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Full text of "Cuba contra España: Apuntes de un año para la historia de la rebelión de la Isla de Cuba, que ..."

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EL MONUMENTO AL GENERALÍSIMO ^^ 
MÁXIMO GÓMEZ 

Por HORACIO CABKILl-O 



™"n.»)^lfiti. iB=ni.raínlo de mármol y ¡'^^^"g'f.íS^'X'dl'S^íM^É"**. -i^i* SXn".¿e^t'í»"™?rSr>s J™*^'^"'''' 




EL HOMBm QÜÉ'mCÍBIO 
EL MENSAJE A GAJRCIA 



En el solarlo de la Embajada Cubana —a la hora en que 
el café y el ron necesitan la grata compafiía del tabaco — , 
el Embajador García Vélez departe conmigo, Interponién- 
dose así discretamente Fernández de Castro, a quien debo 
este nuevo exquisito amigo cubano. Transcurren las evoca- 
clones, se Uñen del sol isleño tamizado en aire de México 
los comentarios sobre días y hombres que ahora nos pare- 
cen mitológicos. ¡Tantas cosas! ¡Tanta luz vertical estre- 
meciendo el otoño elegante de este diplomático que Juega al 
deporte con la vida y que se da el lujo de tener su biblioteca 
repartida entre Washington, La Habana, Santiago de Cuba 
y México! ' 

El general don Carlos García Vélez, el hijo del ilustre 
Calixto García, procer de la Independencia cubana, elástico 
de juventud, radiante de memoria, en su encalmado amblen- 
te de otoño, que le da dichas de plenitud, acelerándole el 
pulso en la conversación cuando los temas son desafíos a su 
amenidad evocadora, escucha, impávido, mi primera pre. 
gunta: 

— ¿Y el mensaje a García fué encontrado? 
García, su padre, estaba alzado en armas, en la mani- 
gua, luchando contra la dominación española. De pronto, 
el Presidente de los Estados Unidos, ya resuelta la guerra 
con España, le dice a uno de sus edecanes: "Tome esta carta 
y entregúesela a García". El edecán no preguntó más y sa- 
lló en busca de García; pero ahora, ya muy viejo, el men- 
sajero asegura que no llevó carta al general Ilustre, sino 
un recado verbal del Presidente. 

—Tengo que ir a La Habana a buscar entre mis pape- 
les. Ese hombre negó que hubiera tal mensaje, y dice que 
lo llevaba en su cabeza, como si fuera un piano. Pero el 
mensaje lo he recibido yo: era una cartíta. una carta de 
pre.^Entaeión de identificación. El hombre tenia que iiívaí 
algo. Porque eso de "tome Vd. esta carta y entregúesela a 
García", da a entender que habla una carta, que tiene que 
aparecer. Y se fué a buscar a García: la verdad es que 
primero fué a la Delegación de la Revolución cubana, en 
Nueva York; ésta lo mandó a la subdelegación, en Jamaica, 
y ésta lo puso en el bote nuestro que hacia travesías sema- 
nales, con marinos cubanos; y desembarcó en Cuba y me lo 
trajeron, y yo se io llevé a mi padre, Yo no he querido des- 



las autoridades norteamericanas nog tomaron presos. Me 
escapé y pude llegar en la tercera Intentona, y ya me quedé 
allá, en Cuba. Antes hablamos pasado los mayores peligros 
en la Manigua, pues desde que yo tenia dos años, expulsa- 
ron a toda mi familia al campo insurrecto, primero, y luego 
al destierro. Una lucha Implacable desde la quinta genera- 
ción. De ahí nos derramamos por los Estados Unidos, y mi 
madre tuvo que trabajar para darnos de comer. De vez en 
cuando nos ayudaban las Juntas Patrióticas de Tabaque- 
ros. Y asi me crié yo. En una ocasión, mi padre — en la 
Guerra Grande — , estaba cercado y se disparó una bala en 
la boca, que le saltó por la frente. Tuvo que aprender a ha- 
blar de nuevo. La bala le rompió la mandíbula, le perforó el ' 
paladar, detrás de la nariz y le salió por la frente, una tra- 
yectoria maravillosa. Aprendió el francés, el Inglés y daba 
clases, y cuando le dieron Madrid por cárcel, con eso se 
mantenía la segunda vez que lo capturaron, y después vol- 
vió a la guerra del 95, y estuvo en Jamaica y en los Estados 
Unidos. 

— ¿y dónde murió? 

— En Washington. Fué a una comisión de la Asamblea 
Revolucionaria, para negociar un empréstito con qué pa- 
gar al ejército cubano. Murió muy Joven, a los 59 años, en 
1899. 

El general García Vélez, al hablar asi, se siente remo- 
zado en sus setenta años, tan sólidos, tan ágiles, enorgulle- 
cido de ser todavía alpinista, que huye de las ventanas ce- 
rradas, del abrigo, del confort que desdeñan los adoradores 
del frío y de la nieve. 

— A eso se debe mi buena salud. Y aquí he llevado una 
vida de lucha. En Madrid, por ejemplo, fui dentista, y de los 
buenos. Lo digo sin modestia, porque ahora no tengo pre- 
*'«i^iian££_d£_ziídx '^'^ ''^^ nrofpKión. Ful el fundador de la 
primera revistadeírsíorñatologia que se publicó en Idioma 
español, y eso fué en 1894, y asi se hace constar en un libro 
que se está publicando sobre los precursores de la ciencia • 
estomatoiógica en el mundo, y en el que ponen a Magltot ' 
en París y a García Vélez en Madrid. 

—¿Y cómo van los papeles de Heredla? 

No era impertinente la pregunta, porque las memorias 
de José María dejíeredia fueron encontradas hace poco por 



tnilr la historia pintoresca que ahora cuentan, porque es '^^"^ Amálz y Freg, el notable investigador mexicano que 
una historieta muy hermosa. Jamás he replicado nada. Las *^"to tiene que enseñar a muchos maestros, aquí y allá, 
rectificaciones son inútiles, porque el que lee el ataque no ^^*^ hallazgo es sensacional, no sólo para las letras de Cuba, 



lee la rectificación, o viceversa. 

— ¿Y en qué año fué? 

—En 1898. 

—Y a García, ¿por qué lo buscaban? 

—Porque habia de ponerse de acuerdo para buscar la 
cooperación de las fuerzas cubanas. 
iCalixto García! 

Fué un hombre extraordinario — dice su hijo, orgu- 
lloso, sabiendo que dice la verdad — ; un hombre compe- 
tente, que tenia una preparación que no tenían otros; que 
habia r.studiado mucho. Estuvo cuatro años en un calabozo 
de España, y en esos cuatro años se dedicó a estudiar. 

—¿Y ha publicado usted algo sobre él? 

—Esa es la lucha que tiene hace tiempo José Antonio 
conmigo. Porque no se puede decir toda la verdad, y para 
decir lo que no es verdad, mejor no. Los jóvenes lo'harán. 



íino para las de América, sobre todo en vísperas de núes- 
tros preparativos para solemnizar el primer centenario del 
poeta del Niágara y el Teocali! de Choluia. 

—Los papeles de Heredia van muy bien. Y la Embajada 
los publicará. Todo depende ahora del Joven Arnáiz. Es al- 
go notable este muchacho. Y el talento que tiene para la 
búsqueda de los documentos que hacen luz, que orientan. 
Porque eso es ya de hombres avezados, eso se adquiere des- 
pués de ios cincuenta años. Pues amigo, yo estoy en el oca- 
so de la vida, y no me gusta remover papeles viejos. Es una 
aguná un poco Estlgia. 

—¿Y el trabajo que sobre Martí ha preparado Camilo 
l^arrancá y TrujUIo? 

— La Embajada está lista para contribuir a pubiicárse- 
0. Todo depende también de él. 

Suena la conversación, paulatina, rondadora de re^ 



puDlicar el archivo de su padre. que hizo sus primeras armas diplomáticas en 1902. habien 

_ — ¡Cuántas cosas debe saber usted sobre aquellos dia&do sido el primer ministro de Cuba en México es actual- 
ternbles! mente el decano de los diplomáticos de su país. Y vaya 

—Al principio distribuía las proclamas, organizaba lo flue le han ocurrido peripecias dignas de las que contara 
^ias. Y estuve en la guerra. Recuerdo que di a cono-- fen un libro tan sabroso, tan ducho, como su conversación 
pleno Ateneo de Madrid el Manifiesto de Montecristi a ¡Buenos Aires, Washington, Londres! Y su incidente con el 
1895. Y estuve en la Delegación de la Revolución en Nuen pecretarlo de Estado Knox. Y su aventura de rebelde, cuan- 
York. en un puesto modesto —descifrador de cables— .M do Estrada Palma quiso perpetuarse en el poder. Y los pro- 
después embarqué en una expedición, que naufragó. T* nósticos que hizo a su Gobierno, desde México, sobre las 
salvamos milagrosamente. Volví a embarcarme en otra/ ' vísperas de la revolución que derribó a Díaz. 



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CUBA CONTRA ESPAÑA. 



PABl 11 HISTORIA DE lA REBELM 

DE LA TSJLiA. DB OXJBA., 
m PRINCIPIO F,L 10 BE OOPRIi HE 1868, 

J'Ül! 

D. VICENTE GAHCI& VERDUGO. 

ViSCM. (Jl'E KA SiilO l)K LA ArUtEMCI* DK PrERTÜ-rHl-ÍCIPK. 



S. 






MADRID: )86í). 

IMPRENTA Y LIBRERÍA. UNIViíRSAI,, 

StfTiú, niiüi. IG, I Tribülele, iiúm. I. 



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PROLOGO. 



Vamos á referir la triste historia de una rebelión 
tan insensata como injustificada. Testigos presenciales 
délos sucesos, principalmente en el departamento cen- 
tral, creemos tener la competencia necesaria para ser 
creidos. La verdad debe ser la base y la esencia de la 
historia, y nosotros no faltaremos á esta base, porque 
de otro modo escribiríamos una novela ó un cuento, 
y eso que en varias ocasiones mas ha de parecer por 
lo inverosímil nuestro relato una novela que una his- 
toria. No tenemos simpatías ni antipatías apasionadas 
y por tanto peligrosas para formar juicio imparcial 
acerca de las cosas y las personas, así que nos propo- 
nemos presentar los sucesos como han ocurrido, sin 
que de este camino nos aparte nigun género de consi- 
deraciones. Aplaudiremos lo que haya sido digno de 
aplauso , y censuraremos lo que crearnos digno de 
censura, venga de quien viniere, ajustando para ello 



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iiLi(¡tílro criteiio, no ii una. simijle ci'ueiK-ia personal 
porque fácilmente pudiéramos incurrir eii el error y 
en el peligro de aparecer inconvenientemente presun- 
tuosos, sino al sentimiento general, á la opinión jui- 
ciosa y setisata de la grau masa de leales que afortu- 
nadamente existe en Cuba. Esta opinión es el mas se 
guro guia, y al formular nuestro pensamiento, hemos 
cuidado muy particularmente de examinarla y de es- 
tudiarla para no proceder de ligero. Nuestro buen de- 
seo suplirá ,á nuestra insuliciencia, y al publicar estos 
apuntes que no llevan consigo ninguna j)retension de 
sabiduría ni de arreglar el njundo, por mas que des- 
graciadamente anda bastante desarreglado, crreemos 
cumplir con un deber de patriotismo, porque España 
tiene derecho á saber lo que ha ocurrido en la isla de 
Cuba desde que principió la rebelión, y á juzgar de lo 
que allí y aquí se lia hecho para aniquilarla. 

En cuanto á las consideraciones en que para llevar 
á cabo nuestro propósito entremos, quisiéramos ser en 
lo posible, parcos en ellas; pero la indoíe de ¡os suce- 
sos exigirá que muchas veces salgamcjs de la l'ria re- 
serva, porque los hay que no pueden menos de en- 
cender ía sangre del que se precie de leal español. 
Quisiéramos también tener competencia bastante para 
poder plantear y resolver los problemas tan comple- 
jos y tan delicados que entrañan el pasado, el presen- 
te y el porvenir de Cuba; pero confesamos ingenua- 
mente, sin falsa modestia, que carecemos de seme- 
jante competencia, asi que solo muy superficialmen- 
te trataremos de esta cuestión que debe qitedar intac- 



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ía no para los quí; sin conoceda, empiricamfintií, por 
interés propio ó ajeno !a resuelvon á sn manera, ni 
para los que, conociéndola, no tienen otro móvil 
mas que la parcialidad y la pasión, sino para los hom- 
bres de bnena fé y de sano criterio que lian venido 
estudiándola con conciencia en todas sus fases, y que 
guiados por intenciones puras y patrióticas podrán con 
entero conocimiento de causa señalar sus males y pre- 
sentar sus remedios. Nosotros ante todo, creemos con- 
veniente hacer una manifestación; escribimos bajo el 
punto de vista español, sin pasiones de partido que 
deben desaparer por completo en esta gran cuestión; 
porque siendo buenos españoles no cabria en nos- 
otros hacer otra cosa y además por un sentimiento 
de estricta justicia. Creemos, y con nosotros estarán 
todos los que desapasionadamente hayan estudiado 
los hechos, que sin razón ni aun aparente se ha co- 
metido en Cuba un gran crimen conl.ra la madre pa- 
tria y por eso nuestro punió de vista es el español. 

Nadie negará que con mas ó menos acierto, hace 
mucho tiempo que el gobierno español viene traba- 
jando con incesante afán en resolver de una manera 
equitativa y conveniente los grandes problemas que 
afectan á nuestras provincias ultramarinas, tan dife- 
rentes entre sí por su manera de ser, por su impor- 
tancia, por sus necesidades y por su estado de ade- 
lanto material y moral. La acción lenta pero progresi- 
va del gobierno ha consistido en ir asimilando, en lo 
posible, las provincias americanas á las peninsulares, 
y la provincia porque mas ha trabajado ha sido indu- 



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ilablemente la Isía de Cuba. A la sombra protectora 
de la madre patria han crecido su prosperidad y su 
bienestar basta baberse colocado á la altura en que 
cuando estalló la insurrección se encontraban. Algo 
mas ha podido hacerse; algunas mas franquicias han 
debido darse á esta provincia dejando á un lado el 
mezquino espíritu fiscal que todo lo seca y todo io 
mata; pero esto, que forzosa é indeclinableraenle hu- 
biera venido, porque la opinión así lo exigia, no ha 
podido servir n¡ aun de pretexto para la felonía que se 
ha cometido. 

Desde muy antiguo tenemos en las leyes de In- 
dias medidas altamente protectoras en favor de los 
países ultramarinos. Es indudable que en ellas existen 
bastantes disposiciones que hoy se consideran como 
errores económicos y políticos; pero hay que tener en 
cuenta la época en que se dictaron. La mayor parte 
de estos errores han sido reconocidos y enmendados 
aunque algunos á medias, pero se ha hecho mucho. 
Los cambios políticos que desgraciadamente han ocur- 
rido en nuestra patria y la instabilidad de los gobier- 
nos han sido causí^ bastante poderosas para esterih- 
zarlo todo. Los justos clamores de las provincias ame- 
ricanas no podianser desatendidos, y poco á poco iba 
desapareciendo la distancia que nos separaba. No es esta 
la ocasión de hablar de las medidas que para el efec- 
to se dictaron; pero como síntesis de todo nos referi- 
mos á la Junta do información creada por el gobierno 
siendo ministro de ultramar el Sr. Cánovas del Casti- 
llo, en la que tan buenos trabajos se presentaron y 



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7 
que habiau de servir de punió de partida para tras- 
cendentales é importantes reformas políticas, econó- 
Diicas y administrativas. La opinión marcaba el cami- 
no que se debía seguir, y público es lo que España 
lia hecho rindiendo tributo á la opinión; al Sr. Cáno- 
vas cabrá siempre la gloria de haber sido quien mas 
de frente y con mas inteligencia abordó una cuestión 
que de seguro hubiera resuelto ó dejado en camino 
de resolver si hubiera continuado al frente del Minis- 
terio de Ultramar. 

En España, en medio de sus agitaciones y de la 
vida azarosa de sus gobiernos, que con dificultad han 
podido atender á otra cosa que á, conservarse, es pre- 
ciso reconocer que hay dos grandes cualidades; buen 
sentido y buena fé. El primero hacia que la opinión 
¡lustrada acerca de las reformas que debían realizarse 
en América, fuese anulando el sistema esclusivísta, que 
en efecto debia ser reemplzaado por otro mas espan- 
sivo dentro de lo conveniente. La segunda nos impe- 
lia á desear de todas veras que desapareciesen, en lo 
posible, las barreras que aun nos separaban de nues- 
tros hermanos de América, entrándose resuelta y de- 
cididamente en el buen camino. Y lo que el buen sen- 
tido comprendía y lo que la buena fé deseaba no era 
para nadie un misterio; los cubanos lo saben, asi co- 
mo tamprco ignoran que España no acostumbra á re- 
gatear el cumplimiento de sus compromisos cuando 
una vez llega á contraerlos; España deseaba ardiente- 
mente que se estrechasen con lazos indisolubles los 
que ya unian á insulares y peninsulares de religión- 



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de sangre, di: idioma y d<i cosUiniljvc&, y c! buen sen- 
tirio marcaba que estos lazos debían estar afianzados con 
la concesión de derechos pero sin empirismo y dentro 
de las condiciones del orden y de la conservación á 
todo trance de aquella provincia espafiola, pero no 
derechos peligrosos y que no podian menos por lo ex- 
temporáneos, de afectar profimdamenlo á la organi- 
zación de aquel pais. 

Se ha explotado por nuestros enemigos aunque no 
con verdad, la especie de que España está esquilman- 
do á la Isla, sacando de ella cantidades considerables 
en beneficio de las demás provincias españolas. Esto 
es una vulgaridad y una muestra de insigne mala fé; 
cierto es que en los j)resiipustos de España ha venido 
consignándose una partida de ingresos con el titulo 
de Sobrantes de UltranMr; pero ¿cuánto tiempo hace 
que en la isla de Cuba no existen estos sobrantes? y 
por otra parte, aunque existieran, sabido es que están 
aplicados á la amortización de los bonos del Tesoro; 
DO se olvide que en 1 8fifl la Isla debia á las cajas de 
la Península 13.000.000 de escudos; ¿es fundada esta 
queja que por muchos se ha presentado contra la ad- 
ministración española? ¿Lo es la del gravamen que 
sufren los contribuyentes en el pago de contribucio- 
nes? Examínese lo que en España sucede y se verá 
que la riqueza territorial está aquí gravada con un 1 4 
por too de la utilidad líquida en favor del Tesoro, 
cuyo yraváraen, con los recargos para gastosprovin- 
cíales y municipales, sube aun 20 y aun en algunos 
puntosa nn 95 por tOO ¿Ef fundado este capítulo de 



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culpasí i'ila contribución de sanf¡;re que se paga cu Es- 
paña no es nada? j,No es nadalasangre de esos millares 
de brazos útiles que en lo mas floridodesn edad mue- 
ren en América en el ejército de mar y tierra que guar- 
nece la isla y es la defensa de las personas é intereses 
de los insulares y peninsulares? 

Sella alegado también, como motivo de queja, el 
esciusivismo del Gobierno español en la provisión de 
destinos, suponiendo sin verdad que ban estado esclui- 
dos de eilos los bijos de aquellas provincias; mucba 
calma se necesita paraoir con paciencia estaacusacion. 
Examínese la Guia de forasteros, véanse ¡as nóminas 
de las respectivas dependencias, las filas del ejército, 
!a marina y se encontrará en todas ellas ocupando mu- 
chos, honrosos y merecidos puestos á hijos de las pro- 
vincias americanas que han querido trabajar y ban em- 
prendido carreras para ser miembros útiles de la so- 
edad. No: España no cierra la puerta á sus hijos, y 
el gobernador capitán general y las primeras auto- 
dades son comunmente peninsulares, es porque asi 
y no de otro modo debe suceder. Los que semejantes 
quejas fulminan son esos hombres que tanto abundan 
por desgracia en aquel país llenos de pretensiones ri- 
diculas, cuya profesión es la vagancia, y que rebosan- 
do en envidia porque otros mas cuerdos que ellos 
aseguran su subsistencia trabajando en las dependen- 
cias públicas, vierten toda su saña calumniando á la 
nación generosa que menos que ninguna otra puede 
ser tachada de esclusivisfa, 

¡y qué diremos dn !a acusación ile urania que lan- 



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tas veces, tau eul'ática y tan trágicamente so ha lanza- 
do contra España? Solamente la pasión mas ciega pue- 
de atreverse á formular im cargo que es una falsedad 
insigne, y que todos los cubanos, amigos y adversa- 
rios, saben qite es infundado. No tienen libertad de 
imprenta en mai hora concedida y en buen liora reti- 
rada; tampoco tienen esos derechos políticos que de 
buena fé y por convencimienio unos; por rutina otros, 
y por mala fé no pocos han presentado como la pana- 
cea de todos los males en aquel país donde en nuestra 
opinión no hacen falta para gozar ampliamente de los 
derechos civiles que tenemos los demás españoles. En 
América no existe un sistema colonial para el régimen 
de aquellas provincias, sino que las leyes especiales 
por que se gobiernan tienen la especialidad de ser, con 
muy cortas diferencias, 1^ que rigen en la Península. 
Compárense Cuba y Puerto-Rico con las posesiones 
inglesas de lalndia, con las holandesas de Batavia, con 
las francesas de Cochinchina y digan los descontentos 
si hay alguna de estas posesiones en que los natura- 
les gocen ni una sombra siquiera de los derechos que 
tienen estas provincias americanas. Nosotros conoce- 
mos todas nuestras provincias ultramarinas; en ellas 
hemos desempeñado cargos importantes y podemos 
asegurar, sin peligro de que con fundamento se nos 
desmienta, que jamás hemos visto en ninguna de 
ellas nada que ni aun siquiera se parezca á un fan- 
tasma de tiranía: allí cada cual hace dentro de la ley 
lo que mejor le parece, ni mas ni menos que ha suce- 
dido y sucede en España. Es necesario ser justos hasta 



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ea las acusaciones; porque si se prescinde en ellas ele 
la justicia, entonces desde luego se comprende que ni 
aun son dignas de tomarse en consideración. Y lo 
peor de todo es que muchas veces la palabra tiranía 
no ha brotado de la pluma ó de los labios de los cu- 
banos, sino que la han pronunciado y traeado hasta 
confruicion, hombres que blasonan de españoles y que 
no son otra cosa que unos declamadores vulgares, 
unos regeneradores de brocha gorda si no son otra 
cosa peor, y si sus declamaciones no son debidas á un 
interés sórdido é indigno. Estos malos españoles son 
los que han alentado con sn ejemplo á los enemigos 
de España, y sobre ellos debe caer la responsabilidad 
y el oprobio de su mala acción. 

En Cuba no se nos ha hecho justicia, porque se nos 
ha juzgado con gran pasión. Se ha confnudido lasti- 
mosamente los efectos con las causas y se ha hecho 
recaer sobre todas las torpezas y los desafueros de al- 
gunos. Esto no es justo, como no lo es condenar á la 
Administración por las faltas que hayan cometido al- 
gunos de sus representantes; pero en Cuba hay una 
mala levadura, cuyo fermento ha producido y produ- ■ 
eirá graves males: hay la costumbre de enviar los jó- 
venes á los Estados- Unidos para educarse é instruirse, 
en vez de enviarles á la Península, como parece natu- 
ral, y estos jóvenes, amamantados en su mayor parte 
con las ideas de anti-españolismo, acarician las uto- 
pías de libertad en aquel gran pueblo, sin saber apre- 
ciarlas, sin aprender á digerirlas; se asocian por lo 
común con filibusteros que les crean la vida facticia 



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fiel cnlusiasma hacia lo que consideran como un acto 
patriótico, ó imbuidos en estas ideas vuelven á su 
país, escasos de conocimientos, pues el que mas ha 
podido procurarse un diploma de dentista, pero cre- 
yéndose cada, cual im segundo Washington, con el al- 
ma llena de hiél y de odio hacia los españoles, que 
ningún daño les han liecho, y con la cabeza atestada 
de aspiraciones anexionistas ó independientes, de las 
cuales se constituyen en incansables propagandistas. 
Este es un mal grave, de mucha trascendencia; y 
que produce otro no de menor importancia. Los jó- 
venes, á falta de otro estudio mas útil, copian á los 
americanos precisamente en lodo lo que es malo, ad- 
quieren ese espíritu de independencia que los yankees 
tanto afectan tener, y cuando vuelven ásus casas has- 
ta han perdido el amor á Ja familia que es una de las 
bases mas ñrmes de la sociedad; estos hombres, va- 
gos unos, ocupados otros; pero todos fanatizados é 
insolentes; que reducen la sociedad á lo que sus aspi- 
raciones egoístas les dicta; que no ven todo sino bajo 
un prisma cimentado en el odio y el fanatismo mas 
absurdo; esos hombres son los que declaman y ense- 
ñan á declamar contra España; esos son los que, des- 
oyendo la voz de la conciencia, son el principal mó- 
vil de la gran perturbación moral y material que en 
aquel país se observa, y que como una lepra le ha in- 
festado, Y para todo esto, para arruinar á su país se 
han atrevido les enemigos de España á invocar la pa- 
labra patriotismo! ¡Imposible parece tanta insensatez y 
lanía insolfncia! 



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Hay e» Cuba oLm ina! gravisiniü y al (¡ne se debe 
en mucha parte la deagracia que sobre ella pesa. La 
instrucción pública, sobre todo la primaria y la se- 
cundaria, han distado mucho de corresponder á lo 
que tenianios derecho á esperar de los encargados de 
ella. La elección de maestros y de profesores en los 
institutos no ha sido muy acertada, asi que se han re- 
cogido muy amargos frutos deesta mala semilla. Unos 
y otros, en su mayor parte, han hecho traicúon á sus 
deberes, y lejos de inculcar á sus discípulos ideas de 
españolismo, en vez de haberlos enseñado á caminar 
por la senda de la religión y de la lealtad á la madre 
patria, les han imbuido en ideas disolventes, les han 
hecho escépticos y les han llenado sus jóvenes cora- 
zones de esas aspiraciones de independencia que hu- 
bieran debido combatir. Y lo que aprendemos cuando 
niños con dificultadlo olvidamos cuando adultos. ¿Oué 
se debia esperar de esas inteligencias tan mal diri- 
gidas, sino lo que ha resultado? V como si los profe- 
sores de los institutos hubieran querido conürmar con 
los hechos sus malas intenciones hemos visto con 
profundo dolor y con indignación que muchos de 
ellos, los mas han tomado parte activa en la insurrec- 
ción. Esto no necesita comentarios. 

Achaque es de la naturaleza humana presentar to- 
dos nuestros actos como impulsados por un agente po- 
deroso que les determina; si estos actos son dignos y 
honrosos nos esforzamos cuanto podemos en hacer 
alarde digno y honroso íambien de las causas¡impul- 
sivas de nuestras determinaciones, porque de este mo~ 



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do resalta mas la honra y prez que recogemos; si por 
el contrario nuestras accioncís son dignas de vituperio, 
entonces también hacemos alarde del móvil que nos 
impele, pero evitando moy cuidadosamente que aparez- 
ca con su fea desnudez , lo cual equivaldría á confe- 
sarnos culpables. La conciencia, ese sentimiento ínti- 
mo c|ue Dios ha puesto en el fondo del alma, ese juez 
severo de quien no podemos huir, que por todas par- 
tes nos persigue, que amarga todos nuestros goces, 
que superior al tumulto de las pasiones hace sentir 
siempre potente su voz, la conciencia, repetimos, nos 
presenta de relieve nuestro mal obrar y el remordi- 
miento que le acompaña; pero nuestra soberbia, si no 
consigue ahogar este grito; si deja que desgarre en 
secreto nuestro corazón y turbe nuestra alma, se es- 
fuerza siempre por alegar prelestos plausibles en apa- 
riencia para estraviar la opinión y hacer que se juz- 
gue por un prisma engañador. El trabajo está enton- 
ces reducido á apelar á toda clase de subterfugios y 
habilidades, hasta á la impudencia si necesario fuere, 
para saber presentar como bueno y procedente de 
buen origen lo que es malo y procede de una fuente 
Impura. ¡Guantas veces hemos visto prostituida de la 
manera mas vergonzosa la santa palabra patriotismo, 
que no ha servido sino de pantalla para ocultar indig- 
nas traiciones y ambiciosos planes! ¡Cuántas veces he- 
mos visto envueltos en el manto del patriotismo á 
hombres perversos y inmorales, á fanáticos y á escép- 
ticos, á aventureros^ atrevidos y á suspicaces podero- 
sos para saciar sus ruines venganzas ó para realizar 



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15 

sus reprobados proyectos aun á riesgo de iotroducic 
en la sociedad el desquiciamiento y la muerte! Mucho 
se ha abusado y mucho se abusará de la palabra pa- 
triotismo, sentimiento intimo grabado en el fondo del 
alma de todos los hombres honrados , y que cuanto 
mas se le invoca y se vocifera; cuanto mas alarde ino- 
portuno se hace de él, tanto mas se le arrastra por 
el lodo y se le prostituye, tanto mas se le miente, por- 
gue ó se convierte en repugnante patriotería ó es un 
velo que oculta un gran fondo de iniquidades. 
? La rebelión que ha tenido lugar en la isla de Cuba 
constituye indudablemente uno de los hechos que con 
inas severidad calificará la historia porque es un deli- 
io de lesa nación; ni este acto ha sido digno ni honro- 
80, ni está justificado el tema que ha servido de pre- 
íeslo para tamaña maldad. Maldad, si, y grande ha si- 
do lo que en Cuba se ha hecho; maldad grande ha si- 
do encubrir las intenciones mas depravadas con el 
manto del patriotismo. La máscara, sin embargo , era 
demasiado grosera; pudo por muy corto tiempo ocul- 
itar un gran fondo de perfidias y traiciones; pero su- 
cedió lo que siempre sucede en estos casos, cayó la 
máscara y la rebelión se presentó con toda su defor- 
midad. 

iQué entienden por patriotismo los que han invo- 
cado este noble título para rebelarse contra España? 

E! patriotismo tiene su base en los deberes de ciu- 
dadano; en el amor á la patria llevado hasta el sacrifi- 
cio; en la obediencia á las ¡leyes; en el respeto á tas 
autoridades constituidas; en el honor y en la lealtad. 



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liüs <iLie hítn leviiiitado itna Lttndera iiiaensata úc iii- 
depeuciahaii faltado abiertamente á todos estos debe- 
res y por tioiisiguleiit)! no sou patriotas sino enemigos 
declarados de la patria. 

Han faltado á sus deberes do ciudadanos introdu- 
ciendo la desmoralización y ía perturbación erj la so- 
ciedad de que formaban parte; al amor de la patria 
que barí sumido en los horrores de una guerra fratri- 
cida, sembrando por todas partes la desolación, el lu- 
lo y el llanto; á la obediencia á las leyes que han con- 
culcado con asesinatos, depredaciones y violencias de 
toda clase; al respeto á las autoridades que han des- 
obedecido, resistido y caliücado de la manera mas in- 
digna; al honor y á la lealtad por último, faltando á 
compromisos y empeños solemnes con una doblez y 
una falsía de que habrá po(«s ejemplos. ¿Exageramos 
el cuadro? Pues que cada cual, con la rtiano puesta en 
el corazón, diga si esto no es el compendio de la in- 
surrección; que los bombres imparciales y á quienes 
la pasión no ofusque digan si esto es la realidad ó un 
cuadro que componemos. 

¡Patriotismo! ¿De cuándo acá puede calificarse co- 
mo tal un acto de demencia de una provincia que so- 
lo porque se le antoje quiere separarse de la madre 
patria? Porque la isla de Cuba es una provincia de Es- 
paña, que forma, una parte integrante de su territorio 
en la cual, de derecho, no hay cubanos ni peninsulares 
sino españoles, ¿Con qué titulo, pues, una parte do 
estos quiere atribuirse un predominio irritante esclu- 
yendo á los demás? Peninsulares ó insulares tienen un 



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tuismo oriyeti, desujeiideii lie cs^iañoles (¡llij ]iari ido 
ú Cuba á proporcionarse medios de vivir honradamen- 
te, que con el sudor de su rostro y su inteligencia han 
ronseguido crear fortunas masó menos considerables, 
y no liay motivo para qne, a la mentida voz del pa- 
iriotismo, se haya tratado de levantar entre nosotros 
fsa barrera de desvio é independencia que la razón 
condena. 

Cuba no es exclusivamente do los cubanos, quienes 
jii la ban conquistado ni ia tienen por juro de here- 
dad, ni mas dereciho á ella que los peninsulares; Cuba 
i'S de España y do todos los españoles, como lo son 
las demás provincias españolas de los Cubanos y 
todo acto que atente á la desmembración de! terri- 
torio es ini crimen; y la traición y el crimen nunca 
pueden convertirse en patriotismo. Según la teoría de 
los rebeldes seria un acto patriótico que una provincia 
de cualquiei' país se apartase de la unidad nacional 
solo porque los ([ue la Jiabitasen hubiesen nacido en 
ella. ¡Admiralile modo de discurrir! Y sin embargo, 
asi discurren los rpie guiados por el ciego fanatismo 
1) por pasiones aun mas vituperables han osado alzar 
una bandera de rebelión. 

A los insensatos causa de todos los males que so- 
bre esta Isla han caido nada les diremos; no haremos 
sino lamentar el error en unos y anatematizar la des- 
leal conducta de todos, Tampoco diremos nada á los 
hombres de buena fé que han podido apreciar debida- 
mente cual es el patriotismo de sus hermanos que han 
arruinado su propio pais. A los incautos, á los crédu- 



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ios, á los (¡ue se han dejadí.) arrastrar po!' falaces ¡iro- 
mesas que les handesluTnljrado;á los que sin tener aun 
el alma cancerada, han abandonado sus casas y sus 
famüias trocando la felicidad doméstica por una vida 
azarosa y de bandidos, á estos les diremos que vuel- 
van sobre sí y contemplen la obra de destrucción (i 
que han contribuido; que no crean otra vez á los que les 
halaguen, porque sus promesas y sus halagos son 
mentira y solóles buscan para que les sirvan de ins- 
trumento á fin de realizar la elevación con que sue- 
ñan; que su bienestar y el de sus hijos consiste en los 
bene0cios de la paz que desarrolla la riijueza pública 
y privada; que este don inapreciable solo puede conse- 
guirse con la obediencia al gobierno español, á las le- 
yes y á las autoridades; que esos hombres que han ido 
á sacarlos de sus hogares invocando un mentido pa- 
triotismo no han hecho sino prostituir esta pala- 
bra para cubrir con su manto sus iniquidades; que 
los hombres que, sordos á la voz de la razón, no es- 
cuchan los consejos desinteresados que se les da para 
prevenirles contra las asechanzas, ó apartarles del mal 
camino si le hubieran emprendido, son dignos de vi- 
tuperio y del mas severo castigo, porque esos hom- 
bres no tienen entrañas, ni sentimientos de moralidad 
ni de honor. Les diremos, por último, que la prospe- 
ridad de su país está tan íntimamente ligada con la 
sombra que le presta el pabellón español, que si al- 
gún dia llegase á faltarle aqueUa, no habría mas que 
los horrores de la mas espantosa anarquía, üue medi- 
len un poco en ello y vean quienes son los enemigos 



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de Cuba; si los que llamándose sus defensores, no lle- 
van por todas parles sino la desolación y la mina , ó 
los que á la voz de España defienden las personas y 
propiedades, reedifican los pueblos incendiados por 
los rebeldes, no vejan ni saquean y han ido á aquel 
país á restablecer la paz y la tranquilidad que sus 
propios hijos !e habían arrebatado. La misión de 
España en Cuba es y siempre ha sido eminentemente 
protectora. 

^Ha correspondido la Isla de Cuba á lo que España 
tenia derecho á esperar de ella? Sí y no: si ha corres- 
pondido digna, honrosa, noble y hcróicamenle la 
gran masa de penninsulares que existe en la Habana 
y en las demás poblaciones de la Isla, y los insulares 
que tienen que perder y guiados por el buen sentido 
comprendieron lo que signiücaba la rebelión. No ha 
correspondido, y forzoso es decirlo por amargo que 
sea, la gran masa de población , especialmente en ios 
departamentos Oriental y Central, donde, con las es- 
cepciones antes dichas, la rebelión ha tenido su origen 
y toda sus simpatías. El departamento Occidental ha 
saltido preservarse algo; pero allí también ha habido y 
hay grandes simpatías bácia la rebelión, y allí se han 
hecho también manifeslaciones armadas y desleales 
después de una calma aparente é hipócrita. Con 
indignación hemos visto la manera insidiosa con 
que se ha tratado de estra^iar la opinión en 
España, por hombres arteros y desleales quienes 
han hecho grandes esfuerzos, no sin resultado, para 
propagar la creencia de que la insurrección era una 



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cosn sin imporlancia, y que en cllíi nii Iiahia iumado 
parle sino la minoría de la población. No es cierto; la 
rebelión lia sido grave dnsde (iiio se la dnj(') desarro- 
llarse, y onclla ha toinadti parle activa ú laborante, 
mucha, muchísima parte de la población criolla. No 
se debe dar crédito á las manifestaciones desleales é 
interesadas de los que, encnbierlos enemigos de Espa- 
ña y por tanto mas temibles, disfrazan la verdad y 
hat'«n (jue el país haya formado esa idea tan equivo- 
cada acerca de la rebelión cubana. Ht^mos recibido niia 
lección muy dura, no nos hagamos ihisiones; loque 
importa es que no sea perdida, y que encontremos en 
ella el medio de que caiga la venda de los ojos de mxi- 
ahos que de buena fé han creído en las palabras de 
nuestros arteros enemigos, y de qnc escarmienten los 
que llamándose españoles lauto han contribuido á 
preparar y á realizar la rebelión. Que la sangre derra- 
mada, que las pérdidas sin cuento ocasionadas, que 
las fatales consecuencias de lan inaudita ingratitud 
caigan como estigmas indelebles eo la frente de los 
autores y cómplices del delito úv lesa nación í[ue to- 
dos deploramos. 

Lejos de nosotros la idea de suscitar odiosidades 
contra la isla de Cuba que es una parte integrante de 
España; pero forzoso ea reconocer que ha habido mu- 
cha ingratitud (i la madre patria de una gran parte de 
su población. ¿A qué debe Cuba todo lo que es sino á 
la sombra que le presta el pabellón español? ¿Qué ha 
pedido hasta ahora Cuba que no se le haya dado con 
pródiga mano siempre que la petición haya estado 



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iJeutro de los liraileü tic lo conven ic ule y lo justo? 
¿Qué agravios fundados puede alegar contra una na- 
ción que la considera como provincia española, que ln 
dá lo sangre de sushijosy no le pide la de ios suyos; 
que admite á los cubanos á todos los cargos públicos; 
que lia dado al país una intervención directa en sus 
presupuestos y en todos los ramos de la administra- 
ción por medio de un consejo compuesto de las nota- 
bilidades de la Isla? Y en cambio de esto España no ha 
recibido sino ultrajes sin cuento, acusaciones indig- 
nas y ofensas que ba olvidado, porque una madre no 
se acuerda de las ofensas qtie recibo de sus hijos. Cuba 
nos ha lanzado al rostro la palabra independencia 
como un reto á muerte, porque cuestión de vida ó 
muerte es todo atentado contra la integridad del ter- 
ritorio español, y por esta muestra de gratitud se pue- 
de juzgrr acerca desús intenciones: España ha recha" 
zado la fuerza con la fuerza y ba vencido en todas 
partes á los rebeldes porque tenia la razón y la justi- 
cia; pero ha vencido sin ira y sin saña; ha castigado 
para corregir, no para vengarse, porque una madre 
no se venga de sus hijos. La palabra independencia ha 
lastimado profundamente ol corazón de la madre 
patria, y al considerar tan grande estravio, lo primero 
que hizo fué dirigir palabras depazyde concordia para 
volverá traer á su regazo á los que voluntariamenU; 
huian de él, porque una madre antes que castigar á sus 
hijos extraviados, los busca para atraerlos á si por 
medio del arrepentimiento. Esto hizo España, y sin 
embargo se la ha rechazado siempre, y sus desnatura- 



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lizados hijos le han repetido una y mii veces ia pala- 
bra independencia. ¡Desdichado país si á tal extremo 
llegase! La independencia es una palabra mágica que 
ha inspirado actos de heroísmo á los pueblos que se 
han inmortalizado defendiéndola de extraños opre- 
sores; pero aplicada é Cuba es una palabra vacia de 
sentido; es un desvario que solo cabe en almas ambi- 
ciosas ó en cabezas dcsiituidas .hasta del mas lijero 
átomo de sentido común. La independencia en Cuba 
seria la anarquía y después ]a dominación de la raza 
negra. 

Seria la anarquía, porque si por su mal llegasen á 
conseguir los cubanos su independencia, estañan uni- 
dos por interés común para conseguirla; pero el dia 
del triunfo seria el principio de su disolución, Que, 
¿no tenemos bien á la vista el ejemplo de las repúbli- 
cas hispano-americanas'íAlIi, donde la imaginación es 
tan viva, donde las veleidades constituyen la parte 
mas esencial del carácter de la población, se sucede- 
rían los jefes con una rapidez asombrosa, y para cada 
sucesión de mando habría necesariamente una revo- 
lución. ¡Y qué revolución! Los que hemos presenciado 
la que ha desolado los campos de Cuba podemos juz- 
gar de lo que seria. 

En Europa una revolución se hace por un levan- 
tamiento, por una lucha entre dos partidos, pero lu- 
cha franca, leal y de frente en la que se respeta al que 
no se mezcla en nada. En Cuba, revolución es sinóni- 
mo de devastación, de saqueo, de la licencia mas des- 
enfrenada y de la desmoralización mas profunda. Un 



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¡laís (jue viviese sisleniáUcamente en mcríio áe lalps 
(lesúrdeiies ;no seria un país anárquico? \ luego las 
ambiciones, ese venero inagotable de intrigas y trai- 
ciones, enervarían la fuerza de todo gobierno. One 
contemplen los cubanos que no hayan perdido la ra- 
■/.on lo que está sucediendo en la vecina república de 
Sanio Domingo, y deduzcan de este ejemplo lo qne les 
sucedería eldia de su independencia. Desde que Es- 
paña abandonó á su suerte á la isla Española, que con 
lanta ingratitud como perfidia pagó nuestros favores, 
no ha dejado ni un solo diade estaren revolución; los 
partidos, tan pronto vencidos como vencedores, siem- 
pre en conspiración, siempre en lucha, lian aniquila- 
do el país, y no han hecho otra cosa mas que derra- 
mar torrentes de sangre y retroceder poco menos ai 
estado de la barbarie. Hoy en las calles de Santo Do- 
mingo crece la yerba como en el campo; las casas es- 
tán cerradas ó se derrumban porque no hay nadie 
que detenga su ruina; los caminos han desaparecido 
y apenas hay sendas de travesía; en todas partes no 
se -ve mas que la miseria mas horrible, la desmorali- 
zación y las concusiones de que aquel desdichado 
país está siendo victima. IjO efímero del mando de los 
jefes de la república y de los que les rodean, hace 
que no puedan atender á nada mas que á su pro- 
pio proveclio, porque carecen de fuerza moral ante 
las facciones que por todas partes les acechan y les 
combaten, y el poder constituido no es mas que un 
escarnio de la autoridad. ¿Porqué los cubanos no se 
miran en este espejo? Hace poco mas de un año que. 



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plisando iiüsoln>s por San Lo Domingo, un dominicano, 
pariente del presidenle del Congreso, se ombarcó con 
nosotros; hablando del estado di' la república nos di- 
jo que tales eran los desengaños que se liabian sufri- 
do, que en toda la isla se suspiraba por volver á ser 
españoles; arrepentimiento tardío, pero que deraos- 
tralia la sima profunda en que, por su desgracia, ha- 
bla caído el país. 

No se hagan ilusiones los cubanos; si son algo, si 
pueden mantener en la obediencia á cerca de 400.000 
esclavos lo deben, no á sus propios recursos, no á su 
fuerza moral y material, sino á la que les presta el 
amparo de España. El diaen que las dos razas blan- 
ca y negra se encontrasen solas frente á ívewie, ¡creen 
los cubanos que no serian irremisiblemente arrolla- 
dos por el empuje de los negros? Si no lo creen esláii 
en un error lamentable. Además, y no se olvide esto, 
hay en el Sur de los Estados -Unidos una ¡nmensíi 
masa de libertos negros que a!li estorban, que se en- 
cuentran mal, que están en conlinua y desventajosa 
lucha con los blancos, que no pueden ir á Liberia 
porque allí no caben, y los Estados Unidos verían cotí 
gran placer un desagüe de esta marea en la isla de 
Cuba que ya no tendría la protección de la bandera 
española. ¿Tan ciegos han estado los fautores de la re- 
belión que no han visto estos peligros? /Hasta tal 
punto ha llegado su imprevisión (¡ue no han cora- 
prendido que los halagos que encontraban en los Es- 
tades-Unidos, que la protección con que el filibustfl- 
rismo lesbriiidaba, era un.i protección iri!eresada? Por- 



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■¡lio como nos liemos propuesto decir ia verdad, no 
podemos ocullar que la rebelión cubana ha encontra- 
do simpatías y auxilios en los Plstados-línidos por es- 
píritu de filibnsterismo y con la esperanza de (jue, 
madura ó no la pera, al fin liabria de ser un juguete 
de los americanos. Aludimos á una alegoría publicada 
en los Estados-Unidos, en que la isla de Cuba ligura 
ser una pera que un yankcc iba á coger; pero otro le 
decía que esperase á que estuviese madura y ella 
misma cayese por su propio peso. 

Play mas; aparte deltemor i|ue debe tenerse á la 
irrupción de la población negra de los Estados- Unidos 
en esta Isla, existe tamliien la amenaza constante por 
la parte de Hailí, (¡ue no por ser de ima república pe- 
queña delje ser despreciable. AUi se tiene concebida 
la idea de que la isla de Cuba ha de pertenecerles el 
dia en que deje de ser provincia española: siendo pre- 
sidente de aquella república Boyer, siempre que en 
aquella Isla se violaba la ley prohibitiva déla trata, de- 
cía con regocijo: «Se lia aumentado nuestro ejército 
con tantos hombres.» Palabras graves que denotan 
iniaamenaza y patentizan ([ue hay rmidad de miras, y 
(juizás acuerdos entve unos y otros negros para poner- 
los en práctica llegado que sea ol momento favorable, 
que seria el en que la Isla se encontrase consumida 
interiormente con la anarquía y desenfri'no de las |)a- 
siones- 

Pero si la ceguedad y la mala fé de los enemigos 
de España han sido tan grandes, no han debido olvi- 
dar que hay en la isla de Cuba un considerahl'' níi- 



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■-'0 
moro de piininsulares y inudios insuiariís (¡ucí nn n;- 
iiiegan de su patria; (¡un siem})ro están dispuestos á 
sostenor su lustre á costa de los mayores sa(;riflcios, 
con las armas y sus bienes, como en esta ocasión so- 
lennne lo han licclio, cuii el desinterés y la abnegación 
del verdadero patrioUsmo; y por último, que en Espa- 
ña sohran dignidad y recursos para aniquilar una re- 
belión que no tiene mas razón de ser que la ingratitud, 
el fanatismo y las pasiones mas mines y miserables. 
No han debido olvidar tampoco que España, desgra- 
ciamente desgarrada por la lucha de los partidos po- 
líticos, cuando se trata del lionor nacional , solo tiene 
una handera, alrededor de la i-ual van á agruparse to- 
dos los partidos, dejando á un lado sus odios y sus 
animosidades. Torpemente jK.'nsaron los que creyeron 
que podrían utilizarse de nuestros disturbios interio- 
res para clavar un puñal alevoso en el seno de la ma- 
dre patria. ¡Ojalá que España hubiera despertado antes 
de su letargo! ¡Ojaláqueenlas altas esferas del gobierno 
y en el pueblo no se hubiesen tratado de desfigurar 
la gravedad que desde un principio tuvo esta insur- 
rección! ¡Ojalá que en España hubiera habido menos 
optimistas, y en vez de proclamas, alocuciones y con- 
cesiones se hubiera enviado desde luego, de una sola 
vez una fuerza respetable de tropas, que á buen se- 
guro no hubieran tardado en aniquilar la rebelión que 
existia, y no hubiera permilido que se propagase, 
como desgraciadamenLe se propagó! ¡Ojalá hubiera 
habido mas energía y menos miramientos con los 
enemigos de España! Lluandi* Ja cizaña invade un 



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campo lio hay mas remedio que arrancarla lo raay 
pronto posible, F?oi)ena do que cuando se quiera acu- 
dir á remediar el mal ya sea tarde. Tenemos una gran 
satisfacción, y es que España, siempre noble y gene- 
rosa, no solo no ha abusado de su fuerza en esta lu- 
cha fratricida, sino que en todo ha procedido con una 
moderación digna del mayor elogio. Forzoso ha sido 
hacer algunos escarmientos y adoptar medidas de se- 
veridad contra los rebeldes y sus auxiliares ; ¡¡ero eso 
no ha sido arbitrario, sino preciso hacerlo, por la ley 
de la propia conservación. Y en este punto creemos 
que no nos ciega nuestro amor patrio; lo mismo dirán 
los que enterados de los sucesos los juzguen con rec- 
titud é imparcialidad, sean nacionales ó extranjeros, 
por mas que no estemos muy acostumbrados á que se 
nos Irate, no solo con justicia, pero ni aun siquiera 
con benevolencia. 

En medio de los disgustos que todos los que de 
españoles y leales nos preciamos hemos sufrido con 
la desatentada rebelión que lia ensangrentado los cam- 
pos de aquel hermoso país, es verdaderamente conso- 
lador el espectáculo que hemos presenciado al ver la 
actitud decidida y enérgica de toda la gran masa de 
peninsulares que puebla la Isla y contribuye podero- 
samente con su industria y laboriosidad á desarrollar 
los gérmenes de su riqueza, líetrocedamos un poco; 
volvamos la vista á los sucesos pasados y veremos 
hasta qué punto es fundada esta apreciación . 

Estalló la insurrección en Vara, y poco se tardó en 
conocer cuales eran las ¡níeiicioncs úc los rebeldos. 



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La voz lili ¡iidopiüiilcncia resonó en los caiii[ioR y al 
mismo tiempo contesLó ;'i este grito de scdicirm otn) 
mas potente y que siempre ha resonado con la victo- 
ria, el de ¡ Viva- España ! Inslantiineamente en todas 
partes los españoles se agrui)aron alrededor de las 
autoridades; les ofrecieron sus fortunas si necesarias 
eran, y empuñaron las armas formando esos batallo- 
nes de voluntarios í.[Ut' iian sido imo de los mas po- 
derosos baluartes ante los cuales se ha estrellado la 
rebelión, ¿Qué podremos decir ante el entusiasmo de 
que todos,herpos sido testigos, que no sea frió y páli- 
do? Existen situaciones en la vida que no hay palabras 
bastantes para describirlas; en que el alma se limita h 
sentir, y eso es cabalmente lo que nos sucede en esla 
ocasión . 

¿Para qué hemos de cíeñiruos á determinadas po- 
blaciones? Desde la Habana con sus numerosos bata- 
llones de voluntarios, con sus cuerpos de moviliza- 
dos terror de los enemigos, con sus cuantiosos recur- 
sos pecuniarios ofrecidos de buena voluntad al (Go- 
bierno, hasta el caserío mas insignificanfe, en todas 
partes donde ha habido peninsulares, la voz de la pa- 
tria se ha alzado fuerte y poderosa para aniquilar al 
enemigo de España y por consiguiente de su propio 
país, que también invocaba el pal viotisrao, pero falso y 
egoisla. 

Allí los voluntarios han empuñado las armas no 
por ningún partido político, no para combatir por una 
bandería, no para ser una remora á la acción del go- 
bierno, sino para defender á España y los intereses 



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españoles. Los voltiiitarios de la isla de fJiiba ajenos á 
odios y animosidades de partido sehart ütiiitado á 
levantar muy alto la handera de España, porquu allí 
afortunadamento no ha entrado hasta ahora para na- 
da la lucha de los partidos políticos, y desgraciados 
nosotros el dia en que entre. Hoy no hay en Cuba mas 
i[ue españoles, mas que heimanos; hoy los peninsu- 
lares no tienen tubs f]ue un solo pensamiento, un solo 
objeto y un solo fln; el dia en que los partidos llega- 
sen á invadir aquel terreno, lo que Dios no permi- 
¡a, entonces habria concluido la unidad y nuestros 
enemigos serian los únicos que se aprovechasen de 
nuestras divisiones. Los voluntarios han salvado la 
Isla porque estaban unidos, y los voluntarios me- 
recen bien de la patria. Uiiien otra cosa dígales ca- 
lumnia. 

Antes de entrar en la historia de la insurrección 
cubana, fuerza es retroceder un poco, y decir algunas 
palabras acerca del estado de la Isla. En 1851 los ene- 
Tnigos do España intentaron la loca empresa de la eman- 
cipación de Cuba, para lo cual se asociaron á una banda 
<le mercenarios piratas con un general digno de mejor 
suerte, porque se reconocían impotentes para llevar á 
cabo por sí la empresa; sabido es cual fué el desenla- 
ce que tuvo esta temeridad, y que rechazados, presos 
ó muertos en brevísimo tiempo todos los filibusteros 
concluyó la rebelión no bien habia empezado. El ge- 
neral Concha que mandaba entonces en la Isla pres- 
t<') un señalado y eminente servicio á España, servicio 
que no podrá olvidarse, evitando con sus acertadas 



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disposiciones y su energía males como los que ahora 
tenemos (jue deplorar. 

Pero si bien es cierto qne la revolución material 
fué batida, lo es asimismo i.[ue quedaba en pié la re- 
volución moral que había venido realizándose; se so- 
focó el incendio que tan amenazador se presentaba; 
pero no quedó estinguido por completo. Entre las |ce- 
nizas quedaban ocultas chispas y no se necesitaba si- 
no tiempo y perseverancia para quese convirtiesen en 
teas de incendio; tiempo y perseverancia tuvieron los 
que manejaban la intriga, y desde aquella época, 
bajo una forma ú otra, con hipocresía unas veces, 
con desfachatez otras, no dejaron de conspirar. Se 
conspiraba en Cuba, pero de una manera vergonzante 
y en la oscuridad de las sociedades secretas; en los 
Estados-Unidos estaba en acción permanente la socie- 
dad republicana de Cuba y Puerto-Rico, y en una es- 
pecie de proclama que publicó en 1866 se escitaba á 
estas provincias á la rebelión, y se les decia que en esta 
noble y sublime empresa era preciso que el rico apron- 
tase su dinero, el fuerte su heroico brazo, y el sabio su 
consejo; que la sociedad republicana estaba resuelta á 
moverse y hacer sentir su influencia en todos los án- 
gulos de las islas de Cuba y Puerto-lUco; que nada se 
ganaba con las contemplaciones y todo se perdería con 
la inacción. Entonces se decia por D. Juan ManuelMa- 
cias, sucesor de Morales Lemus, y á la sazón presidente 
de la sociedad, que para discutir con los tiranos y sus 
secuaces no se debían emplear otros argumentos que 
loselocuentisiinos delmachetey los decisioos de/ canoa. 



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Pues bien no era fisto solo lo que preparaba la 
rebelión que venia organizándose, sino que también 
nosotros con nuestra tolerancia, con nuestra falta de 
habilidad y con nuestras exajeraciones hemos contri- 
buido no poco á que se sostuviese un espíritu que eu 
nada nos era favorable. Escritos inconvenientes en pe- 
riódicos peninsulares é insulares; declamaciones apa- 
sionada y hasta sediciosas contra lo que se llaoiaba 
la tiranía del gobierno español imprudentemente to- 
leradas; esa multitud de sociedades secretas que tan 
en moda están en América y que son un grande y 
constante peligro para España; todo esto ba venido 
lal)rando lenta pero seguramente en los ánimos de los 
insulares, quienes además tenían la propaganda que 
casi en público bacian los agitadores. He aquí como 
indirectamente y sin ([ucrerlo liemos venido nosotros 
á contribuir al mal que se estaba preparando. Gober- 
nar es gobernar; tan malo es abusar del poder tira- 
nizando, como tener demasiada longanimidad y tole- 
rar lo que se debe reprimir. 

Sin considerar mas que la superficie, impulsados 
por uua engañosa apariencia, se miró á aquel país con 
escesiva confianza y se disminuyó considerablemente 
la guarnición de la Isla, y esto fué un mal cuyas con- 
secuencias acabamos de tocar. ¿Se ignoraba por ven- 
fura que, como dice el general Serrano en el proyec- 
to de reorganización de este pais remitido al Gobier- 
no en 1860, entre algunas de las personas mas ricas y 
mas ilustradas de la Isla se desdeñaba la diputación 
á las Górtesv ¿No se sabia que habia fructificado mii- 



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chü lii idea do la jiiilOLiomia tan iiu|ii'udeiilonienLü 
lanzada con mas ú meiius descaro, y que se rechazaba. 
ya lo que se llamaba asimilación á España como pro- 
vincia españolaí Puch con estos precedentes, cuando 
se debía tener la previsión necesaria para lo futuro, 
en vista de las nuevas aspiraciones que sin rebozo se 
publicaban, no creemos prudente la reducción que 
se hizo en el ejército de la Isla, porque era de su- 
poner, por mas que otra cosa creyesen o afecta- 
sen creer espíritus opümistas ó interesados, que 
habia de llegai- en época no remota la crisis ifne ahora 
ha llegado. Sensible es lener que sostener el orden 
con ia punta de las bayonetas, pero eso y no otra co- 
sa es preciso hacer con un pueblo sistemáticamente 
descontentadizo; que sin aspiraciones fijas ni determi- 
nadas, tan pronto es anexionista, como independiente, 
como autónomo, sin mas norte ni guia que lo que 
creian contrario á España. Duro es decirlo, pero lü 
verdad es casi siempre dura. 

Es indudable que desde hace mucho tiempo venia 
organizándose y preparándose la rebelión, y así se ha 
reconocido y confesado en proclamas y manifiestos 
que los cabecillas han publicado. Según ahora todo el 
mundo sabe, los revoiucionai'ios tenian su junta cen- 
tral en la Habana, en combinación con el comité de 
los Estados-Unidos, y otras subalternas dependientes 
de aquella en Santiago de Cuba y en Puerto-Príncipe. 
Santiago do Cuba, capital del departamento Oriental, 
población rica, comercial y de gran importancia, no 
era afecta en su mayoría al movimiento que se pro- 



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yeclaba, pero si lo isi-a, el reslo del deiuirtaniüiilo. 
Puerto- Príncipe, capiíal di'l deparianiento Central, 
entraba en su inmensa mayoría en las miras revolu- 
cionarias. En el departamento Occidental, cuya capi- 
tal es la Habana, el mas poblado, rico é inujoriante, 
habia su agitación sorda y i>oco pronunciada en apa- 
riencia, pero no por eso menos pelii^rosa, ponine sn 
actitnd podia contribuir á inspirai' ima confianza en- 
gañadora qu(! distrajese la aleiicion con la ausencia 
aparente del peligro. 

Kii la Habana, punto donde la conspiración tenia 
su principal asiento , la rebelión babia de ser siempre 
impotente traduciéndose en vias de hecho, porque 
ios rebeldes sabían que habrían de encontrarse frente 
á frente con la f^narnicion déla ciudad, con la marina, 
con los volunfarios, y con una considerable población 
peninsular y bastante insular que babia de ser boslil 
á todo movimiento; pero si los muñidores de los ino- 
(inessabian esto, no ignoraban que su intluencla era 
poderosa en la isla porque representaJja la acción 
TOmhinada do los esfuerzos interiores y de los que en 
el exterior, eternos enemigos de Kspaña y envidiosos 
de que Cuba sea rica y próspera, trabajaban con in- 
cesante afán para saciar sus viles resentimientos, sus 
"imoMes aspiraciones y sus codiciosos planes. Haliía 
mucha hipocresía y mucha doblez; pero las ínfeiicio- 
ties no podían ser mas depravadas ni mas hostiles ¡i 
Hspaña. Desgraciadamente esto no es un juicio aven- 
turado, sino que lo hemos visto después conlinnadíi 
por los acontecimientos. 



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líl loco activo d(; la insurrección (islaiía en g1 de- 
partamento Oriental; y cerca de Bayamo, en un inge- 
nio se rcnnian los jefea sin que por nadie se les 
molestase. En Puerto-Príncipe fambicu se conspiraba 
casi abiertamente, y puede asegurarse que la mayor 
partf! de las personas de alguna importancia dol país, 
salvo ligeras y honrosas escopciones, eontriljuyeroii 
(;on donativos para la sonto cau-ia, como se la llama- 
l)a. El espíritu esencialmente hostil á España ipie do- 
mina en la parte levantisca de esta población, no es 
para nadie un misterio. Conocidos eran los agitadores, 
casi todos pereonas arruinadas y de los mas deplora- 
bles antecedentes, y sin embargo, se tenia con ellos 
nna tolerancia que no hay nada ([ue justifique,, 

El escribir estos apuntes, repetimos que no es 
nuestro ánimo dirigir inculpaciones apasionadas á na- 
die, pero no podemos dispensarnos de lamentar que 
con esa benignidad que tan perjudicial nos ba sido en 
tollas ocasiones, la tolerancia haya llegado á un extre- 
mo que, en nuestro concepto, nunca ba debido llegar. 
Todas las consideraciones deben tener limite. Es una 
verdad que está en la conciencia de todos los que he- 
mos sido testigos presenciales de los sucesos r[ue si 
hubiera habido la debida vigilancia y algo mas de 
energía, es muy de creer que las cosas no hubiesen 
llegado al desgraciado extremo que todos debemos 
amentar. La escesiva confianza produce, casi siempre , 
grandes males, y nosotros .somos muy confiados. 

Ya mal preparados los ánimos; fanatizados con la 
dí'sdicbada idea d'.' iiidepciidericia que, forzoso es de- 



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cirio, tanto halaga á mucha genio (le aquel país, que 
tan mal conocen sus intereses; explotada la sencilla 
credulidad de la gente de campo por esas personas 
aviesas y turbulentas, de alma corrompida, de corazón 
gangrenado, victimas de sus vicios, sin pudor, sin pa- 
labra, sin lealtad y sin honradez, que han venido á 
menos por sus desórdenes, y no quieren caer del pe- 
destal que se habían levantado, vino íi coronar la 
obra el sistema tributario. No le atacaremos en prin- 
cipio, porque somos partidarios de las contribuciones 
directas, que son la última palabra de de la ciencia, 
y porque con sus defectos y todo le creemos, refor- 
mado, muy superior y ventajoso al sistema rentístico 
que se ha venido siguiendo; pero aun asi, nuestra 
opinión es que aquel pais distaha mucho de estar con- 
venientemente preparado para recibir una innovación 
estemporánea, cuya trascendencia no comprendía y 
no veía sino por el lado malo. Es peligrosa toda in- 
novación radical si convenientemenie no se prepara el 
terreno para plantearla. Los agitadores que iodo lo 
esploiahan, que tal vez indirectamente contribuirían 
al planteamiento de la contribución con la esperanza 
de que produciría un grave conflicto, se aprovecharon 
con pasmosa habilidad del descontento que toda me- 
dida de esta clase produce, al menos en su principio, 
y le arrojaron como una tea incendiaria en medio del 
combustible que la traición y la perfidia tenían pre- 
parado. Esta tea produjo el incendio que durante mu- 
elle tiempo ha de llorar la isla de Cuba con lágrimas 
de sangre. El si:iteraa íribaíario fué ol pretexto, pero 



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!io ía causa eficiente y verdadera de; la iusurreccion 
que no nos cansaremos de repetirlo, muy de antema- 
no venia preparándose, y con este ú otro motivo hu- 
biera estallado. Las malas causas siempre necesitan 
prelííxto. 



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CAPITULO PRIMERO. 



■eccion de líara.^u Bignificacion y tsBdpncian,— Pruebas de ijuc 
ipre (ué anti-aspafiola.— Jsfea de la ¡DiurremdoL.— Plan de los reyol- 
>G frustrado.— Se apoderan de Bayamo.— Falta da tropas para la per- 
loion.— Se aumentan Ihk partidas ínsorrectaH.— Escesos <iuo cometen, 
indo de! general Lersundl. — Tictloa de los rebeldes.— Atacan fi Hol- 
1 y brillante defensa At: los españoli-s.— Bando de Cís|ie<l('?. 



iíl (lia in de Octuhre de 1868 se dio el grito de insur- 
rección en el pueblo de "Yara, situado en el Depai-tamcnto 
Oriental, donde se levantó una partida que se graduó en 
los partes que se dieron como de ochenta á cien hombres. 
El Capitán geneial, al comunirar la noticia, lo hizo de una 
manera que de«gi aciadamente no han justilica<lo los suce- 
sos; califlco el lipcho tomo una calaverada, y después se 
ha visto que no era e'-a la cahfiLacion que merecía; pero 
era lan absurdo el le\antimiento que verdaderamente na- 
die le dio impoitincia en sus piincipios y se le consideró 
como uua\erdadera iocun Fl 13 otra facción, que equi- 
vocadamente se supuso ser la de Yara, se presentó en las 
Tunas de Bayamo con propósito de atacar el pueblo; pero 
fui- vigorosamente rechazada por muy pocos soldados que 
le guarnecían, ayudados por vecinos honrados que les se- 
cundaron, arrojando heroicamente á un número de insur- 
rectos lo menos seis veces mayor que el de los valientes 
defensores de las Tunas. 



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La iiiPuiTecáüii, como antes hemos dicho, venia prií- 
parada de antemano, muy de antemano, y lo rarional era 
que sabiéndose ya el 10 de Octubre los sucesos de la Pe- 
nínsula, que el partido liberal estaba en el poder, y (¡ue 
el ÍJobierno provisional trataba de dar ciertas libertades á 
las Antillas, todo se hubiera suspendido si realmente no 
se aspiraba á mas que á conseguir libertades. Pero los cons- 
piradores no se satisfacían con esto, y todo cuanto en tal 
sentido se escribía y se decía, era por lo general un eco 
engañoso para distraer la opinión y hacer ijue se formase 
un juicio falso acerca de las aspiraciones de la rebelión. 
Tal vez algunos, los menos, creerian de buena fé que con 
las anunciadas reformas todo se aplacaría; pero grande 
era el chasco que se llevaban. L')s mas trataban de ador- 
mecer y engañar A la autoridad y al íiobierno con apa- 
riencias falaces y pérfidas, con el ñn de entretener, ganar 
tiempo y prepararlo todo á su sabor para conseguir sus 
desleales propósitos. Y es indudable que la revolución no 
solo trabajaba en Rnba, sino también tenia sus combina- 
ciones con Puerto Rico, y agentes diestros y activos en 
Madrid La insurrección que poco tiempo antes estalló en 
dicha Isla y tan vigorosa como prontamente t'uCt reprimida 
poi' el general Pavía, no era por lo visto una calaverada ni 
un hecho aislado. 

Si; con apariencias falaces y pérfidas se ha tratado de 
engañar, lo mismo en Madrid que en la Habana, que en 
los demás puntos de la Isla, donde es evidente que todo^ 
se habían dado el mismo santo y seña. Los que hemos es- 
tado en la Isla durante la rebelión somos testigos irrecusa- 
bles de reiteradas protestas de lealtad hacia Kspaña; de 
sentimientos que, según se espresaban, ni podían ser mas 
dignos ni mas elevados; de anatemas lan?ados contra los 
rebeldes; de maldiciones á la rebelión que arrníjiaba al 



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pais; y loilos los que lieiiius presenciado esto himius vÍ!-tij 
flespues cómo los mismos que asi se espresiiljaii, no solo 
estahaii de acuerdo con los rebeldes, sino que ellos hablan 
atraído la rclielion y eran sus priuoipaies sostenedores' 
Que hablen por nosotros los emigrados á los Estados- 
Unidos, muchos de los cuales, como Morales Lemus, Hra' 
niosio y otras, habían estado al iado de la autoridad mi» 
tiendo indignamente sentimientos que estaban lejos de te- 
ner, para mejor poder llevar ú cabo su traición. Que esto 
conste, que esto se sepa, qiie esto resalte, para que se vea 
de qué ai-mas tan desleales se han valido tos enemigos d;i 
España, para quienes no ha habido nada indigno ni veda- 
do con tal (jutí liaja podido contribuí!; para sus rcprabados 
planes. 

Lástima grande [n6 que iiu liuLieía podido reunií-sií 
desde el priinet- momento una íuerza respetable que Im- 
])iese caído en varias direcciones sobre los revoltosos; peni 
desgraciadamente no sucedió así por motivos que ignora- 
mos, sin duda por no liaber fuerzas disponibles al efecto, 
gracias á la fjran baja en que estaba la guarnición déla 
Isla y á la necesidad de no dejar desguarnecidos puntos 
importantes. Si nuestros informes no son inexactos, toda 
la guarnición no llegaba á ocho mil homlijís, y con tan 
poca gente poco ó nada podía hacerse. Resultó de esto un 
mal muy grande; y lejos de apagarse la chispa que había 
saltado, el inceudio cundió de una manera prodigiosa. Pa- 
rece que el alzamiento de Yara fué estempoi'áiieo, y se 
anticipó porque las autoridades habían llegado á descubrir 
algo de los manejos revolucionarios, y los comprometidos 
en ellos no tuvieron mas remedio que arrojarse al campo 
á probar fortuna. Pero demasiado se vio después que las 
ramificaciones de la conspiración eran mny grandes y 
aharc;ilian toda la Isla: qno hAbia nn plan geiicntl y se 



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D¡)i'aba spgun sus prescriiicioiieíi, y la lüise de fodas ellas 
ei'a la independcmcia, escln?ivamente la independencia. 
Nadie, entre los conspiradores, se acordata para nada de 
derechos políticos; quede esto Ijien sentado, ponjoe con- 
viene desde luego que aparezca espedito el terreno y íran- 
camente deslindadas las respectivas posiciones, y que des- 
aparezca la falsa atmósfera que por nnichos se ha creado. 
Y prueba de esta verdad y de que las reformas iio bas- 
taban á las aspiraciones de los conspiradores, sino que sus 
miras siempre habían sido de independencia, es una pro- 
clama publicada por la Soricdad repuhñmna de Cuba y Puer- 
to Ricti al principio de la insurrección, en la que seleeii es- 
tas notables palabras: 

(Jiiricmní ser libres ( inkppiilieníts qii rcmis sobumarnos 
|)or nofonc mibino': (jiirr itios elidir i niiiflro'. legisladores, ii 
ime-ilro íol urninl'.s 1 i iiiicbIio» jiílcls (jiiticmos (]uo senos juk- 
"1 1 ( ivil 1 no mililarmí ule queremos imponemos las contriliiicin- 
111,= t¡ i( 1( iipimos por convcnienlo queremos qiie el soldaflo deje il<' 
spi ( 1 eschvo <l la ordonaiiia i piso al rango de ciudadano, quere- 
mos que el gnajjro pueda ir j itnir i CiiJ i Binlieeueía del Capitán de 
partido qni n mos que ü Illanco el iieRro y l1 cIliuo sean ignalori 
T 1" I sni 8n1( Dlos qntrenios ser lo qne nnidos it Eíí- 

1 I seamos— americanos si qncremos separar 
l'spaiia como esl n separad is I is intereses, la 
( ogr-illca di ambos jiaísi a 
,Sd r r u )t. l -Hiladas reformas tslas legitimas ispiraeiones 
dilpatriolnciiltano' ; No? j Pues fnera las reformasl [aírala liborlad! 
jROhoii iiicompatkbks r\ leslro b tneslir i nuestra conveniencia con 
la Hiimn de Espanaf (,' ' i i Viva Cuba independien- 

lel iSo es inútil iin un modo pacifico y por 

hs bnenas nos core I ' lo que queremos y ne- 

<esitamos?jLo es?ili i j I \ vala patita libre! 

( ompati lotasi iSoldudoa du Ulilulad Ohicmohcon aquella mi>- 
1 i'acion que sea eompaUblc con la violencia qui nos obligan á eni- 
pleiriin tros opriMtes Ic-pdtm s la mujer e! nmo el aticiaim 



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■ii 

liabÍTSfilas sino con li»a enemigos. DerriliGmoa lo que calorbe nimslra 
marcha; pero respütcirios la propicdail privada, á meaos qu'' la nece- 
sidad nos compola ii tomarla, tcaicndo presente que la patria lia i!e 
remunerar por la pírdiila sufrida. Debe entrar eu las illas de los pa- 
triotas todo iiomlire capaa de llevar las armas, íi de ser de utilidad en 
la guerra, ó que pueda ayudar at cnomigo. ai se le deja á retafniar- 
illa, seaWaneo, sea negro, sea chino; fuerza es que marcho alimente. 
por aquel sabido principio, que en las grandes contiendas, el que no 
lista conmigo está contra mi. El nenlrul es i^ un coljardc miserable, ó 
un cnemiRo encubierlo, y la propia salud nos olili? a íi liacor con <A <li- 
modo que. si no nos baga bien, no nos haga daño. • 

Firma este dociinieiito la comisión centra) , y es indu- 
dable que íuó irnpi*eso en la ílabana ó en los ¡Ístados-Uni- 
(ios, poi' lo esmerado de la impresión; lo? hechos han de- 
mostrado liasta qué pimto los reheldes lian i-espelado las 
mujeres que han violado , los niños y los ancianos (;¡ue 
han asesinado, la propiedad privada que han incendiado, 
6 talado, ó saqueado, ó confiscado eu su propio provecho. 
Loque dice la proclama cou relación á los neutrales es una 
gran verdad: en las grandes crisis no cÁhe neutralidad, 
sino decidirse abiertamente en uno ú otro sentido, poi-que 
esto es lo que la nobleza y el honor exigen; lo demás ó es 
un acto de cobardía ó enti'aña iin pensamiento doble, dig- 
no de vilipendio. 

Púsose á ia cabena do los rcvoltüsos, con el titulo de 
generalísimo, un abogado llamado D. Ciiilos Manuel de 
fléspedes, natural de liayamo, homJn-e de travesura, pero 
cuyos antecedentes, como los de casi todos los jefes de la 
insnrreccion, eran poco envidiables, Segim se ve en su 
biografía, llegó su osadía íi un hecVio escandaloso que 
horroriza: dio de bofetones íí sn madre y disparó un tiro A 
su padre. Si os cierto, el rebelde Céspedes seria un móns- 
trno; también se le ha acusado de bigamo, puesto que al 
'■•ontraer matrimonio con una paneuta suya, ya se había 



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rasado eu París, i'areoe ([iie los grandes desórdenes de su 
vida le habian reducido á una siluaclon bastante apurada 
por las deudas que le abrumaban, resultando que el 10 de 
Octubre, en que se puso al trente de la insurrección, deliia 
inas de doscientos mil pesos; es decir, que estaba comple- 
tamente arruinado, y quería sobre sn ruina erigirse en 
salvador y regenerador de Cuba. Sn segundo, D.Francisco 
Aguilera, era un bonibiede escasos alcances, persona muy 
acomodada, peio que había ido perdiendo poco á poco su 
capital, gracias a su ninguna alicioii at trabajo , y se en- 
contraba muy compiouietido en sus intereses. Kubalcava, 
otro de los caliecillds, eia un hombre inquieto y turbulen- 
to, que gracias a la exaltación Je sas ideas , habia andado 
de una parte á otíd, peioOfíuido unas veces, huyendo otras 
sui persecución j '^.lenipie explotando su papel de víctima. 
Encausado por cuatrero y ialsario, fué condenado en re- 
beldía á presidio, sin ijue nadie se tomase !a molestia de 
])renderle, y eso que todo el mundo sabia la condena que 
sobre él pesaba. Estos eran entonces los jefes de las fuerzas 
libertadoras, sin contar otros subalternos de ignales o pa- 
recidos méritos y servicios. 

El 18 dio Céspedes su primera proclama en el pueble- 
cito de Ilarrancas, y en ella escitaba á todos los cubanos A 
apartaree con hoiTor de los españoles á ipaienes se debía 
hostigar por tod is paites con las iimas j el hambre, pri- 
vándoles do lodo dt, suei te que no fuesen dueños sino del 
terreno qne pisasen y unicluia a&eguiando a sus nuevos 
subditos que antes de ibandonai li causa cabana perecería 
diciendo Yiva C iba y muera Lipanai (Cía e'.to pedir re- 
formas? /Se había hecho li imuii ecmu en demandad? 
derechos políticos peí o peí maneciendo ( uba española? 

Según después judo i^uiguirse el p in de los levol- 
tosos eii ifiLii ■■ I multa unamente i lis luni'í Holguin. 



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■53 
Jiayamo y iMan/anillo, en cuyas poblaciones tenían iiiteli- 
gencias, sobre todo en ISayaiiio, ijiie estaha enteramente 
minado. El plan, en lo genei-al, se finstró íiracias á la in- 
trepidez y vigilancia de los jefes militares y demás autori- 
dades, sobi-e todo los alcaldes mayores de Manzanillo y Jlol- 
guin, y únicamente consiguieron apoderarse de'Bayamo, 
por descuido, según parece, portpie hahia fuerzas suficien- 
tes para resistir á un enemigo, aun que numeroso, mal ar- 
mado y desorganizado. Haljia ciento y pico de soldados de 
infantería, veinticinco caballos, los peninsulares , y con 
menos fuei'zas y con peores condiciones se resistió heroica- 
mente después liolguin duiauteun mes, siuíjue los enemi- 
gos hubieran podido apoderarse de los puntos defendidos. 
Entraron en Bayamo unos tres mil insurgentes , ipile- 
nes ayudados por la población, se apoderaron de los vein- 
ticinco <aballos; los infantes se encerraron un sii cuartel y 
trataron de defenderse, y en efecto, dui-ante dos o tres dias 
se defendieron, pei'o les faltaban víveres, se habia puesto 
fuego al edificio y se le hahia destechado por varias partes 
por donde les arrojaban materias inllamadas, hasta que 
tuvieron (¡uo enlregai'se, tpedando en clase de prisioneros. 
Desde entonces eslablecieron los i-ebeldes sus leales y su 
centro de operaciones en Bayamo; pubUcaron un papelu- 
cho que bautizaron con el nombre de periódico , tan in- 
mutido como insolente y mal escrito, eu que se vertía en 
lenguaje procaz y tabernario toda la saña ipie aquella hoi'^ 
da de bandidos al>rigaba contra los españoles, de cuya ge- 
nerosidad tan ampliamente han abusado. Escusado es decir 
que los prisioneros fueron tratados indignamente , sin 
cumplirles ninguna de las cláusulas de la capitulación . Al- 
gunos consiguieron fugarse á fuerza de dinero ó por la as- 
tucia; de los soldados de caballería que quedaron, once 
fueron ahorcados y después quemados. 



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Diiefios de Bayamo los vcheliios, bi ¡iiKiinoocion robro 
nuevos bríos, puesto qne este suceso aíentií mucho á los 
descontentos, y las noticiaw que estos drcnlahan, por na- 
die desmentidas, pintaban á la rehelion triunfante en todas 
partes, y este ardid dio sus resultados. Lts pocas fuerzas 
de que se podía disponer y que se enviaron contra los re- 
voltosos, unas tuvieron que limitarse á protejer los puntos 
no pronunciados, otras emprendieron la persecución; pero 
se trataba de un enemigo poco menos que invisible, que 
rara vez se presentaba y que liuia sin esperar el combate. 
Hubo algunos encuentros de escasa iniportancia, y en lo- 
dos ellos nuestras tropas batieron siempi'e á un número de 
enemigos lómenos cuadniplicado. Pero encerrados estos 
en montes casi impenetrables, prácticos en el terreuo, con 
confidencias seguras en todas partes, con facilidad desapa- 
recían para reponerse de sus descalabros y con la misma 
volvían á aparecer. Al mismo tiempo la corta fuerza qne ba- 
hía en las Tunas, al mando del capitán Machín, hacia pro- 
digios de valor, derrotando al enemigo, lomándole su cam- 
pamento con dos cañones y poniéndole en vergonzosa fuga. 

Las partidas engrosaban entretanto con cuantos perdi- 
dos habia, y se estendían de una manera prodigiosa en 
todo el departamento Oriental. Desde los primeros pasos 
demostró la insun-eccion cuales eran sus criminales ten- 
dencias, quemando, saqueando y destruyendo cuanto en- 
contraba perteneciente á españoles, y hasta ensañándose 
con las propiedades de sus compatriotas. 

lina partida se presentó en Manatí, y después de haber 
cometido toda clase de escesos prendió fuego al pueblo, 
que quedó reducido á cenizas , esrepto muy pocas ca.sas 
que se pudieron salvar: las familias que consiguieron es- 
capar llegaron & Nuevítas en la mayor desnudez, pues todo 
les había sido arrebatado por aqin^llos vándíilps. 



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El gfiíieial Lereiiiidi , en vista del sesgo que tomaban 
las rxjHas, publicó el bando simiienLe; 

«Turbado üI únloi» jiüblicn en algnuiis locaUdadcs liol d(?parlamüu- 
lo oriental ilc esta Tsla, prcíendlcndo trastorjiar Insurreccional y vLo- 
lentiinicutc la iiiaaera soeiul de exialir do los honrados liabitanles de 
Cuba, que con su laboriosidad y i la sombra ile la naeionalidad espa- 
ñola la lian sabido conditeir al grado envidial>le rtc prosperidad en 
(|up so encuentra, be considerado como el primero y mas alto de mis 
deberes acudir enérgicamente al restablecimiento de la paz, y con 
este objeto he dispuesto ocupar militarmente el territorio perturbado, 
adoptando cuantas medidas conducen al Un que franca y lealmente 
mauiTesté en mi alocución deldia 11 del corriente y qne pronto ser&u 
(innllrmadas por el Cobiorno Supremo: y siendo eondueenlc á este 
propósito robustecer la accíou llrme, ellcaü y pronta de la autoridad 
pública, para (|ne el castigo de los (pie pui'daa desoír la voa de sn 
delier sea tan ijcmplar y ejci:uffYO como las circunstancias exigen, 
lio siendo estas sin omliargo de tal (¡ravedad que demanden la noce- 
.sidad de un estado general de cscepcion que pueda lastimar intereses 
respiítaUes y auu preoenpar el ínlmo de los babilantes leales y hon- 
rados cnya tranquilidad, sosiego y libertad precisamente me propon- 
go protejer y asegurar: usando de las lacnltades (¡uc me conceden 
las leyes vigentes y con particularidad el real decreto de 2B de No- 
viembre de lBü7, veiiüo en decrítar lo siguiente: 

Articulo I." Las comisiones militares establecidas por mi decreto 
de 11 de Enero último, conocerán también desde hoy, con csclusion 
de toda jurisdicción y fuero, de los delitos de traición, de rebelión y 
sedición. 

Art. 2." Quedan iíü conaecueiieia sujetos al juicio y fallo de dichas 
comisiones lodos los que se alxaren pi'ibncnineiitr para destruir la in- 
legridad nacional, los que, bajo cualquier pretesto, se reliclasen con- 
tra el GoMenio ó las autoridades constituidas ó trastornasen de cual- 
quier modo el órieu público; los que redacten, impriman ó circulen 
escritos ó noticias subversivas; los que interrumi^ las eomunica- 
ciones telegráflcas; los que detengan ü intercepten la corresponden- 
cia pública; los qne destruyan las Tías férreas 6 pongan obstáculos 
enlosdemús caminos públicos para protejer á les revoltosos; los 
conspiradores y auxiliadores, cu Un, de lodos estos delitos, sus ciím- 
piices y encubridores. 



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Arl. ,1." Eli la Irainilatian. iln las cansas sií olisi.Tvarán los liTini- 
iios lircTos y pennitorLos mareados en las Ordenanzas del ejército, y 
en la designación <le las penas, laa leyes comunes del reino que rigen 
en esta provincia. 

Art. 4." Lo dispuesto en los artículos auterlores no dc^roga ni mo- 
diflca los bandos y disposicionCB que iiayan dictado íi dictasen, eu 
uso de su^ facultades propias, ó delegadas de mi Autoridad Superior, 
los gobernadores militares de los distritos en que la rebelión se lia 
manifestailo ó maniFcsIa^je ó los jefes de las fncmas que operan en 
ellas. 

Art. 5.'» Estas disposiciones cesarán por medio de una resotaclou 
especial que se publicará en la Garela tari ¡iroiilo wimo cr? tu los mo- 
tivos que me lian obligado á dictarlas. 
Habana. 20 de Octubre de I8H8.» 

Para poder Ijurlar mejor los rebeldes la pereeciiciou, 
se dividieron en pequeñas partidas, encargadas además de 
suhlevar la gente levantisca del país, empresa iiie les salió 
á las mil maravillas. Esto no impedia que cuando les pa- 
recía conveniente se renniesen en grandes grupos para al- 
guna empresa, volviendo á disolverse para ocupar el país. 
IjOs jefes de las partidas, además de Céspedes, Aguilera y 
Rubalcava, eran personas poco menos que desconocidas al- 
gunas, y otras demasiado conocidas por sus crímenes co- 
mo capitanes de bandidos y terror del depaitamento. Már- 
mol era un mayoral de ingenio, colmado de beneficios 
por su protector, quien al ñn tuvo (jue despedirle por su 
mala conducta. En pago de los beneficios que había leci- 
bido, quemó la finca de su bienhecJior y le causó todos 
cuantos daños pudo. Ayudábanles en su empresa, bajo la 
dirección suprema del abogado Céspedes, algunos domini- 
canos y mejidknos que habían sido invitados al efecto, 
contándose entre los primeros varios que cobraban sueldo 
del Cobienio espahol, como procedentes de las i'eservas de 
Santo Domingo. Los ingenios y ios cafetales les servían de 
guarida seguía, mantciiiendü siempre su comunicación 



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(ion Bayamo y el embarcadero de Cauto, poi' donde piidiau 
recibir auxilios del exterior, y que en efecto recibían. Por 
lo dem;ís, como los capitanas de [ ariido tuvieron que reti- 
rarse y no había mertic paii peisejíun efira7me«te á los 
insurgentes, estos aprovechaban el tiempo cuanto podían 
para coger caballos, aimarse y peitiechirse 

El 30 de Octubre los sublevados en numero de unos 
ti'es inil, entraron en Ilolguní cabeceía del juagado que 
lleva su nombre. Di^]glelon^e i la casa de dobieino, don- 
de se encontraba el Teniente dobpinador con sesenta sol- 
dados y cuarenta licenciados, y después á la casa fuerte, 
guarnecida por el comercio y varios peninsulai«s, entre los 
i[iie se contaban el Alcalde y el promotor fiscal, Bechazados 
en todos los ataques, á pesar del continuado fuego de cañón 
que hacían y de haber arrojado repetidas veces sobre los 
recintos grandes cantidades de lefia encendida, botellas con 
varios líquidos y brulotes, siempre fueron repelidos á la 
voz de ¡Viva España! Una Ijomba que afortunadamente se 
recogió, con treinta bomberos, prestó grandes servicios, 
auxiliada por los presos, que fué preciso destinar á estos 
tiabajos. Desde la espresada fecha hasta el C de Díciein- 
lire, en que llegaron tropas, permanecieron aquellos va- 
liente.s en tan crítica situación, distinguiéndose el Alcalde 
y promotor, quienes no solamente se batían, sino que car- 
gaban ladrillos y otros materiales para recomponer los i'e- 
dnctos que destrozaban las balas de caiion. 

Cuarenta y tantas casas fueron destruidas por las lla- 
mas, entre ellas los principales comercios, con notables 
existencias, que fueron sustraídas antes de incendiarlas, 
foi- supuesto que todas estas casas pertenecían á peninsu- 
lares que se encontraban en la casa fuerte defendiendo 
con sus pechos el honor de Espafia, Treinta y cinco mor- 
tales dias estu-vieron aquellos hombres sufriendo las raa- 



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yurés pi'ivacioneí, esperaiitlo ;iiixilios que no llef^^abaii, 
lio teniendo niuchos de ellos, como siiceóió al Alcalde y al 
promotor, mas ropa que la puesta, poniue los facíiosns 
saquearon sus casas, se llevai'oii cuanto encouli'aron á ma- 
no y destruyeron lo que no pudieron llevarse, íucIubob 
los archivos del jüKsado y de la promotoria: esto era im- 
portante, porque muchos de los sublevados tendrían alli 
su historia. 

El sediciente general Réspedes pubncódes-lo ISayamo, 
con fecha \i de Noviembre, el bando siguiente: 

Articulo 1." Todo ol ([lie sirva do osi^a n rráctico íi Ins soldados 
de la tiranta, asf como tos que faeititasen cualquiera ciase do recur- 
sos, serán jo^.fjados por un consejo du giiorra verbal y ejuculados mi- 
li tarmeii te. . 

Art. 2.° Serán juzgado B y castisados en la misma forma loa solda- 
dos y Jefes de las fuerzas repiibticaiias que, faltando á su sagrada mi- 
sión, inceudiascii, robasen ó cslafascii á los ciudadanos pací Heos, asi 
como los qne se introdujesen eu las flncits, ya sea para sulilevar i'i ya 
para estraer sus flotacimics de esclavos. 

iri. 3.° Todos los enbaiioB y peninsulares establecidos en est<; 
territorio, que forzados ó volnnt ariamente estén sirviendo al enemi- 
go, serán amplia y generosamente indultados si se presentasen eS' 
pontáneamente á cual(|uicra de las autoridades repuldicanas. 

Art. 4." Serán asimismo perdonados los soldados del ojército es- 
pañol que se presenten voluntariamente á los comandantes y jefes de 
Duestras fuerzas, ¡i los cuales, terminada la guerra, se les dará la 
propiedad de un lol(i de terreno para que se dediqueu á las faenas 
agrícolas. 

Art. 5." Todo cubano ó peninsular residente en este territorio ((ni- 
ño pertenezca á las fuerzas organizadas de la RepábUca y cometiese 
los delitos dü robo, incendio ú otro de semejante gravedad, será en- 
tregado á las autoridades civiles, que lo juzgarán y castigarán con 
arreglo á la Irgislacion vigente. ■■ 

Este bando se cumplió en lo que se referia á fusilar y 
horcara á los que encontraban auxiliando á las fuerzas 



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leales; pero íué un completo escarnio contra la cívíÜm- 
cion y la humanidad su art. 5.", puesto que no solo se 
consideró como un mérito el incendio y el sacpieo, sino 
que ol inisinii Céspedes y otros cabecillas lo sistematizaron 
y lo ordenaron ú sus sutaltei'nos, como se veril después. 
;,Pero qué costaba mentir una vez mas á los que tantas ve- 
ces liabian mentido? ;,Oué importaba la ruina do su país ít 
los que nada Eenian que perder porque estaban arruina- 
dos? ¿Qné importaban la desolación, el luto y el llanto á 
los que querían cimentar la independencia de !a Isla en 
montones de escombros y en ríos de sangre? Los insur- 
rectos y sus amigos nos han criticado amargamente por 
algún acto de severidad que ha sido preciso contra los 
traidores, y sin embargo, para ellos era santo, digno y 
honroso imponer la pena capital con una profusión digna 
de s s i atintos de tigres. Céspedes sin duda juzgaria por 
ppq e ren A los soldados á quienes ofrecía lotes de ter- 
eno s il andonahan sus banderas; pero nuestros solda- 
dos ta 1 alientes como leales, mirai'on con el mayor des- 
prec o ta miserable tentativa, y han respondido & los in- 
di^ os ofrecimientos rebeldes con las puntas de sus hayo- 
netas I ero qué entendían de honradez y do lealtad los 
q e 1 eran honrados ni leales? Céspedes, oprobio de su 
país, tenia obligación de conocer mejor á los soldados es- 
pañoles, supuesto que tantos aiios ha vivido á su lado. ¿Es 
decoroso, es decente, principiar una criminal empresa por 
medio de la seducción, ta falsedad y el engafio? Céspedes, 
cabeza y brazo de una rebelión indigna y promovedor de 
una guerra sacrilega, no podia obrar sino indignamente, 
como i>l lii jo miserable qne escupe en el rostro íi sn madre 
y que, como el demonio de la destrucción, no le ofrec.- 
sino la tea del incendio y el puñal del asesino . 



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CAPITULO II. 



r Mena, {rohprnador.— 1 
1.a Sociedad lilarmúaica áe Puerto-l'rii 






I.— Comlsiooes qua se pi 

>e.— De!<leal conducta de Ita gv 
grobarn ador.— Flojedad da «sta y eonaecueiicli 



pachu til( (íi íüco dal general Leraundi Eobre reformas y menospri 
^,,.. ~ . — I.- n-: «:j i__ij-^ T* — 1^_* — ''"-'a de 



partidaBrebBldee.—De!<leal conducta d 

fobsrn ador.— Flojedad da esta y eonai. 

Principe.— Alarma Rilaa y medidaB del goberna- 



dor.— Corlan loa rebeldes el ferro-carril de Nuevitas.- Prisiones.— Prind- 
plan los cabildeos y se pone en libertad S los prpsi 
nica y su inconveniencia.- Embajada que se diri 
resultado. 



Mioiil.i-üs estos sncesoR ociirrian en el Departamento 
Oriental, cu el (Central se iban amontonaudo las nubes que 
al fin habiaii de producir la tempestad. Era á la sazón Go- 
bernador y comandante general del Departamento el i»ri- 
gadier D, Julián de Mena, que había sustituido al de igual 
ciase D. Gabriel Pellicer. El Sr. Mena habia mandado ya 
en otra acasion en esto Departamento, y habia manifesta- 
do, en una circunstancia critica en l'uerto-Príncipe, ser 
un hombre prudente, Irio y enérgico, y merced á estas 
dotes pudo conjurar una colisión que parecía inminente 
entre la guarnición y una parte de la población que siem- 
pre nos ha mirado con la mas marcada antipatía. Al tomar 
posesión de su cargo en 22 de Setiembre, publicó una 
circular- manifiesto que agradó á todos por la energía que 
revelalia eii una ocasión en que Puei'io-Príncipe estaba 
aterrado por los frecuentes atentados contra la segunda 



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individual qae se. cüiiiütiaii. Lniii^o quo sui!u k iiisunec- 
donde Yara, ¡inljlicó una alociiciou enérgica caUíicando 
el hecho coitici merecía, y declaró el Departamento en es- 
tado escepcional. Envió á las Tunas líis pocas fuerzas de 
que podía disponer, entre ellas cincuenta caballos que pa- 
saron por enti'e los rebeldes sin mas que uno ó dos solda- 
dos lijíeramente heridos, á pesar de tener obstniido el ca- 
mino- Desde entonces quedó cortado e! telósi'afo que co- 
municaba con Cuba, y durante largo tiempo estuvimos 
sin tener mas noticia de ios sucesos qne las que lleiíaban 
con gran retraso por la Habana, 

líabia en Puerto-Príncipe un aiiitro de reunión llama- 
do Socicdarf /íííii'iiiúmca, y que de público sesaiíiaera el 
foco donde se reunían todos los que eran hostiles á Espa- 
ña, que constituían; la mayoría inmensa de la población. 
Allí se conspiraba, alü se escarnecía el nombra espaüol, 
allí se leían en publico los inmundos libelos de Hayamo, 
allí, en fin, con el mayor descaro se vitoreaba la indepen- 
dencia de Cuba y se daban mueras á los españoles. Nos- 
otros, en el caso del Sr. Mena, sin vacilar hubiéramos cer- 
rado la Sociedad, supuesto que af|iiello no era una reunión 
pacífica, smo un club de conspn ación permanente. Si esto 
se hubiera herho, si adem'is se hubieía cogido á cuatro ó 
seis personas á quienes la opmion publica y las noticias 
particulares señalaban como jefes del movimiento, y que 
después demoatiaion con sus hechos que en efecto lo 
eran; si estas peí sonas hubieían sido llp\adas ala Habana 
por medidí de piecaucion a disposición del Capitán gene- 
ral; si se hubiPia visto entonces un lasgo de saludable 
energía, e* de creei que no hubieran tenido lugar en el 
Departamento fiential ios deplorables sucesos que han 
causado su (ornplela luina. El bi Mena quiso Ibvar la le- 
galidad á un trillo, en mieisdojuicio, tiagerado é incon- 



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5;í 

veniente, y después se tOi'aron las i'unestas consecuencias 
de este eslremo. Y que nuestras apreciaciones acerina de lo 
que se hacia en la Filannónica son exactas, lo prueba el 
maniñesto que, andando el tiempo, publicó ü. Napoleón 
Arango, y de que después hablaremos, y no se ali'everán 
á negarlo los mismos que & ella asistían y desde alli sa- 
lieron a! campo como rebeldes. Hay en la vida pública 
deberes muy altos que cumplir, y de que nadie puede 
desentenderse por mas duro y penoso que sea su cumpli- 
miento. Un escarmiento severo hubiera evitado al Depar- 
lamenlo neutral muclias lágiimas, muchos infürtunios y 
mucha sangre. Esta no es una opinión particular nuestia; 
lo es de todas las personas peninsulares, y hasta de los 
insulares que no han tomado parte en la insuiTcccion y 
que han podido apreciar bajo su verdadero punto de vista 



Se nos ha asegurado que personas importantes de la 
población, Lauto por sus riquezas como por su influencia, 
se acercaron al Gobernador para ofrecerle su apoyo, y que 
dicha autoridad los recibió r^n gran frialdad y les mani- 
festó que para nada les necesitaba. Si el hecho es cierto, 
fué una falta que contribuyó al alejamiento en que duran- 
te mucho tiempo, por mas de cinco meses, hasta la llega- 
da del brigadier Lesea, estuvieron la autoridad y los natu- 
rales de Puerto-Príncipe. Otra comisión se presentó des- 
pués al Gobernador, indirectamente con el mismo objeto, 
y además para inquirir, si era posible, cuál era el pensa- 
miento del Gobierno acerca de las garantías que se sabia 
por los periódicos se habían concedido á la isla de Cuba. 
Los que formaban parte de la comisión creían, o aparen- 
taban creer, que las aspiraciones de los sublevados esta- 
ban reducidas á esto, y pensaban que se aquietarían luego 
que supiesen que se les dab.i la tan cacareada libertad. Jíl 



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54 
Gübemadür no tenia instrucciones y no pudo dar una 
conteslacion categórica; pero preguntó al Goliernadoi' Su- 
peiior , (juien le trasmitió el siguiente despacho tele- 
gráfico: 

"Señor gobernador de Puerlo-Principo : En la Gacela de Iioy ae 
publica el siguiente telégramai— EE Excmo. señor ministro ile la Guer- 
ra, con feclia 29 del pasado, me dice en telegrama olicíai io ijue si- 
gue:— M Capitán general de Cuba.— Habana.— 11 ctiib irnos rl telegrama 
de V. E. Por el correo (|ue sale el 30 yau el manifiesto del Gobierno 
y una circular del mmistro de Ultramar consignando ambos docu- 
mentos decía racionas en estremo satisfactorias para esos liabilantes, 
quo serán justay debidamente atendidos. Haga V. E. pública esta no- 

El Gobierno espera (juc V. B, geguini como hasta aquí á la alliira 
del elevado cargo que desempeña, inspiriudose en los s;-ntimiento3 
de patriotismo y acierto que le distinguen.» 

El gobernador publicó este despacho en hoja suelta, 
que se repartió con la mayor celeridad; pero lejos de apre- 
ciar el sentimiento de nobleza que guiaba al Gobierno al 
anunciar una reforma que tanto se habia pedido y hacia la 
cual paiecian encaminados todos los deseos de estos ha- 
bitantes, se miró con el mayor desdén la .noticia, se atri- 
buyó á miedo lo que era generosidad , y juzgando por sus 
intenciones desleales de las de la Autoridad que era intér- 
prete de los sentimientos del Gobierno, se trató con el ma- 
yor vilipendio el telegrama. Consistía eso en que la mayo- 
ría de los conspiradores no conspiraba por la libertad de 
BU país como provincia española, sino por una emancipa- 
ción que habría de ser su ruina, ya se gobernase la isla de 
Cuba por sí, ya formase un Estado mas de la Union ame- 
ricana. De publico se decia que muchas personas iban á 
salir armadas al campo para sostener la insurrección; pra- 
yecto discutido y madurado en la Sociedad iUarmonica, 



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bajo !a dirección de una junta cuyos individuos era¡i co- 
nocidos de todo el mundo y este suceso se reali/ó al fm 
el 4 de Noviembre , en ijue salieron unos sesenta hom- 
bres mal armados y montados. 

El Sr. Mena, guiado solo por su creencia que no ocul- 
taba, de que nada liabia que temer de los blancos , habia 
-autorizado á los dueños de fincas para que tuviesen toda 
clase de armas para su defensa, por que pensaba que el 
peligro principal estaba de parte de los negros. Hubo no 
pocos duefios de fincas de lo mas Importante de la pobla- 
lúon que se presentaron al Gobernador con los mas exa- 
gerados alardes de lealtad, exponiéndole el inminente pe- 
ligro que amenazaba á loa campos con la probable insur- 
rección de los negros si no se les imponia respeto ; y el 
fiobernador, sencillo y (,rédulo, cayó de buena íé en el 
lazo que se le lendia. Estas ai-mas, artera y deslealmente 
sacadas con la debida autorización, sirvieron para armar á 
los insurrectos; y los que se presentaron como leales im- 
plorando protección para sus pereonas é intereses fueron 
después jeEes de partidas y de los mas encarnizados contra 
líspafta. No se ha dado un paso , no se ha hecho nada en 
esta malhadada sublevación en que sus autores no hayan 
obrado con la hipocresía, la doblez y la deslealtad mas re- 
finadas. Lo primero en todo es que caigan las caretas y 
que cada cual se presente tal y como es para que pueda ser 
debidamente juzgado. ¡Ojalá el Sr. Mena hubiera descon- 
fiado al principio de aquella gente como aprendió á des- 
confiar después! iOjalá no se hubiera fiado de algunas 
personas que le rodeaban! 

