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HARVARD COLLEGE LIBRARY 
CIBAN COllECTION 

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PROFESSORSHIP OF 

LATÍN AMERICAN HISTORV 

AND ECONOMICS 

raou THB UBRARY OK 

JOSÉ AUGliSTO ESCOTO 

OP MATANZA.^ cnBA ^^ 





FRANOSC» FIGUERAS 



CUBA 

Y SU EVOLUCIÓN 

COLONIAL 



HABANA 

IMFRCNTA AVISAOOR COMCRCIAL 

AMARGURA 30 

1«07 



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--<;•• ti 



índice 



PROLOC;0 PigiMí 



Al LEt*T(>R 1 

CAPITULO I 

COKSIDRBACIOKRS OBNKKALKM 

ImportaDcia de ]<m estadios etnológicos. — 8a radio de ioflaen- 
cía. — Necesidad qae tienen los cubanos de conocerse á sí 
mismos. — Oportauidad de este estadio.— Faentes anteriores 
viciadas por la parcialidad. — Razón del método. — £1 medio. 
El producto. — Influencias que han podido determinarlo 9 

CAPITULO II 

GEOGRAFÍA FÍ.<9ICA 

Forma y figura. — Situación. — Área y extensión. — Bahías y 
puertos. — Penínsulas y cabos. — Montafias y ríos. — Islas y 
cayos adyacentes. — Población.— Censos. — Juicio acerca de 
su exactitud. — Meteorología.— Clima, temperatura, lluvia, 
rocío y vientos. — Fauna. — Flora. — Minas y aguas minerales. 22 

CAPITULO III 

GKOGBAFÍA POLÍTICA Y ECONÓMICA 

Organización política y administrativa. — Divisiones histórícas. 
División judicial, marítima, electoral y eclesiástica. — Go- 
bierno. — Presupuestos. — Obras pú bl icas. — Hospital es. — Asi- 
los. — Bibliotecas. — Carreteras, caminos y ferrocarriles. — Te- 
légrafos y teléfonos. — Faros. — Acueductos. — Industria y 
comercio. — Comercio de importación y exportación. — Líneas 
de navegación. — Bancos.— Azúcar. — Tabaco 75 

III 



índice 

CAPITULO IV frfim 



KKSE^A HI^rÓKKVA 

Ii^-ftcubrímteDto y eoiiqaisUi. — Aború^on j au rztiocíúo. 
Trata afrícaDa.— Colonización inglesa Tnpafiola. — Primeru 
rlementoa de la Mxnedad cabana. — Crozamientoa inerita- 
btefl. — Villa de la Colonia dorante ra« trea prímeraa ai|elo8. 
Cobano^ j efliMiñoIfí*.— Rápido desarrollo de la ríqaeoí en 
el primer tercio del m^lo Xix.—Canaa» qoe lo determinaron, 
tlfectoii en el orden moral, mcial y político. — ReTolnciúo de 
Vara.— Sa* con»«ecaencia«. 146 

CAPITULO V 

CARACTKRES FÍMICOR Y PSÍQriCXJ«( 

K^fat lira. — Color de In piel.— Cráneo. — Cara j faocione*. — Ten- 
denciait atávicas. — Procedo de blanqneo. — Intelifeeocia. 
Memoria. ~ Imaf^inacMÓii. - Prnlominio del matema nenriono. 
Denarrollo de la» cnalidadex afectiva». — Emocionales. — Ve- 
hementes. —Poetas, oradores y músicos. — Cinijanoa j jaris> 
lientos 1««S 

CAPITULO VI 

VIRTUDES Y VICIüH 

I>esintereHados. — Hospitalarios. — Dadivosos basta la prodigali- 
dml.— Poca afición al comercio y al aborro. — Sobriedad. 
Frufi^alidad. — Decidida propensión al galanteo.— Falaa estí- 
msción de la mojer.— Falta de iniciativa para hacerse ana 
|K)sición independiente. — Vanidosos. — Ausencia de sinceri- 
dad.— Débil idail de carácter StO 

CAPITULO VII 

A.VÁLISIS CUANTITATIVO 

('nalidmles españolas.— Mod i licaciones introd acidas por el era- 
^amiento y el medio ambiente. — Corrientes atávicas. — Pro- 
ceso de alMorción por larsza superior. — Censos de población. 
Filiación de las cualidades físicas, morales y mentales. 
PifiponMÓn 236 

IV 



índice 

CAPITULO VIII fipui 



RELIGIÓN 

El clero católico. — Soa deficieDcias. — Decadencia del sentimien- 
to religioso. — Sna canana. — Supersticiones 254 

CAPITULO IX 

MOBALIDAD 

Matrímcnio. — Concubinato. — Hijos ilegítimos. — Prostitución. 
Criminalidad. — Contrabando. — Irregularidades administra- 
t i TAS. — Bandolerismo. — Chantage periodístico 272 

CAPITULO X 

INSTRríXÜÓIÍ PÚBLICA 

I^oA primeros maestros. — Colegio de Belén. — Intervención de In 
Sociedad Económica. — Sus esfuerzos en pro de la ensefian- 
za. — Indiferencia oficial y resistencia del medio. — Reformas 
de 1843.— Su espíritu centralizados — Comparación de esta- 
dísticas. — El maestro.— £1 método. — La escuela. — £1 Doc- 
tor Valdés Kodríguez. — Ensefianza secundaría. — IjOS insti- 
tutos. — La Universidad. — Su desenvolvimiento 313 

CAPITULO XI 

DEMOGRAFÍA 

Higiene individual y doméstica. — Higiene pública. — Abando- 
no de sus preceptos.— Mortalidad. — Estadísticas.- Enferme- 
dades principales. — Elementos que forman la población. 
Indígenas. — Islefios de Cananas. — Negros africanos. — Adi- 
ciones hechas á la población por la i)érdida del continente... 341 

CAPITULO XII 

DE LAB COeTUMBBRS PBIVADAS 

Trato social.- Llaneza y familiaridad excesivas.— Poca atición 
al teatro y á las tertulias de café.— Visitas.— Bailes. — El 
danzón. — Su origen africano. — Juegos. — £1 monte. — Loe ga- 
llos. — Influencias del clima sobre las costumbres. — Indo- 
lencia tropical H<W 



IXDICE 
CAPITULO XIII rígiiii 



CX)8TUMBBB9 PÚBLICAS 

Sil!» origeues. — Teudeooias al persoDaliamo y al militarismo. 
EmpIoomaDla.— Oposición siatemátioa al Gobierno. — Debi- 
lidad de la iniciativa colectiva. — Afecto á la popularidad. 
La vida privada y la vida pública. — Eacaaa percepción de 
la solidaridad social. — Opinión pública. — Partidos. — Prensa. 
Parlamento.. 387 

CAPITULO XIV 

LA MUJER CUBANA 

luflnenoiade la mujer en la sociedad. — Educación fisiea, mo- 
ral é intelectual. ~ El método y sus resultados.— La hija, la 
esposa y la madre. — Necesidad de un cambio radical. 
Ejemplos A'ÍO 



VI 



i 



CUBA Y SU EVOLUaON COLONIAL 



I 



FRANOSOO FIGUERAS 



CUBA 

Y SU EVOLUCIÓN 

COLONIAL 



IMPUENTA AVIBAOOfl COMCnCIAL 

amahouha so 

1*07 



CX'BA Y SU EVOLCCIOS COLONIAL 

éxito, acudió á herirme de nuevo con su aguijón el 
viejo sentido práctico éuscaro, y me di á reflexionar 
y á especular sobre aquello que hasta entonces me 
había despreocupado: la finalidad de la guerra. 

La duda es el principio de la sabiduría y comen- 
cé á dudar. ¿A dudar de qué? De nuestra capaci- 
dad política para regirnos en paz y en libertad den- 
tro de una república independiente y democrática. 
Toda duda es un problema que pide á gritos solu- 
ción. La de éste parecíame difícil, pero no impo- 
sible. Era un proceso que instruir y luego un fallo 
que dictar. Para el proceso había que comenzar 
por descubrir, analizar, valorar, comprobar, clasifi- 
car é inventariar todo aquello que debía llevar en 
dote la nueva nacionalidad. Los hombres y las 
cosas. Cuba y su historia. 

Comencé por estudiarme á mí mismo. A corto 
trecho de haber comenzado la pesquisa, la pronun- 
cié por terminada. Ni en lo mental ni en lo moral 
encontré en mí los requerimientos necesarios para 
poder declararme capacitado. 

En lo mental tropecé con alguna que otra teoría, 
pero sin ninguna práctica de todo aquello que es 
indispensable conocer para el recto funcionar de un 
régimen representativo, democrático y republicano. 
En lo moral me sorprendí lleno de impurezas, que 
hí no habían penetrado hasta la médula de los hue- 
sos, habían conseguido, sin embargo, llevarse una 
buena parte de la piel. Me di cuenta exacta de 



índice 



PROLOCK) Kgi 

Al LKCTOR 1 

CAPITULO I 

roNMlORBAdONRR OENKKALKS 

I:n].M>rtaDcia de lofl estudios etnológiooe. — Sü radio de inflaen- 
cia. — Necesidad que tienen los cabanos de conocerse á si 
mismos. — Oportunidad de este estndio. — Faen tes anteriores 
viciadas por la parcialidad. — Razón del método. — £1 medio. 
El producto. — Influencias qae han podido determinarlo 9 

CAPITULO II 

GEOORAFÍA FÍ8ICA 

Forma y fij^ura. — Situación. — Área y extensión. — Uahías y 
puertos. — Penínsulas y cabos. — Montañas y ríos. — Islas y 
(rayos adyacentes. — Población.— Censos. — Juicio acerca de 
su exactitud. — Meteorología.— Clima, temperatura, lluvia, 
rocío y vientos. — Fauna. — Flora. — Minas y aguas minerales. 22 

CAPITULO III 

OROGRAFÍA POLÍTICA Y ECONÓMICA 

Organización política y administrativa. — Divisiones históricas. 
Divi.sión judicial, marítima, electoral y eclesiástica. — Go- 
bierno. — Presupuestos. — Obras públicas. — Hospitales. — Asi- 
los.— Bibliotecas.— Carreteras, caminos y ferrocarriles. — Te- 
légrafos y teléfonos. — Faros.— Acueductos. — Industria y 
comercio. — Comercio de importación y exportación. — Líneas 
de navegación. — BaDCos.— Azúcar.— Tabaco 75 

III 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

mis viejos ideales, y convencido de que Cuba 
carecía de capacidad para ser una nación indepen- 
diente. 

Me había encontrado con que cuantos cubanos 
habían escrito hasta aquel entonces de su patria, 
desde los viejos días de Arango y Várela, hasta loe 
modernos de Varona y Sanguily, todos, sin excep- 
ción, habían anotado con dolor el flujo siempre cre- 
ciente de esa marea de abominaciones, que desde la 
conquista se ha ido extendiendo como duefia y se- 
ñora sobre Cuba. Y á todos, cuando lloraban la 
iniquidad de su presente, les temblaban las carnes 
de terror por su porvenir. En algunos, hasta tuve 
ocasión de sorprender la candida pretensión de pre- 
sentar á los cubanos como inmaculados, en el mo- 
mento mismo en que, para examinarlos, los extraían 
de ese antro de inmundicias. 

El presente libro es resultado de ese estudio. Lo 
comencé como una exploración de fines puramente 
personales, y sin amor y sin odio. He logrado ter- 
minarlo sin odio, pero no sin amor, porque á me- 
dida que he ido trazando en el carácter cubano las 
grietas profundas que le ha impreso la vida á que 
se ha visto condenado, he sentido avivarse por él 
mi ternura y mi cariño, con aquella efusión que 
inspira un infante, cuyo rostro maculado, pero ino- 
cente, lleva consigo desde la cuna el hierro de loe 
desórdenes paternos. 

Si la revolución hubiera fracasado, y el triunfo 

6 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

de Espafia hubiera hecho poner otra vez en duda 
la justicia divina, este libro jamás se habría publi- 
cado. Convertido en humo habría ido al espacio á 
mezclarse con el santo vapor de tan noble y buena 
sangre de nuevo inútilmente derramada. 

Escrito para aprender, y no para ensefiar, tam- 
poco se habría publicado si la reciente y fulminan- 
te caída de la República, no me hubiera impuesto 
su publicidad con la fuerza irresistible de un impe- 
rativo categórico; porque los hombres deben al país 
en que han nacido lo que saben y lo que entienden 
y han de dárselo, aunque les vaya en ello la tran- 
quilidad de la vida. 

Nunca estuvo en mi ánimo trazar un libro rigu- 
rosamente científico. Faltábame para ello lo esen- 
cial: la ciencia. Tampoco lo fué darle alcance y 
valor literarios. Hasta ahora, más he cultivado la 
tierra que las letras; y, á intentarlo, la índole mis- 
ma de la profesión en que me ejercité, la más ne- . 
gada al gusto y á las aficiones literarias, me hubie- 
ra, desde luego, apartado del propósito. Este libro 
no está intentado para ser otra cosa más que la con- 
fesión sencilla, desapasionada y metódica de un 
hombre de buena fe, que puesto delante de un pro- 
blema de cuya solución dependía la felicidad de su 
pueblo, ha procurado estudiarlo con esmero y ex- 
ponerlo con sinceridad, para que ellos puedan re- 
solverlo con acierto. 

Tal vez me acusen unos de severo, mientras otros 



CUBA Y 8U K^OUCdGS OOLOKIAL 

me tachen de parcial. He reflexionado hondamen- 
te sobre amboe cargos, y en la alternativa opto por 
el primero. Sí, quiero más exponerme á que me 
tengan por injusto, que no dar pretexto á nadie pa- 
ra que se envanezca de virtudes que no tiene. 

(Id9»-1906.) 



8 



CAPITULO I 

CONSIDERACIONES GENERALES 

ImportftDoU de loe eetndioe etDológiooe. — Sa radio de influeDoia. 
Neoeeidad que tíenen loe cobanoe de ooDooeree á sí mismoe. 
OportuDÍdad de eete estudio. — Fuentes anteriores yiciadas por la 
parcialidad. — Basón del método. — £1 medio. — El producto. 
Influencias que han podido determinarlo. 



«El hombre tiene tres madres: la 
mujer qae lo pare, la tíerra en que ae 
cria y la lociedad en que m educa. » 

Felipe Poky. 



Así como la Geología ha conseguido leer la his- 
toria del mundo escrita por la mano del tiempo en 
esas viejas páginas que se llaman estratificaciones; 
y la Paleontología, merced á fragmentos de osa- 
mentas fosilizadas, ha llegado á trazar la forma y 
á relatar la vida y las costumbres de especies ex- 
tintas; y la Química, en su porfiada lucha por 
extender sus exploraciones hasta la molécula y el 
átomo, ha penetrado en la sustancia de los cuer- 
pos y ha logrado fijar, clasificar y describir los 
elementos simples que con sus kaleidoscópicas 
transformaciones constituyen la materia universal; 
así también la Etnología, esa rama del humano 
saber que estudia el origen y las alteraciones que 

9 



CUBA Y fiü EVOLUCIÓN COLONIAL 

han sufrido las varias familias en que el hombre 
se ha extendido sobre la tierra, ha conseguido 
igualmente determinar y circunscribir los caracte- 
res especiales que los agentes de influencia han 
impreso sobre ellas, auxiliados por el tiempo. £1 
geólogo, con sus estratificaciones por delante, tra- 
zará y señalará por dónde las corrientes plutónicas 
se desataron en torbellino de fuego derretido, y 
cómo la acción, ora lenta, ora precipitada, de las 
neptúnicas, fué consolidando la obra de las prime- 
ras, y haciendo el planeta habitable para recibir 
al hombre, su huésped de honor. 

Si se le entrega á un paleontólogo media docena 
de informes guijarros, podrá afirmar que por entre 
aquellos fragmentos de roca muda y compacta cir- 
culó la sangre y corrió á torrentes la vida animal; 
y que aquellos huesos petrificados corresponden á 
un reptil colosal ó á un mamífero gigantesco; á un 
ictiosaurio que reunió en monstruoso maridaje las 
cualidades del reptil y las del pez, ó á un megate- 
rio, cuya ascendencia pueden disputarse con igual 
derecho el elefante y el hipopótamo. 

Si se le confía aun químico un cuerpo cualquie- 
ra de la naturaleza, desde el bólido mensajero de 
la existencia de otros mundos allá por los espacios 
infinitos, hasta el aire impalpable, invisible é in- 
odoro, que penetra por nuestras narices, se quema 
en nuestros pulmones y da color y calor á nuestra 
sangre, el químico declarará, que tanto el aire y el 

10 



CUBA Y SU EVOLUCÍON OOLOmAL 

bólido, como todo aquello que existe y que consti- 
tuye la materia infinita y eterna, no es más que la 
unión y combinación en diferentes y multiplicadas 
proporciones de unos cuantos cuerpos simples, que 
son los elementos cardinales de la creación, y á los 
cuales la electricidad, el calor y la luz, esas hadas 
misteriosas, visten á cada paso con formas tan va- 
rias como caprichosas. 

Por el mismo procedimiento con que se han lo- 
grado esas conquistas, ha obtenido también las 
suyas el etnólogo. El mismo método experimen- 
tal que puso á aquellas ciencias en el camino de la 
verdad, sirvió para colocar también á la Etnología 
en ese camino. 

Así, si se le entrega á un etnólogo un ejemplar de 
esos que los literatos de la Psicología han dado en 
la flor de llamar el documento humano, el etnólo- 
go, armado con el fruto de una observación de 
siglos, os dirá: a esos ojos azules, serenos y profun- 
dos, esa frente alta y abovedada, esa cabeza redon- 
da, esa cara cuadrada en que las quijadas se recor- 
tan con la curva ancha del bull-dog y ese aire 
general de corrección, compostura y gravedad, 
pertenecen á un inglés; esos ojos verdes, esa nariz 
pequeña y arremangada, esos labios gruesos, esa 
boca rasgada y de líneas irregulares y ese rostro 
son roncado y pecoso, del cual parece irradiarse una 
eterna alegría, corresponden á un hijo de la verde 
Erin; ese cráneo prolongado y puntiagudo, cráneo 

11 



CUBA T 8U EVOLUCIÓN COLONIAL 

de inventor, esos ojos de azul turbio, pequefioB y 
medio cerrados por una sonrisa que revela al mis- 
mo tiempo inteligencia, bondad y malicia, esos 
labios finos, que parecen hechos por un corte afila- 
do, y ese aspecto no disimulado de resuelta energía, 
revelan al yanki; esos ojos profundos y rasgados, 
que cual los de la alondra parecen impregnados en 
la luz del sol naciente, ese rostro anguloso termi- 
nado por el v^Ttice agudo que da sello singular á 
la cara de Mefistófeles, y ese aire de suficiencia 
presuntuosa y alegre, denuncian al viejo galo de 
Bren no, remozado con los atavíos del moderno 
París; esa frente estrecha, esos ojos brillantes y 
negros bajo cejas tan negras y brillantes como 
ellos, esos pómulos suavemente redondeados, esa 
curva que recorta los labios para darles el pliegue 
de la arrogancia desdeñosa, y esas sienes que se 
hunden para revelar la obstinación, me sugieren al 
español de todos los tiempos, lo mismo cuando 
alanceaba moros á la grupa del caballo de Santia- 
go, que cuando en Cuba condenaba á morir de 
hambre á su propia descendencia; esas pupilas 
semi-azules ó semi-verdes, donde la luz se bifurca 
en los rayos oblicuos que se observan en la pupila 
de un felino, esa faz, cuyo óvalo se ha abierto para 
convertirse casi en un círculo, ese cuello de toro de 
Jarama, esos miembros musculosos y fornidos por 
cuyas venas parece circular mucha sangre y en esa 
sangre mucho hierro, y esa frente que se arquea á 

12 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONUL 

la manera de una bóveda para dar abrigo al pen- 
samientOy revelarán al germano de siempre, llá- 
mese Goethe, llámese Bismarek; y finalmente, esa 
cabeza que por su magnitud parece haber perdido 
sus proporciones con el cuerpo, y esas orejas que 
por igual razón parecen haberlas perdido con la 
cabeza, esa cara ancha y aplastada de la que se 
destaca una nariz tan aplastada como ella, pero 
con enormes ventanas arremangadas, y esos .ojos 
mates sombreados por cejas que parecen bigotes, 
acusaran al ruso eslavo, lo mismo de hoy que de 
los tiempos de Iván el Terrible. 

Y no sólo ha logrado la Etnología determinar y 
adjudicar á cad^ familia humana los caracteres 
físicos que las distinguen, sino que, penetrando mus 
hondo en el análisis, de brazo con la historia, ha 
llegado también á señalar á cada una de ellas los 
rasgos distintivos de su personalidad moral, que 
son tan permanentes é indelebles como los físicos, 
y que se hallan representados por esa suma de ten- 
dencias y propensiones, dentro de las cuales infor- 
man los pueblos su conducta y que recibe el nom- 
bre de carácter nacional. 

Sus investigaciones han comprobado que la furia 
francesa de Guicciardini, no era más que la misma 
furia gala anotada ya por Julio César, y que Na- 
poleón solicitando cual otro Temístoeles la hospi- 
talidad de Inglaterra, su jurada enemiga, no era 
más que una reprise del viejo Vercingetorix, cuando 

13 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COÜOmAL, 

cubierto de sus armas de más precio y jinete sobre 
el más brioso de sus corceles, solicitó la justicia del 
conquistador de las Gallas. 

Mulatis mutandisy el inglés de hoy, no es en 
modo alguno distinto de aquel otro inglés del si- 
glo IX que las crónicas del tiempo nos describían 
ya como aferrado á sus leyes y costumbres, celoeo 
de sus derechos, diestro en la manera de gobernarse 
en paz y muy dado á las granjerias y aventuras 
mercantiles. 

£1 español actual no dista mucho de aquel otro 
español del siglo xv, que, según Camoens, se creía 
el mejor, y sólo era el más rudo, bravio y fanático 
de los pueblos. 

El italiano de nuestros días no es ni mejor ni 
peor que el italiano del pasado, y como siempre, es 
belicoso en el Piamonte, industrioso y pacífico en 
Lombardía, mercantil en Genova y Venecia, artis- 
ta en Florencia, grave con la gravedad de un rey 
destronado en Roma, lazzaronien Ñapóles, bandido 
en la Calabria y semi-heleuo y semi-bereber en 
Sicilia. 

El alemán de hoy, lo mismo que el germano de 
Tácito, es ñel á su Kaiser, respetuoso con sus jefes, 
amante de su familia, franco con sus amigos y dis- 
puesto y abierto para los placeres de la mesa. 

Así, las ideas y los sentimientos de los pueblos, 
á la manera de las sales de la química, han cricita- 
lizado en formas tan exclusivas y peculiares á cada 

14 



CUBA Y 8Ü EVOLUCIÓN COLONIAL 

uno de ellos, que la presencia de esas formas en un 
individuo puede servir como indicio concluyente 
para determinar la nación á que ese individuo 
pertenece; y como la Historia se ha encargado ya 
de establecer el carácter nacional de todas ellas, 
fácil es después trazarle á ese individuólas influen- 
cias que han de dar oriente á su conducta, antici- 
pándole en una palabra, lo que ha de sentir y lo 
que ha de pensar en una buena parte de las cir- 
cunstancias de su vida. 

Con el auxilio de esta moderna rama de los 
conocimientos humanos, es nuestro propósito abor- 
dar el estudio que sirve de título á este modesto 
trabajo, y ahondando en ese estudio analizar al 
cubano cual un producto étnico distinto y defínido, 
tal como lo han determinado los varios factores 
que han contribuido á su formación. A semejanza 
del cirujano, penetraremos en él á punta de escal- 
pelo sin curarnos un ardite de los gritos que el 
dolor arranque á su garganta, porque la ira del 
enfermo en la mesa de operaciones se convierte 
más tarde en regocijo si se recobra la salud, y cabe 
arrostrarla, aunque no sea más que para poner al 
descubierto la enfermedad, que conocerla es tener 
ya mucho adelantado para curarla. 

Diremos al cubano, cómo siente y cómo piensa, 
y por qué piensa y siente cual lo hace. Le indica- 
remos aquellas de sus cualidades que debe á la 
influencia hereditaria de la raza de que procede y 

16 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

aquellas otras que le han sido impuestas por el 
medio en que se ha desarrollado. En una pala- 
bra, le aquilataremos y contrastaremos lo que 
tiene de español, lo que tiene de cubano y lo que 
tiene de indio ó africano. 

De Sócrates acá mucho ha progresado el espíritu 
humano, pero el nosce te ipsum del ilustre anciano 
del* Fedon, continúa siendo, á pesar de esos pro- 
gresos, la meta siempre distante de una buena parte 
de la investigación científica. Nunca la sabiduría 
ha hecho recomendación más útil y provechosa á 
la inteligencia humana. Conocerse á sí mismo es 
casi siempre lo único que requiere el hombre para 
abdicar sus errores, corregir sus vicios y poner 
enmienda á sus defectos. Si alcanzáramos á yer- 
nos tal como nos ven los demás, ha dicho un ilus- 
tre filósofo, por grandes que fueran nuestras flaque- 
zas no nos faltaría la fuerza de voluntad necesaria 
para sustraernos á su maléfico influjo. 

Y si en un orden general es siempre de interés 
el conocimiento de sí mismo, ese interés se acrece 
y multiplica en progresión geométrica á medida 
que van extendiéndose y ensanchándose los hori- 
zontes de la vida, y junto con ellos los deberes á 
que se ha de dar satisfacción. 

Por muy cerca de cuatro siglos, los cubanos han 
sido representados por los españoles y regidos por 
España. Cuanto de reprobable hubiera en Cuba, 
en ley de estricta justicia, había que atribuirlo á 

16 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

los gobernantes y no á los gobernados. Hoy las 
cosas han variado. La tutela colonial española 
murió para jamás resucitar, y Cuba ha dejado de 
ser un satélite de España; podrá convertirse por 
virtud de la ley de la fatalidad geográñca y mer- 
cantil en un satélite de los Estados Unidos; pero 
aun así, Cuba tiene ya y seguirá teniendo una 
personalidad propia, que por el hecho de ser libre 
tiene que ser al mismo tiempo responsable. 

Nunca, por consiguiente, ha podido ser más 
oportuno el estudio de los cubanos y el de la isla 
de Cuba. Impórtale á los primeros conocer á su 
país y conocerse á sí mismos para decidir con más 
acierto de lo que lo han hecho hasta ahora, el 
arduo problema de su Constitución política. Im- 
porta á los anglo-americanos conocer á los cubanos 
para que puedan ejercer con inteligencia la tutela 
provisional que se han impuesto sobre ellos y lo- 
gren asegurarles esa paz y esa libertad, que los 
griegos esculpieron sobre el templo de Delfos como 
las supremas bendiciones para los pueblos. 

Cuanto se ha escrito, hasta ahora, de los cuba- 
nos, sobre adolecer del defecto de tratar el asunto 
con ligereza y sin método ni procedimiento científi- 
cos, ha respondido por modo principal y aun único, 
á las necesidades de la contienda que empeñó á 
españoles y cubanos durante la última mitad de la 
pasada centuria. Son obras de ataque ó de defen- 
sa, y por ser unas veces tremendo sumario de car- 

17 



CrBA Y Sr EVOLUCI«)X COUJNIAL 

gvi8 acumulados por la pasión política sin otro 
motivo que la necesidad de hallar disculpa al vasa- 
llaje medio-eval impuesto á los cubanos, y otras 
voot^ un exagerado auto-panegírico en que el enco- 
mio 80 elevaba á la altura misma alcanzada por la 
iiMisüura, es imposible reconocerles autoridad alguna 
oiontítiea, aunque varias de ellas la tienen sobrada 
ixmío obras literarias. 

Kl espaflol que dominaba y explotaba á Cuba, 
en ¡H'rjuicio de los cubanos, nada bueno podía en- 
oonirar en ellos. Eran seres notoriamente infe- 
riim's a ^'1, así en las cualidades morales como en 
las físicais, y condenados en razón de esta inferio- 
ritlad, á tener en la vida política la misma suerte 
que loH incapacitados tienen reservada en la vida 
oivil. Era el caso de un tutor que para prolongar 
la tutela y seguir disponiendo de la hacienda del 
pupilo, le atribuía deficiencias é ineptitudes ima- 
trinarias, olvidándose de que la responsabilidad de 
iviw defivtos, en caso de que existieran, á nadie 
más (lue á 61 debía ser atribuida, porque la edu- 
cación del huí'Tfano era el primero y más impor- 
tante de sus deluTCs. 

Kl cubano, de su hulo herido por la injusticia y 
cegado |H>r el enojo, ¡H^rdía la lucidez de la con- 
ci«'nt*ia, y cuando convertía la vista dentro de el, 
iir absolvía indulgentemente de sus i>ecados y lle- 
gaba á contemplarse inmaculado. La reacción del 
agravio inmcreiúdo producía el efecto acostumbrá- 
is 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONUL 

do y, estimándose una víctima, concluía por ves- 
tirse el blanco cendal de la inocencia, color obliga- 
do de todas las víctimas. De aquí esas apologías 
en que se autografiaba como un pueblo sin defec- 
tos y ungido por todas las virtudes, cuando en 
realidad no eran más que unos pobres colonos re- 
gidos sin justicia y maltratados con crueldad. 

No es, por consiguiente, ni entre ellos ni entre 
los españoles, donde puede encontrarse la fuente 
pura de una sincera y verídica información. 

Algunos apreciables extranjeros han visitado á 
Cuba atraídos por la fama de la belleza de su suelo 
y la han consagrado también algunas páginas en 
periódicos, en folletos y hasta en libros. Viajeros 
fascinados por los dedos de rosa de una naturaleza 
encantadora, y agradecidos á una hospitalidad 
verdaderamente caballeresca, cualidad en la cual 
nadie supera á los cubanos y á pocos les es dado 
igualarlos, reservaron para el cuadro los tonos más 
lisonjeros de su paleta, y colocando en un fondo 
piadoso de sombra á lo Rembrandt, las flaquezas 
de su huésped, si alguna le sorprendieron, no tu- 
vieron más que frases de encomio para aquella 
cortesía que obligaba en una forma tan delicada é 
imponía la gratitud con un vínculo tan agradable. 

De aquí es que esta fuente histórica, lo mismo 
que las anteriores, se encuentre contaminada tam- 
bién por la parcialidad. Aquéllos fueron cerebros 
estimulados por la codicia ó corazones heridos por 

19 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

el agravio inmerecido; éstos fueron estómagos agra- 
decidos. De unos y de otros no puede esperarse 
la verdad. 



Ahora, unas breves palabras acerca del método 
que nos proponemos seguir para dar cima á este 
trabajo. 

En primer término estudiaremos el medio en que 
el producto étnico ha venido á la vida, ha vivido 
y se ha desarrollado; estudio que es tanto más ne- 
cesario, cuanto nos proponemos analizar y deter- 
minar en calidad y en cantidad los efectos que las 
influencias de ese medio han ejercido en el desen- 
volvimiento del producto. Una breve reseña en 
forma sintética de la Geografía física, política v 
económica de Cuba y de su historia desde el de^ 
cubrimiento hasta nuestros días, bastarán para dar 
por evacuado este propósito. 

Examinado el escenario y oído el argumento, he- 
mos de pasar á los actores. Estudiaremos loe ca- 
racteres físicos, mentales y morales del cubano al 
objeto de determinar su análisis antropológico. Con 
el resultado de este análisis practicaremos el cuanti- 
tativo etnográfico para fijar la proporción en que 
el cruzamiento y las influencias locales han altera- 
do la estructura originaria. 

Analizado el producto y fijada la calidad y can- 
tidad de los elementos que lo integran, señalare- 

20 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

mo6 y examinaremos las influencias generales y 
particulares que lo han determinado, entre las 
cuales diputamos como primeras y principales la 
religión, la moralidad, la instrucción pública, la 
vida doméstica y la urbana, las costumbres públi- 
cas y las privadas; y profundamente penetrados de 
la verdad que encierra la afirmación de Rousseau: 
cLoB hombres serán siempre lo que las mujeres 
quieran», consagraremos la última página á la 
mujer cubana, de la cual depende en buena parte, 
8Í no en toda, la suerte futura de los cubanos. 



21 



CAPITULO TI 

GEOORAFÍA FÍSICA 

Forma y figara. — Situación. — Área y eztensión. — Bahías y paertoa. 
PenÍDsalas y cabos. — Mon tafias y ríos. —Islas y cayos adyaoeDtes. 
Población. — Censos. — Jnicio acerca de su ezaotitad. — Meteoro- 
logía. — Clima, temperatara, llnvia, rocío y vientos. — Faana. 
Flora.— Minas y agnas minerales. 



• De esta mimiA temperie y de la 
multitud de rloB menores, arroyos y la- 
gos que fecundan las lluvias, naee per- 
petua frondosidad y opulencia de sus 
campos siempre verdes y hennosoa. Se 
visten con tan honesto recato y <wden, 
que nunca de)an vene desnudos.» 

loNAao I. DK UaaüTiA. 



La Isla de Cuba, que recibió este nombre de 
sus aborígenes, es larga y estrecha, semejándose un 
tanto á una media luna, de forma irregular, exten- 
dida del Oeste al Este, y con el lado convexo opues- 
to al Norte. Los geógrafos del siglo xvi, llegaron 
á encontrarle parecido con la lengua de un ave, y 
aunque hoy puede sorprender esa comparación por 
lo desacertada, es lo cierto que la Isla recibió y 
guardó por algún tiempo el nombre de Lengua de 
Pájaro^ que por tan injustificado motivo se la diera. 

Se halla situada en el sentido de su longitud, á 

22 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLOKÍAL 

la entrada del Golfo de México, al cual divide en 
dos estrechos ó canales, uno de ellos conocido con 
el nombre de Estrecho de la Florida, con un ancho 
mínimo de 130 millas inglesas, entre el Cabo Sable 
en la costa de la Florida, y la punta de Hicacos en 
la de Cuba; y el otro con el de canal de Yucatán, de 
114 millas de ancho, entre el cabo San Antonio en 
Cuba y el Catoche en Yucatán. Al Nordeste, el ca- 
nal de Nicolás y el viejo de Bahama, la separan de 
las islas de este último nombre, y al Este, el estre- 
cho ó paso de los Vientos, de 42 millas de ancho, 
la aparta de Haití. Al Sur sus costas se hallan 
bañadas por el mar Caribe, y distan 75 millas de 
las de Jamaica que son las más cercanas. 

Demora Cuba entre los 75° y 85® de longitud 
Oeste de Greenwich, y 19° 4(y y 23° 33' de latitud 
Norte, viniendo por consiguiente el Trópico de 
Cáncer á lamer sus costas septentrionales. 

Es Cuba la mayor de las Indias Occidentales, y 
entre todas las islas que pueblan los mares, y que 
han sido hasta ahora exploradas y medidas, ocupa 
el octavo lugar, entre Java por arriba y North 
Zealand por abajo. Su área es de 43,319 millas 
cuadradas; la de su vecina Isla de Pinos es de 1,214 
millas cuadradas, y de 1,350 la de los cayos adya- 
centes, sumando un total de 45,833 millas cuadra- 
das. Esta área dista muy poco de las de Rumania 
é Inglaterra, y es superior á las de Costa Rica, Bél- 
gica, Holanda, Dinamarca, Suiza, Portugal, Grecia, 

23 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 



Servia, Bulgaria, Haití, Santo Domingo, Honduras 
y Salvador. Su mayor longitud en la línea recta, 
es de 780 millas y su anchura en la parte más an- 
cha es de 117 millas v de 22 en la más estrecha. 

» 

£1 litoral marítimo de la Isla comprende 1,890 mi- 
llas de costa, de his cuales corresponden 918 á las 
del Norte y 972 á las del Sur. (i) 

La costil de Cuba es generalmente baja y llana, 
y se halla rodeada por numerosos cayos y arrecifes 
que dificultan la navegación, y la hacen peligrosa 
para los que no están relacionados con las pasas y 
canales que existen entre ellos. Una buena parte 
de la costa Norte, la comprendida entre Cárdenas 
y Nuevitas^ es anegadiza y cenagosa, y se halla cu- 
bierta de manglares que forman estuarios y salinas 
naturales, que pueden ser explotables á muy poco 



(1) £1 área de las islas mayores, y de las naciones menores que 
Coba es la siguiente: 



ISLAS 

Nneva Guinea. 306,000 millas 

Borneo 289,000 

Madagasoar 230,000 

Sumatra 170,744 

Gran Bretafia. .. . 88,098 

South Zealand 55,000 

Java 49,176 



KACIOKn 

Salvador 7,225 mUh» 

Haití 10,204 

Bélgica 11,373 

Holanda 12,648 

Dinamarca 15,289 

Suisa 15,976 

Santo Dominga.... 18,045 

Servia 19,060 

Costa Rica. 23,000 

Bulgaria 24,360 

Grecia 25,041 

Portugal 32,526 

Honduras 43,000 



24 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

costo. La del Sur, alta y acantilada desde el cabo 
de Maisí hasta el de Cruz, es en el resto de su curso 
tan baja y cenagosa como la del Norte. 

A pesar de las dificultades con que la naturaleza 
parece haber rodeado su acceso, no existe en el 
mundo costa alguna, de isla ó continente, que en 
un tan reducido espacio, pueda presentar mayor 
número de bahías seguras y puertos excelentes, ac- 
cesibles casi todos ellos á los buques de mayor ca- 
lado. Figuran en la del Norte, los de San Cayetano, 
Bahía Honda, Cabanas, Mariel, Habana, Matan- 
zas, Cárdenas, Sagua la Grande, Caibarién, Nue- 
vitas, Manatí, Nueva Grandes, Malagueta, Puerto 
Padre, Gibara, Naranjo, Bañes, Ñipe, Levisa, Ca- 
bonico, Tánamo, Cebollas y Baracoa; y en la del 
Sur, Guantánamo, Santiago de Cuba, Manzanillo, 
Casilda, Cieníuegos y Tunas de Zaza. De todos 
estos puertos, ya por la profundidad de sus aguas, la 
seguridad de su abrigo y la facilidad para la carga 
y descarga, como por su forma y extensión, los de 
Ñipe, Guantánamo y Cienfuegos, pueden rivalizar 
con los mejores del mundo. La sola bahía de Ñipe 
tiene una extensión de 65 millas cuadradas y en su 
interior encierra tres puertos separados. 

De todos estos puertos, sólo algunos fueron abier- 
tos por el Gobierno español al comercio de altura, 
ó sea al extranjero. Estos puertos son los de Ma- 
riel, Habana, Matanzas, Sagua, Cárdenas, Caiba- 
rién, Nuevitas, Gibara y Baracoa, en la costa Norte 

25 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONUL 

y los de Guantánamo, Santiago, Manzanillo, Tunas 
de Zaza, Casilda y Cienfuegos, en la costa Sur. La 
República los ha adicionado después con. los de Ba- 
ñes, Coloma, Puerto Padre y Nueva Gerona en la 
Isla de Pinos. Los demás se hallan todavía poco 
más ó menos como los encontró el descubrimiento, 
no habiendo la población ni el tráfico crecido en 
ellos lo bastante para determinar su habilitación. 

