de enviar á la isla Española ciertos letrados que se llamasen 
jueces de apelación y conociesen como superiores de los que 
apelasen del Almirante y de sus Tenientes y Alcaldes ma- 
yores. 



CAPITULO XIX 

De las cosas que sucedieron el año 1513. — De la muerte del 
Papa Julio TI y elección del Papa León X, y cómo los 
Cardenales cismáticos fueron restituidos á la unión de la 
Santa Madre Iglesia, y la entrada del Rey Luis de Fran= 
cia en Italia. 

Murió el Papa Julio en Roma á veinte días del mes de 
Enero, habiendo imperado en la silla Apostólica nueve años, 
y fué muerte natural, de edad de ochenta años, dejando todos 



- 70 - 
lu» Reyes y rríiuipcs cristianos en guerras y ijarcialidades 
¿I lauHa de la cisma dicha. 

F'ué iimy iiiagnífico y franco, y esforzado defensor de li 
IgU-sin, ainiRo de católicos y enemigo de cismáticos. Al tiem- 
po de su muerte se confesó públicamente ante todos los Car- 
(lennles del mal y bien «|ue había hecho, después que fué 
elevado al Pontificado, pidiendo á Dios misericordia, exhor- 
tando íi U» dichos Cardenales (jue después de su muerte hi- 
ciejien nuiy justa y santa elección, creando Pontífice digno 
del Pontificadí), confesando (jue dejaba á la Iglesia Romana 
muchas ciudades y lugares que en ningún otro tiempo habían 
estado en obediencia de la Iglesia como al presente estaban, 
y confesó que dejaba en el castillo de Santangelo 500.000 duca- 
dos, .^oo.ooo en dineros y en plata y joyas 200.000, y que los 
300.000 había guardado para (jue si el Rey de PVancia le apre- 
miase á huir de Roma pudiese tener con qué sustentarse sin pe- 
dirlo A nadie ; y exht)rtó á los Cardenales tuviesen buena amis- 
tad con el Rey Don Fernando de España porque era muy bueno 
y devot») hijo de la vSanta Madre Iglesia, y perdonó en general ' 
las ofensas é injurias (jue sus enemigos le habían hecho, y lo 
mismo hizo al Rey de Francia y á los bentivoglios con tanto 
que nunca más ftiesen contra la Iglesia, y á los Cardenales 
cismáticos perdonó las injurias que habían hecho á su per- 
sfma, pcTo las que como á Vicario de Dios y sucesor de San 
Pedni. dijo (lue lo remitía á la justicia de Dios, ponjue ellos 
habían sido causa y principio de tantas revueltas y males y , 
guerras ciumtas eran 1 tasadas, y así dio el ánima á Dios pre- 
sentes ttKlos U)s Cardenales, los cuales se juntaron á cabo de 
veinte días después de s\i muerte y criaron al Cardenal de 
Mediéis siendo de edad de cuarenta años, poco más ó menos, 
y cúpt»le en suerte León X, y fué coronado en vSan Juan de 
I.etrAn con nuiy grande aparato y fiestas. 

Los Cardenales D. Heniardino de Carvajal y Federico de 
S.in Sevcrino, cuando supieron en Francia la nuierte del Papa 
Julio. M- embarcaron y fueron á Italia y estuvieron en la 
citidad di Florencia hasta saber la voluntad del Papa León, 
la ctwl fué que primero hiciesen penitencia v enmienda de 



— 71 — 

sus grandes pecados y confesasen públicamente sus errores, 
y diesen por vano su Concilio y por bueno el que el Papa 
había convocado, y que serían luego perdonados, lo cual hi- 
cieron nmy cinnplidaniente, dando una cédula firmada de 
sus nombres que se leyó públicamente en el Concilio latera- 
nense, en h. cual se contenía cómo prometían y juraban de 
allegarse al vSanto Concilio laterancnse como verdadero y por 
legítimas causas congregado, y confesaban tocio lo hecho en 
él ser recta y justamente hecho, y que harían todo lo que les 
fuese mandado por el Papa León X sometiéndose á su arbitrio. 

Asimismo hicieron otra cédula, que por ellos fué leída en 
el Consistorio de los Cardenales antes de ser recibidos y res- 
tituidos del Papa, que contenía suplicar al Papa y al Saco Co- 
legio de los Cardenales perdonasen sus yerros, y que de sii 
espontánea voluntad prometían á Su Santidad como á Vicario 
verdadero de Jesucristo, so obligación de anatema, que en nin- 
gún tiempo tornarían (¡ !) do que pdr gracia de Dios eran libra- 
dos, y que permanecerían con la unión de la Santa Madre 
Iglesia y que anatematizaban especial y expresamente el con- 
ciliábulo de Pisa y su publicación y todas las cosas que en él 
se hicieron, dándolo todo por vano y de ningún valor, y con- 
sentían el Sacro Concilio lateranense como único verdadero, y 
confesaron que todo lo que en él se hizo contra sus personas por 
el Papa Julio y contra el conciliábulo de Pisa ser recta y justa- 
mente ordenado y hecho ; después de esto Su Santidad los 
absolvió dé todo vínculo de excomunión y de todas las otras 
censuras que por causa de la cisma que ellos habían hecho, ó 
por otra cualquier causa pronunciadas, que en cualquier mane- 
ra hiibiesen incurrido, y les restituyó á la unión de la vSanta 
Madre Iglesia en su honra y dignidades y beneficios eclesiásti- 
cos, y á la honra de Cardenales, contra las irregularidades y 
sentencias de privación dadas por el Papa Julio II. 

El Rey Luis de Francia, por estar seguro de España para 
enviar socorro al castillo de Milán que estaba por él y con 
pensar que podría acabar este año lo que en el pasado no 
había hecho, procuró de hacer paces con el Rey Don Fer- 
nando por un año, las cuales Su Alteza le concedió é hizo 



n^.i i.'i. í.i .^. ........ -.^ V cuccia cu perjuicio de la Iglesia y 

(k los l'ríiicipt-s cristiauos, y euvió á Italia á Mr. de la Tre- 
raouillc, su Ccpitán Gcucral, c(jii muy grande Ejército, y al 
miitfii» ticiniK) que ellos llegaron á Italia salió al campo Bar- 
tolomé Alviano, Capitán de venecianos, con el Ejército de la 
Sciloría de Venecia en su ayuda y favor, con propósito de 
tomar en medio á Dí)n Ramón de Cardona, Virrey de Ná- 
l>oles, que estaba con su Ejército entre Panna y Plasencia, 
haciendo cuenta (lue si aquél pudiese desbaratar y sojuzgar 
(|uc lo mismo |)odrían hacer de todo el resto de Italia, y á 
la misma sazón, ccjmo fuese nueva al dicho D. Ramón de 
Cardona cómo d Rey Don Fernando (luedaba muy enfermo 
y íjue había hecho paz con Francia, publicó que se quería 
volver con su Ejércitíi al Reino de Ñapóles, y con esta pu- 
blicación, creyéndolo así los pueblos de Italia, se levantaron 
ix)r franceses las ciudades de Astí, Alejandría de la Palla, 
(icnova y MilAn y otras ciudades del dicho Ducado, de ma- 
nera que al Duque de Milán le fué necesario retraerse á No- 
vara con 4.000 suizos y 600 caballos ligeros, y por otra parte 
la gente de los venecianos había ya roto la guerra contra las 
tierras de la Iglesia y contra los del Emperador Maximiliano, 
por manera (jue tenían creído franceses y venecianos que 
tmla la tierra era suya sin resistencia. 

Y como esto viese D. Ramón de Cardona, y el Rey Don 
Fernando le escribiese (lue fuese en defensa de la Iglesia y 
de las tierras del Emperador, determinó ir á socorrer al Du- 
<|ue de Mikin, |)or(iue tenía por cierto que si aquel Estado se 
I»erdic-se no estaba seguro el de la Iglesia ni el del Empe- 
rador Maximiliano, y envió luego á decir al Duque de Milán 
cóuH» él iba en su socorrí) para animarle á él y á los que 
om 61 estaban. 

Rn este tiempo Mr. de la Tremouille había puesto sitio 
»ol»rc Novara con todo el camix) del Rey de Francia, y apre- 
tó el cerco con i)ensar de tomar la ciudad sin que pudiesen 
»cr aocorrith>!, y un <lía antes que pensaban dar la batería en- 
traron en Novara i>or la parte de la sierra 7.000 suizos que 
venfon en favor del Duque, y los franceses como fueron avi- 



— 73 — 

sados de ello comenzaron á retirarse del dicho sitio, y los 
suizos, que eran ii.ooo, como los vieron retraer, sin esperar 
más socorro salieron á ellos con el dicho Duque de Milán, y 
dieron en los franceses, y los apretaron de tal manera que 
les ganaron la artillería y se trabó entre ellos una recia batalla 
donde los suizos quedaron vencedores, muriendo de los fran- 
ceses I2.000 y entre ellos muchos Capitanes y personas prin- 
cipales, y de los del Duque murieron 3.000 ; y después de 
vencida esta batalla fué reducida á la valía del Duque la 
ciudad de Milán y las otras ciudades de aquel Estado, y el 
Ejército de los venecianos, como supieron la rota, se pusieron 
en huida la vía de Padua. 

A estos últimos determinó seguir D. Ramón de Cardona 
con su Ejército, y de camino tomó la ciudad de Bergamo con 
su fortaleza, y la ciudad de Peschiera y L,egnago, y como 
Bartolomé de Alviano viese esto se metió en Aluere, un lu- 
gar cabe Verona. Los del Ejército de D. Ramón andaban 
á su placer por toda aquella tierra de venecianos, y fueron 
á poner el Real en una ribera de donde se descubría la ciu- 
dad de Venecia, y de allí comenzaron á tirar con la artille- 
ría á la ciudad en tanta manera que puso mucho espanto á 
sus habitadores, y por toda equella ribera de mar derribaron 
muchas casas y palacios ricos y jardines muy deleitosos de los 
vecinos de Venecia. 



CAPÍTULO XX 

Cómo el Rey de Inglaterra entró en Francia, viniéndole á 
ayudar en persona el Emperador Maximiliano; y cómo el 
Rey de Escocia entró d hacer guerra en el Reino de In- 
glaterra, do fué muerto él y toda su gente, y otras cosas 
que acontecieron este a fio. 

El Rey Enrique de Inglaterra, favorecedor de la liga de 
la Iglesia, pasó en este tiempo á Francia á la provincia de 
la Picardía con 60.000 hombres combatientes, para hacer gue- 



74 - 

na .u K«% ..». Francia, Capitán mayor (k la cisma, y para 
itibrur íilRunas ¡.riiviiicias <iue el Rey tk Francia tenía que 
ifíin tic InRlatcrra, conviene á saber : Xonnandía, Guiena y 
Gascuña, ixjt las cuales sólo solía pagar de tributo 50.000 
ducados, y había muchos años <jue no los pagaba, y venido 
d Kiy de Inglaterra á Picardía le vino á ayudar el Empe- 
rador Maximiliano con 20.000 hombres de guerra, y juntos 
los Ejércitos fueron á jwner cerco , sobre la ciudad de The- 
rouanne, donde vino al Rey de Inglaterra un Embajador del 
Rey de Escocia, su cuñado, en (|Ue le hacía saber que si no 
dejaba la c<mqu¡sta de P'rancia, de cuya liga y parcialidad 
¿•1 era, que se había de entrar jxjr su Reino de Inglaterra y 
I)rocuraría de tomArseh-, y el Rey de Inglaterra le respondió 
que iKir él no había de dejar la conquista que tenía comenzada, 
y confiaba en Dios (jue si entrab^ en su Reino (jue hallaría 
tal resistencia (¡ue él no haría mengua, y que allí recibiría la 
l»uga de la í»arcialidad que había tomado con los favoreced ;res 
de la cisma, y con esto se volvió el dicho Embajador á Es- 
cocia ; y sabida jior el Rey de Francia la entrada en su Reino 
del Emperador y del Rey de Inglaterra, en\ió contra ellos 
un gran Ejército, y en socorro de Therouanne y para cobrar 
otras ciudades y lugares cjue habían ganado, y sabido esto por 
los ingleses salieron á ellos y les dieron batalla en que los 
vencieron matando más de 20.000 franceses y 800 lanzas gnie- 
Síis, donde fueron muertos y presos muchos grandes de Fran- 
cia, y de los ingleses y alemanes murieron hasta 2.000, y 
hc-cho esto se volvió el Enqurador y el Rey de Inglaterra 
M)bre Therouanne y luego se dieron los de dentro á partido, 
y así (juedó la ciudad i»or el Rey de Inglaterra; y fueron luego 
Mibre la ciudad de Toumay, la cual se dio también á partido 
iN.rque no la saiiueasen, y dada la ciudad se dieron las villas 
V Uigarw de su tierra al Rey de Inglaterra; y también se 
K di.') la ciudad de Arras, después de haberla primero com- 
'■ ' . é hizo matar allí 12 hombres (pie le habían sido con- 

> para no darse luego la ciudad. 
En este tiempo el Rey Jaime de Escocia, teniendo la par- 
> ialiflul fUl Rey de Francia y .pieriéndole complacer envió 



— 75 — 

á Inglaterra lo.ooo hombres escoceses para comenzar la guerra 
en dicho Reino, lo cual como fuese sabido por los ingleses 
se juntaron muchos de ellos con un Capitán dicho Guillermo, 
hombre de gran linaje, y pelearon con los escoceses y los 
vencieron matando nutchos de ellos, y como lo viniese á saber 
el Rey de Escocia recibió mucho enojo de ello y determinó 
de jiuitar toda su potencia y entró en Inglaterra con 40.000 
hombres de guerra ó más, lo cual como fuese sabido en Lon- 
dres por la Reina Doña Catalina, hizo apercibir toda la tierra 
para que tomasen armas contra los escoceses, y ella con sus 
damas caminó hacia do el Rey de Escocia venía, y los ingleses 
como así la vieron ir se juntaron muchos y fueron tras ella 
para salir al encuentro á los escoceses, á los cuales dieron 
batalla, y peleando fuertemente con ellos los vencieron y des- 
barataron, prendiendo muchos de ellos, y túvose por cierto 
que habían muerto más de 25.000 hombres y entre ellos el 
desdichado Rey de Escocia con un Arzobispo y otros muchos 
Obispos y Abades de su Reino, y el Condestable de Escocia 
y otros muchos caballeros principales del Reino, que todos 
fueron hallados muertos cerca de su Rey. 

De los ingleses murieron hasta 12.000 hombres, donde mos- 
tró Dios la poca justicia que el Rey de Escocia traía en venir 
contra la Santa aladre Iglesia, y como la nueva del venci- 
miento de la batalla fuese á oídos del Rey de Inglaterra tuvo 
en extremo mucho placer aunque no dejó de tener sentimien- 
to por la muerte de su cuñado, el Rey de Escocia, porque lo 
quería mucho por saber que honraba y trataba bien á su 
hermana ; pero no obstante esto se hicieron grandes fiestas 
y justas en el Real, dando muchas gracias á Dios por la mer- 
ced que les había hecho, y todas estas cosas acabadas se de- 
terminó partir el Emperador para Alemania, y el Rey de 
Inglaterra dejando muy buen recaudo en las ciudades que 
había tomado en Francia, se partió para Inglaterra. 

En España aconteció este año que el Rey Don Fernando 
adoleció en tanta manera que estuvo desahuciado de los mé- 
dicos, de achaque de haberle dado algunos i)otajes y cosas 
de medicina (pie ayudaban á hacer generación, por desearlo 



ti Ivvs . la Reina e,criuaua, su muJLT. mucho, para que pu- 
«licra heredar los. Rcin..s <\c Aragón; pero al cabo quiso Nues- 
ti.. Sc-rtor «larlc salud, auntiuc no del todo, porque nunca 
tornó á su primer ser y sujeto (lue solía tener, aborreciendo 
las ciudades y lugares, haciéndose amigo de andar solitario 
|K>r los campíwi en cazas, y enemigo de negocios á (jue primero 
era inclinado. 

En este año tomó el Diuiue de Braganza la ciudad de Aze- 
mur en África, con muy gran Ejército de gente de á pie y de 
¿ caballo (luc para ello llevó. 

Murió el Duque de Medina Sidonia, D. Enrique, y su- 
cctlió en su Estado D. Alonso, su hermano, al cual casó Su 
Alteza con una su nieta, hija del Arzobispo de Zaragoza, su 
hijo, iH)r cartas ixmíue los desposados eran menores de edad. 
Como el Rey Don Fernando fuese informado de r.iuchas 
personas que habían estado en la isla Española, de buena con- 
ciencia y doctrina, que todas las ordenanzas que él y la Se- 
renísima Reina Doña Isabel, su mujer, habían hecho para que 
los indios de la dicha isla y de las otras viniesen en conoci- 
miento de nuestra santa fe católica, no habían bastado para 
su conversión por ser los indios inclinados á ociosidad y ma- 
los vicios y estar apartadas sus estancias de las de los cris- 
tianos, acordó con alguno de los de su Consejo, personas de 
buena \nda, letras y conciencia, y con información de perso- 
nas que tenían mucha noticia y experiencia de las cosas de 
la dicha isla, y maneras <le los indios, de hacer ciertas or- 
denanzas, teniendo en ellas por bien que se mudasen las es- 
tancias de los indios cerca de los lugares y pueblos de los 
espaftíiles iK)r que pudie-sen ir á oir misa con ellos á las Iglesias 
y ver lo íjue ellos hiciesen ; y les mandó dar tierras en que 
.sembrasen i>ara que gozasen de ellas como de cosa suya pro- 
pia, y íjue se les hiciese todo buen tratamiento, mandando (jue 
5U muriese algftn indio fuese enterrado como un cristiano, y 
y que los niños (]ue naciesen de ellos fue-sen luego bautizados, 
duido orden en la manera que habían de servir en las minas 
i sus acüores, á quien eran encomendados, y lo que sus se- 
ftores les habían »le dar. así para su vestido cf)mo para su 



— 77 -- 

sustentamiento ; y de esta isla Española salieron en este año 
dos Capitanes vecinos de la ciudad de Santo Domingo, dichos 
Diego de Nicuesa y Alonso de Ojeda, qtie descubrieron mucha 
parte de tierra firme que está al Mediodía de la dicha isla, 
donde hallaron muchos ríos muy caudalostjs, y mijchos géne- 
ros de animales, y aves y pescados, y otras diversas maneras 
de monstruos, y de árboles, y plantas, y liierbas, y hombres, 
y mujeres de diyersas maneras y costumbres. 

« 
CAPÍTULO XXI 

De las cosas qiu pasaron el año de 1514. — De la batalla que 
D. Ramón de Cardona dio á la gente de los venecianos 
junto á Vicenza, y la muerte del Rey Luis de Francia y 
otras cosas que sucedieron. 

Después que D. Ramón de Cardona, Virrey de Ñapóles, 
hubo bombardeado á "Venecia (como dijimos) se fué con su 
Ejército á Vicenza para de allí ir á Verona, y fueron forzados 
por los enemigos de volver junto á Viceiiza, adonde hallando 
tomado el paso por Bartolomé de Alviano les fué necesario 
ir á pasar por el paso de la Escala que es á la vuelta de Ale- 
mania, y como Bartolomé Alviano los viese fué tras ellos y, 
la retaguardia de la Infantería española volvió sobre los ene- 
migos y los apretaron de tal manera que los hicieron huir, y 
así tuvieron los españoles la victoria de esta batalla que des- 
pués se llamó la de Vicenza (y en este año murió la Reina de 
Francia y la Duquesa de Bretaña, la cual fué muy llorada de 
los franceses, porque había sido muy cristianísima y muy san- 
ta Reina). 

El Rey de Inglaterra procuró mucho como el Príncipe don 
Carlos se casase con su hennana que era de catorce años, y 
el Rey Don Fernando difirió mucho este casamiento por ser el 
Príncipe muy mozo y de flaca complexión por do parecía que 
le podía clañar mucho, como había acontecido al Príncipe don 
Juan de Castilla con Madama Margarita, aunque otros decían 



— 78 — 

ijuí jM.i i.i i'"ia voluntad que el Rey D(m Fernando tenía 
que sic- hicic-se atjuel casaniieiitü ; y el Rey de Inp^latcrra ajnio 
esto vio pr«Kuró de hacer amistad con el Re>- de Francia y 
casar con él á su hermana y así lo hizo, y el Rey de Francia 
íi\C casado con la hija del Rey de Inglaterra siendo de edad 
di- soenta y trc*s años, y enfermó de muchas enfermedades y 
la mujer, moza y herm<jsa, y de buena disposición, el cual 
como estuviese lo más del tiemi)o con ella y tomase muchas 
c<»sas calientes para incitamiento de lujuria, le dio cierta en- 
fermedad (jue se vino á morir. 

El Rey Don Femando envió á las Indias á Pedrarias de 
Avila iMír (iohernador de Tierra firme, con más de 1.500 hom- 
bres, y en llegando A la dicha tierra adolecieron casi todos y 
se le nuirieron muchos de ellos por la gran humedad de ella, 
y con la mayor parte de la gente que le había quedado envió 
á im su criado dicho (lasiiar de Morales para que descubriese 
cierta isla en el Mar del Sur donde era fama que había mu- 
chas perlas. El cual fué á la dicha isla y la conquistó y ganó 
y halló ser fértil de muchos árboles y animales silvestres y 
aves de diversas maneras y de muchas perlas, y el rey de 
la isla dio á los cristianos más de cien libras de ellas por 
cosas de poco valor que ellos le dieron, y entre ellas les dio 
una perla casi tamaño como una nuez que se vendió en la 
tierra firme i)()r ¡íre-cio de 1.200 castellanos. 

En este tiempo aconteció que D. Ramón de Cardona aco- 
metió á ciertos capitanes venecianos que estaban en el lugar 
df Ríivigo en Italia do había invernado, y tuvo batalla con 
dios en la cual fué D. Ramón vencido, y se fué huyendo á 
meter en la ciudad de Hrescia dejando su gente de á caballo 
muy desbaratada y derramada, y los venecinos quedaron se- 
ñ«)res del camiM) y fanlaic v nrtill.rín, ;'i l(w cuales se dio luego 
la ciudad de Bergamo 

Sucedió en este año en la (.recia, «-ue como el Gran Turco 
Zclín hubiev sido causa de la nuierte de su padre y hermanos, 
y »c hubiese hecho señor absoluto de Turquía, le pareció que 
con esto píKlía hacerse señor de todo el mundo, y procuró de 
hacer un gran Ejerció de gente de pie y de á cabaUo, con 



— 79 — 

el cual salió de Constantinopla y vino á Asia Menor á las 
provincias de Cilicia y á Capadocia, y dejando en ellas por 
Presidente á un Chendemo familiar suyo y por guarda del 
Imperio, sé fué hacia. Annenia la Mayor contra Ismael, que 
por otro nombre se decía Cufi, señor de la Persia y Media v 
Carmania y de otras muchas provincias en el Asia Mayor, 
del cual (iwrque adelante de la historia hemos de hablar lar- 
go) será bien decir aquí la genealogía y principio de este Prín- 
cipe y sus primeras fortunas y cómo se hizo gran señor por 
fuerza de armas. 

Como el Cufi supiese de su venida hizo juntar en sus Rei- 
nos mucha gente de pie y de á caballo 3^ se vino contra el 
Gran Turco, y estando el uno á vista del otro concertaron 
sus batallas en esta manera : el Gran Turco hizo de la suya 
tres escuadrones : el uno dio á un Amurato con la gente de 
la Europa, y el otro á un Estaogalo con la gente de Asia, los 
cuales eran muy privados suyos y grandes Capitanes de gue- 
rra, y el tercer escuadrón tomó para sí, con la gente de 
IMacedonia y otras gentes de quien él mucho se fiaba. Ismael 
Cufi ordenó su Ejército en sólo dos escuadrones, y en el uno 
puso por Capitán á un mahomete gran hombre de guerra, 
y en el otro se puso él por Capitán, y como los Ejércitos se 
encontraron los unos con los otros, cupo por suerte al Cufi 
encontrarse con los de la Europa y apretó con ellos de tal 
manera que los venció y desbarató matando 4.000 hombres de 
ellos que iban en aquel escuadrón, de manera que el Ejército 
del Turco lo más de él estaba desbaratado ; pero él como hom- 
])re diestro y esforzado los tornó á juntar, y con la mucha gen- 
te que tenía holgada dio sobre los del Cufi que andaban ya 
muy cansados y desflaquccidos, y los destru3'ó á todos hacién- 
dolos huir y así quedó por vencedor con nuicho daño de los 
suyos, porque se tuvo por cierto quL' murieron de los turcos 
140.000 hombres ; y esto hecho el Turco se volvió á Constan- 
tinopla con poca gente, dejando en Asia muerta casi tt.da h 
principal gente de guerra. 



;->() — 

CAPITULO XXII 

De las cosas que sucedieron el año de 1515. — De algunas co- 
sas que se trataron en el Concilio lateranense y cómo Fran- 
cisco Angulema, Duque de Orleans, después que sucedió 
rn el Reino de Francia, entró en Italia y se apoderó del 
Ducado de Milán. 

Entre las sesiones que se trataron en el Concilio latera- 
nense que coinen/.ó el Papa Julio II, fué en la enmienda que 
se. había de tener en el calendario, porque según la reduccicJVi 
que Julií) César hizo del año conforme al movimiento del 
Sol, andábamos errados por más de once días, y el Papa L,eóv 
escribió á muchos buenos astrólogos de la cristiandad para 
(jue le enviasen su parecer sobre ello y ellos se lo enviaron 
y al cabo n'o se hizo en ello cosa alguna. 

También se determinó en que los frailes Franciscos ni Do- 
minicos no hablasen ni disputasen más en lo de la concep- 
ción de la Virgen María, sobre si fué concebida en pecado 
original ó no, sobre lo cual cu el dicho Concilio hubo gran 
tliscusión. 

Así como se trató de anular la pragmática del Rey de Fran- 
cia de que no pudiese proveer en su Reino los beneficios ecle- 
NÍásticos, y como el Embajador del Rej' apelase de ello di- 
ciendo que era costumbre guardada en Francia que los Re- 
yes de ella tuviesen la dicha provisión, cesó por entonces el 
ujandamiento y el Papa León X revocó todas las reservas que 
hasta ¡Kitiel tiempo estaban dadas. 

V com<j supiese que el Rey Francisco, que había sucedido 
en el Reino de Francia por muerte del Rey Luis, quería pasar 
á Italia, hizo liga con el Emperador Maximiliano y con el Rey 
Don I'eniando y con el Du(iue de .Milán y los de Suiza con- 
tra ti dicho Rey, los cuales con gran Ejército que hicieron 
cobraron las ciudades de Panua y Plasencia y las dieron al 
Papo, y ttnnaron de los venecianos á Bergamo y la dieron al 
HnjiK-rador, y como los suizos tuviesen por cierta la pasada 



— 81 — 

del Rey de Francia á Italia le procuraron de tomar el paso 
en los Alpes por do pensaban que habían de venir, lo cual 
como supiese el Rey de Francia procuró de no pasar el Ejér- 
cito por do estaban los suizos y lo pasó por el valle de Argen- 
tarla por donde nunca pasó ninguna gente de pie, cuanto más 
Ejército, porque era una áspera ladera de los Alpes donde el 
Ejército pasó con muy gran trabajo de sed y hambre. 

El Próspero Colona, que era Capitán General del Duque 
de Milán, Maximiliano, como supiese su pasada fué con 400 
hombres de armas por aqueUa parte do venían, para poner- 
se al encuentro de los primeros que pasasen y hacer detener 
el Ejército de los franceses en aqueUos hondos valles, cre- 
yendo con esto hacerlos morir de hambre, y se fué á meter 
en Villafranca que está á la salida del valle de Argentaría 
para que sus hombres de armas descansasen, y el Rey de Fran- 
cia hizo pasar su gente por cierto vado no sabido y vinie- 
ron sin ser sentidos sobre ViUafranca y entraron dentro y 
prendieron al Próspero y á la gente que con él estaba, que 
no escapó ninguno, y con esta victoria bajó el Rey de Fran- 
cia su Ejército á tierra llana, y los suizos que estaban en 
los Alpes esperando al Rey de Francia sabiendo como ha- 
bía pasado por otra parte y prendido al Próspero de Colona, 
se hallaron burlados y hubo luego gran disensión entre ellos 
sobre que unos decían que se volviesen á su tierra hasta que 
los confederados les proveyesen de dineros, y otros eran de 
parecer que sufriesen cualquier trabajo y no hiciesen tal cosa 
porque cada día estaban aparejados para ser señores de Italia. 
En este tiempo vinieron con el Duque de Berry, hermano 
del Duque de Milán, 20.000 suizos, á los cuales había man- 
dado \a señoría de eUos que fuesen con él y que no volviesen 
en ninguna manera á su tierra, so pena de perdimiento de 
la vida, aunque los confederados no les pagasen, de manera 
que les pusieron todo extremo de penas para que quedasen 
todos muertos ó procurasen vencer, y sabido esto por los suizos 
que dijimos estar divisos se juntaron más de 10.000 de ellos 
con los 20.000 que traía el Duque. 

El Rey de Francia sabida su venida procuró cuanto pudo 



11». , .,ii....i,.^. .■- ]"■. tliiicros líoniuc ikj pelearan contra él, 
lo cual íu¿ causa de poner mayor división entre los suizos, y 
el Virrey D. Kanión de Cardona se estuvo (|iiedo con su Ejército 
y no osó confiarse á ellos por estar discordes y por que ellos y los 

* iscs no le tomasen en medio, y lo mismo hizo el Duque de 

1, y procuró de meterse en el castillo de Milán y no confiar- 
se de ellos como había hecho su padre. Y así el Ejército francés 
sin contradicción se fué camino de Milán robando y destuyendo 
tmla la tierra i>or do pasaba hasta llegar la gente de á caballo á 
las puertas de la ciudad ; y Pedro Navarro con su gente de á pie 
y los suyos, como sintieron cjuc el Rey de Francia estaba junto á 
MilAn, acordaron todos de venir contra él, y como fueron jun- 
tos los Ejércitos se comenzó entre ellos una brava batalla, 
y el Rey de Francia como pusiese en la delantera de su Ejér- 
cito los gascones y picardos y normandos fueron todos casi 
nuiertos y destruidos por los suizos, los cuales recibieron muy 
gran daflo de la artillería francesa que contra ellos jugaba; 
pero ellos como valientes hombres no dejaban de matar mu- 
chos franceses, y el Rey de Francia viendo su Ejercito casi 
todo desbaratado, cobró muy grande ánimo é hizo que se 
juntasen todos los (jue andaban desbaratados, y con ellos pues- 
tos en orden volvió á los suizos, haciendo que siempre la ar- 
tillería jugase en ellos. 

Estando en esto, Bartolomé de Alviano, Capitán de los 
venecianos, con gran niímero de anuas dio en los suizos por 
las espaldas, de tal manera, que los hizo retraer sobre el 
Ejército de los franceses, los cuales mataron muchos de ellos, 
y así los suizos fuenm vencidos, aunque ellos no se .tu\ icron 
[HIT tales, y se recogieron á Milán, do fueron bien recibidos 
y recreados con comidas y con otras cosas con que se refor- 
maron ; y no quisieron estar en Milán sino irse camino de 
su tierra, quedando i.ooo de ellos en el castillo para guarda 
<lcl Duque Maximiliano, y los (pie se iban consolaban á los 
que <iueda})an diciéndoles que tuviesen grande ánimo que 
en breve volverían gran número de ellos en su ayuda. 

El "Rey de Francia no osó ir contra los suizos que esca- 
iwnm ni en\nar tras ellos, pí)rque como gente desesperada 



— S3 — 

no tornasen á volver contra él é hiciesen algún daño en el 
Ejército, el cual, después que le vino más gente de refresco, 
se fué derecho á la ciudad de Milán y entró en ella con muy 
gran triunfo y procuró luego combatir el castillo donde es- 
taba el Duque con los suizos en su guarda, he hizo poner 
sobre el dicho castillo So cañones, con los cuales se prefirió 
Pedro Navarro á derribar la muralla dentro de pocos días, y 
Diego de Avila que estaba en la ciudad por Embajador del 
Rey Católico exhortó mucho al Duque que tuviese firme y 
que no se diese porque prestó vendrían los suizos en socorro 
y el Ejército de los confederados, á lo cual el Duque no quiso 
dat oídos porque estaba muy temeroso de los franceses, y 
así procuró, ateniéndose á las promesas y partidas que el Rey 
de Francia le hacía, de se entregar al dicho Rey, el cual lo 
recibió y envió luego á Francia donde toda su vida vivió mi- 
serablemente, no cumpliéndose con él cosa de lo que le fué 
prometido, y el Rey de Francia viéndose tan victorioso salió 
de jNIilán y se vino á Bolonia, donde concertó con el Papa 
León que se viesen allí entrambos para consultar ciertas cosas 
que convenían al bien de la cristiandad. 



CAPÍTULO XXIII 

Cómo el Rey Católico tuvo Cortes en la ciudad de Burgos, 
donde incorporó el Reino de Navarra en el de Castilla; 
y los Reyes que ha habido en el Reino de Navarra hasta 
el Rey Don Juan que lo perdió (i), 3' cómo se le agravó al 
Rey la enfermedad, y lo que aconteció al Príncipe Don 
Carlos en Flandes, y la muerte del Gran Capitán Gonzalo 
Fernández de Córdoba. 

El Rey Don Fernando al principio de este año estuvo muy 
malo en Medina del Campo, y de allí con alguna mejor dis- 
posición se vino á Aranda de Duero, donde envió á la Reina, 



(1) Por no ser de interés, se suprime la relación de estos Reyes. 



— 84 — 

sv. ...v.j... .. .^ncr Cortes en Monzón, y ¿1 se partió para Bur- 
gos. i»or ti mes de Mayo á tener Cortes del Reino de Castilla 
y de JU^n, en las cuales le otorgaron ciento cincuenta cuen- 
tos de servicio y se incori^oró allí el Reino de Navarra en la Co- 
rona ilel Reino de Castilla y de León, habiendo setecientos no- 
venta años (lue estaba en poder de Reyes navarros naturales de 
mjutl Reino, desde Xinién García, que fué el primer Capi- 
tán que eligieron los españoles de las comarcas de Pamplo- 
na y Zaragoza <iue se acogieron á los montes Pirineos después 
de la destrucción de España, como otras veces hemos dicho, 
y comenzó á ganar los lugares que los moros habían ganado 
cu aquellas comarcas. 

Don Carlos el noble, Rey de Navarra, no dejó hijos que 
le sucediesen en el Reino (porque se le murieron niños), sino 
hijas y la mayor, dicha Doña Blanca, casó con el Rey Don 
Juan de Aragón y tuvo en ella al Príncipe D. Carlos que mu- 
rió en vida de su padre sin dejar hijo legítimo ; y á Doña Leonor 
y á Doña Blanca, que fué casada con el Rey Don Enrique de 
Castilla y se la quitaron por ser impotente. 

Muerto el Rey Don Juan sucedió en el Reino de Navarra 
Doña Let)nor, su hija, que ya estaba viuda del Conde de 
Foi.x con quien había sido casada, y tenía de él un hijo dicho 
D. Gastón como su padre, que murió muy mozo en un torneo 
habiendo sido casado con hermana del Rey Luis de Francia, 
de la cual tuvo un hijo dicho D. Febus y una hija llamada 
Doña Catalina, y el D. Febus vino á reinar en Navarra des- 
pués de la muerte de la Reina Doña Leonor, su abuela, y 
reinó sólo tres años y le sucedió en el Reino de Navarra su 
lierniana Doña Catalina, (jue casó con D. Juan de Labrit, los 
cuales lo perdieron como hemos dicho. 

El Rey Católico estuvo una noche en Burgos tan malo 
que no pensaron que llegara á la mañana, é hizo su testamen- 
to en e|ue dejaba al Infante D. Fernando por Gobernador de 
Castilla y de Aragón y de todos sus Reinos y señoríos, y des- 
pués de convalecido se partió de ella y de allí vino á vSe- 
govia de donde determinó ir (x las Cortes de Aragón que aún 
no eran acabadas y llegó hasta Calatayud, do proveyó sobre 



— 85 — 

la justicia de aquel Reino y dio forma como se eligiese un 
Capitán que anduviese con 500 hombres de á caballo por el 
Reino persiguiendo los homicidas y bandoleros y robadores 
que andaban muchos por acjuellas partes, así dentro de los 
lugares como en las montañas y bosques y selvas, y con esta 
diligencia se tomaron muchos de ellos que fueron bien cas- 
tigados, y de Calatayud se vino Su Alteza á Madrid y de 
allí se partió para la ciudad de Plasencia con propósito de 
venirse á Sevilla, porque los médicos le decían que por ser 
tierra caliente era muy buena para su mal, \^ llegado á Pla- 
sencia se le hizo muy solemne recibimiento porque después 
que aquella ciudad se había reducido á la Corona Real nun- 
ca más había entrado en ella, donde Su Alteza hizo el ca- 
samiento de D. Alonso de Guzmán, Duque de Medina Sido- 
nia, con Doña Ana de Aragón, su nieta, hija de su hijo 
el Arzobispo de Zaragoza, en las cuales bodas se hicieron mu- 
chas fiestas y regocijos y Su Alteza con todo su mal mostró 
en ellas mucho placer y alegría. 

En este tiempo aconteció en Flandes que, como el Príncipe 
D. Carlos fuese mayor de catorce años, el Emperador INIaxirai- 
liano, su abuelo, envió á mandar á Madama Margarita, su 
hija, á quien (como arriba dijimos) él había dado cargo de 
la gobernación del Estado de Flandes y de los otros señoríos 
que eran del Rey Don Felipe hasta que el Príncipe D. Carlos 
fuese mayor de edad para que todo se lo entregase y le pu- 
siese en la posesión de ello, y ella lo hizo así, y el Príncipe 
D. Carlos fué jurado en Bruselas por Conde de Flandes, don- 
de se quebraron sellos y confirmaron privilegios y se hicieron 
todas las solemnidades que en el tal auto se suelen hacer, y 
como el Príncipe fué jurado procuró luego de visitar todas 
sus tierras y fué á Gante y á Amberes y á Brujas, en todas 
las cuales dichas ciudades le fueron hechos grandes recibi- 
mentos con muchas fiestas y regocijos ; y fué asimismo á Ho- 
landa y á Celanda y á todos los otros sus señoríos, á do fué 
no menos festejado que en Flandes, y después de lo haber 
visto todo se volvió á Bruselas, donde supo de la indisposi- 
ción del Rey Don Fernando, su abuelo, y pareció á Su Al- 



— 86 - 

tcza y ú todos los grandes del su Consejo que se tratase en 
k> que se había de hacer para en lo que tocaba á su señorío 
de ivspuña; y juntáronse en Consejo algunos caballeros es- 
pañoles de los (jue con él estaban, como fueron D. Alonso 
Manrúiue, Übisi)o de Badajoz, D. Diego de Guevara, el Doc- 
tor Guevara, que era del Consejo del Príncipe, y D. Juan de 
Lanu/a, que estaba por Embajador del Rey Don Fernando. 

Dt los flamencos fueron Mr. de Chievres, el gran Canciller 
Juan de Sauvaje, Mr. de la Chaulx y otros, y entre ellos se 
determinó (jue Su Alteza debería enviar á España á su abuelo 
á visitarle y sui)licarle que, pues era Príncii>e de España, le 
mandase dar Estado y rentas con que se pudiese sustentar como 
se había hecho con todi)s los otros Príncipes que habían sido 
en España, y esto se consultó en el dicho Consejo para ase- 
gurarse el Príncipe de la sucesión del dicho Reino porque 
tenían algui^a sospecha de que querían que quedase por Rey 
en ella el Infante D. Fernando y que el Príncipe D. Carlos 
here-dasc lo de Flandes y Holanda y los otros señoríos de su 
padre con el Reino de Ñapóles y Sicilia, y algunos dicen ha- 
berse consultado esto con el Emperador Maximiliano 3- que le 
parecía bien. 

Fué también acordado que para ir con este mensaje se 
debía enviar una persona de negocios y autoridad, y al cabo 
con j)arecer de los (jue más mandaban fué elegido D. Adriano, 
maestro que era del Príncipe D. Carlos y Deán de Lovaina, 
gran letrado y hombre grave y viejo y honrado, buena per- 
sona aun(jue no muy sabio en negocios, al cual Su Alteza 
dio iKxler para si necesario fuese por muerte del Rey Don 
Femando, (lue era fama en Flandes que andaba muy cercano 
á la muerte, pudiese tomar la posesión de los Reinos de Cas- 
tilla y de Aragón, el cual vino á España y fué muy bien 
r».(il)ido de Su Alteza, estando en una Abadía junto á Tru- 
jillo (i do se había venido de la ciudad de Plasencia por 
halKT allí mucha caza de ciervos, después de haber hecho el 
rn suniento de su nieta con el Duque de Medina (como diji- 
1'.'- . y de la Abadía se partió para Trujillo, donde le vino 
nueva tic la nuicrtc del Gran Capitán Gonzalo Fernández de 



- 87 — 

Córdoba, Duque de Sessa y de Terrauova, la cual se le achacó 
de unas cuartanas que le dieron de que fué mal curado, y el 
Rey sintió mucho su muerte y determinó de escribir y enviar 
á visitar á la Duquesa, su mujer, dándole á entender haberle pe- 
sado mucho con la muerte del Gran Capitán, por haber perdido 
en él un muy señalado servidor y á quien tenía tanto amor, 
por cuyo medio se había acrecentado á su Corona Real el 
Reino de Ñapóles, rogando mucho á la Duquesa se conformase 
con la voluntad de Dios y le diese gracias por ello, y que lo 
demás él tendría siempre presente la memoria de sus servi- 
cios para favorecerla en lo que le tocase. 

Y el Príncipe D. Carlos también, como supiese en Flandes 
de su muerte, le escribió otra, carta desde Bruselas del tenor 
siguiente : 

El Príncipe : 

Duquesa prima : yo he sabido del fallecimiento del nom- 
brado Gonzalo Fernández, Gran Capitán, Duque de Terrano- 
va, vuestro marido, al cual, por lo mucho que merecía y por el 
valor de su persona y por los muchos y muy señalados servicios 
que á los Católicos Rey- 5' Reina, mis señores, en honra, con- 
servación y aumento de sus Reinos y- de su Corona Real y 
de los naturales de ellos hizo, yo le deseaba ver y conocer 
para me ayudar y servir de su Consejo y gozar con su perso- 
na, y pues ha placido á Nuestro Señor que yo no pueda cum- 
plir tan justo deseo. El lo ponga en su gloria, y hemos de 
tener por bueno Ito que El hace y conformarnos con su vo- 
luntad, y así os ruego que lo hagáis y que os consoléis, pues 
es razón para ello, así por el renombre de sus obras, gloria 
y fama, como por la obligación que siempre queda á todos 
los Príncipes de España para tener en memoria y honrar sus 
huesos y conservar y acrecentar su sucesión, y si para con- 
solación de vuestra vividez y de vuestra persona y casa, deseáis 
que se haga algo entretanto que yo me aderezo para ir á esos 
Reinos, que será pronto, placiendo á Dios, hacédmelo saber. 
De la villa de Bruselas á 15 de Febrero de 1516'años. 



— 88 -- 



CAPITULO XXIV 

Pt U capitulación que se hizo entre el Rey Don Fernando 
,1 Católico y el Príncipe D. Carlos, su nieto, Archiduque 
,1, Attslriti, mcdiuntc el Deán de Lovaina, su Embajador. 

VA Deán (le Lovaina. dcspucs de cinco ó seis días que 
había estado en España, acordó de hablar al Rey Don Fer- 
nand<» y suplicarle le oyese su embajada, y el Rey lo tuvo 
|K)r bien, y el Deán le dijo cómo el Príncipe D. Carlos, su 
nieto, le enviaba á suplicar á vSu Alteza tuviese por bien, pues 
era Príncipe de los Reinos de Castilla y de León, de le dar 
tierras y rentas con que honradamente se pudiese sustentar, 
como sicmpiv- se había hecho con los Príncipes de los dichos 
Reinos, y que si á Su Alteza parecía y fuese servido, le podía 
«lar lí)s maestrazgos de Santiago y Alcántara y Calatrava, por 
que con ellos el Príncipe D. Carlos podía vivir con mucha 
honra y sin alguna necesidad, lo cual como el Rey Don Fer- 
nando oyese, no le contentó mucho la embajada y comenzóse 
á encender algo en ira contra el Príncipe, diciendo algunas pa- 
labras contra los del su Consejo, porque bien vio que de ellos 
había procedido enviarle á decir semejantes cosas ; y como el 
Deán de Lovaina le viese tan enojado procuró de aplacarle 
lo mejor <iue pudo, diciéndole que el Príncipe, su señor, no 
quería más de lo que Su Alteza fuese servido, y que aquello 
tendría \x)t bueno, y así el Rey quedó más contento y deter- 
minó luegf) que se hiciese cierta capitulación entre él y el 
Príncipe D. Carlos, su nieto, que es la que sigue : 

Sígnense las capitulaciones hechas entre el muy poderoso y 
Católico Don Fernando, Rey de Aragón y de las dos Si- 
cilias, y el Ihistrísimo Príncipe D. Carlos, Archiduque de 
Austria, sil nieto, á gloria de Dios onmipotente y de su 
Undita Madre, y á provecho de la República Cristiana : 



— 89 ^- 

Primeramente fué acordado que para que entre el Rey 
Don Fernando el Católico, y el Príncipe D. Carlos de Cas- 
tilla hubiese siempre mucha paz y amor, así como es razón 
entre padre é hijo, que fuese entre ellos una verdadera liga 
y unión y confederación que hubiese de durar por sus vidas, 
en la cual fuesen comprendidos nuestro muy Santo Padre y 
el Emperador Maximiliano y el Re}' de Inglaterra si quisiesen. 

También fué acordado que para que más provechosamente 
fuesen regidos y gobernados los Reinos de Castilla y de León 
y Granada, que eran de la Reina Doña Juana, su señora, el 
Rey Católico los gobernase como al presente hacía, por todo 
el tiempo de su vida, aunque la Reina Doña Juana, nuestra 
señora, aconteciese morir antes que Su Alteza, y que el Prín- 
cipe D. Carlos no le pudiese impedir por ninguna vía la go- 
bernación y administración de los dichos Reinos, y que después 
de los días del dicho Re\' Católico, el dicho señor Príncipe los 
pudiese comenzar á administrar. ítem : que para que mtjor y más 
honestamente pudiese el Ilustrísimo Príncipe D. Carlos susten- 
tar su estado, que el Rey Católico fuese obligado de darle cada 
un año, mientras estuviese ausente de estos Reinos, 40.000 du- 
cados de oro puestos en la villa de Amberes, en Flandes, y que 
cuando el Príncipe residiese en España fuese obligado el Rey 
Católico de darle renta y estado y todas las otras cosas que con- 
viniesen y era uso y costumbre de dar los Re^^es de Castilla 
á los dichos Príncipes herederos de sus Reinos, con tanto que 
si la dicha Serenísima Reina de Castilla falleciese antes que 
el Rey Católico su padre, el dicho Rey Católico fuese obhgado 
de dar al Príncipe más suma de renta como entre ellos se con- 
certasen ó á arbitrio de buenos varones que fuesen puestos para 
determinarlo. 

Y para que mejor pudiese el Príncipe D. Carlos venir á 
sus Reinos de Castilla, el Rey Católico fuese obligado de en- 
viar una Armada muy bien aderezada de gentes y de las otras 
cosas necesarias, en la cual fuese el Infante D. Fernando, her- 
mano del Ilustrísimo Príncipe D. Carlos, la cual Armada hu- 
biese de llegar á Flandes ó á Holanda ó á Brabante casi por 
el mes de Ma^^o del año 15 16, y que al tiempo que el Infante 



— 9U — 

D. Fernando saliese de la Armada en tierra el Príncipe D. Car- 
los fuese obligado á entrar en la dicha Armada sin meter en 
ella nj/is gente de la de su casa y estado y sin otra más gente 
de guerra de la (juc el Rey Católico hubiese enviado en las 
naos, y porque el Príncipe D. Carlos tenía alguna necesidad de 
dineros le i>roveyese el Rey Católico de 30-000 ducados para 
IKHler aderezar su casa y criados. 

V jKjr haberse hallado por experiencia los daños que vie- 
nen {i la Corona Real del apartamiento de ella de los tres 
niaestra/.gos, y por el contrario el mucho provecho que de su 
ayuntamiento se sigue por causa de la provisión de las enco- 
miendas que el Rey tiene para contentar á las personas nobles 
que le s¡r\'iesen, (|ue el Rey Católico procurase con todas sus 
fuer/as con nuestro muy Santo Padre que los dichos maestraz- 
gos fuesen incorporados á la Corona Real de Castilla, con tal 
condición ,<iue la posesión de ellos" quedase con el Rey Católico 
mientras viviese y después de muerto que el Príncipe tuviese 
libremente su administración; y porque era 'mucha razón de 
hacer caso del Infante Don Fernando, hermano del dicho Ilus- 
trísimo Príncipe, y era costumbre en estos Reinos de señalar 
estado á los hermanos de los Reyes conforme á su noble con- 
dición, f|ue fuese obligado el dicho Ilustrísimo Príncipe de dar 
al dicho Infante D. Fernando, su hermano, cada un año la 
suma de dinero (pie rentase uno de los dichos maestrazgos, y 
esto fuese allende de lo que el dicho Infante hubiese de he- 
redar después de la muerte del Emperador Maximiliano, su 
abuelo. 

V jKíniue los criados y fieles servidores del Príncipe D. Car- 
los pudiesen tener cierta esperanza que por sus buenos servi- 
cios se les hubiesen de hacer mercedes, que el Rey Católico 
proveería como les sea jiroveídos algunos oficios y encomiendas 
á los <|ue el Príncipe D. Carlos nombrase según la calidad y 
condición de ellos, conque sean hábiles é idóneos para ellos. 

^' i>ara que pareciese claro d gran amor y unión que hay 
entre los dichos Rey Católico y Príncipe D. Carlos, prometie- 
ron que ninguno de ellos haría amistad ni confederación con 
algíin Príncipe ni República sin que el otro lo supiese y con- 



. — 91 — 

sintiese y que entrambos se favoreciesen y ayudasen con todas 
sus fuerzas contra quien los quisiese ofender, así como padre 
é hijo, de manera que conste claro que quien al uno ofendiese 
hubiese de ofender á entrambos. 

ítem : por que constase claramente con cuanto amor el dicho 
Príncipe D. Carlos se abrazaba y confederaba con el Rey Ca- 
tólico, su abuelo, prometióle de no favorecer á servidores que 
hubiesen sido rebeldes y traidores al dicho Rey Católico y á 
su Corana Real, y que no sólo no los tuviese consigo, pero que 
los desterrase de sus señoríos, y que lo mismo hiciese á los 
españoles que se fuesen y hubiesen ido de estos Reinos á Flan- 
des huyendo sin licencia del Rey Católico á servir al dicho 
Ilustrísimo Príncipe, á los cuales echará de su casa y servicio 
y de su Corte. 

ítem : que el Príncipe D. Carlos fuese contento que el Rey 
Católico proveyese los oficios mayores y más preeminentes de 
su casa como eran Camarero y Mayordomo, Tesorero, Secre- 
tario y Contador, los cuales oficios le fuesen dados al dicho 
Príncipe de España. 

Y más por qiie pareciese el mucho amor que el Rey Cató- 
lico tiene al Príncipe D. Carlos, hiciese que todos los grandes 
del Reino, Cardenales y Obispos, Duques y Condes que so- 
lemnemente lo jurasen por Rey para después de los días de la 
Reina Doña Juana, su madre, salvo de la gobernación del Reino, 
que el dicho Rey Católico hubiese de tener durante los días de 
su vida y lo mismo hiciese jurar á los grandes del Reino de Ara- 
gón para que después de su vida 3' la de la Reina Doña Juana, 
su hija, recibiesen por Rey al dicho Ilustrísimo Príncipe, y á 
quien lo contrario hiciese ó contradijese lo tuviese por enemigo, 
salvo si el dicho Rey Católico dejase hijo varón nacido de le- 
gítimo matrimonio. 

ítem : que para más firmeza de todo lo dicho en esta capi- 
tulación, el Ilustrísimo Príncipe D. Carlos jurase sobre una 
hostia consagrada, estando presente D. Juan de Lanuza y todos 
los grandes de su Estado, que cumpliría las cosas dichas y no 
iría contra ellas por ninguna manera por sí ni por otro, y ten- 
dría por enemigos los que le quisiesen persuadir lo contrario, 



— 92 — 

y que haría jurar lo mismo á Madama Margarita, y á Mr. Raves- 
ttin ( !), y al Príncipe de Cimay, y á Mr. de Nassau, y á Mr. de 
Cltves. y A xMr. de Berghes, y al Canciller y á seis lugares los 
más principales de sus tierras, á los cuales haría prometer lo 
mi.smo, (lue guardarían esta concordia y que resistirían á quien 
lo contrario dijese; y de la misma manera como el Rey Cató- 
lico fuese certificado del cumplimiento de las cosas dichas, él 
mismo en presencia <kl Santo .Sacramento lo juraría, estando 
presentes á ello los grandes de su Reino y el Embajador del 
Príncipe y los principales del Reino, conviene á saber : el Car- 
denal, el Obisixí de Burgos, el Condestable de Castilla, el Du- 
que de Alba, á los cuales haría jurar lo mismo y lo enviaría 
así sellado y cerrado al dicho Ilustrísimo Príncipe. 

V finalmente, fué acordado que si el Rey Católico ó el dicho 
Ilustrísimo Príncipe rompiesen ó quebrantasen alguno de los 
dichos artículos, ó no lo quisiesen guardar, toda la capitulación 
fue.se en .sí ninguna, y ninguno de ellos quede obligado á guar- 
dar cosa de ella, y fuesen obligados á firmarla de sus nombres 
y sellarla con sus propios sellos, y refrendarla y suscribirla 
por su Notario para que fuese más válida, lo dial tuvieron des- 
pués á mal el Deán de Lovaina (aunque no se efectuó), los 
privados del Príncipe D. Carlos y los del Consejo, por haber 
hecho la dicha capitulación en perjucio suyo. 



CAPÍTULO XXV 

De la tnucrtc del Rey Don Fernando el Católico. — De las cosas 
que acontecieron el año de 1516, r lo que ordenó con al- 
guno de su Consejo antes de su muerte. 

Después de haber estado el Rey Católico el día de los Reyes 
en la ciudad de Trujillo se partió camino de Guadalupe y de 
allí fué á Madrigalejo, aldea de la ciudad de Trujillo, y como 
cl Deán de I.ovaina supo que la enfermedad del Rey se agra- 
vaba v¡nf> allí desde Guadalupe, donde se había ido por Su 



— 93 - 

Alteza tener acordado de estar allí algunos días para concluir 
la capitulación del príncipe D. Carlos del todo, y hacer capí- 
tulo de la Orden de Calatrava para proveer la encomienda 
mayor de Calatrava que había vacado por D. Gutierre de Padi- 
lla, la cual se tenía por cierto que había de proveer á D. Gon- 
zalo de Guzmán, ayo del Infante D. Fernando, que era clavero 
de la. dicha Orden ; y como hicieron saber al Rey que el Deán 
de Lovaina era allí venido y que le quería ver, sospechó mal 
de aquella venida, y con enojo que tuvo dijo : «no viene sino 
á ver si me muero, decidle que se vaya que no me puede ver», 
y así el dicho Deán se fué muy confuso por entonces, aunque 
después le hizo Su Alteza tornar á llamar por consejo é -inter- 
vención de algunas personas que allí estaban ; al cual habló 
dulcemente y encargó se fuese adelante á Guadalupe y le es- 
perase allí porque presto entendía ser con él, y después de 
ido el Deán se le agravó en gran manera la enfermedad á Su 
Alteza y le fué dado á entender por algunas buenas personas, 
criados suyos que deseaban la salvación de su ánima, que es- 
taba muy cercano á la muerte, y á esta causa hizo llamar á . 
su confesor con el cual confesó como católico cristiano, y de 
la confesión resultó que mandó llamar al Licenciado Zapata, 
y al Doctor Carvajal, y al Licenciado Vargas, su Tesorero, 
todos del Consejo Real, á los cuales en gran secreto encargó le 
aconsejasen lo que había de hacer principalmente cerca de la 
gobernación de los Reinos de Castilla y de Aragón, porque en 
el testamento que había hecho en Burgos le había encomen- 
dado al Infante D. Fernando, su nieto, que él había criado á 
la manera y costumbre de España, porque creía que el Prín- 
cipe D. Carlos no vendría á estar de asiento en estos Reinos, 
para lo regir y gobernar como era menester, por do la gober- 
nación de ellos estaba siempre en personas naturales que antes 
mirarían su propio interés que no el del Príncipe, ni al bien 
común de los Reinos. 

A lo cual respondieron los del Consejo ya dichos que Su 
Alteza mirase con cuántos trabajos y afanes había reducido estos 
Reinos en la buena gobernación y paz y justicia en que es- 
taban, y que bien sabía que los hijos de los Reyes todos nacían 



— í)4 - 

con condición de querer ser Reyes, y que ninguna diferencia 
lut)(H en cuanto á esto entre el mayor y los otros sus herma- 
nos, sino tener el priinoRÓnito la posesión, y que asimismo Su 
Alte/a Cíinocía la condición de los grandes y caballeros de Cas- 
tilla, y (¡ue con movimientos y necesidades en que ponían á.los 
Heves se acrecentaban, y por todo lo susodicho les parecía 
<|ue debía dejar la gobernación de los Reinos de Castilla y de 
Aragón al (\\\c de derecho le pertenecía que era el Príncipe Don 
Carlos, su nieto, porque no embargante que el Infante D. Fer- 
nando fuese tan excelente en virtud y buenas costumbres, y en 
quien cesaba toda sospecha, pero que siendo de poca edad ha- 
bía de ser regido y consejado ix)r otros de los cuales no podía 
tener tanta seguridad que, ¡niestos en la sucesión del Gobierno, 
no deseasen movimientos y revueltas para se acrecentar, y que 
ni) [xxlía haber seguridad bastante para que esto se excusase 
sino dejando lo suyo á su dueño, y que esto era conferme á 
Dios y á /buena conciencia y á razón natural y á todo derecho 
divino y humano, en que había menos inconvenientes, y que 
tpiedando la posesión del C.obicrno al Infante D. Fernando que 
estaba presente, en especial si le dejaba los maestrazgos que 
decía, que el menor inconveniente que de esta provisión se se- 
guía era nunca venir el Príncipe en estos Reinos, que era en 
verdad el mayor, porque viendo al Infante, su hermano, apode- 
rado de ellos no faltaría quien le pusiese grandes dificultades 
que le entibiasen más su venida y que el mando y gran poder 
convidarían al Infante á lo que no era de su condición. 

Oídas estas razones y otras que le fueron dichas, el Rey 
Católico dijo que le parecía bien y que ordenasen la cláusula 
de esto, y pareció (jue lo que tenía ordenado primero en Bur- 
gos se debía de romper, cjue nunca pareciese, y escribir de 
nuevo todo el testamento. 

Ivo cual se hizo muy secreto que nunca lo supo el Infante 
D. Femando que estaba en Guadalupe, ni Gonzalo de Guz- 
mán, su ayo, ni Fray Alvaro Osori.., Obispo de Astorga, su 
maestro, que estaban con él. 

Dijeron asimismo d Su Alteza aquellos riel Consejo que 
•" '•• 'le la Robeniación que dejaba (x D. Alonso de Aragón, 



- 95 — 

su hijo, Arzobispo de Zaragoza, les parecía muy bien acordado, 
porque en él cesaban los inconvenientes, y era natural y amado 
y bien quisto en aquellos Reinos de Aragón, y los podía go- 
bernar en paz y justicia, y el Rey Católico los tornó á decir 
que ya que había de quedar por Gobernador el Príncipe don 
Carlos de los Reinos de Castilla y de León, que estaba ausente, 
que para el entretanto que viniese ó proveyese de Flandcs don- 
de estaba, era necesario poner algún Gobernador que entretu- 
viese las cosas de los Reinos, que le aconsejasen quién s-ría el 
que debía de nombrar, porque persona mediana ni el Consejo 
no bastarían para este efecto de entender en el gobierno y bue- 
na paz y justicia, y que de dejar Grande que lo hiciese que era 
gran inconveniente según la experiencia de las cosas pasadas, 
especial que habría discordias entre el que fuese nombrado y 
los otros grandes del Reino y no le obedecerían llanamente 
como era menester, de que se seguirían maj^orcs daños é in- 
convenientes. 

Para esto fué nombrado por uno de los del Consejo que 
allí estaban D. Fray Francisco Ximénez, Arzobispo de Toledo, 
y Su x\lteza, aunque luego no estuvo bien en su nombramien- 
to, como hubo pensado un poco sobre ello lo tuvo por bien, 
diciendo que era hombre de bien y de buenos deseos, y que 
no tenía parientes, y que era criado de la Reina Católica y 
suyo, y siempre le había visto tener el afición que debía á su 
servicio. Y los del Consejo respondieron que era así la verdad 
y que les parecía buena elección, y mejor, considerados les 
inconvenientes que del nombramiento de otros se esperaban. 

El Rey les pidió le aconsejasen qué debía hacer de los maes- 
trazgos, y los del Consejo respondieron que lo mismo que le 
habían aconsejado en lo de la gobernación de los Reinos de 
Castilla y de León, y por las mismas razones, porque un maes- 
trazgo puesto en una persona llana bastaba para poner di- 
sensiones y hacer movimientos en los Reinos como se había 
visto, por donde era muy claro que tres, puestos en una per- 
sona Real, causarían división y otras alteraciones, y que nc 
habría mejor testigo que Su Alteza, porque á esta causa él 
y la Reina Católica, su mujer, habían proveído santamente 



— t'Ü — 

en ixjncr en sus personas Reales la administración dt todos 
tres maestrazgos; y el Kcy les respondió (jue era la verdad 
lo que decían, pero que mirasen que quedaba muy pobre el 
Infante, y los del Conesjo le respondieron que la mayor ri- 
qucita que Su Alteza podía dejar al Infante D. Fernando era 
dejarle bien y en confonnidad con el Príncipe D. Carlos, su 
hcnnano mayor, Rey que había de ser, porque quedando bien 
con él siempre lil>raría mejor, y (¡ue Su Alteza le podía de- 
jar en el Reino de Ñapóles lo que fuese servido, y así cesaría 
el inconveniente de los Reinos de Castilla y aprovecharía á 
la guarda del dicho Reino de Ñapóles ; y al Rey Católico pa- 
reció bien todo 1(j que le aconsejaban los del Consejo, y mandó 
que se ordenasen las cláusulas y provisiones necesarias, así 
para los maestrazgos en favor del Príncipe D. Carlos, como 
la de 50.000 ducados de renta en el Reino de Ñapóles para 
el Infante D. Fernando. 

Y así s6 partieron del Rey los del Consejo, y ordenaron las 
dichas cláusulas de su testamento como por él parece, tornán- 
dolo otra vez á escribir, por que no pareciese rastro de lo que 
primero se había otorgado en Burgos. 

Y la Reina Germana, su mujer, que estaba teniendo Cortes 
en Aragón, llegó á Madrigalejo, andando días y noches, un 
día ix)r la mañana que se encontraron 21 de Enero, y luego 
otro día martes otorgó el Rey su testamento, y más tarde re- 
cibió el Santísimo Sacramento, donde pidió la extremaunción, 
la cual le fu6 dada, y después de media noche, entrante el 
miércoles, que se contaron veintitrés días del mes de Enero 
pasó de esta presente vida. 

Falleció en hábito de Santo Domingo, muy deshecho de 
las carnes (pie tenía, que no parecía el que solía ser, y lo me- 
tieron en su ataiid y en unas andas, y así lo llevaron á la ciu- 
dad de Granada, do él se mandó enterrar, en la capilla Real 
«pie él y su mujer mandaron hacer. 



— 97 — 

CAPITULO XXVI 

De las cosas que pasaron después de la muerte del Rey Don 
Fernando el Católico en la provisión de la encomienda mor 
yor de Calairava, y la diferencia que el Cardenal de Es- 
paña y el Embajador del Príncipe tuvieron sobre la go- 
bernación de los Reinos. 

Fallecido el Rey Católico de esta presente vida, se junta- 
ron en la casa donde murió D. Fadrique de Toledo Duque de 
Alba, D. Bernardo de Rojas, Marqués de Denia, D. Fadrique 
de Portugal Obispo de Sigüenza, D. Juan de Fonseca Obispo 
de Burgos, y Antonio de Fonseca su hermano y Juan Velázquez 
Contadores mayores, y el Licenciado Zapata y el Licenciado 
Vargas y el Doctor Carvajal y Mosén Cavanillas, Capitán de 
la guarda, y el Protonotario Clemente, ante quien se otorgó el 
testamento y otros, y allí fué acordado que el Doctor Carvajal 
y el Licenciado Vargas fuesen al Deán de Lovaina, Embajador 
del Príncipe, y le notificasen el fallecimiento del Rey y le tra- 
jesen para que no publicase el testamento y se abriese en su 
presencia ; los cuales fueron y anduvieron de noche hasta llegar 
adonde el Embajador estaba, y el Licenciado Vargas le dio larga 
relación de todo lo pasado, de que él no fué poco contento y 
alegre, y así volvieron todos tres de Madrigalejo, donde se hizo 
publicación del dicho testamento, en presencia de todos los 
que dicho tengo. Y el Embajador pidió traslado de él para 
enviarlo al Príncipe D. Carlos á Flandes. 

Los del Consejo ya dicho que quedaron en Madrigalejo 
(porque los otros habían ido camino de Sevilla con el Presi- 
dente, donde el Rey Católico entendía parar), dieron cartas 
para todos los Corregidores de las ciudades y villas del Reino 
haciéndoles saber la muerte del Rey Don Fernando y prorro- 
gándoles los oficios, mandándoles que estuviesen en mucha 
paz y sosiego ; y escribieron al Cardenal D. Fray Francisco 
Ximénez, cómo el Rey lo había dejado por Gobernador en los 
Reinos de Castilla y de León, etcétera, entretanto que el Prín- 



— [)H — 

líjit venía ó proveía, y que era necesario que se llegase á Gua- 
tlaluiH;, tlonilc totlüs iban, porque allí se daría orden en la 
Kobcrnación del Reino y en todas las otras cosas que se hu- 
biesen <le proveer. 

V ííl Infante D. h'ernando, como su])iese la muerte del Rey 
Católico y no la mudanza (lue se había hecho en su testamento, 
creyeiulo <iue quedaba fKjr Gobernador de los Reinos, por con- 
sejo de algunos (¡ue lo gobernaban escribió cédulas á los del 
Consejo y ¿i otras personas en que les mandaba que fuesen 
luego á Guadalupe donde él estaba, y así fueron á la dicha 
villa el Almirante D. Fadrique y el Deán de Lovaina Emba- 
jador del Príncipe D. Carlos y los tres del Consejo que se 
hallaron en Zaraicejo y otras personas que venían en la Corte 
con el Rey. 

[•^1 Ar/.í)bispo de (iranada, Presidente del Consejo, y los otros 
del Consejo Real que dijimos haber ido con él camino de Se- 
villa, sabida' la muerte del Rey Católico se volvieron á la dicha 
villa y después de todos juntos, en lo primero que entendieron 
fué en que se hiciesen las exequias por el Rey, las cuales se 
hicieron muy solemnemente como pertenecía á tan alto Prín- 
cipe, y algunos procuraron (lue el Infante D. Fernando comen- 
zara á mandar, no como Rey, sino como hermano del Príncipe. 
Y como esto sintiese el Deán de Lovaina, mostró los poderes 
(|Ue traía para gobernar después de la nuierte del Rey Católico, 
y firmó como Gobernador sólo, antes que se juntase con el 
Cardenal. 

V como hubiesen venido allí los Comendadores de Calatrava 
íjue fueron llamados para tener capítulo sobre la eleccón del 
Comendador mayor ¡Kir muerte de D. Gutierre de Padilla, co- 
menzaron A tratar acerca de su elección, principalmente en 
dos iH.rsonas: la una era Pero Xúñez de Quzmán, Clavero de 
Calatrava, ayo del Infante D. P'eruando, (¡ue por ancianía pre- 
tendía la encomienda mayor, y el otro era Gutierre López de 
Padilla, sobrino del Comendador mayor muerto, hijo de su 
hermano Pen» Lójhíz de Padilla, el cual por los méritos de su 
tío se pul)licaba pretender alguna parte; y el Almirante, que 
IH>r las diferencias viejas entre él y Ramiro Xúñez de Guzmán, 



— 99 — 

hermano de dicho Clavero, no les tenía buena voluntad, de- 
terminó de contrariarle en la dicha elección pública y secreta- 
mente, de lo cual el Clavero se quejó mucho al Embajador del 
Príncipe y al lufante y á otros ; y el Embajador de parte del 
Príncipe dijo á los electores cine Su Alteza se tendría por ser- 
vido que eligiesen al Clavero por Comendador mayor, atentos 
sus servicios y que era ayo del Infante su hermano, y así to- 
dos ó la mayor parte se remitieron á lo (pie el Príncii)e man- 
dase, el cual, consultado por el Embajador Adriano, le plugo 
que fuese Comendador mayor de Calatrava el dicho Pero Xú- 
ñez de Guzmárg de la cual provisión no plugo á algunos, es- 
pecialmente á D. Fernando de Córdoba, hermano del Conde 
de Cabra, que también pretendía ser elegido, digiendo que no 
había sido la provisión según Dios y orden. 

En la Cía vería de Calatrava sucedió D. Diego de Guevara 
que estaba en Flandes con el Príncipe, y hubo asimismo cierta 
diferencia entre el Cardenal de España Fray Francisco Ximé- 
nez y el Embajador del Príncipe D. Adriano sobre la gober- 
nación de estos Reinos, porque el Embajador decía que le 
jiertenecía por el poder que del Príncipe tenía de antes que 
el Rey Católico falleciese para poder gobernar los Reinos hasta 
que el Príncipe proveyese lo que se debiese hacer. 

El Cardenal de España alegaba que por el testamento del 
Rey Católico él debía gobernar hasta que, informado el Prín- 
cipe de la muerte de su abuelo y de lo que había ordenado en 
su testamento, mandase aquello que fuese servido, y decíase 
de su parte que el Embajador no podía gobernar par ser ex- 
tranjero, según la cláusula del testamento de la Reina Cató- 
lica y disposición de las leyes del Reino, y porque el poder 
que presentaba era dado en tiempo que vivía el Rey Católico, 
á quien por la cláusula del testamento de la Reina Católica, 
su mujer, propietaria de los Reinos, pertenecía la goberna- 
ción hasta ser el Príncipe de veinte años ; y sobre esta dife- 
rencia pasaron algunas pláticas entre los dos, y á fin se acor- 
daron de lo consultar con el Príncipe para que mandase lo que 
fuese servido, y entretanto que gobernasen entrambos y fir- 
masen juntos, y así lo hicieron por entonces. 



— 100 — 

Kstaiido cii esto les vino nueva cómo D. Pedro Puerto Ca- 
iTcru liahía hecho ciertos levantamientos en la villa de Llerena 
con pr()i»ósito de (|uerer ocupar el maestrazgo de Santiago, si 
pudiera, contra el cual enviaron los del Consejo al Alcalde 
V'illasiu'ia con potleres y comisioíies bastantes, y como llegase 
¿i I.lerena lo apaciguó todo, castigando á los culpantes, por 
manera (|ue sus deseos no tuvieron efecto. 

HuIkí asimismo duda dónde irían á residir los Goberna- 
dores jwnjue á vmos parecía que habían de ir a una parte y 
á otros ¿i otra, y el Cardenal dijo que él no iría á lugar donde 
no pudiese tener entera libertad en la gobernación, y que como 
estaba dudosf) por la muerte del Rey, (lue le parecía que lo 
más seguro era su tierra, y así determinaron por su causa de 
ir á residir á Madrid. 



CAPÍTULO XXVII 

De lo que hizo el Príncipe D. Carlos en Flandes sabida la 
muerte del Rey Católico, y las cartas que mandó escribir 
al Infante D. Fernando, su hermano, y al Cardenal de 
España, y á los del Consejo Real, y á otras personas de 
I slos Reinos. 

V.\ Príncipe D. Carlos, sabida la muerte del Rey Católico, 
su abuelo, y visto lo (|ue por su testamento se había dejado 
mandado, determinó luego de escribir á algunos grandes y á 
muchas ciudades de estos Reinos haciéndoles saber la pena 
que había tenido con la muerte del Rey Católico, su abuelo, 
y que 61 estaba aderezando su partida para venir á España, 
y para en el entretanto enviaba sus poderes á D. Francisca 
Ximcntv., Cardenal y Arzobispo de Toledo, para que gobernase 
estos Reinos y los tuviese en toda paz y sosiego. Por tanto que 
les mandaba (jue le obedeciesen como á su persona propia, y 
cum|»liescn sus mandamientos, y escribió asimismo á la Reina 
Gcnnaiia consolátidola de la muerte del Rey Católico, su ma- 
rido, nigándolc nnicho se consolase, pues Dios había sido ser- 



— 101 — 

vido de llevárselo para sí, y que si entretanto que se dilataba 
su partida á España tuviese necesidad de alguna cosa, que se 
lo escribiese, que él lo haría de muy buena voluntad. 

También escribió al Infante D. Fernando, su hermano, la 
carta siguiente : 

El Príncipe. 

Ilustrísimo Infante, nuestro muy caro y amado hermano : 
De la muerte y fallecimiento del muy alto y muy poderoso y 
católico Rey nuestro señor, que Dios tiene en su gloria,. Nos 
tenemos muy gran dolor y sentimiento así por la mengua que 
su muy Real persona en todo el mundo hará, como por el deseo 
y tristeza que en esos Reinos debe quedar, principalmente por 
la vuestra, mas pues place á Dios nuestro señor y es cosa na- 
tural, debémonos conformar con su voluntad, teniendo por cier- 
to, según en el tiempo que le llamó 3- el bienaventurado fin 
que le tuvo guardado, que lo quiso para sí y está en camino 
de sahación, que es gran cosa de consolación para los que le 
perdemos y con tanta razón estamos tristes. 

Por ende muy Ilustrísimo y amado hermano, afectuosamente 
os rogamos que así lo hagáis, que os alegréis y consoléis, y para 
vuestro bien y acrecentamiento de vuestra Ilustrísima persona, 
en mí tenéis verdadero hermano y padre como veréis, y en lo 
que obra y experiencia ha de mostrar no conviene mucho alar- 
gar y también porque placiendo á Nuestro Señor esperamos que 
nos veremos muy presto, para lo cual y para poner en obra 
nuestro camino mandamos con gran diligencia aderezar y apa- 
rejar ; á El placerá de nos llevar á salvamento que podamos 
cumplir tan justo deseo, entretanto continuamente escribid de 
vuestra salud y disposición que nos haréis mucho placer. 

Y á lo que el Deán de Lovaina, nuestro Embajador, os 
dijera dadle entera fe y creencia. 

Ilustrísimo Infante, nuestro muy caro y amado hermano. 
Dios guarde y tenga en su especial encomienda. De la villa de 
Bruselas á 15 de Febrero de 1516 años. 

Asimismo mandó escribir al Cardenal de España la siguicn- 



- 102 — 

te carta, ciiviaiHioir con ella el i)oclcr para gobernar los Reinos 
V niacstrazgos con ciertas limitaciones, y le envió las bulas 
que tenía para la administración de los dichos maestrazgos que 
había alcanzado del Papa, en vida del Rey Católico, aun(iue 
{•] no lo sui>o : 

Kl Príncipe. 

Al Cardenal de España, Arzobispo de Toledo, Primado de 
los Kspañas, Canciller mayor de Castilla. Nuestro muy caro 
y muy amigo. vSeñor : Hemos sabido el fallecimiento del muy 
alto y nuiy católico Rey, mi señor, (jue Dios tiene en su gloria, 
de t|ue tenemos grande dolor y sentimiento, así por la gran 
mengua (pie su Real i)ersona hará en esa gobernación en que 
estaba, como ix)r cuan solos esos Reinos quedarán, y también 
porque sabíamos la autoridad y contentamiento que de su vida 
y saber, grande experiencia y prudencia se nos habría de seguir ; 
mas pues así ha placido á Nuestro Señor, conformémonos con 
su querer y voluntad. 

Particularmente hemos visto y entendido la buena dispo- 
sición de su testamento, y así hemos \ isto y entendido algunos 
artículos y cláusulas que muestran bien quién Su Alteza era, 
y de su santa intención y leal conciencia, por donde tenemos 
cierta c"speranza de su salvación que es una consolación para 
los (¡ue sentimos su muerte. 

líntre las otras cosas bien hechas y dignas de memoria vimos 
una bien singular y ([Ue estimamos dejar en nuestra ausencia, 
en cuanto no mandamos proveer la gobernación y administra- 
ción de justicia de los Reinos de Castilla encomendando á, vues- 
tra persona Reverendísima, (pie i)ara el provecho de ellas y 
sosiego, fué santa y prudente y por tal la tenemos. 

Por tanto, Reverendísimo señor, aunque Su Alteza no lo 
hicitra ni ordenara dejándolo á vuestra disposición, por la 
noticia y cierta ciencia (pie pf)r razones verdaderas tenemos de 
vuestra limpieza y santos deseos, no pudiéramos ni rogáramos 
ni escogiénunos otra persona para ello, sabiendo que así cum- 
plía al servicio de Dios y nuestro y al bien y provecho de 
todos los Reinos. 



— 103 — 

Por lü cual, acordamos y determinamos de escribir á algu- 
nos grandes, Prelados, caballeros, ciudades y villas de esos 
Reinos, rogando y mandando que asistan y favorezcan á la 
vuestra Reverendísima persona, cumpliendo y haciendo tener 
y cumplir vuestros mandamientos \^ del Consejo Real. 

Muy afectuosamente os rogamos, por nuestro descanso y 
contentamiento á la administración de justicia* y pacificación 
y sosiego de ellos, entendáis y trabajéis como siempre tenéis 
hecho en cuanto nos vamos en persona á los visitar, regir, 
consolar y gobernar que será muy presto, placiendo á Dios, 
para lo cual con mucha diligencia se apareja ; y asimismo os 
rogamos que continuadamente nos escribáis y aviséis dándo- 
nos vuestro consejo y parecer, el cual recibiremos como de 
padre, ■ así por la obligación que nos quedó de vuestra lealtad, 
fidelidad cierta del Serenísimo Rey Don Felipe, nuestro padre, 
que santa gloria haya, cuando fué á esos Reinos, como por el 
íntimo amor que á vuestra Reverendísima persona tenemos, 
y gran confianza de vuestra bondad. Y porque el Reverendo 
Deán de Lovaina, nuestro Embajador, os hablará largo dadle 
entera fe 3^ creencia, lo cual recibiremos de vos tn singular 
complacencia. 

Reverendísimo en Cristo Padre, nuestro muj^ caro y amado 
amigo y señor, Dios Nuestro Señor en todos los tiempos os 
haya en su especial guarda y encomi.enda. De la villa de Bru- 
selas á 14 de Febrero de 15 16 años. 

También escribió el Príncipe D. Carlos al" Presidente y á 
los del Consejo Real. 

El Príncipe. 

Presidente y los del Consejo: Yo he sabido la muerte y 
fallecimiento del muy alto y poderoso Católico Rey, mi señor, 
que Dios tiene en su gloria, de que he habido grandísimo 
dolor y sentimiento, así por la falta que su Real persona 
en la Cristiandad hará como por la soledad de esos Reinos, 
y también por la utilidad que de su saber y prudencia se 
me seguía ; mas pues así ha placido á Nuestro Señor de- 



— 104 — 

nos tv>níurinar con su voluntad. Por lo cual y por el 

^ le anjor y afición (jue á los dichos Reinos como es razón, 

tenRo acordado de muy presto ir á visitarlos y consolarlos, y 
t..n mi i-resc-ncia ale/írar, regir y gobernarlos, y para con 
mucha diligencia hacerse he aparejado todo lo que conviene. 

.Xhora yo escribo á algunos grandes, Prelados y caballeros 
y ciudades y villas de esos Reinos que asistan y favorezcan 
al Reverendísimo Cardenal de España y á vosotros para la 
gobernación y administración de la justicia ccíHO el dicho 
Rey Católico, mi señor, dejó mandado y ordenado por su 
testamento, y obedeciendo y cunq^liendo en todo \ uestras cons- 
tituciones y niandamientos según que se obedecieron y fueron 
obedecidas y cumplidas en vida de Su Alteza. 

Mucho os ruego que en la administración de la justicia y 
ejecución de ella con el dicho Cardenal tengáis el cuidado y 
diligencia que de vosotros se espera, en lo cual muy señalado 
stnicio me haréis ; y en lo demás el Reverendo Deán de Lo- 
vaina. mi Embajador, os hablará, dadle entera fe y creencia. 
De la villa de Bruselas á 14 de Febrero de 15 16 años. 

CAPÍTULO XXVIII 

Cómo el Infante D. Fernando y Gobernadores y los del Cotí- 
Si jo se fueron á la villa de Madrid, y las cartas que los del 
Consejo escribieron al Príncipe D. Carlos. 

Dicho hemos cómo estando en Guadalupe el Infante y los 
Gobernadores determinaron de venirse á Madrid, y al cabo de 
algunos días (jue allí estuvieron procuró el Cardenal de escri- 
bir al Príncipe D. Carlos, y lo mismo hicieron los del Consejo 
Real, los cuales c-scribicron la presente carta : 

Muy alto y muy podero.so Príncipe nuestro señor : El Pre- 
sidente y los del Consejo de la Reina, nuestra señora, madre 
de Vuestra Alteza, Consejeros que fuimos del Rey Don Felipe 
do gloriosa memoria, vuestro padre, y del Rey y Reina Ca- 
tólicos, abuelos de Vuestra Alteza, besamos vuestros pies y 
Reales manos. 



— 105 - 

Cuanto sentimos el fallecimiento del Re>' Católico, tanto da- 
mos muchas gracias y loores á Nuestro Señor por suceder Vues- 
tra Alteza en estos Reinos para buena gobernación y próspero 
regimiento de ellos, porque esperamos en Nuestro Señor que si 
hasta aquí han sido bien regidos y gobernados, que así lo serán 
de aquí en adelante, suplicamos humildemente á Vuestra Alteza^ 
pues su venida es tan deseada de todos y necesaria para el bien 
y sosiego de estos Reinos y de los naturales de ellos y subdi- 
tos de Vuestra Alteza, tenga por bien de venir á ellos, como 
lo esperamos muy presto ; y pues somos criados y servidores 
muy leales de Vuestra Alteza, como lo fuimos de vuestros pa- 
dres y abuelos de Vuestra Majestad, nos tenga por tales para 
servirse de nosotros. 

Iva vida y Real Estado de Vuestra Alteza guarde Nuestro 
Señor y prospere con acrecentamiento de mayores Reinos y 
Señoríos. 

En Madrid, á 20 de Febrero dt 1516 años. 

En este tiempo vino correo de Flandes con las cartas que 
dijimos el Príncipe haber escrito al Infante D. Fernando y 
al Cardenal Fray Francisco Ximénez y á los del Consejo, las 
cuales dieron mucho placer y alegría en la Corte y en todas 
las más ciudades de España, y todos dieron muchas gracias 
á Dios por les haber dado tan buen Príncipe y tan amador 
de justicia y tan celador del bien común y provecho de sus 
Reinos. Estas cartas vinieron á tan buen tiempo que fueron 
causa de mitigar algo de los alborotos y levantamientos que 
D. Pedro Girón, con el favor de su padre el Conde de Ureña, 
tenía hechos en Andalucía, procurando tomar Estado al Duque 
de Medina, D. Alonso de Guzmán, diciendo que él y sus her- 
manos eran hijos espíireos del Duque D. Juan, porque la Du- 
quesa Doña Leonor su mujer, era parienta suj'a, y que la dis- 
pensación que para el casamiento habían traído no era bastante 
ni se había hecho con buena información. 

Y el Cardenal de España procuró de responder á la carta 
del Príncipe D. Carlos, besando las manos á Su Alteza por la 
merced que le había hecho de la gobernación de estos Reinos, 
aunque indigno de ella, y que pues Su Alteza había sido de 



— 106 — 
ello servido, (jue él procuraría de hacer toda su posibilidad 
I>ara (lue fuesen bien regidos y gobernados hasta que Dios hi- 
ciese íi estos Reinos tanta merced de traer á Su Alteza á ellos. 
V lo mismo hicieron los del Coní^^-jo Real los cuales escri- 
bieron la carta siguiente : 

Muy alto y muy poderoso Príncipe nuestro señor: Recibi- 
mos la carta que X'uestra Alte/^ nos mandó escribir, la cual nos 
dio el Reverendísimo Cardenal de España, y ella y todo lo que 
X'uestra Alteza mandó poner es tal cual de la Provadencia Divina 
y mano Real de \'uestra Alteza lo esperábamos. 

A Nuestro Señor sean dadas muchas gracias por no desam- 
parar las Españas y nos dar tan justo y recto Príncipe por Se- 
ñor y caudillo de ellas, y á Vuestra Alteza besamos los pies 
y Reales manos ])Ot la merced que á todos hizo por tan graciosa 
carta (¡ue fn.' inn.lio (Uscanso i^ara el dolor y sentimiento que 
teníamos.^ 

Nos pareció, entre las otras cosas dignas de loor, notar mu- 
cho el sentimiento que Vuestra Alteza, por la Real persona del 
Rey Católico, vuestro abuelo, muestra, y el conocimiento de sus 
virtudes é íntimo amor que tenía para con Vuestra Alteza, cuyo 
galardón es el (lue Nuestro Señor promete á los hijos obedientes. 
A El plega de lo cumplir en Vuestra Alteza y darle muy 
largos y prósperos días de vida, como se lo deseamos. 

Vino la carta de \'uestra Alteza á tan buen tiempo para la 
paz y sosiego de estos vuestros Reinos, que mejor ni más oportu- 
namente no pudiera venir, porque luego que Nuestro Señor llevó 
para sí al Rey Católico, el Conde de Ureña y D. Pedro Girón, 
su hijo, y otros valedores y vasallos de Vuestra Alteza, se jun- 
taron con mucha gente de pie y caballo y alborotaron la pro- 
vincia de .Andalucía, é hicieron muchos daños y escándalos y 
tomaron y dieron causa (jue se ocupasen los derechos Reales, y 
lo (|ue más gravemente es de sentir, que no se puede decir sin 
ílolor y mucho sentimiento, <|ue pusieron la lengua fea y atroz- 
mente en el Rey Católico, vuestro abuelo, y esto es de creer que 
hicieron por«iue no les dio en su venida lo de vuestra sucesión 
y los tenía iiifrenados no dándoles lugar que hiciesen estas y 
otras cosas \mra acrecentar sus casas y estados en mucho per- 



— 107 — 

juicio y grave daño de la Corona Real, de estos Reinos y del 
bien común de la cosa pública de ellos. 

Las dichas turbaciones y escándalos hicieron el Conde de 
Ureña y su hijo D. Pedro Girón, y los otros sus secuaces y 
valedores, publicando el servicio de Vuestra Alteza, porque 
con tal celo y falsa disimulación de justicia pudiesen mejor en- 
gañar y poner en ejecución sus malos propósitos, los cuales 
prosiguieron haciendo lo último de potencia, porque crea Vuestra 
Alteza que si Dios no lo atajara y la mano poderosa de Vuestra 
Alteza, con el buen consejo del Reverendísimo Cardenal y del 
nuiy Reverendo Embajador y con la buena industria que acá 
se tuvo, estaban los hechos de aquella provincia y de todo el 
Reino en disposición mm- peligrosa y casi en total perdición. 

Estos son, muy poderoso Señor, los servicios que algunos en 
estos Reinos dan á entender que hacen ; vea Vuestra Alteza 
qué servicio puede ser del que por su autoridad y en menos- 
precio de la Corona Real quiebra la paz y perturba la jus- 
ticia de vuestros Reinos, y toma la hacienda de Vuestra Alteza, 
y es causa de robos y daños en el Reino, mayormente en tal 
tiempo. 

Crea Vuestra Alteza obras y no palabras, las cuales han de 
dar testimonio verdadero de los que son fieles y verdaderos ser- 
vidores ó no lo son. 

Esta es la astucia que los malos en estos Reinos siempre 
han tenido y tienen que ser quejosos al que de presente reina, 
y procuran amistad con el que ha de venir por poner discordia 
para poder libremente tiranizar el Reino, que cuando no pueden 
hallar contradicción y oposición de Reyes de presente buscan 
la de futuro; y' tenga Vuestra Alteza por muy cierto que de' 
lo que hasta aquí han usado ellos y otros con el Rey Católico 
y otros Reyes, vuestros progenitores, de gloriosa memoria, que 
aquello procuran con Vuestra Alteza si no son castigados. Por- 
que como los buenos y fieles tienen maneras para la buena go- 
bernación de estos Reinos, así los no tales tienen aprendidas y 
sabidas otras formas y maneras, so color de bien, para poner 
escándalos y divisiones. 

Por tanto, mm^ poderoso v^eñor, si Vuestra Alteza quiere 



— IOS — 
bien y pacíficamente Kcbcrnar estos sus Reinos, como lo espe- 
nunos. conviene .|ue lo pasado después que el Rey Católico 
vucíitro abuelo faUeció, se castigue según la gravedad del 
hecho y no se disimule ni remita, pues se cometió en menos- 
prc-cio de vuestra Real justicia, y así en este vuestro Real Con- 
sejo se procederá contra los culpantes conforme á las leyes del 
Reino y se enviará para lo castigar al Doctor Cornejo, Alcalde 
de vuestra casa y Corte, y acompañado como conviene para 
que á óstos sea castigo y á otros ejemplo, y paia que cuando 
bienaventuradamente \'uestra Alteza venga á estos sus Reinos 
(que suplicamos sea muy pronto) , los halle muy pacíficos y 
y totlo bien regido y gobernado, como conviene al Real servi- 
cio de \'uestra Alteza. 

V hemos sabido cpie algunas personas por buen celo del ser- 
vicio de \'uestra Alteza le incitan á que se intitule desde luego 
Rey, lo cual como artículo muy principal se ha platicado en 
este vuestro Real Consejo con el Reverendísimo Cardenal de 
España y muy Reverendo Deán de Lovaina, Adriano, vuestro 
Kml)ajador, y continuando la fidelidad á Vuestra Alteza de- 
bemos, y lo que Consejeros de tan alto Príncipe deben aconsejar, 
que es temor de Dios >• verdad, con todo acatamiento hablando, 
nos pareció cjue no lo debía \'uestra Alteza hacer, ni convenía 
fjue se hiciese para lo de Dios, ni para lo del mundo ; porque 
teniendo como Vuestra Alteza tiene pacíficamente sin contra- 
<licción estos Reinos, <iue en efecto desde luego libremente son 
vtiestros, para mandar en ellos alto y bajo, como Vuestra Al- 
teza fuese servido, no hay necesidad en vida de la Reina nues- 
tra señora, vuestra madre, de se intitular Rey, pues lo es ; porque 
• ntiuello siíría disminuir el honor y reverencia que se debe por 
ley divina y humana á la Reina nuestra señora, vuestra madre, 
y venir sin fruto ni efecto alguno contra el mandamiento de 
Dios (|ue os ha de prosperar y guardar para reinar por muchos 
años y largos tiempos. 

V ¡Kirque por el fallecimiento del Rey Católico vuestro abue- 
lo no ha adquirido más derecho de lo que antes tenía, pues 
ívio» Ri-iims no eran suvos y aun parece que el intitularse Vues- 
■/a desde luegro Rey podría tincr inconvenientes y ser 



— 109 — 

muy dañoso para lo que conviene al servicio de Vuestra Alteza, 
oponiendo como opone contra sí el título de la Reina nuestra 
señora, de que se podría seguir división, y siendo como es todo 
una parte hacerse dos, donde los que mal quisiesen vivir en 
estos Reinos y, les pesa de la paz y unión de ellos tomarían 
ocasión, so color de fidelidad, de servir unos á Vuestra Alteza 
y otros á la muy poderosa Reina vuestra madre, como se tiene 
por experiencia cierta de tiempos pasados, y ahora lo ponían 
por obra el Conde de Ureña y D. Pedro Girón su hijo, y sus 
valedores, los cuales por esta vía con autoridad Real consegui- 
rían el fin de lo que desean, que hasta aquí no han podido 
obtener. 

Y no se halla en España que los Reyes de ella pudiesen 
tener verdadera contradicción sino con oposición de otro Rey, 
por donde parece que pues la Reina nuestra señora no puede 
ni ha de hacer contradicción á Vuestra Alteza en sus días 
ni después, que Vuestra Alteza no se la debe de hacer en 
el título que tiene, siendo como es desnudo de administra- 
ción y por que de ella resultaría efecto contrario, que lo haría 
á sí mismo también. 

El derecho no aj^uda para que aquello se pudiese justamente 
hacer, pues Su Alteza no nació impedida del todo, y lo que 
algunos quieren decir que el hijo del Rey se. puede llamar Rey 
en vida de su padre, aquello es por sotileza de derecho y por 
una manera de hablar desnuda, que no quita ni detrae el dere- 
cho del ijadre ; lo cual no se usa en estos Reinos, ni lo suena 
las leyes de ellos y entiéndese cuando con el nombre no con- 
curriese tener el ejercicio de la administración el hijo ; pero te- 
niendo Vuestra Alteza ésta, como la tiene libremente, sería qui~ 
tar el hijo al padre el honor en vida, y si alguna vez se lee en 
España haberse hecho sin justa causa, fué por usurpación ó de 
voluntad del padre, y á Vuestra Alteza hanse de traer los buenos 
ejemplos y no los malos, porque de los malos se ofende Dios y 
así hallamos qué los hijos que aquello hicieron reinaron poco y 
con trabajo y contradicción. 

Tenga Vuestra Alteza bienaventuradamente en vida de la 
nniy poderosa Reina nuestra señora, vuestra madre, la gober- 



— lio — 

uoción y libre {lisiwbición y administración de estos Reinos (,ae 
cUa no i)ucdc ejercer, ayudándola, que con verdad se puf-de 
decir reinar, pues todo plenísinianiente es de Vuestra Alteza. 

Por el tenií^r de Dios y honor que hijo debe á madre haya 
¡Kjr bien de dejarle el título enteramente, pues su honor es de 
Vuestra Alte/a, para (jue después de sus días, por muy largos 
tiempos, gloriosamente goce Vuestra Alteza de todo; y supli- 
camf>s á \''uestra Alteza no mire á nuestro atrevimiento, más al 
celo (lUe tenemos á su servicio, el cual es el que debe ser y 
cual 1«) tuvimos siempre á vustros padres y abuelos, y al bien 
público de estos Reinos. 

La vida y muy Real estado de Vuestra Alteza guarde Nues- 
tro Señor y prospere por largos tiempos con acrecentamiento de 
mayores Reinos y señoríos, como por Vuestra Alteza es deseado. 
De Madrid, á 4 de Marzo de 1516 años. 



CAPÍTULO XXIX 

De las honrcLS que el Príncipe D. Carlos mandó hacer por el 
Rey Católico, y la carta que escribió á los del Consejo con 

i;h.l., dr Rrv 

Después (jue el Príncipe D. Carlos hubo escrito á España 
las cartas que dicho tengo, determinó de hacer en Bruselas do 
él estaba las honras por el Rey Don Fernando, su abuelo, en 
la forma siguiente : 

Primeramente dcsíle su palacio hasta la Iglesia mayor había 
dos palizadas, de cada banda la suya, las cuales estaban de an- 
torchas encendidas y más 200 pobres vestidos de luto con otras 
^00 antorchas encendidas. 

lira toda la Iglesia mayor enqiaramcntada de paños de luto 
y estaban encendidos en ella 6.000 cirios, y en medio de la igle- 
sia se hi/o un cimborrio á manera de capilla tan alto como dos 
lanzas de arma?, cubierto de brocado, todo lleno de cinos, de- 
bajo del cual estaba una tumba cubierta de brocado con las ar- 
mas de Ca.stilla y de Aragón puestas de cada parte y pintadas 



— lli — 

por toda la iglesia, y la hora de las vísperas salieron de palacio 
todos los clérigos y frailes y Canónigos r Obispos y Abades y 
todos los otros con sus capas pluviales y tras ellos muchos ca- 
balleros á pie, y luego los tres reyes de anuas, á par de los 
cuales venían tres estandartes, labrados en ellos el yugo y las 
saetas, y el mote «tanto monta» que traía en vida, y tras esto 
venía un poderoso caballo cubierto hasta tierra de damasco par- 
dillo y verde, el cual traían de diestro dos caballeros, y tras 
él venían otros tres caballeros con un escudo, en el cual venían 
pintadas las dichas saetas y yugo, y asimismo traían un estoque 
envainado y un almete sin corona, después del cual venían seis 
reyes de armas y en medio de ellos un arco triunfal con mu- 
chos despojos y encima un hombre armado con una espada sa- 
cada en la mano, y allí todas las banderas de los señoríos de 
los Reinos de los moros que había ganado. 

Tras estos venían tres reyes de armas y un caballo cubierto 
de terciopelo morado el cual traían seis caballeros de diestro, 
y encima de la silla sobre una almohada puesta una corona 
Real muy rica de oro y mu\^ bien labrada, la cual fué puesta 
sobre la tumba que estaba en medio de la iglesia, debajo del 
cimborrio. 

Desi)ués venían otros dos reyes de armas y tras ellos un 
estandarte Real, y venía luego el Príncipe D. Carlos encima 
de una muía cubierta todo de paño negro, y á su mano derecha 
venía el Embajador del Papa y á la otra el Embajador del 
Emperador, y luego tras éstos venían el Embajador del Rey 
Católico solo sin que ninguno viniese con él. Euego los Em- 
bajadores de Francia y de Portugal y de Inglaterra y de los 
otros Reyes, y tras ellos venían los caballeros del Toisón á 
caballo, y luego toda la gente de pie. 

Y hecho el oficio de las vísperas dejaron todo esto en la 
iglesia y el Príncipe se tornó á su palacio, y otro día salió 
acompañado en la forma susodicha : iban delante todas las 
banderas de los R-cinos que tenía, las cuales llevaban grandes 
señores, y á par de cada bandera iba un caballero cubierto de 
tafetán hasta en tierra de la divisa de la misma bandera, y 
pintadas la armas del Reino donde era, y eran por todas trece 



— 112 - 
l,,„,i,,..>, > <k CastiUa no fueron sino dos, la de Castilla y de 
I.c.M, y dt-spuí-s de ellas vinieron tres caballeros, los cuales 
iraíaxl un escudo en «lue venían pintadas las armas Reales y 
traían un estoque y un almete con corona y una vestidura Real, 
y tras de esto venía el Príncipe D. Carlos cubierto de negro 
sejíún que había venido las vísperas. 

Dijo la misa D. Alonso Manrique, Obispo de Badajoz, y el 
Príncipe solo le ofreció todas estas cosas, y después de acaba- 
da la misa y responsos, echaron por tierra todas estas armas 
Reales y llamaron en alta voz tres veces : .(Rey Don Feman- 
do», y respondiendo asimismo otro hombre en alta voz dijo : 
«ya es muerto». 

Luego todos los TrL-lados y caballeros se llegaron á par del 
Príncipe y le dieron título de Jley, y luego se entró debajo 
de un pabellón que estaba á par de él y salió desde á poco, 
quitado el capirote de negro que llevaba en la cabeza, salvo 
con la lona negra de luto que tenía antes, y así, acompañado 
de to<los, se volvió á su palacio. 

Y al cabo de algunos días después de hechas estas honras, 
determinó el Príncipe de escribir á España con título de Rey, 
y entre las t>tras cartas que escribió fué una para el Presidente 
y los del Consejo Real, de la forma siguiente : 

El Rey. 

Presidente y los del Consejo de la Reina mi señora y mío : 
Por alRiuias causas necesarias y cumplideras al servicio de 
Dios y de la nniy alta y muy poderosa Católica Reina, mi se- 
ñora madre, y uu'o ; por algunos muy buenos fines, especial- 
mente por la sustentación y conservación y amparo y defensa 
de los otros luiestros Reinos y señoríos, en que Su Alteza y 
yo tenemos determinado y persuadido á nuestro muy Santo 
Padre, y por la Majestad del Emperador, mi señor, y por otras 
justas exhortaci(mes de varones excelentes, prudentes y sabios, 
y aun ¡xir algimas provincias y señoríos de la dicha nuestra su- 
cesión, y i>orque algimos no toman bien el acrecentamiento que 
de ellas se nos sigue, convino íjue juntamente con la Católica 



— 113 — 

Reina, mi señora y madre, yo tomase nombre y título de Rey, 
y así se ha hecho sin hacer otra innovación que ésta. 

Es mi determinada voluntad, y por tanto, acordé de os 
lo hacer saber no para otra cosa, sino porque creo habréis 
placer, para que sepáis las causas y razones que hubo y las 
necesidades que hay, sobre lo cual el Reverendísimo Cardenal 
de España y mi Embajador ó cualquiera de ellos os hablarán 
y escribirán de mi parte; dadlea entera fe y creencia. De la 
villa de Bruselas á 21 de Marzo de 1516. 

Como estas cartas fueron venidas á España pusieron grande 
alteración en muchas personas principales de estos Reinos pa- 
reciéndoles que el Príncipe quería ustu-par á la Reina, su madre, 
el título que sólo á eUa convenía, sobre lo cual hubo en la 
Corte muchos pareceres; y el Cardenal D. Fray Francisco 
Ximénez y el Embajador Adriano hicieron juntar en su casa 
todos los grandes y Prelados que á la sazón se hallaron en 
la Corté, que fueron el Almirante D. Fadrique Enríquez, y 
D. Fadrique de Toledo, Duque de Alba, y D. Diego Pacheco, 
Marqués y Duque de Escalona, y el Marqués de Denia, y 
D. Fernando de Rojas, y los Obispos de Burgos, Sigüenza y 
Avila y otros Gobernadores que estaban presentes, mandaron 
al Doctor Carvajal, del Consejo Real, que dijese en aquel ne- 
gocio lo que le parecía, y porque la habla fué larga solamen- 
te diremos aquí el efecto de ella, que fué darles á entender por 
muchas razones cuanto cumplía á la utilidad de él y al bien 
de Reino que Su Alteza se llamase y titulase Rey, en es- 
pecial que ya la cosa no estaba en tales términos para no se lo 
intitular habiéndoselo llamado el Papa y los Cardenales y el 
Emperador, su abuela, y los otros potentados de la Cristian- 
dad y él habiéndose titulado Rey ; porque en no se lo llamar al 
principio no traía tanto inconveniente cuanto después de se 
lo haber llamado tornar, además de que se le seguiría gran 
desautoridad y aun infamia á su persona Real por los juicios 
que de tal mudanza el pueblo podría decir, y mucho mayor 
inconveniente se seguía cuanto esto era aprobado y hecho por 
sus subditos; y que si en tomar el dicho título algún defecto 



— \\\ — 

había, <lc tcxlo había Su Alteza sido informado plenariamente, 
y loí> del Consejo y otros habían dicho su parecer libremente 
como leales subditos y vasallos lo debían de hacer, pues no 
eran !i niAs oblij^ados. 

Y habiéndole consultado, y sobre la consulta, viendo como 
veían su deliberada voluntad de se llamar Rey, no habían del 
resistir, mas obedecer, pues era á todos notoria la indisposi- 
ción para Robeniar de la Reina Doña Juana, nuestra señora, 
su jnadre, y que no era nuevo reinaf el hijo con la madre ó 
con el padre 6 con el hennano juntamente, porque se hallaba, 
entre otros muchos ejemplos, Elena, Emperatriz, haber reina- 
do juntamente con Constantino, su hijo, dos años, aunque des- 
pués 61 echó {{ ella y reinó solo siete años, y ella tornó á echar- 
le y le hizo sacar los ojos. 

Y (pie esto no sólo había pasado en los Reinos extraños, 
sino que había otros muchos más ejemplos que dejaba de decir 
por excusar prolijidad ; más que en nuestra España había 
acontecido muchas veces, ponjue Chindasvinto, Rey godo, tuvo 
]x)r hijo á Rccesvinto, el cual reinó en España juntamente con 
su padre en el Reino de España, y Don Bermudo reinó con 
Don Alonso el Casto, su sobrino, cuatro años y seis meses, y 
Don Ramiro reinó juntamente con Don García su hermano, y 
Don Alonso, hijo del Conde D. Ramón de Tolosa, reinó con 
Dtjña Urraca, su madre ; Don Femando III, que ganó á Sevilla, 
fu6 alzado en \^alla(lolid i>or Rey y reinó juntamente con Doña 
BcrenRuela. su madre, de lo cual parece no ser nuevo que el 
hijo reine y Robieme el Reino juntamente con su madre, ó con 
el padre, porque se hallaba haber así pasado en tiempos an- 
tuRuos, \x)T una de cuatro causas : 

I.a primera por usurpación, como aconteció á Don García 
que «luitó el Reino á Don Alonso, hermano de su padre, el 
ctial murió dentro de trc^ años, y Don Fruela su hermano, que 
después de Don García reinó, no duró sino un año y dos meses, 
porque ayudó al hennano contra su padre ; v Don Sancho IV, 
que t,suri.6 el Reino en vida de su padre Don Alonso X, vivió 
Poo». y esta manera de usun>ación no se ha de traer á conse- 
cuencia ,K.r S.T ilÚM-t:. X- reprobada, porque solamente se dice 



— 115 -- 

por efecto de contar lo pasado y para que no se traiga en con- 
secuencia en los tiempos por venir. 

La segunda es por consentimiento del padre ó de aquel 
cuyo es el Reino, y esto (^ permiso y razonable como se prue- 
ba en los cinco ejemplos primeros. 

La tercera manera es por consentimiento del Reino, llama- 
das Cortes, como parece en el último ejemplo, concurriendo 
causa razonable. 

La cuarta causa es por defecto del que rige, como parece en 
en el penúltimo ejemplo, aunque algunos quieren decir que 
son en tal caso menester Cortes, lo cual no trae inconveniente 
que así se haga, y que se llamen para mayor seguridad ó 
cautela, como es dicho en la cuarta manera, no tener embar- 
gante que entretanto parece que es menos inconveniente 11 a- 
marse Rey y Gobernador que tornando atrás desgraduándose 
de la dignidad á que por autoridad Apostólica había sido 
llamado, pues á Su Santidad y á la Santa Sede Apostólica, en- 
tre los que no conocen superior, pertenecen semejantes mate- 
rias, y la determinación de ellas, en especial donde se trata 
de perjuicio de la república de que se. espeta daño á los sub- 
ditos por defecto del Rey. Por do claro se concluye que lo que 
se ha propuesto no es nuevo, mas muy antiguo usado en estos 
Reinos en semejantes casos y harto tolerable, considerada la 
calidad y circunstancia del tiempo y el- estado de los negocios. 
Luego que el Doctor hubo acabado sus razones los que allí 
estaban se dividieron, porque ni al Almirante ni al Duque de 
Alba les pareció bien que se titulase Rey viviendo la Reina 
nuestra señora, su madre, y que le bastaba ser Gobernador 
como había quedado por el testamento del Rey Católico. 

El Marqués de Villcna dijo que pues el Rey no demandaba 
consejo, que él no se lo daba, que fué á manera de evasión. 
Otros callaron y otros se juntaron con la opinión del Car- 
denal, y estando la cosa así en división entre las personas que 
allí estaban, el Cardenal, casi enojado, dijo que no se había 
de hacer otra cosa, ni él lo consentiría, y que cuando se de- 
terniinase de quitar el título de Rey que había tomado, se 
determinaría á no obedecerle, ni jamás le tener por Rey. 



— in; — 

Así con esta tlctcrniinacióii, muy dctcnninaclos el Cardenal 
y ti límbajador hicieron llamar al Corregidor de Madrid, que 
se IIamal)a I). Pedro Correa, y mandáronle (jue luego hiciese 
alzar pendones en la fonna acostumbrada, por el Rey Don 
CarhiS luiestro señor. 

VA Corregidor lii/o juntar regimiento, y aunque algunos 
de los Regidorc-s se lo contradecían, él y los que quedaron se 
dieron tan buena maña (lue lo concluyeron, y luego .se alzaron 
I)endones por el Rey diciendo «Real, Real, Real, por el Rey 
Don Carlos nuestro señor» ; y luego se escribieron cartas á 
las Cancillerías y á los otnjs grandes (luc estaban ausentes, y 
á las ciudades y villas de estos Reinos, para que así lo tuviesen 
y guardasen, las cuales decían de esta manera : 

Carta de !<«> C.obeniadores, el Cardenal de España y el Deán 
de I^>vaina á las autoridades de estos Reinos, dándoles aviso 
de la detetminada voluntad del Príncipe D. Carlos de intitu- 
larse Rey : 

El muy alto y muy poderoso Rey Don Carlos, nuestro se- 
ñor, ha sido consejado y persuadido por nuestro muy Santo 
Padre y ixjr el Emperador, su abuelo, y por los otros Reyes 
y iKjtentados de la Cristiandad, que debía de titularse el solo 
Rey, como hijo primogénito sucesor, así de estos Reinos como 
de totlos los otros de su sucesión, pues lo podía hacer, y por- 
que por esta vía le parecía que podía mejor regirlos y gober- 
narlos, y puesto que la instancia que sobre esto le ha sido he- 
cha ha sido con mucha importunación y le han sido represen- 
tados nnichos inconvenientes (¡ue de no hacerlo se le podían 
seguir ; mas Su Alteza, mirando más á lo de Dios y al honor 
y reverencia que debe á la muy alta y muy poderosa Reina 
l3ofla Juana, nuestra señora, su madre, que el suyo propio, no 
ha querido ni quiere aceptarlo, sino juntamente con ella, an- 
teixmiéiidola en el título y en todas las otras insignias Reales, 
pagando la deuda (jue como obediente hijo debe á su madre 
IJorquc merezca haber su bendición y de los otros sus progeni- 
res. Movido á esto solamente por el servicio de Dios y bien 
píibljco y i)or la autoridad y reputación necesaria á estos Rei- 
nos y á todos los otros de su sucesión, y también para ayudar 



— 117 — 

á la Reina nuestra señora, su madre, a llevar la carga y trabajo 
de la gobernación y administración de la justicia de ellos y 
por otras muchas justas y razonables causas, quiere y le place 
de se juntar con Su Alteza y tomar solicitud de la gobernación. 

Y en nombre de Dios todopoderoso y del Apóstol Santiago 
guiador de los Reyes de España, se intitula y llama y se in- 
titulará y llamará Rey de Castilla y de los otros Reinos de su 
sucesión, juntamente con la muy alta y muy poderosa la Reina 
Doña Juana nuestra señora, su madre, todavía, dándole la 
precedencia y honor en el título y en todas las otras insignias 
y preeminencias Reales como dicho es con intención y firme 
propósito de obedecerla y acatar y honrar en todo como madre 
3^ Reina y señora natural de estos Reinos. 