Nosotros en el caso del CJobernador, supuesto que ha- 
bia fuerzas suficientes en la población , hubiéramos desta- 
«■ado detrás de los sublevados pai'tidas montadas, de cin- 
cuenta hombres cada una, que hubieran bastado y sobrado 



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5li 
[lara desconcertai'los y destruirlos solo con no ¡larlps Üem- 
po para descamar y rehai ei'^e Llp-vihan pocas armas, 
menos municiones, todavía en el campo no había el ex- 
pionaje ni la protección que después encootrai'on , y ó 
liubieran tenida que hni' ó desbandiise ópresentarse á la 
autoridad. De no haberlo hechj asi lesultó que desde aquel 
momento, antes de que be cumplieía un mes desde la iu- 
snrreccion de Yara, esta dominaba por completo en la ju- 
risdicción de Puerto -Príncipe, la mas estensa de la Isla. 
Es decir, que la insurrección era dueña á principios de 
Noviembre de una esteiision en el campo de ciento treinta 
leguas, desde Puuta-Maisi hasta Sancti-Spíritus, con es- 
clusion únicamente de las principales poblaciones. Supo- 
nemos que el Gobierno tendría noticias oficiales de todo 
esto. 

Conviene hacer una observación preliminar : el levan- 
tamiento del departamento Oriental fué franco , y desde 
luego sin máscara se alzó la bandera de la independencia á 
la voz de Cuba libre; también los insurrectos del departa- 
mento Central dijeron Cuba Ubre; ero ellos y sus adeptos 
en la población y en el campo, que eran, como hemos di- 
cho, la iimiensa mayoría de sus habitantes, velaron hipó- 
critamente su pensamiento haciendo comprender que di- 
sentían de los de Bayamo, y que ellos únicamente habían 
empuñado las armas para conquistar libertades análogas lí 
las que la revolución había dado á España. Con este ardid 
de mala ley consiguieron deslumhrar á algunos que de 
buena fé les creyeron, pero no tai-dó en venir el desenga- 
ño. Los rebeldes del departamento central y los del orien- 
tal querían una misma cosa y una misma era su bandera: 



Contaba el brigadier Mena á la sazón con un batallón, 
escaso, cien caballo'^, unos Irescienios ó cuatrocientos vo- 



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Imitarios y seis piezas de munlaiia con la correspondiente 
dotación de arlilleros. Careciendo por completo de noticias 
porque las comunicaciones estaban inten-umpidas , esta- 
bleció algunos puestos avanzados, colocando piezas de ar- 
tillería en los puntos que creyó mas conveniente. Nada 
había que temer de los del campo , pero no estaba demás 
esta precaución con los de la ciudad, tan temibles como 
aquellos. 

Un día, el 6 de Noviembre, cundió por la población una 
alíivma süilta sin que nadie supiese el verdadero motivo 
de ella. La gente corría ií encerrarse en sus casas; se prepa- 
i'aban los caflones, salían descubiertas y todo daba á com- 
prender que el enemigo estaba á nuestras puertas. Pero 
afortunadamente nada de esLo sucedió: averiguada la cosa 
resultó que los insurgentes se habían apoderado del pueblo 
de fiuaimaro, donde hablan sorprendido un destacamento de 
Guardia civil compuesto de diCK y seis ó diez y ocho hom- 
bres, á quienes no solo no maltrataron sino que les deja- 
ron volver á Puerto-Principe, acompañándoles una partida 
hitóte bien cerca de la población. El Sr. Mena no se consi- 
deró desde entonces seguro en su CEtóa, y se encerró en el 
convento déla Merced, de donde hizo salir ala Audien- 
cia que allí funcionaba. Hodeado de mas de doscientos 
hombres entre soldados de línea y voluntarios con dos 
piezas de artillería, principió á íortificaí- el edificio, á ha- 
cer considerables acopios de víveres y á construir un hor- 
no para cocer pan. Estas medidas no podían menos de in- 
troducir la alarma, porque aquellos preparativos indicaban 
la posibilidad de un sitio 6 de una acometida en una po- 
blación de cerca de cuarenta mil almas. No censuraremos 
lo que el Sr, Mena hizo, supuesto que se trataba de una 
ciudad altamente hostil, en la cual se podia suponer, con 
: razón que había inteligencias con los de afuera, y que, en 



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58 
caso de una acometida, podían reunirse unos y otros y 
apoderarse por sorpresa de los principales puntos. La pru- 
dencia exigía estar preparados, y lo que se hacia era piu- 
dente. Sabía el Sr. Mena, por un triste desengaño , que no 
podia contar con nadie sino cou la escasa ñieiía armada 
del ejército y voluntarios, con los funcionarios püblicos 
que se le haliian presentado á ofrecerle su cooperación 
material y moral, con los peninsulares propietarios y con 
el comercio, quienes desde luego se pusieron resueltamen- 
te al lado del Gobierno. Los demás ó eran amigos tibios, ó 
indiferentes, ó enemigos declarados. Había algnnos criollos 
que de buena fé detestaban la insurrección , pero tenian 
miedo de aparecer amigos de los españoles por la vengan- 
za de sus compatriotas. 

Pasaban dias y mas días sin ninguna novedad, y los 
insurrectos se organizaban á su manera y se engrosaban 
con la gente de campe seducida ó arrastrada por fuerza y 
con los negros que se llevaban de las haciendas. Los capi- 
tanes de partido tuvieron que retirarse porque se encon- 
traban sin auxilios y jl la merced de los insurrectos , y esto 
fué un mal gravísimo de tristes consecuencias. Si los ca- 
pitanes de partido hubiesen permanecido en sus puestos, 
cada uno con una fuerza de cincuenta hombres, como níi- 
cleo de otra mayor que ellos indudablemente hubieran 
reunido, la insurrección no hubiera podido dar un pasoa 
Pero no parece sino que estábamos destinados á caminar 
de error en error y de desdicha en desdicha. El ferro-car- 
ril y el telégrafo de Nuevitas, puerto de la ciudad, conti- 
nuaban funcionando, cuando una mañana se anunció que 
se veia un grupo de enemigos en el sitio llamado la Loma 
de la Muía, á menos de una legua de la población. La no- 
ticia era cierta, y el grupo permaneció en su puesto sin 
que nadie saliese á inquietarle. Esta falta de energía pro- 



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53 
dujo muy amargos resultados, porque se envalenlnnaron 
lüs compromelidos y se compionietierou inuchos que no 
lo estaban. 

El 5 de Noíiemtire llegaron á Nuevitas unas cajas de 
aimamento y vailas piezas de artillería, y leniiendo los in- 
surrectos que fuesen destinadas á Puerto-Príncipe , corta- 
ron el ferro-carril é inutilizaron el telégrafo , con lo cual 
quedamos incomunicados escepto con la Habana. Sorpren- 
dieron el tren que iba de Nuevitas el 9 de Noviembre, y 
se llevaron un oficial y varios soldados; también se lleva- 
ron varios comerciantes españoles, pero unos se escaparon 
y á otros pusieron á poco en libertad. Desde este momento 
principió nna situación congojosa para Puerto-Príncipe: 
intfliTumpida su comunicación con el puerto por donde 
exportaba todos sus productos y recibía lo necesario 
para la vida, íuera de los frutos del suelo, resultaba 
además que el gobernador quedaba completamente pri- 
vado del medio de comunicarse con el coronel Loüo que 
operaba liácia Jfanatí y las Tunas, y era nniy difícil reci- 
bir auxilios por el iinico punto que sin trabajo pedían re- 
cibirse. El gobernador se limitó ú decir que á quien habían 
perjudicado los insurgentes era á la población, y nadie se 
movía. Una salida vigorosa y repentina liubiera bastado 
para ahuyentarlos del ferro-carril y restablecer las comu- 
nicaciones; sin embargo, nada se hizo. 

El Gobernador deseaba el acierto, le hacemos esta jus- 
ticia, pero le faltaba i'esnlucion para ohrai', porque no 
quería adoptar medidas íaei-les en la creencia de que ae 
exasperarían mas los ánimos. Sin embargo de esto, ha- 
biendo adquirido por lo visto la certeza de que las perso- 
nas á quienes la opinión pública acusaba de que eran en 
efecto los encubiertos jefes del movimiento, mas temibles y 
mas dignos de castigo por lo mismo , y habiendo su-pechas 



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fundadas al mismo tiemblo de ijue Oi'an Ins que conipo- 
nian la junta revolucionaria ó comité en la ciudad, mandó 
proceder á su prisión. No creemos que entonces hubiese 
pruebas materiales de ello, pero después se ha visto que 
las sospechas eran fundadas y que en efecto el doctor Silva 
y las demás personas presas tenían esta investidura y eran 
los agentes secretos de ta rebelión . Esta medida, que satis- 
fizo completamente á todos los hueuos espaüoles y que 
por todos era imperiosamente reclamada, hubiera produ- 
cido indudablemente buenos resultados si un aconteci- 
miento inesperado no hubiese venido á inutih/arla. Llegó 
á Puerto -Príncipe una pei'sona autorizada, un funcionario 
público de la Hal»ana, quien manifestó, no con gran mis- 
terio, que tenia encalco del Capitán general para paciücar 
los ánimos y hacer qne volviera á renacer la confianza. 
Hablaba de medios seguros de conciliación, de facultades 
extraoficiales que tenia, y sus propósitos fueron acogidos 
con marcadas muestras de simpatía. Para ello, como me- 
dida preliminar, influyó con el Gobernador para que pu- 
siese en libertad á los presos, como prenda segura del de- 
seo de conciliar los ánimos, y el Gobernador fué débil y 
cedió. ¡Hailo se lamentó después de esta debilidad, qne no 
se interpretó como acto de grandeza de ánimo y de gene- 
rosidad, sino de miedo. No parece sino que se hahia olvi- 
dado por completo de las lecciones que recibimos en Santo 
Domingo y los desastrosos efectos que allí produjo una 
generosidad mal entendida, que no es lícito tener con ene- 
migos que no saben apreciarla. 

Reunióse una junta bastante numerosa en la Filarmó- 
nica, cuya presidencia se dio al que se consideraba como 
enviado del Capitán general. Dicho señor, que debía haber 
sido parco en sus palabras si e:a cierta la investidura que 
tenia, principió con una incouvenieucia que produjo un 



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(ifecto desaslroso: manifestó rjiio el Capitán general, en ku 
cualidad de representante del Gobierno snpiemo, cumpli- 
ria exactamente las insti'uccioiies que se le diesen, por mas 
que como particular fuese abiertamente hostil á !a revolu- 
ción qne se habia operado en España, listas palabras fue- 
ron altamente inconvenientes, porque produjeron gran 
desconfianza en los que las oyeron, ;,A qué venia decir lo 
que el Capitán í^eneral pensaba como particular, cuando ni 
nadie le preguntaba ni á nadie importaba? Si lo que se 
quería era inspirar confianKa al pueblo, partiendo de la 
hipótesis de que los sublevados de este Departamento no 
qnerianmasque tener instituciones liberales, mal medio era 
ponerles de frente una autoridad que apai'ecia como hostil 
;í estas instituciones. Imprudencia grande fué de parte del 
que sedecia comisionado,elpermitirsehacer unamanifes- 
hr ion tan poco ti mquiüzadora; esto hubiera denotado, 
cu mdo menos una segunda intención que no era muy del 
¡"aso jT que se tiataba de cabildear pai'a persuadir á los 
adoptos -5, li ininireccion, á que á su vez persuadie- 
sen í deponer lis armas á los que estaban en el cam- 
po rsti |unta en la cual otro funcionario público, el 
Si Sawa coloco la cuestión en su veniadero teri'eno, y de- 
mostró eoa fíeneral iplauso cuál era la respectiva situación 
del (Jobierno y los sublevados, dio un resultado que hizo 
concebir esperanzas de arreglo á los que de buena íé creian 
en las buenas intenciones de aquellos. ¡Pero cómo se en- 
gafiabanl ¡Con qué habilidad han sabido los enemigos de 
España burlarse de nuestra couhanza j de nuestra caballe- 
rosidad! Acordóse enviai* comisiones 3. los diversos puntos 
donde los rebeldjs estaban tranquilamente acampados; á 
todos pareció bien la idea; peto cuando llegó el caso de 
ejecutarla, todos principiaron a oscuiarae, y solamente sa- 
lió mía comisión al ferro-canil dJ que continuaban sion- 



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(i2 
do dueños los insurroctos. Para el efeoto se acordó redac- 
tar una carta firmada por peiiinsutares é insulares, como 
testimonio del buen deseo que á todos aiiimalja, y se re- 
dactó en efecto en los términos siguientes: 

«.Puo rio- Principe, 12 ño Nüviembrc de IBGB. 

Qdcridos am¡gos: Inútil es esprcsaros el scnlLmiuiito de (pie nos 
hallamos poseidos al Teros lejos de nosotros. S¡n embargo, nos anima 
la esperanza de que muy pronto tendréis el placer de abra;!ar ü vues' 
tras familias, contando para ello con la buena disposición del Gobier- 
no, que íi indicación de algunos de nosotros se encuentra dispuesto á 
coucederos una implia amnistía para que Ubremenfc podáis regre- 
sar, sin temor alguno, á vuestros bogares, dedicaros íi vuestras iiabi- 
tuales ocupaciones, sin que por uadie seáis molestados y ui aun si' 
trate de averiguar vuestros nombres. 

Hos anima la dulce esperanza, la seguridad de qne aprovecliareis 
tal amnistía, y que á nuestro lailo, al de vuestras madres 6 Lijos y 
hermanos, esperareis cual nosotros á que entremos en el goce de las 
franquicias que nos vendrán de las Cortes Constitu/enles y el r,o- 
iiierno supremo. 

Nuestra palabra formal de que ninguna molestia sutrircis por lo 
pasado, os bastará indndabtcmente. cu el concepto de que en dicha 
amnistía serán comprendidos todos los que no estén sujetos ü procc- 
d'mi t "m" I p d l't m 

V d p y 11 biertoH os esperan vuestros ami- 

g t b m q q i rabajan y avanzan por la via de 

1 muy pronto, gocemos todos las 

- ^rlos Galan.-Villardell, Valls j 

II —Felipe Scbrango.— Félix de la Tor- 

y de la Torre.— tfria y compañia. - 

A I t. t — M 1 M iade Piúa y Perdomo. —Manuel 

11 d — \ 1 S Ij Silva.— Manuel Hoy.—lgnaclo de 

-P I B 1 d ¥ d — L s Alvarez Agüero. -Carlos Varo- 

S á — R it y compañía.— Ángel Monlejü.- 

II — J éJ d 1. I 1 m no. —José Alonso.— Juan R. Ra- 

Ü b t y mp — B Sans y hermano.— Antonio Naraii- 

C II t i leto.— Isiiloro Sanlelises.-Anto- 

'Im — P 11 -Tomás SunKuncgm. — Carlos Ca- 



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63 
valló.— S allí si lo noman de Arteaga.— Rafael Rodríguez.— Agustín de 
la Torre— lio iiilo Caslru.- Atilcnor Loscano.— Ramón Ailan.— Mcltiior 
BatlBta. -(irngorio Adaii.— Celesliiio t'eriiaiLdcí;.- Ciabrlcl l'ii^liardo.— 
G Fernandez y compañía.— Man ii el Abad. > 

E! resultado de la embajada Iiié el que era de esperar: 
09 sublevados atribuyeron á debilidad y á miedo el pasol 
que se daba, y con la arrogancia mas insolente rechazaron 
las proposiciones; pero encargando á los comisionados di- 
jesen que las examinariau, discutirían y resolverían. Esto 
era ti'atar de potencia á potencia, y en nuestra opinión, 
esto nos perjudicó consiiierablenieute, sobie todo desde 
que se habia echado á volar la idea de que se negociaba 
con conocimiento de! Capitán general. Así es como se des- 
prestigian las autoridades, ó como se les despi'estigia, to- 
mando intempestiva é inconvenientemente su nombre. Y 
no es esto solo, sino que después se ha averiguado que 
uno de los comisionados, el médico Simoni, se valia del 
este carácter paraliacerles multiplicadas visitas, en las que 
les exhortaba á permanecer Armes y les llevaba nmuicio- 
nes y armas, iliisigne rasgo de mala fé, no nuevo ni el 
único que hubo por desgi'acia! Simoni después, pei-seguí- 
¿0 por haberse encontrado en su casa un depósito de cal- 
zado para los insurrectos, se íuú con ellos. 

Después de esta comedia tan indigna, después de liaber 
pasado muchos dias esperando que los muchaclw-'i, como se 
les llamaba, se dignasen resolverse, los que habían sido 
puestos en libertad antes de que príncipiase el cabildeo se 
marchai-ou á la insurrección, y de este modo terminó toda 
espej'anza de avenimiento. Hubo machos candidos que tu- 
vieron gran confianza en que al iin este se realizaria; nos- 
otros no fuimos, por foi-tuna, de este número, y en todo 
íio vimos sino lina mala comedia que ei'a la preparación 
de una horriljlc tragedia. 



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CAPITULO III. 



rrogresoB dt .„ ,, 

en Santiago da Cuba —Umíormidttd del hi , ...„ (,=- 

""' — ' —Anunoios de llegada de refUerio'J Riempre desmentidos.— 

daa de aato — Bl ffeneral ViUate e- "- '"- "--^ 

„-. --HcontestaiaoneB —Comunicación a 
puesta.-Ciroolardaliiilnlatro Se Ultramar. 



Esto sucedía en el Departamento Central, donde no ha- 
hia mas qne Puerto-Príncipe, Nuevitas, las Tunas y Santa 
RruK que no estuvieran en poder de la insurrección; en ei 
Departamento Oriental ci-ecian al mismo tiempo las parti- 
das, llegando la audacia de los insurgentes hasta piesen- 
tarse á la vista de Cuba, donde rompieron ios conductos 
del a^ua. En esta ciudad no habla sino muy poca fuerza, 
y nada podía hacerse de provecho: sin embaído, en el Co- 
hre, cuyo ferro-carril destruyeron como salvajes, fueron 
alcanzados por una columnita que salió eu su persecución 
y puestos en la mas vergonzosa fuga como sucedíi siem- 
pre que se les encontraba. En Cnbi Íul reemplazado el co- 
mandante general Sr. Ravenet j excitado el espnitnpü 
Mico, se organizaron fuerzas de v( luntano"- > mucha- 
personaa de algún valer se acercan.» i la auloiidad ofre- 
i'.iendo su decidida cooperación y leumeion por vía de 
donativo, una cantidad respetable \ aia atendei i las nece- 



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sidiiiles de la guerra, creándose al electo un escuadrón de 
caballería y armándose mi batallón de volnntai-ios, cuyo 
numero se aumenbí después á dos. duba en esta ocasión 
mereció bien de la patria, poi'que demostró cada vez mas, 
creando nuevas fuerzas de voluntarios, que sus sentimien- 
tos eran leales y que conocía sus verdaderos intereses ve- 
chazando toda complicidad con una rebelión encaminada 
á labrar la ruina del país. Las devastaciones, depredacios 
nes y tropelías que se cometían por los que se llamaban 
defensores de la sania causa; la gente perdida, vagos, pró- 
fugos, negros, cimarrones y otros de la misma calaña que 
componían la gran mayoría de las facciones, prolíaban lo 
que teiíian que esperar las personas pacífict^ y acomoda- 
das. (Ojalá Puerto-Príncipe hubiera seguido e! ejemplo de 
fiubal ¡Ojalá el egoísmo en unos, el miedo en otros y la 
desconfianza en todos no les hubiera puesto una venda en 
lus ojos para no ver la triste verdad que se descul>ria! Ta- 
vez si se hubiera sabido manejai' mejor el asunto, Puerto- 
Príncipe, á pesar de los instintos de anti-espaflolismo que 
en la inmensa mayoría de sus habitantes reina, hubiera 
presentado un aspecto distinto del ijue desgraciadamente 
presentó, 

í.a bandera alzada en los dos departamentos subleva- 
dos indignó á todo el mundo, y por todas partes se apre, 
:iuracon los españoles á manifestar al Capitán general sen- 
timientos de adhesión. Gíenfuegos, Cárdenas, Matanzas- 
l'iuai- del lUo, üuanajay, todas las poblaciones importan- 
tes se apresuraron íi crear y armar batallones de volunta- 
rios, casi en su totalidad peninsulares. En la Habana el en- 
tusiasmo Eut5 grande; además de los batallones de volun- 
tarios sedentarios, se crearon por de pronto dos de movi- 
lizados, uno de ellos costeado por el banco y otro por el 
','oniei'cío. Matanzas y Cárdenas también costcai'on otro 



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()7 
hatallon de movilizados. Con un poco de apoyo enérgico 
por parte del Goliienio, con fuerzas ijue hubieran podido 
moverse en columnas pequeñas combinadas, todo hubiera 
concluido en poco tiempo. Este apoyo no pudo darse por 
íálta material de tropas, porque no era cosa de dejai* des- 
guarnecidas las vegas de la Vuelta abajo, donde habia 
mucbüs millares de negros que hubiesen podido suscitai' 
un grave conflicto. En prueba del buen espírilti que rei- 
naba, una partida de catorce hombres que salió de la Ha- 
bana para encender el fuego déla insurrección, fué cogida 
oda entera en San Cristóbal á las veinticuatro horas de ha- 
ber salido. 

Recibióse á la sazón un despacho telegráfico anun- 
ciando el nombramiento del general Dulce para Capitán 
general de la Isla y su próxima salida en la fragata Villa 
de Madrid, y se anadia que le acompañarían cuatro fraga- 
las trasportes conduciendo tropa. Esto reanimó los espíri- 
tus, porque nn se necesitaba mucha perspicacia para com- 
prender que á la altui'a á que habían llegado los sucesos, 
y tratándose de una insuiTeccion radical de independen- 
cia, no eran proclamas, iii manifiestos, ni halagos, sino 
tropas y cañones lo que se necesitaba, lis necesario vei' 
claro y que de una ver. caiga la venda de los que han creí- 
do que cuando el cáncer corroe un miembro basta apelar 
á remedios empíricos ó á paliativos; es pi-eciso abandonar 
estos espedientes y echar mano de otros j'ecursos mas 
enérgicos que preserven del mal al resto del cuerpo. Las 
contemplaciones son siempre un gran mal cuando M tie- 
nen fuera de sazón. A poco liego otro telegrama anun- 
ciando que el general Dulce demoraba su salida por motín 
vos de salud, y que era portador del decreto para las elec- 
ciones en sentido liberal. Otro despacho del D de Noviem- 
bre decia i^ue se habia dispuesto enviar unos nueve mii 



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hombres con cuatro {íenftriiles y algunas liateríaH de arti- 
llería, detiendo embarcarse con dicho (íestino el 15 de 
aquel mes una brigada de infantería. El Diat-io de la Hari- 
na piiblicó otro telegrama el 19 en que se decia que, ade- 
más de las tropas cmbareadaa en las dos fragatas blindadas 
y otros buques de gueiTa que formaban la escuadra que 
se dirigía á la Isla y había dejado el 1 3 las costas de la 
Península, el 15 saldría el Puerto-Rico conduciendo fuer- 
zas, y que inmediatamente lo vetificarian los vapores Es- 
paña, Santander y Cuba, trasportando nuevos refuerzos, de 
suerte que los nueve mil Jiombres que habian de enviarse 
se encontrarían en la Isla para el 10 de Diciembre. Estano- 
ticia afirmó Ion ánimos de los leales y produjo gran des- 
aliento en los enemigos, quienes confiaban en la impo- 
tencia del Gobierno español. Esta esperanza se convirtió 
en un desengaño mas para los que estábamos ¡i la i'aiz de 
los sucesos, y veríamos el efecto de las noticias. 

A pesar del vuelo que se había dejado tomar á la in- 
surrección, es de todo punto indudable que si el 10 de 
Diciembi'e hubieran estado en la Habana los nueve mil 
hombres que se anunciaban, sin necesidad de generales, 
porque con los que había bastaba y sobraba en una guerra 
de guerrillas, de seguro la rebelión no liubiera llegado á 
Enero. En el Departamento Oriental, tomada Bayarao, la 
ciudad santa de la insurrección, y repartidos cuatro mil 
hombres en ocho columnas de á quinientos hombres, y 
auiLmenores si hubiera convenido con los capitanes de par- 
tid' y buenos guias, pronto, muy pronto, hubiera des- 
aparecido el aparato que solo artificialmente y por la falta 
de persecución sostenían los rebeldes. En el Departamento 
Central solo hubieran bastado entonces dos mil hombres, 
también subdívididos en pequeüas columnas, con partidas 
montadas, para dar cuenta de la insurrección. Esta es la 



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(i!) 
verdad, y en testimonio de ello apelamos á todas las per- 
sonas de ])uena fé de arabos departamentos, que son las 
mas competentes para poder haber formado juicio exacto 
de los sucesos. El no haber enviado refuerzos á tiempo, 
muchos, y de una sola vez, no en porciones homeopáticas 
como se ha hecho, ha sido causa de que la insurrección 
hai%d rid ta t t empo y de jup hut 'ese tomado un 
inuien e lo q e u a de) ó 1 al te do porque la rebe- 
üoi au e tonces e taba deso ga zada j la mayor parte 
de lo reí el les ludabau muy mal a o ados y muchos des- 
ain ados Muj lAc 1 hub e a do ci lo ees terminal- radi- 
calmente la suirecc on p ru e le dejo organizarse en 
paz ie le d o t npo pd a p a e t da clase de re- 

cm^sos ta lo del e ter o co o del te or, y el copo de 
nieve se 00 vrtí" en u a ■» i i fo e siempre, pero 
fue te > es ste te \ q e o d c a esos anuncios de 
envíos de t opnh y e c idrill dada j e unca llegaban? 
¿Qué significaban esas inconvenientes alharacas de los pe- 
niidicos que no parece sino que tenian la esdusiva misión 
de ponernos en el mas completo ridículo? Todo ello no 
significaba otra cosa mas que ó un optimismo ciego que 
tan perjudicial es en ci'ísis como la que se estaba atrave- 
sando, ó un medio como cualquiera otro para hacer at- 
mósfera, deslmnbrai- con pomposos anuncios y disfrazai' 
con promesas que nunca se realizaban una inercia la mas 
incalificable. ¿Quieren saber los lectores á qué quedaron 
reducidos los nueve mil hombres que debían estar en Cn- 
l)a el 10 de Diciembre? jTriste es decirlo; á 434, y eso en 
dos veces...! 

Y á todo esto llevábamos dos meses de insurrección 
cada dia mas grave, cada dia mas amenazadora. No nos 
atrevemos á cT'eer que el Gobierno tuviera noticias ciertas 
y circunstanciadas de lo que en la isla de Cuba sucedía, 



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70 
porque de otro raudo senaprccisocoiivcmi- olí qim miraba 
con una pasmosa indifereiicn una msuneLcioii siempre 
respetable 4 aquella distanna, y temible poique se había 
estendido ú dos departameuto'í i i=;i en masa Ti el mirar 
con indiferencia estas cosis en que tan iii1eie»ida está la 
honra do España y la sueite de muchos mdlares de fami- 
lias peninsulares residentes en Cuba envuelve siempre una 
gravísima i-esponsabilidad contra quien no sabe estar á la 
altura de sus deberes. El pueblo espahol, tan mal informa- 
do en la cuestión de Cuba, tiene derecho á saliei' toda la 
verdad, y nosotros se la diremos sin miedo y sin contem- 
placiones. La garantía de nuestras palabras está en todos 
los peninsulares que residen en Cuba. 

Sin embargo de la incomunicación en que desde el 
principio nos encontrábamos con el depai-tamento Orien- 
tal, se supo que el general Villate, conde de Balmaseda, se 
hallaba con una columna en Manzanillo. Creyóse que iría 
sobre Bayamo, pero con no poca estrañeza llegó á nuestra 
noticia que habia desembarcado con su gente en Vertientes 
y se encaminaba á Puerto-Príncipe. En Manzanillo dirigió 
á los jefes de la rebelión una carta-circular, fecha 10 de 
Noviembre, conjurándoles para que depusiesen las armas 
supuesto que el Gobierno les daba los derechos y garan- 
tías que tanto habían pedido. La contestación no pudo ser 
ni mas insolente ni mas agresiva: en ella se le llamaba or- 
gulloso título de Castilla y mandarín español; se proferían 
insultos indignos contra el Gobierno de España ; se recha- 
zaba con altanería toda idea de pacificación, rebosando en 
todo un odio que ní aun disimular sabían; y dirigiéndose 
al general le decían que, siguiendo las ideas de los que le 
habían mandado, no esperaba mas que el instante de po- 
der á mansalva saciarse en la sangre cubana aplicando á 
todos los hijos de Cuba la pena de muerte; pero que se con- 



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venciera de qae ellos no lo temían y que esiabaii (lisínies- 
tos á derramar hasta la última gota de sangre antes qne 
deponer las armas hasta que el Gobierno reconoeiese sus 
derechos de grado ó por fuerza. Este era el preludio de los 
desengaños qiio esperaban al general Yillate en la senda de 
la conciliación que con mas buen deseo que suerte em- 
prendia; esto era una lección que se nos daba para rei:ha- 
zar de antemano toda intervención conciliadora. 

Además de esta epístola , dirigió á los habitantes de 
J'uerto-Principe la carta siguiente igual á la anterior: 

-Mi csümado amigo: Comisionado por el Capitán general para mi- 
t:argannc Jt'l mando de las fuorzas onipkadas cu operaciones eoiitra 
los snlílevadoB cu algunas juriadiccioucs del departamento Oriental, 
cumplo Li mi dobor escogitar todos los medios posibles para corres- 
ponder k Un honorífico nombramiento. Entre ellos (y Vd. que coiioee 
mi carácter no lo eslrañarii) es valerme de ios muchos amigos con 
que cuento en esta Isla para rogarles que escriban á los que ellot: 
tengan en las jurisdicciones sublevadas y en las limítrofes y bagan 
con sus amigos una cruzada de paz que atraiga á loa que, olvidados 
de sus deberes, so ban colocado fuera de la ley. 

Me duele en el ^ma ver cale hermoso pais, donde tantas simpalias 
lie encontrado y que es la cuna jle mls.lrijos. envuelto en loa horrores 
de la guerra; ver á sus habitantes tan paeiflcos y hospitalarios empu- 
ñando las armas contra sus hennanos, y eslo ¡con qufi objeto? por 
buscar en un cambio de sistema una felicidad que nuiíca estoria mas 
lejos de sus hogares que eu el momento en que se bubieran realiíiado 
sus deseos. Que tiendan la vista por la feracidad y cultura de sus 
campos, que vean sus ciudades engrandecerse y hermosearse como 
por encanto, que vean sus puertos llenos de buques para exportar 
sus innumerables frutos, que recuerden la pa2 domcslica, sus diver- 
siones de todos los dias, sus gestiones al momento satisfechas por sus 
autoridades locales, y que no busquen en lo desconocido una felici- 
cidad que nunca ha de parecerse 4. la presente. Que miren también 
esas repúblicas del continente americano que por buscar gl bclb) 
ideal de la felicidad solo encuentran la desolación de ese país y la 
inni'rlo progresiva de p is mí'jores idjos ; nw, cu ellos aprnulioi i[iio 



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lili i'stj la Ytiitura eu la:* cCTtiüItas Liite.stinas. sino pn la pa« ifcl pais 
ciT i]uii se habita y eii e! hogar de la familia. 

En nn, ayuden Vds. al gobernante que busna la Micidad de sus 
gobernados, al que por todos medios procura no f encr lágrimas qw 
enjugar; y que esto sea proulo, porque dentro de pocos días desapa- 
recerá el consejero y solo qiiedara el mililar fiel al cumplimiento de 
sus deberes y que debe responder á la alta misión qne se le lia con- 
fiado. 

De Vd. espero que con todo empeño secimdará los deseos de su 
afoclisiino amigo 0. B. S. M.— Illas de Villate." 

O el general Villate no estaba enterado de lo que sif^ni' 
Hiiaba la insurrección ó le engaüaba su huen deseo. Esta 
i^arta circuló con profusión: todos decían que estaba escri- 
ta con el corazón, y que lo que en ella se decía era la ver- 
dad; pero todos permanecían inertes, porque á casi todos 
les mmordia la conciencia por sus anteriores compromisos 
con la rebelión. 

Por lo visto habia llegado la lípoca de los protocolos, y 
siguió en todas partes una granizada de comunicaciones, 
de felicitaciones, de entusiasmos, de ofertas que no tuvie- 
ron mas resultado que entretener algún tiempo la atención 
pública, y tal vez liacer que el Capitán general formase 
una idea maa equivocada que la que se le habia hecho 
concebir acerca del ¡estado del país. La contestación á la 
carta del general Villate , perfectamente escrita y firmada 
por considerable número de personas del país revela nnos 
sentimientos elevados y patrióticos. 

"Escmo. señor general conde de Balinaseda.— hierto-Principe i'.' 
de Noviembre de 1868 — Ile-ipctable v distinguido general: Recibimos 
sus respetables y bondadosas letras que cada uno contesta con la sin- 
gular predilección que merecen Colccln amenté hemos acordado di- 
rigimos á V. para demostrarle siuteramcule nuestras aspiraciones' 
lasque una vez realizada', sprau el IcnLÍivu en nuestro sentir mas 
('lic;iy., iiaraeonjitrarlo p li.rnsqii r mi n¿au, AiHí: toilo. vñm- 



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plenos manLCcKlar quo idcnlilicailns con V. deploramos pro fui id ampu- 
te las alteraciones que ol ócdcn ha csperi mentad o y no'í colocamos 
resueltamente al lado de la autoridad. 

Hecha esta digresión sugerida por nuestro acrisolado patriutismu- 
¡lasamos á formular atentamente nuestros deseas : á etlo uos alienta 
por una parte su generosidad y nobleza, de la otra su acreditado ei- 

(Juercmos cumplir una misión saffrada, cual es buscar en los prin' 
cipíos y en las ideas un camino aljuslo ensanche délas instituciones 
que establezca un sistema mas adecuado y feliz: ideas y principios 
de perfectibilidad y reforma, cuyo desarrollo es la luz del siglo que 
preside á !a civilización del mundo. No nos crea V. poseidos de nin- 
gim género deprevenciones 6 animosidad, no; lejos de eso anlielamos 
que España reine aiial por el amor, subyugando los corazones. Nues- 
tra suerte está unida 7 liasta identilicada con la de la metrópoli; los 
rínculos que nos estrechan, de unas mismas creencias, de unos mis- 
mos intereses y do padecimientos en mayor ú menor escala, deben 
recibir una conllrmacion solemne que una todas las voluntados para 
analemalizar enrejecidos abusos y estirpar de raíz iuTcterados ma- 
les. Los héroes que con su espada y su tálenlo han defendido y con- 
solidado la libertad en la Península no cejarán hasta afirmarla en to- 
dos sus dominios, haciendo que nuestros derechos se consignen en 
ejes espresBS, positivas y perraanenles que nos sirvan de escudo y 
de defensa. 

Itechazamos indignados todo ruin pensamiento O bastarda suges- 
tión que tienda á menoscabar la integridad del territorio. Como hijos 
de España hacemos fervientes votos al Cielo por su telicidad y eu- 
grandecimienlo; como ciudadanos confiamos entrar en el quieto y 
paclllco goce de sus preeminencias y franquicia, y esperamos que la 
provincia de Cuba disfrute un dia ¡guales derechos que las restantes 
de la nación, consignados en iguales leyes, con las modificaciones 
que exija la localidad y que sin duda surgirán de la discusión que se 
'eriflquc en las Cortes Constituyentes. 

Hemos procurado bacer brillar ante V. la justificación que nos ani. 
n»a. Cuando el corazón está puro, cuando hierve en él el santo fuego 
Jela libertad, cuando esta no tiene otra deidad ní otro numen que la 
madre patria, entonces puede descansarse en la seguridad de una 
'onciencia tranquila 

Sírvase V. aceptar esla espontánea manifestación, eco ñel de los 



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seiill mi culos iiníiniracs de lus lirniariles, qiK' so repiten de V, como 
sus mas atentos y seguros servidores Q. B. S. M.-{SÍguen las íicmas),'' 

Coa íeclia 13 se dirigió al Capitán general la siguiente 
comunicación, ü-asunto de las que de otros puntos déla 
Isla se le habiaii dirigido: 

«Excmo. aefiot Gobernador superior: Los ipie suscriben, vecinos 
liaceadados, propietarios y del comercio de Puerto-Príncipe, honda- 
mente afligidos por las alteraciones que el orden lia csperimentado 
en diversas jurisdicciones de la Isla, 6 íiilimameute persuadidos do 
que hoy en ella no se encuentran sino ciudadanos leales y honrailos, 
poseídos de sentimientos de elevado patriotismo , que son el primero 
y último pensamiento de las almas nobles y generosas y amantes del 
orden, baso fundamental dei progreso, deploran las maniíeslaelDncs 
hechas para alterarlo, se colocau en la via de la legalidad aceptando 
lo hecho por la nación y al lado de la autoridad para prestarle su co- 
peracion moral y material con ohjelo de restablecer dicho Orden, y 
esperan y desean, lirmemenle alentados por su adhesión y civismo, 
continuar siendo parle intcgranle de la invicla nación cspaúoia con 
todos sus derechos y obligaciones al igual de las provincias peninsu- 
lares de ella; enviándole al par su felicitación mas entusiasta por los 
gloriosos y trascendentales acontecimientos lUtimamente ocurridos 
en aquel privilegiado sucio, tan amanle de sus l'rauquicias y liberta- 
des, en que tendremos cumplida participación. Sírvase V. E. aceptar 
esta espontánea manitestaciou, eco fiel de las aspiraciones uninimes 
de los Ormantes.-Puerlo-Principe 13 de Noviembre de 1868. 

Cualquiera, al leer estas dos comunicaciones, hubiera 
creidoque seestabaen el país clásico de laleultady queno 
se respiraba otro ambiente que el del mas puro y acendra- 
do patriotismo; pero asi son las cosas del rauudo. 

Lástima grande 
que no sea verdad tanta belleza. 

Ordinariamente no veiuos las cosas sino por la supeí'- 
licie, y los juicios que se forman son por consiguiente equi- 



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vocados como superficiales. Reconocemos que entre los 
firmantes de los documentos había muchos peninsulares y 
algunos insulares de buena fé, de leales sentimientos y que 
lo que decían eralaespresionde sn alma; pero páralos de- 
más aquello no eriotra cosa que un papel mas, que unamen- 
tira mas y que una perfidia mas. Si por protestas hulñéra- 
mosde habernos guiado, nada habríamos debido hacer sino 
dejar á los cubanos concluir por sí la insurrección que tan- 
to, alparecer, anatematizaban; pero la desgracia es que los 
mismos que hoy condenaban la desleal conducta de sus her- 
manos, mañana estaban con ellos y eran los mas encarni- 
zados enemigos de España y los mas feroces al frente de 
sus hordas, como sucedió al famoso Ángel Castillo, gene- 
ral insurrecto, llamado después el Atiia por sus atrocida- 
des, y á quien pocos dias antes de haber salido al campo 
oimos tt'onar contra la insuireccion y condenarla de una 
manera tan enérgica como hubiéramos podido hacerlo. 
Por todas partes no hemos encontrado mas que perfidias y 
desleallades. 

Desgraciadamente mientras estas manifestaciones se 
escribían y se publicaban y se hacia que la autoridad se 
formase' un juicio equivocado acerca de la gravedad é im- 
portancia délos hechos, estos por si, con su elocuencia 
muda pero convincente iban demostrando todo lo contra- 
rio de lo que se escribía. Demasiado se veia ya en toda su 
desnudez cuál era la verdadera tendencia de la rebelión 
para que aun se pudieran abrigar ilusiones; demasiado se 
comprendía que no habia posibilidad racional de transac- 
ciones, y que no se trataba sino de engañarnos con esa 
sutileza y esa maña en que tanta destreza tienen los cuba- 
nos, y es una vergüenza que hayan conseguido su objeto. 

A la commiicacion última contestó e) Capitán general 
en los términos signieutes; 



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<.Coraaniiaiicia general do Piicrlo-l'ríncipc.— El Excmo. Sr. Capitán 
general eii telegrama que acabo du recibir me dice lo siguiente;— El 
Gobernailor Capitán general at gobernador comandante-general de 
Puerto-l'rineipe.— HoTiembre 14 de 1868.— Sírvase V. S. trasmitirá 
los veoinos propietarios, hacendados y comerciantes de esa ciudad 
que suscriben la manifestación telográllca (jue con fecha de ayer me 
ha remitido V. S. los sentimientos de benévola satisfacción que su 
lectura ha despertado en mi corazón. Ko esperabamenos de su lealtad 
acrisolada y do au elevado patriotismo, y el Gobierno de la nación, á 
quien díu;é cuenta, unirá este nuevo titulo i los muchos que ya reco- 
noce como motivo justlUcado de dar á esos señores y á los demás ha- 
bitantes de la Isla los derechos y libertades que aseguren su bien- 
estar político, hermanándolos con el orden, base íirmisima, como di- 
cenmuy bienios esponentes, de la prosperidad y del progreso dp 
lodos los pueblos cultos. Asegúreles Y. S. que nadie les privará de le 
qne el Gobierno supremo les envíe; que vigilará hasta ol ultimo sa- 
criflcio por el restablecimiento de la paz turbada en el departamento 
oriental, y que en ios momentos actuales nada serS mas grato á la na- 
ción entera y al Gobierno supremo que los esfuerzos que hagan uni- 
dos á él y á las autoridades locales para alcanzar ese bien sin el cual 
pueden comprometer sus mas caros intereses y aun sus nobles y le- 
gitimas aspiraciones. Procure V. S. llevar k su ánimo la confianza en 
la sinceridad de mi fe y de mi palabra, á que nunca he faltado ni fal- 
taré como Dios y mi conciencia no me abandonen.— Lersundi.» 

Es singular el empeño con que se lia prescindido del 
Departamento Central cuando se ha hablado de la rebe- 
lión. En esfa contestacien del Capitán general se habla de 
la pazturbada en el Departamento Oriental, y nada se dice 
del Central, al que se debia considerar como en un estado 
de perfecta y venturosa tranquilidad. ¡¡Es que no se decía 
al general la verdadera situación del país? ¿Es que se tra- 
taba de formar á su alrededor un tupido velo para que no 
viese lo que pasaba? Si el general Lersundi hubiera sabido 
que, á la hora en que escribía el parte, en Puerto-Piíncipe 
dominaba la insurrección del mismo modo que en el De- 
parlamotitü Oriental, de seguro no hubiera omitido el De- 



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Iiarlamento Central. F.n otm dociiniento publico, posterior 
con mucho á la insurrección de este departamento, no re- 
cordamos cui'tl, también hemos visto que se hacia caso 
omiso de Puerto-Príncipe, como si esta insurrección fuese 
una cosa despreciable. Y sin embargo, no se debia olvidar 
que Puerto-Principe, capital del departamento, ciudad de 
cérea de cuarenta mil almas, era afecta á la insurrección; 
que no se contaba en la población sino con las fuerzas in- 
dispensables para la defensa, visto el desarrollo que la re- 
belión habia tomado; que si importante era el Departa- 
mento Orienta!, el Central no lo es menos por ser el mas 
eslenso, en el que con mas facilidad puede evitarse una 
persecución, y en el que mas recursos podrían encontrar 
ios insurrectos con sus numerosos ingenios y potreros, sus 
muchos ybuenos caballos y sus grandes ganaderías. Y sin 
embargo, el Departamento Central ha permanecido en el 
mas completo abandono hasta íiltimos de Febrero, en que 
llegó la columna mandada por el brigadier Lesea, que ba- 
tió á los rebeldes en Cubilas. Cuatro meses sin recibir au- 
xilio de ninguna clase en el departamento y una ciudad 
rigorosamente bloqueada durante cerca de seis, es mucho 
tiempo, y solo podemos apreciarlo los que hemos sufrido 
sus consecuencias. Cosas son estas de una inverosimilitud 
tal que se necesita haberlas visto para címvencerse de que 
hasta este punto haya podido dejarse crecer, organizarse y 
convertirse en un gran elemento perturbador lo que no ha 
debido ser nada, ó al menos una cosa insignificante. Que 
el buen sentido del pueblo español diga por nosotros lo 
que significa la indolencia con que se ha procedido en un 
asunto tan vital é importante como es la integi-idad del 
territorio tan seriamente amenazada. 

El 22 de Noviembre publicó el periódico de Puerto- 
Príncipe, E¡ Fanal, la siguiente circular á que se habia re- 



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ferido el despacho del gobernador superior, con faitta an- 
sia esperada, a! parecer, y tan despreciada y vilipendiada 
después por los mismos que la esperaban: 

•Excmo. Sr.: El alzamiento iiacional propagado con cspoutúiiua 
rapidoz ilesde Ja halila Ue Cfidis liasta las playas de San Sebastian, no 
se ha UoTailo á cal)0 en beneficio oaclusivo de ios habilantes de la Pc- 
ainsiila, sino tamliien de nuestros leales hermanos de Illlramar, que, 
al escuchar el eco de nuestra victoria, sienten próximo el momento 
de ver realizadas legitimas esperanzas y nobles aspiraciones, en na- 
da opuestas á su intima unión con la metrúpoii, antes bien engendra- 
das por el deseo de renovar, fortalecer y estrccLar los antiguos 
vínculos entre los apartados territorios que constituyen la nación es- 
pañola. 

Comprendiendo el Gobierno provisional quo la eslension de loa 
principios proclamados por la revolución debe ser proi>orcionada ü 
su inlensidacl, nu lia vacilado en declarar en su manifiesto de ante- 
ayer que las provinciís ultramarinas gozarán las ventajas de la nue- 
va situación é intervendrán con su íntcl'^ente criterio y con su voto 
en la resolución de las arduas cuestiones políticas, administrativas y 
socialas. qne tanto interesan á la población antillana. En el docu- 
mento citado, que reciblrS V. E. al mismo tiempo que esta circular, 
lia condensado el Gobierno los mas culminantes dogmas de la revo- 
lución consumada, y entre ellos lia dado con leal franqueza el debido 
lugar á la reforma del régimen de las islas de Cuba y Puerto-Rico, 
dignas por su numerosa, rica é ilustrada población do adquirir y 
ejercitar derechos políticos. 

La asistencia de los representantes de esos territorios á las sesio- 
nes de la Asamblea Conslituyentc, coalas mismas atribuciones que 
los diputados de las demás provincias españolas, no es un hecho que 
carezca de preparación, ni de precedentes en la historia contempori- 
nca de nuestras vicisitudes poUticas. La revolución de I80S i 
este principioi los legisladores do Cádiz lo consignaron en su gene- 
roso Crtdigo, y ios represontantcs de Ultramar lo pusieron en prácti- 
ca, dando tehaolentea pruebas de su capacidad parlamentaria. Desde 
aquel tiempo, cada ven qne la libertad constitucional lia reaparecido 
en nuestro horizonte, la idea ha vuelto á agitarse, ganando cada dia 
mas terreno, hasta el punto de haber sido convocada en Noviembre 
de 1805 unajuiita coiisiilliva, elegida en parte por los ayuíilamientos 



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lie Cuba }y Puerto-Rico, la cuatliabia de discutir todos los os I remos 
que abraía la rcíorma política, admioislraliva y social <lc aquellas 
provincias. 

En k expnsicion de motivos del real decroto citado, se da la prefe- 
rencia á la reunión ilo la junta, y no á la admisión de los diputados 
de {lUramar en el seno de la representación nacional simgtlemenlc 
por una cuestión do método; tan arraigado estaba ya on el espíritu do 
los homlires de Estado el convencimiento de que no podía tardar el 
día en qnc tomasen asiento en la Cámara popular los representan les 
de esas cstensas y florecientes comarcas. 

Cierto es que S posar de estos esfuerzos patrióticos, los proyec" 
losdereforma mas trascendentales en el modo de ser de las imillas' 
se estrellaban en un obstáculo msupcralde. Era este el art. 60 
de la Gonstitacion d( 1855 copiado de la dt 1837 (pif exigiendo 
loyi'! especiales pan los dominio'! do I Itramar los dejaba fuer^ 
(le nuestra comunión potiliea y suscilaba una cuestión previa 
Qo resuella en el largo periodo di veintitrés anos siimpre que se 
pretendía colocar á Cuba j Puerto Hico i ajo la egiila de las ga 
ranlias coustilueíonales He aqut pnes el agigantado paso de la 
rcTolucion en ahia de lat. reformas ultramarinas dosilnildo aquel 
obsticnlo sena ilógico letardar el cumplimiento de las piomtsasy 
la satisíaccion de los compiomiso'! que ios hombres y tos partidos 
liberales de España han contraído con nuestros hermanoi de Ame- 
rica La representación directa dt, istos en el Lueipo legislativo 
Y constituyente surge del alzamiento de Setiembre con lírual fuer 
aa quLlos dtmas derechos el edillcio cuyos cimitiilos labró elen 
iisiasmoenI808 quedará coronado en186S por la espcrlcncia, la ilus- 
tración y el progreso. 

E! GoWeriio estudia la forma electoral mas adecuada á la diversi- 
dad del estado social en las provincias ultramarinas, y al dulinirla 
tendrán muy en cuéntalas naturales diferencias y coiidicioues de los 
liabitanles de nuestras antiUas. Dentro de los limites prácticos, que 
no le es dado traspasar, el Gobierno adoptará un sistema de elección 
tan amplio como sea posible; y una vez confnndidos en el seno de la 
Representación nacional, los diputados del Continente y de las Islas» 
todos con igual derecho, lodos españoles, todos adictos á la madre 
pairía, unirá aquel Cnerpo al majestuoso carácter de niia Asamblea 
solierana el venerable aspecto do uu consejo de íaiiiilia. 

Creería el Ooblemo eslralimltar los poderes que lia recibido de la 



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SaciOQ y qiiG ejerce (Inrantií iiii hriivc iiitcri'í'giio, si diclasc fiini- 
solo cualquier providcucta sobre organización política, coni^icion <lc 
la población de color y asiática, y otros árrluos problemas planteados 
ealas antillas españolas, (jiie la Represcntaoian del país esta llamada 
á resolver con el concurso de los dipulados de ultramar. Ilusorio se- 
ria el mandato de estos reprcscolantes si al llegar á España y ocupar 
su piiGSlo en las Cortes encontrasen decididas ya por un poder dis- 
crecional y arliitrario las cuestiones que mas afectan á sns comiten- 
tes. El Gobierno lia podido adoptar y ba adoptado resoluciones decisi- 
vas en asuntos graves que solo interesan k la Península, porque sien- 
do hijo de la revolución, sinliendo sus iiaipitaciones y oyendo el cla- 
mor de las juntas revolucionarias, lia ilebido satisfacer deseos uni- 
versalmente espresados; pero lio puede obrar de igual manera res- 
pecto á esos liabitantcs que, guiados por su proverbial cordura y 
acrisolado patriotismo, saludan la aurora de la libertad, y esperan en 
actitud serena y reposada el momento de enviar á la Asamblea Cons- 
tituyeme los intérpretes de sus esperanzas y los mantenedores de sus 
derechos . 

Únicamente me consid<.TO autorizado para emitir sobre estos pnn 
tos una idea general, que V. E. debe inculcar en el ánimo de l3s ha- 
bitantes de esas regiones. La revolución actual, que se lia captado 
las simpatías de propios y eslraños, por su templanza y su espíritu 
justiciero, no aplicará íi las provincias de liltraraar medida alguna 
violenta ni atrepellará derechos adquiridos al amparo de las leyes; 
no darü tampoco nueva sanción á inveterados abusos ni á manillestas 
trasgresionos de la ley natural. 

Acepta en el orden político todo lo que tienda á aumentar las in- 
munidades de las provincias ultramarinas, sin relajar los lazos que 
las unen al centro de la patria: admite en el orden social todo lo que 
conspire á un Ün humanitario y civilizador; pero sin alterar de un 
modo brusco y ocasionado á gravísimos conflictos para ella misma la 
condición de la población agrícola de nuestras Antillas. 

Dentro de estas formnlas tienen nuestros hermanos de allende e! 
marunavasla csferade acción donde ensayar tranipiila, pero asidua- 
mente, sus facultades en la via del progreso político y social. La orga- 
nización de sus municipios y provincias, sus sistemas electoral y Iri- 
butario, sus presupuestos annidcs, sns grandes obras publicas, lodo 
el conjunto de su adminislracion, so someterá ü la deliberación del 
Cuerpo legislativo, del cual serán parte integrante los diputados cu- 



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banos y piiüfloriquefios. Kl Gobierní), ailumús, llene la venlaja de po- 
seer los importanles datos que suministró á este JlinLsterio la Junta 
de Inronnacion creada en 1865. y los llevará á la Asamblea para que 
puedan servir de guia en la disensión de las reformas. 

Por esto meiliü, y aplicando siempre su criterio previsor y liberal 
¡i todas las cuestiones, no es dudoso que aun tas mas difíciles y tras- 
cenflenlales se resolverán satisfactoriamente para todos los intereses, 
cesando un estado escepclonal que entraña miiclios peligros, y alcan- 
Kando al lln esas islas el grado de prospcriOíui y grandeza que por 
tantos títulos merecen. 

Madrid 27 de Octubre de !8f>8. 

AdelardoLope/íieAyala.— Señor gobernador superior civil rte la 
Isla de Cuba.— Habana 21 de Noviembre de I8(i8.— Lersnndi. 



El Gobiemo debía ser consecuente con sii programa de 
Cádiz, y no es de estraíiar que malgastase el tiempo en 
combinar un manifiesto indudablemente bien escrito, pero 
fuera de propósito para un país donde la insurrección ha- 
bía levantado la cabeza, no para pedir reformas, sino para 
atentar á la integridad nacional, pues como postejiorinen_ 
te consignó el general Dulce en una circular de que liabla- 
remos, testimonio que no puede ser sospechoso, loa suble- 
vados dijeron desde un principio á dónde iban, y proclama- 
ron la independencia del país en que ¡¡ííCHiroii. í sabiendo 
eslo el lAbierno, no debió haber env alu id imento 
que podia haber reservado para otra o a. o ejo ■; y en 
vez de haber mirado la cuestión bajo el p isma de la poe- 
sía, haberla considerado en el teiTe lo al^o p o co, pero 
el verdadero, el útil, el conveniente el pit t co, déla 
repulsión por medio de la fuerza de un ataque tan aleve 
como injustificado. Muchos males se hubieran evitado si 
esto se hubiese hecho en vez de dejarse engañar por ilu- 
siones de poeta, y no se hubiera dado motivo suficiente 
para que recayese sobre el Gobierno la lacha, cuando me- 



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nos, de imprevisor. Verdad es, y delieiiiüs si>r justos, que 
no toda la responsabilidad es del Gobierno; la tienen muy 
grande, tal vez la mayor, los que promovieron ios desor- 
denes de Málaga, Cádi/ y Jerez y otros puntos de Andalu- 
cía, laUando indijrnameule al patriotismo, poi-quo liay mo- 
tivos muy fundados, casi evidentes, para creer que aque- 
llos movimientos estaban ligados con la insuiTCcciou cu- 
bana para impedir ó dificultar la remisión de tropas. Los 
laborantes ban trabajado siempre mucho en este spntido. 
De todos modos, iqu6 contraste! En Cuba sujileváudose 
contra España, atacando á la integridad del territorio con 
el grito de independencia, rechazando con e¡ mayor des- 
den nuestras concesiones, y el Gobierno español mimando 
á Cuba, y ofreciíJndole garantías y derechos como nuiícji 
liabia soñado tenor, por mas que Imbíera do indigestársele 
un manjar demasiado faerto para su estómago. ¡Stemprí! 
Espafla ha sido lo mismo; siempre su generosidad ha tras- 
pasado los limites de lo convenientel Por lo visto el Go- 
bierno continuaba desorientado, según las apariencias, 
sobre lo que significaliíi la insmi'eccion cubana, y trataba 
de aplicar al país, tan gravemente enformo, un remedid 
lan malo como la enfermedad; y no podia ser mas estem- 
poránea la medicina, tanto que al ñn hubo de retirarse 
por no acabar de malJir al enfermo. ¡Siempre lo mismol 
¿Por qué no hemos de tomar en cuenta las lecciones de la 
esperiencia, que son el libro donde debemos inspirarnos 
para todos nuestros acto S en p e jue en la Tsla de Cuba 
se ha tratado de cambiai ole ta tempestivamente el 
régimen allí establecido le os te do disturbios de suma 
gravedad y trascendencia Ta te e c on que el ministe- 
rio de Ultramai' ha tenido ue te a to lopudoser ni mas 
funesta ni mas desatinada, y liasla <u'cemos quo neulrali/n 
los esfuerzos que se ha<'iaii en el miiiis[i>rin ili' ¡:i ("liien'ii 



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para euviíir rofíiorzos, qiio era lo urgente y en lü único en 
qne deliiera haberse pensado. En las situaeiones normales 
so debe organizar normalmente; en las de lucha se debe 
luchar liasta vencer; pero fijando toda la acción en la 
lucha. 



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CAPÍTULO IV. 



Llegada del general Villate áPuerto-Pnncipe.— Alocución quü dirige.— Ni 

general.— Su miirchft y encuentro Clin lúa rebeldcB.— Parlas pomposos i 
estos.— Completa interrupción de las comunicaciones.— Disposiciones d 
gobernador Meiía. 



Llegó por fin á Puetto-Príncipe el H) de Noviembre el 
general Villate (»n una columna que entre infantería, 
caballería y artillería no llegaba á ochocientos hombres; 
esta columna era la única que habia podido organizarse al 
mes de piincipiada la insurrección. Siempre que se hable 
de operaciones militares, quede sentado que no sabemos 
ni por qué se han hecho y deshecho los movimientos, ni 
comprendemos nada de lo que ha sucedido. Baste decir, 
aunque sea i-epitiéndolo, que llegó la columna del general 
Villate, que indudablemente no pudo operar en el Depar- 
lamento Oriental por su falta de fuerza. í,Qué eran ocho- 
cientos liombres, por mas vaüentes, animosos y decididos 
que fuesen, contra una insurrección casi general en el de- 
partamento? Casi general, sí, escepto en los puntos fortifi- 
cados, porque para ello hablan tenido tiempo y recursos 
los sublevados, .■! quienes no se habia inquietado en nada 



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por falta materia! de medios. Perdónesenos que una y otra 
■vez insistamos en esto, porque conviene poner bien de re- 
lieve las situaciones por que lia pasado la reholion. 

El genei-al Villate había sido gobernador de Puerto- 
Príncipe, tenia muchas simpatías en la ciudad, y además 
de la carta que anteriormente queda trascriía, dirigió á los 
camagueyanos la alocución si<;uiente: 

«A los habitantes de la. ciuilad y jur¡sdii;c¡i)u de l'iiortii-l'riLicipü.— 
Camagueyanos; Estoy on vuestra poljlacion. y en ella lie entrado co- 
mo un amigo: á mi paso desdo Vcrlieides at|Uf lie encontrado el cari- 
Ooso respeto que yo esperaba, y en la ciudad rostros ptacouluros por 
mi venida: ¿es que esperáis de mí el remedio de vuestros pesares? si 
así lo habéis creído, me habéis juzgado como soy y deseo ser pare 
vosotros. 

Sé que algunos hijos de este [luelilo, cuyos nombres no es mi áni- 
mo recordar, han empuitado las armas para pedir loque anticipada y 
generosamente les ha acordado el Gobierno de la metrópoli: ¿y es 
justa una conducta semejante por parte vuestra, una impaciencia tan 
falta de esplicacion, con un fioiiierno qnc se anticipa á vuestras ma- 
ní festacioiies verbales ó escritas? Poned vuestra mano en el coraron 
y éi os dirá qne habéis obrado mal, que no tuvisteis razón paralo que 
habéis hecho. Así, pues, volveos á vuestros hogares; dejad las armas 
i|iie empuñabas contra vuestros hermanos; abandonadlas en mi mo- 
ada, que siempre ha sido vuestra, y seguid cumpliendo con los de- 
beres de los buenos ciudadanos, de que tantas muestras habéis dado 
hasta ahora. 

¿Queréis que os garantice vuestro amor cívico por lo que os pido! 
I^ies yo vengo á aseguraros que las frani|iiicias y concesiones que el 
(¡obierno de la Nación que nos es común os dará, y que por el presi- 
dente del Consejo do Ministros está anunciada su llegada cu el próKÍ' 
mo correo, esas mismas serün desde luego puestas en planta por 
nuestra primera Autoridad. Esta garantía que yo os ofi'czco, y que 
sale á cada momento de los l&bios del Capitán General, tenedla por 
segura, y que mi promesa os sirva de reguardo para vuestra defini- 
tiva resolución, que espera sea la que os indica vuestro antiguo go- 
bernador,— Kl conde de líalmasi.da. 

Puerto-Príncipe, 20 de Noviembre de ISüB." 



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iCoiiiu se engañalja el goiiural VÜIalc, 6, iiicjur didii], 
i^üiuü le engañaban! Ni la poLlacion , con rai'as oscepcio- 
nes, le había recibido con jüljilo, ni esc ei-a el camino; 
antes por el contrario se le consideraDa como un encarni- 
zado enemigo. Bien lo conoció después el general cuando 
atravesó calles enteras sin encoiitrai- ni un saludo , sino 
puertas cerradas y rostros adustos y desdeíiosos. Esto no 
impidió que instautíineamente se viese rodoado y acosado 
nn todas ¡lartes por personas unas todavía llenas de ilusio- 
nes y de buena K, otras, y estas eran las mas, con el ob- 
jeto de deslnmbrarle, de enti'etenerle y de cngaliaile para 
lo que proyectaban. 

Kl general creia que todavía podria hacei-se mnclio con 
la persuasión, y volvieron á abrii-se nuevas nügociaciones. 
Un Sr. Argila^s, preso en Ciego de Avila por sospechan 
tundadas de que liabia ido con intención de sublevar 
aquella parte confinante con el departamento, fné puesta 
en libertad por orden del general, y se presentó como me- 
diador con los insurrectos ú quienes dijo iba á convencer 
para que dejasen las armas. Un D. Napoleón Arango, ge- 
neral que se decia de las tropas liberales independientes, 
se presentó también al general y principiaron los cabil- 
deos. Iban, venían, discutían, se avenían, se desavenían; 
era un flujo y reflujo, un alza y baja que mientras á unos 
seducía, á los que creemos haber visto claro desde el prin- 
pío nos descorazonaba. Sin ser pexímístasni desconflai- 
dos, sin mas que mirar con sangre fria lo que pasaba, sin 
prevenciones favorables ni desfavorables, con solo consi- 
derar el movimiento y sus antecedentes , desde luego nos 
pareció que por los sublevados y sus adeptos se procedia de 
muy mala fé. Y como sí hubiese habido un empeño decidido 
en engañar al Gobierno y en estraviar la opinión , vimos 
ma no pora ^^mprcsa en el Diario ilf la Harina un «nello 



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8X 
en que, reliriéndose á noticias rcwliidas &c, Puerto-Prin- 
cipe, se asegiiralja qnc la pacifiranion se encontraba mny 
adelantada, y que se hablan presentado al general Villate 
quinientos sublevados con sus armas. Parece mentira que 
lales desatinos se escribiesen á un periódico formal ú sa- 
biendas de que eran falsas. Cuando Napoleón Araiigo se 
retii-ó dejando el mando á su hermano AugustL> , es decir, 
haciendo un verdadero papel de comedia, solamente se re- 
tiraron coLi él unas doce ó catorce personas, las cuales á 
poco volvieron á marcliar &, engrosar las filas de los liber- 
tadores, y aun algunos fueron jefes de partida. Es necesa- 
rio que resalte siempre la lealtad con que los cubanos su- 
blevados han procedido en todas ocasiones. 

El resultado de tanto cabildeo, de tanta junta y de tan- 
tas seguridades dadas, fué convencei'se al lin el general 
Villate de que se iiabia estado jugando con su credulidad 
y su buena fé. Entretanto hablan ido reuniéndose las par- 
tidas en el camino de Nuevitas, donde se había atrinche- 
rado en un mal paso llamado Bonilla. Aryilagos seuiiió í 
los insun-ectos y formó su partida, que después fué la que 
tuvo bloqueadala ciudad. Aiaogo , que era el mediador, di- 
jo que renunciaba á su trabajo porque le creía inútil, y que 
se i-etiraba á su ingenio; pero la verdad es que , como des- 
pués ha confesado bien esplícitamente en una proclama que 
dio cuando por segunda vez salió al campo, lo que hizo fué 
aconsejar que fuesen ai'mados á esperar al general á su pa- 
so. Enlas conferencias que en efecto tuvo Arangoconsus ami- 
gos fué cuando un jefe de una partida dijo con universal 
aplauso que primero quería ser africano queespaíiol; y otro, 
que sabia perfectamentequeloqne se haciaera buscar la rui- 
na del país, pero que todo lo aceptaba menos ser español ■ 

Estas ideas, que son la síntesis de la rebellón, domina- 
ron por completo. 



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P9 

Y atjui noB parece oportuno hacer Tina inanifestacion 
franca de nuestros sentimientos. No somos apasionados ni 
tenemos por qué serlo; creemos , como liemos dicho , que 
casi todas las personas de algnn valer en Puerto-Príncipe 
habían tomado parte en la conspiración; pero muchas de 
ellas rechazaban la idea de independencia. Casi todos sim- 
patizaban mas ómenos con la insurreccioncuaado principió, 
cuando hipócritamente se decia que lo que se deseaba era 
pura y simplemente garantías, continuando siempre Cuba 
como provincia española; pero desde que se conocieron las 
verdaderas tendencias de los insurrectos, desde que con sus 
depredaciones y atrocidades dieron á conocer que eran 
unos verdaderos salvajes, las personas decentes y de sen- 
lido común se apartaron de ellos negándoles su apoyo, 
aun cuando no fuese mas que movidos por el instinto con- 
servador. Lo único que hubo de parte de estas personas 
fué macho miedo; y esto dio motivo para que desconfiasen 
de ellos sus paisanos y los espaholes , quienes no veian 
loda la trasparencia que era de desear. Es la condición de 
los neutrales, que no son, por lo común, aceptables á nin- 
guno de los bandos contendientes, 

Ei general, que indudablemente había estado siendo 
victima de su escesiva buena íé , comenzó á ver claro y á 
dejarse de ilusiones; vio agotados todos los recursos que 
su humanidad y su buen deseo le habían sugeñdo; com- 
prendió que el prestigio y el decoro de la autoridad se ha- 
llaban bastante por el suelo, y se resolvió .1 emprender su 
marcha para Nuevitas, lo que en efecto se verificó el 26 de 
Noviembre con la misma gente que llevó. Hubo personas 
demasiado ciegas y confiadas ó de mala fé que le hicieron 
concebir una seguridad inconcebible de que no encontra- 
ría obstáculo en su paso. Esta opinión dominó por desgi'a- 
'ia sobre las nías fundadas de que desconfiase de todo, 



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ponqué ya toui;i muesUas mas iiiie üitficleiites de !a leal- 
tad de aiiuclla gente. Antes de salir publicó uu bando que 
solamente en mía ocasión sabemos tuviese cumplimiento, 
fusilíiiidose cii I'nerto-I'rínrípe dos desdichados ú quienes 
se enconlio un pase del cabet-iila de la partida á que per- 
tenecían piia que pdsisen i li nnd id á asunto'* del sei\ i- 
cio- lie aquí el tenoi del bando 

-CoiiKii!i,raHd<i JíTOladii'- tüili)'- ti = ni ki-. J ¡iLrainsirii qii(! 
han dicfado la iiilonilail del Cp|iitari ^i lu r d j K niLa i los quu, 
(iMilando "íiis dcheiv: traían áL pcrlurliar y perturlian la paz de 
(pie siempre lia disfnitddo csla hla considerando de ingenie ne- 
uesidad la adopción de minlidas eiiórgicas, que si bien sean blandas 
con los que locono/can sus errores, sean rociase ¡nfleiiblcs con 
'os que abandonando sus Logares se lian colocado fuera de la ley; 
Y en virtud do-las faenlfades de que estoy mvestido ordeno j 
mando 

Articulo I Cinn edo indu'to amplio á lodos los reiieldcs que en el 
plaío de cuatro días contados desdo que se publique este bando en 
cadapuntoporlarcspectiva autoridad militar, se prescotco á la mia 
6 & loa comandantes generales, ntililarcB 6 do armas, siempre que lo 
rerlDqncn con las armas con que se lian levantado ó combatido en la 
insurrección. Estos ¡ndivídiins, después de prcseulados, podrán reti- 
rarse á BUS hogares. 

Art. 2.° Pasado este plaao , los que se a[ircbendan con las armas 
en la mano los que se alzasen fiúblicamcnte para destruir la integri- 
dad nacional los que bajo cualquier protesto se rebelen contra las 
autoridades constituidas por el Gobierno español, ó trastornen de al- 
gunniodo elónltupíiblieo; los que redacten, impriman ócirculen 
escritos ó noticias subversivas: ios que intemimpan ó destruyan Ua 
comunicaciones tclcgrúílcas; los que detengan ó íntcrceplen la cor- 
respondeiiuia publica; los que destruyan las vias forreas ó pon- 
gan obsticiilos 1 n los demás caminos públicos para perseguir á 
los revoltosos los conspiradores y auxiliadores, en lin, de todos 
estos delitos, bus e/impliccs y encubridores, serán pasados por las 

Art 3" Losiomprcndidoseri el arlicuio anterior, cuando fiiori.'!' 
aprüíendidos stráii ju/.gados por un consejo de guerra verbal. 



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\rl- ■i.' lisias (lisposicioucs cesarán lan Iiií;;,'!! ronio iL'rmin n los 
niolivos pof losciialos se han dictado. 

Puerlo-ri-incipc Noviomljre do (SfiS.— El uantk iIfí Val máscela. >. 

Confiado marchaba el general Villate por la parte del 
ferro-carril Jio destrozado, con un furgón que había hecho 
preparar para llevar las municiones y equipajet;, cuando 
de repente al llegar al puente llamado de Tomás Pío, 
montes de Bonilla, recibió una descarga casi á quemaropa 
de la que resultaron nueve soldados y un oficial muertos 
y treinta herídos. lie aqnl el bien lacónico paite que sobre 
este punto publicó el Sr. Mena, quien supo lo ocurrido por 
ana carta que le escribió el general: 

"Sogim aviso (1T1C he recibido del I'xcmo. señor Comandante gene- 
ral del ejórcilo en opüracionos, cu el dia de ayer tino un encuentro 
Ib columna de su mando con las columnas insnrreclas qne se encon- 
traban al abrÍRO de los montes llamados de Bonilla, de los que fueron 
desalojados por las Tállenles tropas, causándoles bastante nfimero de 
muertos y heridos y cogiéndoles mas de cincuenta caballos, gran 
número de armas, municiones y efectos; teniendo que lameular por 
su parte la perdida de diez muertos y treinta heridos leves cu su ma- 
yor ui'imero.» 

El laconismo de este parle que á nadie satisfizii, con- 
ti'asta con el siguiente de los insurrectos publicado en un 
periodiquillo de Sibarncú: 

—Campo de acciones: 

Tengo el gusto de anunciar al ciudadano gobernador Tomás Agra- 
monle, que el día 5S de este mesme encontró con las fuerzas del ene- 
migo, al mando del general Villate, en el punto conocido por puente 
de Tomás Pió, en número eonsiderable: las calculo en 800 hombres 
lie todas armas: mí apreciación está basada en e¡ mínimum, sise 
atiende á lo que el mismo general ba dicho, que eran mil quinientos 
hombres. 

Avisado con anlOrÍDridaJ, cülüquc la gente en ios piuilos conve- 



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'.t2 
nieules, y aguarde al ciicniigo toda la iioclic del 17 hasta que kc pre- 
sentó el 2S, como á las diez de la maijaua, cu un tren especial que le 
fué arreglado. Apenas llegó al puente priiicipiú h niauiobrar con las 
compañías del regimiento déla Haíiana dcsplcgñudolas en guorrllla 
y haciendo nn fuego nutrido y constante sobre mis lineas. Estas rom- 
pieron sus fuegos, y el combale siguió. Has do veinte cañonaaos nos 
enyiij con melralla, uaa partida de granadas y como doce mil tiros. 
Durante tres horas se mantuvo el fuego con rauchisimo furor, basta 
que avanzando saitít de inicstros tiros. Maque inmediatamente la reta- 
guardia, y allí le caus¿ bastante daüo que se aumentó con la llegada 
del tren convoy. Sb han Tísto en el campo doce mnerlos, y segnn la 
espresion del maquinista, prisionero, les hicimos cincuenta heridos, 
que tuvieron que llevar en camillas por la falta do carros. 

Hemos alcanaado «na gvan victoria, pues lejos de lograr el enemi- 
go el arreglo de la comunicación férrea lo lie estorbado y me he 
apoderado de su locomotora y de sus carros, ¡uposíbUilándole de tal 
modo que no se puede hacer uso de la locomotora. Solo dos lieridas 
he tenido el disgusto de ver en los de mis íHas: una leve en un muslo 
recibida por el ciudadano Eduardo Agrámente, y olra en una mano el 
ciudadano Vicente Viamoutes. Mi encuentro ha sido teliz y estoy con- 
tento y satisfecbo con la gente que opero. Ko tuve mas que ciento 
cincuenta liombres que oponerle á las fuerzas enemigas. Me lia pare- 
cido indigna la medida observada por el general 'ViUate de haberle 
dado sepultura á algunos cadáveres, dejando tres en el campo de ba- 
talla. Debo ser lacónico por la premura del tiempo. Dios guardo 
á V. muchos años.— 29 de Noviembre de 1868.— Patria y libertad.— El 
ciudadano general en jefe, Augusto.— E! secretario, Ignacio Mora.— 
Sibanicrt í.- de Diciembre.— (Es copia)." 

El lenguaje ridículo y f;uifan.'on de' este parte plagado 
de emlnistes groseros, denolaba la farsa que los insurrec- 
tos estaban haciendo y cómo trataban de embaucar á los 
incautos. Los que esperaron en emboscada al general Vi- 
Uate pasaban de cuatrocientos hombres, quienesnoliicieron 
mas que la primera descarga , huyendo vergonzosamente 
en todas direcciones luego (¡ue se les contestó. Demasiado 
sabían que no eran capaces de presentarse frente á Érenle, 
no solo en terreno descubierto, sino ni aun en el monte. 



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93 
Recostó el general Villate sus heridos y sisuió su camino 
Á Nuevitas, sin mas obstáculos (jue algún tiroteo insignifi- 
cante desde muy lejos, por cuyo motivo se vio obligado á 
destruir algunas fincas desde donde le hostilizaron. Tam- 
bién de esto compusieron una ridicula fábula y publicaron 
otro parte pedantesco. He aquí su contenido para que los 
lectores vean de qué manera nos trataban los que liabian 
querido hacernos tragar que solo peleaban por la libertad, 
pero siempre como españoles: 

"Segunda hoja.— La horda do. foragidos poninsiiJarcs ospaíiolcs 
qnc salió el 26 de Noviembre del Principe justifica en su niarclia el 
epíteto de iDfames y bárbaros coii qoe han sido Lautizados desde su 
maltiadiLda conquista de la América liasta nuestros dias. 

En BU primera acción se han mostrado cobardes é impotentes, y no 
exageramos; <iuisieron con mil qiiiiiientoa liombrps de tc'as las ar- 
mas rcconstrnirlavia férrea, siguiendo trinnfantes hasta Nuevitas, 
y ciento cincnenla camagiieyanos so lo han estorbado y les han hecho 
emprender fnga por distinto camino, como lo comprueba el haber te- 
nido que acampar á una legua, en el ingenio la Fé, y de allí seguir 
por las sábanas hasta San Miguel, punto muy distante del ferro-carril 
y de Nuevitas. 

El general Vairaaseda procede de uu modo Tergonzoso, vil; nodija 
por donde pasa sino ruina: conoce su impotencia para vencemos y 
aun para hacemos daño con sus cacareados ritles, cafiones y grana- 
das, y satisface su odio y sed de venganza incendiando los campos 
cuUivados, apoderándose de nuestras negradas y destruyendo á ca- 
ñonazos las filiricas y mi(|uiuas de nuestros ingenios, Viliate no es 
un guerrero, es un vándalo. Mejor le estuviera recordar que todo es- 
pañol que ha enriquecido es lioy un hacendado, y que con ellos sera 
muy fácil tomar á debido tiempo la justa revancha. Ko tememos hoy 
los cuhanos perder nuestros intereses, y Cuba que ha alimentado con 
sus pechos al tirano que con mano aleve desgarra sus entrañas, sabrá 
brindamos los millones de posos qne la España nos ha robado para 
sostener esa horda de bandidos que hoy incendia, roba y pilla nues- 
tros hogares. Al cubano le sobra con las producciones de su suelo; 
todo lo tenemos: ;)or eso queremos ser libres. No mas tiranía.— El 
ciudadano redactor. 



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Hiioslro general mi jefe n03 diré: dv.sth- flniíilla liasla h iniiitp 
cion hemos batliio ventajosamente al enemigo liac'iéndole muchas 
bajas, tanto en este punto como en toda su marcha Itasla Saii Migiicl 
Se los ijuestros lia liabiilo im solo muerto y seis heridos. Ciiliasabc 
ai somos nosotros ó el impotente Mena tiiiien dice la vonlad. el 
jmrtc que publiui) es una mentira vcrgotiíioga. El dia 29 los ciii<lada- 
nos Bernabé do Varoua y Ángel Castillo tuvieron nn encuentro con las 
tropas, (|iie durúenatro horas, recibionilo granadas y cafioiiaKOS que 
no causaron daiio alguno: ie liicimos varios raucríos al enemigo, en- 
tre ellos un corneta, y muchos lierlilos. Esto dia incendiaron y arra- 
saron ol ingenio de flarreto. El :iO durmieran en la Union, cuyo in- 
genio destruyeron igualmonle, y el de Sania Isabel, perteneciente á 
los Sres. Castillo, á cañonazos j cl tl/on: aqni Invímos otro enencn- 
tro, haciendo nuevos muertos, bcridus y prisioneros. El 1." otro en- 
cuentro en la Consolación: los españoles gritaban iviva Cukal El tolal 
de bajas del enemigo asciende á 301), que reemplazan con negros es- 
clavos que Vlllate levanta y arma. 

Estudien los cubanos on este rasgo cl carúctfcr de nuestros domi- 
nadores. Acampa en San Miguel cl enemigo. Ko le perdemos la pista. 
Patriay libertad.— El ciudadano general en JeCe, Augusto.— El secre- 
tario, Ignacio Mora.— Sibanicú 4 de Dicierahre.— (Es copia).» 

Ni las tropas tuvieron mas bnjas que uno ó dos heridos, 
ni Villate armó los negros, ui sucedió nada de lo que se 
dice en ese desdichado paite. Llegó en efecto .■! San Miguel, 
donde los insnri^ctos tenían su campamento; pero estos 
huyeran precipitadamente, sin encontrar mas qne A dos ó 
tres peraonas, nna de ellas el titulado gobernador del pue- 
blo, Villate, sin embargo, no solo no le fusiló, sino que se 
limitó !i [enviarle A Ja Habana á disposición del capitán 
genera!. Estos eran los actos de vandalismo que cometían 
los españoles. 

El correo que llegó á Puerto-Principo el ?5 de Noviem- 
bre fué el último que recibimos. Desde ese dia, interrum- 
pidas todas las comunicai^iones, no entrando ni saliendo 
correos y cortado el lelógvafo de la Habana, quedó la po- 
blación en el muí cninplfUo iviHlairiioiito. Nuestros ojo^^ se 



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95 

volvían A Nuevilas y ;'i la Habana, iicro ni nn i'ayu du Inii 
asomaba. El comiU; vevolucioiíano sfiguia liuicio liando, y 
los ins arrecios sacaban de la oiudad toda clase do auxilios, 
hasta que convencido ei gobernador de que nada podía es- 
perar y queriendo enmendar lo que habia hecho, dejó sin 
efecto todas las Ucencias de armas, orden irrisoria porque 
ni una se le presentó, y prohibió la venta por mayor en 
las tiendas de víveres, bodegas, almacenes de i'opas, pele- 
terías y zapaterías, asi como la estraccion de los artículos 
ijvie vendían. 

Mucho se criticó esta disposición, alegando hípóciita- 
mente que era el medio de prii'ar de la subsistencia á las 
familias pobres que había en el líampo. Sin embargo, esta 
medida fué muy acertada, primero porque privó á los re- 
beldes de recursos que diariamente sacaban de la ciudad, 
tanto de víveres como de ropa; segundo, poitjue si no se 
huhiera cerrado la puerta A la estraccion de víveres, hu- 
biera sido irñposible vivir el tiempo que después vivimos 
sin que entrase ningún recurso de fnera, mas que las 
viandas que se conquistaban á balazos. Los mismos que 
censuraban al principio la medida viiiieion á reconocer y 
á confesar que fué acertada, cuando áiiues de Abril no se 
habia recibido aun au.vÍlio ninguno; cuando se sentía» los 
horrores del liambre. dm esto y cou la vigilancia que se 
estableció para impedir las entradas y salidas de gentes 
sospechosas, y que de seguro eran auxiliaies de la insur- 
rección, se consiguió privarla akMut l:mto de grandes au- 
xilios de que liabia estado díspiuiiiíiido. 



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CAPITULO V. 



Vergonzoso ci'n que en nna población de cerca de cua- 
renta mil almas se limitase la fuerza de voluntario;- á un 
hatallon escaso que harto liacia con dar la guardia diaria. 
Til f^ofaernador cayó eu la cuenta de que seria conveniente 
ür;janizar alguna fuerza movilizada, y convocó una junta 
para arbiU'at- medios á fin de sostener dicha fuerza. En 
pocas horas, entre el comercio y propietarios españoles, y 
iniiy pocos funcionarios púhlicos y ninguno ó casi ningu- 
no de la población, se reunieron cerca de 5.000 duros 
mensuales, por susoricion; sin embargo no se armo sino 
una fuerza de unos SO hombres que después subió hasta. 
100 y pico. Y en nuestra opinión, la principal fuerza que 
Gil esta guerra hubiera debido utilizarse, era la de cuerpos 
[raiiíios, compuestos de gente conocedora del país y acos- 
tumbrada á su clima. Siempre liemos cieido que en uña 
guerra de monte, debian oponerse á las partidas otras 
panidn?, sin perinic.io de las i'o!niiiu:i= quii opeinsPii. 



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Ht;iiiod peiisadu ijue uü esta líueira. siiJire ludo cu eldíj- 
parlimfjUo Centnl la infintem letvia depocí snpue-í 
lo jiie liihia que liuscii 1 enemi^-os todos montados 
j en teiicno llano y no nos ha paiecido nunca que 
ein cosí de peí se uu i cahalleita con infanteiia liulii 
ramos pieEendo vei muchas piitid is c (.olnminti'- mouti 
das operando de concierto con otras columnas mayores. 
íja guerra principiada, no nos cansaremos de decido; 
no era guerra de fienerales, ni de grandes planes estratígi- 
cos. ni de sabias combinaeiones, ni de estados mayores 
creando nuevos embarazos; era una guerra especial de 
guerrillas, de ardides, de sorpi-osas, de buenas confiden- 
cias y de movimientos rápidos que desconcertasen al ene- 
raigo. Todo esto no podia hacerse sino comct hemos 
dicho; con contra-partidas montadas, tan numerosas coino 
hubiese sido posible, con los capitanes de partido, que es- 
taban todos en las capitales, y esto era un gran error. Es- 
tas columnitas movibles, viviendo en el campo como los 
insurrectos, valiéndose de los mismos ardides que ellos, y 
tan ligeros como ellos, no hubieran tardado en dar cuenta 
de la insun-eccion. Nosotros, ágenos á la milicia, no nos 
liul)icramos atrevido á formular este plan de campaña si 
no lo bubiúramos oido íi muchos oficiales roiiocodores de 
aquel país y á casi todos los peninsulares qnehacetienip" 
rivenen él. Además, sin ser militares creemos tener sen- 
¡ido común, y este nos dice que tal debia ser el único ca- 
jiiino qne habia debido seguirse, si se quena que la perse- 
cución fuese ftu{;tuosa. Que, j.tan pronto se han olvidad" 
las condiciones del pais? ¿No se sabe que el soldado est;'i 
¡lOco menos que imposibilitado para andar después de hfi- 
i)fir hecbo una jornada de cuatro ó cinco legaas? ¿No se sa- 
J)e que lio hay apenas caminos, y que los que hay se po- 
nen impraclicables con muy poco que Uueva'í Pues con 



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(ísiabf ooiiiliciüiios, con el espionaje que los sublevados te- 
nían, la persecución cotí iiiraiilería la creiainos de todo 
punto iiieRca/, como no fuese para dar un golpe seguro 
eu türreiio montaíioso, ó piíra ocupar el país y recorrerle 
toniiaiido red. 

Pero dejando á un lado estas consideraciones, volva- 
niüs á tomar el hilo de nuestro relato. El comité revolu- 
cionario que contiuualja fmicionaudo dentro y Xuera de la 
dndad, con esa hipociesia con yue cu todo se proce- 
día, tjuiso intentar el medio de seducif con halagos á los 
españoles, pocos en níimero relativamente á la población, 
pei'o leal&í y decididos en favoi de líipaíia. Para el efecto 
se repartieron con gran profusión dos proclamas qne tam- 
bién pueden servir de norma para juzgar do la benevolen- 
cia de los insurrectos liAcia todo lo qne es español. 

lie aquí su contenido: 

•■Manillosto ú los poLiiiiKiilarosrcsi'lt'ntc.-! cu csla Isla,— tiiajuio los 
iMibauos !íc lanzaron con las armas on lan niariüs ii combatir ú su^ 
ojiresorcs, no lo hicieron cesados por el encono ni arrastrados si- 
i[uicra por la pasión (jao la maldail irritara. Antes liaüiau meditado 
mucho sobre los inconvenientes dj una revolución y sus consecuen- 
cias: liabian probado hasta donde era posible el suMmicnto; ; solo 
cuando se convencieron de que no cabla olru remedio á tantos males, 
yeuajnlo la profanación de sus derechos mas caios se amagaba con 
nua contribución abrumadora, apelaron á las arma^:. 

No os, pncs, nna guerra de odios ni qno Inquiera k procedencia de 
los enemigos: es una guerra contra la opresión y esclusivamonlc con- 
tra ella: es una contienda que aspira á ta libertad y no á saciar sed de 
sangre. 

De esta suerte, desde el principio dislinguió á los españoles bue- 
nos y tranquilos, que trab;.jaiiilo hon rállame nle nicrcccu bien de los 
cubanos, y aquellos otros i|ue se ocupan aranosos cu oprimir ii nues- 
tra patria. A los primeros, los reputa liermanOE,y desde elínsfanle de 
iiueslro [>ronuiLciamieiLlo coiilra el fio bienio, nos dirig'inios á ellos, 
h-i-ii'iidulví compritider 1^ uunsideracion que nos merecen, l;is kvj» 



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que deben «nimos, y les ofroeimos respetar sus persoJias v sus bie- 
nes. Los que han encontrado nnestraa fuerzas, ya en Guaimaro, ya ■ 
en GasGorro, ya en Sibanicrt, ya en San Miguel ó en cualquiera olra 
parte ocupada por ellas, saben cómo hemos sabido equipararlos t los 
ciudadanos paclñces nacidos en Cuba, sin distinciones odiosas y sJu 
lastimarles enningiin sentido. 

Nuestras flias mismas han admitido á todo peninsular (pie espontá- 
neamente ha ofrecido su sangre para combatir un Gobierno tiránico i 
todas luces, y muchos ocupan lugares de mando entre nosotros, y co- 
mo nosotros odian el despotismo, como nosotros aman la liljertad, y 
como nosotros tienden sn mano A todo liombre tueno donde quiera 
que haya nacido. 

Muchos, sin embargo, no han querido aceptar esa situación pad- 
Hoa, y soban, apresurado, ora i contribuir con sus bienes i sostener 
la opresión de Cuba, ora á tomar las armas contra sus hijos. Las sus- 
ci-iciones y sns residfados puestos 4 ios pies de los gobernantes, y los 
alardes de destrucción y muerte de los cubanos entro el mido de los 
brindis y de báquicas carcajadas, son notorios, como el hecho de to- 
mar las armas Toluntariamentc con la pretensión de ahogar la justi- 
cia que agita en masa la población cubana. 

Los que aceptan !a consideración firaternal que siempre ofrecimos, 
os (¡ne aman el país que les lia proporcionado abundante froto t su 
trabajo, los que no olvidan los vínculos que le ligan a él, los que la- 
boriosamente labran su fortuna é iudireclamente contribuyen á la 
prosperidad de Cuba, toáoslos que, en fin, nonos son hostiles, mere- 
cerán siempre nuestro aprecio fraternal, y sus bienes y sus personas 



Mas ¡os que han rehusado esa consideración y quieren contarse 
en el número de nuestros enemigo.s, los que quieren romper todo 
vinculo en Cuba y con sus hijos. los cpie quieren la guerra con nos- 
otros, sería nuestros enemigos, y ni tendrán derecho á quejarse ja- 
más de nuestra conducta hacia ellos, ni razón para atribuir á otra 
causa que á su voluntario proceder los males que les sobrevengan. Lo 
diremos una vez mas, y no nos cansaremos de repetirlo: no distin- 
guimos entre cubímos y españoles; solo atenderemos á la conducta, 
cualquiera que sea el origen, 

Defensores del derecho, respetaremos el de todos los que no aten- 
ten contra el nuestro; pero solo el de ellos merecerá tal considera- 
ción. 



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Mal n lo a de a pro lan a 1 perso 

lias áq n ed anyp^el on am le 
inzfíabaii p pp nmnoDldeldan 

que los españoles peiiiiisalafes habían de hacer jamas 
híiicion á su patria? Su lealtad los ponía al ahrigo di! toda 
indigna sugestión, y su huen seiiUdü les hacia cotnpren- 
dei' lo que signiÜcaha la fraternidad con que se les brin- 
daba. Los peninsulares aceptaban su ruina y todo el odio 
de los sublevados, mil veces mejor que su protección y 
afecto, que no eran en resumen jnasque un lazo para sor- 
prenderlos y tomarlos como instrumentos de sus reproba- 
dos fines. El comercio y todos los peninsulares rechazaron 
'■on el mas profundo desprecio las ofertas, y continuaron 
Laüa ve/ con mas ahinco prestando su decidido apoyo ma- 
teiial y moral al fiobierno, que era la genuina representa- 
don de la naciou española. La leecioii que ios enemigos 
de Espaíla llevaron no pudo ser mas dura ni mas elocuen- 
te. Que aprendan á conocer á los españoles. 

Varios vr-einos de la población, con el dcson de ponerla 



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102 
á Cíil)icrl.o prjr la iiai;he de riuilijníor dusmaii, viciiilii t\uf' 
toda ella (luedaba aljandonada y eva ficil que ucniTioí^eiL 
algunos casos de salvajo y cobarde venganza, pori[iie los 
insurrectos entraban todas las noches, proyectaron y lle- 
vaiAn á efecto reunir nna fuerza de volantaiics á caljalln 
que rondasen de noche por la ciudad y sus inmediacio- 
nes. Ksta fiier/a prcsü) grandes sei-vicios, no solo persi- 
guiendo á los enemigos, sino impidiendo que entrasen- 
como entraban, de noche y con la mayor impmiidad, y sa 
liendo A buscar ganado y víveres al campo. De publico se 
sabe que en la noche del día en que ocurrió el encuentro 
en Bonilla, entraron varias volantas con herfdos custodia- 
das por gente á caballo. Sin embai'go, nada se pudo des- 
cubrir, aunque es de suponer que se practicarian las averi- 
guaciones necesatias para ello: tal era el espíritu de la po- 
blación. Si entonces hubiera existido esta fuerza de volun- 
tarios, A buen segnio no se hubier'an atrevido los enemi- 
gos á entrar sus heridos en ia ciudad, por mas apoyo qut^ 
en ella tuviesen. 

Desde esta C-.poca en adelante nada podemos decir sino 
depredaciones sin fin por parte de los ficciosos doMín;- 
cion de lincas de los españoles ó de los nituiilps que no 
hahian tomadoparteactiva en Iniehehon fiuaimiio Siha- 
nicú, Cascorro, San Jerónimo, üul tis San Mit,uel todos 
estos pueblecillos eran centros donde teman sus funihas 
y campamentos con toda comodidal ^ desahos¡;o en la •-«- 
guridad de que nadie les molestiua Y tennn la/on por- 
que la columna de Villate permai ecii en fN uevitas =;in mo' 
verse; en Puei'to-Principe seguian las pocas tropas que ha- 
bla en sus cuarteles, y solamente alguna salida de los mo- 
vilizados y voluntarios so veriOcó á corta distancia, no 
porque ellos no quisieran salir, sino porque el goheniadoi' 
no se lo peruiitia, como se negó constantemente á que va- 



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103 
rías personas que se le habían presentado formasen conti-a 
partidas. Y cuenta con que todos ellos eran hombi'es á 
quienes los insurrectos habían causado grandes daños ea 
sus propiedades. Esta prudencia escesiva era calificada co- 
mo debilidad y si en verdad no era esto, autorizaba ;í 
creerlo el ver la impasibilidad con que se veia á los rebeldes 
enseñorearse de todo el departamento. 

Iban pasados dos meses y medio sin que ni vislumbre 
hubiera de sofocar ^rebelión, cuando se supo un hecho 
de armas glorioso que denotaba cuánto en estas circuns- 
tancias vale un hombre de recursos y resolución. El co- 
mandante Lámela, teniente -gobernador de ^EoroIl, con 
apenas doscientos hombres, sorprendió una partida man- 
dada por un titulado coronel llamado Chicho Valdés, na- 
tural de Puerto-Principe, compuesta de mas de quinientos 
Jiombres; les mató mas de ciento, cogió muchos prisione- 
ros y mas de trescientos caballos, y dispersó por completo 
la partida. El servicio que prestó el Sr. Lámela fué grande, 
supuesto qne la partida que derrotó trataba de invadir el 
Departamento Occidental para sublevarle. 

No tardó en !leg;ar á Ciego de Avila el batallón de vo- 
luntarios movilizados del Orden, costeados por el Banco 
de la Habana. Mandaba este batallón D. Francisco de Acos- 
ta, bizarro militar retirado, cubano, y casado en Sancti- 
Spíritus. Pero impulsado por su patriotismo, abandonando 
las comodidades que tenia en su casa, como riquísimo 
■ propietai'io que es, no vaciló en ofrecer sus servicios en 
defensa de la patria, y se le dio el mando del batallón, 
que organizó tan perfectamente como hubiera podido es- 
tarlo el mejor del ejército. Supo desde luego inspirar con- 
fianza, cariño y respeto á los soldados, y con estas condi- 
ciones tenia derecho para esperar todo de ellos. Con solo 
cinco compañías buscó al enemigo, qne sabia estaba si- 



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luiulü i'ii t;l uioiiío lliuiiadu de las Yej;iia!^, jurisdicción de 
I'ueito-Príncipe. y le batió, cotíif'ndole ma? de trescientos 
cjiljallos, muchos efectos y (causándole catorce muertos y 
muchos lieridos, que retiraron. Con todo el botin lle^ó ú 
Pnevto-Pmicipe el ?1 de Dicienibre, hal)iendo resistido 
con solas dos compafíias el ataciue. del grueso de la fac- 
ción, después de la captura de los caballos, sin perder na- 
da de la presa, esi;cpto algunos caballos que se escaparon. 
El Si'. Acüsta tuvo la sensible pérdida, en el encuentro, de 
seis uuiertos y IC lieridos. eutre ellos un oficial de los 
primeros y otro de los segundos. Kl Sr. Acosta prestó nit 
gran servifño, y uo fué culpa suya que no se hubiera sa- 
bido sacar de él todas las ventajas que ofrecia. iQué no hu- 
biera podido hacerse si hubiera halíido dos ó tres colum- 
nitas ligeras que hubiesen operado de concierto! Kl escar- 
miento i^do por el balallou del Orden á los enemigos de 
líspaüa fué el primero que reríbieron en el Departamentíi 
Central. 

Esto no se publicó, como tampoco la batida dada porel 
Sr. Lámela. En cambio los hisurrectos, tan fecundos en sun 
ridiculas invenciones, publicaron el siguiente paite, tan 
absuidu como pedantesco y embnstei'o: 

"Üolcliu (lü laliuevra.— Mmcvo 4.— Las armas taniagiieyanas liari 
(ililenidciim gran triunfo solireliis cncmlgoB. sóbrelas quo manda un 
hijo indigno de Cnlia, ol coronel Francisco Acosta. Este espúreo cnba- 
no ha sufrido nna derrota tal, que lo coloca en la posición mas crllícu 
en que puede lialbrse un jefe que, con todas las ínfulas de coront;! 
español, se flgurii po eneootrar obslSculos en el camino de San Jeró- 
nimo á Puerto -Principe. En ]a casualidad enconlró su ca.'^go; allí mu- 
rió para siempre el prestigio <le osas tropas conqnisladoras de las 
Iniqíiidade.'i, del incendio, del robo, del despotismo: allí, como en Bo- 
nilla, probaron los cubanos de lo que son r.apaces, de ípie son muy 
di^ios de defender las libcrtailos patrias, de esta patria que ha sid" 
!■! Iiníin ei\ dmide se lia provisto eonllnií.imcnte, y dupanle Ircp sislos 



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pnriqíirr-cr íi sus prolotriJuiJ. Bonilla y l,i llasiialidail serán Ins ilos 
1,'raiidos inonn minios que tendrán que imitar nuestros hijos; los dos 
(jcmplos (|iic soyiilr los que tomen las armas para defender Ib libur. 
tad, la liidcpendi.'ndadeCiilia.—IIü aquí el parle;— "Teniendo nuestro 
(ampameuto en la llnlun, fui adrertido de la aproxímauiou dol oni'- 
iniRo. Inmediatamente me eml)osqné en la Casualidad, dejanrlo nues- 
tros caballos, los euales fueron lomados por el enemigo, por la de- 
nuncia de un individuo. A las doeccnpuuto principió el ataque enlri' 
las avanzadas de Acosla y nuestra vanguardia: el tiroteo principió 
llojo; pero muy pronto se liino Inerte y sostenido enloda la linea, en- 
trando en acción por parte del encmi^'o la ijifauterfa y cabailcriu. A 
cada momento se liacia mas vivo el fuego, liasta que á las dos y media 
lie la tarde principio á notarse cierto movimiento de OBcilaclon en las 
i:o!umnas españolas: era que el terrible grito nmachetell ücompañe- 
ros. m adiete I! se liixo oir en el monte. Ituestras tropas avanzaron 
liiera de sus emboscadas y el enemigo retrocedió por un potrero <Ie 
guinea, voivien 'o sus l'ut'gos i-uando por la distancia no nos liacian 
(laño y cuando no estallan al alcance de nnoslroa rillcs.— Kn ai pn;ci- 
pitada retirada pudieron concenlrarsc ili' nncvo y se dirigieron lii^ia 
la linca las Vegnas, donde durmieron. 

Después de retirado el enemigo, que no se pudo perseíjutr por 
feUa de cartuchos, se recorrió el campo de la acción y se encontra- 
ron ¡8 cadáveres de soldados con sus armas: se hallaron en el plata- 
nal riel Consuelo doce sciuillnras, que creemos ser de oficiales. Los 
eadúveres de los soldados insepultos, abandonados enleramenle, fue- 
ron recogidos por nuestros soldados y enterrados. 

El botín recogido es inmenso. Se han cargado con ól catorce caba- 
llos. Se componía de comestibles, ropa, aguanlienle, una caja de ciru- 
jia y otros muchos efectos. 

I.os caballos que nos robaron los liemos recuperailo en su mayor 
parte. 

Ha sido tal el pánico, que bemos hallado muchas mochilas, inilii- 
clios. fusiles, frazadas é infinidad de arreos de caballos. 

En su barbarismo de abandonar t todos los que se liallau fuera d<' 
líftmbale, y á los gritos de los heridos que pedían socorro, maudí' 
íiiispend''r el fuego para ipic se los llevasen: se^un el dicho de un 
aliandonado, pasan de cien. Los cbarqiieros ilc sangre indican la irra- 
ii'dail de los heridos. 



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Esla acción, que tuvo efecto hoy 18, prueba que podremos liacer 
frente á nuestros opresores —Campamento de la Union y Diciembre 
18 de lS(i8.-Por el ]efe,~Ienacio Mora.. 

Todo cuanto en este parte se dice es falso, y la mejor 
prueba de ello es qne el batallón del Orden entro en Puer- 
to-Príncipe sin que el enemigo hubiera podido por la 
fuerza rescatar ni uno solo de los caballos que le habian 
sido quitados. Pero con estos partes de relumbrón , con la 
completa carencia de tropas en todas partes, con la impu- 
nidad de que los rebeldes gozaban, el espíritu anti-nacionai 
se mantenía sin decaer, y se levantaba á los que aun per- 
manecían sin tomar parte activa en la rebelión. 