Aunque no de pequeña extensión en sí misma no 
ha podido Cuba distribuir su periferia en muchas 
penínsulas, ni las pocas que existen, ofrecen tam- 
poco mayor radio. Representada por la extremidad 
occidental de la Isla existe la de Guanacabibes; la 
de Hicacos constituye la más septentrional; la de 
Lucrecia se encuentra también al Norte, lo mismo 
que la del Sabinal; y finalmente en el Sur se halla 
la de Zapata, cuyo perímetro lo traza principal- 
mente la Ciénaga de su nombre. 

Si se atiende á la extensión y altura de sus mon- 
tañas y á su distribución por toda la Isla, Cuba está 
muy lejos de ser un país montañoso. Relativamen- 
te llana en toda su extensión media, sólo sus dos 
extremidades, así la de Oriente como la de Occiden- 
te, presentan grupos de bastante relieve y conexión 
para que puedan servir de eslabones á un sistema 
orográfico. Estos grupos son: la sierra Maestra al 
Este y la sierra de los Órganos al Oeste. Los pun- 
tos culminantes de la primera son el Pico de Tur- 
quino con 8,320 pies de altura, la mas alta de la 

26 



CUBA Y SU EVOLUCIOK COLONIAL 

Isla; la Gran Piedra con 5,200 pies y el Yunque y 
el Ojo del Toro con 3,500 pies cada uno. Es el de 
la segunda el Pan de Guajaybón con 2,530 pies. 
Desde su cúspide, por levantarse en la parte estre- 
cha de la Isla, pueden divisarse la costa del Sur y 
la del Norte. El Camagüey, ó sea la provincia de 
Puerto Príncipe, es bastante llana, pues las sierras 
de Najaza y de Cubitas que en ella se levantan 
no bastan á quitarle ese carácter. 

Lo mismo puede decirse de las Villas ó Santa 
Clara, donde por excepción y casi como una aislada 
mole al fondo de la bahía de Casilda, se levanta el 
pico del Potrerillo con una altura de 2,990 pies 
sobre el nivel del mar. Las provincias de Matan- 
zas y la de la Habana son igualmente llanas, aun- 
que sus costas presentan por el Norte algunas es- 
tribaciones de poca altura y radio, tales como la 
sierra de Canasí y la de Jaruco. 

No existen volcanes en Cuba y las exploraciones 
que hasta ahora se han hecho no revelan que ha- 
yan existido en tiempo alguno. En la región 
Oriental y principalmente en Santiago de Cuba y 
en sus alrededores, se han sentido algunos terre- 
motos, pero ni por su frecuencia ni por su intensi- 
dad y su duración pueden ser comparados con los 
que se padecen en otras regiones del mar Caribe. 

La estructura geológica de Cuba es apenas co- 
nocida por haber sido muy poco estudiada. Sus 
montañas más altas parecen producidas por ele- 

27 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLOKIAL 

vación del suelo y se componen de rocas de origen 
sedimentario salpicadas por otras de origen ígneo. 
La sierra del Cobre se halla formada por conglo- 
merados no calcáreos y por esquistos pizarrosos del 
período mesosoico y eoceno interrumpidos por 
rocas de origen ígneo, de color oscuro y probable- 
mente del período terciario. La estructura de la 
sierra de los Órganos se compone de rocas de origen 
sedimentario procedentes de los períodos paleosoico, 
triásico, jurásico y terciario y su levantamiento 
debe haber sido gradual hasta su culminación du- 
rante el último de esos períodos. El subsuelo de 
fundación de la Isla está formado por rocas sedi- 
mentarias pre-terciarias, en las cuales se hallan 
fósiles cretáceos y jurásicos. Encima de esa fun- 
dación se encuentran primeramente capas de ma- 
terias de origen terreo y luego grandes yacimientos 
de piedra de cal, de origen neptúnico, la cual pie- 
dra es muy diferente á la verdadera roca de la 
¿poca eocena y oligocena. Probablemente el mar 
pretendió reivindicar su imperio sobre la Isla y ésta 
vino á asumir su actual relieve á consecuencia de 
uno de esos movimientos seísmicos que dan origen 
á las montañas y que debió ocurrir á fines del perío- 
do terciario, después de la formación de aquellos 
depósitos de carbonato de cal. En los períodos 
pliocenoy pleistoceno Cuba sufrió una serie de hun- 
dimientos y elevaciones pirogénicas que afectaron 
el relieve de sus costas y dieron lugar á sus acan- 

28 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONUL 

tiladofi ó farallones, á sus morros y á todas esas 
rocas prominentes que orillan el mar de sus costas. 

Es muy probable que en época remotísima Cuba 
formara parte del continente; pero hasta ahora no 
hay dato que lo confirme ni aun indicio que lo 
sugiera. La vida animal de Cuba, tanto la pre- 
sente como la pasada, no dan campo para esa suges- 
tión y sus rocas cristalinas son de fecha posterior 
al período medio terciario. 

Los ríos de la Isla, habida cuenta á su forma 
prolongada y estrecha, y á la orientación á que sus 
cordilleras obligan su corriente, tenían que ser 
necesariamente de poco curso, y aun éste endereza- 
do siempre hacia el Norte ó hacia el Sur. El más 
largo de ellos es el Cauto, el cual nace al Norte de 
la sierra Maestra, por el Cobre, y torciendo luego 
hacia el Oeste, se engruesa durante todo su curso 
con las aguas de la cordillera que tiene al Sur, y 
va á desembocar en esa costa, en la bahía de Buena 
Esperanza, al Norte de Manzanillo. De las 180 
millas de su curso, 66 son navegables; pero la de- 
sidia colonial dejó que se obstruyera, y se mantiene 
obstruida todavía su desembocadura por una barra, 
que una ligera obra de ingeniería con poco costo 
pudiera fácilmente desembarazar. Las vegas de 
este río se hallan formadas por los terrenos más fe- 
races de la Isla; pero estos terrenos en su mayoría 
se hallan todavía cerrados á la agricultura y sin 
haberse explotado en ellos otra cosa que sus made- 

29 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

ras de más precio. El Jatibonico del Norte y el 
Jatibonico del Sur son también ríos notables por 
dos razones: la primera, porque tienen su fuente en 
los lados opuestos de una misma loma, de la cual se 
separan para correr el uno, hacia la costa del Nor- 
te, y el otro hacia la del Sur, atravesando de este 
modo todo el ancho de la Isla; y la segunda, por- 
que á esta peculiar circunstancia deben el haber 
sido adoptados como término y lindero de varias de 
las divisiones históricas de la Isla, y hoy de las pro- 
vincias de Santa Clara y Puerto Príncipe. Son 
también ríos de importancia relativa el Sagua la 
Grande y el Sagua la Chica, el Jobabo, el Birama, 
el La Palma, el Cuyaguateje y el Hanábana; y mu- 
chos de ellos tienen agua suficiente para admitir en 
su desembocadura buques de cabotaje. Los arroyos 
y riachuelos son abundantísimos, como corresponde 
á un clima en el cual la estación lluviosa se encierra 
toda ella en unos pocos meses del año; pero todas 
esas corrientes menguan, y aun muchas se extin- 
guen, en la estación que llaman de la seca. 

La Isla de Cubase halla circundada en una bue- 
na parte de sus costas por numerosas islas y cayos 
adyacentes, llegándose á contar hasta 570 en 
la del Norte, y algo así como 730 en la del 
Sur. De todas estas islas la máa importante es la 
de Pinos, situada á 22 millas del Surgidero de Ba- 
tabanó, y cuya área de 1,214 millas cuadradas, la 
coloca entre las mayores de las pequeñas Antillas, 

30 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 



abajo de Trinidad y encima de Guadalupe y Mar- 
tinica. De entre los cayos verdaderamente dichos 
sobresalen por sus dimensiones, Cayo Romano, Ca- 
yo Coco, Cinco Leguas, La Cuajaba y Turiguanó; 
y por los faros construidos en ellos, los de Diana, 
Piedra y Cruz del Padre, á la entrada de la ense- 
nada de Cárdenas, los de Bahía de Cádiz y Paredón 
Grande en el Canal de Nicolás y Cayo Francés á 
la entrada del puerto de Caibarién. 

La población total de la Isla que, según el Cen- 
so de 1887, último del régimen colonial, ascendía 
á 1.631,687 habitantes, sufrió pérdidas notables á 
consecuencia de la guerra que terminó en 1898 con 
la independencia como resultado. Teniendo en 
cuenta el natural aumento de la población después de 
aquel Censo y el resultado ofrecido por el que practi- 
có la Intervención americana en 1899, no es aventu- 
rado apreciar esas pérdidas en 300,000 habitantes. 

Este último Censo distribuye la población déla Is- 
la por provincias y por color en la forma siguiente: 



PlIfllCUS 


BIlBCM 


legm 


MAL 


Área 


t 

Dens¡4id ', 


i Habana 


447.373 


112.214 


312.590 


3 986 


1 

153.3 1 


Matanzas 


202.462 


84.527 


117.917 


3.700 


54.7 


Pinar del Rio 


173.082 


47.439 


125 625 


5.000 


34.6 1 


1 Santaclara.... 


35d.537 


111.768 


244.768 


9.560 


37.3, 


Camagüey 


88.2H7 


17.847 


70.387 


11.169 


8.4 ' 

1 


Oriente 

TOTAL... 

i 


327.716 


146.605 


181.110 


12.468 


26.3; 


1.672.797 


505.443 


1.067.354 


43.883 


35.7 



31 



CUBA T se ETOLCCION 



Por el valor histórico que revisten, damos á con- 
tinuación un cuadro sinóptico de todos loe censos 
oficiales y oficiosos de que se han podido encontrar 
antecedentes. En ese cuadro, por razón de su im- 
portancia, sólo hemos atendido á la raza ó sea al 
color, en la clasificación de los habitantes. 



Um 



1774 
1792 
1811 
1817 
1827 
1841 
1846 
1849 
1855 
1859 
1861 
1862 
1867 
1877 
1877 
1887 
1899 



ÜUM 



96,240 
153,559 
274,000 
257,380 
325,000 
417,291 
425,767 
458,033 
498,752 
622,797 
793,484 
764,750 
763,750 
906,481 
1.041,518 
1.102,889 
1.067,354 



M OHF 



76,380 
118,742 
326,000 
314,983 
379,487 
589,333 
462,985 
488,899 
545,433 
557,216 
603,046 
594,488 
605,461 
528,266 
480,166 
528,798 
505,443 



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54 
55 
54 

58 

51 

51 

52 

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42 

43 

43 

42 

37 

32» 

32» 



TiCai 



172,e9ü|Bigo el Gobierno del Mar^ 

qoés de la Torre. 
272,301 Bajo el Gobierno de D. 
Luis de las GMie. 
OOOlCálcalo de D. Franonoo 



600, 

572,363 

704,487 

1.007,624 

898,752 

946,932 

1.044,185 

1.180,013 

1.396,530 

1.359,238 

1.379,211 

1.434,747 

1.521,684 

1.631.687 

1.572,797 



Arengo. j 

Bejo el Gobierno de D. Jo- 
sé Cienfocigoe. 

Bajo el Gobierno da D.: 
Dionisio YiTes. 

Bajo el Gobierno de D. Je- 
rónimo Yaldée. , 

Bajo el GoMenio de D.. 
Leopoldo O'DonnelL i 

Cálcalo de D. Jnoobo Pe- 
suela. 

Cálcalo de D. José Garoifr 
Arboleya. 

Cálcalo del Dnqne de U 
Torre. 

Obras póslamasde Saeo. 

Censo oficial. 



Bajo el General Mañano; 

Estadios sobre poblaoido de; 

D. Antonio Lopes Prielo. 

Oficial. 



Oficial. 



Oficial de la InterTeiioi6B.i 






32 



CUBA Y SU KVOLUOION COLONIAL 

Para la recta apreciación de estos cómputos con- 
viene advertir, que mientras existió la esclavitud 
loe poseedores de esclavos, huyendo al impuesto, 
tendieron siempre á ocultar una buena parte de 
loe que poseían. Sabido es que cuando la ley Moret 
ordenó la formación de un empadronamiento gene- 
ral, gran número de esclavos quedaron fuera de él, 
y su inclusión fraudulenta fué motivo de provecho- 
sas granjerias para las famosas Juntas de Libertos, 
cuando se decretó la libertad de todos los esclavos 
omitidos en aquel empadronamiento. También 
debe tenerse en cuenta, por lo que atafie al número 
de peninsulares comparado con el de cubanos, que 
el de los primeros debe ser más exacto que el de 
los sesudos. Los peninsulares han residido siem- 
pre en las ciudades, donde la acción administrati- 
va poseía más facilidades y eficacia para el éxito 
del cómputo, mientras que una buena parte de los 
cubanos han vivido siempre esparcidos por el cam- 
po, y puede tomarse por seguro que no todos fue- 
ron numerados en el catastro. 

El clima de Cuba es el que corresponde á los 
países situados en aquella parte do la zona tropical 
en donde las montafias no son suficientemente al- 
tas para determinar un descenso apreciable de 
la temperatura. En éste, como en tantos otros 
de sus caracteres geográficos, Cuba recibe la ley 
que le impone su condición de isla estrecha y pro- 
longada, á tal punto, que aunque carece de mon- 

39 



CTBA T se KFOIXraON COLONIAL 

Uflw que modifiquen bu temperatura, la proximi- 
dad del mar es lo bastante para introducir en ella 
atenuHcioneR que pueden ser observadas en cual- 
quiera localidad. La brisa, nombre que se da al 
viento N. £., arranca del mar durante el día y re- 
tVesoándoee en sus ondas salinas, acude á bafiar 
tiHias las costas de su litoral marítimo, llevando sus 
influencias hasta el mismo interior. Por la noche 
ol terral, que así se llama al viento que sopla de la 
t torra, despoja é ésta por irradiación del calor al- 
uuuH>nado durante el día y va á enfriarse entre 
hm olas del Océano. Estos vientos que reinan du- 
rtinto todo el afio, de día el uno y por la noche el 
otro, mantienen la balanza de la temperatura de 
un modo tan uniforme, que raras veces las diferen- 
oiiiH exceden de seis ó siete grados centígrados. Las 
lioriiM m&s cálidas del día son las que median en- 
tro ItiM nueve y las once de la maffana, horas gene- 
ralinonte de calma ecuatorial, en las que muere el 
lorriil i>ara ser substituido por la brisa. 

Kn Cuba, como en todos los demás países del 
I rAp¡(H>, el afio se encuentra realmente dividido en 
iliiM t^tacionos: la una más caliente y lluviosa, que 
«MirroHponde á la declinación solar, y la otra algo 
iiiíIn tría y mucho más seca. La estación lluviosa 
(MiniitMixa on Mayo y dura hasta Octubre, cerrán- 
ilimn generalmente con los primeros vientOB que 
MO|il(*n trancos del Norte. Durante todoe estos 
iiiiniori Huolo amanecer el día con un sol brillante, 

$4 



J 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

una atmósfera serena y un cielo sin nubes, pero 
apenas cruzado el merídianoi surgen de todos los 
puntos del cuadrante densos nubarrones que se 
dan cita en el zenit y forman una bóveda plomiza, 
que se desgaja á la postre en gruesos raudales de 
agua llovediza, con su acompafiamiento de relám- 
pagos, truenos y rayos. Una ó dos horas llegan á 
ocasiones á durar estos aguaceros tropicales, y 
durante ellos se hace algunas veces forzosa la sus- 
pensión de todo tráfico y trabajo al descubierto; 
pero apenas terminado el fenómeno meteorológico, 
vuelve de nuevo á brillar el sol tan claro como 
antes, con la misma atmósfera tranquila y el mis- 
mo cielo sin nubes. 

£1 período de Noviembre á Abril, por contras- 
te con el anterior, recibe el nombre de estación de 
la seca. Durante él se verifica la recolección del 
tabaco y la de la cafia de azúcar, planta la última 
que fuera imposible cosechar en Cuba, en las pro- 
porciones que requiere su industria azucarera, si 
lo escaso de las lluvias en dichos meses no facili- 
tara su corte y trasiego. Iniciase generalmente 
esta estación por los Nortes, vientos muy secos 
que comienzan á soplar desde los primeros días de 
Noviembre y que como su nombre indica vienen 
del Norte y del Noroeste. No son estos Nortes 
permanentes durante toda la estación seca; á veces 
suelen durar tres ó cuatro días y repetirse otros 
tantos cada mes. Bajo su influencia la temperatura 

se 



CCIU T se WrOLXXMXX OOUXNIAL 

lUpi á descender á Teces hssU 50® Fsrenheit, y 
4UIII mÍB bsjo todsTÍs, dannte la noche, en algu- 
nas eomarcas altas de la Isla. Estos vientos, aaegu- 
ran los expertos, tienen notable influjo en la calidad 
de La cosecha del tabaco, j ese influjo suele ser no- 
civo cuando los Nortes van acompaliados por ne- 
blinas. Por lo que ataffe á la cafia, contribuyen á 
tMi madurez y precipitan la densidad de su jugo. 
Cuando reinan con franquía, los hacendados re- 
quieren la maquinaría de sus bateyes, se alistan 
los aperos de la recolección y se apresuran los 
preparativos de la zafra. 

Bfijo el imperío de circunstancias tan atenuan- 
tes la temperatura de Cuba es mucho más soporta- 
ble de la que por su latitud debiera ser. Los meses 
más calurosos del affo son los de Julio y Agosto, 
en los cuales el promedio de temperatura alcanza 
¿ 82^ Farenheit, fluctuando entre los 98^ como 
máximum y los 76^ como mínimum. Este máxi- 
mum está debajo de los 102^ que suelen dis- 
frutar algunos días los habitantes de New York, 
Chicago, Philadelphia, Washington, Madrid, Ro- 
ma y otras grandes poblaciones de la zonas tem- 
pladas. Los meses de más frío son los de Diciem- 
bre y Enero, en loe cuales el termómetro fluctúa 
ontro loe 78° y 60® Farenheit. Durante estos 
inoHca la temperatura es deliciosa y en muchos con- 
ceptos superior á la que se disfruta en la famosa 
Rivera. 

30 



CUBA T 8U EVOLUCIÓN COLONIAL 

Según las observaciones hechas en la Habana, 
durante un período que abraza veinticinco afios, 
la temperatura media puede fijarse en 77® Fa- 
renheit. 

La humedad absoluta de la atmósfera, como su- 
cede en todas las regiones tropicales, es en Cuba 
notablemente grande, y este carácter, aunque cons- 
tante y uniforme para todos los días del año, varía 
considerablemente en las horas de un mismo día. 
Las de la madrugada, sea cual fuere la estación, 
suelen ser las de más humedad y las del mediodía 
las de menos. En la estación de la seca, que co- 
rresponde á aquellos meses en los cuales la influen- 
cia de los vientos N. y N. O. hacen descender la 
temperatura algunos grados, la humedad absoluta 
es sólo ligeramente inferior á la de los meses de 
verano, que son los favorecidos por las lluvias. 

Damos á continuación un cuadro contentivo de 
la cantidad de lluvia caída en la Habana desde el 
afio de 1859 á 1897, otro de la temperatura media, 
máxima y mínima de un decenio y otro referente 
á la humedad. 



37 



CUBA T SD ETOLUOION COLONIAL 



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40 



CUBA Y 8U EVOLUCIÓN COLONIAL 

Suele la Isla ser visitada con frecuencia por esas 
tempestades giratorias, llamadas ciclones y á las 
cuales loe aborígenes, que ya las conocían, daban 
el nombre de furicáuj de donde el castellano 
tomó más tarde el vocablo huracán. Estos fenó- 
menos meteorológicos han sido objeto en estos úl- 
timos tiempos de las investigaciones de los sabios, 
y resulta de ellas, que arrancando el ciclón en lí- 
nea parabólica hacia el Norte, desde los senos in- 
mensos del Atlántico inmediatos al ecuador, es 
casi siempre probable que alguna de las ramas de 
su trayectoria tropiece en su curso con la Isla de 
Cuba, que abierta y tendida se le ofrece en una 
buena extensión de millas del Este hacia el Oeste. 
De aquí resulta, que raro es el afio que no se dis- 
fruta en la Isla de alguna de esas tempestades de 
una mayor ó menor intensidad. A veces la tienen 
pequefia y reciben el nombre de vientos platane- 
ros, porque derriban y destrozan los plantíos de 
bananos; pero otras alcanzan la categoría de des- 
enfrenado torbellino, que troncha palmeras, des- 
cuaja cedros, destecha casas, haciendo volar por los 
aires sus tejas moriscas, cual si fueran las hojas de 
los árboles, desborda los ríos y lanza las olas del 
mar con flujo impetuoso sobre la playa, determi- 
nando inundaciones que en las ciudades han oca- 
sionado deplorable pérdida de vidas. 

Los vecinos antiguos de la Habana recuerdan 
todavía con espanto los estragos de los ciclones de 

41 



CUBA T SU EVOLUCIÓN COIONIAL 

1844 y 1846. De las embarcaciones sartas en el 
puerto, fueron pocas las que se libraron del nau- 
fragio, y buque hubo que fué á parar á la Plaza 
de Armas. Los de Matanzas conmemoran, como 
un día de luto, el 7 de Octubre, porque en día 
igual de 1870, uno de esos ciclones, arrojó sobre la 
ciudad tal avenida de aguas, que un millar de sus 
vecinos perecieron ahogados y arrastrados por la 
inundación. 

Estaciones meteorológicas bien situadas, puestas 
en comunicación telegráfica unas con otras y provis- 
tas de los instrumentos de observación que son hoy 
de uso corriente, pueden disminuir en mucho loe 
dafios que hasta ahora han ocasionado los ciclones. 
La ciencia ha conseguido determinar su evolución 
y trazar su trayectoria, y el telégrafo y algunas ve- 
ces el vapor mismo, han podido avisar con algunas 
horas de anticipación la llegada de huésped tan te- 
mido. El P. Vifies, que dirigió por algún tiempo 
el Observatorio del Colegio de Belén, en la Habana, 
hizo á esos meteoros objeto preferente de sus estu- 
dios y observaciones y llevó éstas tan adelante y 
con tan afortunado éxito, que puede decirse que 
dejó agotada la materia. 

Damos á continuación, sin atrevernos á garanti- 
zar la autenticidad de los datos, un estado de las 
mínimas barométricas de algunos de loe ciclones 
que han pasado por la Habana. 



42 



CUBA T SU EVOLUCIÓN COVOltUL 



I barométricas corregida* redaddaa al nivel del 
max, de «IcnncNi htuBcuiea qoe han vUtado la dudad 
de la Habana. 





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1870— 8 Ootnbre 


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1870-aO Oatohre 


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727'Bl 
751 ■(» 




187B-2I Ootnbre 


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18S2-del Sel 8 Septiembre.... 


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1883-del SU eOctabre. 


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l«M~dBl 23 al 24 Septiembre.... 
1894— del 4b1 SCtotnbre. 


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753'30 


29.26 
29.65 



La &uDa indígena de Cuba, por lo que hace á loa 
caadrúpedoe, resulta ser bastante pobre. El único 
de loB encontradoB por los conquistadores, que aún 
perdura, ee una especie de ruta como de doce basta 
diez y ocho pulgadas de largo y de seis hasta diez 



CUBA Y 8U KVOLCCIOK OQUnilAL 

de altora, perteneciente al ordaí de los roedores, y 
que recibe el nombre dejatía. Abanda por los 
manglares j lugares montuosos, y de su carne, que 
es algo insípida y oliscosa, solían alimentarse en 
días de escasez los patriotas cubanos en sus campa- 
fias contra las fuerzas espafiolas. 

A mediados del pasado siglo, se introdujo de Eu- 
ropa el venado, el cual se ha propagado con extrema 
facilidad, y abundara más si las leyes de veda se 
hicieran cumplir con alguna más eficacia que lo 
suelen. 

Por lo que hace á la fauna importada, encuén- 
trase representada por numerosos animales domés- 
ticos, desde el cuadrúpedo hasta el ave de corral. 
Figuran entre los primeros el asno, el caballo, el 
toro, la cabra, el carnero, el cerdo, el conejo, el 
perro, el gato, el ratón y algunos más de ínfima 
importancia. Se observa en el caballo que al cabo 
de algunas generaciones, pierde un tanto de su al- 
zada, pero gana en cambio, así en la suavidad de 
sus movimientos, como en su sobriedad y resisten- 
cia. Y estas últimas cualidades son tan notables 
en el caballo criollo, que no llegan á superarlas 
sus compañeros de la Arabia y de las estepas de la 
Rusia. El caballo ha sido el útil aliado y fiel com- 
pañero del patriota cubano durante sus guerras 
con Espafia, y á la sobriedad y resistencia de 
este bruto generoso, ha de atribuirse en primer 
término, el secreto de esas marchas prodigiosas tan 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL» 

frecuentes en las guerras de la independencia, 
donde la rapidez de los movimientos, tenía que su- 
plir el menguado número del contingente. Y como 
prueba de ello, baste citar la famosa marcha de la 
invasión de Occidente iniciada por el general Ma- 
ceo en Baraguá el 22 de Octubre de 1895 y ter- 
minada en Quane, á 379 leguas del punto de par- 
tida, en 22 de Enero del siguiente afio. Las fuer- 
zas invasoras en su mayoría eran montadas y fue- 
ron contados los caballos que se quedaron en el 
camino, aunque había jornadas de diez y doce 
leguas. 

Por sus movimientos se clasifican en caballos de 
trote, de paso y de marcha. Los primeros, ni en 
fuerza ni en velocidad, pueden compararse con el 
sólido y macizo percherón ni con el rápido trota- 
dor ingl6«; pero los dos últimos por la elegancia y 
suavidad de su aire, que permite al ginete, según la 
expresión vulgar llevar un vaso de agua en la mano 
sin derramarla, no tienen rivales en el mundo. 

Sostienen algunos, y tal vez no les falte razón, 
que la tendencia del caballo criollo á degenerar en 
alzada, se debe á la perniciosa costumbre, corriente 
en el país, de no castrarlos desde pequefios. De 
esta manera potros que carecen de las condiciones 
para el caso, usurpan las funciones del garafión 
profesional y dan lugar á una prole que pierde la 
cualidad más expuesta á perderse en las especies 
que d^eneran, que es la alzada ó estatura. 

46 



CUBA T SU EVOLUCIÓN COLONIAJE 

El ganado bovino se reproduce en Cuba con 
suma facilidad, y críase j mantiénese todo el afio 
suelto y en libertad en haciendas y potreros, de 
pastos naturales las primeras y artificiales loe se- 
gundos. Mas la falta de estabulación en los meses 
más rigurosos de la seca, en los cuales loe pastos y 
las aguas escasean, tiende á disminuir también el 
tamafio de los individuos de esta especie y hacerlos 
menos productivos en carnes y en leche. Sin em- 
bargo, en los sitios de labor cultivados por peque- 
ños propietarios, que consagran mejor cuidado á 
sus rases, las cuales muchas veces constituyen toda 
su hacienda, suelen encontrarse magníficos ejem- 
plares, tanto para el tiro como para la carne y aoo 
para la leche. 

Aunque prospera y procrea en abundancia en el 
país, es el ganado ovejuno relativamente poco nu- 
meroso, y como el clima se presta poco á la varie- 
dad lanar, la crianza ha venido á circunscribirse 
á la de carne, y aun ha contribuido á estrechar más 
BU radio la poca afición que en general tienen loe 
cubanos á esta carne. Mientras duró la esclavi- 
tud los ingenios mantuvieron algunos rebafios de 
esta especie, para proveer de carne fresca á la en- 
fermería; pero desde que cesó aquélla, esta rama 
tan útil y provechosa de la ganadería ha venido 
lentamente extinguiéndose, á tal punto, que un 
pemil de carnero en una mesa constituía, en estos 
últimos afios, un manjar de gran estimación. 

4^ 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

Por lo que hace á la cabra, nuuca le fué conce- 
dida mayor atención, y tan sólo en los alrededores 
de las grandes ciudades, los expendedores de leche 
han solido criar y mantener algunos ejemplares de 
este sobrio animal, con el objeto exclusivo de mez- 
clar su leche con la de vaca, porque aislada, no la 
ha tolerado ni la tolera el escrupuloso paladar 
criollo. 

Es el cerdo uno de los animales más útiles de 
Cuba y se ha aclimatado en su suelo de tan buena 
gracia, que nace, vive y hasta se ceba en la libertad 
de loe campos y sabanas. La suavidad del clima 
y la abundante y próvida flora tropical que no en- 
cierra el fruto dentro de la primavera, cual lo hace 
en las zonas templadas, sino que lo reparte entre 
todos loe meses del a fio, consiente que el cerdo ha- 
lle siempre á la mano alimento abundante por 
montes y cafiadas; y hasta la misma palma real, ese 
bardo de loe bosques tropicales, que entona con el 
arpa de sus pencas el himno misterioso de la Natu- 
raleza que fué presentido por Fitágoras, parece ofre- 
cerle el tributo obligado de sus racimos de coral. 

Distínguense en Cuba dos castas de ganado de 
cerda, la criolla y la corralera. La primera es de 
menos tamafio, pero se adapta mejor á vivir y á 
prosperar en libertad: la segunda es mayor, pero 
requiere la cochiquera para la ceba; algunos desús 
ejemplares han llegado á pesar hasta veinticinco y 
treinta arrobas. 

47 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

La carne de cerdo es uno de loe manjares fiivo- 
ritos del cubano; y no se la come en cecina, adobo 
ó embutidos, cual se practica en los climas templa- 
dos, sino que va directamente del matadero á la 
cocina y de ésta á la mesa. Focos son los cubanos, 
sobre todo los criados en el campo, que no se les 
agüe la boca á la vista de un lechón asado, ya sea 
por el procedimiento de la barbacoa ó ya por el es- 
picho, y rara es la mesa donde á diario no se sir- 
van y se honren los tradicionales y venerandos 
chicharrones. Importa estudiar si el uso inmode- 
rado de un manjar restringido por las leyes en ma- 
chos países durante la estación veraniega, y hasta 
execrado cual inmundo, por algunas religiones, ha 
podido determinar y ha determinado en realidad 
en la patología cubana influencias apreciables. 
Punto es ese que merece ser tratado y que lo será 
en el capítulo que le corresponda. 

Por lo que hace al conejo, su crianza no ha tras- 
pasado todavía los límites de un ensayo en el patio 
de la cdijia. El ratón, el cangrejo, la hormiga, el 
jubo y sobre todo la humedad del sub-suelo son 
enemigos tan poderosos á la propagación del cone- 
jo, que parece difícil que en Cuba se llegue á dar 
impulso á su crianza, para que sea como es en otras 
partes, materia de sport y delicadísimo manjar. 

Entre los cuadrúpedos domésticos figuran tam- 
bién el perro, el gato y el ratón. Algunos ejem- 
plares de las dos primeras especies se han alzado 

48 



CUBA Y 8Ü EVOLUCIÓN COLONIAL 

de la vida doméstica y abrazado la del bosque, por 
lo cual reciben el nombre de jíbaros; difieren de sus 
congéneres solamente en costumbres y en tamafio, 
y aunque llegan á causar algún estrago en las crías 
menores, dista mucho ese estrago del que la zorra 
y el lobo suelen ocasionar en las comarcas donde 
habitan. 

Las aves de corral son numerosas. Existen el 
pavo real, el pavo doméstico ó guanajo, el ganso, 
el pato, la gallina, la guinea y la paloma. EstHS 
especies no son en tamaño tan grandes como las de 
Pennsylvania, pero se reproducen con facilidad, se 
mantienen á poco costo y sus carnes son jugosas y 
suculentas. Por la conjunción de todos esos carac- 
teres, sobresale entre ellas la gallina de guinea, pa- 
ra cuyo sustento basta la yerba de los campos y 
que crece en bandos tan numerosos que á veces lle- 
gan á causar dafio á las siembras. 

Los pájaros indígenas son más numerosos toda- 
vía y distínguense algunos por su canto y los más 
por los brillantes colores de sus plumas. Entre 
los rapaces debe anotarse el aura ó buitre cubano, 
de vuelo reposado y majestuoso, el gavilán, el cer- 
nícalo, la lechuza, el halcón, el eijú y el pitirre, 
tan arrestado é intrépido que, cuando está en cría, 
no se arredra en acometer y en habérselas con los 
individuos mayores del reino alado. Por los ma- 
tices de sus plumas son notables el tocororo, el so- 
livio, el mayito, la mariposa, el aparecido de San 

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CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

Diego, la pedorrera, que en Oriente apellidan car- 
tacuba, y el sunsún. Figuran entre los trepado- 
res Iñ cotorra, el perico y el carpintero, cuya len- 
gua aguzada y dura como el acero, le sirve para 
labrarse un nido perforando la corteza de loe árbo- 
les de madera más compacta. 

Para el cazador son útiles por lo sabroso de sus 
carnes, la guanana, la grulla, el coco, la yaguaza, 
la perdiz, la torcaza, la rabiche, la sanjuancra, el 
camao y la codorniz. Y finalmente reina el sin- 
sonte sobre el mundo alado de Cuba ya por la me- 
lodía de sus trinos como por su maravillosa habili- 
dad en remedar el canto de las otras aves y hasta 
en aprender concertadas piezas de música. 

Los reptiles se hallan representados por la igna- 
na, cuyH carne, según cuentan los cronistas de la 
conquista, era manjar delicioso para loe siboneyesf 
y aun para los conquistadores, cuando no tenían 
otra cosa, pero cuyo uso en el arte culinario se ha 
{)erdido ya de la memoria; por el majá, culebra que 
algunas veces llega á alcanzar cinco ó seis varas 
de largo por seis ó siete pulgadas de diámetro, y 
que por su carácter medroso é indolente sirvió co- 
mo tipo de comparación, durante las guerras de 
la independencia, para aquellos patriotas que con 
menos alientos que los otros, se guarecían en el se- 
no de los bosques, y no daban el hombro á la pe- 
lea; por el jubo, de algo menos tamaño que el majá 
y tan indolente como él, y por el camaleón, el lagarto 

50 



CUBA Y 8Ü EVOLUCIÓN COLONIAL 

y el cocodrilo. Este áltimo, sólo existe en las ciéna- 
gas del Sur de la Isla. Jamás ha sido visto en las 
del Norte, lo mismo que su compañero el manjuarí. 

Los insectos son numerosísimos, cual conviene á 
un clima tropical de mucho calor y mucha lluvia, 
y como consecuencia de mucha humedad. Es no- 
table entre ellos el cocuyo, coleóptero de regular 
tamafio, que con poderosa fosforecencia rompe la 
obscuridad de la noche en las hojas de los árboles 
á la entrada de la estación de las lluvias. Ningu- 
no de estos insectos es suficientemente ponzoñoso 
para que su mordedura pueda poner en peligro la 
vida humana. Los que sobresalen en esta nefanda, 
pero no mortífera obra, son la arafia peluda, el 
cienpi&i, la avispa, el mosquito y el jején. Este 
último resulta ser tan pequeño y microscópico, que 
el gummun de los conocimientos adquiridos en la 
investigación, refiriéndolos á una persona, suele 
encerrarse en Cuba en esta frase: « sabe donde el 
jején puso el huevo». 

Pueblan el mundo de las aguas infinidad de pe- 
ces y moluscos; y contrayéndonos á los que son 
más generalmente usados en la alimentación, debe 
exponerse que los expertos en la pesca los clasifi- 
can en peces de color, en blancos ó de vuelo, y en 
peces de pellejo. A la primera clase pertenecen 
los reyes de la gastronomía acuática, no en modo 
alguno inferiores, sino más bien superiores á sus 
congéneres de otros mares y países. El pargo, el 

91 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

sidí, la rabirrubia, la cubereta, la biajaiba y el sal- 
monete no tienen rivales en el mundo, y pueden 
tenérselas tiesas ñ aquel famoso rodaballo destinado 
á la mesa del emperador Heliogábalo y cuya salsa 
fué objeto de especial deliberación en el Senado 
romano de aquel tiempo. La mojarra, la lisa, el 
guaguancho, el robalo, el jurel, el civil, la cojinúa, 
el serrucho, la picúa, la pintadilla, el macabí y el 
bajonao, figuran en la categoría de los peces blan- 
cos, porque son de este color, y se llaman también 
de vuelo, porque viven, no en el fondo, sino en la 
superficie de las aguas. Su carne, aunque no tan 
estimada como la de los primeros, es también ju- 
gosa y de buen gusto, siendo la del guaguancho 
tan delicada, que puede rivalizar con la famosa 
pescadilla del estrecho de Oibraltar. Los peces 
de piel ó pellejo son aquellos que lo tienen espeso 
y resistente, con escamas muy pequeñas ó sin ellas. 
Su carne se adapta para guisos más que ninguna 
otra, y algunos llegan á alcanzar por su tamafio 
extraordinarias proporciones. Figuran en esta 
clase la guasa, la cubera, la cabrilla, la cherna, el 
mero, el bonasí, el rascasio y el chapín. 

Algunas de las especies de vuelo y de pellejo, 
suelen ser propeni^as á una enfermedad que recibe 
el nombre de ciguatera; la cual enfermedad deter^ 
mina fenómenos también morbosos, pero fácilmen- 
te curables, en las personas que comen de un pez 
enfermo de ella. 

62 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

Lias causas de esta dolencia, son hasta ahora 
desconocidas. Varias teorías se han formulado 
para explicarlas, pero ninguna de ellas ha ganado 
la autoridad de una ejecutoriada verdad. 

Entre los moluscos comestibles figura el ostión 
ú ostra, que se cría con abundancia por todas lan 
playas de la Isla, aunque su cultivo, como tantos 
otros, se halla todavía en manos de la naturaleza. 
Sobresalen los de Sagua la Grande, los cuales si 
ceden en tamafio á los afamados de Blue-Points, le 
son en cambio superiores en poder nutritivo, en 
frescura y en fragancia. La almeja, de las cuales 
hay muchas variedades, el longorón y la sigua, 
que llega á alcanzar grandes proporciones, son 
también dignos de anotarse. 

Entre los artrópodos comestibles deben mencio- 
narse el cangrejo moro, la langosta y el camarón, 
todos ellos de carnes blancas y jugosas y sin ese 
extremado olor á marisco que perjudica á sus con- 
géneres de afuera; la jicotea, la tortuga y la ca- 
guama, cuya carne y huevos son también aprove- 
chados; el pulpo y el sabroso calamar. Entre los 
artrópodos útiles, se encuentra el carey, cuya con- 
cha es susceptible de gran pulimento, y por sus 
peculiares matices, tiene gran aplicación y se paga 
á buen precio en las industrias de lujo. 

Finalmente, entre los mamíferos cetáceos, debe 
citarse el manatí, que llega á pesar hasta una tone- 
lada, y cuya carne, que participa del gusto del 

53 



CUBA Y 8U EVOLUCIÓN COLONIAL 

cerdo y de la vaca, es bastante apreciada. La piel 
del manatí, que alcanza hasta una pulgada de es- 
pesor, se emplea en preciosos y flexibles bastones 
color de caramelo transparente. 