Sobre lo cual os escribe Su Alteza remitiendo la creencia á 
lo que de su parte os diremos, como por su carta veréis, y así 
por virtud de la dicha creencia os lo hacemos saber certificán- 
doos asimismo que por el amor que tiene á estos Reinos y por 
el beneficio de ellos toma trabajo de acelerar su partida para ve- 
nir mu3' presto á ellos, los cuales todos lo guardarán y cum- 
plirán como les fué mandado. 

CAPITULO XXX 

De las cosas que en este tiempo acontecieron en el Reino de 
Navarra y la nueva Ordenanza de gente que el Cardenal 
mandó hacer y lo que de ella sucedió. 

Luego como llegaron los (/obernadores á la villa de Madrid 
tuvieron nueva cómo venía gente del Rey Don Juan Labrit 
sobre Navarra, lo cual les puso en mucha confusión, así por 
no estar asentada su gobernación que nuevamente tenían, como 
porque no había manera para poder resistir al dicho Rey, por- 
que el Gobernador ó Virrey que allá estaba que era D. Fadri- 
que de Acuña, "hermano del Conde de Buendía, creía que no 
bastaba para tilo, porque decían haber sido proveído por favor 
de persona que lo aconsejaron al Rey Don Fernando después 
que el Marqués de Comares dejó aquel cargo ; y estando los 



- 118 — 
negocios de Navarra en esta dificultad y peligro, muchos fueron 
requeridos para (jue cjuisiesen aceptar el dicho cargo, y no lo 
tiuisieron hacer temiendo lo que pudiera ser si Dios Nuestro Se- 
ÍM.r no lo remediara. Hn fin, como fuese requerido D. Antonio 
Manri(iue, Du(iue de Nájera, por ser uno de los principales dd 
Reino y tener su tierra en a(iuella comarca de Navarra, donde 
jM>día tener socorro >• ayuda más presto , y después de algunos 
«.frecimientos (lue se le hicieron, lo aceptó, de que no poco sen- 
timiento tuvo I). Iñigo Hernández de Yelasco, Condestable de 
Castilla, creyendo <iue la parte de los agramonteses en aquel 
Reino con <|uien él y su casa tenían parcialidad, sería abajada 
y disminuida. 

Y desde aípiella provisión tuvo siempre el Condestable gran- 
de dcsí'.bri miento con el Cardenal, haciendo recusaciones y otros 
actos contra el Duipie de Nájera. 

Entretanto (pie el dicho Duque se aparejaba para ir á go- 
beniar aquel Reino, ac(mteció que Don Juan de Labrit, Rey 
quL- había sido de Navarra, como supiese la muerte del Rey 
Católico, juntó de sus tierras mucha gente y vino sobre la viUa 
de San Juan de Pie de Puerto y los vecinos de la dicha villa 
se le dieron luego, quedando la fortaleza por los castellanos, 
la cual comenzó el Rey á combatir muy reciamente, y mientras 
estaba ocupado en el dicho combate sucedió que el Mariscal 
D. Pedro de Navarra, (pie segvna las partes del Rey Don Juan 
y de la Reina Catalina, su mujer, contra el pleito y homenaje 
tpie había hecho el Rey Católico en Logroño, se aparejó con 
alguna infantería para entrar en el dicho Reino, y habiendo 
pasado los montes Pirineos, el Coronel Hernando de Villalba 
y Doña María, Maestra de Camponavarro, con la infantería 
(|uc tenían i)ara en guarda de dicho Reino, que era mucha me- 
nos gente (pje la que el Mariscal traía, les salieron al encuentro 
y le dc^barataron A 61 y á los que con él venían y los hicieron 
poner en huida y jirendieron al dicho Mariscal y á D. Pedro, 
hijo del Conde Santisteban, y á otros caballeros y gentileshom- 
bres (|uc con él venían, lo cual fué causa de que el Rey Don 
Juan alzase el cerco de sobre la fortaleza de San Juan y se 
tomase á volver á Francia, y esto aconteció por el mes de 



— 119 - 

Marzo, y el dicho Mariscal con aquellos gentileshombres fueron 
llevados á la fortaleza de Aticnza, y de allí fué llevado des- 
pués el dicho Mariscal á la fortaleza de Simancas. 

El Cardenal D. Fray Francisco Ximénez por tener más se- 
i^uro el Reino de Navarra y por que en algunas ciudades y vi- 
llas no hubiese levantamientos, les mandó quitar las murallas 
(|ue tenían mu^- buenas. 

El cual, continuando su gobernación juntamente con el Deán 
de Lovaina, Embajador del Rey Don Carlos, hicieron algunas 
novedades como fué en quitar á algunos caballeros alcabalas 
y salarios que llevaban de los maestrazgos, y ordenaron que se 
(Uiitasen á los Comendadores que tenían encomiendas lo que 
primero les daban con el hábito y otras cosas de esta manera. 

Entre las cuales novedades quiso hacer por todo el Reino 
mía nueva manera de Ordenanza de gente de guerra que estu- 
viesen siempre aparejados para en favor de la justicia, cada y 
cuando se ofreciese, en que entrasen todos los oficiales y otras 
personas que fuesen dispuestas para las armas, dándoles cierta 
orden que habían de tener, haciéndoles ciertas exenciones y 
pagábales el Capitán y pífano y atambor, para que de continuo 
se ejercitasen en las armas. Lo cual fué causa que algunas ciu- 
dades del Reino de León se amotinasen, principalmente VaUa- 
dolid, en esta manera : que como un fulano de Tapia, natural 
de Segovia, que era nombrado por Capitán de la infantería que 
se había de hacer en la dicha villa, fuese á ella para hacer lo 
que le había sido mandado, fué allí maltratado y preso, y las 
cosas se fueron de poco en poco tanto dañando que aquella villa 
se alborotó y amotinó fuera de todos términos, velándose y ron- 
dándose como si estuviera cercada, y estuvo así muchos días, 
haciéndose en ella hartos alborotos. 

En este tiempo el Cardenal era avisado de algunas personas 
de la villa y de los Alcaldes de la Cancillería Leguizamo y 
Zarate, los cuales muchas veces se pusieron en afrenta con el 
pueblo por lo sustentar, y la causa de este alboroto allende de 
ser la novedad del hecho, la principal era que los señores y 
caballeros no querían ver los pueblos armados ni ejercitados 
porque les parecía que se hacía contra ellos. 



— 120 — 

A lo nidios no creían tener tanto poder los pueblos, ni en 
su» tierras propias, como antes que aquella invención se hallase, 
y así informaban ü las gentes á su propósito y estorbaban el 
<U1 C.'ink-nal, (jue era hacer poderoso al Reino y al Rey; lo 
cual trabajaban cuanto podían (hciendo que si aquello se lleva- 
ba adelante cjue habían de suceder en los pueblos grandes daños 
y escándalos, y los oficiales no habían de ejercitar sus oficios 
mecánicos con tanta solicitud como solían, y que á esta causa 
se habían de criar en los i)ueblos muchos ladrones y vagabundos. 

Tambií-n dio causa á este levantamiento que algunas veces 
los de \'alladolid enviaban personas á los Gobernadores y ha- 
blalian al Arzobispo de Granada, D. Antonio de Rojas, y con 
algunos del Consejo que le seguían, los cuales no estaban bien 
con el Cardenal ni con sus cosas, y les decían que el Consejo 
no mandal)a tal, ni les parecía bien lo que el Cardenal hacía, 
y como esto refiriesen los mensajeros, en \''alladolid tomaban 
los de la villa gran audacia para se rebelar y contradecir lo 
«|Ue el Cardenal decía y mandaba en nombre de Su Alteza. 

V con estas cosas cesó la Ordenanza que el Cardenal que- 
ría hacer. 

CAPÍTULO XXXI 

De una gran sedición y alboroto que se IcvaJitó en Sicilia luego 
que murió el Rey Don Fernando, y la venida de Mr. de 
la Chaulx á España para gobernar con el Cardenal y con el 
Embajador Adriano. 

AI tiempo (|ue murió el Rey Don Fernando en España es- 
taba por Gobernador y \'irrey en vSicilia un caballero dicho 
IV Hngo de Moneada, y como dudase si había vacado su oficio 
por muerte del Rey Don Fernando, por quien él lo tenía, de- 
clararon los de la gran Corte (|Ue en tanto que el Príncipe nue- 
vo proveía otra cosa lo tuviese y administrase la justicia, y con 
este consejo y parecer no se halló el Conde de Camarata, ni 
el Conde Golisano. los cuales jwr sí y por otros malos terceros 
indiímaron y conmovieron en nmcho secreto al pueblo contra 



— 121 — 

el Virre}', y después que vieron que el pueblo quedaba albo- 
rotado salieron de Palermo porque su fin era revolver á toda 
la república, y para poner en efecto la traición que tenían pen- 
sada, á la hora que los Condes se salieron de Palermo se le- 
vantó todo el pueblo haciendo muy gran alboroto y cercando 
la Casa Real do posaba D. Hugo ; y como la casa estuviese 
junto á la marina, visto que le tenían cercado para le tomar 
ó prender, tomó de presto un batel y metiese en una nao y 
se fué á Messina, y los alborotadores, sabiendo que en la casa 
de D. Hugo no había resistencia, entraron en ella y le saquea- 
ron toda la ropa, y de allí se fueron á la casa de la Inquisición 
y quebrantaron las cárceles y soltaron los presos, y el Inquisi- 
dor, que se llamaba Cervera, aragonés, embarcóse y salvóse 
también por la mar, por manera que fueron infieles para con 
Dios y traidores para su Rey. 

Kn el tiempo que esto pasaba en Sicilia estaba el Rey Don 
Carlos en Flandes, y sabido el alboroto proveyó de '\''irrey de 
aquel Reino al Conde de Montelcón, caballero de mucha grave- 
dad y autoridad ; y como fuese antigua costumbre en la ciudad 
de Palermo de que á las vísperas y día de Santa Cristina fu'.-sen 
todos los de la Corte, juntamente con el Virrey, á celebrar la 
fiesta á San Jacobo de la IMajara, estaban á esta hora 40 hom- 
bres annados y escondidos en aquella iglesia á fin de matar 
á los de la gran Corte, y en San Agustín tenían otro hombre 
para tañer la campana para que en aquella hora se alborotase 
todo el pueblo, y el Virrey avisado, ni aunque tarde no fué 
á vísperas y en\áó á San Agustín y hallaron allí al que había 
de tañer la campana, y Gerardo de Bononia, que era maestro 
racional del Reino, fué devoto que todos se armasen y ahor- 
casen al que quería tañer la campana y degollasen á dos que 
estaban armados en la iglesia, mas el Virrey no lo quiso hacer 
ni osó emprender tal cosa, en lo que erró mucho, porque si 
lo hiciera, con matar entonces aquella pequeña centella no 
abrasara después como abrasó toda la Isla. 

Acabadas las vísperas fueron los 40 hombres que estaban 
armados á la Iglesia mayor y mataron delante del altar á 
un ciudadano viejo y honrado que había, nombre Mr. Gagio, 



— v¿-¿ — 

y i\v allí fueron i*OT las calles gritando ellos y otros muchos 
que con ellos se juntaron, y llegando á Palacio mataron allí 
á Juan Tomás Palemionen y le saquearon la casa, y prendie- 
ron al Virrey y lleváronlo preso al Palacio antiguo de San 
Pedro, y (|UÍtáronle la espada, y si no fuera tan recién venido 
le quitaran la vida. 

Cierardo de Hononia se les escapó aquel día, mas después 
de tres días, iM)r el rastro de su mujer que le iba á ver á 
una casa do estaba escondido, fué sacado de allí y le lleva- 
ron arrastrando por toda la ciudad, injuriándole con grandes 
golpes (lue le dieron y palabras que le dijeron, y al cabo le 
quemaron vivo en la plaza ; y á Diego del Águila, que había 
sido Embajador del Emperador Maximiliano en Milán, y al 
DtK-'tor D. Fernando de Guevara, del Consejo del Rey, que 
había venido á la isla para apaciguar el dicho alboroto, les 
sa<|uear«)n su ro]>a no ¡nidiendo hallar sus personas, y embar- 
candóse en una nao, el uno se vino á España y el otro se fué 
á XáiKik-s, de manera que aquella gente popular saquearon 
aíjuellos días nmchas haciendas y derribaron muchas casas y 
mataron muchas personas, más por vengarse de sus enemigos 
que por remediar la república, y al cabo de siete días de gran 
tiunulto soltaron al Virrey, porque les pareció que ni aunque 
suelto les podría hacer poco daño. 

Fueron cabezas de esta sedición Juan Lucas Scorchalupe, 
Cristoforo de \'enerto, Francisco Baresi, Baltasar Septino, 
Jacolx) de la Rosa, Jacobo Girgenti y otros muchos de los 
plebeyos, todos los cuales entraban cada día en la iglesia de 
la Anunciata á consejo y concertaban cómo podrían tomar 
el castillo de la mar para (pie allí se pudiesen defender de 
su enemigos. 

Vi.sto iK)r algunos nobles cómo cada día se iba encendiendo 
más el allxiroto, procuraron de tomar armas por el Rey, como 
fueron Pompilion de Imperatorc. Francisco y Nicolás Bono- 
nia, hennanos, y Petrucio y Aflito y otros. Estos se fueron 
do Uís sediciosos estaban juntos, y allí en la claustra echaron 
mano á las espadas diciendo viva el Rey y su República, y 
mataron allí á Juan Luca y Christoforo de Venerto y á Jacobo 



— 123 — 

de la Rusa, y prendieron á Francisco Baresi y lleváronlo pre- 
so á Palacio, y esto hecho acudieron otros muchos en favor 
de la justicia, los cuales antes no se osaban mostrar ni aun 
hablar, y fueron presos por los del Rey 30 hombres de los 
principales alborotadores, con la prisión de los cuales fueron 
más asosegados los del pueblo, y después fueron ellos muy 
bien castigados. 

En España aconteció que como el Deán de Lovaina, Go- 
bernador con el Cardenal, enviase sus quejas á Flandes dicien- 
do que él no podía nada hacer porque el Cardenal lo hacía 
todo, y no le dejaba igualmente entender en la gobernación, 
y es verdad que el Cardenal no curaba mucho del Deán en 
aquellas cosas que á él le parecía que no iban bien guiadas, 
aunque le escribían de Flandes que las hiciese, y queriendo 
Mr. de Chievres y los que estaban con el Rey disminuir el 
poder del Cardenal, por una manera honesta hicieron que se 
enviase otro Gobernador, que fué un caballero que se llamaba 
Mr. de la Chaulx, que había sido de la Cámara del Rey 
Don Felipe, padre del Rey Don Carlos, creyéndose que jun- 
tando éste con el Deán que se aguaría y disminuiría el poder 
del Cardenal, y para que avisase de las cosas que se hiciesen 
en España ; el cual vino á Madrid por Octubre y se aposentó 
juntamente con el Cardenal y Deán en las casas de D. Pero 
Laso, donde le fueron dados muchos avisos, de los cuales algu- 
gunos envió al Rey y á Mr. de Chievres y á otros que estaban 
en Flandes; pero no bastó la venida de éste para disminuir 
el poder del Cardenal y para que en lo que le pareciese no 
usase libremente en la gobernación. 

Pasó la cosa á tanto que hubo de venir otro caballero que 
se llama Armestos, que después fué á Portugal, los cuales no 
bastaron para que el Cardenal no hiciese lo que le parecía en 
su contradicción, y como entre el Cardenal y ellos hubiese 
algunas diferencias secretas y quisiesen todos firmar, bastó 
el Cardenal para quitarles que ninguno de ellos firmase las 
provisiones que se despachaban para el gobierno del Reino, en 
nombre del Rey, y él solo dende en adelante las despachaba, 
y aunque esto se supo en Flandes no le fué contradicho, y 



- 124 - 
a^ se- salía con tcxlo 1<> que determinaba y le parecía, sin que 
„¡„Kuno fuese parte para estorbárselo, de lo cual no poca in- 
diKuación secreta se concibió contra él en Flandes por los 
que estaban cerca del Rey. como i)areció <lespués 



CAPITULO XXXII 

De las paces que se hicieron entre el Rey Don Carlos y el 
Rey de Francia cu la villa de Noyon, y lo que Juan Ve- 
lázqucz de Cucllar. Contador mayor, hizo en la villa de 
Arévalo. 

Kl Rey de Francia después que supo la muerte del Rey 
Católico procuró de enviar su Embajador á Flandes al Prín- 
cipe D. Carlos, para darle el pésame de la muerte de su abuelo 
y el parabién de la s\icesión en los Reinos de Castilla, y para 
rogarle tuviese por bien de restituir á D. Juan de Labrit el 
Reino de Navarra que el Rey Don Femando le había tomado, 
y asimismo le mandase entregar la mitad del Reino de Ña- 
póles que le había cabido en suerte al ticm])0 que habían echa- 
do al Rey Federico de aquel Reino, pues el Rey Católico no 
había dejado hijos en la Reina Gcnnana su mujer para que 
lo heredase, como había (luedado en la capitulación que se 
había hecho entre él y el Rey Don Fernando, al tiempo que 
hicieron entre sí paces, como hemos dicho. 

Y como al Príncipe D. Carlos le pareciese muy grave y 
de mucha importancia lo que el Rey de Francia le demandaba, 
no curaba dar resolución en ello, diciendo al Embajador que 
no {xxlía entender en aíjuellas cosas hasta venir á España 
donde se priKniraría informar muy largamente de ellas, y á 
esta causa el Rey de Francia, visto la poca voluntad que el 
Rey tenía de hacer lo que le pedía, procuró de contrariarle en 
cuanto pmliesc, niandando tomar los correos que pasaban de 
España A Flandes por Francia y amenazando que no le per- 
mitiría pasar !i España y que procuraría hacerle toda la más 
fjuerra qu" pu-Hess. 

Lo cual como viese el Rey Don Carlos y los de su Consejo 



— 125 - 

se cleteriiiinó que fuesen á Francia Mr. de Cliievres y el Gran 
Canciller para que hiciesen paces con el Rey Francisco ; los 
cuales como fuesen á la villa de Noyon, después de alterca- 
das muchas cosas acerca de lo que el dicho Rey demandaba, 
se concluyó la paz con ciertas condiciones que el Rey Don 
Carlos otorgó, que en substancia fueron las siguientes : 

Que los dichos Reyes de hoy en adelante sorían verdaderos 
amigos y hennanos confederados, amigos de amigos y ene- 
migos de enemigos, para la guarda y defensión de sus Reinos, 
tierras y señoríos allende y aquende los montes, y que si al- 
gvmo de ellos quisiese sojuzgar alguna tierra se ayudarían el 
uno al otro y podrían ambos enojar á quien bien les pareciese 
excepto á los de su alianza y confederación, los cuales fuesen : 
Santo Padre, la Sede Apostólica, el Sacro Imperio, los Elec- 
tores y Príncipes del Imperio, y los Reyes de Escocia y 
de Hungría, y los Duques de Saboya y L,orena y de Guel- 
dres, las ocho Comunidades de suizos, los Señores de Ve- 
necia, Florencia y Luca, los Marqueses de Monferrara y de 
Saluces, el Obispo de Lieja, y los Reyes de Hungría y de 
Bohemia y de Dinamarca y de Inglaterra y Portugal, la se- 
ñora ^Margarita, Archiduquesa de Austria, y Duque de Sajo- 
nia y de Cleves, y el Obispo y Duque de Cambray. ítem : que 
la señora Luisa, hija del dicho Rey de Francia, cuando fuese 
de edad de ocho años se desposase con el dicho Rey Don 
Carlos por palabras de futuro, y siendo de edad de once años 
medio se casase con ella por palabras de presente y se c<*- 
lebrasen las bodas y que fuesen obligados el Rey y la Reina 
de Francia para cumplimiento del dicho casamiento de enviar 
á la dicha señora Luisa, honradamente á sus propias expensas, 
á la villa de Lila estando el dicho Rey Don Carlos en Flan- 
des, y estando en España la entregarían en Perpiñán y le 
darían las joyas y vestidos según su estado, y falleciendo 
el dicho Rey Don Carlos antes que la dicha señora Luisa, 
tomara por esposo al Infante D. Fernando, -^u hermano, si 
no fuere casado con la hija del Rey de Hungría, y si la dicha 
señora Luisa muriese primero, el dicho señor Rey tomara á 
la señora Renata, su hennana, de la cual primeramente le era 



— 126 — 

hciiio cuiuiiliiuiciUw. _, .,. el diclio Rey muriese antes del di- 
cho casiiniiciito fuese <jbligado á tomar una de las dichas se- 
ñoras y el dicho Rey Don Carlos fuese obligado dar á la seño- 
ra Luisa ó á la sei'iora Renata 50.000 escudos de sol de renta 
en dote cada año, 30.000 en España y 20.000 en Flandcs, ó 
que si no hubiesen hijos, cada uno de los Reyes quedase con 
el derecho (¡ue tuviese- al Reino de Xápoles ; y (juiso el Rey 
de Francia que el Rey Carlos quedase en la posesión del dicho 
Reino, y (jue entretanto (lue no hubiese hijos por los frutos 
que había de llevar de aquel Reino fuese obligado de dar 
al Rey de PVancia 100.000 escudos de oro cada un año du- 
rante su vida, ó hasta que tuviese hijos, y habiéndolos cesase 
la dicha ¡laga y fuese el Rey Don Carlos oblÍ2:ado á pagar la 
dicha suma en cuanto no le entregasen la dicha señora ó 
señoras, como dicho es, y los 50.000 escudos en cuanto no tu- 
viesen hijos, y que fuesen las dichas sumas señaladas sobre el 
Reino de Xápoles, España, Sicilia, Aragón Candados de Ro- 
sellón y Cerdaña; ñnalmente, que el Rey Carlos hubiese de 
dar buenois respondientes seguros por las dichas sumas, y 
que el Rey Don Caries fuese obligado de meter los angiovi- 
n(js en el Reino de Xápoles y darles los lugares y rentas que 
allí tenían antes de la conquista d:j aquel Reino. 

Y que en cuanto tocaba á lo del Reino de X^avarra quedó 
que el Rey de Francia enviase sus Embajadores á España y 
que el Rey Don Carlos procuraría de satisfacer en cuanto pu- 
diese á los Reyes de Xavarra, por manera que ellos tuviesen 
causa de contentarse razonablemente, porque estando ausent: 
de sus Reinos no podía hacer nada,' especialmente viviendo 
su madre. 

En este tiempo sucedió en España que Juan Velá/.quez 
de Cuéllar. Contador mayor de Castilla, hijo del Licenciado 
Cutierrc Veláz<iuez, alcaide que era de la fortaleza de Aré- 
valo, iK)r persuasión de Doña María de Velasco, su mujer, pro- 
curó defender miuella villa y fortale/.a de la Reina Doña Ger- 
mana, mujer que había sido del Rey Don Fernando el Católico, 
la cual pretendía que era suya por su vida, por razón que el 
Rey Católico k- había mandado en Xápoles mientras que vi- 



— 1-27 — 

viese 30.000 ducados cada año, poco más ó menos, los cua- 
les el Rey Don Carlos tuvo por bien de quitárselos de Ña- 
póles y pasárselos en Castilla, ccínsignándoselo en Arévalo 
y Madrigal y Olmedo, las cuales villas con su jurisdicción le 
dio entretanto que viviese ; y proveyó desde Flandes con car- 
tas para los Gobernadores que así lo cumpiesen y ejecutasen, 
de lo cual, como dicho tengo, pesó mucho á Juan \elázquez 
y á Doña María de Velasco, su mujer, que desamaban ya á la 
Reina Germana, habiendo sido su grande servidora y amiga ; 
á cuya causa se pusieron en resistencia contra los mandamien- 
tos del Rey y sus Gobernadores, y mandaron hacer bastidas y 
otros aparejos para defenderse que no se la tomasen, diciendo 
que la villa tenía privilegio que no pudiese ser enajenada de 
la Corona Real, y que si la enajenasen se pudiese defender y 
tomar armas sin incurrir en traición, y metió allí mucha gente 
de pie y de caballo, así siiya como de algunos grandes sus 
amigos y deudos de su mujer, en la cual rebelión estuvieron 
muchos meses que ni bastaron cartas de los Gobernadores, ni 
del Rey, hasta que envió el Cardenal al Doctor Cornejo, Al- 
calde de Corte, con gente que procediese contra él. El cual 
procedió, y después de muchos autos que hizo se apartó Juan 
Velázquez de aquella rebelión y camino errado que había 
tomado, y despidió la gente y entregó la fortaleza y villa de 
Arévalo, y se vino á Madrid do estaba el Cardenal. En este 
tiempo envió el Rey de Tremecen una carta al Cardenal, ro- 
gándole mucho en ella que tuviese paz con él, prometiéndole de 
ser muy servidor de los Reyes de España, y el Cardenal se la 
otorgó. 

CAPÍTULO XXXIII 

Cómo el Cardenal Don Fray Francisco Ximénez y el Deán de 
Lovaina, Embajador del Rcv Dnn Carlos, eir",ir u á la 
isla Espafiola á tres frailes Jerónimos para que gobernasen 
las Indias, y la instrucción que llevaroji. 

Dicho hemos cómo el Rey Católico envió á la isla Española 
ciertos letrados como Jueces de apelación que conociesen como 



— 128 — 

•>ui»cnorcs üc lo (lUc se apelase del Almirante y de bUs Tenien- 
tes y Alcaldes mayores; y el Almirante, como viese que en 
aquéllo el Rey le limitaba sus poderes y privilegios, comenzó 
á (juejarse del nuevo oficio, y como sobre estas cosas sucedie- 
sen otras, el Almirante envió á pedir residencia contra los tales 
Jueces, y ellos, con el Tesorero Miguel de Pasamente, le ar- 
maron de manera que el Rey Católico le envió á llamar y vino 
á España ; el cual en este tiempo andaba en la Corte nego- 
ciando sus negocios y el Cardenal Fray Frai cisco Ximénez 
como des<le antes tenía larga noticia de las cosas de las Indias 
y se le (¡uejasen de la poca gobernación que había en ellas y del 
mal tratamiento (lue se hacía á los indios, acordó de enviar allá 
tres religiosos de la Orden de San Jerónimo, personas de grande 
autoridad y letras y de aprobada vida, á los cuales envió á la 
isla Española con muy bastantes poderes para gobernar las 
Indias. 

Llamábanse estos religiosos Fray Luis de Figueroa, Prior 
del Monasterio de la Mejorada, que está una legua de Olmedo, 
y Fray Alonso de Santo Domingo, Prior del Monasterio de San 
Juan de Ortega, que es ocho leguas de Burgos, y Bernardino 
de Manzanedo, á los cuales el Cardenal mandó dar instrucción 
de lo que debían hacer, y era : que en llegando á la dicha isla 
hiciesen llamar ante sí á los principales cristianos viejos po- 
bladores de ella y les dijesen que la causa principal de su ida 
era por los grandes clamores que en España se habían hecho 
contra los que tenían y habían tenido indios encomendados, que 
les habían maltratado y hecho muchos males sin causa y sin 
razón, tomándoles sus mujeres é hijas y haciendas, haciéndoles 
trabajar demasiadamente y dándoles poco mantenimiento, com- 
peliendo á las mujeres y niños á que trabajasen, haciendo mal- 
parir á las mujeres, no dejándolas criar sus criaturas, y otras 
nuichas fuerzas y daños, de lo cual se habían dado grandes me- 
moriales al Reverendísimo Sr. Cardenal, los cuales ellos lleva- 
ban, y ponjue Su Majestad y el limo. Cardenal y el Sr. Em- 
bajador (|uerían saber la verdad de todo esto, les habían man- 
dado á ellos ir á aquellas partes para que de todo se informasen, 
para f|ue se proveyese y remediase, y lo que los dichos pobla- 



— 129 — 

dores dijesen lo que supiesen de como esto había pasado y 
pasaba, y mandaron á los dichos padres que por otra parte ellos 
se informasen de ello y que les hiciesen entender que todo se 
hacía para la conservación de ellos y de los indios y de las di- 
chas islas, y que si de voluntad y consentimiento de partes 
se pudiese hallar y tomar algún buen medio con que Dios y 
sus Altezas sean servidos y ellos y los indios aprovechados y 
las islas remediadas, que aquél se tomaría. 

Por tanto, que ellos y los otros hombres principales pobla- 
dores se juntasen y hablasen y platicasen en ello, y con lo que 
acordasen volviesen á ellos y se lo dijesen ; y esto fué mandado 
á los padres que dijesen á los pobladores, y asimismo que lla- 
masen á los principales caciques indios de la dicha isla y les 
dijesen lo mismo, de como su Alteza había sido informado que 
se les habían hecho muy grandes agravios y opresiones por 
los pobladores en muchas maneras, y porque su voluntad y la 
del limo. Sr. Cardenal era remediar y castigar los males pa- 
sados y proveer en lo venidero para que ellos y sus indios de 
ahí adelante fuesen bien tratados, pues eran cristianos y libres 
y subditos de sus Altezas, les habían mandado á ellos viniesen 
á la dicha isla y se informasen de todo ello y supiesen la ver- 
dad de cómo había pasado para que se proveyese así en el cas- 
tigo de lo pasado como en el remedio de lo venidero ; por tanto, 
que ellos le debían hacer saber á los otros caciques y á sus in- 
dios para que entre sí platicasen sobre ello y pensasen en lo que 
se podría y debería hacer, porque si algún buen medio hallasen 
con que eUos y sus indios fuesen bien tratados como cristianos 
y libres se lo dijesen, porque siendo tal se tomaría; y para ir 
con estos Padres Jerónimos fué elegido por Juez el Licenciado 
Alonso Zuazo, para las cosas de la justicia civil y criminal y 
para que tomase residencia á los Jueces que allí estaban por el 
Rey, que ya se llamaban Oidores, y á todos los Oficiales de 
su Alteza y Escribanos de minas, y otras personas que hubie- 
sen tenido cargos y oficios en todas aquellas partes, lo cual 
hizo como muy buen Juez. 

x\simismo, entre los capítulos de la instrucción que el Car- 
denal D. Frav Francisco Ximénez mandó dar á los dichos Pa- 



- 130 — 
,lrc> fueron algunos, conviene á saber : (lue ellos visitasen leda 
la isla y se informasen del número de los caciques y de los in- 
di<.s (lue cada caciciue tem'a, y que lo mismo hiciesen en la isla 
tle Cuba y de San Juan y Jamaica, y que mirasen dónde se 
pudiesen hacer lugares que estuviesen junto á las minas, para 
,,nc pudiesen los indios ir á ellas sin mucho trabajo, y que los 
pueblos (lUe hiciesen fuesen hasta 300 vecinos, como ellos los 
solían hacer, haciendo en el dicho lugar iglesia y calles y pla- 
zas, y (lue se hiciesen á la voluntad de los caciques y de los 
indios para (lue no recibiesen pena de mudarse, haciéndoseles 
entender <iue todo se hacía para su l)eneficio y para que fuesen 
mejor tratados; y <iue diesen á cada pueblo término, el cual 
fuese repartido entre los vecinos, dejando para ejidos y estan- 
cias de puertas y de otros ganados y que cada lugar tuviese 
jurisdicción por sí en sus términos, y el dicho cacique tuviese 
jurisdicción para castigar sus indios si hiciesen por qué, y que 
se criasen" Oficiales para gobernación de cada pueblo, así como 
Regidores, alguaciles y otros semejantes, los cuales fuesen nom- 
brados por el cacique mayor y por el religioso ó clérigo que allí 
estuviese, juntamente con el administrador del lugar. Y por- 
(lue cada pueblo hiciese lo que debiese se eligiese un adminis- 
trador que tuviese cargo de dos ó tres ó más lugares, el cual 
fuc-se español y de buena conciencia y supiese hacer bien lo 
,iue conviniese á su oficio, y fuese obligado á visitar los lugares 
que le fueron encomendados, no apremiando á los indios más 
de lo que fuese razón, y no consintiéndoles tener annas suyas 
ni ajenas, salvo las (pie tuviesen necesidad para montear. Y que 
trabajasen como los cacicpics é indios, anduviesen vestidos y 
durmiesen en camas, teniendo cada uno su mujer, la cual no 
les consintÍL-scn dejar, y que procurasen, como las mujeres, vi- 
viesen castamente, y la (pie cometiese adulterio fuese castigada 
con azotes ixjr el cacique, con consejo del dicho administrador y 
religioso que allí estuviese. Y asimismo se procurase como en 
cada pueblo hubiese un fraile ó clérigo que tuviese cuidado de 
enseñarlos y administrar los Sacramentos >- predicarles los do- 
mingos y fiestas, haciéndoles entender cómo habían de pagar 
diezmos y primicias á Dios para la iglesia y sus ministros por 



— 131 — 

que los confesasen y administrasen los Sacramentos y los en- 
terrasen cuando fallecieren, y rogasen á Dios por ellos, y que 
les enseñasen á leer á los muchachos y á escribir y hablar ro- 
mance castellano. Y que hubiese una casa en medio del lugar 
para hospital, donde fuesen recibidos los enfermos y hombres 
viejos que no pudiesen trabajar y niños que no tuviesen padres 
que allí se quisiesen recoger. Y que los indios de veinte años 
arriba y de cincuenta abajo fuesen obligados á trabajar, y que 
las mujeres no fuesen obligadas á trabajar en las minas si no 
quisiesen, y que los caciques después que hubiesen servido en 
las minas se viniesen á sus casas á trabajar en sus haciendas y 
en lo que les cumpliese. Y que en cada pueblo hubiese lo.ó 12 
yeguas y 50 vacas y 500 puercos y 100 puercas para criar, que 
fuesen guardadas á costa de todos, y que hubiese un carnicero 
en el pueblo para dar carne, y que hubiese otro en las minas 
que diese á cada indio cada día libra y media de carne ó dos 
libras como bien visto fuese. Y asimismo les dieron instrucción 
en lo que se hubiese de hacer en lo del oro que se sacase d'j las 
minas, y para buscarlas y descubrirlas, y para que se mostrasen 
oficios á algunos de los indios, así como carpinteros, pedreros, 
herreros, aserradores de madera, sastres y otros oficios seme- 
jantes para servicio de la república. Todo lo cual se dio más 
largamente por capítulos á los dichos Padres Jerónimos, y ellos 
lo procuraron hacer y cumplir lo mejor que pudieron y Dios 
les dio á entender, y lo mismo hicieron en la gobernación todo 
el tiempo que en las Indias estuvieron, quitando los indios á 
todos los caballeros que estaban en España, á quien el Rey 
Católico los había mandado dar, que gozaban de sus trabajos 
sirviéndose de ellos por mano de criados 3' codiciosos mayor- 
domos que los trataban muy mal, y los dieron á los pobladores 
vecinos de las islas, por lo cual se formaron grandes quejas en 
España de estos Padres Jerónimos, por ser los agraviados per- 
sonas muy privadas de su Alteza y de los Gobernadores. 



— 132 — 

CAPÍTULO XXXIV 

Cómo lI Lurdciuii !>■ /'"'J I- rancisco Ximénez envió mucha gente 
á África contra Barbarroja y á Diego de Vera por Capitán- 
de ella, y la batalla que el gran turco dio al Soldán de Ba- 
bilonia y otras cosas que sucedieron en este año. 

Aconteció en este tiempo en África que un Enobarbo de na- 
ción turco, corsario, que llamaban Barbaroja, persuadió á los 
morabitos, (lue son como sacerdotes entre los moros y á quien 
ellos tienen por muy santos, que se apartasen de la obediencia 
de los cristianos diciéndoles ser gran maldad que los sacerdotes 
de Mahoma estuviesen sometidos y sujetos á cristianos siendo 
enemigos de su ley, y les prometió de favorecer contra ellos y 
librarlos de su servidumbre si ellos quisiesen, en lo cual con- 
sintieron "los morabitos y lo tuvieron por bien, y lo persuadie- 
ron con gran instancia á los moros, los cuales les dieron mucho 
crédito, y á esta causa se levantaron algunos pueblos que es- 
taban por los cristianos y se le dieron, principalmente se le en- 
tregó la ciudad de Argel y luego se nombró el dicho Barbarroja 
Rey de ella, y como trajese consigo 300 turcos, grandes hombre 
de guerra, hacía mucho daño con ellos en los lugares de la 
costa, y con favor de los morabitos se hizo asimismo Rey de 
Tremecen, echando al Rey del Reino porque era amigo de los 
cristianos, lo cual como alcanzase á saber el Cardenal de To- 
ledo mandó hacer 8.000 hombres de guerra y los envió á Ar- 
gel contra Barbarroja, y por Capitán de ellos á Diego de Vera, 
hombre muy diestro y entendido en las cosas de la guerra, que se 
había hallado con el Conde Pedro Navarro en la toma de las 
ciudades de Oran, Bujia y Tripol, donde había ido por Capitán 
de la artillería. Y en la Asia Mayor aconteció en esta coyuntura 
que como el gran Soldán hiciese paces con el Sofi y determinase 
romper las (jue tenía hechas con el gran turco Solino, porque 
le i)arecía (lue si el gran turco vencía al Sofi se haría muy gran 
señor en la Asia y podría venir contra él y quitarle su señorío; 
y como esto \icse el turco y tuviese al gran Soldán en mucha 



— 133 — 

veneración por ser la cabeza de su fe, como entre los cristianos 
el Papa, le envió á requerir muchas veces no quisiese favorecer 
al Sofi que era hereje y enemigo de la ley de Mahoma, y nunca 
el Soldán lo quiso hacer, y el turco, vista su determinada volun- 
tad, procuró hacer un muy gran Ejército de gentes y por mar 
mandó apercibir una gruesa armada de zabras y galeas y ca- 
rracas para asegurar la mar, y él se fué por tierra con la gente 
de pie y con la artillería, que era mucha, la vía de Damasco, y 
el gran Soldán como lo supo juntó asimismo muy gran Ejér- 
cito y le salió al camino, y junto á una montaña se juntaron 
los dos Ejércitos y se dieron una muy brava y cruel batalla, en 
que murieron muy gran número de gentes, y al cabo aunque 
aquel día el Soldán quedó algo más vencedor, el cual como 
antes de la batalla el Soldán trabajase mucho en poner en orden 
la gente y después de la batalla quedase muy cansado por 
haber peleado mucho, hubo de morir, y los mamelucos con la 
obscuridad de la noche no pudieron seguir la victoria ; el turco 
tuvo lugar de recoger todo su Ejército, y como el otro día de ma- 
ñana se divulgase la muerte del Soldán, los del turco cobraron 
gran esfuerzo y los del vSoldan perdieron mucho ánimo, y 
luego los mamelucos criaron otro Soldán de nuevo, con el cual 
salieron al campo y dieron al turco otra batalla junto al Cairo, 
en la cual el gran turco Solino fué herido y el Soldán fué ven- 
cido y todo su campo desbaratado, y así fué el gran turco al 
Cairo, donde el gran Soldán tenía ordenados ciertos ingenios y 
cosas de guerra, por do si el turco entrara fuera destruido; 
pero fué avisado y dejó aquel camino y rodeó dos leguas de la 
ciudad y acometió por junto al río Nilo por la tierra que lla- 
man Bulaque y allí acudió el Soldán, y los caballos de los ma- 
melucos se espantaron tanto de las espingardas y artillería que 
les fué necesario dejar el Cairo al turco ; y el Soldán se fué por 
el río Nilo arriba á la provincia de Salte, donde \'ienen todas 
las vituallas y cosas necesarias al Cairo, y procuró ciue no fue- 
sen mantenimientos aí turco, que fué causa de ponerle en nece- 
sidad ; y el turco visto esto tuvo tanta astucia, que fingiendo 
que iba á cazar á monte Furaan envió á llamar desde aUí al 
Soldán y á los mamelucos, que serían hasta 2.000, prometién- 



- ]34 — 

(lolcs tic no hacerles daño alguno, y como fueron venidos los 
mandó A todos matar, y al .Soldán lo mandó poner sobre un 
camello y <|ue lo trajesen por todas las calles del Cairo con 
trompetas, y después lo mandó ahorcar, y así quedó el gran 
turco Solino señor de las provincias de Damasco, y finalmente 
de toda la Suria y Palestina y de las Arabias y de Alejandría y 
ciudad del Cairo, y casi de todo Egipto. 

l'A Rey Don Carlos en Flandes como ya hubiese hecho paces 
con el Rey de P'rancia, c(jmo dijimos, determinó de escribirlo á 
España al Cardenal de Toledo y al Deán de Lovaina, su Em- 
bajador, para (jue allende de dar gracias á Dios por ello, las 
mandase publicar i)or todas las ciudades, villas y lugares del 
Reino, por (jue entre franceses y españoles no se hiciese daño 
alguno, y el Cardenal luego (¡ue recibió las cartas mandó que 
se publicasen las paces en la villa de INIadrid, lo cual se hizo 
estando presentes el Arzobispo de Granada, Presidente del Con- 
sejo, y los Licenciados Zapata, Mojica, vSantiago, Polanco, Car- 
vajal, Aguirre, CocUo, todos del Consejo Real, 5' los Alcaldes 
de Corte Herrera, Cornejo, Villasaña, Ronquillo. Con alta é in- 
teligible voz se publicó en la plaza de San Salvador y en la de 
Santa Cruz por un rey de armas lo siguiente : «Oid, oíd, oid. — 
Sepan todos, que yior los muy altos Católicos y muy poderosos 
señores la Reina y el Rey su hijo, nuestros señores, se han 
concertado, firmado y capitulado paz y amor y alianza perpe- 
tua por mar y por tierra, entre sus Altezas y sus Reinos y se- 
ñoríos, y el cristianísimo Rey de Francia y sus Reinos y seño- 
ríos, por sí y i>or sus sucesores ; y sus Altezas toman y señalan 
en la paz á nuestro nuiy Santo Padre y á la Sede Apostólica y 
á la Majestad del Emperador y á los Reyes de Inglaterra }■ Por- 
tugal y á otros muy grandes Estados y señoríos, para que de 
una parte á otra, ni de otra á otra, no se hagan mal ni daño 
alguno, y mándese á pregonar por que venga á noticia de todos». 
Murieron en este año, por el mes de Junio, D. Juan de La- 
brit y Doña Catalina, su mujer. Reyes que habían sido de 
Navarra, y dejaron un hijo dicho D. Enrique. 

Un el mes de Julio murió Martín de Azpeitia, maestro en 
Teología, Presidente del Consejo de la Inquisición, Obispo que 



- 135 — 

era de Tu^', y dieron el Obispado á un médico del Rey, italiano, 
llamado Maestre L,uis. 

En Septiembre murió el Comendador :Martín de Mujica, Con- 
tador mayor de cuentas ; dióse la contaduría á D. Diego de Gue- 
vara, Clavero de CalatraVa. 

En Junio murió el Dr. Martín Fernández de Ángulo, Obispo 
de Córdoba, Presidente que había sido de la Cancillería de \'a- 
Uadolid, el cual dejó á la iglesia de Córdoba una muy copiosa 
librería de todas ciencias ; dióse el Obispado á D. Alonso Man- 
rique, Obispo que era de Badajoz, y Badajoz se dio al maestro 
Mota. 

CAPÍTULO XXXV 

De ¡as cosas que acontecieron el año 1517, principalinente cómo 
se apaciguaron los levantamientos que había en ValladoJid 
sobre la nueva Ordenanza que el Cardenal había mandado 
hacer. 

En este año, estando los Gobernadores en Madrid y la villa 
de Valladolid todavía rebelada por lo de la Ordenanza que el Car- 
denal quería hacer introducir en estos Reinos, vinieron cartas 
del Rey Don Carlos para la dicha villa, en creencia de los Go- 
bernadores en que les mandaba que cesasen los movimientos y 
se redujesen á su servicio y obediencia de los Gobernadores, 
en su nombre, para lo cual el Cardenal envió ciertas personas 
con cartas para la dicha villa que tratasen esta paz, la cual 
dentro de algunos meses fué concluida porque el Cardenal se 
apartó de no hacer más la dicha Ordenanza. 

Mr. de la Chaulx y el Deán de Eovaina escribieron dos cartas 
á los de Valladolid, una para la villa y otra dirigida al Corre- 
gidor, .la copia de las cuales es esta que se sigue : 

((Muy nobles señores : Ya habéis sabido por cartas del Rey 
nuestro señor la voluntad que tiene su Alteza á la buena go- 
bernación y paz y sosiego de estos sus Reinos, y cuanto le ha 
desplacido y desplace que en ellos haya turbaciones ni movi- 
mientos algunos, los cuales no pueden suceder sin daño de sus 



— 1.% — 

súlnlitos y mal ijciiiplo de í)tr<)s ¡¡ueblos á quien Su Majestad 
es deudor de la justicia y buen tratamiento de todos como se- 
ñor natural, y así tiene por grave (jue en esa noble villa de Va- 
lladolid haya acaecido cosa en contrario de esto sobre el hacer 
de la infantería (|ue el Reverendísimo Cardenal, su Gobernador, 
haya mandado hacer, y doliéndose de este escándalo, movido 
ÍK)r el celo que los Reyes, de gloriosa memoria, sus antecesores 
siemjire g()l)ernar()n y rigieron estos Reinos, y por excusar cosa 
tan dañosa al l»ien público de ellos, mandó á mí, Carlos, señor 
tle la Chaulx, su Embajador y camarlengo, y de su Consejo, 
que juntamente con el muy Reverendo Obispo, su Embajador 
asimismo os dijésemos y declarásemos su voluntad, v mandó 
hacer cierta información sobre ello por algunos Oidores >• Al- 
caldes de su Chancillería para que visto todo lo mandara pro- 
veer como más convenga al servicio de Dios nuestro Señor y 
su>(), y inv/. y sosiego de esa viUa. 

Por ende, nos los dichos Embajadores del Rey, nuestro se- 
ñor, en estos Reinos de España, por virtud de los poderes y 
creencia que de vSu Alteza tenemos y usando de ellos decimos 
á \os el Consejo, Justicia y Regidores, caballeros, escuderos, 
oficiales y hombres buenos de la muy noble viUa de Valladolid, 
cómo la \-oluntad de Su Alteza es que luego vista esta nuestra 
carta dejéis las anuas y os asoseguéis y apacigüéis, y no ron- 
déis, ni \'eléis, ni andéis juntos en cuadrillas, ni hagáis otros 
movimientos, y estéis en aquel sosiego y quietud que estaba- 
des antes que la hicha gente se mandase hacer, y no cojáis sisa 
ni otra imposición alguna que por esta causa en esa viUa se 
haya impuesto, mas que toda la reix)ngáis en aquel punto y 
estado que estaba antes que la dicha gente de infantería se 
comenzase á hacer, hasta tanto que el Rey, nuestro señor, 
mande ver en su Consejo la dicha información que sobre esto 
ha mandado hacer, y sobre todo proxea aquello que más con- 
venga y sea servido. 

Y por la presente, entretanto, en nombre de Su Alteza, 
nos, suspendemos el hacer de la dicha gente y todo lo que 
de aquello ha nacido y sucedido para que no se haga nove- 
dad algujia ni se proceda contra persona alguna de esa di- 



— 137 — 

cha villa, ni contra sus bienes por la dicha causa, ni por lo 
que de ella ha procedido, ni dependiente, mas que todo esto 
estará en el punto y estado que estaba antes que se comen- 
zase, Jo cual os aseguramos que será así de parte de Su Al- 
teza, y de la misma os mandamos que guardéis y cumpláis 
todo lo en esta nuestra carta contenido, y so la obligación y 
fidelidad que á Su Alteza debéis como sus subditos y na- 
turales. 

Guarde Nuestro Señor vuestras muy nobles personas como 
deseáis. De Madrid, 20 de Enero de 1517. 

Señor Corregidor : Como veréis por la carta (pie escribi- 
mos á esa villa, el Rey, nuestro señor, quiere ser informado 
cómo han pasado las cosas de ella sobre el hecho de la gente, 
para lo mandar proveer como convenga á su servicio y á la 
paz y sosiego de^todos, y entretanto Su Alteza manda la for- 
ma que se ha de tener como veréis por la dicha carta ; por ende 
conviene que deis orden como aquello se haga y cumpla sin 
exceder de ello cosa alguna, y como venga á noticia de todos 
y enviadnos el testimonio, porque Su Alteza sepa cómo se 
cumple su mandado, y así os lo decimos y mandamos de 
parte de Su Alteza. 

Guarde Nuestro Señor vuestra honrada persona. De ]\Ia- 
drid, 20 de Enero de 1517». 

Y en esta contratación la mayor parte de Valladolid, así 
eclesiásticos como seglares, le suplicaron les diese Procura- 
dores generales de cuadrillas como diz que lo hubo en tiempo 
del Rey Don Alonso el de las Algeciras, y el Cardenal por 
los complacer, estando en Tor de Laguna, se lo concedió á la 
forma de los de Burgos en la elección, con muchas prerro- 
gativas como parece por el privilegio, el cual después el Rey 
confirmó, y así del todo cesó el levantamiento y motín de Va- 
lladolid sobre lo de la infantería nueva. 



— 138 — 

CAPÍTULO XXXVI 

Ih cómo el Candi de Caminata y otros nobles de Sicilia tenían 
concertado de vender el Reino al Rey de Francia y cómo 
fueron justiciados. 

LiKRo (|uc- en IHamlcs fué sabedor del levantamiento de Si- 
cilia, el Príncipe D. Carlos envió á mandar al Conde de Poten- 
cia y al Sr. Alarcón que partiesen de Ñapóles y fuesen en favor 
del Vis(írrey, lo cual ellos cumplieron, y llevaron 5.000 soldados 
y 200 caballos ligeros, y como fueron juntos, el Visorrey y el 
Conde de Potencia y Alarcón caminaron para Catania, do es- 
taban acogidos los más de los sediciosos, donde descabezaron 
al Barón de Arangetili y con él otros muchas porque habían 
sido culpados en el hecho, y de ellos porque habían encubierto 
á los malhechores ; V salidos de Catania vinieron á la ciudad 
de Terme é hicieron allí lo mismo, y de esta manera lo andu- 
vieron entresacando por todas las ciudades del Reino, pren- 
diendo á irnos y matando á otros, y así vinieron á la ciudad de 
Palermo, trayendo consigo 27 presos de los más culpados, los 
cuales fueron allí sentenciados unos á despeñar y otros á ahor- 
car, >• las cabezas de los (jue despeñaron las pusieron en unas 
lantcrnas de hierro y colgáronlas de una torre, para que á eUos 
fuese castigo y á otros escarmiento. 

Hecho esto, el Conde Potencia y el Sr. Alarcón se volvieron 
á Xápoles, y después el Visorrey llamó á todas las ciudades á 
])arlamento, que e-s llamar acá Cortes, para qtie diesen al Rey 
la renta (lue le solían dar cada año, que eran 300.000 florines ; 
mas el Conde Camarata y Nicolao Vicencio, que era el Teso- 
rero, y Fredusio de Imperatore y Micer Blas Colancio con to- 
das sus fuer/as inijíedían cjue no se diesen los 300.000 florines, 
y esto estorbaban más por el interés (lue cada uno de ellos pre- 
tendía, que no iK)T el celo de la república. 

En el tiempo que esto pasaba en Sicilia fué avisado el Em- 
bajador de Roma, que era el Duque de Sesa, como Francisco 
Iinj)eratore iba desde Roma á Francia con cartas del Cardenal 



— 139 — 

Volterra para tratar cómo darían al Rey de Francia el Reino 
de Sicilia, y luego que tuvo aviso el Embajador prendió á 
Francisco Imperatore y le envió al Visorrey de Sicilia para 
que supiese de él con qué personas trataba el Cardenal para 
alborotar el Reino y entregarlo al Rey de Francia, y puesto á 
tormento confesó que el Cardenal Volterra y el Conde de Ca- 
marata y el Tesorero Vicencio y otros, eran los que tenían orde- 
nado de entregar al Rey de Francia el Reino, y para efectuar 
esto, Espatafora se obligaba de revolver á Mesina, y él y Ru- 
chio se obligaban á hacer lo mismo en Catania, y el Tesorero de 
hacer otro tanto en Palermo, y que habían de prender al Vi- 
sorrey y tomar Jas fuerzas del Reino. 

Informado el Visorrey de la verdad, y vistas las letras que 
llevaba á Francia el Francisco Imperatore, prendió luego al 
Conde de Camarata y al Tesorero Vicencio, y así presos los en- 
vió á Castilnovo de Ñapóles, porque temió que si presos estu- 
viesen en Sicilia se los soltarían por traición y sacarían por 
fuerza. Todos los demás que eran en la traición con ellos fueron 
presos, que no pudieron huir. 

El Príncipe D. Carlos envió á quejarse al Papa del Car- 
denal Volterra, y el Papa sabida la verdad por las informacio- 
nes que tenía del Virrey hizo prender al Cardenal y meterlo en 
el castiUo de Santangelo, mandando que ninguno lo viese ni 
hablase; preguntado el Cardenal Volterra por qué vendía Sici- 
lia á Francia, respondió que porque el Emperador favoreció al 
Cardenal Médicis más que no á él, que era su capital enemigo. 
El Tesorero dijo que por no pagar 60.000 ducados que debía al 
Rey. El Conde Camarata dijo que porque no le daban el Con- 
dado de Módica que le pertenecía. Lasar dijo que por haber el 
Arzobispado de Palermo ; de manera que la traición más era 
por hacer lo que les cumplía que por servir al Rey de Francia. 
Conclusos los procesos, hizo el Visorrey hacer un cadalso 
en la ciudad de- Mesina y una horca nueva, y allí los sacaron 
á todos y los ahorcaron de los pies, dándoles primero garrotes ; 
y guardaron á Francisco Imperatore y al Barón de Salo, para 
ajusticiarlos con el Conde de Camarata y con el Tesorero, y 
así el Virrev envió al Reino de Ñapóles por el Conde y el Te- 



- 140 — 

sorcT»), y venidos puso á tormento al Conde, el cual puesto 
en calzas y jubón besó la soga del tormento .v encomendóse á 
Santiago de («alicia, y dándole el primer trato de cuerda con- 
fesó toda la traición como la tenía ordenada, \' así lo sacaron 
á ajusticiar, y c6n él al Tesorero y á Francisco Imperatore, y 
lleváronlos al castillo de Milao, do estaba el \''isorrey con la 
gran Curte, do les relataron sus culpas, y como eran caba- 
lleros de tanta honra recibieron en ello mucha vergüenza, más 
por la traición (lue habían cometido que por la muerte que ha- 
l)ían de padecer, y así fueron degollados públicamente, diciendo 
el Conde á todos los que lloraban por él que no llorasen, sino 
í|ue rogasen á Dios por su ánima ; y tras el Conde degollaron 
al Tesorero y á Francisco Iini)eratore, y los hicieron cuartos y 
las cabezas metieron en unas lanternas de hierro y las colgaron 
en Palermo con las de los otros sediciosos. 

Tenía el Conde de Camarata un hijo que se decía D. Martín, 
y vista la traición que el padre había cometido y la infame 
muerte (jue le habían dado, murió de pura tristeza. 



CAPÍTULO XXX\TI 

De ¡o que sucedió sobre lo del priorazgo de San Juan entre don 
Antonio de Ziíñiga, hermano del Duque de Béjar, y D. Diego 
de Toledo, hijo del Duque de Alba. 

Estando en Madrid el Infante y los Gobernadores con él, en 
este año de diez y siete por el mes de Julio sucedió lo del prio- 
razgo de San Juan, en ([ue el Rey envió á mandar de Flandes 
á los Gobernadores que hiciesen ciertas diligencias con el Du- 
que de Alba y con su hijo D. Diego de Toledo, y que si aqué- 
llas no bastasen que ejecutasen ciertas sentencias y ejecuto- 
riales (jue se habían dado en Corte Romana sobre el dicho prio- 
razgo en favor de D. Antonio de Zúñiga, hermano del Duque 
de Béjar, como parece \x>^ una carta que el Rey escribió al 
Cardenal Fray Francisco Ximénez, que en efecto quería decir 
que Su .MtL/.a iLiu'a drttrinin:ido, linbido respecto á la gran- 



— 14i - 

'deza del negocio y estado de las personas entre (jnien pende, 
de procurar vía de concordia antes que seguir rigor, y de tomar 
el priorazgo con sus fortalezas en sí para distribuir entre las 
partes los frutos de él como le pareciere, y que esta vía debe pro- 
curar con el Duque ó con su hijo ; y también, para en efecto de 
esto, se ha de negociar que también otorguen compromiso en Su 
Alteza con poder amplísimo, para que luego se envíen, en lo 
cual le servirán mucho, y que tengan por cierto que Su Alteza 
se acordará y habrá, respecto en esta causa, á su honra y pro- 
vecho, y si no quisiere hacerlo así, manda el Reverendísimo Car- 
denal, su Gobernador, que pasados quince días que les da de 
benignidad para deliberar, que tome el dicho priorazgo en 
nombre de Su Alteza y ponga alcaides y personas idóneas y 
sin sospecha á las partes, y si lo que no es de creer no quisieren 
obedecer esto, encarga al Reverendísimo Caidenal y manda al 
Presidente y á los del Consejo que luego hagan ejecutar con 
toda autoridad los ejecutoriales que D. x\ntonio de Zúñiga tiene 
para el dicho priorazgo. 

A lo cual se opuso el Duque de Alba y sus parientes en fa- 
vor de D. Diego, su hijo, el cual desde en vida del Rey Cató- 
lico, y con su consentimiento como Gobernador de estos Rei- 
nos, tenía la posesión del dicho priorazgo por Rodas, diciendo 
• que no debía ser despojado de ella, en especial que se preten- 
día el dicho priorazgo ser del patronato Real, así por costumbre 
inmemorial como por la bula del Martino, concedida al Rey 
Don Juan II y á sus sucesores, y no obstante esto, afirmaban 
que la provisión del dicho D. Antonio no valía ni debía ser 
ejecutada, por ser cosa que tocaba á la preeminencia Real, á 
que se debía oponer el Fiscal, como otras muchas veces se 
había hecho en semejantes casos, y no dar lugar á que se in- 
vocase contra ella, y que demás de ello, la provisión del dicho 
D. Antonio había sido hecha por Roma y la suya por Rodas, y 
siempre en el Consejo eran favorecidas las provisiones de las 
encomiendas que se hacían por Rodas, como hechas, según 
Dios y orden, á personas dignas y beneméritas. 

Por parte del dicho D. Antonio se decía que el Rey Cató- 
lico por favorecer al dicho D. Diego le había hecho agravio v 



— 142 - 

fucr/a notoria, píjniuc teniendo este priorazgo D. Alvaro de* 
Zúñi)4a, su lío, pacííicanienle i)or ¡>rivación de V'alenzuela que 
lo había habido en tienij)© del Rey Don Enrique IV, y que- 
riendo renunciarlo en él y habiéndolo ya renunciado, estorbó 
<iue no tuviese efecto la dicha renunciación, y á su intercesión 
vino á la Mejorada, donde Su Alteza estaba, un bailio enviado 
l>or el gran Maestre de Rodas, no á otra cosa, sino á hacer co- 
lacióli del dicho priorazgo al dicho D. Diego, en grande per- 
juicio y agravio del dicho D. Antonio, (jue tenía la renuncia- 
ción j)or nuestro muy Santo Padre, (lue era Superior de las Or- 
denes, en especial (]ue no había jmdido estorbar el agravio que 
de hecho el Rey Católico le hizo, y así Su Santidad le había 
hecho y podido hacer la dicha coacción, y después había tra- 
tado pleito con el dicho I). Diego en Corte de Roma y obte- 
nido ejecutoriales en Roma contra él, los cuales había pedido 
á Su Alteza (}ue se ejecutasen, y el Rey desde Flandes lo había 
así mandado. 

El Cardenal Gobernador envió á requerir y requirió al Du- 
(luc de Alba con algunos buenos medios, conforme á la carta 
del Rey, en especial diciéndole que él no podía sino ejecutar 
los mandamientos Reales, como le era mandado ; pero que por 
su respeto y de su hijo, y por traer los negocios al buen me- 
dio, le i)lacía ([ue el Duque nombrase algún caballero ó deudo 
de su cau«a c|ue hiciese pleito y homenaje al Rey, que con esto 
él cesaría de hacer el secuestro y ejecución que le era mandado 
hacer, y que por esta manera quedaría en la posesión su 
hijo, como de antes, y el Duque no tuvo en nada esto, y fué 
avisado el Cardenal (jue á su mesa del Duque y públicamente 
se hablaba mal de su persona, y la cosa se trabó de tal manera 
que el Duque y su hijo tentaron de ponerse en resistencia, y 
enviaron á Consuegra alguna gente para defenderla ; mas el 
Cardenal, que ya estaba de otro proi)ósito, envió gente del Rey 
para to'narla por fuerza y por Capitán con ella al Conde don 
Fernando de Andrada, de la cual fué apoderado el dicho don 
Antonio, y {juitado el dicho I). Diego, después de muchos años 
que bnbía i)oseído el dicho priorazgo, sobre lo cual el dicho 
Du(|Ue de Alba se envió {\ (piejar al Rey Don Carlos. El cual le 



— 143 — 

envió á decir que él vendría á España muy presto, donde mira- 
ría bien por sus cosas, y con esto se suspendió todo hasta la 
venida de Su Alteza. 



CAPÍTULO XXXVIII 

De las personas que fueron en este tiempo á Flandes de estos 
Reinos á dar avisos y comprar oficios, y dtl daño que de ello 
vino, y la carta que sobre ello escribieron á Su Alteza los del 
Consejo Real. 

Antes que el Rey Don Carlos viniese á España estando en 
Flandes, y luego que el Rey Católico falleció, fueron muchas 
personas do Su Alteza estaba y las más de ellas de baja condi- 
ción 3' de quien en estas partes se tenía poco conocimiento, con 
fin de haber oficios y cabida en la casa del Rey, y otros á ne- 
gociar negocios arduos en que se habían respondido en vida del 
Rey Católico, y á indignar y decir mal de otro á quien no te- 
nían buena voluntad, y á la verdad para el bien del Reino y 
servicio del Rey fuera mejor que nunca fueran allá, porque pu- 
sieron las cosas en codicias y avisos y malos consejos que de 
antes los flamencos no sabían nada, de lo cual sucedieron mu- 
chos males en estos Reinos, por lo que éstos y algunos gran- 
des que de secreto les favorecían intentaron y aconsejaron al 
Rey y á los que con él estaban, y entre otras cosas fué que qui- 
tase á los del Consejo, que eran hombres de grandes letras y 
experiencia, y su fin era porque no hubiese quien dijese la 
verdad en los negocios ; y aunque no vino en esto JNIr. Chievres, 
que era el que lo gobernaba todo, no por eso dejaban los que 
así iban de meterse á comprar oficios, tanto que muchas veces 
no bastaban servicios pasados, ni buenas costumbres, ni expe- 
liencia de las cosas, si no eran acompañados de dinero, á lo cual 
daba también mucha causa el Grande Canciller, que se llamaba 
Mr. Juan Sauvaje, natural de Brujas, que tenía consigo entre 
otros un Doctor, su familiar, que era su medianero para estas 
ventas ; de lo cual no sabía ni entendía nada el Rej-, porque 



- 144 — 

lodo se lo decían por otra manera de lo (]ue pasaba, y sabidas 
estas y otras cosas por los del Consejo escribieron á Su Alteza 
una carta del tenor siguiente: 

-Muy alto y muy poderoso católico Rey nuestro señor: 

Los del vuestro Consejo de Castilla, humildes servidores de 
Vuestra Alteza, besamos sus Reales manos, y con cuanta hu- 
mildad y acatamiento podemos, decimos que la fidelidad y buen 
celo con que servimos á vuestros padres y abuelos y la con que 
ahora servimos á Vuestra Alteza, nos obliga que le digamos 
nuestro parecer como fieles Consejeros, teniendo solamente res- 
pecto al servicio de Dios Nuestro Señor y de Vuestra Alteza 
y al bien de esta vuestra república de España, donde somos 
naturales, á cuyo buen regimiento, por Dios, Vuestra Alteza 
ha sido llamado ; ponjue con decirlo y avisar ahora á Vuestra 
Alteza no nos sea ni pueda ser imputado adelante exceso ni 
culpa alguna. 

Los grandes Príncipes y Reyes como Vuestra Alteza, muy 
poderoso Señor, tanto en el acatamiento de Dios y de las gentes, 
son Reyes cuanto bien rigen y gobiernan, lo cual señalada- 
mente está en la buena elección y nombramiento de las per- 
sonas que les han de ayudar á llevar tan grande carga, porque 
sin ayuda de muchos, por perfectos y dotados que ellos sean 
de virtudes, no la podrán llevar, y dejados aparte los ejemplos 
antiguos entre los otros Reyes, vuestros progenitores, que en 
esto tuvieron grande advertencia, fué uno el Rey Don Enrique, 
tercero de este nombre, que fué abuelo tercero de Vuestra Al- 
teza, el cual siendo impedido de su persona por graves enfer- 
medades (i\ie tuvo en su juventud, amó tanto á las personas 
virtuosas de letras y conciencia, aprobadas en buenas costum- 
bres, (|ue con ellas rigió y gobernó estos Reinos en mucha paz 
\- justicia, porque así sabía conocer los buenos varones, que 
donde (luiera que estaban los llamaba }• honraba, premiándolos ; 
y con esto acrecentó su hacienda y Estado, y Casa Real, y la 
justicia, y fué todo ello tan bien regido y gobernado, que de él 
han tomado y toman después acá sus sucesores, como por el con- 
trario se vio muy claro en tiempo del Rey Don Enrique IV, 
vuestro tío, por algunas personas notables que consigo recibió, 



— 145 — 

que bastaron para confundir lo sacro y profano de ellos ; y no 
es menester traer ejemplos mu}' antiguos, de que los libros 
están llenos. Baste que el Rey y la Reina Católicos, de inmor- 
tal memoria, vuestros abuelos, fueron en esto tan exc>.>lent^s que 
sobrepujaron á sus antepasados, porque todos los vimos y sabe- 
mos que muchas veces dejaban de tomar á sus criados para los 
cargos y administración del Reino y les daban á los extraños 
que no conocían, si tenían concepto de sus virtudes y habilidad 
y confianza que por ellos serían mejor administrados, y ex- 
cluían á los que procuraban los oficios y á otros que no los 
querían llamaban para ellos, y así nunca en su tiempo se pecó 
en la ley Julia, lo cual por los pecados de todos no vemos de 
pocos días acá se guarde así. 

Tenían, asimismo, gran vigilancia de no escribir á nadie de 
golpe, mas guardando siempre aquella gran prudencia y mode- 
lación de que otros Príncipes se haya primero haber usado, 
probaban los hombres, y poco á poco, como sus obras respon- 
dían, eran sucesivamente colocados en otras administraciones 
y oficios mayores y de más confianza, y aun proveían que las 
calidades de las personas conviniesen en todo con los nego- 
cios que les habían de cometer, lo cual hacían tan bien y tan 
sabia y discretamente que las personas eran así proporcionadas^ 
á los oficios y negocios que no había, no podía haber, disonan- 
cia ni contradicción alguna, y esta manera de gobernar, muy 
poderoso Señor, que es la que Dios quiere y la república ama, 
alcanzaron por mucho discurso de tiempo que bienaventurada- 
mente reinaron, y por experiencia de grandes hechos que pa- 
saron por sus manos, donde conocieron claro de cuánto precio 
y estimación es la elección de buenas personas, y cuan dañosa 
y perniciosa la de no tales, y así con estas artes, teniendo fin 
al servicio de Dios y buen consejo de las personas que tan sa- 
biamente elegían, á quien seguían en sus consejos y pareceres, 
dejaron á Vuestra Alteza estos Reinos tan pacíficos, prósperos, 
acrecentados y bien regidos, como los halló Vuestra Alteza 
cuando en ellos bienaventuradamente sucedió; y pues nuestro 
Señor dotó á Vuestra Alteza de tan buen natural y claro juicio 
v otras muv singulares virtudes que acompañan y esclarecen 



— 146 — 

\ UL-blra Real persona, con que podrá conocer, siendo servido, 
todíj lo (lue decimos ser verdad, y el daño (jue se podría seguir 
de no hacerlo y la ofensa (lue á Dios Nuestro Señor, á quien 
nuda se esconde, se hace, pues es cierto «jue la mala elección 
es culpa gra\e y el que elige mal es obligado á todos los daños 
y mal ejemplo que de tal elección se sigue; muy humildemente, 
con cuanto acatamiento é instancia podemos y debemos, supli- 
camos á Vuestra Alteza, pues que Dios le puso en su lugar para 
bien de la rei)ública, ahora que las cosas tienen remedio y 
está X'uestra Alteza al principio de ellas, le pluga de quererlo 
todo mirar y encaminar al bien público y servicio de Dios y 
suyo, como las leyes de estos, sus Reinos lo disponen, no te- 
niéndolo en i)oco, i)ues es la mayor cosa de todas y de que más 
I)rovecho ó daño se podría adelante seguir; y suplicamos á 
\'uestra Alteza perdone nuestro atrevimiento, que procede de 
la afición y^ deseo que tenemos al servicio de Vuestra Alteza y 
bien de estos Reinos cuya vida y muy Real Estado, etc. 

Pero ni esto bastó para refrenar la codicia del Canciller, por- 
(lue aun después de halier venido el Rey á estos Reinos no cesó 
de hacer lo mismo, i)()r donde hubo muchas sediciones y le- 
vantamientos en los puel)los. 



CAPÍTULO XXXIX 

De cierto alboroto que aconteció en Valladolid sobre el lugar de 
l'illafradcs, por quien traían pleito el Conde di l^reña y Gu- 
tierre Quijada, y lo que aconteció en Italia al Duque de 
l'rbiuo, I-'rancisco María, sobre la restitución de su Estado. 

Como en e>le lieiiiiio ir:ijesu!i pleito el Conde de Ureña y 
un caballero llamado Gutierre Quijada, sobre un lugar dicho 
X'illafrades. la Cancillería de \'alladolid dio por sentencia que 
pertenecía el derecho de él á Gutierre Quijada, y enviaron eje- 
cutores para (pie diesen la posesión al dicho Gutien-e Quijada, 
á los cuales trataron muy mal los del Conde de Ureña, no 
queriendo estar por lo que la Cancillería de \^alladolid ha- 



— 147 — 

bía determinado, y á esta causa muchos lugares se comenzaron 
á alborotar, y entre ellos fuú la villa de Valladolid ; y como 
D. Diego de Villaescusa, Obispo de Málaga, oyese decir lo que 
los criados y servidores del Conde de Ureña habían hecho en 
los ejecutores que los de la Cancillería habían enviadi á Villa- 
frades, hizo juntar muchas de las Capitanías que el Rey tenía 
en el Reino, con las cuales se determinó de ir contra la dicha 
villa con determinación de hacerla asolar y sembrar de sal, y 
estaban en ella, que la defendían, D. Rodrigo, hijo del Conde 
de Ureña, yerno de D. Beltrán de la Cueva, hijo mayor del 
Duque de Alburquerque, y otras muchas personas nobles; y 
como esto supiese el Condestable, procuró de ir con gran dili- 
gencia do estaba el dicho D. Rodrigo y le reprendió de su lo- 
cura, aconsejándole que se saliese luego de la villa y permi- 
tiese que se ejecutase la justicia que los de la Cancillería ha- 
bían hecho, lo cual el dicho D. Rodrigo y los otros caballeros 
que con él estaban tuvieron por bien, y así el Presidente de la 
Cancillería se volvió á Valladolid y despidió la gente de armas 
y fué apaciguado' todo. 

Y como el año pasado hubiese acontecido en Italia el Papa 
León haber quitado á Francisco María, sobrino del Papa Julio, 
su Estado del Ducado de Urbino, porque se tenía por cierto 
haber muerto el Cardenal de Pavía, y haberlo dado á un so- 
brino suyo llamado Lorenzo de Médicis, al cual hizo poner en 
la posesión del dicho Ducado ; en este año aconteció que como 
Francisco INIaría se viese desposeído de su Estado, procuró para 
tornarlo á recuperar de atraer á sí con promesas y dádivas á los 
españoles y alemanes que estaban dentro de Verona, y para 
su defensión, antes que se diese por concierto al Rey de 
Francia; los cuales, .como se viesen despedidos del Empera- 
dor y de los demás de la Liga, procuraron de juntarse con el 
Duque de Urbino, prometiéndole que no le desampararían hasta 
que tuviese recuperado su Estado. Eran por todos 4.000 espa- 
ñoles, soldados viejos, y 700 alemanes, sin otras gentes que con 
ellos venían de gascones é italianos; y como esto supiese el 
Papa León, procuró de hacer gran Ejército contra Francisco 
María, de 400 hombres de armas y 2.000 jinetes y más de 16.000 



- 148 — 

hombres de á pie, y con esta gente fué Lorenzo de Médicis con- 
tra Francisco María, Duque que había sido de Urbino, y en- 
traniluís pusieron sus reales en cierto monte, no muy lejos de 
L'rbinu, y estuvieron así quince días pasando entre ellos muchos 
encuentros y escaramuzas, teniendo entrambos muy fortaleci- 
d(js sus Reales, y de allí procuró irse Lorenzo de Médicis hacia 
Mondolfo, que estaba por' Francisco María, lugar principal del 
Ducado de l.'rbino, el cual cercó y empezó á combatir gon ar- 
tillería, en el cual combate fué herido Lorenzo de Médicis, y 
fué llevado á Ancona, lugar del Papa, medio muerto ; y como 
esto viese su Ejército cobró tanta ira que procuraron apretar 
míis ti combate, minándolo por muchos lugares, y así lo to- 
maron y mataron á todrjs los hombres que hallaron dentro, 
salvo las mujeres^ y pusieron fuego casi á lodo el lugar ; y 
Francisco María como esto viese se fué á Monte Brochio, que 
era lugar clel Papa muy bueno y muy fortalecido y lo com- 
batió y tamo y dio á ssco á su gente, ios cuales mataron 
todos los hombres que dentro estaban en venganza de lo que 
se había hecho en Mondolfo, y quemaron el lugar y el Ejér- 
cito del Papa no vino en su socorro, sino fuese al monte Pesaro, 
lugar muy deleitoso y de muchas frescuras, con el cual fué 
Lorenzo de Médicis que estaba ya mejor dispuesto, y como esto 
viese Francisco María, determinó de venir donde estaba y puso 
su real en Ginestreto, distante por seis millas de Pesaro, y 
comenzó de fatigarlos con la gente de á caballo española, y 
una noche, como la gente de Lorenzo de Médicis estuviese 
descuidada en sus estancias, dieron en ella los españoles de 
P'rancisco María y mataron y prendieron mucha de ella y se 
volvieron sin recibir ningún daño, lo cual como viesen 4.000 
gascones que estaban tii el Ejército de Lorenzo de Médicis 
y sintiesen la flojedad y poco saber de los Capitanes que coi 
él estaban y sus desdichados acontecimientos, se pasaron al 
Ejército de Francisco ^L'^ría, con el cual Ejército, sin más 
e«pt.rar entró i)or la tierra de Toscana y fué á la ciudad de 
Perugia y puso su Ejército media legua de ella, y envióle á 
amenazar que la destruiría si no le obedeciese y le diese di- 
neros para pagar la gente, y la ciudad, con temor, le htibo de 



- 149 — 

dar gran suma de dinero porque no lo hiciese. Como en este 
tiempo se hallase cierta carta para el Papa en poder de un Ca- 
pitán español llamado Maldonado, en que le prometía que él 
haría que la gente española se apartase de Francisco María 
)' se pasase á la suya, el dicho Duque dio parte á los españoles 
y les dijo que ellos hiciesen del dicho Capitán lo que les pa- 
reciese, conforme á la traición que intentaba, y ellos lo toma- 
ron y lo pasaron por las picas á él y á otros cinco ó seis que 
eran en la dicha traición, y estando en Perugia como sintiese 
que sus enemigos querían venir á Urbino envió á la dicha 
ciudad mucha gente de socorro, y fué sobre la ciudad de Assisi 
y la dio á saco á los soldados y de allí comenzó á amenazar 
al campo de Ancona diciendo que había de despoblar todas las 
villas y lugares que en él estaban si no le diesen lo eme de- 
mandaba que era toda la artillería y lanzas y picas y escopetas 
que tenían, todo lo cual hubo de dar la dicha ciudad porque 
los dejasen sin hacerles daño alguno, y desde allí se fueron 
á Rímini donde estaban, 1.500 suizos, á los cuales una noche 
mataron y prendieron los españoles aunque cstab:in bien cer- 
cados de muralla. 

Y como esto viese el Papa envió por legado al Duque á 
aquella provincia al Cardenal Egidio de Viterbo, el cual co- 
menzó á tratar de paz con él, y el Duque lo tuvo por bien, 
y como D. Hugo de Moneada fuese lanzado de Sicilia y se 
viniese á Ñapóles, determinó para ayudarse contra los sicilia- 
nos de ir á rogar á los españoles que estaban con Francisco 
María, Duque de Urbino, de que se viniesen con él á Ñapóles, 
diciéndoles que así convenía al servicio del Rey Don Carlos, 
el cual decían habérselo también enviado á mandar á los solda- 
dos por intercesión del Papa que se lo escribió, y los españoles 
obedecieron el mandado y se vinieron con D. Hugo á Ñápe- 
les, aunque al Duque pesó mucho por irse en tal coyuntura; 
pero ellos se excusaron de él con decir que lo que le habían 
prometido era no desampárale hasta que recobrase su Estado, 
el cual él había recobrado, y que se entendía que si su Rey leS' 
mandase otra cosa que lo habían de hacer porque los españoles 
así lo tenían por costumbre, y que ellos tenían más razón de 



- 150 - 

quejarse de él i>or(iue había tratado paz con el Papa por vía 
del Cardenal Egidio sin darles parte de ello ; pero todo vino 
á bien i)orf|uc el Papa tuvo por bien de concluir la paz con 
el Duijue de l'rbino con (jue restituyese á la Iglesia los lu- 
gares (jue le había tomado, fuera de los que competían á su 
Estado de Urbino. 

CAPÍTULO XL 

De la carta que los del Consejo escribieron al Rey Don Car- 
los sobre muchas cosas, en especial para que viniese, y 
sobre las insolencias del Conde de Urcña, y para que no 
mandase suspender la justicia de las partes. 

Los del Consejo escribieron á Su Alteza muy á menudo 
suplicándole;^ que vista la necesidad que había de su Real per- 
sona en estos Reinos, le pluguiese en breve de venir á ellos 
para regirlos y gobernar, y porque Su Alteza se excusaba alar- 
gando la venida, le tornaron á escribir sobre lo mismo hacién- 
dole saber las cosas que el Conde de Ureña hacía, continuando 
las cosas que comenzó en el Andalucía, y asimismo le aconse- 
jaron que no hiciese sobreseer en los negocios la justicia de 
las partes, especialmente en el pleito que Gutierre Quijada tra- 
taba con el Conde de Ureña, como todo parece por la carta 
siguiente : 

Muy alto, católico y muy poderoso Rey nuestro señor : Re- 
cibimos la carta de Vuestra Alteza por la cual nos hace saber 
las causas de la dilación de su venida al presente á estos sus 
Reinos y ¡lor ello besamos los pies y Reales manos de Vues- 
tra Alteza, aunque céntimos la ausencia y dilación cuanto es 
razón que la sintamos, como es verdad que todos vuestros 
subditos generalmente lo han sentido y sienten, porque se 
tienen en esto por desamparados y casi huérfanos, careciendo 
de la presencia Real de \^uestra Alteza que es lo que más 
gravemente se debe sentir, pues con ella todos seríamos muy 
alegres y consolados de los trabajos pasados, y la república 
de estos Reinos se tendría por muy bienaventurada por ser 



— 351 — • 

regida y gobernada por mano de tan católico y excelente y 
justo Rey y señor ; mas considerada cuánta razón tienen las 
causas porque Vuestra Alteza se mueve á diferir su partida, 
nos queda algún consuelo con la cierta esperanza que Vues- 
tra Alteza nos da de su venida para la primavera, lo cual 
tenemos á Vuestra Alteza en grande y señalada merced, y 
le suplicamos muy humildemente por el bien de estos sus 
Reinos la ponga en efecto como por su letra nos certifica, 
porque en verdad esto solo más que otra cosa señaladamente 
cumple á vuestro servicio, y en este medio porque Vuestra 
Alteza esté más libre de ocupación y con mayor reposo pueda 
entender en la buena expedición de los negocios de allá, pues 
son tales y de tanta calidad, y por eso tenemos mucho cui- 
dado y diligencia cuanto en nos fuere, para que lo de acá 
se haga y esté todo bien regido y gobernado así en la paci- 
ficación de estos Reinos como en la- administración y ejecu- 
ción de la justicia, como conviene al servicio de Dios y de 
Vuestra Alteza. 

Estando escribiendo ésta nos envió el Reverendísimo Car- 
denal una carta del Presidente y Oidores de la Cancillería de 
Granada que enviásemos á Vuestra Mteza originalmente, por- 
que la mande ver, porque es bien que esté de todo informado 
de lo que acá pasa. 

Ya Vuestra Alteza sabe cómo por causa del Conde de Ure- 
ña se revolvió y asomó toda la provincia de Andalucía luego 
que el Rey Católico falleció, dando el dicho Conde favor y 
ayuda á D. Pedro Girón, su hijo, para tomar por fuerza de 
anuas al Duque de Medina Sidonia su Estado, que fué el pri- 
mer movimiento que en estos Reinos se hizo, como Vuestra 
Alteza lo habrá sabido más largamente ; después, acá, no 
contento con esto, á un Oficial de la Cancillería Real de Gra- 
nada que fué enviado por los Oidores á él para hacer ciertos 
autos de justicia, le hizo prender y lo tuvo preso muchos días, 
y ahora últimamente á un receptor de la Cancillería Real de 
Granada yéndole á notificar una carta de emplazamiento, con 
seguro de Vuestra Alteza que los Oidores le dieron, y sin tener 
acatamiento á la carta y seguro que era Oficial conocido de 



- l.Jjí - 

N i.c ui.i ...L-/.., di/, que fué maltratado y abofeteado y mesado 
y le dieron un cuchillada en la cabeza, según que Vuestra 
Allc/.a lo mandara ver i»nr la dicha carta. 

Asimismo otnj que fué pocos días ha á tierra del dicho Con- 
de A ejecutar por mandado de Vuestra Alteza un servicio, le 
fué resistido y (e dieron ciertos palos y le tiraron con una 
ballesta y, en fin, se vino sin hacer la dicha ejecución porque 
de hecho le tomaron las prendas fiue ya él tenía. 

Todas estas cosas y otras que no se escriben á Vuestra Al- 
teza son de nuiy mal ejemplo y dignas de mucha punición y 
c;>.stigo, y bs Oidorc-s se duelen de ellas y las sienten y con mu- 
cha razón, porque turbar la paz del Reino y quebrar vuestras 
cartas, de seguro selladas con el sello Real y señaladas del 
Presidente y Oidores, en que está toda la autoridad de \'uestra 
Alteza y de los Reinos, é injuriar y maltratar los Oficiales y Mi- 
nistros conocidos é impedir la cobranza de vuestros derechos 
por fuerza, no cumpliendo vuestros mandamientos Reales, es 
rebelión conocida y la cosa más grave que puede suceder en 
desacato de Vuestra Alteza, y no nos parece que conforma esto 
con el alzar de los ¡lendones (jue dicen que hizo por vuestro 
servicio, antes nos parece que quiere continuar el dicho Conde 
en tiempo de Vuestra Alteza lo que acostumbraba en tiempo 
del Rey y Reina Católicos, vuestros abuelos, aunque en ver- 
dad en aquel tiem]io sus excesos no quedaban sin punición 
y castigo, como también ahora el Reverendísimo Cardenal nos 
mostró una carta que \'uestra Alteza le mandó escribir para 
que se enviase relación, con parecer nuestro, de lo que había 
pasado en el pleito de Gutierre Quijada que trata con el Con- 
de de l'reña sobre ciertos términos, y entretanto se sobresee 
en la determinación del dicho pleito hasta que por Vuestra 
Alteza todo visto mandase lo que fuese su servicio ; y lo que 
en esto, muy poderoso Señor, pasa, es lo que enviamos por una 
relación (pie va aparte de ésta, y por ella podrá Vuestra Alteza 
conocer cuan poca pasión deberían tener los que en esto han 
entendido, segi'm las diligencias y miramiento que en ello han 
. hecho, y le constará cómo la relación que á Vuestra Alteza 
se hizo por D. Juan tle la Cueva, vecino de Jerez, careció de 



— 153 — 

verdad, el, cual fué de acá huyendo por los crímenes y excesos 
que cometió, siendo Regidor de Jerez, en favor del dichn Con- 
de de Ureña en las asonadas de la provincia de Andalucía, 
y la sospecha que el Conde de Ureña dice que tiene contra los 
del Consejo, es, muy poderoso Señor, no solamente contra 
ellos, mas contra todos los buenos jueces de vuestros Reino., 
porque sabe que no han de pervertir ni traspasar la justicia, 
ni pasa en verdad que ellos le tengan enemistad como él lo 
quiere decir, porque ni hubo ni hay causa para ello ; lo que 
con verdad se puede decir es que los del Consejo hacen su 
oficio muy limpiamente poniendo delante el servicio de Dios 
y de Vuestra Alteza y el bien de la patria, y guardando la 
justicia á las partes igualmente, y á quien ellos favorecen son 
las malas obras de lo que por diversas vías no se contentan 
de tiranizar lo de vuestra Corona Real y escandalizar el Reino, 
mas querrían si pudiesen desautorizar y remover los bueoos 
Ministros de la justicia que los conocen y entienden, y sus 
maneras de los tales son éstas, que cuando otra cosa no pueden 
hacer ponen mala voz en el Reino diciendo que Vuestra Al- 
teza manda sobreseer la justicia, que es la cosa que más los 
pueblos y todos comunmente sienten, y de que las gentes 
reciben mayor quebranto, y esto hacen porque tienen en tanto 
poner la mala voz en las cosas de la justitia cuanto conseguir 
lo que piden. 

Suplicamos á Vuestra Alteza muy humildemente que, pues 
el poder y los Reinos tienen de la mano de Dios de quien le 
está principalmente encargada la guardia y observancia de 
la justicia, en la cual los Reines reciben firmeza y el poder 
Real se aumenta y esfuerza, le plega así esto como que las 
otras causas que acá penden entre partes que instan pidiendo 
justicia, de mandar hacerla llanamente, sin dar sobreseimien- 
tos que no se deben dar de justicia ni conciencia en perjuicio 
de la otra parte que clama, porque crea \''uestra Alteza que 
según la paz y justicia tiene entre sí tanta conformidad que 
el sobreseimiento de la justicia será sobreseimiento de la paz, 
lo que Dios no quiera, y haciéndose justicia como se deb^ nin- 
guna cosa con la ayuda de Dios puede impedir la paz, con- 



154 - 



(jiic viRsiros Reinos serán bien regidos y gobernados en paz 
y jnsticia, y por ello, Dios Nuestro vSeñor, prosperará larga- 
mente la vida y Estado Real de Vuestra Alteza, la cual, etc. 



CAPITULO XU 

De la venida del Marqués de Villcna á Madrid y la creación 
de Cardenales que hizo el Papa León X. y cómo el In- 
fante D. Fernando y los Gobernadores se partieron de Ma- 
drid para Aranda de Duero, y lo que allí sucedió, espe- 
rialiucnlc con el Infante D. Fernando. 

El Marqués de Villena viendo que las cosas del Conde de 
Ureña iban en total destrucción y perdición, vino á Madrid 
so color de estar con el Cardenal y acompañarle y ayudar en 
lo que fuese menester en su gobernación, y á vueltas de esto 
apretaba la negociación del Conde de Ureña cuanto él podía 
é hizo venir allí al Conde y en todo se dio tan buena maña 
que le reconcilió con el Cardenal, por manera que todos los 
excesos pasados se quedaron sin punición ni castigo, para lo 
cual nnicho ayudó D. Fray Francisco Ruiz, Obispo de Avila 
y compañero del Cardenal, y allí se dio título de Conde de 
Santisteban al hijo del Marqués de Villena que había de ser 
sucesor en su casa. 

En este tiempo vino nueva que nuestro muy Santo Padre 
León X había creado veinte Cardenales contra los Concilios an- 
tiguos, y decíase públicamente que recibía de cada uno para 
ayuda de sus necesidades lo.ooo ducados (cosa por cierto no 
digna de pensar), sobre que en Roma y en el Pasquino y en 
otras partes no se dejaron de decir algunos motes. En la lista 
que algunos enviaron de Roma de estos Cardenales, venían 
Adriano, Deán de Lovaina, que era ya Obispo de Tortosa 
por nuierte del maestre Juan Mercader, fraile cartujo y grande 
astrólogo que era de allí Obispo. 

Estando los hechos en este estado, el Infante D. Femando 
y los Gobemadores y Consejo partieron de Madrid para Aran- 



— 165 — 

áa de Duero por Agosto de este año, los cuales llegaron á la 
dicha villa y se aposentaron en ella aunque el Cardenal desde 
Madrid no iba bien dispuesto, y así se le agravó más la enfer- 
medad y por aliviarse de negocios desde algunos días que llegó 
á Aranda se pasó al monasterio de Aguilera que era de su 
Orden. 

En este tiempo, que sería casi en principio de Septiembre, 
el Rey, nuestro señor, desde Flandes escribió al Cardenal y 
Deán de Lovaina, sus Gobernadores, para que quitasen de li 
compañía del Infante al Comendador mayor de Calatrava Pero 
Núñez de Guzmán, su ayo, y ciertos sobrinos suyos, hijos 
de Ramiro Núñez, y á Suero del Águila, su caballerizo, hijo 
de Doña Isabel de Carvajal, su aya, mujer de Sancho de Águi- 
la, y á otras ciertas personas, porque decían que éstos trataban 
con algunos grandes de este Reino que favoreciesen al Infante. 

El Cardenal, sabida la carta del Rey, una noche hizo ce- 
rrar las puertas de la villa y guardarlas con alguna gente, y 
así los ya dichos fueron quitados de la compañía del Infante, 
y fué puesto el Marqués de Aguilar en lugar del Comenda- 
dar mayor, contra la voluntad del Infante, el cual requirió 
al Cardenal que le ayudase ó que le hiciese saber lo que en- 
tendía hacer por él en este caso, de lo cual el Cardenal se 
maravilló mucho temiendo que aquellas palabras eran más 
sueltas de lo que convenía á la edad del Infante, y le dijo 
que él no podía dar otra ayuda, sino cumplir y ejecutar lo 
que el Rey nuestro señor, su hermano, le mandaba, y que 
aquello él debía también hacer y haberlo por bueno. 

En lo cual pasaron algunas palabras, de que el Infante no 
se tuvo por contento del Cardenal, ni el Cardenal de él, porque 
antes solían ser amigos. 



SEGUNDA PARTE 



CAPITULO PRIMERO 

En que primero se trata de su venida en España con la Infanta 
Doña Leonor, su hermana, y la muerte del Cardenal Fray 
Francisco Ximénez. 

Después que el Rey Don Carlos hubo heoiio paces con el 
Rey de Francia para asegurar su viaje, y concluidos todos los 
más negocios de Flandes y de los otros sus señoríos, deter- 
minó de aparejar su pasada á España como lo había prometido 
muchas veces á los Gobernadores y á ' los del su Consejo, y 
para ello mandó aparejar gran flota de navios cual convenía 
y era menester para semejante caso ; en lo cual hubo alguna 
dilación porque hecha la Armada estuvo algunos días á punto' 
sin determinar su partida, porque como ya entraba el invierno 
los más que con él estaban eran de opinión que se quedara 
aquel año en Flandes también, como el pasado ; pero Su Al- 
teza inspirado por Dios, siguió en esto su parecer sólo de 
hacerse á la vela contra el de muchos que le aconsejaban hacer 
lo contrario, y salido de Flandes, en pocos días y con muy 
próspero viaje vino á desembarcar en Villaviciosa que es villa 
del Principado de Oviedo á 17 días de Septiembre, donde fué 
recibido de los hidalgos de aquella tierra con mucho placer 
y alegría. 

Venía con Su Alteza la Infanta Doña Leonor, su hermana, 
y muchas gentes, así de aquellas tierras de Flandes como de 
España que habían ido á Su Alteza, entre los cuales venía 
Mr. de Chievres, su Camarero mayor, que era el todo, y el 
Canciller Micer Juan Sobajo, natural de Brujas, y el Mayor- 



- 160 — 

Jonit^ mayor, (.nbcniatlor de Brcssa, Mr. de Beure ; el Caba- 
llerizo üiayor Carlos Laiioy, y la Cliaulx, y otros españoles mu- 
chos que traía consigo desde Flandes. 

vSólo sucedió á vSu Alteza en su viaje un caso digno de muy 
gran compasión : que viniendo en alta mar se les quemó una 
nao de las mayores de la Annada, en que venían más de cien 
criados suyos con su caballeriza, que no escapó cosa de ella. 

De Villaviciosa partió Su Alteza para San Vicente de la 
Baniuera, df)nde estuvo algunos días hasta que fueron pro- 
veídos de cal)allos y muías y de otras cosas necesarias para su 
camino, y vino allí el Condestable de Castilla, muy acompa- 
ñado de gente de á caballo á besar las manos á Su Alteza, y 
ti Cardenal D. Fray Francisco Ximénez en este tiempo quedó 
enfermo en el Monastero de Aguilera, y aunque entre él y los 
del Consejo hubo alguna diferencia, por do se apartaron de 
él contra su mandamiento, en especial el Presidente D. Antonio 
de Rojas, Arzobispo de- Granada, el Rey envió á mandar que 
se volviesen al Cardenal, y así lo hicieron, y también que- 
daron con el Cardenal los "Contadors y Oficiales de Hacienda, 
y los del Consejo de la Cámara, que eran el Licenciado Zapata 
y el Doctor Carvajal creyendo que serían recibidos en sus 
oficios sjgún los servicies que en ausencia del Rey habían he- 
cho, los cuales caminaron con voluntad y parecer del Cardenal 
para donde el Rey estaba, y llegados á Aguilar de Campóo 
recibieron cartas de parte del Rey en que les mandaba qvie 
esperasen allí por la falta de los bastimentos y dificultad de 
los caminos y posadas, y allí también quedaron D. Antonio de 
Fímseca, Contador mayor, y su hermano el Obispo de Burgos, 
y el Comendador mayor de Castilla, Hernando de Vega, donde 
esperaron al Rey como les era mandado. 

El Lic.nci.xlo de \'argas. Tesorero y del Consejo, partió 
desde Aranda con dinero y llegó á San Vicente, donde aunque 
fué bien reciliido no fué luego admitido para que entrase en 
el Consejo, porque los que venían con el Rey alargaban y dete- 
nían el camino cuanto podían y echaban fama que el Rey, sin 
venir á Castilla, se quería pasar á Aragón. La causa pareció 
ser porque los flamencos creyeron y temieron que en desem- 



— 16t - 

barcando habían de venir los grandes y pueblos del Reino á 
tomar su Rey y á sacarlo de su poder ; lo otro porque tenu'an 
que el Cardenal entendiera en ordenar la casa, y quitara mu- 
chos de los que venían con oficio de Flandes y pusiera á otros 
é hiciera con el Rey que se ordenaran algunas cosas que con- 
venían al servicio de Dios y suyo 3' bien de estos Reinos, y por 
esto dilataban la venida, por que el Cardenal no viese ni avisase 
al Rey ni le aconsejase. 

El Cardenal en este medio pasóse del Monasterio de Agui- 
lera á Roa con el Consejo, donde cada día se le agravaba más 
la emfermedad, de lo cual tenían noticia grande á menudo los 
que estorbaban estas vistas, porque del médico que le curaba 
recibían cada día avisos y hasta qué tiempo podía vivir según 
natura, \^ por esto alongaban la venida hasta tiempo que ó 
el Cardenal fuese muerto ó no pudiese verse con el Rey, y 
creyóse que midiendo el tiempo llegaron á Aguilar de Campóo, 
donde el Rey fué recibido como convenía de muchos grandes 
y caballeros del Reino que allí le fueron a besar las manos, 
donde los de la Cámara suplicaron al Rey les dejase servir 
sus oficios, pues por muchas cédulas se lo tenía prometido y 
asegurado. 

El Rey se excusó diciendo que él iba á Valladolid donde 
había de ordenar su casa, que fuesen allí, donde no tuviesen 
duda que serían recibidos, porque si allí los recibía no se 
podía excusar de hacer lo mismo con Fonseca y con el Obispo 
su hermano y el Comendador mayor de Castilla y los otros, 
los cuales también remitía para Valladolid, y con esta res- 
puesta vinieron suspensos los unos y los otros ; pero en este 
medio tiempo usaban el oficio de la Cámara el Obispo Mota 
y D. García de Padilla que habían sido proveídos en Flandes, 
y dicen que no por buenas mañas, que el uno tuvo con Mr. de 
Chievres, y el otro con el Canciller Juan Sobajo. 

Elegando ya el Rey cerca de Valladolid mandó escribir dos 
cartas, una para- el Cardenal, que estaba en Roa, y otra para 
los del Consejo que estaban con él, para que viniesen á Mo- 
jados. En la del Cardenal decía, en efecto, que le daba gracias 
por lo pasado y le rogaba que se llegase á Mojados para acón- 



- lí)2 — 

scjarl'j lo «luc t<»caba á la orden de su casa, porque luego se 
ixjdría volver á descansar, y esta carta dicen que la hizo el 
dicho Obispo Mota, á (juien no placía (jue el Cardenal S'j jun- 
tase con el Rey, para hacerle sinsabor con íkiucI despedi- 
niiento honesto, á cabo de tantos servicios. 

V luego que llegó esta carta al Cardenal recibió tanta al- 
teración y le tomó tan recia calentura que en pocos días lo 
despachó, y domingo, á ocho días de Diciembre, dio el ánima 
á Dios que la crió, en Roa, y fué sepultado en Alcalá de 
Henares, en la capilla de vSan Ildefonso, en el Colegio mayor 
que él edificó, el cual hizo otros muchos edificios y obras pías, 
especialmente la Iglesia de .Santiuste, y los Colegios y Estudios 
fine en Alcalá de Henares están, los. cuales dotó magnífica- 
mente ; y en Tor de Laguna hizo un monasterio de su Orden, 
en 111 escás y Toledo hizo otros monasterios y la capilla de los 
Mozárabes. Fué v.irón de grandes pensamientos y ánimo, y 
tenía buena intención á las cosas públicas, tanto que por qui- 
tar vejaciones de arrendadores trabajó que se encabezasen las 
Rentas Reales y las tohiasen los pueblos sobre sí en precios 
con\enib]es, y así se hizo. 

Kra vivo, tanto, que algunas veces erraba los negocios por- 
í|ue no iba por medios derechos, antes creía que como una cosa 
él concebía (¡ue así había, sin medios, de ser producida; procu- 
ró hacer la Biblia en tres lenguas, conviene á saber : eft latín, en 
griego y en hebraico ; tenía cada día lección de disputa ; á 
su mesa hizo venir nuiy grandes hombres de París y de otros 
estudios generales para su Colegio y cátedras que allí fundó 
en todas ciencias; fué amigo de hombres valientes y de gente 
de guerra; fué honesto y gran comedor; detenninado en sus 
cosas, según demostró en el tiempo que gobernó; dejó un so- 
brino, hijo de un su hennano, dicho D. Benito de Cisneros, 
con tres cuentos de renta, y dos sobrinas, la una casada con 
el Coiuk- de Coruña y la otra con Juan Zapata, señor de 
Barajas. 

Después (pie Su Alteza escribió las cartas para el Cardenal 
v para los del Consejo, se fué á Tordesillas con su hcnnana 
la Infanta Doña Leonor á besar las manos á la Reina Doña 



— 163 - 

Juana, su madre, la cual se alegró mucho con sus hijos, y como 
allí le vmo la nueva de la muerte del Cardenal, se despidió 
de su madre y se vino á Mojados, donde le vino á besar las 
manos el Infante D. Fernando, su hermano, al cual recibió 
con muy gran placer y le hizo muchos ofrecimientos, y la In- 
fanta Doña Leonor y él se abrazaron y besaron con mucho 
placer. 

Su Alteza recibió muy bien al Obispo de Tortosa, su Em- 
bajador que era ya creado Cardenal, aunque no le había ve- 
nido el capelo, y á los del Consejo, á los cuales hizo llamar 
otro día, y los recibió de nuevo por del su Consejo, como lo 
habían sido de sus padres y abuelos, y allí se platicaron algu- 
nas cosas que convenían hacerse, en especial cerca de las Cor- 
tes que se habían de tener en Valladolid ; pero los de la Cá- 
mara no fueron recibidos en sus oficios de la Cámara porque 
los que los tenían desde Flandes se les hacía de mal de dejarlos 
y negociaban por todas las vías que podían de no dejarles y 
echar fuera á los que primero lo eran, á los cuales favorecían 
personas allegadas al Rey, especialmente el Caballerizo mayor, 
que andaba de casa en casa para estorbarlo, v el Presidente 
del Consejo, por el odio que tenía con los de la Cámara da- 
ñaba lo que podía. 

El Gran Canciller Juan Sobajo, aunque le parecía mal, no 
lo quería decir como era menester, en especial que desde Flan- 
des estaba prendado con dádivas ; mas no pudo tanto callar que 
no dijese al Caballerizo que se les hacía agravio, dando á en- 
tender que el Rey había mandado que fuesen recibidos (aun- 
que el Caballerizo lo estorbaba). 

Otro día el Rey se partió para Abrojo, donde estuvo hasta 
que el recibimiento se aparejó, y de allí fué á ver á Madama 
Germana, que había venido de :\Iadrid á INIucientes, y la reci- 
bió como madre, ofreciéndosele mucho, y la llevó á Valladolid 
y la trajo siempre consigo hasta que la casó (como diremos). 
Y como fué aparejado el recibimiento salieron muchos grandes 
y caballeros de Valladolid muy ataviados y acompañados, y 
después la Iglesia y Estudio y Cancillería, y á la postre el 
Consejo Real, al cual Su Alteza mandó entrar dentro su guar- 



— 164 — 

(la. y así fué recibido el Rey en Valladolid muy solemne y 
l)()nra<lamentc, con ^ran alegría de todos. 

Wnían ya c(.n Su Alteza el Infante I). Fernando y Madama 
lAonor, sus hermanos, y el Cardenal de Tortosa, su Embaja- 
dor, con nniy gran número de gentes en su acompañamiento 
y recibimiento. Posó en la corredera de vSan Pablo en las casas 
lie I). Ikrnardino Pimentel. 

En este año por Marzo murió la Reina Doña ISIaría, mujer 
del Rey D. Manuel de Portugal, y por el mes de Enero murió 
D. Juan de Ortega, Obispo de Coria, fué proveído en su Obisr- 
liado un Cardenal ; por Agosto murió Juan Velázquez, Conta- 
dor mayor, hubo la contaduría Mr. de Chievres ; por el mes 
de Febrero murió D. Pedro de Aguilar, Marqués de Priego. 



CAPÍTULO II 

De las cosas que acontecieron en el año de 1518. — Primeramen- 
te cómo el Rey Don Carlos trajo de Flandes á España- dos 
f:randes privados la gobernación de los euale.', trjjo nmeJ'O 
daño en España y fué ocasión que Su Alteza fuese mal 
quisto en ella. 

Venido el Rey Don Carlos á \'alladolid fué muy grande el 
concurso de la gente que allí acudió, así de señores y Prelados 
como de caballeros y hombres plebeyos, y los más por hablar 
al Rey y traerle á la memoria la antigüedad de sus pasados y 
la grandeza de sus servicios, y pensando de hacer más en su 
hecho ani(iuilaban la sangre de sus vecinos y deshacían sus 
buenos hechos, y se daban mucho á despachar sus negocios 
propios aunque fuese en perjuicio ajeno ; y así procuraban 
hacerse mal los unos á los otros, y más hicieran si el Rey en- 
tendiera la habla española y no le hablaran por intérprete. 

\'inieron en acjuel tiempo con el Príncipe dos flamencos 
grandes privados suyos: el uno era gran Canciller, Presidente 
de su Consejo, llamado Micer Juan Sobajo ; el otro era Gui- 
llermo de Croy, señor de Chievres, que era su ayo v Camarero 



— 165 — 

mayor, el cual traía al Rey muy hecho á lo qucí quería, tanto 
que no se hacía más de lo que Chievres mandaba, y si acertaba 
en hacer algo bueno apropiábase á sí la gloria, y si era malo 
decía que así lo quería el Rey, que fué ocasión de hacer á Su 
Alteza mal quisto en España, y estos dos privados por haber 
mejor sus hechos procuraron de hacer á los grandes y ca- 
balleros del Reino entre sí divisos, siguiendo unos la par- 
cialidad del Rey Don Felipe, cuya cabeza era el gran Can- 
ciller, y otros seguían la del Rey Don Fernando, á quien fa- 
vorecía Mr. de Chievres, y así andaban las cosas de arte que 
ninguno tenía vergüenza de hacer ni decir mal, lo cual pa- 
recía mal en los dos privados. 

Y pareciera en la verdad mejor, que el uno con su pruden- 
cia y el otro con su ciencia no dieran favor á los unos ni 
orejas á los otros, sino que hicieran que todos administraran 
rectamente la justicia, y esto dio ocasión á que s:- echase más 
de ver como aconteciese tras una buena gobernación \' de tanto 
tiempo que en España se había tentado y mantenido la jus- 
ticia con tanta limpieza como fué en los tiempos de los Rej^es 
Católicos y del Cardenal Fray Francisco Ximénez ; pero en 
este tiempo acontecía que á los que pedían corregimientos y 
encomiendas ú otros oficios, no miraban tanto si eran hábiles 
para ello, ni si habían hecho servicios, cuanto si traían dineros, 
para que se lo diesen, y así se vedían los cargos y las can- 
cillerías y capitanías de la guerra y fortalezas y oficios Reales, 
no mirando como dicho tingo á la habilidad del que lo deman- 
daba, sino al dinero que por ello daban, de do resultaba ha- 
cerse muchos robos en la administración de la justicia, y si 
algunos pueblos se querellasen de los que los regían, los que 
les habían vendido el oficio les sustentaban en él para que no 
les fuese quitado, todo lo cual fué causa de escandalizar á Es- 
paña y que aborreciesen á su Rey, y de esto redundaba que la 
gente baja de los flamencos se hacían muy soberbios y entra- 
ban por la fuerza en las huertas y en las posadas y maltrataban 
á los huéspedes, mataban á los hombres por las calles, sin te- 
ner temor alguno de la justicia, y finalmente, intentaban todo 
lo que querían y se salían con ello ; y por otra parte procuraba 



Mr. tic Chievrcs tener al Rey tan retraído, que muy pocos lo 
comunicaban, lo que fué causa de que los naturales le aborre- 
ciesen y le tuviesen por esíjuivo y mal acondicionado, y le lla- 
masen alemán, inconversable y enemigo de la Nación española, 
totlo lo cual se re-sunn'a en aborrecer al Rey, porque como la 
gente veía que Chievres no consentía que le tratasen, unos de- 
cían (¡ue era maníaco y para poco, otros que tenía gota coral 
y (jue no sabía hablar, y que del todo era inhábil para la go- 
bernación del Reino, y que parecía en la inocencia á la madre 
y no nada á la viveza del padre, y cuanto al no dejar Mr. de 
Chievres al Rey ser conversable con sus vasallos, decían algu- 
nos que lo hacía de muy astuto, por causa que de él no hiciese 
más caso, porque siendo el Rey conocido de sus vasallos pen- 
saba él ser menospreciado, y otros, como algima vez hablasen 
á Su Alteza y le viesen cuerdo en su habla y muy reposado en 
su i)crsona, juraban que no estaba en él el defecto, sino en 
Chievres (lue era un tirano, y que quitado Chievres de por 
medio, que tenían buen Rey y que se administraría mejor la 
justicia y no habría tanta disolución en la injuria, y avaricia, 
y codicia, y en otros muchos \'icios. 

Finalmente no es razón de atribuir al Rey que todos estos 
males que España padecía en este tiempo fuesen á su causa, 
pues él se dejaba gobernar de sus personas; el uno anciano y 
cuerdo como era Chievres, á quien el Emperador, su abuelo, 
se lo había dado por ayo, 3' el otro, el gran Canciller, sabio y 
entendido en letras, porque al fin ora acertara, ora errara, fuera 
gravemente reprendido si se siguiera por su consejo propio ; pero 
muertos estos dos (como diremos) , bien pareció la culpa haber 
estado en ellos, y los Reinos conocieron su grande bondad y 
virtud y cuan amigo era de justicia y enemigo de mentiras, 
y cómo no tenía vicio de qué le reprender y muchas virtudes 
en fjue le imitar. 



- 167 — 

CAPÍTULO III 

De las primeras Cortes que el Rey Don Carlos tuvo en la villa 
de Valladolid y cómo en ellas fué jurado por Rey y las fies- 
tas que allí se hicieron. 

Al cabo de ocho ó diez días que el Rey Don Carlos estaba 
en Valladolid, como viniese la fiesta del Apóstol San Andrés, de- 
terminó de celebrar la del Toisón con gran solemnidad, la cual 
constituyeron los Duques de Borgoña, y tienen al glorioso San 
Andrés por patrón de ella ; y á 1 2 de Diciembre se despacharon 
correos por todas las ciudades del Reino con apercibimiento 
de Cortes y que viniesen á la viUa de Valladolid, porque el Rey 
quería dar cuenta de su venida ; y á 25 del dicho mes, que se 
tomó concierto entre D. Antonio de Zúñiga y D. Diego de To- 
ledo, hijo del Duque de Alba, sobre la competencia que traían 
del priorazgo de San Juan, los cuales aunque quedaron casi 
iguales en la tierra todavía llevó D. Antonio la mejoría, porque 
le dieron á Consuegra cabeza del priorazgo, y en la verdad, 
decían todos que tenía más justicia, y aunque este concierto 
hizo Su Alteza, no por eso los de Rodas dejaron de tener por 
prior á D. Diego de Toledo en todos los mandamientos de la 
Orden y en lo demás que enviaban á España, de que se seguían 
inconvenientes y algunos escándalos en que se había de entro- 
meter Su Alteza para lo remediar, y duró esta diferencia hasta 
que murió el D. Antonio y D. Diego quedó con todo el prio- 
razgo. 

Como el Arzobispado de Toledo estuviese vaco y muchos de 
los grandes lo negociasen, unos para sus hijos y otros para pa- 
rientes y amigos, se estorbaban unos á otros, y al cabo algu- 
nos viendo que no lo podían haber, por congraciarse con Chie- 
vres le aconsejaron que lo demandase para su sobrino, porque 
pensaban que de esta manera, dándose á extranjero, no que- 
daba ningún natural afrentado ; y entre los que así se lo acon- 
sejaron fué uno el Marqués de Villena, diciendo que tenía su 
Estado cerca de Toledo, y que él haría como la provisión fuese 



— Ií)8 - 

cíbcilecida ; y así aconteció que Mr. de Chievres pidió el Arzo- 
bispado i)ara su sobrino, que se llamaba Guillermo de Croy, de 
la Orden del Cister, y Su Alteza se lo dio; y como al tomar 
de la iKjsesión la Iglecia de Toledo resistiese porque ellos (lui- 
sieran ({ue fuera allí proveído, D. Alonso Manrique, Obisix) que 
era de Córbíxla, al cabo, como el Marqués de Villena fuese á 
Toledo se dio tan buena maña con ser íülí tan poderoso, que 
se le dio la ¡K^sesión del Arzobispado al dicho Guillermo de Croy. 
Esto hizo el Marqués de \^illena con pensamiento que Chievres 
hiciera de arte (lue él fuera restituido en su Marquesado y fué 
justo juicit) (le Dios (¡ue ni Guillermo de Croy gozó del Arzo- 
bispado, ni el Marqués de Villena fué restituido en el Marque- 
sado, antes cayó en muy gran desgracia con Su Alteza. 