El 1 ." de Enero volvió á salir el batallón para Ciego de 
Avila causando su marcba un verdadero sentimiento á los 
españoles. Sn efecto, llevábamos tres meses de insureccion 
en la Isla, dos desde que se sublevó el. departamento Occi- 
dental, un mes de completa incomunicación y completo 
abandono, y era doloroso ver partir una tropa que tanto 
habla reanimado el espíritu publico, y que tan brillante- 
mente había batido á un enemigo parapetado y muy su- 
perior en número. Gonsolábanos, sin embargo, la esperan- 
za de prontos auxilios, porque el Sr. Acosta llevaba coroo- 
nicaciones oficiales en que se pintaba la ti-iste situación en 
que se encontraba Puerto -Príncipe, ¡"Vana esperanza! Si 
entonces se nos hubiera dicho que habian de pasar dos 
meses sin verun refuerzo y muchos mas en lamas absoluta y 
completa incomunicación, es muy probable que no lo hu- 
biésenos creído, porque no podía ni el espíritu mas pexi- 
mista suponer que esta insurrección tan informe en sus 
principios y tan fácil de dominar hubiera de durar tantos 
meses. ¡Qué reflexiones tan tristes se nos ocurren! ¡Qué 
responsabilidad tan grande pesa sobre los que han sido 
cansa de que la chispa se convirtiese después en un for- 



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107 
iiiiilahle inceiicliü por no lialier facilitado los medios de 
apagai'Ia! Ciiaiid o pensamos en esLo, confesamos ingenua- 
niente que nos falta inesura y nos exaltamos involunta- 
nameiite al considerar el cúmulo de males de imposible 
rejnedio qne lian caido sobre aquel país, y que en nuestro 
juicio hubierau podido evitarse si desde luego se hubiese 
nbrado con decisión y con K energía quf e\igia la grave- 
dad de los su( eso<; U Gobierno que de]ab i entregado ;í la 
ventura nn piis en completa insuiiPtcion cuando sabia 
(|ueno habla fuer/as suficientes piri doinmaila debe res- 
ponder muy est!e(hanieníe de e^lP abandono. [Pobre Es- 
paíia conhonia' 

Los enemigo" «lempte valientes y immosos cuando se 
trataba de ecliai biiíitas peio cujas obiis no correspon- 
íünn nunca i lis palabris hibiin iinmciado con mucha 
pompa que rspennan i \costi i su \uelta; pero tenían 
muy presente sm dudí la lección que hibii i-ecibido para 
osponerse á tentii íoituna I Ibraiocciouel Acosta no de- 
speaban tra cosa mas que volver ihiUir il enemigo y se di- 
rigió en su buscí pero sm dudí los reí eldps no quisieron 
coger nuevos laureles y no volvió á encontrarlos por nin- 
guna parte y eso qne todos sabian el día que habia de salir 
y la dirección que llevaba. Ni aun abngados por la espesu- 
ra de los bosques se attevieron con una columna pequefia 
eu numero pero grande poi- el valor de ios soldados y ds 
sus jefes. Hasta cierta distancia acompañó al batallón por 
distinto camino, pero en dirección paralela una columnita 
'Ipuuos 500 hombres que salió de Puerto-Principe, y que 
'li á la ida ni á la vuelta encontró enemigos con quienes 
f'unbalir. 



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CAPITULO VI. 



— — r, — 1 ■ — — 1— 1 a.— ÍDtro de 

D. Napoleón Aranffo.—RivalidndaK.— Es iiomliíailo Qiicsada frenpral.— 
Conducta de los Bublybadiis.— Amenazan invadir S Puní to- Príncipe .— 
Blmiueo y bando de Que sida. —Principia la escasez en Pnerln-Prlntípe, 



Situados en Pnerto-Piiiicipe como en mi' desieilü, sin 
conmnicaciones con nadie, en medio del flujo y del reflujo 
de noticias contradictorias, y la mayor parte de ellas des- 
pués desmentidas, se supo al fm que la columna que man- 
áaha el general Villate habia salido de Nuevitas el 23 de 
Diciembre, es decir, después de un mes de haber llegado á 
diclio punto. En el tiempo que permaneció allí pudo ser á 
duras penas reforzado con dos batallones, uno de Espafta y 
otix) de volúntanos de Matanzas, porque no parece que 
liaMa mas fuerzas disponibles, supuesto qiie no habían 
llegado de España los auxilios con tanta impaciencia espe- 
i'"dos. Con este refuerzo la columna podía formai' un 
giueso de unos dos mil hombres, porque era preciso dejar 
guai-riieion en Nuevitas, en cuyas inmediaciones habia 
bastantes partidas de los insurrectos, que diariamente mo- 
lestaban á la población . 

El general Villate fué ;i recorrer la costa y ala Habana 



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no 

si» duda á recibir órdenes ó ;1 coníbiuar el plan de campa- 
ña, porque hasta entonces, en nuestra opinión, niiifíiiiLu 
existia. En efecto, ¿qué operaciones hubiera podido em- 
prender una columna tan pequefia como la que llevó a' 
principio y ya diezmada, que no liubiera sido una ver- 
dadera aventura? Porque es cierto que el enemigo era poi;o 
temible, que sus informes é indisciplinadas Laudas no su 
presentarian á ofrecer un ataque forma!, pero íi cualquier 
parte á donde la columna fuese tenia que ir por caminos 
poco menos que intransitables, pues en la tan floreciente 
isla de Cuba no haya penas caminos, por entre breilas y 
bosqnes impenetrables desde donde el enemigo podi;i 
ofender sin ser ofendido. El 2ÍÍ de Diciembre salió por liii, 
como hemos dicho, la columna reforzada, y el coronel 
líOfto, que permanecía en la Tunas con quinientos hom- 
bres, sin poder hacer ningún movimiento, porque no tenia 
fuerzas paraeüo, debiasalir ;t enconlrai'Ia para emprender 
juntos las operaciones. Esto sucedia á los tres meses de 
haber estallado la insurrección. 

Salió el general con un convoy de carretas en que se 
conducian las municiones; pero era preciso llevar una 
gran cantidad de ellas para lo que pudiera ocurrir. El ca- 
mino estaba completamente interceptado con toda clase de 
obstáculos, que los insurrectos habían tenido tiempo de 
prepara"-, de tal modo, que hubo dia en que la columna un 
pudo andar mas que una legua. Profundas zanjas, árboles 
seculares cortados y atravesados, trincheras de madera y 
tierra, todo este aparato estaba preparado para detener la 
marcha de nuestras tropas. | Inútil esperanza! Todo fni' ar- 
rollado y los que se atrevieron ;í presentarse al abrigo de 
JOS montes y parapetos fueron duramente escarmentados. 
ÍjOS soldados españoles no conrjcen obstáculos cuando y''- 
trata de vencer al enemigo. 



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ni 

l'ei'O las carretas constiUiian mi prvan iniíiediiiiento, 
lauto para la mai'(;ha comí) para el atarjue, y el general, 
¡iiiiy cuerdamente, dispuso dejarlas todas y caigar las 
tjiiiniciones en los caballos para poder marchar con cele- 
ridad por aquellas angosturas. De esto compusieron los 
enemigos una ridicula fábula, haciendo correr la voz de 
(pie la cohimiia había sido derrotada y cogido el convoy 
i[ue llevaba. Conestas invenciones tan absurdas y en lacüm- 
pleta impnnidad en que se les dejaba eu sus campamentos 
manteniau elespiritupúblico.yapor sí bastante perverti- 
do, nia hubo en que nuestras tropas cnconlraroii veintidn? 
trinrheras que ni aun defender supo uu enemigo solo arro- 
.eanffl en palabras. 

Hayal norte del Departamento central, mas abajo de 
ííuevitas, á sotavento de lahahíaunpiierteciUn no habilita- 
do llamado de la Guauaja. Tiempo hacia que se tenia fija 
la vista en aquel punto fácil para toda clase de introducción 
Iraudulcnta para los sublevados. Frente A la finanaja está 
Ciayo Romano, que tiene veinticinco leguas de longitud, y 
delatitud desde dosácinco. Este Cayo, propiedad de D. Ma- 
nuel Arteaga, »uno de los jefes de los insurgentes , y de los 
ina impurtinte'- contiene \ n as ílu ai co i n imerosos 
-,anados y una población tudí le si propietario Arteaga. 
la prudencia aconseiaba haleí o upado militarmente el 
'a\o ebiAbleciPudo aili uu puesto avan7alo respetable; 
isi pairee que el gobernador lo piop i ) ptri nada se 
lii7o por causas que ignoramos Fl St AI n i bal la puesto 
f^n ¡a Guanaja un destacamento dt emtí hombies que tu- 
vo que leLirai se hostilizado poi iiuneíosas f lei^is de la 
partida de Arteaga que no dejó de estar eu comunicación 
wnsuOayCpara locual tenia cierto número de barcas. Ca- 
yo Romano dista veintehoras de Nassau, eu Providencia, y 
esta proximidad hacia temer que por allí tuviesen losin- 



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\\2 
siii'geiitoa (;omuiiik;ac,ioiií;s con el t!\tci'iur, cuino en liíeclü 
las ionían. 

Y era tanlo iiiíis de tenerse esto en (^nenta, cuanlo ijiie 
no solamente era dneiio Aileafía ele Cayo Itoinaiio, ijue 
ocupa la parte NO. de la Laíjía de Guanaja; sino i£ue en la 
tierra Arme ó costa fie la isla tiene una posesión llamada 
Piloto que le sei-via de plinto de desembar*;», y desde la 
qne tenia establecido una es^ierie de telégrafo pai-a mmn- 
nicarse con aqnel Cayo. Artea^a, durante la ffiieirade 
los Es tados-U nidos , mantuvo un comercio niny ai;tiv« 
desde Cayo Romano á Nasssm, c()nducÍendo allí sus gana- 
dos, y llevando de retorno mercancías. Se dii* como cosa 
cierta i^ue desde ai]uel)a época conservaba uu deposito de 
armas y municiones en Cayo Romano que luego vendió á 
haenos pmcios á sus correligíonai'ios, asi como !a sal de 
que tenia gran depósito, cuando los in5ur)-ecti)s carecían de 
este artículo. El patriotismo no estaba reñido con el prove- 
cho propio. Como se ve, la (Juanaja merecía ai^una aten- 
ción mayor que !a que con este puertecillo se tuvo. 

liesultó, como era natural, que los temores (^ue por to- 
dos se abrigaban fueron tomando cuerpo, y pronto se supo 
que se esperaba un desembarco de armas y algunos hom- 
bres con nn titulado general llamado D. Manuel de Quesa- 
da. Este, natural do Puerto-Principe, de familia honrada, 
no siguió la senda del honor que le había trazado su fami- 
lia. Pi'OC(!sado por cuatrero y falsario, estando preso se fin- 
gió enfermo y fué trasladado al hospital de donde se fugó 
hurlando la buena fé del sargento ijue mandaba la fnei'za 
que guardaba el establecimiento, liaciéndolc creer que esta- 
ba espirando su madre y que no deseaba sino recibir su ben- 
dición y darle el ultimo adiós. Anduvo algún tiempo ocfil- 
to y consiguió trasladarse áMéjico, donde se incorporo con 
una de las bandas de merodeadores que tanto aijuudalian 



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ít:! 

finaijuel país. Sirvió á M¡ramon,;t González Ortega y á Juá- 
rez, y á todos hizo traición, consiguiendo al lin una gra- 
duación de coronel en el ejército mejicano. Gracias á oiei'- 
tas travesuras & que parece era muy inclinado, tuvo que 
salir huyendo de Méjico y se ref u'»ió en los Estado-Unidos, 
de donde tamhien se cuenta cierta historia de la desapari- 
ción de una persona acomodada, en la cual Ouesada pa- 
rece tuvo una participación muy directa, y por ciiyo moti- 
vo se vio precisado á huir porque le buscaba la justicia. 
Se nos olvidaba decirque en la causa que se siguió á Que- 
sada en Puerto-Príncipe, cuando se fugó, fué condenado en 
rebeldía á tres ailos de presidio. Este hombre, cuya bri- 
llante historia acabamos de hacer, es el que iba á ponerse 
al frente de la insun.'eccion, como uno de los mas impor- 
tantes regeneradores del pais. Penetró Qiiesada en la Isla 
por el puerto de la Guanaja, sin que nadie se lo impidiese, 
acompañado de unos cuantos aventureros perdidos y lle- 
vando consigo unaconsiderable remesa de carabinas arre- 
gladas de los fusiles que liabia tenido escondidos Arteaga, 
Si Cayo Romano hubiera estado vigilado como convenía, 
no se hubiera verificado esta ni otras introducciones que 
después hubo. Parece que los cuantiosos fondos reunidos 
para comprar armas, se liabian ido evaporando en manos 
de los comisionados, quienes supieron aprovecharlos en su 
propio beneficio. Quesada y Arteaga estaban perfectamen- 
te de acuerdo, no solo en la cuestión política, si no tam- 
bién en el modo de hacer tragar por armas nuevas las vie- 
jas que habia tenido guardadas y que hablan sido tras- 
formadas en Nassau, en una posesión amiga pertenecients 
á la Gran Bretaña. 

Conviene advertir que el general O^iesada debia estar 
'uiciado perfectamente en los planes revolucionarios que 
se agitaban, puesto que algún tiempo antes de que esta- 



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liase la rebelión estuvo en Puerto-Prínciije, y habiendo ido 
á parar ú casa de D. Napoleón Arango, donde permaneció 
ooulto, este, después de algún tiempo, le hizo embarcarse, 
para Nassau, porque, decía, no le gustaba la manera de 
pensar de Quesada, y no quería conlribuu- á que =6 turba- 
se la paz de Cuba. Es unbupn pietevto pero ptetexto no 
mas, supuesto que el Sr Viango ert del comité revolucio 
nario y trabajaba por la revolución 1 ompiendemos jue 
no quisiei-a asociarse il cuatreio perseguido poi h 
justicia; pero no estamos lejos de pensai también que 
no era ageno á esto cierto temor o sentimiento de uvali 
dad con el aventurero aspirante il generalato o didaduia 
de la rebelión luego que estdUisp Lo que después hi 
ocuiTÍdo entre Onesada > AiinoO demuebtri qup eslo no 
es un juicio aventurado 

A su llegada publicó Ouesada la proclama siguiente 

•Conciudadanos: Tres siglos íl cadenas y de oproliios no han 
lastado ü haceros oselaTos de ios tiranos At grilo de libertad nin 
gun coibano ha permanecido indil rente Nuestros campos inunda 
dos de patriotas, han sido ya iiauti/ado^ (.on la san|,rc de nnestro'^ 
licrmanos. 

Doce años de guerra contra la injusticia y la tiranía me autonzim 
con los honores de ciudadano general del ejcrfito mejicano y pro 
digo siempre en ofrecer mi sangro <i la pilna os traigo con mi e^i a 
da elementos salicienlementc poderosos para dembaí con vucí-troi- 
esfueríoa ese trono tiránico, origen de vuestra servidumlire, y al que 
hasta lioy habéis estado encadenados. 

nuestra gnerrano es céntralos capañoles, sino contra sn Ooiiier- 
no despótico. La bandera de la libertad no desconoce ninguna nacio- 
nalidad: á BU somhra ünconlrarSn protección ios intereses y ios hom- 
Jires de todas las naciones. Sus amigos son nuestros amigos: sus ene- 
migos, los enemigos de la patria. 

Nuestro lema es unión é independencia. Con unión, seremos tuer- 
tea. Con unión, seremos invencibles. Con unión, seremos libres. 

[Viva la América lil»rel— Manuel Quesada.— Camagiiey, Diciembre 
de 1868.» 



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J15 

Hemos hablado antes miiy á la ligera de D. Napoleón 
.\rango, y ahora vuelve á salir á la escena porque es uno 
fie los principales personajes del drama. El fué 6 se apro- 
pió el cargo de general de las huestes libertadoras, y en 
este concepto, de potencia á potencia, de igual á igual, 
negoció con el general Villate. Desapareció de la escena, 
después de los malhadados cabildeos, pai'a preparar la za- 
fra en su ingenio, y ya que tuvo todo corríenle, protegido 
por las partidas que infestaban todo aquel teiTeno, volvió 
los ojos (i su anterior ocupación, y hasta se aseguró ha- 
l)erse encontrado entre las fuerzas insurgentes que se ba- 
tieron con el coronel Acosta en las Yeguas. Napoleón Arau- 
go, según la voz general, era un hombre decidido y de 
una inteligencia poco común. 

Sin duda la proclama de Quesada, no solo no le pare- 
iñó muy bien, sino que la creerla atentatoria á su alta in- 
vestidura de general, puesto que no tardo en publicar á su 
vez otra, que era una protesta contra la de su antagonista. 
Si esto sucedía en el momento de la lucha, cuando pare- 
cía que todos debian pennanecer unidos en defensa de la 
causa comim, ¿qué hubiera sucedido si la rebelión hubie- 
se triunfado? Esle antagonismo era una señal evidente de 
lo que se podia esperar de esta gente después del triunfo. 
'Vvango en su proclama ó manifiesto, de muy regulares 
dimensiones, principiaba por arrojar un reto á la cara de 
su adversario, diciendo que de 61 respondían sus actos y 
ima vida toda entera sin mancilla, pai'a denotar sin duda 
la diferencia que habia entre los dos aspirantes, pues ya 
antes hemos hablado de las condiciones de Quesada y de 
la condena que soljre él pesa. lístendíase después en una 
larga enumeración de sus brillantes cualidades, de sus 
eminentes sen-icios y de todo cuanto podia darle alguna 
importancia, y confesaba paladinamente que hacia mas 



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de uii añü existia en Puerto -Príncipe la juiíla levoluciona- 
ria de que él fué individuo, cuyo car^o después i'enunció; 
que se haiia venido prepai'audo lenl^niente larevoiiicion; 
pero que él nunca habia opinado por la independencia, 
porque sabia perfectamente que ^quelpaísno estaba prepa- 
rado para un cambio tan repentino y radical . Sin embargo de 
todo, él hacia abstracción de sus opiniones y se presenta- 
ba para servir, por supuesto, en el modesto cargo de ge- 
neral ó de dictador. He íupú los párrafos con que concluía 
su proclama, bala roja lanzada contra el ijue quería usur- 
parle su mando: 

<iPermaneci, como he ilicUo, i la cspeetacion; pero aua ú mi irigfi- 
iiio, doQdo me habia retirado, llegaron muclios pidirtidorac que me 
mezclase ai movimiento rcvoluciomírio, y últiraamojiíe fiauíiao y mi 
gran número de personas, lauto Se los que han craimíiado las armas 
como de los (¡no aun no lo han licclio, y entre ellas de muclia repre- 
sentación, me piden que, lanzánUoroe al ft-enle de la revolución, ope- 
remos todos en un solo sentido para llegar á feliz término, consi- 
guiendo !a independencia de nuestro bello pais. 

A lan general munifcsf ación, en vista de la marolia que la revolu- 
ción lleva, y teniendo en cuenta las medidas maquiavélicas y por to- 
dos conceptos reprobadas que el Goliiemo español peni', en planta, 
no he podido permanecer insensible y lio dado mi nsciilÍTniíiiito. 

Sin cmtiargo, llel siempre á mis principios, y conoiúciido ó nv- 
yendo que no es el camino que hoy se lleva el que lia de condocii- 
nos á la üliertad y bien del pais. Le manifestado el camino úuLco pui 
el cual mareharia gustoso i\ derramar mi sangre en bcnelicio de mi 
pafs. Este camino ó sistema es el siguiente: para ponerme al frente 
de la revolución necesito oyerar libremente, puesfo que la responsa- 
bilidad toda pesará sobro mi; y para eso necesito tacultades amplias, 
especialmente para todos los nombramientos de suballernos, corpo- 
raciones, etc. 

Wi primer paso seria nombrar una comisión compiicsia de cinci> 
ó mas judividuos de iniluencia y conocido buen criterio para que su 
ocupasen de proporcionar recursos y que de acuerdo conmigo deli- 
berásemos las medidas mas convenientes al iin que deseamos. An- 



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117 
gusto AraDgo, gnncral en jefe boy, gran número ác sus compaiieros 
lie armas, toiln Caiinao, muchos individuos de la ciudad y algunas 
partidas de Sibanicil, Cascorro y Guaimaro, lian maniteslado su 
itóenli miento, y jnrado servir l>ajo esas hases con sus personas y sus 
Iiienes. 

Esos votos ascienden hasta aliora S cerca dp dos mil, que con los 
([tic aun no lian firmado, poro qiii. cslSn prontos a bacerlo, compo- 
nen una inmensa mayoría. A pesar de eso, y para obviar ciertos in- 
convenientes, he convenido con los ciudadanob Ignacio } Eduardo 
Agrámente, Salvador Cisneros y Francisco Sancliez, en que el país 
nombre un-Jefe superior y nna jnnla de seis individuos, incluso el 
jefe superior, para ipie de comnn acuerdo se ocupen de lo concer- 
niente á la revolución, quedando al esclnaivo caigo del jefe superior 
todo lo referente & las funciones militares. 

Creo qnc esta medida es buena, pero no llena tanto como la ante- 
rior las necesidades actuales: sin embargo, si los individuos que me 
conllrieron su votación y juramento estiman que asi conviene al pais, 
suscribird gustoso: si se deciden por el otro sistema, sostendré so 
dictamen, y de un modo íi oiro pueda boy decir \\ iva Ciibal jAbajo 
el Gobierno españoll Españoles, no es mi animo hacer la guerra á 
ustedes, no les releguemos de nuestro lado, queremos que todos 
seamos hermanos; pero españoles ó cubanos fl que nos hostilice 
será nuestro enemigo, y como tal no espere sino la muerte y el cs- 
terrainio. Al arrojar el guante, mi lucha es para vencer ó morir. A 1;^ 
armas, hermanos, y que la unión y el denuedo cubano prueben al 
déspota Gobierno español que no hay bayonetas ni fuerza humana 
que vencer pueda al pueblo que dice -quiero.» Proliarcmos que la 
l)uena causa siempre triunfa ante el error y la pretensión injusta del 
tirano." 

Parece que este pomposo maniflesto no hizo gran efec- 
to, porque á poco se supo que había sido nombrado gene- 
ral en jefe Quesada, quien con esta investidura envió gran 
cantidad de cartas á los propietarios pidiéndoles gruesas 
catitidades que se le entregarían ó girarían sobre París ó 
Londres, amenazando en caso contrario con destruir las 
Ancas de los que fuesen sordos á su llamamiento. No sa- 
ÍWmos cuál seria el resultado de esta hiimiWe demanda. 



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1J8 
aunque es de suponer ijue tío todos se iiegariaii ;í ello. í,a 
amenaza era eficaz y los propietarios sabiau perfectameii- 
le á qué atenerse con el hoy general, antes bandido- La 
orden de giro á su nombre sobre París ó L(5ndres indicaba 
desde luego el destino que habían de tener los fondos que 
se recaudasen, que irían aparar i la santa causa de su 
bolsillo. No sabemos si algún propietarío coutribuyó se- 
gún la humilde demanda; pero no lo estrañarSamos, en 
vista de que no se les daba ningún género de protección 
para sus fincas, que quedaban al completo arbitrio de los 
insurrectos, cuyas venganzas y salvajes instintos se cono- 
cían. ¿Qué protección podían esperar los propietarios 
cuando veian pasar meses y meses sin que apai'eciese por 
el campo ni siquiera una muesti-a de que la Isla de Cuba 
continuaba siendo parte integrante del territorio español? 
¿Cómo no habían de tener miedo á las amenazas facciosas 
si veian que era lo üuíco que habia de verdadero, y en vez 
de protección y amparo solo encontraban el abandono 
mas completo, que era la causa de su ruina y la de toda la 
Isla? 

Para que nada faltase á la rebelión, no solo se desti'o- 
*zaban y se saqueaban las fincas de los que no habían to- 
mado parte en ella, sino que se escitaba á las nfigradas al 
levantamiento, llevándose consigo, por voluntad ó por 
fuerza, á los que creían capajes de tomar las armas ó de 
presentarlos como carne de caüon en caso de una acome- 
tida. También e! socialismo tuvo su parte en la farsa: las 
fincas que no eran destruidas, se las repartían entre si los 
sublevados. Este era el modo que tenían de inaugurar su 
dominación los que se decían libertadores de la patria, 
pero como la mayor parte de ellos nada tenían que perder 
y todo que ganar, trataban de ver lo que pescaban á rio 
revuelto. La ínipuiiidad rayaba en lo increíble, y acaba- 



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Mí) 
ron poi' arrojar la máscara todos, de sucrto i¡iie no ipodó 
apenas ningún hombre en el campo capaz de llevar armas 
(]ue nosal¡ese|á engrosar las partidas que todo lo infestaban. 
Afortunadamente los pobres esclavos dieron en esta oca- 
sión una gran muestra de lealtad; pocos, muy pocos, se 
fueron con los sublevados; de los que se llevaron por fuer- 
za, los que pudieron ee escaparon y fueron á presentarse á 
la autoridad. Preferían huir de los ingenios y andaí' es- 
condidos y errantes por los bosques á fraternizar- con los 
([ue se decian sus libertadores. El buen instinto puede 
mucho. 

Cada dia arreciaban mas los temores de una invasión 
mi la ciudad, por mas absurda que pareciese y en efecto 
lo fuese la noticia. Habia cerca de dos mil hombres arma- 
dos entre tropa y voluntarios, con artillería, y los suble- 
vados, cuando mas, hubieran podido atacar de cinco á 
seis mil, mal armados y mal dirigidos. Si atacaban á ca- 
ballo eran tiombres perdidos, porque con la mayor facili- 
dad se les podría arrollar; si lo liacian á pié, eran también 
perdidos, porque su principal fuerza la tenian del caballo. 
Pero como era de suponer que tuviesen inteligencias con 
la población, y era de sospechar un levantamiento en el 
interior al mismo tiempo que viniese el atattue del exte- 
rior, el gobernador dispuso que se formasen barricadas en 
varias calles, y dividió la fuer/a de voluntarios y movili- 
zados en diversos puntos que dominaban la población. La 
caballería é infantería del ejército permanecían en sus 
cuarteles, dispuesta á formar una columna de ataque para 
caer itmiediatamente sobre los rebeldes y batirlos. 

KI general en jefe Quesada publicó el siguiente bando. 

•CaQiagQoy 1." do Enero de I8(l[).— Aíiü primero de nueslra ¡nde- 
iwudencla.— Dios, patria y überlad. 



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120 

articulo 1." La ley coiisiiicra capaci^s y cri el (ieber de combatir 
por la santa causa de la libertad ¡i lodo licl ciudadano que tuTicrc de 
quince á cincuenta afios cumplidos, y nunca, Jjajo ningún prcteslo. 
hubiese sido traidor ú la patria. 

Art. 2.° Durante el termino de once dias, contados desde la publi- 
cación de este bando, so permite la conducción de productos del país 
S la población: espirado diclio plazo, será aprehendido y castigado, 
si fuere necesario, todo aquel que, harrenando^las disposiciones que 
se han dictado, tratase de enriar ó conducir do cualquier modo fruto 
alguno. 

Art. 3." El II del corriente mes comenzarán on toda forma las 
operaciones mllilares, siendo pasado por las armas todo aquel ciiida- 
danaquc se encontrare en la ciudad. en actitud hostil contra el ejér- 
cito libertador del Camagüey- 

Arl. 4.° Llegado el momento de atacar al Camagüoy, se hallarán 
preparados con firme resolución lodos los que llevejí el honroso ti- 
tulo de fieles comagileyanos. considerando encm^o de la rcYolucion 
todo el que este articulo no acatare. 

Articulo liltirao. Cumple ;i nuestra misión de nuestro sagrado ca- 
rácter de jefe manifestar que la ley comprende en el número de ma- 
los ciudadanos é hijos indignos de Cuba á todo aquel cuhauo que con- 
denase nuestra revolución, rclraycndosc de un modo ignominioso de 
las filas del ejército libertador del Camagliey, sobre el cnal caerá á 
su debido tiempo todo el rigor que márcala ley en tales casos. 

El general en jefe del ejército libertador del Camagliey.— Ma- 
nuel de Quesada.— El secretario del Gobierno provisional,— Ignacio 
Mora.» 

Céspedes y Quesada, los dos jefes militares de la in- 
aun'eccion, habian mandado una misma cosa en cuanto 
al levantamiento general, y ambos habian dirigido las 
mismas conminaciones á sus compatriotas, porque no 
querían neutrales, y en ello tenían razón. Los que tanto 
han censurado los bandos de nuestras autoridades, pueden 
hacer el favor de decir si es liumano y suave condenar ú 
ser pasado por las armas solo por encontrar á cualquiera 
en actitud hostil. Y si esto era bueno y santo cuando pro- 
cedía de tos insurrectos, no sabemos en qué principio de 



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121 
justicia han podido apoyarse para reproharlo i;omo malo, 
cuando, en menor escala, ha procedido de nosotros. La 
justicia no tiene mas que im camino; pero los i-eheldes 
cubanos no han obrado en nada con justicia. El Moqueo 
ijue se anunciaba no fué una vana amenaza, sino una 
l.ríste realidad que duró cinco meses y medio; y cuenta 
mü que solamente le mantenían patudas pequeñas ó me- 
ivjdeadores; si alguna vez llegó á entrar algo en la ciudad, 
fué de los mismos insurrectos, quienes vendiendo los ar- 
tículos á precios exhorbitantes, hacian una gran ganancia. 
Los víveres escaseaban, llegando al estremo de haberse 
cerrado todas las tahonas, escepto una, donde habia algún 
repuesto de harina, y por esta se servia de pan á muy po- 
cas personas. Y como escaseaban los víveres, subían de 
precio; de suerte que la miseria era gi-ande, y eso que se 
cepai'tia gratuitamente carne á los pobres. Los funciona- 
rios públicos estaban sin pagarse, y la situación era para 
ellos muy angustiosa, porque no solo no podían cubrir 
i^us mas precisas atenciones, sino que ni aun tenían el re- 
(■ureo de pedir prestado, porque nadie tenia dinero. El co- 
mercio anticipó al gobernador algunas cantidades, porque 
no había medio de atender á nada. Esto, unido ü la com- 
pleta carencia de noticias, merced á la absoluta incomuni- 
cación en que continuábamos con todo el inundo, iba in- 
troduciendo poco á poco el desaliento. Y lo peor de todo 
es que uadie podia comprender en qué consistía el desam- 
paro en que nos encontrábamos, sin que se vislumbrase 
lili rayo de luz por ninguna parte. 



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CAPÍTULO VII 



Llegada del general Dulce á la Hahana.— Comisioaados para tratar con 
insurrectos.— tnconi'Hnlencía da este paRO, — Perfidia du uno de los oo 
siunados.— Ptoclaoia publicada por el (general Dulce.— Despedida y m 
diadelgeneralLeraundi.— Su conducta.— Amniatía.— Sus- 



En medio de la completísima ignorancia de todo cuan- 
to pasaba en e! mundo en que estábamos desde el 25 de 
Noviembre, hacia el 10 ó el \'l de Enero circuló el rumor 
de haber llegado por fin á la Habana el geneial Bulce con 
md hombi-es, habiendo dejado atrás un convoy con otros 
cuatro mil. Acostumbrados como estábamos á ver desmen- 
lidas todas cuantas noticias cii'culabau, se acogió estacón 
gran reserva, basta que, por conducto de los mismos su- 
blevados, üiiicos que sabían todo cuanto pasaba, se reci- 
bieron varías copias de la proclama dada por el general 
al tomar el mando de la Isla. Anadiase que había llegado 
eti un estado deplorable de salud, y que el mismo dia se 
babia embarcado para Furopael general Lersundi; tam- 
bién se supo que habían llegado á Nuevitas unos comisio- 
nados para influir con los sublevados con el fin de que de- 
pusiesen las armas. Vergüenza da ver de qué modo, ó se 
desconocía la tendencia de la rebelión, ó si se conocía se 
'''olvia al pobre terreno del cabildeo, que tan mal resultado 



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i'H 
liabia dado. Esaisado es decir que proclama y conciliado- 
res íiiecon recibidos con el mayor desden, porque todo lo 
atrilíuian, á impotencia, j &Í6 que no les faltaban motivos 
para creerlo- 

Tambien fué al Departamento Oriental la comisión de 
mediadores con )oh insurrectos, cuyos trabajos no produ- 
jeron ningim resultado, sin embargo del ahinco con que 
se tralíajó para producir uua avenencia. "Eale resultado es- 
taba previsto de antemano por los que no se hacían ilu- 
siones ni sobre las personas ni sobre las cosas. La inten- 
ción de los comisionados era laudable, no lo negaremos; 
pero después de lo que había sucedido no debió haberse 
concedido autorización para dar semejante paso. Los re- 
beldes tenían una amnistía tan amplia y tan larga como 
nunca se hahia visto, y espedito tenían el camino de aco- 
gerse á ella si querían abjurar de sus errores; pero eso de 
ir á buscados y á mimarlos, no podía menos de interpre- 
tarse por, gentes que todo lo convertían en sustancia, sino 
como un medio de mendigar su favor. Se interpretaba 
además como un acto de debilidad, y ni era decoroso ni 
digno dar el mas ligero pretexto, aun cuando fuese solo 
aparente, para que semejante cosa se pensase. Una veí 
dada la amnistía, era humillarnos demasiado constituir- 
nos en el papel de postulantes. Los sucesos han venido i 
demostrar después si nuestros juicios son ó no equivoca- 
dos; si después de haber rechazado los rebeldes, en los 
Departamentos Oriental y Central, todos los pasos dados 
con este objeto por el general Villate, era cosa de insistir 
en el terreno de suplicantes; vale mucho mas sucumbir 
con honra que vencer después de haberse arrastrado por 
el suelo. Los rebeldes habían rechazado ya con profundo 
desden la mano amistosa que repetidas veces se les había 
tendido, y no había términos medios ni transacciones po- 



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í25 
sities: ó ellos ij nosotros. O hundii'iios con honra comha- 
liendo, ó aniqnilar la rebelión; lo demás ei'a espoueriios á 
ser el ludibrio de unos menguados que nos tenian en poco 
porque íbamos íi solicitarlos. No habia conciliación posi- 
ble entre los que querían la independencia de Cuba y los 
leales que combatían por España; los rebeldes la habían 
rechazado y nos habían dado ejemplo de dignidad. Era 
esto un gran mal, supuesto que no se podía ni debía ape- 
lar sino á medidas estremas; pero eia un mal inevitable, 
y sobre todo que nosotros no habíamos provocado, por- 
que la agresión había partido de ellos. Muy de desear era, 
en efecto, una avenencia de buena fé; pero no había que 
esperar ni lo uno ni lo oti'O, Sí se hul)íese aceptado la con- 
ciliación propuesta, de seguro se nos hubiera engañado, y 
vale mas no tener que lamentar una nueva perfidia. 

Con este motivo, no podemos menos de referü' un he- 
e!io que, aunque no de gran importancia, prueba hasta la 
evidencia la doblez y la falacia con que por parte de los 
insurrectos y sus amigos se ha procedido en todo. Uno de 
ios comisionados, el Sr. Armas y Céspedes, huyó á Provi- 
dencia después del fracaso de la empresa, y desde allí pu- 
blicó una especie de manifiesto en que, con el mas cínico 
descaro, confesaba que había ido en la comisión, no con 
intención de buscar la avenencia, sino de alentar á los su- 
blevados, de acuerdo con los de la Habana. Esto es asque- 
roso y no merece sino el mas profundo desprecio; pero al 
mismo tiempo su mala fé daba á entender qne los demás 
comisionados habían estado de acuerdo con él. Contra una 
manifestación que debía liaber avergonzado á su autor, 
protestaron enérgicamente los Sres. Correa y Tamayo, 
compañeros de comisión; y por cierto que no tenían que 
esforzarse mucho estos señores para arrojar de si una com- 
plicidad que no podia mancharles, porque nadie creía en 



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136 
ella. Toda ia gloria de la hazaña delie oslar reservada es- 
clusivamente para el Sr. Armas y Céspedes, quitüi en su 
pérfido proceder no hizo sino imitai" á muchos de sus 
compatriotas, unos ya desenmascai'ados, otros que aun 
conservaban la máscara; pero que al iln por fuerza ó de 
grado habría de caer para confusión suya*y enseñanza 
nuestra. 

Los anuncios de fuerzas llegadas con el general Dulce 
habían sido como los anteriores; habían llegado, en efec- 
to, desde el 20 de Noviembre al ^ de Enero 3/170 hom- 
isres; pero en siete espediciones, la mayor de 818, y estos 
eran los reemplazos ordinarios del ejército de la Isla, tan 
disminuido y tan descuidado. Francamente decimos que 
no comprendemos ni por qué el general Dulce aceptó el 
mando de la Isla en el deplorable estado de salud en que 
se encontraia, y que no era & propósito para los continua- 
dos é improbos trabajos que debía emprender, y mucliu 
menos cómo, ya que aceptó, no llevó fuerzas bastantes pa- 
ra destruir la rebelión, supuesto que se estaba en la mejor 
época para operaciones. j.Por ventura se ignoraba en Espa- 
üa el estado de! país? ¿Trascendía al {iobierno la crasísi- 
ma ignorancia en que el pueblo español ha estado acerca 
de la naturaleza, gravedad é importancia de la rebelión 
cubana? Pues ya debía saberse hasta la saciedad loque 
queríala reljelion, que era esta considerable y que no 
había en la Isla medios suficientes para sofocarla; que ca- 
da día que pasase en la ínacion era un peligro; que los De- 
partamentos Oriental y Central estaban sublevados casi en 
masa, y que era muy de temer pasase el contagio al Occi- 
dental. Esto que se alcanzaba ¡i la inteligencia mas vul- 
gar, sin duda debía ser desconocido en las esferas del Go- 
bierno cuando no acudía al remedio. ¿Por qué si no con- 
fiaba en el general Leisundi, no le relevó inmediatamenlfi 



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127 
([uo estalló la insurrección y se enviaron fuerzas con cual- 
¡iuier general, ei nombre importa poco porque no se nece- 
sitaba una celebridad? ¡Cuántos males se hubieran evitado 
si se hubiera liecho esto! Si el Gobierno y el general Dulce 
ireian que la sola presencia de este seria como el iris en 
la tempestad, "estallan en un error lamentable, y sobre 
iodo en estos casos la prudencia dicta que es mejor preca- 
ver que tener que remediar. El general Dulce tenia indu- 
dablemente simpatías en la Isla; peio bueno es advertir 
ijue la mayor parte de las personas á quienes era simpá- 
lico estaban con la insurrección en el campo ó en los co- 
mités revolucionarios. No culparemos por ello al general, 
porque íi nadie es imputable tener por amigos á personas 
i|ue traidoramente nos vendan; pero si diremos una y mu- 
chas veces que ni el general, atendida su significación en 
la Isla de Cuba, debió haber aceptado aquel mando, ni el 
Tiobierno debió liaberle enviado. Tenemos por seguro que 
si el general Iiubiera llevado consigo aunque no liubiera 
4io mas que seis mil hombres, en la situación en que es- 
laban aun las cosas ít principios de Enero, obrando con 
miergia y no con miramientos y consideraciones perjudi- 
i'iales, la rebelión liubiera sucumbido pronto, porque aun 
era fácil dominarla, y no hubiera habido nada en el De- 
parlamento Occidental. Pero como se aseguraron de la im- 
punidad; como vieron á un general enfermo y sin recur- 
sos, los que aun no se habían atrevido á moverse por mie- 
ilo, se aventuraron & todo. T lo bueno que hay en esto es 
||ue cuando se iban enviando homeopáticamente las fuei'- 
'as era cuando mas alhai-acas publicaban los periódicos, 
mando se decía que, si era necesario, toda Espafla iria á 
i'aba. ¡Y sin embargo, España no se movia y permanecia 
poco menos que indiferente, ocupada en desgaiTarse con 
miserables cuestiones de partidos! 



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128 

Es de notar que cuando salió de la Península el gene- 
ral Dulce ya habían publicado los periódicos la carta del 
general D. José de la Concha en la yue tan perfectamente 
se apreciaba la tendencia déla rebelión, y se dempstratia 
de una manera concluyente la necesidad imperiosa de en- 
viar fuerzas numerosas de una sola vez y soflcientes para 
combatirla; y se hacían oportunas indicaciones acerca de 
los puntos en que seria mas conveniente operar. El gene- 
ral Conclia tenia en efecto una competencia indisputable 
en cuanto se refiere á esta Isla , tanto por el largo tiempo 
que mandó en ella, cuanto por el particular esmei'o con 
que estudió todo cuanto conviene saber á la piimera auto- 
ridad, empresa difícil y por lo tanto mas recomendable. 
¿Por qué no se tomaron en cuenta estas indicaciones? ¿Por 
qué no se perdía de una vez y para siempre la funesta ilu- 
sión de que la única aspiración de lo s cubanos era la asi- 
milación ií la Península? 

He aquí la proclama que publicó el general Dulce á sii 



"Gohieriiosnpprior político «le la siempre Mlsla de Cuba.— Cn- 
banos: El Gobiernn proTÍsional de la nación, eu uso de sus lcgitimai= 
raciütados, Itadispuestd (luo meencai^e poraegimda vea delmandü 
superior poli tico de esta Antilla, porción integraule de la iiacionaüdail 
española. Celoso yo del cumplimiento de mis deberes, be obcdecidu 
sin baccr presente atquiera que por lo quebrantado de mi salud era 
grande el sacrillclo qnc se me exigía. 

Ta mo conocols. So hay peligro que me inlimlde ni obsláculo que 
me arredre cuando se trata de vuestro bienestar; no hay responsa- 
bilidad que yo no acepto, por grande que ella sea, si consigo de ese 
modo asentar el.prlncipio de autoridad sobre la base Ilrme de la cqui- 
dady de la Justicia. 

Cubanos: La revolución ha barrido una dinastía y arrancada ilc 
raiz la planta venenosa que emponzoñaba basta el aire que respirá- 
bamos, ha devuelto al hombre su dignidad y al ciudadano bus dere- 
chos, la revolución, en el ejercicio de su indisputable soberanía, "" 



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129 
quiso que sobre la Toliinfad do los pueblos prevalecieran las ituagi- 
nariasprerogalivashercdilariasy Iradieionales, y quiere que la le- 
galidad política y administrativa que íia de íljar para lo fuluro los 
destinos del país arranque de las eiilrafias mas lioiidas de la socie- 
dad por medio del sufragio electoral. Dentro de poco acudiréis a loe 
comicios y elegiréis los diputados que os han de representar en las 
Curtes Constituyentes. Ellos alU recabarán <Ie ese poder supremo y 
nacional las reformas que vuestra legislación exige, las mejoras que 
vuestra administración reclama, los dcrcclios en el urden moral y 
político que la civilización lia conquistado. Insulares y peninsulares 
todos somos hermanos: reconocemos un soto Dios y nos une el laKo 
de la misma religión; hablamos un mismo idioma y una misma es la 
lianJera que nos da sombra. Uesile hoy la Isla de Cuha se cuenta ya 
en el número de las provincias españolas. 

Sin embargo, esta variación tan radical en vuestra organización 
política seria esti^rll y basta peligrosa en sus rcsullados prácticos si 
no la pi'cccdicra el examen publieo pero tranquilo de todo aqnellu 
que pneda ser para nosotros remedio de lo presente y esperanza de 
mayor engrandecimiento en nn porvenir no lejano. De ahi la necesi- 
dad de esas grandes reuniónos electorales que aconseja el buen sen- 
tido y sanciona la costumbre; de alíl también la conveniencia de que 
loa hombres de imaginación y de saber se consagren á osa discusión 
prudenfo, razonada y fría, que hahccíio de la imprenta un elemento 
de vida para las sociedades modcnias. Lástima es qne vuestra razón 
de ser y el respeto á Josinloreses creados no permitan el exmendc 
ciertos sistemas y doctrinas en qne tanto se interesan el progreso y 
a liumanidad. No eslrañeis que tan embozadamente os diga mi sen- 
tir; hay palabras que manchan el papel en que se escriben y esciddan 
|a lengua que las pronuncia. 

la posesión de esos tres derechos, únicos que os puede otorgar la 
pnidcncia y la sabiduría del fiobiemo provisional, ya constituyen por 
^ solos la verdadera libertad política de nn pais; pero si las malas 
artes convierten esta noble aspiraeion de nuestro siglo en nna ban- 
•lera de insurrección ó en un grito de independencia, inflexible he de 
ser y duro en el castigo. No hay libertad sin orden, y sin respeto á las 
'eyes. Quien voluntariamente abandona el terreno legal con que, por 
'cz primera, se le brinda, es nn malvado i. quien deben juzgar los 
tribunales de justicia. 

Insulares y peninnularos: os hab'o en nombre ile Esp.iüa, en uom- 



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í;!o 

lirc lie nufslra madrp. ilniím y fraliíi'iúdailt (llviiín lU' )n papada y p.a- 

peraiiía en el porvmLr. 

[Viva España con honra! Haliana li de líricro de. ISÜli. — Douimsín 

Como se ve la proclama era un verdadero programn, de 
gobierno, de acuerdo con la revolución de Setiembre y 
con la rircular del ministra de Ultramar. A nosotros no 
nos sedujo: primero, porque miratnos con desconfianza estP 
cambio tan repentino en la goljernacion de la Isla , y nos 
ha parecido siempre que no podría dar jamasen aquel país 
semejante sistema buen resultado, sin mas que recordar, 
cuál fué el de la única vez que se planteó por desgracia; 
segundo, porque aun en la suposición de que fuese bueno 
hasta inmejorable lo qne se oírecia, la rebelión lo recha- 
zaba y seria una nueva repulsa poco conveniente para e! 
Gobierno. El general Dulce no haria sino atemperarse á 
sus instrucciones, pero se necesitaba estar completamente 
ciego para no ver que so nos rechazaba con reformas y sin 
reformas; y quejen vez de hablar de derechos á una genio 
que no solo no los quería, sino que hasta los despreciaba, 
hubiera sido lo mejor callar y organizar unas cuantas co- 
lumnas volantes de, movilizados conocedores del país, mas 
eficaces que todos los papeles del mundo. Lo demás era 
perder lastimosamente el tiempo y aplicar una cataplasma 
á un enfermo atacado de una apoplegLa fulminanle. Des- 
dicha nuestra y muy grande ha sido haber ido caminando 
en todo de error en error. La situación de Cuba en Enero 
de 1 869 era una situación de fuerza, y la Expaña con fttmrc 
no podia hacer grandes milagros cuando por todo elemen- 
to no contaba allí sino con unos|cuantos papeles mas. El vér- 
tigo revülucionariü se hacia sentir en todas pai'tes de una 
iiianera preñada de males y peligros, y en Cuba sus uto- 
pías y sus elucubraciones nada sino males de gran tras- 



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i:íi 

i:i;iidencia produjeron. Imposible pai-ere tania ¡nipi-evi- 
sioii, y solo podemos atribuirlo ;í la idoa tan completa- 
uiente equivocada que en España se abrigaba ó se afectaba 
iiüier acerca de la índole y tendencias de la rebelión cuba- 
na; idea sugerida y alimentada por los que tenian un jjran 
interés en que no se viese claro en la cuestión. 

j.No había en apariencia motivos para creer que pudie- 
ra tener algún viso de probabilidad lo que públicamente 
ilecian los insurrectos y sus amigos sobre secretas inteli- 
srenclas éntrela revolución de Espaüay la rebelión cubana? 
Ko; nosotros no podemoscreerqne haya entre esos dos mo- 
vimientos la mancomunidad que se les atribuye ;' nuestra 
lealtad nos hace rechazar con horror acusaciones de enemi- 
gos, que siempre se deben mirar con gran desconfianza, 
porque de los enemigos de España partían estas acusacio- 
nes. La revolución de España pudo deber algo á la Isla de 
liaba, y públicamente se dice que pai'a el efecto se Hbra- 
von cuantiosos fondos; ci-eemos que, en efecto, entrarla en 
hi mente de los que á la sazón conspiraban dar en com- 
pensaciojí á este apoyo ciertas libertades , por mas que 
faeseii su ruina, y hasta que sobre esto se contraerían re- 
cíprocos compi'omisos; todo lo que en este sentido se diga, 
y se dice mucho, lo creemos, y tenemos algiin motivo para 
f.reerlo; pero recha^-amos con indignación la idea de que 
los hombres de Setiembre hayan podido tener connivencia 
con la insurrección cubana, encaminada á segregar la Isla 
de la unidad nacional. No creemos que haya ningún go- 
iiiemo, cualesquiera qne sean sus opiniones políticas, que 
haga esto; y si, por desgracia, hubiese alguno que siquiera 
lo intentase , ¡desgraciado él! 

La Isla de fiuba, ó mejor dicho, los leales á Espafia que 
en ella viven y por patriotismo han comprometido sus vi- 
das y sus bienes en defensa de la patria, tienen en efecto 



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bien poco que agradecer á los Diilcainaias politii',ofí que, 
con una falta de tino indisculpable , no han hecho sinti 
obrar en todo con el olvido mas completo de las necesida- 
des del país. I.o urgente era pacificar, dominar la i'ebe- 
lion, y esta no se dominaba con proclamas ni nianilieslos, 
sino con la fuerza material. llabíanioB perdido la rtioval, 
no hay para ijué acuitarlo, y para reconquistarla era pre- 
ciso ante todo y sobre todo dominai' , sin que asuste la 
palabra; porque, por desgracia que con el alma deplora- 
mos, dui'ante algim tiempo Cuba no podrá ser otra cosa 
mas que un campamento militar. Cuando luzcan para 
Cuba mejores dias , cuando la honra de Espa/ia quede en 
su puesto , entonces se podrá peusar en organizaría, de 
acuerdo con el país, como mejor convenga á sus intereses 
y á los de España: durante la guerra no se podia ni debía 
hacer otra cosa mas que combatir. Obrar de otro modo era 
sacar las cosas de quicio y empeñarse en lo (|ue no podia 
ni debia ser. 

El general Lcrsundi publicó ó. su vez la siguiente alo- 
cución de despedida, llena de dignidad y de sentimiento; 

"Solilados, marinos y voluntarios españoles en ia Isla dcCulw. 
Próximo ya ¡i entregar ii mi sucesor un maudo que no busqué y qne 
aunque iionroso solo pudo aceptar bajo el imperio de circunstancias 
extraordinarias, Tengo lioy á daros un cariñoso -ailios" y áangurarus 
prosperidad y gloria niiUlar, si gloria militar pudiera encontrarse 
en eltriunfo de enemigos cuya linica evolución es huir, y cuya 
vida y coya fuoraa consiste cu su propia deliilidad. 

Al inaugurarse el escándalo do Yara os dirigí mi Toa recordándoos 
sencillamente vuestra elevada misión y mi esperanza en qne lodos 
cumpliríais con vuestro deber, y vuestro deber y vuestra misión lian 
sido cumplidos de un modfi que jamás podrá olvidarlo vuestra palrla 
agradecida. Los unos corrlslOis á los campos dimde se preseulii la 
revuelta y en veintiséis encuentros tiabeis moslrado qne los enemi- 
gos que tenéis delante no están á la ai(ura de vuestro denuedo; los 
oíros volasteis á cruzar las costas, y no cualentos cun el cumpli- 



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133 
miciilo de viiostro encargo especial, aprovechásleis toda ncasion para 
uniros en tierra con vuestros compañeros de armas y compartir cod 
ellos la satisfacción de desbandar y perseguir á los insurrectos : los 
otros, en lin, los volonlarios, dejasteis vuestros negocios, abando- 
nasteis vuestras fortunas y sin mas estimulo (jue el del amor i, la pa- 
tria, mas de treinta y cinco mil españoles empuñasteis voluntaria- 
menle las armas y guarnecisteis en cuerpos organizados los pueblos 
casi todos déla Isla, dando con ello un ejemplo digno de vuestros 
antepasados y de la santidad de la causa que defendéis. 

Todos, soldados, marinos y voluntarios, todos habéis merecido 
bien de la nación espaüola y alcanzado títulos á la gratitud de ios ha- 
ititantes honrados y paclflcos de la Isla, porque el conjunto de íuor- 
xas que habéis traído al pié del Lábaro santo de nuestra nacionalidad 
constituye por si solo nna fortaleza inespugnable para esta, y una es- 
lieranza fundada para la Isla de la próxima y completa pacilicacion 
del territorio oriental, todavía perturbado y victima del espíritu de 
bandolerismo que caracteriza á esa facción menguada y solo condu- 
cida boya desgarrar las entrañas do la misma tierra qnc protestan 
defender. 

Si pudo haber peligro aquí para el dominio español [que no lo hubo 
jamás) cuando los graves aconte cimientos de Setiembre último vi, 
nieron á sorprendernos en el sueño de la confianza de que este país 
(Idelisimo no podia abrigar en su seno elementos de perlidia y de trai- 
ción, ese peligro pasú y no queda ya mas de él que una gran pertur- 
Imcíou campestre en forma de partidas, faltas de todo, encerradas 
próiimamente en el territorio donde nacieron en Octubre, y que á 
pesar de las dificultades que la naturaleza y las eondiciones del pais 
oponen á su esterminio, estjn condenadas á desaparecer aníc la ac- 
ción enérgica de los elementos poderosos de que dispondrá discreta- 
mente mi sucesor. . 

La paz de la Isla está prúxima, no lo dudéis, pero si queréis lo- 
grarla pronto y conservarla mucho, preciso es que los buenos espa- 
íinles viváis prevenidos & toda asechanza de los que, impotentes por 
si para arrancar á nnestra patria querida este pedazo de su gloria y 
nacionalidad, procurarán llevaros á exageraciones como medio de 
romper vuestra confianza en la autoridad y destruir la tuerza déla 
nnion de los buenos patricios, ante ia cual han visto que el ahora 6 
""ira de la consigna revolucionaria lia quedado reducido á ni ahora 
"' Minea por el camino de la fuerza. 



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Coriservail vivo fiomo fioy oso anioi';i la palrUi; toiicd conlianza oii 
la autoridad legítima que os mande: estad prüvcnidos ú la asociíaiiza 
delosastutos, despreciad el bulto, el mido y el espanto conijuGos 
pintarán las eii-eimatancias. como lo lian liechoya; y veréis evaporarse 
esajrebellon auariciada por muclios Ilusos ea la teoría, pero imposible 
y espantosa liny para la Isla desde <\\ie so ¡la presentado olí el caniyii 
de los hechos con su aspecto sanguinario y destnii;tor. 

Yo parlo: soldados, marinos y volnnlarios, en obediencia al desli- 
na que los sucesos de la madre patria me hayau <lepai'ado; pero salgo 
con honda pena en mi eorazon de no seguir compartiendo con vos- 
otros la envidiable misión de reslituir por completo á este territorio 
la paz perdida, y sobre todo con el dolor de separarme de mis soliia- 
dos cuando todavía quedan aquí enemigos de la ¡latria que combatir. 

Consuélame sin embaído la seguridad de nuestros futuros trlun- 
tos y el indudable próximo y feliz ísilo de vuestra empresa, porque 
español y miembro de la gran familia militar, mi satifaccion está don' 
de están vuestras satisfacciones, y mi gloria donde está la gran- 
deza de roí patria, de esa patria, soldados, mariuos y voluntarios, que 
agradecida os contempla y en cuyo nombre os saluda, al grito de ¡vita 
España y con cita la paz y ventura de Cuba!— vuestro Capitán gene- 
ral, Lersundi." 

Se han dirigido al general Lersundi iiiciilpacioiies que 
creemos de todo punto infundadas. Se ha dicho que si des- 
de luego que supo la revolución espaiiola y los derechos 
concedidos á ¡a Isla los hubiera esplicado & la misma, la 
rebelión hubiera i'ecibido un golpe de gi'ücia, y se quiere 
hacer recaei sobre el general esta responsabilidad. En 
nuestra opinión, sin que sea visto que por ello salimos á la 
defensa del general, á quien ni de vista conocemos, seme- 
jantes inculpaciones no tienen fundamento y no pueden 
defenderse en serio. ¿Con qué derecho iba el general á 
aplicar unas medidas tan trascendentales cuando ni tenia 
autorización para ello ni sabia la estensioii y límites que 
e! Gobierno queria darles? En nuestra opinión, cualquiei' 
medida en este sentido que, sin la autorización competen- 
te, hubiera tomado el general, hubiera debido ser un gia- 



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vlsimo cai'gü conl-rii él, puntué huljieni equivalida á aiTO ■ 
garse las facultades que solamente estáu reservadas al (Jo" 
Ijienio supremo. Altas y elevadas soa las funciones ijue 
deseinpefiaii los Capitanes generales y Gobernadores supe- 
iiores; pero no lle^'an á tanto, y el general Lersnndi oLró 
digna y cuerdamente, Pero supongamos que el general 
Lersundi se liubiero metido en el terreno á que querían 
conducirle, y que se hubiese lanzado á un escándalo dan- 
do sanción y fuerza de obligar á lo que no estaba en sus 
.itribuciunes aauciouai', ¿qué se hubiera conseguido? Ape- 
lamos á la buena ft! de los impugnadores en este punto 
del general Lersundi; que nos digan, con la mano puesta 
eu el corazón, si después de lo que se ha visto, después del 
insultante menosprecio con que se han i-ecibido las refor- 
mas posteriormente publicadas, la rebelión se hubiera so- 
locado, ó al menos modificado. Cansados están los rebel- 
des de decir, y nosotros lo estamos de oir, que no era por 
ia variación de sistema de gobierno por lo que hablan em- 
puñado las armas, sino por la absoluta independencia del 
país, fuera de la cual nada querían y todo lo rechazaban . 
Desconocer esto seria cerrar los ojos á la evidencia. El ge- 
ueral hizo lo que en su puesto hubiera hecho cualquier 
pei-süua previsora que no hubiera querido faltar á eleva- 
das consideraciones y á Loda clase de conveniencias. Eu 
fste particular, digno de, elogio y no-de censura, encon- 
tramos al general Lersundi. 

En cuanto á la guerra, durante los tres meses que man- 
dó el genei'al después de la insurrección, poco le fué dado 
hacer pai-a sofocada, porque no tuvo elementos para ello, 
y seria una injusticia qaei«r exigir de él un imposible. 
Hizo bastante, en naestro juicio, poniendo en movimiento 
las pocas fuerzas de que podia disponer, creando batallo- 
nes movilizados, y conteniendo con su actitud enérgica y 



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135 
resuelta la rebelión eii el Departamenlo Occidental. 1.a 
Habana era el centro de la gran conspiración, y allí la 
lealtad de los peninsulares, formados en esos batallones 
de voluntarios que tanta loa han adquirido, por mas que 
se les haya querido deprimir con tanta injusticia, y la 
presencia del general, quien desde luego supo imponerse 
con dignidad á los qae se le presentaron con exigencias 
iuconvcni entes, fueron la salvaguardia de aquel departa- 
mento. Otro hubiera sido el sesgo que hubiesen toraadn 
los sucesos si se hubiese auxiliado oportunamente al ge- 
neral con las tropas que se necesitaban, medida (¡ue hasta 
la previsión mas vulgar aconsejaba. 

Después de la proclama publicó el general Dulce un 
documento memorable y que hará época en los fastos de 
la rebelión. Aludimos á la amnistía, cuyo texto os el si- 
guiente; 

i'üubierno superior político do la siempre fiel Isla de Cuba.- 
•-Otvído de lo pasado y esperanza en el porvenir." Eslas palabras, por 
mi escritas y firmadas, envolvían una promesa, á cuyo curaplimieüto 
me obligatmn el ri^speto á la autoridad y la rectitud de mi conciencia. 
Ira prudente, sin embargo, antes de realizarla, el examen de lodas y 
de cada nna de las circunstancias que produjeron esta situación difí- 
cil por qae atraviesa hoy la provincia de Cuba, El eximen hecho y e! 
juicio formado, natural es ipic entre yo el primero en una senda que 
amalgame todos los intereses, que concille todas las ambiciones legi- 
timas, que abra un anclio y despejado horizoide al patriotismo de 
todos. 

Si á impulsos do nn sentimiento que calilicarfi la historia en su 
dia, y aguijoneados poruña de esas resoluciones peco meditadas, en 
que la pasión usurpa su puesto á la prudencia; si por el descreimien- 
to de los monos y la impaciencia de los mas estalló la insurrección en 
¥ara, y se luriió, con agresiones violentas, ei sosiego y la Iranquili- 
dad de esta provincia española, tiempo es ya de emplear todos los 
remedios que pongan término á tanta y tan lamonlahle desrenlura. 
No importa que en la parte Oriental y Central de esta porción ¡nle- 



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137 

grante do la nacionalidad española se tremole lodavfa el estandarte 
de la rebelión: yo he venido aguí á resolver diScullades de adminis- 
Iracion y de gobierno por el criterio liberal, y seguiré por este ca- 
laino hasta el desarrollo completo de.la libertad en sna mas- necesa- 
rias manifeslaciones, hasla-qne se ílje sobre un cimiento sólido el go- 
bierno del país por el país. 

Con franqueza lo digo, Ko será culpa del Gobierno proyisional de 
(a Haeion, ni de la autoridad que en su norabae os ha dcTuelto ya im- 
portantes derechos políticos, si desgraciadamente continúa por mas 
tiempo esta lucha fratricida. 

En uso, pues, de las facultades extraordinarias de que me ha re- 
Tcslido el Gobierno provisional de la flacion, decreto lo siguiente: 

Artículo 1.° Se concede amnistía á todos los que por causas políti- 
cas se hallen sufriendo condona ó estén procesados y en prisión, los 
cuales serán puestos inmediatamente en libertad, y podrán regresar 
á su domicilio sin que se les moleste por sus hechos y opiniones an- 
teriores á la publicación de csle decreto. 

Art. 2." Disfrutarán de igual bcneflcio todos los que depusieren 
lasarmas en el término de cuarenta dias. 

Art. 3.° Las causas por delitos políticos, cualquiera que sea ál es- 
lado en que se encuentren, so considerarin terminadas y so remiti- 
rán á la sccrelaria de este Gobierno superior. 

Art. 4,* Los gobernadores y tenientes go])em adores darán cuenta 
ámi autoridad del cumplimiento de este decreto. 
Habana 12 de Enero de 1869.— Domingo Dulce. > 

Nos parece perfectamente bien, en principio, el rasgo 
de- generosidad del general Dulce ofreciendo por tercera 
vez un perdón y olvido que ya hablan sido desechados; 
sin embargo, hay algunas apreciaciones y disposiciones 
que no nos han parecido ni meditadas ni justificadas. 
jQue no importa que los departamentos Oriental y Central 
estén sublevadosl Pues entonces, ; qué importa? Si no es 
nada que dos departamentos de los tres en que se 
divide la Isla, estuvíeseo completa y absolutamente do- 
minados por la insurrección, fuera de las principales po- 
blaciones y puertos de mar, entonces no s 



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13« 
í^idei-aria como algo el fíeneral. Nüs parece ademiís escesi- 
vamentK! largo el plazo de cuarenta días para acogerse á la 
¡imiiístia los insurrectos-, puhlicado este documento e! I.'l 
(le Enero, no espiraba el pla^o hasta el 31 de Febrera, y 
durante este tiempo era de suponer que todo movimiento 
(le tropas se suspendiese. De este modo los insurgentes, si- 
como era de esperar, no se avenían <S presentai'se, desean, 
sarian tranquilos y paciflcos en las rail fincas que íenian í 
su disposición, seguros de no ser por nadie hostilizados 
durante mucho tiempo. ¿Y si se coí'ria la insurrección a) 
Departamento Occidental? ;,Y si se alzaban los negros (h: 
los departamentos su ¡llevados? ¿Por qut'', ami cuando nadií 
de esto sucediese, liabria de esponerse al país A que inde- 
finidamente sufriese las calamidades de una guerra devas- 
tadora y salvaje, cuando rápidamente debía cortai-se el 
mal? ¿Qué importaban los sacrificios para conseguirlu^ 
j.Poí economiüar nn poco de sangre se había de con-erel 
peligro de que nos sucediese en la Isla de Cuba lo que nos 
sucedió en Santo Domingo? Veinte días hubieran sido su- 
ficientes y aun sobrados, porque toda concesión exageradíi 
tiene el gravísimo inconveniente de causai' el desprestigia 
de la autoridad que la liace. Esta es nuestra opinión parti- 
cular, y en este mismo sentido hemos oído hablar A los 
peninsulares y á los del país, que veian sus ganados rolla- 
dos, BUS fincas saqueadas, y al fin de todo su ruina. En 
asuntos de tanta gravedad como la rebelión de los depa:- 
tamentos de Cuba, no nos cansaremos de decir y de repe- 
tir que cada dia que pasaba sin dominarla, sin estinguirJa, 
era un gran peligro de muy difícil remedio. El sistema di' 
dejar marchar las cosas por sí, nos parece una verdadera 
calamidad qae el país llora y llorará durante mucho tiem- 
po con lágrimas de sangre. 

También desde luego chocó mucho y disgustó la ^^' 



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13!) 
plitud de la ;ijniiistía. Se comprende que íuese amplia 
paia el delito de rebelión; pero no que no espresase clara 
y terminantemente que no se eslendia á los delitos comu- 
nes, que deben elimiiiai'se de esta clase de gracias. Merced 
i esta disposición, los que hablan estado leabnente al lado 
del Gobierno hasta con las armas en la mano, y que ha- 
blan sido reducidos poco menos que ;t la mendicidad por 
la debtiuccion de sus lbi( as > lobn de sus ganados, se en- 
ijjnltanan fíente á tiente con los que les habían causado 
esto'í males, sin podei m aun siquiera pedirles uidemniza- 
non lis (loi 11, que se hai i.i de me|oi condición a los de- 
vTítidores ^ siqueadoiPo que .i lo'i peí judiL idos, es det n , 
(jup su abnegación y patriotismo enconliaiia la lecompen- 
sa de vei im]tunes i los (jue de uu solo golpe destiuj eion 
ki ipie les había costado niu( hos anos de sudores de piiva- 
iiones y de honradez. Podía sei esto muy pohtiLO, ueio 
m teconocemos esta política, ni jamás se debe sdiiuoiüi la 
impunidad del que causa un peijuuio a terteio Eu- 
Ire los mo\üizado-' había algunos pemnsulaaes que ha- 
íiianernpanido las amias poique se hahiau \isto redu- 
iidos á la miseiia poi habeiles destiuido las estancias 
J pequeflasfincas que constituían su único medio de 
Hihsistpncia 

Solamente una esplitaciou eiicoutiamos que pueda 
lusttficar el laigo plazo de la amnistía, y es la com- 
pleta fallade tiopas que había en la Isla Peí o en este 
lasu \oheiemos á lo que antes hemos dicho el ge- 
iieial Dulce no debió habei ido solo, j fue una gian 
i lita politua del (lobieino que asi le envió, sin me- 
dios paia hacerse obedeceisi, romo era de suponei, 
^us üidencs eran desobedecidas Ln mal tiae foizosa- 
iiiente otio mal, y después de habei pasado tres meses 
Ip iiisunttdou sin iptdiu el menoi au\iho, el f apilan 



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140 
general se veía obligado á ecliar mano de un ardid que á 
nadie se escapó, y que los revoltosos supieron utiliíar 
en su propio provecho, envalentonándose con razón y 
haciendo comprender que el Üobierno español no en- 
viaría tropas. 



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CAPÍTULO VIII. 



PabUcasc en la Habana el decreto de. libertad de imprenta.~Sus desastro. 
R resultiwlos.— Oravea desordenes en la Haliana,— Decreto sobre elec 
" " ' a ineurgente,— Cartas notables diri- 



VA general Dulce, al ir d la Isla de Cuba, ya que no 
llevó soldados, en cambio fué bien provisto de una gran 
canticlad de decretos del Gobierno provisional que, en su 
i'pinioii, valdriaii muclio; pero que alK se estimaban en 
muy poco por los desafectos y se miraban con gran recelo 
por los leales. Uno de ellos era la libertad de imprenta, 
lau oinnínoda como en España; otro las elecciones para 
diputados á (lórtes. Si la índole de este trabajo lo permi- 
'iera, tal vez entraríamos de lleno en la cuestión de la 
i'üiiveniencia ó inconveniencia de estas concesiones; bás- 
tenos decir que en circunstancias normales y pacíficas su 
'■onveniencia hubiera sido para nosotros, cuando menos, 
IH'oblemática, siempre suponiendo el sistema de gobierno 
fístablecido en la Península; en las circunstancias actuales 
lio vacilamos en calificarlo de una gran inconveniencia, 
'■uyos resultados desastrosos eran fáciles de prever á cual- 
'luiera que no hubiera estado con los ojos cerrados hasta á 
la evidencia. La revolución de Setiembre se habia hecho 



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al grito de ¡viva la iibortad! y ol Goiiifinio dolMa ser conso- 
cueiite dando Ubei-tades al país hasta atracarle, hasta ahi- 
tar con eilas al pueblo, que, como siempte, no sabia lo 
que le daban; la i'ebeUon de Cuba estalló al grito de iviva 
la independencia! y era xm contrasentido contribuir á esta 
misma independencia dando armas á los rebeldes paia 
que hiciesen descarada y públicamente la propaganda se- 
diciosa que habia empezado á mano armada. Los leales 
no pedian nada, no querían nada, no levantaron mas 
(pie una bandera que uo llevaba otro lema ipje el de ¡vivii 
España! y fácil era comprender que en la lucha suprema 
que habia empezado solo debia pensarse en sostener la 
Laudera de la lealtad con la fuerza material. que se necesi- 
taba. .4 un pueblo que se subleva no se le debeu hacer 
concesiones; el honor y el prestigio de la autoridad exigen 
(]ue no se atienda á otra cosa mas que á combatir la rebe- 
lión, sin perjuicio de hacer después justicia y dar lo que 
deba darse; lo contrario revela, cuando menos, una gran 
debilidad ó una falta de tacto indisculpables qne producen 
males sin cuento, como en Cuha se han producido. 

Luego que se publicó en la Habana el decreto de liber- 
tad de imprenta, principiaron á aparecer inmundos pape- 
luchos que eran otras tantas teas incendiarias. ImposíWe 
es figurarse hasta qué punto llegó el desbordamiento de 
la pi-ensa, que nada respetaba: en todas aquellas publica- 
ciones, inconvenientemente toleradas, no se leia otra cofs 
mas que anatemas contra Espada, y los insultos mas gro- 
seros y sangrientos contra los españoles. Se abogaba des- 
caradamenle por la independencia, y se rechazaban con 
desden y menosprecio las libertades concedidas, pori¡u(t p 
era tarde para que el Gobierno eupahol se arrepintiese de si" 
errores. Cada papelucho, bautizado con un título que de- 
notaba sus intenciones, era una ti-ompeta que llamabas' 



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,■ jmíiaüí, proclamando ol dorecho quo leula rinba á sepa- 
rarse de España para siempro, Parere mentira fjue tales co- 
^its )iayan sucedido; pero los miserables instigadores de la 
reheliori no se pai'aliait ante niiijíun obstáculo para coiise- 
;jnir sus reprobados fines. La autoridad estuvo bastante 
(it'bil, en nuestra opinión y en la de la inmen-a mayoría 
lie peninsulares. 

Entre los periódicos alDortados por las malas pasiones, 
Imbia uno que se señalaba por su lenguaje piocaz, titulado 
/,íi Verdad. Decir los improperíos y los insultos que lanza- 
ba á todos los españoles, en especial á los funcionarios pü- 
lilicos, seria tarea tan larga como repugnante y hedionda. 
;\la! ensayo, por cierto, hacia la libertad de imprenta! Pa- 
i'ece increíble la imprudencia con que tal papel, al santi- 
licar las empresas filibusteras fracasadas, decia que no ha- 
blan sido bandidos, ni traidores, ni aventmeros vulgares 
los que sacrificaron sus vidas por la libertad de su país. 
;La libertad! No, no era la libertad lo que proclamaron, 
i'i'i la independencia, y los que esto hagan son imos trai- 
ilores. Francamente lo decimos, no comprendemos ciímo, 
ilespues de publicado el primer numero de lan incendiario 
l^tapel, se permitió su continuación, aunque hubiera sido 
|ior pocos dias. En el artículo de fondo, esciito con tanta 
liabilidad como veneno, se elogiaba de la manera mas 
ilesciirada la insurrección actual, y se decian estas pala- 
liras: 

"la insurrección de dia en día va lomando fuerza j calor y asf 
'iCüc que suceder, porque son justos, jusUsinios los principios en 
||Ni; se apoyó al estallar, á pesar di su trr^dü rl (ammo Muclios 
'nilos (le Iiom!)rea han empuñado ja li-- irtna-. il inntralaiidü laK 
'larii ;'i los que no las lieneti todavía eli. • 

Después de estas edificante? palabras, í'oiTnulaba su 



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opinión ace\-ca de lúa deberes del (ioLierno en esta situa- 
ción, de la maiiei-a siguiente: «Tratar franca y lealmente, 
sin engaño ni doble intención, con el gobierno de ios in- 
surrectos, y hacer entrai- á estos dentro de la nacionali- 
dad espaüola cuanto pudieran apetecer como nación indü- 
pendieute, ahorrando así torrentes de sangre humana y 
una guerra sacrílega.D Después añade: «El (lobierno tieni' 
la culpa; es el ofensor y dehe dai- el primer paso al ul- 
trajado país.» He aquí, por ultimo, cómo sintetizaba su 
pensamiento en cnanto al gobierno: «Un gobernador noiri- 
brado por la Nación; un Consejo colonial con empleado!^ 
lodos del país, que determine la organización que ha di' 
dái'sele.)' 

Parece imposible, repetimos, que en los momentos Pi 
que las pasiones estaban en el paroxismo de la evaspeía 
don; cuando dos deparlamentos se encontrabaü aimddo 
por la independencia de la Isla; cuando en el que fallatii 
se notaban síntomas de perturbación, se hubie'^e peinnti 
do escribh- esto. A tanto no autoriza la libertad de impieii 
ta, porque no hay ley ninguna que nos autorice paia ti 
suicidio, y suicidai-se Espaüa en Cuba era toleiar con ui 
concebible impasibilidad semejantes escritos, que no erai) 
sino im llamamiento á las anuas, el escarnio mas san- 
griento del nombre espaQol y una apoteosis de la rebelión. 
El efecto que produjo semejante ai'tículo fué grande, df 
satisfacción entre los insurrectos, de pesar y de irritación 
entre los leales, atónitos al ver tanta desfachatez y desvei- 
gttenza. ¿Creia el general Dulce que era ni político ni sen- 
sato demostrar en circunstancias tan críticas esa toleramia 
tan escesiva que todos vimos? Pues se equivocaba de me- 
dio á medio, porque no es cnerdo ni racional, cuando av- 
de una casa, en vez de cortar ó apagar rápidamente el lue- 
go, permitir que se !e aiíadan combustibles. La sltuaciu" 



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145 

de Cuba era peligrosa; poL todas partes se levantaba la 
bandera anti-espaüoia, y deber imperioso era del que re- 
presentaba al Gobierno espaüol en acjuella provincia re- 
belde aiiiiinilar la rebelión. Transigir y contemporizar con 
ella era un error que íorzosamenle había de dar muy 
amargos frutos, como en efecto los dió. Los cubanos des- 
contentos, tanto los que liabian. tomado las armas como 
los que, con apariencias pacíficas, les auxiliaban y nos 
vendían, rechazaban claramente entonces, como hoy re- 
chazan, toda clase de derechos, y si aceptaban la libertad 
de imprenta era para escai-necernos y para aprovecharse 
de un arma terrible que tan perlectamente sabían utilizar 
en su provecho haciendo una propaganda sediciosa. Los 
periódicos de orden, el Diario de la Marina, La Prensa y M 
Vos fie Cuba, combatían esta propaganda; pero su voz era 
ahogada por la procacidad y la insolencia de los papelu- 
chos filibusteros. ¡Bueu ejemplo de previsión y coi'dura 
hemos dado en este punto! Nosotros, espontáneamente, 
por una generosidad quijotesca que siempre z-eduuda en 
daño de quien es bastante imprevisor para tenerla, abri- 
mos á los facciosos un palenque donde á todas sus anchas 
pudieron vertar su safta y su odio contra la Nación íí que 
deben todo lo que son, y sin la cual quedarían reducidos 
á la nada. El principio de la propia conservación aconse- 
jaba, sin embargo, una marcha diametralmente opuesta á 
la que se seguia. * 

Tan sediciosas escilaciones produjeron el resultado que 
era de esperar: las pasiones se exasperaron, y todo se fué 
preparando para un conflicto fácil de prever. Para que los 
lectores puedan formar juicio acerca de los deplorables su 
TOsos de la Habana, nos limitaremos á copiar lo que sobr- 
ellos publicó un periódico, titulado El Noticiero de (a Ha- 

hna: 

10 



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i'iG 
,.Los tiim compon'.-n o! parüOo <|nc st; llama oiil.a.u) ó separatista, 
dice decidieron pasar de las manifestaciones por escrito a las mam. 
tcslacioues de Hechos, y con el prcleslo de UM función de teatro o:i 
el do VUtanueva, se reunieron en la noche del 21 del comente (Euero, 
y prorrumpieron en gritos sediciosos, dando vivas á Céspedes y Agui- 
lera, y algunos, aunque pocos, mueras á Espafia y li los españoles, 
Acfaello, sin embargo de su gravedad, no era mas que un ensaví, 
y un medio para contar sus fuerzas y apreciar el número y resolu- 
cion de sus contrarios. 

Sin .inda hubieron de parcccrlcs aquellas suficientes y muy esca- 
casos eslos, pues al rtia siguienle acordaron repetir la misma tuií- 
cien d&ndoia á heneflcio de .unos insolventes- para cubrir las apa- 
riencias legales; pero cuidando de publicar por loda la Habana ip^' 
sus productos se destinalian á enviar socorros á los insurrectns. 

La conducta de las autoridades aquel dia es incsplicahle. Sadio 
había que ignorara el objeto de la reunión; nadie que no supiera qne 
se preparaba, por lo menos, un insulto a España; nadie quehubi» 
dejado de ver las banderas estrelladas con qne desde por la ma.iana 
apareció engalanado el teatro de \illanneva. Los volunlarios, eJ»sp^ 
rados ya hasta el eslremo, y cuya sai^e ardia al ver que era atri- 
buida a cobardía sn prudencia, estaban resueltos íi poner tórmino a 
esta y ft mostrar á sus adversarios de lo que son capaces. La Yni <l' 
Vuba. que luvo noticia de lo que iba á ocurrir y adivinó las desgra- 
cias que habria que lamentar si la loclia se empeñaba, trató de conju- 
rarla, publicando una Ulima Itorn en que aconsejaba paciencia y cri- 
ma á sus amigos. 

La autoridad permaneció muda, sin embargo, y ni snspenaiui' 
función para evitar el motin, ni se dispuso para reprimirle inmeilis- 
tamente que estallara. Podía «prevenir, podía dominar; ¿quí tuc 1" 
que hiüo? Gruüarse de braatg y esperar rjne el condicto se desvane- 
ciera por si solo. 

A la mitad de la fnncíon, y a una señal dada desde íaS tal)las w 
m crtmieo, se levantaron la mayor parte délos concurrentes, y cnW 
ellos algunas señoras que, vestidas de blanco y azul y adornadas con 
estrellas, se liallabanon los palcos, lanzando vivas á Cuba y ala'"' 
depeiideúeia, seguidos luego de algunos mueras & España, c inme- 
diatamente después de varios disparos de rewolvers, cuyas balas se 
estrellaron, unas en el pórtico del teatro, 6 hirieron otras a dos salva- 
ííiiardías y un oficial que cu aquel paraje se encontraban. 



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147 

Al ruido de los tiros y del tumulto promovido acudieron de un re- 
ten cercano ocho ó diez voluntarios armados que alacaron en segui- 
da ai coliseo, y iinc ayudados por otros que inraediatamenle les si- 
guieron, lograron desalojarle pronto y por completo, no sin cansar 
algunos muertos y Leridos y sin sufrir bastantes Lajas por el fuego 
que del interior se les hacia. 

Al dia siguiente publicó una alocución muy digna el general Dulce' 
en que manifestaba la indignación con qne habla tenido noticia de lo 
ocurrido, y prometió hacer justicia, y pronta justicia, en ios eulpa- 
hlos enemigos de la integridad del territorio. 

No tranquilizaron ellas á los anlores de aquel inmenso escándalo, 
f durante el dia 23 tuvieron lugar varios asesinatos en soldados del 
ejército y voluntarios que, confiados y desprevenidos, andaban po- 
iiis calles vestidos de uniforme. 

Continuaron repitiéndose estos ataques tan traidores, de los cua- 
k'S lian resultado 10 ó 20 victimas basta el domingo 34, en que debió 
iiasar el general una revista íi los voluntarios. Desgraciadamente llor 
lió en mucha abundancia toda la mañana: quedó sin efecto la revista, 
y los voluntarios, que no tuvieron conocimiento de qne se hubiese 
suspendido, y hablan acudido al lugar de la cita en consecuencia, se 
dispersaron eu grupos de cuatro ó seis r^da uno, y eoraenzaron h re- 
t^orrer las calles de la población. 

Los asesinatos continuaron repitiéndose a<¡ncl día con mayor fre- 
riueneia, y de algunos se tomó venganza terrible é inmediata. A eso 
lie las nueve y media de la noclie, y como pasara un piquete de vo- 
luntarios por la calle de San Hafael, cerca del café del Louvre, le hi- 
líieron desde el primer piso qc este uno ó dos disparos de rewolver, 
i¡iiü fueron inmediatamente contestados, abriéndose en seguida un 
nutrido tiroteo y penetrando aquellos en el café a la bayoneta cala- 
'la, donde tuvieron lugar cuatro muertos y multitud de heridos, pe- 
ninsulares en su mayor parte, pero que no pudieron ser reconocidos 
por los voluntarios, que ebrios de furor y sedientos de venganza, á 
nadie en los primeros momentos respetaron. 

Al mismo tiempo que Icnlau lugar estas escenas, parece que va- 
rios voluntarlos que pasaliaii del Campo de Marte á la calzada de la 
ileina, sufrieron algunosdispanisbccboB desde la azotea, según dicen, 
lie lacasa de Áldaraa, y como este señor es sospechoso para algunos 
ln>r su opinión política, jungaron que la agresión partía de sus dcpen- 
'lientes 6 allegados, y asaltaron la casa, re^strindola toda, sin lograr 



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148 
enconlrar á nadie sobre quien pudiese recaer la sospecha del atenta- 
do, y sin que, por fortuna, haya habido iiiie lamentar dentro del edi- 
ficio desgracia alguna personal. 

EbIos sucesos, la falta de seguridad á cualquier hora del dia ó do 
la noche en todiB las callos, pero principalmente en ía de cxtramu 
ros, y la apatía de la autoridad, que, obedeciendo sin duda á un plan 
político bien determinado, marcha ft su realización, sin cuidarse de 
todo lo demás, produjo un serio desconlenlo en la parle mas sana de 
[a población, la que ha estado y estariV siempre al lado del Gobierno, 
descontento que se aumentó con la noticia de haberse embarcado 
disfrazados para los Estados-Unidos varios individuos de los que la 
opinión pública señala como fautores de los trastornos de este dia, y 
entre ellos alguno que pudo hacei-Io y evitar la prisión dictada contra 
él, merced li im salvo-conducto de la misma auioridad,. 



Esta es la relación de las deplorables escenas ocurridas 
en la Habana en las cuales no íneron por cierto agreso- 
res los peninsulares, sino ijue se limitaron á defenderse 
y á defender el honor nacional tan villanamente ultrajado. 
Sin embargo, en los periódicos americanos se pnblicaron 
viles calumnias solo dignas de los defensores de la rebe- 
lión, y hasta hubo un corresponsal de un diario francés, e! 
Na-ional, que con esa veracidad tan común en esta clase 
de vividores, se atrevió á decir que en el teatro de Villanue- 
va habían sido arrastradas las sefioras después de haber si- 
do despojadas de sus vestidos. Así se escribe la Iñstoria; 
pero calumnia tan indigna como esta, no puede afrentar 
ni manchar á nadie mas que ásiis autores, porque ábuen 
seguro no habrá habido nadie, que tenga sentido común, 
que la hayacreido.Laactitiidquelos voluntariostomaron 
en esla ocasión fué digna; las desgracias <jue ocurrieron 
son imputables ínüca y esctusivamente á los miserables 
promovedores de tan repugnantes escenas. ¿Qué se quería 
de los peninsulares? Es decir que después de haberlos col- 
mado de insultos, después de haber enarbolado püblica- 



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149 
mente en un teatro la bandera Ac la rehelion, de haber ca- 
zado traid órame nte al acecho á los voluntarios que iban 
desprevenidos por las calles, se pretendía que su longani- 
midad llegase hasta el punto de sufrir i-esignados y en si- 
lencio semejantes atentados. No apelamos á la pasión; sino 
á los sentimientos de rectitud de cuantos se hallen ente- 
rados de semejantes sucesos, y creemos que no habrá 
guien no reconozca que toda la razón estuvo de nuestra 
parle ; que no se hizo sino repeler la Tuerza con )a fuerza 
y resguardarse de la traición y de la alevosía. iQué se ha- 
ce en todos los países del mundo cuando los particulares 
se rebelan abiertamente , no contra el gobierno , sino con- 
tra la patria? Si en el café del Louvre hubo algunas esce- 
nas deplorables , responsables de ellas deben ser los que 
produjeron el conflicto , los que exasperaron las pasiones, 
y los que después de la agresión no tuvieron valor para 
presentarse frente á frente de los ofendidos, sino que les 
asesinaron traidoramente detrás de las persianas ó desde los 
carruajes. 

El efecto que estos tristes sucesos produjeron en la Ha- 
bana no pudo ser mas deplorable, y se necesitó mucha 
pmdencia, mucha abnegación y muclvo pati-iotismo para 
ijue las cosas no llegasen íi un estremo. Los enemigos de 
España no se dieron por vencidos, y manejando la intriga, 
ú falta de otras armas, hicieron todo cuanto en sus manos 
estuvo para establecer recíproca desconfianza entre la Au- 
toridad y los voluntarios, creando una falsa atmósfera 
de antagonismo que jamás debió existir. Afortunadamen- 
te tan indignos manejos fueron por entonces impoten- 
tes; se restableció la calma y los voluntarios continuaron 
siendo lo que siempre habian sido, los defensores del 
orden y una de las columnas mas firmes de la Autoridad, 
'jue era el representante de la nacionalidad española Y no 



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150 
podia ser de otro modo: porque allí los espafloles no pue- 
den i'epresentar otro principio mas que el del orden, e! de 
los elementóse onsei'vadores y del goliiernoespatiül; allí no 
puede tener cabida la lucha de los partidos políticos. Unen 
desengaíio llevaron los que con sus malas artes quisieron 
dividimos, es decir, que nos suicidásemos, porque la di- 
visión en los peninsulares siempre, y en estas circunstan- 
cias mas que nunca, hubiera equivalido á la impotencia, 
y por consiguiente á la ruina. 

Publicóse también el 22 Je Bnero el decreto sobre elec- 
ciones, y lejos de consagrar alguna palalira siquiera agra- 
dable hacia este documento que parecía ser la espresioii 
genuina de una de las aspiraciones de aquel país, según 
decían no hacia mucho los cubanos, no hicieron estos el 
menor caso de él, y lejos de eso, uno de los periódicíif 
abortados por la libertad de imprenía, en mal hora plantea- 
da en aquel país, se espresaha en los términos siguientes; 

"Se lia publicado üii la Gacela del vicfnes la ley electoral para 
que nombre Cúbalos [IS! individuos qucladobeu representar i:n 
las Cortes ConsUtiiyentes de Madrid. 

í creemos que todo cubano debo abstenerse de volai'. 
¡s de lo qiiD hicieron en J837 con los últimos dipulados qiip 
fueron i representarnos, parécenos míe la dignidad aconséjala poli 
tica del retraimienlo. 

Hada de dipulados. 

So los queremos. 

Nada de representación. 

Ya es muy tarde.' 

Para algo ha de servir la esperiencia, y no debemos esponeriiúF 
i un desaire. Ellos bastan y sobran; que lo tiagan ellos." 

Esto se deciaá íines de Enero, cuando estaba reciente 
la concesión de derechos, y parecía que los que con tanta 
instancia los habian pedido debían estar satisfechos con la 



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151 
(;oiiquÍ5ta. El retraimieiitü no significaba una mura abs- 
tención do votar, sino que marcaba el caminí) revohicio- 
fiario qne tan claramente se liabia indicatlo. Y esto se ha- 
cia precisamente cuando aun la Habana estaba teñida 
con la sauf^re de los voluntaiios indignamente asesinados, 
cuando tan recientes estaban las escenas del leati'o de Vi- 
Uauueva y del Louvre. ¿Se comprende que esto se liubie- 
se permitido en una época en que tan exaltadas estaban 
las pasiones y en que tan necesarias eran medidas repre- 
sivas? Esta no es cuestión sino de simple buen sentido, y 
este desde luego indica que se seguia una mai-cha de con- 
templación y vacilaciones que no estaba bien y que era 
además muy ocasionada i gravísimos peligros. Esto tam- 
bién parece se oscnrecia á la perspicacia del gobierno, 
(luien continuaba impávido en su equivocado sistema de 
lira y afloja, que A nada bueno conducía. 

La Voz de Cuba, periódico publicado en la Habana y que 
lepresentaba los intereses españoles y los de la revolución 
de España , pero denti'O de los principios del orden, dio á 
luz con este motivo varios notables trabajos, que en foi-ma 
de cartas dirigidas al general Dulce, trataban esla cuestión- 
No podemos resistir al deseo de presentar á los lectores una 
muestra de ello, dejando á su autor la responsabilidad de 
sus apreciaciones, con algunas de las cuales no estamos de 
acuerdo. Trasladamos algunos páiTafos importantes de la 
primera, en que se aprecian los sucesos que acabamos de 
esponer, de la manera siguiente: 

«La siluaciüQ de Cuba, dice, y pr¡nci palmen le de pocos dias á es- 
la parlo de la Habana, es liorrorosa y no tieno ejemplo ni en nin- 
gún período de su historia, ni tampoco en la de pueblo alguno de los 
que con razón pueden decir qne son civilizados. 

Ayer decía, y con razón, iu Vos de Ciiíia, que nadie podía asegu- 
i'ar al salir de su casa i|ue volvería ú ella sin ser asesinado ú apesino' 



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152 
yo añado que al retirarme hoy á la mia he onconlrailo íi muy pocos 
que no llevaran preparado el rewolvor y prontos á liacer fuego con 
él al primero qno voluntarla ú hi voluntariamente los intercepte el 

Este solo liechoqueV., mi general, no puede por si propio com- 
probar á causa del mal estado de su salud, pero cuya exactitud no le es 
diflcil averiguar por los que le rodean, si es que merecen su contiau- 
za. es mucho mas signiltcalivo aun que los deplorables sucesos ocur- 
ridos ayer noche en el café del Louvrey enla casado Milama, que 
los diez y ocho ó veinte asesinatos cometidos en desprevenidos vo- 
luntarios, y también las escenas del teatro do Villanueva en las pasa- 
das noches. 

Estos sucesos podían ser considerados como delitos comunes, cu- 
ya recrudescencia casual ó intencionada tiene lugar en todas épocas 
y en todos los países, bastando la acción de los tribunales para repri- 
mirlos. Aquel denota una intranquilidad y una alarma general que so- 
lo el gobierno tiene obligación y medios de hacer que desaparezca 
por completo. 

Dirá Vd. acaso, mi respetable general, que esa intranquihdad y esa 
alarma no tienen fundamento, y yo, por si lo cree V. así voy & an- 
ticiparle mi respuesta. 

Admiro y aplaudo con mas calor, y quizá con mas sinceridad que 
algiunos de los que se llaman sus amigos, la generosa conducta y la 
serenidad dp ánimo de V. al verse amagado, según se cuenta, por na 
asesino, pero no todos tenemos sangre fría igual, ni tampoco estaraos 
acostumbrados en nuestra pacifica profesión & oir silbar las balas, 
por lo que preferimos, ó al monos yo preliero, trabajar tranquilamen- 
te en mi carpeta á andar por esas calles armado de pies a cabeza, 
y sin considerarme por eso asegurado de que eomoiun conejo 
no se me cace al volver de alguna esquina ó al pasar por bajo de una 
azotea.» 

Signo líi caria halilando de estos sucesos, j añade: 

"¿Tienen la culpa de lo que sucede las libertades de que por pri- 
mera vez goza Cuba? Francamente, yo creo que no; pues aunque ¡tiz- 
go que no debía haberse V. apresurado tanto á concederlas, y sobre 
todo, tan omnímodas, esponlendo i indigestión peligrosa de liberlad 
una provincia cuyo estómago no estaba acostumbrado á digerirla: 



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153 
opino también que si Imbicran ido ncompafiadas de su compensación 
mas iialiiral y mas legilima, que es la fuerza y la jnslicia, no liabrian 
producido ninguno de los males que lloramos hoy lan amargamenlc 
lodos. 

La libertad, para qae en licencia no degenere nunca, necesita que 
íenlro de ella se observen ílel y escrupulosamente las leyes, y nece- 
sita también que la autoridad sea inflosiWe y dura, como V. prome- 
tió serlo, en los castigos impuestos á los que á ellas fallen de tinama- 
iiera intencional. Algimos se figuran que quien dice libertad dice 
también que todos pueden hacer lo que les venga en mientes, sin ob- 
servar que esto solo producirialaanarqnia, y qiiclos pueUos mas 
libres son aqucUoE donde la vohintad de un individuo no se impone 
nunca á los demás, y donde la ley es la iloica que impera. 

Sentado esto, con lo cual creo estará V. de acuerdo, voy á permi- 
litme dirigirle una pregunta. ¿Cree V., mi general, que se han cum- 
plido hasta ahora las leyes en la Habana desde que tuvimos la fortu- 
na de que V. desembarcase en nuestro puerto? 

KosesiV. tiene tiempo para leer todos ó alguno siquiera de esos 
mii periódiquines que ha vomitado la libertad de imprenta; pero si 
«■ que tiene V. personas que los lean y que ha nombrado un fiscal 
i'ncai^ado de perseguir los delitos comunes que por ellos se cometan. 
Pues bien, esos impresos que no pueden llevar en puridad el nom- 
lirc de periódicos, difunden todos los dias la insurrección armada. 
imsiillan á los agentes de la autoridad, enaltecen y gloriScau á los in- 
siirreclos de Bayamo, piden en todos los tonos posibles y de la mane- 
n mas procaz y descarada la desmembración del territorio, injurian 
Hwrtalmente á España y á los españoles y andan buscando un Bruto 
W nos libre del tirano. iOuién sabe si por llnle habrán hallado en 
1^1 lue con un puñal escondido en los vestidos fué preso la otra noche 
"^ la antesala del palacio de V., mi geueral? 

Pero no es rato solo por desgracia. De las escitaciones se pasó á 
iss amenazas, y de estas á los hechos con una rapidez que solamen- 
't^ por la impunidad puede esplicarse. En la calle del Carmen se en- 
'^mlri'i nn depósito de armas: sus guardianes asesinaron á dos celado- 
fes; en Villanueva se repitieron consecutivamente gritos de traición 
y sedición; el concejal ó regidor que presidia la función es señalado 
'«I razón ó sin ella por el público como complico é instigador de 
l^uel delito; por unos y por otros hechos hay mTillitiid de presos con- 
''sos ya y convictos. ¡Ha hahido algún castigo? 



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n4 

Vo, sPiíor Sfiicul rnliiniln pocn o iiaila in achaques ilc Icyus, y 
bien sé ([(lu se mo contestara qnc la justicia necesita proceder con 
calma; pero ignorante como so\, creo que en formarse un snmann 
puede no tardarse tanto tiempo como el trascurrido desde los sucesos 
do la calle del Carmen, y sobre todo, recuerdo que estando en Ma- 
drid ñ en una ocasión prender, juzgar, sentenciary ejcLUlar dos lier 
manos que, si mal no recuerdo, se llamaban los Marinas, y que ha 
bian cometido un simple asesinato, sin ninguna de las circunstanciav 
agravantes que acompañaron á los crímenes de que dejo hecha rpfp 

Yo, que sé tanhien muy poco ó nada délas disposiciones f,ubei 
natiTas que rigen en esta Isla, y muclio menos di la>i faeultailca es- 
ccpcionalos que se dice ha traído V. de la Península creo haber oíd" 
que existe una, por la cual puedo el Capitán general de Coba ciiaudí 
haya peligro de la tierra, estrañar del territorio á los que jnsgne 
sospechosos, y tengo también, aunque muy vago, recuerdo que V. ha 
empleado otra vea este recurso con mucho meaos motivo que c! ijiif 
hoy existe. 

No es que yo pretenda que V. obre arbitrariamente. Estoy miij 
l^os de eso; pero lo que desearía es que íi osas personas que la opi- 
nión pública señala como autores de los delitos que he enumeradu, 
se las sometiera . i una averiguación ya gnhemativa ya judicial, cnii 
lo que ellas y nosotros ganaríamos mucho, pues ó se pondría en cla- 
ro su inocencia, ú sií descubriría su culpabilidad, caso de haberla. 
Escuso aíiadir que yo me alegraría mucho sucediera lo primeru.- 

La segunda carta, (¡ue llévala fecha 27 de Enero, w 
tan intencionada comu ia primera. Después de lamentarla 
dureza con que se dice trató el general Dulce á ios volun- 
tarios con motivo de los pasados sucesos, y que un indivi- 
duo contra tjuien se haljia dictado auto de prisión por un 
juez, logró embarcarse para los Estados-Unidos, presen- 
lando un salvo-conducto firmado pocas horas antí-s por pI 
general, dice: 

«Continua estrañándose mucho por algunos que ante la actitml 4 
los insurrectos de acá y allá y de la iiigralilud con que han paíS''" 



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!55 
las (iisposicLoiics liberales que IrajoV. ii Cuba, no haya adoptado nit- 
ilidas enérgicas y represivas y aplicado castigos muy severos. 

Dtccsc, y lio se si la liolEcia tiene fundamento, que la repíiblica 
Sorlc-americ.anainlluyoiinicliocüY. parahacerlc observarestacon- ■ 
Jueta, y iiasta se aüadc no sé qué do una Nota (así creo que se llama 
i'n diplomacia) pasada por el goljieriio de Washington con lal raolivo. 

Yo me resisto ii creer esto por dos razones ipie voy á esponer 
i V BUni|uc sea á riesgo ilo decir un disparate. 

La primera es quo á ios Estados-Unidos no les conviene suscitar 
iiliora ninguna cuestión internacional, y mnclio menos de este géne- 
ro, enredados como eslán con Inglaterra en el asunto del Alohama, 
el cual so resolvería inmediatamente á favor de esta si cilos intervi- 
niesen de cualquier modo que fuera en ios-asuntos interiores de Es- 
paña. Memas, ni las simpatías manif«stadas por los Estados-Unidos 
hacia nuestra nación, ni mucho menos las particulares que Mr. Se- 
wwd tiene por V., dan lugar a temer que consentirá semejante ton- 
leriE, intimamente, y estatal ve» sea la mejor razón, la insurrección 
de Cuba perjudica muclLO mas que favorece los intereses aoglo-ame- 
Lícanos, y nadie ignora que ante esta idea posponen los yankées to- 
das las demis. 

£1 segnndo es personallsimo y se refiere esclusivamente i usted. 
Creo liace tiempo, mi general, que sin tener ios defectos del primero, 
pertenece Vd. á la raza de los Narvaoí y los O'Donnell, y que coloca- 
do en situaciones análogas á las en (pie ellos estuvieron, observarla 
Mted igual conducta. Estando persuadido de esto, y seguro de que 
seria V. muy capaz de contestar á las amenazas de Inglaterra, ya es- 
palsando á su embajador, como lo Li?.o aquel con sir E. Bulwer en 
IS4S, ya invadiendo n Marruecos según lo veriílcó en 1858, ¿cúmo po- 
dría imaginarme que dejara V. de cumplir con sus deberes por el 
'emor de una complicación con los Estados-Unidos, teniendo toda la 
razón de nuestra parte? 

Lo que yo creo es que liahiéndole probado á V. muy bien el sis- 
itma de tolerancia y espansion que practicó en la capitanía general 
''n Cataluña, cuando estaban alli los ánimas tan cscitados por cansa 
de la crueldad y las tropelias del general Zapatero, y no habiendo 
ocurrido suceso ninguno desagradable en Barcelona, á pesar de que 
se quedó V. sin tropas cftando Invo lugar la intentona do San Carlos 
'!« la Rápita, se ha ligurailo Vd. probablemente que igual sistema v 
i^unllanza idéntica producirían aqui los mismos resultados. 



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En eslo es en lo cpie se me Ogiira que está V, eiiufcvocado, gene- 
ral. Ni los cubanos que nos combaten son como ios catalanes, ni en c' 
antiguo principado mucho monos se enarboló nunca una bandera con. 
traria á la española. Enaquol gobierno contaba V. además con una 
fuerza pública numerosa y respetada, y tenia también detras de al la 
España entera, y aquí estamos á 1.500 leguas de la patria y no dispo- 
ne V. mas que de un cortísimo personal de policía mal pagada, pwr 
armada y á cuyos índiTiduos se permite que periódicos que se di- 
cen españoles, les llamen públicamente infames y cspias, sin (jue 
por eso nadie les castigue.» 



Concluía el aiitor de la carta diciendo que no queria 
que la autoridad adoptase medidas de rigor exageradas, si- 
no que hiciese cumplir estrictameute laa leyes y no per- 
mitiera que se infringiesen las que trataban de la integri- 
dad del territorio nacional, que explorase la opinión públi- 
ca por medio de personas competentes y que saben lo que 
el pueblo desea y de lo que el pueblo desconfía, porque i 
todo gobierno liberal conviene establecer esas corrientes 
que se establecen con facilidad entre la autoridad y el pii- 
blico siempre que exista la confianza mtitua; que si creía 
necesaria alguna reforma en la orgarñzacion del cuerpo 
de voluntarios se ejecutase, pero con la prudencia y tacto 
que exigía una institución tan meritoria; que ningún indi- 
viduo, por elevado que se creyese, dejara de ser sometido 
á los tribunales siempre que estos lo creyesen necesario, 
dando fuerza moral á los encargados de vigilar y persegnii" 
& los tribunales. 