La flora de la Isla posee la lujuriosa exuberan- 
cia de las zonas tropicales. Los bosques aún exis- 
tentes son de vasta extensión y cubren una buena 
parte de las provincias de Santa Clara, Puerto 
Príncipe y Santiago de Cuba. Estímanse en un 
millón de hectáreas las tierras destinadas al cultivo 
y del resto, unos doce millones, permanecen in- 
cultos ó destinados á la ganadería, y unos diez mi- 
llones se hallan cubiertos de bosques todavía vír- 
genes, y en el mismo estado en que Colón los 
encontró. Todos estos bosques abundan en ma- 
deras preciosas para la ebanistería ó útiles para la 
construcción; pero la escasez de población y la di- 
ficultad de los transportes ha dificultado hasta 
ahora su explotación. Cuando las circunstancias 
varíen y esa explotación pueda emprenderse, es 
necesario que la presida la más juiciosa cautela, 
porque si la tala de montes se lleva en Cuba por 
derecho, tal como en £spafia sucedió, el resultado 
final será modificar la meteorología del país, ale- 
jando las lluvias y hasta disminuyendo el rocío. 
Las consecuencias de semejante error serán deplo- 
rables y funestas para las industrias agrícolas, úni- 
cas que en un transcurso de siglos se ven todavía 
practicables para el país. 

64 



CUBA r 8U EVOLUCIÓN COLONIAL 

Atendiendo al fin práctico de su utilidad, el rei^- 
no y^etal cubano, puede ser clasificado en plantas 
productoras de maderas de construcción y de eba- 
nistería, en alimenticias, frutales, industriales, de 
seto vivo, aromáticas, de huerta y jardín, medici- 
nales y de pastos. 

Abundan las primeras ó sean las de construcción 
y entre sus cualidades distintivas se distinguen su 
peso específico, su flexibilidad, su dureza y su inco- 
rruptibilidad dentro del agua ó bajo tierra. El 
sabicú ton privilegio para quillas y baos; el júcaro 
para pilotaje; la jocuma, la quiebrahacha, el ácana 
y el jiquí para horcones; el chicharrón y la yaba 
para soleras, mazas y teleras; el dagame y la yaya, 
para rayos y alfagía y algunos otros no tan comu- 
nes son los beneméritos representantes de esta clase. 
Cuando en la Isla se inicien las mejoras de urbani- 
zación que á gritos reclama el estado deplorable de 
las calles de sus mejores ciudades, todas estas ma- 
deras son susceptibles de producir excelentes cufias, 
tan buena ó aun mejores que las del extranjero 
para el pavimento de sus calles. 

Las principales maderas de ebanistería son: la 
caoba, el cedro, el ébano, el algarrobo, la majagua, 
la sabina y el tamarindo. De la caoba existen algu- 
nas variedades, pero las de más mérito son las de 
clavo y de caracolillo, que se distinguen de las otras 
por las aguas y dibujos de su estructura, las cuales 
el pulimento y el barniz se encargan de poner en 

66 



CUBA T SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

resalto y distinción. Del cedro existen también al- 
gunas variedades, pero la llamada cedro macho es 
la más apreciada. 

Entre los granos alimenticios, por la extensión 
de su cultivo debe colocarse en primer término el 
maíz, jefe altanero de la espigada tribu, según la 
feliz expresión del cantor de los frutos de la zona 
tórrida. Se dan del maíz hasta dos cosechas den- 
tro del afio y en el mismo terreno: la de aguas es 
más abundante que la de seca, pero inferior á ésta 
en calidad. Cada mata produce de dos á tres ma- 
zorcas de diez á doce pulgadas de largo é igual nú- 
mero de onzas de peso cada una. Un acre de buen 
terreno en favorables condiciones puede llegar á 
producir en un año hasta treinta quintales de gra- 
no de buen tamafio y hermoso color amarillo encen- 
dido. El poder nutritivo del maíz cubano es igual, 
si no superior, al de las zonns templadas. Durante 
la esclavitud formaba la base en los ingenios de la 
alimentación de los esclavos, y los trabajos, que es- 
tos desgraciados resistían son la mejor prueba de 
su poder alimenticio. Sabido es también que los 
negros solían vender á hurtadillas su ración de ta- 
sajo, para proporcionarse con su producto otras go- 
losinas de más incentivo para ellos, y que esta venta 
los obligaba á subsistir casi exclusivamente del tra- 
dicional funche. 

El arroz se da con abundancia en loe terrenos 
bajos, y por ser uno de los renglones alimenticioe 

56 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

de más consumo en el país debiera propagarse su 
cultivo, hasta redimirlo del tributo de $5.000,000 
que Cuba paga anualmente á la India Inglesa del 
Este, para atender á ese renglón de su consumo. 
Aunque el acre puede producir hasta cuarenta 
quintales, la dificultad de descascararlo, por no ave- 
nirse cou su dura película las máquinas de uso pa- 
ra el caso en otros países, ha creado tales embarazos 
al cultivo de este grano, que sólo se hace en peque- 
ña escala en algunas comarcas, alejadas de los cen- 
tros de población y abasto. Parece ser que por 
sembrarse en Cuba esta planta en terrenos de seca- 
no, á diferencia de lo que sucede en los demás paí- 
ses productores, en los que se cultiva por riego é 
inundación, su cascara está dotada de tal adheren- 
cia al grano, que no ha podido ser vencida hasta 
ahora por las máquinas en uso. No parece ser el 
problema invencible á la mecánica, y cuando el es- 
píritu de empresa lo resuelva, el cultivo del arroz ha 
de ver en Cuba ensanchadas sus fronteras, con gran 
provecho para los que á esa industria se dediquen. 

£1 frijol, la habichuela, la arveja y el garbanzo, 
se producen bien, pero se cultivan poco y en una 
medida tal que no alcanza ni con mucho á cubrir 
las necesidades del consumo. 

De los tubérculos alimenticios, el más importan- 
te y generalizado es el boniato, del cual existen 
muchas variedades, y entre otras una llamada de 
loe cuarenta días, así dicha, porque en ese plazo, á 

67 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

contar del día en que fué sembrada, pueden co^ 
menzar á cosecharse sus boniatos. Forma el bo- 
niato junto con el arroz la base vegetal de la ali- 
mentación de todos los cubanos, j rara es la mesa 
en que cotidianamente no se sirvan. Si Cuba pu- 
diera exportar todo el que es capaz de producir, y 
si en estos últimos afios no hubiera atacado á los 
boniatales un insecto miscroscópico, importado se- 
gún se cree con el guano del Perú, el cual loe des- 
truye antes que estén de arranque, de todos loe 
frutos del país sería el boniato aquel que mejor re- 
munerase su cultivo. Un acre, libre de insectos, 
en diez y ocho meses puede producir 2,000 arrobas 
de boniato. 

Por el valle de Güines, donde se ha aplicado el 
regadío á su cultivo, se cosecha con gran beneficio 
la patata; es menor que la del Norte, pero de me- 
jor sabor, aunque no de tanta duración. £1 
ñame y la malanga son también tubérculos apre- 
ciables y suelen cultivarse en las tumbas y des- 
montes. Y finalmente, la yuca ó manihot, que 
tiene varias variedades, se cultiva con fiícilidad y 
produce con abundancia, siendo exquisita la calidad 
de su fécula. De la yuca extraían los indígenas» y 
siguen extrayendo los cubanos, una especie de torta 
bastante nutritiva, aunque algo insípida, á la cual 
se la da todavía el nombre de casabe, y que conti- 
núa usándose en el campo como sustituto del pan* 
Su gluten, que es muy abundante, produce el al- 

68 



CUBA T 8U EVOLUCIÓN COLONIAL 

midón necesario para el consumo de] país con un 
rendimiento de 25 á 30 libras de almidón por 100 
de yuca. Es susceptible también la yuca cubana 
de extraerse de ella excelente tapioca, la cual puede 
ser objeto de demanda para la exportación. 

El plátano es el mismo que se produce en toda 
la zona tropical de América. Crece en Cuba con 
lozanía y Iqs terrenos colorados y altos son los más 
apropiados para su cultivo. Existen más de veinte 
variedades, entre las cuales son las principales el 
macho, el hembra, el manzano, el enano, el gui- 
neo, el indio, el dátil, el Zanzíbar, el Johnson y 
el burro: las dos primeras variedades se comen co- 
cidas, y crudas generalmente las otras, cuando ma- 
duras. 

Como artículo de exportación, el plátano co- 
menzó á ser cultivado en la parte Oriental de la 
Isla, pocos afios antes de la última guerra. Y ese 
cultivo promete con el tiempo una buena retribu- 
ción, porque la proximidad de Cuba á los Estados 
Unidos, que es el gran centro de consumo de ese 
fruto, hará imposible la competencia á los plátanos 
de Jamaica y del litoral del mar Caribe, que son 
los que monopolizan hoy aquel mercado. Un acre 
dedicado á este cultivo puede producir al afio á muy 
poco costo un millar de racimos. 

Los frutales son numerosos; figuran entre ellos-. 
la pifia, el mango, el mamey, el mamoncillo, la 
guanábana, el tamarindo, la guayaba, el anón, la 

69 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

chirimoya, el coco, el caimito, el zapote, el mará- 
fión, el caimitiilo, el caniste], la naranja, el limón, 
la toronja, la sidra, la papaya y la pomarroea. De 
todas ellas existe más de una vari^ad, pero sola- 
mente la naranja y la pifia son cultivadas con al- 
guna extensión para fines industriales; las demás 
frutas cubanas se hallan todavía en manos de la 
naturaleza, que muchas veces hasta se ha encargado 
de sembrarlas; el hombre cuida sólo de recoger la 
cosecha. De esta manera hállanse esas frutas muy 
distantes de haber alcanzado en reducción de se- 
millas, aumento de pulpa y suavidad de jugo, el 
grado de perfección que han logrado las que se 
cultivan en California, Italia y Valencia y otras 
comarcas que se dedican á esta producción. Pero 
es indudable que cuando se atienda á las necesi- 
dades de su cultivo, y la planta pase del estado sil- 
vestre que hoy tiene al de planta de huerto, que 
debe tener, las condiciones recomendables de su 
fruto, ya notables por la naturaleza, se mejorarán 
por el cultivo. 

Desgraciadamente para ella, Cuba se ve obligada 
á pagar una compensación, que parece le ha sido im- 
puesta por la naturaleza, á cambio de la feracidad 
de su suelo tropical, y esta compensación la satis- 
face unas veces en la calidad del producto y las más 
de ellas en su resistencia y duración. Esta pecu- 
liaridad fué de antiguo observada y la registraron 
ya los primeros cronistas de las Indias, habiéndola 

60 



CUBA Y 8ü EVOLUCIÓN COLONIAL 

aprovechado Urruti», uno de los primeros historió- 
grafos de Cuba, para iniciar esa labor de constante y 
sistemática apología en favor de los productos de la 
tierra natal, absolviendo álos antiguos siboneyes del 
cargo de desidia y flojedad que se les hacía, dando 
por fundamento a esa absolución el que por dafiarse 
los productos dentro del año de su cosecha, aquellos 
indígenas se veían obligados á reducir sus siembras 
á las necesidades de su inmediato consumo (^). 

Y esta observación es útil apuntarla, porque de 
vez en cuando han solido levantarse voces — algu- 
nas de ellas bastante autorizadas por su posición ofi- 
cial — para condenar el que la iniciativa agrícola de 
Cuba se encuentre reducida y limitada á sólo la 
cafiay el tabaco,y para abogar por que se la encami- 
ne por el derrotero de cultivos nuevos y variados (-^ . 

Y hay que andar con mucha pausa y no menos 
precaución en esto de introducir en el país el cul- 
tivo de nuevos productos, porque la experiencia ha 
enseñado á los labradores que no se cultiva lo que 
se quiere sino lo que se puede, y que los mejores 
cultivos — y muchas veces los únicos — son aquellos 
de antiguo aclimatados en la tierra, cuyo trasiego 
y manipulación es de todos conocido, y cuyo éxito 
se han encargado de depurar, comprobar y sancio- 
nar esas crisis periódicas que suelen acometer á las 
industrias . 



(Ij Urratia.— IVoíro cubano.— Pág. 185. 

(2) Lo0 sefiores Enrique Joeé Varona y Juan Rios Rivera, siendo 
SeoreúuloB del Gobierno de la primera Intervención. 

01 



CUBA T SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

Todos los frutos de Cuba son de poca dura y re- 
sistencia y por ende muy propensos á que se vea tro- 
cada en humo la ganancia que produzca su cultivo. 
La caña ha de pasar del corte al molino por decorrí- 
doy sin interrupción, porque todo retardo supone la 
inversión y merma de su jugo, y su pérdida com- 
pleta si se prolonga ese retardo por más de diez 6 
doce días. El tabaco, el maíz, el arroz, y en general 
todos los granos, á los dos ó tres meses de cosecha- 
dos, son acometidos por miríadas de insectos, cuyos 
gérmenes fueron recogidos en el campo, y el calor 
y la humedad se encargaron de incubar. £1 algo- 
dón, aun en flor, es víctima del temible picudo, el 
naranjo de la guagua y el coco de la bacteria que 
le pudre el corazón. La cebolla pierde al mes la 
mitad de su peso, y á los dos se pudre sin germi- 
nar. La patata apenas resiste uno de barril. Y 
por lo que hace á la yuca y al boniato, una vez fue- 
ra de tierra, sólo por días pueile numerarse el pe- 
ríodo de su aprovechamiento. En cuanto á las 
frutas, las de California pueden llegar á Cuba con- 
servando su frescura y su fragancia; pero las de 
Cuba no llegarán jamás á California, porque hay 
que arrojarlas en el camino por dañadas. 

La riqueza de Cuba en plantas de ornamenta- 
ción es grande. Las hay de formas caprichosas y 
simétricas, cual la palma en todas sus variedades, 
desde la real hasta la cana ó jata; aromáticas c^mo 
la yerba Luisa, la albahaca mondonguera, el hino- 

62 



CUBA T SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

jo, el or^DO de la tierra, y muchas otras, tanto 
indígenas como exóticas; lianas trepadoras, que for- 
man vistosos pabellones de follaje, como la pitaha- 
ya, el aguinaldo, el ubi, la madre-selva, la piscoala, 
los ojos de poeta y la campanilla; y finalmente las 
hay de flores con rico aroma y variados matices, 
como el espino, el almendro, la baria, y tantas otras 
que embellecen macizos y arriates en los jardines 
y parterres. 

Es muy probable que la naturaleza no haya do- 
tado á país alguno con planta de (anta utilidad 
práctica, como la palma real — Oreodoza regia. — Su 
tronco erecto, liso, hueco y sin corteza, con muy po- 
ca labor, proporciona incorruptibles tablas para el 
forro y el piso de una casa, y canales para la recogi- 
da de sus aguas llovedizas. Sus pencas ofrecen una 
cubierta fresca, impermeable y ligera para la te- 
chumbre. Su tallo brinda la yagua, especie de made- 
ra ligera, flexible, impermeable y delgada, de cuyas 
múltiples aplicaciones aún no se ha agotado el re- 
pertorio. Sirve para tabiques, cumbreras, catauros 
y ariques, etc., etc. Para empacar 6 enterciar el 
tabaco en rama, no se la ha encontrado todavía quien 
la iguale, y en caso de necesidad puede extraer&e 
de ella hasta sal de cocina tan buena como la del 
mar. Su fruto, que recibe el nombre de palmiche, 
es alimento nutritivo para el cerdo, que lo prefiere 
á cualquier otro. Los ramos filamentosos á los cua- 
les está adherido el palmiche, dan escobas naturales 

63 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

tan útiles como las de millo. El meollo de su tallo, 
que se apellida palmito, es una deliciosa ensalada, 
que puede comerse cruda, cocida y aun en dulce. 
Por último, la palma real, cuando está aislada, es el 
más seguro de todos los pararrayos, para preservar 
de los efectos del meteoro á todo lo que esté á su 
alrededor, recibiendo ella misma la descarga. 

Para prado y pasto hay numerosas plantas úti- 
les; de ellas merecen especial mención la yerba de 
guinea, la del paral, el espartillo, el cañamazo, la 
grama, la pata de gallina y el pasto labrado. La 
yerba de guinea es muy rápida en crecer y tiene 
gran poder nutritivo, ceba con facilidad el ganado 
para carnes, pero para el de labor la tachan de ca- 
liente, porque hace sudar con exceso á las reses que 
la comen. La del paral se apodera de los terrenos 
negros cubriéndolos como una alfombra; es nutriti- 
va, y por fresca, muy útil para el ganado de labor. 
El espartillo es el pasto natural de los terrenos po- 
bres; su poder nutritivo no es gran cosa, pero su 
persistencia durante la estación de la seca, en la que 
el pasto verde se extingue, la hace muy útil duran- 
te esa época del año, siempre que el potrero cuente 
con abundante aguada. El cañamazo es una yerba 
rastrera, espontánea en los terrenos negros y bajos; 
cuando está seca amarga un tanto, pero el ganado la 
come bien estando tierna. La grama, la pata de 
gallina y el pasto labrado, abundan siempre en las 
tierras de rastrojo, y aunque su poder nutritivo es 

04 



CUBA Y SU BVOIiUCION COLONUL 

superior al de las otras yerbas, su duración es algo 
efímera y se extinguen con facilidad. 

Las plantas de huerta ú hortalizas, que son todas 
las conocidas en los climas templados, se producen 
con abundancia y lozanía ayudadas por el riego en 
la estación de la seca; pero en las lluvias la abun- 
dancia de éstas perjudica su cultivo y aun llega á 
i mposibilitarlo. 

Hay en Cuba numerosas plantas textiles, casi 
todas ellas por explotar y en las que lo vienen sien- 
do, la explotación no ha pasado todavía de la cate- 
goría de un ensayo. Entre ellas se hallan el ma- 
guey ó henequén, igual, si no superior, al que se 
produce en Sisal, el ramié, de fibra delgada, fuerte 
y sedosa, la sanseberia ó lengua de vaca, la pina de 
ratón, la pifia común, la guana, la majagua y al- 
gunas más, no tan vulgares. 

Como plantas tintóreas tiene Cuba el fustete, la 
bija y el mangle cuya corteza y hojas por su rique- 
.za en tanino es empleada cómo mordiente por los 
curtidores de la Isla. 

Finalmente, la agricultura en grande escala se 
halla representada por la cafia, el tabaco y el café. 
De la primera son conocidas las variedades criolla, 
blanca, cristalina, de cinta y morada. Las tres úl- 
timas son las empleadas comúnmente por la indus- 
tria azucarera, y la preferencia entre ellas la deter- 
mina la calidad del terreno; la cristalina conviene 
más á las tierras altas, sueltas y coloradas y la de 

65 



CUBA T SU EVOLUaON COLONIAL 

resalto y distinción. Del cedro existen también al- 
gunas variedades, pero la llamada cedro macho es 
la más apreciada. 

Entre los granos alimenticios, por la extensión 
de su cultivo debe colocarse en primer término el 
maíz, jefe altanero de la espigada tribu, segán la 
feliz expresión del cantor de los frutos de la zona 
tórrida. Se dan del maíz hasta dos cosechas den- 
tro del afio y en el mismo terreno: la de aguas es 
más abundante que la de seca, pero inferior á ésta 
en calidad. Cada mata produce de dos á tres ma- 
zorcas de diez á doce pulgadas de largo é igual nú- 
mero de onzas de peso cada una. Un acre de buen 
terreno en favorables condiciones puede llegar á 
producir en un año hasta treinta quintales de gra- 
no de buen tamaño y hermoso color amarillo encen- 
dido. El poder nutritivo del maíz cubano es igual, 
si no superior, al de las zonns templadas. Durante 
la esclavitud formaba la base en los ingenios de la 
alimentación de los esclavos, y los trabajos, que es- 
tos desgraciados resistían son la mejor prueba de 
su poder alimenticio. Sabido es también que los 
negros solían vender á hurtadillas su ración de ta- * 
sajo, para proporcionarse con su producto otras go- 
losinas de más incentivo para ellos, y que esta venta 
los obligaba á subsistir casi exclusivamente del tra- 
dicional funche. 

El arroz se da con abundancia en los terrenos 
bajos, y por ser uno de los renglones alimenticios 

56 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

de má8 consumo en el país debiera propagarse su 
cultivo, hasta redimirlo del tributo de $5.000,000 
que Cuba paga anualmente á la India Inglesa del 
Este, para atender á ese renglón de su consumo. 
Aunque el acre puede producir hasta cuarenta 
quintales, la dificultad de descascararlo, por no ave- 
nirse cou su dura película las máquinas de uso pa- 
ra el caso en otros países, ha creado tales embarazos 
al cultivo de este grano, que sólo se hace en peque- 
fia escala en algunas comarcas, alejadas de los cen- 
tros de población y abasto. Parece ser que por 
sembrarse en Cuba esta planta en terrenos de seca- 
no, á diferencia de lo que sucede en los demás paí- 
ses productores, en los que se cultiva por riego é 
inundación, su cascara está dotada de tal adheren- 
cia al grano, que no ha podido ser vencida hasta 
ahora por las máquinas en uso. No parece ser el 
problema invencible á la mecánica, y cuando el es- 
píritu de empresa lo resuelva, el cultivo del arroz ha 
de ver en Cuba ensanchadas sus fronteras, con gran 
provecho para los que á esa industria se dediquen. 

£1 frijol, la habichuela, la arveja y el garbanzo, 
se producen bien, pero se cultivan poco y en una 
m^ida tal que no alcanza ni con mucho á cubrir 
las necesidades del consumo. 

De los tubérculos alimenticios, el más importan- 
te y generalizado es el boniato, del cual existen 
muchas variedades, y entre otras una llamada de 
loB cuarenta días, así dicha, porque en ese plazo, á 

67 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COUOmAL 

contar del día en que fué sembrada, pueden oo^ 
menzar á cosecharse sus boniatos. Forma el bo- 
niato junto con el arroz la base vegetal de la ali- 
mentación de todos los cubanos, y rara es la mesa 
en que cotidianamente no se sirvan. Si Cuba pu- 
diera exportar todo el que es capaz de producir, j 
si en estos últimos afios no hubiera atacado á loe 
boniatales un insecto miscroscópico, importado se* 
gún se cree con el guano del Pera, el cual loe des- 
truye antes que estén de arranque, de todos loe 
frutos del país sería el boniato aquel que mejor re- 
munerase su cultivo. Un acre, libre de insectos, 
en diez y ocho meses puede producir 2,000 arrobas 
de boniato. 

Por el valle de Güines, donde se ha aplicado el 
regadío á su cultivo, se cosecha con gran beneficio 
la patata; es menor que la del Norte, pero de me- 
jor sabor, aunque no de tanta duración. £1 
ñame y la malanga son también tubérculos apre- 
ciables y suelen cultivarse en las tumbas y des- 
montes. Y finalmente, la yuca ó manihot, que 
tiene varias variedades, se cultiva con fiícilidad y 
produce con abundancia, siendo exquisita la calidad 
de su fécula. De la yuca extraían los indígenas» y 
siguen extrayendo los cubanos, una especie de torta 
bastante nutritiva, aunque algo insípida, á la cual 
se la da todavía el nombre de casabe, y que conti- 
níla usándose en el campo como sustituto del pao* 
Su gluten, que es muy abundante, produce el al- 

58 



CUBA T 8U EVOLUCIÓN COLONIAL 

midÓQ necesario para el consumo de] país con un 
rendimiento de 25 á 30 libras de almidón por 100 
de yuca. Es susceptible también la yuca cubana 
de extraerse de ella excelente tapioca, la cual puede 
ser objeto de demanda para la exportación. 

£1 plátano es el mismo que se produce en toda 
la zona tropical de América. Crece en Cuba con 
lozanía y Iqs terrenos colorados y altos son los más 
apropiados para su cultivo. Existen más de veiute 
variedades, entre las cuales son las principales el 
macho, el hembra, el manzano, el enano, el gui- 
neo, el indio, el dátil, el Zanzíbar, el Johnson y 
el burro: las dos primeras variedades se comen co- 
cidas, y crudas generalmente las otras, cuando ma- 
duras. 

Como artículo de exportación, el plátano co- 
menzó á ser cultivado en la parte Oriental de la 
Isla, pocos afios antes de la última guerra. Y ese 
cultivo promete con el tiempo una buena retribu- 
ción, porque la proximidad de Cuba á los Estados 
Unidos, que es el gran centro de consumo de ese 
fruto, hará imposible la competencia á los plátanos 
de Jamaica y del litoral del mar Caribe, que son 
los que monopolizan hoy aquel mercado. Un acre 
dedicado á este cultivo puede producir al año á muy 
poco costo un millar de racimos. 

Los frutales son numerosos; figuran entre ellos: 
la pifia, el mango, el mamey, el mamoncillo, la 
guanábana, el tamarindo, la guayaba, el anón, la 

69 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

chirimoya, el coco» el caimito, el zapote, el rnara*- 
fión, el caimi tillo, el canistel, la naranja, el limón, 
la toronja, la sidra, la papaya y la pomarroea. De 
todas ellas existe más de una variedad, pero sola- 
mente la naranja y la pifia son cultivadas con al- 
guna extensión para fines industriales; las demás 
frutas cubanas se hallan todavía en manos de la 
naturaleza, que muchas veces hasta se ha encargado 
de sembrarlas; el hombre cuida sólo de recoger la 
cosecha. De esta manera hállanse esas frutas muy 
distantes de haber alcanzado en reducción de se- 
millas, aumento de pulpa y suavidad de jugo, el 
grado de perfección que han logrado las que se 
cultivan en California, Italia y Valencia y otras 
comarcas que se dedican á esta producción. Pero 
es indudable que cuando se atienda á las necesi- 
dades de su cultivo, y la planta pase del estado sil- 
vestre que hoy tiene al de planta de huerto, que 
debe tener, las condiciones recomendables de su 
fruto, ya notables por la naturaleza, se mejorarán 
por el cultivo. 

Desgraciadamente para ella. Cubase ve obligada 
á pagar una compensación, que parece le ha sido im- 
puesta por la naturaleza, á cambio de la feracidad 
de su suelo tropical, y esta compensación la satis- 
face unas veces en la calidad del producto y las más 
de ellas en su resistencia y duración. Esta pecu- 
liaridad fué de antiguo observada y la registraron 
ya los primeros cronistas de las Indias, habiéndola 

60 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

aprovechado Urrutia, uuo de los primeros historió- 
grafos de Cuba^para iniciar esa labor de constante y 
sistemática apología en favor de los productos de la 
tierra natal, absolvieniio álos antiguos siboneyes del 
cargo de desidia y flojedad que se les hacía, dando 
por fundamento á esa absolución el que por dafiarse 
los productos dentro del afio de su cosecha, aquellos 
indígenas se veían obligados a reducir sus siembras 
alas necesidades de su inmediato consumo (^). 

Y esta observación es útil apuntarla, porque de 
vez en cuando han solido levantarse voces — algu- 
nas de ellas bastante autorizadas por su posición ofi- 
cial — para condenar el que la iniciativa agrícola de 
Cuba se encuentre reducida y limitada á sólo la 
cafiay el tabaco,y para abogar por que se la encami- 
ne por el derrotero de cultivos nuevos y variados (^^ . 

Y hay que andar con mucha pausa y no menos 
precaución en esto de introducir en el país el cul- 
tivo de nuevos productos, porque la experiencia ha 
enseñado á los labradores que no se cultiva lo que 
se quiere sino lo que se puede, y que los mejores 
cultivos — y muchas veces los únicos — son aquellos 
de antiguo aclimatados en la tierra, cuyo trasiego 
y manipulación es de todos conocido, y cuyo éxito 
se han encargado de depurar, comprobar y sancio- 
nar esas crisis periódicas que suelen acometer á las 
industrias. 



(1) ürratía.— TVolfo eu5aiio.— Pág. 185. 

(2) Loe Befiores Enrique Joeé Varona y Joan Riñe Rivera, siendo 
SeoreterioB de] Gobierno de la primera Intervención. 



01 



CTBA T FT KVXXJCdOOÍ COUMSOAL 

Todo» los frotoB de Oibtt doo de poca dorm y re- 
«MUrndm ▼ por eode mov propenaos á qoe se Tea tro- 
tm0ÍM en hamo la ganancia qoe producá so caltívo. 
Im ^^fia ha de pasar del corte al molino por decorrí- 
4o j mn ioternipeión, porqoe todo retardo aopone la 
UítetmOn j merma de so jogo, j su pérdida com- 
pleta «i se prolonga ese relardo por más de diez 6 
(Ufce dísm. El tabaco» el maíz, el arroz, j en general 
UmUm los granos, á los dos ó tres meses de cosecha- 
íliMf son acometidos por minadas de insectos, coyos 
gérmenes fueron recogidos en el campo, y el calor 
y la humedad se encargaron de incubar. £1 algo- 
d/#n, aun en flor, es víctima del temible picudo, el 
naranjo de la guagua y el coco de la bacteria que 
Ui pudre el corazón. La cebolla pierde al mes la 
mitad de su peso, y á los dos se pudre sin germi- 
nar. La patata apenas resiste uno de barril. Y 
|>or lo que hace á la yuca y al boniato, una vez fue- 
ra de tierra, sólo por días puede numerarse el pe- 
ríodo de su aprovechamiento. En cuanto á las 
frutas, las de California pueden llegar á Cuba con- 
Hcrvando su frescura y su fragancia; pero las de 
(Juba no llegarán jamás á California, porque hay 
íjiie arrojarlas en el camino por dañadas. 

Ijb, riqueza de Cuba en plantas de omamenta- 
ción es grande. Las hay de formas caprichosas y 
HÍm^'tricas, cual la palma en todas sus variedades, 
<leH(le la real hasta la cana ó jata; aromáticas como 
la yerba Luisa, la albahaca mondonguera, el hino- 

62 



CUBA T SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

joy el orégano de la tierra, y muchas otras, tanto 
indígenas como exóticas; lianas trepadoras, que for- 
man vistosos pabellones de follaje, como la pitaha- 
ya, el aguinaldo, el ubi, la madre-selva, la piscoala, 
los ojos de poeta y la campanilla; y finalmente las 
hay de flores con rico aroma y variados matices, 
como el espino, el almendro, la baria, y tantas otras 
que embellecen macizos y arriates en los jardines 
y parterres. 

Es muy probable que la naturaleza no haya do- 
tado á país alguno con planta de (anta utilidad 
práctica, como la palma real — Oreodoza regia. — Su 
tronco erecto, liso, hueco y sin corteza, con muy po- 
ca labor, proporciona incorruptibles tablas para el 
forro y el piso de una casa, y canales para la recogi- 
da de sus aguas llovedizas. Sus pencas ofrecen una 
cubierta fresca, impermeable y ligera para la te- 
chumbre. Su tallo brinda la yagua, especie de made- 
ra ligera, flexible, impermeable y delgada, de cuyas 
múltiples aplicaciones aún no se ha agotado el re- 
pertorio. Sirve para tabiques, cumbreras, catauros 
y ariques, etc., etc. Para empacar 6 enterciar el 
tabaco en rama, no se la ha encontrado todavía quien 
la iguale, y en caso de necesidad puede extraerle 
de ella hasta sal de cocina tan buena como la del 
mar. Su fruto, que recibe el nombre de palmiche, 
es alimento nutritivo para el cerdo, que lo prefiere 
á cualquier otro. Los ramos filamentosos á los cua- 
les está adherido el palmiche, dan escobas naturales 

63 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

tan útiles como las de millo. El meollo de su tallo, 
que se apellida palmito, es una deliciosa ensalada, 
que puede comerse cruda, cocida y aun en dulce. 
Por último, la palma real, cuando está aislada, es el 
mus seguro de todos los pararrayos, para preservar 
de los efectos del meteoro á todo lo que esté á su 
alrededor, recibiendo ella misma la descarga. 

Para prado y pasto hay numerosas plantas úti* 
les; de ellas merecen especial mención la yerba de 
guinea, la del paral, el espartillo, el cafiamazo, la 
grama, la pata de gallina y el pasto labrado. La 
yerba de guinea es muy rápida en crecer y tiene 
gran poder nutritivo, ceba con facilidad el ganado 
para carnes, pero para el de labor la tachan de ca- 
liente, porque hace sudar con exceso á las reses que 
la comen. La del paral se apodera de los terrenos 
negros cubriéndolos como una alfombra; es nutriti- 
va, y por fresca, muy útil para el ganado de labor. 
El espartillo es el pasto natural de los terrenos po- 
bres; su poder nutritivo no es gran cosa, pero su 
persistencia durante la estación de la seca, en la que 
el pasto verde se extingue, la hace muy útil duran- 
te esa época del año, siempre que el potrero cuente 
con abundante aguada. El cañamazo es una yerba 
rastrera, espontánea en los terrenos negros y bajos; 
cuando está seca amarga un tanto, pero el ganado la 
come bien estando tierna. La grama, la pata de 
gallina y el pasto labrado, abundan siempre en las 
tierras de rastrojo, y aunque su poder nutritivo es 

04 



CUBA Y SU BVOIiUCION COLONUL 

superior al de las otras yerbas, su duración es algo 
efímera 7 se extinguen con facilidad. 

Las plantas de huerta ú hortalizas, que son todas 
las conocidas en los climas templados, se producen 
con abundancia 7 lozanía a7udadas por el riego en 
la estación de la seca; pero en las lluvias la abun- 
dancia de éstas perjudica su cultivo y aun llega á 
i mposibilitarlo. 

Ha7 en Cuba numerosas plantas textiles, casi 
todas ellas por explotar 7 en las que lo vienen sien- 
do, la explotación no ha pasado todavía de la cate- 
goría de un en8a70. Entre ellas se hallan el ma- 
gue7 ó henequén, igual, si no superior, al que se 
produce en Sisal, el ramié, de fibra delgada, fuerte 
y sedosa, la sanseberia ó lengua de vaca, la pina de 
ratón, la pifia común, la guana, la majagua 7 al- 
gunas más, no tan vulgares. 

Como plantas tintóreas tiene Cuba el fustete, la 
bija 7 el mangle cu7a corteza y hojas por su rique- 
.za en tanino es empleada cómo mordiente por los 
curtidores de la Isla. 

Finalmente, la agricultura en grande escala se 
halla representada por la cafia, el tabaco y el café. 
De la primera son conocidas las variedades criolla, 
blanca, cristalina, de cinta y morada. Las tres úl- 
timas son las empleadas comúnmente por la indus- 
tria azucarera, y la preferencia entre ellas la deter- 
mina la calidad del terreno; la cristalina conviene 
más á las tierras altas, sueltas y coloradas y la de 

65 



CUBA T se EVOLTCIOX COLONIAL 

cinta y la morada á las negras v bajas. En terre- 
nos buenos, la cafia puede producir hasta veinte 
afios, sin necesidad de volverla á sembrar, pero en 
los medianos, y medianos son todos los viejos, hay 
que renovarla cada cuatro ó cinco afios. Su ri- 
queza sacarina varía entre el 16 y el 18 % de su 
peso: de su jugo las mejores fábricas logran ya ex- 
traer un 72% de su peso y hasta un 11% de azúcar 
en relación con ese peso. Un acre de tierra puede 
producir un promedio de 500 quintales de caña del 
cual se pueden extraer 50 ó 5o quintales de azúcar, 
sin contar los residuos. £1 cultivo de la cafia se 
halla en Cuba bastante atrasado y generalmente se 
le conduce por procedimientos rutinarios 6 empíri- 
cos; es muy seguro que cuando ese cultivo marche 
de acuerdo con los adelantos de la ciencia ha de 
mejorar el rendimiento del terreno en cafia, el de 
la cafia en jugo y el del jugo en azúcar. 

Por la extensión de su cultivo es el tabaco la 
segunda planta indusfrial de la Isla; pero el pro- 
ducto de ese cultivo por su calidad no tiene rival 
en el mundo entero. El llamado de la Vuelta 
Abajo, ó sea el de los contornos de Pinar del Río 
y aun el de Semi-Vuelta, ó sea el producido en la 
porción de esa provincia que confronta con la de 
la Plabana, son superiores á todas las muestras de 
tabaco conocidas hasta el día. Su cultivo se hace 
(íüii esmero y esta bastiinte adelantado, pero todavía 
podría mejorar sus resultados con el buen consejo 

66 



CUBA T SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

de la química. £1 cultivo del tabaco requiere tie- 
rras más bien pobres que feraces, y de grano suelto 
y arenoso. Esas tierras han de ser profusa y pro- 
piamente abonadas para violentar el crecimiento de 
la planta; para obtener los colores claros exigidos 
hoy por la exportación convendría cultivar la plan- 
ta con alguna sombra, á la inversa délo que se hacía 
antes, que era procurarle mucho sol. El valor del 
tabaco depende ante todo de su calidad, y suele ob- 
servarse con frecuencia que terrenos que han esta- 
do por afios produciendo buen tabaco, de pronto lo 
producen inferior, sin motivo aparente para ello; y 
lo que es más raro todavía, que algunos de esos te- 
rrenos, afios después, vuelvan de nuevo por su ho- 
nor y recuperan la antigua y buena calidad de su 
producto. Fenómenos son éstos frecuentes, y que 
convendría estudiar para conocer las causas que los 
pueden determinar. Siendo la calidad la que fija 
el precio del producto, sería inútil expresar la pro- 
ducción del acre; baste indicar que en esa medida 
de terreno puede cosecharse tabaco, q ue si es de 
superior calidad, puede valer hasta $8.000. 

£1 café se da con lozanía en todas las tierras, ya 
sean éstas altas ó bajas y negras ó coloradas. Su cul- 
tivo durante la primera mitad del siglo pasado fué 
bastante extenso y rivalizó con el de la caña; pero 
la era de precios bajos que se inició al finalizar ese 
período, obligaron al café á ceder el terreno á la 
cafia, transformándose en ingenios la mayoría de 

67 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

loe cafetales. Bolamente en las regiones montaño- 
sas de Santiago de Cuba, y en otras igualmente al- 
tas de la Isla, continuóse su cultivo, el cual, aunque 
recientemente protegido por el arancel, sólo viene á 
proporcionar un 7% del consumo. £1 café es 
planta que prospera admirablemente en Cuba; peip 
el breve plazo en que debe hacerse su recolección, 
exige una densidad de población superior á la de- 
mandada por 1h caña, y esa es otra razón por la 
que su cultivo ha quedado relegado á aquellas tie- 
rras que no tienen otra aplicación. 

Al cacao le ha sucedido lo mismo que al café, 
pero su cultivo ha sido mas reducido todavía que 
el de éste. CosiVhase algo en la región monta- 
ñosa de las provincias de Pinar del Río y Santiago 
de Cuba; pero los rendimientos son insignificantes 
en relación con el consumo. 

Las plantas mas usuales para seto vivo son la 
pifia de ratón y el henequén, las cuales son al 
mismo tiempo excelentes plantas textiles, el piñón, 
el canliHK de la familia de los cactus, el jobo, el 
aliiuUMgvv y la gía. Los tres últimos son muy úfa- 
los {>ani cercus de alambre porque sos estacas arrai- 
pin oon extrema facilidad. 