Desde esta villa envió Su Alteza al Licenciado Francisco de 
\'argas, su Tesorero, á Alcalá de Henares para que tomase el 
dinero cjue^ allí había dejado el Cardenal Fray Francisco Xi- 
ménez, para enviar á Flandes para que se pagase al Rey de 
Francia lo que había quedado, y según la contratación que con 
él tenía hecha. 

X'enidos los Procuradores de las ciudades y villas del Reino 
á \'alladolid se juntaron todos en el Monasterio de San Pablo, 
y lo primero fiue allí les propusieron el Maestro Mota Obispo 
de Badajoz, como Presidente de las Cortes, y D García de Pa- 
dilla como letrado de ellas, fué qite pues el Rey Don Carlos se 
intitulaba nombre de Rey desde Flandes, que tuviesen por bien 
de jurarle por tal en nombre del Reino, pues su madre la Reina 
Doña Juana no estaba con entero juicio para poder gobernar 
la república. Sobre lo cual hubo gran contienda en las Cortes 
entre los caballeros y Procuradores )' letrados del Reino, por- 
(lue anuíiue i>or una parte tenían gran voluntad de honrar al 
hijo, por otra tenían gran escrúpulo en la fidelidad de la madre, 
siendo ella viva ; lo cual se altercó por algunos días mucho, y 
no jiorquc pensaban de no hacerlo, sino porque los extranjeros 
conociesen cuati fidelísimos eran los españoles á sus Reyes, y 
así el Rey y los que con él venían no pensaron que se jurara 
por Rey tan fácilmente. Lo cual tuvieron á mucho y lo tuvieran 
en much«í más si más se dilatara, y así fué jurado el Rey Don 



— 169 — 

Carlos por Rey de Castilla y de León, con muchas ceremonias, 
en San Pablo de Valladolid, por todos los caballeros, Procura- 
dores y Prelados, con tal condición que si algún tiempo Nues- 
tro Señor, por su misericordia, tornase su juicio á la Serenísi- 
ma Reina Doña Juana, su madre, que el Rey desistiese de la 
gobernación de Castilla, y de todo y por todo se hiciese lo que 
ella mandase, porque á él no le daban sino título de Rey y go- 
bierno de la república, y á su madre le quedaba sano y entero 
el derecho y dominio de los Reinos de Castilla, y así fué pre- 
gonado con mucha solemnidad por Rey. 

Los Procuradores le hicieron un servicio para ayuda de su 
gasto de 150 cuentos, el cual tuvo el Rey en mucho. 

Pasadas las Cortes acordó el Rey de regocijar la caballería 
con fiestas, así por ser nuevamente jurado como por que todos 
conociesen su magnificencia, y á 14 de Marzo se celebró un 
torneo en la plaza de Valladolid, que fué cosa maravillosa de 
ver, y fueron 25 á 25 ; do se dieron grandes golpes y heri- 
das y salieron muchos caballos heridos y muertos. 

Pasado el torneo se ordenaron grandes justas, donde justó el 
Rey Don Carlos, que fué la primera vez que lo había hecho 
en su vida, y justó contra él su Caballerizo mayor, D. Carlos 
de la Noy, de nación italiano y caballero loado, más por las 
armas que por su condición, porque era muy cuerdo en lo que 
hacía y muy desabrido con los que trataba. Fueron muy gran- 
des los gastos que se hicieron en estas fiestas de sedas y telas 
de oro y brocados y en las libreas que se dieron, todos los cua- 
les mandó pagar el Rey Don Carlos, que decían haber llegado 
á 40.000 ducados ; Su Alteza se comenzó á demostrar muy ge- 
neroso. 

Y como el Rey procurase de sacar á la Infanta Doña Cata- 
lina, su hermana, de poder de la Reina Doña Juana, su madre, 
para traerla consigo y en compañía de la Infanta Doña Leonor, 
sintió la Reina el apartamiento de su hija, tanto que no quiso 
comer en tres días, y viendo esto Su Alteza la tornó á volver 
á la Reina su madre, yendo él con ella á Tordesillas para con- 
solarla. 

En este tiempo se dio el capelo de Cardenal al Obispo de 



— 170 — 

'i'ortdba, lMiii);ij.Ki()r (juc liabía sido del Rey Don Carlos, en 
San Pal)l</ de Valladolid. con muy gran solemnidad. 

CAPITULO IV 

Jii iii.s /■( í/( /('Hf.x qiíL ditron los Procuradores de Cortes al Rey 
Pon Carlos en nombre de sus ciudades y lo que Su Alteza 
á illas respondió. 

Lo iirimero suplicaron á vSu ^íajestad que la Reina, nuestra 
señora, estuviese con aquella casa y asiento que se debía como 
á Reina y señora de estos Reinos. 

ítem : suplicaron á Su Alteza proveyese como los Embajado- 
res de estos Reinos fuesen naturales de ellos. 

vSuplicaron más á Su Alteza que en su Casa Real cupiesen 
castellanos y españoles como habían cabido en tiempo de sus 
¡jasados, y en los servicios de ella se sirviese de eUos, y los apo- 
sentadores y porteros que tuviese fuesen de todas naciones por 
(jue se i)udicsen entender con ellos. 

ítem : sui)licaron á Su Alteza les hiciese merced de querer 
hablar en castellano, porque haciéndolo así aprendería más pres- 
to la habla y Su Alteza podría mejor entender á sus vasallos y 
servidores y ellos á él. 

ítem : suplicaron á Su Alteza no enajenase cosa tocante á 
su Corona Real, y si alguno pidiese justicia Su Alteza se la 
mandase guardar. 

ítem : suplicaron á Su Alteza que todo lo del Reino que estu- 
viese encabezado lo estuviese, y los que se quisiesen encabezar 
lo pudiesen hacer en el precio que estaba en este tiempo, como 
siemi>re se había hecho, guardando la cláusula del testamento 
de la Reina Católica Doña Isabel que sea en gloria. 

ítem: sui)licaron á Su Alteza no mandase expectativas de 
oficios de i)ersonas vivas, y mandase revocar si algunos hubiese 
dado, ni hiciese merced de bienes de persona alguna antes que 
fuesen condenados y la sentencia pasada en cosa juzgada. 

ítem : sujilicaron á Su Alteza mandase que no se pudiesen 
sacar caballos del Reino, pues era cosa tan necesaria. 



— 171 — 

ítem : suplicaron á Su Alteza que las leyes y pragmáticas de 
estos Reinos que hablaban contra los que se alzaban con ha- 
ciendas ajenas fuesen guardadas y ejecutadas, habiéndolos por 
públicos robadores. 

ítem : le suplicaron que mandase vedar el juego de los dados, 
mandando cumplir lo que el Rey Don Fernando el Católico 
sobre ello había ordenado. 

ítem : suplicaron á Su Alteza mandase que todas las residen- 
cias y pesquisas del Reino que eran traídas á su Real Consejo 
se viesen, y que ningún juez ni justicia pudiese ser proveído 
de otro oficio hasta que se viese su residencia y ejecutada en el 
dicho Consejo, por que los buenos jueces fuesen gratificados y 
los malos castigados. 

ítem : le suplicaron que todas las penas y caliminias pertene- 
cientes á su Corona no fuesen libradas ni se librasen á ningún 
juez ni corregidor, ni á alguno del Consejo, sino que se cobrase 
como tesoro de Su Alteza, porque las justicias buscaban culpas 
do no las había. 

ítem : suplicaron á Su Alteza que la provisión que había 
mandado dar por hacer bien y merced á estos Reinos que donde 
no hubiese parte que querellase que las justicias no procedie- 
sen de su oficio en ciertos casos en la provisión contenidos, que 
aquello se entendiese aunque el querelloso hubiese acusado si 
después se apartase de la querella. 

Otrosí : le suplicaron mandase plantar montes en todo el 
Reino donde se hallase aparejo para eUo y mandase dar orden 
como los que al presente había se guardasen y no se destruye- 
sen, mandando guardar las ordenanzas sobre ello hechas. 

ítem : suplicaron á Su Alteza mandase que valiesen y no se 
pudiesen revocar las provisiones y mercedes que sus antepasa- 
dos los Reyes Católicos habían hecho á los Procuradores de 
Cortes en las Cortes que ellos hicieron. 

ítem : le suplicaron hiciese merced á estos Reinos de mandar 
tener consulta por que se despachasen los negocios y que hicie- 
se Su Alteza audiencia, á lo menos dos días en 1." semana. 

ítem : suplicaron á Su Alteza mandase defender y amparar 
el Reino de Navarra que el Rey. Don Fernando el Católico ha- 



— 1 "l-A 



bíii incorporado en la Corona Real en las Cortes que hizo en 
líur^os el año de I5i5- 

( )trosí : hacían saber á Su Alteza cómo muchos labradores pe- 
cheros en las ciudades y villas de estos sus Reinos ganaban pri- 
vilcfíios de »Su Alteza para (¡ue fuesen habidos por hijosdalgo y 
no i^echasen, lo cual era gran daño de los pueblos, porque lo que 
pa traba el más rico del lugar cargaba sobre los pobres, suplica- 
ban á vSu Alte/.a no mandase dar á ningún pechero carta de hi- 
dalguía por lo (]ue tocaba á su Real conciencia. 

ítem : hacían saber á vSu Alteza que el Correo mayor que rd- 
sidía en Corte pedía el diezmo de lo que ganaban los correos 
que residían en todas las ciudades y villas de Reino, suplicaban 
á Su Alteza lo mandase quitar, y (jue los correos fuesen libres, 
que tío pagasen cosa alguna, porque era tributo injusto. 

ítem : suplicaron á Su Alteza mandase guardar la pragmá- 
tica que daí)a orden en el medir de los paños y sedas, mandando 
que se midan sobre tabla, porque es quitar muchos fraudes que 
se hacían de otra manera. 

ítem : suplicaron á Su Alteza mandase que los xAlcaldes de 
Corte y Cancillerías no pudiesen librar en sus casas, sino pú- 
blicamente en la plaza, y «pie los Escribanos no pudiesen asen- 
tar auto alguno hasta (pie- el Alcalde estuviese asentado y lo 
mandase. 

Otrosí : le suplicaron mandase vSu Alteza que á los Procura- 
dores les fuesen pagados los salarios por las ciudades ó villas 
que le-s enviaban, como se había acostumbrado á hacer á otros 
Procuradores que habían \enido á Cortes. 

ítem : suplicaron á Su Alteza les hiciese merced de mandar 
(piitar todas las nuevas imposiciones que estaban puestas en 
estos Reinos contra las leyes pragmáticas de ellos. 

Otn)sí : hacían saber á Su Alteza que el Cardenal Fray Fran- 
cisco Ximénez había hecho y annado algunos caballeros pardos, 
los cuales antes eran pecheros, y cómo aquéllos se excusaban de 
jiechar, lo cual todo cargaba sobre los pobres. 

ítem : hacían saber á Su Alteza cómo al tiempo que el dicho 
Cardenal ha])ía (juerido echar la gente de guerra en estos Reinos, 
había concedido algunas franquezas y libertades á los que que- 



— ITÜ — 

rían asentar y les había dado cartas y privilegios, de ellas pu- 
blicaban á Su Alteza, pues aquello era pasado, mandase que no 
valiesen las dichas cartas. 

ítem : suplicaron á Su Alteza les hiciese merced de proveer 
con nuestro muy Santo Padre cómo en los Arzobispados y Obis- 
pados donde eran los beneficios patrimoniales se guardase la 
costumbre antigua cerca de lo que se había tenido y guardado 
hasta allí, y que mandase revocar cualesquier bulas y provi- 
siones que se hubiesen dado en perjuicio de los dichos benefi- 
cios patrimoniales. 

ítem : le suplicaron les hiciese merced, como hasta allí se ha- 
bía hecho, que los receptores que habían de cobrar el presente 
servicio que á Su Alteza se había hecho, cada uno en su parti- 
do pudiesen hacer ejecutor para la cobranza, y que Su Alteza 
no permitiese que se cobrase el servicio sino por los Procura- 
dores, ni se hiciesen más receptorías de las que se acostumbra- 
ban á hacer. 

Otrosí : suplicaron á Su Alteza que pasados los tres años del 
servicio que le hacían no mandase ni permitiese echar otro, si 
no fuese con extrema necesidad que para ello hubiese. 

Respuesta á estas peticiones. 

A todas las cuales peticiones así dichas. Su Alteza respondió 
que se hiciesen como en eUas lo pedían y que mandaría á los 
del su Consejo diesen cartas si necesidad fuese para que todo 
se cumpliese. 

Dieron otras peticiones, que por las respuestas ser casi unas, 
las ponemos aquí juntas. 

Primeramente suplicaron á Su Alteza que pues era notorio 
el agravio que la Corona Real de Castilla y la iglesia de Murcia 
recibían de la elección de Orihuela, mandase escribir á nuestro 
muy Santo Padre sobre ello para que luego viese el dicho de-- 
pacho. 

ítem : suplicaron á Su Alteza mandase proveer con el Papa 
que los Obispados y dignidades que residían en Roma ó en otras 
partes cuando vacasen se tomasen á proveer por vuestra Alteza 



— 174 — 

á naturales como patrón, y que no c]ucclasen en Roma como 
hasta aíiuí. 

Ucni : suplicaron á Su Alteza Viue no se pudiesen llevar ni 
llevasen rediezmos algunos. 

Otrosí: le suplicaren mandase dar orden con nuestro muy 
Santo Padre cómo los Jueces y Escribanos eclesiásticos tuviesen 
su arancel y lo guardasen é hiciesen su residencia. 

Otrosí : suplicaron á Su Alteza proveyese con el Papa que no 
tlicse reservas en los cuatro meses de los Obispos, y. que los di- 
chos Obispos y Prelados tuviesen mucho cuidado de la visita- 
ción de sus iglesias. 

Otrosí : le suplicaron mandase proveer en Roma que no se 
consumiesen canongías de las iglesias catedrales, porque las 
dignidades y Canónigos procuraban de consumirlas para acre- 
centar las suyas. 

ítem : suplicaron á vSu Alteza mandase provecí- cómo los clé- 
rigos pudiesen testar, porque de otra manera el Papa sería se- 
ñor de las más haciendas del Reino. 

ítem : suplicaron á Su Alteza que los Obispos y otros Prela- 
dos (jue residían fuera del Reino, que aimque arrendasen sus 
rentas no arrendasen la jurisdicción, dando poder á los arrenda- 
dores para quitar y poner provisores y otros oficiales. 

Otrosí : hacían saber á Su Alteza que las iglesias y monas- 
terios de estos Reinos estaban tan señores de los bienes raíces 
de ellos, k) cual si en breve no se remediaba vendría á ser todo 
6 la mayor parte del Reino suyo, lo cual era muy gran daño de 
su i)atrimonio Real. Suplicaban á Su Alteza lo mandase proveer 
de manera que ninguno pudiese mandar bienes raíces á igle- 
sia, ni monasterio, ni cofradías, ni ellos las pudiesen heredar ni 
comprar. 

ítem : hacían saber á Su Alteza que nuestro muy Santo Pa- 
dre, en Roma anejaba á los Obispados de los Reinos extraños 
(|Ue eran de poca renta beneficios del Reino de Castilla, lo cual 
era gran perjuicio del dicho Reino. Suplicaban á Su Alteza lo 
mandase remediar de manera que no se hiciese. 

Otrosí : hacían saber á Su Alteza que en estos Reines había 
tantos Jueces conservadores (pie destruían la jurisdicción Real 



- ITf) — 

y usaban de sus provisiones más largamente que no debían. Su- 
plicaban á Su Alteza mandase proveer con Su Santidad que pu- 
siesen conservadores que fuesen tales, y elegidos por Su Alteza, 
en lo cual hubiese número y orden. 

ítem : suplicaron á Su Alteza les hiciese merced de mandar 
guardar justicia á las órdenes militares y no permitiese que por 
Roma ni Portugal se proveyese de hábitos, ni encomiendas, 
pues tocaba á la Corona y patronazgo Real de vSu Majestad. 

Respuesta á estas peticiones. 

A las cuales peticiones Su x\lteza respondió que él escribiría 
sobre ellas al nuestro muy Santo Padre para que las remediase, 
y procuraría lo que en sí fuese como se cumpliesen, y en lo de 
la iglesia de Murcia Su Alteza mandó escribir luego, y nues- 
tro muy Santo Padre el Papa León tuvo por bien de revocar la 
gracia que el Papa Julio había hecho en favor de la iglesia de 
Orihuela y mandó que tornase la dicha ciudad á la jurisdicción 
del Obispado de Cartagena. 

Asimismo dieron otras peticiones, que por ser diversas cosas 
y diversas respuestas, las ponemos por sí con sus respuestas. 

Primeramente suplicaron á Su Alteza fuese servido de ca- 
sarse lo más brevemente que ser pudiese, por la necesidad que los 
Reinos de ello tenían por que de tan alto Príncipe Dios le diese 
hijos de bendición. A lo cual Su Majestad respondió que mira- 
ría lo que conviniese á su honra y bien de su persona y de estos 
Reinos y sucesión de ellos. 

Otrosí : le suplicaron que Its hiciese merced que el Infante 
Don Fernando no saliese de estos Reinos hasta que Su Alteza 
fuese casado y tuviese heredero. A lo cual Su Alteza respondió 
que ninguna cosa tanto deseaba como el acrecentamiento del 
dicho Infante, y que todo lo que mandase proveer cerca de su 
persona sería para acrecentamiento y bien de sus Reinos. 

ítem : suplicaron á Su Alteza que mandase que los oficios 
y beneficios y dignidades y encomiendas y tenencias y gober 
naciones no se diesen á extranjeros, mandando que los naturales 
de Castilla tuviesen sus oficios y beneficios en Castilla, y que no 



— ]7() — 

se concediese carta de naturaleza á ningún extranjero, y si al- 
gunas hubiese dado las mandase revocar, y que Su Alteza man- 
dase que el Arzobispo de Toledo residiese en estos Reinos, por 
<iue en ellos se gastasen las rentas del dicho Arzobispado. A lo 
cual vSu Alteza resiiondió que les prometía que de allí adelante 
mandaría guardar lo (]ue le suplicaban, y lo que tocaba al Ar- 
zobisjH) de Tíjkdo, (jue él le mandaría escribir para que luego 
viniese en estos Reinos. 

Otrosí : suplicaron á Su Alteza no mandase hacer merced á 
persona alguna de la tenencia de la fortaleza de Lora que era 
de la ciudad de Burgos, y si alguna tenía hecha la mandase re- 
vocar. A lo cual Su Alteza respondió que mandaría ver la jus- 
ticia que la dicha ciudad tenía á la dicha fortaleza, y que si pa- 
reciese á los del su Consejo que la ciudad tenía derecho á ella 
no i)ro\eería cosíi en perjuicio suyo. 

Otrosí : suplicaron á Su Alteza que les hiciese merced de 
mandar guardar sus privilegios á los monteros de Espinosa acer- 
ca de la guarda de su Real persona. A lo cual Su Majestad res- 
l)ondió (jue mandaría ver sus privilegios y proveería sobre ello 
lo (¡ue fuese justicia y razón. 

Otrosí : sui)licaron á Su Alteza que no permitiese que Aré- 
valo y Olmedo saliesen de la Corona Real. A lo cual Su Alteza 
rcEpondió que por haberlas dado por su vida á la Reina Ger- 
maiía no pensaba haberlas enajenado de la Corona Real, lo cual 
hacía por muy justas causas que á ello le movían cumplideras 
á su servicio y bien de su Reino, y por que viesen los de las di- 
chas villas que no era su voluntad de enajenarlas de su Corona 
Real, les daría cuales(iuier cartas para que luego como la Reina 
muriese las dichas villas se tornasen á incorporar en su Coro- 
na Real. 

Otrosí : suplicaron á Su Alteza no permitiese que saliese de 
estos Reinos oro ni jilata, ni moneda amonedada, ni Su Alteza 
de ello diese cédula por Zamora. Su Alteza respondió (¡uc por 
ser cosa cumplidera á su servicio la que le suplicaban, mandaría 
á los de su Cf)nsejo (jue les oyese y platicasen sobre ello para que 
se proveyese lo íjuc cumpliese á su servicio. 

Otrosí : hacían saber á Su Alteza que los protomédicos nom- 



— 177 — 

brados por Su Alteza enviaban por todo el Reino personas en 
su nombre que fuesen á visitar las boticas, los cuales van más 
por su interés que por bien del Reino, á cuya causa se hacían 
muchas extorsiones y agravios; suplicaban á Su Majestad que 
ningún médico pudiese visitar ni condenar á nadie, sino junta- 
mente con otro médico de la ciudad ó villa del Reino que se vi- 
sitase, y ambos juntamente jurasen de hacer justicia. A lo cual 
Su Alteza respondió que se proveyese sobre ello lo que convi- 
niese. 

ítem : suplicaron á Su Alteza mandase revocar y revocase 
cualesquier cartas y cédulas y suspensiones de pleitos que es- 
tuviesen dadas, así por Su Alteza como por los Reyes Católicos 
sus abuelos, que de ahí en adelante no se diesen. A lo cual vSu 
Alteza respondió que él no había dado las dichas cartas, ni las 
daría de ahí en adelante, y si alguna hubiese dado la mandaría 
revocar y por la presente la revocaba. 

ítem : suplicaron á Su Alteza mandase que los Alcaldes de 
Corte y Cancillerías no Uevasen más derechos de rebeldías, ni 
meajas ni otras cosas de las que llevaban las otras justicias del 
Reino por el arancel, porque en aquello se destruía toda la tie- 
rra á donde estaba. A lo cual Su Majestad respondió que lo 
mandaría ver y proveer. 

ítem : suplicaron á Su Alteza mandase que los alguaciles 
de Corte no llevasen más derechos de las ejecuciones que hacían 
de los que se pudiesen llevar por el alguacil del lugar donde se 
hacían. A lo cual Su Majestad respondió que mandaría que se 
guardasen las leyes del Reino. 

Otrosí : suplicaron á Su Alteza mandase que los Alcaldes de 
Corte y Cancillerías y alguaciles hiciesen residencia ó á lo me- 
nos de dos á dos años. A lo cual Su Alteza respondió que cuando 
se visitasen las Audiencias se visitarían los Alcaldes de ellas, 
y cuanto á los Alcaldes de su Corte mandaría ver y platicar 
sobre ello á los dpi su Consejo y con su acuerdo mandaría lo que 
fuese su servicio "y bien de sus Reinos. 

Otrosí : suplicaron á Su Alteza que no se permitiese que se 
proveyesen pesquisidores, sino que los Corregidores más ctí"- 
canos 6 sus tenientes remediasen y proveyesen lo que sucediese. 



- 1 78 - 

A !<-» cual »Sii AItc/.a lopoiulió que no su i)rovec'rían pestiuisido- 
rcs sino en los casos que la calidad de ellos lo requiriese 

ítem : í>ui)licar<jn á Su Alteza mandase que los Alcaldes de 
la vSanta Hermandad hiciese residencia cada año. A lo cual Su 
Alte/.a respondió que cuando se tomase residencia á los Corre- 
gidores se toiliaría á los dichos Alcaldes. 

Ítem : le suplicaron que cuando algún Juez fuese recusado en 
cualquier causa, así civil como criminal, que se hubiesen de to- 
mar acomi)añados conforme á las leyes, mandase Su Alteza que 
lo (lue determinasen la mayor parte de los jueces aquello se cum- 
¡)liese y guardase. 

ítem : suplicaron á Su Alteza que los asistentes Corregido- 
res, cunq^liendo el término de dos años, se les tomase residen- 
cia y tomada no pudiese ser más proveído en el dicho oficio, 
aunque fuese pedido ix>r la ciudad ó villa exonde lo hubiese sido. 
A lo cual Su Alteza respondió que pasados los dos años manda- 
ría tomar residencia á sus justicias, y antes como viese que cum- 
plía á su servicio, y que en lo demás que le suplicaban, vista k 
residencia del tal Corregidor, y consultada con él, mandaría 
l)roveer lo (]ue fuese su servicio y bien de la tal ciudad. 

ítem : suplicaron á Su Alteza que en estos Reinos no hubiese 
otra justicia sino la de Castilla, que fuese universal para todos, 
y (}ue las justicias del Reino no pudiesen tomar armas de día 
en lugares honestos. A lo cual Su Alteza respondió que se guar- 
dase lo que se había proveído en las Cortes de Burgos. 

Otrosí : hacían saber á Su Alteza cómo á causa de los hués- 
pedes que se daban en los lugares do estaba la Corte se hacían 
muchos excesos; suplicaban á Su Alteza fuese servido de qui- 
tarlos. A lo cual Su Alteza respondió que lo mandaría ver á 
los de su Consejo y con su acuerdo proveería lo que fuese su 
servicio. 

ítem : pidieron á Su Alteza que todos los que tuviesen oficios 
c^n estos Reinos los pudiesen renunciar veinte días antes (lue 
venciesen, conforme á las leyes de ellos, y que Su Alteza fuese 
obligado á pasarlos. A lo cual respondió Su Alteza que man- 
daría guardar las leyes de sus Reinos que hablaban sobre ello 
y lo que cerca de ello fué provjLÍdo en las Cortes de Burgos. 



— 179 — 

ítem : suplicaron á Su Alteza mandase que en el oficio de bi 
Santa Inquisición se procediese por manera que se guardase en- 
tera justicia, y que los Jueces que para ello pusiesen fuesen ge- 
nerosos y de buena faina y conciencia, tales que se presuma que 
guardarán justicia. A lo cual respondió Su Alteza que lo man- 
daría comunicar y platicar con personas doctas v de buena con- 
ciencia y santa vida, y con su acuerdo lo mandaría .proveer para 
que cesase todo agravio. 

ítem : suplicaron á Su Alteza mandase que no anduviesen 
pobres por el Reino, sino que cada uno pidiese en su naturaleza. 
A lo cual Su Alteza respondió que mandaría reformar el hospi- 
tal de su Corte para que se recojan y curen los pobres enfermos, 
y que cerca de las otras ciudades mandaría hablar á los del su 
Consejo para que lo viesen. 

Otrosí : suplicaron á Su Alteza que en el cobrar de las al- 
cabalas y otras rentas no se guardasen achaques ni se diesen 
Jueces de comisión, sino que las justicias ordinarias fuesen Jue- 
ces de las dichas- alcabalas. A lo cual Su Alteza respondió que 
se guardasen la leyes del cuaderno que sobre ello hablaban y 
que hablaría á sus Contadores mayores sobre elle para que se 
quitase toda vejación ilícita. 

Otrosí : suplicaron á Su Alteza mandase guardar las prag- 
máticas de estos Reinos acerca del traer de los brocados y do- 
rado y plateado filo tirado, y en el traer de la seda se diese or- 
den como conviniese al Reino. A lo cual Su Alteza respondió 
que lo mandaría proveer con acuerdo de los del su Consejo y 
vería lo que cumpliese al bien de sus Reinos. 

ítem : suplicaron á Su Alteza mandase labrar vellón y mo- 
neda menuda porque había necesidad de ella en estos Reinos. A 
lo cual Su Alteza respondió que mandaría platicar sobre ello y 
proveer lo que conviniese á su servicio. 

Otrosí : suplicaron á Su Alteza mandase que los criados con- 
tinos, caballeros de su Casa Real, que habían servido á sus pa- 
dres y abuelos, fuesen pagados de lo que les era debido y que 
Su Alteza les mantuviese sus asientos. A lo cual respondió Su 
Alteza que él entendía dar orden como las conciencias de sus 
Católicos abuelos fuesen descargadas, y que entendía asimismo 



— 180 — 

tlar orden tii mi Casa Real de Castilla como fuese su servicio y 
bien de sus Reinos. 

Iteiii : suplicaron á Su Alteza no diese lugar á que en el 
echar de las bulas se hiciesen fuerzas ni extorsiones como hasta 
allí se habían he-cho, sino que cada uno tuviese libertad de to- 
marlas y no se las hiciesen tomar por fuerza. A lo cual Su Al- 
teza respondió que mandaría hablar á los Comisarios de la Cru- 
zada y daría orden como se quitase toda vejación y en todo 
proveería como cumpliese al bien de sus Reinos. 

Otrosí : suplicaron á Su Alteza que no se llevase composi- 
ción para la Cruzada de las comidas y toros y otras cosas. A 
lo cual respondió Su Alteza que mandaría hablar sobre ello á 
los dichos Comisarios y que se proveyese de manera que sus sub- 
ditos no fuesen injustamente castigados. 

Otrosí : suplicaron á Su Alteza mandase que de primera ins- 
tancia, habiendo Jueces eclesiásticos en la ciudad ó villa que 
tenga jurisdicción, no fuesen sacados los clérigos ni legos á la 
cabeza del Obispado, ni á otra parto, si no fuese en grado de 
apelación. A lo cual Su Alteza respondió que le placía hablar 
á los Prelados de sus Reinos para que se guardase la ley que 
sobre ello disponía. 

Otrosí : suplicaron á Su Alteza que los pleiteantes que vi- 
niesen á la Corte y Cancillerías pudiesen dar y diesen sus de- 
mandas á los Escribanos que quisiesen y no anduviesen los plei- 
tos por repartimientos, porque de esta manera se despacharían 
los negocios más presto. A lo cual Su Alteza respondió que ya es- 
taba proveído que se guardase sobre ello lo que estaba manda- 
do, y que mandaría al Presidente y Oidores de su Audiencia 
que se hiciese el dicho repartimiento muy bien, nombrando un 
repartidor que sea buena persona y de buena conciencia. 

ítem : suplicaron á Su Alteza mandase que no pusiesen los 
Escribanos (|ue con ellos libran de su mano, sino que los pusiese 
Su Alte/a, porque de esta manera se fiuitarían muchos fraudes 
y engaños (pie se hacían y no partirían los derechos con los di- 
chos Alcaldes como al presente se hacía. A lo cual respondió 
Su Alteza que lo mandaría proveer como conviniese. 

Otrosí : suplicaron á Su Alteza mandase nombrar en su Real 



— 181 — 

Audiencia personas que tuviesen cuidado de mirar la orden qui- 
se había de tener en examinar los procesos que fuesen por su 
orden y visitar las cárceles para que viesen cómo eran tratados 
los presos y cómo se despachaban los negocios de los pobres 
de la manera que se hacía en su Real Consejo. A la cual Su Ma- 
jestad respondió que mandaría proveer lo que conviniese á su 
servicio. 

ítem : suplicaron más á Su Alteza mandase proveer cómo 
los receptores tras ordinarios que se proveían por el Consejo y 
Cancillería fuesen personas hábiles y suficientes y conocidas. 
A lo cual Su Alteza respondió mandando que se proveyesen per- 
sonas hábiles y suficientes que tuviesen buen recaudo en los pro- 
cesos. 

ítem : suplicaron á Su Alteza que ppr cuanto algunos de 
los dichos Procuradoras eran Regidores y otros Escribanos y ju- 
rados y tenían oficios de por vida, les hiciese merced de dar li- 
cencia para poder renunciar cualesquier oficios que tuviesen en 
la persona ó personas que quisiesen antes que viviesen los veinte 
días de la ley, ó después, ó en el artículo de la muerte. A lo 
cual Su Alteza respondió que les daba facultad para renunciar 
sus oficios, según y de la manera que se lo suplicaban, con tanto 
que las personas á quien los renunciasen fuesen hábiles y su- 
ficientes conforme á las leyes de estos Reinos y capaces de los 
dichos oficios. 

Otrosí : suplicaron á Su Alteza que si alguno quisiese re- 
nunciar algún oficio en ellos ó en cualquiera de ellcs lo pudie- 
sen hacer, y que Su Alteza desde luego tuviese por bien de apro- 
barlo y tenerlo por bueno. A lo cual respondió Su Alteza que lo 
tenía por bien con tal que no fuese oficio incompatible, pues 
ellos ya tenían sus oficios. 

Otrosí : suplicaron á Su Alteza que algunos Procuradores 
de los que allí estaban, que no vivían con Su Alteza, les hiciese 
merced de recibirlos en su Casa Real en el esta:?© de los genti- 
les hombres, ó Su Alteza les mandase dar licencia para que vi- 
viesen como señores, no embargante que fuesen Regidores ó ju- 
rados. A esto Su Alteza respondió que presto entendía de asen- 
tar casa en Castilla y que entonces le acordasen lo que le suplí- 



— 182 — 

caban cerca de sus asientos, y cuanto á lo demás no liabía 
lugar de concedérselo. 

Otrosí : suplicarf)n á Su Alteza mandase que las carnes no 
saliesen de estos Reinos, porque á causa de dejarlas salir no 
había carne (lue comer en ellos. A lo cual respondió Su Alteza 
que mandaría á los del su Consejo que lo viesen y platicasen 
sobre ello, y con su acuerdo y parecer mandaría proveer lo que 
cumi)liese á su servicio y bien de estos sus Reinos. 

CAPÍTULO V 

Cómo el Rey Don Carlos partió para los Reinos de Aragón, y 
de camino en Aranda de Duero envió al Infante Don Fer- 
nando á Flandes, y cómo Su Alteza llegó á la ciudad de Za- 
ragoza, donde fué jurado por Rey, y el casamiento que hizo 
de la Infanta Doña Leonor, su hermana, con el Rey Don 
Manuel de Portugal. 

Acabadas las Cortes y pasadas las fiestas, los más de los ca- 
balleros y Prelados se tornaron á sus casas poco contentos, y 
como había algunos años que en Aragón y en los otros Reinos 
no se habían tenido Cortes, detemiinó Su Alteza de ir á ellos, 
así por causa del servicio que eran obligados á dar, como por 
ser en ellos jurado por Rey, y porque ya en este tiempo era 
Semana Santa se fué á retraer al monasterio de Aguilera muy 
devoto, de frailes Franciscanos, y como Mr. de Chievrcs y el 
gran Caciller sintiesen, hablando con algunos caballeros en 
las Cortes de Valladolid, entre otras ]iláticas< cómo el Rey Don 
Carlos era aborrecido de muchos, y el Infante, su hermano, 
amado de todos, al cual tenían por Príncipe natural y á su her- 
raario por Rey extranjero, acordaron de consultarlo con el Rey 
Don Carlos, y le aconsejaron cómo convenía que le enviase 
fuera del Reino, porque si en algún tiempo algunos caballeros 
se amotinasen en España no tuviesen al Infante Don Fernando 
por cabeza ; lo cual pareció muy bien á Su Alteza, y estando en 
Aranda de Duero lo envió á Flandes con su mayordomo ma- 
vf.r \ÍT (le Beure, (juitándole la mayor parte de los criados es-' 



— 183 — 

pañoles que tenía, y mandó qué le diesen allí 25.000 ducados 
cada vm año para su plato, hasta que creciese y le pusiesen 
estado ; y partió de Aranda de Duero á 4 du Abril, y se em- 
barcó en Portugaleté á iS del mismo mes, y dieron mucha prisa 
en su embarcaniiento, antes que los del Reino tuviesen senti- 
miento de ello. 

En esto tuvieron á Chievres todos por muy cuerdo y á los 
de España fué tenido á poco saber, por dejarlo así llevar ; por- 
que si por dicha algo sucediera al Rey Don Carlos disponien- 
do Dios de él, quedaba España huérfana de Rey y de Príncipe, 
por do parece que la tal ida fué por permisión de Dios para lo 
que convenía al Rey Don Carlos y al bieni del Reino, ptjr lo 
que después sucedió de las Comunidades en Castilla, donde si 
el Infante en ella estuviera ellos hicieran de él cabeza y fuera 
mucho peor de lo que fué. 

De Aranda se partió el Rey para Aragón >' llegó á la ciudad 
de Zaragoza á 4 de Julio por ir muy despacio en el camino, 
porque llevaba en su compañía á la Infanta Doña Leonor, su 
hermana, y á madama Germana, mujer que había sido del Rey 
Católico, donde le fué hecho en su entrada un muy solemne 
recibimiento de muchos gastos 3' grandes invenciones en los 
juegos y fiestas que le hicieron, pasadas las cuales se comenzó 
á entender en lo que hacía al caso y juntos los tres estados, de 
los caballeros, plebeyos 3^ eclesiásticos, Mr. de Chievres les per- 
suadió jurasen al Rey Don Carlos por Rey de aquel Reino, 
•diciéndoles que pues Castilla lo había jurado, no tenían razón 
ellos en contradecirlo ; pero no obstante esto los aragoneses 
procuraron dilatar mucho tiempo la jura hasta tener concluidas 
las cosas del Reino, dando por excusa que era su madre viva 
á quien habían jurado, y que Su Alteza aún no había jurado 
los fueros de aquel Reino, ni tenido Cortes generales de los 
tres Reinos, y así alegaban otras cosas que á ellos parecía ; pero 
al fin pasados cuatro meses lo juraron con las condiciones (|ue 
lo habían jurado en Castilla, y le dieron los 200.000 ducados 
que eran obligados á dar de servicio ; y esto se hizo porque 
los que al principio pretendieron negociar el bien común, lo 
convirtieron después en el suyo particular. 



— 184 — 

También se trató cii esta ciudad del casamiento de Doña 
Leonor, hennana mayor del Rey Don Carlos, con el Rey Don 
Manuel de Portugal, el cual era viudo y había sido casado con 
(los hermanas, hijas de la Reina Doña Isabel y hermanas de 
la Serenísima Reina Doña Juana, la primera dicha Doña Isa- 
bel y la segunda Doña María, el cual casamiento decían haber 
concertado Mr. de Chievres, más por su provecho que no por- 
que A la Infanta convenía, ¡wrque se tuviera por mejor ca- 
samiento con el Príncipe D. Juan, su hijo, "que en aquel tiempo 
era mancebo gentil hombre, que no con el padre, ya viejo y 
cargado de hijos ; pero esta buena ventura no estuvo guardada 
para ella, sino para otra su hermana, con quien después casó. 

Htclio i>ues el casamientf) por Alvaro de Acosta. Embaja- 
dor del Rey de Portugal, salió la Reina Doña Leonor de Za- 
ragoza para ir á su Reino, yendo con ella D. Alonso Manrique, 
Obispo de Córdoba y Capellán mayor del Rey ; el Duque de 
Alba, con el cual iba, y el Conde de Alba de Liste, su yerno, 
y sus dos hijos, el Prior de San Juan y el INIarqués de Villa- 
franca, y el Comendador mayor de Alcántara, y el Conde de 
Monteagudo, y D. Diego Colón, Almirante de las Indias, y 
muchos otros caballeros y gentil cshombres alemanes, y la mujer 
de Mr. de Chievres que le acompañó aquel camino, los cuales 
como llegasen á la raya de los Reinos hallaron al Duque de 
iiraganza, y al Arzobispo de Lisboa, y al Obispo de Oporto, 
y al Conde Villanueva, y al Conde de Tentugal con oíros mu- 
chos hidalgos, los cuales llegaron cada uno por sí á besar las 
manos á la Reina. 

El Duque de Alba dijo en alta voz al Duque de Braganza 
si traía poder del Rey para entregarle la Reina, el cual dijo 
que sí, y fué leído alto que todos le oyeron, y el Duque de 
Alba tomó á la Reina por una cadena que traía en el brazo 
y dijo ccmtra el Duque de Hraganza (jue él le entregaba á la 
Reina ix>r señora y Reina de Portugal, y el Duque la recibió 
¡íor lal y le tornó á besar la mano, y así hicieron )os otros 
suyos, ix)rque venía muy bien acompañado de caballeros muy 
ricamente vestidos; y así se despidió el Duque de Alba de 
la Reina y de las damas y de los señores que dicho tenemos, 



— 185 ~ 

los cuales se fueron con la Reina hasta la villa de Ocrato 
donde llegó el Rey Don Manul que la recibió con mucho placer 
y contento, y aquella propia noche los desposó el Arzobispo 
de Lisboa y durmieron juntos, y otro día se partieron para 
Almeirín y les salieron á recibir, una legua, el Cardenal y 
los Infantes D. lyuis y D. Femando, svis hijos, á los cuales 
acompañaba el Conde de Marialva, y se bajaron de sus cabal- 
gaduras para besarle la mano y ella no se la quiso dar- y tor- 
naron á cabalgar y se fueron hasta Almeirín donde le salieron 
á recibir á la escalera las Infantas Doña Isabel y Doña Beatriz, 
muy bien acompañadas de sus damas y de muchos señores, v 
como la Reina descendiese de la cabalgadura llegaron las In- 
fantas con las rodillas en tierra y le quisieron besar las manos, 
y la Reina no lo consintió y las abrazó y besó con mucho 
amor ; y hecho esto entraron en la capiUa á hacer oración y 
dijeron las vísperas de San Andrés, dcnde el Rey Don Manuel 
recibió la orden y caballería del Toisón á ruego de Rey Don 
Carlos. Otro día, á la misa, le fué dado el collar de oro, y la 
mujer de Mr. de Chievres, después de haber estado dos meses 
en Portugal, se volvió á Aragón llevando consigo mucho dinero 
y joyas que el Rey de Portugal le dio. 



CAPÍTULO VI 

De la batalla que los cristianos dieron en África á Barba Roja, 
donde fué vencido y muerto, y el descubrimiento de tierras 
que un Francisco Hernández de Córdoba hizo en las Indias 
occidentales, y de otras cosas que acontecieron este año. 

Arriba dijimos cómo el Cardenal Fray Francisco Xiraéncz 
envió á África contra Barba Roja, que se había hecho Rey de 
Tremecén, 8.000 hombres, y ix>r Capitán de ellos á Diego de 
Vera, caballero natural de la ciudad de Avila, el cuál pasó 
á África y tuvo muchos encuentros con los moros junto Argel, 
y de aUí, con ayuda de los que eran de la parcialidad del Rey 



— 18C. — 

(k rrcimcLij, a «iiiiuii Barba Küja había quitado el Reino, en- 
tró par la tierra dentro con su gente, hasta la ciudad de Tre- 
niccén, sobre la cual estuvieron algunos días y al cabo la 
tomaron ; y Barba Roja con todo el tesoro que tenía se metió 
tu la fortaleza de la ciudad, la cual combatieron los cristianos 
V cu el combate murieron muchos de ellos, entre los cuales 
murió el Capitán Collazo, Maestre de campo, y no obstante 
cstt) los cristianos no dejaron de perseverar en el cerco hastn 
lomarla ; y Barba Roja, c<mio viese su perseverancia, por no 
morirse allí de hambre procuró salirse de la fortaleza una no- 
che, sin ser sentido, por cierta parte de muro que nadie íe 
guardaba y lo hizo así, rompiendo cierta parte del muro y 
haciendo matar todos los cristianos cautivos que tenía, y se 
salió con loo hombres de á caballo que consigo tenía, y con 
todo el oro y plata y piedras preciosas que había podido haber 
de los templos y de personas del Reino, que decían que era 
un gran tesoro. 

V como esto supiese el Rey de Tremecén y los cristianos, 
procuraron de ir en su alcance, aunque ya había andado más 
de ocho leguas cuando lo supieron, y alcanzaron al dicho Bar- 
ba Roja dentro de un bosque, donde pelearon los de á cabaUn 
los unos y los otros muy valientemente antes que llegase la 
gente de pie de los cristianos, los cuales como llegasen tu- 
vieron luego la victoria y toda la gente de á caballo de Barba 
Roja fué muerta, y los cristianos gozaron de toda la presa, y 
cortando á Barba Roja la cabeza y la pusieron en una lanza 
y así la trajeron á la ciudd de Tremecén donde entraron con 
nuiy grande alegría de los cristianos y moros. 

Aconteció en este año en las Indias occidentales que Diego 
Velázquez, Gobernador de Cuba- envió una Armada y en ella 
por Capitán á un Francisco Hernández de Córdoba, vecino 
dé la dicha isla, para que descubriese cierta parte de la tierra 
firme (jue D. Bertolomé Colón, Almirante de las Indias, prime- 
ramente había c(mienzado á descubrir, el cual como fuese, des- 
cubrió cierta tierra ([ue llamaron Yucatán, porque preguntado 
allí á les naturales de la tierra por el nombre de eUa respondie- 
ron Yucatán, (jue en su lengua suena «no os entiendo», y p.n- 



— 187 — 

sando ellos que se llamaba así la llamaron siempre Yucatán, 
la cual voz se le ha quedado por nombre, aunque también le 
pusieron nombre Santa María de los Remedios, >• los de la Ar- 
mada vieron en ella edificios de cal y canto, con torres v casas 
con sobrados, y placas y calles empedradas, y la gente cubierta 
de vestiduras de algodón labradas de diversas maneras, y las 
mujeres cubiertas de la cintura abajo del mismo paño, y las 
cabezas y pechos con lienzos más delgados, trayendo muchas 
joyas de oro muy bien labradas, y vieron ser los indios reli- 
giosos y frecuentadores de los templos, aunque idólatras, y tra- 
taban justicia en las contrataciones que hacían sin dineros ; 
y el Capitán procuró de pasar de este pueblo en adelante y 
descubrieron hacia Occidente las provincias do Cami y Mayan, 
y dieron en otra dicha Capecho, donde hallaron un lugar de 
hasta 3.000 casas, y saliron á tierra algunos cristianos los cua- 
les trajeron á las naos muchas buenas aves> como pavos, codor- 
nices, tórtolas, ánades, ánsares, ciervos, liebres y otros géneros 
de animales, al cual lugar nombraron Lázaro por haber llegado 
aUí el tal día, y de aquella provincia fueron á otra Uamada Agua- 
nil do pagaron bien el escote del buen recibimiento pasado, por- 
que los indios les resistieron muy bien la entrada, tirándples 
muchas flechas, y á esta causa convino á los cristianos reco- 
gerse á los navios, con muerte de muchos de ellos y de su Ca- 
pitán, y se tornaron á Cuba á llevar la nueva de la tierra que 
habían descubierto. 

En este año murió en Zaragoza Micer Juan Sobajo, Gran 
Cancüler, muy privado del Rey Don Carlos, y parecióse muy 
bien el amor que le tenía en la vida por la honra que le hizo 
en su muerte ; porque le fué acompañando el cuerpo hasta la 
sepultara, la cual le dieron en Santa Engracia, y después de 
su muerte envió el Rey á Borgoña por Micer Mercurino de Ga- 
tinara, que era allí Presidente, para que residiese en el oficio de 
Micer Juan Sobajo y fuese Gran Canciller, el cual vino á Zara- 
goza y era hombre viejo, y muy docto, y bien acondicionado, 
y muy limpio en las cosas de su oficio ; porque en todo el 
tiempo que residió en España nunca se halló haber recibido 
en público ni en secreto valor de una paja, fué muy gran 



— 188 — 

emulo ci! contradecir todo lo que estaba bien al Rey de Fran- 
cia, y nuiy aficionado á favt)recer las cosas de Italia. 

V por vSepticnibre murió Madama Luisa, hija del Rey de 
Francia, con quien estaba desposado el Rey Don Carlos, y nació 
al dicho Rey de Francia por Abril un hijo y fué el primero, á 
quien llaman en aquel Reino el Delfín ; y por el mes de Mayo 
murió en Oran D. Diego Hernánde/ de Córdoba, Marqués de 
Comares, y le sucedió su hijo D. Luis Hernández de Córdoba ; 
y el día de vSantiago tomó el hábito de vSan Francisco D. Alonso 
de vSotomayor, que era Conde de Benalcázar, y dejó el estado á 
su hijo D. Francisco; y en fin de este año murieron en Sicilia 
las Reinas de Ñapóles, madre é hija, llamadas Doña Juana y 
Doña María, hermana y sobrina del Rey Don Fernando el Ca- 
tólico. 



CAPITULO VII 

De las Constituciones que el Rey Don Carlos mandó hacer para 
que los indios en la isla Española y en las otras islas que es- 
taban descubiertas fuesen bien tratados y gobernados. 

Estando el Rey Don Carlos en la ciudad de Zaragoza fué 
informado cómo á causa de la mucha negligencia y descuido 
que se había tenido en hacer guardar las Ordenanzas que ios 
Reyes Católicos, sus abuelos, y otros Gobern::d res que habían 
sido de la isla Española habían hecho, los indios habían recibido 
muchos agravios y daños en su tratamiento y conservación y 
multijilicación, por donde habían venido en mucha disminución 
y se habían recrecido otros muchos males é inconvcni.ntes ; y 
como la intención de Su Alteza fuese que los dichos indios fue- 
sen bien tratados y doctrinados é instruidos en la fe católica, con 
pareceres de personas, teólogos, legistas y canonistas y otras 
personas sabias y esperimentadas, maridó hacer ciertas Ordjnan- 
zas, añadiendo y quitando algunas cosas á las que el Rey Don 
Femando su abuelo había hecho ; v para que mejor se cumplie- 



— 189 — 

sen mandó al lyicenciado Rodrigo de Figueroa que fuese á la 
isla Española por Juez de residencia, el cual, juntamente am 
los Jueces de apelación que estaban en la dicha villa, procura- 
sen como se guardasen con toda diligencia. 

La substancia de ellas es la siguiente. Primeramenttj que se 
hiciesen sus estancias junto con las de los españoles, y que fue- 
sen con voluntad de los dichos indios, y que después de hechas 
se quemasen los bohíos de sus estancias viejas, pues no habían 
de tener más provecho de ello ; y que el vecino á que se enco- 
mendasen los dichos indios fuese obligado á tenerles una casa 
para iglesia, juntamente con la dicha hacienda que así se les 
señalase, y á llevarlos á la dicha iglesia cada día y á rezarles 
el Avemaria y Pater noster, y el Credo y Salve regina, y los diez 
mandamientos, y siete pecados mortales, y los artículos de la 
f e ; y el clérigo ó cura que hubiese de estar en la iglesia, donde 
los tales indios hubiesen de venir á oir misa, fuese obligado cada 
mes de visitar los dichos indios y saber lo que habían aprove- 
chado en las cosas' de la fe, y les mostrase lo que no supies:.n ; 
y que donde quiera que hubiese cuatro ó cinco estancias, ó más 
ó menos en ténnino de una legua, en la estancia que estuviese 
más en comarca se hiciese una iglesia, en la cual se pusiesen 
imágenes de Nuestra Señora, y cruces, y una campana, para 
que allí viniesen los españoles, con los indios que tuviesen á su 
cargo, todos los domingos y fiestas de guardar, y las pascuas 
á rezar y oir misa, y para que recibiesen las amonestaciones que 
los clérigos les dijesen, y que confesasen á los que lo supiesen 
hacer y los administrasen los sacramentos; y que asimismo se 
hiciese una iglesia en las minas donde hubiese copia de gente, 
para que allí pudiesen los indios oir misa los dichos días y que 
los dichos españoles mostrasen algunos indios muchachos á leer 
y escribir y las otras cosas de la fe, para que ellos después las 
mostrasen á los otros indios ; y que si algún indio adoleciese, 
fuese el clérigo obligado de irle á decir el Credo y las otras co- 
sas de nuestra santa fe católica, y si se supiese confesar se con- 
fesase, y que si muriese fuese por él con la cruz para enterrarle 
en la iglesia, sin llevarle ninguna cosa por todo ello ; item : que 
ninguna persona que tuviese indios en encomienda fuese obli- 



— l'JO — 

gado (le echarles carga á cuestas, salvo cuando se mudasen de 
íuia parte á otra, pudiesen llevar su hato y mantenimientos, so 
l>Lna (jue la persona que lo hiciese pagase por cada vez dos pe- 
sos de oro ; y que fuesen obligados á hacer bautizar todos los 
niños que naciesen, dentro de (jcho días, y no habiendo clérigo 
para hacerlo fuesen ellos obligados á hacerlo, so pena de diez pe- 
s<íS de oro por cada vez (pie no lo hiciesen ; y (lue los que tuvie- 
sen indios en encomienda no pudies'jn coger oro con ellos sino 
cinco meses del año, y que holgasen cuarenta días, no quitán- 
doseles sus arcitos los domingos y fiestas, como lo tenían por 
costuml)re ; y (jue tuviesen coiitino en las estancias pan y axes 
y axi-abasto, y que á lo menos los domingos y fiestas y pascuas 
les diesen ollas de carne guisadas mejor que otros días ; y á los 
indios que anduviesen en las minas se les diese pan y así todo 
lo que hubiesen menester, y una libra de carne cada día, y el 
día (jne no fuese de carne les diesen pescado y sí.rdin_s y otras 
cosas con que fuesen mantenidos- y por cada vez que no lo hicie- 
sen incurriesen en pena de dos pesos de oro el cristiano que los 
tuviese en encomienda ; item : que se les diese á entender cómo 
no habían de tener más de una mujer, la cual no podían dejar 
sin grande causa, y que las mujeres que tomasen no fuesen sus 
parientes, y si tuviesen discrccción y habilidad para ser casados 
y gobernar casa, procurasen de que se casasen á ley y bendición, 
como lo manda la santa madre Iglesia, con la mujer que mejor 
les estuviese, y especialmente hiciesen esto con los caciques ; 
y que todos los hijos de los caciques de edad de diez años abajo 
se diesen á los frailes dominicos ó franciscanos para que los di- 
chos frailes les mostrasen á leer y á escribir y todas las otras 
cosas de nuestra fe, y (¡ue después que les hubiesen mostrado 
cuatro años se los volviesen á las ]x;rsonas que se los hubiesen 
dado ; y que el español que tuviere indios en encomienda no pu- 
diese enviar á las minas ninguna nnijer que estuviese preñada, 
ni después de parida tres años, salvo sirviese en las cosas de por 
casa, como fuese hacer pan y guisar de comer; y fuesen obli- 
gados de dar á los indios inia hamaca (lue tuviese cada uno en 
que durmiesen continuamente, no consintiéndoles dormir en el 
suelo, y diesen á cada uno de ellos cada año peso y medio de 



— U)l — 

oro en cosas que tuviesen más necesidad para vestirse y adere- 
zar ; y de cada indio se quitase un real para comprar de ve stir 
para el cacique y su mujer, y que ningún español se sirviese 
de indio que no fuese suyo, salvo si fuese camino de una parte 
á otra lo pudiese tener una noche en su estancia y lo enviase de 
mañana para que se fuese á su amo, so pena de perdimiento de 
otro indio de los que tuviese de repartimiento ;• y que si el ca- 
cique tuviese cuarenta indios se le diesen dos de ellos para su 
servicio, y si sesenta se le diesen tres, y si ciento se le diesen 
cuatro, y si cientocincuenta se le diesen seis ; y que ningún 
español fuese osado de dar palos ni azotes, ni llamar perro ni 
otro nombre á ningún indio sino el suyo que él tuviese ; y que 
si el tal indio mereciese ser castigado, que la tal persona lo lle- 
vase á los visitadores para que le castigasen, so pena que si ellos 
lo castigasen, por cada vez pagasen cinco pesos de oro ; y que 
los indios que se trajesen de la tierra firme é islas comarcanas 
para esclavos fuesen doctrinados y enseñados en las cosas de 
nuestra fe, y les diesen hamacas á cada uno y de comer, y que 
no fuesen tratados con aquel rigor y aspereza que se solían tra- 
tar á los otros esclavos, sino con amor y blandura, para poder 
mejor domarlos á las cosas de nuestra santa fe católica ; y que 
los Jueces de apelación fuesen obligados de enviar cada año una 
vez á saber cómo los Visitadores usaban sus oficios, y les hici»-- 
sen tomar residencia de cómo habían hecho guardar y cumplir 
estas Ordenanzas, y para que diesen relación de todos los indios 
que hubiese en la parte que caiga en su visitación ; y que nin- 
gún español pudiese tener por repartimiento más cantidad de 
cientocincuenta indios de repartimiento ni menos de cuaren- 
ta, y que los niños, ni niñas indias, menores de catorce años, no 
fuesen obligados á servir en cosa de trabajo hasta que fuesen de 
la dicha edad y desde arriba ; y los hombres y mujeres anduvie- 
sen vestidos dentro de dos años; y que los indios que tuyi.sen 
habilidad de vivir por sí les diesen facultad para hacerlo y po- 
der servir, como hacen en España los vasallos de Su Alteza. 
Todo lo cual mandó que se guardase y ejecutase como en las 
dichas Ordenanzas se contenían. 

En este año salió de la isla de Cuba Juan de Grijalva, sobri- 



- 192 — 

nc tic Diego Velá/.<]uc/, Oobcmador de la dicha isla, con una 
Armada dt naos y gente (pie le dio el dicho Diego Velázquez 
para (jue fuese á descubrir en la tierra firme, donde había ya 
enviado á Francisco Hernández de Córdoba ; y la primera tierra 
que descubrió fué la isla de Cozumel, donde vio una torre blan- 
ca, y por ser día de Santa Cruz cuando la vio le pusieron el tal 
uíjmbre á la isla. Decía que tres leguas antes qufe á ella llegasen 
habían recibido un olor suave de la dicha isla, y llegando más 
cerca á reconocerla vieron otras torres blancas y con chapiteles, 
y á la i)ostre una mayor como fortalezír, á la cual subían por 
gradas bien labradas y tenían mármoles de piedra, que después 
hallaron entrando en ella, por vía de paz, que era oratorio ó 
templo suyo, donde los españoles dijeron misa, y después los 
indios les trajeron de comer ciertas aves como grandes gallinas, 
y vasijas de miel, y por vía de rescate les dieron algunas cositas 
de oro y de cobre dorado ; y fueron á un pueblo, que estaba 
junt(j á Urtorre, de casas labradas de cantería, cubiertas de paja, 
y vieron liebres como las de España y colmenas de miel, y de 
esta isla se partieron para Yucatán y vinieron á parar en el 
pueblo donde antes había ido Francisco Hernández de Córdoba, 
en el cual no recibieron tan buen tratamiento como pensaban, 
mostrándose los indios muy ásperos y cjueriéndoles prohibir el 
agua, por do convino á los cristianos tener .con ellos batalla, 
en la cual fué Juan de Grijalva herido y algunos cristianos, y 
sin más pérdida se partieron en paz. Peleaban aquellos indios 
con lanzas y rodelas y flechas, y después de haber descubierto 
algunas partes de la tierra firme se volvieron para entrar do 
habían nuierto al Capitán Gonzalo Hernández y á los cristia- 
nos (jue arriba dijimos), con intención de vengar su muerte, y 
T)or algunas causas lo dejaron de hacer, y de allí procuró Juan 
de Grijalva de volver hacia la isla de Cuba. 



— 193 



CAPITULO VII 

Ve las cosas que acontecieron el año de 1519. — Cómo el Rey 
Don Carlos partió de Zaragoza para Barcelona, y cómo 
en el camino supo la muerte del Emperador su abuelo, y 
la competencia que hubo sobre el Imperio entre él v el 
Rey de Francia, y cómo fué elegido eJ Rey Don Carlos por 
Rey de romanos. 

Despachadas las cosas de Aragón en las Cortes de Zaragoza, 
partió el Rey Don Carlos á 27 de Enero para Barcelona, donde 
fué muy suntuosamente y con grandes ceremonias recibido con- 
forme á las Ordenanzas del pueblo ; y en el camino, como llegase 
á la ciudad de Lérida, le vino un correo de Alemania en que le 
hacían saber la muerte del Emperador Maximiliano, su abuelo, 
con la cual nueva el Rey Don Carlos recibió mucha pena, así 
por peder un tan generoso abuelo como en pensar á ca.\as ina- 
nes podía venir el Imperio, porque aunque el Rey á la sazón 
era mancebo y de pocos años, era de mm* altos pensamientos ; 
y la primera cosa que hizo en llegando á Barcelona, después de 
haber hecho las honras del Emperador muy solemnemente, fué 
escribir á Alemania á los electores y á todos los amigos 3^ pa- 
rientes de la Casa de Austria y Boigoña para que hiciesen de 
manera que él fuese elegido, obligándoseles de cumplir todo lo 
que pusiesen con los electores, porque tenía creído que al fin 
había de quedar el Imperio con quien mejor lo solicitase y me- 
reciese ; y en esto puso mucha diligencia el Rey Don Carlos, 
por no perder una cosa que sus antepasados habían tanto tiempo 
poseído, teniendo por afrenta que sus abuelos hubiesen alcan- 
zado el Imperio con sólo ser señores de la Casa de Austria y que 
él perdiese, teniendo el mismo señorío, y más siendo Rey de 
España y de las- dos Sicilias. Fueron solicitados por parte del 
Rey Don Carlos el Cardenal de Lieja, el Cardenal de Gursa y 
el Conde Nasao y el Conde Palatino Federico, y con éstos otros 
muchos prelados y caballeros, y de éstos unos lo hacían por 



— 194 - 

ImIkt sido crimios del Emperador Maximiliano. í)trüs por ser 
aficionados al Rey Don Carlos svi nieto, otnjs por promesas que 
ks fueron hechas. Por otra parte, el Rey de Francia lo procu- 
riba con muy víraiule instancia, dando y prfmietiendo á los elec- 
tores muchas rjípiezas por (|ue le eligiesen j^or Emperad' r, y 
envió í\ Alemania á solicitarlí> á un .Mr. de Bonnivct, Almiíante 
lie PVancia, hombre valeroso, el cual cf)mo comunicase á loi 
electores y viese ipie ¡wr dádivas ni promesas no podía salir con 
su empresa, procuró de tomar otro estilo de negociar, que fué 
hacer con los electores que no eligiesen al Rey Don Carlos. La 
misma contradicción hacían los Embajadores del Papa León X 
para que no se eligiese el Rey de España ni el de Francia, por- 
(jue le parecía que ninguna elección de las dos hacía á su propó- 
sito, porque viéndose cuahjuiera de ellos con gran potencia po- 
dría luego pasar á Italia é ir á Roma. 

()])()nían muchas cosas contra el Rey Don Carlos para que 
no fuese efecto, diciendo ser muy mozo y. enfermo, y no de buen 
juicio, comp su madre, y (lue ix)r ser señor de Nái>oles no podía 
ser Emperador de Alemania por ley antigua que de ello había, 
y el Cardenal Ursino asimi.smo predicó muchos males contra su 
I>ersona y fama, las cuales cesas, ni aunque falsas, todavía le 
¡)usieron en algún peligro la elección. Los Embajadores del Rey 
Don Carlos acordaron de tener allí mucha gente de armas á 
l)UUto, ])ara si la cosa llegase á riesgo; y como los electores del 
Imi^erio estuviesen ya en la ciudad de Francfort, que es en el 
Arzobispado de Maguncia, donde fueron llamados por el Arzo- 
bisjx) de la dicha ciudad que es su oficio muriendo el Empera- 
dor, los cuales fueron Alberto, Arzobispo de Maguncia ; Her- 
niano, Arzobispo de Colonia ; Ricardo, Arzobispo de Tréveris ; 
Luis, señor de Steinberg, Comisario por el Rey de Bohemia; 
Luis, Conde Palatino; Federico, Duque de Sajonia ; Joaquín, 
Marqués de Brandemburge, los cuales se juntaron en la iglesia 
<L' San Hartolonié, (pie es la i)rinci])al de aquella ciudad, y es- 
tando allí juntos, primeramente invocada la gracia del Espíritu 
Santo, comenzaron á tratar de la elección de nuevo Rey dd ro- 
manos y electo Emperador que había de ser, y de esta manera 
se juntaron por espacif) de tres sesiones, y al fin, en la cuarta, 



— 195 — 

después de muchas cosas entre ellos jilaticadas, fué electo por 
Rey de Romanos el Rey Don Carlos á diez días del mes de Julio, 
víspera de San Bernabé; y luego aquel día se despachó una 
posta, el cual trajo la nueva al Rey Don Carlos, que entonces 
estaba en Barcelona á 24 de Julio, y le trajo una carta de los 
electores escrita en francés, que en nuestro romance castellano 
decía lo siguiente : 



Muy poderoso señor. 

Nos nos encomendamos en vuestra buena gracia y cuan hu- 
mildemente podemos, y le hacemos saber que hoy día los Prín- 
cipes y electores entraron en cónclave, y por inspiración del Es- 
píritu Santo os han escogido y elegido ix)r Rev de romanos ; 
de las cuales nuevas loamos á Dios nuestro criador, rugándole 
que por su bondad y infinita largueza os dé buena y larga vida 
con gracia y virtud de regir y gobernar el santo Imperio como 
cabeza y protector y primera luminaria de la cristiandad, á loor, 
gloria y aumentación del dicho Imperio y de nuestra santa fe 
católica ; y de nuestra parte como humildes servidores y subdi- 
tos os deseamos buena y bien a\ enturada fortuna. De Francfort 
á 10 de Junio. 

Luego que el Rey Don Carlos supo de su elección fué con 
muchos grandes de su Corte á Jesús, inonasterio de la Orden 
de San Francisco, á dar gracias á Nuestro Señor por las merce- 
des que le había hecho, así en darle el señorío de España como 
el Imperio de Alemania, todo lo cual se tuvo por cierto haberse 
hecho con la buena solicitud y diligencia de ]\Ir. 'de Chievres, 
aunque á muchos de los de España pesó de la elección, no por- 
que les pesase del acrecentamiento de su Estado, sino porque k- 
quisieran más solo Rey de España para su buena gobernación, 
que no Emperador de Alemania por la ausencia que había de 
hacer de sus Reinos. 

En este tiempo aconteció que como Solino, Em]:)crador de 
los turcos, se viese tan victorioso, acordó de hacer una muy 
gruesa Armada en la Valona, echando fama que era para con- 



— JHH — 

qiiistar 'i Italia y tomar d Reino de Sicilia, jurando que lo que 
su abuelo Mahonieth había hecho en Constantinopla, en el teni- 
l)lo de Santa vSofía, había él de hacer en la iglesia de San Pedro 
y San Pablo de Roma ; de todo lo cual fué el Papa avisado ptir 
vía de la Señoría de Venecia, y asimismo fué informado de un 
Obispo de Orecia (jue vino á Roma, de las grandes crueldades 
que el turco había hecho en las iglesias de Asia cuando la tomó 
al Soldán, de la cual no poco tem^r concibió y todos los Carde- 
nales, porque les parecía que si venía á Italia con la potencia 
que había ido al Asia, no eran señores para resistirlo. 

El Papa y Cardenales entraron muchas veces en consistorio 
sobre ello y se determinó (pie fuesen legados á Alemania, y á 
Francia, y á España, y á Inglaterra, para que persuadiesen á 
los Reyes tuviesen ix)r bien de ser amigos y se confederasen 
todos para ir contra los turcos. Para España fué elegido el Car- 
denal Egidio, y para Alemania el Cardenal Cayetano, y para In- 
glaterra el Cardenal Araceli, y á Francia el Cardenal de Miner- 
va, é idos estos Cardenales donde estaban confinados, hicieron 
con los Príncipes cristianos que se confederasen todos, y para 
ello enviaron sus i^odercs á los Enibajadores que tenían en In- 
glaterra para que ellos y el Re}- de aquel Reino y el legado del 
Papa hiciesen en mucho amor y conformidad una liga para que, 
l)ospuestos sus intereses projiios, ninguno de ellos fucs:.' osado 
I>or espacio de cinco años de hacer otra guerra, so pena que el 
primero que quebrantase la liga todos los otros Príncipes jun- 
tamente le hiciesen guerra, lo cual se hizo así ; y estando el Rey 
Don Carlos en Barcelona vino allí el Cardenal Egidio á reque- 
rirle por parte del Papa León guardase y aceptase aquella liga 
de Inglaterra, á lo cual Su Alteza respondió que no sólo la acep- 
taba, mas aun de su propia voluntad ofrecía su Estado y. persona 
para defender la Santa Iglesia Romana, porque los Reyes pasa- 
dos, sus progenitores, de gloriosa memoria- cuyas pisadas él ha- 
bía de seguir, habían hecho lo mismo, haciendo siempre guerra 
contra los infieles y enemigos de la santa fe católica. 



— 197 — 

CAPÍTULO VIII 

Las Cortes que el Rey Don Carlos tuvo en la ciudad de Barce- 
lona y lo que en ellas pasó y la bula que el Papa León le 
envió para que todos los eclesiásticos le pagasen décima, y 
cómo envió á aparejar una Armada en la Cor uña y proveyó 
á D. Juan Manuel por Embajador en Roma. 

Por todos los lugares principales que el Rey Don Carlos pasó 
desde Zaragoza para Barcelona le hacían jurar sus privilegios, 
y tres días después que entró en la ciudad de Barcelona le re- 
quirieron luego los tres estados, que allí estaban ya juntos, de 
los caballeros y eclesiásticos y ciudadanos, que jurase de guar- 
dar sus fueros, lo cual el Rey hizo, sin mostrar en ello pesa- 
dumbre, en la iglesia mayor, que llaman La Seo ; y como Su 
Alteza y Chievres tuviesen ya los pensamientos en las cosas de 
Alemania, no sólo tenían pensamiento de abreviar las Cortes de 
Barcelona, pero todos los negocios de España, \- Chievres re- 
quirió luego allí á los síndicos y señores de aquel Principado 
que jurasen al Rey Don Carlos por Rey y señor, y que se co- 
menzasen luego las Cortes ; y le respondieron que no podía ser 
jurado, porque tenían jurada á su madre que era viva, con la 
cual respuesta el Rey tuvo mucho enojo, porque habiéndoles él 
jurado sus fueros, no le querían jurar por Príncipe de Cataluña. 
La gloria de los catalanes era que pensasen que tenían ellos 
más fidelidad con la Reina Doña Juana que los castellanos y 
aragoneses; pero al cabo le juraron dentro de veinte días y se 
comenzaron las Cortes del Reino por promesas que Mr. de Chie- 
vres hi/o, en las cuales Cortes se gastaron muchos días. El Re\' 
recibió grandes importunidades y los del Reino tuvieron entre 
sí muchas pasiones, las cuales fueron más por procurar cada uno 
su interés propio que no por la libertad del Reino, porque de- 
mandaron allí los Síndicos que Su Alteza mandase reformar la 
Rota para que los pleiteantes no tuviesen tanto gasto y la pre- 
minencia real no padeciese peligro. El Rey les mandó que pla- 
ticasen entre sí y viesen cómo se pudiese aquello mejor hacer, 



- 198 — 

y así se juntaron los Síndicos de la Rota y Procui adores y orde- 
naron trece capítulos, como trece reglas de cancillería, las 
cuales el Rey mandó que se guardasen. 

\' como se hallasen en aciuellas Cortes D. Fadrique Enri- 
que/., Almirante de Castilla, que era Conde de Medica y Viz- 
conde cu Peralada por causa de su mujer Doña Ana de Cabrera, 
y D de Rccamartín, el cual puso al dicho Almi- 
rante- ])()r demanda el Condado de Módica, y al Duque de Cardo- 
na le ¡)Usieron pleito sus hermanos D. Pedro y D. Alonso y 
D. Antonio de muchos bienes partibles que había metido en el 
mayorazgo sin tener á ellos justo título, y como los caballeros 
supieron de los trece capítulos que los Síndicos habían alcan- 
zado para abreviar los pleitos, porque los más de ellos tenían 
pleitos de importancia en la Rota, suplicaron al Rey les diese 
una cédula y se añadiese á los trece capítulos en que mandase 
que lo de h)S trece capítulos no se entendiese con los pleitos 
de grandes Estados, la cual cédula dio Su Alteza por causa de 
Mr. de Chievres; y como esto supieron los Síndicos y señores 
de la Rota, no querían consentir la cédula, sinc que sólo se 
guardasen los trece capítulos, y los caballeros decían, por otra 
parte, (jue con aciuella cédula habían de ser catorce, y que de 
otra manera nos cerrarían las Cortes ; y con esta porfía s j de- 
tuviero'! muchos meses, hasta que Mr. de Chievres hizo que 
Uno del Consejo de la Rota dijese que eran contentos, y como 
iK) (luisiese más de uno, dijo que eran contentos todos, y por 
otra parte, hizo i)rometimientos á los caballeros, y así sl- con- 
cluyeron las Cortes y sirvieron con cerca de 300.000 ducados, 
de manera que fué nmcho más lo que se gastó en aquel Prin- 
cipado fine 1« (jue en él se dio de SL-rvicio, iwr ser la tierra 
pobre y los bastimentos caros, y el Rey Don Carlos celebró en 
Barcelona un capítulo de la Orden dd Toisón er. la iglesia de 
Santa Olalla, en el cual dio el hábito á muchos caballeros espa- 
ñoles é italianos, y aquel día hizo una solemne fiesta en que 
dio á cada uno ropa y los asentó á su mesa, y los que recibieron 
el Toisón fueron el Almirante, el Condestable, el Marqués de 
Villena, el Du(iue de Alba, el Conde de Benavente, el Marqués 
de Astorga, il Duque del Infantado y el Duque de Cardona, 



— 199 — 

todos los cuales venían señalados y electos del capítulo general 
que se habían tenido en Malinas, y en la verdad el Rey lo dio 
algunos entonces, que no quisiera después habérsele dado, por- 
que pensando que les daba mucho tuvieron ellos en poco. 

Como Jerónimo Vi(iue valenciano, caballero cuerdo y vir- 
tuoso, que desde el tiempo del Rey Católico estaba por Emba- 
jador en Roma, pidiese licencia para venirse á descansar á su 
casa. Su Alteza lo tuvo por bien, y mandó á D. Juan Manuel 
que fuese á Roma en aquel cargo, y esto decían haber hecho 
iMr. de Chievres por quitarlo de la Corte de España, poríiue lo 
tenía por algo opuesto á su privanza. 

Estando el Rey Don Carlos en Valladolid, algunos del Reino, 
por congraciarse con él, le informaron cómo los clérigos y mo- 
nasterios de España eran muy ricos, y que por lo menos podía 
sacar de ellos 400.000 ducados de composición ó subsidio, y 
con esti información envió Su Alteza al Papa León suplicán- 
dole tuviese por bien de enviarle una bula mandando á todos 
los eclesiásticos que pagasen décima, tomando por ocasión que 
era para ia guerra de África, lo cual Su Santidad tuvo por bien 
V se la envió á Barcelona á iS de Julio, y la publicación d^-' ella 
encendió no poco escándalo en el Reino, diciendo todos que 
no se contentaba Chievres con los dineros que había habido del 
Reino, y de los pobres y ricos, quería de nuevo robar los teso- 
ros de los templos ; y para esto se juntaron todas las iglesias 
de Castilla y fueron á Barcelona, y después que algunas perso- 
nas anduvieron entre Mr. de Chievres y ellos algunos días en 
demandas y respuestas, concluyeron que las iglesias todas sir- 
viesen al Rey con 200.000 florines de subsidio, con condición 
que el Rey les diese una cédula en la cual les prometiese de 
no inventar más aquel tributo, y con tanto se volvieron habien- 
do negociado lo que pudieron y no lo que quisieron. 

. A 22 de Agosto llegó á Barcelona Luis, Conde Palatint) y 
Duque de Baviera, que venía de Alemania con otros Embaja- 
dores. Traía consigo la misma elección que habían hecho los 
electores del Imperio del Rey Don Carlos, al cual hallaron en 
Molins del Rey que estaba allí retraído por la pestilencia, y su 
fin era reqxierir al Rey si quería aceptar la tal elección, y acep- 



— iíOO — 

táiulolc requerirle que luego se partiese para Alemania para 
recibir la Corona, y así se hizo, porque en requiriéndole con 
la elc-cción la aceptó y en aceptándola á causa de su requeri- 
miento i)rometió de partirse lo más breve (pie pudiese para Ale- 
mania, y para que mejor viese el deseo que tenía de hacerlo 
envió luego á D. Juan de Fonseca, Obispo de Burgos, para el 
puerto de la Coruüa, para que con diligencia hiciese allí una 
I nena Armada, por causa que el dicho Obisix) había hecho otras 
muchas en (pie se daba mejor maña que en residir en su iglesia, 
el cual desi>achaba en este tiempo todos los negocios de las In- 
dias, y estando el Rey en esta ciudad aparecieron en la playa 
de ella doce fustas de moros que traían por Capitán á un turco 
llamado Halimecen, de que Su Alteza recibió mucho enojo y 
no i)e(pieña afrenta en ver que no hubiese en la dicha playa 
ningunas fustas ni galeras para salir cjontra las de los moros. 



CAPITULO IX 

cómo- el Emperador J)ou Carlos y el Rey de Francia cáncer' 
taron vistas con sus Embajadores en la ciudad de Monpellier, 
y lo mismo ¡¡i cié ron los E>u bajado res del Rey de Francia 
y de Inglaterra cti la ciudad de Calais. 

-Mucho fué cl placer (pie tuvo el Re}' Don Carlos sabida 
la nueva de su elecc'ón, \ mucho mayor el pesar del Rey de 
Francia por haber gástalo muchos millares de ducados y ver 
(jue no sólo quedal)a sin el Imperio, pero veía ser colegido en 
ól á su enemigo, el Rey Don Carlos do España, la cual elec- 
ción i»(»r (pie no se hiele*: diera él muchos más dineros de lo 
(lue había gastado sobre ello, y avmque esta mala voluntad le 
tenía el Rey de Francia en lo intrínseco, nunca dejó de es- 
cribir al Rey Don Cario- con nuiy buenas palabras y ha- 
ciéndole muchos ofrecimientos; y por otra parte no dejaba 
de pensar cómo impedirle la pasada á Alemania, para que no 
tuviese efecto su coronación, ya (]ue otra cosa no podía hacer; 
y para esto procuró tener amistad con el Rey de Inglaterra, 



— 201 — 

íA cual hacía muchos años que tenía en su poder la ciudad 
de Tournay, y andando en los tratos de la elección del Im- 
perio le envió á pedir el Rey de Francia la dicha ciudad á 
fin de ponerle en necesidad que fuese su amigo, porque siendo 
así forzado había de ser enemigo del Rey Don Carlos, con 
el cual el Rey de Inglaterra tenía hecha paz desde luego que 
heredó á Flandes y los otros sus señoríos, sobre lo cual el 
dicho Rey de Inglaterra envió á pedir consejo al Emperador 
Don Carlos para que le avisase de lo que debía hacer sobre l(j 
de Tournay, pidiéndole ayuda contra el Rey de Francia, si 
la hubiese menester; y Su Majestad le respondió que lu lo 
que tocaba á la ciudad de Tournay él sabía lo (lue había de- 
hacer, y que en lo del socorro no le podía faltar, pues tenía 
con él hecha amistad para ayudarse el uno al otro. 

El Rey de Francia como tenía sus Embajadores en Españra 
y en Inglaterra supo lo que el Rey de Inglaterra había escrito 
al Emperador Don Carlos y lo que el Emperador había res- 
pondido al de Inglaterra, de que recibió mucho pesar, y es^ 
cribió al Emperador Don Caries quejándose mucho d^ que 
favorecía al Rey de Inglaterra, diciendo <iue pues estaba des- 
posado con su hija, el le tenía por hijo, y así él era obligado 
de tenerle por padre, porque el fin de los casamientos no se 
hacía sino para tenerse por verdaderos amigos, y el Emperador 
como tenía voluntad de conservar la amistad del inglés respon- 
dió al de Francia que no podía hacer menos que tener amistad 
con el Rey de Inglaterra como sus antepasados la habían te- 
nido mucho tiempo hacía, y que no se perdía la amistad que 
España tenía con Francia porque entrase Inglaterra en ella ; 
y como esto viese el Rey de Francia y que el Emperador Doü 
Carlos cobraba osadía y le comenzaba á perder la vergüenza, 
no sólo recibió de ello i^ena, más aún, tomólo por afrenta, por^ 
que según la capitulación de Noyon, donde le tenía atado con 
el casamiento de su hija y obligado á pagarle cada un año 
de tributo loo.ooo ducados, pensaba que el Emperador Don 
Carlos no había de salir dé su voluntad ni apartarse de su 
parecer; y como el negocio se iba encendiendo y ellos des- 
cubriéndose los corazones, acordó el Rey de Francia de mudar 



- 202 — 

la ntgüciacióii de otra luaucra, conviene á saber : dejando 
(jucjas y entrar por amena/,as, y mandó decir á sus Embaja- 
dores que dijesen al Emperador Don Carlos, que pues no le 
quería guardar lo que en Noyon estaba capitulado, que él que- 
ría emprender la conquista de Ñapóles y la de Navarra de 
nuevo. 

Y i\Ir. de Chievres como en este tiempo estuviese en su 
prosperidad y ¡jor una jjarte sintiese del Emperador, su se- 
ñor, querer amistad del Rey de Inglaterra, y por otra él era 
aficionado de todo su corazón á la casa de Francia, por el pro- 
vecho (lue (según decían) se le seguía, procuró mucho como la 
capitulación de Noyon que él había hecho se cumpliese, y 
(jue se tratase sobre la restitución del Reino de Navarra por 
quitar diferencias de una parte y de la otra, y porque el Rey 
de P'rancia le envió á pedir .con mucha instancia al E nperador 
Don Carlos^ por causa de D. Enrique, hijo del Rey Don Juan 
de Navarra, (jue le importaba sobre ello, para lo cual se or- 
denó que se juntasen Embajadores de parte de los dos Reyes 
en un lugar señalado para que se diese conclusión en ello y 
en todo lo demás de la capitulación de Noyon, y las vistas 
de estos Embajadores se concertaron en Monpellier en el Rein(j 
de Francia, y Mr. de Buesi que era muy privado del Rey de 
Francia, y su Mayordomo mayor, vino á Monpellier por Em- 
bajador, acompañado de mucha caballería y con rauch.i rique- 
za ; y de España fueron Mr. de Chievres y el gran Canci- 
ller, y el Obispo Mota, y muchos caballeros, gentiles hombres, 
cortesanos, y como el Mayordomo del Rey de Francia hubiese 
estado mal disi)uesto del trabajo del camino y los calores no 
le hicieron provecho, j)or(iue era por el mes de Mayo y así 
no muchos días después de su venida miuió allí sin que entre 
ellos estuviese concertada cosa, y Mr, de Chievres y los que 
con él fueron procuraron de volverse luego á Barcelona, que- 
ilando los negocios lu el estado que antes estaban, y todo fué 
permisión divina, porque ¡¡or ventura como Mr. de Chievres 
tenía el i)ensamiento en Alemania y mucho deseo de cumplir 
con el Rey de Francia, por ventura hiciera alguna capitula- 
ción no muy honrosa, como había sido la de Noyon primera, 



— 203 — 

y túvose por cosa grave y no pensada ni mirada que Mr. de 
Chievres con la compañía que llevó de España á hablar ni 
tratar concierto dentro del Reino de Francia, di) no podía pla- 
ticar libremente lo que tocase al Rey nuestro señor y al bien 
de sus Reinos; y así se pensó que fueran todos presos, sino 
que Dios y la mucha presteza que pusieron en la vuelta no 
dieron lugar á ello, y el Rey de Francia desde que vio que la 
amistad que tenía con Chievres le aprovechaba poco, y que 
la Junta de Mcnpellier había sido en vano, y que su Mayor- 
domo se había muerto, acordó de negociar por vía del Cardenal 
de Inglaterra, porque por su intercesión pensaba alcanzir lo 
que deseaba. 

Este Cardenal era muy adepto á su Rey, y aunque era hom- 
bre de baja suerte y poco docto en letras, era muy agudo y 
cuidoso en las cosas que trataba, por do el Rey de Inglate ra 
descargaba con él todos los negocios del Reino, y á esta causa 
pensaba el Rey de Francia, por vía de este Cardenal, cobrar 
al Rey de Inglaterra por amigo y hacer que ^1 mismo Rey fuese 
enemigo del Emperador Don Carlos, y después que entre los 
dos Reyes hubieron pasado muchas cosas, así por medio de 
sus Embajadores como por cartas, acordaron de hacer unas 
vistas, para que allí se diese orden en las cosas pasadas y 
por venir, y que esto se hiciese primero por sus Embajadores, 
los cuales estando juntos confiriesen y ordenasen todos los 
negocios de manera que cuando ellos se juntasen no hubiese 
más que jurar y otorgar los capítulos (lue se hubiesen hecho ; 
y así se juntaron en el mes de Agosto en la ciudad de Calais 
el Cardenal por parte del Rey de Inglaterra, y el Gobernador 
de Normandía por parte del Rey de Francia, y capitularon 
entre sí que el Delfín de Francia casase con Aladama María, 
única heredera del Rey de Inglaterra, y tratóse de la resti- 
tución de Toumay al Rey de Francia, y junto con esto se 
trataron otras cosas, mediante las cuales quedaron estos Reyes 
muy amigos y enemigos de enemigos, con condición que el 
Emperador Don Carlos pudiese dentro de tres meses entrar con 
eUos en liga, donde no, que su amistad tuviesen por sospechosa. 



- 204 — 

CAPÍTULO X 

IJc cómo el Emperador Don Carlos después de elegido Empe- 
rador mudó el estilo de escribir y de una carta que dio con- 
firmando la exención de España, mayidando hacer una 
gruesa Armada para tierra de moros, y cóvio hizo llamar 
á Cortes para la Coruña. 

Desi)ués (le la venida del Conde Palatuio y de l(js otros Em- 
bajadores hubo alguno confusión entre los del Consejo por no 
saber el título que pondrían al Rey Don Carlos por causa de 
ser electo Emperador, por do les parecía ser justo celebrarle 
en las Cortes con título más honroso no disminuyendo la auto- 
ridad de la Reina Doña Juana, su madre ; y después de mu- 
chos pareceres que sobre ello tuvieron, en que algunos decían 
que se llamase Emperador aunque no fuese coronado, así como 
se había Llamado Rey de España antes de ser jurado, otros de- 
cían (lue pues España era exenta de los Emperadores que no 
se llamase en ella Emperador, porque más cosa era Rey de 
España que no Emperador de Alemania, y la última resolu- 
ción que se tomó fué que se dijese en sus escrituras : «Don 
Carlos Rey de romanos semper augusto electo Emperador, y 
Doña Juana su madre, y el mismo Don Carlos, por la gracia 
de Dios, Reyes de Castilla y de León», como antes se escri- 
biese : «Doña Juana y Don Carlos por la gracia de Dios, Reyes 
de Castilla y Aragón». 

Y en la verdad la moderación de estos títulos fué bien con- 
siderada porque se guardase la dignidad del Imperio, de Roma 
y la preeminencia del Reino de España, y conccicndo Su Ma- 
jestad la mucha reverencia y acatamiento que sus subditos le 
tenían y lo que le habían servido, no quiso dar lugar que su 
elección y título (lue le habían puesto en las Cortes y provi- 
siones de Emperador, primero Rey de España, pudiese traer 
perjuicio á la libertad que ella tenía de no ser sujeta á los 
lMni)eradores de Roma, y así mandó dar y promulgar la pro- 
visión y i)ragmática siguiente : 



— '205 — 

í(Don Carlos, por la gracia tk Dios electo Rey de romanos, 
futuro Emperador semper augusto, Rey de Castilla, de León, 
de las dos Sicilias, de Jerusalem, de (Granada, de Navarra, de 
Toledo, de Valencia, de Galicia, de Mallorca, de Sevilla, de 
Cerdeña, de Córdoba, de Córcega, de Murcia, de Jaén, de Uís 
Algarbes, de Algeciras, de Gibraltar, de las islas de Canaria, 
Tierra Firme del mar Océano, Archiduque de Austria, Duque 
de Borgoña y de Brabante, Conde de Barcelona y de Flandes 
y de Tirol, Señor de Vizcaya y de Molina, Duque de Atenas 
y de Neopatria, Conde del Rosellón y de Cerdaña, Marqués 
de Oristan y de Gociano, en uno con la muy alta y muv 
poderosa Católica Reina Doña Juana, mi señora madre, por 
cuanto después que plugo á la Divina Providencia (por la cual 
los Reyes reinan) que fuésemos elegido Rey de romanos, futu- 
ro Emperador, y que de Rey Católico de España (con que éra- 
mos bien contento) fuésemos promovido al Imperio, convino 
que nuestros títulos se ordenasen, dando á cada uno su debido 
lugar, fué necesario conformándonos con razón, según la cual 
el Imperio precede á las otras dignidades seglares, por ser la 
más alta y sublime dignidad que Dios instituyó en la tierra, 
de preferir la dignidad Imperial á la Real y de nombrarnos 
é intitularnos primero como Rey de romanos y futuro Empe- 
rador que á la dichS Reina, mi señora, lo cual hacemos apre- 
miado más de necesidad de razón que por voluntad de ello 
tenemos, porque con to<la reverencia y acatamiento la hon- 
ramos, y deseamos honrar y acatar, pues que demás de cum- 
plir el mandamiento de Dios á que somos obligados, por ella 
tenemos y esperamos tener tan grande sucesión de Reinos y 
señoríos como tenemos ; y porque de la dicha prelación no 
se puede seguir ni causar prejuicio ni confusión adelante, á 
los nuestros de España, ni á los Reyes nuestros sucesores, ni 
á los naturales sus subditos que por tiempo son ó fueren, por 
ende queremos que sepan todos los (lue ahora son y serán de 
aquí adelante que nuestra intención y voluntad es (¡ue la 
libertad y exención de los dichos Reinos de España y Reyes 
de ellos han tenido y tienen, de que han gozado y gozan de 
no reconocer superior, les sea ahora y de aquí adelante obser- 



~ 206 — 

\;i(Ki V guardada inviolablemente, v que gocen de aquel estado 
de libertad 6 ingenuidad que al tiempo que nuestra promoción, 
y antes mejor y más cumplidamente tuvieron y gozaron, y de- 
bieron tener y gozar libre y pacíficamente, y que por preferir 
y antejioncr en los títulos de nuestras dignidadc-s el del Im- 
perio no seamos ni somos visto perjudicar en los dichos Reinos 
de Espalda en su libertad y ex-ención que tienen, porque aque- 
llo ni otros cualesquicr autos que ahora de aquí adelante se 
hagan de lo (jue antes se hacía y solía y debía hacer, aunque 
sean consentidas tácita ó expresamente no lo decimos ni pone- 
mos en señal de mayor sujeción ni sumisión, mas por guardar el 
honor y orden á cada uno debido, según lo cual se debe preferir 
el Imperio, en cualquier persona que esté, á todas las otras 
dignidades seglares, auncjue no lo sean sujetas, ^quedando to- 
davía en su fuerza y vigor la libertad y exención de los dichos 
Reinos de España debida ; y porque esto sepan todos y de 
nuestra voluntad, ni de los dichos autos de aquí adelante pueda 
haber duda como hasta aquí nunca jamás la ha habido ni hay, 
mandamos dar esta nuestra carta firmada de nuestro nombre 
y sellada con nuestro sello, la cual queremos que valga y tenga 
fuerza / vigor de pragmática, sanción y declaración general, 
colno más convenga á los dichos Reinos de España. Dada en 
la ciudad de Barcelona á 5 de Septiembre, año del nacimiento 
de Nuestro Salvalclor Jesucristo de tsiq.^Yo, el Rey. — Yo, 
Francisco de los Cobos, í^ecretario de su Cesárea Católica Ma- 
jestad, la hice escribir por su mandado. 

Ningima cosa que tocaba á la gobernación de Castilla ni 
de la Corona de Aragón se firmaba sino de la manera que se 
finnaba antes de la elección ddl Imperio, conviene á saber : 
«Yo, el Rey», excepto (pie siendo Rey le llamaba «Vuestra 
Altcv.a» y después <(Vuesa Maje^itad», del cual título se escan- 
dalizó algo el Reino por decir que este título más convenía á 
Dios que á liombre terrenal, >• asimsnio se hizo otra novedad 
en los títulos de las cartas y en los principios de las peticiones, 
IM)r(iuc- siendo Rey le decían muy alto y muy poderoso señor, 
y después de electo Emperador le ponían S. C. C. R. Majes- 
tad, (|UL- (pieria decir: Sacra Cesárea Católica Real Majestad;). 



— 207 — 

El Papa León X, que cómo dijimos había enviado por me- 
dio de sus Embajadores á contradecir la elección de los Reyes 
de España y de Francia, como vio que no se había cumplido 
su voluntad, acordó de tomar amistad con el Emperador Don 
Carlos por medio de D. Juan Manuel, que en aquel tiempo era 
su Embajador en Roma, al cual envió á decir el Rey Don Carl(->s 
que hiciese con di Papa que dispensase con él en que tuviese 
por buena la elección del Imperio, no obstante que siendo como 
era Rey de Ñapóles no podía ser elegido, y el Papa León fué 
de ello muy contento, tomando por ocasión ]iara esto decir 
que el Rey Don Carlos no era sino Gobernador de Ñapóles 
y Sicilia porque su madre Doña Juana era viva, y (jue si se 
llaniaba Rey era pot-que los del Reino le habían querido dar 
esta honra y títulos extraños, y por la confirmación (¡ue le 
hizo el Papa del Imperio le prometió el Embajador D. Juan 
Manuel en nombre del Emperador que le daría 5.000 ducados 
áfcCierto tiempo, y que á dos sobrinos suyos, hijos de su her- 
mano, daría á cada uno 8.000 ducados de renta, y que todas 
las veces que el Papa tuviese necesidad de las galeras del Em- 
perador se las diese para sus necesidades propias. Como ha- 
bía tantos meses que los castellanos estaban con el Emperador 
en Cataluña, tenían gran deseo de volverse á Castilla, y mucho 
mayor los flamencos y alemanes de volverse á sus tierras, y 
á esta causa importunaba Mr. de Chievres y otros alemanes 
á los electores para que con diligencia se partiese para aUá. 
Y Ifos electores así por estas cartas como por ver la necesidad 
que había de la persona del Emperador en Alemania, le tor- 
naron á enviar nuevas cartas para que pospuesto ciialquier 
otro negocio fuese luego á tomar la posesión del Imperio, di- 
ciéndole que no menos peligro tenían las cosas de Alemania 
que las de España, y los electores escribían la verdad, porque 
como la elección se había hecho contra voluntad del Papa y 
del Rey de Francia, y en odio de otros muchos parciales, que 
el peligro que tanto importaba no se podría asegurar sino con 
la presencia de su persona Real, porque ellos habían tenido 
autoridad para elegirle pero no eran poderosos para sustentarle. 

Vista su justa petición por el Emperador Don Caries, y 



- 208 — 

lo ixjco que hasl:i ciitoiicc-s había visitado <k- Rspaña, acordó 
(jue se escribiese á los electores diciéndolcs <iue no menor ser- 
vicio le hacían en excusarle la ida a(]uel año que en la elec- 
ción del Imperio, iKjrque en la elección lo habían hecho señor 
de Alemania y en hacerse lo que pedía le aseguraban y confir- 
maban en las cosas de España. 

Aun«iue el Emperador escribía esto á los electores, Mr. de 
Chievres y los otros privados les escribían <|ue solicitasen mucho 
para que -la ida fuese con brevedad, y la respuesta de los 
electores vino con toda dilágencia diciendo que no lo podían 
esix-rar lui año, pero (pie un mes lea parecía miicho, pf)rque 
auncpie ellos deseasen de servirle, el Rey de Francia y el 
Papa deseaban de ofenderle, y venida esta respuesta se deter- 
minó el Eni¡x;rador de ir á embarcar pospuestos cualesquier 
daños (|ue se recibiesen en los Reinos de España, y como los 
gastos (le su casa eran grandes y los había de hacer para la 
coronación^ mucho mayortis, acordó Su Majestad de llamar Cor- 
tes para la Coruña en las cuales pudiese demandarles algvin 
servicio para ayudarse de ellos y servirse del Reino, y así se 
hizo llamamiento de todas las ciudades que tenían voto en Cor- 
tes para (pie enviasen á la Coruña sus Procuradores con poder 
I)ara otorgar servicio, y en esto no se mostró Mr. de Chievres 
muy cuerdo ni bien aconsejado, porque cuando llegaron los 
Procuradore-s á la Coruña, , según los caminos largos, ya ha- 
bían de ser partidos, y el servicio les pudiera pedir al tiempo 
de su partida, mostrándoles la necesidad en que Su Majestad 
estaba, y ellos se lo otorgaron de voluntad, lo que después le 
negaron con desvergüenza. 

Estando el Emperador en Barcelona mandó hacer una gruesa 
Armada para que fuese á tomar la isla de los Oerbes, y dio 
la capitanía de ella á I). Hugo de Moneada, aragonés. Virrey 
(|ue había sido en Sicilia, caballero más e-sforzado que dichoso, 
y fué en su compañía Diego de Vera, caballero natural de la 
ciudad de Avila, síibio c-n las cosiis de la guerra. 

De lo (pie á c*sta Aniiada aconteció dinnio*; adelante. 



— 209 — 

CAPITULO XI 

Cómo la Reina. Germana casó con el Marqués de Brandemburgo, 
y algunos descubrimientos de tierras que este año se hicie- 
ron en las Indias, y de un presente que Hernando Cortés 
envió á Su Majestad. 

Después que el Emperador Don Carlos entró en la villa de 
VaUadolid siempre la Reina Gennana anduvo en su Corte con 
sus damas regocijando los cortesanos, aunque, en la verdad, dan- 
do algo que decir á los maliciosos ; y como Su Mejestad cono- 
ciese de ella la mala gana con que Uevaba su viudez, acordó de 
casarla con el ]Marqués de Brandemburgo, hermano (sic) del 
Marqués de Brandemburgo, elector del Imperio, al cual Su 
Majestad tenía cargo porque le había servido por favor y voto 
en la elección del Imperio, y por esta causa determinó de hacer 
por el hermano que él había traído consigo, el cual era caba- 
llero más generoso y gentil hombre que rico, y se casaron en 
Barcelona, del cual casamiento se escandalizó toda España, 
porque nunca pensaron de la Reina que tal hiciera habiendo 
tenido por marido al Rey Don Fernando ; pero en la verdad 
fué gran juicio de Dios, porque la poquedad que el Rey Don 
Fernando hizo en casarse con ella, después de muerta la Reina 
Católica, lo pagó bien en este tiempo en Barcelona, porque ni 
el Rey Don Femando se había de casar después de enviudar 
de tan excelente Reina, ni la Reina Germana por haber sido 
mujer de tan excelente Rey había de hacer lo mismo, y Dios 
le quiso dar el pago luego, porque apenas era casada cuando 
de todo su corazón fué arrepentida, y fué la causa de esto que 
el Marqués le comenzó luego á tener en poco, entremetiéndose 
con otras mujeres, y también como ella rica y él pobre no sc)lo 
le gastaba la renta, pero aún le tomaba las joyas de su cámara, 
de manera que -veía perder su hacienda, y lo peor ser mal- 
tratada de su marido. 

En este tiempo vino nueva de las Indias cómo Francisco 
de Garay, como teniente de D. Diego Colón, había pasado 



— 210 — 

iii la isla (le Jamaica que por otro nombre llamaban í^antiago, 
V la había descubierto y hecho en ella algunas poblaciones 
(le cristianos, ixjrque halló allí algunas minas de oro y de co- 
bre, y por ser isla muy aparejada para labranzas y criaciones 
(le ganados, á 1(j cual el dicho Francisco Garay había llevado 
muchos. 

Asimismo vinieron á la ciudad de Barcelona dos portugue- 
ses dichos Fernando de Magallanes y Rodrigo Falero, desave- 
nidos del Rey Don Manuel de Portugal. 'El Femando de Ma- 
gallanes había estado cu la India del Re\ de Portugal algunos 
años, como era en Calicut y en Malaca, donde se había bien in- 
formado á la parte donde caían las islas de Maluco, donde se 
traía á la India todo el clavo que en ella se gastaba, y era hombre 
muy entendido en las cosas de la mar. El Rodrigo Falero era 
grande astrólogo y hombre bien entendido, y vinieron entram- 
bos hermanados para suplicar al Emperador Don Carlos les 
ayudase para hacer una Armada, y que ellos se proferían de 
dcíscubrirle en la parte del mundo que á Su Alteza había ca- 
bido por repartición muchas islas de pesquería y clavo y nuez 
moscada, y que ellos harían el viaje para las dichas islas por 
do no fuesen molestados de los portugueses, y como sobre esto 
se hiciesen muchas consultas, al cabo Su Majestad determinó 
de (lue se les hiciese una Armada en que fuesen entrambos 
por Capitanes Generales, y capituló con ellos lo que se les 
había de dar si las descubriesen ; y con tanto se fueron á Se- 
villa donde con nuicha diligencia se hizo la dicha Armada y 
gente (lue en ella había do ir, y porque Su ^Majestad fué in- 
formado de la confusión que se comenzaba á tener entre la 
gente por llevar dos Capitanes Generales, mandó á Rodrigo 
Falero que se quedase en España y que sólo fuese Fernando 
de Magallanes, prometiéndole de dar tanta parte de la espe- 
ciería y de hacerle tantas mercedes como á Femando de Ma- 
gallanes, y así se hizo. 

Fernando de ^Magallanes salió del río de Sevilla para seguir 
su viaje á 20 de vSepticmbrc con cinco naos y 237 hombres 
en ellas. 

F.n la isla de Cuba aconteció tiuc el Gobernador Diego 



— 211 — 

Velázquez, como estuviese muy solícito y codicioso de ver 
el fin que Franciseo Hernández y Juan de Grijalva habían 
comenzado, procuró de hacer una Armada mejor que las que 
antes había hecho, de siete navios y tres bergantines con más 
de 500 hombres y 16 caballos, en la cual envió por Capitán 
General á Hernando Cortés, y con él por Capitanes en la di- 
cha Armada á Francisco de Montejo y Alonso de Avila Al- 
várado, Juan Velázquez y Diego de Ordax, encargándoles que 
buscasen á Juan de Grijalva, su sobrino, y á Cristóbal de Olid 
que había ido en busca de él ; y la primera tierra que tomó 
con su Armada fué en la isla de Cozumel, con tonnenta que 
le dio, haciéndole dejar el camino que llevaba al Occidente, 
y fué á aportar á un puerto que llamaban San Juan de Portala- 
tina, y hallaron tener la isla seis lugares, y por ser muy Uaná 
carecía de ríos y aguas corrientes, y bebían de cisternas y 
pozos, y como los indios se huyesen de los lugares tomaron 
los cristianos de las cosas necesarias de mantenimientos, y 
hamacas y otras alhajas, y después procuraron de atraer á sí 
á los caciques y hacer con ellos paz, restituyéndoles lo que 
les habían tomado, y los instruyeren en las ceremonias de 
nuestra religión, quitándoles las supersticiones que tenían en 
sacrificar muchachos que mercaban de las islas y tierras ve- 
cinas,, y en defecto de ellos sacrificaban perros que ellos cria- 
ban, los cuales eran mudos, y también los comían ellos-, é 
hiciéronles poner en lugar de sus zemis ó ídolos la señal de 
la Cruz y la imagen de Nuestra Señora. 

En esta isla les dieron relación los indios cómo en Yucatán 
había siete cristianos cautivos que habían ido á aportar allí 
con tempestad ; y enviando tres indios con otros 50 hombres 
en dos carabelas, y cartas para ellos se partieron en su busca 
para llevarlos por lengua adonde pensaban ir, los cuales vol- 
vieron no trayendo más de un cristiano llamado Jerónimo 
de Aguilar, el cual dijo que era de la compañía de un Valdivir: 
que pasando del Darien á la isla Española se habían perdido 
en unos bajos donde habían escapado siete hombres (¡uc h 
fortuna llevó á Yucatán, y que los seis habían muerto 7 que 
él solo había quedado, con el cual prosiguió Hernando Cor- 



- 212 — 

tos sa camiiiu para Yucatán, y fué á un río que había des- 
cubierto Juan de Círijalva, por el cual no pudieron entrar sino 
barcas y bergantines, en (jue calieron hasta 200 hombres, y 
les preguntaron los indios (¡ue á qué venían y ellos rcsjjon- 
dieron por la lengua que llevaban que venían por bastimentos, 
y los indios les trajeron muchas gallinas. y maíz y les amo- 
nestaron (lue luego se fuesen, si no que vendrían sobre ellos 
y los echarían de la tierra con mucho daño suyo, y como los 
cristianos no se quisiesen ir diciendo que les habían de dar 
l)riniero bastimentos para la gente, y como los indios no se 
los (luerían dar, con necesidad de la hambre comenzaron á 
dc^smandarse, á buscar de comer y se fueron á sus atóeas, y 
3 indios les acometieron y pusieron en aprieto si no les e»*- 
viara socorro Hernando Cortés, con el cual les tomaron un 
pueblo donde estuvieron alguntjs días comiendo lo que en él 
había, y tornaron á llamar á los indios que habían huido, y 
les dieron su pueblo, conque fuesen \'asallos del Rey de Cas- 
tilla, y ellos lo aceptaron, y restituidos en lo suyo quedaron 
muy contentos, maravillados que tan pocos hubiesen osado 
acometer á tanta gente como ellos eran. 

En recompensa de lo que por ellos hicieron les dieron mu- 
chas cosas de oro labradas en joyas y 20 mujeres por es- 
clavas, y pasando adelante fueron á dar en un seno que lla- 
maron vSan Juan, do hallaron un pueblo donde les convidaron 
con la mitad de él si querían allí habitar ; \^ pasaron más al 
Poniente y desembarcaron en lo que hoy se llama Nueva Espa- 
ña, donde le envió el señor de ella, dicho Montezuma, un gran- 
de presente de muchas cosas de oro y plata y piedras preciosas, 
enviándole á dar la enhorabuena de su venida, y el presente 
fué dos ruedas macizas como muelas de mano para moler, 
la una de oro y la otra de plata,, de una misma circunferencia, 
de 28 palmos, y la de otro pesaba 3.800 castellanos, y en medio 
de ellas había una imagen de Rey sentado en su silla, con 
la cabeza hacia aliajo como cosa muerta, y alrededor de él 
un caniixi de muchas flores y árboles ; y le envió muchos gra- 
nos de oro como se habían hallado, sin fundir, tan grandes 
como garbanzos y lentejas, y dos collares de oro, en ellos pues- 



— 213 

tas más de 200 piedras coloradas y cerca de otras 200 piedras 
verdes, las cuales ellos tenían en grande estima, y de los 
collares colgaban 27 campanillas de oro, y otros cuatro collares 
hechos de cadenitas de oro revueltas, puestas en cada uno 
de ellos 200 piedras coloradas y verdes con campanillas de oro 
colgando, y en medio de cada collar asentadas 10 grandes per- 
las engastadas con oro. Doce como borceguíes de cuero de di- 
versos colores puestas en ellos muchas cosas de oro y plata y 
piedras de diversos colores, colgando de ellos campanillas de 
oro. Y muchas mitras guarnecidas con muchas piedras y per- 
las, y muchos penachos y amosqueadores de plumas de muchos 
colores muy primamente hechos, y dos capacetes cubiert(;s 
de perlas como amarillas, y un gran cetro con dos anillos de 
oro, y un lagarto engastado en oro, y dos grandes caracoles 
y dos ánades de oro, y otras muchas especies de aves y de 
pescados todo de oro, y 24 escudos grandes como adargas 
guarnecidos á la redonda de muchas plumas de diversos co- 
lores y en medio unas planchas redondas de oro, y otras cinco 
con planchas de plata y en ellas figurados ídolos y varios anima- 
les, esí como leones, tigres, lobos, y finalmente le en vio otras 
muchas cosas hechas de oro y de plata de muy prima hechura 
y dignas de ver. 

Y como Hernando Cortés llegó á la tierra de Xueva España 
determinó de hacer un pueblo sin hacerlo saber á Diego Ve- 
lázquez que lo había enviado, sobre lo cual hubo grandes 
pareceres entre la gente, contrarios unos de otros, unos di- 
ciendo que se enviase á Cuba á hacerlo saber á Diego Ve- 
lázquez, pues á sus expensas se había hecho la Armada ; otros 
eran de parecer de Cortés que no se hiciese caso de él sino 
que se enviase á España á hacer saber á Su Majestad su buen 
suceso para que mandase proveer de la gobernación de la tie- 
rra á quien fuese servido ; y entretanto la gente de la Armada 
criaron por Gobernador á Hernando Cortés que era lo que él 
deseaba, el cual determinó de hacer para ¡a gobernación del 
pueblo Regidores y x\lcaldes, y los otros oficios, en nombre 
del Rey, y de enviar á España á Porto Carrero y á Montejo 
con todas las cosas ricas que tengo dicho que le envió Monte- 



— 214 — 

zuiíKi, haciendo saber á Su Majestad el descubrimiento que 
tenía hecho y cómo iba ix>r la tierra adentro con grande no- 
ticia (le pueblos muy ricos. 

Y como estos mensajeros llegaron á España hallaron al 
Emperador en Barcelona, que lo recibió muy bien, y tuvo en 
servicio lo que Hernando Cortés había hecho, y el presente 
que le enviaba. 



CAPÍTULO XII 

Del levantamiento que comenzaron á hacer en la ciudad de 
Valencia los caballeros, y cómo Su Majestad envió al dicho 
Reino al Cardenal de Tortosa para apaciguarlo y para hacer 
que le jurasen por Rey, y otras cosas que sucedieron en 
este añor 

Porque el principio del levantamiento que queremos es- 
cribir que aconteció este año en la ciudad de Valencia tuvo 
origen de muchos años atrás, nos será necesario decirlo para 
que mejor se entienda lo que dijéremos, y fué que en el año 
de 1503 á 14 de Julio vino un Capitán turco llamado Chcrim 
Farras sobre el lugar de Cullera que está entre Valencia y 
Gandía y lo saqueó y Uevó cautivas y presas todas las per- 
sonas que en él había, sin poder ser socorridos porque cuando 
acordaron ya el turco las llevaba por la mar, y el Rey Don 
Fernando desde f|ue lo supo tuvo de ello mucho enojo, y como 
le dijesen (jue por causa de estar toda la gente de la ciudad 
de Valencia desarmada no habían podido socorrer el lugar de 
Cullera, mandó y dio licencia para que todos los menestrales, 
que sím los oficiales, se annasen y de diez en diez tomasen 
\m CajMtán por (jue cuando hubiese rebate de moros estuviesen 
á pimto de guerra para resistirlos, y antes de esto como los ca- 
balleros andaban con annas y los menestrales desarmados los 
unos tenían á los otros en poco, ponjue como aquel Reino de 
Valencia fuese apacible y deleitoso, y para los vicios muy apa- 
rejado, había en aquel tiempo muchos caballeros que hacían 



— 215 - 

en Valencia y en los otros lugares do residían tales y tan feas 
cosas, que no cabían en ley de cristianos ni en nobleza de 
caballeros, los unos echándose con las moras y los otros forzan- 
do á las doncellas é infamando á las casadas y viudas, y si 
un oficial hacía una ropa dábanle de palos si pedía la hechura, 
y si de esto se iban á quejar á la justicia, más era lo que le 
coechaban de costas que lo que ellos pedían de principal, y 
la causa de esto era que como aquel Reino se gobernase por 
dos personas, el uno era D. Fernando de Torres, Bayle mayor, 
y el otro D. Luis de Cabanillas, gobernador, caballeros bien 
acondicionados y algo descuidados en sus oficios, y los popu- 
lares como se viesen maltratados no sabían qué modo tener 
para vengarse de lo pasado y poner remedio en lo venidero, 
y determinaron de aconsejarse con un palay re que se llamaba 
Juan Lorenzo, hombre anciano \' cuerdo, el cual tenía por pro- 
fecía de viejas que aquel Reino se había de tornar á perder 
por causa de los moros que con él se habían de alzar, _v para 
evitar esto les aconsejó que fuesen de parte del pueblo á Bar- 
celona á pedir al Rey licencia para poderse agermanar que era 
para juntarse loo hombres como antes tenían licencia de 
diez y jDoder elegir su Capitán y banderas para si menester 
fuese defenderse de los moros y para hacer castigar por justicia 
á los malos cristianos. 