En la tercera, de 9 de Febrero, trataba de sincerarse de 
la imputación que algunos le hadan de oposicionista á la 
Autoridad; elogiaba S. esta por sus antecedentes y su his- 
toria, añadiendo que todos los españoles tenian completó 
confianza en su españolismo; le exhortaba & que saliese de 
la atmósfera que le rodeaba, y concluía diciendo: 



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157 

..En mi anterior le dije á V. tpie Cuha es muy disliRla de Cataluña, 
y hoy deíH) aúadir que aquí se traduce por debilidad ó impotencia lo 
que alli sería considerado como íiidalguia y generosidad. Seguro es- 
toy de que un ejemplar castigo en el Campo de Marte de los que re- 
sultaran convictos de auxiliar la rebelión y qne no temen cansar mi- 
liares de víctimas por satisfacer ¡iijustiíicadas ambiciones, seria mas 
útil y provechoso para la buena causa que la victoria mas brillante 
(iblenida sobre los insurrectos. 

Cersouas Iiay, y muy corea de V., que se niegan & contribuir al 
sostenimiento del orden, porque dicen que se lo prohiben Céspedes 
y Aguilera y sus secuaces. Esto es tanto como asegurar que les temen 
mas t ellos ipie ii nosotros, y ¿podemos consentir en que semejante 
idea se arraigue contra los que mas que nadie deberían ayudarnos? 
üo; ó con nosotros ó con ellos. Si quieren que defendamos sus valio- 
sas fincas amenazadas del saqueo y del incendio, que se decidan de 
iina vez á confundir su suerte con la miestra.í 

El autor de la carta combatía la idea de las negociacio- 
nes con los rebeldes, y tenia mucha razón cuando decia 
ijue no se estaba en el caso de andar con paüos calientes, 
üreemos que toda negociación con los rebeldes nos de- 
í;radaba. 

Desde que leímos estas cartas comprendimos que el 
lirestigio de la autoridad estaba muy á punto de andar por 
el suelo. Y decimos esto, porque la generalidad de los pe- 
ninsulares participaba de las apreciaciones consignadas en 
dichas cartas, lo cual equivalía á significar que en efecto 
sstaba apunto de brotar cierto germen de desacuerdo en- 
tre la .\utoridad y los voluntarios, es decir, los peninsula- 
res, y se comprendía perfectamente que esto, si no se re- 
mediaba á tiempo, podía producir serios conflictos. Desde 
ül momento en que á una Autoridad que representa lo que 
1^1 Capitán general do la isla de Cuba sígniñca se la trata 
•^on el poco miramiento con que en dichas cartas se le tra- 
taba; desde que se le dirigían cargos tan severos como los 
'lue se le lanzaban, por mas que fuesen envueltos en frases 



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158 
mas ó menos suaves y corteses; desde quf se )e preséntala 
á la expectación púhlioa como un verdadero residenciado 
la Autoridad habla llevado un golpe mortal de que en 
muy difícil reponerse. Nosotros vimos e'^to ' on gran sen- 
timiento, porque comprendíamos la gian bieclia que w 
liabia abierto al principio de autoridad y porque ya se iba 
dibujando, aunque confusamente, la silueta del cuadio que 
después todos contemplamos. iOjal.1 el general hubiera 
comprendido entonces cual era su verdadera situación y 
el antagonismo que entre él y los voluntai'ios principiaba 
á marcarse, y hubiese dejado un mando que no habría de 
proporcionarle sino disgustos y sinsaboresl Si esto hubie- 
ra sucedido, si no se hubieran visto las cosas por un pris- 
ma engañador, indudablemente se hubiesen ahorrado es- 
cenas deplorables como tas que después sobrevinieron. He- 
rido el principio de autoridad en un país en que tanto im- 
porta tenerle siempie vivo, su fuerza moral debía tene- 
íorzosaraente escasa importancia, como no ae pusiese mii¡ 
cho empeño en volver á realzarle, para lo cual se necesi- 
taba mucha abnegación y patriotismo. 



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CAPITULO IX. 



i dfi imprenta — So arbitra 



Nada nuevo ocnrria eii el departamento central : en 
Puerlo-Príncipe continuábamos en la mas completa inco- 
municación; lo snhievados iban y venían , liacian movi- 
mientos que nadie comprendía y continuaban en la mas 
venturosa tranquilidad, sin que nadie se molestase en tur- 
har su quietud. Hablan llegado A la Haljana desde el 4 de 
Diciembre basta el 4 de Enero, eu cinco espediciones, 3,035 
hombres para los reemplazos; continuamente se nos anun- 
i'iaba la llegada de fuei-zas; pero el tiempo pasaba y nada 
siicedia, con lo cual el malestar aumentaba y el prestigio 
liel nomlíre espaüol quedaba bastante mal parado. Üiaria- 
raeute oíamos á los afectos ala insurrección preguntarnos 
i'on acento burlón cuando llegaban las fuerzas esperadas; 
^' no nos (juedaba mas recurso que bajar la cabeza y callar, 
porque no nos era posible dar una contestación que uo 
fiíese ridicula. En el departamento Central la insurrección 
'■slülló porque bubo gran debilidad y no llegó á Puerto- 



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ICO 
Príncipe un batallón pedido por el gobernador ; tomó des- 
pués las proporciones que todos hemos visto por e! com- 
pleto é inconcebible abandono en que se lia tenido el de- 
partamento, permaneciendo meses y meses en una ver- 
gonzosa defensiva. En efecto, ¿qué habían de pensar los 
hombres del campo que componen la inmensa mayoría 
del departamento Central , ignorantes hasta lo increíble y 
que no comprenden sino lo que materialmente palpan, 
cuando veian que los insurrectos dominaban en todas pai- 
tes, que se establecían con sus familias en Caunao , en 
Guaimaro, en Sihanieú y en los demás pueblos que do- 
minaban; que creaban capitanes de partido y hasta pi'e- 
(ectos que funcionaban en nombre de la república cubana? 
Guando partidas de treinta ó menos hombres recorrían 
impunemente toda la jurisdicción , ¿qué podian presumir 
sino que eran ciei'tas las patraüas que circulaban de que 
España estaba envuelta en una guerra civil y no le era po- 
sible enviar ningún refuerzo? No queremos continuar dis- 
curriendo en este terreno, porque serian muy poco conso- 
ladoras las palabras que dijésemos , y estimamos en mu- 
cho el honor de Kspaña. ¡Cuántas amarguras en este sen- 
tido hemos tenido que sufrir los que por desgracia nos he- 
mos encontrado en aquel país desde que estalló la rebelión^ 
Habían llegado á Nuevítas dos batallones, uno de! Rey 
y otro de cazadores de la TJníon , destinados á refoi7-af is 
guarnición de Puerto -Príncipe. Ya se sabia que había gran 
escasez en los mantenimientos, y se pensó en llevar un 
convoy al mismo tiempo que marchase la tropa. Pero se- 
gún parece no fué posible reunir el considerable nüraeio 
de carretas que se necesitaba para el trasporte , y además 
se sabia que la empresa era poco menos que irrealizable 
por el estado de completa destraccion en que se hallaban 
los caminos. E! jefe de las fuerzas, coronel Pasaron y Las- 



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J61 
tra, parece que hizo algunas esplovacíones que le conven- 
deron de esta triste verdad, así fuó que Imlio de desistir 
de sil propósito. En Nuevitas habia grandes existencias de 
harinas y otros varios artículos, algunos de los cuales se 
perdieron por completo y otros se reembarcaron. Entre- 
tanto las tropas no estuvieron ociosas, pues hacían repeti- 
das salidas que costaron bastante Á los insurrectos que 
asediaban la población y estaban acampados en las fmcas 
y pueblecilios inmediatos ; pero estas ligeras escaramuzas 
servían de muy poco, pues si los insurrectos tenían bajas, 
también las teníamos nosotros y estas eran írreemplaza- 
liles. 

El 2G de Eneiü ocurrió un suceso de grande importan- 
cia. A cosa de la una del dia se oyeron tres ó cuatro tiros 
cerca de la pobLicion, y acto continuo circulo la noticia 
lie qiie habían sido muertos en el casino dos sublevados; 
uno de ellos D. Augusto Arango, hermano de Napoleón y 
jefe de las fuerzas sublevadas desde la separación de este 
hasta que apareció el competidor Quesada. Augusto Aran- 
so estaba sin duda predestinado para morir desastrosa- 
mente: en la sublevación de 5851. en que ílguró activa- 
mente, quedó tan mal herido en nn encuentro, que le de- 
jai'on por muerto en el campo. Auxiliado oportunamente, 
lp curó su energía sin duda mas que los remedios, porque 
'uvo que ser curado en una casiica, quedando bien, pero 
¡■esentido de una herida del pecho. En la rebelión ac- 
tual fué uno de los primeros que empuñaron las ar- 
mas, y sus antiguos compromisos y su indomable valor 
le pusieron, con su hermano, ii la cabeza de los suLleva- 
tlos. Hombre de ideas muy exageradas en favor de ia in- 
dependencia de la Isla, era de gran importancia enti'e los 
iiisurgeulfls: él les mandaba cuando se verificó el encuen- 
'to en Tlonilla con la columna de Villate. Antes de la in- 



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surrección vivía pobre y houradameiUe en l'tierto-lVinci- 
pe del producto de su profesión de maestro de esgrima, 
en la que parecie era bastante aventajado. 

Varias fueron las versiones que circularon acería de 
esta muerte, que causó mucha sensación. Según unos iba 
A buscar dinero para las partidas y á examinar por sí el 
estado de la población; según otros, au ida no solo no te- 
nia ningun objeto hostil, sino que, por el contrario, sn in- 
tención era presentarse al gobernador á arreglar con él los 
medios de acogerse al indulto mucha de la gente subleva- 
da disidente de la de Qnesada. Aducían en comprobación 
de esto la circunstancia de haberle encontjado en el bolsi- 
llo un numero del Diario de la 3Iarinfi en que se habia pu- 
licado laamnistía dada por e! general Ddice. Se afirmaba 
que habia estado en Nuevitas y venia de aquel punto con 
pliegos para el Gobernador y llevaba un pase; pero entre 
los papeles entregados á aquel nada de esto apareció sino 
cartas y documentos particulares y relativos á la insurrec- 
ción. Después parece se averiguó que en efecto iba i tratar 
de la sumisión de su partida, paralo cualhabiatemdo alg 
na entrevista con jefes militaresque estaban en Nue\itas 
¿Por qué después no se trató de poner en claro estos he 
rhos? iQ\ié se hizo de los papeles que Arango l\e\ aba' 

Se publicó en El Fanal la amnistía , no oficialmente 
sino tomada del periódico que se encontró en el bolsillo di 
Arango, y desde entonces los parientes y amíííos d6 li 
inuchüs presos que habia en la cárcel, unos por haberle 
cogido con las armas en la mano, otros por espiar y lons 
piradores, principiaron á gestionar por si ó por terte i 
personas para que les pusiera en libertad el Gobeinadoi 
conforme con lo dispuesto en el artículo 1." de la amti 
tía. Muchos cargos se habían hecho al (iohernador por la 
lenidad que usaba con aquellas personas comprendidas 



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163 
todas en o! hauño de Villaie ; ppro , mi nuestro juicio, 9u 
iMiiducta en este particular filé prudente. Verdad es que 
habia prescindido del cit;ii!o bando para todo, puesto que 
al consejo de guerra vei'b.'il había sustituido la comisión 
militar que existia para los delitos comunes por disposi- 
ciones del general Lersumli; verdad es que, intencional- 
mente sin duda las ejecuciones se hablan limitado álos 
dos desdichados que fueitni fusilados al principio; pero 
¿qué habia de hacer el Si . Mena cuando sabia que en la 
Habana habían sido punsios un libertad, no solo los pre- 
sos poi' conspiraciones, rído los prisioneros que habían 
sido cogidos con las armaK en la mano? 

El Gobernador conloi'liibíi que en cuanto tuviese una 
<',<Kela de la Habana pondL'ia en libertad á los presos, si 
antes no tenía comunicjiciotí odcial; y esta tíaccía llegó por 
medio de los mismos insurrectos. El día siguiente salieron 
álacalle mas de treinta hombres, de los cuales la mayor 
liarte hablan incurrido ikf lleno en la pena de ser pasados 
■[lor las armas; pero esle ejemplo de generosidad no fué 
imitado por los facciosuí. Teuiaa estos en las cuevas de 
tlubitas y en otros punlu!. di^pósitos de presos peninsulares 
^ue habían cogido, y ninguno fué puesto en libertad. Esta 
.;onducta indigna y desleal es una prueba mas de lo que 
podia esperaree de unos lnimbies sin fé ni agradecimien- 
to, que consentían estar mandados por el titulado general 
Uuesada. Siempre hemos encontrado en nuestros enemigos 
la misma correspondencia ; siempre se lia abusado de este 
aiodo de nuestra generosidad, y jamás hemos escarmen- 
líido. Sin embargo, en esto, como en todo, tendremos ia 
ííioria de haber procedido bien, y sobre el enemigo recae - 
^'i la infamia que el mal obrar lleva consigo. 

El dia 31 de Enero so anunció que habia concluido la 
liarina,y la noticia desgi aliadamente era cierta. Desde ese 



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dia los que quisierün comer pan tuvieron que coinprai'le 
á los movilizados ó voluntarios, al precio de una peseta li 
cinco reales vellón pan de seis onzas. Todos los artículos 
habían suhido considerablemente de precio : una libra ác. 
bacalao de buena calidad costaba medio duro; una liotell» 
de vino común cinco reales; la arroba de garbanzos media 
, onza; las gallinas y los huevos habian subido del mismo 
modo: y no era esto lo peor, sino la perspectiva que se 
presentaba. Del campo iban el carbón y todos los produc- 
tos del país; pero los insurrectos habian amenazado & ]o¡^ 
conductores hasta con fusilarlos si llevaban algo; así que 
hubo algunos dias al principio en que no llegaron sinir 
muy pocas carretas de carbón, que fueron arrebatadas al 
momento. Los dias siguientes faltó en la plaza lo que cons- 
tituía el alimento de la mayor parte de la población y no 
entró carbón. A los lecheros que cogieron llevando leche 
se la vertieron y les desfondaron los cacharros, asesinando 
á uno y disparando un tiro á otro. No faltaba sin embar- 
go carne, á pesar de que se decía que ei jefe de las fuer- 
zas sublevadas había dado orden para que se retirasen los 
ganados á mas de seis leguas de la cuidad, h. consecuen- 
cia de la prohibición de entrar leche murieron algnnos 
nífios íí quienes sus madres no podían ctiai'. 

El fl de Febrero salió una columnita de voluntartu 
compuesta de unos cincuenta ti sesenti hombres i ¡"uscaí 
víveres. Una avanzada á caballo encontió otho msuinec 
tos, quienes les hicieron una descaiga que no causo fl 
menor daño. Perseguidos por entie li manigua donde se 
refugiaron como de costumbre fueion aluinzados tres y 
muertos por no querer rendirse Uno de ello<5 hiiio i u" 
voluntai'io, annque levemente, de un mi h ti¿o Fl pue 
Mo encontraba algún alivio, pero la hiinii filtibi h^'^li 
para la tropa; de suerte que ya nu se dal i s Id i lo 



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(65 
y voluntarios mas que seis onzas de pan un dia si y otro 
no. El 1 5 salieron otra vez ios voluntarios ú. buscar víveres, 
y desde una emlioscada les hicieron loainsunectos una des_ 
carga, de la que resultaron dos heridos, uno de alguna gra- 
vedad, huyendo en seguida. Nada notable ocurrió hasta 
el I fi en que saheron tres partidas ú. recoger lo que encon- 
traran para que la gente pobre no muriese de hambre. ■ 
lina, compuesta de sesenta y tres hombres de policía, 
guardia rural y serenos , estaba cogiendo plátanos , tenia 
cinco carretas cargadas y quedaba una cuando apareció 
lina gruesa partida de insurrectos, compuesta de mas de 
doscientos hombres, que les acometieron con su acostum- 
brada gritería. Sin acobardarse nuestra fuerza, se desplegó 
en guerrillas y i-ecibió al enemigo con un luego tan cer- 
tero que quedaron once en el campo, sin mas pérdidas por 
nuestra parte que un salvaguardia ligei'amente herido en 
imamano; retirándose á la población con las can^etas car- 
iadas, sosteniendo las acometidas impotentes de los insur- 
gentes. Otra partida de cincuenta voluntarios llevo un con- 
voy de seis carretas cargadas, sin que ocurriese novedad. 
Menos afortunado otro pelotón que salió en desorden , fué 
iicometido por tres grupos de insurrectos, quedando muer- 
to un sargento de voluntarios, y en su poder cinco perso- 
nas mas entre negros y blancos con algunos caballos y ar- 
nias. Los movilizados que salieron luego que supieron lo 
tiue pasaba, aliuyentaron al enemigo, matándole dos, uno 
blanco y un mulato. 

Había sabido el (jobcrnador que una partida enemiga 
tenia su campamento en una finca á dos leguas de la po- 
blación. Con ánimo de sorprender el campan e to j de re 
TOger algunas reses porque iba faltando la ca ne sal o a 
Mlumnita de unos ti'escientos hombres , pe o cua do le 
"aroD á la finca ya el enemigo la habla abando ado He 



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Í6G 
vándose todas las vacas. Lo notahlB es que seí eocoiUró un 
papel escrito con lápiz, en el ([uc se daba aviso do la salida 
de la columna y se encar^alia que huyesen llevándose 
todo. Esto prueba hasta (¡ue ¡xiuto la traición estaba eu- 
earnada en todas partes y el esiiioiíaie tan seguro i[ue Ids 
insurrectos tenian aun al lado dpl Gobernador, Volvió la 
columna sin nada, pero despnes de haber muerto siete 
facciosos que encontraron y se defendieron, cogiéndolos 
cinco caballos y varias armas, entre ellas dos carabinas y 
un rifle. ¿Qué sucedía en el convento de la Merced donde 
estaba el Gobernador, ó enti'c las personas que le rodea- 
ban? ¿Por qué los insurrectos tenian noticia anticipada dp 
cualquier salida formal que se intentaba? ¿Porqué solo 
cuando salían los movilizados se encontraba al enemigo? 
Es un misterio que no podemos aclarar; pero sí asegura- 
mos que entre los que ligurahan al lado de la Autoridad 
debia haber espías; y es Idstinia grande que no se hubiese 
podido averiguar antes quiénes fuesen estos, porque des- 
pués al fin algo pudo descnbt'ir-se , 

En vista de los escesos cada día con mas fuerza reite- 
rados, y gracias á las manifestaciones enérgicas de los es- 
pañoles y á la protesta de toda la prensa digna de la Ha- 
bana, el general Dulce adoptó medidas que aplaudimos y 
que hubiera sido bueno adoptarlas antes. Además de ha- 
ber suprimido los periódicos que no llenaban los requisi- 
tos prevenidos en la nueva ley de imprenta, se publico U 
siguiente resolución superior: 

"Gobierno superior polllico de la siempre fiel Isla de Cuba. —íl 
plazo fijado por mi decreto de 12 de Enero espira el dia 20 de este ¡B':s- 

El Gobierno provisional de la nación quiso dar ejemplo de toleran- 
cia y de concordia, y fué el primern en proclamar con los pr¡ncipi"s 
Balvadoros de !a revolución de Srtieinbre tina nueva era de reconw- 
liacion y de olvido. Yo asi lo dije en su nombre , y á mi.'; palabra? 



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fueron muclios los insulares rpie, comprendiendo el verdadero y le- 
gitimo JDterÉs de la patria, aceptaron el honroso beneficio de una me- 
dida que, á mas de proporcionarles bienestar y reposo cu el ^eno di: 
sus familias, auguraba el término de una luclia para ellos desespera- 
da y estéril. 

Los Iraslornadores, sin embargo, del orden público, aquellos que 
lian su importancia presente y su medro futuro en la inevitable des- 
(rucclon y aniquilamiento nocesarío de la tierra en que nacieron, y 
otros que procuran retardar de esa manera la acción de los tribuna- 
les de justicia, lejos de c¡?sar on ellas redoblaron sus astutas maiiui- 
naciones con el criminal propósito y deliberado lln de colocarme en 
la dolorosa alternaliva, li de permanecer indifcrcnle y tibio en pre- 
sencia de los proyectos insensatos que fraguaban, ó de recurrir á 
medidas violentas, de viciosa interprelaciou siempre, y que sobre 
liaber repnsnado á mi carácter, hubieran contribuido á poner en 
duda la estabilidad de las concesiones políticas de la rcrolucíon y el 
noble deseo do regeneradores impulsos del Gobierno provisional. 

Dcsgraciadamenle para ellos lian conseguido lo segundo. 

Abierto empiTo tienen el camino trazado en mi decreto de amnis- 
tlilos insurrectos de Vara y cuantos se encontraban con las armas 
en la mano el día 12 de Enero: abierto le tienen hasta el día 20 del 
presente mes. No asi los que hoy. alucinados sin duda por la imagi- 
oaria y quimérica posibilidad del Iriunfo, se levantan en son de guer- 
ra, al grito de independencia, incendiando lincas y destruyendo el 
porvenir de un número infinito de familias. No cuenten esos ni los 
ipio de ellos se sirven como do dóciles instrumentos, con la genero- 
sidad del Gobierno. Las cuestiones sociales reclaman eficaces reme- 
íiosy terribles sacrilicios. Se han equivocado grandemente al iuler- 
pretar como flaqueza todo lo que ha sido tolerancia del Gobierno, 

La opinión pública en el resto de la nación española se manifiesta 
unánime; la integridad del territorio i todo trance, y el sosiego pú- 
blico como el mejor cimiento de la libertad política de un pais. El Go- 
bierno provisional contrajo el solemne compromiso de conservar 
aquella y el de salvar el sagrado depósito que le encomendó la re- 
'ohicion española. 

El Gobierno provisional cumplirá tan ineludible obligación. 

Deplora, sin embargo, verse compelido por la mala voluntad de 
los menos y la absurda ingratitud de los mas, á la adopción de medi- 
cas que, no porque las autorice la legalidad de la revolución, dejan 



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lie ser eonlrariiis al cspirUii Uc pmprcso y á la esencia de tas inslltn- 
cíones modernas. 

Así pues, y en itso de las facuUadeg extraordinarias de que me lia 
rerestido el Goliicnio provisional de Ir ,nacion , decreto lo siguiente: 

Arliculol." Cesan par ahora y mientras duren los actuales cir- 
cunstancias, los efectos de mi decreto de 9 de Enero sobre liLertad de 
imprenta. 
■ Art. 2.° Oueda restableciila ia prívia censura. 

Arl. 3.° Las causas incoadas ya, seguirán los trámites que marcan 
las leyes, con arreglo á las prescripciones del decreto de 9 de Enero. 

Art. 4." No se repartirán los periódicos sin el permiso escrito del 
liscal. 

Arl, 5.* No podrá publicarse ningún periódico sin licencia del Go- 
bierno superior politice. 

Art. 6." La contravención á cualquiera de estas disposiciones serii 
considerada como delito de inlliiencia y sus autores entregados á tos 
consejos de gnerra. 

Habana 12 de Febrero de 1803.— Domingo Bulce. 

Es muy de aplaudir esta medida, y creemos que el fie- 
neral Dulce prestó un gran servicio al país con ella. I^ii e) 
preámbulo del decreto se consignan los ñnidamentos en 
que se apoyaba y obvias son las razones que les defienden. 
Bueno es usar de generosidad con los enemigos; pero no 
tanta que se crea llaqueza y se convierta en un abuso con- 
tra el que es generoso. «Las cuestiones sociales, dice el ge' 
neral, reclaman eficaces remedios y terribles sacrificios.» 
Esta es una verdad inconcusa. Si á pesar de la desleal con- 
ducta de los enemigos de España se les concedia una lilier 
tad de imprenta tan amplía como en Espa&a, y la gratitud 
que por ello se manifestaba, era abusar indignamente de 
ello, justo, muy justo era privai-les de este derecho, sin que 
nadie tuviera razón para qnejai'seni para vituperar la con- 
ducta de una autoridad, tal vez tolerante en demí^ía, que 
después se desprendía de esta tolerancia que hubiera sido 
un gran mal. Podrá ser una apreciación equivocada de 



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10!) 
nueslia parte, pero nos parece que la libertad de impren- 
ta en ia isla de Cuíia no ha de dai- nunca sino desasti-osos 
resiiitadoñ, porque siempre habrá de confundirse con la 
licencia, y los ensayos que de esto se han hecho lo iian 
acreditado. jLa cuestión de razas es fan ocasionada á gra- 
ves peligrosl ¡Hay tanta intemperancia para escribir! 

Las complicaciones que la guerra lleva siempre consigo, 
y el estado por sí no muy desahogado de la Hacienda en la 
Isla, fueron cü'cunstancias que llamai-on la atención de la 
Autoridad. En medio del apuro llamó á los hacendados, 
comerciantes é industriales, insulares y peninsulares, y 
encontró desde luego el mas decidido apoyo. El 9 de Febre- 
m se verificó ia reunión en los salones de palacio, y todos 
los asistentes se prestaron gustosos á auxiliar al gobierno. 
■ Acordaron gai^antizar con un 15 por 100 de sus cuotas de 
contribución la emisión de nuevos bonos, que se emitirían 
para Uenai- las pei'cntorias atenciones que rodeaban al Go- 
bierno. Una comisión de esta junta se entendió con el Gon- 
ífijo de administración del Banco, acordándose la emisión 
de ocho millones más de billetes que se enti«garian á la 
Iiilendencia de Hacienda según los fuera necesitando, sin 
que el Banco exigiese por ello intereses, y no cai-gando 
mas que el coste material de la operación. 

En la Gaceta del 22 de Febrero se pubhcó ei decreto con- 
forme á lo acordado, resultando que los nuevos impuestos 
; í que se apelaba para satisfacer esta nueva obligación eran: 
: un escudo de plata por cada caja de aiúcar que se expor- 
tase; dos y medio sobre cada bocoy del mismo dulce; dos 
sobre cada tercio de tabaco en rama, y uno sobre cada mí- 
: lai' de tabaco torcido. Sobre la importación 5 por jOO so- 
Jre el valor de los acLuales derechos, y un 25 por 100 so- 
ta'e las cuotas para el Tesoro de la contribución de indus- 
''la y comercio, quedando esceptuados los contribuyentes 



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170 
que pagasen al año menos lie 5011 escudos. Según un rál,u- 
lo formado, los nuevos recursos producirían en un aiir> 
económico 6.550,000 escudos, de lo cual se deduce cpie 
tostarían tres años pata amorlizai- la masa de 16.000,000 
de escudos en papel que hablan de emitirse. Muy dignas 
de elogio son las personas que con su patriotismo y buen 
deseo tanto tacilltaron 4 la autoridadlos medios necesarios 
para hacer frente auna situación apurada y por demás an- 
gustiosa. Siempre que so trate de la insurrección de Ouba, 
entre los elementos salvadores figurará en primer término 
el comercio, que á nada se ha negado y ha aceptado gns. 
toso y hasta con entusiasmo todos los saorilicios qne liii 
sido preciso imponerle. 



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CAPÍTULO X. 

B»te dineral Vlllateálos rebeldeaen el DennrUmento Oriental.-Ss di- 
rige a Baynnio — Los insuiTcctoB le premien fuego y le nbandonau.— Modo 
da robar ásualiabitaiitef(.-Elgpneia! Vülute cncapntra quemada la po- 
blación y do halla nlnffuo enemigo.— Couducta humanitaria de nueslíos 
loldaaoB.-Asesmatoa en Mayari.-D:-rrota en ette punto délos rebeldes. 
I -"S^* ijuefflar 6 Jisuaní, y lo verifican con Raire.-Con fusión do los 
insurríotos y presentación i las nuloridadaB.-Feroi urden daili pur el 
Kíí"t'"l£mf^'^^'*-r''*^'*"' enelDepartampnto (;entral.-El genüral 
B^ = '^^.'''í? muchas casas en Bsyamo.-Connania de loa eaenasos d.> 
EBpaBa—El cólera en Cuba y en rarios puntos de! Departamento Ürieiitil, 



Hablemos algo del Departamenlo Oneníal. 

Nuestras valientes tropas que tan ijízairamente Iiüh 
hecho la penosa campaña en la isla de Cuba, fueron con <*1 
Seneral Villale, como antes Jiemos dicho, al Deparlamen- 
lo Oriental. Allí estaba lo mas florido de la rebelión; el nú- 
mero de los sublevados era considerable, lenian artillería; 
5e hablan organizado en cnanto pueden organizarse ma- 
sas informes mandadas por dominicanos, mejicanos y cn- 
lanos. Diestros aquellos en la guerra de monte que ha- 
uian hecho en su país, era de esperar que organizasen una 
regular resistencia; pero afortunadamente no hubo nada 
doeüo. Vencidos los enemigos en el Salado y en Canto, 
áonde tenían preparadas grandes defensas, que no les sir- 
vieron de nada ante las bayonetas de nuestros soldados, si' 
dirigió el general á Bayamo, centro de la insurrección. 

Los enemigos hicieron salir de Bayamo 6. las mujeres, 
"'ños y prisioneros, y el generalísimo Céspedes, cuyo noni- 



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iré será ptoniiur-iado sitímpre con horror por las atrocida- 
des de toda clase que ha cometido, dio orden para que- 
mar la población. Eii vano alginias pei'sonas !e manifesta- 
ron su repugnancia á tal ¡larbarie; el letrado-general les 
contestó que no halMa que vacilar, que nadie perdería con 
aquella medida mas que él y su familia, y que además Ba- 
yamo era una ciudad muy antigua y qanaria mucho con 
que se la reedificase. Llevóse á ciho f 1 decreto y Bayanio 
estuvo ardiendo durante tres diib Tuando llegó el general 
no encontró sino una completa ruma Lf 7 u 8,000 hom- 
bres que mandaba Céspedes no se attevipron i esperar y se 
desbandaron en varios cuerpos quemando también de 
paso el pueblecillo llamado Dátil. 

Los valientes de Bayamo, que tan invencibles se creiaii, 
luego que supieron que el general Villate habia vencido p1 
paso de Cauto, que tenian como inespuf, 1 ol 

abandonar la ciudad y apelar, como era n u 1 

fuga. Pero como los salvadores del pa: n d d 
tareas patríóticas, no olvidaban su med pe n 1 m p 
sieron al comercio de la ciudad un 1 á 

100.000 pesos. Pero el comercio, desp d 1 j 
nes que babia sufrido, manifestó que 1 n 1 

trabajo, podría aprontai' 25.000 pesos 1 u 1 

conformai-on Céspedes y los dominican j j ) 

le acompañaban- 
Prácticos en perfidias, dijeron á Gésp d j ji 
la población previniendo á los habitan j la e 
sen inmediatamente, llevándose cada 1 d 1 di 
que tuviese. IiOs infelices que veian la am a p 
á convei'tii'se en un hecho, salieron en f o 11 nd sp 
lo que poseian, después de lo cual fu e ad y 

s inicuamente como pudieran haberlo becho saltó'*' 
s de caminos. El heclm es ciei'to y es una nueva prue 



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173 
ba de las inunciones de af[oellos desalmados; ios infelicea 
que pudieron escapar de la destrucción de Tlayaiuo llega- 
ron ií donde estaban nuestras columnas en el estado de la 
mas completa desnudez. 

Conviene mucho hacer resaltai-un hecho para que pue- 
da compararse debidamente la conducta de los rebeldes 
con la de nuestras tropas y se vea por todos la diferencia 
de sentimientos. Vandálicos y salvajes eran los de aque- 
llos y en todas ocasiones daban pruebas bien evidentes de 
e!lo; híimanos, dignos y generosos eran los de estos, y 
asimismo daban de ello pruebas que no se olvidarán en 
mucho tiempo. Cuando Céspedes mandó quemai' A Baya- 
mo, hizo salir, como hemos dicho, á todas las familias 
que quedaron abandonadas en medio del monte, sin abri- 
go, sin alimentos y sin poder volver á sus casas, que eran 
montones de cenizas. Allí estaban reunida multitud de 
mujeres y niílOB entregados á todos los horrores de su si- 
tuación, sin esperar socorro ninguno de tos que tan cobar- 
de y villanamente les hablan abandonado, cuando apare- 
ció la columna que mandaba el general Villate. El primer 
movimiento de aijuellos desgraciados fué de eslupor y 
miedo, porque los insurrectos hablan hecho cundir !a voz 
de que los soldados espafloles fiisüaban y traLaban sin pie- 
dad á cuantos ca'an en sus manos; calumnia infame in- 
ventada para que el pueblo les tomase horror y para man- 
tener por el terror en las flias de la deslealtad á mnchos 
lue habían sido arrastrados por el miedo para entrar en 
ellas, Pero los soldados, modelo siempre de livunanidad y 
de noble generosidad, se encargaron de desmentirla mise- 
rable calumnia de los que nunca les esperaban frente á 
frente; consolaron cariaosamente á aquellas mujeres des- 
i'alidas, les inspiraron valor y coníianza, les dieron ropas 
para cubrir su desnudez y repartieron alegremente con sus 



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174 
iiuevus compafieros su alimento de campaña. Y no se li- 
mitaron á esto los soldados: cuando la columna tuvo que 
ponerse en marcha, cargaron cou los niños que no podiaE 
andar y sus madres no podían llevar en brazos, y con esa 
ale^ria propia del soldado, la columna se convirtió en ca- 
rabana, hasta que todos sanos y salvos volvieron á los ho- 
jeares de donde les habían arrojado sus deudos, sus amigos, 
sus allegados, y tal vez los padres de sus hijos. ¡Qué con- 
traste! 

¥ no es esto solo; mientras con pródiga mano se ha- 
bía estado ofreciendo á los rebeldes indultos y amnistías, 
mientras que se pracedia con la mayor moderación y par- 
simonia con ios prisioneros que se cogían, porque la ge- 
nerosidad española rehuye siempre ensangrentar sus vir- 
torías, el 2 de Febrero ocurrió en el departamento Orien- 
tal, en el pueblecíUo de Mayarí, un suceso verdaderamen- 
te horroroso y que por sí solo bastaría á calificar la mane- 
ra civilizada y humana con que los libertadores de Cuba 
hacían la guerra. Una partida insurrecta cogió 19 perso- 
nas indefensas, Ifi peninsulares y 3 insulares, contándoBf 
entre los primeros el cura del pueblo, y sin mas que por 
no querer seguir sus banderas, fueron inhumanameiilf 
asesinados, 1 2 á machetazos y los restantes fusilados. Pero 
este fero7. atentado le pagaron bien caro, porque á pow 
tiempo, solos 500 soldados y dos piezas de artillería, man- 
dados por el corone! D. José López Cámara, á veintisiele 
leguas de su base de operaciones y venciendo las dificul- 
tades de terreno consiguientes, atacaron tres campamen- 
tos con unos 2.000 hombres, que tenia hacia tiempo fí 
enemigo establecidos en las alturas de la población. El ts- 
sultado fué el que era de esperar: batidos en sus formida- 
bles posiciones, huyeron despavoridos abandonando tai"' 
bien la población, dejando de 80 á ÍJO hombres entre muer- 



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17S 
los y heridos, y cogiéndoseles mas de 300 entre mulos y 
rjiballos, muchas armas y provisiones. 

Podemos añadir otros nuevos lauros á los que han con- 
i(uistado los rebeldes en esta guerra civilizada. El pueblo 
de Jiguaní, donde dejó el general Villale á sn paso una 
corta f^uarnicion, fué atacado por considerable número de 
insurrectos Durante tres dias se defendió heroicamente 
liff jueña iueizi que allí hibia, hasta que llegó conopor- 
tmnUd un refnei/o que envió el general desde Bayamo. 
hiCK) que los rebeldes le vieron emprendieron la fuga, 
[lero antes trataron de lendir la guarnición, para lo cual 
pitndiernn fue¿o al pueblo que apagaron nuestros solda- 
lüs tin crueles e mhumanos, impidiendo que se quema- 
si toda la pübhcion con lo que gracias A Sos esfuerzos de 
1 sihajes españoles se conservó el cuadro de la plaza y 
ilRunas otra^ cisas Üaiie no tuvo tan buena suerte, y 
fu totalmente quemado 

1 a marcha del genenl \ illate y de nuestras tropas por 
fl departamento Ouent^l puede decirse que fué una mar- 
In tiiunfal pue=to que no solo él derrotó al enemigo en 
•■üaiitos encuentros tu\o sino que las columnitas sueltas 
|ie mdiban recomendó el campo lograron infundirles 
hI terioi ^ue huía despa^ orido en todas direcciones lue- 
SO ([ue por sus espías sabia que se acercaban los soldados. 
I'fcsentáronse á las autoridades á millares con sus farai- 
üaK, y muchos de ellos se batieron al lado de nuestras 
fuerzas contra sus antiguos compañeros; otros volvieron á 
^11 antigua vida lupgo que descansaron y se repusieron. Y 
i^uenta que ei numera de intuirectos era cinco veces ma- 
yor cuando menos que el de nuestros soldados; que aque- 
llos estallan abrigados por montañas casi inaccesibles, poi- 
'ftontes impenetrables, por parapetos y trincheras que ha- 
liian tenido tiempo de ir preparando. Pero ante estas vcn- 



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17H 
tajas estabí el \aloi del soliiado espaíiol, el entusiasíim 
por la -iinta ca!l^1 qut, defendía, la pericia de sus bravos 
jefes y el enemign que en su temeraria presunción se creía 
invencible huía cobiidemente sin defender siquiera su? 
formidables posiciones. Y como muestra de cobardía pro- 
sentaban para carnada los negros que llevaban, así es que 
en el glorioso ataque del Salado murieron mas de 120 de 
estos, huyendo el resto disominados á las montañas. 

Parecería una exageración de nuestra paite y que que- 
ríamos pintar con los mas negros colores á nuestra volun- 
tadla insurrección, si los horrores cometidos por los desal- 
mados que en ella han tomado parte no fuesen hechos de- 
masiado comprobados por desgracia. Con razón decia ei 
Diario de la Marina que la insurrección cubana liabia hecho 
en cuatro meses mas daños, había cometido mas iniqui- 
dades, hahia amontonado mas horrores que la guerra ci- 
vil durante medio siglo en los Estados peor goberaados y 
mas inquietos de lo que fué .4méi'ica española; que los i'e- 
beldes de la Isla de Cuba incendiaban las ciudades donde 
hablan nacido, talaban los campos que habían alimentado, 
arruinaban ií sus hermanos, á sus padi'es, á sus esposas;' 
á sus hijos. 

En una batida dada por el teniente coronel D. Francis- 
co Fernandez Torrero ¡i la partida del cabecilla José Pe- 
res, cerca del Cobre, en que fué completamente derrotado 
el enemigo con pérdida de veintiocho muertos, cogiéndo- 
sele su campamento con toda su coiTespondencia , se le 
encontró la siguiente ótden que habia dado á dicho cabe- 
ciha su compañero Figueredo: 

"S. L. de Cuba.— Acabo de tener una entrevista con el C. geoeral 
Máximo Oomez, y eslc aulori/a para ordenar i V. deje Iranquilosi Iw 
hacendados franceses, y en su lugar se traslade sin perdida de liem- 
po ü la vuelta de los ingenios ¡lai n ([«ü ticslniya por medio del ¡ii«"' 



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177 
(lio las casas do vivienda y los trapiches con sus matiuinas, para (^ue 
(le ninguna manera puedan loa dueños obtener coseclias con (pie pa- 
¡pir los voluntarios cpie de Cuba envían contra nosotros. En este con- 
cepto puede V. empezar la obra resjietando los sembrados do caña y 
otros frutos, poro (|ueme V. las babitaciones y trapiches con sus má- 
quinas para cuniplimentai' la orden del general Gómez.» 

Este salvaje precepto se llevó á cabo con rigorosa exac- 
titud, y además de las fincas ya anteriormente destruidas 
lo fueron después otras, consumiendo las llamas el fruto 
lie muchos anos de honradez y laboriosidad. Estas eran 
las únicas hazañas que hadan los defensores del pueblo. 
Catorce ingenios y otras muchas ñucas fueron destruidos 
hasta dicha fecha, y en los demás , escepto algunos donde 
se estaba moliendo, se perdió la caña por falta de bra/os y 
de animales. 

En el departamento Central los incendios eran mas es- 
lasos, pero las pérdidas inmensas, atendida la índole de 
su riqueza. He aquí un cálculo que , en opinión de mu- 
i'hos, no peca de exagerado y que publicó El Fanal, de las 
pérdidas sufridas en los cuatro primeros meses do la insm'- 
recclon: 

PeaoB fuertes. 



En zafras no hechas, esto es. en todas l.ts ile la ju- 
risdicción I 000.000 

Valor de los cañaverales perdidos por consecuencia 
dt no haberse molido ó haberse incendiado y 
abierto a los anímalos .- 1 500.000 

Oanado vacuno, de cerda y caballar consumido, 
muerto ó inutilizarto, sin indemnizar 1. 000 000 

Siembras de frió no hechas 500 000 

MiflcioB cercas, muebles, enseres destruidos 500.000 

GapUalcs y ganancias de comercio perdidos, parali- 
zados y no hechos 1.000.000 

bpstroao de la Tia férrea, sus puentes , mánuinas y 
carros 200 000 

Gmianeías no hechas 120.000 



5.820.000 



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Si o t I 11 I 1 1 J I 

lectura i 1 t j t, d I i í 11 1 1 

pérdida d I p d n 

que lo t t 1 J d t '^ ' !- 

sidüco { t p 1 t t,l I b m 

compren 1 d 1 d t d d d j 

á nadie p 1 I 1 ] 1 y 

carahio quedaban en la miseiia multitud de laniiliats j se 
secaban estíipida y lirntalmente las futntes de iiqueza del 
país. Perdonen los lectores si en Pstt, punto nos cieeii pe- 
sados y difusos; pero la conducta de lob lebeldea ba sidti 
tal giifi no hay palabras bastantes parí rondeuaila Oiii- 
siéramos que nuestra pobre vo7 pudiese Uegai i todos los 
ámbitos de! mundo civibíado, pin que se pudiora apre- 
ciar debidamente en todas partts la cnili/acion ^U hu- 
manidad de los que tenian la pi'eteiision de ser los liberta- 
dores y regeneradores del país, de los que lenian el descaiit 
de propalar que combatían contra la tiranía de los espaíin- 
les á nombre de ta felicidad de Cuba. 

lil general Yillate, después de haber batido y llenado 
de terror á los rebeldes, se dedtc() a reparar en lo posible 
los destrozos causados en Bayamo por el humano y civili- 
zado Céspedes, y á construir defensas que le pusiei-an al 
abrigo de un golpe de mano. Estableció un espacinsu 
campamento y detrás de él se construyeron barracones de 
ladrillos como para 600 liombres ; se lucieron tinglado'' 
para la caballería, y se restauró y fortiñcó la torre de Za- 
ragoitia donde se construyó un horno y se hizo deptisit" 
de municiones y víveres. El general hacia cuanto podiii 
para inspirar confianza á los que andaban por los campos, 
y en efecto se presentaron muchos de ellos deponiendo la- 
aimas, TJn campesino fué fusilado por los rebeldes pord 
solo delito do haber dicho ;í otros que el genera! era muy 



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17Í) 
bueno, quo recMn muy })¡eií A toJos y jiercloiiíilia ;i los 
que se presentaban deponiendo Jas anuas. De estos medios 
teiTorííicos se valían para que en el campo se ignorase 
liasta quíi grado llegaba la Jiumantdad de nuestras aulori- 
dades. Además organizaba pequeñas columnas que cons- 
tantemente sallan por su jurisdicción ábuscaral enemigo, 
que por lo común no se dejaba encontrar. 

De tal modo se habia ido esteudiendo la rebelión , tan 
encarnado estaba en aquella gente el espíritu de hostilidad 
merced á !a impunidad que encontraba el enemigo , que 
no liabia noticia que les pudiera importar que no la supie- 
sen, debido á esa vasta asociacioíi que desde Itacia mucho 
tiempo habia venido fonnííndose, sin (¡ue las autoridades 
liubiesen parado mientes en ello. Las sociedades secretas 
que en Cuba y en Puerto-Rico, como en toda la América 
i[ue fué española, eran y son tan estensas , con tan pode- 
rosas ramiiicaciones habian venido madurando el fruto 
i¡iie después ha recogido el país. Los insurgentes lo sabían 
lodo, y por consiguiente no ignoraban que no haJíia en !a 
'sla fuerzas bastantes para destruü-los. Pübücamente repe- 
üan sus amigos, que no por no hallarse en el campo eran 
menos peligrosos, que estaban seguros de que no llegarían 
topas de España porque el Gobierno y el comité cubano 
asistente en Madrid tenían compromisos recíprocos. Indig- 
nación causaba oir estas aseveraciones que lastimaban 
tioiidainente el honor nacional y el buen nombre de! Go- 
l*iemo; todos, absolutamente todos los que hemos tenido 
la desgracia de encontrarnos en la Isla de Cuba , hemos 
^uirido la humillación de haberlo oído repetidas veces, 
'^ii un sarcasmo y una fruición que encendían la sangi-e: 
"^ que tal decían, de seguro mentían, porque no hay en 
■■*paña gobierno ninguno que 5, sabiendas contribuya á la 
'''■"'iií!níl¡racioii del teiTilono eqiaüul. 



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180 
Gomo si el azole de !a fíuerra no fuese bastante, el iíj 
de Enero se declaró en Cuija el cólera, importado , según 
se dice, por una columna que entró en la ciudad en aque- 
llos días. Al principio no atacaiía sino á la tropa, volunta- 
rios y paisanos que se ponian en contacto con aquella; pero 
después tomó mayores proporciones y !a invasión fué ge- 
neral. E! estado de la población, la horrible miseria que 
en ella liabia en la clase pobre y el hacinamiento de gente 
de los campos, hicieron temer seriamente que el mal to- 
mase horribles proporciones ; así que el celo del muni- 
cipio y la eficaz cooperación de las personas acomodadas 
conti-ihuyeron á mitigar sus estragos montando un hospi- 
tal con cien camas para los coléricos , y proporcionando 
camillas, carruajes y alimentos pai'a los convalecientes y 
la clase menesterosa. Afortunadamente los prontos y efica- 
ces auxilios que se prestaron y el gran cuidado que se 
tuvo hicieron que el azote terminara, y el 28 de Febreru 
se cantó el Te Dcum en acción de gracias por la desapari- 
ción de la enfermedad, que fué recorriendo algunos otra? 
pueblos del departamento. 



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CAPÍTULO XI. 



ación de la Isla á principios de Febrero.— Id surrección de Ins cinco vi- 
is. — Generales y tropas q\m la combaten,— Atrocidades de los insurrec- 
a en MajBffigua.— FuKüaniientOB en Siguanea.— Tentativas en Puerto- 
os.— Captura de una goleta cargada de 



lili la situación tan crítica en que se encontraba el de- 
partamento Central, supuesto que ningún socono se lecl- 
l)ia de ninguna pai'te; faltando el dinero y las comunica- 
ciones y sin esperanza próxima de mejorar de estado, cree- 
mos que debia haberse hecho algo mas que lo que se hizo. 
Marchar en las situaciones escepcionales y extraordinarias 
con la misma parsimonia que en las ordinarias, no es con- 
veniente. El Gobernador, en nuestro juicio, huLieía debi- 
do imponer una contribución de guen'a ó levantar un em- 
préstito reintegrable de cien mil duros ; cantidad corla y 
que fácilmente hubiera podido reunirse. Con estos fondos 
se hubiera podido aumentar el número de movilizados á 
un batallón de 500 hombrees montados; y á buen seguro 
que ni hubiésemos sufrido el degradante bloqueo que du- 
i'antemasde cinco meses estuvimos sufriendo, ni las parti- 
das insuiTectas se hubieran acercado descaradamente á la 
población, como diariamente lo hacían, tanto que el que 
'Buia la desgracia de salir fuera de las cercas podía tener 



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por se^iirü rjue soria saliidíido ¡wv uno ó miiclios balazos. 
Los pocos movilizados que lialjia traljaJalDan como Icones; 
los voluntarios y tropa ocupaban los puestos, y á esta ver- 
gonzosa defensiva estábamos reducidos, porque los movi- 
lizados, pocos en número, nada podían hacer como no fue- 
se llevar ganado y viandas. lil Gobernador continuaba es- 
perando refuerzos que nunca llef¡;aban, y entretanto los 
msmgente'! ^nian en complet > descanso, se ponian en re- 
laciones constantes ton los dpi depaitamento Oiiental y 
tramaban el alzamiento de piif del Occidental. Y lo que 
todo'! sentíamos eia que pasabí el buen tiempo paralas 
operaciones y que poco ñ nidí de piovecho podría ha- 
cerse según se iban enviando las tropas. Iban pasados tres 
meses desde la insmi'eccíon del depíii-tamento Central y 
nos encontrábamos peor, mncho peor que el primer dia; 
lo cual no se comprendía. El entusiasmo por la bnena cau- 
sa no faltó ni un momento; y eso que los insurrectos ha- 
cían correr noticias bien desfavorables para nosotros. En- 
tretanto, no solo no perdían e! tiempo nuestros enemigos, 
sino que recibían auxilios de armas y municiones y su 
dominación en el campo era comjileta. 

En el departamento Oriental, á pesar de los reveses que 
habia sufrido la insurrección, el general Villate no podia 
moverse de Bayamo porque no tenia tropas para ello; en 
Cuba, cuyo mando tenia el general Latorre, no habia si- 
no Ins precisas y los voluntarios, y solamente recorrían el 
país algunas columnas pequeñas que ó no encontraban al 
enemigo, ó si le encontraban huia siempre, dispersándo- 
se para volver á reunirse. La provisión de viveres de Ba- 
yamo y Holguin, puntos centrales y rodeados de enemi- 
gos, ocupaba buen numero de soldados qne no podían 
atenderá la persecución activa de los rebeldes. El general 
Latorre se innltiplicaba en Cuba y organizaba columnító^ 



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de '-olJdloi y movilizados, puro eran ruilas en número si 
^laudes en valor, y les era de lodo punto imposible dar 
iiiiiííun KolpG decisivo; gracias que se pudiera contener la 
acción reljelde para que nó tomase mayor incremento. 

Hasta ahora no hemos visto mas que los dos departa- 
mentoi Onentcd y Central rebelados; algunos chispazos en 
el 0< Cidenlal y los sucesos de la Habana daban á compren- 
der que este no se liallaba tan bien dispuesto como se ha- 
bía creído. En efecto, por el movimiento que en la gente 
levantisca se notaba, por ciertos signos que nmica en- 
gaüan cuando se está sobre aviso, se llegó á comprender 
ijue también este departamento estaba contaminado; que 
la conflagración debía ser general, y que en nadie se de- 
bía tener confianza. Está fueía de duda que el no haberse 
sublevado antes el departamento Occidental fué debido 
íuiícamente al miedo de que llegasen tropas de España; 
cuando veian pasar tiempo y mas tiempo, cuando llegó el 
Reneral Dulce solo; cuando después de cuatro meses de 
haber principiado la rebelión solamente hablan llegado 
iOOO y pico de hombres para cubrir los reempb'zos y lle- 
nar los cuadros, tunando no solo no se aniquilaba la rebe - 
üon sino que crecía en todas partes, entonces el miedo des- 
apareció, y desapareciendo el miedo, único freno que con- 
lip-ne íi aquella gente, las consecuencias no eran muy du- 
dosas; cayó la máscara hipócrita y con profundo dolor vi- 
mos realizado lo que muy de antemano temíanlos. 

A. los cuatro meses de la insurrección de Yara, después 
(le una calma aparente en el departamento Occidental, de 
repente, á principios de FeHrei-o, Sancti-Spiritus, Trinidad, 
Hemedíos, Villaclara,- Cienfnegos y aun Sagna, fueron 
también desastroso campo donde se estendió la rebelión. 
Rl espíritu anti-espafiolhabia ido cimdiendo, y estallólue- 
Pn que vio que no había freno que oponerle. Aquella ime- 



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18-1 
va iiisurreccioii rfue desJo ül firinciiíio se presentó tan im- 
ponente y tan salvaje como las de los otros departamen- 
tos, era una consecnencia indudable de la marcha rjue se 
venia siguiendo y una complicación grave, pues aun cuan- 
do en el departamento Oriental iba poco á poco dominán- 
dose la rebelión, quedaban aun en él muchas y conside- 
rables partidas diseminadas por los puntos mas escabro- 
sos del departamento, y no habia que pensar eu sacar de 
alU nada de la poca tropa que operaba. La pacificación en 
muchos de los puntos en que parecía hacerse, no pásala 
de ser una cosa efímera que desgraciadamente no duraba 
mas tiempo que el preciso para que los insurrectos, hipó- 
critamente pacificados, descansasen, se repusiesen, toma- 
sen datos y noticias y el dia menos pensado volviesen ai 
lado de sus antiguos compañeros. En honor á la verdad 
debemos decir, sin embargo, que muchos de los presen- 
tados lo fueron de buena fé y aii-vieron lealmente á los je- 
fes de las columnas. Las cinco villas citadas, notables por 
su riqueza y población y por el terreno montuoso de sus 
campos, especialmente en Trinidad, eran un asilo seguro 
para los sublevados y un peligro inminente para el resto 
del departamento Occidental. También lo eran para el Cen- 
tral, porque Sancti-Sepíritus linda con él y fácilmente po- 
drían comunicarse, como así sucedió, los sublevados de 
ambos depailamentos. A nadie se escondía el peligro de 
esta nueva intentona, y desde luego se pensó seriamen- 
te en combatirla para aniquilarla, reuniendo el mayor nú- 
mero de fuerzas posible y desplegando mayor energía que 
la que hasta entonces se habia desplegado, fuera del de- 
partamento Oriental, donde Villate trabajaba cuanto pudia 
atendidos los pocos recursos con que contaba. 

Si lo que sucedió en las cinco villas hubiera sucedido 
en los otros departamentos la rebelión hubiera sido un 



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185 
metéoi'ü. lo mediatamente se lanzaron sobre los rebeldes las 
fuei'zas que acababan de ilejíar de España ooii los genera- 
les Letona, Hiiceta y Pelaez j el biigadiei Escalante; cada 
general formó su columna j simultáneimente se princi- 
piaron las operaciones por distintos puntos Esto es lo que 
convenia hacer, porque de este modo andindo \iiias co- 
lumnas, el enemigo tenia que estir muy sobre&iltado sin 
saber á que punto dirigirse pui miedo de encontnr á sus 
perseguidores. El terreno era muy áspero en su generali- 
dad y se tropezaba con enemigos cisi invisible-? El gene- 
i-at dominicano Puello tamliieii operabí en li juiísdiccion 
de Sancti-Spíritus, y nos pareie muy bien que se le hu- 
biese dado un mando de esta natuialezi poi sus onoci- 
mieiitos prácticos en esta clase de gueiii de f,ucii Has, de 
ardides y de emboscadas. 

Los nuevos insurrectos seguían el ejemplo délos que les 
hablan precedido, y aun si cabe, cometiannias desmanes y 
tropelías. Sus hazafias consistian en el incendio, en el robo, 
en el saqueo y toda clase de violencias, aun las mas indig- 
nas. En Ilemedios, una délas jurisdicciones sublevadas, 
se hablan refugiado muchos bandoleros huidos de otras 
jurisdicciones, y esta benemérita gente fué el núcleo de las 
bandas facciosas. Con decir esto queda dicho todo. El 15 de 
Febrero, unos 250 sublevados atacaron el pequeño pueblo 
de Mayajigua; es indudable que tenían inelitgencias dentro 
déla población, porque cuando los peninsulares trataron 
de defenderse, muchos de los que se decia estaban al lado 
del gobierno se pasaron á los insurrectos, formando causa 
común con ellos. Imposible fué toda defensa; entraron 
aquellos foragidos, y después de haber saqueado y devas- 
tado todo cuanto encontraron perteneciente á peninsulares, 
huyeron de la población llevándose consigo prisioneros 
siete peninsulares que se habían defendido heroicamente. 



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186 

Desde luego cümprendieroii todos la suci'tfí quo aguar- 
daba á aquellos infelices; pero la pluma se resiste íi ti'azar 
las iniquidades que con ellos se cometieron. Después de 
los mas coliardea insultos, les sacai'ou los ojos, les arnui- 
caron las barbas, les coitat-on las lalanges de los dedos y 
acabaron con ellos ü maclieta/os. Aquellos báriiaros, ían 
cobardes como crueles, grítfilian ¡viva Cuba libre! como 
^i un país pudiera ser libre ni independiente apoyado en 
semejantes monstruos. Los espaüoles, en medio de su mar- 
tirio gritaban ¡viva Espafia! y así morían. La rebelión de 
Cuba tiene mucho de que avei'gonzarse, y el acto de cani- 
balismo cometido cou los prisioneros de Wayajigua es un 
florón precioso para la corona tan hon'ible como asquero- 
sa que la circunda. Verdad es (jue todo era de espeiar 
de los hombres que, en su barbarie, no solo habían sa- 
queado é incendiado los ingenios, potreros y cafetales, si- 
no hasta destruido varios faros de la costa, por cuyo mo- 
tivo sobrevinieron algunos naufraKÍos. Que todos los paí- 
ses civilizados juzguen á los insurrectos de Cuba y prouun- 
cien su sentencia. 

Los rebeldes de estas jurisdicciones contaban sin du(b 
í^on inteligencias en el resto del departamento; pero estre- 
chados por todas partes por las columnas se refugiaron en 
lo mas fragoso de las sierras de Trinidad, no sin que par- 
tidas pequeñas recorriesen las respectivas jurisdicciones. 
Por supuesto que inutilizaron el telégrafo y el ferro-carrí!. 

No podemos menos de referir un hecho que demuestra 
mas y mas si cabe los instintos feroces de los rebeldes, 
que algunos periódicos de los Estados-Unidos presentaban 
como modelo de civilización y humanidad. El 8 de Febre- 
ro entraron los instuTectos de Trinidad en Gúnia de Mi- 
randa y se llevaron á la Siguanea á los peninsulares que 
encontraron, reuniéndose un número de 56, entre elloi^ 



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1«7 
ires ú cuatro capitanes ped.lriRos, y ;i quienes leiiiau dcs- 
tinadoB al trabajo de levaiitai- trincheras que tan mal ha- 
bían de defender. En aquellos trahajos siguieron con el 
mal trato consiguiente á su situai^ion, cuando el 20 de Mar- 
zo se supo la derrota que sus compañeros habian sufrido 
en Pueblo Viejo y la muerte del cabecilla de la partida. 
Inmediatamente acordaron quintar y fusilar á los penin- 
sulares presos, para lo cual fueron llevados de las trinche- 
ras, puestos en fila, sorteados y fríamente fusilados once. 
La ferocidad de los cabeiiillas Cavada y Villegas, que pi-e- 
senciaron la ejecución, lle^ó hasta negarse á que se diese 
sepultura A aquellos infelices que no habian cometido mas 
delito que ser españoles. Pero los miserables, indignos de 
llamarse cristianos, que tal hacían, no tuvieron la satis- 
facción de ver que ninguno de los que iban -A asesinar 
desmayase ni un momento; todos murieron dignamente, 
dando ejemplo de valor ü aquellos desalmados á la voz de 
¡viva España! como siempre morían ios españoles. Es 
decir, que vengaban su cobardía por haberse dejado batii-, 
Cüa el asesinato de personas indefensas, de quienes de se- 
guro hubieran huido si hubiesen estado armados. Sabe- 
mos que en las guerras siempre se cometen desmanes, por- 
que es imposible regularizar todos los actos de suerte que 
se atemperen á las leyes estrictas de la humanidad y de la 
justicia; pero no se comprende que hombres que se dicen 
civihzados cometiesen tales actos de barbarie, dignos de 
la cafrería. Los periódicos americanos y aun algunos in- 
gleses, que con tantos mudamientos y simpatías han trata- 
do á la insurrección, debieron haber publicado también 
estas hazañas de sus amigos, para que el mundo civiliza- 
ao pudiera enviar sus plácemes á los que de tal modo se 
convertían en asesinos y salvajes; pero sin dejar de predi- 
<^ai la bbertad y la ¡usticia. Es imposible mayor sarcasmo . 



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1X« 
Cuando Valmaseda publicó el indulto, todos se buria- 
ron de él porque sabían que no Iiabia fuerzas materiales 
para perseguir !a insurrección; cuando Dulce publicó la 
amnistía también se burlaron de ella , porque sabían que 
después de cuatro meses de rebelión nada formal se habia 
hecho para destruirla. Sin embargo, como las vejaciones 
de parte de los flamantes defensores de la santa causa eran 
cada día mayores en todas i)artes, y como se destniian las 
Ancas, se talaban y saquealian los potreros ó ingenios; 
como el bloqueo de Puerto-Príncipe era una verdad, y la 
situación para los que estábamos en la población cada ves 
era mas oscura y angustiosa, algunas personas caracten- 
zadas y quetenian sus hijos, sus hermanos ó sus parien- 
tes al frente de las partidas se acercaron oficiosamente á 
ellos para rogarles en nombre del país que depusiesen las 
armas y no continuasen en su vandálica tai'ea. Unos y 
otros fueron i'ecibidos con altanería y rechazados con du- 
reza, porque la revolución social caminaba á la par que 
la rebelión política. Las palabras de orden eran: — «¿Quién 
vive?— Cuba libre.— ¿Oui5 gente? — líermano .— ¿Qué bie- 
nes?— Comunes,))— ¿No es verdad que "s delicioso el a 
dro? Mucho tienen de que avergmzaise l0f> q le tanto 
la Península como en !a Isla, hiii pioclimado estas de, 
disolventes, y sobre quienes pesa una giin respon'íal 1 
dad moral por haber arrastrado el país á su luina la re 
belion de duba era eminentemente política "i ipueato ] f 
se habia hecho por la independencia jero ei ella te a 
una parte muy esencial el socialismo en que los flama 
tes libertadores habían imbuido i las mas'is 1 como e i 
ideas tanto halagan, sobre todo alas clases mas alje U 
y miserables; como las masas nunca raciocinan sino qu? 
las predicaciones ó el mal instinto las lleva á lo que les se- 
duce, que es el bienestar á costa de los demás, la igual- 



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dad y demás fantasmas con ijue se les engaña; de aqtií es 
(|ue los insurrectos de Cuba se repartieron entre sí las pro- 
p edidts de los que no estaban con eüos cuando no se les 
I ipmahí se les destniia. Pero los ganados no se que- 
ra 1 ai y estos eran bienes comunes y se vendían en 
Ñas a i j en otros puntos. 

b n en bargo de la repulsa que los negociadores habian 
llevado, imas veinte personas de lo mas importante de la 
población concibieron el proyecto de presentarse en el 
cuartel general de los insurrectos para intentar atraerles 
al buen camino. En los que de buena fé entraban en el 
plan era disimulable el paso que proyectaban ; algunos de 
ellos se aprovechaban de esta ocasión para ver á sus ami- 
gos, enterarles de todo y tal vez Uevades dinero, ropa y 
otras varias cosas de tiae carecían . Presentóse una comisión 
al Gobernador exponiéndole su plan, qiie no solamente 
aprobó sino que hasta dio uu salvoconducto para los ne- 
gociadores. Salieron estos en número de unos veinte el 15 
de Febrero, y el 20 volvieron, menos ocho, que fueron 
volviendo pocos días después. Su viaje fué completamente 
estéril: Si hemos de dar crédito á la relación que hicieran 
de su malograda empresa, el comportamiento que con ellos 
tavieron sus amigos, parientes, compatriotas y de algunos 
correligionaros debió haberles curado para siempre de 
todo achaque de independencia. Llegaron y los encerraron 
sin el menor miramiento en un cuarto del ingenio llama- 
do «La Gloria, b que á la sazón era la residencia del Ilustre 
general de tan ilustres soldados. Hubo alguno de estos qae 
piadosamente pudo deslizar en el oido de uno de los me- 
diadores el consejo de que no pronunciasen siquiera la 
palabra amnistía si no querían ser ahorcados. La pei-spec- 
tiva no podia ser mas agradable , y todos guardaron cui- 
dadosamente una Gacela que llevaban con el decrelo de la 



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liK) 
ariiiiislía. Por suplíoslo qiio el arresto fi-a. comploto, y paia 
(jue lio quedase asomo de duda les pusieron centinelas áp 
la fmardia negra pretoriana del general, Arjuella noche 
durmieron unos sobre serones, otros sentados y otros acni- 
rucados en el suelo. Pidieron que se relajase un poco la 
prisión, y en efecto se les concedió permiso para pasear 
por el patio. 

A las reclamaciones f[ne hicieron (»ntra aqnel trata- 
miento tan inesperado y (|ue hasta rechazaba el derecho 
de gentes, uno de los espartanos contestó que con ellos no 
reKaba este derecho. Llegó el comité revolucionario, y los 
mediadores prisioneros expusieron sus quejas y se limita- 
ron á suplicar que se levantíise el bloqueo. El comité con- 
testó que tuvieran paciencia, porque eran cosas de la guei'- 
ra; que ellos no tenían padres, ni madres, ni hermanos mas 
que la patria y todo lo sacrificaban ante su altar. Propusie- 
ron tener una entrevista con el general , pero les fué ne- 
gada la gracia. Por lo visto S. E. habia aprendido á darse 
tono desde que se iiabia sobrepuesto al marqués de Santa 
Lucía, á los abogados, médicos y propietarios que allí ha- 
bia, aunque el número de estos fuewe muy reducido, 

Pero lo'mas duro del trance era la escena que se pre- 
paraba: ei comité libertador intimó á los atónitos pacientes 
de aquella comedia que se habia acordado imponerles uiia 
derrama de doscientos rail pesos, pagaderos parte al con- 
tado, parte en pagarés; pai'a cuyo efecto se lea presentó la 
distribución que habían hecho. En vano fué protestar iiiie 
eran amigos, porque nn individuo del comité les contestó 
trágicamente que si hubiese habido la menor sospecha de 
ellos ya estarían aliorcados. Dispúsose que volvieran d 
ia población todos menos ocho; y habiendo protestado to- 
dos que no tenían metálico disponible, dicen que entonces 
se avinieron á que íirmaran pagarés jior mayor aintídad, 



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101 
¡jngaderos á la repíihUca en el Vémiiiio de un año. Así di- 
cen fjiie se hizi:) hipotecando ai cumplimiento sus lincas ó 
las de sus padres, declarándolas lilíres de toda hipoteca 
aiiteriíir que tuviesen, porque la república «ra ante todo. 
Lo particular es que los libertadores niveladores les mani- 
[estaton que se habja abierto el gran libro de la repübíica, 
en la que constaban como de su propiedad todas las fincas 
'le ios que no estaten con las armas en la mano. Las res- 
latilcs eran completamente libres; lo que venia de perilla 
:'• los patriotas todos, los cuales teiiian hipotecadas ante- 
riormente sus propiedades por cantidades supeiíores á su 
valor. Esto es lo que se llama entender la aguja de inai-ear. 
iíiadeu los negociadores que alpunos de ellos fueron l!e- 
víidos á Sibanicü, donde se hallaba el comité piíva dirigir- 
te severos caraos por su comportamiento; sin embargo, 
no estamos lejos de creer que £ueseu allá por su gusto, así 
como que esta embajada fué un medio do procurai' algún 
diniíro á los hermanos. Pero como no hay gctce completo 
enei mmido, estando en estis operaciones íes Dogo la des- 
agradable noticia de que se habiau presentado tropas en 
la Guanaja y haljian tenido los [acciosos que abandonar 
lau importante punto. 

Ya hemos dicho antes que por este pnei'to hablan esla- 
vo ledbiendo los rebeldes toda clase de auxilios venidos 
de Nassau, y cada vez comprendemos menos por qué des- 
'^ luego no se ocupó milítarmeote. Prueba de la verdad 
'le lo que decimos es el apresamiento hecho por el vapor 
tfnndíío de una goleta cajgada de armitó cqn cierto nüme- 
"> de personas que iban de la Habana y Matanzas á tomar 
izarte en la iiisnrrecciou con el ánimo de entrar por 6na- 
"aja. 

Según parece, el cónsni espíifiol eu Nassau ofició íi las 
'"''oridades de Cuira priitinpihnloltií la íiiíida ele la goleííi de 



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aquel puerto, y dándoles noticias exactas de la carga y 
tripulantes qne llevaba. El Cmtdr, de Venadilo encontró cer- 
ca de Cayo Romano el barco, que era una goleta inglesa 
que aparecía despachada para Puerto-Plata, le dio caaa 
durante algunas horas, le hizo algunos disparos con pól- 
vora á que no obedeció, y entonces le dispai-ó con bala, 
teniendo la suerte de colocarle una en ¡a popa. Asustada, 
según parece, la tripulación, quiso entregarse mejor que 
huir, y la goleta fué apresada. Se sabia que llevaba sesen" 
ta y cinco hombres de desembarco , pero no parecieron 
inas que veintidós, de lo que se deduce que los restantes 
habían desembarcado y üctiltAdose entre el mangle; se cree 
que durante la caza aiTOJaron al mar unas setenta y dos 
cajas de armas y municiones que iban á bordo. Los pri- 
sioneros fuerou conducidos á la Habana, ;,Cómo era posi- 
ble que los insurrectos hubiesen tenido tantas armas y 
municiones ai no hubiesen enconli-ado abierto y espedilo 
el camino de Guanaja, al abrigo de Cayo Ilomano? ¿Cómo 
hubieran podido efectuar las inti'oducciones qne después 
efectuaron ¡i no haber tenido á su disposición loa puerte- 
cillos que por lo visto no se guardaban? 

Hemos dicho, ahora repetimos y no nos cansaremos de 
repetir aun á riesgo de pai'ecer pesados, que la rebelión 
con sus propias fuerzas del interior no tenia una gran im- 
portancia, aunque estos acontecimientos siempre son gra- 
ves; que si progresó, si se organizó, si se armó fué debido 
á los auxilios que recibió del exterior, no solo de los Esta- 
dos-Unidos, sino también de las posesiones inglesas. Con 
mas medios de vigilancia en las costas, á buen seguro que 
el filibusterismo hubiera sido mas cauto y por consiguien- 
te menor el contrabando que se hacia. Verdad es que el 
litoi-al es inmenso y que en los dos departamentos subie- 
vadoshabia una multitud de puertecillos por donde pO' 



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(lian penetrar los buques contrabandistas y que carecíamos 
de marina sutil, puesto que solamente habia algunas go- 
letas que pudieran entrar por su poco calado. La verdad es 
que por una causa ú otra loa rebeldes conseguían tener, si 
lio todo, mucho djlo que necesitaban. 



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CAPITULO XII. 



Faso de Cubitaa por 
del puerto de la O 



i tropas.— Ridícolo parte de loa rebeldes.— Toma 
-Primera cnlumna lue va A Santa Cruz. — Hap- 



Asamblett republicana Kohre libertad deles negros.—ConElde- 



Kemos diclio que cuando estaban los mediadores á 
merced del general de la lucida Asamblea republicana in- 
dependíenle, se recibió la infausta noticia de haber des- 
eiübarcado tropa por la Guanaja, lo cual, como era de su- 
poner, produjo un gran pánico entre los iiotables y hravos 
defensores de la independencia. El general, que estaba en- 
fermo con sarampión, se preparó no á huir sino á ponerse 
en salvo lo mas lejos posible de los soldados espaholes, y 
lodos imitaron tan heroico ejemplo. Al mismo tiempo el 23 
deFebrerosepresentaronal Gobernador de Puerto-Príncipe 
ios peninsulares que habían tenido presos durante mucho 
tiempo los insurrectos y le manifestaron que estando en 
Cubilas en los trabajos á que se hallaban destinados, llegó 
una partida de libertadores en tropel dando la vo/. de aler- 
ta poi-que llegaba tropa de Guanaja; y gracias á la confu- 
sión que entre todos produjo la noticia , que cayó come» 
mía bomba, haliiaii podido fugarse. La noticia era afortu- 
nadamente cierta : el entonces brigadier D. Juan Lesea, 



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196 
nombrado gobernador del departamento Central en reeni- 
plaío de Mena, con los batallones del Rey y la Union , 
unos cuantos ingenieros, una sección de caballería y dos 
piezas de raontafta, liabia desembarcado por Guanaja y se 
habia presentado delante lie los formidables puestos que 
tenían los insurgentes preparados con trincheras de todas 
clases, cortaduras de terreno, peñascos y árboles atravesa- 
dos. Las posiciones eran tau fuertes por la sola naturaleza, 
que á todas las personas entendidas en el arte de la guerra 
les hemos oido decir que regularmente defendidas por 
quinientos soldados no hubiera podido pasar una división 
de ocho mil. Nuestros valientes soldados , sin arredrarse 
por las dificultades que veían ni por el número de enemi- 
gos, á la voz de iviva España! acometieron coa ímpetu 
como leones, tenieudo que ir ganando el terreno palmo á 
palmo en medio de nna hoiTÍble granizada de balas y pé- 
saseos que sobre ellos caía. Seis horas du:ó el combate, 
porque los enemigos, conllados en la superioridad del ter- 
reno y del número , resistieron tenazmente ; pero viendo 
que los soldados flanqueaban la empinada sierra, y gra- 
cias al continuado y certera fuego de dos caüoncitos de 
montaña que llevaban nuestras tropas, á pesar do haberse 
creído inveucibles, no por su valor sino por sus defensas, 
emprendieron una fuga tan vergonzosa como precipitada. 
Lacolumnita dominó todo el terreno sin que el enemigo 
hubiese vuelto á oponerle ningún obstáculo , puesto que 
huyó desbandado en pequeñas partidas, llevando la iníaus- 
ta nueva á todos los puntos donde liabia campamentos de 
rebeldes. El gran Quesada habia dicho á ios suyos en un 
arranque de valeroso entusiasmo, que mientras él viviese 
no pasaria ninguna fuerza cliica ni grande desde Nuevitas 
á Puerto-Príncipe; y si algún dia pasase, entonces rompe- 
ría su espada y se retiraría. Pasaron los dos batallones por 



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197 
donde los insurrectüs jamás lo liiiljiecan poiisadu, y el 
bravo Quesada ni rompió su espada ni se retiró, 

No se sabe cuales fueron las pérdidas de los eaemigos, 
nosotros nos inclinamos á creer (jue no fueron muchas; 
por la posición que ocupaban, aun cuando sabemos que 
bastantes heridos que fueron llevados á las Cuevas de Cu- 
hitas murieron de gangrena ó del tétano á consecuencia 
de las heridas, porque no tenían medios de curarse. Las 
de nuestros soldados fueron considerables, por desgracia, 
iiuedando fuera de combate 1Ü5 hombres, de ellos 15 muer- 
ios y (i que murieron de resultas de sus heridas. Sin em- 
bargo, he aquí el estupendo pai-te que publicó de este en- 
cuentro: 

«Ejército líLcrladordü la Isla de Cuba, 3.' división, 4.* brigada.— 
Sierra do Cubilas, 17 de Febrero de 186'J.— Soldados de la libertad: El 
mtífi de Febrero del 6'J, brillaiilo eu recuerdos para el triunfo de ia 
¡ndoiiciidencia, acaba con la derrota y Tergonzosa tuga del brigadier 
U, Jiiau Lesea. He aqui ia rcsefia de la batalla: 

Kn la noclic del 14, el ciuiladaii.) práctico Patino dio aviso que 
los enemigos con buques de trasporte y una escuadra de ciuco bu- 
ques de guerra, avanaaba sobre (iuanaja. 

Iniueúiatameute el Gobernador de ese punto preparó la guarni- 
ción. (23 lioml)rcs) aunque poíiueña, y puso en batería el único ca- 
iiOB que Labia, y á las pocas horas, sin el ariso de ordenanza, empezó 
el bombardeo de la plaza, dejando en pie dos ó Ires casas; nuestro 
cafiou no liizo sino tres disparos, pues al cuarto reventó, matando 
tarios artilleros. El primer disparo lilzo estragos al enemigo, paes 
(Icsai'botü al vapor Conde Veaadito y averió al (luadalquivir: t este 
Tipor lo entró una bala por la escotilla, reventó el timón y mató 30 
Hombres y acabó de revcnlar eu la bodega. 

Kuesbra tropa, conociendo la inutilidad de sus esfuerzos, vinieron 
eii retirada para esta sierra, donde esperamos al enemigo. Kn este 
combate tuvimos 1 1 nniertos y 21 heridos. 

Hasta el lü, que nuestra avanzada fué atacada por los opresores, 
'lobo mueliu fuego, y viuierou á reunirse con ei grueso (t.ÜUO liom- 
'"■'-■»). Alas üiire el fuego se lii/ogeiioral, donde uocslroí cazadores 



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198 
mostraron su arrojo y 'íalenHa liefendiendo las friaolicras liaslalg 
una, qiic luiealra catallería áió al macliele una briilanlíslma cai^ 
sobre et hatailoa 3e Zaragoza. 

La caballería cogió an cafion, una bandera, proyectiles y nmchís 
armas y 32 prisioneros, á las tres el tercio de guerrilleros al mando 
del general Pepe lliúz, atac(i á los inseuioros (G40) y copó un catión, 
muchos prisioneros, armas y pólvora, le mataron el caballo y tné he- 
rido en un brazo; asi herido, díó im segundo ataqnc al batallón de 1« 
l'nion y mató de un sablazo A su coronel, y cogió los yireres qne 
traian; í las cuatro la mitad de nuestras tropas alaeú de frente al ene- 
migo y duró el combate hasta las cinco, que los enemigos locaron re- 
tirada, cogieron el camino que va al Demajual con tal prisa, que ne 
hubo tiempo de cortarles la retirada. 

Dejaron 397imiertos, 4B2heridosy 215 prisioneros en el campo de 
batalla y un botín inmenso de vlTcres, ropa, botiquines, pólvora, 3 
banderas, 1 cañones, 23 buenos caballos, il sables. 4liO fusiles. 3D\ 
carabinas, 62 lanzas, 69 rewolvers y pistolas y 7.02U pesos en miííá- 
lico. 

Por nuestra parte luvimos í'i muertos, 100 heridos y h prisione- 
ros, y el canon reventado, sumando: 

Bajas enemigos, 1.074.— ídem cnbanos, 2!1. 

Lo que se pone en su conocimiento. 

Dios, patria y libertad. 

Independencia ó ranerle. 

El general de división y jefe de Ijrigaffa, José Martí." 

Tan ridículo pai-te mas bieti pairee obra de aigun des- 
ocupado de bneii humor, que de un jefe de fuerzas yue se 
titula general. Sea lo que quiera, lo cierto es que no hay 
ni una palabra de verdad en cuanto en dicho documentu 
se dice. 

In. toma de la Guanaja ae verificó del modo siguiente: 
el 1 5 de Febrero llegaron varias fuerzas sutiles al sitio lia 
mado Boca de Carabelas, y el 17 cerca de la población 
por los inconvenientes de la travesía y esperando las fuer- 
zas cpie habian salido de Nuevitas. Viendo que no llega- 
ban se principió A lanzar granadas sobre la polilaciu" 



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üompiiesla de miserables casucñas. So vio <jue desde los 
primeros disparos había huido alguna gente, y habiéndo- 
se prendido fuego e» varias casas, se suspendió este y des- 
embarcaron 110 hombres, que encontraron la población 
completamente abandonada. Tres personas que se presen- 
taron, dijeron que liacia tres días se hablan marchado 
los insurrectos, llevándose un canon de hierro que tenian 
y habían sacado de una linca inmediata, donde estaba 
abandonado hacia mucho tiempo. La noticia era cierta en 
parte. Arteaga, que custodiaba el puertecillo por lo que le 
convenía estar en comunicación con su Cayo, que les fa- 
cultaba cuanto llegaba de Nassau, y además para embar- 
car por él ganado que los libertadores le proporcionahan 
de cualquier potrero que no perteneciese á insurrectos, su- 
po con anticipación la salida de las Enerzas de Nuevitas y 
la dirección que llevaban, y creyó oportuno abandonar el 
campo, y marchó con sngentealpaso deCubítas, por don- 
de sabia que habla de pasar la columnita, y eso que ha- 
bla otros dos caminos mas, no tan espuestos ni tan difíci- 
les como este. Es asombroso ver qne bien organizado te- 
nian los rebeldes el espionaje, aunque es necesario reco- 
nocer que para cosas de ardides y tretas nadie puede apos- 
tíírselas á los americanos. Verdad es que no se daba im 
paso, que no se concebía un proyecto de que no tuviesen 
en seguida conocimiento los enemigos. Parece que la se- 
milla de los traidores habia fructificado bastante; y es se- 
guro que mas lian trabajado en favor de la insurrección 
los llamados inswreclos ^naiíjios, que los qtio andaban por 
el campo con las armas. 

La llegada de la columna habia levantado los ituímos, 
(|ue estaban bastante decaídos, y en este sentido se habían 
enviado al general por un con-eo, con mil trabajos, una 
t^sposicion firmada por propietarios y comerciantes, y co- 



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municacioiies unciales muy sentidas, que ni aun contes- 
tación tuvieíon. Pero si bajo e! aspecto de la seguridad se 
había ganado, se encontraban 1.400 hombres mas en la 
población, siu pan que dai'les ni víveres de ninguna clase- 
porque se habia acabado por completo la harina y solo ha, 
bia muy poca galleta. 

El 28 de Febrero salió tina columnila de unos 600 hom- 
bres para Santa Cruz, pueilo al Sur de Puerto-l'rincipe, 
distante veinte leguas. Entre ida y vuelta tardó la colum- 
na siete días, llevando en caballos unos cincuenta sacos 
de harina para raciones de enfeitnos y heridos, única co- 
sa que allí había, y habiendo dejado comunicaciones otí- 
ciales. En el camino, á la ida, solamente hubo algunos li- 
geros encuentros con los enemigos que solían aparecer 
emboscados en los montes; pero sin presentarse delante 
de nuestros sufridos y valientes soldados sino á distancia.s 
muy respetables. Tenian interceptadas todas las angostu- 
ras del camino, y hasta se habia anunciado que esperai-iaii 
en un mal paso donde el camino í'oi-ma dos recodos que es- 
taban completamente obstruidos con grandes árboles y llé- 
naseos. Peto el bravo coronel Goyeneche, que mandaba la 
columna, hizo que dos compaüias flanqueasen el monte, 
visto lo cual por el enemigo, desapareció sin disparar si- 
quiera un tiro. A la vuelta se tomó un camino de travesía 
pai-a evitar aquellos inconvenientes, y solo hubo algún 
ligero tiroteo, en el cual, entre los muertos fué uno de 
ellos una persona muy conocida en Puerto Piíncipe. Ui' 
la mafiana del domingo 7, ya cerca de la población se pre- 
sentaron unos ItíO caballos; pero Goyeneche hizo que sa- 
liere ílanqueaiido una compailía, resultando ít muertos 
enemigos. Se calcula en mas de 10 las bajas enemigas, sin 
que por nuestra parte hubiésemos tenido mas que 2 he- 
ridos leves, utm de ellos un capitán de caballería, y otn) 



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'JOl 
unmovüi/ado. Además se les cu^ió iims de 50 ca])allos, 
y se llevó ganado e» número de mas de HíÚ cabezas. 

Hacia tiempo se habia dicho que andaban por las aguas 
de Cuba dos monitores peruanos que se dirigían á San 
Tilomas, No se sospechó de estas dos embarcaciones, que 
iio podian causarnos gran daiio, y además se dijo que es- 
taba observándoles una fragata de guerra; pero pasaban 
dias y mas dias y los monitores no marchaban, lo cual 
ya hacia sospechar ó. los que tenian noticia de su existen- 
ría. Se supo al mismo tiempo que un bergaiitiu america- 
no Uaniado Manj Lowe, había sido espedido de los Estados- 
Unidos con armas y municiones para Cuba. La goleta An- 
ial un que andaba en su persecución, le encontró en una 
pOBesmn inglesa llamada Raggid hland, y se puso á obser- 
varle pan captuiarle luego que saliese. En electo, á pri- 
mcios de Mu7o, a prelesto de camljiar de í'ondeadero, 
pimttpio i moveise el bergantín y la ,di((¡«/i[:a hacia exac- 
tamente las mismis operaciones para no perderle de vis- 
ta Fsl ndo en esto y cuando principiaba á dar caza al ber- 
?antm noto humo en alta mar; enderezó la proa liácia 
^[uel punto j enurntró ii uno de los dos monitores que se 
'upoma pstuMesenen San l'homas, al cual se dirigía el 
l)eij,aijlm hicundole señales ú que el monitor contestaba, 
ía 4 idalvza entonces se interpuso entre las dos embaí'- 
i^aaones y apreso sin la menor oposición el bergantín, 
jue fue llevado \ la Habana, pero sin el capitán y otros 
ofifi des que desapTxecieron. Ei cai-gamento era de la ma- 
TOrinipoitini la pues consistía en seis cañones-riíles, 4.01)1) 
liisdes, gran cantidad de municiones y calzado, que indu- 
dablemente iba para ios insurrectos. Esta presa fué de 
"'ucha unportanda por el efecto material y moral que 
«u?üenlaslilasde!ainsuncccion, lín cnanto á los moni- 
'16'^, uno de ellos e,4uvü en !'uertn-Nai-anjo y en otro, cu- 



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mi 

yu iionilii'e nti recordamos y fuoron A bordo varios jefes de 
pai'tidas, quienes llevaron al comandante provislunes. No 
se sabe lo que allí hicieron, aun cuando es de suponer 
que las entradas iiuriotivadas de semejante embarcación 
en paertecillos poco ó nada frecuentados, en teri'eno ocu- 
pado por los insurgentes, no era tan inocente coniosetia 
querido suponer. Por de jironto se sabe que el Anigo, unu 
de los vapores que convoyaban á los monitores, llevaba á 
boi-do armas y gente desde los Estados-Unidos; en cuaiilo 
á los monitoi'es, nosotros citemos que llevaban tamLiieü 
armas, de acuerdo con el gobierno del Perú. 

La Asamblea del Departamento Central no descansaba, 
y decretó en "28 de Febrero Jo siguiente: 

1." «Queda abolida la csulavitud. 

2." Oportunamente serán iiulemiiizado.í ios iliiüíios íle Iíjb que has- 
ta hoy han sido esclavos. 

3." Contriliuiriin (ion sus C!!l(ierüos á la inrlcpendencia de Cuba lo- 
dos los individuos (pie por yirliul de este decreto le deben su liljtrtaJ. 

4." Para eslc efecto, ios (pío sean uonsiderados aptos y ncccsarins 
para el serviGlo militar engrosariu riueslres lilas, gozando del misino 
liabery de tas propias consideraciones que tos demis soldados iW 
ejóreito libertador. 

5." Los que no lo sean contiuuaráu mientras dure la guerra iMi- 
liados á los mismas traliajos que hoy desempeñan para conservar 
en prwluccion las propiedades y subvenir así al suslenlo de los f\»' 
ofrezcan su sangre por la libertad común; oLligacion que corresiiuii- 
de de la misma manera á todos los ciudadanos hoy lilircs, cxenlos üi: 
servicio militar, coabjuiera que sea su raüa.» 

Los jefes de partida faeron por las fincas leyendo con 
la mayor formalidad el decreto á los negros que aun (p''- 
dabaa en ellas; pero muchos de ellos huyeron y se pi'i^" 
sentaron en Puerto-Príncipe á sus amos li á la autoridad- 
Era esto lo único que restaba que liacer ya pai'a acaba'' 
de arruinar y desmoralizar al país, porque la base de I* 
ri(¡ueí:a agrícola en duba es indudablemente hoy el triil'* 



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2o;í 

jo de los negros, que con mucha dificultad volverían :i la 
antigua disciplina de los ingenios y potreros. Hotos los di- 
ques de la obediencia, los- negros, de suyo poco aficiona- 
dos a! trabajo, desconocidos y fáciles de malear, difícil- 
mente volverán á aceptar su condición servil. Esta medida 
produjo lili efecto desastroso y una reacción enérgica, aun 
en los insulares tibios, contra la insurrección que les ar- 
ruinaba. De sentir es que no se hubiese aprovechado esta 
rnaccion promovida por el poderoso impulso de los ins- 
tintos conservadores. 

Muchos negros se presentaron, como hemos dicho, 
otros siguieron á la insurrección, y otros se desparramaron 
entregándose á sus instintos de vagancia, merodeándolo 
lodo y talando lo que bien les parecía. Las fincas quedaron 
abandonadas, los trabajos agrícolas ya bastante flojos por 
sí desde que los traí i] idoies quedaron timbien entrega- 
dos á sí mismos, cebaron poi complete No bastaba que se 
incendiasen unas fincas que otias fuesen declandas pio- 
|!ifidad déla república que otras fuesen in\adidis y ocu- 
padas por familias de niMuiLotos blancos y negio quie- 
nes no hacían sino devastado todo; que se incendiasen los 
plantíos de caüa y los cafetales y se impidiese moler el 
iKiicar, produciendo pérdidas ÍLicalculables; era preciso 
Hue los mismos cubanos fuesen á arrojar una tea iiicendia- 
lia temible por el estrago que habría de producir su incen- 
diu, porque era entraren el exordio de la guerrade lazas. 
Por de contado que con esta medida tan absurda produ- 
cían daños de inmensa consideíacion á los propietarios, 
puesto que cada negi-o les representaba un capital de mas 
de 1.000 duros. Parece que el comité de este departamen- 
to obedecía en esto al impulso que le había dado el del 
Departamento Occidental. 

Para coronar la obra, hubo en algunas fincas de l;i ju- 



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risdiiícion üe Piierlo-Príiipipe convites oii iiiie los nebros 
se sentaron ;t la mesa con los que liabian sido sus amos, 
ea que les sirvieron las señoras que hasta entonces aiiií 
mirarles habian desdeñado; en que se dieron el afectuoso 
nombre de hennanor,; en que se esti'echai'on aquellas ma- 
nos que se rechazaban, y cuya ñesta terminó con un baile 
en que las señoras hailaron cou sus esclavos. Era un edifi- 
cante espectáculo de fraternidad; ¡pero cuánta degiada- 
cion, cuanta infamia revelaba aquello! Y no es esto que 
seamos partidarios do la esclavitud; no es que aceptamos 
esta mancha que nosotros llevamos, contraria á la huma- 
nidad y álos principios del Evangelio; pero esta emanci- 
pación repentina, sin ninguna preparación, no podía me- 
nos de introducir, además de la ruina, el caos. El dia en 
que se decrete la emancipación de los negros en Ouha 
debe el Gobierno que lo haga tener muy presentes las con- 
diciones del país, el número de esclavos, que se aceiia 
á 4(10.00!), y el perjuicio que con esta medida se puede 
irrogar á los propietarios. Es una cuestión de suyo grave 
y muy compleja para resolverla de una plumada, sin uit 
detenido estudio previo, y solaniente en virtud de teorías 
ó sistemas que suelen frací^ar cuando se les somete á la 
práctica. Ya sabemos que entre nosotros hay impacienles 
para quienes la efliancipacion es una necesidad del mo- 
mento; pero á estas personas les ciega de seguio su buen 
deseo, y distan mucho de conocer lo que es la esclavitiiil 
en la isla de Cuba. Esta cuestión es una de las mas arduas 
y se necesita mucha calma para resolvei-se. lA cuánta de- 
gradación habrían llegado los que para saciar sus malaí 
pasiojies apelaban al recurso de elevaí" hasta sí á los que 
aun llevaiian las señales del látigo de sus amosl iQué ini- 
quidad tan grande era sumir á su país en un abismo! "Ver- 
dad es que el Departamento (Central es donde menos n*'- 



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'•vos hay; pero aiiii así. dospues de haliersB adoptado de 
hecho la misma medida en el Departamento Oriental, no 
podía ser mas ruinoso ni mas inconveniente el decreto. 
Suponfíamos que hubiese terminado la guerra al dia si- 
miente dehahetíe publicado, y que se hubiese declarado 
la independencia de la Isla; ¿qué hubieran hecho los pro- 
pietarios desposeídos tan bruscamente de los únicos brazos 
con que podían contar para los trabajos agrícolas? Toda 
medida impremeditada entraña el peligro de ser daJiosa, 
y esto precisamente sucedía con la adoptada por la Asam- 
blea, que aun cuando no tuviese mas carácter que el de un 
papel mojado, sin embargo, produciría sus efectos en el 
pais que ocupaban. La impaciencia y la pasión son muy 
malos consejeros, y la Asamblea, compuesta de mozos 
inespertos é impacientes y de hombres apasionados, no po- 
día dar ningún resultado formal y serio. 

Por otra parte, es necesario ser muy torpes para no co- 
nocer que la raxa de color estaba representando el papel de 
!a zorra en la fábula de la zoiTa, el águila y la jabalina. La 
mayor parte permanecía inerte porque se componía de 
gente ignorante; pero los ladmos, los mas listos raciocina- 
ban á su manera y esperaban aprovechaise de la debilidad 
de los partidos contendientes paia salir a Sa palestra, so- 
bre todo si la rebelión Ueíraba d vencer, porque demasia- 
do sabían que los blancos i ubinos no podrían resistir- 
les. Y como pmeba de esto, se habían (utulado cou pro- 
fusión los siguientes versos, que son una verdadera prole- 
i^ion de fé: 

Los dos gallos de la tierra 

tienen una guerra atroz; 

y al que venci'?re en la guerra 

le comerán con ai'roí. 

Los negros. 



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N"üs parece bien signific-atho tsio paia ijue -e |iudit;i i 
ni aun dudar de cuales eran las intencione', de la giaii 
mayoría de los negros, intencione'^ que no lecataban en 
sus conversaciones, hasta muchos de los que haljian toma 
do las armas como voluntarios ó pertenecían á las milicias, 

Los insurgentes, además de satisfacer con esta desas- 
trosa medida sus instintos de devastación y ruina, tenian 
otro pensamiento ulterior, el de halagar al nuevo presi- 
dente de los Estados -Unidos, y por consiguiente al parti- 
do radical abolicionista. Negociaban activamente para que 
se les declarase beligerantes, á ejemplo de lo que se hizo 
en la última guerra entre dichos Estados, y buscaban 
esta protección indirecta por todos los medios imagi- 
nables. Y tenian razón para esperar algo, porque la ver- 
dad es que llevaba la insurrección cinco meses de vida, 
sin que se le hubiese debilitado; porque si era vencida en 
el departamento Oriental, campaba pujante en el fienlral y 
principiaba amenazadora en el Occidental, Verdad es que 
el reconocimiento como beligerantes no hubiera dado á h 
rebelión fuerza material, pero sí moral y grande, y ade- 
más nos veríamos privados de los auxilios que pudiéra- 
mos recibir de un país tan inmediato y que no los presta- 
rla encerrado en su línea de estricta neutralidad. 



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CAPÍTULO XIII. 



ai de Réspedes al presidente de los 

___ ._. i (locumento.—Nuevo mauirniSlo de 

rebeldes pialados por si iniamoa.— Coiitestaeioo del coniitÉ 
le Aran po.— Proyecto de eomité eiinservador en Puerto-Prin- 
iBO de 1h idea. — Espediciou á Sibanicíi.— Nuevas decepciones. 



La insniTecrion, ufana con el düsarrollo que había to- 
mado y que ciertamente era mayor que el que jamás ha- 
bíamos podido esperar ni los reheldes prometerse, si bien 
reliuia constantemente encontrarse con nuestros soldados 
ante cuyas bayonetas era impotente, sabia en cambio ma- 
nejar perfectamente la intriga, y la manejaba con éxito. 
Hay ciertas confesiones que causa rubor hacerlas, pero que 
lio hay mas remedio, siquiera no sea sino para que sirvan 
como enseñanzas para lo futuro. La insurrección tenia 
asentes en todas partes, y lanzados de la Habana, al menos 
considerable numero de sus auxiliares, se refugiaron en 
ios Estados-Unidos donde contaban (;on trabajos de zapa 
Mileri armen te hechos y con simpatías que seria iníitil que- 
rer ocultar, porque equivaldría á cerrar los ojos á la evi- 
'lencia. El nuevo presidente, conocido por sus ideas poco 
templadas por cierto, era considerado por lo mismo comi> 
lavoi'able á la insurreecion, y en ello fundaban gi-andes 
flsperauzas los leteldes activos y sedentarios. 



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?08 
Para(|iie n.iiía faltiise ;i la trfigi-comeilia r(ue se eslaha 
representando y con una intención demasiado conocida, 
el general letrado Géspedes, que tan poco felií habia sido 
en KUS üpemciones niiiitai-es, quiso demostrar que tamljien 
entendía de achaques de diplomacia, y en medio de las 
convulsiones de la agonía de su desesperada causa, diriñió 
al presidente de los listados-Unidos el siguiente memoi'ial: 

<'AS. R. el pi-osiiloíite dulofl Eslados-ünUloK,— Señor: El pnchlo de 
Ciilia por nipdin ile su gran Kiipromajíinta civil y por condiiuto des» 
general en jefe Sr. Céspedes, desea somefer ;'i V. E. las algiiieidrs en- 
tre otras razon-s; por las tpic V. E. , como presidente ce los Estados- 
unidos, dpl>e ai'ordarle los doreelios de beligerantes y el reconoa- 
miento de su i n dependencia; 

Porque de los corazones diCK y nueve de cada veinte de los Iiahi- 
tantos de la Isla do Cuba se elevan fervientes votos por la victoria del 
ejército déla ro|iúl)lica, y por la sola y esclusiva faifa de armas) 
mrmicifities este paciente pueblo estí, sujeto al tirímico yugo de Es- 
paña, las masas del puetlo desean unánimemente la república; 

Porqne la república tiene eji'rcitos ([no cuentan 70,000 hombres 
en ei campo de batalla prestando servicio. Estos hombres están w- 
ganizados y gobernados con todos los principios de la guerra civili- 
zada. Los prisioneros que hacen y ifue )ioy ascienden al triple de Iw 
que ha lomailn el onemijío, son tratados liajo lodos concepios como 
prisioneros dfi (Tuerra, según se nsa en las naciones mas civillíSite 
del mundo- Esperando ser reconocidos por los Estados-Unidos, ni en 
una sola ven lian usado la ley <lel Tallón dando muerte por muerte, 
ni aun en los casos mas provocativos; 

Porque las autoridades cspafiolas casi invariable mente han asesi- 
nado con ern(;ldad li loa soldados licl ejercito de la repüldicaqiipso 
han rendido á ellas, y lian publicado recientemente una urden olidiil 
maHdando á las fnerüas TOilitares que en lo sucesivo maten y asesi- 
nen á todo prisionero de la república que se rinda. "Esto dubeiis- 
cerse, dice jovialmente, para evitar iucomodidades y vejaciones á 1'^ 
autoridades civiles españolas." Esto es una afrenta qnc los nacionef 
civiliüadas del mondo no deb n permitir; 

Porqnelos Eslados-rnlilos es la nación civilizada mascertían»' 
Cuba, cuyas iuslltucioiics encuentran un eco simpático en el coraz"" 



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20ÍI 
de lodos los cubanos. Los intereses comcreialcs y DnancLcros de am- 
bos pueblos Riendo casi idénticos y recíprocos eu su naluraloza. Cuba 
anlic lile mente apela á su incuestionable derecho para ser recono- 

Porque el ejercito y la autoridad de la repíiblica de Cuba se es- 
tiende sobre las dos torceras partes del área geográílca de la Isla 
abarcando una gran inayoria de la población en todas las partes de 
c!U; 

Porque tiene en construcción una escuadra qne cscederá en nú- 
mero y fuerza á las ijue hasta aquí lian mantenido las autoridades 
españolas en estas aguas; 

Porque estos hechos plenamente muestran al mundo que esto mo- 
vimiento no es e! do unos cuantos descontentos, sino el grande y sn- 
lilime levantamiento de un pueblo sediento de libertad y determinado 
á asegurar con esle último esfuerzo estos incuestionables derechos: 
libertad, conciencia e independencia individual. 

Permítasenos añadir con la mayor timidez y sentimiento, qne la 
diferencia entre la rebelión de los Estados-Unidos j la presentí, revo- 
lución én Cuba, es simplemente que en la primera una pequeña mi- 
nnria se rehelii contra las leyes en cuya confección tema voto y el 
^vilcgio de revocarlas, mientras que en Cuba estamos resistiendo ft 
un poder estranjero que nos oprime, como no« ha oprimido haec si- 
glos, sin otro recurso abierto á nuestros males que el dt las armas; y 
mimbrándosenos, sin nuestro coliocimienlo, voz ni consejo, ciudada- 
nos tiránicos de sn propio país para mandamos y com¡ir nuestro 
trabajo. 

Patria y libertad. 