La riqueía minera de la I$la« si eslá poco explo- 
tada^ tixiavía está menos o>moci-ia. Del grupo de 
mefaK>s pnLviivsn^íS es un hecho que fueron encon- 
tTad\>s en la Isla tanto el on> como la plata; pero 
tambitHi lo es. que los beneficios del laboreo jamás 



CUBA Y 8ü BVOLÜCIOK COLOKUL 

compensaron el trabajo. Los primeros pobladores 
enviaron á España, y esto consta de los cronistas 
de aquel tiempo, algunas cantidades de esos meta- 
les preciosos; mas, debe presumirse, que esas reme- 
sas dependieran más de la riqueza acumulada por 
los indígenas con el transcurso del tiempo, que del 
laboreo del conquistador. En el Escambray, en 
Santa Clara y en algdn río, por Holguín, se en- 
cuentran arenas auríferas; pero su explotación no 
está justificada por la cantidad. Hasta estos últi- 
mos afios y por intervalos, han estado trabajándose 
las minas de plata de San Fernando, en Sagua la 
Grande, pero sin lograr nunca nivelar el costo con 
la producción. 

Desde el siglo xvii se comenzó con gran éxito 
la explotación de unos yacimientos de cobre que se 
descubrieron cerca de Santiago de Cuba. Esa ex- 
plotación, que nunca se hizo por procedimientos 
nauy científicos, dio lugar á la formación de un pue- 
blo, que recibió el nombre de El Cobre y andando 
el tiempo y durante el presente siglo, á la de un 
ferrocarril, desde el coto minero hasta el embarca- 
dero de Punta de la Sal. En sus mejores tiempos 
la extracción montó á sesenta toneladas diarias de 
un mineral, con un 1374 % de riqueza, lo cual fué 
suficiente para que Cuba quedara colocada en se- 
gundo lugar, y después de Chile, entre los países 
productores de cobre del mundo. Hace ya algu- 
nos afios que se abandonó el laboreo de estas mi- 

69 



CUBA V SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

naSy que hoy se hallan inundadas, merced á la 
impericia de loe directorea de su explotacifo. 

La Sierra Maestra, j deben serlo también algu- 
nas otras sierras de la Isla, es riquísima en mine- 
rales de hierro y manganeso. Duran^ los últimos 
afios se hicieron en esa región numerosas denun- 
cias y adjudicaciones de minas de estos minerales. 
De estas concesiones sólo se hallaban en explotación 
antes de la última guerra las minas de Juraguá, de 
hierro, y las de Sigua, de manganeso. La deman- 
da creciente que ha obtenido este último metal pa- 
ra la fabricación del acero, ha dado y dará todavía 
mayor importancia á los numerosos yacimientos 
que de él se han descubierto, y su explotación cons- 
tituirá con el tiempo una verdadera y sólida rique- 
za para la región Oriental de la Isla. 

Abunda el asfalto, al cual le dicen chapapote, y 
el que se extrae de uoa mina situada en la bahía 
(le Cárdenas iguala al mejor del lago Asfaltite y es 
susceptible de emplearse en su estado natural en 
lacas y barnices. Este asfalto ha llegado á cotizar- 
se en Hamburgo á 450 marcos la tonelada. Las 
clases inferiores son muy abundantes, pero la falta 
de iniciativa, inteligencia y capital han dificultado 
hasta ahora su explotación. 

El petróleo y la nafta no escasean. Una mina 
del primero se comenzó á explotar en Guamacaro, 
y otra de la segunda en Motembo, en el distrito 
de Cárdenas; ambas minas prometían excelentes 

70 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

resultados, pero la falta de capital complicada con 
la incompotencia en la dirección fiícultativa de los 
trabajos, han dado en tierra con ambas empresas 
que hace afios tienen suspendida la explotación. 

Algunas exploraciones se han hecho en de- 
manda de hulla ó carbón mineral, pero sólo se han 
trazado sus vestigios, y aun éstos en variedades de 
escaso poder calorífero. Posible es que una in- 
vestigación detenida, y sobre todo científica y mi- 
nuciosa, logre mejores resultados, porque la estruc- 
tura geológica de Cuba da campo á la conjetura de 
que existan en su subsuelo grandes cantidades de 
este mineral, de tan indispensable necesidad para 
la industria. En la Isla de Pinos se encuentran 
canteras de mármol y jaspe, y aunque algo se las 
lia explotado, no lo han sido ni siquiera en la ex- 
tensión que demanda el consumo del país. 

He aquí la lista de las concesiones de minas 
otorgadas hasta 1903: 

lUrSEAl liui Heetáreu 

Hierro 138 7.737 

Manganeso 84 4.015 

Cobre 77 1.788 

Oro 13 452 

Aítfalto. 78 4.680 

Zinc 9 197 

Plomo 5 415 

Merourío 2 27 

Cromo Fermginoeo 1 66 

Carbón 11 665 

Antimonio 1 60 

Variaa 49 915 

71 



fcUBA Y SU ÉVOLÜCIOK COLOKtAL 

Existen en la Isla numerosas fuentes frías y tér« 
males de aguas minerales adaptables á las necesida- 
des de la terapéutica. De entre ellas las más nota- 
bles son las sulfuroso-termales de San Diego, riva- 
les de las de Alhama, Archena y Carlsbath, tanto 
por la potencia de su chorro como por la intensidad 
de sus elementos componentes; las de Madruga, 
Martín Mesa, Guanabacoa, Santa María del Rosa- 
rio, Rodrigo y Amaro. 

El cuadro que sigue á continuación contiene el 
análisis de las aguas de San Diego y de Madruga. 

8AK DiaOO DE L08 BAÍ(08 MADEÜOA 

Dr. AenUe, Dr Otr». 

TMpUt Tigit Mi 

Temperatura 85.60 36.60 S2 

Acido snlffdríoo 0U076 00076 00258 

Id. carbÓDioo 00031 00031 00450 

Bicarbonato magnesia. 00040 00040 0103S 

Carbonato de cal.. 01790 

Cloruro de sodio 00016 00016 00946 

Sulfato de cal 0<K)68 00068 01233 

Alúmina 00003 00003 

Sulfato de calcio 00419 00419 

Silicato de hierro 00004 

Materia orgánica. 00014 

En algunas cuevas ó cavernas de la región mon- 
tañosa de la Isla, se han encontrado grandes acumu- 
laciones de materias fertilizantes, á las que se ha 
dado el nombre de guano, y cuya base es el excre- 
mento del murciélago. Estos yacimientos constitu- 
yen un riquísimo abono de gran valor para la agri- 
cultura. Algunos han sido explotados aunque en 

72 



CUBA Y SÜ fiVOÍiÜCIOK COLOKÍAL 

pequefia escala j entre éstos se encuentra el que fué 
descubierto en 1878 en terrenos del ingenio t Telé- 
grafo i en Cárdenas, j que llegó á dar hasta 20,000 
quintales de abono superior antes de agotarse. 

Es la ganadería la industria cubana más antigua, 
y aun puede decirse, que fué la única durante los 
dos primeros siglos que siguieron á la conquista. 
Dedicáronse á ella los pobladores de la Isla cuan- 
do se agotaron los yacimientos auríferos, y diéronle 
tal auge é incremento, que su riqueza y prosperi- 
dad fueron el principal aliciente que tuvieron los 
piratas bucaneros para hacer de sus costas, durante 
todo aquel período, el teatro de sus audaces fecho- 
rías y depredaciones. Cuando Morgan en 1660 
se apoderó de Puerto Príncipe, sus vecinos se vie- 
ron obligados á rescatar sus viviendas de la tea 
filibustera al precio de quinientos bueyes y de la 
sal necesaria para adobarlos y hacerlos cecina, y ya 
en 1604, nada menos que un obispo, Fr. Cabezas y 
Altamirano, había sido avaluado para su rescate 
por el filibustero Girón, en la redonda suma de mil 
cueros al pelo y otras tantas arrobas de tasnjo. La 
escasez de moneda y la pobreza del país, hicieron 
del cuero un medio circulante, y este artículo y 
las tortas de casabe fueron por algún tiempo una 
medida general de valores. 

El desarrollo que desde principios del último 
siglo comenzó á tomar la agricultura, lejos de da- 
ñar á la ganadería, contribuyó poderosamente á su 

73 



CUBA T SU EVOLVCIOS COLONIAL 

incrementOy porque la fuerza de sangre fué por mu- 
chos afios el motor empleado en la extracción del 
jugo sacarino y el consumo de bueyes en manos de 
esclavos fué siempre extraordinario. Cuando es- 
talló en 1868 la revolución de Yara, el estado de 
la industria era floreciente. Francisco V. Aguile- 
ra, uno de los caudillos de esa revolución, poseía 
cuarenta mil cabezas de ganado vacuno, sin contar 
el caballar. La guerra de los diez afios consumió 
toda esa riqueza en las tres provincias orientales; 
pero en 1895, al estallar la de Baire, se había lo- 
grado ya reponer lo perdido y existían en Cuba: 

Ganado vacuno 2.485,766 

Id. caballar 584,725 

Id. ovejano 78,494 

Id. cerda 570,194 

La última guerra barrió con todo esto — unos 
cincuenta millones de pesos aproximadamente — y 
hoy se está de nuevo en pleno proceso de recons- 
trucción. 

La existencia actual (calculada) es la siguiente: 

Ganado va<uno 1.600,000 

Id. caballar 150,000 

Id. ovejuno 12,000 

Id. cerda 450,000 



74 



CAPITULO III 

GEOGRAFÍA POLÍTICA Y ECONÓMICA 

Organiíaoióii politioa y administrativa. — Divisiones históricas. — Di- 
visión Jndioial, marítima, electoral y eclesiástica.— Gobierno. 
Presnpnestos. — Obras públicas. — Hospitales. —Asilos. — Bibliote- 
cas. — Carreteras, caminos y ferrocarriles. — Telégrafos y teléfonos. 
Faros. — Aoaedootos. — Industria y comercio. — Comercio de im- 
portación y exportación. — Líneas de navegación.— Bancos. — Azú- 
car. — ^Tabaco. 

«Oobemar un país no es aniquilarlo.» 
El Co!fDi DI Pozos DuLcn. 

La primera división territorial de la Isla fu^ 
acordada por la Real Cédula de 3 de Octubre de 
IGO?, siendo su Gobernador el general de galeones 
D. Pedro Valdés. Por virtud de esa Cédula se 
distribuyó su territorio en dos jurisdicciones, la 
una llamada de la Habana, que se extendía hasta 
30 leguas al Este de esta plaza, y la otra de San- 
tiago de Cuba, que comprendía el territorio restante. 
Esta división afectó sólo al mando gubernativo; el 
militar quedó vinculado en el Capitán General re- 
sidente en la Habana. 

75 



CUBA Y SÜ SVOLtTCÍOK COtOKÍAL 

En 1772, y al disponer el Marqués de Casa^ 
Torre el primer censo general de la Isla, la repartió 
en tres departamentos j diez j ocho jurisdicciones; 
pero todo induce á creer que esta división fué por 
entonces puramente teórica y limitada á los efectos 
del empadronamiento, sin que estos efectos tras- 
cendieran á la organización j funciones de las au- 
toridades de esos territorios, hasta el afio de 1821, 
bajo el mando del Capitán Qeneral D. Nicolás 
de Mahy. 

En 1850, gobernando la Isla el Conde de Alcoy, 
se alteró esta división, suprimiéndose el Departa- 
mento Central, que se distribuyó entre los dos ad- 
yacentes. Quedaron enclavadas en el Departa- 
mento Occidental las veintiún jurisdicciones de 
Pinar del Río, Bahía Honda, Mariel, San Cristó- 
bal, San Antonio de los Baños, Santiago de las 
Vegas, Habana, Quanabacoa, Bejucal, Gñines, 
Santa María del Rosario, Jaruco, Matanzas, Cár- 
denas, Colón, Sagua la Grande, Villaclara, Cien- 
fuegos, Remedios, Saucti Spiritus y Trinidad, y 
en el Oriental las diez de Baracoa, Guanta ñamo, 
Manzanillo, Bayamo, Puerto Príncipe, Holguín, 
Tunas, Nuevitas, Jiguaní y Santiago de Cuba. 

En 1870 fué dividida la Isla en seis provincias, 
cuatro extraídas del antiguo Departamento Occi- 
dental y dos del Oriental. Cada una de estas pro- 
vincias se subdividió en Términos Municipales, en 
la forma siguiente: 

70 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 



PARTAMENTO OCCIDENTAL 



DEPARTAMENTO ORIENTAL 



MU 


likii 


litaHU 


.8tiU Clan 


Purto Príidpe 


Btititfto de fib 


AelRIo 


Habana 


Matanzas 


Amaro 


Puerto Princi- 


Santiago de Cu- 


» 




Canasi 


Ceja de Pablo 


pe 


ba 




Beffla 


Quamacaro 


Quemado d e 


Morón 


Alto Songo 


■ 


Quanabacoa 


Santa Ana 


oaines 


Santa Cruz del 


Cobre 


AcMndel 


Managua 


Cimarrones 


Sagua la Gran- 


Sur 


Dos Caminos 


e 


SantaMariadel 


Quamutas 


NueTitas 


Sagua de Tána- 


«don del 


Bosario 


Lagunillas 


Santo Domingo 


Ciego de Avila 


mo 




Aguacate 


Guanajayabo 


Calabazar 




Caney 


1* 


Bainoa 


Jovellanoe 


Esperanza 




Bayamo 


luán y 


Oarigna» 


Alfonso XII 


Rancbuelo 




Jiguani 
Victoria de la» 


dnes 


Jaruoo 


Rolondrón 


San Diego del 




» RojM 


flan Antonio de 


Cabezas 


Valle 




Tunas 


ito 


Bio Blanco 


Sabanilla 


San Juan de los 




Mayar! 
Holguin 


laria 


Lajas 


Unión 


Yeras 




üack» 


Tapaste 


Colón 


Santa Clara 




Gibara 


tcal 


Jlbacoa 


Cuevitas 


Los Abreus 




Manzanillo 


rist6lMÜ 


Alquizar 
CeAm del Agua 


Macagua 


Camarones 




Baracoa 


Mcffo de 


Macuriges 


Cienfuegos 




Guantánamo 


Iftitos 


Oaira de Mele- 


Cervantes 


Las Cruces 






Oras de 


na 


Roque 


Palmira 






Í*lDOt 


San Antonio de 


San José de los 


Rodas 






u 


los Bafios 


Ramos 


Santa Isabel de 






il» 


Baubanó 




las Lajas 






1 Honda 


Bejucal 




Cartagena 






Im 


El Cano 




Caibarién 






^1« 


La Salud 




Camajuani 








Bauta 




Placetas 






QuiTicán 




Remedios 






el 

«ka _ 


San Felipe 




Taguayabón 






IMeco ddtentíago de 1m 




Yaguajay 








Sancti Spiritus 
Trlnidaci 






8ui Antonio de 








lu Vegas 










Catalina 










Mftdnin 
MneraPas 










gilrián 










tBÚKlcoláii 










iMélena del Sur 












ula de Pinos 












28 



15 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

Al frente de cada una de estas proyincias, se co- 
locaron un Gobernador Civil, jefe de los servicios 
administrativos, y un administrador de rentas que 
tuvo u su cargo los económicos. Junto al Gober- 
nador Civil, y para prestarle su consejo, se creó 
una corporación electiva denominada Diputación 
Provincial, que aunque con pretensiones de entidad 
representativa, nunca alcanzó á ser más que un or- 
ganismo burocrático. Al frente de cada término 
Municipal se puso un Consejo Municipal electiyo, 
presidido por un Alcalde designado de entre los 
concejales por el Gobernador General de la Isla. 
Por la naturaleza y subordinación de sus funcio- 
nes, estos Alcaldes, más que autoridades populares, 
no podían ser otra cosa sino meros instrumentos 
del poder ejecutivo. 

Tal era la división político-administrativa vigen- 
te eu Cuba al inaugurarse la ocupación americana. 

Ni la Intervención, ni después la República, han 
alterado en substancia esa división, limitándose la 
primera u suprimir los términos Municipales de 
Alonso Rojas, La Catalina, Mariel, Los Palacios, 
Paso Real, Mangas, Cayajabos, Regla, Bainoa, Ca- 
siguas, San Antonio de Río Blanco del Norte, 
Tapaste, Jibacoa, El Cano, Bauta, Guamacaro, 
Lagunillas, Canasí, San José de los Ramos, Santa 
Ana, Sabanilla, Cervantes y algunos más en las 
Villas y en Oriente. 

Por bula del Pontífice León X, expedida en 1518, 

78 



j 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL* 

se creó en Cuba un Obispado cuya Sede se estable- 
ció primitivamente en Baracoa y se trasladó en 1522 
á Santiago de Cuba. En 1788 se dividió la Isla 
en dos Diócesis; la de Santiago fuo elevada á Sede 
metropolitana y la de la Habana quedó como su 
sufragánea. Esta división se ha alterado última- 
mente con la creación de dos nuevos Obispados, el 
de Cien fuegos y el de Pinar del Río. 

He aquí la lista de los Obispos y Arzobispos que 
se han sucedido en ambas diócesis. 

Obispos de la Isla. 

AÑ08 



Fr. Joan White 1518 

» Joan Flandes 1626 

» Migoel Ramírez Salamauca 1527 

» Diego Sarmiento 1535 

» Hernando de Meza 1538 

Dr. Fernando Urango 1564 

M Bernardino de Villalpando 1669 

» Joan del Castillo 1567 

Fr. Antonio Díaz Salcedo 1577 

n Bartolomé de la Plaza 1597 

» Joan de las Cabezas 1002 

9 Alonso E. de Almendares 1610 

» Gregorio de Alarcón 1624 

Dr. León de Cervantes Carba jal 1625 

Fr. Jerónimo de Lara 1628 

D. Martín de Celaya y Oscáriz 1646 

Dr. Nicolás de la Torre 1646 

9 Juan Montiel 1665 

» Pedro Reina Maldpnado 1668 

79 



CUBA T 8U EVOLUCIÓN COLONIAL 

Ali06 



Dr. JuandeSáenz 1664 

Fr. Bernardo Alonso ... 1667 

Dr. Gabriel Díaz Vara 1671 

» Joan G. PalacioB 1677 

Fr. Baltasar de Figneroa. 1683 

Dr. Diego E. de Com póstela 1686 

Maestro Jerónimo Valdés 1705 

D. Francisco Sarregni 1729 

Fr. Gaspar de Molina 1780 

» Juan Lazo de la Vega 1731 

Dr. Pedro Morell de Santa Cruz. 1763 

» Santiago J. Echavarrfa 1786 

» Felipe Trespalados 1786 

» José Díaz de Espada 1800 

» Pedro Várela 1833 

Fr. Ramón Casans 1834 

D. Francisco Fleux y Solans. 1846 

Fr. Jacinto Martínez 1862 

» Apolinar Serrano y Diez 1876 

» Ramón F. de Piérola 1878 

Dr. Manuel Santander 1882 

P. Donato Sbarretti 1809 

P. Pedro González Estrada 1900 

Arzobispos de Santiago vk Cuba. 

Antonio Feliá Centeno 1789 

Dr. Joaquín Oses 1791 

» Mariano Rodríguez Olmeila 1824 :a 

Fr. Cirilo de Almeda 1837^ 

» Antonio Claret y Claret 1846£ 

Dr. Manuel Nogueruela 185fiS 

80 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

Las diócesis se dividen en Parroquias en la forma 
siguiente: 

Arzobispado de Santiago de Cuba. 
Parroquias de Término. 

PatroDo: 

£1 Sagrario de la Catetlral Santiago de Cuba. 

Santo Tom&s Apóstol ídem. 

£1 Salvador Bayamo. 

San Isidoro Holgain. 

Santa María Paerto Principe. 

La AsnndÓD Baracoa. 

La Parisima Concepcióu Manzanillo. 

La Soledad Puerto Príncipe. 

Parroquias de Ascenso. 

Xtra. Sra. de los Dolores Santiago de Cuba. 

Santísima Trinidad ídem. 

San Luis Caney. 

Santa Ana Puerto Príncipe. 

San Femando Nuevitas. 

Santa Catalina de Ricis Guantánamo. 

San José Holgníu. 

San Pablo Jiguaní. 

San Juan Evangelista Bayamo. 

San Jerónimo Victoria de las Tunas. 

Santiago del Prado El Cobre. 

Parroquiiis de Ingreso, 

Ntra. Sra. del Rosario Palma Soriano. 

Nicolás Morón. 

81 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

San Gregorío Mayari. 

Santfsima Trinidad Sagua de Táñame. 

San Anselmo de los Tiguabos. 

Ia Concepción Ti-Arriba. 

Santo Cristo Puerto Príncipe. 

San Fmctooso Las Piedras. 

San José y Santa Bita Yara. 

San Francisco Javier Yicana. 

San José. Guisa. 

San Bartolomé Baire. 

San Fulgencio Gibara. 

Santa Florentina del Betrete. Fray Benito. 

San José Puerto Príncipe. 

Ia Caridad ídem. 

El Carmen San Jerónimo. 

San Antonio Síbanicú. 

La Concepción Guáimaro. 

San Miguel Cuevitas. 

Sauta Eulalia Boma. 

San Telmo Cauto del Embarcadero. 

Santa Filomena Mamey. 

La Santa Cruz... Santa Cruz del Sur. 

Santa Bita de Casia Santa Bita (Jiguaní). 

San Miguel Bagá. 

San Agustín Aguarás. 

San Julián Yarigua. 

San Miguel Manatí. 

San Andrés Guabasiabo. 

Santa Susana Caney. 

San Marcelino de los Negros. 

Santa Margarita Cacocán. 

San Juan de Mata Moa. 

SautaB&rbara 

82 



cuba y su evolución colonial 

Obispado de la Habana. 

Parroquias de Término, 

Habana 

Patrono: 

Sagrario de la Catedral San Cristóbal. 

Espirita Santo El Espíritu Santo. 

,, , , í Nuestra Señora de Gua- 

Cvuaiialnpe , , , 

'^ i dalupe. 

Jesús, María y José La Divina Pastora. 

El Monserrate La Virgen del Monserrate 

El Pilar La Virgen del Pilar. 

£1 Ángel El Sto. Ángel Custodio. 

El Cristo Sto. Cristo del Buen Viaje 

San Nicolás San Nicolás de Barí. 

o. o 1 j ji 1 ^ i I^ Transfiguración del 

San Salvador del Cerro ■ o, «, 

I Sefior. 

, . j , .- ^ (La Virgen de las Mer- 

Jeeus del Monte ^ , ° 

( cedes. 

Goanajay San Hilaríón. 

Matanzas. San Carlos Borromeo. 

Pinar del Río San Rosendo. 

Remedios San Juan de Dios. 

Sancti Spirítus El Espírítu Santo. 

Trinidad La Santísima Trinidad. 

Parroquias de Ascenso 

AJqoíauír San Agustiu. 

Alvares San Narciso. 

-^. f La Visitación de la Vir- 

^ I gen. 

Bancal San Felipe y Santiago. • 

83 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

Cacarajícara 6 las Pozas San Basilio El Magno. 

Cárdenas La Purísima Concepción. 

Cienf liegos La Purísima Concepción. 

Guamutas .* San Hilario. 

Ouanabacoa La Asunción de la Virgen 

Guane San Ildefonso. 

Güioes San Juliáo. 

Güira de Melena.. San José. 

Jaruco San Juan Bautista. 

Macuríjes Santa Catalina mártir. 

Managua San Isidro Labrador. 

Mangas de Guauacaje San Juan Nepomuceno. 

., ^ i Nuestra Señora de las 

Mantua -; ^,. 

( Nieves. 

Palacios Jesús Nazareno. 

Pipián La Virgen del Boeario. 

Quivicán San Pedro Apóstol. 

Regla Ntra. Sra. de Regla. 

Sagua la Grande La Purísima Concepción. 

San Antonio de los Baños San Antonio Abad. 

San Juan y Martínez San Juan Bautista. 

San Miguel del Padrón San Miguel Arcángel. 

Santa Cruz de los Pinos 6 San 

Cristóbal 

Santa María del Rosario La Virgen del Rosarío. 

Santiago de las Vengas Santiago Apóstol. 



I La Santa Cruz. 



Parroquíai< de ingreso 

Aguacate San Lorenzo. 

Alfonso XII San Francisco de Paala. 

4 , T» • i Nuestra Señora de Gua- 

Alonso Roías -j , , 

I dalupe. 

Arroyo Blanco (Sti-Spíritus). San José. 

84 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

Artemisa San Marcos Evangelista. 

^ f Nuestra Señora de los 

Bacaranao < ^ , 

( Dolores. 

Bahía Honda San Jopó. 

Bainoa San Pablo Apóstol. 

Banao San Ignacio de Loyola. 

Batabanó (pueblo) San Pedro Apóstol. 

Bolondrón La PurÍHima Concepción. 

-^, j Nuestra Señora de Gua- 

( dalupe. 

Caibarién La Purísima Concepción. 

Calabazar (Habana) San Juan Bautista. 

Calvario La Santa Cruz. 

Camajuaní San José. 

Camarioca La Caridad del Cobre. 

^ í La Virgen de la Cande- 
Camarones. -{ , . ^ 

( lana. 

Canasí, Arcos de San Matías Apóstol. 

_ - , . í Ntra. Sra. de la Cande- 

Candelaria < , . 

( lana. 

Cano, El La Purísima Concepción. 

Cartagena La Virgen de la Caridad. 

Casa Blanca Ntra. Sra. del Carmen. 

Casiguas San Matías Apóstol. 

Casilda Santa Elena. 

Catalina, La Santa Catalina. 

Cayajabos San Francisco Javier. 

Ceiba del Agua San Luis Gonzaga. 

Ceiba Mocha San Agustín. 

Ceja de Pablo { ^iJÍJ/ ^^ ^*^'° 

Ciego de Avila. San Eugenio de la Palma 

Cifuentes Santa María Magdalena. 

Cimarrones La Virgen del Pilar. 

85 



CUBA Y SÜ fiVOLÜClOK COLOKÍAL 

Colóu Sed Joeé. 

Consolación del Norte La Virgen del Rosario. 

^ , .- , , -, i Ntra. Sra. de la Cande- 

Consolación del Sar ^ 



Corral Nuevo La Virgen del Boeario. 

CorraliUo (Hoyo Colorado) .. j ^^^"^ "** ^ ^*"*' 

-^ ( Ntra. Sra. de la Eaperau- 

Esperanza -: 

^ ( za. 

Guanabo Santa Ana. 

Guara La Santísima Trinidad. 

Guaracabuya San Atanasio del Capey. 

Guatao La Virgen del Boeario. 

Guayabal San Francisco de Aafs. 

^ , . ^. \ Nuestra Sefiora de los 

Isla de Pinos - ^ . 

i Dolores. 

Jibacoa San Lorenso. 

Jíbaro San Antonio Abad. 

... (La Asunción de la Vir- 

Jovellanos ] 

( gen. 

Lagunillas San Juan Bautista. 

Limonar San Cipriano. 

Madruga San Luis. 

Mariel Santa Teresa de Jes&s. 

Mayajigua San Antonio Abad. 

Melena del Sur San Juan y Sta. Bárbara. 

Mordazo ( Habana) San Jerónimo. 

^, ( Ntra. Sra. de la Cande- 

Moron -, , . 

f lana. 

Nazareno (Santa Clara) Jesás Nazareno. 

Palma, La La Virgen del Rosario. 

Palmarejo San Blas. 

Palmillas La Purísima Concepción. 

Palos 6 Bagáez (Nueva Paz).. Ntra. Sra. de la Pta. 

86 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONUL 

r» . . . ( San Jerónimo de Pefial- 

Pepe Antonio i 

\ ver. 

Puerta de la Gaira Ntra. 8ra. del Carmen. 

Quemados de Marianao San Francisco Javier. 

Quemado de Güines La Purísima Concepción. 

Recreo San Francisco Javier. 



Río 



^ . ( Ntra. Sra. de la Cande- 

^^ 1 lana. 

Roque San Roque. 

Sábalo La Purísima Concepción. 

Sabanilla del Encomendador. . La Santa Cruz. 

Salud, La El Santo Cristo. 

San Antonio de Río Blanco ) « a . . i t^ ^ 

, , ^- _^ y San Antonio de Padua. 

del Norte ) 

San Antonio de las Cabezas... San Antonio de Padua. 

San Antonio de las Vegas San Antonio de Padua. 

San Diego de los Baños San Diego de Alcalá. 

San Diego de N6ñez San Diego. 

San José de las Lajas San José. 

San José de los Ramos San José. 

San Luis (Pinar del Río) San Joaquín. 

San Matías de Río Blanco San Matías Apóstol. 

San Nicolás San Nicolás de Barí. 

Santa Ana Nuestra Señora Sta. Ana. 

Santa Lsabel de las Lajas San Antonio de Padua. 

El Santo San Francisco de Paula. 

^ , ^ . ( Nuestra Señora de los 

Santo Domingo } j,^,^^^ 

Sipiabo La Virgen del Rosario. 

Tapaste La Purísima Concepción. 

Taguay abón ó las Vueltas Ntra. Sra. de los Angeles. 

Vereda Nueva La Virgen del Pilar. 

87 



CtJBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

Wajay La Can delaría. 

Tagnaramas La Virgen del RoBario. 

Auxiliares de Parroquia. 

Pueblo Nuevo (Matanzas).... San Juan Bautista. 

Remedios El Santo Cristo. 

Santaclara La Divina Pastora. 

vi«.«ofí «.^irUna < ^ Virgeu dc la Cari- 

sancti Hpiritufl -. -^ 

Trinidad San Francisco de Paala. 

Verpalles (Matanzas) San Pedro Apóstol. 

Hasta 1795 dependió la Isla en lo Judicial de 
la Audiencia de Santo Domingo; pero cedida a 
Francia esta colonia en aquel año, dicho Tribunal 
fué trasladado á Puerto Príncipe, donde funcionó 
con jurisdicción única y suprema hasta 1838, en 
que tuvo que compartir jurisdicción y territorio 
con la Audiencia Pretorial de la Habana. En 
1853 quedó suprimida la de Puerto Príncipe y su 
territorio incorporado al de la Habana. Reinsta- 
lóse en 1868 para ser trasladada en 1870 á San- 
tiago de Cuba, retornando poco tiempo despu^ á 
Puerto Príncipe. 

La última división fué establecida en 1889, y 
con las modificaciones de 1892, vino á quedar la 
Isla distribuida en tres Audiencias territoriales 
con jurisdicción criminal plena, y la civil sólo en 
alzada, tres Audiencias de lo criminal únicamente 
con la jurisdicción que su nombre indica y treinta 

88 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

y siete partidos judiciales ó Juzgados de Primera 
Instancia, en la forma siguiente: 



iCDIIflCIA TmiTOIlAL 



MbuIP.USíi 



M. 



U. 



ULIutiClui 



li hcrto PríMipt li btft. 4i Cik 



GuADe 


Belén 


Norte Matantas Santa Clara 


Norte Puerto 


Norte de Cuba 


Pinar del Rio 


Gua<1alupe 


Sur If atañías 


Sa^ua 


Principe 


Sur de Cuba 


San Cristóbal 


MomeiTAte 


Cárdenas 


Remedios 


Sur Puerto 


Manzanillo 


Guana jay 


Jesús Marta 


Alfonso XII 


Cienfuegos 


Principe 


Bayamo 




Catedral 


Colón 


Trinidad 


Merón 


Holguln 




Cerro 




Sancti Spiritun 




Ouantánamo 




Pilar 








Baracoa 




Guanabacoa 












Jaruco 












San Antonio de 












los Baflos 












Bejucal 












Güines 










\ Al 


restablece 


irse en Cu 


ba el rég 


imen repr 


esen- 



tativo, después de la paz del Zanjón, dispúsose por 
la ley de 9 de Enero del año 1879, que cada una 
de las seis provincias formase colegio para la elec- 



89 



CUBA Y Sü EVOLUCIÓN COLOKUL 

ción de Senadores, eligiendo tres de éstos la pro- 
vincia de la Habana, y dos cada ana de las de Ma- 
tanzas, Pinar del Río, Santa Clara, Puerto Príncipe 
y Santiago de Cuba. Por la misma ley se consti- 
tuyeron también, para designar un Senador cada 
uno de ellos, tres colegios especiales, formado el 
primero por el Arzobispo de Santiago de Cuba, sus 
sufragáneos y sus cabildos correspondientes; otro 
por la Universidad de la Habana con los Institu- 
tos y Escuelas especiales de Cuba y Puerto Rico; 
y el último por las sociedades económicas de am- 
bas islas. 

Con arreglo á la ley electoral de 28 de Diciem- 
bre de 1878, fué la Isla dividida para la elección 
de Diputados á Cortes en seis circunscripciones, 
una para cai^ provincia, subdividiéndose éstas en 
secciones y colegios. Esta división correspondía 
al escrutinio de lista, que quedó exclusivamente 
establecido, asignándose tres diputados á la cir- 
cunscripción de Pinar del Río, ocho á la de la Ha- 
bana, tres á la de Matanzas, cinco á la de Santa 
Clara, uno á la de Puerto Príncipe y cuatro á la 
de Santiago de Cuba. 

Para las elecciones de Diputados provinciales 
fueron distribuidas las provincias en distritos elec- 
torales, cada uno de los cuales elegía un Diputado 
Provincial. Correspondiéronle doce á la de Pinar 
del Río, veinte á la de la Habana, quince á la de 
Matanzas, diez y siete á la de Santa Clara, doce á la 

90 



CtTtlA Y SU KVoUrClOK COtiONlAL 

de Puerto Príncipe y diez y ocho á la de Santiago 
de Cuba. 

Estoe distritos eran los siguientes: 

DISTRITOS ELECTORALES 

PARA LAS ELECCIONES DE DIPUTADOS PROVINCIALES 

rMYMOAS rmM» IMúmI M%Uí\m ElecUnilw 

Catedral Templete. 

Belén Paula. 

M— ^ -1 Moo^rraW. 

«-•^•^«I- (S^^alupe. 

^^^^-^^- { t^ÍMaría. 

Pilar Pilar. 

. Cerro Cerro. 

HAbana. \ 

ÍGnanabacoa. 
Banta María del Ro- 
aario. 

J-»- { T^^Tte. 

Bejucal f Santiago de lo* Vepu.. 

' ( üejncal. 

Gñine« -( v"'""V. 

( Nueva Paz. 

San Antonio de loe í ^l Antonio de Ioh 

B-»- 1 aC«;. 

91 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 



Prffticiu 



Matoneas. 



PartMtMidil 



Mitrttit llMtmlii 



Diütríto del Norte. 

Norte i Ceiba Mocha. 

Santo Ana. 



Distrito Sor. 

Sor <{ Limonar. 

Corral Nhoto. 

Cárdenas. 

Cárdenas ^ La^nnillaa. 

Hato NaoTO. 



Colón. 

Colón \ Maonríjea. 

JoTelUuios. 



Alfonso XII 



{ 
{ 
{ 
1 



Alfonso XII. 



Sabanilla del Comen- 
dador. 



Pinar del Ría. 



Pinar del Rio ^ San Cristóbal. 



Santa Clara. 



Gnanajay 



> « 



Pinar del Río. 
San Jnan T Martines. 
Consolación del Sur. 
Mantna. 

San Cristóbal. 
Paso Real. 
Candelaria. 
Palacios. 

Onanajay. 
Maríel. 
Artemisa. 
Bahía Honda. 



{ 



Santo Clara. 

Santo Clara. <{ Esperansa. 

Seibabo. 

{Remedioa. 
Camajnaní. 
Caibaríén. 



Ssgna. 

Ssfcna •{ Cifnentea. 

Santo Domingo. 



\ Cü 
( Sa 



92 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 



Prffiíclu 



SaDtA Clara. 



rwüo Jiiiciii 



MitríUs EleeUnlet 



Cienfnegos. 

Cieníaegob •{ Camarones. 

Cartagena. 



\ Trinidad. 



{ 
{ 



Trinidad. 
Trinidad. 
Río de Ay. 



Sanoti Spiritns (Oes- f Sancti Spiriine. 
te) \ Sancti Spiritns. 



Este. 



Puerto Principe..... 



Santiago de Cuba. 



^ Oeste. 



Iglesia. 

áin Jnan de Dios. 

La Merced. 

Santa Ana. 

Nnevitas. 

La Soledad. 
San José. 
San Francisco. 
La Caridad. 
Santa Crnz del Snr. 



Sancti Spiritn* (Este) { g^„^* ^''"»- 



Norte 



1 



Sur 






Holguin. 



Mancanillo 



{ 
í 



Santo Tomás. 
Santo Cristo. 
Gnantánamo. 

Catedral. 

Belén. 

Dolores. 

San José. 
San Isidro. 
Gibara. 

Manzanillo. 
Manzanillo. 
Vicana. 



En 1890 fué alterada la organización electoral 
para DiputadoB á Cortes, y dejándose subsistente 



93 



CUBA T SU EVOLUCIÓN C(HX>NIAL. 

el escrutinio de lista y las seis circunscripciones en 
que la Isla estaba dividida, se redujo el número de 
Diputados asignado á cada una, y en proporción 
de esta reducción se crearon varios distritos de 
elección unipersonal. Así se extrajeron, de la pro- 
vincia de Pinar del Río, el Distrito de Guanajay; de 
la de la Habana, los de Guanabacoa, Güines y Ja- 
ruco; de la de Matanzas, los de Cárdenas y Colón; 
de la de Santa Clara, los de Remedios y Sancti- 
Spiritus; y de la de Santiago de Cuba, los de Hol- 
guín y Manzanillo. 

Como esta división electoral, era la que se encon- 
traba vigente al finalizar la soberanía espafiola, la 
reproducimos á continuación: 

PROVINCIA DE PINAR DEL RIO 



CIRCUNSCRIPCIÓN DE PINAR DEL RÍO. — 3 DIPUTADOS 



rirtiát Jiüdal AyuUaieiUt SecckM 



Pinar del Río. 



Piuar del Río 



CoDHüIacióu del Sur 



^ur... < 



Mayor. 

Ronrío. 

Reoreo. 

Colón. 

Sumidero 

TairoiMB. 

Río Feo. 

Paso Viejo. 

CaDgre. 

Río »Seqaito. 

Sur. 
Norte. 



Alonno R(»ja& Alonso Roj 

94 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 



teUáfJiüdil 



Pinar del Kío 



San Cristóbal 



Gnane 



AyntiBi^iUt 



SecdMM 



Vifiales 



{ 



Vifiales. 
Laguna. 



Consolación del Norte Consolación del Norte. 



. fían Joan. 
^ San Juan 7 Martínez. \ Rio Seco. 

Luis Lazo. 



San Luis. 






San Luis. 
Tirado. 



tt-« n^^éÁ\^\ i Primera 8. Cristóbal . 

San Cristóbal \ g^^^^^ ^ Cristóbal. 

8antaCruzVieloePi-| g^t* Cruz. 

nos t 



Candelaria 



{ 



Candelaria. 
Pueblo. 