En el tiempo que esto en Valencia se platicaba, el Em- 
perador Don Carlos se apercibía ya para irse á coronar á Ale- 
mania y escribió una carta á los tres estados del Reino de 
Valencia rogándoles mucho le jurasen por Rey en su ausencia, 
pues no podía irlos á visitar por su persona por causa de la 
prisa que le daban en Alemania los electores para que fuese 
á recibir la corona del Imperio ; y como esto oyesen los ca- 
balleros de aquel Reino no lo quisieron hacer, diciendo (jue 
tan buenos eran ellos como los aragoneses y catalanes para 
(jue, pues con ellos había estado casi dos años, quisiese estar 
con ellos algunos días, y como Lorenzo pelayrc y S>. relia 
tejedor viesen la buena oportunidad que había jiara hacer 
sus negocios fueron á Barcelona en nombre de los menestrales 
de Valencia, y Mr. de Chievres les trató nuiy bien y les dieron 



— 216 — 

licencia para (ivic todos se agermanasen, y como pidiesen li- 
cencia para elegir 13 síndicos los cuales fuesen cabeza de 
todos ellos, el Rey les dio á Micer Carees, que era natural de 
Zaragoza y del Consejo de Aragón, para (lue fuese con ellos 
á Valencia, y si \iese que lo que pedían era justicia y bien del 
Reino se lo diese. El cual venido á Valencia, ora por ruego, 
ora por dinero, en su presencia hizo elegir los dichos 13 sín- 
dicos, de la cual elección sucedieron grandes escándalos, por- 
que el i)Ul1)1<) más los quería contra los caballeros que contra 
los moros, y este Micer (^arcés era mal h(;mbre y había albo- 
rotado á Zaragoza estando el Emperador en ella, é hizo esta 
buena obra en Valencia ; pero al fin después de algunos años 
el Emperador le hizo dar un garrote, do acabó su vida con 
infamia y se le confiscó su hacienda. 

Y antes que este Micer Garcés saliese de Valencia se ager- 
manaron todos \- eligieron sus Capitanes y Alférez y los do- 
mingos y fiestas hacían su ordenanza, de lo cual se fueron los 
caballeros á quejar al Rey, y como allegasen á Mr. de Chie- 
vres á contarle el caso, los tuvo en poco, porque sabía que ellos 
no querían jurar al Emperador ix)r Rey, y como la partida del 
Emperador más se allegaba y la gennanía de Valencia más 
crecía, acordó Su Majestad de enviar á Valencia al Cardenal 
su Embajador, mandándole (lue trabajase en concertar á los 
caballeros y plebeyos é hiciese de manera que los unos y los 
otros le jurasen por Rey, y que las Cortes tuviesen en aquel 
Reino el Arzobispo de Zaragoza y el Infante D. Enrique sus 
tíos, y que todos los dineros que habían de dar de servicio se 
repartiesen en el Reino entre los que se quejasen de algunos 
agravios. 

Don Alonso de Cardona. Almirante de Aragón, y el Duque 
tle Gandía y aljgunos otros caballeros eran de parecer que le 
jurasen, y todos los otros fueron de voto que no se hiciese, di- 
ciendo al Cardenal y escribiendo al Rey que más querían per- 
der sus mujeres, hijos y dineros que no aflojar en sus liber- 
tades. Lo cual como viese el Cardenal aprobó lo que el pueblo 
tenía hecho de la gemianía, y se volvió á do Su Majestad es- 
taba sin hacer más de dtiar la tindrid rnnv alterada, y así los 



— 217 — 

caballeros quedaron niu.v corridos y Iom agennanados más 
osados. 

En este tiempo aconteció en el Reino de Granada que 
como el Rey Católico hubiese dado al Duque de Alba la villa 
de Huesear, qué es en el dicho Reino, por el servicio que 
le había hecho en la toma de Navarra, los de la villa se 
alzaron contra el Duque diciendo que el Rey Católico no 
se la pudo dar por ser en aquel tiempo Gobernador del Reino 
y no Rey y que ellos eran de la Corona Real y no habían 
podido ser enajenados de ella, y para esto les favorecía Don 
Pedro Fajardo, Marqués de los Vélez ; pero no obstante est(j 
mandó Su Majestad que obedeciesen al Duque de Alba y lo 
tuviesen por señor, porque aquella era su voluntad, y le tornó 
á confirmar de nuevo la dicha viUa. 

En este año por el mes de Julio murió D. Pedro Porto Ca- 
rrero, señor de Moguer y de Villanueva, hennano del Mar- 
qués de Villena. 



CAPÍTULO XIII 

Del principio que tuvieron los levantamientos que hubo en los 
Reinos de Castilla y de León, que fueron entre los caba- 
lleros y gente plebeya, de do se siguieron muy grandes 
daños en los dichos Reinos. 

Pues dijimos en el capítulo pasado el pricipio que tuvo 
la germanía en el Reino de Valencia, para después contar los 
grandes daños que de ella se siguieron en el dicho Reino, será 
razón decir en el capítulo presente el principio que tuvieron 
las comunidades que se levantaron en los Reinos de Castilla 
y de León, á cuya causa vinieron después á los dichos Reinos 
muchos trabajos y pérdidas y muertes. 

El caso fué que en la ciudad de Toledo había un caballero 
que se decía Hernando de Avalos, natural y Regidor de la dicha 
ciudad, el cual era astuto en su plática y bien quisto en su 
república ; y como en aquella ciudad hubiese d< s linajes que 



— 218 — 

se decían Ayalas y Riberas, de los Ayalas era cabeza el Conde 
de Fuen Salida y los Avalos >íe allegaban á esta parcialidad, y 
de los Riberas era el principal del bando D. Juan de Ribera, 
alcaide del Alcázar, Marqués que después fué de Monte Ma- 
\-or, al cual bando se allegaron los Silvas cuya cabeza princi- 
pal era el Conde de Ci fuentes, por manera que estos dos bandos 
eran diferentes entre sí ; y muerta la Reina Doña Isabel los 
Riberas siguicTon la valía del Rey Don Fernando que que- 
daba por Gobernador, y los Ayalas el partido del Rey Don 
Felipe que quedaba por Príncipe heredero ; así que reinando 
el Rey Don Femando prevalecían los Riberas y Silvas, y rei- 
nando el Rey Don Felipe podían más los Ayalas y Avalos, y 
así en el tiempo del Rey Don Felipe, como Hernando de Avalos 
le fuese á decir la fidelidad que en su ausencia le había tenido, 
suplicándole tuviese por bien de hacerle alguna merced, y el 
Rey como averiguase que había sido así lo que le decía, le 
mandó dar el Corregimiento de la ciudad de Jerez de la Fron- 
tera, >■ como la vida del Rey Don Felipe fué tan breve y tor- 
nase á volver el Rey Católico en la gobernación del Reino de 
España, quitaron á Hernando de Avalos el Corregimiento qi:e 
le había dado, y así ninguno de los que siguieraon el partido 
del Rey Don Felipe fué bien tratado. 

Muerto el Rey Católico, como gobernase el Cardenal Fray 
Francisco Ximénez, como Hernando de Avalos se quejase de 
lo pasado le tornó á proveer en el propio Corregimiento de Je- 
rez, y estando en él vino el Rey Don Carlos á España y Her- 
nando de Avalos fué á Su Alteza y le recitó los servicios que 
á él y al Rey Don Felipe, su padre, había hecho, y el trabajo 
que por sustentar su valía había pasado, y con todo esto ni su 
persona fué bien tratada, ni su parcialidad favorecida y por 
más lastimarle le quitaron el Corregimiento, porque la codicia 
de Chievres era tanta, que más fuerza tenían para con él di- 
neros que servicios, y así Hernando de Avalos se volvió á su 
casa sin negociar cosa y harto descontento. 

Estando el Rey en Zaragoza acordó de tomar á la Corte y 
probar si hallaría vado en la fortuna, y como anduviese algu- 
nos días m < ll;i <in negociar cosa, determinó un día de irse á 



— 219 — 

despedir de Mr. de Chievres para volverse á su casa, y que- 
riendo entrar do él estaba, como el portero fuese desgraciado 
y no le quisiese dejar entrar y él porfiase sobre ello le dio con 
la puerta en los pechos y en la cabeza, lo cual tomó Hernando 
de Avalos por gran injuria, y no obstante esto volvió á palacio 
y se despidió de Chievres quejándose de la injuria que su por- 
tero le había hecho y de la ingratitud que con él se usaba, y 
con tanto se volvió Hernando de Avalos á Toledo Uevando más 
recogidos los males que pensaba en la Corte despachar sus ne- 
gocios ; y como después sucedió de venir la nueva de ser elec- 
to el Rey Don Carlos por Emperador de romanos, \^ que los 
electores le enviaban á Uamar con mucha prisa, y que el Obispo 
de Burgos hacía una gruesa Armada en la Coruña, en Galicia, 
para embarcarse el Emperador, con estas cosas tomó Hernan- 
do de Avaíos ocasión de efectuar su propósito que era de 
amotinar la república derramando sus malicias públicamente, 
tanto, que como se hallase en parte do estuviese alguna gente 
ajuntada siempre decía que tuviesen por cierto que toda España 
se había de perder porque Mr. de Chievres era un tirano y el 
gran Canciller era un robador público, y todos los flamencos 
codiciosos, y la Reina Doña Juana estaba sin seso, y el Infante 
D. Fernando fuera de los Reinos y que las dignidades se 
daban á extranjeros, y la justicia se vendía por dineros, y que 
Chievres como había mercado los votos del Imperio á peso de 
^' oro quería pedir otro servicio de 400.000 ducados para pa- 
garlos, y que el Emperador Don Carlos iba descontento de 
las cosas de España y que jamás volvería á ella, con las 
cuales razones tenía todas las más gentes de Toledo escan- 
dalizadas, y no contento con esto parecióle que sería bien 
derramar más luego su ponzoña y tuvo formas y maneras 
como meter muchos caballeros y eclesiásticos en aquella s-cta 
para tener más autoridad en lo que decía, y así entraron en 
aquella Cofradía D, Pero Laso de la Vega, hijo de D. Garcilaso 
de la Vega, el cual estaba quejoso porque decía que la for- 
taleza de Vera, que por terremoto se había hundido, la había 
el Rey mandado reedificar y entretanto que esto se hacía le ha- 
bían de pagar la tenencia como cuando estaba en pie. 



— 220 - 

Juan (le Padilla, hijo de Pero López de Padilla, también 
se ijuejaba diciendo (juc por muerte del Comendador mayor 
de Calatrava su tío, hermano de su padre, habían dado á Gu- 
tierre Lói)e/. de Padilla, su hermano, las tenencias de la Peña 
de Marios y otros oficios, que en tal caso siendo él mayor le 
habían de dar á él las 'dichas tenencias y oficios y con éstos 
era Francisco Rui/., Obispo de Avila, que era natural de Tole- 
do, en cuya casa se juntaban los sobredichos á consultar sus 
cosas, anníiue después el Obispo, como era hombre cuerdo, sin- 
sintiendo que iba perdido el negocio, se alzó á su mano y se 
fué á su Obispado, y á pocos días antes que el Emperador par- 
tiese de Barcelona, la malicia de estos caballeros iba creciendo 
y el crédito de Su Majestad se iba disminuyendo, los cuales 
tuvieron manera como escribiese la ciudad de Toledo esta pre- 
sente carta á todas las ciudades de Castilla : 

Magm'ficos nobles y muy virtuosos señores : Caso que al- 
gunas veces os escribamos en particular, maravillarse han aho- 
ra vuestras mercedes como os escribimos á todos en general ; 
pero sabida la necesidad eminente que hay en el caso, y el 
peligro que se espera en la dilación de ello, más seremos ar- 
güidos de perezosos en no haberlo hecho antes que no de im- 
portunos en hacerlo ahora. 

Ya saben vuestras mercedes y se acordarán de la venida 
del Rey Don Carlos, nuestro señor, en España, cuanto fué 
deseada, y como ahora su partida es muy repentina ; y que 
no menos pena nos da ahora su ausencia que nos dio entonces 
alegría su presencia. Como su Real persona en los Reinos de 
Aragón se ha detenido mucho y en estos Reinos de Castilla 
haya residido poco, ha sido gran ocasión que las cosas de este 
Rein(j no hayan tomado ningún asiento ; y porque yéndose 
como se va Su Majestad, procediendo más adelante, las cosas 
correrían peligro, parécenos, señores, si os pareciese, que pues 
á todos toca el daño, nos juntásemos todos á pensar en el re- 
medio, según parece y es notorio caso, que en muchas cosas 
¡articulares haya, señores, extremada necesidad de vuestro 
consejo, y después del consejo hay necesidad de vuestro favor 
v remedio. 



— 2-21 — 

Paréceme que sobre tres cosas nos debemos de juntar y 
platicar y sobre la buena expedición de ellas enviar nuestros 
mensajeros á Su Alteza ; conviene á saber : suplicarle lo pri- 
mero, no se vaya de estos Reinos de España ; lo segundo, que 
en ninguna manera permita sacar dinero de ella ; lo tercero, 
que se remedien los oficios que están dados á extranjeros 
en ella. 

Mucho, señores, pedimos por merced, que vista esta letra 
luego nos respondan á ella, porque conviene que los que hu- 
bieren de ir vayan juntos y propongan juntos, porque siendo 
de todo el Reino la demanda darles han mejor y aun con 
más acuerdo la respuesta. 

Nuestro Señor, su magnífica y noble persona guarde. De 
Toledo, á 7 de Noviembre de 15 19. 

lyas palabras de esta breve carta los que las leyeron y vie- 
ron las aprobaron por buenas, aunque por escribirse á tal tiem- 
po en la verdad fueron escandalosas, porque como las cesas 
del Reino en este tiempo estaban muj' quebradas, esta carta, 
como se publicó por las ciudades, las tornó muy enconadas, 
porque todos sospecharon que pues Toledo tomaba la mano 
que algún mal había de haber en el Reino. 



CAPÍTULO XIV 

De las cosas que acontecieron el año de 1520. — Cómo el Em- 
perador Don Carlos partió de Barcelona y vino á la ciudad 
de Burgos, donde entró en la liga que el Rey de Francia 
y el Rey de Inglaterra tenían hecha, y lo que aconteció á 
Su Majestad en la villa de Valladolid. 

Estando el Emperador en Barcelona un domingo á 8 de 
Enero le vino nueva de su Embajador que tenía en la Corte 
de Francia, avisándole que entre el Rey de Francia y el de 
Inglaterra estaban concertadas vistas para principio de Junio y 
que el fin del Rey de Francia era, pues no había podido im- 
pedir á Su Majestad la elección del Imperio, estorbarle la 



'•)•>•) 



coronación, y el propio día llegó otro correo del Obispo de 
Üiirgos en (|UL- hacía saber á vSu Majestad cómo la Armada es- 
taba aparejada, y que cuando fuese servido se podía ir á em- 
barcar, las cuales nuevas dieron á Mr. de Chievres no poca 
alegría, rK)rque entrambas cosas eran ocasión para que el Rey 
so partiese de España con brevedad. 

vSu Majestad determinó de verse con el Rey de Inglaterra 
antes que el dicho Rey se viese con el de Francia, y así pro- 
curó de partirse luego de Barcelona con propósito de no parar 
hasta la Coruña, y llegó á la ciudad de Burgos donde fué bien 
recibido, y los de la ciudad -suplicaron á Su ^Majestad y ro- 
garon á Mr. de Chievres se detuviese allí algunos días por ser 
aquella ciudad cabeza del Reino de Castilla, lo cual no se pudo 
acabar con Su Majestad por la gran necesidad que llevaban 
de abreviar el camino. 

Estando en esta ciudad le vino un correo del Rey de Fran- 
cia con 4a liga que los Embajadores de Francia é Inglaterra 
habían hecho en la ciudad de Calais (como hemos dicho), el 
cual requirió á Su Majestad entrase en ella, y Su Majestad 
desde que la hubo visto y leído dijo que era contento de ha- 
cerlo aunque mucha ocasión tuviera para no entrar en ella, por 
haberse hecho sin él saberlo y con ruin intención del Rey de 
Francia ; pero el Emperador como tenía propuesto de quitar to- 
das las ocasiones á Francia y por ninguna cosa perder la amis- 
tad de Inglaterra, no puso dificultad en entrar en aquella liga, 
y también porque en ninguna cosa le perjudicaba. 

Después que Su Majestad hubo dicho que quería entrar en 
la liga, luego incontinenti el Embajador de Francia que se 
llamaba Mr. de I.anxach le dio una carta, la cual era de la 
misma mano de su Rey, y entre otras palabras decía en ella : 
El Rey entiende y manda (¡ue el Rey Católico Don Carlos haya 
de dar antes que parta de España doce rehenes principales, las 
seis de España y las seis de Flandes para seguridad que cum- 
plirá el casamiento concertado en Xoyon. y si esto no hiciere, 
todo lo capitulado dará por ninguno. 

Leída i)()r el Emperador la carta la guardó y con mucha 
cordura y sufrimiento disimuló lo que en ella decía, y sin 



— 223 — 

mostrar desabrimiento en la respuesta, antes muy amigable- 
mente, respondió al Embajador estas palabras : Lo que el 
Cristianísimo Rey pide por esta letra va fuera de lo que en 
Noyon fué capitulado ; ix)r eso yo quiero guardar, no lo que 
se pide ahora, sino lo que se concertó entonces. 

Y en la verdad el Rey de Francia se atrevió á decir aquella 
palabra «entiende «y manda» por tener al Emperador por su 
yerno, y por muy mozo, aunque no sabría decir cuál fué ma- 
yoi-, el sufrimiento del uno ó el descomedimiento del otro. 

Aquí vino nueva á Su Majestad como D. Alonso de Ara- 
gón, Arzobispo de Zaragoza, era muerto, y en su lugar proveyó 
del Arzobispado á D. Juan, su hijo, }'• le vino un correo de Por- 
tugal de cómo su hermana, la Reina Doña Leonor, había pa- 
rido un hijo que habían puesto nombre Don Carlos, de que 
tuvo muy gran placer. 

Pasado esto determinó de partirse de Burgos y se vino á 
Valladolid do habló á muchos grandes del Reino que le es- 
taban esperando, unos para despedirse de Su Alteza, otros 
para negociar con él algunas cosas que les cumplían, y todos 
I)ara suplicarle no se partiese tan presto y que fuese servido de 
tener allí, en Valladolid, las Cortes, porque se sentían agra- 
viados llevarlos para aquel efecto tan lejos. 

D. Pedro Girón, hijo mayor del Conde de Ureña, hombre 
esforzado, aunque en las cosas que emprendía no muy dichoso, 
como trajese pleito sobre el Ducado de Medina Sidonia, el 
cual decía pertenecerle por causa de su mujer, y hubiese su- 
plicado muchas veces á Su ^Majestad le mandase aclarar su 
justicia ; pero como la cosa fuese de grande importancia no 
se podía hacer tan fácilmente como él pensaba, y viendo que 
Su Majestad se iba y él quedaba sin esperanza de ella, des- 
mesuróse un día y dijo al Emperador : «Señor, mándame hacer 
justicia en el pleito que traigo sobre el Ducado de Medina Si- 
donia, y si no yo me tomaré la justicia y me seré ejecutor de 
ella». Y el Emperador le respondió : «A mí me pesa, D. Pedro, 
que vos me digáis esa palabra, pero si vos os entrometéis en 
mi justicia, yo os mandaré cortar la cabeza». La cual palabra 
fué la primera que al Emperador Don Carlos le oyeron des- 



— 224 — 

abrida, iloiulc ^c mostró nmy üiiinioso cuanto D. Pedro Girón 
muy atrevido. 

Poco después que esto aconteció en la dicha villa de Valla- 
dolid se hizo un motín en que se concertaron de secreto de 
matar A Mr. de Chievres y á todos los flamencos y detener 
al Emperador para que no se fuese de España, y para efectuar 
esto se tañó en la iglesia de San Miguel una campana de 
alboroto que se suele tañer cuando se ha de juntar el pueblo 
I>ara hacer alguna cosa ú ordenar algo en provecho común ; 
de manera <iue en una hora se puso en armas toda la villa, 
sin que se pudiese saber quién tañó la campana, ni quién fué 
causa de a(]uel alboroto ; y como viniese á oídos de Chievres 
(jue andaban hombres armados diciendo ((viva el Rey Don 
Carlos \" mueran malos consejeros», como era hombre cuerdo 
hubo algún temor por ser extranjero, y no obstante que hacía 
nuiy grande agua y ser hora de medio día, hizo cabalgar al 
Emperador en una acanea y así juntos se salieron de la villa 
sin ser sentidos, y llegaron á Tordesillas muy enojados y ate- 
morizados y con harta gana de comer, y cuando el pueblo acor- 
dó para hacer lo que tenía determinado se halló burlado, por- 
que supieron que Su jNIajestad era ya partido. 

En Tordesillas, después de besar las manos á la Reina Doña 
Juana, su madre, y de despedirse de la Infanta Doña Catalina, 
su hermana, dejando allí con ellas al ]\Iarqués de Denia y 
á la Marquesa para su servicio y guarda, tomó su camino para 
la Coniña. 

CAPITULO XV 

De las Caries que el Emperador celebró en Santiago de Ga- 
licia y cómo estando en ella se levantó la ciudad de Toledo 
V los Gobernadores y Capitanes que Su Majestad dejó para 
en lo de Espaíia, y cómo se embarcó en la Coruña Para Vían' 
des y las personas que con él se embarcaron. 

Después que el Emperador partió de Barcelona para la Co- 
la, siempre Hernando de Avalos y sus consortes en Toledo 



ruña 



— 225 ~ 

procuraban saber lo que á Su Majestad había acontecido en Bur- 
gos y en Valladolid, y por menudo lo relataban en muchas partes 
diciendo que el Emperador era enemigo de nuestra naturaleza 
y que á esta causa huía de ella y se iba á Alemania, y que 
Mr. de Chievres había robado el Reino y que no había querido 
tener en Valladolid Cortes aunque se lo habían rogado todos 
los grandes, y que D. Pedro Girón había dicho al Emperador 
una recia palabra y se la había sufrido y que habían tañido 
la campana de Valladolid en presencia de Su Majestad, y que 
todo era por quererse alborotar el Reino, y que de nuevo lla- 
maba á Cortes para pedir otros 400.000 ducados de servicio ; 
todas las cuales palabras, aunque muchos las tomasen de bur- 
las como cuerdos, los más las tomaban de veras, y como vin^) 
el mandado del Emperador á Toledo para que fuesen Procura- 
dores á las Cortes de Santiago llevando poderes para < torgar 
el servicio echaron suerte los Regidores; salieron D. Juan de 
Ribera y Alonso de Aguirre jurados por Procuradores, y como 
no hacían al propósito de Hernando de Avalos y de D. Pero 
Laso y Juan de Padilla, hicieron con los otros Regidores (jue 
no les diesen el poder bastante, sino limitado, el cual ellos no 
quisieron aceptar, y así no fueron Procuradores de Toledo á 
las dichas Cortes, salvo que escribieron á D. Pero Laso y á 
D. Alonso Suárez para que hablasen allá á los Procuradores 
de las ciudades y les diesen á entender lo mucho que cumplía 
al servicio de Dios y bien del Reino que el Rey cumpliese los 
capítulos que llevaban. 

Y como el Emperador llegase á la ciudad de Santiago fué 
bien recibido por el Arzobispo D. Alonso de Fonseca y por 
todos los otros caballeros, y muy festejado con fiestas y servido 
de muchos pescados y vinos y frutas y de todas las cosas 
necesarias, y como se comenzaron á celebrar las Cortes, por 
parte del Emperador propusieron Mr. de Chievres y el gran 
Canciller y el Obispo Mota y D. García de Padilla, dándoles 
la disculpa de la ida tan acelerada de Su ^lajestad, pidiéndoles 
que para ayuda de los gastos que pensaba hacer en su coro- 
nación le ayudasen con algún servicio, y los Procuradores se 
juntaron muchas veces sobre lo que habían de hacer, y acordaron 

ic 



— 226 — 

entre si de suplicar á Su Alteza algunas cosas lícitas y buenas 
I»ara el provecho del Reino auní^ue en muy mala coyuntura. 
Kra la primera que no se fuese del Reino. La segunda que 
ya ciue no lo hiciese que se casase, porque así tendrían segu- 
ridad de su venida 'á España, ho tercero, que no permitiese 
sacar moneda de Castilla. Lo cuarto, que los oficios que va- 
casen en España no se diesen sino á naturales de ella. Lo otro, 
(lUe no permitiese que se vendiesen los oficios Reales. Lo sexto, 
que pues se iba, dejase gobernadores en España naturales de 
ella, por que mejor se administrase la justicia. Las cuales cosas 
no contentaron mucho á Mr. de Chievres porque todo su estu- 
dio y plática era cómo se habían de cobrar los 400.000 ducados 
que demandaba de servicio, y así al Procurador que no lo otor- 
gaba y le ofrecía su voluntad, no le cumplía entrar en palacio 
ni procurar cosa de su provecho. Los Procuradorc-s de Segovia 
y de Valladolid y de otras ciudades liberalmente otorgaron el 
servicio, y los de .Salamanca con otros muchos fueron del voto 
contrario. 

Aquí se trató entre algunos señores que tenían lugares en 
Galicia, como eran el Arzobispo de Santiago, el Conde de Be- 
navente y el Conde de Andrada, en hacer que Su Majestad 
tuviese por bien que el Reino de Galicia tuviese voto en las 
Cortes, como fué uso y costumbre la ciudad de. Zamora enviar 
á las Cortes su Procurador por sí y por el dicho Reino, y al ■ 
cabo no se hizo cosa sobre ello. 

D. Pero Laso de la \'ega, que había ido por Toledo (como 
^lijimos), procuró con muchos Procuradores que no otorgasen 
el servicio y que demandasen que Su Alteza cumpliese los ca- 
pítulos ya dichos ; y como Mr. de Chievres de esto fuese avisa- 
do hízolo desterrar de la Corte, y fué maltratado de palabra, 
y le mandaron que no entrase en Toledo, sino que se fuese á 
residir en la tenencia de Gibraltar, do él era alcaide. El cual 
destierro tomó á mucho mal y á grantíísima injuria la ciudad 
de Toledo y procuró luego como lo supo de alzarse, quitando 
el Corregidor que era en aquel tiempo D. Antonio de Córdoba, 
hermano del Conde de Cabra, el cual había proveído Sú Al- 
teza viendo las faltas y descuidos del Conde de Palma, y to- 



— 227 — 

marón por fuerza la fortaleza, echando de ella á D. Juan de 
Ribera, cerrando las puertas de la ciudad y barreando las ca- 
lles, todo lo cual vino por nueva á la Corte de Su Majestad 
y él tuvo mucho enojo de ello y fué aconsejado que pospuestas 
todas las cosas debía de ir á la ciudad de Toledo y hacer allí 
un famoso castigo de los amotinadores, y que con esto podía 
dejar apaciguado todo el Reino ; lo cual el Emperador no quiso 
hacer, y pensando por otra vía remediar aquel daño cayeron 
en otro mayor, que fué enviar en posta á Toledo á D. Juan de 
Ribera para qvie procurase de apaciguarlo. El cual como fuese 
del bando contrario levantó mayor escándalo en la ciudad. 

También ordenaron que el Emperador diese cédulas para 
que Hernando de Avalos y Juan de Padilla pareciesen personal- 
mente en Santiago ó en la Coruña, porque pensaban que con 
quitar aquellos dos de Toledo luego se sosegaría la ciudad ; y 
como estas cédulas fuesen á Toledo, Hernando de Avalos no 
suplicó de ella sino dijo que la quería cumplir, y para esto 
anduvo por todo Toledo despidiéndose y diciendo á sus veci- 
nos y amigos que si oyesen decir que eran muertos les enco- 
mendaba su mujer é hijos porque pensaba que habían de ser 
sacrificados por la redención del pueblo ; y así él y Juan de 
Padilla acordaron un día, á i6 de Abril, de partirse con seguri- 
dad que tenían que los habían de tornar del camino, y como 
pasasen por la puerta del perdón de la iglesia Mayor salieron 
en pos de eUos gran número de gente popular los cuales los 
tomaron en medio y preguntaron á Juan de Padilla dónde iba 
y él respondió que á llamamiento de su Rey dispuesto á su- 
frir cualquier peligro por la libertad de su ciudad, y ellos re- 
plicaron que no mandaría Dios que un caballero á quien tanto 
todos eran obligados le consintiesen padecer por su causa, y 
asiendo de él le apearon de la muía y comenzaron á decir á 
voces «mueran Chievres y los flamencos, que tienen robada 
á Castilla, y vivan Juan de Padilla y Hernando de Avalos, de- 
fensores de nuestra república, }- así los metieron en la iglesia 
y de allí los llevaron, y ellos dando voces y pidiendo por tes- 
timonio que los volvían por fuerza ; pero cuanto ellos más vo- 
ces daban más mal sospechaban de ellos los servidores del Rey. 



— 228 — 

Pahudo este alboroto comenzaron á hacer bastimento y á 
reparar los muros y poner muchas guardas en las puertas y 
escribir á todas las ciudades comarcanas. 

El Emperador como viese que con los Procuradores no se 
tomaba resolución sobre el pagar del servicio, acordó de pro- 
curar (le haber los 400.000 ducados por otra vía, y fué con 
mandar al Licenciado Francisco de Vargas, su Tesorero y de 
su Consejo que los tomase á cambio para pagarlos sobre las 
rentas del Reino de los años venideros, el cual lo hizo así por 
servir á vSu Majestad, viendo la mucha necesidad que de ellos 
tenía i)ara su coronación. 

Hecho esto se determinó de partir de la ciudad de Santiago 
para la Coruña, habiendo primero armado caballero junto al 
altar de vSantiago al Conde de Santisteban, hijo mayor del 
Marqués de Villena, la cual ceremonia se hizo con mucha so- 
lemnidad ; y como llegase á la ciudad de la Coruña declaró el 
Emperador por Gobernador de los Reinos de Castilla y de León 
y de Navarra al Cardenal de Tortosa, que había sido su maes- 
tro, de la cual provisión quedaron todos muy descontentos, 
porque teniendo en España tantos generosos había hecho Go- 
bernador extranjero, y también porque aunque el Cardenal era 
un muy buen hombre, para Gobernador valía muy poco (como 
adelante se mostró) , y dejó Su Majestad por Capitán General 
del Reino á Antonio de Fonseca, señor de Coca y Alahcjos 
y Contador mayor de Castilla ; y nombró en el Reino de Ara- 
gón por Gobernador y Capitán General á D. Juan de Lanuza, 
y en el Reino de Valencia dejó por Visorrey á D. Diego de 
^Mendoza, hermano del Marqués de Cénete, y dejó por Conse- 
jeros que asistiesen con el Cardenal en la gobernación á don 
Alonso Téllez, hennano del Marqués de Villena, y á Hernando 
de \'^ega, señor de Grajal, caballeros muy cuerdos aunque en- 
tre sí diferentes ; y esto hecho, como los pilotos viniesen á de- 
cir á Su Majestad (¡ue el tiempo hacía muy bueno para partir, 
mandó que aquel día, que se contaron 19 de Mayo, se embar- 
casen todos, porque otro día de mañana se quería hacer á la 
vela, y así lo hizo, que otro día, domingo, que se contaron 
veinte díp< del dicho mes, en amaneciendo se confesó v co- 



— 229 — 

mulgo Su Majestad y se fué á embarcar, y le acompañaron 
hasta la lengua del agua D. Alonso de Fonseca, Arzobispo 
de Santiago, y D. Juan de Fonseca, Obispo de Burgos; D. Iñi- 
go de Velasco, Condestable de Castilla ; D. Diego López Pa- 
checo, Marqués de VilJena, y el Conde de Benavente, y el 
Marqués de Astorga, y otros muchos caballeros, á los cuales 
dijo el Emperador la pena que Uevaba por dejar tan presto 
estos Reinos, sin poder personalmente visitarlos, pero que él 
esperaba en Dios que su vuelta sería tan breve cuanto su ida 
era presurosa, donde lo podría hacer más despacio, y así se 
entró el Emperador en un barco y se fué á la nao donde habíi 
de ir, de la cual mandó tirar vm tiro por señal para que luego 
toda la flota hiciese á la vela, y tomando con su nao Su Al- 
teza la delantera salió del puerto y comenzó á navegar. 

Embarcaron con el Emperador en la flota la Reina Germa- 
na y el Marqués de- Brandemburgo, su marido ; Federico, Con- 
de palatino ; D. Fadrique de Toledo, Duque de Alba, y el Mar- 
qués de Villafranca, su hijo; el Príncipe de Orange ; el Prín- 
cipe de Bisignano ; el Marqués de Aguilar ; Mr. de Chievres ; 
el gran Canciller ; D. Alonso Manrique, Obispo de Córdoba, 
Capellán mayor; el Conde Monteagudo ; D. Felipe de Croy, 
¿onde de Porcian; D. Pero Ruiz de la Mota, Obispo de Ba- 
dajoz ; D. García de Padilla, Comendador mayor de Calatra- 
va ; el Doctor Carvajal, y otras muchas gentes de diversas 
naciones y condiciones, y fué por Almirante de la Armada el 
Conde D. Fernando de Andrada, caballero esforzado y vale- 
roso ; y el Emperador mandó pagar todos los gastos que se 
habían hecho, así en naos como en bastimentos y en todas 
las otras cosas necesarias para la Armada. 



— 230 — 

CAPÍTULO XVI 

Cóvio el Emperador Don Carlos fué á desembarcar á la isla 
de Inglaterra y las grandes fiestas que allí le fueron hechas 
por el Rey y por la Reina Doña Catalina, su tía, y lo que 
allí capitularon estos Reyes, y las vistas del Rey de Fran- 
cia y del de Inglaterra. 

Después que el Emparador hubo salido del puerto de la 
Cor uña con su flota, tuvo tan próspera navegación que á cabo 
de siete días dcsunibarcó en el puerto de Douvres, que es en 
la isla de Inglaterra, en la cual ciudad estaban el Cardenal de 
Inglaterra esperando á Su Majestad y le llevó á aposentar á 
la fortaleza que estaba algo apartada de la ciudad y á la en- 
trada de día el alcaide ofreció las llaves al Emperador que- 
riéndole mostrar el mucho amor que le tenían y la seguridad 
con que allí podía estar su p(?rsona ; y el Rey de Inglaterra, 
que- estaba de Douvres cuatro leguas, en la ciudad de Canter- 
bur>% como supiese' que el. Emperador estaba en su tierra, ca- 
balgó luego y casi solo llegó de noche á Douvres, y como 
le fuese entrar á ver a la cama do estaba Su Majestad, se le- 
vantó y le salió á recibir á la sala, do se recibieron y abrazaron 
con mucho amor, y otro día, que era Pascua de Pentecostés, 
oyeron misa y se partieron para la ciudad de Canterbury do 
la Reina, su tía estaba, la cual salió hasta la escalera á recibir 
al Emperador acompañada de su cuñada, la Reina que había 
sido de Francia, y de otras dos Duquesas, y de más de setenta 
damas y grandes señoras, todas muy ricamente vestidas. 

Posaron los Reyes y Reinas en las Abadías de Santo To- 
más (juc era la mejor casa de la ciudad, los cuales después 
de haber oído misa fueron á visitar el sepulcro de Santo To- 
más (que fué Arzobispo y mártir en la dicha ciudad), por ser 
muy gran riqueza, y aquel día comieron los Reyes y las Rei- 
nas todos á una mesa y en la noche el Rey de Inglaterra les 
hizo un solenuu'simo banquete y en la mesa se sentó á la 
mano derecha el Emperador, y luego cabe él- la Reina de Tn- 



— 231 — 
glaterra, y luego el Cardenal de aquel Reino, y luego la Reina 
Germana, y á la mano izquierda se sentó el Rey de Inglate- 
rra y luego su hermana, la Reina que fué de Francia; donde 
se les hizo muy solemne banquete, en el cual fueron tantos 
y tan extraños los manjares que se dieron que no se pudieron 
contar v fué cosa de ver los aparadores todos de vajillas de 
oro y 'plata, v las tapicerías tan ricas, y los diversos instru- 
mentos de música, y los arqueros puestos en alto que alum- 
braban con- las hachas do resplandecía la mucha artiUería que 
tenían y no menos era cosa de ver las otras mesas de grandes 
señores y señoras y damas que cenaban en la misma sala, y 
después de cenar comenzaron á danzar los caballeros con las 
damas la cual fiesta duró hasta la mañana; y estando los 
Reyes en estos regocijos, Mr. de Chievres y el Gran Canciller 
por parte del Emperador, y el Cardenal por parte del Rey de 
Inglaterra, hablaron sobre las cosas del Estado y confederación 
de los dos Príncipes, y en fin no se concluyó allí más de que 
.e hizo un escrito breve do se contenían tres cosas: la primera, 
en que confirmaban la paz antigua entre Inglaterra y Flandes, 
y en ésta entraban de nuevo las tierras y señoríos del Imperio. 
La =egunda. que por cuanto se había" platicado casamiento en- 
tre el Emperador v la Princesa de Inglaterra, que mnguno de 
los dos Príncipes, dentro de tres meses, pudiese capitular con 
otro Príncipe cosa que fuese en perjuicio del otro. La tercera, 
que en fin del mes de Julio siguiente se tomasen á ver entram- 
bos Príncipes entre Flandes y Calais para platicar sobre lo 
que el Rev de Francia quería y á ellos convenía. 

En la cual capitulación aseguró Su Majestad lo del Impe- 
rio y su patrimonio antiguo, y ató las manos al Rey de In- 
glaterra para que no capitulase cosa en su perjuicio con el Rev 
de Francia, y esta cenfedaración se hizo nuiy secreta por ma- 
nera que no fueron sabedores de ella sino los dos Principes 
que la firmaron v el Cardenal y Chievres y el Gran Canciller 
que la acordaron, y Juan Alemán. Secretario del Estado, que 
la escribió v referendó y guardó, porque el Rey de Francia te- 
nía allí muy secretas espías para que le avisasen de todo lo 
que le pasase. 



— 232 — 

Luego el martes tic la Pascua se partió el Rey de Ingla- 
terra para D()U\res do tenía su Armada para irse á ver con 
el Rey de Francia, y el Emperador se partió para Sandwich 
á embarcar para Flandes, acompañándole el Cardenal de In- 
.ulaterra (lue proveyó la Armada de muchos mantenimientos 
á costa del Rey, su señor, y partió vSu Majestad de Inglaterra 
y fué á desembarcar en el puerto de Vlissingen, en Zelanda, 
y después de desembarcado mandó que todas las naos después 
de tomar refresco y bastimentos recogiesen la gente de gue- 
rra >• se volvieron á España, y Su Majestad se fué á Missin- 
gen, á un castillo que está cuatro leguas de Oante, llamado 
Buggenhout, donde le vino aquella noche á besar las manos el 
Infante D. Fernando, su hermano, y Su Majestad se holgó mu- 
cho con él, maravillado en ver que estaba ya hecho hombre. 

Otro día, (jue se contaron 6 de Junio, entró el Emperador 
en la villa de Gante, en la cual estaba Madama Margarita que 
en su nombre gobernaba aíjuella tierra, y se le hizo en la dicha 
\illa un muy solemne recibimiento, así de arcos triunfales como 
de juegos y farsas, y como entró cerca de la noche se encen- 
dieron, á parecer de todos, más de veinte mil hachas, porque 
como el Emperador había aUí nacido y criádose algún tiempo 
era de todos muy querido y amado; y por su ida. tan acelerada 
les pesó en el alma, porque á 1 1 de Junio se partió para Bruselas, 
que es el el Condado de Brabante, donde le fueron á ver mu- 
chos Príncipes de Alemania, conviene á saber : el Arzobispo 
de Colonia, elector, y el ^Arzobispo de Toledo, que era Carde- 
nal de Croy, y el Obispo de Cambray, y Erardo de la Marca, 
Arzobispo de Valencia, y Roberto de la Marca, y sin éstos 
fueron otros muchos caballeros y Prelados. 

En la villa de Bruselas mandó el Emperador juntar todos 
los Procuradores de atiuellos sus señoríos de Alemania la baja, 
y esto á íin de reformar algunas cosas de que él estaba mal 
informado, y para pedirles algún socorro para los gastos que 
había de hacer en recibir la corona del Imperio, lo cual ellos 
hicieron de muy buena voluntad, dándole á entender que lo 
hacían más por el amor <iue le tenían que no por la obliga- 
ción (lue sobre ellos tenía. 



— 233 — 

En este tiempo los Reyes de Fraticia y de Inglaterra estaban 
en vistas en un campo, entre Arras, que es de Francia, y Gui- 
ñes, que es lugar de Inglaterra, do estuvieron en sus tiendas, 
que eran muy ricas, y el concierto que allí hicieron fué ningu- 
no, donde pareció que las \istas de aquellos dos Príncipes más 
fueron para gastar sus riquezas que no para juntar las volun- 
tades, porque se afirmaba que el pabellón del Rey de Francia 
había costado sesenta mil angelotes y la casa de campo del Car- 
denal de Inglaterra cien mil. 

Estando el Rey Don Carlos en las Cortes de Bruselas es- 
cribió á todos los Electores del Imperio haciéndoles saber que 
el fin de su venida de España era para recibir la corona, y 
que para esto se juntasen todos en la ciudad de Aquisgran para 
el día de San Miguel, porque allí tenían por uso los Emperado- 
res pasados de coronarse y él así lo quería hacer. 



CAPÍTULO XVII 

De lo que pasó en el Reino de Valencia y en el de Castilla 
después que el Emperador embarcó en la Cortina, y cómo 
ahorcaron en la ciudad de Segovia á un Corregidor de la 
dicha ciudad. 

Ya tenemos dicho cómo el Emperador, al tiempo de su 
partida de la Coruña, declaró por Virrey y Gobernador en el 
Reino de Valencia á D. Diego Hurtado de Mendoza, hijo del 
Cardenal Pero González de Mendoza, el cual estando en Valencia 
aconteció que un domingo, á 4 de Junio, los oficiales del cri- 
men prendieron á un hombre que estaba sentenciado á muerte, 
5r como fuese emparentado, mandó el Visorrey que luego le 
confesasen y le ahorcasen por no ser importunado de nadie 
para que se le diese la vida, y como esto supiesen los trece 
síndicos y Corella echaron fama que le mataban sin razón y 
sin justicia, por cuya causa se alborotó toda la ciudad y qui- 
taron por fuerza de armas el preso á la justicia, y como sobre 
esto enviasen á llamar á Corella echaron fama que el Visorrey 



— 234 — 

le lial)í;i (lado lili gaiT(jlc, y íiieron todos á buscar al Visorrey 
y á cercarle la casa que le convino huir porque no le matasen ; 
y iKiiiella noche fué á Cocentaina y de allí á la ciudad jcle Játiva 
donde los vecinos de la dicha ciudad pidieron licencia al Vi- 
rrey i>ara hacer un alarde día de San Bartolomé, y como no 
se la (juisiese dar le perdieron la vergüenza \' lo hicieron en su 
presencia, y presumiendo el Visorrey que todo aquello era 
trato doble de Valencia se subió á la fortaleza, lo cuai como 
vieron los de Játiva pregonaron, so pena de muerte, que nin- 
Kunt) fuese osado de darle bastimentos, y visto esto por el 
\'^isorrcy se fué al puerto de Denia, porque si le cercasen por 
la tierra se pudiese salvar por la mar; y los de Valencia como 
supiesen que la ciudad de Játiva era rebelada, y que el Vi- 
sorrey se había ido huyendo, ocuparon todas las rentas reales 
así del general como del peaje, y para esto fueron á una casa 
de los derechos y quebrantaron las tablas y tomaron los libros, 
y como se derramó la nueva que Valencia y Játiva se habían 
alzado y el Visorrey Se había huido, luego la ciudad de Ori- 
huela y el marquesado de Elche hicieron lo mismo, y el 
Capitán que se levantó en Orihuela fué un Palomares, que 
era pobre escudero, el cual se vio absoluto señor de aquel 
pueblo y sacaba 5.000 hombres en campo para dar batalla, y 
los agennanados como ya habían perdido al mundo la vergüen- 
za, acordaron de perder el temor á Diqs, y para esto hicieron 
un monipodio en el cual se determinaron de robar todas las 
ri(]uezas de los monasterios é iglesias del pueblo, lo cual como 
se descubriese rogaron los jurados y personas nobles de la 
ciudad á D. Rodrigo de Mendoza, Marqués de Cénete, que to- 
mase las varas de la justicia por el Rey 3- castigase los mal- 
hechores, y así lo hizo, >• como buen caballero ahorcó luego á 
tres hombres alborotadores por lo cual se suspendió lo que te- 
nían los agennanados determinado, y acordaron por otra parte 
de salir más de 10.000 de ellos en campo é ir á Denia do es- 
taba el Visorrey para echarle del Reino ; y como saliese á ellos 
de Valencia la clerecía con sus capirotes en las cabezas y siis 
cruces en las manos, diciéndoles «misericordia, misericordia», 
*llos resp<mdían ((justicia, justicia», y así fué que después vino 



— 235 — 

por todos ellos la justicia de Dios, y de ellos fueron muertos 
á cuchillo, y otros en batalla y por justicia, y salidos de Va- 
lencia llevaban por Capitán de su campo á un Juan Caro, y 
fueron á la villa de Cervera, que es del Duque de Gandía, y 
tomaron lá fortaleza y robaron la tierra y quemaron todas las 
casas de la dicha villa, y esto hecho se fueron á Játiva y allí 
criaron por Capitán á un bellutero que se llamaba Vicen Pérez 
y combatieron reciamente la fortaleza y al cabo la tomaron 
por fuerza por estar mal proveída. 

En este tiempo aconteció en el Reino de Castilla, en el 
cual el Emperador Don Carlos había dejado por Gobernador 
al Cardenal de Tortosa, aunque los Procuradores de Santiago 
le suplicaron que dejase en el Reino por Gobernador persona 
que fuese natural del Reino y poderosa, porque allende que 
conocería todas las cosas que se tratasen sería amado >■ te- 
mido de todos, y en la verdad, aunque el Cardenal de Tor- 
tosa era muy virtuoso y de muy santa vida, pero no muy há- 
bil para las cosas de gobernación, y según después dijo Chie- 
vres Su Majestad no lo dejó de hacer porque no conociese 
que en sus Reinos no había muchos caballeros ancianos gene- 
rosos, fieles y prudentes y señores de grandes estados, en cuya 
prudencia cabía bien la gobernación de ellos, sino por conocer 
de ellos que eran personas aficionadas y fundadas en parciali- 
dades, y como Su Alteza fuese partido de la Coruña, el nuevo 
Gobernador se volvió con el Presidente del Consejo Real á los 
Reinos de Castilla, los cuales como llegasen á l^enavtnte les 
vino un correo enviado por parte de D. Juan de Acuña, Co- 
rregidor de Segovia, que les hacía saber cómo en aquella ciu- 
dad había acontecido un caso muy espantoso de ver, _v era que 
como fuese costumbre en ella los martes de Pascua de Pente- 
costés juntarse los cuadrilleros á hablar en las rentas, después 
de haber hablado en ellas y bebido muy bien comenzó uno 
de ellos á decir mal del Corregidor, diciendo que por tenerlos 
en poco no había venido á Segovia, y que sus Oficiales tenían 
puestos los ojos más en robar las gentes que no en gobernarlas, 
y que el alguacil era un loco que hacía mil desafueros de día, 
y que de noche traía un perro con que prendía los hombres. 



— 236 — 

á las cuales palabras conu) se hallase presente un hombre viejo 
que había nombre Melón, el cual tenía por costumbre de act^m- 
pañar y ser porquerón de los alguaciles, por cuya causa le 
tenían gran odio los ¡copulares, y oyese lo que el cuadrillero 
había dicho, les habló á todos ellos diciendo que no parecía 
bien ni era de hombres honrados dar orejas á semejantes pa- 
labras, porque los ministros de la justicia habían de tener mu- 
cha templanza en la lengua y no habían de mirar á lo que era 
la i)ersona, sino á lo que representaba la vara que traía, y si 
los Alcaldes y alguaciles hacían algima cosa que no debiesen, 
en la ley de cristianos y caballeros era avisarles primero en 
secreto, antes que difamarlos en público. 

Las cuales palabras supieron á todos tan mal que luego 
á una dieron con él en el suelo y le echaron una soga á la 
garganta y le llevaron fuera de la ciudad camino de la horca, 
y antes cüie allá llegase había expirado de los grandes golpes 
que en el camino le dieron ; á la vuelta que volvían después de 
dejarlo ahorcado toparon con otro porquerón que se llamaba 
Portalejo, al cual dijo uno de ellos que Melón, su compañero, 
quedaba en la horca y se le encomendaba mucho, y que le 
esperaba en ella, y pues había sido su compañero en la culpa 
(jue era razón que fuese en la pena. 

A estas palabras respondió el Portalejo que mantuviese Dii.s 
al Rey y á la justicia y que él esperaba en Dios que algún día 
ellos se arrepentirían de lo que habían hecho, y Segovia por- 
que lo había consentido ; y apenas acabó de decir estas pala- 
bras cuando le tomaron todos juntos y lo llevaron arrastrando 
á la horca y allí lo ahorcaron piernas arriba ; y como el pueblo 
estuviese ya encarnizado con el hambre de los pobres acordó 
de probar á ipié sabía la de los ricos, y otro día, que fué miér- 
coles de la Pascua, el Regidor Tordesillas que había ido á 
las Cortes de Santiago por Procurador por la dicha ciudad, en 
las cuales negoció nuiy mal sus cosas, aunque las suyas pro- 
pias las negoció muy bien, ixjnjue trajo para la ciudad enea 
bezadas las alcabalas >• cien mil maravedís para reparar los 
muros, y para su persona negoció xm Corregimiento y cobró 
un oficio (jue tenía perdido en la Casa de la Moneda, y como 



— 237 — 

viniese á la casa del Regimiento á dar cuenta de lo (jue 
había negociado en las Cortes, súpose luego por la ciudad 
cómo el Corregidor Tordesillas había otorgado el servicio en 
las Cortes y que estaba en el Regimiento, y luego acudieron 
á la iglesia de San Miguel, donde estaba la casa del dicho Regi- 
miento, muy gran número de cardadores, y unos quebrantando 
las puertas de la iglesia, otros escalando las ventanas, y así 
por fuerza sacaron al Regidor de la iglesia y le llevarcm fuera 
de la ciudad á poner en la horca, y no bastó para que Vo de- 
jasen salir todos los señores de la iglesia con sobrepellices, y 
curas de las parroquias con el Santísimo Sacramento, y los 
frailes de San Francisco en procesión, los cuales no pudieron 
acabar cosa y menos amansar aquella civil y popular furia, y 
así le llevaron por las calles como perros rabiosos mesándole 
los cabellos y despedazándole las vestiduras, pelándole las bar- 
bas, dándole de coces y finalmente fueron tantos los tormentos 
que le dieron que antes que llegase á la horca dio el ánima á 
Dios y lo ahorcaron en ella entre los dos porquerones. 

No á mucho tiempo que al Gobernador y á los del Consejo 
llegó esta nueva, llegaron mensajeros de la ciudad de Segovia, 
los cuales juraron que no habían sido de aquel desastrado caso 
los Regidores, ni los caballeros ni principales ciudadanos, y 
para purgar más su inocencia se obligaban que si solos dos de 
eUos hallasen culpados, que todos serían con eUos punidos, y 
que los pelaires extranjeros habían hecho aquel escándalo y 
todos estaban ya huidos de ía ciudad. 

CAPÍTULO XVIII 

De lo que dijeron el Arzobispo de Granada, Presidente del 
Consejo, y Alonso Téllez Girón, señor de la Puebla, en 
la consulta sobre lo que aconteció en la ciudad de Segovia. 

Después que el Cardenal fué llegado á Valladolid juntó en 
su presencia á todos los del Consejo para que le diesen su pa- 
recer y lo que se hubiese de hacer cerca de lo que había acon- 
tecido en la ciudad de Segovia, entre los cuales hubo diversos 



— 2Í38 — 

l)uici.xiL>, pero sobre todos fueron los que hicieron el apun- 
tamiento en este caso D. Antonio de Rojas, el cual por ^er 
Presidente habló primero y dijo : 

((Señores : Los que somos Prelados no tenemos licencia de 
hablar muy osadamente en los castigos y rigores humanos, p -r 
ser nuestra profesión de rogar á Dios por los pecadores, y así 
veréis, señores, que si la dignidad de Arzobispo me convida 
á clemencia, el oficio de Presidente me constriñe á justicia. 
Esto digo para que no temáis, señores, encándalo si en mi vpto 
me mostrase riguroso en este caso de Segovia, el cual yo tengo 
por tan arduo y escandaloso (¡ue no puedo pensar para él un 
condigno castigo, porque los de vSegovia ofendieron á Dios en 
dar la muerte á quien no lo merecía, por do El ha de permitir 
que sea punida la sangre de su inocencia. 

También me parece que cometieron crimen de lesa Majes- 
tad por haberle muerto no por la ofensa que les hizo á ellos, 
sino por el servicio que al Rey hizo en las Cortes, y pues por 
el Rey perdió la vida, el Rey ha de tener cargo de su ven- 
ganza, el cual placerá á Nuestro vSeñor que venga con pros- 
peridad á estos Reinos para que haga á su mujer é hijos al- 
gunas mercedes, y entretanto conviene que nosotros hagamos 
lo (¡ue pareciere conforme á justicia, teniendo respecto á que 
la ofensa fué tan grave como si tocara á su misma persona , 
y también después que el Re}', nuestro señor, embarcó en la 
Coruña, esta es la primera desobediencia que se hace en Es- 
paña, á cuya causa lo tengo por más gravísima culpa, porque 
el pecado "liecho en ausencia siempre arguye mayor malicia, 
por do se ha de dar muy ma\'or pena, y si Segovia dice que 
la ciudad en general no tiene culpa, sino en particular ios 
pelaires que pusieron al Regidor en la horca, querríales y<> 
preguntar por qué no han tomado vens^anza de aquéllos, pues 
eran ¡wcos ; porque no hay mayor testimonio de la inocencia 
(jue hacer de los malos justicia ; mi parecer es que Segovia 
no se puede excusar de culpa porque cinco mil vecinos bien pu- 
dieran resistir á cincuenta pelaires extranjeros, sino que los 
unos de secreto aconsejando y los otros en público obrando, 
hicieron a(iuel mal insulto. 



— 239 — 

También, señores, habéis visto el desacato que hizo la ciu- 
dad de Toledo estando el Rey, nuestro señor, en las Cortes de 
la Coruña y Santiago, lo cual fué muy escandaloso, y digo 
que si ahora aquello que se hizo en su presencia no se castiga 
y esto que se cometió en su ausencia no se remediase, desde 
ahora doy por abrasada y perdida á toda Castilla, porque es 
regla general que en aflojando la justicia luego toma fuerzas 
la tiranía. 

Y por ser esto, como he dicho, el primer escándalo después 
de la partida del Rey, nuestro señor, es necesario ciue el Con- 
sejo muestre si tiene consejo, y esto no hay cosa en que más 
se conozca que en gobernar los pueblos de tal m.anera que sea- 
mos amados de los buenos y temidos de los malos. 

Si la muerte de este Regidor así se pasa, y lo de Toledo 
se disimula, pensarán los cardadores de Segovia y boneteros 
de Toledo que esto no lo queremos de nuestra voluntad disimu- 
lar, sino que no lo osamos castigar. 

Resolviéndome de todo lo que he dicho, mi parecer es que 
vaya un Alcalde de Corte á Segovia, y lo que debería hacer, 
aunque lo alcanzo y conozco, no me dan licencia mis órdenes 
de decirlo ; y todo lo dicho en esta consulta sea so corrección 
de Vuestra Reverendísima Señoría, y si á estos señores pa- 
reciere otra cosa yo seré contento de conformarme con ella». 

El segundo que se señaló en la dicha consulta fué D. Alon- 
so TéUez Girón, el cual era tenido por hombre de buena con- 
ciencia y honesto en su vida y muy cuerdo en los pareceres 
que daba, el cual dijo lo siguiente : 

«Muchas veces acontece entre los diestros Capitanes que 
al punto de dar la batalla son muy diferentes en la orden 5' 
'manera de darla, y así á los tales les toman juramento de su 
diferencia, que no es aquella discordia porque entre ellos haya 
alguna particular diferencia, sino porque cada uno de eUos 
piensa que lo que se dice es la mejor y más segura manera 
para alcanzar aquel día la victoria. 

Esto digo, Reverendísimo Señor Cardenal, por lo que el se- 
ñor Arzobispo y Presidente aquí ha dicho, lo cual ha sido todo 
muy bueno y como de Prelado que cela el bien público, pero 



— 240 -- 

si cL y yo íu¿'s(.iiiui5 diferentes en los medios que se han de 
tomar para remediar este gran escándalo, no \o seremos por 
cierto en las intenciones. 

\() juro, en ley de cristianos y á fe de caballero y por este 
santo hábito de vSantiago que traigo vestido, que no hay al 
presente cosa de mi corazón más deseada como es que acer- 
tásemos bien en la provisión de Segovia, porque me dá el es- 
])íritu (lue si eiramos en esta primera brecha, <\ue no seremos 
poderosos para usar de nuestra justicia y que el que ha de 
votar en semejantes cosas no sólo ha de considerar cómo se 
remedie aquel daño, pero ha de mirar que de cumplirse lo que 
él vota no se siga otro mayor peligro. 

Por cierto los de Segovia ofendieron á Dios en matar 
su criatura ; ofendieron al Rey en matarlo por su causa ; es- 
candalizaron la república por ahorcarle de tal manera, y se- 
gún esto, si no se mirase más profundamente el caso, no po- 
dría ser cosa más justa que cuanto ellos se mostraron en aquella 
nuierte más crueles, tanto en la pena nos mostrásemos nos- 
otros menos piadosos. 

Diría yo en este caso que ó nosotros somos poderosos de 
castigar á Segovia ó no. Si somos poderosos de castigarla, está 
bien de castigar á Toledo de su rebeldía, y hablando la verdad, 
á mi ver para castigar á Segovia y corregir á Toledo es muy 
temprano, porque me parece que siendo como somos nuevos 
en la gobernación, primero hemos de halagar á los pueblos 
para ser obedecidos, y después castigarlos para que seamos 
temidos. Y si no somos poderosos, como pienso que no lo so- 
mos, para castigar aquellos jiueblos, si mi pensamiento no me 
engaña, tenemos iwr dicho que si Segovia nos pierde la ver- 
güenza, nos la han de perder todas las ciudades de España, 
y también, señores, tenemos averiguado que en la muerte de 
aquel Regidor no se halló caballero ni ciudadano, y que los 
pelaires que lo hicieron habían huido ; y el Juez que enviáre- 
mos allá por parecer algo lo que hace ha de robar á los pobres 
y castigar á los inocentes, desasosegar á los ricos é infamar 
á los caballeros, y sobre todo escandalizar á los pueblos co- 
marcanos ; y también sabéis, señores, cómo por la mala go- 



— 241 — 

bernación de sus ayos quedó Su Alteza de todos los del Rei- 
no mal quisto, y cierto desean mostrárselo, y paréceme que 
debemos más aprovechar y remediar en (lue no se aclaren 
las intenciones de Castilla, que no en que con rigor sean cas- 
tigados los cardadores de Segovia, la cual ciudad da voces y 
reclama que por cincuenta ó cien cardadores que hicieron 
aquella osadía no es razón que ella pierda su inocencia ; y 
por Dios que me parece que para declarar á toda una ciudad 
por traidora, que no son muy pocos los que se hallan sin culpa, 
y lo que tengo en más, que muchos servidores que tiene el 
Rey dentro de Segovia les haríamos muy gran fuerza, y tam- 
bién es notorio á todos cómo Toledo está rebelada, y por ser 
como es ciudad tan poderosa, de eUa no podemos hacer justicia. 
Si ahora castigamos á Segovia no hacemos á ella dañu cuan- 
to favor damos á Toledo, porque á todos los qua ahora te- 
nemos por nuestros enemigos les damos á Toledo por amigos, 
y asimismo de considerar que la ciudad de Segovia y la villa 
de Medina del Campo, á causa de los paños de los unos y las 
ferias de los otros, entrambos pueblos suelen estar muy herma- 
nados, y es muy feo decir esto, que como la artillería mejor 
de Castilla la tenga el Rey en Medina, que llegando la cosa 
á riesgo antes la darán á Segovia para defenderse que no á 
nosotros para castigarla, y también Segovia hasta ahora ni 
ha tomado la fortaleza, ni ha desobedecido á la justicia, ni 
ha cerrado las puertas, ni se ha puesto en armas ; y si ahora 
va un Alcalde á castigarla, por ventura le daremos ocasión á 
que como han huido los culpados, con temor de la justicia 
cobrarán también temor los inocentes y ponerse han en de- 
fensa, y por no ser muy prolijo, digo que por las razones que 
aquí he traído y que por otras que podría traer, que es mi 
voto, no que Segovia no se castigue, sino que con ella por 
ahora se disimule». 

A todos los más que allí estaban pareció muy bien lo que 
Alonso Téllez había dicho, pero el Cardenal acordó de hacer 
que el Presidente D. Antonio de Rojas había votado, por 
Itie era hombre que no podía sufrir que otro le fuese á 
ia mano. 



— 242 — 

CAPÍTULO XIX 

Cómo fué enviado á Segovia sobre la muerte del Regidor Tor- 
dcsiUas un Alcalde que se llamaba el Licenciado Ronquillo, 
y la ciudad no le quiso recibir, y escribió á todas las má'^ 
ciudades de Castilla para que la socorriesen y á Medina 
para que no diese ¡ar artillería y fuesen los del Rey con- 
tra ella. 

El Cardenal y los del Consejo después que se resumieron 
en enviar á Segovia un Alcalde de Corte, eligieron para la tal 
ida al Licenciado Ronquillo, natural de la villa de Aréválo, el 
cual en su oficio era tenido por Juez justo y ninguna cosa 
codicioso, y en la punición por algo severo, por cuya causa 
era de muchos mal quisto ; al cual dieron por instrucción y 
mandamiento que sabida la verdad de los que pusieron al Re- 
gidor en la horca, conforme á las leyes hiciese de ellos jus- 
ticia ; y como los de Segovia supiesen que el Alcalde Ron- 
quillo era proveído contra ellos acordaron todos en la ciudad, 
no sólo de no recibirle,, mas de resistirlo si quisiese en ella 
entrar ; y como el Alcalde fuese avisado de todo lo que pa- 
saba quedóse en Santa María de Nieva, que es cinco leguas 
de Segovia, lo cual sabido por el Cardenal y los del Consejo 
que la ciudad de Segovia era alzada tuvieron mucho pesar y 
determinaron de enviar al Alcalde Ronquillo gente de guerra 
para (jue estuviese allí en su guarda, y mientras él daba mucha 
prisa en hacer pesquisas muy mayor se daban los de Segovia 
en buscar armas ]:)ara defenderse, porque las gentes de Santa 
María de Nieva corrían hasta las puertas de Segovia y así to- 
maban algunos que hubiesen sido culpables los mandaba el 
Alcalde ahorcar. 

Visto por los de «Segovia que el Alcalde Ronquillo los tenía 
cercados y les ahorcaba los hombres, y quitaba los bastimentos, 
y los llamaba á pregones y confiscaba las haciendas, acorda- 
ron de ir todos un día armados á vSanta María de Nieva y 
traer al Alcalde Ronquillo para ponerlo en una horca que ellos 



— 243 - 

habían hecho para él nueva, porque el odio que todos le tenían 
era muy grande, y así salieron de Segovia á 22 de Julio 
5.000 hombres armados y fueron camino de Santa María de 
Nieva, y como el Alcalde Ronquillo estuviese avisado salió 
al campo de refresco contra ellos y en poco espacio se dio tan 
buena maña que los desbarató y tomó las banderas \- el recuaje 
y artillería, y los envió sin armas y cargados de palos á Se- 
govia, y viéndose los segovianos así afrentados y que el Al- 
calde Ronquillo se hacía fuerte en Santa María de Nieva contra 
eUos, acordaron de escribir y enviar por socorro á todas las 
ciudades que estaban en su comarca, conviene á saber : á To- 
ledo, Madrid, Salamanca, Avila, León y á Medina del Campo, 
y cada una de ellas escribieron cartas que en substancia eran 
semejantes á esta que se escribió á la ciudad de Toledo : 

((Muy magníficos señores : Ya señores, por fama pública 
habrán sabido cómo unos cincuenta pelaires y tejedores pu- 
sieron en la horca á un Regidor de esta ciudad, Procurador 
que había sido en las Cortes. 

Y por Dios Nuestro Señor, que ninguna persona de -mane- 
ra en dicho ni en hecho no tuvo culpa en el semejante caso, 
y el Reverendísimo Cardenal, como Gobernador de estos Rei- 
nos, y los señores del Consejo como Jueces supremos; que- 
riendo hacer de hecho más que de derecho, han proveído al 
Alcalde Ronquillo que venga á esta ciudad para que en nos- 
otros haga muy grandes justicias, y así el dicho i\lcalde es ve- 
nido á Santa María de Nieva, no como Juez piadoso para 
conservarnos en justicia, sino como cruel tirano para hacemos 
guerra, porque á los escribanos los ha tornado escopeteros y en 
lugar de cortar las péndolas han deprendido de aguzar las 
lanzas, y mejor maña se dan en andar en ordenanza como 
soldados que no en hacer procesos y registros, y ha hecho otra 
cosa contra nosotros el dicho Alcalde que nos ha mucho las- 
timado, que ha quitado algunos lugares de la posesión y ju- 
risdicción antigua- que sobre ellos y sus tierras tenía Segovia, 
como son El Espinar y ViUacastín, á los cuales ha dado facul- 
tad y licencia para que libremente pongan horca y picota, y 
si esto pasa, la ciudad perderá su tierra y nosotros (luedaremos 



— 244 — 

con pcrjictua infamia, y estamos en tal aprieto puestos que si 
algún vecino se desmanda salir fuera, no siendo de los que el 
Alcalde tiene condenados, lo rescatan por dineros, y si tienen 
de él sospecha le descoyuntan á poder de tormentos y si es 
de los c|ue tienen culpa á ojos de la ciudad nos le ponen en 
la horca ; por tanto debéis, señores, considerar que según á vos- 
otros os han infamado de inobedientes y á nosotros condena- 
do ix)r traidores, (lue si los dejamos en armas poderosos, (pie 
al tiemix) del castigo amagarán acá y por ventura herirán allá. 
y el castigo de vSegovia no será sino vigilia de la destrucción 
(le Toledo ; por tanto, pospuestos todos los inconvenientes que 
de aquí se pueden seguir, conviene que el Alcalde Rqnquillo 
como enemigo de la república lo alancemos de la tierra, y 
esto hecho nos juntemos en el remedio de toda España. 

Habrá cinco días que contra nuestra voluntad fueron unos 
5.000 hombres á dar vista á Santa María de Nieva, y como 
los nuestros sabían más de hacer peines y telares que no de 
hacer caracoles, y por el contrario nuestros enemigos más de 
robar y pelear que no de tejer, fueron los nuestros muy mal- 
tratados aunciue de entrambas jiartes hubo muchos heridos. 

El Cardenal y los del Consejo cada día envían gente de 
guarnición al Alcalde Ronquillo y ayer se contaron, 28 de Ju- 
lio, le vino toda la compañía de D. Alvaro. Y como la gente 
común se vea en tanto estrecho algunas veces parece mostrar 
desmayo, por manera que el esfuerzo de los enemigos es gran- 
de y el temor de los nuestros no es pequeño, y no obstante 
esto tenemos proveído que toda la ciudad esté á punto con sus 
anuas y buenas guardas en las torres y puertas, por las parro- 
quias y cuadrillas. Tenemos ordenado sus Capitanes. Dase nm- 
clia prisa en meter de fuera bastimentos. No nos queda ya sino 
ajioderarnos del Alcázar y echar fuera algunos caballeros trai- 
dores, porque tenemos jurado (pie el que no jurare la santa 
comunidad de í^egovia, sea desterrado y derrocada su casa por 
el suelo. 

Por tanto, para corresjionder, señores, á quien sois y á 
la ex'trema necesidad en que estamos, conviene que primero 
nos enviéis el socorro ]iara poder echar al Alcallde Ronquillo 



— 245 - 

de nuestra tierra, que no la respuesta de la carta, porque 
cuanto más provecho nos hará el presuroso socorro tanto daño 
nos vendrá de decir que mirarán en' ello. 

Rodrigo de Cieza y Alvaro de Guadarrama, portadores de 
ésta, os dirán de nuestra parte allgunas cosas de importancia, 
tas cuales no se sufren escribir en carta. 

Os pedimos, señores, por merced, que en fe de esta letra 
tenga allá crédito su palabra. 

Nuestro Señor sus muy magníficas personas guarde y con 
victoria de sus enemigos prospere. 

De Segovia á 29 de Julio de 1520». 

Y como esta letra fuese llevada á Toledo y otras á las otr;is 
ciudades sobredichas, todos respondieron muy buenas pala- 
bras é hicieron grandes promesas diciendo que les pesaba de 
su trabajo y del cerco que tenían, y que en lo que tocaba al 
socorro ellos tendrían luego su acuerdo porque la cosa era de 
grande importancia, que convenía pensar mucho en ella. 

Y así todas las más ciudades de éstas enviaron al Cardenal 
y al Consejo á suplicarles que perdonasen á Segovia, y todo 
aprovechó muy poco porque estaban ya más indignados con- 
tra ella por su levantamiento. 

Y íla ciudad de Toledo, como menos escrupulosa, le envió 
gente de guerra con que fué socorrida ; y como en este tiempo 
la casa de la munición y les maestros de hacer artillería todos 
tuviesen su asiento en IMedina del Campo, por causa que en los 
sotos que había cerca de ella hallaban álamos y olmos para el 
carruaje y aparejo para la pólvora, á cuya causa la viUa y 
la tierra eran exentos de muchos tributos y servicios, y el Car- 
denal y los del Consejo fueron avisados cómo Segovia había 
escrito á muchas ciudades pidiéndoles socorro, acordaron de 
enviar á D. Juan de Fonseca, Obispo de Burgos, á Medina, 
para que de parte del Rey les pidiese la artillería, porque fue- 
ron avisados que Iqs mercaderes de Segovia que estaban en la 
feria lo solicitaban con mucha diligencia. 

Y venido el Obispo á Medina procuró luego solicitarlo, y los 
de Segovia fueron luego avisados cóiuo el Obispo procuraba la 
dicha artillería, á fin que su hermano Antonio de Fonseca, 



— í¿46 — 

como Cai)itán General, fuese con ella á Segovia para casti- 
garlos, y á esta cansa acordaron de escribir á Medina una 
carta que en sentencia decía así : 

Muy magníficos señores : Como cosa notoria, no sólo á c-sa 
noble villa de Medina, mas á toda España, no os hemos escri- 
to, señores, que el Alcalde Ronquillo está en Santa M :;ría de 
Nieva haciendo mortal guerra á esta ciudad de Segovia, y por- 
que hemos sabido (|ue D. Juan de Fonseca, Obispo de Burgos, 
ha días que está ahí en Medina pidiendo con mucha instancia, 
y su fin no es sino para que su hermano Antonio de Fonseca 
venga con ella á Segovia, en la verdad él daría de sí mejor 
cuenta en irse á residir á su iglesia que no en buscar artillería 
para hacer guerra, y los mercaderes de esta ciudad que están 
allá en la feria nos han escrito que estáis, señores, en duda si 
la daréis ó no al dicho Obispo, y en este caso decimos que nues- 
tra eminente necesidad tiene tanta confianza de vuestra no- 
bleza que no sólo no la daréis de hecho, más aún, si os viene 
al pensamiento pensaréis que es tentación del diablo. 

Por tanto, por la amistad antigua que nos tenemos y por 
la generosidad que como buenos sois obligados, os pedimos, 
señores, por merced que la artillería se esté queda, pues el 
Obispo no trae cédula firmada del Rey para llevarla, que no 
es justo que se la den para destruirnos, pues á nosotros no se 
da para defendernos. 

Ya hemos recibido letras de la ciudad de Toledo cómo en 
breve nos enviará gran socorro, y á la verdad como su causa 
y la nuestra se pesen en una balanza, en ninguna manera 
puede Segovia recibir daño sin que á Toledo le corra peligro, 
parécenos, señores, que debéis tener en más la amistad d? To- 
iledo y el servicio de Segovia que no el ruego del Obispo don 
Juan de Fonseca ; y sed ciertos, señores, que no se pide la 
artillería sino para destruir á Segovia, de la destrucción de la 
cual ved qué puede ganar Medina ; y no decimos más, sino 
que al portador de ésta en todo y por todo le den entera 
creencia. 

De Segovia á t; de Agosto». 

Y como esta carta fué recibida por los de Medina de^ Cara- 



— 247 

po se determinaron de no querer dar al Obispo la artillería, 
en lo cual erraron mucho, porque si la dieran, ni la villa de 
Medina fuera quemada ni das comunidades de Castilla á esta 
causa se revolvieran en tanta manera como lo hicieron. 

CAPÍTULO XX 

Cómo Antonio de Fonseca, como Calñtán General del Reino, 
salió en campo y se apoderó de la villa de Arévalo, y cómo 
los Procuradores de las ciudades que estaban rebeladas hi- 
cieron una junta en Avila, y las cartas qicc escribió Toledo 
á todas las ciudades del Reino para que se hiciese la di' 
cha junta. 

Visto por los de la ciudad de Toledo que el tiempo que ellos 
deseaban era venido, acordaron sin más dilación de criar por 
Capitán á Juan de Padilla y enviarlo con gente de pie y de 
caballo á socorrer á Segovia ; y como se vino camino de Santa 
María de Nieva pasando por el Espinar y ViUacastín, ahorcó 
allí hombres, derrocó casas, desterró á muchos, finalmente, 
hizo en aquellos pueblos muchos estragos por haber obedeci- 
do al Alcalde Ronquillo, en cual como fuese avisado (juc la 
gente de Toledo y de Segovia estaba toda junta retrájose á 
la villa de Coca, y visto por el Cardenal que Juan de PadiUa 
alborotaba y llevaba tras sí toda la tierra, mandaren sil Capi- 
tán General, que era Antonio de Fonseca, que tomando lo ne- 
cesario para las cosas de la guerra luego saliese en campo 
á resistir á Juan de Padilla, el cual, con 500 lanzas y 200 
escopeteros, yendo con él eÜ Alcalde Ronquillo, se vino á la 
villa de Arévalo, y como no les quisiesen abrir las puertas 
entró por un postigo de la fortaleza, la cua,l tenía el señor 
de Navarres, caballero valenciano, en nombre de la Reina Ger- 
mana, y al fin los de la villa aunque eran grandes comuneros, 
los hubieron de aposentar en sus casas. 

A la sazón que esto pasaba se levantó la comunidad de Bur- 
gos y tomó el castillo ; lo mismo hizo la ciudad de León, echando 
al Conde de Luna ; Zamora procuró hacer otro tanto, deste- 



— 248 — 

¡laiulo al Conde Alba de Liste, y Salamanca echó al Corre- 
gidor Juan áe Ayala, y fla ciudad de Avila echó de sí la jus- 
ticia ; y derrocaron la fortaleza de Villamuriel, y la villa de 
Dueñas se rebeló contra el Conde de Rueudía, echando de sí 
á la Condesa. Finalmente, todas las comunidades de Castilla 
la Vieja se rebelaron á una, si no fué Valladolid do estaba el 
Cardenal y el Consejo, no dejando de ser en el corazón co- 
muneros. 

13! Cardenal y todos los del Consejo desde que supieron 
(]uc todas las ciuílades estaban rebeladas fué muy grande el 
temor (jue tuvieron y viéronse en tanto aprieto, que sin acor- 
dar cómo pondrían en ello remedio, no procuraron sino cómo 
poner sus personas en salvo. 

Lo cual como sintiesen los de la villa de Valladolid, fueron 
al Cardenal y á los del Consejo y rogáronles que no se fuesen 
de la dicha \'illa, prometiéndoles que si fuese menester perder 
la vida por ellos lo harían, y el Cardenal 5' los del Consejo 
se les agradecieron mucho 3' otorgaron á la villa otro mercado 
el sábado y aflojáronles en el alcabala del vino ; pero al fin 
todo duró muy ]>oco, porque la villa faltó después de su fide- 
lidad. 

Como en Toledo se supo que todas las ciudades y villas 
sobredichas se habían rebelado por la comiuiidad tomaron mu- 
cho placer, auncjue c(jmo después les llegase nueva que el 
Capitán General Antonio de Fonseca era salido en campo, les 
cayó mucho pesar, y ac(>rdaron de escribir á todas las ciudades 
del Reino que tuviesen por bien de jmitarse y enviar sus Pro- 
curadores para hacer una junta, la cual fuese en la ciudad de 
Avila, lo uno porque estaba más en la comarca para poder de 
allí consultar con las ciudades, lo otro x>ornue era muy fuer- 
te para ix)derse en ella defender ; la substancia de la ci.al 
carta fué la siguiente : 

((Muy magníficos señores : Pues nuestra gente de guerra 
ha |)asado allende los puertos y está en esa tierra, no es ne- 
cesario decir como la enviamos para socorrer la ciudad de Se- 
govia. 

No dudamos, señores, que en las voluntades acá y allá to- 



— 249 ~ 

dos seamos unos porque las distancias de las tierras nos hac*f 
no tener comunicación las personas, de lo cual se sie;uc no 
poco daño para la empresa que hemos tomado de remediar 
el Reino. 

Muchas veces y por muchas letras os habemos, señores, 
escrito y pensamos que tenéis conocida la santa intención- 
que tiene Toledo en este caso ; pero no obstante querríamos 
mucho que auricularmente oyeseis de nuestras personas 1:> que 
habéis visto por nuestras cartas. 

Los negocios del Reino se van cada día más enconrndr), y 
y nuestros enemigos se van más apercibiendo. 

Kn este caso sería nuestro parecer (jue con toda brevedad 
se pusiesen todos en armas, lo uno para castigar á los tiranos., 
lo otro para nuestra seguridad, y sobre todo es necesario que 
nos juntemos todos para dar orden en lo mal ordenado de es- 
tos Reinos. 

Bien sabemos, señores, que ahora nos l:st'man mucho ccn 
las lenguas, y después nos infamarán algunos con las péndo- 
las en sus historias, diciendo que sola la ciudad de Toledo ha 
sido causa de este levantamiento, y que sus Procuradores albo- 
rotaron las Cortes de Santiago ; pero á Dios teñe ros por tes- 
tigo y por Juez, entre ellos y nosotros, de la intención que 
tuvimos. 

En este caso no penséis señores que nosotros somos solos 
en este escándalo ; porque hablando la verdad, muchos Pre- 
lados y principales caballeros generüt-:o3 hay á los cuales no 
'* sólo les place lo que está hecho, pero aun les pesa porque no 
se llega al cabo, y así para lo que se ha hecho como para lo 
que se entiende hacer debería bastar para la justificación 
que no os pedimos dineros, señores, para seguir la guerra, 
[• sino que os enviamos á pedir consejo para buscar la paz, pe- 
dimos, , señores, merced que vista la pres:nte letra, luego si^ 
más dilación enviéis vuestros Procuradores á li santa junta de 
Avila, y sed ciertos que si alguna cosa está enconada, tanta 
cuanta más dilación pusiéredes en la ida tanto más acrecen- 
taréis en el daño de España, y debéis, señores, de enviar á la 
santa junta tales personas y con tales poderes,, que si les pa- 



— '250 — 

rtciire puedan con ..i.^stros encniigofe hacer apuntamiento de 
jta/ y si no desafiarlos con la guerra. 

\' no j)ongáis, señores, excusa diciendo que en los Rei- 
nos de España las tieniejantes congregaciones y juntas son ix)r 
los fueros reprobadas, porque en aquella santa junta no se ha 
de tratar sino el servicio de Dios, y en la fidelidad del Rey 
nuestro señor y paz del Reino, y en el remedio del patri- 
monio Real, y agravios hechos á los naturales, y desafueros 
que han cometido los extranjeros, y de las tiranías que han 
inventado algunos de los nuestros. 

Parécenos, señores, y creemos que lo mismo os parecerá, 
pues sois cuerdos, (lue tratando todas estas cosas y poniendo 
remedio en ellas, no podrían decir nuestros enc-migcs que nos 
motinamos con la junta, sino que somos otros Brutos de Roma 
redentores de su patria. 

No dudamos, señores, sino que os maravillaréis vosotros 
y se escandalizarán muchos en Eepaña de ver hacer junta, que 
es una novedad muy nueva ; pero pues sois, señores, sabios, 
sabed distinguir ks tiempos, considerando que el mucho fruto 
que de esta santa junta se espera os ha de hacer tener en 
poco la murmuración que por ella se sufre. 

Y presupuesto que en lo que está por venir todos los ne- 
gocios sucediesen al revés de nuestros pensamientos, conviene 
á saber : que peligrasen nuestras personas, derrocasen nues- 
tras casas, nos tomasen nuestras haciendas y al fin perdiése- 
mos todos las vidas, en tall caso decimos que el disfavor es 
favor, el peligro es seguridad, el robo es riqueza, y el des- 
tierro c^ gloria, y el perder el ganar, la persecución es co- 
rona y el morir es vivir. 

Hemos querido, señores, escribiros esta carta porque veáis 
que es nuestro fin de hacer esta santa junta, y los que tuvieren 
temor de aventurar sus personas y sospecha de perder sus ha- 
ciendas no curen de seguir esta empresa, ni venir á la junta, 
y en esto no tendremos más que decir, sino que los mensaje- 
ros (pie llevan esta letra, en fe de ella se les dé entera creencia. 

De Toledo, etcétera». 

Recibidas i stas letras y leídas en los Regimientos y Ayun- 



- 251 — 

tamientos, fueron las ciudades muy alteradas, porque por una 
parte veían todos el perdimiento del Reino y no sabían si era 
aquel ú otro el camino que Dios tenía determinado para re- 
mediarlo, y por otra temían mucho juntarse no en voz de Rey, 
sino en voz de comunidad y pueblo, y á la verdad tuvieron 
las ciudades más razón de temer lo que temían que no de 
hacer lo que hicieron ; pero como en las ciudades siempre haya 
de buenos y de malos? y por la mayor parte los más desean 
novedades, no faltaron en ellas muchos buenos que supieron 
conservar el bien que tenían y muchos malos para ir á buscar 
el mal que no pensaban, y así hubo en las ciudades varios pa- 
receres sobre si irían á la junta ó buscarían otro remedio para 
remediar á Castilla , pero al fin, como eran peco-; los que pro- 
curaban la paz, y muchos los que deseaban la guerra, todas 
las más ciudades en una conformidad enviaron sus Procura- 
dores á la ciudad de Avila, donde se comenzó la junta día 
de Santa Marta, y teníanla en el capítulo de la iglesia mayor, 
y estaban allí Procuradores de Toledo, Toro, Zamora, León, 
Salamanca, Avila, y eran Presidentes de ella D. Pero Laso, 
Procurador de Toledo, y el Deán de Avila, natural que era 
de Segovia, y estando juntos los dichos Procuradores tenían 
una cruz y unos evangelios sobre una mesa, y allí juraban 
que serían y morirían todos en servicio del Rey y en favor 
de la comunidad, y el que dudaba de jurar esto le decían ma- 
las palabras y muchas afrentas en la persona, enviándole á 
derrocar la casa. 

Estaba en medio de los Procuradores de la junta un-ban^ 
quito pequeño en el cual estaba sentado un tundidor llamado 
Pinülos, y tenía una vara en la mano, y ningún cabaUtro ni 
Procurador ni eclesiástico osaba aUí hablar palabra, sin (|ue 
primero aquel tundidor no le señalase con la vara. 

De manera que los Procuradores que allí estaban juntos, 
para mostrar que sus palabras eran muy diferentes de sus 
obras, lo primero que concertaron fué quitar la vara de la 
justicia al Corregidor de Avila y escribieron al Alcalde Ron- 
quillo que no entrase en tierra de Segovia, y trabajaron de to- 
mar la fortaleza y ocul)ar las rentas Reales y poner Gober- 



— 252 — 

natlorcs <!'-• mi mano en las provincias, amenazando de prender 
á los del Consejo y á los Procuradores que allí estaban. 

Se llamaban y firmaban <(Los de la Santa Junta», y estos 
fueron los principios que tuvo en la ciudad de Avila, por los 
cuales cada uno podrá adivinar qué tales serían los fines de 
la empresa. 

Y sabido p(;r el Cardenal y los del Consejo lo que pasaba 
lu Avila les pesó eh el alma, así por el desacato que hacían 
al Rey, como por ver que totalmente se quitaba la autoridad 
al Consejo Real, y á esta causa acordaron de hacer del juego 
nuiña, queriendo por entonces disimular las cosas, y para esto 
enviaron de su parte al Comendador Inestrosa amonestándoles 
y rcquiriéndoles no hiciesen la semejante Junta, ni cosa que 
no se consultase con el Cardenal y con los del Consejo Real, 
y que se viniesen á juntar con ellos á la villa de Valladolid 
donde á la sazón ellos residían ; y antes que el mensajero lle- 
gase á la ciudad de Avila le enviaron á mandar los de la Jun- 
ta que no entrase en la ciudad, porque haciendo otra cosa le 
quitarían la vida, y este fué el primer desacato que la Junta 
hizo al Cardenal y á los señores del Consejo, y desde en ade- 
lante los de la Junta llamaban á los del Consejo tiranos, y 
los del Consejo á los de la Junta llamaban traidores ; lo cual 
como se supiese en Valladolid echaron fama secreta diciendo 
que los de la Junta mandaban prender á los señores del Con- 
sejo, por cuya causa el Licenciado Francisco de Vargas, Te- 
sorero de Su Alteza, y el Licenciado Zapata, del Consejo, se 
¡)usieron una noche en huida, porque el uno y>ot haber tenido 
mucha mano en la hacienda y el otro en la justicia, eran muy 
mal quistos, y también se ausentó Hernando de Vega. 

Kn este tiempo aconteció en la ciudad de Burgos que como 
allí estuviese un aposentador del Emperador, dicho Jofre, al 
cual había dado Su Majestad la tenencia de Lara contra la 
voluntad de los burgaleses, porque aquella Alcaldía era á 
proveer de ellos y á esta causa era muy aborrecido de los ciu- 
dadanos, el cual como un día se dc-smandase á decir contra 
algimos del pueblo palabras injuriosas, á esta causa el pueblo, 
muy ensoberbecido contra él, vinieron ¿ su casa y le derri- 



— 'i53 — 

barón toda la delantera de ella, y como salies. el dicho Jofre 
con nn Embajador de Francia para despedirle, parece que en 
aquel camino comenzó á amenazar á algunos de Burgos di- 
ciéndoles que de la sangre de ellos había de tornar á hacer S'.i 
casa y otras cosas semejantes, y como los que lo oyeron lo 
fuesen á decir á los restantes del pueblo procuraron luego to- 
dos de ir á buscar á Jofre y los de á caballo toparon con él 
y no pudo escapar de sus manos aunque se les metió en una 
iglesia abrazándose con el ara consagrada y llamando á Cristo 
que le valiese, y así lo sacaron de la iglesia y lo trajeron á la 
ciudad tan cruelmente como los de Segovia habían hecho al 
Regidor Tordesillas, y después que le hubieron dado muchos 
palos y heridas lo pusieron en una horca^ y de allí lo descol- 
garon para dar á los muchachos que lo arrastrasen. 

Asimismo cometieron los de Burgos otro gravísimo delito 
y fué como fuese Regidor de aquella ciudad im- García Rui/, 
de la Mota, hermano del Obispo de Badajoz, procuraban de 
buscarlo para matarlo, diciendo que su hermano el Obispo era 
en Consejo de lo que Mr. de Chievres había hecho en España, 
y fueron á su casa y procuraron de ponerle fuego ; pero por 
que no se quemasen otras casas que estaban junto á ella lo 
dejaron de hacer, pero entraron en ella y sacando cuanto te- 
nía dentro lo echaron por las ventanas en una plaza que esta- 
ba allí cercana, así oro y plata como todas las otras alhajas 
de casa, de lo cual hicieron un montón y le prendieron fuego, 
y se quemó todo, y como este Pero Ruiz tuviese cargo de guar- 
dar todos los privilegios y bulas así de los Pontífices como los 
breves }'■ escrituras de pergamino donde estaban contratos y 
paces y otras gracias que los Pontífices y otros potentados con 
quien los Reyes de Castilla habían tenido contrataciones y 
habían negociado, y el dicho Regidor tenía las dichas escrituras 
en sus arcas, las cuales habían de ser guardadas en alguna 
notable fortaleza y debajo de guarda muy fiel, fué todo allí 
quemado ; y así quedó Castilla sin ninguna fe de las cosas pa- 
sadas en ella. 

Así procuraron con este fervor de ir á casa del Condestable 
diciendo que lo habían de matar, y lo hicieron salir fiera de 



— 254 — 

Burgos y den'ocaron algunas casas de personas que les par; 
cía á ellos quc eran servidores del Rey. 



CAPÍTUI.O XXI 

Cómo el Capitán General Antonio de Fonseca fué á tomar la 
artillería de Medina del Campo y pusieron fuego á la 
dicha villa por no quererles dar la artilleria, y una carta 
que Medina envió á Valladolid. 

El Capitán Antonio de Fonseca determinó de salir de la 
villa de Arévalo con 800 lanzas y venir á la de Medina del 
Campo p'ara pedirles la artillería del Rey que allí estaba, y 
como una mañana amaneciese junto á los muros de la dicha 
villa, los vecinos de ella le enviaron á decir que quién era y 
qué era lo que quería, y él les envió á decir que era Antonio 
de Fonseca, Capitán General de Castilla, y que venía por la 
artillería que el Rey tenía allí depositada, y que si se la diesen 
que él se iría en paz, sin apearse ni estar allí un día, y si 
no que metería á fuego y á sangre la villa ; y eran medianeros 
de esta cosa Gutierre Quijada 5" Alonso de Quintanilla, y los 
de la villa fueron tan cautelosos que dando á los medianeros 
esperanza de concordia procuraban de armarse todos y barrear 
las calles y poner á punto la artillería, lo cual como tuviesen 
hecho enviaron á decir á Antonio de Fonseca que no se la 
querían dar, y que se la habían de defender en cuanto pudie- 
sen, y que á él no le conocían más de por Antonio de Fonseca ; 
y como en la fortaleza estuviese un Diego de Padilla por al- 
caide, hombre rico y esforzado, y muy estimado en los tiempos 
de la Reina Doña Isabel, acordó aquel día no sólo no ayudar á 
Antonio de Fonseca, pero de resistirle cuanto pudiese, y le co- 
menzó á tirar con su artillería desde la fortaleza, y como An- 
tonio de Fonseca viese que en tres ó cuatro horas que allí 
había estado no había podido tomar concordia con los de Me- 
dina, procuró de irse por el río Zapardiel abajo, y los unos por 
las cuatro calles y los otros por la calle de San Francisco, 



- 255 — 

de ellos á pie, de ellos á caballo, se comenzó entre los vecinos 
y los de Antonio de Fonseca una muy cruel pelea. 

Las mujeres echaban desde las ventanas á los enemigos 
muchas calderas, asadores, almireces y otras cosas de casa, 
con que les podían lastimar, y sobre todo se mostraron los 
de la villa tan esforzados en pelear, que no sólo les defendie- 
ron la artillería, pero aún les hicieron retirar, y estando entre 
ellos muy trabada la pelea acordaron (que no debieran) los 
de Antonio de Fonseca de poner fuego á la villa por muchas 
partes, pensando que los de Medina por remediar sus hacien- 
das perderían la furia que tenían en las armas; y aunque 
el fuego se comenzó á encender en gralnde manera, no por 
eso los que peleaban lo fueron á remediar hasta que vieron 
retirado á Antonio de Fonseca, y en la verdad si los de Me- 
dina del Campo hicieran por servicio del Rey lo que hicieron 
por ruego de Segovia, ellos alcanzaran muy gran renombre. 

Quemóse aquel día la caUe de San Francisco de una parte 
y de otra, y fué el fuego quemándolo arreo todo, hasta la 
mitad de la calle de iVvila, do se atajó, dejando quemada la 
iglesia, y quemóse mucha parte de las cuatro caUes y toda 
la Rúa y la joyería arreo hasta el palacio Real. 

Quemóse de una parte y de la otra la calle de la Platería, y 
de todas estas casas y calles se salvó muy poca ropa, porque 
como los vecinos anduviesen muy encarnizados tenían más 
ganas de pelear que no de salvar sus haciendas. 

Fué cosa espantosa de ver aquel fuego y muy lastimosa 
ver quemado todo el monasterio de vSan Francisco, y una sala 
grande que en él había que se llamaba la casa del depósito, 
do acabadas las ferias era costumbre dejar los mercaderes t-us 
mercaderías muy guardadas, en que estaban allí mercaderías 
de todas las ciudades principales de España y de muchas ciu- 
dades de 'Italia y de Flandes é Inglaterra, entre las cuales ri- 
quezas había oro, plata, perlas, coral, piedras preciosas, bro- 
cado, sedas, holandas, armas, tapicerías, granas y muy gran 
uúmero de joyería y mercería, en que se tenía por cierto ha- 
berse quemado en aquel día valor de 400.000 ducados sólo 
en aquella sala ; y en verdad que en aquel día no se hubo 



— 250 — 

tüiuü diestro Capitán Antonio de I'onscca, jjorquc si él se- 
concertara i)riniero con el alcaide de la fortaleza y entrara por 
la jíuerta de Avila sin dar á los de la villa cuatro horas de 
espacio para que se apercibiesen, él hiciera su hecho sin que 
la \illa de Medina se (luemara, y todo el Reino se alterar;i 
como se alteró con la dicha quema ; pero averiguóse por ver- 
tlad (jue Antonio de Fonseca no había mandado poner el di- 
cho fuego, antes, después de puesto, por dos veces lo hizo 
matar, y de que vio que ya no llevaba remedio le pesó en 
gran manera por una cosa tan mal hecha y se retiró á un 
cerro (|ue se llama la cuesta de San Cristóbal do estuvo aquel 
día, y ya que era tarde se fué á la villa de Tordcsillas por 
ver si pudiera apoderarse de la Reina Doña Juana y de la 
Infanta Doña Catalina, lo cual no lo pudo hacer porque es- 
taba puesta en armas la villa en favor de la Junta, y así se 
volvió a(|uella noche á la villa de Arévalo muy triste y afren- 
tado porque le parecía que en haber quemado á San Fran- 
cisco en Medina se había de alzar contra él toda la tierra. 

Mucha culpa tuvo el Marqués de Denia, que estaba en 
Tordesillas y tenía á cargo la Reina, en no dar orden como 
entrase Antonio de Fonseca en la villa y no menor la tuv > 
Antonio de Fonseca en no porfiar en la empresa, porque si 
entrambos se apederaran de la Reina no vinieran después los 
de la Junta y se aixxleraran de ella, ix>r do se recrecieron mu- 
chos males en el Reino. 

Luego el día que se quemó Medina llegó á Valladolid la 
nueva y aquella noche se puso toda la villa en armas y an- 
duvieron con tan gran furia que derrocaron unas casas que 
tenía allí F'onseca, y saquearon otras de Pedro de Pcrtillo. 
mercader muy rico, y fueron á quemar las del Regidor San- 
tisteban que había sido Procurador en las Cortes de la Coni- 
nu"ia ; finalmente andaban los Oficiales con tanta ferocidad 
(]iie no había cosa que se les amparase, y si no saliera el 
Conde, de Benavente y el ObisjX) de Osma muy acompañados 
de clérigos, y los frailes de San Francisco con el Santo Sacra- 
mento, el Cardenal y los otros señores del Consejo que allí se 
hiíllaron corrieran aquella noche gran peligro, y es cierto que 



— '257 — 

si Valladolid perseverara en la fidelidad que había comen- 
zado en obedecer al, Cardenal y á los del Consejo Real, ella 
fuera muy privilegiada y alcanzara nombre de fidelísnna para 
los sjglbs venideros ; pero bien dieron á entender que la 
segitridad que primero habían dado era fingida y que habían 
tenido en poco las mercedes que el Cardenal y los del Con- 
sejo les habían hecho. 

La comunidad de ^Medina desde que se vio así quemada 
acordó de escribir á Valladolid una carta dándole cuenta de 
su desventura, la cual en substancia decía : 

Muy magníficos señores : Después que no habernos visto 
vuestras letras han pasado por esta villa tantas y tan grandes 
cosas que no sabemos por do comenzar á contároslo. 

Muchos casos desastrados leemos haber acontecido en tie- 
rras extrañas y mucho hemos visto en nuestras tierras propias, 
pero semejante que el que ahora aconteció á Medina ni los 
pasados ni los presentes le vieron acaecer en toda España. 

Hacemos saber á vuestras mercedes que ayer martes, que 
se contaron ventiuno de Agosto, vino Antonio de Fonseca á 
esta villa muy de madrugada con 200 escopeteros y 8oo lan- 
zas, todos á punto de guerra, y estando á las puertas de la 
villa nos dijo que era Capitán General y que venía por la 
artillería, y como á nosotros no nos constase que él fuese Ca- 
pitán General de Castilla, y fuésemos ciertos que él la que- 
ría para ir contra Segovia, pusímonos en defenderla. 

Antonio de Fonseca y los suyos desde que vieron que los 
sobrepujábamos en fuerza de armas acordaron de poner fuego 
á nuestras casas y haciendas; por cierto, señores, las armas 
de nuestros enemigos en un mismo tiempo herían en nues- 
tras carnes en que el fuego quemaba nuestras haciendas, y 
sobre todo vimos delante nuestros ojos que los soldados des- 
pojaban á nuestras mujeres é hijos, y de todo esto no tenía- 
mos tanta pena como pensar que con nuestra artillería que- 
rían ir á destruir la ciudad de Segovia. 

No os maravilléis, señores, de lo que decimos, pero mara- 
villaos de lo que dejamos de decir, porque tenemos los cuer- 
pos fatigados de las armas y las casas quemadas y las hacien- 



— 258 — 

(las robadas y los hijos y inujcre> sin tont-r do abrigarlos, los 
tcinpíios de Dios hechos polvo y sobre todo tenemos nuestros 
corazones tan turbados que pensamos tornarnos locos y no 
podemos pensíir que Antonio de Fonseca y la gente que él 
traía solamente buscaba la artillería, que si esto fuera no era 
posible que 800 lanzas y 500 soldados no dejaran como de- 
jaron (le pelear en las ])ln/as y se metían á robar nuestr^is 
casas. 

El daño (jue en la villa de Medina ha hecho el fuego con- 
viene á saber : el oro, la plata, los brocados y sedas, joyas, 
jierlas, tapicerías y riquezas que ha rpiemado no hay lengua 
que lo pueda decir, ni pluma que lo pueda escribir, ni cora- 
zón que lo i)ue<:1a pensar, ni ojos que sin lágrimas lo pue- 
dan mirar. 

Halláronse en esta romería Antonio de Fonseca, el Al- 
calde Ronquillo, D. Rodrigo Mexía, Gutierre Quixada, Juan 
de Avila, los~ cuales todos usaron de mayor crueldad con Me- 
dina (jue no usaron los bárbaros con Roma, porque aquéllos 
no tocaron en los templos y éstos los quemaron, y entre otras 
cosas que quemaron estos tiranos fué el monasterio de San 
Francisco, en el cual se quemó infinitísimo tesoro de toda la 
cristiandad, y ahora los pobres frailes moran en la huerta 
y salvaron el Santísimo Sacramento en lo hueco de un olmo 
cabe la noria, y no es pequeña lástima decirlo que sin compa- 
ración era mayor ver á las pobres viudas y á las tristes huér- 
fanas y delicadas doncellas que se mantenían de sus propias 
manos en sus casas propias, ahora ser constreñidas á entrar 
por ]>tiertas ajenas con alguna mancilla de sus honras. 

Nuestro Señor guarde sus muy magníficas personas. 

De la desdichada de Mediua, á 22 de Agosto. 



— 25y — 

CAPITULO XXII 

De las crueldades que se hicieron en Medina por un tundi- 
dor y cómo la gente de la dicha villa puso cerco sobre la 
fortaleza de Alaejos, y cómo Juan de Padilla se vino d 
Tordesillas y se apoderó de la Reina, nuestra, señora, y 
de una carta que Segovia escribe á Medina. 

En el capítulo pasado dijimos que el mayor daño que An- 
tonio de Fonseca hizo con la quema de Medina íné poner fue- 
go á toda España, porque en la verdad, fueron tantas las ofen- 
sas y desacatos que á Dios y á la justicia se cometieron, y 
las tiranías y robos que con los inocentes se intentaron, que 
no se podrían decir ni poner en escritura. 

El jueves siguiente, que fué tercero día después que se 
quemó Medina, estando los Regidores de ella en su Regi- 
miento, súbitamente les cercaron la casa muy gran multitud 
de gente popular y entró dentro del Regimiento un tundidor 
que se Uamaba Bobadilla con una espada desenvainada dicien- 
do : «mueran, mueran los traidores que vendieron á Medina», 
y esto dicho dio una cuchillada en la cabeza de un Regidor 
que llamaban Alonso Nieto, y medio muerto le echó por las 
ventanas, y los que estaban abajo lo recibieron en las picas 
y ninguno de ellos que aUí estaban osaron favorecer al dicho 
Regidor, ni menos castigar al tundidor. 

Este Bobadilla era de muy bajo linaje y tenía por oficio 
de tundir paños, el cual acaudilló consigo una compañía de 
mancebos perdidos, con los cuales hacía muchos daños y ho- 
micidios, y era tanta su licencia que todo lo que quería hacía 
y con todo se salía, tanto, que un día puso una soga atrave- 
sada en una calle é hizo á todos los vecinos pasar por debajo 
de ella y estando él presente con una espada sacada, y al 
que era su enemigo luego lo mataba diciendo que era traidor 
al pueblo. 

Fué cosa de oir y escandalosa de ver que viniesen á tener 
tan poco juicio los de Medina que permitiesen que el dicho 



— 260 — 

tundidor Hobadilla anduviese vestido de seda y posase en la 
mejor casa de la villa, teniendo porteros de su cámara y que 
ninguno le osase hablar sino con gran reverencia, y que de los 
propios de la villa le hiciesen muy cumplidamente la costa. 

Y no menos era cosa espantosa de ver cómo los niños que 
de suyo son temerosos de los muertos, que apenas Bobadilla 
y los suyos liabían muerto al hombre cuando los muchachos 
le llevaban arrastrando como á perro y buscando manojos de 
leña le quemaban en la i)laza y le metían punzones y cuchillos 
jyor las carnes. 

En el tiempo que esto en Medina pasaba, Juan de Padilla 
estaba con la gente de Toledo en Santa María de Nieva, el 
cual como supiese de la quema de Medina vino luego, donde 
fué tan solemnemente recibido como si él fuera señor del Rei- 
no, diciendo todos á voces que bienaventurada era Medina, 
])ues venía á ella el gran Capitán Juan de Padilla. 

El Cardenal y los del Consejo como supieron la quema 
de Medina y que Valladolid estaba alzada contra el servicio 
del Rey >• que Juan de Padilla se había apoderado de Medina, 
enviaron á excusar á la dicha villa diciéndoles que les había 
l)esado mucho de lo que Antonio de Fonseca allí había hecho, 
haciéndoles juramento que en dicho ni en hecho no habítn 
sido en la dicha quema, y por ver si pudieran sosegar las ciu- 
dades y villas que estaban rebeladas, mandaron luego prego- 
nar que toda la gente de armas que estaba con Fonseca se 
fuese luego cada uno á su casa. 

En lo cual, tuvieron poca razón los señores del Consejo, 
porque si la cinema de Medina había sido mala, la demanda de 
la artillería había sido muy buena y justa, y pues en nombre 
<lel Rey y por su Capitán se había hecho aquel castigo, no era 
razón que por los del Consejo fuese condenado. 

Antonio de Fonseca, visto cjue la fortuna le era contraria 
y que la gente le perseguía y los del. Consejo le desfa\orecían, 
acordó de irse á Portugal, y de allí pasó á Alemania, do el 
Emperador Don Carlos residía. 

Y Bobadilla, tundidor, no contento de versL- señor de ^fe- 
dina, acordó de ir á combatir las tierras de Coca y Alaejos que 



— 261 — 

eran de Antonio de Fonseca, para lo cual Medina hizo juntar 
mucha gente y aderezar la artillería para que fuese con ellos, 
cuales fueron á poner cerco sobre la fortaleza de Ala^jos, >-en- 
do por Capitán de la artillería el Comendador Quintanilla y 
por Capitán de la gente de Segovia Diego de Cáceres y por 
su compañero Alonso de Buitrago ; fueron también allí con la 
gente de Avila Gonzalo Mexía y Suero del Águila, criado que 
fué del Infante D. Femando, el cual era tenido por caballero 
muy sabio, no lo mostró bien en este tiempo, en el cual, como 
fuese alcaide de la fortaleza de Alaejos un caballero nattural 
de Avila que había nombre Gonzalo Vela, y se sintiese cer- 
cado de la gente de Toledo, Avila, Segovia y Medina, procuró 
defenderse de ellos valientemente, y la cosa fué entre ellos 
tan reñida y por tantos combates porfiada, que se tuvo á gran- 
de ánimo el del alcaide en defenderse así no teniendo mucha 
gente ni artillería dentro de la dicha fortaleza, por donde los 
de dentro pasaran trabajo si los de fuera emplearan sus fuer- 
zas en combatir como emplearon las manos en robar, y tú- 
vose á muy grande hecho lo que aquel alcaide Gonzalo de Vela 
hizo, porque estando el Rey en Alemania y su amo Antonio 
de Fonseca fuera del Reino, y todos los caballeros quedos cada 
uno en su casa, y sobre todo teniéndole cercado tantas gen- 
tes, no sólo no perdió la fortaleza, pero ni desmayó en la de- 
fensa, ni menos recibió en ella alguna afrenta, y alcanzó para 
sí mucha gloria y victoria, porque estuvo la fortaleza mucho 
tiempo cercada y fué muchas veces combatida y al fin, á 
14 de Noviembre, le dieron un recio combate en el cual Bo- 
badilla tenía ya ganado un cubo de ella, pero diéronse tan bue- 
na maña los de dentro, que mataron 60 hombres é hirieron 
más de 100, y cobraron el cubo y prendieron á Bobadilla, al 
cual ahorcó el alcaide de una horca nueva que el Bobadilla 
había hecho con presupuesto que había de tomar la fortale- 
za y ahorcar al dicho alcaide en ella. 

Después que Juan de Padilla se vio apoderado de Medina 
y que había huido del Reino Antonio de Fonseca, acordó de 
ir con toda su gente de armas á tomar la villa de Tordesillas 
en la cual entró á 18 de Septiembre y se aposentó en el pa- 



— 262 - 

lacio (lo estaba la Reina Doña Juana y la Infanta Doña Ca- 
talina, y como fué apock-rado de la villa luego echó de allí al 
Manjués y á la Marquesa de Denia, y los Procuradores de las 
ciudades que estaban en la ciudad de Avila se vinieron á Tor- 
desillas por saber que estaba la Reina en poder de Juan de 
Padilla. 

La cual nueva, como se derramase por toda Castilla, fué 
ocasión que las ciudades que tenían allí Procuradores se en- 
soberbeciesen, y las que no los tenían luego los enviasm, con- 
viene á saber : vSoria, Valladolid, Burgos y León. Los cuales 
así juntos, ordenaban y mandaban en las cosas del Reino como 
si cada uno fuera Rey. 

Llegada la nueva á la ciudad de Segovia, así de la quema 
de Medina como de la estada de Juan de Padilla en Tordesi- 
llas, acordaron de escribir á Medina una carta, la cual en subs- 
tancia decía : 

.Muy magníficos señores : Ayer jueves, que se contaban 
28 de Agosto, supimos que Antonio de Fonseca había quemado 
á toda esa muy leal \illa de Medina, y también sabemos que no 
fué otra la ocasión de su quema sino por no dar la artillería 
para destruir á Segovia. 

Dios Nuestro Señor nos sea testigo, que si quemaron á esa 
villa las casas á nosotros abrasaron las entrañas >' quisiéramos 
más perder las vidas que no que se perdieran tantas haciendas ; 
y también habemos sido informados que peleasteis contra Fon- 
sesa no como mercaderes, sino como valientes capitanes, y n<> 
como hombres flacos sino como muy feroces, y pues sois hom- 
bres cuerdos dad gracias á Dios de la quema, pues fué ocasión de 
alcanzar tanta victoria, ponjue sin comparación habéis de te- 
ner en más la fama que «anasteis (]ue la hacienda que per- 
disteis. 

Xo.sotros, señores, conocemo.s (|ue según el daño (lue por 
'.au-a nuestra habéis recibido son muy pocas fuerzas las nues- 
tra.s para satisfacerlo, jiero desde aquí decimos y á la ley de 
cri.stianos prometemos (jue todos no.sotros pondremos por vues- 
tras personas las hacicmlas >• aventuraremos las vidas, y lo 
que menos es (|m todos los vecinos de Medina libremente se 



— 263 — 

. puedan aprovechar de los pinares de Segovia cortando madera 
para hacer sus casas. 

Bien pareció, señores, en' lo que hicisteis, no sólo vuestro 
esfuerzo mas aun vuestra cordura en tener como tuvisteis en 
poco la quema, y esto no por más de por mostraros fieles y 
muy confederados de Segovia. 

Mucho os pedimos, señores, por merced, se ponga ahora 
más guarda que nunca en la «casa de la munición y artillería, 
de manera que no pueda venir ninguno de fuera á hurtarla, ni 
menos el que estuviese dentro pueda entregarla, y no poco 
placer hemos tomado en saber que Juan de Padilla pasó por 
esa villa y que ha tomado á Tordesillas 3' se ha apoderado de 
la Reina, nuestra señora. Sed señores ciertos que es tan ven- 
turoso que creemos que no se le amparará co.sa y que acaba- 
rá todo lo que emprender quisiere; también hemos sabido cómo 
los señores del Consejo mandaron á pregonar que toda la gen- 
te de guerra se apartase de Antonio de Fonseca y que el dicho 
Antonio de Fonseca es ido fuera de España, donde nos parece 
que la cosa va bien encaminada á nuestro propósito, y pues 
estáis cerca, debéis señores de esforzar á esos señores de la 
Junta para que perseveren en su santo propósito, porque el 
Consejo -no manda aquello sino de miedo, y el Capitán General 
no huyó sino de cobarde. , 

Ya sabéis, señores, cómo en los tiempos pasados li Serení- 
sima Reina Doña Isabel dio el Condado de Chinchón á la Mar- 
quesa de Moya que se llamaba la Bobadilla, 5^ esto no más de 
por ser su muy gran privada, y la tierra que le dio era de 
tiempo inmemorable de esta ciudad de Segovia, y ahora (juc 
vemos la nuestra estamos determinados de recobrarla de sus 
hijos que la poseen, y no sólo en nuestra tierra, pero en el Al- 
cázar de esta ciudad, que es la mejor fuerza de España, la cual 
asimismo tenemos en pensamiento de tomarles. 