Aprobado por la Junta Suprema, y ordcnaila su promulgación por 
el señor general Céspedes, eomandante en Jefe de las fuerzas repu- 
Mieanas de Cuba. 

fiMrtel general en el eampameuto.— Marzo I." de 1E69,» 

El primer efecto que nos produjo la lectura de este ri- 
sible documento fué suponer que fuese apócrifo y escrito 
por alguna persona de liuen humor para escilar la hilari- 
tlíd de sus lectores. Pero habiéndonos convencido de que 
ss auténtico y que tal y como lo hemos puhlicado se pre- 
sentó al presidente de los Estados-Unidos, aunque con eJ 



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infeliz éxito que era de suponei-, nuestii in lel il dirl 
convirtió en asombro de tanta desvergüenza y tanta filti 
de pudor, tanto de la .lunta Suprema orno del aiio^adu 
Réspedes. De este modo se engañaba á las masas se meii 
tia con el mas cínico descaro y se trataba de pieientai il 
jefe de una nación amiga un mentido ciiadio de li «itUT 
cion de las cosas en la Isla de Cuba. Répa'^e que (uind 
este humillante memorial se firmaba, las ficciones lel dp 
partamento Oriental hablan sido batidas disper adis ar 
rejadas de sus posiciones, y el gran general and iba fu„ 
tivü con ios restos de sus partidas; (jue en el depiitamenlo 
Central, el mas abandonado , podría inber cnindo ma 
siete ii ocho mil hombres, muchos de ellos delirando 
que los principios civilizados bajo que estaba organizad 
el ejército de la república eran asesinai a per';onas inde 
fensas, robar é incendiar las propiedide envenenai la 
aguas , cortar los acueductos de una poíIiLion dt> 30 niH 
almas como Cuba, violar 1^ mujeres j comeleí t,uai t « 
crímenes puede inventar la imaginación que no había 
cogido jamás prisioneros á !a fecha dpl mtmoual en el 
campo de batalla, y que á los de Bayimo mdignamenif 
sorprendidos, se les trató con la mayoi i leldad sin !■& 
petar úlas mujeres; que es falso é inK lo decn que la 
autoridades españolas hayan asesinado á los facciosos [ w 
se rendían, puesto que los presentados marcharon s 
casas sin que nadie les intomodase que la crueldad de las 
autoridades españolas esta jilenamente justificada con Ift^ 
indultos dados y con una amn stia tan amplia como jainií 
se ha conocido; y por ultimo que es risible lo de la en- 
cuadra, puesto que nunca han ctntado con mas barcos qu" 
el Comandilario , adquirido por la traición y la alevosía, y 
(xm algunas pequeñas goletas de trasporte que cayeron e" 
poder de nuestros soldados. Cierto es que la insurrección 



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2\] 
se cstendia á las dos toi-reras partes del íirea seográüca de 
la Isla, pero ei-a dehido á nuestro abandono , en especial 
en e! departamento Central, sin que por eso pudiera dedu- 
cirse pue estaba ocupado el terreno por su potente ejército 
sino por partidas que tenian la ventaja de no ser persegui- 
das mas que en el departamento Oriental y en las Cinco 
Villas. /U comparar el levantamiento de Cuba con el del 
Sur de los Estados-ünidüs faltaba descaradamente á la 
verdad el Sr. Céspedes, poiijue el poderespaflol en Cuba no 
es un poder extranjero sino nacional , supuesto que Cuba 
es una parte integrante del territorio español, poblada por 
españoles, civilizada por españoles, que á los españoles 
debe toda su prospendad y riqueza, y cuyos habitantes 
en general, fuera de los negros y mulatos, ó son españo- 
les ó descienden inmediatamente de españoles: los que re- 
chacen esta descendencia tendrán sangre africana. Asi 
pues la insurrección de Cuba no puede considerarse como 
una revolución, sino como una rebelión de una provincia 
áe un país cuya pacificación corresponde ai gobierno, sni 
'pie para ello haya de inteiTenir ningún poder estrano, 
como no debe intervenir nadie en los asuntos dome&ticos 
Napoleón Arango, como si hubiera querido servu de 
testimonio vivo del cáncer de la división y del esLlusivis- 
mo que eníie los rebeldes del departamento Central existiat 
rechazado por su mayoría que habia preferido al cuatrero 
il'ipsada, -^ perseguido como sospechoso, lanzó un nuevo 
laaniiipsto en Marzo para yroteslar conlra los funestos crro- 
" en que la revolución habia incumdo. Rsta confesión de 
PWte releva de toda prueba, porque Arango habia sido el 
alma de la rebelión, y estaba perfectamente enterado hasta 
1« sus pliegues mas escondidos. Acusaba ala Asamblea 
=«bana de ejercer vn despotismo que a/Hfjia y dcsl.ro:a/in al 
'"'"'■; y preguntando si el pueblo habia ííanado algo con la 



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rebelión, si era libre, contestaba: No, porque hoy usiá e, 
pueblo mas oprimido que ntiiica; y si liemos tomado l&s anm 
en la mano esponiendo nii^íslras vida^ y Iñeries para derrocar 
ía (ironía españokt, ¡fioiisentirenios gue se establezca otra útot 
nía peor? Tronaba contra la Asamblea, compuesta de cinco 
personas, y decía que cinco individuos que se decían ele- 
gidos por el pueblo, no teniaii facultad para dictar leyes, i 
nombre de toda la Isla, aludiendo al deci'cto de emancipa- 
ción de esclavos, que combatía, no por su esencia, sino 
por el modo con que se había dado. Se dolía de las medi- 
das adoptadas, que no hacían sino desmoralizar la insm'- 
reccíon. y poi- consiguiente la liarían fracasáis Acusaba al 
comité de conlra revoludoxario ; de que quitaba á los pobru 
estancieros la poca miel y cera gue producían sue colmenas, 
lo cual era una acusación de robo ; de que valiéndose de k 
fuerza quitaba el dinero á los cubanos^ de que causaba vja- 
ciones á los que estaban con las armas; y porque atacaba á la 
propiedad por el abandono en que tenia A las tropas. 8e 
quejaba amalgámente de que el comité hubiera tratado dfi 
prenderle, y apelaba A rus méritos y á los de su familia en 
favor de la rebelión para que no se permitiese su prisión- 

Lo único que podemos decir después de leer el mani- 
fiesto, es que, descartando lo que era personal á Arango, 
no cabe acusación mas terminante de la insurrección y de 
los medios indignos de que se valia. Si se dudara déla 
manera con que en distintas ocasiones la hemos calificado, 
que se tengan presentes las palabras de Arango , del hom- 
bre que decía no podía respirar otra cosa mas que odio y 
venganza contra los españoles. Este manifiesto es un ar- 
tículo que puede llamarse los rebeldes de Cuba pintados poi' 
si mismos. 

A estas sangrientas acusaciones respondió el comité o" 
un largo y empalagoso alegato tratando de sincerarse, aun- 



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213 
ijueloera imposible arrancarse el dai'do ijue Arango le 
había clavado en sus entrafias. Y en electo, un comité que 
blasonaba de liberal y hasta de nivelador, y que habia es- 
tablecido su corte marcial y sin mas que una irrisoria fór 
milla de juicio fusilaba y condenaba á presidio á quien se 
le antojaba; que cohibía á todos los habitantes del campo 
por el terror, hasta el punto de prohibirles toda relación 
entre sí y con los de las poblaciones no insurrectas; que 
decretaba las proscripciones y las espoüaciones sin mas 
iey que su capricho, no tenia grandes derechos pai-a rei- 
vindicar el título legal de morigerado y de liberal con que 
tanto se engalanaba. Después de esto parece que Arango 
fué preso al fln y conducido al comité, donde fué juzgado; 
lo cual estuvo á punto de producir un motin entre los re- 
beldes aranguistas y quesadistas, aunque estos estaban en 
TOusiderable mayoría. Arango; sin embargo, fuéabsuelto 
óindultado para que luesemas completa y risible la farsa. 

Los qiie durante el peligro se separaban, no hubieran 
podido estai- unidos mucho tiempo después del triunfo; 
véase como las ambiciones hubieran producido la anar- 
quía. 

Varios vecinos de Puerto-Príncipe, insulares y de lo 
mas not-able por su posición, que no habían tomado parte 
«n la insurrección y hablan padecido grandes quebrantos 
en sus fincas, cansados de sufrir las violencias de los fac- 
Idiosos, y guiados por sus instintos conservadores, se acer- 
caron á otros peninsulares del comercio, personas compro- 
metidas por la causa española y jefes de los principales 
establecimientos mercantiles, con el objeto de establecer 
un comité salvador, & ejemplo de los que se habían esta- 
íilecido en la Habana y en otros varios puntos. Los prin- 
'^ipios en que de comiin acuerdo convinieron todos, fuc- 
'■rin: condenar y anatematizar la rebelión y los medios 



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empleaiius para llevarla á cabo; ponerfie abierta y leal- 
meiite al lado de la autoridad, olieciéndole su coopeía- 
cion material y moi'al, y liarar constai' de una manera 
teniiinante que los que habían concebido tan laudable 
pensamiento no reconocetiaii jamás oti-o Gobierno que «I 
espaaol y las leyes que las Cortes dictasen para el régimen 
de este país. 

Pareció bien la idea, y el i í? de Marzo se reunieron en 
numero de doce personas con el objeto de acordar bases 
encaminadas á formular el pensamiento. Según nuestras 
noticias, se discutió ampliamente y se convino en que ei 
comité seria el núcleo del partido espa&ol, que le consti- 
tuirían en lo sucesivo, no solo los peninsulares, sino tam- 
bién los insulares que de buena fé aceptasen los princi- 
pios acordados. Aquella misma noche una comisión de la 
junta puso lodo lo ocurrido en conocimiento del Goberna- 
dor, quien dtó su mas completo asentimiento. 

Parecía que todo marchaba perfectamente y que en lo 
sucesivo no habría en Puerto-Príncipe mas que españoles, 
supuesto que se rechazaba toda comunidad con los insur 
rectos por los naturales del país que espontáneamenie ha- 
bían hecho esta manifestación. Pero así son las cosas de 
mundo; el día 13 se principió á notar un rumor de opo 
sicion al comité, al que se atribuía poco menos queiii 
tenciones de entenderse con los insurrectos para que pu- 
dieran volver á sus casas mediante un nuevo plazo di 
nistia que se les daría. El resultado de esto fué terminar 
el comité su efímera existencia, porque ni unos ni otros de 
los que en él formaban parte quisieron, y con razón, ser 
objeto de insiimaciones maliciosas y de ataques que no 
creían justificados. 

¿Fué esto un bien ó un mal? En nuestra opinión fué io 
último, porque dueños los peninsulares de la situación, 



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lio había peliyio de que fuesen aljsorbiiloí; por los cuba- 
nos, aun cuando, lo que no creemos, llevasen segunda 
idea. Una vez fusionados con los elementos españoles, si 
algún día se huhiera visto cualquier intención aviesa ó 
que no hubiesen correspondido á su compromiso, espedilo 
pra el remedio de rechazarlos. Nada hubiéramos perdido 
non intentar este medio conciliador, no con los insurrec- 
tos, sino para batirles, porque la manifestación de los in- 
sulares era una protesta bien terminante contra la insur- 
rección, que sabia» habia de costarles caro. Las pasiones 
dan siempre mal consejo. Y lo que no comprendemos es 
¡lomo por que razón se levantó la cruzada contra el pensa- 
miento que no encontramos motivos para censurar, cuan- 
do figuraban en la junta, peninsulares de reconocido pa- 
triotismo, contra quienes nadie podia decir nada, y de 
ijuienes no se podia desconfiar. .A-lgo de esto se compren- 
dió después; pero el mal estaba hecho. 

Posteriormente una comisión de los insulares se pre- 
sentó al Gobernador á exponerle de palabra cuales eran sus 
intenciones y á protestar contra las malévolas suposicio- 
nes que acerca de ellos se habian hecho; pero fué un paso 
poco meuos que inútil. 

El 10 de Marzo salió de Puerto-Principe una columna 
wmpuestade unos 1.200 hombres entre infantería, arti- 
Hería y caballería, sin que por nadie se supiese su desti- 
no. Habíase hecho correr la voz de que iba á Nuevitas á 
buscar víveres y se habia preparado el correo para el efec- 
to; pero pronto se supo que el correo habia quedado en la 
administración, y que la columna se dirigía á Sibaiiicú, 
donde los rebeldes tenían su comité y su especie de corte ■ 
Dista Sibanicíi unas 18 leguas de Puerto-Princípe, y el ca- 
mino que á dicho pueblo conduce es bueno en su genera- 
lidad, aunque hay bastante monte en su tránsito. 



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Nada ocunió á la colinniia basta cérea Sibanioú, fuera 
de algunos tiros que se le dispararon desde los bosques, 
sin causar baja ninguna y sin que se entorpeciese en nada 
la marcha. Sabían los jefes de la columna, coroneles Agui- 
lar y Goyeneche, que llevaban enemigos á Sus lados encu- 
biertos por las espesuras de los montes; pero les inquieta- 
ban poco, porque tenían bien tomadas sus medidas. Cerca 
ya de Sibanicú encontraron el camino completamente in- 
terceptado con una fuerte barricada que abrazaba una es- 
tension de mas de un cuarto de legua, con martillos á de- 
recha é izquierda para cruzar los fuegos. Esta barricada, 
según ojmos á los dos coroneles, estaba perfectamente 
bien construida con maderas clavadas en el suelo, y ta- 
blones y tablas y troncos de árboles que la fortalecían. Al 
llegar nuestras tropas el enemigo hizo una descarga; pero 
viendo que nuestros valientes soldados, despreciando su 
fuego se lanzaron denodadamente á la bayoneta asaltando 
la barricada, huyeron despavoridos, y eso que se habían 
reunido en número de unos 6(10. Sin mas obstáculo llega- 
ron las tropas á Sibanícü, que encontraron completamen- 
te desierto, y las casas hasta sin muebles, de suei'te que 
tuvieron que sentarse en el suelo, y oímos á uno de los co- 
roneles que para cenar tuvieron que alumbrarse con una 
cerilla que llevaba uno de los oficíales. En Sibanicú, ade- 
más del célebre comité, residían las familias de muchos 
insurrectos que se fugaron al monte, porque tuvieron avi- 
so de la marcha de la columna. Siempre sucedía lo mismo. 

Viendo que no había enemigos que coniJmtir, tomó la 
vuelta la columna por distinto camino en dirección á Puer- 
to-Príncipe. Al llegar al puente de Imias encontró obstrui- 
do el paso por una fneite barricada, defendida por unos 
600 á 700 hombres. La posición era buena y parecía qan 
el enemigo podría oponer resistencia. Luego que se vio el 



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217 
obstáculo, nuestros soldados se lanzaron á la carrera á 
flanquear y apoderarse de la barricada,; sin que por par- 
te de los sublevados se hiciera otra cosa que una nutrida 
descarga, después de la cual, como de costumbre, empren- 
dieron una vergonzosa fuga temiendo verse envueltos, co- 
mo indudablemente lo hubieran sido, si hubiesen perma- 
necido mas tiempo en sus posiciones. Y lo qne hay de no- 
table en esto es que mandaba la acción el brillante general 
Ouesada, quien por primera vez se presentaba frente á 
jiuesti-as tropas. Toda su valentía desapareció ante nues- 
tros soldados, dando á sus subordinados ei triste ejemplo 
de un general huyendo á la desbandada, y eso que lia- 
l)ia ido al sitio del combate con 50 rifleros que desalados 
le acompaüaron en su carrera. Este es el general que ha- 
l)ia dicho á sus bandas que el dia que pasase un soldado á 
Puerto-Principe romperla su espada. 

Arrojado lleno de pavor el enemigo, no volvió ü pre- 
seutai-se en todo el camino sino en pequeños grupos y á 
respetable distancia, En todo el dia 14, en que llegó la co- 
lumna á Puerto-Príncipe, ni un solo enemigo se presentó. 
El resultado de estos encuentros Eu6 4 muertos y 3 he- 
ridos por nuestra parte, entre los ültimos un oficial. Los 
enemigos tuvieron 31 muertos vistos, sin contar los que 
!io pudieron verse, y los heridos cuyo número se ignora. 
Entre los muertos estaba el jefe de los rifleros, natural de 
Puei-to-Príncipe, á quien se le encontraron comunicaciones 
de Ouesada, en que le prevenía que ÍL todo trance defendie- 
se el paso del puente para causarnos el daao que á la ida 
nose nos había podido causar, y ofreciéndole llegar él al 
imanecer con 50 rifleros para leforzaiie. El refuerzo, por 
la visto, valió bien poco. Se cogieron al enemigo 14 caba- 
llos y 4 rules de ocho tiros, arma escelente, pero de que 
10 daban graude muestra de saber aprovecharse . 



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318 

La inñuencia de estos enciientros, después del hii- 
liante combate de los paredones de Cubitas, fué inmenso 
y desalentó mucho al enemigo; lástima grande fu6 que no 
Imbiéramos podido aprovecharnos de este desaliento. 

Contristaba la relación que oímos acerca del estado ih 
los campos; estos se encontraban enteramente desiertos, y 
solo se veía algua ganado disperso. T^s fincas estaban 
completamente abandonadas, y solamente en dos ó tres 
encontraron algunas personas refugiadas en ellas ponpie 
les era imposible vivir en la ciudad. Y ya les qnedalia 
muy poco, porque en cinco meses de desolación y ucencia, 
los insurrectos y sus amigos de los campos hablan ido ro- 
bando y consumiendo todo, sin que hubiese medio de re- 
ponerlo. Y todos estos males los traian sobre su país, no 
los extranjeros, que hubiesen ido á destrozarle, sino siif 
propios hijos. ¡Qué verglienza! ¡Qué ignominia! ¡Y esto 
se llamaba regenerar el país; esto se decía que era llevar- 
le la felicidad! Verdad es que no hay nada como el cie- 
go fanatismo para desconocer hasta los principios mas tj'i- 
viales y sencillos de lo conveniente y lo justo. Con razón 
dirigía el Sr. Zayas á los reheldes cubanos, sus compa- 
triotas, en su opüsculo publicado en la Habana, el apos- 
trofe siguiente: «¿Oómo contestareis á la generación futu- 
ra que os haga cargos al pediros la herencia de sus pa- 
dres y le entreguéis un suelo asolado, una civilización ai- 
ruinada, una sociedad sumida en la anarquía?» Ni aun si- 
quiera podían contestar lo que Cain contestó al Sefior 
cuando le preguntaba que habiahecho de su hermano .'Vbel- 
í.Acaso soy yo guardián de mi hermano? Pero los cutia- 
nos autores de los males que sobre su país han caido, eran 
loa guardadores de los bienes de sus hijos, los que debían 
haber velado porque se conservase la paz y la tranquili- 
dad, los que tenían A su cargo la felicidad del país que Je? 



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2Hi 
liabia dado el ser, y al sacrificar ¡níciíamfiíite el palrinio- 
nio (le sus hijos sumiéndolos en la miseria, al desgaritar el 
seno de la patria con s\is traiciones, no podian menos de 
llevar sobre sus frentes el estigma de reprobación que lle- 
vaba el fratricida. Ki papel de demoledor es fácil y llano; 
lo difícil, io penoso, lo tjue no es dado hacer á las pasio- 
nes es edificar sobre lo demolido. Rara, muy rara vez los 
que destruyen son los llamados á reedificar, porque con 
Hincha dificultad pierden los hábitos de la destrucción; se 
agitan en el vacio, forman planes sobre planes, se alimen- 
tan con ilusiones; pero cuando se viene al terreno prácti- 
co todo se disipa como el humo, y no aparece nada mas 
ijue montones de ruinas que ni aun limpiar saben los de- 
moledores. El papel de estos héroes de teatro es muy poco 
envidiable, porque al fin vienen á, caer bajo el peso del 
oprobio y la esecracíon general que les abrama. 

Con motivo de la derrota del enemigo en Imias, cor- 
rieron voces sobre que los insurrectos hablan depuesto á 
Quesada y nombrado en su lugar á un jefe de partida t!a- 
mado Arteaga; pero no se confirmó la noticia. 

Circuló también la voz de que los insurrectos del par- 
tido de Caunao pensaban entrar en negociaciones para pre- 
¡eiitarse porqne no querían transigir con Quesada. Algo de 
esto debió haber, cuando el Fanal del 21 de Marzo, en su 
[larte editorial, manifestó que sabia de una manera posi- 
tiva que el Gobernador recibiría á todos los insurgentes 
'jiie se presentasen con sus familias y sus armas, paralo 
¡■nal se encargaba que los que quisieran aprovecharse de 
esta concesión, se presentaran á los puestos avanzados ó á 
las partidas de tropa, enarbolando un pañuelo blanco. Sin 
"iiibargo de este memorial no se vio ondear el anuncio, de 
psz colectivamente solo se presentaron diez ó doce en 
diferentes ocasiones. Esta medida causó mererido disgus- 



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22(1 
to, porque no habia razón que justificase semejante ini- 
ciativa de parte de la autoridad. Enhorabuena que se re- 
cibiese á cuantos insurrectos se presentasen, pero que ellos 
pidieseu e! perdón sin que nosotros inoportunamente les 
alargásemos una mano que tantas veces hablan rechazado. 



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CAPITULO XIV. 



Modificación del siatpma tributario en la Isla.— Hügunda espedioion de Pupi- 
to-Príneipe á Santa Cruz.— Aro nada Pn la Habaua con motivo de la salida 
de los de portadoE.— Injusticia de la prensa de los Estados- Unid os. — Alo- 
cución del general Dulce. 



Como una de las cansaH que la rebelión habla alegado 
para justüicar el aízamiento era el sistema tributario, aun 
cuando real y verdaderamente esto no fué sino un pretex- 
to mas ó menos plausible, el general Dulce, por decreto 
de 16 de Marzo, modificó considerablemente dicho siste- 
ma, introduciendo en él reformas considerables, todas 
ellas en beneficio de loa coutribuyentes por la gran reba- 
ja que sufría el impuesto. Se i-ebajó á la mitad el cupo so- 
bre la renta líquida de !a riqueza rústica, pecuaria y ur- 
bana; la misma rebaja se introdujo en las cuotas del sub- 
sidio sobre las utilidades de la industria y comercio. En 
compensación de las bajas que esta reforma habia de pro- 
ducir forzosamante en las cajas públicas, se estableció et 
ileredio de exportación de cuatro centavos de peso en ar- 
loba por cada bocoy de azúcar blanco en bandera nacio- 
nal, y cinco centavos en bandera extranjera; seis reales 
fuertes por cada caja en bandera nacional y siete reales 
inertes en bandera extranjera; percibiéndose además, sin 



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distinción de bandera, el áerecho de medio peso poi- cada 
bocoy de miel de pm-ga de hasta 120 galones, y un pesu 
por cada bocoy ó pipa de aguardiente ó ron de .'SO arrobas; 
se liizo, por último, una especie de condonación en favor 
de los contribuyentes de i. 100.000 escudos. El cálculo que 
se formó sobre el alivio que resultarla para el país con 
esta medida, daba por resultado 3.191 GIO escudos. Esta 
medida nos parece buena, y uo'podemos menos de aplau- 
dirla, primero porque hubiera sido inütil empeñarse en co- 
brar íntegras las ciiotas según el sistema de 1 S67 pues dp 
hiendo pagarse en épocas fijas, tal vez cuando los contiihu 
yeutes no se encontrarían en estado de pagarlas y quedan 
do reducidas las utilidades á consecuencia de la ijuPiii 
seria imposible la recaudación y se prestaiia i innúmera 
bles vejíimenes con los apremios y deinis actuaciones dp 
que en estos casos se echa mano; segundo poique aun 
prefiriendo, como preferimos, el sistema de inipuf stns di 
rectos, en la actualidad y durante mucho tiempo no es vio- 
lento ni aun se mira con disgusto en Cuba el impuesta 
indii-ecto. Así es como el Gobierno español, tan tiránico y 
tan aborrecible al decir de los cubanos, se esforzaba en 
aminorar los sacrificios que hai)ia de Jiacer el país pai'a 
sostener las cargas públicas. El Gobiei-no después sancio- 
nó lo hecho por el general. 

Kl 18 de Marío volvió íí salir de Puerto-Príncipe el co- 
ronel (¡oyeneche para Santa Cruz con una columna de 
1. 300 hombres y dos cañones para llevar nn convoy. I'uí 
con él un oficial de listado mayor que llevaba pliegos pa- 
ra el general, en que se espenia circunstanciadamente la 
situación cada dia mas comprometida del departamento, y 
se espresaba lo urgente que era que se enviasen refuerzos 
para dar un golpe decisivo á (a rebelión antes de que en- 
trase la época de las aguas. La column.i llegó sin novedad 



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223 
á Santa Cniz, sin encontrar poi' el camino enemigos que 
liatir, Y sin mas que algún ligero tiroteo sin resultado, 
porque los agresores cuidaban mucho de mantenerse á 
cespetable distancia. 

Inmediatamente que salió la columna, circuló la vo7. de 
i[ue todas ¡as partidas que andaban por la linea del ferro- 
caiTil y otras que tenían sus puestos en distintos puntos, 
íe iban reuniendo para esperar á (ioyeneche á la vuelta 
finando llegase con el convoy, que supouian le serviría de 
grande obstáculo. La noticia era cierta, y se reunieron 
luios t .500 ó 1.60Í) hombres de lo mas escogido con Qne- 
saday otros jefes. Después de las vergonzosas dei-rotas que 
hablan sufrido, se decia que querían vindicar su honra y 
hasta parece que pasaron nn recado insolente al coronel 
líoyeneche desafiando le. Como de costumbre Jiabian es- 
cogido un mal paso con espeso bosque A derecha é izquier- 
da y construido una trinchera de mas de un cuarto de le- 
Kua de maderos y tierra, de vura y medía de espesor y 
perfectamente entendida, según nos dijeron el coronel Go- 
;-eiieche y jefe de artillería Corsiní. Encima de la trinche- 
ra habian colocado una bandera y en el centro un cactel 
con la inscripciou de «Trinchera y cementerio.» 

A cosa de las cuatro y media de la tarde del 23, cuando 
ia tropa habia hecho una jornada de seis leguas, se encon- 
lió de repente frente A la trinchera, en la cual no se nota- 
ha el menor movimiento ni se oia ningún ruido. Preparó- 
se ¡a ai-tillería y se tiró una ^i-anada, pero se embotó en los 
iiateriales; entonces salió nn nutridísimo fuego por todos 
l^os, que dui-ó unos veinte minutos. El caballo del coro- 
nel Cioyeneche cayó muerto de dos balaz-os, é inmediata- 
'nente tomó otro; también murió el de un comandante del 
regimiento de la Reina, porque los jefes marchaban ¡í la 
'übeza de las fuerzas de ataque. Contestado el fur'^o por 



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224 
nuestros soldados, y después de haber disparado a! ene- 
migo seis ;ó siete cañonazos, se atacó á la bayoneta la 
trinchera, que fué inmediatamente desalojada y toniadn 
por nuestros valientes, saltando para ello un profundo 
foso que delante tenían abierto. Desde aquel momento el 
enemigo no pensó mas que en la fuga y en esconderse en 
la espesura del monte, desde donde hizo algunos dispa- 
ros. E! resultado de esta brillante escaiamuza fué tener 
nosotros 8 muertos y 25 heridos; los sublevados perdieron 
■i\ hombres muertos, vistos, sin saberse el número de he- 
hidos, por la gran prisa que se dan en recogerlos. Lo avan- 
zado de la hora impidió que se reconociesen las inmedia- 
ciones, donde de seguro habría mas muertos; pero lo prin- 
cipal era que no se perdiese ni un solo caballo del con- 
voy, y así se hizo, pasando sin la menor novedad mas de 
300 caballos cargados de harina, galleta, arroz y bacalao. 
Parece que los insiurectos sabían que en el convoy íbiiH 
150.000 duros, y esta golosina les hizo estar mas persis- 
tentes en el ataque que en otras ocasiones. 

Pero los enemigos, que á falta de valor saben ardides 
de esos que se ponen en juego en países seraí-salvajes, te- 
nían preparadas mas de í.200 reaes mayores y algimot 
mulos cerriles, que trataron de espantar á tiros y arrojai' 
la avalancha sobre la columna. La treta era terrible, poi'- 
que un ganado en que se introduce el espanto, principia 
por remolinarse, y después, formando una masa com- 
pacta, arremete con ímpetu, arrollando todo cuanto en- 
cuentra por delante, sin que le contenga ningim obstácu- 
lo. El ganado afortudameote no llegó á espantarse, y es- 
capó por donde pndo, á pesar de haber pegado fuego al 
monte los insurrectos para que no pudiera retroceder. 

Este fué el desenlace de la segunda espedicion á Santa 
Cruz, verificada eu ocho días entre ida y vuelta, á pesar 



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de los obstáculos que el enemigo le oi;iuso y de los imijc- 
dimentos que llevaba. El coronel ítoyeneche á\ü una nue- 
va muestra de su intrepidez é inteligencia, y los arroban- 
tes que le esperaban sufrieron, además del descalabro ¡na- 
Eerial. otro moral mayor, porque bueno es saber que para 
esta hazaña había llevado QueFada 200 rifleros, como si 
dijéramos 200 invencibles, que con tanta facilidad se de- 
jaron vencer. Por supuesto, que desde la toma de la trin- 
chera los valientes se limitaron á hostigar desde lejos la 
retaguardia, poniéndose en salvo Quesada porque su vida 
era muy preciosa. 

Había en las fortalezas de la Habana mas de ?00 perst»- 
iias presas por aatores ó cómplices de la rebelión, la ma- 
yor parte con pruebas claras y patentes de su culpabili- 
dad. Sin embaído, el general Dulce no quiso aplicarles lo- 
do el rigor de la ley, y en virtud de las facultades extraor- 
I (linarias que tenia, dispuso fuesen deportados ñ, Femando 
' Póo. Con este motivo se anunció que lofí trastornadores del 
! lirden publico tenían preparada una asonada con el lin de 
. [irovocar un alboroto y salvar los presos que pudieran. 
Por descabellado qae pai'eciese el proyecto, no se dejó de 
lomar en consideración, y se hicieron preparativos para ni 
taso de una intentona. Estaban todavía muy recientes los 
sucesos de! teatro de Yillanueva y del Louvre para mirar 
con indiferencia lo que pudiera tramarse, que de seguro 
no seria nada bueno. La autoridad y los voluntarios nsta- 
lian muy sobre aviso, y sus previsiones no estuvieron de- 
nlas; arteros como nadie, nuestros enemigos no dejaban 
le trabajar para introducir la división entre loa volunta- 
nos y la primera autoridad. Bien sabían que toda inten- 
lona de frente y por la fuerza de las armas sería estéril pa- 
11 ellos y quedaría bien castigada; pero la traición y lii 
perfidia disponen de recursos desconocidos para la lea!- 



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2-»ii 
lad. No seremos nosotros los (¡iie neguemos á los ciil)anos 
la patente de maestría en el arte de conspirar, porque han 
dado muestras bien patentes de entender el arte á las mil 
maravillas, todavía mejor que los italianos. Faltaba á su 
causa ser tan buena como hábil; tenaz y decididamente ha 
estado sostenida, tanto en Cuba, como en los Estados-Uni- 
dos, como en Espafla, y en especial en Madrid; confese- 
mos qne en el terreno de las armas no han valido gran co- 
sa, pero en e! de la intriga y la habilidad nos han aven- 
tajado en términos de poder darnos muchas lecciones, que 
de seguro no tomaremos ni aun para escarmiento y ensc- 
riaiiza. 

El 23 de Marzo fueron embarcados 350 reos políticos. 
Los voluntarios de la Habana con el objeto de que no se 
distrageran fuerzas del ejército en la conducción, se ofre- 
cieron á acompañarlos hasta el punto de su destino. En pI 
momento del embarque liubo un grave desorden en el 
muelle y plaza de armas, donde se hicieron demostracin- 
nesfavorabíesá los presos y se gritó ¡viva Céspedes! que era 
la señal convenida. La irritación que esto produjo fué tal 
que se necesitó mucha prudencia paia contener á los 
voluntarios y uno de ios sediciosos fué fusilado aque- 
lla misma tarde iior sentencia del Consejo de guerra. Kl 
general Dulce salió al muelle solo y de paisano y su 
presencia bastó para apaciguar el tumulto. Entre los depor- 
tados habia personas bastante conocidas por su posición y 
riquezas. Triste es tener que apelar á estos recursos tan ri- 
gorosos pero así lo quieren las exigencias de la guerra y la 
salvación del país; no aeremos nosotros los qne censuremos 
al general Dulce esta medida de saludable rigor, antes por 
el contrarío no podemos sino aplaudir sus enérgicas reso- 
luciones. 

t!on motivo de la depoi'lacion, también parte de !ii 



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237 
prensa americana se entregó á sus acostumljradas decla- 
maciones sugeridas por los cubanos allí residentes; se ta- 
chaba al gobiemo español de cruel, cuando á buen seguro 
la mayor parte de los deportados merecían una pena ma- 
yor según los bandos vigentes. Eran conspiradores; la pena 
que á estos debia imponerse era la de ser fusilados y siu 
embargo lodavfa liablaban de crueldad, y se quejaban del 
mal trato que los presos hablan sufrido de parte de los vo- 
luntarios cuando era precisamente todo lo contrario, cuan- 
do se les había tenido con todas las consideraciones qiie 
exijia su situación desgraciada, pero en algo habían de en- 
treteneree los que, traidores á su patria, habían ido á bus- 
car amparo en las pasiones de parte de un pueblo extran- 
jero. ¿Pero que podía esperarse de periódicos que en vez 
de alentará los rebeldes á combatir noblemente se limita- 
ban 4 regocijarse de que la inclemencia del clima y las 
enfermedades acabai'iaii con nuestro ejército? La agresión 
vino de parte de los facciosos, y al repelerla con la fuer- 
za y al castigar duramente á algunos de los promovedores 
déla sedición, no se hizo sino usar de un derecho legitimo. 
Y los que ú. la sombra alentaban la rebelión eran mas cul- 
pables que los que habían salido al campo á defenderla, 
esponiéndose á todos los azares de la guerra. 

El día siguiente de la ejecución, publicó la fíaceta la 
siguiente enérgica alocución que fué perfectamente acogi- 
da por el público: 

«Habitantes de lalsla de Cuba. 

«Osliecumpiidomipalabra. üs ofrecí justicia, pronta jusüeia, y la 
población entera de la Habana ha pruscnciado ayer uno de usos ea- 
pectácülos terribles, qnc no poríjiie eslreraezcan á la bninanidad, de- 
jan de ser necesarios en momentos dados y cuando la traición leran- 
'a una l)andera de csferminio. 

«Uos desgraciados, liistrumeníos tal vt'x de laporveri^iiliiJ de ocol- 



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Z1S 
tos promovedores de la rebelión sü alciíviernn á prorumpir íii gri- 
tos sediciosos, contraviniendo dcscaradaiDüJitc y i lun del ilia, las •lis- 
posiciones que rigen. El uno de ellos, contra ol qne las pruebas erau 
palmaríag, ha pagado con su vida sil loca temeridail. 

•>iY que momento fué el escogido para tan grande üscándalol 

•Aquel justamente en íjue la generosidad del Gobierno Supremo di; 
la Nación, por medio de una resolución violenta y cuya responsabili- 
dad-acepto, ponia en seguridad la existencia de otros muchos no mo- 
nos culpables acaso, pero mas astutos, como mas acostumbrados á no 
soltar prendas que sobre ellos atraigan ¡a severidad de las leyes. 

"iNotable ejemplo de criminal ingratilud! 

«Volnnlarios, vuestra pmdeucia ha sido en el día de ayer sólido 
cimiento del «irden publico: vuestra discipliua sera de hoy mas un vi- 
goroso elemeiilo que robustezca el prestigio nunca menoscabado í la 
autoridad. Al mérito de los servicios militares que sin vestir c! nui- 
lornic del soldado estáis prestando h nuestra patria, añadid desde 
fuego con orgullo el timbre honroso de buenos ciudadanos, sostciie- 
dores do la prosperidad y la familia. 

'■España, nuestra madre España, en el difícil y peligroso trance é- 
una regeneración inevitable os lo agradece. 

«Voluntarios, creed en la palabra de un soldado, cuya sangre ha 
corrido muchas veces en defensa de nuestra patria: todo por la ley. 

«Ro me falle vuestra ceufianKa. y la liaudera española, terminada 
([ue sea esta lucha de hijos ingratos contra una madre generosa, tre- 
molará mas brillante y esclarecida. 

"Españoles todos, [Viva España! 

"Habana 22 de Marzo de I!ítí9.— Domingo Hulee. 

El público, repetimos, al^og^ó perfeetaineute cata alocu- 
ción en la que el general Dulce estuvo digno y á la ailiira 
de su elevado cargo. Los indignos manejos de nueütros 
enemigos habían fracasado por completo y hasta enton- 
ces los voluntarios y el general estaban de acuerdo siem- 
pre que veian que es te se desprendía de lámala atmósfera que 
en algunas ocasiones respiraba para respirar la que A su 
posición cumplía. Lástima fué que estos rasgos de saluda- 
ble energía no fueran mas que llamaradas. El dia siguien- 
te íiubo una gran parada y por la noche obsequiaron al s^" 



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22Í) 
ueral con una hrillantr: soreiial.a. Los doce niii ó mas vo- 
luntarios que había en la Habana así como los de las de- 
más poblaciones, mal que les pese á los enemigos de Bs- 
paiía, no tenían mas que un solo pensamiento, un solo de- 
seo, una sola aspiración, aniquilar la rebelión por medios 
tan duros y enérgicos como fuese necesario, supuesto que 
los suaves habían sido rechazados. Se habia hecho cuanto 
liumanameute, era posible para atraer á los rebeldes por 
la vía de la conciliación y de la generosidad; se les habia 
(ifrecido todo cuanto siempre habían pedido y aun mas; 
se sabia desgraciadamente qne todo lo rechazaban con in- 
solencia y menosprecio y ya no cabían términos medios; 
ya no se podía pens'ar en recetar paliativos; ya no podían 
aplicarse mas remedios á la enfermedad que los del rigor, 
recliazando la fuerza con la fuerza y la agresión mas injus- 
tificada con la ley y la justicia. La aaestion era de vida ó 
muerte y por eso no nos cansaremos de decir: o ellos ó nos- 
otros. Muchos de los males que tenemos que lamentar en 
'!uba, proceden de no haberse tomado este punto de par- 
tida, el único salvador en circunstancias tan difíciles y tan 
esti-emas como atravesábamos. No somos partidarios de las 
exajeraciones que consideramos como un gravísimo mal, 
pero cuando los campos estaban ya tan clara y distinta- 
mente deslindados, nuestrodeber nos Uevabaá estaren el 
de los leales, en la línea que debemos ocupar, rechazando 
transaiíiones y conciliaciones imposibles y deshonrosas. 



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CAPITULO XV. 



I.OB reTjeldes se apoderan de un vapor.— Su itilmtpana ccnJucta ec 

SOJerOK.— Captura por núes''" -".."ina A¡.I ■„„r,n^- v a» alminus 

Conducta poca clara del eo 
del Capitán ¡feneril sobre 



Los rebeldes ni se arrepentían ni se enmendaban, á 
jiesar de los escannientos diarios que veian. El T¿ de Mar- 
zo salió de la Habana el vapor costero Comandilario con 
dirección á Cárdenas; el sobrecargo y otros dependientes 
eran cubanos, pero no se desconfiaba de ellos. Parece que 
iiquel embarcó ci^to número de bocoyes cuyo contenido 
se ignoraba, y se presume que fueran armas: llevaba tam- 
bién en la mano unas espadas que dijo ser un encargo del 
gobernador de Cárdenas. A las once de la noche, cuando 
el capitán y los pasajeros estaban dormidos, el sobrecargo 
y unos bombres veinte que iban como pasajeros y estaban 
en el plan sorprendieron á aquellos, los maniataron, los 
ítmenaíaron de muerte y los desembarcaron en numero 
de cincuenta en un cayo, sin dejarles mas auxilios que un 
saco de arroz, como un quintal de tasajo y un barril de 
Kalleta, y huyeron con el vapor. Allí hubieran perecido 
todos de hambre, de sed y de calor pues no lenian refugio 



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(liiigiino, si el conlraniapstro no sr hubiese metido en im 
bote de los torreros y hubiera salido á la mar, donde conai- 
yuiíi que les viese una goleta que pasaba, que les tomo ¡\ 
bordo y les condujo á Cárdenas. 

Pero semejante atentado no pedia quedar impuno, 
porque la Providencia tiene leyes inmutables ; los pira- 
tas que tan arteramente se apoderai'ou del vapor le condu- 
jeron al canal N. 0. de Nueva Providencia, donde fué avis- 
tado por nuestro vapor de gueiTa San Quintín y un caño- 
nero, el LiiVía. Los piratas pusieron el Comanditario k toda 
máquina en dirección á tierra; pero desesperando de sal- 
vai-se de este modo, se metieron en los botes para poder 
ocultarse en los cayos inmediatos. Algunos consiguieron, 
en efecto, su intento: seis murieron ahogados y otros seis 
l'ueron capturados á bordo del vapor, que entró en la Ha- 
bana el 5 remolcado por el Han Quirdin, es decir, á los 
trece dias de haberse apoderado de él los piratas. De este 
modo murió en flor una de las esperanzas de la rebelión, 
porque el Comandilario sería sin duda la base de la pode- 
rosa armada de que, según Céspedes, disponía. Por lo via- 
tJD el viaje á Nassau tenia el objeto de cargar allí armas y 
nmniciones; porque, con escándalo de. los tratados y del 
derecho de gentes, en aquella posesión inglesa han encon- 
trado los rebeldes toda clase de recursos y refugio los bu- 
(^ues que llevaban contrabando de guerra para la insur- 
rección. De Nassau salió Qnesada pai'a desembarcar ei\ 
tíuanaja; en Nassau se arreglaron los fusiles viejos de Ar- 
teaga para que Qnesada los volviera á sus hermanos como 
nuevos, cargándoles en cuenta como tales ; en Nassau sp 
refugiaban los buques sospechosos que salían de los Esta- 
dos-Unidos y eran objeto de la vigilancia de nuestros cru- 
ceros. Si esas! como una nación amiga cumplía con las 
leyes de la neutralidad, no comprendemos lo que signi- 



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fica la amistad ni esas Ifiyes que hasta eiiti-e i indiferentes 
se respetan. No sabemos si el Gobierno español habrá he- 
cho alguna gestión ante el inglés por la conducta de su re- 
presentiinte en Nassau; pero bien merecia que se hubiese 
lieclio una demostración muy severa contra quien tan mal 
sabia cumplir con sus deberes. Nos parecen mas dignos los 
líuemigos de frente que los que se dicen amigos y sin em- 
i>argo protegen abierta ó encubiertamente á nuestros ene- 
migos. 

(¡on motivo del apresamiento del Comandüario , bauti- 
zado por los rebeldes con el nombre de Yara , ocurrió un 
suceso deque es bueno tengan noticia tos lectores para que 
vean de qué modo se conducian las autoridades inglesas y 
b que debia esperarse de una nación amiga. Apresado el 
vapor y entregado al San Quintín para que le llevara á la 
llabina quedóse el cañonero Luim en las islas Berry con 
<-\ objeto de coger á alguno de los piratas que se hablan 
refugiado en los cayos. Entretanto llegó la cañonera in- 
íjlesa Clmub y fondeó cerca de! iuisa. Guando el coman- 
dante del buque español se disponía á ir á saludar al in- 
■,'lfe y á pedirle auxilio para la captura de los criminales, 
vio qiie este se dirigía hacia él, pero sin acercársele. En- 
loiices nuestro comandante saltó á tierra, y rogando á 
aqael (jue le auxiliase para la captura de los fugados, el 
comandanta del Cherub le contestó que no eran piratas sino 
cubanos los que tripulaban el Yara y cubano el buque; 
<\n& iba á nombre del gobernador inglés de Nassau para 
¡lacer entender que los espaíioles no bajasen armados álos 
'^yos ni bascaran en ellos á los piratas; que el cahonero 
l-msa entregase el Yara por haber sido apresado en aguas 
inglesas, lo cual no habia debido hacerse. 

líl comandante del Luisa contestó con dignidad que el 
"u^iieliabia sido robado; que no sabia hubiese ninguna 



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234 
nación que se llamase Cuba, y que si algo tenia que recla- 
mar lo hiciese por escrito para comprenderlo y llevarlo í 
la Habana. Püsose á escriljii' e! inglés y pj-eguiitó ú. nues- 
tro marino si no se combatia contra una banderola que 
diseñó, que era precisamente la que usan los rebeldes, y á 
la contestación de que no había bandera ninguna que com- 
hatir sino Ijandoleros ó piratas; y en vista de la seguridad 
de que no entregaría ni el buque ni sus tripulantes si los 
tuviera, le inglés desistió de sus pretensiones. Con esle 
motivo ¡ja Voz de Cuba llamaba justamente la atención del 
(íobienio sobre la conducta observada por ei Gobernador 
de Nassau sobre la hostilidad que allí encontramos en todo, 
y sobre la pi'oteccion que los raqueros ingleses estaban 
dando en las islas Berry y en todas las de Providencia con 
sus buques á los rebeldes para tomar salvamento en Nassau 
y sacar de allí contrabando de guerra. 

Como los rebeldes tenían inteligencias en algunos pun- 
tos inmediatos del exterior desde donde solían recibir al- 
gunos auxilios de armas y municiones, el Capitán general 
publicó ei siguiente decreto: 

•Exigiendo el raejor servicio del Estado y con c! propósito lírme <k 
quelainsurreocion, dominada ya por la tuerza de las armas cu eliii- 
lerior, no reciba auxilio ninguno del exterior que pueda coaíribiiirn 
que se prolongue, con grave perjuicio de la propiedad, de la indus- 
tria y del comercio, en uso de las faculWcs extraordinarias y discre- 
cionales de que me hallo revestido por el Gobierno supremo de la na- 
ción, decreto lo siguiente: 

Artículo único. I.os buques que fuesen apresados en aguas eap»- 
ñolas ó enmares libres cercanos á esla Isla con cargamento de fiCTl'' 
de armas y de municiones ó de efectos que en algún modo piiPiia' 
contribuir á promover íi fomentar la insurrección en esla províncH- 
cualesquiera que sean su procedencia y su destino, y previo cxánif» 
de sus papeles y registros, serán de hecho considerados como enemi- 
gos de la integridad de nuestro territorio j tratados como piralas w ^ 
arreglo á las ordenanzas de la Armada. 



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?,35 
Las ¡niIiyWuos(|ue en ellos se aprühcndau.ciKMialqiúírnimioro 
quelueren, serán ¡nmedialamente pasados por las armas. » 



Este decreto fecha 24 de Marzo, debió haberse publica- 
do dos meses antes , porque sabido es que en Providencia 
se veudian públicamente armas para la insurrección cuba- 
na, y de allí se sacaban las que el contrabando introducía, 
y en varios puntos de los Estados-Unidos también se hacia 
lo mismo. Sin embargo, como mas vale tarde que nunca, 
esta disposición fué bien tomada, puesto que los que hacían 
e! contrabando sabían á qué ateiierse. Los términos gene- 
rales del decreto de «cualesquiera que fuesen la proce- 
dencia y destino de los buques apresados, aunque fuese en 
mareslibres,» son un poco atrevidos y de seguro no muy de 
acuerdo con la legislación marítima; pero aun cuando des- 
pués de hecha la captura se declarase que era mala presa 
y hubiera que pagar indemnizaciones, como para esta de- 
claración habia de pasar algún tiempo, se conseguía siem- 
pre la gian ventaja de privar á nuestros enemigos de po- 
derosos elementos para hacer la guerra. No desconocemos, 
sil) embargo, que podía haber dado lugar á graves com- 
plií-aciones si los comandantes de los buques hubiesen 
fie<utado el decreto al pié de la letra, porque á cada mo- 
lento hubieran podido ser origen de un casus belii con 
"n.iQnes tan puntillosas como Inglaterra y tos Estados- 
í ni ios 

La msurreccion de las Cinco Villas continuaba llevando 
íolpes foi-midables, pero sin que bastasen para conciuii' 
i^n ella, porque el enemigo se multiplicaba con sus movi- 
'nientos y se presentaba simultáneamente en varios pun- 
'"s, de suerte que no podia hacérsele una persecución re- 
ií^lar y estratégica. Verdad es que la estrategia militai' 
Sílaba completamente demás en esta guerra de guerrillas. 



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236 
Sin embargo, el 8 de Marzo el comandante militar de Sa- 
gua encontró los insurrectos reunidos en número de 800 á 
1.000 hombres, los atacó causándoles muchos muertos y 
dispersándose en pequeftas partidas para volver 5. reunirse, 
cogiéndoseles 27 caballos, armas y municiones. Repetimos, 
y no nos cansaremos de repetir, que el único sistema ca- 
paz de hab^r desconcertado por completo á los rebeldes 
era el de contraguerrillas, con buenos guias, divididos eo 
columnitas de á 200 ó mas hombres montados, en combi- 
nación con los capitanes de partido, quienes por sus cono- 
cimientos prácticos del terreno y de sus habitantes eran 
los únicos capaces, debidamente auxiliados, de coadyuvar 
fructuosamente con las columnas para la terminación de 
las bandas insurrectas. Lo demás era cansar la tropa y an- 
dar á la ventura tras de enemigos diestros y que no pre- 
sentaban la cara; así que se malgastaba lastimosamente el 
tiempo en marchas y contramarchas inútiles. 

El coronel Moi ales de los Rios, que mandaba una co- 
lumna, sahó de Cienfuegos el 12 de Marzo en busca de un 
considerable grueso de enemigos que le habían dicho se 
hallaban en aquella jurisdicción; en efecto consiguió dar 
vista á los rebeldes, que en número de mas de 2,000 se 
hallaban parapetados en el sitio llamado el Potrerillo. Al 
momento les acometió con tal denuedo y con tan buen re- 
sultado que huyeron despavoridos, dejando mas de 200 
bajas, la mayor parte negros, de los que llevaban consigo, 
y rescatándose imeve peninsulares que habian cogido en 
sus casas y habrian de haber sido asesinados el dia si- 
guiente, sin tener por nuestra parte mas que un teniente 
de artillería y un soldado muertos. Otra columna que sa- 
lió de Remedios el 15 de Marzo encontró un cuerpo consi- 
derable de rebeldes con tres piezas de artillería. A la hora 
de! encuentro estaban en poder de nuestras armas los tres 



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m 

i:aíiones y el campamento, porque había sido puesto el eue- 
raigo en fuga con la pérdida de 136 muertos. Y nu es de 
estrafiav esta mortandad en los rebeldes, porque diestros en 
ardidesHevabansiempremnchosnegrosqueponianalfren- 
tef'omü caine de caüon, detrásde los cuales se aitrigaban 
para causarnos bajas y poder huir á mansalva. En las 
Gnco Villas y Sancti-Spíritus los insm'rectos fueron menos 
escrupulosos y además de su sistema de incendio y devatí- 
tacíon de cnanto encontnban se llevaban todos los ne- 
bros para armarlos ó paia que hicieren lulto y Ips preser- 
vasen á ellos. Los chmoB se iban voluntai lamente con los 
insurrectos, porque su laza es int, ipaz de una idei buena, 
y como prueba diremos que en cuantis mvisioues ha su- 
frido Filipinas, en todis ellis tomaion patte conti a nos- 
otros; pero cobardes lorao «on importaba poco que toma- 
sen parte en pro ó en coatii Esta insurie* cion lin pre- 
vista como temida y que pudo 5 debió liabei-se evitado, 
«implicó mucho nuestra situación pues no colímente te- 
niii en jaque al deparfiinento Occidental «mo lue encon- 
Iraba en el Central todo el apojn de gente y armas que 
necesitaba, sin contai los auxilios que lecibii por los 
puertecillos de que disponía 

Los generales Letona , l'elae?, ItuLLta j Piullr y bri- 
.íadier Escalante , en sus respectivas Jurisdicciones opera- 
ban auxiliados por el incansable Sr. Acosta, quien con su 
batallón de movilizados recorrió la jurisdicción de Sancti- 
Spiritus. Se comprendió el modo de burlar á los insurrectos 
desbaratando todos sus planes; ende vez grandes masas que 
en esta guerra de gueirillasde poco ó nada servían, desta- 
''^on pequeñas columnas, fortificaron los pueblos y su- 
I'ieron inspirar confianza. El Sr. Acosta dividió subatallon 
por compañías montadas , y este sistema dio escelentes 
■esultados, Pero aun así no se conseguía nada definitivo. 



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Í38 
porque todos los insinTectos sabian inai'tiviHosainenteel 
arte de hacer la guerra huyendo. En Marzo se adelantó 
algo para la pacificación, pero no lo suficiente para consi- 
derar que se podía desguarnecer en nada aquel país, donde 
si era ciei-to que se presentaban á indulto muchos insur- 
rectos, era para volver ú marchar después, y donde pnlu- 
laban las partidas manteniendo en jaque á los puehlos y 
dominando en los campos, quetalahan y destrozaban comu 
en los otros departamentos. 

En cambio los generales españoles se dedicaban no soio 
á buscar á los rebeldes, sino trmbien á reparar los males 
que estos causaban, habilitando los feíro-carrlles y los l£- 
légrafos, y haciendo que las familias volviesen á sus ho- 
gares al abrigo de nuestras tropas, porque las familias ps- 
cíficas y que no hablan tomado parte en nada tenían mi 
miedo horrible á sus compatriotas, quienes les trataban siii 
piedad, y por eso buscaban nuestras fuerzas donde encon- 
traban amparo y protección. Con esta política de atracción 
y con el valor de nuestros soldados pudo vencerse algo el 
período álgido de la insurrección en las Cinco-Villas, qiw 
no por haber sido tardía era menos formidable que la de 
los otros departamentos. La vecindad de la Vuelta de Abajo 
era muy peligrosa, y hubiera podido producir muy fatalcí 
resultados el contagio del mal ejemplo. Afortunadameutf 
era época de zafra y la gente estaba ocupada en ella, ^ 
cual hacia comprender que por esta parte el peligro estaba 
conjurado; sin embargo, era preciso estar muy alerta por 
lo que pudiera sobrevenir, porque no habla que confiar en 
las sumisiones ni en laspadíicaciones. 



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CAPITULO XVI. 



l'iabajos de loa encmigOB <le EspaEa en los Estado a -l.'D idos,— Palabras del 
Presidente Orant.— Juntas de señorag S favor de la insurrecd o o.— Decla- 
raciones del Timei. — Recuerdo hletórleo de un despacho de Mr. Semard 
al emperador Napnleon en la épocaüelaíruenadel Nortey el Sur.— Cod- 
diiota nebulosa íeGrant.— Nuevas declaraeiones del rimei.— Datos im- 

KrtaQtesnceroada las intencloneade los listados-Uoidos con respecto í 
Tüa.— Loa InBnrrectos tenían inteliüenotas en E^ípaña. 



Los enemigos de España que se hahiaii reunido en los 
Eítlados-Ü nidos se hacían mnciías ilusiones con las simpa- 
tías que no dejaban de encontrar en aquel pueblo en favor 
fle la independencia de la Isla. Refoi^zado el antiguo comité 
wn personas activas que habían estado en laHabaiia al lado 
ele la autoridad , engañándola con esa doblez de que tantos 
fijemplos se han visto, se prometían mucho con el adve- 
nimiento al poder del nuevo presidente &rant, íV quien sn- 
ponian identificado con sus miras revolucionarias, y así lo 
liabian hecho creer á todos los revolucionarios y sus adep- 
tos. Pero no tardó en venir el triste desengaño; el general 
''Hiit tomo las riendas del gobierno, y cuando todos es- 
peidban, atendidos sus antecedentes, que en sn discurso 
pronunciaría algunas palabras consoladoras il favor de la 
lii'iurreccion, vieron que el nuevo presidente consagraba 
''ste párrafo á las relaciones estranjeras de los Estados- 
IJiüdos con los demás países: 



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"Hespectü A la política extranjcfa, yo creo que las leyes 
debe» ser tan equitativas y tan justas como las que rigeu 
las i'elaciones de individuos entre sí; y yo pretegeré á los 
ciudadanos sumisos á ¡as leyes, hayan nacido en nuestro 
país O sean extranjeros, donde quiera que sus derechos se 
pongan en peligro y iiote la bandera americana. Yo res- 
petai'é los derechos de todas las naciones, pai-a qne nues- 
tros derechos sean asimismo respetados.» 

Esla manifestación tan esplícita de neutralidad y do 
respeto á los derechos de una nación amiga como Espaíia 
hubiera debido descorazonar á otros que no hubiesen úáo 
los cubanos motores de la trama, á quienes el íanatisiim 
cegaba y las malas pasiones privaban de todo buen ins- 
tinto; pero no por eso se desconcertaron, y continuó jii- 
diendo humildemente el Sr. Morales Lemus, embajador lie 
la república non nata, audiencias que se le negaban, > 
provocando meetings en Nueva-York y en Nueva-Orleaiif, 
i[ue no daban mas i-esultado que entretener un poco al 
público y liacerque la farsa fuese adelante. Pero todo eslo 
tenia el grave inconveniente de mantener siempre vivas 
las esperanzas, y crear atmósfera, y esto es mucho en ia 
situación en que los rebeldes de Cuba se eucontrahan. 
También era peligroso el juego, porque em el medio ile 
aumentar el número de los simpatizadores, y de propor- 
cionarse inteligencias y hasta auxilios en los puntos mas 
principales de la Union, donde se veia como pasaban ios 
meses sin que la insurrección fuese vencida. Los dos ma- 
yores peligros que desde el principio velamos en la iusui- 
reccion eranquese propagase al departamento Occidental 
y que consiguiese escitar fuertemente las simpatías en los 
Estados-Unidos. Lo primero, además deensanchar el círcu- 
lo de la rebelión, llevaba en sí el inconveniente de la 
dificultad cada día mayor de que las tropas pudiesen con- 



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cüiiliarsii acción para combalirla, y el de iiilciiíHar la^ li- 
cas jufisdiccioiies que abraza, que forzüsameiil* habitan 
de quedar arrumadas; lo segundo era gravísimo, y ud ha- 
brá nadie á quien se oscurezcan los grandísimos males que 
de ello habrían de resultar paranuestra causa. Nonos cait- 
saiímos de repetir que cada dia que pasaba sin dominar la 
insurrección era uu nuevo peligro, y eltiempo y los acón- 
teciuiientos se han encargado por desgracia de demostrai- 
si nuestras previsiones eran ó no infundadas. Cierto es qw 
los rebeldes no tenian las simpatías oficiales y declaradas 
del gobierno americano; qne oficialmente no se les ota ni 
se demostraba hacer caso de sus pretensiones; pero seria 
empeñarnos en cerrar los ojos á la evidencia si no recono- 
ciésemos que los laborantes habían tenido la habilidad de 
crear decididos simpatizadores, quienes parte por simpa- 
tía, parte por interés, les auxiliaban elicazmenteen cuanto 
podían. 

La prensa de ios Estados-Unidos era, en lo general, 
lanibicn afecta á la causa de Cuba, y publicaba las noti- 
cias ]nas estupendas acerca de la insurrección. Ademiift 
del comité cubano de Nueva-York ,se habia establecido una 
JQíita de señoras, cuyo objeto era allegai- recursos paia 
alimentar la i nsuiTecci o n que desolaba su país. Muchas 
personas complicadas en la rebelión y que habían lenido 
üiedios paia huir de Cuba, atizaban el fuego, como Bra- 
"iiisb, Valiente y otros. La junta de seüo ras, que trabajalja 
Min éxito, estableció sucui^salcs en Washington, Filadet- 
lia, Baítimore, Nueva-Ot'leans y otros puntos, sin que n;i- 
die las molestase, antes por el contrario eran objeto de 
toda clase de ovaciones. ¿Por qué las autoridades aiuerí- 
'anas lo consentían? ¿Kra eso dar buena muestra de nen- 
lialídad? No nos hacemos ilusiones, no somos de los que 
Msti'ijK'.ücainenti-; ven las coí^as de color de rosa, así qtie, 
16 



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en obsequio á la voidad, no pódanos menos de decir y 
repetir que todo esto que se miraba m» cierta Ugereza, 
tenia mucha gravedad, y parte farsa, parte verdad, ñus 
hacia mucho daíio y minaba mucho inieslra fuerza. 

Eu medio de la ínlemperancia y las exageraciones du 
algunos periódicos americanos eii cuanto tenia relación 
con la insurrección cubana, es de notar un artículo que 
publicó El Times de Nueva-Yoi'k, con fecha !) de Abril. Ku 
él daba por sentado que e.\istia intención preconcebida de 
apadrinar el espíritu de filibusterismo y el deseo de espan- 
siou territorial, lo cual á nosotros no nos estrañaba, y 
combatiendo esta idea, esplicaba perfectamente la indoli! 
de la insurrección y la ridiculizaba en los términos si- 
guientes: 

«La exageración sistemática forma el carácter primor- 
dial de cuantos se hallan encargados de pregonar la caus;i 
de Cuba. Exígennos que repudiemos las pruebas mas au- 
ténticas, que convirtaanos en batallas campales las escaiYi- 
muzas mas enanas, y en guerra disciplinada el incendia- 
rismo mas salvaje. Hablan de la república cubana y de (^u 
gobierno cual si fuesen realidades, cuando por todos los 
conductos auténticos y fidedignos se sabe que no existe ni 
aun la sombra de semejante gobierno ni república; qup 
cada jefe i-ebelde obra por su cuenta y riesgo, y que caria 
uno de ellos hace promesas y declaraciones de que ningUTiü 
seria responsable, llegado el caso de cumplirlos.» 

En oti-o párrafo, notalile bajo muchos aspectos porque 
en él se demuesti-a que del extranjero han estado recihiendn 
recursos los insurgentes, cosa i^ue hubiera podido y debidd 
evitarse si á tiempo se hubiese acudido á sofocar la insur- 
rección, se dice lo siguiente: 

«Y no olvidamos adenuls í[uft la insurrección cai-eceria 
de importancia , ;i uo ser por el auxilio material que os"' 



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país le h'd prestado, y por los conataates refueiv-os que re- 
cihe de la población del Sur. Nuestra guerra dejó a!U uu 
avispero de vagos, enemigos del Irabajü corporal, sin otra 
cosa que perder , escepto la vida, y ansiosos de aventuras, 
á las que hoy ofrece ancho campo el de la Isla, De haber 
dejado aislados á los insurgentes cubanos, ya hace tiempo 
que se habrían visto obligados á abandonar la lucha; por- 
que todo !o que en ella hay de formidable procede del fili- 
busterismo, y á él se deberá también cualquier complica- 
ción que ocurrir pueda.» 

Lo que El Times decía era la pura verdad; la insurrec- 
ción de Cuba se formalizó no solo por no haber enviado á 
tiempo medios de combatirla, sino tamhíeu por los auxi- 
lios de toda especie que constantemente est^aba recibiendo 
de un país amigo, ó que al menos asi se llamaba. 

Los Estados- II ni dos se habían visto en una época no 
lejana en situación análoga á la que nos encontramos res- 
pecto á Cuba, y sabido es cual fué su sistema en un punto 
tan esencial. Recordamos que en mi despacho dirigido 
por M. Seward á Mr. Dayton, repi-esentante de la Union 
cerca del emperador Napoleón en la época de la guerra en- 
tre el Sur y el Norte, cuando se agitaba la cuestión de los 
beligerantes, le decía lo siguiente; «Es un error suponer, 
en lo que respecta á las relaciones exteriores, que existe la 
guerra de los Kstados-Uuidos. Y en verdad, que no puede 
haber beligerantes donde no hay guerra. Aquí solamente 
existe, como siempre ha existido, un poder político: los 
lístados-ü nidos de América , á quienes compete hacer la 
guerra ó la paz, y dirigir el comercio y las alianzas con las 
naciones esti'anjeras. No existe otro poder ni de hecho ni 
reconocido por los demás pueblos; Existe, si, una sedición 
oynadapara derrocar al gobierno, y un ijobierno que emplea 
sus fuerzas navales y {crvcslm para roinhaürta. Pero estos 



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hechos no cüiisliluyou ima í^iiefca que ciieiitií con dus ^lo- 
deres ticUgei'antes y iiioclifii¡ne til cai-ácler, Iok derechas 
iii las i-esponsabilidades de las naciones extranjeras.» 

Después de esto se pítendia el ministro americaaneii 
consideraciones acerca do lo ([ue no em mas une insiin'ci'- 
cion y Dodria, andando ol tipnipo, convertii'se en vevoln- 
cion para derribar lo osiílente, ó formar un nuevo Bstadti, 
y concluía su despacho dii usté modo-. «Los Estados-unidos 
mantendrí'in y defenderán su soberanía en toda la esteii- 
sion de la ñepViblica, y cieeti qaa todas las demás nacio- 
nes se hallan oblijíadasúreí^petar alcudia soberanía, mien- 
tras la Providencia no jtei'míta ([ue sea derrocada. Cual- 
quier sistema de legislación internacional ó de moralidad 
publica iiue se oponfía á esfct doctrina solo servirá para 
lanzar la sociedad, primero en este heniislerio, y después 
en el otro, en la anan¡nia y en el caos.» 

Pero á posar de todo, sin emJjargo de las seguridades 
quepor todaspartes sedaliau, la conducta del general Drant 
no solo no era clara, sino ijne por el contrario presentaba 
grandes oscuridades. Se le veia enviar su escuadra al golfo 
mejicano para proteged' A lo^ subditos ainericanos, en vista 
del bando del general I):ilce, poro se aJistenia cuidadosa, 
mente de publicar lapiorlama de niíutralidadque en seme- 
jantes casos siempre pu! rutaron sus predecesores, ni se salí! 
que enviase instrurdones ii las autoi'iddades locales para 
que sorprendiesen las espedicionps que en efecto salierotí 
publicamente de los puertos de la Tíuion. Si es así como el 
presidente de la gran república americana comprendía sus 
deberes para con una nación amiga; si no hacia otra coi=a 
mas que apelai- á palabras huecas díisentendiéndose de los 
principios mas triviales do !a neutralidad, m con su obsti- 
nación en no publicar el dcn-eto ipio en ocasiones análo- 
gas se habla pubiicado, y que era una manifestación liü- 



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luiíiatite del pensamiento del gobieiuo, uunU'ibiiia á que 
se alenldsen los enemigos de España en sus empresas fili- 
busteras, piei-iío es confesar que no comprendemos lo que 
semejante conducta significaba. Y prueba de que no son 
supo'-n.iones gratuitas de nuestra parle, ni lanzamos acu- 
saciones inmotivadas, i-ecordai'emos las que ton motivo 
de su conducta tan poco esplicita, le dirigieron algunos 
periódicos de los Estados-Unidos. El general Grant, como 
particulai', á no dudarlo, simpatizaba con la rebelión cu- 
bana, y de buena gana la hubiera auxiliado si no hubiera 
temido atraerse graves compromisos por un paso tan grav® 
como aventurado; pei-o el hombre de Estado tenia que sa- 
crificar sus simpatías il su posición. 

Lo cierto es que en los Estados Unidos iba cundiendo 
mas de lo conveniente la idea simpatizjidoia con la rebe- 
lión, lo cual se comprende perfectamente si se tiene en 
cuenta que el espíritu de las masas de aquella poderosa 
repíibiica es abiertamente hostil á toda intervención eu- 
ropea en América, y entre muchas personas distinguidas 
i^ue no pertenecen á las masas, la doctrina ifonroe es un 
evangelio en el que creen con toda su alma, y biícia cuya 
idea trabajan por todos los medios que están .1 su alcance, 
listo, unido á los pei'severantes trabajos de los cubanos 
emigrados hacia que en ciertas poblaciones, sobre todo en 
Nueva-York y en Nueva-Orleans, se hubiese ido creando 
nuil atmósfera de que nada bueno podíamos esperar. iQné 
Iiabia de suceder? Iban trascurridos ocho meses pi-óxima- 
inente, y la rebelión era una hidra que batida en un pun- 
to i-enacia en otro, y nos mantenía en continuado y ver- 
gonzoso jaque. Se había jugado el todo por el todo, y los 
i'.nbanos hacían perfectamente en echar el i-esto. 

Sin embai'go, el Times, en vista de las acusaciones que 
'ie dirígiiin al presidente Giimt, al menos por su inercia. 



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hizo declaraciones importante&y que decia sci' autorizadas, 
manifestando que carecían, de fundamento las suposicio- 
nes que se permitían los cubanos sobre que el presidenta 
haría la vista jiorda con respecto ií las espediciones filibus- 
teras y que esperaba con ansia las complicaciones á que 
eslo podría dar lugar; antes al contrario no solo no existia 
connivencia con las espediciones, sino que habia el firme 
propósito de reprimirlas, habiendo motivos para creer que 
los pasos dados para protejer á los americanos residentes 
en Cuba serian suficientes, sin embrollarse con Espaha ni 
con los empleados. «La causa cubana, concluía diciendo e! 
periódico, tendríl sus méritos per xe; pero no manipulada 
como lo eslá aquí y en Washington es un fraude y una 
indecencia.-» Repetimos que el Times es el órgano mas au- 
torizado del Gobierno americano; sin embargo, confesa- 
mos que, aun después de estas terminantes manifestacio- 
nes, todavía abrigamos muchas, muchísimas dudas acerca 
de la claridad con que se ha procedido. 

Respecto á las miras que tuviesen los Estados-Unidos 
de adquirir á Cuba, creemos curioso y hasta convenienle 
estraclar lo que dice Mr. Laurence en sus anotaciones á la 
obra de Wheaton iutitnlada Ekmmts o¡ inlematíonal Law. 
«El presidente Filmore, dice, dio conocimiento al Con- 
greso en Julio de 1 852 de ciertos papeles que compren- 
dían la correspondencia sobre este asunto desde 1822. In- 
glaterra, antes de la emancipación de la esclavitud en sus 
colonias, deseaba la posesión de Cuba para imperar en el 
golfo de Méjico. La política americana era no permitir que 
pasase á manos de ninguna gran potencia marítima mien- 
tras le conviniera cpie Espafla poseyera esta isla; y en 1 8'26 
se anunció oficialmente á Francia «que los Estados-Unidos 
no verian con indiferencia que Puerto-Rico y Cuba pasa- 
ran de España á poder de ninguna otra potencia, y al 



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iiiiíiiiu lioiiipo iiiUíiviiiieron i:on Méjico y Colombia para 
p;i5peridei: una espedicioii que estas repiíblicas preparaban 
contra aquellas islas. Aunen esc período, los Estados-Unidos 
(ieclararon esplicitameute á Espaíia que no entiíuian en 
rompromiso alguno de garantía que no estuviese de acuer" 
(io con sus reglas estalilecidas de política exterior. 

»Lo5 ministros de los Estados-Unidos en Londres y 
Madrid celebraron «na conferencia en el verano de 1854, 
con la mira de ponerse de acuerdo acerca de las negocia- 
ciones qne sez'ia prudente celebrar simultáneamente en 
tisas Cortes para el ajuste salísíactorio con España de los 
asuntos relativos á Cuba. El despacho de Ituchanan, Ma- 
cón y Soiilé al ministerio de Estado, firmado en Ostende 
(;n 18 de Octubre de 1 85i, después de oliservar que los 
Kstados-U nidos jamás habían adquirido un pié de territo- 
rio, ni aun después de la feliz guerra de Méjico, á menos 
que hubiese sido por compra O por voluntaria solicilud del 
pueblo como en el caso de Tejas, decia que su historia im- 
|)edia que adquiriesen la isla de Cuba sin el consenti- 
miento de España, á menos de justificarse por la f/raii leí) de 
l'ipropia co)MPn>acíon.— Después que ofrezcamos á España 
un precio por Cuba muy superior á su valor actual, y que 
esta potencia rehuse, será tiempo entonces de considerar 
!a cuestión siguiente; ¿Cuba en poder de España pone en 
peligro nuestra paz interior y la existencia de nuestra que- 
rida unión? Si se contestase afirmativamente, entonces por 
toda ley humana y divina estaremos justificados arrancán- 
dola por fuerza de Espaíia, si tenemos poder para ello, y 
esto bajo el mismo principio que jnstilicaria en un indi- 
viduos el derribar la casa de su vecino que se quema, no 
habiendo otro medio de evitar que las llamas consuman la 
suya. En tales circunstancias, no debe ni contar el costo, 
ni mirar los esfuerzos eNtraordi nanos i|ue España pudiera 



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Jiai^ei contra nosotros. Omitimos initi-ar eti la ciifstioii si 
la presente condición de la isla justiücase tal medida. Cuu 
todo seriamos flojos en el cumplimiento de nuestro dehei , 
indignos de nuestros esforzados antepasados y comeleria- 
mos baja traición contra nuestra posteridad si perniiEiése- 
inos que finta fuese africanizada y se constituyese en \u\ 
segundo Santo Domingo, con todos los horrores cnusi- 
}?uientes para la raza blanca, permitiendo que el incendio 
se propagase á nuestras vecinas playas para poner en peli- 
^o ó consumir el hermoso edificio denuestra unión.» 

De los demás documentos posteriores, hasta 1860, se 
infiere que los Estados-Unidos aspiraban á la cesión, y 
que solo en estreñía necesidad lomarían posesión foi-zada 
de la isla. La protesta de no permitir que se afriranizasr., 
era un salvo conducto que se ofrecia .i los cubanos pava 
que, sin temor á ios negros, se lauííasen en las aventuras 
de la anexión. 

Pero desdo entonces acá ha cambiado mucho el aspee ■ 
to de las cosas; los Estados-ünldos, que unas veces con 
arrogancia y otras con hipocresía bien trasparente han 
manifestado en todas ocasiones su codicia por adquirir á 
fiuba, alentaban á los cuítanos dándoles garantías contra 
una insurrección de la raza negra, es decir, que como vul- 
garmente se dice, tiraban la piedra y escondían la mano: 
querían lanzar á los cubanos á la empresa, á reserva de 
utilizarse en su dia de la victoria. Pero ahora, después de 
la emancipación de los negi'os en la IJnion, ya no solo no 
podían los Estados- II nidos protestar que no permitirían 
qne seu/rícani-así la isla, sino que por el contrario, su^^ 
'ntereses,su conveniencia, su bienestar y hasta su seguri- 
dad se oponían á semejante protesta, supuesto que estaban 
altamente interesados en libertarse de la plaga de lo* 
libertrjs que es para olios un peligro permanenle y 



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2Í!) 
(.■oiistanle iiioLivo de perturbación. Hoy los Estados-ÍJiiidos 
no hnbietaii desdeñado que Culia se hubiera africaiiizado, 
atiii cuando para ello hubiera sido preciso que hubiese 
desaparecido la raza blanca; su adquisición les importa 
pncn como un Estado mas de la Union americana. 

Y no solo tenian los insurgentes hus relaciones esta- 
lilecidas en los Kstados-Unidos; lo peor de todo y lo mas 
sensible es que también leniau agentes incansables, dies- 
h-iis y activos en España, Nosotros sabiamos algo de ello; 
iideniás nos conlirmó en esta idea la manifestación de un 
periódico de la Península, en que se decia que mientras se 
iliviígaba bastante entre los buenos amigos de la isla de 
iluiía. los laborantes trabajaban en Madrid con notable 
iiLiiformidady energía; que tenian sus principales clubs 
8(1 Madrid y Barcelona, y aun en otras ciudades menos 
i Hipe. liantes; y que el trabajo de estos agentes era estra" 
viar la opinión pública para que se formase un juicio 
e(.|uÍvocado de la rebelión cubana. Y algo debia haber de 
eslo cuando la Prenda de la Habana se referia, aunque em- 
lio^adamente, á cartas recibidas de padres, hermanos é 
hijos peninsulares de pei'sonas residentes en la isla ha- 
i'iSndoles en un sentido poco favorable á la causa de Es- 
pafia. \'erdaderamente que no podemos menos de admirar 
hI te?on y la constancia con que nuestros enemigos han 
lirocedido. Y el trabajo de zapa mas importante de la in- 
snirei-cion era el que se hacia en España, donde estaba el 
'iobiemu y donde convenia estraviar la opinión pública 
wn arteras manifestaciones. Y que hubiese laborantes 
iMibauüs no es de extrañar, porque estaban en su derecho, 
si se les prestaba oido, para desnaturalizar los hechosy 
presentar como negro lo que era blanco; lo que no acer- 
tamos á comprender, porque nuestra buena fé y nuestra 
li^alUd SR uie!;an ;l ello, es que, i'omn se nos ha asegurado, 



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no l'altascii espaiiulcs ¡isociados ;i la tarca rJo los lalio¡;in- 
tes. Solire estos hombres deheria caer todo el oproMo ^ 
toda la ignominia que la ti-aicion lleva consigo, si es cier- 
to que por miras indignas y miserables sii-vicron de ins- 
tiiimenlos .1 ios enemigos de España. Hablando el Cronislu 
de Nncva-York, periódico español íjne tan importantes y 
señalados servicios ha prestado á líspaña, de nii suelto íe 
La Época de Madrid, en rjne se refeda á anónimos i-ecilii- 
dos en que se le manifestaba que algunas personas de An- 
dalucía, sobre todo en CAdiz, favorecían la causa de los 
insurrectos, decia que le constaba de una manera positiva 
que existia en Cádií una sociedad establecida con el objeto 
de favorecer la insurrección; que en Málaga, Barcelonay 
Madrid también las habia; aseguraba asimismo que poio 
antes de ser inaugurado como Presidente el general Gratil, 
habia salido de Nueva-York para España un cajón con 
seiscientos mil duros en oro para favorecer la causa de la 
insurrección; que le constaba que los sucesos de Cádiz, Má- 
laga y Jerez no fueron ágenos A la influencia del oro (¡ue 
antes se habia enviado, porque los rebeldes contaban con 
esos trastornospara que el Gobierno no pudiese enviar hom- 
bres ni buques á Cuba, Las afirmaciones de un periódico 
publicado en el centro conspirador, donde mas se trabajaba 
en favor de la insurrección, tienen para nosotros gran im- 
portancia y confirman el juicio que ya anteriormente te- 
níamos formado acerca de la significación de dichas su- 
blevaciones. Lo miserable, lo repugnante, lo villano seris 
que españoles, indignos de este nombre, hubiesen traba- 
jado de concierto con los enemigos de España, ó que al 
menos hubiesen tónido el mas mínimo contacto con ellos. 
Sobre estos hombres debería caerla execración univei'sai, 
porque hay traiciones que no pueden perdonarse. Rcii*^- 
radamente hemos oido esta misma acusación en la isla dP 



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Cuba á personas de cuya veracidad no podemoR dudar, y 
¿\ oírla casi nos avergonzábamos de ser españoles. Judas 
vendió á su divino Maestro por treinta monedas do plata, 
vdespues, perseguido por su conciencia, se ahorcó horro- 
ríiado de la maldad que haíiia cometido; en cuanto á los 
Judas que vendan á su patría por un miserable puñado de 
oro que deban á la traición, si Ja Providencia permitiera 
(]ne se descubriese alguno, la ley debería ser inexorable, 
ley deterrible expiación, la ley que se aplica á los traidores. 
Malo é indigno es que los cubanos sostengan la rebelión 
contra España; pero es un millón de veces mas indigno, 
mas villano, mas imperdonable que haya peninsulares 
ijue les favorezcan en su criminal empresa. 



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CAPÍTULO XVII. 



table Jiroclama de IJutsaila al ejército espafiol.— Tcicfra usjjedicum a 
antaCniz.— AnguHtiosa BÍtuacion de Pueito Princiiif.— Homble oaves- 
la de loe artíouloa depriuiera nucasidaí— Situucion iiimi'ada de los fun- 
¡onarioB públicos.— Elecciones para altos difraatarios di' la república cu- 
ana. — Alocuoionas de Céspedes , presidente, y Quceada, (^nerttlísimo. 



Kiitre lüs docimieiitos curiosos qiK; lia ánáo :i hi/, \n sa- 
biduría dfi los jefes rebeldes, mereco pai'tic.ulai' mencimt 
la siguiente proclama dirigida por l,iuc?ada ñ nuesti-ns 
i'oldadoü: 

ítililares españoles; (os onliauos cüiiihalinini |>ui' l;i lihiriaJ rii i ou- 
iiailc la tiranía. Kn micslro coraaon no hay iWlio ¿i los ospaínilus, sino 
amor i, la independencia. » uesiro triunfo es iriuvilaljle, porque dcfeii 
liemos la causa de la justicia, poiiine conlaitios i^on la sinipatia del 
winido entero, y muy especialmente con el ajieyi) de los Kstados-Uni- 
ilüs y la protecdon de lafirau Rrotaña, las naciones mas poderosas 
'leialierra. illililarcs españoles! Vuestro goMerno na saerilica codi- 
i'.iosa y estérilmenle, entregando sin compasión vinístras virlas á. 
nuestras numerosas emboscadas, ii los rigores del clima con ipie la 
Kiísina natiiralOKa recliaxa la usurpadora dominación enro|>ea, á Ihr 
«iifcrmedadcs consiiíuieníes, á las privaciones y faliftas d<! vuestra 
^ida campaña. ¡V si uo perdiárais mas que la vidal El soldado la da 
giistosu en cambio de la gloria; pero no liay gloria en comlislir del 
lado de la iniquidad y eu contra del derecho sosteniendo la i-pclavi- 



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tuil y aliosaiidü la libertad. (Tnios á nosotrüs, inilLlarcte rspañolos. Sed 
nuoslros hermanos y no ciegos inslruraentos del despotismo. Venid 
á naestras filas, abandonad el ejercito opresor, annqiie os Ilaniei) 
traidores vuestros amos. Ha diclio un poeta español: 

One sinn pendón de libertad ondea 
nunca es traidor el que por él pelea. 

Venida nosotros; en nuestro ejército os reconoceremos vueslnu 
grados y recompensaremos vuestros servicios, como ya lo hemos hL>- 
cho con los españoles que militan en nuestras Illas, Los i|ue no quie- 
ran lomar las armas cubanas encontrarnn en otros trabajos ocupación 
honrada y lionrosa, y ora militares, ora paisanos, todos los cspafioles 
que sostengan nuestra causa obtendrán déla repíibiica ámptiaroiau- 
neraclon con que asegurar un presente para si, un porvenir parasus 
hijos. 

iMilitares españoles! Meditad lo que os conviene. Elegid entre Is 
opresión en que os halláis ylalíbertad que os ofrecemos; entréis 
deshonra y la gloria; entre la miseria y la abundancia; entre la muer- 
te y la vida. 

¡Vivan los hombres libres! ¡Abajo la tiranía! 

El general en jefe dol ejército libertador del ccnlro.— Manuel Qi"'- 
sad3.>' 

¿Qué hemos de decir de este inmundo papeliiLÍio' h 
militai-es españoles tienen honoi y patiiotismo, > todo I 
aceptan menos ser traidoi es a su patria Fs i proi lama i* 
un insulto al honor de nuestros auldidos quienes no t 
men las cobardes embo'scadas de sus enemigos ni losi 
goi'es del clima, ni laspri\aLiones con tal de no lle^ii 
sobre sus frentes el estigma de la traición ; la alevii-iii 
Tiene razón Quesada; no hay gloiia en i oinbatn del iad' 
de la iniquidad y en contia del derecho poi e*-© los reí el 
des siempre han huido sin gloria, porque no saben quó es 
combatir; porque con mucha gracia deciaii nuestros sol- 
dados que los enemigos ya no gritaban ¡Cuba librel siü" 
¡Cubaliebre! ;Y Qiiesada se atrevió á decir á los milílai'es 
españoles que no temiesen les apellidasen traidores suj 



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jiiiios; Es Tin insulto di^o de quíoii le liacia, Escusado en 
decU'que esta proclama tuvo el mismo resultado que la 
otra que el comité revolucionario dirigió á los españoles. 
YA ~ de Abril volvió á salir el coronel Goyeneche para 
Santa Cruz con uoa columna de l.'iOO homl>res. A la ida 
apenas se presentó el enemigo; únicamente en una trin- 
chera se pi-esentaron vmos 50TÍfleros qne fueron desaloja- 
dos al momento, A la vuelta no hubo mas novedad qui' 
una descai'ga (^ue hicieron los enemigos desde un mont*^ 
inmediato á la Anca llamada la Caridad que nos causó tres 
heiidos Lanzóseles unas cuantos granadas, y como siempre 
hu-veion Para no perder la costumbre, los insurrectos 
ijuemaron el ingenio San Vü-enle y todo lo que liabia en el 
lammo, hasta las casas mas miserables y ranchos para 
que la tropa no eneonti'ara donde albergarse y pai-aqnese 
ati d)uye->e ei incendio á los soldados. El Sr. Goyeneche 
(.ondujo a Puerto Príncipe 400 arrobas de harina para ga- 
lleta, algún anoz y unas 300 ¡'eses que bien se necesita- 
ban También llevó la consoladora noticia del buen estado 
en que marchaban las cosas en los otros departamentos 
donde la msurreccion era duramente castigada, de que á 
inui pocos, dias debía llegar á Pneito Príncipe otra colum- 
iiade í. 100 hombres con el brigadier Ferrer y de que se 
esperaba en la Habana una fuei-za de 3,000 hombres, de 
los cuales por de pronto irían 1.5(10 áNuevitas. En electo; 
el domingo 11 , á tas cuatro de la tard.e, entró la columna 
precedida del batallón de volimtarios, que con su música 
«ilió á recibirla, siendo muy grande el entusiasmo de los 
españoles, quienes veían abrirse por fln el horizonte que 
tanto tiempo hacía tenían cerrado. En todo el camino des- 
de Santa Cruz no se presentaran los facciosos sino en muy 
coito número, y huyendo luego que vieron la tropa. Tinos 
doc;e ó catorce negros que llevaba el enemigo se preseiila- 



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'¿56 
ron al bvi^ailier t'errcí-, quien les condujo á Pueilo Prin- 
cipe. Esta cohiiUTia no condujo víveres poi'que no se «n- 
contró nada en Santa Cruz, y fué nn apuro mas para Pueiln 
Príncipe, donde no liabia sino carne, de la que sin ulia 
cosa mas, se daba niia raciou al soldado. 

Con la enkada de Abril, es decir, después de seis uiews 
de insuri'eccioii, la situación no mejoraba en el depai la- 
mento Centi-al, porque si bien era cierto que se hahiaii re- 
cibido 2.100 hombres de reEuerKO, nada se emprendió pam 
la persecución, y como liemos dicho, la presencia de nue- 
vos consumidoi-es había de aumentai- forzosamente el con- 
flicto en que ia población se encontraba por la falla ilt- 
iriantcniniientüs. Como muestra de la situación d que liii- 
bian llegado las cosas, á continuación publicamos un es- 
tado de los precios de, los artículos de primera necesidad 
que eran sumamente escasos y muy malos , porijue líran 
los residuos atrasados de todos los almacenes : 

Arraz, muy escaso 260 rvn. arrolm. 

Garbanzos, id 2.5(1 id. id. 

Aceite, id ISO id. id. 

Manteca, botella de cuartillo y medio. 30 id. 

Ávichuelaw, escasísimas 5 id. liíirü. 

Carbón, saca de dos arrobas 30 id. id. 

Fideos, malos y picados 7 id. id. 

Tocino, escasísiniü 1? id. id. 

Huevos, docena Ji* id. 

Cebollas 20 id. id. 

(Jalletas, malasy pií^adas 20 id. id. 

Vino común 100 id. arrol-n. 

Bacalao, muy escaso 15 id. libru. 

De lodos estos artículos babia alguna existencia, aunfiur 
insifínificante, á principios de Abril, tanto que á media- 
dos del mes o antes, ya todo, menos los huevos, el viim, 



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257 
t'l acRite y el carboit liaLia cüiicluido poi' completo, y 
liabíainos tenido que echar manu de los tubérculos del 
país, que no siempre se encontralDan, y que costaban 
fabulosamente caros. Y era natural lo que estaba sucedien- 
do, porque interceptado el ferro-canil de Nuevitas desde 
Noviembre, las existencias que había en la ciudad habían 
ido consumiéndose en la misma, y muchas de ellas ha - 
bian idoá parar & los insurgentes. 

Las espodiciunes que habían ido á Santa Cruz habían 
üevado algunas, aunque no muchas, provisiones de hari- 
na y arroz, pero se destinaba todo, y con razón, par'a ali- 
mentar al soldado y para los hospitales, así que la pobla- 
ción nada adelantaba. Las reses que cogían las columnas 
t«uian el mísrno destino, y otras se mataban para el con- 
sumo público, porque los particulares no podían propor- 
cionarlas de sns ganaderías, puesto que los facciosos ha- 
bían hecho retirar los ganados á distancia de seis leguas. 
Tf en medio de esta situación tan amaina se veia que avan - 
laba el tiempo, y si principiaban las lluvias el hitmbre 
([ue ya se sentía aumentaría de una manera hori-orosa si n 
posibilidad de remediarla, y además seria preciso suspen- 
der las operaciones militares. El CeiTO-carril de Nuevitas 
era nuestra única A,ncora de salvación; pero para arrojar 
(íe él al enemigo, para custodiarley sus trabajos liaslaqiie 
pudiera funcionar, se necesitaban lo menos 3.000 hom- 
bres, y solamente se podía disponer en Puerto Príncipe de 
■■^.000, y si estos salían liabrÍLi de quedar la ciudad so- 
lamente con los voluntarios. 

Gomo prueba del estremo á que llegaba la miseria, el 
matadero se veía diariamente asediado por una hambrien- 
ta multitud de chiquillos y aun de adultos, quienes se apo- 
deraban de las píeles de las reses y arrancaban los peque- 
fios fragmentos de carne que qiiudaban pegados, ansiosos 



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258 
de proporcionarse algua alimeiilo, porque no podían com- 
prar la carne. Los vientres y las partes mas inmundas de 
los animales, que siempre se arrojaban, eran disputadas 
A los perros, se recogían con avidez y se consideraban co- 
mo un gran regalo. Causaba grima ver las turbas de gen- 
te famélica que discurría por las calles en busca de la li- 
mosna de carne qtie se daba á los pobres. Hubo algunos, 
bastantes, que murieron de hambre. ¿Qué estiaüo es que 
emigrase la gente á bandadas y se fuese al campo, donde 
al menos encontraría raióes y algim alimento? En Cufia 
bubo el gran apuro de la falta de agua; también los artícu- 
los de primera necesidad encarecieron, porque miickoñ 
buques que llegaban al puerto no desembarcaban las mei'- 
cancías si no se pagaban al contado, lo cual no ei'a fiicil 
en la apurada situación en que estaba el comercio, pero 
nunca faltaron los artíctüos de primera necesidad coinn 
en Puerto Príncipe, 

Se habia dispuesto jjor el Gobernador que los tendeles 
no vendiesen el aiTOn sino & 3 pesos arroba lo mas caro; 
pero esta tasa no sirvió de nada. Los que tenían este ai-- 
tículo ie ocultaron, y le vendían después á 12 y 1-5 duros 
la arroba, y por libras á medio peso, y esto por favor. Al- 
guna arroba de harina suelta que se vendió de la traidí 
de Santa Cruz costó 10 duros la mas bai'ata, y un duro la 
lií ra Fl cafe, desayuno de todas las clases, sin distinción, 
de iquel país escaseaba muchísimo, y el que se encon- 
tiiba coitiba 10 ó I2 duros la arroba, casi lo que antes 
costaba un (fmnlal. Pero lo que causará grande admiva- 
(;ion, será que unas pocas patatas que se llevaron de San- 
ta Cruz se vendieron, ó al menos se anunciaron, á medio 
duro la libra. Un serón de ñame costaba en los tiempos 
ordinarios un peso: en Abril costaba esto un solo flame de 
tres ó cuatro libras. Un serón de maíz compuesto de 30^ 



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25!» 
mazorcas, costaba antes medio peso; ahora se daban dos 
mazorcas por un real fuerte, y gracias que se encontrase. 
Los plátanos que antes se vendían á peso y medio, serón 
de 300, costaba caila uno medio real fuerte; el casabe, una 
especie de pan ordinario, hecho de la fécula de la yuca y 
que sirve de pan para la gente del país, daban antes ca- 
torce tortas por un peso; en Abril no se dalia una tortapor 
menos de una peseta sencilla; generalmente era fuerte. El 
saron de boniato, especie de batata ordinaria que solo le 
comía la gente pobre y se daba á los caballos cuando era 
pequeño, y costaba medio peso el serón, se considera- 
ha en la gran penuria como un regalo y no se vendía 
menos de 12 rea'es fuertes, es decir, 35 reales vellón la 
arroba. El serón de calabazas valia, cuando mas medio du- 
ro; ahora costo.ba eso una calabaza pequeña. Los dueños 
de esclavos qne tenian en sus casas los que habían liuido 
de las fincas no podían mantenerlos porque no tenian li- 
teralmente con que y unos los cedieron al gobierno para 
que los emplease en los trabajos públicos sin mas retribu- 
ción que la comida, y otros los daban á ios particulares 
que querían tomarles con estas condiciones; pero hai-to ha- 
cían los particulares con tener que comer para sí. A log 
soldados no se daba mas que la carne y una peseta fuerte, 
que de nada les servia, supuesto que se les iba en poco 
que comprasen Escusado es decir de que manera se des- 
moralizaban los negros desde el momento en que perdían 
la disciplina y el hábito del trabajo. 

No vendiéndose en la plaza los artículos necesarios pa- 
ra la vida sino aprecios enormemente caros, los que te- 
nian esclavos y caballos les hacían salir con las cohimni- 
tas que iban á buscar víveres ó ganado. Pero esta auto- 
rización, dada para mejorar la situación del pueblo, de- 
generó en un desorden espantoso, porque la codicia de los 



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2611 
mas y la intemperancia de todos, dieron motivos para f na- 
dadas quejas poi los desói llenes qup se Lometian. Forzoso 
fué restringir este permiso que tan liuen resultado hu- 
biera producido SI no se hubiera ahusado de él; y viendo 
muchos que no podían salir como antps, lo hadan por sn 
cuenta en grupos ■! neis" de '^ei cogidos. Esto suceiliú 
precisamente con imio que o se tstiaviaron de la co- 
lumna ó salieron solos que fueion cOtíidos por los insur- 
rectos, á pesar de ir desirmadcí ^ asesinados bai-bara- 
mente, tres á machetazos y dos ahorcándoles. Y para que 
se vea la crueldad de aj.iuellos tigres, qne solo sabían aco 
meter al hombre indefenso qne no podia oponerles resis- 
tencia, dos de los muertos eran niños, el mayor de ellos 
de catorce años- Y los miserables que tal acto de salva- 
jismo cometían con hombres indefensos y con niilos, eraa 
unos cobardes que huían despavoridos luego que veian la 
punta de una bayoneta española. También ahorcaron dos 
negras que salieron á buscar viandas. 

La situación de los funcionarios públicos era horrible: 
á la Audiencia se le debían cinco mensnalidades; lo mis- 
mo al ingeniero civil y á los dependientes de su ramo; i 
los alcaldes cuatro, y otras dependencias como el gobier- 
no civil cobraban al corriente, sin que acertemos á com- 
prender en qué consistía este privilegio. No contando los 
empleados con mas que con su aneldo, no siendo decoro- 
so por la posición que ocupaban los que pertenecían á la 
administración de justicia que pidiesen dinero prestado, 
se habían reducido al íiltimo estremo, hasta el de carecer 
de lo mas indispensable para la vida, porque ya se ha 
visto que los artículos de primera necesidad habían to- 
mado unos precios fabulosos. Ayudábanse unos á otros 
con los escasísimas recursos de que podían disponer, y asi 
se salía adelante con grandes apuros. Y sin embargo, to- 



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2G1 
dos liabian estado conti'ibuyeudo, inieHtias les fué huma- 
namente posible, el que menos con una onza mensual pa- 
ra el sostenimiento de los movilizados. 

Los insurrectos entretanto tomaban tan por lo serio su 
empresa, que trataron de organizarse politicamente esta- 
bleciendo un gobierno serio, si serio podia ser nada de lo 
que hacían, Pai'a el efecto, considerado el departamento 
Central como el punto de reunión de los demás departa- 
mentos, fueron allá comisiones de todos ellos con poderes 
amplios, y procedieron á la elección de los altos dignatarios 
de la república cubana, resultando elegidos: presidente 
Céspedes, vice-presidente Aguilera, presidente de la Asam- 
blea el marques de Santa Lucia y general en jefe de las tro- 
pas libertadoras el bravo general Quesada. También se 
nombró un risible ministerio, compuesto de personas de 
tan escaso valer, que era imposible contener la risa al ver 
sus nombres. Verdad es que todo habia Je guardar la de- 
debida proporción, y una i-epública que tenia por jefe á 
Céspedes, y una Asamhlea presidida por el marquí';s de 
Santa Lucía, exigían un ministerio de ia importancia que 
tenia el que se formó. 

El presidente Céspedes, como ora natural, dirigió á los 
cubanos la alocución siguiente: 

■•Compatrio fas: la institución de u« gobierno libre en tuba sóbrela 
base de los principios democráticos, ora el toIo mas ferviente de mi 
coraiíon. Bastaba pues la efectuada realización de este voto para que 
mis aspiracioucs quedasen satisrecbas y ]uxgasc sobradamente relrí. 
buidos los servicios iiiie con rosolros liaya podido prestar á la causa 
de la independencia cubana. 

Pero la voluntad de mis compatriotas tía ido mticlio mas allá, 
ecbandOKoLrcmisliombroslamas honrosa de las cargas, con la su- 
prema niasiítralura do la república. 

No se me oculta la múltiple actividad ([uc requiere el ejercicio 
lio las alias funciones que me babcis encomendado en estos su- 



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262 
premos momentos, á pesar del ¡mporlante concurso de los demás po- 

No desconozco la gran responsabilidad que he asumido ú aceptar 
la presidencia de auestra naciente Bepiililicft. 

Sé que mis flacas fuerzas oslarán lejos de hallarse á la medida de 
una y otra si se hallaran abandonadas á si solas. Pero no lo estarán; 
y esta convicción es lo que me llena de fe en el porvenir. 

Cuba ha eootraido en el acto de empeñar la lucha contra el opre- 
sor, el solemne compromiso de eoasnmar su independencia 6 pere- 
cer en la demanda: en el acto de darse utt goJjiemo democrático, el 
de ser republicano. 

Este doble compromiso coutraido ante la América independienle, 
ante el mundo liberal, y lo que es mas, ante la propia conciencia, sig- 
nifica la resolución de ser heroicos y virtuosos. 

Cubanos; con vuestro heroísmo cuento para consumar la indepen- 
dencia; con vuestra virtud para consolidar la repilblica. 

Contad vosotros con mi abnegación.» 

Los sucesos han demostrado ú. que altura ha rayado el 
heroísmo y la virtud de los rebeldes. 

El generalísimo, que en cualquier otro punió donde hu- 
biese habido pudor, hubiera sido ignominiosamente es- 
pulsado, atendidos sus gloriosos antecedentes , pero que 
éntrelos que le consideraban como un segundo Viriato 
era un gran personaje (|ue á todos tenia avasallados , no 
quiso ser menos que el presidente y también se dirigió A 
sus subordinados en los peregrinos términos siguientes: 

"IlBl'Ulll.lCA CUBANA. 

Ciudadanos, jefes, oficiales y soldados del ejército libertador de 
Cuba: Cuando llegué k mi país á poner mi espada á su servicio , cum- 
pliendo el mas sagrado de mis deberes, realizando la mas intensa as- 
piración de mi vida, el voló camagueyano me honrii con la sorpresa 
de confiarme el mando de su ejército. Acepté á pesar de mis escasos 
merecimientos y facultades, porque esperaba encontrar como encon- 
tré en los camagueyanos las virtudes cívicas bien cimentadas, y esio 
ha hecho llevadera la carga (|ue asumí sobre mis hombros. 

Hoy el poder legislativo de la república me proporciona mayoi 



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■:iir]'rí.'ía el o v¿i rulóme al Jiianilo en jefe ilcl ejéreilo libcj-tador di; 
Cuba. I.ailesconllanza de mis propias íncrzas me asalta de nuevo con 
mas razón, aunque tamlñen me alíenla la convicción Ac que elpatrli>- 
lismo (le mis iicrinauos suplirá la insulicioncia de mis cuallilades. 

¡Camagueyaiiusl rae habéis dado ¡ncoii le álables pruebas de ■vues- 
fras virtudes. Sois modelo do subordinación y enlusiasmo. Perseve- 
rad y aunionlad vucsti'a disciplina. 

¡Soldados do Orienlc! Iniciadores de nuestra sagrada revolución, 
veteranos de Cuba, yo os saludo con sincero afecto; cuento con vues- 
tros bixarros jefes para que nio ayuden á realizar la eminente obra 
■ que emprendemos, y espero que la unión afianzará nuestras fuerzas- 

iSolda los de ias vitlasl Habéis lucbado ya con el déspota. Yo os 
ri opo vuestros esfuerzos y os invito ácontimiorlos... Sois pa- 
utas o eis vencedores. 

b 1 lal s de Occidentel Cimozco vuestros heroicos fraliajos y os 
eo o Conozco la desventajosa situación en que os halláis con res- 
[ lo nuestros opresores, y me prometo remediarla... Yo os envjo 
ol homeiiaie de mi admiración y el auxilio de mis arma 

lCiudadanos,jetes, oflciaics y soldados di;l ejírc lo cul* o Ln 
lüsciplina y perseverancia. 

El rápido incremento que ha lomado la gloriosa m rice on c 
liana asusta á nuestros opresores que hoy se agitan con las conv I 
3¡oncs de la desesperación, y ejercen una guerra d \ ngan^a qie 
Jio de principios. 

El tirano Valmaseda pasea la tea incendiaria y la cuchilla homicida 
por los campos de Cuba. Jamás lilxo otra cosa, pero hoy añade a su 
crimen el cinismo de publicarlo en una proclama iiue no encuentro 
cómo callQcar, sino diciendo qne i^ una proclama del goblcruo espa- 
ñol. En ella se amenazan nuestras propiedades con el fuego y el pi- 
llaje. £so no es nada. Se nos conmina con ia muerte, nada eseso... 
Pero seamenazaá nuestras madres, esposas, hijas y hermanas con el 
empleo déla violencia!... 

La ferocidad es el valor de los cobardes. 

Toosexhorto, hijos de Cuba, á que recordéis á todas horas la pro- 
clama de Valmaseda. Ella abrevianí el triunfo de nuestra causa. Ella 
es una prueba mas de lo que son nuestros enemigos. Estos seres pa- 
recen privados hasta de los dones que la naturaleza concedió á los 
irracionales: el inslinlodela previsión y el escarmiento. Tenemos 
'lúe luchar con los tiranos de siempre, los mismos de la inquisición, 



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.'Oí 
lie la concpiista y de la liomLiíacinn r-n Amúrica. fíaccTi y mueren, vi- 
ven y se suceden los Torquemadas los Pizarros, los Bovés, Jps Mori- 
llos, los Tacones, los Conchas y los \aImasDdas. Tenemos que cornija' 
lir con los asesinos de ancianos mujeres y niños, con ios muliiailores 
de cadáveres, con los idólatras del dinero!!... 