Mansas / Primera Mangas. 

*^ \ Segunda Mangas. 



Palacios Palacios. 



Paso Real. 



Paso Keal. 



San Diego San Diego. 



Goane 



Mantua. 



Guane. 
Tenería. 
Gripa. 
Remates. 



f Mantua. 
\ Arroyo. 



Baja 



Baja. 



96 



CUBA T SU EVOLUCIÓN COLONIAL 



DISTRITO DE GÜANAJAT. — 1 DIPUTADO 



PartMt Micltl 



AyntaBicitM 






Goanajay 



Norte. 
Sor. 

San José 
San 



Artfemiaa 



f Artemisa. 
\ Virtudes. 



Cabafias. 



{ 



Gnanajay 



Bahía Honda. | ^^ 



Cabafias. 
Viga. 

Bahía Honda. 



^•"®^ { Qoiehra Hacha. 

c-yjabo. {S;r^ 

G-yaW { ^^'^'' 

^^-^^ {^^^., 

PROVINCIA DE LA HABANA 

CIRCUNSCRIPCIÓN. — 6 DIPUTADOS 



1 del Templete. 

2 » 




Habana. 



Haliana. 



i H U 

Casa Blanca. 

1 de San Felipe. 

2 » » » 

3 I» » » 

4 » w » 



96 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COIX)NIAL 



Mkiil 



AyntaaieiUk 



SecdtiM 



Ifatmna. 



Halmiia 



5 


de San Felipe. 


6 


N 


■ » 


1 del Cristo. 


2 


» 




3 


» 




4 


» 




5 


M 




6 


M 




1 


de S. Juan de Dios 


2 


M 


• » 


3 


» 


N M 


4 


» 


» n 


5 


» 


» M 


1 del 


Ángel. 


2 


N 


» 


8 


» 


N 


4 


M 


M 


1 


de 


San Franciioo. 


2 


» 


■ » 


3 


M 


n N 


4 


N 


» M 


m 

O 


■ 


M n 


6 


» 


» n 


1 


de Paula. 


2 


» 


» 


3 


N 


1» 


1 


de Santa Clara. 


2 


M 


» » 


3 


» 


N » 


4 


M 


» » 


6 


N 


» N 


6 


n 


» N 


1 


de Santa Teresa. 


2 


N 


N » 


3 


n 


» M 


4 


M 


M n 


5 


n 


tt » 


6 


w 


M » 


1 


de San Isidro. 


2 


n 


N n 


3 


» 


» » 


4 


N 


M M 


5 


W 


» w 



97 



CX'BA Y SU EVOLUCIÓN CGUOSIAL, 



DUTRITO DE GCAXAJAT. — 1 DIPUTADO 



fÉtÚUhAM 



llutaaicilM 






Goanajay 



Artcmin 



Cmbafiae. 



' Norte. 
Sur. 

San José. 
San FrmoeÚKw. 

í AriMniflA. 
\ Virtudes. 



f CabafiM. 
\ Vig». 



GiiaDAJay 



/ Bahía Honda.. 



{ 



Babia Honda. 



\ 



Maríel. 



^^^•^ { Quiebra Hadia. 

^y^^ {Sr^^ 

«-^•" {SíS"*' 

PROVINCIA DE LA HABANA 

CIRCUNSCRIPCIÓN'. — 6 DIPUTADOS 



lIa>Mina. 



Ilaliana 



1 


del 


Templete. 


/ 2 


» 


• 


3 


W 


» 


\ 4 


» 


w 


\^ 


■ 


• 


6 


H 


» 


1 


■1 


II 


;c 


uia 


Blanca. 


/i 


de San Felipe 


3 


N 


» » 


\ 3 


» 


• » 


4 


N 


M It 



96 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COIiONIAL 



farlMt Miciil 



AyntaaieiUs 



SecdHM 



Habana.. 



Hahnna 



5 de 

6 » 

1 del 

2 n 
3 
4 
5 
6 



n 
u 



San Felipe. 

» » 

Cristo. 

n 
» 

M 

n 



1 de 

2 » 

3 n 
A » 
5 » 

1 del 

2 » 
8 n 
A » 

1 de 

2 » 

3 >» 

4 » 

5 u 

6 n 

1 de 

2 » 

3 » 



8. Juan de Dios 

• n 

» N 



Ángel. 



San Francieoo. 



N 



M 
M 



Paula. 



1 de Santa Clara. 

2 » 

3 » 

4 n 

6 » 

6 » 



» 

M 

n 



n 
n 



i de 

2 » 

3 » 

4 » 

5 » 

6 » 



M M 

Santa Teresa. 



» 

M 
M 
M 
M 



» 

n 
» 

M 



1 de San Isidro. 

2 u » » 

3 » w » 

4 » N » 

5 U H » 



97 



CUBA T SU EVOLUaON COIONIÁL 



rvtíátMidil 



IjntaBidtM 



MvCMNNS 



Habana. Habana 



1 de Ponta. 

2 » » 

3 » 

4 > » 

/ 5 » » 

6 » » 

8 » 

9 » » 

1 de Colón. 

2 » » 

3 » » 

4 » » 

5 » » 

6 » » 

7 » » 

1 deChayea. 

2 » 

8 » » 

1 deAtaf^ 

2 » • 

3 • 

4 » » 

1 del Pilar. 

2 » » 

3 » » 

1 de VilIanneTa. 

2 N • 

3 » • 
1 de Pueblo NaeTo. 

1 del Vedado. 

2 » » 
1 de Príncipe. 

1 de Jesús del Monte 

2 • • ■ » 

3 » » » B 

4 » » • » 
1 de Lnjanó. 

1 de Arrojo Apolo. 

2 » B » 

1 del Cerro. 

2 » » 

3 • B 

4 » • 

5 M B 

6 N B 



98 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 



PartMt Midil 



lyiituiieiUt 



8«cdMM 



Cerro 



MariaDao 



Maríanao , 



Bejncal . 



Habana 



Habana 



1? 
{ 



1 de Pnentee Grandes 



de Arroyo Naranjo 



1 de Maríanao. 

2 » » 
8 » » 



f 1 Alqnizar (Colegio 

I Norte). 

Alqnizar { 2 n » m 

I 1 n (Colegio Sor). 

t 2 » » » 



San Antonio de loe 
Bafioe 



S. Ant? de loa Bafioe. 

Norte. 
n » N Sur. 

» >» » Este. 

M » N Oeste. 



Ceiba del Agoa. Ceiba del Agaa. 

Vereda Nae va Vereda Naeva. 



Gñira de Melena. 



!i 



1 Güira de Melena. 

2 M » » 
3 



N 

n 



M 



Banta 



{ 



1 Banta. 

2 n 



Cano. 



f 1 Cano. 

\ 2 n 



Bejucal. 



í 



IsladePinoR. 



1 Bejucal. 

2 >• 

3 n 

Isla de Pinos. 



Qnivicán Qnivíoán. 

San Felipe San Felipe. 

San Ant? de las VegaH San Ant? de las Vegas 



LaSalnd. 



11 



1 LaSalnd. 

2 » 
i » 



99 



[ 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLOSlAl^ 



rirti4t Mlriil 



Ijntiiriciin 



1 

2 
3 

4 
5 
6 

7 



de 



Belén Habana 



de San Leopoldo. 



1 
3 

3 » • 

4 » » 

5 • • 

6 • • 

1 de San 

2 • • 

3 » » 

4 » » 

5 » » 
e • • 
i 

8 
9 

1 de Tao6n. 
S 
3 
4 
5 
6 
7 
1 
2 
3 
4 
1 
2 

3 » » 

4 • » 



de Dfa^'^Nics. 






de 



iinaUalui^e lUbana 



( 
( 



1 
2 

3 

4 

> 5 

I 



deGaadalmpe. 



deI>aaNu. 



too 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN C0IX)NIAL 



fuúk Mititl 



Ajntud«itM 



SecdiiM 



GnacUüape Habana 



{ 



JeaúsMariat Habana 



Bejucal Santiago de las Vegas. 



3 de PefiaWer. 

4 » » 

5 » » 

1 d^el Araenal. 

2 > » 

3 » » 

4 » » 

5 » » 

1 de Ceiba. 

2 » » 

3 » » 

4 » n 

1 de Jeeús María. 

2 » » » 

1 de Vives. 

2 » » 

1 de San Nicolás. 

2 » » » 

3 » » » 

4 » N » 

6 1? de Chayes. 

1 de S. de las Vegas. 

2 N n » » 

3 n u M u 

4 » » » » 

5 » » N » 



DISTRITO DB GUANABACOA 



Goanabaooa Qnanabacoa 



de Este Asunción. 
v/esvC. 



n 
» 



» 

n 



n 
n 



San 



1 de Este de 
Francisco. 

1 de Oeste de id. id. 

1 de Cruz Verde. 

2 » » n 
de Oeste de C. Falso. 

» » n » 

» Este de C. Falso, 
de Cojlmar. 



1 
2 

1 
2 
1 



1 de Bacuranao. 



101 



ct'BA y Kr EToabrciaK couikiai. 



fmÚkkikM 



<jUMÍtíáhw.TM 



iJmmmijmtMi 



• • • < 



Jniuv*» 



Maaai^iui 

KULMArímdd 
Distrito de 

(iüinefi 



(i 



de fin lC%aca de 



de 
de 



CAtAlina. 



} 
i 



(■Hará. 



Melena del Sar. 



xt ^ í Sao L 

IMpiáu Pipián. 

Nueva Pax 



Nombre de Dícr. 
Villa. 

San Pedro. 

Oalalina. 

Leohiiga. 

Guara. 

Melena. 

San Lnia. 



San NicoliU. 



{NneTa Pas (Paeblo). 
Prfiídpe Alfonso. 

f San Nicolás Garro. 
\ Prieto. 



niSTKín» 1>K .lARrCl^. — 1 DIPCTADO 



Jaruco 



I 



San Antonio de Río 
Blanco 

102 



Saa Antonio de Rio 



i 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLOVUL 

fftrtMf Miciil AjntaBiMUí Sefdtiet 



Jibaooa Jibaooa. 

Bainoa Bainoa. 

Agnaoate Agaaoate. 

•^"■"~ ^ OaBigoa» CáBiguas. 

Tapaste Tapaste. 



San Joeé de las Lajas. < 



Alfonso XII. 
Jamaica. 



PROVINCIA DE MATANZAS 

CIRCUNSCRIPCIÓN. — 3 DIPUTADO» 



Contreras. 

Gelabert. 

O'Reilly. 

"""tí^zL®"' '"''"} Matanza. ( S"" 

^^ ^ ^' Riela. 

Narváez. 
Dos de Mayo. 
Alvarez. 

América. 
Embarcadero. 
San Carlos. 
Santa Isabel. 
Jesús Maria. 
Isabel II. 
Ynmnrí. 

Norte y Sur de Ma- \ „ . / o *^í*m 

tanzas. I Matanzas ( Santa Teresa. 

^ San Hipólito. 
San Alejandro. 
Can í mar. 
Comercio. 
Esteban. 
San Lnis. 
San Joan. 
Camarioca. 

103 



CtTBA Y Sü EVOLUCIÓN COWKIAt. 

rirtU* Mkbl IfnUakitM iNdwcc 



■«"t»A- {^s¡:^^ 

Canaai Chmhí. 

Li««i.illM.«nleiii«.{ I ;«• I-g«»«>-- 
BoloDdrón BolondróD. 



GAinL 

Cabexafl -{ Zupala. 

CárdeDM ( ( ^ ^f^^^ ñ, 



{ 



SaInUIÍIIa < Chmát^ 

A>fon«»XlI {^iS^*^- 

Udíód de Rey». | ¿¡Sw" 

Maciiri]eB Ifaooríjea. 

CnevitaB CaeTÍtes. 

JovelUiDOs, San Jcwé.. Sad José. 

DISTRITO DE CÁRDENAS.— 1 DIPUTADO 



SRmI. 
CristíDA. 
Salnd. 
Verdugo. 
COSBÍO. 

^«.t.ruw ^unieniy. y f^ qJ¡¿^ 

2 • ' 

3 » 
Gerntí. 
Snr. 
OADtel. 

104 



CtTHA y su EVOUrCIOX COIXÍXIAL 

hirüit Mieitl Ayuiamientiis Seecioies 

f Gaaniutas Hato Nuevo. 

Cárdenas j 

{Ibarra. 
San Antón. 
Recreo. 

G nanajay abo G nana jayalx). 

f Oeste. 
I Centro. 

Colón -{ Calimete. 

i Amarillas. 
I Jagüey. 

Macagna Macagna. 

'^''" ^8«jo^R.mo. {^^;;„. 

^•-"'»- {?rst 

Cervantes Cervantes. 

Kocjne Koqne. 

PROVINCIA DE SANTA CLARA 

CIRCÜN8CRIPCIÓX. — 2 DIPUTADOS 

Parroquia. 
Candelaria. 
Pastora Norte. 

» Snr. 
Condado. 
Puente. 

Santa Clara ( Carmen. 

San Francisco. 
Egidos. 
San Gil. 

Santa Clara / \ ^Híf* 

Seibabo. 

Báez. 
S.nDieKodeIV.Ile..{ ^^^ 
105 



L 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 



rtrlMt Midal 



AjntiBiartM 



SnntA Clara. 



Esperanza 



i Aaiooto. 
\ SanJoaé. 



Esperanza NneTaa. 



/ Calabazar 



Calabazar. 
Yiaoa. 
Enemeijada. 
Santo. 



Ranchuelo { ^^**Í^- 

{San Joan. 
Sor. 
Goayo. 



Sflfcua la Grande.. 



Sagua la Grande. 



(Bríto. 
Oanríego. 
Estrella. 
Caridad. 
Cenrantoa. 
Jeaúa. 
Mwoedea. 
Malpáes. 
Eliaa. 
Isabela. 



Amaro 



{ 



Sitío Nneyo. 
Sitio Grande. 



Ceja de San Pablo..../ ^^^"®- 

Rancho Veloz. i ^^J,^' 

\ GuaniUaa. 



iines. < 



1 Distrito. 
Quemado de Güines. ^ 2 • 

3 n 



Santo Domingo 



i 



Este. 
Oeste. 

Tabncito. 
AlTares. 



106 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 



rirtíátMidil 



AyiituiiMitM 



Smcímmi 



Remedios. 



Placetas 



Sitio. 

Vista Hermosa. 

Hernando. 

Tibisal. 



' San Fernando. 
/ Sanearlos. 
San Lnis. 
Dorticós. 
Hernán Cortés. 
Castilla 
Santa Isabel. 
Honrmitiner. 
Cristina. 
O'Donell. 



Cienfnegos 



Cienfaegos 



Cmoes 



Camarones 



{ 



Tacón. 

D'Clonet. 

Bonllón. 

Segundo Boullon. 

Caminero. 

Santaclara. 

Segundo Tacón. 

Aivüelles. 

Zaldo. 

Arango. 

Cannao. 

Arímao. 

Madruga. 

Yaguarama. 

Aguada. 

Prim. 

Alfonso XII. 
Campo. 

Loma. 
Ciego. 



Santa Isabel d e las f Goitizolo. 



La]as l Santa Rosa 



í 



Cartagena 



Abreus 



-i 



Montero. 
Soledad. 

Norte. 
Sur. 



107 



CITBA V Sr EVOLUCIÓN COUlNIAL 



Pirtüf Mkial 



.IfllUHkitM 



SeccÍNin 



Cienfuegc» 



( 



ItodaH 



Palm ira 



{ 
{ 



Rio. 

Bonllón. 
Sed Félix. 

Medidas. 
Palmíra. 
Arango. 



DI8TRIT0 DE REMEDIOS. — 1 DIPUTADO 



Remedios. 



Remedios 



Zana. 
Gotiérrez. 
Goadalape. 
Lagunas. 



^'-'«" { ][^- 



BoMjiie. 

CamAJuaDÍ •{ VeljuBoo. 

Salamanca. 



Caibaríén 



{ 
{ 



Tesioo. 

Znlneta. 

Panado. 



Yagnajay Yagoajay. 



DI8TRITO DK SANCTI 8PIRITÜ8. — 1 DIPUTADO 



Sancti Spi ritas 



Snucti Spirítus. 



Trinidad 



( 



Centro. 

San Joan de Dios. 

Candad. 

Colón. 

Jesús Nazareno. 

Sunta Ana. 

Príncipe. 

San Andrés. 



r 1 de la Ciudad. 

I 2 » » n 

•j 3 » » » 

I Casilda. 

t Condado. 



108 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 



JhirtMt Jidiciil 



lyutiatoiUi 



Secdraes 



PROVINCIA DE SANTIAGO DE CUBA 

CIRCUNSCRIPCIÓN. — 3 DIPUTADOS 



Santiago de Caba. 



Norte de Santiago... < 



Cobre 

Alto Songo. 
\ Caney , 



Guantánamo 



Gnantánamo... 



San Jerónimo. 

Enramadas. 

San Basilio. 

Hospital. 

Santa Kita. 

San Pedro. 

Marina. 

Santo Tomás. 

Comisaría. 

San Felipe. 

Calvario. 

San Agnstiu. 

San Tadeo. 

Paraíso. 

Trocha. 

San Germán. 

Rastro. 

Providencia. 

Concha. 

Trinidad. 

2 » 

Campo. 

2 Carnicería. 

Palma. 

San Luis. 

Dos Caminos. 

Cobre. 

Alto Songo. 

Caney. 

Mercado. 

Gobierno. 

Parroqnia. 

Jamaica. 

Casimba. 



Sagaa de Tánamo 

Bayaiuo Jignaní 

109 



Sagna. 



Ji;puiní. 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 



PiKkl» Jiiiriil 



lyutudoitM 



%Hámn 



Baynnio 



Barncoa. 



í Victori.de l«Tan«.{?„«í^^pKS¡;:, 
[ Mayarí (Holgoín)-- Mayan. 



Baracoa 



Norte. 

Sur. 

Cuaba. 

Veláaqnez. 

Sabana. 



DISTRITO DB HOLOUÍN. — 1 DIPCTADO 



Holguin HolgQÍn • 



Holfjriiín Giliara 



r SanJoaé. 
San Isidro. 
Samuel. 
San Andrén. 
Velaaoo. 

1 de Gibara. 

2 • » 

Fray Benito. 
Anras. 



DISTRITO DK MANZANILLO. — 1 DIPUTADO 



Manzanillo' 



( 
( 



Manzanillo. 



Eavamo 



í 
{ 



Teatro. 

Centro de Artesrino^ 
Casino EspafioK 
Casa Ca|HtQlar. 
£1 Cano. 

Media Lana. 
1 de Baymcno. 
*2 > » 



PROVINCIA DE PUERTO PRINCIPE 



riUCUNSCRIPTlÓN. — 1 DIPUTADO 



Puerto Príncipe Puerto l»ríncipe. 



f Ayuntamiento. 

I Cristo. 

•{ San Juan de Dios. 

I Montero. 

I Padre Valencm. 



110 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

Pirti4f Jiiicial lyutiHkiUs 8ef(i«ifB 



Viejii. 
Soledad. 
S^Dtiafco. 
San Ramón. 
Avellaneda. 

Paerto Príncipe [ San José. 

Caridad. 
San Franciaoo. 
Pueblo NneTo. 
Sibanicú. 

Pnerto Príncipe ' 

^ í^»-*" { t^%^^. 

Santa Cmz. Santa Cruz. 

Ciego de Avila Ciego de Avila. 



Jiootea. 

Morón •{ Morón. 

Chambas. 



{ 



Al introducirse en la Isla el régimen autonómi- 
co se practicó una nueva división electoral para 
los efectos de la elección de los Consejeros de Ad- 
ministración y de los Representantes destinados á 
constituir los dos organismos de ese régimen, lla- 
mados Consejo de Administración y Cámara de 
Kepresentantes. 

Acordóse la elección de los primeros por provin- 
cias, designándose cinco á la provincia de la Haba- 
na, cuatro á la de Santa Clara, tres á la de Santiago 
de Cuba, y dos á cada una de las de Matanzas, Pi- 
nar del Río y Puerto Príncipe. Cada una de las 
mencionadas provincias constituyó para el caso una 
circunscripción, verificándose por lista el escrutinio. 

111 



CUB.V Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

Los sesenta y cinco Representantes que habían 
de constituir la Cámara, distribuyéronse en la for- 
ma siguiente: 



Provincias 


Población 


RiprmttoiUi 


Habana 

, Santa Clara 

SautiaiTO de CuYxi 


451 928 
354.122 
272.379 
259.578 
225.891 
67.789 


14 

11 

10 

9 

3 


■ Matanzas 

Pinar del liío 

j Puerto Príncipe 

Total 


1.631.687 


65 





Adoptóse para la elección de BepresentanteSy el 
mismo principio mixto de escrutinio de lista y dis- 
tritos unipersonales que regía para los Diputados 
á Cortes, y el territorio de la Isla quedó dividido 
en la siguiente forma: 

Provincia de la Habana: 3 Circunscripciones y 
2 Distritos. — Circunscripciones: Habana, Guana- 
bacoa, Bejucal. — Distritos: Güines y Nueva Paz. 

Provincia de Santa Clara: 1 Circunscripción y 
4 Distritos. — Circunscripción: Santa Clara. — Dis- 
tritos: Trinidad, Sancti Spiritus, Remedioe y Ca- 
majuaní. 

Provincia de Santiago de Cuba: 2 Circunscrip- 

112 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 



eiones y 3 Distritos. — Circunscripciones: Santiago 
de Cuba y Holguín. — Distritos: Manzanillo, Baya- 
mo y Guanta ñamo. 

Provincia de Matanzas: 2 Circunscripciones y 2 
Distritos. — Circunscripciones: Matanzas y Cárde- 
nas. — Distritoíí: Alfonso XII y Colón. 

Provincia de Pinar del Río: 2 Circunscripcio- 
nes y 1 Distrito. — Circunscripcionej^: Pinar del 
Río y Guanajay. — Distrito: Cabanas. 

Provincia de Puerto Príncipe: 1 Circunscrip- 
ción: Puerto Príncipe. 

PROVINCIA DE LA HABANA 



Kepreaentantefl: 9. 

Habana 200,44S 

Maríanao 7,352 

Banta H,970 

El Cano. :i,7ió 

Ceiba del Agoa 3,232 

Vereda Nueva. 3,277 

Total 226,124 

drcunnerípeiÓH de Bejucal. 

Representantes: 3. 

Bejnoal 7,902 

Batabanó 8,016 

Isla de Pinos 2,040 

La Salud 4,896 

Qnivicán 4,585 

San Antonio de las Vegas 4, 469 

San Felipe 2,313 

Güira de Melena 8,721 

Alunizar 8,314 

San Antonio de loe Bafios 12,423 



Total 75,760 



Circun9cripcion de Ouannbaeoa, 

Representan tes: 4 

Guanabacoti.. . 28,048 

Kegla 28,043 

Managua 5,850 

Sta. María del Kosario... 4,885 

San Jo^ de las Lajaí* 6,218 

San Antonio de Río 

Blanoo 5«471 

Tapaste 6,143 

Jarnoo 12,182 

Jibaooa 3,733 

Aguacate 4,188 

Bainoa 4,188 

Casignas 3.886 

Total 94,267 



113 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 



Pirtkl» Jiiicial 



IjuttaieiUs 



SccdeBM 



Bayanio 



^ Mayarí (Holgnín)... Mayarí. 



Baracoa. 



Baracoa 



Norte. 

Sur. 

Cuaba. 

Velázquez. 

Sabana. 



DISTRITO DE HOLGüÍN. — 1 DIPUTADO 



San Joflú. 
San Isidro. 

Holguín Holgnín -{ Samuel. 

San AndrÓ8. 
Velaaoo. 



Holgnín Gíliara 



1 de Gibara. 

2 » » 
Fray Benito. 
Anras. 



DISTRITO DK MANZANILLO. — 1 DIPUTADO 



Manzanillo* 



Manzanillo. 



( Teatro. 

Centro de A 
-j Casino Espn' 
i Casa Capitii 

£1 Cano. 



Bayanio 



{ 



Media Lnn 
1 de Bav 
*2 » 



PROVINCIA DE PUERTO PRINCI 



riRruxscRiPCiÓN. — 1 diputado 



Puerto Príncipi» l*uert« Príncij^. 



f Ayuntí' 
I Cristo. 
-{ SanJi 



Montr 
t Padre 



110 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL. 



Distrito de GOikbb 

Güines 12,618 

LaCatAlina 6,112 

Madruga 7.514 

Total 26,244 



Distrito di Nueva Paz. 

Naeva Paa ; 9,671 

San Nicolás. 6,724 

Pipián 3,414 

Guara 4,549 

Melena del Sor 5,275 



CircunMcripción de Santa Clara. 



Total 29,533 

PROVIN'CIA DE SANTA CLARA 

Distrito db Trinidad 
Trinidad 29,448 



Representantes: 10 

Esperanza 12,759 

Ranchnelo 4,571 

San Die^ del Valle 9,831 

San Juan de los Yeras... 7,702 

Santaclara... 32,491 

Amaro 7,257 

Calabazar 12,951 

Ceja de Pablo 9.723 

Quemado de Güines. 11,467 

Rancho Veloz. 6,391 

Saguala Grande 18,330 

Santo Domingo 13,667 

Camarones 6,688 

Cartagena 7,029 

Cienfoegos 40,964 

Los Abreus 3,819 

Las Cruces 6,490 

Palmira 4,709 

Rodas 8,153 

Santa Isabel de las Lajas 8,014 

Placetas. 9,337 

Total 242,343 



Distrito db Sancti-Spíritus 
Sáncti Spüritua. 29,278 



Distrito db Rbm kdiob 

Remedios. 15,474 

Caibarién 5,106 

Yaguigay 6,280 

Total 26,143 



Distrito db Camajuakí 

Camajuaní 10,537 

San Antonio de las Vuel- 
tas 15,456 

Total 26,143 



PROVINCIA DE SANTIAGO DE CUBA 



Circunscripción de S*tnHago 
de Cuba. 

Representantes: 4. 

Santiago de Cuba 59,617 



Alto Songo 10,221 

Caney 8,686 

El Cobre 8,261 



Total. 



86,782 



114 



CUBA T SU EVOLUCIÓN COLONIAL 



Cireuiuerípció» 4e ÜBigaln. 
RepreWDtttDtM: A. 

(;ib«ni 1)8,342 

Holftuin a!í,288 

Victoria da laa Taita...... 12,049 

M«;vf 7,7» 

SagTude Tánsmo 5,478 

BanoM 18.06T 

Tot»L 102,152 



Distrito di Bayamo 

BsyMDO 17,676 

Jlgnuf 7,808 

Totoi 86,484 

Dmaiio DB OuaniAnaiio 

GuBnUnuno 23,741 

DiarRiTo DI Uanzaniua 
HmiudUIo 34,290 



PROVINCIA DE MATANZAS 



CirevutHpeiJn dt Maiatiiat. 

RepretcDlaotes: 4. 

MaluiiM 66.379 

CsoMÍ 4,524 

GoamacKO 10,345 

Sabanill» 8.871 

BoloodrtD 11,818 

LagDDilla 5,349 

Total 97,181 



DlBTBlTO DB AtroMW) XII 

AltoiwoXII 4,711 

Cabeaw 8,802 

SMDta Ad» «,219 

Unión de Heyce 8,136 

Total 37,867 



DreiBITO DK COLÚN 



Total 25,710 

CiraniitripeiÓH ie Carama*. 
KeprtMDtaDtcH: ' 



33.374 
8,879 



Carden 
Cimarronee... 

Guamatu 11,589 

Gnanajayabo 8,132 

Coevitaa. 6,333 

La Hac^tna 5,410 

JovellanoB 8,518 

Maoorij*» 13,374 

ElRoqne 8,218 

Cerrantea 3,204 

Palmtllaa 8,818 

Toul 103,837 



PROVINCIA DE PINAK DEL RIO 



CSretinter^eióit da Pinar id Bío. 
Repnaentantei: 5. 

Püwr del Río 3U,4g7 

Su LuÍB 7,327 

San Juan j Uartfnaa..... 17,974 

Vifialee 11,660 

Coaaolaoión del Sur 15,792 



Alonso Rojas 4,539 

Baja 4,284 

Consolación del Norte.... 7,034 

Gnane 22,708 

Mantna 6,8.18 

Total 138,440 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 



Distrito db Cabalas 

Bahía Honda 8,506 

Cabafiaa. 8,560 

Mariel 7,902 



Total 24,968 

Circun$crípción de Guanajay. 

KepresentaDtes: 3. 

Gaanajay 9,512 

Gnayahal 6,337 



•••••• •••••• 



Cayajabo 

San Diego de Núfies. 

Artemisa 

Las Mangas... 

Candelaria. 

San Cristóbal 

Loe PalaciosL 

Paso Real de San Diega. 
Santa Croa de loe Pinoa.. 
San Diego de loe Bafioa.. 



6,549 
4,180 
9,226 
3,678 
6,297 
4,606 
6,501 
4,950 
4,568 
6,317 



Total 72,483 



PROVINCIA DE PUERTO PRINCIPE 
Cireunseripción de Puerto Mneipe, 

Representantes: 3. 

Nuevitas 6,618 

Morón 8,919 

Santa Cmz del Sor 3,365 

Ciego de AviU 7,929 



En SU organización marítima^ la Isla de Cuba 
constituía una Comandancia General de Marina 
con un Contra- Almirante de la Armada á su fren- 
te, con residencia en la Habana y mando por tres 
afios. Subdividíase la Comandancia en siete pro- 
vincias, á saber: la de la Habana, Santiago de 
Cuba, Sagua la Grande, Remedios, Nuevitas, 
Cienfuegos y Trinidad, cada una de las cuales se 
distribuía en Distritos, Subdelegaciones y Alcal- 
días de mar. 

Desde su conquista, el Gobierno de la Isla asu- 
mió un carácter señaladamente militar. Los Ca- 
pitanes Generales que la han gobernado los esco- 

116 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIilL 

gi6 siempre la Metrópoli de entre las filas de la 
milicia, síd que en ella se diera nunca el caso, co- 
mo se dio en México, en el Perú y en algunos 
otros virreinatos de la América, que el Gobierno 
de la Colonia cayera alguna vez en manos civiles. 
Cuba fué siempre considerada como una base mi- 
litar de operaciones, para la defensa de los intere- 
ses españoles en el Seno mexicano y en el mar de las 
Antillas; y la ley del hábito hizo que, aun después 
de perdidas las Américas, todavía se siguiera con- 
siderándola como un verdadero presidio militar, 
muy poco distante de los que la Metrópoli mante- 
nía y mantiene todavía en las costas africanas. 

Para remachar el clavo, en 1825 llegaron á otor- 
garse de un modo permanente á sus Capitanes Ge- 
nerales las facultades extraordinarias, que son in- 
herentes al mando militar de una plaza fuerte en 
tiempo de guerra. 

El pálido reflejo de régimen representativo que 
lució después de la paz del Zanjón en nada ó en 
muy poco vino á alterar estas facultades ilimitadas. 
Y aunque varias veces se intentó en las Cortes es- 
pañolas la empresa de regular por medio de una 
ley el mando Superior de Cuba, ninguno de esos 
intentos pudo llevarse á la práctica. 

El real decreto de 10 de Marzo de 1874, que no 
llegó á publicarse en Cuba hasta 14 de Agosto de 
1878, y por el cual se intentó dar un principio de 
organización al Gobierno general de Cuba, fué só- 

117 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COÍX>NlAL 

lo una nueva superchería, sin realidad ni substan- 
cia, de las muchas que en aquella época se realiza- 
ron, para falsear el régimen representativo impuesto 
por el pacto del Zanjón. 

El territorio de la Isla de Cuba, á virtud de ese 
decreto, constituyó un Gobierno general ultramari- 
no, cuya autoridad continuó encomendándose u 
generales del Ejército español, que la ejercitaron 
como delegados de los Ministros de Ultramar, de 
Estado, de Guerra y de Marina, teniendo además 
u su cargo el Vice-Real Patronato, conforme á las 
bulas Pontificias y á las Leyes de Indias. Exten- 
dióse su jurisdicción á todo cuanto hubiera relación 
con la conservación del orden público, el mante- 
nimiento de la integridad del territorio, la obser- 
vancia y ejecución de las leyes, la protección de 
las personas y de las propiedades, y el mando su- 
perior de las fuerzas de mar y tierra. 

Bajo la presión de la última guerra separatis- 
ta, y por consejo amistoso de alguna potencia ex- 
tranjera, alteróse esta organización secular, y casi 
á la vista de la Intervención americana, otorgóse 
á la Isla un régimen autonómico, muy limitado en 
su desarrollo, y tal cual podía otorgarlo una nación 
que en los últimos cuatro siglos se había dedicado 
á extirpar con fruición todos los gérmenes de auto- 
nomía que habían podido brotar en su terri- 
torio. 

La breve duración de ese régimen, deshonrado 

118 



i 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

antes que nacido j muerto apenas vivo, nos exime 
de la obligación de presentar los detalles de su es- 
tructura. 

Durante el último medio siglo pocos países han 
podido verse tan agobiados por el impuesto, como 
Cuba. La tributación con nombres diversos llegó 
á alcanzar en ella proporciones colosales. Dere- 
chos de Aduana bajo sus dos formas de importa- 
ción y de exportación, tan subidos los primeros que 
hubo mercancía que llegó á adeudar por arancel, 
un 200 por ciento de su valor, y tan irracionales 
los últimos, que se sometió á ellos el azúcar, ar- 
tículo ya entonces de producción universal y sujeto 
por esta razón á tremenda competencia, contribu- 
ción directa sobre la propiedad urbana y rústica, 
tanto para el Estado como para el Municipio, im- 
puestos sobre la trasmisión de derechos reales, cual- 
quiera que fuera el título de la trasmisión, impues- 
to personal en la forma de cédula de vecindad, 
papel sellado, loterías, derechos de matanza y pu- 
fialada, licencias, céntimos adicionales, matrículas, 
repartimientos, subsidios; con todos estos nombres 
fué bautizada la exacción. 

Esta tributación, á más 'de ser repulsiva por lo 
mucho que aufiaba en la fortuna privada, era tam- 
bién odiosa y odiada por tres razones principales. 
La primera, porque las cargas que habían de le- 
vantarse con ella, no eran en realidad atenciones 
particulares del país, sino verdaderas cargas de 

119 



CUBA T SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

soberanía, que todas las naciones que tienen colo- 
nias, y saben cómo tenerlas, levantan con los re- 
cursos de su Tesoro nacional. La segunda, porque 
ninguno de los impuestos poseía ese carácter remu- 
neratorio 7 distributivo, que en muchas ocasiones 
disminuye su peso y lo hace soportable y lleva- 
dero. El dinero recaudado se encaminaba á la 
Península, donde recibía empleo y dirección que 
lo apartaban para siempre de la tierra que lo pro- 
dujo. La tercera, porque el voto, ese compañero 
inseparable del impuesto en los países regidos por 
instituciones liberales, le fué otorgado á Cuba tar- 
de, y cuando ya las necesidades de la Metrópoli 
habían arrojado sobre sus hombros la carga abru- 
madora de una deuda pública de doscientos millo- 
nes de pesos, y mal, porque los presupuestos cuba- 
nos se discutieron y votaron siempre en las Cortes 
de Madrid en sesiones matinales, en una pobla- 
ción que acostumbraba irse á la cama á la hora 
del alba, y ante unos cuantos Diputados rurales, 
ocupados en despachar su correspondencia par- 
ticular. 

Para que pueda formarse una idea de la pesa- 
dumbre de estas cargas y del empleo que se dabji 
por la Metrópoli al dinero expoliado á Cuba de 
aquel modo, damos á continuación un estado de sus 
últimos presupuestos. 



120 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL. 





1849 


1850 


1851 . 


1852 


Obligaciones genera- 
les 


682,388-3 
531,822- } 

5,668,275-7} 
755,401-7 

1.373,878-3 

1.985,971-6} 
1.421,004-6 


638,050-6} 
44H,380-8} 

5.028,901 
754,569-3 

2.045,003-6 

1.563,513-3} 
1.800,731-3} 


934,621 
497,810-1 

5.975,989-1} 
789,452 

1.965,445-7} 

l.í 66,791- } 
1.458,123-7 


1.034,417-5 


Gracia y Jnstioia..... 

Gaeira 

Hacienda 

Marina 


419,872-8} 
6.840,786-8} 

920,4621} 
1.738,650-4 


Atenciones penin- 
snlares. • 


2.804,253-1} 
1.274,963 


Depósitos 


Total 


11.768,248-1} 


11.779,160 


13.288,233- } 


14.033,405-5 



Total. 



12.508,981-1 



12.314,055-2} 



14.516,465-5} 



14.652,213-4 



Nota. — Estos datos proceden de la obra de Lobe, Cttba y la» grande» ptitfneUu OcHden- 
talrf de Europa (pAg. 80). 



121 



CUBA Y StJ i;v.., 



soberanía, que toda¿: lu.^ ; 
nias, y saben cómo ti 
cursos de su Tesoro iinci' 
ninguno de los imiMi- 
ueratorio y distribiiti» 
disminuye su peso ; 
dero. El dinero r* 
Península, donde r 
lo apartaban para - 
dujo. La tercer:) 
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de, y cuando ya 
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Para íp" 
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-toir 







62 






1 

$47.523-37Vj 






7.779,032-66^ 






lü.L»79.a38-76\ 


-- 




3.637.904-4:1 


- 




'¿.QOH,0G2-r,O\^ 






V»!»ü.467-á2 




:'.0iHi.364 


3.49C..770-tí 


- 


341».8I5 


343.:.73-Jí 


.•^■ 




lí9.4CL>.L>7J-3:.»i 



.,tf .; "lom^Pe de « Atoiicione» de la PoninsulH ' . 



•22 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 



I 


«4-65 


65-66 


66-67 


70-71 


74-75 


1 t 


954.34!* 


1.501.185 


1.277,389 


' 1.068.05»^ 


2.802,877-49 


ü^-- ■.. 


901. bis 


977,880 


9S8,46S 


824,066^ 


11.041,388^ 


■■.•-■ ■•'4 


-.1T2.»71 


8.133.499 


7.234.879 


7.906.839^ 


11.605.849^1 


- i -^ JÍT. 


». 473.010 


7.896.63i<-í)0 


9.359.843 


11.314.444 


13.396,194-82 


3.7N2.(C; 


3.S70.223 


4.009.220 


3.247,587 


3.578,882-50 


6.075,086-25 


'.•.106,100 


2.4Sf;.?25 


2.642.206-GO 


2.419,382 


2.232.585 


2.822,786-56 


996.314 


txil.337 


763.931-50 


727.4ri0 




1.177.683 


3.4IH1.7UU 










63.700 


SM.32U 


2K9.478 


28«,ií24 


253,489 




141,064-65 


•J«.3Jü.ltÜ 


28.320,192 


26.212,281^ 


25.502,932 




38.627.825-66 



4..-ÍG1.446 


4.(123.127 


5.173.485 


5.395.783 






11.924.451 


12.661.912 


13.536,020 


12.825.850 






1.218,257 


1.KR6.053 


1.468,838 


1J>95,880 






S.7Í3.9H0 


8.734.980 


8.734.980 


10.756.500 






3.:a).079 


2.321.60r> 


2.4O4.800 


1.431.315 






491.911 


530.340 


534,550 


846,875 






80.460,124 


30.2.-18,017 


31.857,673 


82.852,288 

1 





123 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIA I 



GASTOS 



Orada y Justicia. 