Nuestros Capitanes nos han, señores, escritf) cómo habéis 
tomado la villa de Alaejos y que el alcaide de la fortaleza se 
defiende con ciertos soldados, pues tenéis, señores, en la de- 
manda tanta justicia y para combatir la fortaleza tan poderosa 
artillería, no > debéis de desistir en la empresa, y si fuera ne-e- 



— 2B4 — 

sario nosotros enviaremos más gente al canipo y socorreremos 
con más dinero. 

Alonso Fernández del Espinar (lue es iwrtador de ésta os 
hablará, señores, de nuestra parte, dársele ha entera creencia. 

De Segovia, día y mes susodicho. 



CAPÍTULO XXIII 

Cómo el Rey Don Carlos se vio con el Rey de Inglaterra, en 
la ciudad de Calais y las fiestas que allí se hicieron y 
lo que entre sí capitularon estos dos Principes. 

En el tiempo que el Rey de Inglaterra estaba en vistas con 
el Re>- de Francia no era peciueña la congoja qué tenía el Em- 
perador con pensar no hiciesen entre sí algún concierto aque- 
llos dos Príncipes que fuese en perjuicio de su Estado, y esto 
no era tanto por el daño que le podían hacer cuanto por el 
estorbo que en aquella sazón le podían poner en su camino; 
porque el Rey de Francia como no pudo quitarle la elección 
del Imperio quisiérale estorbar la coronación, y á esta causa 
estaba muy perplejo Su Majestad y con sospecha no le tuviese 
guardado la fortuna algún trabajo en cosa que tanto le iba. 

Y aunque por una parte le daba pena la envidia que k te- 
nía el Rey de Francia, ¡xjr otra se alegraba en saber cuan su 
amigo era el Rey de Inglaterra ; y teniendo ocupado su cora- 
zón en estos pensamientos recibió una letra del Rey de Ingla- 
terra en (jue le hacía saber que él estaba j^a en Calais de vuelta 
de las vistas que había hecho con el Rey de Francia, y que le 
rogaba (|ue tuviese por bien de verse luego con 61, por la ma- 
nera que las vistas que estaban entre ellos concertadas para 
2~ de Junio se abreviasen para luego. 

Lo cual el Rey Don Carlos holgó mucho de oir y determinó 
de partirse luego, y salió de Oravelinga miércoles á 7 de Julio, 
y el Rey de Inglaterra á la misma hora partió de Calais con 
cada 500 hombres de á caballo y viniéronse á topar en mitad 



— 266 — 

del camino ; los cuales así, á caballo, con los bonetes en las 
manos se abrazaron y hablaron muy amorosamente. 

Y tomando la matio derecha el Emperador fuéronse ambos 
Príncipes juntos á Gravelinga, donde Su Majestad dio al Rey 
de Inglaterra uila solemnísima cena, la cual y la música qve 
allí hubo duró hasta que los despartió el día. 

Otro día, jueves, ambos Príncipes juntos se vinieron para 
la ciudad de Calais donde fueron recibidos muy solemnemen- 
te, en especial fué cosa de ver rm edificio como coliseo roma- 
no hecho de tablas y lienzos, á las puertas del cual tenía el 
Rey de Inglaterra una divisa que eran dos espadas desnudas, 
encima de ellas una corona y decía á la letra en latín: ((Cui 
adhereo p^est». El fin de aquella invención fué significar por 
aquellas dos espadas al Re^- de Francia y al de España y por 
la corona que estaba encima al Rey de Inglaterra, el cual por 
su letra quería decir : «Al que de vosotros dos quisiere favo- 
recer, aquél' solo podrá prevalecer». 

Estaba dentro de aquel teatro ó coliseo un sol dorado del 
tamaño de una rueda de carreta y una luna dorada de la mis- 
ma grandeza y gran multitud de estrellas y planetas hechas 
por maravilla, y en la mesa donde habían de cenar aquellos 
dos Príncipes ardían 600 hachas puestas en 600 candeleros; 
pero vino de súbito una agua tan recia y un viento tan impor- 
tuno que derrocó y desbarató el teatro y echó á perder todo 
lo que en él estaba y la cena se hubo de hacer en la posada 
del Emperador. 

Túvose á mucho el gran edificio que estaba hecho y á mu- 
cha soberbia el título de las letras que se puso sobre la divisa. 

Entre otras muchas grandezas hizo el Rey de Inglaterra 
una digna de ser loada en todos los tiempos, y es que fué man- 
dar en la ciudad de Calais que todas las boticas estuviesen 
abiertas y que á ninguno de los del Rey de España vendiesen 
cosa, sino les diesen de balde todo lo que quisiesen s'n tomar 
dinero de ellos, en lo cual el Rey de Inglaterra mostró su ge- 
nerosidad y el grande amor que tenía al Emperador Don Carlos. 

Lo esencial que entre sí aquellos dos Príncipes concertaron 
fué ratificar sus antiguas amistades y (¡ue por espacio de un 



— 266 — 

aüt) ninguno innovase cosa alguna, así el Rey Don Carlos en 
su casamiento con Madama Renata, como el Rey de Inglaterra 
de la Princesa, su hija, con el Delfín de Francia, y que si 
entretanto algún Príncii)e intentase de hacer guerra á alguno 
de ellos el otro le ayudase hasta acabarla, todo lo cual se hizo 
muy secreto. 

Mientras que entre los privados de estos Príncipes se tra- 
taban las cosas de su Estado, el Cardenal de Inglaterra mos- 
traba mucha gana en que luego el Rey Don Carlos rompiese 
con Francia, y para esto decía palabras muy preñadas en cada 
consulta, mostrando que tenía de secreto grandes tratos con 
a(|uel Reino ; jjero Mr. de Chievres, que en todo y por t(jdo 
favorecía las cosas de I'rancia más que las \de Inglaterra, siem- 
pre contradecía al Cardenal. 

Pero el Emperador como fuese tan cuerdo procuró no 
cobrar á los franceses por enemigos ni dejar de tuner á los 
ingleses por sus amigos, y como fuese hecha la escritura de 
lo que tenemos dicho entre estos dos Príncipes, el Emperador 
s.- i)arti6 de Calais y se fué derecho á Brujas donde fué muy 
solemnemente recibido, en esi)ecial con grandes juegos y so- 
tiles invenciones, las cuales tenían concertadas y aparejadas 
pensando (lue el Rey de Inglaterra se había de ir allá á ver 
con el Emperador, donde le vino nueva cómo en la ciudad de 
Aquisgrán había un poco de pestilencia, por donde tomó oca- 
sión de escribir á los electores del Imperio que no fues.n á 
Aquisgrán para el día de San ]Miguel que era el día señalado, 
mas que prorrogaba su coronación para 8 de Octubre porque 
estaría para aquel tiempo el aposento hecho y la ciudad más 
sana ; lo cual como supieron los electores enviaron á suplicar 
á Su Majestad que tuviese por bien de quererse coronar en 
otro lugar fuera de Aquisgrán por el peligro que á su persona 
podía redundar en la dicha ciudad á causa de la pestilencia ; 
y como en Aquisgrán fué sabido cómo el Emperador y los 
electores concertaban de hacer la coronación en otro lugar 
y no en el suyo, enviaron sus Embajadores á Su Majestad 
rogándole y requiriéndole que les quisiese hacer tan grande 
agravio en (luebrantarles su privilegio por que todos los Em- 



— 267 — 

peradores sus predecesores habían sido allí coronados, y junto 
con esto que ellos tenían para la coronación hechos grandes 
gastos y comprados muchos bastimentos. 

Oída por el Emperador Carlos su embajada y siendo in- 
fonnado que la pestilencia no era tanta como le habían dicho, 
les envió á decir que él era contento de que se hiciese allí 
la coronación y no en otra parte, y que su intención más era 
de hacerles mercedes que no de quebrantarles sus libertades 
antiguas. 

Durante fel tiempo que iban 3'^ venían estos Embajadores 
el Rey Don Carlos visitaba en F'landes algunos lugares y al 
fin vino á parar en la ciudad de Lovaina, donde hizo juntar 
todos los señores y estados de la tierra, y allí se despidió de 
ellos para irse á coronar en Alemania, lo cual hizo así por 
dejar los pueblos sosegados como ix)rque lo socorriesen coa 
algunos dineros para ayuda de su coronación. 



CAPITUI.O xxrv 

Cómo D. Hugo de Moneada, con la Armada que el Emperador 
le dio en Barcelona, tomó la isla, de los Gerbes, y de las 
batallas que pasaron entre moros y cristianos, y de lo que 
se capituló entre los unos y los otros.. 

En el principio de este año dijimos cómo el Rej^ Don Car- 
los estando en la ciudad de Barcelona mandó hacer una muy 
poderosa Armada para ir á la isla de los Gerbes, y envió por 
Capitán de ella á D. Hugo de Moneada 5" con él á Diego de 
Vera, la cual llegó á dicha isla á 24 del mes de Abril y des- 
embarcó en las Requetas sin contradicción alguna de los rao- 
ros, y tardaron tanto en desembarcar que los moros no sók) 
tuvieron tiemi)o.de buscar armas y hacer reparos, pero aun 
de pedir socorro á sus amigos. 

Y como hiciese catorce años que en aquélla se había per- 
dido un grueso Ejército de cristianos españoles, los huesos de 
ellos estaban enterrados en la ribera del mar en algunos fo- 



— 268 — 

sos, y luego que los moros descubrieron la Armada los des- 
enterraron todos y mostrábanlos desde lejos á los cristianos 
y decían á grandes voces estas palabras : "Mirad, perros, estos 
huesos y sabed que esta isla es sepulcro de cristianos, y sed 
ciertos que todos los que fueron compañeros de estos huesos 
en la culpa no menos lo serán en la pena». 

Y después que los cristianos hubieron desembarcado hi- 
ciéronse fuertes en un llano y ordenada la gente salieron en 
cauii)o á buscar á los moros para pelear con ellos, llevando 
Diego de Vera la delantera, y D. Hugo de Moneada, el Ca- 
pitán General, la retaguardia, de manera que iba repartido el 
campo en dos escuadrones y cada uno llevaba tres piezas de 
artillería un medio, y anduvieron por espacio de tres horas sin 
que viesen moros, y ya que era tarde comenzaron á gritar sú- 
bitamente los moros contra los cristianos }' fueron tantas las 
voces que dieron y las piedras que tiraron que desbarataron 
el escuadrón de D. Hugo de iSIoncada y fuéronse ocho ban- 
deras á acoger al escuadrón de Diego de Vera, y mataron 
de aciuel ímpetu más de tic cristianos é hirieron más de 300. 

Visto por el Capitán Diego de Vera que la gente del Ca- 
pitán General estaba tan maltratada dividió su escuadrón en 
dos partes, con la una socorrió á los de D. Hugo y con la otra 
peleó él mismo, y los unos por la una parte y los otros por la 
otra dieron tanta priesa á los moros que los pusieron en huida y 
no fué tan poco el daño que hicieron en ellos que no quedaran 
más de 2.000 moros muertos por aquellos campos; y el Capi- 
tán General D. Hugo como siguiese más de lo que era me- 
nester la victoria y los moros se fuesen retirando, metieron 
á los cristianos dentro de una emboscada donde había muchos 
moros puestos en celada, los cuales salieron á los cristianos y 
dieron en ellos de manera qne hirieron al Capitán D. Hugo 
y mataron á otros muchos, y donde eran vencedores los hicie- 
ron volver vencidos, y D. Hugo se salió de aquella espesura 
á un raso é hízose fuerte con los que escapó que podrían ser 
hasta 1.500 soldados y 200 escopeteros y 300 lanzas, teniendo á 
ojo por espacio de mil pasos hasta 20.000 moros. 

Lo cual como supit^e Diego de Vera le fué á socorrer v 



ü _ 269 — 

sin que los iporos los osasen acometer se volvieron á su campo, 
y aquella misma noche los moros desampararon la fortaleza. 

Muchos hombres, mujeres y niños se ahogaron por huir á 
la tierra firme y vinieron en favor de los que quedaban en la 
isla 200 moros de á caballo alárabes, y con todo esto estuvieron 
los moros cinco días que no salieron á pelear con los cristia- 
nos y al fin enviaron al Capitán General una embajada dicién- 
dole si quería tomar algún concierto con los de la isla, de lo 
cual D. Hugo y todos los otros Capitanes se holgaron de ello 
por estar alcanzados de salud y faltos de bastimentos. 

En este tiempo aconteció (que no debiera) que una noche 
obscura se soltó un esclavo de los que D. Hugo traía en las 
galeras aherrojados y fué huyendo á los moros y les dijo 
la enfermedad que padecían los cristianos y la necesidad que 
tenían de mantenimientos ; lo cual sabido por los moros afloja- 
ron de hablar más en concierto y cobraren nuevo ánimo 
para pelear. 

Como D. Hugo estuviese mejor de ^u herida y los moros 
estuviesen en su pertinacia acordaron los Capitanes con todo 
su campo meterse más adentro de la isla, lo uno por poner 
más miedo en la tierra, lo otro por apoderarse de la fortaleza 
y aun porque les decían que cuanto más se apartasen de la 
lengua del agua hallarían más sana la tierra, lo cual les acon- 
teció así, porque los enfermos se sintieron luego con la mu- 
danza más sanos y los caballos hallaron más qué comer por 
los campos, y los cristianos ' sentaron su Real en lugar fuerte 
y los moros se alojaron una legua de ellos en buen lugar. 

Pocos eran los días que entre ellos no hubiese alguna esca- 
ramuza en las cuales era cosa maravillosa de ver el ánimo de 
los unos y de los otros, y como un día acaso el Capitán Diego 
de Vera saliese del Real con 500 soldados y 300 escopeteros 
y 200 lanzas á reconocer un paso peligroso por donde habían 
de pasar habiendo de mudar su campo, á la vuelta que se tor- 
naban desmandáronse ciertos escuderos .v soldados á fin de co- 
ger dátiles de unos palmares y cerezas de unos cerezales, y 
como anduviesen entre los árboles desordenados dieron repen- 
tinamente los moros sobre ellos v mataron muchos de ellos, 



— 270 — 

con la muerte de los cuales se ensoberbecían mucho los moros, 
y de ahí á pocos días vinieron unos alárabes á caballo y muchos 
moros A pie al Real de los cristianos y trabóse entre los unos 
y los otros una cruel escaramuza en que los moros quedaron 
vencidos y destrozados y murieron entre otros muchos siete 
caballeros y 40 de los más esforzados alárabes, y como vio el 
Xeijuc (jue era señor de la isla, ([ue los alárabes desmayaban 
con lo pasado y sus moros huían y los cristianos se esforzaban, 
sin tomar dilación de más tiempo luego otro día domingo hizo 
partido con los cristianos en esta manera : 

lyO primero se puso que el Xeque diese la obediencia por sí 
y por su isla al Rey de España, y obligóse de darle cada un 
año tanto tributo cuanto daba al Rey de Túnez, y asimismo 
diese y entregase todos los cristianos que tenía cautivos, los 
cuales eran tantos que aunque por otra cosa no se hiciera la 
Armada se había de dar por bien empleada la empresa ; y ei 
Rey de España se obligase á serle buen señor y amigo, y á 
defenderle y ampararle de sus enemigos. 

Asimismo diese el Xeque los huesos que tenía allí de Don 
García de Toledo, hijo mayor del Duque de Alba, el cual se 
había allí perdido con su Ejército yendo á conquistar aquella 
isla en vida del Rej- Don Fernando el Católico, y según decían 
después D. Hugo y D. Diego Vera, ninguna cosa se le hizo 
al Xeque más trabajosa en la capitulación que dar los huesos 
de D. García, porque los tenía ^viardados en su casa en me- 
moria de aquella victoria, y el Xeque como era buen caballero 
envió al Rey de España presentadas muchas cosas moriscas, 
y á D. Hugo y á los otros Capitanes dio muchas jo\'as y re- 
partió á los de la Armada muchas vituallas. 

Y para seguridad de todo lo sobredicho dio el Xeque en 
rehenes á dos caballeros moros los más principales de aquella 
tierra, y junto con ellos á un caballero hcnnano de su madre. 
el cual fué á Alemania en nombre del Xeque, su sobrino, á 
dar al Emperador la obediencia. 



— 27i — 

CAPITULO XXV 

De la carta que escribieron los del Consejo al Emperador Don 
Carlos, por la ctuil le hacen saber los grandes escándalos 
que acontecieron en España después que Su Majestad sa- 
lió de ella, y cómo proveyó de Gobernadores al Condesta- 
ble y al Almirante de Castilla. 

Sacra Cesárea Católica y Real Majestad. 
Después que Vuestra Majestad partió de España no hemos 
visto letra suya ni sabido cosa cierta de su Real persona más 
de cuanto una nao que vino de Flandes á Vizcaya dijo que 
oyó decir que el sábado,' vispera de Pascua de Pentecostés, ha- 
bía Vuestra Majestad aportado á Inglaterra. 

Plegué á Nuestro Señor que sea así y que Vuestra ]\Iajestad 
haya tenido próspera navegación en su viaje. 

Han sucedido tantos y tan graves escándalos en estos Rei- 
nos que no lo sabríamos decir, y Dios sabe si quisiéramos 
enviar á Vuestra Majestad otras mejores nuevas de España, 
pero pues no habemos sido en culpa de ello libremente diremos 
lo que acá pasa por que Vuestra Majestad sepa el trabajo y 
peligro en que está el Reino y piense en el remedio, como fue- 
re servido. 

Sabrá Vuestra Majestad que después que se embarcó en 
la Coruña se alzó la ciudad de Toledo 3^ se apoderó de la for- 
taleza y achó fuera de la ciudad la justicia, puso guarda en 
las puertas y se proveyó de vituallas, y D. Pero Laso se vine 
á la dicha ciudad sin querer cumplir el destierro, y Hernando 
de Avalos cada día está más obstinado. 

Los de la ciudad de Segovia ahorcaron al Regidor Torde- 
sillas que había ido por Procurador á las Cortes de Santiago 
porque allí otorgó el servicio á Vuestra Majestad, .v para cas- 
tigar aquel escándalo enviamos á la dicha ciudad al Alcalde 
Ronquillo, al cual como no quisiesen obedecer puso por nuesr- 
tro mandado guarnición de gente en Santa María de Nieva, 
cinco leguas de Segovia, y la ciudad de Toledo envió contra 



- '272 — 

él un grueso Ejército ik- gente y por Capitán á Juan de- Padill;:, 
hijo de Pero López de Padilla, de manera que el dicho Al- 
calde se tuvo que retirar y Segovia escapó sin castigo y que- 
dó allí el Cajiitán de Toledo. 

Los Procuradores del Reino se han juntado todos en la 
ciudad de Avila y allí hacen una Jimta en la cual entran se 
glares y eclesiásticos y religiosos, y han tomado apellido dj 
querer refonnar la justicia y gobernación del Reino, y visto 
que se iban apoderando de muchas ciudades acordamos de en- 
viar á D. Juan de Fonseca, Obispo de Burgos, á Medina del 
CamiK) para que él procurase de haber la artillería que allí 
estaba diciendo que era para servicio de Vuestra Majestad, 
y nunca se la quisieron dar aunque se lo enviamos á rogar 
prometiéndoles de hacer mercedes; y visto esto, y que no 
nos querían obedecer, antes tomaban anuas para ofendernos, 
detenninóse que el Capitán General Antonio de Fonseca que 
Vuestra ~Majestad dejó, tomada la gente que tenía el Alcalde 
Ronquillo saliese con ella en campo, y lo primero que hizo 
fué apoderarse de la villa de Arévalo y de aUí fué á Medina 
del Campo á fin de tornarles á rogar le diesen la artillería, 
el cual como perseverase en pedirla y los de la villa estu- 
viesen pertinaces en no darla comenzaron á pelear los unos 
con los otros, y al cabo Antonio de Fonseca se hubo de reti- 
rar sin la artillería, quedando Medina quemada, lo cual como 
oyesen decir todas las ciudades de Castilla se pusieron en ar- 
mas, y la villa de Valladolid, que nos había asegurado que 
podíamos estar en ella segiu^os, como uña noche supiesen ha- 
berse quemado Medina luego se rebeló y puso en armas, de 
manera que algunos de nosotros huyeron y otros se escon- 
dieron y algiuios perseveraron por amistad (lue t.nían con 
personas de la villa y de la Jiuita. 

El Capitán de Toledo Juan de Padilla viendo que ya no 
tenía resistencia, tomando la gente de Segovia y Avila vino 
á Medina, donde tomó la artillería y con ella se fué á Tor- 
desillas, y echando de allí al Marqués de Denia se apoderó de 
la Reina Doña Juana, nuestra Señora, y de la Serenísima In- 
fanta Doña Catalina, y esto hc^-ho pasó luego la Junta que 



— 2713 — 

estaba en Avila á Tordesillas, Burgos, León, Madrid, Murcia, 
Soria y Salamanca, 

Sepa Vuestra Majestad que todas estas ciudades están en 
la dicha rebeldía y aunque queramos poner remedio en todos 
estos daños por ninguna manera somos poderosos, \' quienes 
hayan sido causa de tan grandes escándalos y los que du he- 
cho los hayan levantado no queremos decirlo, sino que lo juz- 
gue Dios que es el Juez verdadero. 

Nosotros no tenemos voluntad ni aunque quisiésemos te- 
nemos facultad para innovar alguna cosa hasta que Vuestra 
Majestad nos escriba la respuesta de ésta, la cual suplicamos 
sea con toda brevedad y provea lio que mejor fuere servido, 
habiendo respecto á que hay mayor daño de lo que aquí he- 
mos escrito. 

Sacra Cesárea Católica Majestad, nuestro Señor la vida de 
Vuestra Majestad guarde y su Real estado por muchos años 
prospere. 

De Valladolid á 12 de Septiembre. 

El Emperador Don Carlos ya sabía de las alteraciones de 
España por vía de mercaderes de Flandes, pero como en Lo 
vaina recibiese esta carta sobremanera le cayó mucha tristeza, 
la cual como fuese divulgada y las tristes nuevas que en ella 
venían, se levantó gran debate entre los cortesanos que al 
Emperador eran afectos, porque los flamencos culpaban á los 
españoles que en ausencia del Rey se habían alzado y los 
españoles acusaban á los flamencos que con su mala goberna- 
ción habían dejado al Reino perdido, y á esta causa estaba 
muy afrentado Mr. de Chievres después que supo la perdi- 
ción de Castilla, por ver lo que de él se decía en la Corte, 
y pensar que con razón el Emperador le podía echar á él 
la culpa. 

Estando, pues, el Emperador en esta congoja mandó juntar 
sus consejos para tomar sii parecer, así para en lo del tomar 
de la corona que él tanto deseaba, como para el remedio que 
se tendría para la pacificación de España en que tanto le iba. 

Los que entraron en el Consejo fueron alemanes, flamen- 
cos, italianos, castellanos y aragoneses, los cuales fueron d¡- 

19 



— 274 — 

\cir><>ri Lii loh pareceres, ]>cír(iuo los alemanes decían que con 
venía i)riniero ir á Alemania y estar en ella algún tiempo. 
I/<)s italianos decían que era necesario de allí ir a visitar á 
Italia. Los aragoneses decían que cumplía que Su Majestad 
fuese á Valencia porque aquel Reino estaba alzado y perdido. 
Los castellanos le importunaban sobre el remedio de Castilli 
diciéndok- (pie volviese primero á ella y los apaciguase. De 
manera que como el caso era general y tocaba á tantos Reinos 
el Emperador procuró de tomar el consejo de muchos, pero 
al fin la resolución del negocio se tomó por pocos, y fué que 
Su Majestad prosiguiese su camino á tomar la corona del Im- 
perio y que dejase primero muy asentadas las cosas de Ale- 
mania, pues no había de tornar tan presto allá, y en el en- 
tretanto se determinó que el Emperador escribiese cartas muy 
amigables á todas las ciudades de Castilla, á las unas man- 
dándoles que se tornasen á su servicio y á las otras agrade- 
ciéndoles su buen propósito, por que los buenos tuviesen á 
quien llegarse y los malos viesen á quien temer. 

Además se concertó que el Emperador hiciese otros dos 
Gobernadores con el Cardenal, los cuales fuesen caballeros an- 
cianos, generosos y poderosos en estados y naturales del Reino, 
y al Emperador pareció que todo lo sobredicho" era bueno 
y procedía de muy sano consejo, y mandó que se pusiese por 
obra lo que estaba ordenado y concertado y que los Goberna- 
dores fuesen el Almirante D. Fadrique Enrique/, y D. Iñigo 
de Velasco, Condestable de Castilla. 

CAPÍTULO XX\^I 

Cónto el Emperador Don Carlos partió de Flandes para irse 
á coronar á Alemania, y del solemnísimo recibimiento que 
le hicieron los electores en Aquisgrán. 

Despachado el correo ccm todas las provisiones necesarias 
para España, luego el Enq-)erador se partió camino de Ale- 
mania, y la primera jornada fué á Lieja y de allí á la ciudad 
de Maestrich, donde le salió á recibir el Arzobispo de Salerbos, 



— 275 — 

Cardenal y Obispo de Cartagena, el cual lugar es el último 
de Brabante, y luego se entró de allí en Alemania, y como los 
electores fuesen avisados cómo el Emperador Don Carlos estaba 
en Maestrich, que es cuatro leguas de Aquisgrán, luego par- 
tieron para la dicha ciudad y entraron en ella domingo á 21 
del mes de Octubre, y luego entendieron en dar orden en la 
nueva coronación del nuevo electo Rey de romanos, y como 
la ciudad estaba algo escrupulosa de pestilencia escribió á 
los electores que quería recibir la corona el martes siguiente 
de aquella semana, por donde se levantó gran debata á los 
electores sobre si se habría de celebrar aquella ceremonia en 
día de fiesta ó de entre semana, pero al fin el Arzobispo de 
Lieja que era Prelado de aquella ciudad dio un medio y fué 
que el martes, que era día de San Severino, él lo mandaría 
que se guardase para siempre, y hecho, los electores se fueron 
todos juntos al Consistorio donde estaban los Senadores de 
la ciudad juntados y mostráronles el original decreto de la 
canónica elección en que el Rey Don Carlos había sido elegido 
por Rey de romanos. 

Aquel domingo en" la tarde salieron los electores á recibir 
al Rey, los cuales fueron muy bien acompañados é hicieron 
muchas ceremonias en recibirlo, entre las cuales fué como los 
electores llegaron cerca de vSu Majestad descabalgaron y fue- 
ron á pie contra él y en llegando el Emperador hizo como que 
quería apear con gentil manera y corrió para él el Cardenal de 
Maguncia é hizo como que le sostenía que no descabalgase, 
y todos juntos se lo pidieron por merced que no lo hiciese 
y así lo hizo, y tiró los guantes y comenzó á desatar el cordón 
del sombrero para tirarlo y no lo consintieron, y solamente el 
Cardenal le tocó la mano y después le tocaron los electores. 
y este ardid que el Cardenal hizo de ir corriendo á sostener al 
Emperador que no descabalgase quisieron decir que fué con- 
certado entre ellos por que fuese el primero que le tocase la 
mano por darle esta honra y que pareciese caso fortuito por 
no perjudicar á los otros, porque entre ellos había grandes 
competencias sobre quién sería el primero á tocarle la mano ; 
y después que se metieron en el camino para tornar hicieron 



— 276 — 

muchas cortesías y ceremonias, por iiianera (jue el Cardenal 
(le Maguncia se puso á la mano izquierda junto con el Empe- 
rador y á la mano derecha el Arzobispo de Colonia un poco 
atrás, y luego iban delante el Obispo de Tréveris y el Conde 
Palatino y el Embajador del Marqués de Brandemburgo, v 
así fueron camino de la ciudad de Aquisgrán, y los primeros 
que entraron en ella fueron 3.000 alemanes muy bien adere- 
zados con sus banderas de los colores del Emperador, que eran 
colorado, amarillo y blanco, y en pos de éstos entraron los 
Senadores de Aquisgrán muy ricamente vestidos, y luego en- 
tró el Duque de Juliers con 500 de á caballo y él en medio 
de 30 alabarderos, y tras éstos entraron 800 hombres de á 
caballo del Conde Palatino y 50 lanzas del Marqués de Bran- 
demburgo, y luego entraron 200 de á caballo del Arzobispo 
de Tréveris y 100 de á caballo del Cardenal de Maguncia, y en- 
traron en pos de éstos 150 de á caballo del Embajador de 
Bohemia ; después de todos éstos entraron los Capitanes del 
Emperador, los cuales eran el Marqués de Archot y el Conde 
Nassau, Mr. de Ravestein, Mr. de Fienes y Mr. de Jeulez, 
los cuales llevaban 2.000 de á caballo, y en pos de éstos entró 
Carlos de la Noy, caballerizo mayor del Emperador, con 30 ca- 
ballos escogidos en la caballeriza de Su Majestad, en los cuales 
venían los pajes armados, los unos como hombres de armas 
y otros á la jineta y algunos á la turquesa, vestidos todos con 
sayones de oro y plata ; llevaba cada paje sobre: el almete la 
divisa de un Reino del Emperador, conviene á saber : uno un 
león, otro un castillo, otro una granada, etc., luego tras la 
caballeriza iban 300 gentiles hombres de la casa del Empera- 
dor todos de diversas naciones y con muy varias invenciones 
y riquezas, y tras estos gentiles hombres se seguía una muy 
solemnísima procesión de religiosos y clerecía, los cuales traían 
la cabeza del Emperador Carlomagno, al cual honran en aque- 
lla tierra como á santo. 

En pos de la procesión iban todos los particulares caballe- 
ros de Alemania y los del Consejo del Imperio, y seguían luego 
los reyes de annas, los cuales llevaban en las cotas águilas 
imperiales y escudos de las armas de España. 



— 277 — 

Iban sembrando dineros por las calles dando voces dicien- 
do : ((Imperio, Imperio» . Y tras los hombres de armas entra- 
ron los electores del Imperio y luego el Emperador armado de 
todas armas, con los Arzobispos que dicho habemos á sus la- 
dos y entre ellos y el Emperador iba el Embajador del Duque 
de Sajonia con una espada en la mano. Y tras de Su Majestad 
iba solo el Embajador de Bohemia, en pos del cual iban los 
Cardenales de Sión y de Saltzburgo, y el Cardenal de Croy, 
Arzobispo de Toledo, y en lo último de todo venía gran muí 
titud de Obispos, abades, dignidades, priores y otros notables 
varones que habían ido á ver la coronación. 

Llegado el Rey Don Carlos á la puerta de la ciudad apeóse 
en tierra y las guardas le tomaron por suyo el caballo porque 
les pertenecía de derecho aquel día ; y el Rey besó primero 
la Cruz y luego la cabeza del Emperador Carlomagno, y he- 
cho esto tomó á cabalgar en otro caballo y el Mariscal del Im- 
perio á la entrada de la puerta desenvainó el estoque y así lo 
llevó delante del Rey hasta la iglesia Mayor, en la cual se apeó 
el Emperador y entró dentro y se postró en cruz debajo de 
una corona grande de hierro, dorada, que está casi en medio 
de la iglesia é hizo allí oración, la cual acabada, los electores 
se apartaron en la sacristía para dar orden en la coronación 
que se había de hacer el día siguiente. 



CAPITULO XXVII 

Cómo el Emperador Don Carlos se coronó de corona imperial 
en Aquisgrán, y de las ceremonias y fiestas que se hicieron 
aquel día, y de la manera que fué servido á su mesa. 

Otro día martes, que se contaron 23 de Octubre, á las seis 
de la mañana vino el Emperador Don Carlos á la iglesia con 
una ropa de brocado hasta el suelo ; llevábale la falda de la 
ropa Federico, Conde Palatino. Iba acompañado de muchos 
Príncipes y caballeros seglares y á la puerta de la iglesia le 
salieron á recibir todos los Prelados en procesión y tomáronle 



- 278 — 
en ineklio ti Arzobispo de Maguncia y el de Tréveris, vestidos 
todos de pontifical, con sus báculos y mitras, y mucha clerecía 
con ellos, y llej^ando así al altar mayor el Emperador se ten- 
dió á la larga. 

Luego el Arzobispo de Colonia, después que cantaron to- 
dos la antífona ((Ecce ego mitto angehmi meum, qui prcccedat, 
et, etc.», dijo el verso: «Salvum fac Regem, etc.» Luego una 
oración que comienza : Omnipotens sempiteme deus qui genus 
htmianum, etc., y comenzó luego la misa de aEcce adve nit 
doniinator», y di jola el Arzobispo de Colonia porque es su 
oficio consagrar á los Emperadores. 

Acabada la epístola los Arzobispos quitaron al Emperador 
la vestidura (luc era á manera de casulla y luego se tendió á 
la larga en cruz en las gradas del altar y cantaron sobre él la 
letanía, y cuando llegaron al paso que dice : ((ut obsequium 
servitutis nostrae tibi racionabile facías. Te rogamus audi nos» 
se levantó en pie el Arzobispo que decía la misa 3^ teniendo el 
báculo en la mano siniestra dijo en alta voz : «Vt hunc elec- 
tum famulum tuum Karolum regere, benedicere, sublimare 
consecrare digneris. Te rogamus audi nos, etc., Vt eum ad 
rcgni et imperii fastigium feliciter perducere digneris. Te ro- 
gamus audi nos, etc.» 

Hecha esta ceremonia el Emperador se levantó y el Arzo- 
bispo le preguntó todas las cosas siguientes en alta voz, que 
casi lo podían oir todos : «Vis Sanctam fidem Catholicis viris 
traditam tenerc et operibus justis servare», y respondió el Em- 
perador : ((Voló». 

«Vis Sanctis Ecclesiae Ecclesiarumque ministris fideUs esse 
cutor et defensor», respondió el Emperador: <(volo». 

((Vis regnum tibi a Deo concessum secundum justitiam 
praedccessorum tourum et efficaciter defenderé)), respondió el 
Emperador: ((volo». 

«Vis jura regni imperii(iue ac bona cius dispersa injuste 
conservare et recuperare ac fideliter in usus regni et imperii- 
quac dispersare», respondió Su Majestad: ((Volo». 

<(Vis pauperum et divitum, v duarum et orphanonmi aequus 
esse judex et i)ius defensor», respondió í^u Majestad : ((Volo». 



— 271) — 

«Vis sanctissimo Jesuchristo, patri Domino Romano pon- 
tifici, et sacrae romanae eccleiae siibjectionem debitara et fideni 
reverenter exhibere», el Emperador respondió : «voló». 

Acabadas las dichas preguntas los dos Arzobispos de Ma- 
guncia y de Tréveris llevaron al Emperador al altar y el Em- 
perador puestos solos dos dedos sobre el altar el uno de la 
mano derecha y el otro de la izquierda, dijo estas palabras : 
((Hic voló et in quantimi divino fultus adjutorio et precibus 
fidelium christianorum adjutus valuero omnia premissa fide- 
liter adimpleis. Sic me Deus adjuvet et oitines sancti ejus)). 

Esto dicho el Emperador se tornó á su silla, y el Arzobis- 
po de Colonia que lo consagraba dijo en alta voz, en latín, á 
todos los Arzobispos, Príncipes y Grandes del Imperio : «¿Que- 
réis al Rey Don Carlos, que está presente, por Emperador y 
Rey de romanos }' hacer lo que él os mandare ?» Todos res- 
pondieron : «Sí, sí, sí» . 

Después de esto el Arzobispo de Colonia dijo en voz de 
canto : «Domine Jesuchriste qui regii omnia moderaris benc- 
dic tua salubri benidictione hunc regem nostrum Karolunn). 

Y acabada esta oración y bendición se hincó el Empera- 
dor de rodillas y los dos Arzobispes de Colonia y Tréveris le 
descubrieron las espaldas, para la cual industria estaban las 
ropas hendidas, y le ungieron con olio de cathecriminos las 
junturas tie los brazos, cabellos, hombros y pechos y manos, 
y en lo último la cabeza. Y á cada parte que le untaba decía 
el Arzobispo : (cUngo te regem oleo Sanctificato. In nomine 
patris et filii, etc.» 

Todo el tiempo que duró esta unción cantaban todos los 
eclesiásticos : ((Unxerunt Salomonem Sadoch sacerdos et Na- 
tham in regem, etc.» Y cada vez que cantaban aquella antí- 
fona decían todos: ((Vivat, vivat Rey in eternum». 

Al tiempo que al Rey ungieron las manos dijeron más pa- 
labras que en la bendición de los otros miembros, y fueron 
éstas : ((Ungantur manus iste oleo Sanctificato, cum quo uncti 
fuerunt Reges et Prophetae. Et sicut unxig Samuel David re- 
gem, ita sis benedictus et constitutus rex in regno isto super 
populum istum quem Deus dedit tibi ad regeridum et guber- 



— i/80 — 

niiiuluiii, .|uani ipsc pracstare dignetur, qui vivit et regnat, et- 
cctcrao. Asimismo en descubriendo cada cosa que se había de 
consagrar, antes que la ungiese decía el Obispo : «Pax tecum», 
y resiMjndían todos: «Et cum spiritu tuo». 

Acabadas las unciones los Arzobispos llevaron al Empe- 
rador al sagrario y allí le limpiaron con algodones el olio y 
vistiéronlo de blanco como diácono, atravesada un stola des- 
de el liombro izquierdo hasta bajo del brazo derecho, y luego 
tornó á salir al altar y postróse en las gradas como de primero. 

Estas vestiduras fueron del Emperador Carlomagno y tié- 
nenlas en la ciudad de Nuremberg á gran recaudo y jamás 
sirven sino en aquel acto. 

Dichas ciertas breves oraciones levantóse el Rey y junta- 
mente tres Arzobispos y dieron al Rey una espada desnuda 
que fué del Emperador Carlomagno, diciendo estas palabras : 
«Accipe gladium per manus episcoporum tuorum licet indig- 
nas, vita tamen et auctoritate apostolorum sanctorum conse- 
cratos». Luego el Arzobispo de Colonia le dio un anillo y le 
vistió una ropa diciendo : «Accipe dignitatis anulum per hunc 
catholiceae fidei agnosce signaculum» . Después de esto le pu- 
sieron un cetro real en una mano y un mundo en la otra, di- 
sieron un cetro real en una mano y un mundo en la otra, 
diciendo : «Accipe virgan virtutis, acque acquitatis qua in- 
telegas diligere pies et terrere reprobos». 

Dichas estas palabras los tres Arzobispos le pusieron jun- 
tamente la corona de oro del Emperador Carlomagno sobre la 
cabeza, diciendo todos tres : «Accipe coronam regiam ac Regni 
qui licet ab indignis Episcoporum manibus capiti tuo impo- 
nitur tamquam Sanctitatis gloriam et opus fortitudinis ; lo 
cual acabado le llevaron, y puestas las manos sobre el altar 
dijo Su Majestad : ((Yo prometo delante de Dios y de los án- 
geles que de aquí adelante guardaré á la santa iglesia de 
Dios ley, justicia y paz». 

Hecha esta promesa llevaron al Emperador á una silla de 
pif-dra muy rica, de los Reyes antepasados, y lo sentaron allí 
dirií^'Tidole estas palabras: «Ita retine modo locum regni, quem 
non jure hereditario nec paterna successione, sed Principum 



- 281 — 

et Electonim in regno Alemaniae, tibique noscas delegatum 
máxime per autoritatem dei omnipotentis» , y asentado el Rey 
en aquella silla llegaron muchos, así españoles como de otras 
naciones, á los cuales armó caballeros con la espada de Car- 
lomagno, dándoles tres golpes en las espaldas, y tornando 
el Rey al altar mayor prosiguieron la misa diciendo luego el 
evangelio (cCum natus esset Jhesus in Bethiem, etc.» y el ofer- 
torio, y el Emperador fué á ofrecer llevando el cetr<j y el mun- 
do, y también ofrecieron los electores ; y prosiguiendo la misa, 
al tiempo que el Arzobispo dijo «Pax domini», \o vióse hacia 
Su Majestad y dijo esta bendición : «Benedicat tibi dominus 
et custodicat te et sicut voluit super populum suum esscs Rex, 
ita in presentí saeculo felicem, et faelicitatis tribuat esse con- 
sortem. Per Christum dominum nostrum». 

Acabada la misa el Arzobispo de Maguncia dijo á todo el 
pueblo que el Papa León concedía al Rey Don Carlos que se 
pudiese llamar de ahí adelante é intitular Rey de romanos y 
electo Emperador, etc. 

El cual se tomó á su posada con no menos triunfo y com- 
pañía que cuando vino á la iglesia, y como luego se sentase 
á comer, en la cual comida fueron extraños los manjares y de 
muy grandes estados los servidores, y túvose este orden en 
ella : que los tres Arzobispos que se hallaron en la coronación 
bendijeron la mesa. El Mariscal del Imperio sirvió de caba- 
llerizo, en que allí públicamente dio de comer al caballo en que 
el Emperador había andado, y el Conde Palatino sirvió de 
maestresala y que trajo una pieza de un buey á la mesa, el 
cual se había asado entero en la plaza y relleno de muchas aves, 
las cabezas de las cuales asomaban por entre las costillas. 

El CorMe de Limburg siryió de copa, en que fué una fuente 
que manaba tres caños de vino, y trajo un tazón lleno. El 
Conde de Limburg dio al Emperador aguamanos y el Mar- 
qués de Brandemburgo le dio la toalla. El Conde Palatino con 
otros Príncipes y grandes señores llevaron el manjar, el cual 
puesto en la mesa se asentaron en otras mesas que allí esta- 
ban á comer, y hubo en esto tan buen recaudo y fueron tan 
bien servidos que más no pudo ser. 



— 28:1 — 

CAPÍTULO XXVIII 

De una carta que los de la Junta escribieron desde Tordesillas al 
Emperador dándole cuenta de todas las cosas que habían 
sucedido en España después que Su Majestad estaba fuera 
de ella, suplicando mande proveer de algunas cosas cum- 
plideras al bien del Reino. 

^luy soberano, invictísimo Rey nuestro señor : 
Las .leyes de estos vuestros Reinos que por razón natural 
fueron hechas y ordenadas, que así obligan á los Príncipes 
tratando del amor que los subditos han y deben tener á su 
Rey y señor natural, entre otras cosas dicen y (disponen que 
deben los subditos guardar á su Rey de sí mismo que no haga 
cosas que estén mal á su ánima ni á su honra, ni á daño ni 
á mal estanza de svis Reinos ; lo cual manda que hagan, su- 
plicando á su Rey primeramente sobre ello que no haga las 
cosas sobredichas ni algima de ellas, y cuando por suplica- 
ción de los subditos el Reino se apartase de lo que dicho 
es, que le quiten y aparten de cabe sí sus consejeros por cuyo 
consejo hiciere alguna de las cosas que dichas son. 

De tal manera que el Rey no haga ni pueda hacer cosa al- 
guna que sea contra su alma y contra su honra ó contra el bien 
público de sus Reinos, y que los subditos y vasallos que así 
no lo hiciesen, porque darían á entender que no amaban como 
debían á su Rey y señor natural, caerían en caso de traición 
y debían así como traidores ser punidos y castigados, y por 
no cobrar tan mal nombre ni incurrir en las penas de él, 
y por el amor que estos Reinos han y tienen á Vuestra Ma- 
jestad y le deben como á su soberano Rey y señor, viendo 
y conociendo por experiencia los grandes é intolerables daños 
de estos sus Reinos en ellos hechos y causados por el mal 
consejo (]ue Vuestra Majestad en la gobernación de ellos ha 
tenido ¡wr ambición y codicia desordenada y por sus propias 
pasi<mes é intereses y suasiones malas de los malos consejeros' 
que Vuestra Majestad ha tenido, que se pueden decir más pro- 



— 283 — 

píamente engañadores y enemigos de estos vuestros Reinos y 
del bien público de ellos que no consejeros tales cuales de- 
bían ser. 

De los cuales y de sus malos consejos tenemos por cierto 
haber venido y procedido los daños intolerables de estos Reinos 
y destrucción de eolios ; de que siendo los más ricos y abundan- 
tes en riquezas y en todas las otras cosas que á Reinos muy 
excelentes convenían que tuviesen y abundasen, son venidos 
á ser los más pobres y menguados que ninguno de los otros 
Reinos á ellos comarcanos. 

Y sabemos y tenemos por cierto que estos daños no han 
procedido de la voluntad de Vuestra Majestad, cuya Cesárea 
v Real persona Nuestro Señor ha dotado y dotó de tanta pru- 
dencia, virtudes, clemencia y mansedumbre y de celo de la jus- 
ticia y bien público, cuanto á tal alto Príncipe y señor del 
Imperio y de tantos Reinos y señoríos convenía. 

Los cuales daños y exorbitancias no solamente tocaron y 
fueron muy perjudiciales al bien público de estos Reinos, pero 
también se extendieron contra en patrimonio Real de \^uestra 
Majestad y destrucción de sus rentas patrimoniales y de lo 
que debía venir á la cámara de Vuestra Alteza y pertenecían 
á ella, enriqueciéndose muchos de los malos consejeros y 
otras diversas personas que no tenían amor á Vuestra Majestad 
y á su servicio en grandísimo número de ducados y rentas, 
dejando á Vuestra Majestad en tanta necesidad que para pro- 
veer en los gastos y costas de su Casa Real le era y fué for- 
zado de tomar á cambio gran número de ducados y de pagar 
por el cambio de ellos crecidos y demasiados renuevos y logros, 
y por otra parte pedir dineros emprestados á caballeros y gran- 
des de estos Reinos, y le pusieron en tanta necesidad que para 
el mantenimiento de su Casa Real tuviese necesidad de vender 
muchos juros y rentas reales y pedir servicios inmoderados á 
sus subditos que no debían. 

Y por que más sin contradicción se otorgasen aconsejaron 
á Vuestra Alteza que á los grandes que se hallaron en las Cor- 
tes de la Coruña y á algunos de los Procuradores de las ciu- 
dades que fueron en otorgar el dicho servicio, Vuestra Alteza 



- 284 — 

cu el mismo servicio hiciese merced de mucho número de 
ducados, y viendo todas estas exorbitancias del mal consejo 
que á Vuestra Alteza se daba y ha dado y por él la perdición 
de vuestros Reinos como iba de contino en crecimiento, por 
Procuradores de alp^unas de las ciudades de estos Reinos fué 
con mucha instancia pedido y suplicado á Vuestra Alteza, 
así en la noble villa de Valladolid, estando en ella Vuestra Al- 
teza de camino para las Cortes de Santiago, que se acabaron 
en la ciudad de la Coruña, y en las mismas ciudades de San- 
tiago y de la Coruña, que Vuestra Alteza tuviese por bien de 
querer mirar y considerar los grandísimos c intolerables daños 
que vuestros Reinos y sus subditos y la Corona Real y rentas 
y bienes de su Cámara y á ella pertenecientes habían recibido 
por el mal consejo de los que en la gobernación entendían. 

Y como en la dicha gobernación se procedía en todo ello 
contra lo dispuesto por las leyes de estos Reinos de que allen- 
de de la perdición del Reino y de sus subditos, á Vuestra Al- 
teza y á su Corona Real se recrecían intolerables daños y gran- 
des pérdidas, que á Vuestra Majestad pluguiese de estar y 
quedar en estos sus Reinos para proveerlo y remediarlo. 

Y que si la ida de \^uestra Alteza de estos Reinos fuese 
así necesaria que no la pudiese excusar, que á Vuestra Alteza 
pluguiese antes que de estos Reinos se partiese dejarlo pro- 
veído y remediado. 

Y (¡ue en ninguna manera pidiese el dicho servicio ni lo 
mandase cobrar, porque de ello todos los pueblos de estos Rei- 
nos estaban alterados y en propósito de no darlo. 

Y siendo sobre lo susodicho muy importunado Vuestra Al- 
teza i>or los Procuradores de algunas de las ciudades de estos 
Reinos y suplicado por el remedio de ello, Vuestra Alteza 
tuvo por bien de mandar y mandó que lo viesen todos los 
del Consejo, así del Estado como de la Justicia y de la Guerra, 
y juntos todos acordaron que los Procuradores que aquello pe- 
dían y suplicaban merecían ser cartigados, é hicieron que les 
fuese mandado que no entrasen en las Cortes, y así no fueron 
admitidos en ellas y aun mandaron que fuesen desterrados v 
que fuesen á estar y residir en las tenencias que jxDr muy gran- 



— 285 — 

des y muy señalados servicios fueron concedidas y se conce- 
dieron á sus padres ó á ellos por los Católicos señores Rey 
Don Fernando y Reina Doña Isabel de gloriosa memoria, abue- 
los de Vuestra Alteza. 

Por donde claramente parecía y parece que de la mala 
gobernación que en estos Reinos ha habido y de los dataos y 
exorbitancias é inconvenientes que de ello se han seguido, son 
principalmente culpables los de vuestro Consejo, así los unos 
como los otros. 

Lo cual, muy soberano señor, más claramente ha parecido 
y se ha mostrado después que Vuestra Alteza en buen hora 
embarcó en la ciudad de la Coruña, porque algunas ciudades 
de estos Reinos viendo el mal que sus Procuradores habían he- 
cho en el otorgar de dicho servicio y en procurar y recibir 
por ello algunas mercedes, quisieron tomar enmienda de ellos 
y se alteraron. 

Y venido á la villa de VaUadolid el Reverendísimo Cardenal 
de Tortosa y el Presidente y los de vuestro Consejo, junta- 
mente con los del Consejo de la Guerra y Antonio de Fonseca, 
con poder de Vuestra Alteza de Capitán General, acordaron 
que rigurosamente se procediese contra la ciudad de Segovia 
y que fuese desolada y no quedase memoria de ella, y para 
esto acordaron de enviar un Alcalde de la Corte que se decía 
Ronquillo con mucho ejército de las guardas de Vuestra Ma- 
jestad y con los Capitanes de las dichas guardas y acostamien- 
tos para que estuviesen en la villa de Santa ]\Iaría de Nieva 
y en ella hiciesen sus procesos contra la ciudad y vecinos de 
ella, y desde allí les prohibiesen y vedasen los mantenimientos, 
que no pudiesen ir ni entrar en la dicha ciudad, y que pren- 
diese á todos los vecinos de ella que pudiese y procediese con- 
tra ellos. 

Y así estuvieron muchos días teniendo á la ciudad sitiada 
y cercada para que de ella no pudiese salir persona alguna 
sin ser muerto ó preso, y que en ella no pudiesen entrar man- 
tenimientos algunos ni provisión. 

Y estando así la ciudad como dicho es y todos los vecinos 
de ella en la gran aflicción y muy apretados, así clérigos como 



— 286 - 

rIíkíoíxjs y n.liKÍ"í>ab, y los otros vecinos de la dicha ciudad, 
enviaron i)crsonas religiosas á los dichos Reverendísimo Car- 
denal, Presidente y los del Consej(j (lue los recibiesen con pie- 
dad y no cjuisicsen así proceder contra ellos, que les perdo- 
nasen lo pasado y (lue ellos estarían en toda la obediencia que 
debían á Vuestra Alteza y á su servicio. 

Lo cual aun(iue nuichas veces lo pidieron y suplicaron nun- 
ca fueron oídos, antes fueron con mucho rigor respondidos 
que no habían de ser oídos y que por el rigor de la justicia 
habían de ser todos castigados de manera que quedase perpe- 
tua memoria del castigo que á aquella ciudad se daba y á 
los vecinos de ella. 

Y el Alcalde que así enviaron y el Ejército que llevó 
con los Capitanes de él hacían muy más cruda guerra á la 
ciudad y vecinos de ella que si fueran moros é infieles, ma- 
tando á cuantos de ellos ix)dían y ahorcándolos, y á los que 
tenían dineros y caudal rescatándolos y acotando y justiciando 
á los que iban con mantenimientos y mercaderías, como so- 
lían, á la ciudad. 

Y estando en tanta aflicción y necesidad la ciudad y veci- 
nos de ella hubieron de haber recurso á todas las otras ciu- 
dades de estos Reinos y especialmentee á las ciudades de To- 
ledo, Salamanca, Avila, Madrid y Burgos para que tomasen 
su causa por propia y los quisiesen favorecer y librar de tanta 
fatiga, pues que si los del Consejo tuviesen lugar de castigar 
aquella ciudad y vecinos de ella lo mismo querían hacer con 
tra cada una de las dichas ciudades, y que fuesen juntas todcs 
en una porque no estando juntas tendrían lugar los del Conse- 
jo de usar de su mal consejo y crueldad. 

Las cuales ciudades ó algunas de ellas juntamente con la 
villa de Valladolid pidieron y suplicaron con mucha instan- 
cia á los dichos Reverendísimo Cardenal y los de vuestro 
Consejo (pie mandasen quitar la gente de las guardas y acos- 
mientos y Capitanes que sobre atiuella ciudad estaban y que 
ix)r bien y amor procurasen que la ciudad fuese reducida al 
servicio de X'uestra Alteza, y nunca lo quisieron hacer ni oir 
á las dichas ciudades ni á sus mensajeros, antes les respon- 



— 287 — 

dieron lo mismo que á los mensajeros de aquella ciudad ha- 
bían dicho. 

Y por esto las otras ciudades y especialmente la ciudad de 
Toledo y villa de Madrid y la misma ciudad de Segovia acor- 
daron de hacer Ejército contra las guardas y acostamientos 
y continos de Vuestra IMajestad que con él estaban del sitio 
y cerco que sobre la dicha ciudad tenían. 

Y ayudándolos Nuestro Señor, sin haber necesidad de pe- 
lear y sin muertes de hombres, vinieron á la villa de Santa 
María de Nieva adonde el dicho Alcalde y los de las guar- 
das y continos y acostamientos de Vuestra Majestad estaban, 
y antes que llegase el Ejército de las ciudades ya dichas el 
Alcalde y Capitanes y su gente desampararon la dicha villa 
y se fueron de ella 3- quedó la dicha ciudad de Segovia libre 
de la aflicción en que estaba. Y como esto supieron los del 
Consejo de Vuestra Majestad, así de la Guerra como de la 
Justicia, en uno con el Reverendísimo Cardenal acordaron que 
con mucha priesa Antonio de Fonseca con poder de Capitán 
General que de Vuestra Majestad tenía, con todos les continos 
de Vuestra Majestad que con ellos residían y con la más gente 
que pudo haber saliesen de la villa de Valladolid y se juntase 
con el Ejército que con el dicho Alcalde andaba y que pode- 
rosamente desbaratasen el Ejército y Capitanes de las dichas 
ciudades, y que procurase de sacar de la villa de Medina del 
Campo la artillería que en ella estaba y dejaron hecha para 
defendimiento de estos Reinos los Católicos señores Rey Don 
Femando y Reina Doña Isabel, que si no la consintiesen sacar 
que procediesen contra ellos. 

El cual juntándose con el Ejército y Capitanes qv.e con el 
Alcalde andaban se recogieron todos á la viUa de x\révalo, y 
como conocieron que no podrían resistir al Ejército y Ca- 
pitanes de las ciudades de Toledo y de Segovia y Madrid que 
estaban en la villa de Santa María de Nieva, según la buena 
ordenanza de ellos y artillería dé campo que traían, acordaron 
de dar vuelta á la villa de Medina del Campo, adonde con trai- 
ción de algunos de la viUa y del Corregidor que en ella estaba 
tuvieron lugar de entrar sin que los vecinos de la villa estu- 



— '28S — 

vílscu proveídos, porque no supieron antes su venida, y así 
comenzaron á pelear por defender la artillería que no fuese 
sacada de la dicha villa porque con ella no tuviesen lugar de 
destruir las ciudades del Reino. 

Y viendo el dicho Antonio de Fonseca la resistencia tan 
grande que los vecinos de la villa le hacían comenzó á hacer 
la guerra á fuego y á sangre contra la villa y vecinos de ella, 
y pusieron en ella por muchas partes fuego, y los soldados que 
traía metieron toda la villa á sacamano y robaron las hacien- 
das de las casas donde entraron, hiriendo y matando con gran 
crueUlad no perdonando á mujeres ni á niños, forzando y co- 
rrompiendo muchas mujeres y doncellas, y los vecinos de la 
villa que estaban peleando y defendiendo el sacar y llevar de 
la artillería, viendo que su villa se abrasaba toda de fuego y 
se quemaban y robaban sus casas y haciendas, por eso no de- 
jaron la defensa de la artillería sin socorrer al remedio de sus 
casas y haciendas, teniendo por mejor de quedar pobres y des- 
truidos antes que haciendo lo que no debían, dejar sacar la 
artillería. 

Y no pudiéndolos vencer el dicho Antonio de Fonseca con 
toda la gente y Ejército que traía se hubo de salir con gran 
confusión de la dicha villa dejándola toda encendida y ar- 
diendo en vivas llamas, y se tomó á recoger á la villa de 
Arévalo, y así se quemaron cuatrocientos y quinientos pares 
de casas, las mejores y más principales de toda la villa, con 
las haciendas que en ellas estaban, en la mejor y más pública 
parte de la villa y donde era el aposentamiento de los merca- 
deres y tratantes que á las ferias venían. 

Quemóse asimismo el Monasterio de San Franc'sco de la 
dicha villa todo enteramente, que era uno de los insignes 
monasterios de la Orden de San Francisco que en estos Reinos 
de Vuestra Majestad había, y en él se quemaron infinitísimas 
mercaderías de mercaderes que en él dejaban de feria á feria. 

Fué tanto el daño que en lo susodicho se hizo, que con 
dos millones de ducados no se podría reparar, pagar ni satisfacer. 

Kstuvieron algunos días los frailes del dicho monasterio en 
la liuerta con el Santísimo Sacramento y cuerpo de Nuestro 



— 289 — 

Señor Redentor y vSalvador Jesucristo teniéndolo metido en 
la concavidad de un olmo grande que en la dicha huerta está, 
con el cual viendo el dicho monasterio encendido >• abrasado 
se salieron á la dicha huerta no teniendo otro lugar para salir 
ni adonde se guareciesen atajados por el fuego del dicho mo- 
nasterio; y así estuvieron algunos días con sus noches acom- 
pañando al Santísimo Sacramento, que es cosa de gran dolor 
de verlo y contarlo. 

Y visto y sabido el gran daño que en la dicha villa de Me- 
dina se había hecho y el que se esperaba adelante en h.s otras 
ciudades de estos Reinos, todas las otras ciudades y villas que 
antes no se habían señalado en enviar sus Procuradores á la 
Junta que en la ciudad de Avila por algunas ciudades se había 
comenzado para entender en el remedio y <jxorbitancias gran- 
des por el mal consejo de la gobernación pasada se habían 
hecho y causado en el Reino se juntaron y todas enviaron sus 
Procuradores para entender en el remedio de ello, y como esto 
vino á noticia de la Reina, nuestra señora, á quien los Ca- 
pitanes del Ejército de las dichas ciudades se lo hicieron saber 
y se lo notificaron, que por mandado de Su Alteza de la villa 
de Medina del Campo donde estaban vinieron á esta villa de 
Tordesillas fidonde Su Alteza reside y está. 

Y sabiendo Su Alteza de la Junta de las ciudades que en 
la ciudad de Avila se hacía para entender en el remedio de los 
dichos daños y del orden de la gobernación pasada, mandó Su 
Alteza que todos los Pfocuradores de las ciudades que estaban 
en la dicha ciudad de Avila se viniesen á esta villa, y que 
en su Palacio Real hiciesen el ajuntamiento y que entendiesen 
y proveyesen en el remedio del' Reino disipado y agraviado, 
adonde con su autoridad y mandado de Su Alteza se entiende 
en proveer y remediar los agravios pasados y en ordenar lo 
que en ellos estaba y está desordenado por la mala goberna- 
ción pasada. 

Entendemos muy principalmente cerca de la cura y salud 
de Su Alteza, que en los .tiempos pasados no sabemos á cuya 
culpa no se entendió ni hubo memoria de ello. Esperamos en 
la misericordia de Nuestro Señor y con ayuda suya que Su 



— 290 — 

Alte/.a será curada, y haciendo lo (juc debíamos y las leyes 
de vuestros Reinos nos conii>elían y ct)iupelen, so Uíjmbre y 
pena de traidores, quitamos los de vuestro Consejo como las 
mismas leyes lo disponen, por cuyo mal consejo tantos daños 
se han seguido, y así lo hiciéramos á los otros que con Vues- 
tra Alteza residen si acá estuvieran, (jue la misma culpa y 
mayor tienen que los susodichos. 

Y suplicamos á Vuestra Majestad le plega (juitar los del 
su Consejo, pues que tan dañoso ha sido su consejo y ellos 
se han mostrado tan enemigos del bien i)úblico de estos Reinos 
de Vuestra Majestad. 

Y según los clamores que las ciudades y pueblos de estos Rei- 
nos hacían contra los del Consejo, mucho hicimos en asegurar 
sus vidas y haciendas, en traer algunos de los que no hu\-cron 
á esta villa. 

Y venidlos los Procuradores del Reino á e.-ta \ illa de Tor- 
desillas, porque el Marqués de Denia y la Marquesa, su mujer, 
(jue estaban en compañía de la Reina, nuestra señora, eran 
muy sos])echosos al bien público de estos Reinos y al propó- 
sito de las ciudades del Reino que entendían y entienden en 
lo quQ dicho es los apartamos de la Casa Real y compañía de 
la Reina, nuestra señora, porque estando ellos y ix)sando en 
la dicha Casa Real no podíamos buenamente entender en las 
cosas que convenían y convienen al servicio de Vuestra Ma- 
jestad y bien público de estos sus Reinos. 

Y nos fué forzado para sostener el Ejército del Reino, que 
es más cierto y propiamente de Vuestra Majestad que otro 
alguno, que en estos Reinos se procura hacer para impedir 
nuestro propósito por algunas personas que no aman el ser- 
vicio de V^iestra IMajestad y bien de estos Reinos, de hacer 
íjue se haya de pagar y paguen el dicho Ejército de lo que 
Vuestra Majestad tiene librado y libra para la gente de las 
guardas y acostamientos >• de sus continos para sostener el di- 
cho Ejército y con él resistir á los oue la contraria opinión 
tienen so color de ciertos poderes de Gobernadores que dicen 
Vuestra Majestad haberles enviado. 

Y iMir <!ue entretanto que entendemos en ordenar v con- 



— '291 — 

certar los capítulos que convienen para la buena gobernación 
de los Reinos de Vuestra Majestad y para remediar el daño 
de ellos causado ix)r el mal consejo de aquellos que ha^ta aquí 
á Vuestra Majestad aconsejaron para enviarlos á Vuestra Ma- 
jestad y suplicarle le plega otorgarlos- y confirmarlos, como 
por el Reino le fuere suplicado, pues que todos ellos serán en 
servicio de Vuestra Majestad y bien público de sus Reinos y 
bien y acrecentamiento de su patrimonio Real, hay necesidad 
que Vuestra Alteza dé poder y autoridad á las ciudades y vi- 
llas que tienen voto en Cortes, entretanto que Vuestra Majes- 
tad provee de personas que convengan residir en su muy alto 
Consejo, que tengan mejor intención y consejo que los pasados, 
para que puedan proveer en las cosas y casos de la justicia 
y administración en que debían proveer los de vuestro Consejo, 
porque en este medio tiempo no haya falta en la administra- 
ción de la justicia en estos vuestros Reines. 

Por ende, á Vuestra Majestad humildemente suplicamos 
que todo lo pasado hecho y procurado por vuestros Reinos, 
pues que á ello hemos sido compelidos por lo que dic.n y 
disponen las leyes de vuestros Reinos, y movidos principal- 
mente por el servicio de Vuestra Majestad y bien de vues- 
tros Reinos, Vuestra Majestad lo haya y tenga por bueno y 
se tenga por servido de ello, pues que esto ha sido y es nuestro . 
propósito é intención y les quiera dar y conceder la autoridad 
que hemos suplicado y suplicamos á Vuestra Majestad para 
que entiendan las dichas ciudades y villas en la administración 
y gobernación de la justicia en que los de vuestro Consejo de- 
bían entender hasta tanto que por Vuestra Majestad, vistos los 
capítulos del Reino que le fueren enviados provea conforme 
á ellos lo que fuere su servicio y bien de estos Reinos y mande 
asimismo revocar los poderes de Gobernadores que acá Vues- 
tra Majestad ha enviado, porque el Reino no los podrá sufrir 
ni consentir, porque á las personas para quien vinieron tjenen 
por muy sospechosos al bien público de estos Reinos y aun 
porque su gobernación y administración serían contra lo que 
estos Reinos quieren y procuran, y estando, en esta contradic- 
ción estos Reinos serían abrasados y de eUo muy gran descr- 



— 2V»¿ — 

vicio se podría stguir ¿i V\icstra Majestad. Y sobre esto en- 
viamos á Antón Vázquez, nuestro mensajero. 

A Vuestra Majestad suplicamos que con toda clemencia 
y benignidad (jue en Vuestra Majestad resplandecen le plega 
oir y ccmceder lo que estos Reinos á Vuestra Majestad suplican. 

Nuestro Señor la Cesárea Católica Majestad de su Real per- 
sona por nuichos tiempos guarde con aumento de muchos más 
Reinos y señoríos, y con brevedad y próspero viaje en estos 
sus Reinos traiga como por ellos es deseado. 

De la villa de Tordesillas á 20 días del mes de Octubre, año 
del nacimiento de Nuestro vSalvador Jesucristo, de 1520 años. 

De Vuestra Cesárea muy Católica Real Majestad muy hu- 
mildes, leales vasallos y servidores, los Procuradores de las 
ciudades y villas de estos sus Reinos. 

La cual dicha carta fué firmada de los Procuradores de las 
ciudades y villas y refrendada y signada de Lope de Balles- 
teros, Secretario de las Cortes de la Santa Junta. 

La cual carta dieron para que llevase á Su Majestad (que 
en este tiem]X) estaba en Alemania) á un Antón Vázquez, ve- 
cino de la ciudad de Avila, el cual fué y halló á Su ^lajestad 
en Aquisgrán después de la coronación. 

Y como Su Majestad y los de su Consejo viesen la carta, 
mandaron luego matar al que la había llevado, pareciéndoles 
que había hecho gran desacato en osar ir á Su Majestad con 
semejante cosa ; pero no faltó (¡uien en aquel Consejo dijese 
que el dicho Antón Vázquez no debía morir luego, sino tenerlo 
en una fortaleza, y que ahí estaría para cada y cuando lo qui- 
siesen matar, y también ponjue estando las cosas de España tan 
alteradas su muerte podía ser causa de mayores escándalos. 

Y así, el dicho Antón Vázquez fué imesto en una fortaleza 
y después escapó con la vida. 

Y en todos los días y tiempo que los de la Junta dieron al 
dicho Antón Vázquez para ir y venir con la respuesta de la 
dicha carta y suplicación, los dichos Procuradoras se abstuvie- 
ron de innovar cosa de las que á ellos parecían ser necesarias 
al Reino, esperando la respuesta y remedio de Su Majestad 
para ello. 



— 293 — 

Y como en los días que le fueron asignados y en muchos 
más no vino, ni menos respuesta, y antes los dichos Procura- 
dores tuvieron nueva cierta y carta como el dicho Antón Váz- 
quez estaba preso en Alemania por haber Ucvado la dicha car- 
ta y suplicación, y también como supieron que Su Majestad 
había proveído de nuevos Gobernadores contra la voluntad de 
la Junta, acordaron, conformándose con los ixxleres que de 
sus ciudades tenían y con las instrucciones que les habían dado 
para las cosas que debían pedir á Sus Altezas y hacer para el 
sosiego y remedio de estos sus Reinos, de hacer y ordenar unos 
capítulos á forma de leyes con el principio y cabo que les pa- 
reció que para la guarda y firmeza de ellos era necesario con 
propósito' de enviarlos con dos de los dichos Procuradores á 
Su Majestad para que los confinnase, los cuales mandaron 
imprimir por que constase en toda España cómo se desvelaban 
en lo que tocaba á la buena gobernación de estos Reinos ; y 
los capítulos fueron los siguientes. 



CAPÍTULO XXIX 

De los capítulos que los de la Junta hicitron en la villa de 
Tordesülas para enviar á Su Majestad á Alemania para que 
los confirmase. 

Doña Juana y Don Carlos, su hijo, por la grancia de Dios 
Reina y Rey de Castilla, y á los Infantes nuestros nuiy caros 
y muy amados hijos y hermanos, y á los Duques, etcétera, 
salud y gracia. 

Sepades que por remediar los grandes daños y exorbitan- 
cias que se hacían y pasaban en nuestros Reinos de Castilla v 
de lycón por el mal consejo y gobernación pasado en los di- 
chos nuestros Reinos, ciudades, villas, lugares y Cf)ni unidades 
de ellos, y los Procuradores de las ciudades y villas que tienen 
voto en Corte como leales vasallos y servidores nuestros y cotí 
celo de nuestro servicio y del bien público de luiestros Reinos, 
cumpliendo aquello que las leyes de nuestros Reinos les obli- 



— 294 — 

gan se ajunlaron, y con niandaniiento de mí la Reina vinieron 
& la villa de Tordcsillas para entender y pro\'eer en el reparo 
y rcn)cdio de los dichos daños y exorbitancias, y entendiendo 
(jnc ellos hicieron y ordenaron ciertos capítulos que cumplen 
á nuestro servicio y buena gobernación de nuestros Reinos y 
acrecentamiento de las rentas y patrimonio Real, su tenor de 
los cuales es este que se sigue : 

Muy altos y muy poderosos Católicos Príncipes, Reina y 
Rey, nuestros señores : Lo que vuestros reinos, ciudades, vi- 
llas y lugares y conuinidades, vecinos y naturales de ellos de 
Castilla y de León, suplican á Vuestras ^Majestades les otor- 
guen ix)r ley perpetua, es lo siguiente : 

En lo que toca á las Casas Reales. 

Primeramente estos Reinos suplican á Vuestra Majestad 
que tenga~ por bien de venir á estos sus Reinos brevemente, 
y venido, esté en ellos y rija y gobierne, porque estando en 
ellos pueda mandar y señorear el mundo como lo han hecho 
sus antepasados, y ninguna cosa de las que á Su Majestad se 
le suplica ha de satisfacer á estos Reinos aunque muchas se 
les otorgasen, como esperan que Su Majestad les otorgará, si 
Su Majestad no viene brevemente á ellos; porque no es cos- 
tumbre de Castilla estar sin Rey, ni pueden set regidos ni go- 
bernados en la paz y sosiego que para su Real servicio conviene. 

ítem : que estos Reinos suplican á Su Majestad que luego 
viniendo en estos sus Reinos plega á Su ^Majestad de casar 
por el bien universal que á estos sus Reinos toca y cumple de 
haber y tener generación y sucesión de su Real persona, como 
lo desea, pues su edad lo requiere, y le plega y haya por bien 
de casar á voto y i)arecer de estos sus Reinos, porque de esta 
manera será con nación amiga de ellos como cumple á su ser- 
vicio y contento de su Real persona. 

I. o que tora á la Casa Real. 

ítem : que la Casa Real de nuestra señora se ponga en aquel 
estado que á su Real jiersona conviene y á honra de estos sus 



— 295 — 

Reinos y que se pongan por oficiales personas, de manera que 
sea proveída la Casa Real cumplidamente, y como sean pagados 
los oficiales de guarda de su Real Casa á sus tiempos, poniue 
así Su Alteza será bien servido y en ello á estos sus Reinos 
se hará mucho bien y merced. 

ítem : Su Alteza haya por bien y sea servido cuando en 
buena hora viniese á estos sus Reinos de no traer ni traiga 
consigo flamencos ni franceses ni de otra nación extraña para 
que tengan oficio ni oficios algunos en su Casa Real, y se sirva 
de tener en los dichos oficios personas naturales de estes sus Rei- 
nos, pues en ellos ha}- mucho número de personas hábiles y su- 
jficientes que con amor y lealtad le servirán, y que Su Alteza y 
sus herederos y sucesores en estos sus Reinos lo guarden y 
cmnplau así perpetuamente. 

ítem : que Su Alteza y sus sucesores no traigan ni tengan 
en estos sus Reinos gente extranjera de armas para guarda de 
su persona Real ni para defensión de sus Reinos, pues que en 
ellos ha}^ muy gran número y abundancia de gente de armas 
muy belicosas que bastan para defensión y aun para conquistar 
otros como hasta aquí lo han hecho. 

ítem : que á Su Majestad plega de ordenar su casa de ma- 
nera que estando en estos Reinos y sirviéndose de oficiales 
naturales de ellos quiera venir á usar en todo, como los Cató- 
licos señores rej^es Don Fernando y Doña Isabel, sus abue- 
los, y los otros Re5'es sus progenitores, de gloriosa memoria, 
lo hicieron. 

Porque haciendo así al modo y costumbre de los dichos se- 
ñores Re5^es pasados cesarán los inmensos gastos y sin pro- 
vecho que en la mesa y casa de Su Majestad se hacen y han 
hecho, y los platos que á sus privados y oficiales se hacen, 
pues el daño de esto notoriamente parece porque se halla en 
el plato Real y en los platos que se hacen á los privados y 
criados de su casa gastarse cada un día 150.000 maravedíes; 
y los Católicos- Reyes Don Fernando y Doña Isabel, siendo 
tan excelentes y poderosos, en su plato y en el plato del Princi- 
pé D. Juan que haya gloria, y de las señoras Infantas, con gran 
número y multitud' de damas, no se gastaba cada un día, siendo 



— 296 — 

sus platos muy ahastados couio de tales Reyes, más de 12 ó 
iS-ooo maravedíes; y así vienen las necesidades de Sus Altezas 
y los daños de sus pueblos y couuinidades en los servicios > 
otras cosas que se les pide. 

ítem : porque ha habido y hay gastos excesivos por dar 
salario á quien no sirve, que en la Casa Real no se den, ni 
puedan dar salarios algunos á mujeres ni hijos de certcsanos 
y otras iK-rsonas, no sirviendo ni siendo para servir, porquv 
esto se gaste en otras cosas más necesarias al servicio de Su 
Alteza. Pero si algtmo hubiere servido á Su Alteza, «lue siendo 
difunto, en retuuneración y equivalencia de los servicios del 
padre, Su Alteza pueda dar el salario que fuere servido á los 
hijos 6 hijas ó mujer del dicho difunto aunque no tengan edad 
para servir. 

ítem : porque después que la Serenísima Reina Doña Isa- 
bel, nuestra señora, abuela de Su Alteza, adoleció de la enfer- 
medad que ftiurió y pasó de esta presente vida, se acrecentaron 
en la Casa Real y en el Reino muchos oficios demasiados que 
'antes nunca hubo ni hay necesidad de ellos, que estos todos, 
de cualquier cualidad, que se consuman y que no los hayan 
ni se lleven salarios por razón de los dichos oficios, porque 
estos gastos de salario superfinos queden para otros gastos y 
cosas cumplideras al servicio de 5^u Alteza. 

ítem : (¿ue en la Casa Real de Su Majestad ningún grande 
tenga ni pueda tener oficio que tocare á la hacienda y patri- 
monio Real y que si alguno tienen se les quiten y no los tengan, 
porque esto es muy gran inconveniente y se podían seguir gran- 
des daños al patrimonio y rentas Reales. 

ítem : (lue el tiempo (lue Su Majestad estuviere ausente de 
estos sus Reinos, de sus rentas Reales se pague su Casa Real 
y oficiales y las otras personas que tienen acostamiento y sir- 
ven á Su Majestad. 

Gorhi'rnadores. 

ítem : (lue el tiemix) ([ue Su .\lteza estuviere ausente de 
estos Reinos, i)or cuya causa hay necesidad de haber Gober- 



— 297 — 

nadores en ellos y en cualquier caso (jue haya necesidad de 
Gobernador ó Gobernadores por ausencia del Rc>-, ó en otra 
cualquier manera, que los tales Gobernador ó Gobernadores sean 
naturales por origen de estos Reinos de Castilla y de León, y 
puestos y elegidos á contentamiento del Reino, en quien con- 
curran esta cualidad en naturaleza de origen y las otras cuali- 
dades que la ley de la partida dispone ; y que aquélla se guarde 
y cumpla perpetuamente, así en la orden de elección >• ]m)vi- 
sión como en las cualidades, que disponen en cualquier caso 
que haya de haber Gobernador ó Gobernadores, así pcjr mino- 
ridad de edad ó por ausencia ó por otro cualquier caso ó manera. 

ítem : que la provisión ó provisiones de Gobernadores que 
Su Majestad hubiere dado en estos Reinos contra la forma su- 
sodicha. Su Majestad dé ó declare por ninguno y mande que 
ellos ni ninguno de ellos no pueda usar del dicho oficio. 

ítem : que el Gobernador ó Gobernadores que asf fueren 
puestos por la manera susodicha, tengan poder de proveer ofi- 
cios y encomiendas y administraciones de justicia y Capitanías 
y desagraviar los agravios y proveer no sólo en estos Reinos 
de Castilla, mas en las Indias y tierra firme descubiertas y 
las que de aquí adelante se descubrieren, y que lo provean 
dentro de diez días y que puedan presentar á las dignidades 
que vacaren, y puedan proveer todo aquello que la Real per- 
sona puede, con que no puedan hacer gracias ni mercedes de 
patrimonio Real, ni cosa que á ello toque. 

Huéspedes. 

ítem : porque de los huéspedes que en estos Reinos se han 
dado y dan, demás de ser una cosa muy exorbitante y no que 
se hace en ningún Reino de cristianos ni de infieles, se han 
seguido y siguen grandísimos daños é inconvenientes, que son 
tantos que no se pueden en breve escritura declarar, y los va- 
sallos de Su Alteza son fatigados y damnificados así en honras 
y vidas como en haciendas, que aquí adelante perpetuamente 
se quite esta servidumbre tan dañosa y abominable, y que en 
estos Reinos y señoríos no se den huéspedes por ninguna ma- 



— 2Í)8 — 

ncra, ni ix)r parte de los Reyes naturales ni de los señores 
Prelados de las villas y lugares en estos Reinos, y si de hecho 
los dieren, no sean obligados á recibirlos si no fueren de su 
grado y i)agándole las posadas, concertándose 7>rimero con los 
señores y moradores de las casas. 

Pero (¡ue yendo Su Alteza de camino se den posadas á su 
casa y corte sin pagar dinero por el aposento de las casas y 
ropa, contando que siendo así, de camino. Su Alteza ó Corte 
estuviere en algún lugar más de seis días que dende en ade- 
lante se paguen las dichas posadas, lo que fuere tasado por 
la justicia ordinaria del tal lugar, y que aunque sea sujeto 
á alguna ciudad ó villa los Alcaldes del tal lugar tengan ju- 
risdicción para tasarlo y hacer pagar, y asimismo se dé apo- 
sento sin dinero á la gente de guardas y guerra en los lugares 
como se ha acostumbrado en estos Reinos. 

ítem : (lue la Casa Real de Su Majestad y los Reyes, Prín- 
cipes é Infantes que de aquí adelante fueren se hayan de dar 
y den posadas convenientes para toda la casa y personas Reales, 
sesenta posadas y no más para los oficios que de necesidad han 
de estar cerca de palacio para servicio de la Casa Real, y que 
estas posadas se las señale la misma ciudad, viUa ó lugar donde 
la Corte estuviere con personas diputadas por el Conseju, Jus- 
ticia y Regidores de él y que sean convenientes para las perso- 
nas qtíe allí hubieren de posar, y que estas sesenta posadas se 
paguen á los dueños ó moradores de las casas tasadas por las 
personas que así fueren nombradas para hacer el aposento. Y 
que en la paga de esto contribuya la ciudad, villa, lugar ó 
tierra, repartiéndolo por sisa y repartimiento en que contri- 
l)u\an >■ paguen exentos ó no exentos; y que este repartimien- 
to y sisa tengan poder para hacerlo y echar al Consejo, Jus- 
ticia y Regidores de la tal ciudad, villa ó lugar sin haber de 
pedir licencia á Su Alteza, con tanto que á so color de esto 
no repartan ni cobren más de lo que montare el dicho aposento, 
so la pena de la ley. 

ítem : que este aposento c|ue se ha de dar á la casa y 
7)ersonas Reales no se entienda cuanto á los de su Consejo, 
Alcaldes de su Casa y Corte, ni alguaciles, ni otros Jueces, ni 



— 29y — 

oficiales cualesquiera que sean, aunque sean Contadores mayo- 
res ó Contadores de cuentas, ni á sus tenientes ni oficiales, 
porque todos estos lo han de pagar y han de ser aposentados 
por sus dineros por la orden y manera susodicha. 

ítem : que Su Alteza y los Reyes y Príncipes que después 
fueren no den cédula general ni particular, ni mandamiento 
alguno para los vecinos de las tales ciudades, villas y lugares 
para que reciban huéspedes contra su voluntad, y si se diere 
alguna cédula general ó particular, de ruego y mandado, que 
sean obedecidas y no cumplidas, y que por ello los dueños y 
moradores de las dichas casas no sean obligados á recibirlos. 

Alcabalas y rentas Reales y encabezamientos. 

ítem : que las alcabalas y tercias de todos estos Reinos que 
pertenecían á la corona Real sean reducidas y se tornen al 
número y cantidad que se encabezaron por los Católicos Reyes 
Don Fernando y Doña Isabel el año pasado de 1494, y que 
en aquel precio ó valor que queden encabezados perpetua- 
mente las ciudades y viUas y lugares de estos Reinos con sus 
partidos y los lugares de señorío y abadengos para que no pue- 
dan más en ningún tiempo subir y bajar, pues esta fué la vo- 
luntad de la serenísima Reina Doña Isabel, nuestra señora, 
como parece por su testamento y es aumento de sus rentas Rea- 
les y bien de estos Reinos, porque siempre han venido á la Cá- 
mara real más dineros de los encabezamientos que no de los 
arrendamientos pvijados, por las quiebras que ha habido y hay 
en los arrendadores, y las rentas son mejor pagadas y están más 
seguras, y las pujas se quedan en prometidos y entre los otros 
oficiales, y por los encebezaraientos los Reinos no son fatigados. 

ítem : que los pueblos hayan de tomar y tomen en el dicho 
encabezamiento perpetuo los dichas alcabalas perpetuas y las 
. tercias, y que sean obligados á pagar los situados que hubiere 
en las dichas alcabalas y tercias y de acudir con lo demás á Sus 
Majestades ó á su Tesorero y pagar lo que en ellos fuere librado 
hasta la cantidad de lo que fincare, después de pagados los si- 
tuados y juros á los plazos acostumbrados, >• de esta manera 



— 300 — 

vSus Altc7.a> \ Mis criados y contiiujs y su Real Casa serán bien 
¡):iga(los y cesarán los cohechos y baraterías de las libranzas 
y no hal)rá necesidad de tantos oficiales de Sus Altezas y aho- 
rrará mucha suma de maravedíes y quitaciones inmensas que 
se darán á oficios (¡uc serán nuevos. 

ítem : que la Reina y Rey nuestros señores y sus sucesores 
en estos SUS Reinos se contenten perpetuamente de llevar las 
dichas alcabalas por el dicho encabezamiento y no más, pues 
serán ciertas y no variables, ni se perderá cosa alguna de ellas, 
ni se podrá disminuir por causa alguna, y con estas rentas de 
alcabalas y tercias y con las otras rentas ordinarias y extraordi- 
narias que pertenecen á su Corona Real, así de penas de cá- 
mara y confiscaciones de bienes y rentas de las salinas y servi- 
cio y montazgos, almojarifazgos y puertos secos, y monedas 
foreras y pechos y derechos ordinarios del Reino, y con las ren- 
tas de los maestrazgos y con los bienes de las Indias, islas y tie- 
rra firme, los estados reales se pueden sustentar y aumentar 
sin eme se pidan ni se demanden otros servicios algunos ex- 
traordinarios en estos Reinos á sus subditos y naturales, en 
Cortes y fuera de Cortes, con que se fatigan mucho los pueblos 
y sus reales conciencias se encargan mucho del gran daño de 
la república de estos Reinos. 

ítem : que los dichos encabezamientos perpetuos gocen ge- 
neralmente todos los vecinos de todas las ciudades, villas, luga- 
res y señoríos y abadengos que así fueren encabezados, que 
entre ellos no se puedan arrendar les partidos por menudo 
por más precio de los dichos encabezamientos de la cuantía de 
lo que en ellos se montare, salvo solamente para los gastos 
que fueren necesarios para la cobranza de los dichos encabe- 
zamientos. 

ítem : que cada ciudad ó villa, en la cabeza del partido, 
haya una arca puesta por la ciudad ó villa que es cabeza de 
partido en lugar seguro, donde se recojan las rentas Reales, 
y (|Ue se vea y provea lo que fuere necesario para el estado del 
Reino y principalmente se i)rovea en el estado y Casa Real 
de la Reina, nuestra señora, cumplidamente, según cumple á 
su servicio y al estado de su Real persona y á la honra de 



— 301 — 

estos Reinos, y luego á la paga de la gente de las guardas y 
consejos y chancillerías y todas las cosas ordinarias del Reino, 
y de esto se pague el situado, y en los oficios de puertos y 
montazgos y almojarifazgos y si algo faltare en la Casa de la 
contratación de Sevilla ; y to<lo el restante de las rentas y patri- 
monios Reales de estos Reinos se atesoren >• guarden para en 
tregarlo á Su Majestad cuando plega á Nuestro Señor que en 
en estos sus Reinos venga ó para socorrer sus necesidades y á 
las de estos Reinos cuando se viere ser verdaderas y necesarias, 
ítem : que las albaquias de las rentas y cosas rezagadas de 
las rentas Reales de diez años arriba no se puedan cobrar, por- 
que en el arrendamiento de la cobranza de ellas de lo que se 
debe de diez años arriba se hacen en estas rentas opresiones 
y agravios á los naturales de estos Reinos y á sus fiadores é 
hijos y herederos, porque después de tanto tiempo no puedau 
mostrar los libramientos que en él fueren hechos ni cartas de 
portazgos. 

Procuradores de Cortes. 

ítem : que el servicio que por algunos Procuradores de 
Cortes fué otorgado y concedido á Su Alteza en la ciudad de 
la Coruña, que no se pida ni cobre, ni se pueda echar otro al- 
guno en algún tiempo, ni se pongan otras imposiciones ni tri- 
butos extraordinarios por Sus Majestades, ni por otros Reyes 
que después sucedieren en estos sus Reinos. 

ítem : que cuando hubiere de haber Procuradores de Cor- 
tes que se guarde en el estado de Ayuntamiento y regimiento 
la costumbre de cada ciudad y demás que vaya un Procurador 
del Cabfldo de la Iglesia y otro del estado de caballeros y otro 
del estado de la comunidad. Y que cada estado elija y nombre 
su Procurador en su Ayuntamiento, y que estos Procuradores 
se paguen de la ciudad ó villa, salvo que el Cabildo de la Igle- 
sia pague su Procurador. 

ítem : que cuando se hicieren Cortes y fueren llamados 
para ellas Procuradores de las ciudades y villas que tienen voto, 
que Sus Majestades y los Reyes que después de ellos sucedie- 



— 302 — 

rcu Lii estos sus Reinos no les envíen ix)der, instrucción ni 
inandaniientü de (jué lornia se otorguen los poderes, ni nom- 
bradas las personas que fueren por Procuradores, y que las di- 
chas ciudades y villas otorguen libremente los poderes de su 
voluntad á las per--oii;is í|uc Its i)arecierc que estuviesen bien 
á su república. 

ítem : que en las Cortes donde así fueren los Procuradores, 
tengan libertad de juntarse y conferir y practicar los unos 
con los otros libremente, cuantas veces quisieren y por bien 
tuvieren ; y que no se les dé Presidente que esté con ellos, 
porque esto es impedirlos que no entiendan en lo que cumple 
á sus ciudades y bien de la república á que son enviados. 

ítem : (jue los Procuradores que císí fueren enviados á las 
dichas Cortes, en el tiempo que en ellas estuvieren hasta ser 
vueltos á sus casas, antes y después, por causas de haber sido 
Procuradores y serlo en las dichas Cortes, no puedan haber 
receptoría por sí ni xhít interpósita persona ni por ninguna 
causa ni color que sea, recibir merced de Sus Altezas ni 
de los Reyes sus sucesores que fueren en estos Reinos, de 
cualquier cualidad que sea, para sí ni para sus mujeres, hijos, 
ni parientes, so pena de muerte y de perdimiento de bienes ; 
y que estos b'ienes sean para los reparos públicos de la ciudad 
ó villa cuyo Procurador fuere, porque estando los Procuradores 
libres de condición, sin esperanza de recibir merced alguna, 
entenderán mejor en lo que fuere servicio de Dios y de su Rey 
y bien público y en lo (jue i)or sus ciudades y villas les fuere 
cometido. 

ítem : que los Procuradores de Cortes solamente puedan 
haber y llevar el salario (¡ue les fuere señalado por sus ciuda- 
des y villas, y que este salario sea competente, según la cuali- 
dad de la personti y lugar y parte donde fueren llamados para 
Cortes ; y que este salario se pague de los propios y rentas de 
la ciudad ó villa que le en\iare v se tase y modere por el Con- 
sejo, Justicias y Regidorías de la ciudad ó villa, sin embargo 
de cualesquier i)rovisiones, leyes y costumbres que tengan que 
lo limiten. 

ítem : (|iu los Procuradores de Cortes elijan y tomen letra- 



— 303 — 

do ó letrados de Cortes cuales quisieren y que las ciudades ó 
villas les paguen salario y i)uedan quitar á su voluntad y poner 
otro cada vez que les pareciere, y que el dicho letrado no 
pueda pedir ni haber merced de Sus Altezas ni de otra per- 
sona alguna por ello, de la manera que está instituido desuso 
en los Procuradores de Cortes, y que no pueda estar con ellos 
otro letrado, sino el que el Reino eligiere. 

ítem : que Sus Altezas revoquen y den por ningunas todas 
las mercedes de cualquier cualidad que sean y fueran hechas 
de los Procuradores de Cortes que fueron á las Cortes últimas 
que se hicieron en el Reino de Galicia, y que ellos ni sus hijos 
ni herederos n¿ sucesores puedan usar ni usen de ellas so pena 
de perdimiento de sus bienes para los reparos públicos de la 
dicha ciudad ó villa cuyos Procuradores fueren. 

ítem : que de aquí adelante perpetuamente, de tres en tres 
años, las ciudades y viUas que tienen voto en Cortes se puedan 
juntar y junten sus Procuradores que sean elegidos de todos 
tres estados, como de suso está dicho en los Procuradores de 
Cortes, y lo puedan hacer en ausencia de Sus Altezas y de los 
Reyes sus sucesores, para que allí juntos vean y provean cómo 
se guarda lo contenido en estos Capítulos y platiquen y provean 
en las otras cosas complideras al servicio de la Corona Real 
y bien común de estos Reinos. 

ítem : que acabadas las dichas Cortes los dichos Procura- 
dores, dentro de cuarenta días continuos, sean obligados á ir 
personalmente á su ciudad á dar cuenta de lo que así fuere he- 
cho en las dichas Cortes, so pena de perder el salario y de ser 
privado del oficio, y que Sus Altezas provean de él como va- 
cantes. 

Moneda. 

ítem : que en ninguna manera se saque ni pueda sacar de 
estos Reinos y señoríos moneda alguna, ni oro ni plata labrada 
ni por labrar, pues está prohibido por las leyes de estos Reinos 
con la pena de muerte y confiscaciones de bienes y otras penas, 
porque de haberse hecho lo contrario, especialmente después 



- 304 - 

qiu- Sil Míijcstud vino á estos Reinos, el Reino está pobre y 
])er<li(lo. 

ítem : que se labre luego moneda nueva en estos Reinos 
que sea diferente en ley y valor á la que se labra en estos Reinos 
comarcanos, y que sea moneda apacible y baja y de ley de vein- 
tidós (|uilates, que en el peso y valor venga al respecto de las 
coronas de sol que se labran en Francia, porque de esta ma- 
nera no lo sacarán del Reino, con tanto que los que debieren al- 
gunas cuantías de maravedíes á plazos pasados, antes del día 
de la publicación de la moneda que nuevamente se labrare quj 
sean obligados á pagarla en la manera que antes corrían aquel 
respecto en la moneda que nuevamente corriere. 

ítem : qiK- }o de más que valiere la moneda que nuevamente 
se deshiciere y labrare que de este más valor se pague á los 
oficiales los dineros acostumbrados y no se pueda crecer, y que 
todo lo otro se haga tres partes y Sus Altezas lleven la tercia 
parte y las dos tercias partes el dueño y señor de la moneda 
que la deshiciere y labrare, y que esto recibirán Sus Altezas 
en servicio y compensación de los gastos que de las rentas 
Reales han gastado las ciudades en los movimientos acaecidos 
en estos Reinos. 

ítem : que la moneda de plata qiie se labrare nuevamente 
sea al respecto del valor de la moneda nueva de oro, menguado 
el r>eso del real. 



Plata. 



ítem : que el marco de la plata fuera de las Casas de la 
moneda valga solamente precio de 2.250 maravedíes, porque 
cada uno lo convierta en reales y no lo venda en plata. 

Vellón. 

ítem : que se labre moneda nueva de vellón, y porque la 
plata que en él se echa demasiada es perdida, que solamente 
se eche en cada marco de vellón un real de los que nuevamente 
se hubieren de hacer. 



— 3^5 — 

ítem : porque las monedas de plata baja y \ellón que son 
extranjeras de estos Reinos valen mucho menos de los precios 
en que acá se gastan, y la ganancia de ellas queda fuera del 
Reino y aun por ello se saca la moneda de oro, que pasados 
seis meses que se comenzare á labrar la moneda nueva no co- 
rran en estos Reinos ni valga la dicha moneda extranjera baja 
de plata y de vellón y que así se publique y pregone. 

ítem : que la moneda vieja que ahora corre en ninguna ma- 
nera se pueda gastar ni dar ni vender fuera de las c;'sas de la 
moneda directa ni indirecta á más precio de lo que ahora vale, 
so pena que el que lo hiciere pierda la moneda y la tercia 
parte de sus bienes, porque todo se labre y haga moneda nueva. 

ítem : porque antes que se acabe de labrar la moneda y 

especialmente en los principios, los que tienen por trato de 

sacar moneda de estos Reinos pondrían diligencia en sacarla, 

que se pongan nuevas guardas en los puertos, así de mar como 

de tierra, y personas que entiendan en ello y no en otra cosa 

i 
y sean personas de confianza, y que al que hallaren que la 

saca le castiguen y den pena de muerte, procediendo' en ello 
solamente la verdad sabida, sin otra tela de juicio y que no 
haya ni pueda haber remisión de esta pena, y que si los que 
tuvieren este cargo no lo ejecutaren, que se les dé á ellos ^a 
misma pena, y porque esto mejor se cumpla, que el que lo de- 
nunciare haya y lleve la mitad de la moneda que se tomare. 

Sacas de pan, cueros, ganados y lanas. 

ítem : que no se puedan sacar n' taquen fuera de estos 
Reinos pan ni los cueros de Sevilla, y que se rex^oqucn y den 
por ningunas las mercedes é imposiciones que se dieron é im- 
pusieron en algunas partes de estos Reinos de llevar ciertos 
dineros por dar licencia para sacar pan fuera de eUos y rara 
sacar los cueros de la dicha ciudad de Sevilla, ix)rque de más 
de ser imposición mala es muy gran daño y perjuicio de csto- 
Reinos y de la ciudad de Sevilla; y que Sus Altezas y tus 
sucesores no den más las dichas licencias por dineros ni por 
vía de imposición alguna. 



- ao6 - 

Itcni : (]ue no se puedan sacar ni saquen de aquí adelante 
perpetuamente ganado ni puercos vivos ni muertos algunos 
\cndidos de estos Reinos para otros Reinos, aunque sean de S-.is 
Católicas Majestades, pues por experiencia parece los grandí- 
simos daños (lue se han s:-guido á la república de saciir los 
ganados fuera de estos Reinos, que por esta causa ss ha su- 
bido 'el precio de las carnes y de los cueros y calzado y seb) 
dos tanto más de lo que solía valer ; y no sacándose los di- 
chos ganados se tornará todo al precio qr.e antes solía valer, 
que es gran bien para estos Reinos, y que haciendo lo contrario 
el comprador pierda el ganado y el vendedor pierda el pr.cio 
de ello con otro tanto, y que apl'quen la mitad para la Cámara 
y fisco de Sus Altezas y la otra cuarta parte para los raparos 
y obras públicas de la c'.udad ó villa adonde ó en su tierra 
fuere vecino el tal vendedor. 

ítem r que los mercaderes y hacedores de paños y de otros 
obrajes de estos Reinos puedan tomar para gastar y librar en 
ellos la mitad de cualesquier lanas que hubieren comprado los 
naturales y extranjeros para enviar fuera de estos Reinos, pa- 
gando el mismo precio porque así las tuviere compradas, lu?go 
como lo pagaren los compradores. Y si lo hubieren comprado 
fiado, dando seguridad de pagarlo á los plazos y de la manera 
que los otros lo tein'an comprado y con las mismas condiciones 
y dando fianzas de indemnidad á los mismos obligados y á sus 
fiadores. Y que las justicias lo tomen de los pastores ó com- 
pradores y lo entreguen á las tales personas, y no consientan 
que sobre esto haya fraude alguno ni pleito, sino que sabida 
la verdad brevemente lo entreguen á los tales que lo quisieren, 
por el tanto, para labrarlo en estos Reinos, pagándolo ó d;.ndo 
la dicha seguridad. Y que la justicia que en esto fuere negli- 
gente pierdjt el salario de todo el año y sea obligado al daño 
é intereses de la parte. 

Lo que toca á Consejo, Audiencias y Justicias. 

ítem : que á Su Majestad plcga de quitar y se quiten los del 
s\> Consejo (¡ue hasta aciuí ha tenido, pues que tan mal y á tan 



- 307 — 

daño de Su Alteza y de su Corona Real y de sus Reines le han 
aconsejado. Y que éstos en ningún tiempo puedan ser ni sean 
del su Consejo secreto, ni de la Justicia, ni de la C.uerra, y que 
tomen personas naturales de estos Reinos para poner en sus 
Reales Consejos, que sean tales de quien se ccnozca lealtad 
y celo de su servicio y que pospongan sus intereses particu- 
lares por el bien público. 

ítem : que los del Consejo Presidente y Oidores y Alcal- 
des y oficiales de las Audiencias y Cancillerías sean visitados 
de cuatro en cuatro años según y de la manera qre se suelen 
v'sitar, y los que fueren hallados culpados sean punidos y cas- 
tigados como las leyes de estos Reinos disponen s.gúu li cua- 
lidad de la culpa, y los que no se hallaren culpados sean reco- 
nocidos por buenos y remunerados por Su Alteza. 

ítem : que los dichos oficios, así del Consejo como de las 
Audiencias y Casa y Corte y Cancillerías, no se den ni Su 
Alteza los mande proveer ni provea por favor, ni á petición 
ni suplicación de qu'en los procurare, ni de grande y personas 
afectas á Su Majestad, mas que se provean los dichos oficios 
por habilidad y merecimientos, de tal manera que sea la pro- 
visión á los oficios y no á las personas, y lo que contra el 
tenor de esto los procuraren ó hubieren, que el Reino no los 
haya por oficiales y sean inhábiles para no poder tener y usar 
más de los dichos oficios ni otros oficios públicos. 

ítem : que los dichos oficiales del Consejo Real y Audien- 
cias Reales y Alcaldías de Cortes y Cancillerías no se pue- 
dan proveer ni provean á los que nuevamente salen de los es- 
tudios, y que se provean á personas en quien concurren las cuali- 
dades necesarias para el servicio de vSu Majestad y que sean 
personas que tengan experiencia para el uso y ejercic'o, que 
primeramente hayan tenido de las letras y oficios de Juzgados 
y Abogados, porque de haberse hecho lo contrario hasta aquí 
se han seguido en estos Reinos gran'des inconvenientes «v 
daños. 

ítem ; que los Oidores del Consejo Real y de las Audien- 
cias y Cancillerías que votaron en las primeras sentencias no 
puedan votar ni sentenciar los procesos en grado de revist;., 



— i?JS — 

y <|Uf i)ascn la vista y voto de los tales pleitois por orden, á 
los oidores de otra Sala como se hace en los pleitos que por 
discordia se remiten de ima Sala á otra, porque de las sen- 
tencias (jue dan los del Consejo y oidores de las dichas Au- 
diencias, viéndolo ellos mismos en revista se han seguido y 
siííuen muchos inconvcn'entes, porque se muestran aficiona- 
dos á confirmar sus suitcncias y las defienden como si fuesen 
abogados de la parte en cuyo favor primeramente sentencia- 
ron ; y todos los pleitos se verán por dos Salas y sin inconve- 
niente alguno, y no serán menester las cédulas que los plei- 
teantes por estas causas procuran para que los pleitos se vean 
por dos Salas. 

ítem : que de aquí adelante Su Majestad provea un Veedor 
en cada una de las Audiencias y Cancillerías Reales, para 
que rc«iidan en ellas como solían estar y residir en el t'empo 
de la Católica Reina Doña Isabel, nuestra señora, que sean per- 
sonas de autoridad y buena intención que vean y provean como 
se guardan las Ordenanzas y se vean los pleitos conforme á 
en cada una de las Audiencias y Cancillerías Reales, para 
vios que reciben. Y para que Su Majestad pueda ser infor.rado 
de ellos del estado de sus Audiencias y de la justicia que en 
ellas se administra. 

ítem : que los dichos oficiales del Consejo y Cancillerías 
y Alcaldías no sean perpetuos, pues esto cumple al servicio 
de Su Alteza y bien de sus Reinos que los oidores y Alcaldes 
no se tengan por señores de los oficios ni por injuriados por- 
<iuc se los quiten y pongan otros en su lugar. 

Consejo y Audiencias. 

ítem : que los dichos oficios del Consejo público y secreto, 
en lo que tocare á estos Reinos de Castilla y de León, y oido- 
res y alcaldes de la Casa y Corte de Su Majestad y de las Can- 
cillerías y de todos los otros oficios de Justicias, no se den ni 
puedan dar á extranjeros, sino á vecinos y naturales de ellos, 
y que cerca de esto no se puedan dar cartas de naturaleza y 
las cjuc se dieren y fueran dadas sean obedecidas y no ciuu- 
plidas, y (jue el número de los oidores del Consejo ó Justicia 



— 309 — 

sean doce y no más ni menos, y sean personas (jue tengan las 
cualidades que mandan las leyes de estos Reinos. 

ítem : que los pleitos se vean en Consejo y Cancillerías 
por su orden y antigüedad de la tabla, y por las Salas donde 
fueren, sin juntar otras Salas á ello, y qne cerca de esto Su 
Majestad no dé cédula ninguna en derogación de las Ordenan- 
zas, y asimismo que los pleitos que fueren de conocerse y tra- 
tarse en Cancillería no se retengan ni remitan al Consejo por 
cédulas, y que los Oidores que puedan conocer de los pleitos 
y causas no sean quitados á oir y determinar los d'chos pleitos 
por cédulas de Su Majestad, pues los que fueren sospechosos 
tienen las partes remedio de recusación, y s: Su Alteza algu- 
nas cédulas ha dado cerca de esto las anule y revoque. Desde 
ahora quede por ley perpetua é inviolable que Presidente y 
oidores del Consejo y Cancillerías que son ó fueren, no obe- 
dezcan las dichas cédulas, so pena de privación de los oficios 
y dé cada loo.ooo maravedíes para la Cámara de Su Majestad, 
y que lo mismo se guarde en las cédulas que se dieren para 
suspender los pleitos. 

ítem : que los del Consejo y Oidores de las Audiencias y 
Cancillerías y Alcaldes de Cortes y Cancillerías no puedan 
tener más de un oficio ni servirle, ni llevar quitación de más 
de un oficio, y que si tuviere dos oficios ó más que se les qui- 
ten y no puedan tener más de uno ni llevar salario por más 
de él. 

ítem : que las cosas de justicia que puedan tocar á perjuicio 
de parte, de aquí adelante se expidan y libren y rcferenden por 
los del Consejo de la Justicia y no se expidan ni libren ni re- 
ferenden por Cámara, porque de esta manera harán las cosas 
justificadas y sin agravio. 

ítem : que los refrendarios que señalaren por Cámara no 
tengan voto en el Consejo de Justicia sobre las cosas que de- 
pendieren sobre las provisiones y cédulas de Su Alteza que él 
hubiere refrendado y expedido por Cámara, porque no defien- 
dan en el Consejo las provisiones que hubieren refrendado, 
de q,ue las partes se agravian. 

ítem : que los refrendarios que señalaren por Cámara no 



— ;310 — 

inicdan llevar otra cosa, salvo el salario que Su Alteza pluguiere 
de ciarle que sea justo, porque por experiencia se ha visto que 
ellos han pedido y se les han concedido muchas cosas injustas y 
de imposiciones en el Reino, y porque todo el Re no han traído 
y traen avisos para lo que vaca y para haber formas y mane- 
ras cómo se puedan hacer y haber avisos é imposiciones nue- 
vas, y como esté el oficio de su mano p'den lo que quieren y 
se les ha concedido, y si los dichos refrendarios ó cualquiera 
de ellos, por sí ó por int.rpósita persona, pidieren algo pura 
sí ó para sus h'jos ó parientes, que pierdan por el mismo hicho 
los oficios, que no puedan más tenerlos y sean inhábiles para 
ellos y para otros cualesquier oficios. 

Itera : que de las sentencias definitivas que en las causa^^ 
criminales que los Alcaldes de la Casa y Corte y Cancillerías 
dieren que sea de muerte ó de mutilación de miembro ó de 
azotes haya lugar apelación ó suplicación, que se pueda apelar 
y suplicar de ellos en cualquier de los dichos casos de los Al- 
caldes de la Casa y Corte para ante los del Consejo, y de las 
Cancillerías para ante los Oidores de las Audiencias Reales, 
y cpie los dichos Alcaldes sean obligados á otorgar las tales 
apelaciones y suplicaciones conforme á derecho. 

ítem : que los dichos Alcaldes, así de la Casa y Corte de Su 
Alteza como de las Cortes y Cancillerías y Notarios de cll is. 
no puedan llevar ni lleven por razón de las rentas y meajas 
más ni mayores derechos de los que llevan los Alcaldes o;(li- 
narios de los Corregidores de las ciudades y villas y lugares 
de estos Reinos donde estuviere el Consejo y residieren las 
Cancillerías. 

ítem : que las cartas y provisiones que dieren los del Con- 
sejo de comisiones para algunos Jueces, cualesquier que s.an, 
no manden poner ni pongan que las apelaciones que de ellr 
se interpusieren vengan ante ellos y no ante las Audiencias ; 
y que si lo pusieren, sin embargo de la tal cláusula, las ape- 
laciones de los tales Jueces de comisión vayan libremente á 
las Audiencias, salvo solamente en los casos en que según las 
leyes de e.stos Reinos los del Consejo puedan conocer en grado 
de apelación. 



— ;ui — 

ítem : que los Alcaldes y Oficiales de 1 1 hennandad hagan 
residencias de sus oficios cuando dejaren las varas, que les tcr- 
nien las residencias los Alcaldes de la hennandad que suce- 
dieren después de ellos en el oficio, y que é.-.tos teno^an pod.r 
de oir y librar los tales pleitos y ejecutar sus sentencias contr-i 
los dichos Jueces y Oficiales pasados. 

ítem: que los Corregidores y Alcaldes y OficiaLs de lis 
ciudades y villas y lugares y adelantamientos y otras Justicias 
de estos Renos que no puedan ser prorrogados ni se prorro- 
guen sus oficios por más de un año, después del pritnero de 
su provisión, aunque las ciudades \' villas y comundadcs lo 
pidan y supliquen, porque de haberse prorrogado los tales ofi- 
cios por más tiempo se han seguido mucho; inconvenientes y 
habido defecto de just"cia en las tales ciudades y villas. 

ítem : que de aquí adelante no se provean de Corregid >- 
res á las ciudades y villas de estos Reinos, salvo cuando las 
ciudades y villas y comunidades de ella lo p'dieren, pues es 
conforme á lo que disponen las leyes del Reino, y que las taks 
ciudades y villas pongan sus Alcaldes ordinarios que sean sufi- 
cientes y así cesarán los salarios que los Corregidores y sus 
Tenientes llevan, y que las ciudades y villas puedan consentir 
y dar moderado salario á los tales iVlcaldes ordinarios de los 
propios y rentas de la tal ciudad ó vUa, y que los tales Ju:ces 
así salariados no Ueven ni puedan llevar accesorias algunas. 

ítem : que en los casos que hubiere lugar de Juez p:.sq'.-i- 
sidor, los que así fueren proveídos por Jueces pesquis-dores 
vayan con el salario tasado á costa de la Cámara y Fisco Real, 
y que no vayan á costa de culpantes, porque por cobrar su 
salario hacen culpantes los inocentes y sin culpa, y después 
los dichos salarios y costas se cobren de los quj fueren falla- 
dos y declarados y condenados por culpantes j or los del Con- 
sejo ó por otros Jueces que hubieren de. ver las dichas pes- 
quisas en grado de apelación ó por comisión ó de otra manera. 

ítem : que no se libren ni puedan librar de aquí adelante 
á Corregidor ni á otro Juez alguno, de ciiakiuier cualidad que 
sea, su salario ni parte alguna de él, ni ])ara ayuda de costa 
ea. las penas que los mismos Jueces condenaren y aplicaren 



— 3i2 - 

á la Cámara y F'isco de Su Majestad, porque por cobrarlo no 
se i)resuiiia de ellos que condenaran injustamente, y que los 
Jueces (¡ue recibieren tales libramientos y los cobraren que lo 
vuelvan c<}U el cuatro tanto para la Cámara y Fisco Real, y 
queden inháb'les de tener oficios públicos. 

Encomiendas y Consejo de las órdenes. 

Ítem : (]ue los del Consejo de las órdenes, Presidente y 
Oidíjres y Oficiales de él sean visitados de la manera que está 
dispuesto en los del Consejo Real. 

ítem : que los Contadores y Oficiales de las órdenes y 
Maestrazgos hagan residencia de tres en tres años, porque se 
sepa cómo usan de sus oficios, y los que se hallaren culpados 
sean castigados. 

ítem : que las Encomiendas de las Ordenes militares de 
Santiago y Calatrava y Alcántara no se puedan dar ni den, 
ni se puedan proveer á extranjeros algunos, aunque tengan 
cartas de naturaleza, y que en esto se guarde lo dispuesto y 
dicho en los oficios y dignidades y beneficios eclesiásticos con 
que se provean, según Dios y orden, conforme á les estatutos 
de la Orden. 