Culjanos, si queréis salvar vuestra honra y la de vnestras familias; 
si queréis conquistar para siempre vuestra lilieriad, sed soldados. Lk 
gnerra os conduce á la paz y a la fcliclilad. La inercia os precipita ii 
la desgracia y á la deshonra.— ¡Viva Cuba! iViva el presidente de la 
repúblical [Viva e! ejército liberladorl 

Pafria.y liberlad.-Guaimaro y Abril 13 de I8Í9. -Manuel guc- 

No sabemos qué es de admirar mas en estos documen- 
tos, si la ridicula seriedad del manifiesto de Céspedes ó la 
ampulosa pretensión del general modelo de generales, ante 
cuyo valor y sabiduría Aníbal, Alejandro, César, el Gran 
Capitán, Napoleón y cuantos generales distinguidos cuenta 
la historia, eran niños de teta. Quesada se ha retratado j' 
ha retratado ;i sus subordinados al decir que la ferocidad 
tís el valor do los cobardes, supuesto qne en los insurgen- 
tes solo se han visto rasgos de ferocidad y ninguno de va- 
lor. Los (jue nunca esperaban en campo raso; los que des- 
apareciaii cuando se les buscaba; los que aguardaban gua- 
recidos en los montes y detrás de las trincheras para asesi- 
nar á los soldados que les buscaban y después hnian cobar- 
demente; los que en todas las trincheras preparaban anlf 
todo la huidera, porque sabian que siempre hablan de 
huir; los que acomelian mil contra ciento estos eran unos 
cobardes. Los que asesinaban á personas inermes^ los (\m: 
destruían y talaban los campos, los que robaban las reses 
y los esclavos, los que sistemáticamente incendiaban la*; 
fincas, eran unos vándalos feroces. 



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CAPITULO xvm. 



CnltimnialiKügiiaqvieconKeae.— El departamento Oiiental— .Triste es- 
tado de lajuriediccion de Bolguin.— PrestMitacion defomilias en Bayamo; 
en MamzanlllD.— Activa peraBouoion con las tropas de Vil late— Pando de 
este eeneraL— Estado du loa iasurrectos en las Cinco Villas .—Ataque da 
la Si^anea.— Aumento de la Guardia eMl.— Nuevas manifestaciones de 
loseoeniigos de España en laHabanS' 



La asamblea ó comité liabajaia con Ki'aii actividad en 
engi'osar las lilas de la rebelión, y para ello apelaba , no 
solo á los medios coercitivos, sino á los eriga&os y fatseda 
des mas indignas. Para este efecto, con fecha 10 de Ahiil 
publicó un decreto por el que se consideraban soldados del 
ejército libertador todos los habitantes del territorio ma- 
yores de 18 años y menores de 50; el que tratase de exi- 
mirse del servicio seria juzgado como traidor y debia su- 
frir la pena correspondiente. Esto no tiene nada de parti- 
cular, puesto que no se trataba sino de recUitai- gente para 
la defensa de su causa; lo que es digno de vituperio por la 
perfidia y la falsedad que encierra es lo que la asamblea 
decia sobre que, teniendo en consideración que las tropas 
españolas en las marchas qne ültimameute habían verifi- 
i:ado habían asesinado á todos los ciudadanos pacíficos que 
se encontraban á su paso, liaciaTiúblic^a su comisión á fin 
lie que las personas inofensivas evitasen hallarse cuando 



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■■M> 
pasasen ¡as tropas c^iiaiiolas; á los qiio pei-niaiiecioiíBn en 
sus haciendas al acercarse aquellas, se les declaró traido- 
res y se !es conminó por este hecho con la pena de iiiueite. 

Resalta desde luego la perversa intención con que la 
asamblea circuló este decreto, poi'que en sus intereses es- 
taba que la gente del campo no se pusiera en contacto con 
las tropas para que no supiese el verdadero estado del país 
y para mantenerle en la completa ignorancia en que esta- 
ba de todo cuanto ocurría, llegando esto á un estremo lal 
que estaba se veramente prohibido el comunicarse los due- 
ños de fincas inmediatas enti-e sí. Además no se vacilaba 
en mentir de la manera mas descarada, suponiendo que 
se hablan cometido asesinatos por nuestras tj'opas,deciiya 
íalsedad apelamos á todas las personas que han sido testi- 
gos de la guerra, para hacer que la gente sencilla 6 igno- 
rante tomase miedo y horror á los espaüoles y huyese de 
ellos. Por esta y otras calumnias parecidas se ve que nues- 
tros enemigos echaban mano de cuantos ardides les suge- 
ría su imaginación, por mas calumniosos que fuesen. Coa 
esta nobleza y esta generosidad nos hacian la guerra; con 
esta nobleza quemaban las tincas en los sitios por donde 
habían de pasar nuestras tropas y después les atribiiiaii 
los incendios. 

El departamento Oriental continuaba sin adelantar gran 
cosa de positivo, á pesar de las batidas que se daban al 
enemigo. El 3 de Abril fueron sorprendidos unos 400 in- 
surrectos en un cafetal, dejando íííí muertos, una bandeía, 
muchas armas, 200 caballos y varios efectos. El 1¡)iii!l 
mismo marchó á Cuba el general Cuceta con una fuei'za 
de 1 .000 hombres de refuerzo, lo cual oimos decir hahia 
producido la dimisión del general Latorre, que por lo vis- 
to, si fué cierta, no fuó admitida. También el general Vi- 
llate había recibido algún refuerzo, con lo cual podia es- 



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?(;7 

lender su acción, pladteaiido el sistema do yueslos cvisto- 
diados por tropa para facilitar laa coinunicaciones é ins- 
pirar confianza. No es decir esto que !a situación del 
departamento fuese completamente satisfactoria; habla 
mucho elemento rebelde todavía, solo que se corrían la^ 
¡lartidas de un lado á otro y muchos de los sublevados se 
pasaron hacia el departamento Central, donde estaban mas 
seguros. Céspedes con bastantes de sus afiliados estuvo en 
Sihanicú y sus inmediaciones después de la gran reunión 
de proceres libertadores. En los ah'ededores de Cuba, gra- 
cias á la activa persecución que les hacia el general La- 
lorre, los insurrectos liabian desaparecido y muchos pro- 
pietarios volvieron á sus fincas donde se pudo moler, aun- 
([ue no lo que hubieran podido prometerse de la gran co- 
secha que se presentaba, líl general Latorre, que desde que 
lomó el mando, supo inspirar confianza en el departamento 
por su entereza y acertadas disposiciones, dispuso la crea- 
don de contra-partidas, y este sistema de que también 
hizo uso el general Villate, dio tan cscelente resultado que 
en gran parle st; le debe la pacificación del departamento 
Oiiental, En el Central se rehuyó constantemente por los 
jefes de operaciones este sistema que todo el mundo reco- 
mendaba, y ya se ve lo lucidos que estábamos en este de- 
paitamento. Escrúpulos infundados unas veces, otras ese 
espíritu de hostilidad marcada que se tiene por los milita- 
res á todo lo que no es estrategia escrita en los libros ó 
aprendida en los colegios ó academias, fueron causas para 
fjue se rechazase como malo lo que estaba probado en otras 
partes como bueno, como si para esta guerra hubiera es- 
trategia ni planes escritos. 

La jurisdicción de Holguin estaba completamente aso- 
lada, y aun cuando gracias al trabajo incesante del teni eu 
íp Cfironcl Sr. Benejxasí, los insnrrectos estaban desmorali" 



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268 
zados, andaban en pequeiías partidas robando cuanlo en- 
contraban, quemando las principales fábricas y sembran- 
do en todas partes e\ teri'or,, la desolación y el espanto. 
La coluinna de Gibara hacia prodigios de valor pero nada 
positivo se adelantaba, porque los derrotados hoy en un 
punto, aparedan maiíaiia en otro. Con razón se decia de 
dicho punto con fecha 10 de Abril, que el estado deplorable 
en que se encontraba aquella vasta jurisdicción exijia im- 
periosamente que el -'Gobierno les enviase 1000 hom- 
bres para acabar cou los bandidos, so pena de quedar- 
se todos en la mas ^pantoaa miseria y que las fincas 
se convirtieran en una hoguera. Y lo que decimos de la 
jurisdicción de Holguin, puede aplicarse á las restantes, 
donde los rebeldes no hicieron otra cosa mas, que incen- 
diar y saquear. La rebelión estaba moralmente muerta 
en Abril, porque ella misma se habia suicidado, pero 
las partidas que andaban diseminadas escapaban á la 
persecución, y bandidos ó no, nos tenían siempre en 
jaque. 

En Bayamo se habían presentado mas de 4000 familias 
y en Manüanillo también se presentaban muchas, y era lal 
el desaliento que reinaba entre los enemigos que el gene- 
ral Villate dijo al capitán general que los tenia tan descon- 
certados que no sabían donde meterse, y que las faccio- 
nes se hablan subdividido de una manera tal que basta- 
ban columnas de 200 hombres para perseguirlas. Para el 
efecto combinó cinco columnitas que causaron á los rebel- 
des mas de 90 muertos, cogiéndoseles muchas armas, muni- 
ciones, plomo y caballos. En la batida perdieron un titula- 
do coronel, dos hermanos de un general Acosta, dos ayu- 
dantes del presidente Céspedes, habiendo faltado poco 
para que tanto él como Aguilera hubieran caído en poder 
de nuestras tropas. En este encuentro quedó en poder de 



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3()íi 
los soldados la virgen espada de éste, por mas que fuese 
Ministro déla GueiTa. 

El 16 salió de Cuba el general Latorre con una columna 
de 1500 homlires en direceion al campamento que el re- 
belde MárraoHenia en el ingenio San Luis. Habia cons- 
truido este tantas y tales defensas, que se jactaba de que 
no podrían las tropas desalojarle; sin embai'go de tales 
bravatas, ni aun siquiera encontró seria resistencia la co- 
lumna, huyendo los rebeldes, sin intentar defender los 
parapetos y tríncheras. Escusado es decir que dejaron en 
el campamento todo cuanto tenían de vívcrf s, municiones 
y pertrechos de guerra. 

El general Valmaseda que no babia podiilo emprender 
grandes operaciones por falta material de tropas, i-ecihió al 
flnalgun refuerzo y con este motivo, cansado ya déla leni- 
dad que habia usado con los insurrectos, y cc)nsiderando 
(¡ue si con mano inerte iió se cortaba la cabeza de la hidra 
todo seria malgastar el tiempo en nuestro perjuicio dictó 
el bando siguiente: 

"Habitantes dü los campos, f.os refuerzos de tropa ipir yo espera- 
ha han llegado ya; con ellos voy i dar protección á los buenos y cas- 
tigar prontamente ¡i los que anii pprmaneecn rebeldes al Gobierno de 
'aMcIrdpoÜ. 

Sabéis ([lie he perdonado ú los f[ue nos han combatido con las ar- 
mas; sabéis que vuestras esposis, madres y hermanas han pncon- 
Iradoenmiuna protección negada por Tosoíros y admirada por ellas, 
sabéis también qnn muchos de los pertlonados se han vuelto conlra 
mí.— Ante esos desafueros, ante tanla ingratitud, ante tanla viilania, 
ya no es posible que yo sea el hombre do ayer; ya no cahe la neulra- 
lldad mentida; el que no está conmigo está contra mi. y para que 
mis soldailos sepan distinguiros, oid las úrdenes <íiie llevan. 

Todo hombro desde la edad (le 1 5 años en adelante que se encuen- 
tre fuera de íinca, como no acredite im motivo JustiUcado para haber- 
ío hecho, será pasado por ias armas. 

Totlo caserío que no esl(í habitado, sera incendiado por las tropas. 



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270 

Todo caserío dnniio no campoíí i(ii lifiíizo bluncd í:u forma rtc ban- 
dera para acreditar que sus ducüos desean la paa, será reducido S 
cenizas. 

Las mujeres que uo CBténensua respectivas fincas ó viviendas ó 
en casas de sus parientes se reconcentrarán en los puuhlos de Jigua- 
ni, ó de Bayamo, donde se provceríi á su manuteneion; las que asi m 
lo lucieren sen'in conducidas por la fuerza. 

Estas determinaciones empw^nrán ú tennr lugar desde el Milfl 
corriente mes. 

Bayamo i de Abril de I80y. 

Firmado.—El Conde de Valroas<;ii;i." 

Este Jjaiido fué duramente censui'ado poi los rebeldes y 
sus amigos; pero en nuestro juicio, visto que iban pasados 
seis meses sin que la rebelión se huhiese sofocado, des- 
pués de la gran parsimonia y hasta escesiva moderación 
con que se liabia procedido por los jefes militares, después 
de tantos ofrecimientos de perdón rechazados, después de 
tantas perfidias y traiciones, cuando sabia por una triste 
esperiencia el general lo que significaban las presentacio- 
nes de muchos insurrectos y que los que permanecían en 
el campo eran otros tantos espías seguros que tenian, la dp ■ 
terminación que tomó fué bien tomada. No poco han con- 
tribuido á alargar la guerra contemplaciones indebidas 
con los insurrectos; y sobre todo, en ¡la guerra es pi-eciso 
obrar como en guerra. Los sistemas de blandura y de ca- 
ballerosidad, con quien no sabe apreciarlos, han dado re- 
sultados muy negativos para ¡el bien. No abogamos poi 
una guerra de esterrainio, porque no cabe en ningún co- 
razón cristiano; pero entre la severidad y la blandura op- 
tamos por la primera, puesto que la segunda no ha dado 
nunca ningún buen resultado. 

A principios de Abril las fuerzas insurrectas continua- 
ban siendo numerosas en las cinco .villas, y se habían re' 
fugiado en el monte llamado Siguanea, que apellidaban 



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^71 
Sebastopol poi' lo doíciidido que (ístaba oii iodos los pues- 
tos que le daban acceso. El 1." del mes se presentó el ge- 
neral Pelaez con la columna que sacó de l'.ienfuegos en el 
[luiJto que se suponía hana mas resistencia el enemigo. N() 
tardaron en reunirse por distintas partes los generales Le- 
tona, Bnceta y brigadier Escalante con sus colunmas y 
emprendieron la subida á la áspera y difícil sieixa, coq 
las necesarias precauciones, porque se sabia que allt se lia- 
bian reunido lo menos 3.000 insurrectos. Pero á pesar di' 
haber recorrido el terreno en varias direcciones, ni un 
enemigo encontraron que defendiese los numerosos reduc- 
tos, trincheras y parapetos de piedras y troncos clavado; 
en el suelo y rellenos de tierra que obstruían todas las su- 
bidas. Con i-azon puede llamarse la insurrección de Cuba 
la insurrección de las trincheras, porque parei^e que los in- 
surrectos no han sabido hacer otra cosa para defenderse, 
pero solo de imaginación, porque de hecho para maldita 
cosa les sirvieron, como no fuese para asesinar desde ellas 
á mansalva á los soldados que iban á tomarlas á pecho 
descubierto. 

Pero si les faltaba el laloi paia batii'se, les sobraba la 
crueldad, asi que i uando nuestri-- tropas entraron eu Sí- 
guanea encontraron ardiendo una c asa, y antes habia sido 
quemando el puebiecillo llamado de la Sierra. Pero lo que 
liorrorízará i todo el mundo ser i saber que en el sitio que 
habían ocupado los insurrectos encontraron nuestros sol- 
dados el cadáver de una ¡óvcii como de ?0 años decapitada. 
Al dar el general Pelaez el parte de las operaciones, decía 
estas palabras, que son la verdadera espresion de lo que 
valía la rebelión: «Llegados aquí, si bien no hemos tenido 
la suerte de batir al enemigo, porque este ha huido apre- 
suradamente, no por eso liemos conseguido menor satis- 
íaccíon, pues así se convencerán todos de que uo hay re- 



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sistencia posible por parte de esta clase de enemigos i 
nuestras tropas, pues si ahora no se han defendido, pue- 
den perder poi completo la esperanza de hacerlo en lo su- 
cesivo; el baluarte inespugnable se ha tomado sin mas 
trabajo que el del hacha; el sitio de este ha estado aban- 
donado; el paraje que servia para infundir miedo no les 
ha aprovechado á ellos mas que para su bochorno. 

Por decreto del Gobernadov superior de 12 de Abril, se 
aumentó con 1 .000 hombres la fuerza de la Guardia civil, 
organizándose al efecto un segundo tercio. Su misión es- 
clusiva habia de ser proteger las haciendas enclavadas en 
las jurisdicciones de Cárdenas, Coloii', Sagua, Oienfuegos, 
Santa Clara y llemedios, evitando en ellas los robos, in- 
cendios y demás crímenes que puderan cometerse, y pro- 
curando la captura de los criminales. Abrazaba también la 
aprehensión de chinos y negros cimarrones , así coinri 
la devolución á sus dueños de los que no hubiesen come- 
tido mas delito que el déla fuga. Costeaban esta fuerza Jos 
propietai'ios de las respectivas jurisdicciones, con un ira- 
puesto de tres y medio por ciento anual sobre la renta liqui- 
da confesada de las fincas ríisticas. Esta medida era de im- 
prescindible necesidad, puesto que después de terminadas 
todas las guerras, siempre queda una levadura de gente 
de mal vivir que no olvida sus antiguas manas y que en 
muchas ocasiones suele servir como base de ulteriores pla- 
nes. En Cuba, donde tanto abundan los vagos y donde los 
negros quedarían tan desmoralizados, eran de temer esce- 
nas de bandolerismo si no se ponia un seguro remedio. U 
medida, pues, no podia ser mas acertada. 

Ya hemos visto dos manifestaciones hechas en la Ha^ 
baña por los enemigos del nombre español, la del teatro 
de Villanueva y Louvre y la del embarque de los deporta- 
dos. En ambas ocasiones sucedió lo que era de esperai', y 



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273 
lus sediciosos fueron do 1) idamente cs<;arDiemados. Parecía 
que con estos precedentes y vista la noble y decidida acti- 
tud de los volnntaiios hubieran desistido de sus matiejos; 
pero no sucedió así, y desgraciadamente se vertió de nue ■ 
\o sangre en las calles de la Habana. Responsables de- 
ten ser aute Dios los que tan descabelladamente, en apa- 
riencia, pero con la daüada intención de causar víctimas 
y producir choques entre el pueblo y la fuerza armada, 
producían escenas que el buen sentido y hasta la humani- 
dad reprueban. 

Habían sido condenados á muerte por traición dos in- 
dividuos que el 9 de Abril debían ser ejecutados. El sitio 
de la ejecución se encontraba completamente lleno de gen- 
te cuando se procedió á dar garrote á uno de ellos llama- 
do de apellido León. Durante toda la carrera habia ido con 
el mayor descaro y haciendo señas de inteligencia; llegó 
al sitio designado, subió al patíbulo, y forcejeando cuanto 
pudo dio un viva á la independencia de Cuba, que fué con- 
testado por alguna personas apostadas cerca de aquel lu- 
gar. Millares de voces contestaron á estas voces sediciosas 
con la de mmra, y en aquel momento se dispararon algu- 
nos tiros de rewolver por los revoltosos, quienes huyeron 
después disparando nuevos tiros y perseguidos por los vo- 
liintarios y soldados de caballería. Dos de los sediciosos 
fueron muertos en el acto, y después en las calles hubo 
varias víctimas, hasta el número de seis muertos y tres 
heridos según una versión, muchos mas según otra. Los 
voluntarios que formaban el cuadro permanecieron fir- 
mes en sus puestos, por mas que los perturbadores del or- 
den dispararon contra ellos, y su actitud íírme y serena 
contribuyó poderosaraentn á que el conflicto no hubiese 
tenido las funestas consecuencias que sin duda se propo- 
aian sus autores. Los dos reos fueron ejecutados v todo 
IS 



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volvió a entrar otra vez en calma. Esta íiiieva haza- 
ña es de consignarse en los fastos de esta memofablf 
rebelión para vergüenza y oprobio de los que tan lo- 
camente producían conflictos solo por el plareí' de pv»- 
ducirlos. 



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CAPITULO XIX. 



i loa iDsurtíc- 

_ Ja junta central republicana para 

... >s — Circular del general Dulce Secuestro de bienes de 

lOB que componían la junta cubana j da losinsurrectos.— Los deportados 
de la Habann.— El hrigadiGt Lesea prepara y realiza una eepedicior ' ~ " 



l«i persistencia de los monitores peruanos en no aban- 
donar dcñnitivacente las aguas de Cuba y las fundadas sos- 
pechas que habia de que no eran estraños sus movimien- 
tos á los intereses de la rebelión, habia causado cierta des- 
confianza, en nuesti'o juicio no infundada. Los dichosos 
monitores, que por lo visto caminaban á paso de tortuga, 
estaban aun en San Thomas el 11 de Mayo, á cuya sazón 
llegó á aquel puerto nuestra fragata acorazada Victoria, pro- 
cedente de la península. Estando anclada la fragata vio 
entrar en el puerto et vapor Avago con gente y pertrechos 
que sedería eran para los monitores, y llamando esta cir- 
cunstancia la atención del comandante de la fragata, creyó 
conveniente quedarse allí vigilando los monitores. Parece 
que no debia ser muy inocente la llegada del Avago, puiístu 
fjue se supo después que habia salido de Nueva- York; que 
estuvo fondeado tres dias en Sandy Hook, á la entra- 



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?7C 
da órI puerto, sin que sfi supiera oou que objeto. No de- 
be olvidarse que cuando la Andaluza capturó e! bergautiii 
americano Síary Lou>e, este había estado haciendo sehales 
4 uno de los monitores; estos al fin se dirigieran á las ¡Bar- 
badas, y la Vitoria marclió á la llábana. 

Tenemos motivos muy fundados para sospechar de las 
buenas intenciones de los barcos peruanos, supuesto que 
el Arngo estaba considerado como uno de los que auxiliaron 
á la rebelión cubana, y como esta tenia sus ramificaciones 
en Puerto Rico, era muy de temer que se hubiese verifi- 
cado algún desembarco de armas en cualquier punto de la 
Isla. Absurdo parecería esto después de la reciente abortada 
rel)elion, pero estábamos acostumbrados á no ver sino ab- 
surdos. Además, que se tramaba algo en Puerto-Rico es 
indudable, y prueba de ello es el aviso que se dio desde 
Nueva-Tfork de haber burlado la visilaucia de las autori- 
dades el vapor Josejihim, que iba con armas y pertrechos 
de guerra para aquella Isla. El paso que posteriormente 
dieron Chile y el Perú de reconocer á los insuri^ontos como 
beligerantes, denota que estaban plenamente de acuerdo 
con la insurrección. 

Es de notar también la circunstancia de haber aprn- 
bado el Congreso mejicano, en sesión del 5 de Mayo, una 
proposición, autorizando al ejecutivo para que reconociese 
como beligerantes á los cubanos insurrectos. Nosotros, con 
esa ligereza que nos es tan característica, recibimos con 
menosprecio la noticia, pero la verdad es que en circuns- 
tancias como las que atravesaba la Isla no había nada que 
pudiera despreciarse. Cierto es que en Méjico no había es- 
cuadra ni tenia medios materiales de prestar auxilio á los 
rebeldes, pero ya sabian que tenían derecho para contar 
con las simpatías de la república, y que podían esperar 
que con este precedente no faltarían aventureros que acn- 



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277 
diesen A er^i-oenr las filas reholdüs con la esperanza del 
botín. Esto contribuía á sostener el espíritu píiblíco re- 
belde, porgue circulaba entre ellos con éxito la moción de 
M. Banks para que el Cons^so de los Estados-Unidos hi- 
ciese una demostración de simpatía hacia la rebelión cu- 
bana. Este Mr. Banks era el principal agento que el comité 
cubano tenia en Washington. 

La junta central repubhcana de Cuba y Puerto Rico 
establecida en Nueva-York, con el deseo de allegar fondos, 
dii-igióá todos loa patriotas una circular en quese contenía 
el acuerdo adoptado el 1." de Abril. En dicha circular, fir- 
mada por el Sr. Morales Lemus como presidente, se orde- 
naba formar un padrón de todos los cubanos y puerto- 
riquefioa que se encontrasen en circunstancias de poder 
prestar auxilios pecuniarios á la causa de la rebelión; que 
se les dirigiese esquelas de invitación para que contribu- 
yesen á tan santo objeto todos los que se considerasen 
como capaces por sus recursos para prestar tan üoportante 
ayuda; que se mantuviese coa el mayor secreto el nombre 
de los contribuyentes que así lo deseasen. Los que no cor- 
respondiesen A ia invitación, ó dejasen de contestar á las 
cartas, ó faltasen & las promesas, ó de cualquier modo, sin 
fundado motivo, desatendiesen el llamamiento, además de 
publicar sus nombres, se remitiría lista de ellos al gobier- 
no provisional de Cuba para sus efectos, entre los cuales 
seria una circular á los jefes de las tropas libertadoras 
pai'a que aun cuando hubiesen nacido en Cuba ó en Puerto 
ílico, se les tuviese como afiliados en el opuesto bando . En 
las circulares se decía lo siguiente: «Siéndonos bien cono- 
cido el patriotismo deV., le invitamos á que contribuya 
con la cantidad que juzgue oportuno á la causa de la pa- 
tria, pudieiido dirigirse íí este efecto á cualquiera de los 
miembros de la junta, y le suplicamos haga conocer el 



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278 
anterior acuerdo á las personas que, aimquo nacidas en 
Cuba y Puerto Rico, quieran pasai' por veiiiailefos patrio- 
tas, siendo en realidad nuestros peores enemigos.» 

Era de suponer que esta demanda, que se parece mu- 
cho ala del pobre que pedia limosna á Gil Blas cenia boca 
de un arcabuz, tuviese el mismo efecto que tuvieron las 
circulares diiigidas por Quesada (i los propietai'ios de 
Puerto Príncipe, y que hiciesen el fiasco que habían hecho 
los [íolpes teatrales de Nueva-York y Washington, en que 
.1 pesar de haberse anunciado grandes funciones ¡t benefi- 
cio de la insuiTeccion, ni para los gastos pudo recogerse; 
sin embargo, bueno era parar el golpe, por lo que pudiera 
suceder, y contestar á una amenaza de espoliacion con un 
acto de severidad que a! mismo tiempo fuese un cor- 
rectivo para los fautores de la derrama. El general Dulce, 
en su vista, publicó la circular siguiente: 

-Gobierno superior poütico de la provincia i!e Cuba,— Circular,— 
Se ha recibido por el correo y circula con profusión un papel impreso 
Armado José Morales Lemus, presidente de la Junta central republi- 
cana de Cuba y Puerto-Rico. 

Do la lectura de ese documento se dcspreailen importanles consi- 
deraciones que yo, primera y superior autoridad do esta provincia 
española y responsable & mi país de la integridad de su territorio, no 
puedo menos de tomar en cuenta. 

Deslindados estSn los campos y desplegada la bandera, lio los ene- 
migos de nuestra patria no son los mas temibles aquellos que de mon- 
te en monte y de sierra en sierra esquivan el encuentro de nuestros 
soldados, porque aun asi hay algo de nobleza en su cobardía. A su 
modo luchan y las mas Teces riegan el campo con su sangre ; desde 
un principio dijeron & dónde iban y proclamaron la independencia 
del país en que nacieron, olvidándose, es verdad, de iiue españoles 
son y serSn, contra su misma voluntad, porque el idioma, la relígiojí, 
las costumbres y la sangre de que se vive, constituyen para el Iioni- 
brcla patria verdadi'ra, 

Mas culpables de! crimen de traición son aquellos que, con sola- 
pada humildaí) y rastrera hipocresía, demandaron derechos políticos 



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279 
umiN) I.'! úiiioo rcmcilio ii i]iu;stras iliscorilias, y rcspoiiilírron ciianila 
U'A fueron concedidos con providencial ingratitud. 

Desde ese din sus maqtiinacíonCB lian sido el ilnico y oscIubIto 
iibjelo de mi vigilancia. Desde eso dia lie seguido bus |iasos y liasla 
i'KpiadosusinlDflciones. Con medidas preventivas lea hice ver, en 
fina ocasión solemne, que no me eran desconociilos sus proyectos. 
Desapoderados y ciegos, sin embargo, no so lian mantenido en los li- 
mites de sil habitual prudencia, y ellos mismos con ese documento 
w apresuran ájustillcar las medidas tomadas ya, ios acuerdos para 
' (íuya inmediata aplicación habrá recibido ú recibiri V. S. instruccio- 
ciones de car&clcr reservado, y el sistema de inquebranlahle rigor 
ijue me he propuesto seguir, mas necesario hoy que la rebelión 
armada iia entrado en su periodo de agonfa, que cuando en la parte 
Oriental y Occidental de esta provincia y en su dcparlamenlo Central 
se ostentaba con alardes de vigor. 

En ese documento, que t'i realiisarse lo que en él se recomienda se 
i^ijcontrarian sus autores con una mina do oro para sus vicios y pro- 
vechos individuales, se intenta amedrentar t los limidos, se lisonjea 
y se halaga el instinto de los codiciosos y se amenaza á los que, (leles 
á la tradición española, no scríin nunca pérfidos ni traidores. 

Como V. S. comprenderá, ni el respeto á las doctrinas, ni el culto 
A los principios, lioy precisamente (ina la legalidad poliüca y odmi- 
uistrativa de nuestra patria es un BCcrelo de! porvenir, me detendrán 
por áspero que fuere en el camino que la tranquilidad de las familias 
y la salvación de la propiedad me aconsejan. 

Dominada y vencida la insurrección armada, fuerza es, porque asi 
lo reclaman la conveniencia de todos, la equidad y la opinión, que la 
aplicación severa de ciertas leyes, seque al manantial on donde bus- 
can y encuentran sus recursos los encubiertos instigadores de esa 
lucha fratricida. 

Encargo á V. a., pues, una prudente vigilancia; no comprometa 
un bullicioso esceso de patriotismo el cumplimiento de las órdenes 
que haya V. S. recibido y reciha en adelante. 

Cualquiera omisión ó descuido, por insignilicante que sea, me im- 
pondría el penoso deber de castigarle con todo el rigor do la ley," 

;\. consecuencia de esta circular se «iiú orden a! Go- 
bernador civil de la Habana para que procediese al i'nibar- 
go de los bienes que tuviesen Modales Lemns y oíros tjiie 



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componían la junta; y también los gne hubiesen poseído 
mientras no se justificase halier cumplido escrupulosamen- 
te cuantos reíjuiaitos tienen estíihlecido las leyes para ol 
traspaso del dominio. Protestóse por los lilihustems con- 
tra esta medida; pero ya ellos anteriormente tenían hecho 
mas; habiaii confiscado los bienes de los españoles. El Ca- 
pitán general de Cuba no confiscaba y en ello obraba bien; 
no hacia sino adoptar una medida de pura tutela de la so- 
ciedad contra los que trataban de desquiciarla, priviindoles 
de los recursos ,de que podían disponer para sostener su 
uiala causa y aplicándoles á gastos de guerra como contri- 
bución impuesta á enemigos declarados de España. La me- 
dida del secuestro se hizo general después para todos los que 
estuviesen en el campo enemigo ó coadyuvasen por cual- 
quier medio en favor de los sublevados. Consultado el Go. 
bierno sobre el destino que debería darse al producto de 
los bienes embarcados, contesto por telegrama que se apli- 
case á gastos de guerra. 

Para llevar á cabo con todo el carácter legal, solemnií 
y público necesario las operaciones consiguientes ¡i los 
embargos de los bienes acordados, se creó un Consejo de 
Administración 'compuesto del Gobernador de la Habana, 
Presidente, de tres individuos del Ayuntamiento, tres pro- 
pietarios y hacendados y tres comerciantes, un jefe de Ha- 
cienda y un Secretario. Todos los fondos que se recaudasen 
se depositarían en la Tesorería general de Hacienda, que- 
dando á disposición del Presidente dichos fondos, pnívio 
recibo. Por supuesto que de la recaudación habría de pa- 
garse todo lo necesario & sueldos de empleados y gastos de! 
material. También se dictaron disposiciones para vigilai 
los contratos de venta de los bienes de los compren- 
didos en la disposición del Gobierno, El secuestro so- 
lamente se aplicaba S los bienes propios de los declara 



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2HI 
dos ftnGmip:os de España y no se vñilflcai'ía iiuiic.i, on per- 
juicio de tercero, cuyos derechos, una ve/, justificados , se 
reconocerían como preferentes. El Gohiemo <nieria prever 
y castigar, pero no al)usar, y por eso rodeaba esto acto de 
severidad de tales precauciones, de suerte que nunca pu- 
diera decirse qne era una espoliacion. Justo, justísimo era 
que los que hahian provocado la guerra y traído sobre 
su patria tantas y tan grandes calamidades sufriese el 
castigo de su mal obrar. Nosotros, que aplaudimos desde 
luego el secuestro, no admitimos jamás la idea enunciada 
y sostenida déla coiiílscíidon, ni aun concediendo que 
en la isla de Cuba estuviesen vigentes las disposiciones le- 
gales que la había estalilecido. El buen sentido había 
liecho que desapareciese en Europa este medio de castigo 
que repugnaba A los adelantos do la civilización y cuyo 
resultado era afectar á los inocentes hijos de los culpables 
y 1:0 había de admitirse en AmtTica. ¡Cuántas leyes hay 
que no están terminantemente derogadas, y sin embargo e! 
buen sentido las ha derogado! 

Ya dijimos que habían salido para Fernando l'óo los 
desterrados políticos y las desagradables escenas que hubo 
i su salida. Tíídos creían que el vapor segubia su marcha, 
cuando en la Gaceta de la Habana del 23 de Abril se publi- 
có una manifestación oficia! diciendo que el buque habia 
tenido que llegar de arribada á Puerto Rico por averias en 
la máquina difíciles de corregir en alta mar y temores do 
ima epidemia según certificación de los médicos de dota- 
ción del buque. El Capitán general de Puerto Rico parece 
que hizo salir inmediatamente el vapor y dio parte al de 
Ciüba, quien á su vez la hizo al Gobierno para que se exi- 
giese la responsabilidad en que hubiesen incurrido los mé- 
ilicos. Desde luego, sin necesidad de sor muy linees, se com- 
prende que la acribada á Pnoik) lÜco no fui; tan inocentn 



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'■Oüiu ^fSLipunia, y q\n-, cüiindo menos se trataba do ;iaiuii 
tiempo para gestiones ijne se practicasen en ?iladric!, donde 
!a insuiTtíCcion tenia agüntcs seguros é incansables. No sa- 
bemos si los médicos lograrían sincerai-sede! cargo que se 
les diriííia.Lo que si se supo fué (jue los deportados fueron 
llevados en efecto á Fernando Vóo, de donde se fugaron 
después muchos de ellos por artes que ignoramos. 

El Gübeniador, brigadier Lesea, viendo la situación de 
Puerto-Principe y que á los soldados no podía darse mas 
ración que do carne; dispuso una espedicion para ir á Nue- 
vitas y conducir un convoy para que no pereciese de 
hambre la gente. Esperaba encontrar en aquella poblacioN 
liiei-^as que, según pai-ece, le habla ofrecido el Capitán ge- 
neral y con esta esperanza salió de Puerto Principe el 1 1 
r.oii dos batallones del regimiento infantería laReina, uno 
de voluntarios de Aragón y otro provisional compuesto de 
algunas compaiiías del Rey y di- Cazadores de la Unioi], 
con seis piezas de montaña y una sección de caballan'a. 
Llevaba además unos cien ingenieros y 500 ó 600 negros 
para rozar y talar el monte en los puntos en que fuese pre- 
ciso abrir nuevo camino, supuesto que el antiguo estaba 
en muchos puntos completamente interceptado. Con el 
brigadier Lesea, fueron e! brigadier Ferrer y el corane! 
üoyeneche. Todo el mundo tenia puesta la esperanza eii 
esta espedicion de cuyo buen resultado no se dudaba, y áe 
la que dependía que hubiese algún surtido de víveres, aun 
cuando fuese á precios elevados. 

Pero lo bueno es que cuando nada, absolutamente 
nada mas que miseria y privaciones teníamos; cuando 
continuilbamos en el mas completo é incalificable aban" 
dono, un periódico de la Habana, de Mario, decia quela 
insurrección había recibido el golpe de gracia en este de- 
parlamonlo con el paso do Cnhitas y que la situación d^ 



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l'uerto IMiicipe no üra tan apurada coiiiu su halji;i ci'i'ido. 
además en utro periódico de la misma ciudad se decía que 
lA coronel Goyeneche habia llevado mi gran convoy de 
Santa Cruz, Ya se sabe lo que de Santa Cruz llevó y el des- 
uno que se le dio; se alivió algo la suerte del soldado' 
pero nada, absolutamente nada la de la hambrienta pobla- 
ción, que cada vez era mas desgraciada. 

El camino de Nuevitas era el punto donde se decia que 
los rebeldes tenían concentradas sus fuerzas y donde habían 
iiecho grandes trabajos para impedir la comunicación de 
aquel puerto con Puerto Principe. Sin embargo, con gran- 
de estrañeza se supo que todas las partidas habían aban- 
donado la línea de Nuevitas y se hablan dirigido hacia Si- 
baiiicü. Luego que salió la columna de PuertoPríncipe, se 
dividió en dos medias brigadas; una con el brigadier Lesea 
marcho á Nuevitas, y otra con el brigadier Ferrer se que- 
dó á limpiar el camino de obstáculos y de enemigos. A pe- 
sar de los preparativos que se halMan hecho, y de las ame 
liazas que íí falta de otras dotes mas positivas y eficaces sa- 
bían lanzar los insurrectos «o opusieron ninguna resistcn- 
da y Lesea llegó á Nuevitas sin novedad. Ferrer, con su 
incansable actividad, se dedico á, destruir tiincheras y pa- 
rapetos bien construidos, de tierra y palos y blindados con 
los rails que habían arrancado del ferro-carril. E« el para- 
dero llamado de Castillo destruyó una gran trinchera re - 
vestida con cortes de bocoyes con su foso y otras diez j 
ücho pequeñas en forma de redientes, sin que en la opera- 
«on encontrase el menor obstáculo, y eso que, con esa 
fraseología ampulosa y ridicula que para todo usaban los 
enemigos, habían bautizado aquellas fortificaciones con 
los nombres de Sebastopol y fuerte Sumpter. Mucha dife- 
rencia había entre Jos defensores de aquellas fortalezas y 
loK de las del r.amagüey. Ünícameiito el 17 se presentó un 



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considerable grupo faccioso detms de una trinchera en ac- 
titud de resistir; pero después de haber recibido tres dispa- 
ros de granada y viendo que las tropas lea acometian de 
frente y de flanco, huyeron precipitadamente. La trinchera 
era formidable, pnes tenia mas de 300 metros, estaba en 
la parte céntrica del camino y terminaba por ambos cos- 
tados en forma circular dentro del bosque, y ademiia es- 
taban defendidoslos flancos por tres líneas paralelas de trin- 
chera en forma de redientes, que ocupaban mas de un 
kilómetro: su espesor era de dos metros y medio. El 18 se 
presentó el enemigo, por supuesto parapetado, y rompió un 
fuego que cesó al momento, luego que fuó contestado. 

El brifiadier Ferrer no se limitaba á deshacer obstácu- 
los y á batir al enemigo, sino que además reconocía los 
puentes y alcantarillas del ferro-carril, componia provisio- 
nalmente lo que estaba deteriorado, chipeahí el monte 
donde era preciso hacerlo y ahuyentaba al enemigo iitm- 
pre que vergonzosamente y á distancia muy respetable se 
presentaba. El 22 los rebeldes, enveide presentarse 1 ven- 
cer ó morir como tan jactanciosamente decían, piendieroii 
fuego á los cañaverales mas distantes del campamento de 
nuestros soldados, quedando reducidos i cem/is Por la 
parte de Nuevitas se hacia la misma opericion por las res- 
tantes tropas, sin mas obstículoa que ligeros tiroteos sin 
resultado . 

En las inmediacianes de Nuevitas se encontraba el ge- 
neral Letona como jefe de todas las operaciones militare^ 
con el brigadier Escalante y unos 3. 000 hombres, entre ellos 
los voluntarios catalanes que tan entusiasta recibimiento 
tuvieron en la Habana. Con parte de estas fuerzas fué cu- 
briendo el general el camino, mientras que los ingenieros 
ayudados por los negros componían provisionalmento los 
desperfectos que encontraban, operación que por su lad" 



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28E. 
también hacia Ferrer. De esle modo pudo salir do Nuovitas 
al mando de Lesea un convoy do 18 wagunes tirados por 
bueyes y cargados de harina, arroz, bacalao y otros artícu- 
los de que tanta necesidad habia. De este convoy una muy 
huena parte era para la administración militar. Nada no- 
table ocurrió en el camino, hasta llegar áAltagracia donde 
se encontró una trinchei'a de mas de un cuai'to de legua 
de estension, perfectamente construida de árboles entrete- 
jidos puntiagudos y achaflanados. Se calcula en mas de 
3000 el número de insurrectos que la defendian, pero des- 
pués de un tiroteo que duró unos veinte minutos, huyeron 
los enemigos ai ver que los soldados acometian á la bayo- 
neta, solo en numero de unos 400 ó 500 hombres. Tuvi- 
mos la desgracia de perder en este encuentro al teniente 
coronel del regimiento iafauteria de la Reina, Sr. Macias, 
persona nniy digna y generalmente sentida, dos oficiales y 
ocho soldados muertos y 22 heridos. Los insurrectos de- 
bieron tener bastantes pérdidas, aunque no pudo verifi- 
carse con exactitud cuales fueron estas, por la celeridad 
con quehuian. 

Y á propósito de este encuentro, no podemos menos de 
censurar enérgicamente la intemperancia de algunos noti- 
cieros quienes con sus exageraciones producen en seme- 
jantes casos mucho mas daíio que provecho. En uiia carta 
dirigida desde Nuevitas al Diario de la Marina se decía que 
el fuego habia durado toda una tarde, cuando solo duró 
unos veinte minutos, que hubo tres grandes cargas á !a 
bayoneta, cuando no hubo sino una que puso al enemigo 
eu fuga sin esperar, y que la pérdida del enemigo se ha- 
cia subir á 2,OU0 hombres. También se decia que Lesea y 
Goyeneche hablan causado el 30 de Abril 200 muertos 
á los rebeldes en dos encuentros, uno en Altagracia y otro 
en Bayatabo. Lo de Altagracia ya se sabe lo que fué; en 



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286 
Bayatabo no esperó el enemigo y sulamt'üto desdi; may 
lelos dispavó unos cinco ó seis tii'os que ni siquiera 
fueron contestados. El general Letón;* se quedó en el cami- 
no, situando las tropas y reconstruyendo lo que aun que- 
daba en mal estado, Iiabiendose terminado en pocos días 
una obra que se calculaba ser de meses; \a inteligencia y 
la buena voluntad !o venreii todo . 



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CAPITULO XX. 



Llegada de no convoy 

Mrocidailes dulOB in ^ 

rebelión en >¡ayo.— Desumliarco de Nipi 



El 5 de Mayo llegó el convoy á Puerlo Príncipe , y Ins 
leclores pueden comprender lo que sucedería con su He- 
Ijada. Desde mucho tiempo antes estaban invadidas lodn^ 
las inmediaciones de la estación del feíTo-carril por una 
multitud ansiosa de vei llegar aijuel poderoso auxilio. T 
era natura! que así buceJiera, pues, desde los cinco mesps 
de rigoroso bloqueo en que la ciudad estaba y de las pena- 
lidades que se habían sufiido, eia mucho ver un rayo de 
luz. Solo la ¡dea de ponernos en comunicación con el mun- 
il(í, de tener noticias de nuestras familias de quienes no sa- 
bíamos hacia cinco meses, nos reanimaba y casi nos hacia 
olvidar los disgustos pasados. Escusado es decir con qué 
-demostraciones de alegría fué recibido el tren, y ios vivas 
á España que por todas partes resonaron con toda la efu- 
sión de nuestra alma. Hay escenas que no se pueden des- 
cribir, y esta es unade ellas. T cuando llegó la noticia de 
estar cerca de Puerto Príncipe el convoy, los enemigos 
que habia en la ciudad hablan hecho correr la voz de que 



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2Híi 
iii aun siijuiura Iiabia pudido sülif dt! Nmívitas. Delante de 
los brigadieres Lesta y Fcrrer eutiaroii en Puerto Prínci- 
pe muchas personas victoreando á Espa&a, al ejército y li 
los brigadiei'es. quienes tuviei'on una ovación merficlda. 
Al tomar el mando como jefe de operaciones el general 
Letona publicó una orden del dia, en la que enli-e otras 
cosas se leen los siguientes párrafos: 

«La insurrección que hacu dos uiüses hacia alardo do niajilener 
bloqueado A l'oerto Príiieipo desde sus iialiiarfes alaadüSüimna gKa 
estension de la vía Torrua, acal>a de liulr abandonándolus al paso de 
Duestrafi columnas sin liacer mas que ligeras resistencias que no lian 
detenido un momento el paso de nuestros soldados. Hay pues que 
considerar degenerada la lucha; hay que diEtiiiguir al fugitivo que 
huye solo por e! temor de no encontrar cnartel si se rinde, del que 
sostiene la hostilidad ó fomenta con su ejemplo ó sujestiones el es- 
píritu de insurrección. No hay que perseguir al qno se encuenlra 
vuelto á su vivienda ó ¡\ sn-trabajo después de haber sacudido la pre- 
sión con que fué arrancado de su familia por los verdaderos criniina- 
les y hay qne amparar a los que arrepentidos de su cnlpa ae presen- 
ten con armas impetrando indull*). No se debe perdonar la vida aí ca- 
becilla, al asesino, al Incendiario cjaa se coja en el combale 6 en la 
persecución, pero no se puede privar de ella al que tiene á someterse 
fiado en nuestra generosidad y en las leyes constantes de la humani- 
dad y de la guerra. Los mismos jefes de la insurreccioa están en este 
caso por mas que no pueda nunca escusarseles de ser entregados ala 
acción de las leyes (i fi la disposición del Gobierno que obraría lil>é> 
rimamenfe respecto á su destino, cousiderándolos solo indulladosde 
la pena capital. Tal es y no puede ser otro el término de la insurrec- 
ción en un país que no ha dejado de ser ni nn momento parte de una 
provincia española, porque para eso hemos luchado en él; tales, yTio 
puedeser otra, la política del Gobicrjio de Duestra patria, que no po- 
demos ofender suponióndola alimentada por senlimíentos de ren<xir; 
tal ha de ser nuestra conducta, antes, ahora y siempre acomodada a! 
honor y S los intereses de España que nos ha hecho la honra de en- 
comendarnos aqui su dignidad y so fama.» 

Las partidas insurrectas del depai-lamento Oriental con- 



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tiimabaií comeliendu atiocos actos ele vandalismo. Ftieía de 
la ley por sus crímenes, que no debían cobijai- ningún in- 
dulto ni amnistía, al saber que en Gilíaia y Puerto-Padre 
habían desembarcado tropas, en vez de salir á batírSas se 
contentaron con prender fuego á los pueblos de Sania 
Bárbara, San Andrés y Maniabon y á dos ingenios. Ya an- 
tes, el G de Mayo si no estamos equivocados , habia he- 
cho la misma beroicidad Ángel Castillo con el pueblo de 
San Miguel de Nuevitas, que durante mucho tiempo liabia 
estado sirviéndoles de abrigo. Y como si esto no bastase, 
los rebeldes incendiaron los pueblos de Sibanicú, (Juaíma- 
ro'y Cascorro, llegando á tal estremo su ferocidad que der- 
libaron con el pico y la zapa algunas pocas casas que por 
su situación o su fuerte construcción escaparon del incen- 
dio. Es decir que por este nuevo acto de barbarie dejaron 
smabiigo yenel mas completo desampai'o amas de mil 
familias que componían los tres pueblos quemados, entre 
los cuales es verdad que babia bastantes peninsulares, 
peio la mayor parte eran insulares. Véase de que manera 
lan civilizada, tan humana y tan cristiana hacian la guer- 
ra á su propio país los defensores de su independencia. 

Por lo demás, aun cuando cfjutinuaban las partidas en 
las sierras y en otros puntos casi inaccesibles , el general 
Viliate habia ido distribuyendo su gente por los partidos, 
de Bayamo, ocupando los puntos de mas peligro con desta- 
camentos capaces de defenderse y aun de atacar al ene- 
migo, puesto que se componian de puestos desde :Ü0 bas- 
ta íOO hombres. Resultaba de esto que se podia transitar 
por todas partes con poca fuerza, pero se necesitaban mas 
tropas si se quería evitar que las partidas estuviesen á sus 
anchas. El coronel Ampudia trabajaba mucho y con fruto 
por aquel lado, auxiliado por los voluntarios y la contra- 
fíuemlla Valmaseda. El ÍP -^e Mayo consiguió capturar tres 
1!J 



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290 
s (jue los onemigos teniaii en el rio Canto Ts^ sí 
á hacerse á la mar, huyendo apresuradamente s s tr p 
iantes Inego que vieron aproximárseles el iiote de la goleta 
Huelva tripulado por doce hombres. Las emba cae o es 
estaban pegadas á la costa y juiíto á una enorme tr nrl p 
ra. Además en el sitio llamado Cerro Pelado e ico t o r 
campamento de enemigos, compuesto de mas de jOO 1 o 
líres, y le batió. El corone! López Cámara también batió 
otros 506 insurrectos en el campamento llamado de la Cei- 
ba, jurisdicción de Cuba. El jefe de columna lienegasi ei;i 
«no de los mas incansables en la persecución de los rebel- 
des, y si hubiera habido tropas como buen espíritu y deci- 
sión en los jetes, no hubiéramos visto á la insurrección to- 
mar los bríos que tomó. No parece sino que pesaba un.i 
fatalidad sobre nosotros, puesto que los jefes militares te- 
nían que pasarse en medio de sus triunfos sin poder com- 
pletar la pacificación, porque desde el momento en que se 
desprendían de fuerzas para establecer destacamentos, 
quedaban las columnas, no muy fuertes por sí, en la abso- 
luta imposibilidad de continuar la persecución. Y al ñu en 
el departamento Oriental habia columnas chicas ó grandes; 
que se movian y causaban daño al enemigo : en el Central 
ni nna de 500 hombres podia formarse , ni habia posibili- 
dad de hacer nada, cuando era el en que la rebelión estaba 
mas potente y en el que mas hubiera debido pensarse. ¡M 
qué regla de justicia ó de conveniencia ha podido fundarse 
este abandono? 

Habíase dado como sofocada la rebelión en las Cinco 
Villas; se suponía que lo mismo ó cosa muy parecida su- 
cedía en el departamento Central, y esto hacia que el ge- 
neral Dulce dijese al Gobierno y el general Serrano á las 
Cortes que la rebelión estaba sofocada y no se necesitalia 
mas que Guardia civil y reconstituir el país. ¡Qué lástima I 



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291 
que no fuese cierto lo que con tanta segundad se anun- 
ciaba! En el departamento Oi'íental menudeaban los des- 
embarcos de armas y municiones pai'a los rebeldes , quie- 
nes lejos de Cuba y ISayamo , se reconcentraban en los 
puntos en rjue esperaban la presa. En el departamento 
Central nada mas se habia hecho que rehabilitar el Terro- 
carril, lo cual en verdad era mucho; pero no se podia em- 
prender operación ninguna contra los rebeldes , porque la 
fuerza que habia estaba destinada á la custodia del ferro- 
carril y á la guarnición de Puerto Príncipe. Además dos 
batallones al mando del brigadier Fen-er tuvieron que sa- 
lir para Puerto del Padre á ñu de custodiar dos convoye, 
para las Tunas, donde liabian concluido los víveres y no 
habia mas medio que este de proveerse de ellos. No habia, 
no, motivo pata suponer que la rebelión estaba sofocadas 
ni aun siquiera podia decirse que en Mayo estuviese en su 
período de descenso. ¿Por qué no hemos de decir la ver- 
dad? ¿Por qué hemos de contribuir con nuestro silencio á 
ese empeño que parece ha existido de desfigurar los he- 
chos? A mediados de Mayo las partidas habían vuelto á 
presentarse en las Cinco Villas, llegando sn osadía hasta 
hacer una de ellas una descarga al tren de Villaclara; y á 
últimos del mes existían las mismas partidas. Eu Trinidad, 
según todas las con-espondencias, habia paitidas de COO 
áSiX) hombres, y en la Siguanea volvieron á reunirse 
unos 1.50C', resto de los anteriores que momentánea- 
mente hablan desaparecido, lín Sancti-Spíritus , á pe- 
sar de la activa persecución que sufrían, el general Pue- 
ilo encontró una partida de 200 á 300 hombres, que batió 
causándole nueve muertos y dispersándola. ¿Es así como 
se sofocaba la rebelión? ¿Podia sofocarla en sn departa- 
mento el general Letona, quien, con gran pesar suyo, te- 
nia que verse obligado á la inercia mas completa por falta 



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292 
material do l'iiernas? Poiijiio lo que se docia de la Habana ó 
Madrid de quehaliiaii ido A aquel departamento 7.000 hom- 
ares lio pasaba de ser una invención; y con estas invencio- 
nes y otras por el estilo se ha conseguido forniar ima falsa 
atmósfera que nos ha perjudicado. 

Si hubiéramos de referir todos los actos de barbarie co- 
metidos por los insuiTectos, necesitai'íamos para ello lu) 
libro de regulares dimensiones; nos contentamos con ano- 
tar algún hecho extraordinario y que loa lectores juzguen 
acerca del que vamos ü referirles. El 20 de Mayo calieron 
de Hallagan, jurisdicción de Villaclara, .33 hombres del 
regimiento de Tarragona al mando del capitán D. lla- 
món Jíoyano , y el 27, después de habérseles incorpo- 
rado el teniente de partido, encontraron ima partida rte 
enemigos compuesta de unos 1 .000 hombres. Nuestra fuer- 
za, aunque pequeüa, atacó al enemigo, y ante el número 
tuvo que replegarse ó una casa donde r'ítuvo defendióndo- 
se hasta las cuatro de la tarde. El capitán Moyano tuvo la 
desgracia de asomarse <1 una ventana para ver la situación 
de los enemigos, y en aquel mismo instante recibió un ba- 
lazo en la frente que le dejó cadáver. Tomó el mando el 
teniente de partido, (juien puso nna bandera blanca en se- 
ñal de parlamento; porque se habían concluido las muni- 
ciones Ci la tropa. Conflaria sin duda en que al ver aque- 
lla seüal, y siquiera por honor al puüado de valientes 
que tan heroicamente se habia eslado defendiendo desde 
las nueve de la mañana á las cuatro de la tarde, se entra- 
rla en parlamento; pero los enemigos, pai'a quienes está 
demás la palabra generosidad, se dirigieron á la casa, en- 
traron á machetazos con los ya indefensos soldados, mu- 
riendo 18 de ellos, incluso el sargento y el teniente del 
partido. El resto de la fuerza se disperso, habiendo llega- 
do á Villaclara cinco soldados y un cabo. Contrista el al- 



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203 
iTia ver tales sucesos, y eso en una comarca que se lialjia 
dado por pacificada, y de donde ian impremediLadamenle 
se liabian sacado tropas cuando aun allí eran muy nece- 
sarias. Después de estos actos de ferocidad, dígase si era 
posible, ni aun siquiera político, seguir la conducta del 
mii'amiento y de la blandura con gente que se humillaba 
hasta el suelo para mejor engañarnos y que menlia indig- 
iianiente siempre que se trataba de sumisiones, que no 
eran generalmente mas que una farsa, y uo duraban sino 
el tiempo que los sometidos tenían miedo ó les convenia 
estar en sus casas para sus flnes particulares. 

A los que han censurado la conducta del general Dulce 
al dictar su bando sobre captura de buques que trasporta- 
sen armas para la insurrección, puede servir de contesta- 
ción, entre otros hechos, además de las capturas ya verifi- 
cadas por la marina, la salida de Cayo Hueso el 5 de Ma- 
yo del vapor inglés Salvador con armas y gente con desti- 
no á Sagna, según se sabe, después de haber estado cerca 
de un mes en aquel puerto con achaque de componerse, 
pero en realidad para esperar ocasión de hacer lo que hi- 
zo; lo de los dos pailebotes, también ingleses de Nassau, 
apresados en el Cabo de San Antonio por la caüonera Gor- 
rión por no llevar documentos ningunos y haber motivos 
mas que suficientes pai'a sospechar que estaban de acuer- 
do con los insurrectos. En T'iladeifia, uno de los puntos 
donde mas se agitaban los agentes de la insurrección, se 
había preparado el vapoi Florida para cargar armas y per- 
trechos; pero habiendo llegado esto á noticia de la auto- 
ridad, se dio orden al administrador de la aduana para que 
desde luego detuviese la salida del vapor, en el caso en 
que quisiera salir. Se anunciaba al mismo tiempo por un 
despacho telegráfico de Nueva-York de 20 de Mayo, que 
habían salido de la baliía de Delawai-e para Cuba tres gole- 



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294 
tas con 500 hombres de desembarco. El comandante da ai'- 
mas de Mayarl, con fecha ] 7, dio también pai-te de un des- 
embarco en Ñipe de unos aventureros reclutados por la 
junta insurrecta de Nueva- York. Según dicho parte, los 
aventureros fueron atacados por 120 soldados de que se 
podía disponer; al mando de! capitán D. Agnstin Mozo y 
Viejo, bastando para cogerles é inutilizarles tres cañones y 
tres banderas, con algunos fusiles de aguja. Lo notable 
que hay en esto es que á pesai' de ser un número quintu- 
plicado el de los enemigos, ni ann siquiera incomodaron 
á nuestros valientes en la retirada, cuando tuvieron que 
replegarse después de cuatro horas de fuego y de haberse 
concluido é. nuestras tropas las municiones. Tuvimos bas- 
tantes bajas, aunque la del enemigo fué mucho mayor. 

Según después se ha sabido, el vapor que hizo el des- 
embarco se llamaba Perli; los filibusteros eran 210 cuba- 
nos y 76 entre franceses, belgas, italianos, alemanes y 
americanos. Iba una compañía de rifleros, de que forma- 
ban parte varios jóvenes que se hallaban en Nueva- York 
pertenecientes en su mayor parte & las familias que salie- 
ron de Cuba después de haber estallado la rebelión. El bu- 
que fué despachado en regla por la aduana de Nueva- York 
con armamento para Kingstoa (Jamaica), salió i media 
tarde á media máquina, y esperó á que anocheciera para 
que llegasen los filibusteros. El general en jefe de las fuer- 
zas era el aventurero Mr Thomas Jordán, general que fué 
del Sur en la guerra de los Estados-Unidos; iban un in- 
tendente general, D. Javier Cisneros, un hermano de este 
general de ingenieros, dos brigadieres, un subintendente, 
dos coroneles y un capitán comandanie de artillería. Se- 
gún parece, el plan de Morales Lemus y comparsa era que 
se verificase el desembarco en cualquiera de las costas 
ocupadas por la insurrección, hacer que esta fuerza sirvie- 



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la de niicleo para organizar mía de C ó 7.000 hombres, 
ocupar después á Puerto Príncipe y establecer allí nii go- 
bierno para gestionar con los Estados- 13 nidos á lin de ser 
iflcooocidos como beligerantes, en cuyo caso espedirían 
patentes de corso á cuantos lo solicitasen para iuterrumpir 
el comercio español. Por desgracia para ellos estaban rea- 
lizando la fábula de la lechera. El 14 y el 15 de Mayo hi- 
cieron el desembarco, largándose después el vapor con 
1 .500 fusiles que no quiso desembarcar, porque el coman- 
dante dijo que seria nna temeridad intentar un nuevo des- 
embarco; en efecto, ¡se sabe que desde allí se dirigió á 
Kingston. Los efectos desembarcados fueron unos 4.000 
fusiles, 18 cañones, algunos de ellos de plaza, una peque- 
ña imprenta y otros vaiios útiles y municiones. 

Luego que el comandante general Óe Cuba tuvo noticia 
del suceso, dio orden al general Buceta para que inmediata- 
mente se dirigiera á dicho punto con una columna de unos 
1.000 hombres, envió fuerzas en el vapor Guanlánamo, y 
otra columna salió de Gibara en el vapor Marsella, y en el 
África fué parte del batallón de artillería. Los insurrectos 
habían colocado los caüones en hatería y cuando nuestras 
fuerzas entraroTí en la bahía les hicieron fuego de canon, 
tan desacertado y sin tino, que no causó mas daüo que 
una ligera avería en el vapor Marsella. 

El coronel Hidalgo, que mandaba las fuerzas embarca- 
das en fiuantánamo, desembai'có con 400 hombres, pero 
ya el enemigo habla huido, llevándose el convoy. Perdió 
en su fuga muchas armas, con municiones de canon y fu- 
sil, la prensa, algún armamento y cinco cañones que se 
encontraron enterrados. Dejóse guarnecido el campamen- 
to con 500 hombres, y el general Buceta emprendió con el 
resto de la columna la pei-aecucion. Según e! parte á que 
nos referimos, al reconocer el campo, que era un sitio es- 



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2Ül> 
carpado, se encontraron muchos cadáveres, que induda- 
blemente detlan ser de las acciones anteriores y de esta, y 
de un encuentro que tuvieron las partidas de Mármol y Mai- 
cano con las de Pci-alta ci-eyéndose enemigos. El numero 
de los insurrectos allí reunidos se calcula que no bajarla 
de 3.500 hombres, contándose entre ello^ los aventureros 
recién desembarcados. Parte de esta gente y pertrechos, 
parece fueron trasbordados al Pcrril por el Saloador, em- 
bargado en Nassau, pero después de haber hecho el tras- 
bordo. Ya hemos dicho que este buque sospechoso había 
salido intempestivamente de Cayo Hueso, donde estaba 
como refugiado. 



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CAPÍTULO XXI 



Hl general Letona, reemplaza al Si'. Lesea, nombrado general. — Politiea 
del nuevo Oobernador. — Huecas mudidas que adopta.— Dimisión del g^ 
neral Dulce.— Demostración ea en la Habana contra el general Pelseí y 
el coconel Modet.— El geaeral Dulce entree» el mando al segundo cabo, 
¡general Empinar, y ee embarca para España.— Maniflesto de los volunta- 
riosde la Habana. 



El 25 de Mayo se recibió la nolicia de haber sidd as- 
cendido á mariscal de camiio el brigadier Lesea, debiendo 
pasar á la Habana á recibir órdenes del capitán general, y 
reemplazándole en la comandancia general y mando de 
las provincias el general Letona, que coutliiuaba aseguran- 
do la vía férrea de suerte que el tránsito se hiciese con re- 
gularidad y sin peligro . En honor á la verdad debemos de- 
cir, que desde que Lesea tomó el mando del departamen- 
to el espíritu público se levantó, porque se vio que com- 
prendía cual era la índole de ia insurrección y los hom- 
bres con quienes tenía que habúi-selas. Puerto Príncipe 
le es deudor, en gran parte, con el general Letona y ])r¡- 
gadier Ferrer, de haberle puesto en comunicación con el 
mundo, dando el paso de salir á Nuevitas y contribuyen- 
do al restablecimienlo del íerro-carril con tan buen éxito 
iniciado y realizado. En el corto tiempo de su mando su- 
po imponer respeto á los insm'rectos activos y sedentarios, 
en cuanto los medios que disponíalo permitían. 



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298 

Ei general Letona tenia reputación de liombre de talen, 
to y de práctica en los negocios; la moderación de su ca- 
rácter se reflejaba en su alocución, pero esto no impedia 
que fuese enérgico y duro siempre que las circunsiancias 
lo exigiesen. En las Cinco Villas se había portado períecla- 
mente, y era de esperar que en el departamento Central, 
el mas abandonado y el mas comprometido, se portase del 
mismo modo; vista la presteza con que contribuyó á ar- 
reglar el ferro-carril y distribuyó sus fuerzas en la linea; 
atendidos sus buenos antecedentes era indudable que I'uer- 
to Príncipe y su departamento debinn esperar mucho. Su 
trato cortés y afable contribuyó á captai'se las simpatías de 
todos, como lo consiguió, sin embargo de la sorda guerra 
que al principio se le hizo; pero aun los que le eran con- 
trarios vinieron A reconocer después que el general ei-a 
hombre que valia, y que si no hacia mas, si no enviaba ó 
salía íi perseguir A los insurrectos, era porque no podía ha- 
cerlo, poi'que no tenia fuerzas de que disponer, y no es 
justo exigir á un hombre que haga milagros. 

El general Letona no siguió el plan que su antecesor 
habia seguido. En las Cinco Villas habla empleado el siste- 
ma de la tolerancia, de !a espansion y de la atracción y 
tamoien se proponía emplear el mismo en Puerto Prín- 
cipe. Nosotras que elogiamos las generosas intenciones del 
general que no podían ser ni mas humanas ni mas confor- 
mes con las ideas que siempre han guiado á los españoles, 
desde luego creímos que semejante sistema no daria nin- 
gún resultado positivo después de lo que hasta la saciedad 
habíamos estado viendo y que no tardaría el general en 
dar de mano á sus generosas intenciones. Se debe tener 
generosidad con quien sabe eslimarla; se debe tener la po- 
lítica de atracción con los que son capaces de sentir esas 
corrientes que naturalmente se establecen entre quien 



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' '299 

hace un lieneficio y quien le recibe, pero entre personas 
cuya vida y cuya esencia era ía perfidia y ia maia fé, en- 
tre personas que no tenían ni idea de lo que era generosi- 
dad y siempre habían rechazado con insultante desden toda 
idea noble y elevada que atribuiaii á debilidad ó miedo, el 
plan del general Letona podia ser mal interpretado, y no 
dar nunca fcuen resultado. La línea divisoria que entre lea- 
les é insurrectos existia no podia ser mas profunda; me- 
diaba el abismo insondable del odio y de! fanaiismo con 
que nos consideraban y este abismo no había de llenarse 
por cierto con esa longaminidad de que tan pródigos so- 
mas. Además, no sabemos como compaginar el sistema se- 
guido y proclamado por el general ViUate en el departa- 
mento Oriental con el que se decia iba á inaugurar el ge- 
neral Letona. Y cuenta con que Yillate habia sido el pri- 
mero que habia brindado á los insurrectos con la paz, qne 
lio habia omitido medio de conseguirlo, auu l!ef;ando, en 
nuestra opinión, mas allá de donde debió llegar, que habia 
sido el salvador de multitud de familias que habia acogido 
bajo su amparo; qne habia empleado el sistema de atrac- 
ción desde la toma de Ibyamo; y sin embargo el general 
Viüate, después de tantas deslealtades como habia visto y 
de los muchos desengaños i-ecibidos en el departamento- 
Oriental, se vio obligado á abandonar sus antiguos propósi- 
tos, é iiizo bien, en nuestra opinión y en la de la generali- 
dad de los españoles, en dar el bando que tan injustamen- 
te fué censurado por los periódicos americanos. 

Como medidas que eran el trasunto de la marcha del ge- 
neral Letona publicó el 31 de mayo varias disposiciones 
importantes. Existía en el abasto de carnes un gran mono- 
polio y abusos tales qne el Ayuntamiento con la mejor iu- 
lencion y el mejor deseo no podia estirpar, A causa del ri- 
goroso bloqueo que venia sufriendo la ciudad no habia 



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;íoo 

mas medio que salir en colunnias á buscar ganado para «i 
consumo; pero estos ganados hasta que se llevaban al ma- 
tadero liabian de estai' en un depósito, donde parece que 
no se marcliaba mny bien y se cometían escesos que me- 
recían la reprobación general. Para evitar esto se mandó 
I al Ayuntamiento todas las reses que estaban en el 
D para el consumo de la población, dando á los sol- 
dados solamente media ración do carne; los particulares 
que llevasen ganado por su cuenta, venderían la carne 
como quisiesen; el que llegase custodiado por tropa sufri- 
ría la tasa del Ayuntamiento. De este modo se atendia á las 
necesidades del vecindario, se prestaba la debida protec- 
ción á los particulares, se les libertaba de la cai'ga del de- 
pósito, tul y como estaba organizado, y no tenían que an- 
dar poco menos que mendigando el pago de su gana- 
do que se veiidia y cuyo importe con gran dificultad 
cobraban. 

La situación se agravaba, en todas partes se murmura- 
ba con razón acerca de la lentitud con que se procedía en 
todo cuanto se referia á matar la insurrección que llevaba 
ya ocho meses de vida, y estas murmuraciones y estas 
acusaciones se dirigían en primer término contra el gene- 
ral Dulce cuyo estado de salud era cada día mas deplora- 
ble. En esta situación, con el deseo de evitai- los males que 
ya se dibujaban, se reunió la junta de Autoridades y acor- 
dó presentarse al general para manifestarle lo conveniente 
que sería que hiciera dimisión. El general quedó sor- 
prendido al saber este paso que se había dado sin que ni 
aun sospecha tuviera do ello poríjue la junta no se remüa 
sino bajo su presidencia, pero cuando víó que en su pre- 
sencia se sostenía el acuerdo y se fundaba ea razones pa- 
trióticas y de bienestar, no solo no se opuso sino que por 
telégrafo hizo dimisión de su cargo, que le fué admitida. 



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;íoi 

nomljrándoíe en su rocmplazo al gpiicral Caballeru y Fer- 
nandez de Rodas. 

Tiempo hacia qne se venía cerniendo sobi-e la Hahana 
lina denpa nnlje que no A todos era visible, pero que do 
por eso dejalía de pesai- como plomo. La verdad es qiie,por 
mas que las apariencias hubiesen podido eugaftar alguna 
vez, el general Dulce y los voluntarios no tuvieron entre 
si toda la confianza que deíte existir entre la primera auto- 
ridad y los que deben ser sus agentes y están llamados á 
sostenerla. Desde los sucesos de Enero se rompieron los 
eslabones de la cadena, y por mas que se hizo para soldar- 
los, rotos quedaron. j.De parte de quién estuvo el mal? ¿A 
quién debe atribuirse este verdadero divorcio Un perjudi- 
cial á los intereses de Espaíia y tan ocasionado por consi- 
guiente A gravísimas consecuencias? Nosotros creemos que 
no son responsables de ello los voluntarios, custodios fie- 
les y leales del honor de Espaíia, y no nos parece incurrir 
en una Tulgaridad si decimos que no han sido estraños á 
este trabajo de zapa, nuestros enemigos arteros y con ha- 
bilidad bastante para saber provocar conflictos y explotar 
en su provecho toda circunstancia que se presentase, lie- 
mos dicho que no creemos á los voluntarios responsables 
de la separación que entre ellos y la autoridad llegó íi exis- 
tir y nos fundamos en que por parte de aquellos nunca 
medió ninguna exigencia inconveniente; ni se trato de re- 
bajar en lo mas mínimo el prestigio de la Autoridad que 
les tuvo siempre á su lado como un solo hombre; ni hicie- 
ron nada que no fuera patriótico, lionroso y digno. Ellos, 
prácticosy conocedores hasta de los mas recónditos phe- 
gues de las cosas y personas de aquel país, eran los com- 
petentes para juzgar la conducta que debía seguirse contra 
ios enemigos de España, y no podía menos de dolerles la 
escesíva longanimidad con que eran tratados. La Autorí- 



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dad ohraba de buoiía fó, con arreglo d sus convicciones, 
ie hacemos esta jtisticia; pero nos parece que en algo se ha 
de tener la opinión unánime de mi país. Sobreponerse i 
un sentimiento general es una inconveniencia que siem- 
pre entrafia peligros, porque por medios pacíficos ó violen- 
tos, al lin la opinión se sobrepone. Si el general hubiese 
prestado oidos á esta opinión, mucho hubiera ganado y 
hubiéramos ganado todos. 

Entre los peninsulares de la Habana circulaba la vta de 
que el general Pelaez y el coronel Modet que operaban en 
las Cinco Villas, no marchaban en sus operaciones confor- 
mes á los deseos y la manera de ver de aquellos. Llegaron 
á la Habana el 31 los Sres. Pelaez y Modet, y se les dio 
una cencerrada, yendo algunos liasta e! estremo, que 
no podemos sino vituperar con todas nuestras fnerzas, de 
penetrar en la casa del primero á buscai'le cuando me- 
nos para insultarle. Pero arortunadamenle tanto Pelaez 
como Modet hablan tenido medio para irse á bordo de uno 
de nuestros buques de guerra, desde donde se trasbordaron 
á otro que salla para los Estados-Unidos. Deploramos en el 
alma este suceso, porque las medidas violentas é inconve- 
nientes no pueden menos de provocar inconveniencias. 
Escítados los ánimos, se trató por algunos de hacer esteii- 
siva la cencerrada al genera! Dulce, lo cual hubiera sido 
un acto de demencia incalificable. El buen sentido retrajo 
á los que íi tal estremo querían llegar , pero no por eso se 
desistió de hacer una demostración contra el general. En 
efecto, el 1." de Jnnio por la noche, principió á reunirse 
casi toda la población peninsular en la plaza de palacio, 
y de los murmullos se pasó á los gritos, oyéndose los de 
muera Dulce y algunas otras personas. El general que no 
esperaba aquello, quiso contener á la fuerza la asonada y 
dio orden á la caballería para que cargase al pueblo alíi 



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;ío;í 

reunido; pero ia caljallería pernianeció (¡uiota, según iiiios 
porque el coronel no quiso cafgar, segiin otros porque no 
oyó la orden Fué indudablemente un bien que no se hu- 
biese dado la carga, porque si hubiera conido la sangre 
vertida por nuestros hermanos en una lucha sacrilega so- 
lo Dios sabe lo que hubiera ocurrido. 

La gente continuaba gritando y sin moverse, pero siu 
propasarse, hasta que una comisión compuesta, de bastan- 
tes voluntarios,sepresentó al general para manifestarle que 
su deseo y el de todos sus compafteros era que inmediata- 
mente resignase el mando. Pero el general con dignidad y 
entereza que nadie le ha disputado, á pesar de encontrarse 
completamente aislado en medio de una multitud que le 
era indudablemente hostil y estaba exasperada, contestó 
que él no podia hacer nada sin que supiera de una manera 
positiva que aquella era la voluntad unUnime de todos loa 
voluntarios. Retírase la comisión, y no tardaron en pre- 
sentarse los jeíes de todos los batallones quienes de una 
manera categórica y decisiva reiteraron al general lo mis- 
mo que le habia dicho la comisión, lo cual además era el 
sentimiento de todos los peninsulares. Entonces, manifes- 
tando que iinicamente cedia á la fuerza, resignó el mando 
en aquel instante mismo en el segundo Cabo general Gi- 
noves Espinar, á quien correspondía porsucesion reglamen- 
taria. Según es púbhco y notorio, ni un solo momento fal- 
tó at general la sangre fría en una situación verdadera- 
mente complicada y que no podía menos de dolerle, por- 
que lo que con él se hacia equivalía í una destitución por 
desconfianza, por mas que ya la dimisión le estuviese ad- 
mitida El dia 5 se embarcó para España cnu su familia y 
algunas personas que le siguieron, en medio del mas com- 
pleto silencio, sin que, á su paso se le dirigiese el menor 
insulto. 



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:!0í 

Es lina verdaii que la desgracia con Lli.ííiiidad im- 
pone respeto hasta á los enemigos. 

A muy tristes consideraciones se presta este suceso, un 
el único do (itiehay ejemplo en la historia de aquella Isla, 
y que Dios quiera sea el ultimo, porque no son estas cosas 
que puedan repetirse impunemente. O'^isiéramos pasar so- 
bre esto como schre ascuas, porque es un terreno lleno de 
espinas y que abrasa. Por una pai-le cousideramoa eí pres- 
tigio de la autoridad maltratado; por otra un numeroso 
cuerpo de vohmtarios, sosten firmísimo de los derechos de 
la madre patria en la Isla, y í cuya actitud noble, enérfíi- 
ca, desinteresada y resuelta se debe indudablemente que 
la insurrección se cx)ntuviera durante mucho tiompo, y 
que en la Habana hayan sido infructuosos los esfuerzos 
de los enemigos de Espaüa. Vemos también toda la giaii 
masa de peninsnlares completamente de acuerdo con los 
voluntarios, y para nosotros esto es decisivo. Creemos que 
en tales casos lo mejor es ser muy parcos en consideracio- 
nes, y resumiéndolas todas en uua, que es la espresion de 
nuestros sentimientos, diremos: que ya que el genera! 
Dulce fué tan inoportunamente á la Isla, debió haber com- 
prendido, á muy poco de haber llegado, que era incompa- 
tible coii los peninsulares , su política diametralmeiile 
contraria á lo que estos creian ser la mejor y la única sal- 
vadora del país, y que obstinándose en seguir una mar- 
cha tan vacilante caminaba contra la corriente de la opi- 
nión que en estos casos debe tenei-se en mucho. En el esta- 
do á que hablan llegado las cosas, no habia término me- 
dio: ó los voluntarios desaparecian lo cual hubiera sido 
inconveníentísimo, una ingratitud incalificable á los emi- 
nentes servicios que venían prestando, y hasta peligroso 
intentarlo ó el general Dulce no podía seguir mandando 
con el prestigio y la fuerza moral qne tan inseparables de- 



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iiiaiisor (le su ulcviido cargo. Para iiosotrus no hay mas 
([ue este dilema. ¡Y en que circunstancias ocurrian estos 
desacuerdos entre la autoridad y la fuerza piil)lica! Desde 
lascarlas del voluntario, á consecuencia de los sucesos de 
Rnero en la Habana, se vela venir la tempestad que al fin 
habia de estallar, y repetimos, el general hubiera hecho 
n)i acto patriótico y un sacrificio en aras del bienestar si 
desde entonces hubiera dejado el mando. 

Lejos estamos de aprobar toda la política seguida por el 
general Dulce que en muchos asuntos nos ha parecido 
desastrosa, ya fuese propia, ya inspirada por el Gobierno; 
I)ero tamljien creemos destituidas de fundamento las in- 
culpaciones que se han dirigido contra el general , poco 
menos que de connivencia con la rebelión. Reconocemos, 
y ya antes hemos dicho, que era la persona menos á pro- 
pósito para ir á mandar á !a Isla de Cuba en la sUiraciou 
que se encontraba; qne el Gobierno anduvo poco ó nada 
previsor al enviarle; qne con sus medidas contribuyó poco 
á que terminase !a rebelión; pero de esto ií creer en una 
complicidad con la insurrección, liay una distancia in- 
mensa. La justicia sobre todo. Ni el Gobierno ni el mismo 
general debieron haber olvidado qne los peninsulares resi- 
dentes en Cuba tendrían muy presente que la gobernación 
de la Isla iba á estar encai'gada al que se confirmó con el 
dictado de un cubano mas, y esto era jioco tranquilizador, 
por mas que no pudiera servir de fundamento pai-a des- 
honrosas suposiciones. 

Los voluntarios de la Habana, previendo sin duda que 
pudieran el general y sus amigos hacerles cai'gos inmere- 
cidos en España por su conducta, y que se crease una falsa 
atmósfera, publicaron el siguiente documento como espli- 
cacion y fundamento de sus actos: 

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MANiV'IEKTO A Li SACIOX POR LOS VOLUNTAUIOS DE l,.\ 1KL\ DE CUIU, 

Los españoles residentes en la isla de Cuba se crccu en ul dcljcr 
lie dirigirse á sus hermanos de Ultramar íi findcquepiiodaiiaprociar 
su coridiicta en los sucesos que acaban ile consnmarse. No vicnrciá 
presentar disculpa, que no han menester producirla los que ajustan 
sus actos á la raaon y á las exigencias del interés y la honra de la 
pairia. 

Acontecimientos qnc no tenemos para que reseíiar, determinaron 
en la Península cambios radicales en su gobernación y régimen. Al 
movimiento revolucionario que allí se manifestó . se anticipó el t\w 
en esta Isla tuvo lugar mas 6 menos relacionado con él. 

Este íenómeno no carece de esplicacion. Ko es de este lugar. Esla 
Isla tiene su manera de ser especial, sus usos, sus coslum])res, sus 
tradiciones, que constituyen su organización social y política. Toda 
reforma que se latente lia de ajustarse al pasado , que no es posiblí' 
desatender la rason Iiíst6rica de las leyes al legislar [lara uu pueblo. 
Por esto los espafioles iusulares y europeos que habitan en esla pro- 
Yincia, Imn clamado siempre porque no so introduzcan, sin detenido 
estudio y el convencimiento de su conven ieric ¡a, las reformas que en 
la madre patria se Imhieron ensayado. Aquí, donde liay diversidad dt' 
razas y derechos fundados en esta divergencia, y uoiide esistia!i:i 
largo tiempo una facción que trabajaba sordamente por la indepen- 
dencia, es ocasionado y peligroso el establecimiento de libertades 
políticas que faciliteii los medios de acción y concierto á los que se 
interesen en arrancar este territorio del nacional. Mo se oponen i 
ellas en principio los españoles que lo habitau; pero han sostenido 
constantemente que su aplicación práctica no puede llegar hasta quv 
el sentimiento nacional esté uuincado. 

No hablarán en comprobación, de esta verdad de las diversas cons- 
piraciones que se han estrellado en la enérgica actílud del puclilo 
español de esta provincia. Tampoco recoi'daráu la aciaga administra- 
ción del general Dulce en sil anterior mando, ni la organización iint 
durante él adquirieron los clubs revolucionarios, ni el pernicioso 
fruto de las lecturas politicas en las tabaquerías, ni Ja licencia que 
alcanzú la prensa de la independencia. Los huimos lamentaban c 
error del gobernante, error que le proporcionaba, sin embargo, adic- 
tos en elgrupoque así propio se llamaba hipócritamente liberal avan- 
zado. Kn^'afiado por sus domos I rae i uní; s el incauto general llevó lu 



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expresión de MIS sLmpalias liasta el punto dü proclamarse en una 
ocasión solemne vn cubano mas 

Llegada !a liova de la revolución española cu la que tuvo el mar- 
ijiiÉs de Castell Florlte tan ollcaz intervención, y levantada aqui la 
Jjaudcra separatista, todos creyeron que era el mas t propósito para 
concluir con la rebelión, porque personillcado con el nuevo Gobierno 
y teniendo al propio tiempo por su matt Imonio cou una cubana inte- 
reses materiales que defender en el país, había do aportar el princi- 
pio li]>oral de la revolución liasla donde la causa del orden y de la 
pillillca conveniencia permitieran que se implantase. luú, pues, aco- 
gido como un salvador. 

Afuy luego demostró que no oslaba á la altura de las circuustan- 
cias. En su primera proclama se declaró paladiu de la autonomía, cs- 
presando que liubia venido á eslal/leccr el gobierno del pais for el 
pés. En olva alocución aiumeió que la bandera separatista ondeaba 
en el departamento Occidental del que jamás so enseñoreó, error que 
no filé rectiflcado, y ijuc produjo funesto efecto moral para nuestra 
causa; otorgó auiplia licencia i la prensa periódica y permitió que en 
BU ejereiclo se prodigaran insultos procaces y sangrientos á nuestra 
patria, y que se santiQcase la rebelión, y que se abogase francamen- 
te por la jiidependeiicia. y que se escitasc á los jóvenes á abrazar su 
bandera, y que se dividieran los ánimos, y que se preparasen esce- 
nns de asesinato como las de las calles del Carmen, Figuras, el Lou- 
vrc y Viüanueva, donde se celebró una orgia de sedición presidida 
por eZ regidor Bramosío y tremolando en lo alto del ediflcio la bande- 
ra insurrecta. Piada hizo la primei'a autoridad para prevenir ni casti- 
gar este escándalo, fué preciso ipie le reprimieran los voluntarios de 
la patria. 

La conducta dóbil del eober anl 1 ocas on t la arqu a su 
anmislia de ciiarcula d ai I m fa lo la ac ion d nuestras fu rzas 
preparó medios do orgai al enen „" ^^ atend do cnl clDiito 

nuestro ejercito, pasaron mcbcs s n que e co t laijc comum ac on 
alguna al comandante ^eucrai en opcrac one se 1 ot llcase si 
quiera la toma del mando i u 1 n er i do C stell F or te y faltos 
nuestros soldados de vi e es n n c o es ropa j laslad bol ¡ 
llegó el caso do que cB c o e d lo el n culos necesar s ] ra de 
ícnderse y basta para curar á los heridos, 

A posar de tan desacertada y negligente conducta, se otorgó apoyo 
incondicional al delegado ili'l Cubierno, y se le dieron sin limiladon 



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liomlires, arnin.s, tUiícro, üuanlos recur.so^ craü iiiíCiTRarios paralii- 
cliar y voncor. CumpUii el plaio ilc la amnistía, llegaron refuerzos de 
Espafia, se organizaron cuerpos do voluntarios, se estaLlecicron co- 
lumnas de opcraeloues, y cuando ioilos rspcraban que se emprendió- 
se la campaña con energía, se inició el sistema funesto de aalTo-eou- 
duetos, merced li lo i|ue, lograliau la cscuciün do pena los aaesiuos, 
los violadores, los incendiarios que venían con su impmiiiiad íi insul- 
tar á sus victimas. La opinión pilblica señala á lus (¡iio hablan puesto 
precio á la venta de estos documeolos, y los lioclios dalian motivos 
para sospechar la certeza del rumor. IIuLo jele de departamento <|uc 
espidió órilcncs para que las columnas jio se movieran de sus acanto- 
namientos sin su espreso precepto ii pesar de la distancia y dií'icil 
comunicación entro unos y otros, y liasta do que no se luciera fuetro 
por los centinelas sino en el caso de agresión armada. Merced á esto 
sistema las ülas de la insurrección engrosaron, liaciíudosc im'ililes 
los esfuerzos y sacrillcios lieclios para aniquilarlas, líiuii pronto liulio 
que lamentar la retirada del deparlamouto Central de la columna de 
artillería al mando del coronel Morales de los Rios, que cu pocos dias 
baWadadoouce batidas álos insurrectos siu perder un solo liombrc. 
El laurel que ceñía la? sieni'S do este Lizarro jefe , inspiraba celos al 
comandante general Pelaez. Honda impresión causó la torpeza con 
que por este general se dejó aiiicrto el camino de Arimao á la facción 
de la Siguanea, á pesar de los consejos que para cubrirle se le dieran, 
facilitándose de este modo su fuga sin sufrir bajas. El esclnyo el Ics- 
limonio de los pcrjuilícado.í en las causas que so formaran á los in- 
surrectos, asegurándoles de este modo la impunidad. Estos actos 
almsivos conocidos eran del Cjpilnn general Dulce. íc le liabian de- 
nunciado por personas do la mas alta respetabilidad y por comisiones 
de los pueblos i|uc venían á producirle sus quejas , y á las que oia 
con desatención d no hacia caso alguno. Ko tardú en conocerse i)uc 
las órdenes dirigidas ollciahnente i\ los jefes de columnas y tenientes 
de goberuador recomendándoles la energía y el rigor, eran anuladas 
por otras secretas encargándoles la lenidad. Esto , la existencia en la 
rebelión de parientes inmediatos de la generala, la dilacioa euel 
proceso de Udacla, el salvo-conducto dado al regidor Bramosio, man- 
dado prender por inlidcncia, y sustraído de este modo á la acción de 
las leyes y de los tribunales, la fuga de Morales Lcmus, abogado con- 
sultor y apoderado del general Dulce, la del regidor Mostré, y la de 
otros que hoy cstáji al frente <le la Junla revolucionaria cubana Je 



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Now-York, (> \a auxilian; la protuccioit dada i jefes uolados de Ten- 
derse al oro dd enemigo, la sanción que prestó con su ascntlmíenlo 
ii la célebre órdcii del ejército del general Letoua, dclerminaron son- 
lidas y respetuosas manifestaciones que no fueron escuchadas. 

Enlrcíanlo, y 11 pesar de las repetidas afirmaciones del jefe supe- 
rior cspresívas de que la Insur 1 1) d h h b 
dolorosas noticias del a1:andonD d n t h rm di t 1 
de las mulilacioues y marlirios q J 11 m g 
bardes, ampulándolcs en vida Ir mb d 1 I 
razón.— May arl, Sipo, Tarquiuo 1 j di d 1 Cin \ill 
guardan el recu rdo de este cau b 1 m q II p d 1 
llevarse ¡i cabo si no se liubiesen al)andonado los campos, en el de- 
partamento Central especialmeate, á los foragidus que los lian consu- 
mado, reduciéndose a! propio tiempo a forzosa inacción á las fuerzas 
del ejército y milicia ciudadana. 

Subía de punto el recelo, crecía el descontento, y ¡i tal estado La- 
bian llegado las cosas, que el mismo Dulce, comprendiendo ia des- 
confianza que inspiraba, Lizo dimisión del mando, después de oir á 
la jnnla de autoridades. 

Kn estas circunstancias abandonaron sus puestos y se presentaron 
en la Habana el general Pelaez y el coronel Model. El primero, k 
quien precedió la fama que adquirió en la guerra de Sanio Donúngo 
confirmada por siis actos en el departamento Central de esta provin- 
cia, no se había atrevido ft entrar en CienTucgos. Corría muy válida 
la voa de que habla espedido sal ve -conductos i los jefes de la insur- 
rección Malihran, Espolurno, los Palacios, Sarria y otros, y de ser el 
autor del indulto de D. Isidro Hernández, condenado S muerte y con- 
victo de violación, incendio y liaicion. Kl segundo jamás habla visto 
ÍL los insurrectos, aunque durmieron una noche en la Esperanza con 
su columna, y se habla negado á sorprender á Villegas y su gavilla. 
No podía proceder de otro modo quien por sus ideas disolventes ha- 
bla sido espulsado del país, y niosf rádosc afecto a la aulononiía, que 
es la handera de los insurrectos de las Cinco Villas, 

Una demostración popular contra el general Pclacz hizo compren- 
der á la primera autoridad el disgusto con que se veia la conduela de 
aquellos Jefes, de cuyos actos se le habla dado queja mas de una vez. 
De esperar era que los hubiera sometido á un consejo de guerra en 
<iuc se depurara su rcsponnabilidad ó inocencia. No sucedió asi me- 



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310 
pero, lejos lio eso se complació üii contrariar el scnlimioiito jiilblko 
Uemostraiido, con las dislincionos que dispensó al general Pelaez. 
cuánto le lionraha y cuan satisfcclio estaba de su proceder, una mie- 
vamanifestacLon tuvo lugar alrtia siguiente contra el coronel Modet. 
Los grupos bajaron i la plaza de Ai-mns en deniautia de satisfacción. 
Nadie hasta entonces liabia pensado en larcgLgnaciou(iclgc[icral;pe- 
romuyhicgo la opinión se pronunció en este senlido, y falto aqncl 
de tacto ypmdencia neeesariapara dominarlas circunslancianeias, 
mandó A la faerza hacer fuego solire las masas inermes. La 6rdcn no 
fué obedecida. Esparcióse la noticia con la rapidez del rayo. La indig- 
nación llegó íi sn colmo. El qne ejercía la primera anioridad cnlapro- 
Tlncía de Cuba, el que tan benigno era con los enemigos de la patria, 
trataba de fusilar & unos cuantos españoles que cediati á nu momcnlo 
de exaltación; de sembrar la división entre el ejórcito y el pueblo; de 
proYocarnna lucha estéril, cuyo resultado forzoso ora abrir iin foso 
de sangre entre hijos de una misma patria; y reunida entonces la mi- 
licia ciudadana, unánimes jefes y voluntarios, como lo estaban los 
del ejército, se convino eu la necesidad de evitar e! eondicto. y se 
nombraron comisiones que significasen respetuosamente al Capitán 
general D. Domingo Dulce la conveniencia de que resignara el man- 
do en el jefe á quien por ordenanza tocara reemplazarla, como lo ve- 
rificó. 

No ha habido una protesta contra este acto. Todos le han secunda- 
do espontáneamente: todos comprendieron que para salvar el princi- 
pio de autoridad era preciso impctrai' del que la teuia en depósito que 
la pasase á otras manos. 

Nadie ha combatido la solicitud de hs conuai ul nadie ha rolo 
su espada ó devuelto el fusil que la patria I entrt "■ari para defen- 
derla. Todos los españoles aqol residentes abiigan el intimo conven- 
cimiento de haberla servido bien evitando la tscisiony la efusión de 
sangre, que cu las actuales circunstancias iiubiera puesto en peligro 
la conservación de esta provhicia. No ha habido boy que lamentar 
siquiera desacuerdos como los que precedieron en 23 de Agosto de 
1717 i la destitución por el pueblo del Capitán general de esta pro- 
vincia D. Vicente Raja. 

Notadlo bien: no es un movimiento revolucionario la demostración 
á que aludimos, no hemos nombrado el poder que ha de regirnos, no 
hemos constituido siquiera una situación nueva. El hombre se ha se- 
parado cediendo á la opinión unánime de! público, i. a aulorldad de 



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qiiccra licpositiirLo liapasailí)¡tilC!írii al fiincioiiario ilosignado por 
la ley. al nombrado cu segundo térjniino para ejercerla por el Gobier- 
no supremo de la nación, y después los acontoc ¡míenlos lian seguido 
sil marcha normal, y no lia liabido que lamonlar la menor desgracia, 
ni el mas pequeño turanlto, y se lia recibido con ferviente entusiasmo 
á los licrmanos que las Provincias \ O P P 

lear por la patria, y el general I) I 1 d]d tra pl 

recibir la mas insignillcante mu t d mp H d d 

podian obrar de otra suerte el p bl y 1 1 t | 

tanles sostenedores del orden, I 1 t p P 1 

madre patria. Dispuestos están ú f ar p t g d IJ I 
como basta ahora lo lian venido haeiendo, sus vidas y bus intereses. 
En medio del conllicto mismo lian conservado la subordinación y la 
obediencia íi sus jefes, fraterniüando con bus hermanos de! ejéreilo» 
y prestado respetuoso y sincero apoyo al que por sucesión de mando 
y por la nación española lia enlrado k regir esta provincia. Con é[ 
puede contar lambien quien quiera que en su nombre venga n go- 
beiTiarla. 

Hechos de la naturaleza del presente no se reproducen, y la his- 
toria no registrará en lo futuro en sus anales gobernantes eomo el 
general Dulce, que á antecedentes que no son de olvidarse reúna los 
motivos de desconfianza que concurren en su persona, y provoquen 
escenas de división y muerte como las que han pedidlo ocurrir. Todas 
estas Circunstancias y el trascurso de 152 años se han necesitado para 
que se reproduzca el mismo acontecimiento, aunque con caracteres 
muy distintos. Cuba, ajena á las convulsiones políticas de la Penínsu- 
la, no está habituada á ver derramar sangre española mas qne en 
defensa de la nacionalidad comim, poniue aquí no hay partidos po- 
litices ([uo dividan á los españoles, y no tienen otro sentimiento que 
el del amor á la patria, ni otra bandera i|ue la de Caslilla. ni otro in- 
(eres que el de la conservación de la integridad del territorio. 



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CAPITULO XXII. 



iFaclicdelgoncral Espinar al Gobitirnu.— Sus inconTeaieates — Captura 
I! ¡xa buque non ai'iiifis j municiones.— Nu'"íu ilosembarco j- derrota di> 
isnlibusteros.— Elcólera ea Nneíitas.la Imea. y Puerto Principo.— Sor- 
■ ■ :i del focro -carril.— Convoy & 



Habíase animciado que con ol };eneml Caltallero y Fer- 
nandez de Rodas llegaría á la Habana una faerza de 'i.OOO 
hombreSj y con grande asombro vimos que el general Es- 
pinar había telegrafiado para que no fuesen tropas, por ser 
suficientes las que en la Isla existían para acabar con la 
rebelión. Lo único qne podemos decir sobre esle parte, 
es que causó una estraüeza genei'al luego que se supo, 
porque era una repetición del que había i-emitido el gene- 
ral Dulce. Nosotros creíamos que «o solo se necesitaban 
los 4.000 hombres anunciados, sino 8.000 mas de una so- 
la vez, si no se quería que la guerra fuese pei'durable ó 
llegásemos al bochornoso estremo de otro Santo Domingo. 
La insurrección no estaba terminada ni lísica ni moral- 
mente, y en ello insistiremos mucho; las fuerzas divididas 
en los tres departamentos, no eran suficientes para con- 
servar las guarniciones y establecer columnas de persecu- 
ción, y por consiguiente no había para qué hacerse ilu- 
siones. El general VÜlate pedia tropas; hacían Calta en las 



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Cinco Villas, de doiido tamliieii se pedían, y on el departa- 
mento Central eran estériles, como hemos dicho, los me- 
jores deseos del general Letona. Y los rebeldes de este de- 
partamento no solo estaban á su sabor, sin persecución 
posible, sino que uno de sus jefes, el mas activo y temi- 
ble, Ángel Castillo, se pasó con sn partida, compuesta de 
mas de 800 hom.bres á Sancti-Spiritus. En el departamen- 
to Oriental el coronel López C¡imara encontraba en el cam- 
pamento de San Simón unos 800 á 1 .000 insurrectos, en- 
re negros y blancos, qne balia y arrojaba de sas atrinche- 
ramientos. El comandante militar de Holgnin batía tam- 
bién unos I ..500 á 2.000 enemigos, co^éndoles un obús, 
fusiles, rifles, lanzas y GO caballos; en las Cinco Villas, las 
partidas pululaban; en la Siguanea volvieron & reunirse 
unos 1.500 á 2.000 insurrectos, que no fueron alcanzados 
por nuestras tropas en una escnrsion que hicieron; ¡ton 
si en el sitio llamado los Azules, donde fueron batidos; en 
la jurisdicción de Gienfuegos, una fuerza de insurrectos 
de 1.000 hombres atacó el Incite de Ciego Montei'O, aun- 
que fué rechazada con gran pérdida, gradas al denuedo 
de nuestros soldados. ¿Es así como podria terminarse la 
insurrección con la brevedad necesaria, contando única- 
mente con las fuerzas que habia en la Isla? Poríjue no solo 
debíamos aspirar á que terminase la guerra, sino que ur- 
gía acabarla en el mas corto plazo posible, porque los ma- 
les crónicos son difíciles, si no imposibles, de curar. 

Es necesario venir d cuentas y al terreno de los guaris- 
mos pata comprender cual era la situación en su verdade- 
ro punto de vistn j no por un prisma engañador. Habían 
llegado de Esptm ps verdad, mas de 20.000 hombres; pe- 
ro de estos lo menos G.OOO eran reemplazos; los restantes 
estaban dihemimdos en los tres departamentos, sin contar 
las mnchi 1 aja ¡ i la fuerza habia tenido, tanto de saii- 



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315 
gre como por las enCormedades, que podían calcularse en 
una cuai'ta parte, porque además del vómito, que tanto 
estrago causa en los peninsulares y sobre todo en los sol- 
dados, en el departamento Oriental se haliia sufrido la 
(calamidad del cólera morbo, y ;i primeros de Junio empe- 
zó también A desarrollarse, aunque no con gran intensi- 
dad, en varios puntos del Centra!, principalmente en Puer- 
to del Padre, en Nuevitas y en Pu'írto Principe. Pues bien, 
en esta situación, decir que no fuesen tropas, equivalía á 
continuar en el poco envidiable papel de estar á la defen- 
siva que veníamos desempeñando en el departamento Cen- 
tral, y á paralizai'lo tedo en los demás departamentos. 

El 10 de Junio apresó el vapor de guerra Femando el 
Catülico cerca de la bahía de Ñipe, un pailebot americano 
llamado Jiohabe, que conduela á bordo trece caüones nue- 
vos de hierro, algunos del calibre de 100, cureüas, monta- 
jes, gran cantidad de municiones, mucho material de za- 
pa, i .-iOO barriles de pólvora y otros muchos efectos. Tam- 
bién se dijo que el vapor Tybee habia sido fletado en Nue- 
va-York por la misma casa que habia fletado el Perii con 
destino á las costas deCuba. Lo cierto que hay es que nues- 
tro cónsul general en Nueva- York , que tenia fundadas 
sospechas acerca del destino del vapor, solicitó que el ad- 
ministrador de la aduana suspendiese la salida del buque; 
pero el capitán declaro que á iba Santo Domingo con car- 
gamento de ai'mas y municiones, y salió del puerto sin e! 
menor obstáculo, después de haber estado á bordo algunos 
de los mas importantes laborantes cubanos. Inocente po- 
dría ser la salida del Tybee, pero todas las apariencias daban 
á comprender de una manera bien clara el doble juego que 
seestaba haciendo. Los buques salían en efecto despacha- 
dos para Santo Domingo ó las posesiones inglesas; pem 
esto era la máscara con (jue aun cuando á nadie se enga- 



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310 
fiase, servia al menos para legalÍ7,ar el destino, sin per- 
juicio de variarle siempre que se proporcionase ocasión 
de descargar en cualquier puertecillo de Cuba en terreno 
ocupado por la insurrección. Asi íué que el tribunal de 
presas tuvo que declarar que el Laliabe iba legalmente des ■ 
pacliado para Kingston, en Jamaica, y que el cargamento 
pertenecia á los haitianos. Dispúsose, sin embargo, como 
medida de precaución, que el pailebot fuese remolcado 
por un buque de guerra español hasta Kingston, para en- 
tregarle á la autoridad inglesa y que esta procediese con 
arreglo á la ley y garantizase que el armamento que con- 
duela !io seria introducido en la Isla. Aunque se nos la- 
che de pesimistas tenemos muy p a Ii* e i pstas garantías, 
porque hemos visto con prolund d 'í^u lo de qué mane- 
ra se ha venido protegiendo el o t il a ido de gueiTa en 
la8 posesiones inglesas, especialn e te en Na lau y en Ja- 
maica. 

Nosotros creemos que es muy digna de respeto la liber- 
tad individual y que á cada cual se le debe permitir hii- 
cer lo que sea licito; pero si esto es verdad, y tanto alarde 
se hace de esta libertad en las posesiones que dependen de 
Inglaterra, no creemos que por este hecho se autoricen 
demostraciones inconvenientes y contrarias á los intereses 
de una nación amiga. Decimos esto, porque en 21 de Ju- 
nio, en Kingston capital de Jamaica, se dio un gran ban- 
quete por los laborantes allí residentes, lo cual no tiene 
nada de particular; pero sí tiene y mucho que esta fiesta 
se hubiese dado por el solo hecho de haberse enarbolado 
la bandera cubana en el Observatorio marítimo de la ofici- 
na del Herald ¿Por qué se permitían estas demostraciones 
tan hostiles á Espaüa? ¿Qué bandera es la que se enarbo- 
laba que mereciese el respeto de las autoridades inglesas? 
En esta liesta ocurrió una cosa notable, y fué que el cón- 



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sul americano residente en ai[nella cimlad enarbolú en el 
consulado su palielloii, rospondíendo ala bandera cubana. 
Véase si hay razoa para que se nos considere como pexi- 
mistas después de Jiaber visto todo esto, cuando insistimos 
en que por todas píirtes nos ha rodeado la doblez y la mal- 
querencia. 