Guerra. 



Hacienda. 



Marina 



Gobernación 



Fomento. 



(1) 



Femando Poo. 



59 



70.993-76 



6.447.139-41 



9.116.298-44'í 



3.510.003-49 



•2.396.418-7: 



2.600,000 



476.187-40 



2.316,041-25 



60 



924.322-34 



.M7.246-8H 



9.079.435-87^ 



8.446,608-68H 



1.657,533-58 



1 148.622-12>^ 



5.372,2(» 



834,754-86 



29.610,77^*8».^ 



INGRESaS 


4.045,350 






4.:í'.* 




11.350.509 


11.'.' 




1.182,024 


1. 




8.174,200 


•i 




97.341 






546,480 






25.395.901 





Nota: \ 1 ) Estas partida» 9C cargaban con 



.<il 



:í4.2iíí 



ir 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 



86-87 


87-88 


88-89 


90-91 


92-93 


93-94 


]Di»3.83S-79 


9.228,406-56 


10.858,242-23 


10.447,267-02 


10.306, 71íMn 


12.574,485-60 


868.022-22 


818.616-28 


832,738-88 


1.065,950-47 


991,855-54 


995.693-51 


6.780.977-17 


6.488,550-70 


6.491,100^ 


6.229,427-45 


5.877.123-18 


5.896,740-78 


908,326-29 


837,577-96 


788,24000 


790,642-81 


668,570-00 


708,125-00 


1.484.211-40 


1.414,540^ 


1.404.450^ 


1.299,220-17 


1.058,347-22 


1.055,136-13 


8.935.658-92 


8.731,790-07 


4.328.450-32 


4.237,862-48 


8.859.422-M 


4.086.088-22 


1.288.702-00 


862.611-00 


905.069O0 


1.376,480^ 


812,558-00 


771,125-00 


25.959.784-79 


28.867.098-48 


25.608,291-27 


25.446,810-81 


23.074,594-41 


26,087,894-19 



7.52A,000^)0 


6.791 .600K)0 


8.377.1604» 


5.818,60000 


6.916,4564» 


7.449„V»4» 


11.558.000-00 


11.061.028-00 


12.013.0004» 


H.971.3Ü04» 


10.551,50000 


11.875.0004» 


2.Ü2O.1004X) 


2.306.750-00 


2.423.6954» 


1.608,9004» 


1.662,5004» 


2.174,6594*73^ 


2 430,625-00 


2.569.5004» 


2.402,612-50 


3.101,0264» 


3.500,0004» 


3.10l,0004)() 


156.0004» 


130.7504» 


ir».7:i04» 


185,0504» 


250,0004» 


899.0004» 


787.00000 


571,50000 


204,0004» 


127,5004» 


45,7004» 


138,6004» 


Xw994.725-O0 


23.481.1284» 


25.611,217-50 


25.815.3764» 


22.929,15600 


24,6l0.759-87>i 



125 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

El ramo de Obras Públicas tuvo en Cuba su más 
amplio desenvolvimiento mientras hubo esclavitud, 
y en tanto que duró el período de guerras que sos- 
tuvo España contra Inglaterra por la supremacía 
de las armas en el mar de las Indias Occidentales. 
Atendióse principalmente á la construcción de esas 
obras con situados procedentes de las cajas del ve- 
cino Virreinato de Nueva España, y en su mayor 
parte consistieron en fortificaciones y otras obras 
de defensa para las ciudades de la Habana, Matan- 
zas y Santiago de Cuba. 

Algo entrado ya el presente siglo enderezóse por 
rumbos más prácticos la iniciativa de los Gobier- 
nos metropolitanos, y poniendo á provecho el tra- 
bajo de los esclavos adjudicados al Fisco, el de los 
cimarrones y el de los rematados de presidio, algu- 
nos Capitanes Grenerales, y Tacón figura á la cabe- 
za de todos ellos, acometieron y realizaron las po- 
cas obras públicas de índole puramente civil con 
que cuenta la Isla todavía. 

Abolida la esclavitud, puede decirse que se cerró 
de una vez y por completo ese período de fomento 
y construcción, pues las partidas que en lo ade- 
lante se consignaron anualmente en los presupues- 
tos de la Colonia, sobre ser escasas, más se enca- 
minaban á la reparación de las ya hechas, que á la 
construcción de otras nuevas. 

Son de la época del General Las Casas el palacio 
de los Capitanes Generales y la Casa de Beneficen- 

126 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

cia y Maternidad, y de la de Tacón el paseo que 
lleva su nombre, la Cárcel y el Presidio. 

Por lo que hace á las vías de comunicación, poco 
ó nada hizo la Metrópoli durante el largo período 
de su dominación sobre la Isla, para establecerlas 
ó mejorarlas. Fuera de unos doscientos kilóme- 
tros de carreteras, todos sus demás caminos consis- 
ten en trochas sin desagüe ni pavimento, y comple- 
tamente intransitables en la estación de las lluvias. 
Y todo esto, para el servicio de una Isla de más de 
mil quinientas millas de periferia. 

Lias carreteras existentes en la Isla son las si- 
guientes: 

CARBBTEKAS DB PRIMER ORDEN 

Gonclaidas 182 kilómetros. 

En construcción 5 ,, 

Proyectadas 20 ,, 

CARRETERAS DE SEGUNDO ORDEN 

Gonclaidas 38 kilómetros. 

En construcción 32 ,, 

Proyectadas 25 ,, 

Después de la caída del Gobierno español, y en 
el breve período dé seis aflos, se han construido 
muy cerca de cien kilómetros de carreteras ó sea 
poco menos de la mitad de las que aquel gobierno 
construyó durante los cuatro siglos de su domi- 
nación. 

La iniciativa para su primer ferrocarril la debió 
Cuba á uno de sus hijos— el conde de Villanueva 

127 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 



— que por casualidad llegó á ser su Intendente. 
Los trabajos para este ferrocarril se emprendieron 
en 1835 bajo la dirección del ingeniero norte-ame- 
ricano Mr, Alfred Crugger. En 1837 se inaugu- 
ró su primer tramo hasta Bejucal, prolongándose 
hasta Güines en 1838 y sucesivamente ¿ Batabanó, 
la Unión y Guanajay. La creciente prosperidad 
material del país estimuló la fundación de nuevas 
líneas, que fueron entrando en explotación, según 
se verá en el siguiente cuadro: 

FBRROCAR&II/BS DB I#A l&hJL DB CUBA 



NOMBRES 

Habana y YillanneTa 

Gárdemuí 

Jtksaro. 

Poerto Príncipe á Nnevitas.. 

Habana á Mananao 

Regla á Gnanabaooa 

Bahía á Matanzas 

Matanzas y Sabanilla 

Coliseo 

Sagna la Grande 

Oeste de Sagna (Chinchilla).. 

Cienfnegos y Villaclara 

Casilda á Trinidad 

Caibarién y Remedios 

Cobre á Pnnta de Sal 

Cárdenas á Pízarro 

Cnba al Cristo 

Gnantánamo, Sta. Catalina... 

LaPmeba 

Urbano de la Habana 

Del Oeste 

San Cayetano 

Déla Trocha 

Cnba 



PfcbUprii< 
dyit k li 



1835 
1888 
1839 
1840 
1859 
1858 
1857 
1842 
1842 
1853 
1869 
1849 
1856 
1848 
1842 
1858 
1856 
1855 
1842 
1857 
1858 
1882 
1871 
1899 



M. 



Nov. 19/1837 
1841 
1842 
1851 
1859 
1858 

Oct. 10/1859 
1849 
1848 
1858 
1876 
1853 
1858 
1^51 
1844 
lb59 
1859 
1857 
1843 
1858 
1860 
1883 
1872 
1903 



Uigitid 
KilMMtni 



256 

168 

115 

72 

12 

5 

87 

91 

52 

80 

8 

45 

4 

111 

14 

ó 

41 

20 

4 

38 

183 

24 

80 

574 



128 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COIX)NIAIi 

Emprendidas varias de estas líneas con más en- 
tusiasmo que previsión y aun algunas hasta con el 
propósito de hacerse competencia, la necesidad de 
unirse y consolidarse no tardó mucho en aparecer. 
En 1869 lo hicieron las de Cárdenas y Júcaro y 
en 1864 las del Coliseo y la Bahía, que más tarde, 
en 1885, se refundieron con la de Villanueva pa- 
ra tomar el nombre de Ferrocarriles Unidos de la 
Habana. En 1809 se fusionaron las de Sagua, 
CHenfuegos, Villaclara y Remedios con el nombre 
de Cuban Central y finalmente en 19061o hicieron 
Cárdenas y Júcaro y los Unidos de la Habana. 
Este proceso de consolidación continúa, y es muy 
probable que dentro de poco sólo haya en Cuba 
dos líneas principales. 

En sus comienzos los ferrocarriles fueron em- 
presas exclusivamente cubanas, y de iniciativa y 
capital cubano, sin que á ninguno de ellos acudie- 
ra el Estado con subvención ó subsidio de ninguna 
clase. La terrible merma causada en la fortuna 
privada por las guerras revolucionarias, ha hecho 
pasar estas empresas á manos extranjeras, en su 
mayoría inglesas, y hoy sus Juntas Directivas re- 
siden casi todas en Londres y son extranjeros sus 
administradores é ingenieros. 

En 1899 una empresa americana adquirió el an- 
tiguo ferrocarril Urbano de la Habana, prolongó 
sus paralelas y sustituyó la tracción animal por la 
eléctrica de Irolley. Esta misma empresa está lle- 

129 



CUBA y su EVOLUCIÓN COLONIAL 

vando también en la actualidad líneas de tracción 
eléctrica desde la Habana hasta Guanajay por el 
O. y hasta Güines por el S. 

El prodigio mayor que en materia de ferro- 
carriles se ha visto en Cuba, lo realizó un inglés, 
Mr. Van Horn, en 1900. Sin subsidio, sin conce- 
sión y, por ponsiguiente, sin derecho á hacer uso del 
privilegio de expropiación forzosa, Mr. Van Horn 
remató en menos de tres afios la construcción del 
ferrocarril Central desde Santa Clara hasta San- 
tiago de Cuba, empresa que estuvieron más de cin- 
cuenta afios estudiando y planeando los Gobiernos 
espafioles, sin emprender el realizarla, á pesar de 
su reconocida importancia estratégica para un caso 
de guerra ó rebelión. 

El servicio de correos se hace en Cuba por me- 
dio de 239 administraciones ó puestos, y el de telé- 
grafos por 153 oficinas. La red telegráfica tiene 
una longitud de 2,300 millas, en las cuales hay em- 
pleadas 3,450 millas de alambre. 

Por lo que hace á los teléfonos, los hay en todas 
las poblaciones importantes de la Isla, aunque el ser- 
vicio se ha distinguido siempre por sus deficiencias. 

Faros. — El servicio de alumbrado marítimo de 
las costas de Cuba cuenta en la actualidad con los 
faros siguientes: 

Costa Norte. 1. — Roncali, de segundo orden, en 
el cabo de San Antonio (Guane), con veinte millas 
de alcance. 

130 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

2. — O'Donnell, de primer orden, en el Morro de 
la Habana, aparato Fresnell con veinticinco millas 
de alcance. 

3. — Punta Maya, de cuarto orden, con 12 millas 
de alcance, á la entrada de la bahía de Matanzas. 

4. — Los Pinzones, de cuarto orden, en el cayo 
Piedra del Norte (Cárdenas), con 15 millas de al- 
cance. 

5. — Cayo Diana. Fanal, en el cayo de su nom- 
bre (Cárdenas), con 9 millas de alcance, 

6. — Cayo Cruz del Padre, de cuarto orden, en el 
cayo de este nombre, con 12 millas de alcance. 

7. — Hernán Cortfe, de primer orden, en el cayo 
Bahía de Cádiz (Ceja de Pablo), con 25 millas de 
alcance. 

8. — Cayo Cristo. Fanal en el cayo de su mis- 
mo nombre (Sagua la Grande), con 8 millas de al- 
cance. 

9. — Diego Velázquez, de primer orden, en el ca- 
yo Paredón Grande (Puerto Principe), con 25 mi- 
llas de alcance. 

10. — Cayo Lobo, de cuarto orden, en el cayo de 
su nombre, en el veril septentrional del Canal Vie- 
jo de Bahama, con 15 millas de alcance. 

11. — Colón, de primer orden, en la punta de Ma- 
ternillos, á la entrada del puerto de Nuevitas, con 
30 millas de alcance. 

12. — Punta de Prácticos. Fanal en la punta de 

131 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

SU nombre, á la entrada oriental interior del puer- 
to de Nuevitas, con 9 millas de alcance. 

13. — Punta Lucrecia, de segundo orden, en el ca- 
bo de Lucrecia (Holguín), con 15 millas de alcance. 

14. — Baracoa. Fanal á la entrada del puerto 
de Baracoa, con doce millas de alcance. 

15. — Concha, de segundo orden, en el cabo Mai- 
sí, con 17 millas de alcance. 

Costa del Sur. 16. — Morro de Santiago de Cuba, 
de cuarto orden, á la entrada del puerto de Cuba, 
con 17 millas de alcance. 

17. — Vargas, de segundo orden, en el Cabo de 
Cruz (Manzanillo), con 17 millas de alcance. 

18. — Villanueva, de tercer orden, en la punta de 
los Colorados, á la entrada de la Babia de Jagua 
(Cienfuegos), con aparato Fresnell y 18 millas de 
alcance. 

19. — Cayo Piedras del Sur. Fanal en el cayo de 
císte nombre (Cienfuegos), con 7 millas de alcance. 

20. — Batabanó. Fanal en el Surgidero del mis- 
mo nombre, con 7 millas de alcance. 

21. — Cayo Francés, de segundo orden, en el ca- 
yo de su nombre á la entrada de Caibarién con 11 
millas de alcance. 

En materia de acueductos, todas las poblaciones 
de la Isla se encuentran en un estado lamentable, 
y únicamente la Habana, Matanzas, Cárdenas, Jo- 
vellanos, Sagua, Cienfuegos y San Antonio de los 
Baños, cuentan con obras de alguna importancií\ 

132 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

destinadas á tan imperiosa necesidad de la vida ur- 
bana. Todos estos acueductos son deficientes, ya 
por la cantidad, ya por la calidad del líquido que 
suministran, y a excepción del de la Habana, los 
demás han sido construidos, y se hallan explotados 
por la iniciativa particular. 

Biblioteca Pública creada y mantenida por el 
Estado, no existió ninguna en la Isla de Cuba du- 
rante la Colonia. La Universidad de la Habana 
cuenta con una sumamente modesta, costeada y sos- 
tenida por sus propios fondos, y la Sociedad Eco- 
nómica de Amigos del País posee otra algo más 
rica, y que en su totalidad se debe á donativos de al- 
gunos beneméritos cubanos, entusiastas de las letras. 

Por lo que hace á la Beneficencia, ha sido tam- 
bién un ramo dotado muy mezquinamente por los 
Gobiernos españoles. Todos los Hospitales que 
existen en la Isla, en muy ancha parte, deben su 
origen á donaciones particulares, y algunos hastii 
con ellas se sostienen, limitándose el auxilio oficial 
á cuotas muy modestas votadas por los Ayunta- 
mientos, solamente como ayuda y cuestación. 

En los últimos años construyóse en la Habana 
el Hospital «Reina Mercedes», sirviendo de base á la 
fundación, un cuantioso legado de la señora Santa 
Cruz de Oviedo, que por cierto el Gobierno espa- 
ñol estuvo detentando en sus cajas muchos años, 
bajo pretexto de necesidades del Erario impuestas 
por la guerra. 

133 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 



La Administración técnica y el servicio de asis- 
tencia de esos hospitales ha dejado en todo tiempo 
mucho que desear, y á sus deficiencias debe ser 
atribuida la repugnancia corriente, hasta en los 
enfermos más menesterosos, á ser trasladados y 
atendidos en esos establecimientos. 

Para que pueda apreciarse hasta dónde ha lle- 
gado la caridad de los particulares en auxilio de la 
Beneficencia Pública, transcribimos á continuación 
los capitales de ese origen, que poseen los Asilos, 
Escuelas, Obras-pías y demás fundaciones de Be- 
neficencia de la Isla. 



INSTITUCIONES 

Pbovincia db la Habana 

Casa de Benefioenoia y Maternidad 

Hospital de San Lázaro 

Hospital Meroedes 

Hospital de Paula 

Asilo de Dementes 

Monte de Piedad 

Obra-pía de Arambarn 

Obra-pía de Calvo déla Puerta 

Obra-pía de Echa varría 

Asilo de Ancianos 

Seminario de San Carlos. 

Escuelas Zapata 

Escuelas Hoyo 7 Junco ^ 

Colegio El &into Ángel 

Escuelas La Encarnación 

Legado Villate (Artes y Oficios, sin cumplir) 

Hospital de Onanabacoa. 

Hospital de Jaruoo 

Hospital de San Antonio de los Bafios 

Hospital de Güines 

Hospital Santa Susana, Bejucal 

Hospital de Santiago de las Vegas 

Total 



CAPITALSB 



$ 1.121,956.96 

997.772.75 

606,233.55 

:i96, 187.04 

37,470.00 

74,056.13 

397,748.29 

140,286.78 

23,007.00 

50,000 00 

206,715.00 

71,000.00 

454,400.00 

60.000,00 

127,305.80 

60,000.00 

52,786.15 

3,100.00 

5,148.20 

11,760.00 

42,652.50 

22,759.00 



$ 8.982,924.36 



134 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 



INSTITUCIONES 

Provincia de Matanzas 

Cuade Beneficencia 

Hospital Santa Isabel 

Hospital San Nicolás 

Hospital Santa Isabel, de Cánienas. 

Total 

Provincia de Santa Clara 

Hospital de San Juan de Dios. 

Hospital San Lázaro 

Hospital San Joan, Remedios 

Hospital deCienfuegoH 

Casa de Beneficencia de Sancti Spirítns 

Hospital San Franeiítoode Panla, Sti. SpirítnH 
Hospital San Juan de Dios, Sanoti Spiritas... 

Casa de Beneficencia de Trinidad 

Hospital San Juan de Dios y San Francisco 
de Panla, Tiinidad 

Total 

Provincia de Puerto Príncipe 

Hospital de San Juan de Dios 

Hospital de San Lázaro 

Hospital Nuestra Sefiora del Carmen 

Total 

Provincia de Santiago de Cuba 

Casa de Beneficencia 

Hospital de San Roque, Bayamo 

Hospital de Holguín 

Total 

Importan los capitales relacionados 



capitales 



$ 49,544.70 

15,838.80 

128,242.90 

18,293.14 



I 211,919.54 



$ 33,165.00 
8,810.00 
22,450.00 
4,200.00 
26,126.17 
27,142.75 
10,324.00 
17,340.00 

39,174.10 



I 226,732.02 



$ 67,392.38 

46,603.56 

107,243.59 



I 221,239.53 



$ 39,300.00 

6,813.00 

22,585.73 



$ 67,698.73 
$ 5.689,934.48 



Además de estos capitales, existen otros de me- 
nor importancia procedentes de varias investiga- 
ciones en distintos lugares de la Isla. 

También existen otras propiedades, que están 



135 



CUBA Y Sü EVOLUCIÓN COLONIAL 

pendientes de que se resuelva el usufructo que las 
grava, para que pasen en pleno dominio á los Asi- 
los y Hospitales. 

De todos los países habitados, es Cuba el que 
distribuye su comercio exterior, en proporción con 
el numero de sus habitantes, con un guarismo más 
alto. Y este comercio no procede, como resulta en 
Inglaterra y en Holanda, de mercancías in transity 
que acuden á sus puertos en demanda de facilida- 
des de trasporte, sino de productos de su suelo que 
salen en busca de mercado para el extranjero y de 
artículos del extranjero que vienen á satisfacer ne- 
cesidades de su consumo. 

Habiéndose constituido la Isla de Cuba, desde la 
época en que comenzó su prosperidad, bajo el pie 
de tener que exportar todo lo que producía, para 
importar á su vez todo lo que consumía, su comer- 
cio llegó á tomar tan amplio desarrollo, que es difí- 
cil encontrar país alguno que en ese sentido pueda 
serle comparado. La necesidad é importancia de 
esas importaciones y exportaciones han dado lugar 
á una serie de intermediarias operaciones, que vie- 
nen á constituir un tráfico tan variado como exten- 
so. Según cálculos del Sr. López Trigo — ^porque 
estadísticas oficiales no las formó jamás la Admi- 
nistración española, y si llegó á formarlas no ha 
tenido jamás voluntad de publicarlas — las exporta- 
ciones ascendieron en 1890 á $70,608,953, en la 
forma siguiente: 

136 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 



EXPORTAaON DE CUBA EN lb90 



DESTINO 



Estados UDÍdos 

PeaÍDsala espafiola 

América inglesa 

Francia 

Alemania 

Inglaterra 

Pnerto Rico 

Colombia 

México 

Umgnay 

Islas Canarias 

Haití 

Yenezaela 

Costa Rica 

América Danesa 

Santo lK>mingo 

Holanda 

América Holandesa 

Islas Baleares 

Islas Filipinas 

Snma 



Yil«res 



$58. 
8. 



557,641 

121,814 

995,890 

733,851 

657,058 

394,616 

269,191 

258,008 

211,902 

159,622 

91,773 

33,274 

82,768 

27,497 

21,791 

17,309 

11,119 

10,157 

3,472 

290 



Tuto por 190 



r70.608,953 



82,933 

11,502 

1,410 

1,039 

930 

559 

381 

365 

301 

226 

129 

47 

47 

:<9 
:u 

25 

16 

15 

5 



100 



Más difícil es fijar la ascendencia de las importa- 
ciones adulteradas y desmedradas sistemáticamen- 
te por el contrabando; pero habida cuenta de esas 
filtraciones, y aceptando los números del States-- 
man^s Year Book para 1896— que los extranje- 
ros han solido estar mejor enterados de las cosas de 
£spafia, que los mismos españoles — puede fijarse en 
f56.000,000 el valor de las importaciones en el 
año de 1892. De esa suma 25.000,000 procedían 
de España, que sólo importaba de Cuba $6.000,000 



137 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 



y $16.000,000 de los Estados Unidos, que nos com- 
praban por valor de $50.000,000. 

Después de la Intervención americana en 1899, 
se viene concediendo á la estadística, y especial- 
mente á la comercial, aquella atención que la con- 
sagran los pueblos cultos, y que con justicia se la 
debe por la importancia que tienen sus guarismos 
en el fomento de la riqueza pública y en la distri- 
bución del impuesto. 

Los datos correspondientes á importación y ex- 
portación de los últimos años están contenidos en 
el siguiente cuadro: 



1 


IMPORTACIÓN 




1903-4 


1904-5 


AMÉRICA 

ERtados Unidos. 

Colombia 

México 


$29.513,437 
673,544 
1.976,315 
791,316 
1.771,282 
2.235,508 
1.483,228 

4.642,063 
10.743,885 

5.523,736 
12.494,623 

2.227,119 
415,714 


$37.825,352 
1.131,650 
1.987,487 
1 040,748 
2.059,814 
2,232,705 
2.434,707 

5.107,7JB9 
10.413,250 
12.919,552 
12.500,184 

2.594,231 
709,598 


PaertoRioo 


Venezaela 

Loedemáa. 

EUROPA 

Alemania 

£^|>aña 


Francia 

; Inglaterra.... .. 

Los demás 

Otros pafsefl.. .. 


Total 


74.491,770 


92.957,037 





EXPORTACIÓN 


1903-4 


1904-5 


$78.198.193 


$85.868,919 


227,348 


232,463 


91,437 


129,574 


31,862 


11,763 


96,555 


114,114 


6,116 


27,490 


1.155,533 


1.142,653 


5.144.278 


3.>^.H49 


1.180,384 


1.145,682 


1.118,243 


1.311,469 


5.884,835 


6,189,802 


819,708 


646,234 


328,318 


r»64,952 


94.398.824 


101.165,992 



138 



CUBA Y Sü EVOLUCIÓN COLONUL 



Y el de un quinquenio en el siguiente: 



1 

Af^OS 


IMPORTACIÓN 


EXPORTACIÓN 


i 

! 1900-01 
1901-02 
1902-03 
1903-04 
1904-05 


$66.264,767 
66.062,856 
62.620,279 
74.491,770 
92.957,057 


$61.245.701 
54.264,727 , 
78.382,642 i 
94.398,824 

101.165,992 



Los buques de travesía entrados en los puertos 
de la Isla son los siguientes: 



AÑOS 


NÚMKRO 


tntbit brito 


í 1902-03 

Vapor { 1903-04 

( 1904-05 

f 1902-03 

Vela < 1903-04 

i 1904-05 


3,185 
3,544 
3,415 

633 

868 
854 


7.923,749 ; 
8.278,630 1 
8.066,707 

217,236 
317,052 
333,612 



Cuenta la Isla con varias líneas de navegación; 
unas de altura y costeras las otras. Entre las pri- 
meras figuran la Trasatlántica Española, con servi- 
cio decenal á los puertos de la Corufia, Santander, 
New-York, Progreso y Veracruz y uno mensual á 
Puerto Rico, La Guaira, Puerto Cabello y Puerto 
Limón. La Trasatlántica Francesa, con servicio 
quincenal á Santander, Saint Nazaire y Veracruz. 
La Mail Steam Ship Company ó Línea de Ward, 
con servicio bisemanal á New-York y á los puertos 



139 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONUL 

ui^^cícanos. El Plant Sistem ó Línea de Plant, con 
^rvioio tres veces á la semana para Cayo Hueso y 
T^uupa. La Morgan Line, con servicio semanal 
ji«wrti Cayo Hueso y New Orleans. La Florida East 
Ci^ast S. S. Co., con servicio regular dos veces á la 
^luana para Cayo Hueso y Miami. La Compañía 
Hamburguesa Americana, con servicio mensual pa- 
ñi Puerto Rico, el Havre y Hamburgo. La línea 
vle Larrinaga y Ca. con servicio regular cada 
vjuiucena para Liverpool y Santander. La lí- 
nea de F. Prats y Ca., con servicio irregular para 
limarías. Puerto Rico y puertos españoles del Me- 
ilitorráneo. La línea de Serra, con servicio regu- 
lar cada quincena para Amberes y Liverpool. La 
línea a La Flecha» con servicio irregular páralos 
mismos puertos y los de Dinamarca y Noruega. 
I^i línea de Munson, con servicio irregular entre 
varios puertos de Cuba y New- York. La Slobile 
Steamship Company, con servicio quincenal para 
Mobila y Amberes. La línea de Louisville and 
NashvilleRailroad Company, con servicio bi-men- 
sual para Pansacola. La línea de Mobila y Cuba 
on conexión con los ferrocarriles de Mobila y Ohio 
con servicio bi-mensual desde algunos puertos de 
la Isla á Mobila, y finalmente la línea de los Sobri- 
nos (le Herrera, que además de su servicio costero por 
la Isla, envía una expedición mensual a Puerto Rico. 
lOntre las líneas costeras, á más de la de los Sobri- 
nos (le Herrera que acabamos de citar y que man- 

140 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

tiene un servicio regular entre Cuba, Baracoa, 
Guantánamo, Puerto Padre, Gibara, Caibarién y 
Sagua, figuran también la de la viuda de Zulueta 
con un viaje semanal á Cárdenas, Saguay Caibarién; 
la de Menéndez y Ca., con viajes semanales entre 
Batabanó y Manzanillo, con escalas en Cienfuegos, 
Casilda, Tunas de Zaza, Júcaro, Santa Cruz del Sur 
y Santiago de Cuba; la Empresa de Fomento y Na- 
vegación del Sur, con servicio regular entre Bata- 
banó y la Coloma; la de la Isla de Pinos, con servi- 
cio semanal entre Batabanó y Nueva Gerona, y 
finalmente la de Bahía Honda y San Cayetano, con 
servicio semanal entre estos puntos. 

A pesar del notable desarrollo de su vida mercan- 
til, no ha sido muy fecunda la Isla de Cuba en esHs 
instituciones de crédito que reciben el nombre de 
Bancos, y raro es en ella, el que después de una vi- 
da azarosa no haya tenido un fin desastrado. El ca- 
rácter anónimo de estas sociedades, todavía no del 
todo aclimatado en el país, las ha entregado con fre- 
cuencia como presa á los instintos egoístas de la es- 
peculación personal, que ha desviado en beneficio 
propio una caja y una cartera que debieran ser de 
uso general. El resultado ha sido que las opera- 
ciones bancarias fueran á parar á manos de parti- 
culares y de comerciantes, y que los dos únicos 
Bancos, que en los últimos años de la dominación 
española funcionaban en la Isla — el Español y el 
del Comercio — quedaran convertidos, en agente in- 

141 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

termediario del Gobierno, el primero, para la per- 
cepción de los impuestos, y el segundo en adminis- 
trador de la vasta red de ferrocarriles de que vino 
á convertirse en propietario. 

En cuanto á Bancos Hipotecarios, no han pasado 
jamás de la categoría de proyectos, y por lo que 
hace á los Agrícolas — tan necesarios en un país ex- 
clusivamente agrícola como Cuba — aunque se ha 
hablado mucho de ellos, ni siquiera han llegado á 
aquella categoría. 

Es el cultivo de la caña el más importante de la 
Isla, tanto por el valor de sus rendimientos, como 
por la extensión de los terrenos que tiene ocupados, 
que ascienden á 426,133 acres ó sea aproximada- 
mente la mitad de toda su área cultivada. La ca- 
ña se muele en 184 fábricas, que desde tiempo in- 
memorial se han denominado ingenios, y que se 
hallan distribuidas por toda ella, siendo la provin- 
cia de Matanzas la que cuenta el mayor número y 
Pinar del Río el menor. 

Antes que el azúcar de remolacha tomara en Eu- 
ropa el vuelo que alcanzó en los últimos cuarenta 
años, Cuba casi monopolizaba el comercio de azúcar 
del mundo, y como podía imponerlos precios al con- 
sumo, esta industria llegó á producir muy pingües 
utilidades. Desde que se inició aquella competen- 
cia los precios han ido bajando; pero con la intro- 
ducción de economías en la fabricación y con el 
auxilio de aparatos de extracción más perfecciona- 

142 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

dos, la industria ha ido manteniendo su campo y 
puede hoy poner en el mercado azúcar centrífuga, 
polarización 96, á 4 reales arroba, con un margen 
remunerador. 

La producción anual se ha desarrollado en pre- 
cio, costo y cantidad en la siguiente forma: 



Promedio de precio en el mercado de Irondres para la 
centrífaga tipo 96** y promedio de coato. 



KhXHA. 


CeiUfOü por libra 
ei Uwire*. 


CmU it Filrici por libra 
01 eeiUfoa. 

4.06 
4.04 
3.42 
2.53 
2.49 
1.93 
2.46 
2.53 
2.24 
2.90 
2.24 
2.28 
2.77 
2.00 
1.99 


1HH2 


4.56 
4.50 
2.47 
2.87 
2 43 
2.12 
2.K5 
3.12 
2.66 
2.90 
2.83 
3.33 
2.57 
2.00 
2.05 


IHKJ 


1884 


ia«r> 


1886 


ISr^l 


18XM 


1889 

189i) 


1 
1891 

1892 


1893 


1894 


1895 

1896 


! 



143 



CITBA Y SU EVOLI'CION COLONIAL 



aScw 


PBODÜCCIÓII 


4*08 


PBODUCCIÓK 


IHKI 


392,000 T«De)adw 


1880 


630.000 ToaeladM 


IHM 


374,000 


1^1 


403,000 




1K06 


392.000 


IS&2 


595,000 




ISU 


348,000 


1883 


460.807 




IK&T 


3G6.000 


1B84 


558,987 




IKM 


345,001) 


1S85 


631,000 




ims 


536,000 


lass 


731,723 




1R6() 


447,000 


1887 


646,678 




IWl 


4M,000 


1888 


656.71» 




IMS 


53G,0(N) 


1889 


560,333 




IWO 


807,000 


1890 


033.308 




ISM 


675,000 > 


1681 


BI6,SS0 




1165 


030,000 


1892 


976.960 




1W6 


«13,000 


1693 


815,894 




i-^m 


5»7,00O 


1891 


1.054,214 




IH68 


740,000 


1885 


1.004.204 




iHa9 


7W,0OO 


18M 


325.221 




IhTO 


TJtf.OO» 


1897 


213,051 




1871 


M7,000 


1898 


300,000 




1172 


ew,ooo 


1899 


335,000 




1«73 


775.000 


1900 


370.000 




1H74 


sai.ooii 


1901 


600,268 




1R7S 


718,000 


IROS 


1.003,873 




IH76 


.■)EK),00(1 


1903 


999.000 




1H77 


530,000 


1904 


1.040.00)1 




187H 


533.000 


1905 


1-163,<HI0 




IH7ÍI 


S70,00ü 









!•> el t«l)aco el segundo producto en importan- 
ciii. ]''l promedio de valor de una cosecha fluctúa 
ciitri! 20 y 25 millones de pesos. 

Ix}n siguieutL's (latos comprenden la producción 
(lo Iits últimos aflofl. 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 



AÑoe 


PBODUCCIÓN 


AÑoe 


PRODUCCIÓN 


1895 


560,000 quintales 


1901 


461,827 quintales 


1896 


460,000 » 


1902 


402,234 n 


1897 


875,000 » 


1908 


845,747 


1896 


88,000 » 


1904 


465,835 


1899 


220,000 » 


1905 


605,172 


1900 


460,000 » 







145 



CAPITULO IV 
riseSa histórica 

DMOobrímieoto joonqaisto.— Aborígenes y sa extioción.— Trata afri- 
oana. — CoIodísmíód inglesa y eapafiola. —Prímeros elementos de 
la sociedad cabana.— Criuamientos inevitables.— Vida de la Co- 
lonia dorante sos tres primeros siglos. — Cnbanos y espafiolen. 
Rápido desarrollo de In riqueza en el primer tercio del siglo xix. 
Cansas qne lo determinaron. — Efectos en el orden moral, social y 
político. — ReTolnción de Yara. — Sos oonsecnenoias. 

• El hombre que nAce 6 se cria e«- 
cIato, ees del color y raxa que fuere, 
tiene por U preci» condición de su w- 
Udo. que Kr ruin, estúpido, inmoral: 
ea tan de su esencia el tener esos defec- 
tos, como es al sol el alumbrar 7 á los 
cueriKW sólidos buscar su centro de 
gravedad cuando son lanzados en el cs- 
liaolo.n 

IKIMINGO DKL MOSTK. 

Sabido rs tjiie Cuba fué una de las primeras tie- 
rras i'on que tropezó Colón en su famosísimo viaje 
i'H demanda de una nueva vía para las Indias orien- 
taK*s. Aiuuiue descubierta en 1492, no fué colo- 
nizada hasta 1511, debido sin duda a que, ni el 
leelio de sus ríos, ni sus tierras de aluvión, ofrecían 
ni NU superlieie abundancia de aquellas pepitas de 
*»ro qiu' tanío regocijo ponían en el ánimo de los 
roiiqiiistndores españoles. 

146 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONUL 

Poblaba á Cuba, á la sazón, una raza de indios 
llamados siboneyes, rama cortada del vasto tronco 
americano, la cual, conservando una buena parte 
de los caracteres generales que distinguían la cepa 
originaria, presentaba también otros particulares y 
especiales, que podían ser explicados, ya por el ais- 
lamiento á que su posición insular los tuvo conde- 
nados, ya también por el largo y continuado influjo 
de una naturaleza tan peculiar como efectiva. No 
cumple á los propósitos que inspiran el presente li- 
bro el examen de los primeros; pero es imposible 
prescindir de analizar los segundos, y hasta impor- 
ta hacer este análisis con algún detenimiento. 

Y la razón es tan obvia como convincente. Una 
buena parte de las cualidades que caracterizaron la 
rama siboneya, distinguiéndola de las demás varie- 
dades del tipo americanoj han debido necesaria- 
mente su origen al medio local en que nacieron, 
sufrieron y murieron aquellos desventurados indí- 
genas; y como los cubanos ocupan hoy el mismo 
medio, y han de sentirse influenciados por agentes 
físicos idénticos ó muy parecidos, importa en sumo 
grado, señalar los puntos diferenciales que guarda- 
ba el siboney con sus hermanos del continente; en 
una palabra, lo que debía al cielo y al suelo de Cu- 
ba, porque eso mismo, con cortas diferencias, será 
también lo que le deban los cubanos del presente. 

Dejando á un lado lo que en los historiadores es- 
pañoles de la conquista pudo ser obra de la imagi- 

147 



CAPITULO IV 



rbbeSa histórica 



Deamibrimieoto yeonqniat*. — Aborfgenea j ni extindón, 
<MDs. — Colonicaoióii inglesa t MpaJIala.—PríinerM < 
Ia BOoiedsd onbMia.— Crnzamieate inerltablM.— T'.' 
lODia durante ana tres primeroa aigloa. — Cnbuo^ 
Hipido deituTollo de Uríqoeiaea el pñmer terolo .. 
Csubob qn« lo detonninaron.— Efecto* en d wder ' 
polftioo, — RsToInoión de Yara. — Sna 



Sabido es que Cuba fué una dti. 
rras con que tropezó Colón en f^i 
en demanda de una nueva vía (>;. 
tales. Aunque descubierta (r 
nizada hasta 1511, debido si 
lecho de siis ríos, ni sus tierrü 
eu su superficie abundancia ^ 

oro que tanto regocijo poní' 
conquistadores españoles. 



^iiuiyd 
.s y ga 
iiperior 

• XI boabrai]' ■•m^ntS. 
ctkTO, Nadal «otr ' ' . 
tlena poriaprae^ fi.Ñ'i'IIS OUUtrS 

i;- .n,Iir.el maya 

.. ;J;io Aiitillaa 
,-j'-''»3»^; y el ai 

■.j T el araucao' 
.;. h i^^nquiat 
I firilÍEaci6 
.,:„ r la a¿ 
\i írwwia ^ 
„|.riJúr. D 

r físicas pu« 

^boneyes f 
,k. UcBfer 



CUBA Y BU EVOLUCIÓN COLONUL 

Dación sorprendida por las maravillas de un mun- 
do desconocido, ó hijo de la ignorancia de la época, 
y no aceptando más que aquellos hechos confirma- 
dos después por la experiencia, los indios sibone- 
yes resultaban ser de algo menos que mediana es- 
tatura, color quebrado, complexión débil, miembros 
bien proporcionados, aunque de muy escaso poder 
muscular, condición mansa, ánimo apocado, dóci- 
les, afeminados, lascivos, viviendo de la caza y de 
la pesca, con muy escasas nociones del cultivo de 
la tierra y de las artes más rudimentarias, muy da- 
dos al baile y á la música, y tan indolentes y gas- 
tados, que diputaban como un empeño superior á 
sus fuerzas las labores de la cópula cruenta. 