Bulas y Cruzadas y composiciones. 

ítem : que no se consientan predicar ni prediquen en estos 
Reinos bulas ni Cruzadas, ni composición de cualquier cuali- 
dad que sea, si no fuere con causa verdadera y necesaria, vista 
y determinada en Cortes, y que el dinero que de ella se hu- 
biere se deposite en la iglesia catedral y colegial en la cabeza 
del Obispado, y esté allí depositado por que no se saque ni 
pueda gastar sino en aquella cosa de necesidad i>ara que fué 
concedida la tal bula. 

ítem: que en caso (jue se hayan de predicar las dichas 
bulas. Cruzadas y composiciones conforme al capítulo de arri- 
ba, que en la orden de predicar se tenga esta manera : que se 
litigan personas honestas y de buena conciencia >• que sean 



— 313 - 

letrados y sepan y entiendan lo que predican, y que éstos no 
excedan en el predicar de los casos y cosas contenidas en las 
bulas, y que no se prediquen sino solamente en las iglesias ca- 
tedrales ó colegiales y se den á los curas de las tales igles'as 
para que ellos las divulguen y publiquen á sus parroquianos 
sin que los atraiga á que por fuerza las tome, sino (pie la re- 
ciban y tomen , si quisieren y que no se haga otra pena ni 
exorbitancia de las que se suelen hacer hasta aquí, hacién- 
dolos venir y deteniéndolos por fuerza en los sern^ones, y no 
dejándolos ir á sus haciendas por que las tomen y otras malas 
maneras que se han tenido. 

ítem : que lo que se hubiere de cobrar de las bulas así re- 
cibidas no se cobren por vía de excomunión ni entredicho, y 
que se cobre pidiéndolo ante la justicia .seglar de las tales 
ciudades y viUas y lugares donde se hubiere tomado, y (lue 
los Alcaldes pedáneos de las aldeas tengan jurisdiccón para 
esto, porque de hacerse lo contrario se ha visto y conocido el 
gran peligro que las ánimas de los labradores y rústicos y 
otras personas reciben y las muchas y graves opresiones que 
se hacen en la manera del cobrar. 

ítem : que en estos Reinos no se consientan predicar ni 
publicar bula ni indulgencia alguna por dcnde se suspendan 
las t>asadas. 

ítem : que de aquí adelante perpetuamente los Comisarios 
de las Cruzadas y composiciones no lleven ni cobren cosa al- 
" guna de lo que algunas ciudades y villas y lugares y cofradías 
de sus propias casas y haciendas gastan en comer y en correr 
toros y caridades, aunque lo tengan por co.=tumbre de tiempo 
antiguo, ó por voto, ó de cualquier manera que lo hagan. 

ítem : que los dineros que se hubieren de las bulas, Cru- 
zadas, subsidios, composiciones que fueren concedidas para 
la guerra de los moros, gastos y costas de los ejércitos que se 
han de hacer y hacen contra los enemigos de nuestra santa 
fe católica- y en sostener los Reinos y ciudades de África, qu: 
se gasten en aquellas cosas en que y para que fueron conce- 
didas y se concedieren de aquí adelante y no en otra cosa al- 
guna, y que no se pueda hacer merced ni \alga la qi.e se hi- 



— 314 - 

cierc en persona alguna de los dichos maravedís ni de parte 
alfíii'!;' de ellos, poniue demás del daño de la cosa pública de 
no gastarse en aciuello para que fué concedida, hay peligro en 
las ánimas .para no ganarse las indulgencias que las dichas 
Itulas conceden, y gastándose en ello y como se deben gastar, 
las rentas Reales quedarán libres para el servicio y aumento 
del estado Real. 

ítem : (lue las mercedes y libranzas de cualesquier mara- 
vedís de las dichas bulas y Cruzadas, composiciones y subsi- 
dios que se han hecho á personas particulares, así naturales 
como extranjeros, y de los alcances que sl- hicieron á los Te- 
soreros V á los Oficiales se revoquen y den por ningunas, >• lo 
que estuviere por cobrar de las dichas mercedes se cobre en 
nond)re de vSus Altezas para gastarse en las cosas susodicha^. 

Indias, islas y Tierra firme. 

ítem : (jue no se hagan ni puedan* hacer perpetuamente 
merced alguna á ninguna persona, de cualquier calidad que 
sea, de indios algunos para que caven y saquen oro ni para 
otra cosa alguna, y que se revoquen las mercedes de ellas he- 
chas hasta aquí, porque en haberse hecho merced de los di- 
chos indios se ha seguido daño al patrimonio Real de Sus Ma- 
jestades, porque siendo cristianos, como lo son, sean tratados 
como infieles y esclavos, de que el patrimonio Real ha recibido 
disminución de mucho oro que pudiera haber habido de cUos. 

ítem : que la Casa de la contratación de las ciudades y villas 
de las Indias y Tierra firme sea y quede perpctu: mente en 
la ciudad de Sevilla, fjue es tan insigne y tan aparejada para 
ello, y sería grande daño de estos Reinos y deservicio de Sus 
iMajestades nmdar la dicha ley. 

Mercedes. 

ítem : que Sus Majestades ni los Reyes sus sucesores que 
fueren en estos sus Reinos no hagan ni puedan hacer merced 
algima de bienes confiscados ó que se hubieren de confiscar de 



— 315 -- 

ellos ni de parte de ellos á Juez ó Jueces que hubieren c'e juz- 
gar ó hubieren juzgado ó entendido en las dichas causas, y que 
los tales Jueces ni alguno de ellos no puedan recibir las tales 
mercedes para en pago de sus salarios ni para ayuda de costa, 
ni otra manera alguna, por sí, ni por interpositas personas, ni 
sus mujeres é hijos y criados ó parientes, porque de esta manera 
estarán libres de toda codicia é interés para bien y justamente 
proceder y sentenciar en los casos y cosas que entendieren, y 
que los que lo contrario hicieren sean obligados á tornarlo y res- 
tituir á la Cámara y Fisco Real con el cuatro tanto que quedin 
perpetuamente inhábiles para no poder tener los dichos o'c'os 
públicos algunos. 

ítem : que Sus Majestades y los Reyes que después suce- 
dieren en estos Reinos no hagan ni puedan hacer mercedes ni 
libranzas de bienes y dineros que no vinieren ni hayan venido 
á su poder y Cámara, porque de esta manera sabrán lo que es 
y la falta que les hace, y no teniéndolos ligeramente.- hacen las 
dichas libranzas y mercedes, como su han hecho pt.r Sa Majes- 
tad de gran número de ducados y de perlas y dineros y hubiera 
bastado para sustentar su Real Casa, sin buscar como han bus- 
cado para ello dineros prestados 3^ á logro, ni echar pedidos ni 
servicios á sus subditos ni naturales. 

ítem : que las mercedes y libranzas que Su Majestad ha he- 
cho de dinero, oro y plata y perlas, y en daño de su Cámara 
Real contra la forma y tenor de lo susod'cho, que se revoquen 
y se den por ningunas, especialmente todas las hechas á los que 
han tenido mal consejo en la gobernación de estos Reinos y de 
su Casa, y que se cobren para Sus Altezas lo que de ellos se 
pudiere haber. 

ítem : que Sus Majestades ni sus sucesores en estos Reinos 
no hagan ni puedan hacer mercedes de bienes que estén pedi- 
dos en nombre de Sus Majestades de la Corona Real de estos 
Reinos, sobre que están ó estuvieren pleitos pendientes sobre 
eUo, sin que priníeramente contra los poseedores de ellas sean 
dadas sentencias y aquéllas sean dadas por cosa juzgada, y que 
las mercedes que hasta aquí se han hecho de los tales bienes 
estando pleitos pendientes sobre ellos se revoquen, porque sería 



causa de no administrarse libremente y como se debe á la justi- 
cia, y quienes tales mercedes procuraren sean perpetuamente 
incapaces de no poder recibir jjor sí ni jxjr interpósita persona 
merced alpuna de vSus Alte/.as ni sus sucesores en estos sus 
Reinos. 

ítem : que se revoquen y Sus Majestades hayan por revo- 
cadas todas y cualesquier mercedes que sj hayan hecho después 
del fallecimiento de la Católica Reina Doaa Isaliel, así por los 
señores Rey Don Fernando y Rey Don Felipe como ¡jor el Rey 
Don Carlos, nuestro señor, y cualesquier confirmaciones que 
hayan hecho de cualesquier villas y lugares, términos, vasallos 
y jurisdicciones, salinas y de mineros de oro y plata y cobre y 
plomo, estaño y alumbre, pues además de estar esto prohibido 
por leyes de estos Reinos lo prohibió y vedó la Serenísima y 
Católica Reina Doña Isabel, nuestra señora, cuando por su tes- 
tamento dejó y encomendó la gobernación de estos Reinos al 
Católico Rey Don Fernando ; y que todo esto se aplique y quede 
aplicado á la Corona Real de estos Reinos, y que las personas 
que hubieren las dichas mercedes no usen ni puedan usar de 
ellas de aquí adelante. 

ítem : que por cuanto después del fallecimiento de la Cató- 
lica Reina Doña Isabel, nuestra señora, se han hecho muchas 
mercedes y dado cartas y privilegios de hidalguías y exenciones 
por dineros que se dieron á los que las procuraron, y otras 
se han dado sin justa causa y sin haber precedido méritos y 
servicios por que se les debiesen dar, lo cual ha sido en gran 
daño de los pueblos y comunidades y pecheros, que Sus Ma- 
jestades revoquen y hayan por revocadas todas las cartas y 
mercedes y privilegios que así se hubieren dado, y aquellos á 
quien se hicieron no i)uedan gozar ni gocen de ello, y de aquí 
adelante no se den n' concedan semejantes mercedes ni privi- 
legios de hidalguías, ni valgan las que se hicieren, ni esto se 
pueda derogar ni abrogar con cláusula general ni especial, ni 
ix)der ordinario ni absoluto. 

Ítem : por cuanto contra derecho y el tenor y forma de 
las leyes do estos Reinos se- han dado y hecho mercedes de 
expectativas de oficios, beneficios, dignidades y cosas que tie- 



— 31 < — 

nen hombres vivos, que Sus ^Majestades revocan y lian por 
revocadas las tales mercedes y expectativas que hasta aquí s-an 
dadas, así por Su Alteza como por los Reyes sus progenitores; 
y que de aquí adelante perpetuamente no se den ni ¡)uedan 
dar las tales mercedes y expectativas, y si se diertn no se cum- 
plan ni hayan efecto, aunque tengan cualesquier cláusulas de- 
rogatorias, con penas y firmezas, y (lue por no cumplirse v 
resistir no haya pena alguna, y que quien lo procurare quede 
inhábil para los dichos oficios y para otros oficios públicos. 

Oficios de la Casa y Corle Real. 

ítem : que Su Majestad ([uite á los Oficiales de su Casa 
Real para las cosas de estos Reinos, así Tesoreros como Con- 
tadores y sus lugartenientes y otros cualesquier que mal hu- 
bieren usado de sus oficios en deservicio de Su Majestad y en 
gran daño de la república de sus Reinos, teniendo como te- 
nían al tiempo que principiaron á usar los dichos oficios muy 
poco ó nada de sus patrimonios, y viendo y teniendo gran- 
des costas doblado de lo que tenían quitación y han habido 
grandes estados y rentas por los malos avisos perjudiciales al 
bien público de estos Reinos y naturales de ellos y en gran 
daño del patrimonio Real. 

ítem : que los Oficiales de la Casa Real y del Reino, así de 
Juzgados como de Consejo y Audiencias Reales y Alcaldes y 
oficiales de eUos y de la Casa y Corte Real, Corregimientos, 
asistentes y Alguacilazgos, regimientos y veinticuatrías, escri- 
banías de las Audiencias y Consejo, y de otros cualesquier 
Juzgados y cualquier otros oficios de las ciudades y villas v 
lugares de estos Reinos que á Sus Altezas y sucesores convie- 
ne proveer y hacer merced, que ahora y perpetuamente no se- 
vendan ni den por dineros, ni se haga merced de ellos á quien 
los hayan de vender y no haya de usar de ellos, que la vtnti 
de los tales oficios es muy detestable y prohibida por derecho 
común y leyes de estos Reinos por los grandes daños de la 
república, y que los dichos oficios se hayan de proveer libre- 
mente á personas hábiles y suficientes que los hayan de usar 
y ejercitar. 



— ;í18 — 

Itcni : (lue todos los dichos oficios y cualesquiera de ello.-, 
que se han proveído >• ¡¡roveyeren contra el tenor y fonna 
fie lo susodicho en el capítulo antes de éste, se hayan por va- 
cantes y pierdan los <iue así los hubieron y hubieren y Sus 
Altezas y si^ sucesores en estos Reinos puedan proveer de 
ellos conforme á lo susodicho. 

ítem : (jue los oficios (|ue se han de servir y sirvan en la 
Corte y fuera de ella en las ciudades y villas y lugares de estos 
Reinos, así de Juzgados y veinticuatrías y escribanías y otros 
semejanttó oficios, que no puedan tener ninguno más de un 
oficio y si fueren tales (lue se puedan servir por substitutos, 
que los substitutos y sus lugartenientes sean pagados y los pa- 
guen los oficiales principales, y que Sus Altezas y sus suce- 
sores no den salario alguno á los dichos substitutos, ni ellos 
lo consientan, so pena que por el mismo caso hayan perdido 
los oficios y se provea de ejlos á otras iiersonas como vacantes, 
ítem : que por cuanto de las confirmaciones de los privile- 
gios de los maravedíes de juro al quitar no se debían derechos 
ni se requiere confirmación de los tales privilegios, y los oficia- 
les han llevado miicha suma de maravedíes de ello, que Sus 
Altezas lo manden volver á las personas á quien así llevaron. 
y que sobre esto no se consienta haber pleito, salvo que libre- 
mente se devuelvan luego. 

ítem : (pie los oficiales de cualesquier oficios Reales, así 
de los Contadores mayores como de los Contadores de cuentas 
y de las Cruzadas y composiciones y de las Indias, islas y Tie- 
rra firme, sean obligados de avisar y manifestar á Sus Altezas 
y á los Reyes sus sucesores de cualesquier deudas que están 
olvidadas y rezagadas y otras cualesquier cosas que en los di- 
chos oficios pertenezcan al patrimono Real, y que no puedan 
hacer avi.so de ello á personas particulares para que puedan 
pedir mercedes, so pena que el que avisare ó hiciere aviso á 
persona part'cular como dicho es, que lo i>ague con el doble 
á la Cámara y i)atrimonio Real y sean y queden privados de 
los tales oficios y que no puedan haber aquellos ni otros ofi- 
cios de la Casa Real. 

ítem : cpie en las alha(|uias y arrendamientos de ellas no 



— 319 ~ 

puedan tener ni tengan parte los que han tenido ó tuvieren 
oficio Real á cargo de los libros de sus rentas Reales ; el que lo 
hubiere hecho ó hiciere que sea obligado de pagar todo lo que 
hubiere por los dichos arrendamientos con el doble para la Cá- 
mara de Sus Altezas, y pierdan los oficios y cualesquier sala- 
rios y acostamientos y maravedíes que tengan en los libros 
de Su Majestad. 

ítem : que todos los que Han comprado oficios después que 
falleció el Católico Rey Don Fernando, que no se podían ven- 
der según lo dispuesto por las leyes de estos Reinos y lo con- 
tenido en los capítulos antes de éste, que no puedan usar ni 
usen de los dichos oficios y los hayan perdido, y Sus Altezas 
provean de ellos á personas hábiles y suficientes. 

Residencias. 

ítem : que todos los ofic'ales que hayan tenido cargo de 
la hacienda de Su Majestad en el tiempo que administró estos 
Reinos el Católico Rey Don Fernando, su abuelo, hayan de 
hacer y hagan residencia y den cuenta de sus oficios y cargos 
y de lo que en ellos han hecho y de la hacienda y patrimo- 
nio Real que á sus manos ha venido, y que esta residencia y 
cuenta la hayan de hacer y den á personas nombradas por Su 
Alteza, ante las personas que juntamente con ellos nombrare 
el Reino, y que Su Alteza haya por bien de nombrar y nom- 
bre las tales personas dentro de treinta días después que por 
Su Majestad fueren otorgados estos capítulos y leyes, y si 
en el dicho término se nombraren, que se haga la residencia 
y den la cuenta ante las personas nombradas por el Reino, y 
que estos lo puedan recibir para la Cámara de Sus Altezas y 
condonar y ejecutar los alcances y penas en los culpados con- 
forme á derecho y leyes de estos Reinos. 

ítem : que esta residencia y dar cuenta hayan de hacer y 

.hagan las personas. Tesoreros y oficiales y otros cualesciuier 

que hayan tenido cargo en las cruzadas, bulas, composiciones 

y subsidios pasados, y los que han tenido cargo de cobrar los 

servicios, y los que han tenido cargo de oro y perlas que han 



— 8¿0 — 

VLiiitU» <k las Indias, ií^las y Tierra firme, y con estos y cada 
uno de ellos que han de hacer residencias y dar cuenta de su 
cargo se guarde lo dispuesto en el capítulo antes de éste. 

ítem : tjue los del Consejo y Oficiales de la Casa y Corte 
de Su Majestad que hasta aguí han sido, han de hacer y hagan 
residencia ante las personas y de la manera que arriba está 
dispuesto. 

Ítem : que los dichos Oficiales que han tenido los dichos 
cargos hagan la residencia y den la cuenta como dicho es, y 
porque han hecho muchos avisos de cosas de que se han pe- 
dido y (lado raercede-s en gran perjuicio del patrimonio Real, 
y los tales avisos y malsineiras se han hecho con partido de 
llevar ellos parte y lo compraban ó echaban quien lo compra- 
se y arrendase y por poca cuantía de maravedíes han habido 
muy gran suma de millares de dineros. Y porque esto ha sido 
y es en daño y perjuicio de Sus Altezas y de su patrimonio 
Real, que las personas susodichas que han de tomar las di- 
chas cuentas y residencias lo averigüen y todo lo que así ha- 
llaren lo cobren de las personas que lo llevaron y sea para la 
Cámara de Sus Altezas, porque si ellos usaran bien de sus 
oficios los tales avisos habían de dar á Sus Altezas y no á p:r- 
sonas particulares. 

Pnlados y cosas eclesiásticas. 

ítem : (]ue los Obispados y Arzobispados, dignidades, ca- 
nongías y otros cualesquier beneficios eclesiásticos y pensiones 
en ellos no se puedan dar ni proveer á extranjeros de estos 
Reinos, y que solamente se den y provean á naturales y ve- 
cinos de ellos, y tiue los que Su Alteza hubiere dado y preveído 
contra el tenor de esto haya por bien de proveer y remediar 
I)or autoridad apostólica, de manera que los dejen y Su Alteza 
los mande proveer y dar á naturales de estos Reinos y se les 
dé satisfacción á los que fueren quitados de ellos y que al pre- 
sente los tienen en otras rentas, en las tierras donde ellos .son 
naturak's y vecinos. 

Itcín : porque la provisión del Arzobispado de Toledo hiz > 



— 321 — 

Su ^Majestad antes (lUc fiicse recibido \- jurado ¡jor Rey en las 
Cortes de Valladolid, que Su Alteza presente de nuevo y haga 
proveer del dicho Arzobispado á persona que sea natural y 
vecino de estos Reinos de Castilla, que sea persona que lo me- ^ 
rezca, de letras y conciencia, teólogo ó jurista, porque de ha- 
berse proveído á un sobrino de Mr. de Chievres, contra las 
leyes de estos Reinos, se ha seguido y sigue mucho daño á 
estos Reinos y á la dicha dignidad, por ser menor de edad y 
estar ausente. Aunque fuera natural de estos Reinos no fuera 
justo de dársele, porque se sacan las rentas de la dicha dig- 
nidad como se han hecho los años pasados, porque siendo na- 
tural y residiendo en la dicha dignidad se sostendrán en la casa 
del dicho Arzobispo muchos nobles caballeros como lo solían 
hacer, y si Su Alteza fuere servido puede gratificarle al dicho 
sobrino de iMr. de Chievres de rentas en otras partes donde él 
es natural. 

ítem : que se revoquen todas .y cualesquier cartas de natu- 
raleza que estén dadas y no se den de aquí adelante perpe- 
tuamente, 3^ si algunas se dieren aunque sean con cláusulas 
derogatorias y de poder absoluto, qvie sean obedecidas >' no 
cumplidas y que no haya necesidad para el cumplimiento de 
suplicación alguna, y quien usare de ellas sea preso y grave- 
mente castigado por las justicias de estos Reinos, donde fue- 
re tomado. 

ítem : que los Jueces eclesiásticos y Notarios y Oficiales de 
,sus Audiencias no puedan llevar ni lleven más derechos de los 
que llevan los Jueces y iEscribanos de las Audiencias seglares, 
conforme al arancel de estos Reinos; y que en aquello que 
fuere menester autoridad Apostólica, Sus Altezas hayan por 
bien de mandar á su Embajador que la procure y haya di.- Sn 
Santidad y la envíe. 

ítem : que los Arzobispos y Obispos y Prelados de estos 
Reinos residan en sus diócesis la mayor parte del año, y que 
no haciéndolo pierdan por rata los frutos y sean para las fá- 
bricas de las iglesias, pues por no residir en ellas no son servi- 
das ni administrados los oficios divinos como deberían, y que 
Su Alteza envíe buk de Su Santidad para ello á estos Reinos 



3'2'2 — 

dentro de un año. Y (jiie si en el dicho téniíino vSu Alteza no la 
enviare, que el Reino tenga facultad de haberla de nuestro muy 
Santo Padre y tomar por su autoridad de los frut<js de las dig- 
nidades lo (]ue se expendiere en haber la dicha l)ula y costas 
de ello. 

ítem : (¡ue por cuanto á suplicación de Su Majestad nues- 
tro muy Santo Padre dio un breve dirigido al Arzobispo de 
Granada para (pie él y quien su poder tuviere, aunque fuesen 
seglares, pudiesen conocer de las causas criminales de los clé- 
rigos en cierta manera, que Su Alteza, dentro de seis meses, 
haya por bien de hacerlo textar del registro y enviar testimo- 
nio de ello á estos Reinos por excusar los escándalos que sobre 
ello ha}' en estos Reinos. 

Regidores. 

ítem : "que de aquí adelante perpetuamente Sus Altezas y 
sus sucesores en estos Reinos no den licencia á los Regidores, 
veinticuatro jurados y otros Oficiales del Consejo de las ciuda- 
des y villas y lugares de estos Reinos para que puedan venir 
y llevar acostamiento de señores, y que revoquen y den por 
ningunas todas aquellas licencias que hasta aquí estén dadas y 
que en esto se guarden y ejecuten las leyes del Reino, y cual- 
quiera que las procurare y usare de ellas pierda el tal oficio y 
vSus Altezas provean de él como de vacante, y no puedan él ni 
sus hijos más haberlo. 

ítem : que los Regidores de las ciudades y villas de estos 
Reinos que fueren letrados no puedan tener oficios de aboga- 
dos ni aboguen en las dichas ciudades y villas, salvo por ellas 
y por las Comunidades de ellas, y que no puedan llevar ni lle- 
ven accesf)rias en las dichas causas que juzgaren en gr..do de 
apelación, so pena de perder los oficios, y que Su Alteza pueda 
proveer de ellos como vacantes. 

Ejecución de bienes de la Corona Real y juros. 

ítem : que Su Majestad mande restituir y con efecto sean 
restituidas cualesquicr villas y lugares y fortalezas, términos 



— 323 — 

y jurisdicciones y otros cualesquier derechos y rentas y servi- 
cios á las ciudades y villas de su Corona Real, que tenían y 
poseían que mandó restituir la Serenísima Reina Doña Isabel, 
nuestra señora, en su testamento de los Reyes Católicos Don 
Femando y Doña Isabel, que se den ejecutores con poder y 
fuerza bastante que sin dilación lo cumplan dentro de seis me- 
ses, y que pasado el término el Reino lo cumpla. 

ítem : por que esto se conserve y remedie para adelante y 
Sus Altezas y sucesores suyos en estos Reinos, por ninguna 
razón ni causa, ni en pago de servicios ni en otra manera no 
puedan enajenar cosa de la Corona y patrimonio Real, y que 
de hecho se pueda resistir la tal enajenación si se hiciere. 

ítem : que los maravedíes de juro que vendieron los Católi- 
cos Reyes Don Femando y Doña Isabel y después el Rey Don 
Carlos nuestro señor al quitar, se rediman y quiten de las ren- 
tas Reales de Su Majestad y se den los dineros á quien los dio 
y á sus herederos y sucesores. 

Fortalezas y Alcaidías. 

ítem : que las tenencias y Alcaidías de las fortalezas de 
estos Reinos no se puedan dar ni den á extranjeros, salvo á 
naturales y vecinos de estos Reinos, aunque tengan cartas de 
naturaleza, y que en esto se guarde lo d'spuesto en los oficios 
y en las dignidades y beneficios eclesiásticos. 

ítem : que Su Alteza quite cualesquier tenencias de casti- 
llos y fortalezas que se han dado á extranjeros, y que si los 
tales extranjeros no las tuvieren ó las hubieren vendido ó tras- 
pasado por dineros á naturales de estos Reinos, que así mismo 
se les quite y Sus Altezas provean las tales tenencias de las 
fortalezas taleg y castillos á otras personas naturales y vecinos 
de estos Reinos hábiles y suficientes para guardarlas y tener. 

ítem : que se quite á Antonio de Fonseca las tenencias v 
oficios que tenía en estos Reinos, pues ha sido causa de tan 
grandes daños y escándalos que ha habido en ellos. 

ítem : que las fortalezas no se den las tenencias y Alcaidías 
de ellas á personas de título ni de estado ni gran señor, y que 



— .-324 - 

los Alcaides de ellas haKan ])kito-hoin cuaje á Su Alteza y den 
seguridad á las ciudades y villas donde estuvieren que por las 
dichas fortalezas ni de ellas no reciban daño. 

Ítem : (jue Sus Altezas hagan visitar y visiten luego, de 
aquí adelante, de dos en dos años, las fortalezas fronteras de 
estos Reinos y repararlas como convenga al estado Real. 

Paños. 

ítem : que los pafios que vinieren de fuera de estos Reinos 
sean de la orden y cuenta y bondad de los que en ellos se la- 
bran lo disponen las Pragraát'cas y capítulos sobre ello he- 
chas, y que se ejecuten las dichas Pragmáticas en los dichos 
paños extranjeros también como en los que se hacen en estos 
Reinos ; y que cualesquier prorrogaciones del tiempo de las 
Pragmáticgs ó licencias que se hayan dado para meterlos y ven- 
der en estos Reinos se revoquen y den por ningunas y de aquí 
adelante no se den ; y si se dieren que sean obedecidas y no 
cumplidas, y no hay necesidad de suplicación, y sin embargo 
de ellas las justicias ejecuten lo contenido en la Pragmática, 
so pena de privación de los oficios, y que queden inhábiles 
para haber otros oficios públicos y dé cien mil maravedíes para 
los reparos y obras públicas de la ciudad, villa ó lugar donde 
fuere Juez y tuviere negligencia de ejecutar la Pragmática. 

Contribución. 

ítem : por cuanto está dispuesto por las leyes de estos 
Reinos que las villas y lugares que ahora tienen y poseen al- 
gunos señores que son de la sacada de algunas ciudades y vi- 
llas y que gocen de sus términos y pazcan y corten, como los 
otros vecinos de las tales ciudades y villas, que pechen y con- 
tribuyan en los repartimientos y pechos de muros, cercas y 
puentes y fuentes y guardas y pleitos y defensa y ensancha- 
miento de términos y por favor de algunos grandes y caballe- 
ros cuyos son, no se guarda ni cumple, que Sus iMajestades 
manden (pie ahora y de aquí adelante lo hagan guardar y 



— 325 — 

cumplir, y si en ello fueren negligentes pierdan los oficios y 
todo el salario de ellos, y los señores de los tales lugares no 
lo impidan, so pena de perder el señorío y propiedad de los 
tales lugares, y que sean de la Corona Real de])ajo de la juris- 
dicción de la tal ciudad, villa ó lugar de cuya sacada son, y 
que no se pueda más hacer merced de ello ni enajenarse como 
de bienes del patrimonio y Corona Real. 

Generales. 

ítem : que por cuanto el Re\^ nuestro señor en las Cortes 
que tuvo en la viUa de Valladolid y en la ciudad de la Coruña 
y otorgó algunas cosas, las cuales son útil 'dad y provecho de 
estos Reinos y bien público de ellos, y esto no se ha cumplido 
ni ha tenido efecto, que Su Alteza mande que se cumpla y 
guarde y se den á las ciudades y villas y lugares de estos Reinos 
todas las provisiones que fueren necesarias para ello. 

ítem : que Su Alteza mande que se proceda rigurosamente 
contra Antonio de Fonseca y el Licenciado Ronquillo y Gutie- 
rre Quixada y el L'-cenciado Juannes y los otros que fueron 
en la quema y destrucción de la villa de Medina del Campo, 
y hayan por bien lo que el Reino contra ellos y contra cua- 
lesquiera de ellos y sus bienes hayan hecho. 

ítem : que Sus Altezas hayan por bien el ayuntamiento que 
las ciudades y pueblos de estos Reinos han hecho y hacen para 
entender en el reparo y remedio de los agravios y exorbitan- 
cias pasadas, y para hacer y ordenar estos capítulos, y todo lo 
que han hecho en suspensión de los del Consejo y Oficiales de 
su Casa y Corte y quitar y poner varas de Justicias y tomas 
y derrocamientos de fortalezas y muertes de hombres y derro- 
camientos de casas y alborotos y juzgar y proveer en cosas 
de estos Reinos, y por haber hecho y entendido en quitar todo 
lo que á esto les podría embarazar y poner impedimento en 
cualquier exceso que en la ot'den y forma de lo susodicho haya 
habido, y por haber hecho juntamiento de gentes y ejércitos 
y el castigo que algunas ciudades y común dades Ijayan dado 
y hecho en algunas personas y en sus casas y bienes por pare- 



— 326 — 

ccrlcs que- han sido contra el bien público de estos Reinos. Y 
qvic hayan Sus Majestades ykjt bien gastados todos y cuales- 
quier maravedíes (lue de sus rentas Reales y de otras cuales- 
(juier manera hayan hecho stjbre esta causa y razón y lo que 
gentes y ejércitos y en otra cualquier manera en prosecución 
do lo susodicho, y cualesciuier sisas y repartimientos que ha- 
yan echado y cobrado para lo susfjdicho y todo lo otro en cual- 
quier manera hayan hecho sobre esta causa y razón y lo que 
á ello tocare en cual(iuier manera ; y que todo lo mande remi- 
tir y perdonar y lo remitan y perdonen plenaria y cumplida- 
mente así á los Ayuntamientos, Concejos y Universidades de 
las ciudades y villas y lugares de estos Reinos como á la per- 
sona ó personas particulares de ellos que en ello han entendido 
y entienden, y (¡uc de oficio ni á pedimiento de parte no se pro- 
ceda más en ello ni en cosa alguna de ello civil ni crimi- 
nalmente, y revoquen y den y queden dados por ningunos 
cualesquier proceso ó procesos, mandamientos, sentencias y 
provisiones que los del Consejo y Alcalde Ronquillo ú otro 
cualquier Juez hubiere hecho y dado contra cualesquier ciuda- 
des y villas y lugares y comunidades de estos Reinos y per- 
sonas particulares de ellos ; y que por esta causa no les quiten 
oficios, ni mercedes, ni maravedíes de juro que tengan y que- 
den del todo libres, pues á ello se han movido por servicio de 
Sus Majestades y por el bien público de estos sus Reinos y 
aumento y conservación de sus rentas y patrimonio Real, 
compelidos y hacer su deber en servicio de sus Reyes y se- 
ñores naturales por lo que disiK)neu las leyes de estos sus Reinos 
y por la obligación que tienen á la lealtad de la Corona Real. 
iL,os cuales dichos Capítulos nos enviaron á suplicar y pedir 
por merced quisiésemos otorgar y conceder por ley y confir- 
mar para que perpetua é inviolablemente sin poderse mudar 
ni revocar fuesen guardados y se guardasen en los dichos nues- 
tros Reinos. Y que así y de tal manera nos plugiese confir- 
marlos y otorgarlos que en ningún tiempo se ptídiese ir contra 
ellos, ni contra alguno de ellos, ni ¡)asar, obligándonos así para 
ello; y que auntiue ellos contradijesen y resistiesen la revoca- 
ción y imulanza de ellos no cayesen ni incurriesen en pena 



— 327 — 

alguna, antes (jue lo pudiesen libremente hacer. Y nns vistos y 
examinados los d'chos Capítulos y cada uno de ellos, y ctJino 
todos ellos son eu nuestro servicio y acrecentamiento de nues- 
tras rentas y patrimonio Real y bien público de los dichos 
nuestros Re'nos, y buena orden y gobernación de ellos y en- 
mienda y reparo de las exorbitancias pasadas y i>or pacificación 
y tranquilo estado de los dichos nuestros Reinos, tuvímosln 
por bien. Por ende de nuestra cierta ciencia y poderío Real 
absoluto de que en esta parte queremos usar y usamos comí) 
Reyes soberanos señores, no reconocientes superior en lo tem- 
poral, por vía de contrato hecho y contraído entre Nos y lo.-> 
dichos nuestros Reinos de Castilla y de iLeón y Procuradores 
de ellos y con las comunidades, vecinos y moradores de ellas, 
otorgamos los dichos Capítulos y cada uno de ellos y los C(jnce- 
demos y confirmamos y mandamos que como le.ves perpetuas de 
los dichos nuestros Reinos hechas en Cortes sean guardadas 
y se guarden perpetua é inviolablemente y para siempre jamás. 

Y prometemos por nuestra fe y palabra Real 5' juramos por 
Dios Nuestro Señor y por sus santos cuatro Evangelios en que 
ponemos nuestras manos corporalmente, de tener y guardar 

V cumplir y hacer guardar y que se guarden los dichos Capí- 
tulos y catla uno de ellos y de no miidarlo ni revocar, ni ir ni 
venir contra ellos ni alguno de ellos. Y que no pediremos ab- 
solución ni relajación de este juramento á nuestro muy Santo 
Padre ni á Prelado ni á persona que ix)der tenga de absol- 
verlo y relajar, y que no usaremos de ella aunque propio m(jtu 
nos se^ concedida para ir, venir y pasar contra lo susodichí» 
ó parte de ello, no diremos ni nos ayudaremos ende causa y 
razón alguna de cualquier cualidad que sea, especialmentj de 
haberse alterado los dichos nuestros Reinos, ni de co^a algun:i 
de lo en ello hecho y acaecido, por cuanto, todo lo que los di- 
chos nuestros Reinos han hecho y procurado han h.cho con 
celo de nuestro servicio y del bien público de nuestros Reinos 
y movidos á elío por el amor que los vasallos y subditos y bien 
haber y tener á sus Reyes y señores naturales, según que las 
leyes de los dichos nuestros Reinos lo mandan y disponen 
y queremos guardar y cumplir lo contenido en los dichos 



— 828 — 

Capíinlds y ni umla uiiu de ellos, y quedaremoh y desde ahor:i 
iiiaiidamos á los del nuestro Consejo, Presidente y Oidores de 
nuestras Audiencias y Cancillerías qnc den y libren cuales-- 
(juier cartas y provisiones que por los dichos nuestros Reinos y 
Procuradores de las ciudades, v'llas y comunidades fueren pe- 
didas para que se guarden y cumplan los dichos Capítulos y 
cada uno de ellos con las premias y penas que las pidieren ; y 
otrosí : les damos poder y facultad para que los dichos nues- 
tros Reinos, ciudades y villas y lugares y comunidades de ellos 
poderosamente hagan guardar y cumplir los dichos Capítulos 
y cada uno de ellos, y que para ello s'n pena alguní se puedan 
ajiuitar y de hecho resistir la revocación, mudanza ó altera- 
ción de los dichos Capítulos y cada uno de ellos, y que esto 
puedan hacer y hagan justa y lícitamente, pues que así cumple 
á nuestro servicio y al bien público de los dichos nuestros 
Reinos sin por ello caer ni incurrir en pena alguna, y que 
en Cortes ni fuera de Cortes no lo revocaremos ni consenti- 
remos que se revoqiien ni muden, por cuanto todo lo susodi- 
cho ha sido y es por vía de iguala y composición y contrato 
hecho y otorgado entre Nos y los dichos nuestrcs Reinos y 
Procuradores y comunidades de ellos, i)ara observancia y guar- 
da de lo cual Nos pddemos obligar y obligamos como ellos mis- 
mos por vía de contrato, porque \os mandamos á vos y á cada 
uno de vos que veáis los dichos Capítulos y esta nuestra confir- 
mación y <itorgamiento de ellos y lo guardéis todo y hagáis 
guardar perpetua é inviolablemente por leyes generales de es- 
tos nuestros Reinos y por conveniencia y contrato hecho y 
otorgado entre Nos y los dichos nuestros Reinos, Procuradores, 
ciudades, villas y lugares y comunidades de ellas, y que no 
\ayáis ni paséis, ni consintá's ir ni pasar contra ellos ni con- 
tra alguno de ellos, ahora ni en tiempo alguno, so pena de la 
nuestra merced y de perdimiento de todos vuestros bienes para 
la nuestra Cámara á cualquiera que lo quebrantare y por quien 
fincare de hacerlo así y cumplir, y privación de oficios y juros 
y mercedes que de Nos y de los Reyes nuestros antecesores ten- 
g'ik 'i los unos ni á los otros no hagáis ende al. 



— 329 — 

CAPITUI.O XXX 

De una carta que los de la Junta en T ordesiüas escribieron al 
Rey Don Manuel de Portugal dándole cuenta de lo que hor- 
bía pasado en Castilla después de la partida del Rey Don 
Carlos de España. 

Después de hechos estos Capítulos determinaron asiniismij 
los de la Junta de hacer saber al Rey de Portugal lo que ca 
Castilla pasaba y para darle á entender que lo que ellos habían 
hecho en ausencia del Rey, su señor, cumplía á su servcio y 
bien del Reino, suplicándole les favoreciese y ayudase en todo 
lo que les fuese necesario, para lo cual escribieron la presen- 
te carta : 

Serenísimo y muy alto señor : 
Debida consideración á que no solamente conviene que las 
obras sean buenas, mas que sean públicas para ejemi^lo y edifi- 
cación de otras y para evitar escáUidalos que no podrá juzgar 
quien no sea parte la pureza y verdad de ellas, pareciónos á 
los Procuradores de estos Reinos que estamos juntos en esta 
viUa de TordesiUas, donde al presente reside la Reina Doña 
Juana, nuestra señora, que ante todas cosas debíamos enviar 
nuestros mensajeros á todos los Príncipes y pueblos cristianos 
dándoles cuenta y razón Tle las muchas y forzosas causas que 
á estos Reinos han movido á hacer mudanza en la manera 
de la gobemac'ón de eUos, porque aquellas sabidas tenemos 
por cierto que no solamente les parecerá haber csfos Reinos 
continuado la antigua lealtad que siempre á sus Príncipes man- 
tuvieron, mas haberla acrecentado con mayor celo así para 
la autoridad de las personas y dignidad Real como para con- 
servación y honra de la Corona Real de Castilla y re])utac'ón 
de nuestra nación ; y aunque á todos los Príncipes en general 
se deba dar esta cuenta, mucho más á Vuestra Alteza por el 
deudo tan cercano que con la Reina y Rey, nuestros señores, 



— 330 — 

tiene, y por la mucha vecindad y comercio que entre estrs 
Keiüos hay, y i-or ner como somos una misma nación. 

Cojuen/.ando, i>iies, á decir el caso, ya sabrá Vuestra Al- 
te/a cómo luego que falleció el Católico Rey Don Fernando, 
el Príncipe don Carlos, nuestro señor, se intituló Rey, y aun- 
que los más de los de estos Reinos que su servicio deseaban 
no les plugo, pareciéndoles que Su Alteza debía guardar el 
título y honra Real de la Reina hasta que por su curso natural 
en un mismo día temi)lara el placer .cíe su coronación las lá- 
grimas del fallecimiento de su madre ; pero com j fuese tan 
crecido el deseo que estos Reinos tenían de ver su Príncipe, 
ciegos en alguna manera de justa afición, especialmente de los 
grandes y personas que entendían en la gobernación sin haber 
respecto á que tan grandes cosas suelen los Príncipes consul- 
tarlas con sus Reinos, sufrimos y toleramos lo que en este 
caso desde Flandes no envió á mandar Su Alteza, ó por ven- 
tura Guillermo de Croix, señor de Chievres y los otros que por 
su mano entendían en el Consejo y gobernación, perqué no s. 
ha de creer que siendo de tan tierna edad vSu Alteza sl^ guiase 
en cosas tan arduas de su consejo y parecer. 

Venido pues en estos Reinos, ya Vuestra Alteza habrá sa- 
bido con cuánta alegría fué recibido, con cuánta lealtad y 
obediencia servido y obedecido de todos los Estados de ellos 
ofreciéndoles, por su solo placel^ mayor y más crecido servicio 
(jue á ninguno de los Reyes sus predecesores se había otor- 
gado para ninguna guerra de infieles ni otra necesidad por gra- 
ve y justa que fuese, sin que para esto fuese estorbado ni 
puesto impedimento alguno. 

Ved los robos y tiranías que hacían los extranjeros que en 
su Consejo venían y las encubiertas y abominables maneras 
(jue para despojar y empobrecer estos Reinos tenían, persua- 
diendo á Su Alteza que vendiese, como vendió (contra lo que 
tenía jurado, y contra las leyes de estos Reinos) treinta cuen- 
tos de renta del patrimonio Real, de los cuales se sacaron un 
millón y cuatrocientos mil ducados en dinero, y sacando tan- 
ta moneda de estos Reinos que solían ser de los más ricos del 
mundo de oro y de plata, no corre al présenle por ellos sino 



— 331 - 

moneda de cobre y cosa falsa de lo^ Reinos de Granada y CJas- 
cuña ; vendiendo asimismo los oficios así de la Casa Real 
y de la Justicia y Consejo contra las leyes tlivinas y humanas, 
y lo que peor es, no contentos de revocar lo temporal, viola- 
ron lo espiritual aprovechándose de ello con bulas que hacían 
tomar por fuerza con falsas excomuniones y otras extorsiones 
para que simoniacamente se las comprasen aunque no quis'e- 
sen, proveyéndose asimismo en los oficios \- dignidadis en mu- 
cha mengua y daño de los naturales. 

Finalmente, que en ningima cosa se han ocupado sino en 
buscar formas y vías exquisitas para despojar estos Reines. 

Todas estas cosas. Serenísimo señor, y otras innumerables 
que por prolijidad dejan de decirse á Vuestra Alteza, teníamos 
por muy buenas y no parecía que era darlas á logro pues que 
por ellas gozábamos, aunque no libremente, de la Real presen- 
cia y conversación de nuestro Príncipe ; pero pareciéndole.s 
que aun de este bien no éramos dignos, y creyendo cjue mejor 
y más seguramente podrían llevar este poco de dinero (lue acá 
dejaron llevándonos nuestro Rey, para que perpetuamente que- 
dásemos sujetos á su gobernación y tributos de su nación, el 
dicho Guillermo de Croix y sus iMinistros tuvieron tales for- 
mas y maneras de negociación, que no sin gran detrimento de 
estos Reinos obtuvieron de los electores del Imperio la elec- 
ción del Reino de romanos para el Rey, nviestro señor, para 
que con más color nos pudiese llevar á Su Alteza ; la cual elec- 
ción el Rey, nuestro señor, aceptó sin pedir parecer ni consen- 
timiento de estos Reinos, ni para ellos llamarlos, como para 
cosa tan grande se requería, temiendo los que en su goberna- 
ción entendían que no consentiríamos en ello por ser tan in- 
compatible la gobernación de estos dos iEstados, por la necesi- 
dad que cada uno tiene según su grandeza y autoridad de tener 
presente su Príncipe por no conocerse entre eUcs su])erioridad 
ninguna para que el uno sea gobernado desde el otro por subs- 
tituto, mayormente estando el Príncipe en tanta distancia apar- 
tado, y poniéndolo por obra los susodichos hicieron partir á 
Su Alteza de los Reinos de Aragón y pasar por éstos á tanta 
prisa como si fuera por tierra de enemigos, hasta llegar al 



— 332 — 

¡merlo df la Coruña, clondL- acordaron que Su Alteza celebrase 
unas Cortes arrebatadas, muy diferentes de las que solían cele- 
brar los Reyes de gloriosa memoria, sus predecesores, en las 
más populosas ciudades de sus Reinos para ordenar y establecer 
nuevas leyes y Pragmáticas, muy útiles y provechosas, y para 
deshacer agravios. 

Estas otras fueron para imponemos grandes y crecidas im- 
posiciones, para el otorgamiento de las cuales tuvieron diversas 
formaá y cautelas con nuestros Procuradores de Cortes, atemo- 
rizando á unos y sobornando á otros, no obstante que entre 
ellos hubo algunos de tanta constancia y fortaleza que pospues- 
tos los temores é intereses no solamente no otorgaron, pero de 
parte del Reino suplicaron y amonestaron á Su Alteza que no 
se fuese, y cuando esto no quisiese que le plugiese casarse y de- 
jar generación en estos Reinos, y asimismo dada orden en la go- 
bernación y contentamiento de ellos. Sin embargo de lo cual le 
hicieron partir á Su Alteza, no obstante que le fué suplicado y 
reíiucrido. De donde se siguió que los pueblos, rabiosos de ha- 
berles llevado á su Rey en tanto menosprecio del Reino, y sobre 
todo que sus Procuradores habían otorgado y consentido tri- , 
buto para que lo gozasen los mismos que le llevaban su Rey, 
encendidos en ira popular dieron crueles y diversas muertes 
injuriosas á muchos de los Procuradores y personas fiue en ello 
fueron consentidores. De aquí vino que las personas que acá 
quedaron en el Consejo y gobernación como Ministros y fac- 
tores de los que están en Flandes se pusieron en mano armada á 
castigar los pueblos, y con tan injusta ira excedieren haciendo 
ejecutores y capitanes á Antonio de Fonseca y á Ronqu'llo, los 
cuales dejaron de decir los males v daños que hicieron en el 
cerco de Segovia y en otras muchas partes, quemaron la mayor 
y mejor parte de la villa de ^ledina del Campo, feria y contra- 
tación de nuestra España, y que no se pone duda ser tanta la 
quema y valor que aUí se perdió, que no bastara á hacer rico 
el tesoro de cualquier gran Príncipe, de la cual pérdida no se 
podría excusar que no haya cabido á \'uestra Alteza y á su 
Reino gran parte. 

Visto, pues, por las ciudades de estos Reinos, que tienen 



— 333 — 

voto en Cortes, que las cosas de ella iban en total destrucción, 
constreñidos y apremiados, no sin gran dcjlor y sentimiento, 
puesto á Dios llelante de sus ojos, hicieron sus ejércitos para 
resistir que no fuesen adelante las opresiones y daños que el 
mal consejo y gobernación, ó más propiamente tiranía, apare- 
jaban de hacer cada día más, y asimismo enviaron sus Procu- 
radores de Cortes para que, juntos como estamos, diésemos la 
orden y forma que para el remedio de estos Reinos viésemos 
ser necesaria y cumplidera para que la justicia sea adminis- 
trada y las leyes guardadas, y el Rey nuestro señor hallase es- 
tos Reinos ricos y prósperos cuando á Nuestro Señor plugiese 
gue venga, como los halló la otra vez que vino, y no como ahora 
los deja, y porque lo primero en que nos parece que debemos 
entender es que sean castigados los consejadores y fabricado- 
res de los dichos males, y tenemos nueva que algunos de ellos 
se han acogido al Reino de Vuestra Alteza, le suplicamos sea 
servido de no acoger ni favorecer á los tales, como á enemigos 
generales de la república cristiana, y con estos Reinos quiera 
Vuestra Alteza tener la alianza v confederación que es razón 
que haya, para la cual tratar y reformar con Vuestra Alteza 
y con su Reino, enviamos y suplicamos á Vuestra Alteza le dé 
entero crédito á lo que de nuestra parte él le dijera. 

CAPITULO XXXI 

De las. competencias que el Obispo de Zamora tuvo con el Conde 
de Alba de Liste y cómo fué hecho D. Pedro Girón Capitán 
de la gente de la Junta y del levantamiento de las ciudades 
de León y Zamora y Toro y Salamanca, y de lo que el Mar- 
qués de los Vélez hizo en Murcia. 

Como en este tiempo fuese Obispo de Zamora D. Antonio 
de Acuña, h'jo de D. Luis de Acuña, Obispo que fué de Burgos 
y hermano de iD. Diego Osorio, hombre inquieto y bullicioso 
y presumido de muy esforzado, y se hallase en la dcha ciudad, 
donde taiñbién residía á la sazón el Conde de Alba de Liste, 
yerno que era del Duque de Alba y caballero esforzado, y aun 



— 334 — 

deseoso (le honra, lo cual como sintiese el Obispo, levantóse 
entre ellos luia gran competencia <iue ni los amigos la pu- 
dieron atajar con ruegos ni la justicia con amenazas. Y como 
esto viese la ciudad de Zamora, rebelada contra el servic'o del 
Rey, y que no obedecían sino á la Junta, el Obispo por su parte 
y el Conde i)or la suya trabajaban por ganar al pueblo ; pero 
al fin, como el Conde era más quisto, tuvo mayor favor en el 
pueblo ; de manera que el Obispo se salió de allí desesperado 
por ver prevalecer á su enemigo contra sí, y se fué á Tordesi- 
llas, donde estaban juntos los Procuradores de las ciudades al- 
teradas y confederóse con ellos, prometiéndoles que él sería 
amigo de sus amigos y enemigo de sus enemigos, y que al pre- 
sente no les pedía otra cosa sino que le diesen favor y ayuda 
para echar al Conde de Alba de lyiste de Zamora, lo cual tcdos 
los de la Junta tuvieron i)or bien, porque les parecía que en co- 
brar al Obispo cobraban un buen amigo para sus negocios, y 
tomó el Obispo la gente y artillería que le dicYon los de la Junta 
y fué con ella á Zamora, lo cual sabido por el Conde no le osó 
esperar, sino luego se salió de Zamora y desamparó la forta- 
leza, del cual hecho el Conde Alba ¡de Liste fué muy afren- 
tado de sus amigos y nfuy notado de sus enemigos, porque toda- 
vía quisieran que un hombre como él esperara hasta ver á qué 
se extendía su aventura, üonde en adelante el Obispo siguió 
el partido de la Junta y el Conde siguió el Conzejo Real y Jus- 
ticia, y favoreció tanto cada uno á su parcialidad que dudo 
yo hubo en todas aquellas revoluciones dos personas generosas 
que tanto de corazón se aborreciesen, "ni aunque más se señala- 
sen en las armas. Si las cosas que el Obispo de Zamora h zo en 
ileservicio de Dios y en escándalo de la república las hiciera 
en servicio del Rey y en favoi de la justicia, él fuera el Prelado 
que más honra alcanzara en la vida y mayor fama dejara de 
sí en la nuierte, según las cosas que en estas alteraciones por 
él pasaron. 

Y D. Pedro Girón, hijo mayor del Conde de Ureña (que 
arriba dijimos), que traía pleito con el Duque de iMedina Sidc^- 
nia sobre su estado y había dicho al Rey que le hiciese justicia 
en aquel jileito, si no que él se la tomaría, acordó en este tiempo 



— 335 — 

de cumplir su palabra ; y estimando más la hacienda ajena que 
no su honra propia, se concertó de esta manera con la Junta 
que él sería su Capitán hasta que allanasen á Castilla, y después 
que le favoreciesen á tomar el ducado de Medina Sidonia, . del 
cual concierto se le siguió á D. Pedro Girón no pequeño daño, 
porque puso en peligro la vida y perdió totalmente la honra, y 
y al fin no alcanzó la hacienda. 

Era D. Pedio Girón caballero dispuesto, generoso y vale- 
roso, y generalmente en todo el Reino muy <iuisto, y á la ver- 
dad, cuando se divulgó que D. Pedro Girón era Capitán de la 
junta, á todos los caballeros del Reino les pesó. 

En la ciudad de Salamanca se alzó un caballero de mediano 
estado que se llamaba D. Pedro Pimentel, sobrino del Conde 
de Benavente y nieto del Doctor de Talavera ; éste fué por Pro- 
curador á las Cortes de Santiago y uno de los que no quisieron 
otorgar el servicio, y después que tornó á Salamanca fué abso- 
luto señor de ella, y no sólo hizo echar de la ciudad á todos 
los caballeros y servidores del Rey, pero á muchos religiosos 
porque favorecían la opinión de los dichos caballeros. 

También se levantó la comunidad de León, y enviaron los 
Procuradores á la Junta que estaba en Tordesillas, y en este 
caso fueros culpados dos caballeros : el uno se llamaba Gonzalo 
Núñez de Guzmán, sobrino de Pedro Núñez de Ouzmán, Co- 
mendador mayor de Calatrava, hijo de su hermano, y el otro 
D. Antonio de Luna ; después huyeron y les tomaron todas 
sus tierras. 

También se rebeló la ciudad de Toro, y en ella D. Hernando 
de UUoa, hermano de D. Juan de Ulloa, el cual c(¡n su casa y 
persona sirvió al Rey, y el D. iHernando con la suya siempre 
siguió la Junta y fué tan comunero que era poco lo cjuc hacía 
en respecto de lo que él quisiera hacer ; de manera que la ciu- 
dad de Toro y este caballero D. iHernando siempre cstuveron 
rebeldes hasta el fin del negocio. Y no menos se rebeló la ciudad 
de Soria y envió á un Licenciado Santiago por Procurador á 
la Junta, y lo primero que hicieron en la ciudad fué ahorcar 
á un Procurador antiguo de la ciudad, y para esto le levanta- 
ron que quería entregar la ciudad á los gobernadores, y no sin 



— 336 — 

causa di^o <jue se lo levantaron, que á la verdad no le ahor- 
caron con razón, porque él era más comunero que todos, sino 
jtorciue con el oficio él había cobrado enemigos, porque en aquel 
tiempo el que quería vengarse de otro no había más menester 
sino probarle que era contrario al pueblo. 

D. Carlos de Arellano, hijo del Mariscal de Borobia, que 
era vecino de aquella ciudad, y un Deán de la iglesia, fueron 
muy favorecedores y favorecidos de la Junta y aim muy cul- 
pados en el levantamiento de Soria. Aunque el Reino de Murci i 
estaba muy apartado de Castilla la Vieja, no dejó de alcanzarle 
allá la i)c)nzüña de la Junta, porque los de la ciudad de Murcia 
se amotinaron, y auncpie eran ellos en aquellas partes pocos y 
solos fueron muy finos comuneros, y enviaron á Tcrdesillas, 
donde estaban los Procuradores por Procurador suyo á un Duc- 
tor Vaca y echó de sí los Regidores de la ciudad ; y á Lcgui- 
zamo, que era enviado por Juez para apaciguar las sediciones 
que allí se comenzaban á levantar, se levantó el pueblo contra 
él por ocasión que un día sobre cierta controversia que un 
noble y un plebeyo había habido, dijo que de una manera se 
había de castigar el noble que el plebeyo, y como esto oyese 
el común comenzó á dar voces diciendo que era parcial y juez 
apasionado, y lo anduvieron á buscar para matar y escapóse 
medio desnudo, y así fué de allí más de dos leguas sin ser sen- 
tido ; y como en aquel tiempo fuese señor absoluto de aqujl 
Reino D. Pedro Fajardo, Marqués de los Vélez, caballero de 
buen juicio y docto en las letras y diestro en las annas, el cual, 
hablando la verdad, en los principios' fué en las cosas de la 
Comunidad único culpado, porque estando dentro de Murcia 
hizo dar un piiblico pregón en la plaza que ninguno fuese osado 
ir á pedir justicia á los Gobernadores, ni menos ir á favorecerlos 
contra sus enemigos ; pero en breve conoció el dicho Marqués 
el yerro que había hecho, y como la Comunidad llevaba el ca- 
mino perdido y de tal manera dio la \uelta contra la Junta, 
que fué en dar aquel pregón muy pequeña culpa en respecto 
de las veces (jue por servir el Rey dcsi)ués arriscó su persona 
y líastó su hacienda como diremos. 

I'in aquella sazón muy prósperamente se habían las cosas de 



— 337 — 



la Junta en ver que Murcia era levantada \ Soria amotinada y 
el Obispo de Zamora y D. Pedro Girón estaban confederados 
con la Junta, y que Toro y León y vSalanianca estaban con- 
trarias á la gobernación y Consejo de Ja justicia, y sobre toilo 
que ningún caballero les contradecía en público, ant^s muchos 
les favorecían en secreto, porque como les habían tocado en sus 
tierras, no mostraban pena del levantamiento de las Conui- 
nidades. 

Jueves primero día del mes de Septiembre se levantó la 
villa de Dueñas, que es seis leguas de Valladolid, y prendie- 
ron al Conde y á la Condesa de Buendía, su mujer, y á su 
hija y echáronlos de la villa y tomáronles la fortaleza y sa- 
queáronles la casa, lo cual como hubier(;n hecho env'aron 
á pedir favor á los de la Junta, los cuales no quisieran que se 
levantaran los de Dueñas contra su señor el Conde de Buen- 
día, y esto no más de por no perder á los caballeros que de 
secreto tenían por amigos y de amigos secretos tomarlos ene- 
migos públicos; pero al fin no pudieron ni quisieron menos 
hacer de fovorecerlos 3' tomarlos debajo de su amparo, y como 
en este tiempo estuviese el Almirante de Castilla en el Prin- 
cipado de Cataluña, acordaron los Procuradores de la Junta de 
escribirle una carta haciéndole saber que por la nuicha volun- 
tad que le tenían le querían dar parte de los males que habían 
pasado y pasaban en Castilla, diciéndole que de todos ellos ha- 
bía sido causa el mal Gobierno que Había tenido el Rey Don 
Carlos cuando estuvo en estos Reinos, á los cuales había de- 
jado muy pobres siendo los más ricos del mundo, y que pues 
él y sus antepasados habían tenido siempre respeto á las cosas 
del bien de este Reino le suplicaban que viniese á él y que 
lo quisiese tener ahora, pues había más necesidad que nimca, 
y que se juntase con ellos para que mejor se pudiese gobernar ; 
á la cual carta respondió el Almirante la respuesta siguiente. 



- 338 — 

CAPITULO XXXII 

j)c la caria qiu el Almirante de Castilla escribió á los Procu- 
radores de la Junta en respuesta de otra que ellos le en- 
viaron. 

Un merced, señores, os tengo el buen concepto que de mí 
tenéis cuanto á pensar que deseo el bien del R inD trnto como 
el que más lo desea, que en verdad, señores, no sólo siento 
como uno sus daños, mas el trabajo de todos me parece que yo 
lo recibo, y esto ha muchos días que dura, teniendo por princi- 
pal respeto en todas las cosas el bien general, y si m chunas veces 
_vo fuera creído, las cosas no vinieran al estado en que están. 

Decís.^señores, que por vuestras ocupaciones y estar yo tan 
lejos no me habéis avisado de vuestra determinación ; Dios sabe 
que tanto nos ha lastimado hallarme en tal tiempo apartado de 
estos Reinos que quisiera estar en ellos en los princip'os por 
deciros mi parecer como más natural del Reino que el que más 
lo es, que es tan verdadero el amor que le tengo que me hace 
que justamente pueda decir esta palabra ; mas en la verdad, se- 
ñores, aunque yo tuve necesidad de mi dilación, el espíritu no 
salía de vuestras comarcas y luego pensé que no era tiempo de 
olvidar á Castilla, y con esta congoja que me desvelaba me vino 
á la memoria en la Junta que, señores, estabais, que tanto iba, 
no sólo á todo el Reino mas á todos los Reinos y provincias del 
Rey, nuestro señor, y á toda la cristiandad porque de la de- 
terminación saliese colgada paz ó guerra no sólo en este Reino 
mas en todo lo poblado, que la autoridad de España es Reino 
de grandes Príncipes como en vida de los Reyes Católicos mu- 
chas veces lo vimos los que somos vivos; y teniendo conoci- 
miento de cuan ardua materia teníais entre las manos, yo, se- 
ñores, os escribí diciéndoos mi parecer, y pues en vuestra carta 
no hay memoria de la mía, debiera haber nial rLcaudo. 

Pésame, porque antes de la detcrminnc on fuera más pro- 
vechosa ; mas á mi ver, siempre fine os parezca bien lo que 



— 3HÍ> — 

digo, seréis, señores, á tiempo de usar de ellos, y pues que las 
voluntades tenemos conformes en desear el bien igual y paci- 
ficación del Reino no hay razón de diferir en la forma, sino que 
al camino más provechoso para este fin nos alleguemos ; pues 
en las enfermedades de las Comunidades siempre se deb.u huir 
rigurosas curas, mayormente cuando ellas mis.iias buscan su 
remedio, que muchas veces la pasión igual yerra el artificio que 
trae entre las manos, y con esto los sabios en el consejar man- 
dan que sea apartada de aquel que da el consejo. 

Decís, señores, la vohmtad que á mí y á mi cas i tenéis, yo, 
señores, os lo tengo en merced que por cierto particular é igual- 
mente es obligación que debéis, señores, á la voluntad que 
yo haría lo que me mandaseis, y en este deudo creo (jue sea 
causa de esta obligación me hará alargar en la respuesta. 

Pídoos, señores, por merced, lo recibáis con la voluntad que 
se escribe, que esta ninguna podrá ser mayor, y aunque según 
la materia algunas veces las palabras tocan teclas de que salga 
dulce son, yo os pido, señores, por merced, que á mi voluntad 
jamás la condenéis, porque verdaderamente ella está tal como 
en vuestra carta lo confesáis. 

Decís, señores, que la causa de vuestra determinación fué 
el mal Gobierno que el Rey, nuestro señor, tuvo cuando vino 
en estos Reinos, la cual fué destrucción total de ellos, de donde 
siendo la provincia más rica del mundo ha quedado la más ¡jo- 
bre ; y aquí, seiiores, contáis las causas en que fué este Reino 
damnificado de que sucedieron los motivos que hicieron á las 
ciudades nombraros para entender en el remedio. 

A esto, señores, digo que á mí nunca me pareció bien lo 
que pasaba, ni creo que á otros muchos, antes me llegaba al 
alma en ver que la sospecha de los extranjeros fuese tanta de 
no creer la verdad qué se les decía, y como la lengua y distan- 
cia de nuestra tierra y la suya son tan apartadas así les hizo 
huir de todo lo que á todos convenía ; mas debéis, señores, pen- 
sar, pues decís que este yeiTo estuvo en el mal consejo, si tuvo 
el Rey culpa ó no. 

Paréceme á mí que nuestra desdicha hallase en nuestro Rey 
Serenísimo, aquello que todos los mancebos por virtud es contn- 



— MO — 

(lo, como >X'a manifiesto como de la mocedad, repugnar contra 
el consejo, y Su Alteza como virtuoso los recibiese, pues no 
teniendo ella culpa no hay ley divina ni humana que al justo 
permita ser condenado. 

Pues ¿qué mayor c(mdenac:ón (¡ueréis dar, llevar guiadas 
las cosas por términos que sean no sólo ocasión de destrucción 
á España, mas hacer al Rey perder la reputación y ponerla 
en ventura cuanto tiene? 

¿Qué provecho saca de aciuí el Reino que pueda satisfacer 
tan gran pérdida ctmio sería, que aquello que con tanta sangre 
derramada, con tantos deudos perdidos, con tanta hacienda 
gastada, con tanto dolor de Castilla conquistado, ella sea causa 
que todo se pierda quedando disminuida la Corona Real que 
á ello fueron tanta razón de ser acrecentada ? 

Decís, señores, que ya yo sé lo que pasó al agua y la forma 
de Cortes-que se tuvo de que resultó lo que hicieron las ciu- 
dades, y la manera (pie se tiene en dar oficios y beneficios v 
dignidades. Ni lo uno ni lo otro á mí me satisface, porque como 
natural del Reino deseo el remedio, que querría yo que lo buscá- 
semos por los caminos necesarios y tales que pudiesen tomar 
este nombre, (jue por c4 camino que \amos me parece quitar 
á todos los males el remedio que hallare para 1' s pasados, ni 
presentes, ni por venir. 

Acá, señores, dicen que el Rey os ha ofrecido que quiere 
remediar todas las cosas ; si esto es así, paréc.eme término más 
sano, menos costoso y más provechoso. Más necesario (lue éste 
es el (pie ha de quedar para siempre, mas éste no le han de al- 
zar las armas, que no conviene al Reino buscar en ellas el re- 
medio más que cuando á ellas llega la necesidad ; todos los 
otros han de ser buscados y no hallados. 

El Rey dice pedid y daros han, palabras son del Evangelio 
que se pueden aplicar á nuestra necesidad. El que ha de pedir, 
á Dios, para ser oído con amor ha de estar con firmeza, que 
no le ha de ser negado ol ¡xdimiento justo, que llegaros en 
la jietición á vuestros usos, costumbres y privilegios jurados. 

Para esto no es menester á las manos encomendar la de- 
manda, sino á los entendimientos que lo ordenen y sepan pe- 



— 341 - 

dir, que en este pedir consiste el bien igual de lodo el Reino, 
no sólo para los vivos mas para los por nacer. Si sabéis pedir 
cosas que no -os deban ser negadas será verdad que el Rey os 
diga que pidáis, y vosotros queréis i)or fuerza lo que se os daría 
de grado y quererlo con daño del Reincj, puediéudolo recibir 
con provecho. 

Decís, señores, que pues mis pasados y yo siempre tuvimos 
respeto principal á las cosas del bien común de este Reino, <iue 
así lo quiera tener yo ahora. Y creéis que para ello me juntaré 
con vosotros, y la verdad es que yo nunca deseé ni deseo otra 
cosa, porque lo heredé de mis antecesores y en mí no ha dis- 
minuido esta voluntad s no acrecentado, y siempre que para 
este remediQ os vea, señores, allegados á lo que conviene' pedir- 
se y á quien debe pedirse, me hallaréis en vuestra compañía ; 
que si de los términos de la razón no nos apartamos, ella nos 
mostrará el verdadero camino, porque no basta decir que que- 
remos el bien del Reino y el reposo y sosiego si no sabemos 
hallarle. 

Ya, señores, sabéis que si preguntáis al moro qué quiere 
os dirá que la salvación, y el judío dirá lo mismo ; no hay na- 
die á quien esto se pregvmte que no diga lo que quiere, y apli- 
cando esto á lo que estamos podríamos decir que por qué erran- 
do nos apartamos de aquello (¡ue queremos ; y todos debéis á 
este fin de dar paz al Reino, mas querríamos hallar en la guerra 
sosiego, que es cosa que ninguno halló jamás en guerra in- 
justa como sería ésta, queriendo por fuerza lo que nos es for- 
zado de grado, como he dicho, pues digamos, señores: ¿Pueden 
los Reinos ser gobernados si no hay justicia? ¿Pueden ser ricos 
faltándoles aquello que iguala todas las cosas? 

En esta justicia ha menester cabeza : comparad el Reino al 
hombre, quitadle la cabeza y veréis cuáles quedan los miem- 
bros. Diréis que la buscáis. ¿Qué aprovecha buscarla por ca- 
mino que jamás parecerá? 

Que diremos que se rija el Reino como Venecia ó Genova 
ú otras Comunidades, bien lo sufriría Castilla d^nde hay tantas 
insignes y excelentes ciudades que cada una merece ser cabeza 
de las que he nombrado ; pues quitado este inconveniente os 



— u-¿ — 

acordaréis que en estas dichas ciudades los naturales no saben 
qué cosa es honra, cuando reinan sin armas ; sin armas toman 
la venganza á puñadas y bofetadas ; no tienen por vergüenza 
sufrirlas. Cuando han menester gentes, dineros, Reinos, se to- 
man á sueldo de Suiza. Faltando esto, Rey es menester de ne- 
cesidad, y éste justamente no puede ser otro sino el que tene- 
mos, pues siendo salido de la tutela conviene á él hacer gober- 
nadores, que cuando las leyes disponen que el Reino no las 
pueda hacer, es cuando sucede el caso de la minoridad de edad 
y de otros males que requiere este Gobierno. 

Bien sería examinar las leyes y que fuesen bien vistas para 
saber si disponen otra cosa de lo que yo digo, porque cuanto 
á razón no parece que la ley, en el caso que ahora estamos, de 
la ausencia del Rey, hable, excepto si es dice que por la poca 
salud de Su Alteza podéis hacerlo. 

iCsto se entenderá no habiendo jurado el hijo, y por esto 
querría yo que os declarasen por término claro las cosas y no 
llevaros por barrancos donde llevando los ojos cerrados estéis 
tan ciertos de la caída. 

Cuando estas divisiones comenzaron no pensabais que po- 
drían suceder daños, ni de la (¡uema de Medina ni otros que 
habéis visto, mas aunque á poco que ha sido la falta de la 
justicia, os lo ha hecho ver grandes ; pues mirad, durando lo 
que se espera, que si no lo atajamos cierto es que tenemos la 
guerra de por vida y aim temo que no se 6s haga de juro, que 
así como la niebla es causa de lus vapores de la tierra así la gue- 
rra crece, que los males continuados la acrecientan y hacen que 
duren, y el comienzo está en manos de los hombres y el cabo 
en la de Dios. 

Los culpados vén la justicia como ella sea para castigar cul- 
pas, y ellos en la calma esperan la tormenta y en la tormenta 
la bonanza, que como el mal es Cínitrario á las virtudes, así en 
los contrarios fines busca lo que le conviene. 

Puc-s ¿qtié han de nacer de aquí, sino discordias en las mis- 
mas Comunidades? Porque preguntarán os que si han causado 
movimientos, fiuc es el provecho que han sacado de sí, les dicen 
que libertad. Querrían saber á qué llaman libertad, como nin- 



- 343 — 

guno sea libre, sino aquel que no tenga el camino sujeto ;'i leuiur, 
porque el temor causa necesidad y la necesidad culpa }• c(m- 
tinuo tormento. Decirles han que se liace porc^ue enriquezcan y 
que para esto serán libres de las alcabalas y de los servicios ; 
esto no será quitarlo sino confinnarlo, para ponerL- otro nom- 
bre,, que ha venido tirando al Rey la suprema jurisdicción 
(jlel Reino. 

Necesario será haber gente y mucha, y para la defensa no 
querrá venir sin paga y esta paga sin algún daño ha de salir, 
de manera que lo que llamamos alcabalas se llamarán imposi- 
ciones y sisas, harto más recias de sufrir. Bien es que penséis, 
señores si sería causa este movimiento de quitar toda manera d(_ 
tratos í[ue son verdadera riqueza de los Reinos : que los merca- 
deres no trataran, los labradores no sembraran, los artificios 
no labraran, que holgaran más de vivir de bienes ajenos que 
del trabajo de sus manos, y cuando se acabare lo de los medianos 
quitara lo de los que más tuvieren. Yendo todo con este destrui- 
piiento, no solamente no se enriquecerá el Reino mas se empo- 
brecerá y quedarle ha dolencia muy incurable. 

Yo os prometo, señores que no estéis tan exentos de esta fa- 
tiga que si no los reparáis presto os veáis andando en la mis- 
ma necesidad que los menores; porque la que ellos tuvieren os 
la han de poner para haceros tomar trabajos á vida, porque pen- 
sar que no habiendo justicia pueda haber seguridad en nada, 
es imposible. 

Lo que á mí me parecería es, pues que tan fundada está esta 
proposición, que os llegaseis, señores, á ella para que el Rey co- 
nociese que primero amor ha sido causa de todos estos males 
cuando se tiró la esperanza de su vuelta, viendo su ida, como 
manifiesta la lealtad con que tuvisteis el Reino en paz cuando 
murió la Católica Reina Doña Isabel aguardando la venida del 
glorioso Rey, Don Felipe, y en su fallecimiento el sosiego que 
hubo hasta venir el Católico Rey á gobernaros, y en faltando 
este católico Príncipe consintieron en ellos la gobernación del 
este católico Príncipe, consintieron en ellos la gobernación del 
Cardenal, porque la esperanza de la venida de Su Alteza os te- 
nía tan seguros los ánimos que los reposaba las otras cosas con 



— 844 -• 

la lealtad <iue convenía que se tuviese á su señor ; y aunque el 
ftohierno el Católico Rey era tal <]ue os obligaba á deseark- 
siempre, vuestros ánimos á él le llamaban y querían, y viniendo 
Su Alteza fuere recibido no sólo en las casas mas en los cora- 
zones de todos, según fué extraña la lengua y aunque la gober- 
nación era dura, por ser tan diferente de lo que convenía á las 
cosas dichas y á ser mal informados los Gobernadores de aquello 
que debían de hacer, sufríase con tenerle en el Reino. 

V así estuvisteis dos años que estuvo en Aragón. Por pensar 
que podríais ver á Su Alteza bastaba sufrir los trabajos como se 
sufrieron, y en la hora que se vio su determinada voluntad en 
el partir, con tan ix)ca esperanza de su vuelta, deliberó el Reino 
de hacer movimiento por detenerle y así lo continúa por traerle, 
donde ha sucedido culpa meritoria, y así suplicáis que lo crea 
y que quiera venir á remediaros, y porque con maví r amor se 
ha recibido en \'uestras entrañas, suplicáis conceda las cosas 
que le serán pedidas. 

Este es camino de salud y los otros de trabajo, pues cuando 
se quema una casa y el agua no basta á matar el fuego derró- 
canse otras para atajarlo; y a.sí ha de venir la salud al pueblo, 
curando un daño con otro mayor si vosotros, señores, no lo pro- 
curáis por el camino que os he dicho ; .v pues podéis ser causa 
de tan manifiestos bienes guiadlo de manera que la misma causa 
no lo sea de buscar remedios excesivos de donde nos proceda otra 
destrucción peor que la del Rey Don Rodrigo ; porque si las cul- 
pas traen diferencias será la dolencia incurable y lo que del Rey 
se puede alcanzar con amor sea forzado de pedirlo con armas, y 
no siendo la querella justa tendréis á Dios contrario como El 
en esto se muestra más que en otras cosas. 

Cuanto á lo que, señores, decís que se ha dicho que son nom- 
brados Gobernadores y que yo soy el uno de ellos, que pues 
deseo el bien del Reino, mire si sería más escándalo no siendo he- 
chos como se debe. Podéis, señores, tener creído que en aquello 
que yo determinare ha de estar en principal fundamento pacifi- 
cación de esos Reinos. Con este propósito bien creeréis que he 
de huir de escándalos injustos, y procurar de remedio y sosiego 
de todos como el tiii principal (lue traía es enderezado á Dios y 



— 345 - 

al servicio de Su Alteza y al bien general de sus Reinos, los cua- 
les me desvelan como causa propia ; y lo más que, señores, decís, 
os pido por merced, que halláis por bien (lue quede la respuesta 
para cuando os vea, pues habrá tan poca dilación de la ida de 
este correo ó de la mía que no huelgo fiesta ni doniitigo, ni dejo 
de andar lo que puedo. 

Estos pocos días tened, señores, pensado qué es la forma que 
os parecerá que se debe tener con Su Majestad para (lue por su 
mano venga reparo á todo, que para esta pasión no hallaréis nin- 
guno en el Reino que con tanta voluntad lo haga, y si ha sido 
larga mi respuesta habéis, señores, de perdonar y acordar que el 
mucho amor que tengo á todos me hace decir lo que siento y 
hablar en las cosas que están por venir como si fuesen presentes ; 
porque las que vemos con manifiestos testimonios muy claros de 
los males que se esperan si nuestros merecimientos con mejores 
obras que las pasadas no tienen merecer que Dios alce su ira de 
su pueblo. 

CAPITULO XXXIII 

Cómo los Procuradores de la Junta mandaron á sus Capitanes 
prender á los del Consejo del Rey, y cómo el Cardenal salió 
huyendo de Valladolid y se fueron á Medina de Rioseco: 
y cómo la ciudad de Segovia tomó y destruyó el condado de 
Chinchón; y de cómo se rebeló la villa de Medrid, y de 400 
lanzas del Rey que se pasaron en servicio de la Junta. 

Dicho hemos cómo al tiempo que Valladolid se levantó se sa- 
lieron de la dicha villa el Presidente D. Antonio de Rojas y el 
Licenciado Francisco de Vargas y el Licenciado Zapata, y el 
uno salió como fraile de San Francisco, y el otro escapó por un 
albañal solo y desnudo ; y sabido por los de la Junta que el Pre- 
sidente y los Licenciados habían huido, y que el Cardenal y los 
otros del Consejo se estaban en Valladolid, acordaron desde Tor- 
desillas los Procuradores de enviar á prenderlos, porque les pa- 
reció que teniendo como tenían en su poder á la Reina Doñi Jua- 



— 346 — 

na y prciulicndo A los del Consejo de la justicia no les quedaba 
(juicn se opusiese y contradijese á la Junta. 

Vinieron, pues, ¡)or parte de la Junta á Valladolid, día de 
San Miguel, á 30 de Septiembre, el Capitán Juan de Padilla y 
Suero del Águila y Arnaldo de Velasco y Juan Zajjata de Ma- 
drid y Alonso de Vera Dorador, y prendieron á los del Consejo, 
conviene á saber : al Doctor Cabrero, al Doctor Bello, al Doctor 
Beltrán, al Licenciado Acuña, al Alcalde Herrera, al Alcalde 
Ct^rnejo, al Secretario Castañeda, y llevárcnlos á Tordes lias, 
donde los ])usierün á buen recaudo, y al tiempo que esto pasaba 
los caballeros de Toledo andaban entre sí muy revueltos á causa 
que la parcialidad de los Ávalos querían echar de la ciudad á 
la de los Riberas, por cuya causa el pueblo env ó á llam ¡r á su 
Capitán Juan de Padilla, aunque algunos quisieren sospechar 
que él había procurado aquella ida á causa que los de la Junta 
habían hecho á D. Pedro Girón Capitán de la guerra. 

Todavía estaba el Cardenal en Valladolid, habiendo él visto 
que la Reina estaba detenida y el Presidente había huido y que 
estaban presos los del Consejo. B!en se quisiera ir ó por mejor 
decir huir, pero los de Valladolid no le daban lugar, diciéndole 
que su persona bien podía estar segura con tal que nc; enten- 
diese en la gobernación de España. 

Sábado á 16 de Octubre, víspera de San Lucas, estando el 
Cardenal cenando envióle á decir el Obispo de Osma que mi- 
rase por sí á causa que estaba concertado que aquella noche 
le prendiesen y podría ser que á vuelta de prenderle la persona 
le pusiesen en peligro la vida. 

El Cardenal, como era v;ejo y extranjero y estaba allí de- 
tenido, causó esta embajada en su corazón muy gran miedo, 
aunque por ser hombre sabio supo encubrir aquel temor, y 
junto con esto ponerse luego en cobro, y tomó por ocasión de 
pasearse después de cena y salirse á una capilla por la puente 
de Valladolid á boca de noche ; había un. prado, y andando 
toda aquella noche amanecieron siete leguas de allí en Medina 
de Rioseco ; de manera que si los de Valladolid tenían concer- 
tado de prenderle, quedaron burlados, y sobre todo no dejaron 
de (luedar corridos ; y los de la Junta acordaron de soltar á los 



— 347 — 

que habían prendido del Consejo, y fué la causa porque no eran 
eUos aquellos con quien estaban nial todos los del Reino, porque 
aquéllos habían huido con el Presidente. Los del Consejo luego 
se fueron con el Cardenal á Medina de Rioseco, en el cual lu- 
gar, aunque fueron muy bien recibidos de los señores, fueron de 
los vasallos muy mal tratados, porque á la verdad eran tcjdos 
comuneros, y en este tiempo estaban las cosas del Rey tan aba- 
tidas y las de las Comunidades tan prósperas, que no pens:iban 
las gentes que había otra cosa para salvarse sino creer en Dios 
y obedecer lo que la Junta mandase. 

En el tiempo de todo lo sobredicho, el Almirante D. Fa- 
drique no estaba en Medina de Rioseco, que es su villa, sino 
en el Principado de Cataluña y vino á la sazón, y á la verdad 
él hizo muy buen tratamiento y acogimiento al Cardenal y á 
los del Consejo, pero los de la v.Ha no les quisieron dar posada 
sino por dineros, y allende de esto decían de ellos en su ausen- 
cia palabras lastimosas y aun peligrosas, lo cual visto jwr los 
del Consejo determinaron para más seguridad de irse á la villa 
de Castrojeriz. 

La Reina Doña Isabel, siendo viva, dio las villas de Odón 
y Chinchón á un hijo del Marqués de Moya, las cuales eran 
tierra de Segovia ; y Segovia en todas las Cortes Reales siem- 
pre contra esta injusticia reclamaba, y á la verdad les segó vía- 
nos aunque eran oídos jamás eran desagraviados, porque tenía 
tanto crédito la Reina Doña Isabel en Castilla que revocar lo 
que eUa había dado parecíales cometer sacrilegio. 

Los de Segovia como vieron que estaba en armas toda Cas- 
tilla y que la Junta estaba muy próspera y que el Rey no había 
lanza enhiesta, determinó de hacer y de hecho hizo, otro ejér- 
cito grueso á su costa, con que fueron á conquistar >- tcnnar 
sus tierras de hecho, y Odón, que la Reina Doña Isabel (como 
hemos dicho) había dado á la Bobadilla y quitádosela á ellos, 
y en todas las Cortes lo había reclamado y nunca los había que- 
rido desagraviar por haberlo hecho la Reina Doña Isabel, y 
como fuesen á ella la tomaron por fuerza de armas, derrocando 
las fortalezas, quemando las casas y ahorcando los vasallos, sa- 
queando las tierras y haciendo otros casos harto lastimosos de 



— 348 - 

Ver y iKJ poco icos <lc contar; <1c manera (luu se hubieron tan 
cruel y tan inhumanamente con aciueHos pueblos que más pa- 
recía {pie les iban á castigar por traidores que á no cobrarlos 
por vasallos. 

En este tiempo como supiese Madrid que toda Castilla la 
Vieja estaba rebelada, cayóles de ello más envidia que manci- 
lla y acordaron de tenerles compañía en aquella culpa, y fué 
su principio que Francisco Marqués y Juan Cachorro Peligero 
un jueves en la noche, á 4 de Julio, súbitamente dieron voces 
IHjT las calles diciendo : «traición, traición, que esta noche so- 
mos degollados porque el Alcalde Herrera viene aquí esta no- 
che con nuichos soldados». 

La gente i^opular tomando la traición fingida por verdadera 
iban con grande furia á la casa del Licenciado Vargas y to- 
maron armas que tenía en su casa, que eran las que la villa de 
Madrid había marcado en tiempo del Cardenal Fray Francisco 
Xiniénez para que se armasen los oficiales que en cada pueblo 
habían de estar presto en favor del Rej^ y de la justicia, y como 
esto no tuvo después efecto (como arriba dijimos) habíanse que- 
dado las armas en poder de los pueblos que las habían mercado, 
y como Su Majestad viniese á España hizo merced de estas 
armas de Madrid al Licenciado Francisco de Vargas, su Teso- 
rero, las cuales tomaron los comuneros y cerraron las puertas 
de la villa, quitando al Corregidor del Rey la vara y apellida- 
ban públicamente: (cviva, viva Juan de Padilla». 

Juan Zapata, hermano de Pero Zapata el tuerto, señor de 
Barajas, y de D. Francisco Zapata, arcediano de Madrid, tomó 
la vara de Corregidor, aunque también sus hermanos ya di- 
chos fueron muy culpados en estos bullicios, y la del teniente 
dieron al Bachiller Castillo, y lo primero que hicieron fué ir á 
El Pardo, que es una casa de deporte de los Reyes de Castilla, 
y luego pusieron cerco para combatir la fortaleza, y según se 
dice había en ella bastimentos para dos años, y estuvo cercada 
dos meses solos, á cabo de los cuales la tomaron á ]iartido. 

En este tiempo vino á Cartagena la Armada que había ido 
á la isla de Oelves, y el Cardenal y los señores del Consejo tu- 
vieron mucho placer en saber <iue la isla de los Gelves era 



— 349 — 

tomada, y que Diego de Vera que allí había ido por Capitán 
con D. Hugo de Moneada habían ya desembarcado con 800 lan- 
zas en Cartagena, y á la hora le enviaron á rogar y á mandar 
que sin poner ningún impedimento viniese adonde estaba el 
Consejo, contándole muy en particular el peligro en qi:e esta- 
ban sus personas, y que no tenía el Rey para defensa de sn 
justicia sino á él y aquellas 800 lanzas, y así se partió Dieg*» 
de Vera con stis 800 lanzas y vino á Madrid y se aix)sentó en 
San Jeróniíno y fué por los caballeros rogado que combatiesen 
la villa y descercase la fortaleza que los comuneros tenían cer- 
cada, pero no lo hizo. 

Unos decían que no quiso porque le pusieron temor los de 
la Junta que le derrocarían sus casas de Avila y otros decían 
que no pudo porque aquella gente que traía venía maltrada del 
mar y mal pagada, y como no les daban dineros ])ara remediar- 
se no quisieron tomar las armas para pelear. 

Sea lo que fuere de aquella jornada se siguió en el Reino 
gran escándalo y el Rey mucho deservicio y á Diego de Vera 
harto daño, porque habiendo servido al Rey hasta allí como 
buen Capitán le tuvieron de allí adelante por comunero. 

Y como se fuesen á aposentar aquellas Soo lan/as á tierra 
de Sepúlveda fué luego D. Carlos de Arellano á sosacarlos por 
mandado de la Junta, de ello con ruegos y sermones y por di- 
neros que les dio, de ello con amenazas que ks puso. Llevó 400 
lanzas consigo y las otras quedaron en servicio del Cardenal 
y Consejo. 

CAPITULO XXXIV 

De un pregón que dieron en Tordesillas lo.s Procuradores de 
la Junta contra el Condestable por haber aceptado lo go- 
bernación del Reino, y de una carta que envió Burgos á los 
de la Junta, y otra de la Junta á los de Burgos en respuesta 
de ella. 

Cuando el correo del Emperador Don Carlos llegó á España 
con las provisiones de los nuevos Gobernadores, el Almirante 



— 350 — 

estaba fuera de Castilla y el Condestable estaba desterrado fue- 
ra lie Burgos; pero al fui el Almirante vino y aceptó la gober- 
nación íi 13 de Noviembre y el Condestable á 22 de Octubre, 
con la cual nueva los servidores del Rey tomaron niucfib placer 
y los Procuradores de la Junta i)or el contrario recibieron mucho 
pesar, los cuales procuraron de enviar luego al Condestable ro- 
gándole y reíiuiriéndole no quisiese aceptar la dicha gobernación 
ni usase de ella jiorque no la podía tener ppr las leyes del Reino, 
donde no, que le tendrían por enemigo ; y como el Condestable 
no quisiese hacer lo que ellos le pedían mandaron dar un pre- 
gón en la \illa íle Tordesillas á 18 días del mes de Noviembre 
que es el ijue se sigue : 

Oid, oid, oid. Sepan todos como la Santa Junta y Corte que 
está en la villa de Tordesillas por mandado de la Reina, nuestra 
señora, para jíroveer en el remedio y sosiego de estos sus Rei- 
nos por cosas cumplideras al servicio de Sus Altezas y á la paz y 
sosiego de estos sus Reinos y al bien y procomún de ellos y de las 
Comunidades, y al remedio y reformación de los males y exorbi- 
tancias pasadas, y por otras justas causas que á ello le han movi- 
do, según que adelante se dirá, han dado y dan por enemigo del 
Reino y Comunidades de él á D. Iñigo Hernández de Velasco, 
Condestable de Castilla, porque siendo requerido por el Reino 
que no aceptase la gobernación de estos Reinos ni usase de ella la 
aceptó y ha usado de ella y usa, y ha recibido y tiene consigo á 
los del Consejo, que fueron por el Reino suspendidos por haber á 
su causa venido en estos Reinos todos los males y agravios en ellos 
acaecidos, é hizo sello Real nuevo en perjuicio del sello Real 
que está con la Reina, nuestra señora, y ha despachado y des- 
¡lacha provisiíjnes contra el Reino y Comunidades de él, y asi- 
mismo á D. Diego Manrique de Guzmán, Conde de Alba de L'ste, 
por que fué requerido con ¡irovisión Real de Sus Altezas con un 
repostero de la Reina, nuestra señora, (¡ue no juntase gente ;.' 
lo prendió y tiene preso. 

Y porque es notorio c|ue e^iá eu deservicio de Sus Altezas 
y daño y perjuicio del Reino y bien público de él y no ha obe- 
<lecido los mandamientos Reales, y asimismo los susodichos 
han juntado gente contra las Cortes y Santa Junta que por 



- 351 - 

mandado" de la Reina, nuestra señora, se hace y ha hecho en 
la villa de Tordesillas, y contra todo el Reino y Comunidades 
de él, y los declaró por ello habar caído é incurrido en perdi- 
miento de todos los juros y mercedes que de Sus Altezas tenían, 
y que desde ahora los incorpora y ha por incorporados en la 
Corona Real, y mándase pregonar por que venga á noticia de 
todos. 

Después que el Condestable hubo aceptado la gobernación 
del Reino, los de Burgos, como fuesen los más mercaderes hom- 
bres, asentados y cuerdos, y tuviesen por causa de sus tratos 
deseo de vivir pacíficos, acordaron de concertar al Ccndestablc 
con la gente común del pueblo, la cual estaba entre sí nuiy 
divisa y todos muy temerosos del Condestable en saber que 
era Gobernador y que le habían echado de Burgos tan injurio- 
samente y con tanta afrenta, y á esta causa tiivieron voluntad 
de hablar en concordia con él, y el concierto fué que el Condes- 
table les sacase perdón del Emperador de los males que en 
Burgios se habían hecho y aun por todo el Reino, y que so 
pagasen las posadas, y que no se sacase moneda del Reino y 
que no se diese oficio ni beneficio á extranjero, y que á Bur- 
gos se le diese otro mercado y las alcabalas del Reino fuesen 
reducidas á la cantidad de los encabezamientos en que estaban 
al tiempo que la Reina Doña Isabel falleció, que no se vendie- 
sen cartas de hidalguías porque eran en perjuicio del Reino 
y las que se habían dado no fuesen válidas. A todo lo cual se 
obligó el Condestable de alcanzarles del Emperador, y dio en 
rehenes á sus hijos y á sus villas de Villalpando y Belorado. 
Entretanto que el correo iba á Su Majestad y venía, acor- 
daron los de Burgos escribir á los Procuradores de la Junta ha- 
ciéndoles saber lo que con el Condestable habían hecho y el 
propósito que tenían para en adelante, y la carta es la que 
sigue : 

Muy magníficos señores : 
Por otras cartas hemos suplicado á Vuestra Señoría tu\iese 
por bien de meter más la mano en la gobernación de estos Rei- 
nos y dejasen su libertad á la Reina, nuestra señora, restitu- 
yéndola en su servicio primero, y conservasen todas las preemi- 



— }V>2 ~ 

nciicias Reales ¡)or<inc solamente se entendiese en esta Santa 
Junta en a(iiicllas cosas i)ara (jue fué convocada al principio, 
que es sujjlicar á la Reina y Rey, nuestros señores, por los agra- 
vios y libertades de todo el Reino, y demás de nuestras carta-, 
hemos cumj)lido con Vuestra Señoría con algunos requerimien- 
tos porque éramos obligados á ellf) para que con ésta se dé la 
determinación de esta ciudad. 

Porijue en la verdad no hallamos causa ni razón alguna que 
dejemos de servir y obedecer á Sus Majestades otorgándonos lo 
(|ue pedimos. 

Por el señor Condestable hemos sido requeridos que le obe- 
deciésemos como á Gobernador de estos Reinos, que aunque he- 
mos visto ser bastantes los poderes que tiene de Sus Majestades 
no lo hemos hecho poniue convenía que primero fuesen reme- 
diados los agravios ciue estos Reinos padecen y concedidas las 
libertades, y para el efecto de esto nos pareció de enviar á Su 
Señoría Ios-capítulos é instrucciones que á Vuestra Señoría en- 
viamos con Pedro de Oña, en los cuales se contiene lo más subs- 
tancial para el bien general, como Vuestra Señoría ha visto, 
para que los otorgase como Visorrey ; porque es tener á Su Ma- 
jestad más grato para en esta merced que le pedimos, y así 
el señor Condestable los otorga á la letra s"n faltar cosa, \' se 
obligó y da en rehenes á sus hijos y á sus villas de Villalpando 
y Belorado que lo traerá todo confirmado de Su Majestad d. 
aquí en fin del mes de Noviembre primero, y que entretanto 
l)ueda usar de la gobernación con que las fortalezas y justicias 
de estos Reinos estén en el estado en que están sin inno\ar 
cosa alguna hasta que venga confirmado del Rey, nuestro se- 
ñor ; y iiues conseguimos nuestro fin, Vuestra Señoría debí 
(juerer que estos Reinos estén en la obediencia que debemos á 
nuestro Rey y señores, que se les restituya su gobernación, y 
á \'uestra Señoría le debe jiarecer esto muy bien que á trueque 
de alcanzar las libertades (lue después que España se fundó 
nadie alcanzase de Sus Mejestades lo que es suyo. 

Y i>orque esta ciudad tiene determinado de obedecer los 
CK)bernadores de Sus Majestades como es dicho á Vuestra Se- 
ñoría, no se aípuje que lo hacemos s'n dar parte de ello á la 



— 353 — 

Santa Junta acordamos de escribir esta carta por donde se- 
pan lo que pasa, y nuestra determinada voluntad, y porque lo 
somos obligados á Vuestra Señoría, le suplicamos que (piiera 
venir en ello así ix)r ser tan justo, porque los desengaños de 
algunas ciudades que ahí tienen sus Procuradores están en lo 
que nosotros, y con esto y con lo que nuestros Procuradrrc^ 
dirán á. Vuestra Señoría nos parece (jue cumplimos con lo que 
debemos á su servicio. 

Prospere Nuestro Señor las muy magníficas personas de 
Vuestras Señorías. 

De Burgos á 27 de Octubre de 1520. 

Como los de la Junta hubieron recibido esta carta acorda- 
ron de responder á los de Burgos la siguiente en respuesta 
de ella : 

Muy magníficos señores : 

Una carta de Vuestras Mercedes recibimos á 29 de Octubre, 
y aunque no dudábamos en esa ciudad haber personas pruden- 
tes y leídas pareciónos que se os acuerda mal de una ley qut 
hizo Solón, singular, antiquísima, dador de leyes en Atenas, 
diciendo que cualquier vecino de ixna ciudad y cualquier ciu- 
dad de un Reino pudiese quejar y remediar los agrav'os he- 
chos en aquella ciudad ó aquel Reino aunque no le tocase á 
él sino á sus vecinos, y porque todas las leyes se deben fundar 
sobre razón, para esto por cierto muy al revés de como vos- 
otros, señores, las tomáis, decía que la ciudad ó Reino era nn 
cuerpo, y que así como dolía un miembro del cuerpo dolían 
todos y en él remedio de aquél debían todos entender, así de- 
bía doler á los otros ciudadanos el daño que recibía un ci\i- 
dadano, y el daño de una ciudad dolía á todas las otras ni más 
ni menos que á ella. 

Pues si esto se debe hacer por los otros miembros que son sus 
ciudades, que haya el mismo miembro por sí mismo, porque si 
bien queréis, señores, tener memoria que ha tan poco que pasó 
una de las cosas que á estos Reinos movieron á tomar armas fué 
esa ciudad, porque si queréis llamar delitos como ahora parece 
que llamáis á los primeros movimientos, que se debe tener por 
cierto que fueron inspiraciones divinas en los pueblos para ve- 



— 354 — 

iiir :il rcnicdio <k- estos Reinos, ¿quién hizo otros mayores que 
(.'sa ciinlad '' 

Tomasteis la fortaleza del Rey, matasteis sin alguna causí 
:'i su aposentador y quemasteis todas sus escrituras sobre que 
era fundada su Corona Real, derribasteis mu :has casas de per- 
sonas (jue no eran culpantes, y quisisteis matar al señcr Con- 
destable, siendo ahí vuestro vecino y habiendo venido á favo- 
receros y ayudar. 

Y si dijereis que Segovia hizo justicia de un Regidor, y 
Salamanca derribó ciertas casas, y Toledo tomó la fortahza y 
las fuerzas, y Valladolid señaló algunas casas de Procuradores, 
por cierto, ¿no eran estos iguales delitos á los vuestros? 

' Si á la calidad de estas cosas queréis llamar delitos, porque 
Segovia castigó al culpado, persona que contra su mandamien- 
to y poder cpie llevaba atributó estos Reinos ; Toledo á los 
que contradecían su opinión de la virtud y les tenían usurpado 
las puertas^de la ciudad en el entrar y salif los echaron fu^ra ; 
los de Salamanca hicieron lo mismo á los ccntrarios de li li- 
bertad, y los de Valladolid castigaron á los que atributaron 
al Rey su ciudad por otras maneras de castigos más nod erados 
que los vuestros, y pues estos delitos no eran iguales á los que 
en esa ciudad se hicieron, bien se puede creer que más presto 
se impetrara para ellos perdón de su culpa que para les vues- 
tros, y por esto tenían muy poca necesidad estos Reinos de 
tornar armas sobre ellos ni para remediar las ciudades (pie los 
hicieron. 

Pero como vosotros, señores, os hayáis vestido de diversas 
colores muchas vc^es, lo que una vez hacéis remedios hacéis 
después delitos, y lo que una vez aprobáis desaprobáis otra. 

Y están bien librados estos Reinos si siguen l?.s dif.rencias 
áé vuestras opiniones para que para vos y para defenderos y 
liara ayudaros, según, señores, os hemos puesto el ejército de 
nuestras ciudades, en parte, para cada y cuando las Hubiereis 
menester os puedan avudar. Mas como en la mañana amanece 
sereno, th lá tarde está nublado, no quisisteis ayudarnos ni 
que os ayudásemos, aunque sabemos cierto que cuando hicis- 
teis aquélla afrenta al señor Condestable, sr las espaldas aquí 



— 355 — 

tan seguras no tuvieseis no quedara en el estado en que quedó. 
Ahora en pago de todo reprendéis las cosas pasadas y he- 
chas por nosotros, que decís que estáis concertados con el se- 
ñor Condestable porque os ha concedido los capítulos que le 
demandasteis. 

Tornando al teína primero, decimos, señores, que no lo 
hacéis como buenos miembros de este cuerix), que aunque os 
pareciese que teníais vosotros razón y que nosotros no la te- 
níamos, pareciera muy mejor que os conformarais con todas 
las otras ciudades y era más de caballeros y de calicza, como 
vosotros, señores, os llamáis, que no hacer lo que habéis hecho ; 
y por. cierto, si ello fuese justo y razonable, sin mirar que os 
habéis apartado de nosotros, si siendo nos ert los cargos que nos 
hacéis siguiérainos aquello mismo que seguís ; pero las libertades 
del Reino son aquellas que aquí se han acordado, y todo ello 
se pregonará muy presto con ayuda de Dios, y no las que vos- 
otros habéis ordenado; porqvie aquí es la Junta general del 
Reino donde está la, Reina, nuestra señora, y loij Procuradores 
de todas las ciudades, y éstas serán tenidas y guardadas por 
^us Altezas y, no las vuestras que os tocaban y creo particula- 
res, y por vuestras propias pasiones ordenadas, sin mirar si 
cumplían al Reino ó si no, y el señor Condestable en verse 
concertado con vosotros pensanics que lo ha errado, que ha 
puesto cizaña y diferencia en nuestros Reinos. 

Con ayuda de Dios y de la Reina y Rey, nue.'-tros señores, 
y de nuestras ciudades veréis cómo no lo habéis hecho como 
cabeza, ni aun como miembro de, este cuerpo, y las personas 
particulares que de vosotros lo han hecho, que- bien creemos y 
sabemos quien son, y que dentro de muy breve tiempo caerán 
en el error que han cometido. Vuestra Comimidad tenemos 
por cierto que se jimtará con nosotros y con el bien común 
(¡ue procuramos, porque no tendrán las pasiones particulares 
que vosotros tenéis. 

No queremos" responder á lo (ii:e decís que restituyamos á 
la Reina, nuestra señora, en su libertad y la pongamos en aque- 
lla posesión que solía estar, porque á esto no se podría respon- 
der s"no con palabras muy recias, porque como hemos dicho 



— 356 — 

crccnioíN (juc vuestras cartas no proceden ni vienen de la Co- 
munidad de esa ciudad, n(.» cjuerenios maltratar los inocentes y 
hombres sin culpa á unien hemos de ir á ayudar y favorecer, 
ni decimos más sino (|ue })resto os daremos la respuesta de esto. 

Cuanto á los hijos (iue decís (lue quedan del señor Con;les- 
table en rehenes, decimos que no lo aconsejaríamos que pusiese 
sus hijos donde fué tan maltratada su persona, y por cierto 
si el Rey, nuestro señor, le dejara por Gobernador. 

En el principio no dudamos que los daños de este Reino 
no fueran tan adelante como ahora están, percj ahora en el 
estado que están, pues el remedio de ellos conviene que haga 
el Reino lo que el Rey, nuestros señor, le aprueba, y que no 
gane ningún grande gracias con nosotros, ni acreciente sus es- 
tados como dicen que harán, que hasta lo que tiene tomado de 
la Corona keal, sin que la acabe de disipar y destruir. 

Su Alteza ha de saber que estos Reinos son partes y las 
ComunidacTes partes de ellos para ser remediados, y conforme 
á lo que aquí acordamos ha de ser el remedio, y esto nos pa- 
rece que conviene al Rey y al bien del Reino, y que en esto 
debierais de estar como buenos y leales vasallos y -como buen 
miembro de este cuerpo sin apartaros de él. 



CAPITULO XXXV 

Cómo después de venido el despacho de Su Majestad para la 
ciudad de Burgos fué bien recibido el Condestable en ella, 
y cómo los grandes y caballeros de Castilla se juntaron con 
el Cardenal y con el Almirante en Medina de Ríoseco, y 
cómo los de la Junta enviaron sus Capitanes para hacerles 
guerra. 

Como el Condestable hubiese enviado á Su Majestad supli- 
cándole tuviese por bien de confirmar los capítulos que los 
de la ciudad de Burgos habían hecho, ix)rque así convenía para 
su pacificación y para la de los otros pueblos de Castilla, el 
Emperador solamente le otorgó lo que convenía á Biu"gos y 



— 357 — 

sobreseyó lo que tocaba á los otros pueblos ; y sabida ¡>or los 
plebeyos de Burgos la respiiesta del Emperador en que á ellos 
solos concedía lo que pedían y que á todos los otros se lo ne- 
gaba estuvieron en poco en no tornarse otra vez á amotinar 
y á desconcertar con el Condestable ; pero como interviniesen 
de por medio muchos caballeros y mercaderes, lo trabajaron 
tan b en, yendo y viniendo muchas veces de Burgos á Brivies- 
ca, que los concertaron y el Condestable se \ino á Burgos muy 
acompañado y fué de los de la ciudad y de toda la clerecía muy 
solemnemente recibido ; y como esto supieron D. Antonio de 
Rojas, Presidente del Consejo Real, y los más Oidores, sj \i- 
nieron á Burgos á juntar con el Condestable. 

Derramada la nueva que el Cardenal estaba en Ríoseco y 
los de Segovia habían tomado su tierra, el Conde de Chinchón 
y los de Dueñas se habían levantado contra Su Majestad, y 
que á todos estos favorecía la Jimta, y que los Procuradores 
que estaban en Tordesillas no platicaban s'no cómo tomarían 
á los señores sus tierras, acordaron los grandes señores de Cas- 
tilla juntarse con los Gobernadores y confederarse todos con 
ellos así para ayudarles á recuperar lo que tenían del R'.y to- 
mado como para defenderlo suyo prop'o. 

Vinieron, pues, á Medina de Ríoseco á juntarse con el Car- 
denal y con el Almirante el Conde de Benavente, el Marqués 
de Astorga, el Duque de Alburqucrqr.e, el Ccnde de Alba 
de Liste, el Conde de Chinchón, el Marqués de Moya des- 
de Valencia, y allende de éstos vinieron D. Pedro de Bazán, 
D. Bernardino Pimentel y otros muchos caballeros y señores 
que estaban huidos de Madrid, Salamanca y de todas las otras 
ciudades alzadas, los cuales vinieron muy aderezados, en que 
llegó el número entre caballeros y prelados á i6 señores de 
salua y 6o caballeros de uno y dos cuentos de renta y muchos 
de tres. 

Ivos que estaban en Toledo siempre tenían grandes inteli- 
gencias con todas las ciudades que estaban rebeladas, y como 
vieron que Madrid había enviado gentes á Juan de Padilla y 
Capitanes, asimismo trabajaron que así lo hiciesen los de Oca- 
ña, y para esto proveyeron los de la Junta por Gobernador de 



— 358 — 

].i jMn^iiicia (le Castilla á ÍMunciscü Ütyorio y por Capitán ác 
Ocaña á Juan Osorio, los cuales eran vecinos de la misma 
villa ; y junto con esto les enviaron poderes para (jcupar y co- 
brar todas las rentas Reales de aquella provincia. 

Los Procuradores que estaban en Tordesillas como vieron que 
los caballeros y grandes señores del Reino se juntaban y hacían 
otra Junta contra la suya, determinaron de enviar á sus Capita- 
nes gente de guerra para que fuesen contra aquellos caballeros 
que con los Gobernadores estaban juntos, con pensamiento que 
en ninguna manera los osarían esperar, y si esperasen que los 
prenderían como habían hecho á los del Consejo, y en la verdad 
lo i)ensaron como hombres que sabían más en derechos qu^ 
en armas. 

Partió, pues, el campo de la Junta á 12 de Noviembre é iba 
en él 10.000 hombres de pie y 200 de caballo y 13 piezas de ar- 
tillería, y por Captan General D. Pedro Girón, llevando á cargo 
la artillería Alonso de Quintanilla, y por Gobernador de todo al 
Obispo de Zamora, y por Consejeros y asesores D. Pedro Laso, 
Procurador de Toledo, 3^ D. Hernando de Ulloa, Procurador de 
Toro, y Saravia, Procurador de ValladoLd ; los cualss todos se 
fueron á Villabrájima, donde sentaron su real contra los Gober- 
nadores y caballeros (jue estaban en Medina de Rioseco, y de allí 
corrían y saqueaban y quemaban á toda la tierra de D. Iñigo de 
Velasco, Condestable de Castilla, el cual también era Goberna- 
dor, tenía en Burgos consigo mucha y muy buena gente, así de 
caballeros como de montañeses y vizcaínos, y como supo que los 
otros Gobernadores y nmchos caballeros estaban en Medina de 
Rioseco juntos, y tiue tenían dos leguas á los enemigos en armas 
y gente muy poderosa, aunque personalmente los quisiera soco- 
rrer, acordó de no salir de Burgos por ver que la fortaleza estaba 
rebelada y las merindades alteradas, y sobre todo las volunta- 
des de los burgaleses muy enconadas, y así determinó de enviar 
al Conde de Haro, su hijo, que fuese á socorrer á los Goberna- 
dores, y fueron con él los Condes de Osorno, de Salinas, de Agui- 
lar, de Siruela y el de Miranda y otros nmchos caballeros, sus 
parientes y amigos y allegados de \''izcaya y de las Montañas» 
cpn los cuales envió el Condestable 3.000 infantes de pie y Soo 



— 35y - 

de caballo,^ 1 6 piezas de artillería, y llegaron á Medina de Río- 
seco dos días antes de San Andrés, y fueron de los otros caba- 
lleros muy bien recibidos como convenía á la necesidad en que 
estaban i y el Presidente de la Cancillería de Valladolid que en 
aquel tiempo era ti Obispo de Cuenca, que se llamaba ul Doctor 
de Villaescusa, acompañado con otros de su obediencia, vino 
á Villabrájima por ver si pudiera dar algún medio entre los ca- 
balleros y la Junta. 

El cual no, sólo él, mas aun otros religiosos (¡ue lomaron aquel 
oficio, no pudieron acabar cosa con ellos por pensar que ¡or l;a- 
llarse. más pujantes habían de ser vencedores. 

El Almirante D. Fadrique en aquella sazón se mostró muy 
generoso porque á todos los grandes y caballeros hizo en su casa 
y villa buen tratamiento, y como fuese agudo y muy bien ha- 
blado y leído, pensando que podría él más con su sabiduría que 
no los de la Junta con su malicia, fuese un día solo á Tordesillas 
y los de la Junta salieron á hablarle en el campo, donde el Al- 
mirante les hizo un buen razonamiento para apartarlos de su 
mal propósito prometiéndoles en general y particularmente gran- 
,des dádivas, asegurándoles sus personas y haciendas por lo pa- 
sado ; pero al fin á él y á sus dichos tuvieron en poco, diciendo 
y reprendiéndole que había hecho mal en acoger allí á los del 
Consejo de Justicia y á los caballeros con su gente de guerra, 
por 1q cual le había de costar muy caro, y como Villabrájima y 
Medina de Ríoseco donde estaban los campos de los unos y de 
los otros estuviesen muy cerca, cada día campeaban los unos 
con los otros y se corrían, pero más era el miedo que se ponían 
que no el daño que se hacían^ porque los Gobernadores, como 
eran tan buenos crstianos y veían que peleaban contra cristianos 
trabajaban de abstenerse de herirlos cuanto podían, y víspera de 
•San Andrés enviaron el Obispo de Zamora y D. Pedro Girón do. 
3-eyes de armas á Medina' de Ríoseco donde estaban los Goberna- 
dores y los otros caballejos á desafiarlos para que otro día que era 
día de fiesta les ofrecían la batalla. A los cuales respondió el Al- 
mirante que el Rey Don Carlos, su señor, no tenía allí aquel 
campo para darles batalla como enemigos, sino para castigarlos 
como á traidores; 



— 3f>0 - 

ívsto no (>l)stunte, otro día muy tic mañana salieron el f)bispo 
de Zamora y D. Pedro Girón con todo su campo y fueron ca- 
mino de Ríoseco liasta la mitad del camino, lo cual como supie- 
ron los Gobernadores mandaron cerrar las puertas de la villa á 
fin (jue no saliesen los caballeros á dar batalla, porque si ellos 
fueran vencidos se perdían todos, y si fueran vencidos los con- 
trarios perdíanse pocos, ix)rque en Tordesillas quedaba entera 
la Junta en cuyo poder estaba la Reina Doña Juana, ya que la 
cosa se iba cada día más encendiendo, y que al fin con armas se 
habían de allevar. 