Otra fuerza de unos 100 filibusteíos americanos, meji- 
canos y dominicanos que habia desembarcado cei'ca de 
Guantánamo, íu6 alcanzada ea Baitíyuir por nnestras tro- 
pas, poniéndoles en fuga con una carga á la bayoneta, de- 
jando en poder del capitán D. Narciso Giménez y Troyano 
varios fusiles Remigton, ti'es cajas de municiones del 
mismo sistema, dos banderas, equipajes, etc. El capitao 
pedáneo de Guías, al recorrer la playa, encontró abando- 
nadas 40 cajas de fusiles Remingtou, con i O fusiles cada 
mía, y dos cañones. El comandante de la partida insur- 
recta fué capturado después y fusilado. Además, la colum- 
na que mandaba el general Buceta, en el iiUimo recono- 
n e to qne hizo en la península del Ramón, consigió 
dest m al enemigo 97.000 carrachos de fusil Uso y cogió 
dos I ez s de moataba, sin haber encontrado niugiin in- 
ur ecto Parece que no pasaban de 30 los filibusteros des- 
emba ados, de los cuales la mayor parte fueron cogidos 
y fusilados. 

Como si las desdichas que sobre el departamento Cen- 
tral pesaban no fueran bastantes, hacia el 8 ó Ifl de Junio 
principió á circular el nimor de que en Nuevitas se habia 
declarado el cólera morbo asiático. La noticia, como todas 
las malas, era cierta; uno de los batallones que volvió del 
Puerto del Padre llevó el terríble azote que se propagó, 
aunque no con gran intensidad. De Nuevitas pasó á la linea 
del ferro-carriJ, á los campamentos donde los soldados es- 
taban muy lejos de encontrar, no solo comodidades, sino 



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.'ílfí 

ni aun siquiera las condiciones mas piecisas de Itieiieslar, 
y desde allí pasó á Puerto Principe. 

El Gobernador y el ayuntamiento Lralaron de proveer 
lo necesario para hacer frente á la nueva calamidad; pero 
los fondos nmnicipales estaban completamente exhaustos 
y no había que esperar auxilio ninguno por este lado. El 
vecindario se encontraba, en su inmensa mayoría, su- 
friendo las mayores escaseces, y fué preciso establecer un 
impuesto módico sobre las importaciones por el ferro-car- 
ril, á lo que se prestó gustoso el coniei-cto, que ni una so- 
la vez dejó de responder cuando la autoridad le llamó. Con 
este impuesto se podría atender á los hospitales que no 
contaban con ningún otro recui-so. Y en peor ocasión no 
pudo acometer la epidemia, porque abandonada la policía 
urbana, las calles y las inmediaciones de la ciudad eran 
un foco de inmundicias; porque no hahia la tranquilidad 
de espíritu tan necesaria en estos casos; porque la miseria 
era muy grande, y poi-que era imposible establecer esas 
reglas higiénicas que tan precisas son para evitar la pro- 
pagación del mal. El vómito, que tan benigno y tan raro 
era en aquella población, también menudeaba con la aglo- 
meración de europeos. 

Ya hemos dicho que el general Letona había distribui- 
do las fuerzas que dejó al cuidado del ferro-carril de Puer- 
to Príncipe á Nuevitas en puestos inmediatos unos á otros 
en cuanto la escasez de tropas lo permitia. Cerca de la ciu- 
dad, en un sitio llamado Sabana-Nueva, había un puesto 
de cincuenta infantes y veinte caballos que se resguardaba 
en una especie de bohío. El domingo 20 de Junio, alas 
tres de la mañana, cuando estaban descansando los solda- 
dos y sin duda no muy vijilantes los centinelas, fueron 
sorprendidos por im numeroso grupo de insuiTecctos, que 
se hacia subirá unos 1000 hombres. Los soldados de infan- 



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31!) 
tena cogieron sus fusiles y los de cahalleria salieron ¡i bus- 
car sus caballos, pero los encontraron muertos ó mal heri- 
dos, medida que los enemigos habían tomado para impe- 
dirles hacerles daho. Salieron comendotressoldadosde ca- 
ballería, dos de los cuales fueron muertos á poco, y uno 
pudo agazaparse y llegó á Puerto Principe. De los demás 
nada se s\ipo enionces aunque por las señales evidentes 
que se encontraron, es de suponer que salieron juntos de 
la casa, viendo que no podían resistir á tan gran número 
y que prendían fuego á aquel frágil abiigo; que anduvie- 
ron en retirada defendiéndose la situación de tres palos del 
telégrafo en dirección á Puerto Príncipe; que se detuvie- 
ron y parapetaron en una especie de trinchera que forma 
allí el camino, donde consumieron los cartuchos que lle- 
vaban, porque se encontraron en aquel sitio muchos pape- 
\eir- rotos y señales claras de haber estado allí haciendo fue- 
go. Luego que el general tuvo noticia de lo ocurrido, sa- 
lió con unas compañías de Ghiclana; pero no encontró 
nada mas que el bohío quemado, cuatro cadáveres cerca 
de él, uno de ellos calcinado y ni rastro siquiera de los in- 
surgentes ni de los soldados. Siguió adelante y en el pues- 
to inmediato no solo no le dieron noticia de ellos, sino que 
ni aun siquiera oyeron el tiroteo, que fué muy nutrido, y 
duró mucho tanto que desde una cerería inmediata á la 
ciudad en aquella dirección se oyó perfectamente y se avi- 
só al (lobernador. Pocos dias antes se presentó en el mismo 
sitio otro grupo de unos 60 liombres, les cargó un oficial 
con 24 caballos, quedando muerto y cuatro soldados heri- 
dos de una descarga que les hicieron casi á qnema ropa, 
porque los soldados eran lanceros. En las investigaciones 
que con posterioridad se hicieron en las inmediaciones del 
sitio de la catástrofe se encontraron los cadáveres de doce 
soldados qne no se sabe si murieron defendiéndose ó si 



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;!-20 
fuct'on asesinados. Los instantes soldados quedaron en cla- 
se de prisioneros segiin se supo después por una carta que 
se recibió en Puerto Príncipe. Con estos infelices, los su- 
blevados del departamento Central unidos á algunas pai'- 
tidas del Oriental, nos tenían prisioneros mas de 200 sol- 
dados, contando ciento y pico que cojieron al cortar la re- 
taguardia de un convoy que iba de Manatí á las Tunas 
cuya conseiTacioii tanto costaba, y para cuyo abasteci- 
miento se necesitaban dos batallones que llevasen convo- 
yes, imposibilitUidose esto por completo en tiempo de llu- 
vias, ¿Se ignoraba esto en la Habana? De los prisioneros 
de Sabana Nueva fueron luMÍÍados todos de cabo an-iba, 
incoi'porándose los soldados en las partidas. 

Las Tunas, punto estratégico situado en el confín de 
los departamentos Oriental y Central, donde Iom rebel- 
des habían hecho tentativas inútiles para apoderare del 
pueblo y en donde siempre habían sido duramente escar- 
mentados, se encontraba en el mas duro aprieto por la 
completa carestía de víveres, ni mas ni menos que habia 
estado sucediendo en Puerto Príncipe. Preciso era socori-er 
á aquellos valientes que harto hacían con sostenerse con- 
tra enemigos que diai'iamente les hostilizaban, y se acor- 
dó enviarles un convoy, cuya operación se encargó por el 
brigadier Lesea al de igual clase t'errer. El 26 de Mayo 
desembarco al efecto en Puerto del Padre con los batallo- 
nes de la Union, Reina, y 5." de movilizados de la Habana 
•é inmediatamente emprendió la marcha con 28 carretas 
cargadas de víveres. El 30 llegó al punto de su destino, 
después de haber encontrado en el camino grandes obs- 
táculos acumulados por el enemigo que por lo visto se pro- 
ponía apoderarse del convoy. Presentáronsele los enemi- 
gos en número de mas de Ií,flfl0 capitaneados por Quesada, 
Peralta, Mármol, García y iíubalcaba, y desde el 28 por la 



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tarde principiaron á hostilizar las tropas siu dejar de ha- 
cerlo con tenaz empeño hasta las Tunas, siendo repelidos 
en todos'sus ataques con grandes pérdidas, y eso que las 
fuerzas que custodiaban el convoy ocupaban una esten- 
sion de mas de media legua. En esta jomada tuvie- 
mn 11 muertos, 41 heridos y 20 contusos. Los enemigos 
no solo sufrieron e! fuego de metralla á quema ropa, sino 
también el del batallón de cazadores de la Union que usa 
el armamento Peabody. Entre los rebeldes muertos había 
un cabecilla llamado Mármol, que ñguraba entre ellos 
como brigadier. Este hecho de armas es tanto mas nota- 
ble si se atiende al mal estado en que se encouti'aba el ca- 
mino de las Tunas; que cada carreta, tirada por tres yun- 
tas, llevaba 60 arrobas de peso; que el brigadiei' Ferrer con 
grande acierto, dejó el camino ordinario de las Tunas por- 
que le convenia evitar el paso del rio Vázquez, y tuvo que 
ir atravesando potieros conducido por guias práctii;üs, 
quienes al fin perdieron el camino, lo cual fué causa de 
que la columna tuviera que sufrir grandes penalidades, 
pues el 27 careció de agua sin serla posible condimentai' el 
rancho, y sin tener ni vino ni aguardiente que pudiera 
servirles de consuelo. A las 11 de la niaüana siguiente se 
orientai'on los guias y se encontró el agua, comiendo la 
ti^opa un rancho del que carecía hacia 24 horas. 

Nuestras noticias acerca de esta espedicíon, llevada á 
cabo con tanta felicidad como inteligencia por el briga- 
dier Feri-er, son que los i'ebeldes se presentaron con la 
mayor osadía; siendo tan vivo el fuego, que no podía 
contenerle, el de las compaíiias de letaguai'dia, á pesar de 
los esfuerzos do su jefe el comandante Boniche, que no 
pudo impedir se replegasen las fuerzas á la altura de la ul- 
tima carreta del convoy. En esta posición rompió el fue- 
tío la artillería logrando contener al enemigo, pero pronto 



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volvió con insistencia al ataque. Comprendiendo el briga- 
dier Ferreí- que la reiterada insistencia del enemigo en la 
retaguardia era el áe estar alentado por los recuerdos de 
ventajas anteriores, como son la pérdida de la retaguardia 
de la columna de Boniche y haber tenido que retroceder el 
convoy del comandante Hernández, dispuso que e! coro- 
nel Pneyo atacase al enemigo á fuego y bayoneta, cuyo 
brillante empuje no pudo resistir, poniéndose en disper- 
sión. En esta carga cayó el cabecilla de que antes hemos 
hablado. El brigadier Ferrer, después de esto, llevó otro 
convoy á las Tunas con un batallón de la Reina, al que se 
incorporó después el de la Union, sin mas novedad que al- 
gún pequeño tiroteo de escaso residtado. El 6 del mismo 
mes, se declaró en Puerto del Padre, en el batallón de la 
Reina, el cólera que hizo muchos estragos, sin posibilidad 
de evitarlos por la absoluta carencia de medios, hasta de 
medicinas, una vez agotadas las escasas del botiquín del 
batallón, y sin que tuviesen ios enfermos mas camas que 
un cuero, sin otro abrigo. Nuestros soldados no solo son 
valientes, sino los mas sufridos del mundo. El Pelayo con- 
dujo á Nuevitas 266 liombrea del batallón, únicos que es- 
taban en disposición de marchar, quediindose los enfermos 
con una corta fuerza del 5." batallón de movilizados de la 
Habana, y con ellos el brigadier Perrer, quien creyó con- 
veniente á su decoro y á su deber permanecer en el puesto 
del peligro. El batallón de la Union volvió para custodiíi 
del campamento y entvc varias salidas que hizo la tropa, 
en una de ellas encontró en el monte varias familias es- 
condidas, quienes ú. la voz de ¡Viva España! se unieron ¿i 
las tropas en número de '56 personas, enti'e mujeres y ni- 
ños. Ferrer volvió al íln el IS de julio con los restos del l>a- 
tallon de la Reiua y el de la Union. 



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CAPITULO XXIII. 



Tropas pedidas da la Habana á LeWüa,— Nueva faz en ia conducta de Iob 
EBtados Unido?.— PriBion y encauBamiento de la Junta cuban s.— Ordenes 
iBrminantss paca impedirla salida de lasespediEÍonesfilibustaras.— Cap- 
tura de una espedtcion. — Desengrafio de Morales Lemus y compaBeroa. 
— Llcg'ttáaá la Habana del nuavo Gap.tangeneral.—AlocudoneB que pu- 
blicó.— Impresión proaucida por las aloouoloneB. 



Confesamos ingenuamente qne en mas de una ocasión 
llegamos á perder la brújula en vista de lo que sucedió. 
El general Letona haiia llevado al departamento Central 
el batallón de Chiclana, uno de negros de la Habana, uno 
de artillería y los Catalanes, con lo cual se calculaba que 
habiaen todo el departamento unos 7,000 hombres. De 
esta fuerza, e¡ batallón de artillería se marchó á poco, mas 
de 2,000 soldado tuvo que destinar esclusivamente al ser- 
vicio del ferro-carril, en Puerto Príncipe habriaunos 1 ,500 
hombres; dos batallones fuei'on con el brigadier Ferrer á 
llevar convoyes, y el resto quedibi disti-ibuido en guarní- ■ 
cienes, contadas las bajas por defunuones y enfermedades. 
Pues bien, mientras el general Letoni eniiabaun jefe ala 
Habana para esponer lo poco "íalisfactono de la situación del 
departamento, y la imposibilidad en qup se encontraba de 
adoptar ninguna medida poi falta mitenil de medios, de 
la Habana se !e decia que de las tropas quo tenia á sus 



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órdenes enviase 1 ,000 hombres, no sabemos para qiiü liea- 
líno. ¿Que significaba esto? ¿Se ignoraba en la Habana to- 
daTÍa la situación del departamento? ¿Continuaba la Auto- 
ridad meciéndose en falaces ilusiones? 

La conducta nebulosa de los Estados-Unidos era cada 
dia mas sospechosa puesto que se sabia que en sus ciuda- 
des se trabajaba con entera libertad y con la mayor desfa- 
chatez contra una nación amiga, y que salían de sus puer- 
tos cargamentos de annas cuyo destino fácil era presumir 
cual fuese. Así pues el telégrafo anunciaba el 16 de Junio 
que varios buques con cargamentos de armas y municio- 
nes de guerra habían sido despachados para las Antillas in- 
glesas; pero se creía que su verdadero destino era á Cuba. 
Bajo la impresión de tan desagradable noticia se recibió en 
la Habana, el 17, un despacho de nuestro Ministro bd 
Washígton en que participaba haber sido presa la Junta 
cubana de Nueva- York, compuesta de Morales Lemus, 
Fesser, Mora, Bassora, Lámar, Alvare?, y otros. Esta pri- 
sión fué debida á las gestiones oficiales del Sr. IVobeils si- 
guiéndose la causa por el Procurador de la nación en el 
distrito ante el gran juvado «por haber preparado el 1.' 
de Mayo de 1869 cierta espedicion mílitai- contra Cuba, 
que forma parte de los dominios de Espaüa, país con el 
cual se hallan en paz los Estados-Unidos, y por violación 
de las leyes de neutralidad de dichos Estados.» Espedidas 
las órdenes de arresto, para libertarse de él, tuvieron los 
encausados que prestar cada cual una fianza de 5,000 du- 
ros para estar á derecho, y otra de 2,500 en seguridad de 
que guardarían la paz y no violarían las leyes de neutralidad 
délos Estados-Unidos. Encontraron quien prestase la fian- 
za por ellos y quedaron en libertad sin mas contratiempo 
que este y advertidos únicamente de que en lo sucesivo no 
deberían tener oficinas de alistamientos tan abanderas des- 



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325 
plegadas, y que dfiliian obrar con prudencia en la remesa 
de espediciones para Cuba, pudiendo llenarse el espedien- 
te á satisfacción de todos con que saliesen los buques con 
destino alas posesiones inglesas. Esta prisión nos pareció 
una gran comedia diplomática; aun cuando con posteriori- 
dad supimos que se habían, espedido en efecto órdenes 
apremian tes para poner coto á los indignos manejos filibus- 
teros. Súpose que ibaá salir de Nueva- York unanueva es- 
pediclon armada, y una vez reunidas las pruebas y testi- 
monios de la culpabilidad de los espedicionarios y sus 
cómplices, se dieron á los Slierífs órdenes de arrestar al 
coronel Ryan, que parece era el que había de mandar la 
espediciou,áD. Ignacio Alfaro, que se decía Ministro déla 
guerra de la Repüblica Cubana y á otras varias personas 
acusadas de estar armando una espedicion que se trataba 
de enviar á Cuba con intenciones hostiles. De los indivi- 
duos arrestados, tres eran alemanes, uno irlandés, imo 
americano y otro cubano, el Sr. Alfaro. Fueron presas 
otras varias personas por la misma causa, pero se les dejó 
en libertad mediante la misma fianza de 7,500 pesos que 
habiati prestado Morales, Lemus y compañeros. Única- 
mente se negó la fianza A Ryan, pero cuando se fué á bus- 
carle, no se le encontró y se dijo que habia salido para 
Nueva-Jersey al frente de una espedicion de 1 80 hombres. 
Parece que el tal Ryan es pájaro de cuenta: hizo la últi- 
ma campaña de los Estados-Unidos y le habían escogido 
los laborantes para orgapizar una espedicion, para lo c u a 
le habían dado ?00,000 pesos de los cuales supo aprove- 
charse á la.^ mil maravillas. Ai mismo tiempo se decía en 
una correspondencia de Nueva-York que habia llegado á 
Washington Morales Lemus, con las credenciales de Em- 
bajador de la Repiíblica Cubana, th-rnadas por el presiden, 
te Céspedes. Nos parece el Sr. Morales Lemus, andando 



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326 
de ceca en meca con sus credenciales que nadie quería re- I 
ciliir, á Jerónimo Patui-ot en busca de una posición social; ' 
pero algo habia de hacei-se en servicio de la patria por el 
Embajador á prneba de desdenes, así que caminaba impá- 
vido en busca de !a declaración de beligerantes para los 
rebeldes qne no encontraba como Jeróninio no halló la 
posición por que tanto habia suspirado. 

Morales Lemus y sus amigos espeiaban mucho de un 
Consejo de Ministros quedebia celebrat&e en Washington, 
pero sus esperanzas quedaron completamente defraudadas 
supuesto que nada se acordó, y 'legun una corresponden- 
cia de aquella ciudad, se habia comunicado a nuestro re- 
presentante que; á pesar deque el fiobierno y el pueblo 
simpatizaban can los revoluciónanos cubanos se cunipli- 
rian rígida y estrictamente las leyís de ne Ufihdacl, j en 
prueba de la sinceridad de esta promesa ■^e puso á nuestro 
Ministra en relación directa con los fiscales y Marshals de 
los Estados-Unidos para que de común acuerdo impidie- 
sen la salida de nuevas espediciones Esto le conlumó <on 
los despachos telegráflcos recibidos en la Habana anun- 
ciando la captura de buques fiUbubleíos, muy especial- 
mente el de 30 de Junio en que nuestio ministio conium- 
cabaal Gobernador Superior la captmapoilamaiinadelos 
Estados-Unidos de la espedicion filibustera que estaba sa- 
liendo para aquella isla. Gomponian la espedicion un gran 
vapor y tres remolcadoi^es con numerosos pertrechos de 
guerra é iban en ella 200 hombres: antes habia sido captu- 
rado otro vapor. 

He aquí algunos pormenores acerca de la captura de 
esta espedicion que creemos agradarán á los lectores. Las 
dos goletas á cuyo bordo se habían embarcado las armas 
jara la espedicion pirática se llamaban Fanny y Winona 
que fueron despachadas en Nueva-Yorlí con cargamento de 



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(íajas y otros bultos. Debian fondear en la isla de Giiidi- 
nev y trasbordar su car^'aal vapor CalheñneWhiting; pero 
no iiabiéudole encontrado, se dirigieron á Kew-IIaven, 
donde no entraron y si en ?,!ilIord. Uno de los cargadores 
de armas que vivia allí resolvió descargar las goletas, lo 
que venficaron escepto con alguna carga de la If ¡nona para 
lo cual volvieron el dia siguiente. E! guarda cosías Maoney 
las apresó y las condujo á Nueva- York, Los efectos des- 
embarcados que se avalúan en 150,000 pesos, consistian 
en mochilas, fusiles, equipos, cartuchos y otros pertrechos 
de guerra; también fué capturado el vapor remolcado)' 
Jonalhan Ckasse que conducía unos 200 hombres que esca- 
paran con el coronel Ryan. 

Desde los aconíecimienlos que hicieron salir de la Ha- 
bana al general Dulce, toda la atención estaba lija en la 
llegada del nuevo capitán general, suceso que por cada cuaí 
se esplicaba á su manera, según sus convicciones ó sus in- 
tereses. Creían unos que desaprobarla la conduita de 
los voluntarios, y que en este caso era inminente una cri- 
sis mas trascendental que ¡a anterior; en opinión de otros 
las cosas quedarían como estaban, se echaría un velo 
sobre lo pasado y nadie volvería á hablar de las esce- 
nas de 1 ." de Junio. El 28 llegó en efecto el general, lle- 
vando cousígo varios jefes y oficiales y un batallón de ma- 
rina. Su recibimiento fué sumamente entusiasta, y con di- 
ficultad se había visto una ovación tan completa á ningún 
Capitán general como la que obtuvo el Sr. Caballero. Lue- 
go que tomó posesión de su cargo publicó las alocuciones 
siguientes: 

"fiaceta c."ítraord¡iiar¡a. —Habana, lunes 28 de Junio do ISC'J.— 
l'arte oflcial.— Capüanfa general de la Isla de Cuba.— Habitantes de la 
Isla dL' Cuba: Hace «ucvc meses que posa sobre esta Isla el azote mas 
lerribie que puede alligir ú la humanidad; la guerra civil. Dosde que 



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328 
en mal hora priiicipiíi esc periodo fuueslo, veis laiigiiidocer el co- 
mercio, arruinarse la industria, desaparecer las propieilodes mas 
pingües al impulso del vienlo de la insurrección y de la tea incendia- 
ria que, Iiijos espíireos de Cuba ó fauSticos alucinados por utopias 
irrealizables, atizan, procnrando en su insensatez, por todos los me- 
dios aniquilar á la madre, liaeicndola descender desde el emporio 
de la riqueza y del bienestar en que se hallaba, á ser un país yermo 
cubierto de ruinas y conizas. 

Veis además una emigración progrcsiya que disminuye rápida- 
mente los elementos de riqueza, y lo que es peor, diezmarse los her- 
manos por el plomo ft-atrlcida ti por el pui'ial alevoso de los asesinos. 

Ko descenderé en este momento 6. ocuparme de las causas ]u 
han podido conduciros á la situación actual. Hado el présenle e ta 1 
de cosas, mi misión es restablecer la calma y la conflan a acala 
con la guerra civil á todo trance, y estudiar después vuesl a ne e 
aidades y cuanto conduzca al bien del país, para proponer al dob 
no de la nación todas las reformas que puedan influir para fp e e ta 
perla de las Antillas alcance el grado de cultura, riqueza, ilustración 
1' felicidad á que sin duda la llama su destino. 

llomprendo todas las diflcultades con que tengo que lucliar al en- 
cargarme del espinoso mando con que el Poder Ejecntirn so lia ser- 
Tido honrarme; pero me alienta la esperanza de que me ayudarán en 
mi empresa, además de este ejército valeroso y disciplinado, los vo- 
luntarios armados, á cuya decisión y esfuerzo se debe en gran parte 
la salvación de la Isla, y todos los hombres sensatos y honrados. 

Natural es que deseis saber cual será mi linea de conducta; se en- 
cierra en tres palabras: España, justicia y moralidad. España que sa- 
cará de su inmenso patriotismo recursos inagotables para conservar 
la integridad de su territorio dentro y fnera de la Península. Morali- 
dad y estricta economía en todos los ramos de la administración. Jus- 
ticia para todos, lo mismo para el hombre acaudalado, para el alto 
funcionario, que para el modesto bracero. 

Con este sencillo programa, que adopto con U'^ inquebrantable y 
con voluntad firme, espero borrar las huellas de esterminio y des- 
trucción que deja tras si la guerra civil, apagar los enconos, cica- 
trizar las heridas y enjugar tantas lágrimas. Os reclamo generosidad, 
digna de la noble sangre española para olvidar las ofensas, y si He- 
gamos al fln que me propongo, sea para vosotros la ^rlorla y )a felici- 



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320 
dad: la satisfaccinn ilofiabor contribuido íi ella para yuestrn Oobcnta- 
beriíador capitán general, Caballero de Rodas. 

Voliinfarios: Con vuestra actitud enérgica y decidida liabois pres- 
tado eminente servicio á la causa del únien, de la justicia y del dere- 
ebo. Por ello merecéis bien do la patria, y enloda su estension resue- 
na nn grito unánime de alabanza para los que, abandonando sus ha- 
bituales ocupaciones, se han converlido en soldados, defendiendo la 
honra nacional. 

O^Tínllosos debéis estar por vuestro proceder; también yo lo es- 
toy, tanto por encontrarme k vuestro fronte para sostener la buena 
causa, como por tener [afortuna de daros las gracias, siendo fiel in- 
térprete de loK sentimientos del Gobierno de la nación y de vuestros 
conciudadanos. 
.< Voluntarlos, iviva España! iviva Cuba! la mas bella provincia es- 

Vuestro capitán general, Caballero de llndiii. 

Soldados y marinos; L'nos enantes cubauos de genio inquieto y 
turbulento se lian puesto en armas, levantando la bandera ile rehe- 
Lon contra la patria coraun. El asesinato y el ¡uconijio lian sido los 
únicos hechos ¡luc pueden conmemorar, para vergüenza propia y 
elocuente lección á los ciudadanos que permasieciendo fieles, saben 
ya lo que deben esperar de ellos, 

fcii.Vosotros respondisteis al grito de sedición con el do vuestra acri- 
solada lealtad, aprestándoijs al combate, pero ¡vana quimeral los re- 
beldes no miden sus aceros con los vuestros, limitándose á ejercer 
actos de perfidia, crueldad y traición. Con todo, si no sostenéis com- 
bates, porque vuestros enemigos los rehusan, no por ello alcansais 
menos gloria mostrándoos como siempre, sobrios, perseverantes, su- 
bordinados y dignos hijos de nuestra querida España. 

Hoy que me cabo la honra de ponerme ;i vuestro trente para ter- 
minar la ol)ra de pacificación que con tanto ardimiento como buen 
éxito habéis empegado, os encarezco que seáis el amparo de los bue- 
nos; Heles amigos de los voluntarios— hoy vuestros hermanos de ar- 
mas;— generosos ceñios vencidos, y justos con los que fueren apren- 
didos con las armas en la mano. 

Obrando asi, la patria os quedará reconocida; propios y oslraños 
admirarán vuestras virtudes, y dejareis un recuerdo imperecedero 
en vuestro Capitán general, Cabal/ero rfe ll'nlas. 



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330 

Como se ve, en las anteriores alocuciones, escritas con 
mnclio tino, no se hacia ni una alusión siquiera á los pa- 
sados aconcecimientos, y si algo se desprende de ellas es 
que se aprobaba en todo lo hecho por los voluntarios al 
decirles que con su conducta decidida y enérgica habían 
prestado eminentes servicios á la causa del ói-den, de la 
justicia y del derecho, dándoles las gracias á nombre de 
la nación. Esto mismo opinamos y opinan todas las perso- 
nas que lian tenido ocasión de poder apreciai' los servicios 
prestados por los voluntarios, quienes en nada obraron ni 
por saña ni por malas pasiones. El general Caballero de 
Rodas obró en esto de una manera patriótica y con gran 
previsión, porque desde el primer momento comprendió 
cual era la verdadera significación de aquellos entusiastas 
y sufridos voluntarios que con tanta efusión le recibían y 
le aclamaban como al futuro paciíicador de la Isla. 

Por lo demás, las alocuciones causaron una grata im- 
presión, porque en ellas se consignaba, como base los tres 
principios cardinales hacia los cuales en' efecto iban en- 
caminadas las aspiraciones de los amantes del país; de los 
que sin saña y sin pasión querían sobre todas las conside- 
raciones que España quedase con honra en la empresa, 
costase lo que costase; de los que rechazaban por un triste 
convencimiento toda ti'ansacion y términos medios con los 
enemigos de España. El general Caballero de Rodas habia 
adquirido la fama de enérgico en los sucesos de Andalucía, 
que tan bien supo reprimir, y esto era una garantía para los 
que, sin desear el esterminio ni nn derramamiento de san- 
gre irracional é inconveniente, hablamos llegado á apren- 
der que solo con saludables ejemplos de energía y rigor se 
podria dominar á gente que no reconocía la generosidad ni 
cedia á otros sentimientos que álos de la atrición, porque no 
habia que esperarenellos contrición perfectade sus culpas. 



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CAPITULO XXIV. 



Situación politícade la Isla áprinclpLoa de Julio — Los ciepartamcnto! Orien- 
tal y Central y las Cinco Vnins.—Relevo del e-enurKl Letona y nombra- 
miento en KU la¡tar del íreaeral PupI I o.— 1 neón ven lentes de este nombra- 
miento.— El cólera en el departamento CeaWal.— Sus efectos y causas en 
Puerto Principe. 



Con la entrada de Julio l<a situación política había me- 
jorado en ol departameiito Orienlal , donde , después de las 
íueites batidas dadas ú los i-ebeldes, pitede decirse que la 
insurrección estaba espirante , quedando el baiidolerismo, 
supuesto que se podía ir sin grandes obstáculos desde Ba- 
yamo á Manzanillo y aun a Cuba. Una columilita de 200 
hombres, al mando del teniente coronel Cañizal , que sa- 
lió de aquel punto, llego sin obstáculo á Cuba; desde allí 
Yolvió á salir para ISayamo, encontrando en Contramaestre 
una facción de unos 700 hombres, compuesta de los restos 
que escaparon de Ñipe y de la partida de Slarcano , entre 
ellos GO rifleros que se atrevieron á acometer á la columna 
en campo raso- Fueron atacados los rebeldes, y á pesar de 
haber sido gravemente herido Cañizal, se les batió dejando 
muchos muertos, con muy pocas pérdidas de nuestra parte, 
El titulado general americano Jordán, aventurero y de an- 
tecedentes no muy limpios, que mandaba la fuerza rebelde, 
no dio una honrosa muestra ni de su valor ni de sus conoci- 
mientos. En seguida la columna atacó y tomó dos campa- 



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332 
meiitos, despuos de bastante resistencia. Y cnonla con qao 
además de la gran distancia que la columna tuvo que re- 
correr, atravesó pot caminos peligrosos, por montea difíci- 
les y por pantanos, que con gran trabajo fueron vencidos. 
Mucho se liabia trabajado en este departíimento bajo la in- 
teligente dirección de los generales Latorre yVillate, quie- 
nes con su actividad suplieron la falta de medios materia- 
les qne en todas parles se sentia; y el trabajo liabia dado 
buen resultado, supuesto que, además de las muchas fami- 
lias que habían ido á buscar el amparo de nuestras tropas, 
los principales jefes de la insurrección Céspedes, Aguilera, 
MáiTiiol, Rubalcaba y otros, no pudieudo resistir la perse- 
cución que se les hacia, so habían corrido con su gente á 
los límites del departamento Central, donde se habían 
puesto de acuerdo con Quesada. Verdad es que aun que- 
daban en Sierra Madre y en otros puntos partidas, algunas 
todavía numerosas, pero la mayor parte se componía de 
negros cimarrones y de bandidos, de esa espuma que en 
el hervidero que producen todas las conmociones salen á 
la superficie, figuran algún tiempo por el teiror que sus 
crímenes inspiran, y después hay que ir destruyendo poco 
á poco porque su existencia está reftida con el orden , con 
la moralidad y con la decencia. Ese es uno de ios mayores 
inconvenientes de todas las conmociones populares, en que 
es de todo punto indispensable la dominación de la chus- 
ma aun cuando sea momentánea. En el departamento 
Oriental habían sufrido mucho los propietarios, y, como 
en tales casos sucede, habia venido un movimiento de 
reacción inspirado por sentimientos conservadores y en 
vista de la completa ruina á que sus compatriotas les con- 
denaban, Y eso que en esta lucha desigual y sacrilega por 
parte de los rebeldes, todos los intereses encontraban am- 
paro y abrigo entre los jefes militares, quienes no sola- 



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menu? comhaLian oiiaudo se presentalla ocasiun para ello, 
sino que al mismo tiempo trabajaban con incesante aían 
en reparar los males que los eiieinigos causaban á su pro- 
pio país y en evitar que se causasen otros nuevos. 

Y que esto es una verdad indudable se comprueba con 
la conducta de nuestras tropas y con los satisfactoiios re- 
sultados que habia producido. Cansados de una vida de 
bandolerismo, babíanse presentado acogiéndose á indulto 
personas de cierta importancia entre los insunectos , que 
habian sido sus jefes y sus directores , y quienes se diri- 
gieron á sus antiguos compaíieros de Bayamo, Jigiianí y 
Manzanillo en una especie de proclama que publicai'on. 
En ella reconocía 11 y confesaban de una manera terminan- 
te y esplicita que solo d mas lamentable de los eslravios, la 
obcecación mayor y la mayor sinrazón posible les habia liecho 
olvidar todo lo gue debían á la gran nacioivilidad española; y 
los exhortaban á que de tina vez abandonasen el camino 
del estravío y fuesen á reparar con su trabajo tantos males 
como habian causado, y á enjugar' tantas lágrimas como 
por su causa se habian derramado; les pintaban con vivos 
colores la situación actual de aíjuellas jurisdicciones hoy 
arruinadas, comparándole con el que antes habían tenido, 
tan rico, tan próspero y tan lloreciente, y les conjuraban 
para que se acogiesen bajo el amparo de las autoridades 
españolas. Y esto lo hacían esponU'ineameiite , sin presión 
de nadie, cediendo únicamente á lo que el buen sentido 
les dictaba. 

Lo cierto es que, gracias á la política de actividad y de 
energía y de salndable represión seguida en este depai'ta- 
mento, en especial por el general Villate , mas de 12.000 
personas de las refugiadas en los montes, con armas y sin 
ellas, se habian presentado acogiéndose al indulto, unos 
como insurrectos y otros á la protección de las autoridades. 



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qiie nunca les faltó, y volviendo ü sus antiguas ocupacio- 
nes muchos que lialiian sido arrastrados á la re!)elion. A 
fines de Junio hahian sido batidas casi todas las facciones 
ijue existían en todas las jurisdicciones en que el general 
Villate operaba, siendo lo mas notable el ataque dado el 20) 
por el coronel Ampudia al campamento de Nagua, con- 
siderado por los insurrectos como su iiltimo refugio, don- 
de se liabian concentrado y establecido talleres de fabrica- 
ción de armas, que destituyó el capitán D. Pedro Uoníalez 
cogiéndose 209 lanzas, 197 fusiles y otras armas , mas de 
90 arrobas de plomo, dos fraguas, un laboratorio de pól- 
vora y multitud de herramientas. A principios de Julio es- 
taban restablecidas y funcionaban como en circunstancias 
normales todas las capitanías y tenencias de partido de las 
jurisdicciones de Manzanillo , Bayamo y Jignanf, y se cir- 
culaba con segundad por los caminos de estas jurisdiccio- 
nes. Pero estaba demasiado reciente el recuerdo de que 
había sido aquello la cima de la insurrección; no era ciier- 
do tener una confianza que huliiera podido quedar de- 
fraudada si fuese escesiva; entre Baracoa y Guantánamo 
habia salido «na partida entre la cual iban algunos volun- 
tarios desleales, y la previsión aconsejaba que no se saca- 
sen fuerzas porque podia ser origen de graves complica- 
ciones. Afortunadamente esta partida fué batida tan pron- 
to como se presentó por fuerzas destacadas de (luantánamo 
y Baracoa, y eso que iba mandada poi' un titulado general 
mejicano. 

En las Cinco Villas el general Lesea, que habia sido 
nombrado jefe de operaciones, y el Sr. Goyeneche, ascen- 
dido justamente á brigadier y que habia tomado el mando 
de las jurisdicciones de Sancti-Spíritus y Morón, con su 
acostumbrada actividad perseguían á los enemigos que aun 
existían tenazmente en ai^uellas jurisdicciones, y cuya mi- 



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.■!35 
sion no era otra que destruir é incendiar, huyendo siem- 
pre del alcance de nuestros soldados. En las inmediacio- 
nes de Villaclara eran tales los escesos que aquellos ban- 
didos cometían, que la gente emigró casi en su totalidad á 
la población á esperar mejores tiempos. La Siguanea esta- 
ba ocupada en sus puestos mas estratégicos por nuestras 
fuerzas, y de este modo se habia conseguido privar á los 
rebeldes de uno de sus mejores puntos de refugio. Sin 
embargo de todo no desistían de sus planes, y bandoleris- 
mo ó insurrección daba demasiado que hacer y no podia 
decirse, ni con mucho, que estuviese destruida. La perse- 
cución era tan activa como el tiempo lo permitía, porque 
ya el calor apretaba demasiado y principsalian á sentirse 
con fuerza las enfermedades del país, contando con que 
casi todos los soldados estaban sin aclímarse porque el 
que mas llevaba cuatro meses de Isla. En los últimos dias 
de Jimio sufrieron los insurrectos la pérdida de 47 muer- 
tos en varios encuentros; les fueron co¡jidos muchos caba- 
llos, armas y municiones, pero no por eso se terminábala 
insurrección. La rebelión allí estaba mas que en los cam- 
pos en los caseríos y aun en las poblaciones, puesto que 
muchos que parecían pacíficos, cuando era necesario salían 
con sus caballos, sus machetes y su carabina ó su escope- 
ta para dar un golpe, verificado lo cual se volvían á sus 
casas á servir de espías y de auxiliares de la rebelión. 

Esta conducta no tenia nada de particular , supuesto 
que en la guerra hay ardidesadmítidos, y lo mismo hacían 
nuestros padres en la guerra de la Independencia contra 
laa huestes de Napoleón; altamente condenable y crimina! 
es qne las partidas de estas localidades escedian si era po- 
sible en ferocidad alas demás, supuesto que no se contaba 
de ellas sino actos de salvajismo que horrorizan. Sola- 
mente en un partido de la jurisdicción de Trinidad, desde 



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.':36 

15 de Abril ;l 15 deJiiiiio haliian incendiado los bandidos 
30 fincas, 40 casas de mampostería y J12de guano. ;,No 
es verdad que es edificante semejante conducta? Ni los ho- 
teutotes hubieran sido capaces de cometer semejantes ati'o- 
cidades contra sus propios intereses, contra los de sus 
compatriotas y contra los de su propio país. Se necesitiiba 
ver la conducta de los cubanos desleales para comprender 
hasta i|ue punto pueden arrastrar las malas pasiones. 

En el departamento Central las cosas seguian del mis- 
mo modo. El general Letona hizo una salida con una co- 
lumnitacon intención de sorprenderá Quesada, que sabia 
se encontraba en una finca no distante de Puerto Principe; 
pero cuando llegó ya Quesada y sus valientes hablan liui- 
do, encontrando algunas cartas que el bravo general había 
escrito y recibido y dejo olvidadas en su precipitada mar- 
cha. Esto habla de suceder siempre , porque su espionaje 
era grande y nuestras tropas, que iban á pié, en un clima 
abrasador, ni podian tener la rapidez necesaria en sus niu- 
vimientos, ni era cuerdo exigirles largas y penosas mar- 
chas, lo cual hubiera equivalido á quedarse en muy poco 
tiempo sin las dos terceras partes de los soldados por e' 
calor y por el vómito, tratándose de soldados casi en su 
totalidad nuevos y que por consiguiente no habiaii tenido 
la necesaria aclimatación. Este era un gravísimo inconve- 
niente para los jefes, quienes sabian por una doiorosa es- 
periencia que mas tenían que temer de las consecuencias 
de las espediciones que de las espediciones mismas. Sí se 
publicara una estadística de los soldados y oficiales llega- 
dos á Cuba desde Enero , y muertos á consecuencia de las 
enfermedades del país, de seguro se horrorizarían los lec- 
tores; y esta sola estadística, este testimonio mudo, pero 
elocuente seria un cargo tremendo, cargo de sangre y lá- 
grimas, contra los que por inespericncia, por abandono, 



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por torpezas hablan sido causa de ijue luciese mie\'e me- 
ses gue sobre la Isla pesase el azote de la guerra civil, y 
de <iue en Julio estuviese peor aun que en Diciembre. Se- 
guros estamos de que á nadie se exigirá la responsabilidad 
de los males causados; responsabilidad que alguien tiene 
y en cualquier otro país se buscaría y se exigiría; pero en 
cambio la conciencia pública y !a humanidad protestarán 
céntralos que con su conducía no han evitado los ma- 
les que deploramos. 

En Julio, además de los calores que tanto estrago cau- 
saron en los europeos recien llegados á la Isla , y aun en 
los aclimatados, habia que luchar con las grandes lluvias 
que imposiíiilitan completamente las marchas, y son un 
mal gravísimo paia los soldados. En las Cinco Villas ya el 
general Lesea anunció que habría que suspender las ope- 
raciones ;í causa de las lluvias: en el depaa-tamento Central 
también los campos estaban intransitables, tanto que en la 
salida que hizo Letona entraron á la vuelta cincuenta y 
tantos soldados en el hospital. El batallón de cazadores du 
la Union habia quedado veducido á menos de la mitad de 
la fuerza, y en el mismo estado se encontraba el regimien- 
to de la Reina ; verdad es que ambos habían sufi-ido el 
azote del cólera. En todos los demás cuerpos las bajas eran 
muy considerables por las enfermedades que se cebaban 
en ellos. Las tropas acantonadas en toda la linea del ferro- 
carril, además del ímprobo trabajo que sobre ellas pesaba, 
apenas tenían donde albergarse por las malas condiciones 
de los puntos del tránsito. 

En el cori'eo que se recibió en Puerto Príncipe el 7 de 
Julio llegó la noticia del relevo del general Letona del 
cargo de Gobernador y del nombramiento en su reempla- 
zo del general dominicano Puello. Este nombramiento nos 
parece que fue inconveniente é impolítico, por grandes 



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338 
que fuesen los nierecimientop, quo somos los primei'os S. 
reconocer, del nombrado. En nuestra opinión, nadie co- 
mo & entendía la guerra especial que se liacia; nadie tan 
competente como él para dirigir las operaciones, y le liu- 
hiéramos visto con mucho gusto al frenle de las co- 
lunias operando en este departamento. Su reputación de 
valiente y sereno era una garantía mas de su competencia 
para perseguir insurrectos. Pero por mas que algunos se 
escandalicen y crean que son preocupaciones vulgares, el 
general Fuello, digno, acreedor á toda clase de considera- 
ciones, pertenece á la raza de hombres de color, á quienes 
no se tiene en gran cosa en Cuba, y era una inconvenien- 
cia grande poner al frente del departamento á un hombre 
á quien, involuntariamente, por preocupación si se quie- 
re, uunca podría mirársele con el respeto y consideración 
debidas. ¿Cómo el Ayuntamiento habia de mirar con cal- 
ma que era presidido por un hombre de color? ¿Cómo el 
regente de la Audiencia, los magistrados, los funcionarios 
públicos, los peninsulares é insulares pertenecientes á la 
raza latina hablan de ir gustosos á rendir homenage al que 
representaba al Gobernador superior en la esfera adminis- 
trativa? ;,No habia en la Isla militares de alta graduación 
que hubieran podido reemplazar al general Letona, si en 
efecto no se aceptaban sus servicios y couvenia relevarle? 
En cada país es preciso respetar escrupulosamente sus 
costumbres y hasta muchas de sus preocupaciones, sí no 
se quiere chocar de frente y eaponerse á conflictos que 
hubieran debido evitarse. iQué afán de cambiarlo todo! 
En menos de un año habia habido en el departamento 
Central cinco gobernadores, tres brigadieres, los Sres. Pe- 
lUcer, Mena y Lesea, y dos mariscales de campo, los seño- 
res Letona y Puello. Estos cambios tan frecuentes redun- 
dan siempre en daño de la cosa pública, porque no hay 



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3:í9 

nadie tan favorecido por la Providencia qiio tenga el alto 
don de abarcar todo de repente con su intelif;encia, para 
■todas las cosas del mundo, j paia la sobeimcion de los 
pueblos en especial, se necesita un apiendizagt indispen- 
salíle, que es una garantía de aLieito, 3 este aprcndizage 
lio puede tener efecto si el que le hace es relegado antes 
de estar en disposición de poder juzgai por ■ii con entPro 
conocimiento de causa. La continuada mo^ ihdad en los 
cargos püblicos es un verdadeio desasíie Resulta además 
que cada cual, al tomar el mando, se propone un plan de- 
terminado que principia á plantear; viene otro, y por lo 
regular encuentra malo lo de su antecesor, lo deshace, 
formula otro sistema, y cuando principia á desarrollarle, 
sale A su vez y viene otro con nuevos planes que tampoco 
son realizados, y se arma el caos, y después de todo pasa 
el tiempo estérilmente para el bien. Cinco gobernadores 
en menos de un año es una movilidad que se aproxima 
algo al movimiento continuo. í.Qué ganalía entretanto la 
causa de España? iQité desgracia la nuestra, no ver en to- 
do sino cuestión de personas! 

El nombramiento del genera! Fuello tenia además el 
inconveniente de que la gente de color, ya bastante soli- 
viantada y casi en desobediencia sistemática á sus amos, 
llena de vanidad hasta lo fabuloso, se esciló mncho, tan- 
to que hubo negros que con ademanes altaneros dije- 
ron á sus amos que cuando un tiznado como ellos iba á 
mandar á los blancos, era prueba de que valia mas que 
«líos, y no habla razón para que no fuesen todos libres. 
Nos parece que son bien significativas estas palabras, si 
no se ha olvidado lo que antes hemos dicho acerca de las 
aspiraciones en este país de la raza de color. No creemos 
que se la debia vejar, pero era muy [peligroso en el estado 
en que se encontraba, completamente desmoralizada y lle- 



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3'ifl 
na de pretensiones, darles protesto para eiisoiierfcecerse 
Adeinás de esto, ¿qué entendía el general Fuello de la go- 
beniacion de un pueblo? Hombre de guerra, su horizoiile 
estaba limitado á este terreno; hombre dotado de brillan- 
tes cualidades, sin falsa modestia, confesaba su incompe- 
tencia para los asuntos de gobierno, y no pedia sino tro- 
pas para perseguir al enemigo. 

El cólera crecia, y nada, absolutamente nada se hacia 
para contener sus estragos. Nó había ni un carro para 
trasportar ¡os muertos, que veíamos pasar por !a calle en 
carretas descubiertas ó atravesados en caballos. El gene- 
ral Letona estaba enfeimo, el Gobernador interino nada 
podiahacer, el Ayuntaniienlo nada hacia parapetado en su 
falta de recursos, y sucedía en Puerto Príncipe lo que no 
sucede en el ultimo villorrio; la enfermedad campaba por 
sus respetos, sin que apenas hubiese médicos que asistie- 
sen á los enfermos, porque casi todos se habían ido con 
los insurrectos. Y era tal la intensidad del mal que mo- 
rían mas de las dos terceras partes de los atacados, que no 
duraban mas de seis ú ocho horas. También la epidemia 
hacia estragos en el campo entre los insurrectos, quienes 
se dividieron y acamparon en distintos punios. 

Y una de las causas que mas contribuían á la propa- 
gación del mal era la horrible, la espantosa miseria que 
existia en Puert^ Príncipe. ¿Qué importaba que hubiese 
víveres si no habia dinero para comprarlos? Porque por 
increíble que parezca, habia muchas familias cuyas rentas 
en tiempos ordinarios subían de 5 á 6.000 duros, y se 
veían reducidas á la mas completa miseria, teniendo las 
seüoritas que coser para tener que comer, y gracias que 
encontrasen. ¿Qné habia de suceder después de nueve me- 
ses de guerra y de ocho en que se veían privadas de los 
recursos de s'js fincas, qneó estaban desti'uidas ó en poder 



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3Í1 
de los insurrectos? "i ^lat is i ¡ue li miheiía lial a obli- 
gado á casi la mitad de H población 1 maichar al campo 
que sí lio !a epidemii hubipra causado estrigos minores 
que los tpie causó. Continuaba ceb mdose en la pente de 
color y ea los blancos pobies «lendo coupaiatn amenté 
pocos los soldados atacados j muj jocab peí sonas cono 
cidas. 

Ei liospital militar que evistn en Pueito Pzmcipe ha- 
bla sido abandonado desde el princijio de la insuiieLcion 
por sus malas condiciones y por hallarse situado íuera de 
la poblaoion, en un sitio espuesto á cualquier golpe de 
mano de los insurrectos, á quienes no detenía la idea 
que en todos los países civilizados inspira respeto , de 
que aquel era el asilo del dolor y el sufrimiento. Y se 
pensó bien en ello, porque no ha sido una sola la ocasión 
en que los insurrectos arrancaron del lecho soldados en- 
fermos y poco menos que moribundos para llevárselos y 
fusilarlos después. El hospital no tenia camas sino para 50 
enfermos, y fué preciso aumentar este material tan consi- 
derablemente como las ciicunstancías lo exigían. Dedúcese 
de esto que forzosamente debía haber faltas en el servicio 
en el material, en el local y en el personal, y engoiieralen 
todos loa ramos del servicio administrativo, porque ale- 
jado Puerto Príncipe del centro donde estaban loa depósi- 
tos, y no habiendo sino muy escasos medios de comuni- 
cación, habia muchas dificultades para proveerse de lo 
necesario. El servicio facultativo era muy escaso, y sobre 
la escasez, hubo la desgracia de que muriesen tres médi- 
cos, que no se reemplazaron, con lo cual puede compren- 
derse cual seria el ímprobo trabajo de los demás, quienes 
tomaron sobre sí toda la asistencia médica, contando con 
que el servicio estaba fraccionado en varios Socales por la 
imposibilidad de contener en uno los enfermos. Los mé- 



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3Í2 
dicos de la guarnición se presLaron guslosos á ayudar á 
sus compaüeros, y se encargaron, en la parte que les cor- 
respondía, de la visita de los hospitales. Por cualquier 
parte por donde se mire la situación de Puerto Principe,, 
no se ve sino desgracias y desastres. 



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CAPITULO XXV. 



loa rebeldes eo el terro-earrü de Nuevi tas.— Golpe funesto que 

rebelión en los Bstadoe-Unidos.— Separncion de Sloralea Lemuadelapre- 
Bidenoiadela Junta cubana.— Derrotttde los enemiírosen el departamen- 
to Orion tal.—AUqne de Puerto Principia.— Hstado de la guarnición á ílneE 
de Julio. 



Sabido es que gracias á los auxilios que la rebeliun ha 
estado recibiendo del exterior, ha ido sosteniéndose y cre- 
ciendo, sobi« todo en el departamento Central, que á Ja 
vez era el pinito de reunión de las partidas mas impor- 
tantes de este departamento y del Orienta!, Para cortar de 
raiz el mal que tanto daño ha causado, el Sr. Caballero 
publicó, fecha 7 de Julio, el siguiente decreto: 

«Articulo 1.° Continuarím cerrados al comercio la importación y 
esportacioii, asi para los buquug de altura como para los de cabota- 
je, todos los puertos situados desde Cayo Bahia de Cidiz á Punta May- 
si, por el Korte, y desde Punta Jlaysi á Cientuegos, por el Sur, á es- 
cepcion de lo3 de Sagua la Grande, Caibarien, Nuevitas, Gibara, Ba- 
racoa, Gtiantánamo, Santiago de Cuba, Manzanillo, Santa Cruz. Za-Za, 
Ca&ilda ó Triuidad y Cienfuugos, en que hay establecidas aduanas 6 
colecturías. Los que intentaren la entrada en los puertos cerrados 
6 la comunicación con la costa, serán perseguidos, y á Teriflcarse la 
aprehensión, juzgados como infractores de las leyes. 

Art. 1." Coa arreglo á estas serán también juzgados los buque? 
conductores ile pólvora, armas ó perlreclios militares. 



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Art. 3." El Iraspovtc di:, iiidiviiluop al servicio lifi la insiirreccmn, 
es muclio mas grare quo el do coiilral)ando, y será considerado co- 
mo un aelo decididamente liostil, juagando en lal concepto como 
enemigo al buque y su tripulación. 

Urt. 4." Si los individuos íi (pie se refiere el articulo anterior vi- 
nieren firmados, ofrecerán de Iiccho prueba de su intento, y scrin 
jQzgados como piratas, io mismo rpie los tripulanleB del buque. 

Art. 5.° También se tendrán por piratas, con arreglo á las leycS' 
los baques que fueren apresados con pabellou no conocido, estén 6 
jio armados cu guerra. 

Art. 6." En mares libres contiguos á los de esta Isla, se limitarán 
los cruceros i ejercer sobre loa jjuques denunciados, ó los que por 
BUS maniobras fuesen sospechosos, los derechos que consignan los 
tratados suscritos por España con loa Estados-unidos en 1705, con 
la Gran Brclaña en 1835 y con otras naciones posteriormente, y si en 
el ejercicio de estos derechos encontrasen bufpies reconocidos como 
enemigos de la integridad del territorio, los conducirin á puerto pa- 
ra la investigación legal y juicio que corresponda.— Habana 7 de Ju- 
lio de 18G9.— 6' afta ¡ícro líe Rodas." 



Estas disposiciones, que como se dice en el preáiiil)u- 
lo del decreto, son una reunión y ampliación de las ante- 
riormente dictadas, nos parecen dignas de todo elogio, y 
principalmente porque de este modo desaparecerla un pe- 
ligro que siempi'e existia con las dictadas por el general 
Dulce sobre persecución de las espediciones en mares li- 
bres. El artículo 6." está plenamente de acuerdo con la le- 
gislación marítima, porque respetándose lo que es de res- 
petar, concedía á nuestros cruceros derechos (jue eran una 
salvaguardia de nuestros intereses, sin atentar á nada ni 
producir conflictos, siempre dañosos, y ahora mucho mas 
por la especial situación en que nos encontrábamos res- 
pecto á los Estados-Unidos. No nos alarmaba lo dispuesto 
por el general Dulce, porque el buen juicio de los coman- 
dantes de los buques sabría apartar todo motivo ó pre- 
texto de disgusto con naciones amigas. Por mar se reci- 



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;j45 

Man los principales elementos que sostenían la reielion, y 
era preciso cerrar completamente el camino, en cuanto 
su anchura lo permitiese. 

Después de las alocuciones del nuevo Capitán general 
todo el mundo estaba en espectativa de la marcha que em- 
prendería para dominar la rebelión Creíase por todos que 
sería enérgica y tan dura como las circunstancias lo exi- 
gían, cuando un periódico de Matanzas publicó una circu- 
lar que, según parece, se habia comunicado íí las autorida- 
des con la cláusula de reservada. Si es asi, no comprende- 
mos como se permitió lapublicaciondel documento que ni 
aun la Gacela habia publicado. En ella se decia lo siguiente; 

"Las circunslancias extraordinarias cpie alravesaraos, la necesidad 
ée que se corrijan algunos abusos que quizás por un celo mal enten- 
dido se HeTan á cabo diücultando la obra de pacificación que me be 
propuesto y el deseo de que todos los que ejercen mando indepen- 
diente se ajusten ¡i un criterio común, me impulsan á fijar ciertas re- 
glas en las que se condensan mi pensamiento y la linea de conducta 
que me propongo seguir. 

Muy lamentables son siempre las guerras, pero cuando son civi- 
les suelen tomar un carácter de ferocidad sin limites y de parle del 
mas fuorle debe estar siempre la generosidad, la indulgencia y la no- 
bleza. Podrá acontecer que a^nos hombres basta ahora alucinados y 
encontrándose entre los insurrectos se presenten S los Jetes de co- 
umuas ó autoridades del Gobierno; en tal caso serán religiosamente 
respetados en sus personas é intereses, y exigeré la mas eslreclia 
responsaliilidad al que tolere que se le veje ó insulte. 

Las condiciones de esta guerra de insurrección contra la patria 
común exigen prontos y ejemplares castigos, y asi mis antecesores 
lian impuesto con justicia la pena capital á los que fuesen aprehen- 
didos con las armas en la mano. La civilización y el prestigio de Es- 
paña ante el juicio de las demás naciones imponen sm embargo el 
deber de ser lo mas parco posible en el deiiamamu-uto do sangre, y 
solo debe llegarse á este doloroso eslremo con gcfcs u hombres á 
quienes se baya probado delitos de incendio ó ascsinafo, remitiendo 
en otro caso los prisioneros á mi disposición 



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Cuantos funcionarios dependan (le mi auloridad, harán rcsiielar 
las vidas, casas y propiedades de todos los habilaoles sin distinción^ 
castigando con rigor á los que conlravinicsen. 

No se pondrá íi nadie preso por meras sospeclias, y sin tener pnic- 
bas de que delinque, y en caso de TCriflcarlo se instruirá sumaria 
¡nmcdialamente. 

Se tendrá sumo cuidado que al proceder en cualtiuier sentido con- 
tra estraujeros no se omita ningún requisito legal por la justa consi- 
deración que se delie á sus naciones. 

Hacíanse después prevenciones á las autoridades mili- 
tares relativas á sus funciones, que no trascribimos por no 
tener importancia, sino para eí objeto que se dictaron. 

Esta cii-cuiar contiene principios que están muy de 
acuerdo con las leyes de la humanidad y con las exigen- 
cias de Sa civilización. En las guerras civiles el encarniza- 
miento de los partidos se convierte fácilmente en feroci- 
dad, y es justo y conveniente opouer un dique á semejan- 
lea escesos. Pero si nos parece bien todo lo que tiende á 
economizar un derramamiento de sangre, muchas veces in- 
litil, insistimos en que en esta rebelión, por duro y sensible 
que sea decirlo, ei'a necesario apelar á remedios muy enér- 
gicos para que los rebeldes entraran en razón. Nuestra ge- 
nerosidad en todas partes, Uevatla siempre al estremo, nos 
ha sido fatal y causa de muchos males. La gnerra de es- 
terminio es guerra de salvajes, y nosotros no podíamos 
abogar por una cosa que repugna á la razón y que no pue- 
de admitirse en un país civilizado y cristiano. Generosidad 
si, pero limitada; de suerte que con una mano se ofrezca 
la oliva de la paz, y con la otra se ostente la espada de la 
justicia. No seremos, pues, nosotros los que critiquemos 
las importantes medidas dictadas por el Sr , Caballero, por- 
que el respeto á las personas y propiedades es una de las 
bases mas firmes de la sociedad. La prevención última de 
que no se ponga á nadie preso por sospechas merece nues- 



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;j'i7 

tro mas completo elogio. Es necesario ser enérgicos, pero 
justos; es necesario castigar cuando el castigo proceda' 
pero se debe estar muy en guardia contra tas pasiones y 
las venganzas que de todo se aprovechan. Al culpable, que 
se le imponga la pena gin conmiseración; pero respétese 
al que no aparezca tal, y si hubiese indicios mas ó menos 
graves, sométasele á un juicio en que se le condene ó ab- 
suelva. 

Por mas acostumbrados que estuviésemos alas perfidias 
de los rebeldes, nunca hubiéi-amos podido esperar la que 
intentaron el 14 de Julio en el ferro-carril de Nuevitas, y 
que no se consumó gracias á la Divina Providencia. Llegó 
el tren sin novedad de vuelta á Puerto Príncipe, al sitio 
llamado Punta de Pilón, donde liabia un campamento al 
que habian de dejar raciones. Estando allí parado llegaron 
unos an'eadores de ganado con 22 ingenieros y manifesta- 
ron que habian visto grandes grupos de insurrectos por las 
inmediaciones de la linea; que siendo ellos pocos en nu- 
mero habian tenido que huir dejando el ganado que lleva- 
ban, y que no creian prudente saliese el tren, porque sin 
duda tenian preparada alguna emboscada. El comandante 
de ingenieros Sr. Portuondo, á cuyas órdenes iba la tropa, 
salió con un pequeño destacamento, y volvió á poco sin 
novedad. Salieron después dos compañías de ligeros, algu- 
nas compañías de Chiclana é ingenieros con la máquina 
para reconocer el terreno, y antes de llegar al puente por 
donde atraviesa el ferro-carril, les dijeron unos soldados 
de cazadores de la Union que no siguiesen porque el puen- 
te estaba cortado. En efecto, los insurrectos, con una in- 
tención verdaderamente diabólica, habian aserrado con 
una sierra muy fina los largueros sobre que estaban colo- 
cados los rails, y cubierto los cortes con arena y sebo , de 
suerte que nada se pudiera descubrir íí primera vista á no 



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estar prevenidos. Los cortes no estaban, sin embargo, re- 
matados, con el objeto de que pudiese pasar sin nove- 
dad la cigüeña esploradora , y en esta conlianza intentase 
pasar el tren. La Providencia, repetimos, evitó muchas 
desgracias y á los rebeldes un nuevo crimen , y retrocedió 
la máquina á Punta de Pilón, donde se pasó Ja noche. El 
Sr. Portuondo dispuso que inmediatamente se reparase !a 
avería, lo que se verificó en efecto con grande actividad; 
de suerte que el 15 á las diez de la mañana, volvió íi mar- 
char el tren, llegando sin novedad á Puerto Príncipe. 

A muy dolorosas consideraciones se presta esta nueva 
infamia; llevaba el tren, además de los pasajeros , entre 
los cuales iban seíioras, los soldados que le custodiaban, 
once enfermos y cuatro heridos. Si no se liubiera descu- 
bierto el infernal proyecto de los rebeldes, hubiera caído 
la máquina, sobre ella los carros, y solo Dios sabe las des- 
gracias que hubieran ocurrido. Aderaíis , para los que so- 
breviviesen á la catiístrofe, estaban esperando como bui- 
tres mas de mil insurgentes i corta distancia del puente, 
para caer sobre ellos y asesinarlos á mansalva, robando al 
mismo tiempo cincuenta mil pesos que sabían llevaba el 
tren. Parece que el autor de tan infame plan fué Quesada, 
quien no se presentaba sino cuando sobre seguro poclia 
asesinar ó cuando lialjia dinero que robar. La humanidad 
y la religión protestan con horror contra una acción digna 
de saWages, contra una cobardía tan repugnante , contra 
una crueldad tan fría y tan premeditada. Combatir frente 
á frente es noble, cualquiera que sea la idea que se de- 
fienda; proceder como los miserables que nunca comba- 
tían en buena lid, no era de hombres bien nacidos, y los 
que tal hacían siempre llevaran sobre sí el oprobio de su 
mal obrar. El arte de la guerra no es el del asesinato. En 
nombie de la humanidad protestamos contra tantas ini- 



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'.Vid 

quidades; en noinlire de la humanidad escilamos á las na- 
ciones civilizadas para que estudien y puedan apreciarla 
conducta de los regeneradores de su país. 

Ya saben los lectores que el coronel Ryan haíjia huido 
cuando se trató de prenderle llevando consigo unos 200 
piratas, quienes se uniei-ou íi otros que también esperaban 
la bienaventuranza que la Junta cubana ¡es ofrecía. Con 
fecha 15 de Julio dijo por telégrafo el Ministro de España 
en Wasliington al capitán general que los restos que aun 
quedaban de la ultima espedicion y de otras, ascendentes 
á unos cuatrocientos hombres y se encontraban acuartela- 
dos eu Gardned Island habían sido mandados disolver por 
orden del Presidente de la República, empleando para ello, 
si necesario fuere, las tropas del ejército, y que habia dis- 
puesto además que la marina de guerra pei-siguiese hasta 
las aguas de Cuba cualquiera espedicion que infringiendo 
las leyes de neut'/alidad, tratara de dar auxilio á los insui- 
rectos. No podemos menos de elogiar en este puntóla con- 
ducta de los Estados-Unidos, quienes si hubieran conti- 
nuado así habrían dado el golpe de gi'aciaíilainsurreccion: 
indudablemente se debiatan favorableresultadoálas enér- 
gicas y pei'sev erantes gestiones del Sr. López Roberts re- 
presentante de España en Washington. 

El 1 8 comunicó el telégrafo que habian llegado á Nue- 
va-York 124 filibusteros que fueron arrestados, y presos 
en el fuerte Lafmjcua pero sin haher podido aprehender al 
coronel Ryan. A la misma prisión fueron conducidos des- 
pués otros 50 capturados en New-Jerssey pero & poco se les 
puso en libertad. Anunciábase una nueva espedicion de 
Baltimore, y otra del rio San Lorenzo, al mando de Ryan, 
quien continuaba reuniendo gente para el efecto, á pesar 
de las prohibiciones del Gobierno americano. 

Pero lo mas grave que ocuniú á los enemigos de Espa- 



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350 
íla fi!Ó la separación de! Sr. afórales Lemus de la presiden- 
cia de la Junta ó Asamblea cubana y el nombi-amiento para 
este cargo de un Sr. Macias, que tenia el mismo carácter en 
1866 y era quien decia nohabia mas remedio que acudir 
á la elocuentísima lógica del machete. Existían grandes di- 
sensiones en la .Tunta, á lo cual atribuían todos los males 
los filibusteros que se encontraban en una situación poco 
menos que desesperada, y la víctima de estos disgustos fué 
elSr. Morales, 

A pesar del escarmiento que habían llevado los enemi- 
gos mandados por Jordán y Marcanó sin duda no quisieron 
escarmentar puesto que el 16 de Julio sufrieron otra derro- 
ta. Parte de la tropa que mandaba el coronel López Cá- 
mara habia sido colocada para guardar ios ingenios; Jor- 
dán con todas sus fuerzas, compuestas de unos 600 hom- 
bres atacó ó hizo la tentativa de atacar creyendo que podría 
sorprender alguna fuerza aislada, pero su ardid le salió 
bastante mal, pues reunidas con la mayor rapidez las fuer- 
zas acometidas se convirtieron en acometedoras, sin que 
el enemigo esperase, cuando vio que su descabellado in- 
tento le salió fallido. Esta partida era la de mayor impor- 
tancia que quedaba en el departamento Oriental. 

Cuando mas descuidados estaban en Puerto Prlcipe en 
vista de las noticias que corrían sobre los estragos que el 
cólera estaba haciendo en las filas de los insurrectos, el 
20 al amanecer atacaron estos á la población por distintos 
puntos, siendo mas nutrido el fuego por la Caridad donde 
estaban un batallón de infantería de marina y el de caza- 
dores de la Union. Una fuerte partida compuesta, en su 
casi totalidad, de negros, penetró en la población y recor- 
rió dos calles, dando vivas á Cuba, pero inmediatamente 
salió hostilizada, y perseguida después por unos 50 caba- 
llos que no esperaron. El fuego duraria mas de una hora, 



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351 
con disparos de cañón de una parte y otra, porque los aco- 
metedores llevaban uno de montafta, que colocaron A cer- 
ca de medía le^ua de distancia. Todos sus esfuer7;os se re- 
dujeron á gritar y ü disparar muchos tiros, echando á cor- 
rer luego que vieron qut- sallan las tropas á buscarlos. La 
sorpresa fué lo que ünicamente les valió, porque induda- 
blemente se aprovecharon del descuido natural en que se 
estaba porque en todo se pensaba menos eu las probabili- 
dades de una acometida tan descabellada. Creemos que 
mas que ataque formal íué una algarada, lo cuatíes costó 
catorce muertos, sin haber habido por nuestra parte mas 
ijue un guardia municipal muerto víctima de su arrojo. En 
la persecución se les cogieron algunos caballos, muchas 
municiones y dos botiquines. El Gobernador se presentó 
solo á las cinco á caballo en la Caridad donde los dos ba- 
tallones yla artillería estaban funcionando. Los volunta- 
rios acudieron á sus puestos, y es de sentir que no hubie- 
ran llevado adelante los insurgentes su temeraria empresa 
porque hubiera sido mayor su escarmiento. 

La intentona abortada, por descabellada y loca que pa- 
rezca, tenia en nuestro juicio, su razón de ser, ya se con- 
siderase como un esfuerzo desesperado de la insurrección 
para apoderarse de la ciudad, circunstancia que parece se 
les exijia en los Estados-Unidos para la declaración de beli- 
gerantes, ya como una apelación á los amigos, que queda- 
ban dentro y les servían de e?pias y auxiliares. Parece que 
se habia dicho á los insurrectos que no había casi guarni- 
ción disponible, porque la mayor parte se encontraba en 
el hospital y que con la mayor facilidad podrían salir con 
su empresa si conseguían sorprender la poca fuerza que 
habia; y que los voluntarios que habían de prestar el servi- 
cio de patrulla la noche anterior, se retírarian al amanecer. 
Muestra de la desvergüenza de los rebeldes, elemento 



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352 
principal i^i-ic tanlo les lia ayudivilo en su infanda carrera' 
y con lo que consiguieron mantener llenos de ilusiones á 
los desdichados que habian arrastrado á su perdición, es 
el estupendo parte ijne publicaron con motivo de este su- 
ceso f|ue era un baldón mas para su causa. liu esta pai'te 
el ciudadano Ignacio Agramoate, joven abogado de Puertu 
Principe, á quien creíamos dotado de una clara inteligen- 
cia pero que con sus hechos nos demostró ser uno de tan- 
tos, daba parte de haber bombardeado á la ciudad del Ca- 
maguey, antes Puerto Principe, lanzando 17 granadas y 
bastantes balas, de cuyas resultas quedó resentida la torre 
de la Merced, de haber Latido á los voluntarios que se pre- 
notaron en las calles por donde los facciosos penetraron y 
sobre todo de haber arrollado, batido y aniquilado á los 
batallones de la Union y Harina, obligándolesárefagiarse, 
con grandes pérdidas, en las casas del barrio de la Caridad. 
Así se escribe la historia; así se miente con un descaro que 
pasa los límites del cinismo, sin considerar los que Un 
torpemente proceden que no hacen otra cosa mas que es- 
citai' la hilaridad y el desprecio de todos los que saben la 
verdad de los sucesos. 

Las enfermedades del país y el cólera causaban rancho 
estrago en la tropa tanto que el 31 de Juüo habia en los 
hospitales militares S3G enfermos que antes habian llega- 
do hasta 000. En todo el mes de Julio entraron en el hospital 
1 ,SGi enfermos, de los cuales murieron 213, y se dieron 
de alta 1,302; la guarnición no pasaba de 2,500 hombres; 
Véase en que proporción tan horrible causaban victimas 
las dos epidemias. jUorlunadamente ya que el cólera cedía 
no quedaba mas que el vómito que combatir, el patriota, 
como le llamaban los cubanos rebeldes, porque en él mas 
que en su valor fiaban el éxito de su causa. Sin embargo 
nuestros soldados morían pero ni un solo momento des- 



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353 
mayó su espíritu. Recordamos un valiente soldado del ba- 
tallou déla Union que siendo preciso amputarle una pier- 
na que tenia herida, cuando esta se desprendió de su cuer- 
[10 prorrumpió en un entusiasta iViva España! que no pu- 
do menos de conmover á todos los asistentes, 1 como este 
valiente eran los demás soldados & quienes ni las penali- 
dades, ni el clima, ni las enfermedades importaban nada 
;intft la santa causa que dcfeudian. 



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CAPITULO XXVI. 



Los Estados-Unidos detiñnpn unas cañoneras dePtlnadas í la Inla de Ci 
— Bl vapor HnrTtcí.— Nueva infamia de los rebeldes en Saní^ti-Spiritu 
— TríHiifo de las armas españolas en las Tuna^.— Patriotismo de ios i 
pietariosyeoiDorciantesiJe ia Habana —Envió de tropas.— Estado d 



Las continuadas tentativas de los ñUbusteros para lle- 
var espediciones á la Isla y el contrabando de guerra 
que se hacia por los cayos y ensenaditas, donde no podían 
penetrar nuestros buques de guerra á causa de su mucho 
calado, liicieron co pe le { e se e es taba ma 
na sutil que pudiera lie a c pl daní te e t e o 
y para el efecto se o t alo m do le los F ta 

dos-Unidos la constru o de t e t cano e a fo me 

á los modelos al efe to p e e tado Lsl, s c iio e a jd e 
por su poco porte j alalo y s s pe Ips o d o es 
no podiaii servir s o 1 1 a las i uas de Luba e ons 
truyeron á ciencia y 1 ce c de lo f co os p 11 
eos, sin que nadie hubiese opuesto el menor obstáculo para 
ello, hasta que algunas se concluyeron y pagaron. Pero 
en el momento en que nuestro representante en Washing- 
ton iba á hacerse cargo de ellas para remitirlas á su desti- 
no, he aquí que de improviso, sin ninguna preparación 
ni antecedente, el marshall de Nueva-York Darlow detuvo 



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;i5C 

dichas embai-cacioiies, sin permitir qiio se hicieran ala 
mar so pretextos frivolos y que sicman mal en la lealtad 
de un pueblo que se decía amigo.deEspafta, Parece que 
esta detención ó emhargo no fué un acto espontáneo de 
los Estados-Unidos, sino que se verificó á consecuencia de 
reclamaciones que al efecto se hicieron por e! represen- 
tante del Perú en Washington, suponiendo que las cafio- 
neras estaban destinadas contra aquella repíiblica. El pre- 
texto no podia ser ni mas absurdo ni mas risible, pero el 
caso es que produjo e! i-esultado que nuestros enemigos 
se hablan propuesto. ¡Qué contraste! Hacia muy poco 
tiempo que, como los lectores saben, liabian salido de los 
puertos de la Union dos monitores para el Perü, compra- 
dos por este gobierno al de la república, y no liabiamos 
puesto obstáculo ninguno á ello, y los Estados-Unidos per- 
mitieron la salida sin el menor inconveniente; ahora se 
trataba de unas cañoneras sin calado, sin condiciones pa- 
ra una navegación larga, que todo el mundo estaba con- 
vencido de que no tenian mas destino que á las aguas de 
Cuba, y se esperó á que estuviesen concluidas y pagadas 
para entablar unas gestiones ilegales y vergonzosas con- 
tra su salida, y con la misma ilegalidad se decretó su em- 
bargo. Esto podrá ser muy cómodo, poro también es muy 
poco digno. 

El niarshall no podia apoyarse para decretar la deten- 
ción sino en la sección 3." del acta sobre neutralidad de 
1818, en la cual se ordenadlos funcionarios de la Union 
que intervienen en los puertos, secuestren desde luego 
cualquier buque que fuese equipado ó armado en los Es- 
tedos-Unidos para usarle contra una potencia con quien 
se hallasen en paz y amistad; si las cañoneras se hubieran 
destinado en efecto contra el Peni, la detención hubiera 
estado en su lugar; pero negamos rotundamente que exis- 



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Ri- 
tiese la menor prueba de esto, antes por el contrario, cons- 
taba de ua manera evidente cual era el destino de dicJiE^ 
embarcaciones, y por tanto la conducta de los Estados- 
Unidos, como muy l)ien lo calificó el Woold, fué deshon- 
rosa, supuesta que socolor de neutralidad y poniéndose 
de acuerdo con el Perú para suponer una violación de las 
leyes, ha violado los mismos deberes que tanto pregonaba. 
Demasiado saitia el marhall que las cañoneras no podrían 
ni aun intentar doblar el cabo de Hornos, y por consi- 
guiente, ni aun siíjuiera hubo pretexto racional para una 
medida violenta que la razón condena. Véase de que ma- 
nera taii noble se ha procedido con nosotros, y cuantos 
elementos contrarios hemos tenido en una cuestión de sim- 
ple buen sentido. Los Estados-Unidos, al acceder á la de- 
manda del PerU, no hacian en limpio otra cosa que favo- 
recer á los enemigos de Espada, supuesto que con la falta 
de las cañoneras continuaban los cayos y calas á merced 
de los insun'ectos. 

Y como si esta determinación no hubiera sido bastan- 
te para representar una ridicula comedia, parece que se 
preparaba otra para cohonestar el embargo de las cañone- 
i-as, cuyo escándalo A nadie hahia podido ocultarse, sobre 
todo estando tan reciente la salida de los monitores. Según 
noticias de Nueva Orleans se hablaba de sacar á luz unos 
monitores viejos casi inservibles, ya olvidados del gobier- 
no de los Estados-Unidos, construidos para la navegación 
fluvial, y por consiguiente, incapacitados para una trave- 
sía por mar, aunque fuese corta; se simularía la venta de 
estos barcos al gobierno peruano, y después se prohibirla 
su salida, justificando de este modo la detención de nues- 
tras cañoneras. Esto se dice, y por cierto que si fuese cier- 
to, la farsa ni aun ingeniosa seria. De todos modos, el Pe- 
ni ha prestado un gran auxilio á la insurrección cubana, 



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y esto jusüflca lo (^ue anies lialúamos dicho acerca dei 
i'ecoüocimiento de los iiisurrcclos como teligej'anles por 
Chile, el Pei'ii y Méjicoí es necesario lecoiiocei- yne no 
hay enemigo pequeño y que nuestra escesiva conlianza 
en todo raya en quijotesca y ridicula. A pesar de las enér- 
gicas reclamaciones de nuestro representante en Was- 
hington; sin eniliai'go de que no ha])ia nadie que no estu- 
viese moralmente convencido do que las cahoiieras no te- 
nían el destino qae tan maliciosamente se les habia atri- 
huido, lo cierto es que se entabló un risible espediente de 
investigación, que se prolongará indudablemente hasta 
después de terminada la iiisuri«ccion, porque ya encon- 
trarán los filibusteros medios de darle lai'gas, y estamos 
seguros de que en los Estados-Unidos semejante ardid no 
encontrará grandes obstáculos. Si esto se hacia cuando 
aun los rebeldes no estaban considerados como beligeran- 
tes, es de suponer lo que hubiera sucedido si hubiese lle- 
gado este caso. Afortunadamente la sociedad ó junta fili- 
bustera estaba hecha un campo de Agramante con las di- 
sensiones intestinas que en ella habia entre Morales Le- 
mus, Macías y Valiente, lo cual daba & comprender lo que 
seria de la isla de Cuba el dia en que por su desgracia 
quedase entregada á sí misma. Parece que no eran agenas 
á estas disensiones ciertas cuestiones de intereses, ciertas 
trabacuentas que entre aquellos seüores existían, porque 
el provecho propio nunca fu6 olvidado por los libertado- 
res, cuyo patiiotismo, en general, estaba reducido á su 
conveniencia y á su bolsillo. 

Viendo los filibusteros ijue ea Nneva-York habia vigi- 
lancia contra sus espediciones piráticas, trasladaron el 
campo de sus hazaíias á Filadelfia, donde no creian en- 
contrar obstáculos para sus planes. En efecto, el 7 de 
Agosto se preparó á salir de dicho puerto despachado para 



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359 
Liverpool, con escala en la Italiana, el -vapor llonicl, que 
fondeado á al.quna distancia esperaba cierto numero de 
individuos que se hallaban en nu remolcador. El ,l/i«mi, 
j,'uarda-costas federal, que tuvo noticia del hecho, salió 
en persecución del buque, que fué apresado en efecto, pe- 
ro sin que se encontrase en él mas que 25 hombres de tri- 
pulación, provistos de rewolvers y otras armas; los del re- 
molcador huyeron cuando notaron la persecución del jUia- 
mi. Después el buque fué puesto en libertad; pero a! en- 
trar en el puerto de Halifax los oficiales de la aduana se 
apoderaron de él por haber manifestado uno de sus tripu- 
lantes, bajo juramento, que conlenia armas y municiones 
para los insurrectos de Cuba. Esto no impidió que después 
fuese declarado libre el vapor y saliese, como corsai-io pa- 
ra Cuba, aun cuando nuevamente fué detenido, averiguán- 
dose que había sido annado y alistado en los puertos de 
la Union. Veremos si el gobierno americano, tan celoso 
observador de la neutralidad, aplica la ley á los que deben 
ser considerados como piratas, supuesto que no se ha- 
bia hecho la declaración de beligerantes á los cubanos re- 
beldes. 

Como si no fuesen bastantes las atrocidades é infamias 
cometidas por los insui'rectos; como si encontrasen toda- 
vía humano el rasgo de haber echado veneno en los po- 
zos por donde sabian habían de pasar nuestras tropas; el 
haber colocado entre el carbón de piedra destinado á nues- 
tros buques paquetes de materias fulminantes para que 
estallasen y produgesen desgracias personales y basta nau- 
fragios; el haber arrancado el corazón á 21 soldados cogi- 
dos y asesinados en la jurisdicción de Villaclara, y haber- 
les colocado en su lugar una galleta, en Sancti-Spíritusse 
descubrió el infame proyecto de envenenar el pan de una 
lahoiia do donde so surtíala guarnición ¡itio allí estaba. 



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3G0 
Parece que igual tentativa se halña iiecho autoiiormetUe 
en Matanzas, es decii', que la traición y la perfidia eran las 
armas familiares de nuestros enemigos. Suponemos que 
los tribunales habrán tomado conocimiento del asunto y 
se habrá hecho justicia tan provita como ten-iiile en los 
autores de tan liorrendos crímenes, que repugnarían hasta 
álos hotentofes. 

En varias ocasiones hemos hablado de las Tunas para 
elogiar el valor de su guarnición, sus habitantes, sus pa- 
decimientos y escaseces, que solo pueden ser comparados 
con los de Puerto Principe y Holguin. Desde el principio 
de la insurrección hubo gran empeño por parte de los re- 
ijeldes en ocupar á aquel pueblo, que sirve de comunica- 
ción á los departamentos Oriental y Central, y se conside- 
ra por lo tanto como punto estratégico. En alguna ocasión 
se habla indicado la idea de al^andonar la población por lo 
difícil y costoso qne era su aprovisionamiento, supuesto 
que no podia hacerse sino por medio de convoyes de car- 
retas desde Manatí ó desde Puerto del Padre; pero no se 
habla prohijado esta idea. Es las Tunas un pueblo de corto 
vecindario, sin mas defensas que unos parapetos hechos 
ahora á la ligera, en el cual puede decirse que no hay 
mas que una calle. En I85I , cuando hubo también la su- 
blevación en Puei-to Príncipe, fueron á las Tunas los su- 
blevados, y alli, después de haberse hecho fuego unos á 
otros por equivocación, fueron derrotados, de suerte que 
no volvieron á reunirse. La guarnición del pueblo ha sido 
siempre pequeña por la falta de ti'opas, y en la actualidad 
subia á unos -ÍOO y pico de hombres. El cólera que dismi- 
nuía en Puerto Príncipe, se presentó en las Tunas, lo 
cual, unido á las escaseces que había, tenia á la guarni- 
ción en bastante mal estado. Decíase en Puerto Príncipe 
que las fuerzas insurrectas se hablan concentrado en las 



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iimicdiaoiones de aquel pueblo, y se creyó que scriii para 
atacar algún convoy, cuando se supo un lirillaiite hecho 
de armas que es un nuevo baldo» para nuestros enemigos, 
y una gloria para nuestras armas. He aquí la relación cir- 
cunstanciada de este suceso, que tomamos de un periódi- 
co, descartaudo algunos pormenores que no son del caso: 

•■El dia 16 do Agoslo, íi las tres de la mafiana, salieron de las Tu- 
nas 200 hombres con objeto de recolectar ganado, cuya fuerza man- 
daba el coronel do las reservas do Sanio Bomingo, D. Jostí Vicente 
Yalera, el cual cnconlró muy cerca de la plaza una partida de rebel- 
des, y á kilúractro y medio olra (nie le InEinidló serlos temores con 
respecto á la población, por lo que determinó man-'ar aviso á la plana 
de lo que ocurría. El jefe de ella ordenó que regrcsarS, y que loman- 
do otra dirección efecliiase la recolección do reacs, único alimento 
del vecindario y guarnición; por lo tanto, el coronel Valora se dirl- 
^ó á la linca San José, pasando por la población, la que estaba y dejó 
tranqnila. 

ffo bien habla andado un kllómeiro, y como á las cuatro r media 
de la mañana, sintió fuego de fnsilcria á sii espalda, como igualmen- 
te una gritería liorrorosa y confusa, por la qiic, comprendiendo (¡ud 
las Tunas eran atacadas por ios rebeldes, ordenó qne las fuerzas S 
sns órdenes retrocedieran á paso ligero, y que la sección monlada, 
compuesta de unos 25 hombres, saliera á escape para socorrer á la 
fniarniclon, que se componía de unos 300 hombres con asislenles y 
empleados. 

La población délas Tunas fué atacada por los cuatro lados por 5 ó 
6.000 rebeldes al sonar en la campana del reloj las cuatro y media de 
la mañana del mencionado dia. A tan inesperada como ruda acometi- 
da, é Ínterin la fuerza de que se podía disponer, que no estaba de ser- 
vicio, se reunía en la plaza, sostuvier n el alaque las avanzadas y 
írincbcras, contenieniio el ataque contra el punto mas débil, que lo 
fué la segunda avanzada, el capitán de Bailen, 1). Slartin Atranco, con 
la fuerza de las patnillas y de servicio de aquella pai-fc. 

Apercibido el comandonle D. Enrique Boniche dei ataque y puntos 
por donde cargaban mas los insnri-eclos, organiüó la fuei'za con lau- 
to aplomo y serenidad, que admiraba y enlusiasmaba a cuantos tu- 
pieron la honra Je estar á sus i rdeues, acndieuilo i\ los pniilOK mas 



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ilübLlus, aiiiiiiamlo con su ujcmpio y palabras á sus csliiiiiiadüs sul- 

A las cLnco monüs cuarto Ilogó oi coroücl Valcva, enlrando por el 
plinto designado coli el nombro du "rotroro.» y sorpromlLendo al ene- 
migo por KU rspalda, lu 1l¡ío desalojar aquel punto, teniendo que lia- 
tirsc cuerpo á cuerpo y jugando mas el arma blanca que la do fuego, 
causando á los iusurfeetos un número considerable de bajas, sin que 
por nuosira parfc tuviéseiuos mas que una, tal fué el miedo que se 
apoderó de los mambiscs. 

Tan pro uto como amaneció pudo el bizarro comandanlc Sr. Rnni- 
che conocer la posición que ocupaba el enemigo, observando sus nn- 
merosos pelotones desde la casa del Sr. BoscLidi y viendo ocupadas 
todas las avenidas y perímetro de la pla;<a, comprendió pcrroctamen- 
tc lo criUco de la situación, ordenando y repartiendo las fuerüas que 
tenia y las que estuvieron á las órdenes del coronel Valora, en su to- 
tal linos 500 hombres, del modo siguiente: 

il coronel Valera con parte lie la fiíer^a al Sur do la población, de- 
fendiendo Jas trincIicraH de aipicl costado, con urden de apoderarse 
de las casas mas prójimas, para impedir que entrase en la pla/a el 
enemigo, que lo iba ya verilieando por medio de perforaciones cnlos 
tabiques de las mismas. 

AI capitán de Bailen, D. Martin Alcsance, sosteniendo la parte del 
corral de las actímilas, con orden de proteger la parle de las callos 
de Bayamo y del infante, que desembocan en la plaza-i^ 

Al tan malogrado como valiente capitán delmismo cuei-po D. José 
de la Torre le encomendó la delicada misión de desalojar al enemigo 
de sus pos íc iones por medio de numerosas cargas á laljayoneta, cu- 
yas cargas, llevadas á cabo con el arrojo propio del soldado español, 
dieron por resultado récliazar al enemigo hasta fuera de la población 
por la parte del liospiía!, poniendo tanta decisión y denuedo at men- 
cionado capitán La Torre en muy critica situación, pues si el enemi, 
go hubiera sido tan valiente como numeroso, nada mas fácil que haber 
cortado la retirada al mencionado capitán, que mas tarde fué victima 
de una bala, estando iicfendieudo una trinchera. 

El enemigo en número de I.OÜO, con una pieza de artillería de mon- 
taña, hiío varios disparos desde la loma de Ifercader, con los cnales 
consiguió destruir un ángulo y pilar de la torre de la iglesia, hacien- 
do algunos blancos mas en las principales casas de la población, 
despules do lo cual se sidiú con su numerosa escolta de caballería li 



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3m 

dos cuadras de la plaza, desde donde dirisii» Iros cafionaKos á la Irin- 
chera do la casa Ac Gobicruo, siundo sucimdado cada cafionazo por 
uua carga dol enemigo, tatito ápiú comu á caballo, á la mencionada 
[rinclicra, no logrando mas qjio la burla do nuestros soldados, que. 
liéndolos venir, so reservaban el liaoer fuego basta tenerlos encima, no 
Bolamente para lograr oscarmcutarlos bien, sino por verlos liuir, que 
en esto se llevan (a palma. 

El capitán comandante de armas D.José Ramos y Navarro recibió 
la ( rdca de defender las trinchoraa do la casa de Gobierno. El de igual 
clase D. Jos6 Martínez ílenarqucz se Iiíko cargo de tielender la trin- 
cliera Lciltad, asi como impedir al enemigo ¡a entrada por las casas 
en la plaxa. 

La cárcel (cuartel de Infantería) pnuto baslanfe avanzado y en cu- 
yo recinto se euconlraban los prisionerosde guerra, so encomendó 
ai capilnu I). Julián Antón y Díaz, qne lo sostuvo liasla c! momenlo en 
que si- le úrlenó su abandono, retirándose á !a I'laaa con los heridos 
y colocando sus tuerzas el Sr. comandante Boniclic en los puntos mas 
atacados. 

E[i nsta disposición las tropas, se sostuvo la pla^a por espacio de 
nueve horas en medio del incendio, 8a([neo y diluvio de balas dis- 
paradas por armas de precisión con que el enemigo trató de apode- 
rarse de ella pasando !i cuclnllo su guarnición y vecindario. 

Entro los centenares de heciios de valor y arrojo que diu'anlo esta 
memorable joruada se vieron, es digna de elogio ia acción lirróica 
del sargento primero graduado de alférez D. racinido Harlin I'icado, 
que en combate personal y con sin igual aplomo se apoderó de una 
magnifica bandera de glasé, dando muerte, en medio dolos suyos, al 
abanderado, que, t juzgar por su esterior. su rubia cabellera y colo- 
sal llgura, era, á no dudarlo, uno de esos niercenaries extranjeros 
que ayudan á los rebeldes ámanlener la luciia contra la sociedad. 

Desde la loma llamada de Mercader conlcmplalia Céspedes con to- 
dos snstarailiares y la Cámara de los fomiiiííí de Oiiiímaro en pleno 
las peripecias de la lucha que en su juicio dehia abrirles las puertas 
de la tan deseada y codiciada peblacion; pero no tuvo sino un triste 
desengaño, huyendo con la brillante cabalgata mujeril quo hizo ir por 
el camino de Puerto Principe con el objeto de festejar la loma de po- 
sesión de las Tunas. 

Todos, jefes, oficiales, soldados y en general los defensores de la 
población, se portaron ad mi rah lómente. Se sabe que el enemigo tuvo 
mas de 250 muertos, de los cuales mas de 100 fueron sepultados por 



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3GÍ 
nueíilras Iropas, dcbiemlo ser muy considerable el número de lier¡- 
■dos, habiendo perdido entre nnos y oíros varios cabecillas. Las nues- 
tras consisten en un capitán y 19 individuos de tropa muertos, tres 
oDciales y 59 soldados heridos y 10 contusos; un oflcial y 13 soldados 
esíraviados, que enfermos ó convalecientes en sus alojamientos fue- 
ra de triiiclieras, fueron sorprendidos en los primeros momentos del 



Detiemos aria.dir !i esto que mía parte de la población 
fué saqueada ó incendiada por ar¡uellas bandas, y ijue 
hubo madres á quienes asesinaron sus hijos peijuefios por 
haberse negado á seguir á los insurrectos. Es decir, que 
unieron la barbarie á la cobai'día, ; Loor eterno á los va- 
lientes defensores de las Tunas! Este golpe fué de fatal 
electo para la insurrección. Las Cortes declararon benemé- 
ritos de la patria & los defensores de las Tunas , y en ello 
obraron dignamente. Los periódicos de Nueva Orleans pu- 
blicai-un con este motivo peregrinos telegramas de Was- 
hington, en los que se decía que Valsameda liahia atacado 
á los cubanos en las Tunas con 4.000 hombres, y las fuer- 
zas cubanas ascendían á unos 0.000 ; que la lucha duró 
cuatro horas y Yalmaseda tuvo que retii-arse derrotado 
hajo las fortificaciones de las Tunas; que los cubanos hi- 
cieron 290 prisioneros y capturaran 400 desertoi'es; que 
los españoles tenían en el combate toda su fuerza hábil, 32 
piezas de artillería, algunas de grueso calibre , y dos regi- 
mientos de caballería; que los cubanos tenían solo 13 pie- 
zas de artillería de pequeiio calibre , y ninguna fuerza de 
caballería eficazmente equipada. Desde luego se ve, por 
las falsedades ridiculas que contiene este desdichado telé- 
grama, que la intención de sus autores ha sido prevenir el 
desastroso efecto que habia de producir en los Estados- 
Unidos la noticia de la derrota de los insurrectos en las 
Tunas; y causa hasta verg].ienza ver de qué artes tan in- 



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3C5 
dignas se valen pava apoyar sus iiientiras, figurando que 
el general Mllate, conde de Valmaseda, mandalja las Tuer- 
zas de las Tunas cuando se encontraba en Bayamo. Este 
telegrama puede correr parejas, por lo absurdo, con el 
pai-te que el ciudadano Agramonte dio acerca del ataque 
de Puerto Príncipe. 

La estación no podia ser peor; lü cual, unido á la esca- 
sez de íuirzas que cada dia era mayor por las bajas que 
ocurrían, hacia que todas las operaciones militai'es estu- 
viesen casi paralizadas y solamente hubiera en Agosto al- 
gunos encuentros parciales, sin mas resultado que causar 
bajas, lo cual de poco ó nada sen-ia. El general Caballero 
deltodas, en la imposibilidad de adoptar serias y decisivas 
determinaciones, se aplicaba con particular esmero , sin 
descuidar la parte militar, á moralizar laadminish-acion y 
ádar unidad al patriotismo, lo cual em muclio, atendido 
el estado en que se encontraba !a isia de Cuba. E! patrio- 
tismo de los espaüoles, no solo no decaía, á pesar de los 
ti-istes desengaüos que encontraban, sino que cada dia era 
mayor, mas compacto y mas verdadero. Los espafioles han 
dado en Cuba muchos y muy dignos ejemplos que imitar, 
y ojalá sus esfuerzos hubieran encontrado el apoyo que 
de dereclio les ei-a debido. Recordaríin los lectores que á 
poco de iiaber llegado el general Dulce, viendo el lamen- 
table estado de las cajas públicas, había recurrido á los 
propietarios y comerciantes de la Habana, quienes facili- 
tatou hasta ocho millones de pesos en billetes que expidió 
el Canco bajo su garantía. Cuando llegó c¡ general Caba- 
llero de Rodas, la mayor parte de este dinero se había con- 
sumido y se encontró en el mismo apuro porque no había 
que contar ni con la mitad de los ingresos consignados en 
el presupuesto. En esta situación recurrió de nuevo al co- 
mercio y propietarios , quienes desde luego, sin vacilar. 



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30G 
ahrieron otro nuevo crédito en el Banco de seis millones 
de pesos con las mismas garantías y además con la del 
producto de los bienes embargados á los rebeldes. El Ban- 
co de la Habana además hizo un cuarto donativo de 45.000 
pesos destinados á costear por tres meses nn batallón de 
movilizados, de snerte que llevaba entregados, por via de 
donativos desde que principió ia insurrección, 180.000 pe- 
sos. La conducta del Banco no ha podido ser mas patrióti- 
ca ni mas digna. El Banco industrial también puso á dis- 
posicicion del Capitán general 15.000 duros pata aplicar- 
los á los objetos que considerase mas conducentes á com- 
batir la rebelión; la Alianza facilitó 30.000 pesos, la Caja 
de Ahorros 5.000, sin perjuicio de aumentar el donativo 
sí necesario fuese; la Compañía de almacenes y Banco de 
San José 15.000, haciéndose además otros donativos de 
menorimportaneia. Todas fas clases de la Isla hau dado evi- 
dentes muestras de gran abnegación y patriotismo; ¿por 
qué no les hemos imitado en Espaiía? Pero aquí, antes que 
el honor nacional, antes que acudir al socorro de nuestros 
hermanos de América, se debía perder lastimosamente el 
tiempo en vocinglerías, en desnaturalizar la índole é im- 
portancia de la insurrección cubana y en aíilar el puñal 
qiie babiade asestai-se dentro de poco al corazón de la patria, 
ya bastante vilipendiada para que se necesitasen los nuevos 
desafueros y los imcvos desastres que sobrevinieron pai-a 
acabar de serla fábula del mundo civilizado. Mientras aquí 
se consumían la virilidad y la energía españolas en perni- 
ciosas y diarias convulsiones , mientras con nuestras exa- 
geraciones y nuestros desaciertos hacíamos que , con ra- 
zón, se nos calificase de ingobernables, la Isla de Cuba 
volvía los ojos con profunda pena hacia la España con hon- 
ra, que le había ofrecido ir toda, si necesario fuese, para 
salvarla, pero que sin embargo no iba. 



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367 
Poro en la Isla de Gnlta el fuego saiUo <lol patrioti?mo 
crecía entre los leales españoles á medida que eran mayo- 
res los sacriiicios que hadan. Como si los eminentes servi- 
cios prestados no fuesen bastantes, los españoles qne en la 
Habana exisien viendo el sesgo que tomaban las cosas y 
comprendiendo la necesidad que había deque se hiciese un 
esfuerzo vigoroso y supremo que pronto acabase con lain- 
surreccion y vandalismo, acordaron enviamn comisionado 
que se entendiese con el Gobierno; que le expusiese el 
verdadero estado de las cosas y la urgencia de poner un 
pronto y radical remedio, que no era otro que enviar en una 
ódosvecesyásusespensasun cuerpo de ejército deíí.OOO 
hombres con lo cual bastaba para aniquilar rápidamente 
h rebelión y ocupni mihtirniente el país. Sí el Gobierno 
lio se pi estase d ello poi-jue no fuese posible hacerlo, en- 
touLCs SL lepfdim lutotizazion para abrir bandera deen- 
{íinche por cuenta de los que para el efecto gestionaban; 
rasgo nol le digno del miyor elogio y que demostraba de 
una mai eii bien i atente hasta donde estaban resueltos ¿t 
Ilegal los que hi la die? meses que venían sufriendo las 
conseLueiiLias de una lucha devastadora y vergonzosa. El 
Gobierno no fut sóido á las escitaciones que se le hicieron, 
y queriendo sm duda subsanar en algo su pasada é incali- 
ficable apatía, se acordó enviar los 24.000 hombi'es, siendo 
de cargo de los propietarios y comercianses de la Habana 
el pago de los fletes. Todo iba á prepararse en este sentido 
y ya se hizo alguna remesa de tropas , cuando desgracia- 
damente estalló la insurrección republicana que tanta de- 
solación produjo en el país en los pocos dias de su dura- 
ción, y tan vigorosa couio enérgicamente fuó sofocada, 
gracias al valor de nuestro ejército y al buen sentido del 
pueblo. Esta insurrección malhadadaque, segunde público 
se lia dicho, tantos puntos de contacto tenía con la cuba- 



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3G8 
na, á la que debia en paite sn existencia pnesto que paro 
ello trabajaban de concierto los laborantes de allí y sus 
agentes de aquí, fuó causa de que no se pudiese llevar á 
cabo el buen propósito del Gobierno; pero con el deseo do 
atender á todo, además de los siete ú ocho rail hombres 
enviados en los meses de Agosto y Setiembre se abrieron 
alistamientos pai'a formar diez batallones de voluntarios 
-de á mil plazas cada uno, con condiciones raviy ventajo- 
sas para los que se alistasen. Además en varias provincias 
como Asturias, Santander y Navarra se acometió !a em- 
presa de oi^anizar fuerzas con el mismo destino. En Espa- 
ña sobran elementos para todo; ¿por qué desde e! principio 
no se pusieron en juego? ¿Por qné nos hemos dejado me- 
cer en ilusiones engañosas que á tantos males nos han 
conducido? Siempre, al hablar de los socorros de Espaíia, 
se ha dicho que llegan tarde, mal ó nunca, y una cosa 
muy análoga ha sucedido en esta ocasión en qne tanto vi- 
gor y rapidez era preciso emplear. Si en Diciembre del 
ailo pasado se hubiese hecho lo que ahora va á hacerse, 
mucho tiempo ha que la insurrección hubiera terminado; 
pero por una parte el desbarajuste gubernamental , y por 
otra los manejos revolucionarios, fueron causas suíicien- 
tes pai'a impedir que se adoptasen las iinicas medidas 
salvadoras que convenían. Los manejos revolucionarios, 
sí, han tenido una parte muy importante en la duración 
de la lucha, puesto que públicamente, sin desmentirlos, 
han dicho periódicos celosos de nuestra honra que se ha- 
bia recibido en e! ministerio de Ultramar avisos recientes, 
en Agosto si no estamos equivocados, anunciando la sali- 
da de grandes cantidades de dinero procedente de los Es- 
tados Unidos con objeto de promover aquí una subleva- 
ción. iComo si no fucraa bastantes las desdichas interio- 
res que teníamos y nosotros mismos proporcionábamos á 



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.■iG9 
nuestra patria, era preciso que vinieson á aumcutailas el 
oro de los rebeldes, y que este oro se aceptase!... Parece 
imposible que á tal punto haya llegado la degradación y 
la jniseria. 