Todas estas cualidades morales y físicas contras- 
tan fuertemente con las que se observaron, y pue- 
den observarse todavía, en los indios del Coniinen- 
te. El seminóla de la vecina Florida, el maya del 
inmediato Yucatán y el caribe de las Antillas del 
Sur, eran pueblos guerreros y belicosos; y el aztec*a 
del Anahuac, el inca del Perú y el araucano de 
Chile presentaron en la época de la conquista ca- 
racteres muy pronunciados de una civilización tan 
adelantada, que son hoy el comento y la admira- 
ción de anticuarios y eruditos. Ni trazas de algo 
(le ecto encontró en Cuba el descubridor. Del exa- 
men de sus condiciones morales y físicas puede des- 
de luego deducirse, que los siboneyes eran un 
pueblo ó muy cerca ó ya dentro de la esfera de in- 

148 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

fluencia de esas corrientes de degeneración, que con 
la fuerza irresistible del remolino, arrastran á su to- 
tal extinción á las especies ó á las razas condena- 
das á desaparecer por la ley inexorable del progreso. 

El conquistador español se encargó de la ejecu- 
ción de esa sentencia. Privados de la libertad del 
bosque, del llano y de la playa, distribuidos como 
siervos entre los aventureros de la conquista, so- 
metidos al trabajo, maltratados y tan escasamente 
alimentados, que se vieron constreñidos por el ham- 
bre á pastar, cual si fueran bestias, la yerba de los 
campos, el indio siboney comenzó á extinguirse 
con asombrosa rapidez W. El pájaro trasladado 
del bosque á la jaula deja de procrear y el indio 
dejó de procrear: la infancia, esa reserva destinada 
al reemplazo de la generación sobre las armas, fué 
segada de un solo tajo por la hoz de la miseria. No 
hubo ya porvenir. En cuanto al desenlace del pre- 
sente, podía quedar encomendado al desenvolvi- 
miento natural de la breve vida humana; pero se 
encargaron de apresurarlo y estimularlo todos los 
horrores de la peor de las servidumbres, la servi- 
dumbre de la mina. 

El resultado no se hizo esperar. En 1524, doce 
años después de la conquista, y cuando en toda Cu- 

(1) Vasco Poroajro de Figaeroa, hidalgo sevillano, reoibió en 
enoomienda la provincia india del Camagüey) y, ana vez qae sos ma- 
yorales y capataces le pedían bastimentos para los indios qae trabaja- 
ban en las minas — Qae vayan á pastar la yerba de los campos— con- 
testó el cristiano conquistador. 

149 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

ba no llegarían tal vez á un millar los castellanos, 
la mayor parte de los indígenas, unos 300,000, se- 
gún graves autores, habían desaparecido ya, sin 
más protesta que la efímera y exótica de Hatuey, 
y con esa estólida pasividad del que se ve obligado 
á someterse á una fuerza incontrastable. El infor- 
tunado siboney ignoraba, que esa fuerza obedecía á 
un precepto de la naturaleza, que sujeta á elimina- 
ción á todos los seres que degeneran, y que el es- 
pañol, al convertirse en su verdugo, no era más 
que el ministro ejecutor de los pronunciamientos 
de esajusticia que preside el desenvolvimiento del 
progreso y que condena á muerte á las razas que 
se oponen á su marcha. 

La población indígena decrecía y con ella men- 
guaban los rendimientos de las minas, escasas ya de 
brazos. Un fraile semi-apóstol y semi-revoluciona- 
rio, de un gran corazón, pero de una cabeza inca- 
paz de pasar de lo particular á lo general — el pa- 
dre Las Casas — se siente conmovido por aquella 
inmolación de todo un pueblo, y se propone dar re- 
medio al estrago, sin parar mientes en que su 
remedio sólo lograba reemplazar una víctima con 
otra, y en que, por ser la nueva más recia al rigor 
y más dura á la fatiga, se corría el riesgo segurísi- 
mo de prolongar, por tiempo indefinido, para ver- 
güenza de la humanidad, los horrores de la escla- 
vitud. 

Para substituir al aborígene en el laboreo de las 

150 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

minas se importaron negros africanos. Así, la tra- 
ta, mancha de vergüenza en la conciencia humana, 
que había de imprimir otra mancha de sombra en 
la población del continente americano, se generó 
en el bien intencionado, aunque estrechísimo cere- 
bro de un fraile del siglo xv, que acarició la pre- 
tensión, con lógica de casuista, de redimir un 
crimen con otro crimen, y sólo consiguió propor- 
cionarle una nueva víctima al verdugo. 

A medida que la población india se extinguía, se 
fué aumentando la negra. Un rey de Castilla, en 
apremios de dinero para malbaratar en una de esas 
empresas heroicas, aunque descabelladas, cuya se- 
rie constituye la Historia de España, arrienda, an- 
dando el tiempo, á comerciantes genoveses, los 
menos escrupulosos de todos los comerciantes de 
aquella época, el monopolio de introducir negros 
africanos en las Antillas; el privilegio pasa después 
á los flamencos, que lo explotan con su habitual ha- 
bilidad, hasta que la paz de Utrecht lo hace caer 
en manos de Inglaterra; y para representar á los 
tenedores de ese monopolio atraviesa el Atlántico 
y se establece en Cuba un O'Farrill, irlandés, ca- 
tólico y negrero, que viene á ser tronco de una de 
las familias más antiguas y linajudas de la Isla. 

Los efectos de este nuevo elemento en la pobla- 
ción cubana fueron lentos, pero constantes y efica- 
ces. Explicaremos su proceso: 

No muy lejos de iniciada la colonización, si co- 

151 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

Ionización puede llamarse al exterminio sistemáti- 
co de una raza inferior, para sustituirla con otra 
más inferior todavía, fueron descubiertos México, 
el Darien y el Perú; y como los nuevos países de 
la Tierra Firme, con su riqueza de metales precio- 
sos no violada aún por la codicia, ofrecían al aven- 
turero para sus empresas un campo más fértil que 
el de Cuba, la importancia de ésta vino á reducirse 
á la de una simple base de operaciones para la con- 
quista de las vecinas tierras del continente, y reali- 
zada esa conquista, limitóse aún más esa importan- 
cia, hasta quedar reducida á la de una estación de 
eecmla para las flotas españolas en su trasiego cons- 
tinte desde Cádiz á las costas del mar Caribe y del 
Golfo mexicsno. 

De esta manera, el desarrollo de la Colonia, que 
desde sus comienzos había sido muy lento en su 
marcha, se mantuvo estacionario y á una altura in- 
terior á la que habían alcanzado México, el Perú, 
la Plata» Chile y otros países, cuyo descubrimien- 
to y colonización fueron posteriores al de Cuba. 

Agotada la riqueza minera, la cual, merced á la 
(vbr^ia de los yacimientos, nunca llegó á alcanzar 
tuiivoree proporciones, dedicáronse los colonos á la 
g^oiadoria. industria que es siempre la primera en 
«hrirw |viso en las sociedades infantiles. Por lo 
v|U^ haiv Á la «gricultura, no le fué prestada más 
v^^i^ aquella ligera atención, que se juzgó suficiente 
|vAr« ^ti^faoer las necesidades del propio consumo 

162 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

y el de la flota, que en demanda de freercos basti- 
mentos, y con la periodicidad de los ciclones, sin- 
glaba dos veces al afio en el puerto de la Habana. 
No fué la colonización de las Indias por los es- 
pañoles, — y la historia lo ha dejado ya resuelto por 
ejecutoria, — la manifestación natural y lógica de 
una robusta, poderosa y exuberante virilidad, que se 
siente hábil para trasmitir la vida sin perjuicio de 
la propia, y que atormentada por una congestión 
de fuerza y energía, acude á reproducirse y á mul- 
tiplicarse en nuevos seres destinados á perpetuar 
su lengua, su linaje, su religión y sus costumbres. 
En los momentos en que Colón la inducía é incita- 
ba á la aventura, que dio por resultado el descubri- 
miento de la América, España debía sentirse fati- 
gada de su lucha sin tregua de ocho siglos, para 
conquistar su unidad nacional dentro de su patri- 
monio geográfico. Antes que por la necesidad de 
buscar expansión fuera de su terruño, los españo- 
les del final del siglo xv, debieron sentirse tierna- 
mente solicitados por la del reposo consiguiente á 
una recia y larga labor felizmente terminada. Pe- 
ro aquellas generaciones eran incapaces de descan- 
so y no les era conocida la ternura. El fanatis- 
mo religioso, el espíritu de aventuras, el ansia de 
metales preciosos, única fuente de riqueza aprecia- 
da en aquel tiempo, y la condición bravia, belicosa 
é inquieta de un pueblo, que en poco menos de un 
milenio, de cada año había consagrado un mes al 

153 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COtiONIAI. 

arado y once meses á la lanza y á la espada, 
putieron á loe españoles de entonces á la zaga 
de un loco visionario, tan fanático y tan aven- 
turero como ellos, el cual, dando pábulo á las fla- 
quezas de su carácter, los metió en la obra de co- 
lonizar y gobernar pueblos, empresa enteramente 
prematura, para quienes habían sólo comenzado á 
desenvolver sus-medios y recursos, y completamen- 
te ajena á la índole de un pueblo que, á despecho 
del tiempo que ha transcurrido desde entonces, no 
ha aprendido todavía á armonizar en su gobierno 
el orden con la libertad. 

£1 descubrimiento fué, pues, una obra en buena 
parte encomendada á ex-galeotes y á penados, y la 
conquista á aventureros de todas las categorías, 
desde el fraile ignorante y fanático, para el cual la 
hoguera era tan buena como el sermón en la reden- 
ción de los infieles, y, desde el segundón de casa 
solariega adscriptoá la miseria por la vinculación, 
hasta el brutal porquerizo de cuerda, mecha, hor- 
queta y arcabuz. 

En semejante caterva no podían tener cabida las 
mujeres. Las indias, y más tarde las africanas, por 
ley de propincuidad, debieron ser las mancebas de 
l()<í conquistadores. Cortfe, el de México, según las 
crónicas del tiempo, guardó por barragana, entre 
otras, á una india principal que se llamó D^ Mari- 
na; y Qarcilaso de la Vega, uno de los del Perú, á 
otra india de la sangre real de Manco Capac, en la 

154 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

que procreo, por cierto, al cronista de las Indias, 
que lleva su nombre y apellido. Otros conquis- 
tadores más modestos 6 de menos pretensiones, es- 
cogieron sus concubinas entre clases medias ó infe- 
riores; pero siempre dentro de la misma raza y 
procedencia. ^^^ 

Y es un hecho que conviene anotar, aunque sea de 
pasada, que muy á diferencia del sajón, que siem- 
pre y en todas partes se mostró esquivo y reacio á 
cruzar su sangre con razas inferiores, el español, 
por el contrario, lo mismo que el francés, han sido 
los verdaderos progenitores de esas medias castas 
de mulatos y de mestizos, que dan sello especial á 
la étnica del continente americano. Y parece que 
ésta, con otras muchas, es una reminiscencia de su 
largo trato y comercio con árabes y moros, pueblos 
en donde la mujer ha sido, y es todavía, una propie- 
dad que se adquiere á título de compra, y en los 
cuales el hombre tiene estima tan alta de sí propio, 
y tan baja de la mujer, que no la juzga como una 
compañera digna de él, sino como un caprichoso 
juguete bueno, á lo más, para entretenimiento del 
ocio y recreo de la voluptuosidad. 

Mas no bien finalizada la conquista, y tan pron- 



(1) « Los indios se van acabando y no se mnltiplican, porqne los 
espafioles y mestizos, por falta de mujeres, se casan con indias; y el 
indio qne pueda haber una de ochenta afios lo tiene á buena ventara.» 
Carta á Felipe II citada por D'Herpel de Harponville en sn obra La 
Beina de las Antillas, 

155 



CUBA Y 8Ü EVOLUCIÓN COLONIAL 

to como se dio la mano á la colonización, sur^ó la 
necesidad de la familia, como su más genuino y 
principal elemento. La india ó la negra, ambas 
seminsalvajes, podían servir para barraganas de un 
conquistador nada escrupuloso en días de hastío y 
de nirvana tropical. Para poblar y fundar una fa- 
milia con el viejo molde europeo necesitábase de la 
mujer europea. Entonces vino á producirse en Cu- 
ba el mismo fenómeno social que se ha visto repro- 
ducido, no hace aún muchos afios, en las colonias 
inglesas de la Australia. Las mujeres blancas co- 
menzaron á disfrutar de gran demanda, y como la 
producción doméstica, que debió ser reducidísima, 
era insuficiente para atender á las necesidades del 
consumo, hubo que decidirse á importarlas, cual si 
fueran verdaderas mercancías. 

Afortunadamente, las flotas españolas, despu6> 
de zarpar de Cádiz acostumbraban hacer escala en 
las Canarias, islas que por estar ya sobrecargadas 
de habitantes, vinieron de este modo á convertirse 
(MI las primeras factorías de aquella nueva especie 
(le tratii. Desde entonces, los galeones despacha- 
dos para América acostumbraron á tomar en Ca- 
narias sus abarrotes en forma de robustas isleñas, 
{\\w ansiosas de ir á la parte con los hombres, en los 
medros y proveclios de la conquista, aspiraron a 
lograrlo por los medios abiertos á su sexo por la 
naturaleza, viniendo á convertirse de este modo en 
ntilos y adecuadas compañeras del conquistador. 

156 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONUL 

De este material vino á componerse la masa fe- 
menina y blanca de la creciente población. A él 
deben su origen numerosas familias de las más an- 
tiguas de la sociedad cubana, dentro de la cual mu- 
chas de ellas han logrado distinción y prominencia; 
y uno de los primeros mayorazgos, que se erigieron 
en la colonia, lo fué por una de estas aventureras, ad- 
quirida tal vez por el marido — uno de los primeros 
y más aprovechados pobladores de la Isla — al pre- 
cio de unas cuantas docenas de cueros al pelo y de 
algunas tortas de casabe. Tal ha sido siempre el 
comienzo de esas nuevas sociedades formadas al aca- 
so, no por hombres que con la compañera de su vi- 
da al lado, y sus hijos de la mano, se congregan y 
reúnen con el propósito deliberado de levantar un 
nuevo hogar, en el que se prometen ser más felices 
que en el viejo, sino por esa escoria social amonto- 
nada al azar por el cebo de grandes riquezas co- 
lectadas sin esfuerzo, y que no tiene más ideal que 
el lucro á toda costa, ni más Dios que ese vil me- 
tal todavía calificado de precioso. 

La generación actual ha podido observar corrien- 
tes de emigración á tal fin y propósito enderezadas. 
California en 1848, el Transvaal en 1888, y Klon- 
dike, al fin de la ultima centuria, pueden dar una 
idea aproximada, aunque pálida, del espectáculo 
que debió ofrecer la conquista de la América por lo 
que hace á los hombres que la emprendieron y rea- 
lizaron, Y dícese pálida, porque por muy obscu- 

157 



CITBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

ra que sea ó haya 8Ído la silueta moral del gam- 
busino ó la del aullan der y todavía la del español de 
la conquista, con cuatro siglos más de atraso á las es- 
paldas, debe haberlas sobreexcedido en obscuridad. 
Y mientras de esta manera se echaban los pri- 
meros sillares de la sociedad cubana, — y merece 
apuntarse, aunque no sea más que para dejar sen- 
tado el hecho por vía de contraste — las colonias in- 
glesas del continente daban también á la tierra los 
suyos con propósitos y elementos muy distintos. El 
MayfloweVy esa nueva arca, tan sagrada como la de 
Noé, en la que se salvan del diluvio de las perse- 
cuciones políticas y religiosas, para ser trasladados 
al próvido suelo de América, los más puros princi- 
pios de la moral cristiana en rarísima alianza con 
los de la libertad política, arroja en 1620 en el de- 
sierto cabo Cod á los primeros puritanos; y la colo- 
nia de Massachusetts es por ellos fundada, para que 
sea un templo permanente consagrado á esos prin- 
cipios, destinados á fecundar la vida de una de las 
naciones más poderosas que han existido sobre la 
tierra. Lord Baltimore, católico y Secretario de 
Elstado del Rey Jacobo I funda en 1632 la de Ma- 
ryland, para que en ella encuentren un asilo sus 
correligionarios ingleses perseguidos por la Refor- 
ma dominante. Uno de esos caracteres originalí- 
simos de que fué Um fecunda la gran revolución 
inglesa, una especie de apóstol, que llevaba en sus 
venas sangre de uno de los Almirantes que ganaron 

158 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

á Inglaterra el imperio del mar, un San Pablo ama- 
sado en fe religiosa y en amor á la humanidad, 
pero fiel creyente al mismo tiempo en la humana 
doctrina de que el mantenimiento de la libertad in- 
dividual es el fin primordial de toda sociedad huma- 
na, arroja en 1662 los fundamentos de la de Pennsyl- 
vania, con el propósito, según sus propias palabras, 
« de acometer el santo experimento de una colonia 
libre para toda la humanidad». 

Ya en 1606 había sido establecida la de Virgi- 
nia; y el mito mismo, que la leyenda ha escrito en 
la primera página de su historia, ese capitán Smith, 
prisionero del cacique Powliattan y salvado por la 
intercesión de su hija Pocahontas, que le da su 
amor y su mano en el momento mismo en que lo 
conducen al suplicio, es prueba evidente de que allí, 
como en los demás puntos, la colonización inglesa 
se inspiró en móviles muy diferentes á la espaflola. 

Consignado se ha dejado que el descubrimiento 
de los ricos placeres del Períi, México y otras re- 
giones auríferas del continente, dejó á Cuba entre- 
gada á los escasos elementos que á ella condujo el 
primer impulso del descubrimiento y de la con- 
quista, y aun de ellos una buena parte no tardó 
en emprender el camino del continente, en pos de 
Córdova, de Narváez, de Grijalba, de Cortés y de 
Soto, los cuales acaudillaron las empresas de des- 
cubrir y ganar aquellas tierras. Las sangrías que 
estas expediciones producían en la harto escasa po- 

159 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

blaciÓQ de la Isla, las iba remediando la trata; y 
lo hizo con tal priesa y eficacia, que muy pronto 
quedó colmado y con creces, no sólo ese hueco, sino 
también el que había producido la desaparición 
del indio siboney. Algo debió influir en este au- 
mento el exceso de los nacimientos sobre las defun- 
ciones, muy natural en un país que nada exporta- 
ba y muy poco consumía, en el cual muy cerca de 
100,000 esclavos africanos se empleaban en faenas 
agrícolas, todavía nada penosas, para 10,000 blan- 
cos, que eran sus señores, y en donde la poligamia 
y la poliandria se habían infiltrado en las costum- 
bres, de suyo no muy morigeradas, de los primeros 
pobladores, y que habían contribuido á relajar el 
saco y rebato de la conquista y el eficaz aliciente 
de los estímulos tropicales. 

Reza una conocidísima tradición, que un espa- 
ñol, de los primeros días del descubrimiento, sor- 
prendió á un indio expulsando densa humare- 
da por boca y narices. Cree el español que el indí- 
gena arde, y cuando atónito lo examina, es para dar 
con que aquel humo procede del primer tabaco que 
vieron fumar ojos europeos. El hastío que sigue 
siempre a todas las pasiones satisfechas, fué estí- 
mulo poderoso para que el uso de la planta nicotiu- 
iia cundiera y se generalizara, y los conquistadores 
pudieron envanecerse de haber adquirido un vicio 
más. Este vicio prende en el marino, que lo en- 
cuentra eficacísimo para combatir los fastidios de 

160 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

y el de la flota, que en demanda de freercos basti- 
mentos, y con la periodicidad de los ciclones, sin- 
glaba dos veces al afio en el puerto de la Habana. 
No fué la colonización de las Indias por los es- 
pañoles, — y la historia loba dejado ya resuelto por 
ejecutoria, — la manifestación natural y lógica de 
una robusta, poderosa y exuberante virilidad, que se 
siente hábil para trasmitir la vida sin perjuicio de 
la propia, y que atormentada por una congestión 
de fuerza y energía, acude á reproducirse y á mul- 
tiplicarse en nuevos seres destinados á perpetuar 
su lengua, su linaje, su religión y sus costumbres. 
En los momentos en que Colón la inducía é incita- 
ba á la aventura, que dio por resultado el descubri- 
miento de la América, España debía sentirse fati- 
gada de su lucha sin tregua de ocho siglos, para 
conquistar su unidad nacional dentro de su patri- 
monio geográfico. Antes que por la necesidad de 
buscar expansión fuera de su terruño, los españo- 
les del final del siglo xv, debieron sentirse tierna- 
mente solicitados por la del reposo consiguiente á 
una recia y larga labor felizmente terminada. Pe- 
ro aquellas generaciones eran incapaces de descan- 
so y no les era conocida la ternura. El fanatis- 
mo religioso, el espíritu de aventuras, el ansia de 
metales preciosos, única fuente de riqueza aprecia- 
da en aquel tiempo, y la condición bravia, belicosa 
é inquieta de un pueblo, que en poco menos de un 
milenio, de cada año había consagrado un mes al 

153 



VSA T <r 5V0LCCIOX COLONUL 



xrtHio / jue« mese» i la lanza v u la espada, 
yuxHen^u ^ lü* «pttñoL^ Je eatODced á la zaga 
ie iii -ooj» viaionaHo. lan&nático v tan aven- 
.ui>fv vXimo eiLo^ «íL ouiíl. dando pábulo á las fla- 
!a«í4;i» i^ su v.*:ir:ica>r. Io9 metió en la obra de eo- 
oui.»ir V ¿t.ib^raar pueblos^ empresa enteramente 
»c«ui^i.unjk ptLrtfc v^aieaes habían sólo comenzado á 
i^íwii^oiv^r Mi$-3i«edk>$ T recursos, y completameii- 
.« .ij^iui ^ .;í :au«.u^ de un pueblo que, á despecho 
á^i '.i^'íü^v ,(mf ba cmoscurrido desde entonces, no 
K4 -ij.»r\:iiviido tXMaví;* á armonizar en su gobierno 
.» rü^a V.VU la libertad, 

K: aescui>rimieuto fué, pues, una obra en buena 
:suw ciKvuieudada á ex-galeotes y á penados, y la 
vvil^ai«^ca á aventureros de todas las categorías, 
.i^tí ci ímile ignorante y fanático, para el cual la 
•u»^a\*ra ora tan buena como el sermón en la reden- 
.ion vic \»s> infieles, y, desde el segundón de casa 
sx'»AíiCs;<i .idsi.TÍptoá la miseria por la vinculación, 
ttoiíi vi l>rutHl jK)n]uerizo de cuerda, mecha, hor- 
jac^ii ^ aivrtbu¿. 

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•uuiviAs^ I .;w indias, y más tarde las africanas, por 

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,1.1. iiviiii ac Ui sangre real de Manco Capac, en la 

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CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

que procreó, por cierto, al cronista de las Indias, 
que lleva su nombre y apellido. Otros conquis- 
tadores más modestos ó de menos pretensiones, es- 
cogieron sus concubinas entre clases medias ó infe- 
riores; pero siempre dentro de la misma raza y 
procedencia. ^^^ 

Y es un hecho que conviene anotar, aunque sea de 
pasada, que muy á diferencia del sajón, que siem- 
pre y en todas partes se mostró esquivo y reacio á 
cruzar su sangre con razas inferiores, el español, 
por el contrario, lo mismo que el francés, han sido 
los verdaderos progenitores de esas medias castas 
de mulatos y de mestizos, que dan sello especial á 
la étnica del continente americano. Y parece que 
ésta, con otras muchas, es una reminiscencia de su 
largo trato y comercio con árabes y moros, pueblos 
en donde la mujer ha sido, y es todavía, una propie- 
dad que se adquiere á título de compra, y en los 
cuales el hombre tiene estima tan alta de sí propio, 
y tan bnja de la mujer, que no la juzga como una 
compañera digna de él, sino como un caprichoso 
juguete bueno, á lo más, para entretenimiento del 
ocio y recreo de la voluptuosidad. 

Mas no bien finalizada la conquista, y tan pron- 



(1) « Los indios se van acabando y no se mnltiplican, porqne los 
espafioles y mestizos, por falta de mujeres, se casan con indias; y el 
indio qne pueda haber una de ochenta afios lo tiene á buena ventara.» 
Carta á Felipe II citada por D'Herpel de Harponville en su obra La 
Beina de las Antillas, 

155 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONUL 

to como se dio la mano á la colonización, surgió la 
necesidad de la familia, como su más genuino y 
principal elemento. La india ó la negra, ambas 
sem i-salvajes, podían servir para barraganas de un 
conquistador nada escrupuloso en días de hastío y 
de nirvana tropical. Para poblar y fundar una fa- 
milia con el viejo molde europeo necesitábase de 1m 
mujer europea. Entonces vino á producirse en Cu- 
ba el mismo fenómeno social que se ha visto repro- 
ducido, no hace aún muchos afios, en las colouias 
inglesas de la Australia. Las mujeres blancas co- 
menzaron á disfrutar de gran demanda, y como la 
producción doméstica, que debió ser reducidísima, 
era insuficiente para atender á las necesidades del 
consumo, hubo que decidirse á importarlas, cual s¡ 
fueran verdaderas mercancías. 

Afortunadamente, las flotas españolas, despuís 
de zarpar de Cádiz acostumbraban hacer escala en 
las Canarias, islas que por estar ya sobrecargadas 
de habitantes, vinieron de este modo á convertirse 
en las primeras factorías de aquella nueva especie 
de trata. Desde entonces, los galeones despacha- 
dos para América acostumbraron á tomar en Ca- 
narias sus abarrotes en forma de robustas isleñas, 
que ansiosas de ir á la parte con los hombres, en los 
medros y provechos de la conquista, aspiraron a 
lograrlo por los medios abiertos á su sexo por la 
naturaleza, viniendo á convertirse de este modo en 
útiles y adecuadas compañeras del conquistador. 

156 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

De este material vino á componerse la masa fe- 
menina y blanca de la creciente población. A él 
deben su origen numerosas familias de las más an- 
tiguas de la sociedad cubana, dentro de la cual mu- 
chas de ellas han logrado distinción y prominencia; 
y uno de los primeros mayorazgos, que se erigieron 
en la colonia, lo fué por una de estas aventureras, ad- 
quirida tal vez por el marido — uno de los primeros 
y más aprovechados pobladores de la Isla — al pre- 
cio de unas cuantas docenas de cueros al pelo y de 
algunas tortas de casabe. Tal ha sido siempre el 
comienzo de esas nuevas sociedades formadas al aca- 
so, no por hombres que con la compañera de su vi- 
da al lado, y sus hijos de la mano, se congregan y 
reúnen con el propósito deliberado de levantar un 
nuevo hogar, en el que se prometen ser más felices 
que en el viejo, sino por esa escoria social amonto- 
nada al azar por el cebo de grandes riquezas co- 
lectadas sin esfuerzo, y que no tiene más ideal que 
el lucro á toda costa, ni más Dios que ese vil me- 
tal todavía calificado de precioso. 

La generación actual ha podido observar corrien- 
tes de emigración á tal fin y propósito enderezadas. 
California en 1848, el Transvaal en 1888, y Klon- 
dike, al fin de la última centuria, pueden dar una 
idea aproximada, aunque pálida, del espectáculo 
que debió ofrecer la conquista de la América por lo 
que hace á los hombres que la emprendieron y rea- 
lizaron. Y dícese pálida, porque por muy obscu- 

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CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

á Inglaterra el imperio del mar, un San Pablo ama- 
sado en fe religiosa y en amor á la humanidad, 
pero fiel creyente al mismo tiempo en la humana 
doctrina de que el mantenimiento de la libertad in- 
dividual es el fin primordial de toda sociedad huma- 
na, arroja en 1662 los fundamentos de la de Pennsyl- 
vania, con el propósito, según sus propias palabras, 
« de acometer el santo experimento de una colonia 
libre para toda la humanidad ». 

Ya en 1606 había sido establecida la de Virgi- 
nia; y el mito mismo, que la leyenda ha escrito en 
la primera página de su historia, ese capitán Smith, 
prisionero del cacique Powhattan y salvado por la 
intercesión de su hija Pocahontas, que le da su 
amor y su mano en el momento mismo en que lo 
conducen al suplicio, es prueba evidente de que allí, 
como en los demás puntos, la colonización inglesa 
se inspiró en móviles muy diferentes á la española. 

Consignado se ha dejado que el descubrimiento 
(le los ricos placeres del Perú, México y otras re- 
giones auríferas del continente, dejó á Cuba entre- 
gada a los escasos elementos que á ella condujo el 
primer impulso del descubrimiento y de la con- 
quista, y aun de ellos una buena parte no tardó 
en emprender el camino del continente, en pos de 
Córdova, de Narváez, de Grijalba, de Cortés y de 
Soto, los cuales acaudillaron las empresas de des- 
cubrir y ganar aquellas tierras. Las sangrías que 
estas expediciones producían en la harto escasa po- 

159 



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i'ipius, <!• -•- <aílol que el indi- 
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Estad'» . ;. ':.i-tío (|ue sigue 
rylan«!. * ^::.>:Vvhas, tue esií- 
corrflii. >. :-. la planta nieotia- 
ina tl"i ' \ '..s conquistadores 
sini'»^ ■ ....,:• Inquirido un virio 
in,u!<- .. :".arino, que lo i-n- 
vcna- . aiir los fastidios de 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONUL 

la guardia en tiempos de bonauza, y uo tarda en 
atravesar el Atlántico, pasar al continente y exten- 
derse por Europa, viniendo á ser el germen verda- 
dero de la riqueza agrícola-de Cuba. Sin dejar de 
ser ganadero, el colono comenzó ya á hacerse agri- 
cultor en una escala más extensa de la que le tra- 
zaban sus propias necesidades. 

Al cultivo del tabaco, siguió poco despufe el de 
la cafia de azúcar, y aunque el nuevo cultivo no 
llegó á alcanzar la importancia del primero, su pro- 
ducto, unido al del tabaco y á las pieles del gana- 
do, constituyeron por entonces las únicas manifes- 
taciones de la vida mercantil de la Colonia. 

Durante tres siglos, y hasta algo entrado el que 
acaba de transcurrir, en el cual se abre para ella 
una era de rápido crecimiento, tanto en población 
como en riqueza, Cuba vegeta casi olvidada por su 
Metrópoli y oscurecida por los otros establecimien- 
tos españoles del continente, hacia donde el clima 
más benigno, la condición del indígena más recia 
y los metales preciosos más abundantes, desviaron 
y fijaron la atención metropolitana. España vino 
á sostener á Cuba, no por su valor colonial que des- 
conoció por completo, sino por su posición estraté- 
gica, por ser el antemural de las Indias y la llave 
del Golfo Mexicano, y por la misma razón que In- 
glaterra sostiene hoy á Gibraltar, á Malta y á va- 
rias otras de sus muchas posesiones. Durante todo 
ese período, las rentas públicas jamás alcanzaron á 

161 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

cubrir los gastos, á pesar de ser éstos muy reduci- 
dos, por tratarse de una colonia defendida por la 
naturaleza, y donde los servicios públicos fueron 
por mucho tiempo del todo desconocidos. Un sub- 
sidio de México, que recibía el nombre de situado, 
atendía á las más perentorias necesidades. 

La imprenta, vehículo el más poderoso de la ci- 
vilización, no vino á introducirse en Cuba hasta 
algo entrado el siglo xviii. Por la misma épo- 
ca creóse también en la Habana una Universidad 
que fué encomendada á los frailes dominicos. Cuál 
pudiera ser la enseñanza que unos frailes españo- 
les poco menos que desterrados de por vida en 
una colonia medio deshabitada, dieran á sus edu- 
candos en el siglo xviii, los que han recibido la 
que se ha dado én esa misma Universidad en el 
siglo XIX, pueden muy bien imaginársela. 

Y i)or lo que hace á la instrucción primaria, pa- 
ra formar una idea del estado que á la sazón pre- 
sentara, basta tener en cuenta que aun hoy, cuan- 
do ya hace muchos años que en Cuba no hay es- 
clavos, más del setenta por ciento de sus naturales, 
ni saben leer ni escribir. Es muy seguro que esta 
proporción amenazó alcanzar á la centena en una 
época como aquélla, en la que dentro del mismo te- 
rritorio y con menos vías de comunicación, la po- 
blación se reducía, como en 1779, á 170,000 ha- 
bitantes. 

El fenómeno peculiar que caracteriza ese perío- 

162 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

do de la historia de Cuba, que se cierra con el pri- 
mer cuarto del pasado siglo, es la completa identi- 
ficación del cubano, cualquiera que fuera la pureza 
de su sangre, con su progenitor el conquistador, 
para todas las manifestaciones de la vida. 

Leal al rey, de celo religioso por lo desmedido 
rayano al fanatismo, de hábitos más guerreros que 
laboriosos, poco dado al cultivo de las artes libera- 
les, y nada al de las ciencias, y no más humano 
con el indio y con el negro que lo fueron sus ma- 
yores, el cubano de los tres primeros siglos fué un 
fiel trasunto de la época en que vivía, de la atmós- 
fera que respiraba y de la sangre que por sus ve- 
nas discurría. 

Y como prueba de lo afirmado, conviene anotar 
la observación, que durante ese período produjo 
Cuba, por regla general, lo que no ha podido pro- 
ducir después, sino por excepción, esto es, cubanos 
españoles. 

Cubanos, y por añadidura bayameses, fueron 
Gregorio Ramos y Jacome Milán és, que al frente 
de sus convecinos rescataron á filo de espada, de 
manos del filibustero Girón, al Arzobispo Cabezas y 
Altamirano. Cubano, y mestizo por más sefias, fué 
también aquel Santos Pérez que arremetió é hizo 
reembarcar en Guantánamo á los ingleses de Ver- 
món. Cubano, ó por lo menos dominicano, fué el 
Obispo Morell de Santa Cruz, que ante el Conde de 
Albemarle prot^tó por la fe jurada, su leal vasa- 
les 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

llaje á su Rey y señor Carlos III. Cubanos fueron 
el Marqués González y Pepe Antonio, los héroes de 
la defensa en el asedio de la Habana en 1762. Cu- 
banos fueron, finalmente, D. Alejandro Arango, D. 
Porfirio Valiente y D. Claudio Martínez de Pini- 
llos, los cuales con sus sabios consejos, aceptados 
por la Metrópoli en un día de buen juicio, logra- 
ron abrir para Cuba una nueva era, si no de pro- 
greso moral, al menos de prosperidad material. 

Y esto tiene sencillísima explicación. No era 
entonces Cuba, como lo fué después, una sociedad 
dividida contra sí misma, y en la cual el peninsular 
advenedizo por el hecho sólo de su nacimiento, te- 
nía derecho á disfrutar franquicias y privilegios 
negados á los descendientes de los que habían con- 
quistado la tierra. En aquella época, si alguna 
predilección existió, fué precisamente á la inversa 
y en favor de los naturales de la Isla. El conquis- 
tador legaba á sus hijos blancos ó mestizos la ha- 
cienda allegada por su esfuerzo, y junto con ella 
les legaba también la poca ó mucha influencia po- 
lítica que pudieran atribuirle los cargos concejiles 
que ejercía, los cuales como oficios enajenados de 
la Corona, eran todos ellos hereditarios. Ese pe- 
ninsular, pura y exclusivamente mercader, que ha 
reinado sobre Cuba durante todo el pasado siglo, 
para explotarla y para perderla, era entonces en 
ella apenas conocido. 

Poco se consumía y menos todavía se importaba 

164 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

y se exportaba. El cubano de aquel tiempo — y es- 
ta costumbre han podido alcanzarla todavía algu- 
nos de los que viven en Santiago ó en Puerto Prín- 
cipe — á semejanza de los patricios romanos, hacía 
expender al menudeo por su esclavos y en el za- 
guán de su morada los sobrantes de su cosecha. 

En tal estado la Isla, y entrado ya el siglo xix, 
surge en el vecino continente un acontecimiento de 
capitalísima importancia, y ese acontecimiento tras- 
ciende á ella de tal modo, que su vida, hasta en- 
tonces estacionaria, se ve impelida con tal rapidez 
por una corriente de fuerza tan poderosa, que en 
menos de una generación se triplica el número de 
sus habitantes, la riqueza adquiere extraordina- 
rio desarrollo, la política cambia su orientación y 
la sociedad cubana recibe por todas partes y á la 
vez el influjo de las varias agencias que vienen á 
determinar su definitiva estructura. 

Ese acontecimiento es la exaltación á la nacio- 
nalidad de las colonias europeas de la América. 
Iniciada por las inglesas del Norte y secundada 
más tarde por las españolas del Sur, Cuba viene á 
resultaren el centro de un mundo colonial en lucha 
por su independencia, y comienza á sentirse vaga- 
mente solicitada por iguales estímulos; pero como 
no tiene todavía una clara conciencia de su nece- 
sidad, mantiénese en paz y viene á convertirse, 
por su situación geográfica, en la roca solitaria, pe- 
ro amiga, en la que encuentran refugio un buen 

165 



CUBA T SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

^>I|K' iK^ €808 náufragos que la iodepeodencia y la 
jcu^rrn {)ara obtenerla han dejado sin hogar y sin 
h^'iviuta. 

Kl francés de Haití, el heredero del viejo buca- 
«en^ que con esa habilidad y economía adminis- 
trtitiva, que fueron atributo de los galos, había lo- 
^mdo hacer de aquella isla uno de los centros agrí- 
iH>lii8 de mayor riqueza, que el mundo ha conocido, 
huyendo de la ira vengadora de sus esclavos alza- 
ilo8, atraviesa el estrecho de los Vientos, y se esta- 
blece en la región Oriental, para dar en ella al cul- 
tivo del café, del cacao y de la cafia, con el auxi- 
lio de sus luces y de su experiencia, un desarrollo 
hasta entonces desconocido. Trajo también, junto 
con él, el francés, su decida afición á la agricultu- 
ra, su aprecio á las comodidades de la vida, su 
iifeiíto al ahorro y su estimación por las artes óti- 
los y bellas, cultos no muy en boga, á la sazón, en- 
tre los españoles y sus hijos. 

La enajenación á Francia de Santo Domingo en 
179o, y la de la Luisiana en 1800 y la de la Flo- 
rida en 1819 á los Estados Unidos, repatrian á Cu- 
ha al cabo de tres siglos á los descendientes de los 
oonipaficros de Soto, Ponce de León, Panfilo de 
Narváez y Bernardo de Gal vez, conquistadores 
<iue, con elementos extraídos de la población cu- 
bana, habían llevado por las dos últimas de aque- 
llas regiones la colonización española. 

V finalmente, México, Venezuela. Nueva Gra- 

166 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONUL 

nada y todos los demás virreinatos españoles del 
continente, al consumar su independencia, propor- 
cionan á Cuba un buen contingente de nuevos po- 
bladores reclutados entre las clases más acomoda- 
das de su sociedad, y que se hallan deseosos de re- 
parar con la economía y el trabajo, al arte agrícola 
enderezado, la brecha que la emancipación del 
continente y la confiscación de sus propiedades ha- 
bían abierto en su fortuna. 