Todos los Gobernadores y caballeros, por satisfacer cada uno 
más su conciencia y aun justificar más su causa, y emprender 
más justamente la guerra, mandaron ir á los Capitanes de la Jun- 
ta á Fray Juan Antonio de Guevara, que después fué cronista de 
Su Majestatl y Obispo de Mondoñedo, para (lue Icfe hablase y die- 
se una carta suya de creencia, y conforme á una instrucción muy 
larga les dij'ese de su parte lo que á él pareciese según Dios y 
su conciencia ; el cual tomada la carta de creencia \- la instruc- 
ción con ella se fué á Villabrájima y en el camino le tomó preso 
un Capitán llamado Lares, el cual le llevó á los Capitanes que 
estaban en junta en una iglesia, conviene á saber: el Obispo de 
Zamora, D. Pedro Girón, D. Pero Laso de la Vega, D. Fernando 
de Ulloa, vSarabia y Alonso de Quintanilla, á los cuales todos les 
ilió la carta, la cual en su presencia fué leída y mandáronle que 
exi)licase la creencia la cual explicó de esta manera. 



CAPÍTULO XXXVI 

Cómo íov Gobernadores enviaron á Fray Anto7iio de Guevara 
á los Caf^itanes de la Junta, y de las cosas qne les dijo y 
de otras que en nombre del Rey les prometió, y cómo los 
de la Junta ni por letra n por palabra le qu'sicron dar res- 
puesta. 

Al Dios (]ue me crió invoco y á este templo santo adonde 
estamos protesto en c]ue el uno me condene el ánima y el otro 



— 361 — 

no me reciba el cuerpo si en todo ni en parte de lo (lue aquí ten- 
go de decir es mi intención lastimar ni menos engañar á ninguno, 
porque ni el hábito religioso de que estoy vestido ni la sangro 
delicada de que desciendo no me dan licencia á que- sea mali- 
cioso. En fe de sacerdote juro y al Redentor nuestro pongo por 
testigo cuánto de corazón á mí me pesa en oir lo que oigo, ver 
lo que veo y sentir lo que siento, conviene á saber : los trabajos, 
calamidades y escándalos que pasan en este Reino, y lo peor de 
todo verlo cada día más encendido sin haber esperanza de nin- 
gún remedio, los cuales daños todos que aunque yo no soy po- 
deroso para remediarlos y atajarlos á lo menos soy cristiano para 
sentirlos y llorarlos. 

Los daños, las muertes, los robos, los escándalos que ahora 
en este mísero Reino se hacen, bien veo yo, señores, que ni vos- 
otros sois obligados á darme cuenta de ellos ni tampoco yo soy 
Juez para juzgarlos; pero junto con esto, aunque no tengo li- 
cencia para sentenciarlos tengo obligación de afearlos y repren- 
derlos, lo uno porque son hechos en mi patria la cual somos obli- 
gados á defender unos con las lanzas y otros con las lenguas, lo 
otro porque soy predicador de la palabra divina por virtud de 
la cual os digo que de todo este mal daréis muy estrecha cuenta. 

No podéis, señores, negar que muchos prelados y caballeros 
y religiosos os han venido á rogar de parte suya y á requerir 
de parte del Rey tuvieseis por bien de querer suspender .la gue- 
rra y dejaros de esta demanda, á los cuales y á los más de ellos 
no sólo no les habéis querido creer pero aun apenas oir, de la 
cual cosa no sólo en este Reino están muy maravillados mas aun 
escandalizados, y no dejo de conocer cuan buena sea vuestra de- 
manda, conviene á saber: en que queréis libertar al Reino de 
tiranos y librar á la república de tributos, trabajar que salgan 
del Reino los dineros, procurar que no se den oficios á extran- 
jeros, defender que no sean opresos los pobres de los ricos, 
hacer que los Ministros de la Justic'a no sean tan absohitos. 

Estas y otras cosas semejantes solamente tenéis, s-ñores, 
licencia de pedirlas y el Rey solo tiene autoridad de remediar- 
las, porque de otra manera pedir á los Príncipes con la lanza 
lo que ellos han de otorgar de gracia y justicia, más pertenece 



— 362 — 

íi tiranos crudos que no á vasallos pacíficos. Y habéis vistu, se- 
ñores, cómo el Rey I)í>n Carlos, nuestro señor, en muriendo su 
abuelo el Rey Don P'ernando el Católico, dejada su naturaleza 
l»roi):a, se vino luego á residir en estos Reinos de España, don- 
de con su venida reciljinios tanta alegría cuanto con su par- 
tida de pena. El cual es ido á tomar la Corona del Imperio, y 
en esto se i)arecen los fieles vasallos, en que á sus Príncipes 
sir\an en ¡¡regencia y les sean muy fieles en ausencia. 

Hien sabemos, señores, que quedaron en estos Reinos mu- 
chos (luejosos de la poca experiencia y de la mucha codicia 
que mostraron en su gobernación los flamencos; pero junto 
con esto habéis de mirar que el Rey Don Carlos en este caso, 
más honestamente puede ser excusado que justamente repren- 
dido, por(iue dando él la gobernación á Chievres que era an- 
ciano y astuto, principalmente habiéndosela dado el Empe- 
rador, su abuelo, para que fuese su tutor y gobernador y ro- 
gándole y tncareciéndole que en todo y por todo se llegase á 
su consejo ; y si esto es verdad como todos saben que lo es, 
no me parece q\ie con razón el Rey debe ser reprendido, pues 
se rige por quien se gobernaba su abuelo. 

Si no nos engañan los historiadores, el Magno Alejandro 
en el principio de su imperio hizo algunas cosas dianas dj ser 
reprendidas y no menos castigadas, pero totalmente es de los 
historiadores excusado no i)or más de hacerlas por consejo de 
los criados viejos de su padre el Rey Filipo, y á la verdad 
tenían razón de excusarle, porque los Príncipes mancebos me- 
nos veces yerran tomando el parecer ajeno que aciertan si- 
guiendo el propio. 

Lo contrar'o de esto aconteció al Rey Roboan, hijo del 
Rey Salomón, la vida del cual por escritura divina y humana 
es condenada, porque menospreciando el sacro consejo que le 
daban los sabios viejos y ancianos, perdió ii Reinos sólo por 
allegarse al parecer de los mancebos locos. 

Y hablando la verdad, en la mala gobernación pasada no 
tienen tanta culjia los extranjeros cuanto la tienen los natu- 
rales, (lue ellos no sabían las tenencias que habían de pedir, 
ni las encomiendas que habían de procurar, ni los oficios que 



— 363 — 

habían de vender, sino que de los nuestros erian avisados, y 
aun en las astucias impuestos, por manera que si en los flamen- 
cos sobró la codxia en los españoles no faltó la malicia ; j er- 
que los españoles que les daban los avisos para que pidiesen 
los oficios no era sino con fin después de comprárselos, y así 
de hecho los compraban, de donde se sigue que más culpa tie- 
nen los naturales que los compraban que los ñameneos que 
los vendían. 

Pues sois, señores, personas generosas y valerosas y de san- 
gres liinpias, queiTÍa preguntaros qué os movió á emprender 
esta guerra y contra quiénes enderezáis vuestras lanzas : no 
contra el Rey, que según dije no tiene culpa ; no contra los 
flamencos, que ya están fuera de España ; no contra los caba- 
lleros, porque no son vuestros enemigos ; no contra los del 
Consejo, porque todos han huido ; no contrr. los C^obernado- 
res, porque ellos no han alborotado los pueblos ; no contra la- 
drones ni tiranos, porque los Reinos estaban pacíficos; no 
contra moros de África, porque no han entrado en Castilla. 
Pues si contra estos todos no podéis ni debéis hacer guerra, 
¿contra quién la hacéis sino contra vuestra tierra y naturale- 
za? ¿Qué daño hacéis á los caballeros, qué enojo dais á los 
flamencos y qué pérdida se sigue al Rey ? Y ya que contra és- 
tos más que contra otros estéis enojados, en que derroquéis 
las fortalezas, pongáis fuego á las casas, robéis á L.s pobres, 
despojéis á las viudas, encendáis las iglesias, porque al fin el 
Rey no ha de perder el Reino, á los flamencos no podéis 
matarlos ni los caballeros perderán sus estados, de manera que 
todo el daño de la guerra carga sobre la triste república. 

¡ Oh !, triste de tí, España, que ahora pienso que viene la 
tu tercera caída verdadera ; porque siendo como eres señora 
de Reinos extraños, eres ahora perseguida de tus h'ji^s pro- 
pios, y los que criaste como hijos á tus pechos, aquellos ccmo 
víboras roen tus entrañas, de manera que poniéndote los ex- 
traños sobre la" cabeza te tienen los tuyos sobre los pies. 

Todo esto he dicho, señores, por fin que si en los extran- 
jeros faltó la experiencia 3' en los nuestros se enseñoreó la ma- 
licia, no es justo que al Rey Don Carlos, nuestro señor, se le 



— 364 — 

eche tcxia la culpa, > ya (lue tuviese alguna, digna cs de ser 
I)erd()nada, porque I>i<)s nuestro vSeñor más veces lerdona á 
muchos por uno, (pie no castiga á uno i^or muchos. 

Hablando más en particular, no podréis, señores, excusaros 
de culpa, digo, culpa muy gravísima, en la Junta que comen- 
zasteis en la ciudad de Avila, del consejo de la cual ha ema- 
nado esta guerra, la cual Junta por leyes divinas y humanas 
está prohibida y no inmérito, porque jamás leemos haberse he- 
cho alguna congregación de ]>ueblo sin (pie de ahí no salie- 
se un famoso escándalo. 

Yo no puedo decir sino que el escándalo es levantado, pero 
no me podéis, señores, negar que no hay tan gran alboroto en 
el mundo que si los hombres quieren no pueda ser ataj :do ; 
pues si esto es verdad, como lo es ; si vosotros queréis olvidar 
algo de vuestro enojo, y los (gobernadores quieren perder un 
poco de su autoridad y derecho, yo lo doy todo por acabado. 

Si yo fuese vosotros no sé que me haría, pero si vosotros 
fueseis yo, yo me juntaría con los Gobernadores para que vis- 
tos los agravios que en el Reino se han hecho y ellos proveye- 
sen luego en lo' muy necesario, y después, todos juntos, supli- 
caseis al Rey por lo venidero, y de esta manera en vosotros ha- 
bría madureza y consejo para lo que se ha de pedir y en el 
Rey habría más voluntad y facilidad en lo que ha de conceder. 

Si por caso á esto quisiereis vuestras voluntades inclinar 
en (pie queráis dejar las armas y pacíficamente juntaros con 
los Gobernadores y Consejo, en fe de la creencia que traigo 
digo, y de parte de los Gobernadores os prometo, que todos 
los daños que hasta ahora se han hecho los dan por disimu- 
lados, y que vosotros, señores, los tengáis por perdonados, con 
presupuesto que no hayáis tenido en cllcs algunos malos si- 
niestros. 

Lo ])rimero, pues, (]ue os envían á ofrecer los Goberna- 
dores, por la autoridad que de Su ^lajcstad tienen, es que 
queriendo vosotros dejar las armas y juntaros con ellos, < s i^er- 
donan todos los excesos j)asados que habéis cometido. 

Lo segundo, señores, que ( s prometen es que de aijuí ade- 
lante jamás el Rey pondrá por (lobernador de estos Reinos 



— 366 — 

de Casilla á ningún prelado ó caballero que no sea natural 
de ella. 

Lo tercero, que de aquí adelante todas las dignid¿ides, pre- 
lacias, tenencias, encomiendas, Capitanías y otros oficios que 
vacaren en la Casa Real del Rey, nuestro señor, los dará y re- 
partirá de tal manera que ninguno sea de nación extranjera. 

Es lo cuarto, que no consentirá el Rey que de aquí ade- 
lante sus rentas Reales las arrienden arrendadores, sino que 
se encabecen las ciudades en aquella cuantía de maravedíes 
que estaban el año que murió la Reina Doña Isabel, de bue- 
na memoria. 

lyO quinto, que de aquí adelante proveerá y mandará el Rey 
que el Presidente y Oidores del Consejo Real de su Corte ha- 
rán residencia en los oficios y serán visitadas sus pcr:::onas. 

lyO sexto á que se obligan es, que el Rey, nuestro señor, 
mandará proveer que los cuatro Alcaldes de la Corte, de tres 
en tres años hagan residencia, y si alguno hallaren culpado le 
quiten la vara. 

Lo séptimo, que el Rey, nuestro señor, de aquí adelante 
reformará y concertará su casa, conviene á saber : los grandes 
gastos de su despensa, por ser en tan excesivo grado. 

IvO octavo, que el Rey, nuestro señor, por ninguna necesi- 
dad extrema que tenga permitirá se saque dinero de los Reinos 
de Castilla. 

ho nono, que de aquí adelante no permitirá el Rey, nues- 
tro señor, que se carguen en naos extranjeras hierro de Viz- 
caya, ni alambres de iMurcia, ni vituallas de Andalucía, ni sa- 
cas de Burgos, ni otras cualesquier mercaderías sino en las naos 
de Vizcaya y de las montañas. 

iLo décimo, que los castillos roqueros y fortalezas y casas 
fuertes de todo el Reino no las dará ni entregará el Rey sino 
á hijosdalgo buenos y abonados, y no á caballeros valerosos 
ni poderosos, para que en ellas hagan opresiones á los pueblos 
realengos. 

Después que Fray Antonio de Guevara les hubo dicho y 
prometido de parte de los Gobernadores las cosas dichas, les 
dijo más : que debían de recibirlas y conformarse con la vo- 



— 306 — 

Itintiul <U los («obcrnadorcs, pues que todo lo que se otorgaba 
era lu i)r(>vccli<) de la república, que era á lo que ellos tenían 
celo, pues se llamaban redentores de la república ; y que si 
tenían otros pensamientos les hacía saber que era llegada la 
hora en que no podrían encubrirlas, poniue sabido jjor el Rei- 
no (jue tenían aquellas cosas en jkjco, serían desamparados de 
sus amigos y perseguidos de sus enemigos. 

Y que si acaso, lo que Dios no quisiese, la cosa llegase á 
riesgo, como en las cosas de la guerra sea muy varia la fortuna 
podría ser que fuesen vencidos como esperaban de hecho ser 
vencedores, y entonces les pesaría mucho así de que se per- 
diesen sus generosas personas como del daño que harían á 
los pueblos y Comunidades, y que si acaso en lo que le man- 
daren decir lOs muy ilustres Gobernailores y en lo que él ha- 
bía dicho de su propia voluntad se había notado alguna pala- 
bra (jue fuese digna de censura, se imputase á él la culpa y 
no á los señores que le habían enviado con la embajada, por- 
que no había sido otro su fin en este caso sino persuadirles 
al servicio del Rey y al bien común. 

Durante el tiemjio (lue Fray Antonio de Guevara les pro- 
ix)nía todo lo sobredicho, algunos le miraban y otros s>.' da- 
ban del codo. Finalmente, callando todos, dijo el Obispo de 
Zamora estas palabras : 

Padre Fray Antonio de Guevara, vos habéis hablado asa/, 
largo y aun con más osadía de la que convenía á la honestidad 
de \-uestro hábito, y aini á la autoridad de los señores de tstj 
Consejo, porque la resohición de toda vuestra plática ha sido 
hacernos en cr(?yente que los Gobernadores son los que traen 
la demanda de remediar la república, (pie nosotros no hac.nios 
sino revolver \- tiranizar á Castilla. 

Vos, padre, como sois religioso retraído, no sabéis, como 
nosotros, las tiranías que se hacen en el Reino, y por eso es 
ra/ón que sean perdonadas \uestras jialabras y recibida vues- 
tra intención ; i)ero nosotros como no somos sino Capitanes 
para ejecutar, y no Jueces para mandar, es necesario que nos 
deis de todo lo que habéis dicho una escritura, la cual enviare- 
mos A Tordesilla^. á los señores de la Jimta, i^ara que allá sobre 



— 3é7 — 

mucho acuerdo y madureza vean lo (lue á vosotros han di res- 
ponder y lo que á nosotros ha de mandar. 

Luego se hizo correo á los de la Junta con ttxlo lo que Fray 
Antonia había dicha y prometido, los cuales dieron por res-' 
puesta que semejantes cosas como aquellas no merecían res- 
puesta sino castigo y pena, y que luego á la hora le echasen 
del lugar de Villabrájima y que dijese á los Gobernadores que 
ellos tenían del Rey facultad para prometer mucho, mus no 
tenían autoridad para cumplir lo prometido. 



CAPITULO XXXVII 

De las cosas que entre sí juraron los caballeros de que vieron 
que los de la Junta tuvieron en poco sus capítulos, y de 
cómo combatieron á Tordesillas y se apoderaron allí de 
la Reina Doña Juana y prendieron- á los Gobernadores de 
la Junta- y de otras cosas particulares que allí sucedieron. 

Bien quisiera D. Pedro Girón y aun algunos de los Ca])ita- 
nes que allí estaban que la embajada fuera mejor oída y que 
se diera alguna buena respuesta ; pero andaban luios con otros 
que no se fiaban de sí mismos, porque por una parte deseaban 
la paz y concordia, y por otra blasonaban más que todos de 
la guerra. 

Visto por los Gobernadores y por los otros caballeros que 
estaban en Medina en cuan poco los tenía la Junta, se juntaron 
todos en el palacio del Alm'rante y allí de nuevo se unieron 
y confederaron unos con otros de esta manera. 

'Lo primero, juraron que por todo el tiempo que durase aque- 
lla guerra cesaría entre ellos todo pleito y enojo y demanda. 

Lo segundo, juraron que por todo el tiempo que durase- 
aquella conquista ningún caballero por extrema necesidad que 
tuviese desampararía la guerra, sino que con sus parientes, 
casa y persona allí morirían ó vencerían. 

Lo tercero, juraron que si Dios nuestro Señor ¡wr su mi- 



— 868 — 

scricordia ks cLba de sus enemigos victoria, ellos suplicarían 
al Rey por todo lo (lue tocaba á la república. 

Un domingo á 2 de Diciembre mandaron los ( -obernadorcs 
á Fray Antonio que predicase y después del sermón que dije- 
se todcj lo (lue en el campo de la Junta había dicho y leye-sv 
los capítulos que les había llevado y contase el tratamiento que 
le habían hecho, y cómo le habían enviado su respuesta. 

Lo cual todo, como lo oyesen así los naturales de la villa 
como los (lue venían en la guerra, no sólo se indignaron, per»» 
declaráronse por enemigos de la Junta, ixjrque conocieron muy 
claro que no se movían por celo de la república, sino con pro- 
curar cada uno el bien de su persona. 

El mismo domingo de mañana se partió el campo d. 1. 
Santa Junta y se fué á la villa de ViUalpando, la cual sin c(m- 
tradicción ni resistencia se les entregó luego. 

Otro día lunes en la tarde los Gobernadores con todo su 
campo salieron de Medina de Ríoseco é hicieron un muy bucii 
ardid de guerra, y fué (]ue echaron el carruaje camino de Vi- 
Ualpando diciendo (¡ue iban contra los Capitanes de la Junta, 
*y por otra parte fuéronse á alojar aquella ncche á Villabrá- 
jima y anduvieron tanto ellos y todo su campo, de manera que 
otro día temprano fueron sobre Tordesillas. 

Lo cual como vieron los Procuradores que estaban allí de 
la Junta, luego se pusieron en defensa. El Obispo de Zamora 
había sacado de su Obispado 300 clérigos, los cuales él había 
dejado allí en Tordesillas para que defendiesen la villa, y s^- 
gún se decía aunque los pueblos de su d ócesis se los pedían 
para decir misa, siquiera las fiestas, él no quiso sacarlos de 
Tordesillas, diciendo (jue no era mala misa morir por la repú- 
blica y estar en servicio de la Santa Junta ; lo cual los cléri- 
gt)s hacían muy cumplidamente, preciándose más de traer es- 
copetas á los hombros (¡ue no breviarios en las manos. 

El Almirante como Gobernador y todos los otros caballeros 
con él, ordenadas sus batallas se apegaron al muro y los de 
dentro jjusiéronse á las almenas y comenzarün á dcfendérsjlo, 
y como los de fuera jugasen con la artillería y los de dentro 
hiciesen mucho daño con la esco])etería al fin del primer com- 



— y6H — 

bate no se pudo tomar la villa y mataron un Capitán ck' l<is 
caballeros que se llamaba Vozmediano, natural de Carrióu, lo 
cual visto por el xYlmirante mandó que la gente se retirase y des- 
cansase, ix)rqu€ le dijeron los artilleros y los soldados (¡ue si 
no mudaba de allí la artillería y no daba á saco la villa no 
esperase aquel día ver victoria de sus enemigos. 

Después que la gente descansó y se refrescó, como se mu- 
dase á otra parte la artillería y se diese por pregón á saco la 
villa, en breve espacio se hizo en el muro un razonable portillo 
por el cual subieron los soldados y entraron en la villa á fuer/ a 
de armas, y así la tomaron, y saquearon y mataron á muchos 
de los que estaban dentro, y prendieron á los que estaban allí 
de la Junta, y se apoderaron de la Reina Doña Juana, nuestra 
señora, de manera que la jornada aunque fué peligrosa fué asaz 
provechosa. 

Tomóse la villa de Tordesillas martes en la noche á 4 de 
Diciembre, día de Santa Bárbara, en la cual empresa ningún 
caballero fué notado de cobarde, sino que todos se mostraron 
valerosos y esforzados, en especial D. Alvaro Osorio, Marqués 
de Astorga, el cual fué el primero que subió al muro por la es- 
cala y peleó como muy valiente caballero. 

Luego aquella noche supi^eron en Villalpando las nuevas los 
Capitanes de la Junta cómo los caballeros habían tomado á Tor- 
desillas y á la misma hora el Obispo de Zamora y D. Pedro Gi- 
rón con todo su campo se fueron á encerrar á Valladolid, los 
cuales fueron de mala gana recibidos, y de palabra muy mal- 
tratados, porque les decían en sus propias caras que á ellos 
no los habían enviado á Villalpando á comer ansarones, sino 
á iNIedina de Ríoseco á pelear con los caballeros. 

D. Pedro Girón al fin como era generoso y valeroso y había 
días que estaba muy arrepentido de lo que había comenzado y no 
buscaba sino ocasión para alzarse á la mano, aconteció que el día 
mismo que llegó á Valladolid se puso á la puerta de la villa como 
que quería contar la gente de guerra, y después que todos fuenm 
entrados cabalgó en un caballo y dio consigo en Peñafiel, villa 
que era de su padre. El cual hecho escandahzó mucho á los co- 
muneros y dio gran favor y placer á los caballeros. 



— 370 — 

Isstmo I). Pedro Girón ])or Capitán de la Junta casi tres me- 
ses, y luego se fué á Burgos al Condestable su tío (jue era Go- 
bernador y siguió después contra la Junta y en servicio del Rey 
toda la guerra, de manera que fué mu\- poco en lo (|ue excedió 
de antes en respecto de lo (jue sirvió después. 

En el tiempo que esto pasaba en Castilla la Vieja, algunos 
pueblos estaban alterados en el Reino de Granada y Andalucía, 
en especial la ciudad de Baza se levantó en favor de la Junta 
a 2 de Agosto, y fué la causa en que decían que Doña María de 
Luna, mujer que fué de'D. Enrique, los tenía allí opresos, sien- 
do ellos del Rey, y que los hijos tenían la fortaleza y ella se 
metía en los términos, y (|uc los nietos les tomaban las posadas 
y les disfamaban las hijas, y que por estas cosas determinaban 
antes morir libres que no vivir esclavos. 

Fué el ijue levantó aquella ciudad un Francisco Mercader, 
pobre escudero, y como lo supo D. Luis Hurtado de Mendoza, 
Marqués que era de ]Mondéjar y Gobernador de Granada, fué 
luego con nuicha gente de armas á Baza y tomóla y allanóla y 
descuartizó al Francisco Mercader, y derrocó muchas casas y 
justició nuichas personas, de manera que fueron castigados los 
de la ciudad de Baza y de los de la tierra atemorizados. 

A 7 días de Septiempre se levantó en favor de la Junta la 
ciudad de Jaén, en que quitaron la vara de just'cia al Corregi- 
dor y tomaron la fortaleza del Rey, y decían que fué en culpa 
de todo esto D. Rodrigo ^lejía, señor de Santa Eufemia, el cual 
ahorcó á un labrador y á su hijo que llamaban Cachiprieto, por- 
que fué á los Gobernadores á decirles que él y sus parientes . 
entregarían la ciudad y tomarían la fortaleza. 

A 2o de Agosto se levantó en favor de la Junta la villa de 
Cazorla y tomaron la fortaleza y ocuparon las rentas y echa- 
nm el Adelantado, finalmente se d'eron al Marqués de Mondé- 
jar en tercería hasta que el Rey tornase á España. 

La villa de Huesear (jue era del Duque de Alba también se 
levantó por la Junta, y envió por socorro á Murcia, y fué con- 
tra ella D. Antt)nio de Mendoza hermano del Marqués de Mon- 
déjar, y peleó c(m los de la villa y venciólos, de manera que 
cuando el socorro de Murcia llegó ya la villa estaba tomada. 



— 3a — 

A 15 de Octubre se levantaron par la Junta Ubeda y Bauza, 
en (¡ue echaron al Corregidor del Rey (lue era I). Fernando de 
Rojas, hermano del Marqués de Denia,, >- aconteció que un ca- 
ballero y Capitán del Rey, que se llamaba D. Luis de la Cueva, 
vecino de Baeza, yéndose á su casa fué muerto en el camino por 
D. Diego de Carvajal, señor de Xódar y por los de su baüdo que 
son Carvajales y Molinas, que son en aquellos lugares parcia- 
lidades contrarias á los Cuevas y Benavides, y por causa de la 
muerte de este caballero se siguieron después muchos males y 
muertes de Ubeda y Baeza. 

ha. ciudad de Sevilla estaba en este tiempo pacífica y la sos- 
tenía en este ser la Duquesa de Medina Sidonia, Doña Ana de 
Aragón, nieta del Rey Católico, por la inhabilidad del Duque 
D. Alonso su marido, aunque no dejaba de contrariarle el Du- 
que de Arcos y alborotar algo la ciudad por las enemistades 
viejas que la una casa tenía con la otra. 

Todas estas sabredichas ciudades sabida la nueva que Tor- 
desillas era tomada luego se apartaron de la confederación. 

El Consejo de que supo cómo Tordesillas era tomada fué- 
ronse todos á Burgos para el Condestable, y el Cardenal y el 
Almirante estuviéronse en Tordesillas guardando la Reina y te- 
niendo allí presos los Procuradores de la Junta, y pusieron en 
Simancas guarnición, por Capitán al Conde de Onate, el cual 
á tercero día corría hasta las puertas de Valladolid y los de \^a- 
lladolid fueron á Cabezón y derrocaron la fortaleza por miedo 
que los Gobernadores pusiesen allí gente de armas como ha- 
bían puesto en Simancas. 

CAPÍTULO XXXVIII 

Cómo el Capitán Hernando Cortés después de haber hecho en 
la Nueva España el pueblo de la Veracruz se fué camino 
de la gran ciudad de Tenuxtlitan, donde fué muy bien re- 
cibido del señor de ella, llamado Montcznma. 

Dicho hemos cómo el Capitán Hernando Cortés después que 

[' . llegó á la tierra de la Nueva España y se informó de la riqueza 

de ella determinó de hacer un pueblo en lugar que le pareció 



coiuenicntc y k llamó la \'cra-Cru/., (k iloutk- envió á vSu Ma- 
jestad un ric«j presente con la relación de todo lo (jue había en 
la tierra, seKÚn In (|iic en a(|uel tienijjo imdo saber; \ hecho 
esto, este i)resente año, por Agosto, determinó de partirse ca- 
mino de la cindad de Tenuxtlitan de que él tenía noticia que 
era niny grande y nniy rica, y también por verse con Monte- 
zuma (|ue era señor de ella y de toda aquella tierra, el cual le 
había enviado el presente (que dijimos) , y antes de su partida 
le vino a<]uí á rogar un cacique y señor de la provincia de Cem- 
poal (pie le librase de la servidumbre cpie padecía de Monte- 
zuma, así en los frutos (lue cogía y bienes temporales como de 
ind.'os (jue le daba para sacrificar á sus ídolos, lo cual Hernando 
Cortés holgó mucho de oir por tener color de mover contra él; 
y hechas sus alianzas con el caciciue y dada orden en su partida 
supo cómo llegaba á \'ista de tierra Francisco Garay ce n una 
Armada, al cual envió á decir Hernando Cortés (lue si que- 
ría parar allí para recrearse y tomar su favor, que se lo daría, 
y Garay le envió á requerir partiese con él aquellas tierras á 
lo cual dijo Cortés que no lo haría, y no aguardando más res- 
puesta se fué á descubrir por la banda del Norte, donde fué mal 
recibido de los indios del río Panuco, y como allí le sucediese 
mal acordó de volverse á pt)blar cerca de Veracruz y comenzó 
á poblar un pueblo, lo cual como supo Hernando Cortés se lo 
prohibió y le hizo salir fuera de la tierra, y en aquel lugar hizo 
y dio orden en fundar el pueblo que llamó Almería, donde Fran- 
cisco de Garay dejando mucha de su gente en su fundación >• 
en la de la Veracruz y partiendo Hernando Cortés con los 
campoaleses tomó su canino para Tenuxtlitan y pasó por la 
provincia de Táscala, enemiga capital de ^lontezuma y gen- 
te política y belicosa. 

Y como Cortés procurase alcanzar la amistad y favor de és- 
tos le fué muy peligroso, porque primero que los atrajese á ella 
los venció en cuatro peligrosas batallas y otros encuentros, y 
les entró en la ciudad que era muy grande, y los puso debajo 
de la obediencia del Rey de España, lo cual fué causa que como 
lo supiese Montezuma se le ablandase la gran soberbia que te- 
nía y jtara (lUe no tomase ariiias para resi-tirle. 



— 378 — 

Así envió luego á Táscala, donde estaba Hernando Cortés, 
sus Embajadores con un rico presente y enviándole á rogar tu- 
viese por bien de no ir á la ciudad de Tenuxtlitan p(jrque con 
la mucha gente que él traía y la que estaba en la ciudad podrían 
morir de hambre, y que no dejaría de estar obediente al Rey 
que le enviaba. Pero Hernando Cortés no (luiso (lue se refriase 
la ocasión que en aquel tiempo tenía para hacerlo, y fortificado 
su ejército con el favor de los tancalenses y con los de la 
provincia de Guacozingo, que hoy se llama San Miguel, se 
fué camino de la ciudad de Tenuxtlitan, en la cual fué muy 
bien recibido á 8 flías de Septiembre con aparato y fausto real, 
saliéndole á recibir Montezuma con todos sus vasallos y ser- 
vidores y lo llevó á aposentar consigo en su casa, y á los su- 
yos hizo aposentar muy honradamente y mandó servir á Her- 
nando Cortés con aparato y ceremonias reales, y después de 
habef comido se pasó á donde había aposentado á Cortés \- 
delante de sus principales le hizo un razonamiento en que le 
dio á entender que tenía desde largo tiempo atrás pronosti- 
cada su venida, la cual había de ser causa de ser privados, 
ele su imperio y mando, diciendo asimismo el origen de sus 
mayores que habían venido de otras partes allí enviados con un 
Capitán, el cual no sabían si había venido por tempestad ó por 
su voluntad, y que sus gentes habían tomado en aquella tierra 
mujeres de las naturales y hecho pvieblos, por donde el dicho 
Capitán se había vuelto enojado y que hasta entonces ninguno 
había viielto que pidiese aquel derecho, y que aquel Rey por 
quien Cortés decía que era enviado debía de venir de aquél, 
por lo cual les rogaba descansasen de tan largos trabajos como 
habían pasado, y que él daba desde luego á Hernando Cortés 
la potestad y señorío absoluto en todas las cosas, y mandó 
á los suyos le acudiesen con sus rentas, lo cual se comenzó 
luego á hacer avmque con gran envidia y reprensión de sus 
privados ; y no á muchos días después de su llegada trabajó 
Hernando Cortés de buscar ocasión para enseñorearse de iMon- 
tezuma y tenerle más debajo de su mano, temiendo los vaive- 
nes y mudanzas de la fortuna ; y tomó ix)r ocasión (|ue cierta 
rebelión que en aquella sazón se había levantado por el ca- 



— 874 — 

ciquc Coalchopoca en la provincia donde Hernando Curies 
había dejado fundado el pueblo que llamó Almería, al cual 
aunque los cristianos lo vencieron y tomaron la tierra fingió 
(lue sabía por cierto no sólo por consentimiento de Monte- 
zuma á (juien era tributario, pero por su mandado, y dijo á 
Montczuma (jue ])or(jue él pudiese enviar á dec^r á su Rey que 
tenía en su poder su persona en lugar de preso, por lo que se 
había hecho, hasta que se supiese la verdad, le rogaba se pa- 
sase á su aposento, jjues no había de ser en disminución de su 
Estado, y hecho esto mandó venir á Coachopoca, autor de 
la rebelión, y siendo acusado y convencido él y un su hijo y 
algunos principales por lo que habían hecho, los sentenció 
Cortés á quemar en presencia de los de Tenuxtlitan, y lle- 
vándolos al fuego encartaron é hicieron autor de ello á Mon- 
tczuma. 

Indignado Cortés de ello le reprendió mucho y le hizo 
echar unos grillos aunque se los mandó quitar luego, y que 
se fuese á su aposento y servicio ; pero Montezuma lo rehusó 
l)or el miedo y vergüenza de los suyos, porque decían que así 
se quitaría el alboroto ; el cual se dejaba servir y tratar de 
los españoles, haciéndoles favores y dádivas, y así comenzó á 
llevar Cortés sus cosas mañosamente. 

La ciudad de Tenuxtlitan, que también llaman México por 
causa de la ijrovincia, decían ser de 60.000 vecinos aunijuc 
otros decían So. 000 ; estaba metida en medio de una gran la- 
guna de agua que se cebaba de muchos ríos que entraban en 
ella que salían de grandes montes, de que estaba cercada la 
ciudad distantes á 10 ó 12 leguas de ella, y había en la dicha 
laguna muchos géneros de pescados, y estaban los oficios de 
la ciudad distintos y apartados los unos de los otros, como en 
cual(iuiera ciudad de España. 

Son los indios muy ingeniosos en las artes mecánicas, así 
en el labrar las cosas de madera y barro, como de oro y plata, 
estaño, plomo y cobre (jue son metales de que abi nda mr.cho 
la tierra. Contrahacen muy al natural todas las imágenes de 
los animales y aves, hierbas y peces, tanto que parecen es- 
tar vivas. 



Tenía en mitad de la plaza una casa pública Ci.>mo Audien- 
cia donde estaban lo ó 12 varones ancianos que tenían cuidado 
de' los pesos y medidas, finalmente de la provis'ón de la ciudad 
y justicia de ella gobernaban á manera de Juece.- ú Oidores 
de Cancillería con sus alguaciles. Tenían en la cuidad unos 
templos muy grandes en que sacrificaban á sus íd(dt)s ; los 
hombres y mujeres andaban vestidos en unas m.int lias de al- 
godón, ordinariamente el brazo derecho de fuera y tapadas sus 
vergüenzas con unos paños largos ; los rústicos andaban mu- 
chos desnudos 

Hay en la tierra puercos monteses, liebres, conejos, tórto- 
las, tordos, zorcales, codornices y faisanes, gallinas más gran- 
des que las de España, y asimismo Icones, ciervos tigres, y 
gatos que castran y engordan para comer. 

De las costumbres de los cuales y de sus ritos > ceremonias 
.y casamientos y monedas y de todo lo demás, diremos phcien- 
do á Dios más largo en el libro que hacemos de las coías de 
las Indias Occidentales. 

En este año de 1520, á 12 de Enero, en los Remos de Ara- 
gón murió D. Alonso de Aragón, hijo bastardo que fué del 
Rey Don Fernando, y Arzobispo de Zaragoza, y dióse el Ar- 
zobispado á un hijo suyo llamado D. Juan, el cual era enfermo 
y mozo. En este año á 5 de Marzo murió D. Juan de Velasco, 
el cual era Obispo de Falencia y primero había tenido las igle- 
sias de Cartegena y de Calahorra, fué honesto prelado y dióse 
el dicho Obispado al maestro Mota, tiue á la sazón era nuty 
privado del Rej^ y Obispo de Badajoz, y el de Badajoz se dio 
á un fraile dominico llamado Fray Bernardo de Mesa que erM 
Obispo de Eana (sic). 

En este año á i.° de Julio nmrió en Valladolid el Licenciado 
Fray Francisco de Sosa, Obispo de Almería ; fué proveído en 
su lugar el Doctor de la Parra, médico del Re>'. En este año, 
víspera de todos los Santos, murió en la ciudad de Jaén D. Alon- 
so Suárez de Fuente el Saz, Obispo de Jaén, que primero había 
sido Obispo de Mondoñedo, varón honesto y docto y anciano, 
y Presidente del Consejo de la Inquisición. A S de Noviembre 
murió Pero Manrique, señor de Valdescorriel, y heredó su cas;i 



— a70 — 

I). Antonio (le Manrique, su hijo, el cual casó con Doña Luisa, 
hija únca de I). Antonio de Padilla, Adelantado de Castilla. 
ICn este año á 22 días tle Agosto murió el Doctor Villamu- 
ricl, Obispo de Mondoñedo, Presidente que era 4^ la CanciUe- 
ría de Granada ; dióse el Obispado al Doctor Loaysa. Murió 
Lii este año, de pestilencia, á 25 de Septiembre, el gran turco 
Selino en la ciudad de Andrinópolis ; sucedióle su hijo Soli- 
mán, que era de edad de diez, y siete años ; y tomaron los mo- 
ros por traición el Peñón de Vélcz, que fué no pequeño daño 
jior lo mucho que a(iuel peñón importaba para la seguridad 
(le mucha i)arie de la costa de España. 



CAPITILO XXXIX 

Cómo d Emperador entró en la ciudad de Vorms, que es en el 
Iviperio-de Alemania, para donde había mandado llamar á 
Cortes, y cómo sabiendo allí los levantamientos y alborotos 
que había fif España, mandó dar una carta para todoa los 
que habíah s>do más culpados en ellos. 

Estando el Emperador Don Carlos en la ciudad de Colonia 
escribió á los Electores y á otros Príncipes eclesiásticos y se- 
glares y Estados del Imperio para que se juntasen en la ciu- 
dad de Vorms, porque quería con ellos hacer D eta que en 
aípiella tierra llaman lo que acá llamamos Cortes en Castilla, 
porque la voluntad de Su Majestad era dar orden en las cosas 
de .Alemania y volver á remediar las de España (|ue ya sabía 
en el estado que estaban, y á esta causa, después de haber 
entrado Su Majestad en la ciudad de Vorms, mandó dar su 
carta para todos los que él tenía noticia que en el Reino de 
Castilla habían sid<y enligados en los alborotos y levantamien- 
tos <iue se habían hecho; el traslado de la cual es el siguiente : 

Don Carlos por la gracia de Dios Rey de Romanos y Em- 
perador scmper augusto, y Doña Juana, su madre, y el mismo 
Don Carlos por la misma gracia. Reyes de CastUa, de León, 
de Aragón, de las dos Sicilias, de Jerusalén, de Navarra, de 



-- 377 — 

Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de Mallorca, de 
Sevilla, de Cerdeña, de Córdoba, de Córcega, de Murcia, de 
Jaén, de los Algarbes, de Algeciras, de Gibralt-ir, de las islas 
de Canaria, de las Indias, islas y tierra firme del mar Océanc), 
Conde de Barcelona, señor de Vizcaya y de Molina, Diique 
de Atenas y de Neopatria, Conde de Ruisellon y de Cerdaña, 
Marqués de Oristan y de C^.oziano, Arch duque de Austria, 
Du(iuo de Borgoña y de Brabante, Conde de F1 andes y de Ti- 
rol, etc. 

A vos D. Antonio de Acuña, Obispo de Zamora, y á vos 
D. Pero Laso de la Vega y Juan de Padilla y D. Pedro de 
Avala y Hernando de Avalos, vecinos de la ciudad de Toledo, 
y D. Juan de Mendoza, hijo del Cardenal D. Pero (ionzák/. 
de Mendoza, y D. Pero Maldonado y Francisco Maldf;nado, 
vecinos de la ciudad de Salamanca, y Juan Brabo, vecino de 
la ciudad de Segovia, y Juan Zapata, vecino de la villa de Ma- 
drid, y Diego de Heredia, Regidor, y Diego de Heredia, el 
mozo, vecinos de la dicha ciudad de Sego\ia, y Ramirf) Nú- 
ñez de Guzmán y Gonzalo de Guzmán, su hijo, y D. Anto- 
nio de Quiñones y Maestre Pablo, fraile de la orden de Santo 
Domingo, vecinos de la ciudad de León, y Suero del Águila 

y Gómez de Avila y D. Alonso de Pliego, Deán de la 

ciudad de Avila y vecinos de ella, y á Juan de OsonV) y 
Gómez de iHoyos, vecinos de la merindad de Campóo, y don 
Fernando de LTlloa y D. Pero González de Valderas, abad de 
la ciudad de Toro, y Diego de UUoa Sarmiento, vecinos de 
ella, y iHernando de Porras y Garci Hernández de Ocampo, 
vecinos de la ciudad de Zamora, y al Comendador fray Diego 
iVlmaraz y á Diego de Guzmán y al Doctor Zúñiga, vecinos 
de la ciudad de Salamanca, y al Doctor Martínez y al Jurado 

Pero Ortega, vecinos de la ciudad de Toledo, y Juan 

de Solier, Regidor, y al Bachiller Guadalajara, vecinos de la 
dicha ciudad de Segovia, y al Licenciado Santiago, maestro 
de gramática, vecino de la ciudad de Soria, y al Doctor Me- 
dina y Diego Desquivel, Procurador de la Junta, v 

F. de Orviña, vecinos de la ciudad de Guadalajara, y al Doc- 
tor Cabeza de Vaca y D. Juan Fajardo, vecino de la ciudad 



— 378 — 

<Íl- Murcia, y AIoiisíj cU vSaravia, vecino de la villa de Valla- 
di )lid, \ Pedro de Sotoniayor y Pedro 

de Losada, yeciiKJS de la villa de Madrid, y Francisco 

de Anaya, Alcalde de Plasencia, vecinos de la ciudad de Sa- 
liiiiianca, y el abad del Conipludo que es ahora de Medina y 
I). Alonso Knn'(iuc/., Prior de la iglesia Mayor de la v lia de 
Valladolid, y Juan Negrete, vecino de la villa de Madrid, é 
Iñigo L,ói)e/, Coronel y Antonio de Cuéllar, vecinos de la di- 
cha ciudad de Segovia, y Pero López de Calatayud, hijo de 
I'\rnán López, xecino de la dicha villa de Valladolid, y Pero 
]\Ierino, veciuíj de la ciudad de Toro, y Francisco Mercado, 
vecino de la villa de Medina del Campo, y Antonio de Bui- 

trago, vecino de la ciudad de Segovia, y el Capitán Val- 

dés, \'ecino de la villa de Valladolid, y Pedro de Ulloa, escu- 
dero, vecino de la ciudad de Toro, y Francisco Pardo, vecino 
de la ciudad de Zamora, y Francisco N\iñez, Escribano pú- 
blico, vecirro de la villa de Medrid, y de Mota, Capi- 
tán, vecino de la dicha villa de Valladolid, y de Ribera, 

Maestre de Campo, vecino de la villa de Medina, y Pedro de Bui- 
trago, natural de la villa de Buitrago, vecino de la ciudad de 
Segovia, y Alonso Enríquez, vecino de la ciudad de Salamanca, 
>■ Juan Benito, vecino de la ciudad de Zamora, y Juan de Be- 
navente, Canónigo, vecino de la ciudad de León, y Sancho Zim- 
brón, vecino de la ciudad de Avila, y de God'nez, Re- 
gidor, vecino de la dicha villa de Valladolid, y Diego de Madrid, 

pañero, vecino de la dicha villa de Madrid, y de Port'llo, 

Alguacil de la artillería de la villa de Medina, y Serrano, Ju- 
rado y Capitán de la dicha ciudad de Toledo, y del Castillo, 

acemilero, vecino de la ciudad de Segovia, y al Comendador Val- 
divieso, vecino y Regidor de la ciudad de Toro, y Juan de Po- 
rras, vecino de la dicha ciudad de Zamora, y Antonio Rodríguez, 
Escribano ])úblico ijue fué de la dicha villa de Madrid y vecino 
de ella, y Juan de Latorre, Capitán y veedor de la gente de la 
dicha ciudad de Toledo y vecino de ella, y Garci López de Po- 
-.ras, hijo del dicho Juan de Porras, vecino de la ciudad de Za- 
mora, >• Juan de ?^ limeña, Escribano y vecino de la dicha ciu- 
dad de Avila, y al Dtx-tor Agüera, vecino de la ciudad de Mur- 



— 37'J — 

cia, y al Licenciado Bernardino, vecino de la dicha villa de 
Valladolid, y al Bachiller Castillo, Alcalde de la dicha villa 
de Madrid y vecino de ella, y al Licenciado del Rincón, ve- 
cino de la dicha villa de Medina, y al Bachiller García de 
León, vecino y Jiu-ado de la dicha ciudad de Toledo, y al 
Licenciado Brabo, vecino de la ciudad de Segovia, y Alvar 
Pérez, vecino de la dicha ciudad de Salamanca, y Diego de 
Esquina, vecino de la ciudad de Avila, y D. Gil Rodríguez 
Juntero, arcediano de Lorca y vecino de la dicha ciudad de 
Murcia, y D. Juan de Collados, maestre-escue- 
la, vecino de la villa de Valladolid, y «Pedro Gaabray, vecino 
de la dicha villa de Medina, y Juan Vázquez, vecino de la villa 
de Madrid, y Alonso de Cuéllar, vecino de la ciudad de Sego- 
via, y al Doctor Valdivieso, vecino de la ciudad de Salamanca, 
y Gonzalo Monte, Provisor del dicho Obispo de Zamora, y Pe- 
dio de Barrientos, Capitán, vecino de la dicha ciudad de Avila, 
y Diego de Agüera, vecino de la ciudad de Murcia, y al maes- 
tro Bustillo, vecino de la dicha villa de Valladolid, y Francisco 
Marqués y Juan de Carcasona, y Jacome, sillero y artillero, 
vecinos de la dicha villa de Madrid, y iHurtado de la Vega, Co- 
rregidor de la dicha villa de Medina, y Francisco de Tapia, Ca- 
pitán y vecino de la dicha ciudad de Segovia, y D. Juan 

Deán de la dicha ciudad de Salamanca, y iHemando Balbás, 
Canónigo, vecino de la dicha ciudad de Zamora, y de He- 
nao, vecino de la dicha ciudad de Avila, y de Salvatierra, 

inquisidor de la dicha ciudad de iMurcia, y Juan de Cáceres, 
vecino de la dicha villa de Madrid, y al Licenciado Uzeda, 
Alcalde de la dicha villa de Medina, y Fray Juan de Bil- 
bao , guardián que fué de San Francisco en la ciudad de 

Salamanca, y Lesquina, Capitán de la gente de la ciudad 

de Avila, y á Gómez de Sayas, síndico, vecino de la dicha ciu- 
dad de Murcia, y al Licenciado Villena, hijo del Licenc ado Vi- 
llena y de Villena, hermano del dicho Licenciado de Vi- 
llena el mozo, vecinos de la dicha villa de Valladolid, y 

de Rojas, Capitán de la dicha villa de Madrid, y Agorbas, 
platero, vecino de la dicha villa de Medina, y Diego de Pe- 
ralta, Alcalde de la dicha ciudad de Segovia y vecno d.e ella, 



— 880 — 

>• Juan (le Siles, síndu'». vecino de la dicha ciudad de Murcia, 
\ al Licenciado Avalos, vecino de la dicha villa de Valladolid, 
\ Juan de Ibarra, vecino de la dicha villa de Madrid, y Juan 

de Horja, síndico, vecino de la dicha ciudad de Murcia, 

\ de Taniayo, ÍTapitán de la dicha villa de Valladolid, y 

\ Pedro (le Madrid, vecino de la dicha villa de Madrid, v 
.\iit( nio (le Mesa, Regidor de la dicha ciudad de Segovia y 
vecino de ella, y Mijíuel I7ruv:o, síndico, vecino de la dicha 
ciudad de Murcia, y Pedro de Tovar, Capitán y vecino de In 
dicha villa de Madrid, y Alonso de Cuéllar, mercader, vecino 
(le la dicha ciudad de Segovia, y Juan Sonete, síndico, vecins) 

de la ciudad de Murcia, y de Zúñiga, Capitán de la gente 

de á caballo, vecino de la dicha villa de Valladolid, y Fran- 
cisco Roa y Juan Cachorro, vecinos de la dicha villa de Ma- 
drid, y de Calves, síndico, vecino de la d'cha ciudad de 

Murcia, y Andrea Vellut, Capitán, vecino de la dicha villa de 
\'alladolid, "y Martín Rodríguez, \'ecino del lugar de Fuenca- 
rral, aldea de la dicha villa de Madrid, y Rodrigo del Río, ve- 
cino de la dicha ciudad de Segovia, y Jaime Nadal, mesonero, 

síndico, \ecino de la ciudad de Murcia, y Albsrtini, flo- 

rentín, C^ipitán, vecino de la dicha villa de Valladolid, y 

(le Sot(j!, vecino de la dicha ciudad de Segovia, y Pedro Sevi- 
ll(')n, Capitán, vecino de la ciudad de Murcia, y al Doctor de 
Toro, Médico, vecino de la dicha villa de Valladolid, y Ro- 
drigo de Madrid, tendero, y Juanín Jesta, Escribano público y 
\ecinos de la dicha villa de Valladolid, y Manuel de Heredia, 
vecino de la dicha ciudad de Segovia, y Pero Ibáñez, Procu- 
rador de causas, vecino de la dicha ciudad de Murcia, y al 
Licenciado Maluenda, vecino de la dicha villa de Valladolid, 
y Alonso Mexía, vecino de la dicha villa de Segovia, y al 
Bachiller Paredes, vecino de la dicha villa de Valladolid, y 
Juan Heredia, vecin<v de la dicha ciudad de Segovia, y An- 
t(')n Moreno, vecino de la dicha ci/udad de Murcia, y al Bachi- 
ller Aguilar, Relator, vecino de la dicha villa de Valladolid, y 
Antonio de la H(jz, \ecino de la dicha ciudad de Segovia, y 
Juan Pé-rez vecino de la ciudad de Murcia, y al Bachiller de 
Alcalá, Relator, VL-cino de la dicha villa de Valladolid, y á Die- 



— 381 — 

go (le Peralta, vecino de la dicha ciudad de Segovia, y á San- 
cho de Aguirre, vecino de la ciudad de Murcia, y á Juan de 
Avila, pagador, vecino de la dicha villa de Valladolid, y á 
Francisco de Peralta, vecino de la ciudad de S.govia, y Gar- 
cía de Cabreros, síndico, vecino de la dicha ciudad de 

Murcia y á Francisco de León, que tiene el registro, vecino de 
la dicha villa de Valladolid, y á Hernando de Bellica, \ecino 
de la dicha ciudad de Segovia, y á Lope de Pallares, Escribano, 
vecino de la dicha villa de Valladolid, y á Hernando de Cá- 
ceres, vecino de la dicha ciudad de Segovia, y á Pedro (ionia- 
liz, síndico, vecino de ,1a dicha ciudad de Murcia, y al Licen- 
ciado Justan de León, vecino de la dicha villa de Valladolid, 
y á Francisco de A^illaf ranea, vecino de la d'cha ciudad de vSe- 
govia, y á Joanes de Melgar, vecino de la dicha ciudad de 
Murcia, y al Licenciado Bernardino Zapata, vecino de la dicha 
villa de Valladolid, y Antonio Delesquina, vecino de la dicha 
ciudad de Segovia, y al Licenciado Manzanedo, Alcalde, vecino 
de la dicha villa, y Antonio Xuáre/., vecino de la dicha ciudad 

de Segovia, y ^Maestro Pr.xamo, Catedrático, vecin.» de 

la dicha villa de Valladolid, y Alonso de x\rreo, vecino de Xa- 
valcarnero, tierra de la dicha ciudad de Segovia, y al Bachi- 
ller Zambrano, Alcalde que fué en la dicha villa de \'allado- 
l:d, y Pedro del Campo, vecino de la ciudad de Segovia, y 
Alonso de Veera, vecino de la dicha villa de Valladolid, y á 
Diego López, cambiador, vecino de la dicha ciudad de S;govia, 

y de Salamanca, guarnicionero, vecino de la dicha villa 

de Valladolid, y de Herrera, Escribano de la c'udad de 

Palencia, y al Doctor Sampedro jMudarra, xecino de la ilicha 

villa de Valladolid, y de Greta y su hijo, vecinos de la 

dicha ciudad de Toledo, y á Gonzalo de Zamora, el romo, ve- 
cino de la dicha villa de Valladolid, y á Luis de Herrera, maes- 
tre de campo, y Salado, Capitán de la dicha villa de Va- 
lladolid, y Francisco de Lada, vecino de la ciudad áj Toro, 

y Alonso de Alderete, vecino de la dicha villa de Tordesillas 
y Capitán de la Junta, y Orduña, zapatero, y Antonio de San 
Francisco y su hija, y Marquino, zapatero, y Aguilar, armero, 
y al Licenciado de la Torre, y Jerónimo Francés, boticario, 



— 'AH-¿ — 

y (le Torqucmada, alKuacil, y Luis Horja, Escribano que 

¡lié del Alcalde Gil (jonjíále/,, y Francisco Falconi, Escr¡ban(^ 
y al Licenciado Falconi, su hijo, y DicRo de Chinchilla, Escri- 
l.ano, y al Bachiller Romero, físico, y Jerónimo de Valladolid, 

cambiador, y Juan Calaran, mayordomo de San B.nito, y 

de (xuitimin, y Pedro de Palacios, y Luis González, cerero, y 

PVancisco de Zamora, y de Palacio, Escribano del número, 

y de Vaklés, Capitán, y iMota, Capitán, y Velasco, Capi- 
tán, y al Bachiller vSantiago, y Pedro de Valladolid, salinero, 

é de Tordesllas, mercader, y al Bachiller Tordesillas, su 

hijo, y de Prado, mercader, su hijo, y de Valdés, Es- 
cribano, y de Lárez, Escribano público del número, y 

Xuárez, servillero, y su hijo Miguel Ruiz, hoste que era de 

correos, vecinos de la dicha villa de Valladolid, y á Fray 

de Satana, fraile de la orden de San Francisco, y al Licenc'ado 
IVrez, vecino de la ciudad de Burgos, y de Valbuena, ve- 
cino de la villa de Villalpando, y Hernando de Villalpando y 
Xorban, Alcaldes puestos por la Junta en la dicha villa de Vi- 
llalpando, y García de Arce, y al Abad de Rueda, y Rodrigo 
de Torres, y García Guerra, y Diego López de Villacanes, y 
Diego de Arce, y Lope de Bustillo, y Pedro de Bustillo, ve- 
cinos de la merindad de Castilla la Vieja, y Juan de Ángulo, 
y Pero Hernández de Ángulo, vecinos de la merindad de iMon- 
tija, y Andrés de Linares, y Pero Hernández de Linares y 
su liijo mayor, y Rodrigo de Sila, vecino de Amejo, y Sancho 
<le Pereda, \'ecinos de la merindad de Sotoscueva, y Diego 
Alonso, y Pedro de Rueda, y Pero Ruiz de Almcni, vecinos 
de la merindad de Valdivieso, y D. Pedro de Fuentes, Chan- 
tre de la ciudad de Palencia, y Cuéllar, Canónigo, y al Licen- 
ciado de la Torre, Alcalde (jue es de lii dicha c'udad de Palen- 
cia, y 'Alonso Hernández, y Bernardino de San Román, y 
Juan de San Cebrián, pellejero, y al Licenciado Espina. iMédi- 
co, y Juan de Robladillo, el viejo, y Andrés de Baltanas, Escri- 
bano, vecinos de la ciudad de Palencia, y Andrés de Villa- 
diego, y Francisco de \^illadiego, y Juan Gómez, y Hernando 
de Palcnzuela, Regidores de la dicha ciudad, y Francisco Sán- 
chez, hijo de Diego Sánchez de Palenzuela, vecino de la villa 



- 383 — 

de Dueñas, y á Juan de Salcedo, y F'ranc seo de la Rúa, el 

mozo, y Urban de L,ezana, el cojo, y de Medina el Peso, 

y Juan de Paredes, servillero, y Pedro Sagrario, y maestre 
Juan, zapatero, y Pascual de Jaén, Capitán y cuadrillero, y 
Juan Ramos, y Diego de Calabazanos, y Tordcsillas, cuadri- 
llero, y Torquemada, Escribano, y Diego Sánchez, boticario, 
y Alonso I^ópez, cordonero, y Batidor, y á las otras per- 
sonas que por la dicha Junta al presente tienen oficios en 
estos nuestros Reinos, y á vos las Universidades y Comuni- 
dades de estos nuestros Reinos que estáis levantadas en nues- 
tro deservicio en ellos, y á cada uno y á cualquier de vos á 
quien esta nuestra carta fuere mostrada, ó su traslado signa- 
do de Escribano público ó supiereis de ella por pregón ó por 
afijación, ó en otra cualquier manera, salud y gracia. 

Sepades que Nos mandamos dar y dimos una nuestra carta 
de poder y comisión firmada de mí, el Rey, y sellada con nues- 
tro sello y librada de algunos del nuestro Consejo para los 
nuestros Visorreyes y Gobernadores de estos nuestros Reinos 
ó á cualquiera de ellos, y para los del nuestro Consejo, su tenor 
de la cual es este que se sigue. 

CAPÍTULO XL 

De la comisión y carta de poder que el Emperador envió á 
sus Visorreyes y Gobernadores en España para qnc con' 
denasen á las personas que habían sido ó fuesen culpadas 
á pena de muerte y perdimiento de todos sus oficios y 
confiscación de bienes, haciendo proceso contra ellos. 

Don Carlos, por la divina clemencia Emperador semper 
augusto Rey de Alemania. Doña Juana, su madre, y el mismo 
Don Carlos, su hijo, por la misma gracia, Reyes de Castilla, de 
León, de Aragón, de las dos vSicilias, de Jerusalén, etc. Por cuan- 
to á todos los grandes. Prelados y caballeros-, vecinos y morado- 
res de los dichos nuestros Reinos y señoríos de Castilla son no- 
torios y manifiestos los levantamientos y ayuntamientos de gen- 
tes hechos por las comunidades de algunas ciudades y villas 



— íJ.S4 — 

(U- los (lichds Reinos iior persuasión c inducimiento de algu- 
nas ])Lrsonas i»articnlíires de ellas, y los escándalos, y rebelio- 
nes, y nuKTtes, y derribaniientos de casas, y otros grandes y 
enormes delit<js (|ue en ellos se han ccmietido y cometen cada 
(lía, y la Jmita (|ue las dichas ciudades á voz y en nombre nues- 
tro y del d;clio Reino, y contra nuestra vohmtad y en desaca- 
tamiento nuestro hicieron, así en la ciudad de Avila como en 
la villa de Tordesillas, en la cual aún están y perseveran. 

Y los Capitanes y gentes de armas que han traído y traen 
j)or los dichos nuestros Reinos damnificando y atemorizando, 
oprimiendo con ellas á nuestros buenos subditos y vasallos lea- 
les que no se quieren juntar con ellos á seguir su rebelión é 
infidelidad, en la cual perseverando han echado y echaron de 
las dichas ciudades á los nuestros Corregidores, y tomaron en 
sí las varas de nuestra justicia, y combatieron públicamente 
nuestras fortalezas, de las cuales al presente están apoderados, 
y para mej"or podersj sostener en su rebelión y pagar la gente 
de armas (jUe traen de los dichos nuestros Reinos en nuestro 
deservicio, ])or su propia autoridad han echado grandes sisas 
y derramas sobre los nuestros subditos y vasallos, y ahora 
nuevamente han tomado y ocupado nuestras rentas Reales, las 
cuales gastan y convierten en sostenimiento de la dicha su 
rebelión, y para hacerse más fuertes y poderosos en ella han 
enviado divcrsis i)crsonas á nuestros Capituiis y gentes d^' 
nuestras guardas para traerlos á sí y quitarlos y apartar de 
nuestro servicio ofreciéndoles para ello que les pagarán lo cjue 
les era deb'do y para lo de adelante Jes acrecentarían el sueldo, 
amena/ándoks (pie si así no lo hiciesen les desharían sus ca- 
sas y destruirían sus haciendas. 

V las n)ismas persímas y las mismas promesas y anunazas 
han hecho y hacen á las iK-rsonas que con Nos en los dichos 
Reinos \iven de acostamiento y á las otras personas que viyen 
y llevan acostamiento de los grandes y caballeros de los di- 
cIkjs Reinos que han seguido y siguen nuestro servicio, de 
manera que aunque los dichos grandes, siguiendo su lealtad, 
l.ara podernos servir han llamado los dichos sus criados, no 
les lian acudido por miedo y temor de aquellos que están en 



— 385 — 

la dicha rebelión, y con pensamiento (jue han tenido y tienen 
de traer así á los dichos grandes, Prelados y caballeros de esos 
dichos nuestros Reinos y enemistarlos con Nos y apartar de 
nuestro servicio, han tentado y tientan jxjr diversas \ ías \- ma- 
neras exquisitas de levantarles, y algunos de ellos han levan- 
tado sus tierras y vasallos, que por merced de Nos y de 1( s Re- 
yes nuestros antecesores tienen, por muy grandes, notables y 
señalados servicios que hicieron á Nos y á ellos y á nuestra 
Corona Real, á los cuales han dado y dan favor y aj'uda para 
que no se reduzxan á sus señores, y algunos de los dichos gran- 
des que han castigado los dichos sus vasallos (lUe así por in- 
ducimiento de los susodichos se les alzaron han am'.n:izado que 
los han de destruir y aun han dado así contra ellos como con- 
tra otras muchas personas cartas y mandamientos en voz y 
nombre nuestro y del Reino, por los cuales les requieren y 
mandan que se jiuiten con ellos, con sus personas y cafas y 
estados, so pena que si así no lo hicieren sean habidos por trai- 
dores y enemigos del Reino, 3' como á tales les pueden hacer 
guerra guerreada, y han enviado y envían predicadores y otras 
personas escandalosas y de mala intención por todas las ciu- 
dades, villas y lugares de los dichos nuestros -Reinos y seño- 
ríos para levantarlas y ;ipartar de nuestro servicio y de nues- 
tra obediencia y fidelidad, que con falsas 3' no verdaderas per- 
suasiones,, jamás oídas ni pensadas, las traen á su error é 
infidelidad, y continuando más aquello y su notoria deslealtad 
han tomado nuestras cartas á nuestros mensajeros y entre sí 
hecho ligas y conspiraciones con grandes juramentos y fes 
y seguridades de ser siempre unos y conformes en la dicha su 
rebelión y deslealtad, en gran deservicio nuestro y daño de 
los dichos Reinos, y han prendido á los del nuestro Consejo y 
á otros Oficiales de nuestra casa y corte llevándolos pública- 
mente presos con trompetas y atabales por las calles y plazas 
de la dicha villa de VaUadolid á la dicha villa de Torde- 
siUas y á otras partes donde quisieron, y tomaron y detuvie- 
ron preso al muy Reverendo Cardenal de Tortosa, Inquisidor 
general de los dichos Reinos y nuestro Visorrey y Goberna- 
dor de ellos, y han requerido y hecho requerir á D. Iñigo Fer- 



— 386 — 

iiáiuk:/. (k- Vclasco, mi-Stro Condestul)lc du Ci;.tilla, DiKiue de 
I'rías, asiniismo nuestro V'ii^^orrcy y (/obernador de los dichos 
nuestros Reinos, que no use de los poderes que de Nos tiene, 
pretendiendo perteneccrles á ellos la gobernación de les dichos 
nuestros Reinos, y han hecho é hicieron pregonar públicamen- 
te en la pla/.a de Valladolid quv ninguno fuese osado dj obe- 
decer ni cunii)lir nuestras cartas ni mandamientos sin pri ñero 
llevarlos á uotñficar y presentar ante ellos en la dicha villa dj 
Tordes'Uas, donde han intentado de hacer y hacL-n otro nuev(j 
conciliábulo (á (]Ue ellos llaman Consejo) y para ello han to- 
mado el nuestro registro y sello, y dende, como traidores, 
usuq^ando nuestra jurisdicción y preeminencia Real envían pro- 
\isiones, cartas y mandamientos por todo el Reno, y han sus- 
I)endido y mandado suspender todas las mercedes y quitaciones 
(|ue Xos habíamos hecho é hicimos á personas naturales de 
estos dichos nuestros Reinos después del fallecimiento del 
Rey Católico, y demás de todo lo susodicho y de otras mu- 
chas cosas gravísimas y enormísimas (que han hecho y come- 
tido y perjKtrado) y cada día liacen y cometen, vin'eron é 
intentaron con gente de armas y artillería en la dicha villa de 
Tordesillas en que Yo, la dicha Reina estoy y se apoderaron 
de mi persona y Casa Real y de la Ilustrísima Infanta, nues- 
tra muy cara y muy amada hija y hermana, y echaron al Mar- 
• lués y Marquesa de Denia que estaban y residían con Nos y 
en nuestro servicio, y pusieron en su lugar en nuestra casa 
á su voluntad las personas que han querido y les plugo. 

De todas las cuales dichas causas, como quiera que han 
dicho y dicen que las hacen y han hecho so color de nuestro 
servicio y bien de los dichos nuestros Reinos, clara y abierta- 
mente parece haber sido y ser su intención de quererse apode- 
rar de los dichos nuestros Reinos tiranizándolos, lo cual ma- 
p.ifiestamente se nuiestra ]X)v sus obras tan dañadas y reprobadas, 
y tan contra nuestro servicio y bien público de los dichos nues- 
tros Reinos, y contra lealtad y fidelidad (pie como nuestros 
subditos y \asallos nos debían, y como á sus R^yes y señcres 
II lurales nos prestaron y eran obligados á tener y guardar,^ 
y enderezadas á macular y enturbiar la nobleza v fidelidad 



— 387 — 

de los dichos nuestros Reinos y ciudadLS, villas y lugares de 
ellos y de los dichos grandes y Prelados, <iue ha sido y e- tan- 
ta y tan grande que más justamente que otros algunos han 
merecido y merecen alcanzar títulos <lc leales y fieles :'i sus 
Reyes y señores naturales. 

Otrosí : porque como (juiera que Nos les mandamos remitir 
el servicio que nos fué otorgado en las Cortes que mandamos 
celebrar en la Coruña y darles nuestras rentas Rediles por en- 
cabezamiento por otro tanto tiempo y precio como los tenían en 
vida de los Reyes Católicos perdiendo la puja que en ellas nos 
había sido hecha, y asegurados suficientemente que los (.ficios 
de los dichos Reinos los daríamos y prevecríamos á naturales 
de ellos, y hechas otras muchas gracias y mercedes en pro y 
beneficio de los dichos nuestros Reinos, las cuales los susodi- 
chos para colorear su rebelión tomaban por causa y funda- 
mento de sus enormes y graves delitos, de los cuales después 
que por Nos les fueron concedidas no cesaron, antes se con- 
firmaron más en ellas, y ahora postrimeramente no contentos 
de todo lo susodicho y casi descendiendo en el profundo de 
los males con gran osadía nos enviaron con mensajero propio, 
una carta firmada de sus nombres y signada de Lope de Pa- 
llares, Escribano, por la cual confiesan claramente haber co- 
metido y perpetrado todos los dichos delitos, y en lugar de 
pedir y suplicar perdón de ello demandan aprobación de lo 
hecho y poder para usar y ejercer nuestra jurisdcción Real, 
y dicen otras cosas feas en mucho desacatamitnto nuestro, y 
escribieron cartas á algunos pueblos de estos nuestros señoríos 
de Flandcs para procurar de amotinarlos y levantar como ellos 
están. Y porque á servicio de Dios, nuestro Señor, y nuestro bien 
y bien de esos dichos Reinos conviene que las personas que 
en lo susodicho han pecado y del'nquido sean punidas y cas- 
tigadas y ejecutadas en ellas las penas en que por sus graves 
y enormes delitos han caído é incurrido, y dsimular y tolerar 
más sus notorias traiciones y rebeliones sería cosa de mal ejem- 
plo y darles incentivo para perseverar en ellas en gran deservi- 
cio nuestro y daño y nota é infamia de esos dichos Reinos y de 
su antigua lealtad y fidelidad. Por la jiresente manijamos á vos, 



— '.im — 

los nuestros X'isorrcycs, ó cualquiera de vos en ausencia Je los 
otros y á los «leí nuestro Consejo (jue con vos residen, ])ues 
los sobredichos delit(-s y rebeKones y traiciones hechas pea- 
las dichas i)ersí)nas son i)úhlicos y nianifiesti-s y notor'os en 
esos dichos nuestros Reini-s, y sin esperar á hacer centra ellos 
])roceso formado por tela >• (»rden de juicio, y s !n niái citarlos 
ni llamar ¡trocLdáis ííeneralmente á declarar y declaréis por 
rebeldes, aleves y traidores, infieles y desleales á Nos y á nues- 
tra Corona Real á las i)ersonas legas de cualquier estado y con- 
dición que sean ijue han sido culpados en dicho ó en lucho 
ó en consejo de haberse apoderado de mí la Reina y de la 
Ilustrísima Infanta, nuestra muy cara y amada hija y hermana, 
y echado al ^Nlaniués y Marquesa de Denia que estaban y re- 
sidían en nuestro servicio, ó en el detenimiento y prisión del 
nnu- Reverendo Cardenal de Tortosa, nuestro Gobernador de 
los dichos Reinos, ó de los del nuestro Consejo, condenando á 
las dichas personas particulares que han sido culpadas en es- 
tos dichos casos como aleves y traidores y desleales á pena 
(le muerte y perdimiento de sus oficios y confiscación de to- 
dos sus bienes, y en todas las otras penas así civiles como 
criminales, ¡wr fuero y por derecho establecidas contra las per- 
sonas legas y particulares que cometen semejantes delitos, eje- 
cutándolas en sus personas v bienes, sin embargo que los ta- 
les bienes que las dichas personas tuvieren sean de mayoraz- 
gos y vinculados y sujetos á restitución, y que en ellos ó en 
alguno de ellos haya cláusula expresa en que se contenga (¡ue 
no iniedan ser confiscados por crimen «de lesa iMagestatis» he- 
cho y cometido contra su Rey y señor natural, que en los di- 
chos casos para ixider ser confiscados los bienes de las dichas 
particulares personas legas á mayor abundamiento (si necesario 
es), Nos, por la i)resente, de nuestro proprio motu escicncia y 
poderío Real absoluto de ([Ue en esta jiarte queremos usar y 
usamos como Reyes y señores naturales, habiendo atpií iK)r ex- 
pres<js é incorporados, letra por letra, los dichos mayorazgos, 
los revocamos, casamos y anulamos y declaramos por de nin- 
gún valor y efecto, y de la dicha nuestra cierta esciencia y po- 
derío Real absoluto mandamos y ordenamos (lue los bienes en 



— 389 — 

ellos contenidos, sin embargo de ellos y de si:s cláusulas y 
firmezas que á esto sean contrarias, sean habidos por bienes 
libres y francos para poder ser confiscados por las dichas cau- 
sas, bien y así y tan cumplidamente como si nunca hubieran 
sido puestos ni metidos en los dichos mayorazgos, ni vincula- 
dos ni sujetos á restitución alguna y como si en ellos no hu- 
biera ninguna cláusula de las sobredichas, antes fueran expre- 
samente aceptados los dichos crímenes y delitos de lesa Ma- 
gestatis. 

E otrosí : os mandamos que declaréis por inhábiles é inca- 
capaces para poder suceder en los dichos mayorazgos á cua- 
lesquier personas por ellos llamadas que fueren culpados en 
los sobredichos delitos, y entrar y deber suceder en su lugar 
en los dichos mayorazgos las otras personas llamadas que en 
ellos no han delinquido. Y á las personas de la Iglesia y reli- 
gión, aunque sean constituidas en dignidad arzobispal ú obis- 
pal, que en los dichos delitos fueren culpados ó participantes, 
declararlos habéis asimismo por traidores, rebeldes é inobedien- 
tes y desleales á Nos y á nuestra Corona y por ajenos y extra- 
ños de esos dichos nuestros Reinos y señoríos, y haber perdi- 
do la naturaleza y temporalidades que con ellos tienen, y han 
incurrido en las otras penas establecidas por leyes de esos 
Reinos contra los Prelados y personas eclesiásticas que caen 
en semejantes delitos ; que para proceder contra las sobredi- 
chas personas así eclesiásticas como seglares que en los so- 
bredichos casos han sido culpados y á declararlos, solamente 
sabida la verdad por rebeldes y traidores, inobedientes y des- 
leales á Nos y á nuestra Corona, y proceder contra ellos y ha- 
cer la dicha declaración como en caso notorio, sin más citarlos 
jii llamar, ni hacer contra eUos proceso, ni tela ni orden de jui- 
cio. Nos, por la presente, del dicho proprio motu y cierta escien- 
cia y poderío Real, os mandamos poder cumplido y queremf)S 
y nos place que la declaración que así hiciereis y penas en 
que condenareis á los que han sido culpados en los dichos 
casos, sea válida y firme ahora y en todo tiempo, y que no 
pueda ser casado ni anulado por causa de no haberse hecho 
contra ellos proceso ft)rmado, ni haberse grardado en la di- 



— ;iyo — 

ch;i duclaración la tela y oríkn de juicio que se requería, ni 
haber sido ciladub, ni llamados, ni requeridos los tales cul- 
pados á que viniesen á ver.-;e declarar haber incurrido en la> 
dichas penas, ó por no haber intervenido en la dicha vuestra 
declaración otra cosa de substancia ó solemnidad que por le- 
yes de esos dichos Reinos debían de intervenir ; porque sin 
embargo de las dichas leyes y fueros y ordenanzas, usos y 
costumbres (]ue á lo susodicho ó alguna cosa ó parte de ello 
puedan ser ó son contrarias, las cuales de nuestro proprio 
motu y cierta esciencia y poderío Real absoluto, en cuanto 
á esto toca, revocamos, casamos y anulamos y damos por nin- 
gunfjs y de ningún valor y efecto, quedando en su fuerza y 
vigor. Para en lo demás queremos y nos place que la dicha 
declaración (jue así hiciereis contra las sobredichas personas 
particulares culpadas en los sobredichos delitos sea válida y 
firme, bien^así y tan cumplidamente c(mio si en ello^ se hu- 
biera guardado toda la dicha orden y forma y tela de juicio 
que por las dichas leyes se requería y debía proceder. 

Y así hecha ¡xjr vosotros la dicha declaración, por la pre- 
sente mandamos á todos los alcaldes de fortalezas y casas y fuer- 
tes y llanas de las villas y lugares (¡ue fueren personas legas 
rebeldes, aleves y traidores y á los vecinos y moradores de 
ellos, que por la dicha declaración fueren confiícados, que lue- 
go como les fuere notificado ó en cualquiera manera de ello 
supieren, se levanten por Nos y por nuestra Corona Real y 
no obedezcan ni tengan dende adelante por sus señores á los 
dichos rebeldes y traidtjres. ho cual' les mandamos que hagan 
y cumplan so pena de la fidelidad íiue los unos y los otros nos 
deben y demás de .sus vidas y de perdimiento de todos sus 
bienes y oficios, que haciéndolo así. Nos, por la presente, les 
alzamos y damospor libres y quitos de cualesquier pleitos-ho- 
menajes y juramentos que tengan ó tuviesen hechos á los di- 
chos rebeldes y traidores, así por razón de las dichas fortale- 
zas y casas fuertes y llanas como ])or otra cualquier causa ó 
razón (jUC sea, y por fiuitarks del temor y pensamiento que 
jiueden tener de ser tornados y vueltos en algún tiempo á los 
dichos traidores, cuyos primero fueron, y que aquello ni otra 



— 391 — 

cosa les pueda excusar de hacer y cunipl'r lo (lue les mandamos, 
que por la presente les prometemos y aseguramos so nuestra 
fe y palabra Real que en ningún tiempo del mundo, por nin- 
guna razón ni causa que sea los tornaremos ni volveremos á 
los dichos aleves y traidores, cuyos primero fver^ n, ni á sus 
descendientes ni sucesores, y si así no lo hicieren y cnmpl c- 
ren, por la presente los condenamos y habemos por condenados 
en las sobredichas penas y en todas las otras que caen é in- 
curren las personas que no cumplen lo que les es mandado por 
sus Reyes y señores naturales. 

Y mandamos otrosí que los vasallos de los dicho:-' Prelados 
ó de cuaiesquier otras personas ecle.iáíticas que por- vcsotros 
en los dichos casos fueren declarados por c.'lpadoi5, que se le- 
vanten y alcen en nuestro fa\or y no acojan en ellos á los di- 
chos Prelados dende en adelante, á todos los cuales y asimis- 
mo á los grandes, caballeros y ciudades, villas y luí^ares de 
esos dichos nuestros Reinos mandamos, so pena de la dicha 
fidelidad y lealtad que nos deben, que hecha por vosotros la 
dicha declaración hayan y tengan dende en adelante á los di- 
chos caballeros y Prelados y á otras personas que así declara- 
réis por públ-cos traidores y aleves á Nos y á nuestra Corona 
Real y por enemigos de esos nuestros Reines y señoríos, y 
como á tales los traten y persigan, y que ninguno n' alevino 
de él los reciba, ni acoja, ni defienda, ni dé favor ni ayuda, 
antes pudiéndolo hacer los prenda, y siendo legos los entreguen 
á nuestras justicias para que en ellos se ejecuten las penas que 
sus graves delitos merecen, y si fueren personas eclesiásticas 
ó de orden las mandamos remitir á nuestro un\y Santo Padre 
ó á los otros sus Prelados á quien son sujetos, y que los di- 
chos vasallos de Prelados no tengan más por señores á los 
dichos traidores, ni ks acudan ni hagan acudir con los frutos 
y rentas que antes tenían en los dichos lugares, antes aquéllos 
guarden y tengan en sí secuestrados y en depósito y fiel guarda 
para hacer de ello lo que por Nos les fuere mandado ; ni pú- 
blica ni secretamente los acojan ni reciban en sus c sas ni 
lugares, antes", si á ellos vinieren ó tentaren de venir, los re- 
sistan v defiendan la dicha entrada con todo su poder y fuer- 



— /i9v! -- 

zas, y (juc directa ni iiidircctainente les hagan ni den otro favor 
ni ayuda de- cuakiiuer calidad ó manera que sea sf) las penas 
susodichas, y que todo hagan y cumplan como nuestros buenos 
subditos y leales vasallos lo que por Vos los dichos nuestros 
\'isürrcycs, ó cuaKiuiera de vos en ausencia de los otros, ó 
por los del dicho nuestro Consejo les fuere mandado. 

Otrosí : mandamos á Vos, los dichos nuestros Visorreyes, 
ó á cualquiera de vos en ausencia de los otros, y á los dd di- 
cho nuestro Consejo, que procedáis por todo rigor de derecho, 
]H)r la mej(ir vía y orden que hubiere lugar de derecho y .i 
vosotros pareciere, contra todas las otras personas particulares 
que en cualquiera de todos los otros sobredichos del tos ó en 
otros demás de aquéllos hayan incurrido, caído, hecho y co- 
metido después de los levantamientos y alborotes acontecidos 
en esos dichos Reinos este presente año de quinientos y veinte, 
é hicieren adelante, condenándolos en las penas así c'viles como 
criminales cfue hallareis por fuero ó por derecho ; y si para eje- 
cutar lo que ]X)r vosotros fuere sentenciado y declarado favor 
y ayuda hubiereis menester, por la presente mandamos á to- 
dos los dichos grandes, Prelados, Justicias y Regidores, caba- 
lleros y escuderos y oficiales y hombres buenos de tedas las 
ciudades, villas y lugares de los dichos nuestros Reinos y se- 
ñoríos (jue os lo den y hagan dar tan entera y cumplidamente 
como se lo pidiereis ; y porque ninguno pueda pr tender igno- 
rancia de lo susodicho 3" de la dicha declaración que hiciereis, 
mandamos (lue esta nuestra carta ó su traslado, signado pov 
Escribano pxiblico, y la dicha vuestra declaración, sean prego- 
nadas por pregonero y ante Escribano público en esa nuestra 
Corte y en las otras ciudades, villas y lugares de los dichos 
nuestros Reinos y señoríos que á vosotros pareciere, por ma- 
nera (pie venga á noticia de todos, y que de ella se hagan sacar 
en pública fornuí uno ó más traslados firmados de vuestros nom- 
bres y señalados de los del nuestro Consejo y sellados con nues- 
tro sello y los hagáis fijar en las puertas de la Iglesia Mayor 
ó de las otras iglesias ó monasterios, plazas y mercados de las 
tlichas ciudades y de las \illas y lugares de su comarca donde 
á v<)Sf)tros pareciere, y que la publicac ón y fijación y pregón 



- 31^3 — 

ó cualquiera cosa de lo que así se hiciere tenga tanta fuerz.i 
y vigor contra las dichas pcrstnias y cada una de ellas como 
si fuera publicada y pregonada en la manera acostumbrada ix)r 
las ciudades, viUas y lugares donde ellos s(;n vecinos y t'enen 
su habitación, y notificada particularmente á cada una de las 
dichas personas. 

Dada en Burgos á 17 días del mes de Diciembre, año del 
nacimiento de nuestro Salvador Jesucristo de 1520. 



CAPÍTULO XLI 

Cómo el Procurador fiscal acusó criminalmente á las persona-: 
declaradas en la carta, de Su Majestad y á otras que eti aquel 
tiempo estaban en junfa y comunidad; citándolas por prc= 
gón y edicto para la ciudad de Burgos donde residía en 
aquel tiempo la Corte de los Gobernadores. 

Después de lo cual el Licenciado Lobón, nuestro Procura- 
dor fiscal, promotor de la nuestra justicia, por una petición 
que ante los del nuestro Consejo presentó, dijo que acusaba y 
acusó criminalmente á vos, los susodichos y á cada uno de 
vos y á las otras personas particulares vuestros consortes que 
han estado y están en junta y en comunidad con la fidelidad 
y obediencia que deben á Nos y á nuestros Gobernadores y 
Consejo y á otras nuestras justicias en nuestro nombre. 

Y digo : que reinando Nos en Castilla y siendo yo el Rey 
elegido, Rey de romanos, y después coronado Emperador, vos- 
otros y cada uno de vos y otras muchas personas de vuestras 
juntas y comunidades, que pretexto de decir y declarar en la 
prosecución de la causa, en diversos días de los meses de Mayo, 
Junio, Julio y Agosto y otros meses del año pasado de 1520 y 
en los meses de Enero y Febrero de este presente año habéis 
cometido crimen de laessae INíajestatis contra nuestras perso- 
nas y Corona Real de estos nuestros Remos, así en la primera 
cabeza del dicho crimen como en todas las maneras y espacies 
de él cometiendo traición á vuestros Reyes y señores naturales 



— 394 — 

ccuiit- desleales vasallos y enemigos de su propia patria, y can- 
tando los casos de la dicha traición y de los otros graves del'tos, 
minea vistí)S ni i)ensados en esta nuestra España, cometidos 
jior vos, los dichos rebeldes y traidores y malhechores, digo, 
* <|\ie i><)r dar color á los dichos delitos, muchos de vosotros y 
de \ uestros consortes en el principio de vuestro levantamiento 
y sedición enviasteis por todas las ciudades, villas y lugares 
de estos nuestros Reinos frailes y otras personas eclesiásticas 
y seglares que falsamente, por escrito y por palabra, persua- 
dieron á los oficiales y labradores y á otras personas simples 
de los dichos pueblos, que Nos habíamos echado y puesto 
luievas imposiciones á toda Castilla para que cada vecino pa- 
gase por su persona y de su mujer é hijos un real, y por cada 
teja del tejado un maravedí, y por cada cabeza de ganado y 
muías y caballos y otros animales cierto tributo, y así en to- 
das las otras cosas de vestir y mantenimiento, siendo todo ello 
una de la~s mayores maldades y traiciones y falsedades que se 
podían levantar, porque nunca tal por Nos se había hecho ni 
pensado, Tii por los del nuestro Consejo. 

\' ([ue por más inducir á los dichos pueblos los hicisteis 
imprimir de molde, por que indignados nuestros leales vasallos 
se levantasen y alborotasen contra nuestra obediencia y fideli- 
dad y se juntasen con vosotros á tiranizar est: nuestro Reino, 
según (pie luego lo comenzasteis á poner en obra tomando como 
de hecho y con fuerza de armas tomasteis en muchos de los di- 
chos pueblos las varas de las justicias á los nuestros Corregi- 
tlores y <jtros Oficiales de ellos, combatiendo las fortalezas y 
tomándolas á nuestros alcaides, derribando casas, quemándolas 
y saqueándolas á los (]ue habían estado y estaban á nuestro 
servicio y obediencia. 

Y teniendo los pueblos así conmovidos y levantados jun- 
tasteis mucha gente de á ])ie y de á caballo, y procurasteis mu- 
chos de vosotros ser nombrados y elegidos por Procuradores 
de las dxhas connuiidades, dándoles á entender que os tiue- 
ríais juntar tan solamente para suplicarnos mandásemos reme- 
diar algiuios agravios de este nuestro Reino. 

V ípie así juntos vos, l<.s dichos Procuradores, con la di- 



— 395 — 

cha gente de guerra y con nuestra artillería, <iue estaba en la 
villa de Valladolid y en la de Medina del Campo, os apoderas- 
teis de la villa de Tordesillas y de la persona dj Mí, la Reina, 
3- de la Ilustrísima Señora Infanta, nuestra muy cara y muy 
amada hija y hermana, y que suspendisteis á los del nuestro 
Consejo, y prendisteis muchos de ellos, y detuvisteis como 
preso al muy Reverendo Cardenal de Tortosa, nuestro Gober- 
nador de estos nuestros Reinos é Inquisidor general de ellos, 
y que prendisteis á los Alcaldes de nuestra Corte y á otros 
Oficiales de nuestra Casa Real, y tomasteis nuestro sello y re- 
gistro, y del todo usurpasteis nuestro Cetro y jurisdicción Real, 
y os nombrasteis é intitulasteis algunos de vosotros por del 
nuestro Consejo Real, despachando y librando vuestras cartas 
patentes en nuestro nombre, y que proveisteis de Corregidores 
y Alcaldes y alguaciles y alcaides de fortalezas en muchas ciu- 
dades, villas y lugares de esos nuestros Reinos, echando gran- 
des sisas y repartimientos, sin nuestra licencia, por todos los 
dichos pueblos, robando las haciendas de los del nuestro Con- 
sejo y de otras muchas personas particulares que han estado 
y estaban en nuestro servicio, y saqueando los monasterios é 
iglesias y ornamentos de ellas, y con la dicha gente de guerra 
habíais entrado en muchas viüas y lugares de grandes y ca- 
balleros, nuestros leales vasallos, y los habíais saqueado y he- 
cho componer en grande suma de maravedíes con la dicha fuer- 
za y violencia armada, derribando algunas fortalezas de ellos 
y cometiendo todos los excesos y delitos contenidos en nues- 
tra carta de poder y comisión firmada de Mí, el Rey, para los 
nuestros Gobernadores y los del nuestro Consejo que ante ellos 
tenía presentada, los cuales y cada uno de ellos había \- tuvo 
en su acusación por expresos y declarados como si á la letra 
los dijese y especificase, y que publicasteis y declarasteis é 
hicisteis pregonar por enemigo del Reino á nuestro Condesta- 
ble de Castilla y al Conde de Alva, nuestros muy leales va- 
sallos, y habíais hecho muchas ligas, juranuntos, conspiracio- 
nes en nuestro deservicio y lo habíais continuado y continua- 
bais hoy en día tomando todas nuestras rentas y patrimonin 
Real y los maravedíes de la Santa Cruzada, gastándolo todo 



— 39H - 

¡MI a >,ti?,uiici la dicha rebelión y toiuáiKlolo para vosotros mis- 
mos, lo cual había sido y era en tanta suma que no se pedía 
bien (.stimar. 

^' (jue después (pie fuisteis echados de la dicha villa de Tcr- 
desillas os tornasteis á juntar en la dicha villa de VaUadolid, 
dunde ahora estabais, con la dicha gente de guerra de á pie 
y de á caballo y nuestra artillería, sin haberos querido -desistir 
ni ai)artar de la dicha traición y levantamiento, ni obedecer 
cerca de ello nuestras cartas y provisiones ni mandamientos, 
ni de nuestros Gobernadores ni de los del nuestro Consejo, 
antes habíais tomado y rasgado y quemado muchas nuestras 
cartas firmadas de Mí, el Rey, prendiendo y robando y ma- 
tando á los mensajeros de ellas. 

Y (pie habíais cometido y de cada día cometías otros mu- 
chos domicilios, robos, adulterios y estupros, forzando mujeres 
casadas y doncellas, sacándolas de las iglesias y de otros lu- 
gares sagrados, los cuales dichos delitos habían sido tantos 
>• tan graves (pie con dificultad se p<xlrían contar. 

Y habiendo sido como eran todos ellos notorios entre la 
riayor parte de los vecinos y moradores de las di has ciuda- 
des y villas y lugares, y aun de todos nuestros Reinos y fuera 
de ellos, por ende que nos suplicaba y pedía por merced que 
habiendo los dichos excesos y delitos por notorios, pues lo eran 
y por tales los decía y alegaba, mandásemos, conforme á la di- 
cha nuestra comisión, proceder á declaración de vus los dichos 
delincuentes y de los delitos por vosotros cometidos, condenán- 
doos á todos y á cada uno de vos y de los otros vuestros consor- 
tes en las mayores penas criminales que por derecho y leyes 
de estos'nuestros Reinos se hallase haber caído é incurrido, man- 
dándolas ejecutar en vuestras personas y bienes, aplicándolas 
á nuestra Cámara y fisco. é incidentes de nuestro oficio, el cual 
l)ara ello imploraba os mandásemos condenar á restitución de 
todos los maravedíes >• otras cosas que de nuestras rentas y cru- 
zada y servicio y i)atrimonio Real habíais llevado, que estimaba 
h.asta ahora en 400 cuentos de maravedíes, mandándole diferir 
cerca de ello juramento «in liten», mandándoos asimismo con- 
«lenar en otros 4(X) cuentos de maravedíes de los gastos y daños 



— 3y7 — 

y menoscabos que por la traición i)or vosotros cometida y )c- 
vantamiento por vosotros hecho en estos nuestros Reinos, se 
han hecho en nuestro nombre y recrecido á nuestro ijatrinionifi 
y Corona Real. 

Para lo cual todo y en lo necesario nuestro Real oficio im- 
ploró, y pidió sobre todo, serle hecho entero cumplimiento de 
justicia breve y sumariamente confonne á la dicha nuestra car- 
ta y comisión como la calidad de la causa lo requería. 

Y que como quiera que por la dicha notoriedad se pudiera 
proceder contra vosotros sin más citación ó declaración de los 
dichos delitos y de los perpetradores de ellos. Y nos suplicaba 
la mandásemos luego recibir, pues para ello no requería ni era 
necesaria citación, y que en caso tiue Nos, por más convencer 
á vos, los dichos rebeldes y traidores, os quisiésemos mandar 
citar y llamar, mandásemos que la dicha citación se hiciese 
por pregón y edicto general en la ciudad de Burgos, cabeza de 
Castilla, donde al presente reside nuestra Corte, fijándose asi- 
mismo la tal citación en algún estrado ó cadalso que para ello 
mandásemos hacer, pues era asimismo notorio y por tal lo ale- 
gaba que no era tuto ni seguro á ningún maestro, portero ni 
escribano, ni otro oficial, ni mensajero alguno ir á notificar la 
dicha citación, ni otra carta ni provisión nuestra ni de nuestros 
Gobernadores, ni de los del nuestro Consejo, á vosotros ni al- 
guno de vos que estabais en los dichos pueblos levantados, de 
lo cual estaba presto de dar información, y aquí41a habida nos 
suplicaba y pedía por merced (jue con toda brevedad se proce- 
diese en la dicha causa y ejecución de lo contenido en la dicha 
nuestra carta y provisión, para lo cual asimismo im lloró nues- 
tro Real oficio y las costas. 

Pidió y, dijo que el conocimiento de la dicha causa pertene- 
cía á los dichos nuestros Visorreyes y Gobernadorts >' á cada 
uno de ellos y á los del nuestro Consejo, así por la calidad de 
ella como por nuestra carta y comisión especial firmada de Mí, 
el Rey, que tenía presentada, y de nuevo si necesaria era la pre- 
sentaba, y nos suplicó y pidió por merced que mandásemos pro- 
ceder contra vosotros como en caso notorio, como dicho y su- 
plicado tenía, ó que sobre ello proveyésemos como la nuestra 



— üycS — 

iiRicc-íl fuese; lo cual visto ])()r el dicho Condestable de Casti- 
lla, nuestro Visorrey y Gobernador, y por los del nuestro Con- 
sejo, y la información que el dicho fiscal dio, y como por ella 
constó no ser tuto ni seguro notificar en vuestras personas ni 
en los luKíires levantados donde residís nuestra carta ni provi- 
sión alfíuna, demás de ser notorio fué acordado que debíamos 
mandar dar esta nuestra carta de citación por edicto general 
puesto >■ fijado en nuestro estrado y cadalso real. 

Por lo cual os mandamos á todos y á cada uno de vos 
(|ue del día (jue fuere pregonada en el dicho estrado y ca- 
dalso real, que para ello está hecho en la Plaza Mayor de 
esta ciíidad de Burgos, cabeza de Castilla, nuestra Cámara, 
hasta nueve días primeros siguientes, los cuales os manda- 
mos y asignamos por todos plazos y términos perentorios, 
vosotros y cada imo de vos vengáis y parezcáis personalmen- 
te ante los dichos nuestro Visorrey y los del nuestro Con- 
sejo, como nuestros jueces comisarios en esta ciudad de Bur- 
gos donde al presente reside nuestra Corte, á ver tomar in- 
formación de la dicha notoriedad y de lo por vosotros y cada 
uno de vos hecho y cometido, y de todas las otras cosas que 
convengan y sean necesarias para justificación del dicho pro- 
ceso y para ver, presentar, jurar y recibir los testigos de ello, 
y ]-)ara todos los otnjs autos, para que de derecho, según la ca- 
lidad (le esta causa y comisión á ellos dada, se requiera citación 
hasta la sentencia definitiva y declaración de los dichos casos 
y de cada uno de ellos y ejecución de todo ello inclusive, con 
;;percibimicnto (jue os haremos que si pareciereis según dicho es, 
los dichos nuestro \'isorrey y los del nuestro Consejo os oirán 
y mandarán guardar vuestra justicia, en otra manera vuestra 
ausencia y rebeldía no embargante habiéndolo por presencia. 
Pasado el dicho término, sin más citaros ni llamar ni aten- 
der sobre ello, recibirán la dicha información y procederán en 
la dicha causa hasta hacer la dicha declaración y dar las dichas 
sentencias y proceder á ejecución de ellas. 

Y por (jue vos, los susodichos, ni alguno de vos os podáis 
decir ni alegar ([Ue jior los dichos movimientos caucados por 
vosotros no osarais \enir á esta ciudad ni os sería segura 1 ^ 



— 3yy — 

venida á ella, por la presente os aseguramos y jirometeinos que 
por Nos ni por nuestro mandado no os será hecho ni consen- 
tido hacer mal, ni daño ni agravio alguno en vuestras personas 
ni bienes, y que seréis oídos y os será guardada en todo vues- 
tra justicia. 

A' de como esta nuestra carta fuere notificada, pregonada ó 
lifijada en la manera que dicho es, mandamos á cualquier Es- 
cribano público, so la pena de nuestra merced y de perdimiento 
del oficio y de todos sus bienes para nuestra Cámara, que dé fe 
y testimonio de la dicha notificación ó pregón ó fijación i^or 
que Nos sepamos en cómo se cumple nuestro mandado. 

Dada en la ciudad de Burgos á i6 días del mes de Febre- 
ro de 152 1 años. 

El Condestable de Castilla, su Gobernador en su nombre. — 
Licenciado Zapata. — Licenciado de Santiago. — Francisco, Li- 
cenciado. — Licenciado Aguirre. — -Doctor Cabrero. — Licenciado 
de Coalla. — El Doctor Beltrán. — Doctor Guevara. — Acuña, Li- 
cenciado. 

CAPÍTULO XLII 

De las cosas que acontecieron el año 1521. Primera: de las Cor- 
tes que el Emperador tuvo en la ciudad de Vorms, que es 
en el Imperio de Alemania , y de cómo se juntaron allí todos 
los Príncipes y Prelados de aquella tierra, y lo que en ellas 
se concertó y cómo murieron Guillermo de Croix, Mr. de 
Chievres y su sobrino el Cardenal de Croix, Arzobispo de 
Toledo. 

Tuvo el Emperador Don Carlos las fiestas de la Xa\idad,en 
la generosa ciudad de Colonia, y de allí escribió á todos los Es- 
tados del Imperio que para 27 de Enero se juntasen en la ciu- 
dad de Vorms porque quería con ellos hacer la Dicta (llaman 
en aquella tierra Dieta lo cpie acá llaman tener Cortes en Es- 
paña) , porque el Emperador tenía voluntad de dar orden en 
las cosas de Alemania v volverse luego á remediar los grandes 



— 400 — 

males (lUc había lii ICsi)aña, y así entró el Emperador Don Car- 
los en Vorms á lo de Enero, donde le vinieron tres moros, Em- 
1 tajadores que eran del Xe(]ue de los Gelves á darle la obedien- 
cia y hacerse sus tributarios como lo eran hasta allí del Rey 
de Fez, iK;r(|ue según arriba dijimos D. Iñigo de Mendoza >• 
Diego de Vera habían ganado aquella tierra con la Armada qut- 
el Rey les había dado en Barcelona, y el Rey tomó de esta Em- 
bajada mucho placer y contento por ser señor de aquella isla 
de donde tanto daño venía á la cristiandad. 

Y como se allegase el tiempo de la Dieta y los Electores es- 
tuviesen en la ciudad y todos los Príncipes que se habían de 
hallar en la Dieta y al recibimiento de los Electores el Empe- 
rador salía á recibir á cada uno de ellos é iban todos juntos 
hasta dejar á vSu Majestad en su palacio, y de allí iban acom- 
pañando toda la caballería al que entraba hasta su casa, los cua- 
les todos juntos, el Emperador y ellos, se fueron á la iglesia 
Mayor, >■ iuites de todas las cosas hicieron decir muy solemne- 
mente una misa del Espíritu Santo para ([ue mereciesen ser 
alumbrados en todas las cosas cpie hubiesen de proponer y or- 
denar en aciuellas Cortes. 

Luego aíiuel día en la tarde el Emperador con todos los Prín- 
cipes del Reino fueron á una casa donde se suele tener la Dieta 
>• allí el Cardenal de vSaberburgh, en nombre del Emperador, les 
hizo una larga plática, asaz compendiosa y concertada, toda la 
cual resumió en cuatro cosas, lo que el Cardenal propuso en 
nombre del Emperador, y fueron éstas : 

I, a primera, que Su Majestad les encomendaba y encargaba 
(jue mirasen en aquella Dieta cómo se atajarían los robos y 
daños (|ue se hacían por el Imperio, y que Gobernadores y jus- 
ticia (juedarían para castigarlo y gobernarlo todo, porque su 
fin era tenerlos en mucha paz y justicia. 

La segunda era que ya sabían como él, en su coronación, ha- 
bía jurado de recobrar todas las tierras que eran del Imperio, 
y (lue í)ara esto había necesidad de su favor y ayuda para que 
él entra.se jioderoso en Italia, poniue á la sazón él no podía apro- 
\ echarse de los sus Reinos de España á causa que estaban todos 
l)uestos en guerra, por tanto (pie les rogaba tuviesen por bien 



— 401 — 

de socorrerle, al tiempo de la necesidad con fíenle í)ara la gue- 
rra ó con dinero para pagarla. 

La tercera cosa que les decía Su Majestad era <jue ya sabí;in 
el daño que Fra.v ]Martín Lutero había hecho con sus herejías 
en la cristiandad y que de este caso Su Majestad estaba mu>- las- 
timado y afrentado, lo uno por ser en su tiempo, lo otro porcjue 
aquel hereje era subdito del Imperio; por eso les rogaba y en- 
cargaba hablasen y mirasen la manera que se podría tener para 
que Lutero tornase á la obediencia de la Iglesia romana >• para 
que se remediase la herejía que en Alemania tenía sembrada. 

La cuarta, que ya sabían cómo estaban los Reinos de España 
todos revueltos á causa que se partió de ellos sin visitarlos todos, 
por tanto les rogaba tuviesen por bien de abreviar y darse prisa 
en aquella Dieta para que con toda brevedad él se volviese á 
España. 

Esto dicho diputó el Emperador Don Carlos ciertas personas 
las cuales en su nombre residiesen y asistiesen juntamente con 
los Príncipes del Imperio en aquellas Cortes, y fueron éstos 
Mr. de Chievres, 3' el Gran Canciller, y el Obispo de Falencia ; 
y cuando había necesidad de consultar alguna cosa delante de 
su Real persona había en Palacio una sala baja donde se ha- 
cía la Junta, en la cual también el Rey tomaba los juramentos 
y homenajes que le hacían los feudatarios del Imi)erio, porque 
es costumbre que después de coronado el Emperador en Aquis- 
grán, si dentro de un año no se hace aquella ceremonia, tiene 
cada uno perdida la imperial investidura y su tierra. 

Agunos hacían aquel feudo secretamente en aquella sala, 
otros los hacían públicamente en la plaza, y de éstos fué el 
primero Joaquín, Marqués de Br^indemburgo, y fué la causa 
haber í,ido él al tiempo de la elección por parte del Rey de 
Francia y contrario al Rey Don Carlos, y por contentar al 
Emperador y tornar en su gracia quiso hacer aquella ceremo- 
nia pública. 

La manera que se tiene en dar al Emperador obediencia los 
feudatarios del Imperio, es la siguiente : Está el Emperador 
en la plaza en un trono muy solemne sentado con su corona 
puesta y los Electores una grada más abajo que él, cada uno 



— 402 -• 

(.-(•n su iiisi.iíiiia del Imperio en h\ maní), y llegaban cuatro 
caballeros puestos de rodillas y dicen en presencia de todos ; 
"I'"l Martines Joaquín de Brandeniburgo, señor de los esteruos, 
l)onieros, casubios y vándalos brugbion de Nuremberga, Prínci- 
j)e de los rugos y Camarero nia^-or del Imperio, quiere venir 
á hacer el homenaje debido al nuevo Rey de romanos y electo 
Em])erador, como su leal y fiel vasallo, y esto no sólo en su 
nombre pero en el de toda la antigua y generosa casa de Bran- 
demburgo». Dichas estas palabras levantábanse los Embajado- 
res á consultar con el Emperador, y tornados después á sentar 
respondía el Cardenal y el Obispo de Maguncia : «El nuevo 
Rey de tómanos y electo Emperador Don Carlos dice, habien- 
do sido informado jx^r los Electores del Imperio de ]a lealtad 
y fidelidad de los ilustres Marque-ses .y casa de Brandemburgo, 
es contento de recibirlos en feudo y servicio suyo y del Im- 
])erio)). Partidos los mensajeros c(m tan buena respuesta luego 
entraban 200 de á caballo trayendo en . las manos las armas 
del caballero que había de dar la obediencia, y dadas muchas 
vueltas por la plaza y calles, como corredores que describían 
campo, íbanse para su señor, el cual luego venía acompañado 
de ellos y de muchos géneros de música y de caballeros que 
consigo traían muy gran riqueza, y llegado al cadalso se apea- 
ba y en manos del Emperador hacía su debido homenaje, y 
el Emperador le investía de los feudos y señoríos que el tal 
en el Imperio tenía, y hecho esto arrojaban las banderas que 
allí tenían del cadalso abajo, las cuales eran tantas cuantos se- 
ñoríos el tal tenía del Imperio, y .después el Emperador dá- 
bale dos reyes de armas que le acompañasen hasta su posada, 
y este era el fin de aquella tan insigne ceremonia. 

Muy generosa fué aquella Dieta que se tuvo en Vorms, 
]K)rque dejados los españoles, italianos, flamencos, sicilianos y 
Embajadores de diversos Príncipes, halláronse allí 5 Cardena- 
les, 18 Duques, 10 Condes, 6 iSIarquescs, 4 Arzobispos, 15 Obis- 
pos y Q Abades, los cuales todos estaban allí con tanta auto- 
ridad y compañía que más era para ver entonces que no para 
escribir ahora. 

Muchas cosas se trataron y acordaron en aquella Dieta, 



- 403 - 

así generales como particulares, pero la suma í\l: todas fue- 
ron éstas : 

Lo primero, fué acordado y consentido por todos que fuese 
su Vicario y lugarteniente general en el Imperio, D. Fernan- 
do, Duque de Austria, y hermano del mismo Euiperador Don 
Carlos. 

Lo segundo fué para las cosas de justicia y buena gober- 
nación de Alemania, que en la Cámara Imperial ó Cámara 
del Consejo residiesen dos Príncipes electores, uno eclesiás- 
tico y otro seglar, con cierto número de letrados, y que del 
tal Consejo fuese Presidente Federico, Conde que era Palati- 
no, y que los tales consejeros y' letrados se mudasen de cierto 
á cierto tiempo. 

Lo tercero que allí acordaron fué que el nuevo electo Em- 
perador tuviese por bien de coronarse y de recuperar las tie- 
rras del Imperio y que cuando fuese servido emprender la tal 
jornada para esto le ofrecían 20.000 infantes y 4.000 de ca- 
ballo pagados por seis meses, y en este caso contribuyeron to- 
dos los del Imperio, é hízose allí el repartimiento de lo que 
cabía á cada uno, y obligáronse á acudir con tal gente dentro 
de cuatro meses después que cada uno fuese requerido. 

En el tiempo que estas Cortes se celebraban cayó n)alo 
Mr. de Chievres, gran privado que fué del Emperador D<m 
Carlos, según arriba contamos, y fué su mal una fiebre mortal, 
de manera que á 23 días del mes de Mayo nuir.o, y su muer- 
te fué en conformidad de todos ó de los más, porque los de 
su naturaleza teníanle envidia por lo mucho que privaba y 
los extranjeros queríanle mal por el mal tratimicnto que les 
hacía. Murió muj^ rico y con mucho conocimiento de sus pe- 
cados en especial de la mala gobernación que había tenido en 
España y en los otros Reinos, y en su muerte el Emperador 
Don Carlos mostró mucho pesar porque le quería bien por ha- 
ber sido su ayo y tener de él giran consejo, aunque mucho 
había perdido con Su Majestad por lo que había hecho en 
España. 

Después de la muerte de Chievres muchos quisieran entrar 
en su hacienda y muchos más en su privanza, peri) el Empera- 



— 404 — 

dor Don Carl(;s ijULdó tan a\isado y tan escarmentado d.' la 
sobrada privanza de Cliievrcs qne dende en adelante ja nás de 
])ersüna fué gobernado. 

Muy grande y niny extremada fué la mudanza que súbita- 
mente hizo de sí el Emperador Don Carlos, en que como de 
iintes lo confiaba todo de mío stílo, no se osaba fiar después 
aun (le muchos, sino (jue se extrañaba de todos, fiando siem- 
pre sus secretos de algunos. 

Este Mr. de Chievres no dejó hijos, por cuya causa sucedió 
en su Estado nn sobrino suyo, el cual quedó por Conde de 
Persia, y Duque de vSora y de Arcoth, y de otros muchos lu- 
gares y baronías que él había comprado y adquirido estandcj en 
el servicio del Emperador ; y caso que Mr. de Chievres fué muv 
notado de ser codicioso y ambicioso, no podemos negar que jun- 
to con esto fué varón honesto, buen cristiano, muy reposado y 
sufrido, y sobre todo fué amigo de que su Príncipe no viniese en 
guerras y quiebras con los otros Príncipes, y esto trabajábalo por 
todas las vías y maneras que podía, aunque es verdad que al- 
gunas veces era á costa de la hacienda y aun de la honra del 
KmiK-rador, su señor, y como esto se lo retruxo una vez un 
caballero, respondióle Chievres : ((presupuesto que el Príncipe es 
cristiano y no tirano, yo siempre le aconsejaría que antes se 
abrazase con la paz comprada que no c.n la guerra injista». 

También nuirió en este tiempo su sobrino el Cardenal de 
Croix, Arzobispo (lue era de Toledo. 



CAPÍTULO XLIII 

Pr una grandísima persecución que en este tiempo vino á 
la Iglesia de un maldito hereje que se levautó en el Du- 
cado de Sajonia que se ¡¡amaba Fray Martín Lutero y de 
las herejías enormes que ¡iivo y de los daños que en la 
Iglesia hizo. 

Antes de venr á contar lo que pasó en esta Dieta c.;n el 
hereje Fray Martín I. útero será necesario contar el origen y 



— 405 — 

principio que tuvo este hombre para hablar y escribir los mu- 
chos libros que compuso, para lo cual es de saber que el Papa 
Julio II fué un varón muy animoso y determinado y nniy de- 
seoso de dejar de sí memoria, y como viese (lue la iglesia dj 
San Pedro de Roma estaba muy vieja y que quitaba la devoción 
á los peregrinos que venían á visitarla, hizo derrocar gran par- 
te de ella para reedificarla de nuevo, y sucedió la cosa de tal 
manera que yendo el edificio en buenos términos murió el Papa 
Julio, y como sucediese en la siUa Apostólica el Papa León X, 
de nación florentino, varón manso 3' piadoso aunque poco co- 
dicioso, dio una bula de muy grandes perdones mandando cpie 
se predicase por toda la cristiandad para que con el dinero de 
ella se continuase el dicho edificio de San Pedro de Roma, la 
cual bula como se fuese á predicar en Alemania y fuese en 
aquella provincia Comisario general y colector de los dineros 
de las bulas por el Papa el Cardenal Roberto, Arzobispo de 
Maguncia y de Magdeburgo, por ser Prelado tan preeminente, 
el cual tenía no pocas diferencias con el Duque de vSajonia so- 
bre algunas temporalidades á fin que las tierras del imo con- 
finaban con las del otro, y como viese que el Arzobispo cogía 
los dineros de las bulas lo tomó á gran injuria el Duque de 
Sajonia, y por esta causa recogió en sí todo el dinero que de 
las bulas se había allegado en su tierra, diciendo que no lo 
quería dar al Arzobispo de Maguncia por que no le hiciese con 
ello guerra, ni lo quería dar al Papa por que no lo gastase con 
sus parientes en Florencia, sino que él mismo lo enviaría y 
haría gastar en los edific'os de San Pedro de Roma. 

Y como esto supiese el Papa León tomó á gran injuria lo 
que el Duque había hecho y mucho más lo que había dicho, 
y envióle á mandar que luego entregase el dinero que había 
cogido de las bulas ; lo cual, como el Duque por ruegos ni 
por amenazas no quisiese hacer, envióle á descomulgar, á lo 
cual respondió el Duque que si el Papa tenía en mucho su di- 
nero él tenía en muy poco su descomunión. 