Entretanto el departamento Oriental había adelantado 
mucho á fines de Agosto de suerte que, fuera de las parti- 
das que vagaban por las escabrosidades de los montes y 
que no eran muy considerables, las siete jurisdicciones 
que componen este departamento estaban en bastante buen 
estado si no se podía decir que se encontraban completa- 
mente pacificadas. Verdad es que no cesaban los incendios 
y depredaciones; pero era imposible atender á todas partes 
supuesto que las pocas tropas que había estaban subdivi- 
didas en pequeñas columnas que no descansaban y en des- 
tacamentos que mantenían á raya A los insurrectos. No ca- 
bía pues aplicar la palabra pacificación pero la situación 
era mejor que el mes anterior, porque además muchos je- 
íes rebeldes habían abandonado con sus partidas el depar- 
tamento y pasado al Central. Hicieron una tentativa para 
invadir la jurisdicción de Guantánamo, pero fueion recha- 
zados y arrollados hasta las sierras donde fueron batidos 
abandonando sus trincheras. Baire, pueblecito donde ha- 
bla un corto destacamento fué atacado por las fuerzas in- 
surectas; pero fueron rechazadas vigorosamente con gran- 
des pérdidas de su pai-te. Encuentros de escasa importan- 
cia es, después de esto, lo único que ocuitíú en el departa- 
mento donde muchos naturales se liabian unido á los des- 
tacamentos y á las columnas para defender sus propieda- 
des. Parei'e que los rebeldes trataban de reunirse y atrin- 
cherarse en los campamentos del llamón y Jaragücca, pero 
ya se sabe lo que signillcan sus fortificaciones y trinche- 
ras. Los hacendados se veian en grandes apurospara hacer 
la zafra por falta de brazos y bueyes para el acari'eo. Me- 



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370 
rece particular mención un liecho que ocuri'ió en oste de- 
partamento. Entre los jefes de la insurrección, figuraban 
desde el principio dos hermanos procedentes de las reser- 
vas de Santo Domingo, llamados Félix y Lnis Marcano; es- 
tos hombres, terror de las comarcas qne recorrían, tenían 
tiranizadas las partidas que mandaban en las cuales fusila- 
ban ii quien les parecía por el mas insignificante motivo. 
Cansados de sus desmanes seis insurrectos cubanos, resol- 
vieron dasliacerse de ellos, lo cua! verlflcaron el 29 de 
Agosto, acometiéndoles á machetazos en medio de los su- 
yos, al grito de iVíva líspaíial quedando el primero muerto 
en el acto y el segundo mortalmente herido. Los afectos á 
los Márcanos acometieron íi los que acababan de inmolar ii 
sus jefes y consiguieron dar muerte á uno; pero los otros 
cinco lograron escapar y se unieron á las primeras tropas 
españolas que encontraron, manifestando el poderoso mo- 
tivo que hablan tenido para huir de entre sus antiguos 
compafleros. Los Márcanos, titulados generales, traidores á 
Espafta & cuya bandera estaban acogidos, no habían hecho 
sino cometer toda clase de atrocidades y desmanes desde 
que en unión con Céspedes y Aguilera dierou el grito de 
rebelión contra España. 

En el departamento Central nada absolutamente se ha- 
cia mas que conducir convoyes á las Tunas, resguardar el 
ferro-carril de Nuevitas, y algunas pequeflas salidas con 
escaso resultado. El cólera habia terminado y esto era una 
gran ventaja, aun cuando el vómito continuaba Las pai'ti- 
das, después de la iiumillante derrota de las Tunas, se ha- 
bían diseminado continuando su vida vaníálica; el gene- 
ral Puello habia salido con una columnita, pero no en- 
contró enemigos con quienes combatir, en la linea del fer- 
JO-carril se habían quemado nuevas Ancas, entre ellas un 
ingenio de bastante importancia. El departamento Central, 



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íoco donde estaba reunido todo lo mas importante do !a 
insurrección, continuaba en la misma inacción y el mismo 
abandono de siempre. 

En el ¿epai-tamento Occidental, segniau en ¡las Cinco 
Villas los incendios y saqueas sin qne hubiera medio de 
concluir con los que, insurrectos 6 bandoleros, estaban ar- 
ruinando aquel territorio. Desalojados de la Siguanea, cu- 
yos principales puntos tenian ocupados nuestras tropas, se 
habían concentrado en el Narciso desde donde sallan para 
todas sus vandálicas espediciones. Nuestras tropas eran 
muy escasas y nada decisivo podia hacerse por mas que 
trabajasen sin descanso. Las columnitas no cesaban en la 
persecución y en todo el mes destruyeron catorce campa- 
mentos; pero esto no era de granjimportancia supuesto 
que fácil era á los rebeldes establecerse en otros puntos. Y 
no solo se limitó la rebelión al territorio de las Cinco Vi- 
llas, sino que se corrió á la jurisdicción de Colon, donde y 
en Jagüey Grande cometieron los invasores los des- 
manes de costumbre, aunque no dejaron de pagar caro su 
atrevimiento; el plan de los rebeldes era quemar todas las 
fincas que pudieron en las jurisdicciones de Colon y Cár- 
denas para impedir la zafra. Estaba visto que su objeto era 
destruir hasta por sus cimientos la riqueza del país de que 
teman la desvcrgilen/.a de llamai'se i'egeneradores y liber- 
tadores y en este sentido se encontraron al cabecilla Calle- 
ja instrucciones de los jefes superiores. En Sancti-Spítitus 
tuvimos un revés bastante sensible: con el objeto de pro- 
tejer un convoy que debia salir del Jücaro, salió de Ciego 
de Avila en su busca el teniente coronel del regimiento de 
Tarragona D. Ramón Porta!, con una columna de unos 90 
hombres y un canon de montaña. A. corta distancia del 
punto de salida fué atacado por los insurrectos en número 
í ,000 á 1 ,200 quienes rodearon á nuestros soldados con in- 



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J72 
tención de acabar con ellos. A los primeros disparos cayó 
mortalmente herido el Leniente coronel Portal, quien in- 
mediatamente fué fusilado por orden de Ángel Castillo 
que mandaba á los insurrectos, retirándose los que pudie- 
ron de la columna, quedando quince muertos y bastantes 
heridos; el cafion cayó en poder del enemigo, quien se en- 
sañó con el cadAver del desgraciado Portal de una manera 
que hasta repugna á la humanidad y íí la decencia. Está 
plenamente acreditado que siempre que nuestros enemi- 
gos han conseguido alguna ventaja ha sido cuando se han 
reunido en numero ocho ó diez veces mayor que el de 
nuestros soldados, y siempre por soi'presa nunca cara á 
cara. 

La inseguridad que reinaba en todo e! estenso teiTito- 
rio de las Cinco Villas y las intenciones bien conocidas de 
los bandidos de asolar por completo los campos consiguie- 
ron al fin escitar algo, no mucho, ü los propietarios movi- 
dos por el espíritu de conservación y los hacendados re- 
solvieron armarse y ¡levar gente armada á sus propiedades 
para que los defendiesen del enemigo común, habiéndose 
organizado al efecto rondas y compañías enteras. Si se 
consiguiese vencer el miedo ó el egoísmo de los hacenda- 
dos de suerte que atendieran efizcazmente á la defensa de 
sus fincas dejando á las fuerzas del ejército y voluntarios 
el cuidado de buscar y batir á los rebeldes, á buen seguro 
no duraría mucho la rebelión. Es necesario no perder de 
vista que una de las causas qiie durante tanto tiempo la 
han dado vida ha sido la apatía de los propietarios en vista 
de los feroces instintos de los que no tenían !a misión de 
defender una causa política, sino de asolar y destruir el 
país. Esto es inconcebible, por mas que sea una triste ver- 
dad; porque si bien es cierto que al Gobierno toca defen- 
der Jas personas y propiedades do los ciudadanos también 



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373 
estos se hallan en la precisa obligación de contribuir á este 
fin por sil parte con cuantos recursos están á su alcance. 
Laudal)les son los esfuerzos que en este sentido han hecho 
los periódicos de la Habana el Diario de la Marina, La Voz 
de Cuba y la Prensa escitando á los propietarios á salir de 
su apatía porque el egoísmo local es una cosa deplorable. 
En situaciones tan graves como en la que se encontraba la 
Isla el indiferentismo, cualquiera que fuese la causa que le 
produjera era una cosa indigna y que pudiera esplicarse 
como una tácita connivencia con los destructores del país. 
Cualquier sacrificio que en estos casos se liaga es amplia- 
mente recompensado por los beneficios que después se re- 
porta; es la semilla que se arroja en un campo fecundo y 
que después se centuplica. Si en las ch'cunstancias estraor- 
dinarias y eacepcionales nos empeñamos en hacer todo 
como en las ordinarias y regulares pretenderemos un im. 
posible y ni aun derecho ú quejamos tendremos sí después 
por nuestra apatía ó nuestra torpeza nos sobrevienen ma- 
les. Si los propietarios de las Cinco Yillas y de los restan- 
tes departamentes hubieran auxiliado un poco siquiera la 
acción de! Gobierno en los campos, no tendrían que lamen- 
tai' muchas pérdidas y tal vez su ruina. ¿Por qué uo haa 
tomado ejemplo de los propietarios y comerciantes de la 
Habana? 



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CAPITULO XXVII. 



IKi^racia iin PucrtQ Principa.— Xuev as cepedlcioaes piráticas.— La notí 
M. SickIeF al Gobii'rno pspafiol.— La opinión pública se pronuncia t 
tra ella.— Los EBtados-Unidoa no podían reconocer á loR rebeldes Oi. . . 
beligerantes.— Opinión sobre este particular es ai|uel país.- Escltacioa 



:n la Isla de Cuba —Instrucciones de Céspedes í los j«fea 



El mes te Setiembre principió con malos auspicios pa- 
ra Paerto Príncipe, Ya saben los lectores que en aquella 
población no había medio de comer carne como no salie- 
sen columnitas á buscar ganado, porque á los particulares 
no les era posible llevarle por su cuenta. El dia 1 ." salió 
una columna compuesta de unos 70 hombres voluntarios 
y algunos paisanos entre caballería é infantería; á ¡as dos 
leguas de la ciudad sorprendieran dos insurrectos que es- 
taban de avanzadas, A quienes perdonaron la vida, y estos 
en cambio les dijeron que no pasasen adelante porque ha- 
bía peligro. Confiados en demasía los voluntarios, no hi- 
cieron caso de aquella advertencia y continuaron su mar- 
cha; pero á la vuelta fueron sorprendidos por una fuerza 
de unos 500 insurrectos, quienes desde el sitio en que es- 
taban emboscados les hicieron una descarga, de cuyas re- 
sultas quedaron bastantes voluntarios fuera de combate. 
Se repusieron, sin embargo, y se fueron batiendo en reti- 



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370 
mda; pero abrumaiios püi el número, tuvieron f¡mí liiiir 
los que ¡judieroii, no sin lialiei-se batido como valientes, 
pues los setos detrás de los cuales se emboscaron los ene- 
migos estaban literalmente segados por las balas de los 
voluntarios. Inmediatamente que de ello tmo t^iso el po 
bernador salió con unos 400 hombres; peio no encuntio 
sino 23 cadáveres de voluntarios, Jioniblemente muti 
lados, que fueron conducidos al cementerio Los vahen 
tes que nunca peleaban, sino que asesinaban luntmdosp 
para ello cinco o seis contra uno, y eso emboscido'- no se 
contentaron con dar muerte á los infelices que sucumbie 
ron, sino que habían de saciar su barbane mutilando sus 
cadáveres á machetazos. Muy sensible fué la desgiacn 
ocurrida, pero estaba prevista por todos, supuesto que las 
salidas se verificaron sin orden ni concieito No párete si 
no que ha estado pesando continuamente una gran fatali- 
dad en el departamento Central. 

Según noticias que se habian recibido de los Estados- 
Unidos, los laborantes no descansaban y continuaban su 
trabajo de enviar eapediciones. Bu Macón (Georgia) se for- 
mó una destinada á invadir la Vuelta de Abajo, saliendo 
del puerto de Apalichocala, mandada por Goycuría y Ryan; 
pero fué detenida á tiempo; la del vapor Lillian, cuya im- 
portancia se ignoraba, se escapó de Nueva-Orleans el 4 de 
Setiembre. En Nueva- York se anunciaba que varios bu- 
ques del resguardo estaban acechando la salida de otra es- 
pedicion fllibustera, para la cual habian llegado unos 50 
cubanos y estaba preparado un vapor en lirooklyn. Se su- 
suponia que dicho vapor iria en lastre á lioston, donde 
habia armas depositadas y desde donde se suponía saldría 
la espedicíon pirática. Otra espedicion de Massachusetts 
fué también detenida, y los fllíbusteros que la componían 
encarcelados por falta de lianza. Es idudable que la junta 



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trabajaba sin descanso, y qne solo á la longanimidad que 
en los puertos de la L'nion se ha tenido con los directores 
de la farsa, se ha debido en gran pai'te que la insurrección 
cubana haya recibido tantos auxilios, porque sí bien es 
verdad que algunas espedicioiies eran detenidas, otras pa- 
saban y desembarcaban sin inconveniente, y vaya lo uno 
por lo otro. 

Recordarán los lectores que aun antes de que se veri- 
ficase el nombramiento de M. Sickles para representante 
de los Estados -Un i dos en Madrid, ya se hahia hablado mu- 
cho acerca de las instrucciones que traia; se decía que 
uno de los principales encargos de su misión era negociar 
la cesión de la isla de Cuba por 100 millones de pesos, 
bien á los Estados-Unidos, bien á los cubanos con la ga- 
rantía de aquel Gobierno, y se anadia que para preparar 
p| teiieno había ido á Madiid con anterioridad un M For- 
b»s, de quien nadie había oído hablai ni como diplomá- 
tico ni en ningún otio i-oncepto que le presentase como 
bombie notable Mucho se discuriia en el ancho cam- 
po de las suposiciones, cuando de repente se supo la 
noticia de qne en efecto, M SiLhle^i había piesentado 
a! Gobierno «na nota sobre la cuestión de Cuba I os pe- 
riódicos extranjeios salieíonála pttestii diciéndose to- 
dos bien mfonnados, como en semejantes casos sucede, 
pero el i aso es qne se pre-*ntaron tres lesumenes de la su- 
sodicha nota, completamente distintos, aun cuando con- 
venían en parte en que se había insistido en pioponcr al 
gobierno la ceaion tan manoseada Estaa notas son apócri- 
fas, y por consiguiente creemos escuaado hacernos cargo 
de ellas, esto, sin embargo, fué causa de que se hiciese 
nías patente el espliitu de dmsion que desde hacia tiempo 
estaba dominando en el campo de los laboiances Unos 
f uanto--, entre los cuales estaba \ aliente el ad\ei--diiü de 



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■.í:s 

Morales Lemiis, y otros muchos cuyas firmas no apare" 
cían, publicaron con fecha 27 de Agosto, en Nueva-York, 
un manifiesto muy largo, muy empalagoso y mny lleno 
de pretensiones, en que se tronaba de una manera resuel- 
ta contra todo proyecto de acción 6 compra de la Isla, con- 
siderándola siu duda como una propiedad suya. Después 
de i-echazar con indignación todo derecho de Espa&a pa- 
ra entrar en negociaciones de venta, como si España hu- 
biera ni siquiera pensado en semejante insensatez, que so- 
lo cabe ea la cabeza de los rebeldes cubanos, la tomaba 
con los Estados-Unidos echándoles en cara lo estrafio de 
que una nación tan poderosa, tan práctica y tan ilustrada 
se haya rebajado hasta iniciar negociaciones con un go- 
bierno incompetente y sobre una cosa notoriamente liti- 
giosa, y discurriendo bajo este tema, dice: 

"Pero si el pensamiento de los Estados-Unidos en su misión diplo- 
mática tiene por objeto negociar la cesión de Cuba t los cubanos me- 
diante una indemnisacion pecuniaria ipie su gobierno garantice, des- 
conocemos lambicn el poder 6 autorización de ([ue se bailen inves- 
tidos para semejantes aspiraciones, y recltazamos con todas nues- 
tras fuerzas la oficiosidad de una garantia, ([uc si bien agradecemos 
de corazón y aprovechariamos con efusión en otras circunstancias, 
no baria mas hoy que imprimir sobre la lealtad, honradez y notoria 
responsabilidad de los cubanos una mancha ((ue empañaría su digni- 
dad. Ko entramos en apreciaciones, poi-que no son de nuestro re- 
sorte, sobre si el actual gobierno de los Estados -I nidos ha podido 
con arreglo á la Constitución ofrecer pagos ñ garantías por un con- 
trato ageno al interés material é inmediato de la nación que repre- 
senta sin la natural autorización de las Cámaras. Nuestro único ob- 
jeto es protestar contra esa oficiosidad, por lllantrópico que haya si- 
do el móvil que la impulse, y hacer conocer al mundo entero, que no 
hemos concedido á nadie facultades algunas para impetrar la cesión 
de nuestros derechos k Cuba, ni para ofrecer indemnización, ni parj 
otorgar garantías que rebajen el notorio poder de nuestro crédito¡ 
Qne agobiados por la esplotacion secular que ha hecho España de 
nuestra patria, trasportando rique;ias inmensas, recargando sus iin- 



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379 
puoslos y sembrando loilü clasñ Oe inmoraliiiades, bajo un sistema 
opresor é in¡cuo, ñus liemos levantado » reivindicar nuestros dere- 
chos y á lanzar al tirano usurpador que hasta ahora nos lia vejado y 
esquilmado; Oue para llegar á este llii no liemos necesitado de mas 
cscitacioncs que la de nuestra propia altivez, ni contado con otros 
recursos que los de nuestros propios esfuerzo* Que si bien he- 
mos deplorado la frialdad, no del pueblo americano, que ha demos, 
trado entusiasta su asentimiento fraternal con nuestra causa, sino 
del gobierno que lo representa, para facilitarnos alguna protección" 
nosotros nunca hemos dosconílado de su justicia; y en la espectati- 
va de que un dia llegará á pronunciarse por algún acto ostensible, 
hmlllybtlldd m I a. md df 

q 1 p mt I t p ca p 1 m 

g sad t lil m II 1 p t ta> i p 1 



h m 11 1 till co f ml I p p 

1 ce q fcü p jn 1 q I 

1 t m ca 1 d O p b t 

d p d 1 i p t t dplo- 

mt) If d 1 lyl fl dftdl 

I e vd t t m mpl I p bl 

nobles que saben apreciar la libertad, y lo han realizado esas heroi- 
cas repúiilicas siid-amcricanas. que hoy han tenido el orgullo de 
abrirnos las primeras sus h'aternales brazos: V que nada absoluta- 
mente queremos, ni ailmitlremos, ni perdonaremos á los que olicio- 
samonto se interesen por nuestra felicidad, que no sea basado en un 
reconocimiento absoluto de nuestra libertad, 6 en la conquisla dcñni- 
tiva de nuestra independencia con el poder irrecusable de las armas.* 

Véase hasta qué punto los misnaos cubanos rechazaban 
una cesión ignominiosa, pero en la cual no parece que ha- 
bían pensado sino pocas personas, y oficialmente nadie. Lo 
que aparece de cierto acerca de ta célebre nota, según una 
relación de La Época, exacta según nuestras noticias, es 
que el 2 de Setiembre fué presentado en efecto dicho 



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380 
documento, que no tenia ningún can'icter de presión, sino 
de consejo oficioso; que oii él se decía que los Estados- 
Unidos estaban dispuestos á emplear su influencia con los 
insurgentes para que depusieran las armas; pero que seria 
inútil todo si üosotros no queríamos oir sus consejos; que 
no era conveniente negarse á entrar ea negociacions ín- 
terin los insurgentes estuviesen con las armas, porque sin 
garantías no se prostarian A ello, siendo de temer atrope- 
llos por parte do los voluntarios; que lo mejor seria un ar- 
misticio; que los Estados-Unidos habian cumplido sus de- 
beres de nación á nación; pero que la lucha duraba hacia 
uu año, marcando su paso por la devastación y el incen- 
dio, y si se juzgaba por su duración debia ser formidable; 
que los cubanos podían ser vencidos, pero mmca subditos 
fieles; que si bien respecto á otras guerras coloniales ta de 
Cuba es corta, no podría diferirse el reconocimiento como 
beligerantes de los combatientes; que los Estados-Unidos 
no podrían ver con indiferencia la suerte de Cuba, y sin 
embargo, el pi'esideute ha hecho que se mantengan den- 
tro de límites morales las manifestaciones de sentimien- 
tos no fáciles de reprimir en gobiernos populares; que 
no se puede desconocer que los cubanos son hostiles á 
la dominación espaüola, y en América crece la opinión 
que reclama gobierno propio para todo aquel hemisferio; 
que Inglaterra, Dinamarca y Rusia han obrado en este sen- 
tido, y aun Espafia cediendo la Luisiana y la Florida; que 
el presidente esperaba tendríamos respecto á Cuba una 
conducta semejante de previsión y cordura; que la histo- 
ria recuerda el mismo resaltado en las guerras que tenían 
por objeto someter pueblos que luchaban por su indepen- 
dencia, y Europa ha sacado mayores ventajas de las bue- 
nas relaciones con las colonias emancipadas que de con- 
servadas sometidas; que el general Sickies recomendaba 



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381 
al (lobioriio la siguiente conclusión del presidente; que 
este es el momeuto de adoptar medidas para la solución de 
la cuestión de Cuba, y ofrecía los buenos oñcios de los Es- 
tados-Unidos pai-a poner término á la guerra civil. 

Besde el momento en que se tuvo noticia de la exis- 
tencia de la nota, la opinión píiLlica se pronunció unáni- 
me contra semejante paso, cuando menos inconveniente 
y demasiado oOcioso; mediaron al^'unas contestaciones en- 
tre M. Sicliies y nuestro ministro de Estado, hasta que de- 
finitivamente cesó toda insistencia y se aseguró que el ofi- 
cioso mediador habia retirado la nota, gracias á la actitud 
digna del Sr, Silvela, quien manifestó que España no se 
hallaba en el caso de aceptar ofrecimientos de mediadon 
en asuntos puramente domésticos, como era la insurrec- 
ción de Cuba, provincia y parte integrante de la nación 
espaQola. M. Sickies, viendo el mal resultado de sus oñ- 
ciosas gestiones, declaró que retiraba los buenos oficios 
que habia onecido para poner término á la insuireccion 
cubana, y en este paso anduvo liastante mas acertado que 
en el de presentar la nota ó memorándum que nadie le ha- 
bia pedido. Según parece, el Sr Silvela, al salier la nue- 
va evolución del representante americano, reitero lo que 
antes habia manifestado acerca de las razones de dignidad 
que no permitían al Gobierno aceptar los buenos oficios 
ofrecidos, siempre en la inteligencia de que los Estados- 
Unidos no hablan huentado nunca otra cosa mas que des- 
pojar á la lucha de su carácter sangtiento y contando con 
que de aquel país no saldrían auxilios materiales para 
una insurrección completamente infundada supuesto oue 
el Gobierno estaba dispuesto á conceder á aquella Isla de- 
rechos análogos & los que tiene la Península, esplicaciones 
que, según se dice, hicieron comprender al representante 
de los Estados-Unidos que había una mala inteligencia de 



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•¿8-2 
pai-te de aquel gobierno acerca de ¡as vci'daderas intenciones 
de España respecto A la isla de Culia; y además, se de- 
mosU'ó de una manera concluyente que no estando desti- 
uadas las cañoneras contra el Perú ni Chile, sino (inica- 
mente para resguarda!' las costas de Cuba, debían eiiti*- 
gai"se á nuestro agentes, luego que estén terminadas, se- 
gún exige la justicia, y nosotros añadiremos que la decen- 
cia y el decoro del país que tan sin razón las detiene. 

Táchesenos de lo que se quiera por los optimistas; pe- 
ro nosotros encontramos muy inconveniente, muy aven- 
turado y muy ocasionado & serías complicaciones el paso 
dado por M. Síckles. Se ha supuesto que lo había hecho 
por su propia cuenta, si tru o es i a a ello de go- 
Líenio; pero esto, en me tii oj o o pas de =e na 
de las muchas candide -es que se d e po q e i ^m 
represente de un país se 1 e tu da ii^o de la ta 

gravedad sin conocimie to y a lo za o de s gol e w 
y sí lo hace, la dignidad del gobioi'no exige su inmediata 
separación. Nosotros no hemos visto sino muy turbio en 
la conducta de los Estados-Unidos, y la nota de M. Sickles 
ha venido á confirmarnos en nuestra opinión; podremos 
estar equivocados y no nos pesaría que asi fuese. Cierto es 
que no se hriblaba en dicho documento naila de cesión, 
ni venta, ni de los desatinos que habían anunciado los pe- 
riódicos americanos, pero ya se anunciaba algo de la po- 
sibilidad del reconocimiento de beligerantes á favor de los 
insurrectos, y se demostraba ])ien á las claras que en aquel 
país habia simpatías por la insurrección cubana, sobre 
lo cual no era preciso que insistiese, porque desde hacía 
mucho tiempo era cosa averiguada y constante, y se com- 
prueba mas con la idea de que crece en America la opinión 
de que alli se reclama goMerno propio pam aquel hemisferio, 
es decir, la doctrina Monroe, de la que el presidente Grant 



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383 
parece ser decidido paiüdaj'io. La iiola no lenia el tono 
de una intimación, pero era una manifestación algo enér- 
gica, como seria la del pohre que pidiese limosna con una 
navaja cu la mano, aun cuando no amenazase con ella. 

Si los Estados-Unidos proceden de buena fé, no se 
atreverán á hacer la declaración de beligei'antes A favor de 
los insurrectos, porque la rechazarían las leyes del ])uen 
sentido y hasta tratados tenninautes que obligan á Jos dos 
países. En efecto, en el tratado de 17!)5 se estipuló que 
mngun subdito de S. M. C. tomarla encargo ó patente pa- 
ra armar buque ó buques que obrasen como corsarios 
contra los Estados-Unidos, ó contra los ciudadanos, pue- 
blos ó habitantes, ó contra su pi'opiedad ó la de los habi- 
tantes de ellos, de cualr|fi¡ei- príncipe que fuere con quien 
estuvieren eu guerra los Estados -Unidos. Igualmente nin- 
gún ciudadano ó habitante de dichos Estados pedii-ia ó 
aceptaría encargo ó patente para armar algunbuque ó bu- 
ques con el fin de perseguir á ios stibditos de S. M. C. ó 
ap d 
t a 



1 



q j. t io le acto le t 1, ,olo con estas condicio- 
nes se puede reconocer á los subditos de una potencia 
cualquiera ol derecho de hacerla guerra por mar y tierra 
al gobierno constituido. Y en comprobación de esto, sin 
contar las doctrinas sentadas por el gobierno de la Union 
durante la reciente guerra civil en aquel país, los Esta- 
dos-Unidos, parciales como eran en favor de la emanci- 
pación de nuestras colonias sublevadas ooulra España, 



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cargos ó patentes, seria 


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el derecho internacional 


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] iciendan la guerra civil, 


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parte estensa del territo- 


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do en ella un gobierno 



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declarai'on por medio de h 1.01 te supiemaen ISlíi, qu- 
cuando se enciende la ¿nena ci\d en una niuun, scpa- 
rmidose una paili, de ella del qohicino antiguo i/ 11 iqtendo otro 
distinto, los IfiLunales de la üniun debían nniai al nue- 
vo gobierno como le niiialian las autoiidades lepislati- 
va y ejecutiva de los Estados-Unidos ¿Halirpinoa de in- 
sistir en deuiostiat que los insuriet tos de Culia no se en- 
cuentran en ninguna de estas condiciones' Ni poseen una 
pai-te del territorio a que den lejes, ni tienen e-.ta])lecido 
mas que un goljieinoiiusoiio j tiashuminle, 111 han he- 
cho otra cosa que huii de una piite á otra sm tener un 
punto fijo y seno donde establei^rse, fueía de los insig- 
nificantes puebleciüus de Guaimaro j Sibanicu Piecisa- 
mente cuando M Sickles piesentaha su nota, j hoy toda- 
vía en mayor e cala, I01 lebeldeb ociipabxn menos tein- 
torio, supuesto que en el depattamento Onental domina 
nuestro gobierno, con ligeras escepciones de lo mas en- 
mai'añado de los bosques, > 1 osa muy an iloga sucede en 
las Cinco Villas Con lazon un senadoi ladical de lo*! Es- 
tados-Unidos, M Suinmer, al hablai del leconocimiento 
de los i-ebeldes, decía «La beligerancia ps un Iwdio proba 
do por la evit!eni.ia Si el heiho no euste, no hay nada 
que fcconocer. El hcrlw no puede sei inventado ni ima- 
ginado; debe sei piobado Nada impoitan nue-^tras sim- 
patías ni nuestro» deseos, debemos consignai el hecho Si 
los insurrectos cubanos han llegado ha&ta este punto, nun- 
ca he visto la prueba de ello. Oue están en arxnas ya lo sa- 
bemos; ¿pero en dónde están sus ciudades, poblaciones y 
provincias? ¿Su dónde su gobierno, ■ sus puertos, sus tri- 
bunales de justicia y de presas? A estas preguntas se con- 
testa con otra: sí nada de esto existe, ¿dónde está el Iiecho 
de la beligerancia?» El reconocimiento, pues, por los Es- 
tados-Unidos, en el actual estado de cosas, seria una con- 



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:íh5 

travencion manifiesta al derecho internacional, ciiajrmie- 
ra que sea el tiempo que lleve de duración la insurrección 
cuiana. Los derechos de beligerantes no se regulan, por- 
que una lucha dure mas ó menos tiempo, sino por las 
condiciones en que los contendientes se encuentren, sobre 
todo el que trata de separarse del gobierno constituido. 

El Times de Nueva York, periódico relacionado con 
aquel Gobierno, también trató en un artículo del recono- 
cimiento de los 'rebeldes como beligerantes , y exhortaba 
H M. Grant á que pennaneciese sordo á tales reclamaciones 
porque si á ellas se accediese, sin disminuirse los deberes 
de la neutralidad, tal vez se baria imposible, porque aun 
cuando no encontrara en esta concesión motivo funda- 
do para un rompimiento, pudiera encontrarlo en cual- 
quiera de las espediciones fihbusteras que salieran de los 
puertos de la Union y con este motivo decía: «E! Alabama 
destruyó casi dos terceras partes de nuestro comercio, y 
unos cuantos vapores de buena marcha que con patente de 
corso y bandera espafiola saliesen de los puertos de Ingia- 
teiTa y Francia pronto darían cuenta de lo poco que nos 
queda. Nosotros no tenemos ni nunca hemos tenido un 
solo buque de guerra que sii-va para perseguir con éxito 
esta clase de coi-sarios; y dadas las simpatías naturales de 
esas naciones europeas hacia España y el odio concentrado 
que nos tienen, sus arsenales y sus puertos serian nuestros 
mayores adversarios; y todos los créditos supletorios que 
pidiese nuestro ministro de Marina no serian suficientes 
para improvisar una escuadra que fuese á vengarse á los 
puertos espafloles-B Estas declaraciones tienen mucha im- 
portancia por las confesiones que en ellas se hacen. 

Pero si en España se pronunció la opinión contra las 
gestiones de Mr. Sickles, enlaHabanala noticia que circu- 
ló sobre que iban á ser reconocidos los rebeldes como be- 
25 



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;i8G 

ligeraiites pradiijo una guau esploslon de enlusLasmo, poi- 
que para comprender el verdadero entusiasmo, el patrióti- 
co sin mezcla de miseria de partidos políticos, es necesario 
haber visto el de los espafioles en la isla de Cuba. «Todos 
seremos soldados, decian los españoles, contra cualquiera 
que nos provoque» y ya se sabe que esto no es una vana 
alharaca. Con este motivo se habia presentado al Ayunta- 
miento de la Habana la siguiente moción que fup aceptada. 

"Excmo. señor: Los que suscriben, qiic tanto «e honran con per- 
tenecer i este consistorio, considerando que interpretan los senti- 
mientos del mismo y de todos los eapaiioles de cela provincia hacen 
moción solemne para que, si V. E. se digna asi acordarlo, manillcste 
unavezmasporsl y en nombre de los referidos amantesy derenso- 
res de la integridad nacional, al Excmo. señor Gol) ernador superior ci- 
vil: Primero que están dispuestos, como lo lian estado siempre, i sa- 
crificar Tillas y liaciendas para sostener á todo trance la dignidad déla 
nación: Segundo; Que si por ventura algiin poder estraño desconocie- 
se con actos de directa ú indirecta hostilidad el derecho de España, y 
tentase contra el decoro de sn soberanía, el gobierno supremo puede 
obrar con entero desembarazo y enérgica decisión, sin detenerse ja- 
más ante el temor de que puedan esperimcntar perjuicios accidenta- 
les los habitantes de esta Isla, pues ellos antepondrían siempre á su- 
parliculares intereses el honor de la bandera nacional, que liebo apa- 
recer limpia y gloriosa ante todos los pueblos del mundo. 

y por üllimo, proponen también que se traslade integra esta mos 
cion á todos los muy ilustres ayuntamientos de esta provincia, solici- 
tando su adliesion 4 esta manifestación del mas acendrado patriotis- 
mo, que no dudan ni por un momento será acordada por V. E. 

Haliana, 24 de setiembre de tSGU.- Apolinar de l\ato.-3uau ^. Co- 
lomé.— Francisco F. Ibaíiez.— Mamerto i'uliiio.— Julián ilc Zulueta.— 
Anselmo G. del Valle." 

Además de este documento, circuló una alocución fir- 
mada por los espafloies y dirigida ú. la nación española 
en la cual se protestaba contra !a idea de vender á Cuba, 
país, dicen, que hemos descubierto, poblado y civiliza- 



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387 
do; uii país que nos debe desde h humilde cabana hasta la 
capital de 2!5,000 hahitantes, un país fecundado por nues- 
tro trahajo, elevado al rango de comercial por escelencia 
merced á la constancia y espíritu emprendedor de la con- 
tinua inmigración de la Península. Terminaba la alocu- 
ción diciendo que mientras aliente un solojespaaoi en la isla 
de Cuba no lograrán su deseo los que pretenden venderla ó 
comprarla; y que por su parte, los voluntarios, los españo- 
les todos, juran por cuanto mas sagrado haya en el mun- 
do, que mientras aliente uno solo de ellos no lograrán sus 
deseos comprador ni vendedor. El artículo, en nuestro sen- 
tir, inconveniente publicado por el Diario de Barcelona en 
que se proponía la cesión de la Isla 6. los Estados-Unidos, 
que mereció una protesta unánime de reprobación de parte 
de todos los buenos espaüüles, y las voces que sobre esto 
habían circulado acerca de proyectos en este sentido ali- 
mentados en los Estados-Unidos produjei-on sin duda esta 
manifestación tan digna de los que con tanta abnegación 
como heroísmo estaban sosteniendo en aquel país la ban- 
dera española. 

En cnanto á lo demás, ociosa en demasía nos parece la 
manifestación de M. Sickles sobi-e lo que España debe ha- 
cer con la isla de Cuba supuesto que no ha hecho otra 
cosa mas que buscar los medios de hacer su felicidad, y 
boy está dispuesta á concederle todo lo que deba serle 
concedido, sin necesidad de intercesiones estrañas que para 
nada necesitamos. No es esto decir que debemos desairar 
siempre al fiobierno de los Estados-Unidos cuando á nos- 
otros se acerque para tratar de la cuestión de Cuba; con- 
viene mucho á ambos gobiernos mantener buenas rela- 
ciones de amistad y no deberíamos ser nosotros quien con- 
tribuyese á que estos vínculos se relajasen, pero entién- 
dase que esfo habría de ser queclando siempre incóhime la 



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388 
dignidad y el honoi' de nuestra patria. Mr. Siclíles parece 
que no estaba muy al corriente de lo que significaba la in- 
surrección cubana, y casi nos dan tentaciones de creer que 
lo que sabe ó presume saber procede única y esclusiva- 
mente de los filibusteros quienes habrán tenido mucho cui- 
dado de ocultarle !a verdad. 

Sin duda el honorable Mr. Sickles no sabía cual era la 
política de los rebeldes, tan humana, tan digna de una na- 
ción civilizada, y por si la ignoraba, véase cuales eran las 
instrucciones que Céspedes habia dado á los jefes de parti- 
das y fueron encontradas á un titulado Coronel Callejas; 

"So asegura que Ilera(^d¡os está sin fuerzas españolas: el C. Casa- 
nova apreciari, si por medio de im movimiento ¿níi^co es factible 
apoderarse do esa plaza para liaceria desaparecer completamente, 
despuesdeaproveciiar cuanto ella contenga, lo cual debe ejecutarte 
con laclas las que caigan en nuestro poder, ta oue nos es iuposble 
GONSBnvAiiLis por carecer de los indispensables recursos, ya también 
porque el enemigo se vale de esos centros para guarecerse, esforzar 
su resistencia y perseguirnos ,. 

iDestrüyanse por el fuego y por el pico, no solo los pueblos, sino 
las casas fuertes délos campos donde quiera c! enemigo acamparse y 
no ofrezca mi éxito favorable su defensa - 

"Sublévense las dotaciones de las fincas, disponiéndose que los li- 
bertos útiles queden en tas villas para la campaña, y los otros remi- 
lanse al Camagüey, de modo que sus antiguos dueños pierdan las es- 
peranzas de volver á poseerlos, practicándose la remisión sin consul- 
ta por el que la lleve á cabo, con la mera condición de comunicar!» 
al jefe de operaciones y este al Gobernador del Estado. También debe 
echarse mano de las dotaciones de asiáticos.» 

A estos hombres era á los que el representante ameri- 
cano quería que se les tuviera las consideraciones que la 
leyes de la guerra marcan entre los pueblos civilizados. 



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CAPITULO XXVIII. 



Ofiícíon que dirig-en al Heg-ente del reino los Catalanes.— El Perü reco- 
jcela independencia de los rebeldes.— PreparatiTos de nuevas eínedi- 
oneapiráticaa,— Circular del Ministro de Ultramar.— Conducta de aleu- 
is deportados y consideraciones que con ellos se tienen.- Estado de !s 
surracoion al año lie liaber prinoipladu. 



La VOZ del patriotismo no podía permauecer muda en 
España y con gran satisfacción vimos una exposición que 
personas muy importantes de Cataluña dirigieron con fe- 
cha 25 de Setiembre al Regente solicitando se adoptasen 
las medidas mas eficaces para acabar pronto con la insu- 
reccion de Cuba. Parece que idénticas exposiciones se ha- 
bían redactado en otras provincias, pero no tenemos datos 
acerca de ninguna de ellas He aquí el texto de la entu- 
siasta exposición á que aludimos: 

«Señon un año cumplirá líien pronto que la (¡omínacion española 
en America aclialla en peligro: un añoliace ya quo lashrisas dellAt- 
láutico traen á los oídos de la madre patria el clamor incesante de al- 
gunos millares de sns bi]os que demandan socorro para librar a! pats, 
al gobierno y á la revolución de la mas afrentosa ignominia que han 
registrado las liistorias; y la suerte de Cuba permanece todavía inde- 
cisa porque la metrópoli, menos celosa de su honor iiue aquella leja- 
na porción desús dominios, responde con tibieza y con desaliento al 
pótenle grito de iViva Españal que allende los mares enardece tantos 
corazones, y difunde todavía ciego terror entre los enemigos de la 
patria. 



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;!90 

»Los rofueraos ünviaiins bastan, es vcriíad, pura [irolonjiar la lu- 
cha siempre con gloria de nueslras armas, pero (isa ludia. Sefior, es 
preciso que termine, ypronío; antes ijue nuevas complicaciones es- 
terilicen los Iriiinfos aleansadoa, antes que la ruina de aquel territo- 
rio sea poco menos doJorosa y degradante para España, que si defl- 
nilivamentc quedase perdido para nuestra uacion; anics qne la bra- 
vura de los que allí mantienen lan alta la honra española se debilite 
por la misma dnracion del esfuarzo. 

«¿Gonseniirún los denodados caudillos de la revolución de Setiem- 
bre qne ila historia señale su paso por las esferas del poder, con la 
mengua de quedar espulsada y proscrita la bandera española de las 
regiones por ella civilizadas, y donde & ilespcclio de mil contratiem- 
pos y desastres, ha ondeado por espacio de cuatro siglos? 

B;.Gonsentiríin qne los futuros historiadores hayan de Inquirir con 
severo eximen cuales pueden haber sido las causas de tamaña humi- 
llación? 

«Por qiié las generaciones venideras no podrán persuadirse de 
que la noble fiereza del carSclcr español, su ardimiento y su constan- 
cia permanezcan adormecidos en ocasión tan critica para el porve- 
nir do la patria si se alzara vigorosa y entusiasta la voz de los gober- 
nantes para inHamar los ánimos y despertar con viveza el sentimien- 
to de nacionalidad. 

"íGómo esplicar, dirán nuestros descendientes, que los promove- 
dores déla revolución de !8G8, los que dieron el impulso para inau- 
gurar una nueva era que se llamú de honra nacional, los valerosos 
en Cádiz, los licroes de .Ucolea fueran impotentes para evitar que se 
consumara el desprestigio del nombre español en America? 

»Pcro no se haría esperar tanto el anatema. 

»Si Cuba perece, la maldición del país caerá instantánea sobre 
aquel gobierno que haya dejado escapar de las manos tan preciosa 
joya; no liabria fuerza, ni prestigio, ni popularidad capaces de resis- 
tir el efecto de tan inmenso descalabro. 

"¿Qué importan. Señor, las cuestiones que aqui nos dividen, los 
intereses de partido, las formas de gobierno, siempre pasageras y 
mudables, ante ia cuestión vital, ante tos Intereses permaneules qne 
représenla para España la conservación de Cuba? 

"Lancomna allá, si es necesario, el eiéreilo español en masa; llá- 
mense !as reservas; háganse reclulaní ionios estraordln arios; (]uba, 
solo pide brazos españoles, corazones que latan por España. 



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391 

"¿No se alzarla on armas la nación entera si viese amenazada la in- 
tegridad de su territorio en la l'enlnsiilaí 

"iYBcrá posible que la perla de las Anlillas oscile menos el ardor 
nacional que cualquiera de nuestras provincias! 

"Si con acendrado patriotismo se dirige un llamamiento al país, 
el pofs, responderá con decisión y entusiasmo, y el suelo de Cuba 
quedará en breve cubierto por legiones de valientes y la insurrección 
severa sofocada y aplastada. 

"Hoy mismo lo mas llorido y robnslo de nuestra juventud se ale- 
ja con tristeza de las playas españolas en busca de remotos climas y 
eslraños paiacs donde hallar menos aciaga snerle de la qnc ofrecen 
por desgracia en España d abatimiento de! comercio, de la industria 
y de las artes, la esterilidad de todas las fuentes de la producción. 

"La juventud oirá sin duda la voi del Oobierno y preferirla cobi- 
jarse bajo la bandera de la patria, luciíanilo con gloria eu la isla de 
Cuba; falla solo estimular su patriotismo, publicar basca de organiza- 
ción, aprovechar, en una palabra los generosos ofrecimientos de los 
españoles cubanos, que no salistechos con verter su sangre, quie- 
ren agotar los últimos restos de su ya muy mermada fortuna, en con- 
servar para España la posesión de aquel territorio. 

"El comercio, la industria y las clases productoras de Calalnfia en 
general acuden ai Gobierno recomendando que no se malogren tan- 
tos y tan heroicos sacrlílcios; y como porta-estandarte del honor na- 
cional se dirigen á V. A. para rogarle que tomando la iniciativa de nn 
supremo esfiierío, no consienta que se prolongue un día mas la incer- 
tidurahre sobre la suerte que podrá caber á la isla de Cuba. ■ 

Confesamos que al leer esta patriótica y sentida expo- 
sición, se nos ensanchó el alma porque veíamos la espre- 
sion de nuestros sentimientos acerca de lo que déte ha- 
cerse respecto á la isla de Cuba. El pueblo español, sumido 
en un ['profundo abatimiento, victima parte del cansan- 
cio y del excepticismo, parte juguete de las malas pasio- 
nes, y entregado á las estériles luchas de los partidos, 
necesitaba un llamamiento enérgico que le despertase y 
recordara sus antepasados, los del 2 de Mayo, los que re- 
rechazaron y arrojaron de España con ignominia á las 



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392 
huestes del gran Oapitau del siglo que querU arrebatar- 
les su indepenilancia. ¡Ouiéii había de pensar que en tan 
poco tiempo hubiéramos de sufrir tan grande cambiol 
iQuién, en 1808, hubiera podido sospechar que había de 
llegar un dia eii que se tratase de arrebatarnos una ijarte 
integrante de nuestro territorio, y aquella Espafia tan 
grande contemplase impasible los esfuerzos de nuestros 
enemigos! Nosotros hubiéramos querido que los no- 
bles y elevados sentimientos, con tanta energía como 
verdad expresados eu la exposición que antecede, hubie- 
sen sido el grito unánime y espontáneo del país; hubié- 
rase dado entonces un gran espectáculo digno de admi- 
ración, si la España con honra, en masa, como en los tiem- 
pos en que combatía con tanto heroísmo contra Napoleón, 
se hubiera levantado vigorosa y entusiasta para salvar 
á nuestros hermanos, ya que los gobernantes no alzaban 
su voz para inflamar los ánimos y despertar con viveza el 
sentimiento de nacionalidad. La exposición de los catalanes, 
al aflo de haber estallado !a insurrección cubana, es un 
eco profundo de dolor, un iay! de angustia de pechos 
esfoi-zados, una protesta solemne contra los responsables 
de la ruina de la Isla, contra el egoísmo de ios mas en 
España, y contra los que tenían la culpa de que el nom- 
bre español anduviese tan mal parado después de un aüo 
de lucha inverosímil y en que solo puede creerse por te- 
ner á la vista la triste realidad. Pero el pueblo, ó apático, 
ó lleno de estupor por los sucesos que presenciaba, ó arras- 
trado por el vértigo revolucionario, dejaba marchar ias 
cosas, y el gobierno harto tenia que hacer con buscar 
soluciones imposibles y absurdas para organizar el país 
tan desorganizado, y salii' del caos en que nos encontrá- 
bamos; la cuestión de Cuba era una cosa muy secunda- 
ria, casi un átomo comparada con los cabildeos, las mi- 



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393 
serías departidos intransigentes, las pretensiones ridiculas, 
la estrechez egoísta de miras y la falla de pudor y patrio- 
tismo de los amhiciosos y délos que no hadan sino po- 
ner obstáculos á íin de que no pudiera España responder 
dignamente al grito de dolor de nuestros hermanos de 
Ultramar. 

¿Qué sucedía entretanto en !a Isla de Cuba? Todos los 
Ayuntamientos iban dirigiendo a! Gobernador superior 
exposiciones análogas á la moción del de la Habana; se 
aceptaban las letras giradas para el pago de! trasporte á 
las tropas, independiente de los li millones de pesos 
garantizados y recibidos; se ofrecían de buena voluntad 
todos los recursos con que los leales contaban; se con- 
tinuaba en el alistamiento de voluntarios para formar 
reservas, y comisiones de los voluntarios de la Habana, se 
presentaban al Subinspector del arma rogándole que ma- 
nifestase al Capitán general sus deseos de salir todos á 
campana para destruir al enemigo común. ¿Es qué los 
españoles de Cuba , eran otra clase de hombres cuando 
tan decididos y tan compactos se presentaban para lo 
mismo que a<¡ui se habia estado mirando con tauta frial- 
dad? No: es que los españoles de Cuba no eran mas que 
espaüoles; es que allí no se proclamaban principios de 
ningún partido político sino el de la integridad nacional. 
jDíchosos ellos en medio de los disgustos y sinsabores 
que han tenido que sufrirl Muy estrecha cuenta pedirá 
la historia algún dia á los partidos políticos de España, 
solo atentos & mezquinos intereses que han contribuido 
en ;mucha parte á la duración de la lucha , enervando 
toda acción y todo movimiento para terminarla. Gracias 
que ahora el Gobierno, venciendo obstáculos que somos 
los primeros en reconocer, al lin ha hecho un llamamiento 
al país y ha encontrado cuantos voluntarios deseaba y mas 



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39'! 
que hubiera qiierido; si antes hiiLieva escitado el senti- 
mientos nacional hubiera hecho un gran bien. 

El Gobierno del Perii , no satisfecho con haber reco- 
nocido á los rebeldes como beligerantes, les reconoció 
ademáis como independientes, y con este motivo hubo en 
Nueva-l'ork gi andes fiestas, y el representante perua- 
no tuvo en su casa gran recepción. Pai'ece que hablan 
salido emisarios á las demás repúblicas hispano-ameri- 
canas, para trabajar en ellas en este mismo sentido, y no 
extrañaríamos que alguna de ellas siguiese el ejemplo 
del Perú, En Méjico se trabajaba muy activamente con 
este objeto; habia junta en Veracruz y en Mérida (Tuca- 
tan), y hasta parece que en el golfo de Méjico se estaba 
preparando una espedicion filibustera. Hablando de esto 
mismo el Cronista de Nueva-Yorlt, decia que, según se su- 
surraba, el Sr. Hacías habia comprado en Inglaterra dos 
vapores, destinado uno de ellos pa.ia llevar á Puerto-Rico 
una espedicion que estaba organizando el coronel Ryan, 
combinada con otra que se estaba formando en Curazao y 
en Venezuela; habiendo sido bautizados estos vapores con 
los nombres de Diez de Octubre y LiberUid. De Nueva- York 
habla salido el vapor Alabama con varios centenares de 
hombres y material de guerra para los cubanos; en Midle 
(Georgia) se estaba organizando un cuerpo de espedicion 
filibustera; y por último, los dos vapores Sillian Santa Mar- 
iha hablan salido sin novedad de Nueva-Orleans con direc- 
ción á Cayo Cedro para tomar una espedicion y conducirla 
á Cuba, después de lo cual el Marlha haría el corso. Men- 
tira parece que tales cosas hayan podido hacerse en puer- 
tos amigos, sin que los representantes de las autoridades 
federales haya evitado semejantes escándalos. Afortunada- 
mente todas estas espediciones son poco graves y no hay 
miedo de que pongan en peligro nuestra causa; pero nos 



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:m 

parece que el gobierno de los Eslados-tliiidos, ha distado 
mucho de llenar los deberes de la neutralidad. 

Muy necesarario es que nuestra marina do gner- 
ra redoble su actividad, porque ya está visto que no 
limitan los rebeldes á enviar expediciones con gente, 
armas y pertrechos, sino que también preparan corsarios 
como el Homet, y seria muy desagradable que sucediese 
una desgracia ií nuestros buques mercantes, io cual se- 
ria también una mengua para nosotros. 

Por el ministerio de Ultramar se dirigió al Capitán ge- 
neral de Cuba la siguiente circular; 

"Escmo. Sr.: Hoy qne el verdadero estado de la insurrección cu- 
lona es conocido del ((ug suscribe con datos seguros y ciertos ; hoy 
que lacucstion lie fiicrja entra en un periodo de descenso apresura- 
do por la euiírgicaaclilna del noble pueblo cspaiiol. por el natural 
desaliento que ella ha producido en el ánimo de los ¡uBiirreclos, por 
las ventajas que paulalina pero seguramente van obteniendo nuestros 
valerosos soldados, á quienes secundan con ardor y patriotismo los 
voluntarios de la Isla, por la manifestación cada dia mas pujante de 
la opinión piíblica, y finalmente, á causa del horror que inspiran los 
medios reprobados de nuestros enemigos, es posible y ademSs ur- 
gente indicar et pensamiento general del Gobierno acr rea de las re- 
formas que la revolución lia hecho necesarias en Cuba, y decir asi- 
mismo la decisión que le anima, aun continuando el estado de fuersa, 
de limitarse eii el empleo triste pero necesario que de ella debe ha- 
cerse á lo estrictamente preciso para sacar incólumes la lioiira na- 
cional, iainlegridad del territorio, el principio de autoridad y la liber- 
tad lamtijen, que es su hermana Inseparable. 

Antes de ahora este paso huhiérase calificado por algunos de co- 
bardia, por oíros de asechanza, por los mas tal vez aventurado; y por 
lo mismo el que suscribo se limitó k exponer su pensamiento, que es 
el del Gobierno, allí donde ninguno de los peligro^enunciados pudie- 
ra suponerse. Por eso al dirigirse al Gobernador superior civil de Fili- 
pinas procuró determinar la influencia necesaria de la revolución de 
Setiembre en el régimen colonial, como al proponer á la aprobación 
de S. A. el Itegcnte del reino algunas reformas aplicables á Puerto 



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390 
Rico lia tenido especial cuidado en mostrar que el espíritu vivilicador 
de la revolución de Selietnbrc lras[iasa loa mares; y como en oíros 
tiempos la Bspaña del siglo XV esparcía las semillas de la civIlIzacíoD 
■europea sobre el suelo de la virgen America, ahora laEspai'ia franca- 
mente revolucionaria lleva tamlilen el ospirltu de libertad y Jnsticia k 
las apartadas regiones cu que por un anacronismo histórico ó un te- 
mor pusilánime se ba conservado todavía el régimen del despotismo. 

Pero esta obra regeneradora y de justicia no es asunto que pueda 
tratarse de una ves y en un solo momento, habida consideración á 
las múltiples cuestiones que envuelve, asi políticas como sociales, 
económicas y jurídicas; y aunque en ese ministerio obran antece- 
dentes numerosos y estudios concíenaudos que permiten acelerar las 
medidas, todavía es preciso contar con el concurso de las i;órtes so- 
beranas, que por fortuna muy pronto han de reanudar sus tareas; y 
sí el estado de la Isla lo permitiera, en breve plazo sus diputados 
vendrian á compartir con los constituyentes peninsulares y con el 
Gobierno nacMo de la revolución de Setiembre la envidiable y repa- 
radora obra de regenerar á Coba por medio de la libertad. 

En el ínterin el que suscribe, como V. E. Iiabri observado por las 
disposiciones que oportunamente se le comunican, procura someter 
á la resolución del Regente lodos aquellos puntos y cuestiones poliíi- 
cas, administrativas ó de otra índole , sobre los que no parece que 
debaexisllr diversidad de opiniones, ó que no envuelven algún peli- 
gro, atendida la especial situación del territorio que osla encomen- 
dado á la autoridad y patriotismo de V. E. 

Pero no basta esto en los momentos actuales; y aunijuc sea iunc- 
cesarioescitar elceloreconocido de V.E.,no parece Importuno rei- 
terarle que, en uso de las eslraordinanas facúltales de que se Inlla 
investido, realice cuantas economías sean compatibles con el buen 
servicio, y castigue con mano Arme y entereza inquebrantable cual 
quier abuso, cualquier falla de moralidad cualquier desorden pro- 
ceda de quien quiera, por alta que sea íu calcgorLa I no de los vi 
Dios, fuerza es decirlo sin ambajes ni paliativos que mas lian contri 
huido i preparar en Cuba el lastimoso estado de rebeldía por que hoy 
pasa ha sido el desorden administrativo y la sospechosa conducta de 
algunos funcionarios, que como aventureros han creído hallar ilion 
inagotable para su avaricia en el mal desempeño de su cometido. No 
es esto decir que muchas y honrosas escepcloues no puedan contar- 
se; pero en medio de ellas taoibicn se levantan aterradores ejemplos 



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397 
de perdición, lanío mas nofados, cuanto qae !a opinión pública, cuyo 
olicio priaeipal es de censura y calilicacion, descubre co» mas em- 
peño las sombras de la inmoralidad que la Irasparencia de ia Tirtud. 
Que la autoridad, que la administración se inspiren en ia justicia y 
en la rectitud, en medio del estado escepcional y ile fuerza actual, y 
contra los oneniigos mas declarados y mas Tituperabies por sus ac- 
tos. Cierto es que el estado de guerra no existe en Cuba, porque no se 
combaten enemigos exteriores, sino rebeiilcs; pero aun así, si las le- 
yes del derecho positivo no se pueden invocar, apliqu éraosles nos- 
otros las leyes de la liumanidad y de la misericordia cuando cesen ¡os 
momentos de I» lucha y la victoria corone nuestros esfuerzos. El ven- 
cido, el que se rinde bajo la fé empeñada de respetarle en su derecho, 
que lambioiilos prisioneros lo tienen, es un sagrado que la hidalga 
España cubre bajo su égida, y quien quiera que le veje ó le maltrate 
falta al derecho humano y lastima la honra de esta calwllcresca na- 
ción. Si ha cometido un delito, si su cond ta pun bl I l bu 
nales lo decidirán, otorgando cuantas ga nlt ge I d I 

pero á nadie es licito, cualquiera que sea u I ia j d on 
invadir el poder soberano de la justicia, qu m d anl f m a j ta 
dcclaracldeUloyaplÍEalasaucion. Porlom m \ t u d 'i pe 
ciaimenle de hacer que estas prevencione I n n mpl d f to 
castigando severamente al que, con agravio de ta liumanidad y me- 
noscabo del poder judicial, traspasare los limites en que debe encer- 
rarse en sus relaciones con los vencidos, prisioneros ó los que deban 
sujetarse a la acción de los trihimales. 

Pero asi como el Gobierno reconoce y declara este derecho hu- 
mano quo distingue á la civilización moderna de todas las anteriores, 
asi también se halla dispuesto á sostener incólume la nacionalidad 
española, empleando para ello la fuerza en sus justos limites si, pero 
con la cslension y constancia que requiere tan sagrado propósito, y 
con la firmeza caraeteristica de un pueblo que ante el peligro de per- 
der su integridad é independencia se alz6 como un solo hombre, os- 
cureciendo con su empuje patriótico la estrella del conquistador has- 
ta entonces mas afortunado, del ejército hasta aquel momento mas 
victorioso de! mundo. 

Mo se ocultan al Gobierno los recursos Mtupcrables a que los in- 
surrectos acuden para alcanzar una imposible victoria ora apelando 
ai despojo, ora al incendio y otros medios mas reprobados todavía; pe- 
ro no obstante ello, las fuerzas españolas debea hmilarsL a impedir 



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con lodo cuidado y rechazar esa dovastacion vandilica; perctnunca y ! 
por ningún concepto les cslicilo emplear las represalias de tal góuero, 
indignas cu todo caso, mas indignas cuando el que las ejerce se halla 
asistido de la fuerza del derecho y del derecho de la fuerza. 

Interesa mucho que por los medios que estén al alcance de V, E. 
baga comprender i los insurrectos que el Gobierno no se apartará de 
estalineadecondiicta; pero que tampoco dejará de someter á los tri- 
bunales de justicia, para que el derecho común les sea aplicado en 
todo su saludable rigor, á cuantos cometan cualquier alentado contra 
la persona ó las propiedades de ciudadanos Indefi-nsos. 

Todo loqnedeórden de S. A. el Regente del reino tengo la honra 
de comunicar fi V. E. para su puntual cumplimiento. Dios guarde á 
V. E. muchos años. Madrid 23 de Setiembre de iSñí).— Decerra.— Es- 
celentísirao, señor gobernador superior ciril de la isla de Cuba.» 

En esta circular encontramos manifestaciones muy dig- 
nas de tomarse en cuenta y que honran al Sr. Becerra, al 
decic de una manera Ijiea trasparente que no trataba de 
precipitar las cosas sitio de esperar para la resolución de 
las graves cuestiones á que se presentase ocasión mas opor- 
tuna. Quiera Dios que se mantenga el Ministro de Ultramar 
en este terreno. Lo que nos parece verdaderamente notable 
por el sentimiento de verdad que encieri'a es lo relativo á 
la conducta de algunos funcionarios pütilicos en !a Isla. 
Siempre hemos oído decir que el Sr. Becerra es hombre 
honrado, y el párrafo á que nos rcferimes !o revela; es el 
grito de indignarían de un hombre que lia sabido poner 
el dedo en la llaga y cuyo corazón se subleva contra la le- 
pra que en efecto, por vergonsoso que sea decirlo, ha exis- 
tido y no nos atrevemos á decir que no exista. Aplaudimos 
la noble franqueza del Sr. Becerra al presentar á la ver- 
güenza publica á los aventureros que han creído hallar el Il- 
ion inagotable para su avaricia en el mal desempeño de su co- 
metido, y á buen seguro que prestará un gran servicio á 
aquel país, que le seria muy agradecido, si consigue arran- 
car de raiz la mala semilla que tanto ha fructificado y hace 



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qufi sea una verdad que el fuiícioaario püliiico va á L'ltfa- 
mar á servir á su palria y á vivir con el sueldo grande ó 
p&xueño que recibe y no á enriquecerse. El funcionario 
público que sin mas recui'sos que un sueldo, por lo co- 
mún no inuy crecido, deslumbra con su hijo y se hace en 
efecto rico tiene formado su proceso en la opinión de los 
nombres honrados. Contra aquellos hombres cuya inmo- 
ralidad sirve para que nuestros enemigos midan á los de- 
más por ellos no debe haber piedad ni conmiseración. 
iOjala pudiéramos aplaudir del mismo modo el decreto en 
que envió la libertad de cultos, á Cuba y Puerto-Rico! En 
nuestro juicio esta medida no solo fué impremedüada sino 
que la «■eemos grandemente perjudicial para aquellas pro- 
vincias donde mas que en ninguna otra parte se debe man- 
tener vivo el sentimiento religioso de la unidad católica; si 
este sentimiento se relaja y se relajará, con medida tan in- 
conveniente, entonces nada bueno debemos esperar. El 
tiempo se encargará de demostrar si nuestras apreciacio- 
nes ROO ó no fundadas, por aquello de que el tiempo es el 
maestro de las verdades. 

La Gaceta de la Habana continuaba llenando sus colum- 
nas con los nombres de las personas á quienes se embar- 
gaban sus bienes por insurrectos ó cómplices de la insur- 
rección, y el capitau general seguía enviando á la Penín- 
sula en clase de deportados d aquellas personas que juzga- 
ba eran un peligro en el pais. No nos toca, ni es nuestra 
misión, averiguar si eran en efecto culpables los deporta- 
dos; lo (mico que sobre este particular diremos es que lue- 
go que llegaban á los puertos españoles, se les dejaba en 
completa libertad, de suerte que muchos de ellos desde el 
puerto de desembarque, como sucedió en Santander, se 
marcharon arrancia á reforzar el comité insurrecto que 
allí existe ó á Nueva York con el mismo objeto. Algunos 



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400 
de los que aquí quedaron, lejos de abandonar sus antiguas 
maitas, continuaron en ellas con mayor ahinco, tanto que, 
sin asombro, leímos en im periódico que el Gobernador de 
Santander habia llamado á varios deportados que allí re- 
sidían y les ordenó se trasladasen & otro punto, pues se- 
gún públicamente se decia, estaban pagando agitadores con 
el fin de impedir el embai-que de las tropas para Cuba. 
También, como dato importante y como muestra de las in- 
fluencias que se ponían en Juego, se denunció el hecho de 
habei-se empleado activas sugestiones con los batallones de 
marina que se embarearon en el Ferrol con dirección á 
Cuba para que rehusaran embarcarse y se sublevaran. En 
nuestro juicio el Gobierno estuvo poco cuerdo y en dema- 
sía confiado al conceder á los deportados la libertad que 
les dejaba, sin que por eso tratemos de amargar su suerte 
que harto desgraciada es con la deportación que sufren; 
pero cuando la autoridad superior de Cuba les enviaba, 
poderosas y muy fundadas razones tendría para ello, y 
obligación del Gobierno es vigilar pai'a impedir que se fu- 
gasen ó desde aquí trabajasen contra nosotros; ni mas ni 
menos que si hubieran estado en las Cinco Villas, en el Ga- 
magüey ó en Sierra-Maestra. Yno es esto solo: hubo perso- 
nas que vinieron & la Península á cumplir una condena de 
presidio que les fuú impuesta por un tiibunal por el delito 
de conspiración y sin embargo, á poco de llegar, se les víó 
en entera libertad, haciendo alarde del favor de que goza- 
ban y de una impunidad que sublevaba. Grandemente se 
equivocaba el Gobierno si creía que habia de adelantar algo 
con esta conducta tan poco en consonancia con ¡a índole 
de nuestros enemigos y con el estado de Cuba. No pedi- 
mos crueldad al Gobierno pero si saludable severidad con- 
tra los enemigos de España. 

Para concluir estos apuntes, vamos á decir el estado de 



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401 
]a insurrección á fines de Setiembre y principios de Octu- 
bre hasta e¡ 10, funesto aniversario del origen de tantos 
horrores y desventuras. En el departamento Oriental los 
insurrectos estaban destruidos, y solamente quedaban par- 
tidas mas ó menos numerosas, pero desmoralizadas. El 
enemigo fué completamente batido en Ñipe, en Sevilla, 
en Sidonia, en el cafetal Pelisier, en Cauto-Ábajo y Palma 
Soriano, donde nuestaas tropas tuvieron la suerte de en- 
contrarle, tomándole sus campamentos, en algunos de los 
cuales, como los de Sevilla y Sidonia, tenia de 500 á ! .200 
hombres, aunque muchos de ellos eran negros de los de 
carne de cañón. En Cauto-Abajo y Palma Soriano, el co- 
mandante de ingenieros, D.Juan Suarez é Izquierdo, to- 
mó las posicionss atrincheradas de los insurrectos, en un 
trayecto de cinco leguas, en un terreno escabroso y prepa- 
rado de antemano para una defensa irrisoria. Los genera- 
les insurrectos Jordán y Mármol, que mandaban las fuer- 
zas allí reunidas, dieron mala cuenta de sus personas, 
pues no solamente huyeron vergonzosamente, sino que 
dejaron en el campo mas de 80 muertos. Parece que solo 
quedaban á Jordán 17 compañeros de los que desembar- 
caron con íl, de suerte que los demás han caldo por el 
plomo de nuestros valientes; igual suerte cabrá á los que 
vengan á tomar parte en tan iemeraria como inicua era- 
presa. Aceptada la dimisión del general Lalorre, el gene- 
ra) Villate, la gran figura de esta guerra, habia sido nom- 
brado para sustituirle en el gobierno y comandancia ge- 
neral del departamento Oriental. El general Villate pres- 
tará servicios en cualquier punto donde esté, como los ha 
prestado en las jurisdicciones puestas á su cargo, á pesar 
de los escasos recursos con que siempre ha contado. 

En las Cinco Villas no habia progresado la rebelión, pe- 
ro la verdad es que los incendios y las devastaciones con- 
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Í02 
liniiabaii á la ói-deu del día, sin que hiibiera medio de im- 
pedic el ma!, sobre todo en Trinidad, donde los incendios 
llegabaa casi á las puertas de la ciudad. Columnas d<? sol- 
dados y voluntarios recorrían el terreno y de vez en cuan- 
do encontraban á los facciosos, quienes llevaban su me- 
recido; pero no pasaba todo de pequeiías escaramuzas sin 
resultado. Los rebeldes, como el genio del mal, no eran 
visibles sino para causar daílos, y cada dia que pasaba era 
una nuevaruina. EnSancti-Spíritus, el coronel O'daly sos- 
tuvo un brillante encuentro con los enemigos que teuian 
un numero tres veces mayor que las escasas fuerzas que 
él llevaba, habiéndoles causado grandes pérdidas á pesar 
de haber sido herido desde el principio del encuentro. Al- 
gunos cabecillas se liabian presentado á indulto, otros ha- 
bían muerto, entre ellos Ángel Castillo, según á última ho- 
ra se anunciaba, y otros hablan ido al departamento Cen- 
tral á buscar armas y gente. La insurrección en las Cinco 
Villas siempre fué de importancia, ya que no por e! nú- 
mero y valor de los insurrectos, por el grave peligro que 
habia de que pudiera estenderse al interior de del depar- 
tamento Occidental, como ya se verificó, aunque con bas- 
tante mal resultado. Tambiea en la Vuelta Abajo hubo 
sus chispazos; pero por fortuna se acudió á tiempo para 
impedir que la insurrección se propagase. El instinto con- 
servador iba dando su resultado, en vista de la marcha ca- 
da vez mas salvaje de los rebeldes, y con satisfacción vi- 
mos que los hacendados princiaban á volver sobre sí, tan- 
to que en la Macagua hablan acordado reclutar gente á sus 
espensas pai'a la defensa de sus propiedades, poniendo un 
ginete aimado por cada 501) cajas de azúcar que produge- 
ren sus ingenios. Mientras los intereses conservadores es- 
tén encerrados en los límites del frió egoísmo ó del miedo, 
imputables serán á su apatía todos los males que les suce- 



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403 
dan; y lo mismo decimos respecto á la isla de Cuba que á 
la Península. Mientras que los hombres honrados, que son 
los mas, se limitan á deplorar en silencio ó entre amigos las 
•demasías de los pervereos, que son los menos, sin hacer 
mas que esti^riles lamentaciones, cuando podrían y debe- 
rían agruparee todos para acabar con la cizaña, no tendrán 
nunca derecho para quejarse de las tropelías y desafueros 
■que ellos mismos pudieron y debieron rechazar. Si la in- 
fluencia moral basta, esta debe emplearse; si es preciso re- 
chazar la fuerza con la fuerza, sin vacilar se debe apelar á 
este recurso como medio de conservación y tuitivo de la 
sociedad. De otro modo nada significarían los intereses 
conservadores sino una palabra sin sentido. 

En el departamento Central, después de la derrota de 
las Tunas, que los laborantes cubanos tuvieron las desver- 
güenza de celebrar con una fiesta en Nueva-York como si 
hubiese sido una victoria, nada notable ocurrió . No debían 
■estar muy pujantes los insurrectos, á pesar de tener allí el 
foco de la insurrección, cuando pennitieron que llegase 
á las Tunas un convoy que, por óiden del general Villate 
salió de Cauto el embarcadero custodiado por una fuerza 
que no llegaba á 600 hombres, y eso que en todo el cami- 
no dejaron de hostilizar á nuestros soldados, pero sin nin- 
gún resultado, habiendo cogido prisionero el comandan- 
te de !a contra-guerrilla, Valmaseda, al cabecilla D. Juan 
Sancho, con toda su escolta. Ei tiempo era malo por las 
continuadas lluvias, que habían puesto los caminos in- 
transitables, y el vómito continuaba haciendo estragos en 
Puerto Príncipe, aun cuando había bajado bastante; en 
Trinidad atacaba con mas fuerza, aun á los naturales del 
país. La insurrección, en el grado de desmoralización & 
que había llegado, no necesitaba para concluir mas que 
una persecución activa y vigorosa, como esperamos se 



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haga luego que lleguen todas las fuerzas que para el efec- 
to se preparan. Qae el Gobierno no ceje, que los partidos 
tengan el patriotismo y la abnegación bastante para com- 
prender hasta qué punto está empeñado en Cuba el honor 
nacional, para no suscitar obstáculos, que en último tér- 
mino no hacen sino acrecentar nuestra humillación y dar 
fuerza á nuestros enemigos, y no haya miedo de que Cu- 
ba se pierda para España. Los españoles leales, peninsu- 
lares é insulares, que allí residen, son una garantía segu- 
ra de que la integridad del territorio quedará incólume, 
pero añadamos nosotros algo á sus hei-óicos sacrificios; 
contribuyamos todos, moral y materialmente, al triunfo 
de la buena causa, y Cuba volverá á ser lo que era; una 
provincia sumisa de España, á cuya sombra ha crecido ri- 
ca, próspera y feliz como antes era, como deseamos que 
sea y como tiene derecho á serlo. 



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CONCLUSIÓN. 



Hemos concluido nuestro trabajo con el sentimien- 
to de no haber podido presentar á los lectores el agra- 
dable cuadro de la paciGcacion de la isla de Cuba en 
cuya obra tanto interés debemos tener todos los bue- 
nos españoles; quiera Dios que otro mas afortunado 
complete en breve plazo estos apuntes hablando de la 
insurrección como de cosa pasada. Ágenos á todo es- 
píritu de partido, que en trabajos de esta clase no de- 
be tener cabida, creemos haber satisfecho nuestro 
propósito; y si en algunas ocasiones hemos tenido que 
dirigir censuras al Gobierno, ha sido porque nuestra 
conciencia asi lo exigia, y no acostumbramos á transi- 
gir con la conciencia. Ojala que libre de obstáculos con 
su conducta futura contribuya á que se remedien los 
males que se han causado, haciendo de modo que 
pronto, muy pronto termine la lucha fratricida qua 



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406 
desoía sin piedad los campos de Cuba y es un borrón 
en la honra de España porque hace un año que dura, 
la calamidad y es una mengua que esto suceda. 

Con profundo dolor hemos visto y oído lo que ja- 
más hubiéramos esperado: al hablar de la situación 
de Cuba á hombres á quienes hasta ahora hablamos 
tenido por serios, por patriotas y por dignos de los 
altos puestos que ocupan, á unos los hemos visto en- 
cojerse significativamente de hombros; á otros les he- 
mos oido decir que lo mejor seria abandonar la Isla 
como se hizo con Santo Domingo, ó venderla. Afortuna- 
damente no son muchas estas almas miserables y frías, 
cuyo horizonte está reducido á lo que su egoísmo ne- 
cesita, y que han usurpado una opinión que nunca han 
merecido. ¡Abandonar ó vender la Isla! primero debe- 
riamos sepultarnos todos debajo de sus ruinas. Al pue- 
blo español nos dirigimos: toda idea, toda palabra que 
vaya encaminada al abandono ó venia de Cuba es un 
crimen de lesa nación . Si el abandono llegase á realizar- 
se, nuestra honra ya tan malparada, quedaría con una . 
mancha indeleble que nos baria avergonzarnos de ser 
españoles, porque seriamos el ludibrio y la befa de todo 
el mundo. Los españoles que permitiesen tal afrenta 
renegarían de sus padres, renegarían de su historia, 
renegarían de sus glorias y serian mucho mas misera- 
bles y degradados que los romanos del bajo imperio, 
¿Saben lo que dicen los que no verían con pesar el 
abandono ó la venta de la isla de Cuba? ¿Hasta tal grado 
se ha perdido el sentimiento de la dignidad y la vergüen- 
za? Pues tengan presente, por si no lo saben, que hay 



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■S07 
allí mas de 100,000 peninsulares que tienen regada la 
Isla con elsudor de su rostro y con su sangre, cifrada 
su subsistencia y la de sus familias en aquella tierra 
que han cultivado á fuerza de honradez y de infinitas 
penalidades ó enriquecido llevando la actividad de la 
industria y la vida comercial; que hay muchos insula- 
res leales tan comprometidos por la causa de España, 
como los peninsulares, y que el abandono equivaldría 
ala ruina y á la consiguiente miseria de las familias 
que tantos y tan grandes sacrificios han hecho para la 
conservación de la Isla como provincia española. Esto 
seria una ingratitud inaudita que nos degradaría á los 
ojos de todo el mundo, porque Cuba no es Santo Do- 
mingo, de incorporación reciente y donde pocos eran 
los intereses territoriales, industriales ó comerciales 
que los españoles tenian. No debe olvidarse que todos 
los meses se giran desde la Isla de Cuba á España por 
las familias que allí residen mas de 200,000 pesos y 
aquí se perdería un cuantioso ingreso que forzosa- 
mente ha de aumentar la riqueza del país. El abando- 
no o la cesión de la Isla son dos palabras que escaldan 
la lengua al pronunciarlas y debería caer la execra- 
ción de todos los hombres honrados sobre el que tu- 
viera la impudencia de intentar siquiera cualquiera 
de estas dos cosas. Quisiéramos olvidar que hemos 
visto defendida en un periódico español la idea de la 
cesión de Cuba álos Estados Unidos, luego que ter- 
mine la guerra. Esta idea, que no dudamos se habrá 
emitido de buena fé, ha sido recibida con un senti- 
miento unánime de reprobación, que no comprende- 



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408 
mos como su ilustrado autor no previo. Por degradados 
que estemos, todavía el sentimiento de la dignidad 
tiene eco en el alma de los españoles; por lo que á 
nosotros toca, primero aceptaríamos la independencia 
de la isla de Cuba que una venta degradante, Y no so- 
lo se debe rechazar con energía toda idea ostensible ó 
embozada que se diríja al abandono ó cesión de la Is- 
la, sino que ni aun es lícito en una nación que se es- 
time en algo ese indiferentismo qae por desgracia se 
observa. Verdad es que los sucesos que están deshon- 
rando á la Esparta con honra son capaces, por lo que 
son hoy y por lo que pueden ser mañana, de embar- 
gar toda la atención de suerte que se concentre en lo 
que inmediatamente nos rodea, en el peligro constan- 
te que pesa sobre la sociedad amenazada por la anar- 
quia que no hace mucho vimos asomar en nuestras 
provincias, terrible como un mar irritado, devastado- 
ra como un ineendio. 

Por otra parte, ¿que seria de España, bajo el punto 
de vista comercial, el diaen que Cuba dejara de ser 
provincia española? Pues hoy, en la situación en que 
el pais se encuentra y durante mucho tiempo, queda- 
ría reducida á una potencia de tercer orden, porque 
su comercio es limitado y una de sus principales fuen- 
tes de riqueza es la isla de Cuba, para donde, sino es- 
tamos equivocados, el año anterior subieron las ex- 
portaciones á 25 millones de pesos. ¿Oue seria de 
tantos intereses como el comercio español tiene, no 
solamente en ios puertos de aquella Isla sino también 
■3n los de la península en combinación con las Anti- 



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409 
Has? No: aun cuando nuestra honra no se opusiese á 
una cesión ó un abandono que hasta su enunciación 
es un escándalo, hay tantos, tan grandes, tan sagrados 
intereses por medio, que no creemos haya nunca en 
España quien se atreva á atropeliarlos y arruinarlos; y 
si alguien se atreviese á ello, volvemos á decir y no 
nos cansaremos de repetirlo; ¡desgraciado él! 

Parece que el Gobierno piensa seriamente en ter- 
minar la lucha: ya era tiempo, porque un año de 
desolación en un país como Cuba, basta para arrui- 
narle material y moralmente, porque es un principio 
inconcuso, que cuanto mas largas son las contiendas 
civiles, tanto mas se empeoran las costumbres y los 
males se hacen irremediables. Convencido sin duda eí 
Gobierno de que con su vacilante conducta en la cues- 
tión de Cuba nada habia de adelantar, preparaba gran- 
des refuerzos para enviarlos en una Ó dos veces, de 
suerte que se pudiera dar un golpe decisivo á la rebe- 
lión, cuando estalló aqui la insurrección republicana, 
que forzosamente ha debido ser un gran obstáculo pa- 
ra los buenos deseos del Gobierno que no debía que- 
dar desarmado ante el inminente pehgro que la socie- 
dad corría; y en ello ha obrado cuerda y acertada- 
mente. Esto, no'ha impedido que se hayan enviado 
refuerzos, y se preparen mas, á pesar de que, se- 
gún hemos leido en un periódico , los enemigos de 
España han trabajado para que esto no se hubiese 
realizado. ¿En qué consiste que siempre que se ha 
pensado seriamente en enviar tropas á Cuba ha habi- 
do desórdenes como los que todos los hombres hon- 



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■i 10 
rados tenemos que deplorar? Pues consiste en que 
la insurrección cubana está aquí lo mismo que allí; en 
que sus agentes han sabido derramar el oro en todas 
partes á manos llenas, y en que esos motines, que de- 
ben ser la vergüenza de nuestro país, han recibido, 
según de publico se dice, parte de su impulso del oro 
cubano. Esto no es una invención nuestra; lo hemos 
visto consignado en los periódicos, no una, sino mu- 
chas veces; lo hemos oído en las conversaciones par- 
ticulares, y hemos leido con rubor, que agentes fili- 
busteros y peruanos salieron de Francia ó Inglaterra 
con dirección á España dias antes del levantamiento 
de Cataluña; y hasta en las Cortes un diputado hizo 
indicaciones bastante claras sobre esto. Pues bien; á 
las malas artes que se ponen en juego, opongamos 
nuestro patriotismo; toda vacilación en asuntos de ta- 
maña importancia es un mal de gravísimas conse- 
cuencias; cuando se trata de defender la honra de 
la nación y la integridad nacional, no debe haber 
mas que una voz y un pensamiento, el patriotismo. 
En esta noble empresa no debe haber partidos po- 
líticos ; todos, colectiva ó individualmente, debemos 
contribuir, por cuantos medios estén á nuestro al- 
cance, al triunfo de nuestra causa, que es la de la jus- 
ticia. Una vez vencida la rebelión, España es bastante 
generosa para dar aun mas de lo que se le pida, si 
cree que debe darlo. Entretanto, no podemos menos 
de elevar nuestra débil voz, contra los que tan ini- 
cuamente sirven de instrumento á los rebeldes cuba- 
nos, anteponiendo un medro personal miserable y vi- 



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411 
llano, á los mas santos deberes de la honradez y el 
patriotismo. 

Lejos de nosotros la idea de dar lecciones al go- 
Lierno; pero sí nos creemos autorizados para consig- 
nar nuestra opinión acerca de la marcha que debe 
seguir cu la isla de Cuba. Mientras dure la rebelión, 
no debe pensar en nada mas que en combatirla hasta 
aniquilarla: conseguido que sea esto, lo cual desea- 
mos se verifique pronto, muy pronto, y confiamos 
en que así sucederá, entonces se estará en el caso de 
pensar en lo que ha de hacerse. Toda determinación 
intempestiva é impremeditada que se adopte no pue- 
de menos de producir males de gran trascendencia; 
las determinaciones que se tomen para el régimen de 
nuestras provincias ultramarinas deben ser muy me- 
ditadas, hijas de una reflexión muy detenida y de un 
estudio muy concienzudo del país; lo que se haga por 
espíritu de partido político, por la presión que ejerzan 
determinados sistemas ó compromisos adquiridos sin 
los conocimientos que para ello se necesitan, no solo 
llevará en si el sello del empirismo, sino que no se 
hará otra cosa que destruir desatentadamente y edifi- 
car sobre arena. El festina lente debe ser la base de 
todo cuanto se haga en lo relativo á Ultramar, en cuya 
gobernación tenemos, por desgracia, hartas muestras 
de la falta de tacto y conocimientos técnicos; técnicos, 
sí, porque no bastan los conocimientos ordinarios pa- 
ra dirigir los asuntos en las provincias de Ultramar; 
se necesita conocer práctica y especialmente aquellas 
provincias, y solo así podrá hacerse algo de provecho. 



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412 
En la isla de Giiba hay caestiones muy complejas, muy 
arduas y muy delicadas que resolver; y seria pruden- 
te y patriótico aplazar esta resolución hasta que, en 
paz la Isla, pudieran contribuir á esclarecerlas con sus 
conocimientos prácticos y de loealidad, las personas 
que vinieran á representar á aquella provincia, si se 
insiste en que vengan, como han venido, ilustrados y 
celosos representantes de Puerto-Rico, quiénes con su 
elocuente y autorizada voz, han hecho ver al gobier- 
no que no se puede ni se debe legirlar para Cuba, en 
consonancia con lo que se haga para Puerto-Rico. Dia- 
riamente estamos leyendo en los periódicos, que se 
trata de introducir importantes y radicales trasfor- 
macionesen nuestra administración ultramarina; pues 
bien, nosotros quisiéramos que esto se aplazase, res- 
pecto á Cuba, si en efecto, tan radical y completa ha 
de ser la trasformacion, y que las innovaciones para 
Puerto-Rico se hiciesen de acuerdo con sus diputa- 
dos; porque ya basta de remedios empíricos. Poco 
tiempo se puede perder para Cuba, supuesto que tan 
próxima se presenta la terminación de la lucha, y en 
último resultado, vale mas perder algún tiempo que 
adoptar medidas impremeditadas y peligrosas, casi 
siempre hijas de utopías inconvenientes ó de una pue- 
ril y ridicula vanidad. Estamos limitados á hablar de 
la isla de Cuba, si no algo diriamos en este sentido de 
Filipinas, donde el Ciobierno necesita un tacto muy 
especial en las determinaciones que adopte, donde to- 
da ¡novación impremeditada es altamente peligrosa, 
aun mas que en América, porque el elemento penin- 



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413 
sular es alli un átomo comparado con la población in- 
dígena, y por consiguiente, en nombre del patriotis- 
mo, en nombre de todos los intereses que en aque- 
llas remolas provincias tenemos , exhortamos a! Go- 
bierno á que desconfíe de los que quieren empujarle 
por un camino muy resbaladizo y sembrado de peli - 
gros que no es fácil evitar. Lo que alíi se haga debo 
estar basado en el principio de que el indio nunca, 
por nada, por ningún pretexto, aprenda á que le es li- 
cito perder el respeto y la consideración con que siem- 
pre ha mirado á ios españoles y principalmente á las 
autoridades y á sus párrocos, que son los pilares mas 
firmes del elemento español en aquellos países. ¡Des- 
graciados nosotros y desgraciado país el dia en que se 
debilite en Filipinas el principio religioso y el de au- 
toridad! ¡Desgraciados nosotros el dia en que se en- 
señe á los naturales el camino que conduce al princi- 
pio de insurrección! 

Volviendo á nuestro proposito, del que momentá- 
neamente nos hemos separado, conviene mucho que 
el Gobierno tenga muy en cuenta que aquí mismo, tal 
vez á su lado, existe una cruzada contra la integridad 
nacional, tanto mas temible cuanto que es hipócrita y 
subterránea; que con mentidos alardes de lealtad se 
trata de socabar los cimientos en que estriba la unión 
de Cuba con la madre patria; y para esta obra concur- 
ren, no solo los rebeldes cubanos, sino los agentes 
diestros y arteros que aquí y en otras partes tienen. 
Toda la prensa, con un noble sentimiento de patrio- 
tismo, ha denunciado estos indignos manejos que son 



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414 
ciertos, y en ellos figuran hasta extranjeros enviados 
por la agencia de Nueva-York. Mucho daño se ha he- 
cho ya en este particular; mucho se ha estraviado la 
opinión pública sobre la insurrección cubana; muchos 
absurdos se han escrito en este sentido y forzoso es 
que en España se conozca á esos pseado-patriotas, 
que no quieren mas que precipitar al Gobierno á co- 
meter desaciertos, ó inducirle á que entre en el de- 
plorable camino de las negociaciones y de las conce- 
siones vergonzosas, que todo Gotierno que se estime 
debe rechazar. Hoy no cabe mas que la sumisión sin 
condiciones ó la dominación por la fuerza; después, 
nuestra honradez y nuestra dignidad nos imponen el 
deber de ser generosos y de hacer justicia en lo que 
se deba hacer. Ya tienen próximo las provincias ameri- 
canas una mej ora positiva que con el alma aplaudimos; 
ya su comercio con el de España y vice-versa será 
de cabotage, medida altamente reclamada por la jus- 
ticia y la conveniencia; que confien plenamente en 
España; que entren de buena fé en el camino que la 
lealtad y su conveniencia les dicta y nunca tendrán 
motivos para arrepentirse. Vigilóse muy de cerca á 
muchos de los que, justamente espulsados de Cuba, 
han venido á España á reanudar el hilo de sus intri- 
gas, y muy particularmente á los que con capa de lea- 
les, les auxilian y protegen en su temeraria empresa. 
No eseilamos las iras del Gobierno contra nadie; nos 
limitamos, á fuer de buenos españoles, á dar la voz 
de alerta y á señalar e! peligro para que se le conjure: 
la prensa periódica, estamos seguros de ello, se en- 



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415 
cargará de continuar denunciando ¡os indignos mane- 
jos de nuestros enemigos, hasta que para mengua y 
vergüenza suya queden confundidos con la ruina de 
la rebelión que han promovido y atizado. 

El honor nacional está profundamente lastimado, 
supuesto que dura un año la insurrección que ha de- 
bido ser sofocada hace mucho tiempo; y lo hubiera 
sido, si para ello se hubieran adoptado medidas enér- 
gicas y convenientes en voz de paliativos ineficaces y 
hasta perjudiciales. El Gobierno debe responder en su 
dia de la conducta que ha seguido; entretanto, la pru- 
dencia dicta que no ceje en la empresa; que por mas 
noticias favorables que reciba de la Isla no debe dor- 
mirse en una confianza peligrosa, supuesto que, des- 
pués de sofocar la rebelión, es preciso durante algún 
tiempo ocupar militarmente el país hasta que entre en 
sus condiciones naturales. No olvide el gobierno que 
si en un plazo muy breve no se consigue matar la re- 
belión, con justicia podrán insistir los Estados-unidos 
en que os formidable, ó será preciso confesar que so- 
mos muy torpes ó muy impotentes. Esa lucha nos de- 
grada por su duración y es forzoso que á todo trance 
termine. 



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índice. 



Prólogo I m. 

Capitulo I.— In surrección de Yara.— Su aignificaeion y 
tendencias.— Pruebas de que siempre fuó anti-españo- 
la.— Jefes de la insurrección. — Plan de los reyoltosos 
frustrado.— Se apoderan de Bfiyamo- Falta de tropas 
para la persoeucion.~Se aumentan las partidas in- 
surrectas.— Esc esos que cometen.— Bando del gene- 
ral Lcrsund i. —Táctica de los rebeldes. — Atacan á 
Holguin y briilanta defensa de los españoles.— Bando 
de Céspedes 37 

CíPiTULo n.— El departamento Central.— W brigadier 
Mena, gobernador,— Refuerzo enviado á ias Tunas — 
La suciedad filarmónica de Puerto-Príncipe, centro de 
la conspiración.- Comisiones que se presentan al go- 
bernador.— Despacho telegráfico del general Lersundi 
sobre reformas, y menosprecio con que se recibe. — 
Primeras partidas rebeldes. —Desleal conducta de los 
que habían pedido armas al (íobernador. - Flojedad 
de este y consecuencias del alzamiento de Puerto- 
Principe.- Alarma falsa y medida del Gobernador.— 
Cortan los rebeldes el ferro-carril de Nuevitas.— Pri- 
siones.— Principian los cabildeos y se pone en libertad 
á loa presos.— Junta en la Filarmónica y su inconve- 
niencia.- límbajada que se dirige á loa insurrectos y 
sa resultado , . 51 

Capitulo III.— Progresos de la insurrección en el de- 
partamento Oriental. — Buen espíritu en Santiago de 
Cuba — Uniformidad del sentimiento patrio'tieo de los 
peninsulares. -Anuncios de llegada de refuerzos, 
siempre desmentidos. — Consecuencias de esto.— El 
general Villate en Manzanillo. Carlas que dirige y 



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sus contestaciones.— Comunicación al capitán gene- 
ral y su respuesta. — Circular del ministro de Ul- 
tramar 

Capitulo IV,— Llegada del general Villate á Puer- 
to- PrÍEcipe,— Alocución que dirige.— Negociaciones 
abiertas con los insurrectos.— Su inconveniencia.— 
Bando del general.- Su marcha y encuentro con los 
rebeldes.— Partes pomposos de estos.— Completa in- 
terrupción de las comunicaciones.— Disposiciones del 
gobernador Mena 

Capitulo V.— Creación de movilizados en T'uerto Prín- 
cipe. — Proclamas dirigidas por el comité revolueioDa- 
rio á los peninsulares y al comercio.— lífecto que cau- 
saron .—Creación de voluntarios de caballería — Tran- 
quilidad completa en que se dejó á los .sublevados y 
sus inconvementes.— Derrota de la partida de Chicho 
Váidas.- Derrota de otras partidas por el batallón de 
movilizados del Orden. — Viene á Puerto- Principe. — 
Vuelve á Ciego de Avila 

CAPrruLO VI.— Salida de la columna del general Villate 
de Nuevitas. — Marelia de la columna.— Puerto de la 
(iuanaja. — Desembarca por é! con armas y municio- 
nes el titulado general Quesada.— Maniflesto que pu- 
blica.— Otro de D. Napoleón Arango — Ei validades, — 
lis nombrado Quesada general.— Conducta de los su- 
blevados Amenazan invadir á Puerto-Príncipe, — 

Bloqueo j bando de Quesada — Principia la escasez en 
Puerto -Principe 

Capitulo VII.— Llegada del general Dulce á la Haba- 
na—Comisionados para tratar con los insurrectos,^ 
Inconveniencia de este paso.— Perfidia de uno de ¡os 
comisionados, — Proclama publicada por el general 
Dulce, —Despedida ^ marcha del general Lersundi.— 
Su conducta.— Amnistía. — Sus inconvenientes,. . , 

Capitulo VIII.— Publícase en la Habana el decreto de 
libertad de imprenta.- Sus desastrosos resaltados, — 
Graves desórdenes en la Habana — Decreto sobre clec- 
ciunes — Como se eat ma por la p ensa insurgente.— 
Cartas notable d r fe das al general Dulce.— Des- 
prestigio de la autor lad 

Capitulo IX — Oont nua la ncon un cacion en Puerto 
Príncipe.- Mo\ m ent s de lo n urrec tos,— Muerte 
do Augusto Arango —1 1 gol e nad r pone en libertad 
á los presos prl t eos —Falta de pan y carestía de ios 
artículos de primera necesidad.— Disposiciones para 
proporcionarlos.- Suspensión de !a libertad de im- 
prenta,~-Se arbitran en la Habana nuevos recursos 
para las atenciones de la guerra 



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I'a(ís, 

Capítulo X -Bate el general Villate á loa rebeldes en 
el deparUmento Oriental. — Se dirige ;í Bayamo.— 
Loa insurrectos le prenden fuego y le aliandonan,— 
Modo de robar á sus habitantes —El general Villate 
encuentra quemada la población y no halla ningún 
enemigo. — Conducta humanitaria de nuestros solda- 
dos.— Asesinatos en Mayarí, — Derrota en este punto 
de loa rebeldes.— Tratan de quemar á Giguaní y lo ve- 
rifican con B aire.— Confusión dii los insurrectos y pre- 
sentación !i las autoridades.— Feroz orden dada por el 
cabecilla F iguere do. - Pérdidas en el departamento 
Central.— El general Villate reedifica muchas casas 
en Bayamo.— Confianza delosenemigosde España — 
El cdlera en Cuba y en varios puntos del departamen- 
to Oriental, , . m 

Capitulo XI, — Sihr^eion de la isla á principios de Fe- 
brero. — Insurrección de las Cinco Villas,— Generales 
y tropaa que la combaten. —Atrocidades délos insur- 
rectos en Mayajigua. — Fusilamientos en Siguanea.— 
Tentativa en Pnerto-Príncipe para atraer á los insur- 
rectos —Captura de una goleta cardada de armas. . 181 

Capitulo XII, —Paso de Culsitas por nuestras tropas.— 
Ridículo parte de los rebeldes.— Toma del puerto de 
la Guanaj a.— Primera columna que va á Santa Orua. 
—Captura de un bergantín con arnaas y municiones 
para la insurrección.- Decreto de la Asamblea repu- 
blicana sobre libertad de los negros. -Consideracio- 
nes acerca de este suceso 195 

Capitulo XÍII.— Esperanzas de los rebeldes.— Memo- 
rial de Céspedes al presidente de los Kstados-ünidos . 
—Juicio sobre este documento. —Nuevo manifiesto de 
Arango. — Los rebeldes piulados por sí mismos, — Con- 

V, testación del comité y prisión de Arango. — Proyectos 

':', del comité conservador en Puerto Principe y fracaso 

;■ de laidea.— EspedicionáSibanicú 207 

Capitulo XIV. — ModíScacion del sistema tributario en 
la Isla.- Segunda espedicíon de Puerto-Príncipe á 
Santa Cruz.- Asonada en la Habana con motivo de la 
salida de los deportados. — Injusticia de la prensa de 
los E atados -Unid os, — Alocución del general Dulce. 221 

ÜAPii'ULo XV,— I.osrebeldes se apoderan de un vapor. 
—Su inhumana conducta con los pasajeros.— Captura 
por nuestra marina del vapor y de algunos piratas.— 
Conducta poco ciara del comandante de unacañiínera 
inglesa.- Decreto del capitán general sobre apresa- 
miento de buques sospechosos.- La insurrección en 
las Cinco Villas m 

Capitulo XVI, -. Trabajos de los enemigos de '.'."^'a.- 



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iiaenlos Estados- Unidos. — Palabras del presideute 
Gtraot. —Juntas de señorasá favor de la msurreceioo. 
Declaraciones del rimes.— Recuerdo histórico de un 
despacho de Mr. Seward al emperador Napoleón en la 
época de la guerra del Norte y el Sur . ^Conducta ne- 
bulosa do Grant.— Nuevag declaraciones del Times.— 
Datos importantes acerca de las intenciones de los 
Estados-Unidos con respecto á Cuba.— Los insurrec- 
tos tenían inteligencias en Espiifia . 

Capitulo XVII.— Notable proclama do Quesada al ejér- 
cito es pañol. —Tercera espedicion á Santa Cruz.— 
Angustiosa situación de Puerto Principe.— Horrible 
carestía de los artículos de primera necesidad.— Si- 
tuación apurada de los funcionarios públicos.— Elec- 
ciones para altos dignatarios de la república cubana. 
— Alocuciones da Céspedes, presidente, y Quesada, 
generalísimo. ... 

Capitulo X VIH. — Decreto déla Asamblea republica- 
na sobre alistamiento para el ejército.— Calumnia in- 
digna que contiene. — El departamento Orienta!.— 
Triste estado de !a jurisdicción de Holguin.— Presen- 
tación de familias en Bajamo y en Manzanillo —Ac- 
tiva persecución con las tropas de Villate. — Bando de 
este general. —Estado de los insurrectos en las Cinco 
Villas. — Ataque de la Siguanea. —Aumento de la 
Guardia civil. —Nuevas man if st aciones de los ene- 
migos de España en la Habana. 

Capitulo XIX.— Los monitores peruanos. ^ Chile, el 
Perú y Méjico r conocen á loa insurrectos como beli- 
gerantes.— Trabajos de la junta central republicana 
para procurarse fondos. — Circular del general Dulce. 
— Secuestro de los bienes de Itis que componían la 
junta cubana. —Los deportados de la Habana. —iíi bri- 
gadier Lesea prepara y realiza una espedicion á Nue- 
Titas —Marcha de la co unina,— Destrucción de los 
medios de defensa de los rebüldes.— El general Leto- 
na en Nuevitas. — Rápida habilitación del ferro-carril. : 

Capitulo XX.— Llegada de un convoya Puerto Prin- 
cipe. — Alocución del general Letona.— Atrocidades de 
las insurrectos en el departamento Oriental. — Estado 
de la rebelión en Mayo. - Desembarco de Ñipe y der- 
rota de los enemigos : 

Capitulo XXI. — E! general Letona reemplaza ti señor 
Lesea, nombrado general.— Política del nuevo gober- 
nador.— Buenas medidas que adopta.— Dimisión de! 
general Dulce. — Demostraciones en la Habana contra 
el general Pelaez y coronel Modet. — El general Dulce 
entrega el mando al segundo cabo general líspínar, y 



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so eKihari;;i pnrii fiap^iña.— MaQifiesto du 'os voliin ta- 
ños de la Habana 2ff7 

Capitulo XXII.— Despacho del general Espinar al go- 
bierno.— Sus inconvenientes.— Captura de un buque 
con armas v municiones —Nuevo desembarco y der- 
rota de los filibusteros.— El cólera en Naevitas. la lí- 
nea y Puerto-Príncipe. — Sorpresa de un puesto de sol- 
dados en la Jínea del ferro-carril. — Oonvoy á !aa Tunaa. 
—El cólera en Puerto tlel Padre.. . . ' 313 

Capitulo XXIII.— Tropas pedidas de la Habana á Le- 
tona.— Nueva fez en la conducta de loa Estados-Uni- 
dos.— Prisión y encaasamiento do la junta cubana, — 
Ordenes terminantes para impedir la salida de las es- 
pediciones filibusteras.— Captura de una espedicion. 
— Desengaño de Morales, L,emus y compañeros, — 
Llegada á la Habana del nuevo capitán ¡rcneral. — 
Alocución que publicó. — Impresión producida por las 
alocuciones 323 

Capitulo XXIV.— Situación política de la Isla á princi- 
cipiosdo Julio. —Los departamentos Oriental y Cen- 
tral V las Cinco Yillaa. — Relevo del general Le'ona y 
nombramiento en su lugar del general Pueilo.— In- 
convenientes de este nombramiento.— El cólera en el 
departamento Central.— Sus efectos y causas en Puer- 
to-Príncipe 331 

Capitulo XXV,— Disposiciones del Gobernador supe- 
rior para la custodia v vigilancia de las costas.- Cir- 
cular reservada del Capitán general. — Horrible x>erfi- 
dia dalos rebeldes en el ferro-carril de Nuevítas.— 
Golpe funesto que lleva la rebelión en los Estados- 
Unidos.— Separación de Morales Leraus de la presi- 
dencia de la Junta Cubana,— Derrota de los enemi- 
gos en el departamento Oriental.— Ataque de Puer- 
to Príncipe — Estado de la guarnición á fines de 
.lulio 343 

Capitulo XXVI,— Loa Estad os- Un id os detienen unas 
cañoneras destinadas á la isla de Cuba. — Kl vapor 
Hornet. — Nueva infamia de los rebeldes en Saneti- 
Spíritua — Triunfo de las armas españolas en las 
Tunas.— Patriotismo de los propietarios y comercian- 
tes de la Habana. — Envío de tropas . — Estado de la 
insurrecsion á fines de Agosto 355 

Capitulo XXVII — Desgracia en Puerto Principe. — 
Nuevas espedientes piráticas — La nota de M. Sickies 
alGobijrnu español.— La opinon pública se pronun- 
cia contra ella.— Los Estad os -Unidos no podían reco- 
nocer á los rebeldes como beligerantes .—Opinión 
sobre este particular en aquel país.- Escitacion del 



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patriotismo en la isla de Cuba,. — Instrucciones de 

Céspedes á los jefes de partidas 

Capitulo XXVIIl— Exposición que dirigen al Regen- 
te del reino los catalanes.— B I Peni reconoce la in- 
dependencia de loa rebeldes . ^Preparativos de nue- 
vas espudiciones piráticas.— Circular del Ministro de 
Ultramar. -Conducta de algunos deportados y consi- 
deraciones que con ellos se tienen — Estado de la 

insurrección al año de haber principiado ^W;! 

Conclusión 'I'!;) 



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