Y como en aquellos tiempos floreciese en Alemania un frai- 
le de la Orden de San Agustín que había nombre Martín 
Lutero, varón medianamente honesto y en las letras divinas 



— 406 — 

muy ílocto, auníiuc en la teología eclesiástica no muy ins- 
truido; era de nación alemana, de Crisleuen, hijo de Lut.ro 
y de una mtijer llamada Margarita, gente y buenos cris- 
tianos, y estudió en Bolonuí dcjndf salió d()ct<j en las Sagradas 
letras á Roma, en tiemix) del Papa lycón X, donde inten- 
tó un oficio de penitencia, aunque otros dicen que un capelo 
de Cardenal por la buena voluntad que el Papa le tenía, lo 
cual como no pudiese haber se fué á Alemania enojado cou 
el Papa, con voluntad de decir de él y de las cosas que pasar 
ban en la Corte romana, como persona práctica en ella, y para 
mejor decir su ix)nzoña se vino á favorecer del Duque de Sa- 
jonia porque sabía que no estaba bien con las cosas del Sumo 
Pontífice, y estando allí más reputación para lo que ade- 
lante pensaba escribir, hizo cierta obra sobre las epístolas de 
San Pablo, con muy curioso estilo, porque de su natural eia 
de muy vivo juicio ; en el hablar era tibio y en el escribir 
muy sabroso aunque malicioso. 

Fué el caso, que año de 1515, domingo tercero de Cuares- 
ma, estaba en Sajonia predicando un fraile dominico las bu- 
las de San Pedro, y estaba presente el Duque y Fray Martín 
Lutero, y entre otras cosas que aquel buldero allí predicó 
fué que tomó un real en la mano y dijo que tan presto como 
aquel dinero caía en el bacín para pagar una bula, tan presto 
subía el padre ó la madre del que la tomaba á la gloria, y que 
quien en esto pusiere duda no sentía bien de la santa fe cató- 
lica ni de la autoridad de la Iglesia romana. 

Aconteció otro día que estando Fray Martín Lutero en una 
casa entró un buldero y dijo á una mujer estas palabras en 
su presencia : ((mujer, dame un par de gallinas buenas, y por 
virtud de la l)ula sacaré dos ánimas del purgatorio de las que 
tú más amas», y la mujer, inocente, dióle las gallinas y que- 
dó nuiy contenta de pensar que sus gallinas habían sacado de 
purgatorio dos ánimas. 

Kn la predicación de aquellas bulas hacían otra cosa los 
bulderos, conviene á saber: que á los labradores y gente ple- 
beya, si acaso por la predicación y amonestación no querían 
tomar la bula, hasta que la tomasen no los dejaban salir de 



— 407 — 

la iglesia, sino que los tenían allí á puerta cerrada, por ma- 
nera que se mostraban más codiciosos de los din. ros <iue no 
celosos de las ánimas; y como Fray Martín Lut.ro vicrc y 
oyese estas cosas habló y amonestó al fraile que predicaba aque- 
llas bulas que no hiciese ni dijese aquellas cosas ])orque eran 
en detrimento de la fe y en menospreco de la Iglesia Romana. 

Lo cual el dicho fraile escribió al Cardenal de la Minerva 
que era fraile de Santo Domingo, cómo Fray Lutero en la 
predicación de las bulas de San Pedro le era contrario, v el 
Cardenal díjolo luego al Papa, y el Papa León escribió al Du- 
que de Sajonia que luego le enviase preso á Roma á Fray Mar- 
tín Lutero porque era _^ospechoso en la fe y contradecía á 
la Santa Iglesia romana. 

Y como permitiese Dios que á la sazón (lue el Papa mandó 
prender á Fray jNIartín Lutero el Duque de Sajonia estuviese 
descomulgado (como dijimos), acordaron ambos á dos dj con- 
certarse, diciendo el maldito le Fray Martín Lutero al Duque 
que le defendiese él de las manos del Papa con las armas, que 
él le defendería á él con las letras, y que para estt) él probaría 
y disputaría y lo escribiría la descomunión del Papa con que 
le había descomulgado ser ninguna, y que las bulas é iiidul- 
gencias que el Papa daba eran una burla burlada con cjue te- 
nían cautiva y engañada á toda la religión cristiana, y á esta 
causa determinó de escribir un libro que intituló ^íDe Babiló- 
nica servi-tute» , en el cual introdujo á Roma en nombre de 
Babilonia, y el Papa en nombre del Rey Faraón, y á los Car- 
denales y otros oficiales en nombre de sus ministros, y á todo 
el pueblo cristiano en nombre del pueblo israelítico que es- 
taba allí cautivo, y dejado que escribió allí todas las miserias 
y flaquezas del Pontífice y Cardenales, en la descripción de las 
cuales se mostró harto malicioso, dijo al cabo que mayor era 
la tiranía que tenía el Papa sobre toda la rtlgión cristiana 
que la que tuvo Faraón con los hijos de Israel en Babilonia. 

El cual libfo escribió Fray Martín Lutero en lengua 1 itina 
para que todos le leyesen, y como naturalmente la gentj ple- 
beya sea en todo y por todo liviana, repentinamente se incli- 
naron todos á seguir y creer á Fray Martín Lutero y alzaron 



— 408 — 

la obediencia y (ksacataron al Pontífice romano; por manera 
que dendc en adelante toda Alemania la alta, no sólo no re- 
conocían obediencia á la Iglesia romana, mas aun burlaban del 
Papa y de todo lo (jue se hacía y se expedía en Roma. 

Tuvo este Martín Lutero muchas y muy enormes herejías, 
aljíinias de las cuales tuvieron algunos herejes de otro tiempo, y 
otras inventó él de nuevo, las cuales comunmente placían á to- 
das las gentes, >' esto no por más sino porque no los constreñían 
á vivir de])aj<) del yugo de Cristo, sino según la libertad y sen- 
sualidad del nunido. 

Cuanto á lo primen;, negaba haber Pontífice roman(j ni su- 
cesor y Vicario de Cristo, sino que el Papa no tenía más auto- 
ridad para llamarse Papa, ni por ser Obispo de Roma, que tie- 
ne uno de los otros Obispos cada uno en su iglesia. 

ítem : decía que la confesión secreta que no se había de hacer 
á clérigo, sino que bastaba que se confesase cada uno su culpa 
secretamente" á Dios; más decía, que ni había necesidad de 
misa para consagrar, ni tami^oco de hostia hecha de pan cen- 
ceño, sino (pie era mejor tomar unas rebanadas de pan y una 
bacina de vino y consagrar todo aquello junto, y que sin más 
ceremonia comulgase allí cada uno. 

ítem : decía que los casados también podían ser sacerdotes 
y los sacerdotes podían y debían ser casados. 

ítem : decía que las religiones :iue ordenaron los santos San 
Benito, San Agustín, San Francisco, vSanto Domingo y todas 
las otras que eran burla v burladores los que en ellas estaban, 
y que harían Iñen todos los Príncipes .cristianos si destruyesen 
á todos los monasterios y constriñesen á los religiosos que se 
fuesen á ganar de comer por sus manos. 

ítem : decía que en el otro mundo después de esta vida no 
había purgatorio. 

ítem : decía ([Ue los herejes los habían de tolerar y no quemor. 

ítem : decía que los Príncipes cristianos injustamente per- 
seguían al turco, y aun resistían, porque le habían de sufrir 
y obedecer como a/ote de Dios con que los quería castigar. 

ítem : decía que ningún concilio se había hecho legítimo ni 
verdadero después del concilio Niceno. 



— 409 — 

ítem : decía que ninguna escritura debía ser recibida si no 
fuese la Sagrada Escritura, y aun en ésta no recibían toda la 
Biblia, porque negaba el Apocalipsi y otros libros. 

Y estas y otras muchas cosas dijo y predicó >• escribió el 
maldito hereje Fray Martín Lutero, y no es nada decirlas y 
escribirlas, sino que tuvo tan gran crédito en todos los pueblos 
de Alemania que absolutamente todo lo que él decía ellos creían, 
y todo lo que él mandaba ellos cumplían, y así ninguna herejía 
grande ó pequeña, extraña ó común, tuvo ó dijo ó escribió Fray 
IMartín que luego no la pusiesen por obra todos los pueblos de 
Alemania, con los cuales tuvo tanto crédito <iue si dA lodo in- 
tentara destruir la ley de Cristo se saliera con ello. Y esto pa- 
rece ser así porque alzaron luego obediencia al Papa y dejaron 
la orden que tenían en decir misa y consagraban los legos la 
eucaristía y quemaron todos los libros del Derecho canónico en 
la plaza y ninguno se confesaba con sacerdote ni con otro ; echa- 
ban á los" frailes de los monasterios; forzaban á las monjas á 
que se casasen ; á todas las imágenes de los santos que estaban 
en las iglesias todas públicamente las quemaban en las plazas ; 
quemaron asimismo todos los libros con que cantaban en las 
iglesias y todos los breviarios con que rezaban el oficio divino, 
y ayunar vigilias de santos ó pascuas y abstenerse de comer car- 
ne y a^mnar los viernes y Cuaresma teníanlo por burla y por 
cosa supersticiosa ; traer cuentas benditas, ó tomar bulas, ó re- 
zar estaciones, ó visitar santuarios ó ermitas, tomar hábito de 
religión ó hacer otra semejante cosa que pareciese á la de- 
voción de la religión cristiana, esto no sólo no lo hacían, mas 
aun ni lo osaban intentar hacer públicamente, porque luego á 
la hora, como á hombre que no sentía bien de la doctrina lute- 
rana, ó le quitaban la vida ó le desterraban de la república, y 
Fray Martín Lutero por mostrar más su malicia y por que cono- 
ciesen todos en cuan poco él tenía las ceremonias y sacramentos 
de la Iglesia, públicamente se casó con una abadesa de un mo- 
nasterio en el día señalado de Ramos, y toda la Semana Santa 
arreo se celebraron las bodas, y comieron carne, y según se de- 
cía el día de Viernes Santo hicieron muy rjayor regocijo. 
]Muchos religiosos de todas las órdenes y monjas de varios 



— 410 — 

niuiiablLiiíjs y Obisiws }' clérigos, y aun caballeros de grandes 
Estadf)s, se perdieron y casaron }' siguieron á este maldito he- 
reje, y por contrario, iimclias rcligif)sas y religiosos y prelados 
y clérig(is y caballeros permanecieron en la integridad de la fe 
>• en la unión y obediencia de la .Santa Iglesia, sufriendo por 
ello no i)ocas persecuciones y adversidades de los luteranos, y 
muchos devotos religiosos y otros fieles clérigos y cristianos 
cuando (juerían celebrar en las pascuas y fiestas íbanse á las 
]uontañas ó á las cuevas, y allí, con altares portátiles, celebra- 
ban luios y comulgaban otros, porque según la muchedumbre 
de los luteranos era imposible hacer esto sin ser descubiertos. 
Entre los muchos que siguieron á Lutero no hubo otro que 
más color diese á su maldita doctrina como fué el Duque de 
Sajonia, porque siempre lo tuvo en su tierra y amparó á su 
•persona no sólo con palabras mas aun con armas. 



CAPITULO XLIV 

Cómo el Papa Lcóíi envió á Alemania al Cardenal Cayetano con- 
tra el hereje Fray Martín Lutero, y cómo el dicho Lutero 
vino con salvoconducto de la Dieta de Vorms y en presencia 
del Emperador fué preguntado de su herejía y al fin como no 
se quisiese convertir le quemaron los libros y la estatua. 

Mucho sintió el Papa lo que ^Martín Lutero había dicho y 
hecho y escrito en Alemania, porque no sólo le había quitado 
á toda aquella provincia de su obediencia, mas aun había puesto 
la lengua en su persona, y notado de grandes vicios y simonías 
á todos los que residían en la Corte romana; y es cierto que si 
Lutero no se extendiera á más de procurar la general reforma- 
ción de la Iglesia y á refrenar la particular codicia de la curia 
nmiaiKi, él había emprendido una muy santa y necesaria cosa, 
porcjue en equellos tiempos estaba la caridad en los ministros 
de la Iglesia romana tan resfriada y la avaricia tan encendida 
(lue ninguna cosa se negaba por dinero. Y aunque tuviese al- 
guna ocasión Martín Lutero de reprender el desorden que había 



- 411 — 

en el dar y predicar las gracias é indulgencias y los otros teso- 
ros de la Iglesia, ninguna razón tuvo el maldito hereje de po- 
ner mácula en los sacramentos de la Iglesia Católica, porque los 
sacramentos de las otras santas ceremonias que están ordena- 
das para el ánima no tienen eficacia del Papa que las concedió, 
sino de solo Cristo ntiestro Redentor que las instituyó ; y fuera 
bueno que el Papa, antes que más se enconara aquella ponzoña, 
hiciera juntar todos los más Obispos y Prelados y varones nota- 
bles de la Iglesia y con ellos hacer un general Concilio en Ale- 
mania ó en los confines de ella, donde infaliblemente ó Lutero se 
convirtiera ó confundiera ó se quemara, ó á lo menos tuviera muy 
poco crédito su doctrina ; y según me decían muchos que con 
Lutero habían hablado, que siempre suspiraba y pedía un Con- 
cilio general en el cual él quería dar cuenta de lo que decía y 
que Papa y Cardenales diesen cuenta de lo que hacían ; pero 
¿qué diré?, que ellos llaman á él hereje 3- con razón y él llamaba 
á ellos simoniáticos y viciosos y no sin alguna causa ; pero al 
fin el Papa y Cardenales disimularon el general Concilio por 
quedarse cada uno en su estado, y porque en él ya que habían 
de condenar la doctrina de Lutero de necesidad habrían de re- 
formar la Iglesia romana. 

Dejando aparte lo que el Papa pudiera y debiera hacer di- 
gamos lo que hizo, y fué que sin que Lutero fuese citado ni 
Uamado y como no pareciese él ni alguno por él, fulminaron 
contra él un proceso por el cual fué condenado por hereje y he- 
cha una estatua en su nombre y públicamente la quemaron en 
Roma, lo cual como supuso el maldito hereje Lutero lo tuvo en 
tan poco que le tomó muy gran risa de ello, diciendo que pues 
en Roma acoceaban á Cristo no era mucho que quemasen la es- 
tatua de Lutero ; y esto hecho envió el Papa León al Cardenal 
Cayetano por legado á Alemania para que requiriese al Duque 
de Sajonia que echase á Lutero de su tierra, y para que su- 
plicase al Emperador INIaximilianó tuviese tales modos y ma- 
neras en que aquel hereje fuese destruido, y el Emperador á 
petición del Cardenal Cayetano, sobre seguro, hizo venir allí 
á Martín Lutero, los cuales como se viesen juntos nunca el 
Cardenal pudo tener con él apuntamiento alguno de concordia 



— 412 — 

ni :ii)artarlo de su mala secta, antes dende en adelante predi- 
caba más sin vergüenza y escribía muy más peligrosa doctrina. 

listando pues las cosas en este estado, como el Emperador 
Don Carlos vino en V'orms, viendo el grandísimo daño que en 
la iglesia de Dios se seguía de aquella herejía, parecióle junta- 
mente con el liarecer de todos los que celebraban aquella Dieta 
(|ne Lutero viniese allí en persona, y le enviaron á llamar dán- 
dole como le dieron primero salvoconducto para que fuese y 
viniese seguro ; pero no contentos sus amigos del seguro con- 
juráronse de secreto de no perder á Lutero de ojo y que si al- 
guno intentase hacerle ó decirle alguna demasía perdiesen to- 
dos por él la vida, porque á la sazón aunque eran muchos en 
la Corte del Emperador buenos cristianos y guardaban los pre- 
ceptos de la Iglesia, pero no eran pocos los que de corazón se- 
guían á Lutero. 

Venido, pues, IMartín Lutero á la Corte del Emperador, 
estando allí en Vorms, mandó juntar Su Majestad á todos los 
Príncipes y Prelados en su casa, y aUí hizo parecer á Martín 
Lutero en su presencia, al cual mandó el Emperador que por 
ninguna manera fuese osado hablar palabra si no fuese por vía 
de respuesta, y esto se proveyó porque aquel maldito hereje 
era de tanta elocuencia y tenía la lengua tan atractiva que á los 
más de los que hablaba los convertía á su secta. 

En la misma sala donde el Emperador mandó llamar á Mar- 
tín Lutero estaban todos los libros que él había compuesto en- 
cima de una mesa, y callando todos dijo el oficial de Arzobispo 
de Tréveris á Lutero estas palabras > «Di, Martín Lutero, ¿por 
ventura eres tú el autor de todos estos libros, ó si acaso los com- 
pusieron otros y quisieron á tí atribuirlos?» Rerpondió Lutero : 
M Léanme los títulos de los libros y por ellos veré si son de otros 
ó míos». Leyéronle allí los títulos de ellos y luego dijo y con- 
fesó (lue no sólo aquellos libros todos eran suyos, mas aun que 
faltaban otros nuichos (pie él había compuesto. Visto por aquel 
Letrado que Lutero confesaba ser suyos todos aquellos libros, 
(lijóle allí luego en presencia de todos: ((De parte de nuestro 
Señor Dios te requiero y de parte del Emperador Don Carlos, 
nuestro señor, te digo, si quieres revocar lo malo que en estos 



— 41 B — 

libros has escrito y reducirte á la obediencia de la Iglesia c.nio 
íiel cristiano». 

Martín Luterc, como hombre astuto y agudo, pidió término 
de un día para responder á este punto, y otro día en la misma 
sala y á la misma hora y en presencia del Emperador y de los 
otros Príncipes dijo estas palabras : uYo he escrito tres maneras 
de libros, lo unos de los cuales son sobre la vSagrada Escritura 
y que contienen en sí tantas y tan buenas cosas que de mis 
amigos y enemigos son aprobados ; otros libros escribí de «Ba- 
bilonia servitute», conviene á saber: de las tiranías y avaricias 
y simonías que el Papa y los otros sus ministros hacen en Roma, 
no sin gran perjuicio de la religión cristiana, y de haber yo com- 
puesto estos libros no tengo conciencia, pues ellos de hacer las 
tales cosas no tienen vergüenza ; la tercera manera de libros que 
escribí fueron contra la persona del Papa y de otros Prelados, 
y en éstos yo confieso que me alargué más de lo (lue era razón 
considerada la grandeza de ellos y la poquedad mía». 

Oídas por el Emperador estas palabras mandó al que propo- 
nía que dijese á Lutero que no curase de responder por rodees 
y circunloquios, sino que dijese muy claro de sí ó de no, <i 
revocaba aquellas herejías que había escrito. Como á Lutero le 
dijeron esto y que el Emperador quería que se determinase, lue- 
go respondió que él no tenía que revocar alguna herejía, pues 
no confesaba ni sabía que en su doctrina estuviese escrita, y que 
si le dijesen que sus herejías eran antiguas y que por muchos 
Concilios estaban condenadas, á esto respondía que él no ad- 
mitía los Concilios, pues los unos hablan contra los otro-, y 
que si alguno le acusaba d,e haber dicho ó escrito alguna he- 
rejía él estaba presto para disputársela. 

Oída por el Emperador tan deshonesta respuesta y que to- 
davía estaba en su obstinada malicia, mandó que se le (lu'ta- 
sen de su presencia y que no fuese osado de hablar más palabri. 
Y como el maldito de Lntero había dicho que si alguno le 
acusaba de hereje ó de alguna notable herejía que él estaba 
aparejado para disputársela, muchos de. Jos que allí estaban 
ora con intención mala ó buena quisieran que la cosa in'ibli- 
camente se disputara, para esto el Emperador fué muy rogado 



— 414 - 

y ])crsua(li(l<), ¡¡(.nj jamás con él pudieron acabarlo; y á la 
\crdacl él fué en atiuclla hora como ministro de Dios milagro- 
samente alumbrado, j)orque llegada la Cí>sa á disputa, como 
aípiel maldito heieje no admitía ningún libro de derecho canó- 
nico, ni concilio antiguo, ni doctrina de algún doctor santo, 
era imposil)le (]iie por solo el texto de la Biblia seco fuese con- 
vencido. 

Aquella siguiente noche el Emperador, estando en su cáma- 
ra, escribió de su propia mano lo que le parecía de aquel caso, 
y luego á la mañana lo dio á los Electores, y la suma de su 
parecer era que Lutero debía ser desterrado luego de la tierra 
y su doctrina condenada, y que se debía quemar su estatua y 
todos los libros que había hecho, y que fuesen muy castigados 
> los (jue se preciasen de ser sus discípulos y guardasen su doc- 
trina, porque tenía algunos muy peores que el mismo Entero. 

Vista por los Electores y por todos los Prelados y cortesanos 
esta cesárea escritura cayó muy cordial alegría en los corazones 
cristianos, y por lo contrario, cobraron no poco temor los" lute- 
ranos por ver que el buen Príncipe no sólo no tenía punta 
de luterano, pero que mandaba condenar á Lutero á graves pe- 
nas ; y Fray Colapio, de la orden de San Francisco, que á 
la sazón era confesor del Em^perador, y Mr. de Ch'evres, y el 
gran Canciller, y el maestro i\Iota, tomaron aparte al pobre En- 
tero poniéndole por una parte muchas amenaz'as y por otra le 
hiciei-on muchas promesas para que si quisiese tornase al gre- 
mio de la Iglesia ; pero jamás de él oyeron una buena palabra, 
■ ni \ieron en él señal de buena esperanza, sino que conocieron 
claramente de él ciue era nmy poco el mal que había dicho en 
su doctrina en respecto de la malicia y odio que tenía contra 
la Iglesia romana. 

El Arzobispo de Tréveris secretamente tomó á dos muy fa- 
mosos Letrados y Ilamand») á Lutero se encerró con él y con 
ellos, y como disputasen en parfcular algunos de sus artículos 
jamás pudieron hacerle conocer que había errado en cosa nin- 
guna, por lo cual conoció el dicho Arzobispo y habíalo dicho, 
ser cosa muy i)eligrosa poner las cosas de la fe en disputa. 

Después de todo esto los Príncipes electores con otros mu- 



— 415 — 

chos Prelados y señores del Imperio enviaron una embajada á 
Martín Lutero á su posada rogándole y requiriéndole y y)ersua-" 
diéndole de su parte y de todo el Imperio del cual él era va- 
sallo, tuviese por bien de tornarse á la obediencia de la Iglesia, 
y que revocase su mala secta y que ellos rogarían al Papa que 
le recibiese con piedad y clemencia ; pero el malaventurado, 
como estaba obstinado en su herejía, ni quiso condescender á 
la embajada, ni menos conocer su culpa. 

Sabido por el Emperador que ninguna amonestación ni co- 
rrección hecha en público ó en secreto bastaba ni aprovechaba 
con él, envióle á mandar con el oficial del Obispo de Tréveris 
que luego saliese de su Corte y que dentro de veinte días se 
pusiese en seguro, y para esto mandó á Juan Alemán, su Se- 
cretario, que le diese el salvoconducto y un rey de armas que 
le pusiese en salvo ; lo cual como así fuese hecho, á tercero 
día que Lutero había caminado hizo al rey de armas que tor- 
nase al Secretario Juan Alemán' el salvoconducto, diciendo ciue 
aunque iba por tierras del Emperador él iba bien seguro por 
los muchos discípulos que cada paso hallaba y muy aficionados 
á su doctrina ; y como Lutero fuese partido para Sajonia, lue- 
go se puso gran diligencia en buscar los libros, y un día se- 
ñalado para ello se hizo un solemne sermón en alemán al pue- 
blo en la plaza, en el cual se relató todo lo que había pasado 
con Entero, y como fuese acabado fueron todos sus libros allí 
quemados y su misma estatua con eUos, y mandó el Empera- 
dor pregonar que ninguno fuese osado de seguir ni favorecer 
ni imprimir su maldita secta ni tener los libros de su doctrina. 
Pero todo esto duró poco y aprovechó menos, porque estaba 
ya tan adelante su herejía que solo Dios era bastante para des- 
arraigarla. 



4i(; 



CAPITULO XLV 

Cómo el ¡imperador Don Carlos estando en la ciudad de Vorm; 
recibió nuevas que estaba puesto en guerra todo el Reino 
de l'alencia, y de una batalla que dio el Duque de Segorbe 
cabe Murviedro á los agermanados, donde él fué vencedor, 
y de otra batalla que el l'isorrcy dio á ios agermanados cabe 
Candía, donde fué vencido, y de otros casos particulares 
que acontecieron en la dicha guerra. 

Antes que el Emperador Don Carlos entrase en Alemini:! 
íué avisado cómo se había levantado en su deservicio todo el 
Reino de \'alencia, mas como de los casos particulares no ha- 
bía recibido letras, no se había proveído en las cosas necesarias 

En el mes de Enero, ocho días después que el Emperador es- 
taba en Vtu-ms, llegó un correo de Valencia por el cual le ha- 
cían saber cómo los plebeyos estaban rebelados y que con ban- 
deras y Capitanes robaban las tierras de los caballeros, y que 
haljían saqueado á Corbera, y tomado á la villa de Alcira, y 
í.lK)derádose de la ciudad de Játiba, y que el Visorrey D. Diego 
de Mendoza estyba huido en Dcnia ; finalmente, que no había 
justicia en el Reino, y que tenían pregonada la guerra á fuego 
y á sangre contra los caballeros. 

Sabida por el Emperador esta nueva recibió con ella mu- 
cha pena, lo uno porque en aquel Reino había muy gran moris- 
ma y estaba frontero de África, lo otro porque en aquel Re'no 
de X'^alencia él estaba jurado y temíase no tomasen los valen- 
cianos algún siniestro, porque á la sazón que esto pasaba era 
vivo en Segorbe el Infante Fortuna. Habido el Rey su acuerdo 
sobre este tan peligroso caso, escribió al Visorrey que se jun- 
tase con los caballeros, y á Ids caballeros envió á mandar y 
rogar se juntasen con el Visorrey, y escril)ió al Maestre de 
Montesa (jue de su i>arte dijese estas cosas á los de la gemianía, 
conviene á saber : cpie contra su volutad estaban elegidos los 
trece Síndicos. 

ítem : (pie él tenía en mucho deservicio (pie el oficio de ra- 



— 417 — 

cional lo hubiesen dado de su mano contra la preeminencia real 
á Juan Zucrero, y qut; les rogaba y mandaba dejasen las armas 
V se tornasen á sus casas. 

ítem : que renunciasen el juramento que ha oían hecho (le- 
la gemianía, conviene á saber : de estar todos agermanados y 
juntos para destruir á los caballeros. 

ítem : que obedeciesen á su Visorrey que estaba huido en 
Denia, y que restituyendo á las partes los daños que habían 
hecho, Su Majestad les perdonaba el crimen lesa Majestad en 
que habían incurrido. 

A dos días andados de Marzo, domingo primero que era dj 
Cuaresma, juntó el Maestre de Alontesa á todos los p.gennana- 
dos en Valencia y leyóles la Cesárea carta, y ellos diéronse muy 
poco por todo lo que venía en ella, y en nombre de todos res- 
pondióle Sorolla que su empresa era justa y su demanda era 
santa, y que ellos no se habían agermanado para hacer al Rev 
algún deservicio, sino para castigar las tiranías que los caballe- 
ros hacían en el Reino. 

No se contentó el Emperador con lo que había escrito por 
vía de correo, sino que luego, en pos de él, envió á un Secreta- 
rio suyo aragonés que había nombre Juan González, el cual 
como vino á Valencia y dijese lo mismo qut había dicho el 
Maestre de Montesa, ni fué acepta á los agermanados su em- 
bajada ni aun fué bien tratada su persona. 

En este comedio se levantó la villa de Elche que es cabeza 
del jMarquesado, la cual en pocos días se redujo, no por fuer- 
za de armas, sino por concierto ; pero en este ni en otro levan- 
tamiento no fueron en dicho ni en hecho los moros, ni en todas 
las rebelaciones del Reino de Valencia ningún moro contra el 
Rey ni contra su señor lanza en el puño. 

Jueves, que se contaron i6 de Marzo, el Capitán Sorolla con 
todos los más agermanados fueron á las casas donde se cogen 
en Valencia los derechos de las rentas del Rey y del Reino v 
quitaron los Oficiales y tomaron los libros y apoderáronse de 
las rentas, por manera que ya Valencia no era Reino de caba- 
lleros y ciudadanos, sino ima behetría de públicos ladrones, 
aunque en la ciudad no dejaba de haber muchos buenos y de 



- 418 - 

Minios (IchL-os, los i-u.iics roiíaron al Marqués de Cénete, que 
era lieriuano del Visorrey D. Diego de Mendoza, y á ctros dos, 
los seilores de la iglesia, (lue fuesen á Denia y rogasen al Viso- 
irey (lUe se tornase á Valencia, lo cual el Visorrey no quiso 
liacer temiéndose, como era extranjero, que el Capitán Sorolla 
y otros agermanados no Le quisiesen matar por engaño. 

Como esto vieron los vecinos de la villa de Murviedro 3j 
agermanaron cdn los de la ciudad de Valencia, y como lo supie- 
ron ciertos caballeros que moraban allí en Murviedro subiéronse 
á la fortaleza para estar más seguros, y los agermanados sus ve- 
cinos acordaron de cercarlos, y como los tomaron desapercibidos 
los degollaron á todos habiéndose primero dado á partido, en lo 
cual se mostraron muj^ crueles tiranos. 

Estando las cosas en este estado aconteció que un doming j, 
á 12 de Julio, se ahogaron dos muchachos en el río de Murvie- 
dro, los cuales secretamente tomaron los agermanados \- los de- 
gollaron y llevaron á Valencia y entraron por las calles dando 
voces ((justicia, justicia, que los moros del Duque de í-'ego.be 
nos roban nuestras haciendas y nos matan á nuestros hijos». 

Oído esto por los agermanados de \"alcncia, creyeron todos 
que así pasaba la cosa, v se levantó de súbito tan gran bullicio 
(jue parecía que se ardía toda Valencia. 

Tenía entonces cargo de la justicia D. Rodrigo de Mendoza, 
Marqués de Cénete, y como los agermanados saliesen en campo 
armados para ir á las tierras del Duque de Segorbe para dego- 
llarle los moros, el Marqués trabajó aquel día mucho por estor- 
barlo, y al fin, aunque con gran peligro de su persona salió con 
ello ; y la Marquesa, su mujer, que era dama muy generosa y 
delicada, como vio aquel escándalo y á su marielo el Marqués 
en tanto peligro, ca^-óle tan gran espanto que dentro de pocos 
días fué muerta ; y como los agermanados de Valencia supiesen 
• lue el Duíjue de Segorbe era salido en campo y que había to- 
mado y saqueado á Castillo de la Plana, determinaron de criar 
de nuevo un Capitán (jue se llamaba Ros, al cual enviaron con- 
tra el Duque con 7.000 hombres y nuicha artillería, y el Duque 
les dio á ellos y á los de INIurviedro la batalla en el campo no muy 
lejos de la villa, y quedó por vencedor el Duque, y fueron ven- 



• - 419 — 

ciclos los agermanados y muertos más de 2.000; fué esta ba- 
talla á 18 de Julio, y según era fama fué el inventor de amoti- 
nar á Murviedro y degollar los muchachos un francés, Jordán, 
el cual después fué ahorcado por justicia. 

El Duque de Gandía ; el Conde de Oliva ; D. Juan de Cór- 
doba, Almirante de Aragón ; el Conde de Concentaina ; el Viz- 
conde de Chelva, y el Gobernador de Valencia, el Maestre ra- 
cional y todos los otros caballeros que estaban huidos, sobre con- 
cierto se juntaron con el Visorrey y de 'nuevo ordenaron la 
guerra y recogieron soldados é hicieron Capitanes con los cuales 
se fueron á la villa de Gandía para hacer guerra á los ager- 
manados que estaban en Játiba, de los cuales era Capitán Vi- 
cen Pérez, el cual como estuviese con su gente en la ciudad 
de Játiba supo luego cómo los caballeros estaban juntados 
en Gandía y envió por socorro á la ciudad de Orihuela y 
luego vino en su socorro el Capitán Palomares con mucha 
gente, y hecho de todos un grueso campo acordaron de ir 
¿ buscar al Visorrey á Gandía, el cual con todo su ejérci- 
to les salió al camino hasta el río, y como fueron juntos 
entre ambos ejércitos, después de haber bien peleado, fue- 
ron desbaratados los caballeros y saqueada la villa, y valió 
el saco más de 300.000 ducados porque todos los más caba- 
lleros del Reino de Valencia tenían allí acogidos á sus muje- 
res, hijos y ropa. 

El Visorrey y Duque de Gandía y todos los otros caballeros 
que escaparon de la batalla se acogieron á Denia y los agermana- 
dos tomaron por opinión de bautizar á los moros, los cuales fue- 
roK todos bautizados por fuerza, aunque de miedo de la muerte 
decían que eran de ello muy contentos, y esta fué la causa por 
donde los moros después de bautizados fueron constreñidos á 
que guardasen la ley de los cristianos. 

Los Capitanes Vicen Pérez y Palomares se fueron de Gandía 
á Oliva y ViUalonga saqueando á los cristianos y bautizando á 
los moros, los cuales después que hubieron saqueado y maltrata- 
do la casa del Conde de Oliva pusieron en todas las partes un 
mote que decía : «Este pago se le dona al que es servidor de 
Mahoma)). Esto decían ellos porque en aquellos tiempos no' a- 



han al Ccnulc de C)liva (le hacer mejor tratamiento á los m(jros 
(¡ue no á los cristianos. 

Desde Oliva se partió el campo de los agernianados á Polope, 
tierra de D. Alonso Fajardo, y los moros se acogieron al castillo, 
el cual como fuese cercado y combatido se dieron á partido con 
condición que tornándose cristianos no fuesen muertos ni mal- 
tratados, y á esta causa luego á la hora se bautizaron los moros 
y se hicieron cristianos, lo cual como hubiesen hecho dieron en 
ellos los malditos agermanados, y como estaban desarmados los 
degollaron allí á todos, los cuales entre grandes y peíjueños eran 
más de 800. 

Después (lue hubieron hecho esto determinaron de repartir 
entre sí las tierras de los caballeros, y un Capitán de Játiba ciue 
se llamaba Julián se hizo Conde de Buendía, y cuando la saqu.a- 
ron tomó la posesión tle ella, y lo mismo hizo un sucrero que 
se llamaba José de Cas el cual se llamaba Duque de Candía, y 
tomó la posesión de ella é hizo jurados y oficiales, y al fin éíte 
fué hecho cucrtos en \'alencia y el Julián fué justiciado en 
Alcira. 

V^encida, pues, la batalla de Gandía, que fué día del Apóstol 
vSantiago y bautizados los moros por aquellas mor,; rías, se divi^ 
dio el campo de los agemianados, no por enojo que hubiese en- 
tre ellos, sino por irse los unos y los otros á desean- ar á sus 
¡)Ueblos. Palomares se volvió á Orihuela y \'ic.n Pérez ?e tornó 
á Valencia, donde como á Capitán vencedor le hicieron muy so- 
lemnísimo recibimiento y fueron él y los suyos muy bien apo- 
sentados en la ciudad. 

CAPÍTULO XLVI 

Cómo los de Valladolid dcsf^ués que los dejó D. Pedro Gi- 
rón enviaron á Toledo por Juan de Padilla, el cual era de 
todos muy ainado, y de cómo en este tiempo el Obispo de 
Zamora salió á tierra de Campos v saqueó muchos lugares 
y cohechó á muchas villas y derrocó algunas fortalezas. 

lín fin del año de 1520 ctnitamos cómo los caballeros de Cas- 
tilla combatieron y tomaron ¡lor fuerza de armas la \illa de 



— 42L -- 

Tordesillas, y cómo pusieron al Conde de ( )ñate en Ruarnición 
en Simancas contra el Obispo de Zamora y los otros Capitanes 
de la Comunidad que estaban encerrados en \''an dolid, de don- 
de los unos á los otros se hacían tan grandes daños. 

Visto por los de Valladolid y por los otros comuneros que 
era Tordesillas tomada y que estaban presos los Procuradores 
de la Junt;i, y que en Simancas les tenían puesta guarnición 
y que D. Pedro Girón los había dejado é ídose á su casa, en- 
viaron sus Embajadores á la ciudad de Toledo rogándoles afec- 
tuosamente que luego á la hora les enviasen el gran Capitán 
Juan Padilla, porque pensaban que según el amor cpie todos 
le tenían, que lo que D. Pedro Girón había dejado perder por 
cobardía que él lo ganaría luego con su lanza. 

Era tan en extremo el amor y reputación en que general- 
mente era tenido Juan de Padilla de todos los pueblos, que 
es muy poco lo que puedo aquí escribir en respecto de lo que 
en aquel tiempK) yo vi, porque clérigos djjaban sus iglesias 
por seguirle, las mujeres y doncellas iban de unos lugares á 
otros sólo por verle, los labradores con carret^.s y muías le 
iban á servir sin precio alguno, los soldados y escuderos pe- 
leaban debajo de su bandera sin pagarlos, los lugaros por don- 
de pasaban daban de comer á él y á todos los suyos liberal- 
mente, cuando pasaba por las calles todos se ponían á las 
puertas y ventanas echándole mil bendiciones, en las igles'as 
hacían pública plegaria por él para que Dios le f|UÍsÍLse guar- 
dar, finalmente, aquél se tenía por bienaventurado que le ha- 
bía visto y más el que le había servido. 

Era Juan de Padilla caballero de mediano estado, bien com- 
plexionado, no agudo ni entremetido, sino manso y bien acon- 
dicionado, y en la verdad lo mejor que tenía era haber caído 
en gracia del pueblo, porque no son más todas las cosas de 
cuanto son estimadas; y túvose por cierto que el dicho Juan 
de Padilla procuraba con los frailes del convento de l'clés para 
que lo eligiesen por Maestre, los cuales venían en ello y pen- 
saban enviar por las bulas á Roma, porque tenían creído que 
su Maestre, que era el Emperador, jamás tornaría á España ; y 
D. Antonio de Rojas, hermano que era del Marqués de Dcnia, 



— 422 — 

como íuc avisado que los frailes del convento de Uclés eran 
comuneros >• <jne hübía entre muchos plática de hacer Maestre 
de vSantiago á Juan de Padilla, como buen caballero aderezó su 
l)ersona muy bien y tomó consigo alguna gente de guerra, y 
una noche, que fué a 12 de Marzo, metióse en el convento y 
sostúvole en servicio del Rey hasta que el Reino fué apacigua- 
do, y el Emperador desjjués que vino dióle en remuneración de 
este .servicio tan señalado la tenencia de la fortaleza de Aréval.-. 

Durante el tiempo que los Embajadores de la Comunidad 
fueron á Toledo iK)r traer á Jvian de Padilla, acordó de sa- 
lir en campo el Obispo 'de Zamora, en que á 9 de Enero 
salió de Valladolid y fué á Trigueros, lugar que era de Don 
Gutierre de Robles, y tomóle el ganado de los montes y mu- 
cho trigo de los silos y saqueóle la tierra y maltratóle la casa, 
y de alb' se fué á Castromocho, y la madre del Conde de 
Benavente quj allí estaba porque no le saquease el lugar hizo 
al Obisix) mi gran presente y servicio. Lo mismo hicieron 
los de la villa de Becerril, Paredes, Carrión, Cervatos, Amus- 
co, Támara, Pina, Sancibrián y Astudillo, los cuales le da- 
ban de comer y posadas de gracia, y aun muchos le servían 
con algo de sus haciendas, porque el fin del Obispo era co- 
hechar aquellos labradores porque entre ellos había muchos 
ricos de dineros y bastimentos, porque en todos aquellos lu- 
gares y pueblos la gente por la mayor parte eran de cora- 
zón todos connuieros, y no sólo mantenían al Obispo y todo 
su campo el tiempo que estaba con ellos, mas aun el tiem- 
po que se partía le pagaban la gente de muy buena gana para 
ir contra los caballeros. Esto hecho se vino el Obispo á Magaz 
y como no pudo tomar la fortaleza saqueó el lugar, y de allí 
vino á Tariego y derrocó la fortaleza, de donde se partió para 
Palencia donde fué solemnemente recibido de los plebeyos y 
C(}n muy mayor solenmidad de los clérigos y Canónigos, por 
(pie lo llevaron á la iglesia Mayor y le hicieron aquellas cere- 
monias y servicio que hicieron á su Prelado. 

Estando ol Obispo en esta ciudad fué informado cómo en el 
lugar de Fuentesj que era una legua de allí, estaba el D ctor 
Tello, (jue era mu» de los Oidores del Consejo Real, el cual 



— -123 - 

estaba allí con su hermano Juan de Ribera, cuyo era en aquella 
sazón el lugar, y tenían allí sus mujeres é hjos por estar más 
seguros de los comuneros, y acordó de ir allá desde Falencia. 
Los cuales como el dicho Obispo les diese su fe (jue no les 
haría daño le dejaron entrar en la fortaleza, donde ciuno hubie- 
se comido y reposado acordó de prender sus personas y catarles 
todas las arcas y cámaras, finalmente les tomó entre joyas y 
ropas valor de 30.000 ducados y á ellos y á sus mujeres é hi- 
jos llevó á Valladolid presos, y en la verdad esta fué una de las 
cosas en que el Obispo se mostró muy tirano y ladrón cosario, 
porque habiendo prometido y dado su fe á aquellos c iballeros 
de no hacerles mal ni daño, les hizo tan gran robo y desacate;. 

Después que el Obispo hubo saqueado y cohechado las villas 
> lugares y derrocado las fortalezas se vino á la villa de Dueñas, 
y allí estuvo bien tres semanas donde se vio en mucho trabajo 
y enojo con la gente de su campo, .porque todos los ladrones, 
homicidas, rufianes y vagabundos que en él traía, á causa que 
si robaban y incitaban no les daban por ello castigo, y el Obis- 
po los mandaba despedir y ellos no se querían ir, por manera 
que del ejército del Obispo no los podían echar á pal(js y al 
campo de los caballeros no los podían llevar por dineros. 

Kn el tiempo que el Ob.'spo andaba por campos haciendo 
estas romerías los comuneros de Valladolid criaron por Capi- 
tán de la viUa á Tobar, el Regidor, y por Letrado principal 
de la Junta al Licenciado Bernardino Baro, doctís nio, el cual 
murió después en Roma huido, y quebrantaron las puertas de 
Boecillo y de Fuentes, 3^ derrocaron la fortaleza de Cabe/.ón, 
y juntaron mucha gente, y buscaron mucho dinero para pa- 
garla por que cuando viniese Juan de Padilla no hiciese sino 
proseguir su guerra, y venido el Obispo de Zamora á Vallado- 
lid él mismo buscó todos los monasterios y colegios donde pre- 
sumía que había depósitos de los caballeros huidos, y tomó mu- 
chas ropas, joyas y dineros para pagar sus soldados, y este acb» 
tan feo hizo miércoles primero día de Cuaresma, y el viernes, 
que se contaron 13 de Marzo, entró Juan de Padilla en Valla- 
dolid, y fué de todos los comuneros muy bien recibido, los 
cuales tenían creído que era tan valerosa y fortunada su per- 



— 424 — 

SíMia (¡uc era iiiiposblc- ser vencida de los caballeros; y en este 
tieniix), como fuese alcaide de la fortaleza de Arévalo un va- 
lenciano, señor que cTa de Navares, y estuviesen allí p(jr Ci- 
j.itanes D. Dieso de vSotoniayor y Pero Vélez de Guevara con 
gente de i)ie y de á caballo, 1<js cuales todos se daban tan buena 
maña (jue no sólo guardaban por el Rey aquella villa mas co- 
rrían hasta Avila y vSegovia y Medina, un lunes á ii de Abril 
llevaron 4.000 carneros de las puertas de Medina sin que los 
de la villa que salieron á ellos se los pudiesen quitar ; sábado 
tercero de Cuaresma que se contaron 23 de Marzo, Juan de 
Padilla y el Capitán Vera, que era un frenero (?) que había 
alborotado á Valladolid, y el Capitán Zúñiga, que fué en aque- 
llos tiempos un muy famoso jugador, partieron antes que ama- 
neciese para Medina del Camix) por pasar seguros la puente de 
Duero, y llevaron consigo 600 escopeteros, y i.ooo soldados, 
\ 200 de á caballo, y 2 sacres, y 3 falconetes y 100 arcabu- 
ceros, y fueron á Medina del Camix) para traer la artillería 
gruesa del Rey cjue allí estaba, la cual Medina les dio de muy 
mala gana ; de allí fueron á un lugar del Almirante de Cas- 
tilla llamado Torre de Lobatón que tomaron, dándole primero 
batería, y lo saquearon y robaron haciendo grandes crueldades. 
En este tiempo los Gobernadores y grandes del Reino de- 
terminaron de escribir una carta á la Comunidad de Valladolid 
para ver si por bien les pudiesen atraer al ser\'icio de Dios y 
del Rey, diciéndoles en ella los muchos daños de que habían 
sido causa por haber dado favor y ayuda á sus contrarios, pro- 
metiéndoles si se quisiesen volver al sQrvicio de Su Majestad de 
alcanzarles el ¡K-rdón, y si todavía perseverasen en su propó- 
sito, de hacerles cruda guerra ; los cuales acordaron de escribir- 
les otra carta en respuesta de la suya del tenor siguiente. 



— 426 — 

CAPITULO XLVII 

De la carta que escribió la Comunidad de l'aUadolid d /cv (,t'. 
berkadores y grandes del Reino en respuesta de la que ellos 
'les escribieron. 

Ilustres señores : Una carta de Vuestras vScñorías traída por 
nn trompeta no dirigida á esta villa por falta de sobrescrito 
recibimos, en que en efecto ella se dirige diciéndonos dos cosas: 
la. una que nos reduzcamos al servicio de las Cesáreas y Católi- 
cas Majestades de la Reina y Rey, nuestros señores, y no dem.s 
á los contrarios favor ni ayuda. Lo segundo, que si esto no ha- 
cemos Vuestras Señorías nos mandarán hacer guerra según más 
largamente la dicha carta dice ; y para qne Vuestras Señorías 
sepan la voluntad de esta muy noble y leal villa, á estas dos 
cosas respondemos lo más brevemente que ser pueda. 

Cuanto á la primera se responde que esta villa y todos los ve- 
cinos y moradores de ella estuvieron y están y estarán como 
antiguamente sus antepasados estuvieron en servicio y lealtad 
que á Sus Majestades deben, y están determinados de jioner 
las vidas y haciendas, pues de sus progenitores lo heredan^i, 
y por lo que el Reino hace y procura sabemos de cierto lo ?.\ie 
al servicio de Sus ]Majestades toca, nos detendríamos de seguir 
esta parte, y no á los caballeros que asimismo nos consta ser en 
su deservicio, lo cual Vuestras Señorías, si tirando odios y afi- 
ción de las partes quisieren mirar, lo verán por las razones 
siguientes : 

Claro está que la fidelidad y lealtad que al Rey se debe con- 
siste en obediencia de persona real \' pagándole lo que se le 
debe de temporal oponiendo las vidas cuando menester fueee ; 
estas dos cosas siempre el Reino las tiene y guarda, y los gran- 
des las contradijeron. ¿Quién prendió' al Rey Don Juan el II 
sino los grandes? ¿Quién lo soltó é hizo reinar sino las Comu- 
nidades, especialmente la nuestra cuando en Portillo lo tuvieron 
preso? Véase la Historia que claro lo dice: vSucedió al Rey Don 
Juan el Rey Don Enrique, su hijo, al cual los grandes depusie- 



— 4-26 — 

ron de Rey alzando otro Rey en Avila, y las Comunidades, en 
especial la de Valladolid le volvieron su cetro y silla Real, 
echando á los traidores de ella. 

Bien saben Vuestras vSeñorías (lue al Rey de Portugal los 
^írandcs le metieron en Castilla por que los Reyes Católicos Don 
3'ernando y D(jña Is'al)el no reinasen ; las Comunidades lo ven- 
cieron y echaron de Castilla é hicieron pacíficamente reinar á 
sus naturales Reyes ; y no hallarán Vuestras Señorías que ja- 
más en España haya habido desobediencia sino por parte de los 
caballeros, ni obediencia y lealtad sino por parte de las Comu- 
nidades, en especial de la nuestra. 

Y si \^uestras Señorías quisieren ver lo que toca á esta hacien- 
da verán claro que los pueblos son los que al Rey enriquecen >• 
los grandes los que le empobrecen todo el Reino. Vasallos al- 
cabalas y otras infinitas rentas que eran de Rey y los pueblos 
las pagan, ¿quién las tiró á Sus Majestades, sino los grandes? 
Vean Vuestras Señorías cuan pocos pueblos quedan al Rey, 
que de aquí á Santiago, que son loo leguas, no tiene el Rey sino 
tres lugares, y los grandes poniéndolo en necesidades y no sir- 
xiéndolo sino por sus propios intereses le tomaron la mayor par- 
te de sus Reinos, donde viene que Sus Majestades no teniend ) 
lo temporal, que es lo que se les debe, son compelidos á echar é 
imponer nuevos tributos y vejaciones en los Reinos por los Go- 
bernandores para (jue Sus Majestades sean según lo que ven 
sustentados, lo cual los pueblos y Reinos contradicen, no pa a 
tirar rentas á Sus Majestades, sino para acrecentárselas y redu- 
cirlas á su mandado que les conviene ; verán Vuestras Señorí. s 
al i)resente por experiencia, que los grandes que ahora ajuntan 
gente en este disimulado servicio le contarán tanta suma de di- 
neros que casi no basta á pagarlos con el resto de su Reino, y 
verán que los pueblos sirviendo lealmente, procurando acrecen- 
tamiento de su Estado y Corona Real se contentarán, con qu 
Sus Majestades conocerán que no quisieran sus propios int- 
reses, sino sólo el servicio común de su Reino y Rey. Pues 
vean \'uestras Señorías cuál de estas partes se deba llannar leal, 
> ijuién (piiere ¡trocurar con verdad lo cine á su Rey conviene. 
\'ean (lUe el Reino cpie (juiere <iue el Rey sea rico ningún grari- 



— 427 — 

de ni pequeño se le hubiese de levantar; lo que es de César 
se dé á César, como dice el Redentor, y no á los grandes, como 
decimos, que desean sus propios intereses, y que quieren acre- 
centar sus Estados con disminución del Real. Tiren Sus Ma- 
jestades de sí los del mal consejo, oigan los Reinos los clamores 
de los pueblos en todo, y por todo sea servido y obedecido ; no 
prendan á los mensajeros del Reino si justicia ó razón no de- 
mandaren, no querrán que Vuestras Señorías nos amonesten (\ue 
estemos en servicio y lealtad y fidelidad de vSus Majestades; de- 
cimos que así lo hacemos >- haremos, y para ello prometemos 
nuestras personas \' vidas las veces que menester sean. 

Cuanto á la segunda, que dicen \'uestras vSeñorías que nos 
mandarán hacer guerra, bien podrá ser que Vuestras Suñorías 
con ruegos de les grandes del Reino no queriendo conocer nues- 
tro leal servicio nos haréis guerra contra voluntad y mandado 
de Sus Majestades, en grande deservicio de Dios y turbación de 
estos Reinos, y si así fuere, sabemos que la guerra de parte de 
Vuestras Señorías será injusta y de la nuestra justa, pues es 
por la liberad de nuestro Rey y patria. 

Teniendo esto por averiguado, no solamente esperamos de 
defendernos de vuestro ejército, mas aun de ofender y vencer 
y reducir por fuerza de armas todo el Estado de los grandes á 
servicio y lealtad de Sus Majestades, y los Capitanes y perso- 
nas que el Reino tiene puestas en servicio de Sus ^Majestades 
favoreceremos y daremos favor y ayuda y no á los contrarios. 
Y pues nuestra voluntad es tan justa en servicio de Dios y de 
Sus Majestades, á Vuestras Señorías suplicamos de parte de 
Dios y de Sus Altezas y nuestra como de parte del Reinen, 
que dejando el ejércto y gente de armas de Vuestras Señorías 
se junten con el Reino y tiren los grandes inconvenientes \- 
deservicio de Dios y de Sus Majestades que de la güera se si- 
guen y Vuestras Señorías dé orden como el Rey, nuestro señor, 
sepa la justa petición. del Reino y provea como sea á su servicio, 
porque somos ciertos que los Procuradores del Reino serán en 
pedir lo que fuere justo y se apartarán de lo contrario injusto, 
y Vuestras Señorías con el Rey, nuestro señor, serán servidos 
de lo que en. concordia fuere acordado en desagravio del Reine. 



- 428 — 

\' si esto Vuestras Señorías (|uisicren hacer, allende del serv'- 
cid (le vSus Majestades esta villa lo recibirá ] or S-ñalatla m.r- 
eed y (lu. tiara cii obligación de siempre servirlo ; y no haciéndoo 
así y procediendo en el mal propósito y deservicio de Sus Ma- 
jestades, decimos que contra desleales servidores de Sus Ma- 
jestades daremos todo favor y ayuda al ejército de Sus Majes- 
tades, por(|ue todos serán reducidos á su servicio y obediencia. 

Nuestro vSeñor sus ilustres personas guarde. 

De Valladolid, á 30 de Enero de 152 1. 

Después que los Gobernadores y grandes del Reino vitaren 
la dicha carta procuraron con Juan de Padilla, Capitán Gene- 
ral de la Junta, que en este tiempo estaba en la Torre de Lo- 
batón, que hubiese entre ellos ocho días de treguas en que sj 
pudiesen hablar sobre algún concierto, lo cual tuvieron por 
bien los de la Junta y enviaron por Procuradores á D. Peí o 
Laso de la Vega y al Bachiller de Guadalajara, legista, y se 
fueron al monasterio de Santo Tomás ciue está junto á la ri- 
l)era de Duero, donde vino al mismo monasterio en nombre de 
los Gobernadores el Licenciado Polanco, de los más ant'guos 
del Consejo Real. Los cuales comenzaron sus hablas estando 
presentes el Obispo de Laodicea y Fray García de Loaysa, Ge- 
neral de la Orden de los Dominicos, y otros. Y el Licenciado 
Polanco fué el primero que comenzó á decir el grave crimen 
en ([ue habían caído los de la Junta por haber perturbado la 
justicia á los del Consejo Real, y usurpado las rentas Reales, 
y haber quitado los alcaides de las fortalezas que estaban por 
el Rey, y haber convocado Cortes y Junta sin consentimiento 
del Rey ni de la Reina, y hecho otras cosas muchas; y los Pro- 
curadores de la Jvmta respondieron haberlo hecho conforme á 
las leyes del Reino, porque á las suplicaciones que habían hecho 
al Rey en la Coruña par.^ que desagraviase al Reino no habían 
ciuerido responder cosa ni habían remediado lo que le habían 
suplicado. ^ 

Mientras esto se trataba yendo y viniendo á los Gobernado- 
res el Cardenal y el Almirante, porque el Condestable estaba 
ooujiado en las cosas de Burgos, >• como eti esto se pasasen los 
oclio días de las treguas, demandaron los Gobernadores más 



— 429 — 

tlías para poderlo hacer salxr al Condestable i.or (jue la cos;i 
se hiciese con más firmeza. 

Finalmente, lo que en esto se concluyó fué, que sacadas al- 
gunas cosas que los de la Junta pedían en que (luitaban del todo 
la autoridad Real, que en lo demás que pareciese provecho del 
Reino lo otorgasen los Gobernadores, y qwe fuesen tav.!)ién 
constreñidos los grandes del Reino á jurarlo juntamente on 
ellos- para que Su Majestad no pudiese dejar de creerlo auiujue 
malos consejeros le pusiesen otra, cosa, y contentos con esto 
D. Pero Laso y su compañero se fueron á la Torre de Lobatóu 
á los Capitanes de la Junta y les hicieron relación de todo ello. 
Lo cual dicen que plugo al Capitán Juan de Padilla, y qnc los 
demás no lo tuvieron por bien como codiciosos de novedades 
y así se deshizo todo, y como D. Pero Laso fuese hombre muy 
entendido y leído y viesen él y su compañero el mal consejo 
que sus compañeros los de la Junta tomaban, procuraron d.^- 
de entonces tomar otro camino más seguro y dejar el que lle- 
vaban donde después blasfemaban de los de la Junti dicién- 
üoles muchas injurias. 

Poco antes que esto en Castilla pasase todas las ciudades de 
Andalucía como eran Sevilla, Córdoba, Granada, Jaén, Andújar, 
Ubeda y Baeza viendo las alteraciones grandes que en las ciu- 
dades y villas del Reino de Castilla había en nombre de Coi-.u:- 
nidad, los cuales seguían más sus intereses propios que no el 
servicio del Rey y bien de la república, acordaron todos de en- 
viar sus Procuradores para que se viniesen á juntar en 1;'. v.lla 
de la Rambla para consultar lo que debiesen de hacer sobr. ello, 
los cuales como fuesen juntos en el dicho lugar acordaron de 
una conformidad que debían de ir contra los de la Comunidad 
y en favor del Rey ; y que para esto cada ciudad con su tierra 
hiciese gente y la tuviese aparejada para cuando fuese necesa- 
rio, y la ciudad de Sevilla procuró como saliese de ella el Du- 
que de Medina Sidonia y el de Arcos, porque á causa de sus 
diferencias no se" revolviese la ciudad, lo cual había inti nt-u'o 
de hacer el Duque de Arcos, porque su hermano D. Juan de 
Figueroa con cierta gente que tomó había ido al Alcázar de 
la dicha ciudad y apoderádose de ella, echando á D. Jorge da 



— 430 — 

PortiiRal, alcaide que era <lc >^1, de donde itrocuraban hacer mu- 
chos males y daños en la ciudad si Dios no lo remediara. 

La Du(|uesa de Medina, Doña Ana de Aragón, después que 
supo lo (pie D. Juan de Figueroa había hecho procuró de juntar 
nmchas gentes que fueron al dicho Alcázar y lo tomaron á 
D. Juan y lo tornaron al dicho Jorge para que lo tuviese como 
antes le tenía pf)r el Rey, y con esto se apaciguó la ciudad. 

CAPITI'LO XLVIII 

Cómo el Rey de Francia buscó cierta ocasión para hacer guerra 
al Emperador Don Carlos, la cual comenzó á hacer un Ro- 
berto de la Marca. 

Como el Re\' de Francia nn puediese alcanzar la dignidad 
<lel Imperio ni haber podido ser parte para estorbar al Empe- 
rador Don Carlos (pie no fuese coronado, moríase de envidia 
en ver que Su ^lajestad siempre iba creciendo en honra; y á 
fin que no fuese adelante tanto trivmfo y gloria acordó de hacer 
al Emperador guerra, la cual no osó el dicho Rey de Francia 
hacer públicamente porque así él quebrantaba lo que había ju- 
rado en la liga que se había hecho en Inglaterra entre los Prín- 
cipes cristianos por intercesión del Papa León, p:ira si fuese 
menester, (jue todos fuesen contra el turco (como dijimos) , y 
así estaban obligados los dichos Príncipes á pedirle la injuria ; 
allende de todo trabajaba mucho el Rey de Francia por vía 
de sus Embajadores para que con él- solo se confederase el Papa 
>• fuese enemigo del Emperador el Rey de Inglaterra, y por 
tpie no le (¡uedasc cosa de intentar escribió una carta á los 
Electores del Imperio, la cual toda se enderezaba al deservicio 
del Emperador, donde á la clara mostró su mucha envidia y 
lo poco que tenía de cristiano. Y como en aquellos tiempos 
hubiese un caballero que era hermano del Obispo de Eíeja, el 
cual de su natural era bullicioso, entrometido, inconstante y 
no muy verdadero, el cual estaba á la sazón en amistad y servi- 
cio de la Casa de Francia, fué persuadido por el Rey que so 
color de un castillo (¡ue decía tenerle Mr. de Aimerics entrase 



— 431 — 

muy poderoso con gente de guerra por las tierras del Empera- 
dor, pensando de esta manera hacer guerra al Emperador sin que 
le pudiesen acusar de perjuro por el juramento que había hecho 
en la liga, y también procuró ixir otra parte con Don Enrique, 
Príncipe de Beame y señor de Labrit, hijo que era del Rey Don 
Juan de Navarra, al cual había tomado el Reino el Rey Don 
Fernando el Católico y le había incorporado en la Corona de 
Castilla, que fuese á tomar á' Navarra, que él le ayudaría con 
dinero y con gente y artillería, diciéndole que ¡wr estar revuelta 
Castilla tenía gran aparejo para tornar á cobrar su Reino. 

No contento el Rey de Francia con esto, acordó de tener 
tratos é inteligencias con ciertas ciudades y personas de lf)s 
Reinos de España los cuales á la sazón estaban rebelados y amo- 
tinados contra el servicio del Rey, diciéndoles y prometiéndoles 
que si ellos querían la amistad de la Casa de Francia, él les 
enviaría gente de guerra con que efectuasen su deseo contra 
su Rey y contra los caballeros; los cuales conciertos y tratos 
fueron tan secretos, que no se alcanzó en part'cular los facto- 
res de ellos más de cuanto á 26 de Junio oyeron en Toledo ape- 
llidar una noche obscura ((¡Viva, viva la Casa de Francia!», y 
esto fué cuando los franceses tomaron á Navarra y entraban ya 
en Castilla. 

Las cuales cosas-, aunque el Rey de Francia procuró de ha- 
cer secretas, las descubrió después el tiempo, donde fueron co- 
nocidas sus envidias y malicias. 

Roberto de la jSIarca fué el primero en comenzar la guerra, 
el cual hizo gran junta de gente en Francia so color de cobrar 
su castillo de Aimeries, que estaba en el Ducado de Luxem- 
burgo, diciendo que pues el Emperador no se le quería restituir 
por justicia, él le quería tomar por fuerza ; y para esto cnv'ó 
á desafiar á madama ^Margarita, tía que era del Emperador y 
Gobernadores de Flandes; y entró por las tierras imperiales, sa- 
queándolas y destruyéndola?, y cercó una villa llamada Virton, 
de la cual fué echado con mucha pérdida de su gente de guerra 
y de artillería, y como el Obispo de Lieja su hermano estaba 
en servicio y mucha gracia del Emperador, de lo cual á él pe- 
saba mucho, acordó á esta causa de tener inteligencias y tra- 



— 432 — 

tos con la ciudad de I/¡cja, i>ara tomarla y echar al hermano 
de ella. 

Lir,Ilío, á 7 de Mayo, estando el Emperador en la ciudad de 
\ ormy, le llevó nueva como Don Enrique- Príncipe de Bearne, 
hacía ííran ejército en PVancia para ir t;n España y tomar al 
Reino de Navarra, de lo cual el Emijerador recibió muy co- 
brada ])ena, así i)or ver (|ue toda España estaba muy revuelta 
y que no había quien ntj le hiciese resistencia, como ix)r tener 
]>or cierto que no le hacía otro la guerra de secreto sii^o el 
Rey de Francia, porque sabía (lue el Príncipe Don Enrique, se- 
gún lo jxjco que tenía, no era parte para osarle ofender, y visto 
por el Emperador las muchas malicias secretas y desacatos pú- 
blicos que de la Casa de Francia se le hacían, como Pííncii)e 
prudente procuró mostrar que lo sentía, sin querer comenzar 
guerra, y así escribió á D. Preboste ( !) de í'trech, su Embaja- 
dor, que dijese de su parte al Re}' de Francia que si el Príncipe 
de Bearne ó~Roberto de la Marca ó cualrjuic- otro que se tuviese 
por su aliado ó vasallo le hiciese guerra, pensaría que no era 
sino con su favor y ayuda, y que si la prosiguiese la estimaría 
como si el mismo Rey la hiciese, y que en tal caso daba por 
ningunas todas las confederaciones que entre ellos estuviesen 
hechas. 

Y como el Rey de Francia estuviese ya harto de paz y de- 
seoso de tener cualquiera ocasión para trabar guerra contra el 
Emperador, acordó de hacer muy gran caso de aquellas pala- 
bras estimándolas címio injuriosas, y á manera de hombre las- 
timado respondió al Embajador y escribió al Emperador que 
a(iuellas palabras que le había enviado á decir eran de desafío, 
y (pie él se daba ix)r desafiado, y que la capitulación de Noyon 
y la liga de Inglaterra y cualesquiera otras capitulaciones que 
hasta allí entre ambos estuviesen hechas, las daba por ningunas. 

Esto hecho, luego á la hora despachó el Rey de Francia dos 
correos : uno al Pai)a y otro al Rey de Inglaterra, haciéndoles 
saber cómo el Príncipe de Bearne y Roberto de la iMarca, el uno 
por cobrar á Navarra y -1 otro por recuperar, hacían al Empe- 
ratlor guerra, y (pie él no siendo consentidor ni favorecedor 
de esto el Emperador le había desafiado como á enemigo, y 



— 433 — 

que les rogaba y requería que conforme á la liga de Inglaterra 
fuesen todos contra él, como contra primero tranagresor de ella, 
porque él, como Príncipe, que á sólo Dios, sino á otro tenía 
miedo, luego aceptó el desafío y se dio por desafiado ; de todo 
lo cual fué avisado el Emperador por vía de sus Embajadores, 
así de lo que el Rey' de Francia dijo á su Embajador como de 
lo que escribió á Roma y á Inglaterra, y á esta causa determinó 
escribirle, jurándole que en lo que le había escrito no había sido 
su intención de lastimarle ni de rVsafiarle, sino que viendo al 
Príncipe de Beame y ^ Roberto de la Marca hacer sus ejércitos 
en Francia, pensaba que él era factor y favorecedor de aquellas 
guerras ; pero esto no obstante, que desde en adelante fuesen 
buenos amigos y hermanos, y que todo lo que entre ellos es- 
taba capitulado fuese firme y valedero, y caso que el Empera- 
dor en la primera Embajada hubiera en algo excedido, cierto 
el Rey «"V "^rqncia con las palabras de la segunda se hubiera 
de dar por satisfecho. 

Las cuales no sólo no le fueron aceptas ni satisfactorias ; 
más aún : dijo contra el Emperador algunas cosas harto desho- 
nestas y atrevidas, porque decían haber dicho que él podría 
poco, ó haría que de Emperador valeroso y rico tomase á ser 
un Conde ó Duque pobre. Esta, pues, fué la ocasión de todas 
las guerras que después sucedieron entre estos dos tan pode- 
rosos Príncipes, en las cuales, quien tuviese la culpa, verán 
adelante por los triunfos y grandes victorias que tuvo el uno, 
y por las afrentas y grandes daños que recibió el otro ; porque 
según vemos cada día por experiencia no hay cosa en que más 
claramente se muestre entre dos cuál tiene la justicia, ([ue son 
en las armas y cosa de guerra. 

Esto hecho, proveyó el Rey de Francia en que se prego- 
nase la guerra y que se tomasen las postas que pasaban por 
Francia y que se viniese su Embajador de la Corte del Empe- 
rador. Y Su Majestad proveyó en sus tierras lo mismo, de ma- 
nera que por espacio de muchos años se trataron estos dos Prín- 
cipes como muy grandes enemigos 



— 434 — 

CAPITULO XLIX 

Cómo el Emperador envió al Conde de Nassau contra Roberto 
de la Marca, y de la confederación y capitulación que el 
Papa León y el Emperador entre sí hicieron; y cómo tnan- 
daron juntar un grueso ejército y lo enviaron á Lomb irdía, 
y tomaron la ciudad de Milán que estaba por el Rey de 
Francia. 

Como entre el Emperador y el Rey de Francia fueren pre- 
gonadas y declaradas las enemistades, acordó cada uno x>or su 
liarte de proveerse lo mejor que pudo, y el Emperador Don Car- 
los ordenó luego que el Conde Nassau, Gobernador que á la 
sazón era de Zelanda, con toda la más gente que se pudiese alle- 
gar fuese á^resistir á Roberto de la Marca, porque en el tiempo 
(lue el Emperador y el Rey de Francia andaban en sus desafíos 
este Roberto de la Marca hacía mucho daño en las tierras im- 
periales, é hizo otra diligencia el Emperador, conviene á sa- 
ber : que escribió al Papa y al Rey de Inglaterra cómo el Rey 
de Francia le hacía guerra, por eso que le ayudasen contra 
él como se había concertado en la liga general ; en la cual Em- 
bajada respondieron ambos que también se les había quejado 
el Rey de Francia que él le había desafiado primero para la 
guerra, y por esta causa hasta que se examinase quién era de 
ellos el culpado no querían ayudar pi al uno ni al otro. 

Estando, pues, el Emperador en la Dieta imi>erial en Vonns 
envió á llamar al Infante Don Fernando su hermano, y concer- 
tóse con él acerca del patrimonio que de la Casa de Austria y 
liorgoña ambos habían heredado, en que se casase con la her- 
mana del Rey de Hungría y tomase la poses on de los cinco 
Ducados de Austria la inferior; y á la verdad, si el dote fué 
nuicho, el casamiento fué nuiy mayor, porque por él vino dei- 
l>ués á ser Rey de Hungría y de Bohemia, como adelante se 
dirá. 

El mismo año se casó madama María, hermana del Enipe- 



— 48o — 

rador, con el Rey de Hungría ; de manera (lue casaron herma- 
nos con hermanos, y á todos los dotó y concertó el Emperador 
antes que se partiese de Vorms. 

Vxrnes, á 27 de Mayo, se partió el Emperador de Vorms 
para la ciudad de Maguncia, y allí se detuvo cinc(j días, dando 
orden en la gente que había de sacar para defenderse y ofender 
al Rey de Francia, y para castigar á Roberto de la Marca, y de 
allí se vino sin parar á Bruselas, donde halló á nmdama Marga- 
rita su tía, con la cual tomó mucho placer, aunque á ella pesó 
mucho por verle tan determinado á la guerra, para la cual, 
aunque eran muchos los aparejos que el Emperadcr hacía en lo 
público, mayores eran las diligencias que traía para procurar 
la paz en secreto, y no con el Rey de Francia, con quien ya es- 
taba apasionado- sino con su madre la Regente, que llamaba al 
Emperador hijo, y esto se platicaba por vía de religiosos y de 
hombres muy sabios y secretos, los cuales eran á la madre del 
Rey aceptos; y á la verdad, el Emperador procuraba esto así 
porque era obligado á hacerlo en ley de cristiano como por el 
poco aparejo que tenía para seguir la guerra. L,o cual quiso 
Dios que aprovechase muy poco porque había de ser azote á la 
religión cristiana. 

Partido que fué el Conde de Nassau con su ejército para el 
Ducado de Luxemburgo, luego lo supo Roberto de la Marca 
y acordó de deshacer todo su campo y encerrarse en Disdan, 
castillo suyo que era fortísimo; mas el Conde, no contento con 
que Roberto de la Marca se hubiese retirado, acordó de-tniirle 
la tierra y tomó por combate el castillo de Lone y el de Mesa- 
coth y el de Unillo, los cuales derribó por tierra, por que Ro- 
berto de la Marca fuese castigado y otros tomasen ejemplo. 

Prosiguiendo el Conde la guerra fué ¡.obre otra castillo lla- 
mado Floranges y combatióle y al fin le tomó y prendió en él 
á Mr. de Jamis, hijo de Roberto de la Marca, de lo cual su padre 
recibió mucha pena y el hijo mucha afrenta. 

Lo cual como supiese el Emperador, recibió mucha alegría 
por ver que todo aquello era en disfavor y afrenta del Rey de 
Francia por no haberle enviado socorro ni ayuda, habiéndole 
él promovido la guerra, la cual como estuviese comenzada y 



— 436 — 

se prosiguiese de hecho, no era poca la diligencia que traían 
estos dos Príncijies en solicitar la amistad djl Papa. 

El cual, como fuese florentino y nieto del gran Cosme de 
Médicis, suya nación y casa siempre de su natural fué francesa ; 
pero como en esta sazón estuviese en Roma por Embajador 
D. Juan Manuel, varón nuiy solícito y cuerdo y en los nego- 
cios muy venturoso, y junto con esto el Cardenal Méd cis, so- 
brino del Papa, era muy servidor y amigo del Emperador, se 
dieron tan buena maña con Su Majestad que hicieron que se 
confederase con el Emperador, posponiendo la amistad que sus 
antepasados tuvieron con Francia. 

La suma de la capitulación que entre el Papa y el Empera- 
dor se 'hizo fué que fuesen amigos de amigos y enemigos de 
enemigos, y que ambos á dos hicieren un grueso ejército y to- 
masen al Rey de Francia el Ducado de Milán, el cual de pues 
de tomado se diese á Francisco Esforza, hijo del Duque Lu- 
dovico Esforxa, el cual fué despojado de él por el Rey Luis 
de Francia ; y que las ciudades de Parma y Plasencia se diesen 
al Papa, porque pretendían los Pontífices ser de la Iglesia ro- 
mana y que el Emperador trabajase siempre de destruir al 
hereje de Lutero, pues era contra el Pontífice romano ; y que 
esta capitulación estuviese secreta hasta que el Rey de Francia 
diese alguna ocasión al Papa por la cual él le pudiese mover 
guerra. 

En este tiempo como los milaneses se viesen sujetos y mal- 
tratados de los franceses y también porque el Duque Esforza 
que estaba en Flandes con el Emperador cada día los solicita- 
ba, i)rincipalmente al bando de los gibelinos, para que se re- 
l>elascn, los cuales como á la sazón en Milán y en toda su tierra 
el Rey de Francia tenía poca gente de guerra, conjuráronse to- 
dos de secreto y acordaron de matarlos á todos, como dijimos 
haber hecho los sic'lianos ; lo cual se concertaron de h.icer 
para un día señalado, conviene á saber : á 25 de Jimio, día de 
San Juan, ixiniue aquel día como estuviesen los franceses tan 
regocijados, antes andarían cargados de ramos verdes que no 
de escopetas y coseletes, de totlo lo cual fueron avisados los 
franceses por Federico de Gonzaga, así de quienes eran los que 



— 437 — 

lo ordenaban como la manera y día para aviando lo determi- 
naban de hacer. 

Fué, pues, el caso, que como viniese el día de San Juan 
los franceses dis'mularon no saber nada de lo que ellos t-iiían 
concertado y andábanse con ramos en las manos en lo público 
y tenían sus armas aparejadas en lo secreto, de manera que 
como los milancses intentasen lo que tenían pen!-ado dieron 
los franceses en ellos de tal manera que lo que los milaneses 
pensaron hacer en los franceses se les volvió al contrario, por- 
que aquel día murieron muchos de los milaneses y cada día 
iban matando muchos más, poríjue por cualquier enojo que 
uno rec bía luego decía al otro que había sido traidor y le 
mataba, lo cual visto por los milaneses se fueron muchos hu- 
3rendo á las tierras de la Iglesia, en especial á la ciudad de 
Regio, y el señor del Escudo, Capitán que era del Rey de 
Francia, fué en pos de ellos á Regio , y qu'so por furza de 
armas tomar la ciudad y sacarlos de allí y jrst ciarles ; pero 
los de Regio se dieron tan buena maña que ampararon á los 
milaneses y lanzaron á los franceses con nr.'cha deshonra. 

Sabido esto por el Papa León tomó ocasión para apartarse 
de la amistad del Rey de Francia diciendo que había quebran- 
tado la general liga de Inglaterra entrando á tomar por fuerza 
las tierras de la Iglesia, y que conforme á aquella liga él se 
había de juntar con los otros Príncipes por rué le ayuda en á 
vengar aquella injuria, y el Emperador fré luego avisado cómo 
el Papa León estaba ya públicamente apartado de la amistad 
y confederación del Rey de Francia, y que no só'o p recia ser su 
amigo en lo que decía, pero aun se lo quería mo t ar por obra, 
porque tenía ya juntada mucha gente de guerra, y coro Su Ma- 
jestad no esperase otra cosa envió á mandar á su Virorrey D. Ra- 
món de Cardona que con toda la gente de arn^as é infantería se 
juntase con la del Papa. Lo cual sabido por D. Ramón, como 
no le nombraba por Capitán General hízose m:ilo, á cuya causa 
se detuvo más de lo que era menester el ejército, por donde 
se causó harta costa y daño. 

En estos días aconteció un caso espantoso de que nuicho 
creció el temor de los franceses, y fué (lue estaba sobre una 



— 4:38 — 

büvetla ckl Alcázar de Milán una torre muy fuerte y herniosa, 
y estaban enfrente de la torre las imágenes de los santos pa- 
trones de la ciudad con las armas de los Duques Esforzas, fvin- 
(ladores de aquella tierra, y como acaso estuviesen dentro de 
■ella guardados muchos potes de pólvora cayó un rayo y dio en la 
torre y rompió la muralla y encendió la pólvora con tanto ímpetu 
que derribó la torre por los cimientos y derribó los adarves y 
aposentos del Alcázar que estaban junto á la torre, y las pie- 
dras que saltaron mataron dos alcaides del Alcázar y á otros 
soldados, y á otros descalabraron y quebraron brazos y piernas, 
tanto que de 200 soldados que había para guarda del castillo 
no (jucdaron 10. Todo lo cual pensaron los de la ciudad no 
haber acontecido sin gran misterio, y también movió e-te caso 
al Papa y á su liga para mover más osadamente la gu r a. 

Juntos, pues, los ejércitos del Papa y del Emperador en 
Bolonia se vinieron de allí á cercar á Parma, la cual aunque 
fué bien combatida no la pudieron tomar, así por estar muy 
bien proveída de los venecianos y franceses, como porque el 
Duque de Ferrara, que era enemigo del Papa, quitaba los bas- 
timentos á la gente de guerra, por cuya causa hubo el campo de 
dejar el cerco de Parma y volverse al Duque de Ferrara, al cual 
trataron tan mal que le hicieron venir á suplicar por la paz ; y 
el Papa León como tomase de veras la guerra envió al Cardenal 
Sión á tierra de suizos para que le trajesen muchos de ellos, el 
cual como fuese natural de la Suiza aceptó de voluntad la em- 
presa. 

Entretanto el Cardenal iMédicis, q~ue era sobrino del Papa, 
se fué para la gente de guerra, y como sup'eron los franceses 
que el Cardenal Sión descendía con mucha gente de los suyos, 
ofrecieron al Cardenal Médicis la batalla, mas él como cuerdo 
no quiso dársela hasta que viniese la otra gente que esperaba 
de guerra. Era Capitán de la Iglesia el ÜMarqués de iMantua y 
Capitán del Emperador el señor Próspero Colonna, y Legado del 
ejército el Cardenal Médic's, los cuales se fueron á pasar el 
río Po por el mantuano el cual pasaron sin contradicción ni 
peligro, y allí se juntaron los soldados que iban de Italia con 
los otros que venían de Suiza, y de los unos y de los otros hizo 



— 439 - 

un muy gran ejercito ; y como en Milán estuviesen nuichos sui- 
zos por el Rey de Francia, á los que venían en el campo del 
Emperador se les hacía de mal pelear unos contra otros, y acor- 
daron de tomar la mano para tratar las paces y como sobre se- 
guro viniesen al campo del Papa y Emperador. Ivl Cardenal 
Sión detúvolos algunos días consigo, hac éndoks grandes fies- 
tas, y entretanto marchó al campo y pasaron el río Adda, el 
cual paso se pusieron á resistir los franceses, mas como no qui- 
sieron pelear los suizos, diciendo que sus Capitanes estaban en 
los conciertos, en dos barcos pasaron todos seguros, y los fran- 
ceses quedaron burlados por no ser ayudados de los suizos. 

Después que el ejército pasó aquel paso fuese por pequeñas 
jornadas poco á poco á causa que les hacía mal tiempo, y como 
llegaron á vista de Milán ordenaron sus batallas en que en la 
vanguardia iba el señor Próspero Colonna, y junto con él hs 
Marqueses de Pescara y del Guasto con la Infantería española 
y alemana; en la batalla iban los dos Cardenales de M.'dicis y 
de Sión y el Marqués de Mantua, y en la retaguardia ib i An- 
tonio de Eeiva con la gente de armas, y de esta manera vinieron 
hasta el Burgo; los franceses y venecianos t.nían he^hcs cier- 
tos reparos, en los cuales dio el Marqués de Pescara, como va- 
lentísimo Capitán que era, y los combatió y toir.ó, y siguiendo 
el Marqués su victoria cuando él y los otros Capitanes llegaron 
á las puertas de la ciudad las hallaron ab'ertas y se apoderaron 
aquella noche de ella, prendiendo á todos los franceses y ma- 
tando á todos los venecianos, aunque muchos de los franceses 
se acogieron á la fortaleza, la cual tenían entonces por suya, 
y los que allí no cupieron se fueron aquella noche á Cremona 
á e;sperar algún socorro de Francia ; pero á la hora que se supo 
cómo Milán era tomada, luego se vino á entregar toda la tie- 
rra. Mostróse aquel día el Próspero Colonna en ordenar las ba- 
tallas muy sabio, porque en esto era muy diestro, y el M rqués 
de Pescara se mostró muy esforzado porque de su natural era 
muy animoso y venturoso en las armas; y los venecanos y 
franceses se mostraron aquel día poco sabios y menos esforzados, 
porque ya que no osaron salir á pelear como buenos guerreros, 
á lo menos pusiéranse á resistir, pues eran obligados á ello. 



— 440 



CAPÍTULO I. 

Cómo el Marques de los Vclcz D. Pedro Fajardo venció en 
una batalla á los de la ciudad de Orihuela y de cómo fué 
después sobre Valencia y la redujo al servicio di Rey, y de 
(a gran rebelión que tuvieron los de Alcira y Játiba contra 
el Visorrey y de la cruda guerra que hicieron los caballeros 
contra los agermanados y los agcrnianados contra los ca- 
balleros. 

Eli el tiempo que las cosas sobredichas pasaban en Lombar- 
(lía andaban muy recias las guerras d; Valencia, porque les 
agermanados, que eran los que peleaban en deservicio del Rey 
contra los caballeros, como vencieron la batalla de Gandía ha- 
bían cobrad© mucha soberbia, y como Vicen Peres, después 
de aquella batalla, se fuese para Valencia, y Palomares para 
Orihuela, el cual como se vio rico de joyas y d "ñeros y muy 
poderoso de soldados determinó de pasarse con su gente en 
Castilla y tentar su dicha, buena ó mala, y para esto procuró 
tener tratos secretos con Murcia y piiblicos con Toledo, y como 
D. Pedro Fajardo, Marqués que era de los Vélez, fuese áj esto 
avisado, juntó mucha gente de pie y de caballo en Murcia para 
imped r á Palomares que no pasase en Cast Ha, porque á la 
x'erdad todo lo más del Andalucía y Reino de Murcia y Mar- 
quesado de Villena se amotinaran y pusieran debajo dj 1 1 go- 
bernación de Palomares, los cuales lugares si no se habían le- 
vantado era por no tener caudillo, y como en este tiempo se 
rebelase el Marquesado de Elche salió el Marqués de los Vélez 
de Murcia muy poderoso á rcduc rio, y como los dos Marqueses 
de Elche y de los Vélez se; ]>usieron á vista ÚlI lugar, se dio 
luego á partido con toda la tierra, y esto hecho el Marqués de 
los Vélez se aposentó una legua de Orihuela hacia la parte de 
Murcia, porque de esta marera apremiaba al Capitán Palomares 
á deshacer su ejército ó salir á pelear con él en el campo ; y 
y como los de Orihuela viisen que el ^Marqués los tenía por la 



— 441 — 

parto de Murcia cercados, enviaron á la ciudad de Jáliba á pedir 
socorro, el cual le enviaron los de a(!uella ciudad Ir.ego á la 
hora, que fueron 4.000 hombres de pelea, porquj otros tantos 
había enviado á Orihuela cuando la batalla de Gandía, y á 30 
días del mes de Agosto, un domingo de mañana, acordó el Mar- 
qués de los Vébz de ir á socorrer y abastecer la fortaleza de 
Oriola, la cual estaba por el Rey ; y como de e-to fuese avisado 
el Capitán Palomares determinó de salir á resistirlo, y para este 
efecto envió un Capitán con i.ooo hombres por la otra parte 
del río, con propós to de salir él por la puerta que iba hacia el 
monasterio de San Francisco con todo su campo, para nue desde 
que el Marqués pasase la peiia de] estrecho los unos y los (tros 
le tomasen en medio, porque de esta manera, según la poca 
gente que el Marqués tenía y según la gran piija;:z i que él Ue- 
v^aba, pensaba vencerlos fácilmente. 

Salidos, pues, el un ejército y el otro, en campo frontero 
del monasterio de San Francisco, los del Marqués no querían 
acometer viendo que los de Orihuela eran más que ellos s'n- 
número, y Palomares tampoco quería romper, esperando que 
llegasen los i.ooo que había enviado por la ctra parte del río. 
Estando en esta perplejidad por espacio de un cuarto de hora 
los unos y les otros, sobrevino una muy grandfsimí agna, la 
cual, como vio el Marqués, mandó que j'igase su art Hería, qu- 
era poca y buena, y hecho esto hizo señas á un Alférez que 
arremetiese con la bandera y rompiese la batalla, la cual tra- 
bada por una parte y por otra fué bien herida, pero al final 
el Marqués quedó por vencedor, y los de Orihuela fueron ven- 
cidos, de manera que pasaron de 3.000 los muertos sin muchos 
que se tomaren presos. 

Aquel día había jurado el Palomares de nunca sentarse á 
comer á mesa hasta que tuviese la cabeza di Marqués en ella, 
y acontecióle al pobre hombre todo lo contrario, porque aquel 
día le quitaron la vida y pusieron su cabeza sobre la puerta del 
río para perp.tda memoria. Mostróse en aquella bat día el Mir- 
qués en el acometer muy esforzado y muy denodado en el 
pelear, y puso más que n'nguno á riesgo su persona. 

Como en esta sazón tuviesen los de Orihuela muy trabado 



— w-¿ -■ 

]»leito con los de Murcia sobre querer ser exentos y no su- 
fraKánet)s al Obispado de Cartagena, y sobre este caso ha- 
bíanse hecho los unos y los otros muchos daños, y aun gas'aio 
hartos dineros, y el Marqués vencida la batalla entró en Ori- 
huela y saqueóla y tomó la posesión de la iglesia por Cartajena, 
y estuvo en ella treinta días allanando la t erra y haciendo jus- . 
ticia de los malhechores, y en este tiempo los de la común d d 
de Ját ba nunca pudieron, aunq '.e lo probaron, te mar a uella 
fortaleza, y el Visorrey D. Diego de IMendoza envió tre'nta hom- 
bres y por su Capitán á mosen Crespín para socorrer!'., les cua- 
les todos entraron dentro sin pasar n^'n^ún peligro ri a'"renta, 
y aconteció que como los de Játiba oyesen la nueva de- la rota 
de Orihuela apretaron con los de la fortaleza y á fin se dieron 
á partido con que les entregasen el castillo y cll s se saliesen 
en salvo ; y como saliesen de la fortaleza mo -en Cresnín y 
qu'nce hombres, sus compañeros, dieron les co ruiier s so^re 
ellos estando sin armas, seguros, é hiciéronlos mil pedazos, de 
manera que el desdichado ele mesen Crespín perdió la hcn-a y 
la vida, y el Visorrey y los otros caballeros que se escaparon 

de la rota de Gandía se fueron por mar á desembarcar á , 

que es en tierra de la Plana, y de allí se fué á Nu'es, donde 
rehizo su campo ; y como viesen los de Monviedro que le tenían 
por vecino enviáronle á decir que les perd nase de lo pasado 
y (jue ellos se reducirían á su servicio, lo cual como lo supo 
en Valencia Vicen Peres envióles gente y artillería para con 
que peleasen ; pero el Marqués de Zenete, D. Redrigo, peleó 
con los que iban y los hizo volver, y asimismo pe'eó c ¡n V cen 
Peres y lo hizo salir fuera de la ciudad, por cuya ocasión luego 
los de Monviedro se redujeron al servicio di Rey, y los de Va- 
lencia quedaron muy atemor zades, y el Visorrey, eco fu se 
muy importunado y rogado por los valencianos que pidiese 
socorro á los Gobernadores de Castilla, envió á ellos al Duque 
de Gandía, el cual negoció {]ue viniese el M rqués de los Vélez 
con su gente y artillería para juntarse con el Visorrey y reduje- 
sen á Valencia, y así fué que vino el Marqués de los Vélez y 
el Marqués de Moya, y D. Juan de la Cueva, y Balencian y Be- 
navides v D. Beltrán de la Cueva v D. Alvaro de Bazán v otros 



- 443 - 

muchos caballeros castellanos, los cuales después que se junta- 
ron con los valencianos se hizo de todos un tan poderoso campo 
en los lugares de Manises y Paterna, que no sólo era suficiente 
para reducir á Valencia, mas aun poderoso para conquistar á 
Francia. 

Los comuneros de Valencia, visto (lue el Vsorrey y los Mar- 
queses estaban en Paterna y Manises tan poderosos, acord trou 
de no ofender ni defenderse, sino sacar sus partidos, que fueron 
que el Visorrey los perdonase á todos, excepto á los trece Sín- 
dicos de aquel año y á otros trece del año pasado, y á ciertos 
Notarios y á sus Letrados y á los Alféreces y Capitanes, y á Vi- 
cen Peres y á Sorolla, y que luego le entregarían la artillería. 
Lo cual así hecho y capitulado, el Visorrey con los ^Marqueses 
entraron dentro en Valencia y dieron una vuelta por toda ella, 
quedando de fuera toda la gente de guerra, y de esta manera 
fué reducida la ciudad de Valencia sin ser combatida ni sa- 
queada como muchos quisieran, y todos los exceptuados y mal- 
hechores del Reino de Valencia se acogieron á la villa de Al- 
cira por ser lugar fuerte, puesto entre dos ríos, seis legiras de 
Valencia, y á esta causa, aunque Valencia y Mcnviedro se re- 
dujeron, Játiba y Alcira permanecieron en su rcbel ón, lo cual 
visto por el Visorrey fué sobre ella y combátela por parte del 
arrabal de San Agustín, pero no pudo hacer nada n:ás de cuanto 
Gabriel de Gusina, Capitán de la artillería, estandj haciendo 
un reparo de noche al tino de la candela, le diere n una saetada, 
y los de Alcira después de ido el Visorrey le desenterraron el 
cuerpo y quemaron los huesos, porque era tan de co azón la ene- 
mistad que tenían los agermanados con los caballeros que aun 
con verlos muertos no se veían de ellos vengados. 

El Visorrey y los Marqueses fueron á cercar la ciudad de Já- 
tiba, y entrando por los arrabales los soldados ir.atart n á mu- 
chos moros y á otros bautizaren y d.struyósj allí li mayor y 
más rica morería que había en España, y estando combatiendo 
la ciudad enviaron á decir los de dentro al Visorrey que dej.ise 
de combatirlos, si no que pondrían ciertas monjas, h-jas ('e ca- 
balleros, en los muros, y respondióles D. Alonso de Cardona, 
Almirante de Aragón, que él tenía allí dos hijas monjas, y (jue 



_ 4!4 - 

si se las iKJiiían en el imiro juraba por vida del Rey que si Su 
Alteza era servido él les tiraría el primero ; vsto por los de Já- 
lil)a (¡ue (.1 X'isorrey y los Marqueses tomaban el cerco de veras 
pidieron treguas para tratar las paces, y esto fué por mano del 
Marqués de Cénete, el cual había venido de Valencia no á otra 
cosa, y un día el Maniués D. Rodrigo y el Maestro racional y 
Michael de San Ángel, fraile de Orihuela, y ctro.s d' s jurados 
de Játiba, estando en la ermita de San Antonio concertaron que 
J atiba diese al Visorrey la obediencia y que el Visorrey los per- 
donase así á ellos como á sus valedores ; y esto así firmado y 
concertado fuese el Visorrey á Mf)ntesa y el Marqués de los 
Vélez á su casa, y después los de Játiba no quisieron dar la obe- 
diencia, porque su fin no fué sino hacer que se fuesen los ca- 
balleros castellanos por que fuesen menos los enemigos y por 
hacer retirar al Visorrey para meter gente y bastimentos ; y 
todavía estaba dentro de Játiba el Marqués de Cénete D. Ro- 
drigo de Mendoza quejándose mucho á los nobks de la capi- 
tulación que habían quebrantado y persuadiendo á los pl beyes 
quisiesen tomar algún apuntamiento con el Visorrey su her- 
mano, y como hubiese confundido y convencido así á los prin- 
cipales como á los menores, acordó el Capitán Vicen Pérez de 
revolver un ruido, al cual, como saliese el Marqués diciendo 
\^iva el Rey, luego á la hora Vicen Pérez y sus consortes le 
prendieron por fuerza y le llevaron á la fortaleza, donde aunque 
fué maltratado lo fuera peor si no por el Duque de Calabria, 
(pie había diez ailos que est.iba allí preso, porque determinaban 
de quitarle la vida dándole ponzoña en el manjar ; el cual, como 
se vio llevar preso y que su prisión había sido hecha sobre con- 
cierto, dijo Vicen Peres : Mira, villano, tvi y estos borrachos 
me habéis cercado á traición y desarmado por fuerza, y pues 
estoy solo y desarmado me será forzado ser vuestro prisionero ; 
pero yo juro á Dios y por vida del Rey, que si hombre á mí 
toca con la mano le he de despedazar como p rro con los dien- 
tes, pues no tengo otras armas, y ya que tuvisteis fuerzas [ara 
l)renderme por estar solo, no habéis de tener osadía para to- 
carme, pues soy caballero. 

A 12 de Octubre salió un Capitán de Játiba que había nom- 



— 445 — 

bre Michael Turrón y fuese á Onteniente i)or apoderarse de ella 
porque él era natural de allí y la villa cst.ba en s.rviciu 
del Rey, y el Visorrey como lo supo fuéla á socorrer aquella 
noche, y aquel Capitán dejó la villa y pasóse á otro lugar 
que se llamaba Ollería y él Visorrey fué en pos de él. El cual 
se acogió á la iglesia y el Visorrey combatió á la iglesia, y 
como pusiese fuego á un reparo que estaba allí á la puerta 
prendióse la igksia y quemóse el Capitán Turrón allí dentro 
y otros muchos con él, y sin esto llevaron de los que escaparon 
más de loo prisioneros, los más de les cuales fueron ahorca- 
dos en Montesa, porque andaba entre los unos y los otros la 
guerra tan encendida y tan cruda que á ningún prisic lur.) to- 
rnaban á vida. 

Como supieron los de Játiba la desdicha que había acon- 
tecido al Capitán Turrón y á su gente en la Ollería, enviaron 
mensajeros al Visorrey que estaba en Montesa diciendo que 
lí. darían al Marqués su hermano que estaba preso, y quo suel- 
te á los que se prendieron en la Ollería, lo cual así concertado 
los de Játiba soltaron luego al jNIarqués, pero el Visorrey no 
soltó á 'los presos antes mandó ahorcarlos, el cual hecho fué 
muy afeado al Visorrey y con razón. 

En el tiempo que el Marqués estaba preso en la fortaleza 
de Játiba se fué Vicen Peres á Valencia y comenzó de secreto 
á amotinarlo, y como el Marqués se viese suelto y fuese de 
esto avisado se fué para Valencia y víspera de todos Santos 
combatió á Vicen Peres la casa, y en el combate dieron al 
Marqués con un canto que dieron con él en el suelo, y como 
dijesen todos que era muerto, dijo el Marqués : ((Si yo soy 
muerto, el Rey, mi señor, es vivo», y como el Marqués vol- 
viese sobre sí apretó el combate y prendió á Vicen Peres, al 
cual hizo luego cortar la cabeza ; y después su cuerpo sin 
cabeza fué arrastrado por toda Valencia donde los muchachos 
lo hicieron cuartos, y esto hecho el IVIarqués otro día le compró 
su casa y la derrocó, y con esto se apaciguó luego Valencia. 
Este fué su triste fin del malaventurado de Vicen Peres, el cual 
amotinó á Valencia, saqueó á Corvara tomó á Játiba, venció 
la batalla de Gandía, apoderóse de las montañas de Dcnia, y 



— 446 — 

al fm (k- tanta gloria aun n(j mereció su cuerpo alcanzar se- 
pultura. 

A 12 de Noviembre las guardas del campo del Visorrey 
prendieron á un Capitán de pie con otros veinte compañeros 
los cuales habían salido de Játiba á robar, y aquel Capitán se 
había puesto nombre Juan de Padilla por reverencia y me- 
moria de Juan de Padilla, el Capitán de las Comunidades de 
Castilla, al cual el Visorrey mandó ahorcar en una horca muy 
alta á vista de la ciudad de Játiba y dijo que fuesen todos con 
él hasta la horca, pues se llamaba Juan de Padilla. 



CAPÍTULO H 

De una carta que escribió el Prior D. Antonio de Ziiñiga á 
los Gobernadores, y cómo fué criado por Capitán General 
contra-Ios que estaban rebelados en el Reino de Toledo 
y cómo se rebelaron los del Marquesado de Moya contra 
el Marques y lo qiic sobre ello pasó. 

Como la ciudad de Toledo había sido inventora de todas 
las rebeliones de España, mucho trabajaba y aun gastaba para 
que fuese adelante la guerra, y no se hacía cosa notable en al- 
guna ciudad ó villa en la cual en hecho ó en consejo Toledo no 
fuese culpada ; y como los comuneros de aquella ciudad y los 
Procuradores de la Junta supiesen que los vecinos de Madrid 
eran rebelados tomaron muy gran placer, y por que la villa de 
Ocaña hiciese lo mismo proveyeron á Francisco Osorio por Go- 
bernador de la provincia de Castilla y á Juan Osorio por Capi- 
tán de ella, los cuales eran vecinos de Ocaña, y les dieron pode- 
res para que cobrasen las rentas . Reales de aquella provincia, 
la cual provisión les vino nuiy bien para su mal propósito. 

Como esto viese D. Antonio de Zúñiga, Prior de San Juan, 
hermano del Duque de Bcjar, que en este tiempo estaba en la 
villa de Consuegra aderezándose para ir á Alemania á servir á 
Su Majestad, acordó de escribir á los Gobernadores una carta, 
la cual decía en sentencia : 



- 447 — 

Ilustres y muy magníficos señores : 
Mucho quisiera ir personalmente á vuestra presencia, no por 
más de para claros muy larga cuenta de lo que aquí en esta carta 
diré en breve, porque nuestros pecados nos han traído á tales 
tie.npcs que es muy excusado h.blar largo y aun cs.TÍb'r corto, 
y será para hacer saber á vuestras muy ilustres señorías las nue- 
vas de este Reino de Toledo, las cuales son tan nuevas que ja- 
más otras semejantes fuer, n vistas de nuestros pasudos, ni fueron 
oídas de nosotros sus sucesores, porque veo el Reino re.uelto 
y gran desacato en la justicia, y que ninguno puede estar se- 
guro en su casa y sobre todo es lo peor que á nirguna cosa se 
pone remedio ; y porque sepan las cosas más en part'cular, To- 
ledo públicamente está rebelada contra el servicio del Rey, Ma- 
drid asimismo está á obediencia de la Junta, Ocaña y su tierra 
está también amotinada y en el convento de Uclés intentan ha- 
cer Maestre de Santiago á Juan de Padilla. 

Al Juan Osorio y á Francisco Osorio, caballeros que son de 
Ocaña, han hecho los de la Junta : al uno Gobernador y al otro 
Capitán de la provincia de Castilla, y Carboneras se ha levan- 
tado contra el I^Iarqués de Moya, los de Segovia han destruido 
á Odón y Chinchón, y junto con esto no veo por el Rey una 
lanza enhiesta. 

Yo juro á ley de caballero- y al santo hábito de S in Juan, 
de que estoy vestido, que no tengo en tanto lo hecho cuanto 
temo lo que se ha de hacer ; porque veo, señores, que las cosas 
de la comunidad van muy adelante y las d.l servcio del Rey 
nuestro señor quedan mucho atrás, y considero que la Junta 
está muy junta y en nosotros no hay ninguna concordia. A mi 
parecer en cosas tan peligrosas deberíamos todos los c .baílelos 
posponer y olvidar todas las competencias y enojos, y después 
juntarnos y ser á una contra estos comuneros. Yo estaba de 
camino para Flandes, porque el Rey nuestro señor, antes que 
se partiese, me mandó ir en pos de él, y yo de muy buena víi- 
luntad me ofrezco de hacerlo, y para ir la dicha jornada me 
había ataviado y aparejado lo menos mal que había podido, y 
ahora, después que he visto esto, no me ocupo sino en trocar 
muías por caballos, sedas por corazas, brocados por coseletes, 



— 448 — 

tapicería \)ot artillería, plata i)or i)ólvora, y finalmente me hae^o 
l)()l)re (le joyas por hacerme rico de armas, pues he acabado con- 
migo de dejar esta jornada, que era la cosa que yo n ái deseaba. 
Sed, señores, seguros que os podréis aprovechar de mi p.-r^ona, 
y pues el servicio de Dios está tan olvidado y la reputación del 
Rey se tiene en tan poco, no me parece que deben t^ner pun- 
donor los caballeros para que no obedezcan á los Gobernadores, 
ni tampoco debe faltar ánimo á los Gobernadores para mand .r 
á los caballeros. Yo soy un pobre caballero y en los tiempos 
pasados no he sido menos ni aun más dichoso que otro, ].ero 
paréceme que vuestras muy ilustres señorías deberían criar un 
caballero en este Reino de Toledo, que tuviese en mucho el 
servicio de Dios y el bien del Reino y en muy peco el interés 
de su hacienda y el peligro de su persona, debajo del cual yo 
pnjmeto de militar y perder la vida ; y porque Francisco Suárez, 
mi mayordomo, y Hernando de Bustillo, mi camarero, son los 
portadores de esta letra, ellos dirán á vuestras señorías otras 
cosas por palabra, las cuales no son para fiar per car^a. Pídoles 
por merced se les de toda fe y creencia. De Consuegra, á 25 de 
Septiembre. 

Recibida por los Gobernadores esta carta tomaron muy so- 
brado placer con ella, así por los avisos que l:s dio como los 
ofrecimientos que les hizo, los cuales, habido entre sí su acuer- 
do, determinaron de hacer Gobernador en el Reino de Tokdo 
al dicho D. Antonio de Zúñiga, la cual gobernación él aceptó 
de buena gana, no porque esperaba sacar de allí provecho, sino 
porque se le ofrecía ocasión do podría demostrar su gran ánimo 
y deseo grande que tenía al servicio de Su Majestad. 

Mucho pesó á los Gobernadores en sabar que el Condado de 
Chinchón y Marquesado de Moya eran rebelados, por pensar 
que pues se alzaban las tierras de los caballeros dcnde en ade- 
huitc cada uno trabajaría de recuperar y guardar su hacienda 
l)ropia y no curarían de servir al Rey ni áj morir por la re- 
pública. 

Era Manpiés d'e Moya D. Juan de Cabrera, segundo señor 
de aquella casa, y á éste echaron los del Marques..do de la 
tierra con favor de los de la Junta, en que le saquearon la ropa 



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ocupáronle su renta, quitáronle la justicia, y aun si le toni iran 
por ventura peligrara su persona ; y como en esta sazón ha- 
bían desembarcado muchos soldados viejos en el puerto de 
Cartagena de los que habían ido en la Armada de D. Higo 
de Moneada que fué á tomar los Gelves, los cuales por \tnir 
como venían destrozados y mal pagados estaban allí detenidos, 
sabido esto por el Prior D. Antonio, como. tenía intención de 
salir en campo envió por ellos y por su Capitán D. Francisco 
de Rebolledo. 

Y como el Marqués de Moya anduvies'j huido <le su tierra 
y ^é avisado cómo el Prior D. Antonio había recogido los 
soldados de Cartagena, le envió luego á rogar qu.' pues él ha- 
bía de pasar por su Marquesado tuviese por bien querérselos 
prestar para reducir su Estado, porque si en la coyuntura no 
le cobraba no esperaba jamás cobrarlo ; y el Marqués de Vi- 
llena envió á su hijo al Conde de Santisteban con mucha gen- 
te para que ayudase al Marqués de Moya, y el Prior le envió 
los soldados que le pedía, y así todos juntos fueron á cercar 
un lugar del Marquesado que llamaban Carboneras, y como los 
que estaban dentro estuviesen avisados, por una parte estaban 
temerosos y por la otra muy apercibidos, principaln^ente de 
saetas con hierba, á cuya causa todos los soldados que fueron 
heridos con ellas á cabo de pocos días murieron todos. 

A 14 de Noviembre diéronse dos combates á la villa de 
Carboneras harto peligrosos, donde murió mucha gente, y al 
fin al segundo combate fué entrada la villa y toda saqueada 
y muchos de los vecinos fueron ahorcados y descuartizados, y 
con solo este castigo se redujo todo el ^Marquesado á la obe- 
diencia de su señor el Marqués. 

Hecho esto el Prior de San Juan, D. Antonio, envió luego 
á rogar al Capitán D. Francisco de Rebolledo y á todos sus 
soldados y á requerir y mandar á los lugares de Alcaraz y al 
Corral de Almaguer y á otras villas de los maeztrazgos que 
por ninguna mañera obedeciesen á Jvian Osorío ni á Francisco 
Osorio, Gobernadores que eran de la Junta, prometiéndoles 
que si por hacer lo que él les mandaba recibiesen algún daño 
que él se lo prometía de pagar, y como los de Toledo vi€<íen 



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(|uc (i sus puertas se les levantaba un enemigo, como era el 
Prior I). Antonio, enviaron mi correo con gran furia á la Jun- 
ta para darles noticia de todo lo que pasaba, con el cual es- 
cribieron una carta que en sentencia decía. 



CAPÍTULO LII 

De una carta qiic escribió Toledo á los de la Junta en la cual 
les avisa de todo lo que pasaba en el Reino de Toledo, y 
cómo vino por Capitán de Toledo el Ob.spo de Zam(¡ra. 
De la batalla que él y el Prior D. Antonio de Ziiñiga se 
dieron junio al Romeral, donde fué el Obispo vencido. 

Muy magníficos y muy nobles señores : Desde 7 de Enero 
hasta hoy jueves que son 4 de Febrero, ni ha venido de allá 
perscma (pie nos diga alguna nueva ni hemos visto correo que 
nos traiga carta, de lo cual estamos no menos penados que 
sospechosos. Ahora hemos sabido cómo los Gobernadores es- 
tán todavía en TordesiUas y la gente del Conde de Benavente 
corre hasta Tudela, y el Conde de Oñate está en Simancas en 
frontera y la gente del Condestable tiene á .Fuentes y á Vi- 
llalba y que el Almirante ahora de nuevo pone guarniciones 
en Peñaflor y Villanueva, y que los caballeros se han apode- 
rado de la villa de Ampudia, todo lo cual nos ha llegado al 
alma porque como seamos una misma cosa el daño de allá re- 
dunda en peligro de lo de acá, y. no poca consolación reci- 
bimos desque nos acordamos que están en esa Santa Junta 
personas de tan santas y tan buenas intenciones que lo que 
no se ganase por armas pennitiría Dios que se cobrase por 
sus virtudes, cuanto más que teniendo como tenéis tan buen 
consejo en las cosas y tan diestros Capitanes en las armas, y 
sobre todo seguras en nosotros las espaldas, parécenos que de- 
béis tener en poco á los enemigos y á sus amenazas. 

Gracias sean dadas á Dios que en esta ciudad de Toledo 
todos estamos buenos y muy conformes para el servicio de la 
Junta, y ix)rque \ean (]ue acá velamos y trabajamos les ha- 



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ccmos saber que ahora de nuevo Madrid, Alcalá, Yepes y Oca- 
ña con todas sus tierras nos han escrito como se han levantado 
en favor y servicio de la Junta. 

Cierto Jes es de tener en mucho haberse así determinado 
porque no sólo se declararon por nuestros amigos pero aun 
desterraron de sus lugares á todos los caballeros tiranos, \o 
cual sabido por los Gobernadores han criado por Gobernador 
y por Capitán del Reino de Toledo al Prior D. Antonio, el 
cual en pocos días ha hecho muchas jornadas, porque tomando 
los soldados viejos que vinieron de los G el ves con ellos ha 
reducido el Marquesado de Moya al Marqués y se ha apode- 
rado de las vituallas todas de los maestrazgos. Junta siempre 
mucha y muy buena gente de guerra, tiene harta y gruesa 
artillería y munición para ella, ha enviado á mandar á todos los * 
de la tierra que no obedezcan á los Gobernadores que envias- 
teis á la provincia, finalmente á lo que podemos conjeturar, 
según el Prior es presuntuoso y animoso, que c4 piensa por la 
lanza hacerse señor de Toledo ; y habido entre ncsotro.s un 
muy maduro consejo hemos acordado que toda ocasión pos- 
puesta, se parta para acá nuestro Capitán Juan de Padilla, por- 
que con su dicha y nuestra diligencia luego demos competidor 
á D. Antonio de Zúñiga, el cual como carne podrida es nece- 
sario que se corte antes que cause pasmo en la carne sana. 
Porque hablando la verdad si decae Toledo, siendo como es 
la cabeza, no convalecerán sus miembros, que son los que estáis 
en la Junta. 

Estas cosas escribimos así en general, pero Alonso de la 
Pedrera y Jerónimo de Ocaña portadores de ésta os dirán de 
nuestra parte si con salud ellos llegaren allá y esta letra. Pe- 
dírnosles por merced se les dé entera fe y creencia, porque nos 
dicen acá que los Capit-.ncs que están en Arévalo y el Conde 
de Oñate que está en Simancas y Ruy Díaz de Rojas que está 
en Coca y D. Jerónimo de Padilla que está en Portillo tienen 
muy grandes ■ guardas por los caminos para tomar tod i^^ las 
cartas y prender los correos. i 

Nuestro Señor sea en vuestra guarda. 

Como los de la Junta recibiesen esta carta en \'alladolid, 



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acabándose de- leer comenzaron algunos de los Irocuradores 
íi nuirnunar en especial de a(|uella ])alabra donde Tol d > de:ía 
(lue era de tod^s cabeza y sus miembros eran los de la Junta, 
Ijorque decían todos ellos que allí en aquella Santa Junta no 
había mayores ni menores, sino que todos eran iguales, aunque 
entre sí comenzaron mi i)oco á vocear y j.or'^ar, vo "es du ó 
tanto el enojo y porfía que no saliesen de allí todos en concor- 
dia, y fué porque Juan de Padilla quedase por Capitán en las 
cosas de la Junta. Determinaron que el Obispo de Zamora fue- 
se jxjr Capitán á Toledo, lo cual maneó el dicho Obispo (¡uc 
se halló en aquella junta, y e>to hizo el Obispo porque si en 
el Arzobispado de Toledo no tenía él nada por justicia, esi)eraba 
por la lanza sería todo suyo. 

No hicieron más los de la Junta de lo que quería el Obispo 
de Zamora, el cual porque no hubiese más mudanz:;s en las co- 
sas se partió luego para Toledo, y llevó consigo solas cuarenta 
lanzas y cien" escopeteros y nueve piezas de artillería, y tomó 
el camino de Cuéllar y fué á pasar los puertos por Somosierra 
y salió á Buitrago y entró en Alcalá, villa que es del Arzobis- 
pado de Toledo, y salió el estudio y los del pueblo á recibirle 
como si ya fuera Arzobispo de Toledo. 

En este tiempo estaba el Prior de San Juan, D. Antonio de 
Zúñiga, aderezándose en Alcázar de Consuegra, y domingo en 
la tarde, á i6 de Enero, acordó de salir con su gente en campo 
y aquella noche fuesen á alojar á un lugar que se llama Tem- 
bleque, donde le est