A este contingente, que debió ser fuerte en nú- 
mero y escogido en calidad, pertenecieron D. To- 
más Terry y el Conde de Casa Moré, que andan- 
do el tiempo acumularon, con el ejercicio de la agri- 
cultura y del comercio, dos de las haciendas más 
cuantiosas que hasta ahora en Cuba se han reunido. 

Aquel alud de hombres emprendedores que ca- 
yó sobre la Isla, no venía como el viejo conquista- 
dor á recoger los metales preciosos esparcidos en la 
superficie de su suelo: pertenecían á otra genera- 
ción apartada ya tres siglos de la conquista, y mu- 
chos de ellos habían aprendido y sabían que, si 
bien las minas pueden ser el impulso inicial de las 
colonias, solamente la agricultura es la que puede 
en realidad consolidarlas. 

Su primera necesidad fué la de brazos y la trata 
acudió solícita á proporcionárselos. No hizo al ca- 
so el que en 1817, Fernando VII hubiera renun- 
ciado, mediante 400,000 £ que recibió de los ingle- 
ses, á ese infamante comercio para todos los do- 

167 



CUBA Y SU BVOLUCION COLONIAL 

minios españoles. Era una convención más que 
violar, y esto debía ser asunto baladí para un Mo- 
narca que violó tantas. La trata llegó á realizarse 
en proporciones tan colosales, que en 1844, Lord 
Palraerston, primer ministro inglés, lleno de in- 
dignación manifestaba en la Cámara de los Comu- 
nes, que á despecho de aquella convención, obtenida 
á título oneroso, 1.000,000 de negros habían sido 
arrancados del África, para ir como esclavos á re- 
gar con su sangre ese azúcar tan dulce y ese taba- 
co tan suave, que Cuba, la tierra de todas las abo- 
minaciones, distribuía ya entonces por el mundo. 

De esta manera los esclavos, que al comienzo del 
siglo apenas excedían de 100,000, llegaron á mon- 
tar cuarenta afios después á muy cerca del medio 
millón, y constituyeron algo más de la mitad de la 
entera población. Y conviene advertir, que siendo 
estos datos oficiales, es más que probable, que los 
propietarios de esclavos ocultaran al Fisco el nú- 
mero de los suyos, temerosos, con el temor más na- 
tural en España que en otro país alguno, que el 
empadronamiento habría de llevar consigo apare- 
jado el recargo de los antiguos impuestos ó la crea- 
ción de otros nuevos. 

Uniéronse á estos poderosos elementos para esti- 
mularlos y completarlos, dos reformas de trascen- 
dental importancia, económica la una y exclusiva- 
mente agraria la otra. 

Fué 1h primera, la pragmática de 1818, en virtud 

168 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

de la cual quedó roto el viejo molde del pacto co- 
lonial, que á la manera del borceguí de la tortura, 
comprimía con vínculos de acero el natural creci- 
miento de las colonias españolas. Cuba pudo ya 
comerciar libremente con el extranjero, y recibir y 
enviarle sus productos, sin tener que refrendarlos 
antes con el marchamo metropolitano de Cádiz y 
Sevilla. 

En los últimos afios de régimen español, aunque 
no de un modo absoluto sino indirecto, se trató de 
restablecer en Cuba el pacto colonial, y en subs- 
tancia vino á quedar en parte restablecido con la 
Ley de Relaciones Mercantiles votada en 1882. La 
generación actual, que ha tenido ocasión de aquila- 
tar las iniquidades de esa ley y su influjo pernicioso 
sobre las industrias cubanas de estos días, podrá 
darse exactísima cuenta de los efectos del pacto co- 
lonial sobre unas colonias, donde sólo había lugar 
para la minería, con una Metrópoli sin industria y 
que vivía en obsoluto de los metales preciosos que 
de aquéllas recibiera. 

El río de oro que descendía del Potosí, se en- 
grosaba con los arroyos tributarios de toda la Amé- 
rica, atravesaba el Atlántico y desaguaba en Cádiz 
y Sevilla, pero no para fertilizar el suelo de la Pe- 
nínsula de un modo beneficioso y permanente con 
su rico sedimento. La corriente áurea sin detener- 
se, proseguía su curso á través del territorio español, 
y lamiendo ligeramente los conventos y cuarteles, 

169 



CUBA T SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

en donde había venido á quedar encerrada toda la 
vida social, política y económica de España, se di- 
rigía á Inglaterra, á Francia, á Holanda, á Italia 
y á otros países más felices y más sabios, que cifra- 
ban en la industria su riqueza nacional, y cuyos 
productos eran transportados á las colonias, vía 
España, con los enormes recargos consiguientes á 
un rodeo tan fuera de razón y de propósito. 

Y fué la segunda reforma, la Real Cédula de 
1816, que declaró definitivas y hechas á perpetui- 
dad las mercedes ó concesiones de terrenos que los 
Ayuntamientos de la Isla habían venido otorgan- 
do, á título precario, á los primeros pobladores. 
Hasta aquel entonces la propiedad territorial rus- 
tica de Cuba, había carecido de título definitivo, 
que trasmitiera al propietario el jíis ustendi et abu-- 
tendiy característico del dominio. Al verificarse la 
conquista, según el derecho de gentes de la época, 
la tierra se diputó como perteneciente al Rey. 
Aquella tierra no tenía valor alguno, si no era en- 
tregada á la iniciativa particular. De aquí fué, que 
los Adelantados y Virreyes, y en Cuba los Ayun- 
tamientos, á nombre del Rey y con su autoridad, 
repartieron esas tierras con el nombre de hatos y 
de haciendas, entre los más diligentes ó mejor 
recomendados de los primeros pobladores. La 
merced tuvo un carácter meramente gratuito, pre- 
cario y transitorio, y por lo común la obligación 
que aceptaba el mercedario, reducíase á mantener 

) 170 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONUL 

en la merced unas cuantas yeguas de vientre con 
su garañón castellano, y á reservar al Rey ciertas 
maderas de construcción, que se destinaban al fo- 
mento de la marina real. 

Título tan efímero tenía que ser obstáculo po- 
deroso al desarrollo de la riqueza agrícola, más que 
ninguna otra necesitada de esa garantía de estabi- 
lidad que el derecho romano, en caso análogo, pro- 
curó poner á salvo con la fórmula conocida de 
beatas Ule qui posidet. Con la Real Cédula citada, 
el mercedario ó su causahabiente, pudo al fin dis- 
poner á su talante de las tierras que le habían sido 
mercedadas, y el agricultor se lanzó ya á consagrar 
caudal crecido al fomento y explotación de su in- 
dustria, sin los temores de una revocatoria general, 
muy de temer dentro de las costumbres de la 
época. 

De semejante concentración de fuerzas, rara vez 
igualada en historia colonial alguna, y de su aplica- 
ción á un suelo tan próvido y feraz, que sólo exi- 
gía una mediana inteligencia para su cultivo y el 
aliciente de un acceso fácil á los centros de consu- 
mo para sus productos, debió resultar y resultó un 
rápido crecimiento de la riqueza del país. La co- 
lonia salió de su letargo. El primitivo trapiche de 
mazas de madera y motor de sangre, convirtióse 
en el ingenio de extenso batey y sendas maquina- 
rias, movidas á vapor, y en el cual un ejército 
de negros esclavos, á punta de látigo, trabajaban 

171 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

como castoreSi en beneficio de un amo holgazán é 
ignorante, que estimaba aquel trabajo como su de- 
recho. Las lomas se desbrozaron y roturaron, y 
cuadros de cafetos fueron á reemplazar en ellas la 
vegetación aún virgen del descubrimiento. El ca- 
cao, según la expresión feliz del poeta de la 2iOna 
tórrida, cuajó en urna de coral la almendra grata 
á los Dioses; y el tabaco, el fruto privilegiado, 
dio vuelo y crecimiento á una industria hasta en- 
tonces en mantillas, la de su elaboración ó torcido, 
que proporcionó empleo á un buen número de 
brazos y ha sido el origen de muy sólidas fortunas 
en la Isla. 

Todo lo que estos adelantos fueron de medro y 
provecho para los intereses materiales, lo fueron 
de detrimento y daño para los morales y sociales 
sin hacer excepción de los políticos. 

El aumento de los esclavos, merced á la trata, 
vino á dar á la población de Cuba un matiz africa- 
no de tonos tan subidos, que en 1841, de 1.007,624 
habitantes, 589,333 pertenecían á la raza negra, y 
de éstos, 436,495 eran esclavos. O lo que es lo 
mismo, era negro el sesenta por ciento y blanco 
solamente el cuarenta por ciento de aquella pobla- 
ción. Poco faltaba ya para que, por cada blanco, 
hubiera en Cuba dos negros, y aun á este numero se 
hubiera llegado, si muchos que los cómputos oficia- 
les daban como blancos, porque además de declarar- 
los ellos así, eran libres, y no eran completamente 

172 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONUL 

negros, en color, se hubieran visto obligados á seña- 
lar sus ascendientes de las tres últimas generaciones. 

Y además de ennegrecerse la población de Cuba 
en su conjunto, se ennegrecía cada vez más la so- 
ciedad blanca en su particular. El fruto del cru- 
zamiento de las dos razas, en cuanto lograba que- 
brar un tanto el color, estirar un poco el pelo, ova- 
lar algo la cara, y afinar hasta un cierto punto las 
facciones, pretendía plaza en las filas de los blan- 
cos, plaza que nadie, por otra parte, se atrevía á 
negarle, porque un secreto instinto á todos adver- 
tía, que la conquista, la colonización y la esclavi- 
tud los habían unido y contaminado á todos en el 
mismo pecado original. 

De aquí es, que surgieran en la sociedad blanca, 
manifestaciones de origen genuinamente africano 
tales, como el danzón y la guaracha, y otras más 
de un orden puramente psicológico, que en su tiem- 
po y ocasión serán determinadas y analizadas. 

A la manera de ese árbol de los trópicos que en- 
venena con su sombra, tiene la esclavitud, cual- 
quiera que sea el color de la víctima que elija, la 
maldita virtud de envenenar la vida y con la vida 
las costumbres y con las costumbres las ideas y los 
sentimientos de las sociedades que la admiten en 
8U seno y fundamentan sobre ella su riqueza. 
El esclavo, condenado por su estado social á ser 
foco y centro de todos los vicios, obra siempre co- 
mo un fermento de eficacia tan poderosa para el 

173 



CUBA T 8U EVOLUCIÓN COLONIAL 

mal| que á su diario contacto se enmohecen los re- 
sortes del mecanismo social y se corrompen hasta 
las mismas fuentes del sentimiento humano. Poseer 
esclavos, aunque sea á título de herencia, y porque 
los autoriza y consiente el medio ambiente en que 
se vive, es justificar la esclavitud, y justificar la 
esclavitud es atentar á la conciencia humana y 
poner en duda la justicia de Dios y su existencia. 

Cuba no podrá exentarse de tan nocivo influjo, 
y la institución funesta ha dejado huellas tan pro- 
fundas sobre el carácter de sus hijos, que á pesar 
de su desaparición, esas huellas habrán de aparecer 
en él, por muchos años todavía, como las cicatrices 
del vicio en el rostro del vicioso. 

En el orden político, los resultados fueron más 
graves todavía. Los españoles de Cuba dejaron 
de producir cubanos españoles y comenzaron á en- 
gendrar cubanos insurgentes. La simiente de las 
futuras insurrecciones quedó sembrada; y á medida 
que el tiempo fué avanzando, cada hombre que na- 
ció en ella parecía recibir junto con la vida, la obli- 
gación de consagrarla, cuando el caso llegara, á la 
obra de emancipar á la joven colonia de la vieja 
Metrópoli lejana. 

Este fenómeno obedece á dos causas inmediatas 
principales. Es exponente de la primera la Real 
Cédula de 1825, por la cual se concedieron á los Ca- 
pitanes Generales de la Isla, las mismas facultades 
omnímodas de que se hallan investidos por las Or- 

174 



CUBA Y Sü EVOLUCIÓN COLONIAL 

denanzas Militares españolas los Gobernadores de 
una plaza sitiada. Y es que la Metrópoli, que veía 
á todo el continente alzado en contra de ella, co- 
menzaba á darse cuenta de que su sistema colonial, 
basado en sus intereses propios con perjuicio de los 
intereses de las colonias, como todo lo que es con- 
trario á la justicia, no podía sostenerse sino por la 
fuerza de las bayonetas. De aquí arranca esa úl- 
tima fase de su colonización, que tiene por símbolo 
el cuartel y el campamento; por credo las ordenan- 
zas militares; y por ministros unos generales, que de 
los tercios de Flandes sólo han conservado la ru- 
deza y la crueldad. 

Fué la segunda de esas causas, la política inicia- 
da por Tacón en el mando y régimen de la Isla, y 
mantenida después como regla de conducta por to- 
dos sus sucesores. Consistió esa política en dividir 
la sociedad cubana, al modo de las castas de la In- 
dia, en dos clases determinadas con exactitud ma- 
temática por el lugar del nacimiento. En una de 
esas clases estaban los españoles nacidos en la Pe- 
nínsula, cuyo número aumentaba de día en día, 
atraídos por el cebo de la nueva riqueza que en la 
colonia se creaba; en la otra fueron colocados los 
españoles nacidos en Cuba, ó sean los cubanos. A 
la primera le fueron otorgadas, como por derecho 
propio, todas las complacencias del poder, desde la 
sonrisa oficial, que halaga la vanidad del advene- 
dizo, hasta la credencial del empleado público, que 

175 



CUBA T SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

golpe de esos náufragos que la indepeudencia y la 
guerra para obtenerla han dejado sin hogar y sin 
hacienda. 

El francés de Haití, el heredero del viejo buca- 
nero, que con esa habilidad y economía adminis- 
trativa, que fueron atributo de los galos> había lo- 
grado hacer de aquella isla uno de los centros agrí- 
colas de mayor riqueza, que el mundo ha conocido, 
huyendo de la ira vengadora de sus esclavos alza- 
dos, atraviesa el estrecho de los Vientos, y se esta- 
blece en la región Oriental, para dar en ella al cul- 
tivo del café, del cacao y de la caña, con el auxi- 
lio de sus luces y de su experiencia, un desarrollo 
hasta entonces desconocido. Trajo también, junto 
con él, el francés, su decida afición á la agricultu- 
ra, su aprecio á las comodidades de la vida, su 
afecto al ahorro y su estimación por las artes úti- 
les y bellas, cultos no muy en boga, á la sazón, en- 
tre los españoles y sus hijos. 

La enajenación á Francia de Santo Domingo en 
1795, y la de la Luisiana en 1800 y la de la Flo- 
rida en 1819 á los Estados Unidos, repatrian á Cu- 
ba al cabo de tres siglos á los descendientes de los 
compañeros de Soto, Ponce de León, Panfilo de 
Narváez y Bernardo de Gal vez, conquistadores 
que, con elementos extraídos de la población cu- 
bana, habían llevado por las dos últimas de aque- 
llas regiones la colonización española. 

Y finalmente, México, Venezuela. Nueva Gra- 

166 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

nada y todos los demás virreinatos españoles del 
continente, al consumar su independencia, propor- 
cionan á Cuba un buen contingente de nuevos po- 
bladores reclutados entre las clases más acomoda- 
das de su sociedad, y que se hallan deseosos de re- 
parar con la economía y el trabajo, al arte agrícola 
enderezado, la brecha que la emancipación del 
continente y la confiscación de sus propiedades ha- 
bían abierto en su fortuna. 

A este contingente, que debió ser fuerte en nú- 
mero y escogido en calidad, pertenecieron D. To- 
más Terry y el Conde de Casa Moré, que andan- 
do el tiempo acumularon, con el ejercicio de la agri- 
cultura y del comercio, dos de las haciendas más 
cuantiosas que hasta ahora en Cuba se han reunido. 

Aquel alud de hombres emprendedores que ca- 
yó sobre la Isla, no venía como el viejo conquista- 
dor á recoger los metales preciosos esparcidos en la 
superficie de su suelo: pertenecían á otra genera- 
ción apartada ya tres siglos de la conquista, y mu- 
chos de ellos habían aprendido y sabían que, si 
bien las minas pueden ser el impulso inicial de las 
colonias, solamente la agricultura es la que puede 
en realidad consolidarlas. 

Su primera necesidad fué la de brazos y la trata 
acudió solícita á proporcionárselos. No hizo al ca- 
so el que en 1817, Fernando VII hubiera renun- 
ciado, mediante 400,000 £ que recibió de los ingle- 
ses, á ese infamante comercio para todos los do- 

167 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

escuderoBy vasallos ó cabrerizos de su padre, y al 
cual, en vez de enaltecer con su prestigio de oropel 
el oficio de las armas, desconsideraba y deslucía la 
modesta ocupación de mercader y traficante á que 
todos ellos estaban consagrados. 

Detrás de todos estos caudillon apenas había 
pueblo. Lh sociedad cubana distribuida todavía 
entre esclavos y señores, aún no había comenzado 
á cristalizar esa clase media, que es el nervio ver- 
dadero de toda sociedad política. Arriba estaba el 
cubano blanco sin influencia alguna en el Gobier- 
no, pero disfrutando y disponiendo, en mayor 6 
menor grado, de la más ancha parte de la riqueza 
inmueble del país. Abajo el negro esclavo, en 
plena posesión de la ignorancia consiguiente á su 
estado, la cual le inducía á sospechar que ese esta- 
do no iba á variar con la revolución y que, por lo 
tanto, á 6\ no le correspondía ser parte en aquel 
pleito. En el centro sólo se veían esas líneas in- 
decisas, mezcla de luz y de sombra, que sirven al 
pintor para preparar el cambio de perspectiva. 
Esas líneas por su número escaso y por su carácter 
todavía no muy definido, parecían ser la nebulosa 
(le esa clase media que se echaba de menos en la 
sociedad cubana de aquel tiempo. 

Así y todo, diez afios duró aquel movimiento. 
Para dominarlo la Metrópoli apeló á cuantos nie- 
ílios de represión le sugirió la experiencia ganada 
tín la larga serie de sus guerras coloniales, y el cu- 

179 



CUBA y su EVOLUCIÓN COLONIAL 

baño acreditó con su porfiada resistencia, que el 
material de que estaba hecho no era en modo algu- 
no inferior al de sus progenitores; y que el clima y 
el cruzamiento lo habían dotado de condiciones de 
sobriedad y de resistencia nunca alcanzadas por 
aquéllos. La guerra concluyó cuando habían 
muerto ya todos los que la iniciaron. Una aven- 
tura heroica ennoblecida por el ideal que la inspi- 
ró, fué el comenzarla; continuarla cuando el Zan- 
jón, hubiera sido un acto de demencia. 

Tan intenso, extenso y prolongado sacudimiento 
debió tener y tuvo influencia considerable en la 
estructura del pueblo de Cuba. 

La riqueza inmueble que estaba en manos de los 
cubanos, pasó á la de los peninsulares, que la unie- 
ron á la mobiliaria mercantil que de antes poseían. 
El esclavo, cuya emancipación fué una de las pri- 
meras medidas de guerra adoptadas por la revolu- 
ción, recibió al fin su carta de ahorro y libertad. 
España comprendió mal de su grado que le era 
imposible perpetuar la esclavitud ante las frecuen- 
tes indirectas, que durante la guerra había recibido 
del Gabinete de Washington, insinuándole la nece- 
sidad de su abolición. Y así como á la fuerza, 
vino á comprender que no podía perpetuar la es- 
clavitud del negro, á la fuerza vino también á com- 
prender, que era llegada la hora de los derechos 
políticos para el cubano, tanto negro como blanco. 
Se adoptó un régimen representativo á la española; 

179 



CUBA T SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

lH)ro las leyes orgánicas en que ese régimen se 
desenvolvió, se exornaron y pergeñaron con tales 
distingos, apostillas y excepciones, que el cubano, 
entonces lo mismo que antes, resultó á la postre 
desheredado de todo influjo político, en beneficio 
siempre de los peninsulares, para quienes única- 
mente tenía entrañas de madre, y de madre mimosa 
é indulgente, la desatentada y enloquecida Metro- 
poli. Inútil le fué acudir á las urnas electorales, 
para conquistar aquel influjo, armado con la fuerza 
que le daba su número y su derecho á represen- 
tar la tierra de su nacimiento. Por todas par- 
tes le salía siempre al encuentro una farisaica in- 
terpretación de la ley, que le entregaba atado de 
pies y manos á su eterno antagonista el peninsular. 

Un buen número de cubanos á quienes la guerra 
había obligado á emigrar y cuyo número el mismo 
Gobierno espafíol se encargó más tarde de aumen- 
tar con sus desaciertos económicos, al concluirse 
aquella guerra, resultaron establecidos en las costas 
(le los países inmediatos á Cuba y principalmente 
en las de la vecina Unión Americana. La fe re- 
volucionaria se mantiene en esos cubanos viva toda- 
vía, y cuando termina en Cuba la lucha, se invisten 
olios mismos con la representación de la protesta 
armada, y asumen, desde el extranjero, la misión de 
renovarla en el territorio de la patria, cuando lo 
(estimaren oportuno. 

Con la abolición de la esclavitud espira el vie- 

180 



CUBA T SU SVOLUaON OOLONUL 

jo patriciado colonial. Los ingenios, escasos de 
brazos, se ven obligados á separar la industria fabril 
de la agrícola. La pequefia propiedad, con el nom- 
bre de colonia, cunde y se extiende por el territo- 
rio de la Isla abierto al cultivo de la caña. Los 
antiguos amos arruinados por la guerra y junto 
con ellos sus esclavos de antaño, por la misma gue- 
rra libertados, van á labrar esas colonias. La clase 
media, antes simplemente esbozada, se condensa, 
se cuaja, se perfila y se nutre con todos estos ele- 
mentos; y acuden á servirla de leaders^ los cubanos 
de las ciudades, que vuelven á ejercer en ellas las 
profesiones liberales. 

El propósito de la guerra de los diez años osten- 
siblemente fracasó; pero su influencia en los desti- 
nos de Cuba ha sido tan fecunda é inmanente, que 
puede decirse sin temor á errar, que si no su letra, 
al menos su espíritu, triunfó. Al modo de ese pró- 
vido río del Egipto, que al encerrar de nuevo den- 
tro de su cauce sus aguas desbordadas, deja tras de 
ellas la fecundidad y la abundancia; así la revolu- 
ción de Yara, al caer desangrada y muerta en el 
Zanjón, dejó también en germen dentro de la so- 
ciedad cubana todos los principios y elementos ne- 
cesarios para informar y realizar la emancipación. 
El difundir los primeros y aprovechar los segun- 
dos, fué después empresa fácil y por lo fácil de se- 
cundaria importancia. La revolución de Yara fué 
la labor heroica y fecunda de toda una generación, 

181 



CUBA Y 8U SYOLUCION COLONIAL 

que con la abnegación de un Decio se consagró á 
sabiendas á ruina y á muerte irremediableSi con el 
santo propósito de que la hija de sus entrañas, la 
revolución de Baire, viniera al mundo con todas 
las energías necesarias para dar el golpe de gracia 
á la dominación colonial. 

Tales fueron, á grandes rasgos, los resultados que 
en la masa general determinó la guerra de los diez 
afios. Por lo que atañe á los nuevos elementos que 
esa guerra aportó al carácter cubano» tienen tam- 
bién su particular importancia. Esa alta aprecia- 
ción del valor físico, peculiar de la raza latina y 
más en particular de su rama española, pareció to- 
mar en el cubano las proporciones de un culto exa- 
gerado; en cambio, ese valor moral, que consiste en 
el deber á diario y silenciosamente cumplido, lo- 
gró tan pocos adoradores, que ni tuvo religión ni 
mantuvo culto. Desafiar la muerte en la batalla 
fué ser un héroe, aunque ese héroe procediera de 
la honrada clase de bandoleros de encrucijada 
ó estafadores de levita. La pompa militar, tan va- 
na como falsa, sirvió allí como en otras partes, para 
cubrir todas las miserias humanas. Despreciar el 
peligro y la vida fué ser valiente, y ser valiente fué 
ser honrado y hasta ser sabio. El duelo se puso 
de moda entre la juventud, y á ninguna semana le 
faltó el suyo en la acera del Louvre. 

El coeficiente de moralidad, no muy alto de suyo 
en las colonias favorecidas con la esclavitud, des- 

182 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

cendió con la guerra algunas líneas. No suelen ser 
las tierras azotadas por luchas civiles, aunque se 
inspiren en un tan alto ideal como el de la indepen- 
dencia, las más apropiadas para el cultivo de las 
virtudes, ya sean éstas cardinales ó teologales. La 
guerra, que es sólo violencia, no se aviene y desposa 
con el derecho que es sólo justicia. En su escuela 
podrá aprenderse á templar el cuerpo á la fatiga y 
el ánimo á la adversidad; pero se adquieren tam- 
bién en ella otras cualidades que los moralistas has- 
ta ahora no han podido incluir en el número de las 
virtudes, cuales son el despotismo en el mando, la 
relajación en las costumbres, la dureza en los sen- 
timientos y esa inclinación á ser pródigo de lo su- 
yo y codicioso de lo ajeno, que desde Catilina has- 
ta Cartuccio, ha caracterizado siempre á todos los 
grandes rebeldes contra las leyes sociales ó políticas. 
La tradicional indolencia criolla, nacida y fomen- 
tada al calor de un clima enervante y de una abun- 
dancia mantenida por la esclavitud, comenzó á ce- 
der su puesto á una iniciativa hasta entonces sin 
incentivo. El cubano, arruinado y sin esclavos, as- 
piró á demostrar y logró hacerlo, que si aún igno- 
raba lo que era la economía y el ahorro, sabía por 
lo menos en lo que consistía la laboriosidad; y para 
comprobarlo, quince afios después de la guerra, la 
producción de azúcar llegó á elevarse á 1.000,000 
de toneladas, cifra que vino á duplicar la producción 
ordinaria obtenida antes con el trabajo del esclavo. 

183 



CUBA Y SU BVOLUCION OOIONIAL 

Apuntado quedó, cómo la guerra de los diez años 
fué terminada por la paz del Zanjón; mas esta paz, 
que pudo haber sido duradera y fecunda, la misma 
Metrópoli se cuidó de hacer de ella sólo una tregua 
pasajera. Los cubanos fueron citados é incitados 
á dilucidar y á dirimir sus diferencias con sus an- 
tagonistas, los españoles peninsulares, en el terre- 
no pacífico de los comicios. La misma Metrópoli 
tomó á su cargo partir el campo de la justa. La 
partición hubiera hecho honor á Tiberio y á Calí- 
gula. El sol y la luz fueron adjudicados á los pe- 
ninsulares. Para los cubanos, la obscuridad y la 
noche. Las armas se midieron. Una buena y an- 
tigua hoja de Toledo para los primeros; para los 
segundos... la vaina de esa hoja. 

Aun así, había sido tan grande el estrago de la 
guerra y tanto era el deseo y la necesidad de la paz, 
que la empresa fué aceptada y reñida á pesar de 
sus fementidas desventajas. Para mantenerla, los 
cubanos se agruparon en torno de una idea, la de la 
Autonomía Colonial, como formula la más práctica 
para realizar la felicidad de su patria. Para deci- 
dirse por esa fStmula tuvieron á la vista el ejem- 
plo del Canadá; pero su buen deseo les hizo olvidar 
que España está muy distante de ser una Ingla- 
terra. 

Los peninsulares de su lado, sin principios, sin 
ideales, y por consiguiente sin una política sana, 
desinteresada y previsora, consagraron su atención 

184 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

nada más que á mantener y aumentar las prefe- 
rencias oficiales de que venían siendo objeto por 
parte de todos los gobiernos metropolitanos, y se 
declararon, con un descaro inaudito, ministeriales 
de todos los Ministerios. La índole misma del 
sistema representativo en ensayo, resultaba de esta 
manera desnaturalizada y desconocida. Pero los 
apetitos humanos, cuando se desbordan, no se de- 
tienen ante las consideraciones de la justicia ó de 
la ciencia. El auri sacra /ames nubló la concien- 
cia y privó á la razón de sus fueros y dominio, y 
al drama del Zanjón sucedió un sainete de gobier- 
no representativo. 

La farsa no podía durar. De todas las empre- 
sas humanas son las políticas aquellas que más han 
de menester de una finalidad práctica más ó menos 
inmediata. La necesidad del momento, que es con 
harta frecuencia quien inspira esas empresas, exige 
que se gire en ellas á corto plazo ó á la vista. Una 
religión puede ser la tarea de una edad y una filo- 
sofía la de un siglo; pero un programa político, pa- 
ra que no sea una simple abstracción, debe ser rea- 
lizado ó abandonado dentro del curso de su década. 

La realidad volvió por sus fueros y se impuso; 
y tan luego como el buen sentido hubo arrancado á 
los ojos la venda con que el horror á la guerra los 
tenía cubiertos y se puso de manifiesto la imposi- 
bilidad absoluta del empeño, aquella poderosa es- 
tructura autonomista, socavada en sus cimientos, 

186 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONUL 

comenzó á vacilar, como vacila la fe combatida 
por la duda. Su ruina fué ya cuestión de tiempo. 
Con esa ruina España perdió, por la incurable 
ceguera de sus Gobiernos j por el egoísmo insa- 
ciable de los que se llamaron ellos mismos los 
buenos espafioles, la mejor ocasión que tuvo nun- 
ca, de perpetuar en Cuba, haciéndola feliz, su do- 
minio 7 su bandera. 

Lo sucedido, desde entonces, no cabe en este 
libro. Su competencia 7 jurisdicción sólo alcanzan 
al pasado, que es la causa, 7 no al presente, que es 
sólo su producto. 

Después de haber recorrido de extremo á extre- 
mo los fastos cubanos, un hecho singularísimo es 
la nota saliente de esa excursión. 

España pudo descubrir á Cuba, conquistarla, 
colonizarla, exterminar sus aborígenes, poblarla de 
africanos 7 tiranizar los descendientes de los que 
la conquistaron 7 colonizaron, conduciéndolos por 
la desesperación hasta el suicidio; en cuanto á ci- 
vilizarla 7 enriquecerla, la tarea aparece realizada 
por obra 7 virtud de manos extranjeras. 

La civilización de Cuba se realizó por medio de 
tres saltos, con los cuales un pueblo rezagado pro- 
curó salvar el atraso de su marcha. El impulso 
para el primer salto lo dieron los ingleses en 1762, 
cuando la toma de la Habana. Los franceses de 
Haití 7 de la Louisiana dieron el segundo, á fines 
del siglo xviii 7 comienzos del xix. El último v 

186 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COIX)NIAL 

más poderoso, lo han dado los americanos en 
nuestros días. 

Sin esos saltos, la civilización en Cuba sería des- 
conocida. (^) 



(1) La oaiiaa déla decadencia española es ya bastante conucida. Un ¡k- 
quefío simfl la explicará mejor que veinte tomos. 

Supóngase un avicultor que enamorado de la pluma negra quiso tener en su 
corral sólo aves de esa pluma. ¿ Qué procedimiento adoptó? Pues, uno tan sen- 
cillo y vulgar que no hay criador que lo desconosca. Comenzó por trucidar to- 
dos los gallos de pluma blanca ó de color. Tras los gallos siguieron las galliims . 
y tras de éstas los pollos. Nadie sobrevivió que no vistiera el uniforme ni>gn> 
El pollo de las nuevas generaciones bastante osado para venir al mundo sin ves- 
tir de luto riguroso fué decapitado sin piedad. No es difícil predecir el resulta- 
do. A lo« quince ó veinte aftos el buen hombre habla realizado sus deseos, y 
negra— completamente negra— era la pluma de su cria. 

Ahora es necesario fijar la relación de semejanza. £n Europa durante la ul- 
tima mitad de la Edad Media un mismo drama fué representado por los mismoM 
actores. El Rey, la Nobleza, el Pueblo y el Clero fueron siempre y en todas par- 
tes los actores de ese drama. El argumento era el mismo. £1 Rey aspimba al 
poder absoluto y la Nobleza y el Pueblo lo resistían. El Clero— los intelectunloM 
de la época— atento siempre al engrandecimiento de la vifia del Sefior, hacia 
fausa suya la causa del que ofrecía mejorar y agrand ar aquella vifia. En Espa- 
fia. donde la Nobleza era fuerte y guerrera y el Pueblo arisco y celoso de sus fue- 
ros, el Rey para vencerlos tuvo que aliarse con el Clero, y prenda pretoria de efi- 
ta alianza fué el Tribunal déla Santa Inquisición. Para obtener el triunfo y 
para consolidarlo era necesario una obediencia cic^ y como nada es menos pro- 
picio á esa obediencia que la libertad de pensamiento, aquel Tribunal se fundó 
con el deliberado propósito de despojar ¿ los espafioles de la facultad de pensar. 
Desde su instalación el pensamiento hubo que recibirlo hecho y pensado, con la 
estampilla del Rey y la licencia del Ordinario. Durante tres siglos todo el espafiol 
que fué osado i pensar, ¿ discurrir y ¿ raciocinar con su cabeza, fué descuajado 
de la tierra, él y su familia. El resultado fué el que tenia que esperarse. Se 
extinguió en Espafia la casta de los hombres que piensan, discurren y razonan 
con su propia cabeza. La pluma negra quedó duefia absoluta del corral: y cuan- 
do el atavismo evoca una pinta que blanquea, sus mismos compafieros la des- 
pedazan por espúrea. 

Para comprobar lo expuesto, basta comparar los espafioles que ganaron la 
América en el siglo xvi con los que la perdieron en el siglo xix. Cisneros, Cor- 
tés, Pizarro, Almagro, Balboa, Las Casas, Orellana, La Gasea, Soto, Alvarado, 
Ojeda, Ponce de León, Alaminos, Bermüdez, Elcano, fueron energías llenas de 
fe. de inteligencia y de resolución. 

Cánovas, Emparan, Iturregaray, O'Donojü. Ruiz de Apodaca, Morillo. La- 
sema, Maroto. Lersundi, Valmasoda, Concha, Martines Campos, Weyler, Pando. 
Blanco, Linares, eran tuertos afortunados en un reino de ciegos, pusilanimida- 
des inconscientes á las cuales se les deshizo un mundo entre las manos. 

187 



CAPITULO V 



CARACTERES FÍSICOS T PSÍQUICOS 



Estatara. — Color de la piel.— Criaeo. — Gara 7 taooiones.— Tendenoias 
atávioaa. — Proceao de blanqueo. — Inteligenda.— Memoria. — Imt^ 
ginaoión. — Predominio del sistema nenrioao. — Desarrollo de las 
cualidades afectÍTaB.—£mooioiiales.—yehemente8.— Poetas, ora- 
dores 7 músicos. — Cimjaiioa 7 jorisperitoa. 

«Siempre hemos tenido el defecto 
de ezeffeimr nuertia llmtiaeiÓD, cre- 
yendo que los templos IndiTidoales 
de adelantamiento intelectual «tan he- 
chos fenerales.» 

BACHILLSa T MoaiXBi. 

Entre los caracteres ñsicos que hasta ahora han 
sido utilizados por los etnólogos de más fama, como 
jalones de su investigación, figuran, en primer tér- 
mino, la estatura y las proporcio'hes de los miem- 
bros con el cuerpo, el color de la piel, la forma del 
cráneo y finalmente el contorno de la cara ó sean 
las facciones, no sólo en su conjunto, sino también 
en todos y cada uno de sus detalles, como son, la 
frente, los pómulos, los ojos, la nariz, la boca, la 
barba y el pelo. 

Respecto á la estatura, y empleando para deter- 
minar así este detalle como los demás que han de 
ser objeto del análisis, el procedimiento sugerido 

188 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

por Quetelety puede, desde luego, declararse que el 
cubano es de estatura ligeramente inferior á la me- 
dia de las razas europeas, j que su talla fluctúa por 
los alrededores de los cinco pies cinco pulgadas. 

En la región oriental, y con especialidad en el 
Camagüey, el coeficiente de estatura resulta elevar- 
se algún tanto sobre el general de la Isla. El cu- 
bano de estas vastas y no muy pobladas comarcas, 
merced á circunstancias que han de ser explicadas 
en su punto y sazón, no desmerece ni en la estatu- 
ra ni en las bien concertadas proporciones de sus 
miembros, de los ejemplares más escogidos de la ra- 
za de que procede. Pero esta ganancia sobre el 
promedio general, se neutraliza y desaparece del to- 
do, á medida que se avanza hacia el Occidente, en 
donde radica el centro de densidad de la población, 
y cuyos habitantes, especialmente los de las ciuda- 
des, aunque guardando siempre las justas y propor- 
cionadas relaciones en tamaño de los miembros con 
el cuerpo, se encuentran en estatura muy por de- 
bajo de la línea media general. 

Suelen ser los cubanos de manos finas y bien for- 
madas, y de pies pequeños, recortados en su planta 
por un arco de cuerda pronunciado, que contribu- 
ye á dar á su empeine una curva graciosa y promi- 
nente. Y esta última cualidad viene á ser tan ca- 
racterística, que puede ser observada en todas las 
clases sociales, lo mismo en las superiores que en las 
inferiores, desde el linajudo descendiente de los hé- 

189 



CUBA T SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

roes de la conquista, hasta el humilde campesino 
para quien desaparece la memoria de sus ascendien- 
teSy desde la segunda generación. 

La regularidad de los miembros entre sí j la de 
todos ellos con el cuerpo, segán las ideas que sobre 
esta materia predominan en Antropología, es tam- 
bién una desús peculiaridades. Es raro encontrar 
en Cuba esos macrocéfalos que tanto abundan en la 
raza eslava, ni tampoco esos vientres voluminosos 
que honran á la germana, ó esas extremidades cor- 
tas, aunque recias, que son patrimonio corriente de 
las razas de montaña. Por el contrario, es el cu- 
bano enjuto de vientre y de carnes, no muy amplio 
de espaldas, cefiido de cintura, de torso bien deli- 
neado aunque no muy desenvuelto, y ni largo ni 
corto en sus extremidades. 

En cuanto al color de la piel, y tomando á cargo 
para su descuento, todo aquello que los agentes at- 
mosféricos, tan enérgicos en Cuba, han podido im- 
primir sobre ella, puede establecerse que el cubano 
es de color de oliva mate, de escaso bello, con muy 
ligera ó ninguna coloración sanguínea y bastante 
propenso á pecas y otras manchas. 

Existen ejemplares, y en las ciudades suelen ser 
numerosos, en los cuales el color de oliva se espesa 
y acentúa para dar lugar y convertirse, si no en el 
chocolate obscuro que Broca señaló para el indio 
mexicano, por lo menos en todas las otras degra- 
daciones de tonos del chocolate diluido, desde la 

190 



C?UBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

más subida á la más baja. Tales ejemplares, si en 
ellos concurren además algunos otros distintivos fí- 
sicos característicos de la raza negra, pueden esti- 
marse como el producto más ó menos lejano de su 
cruzamiento con la blanca, á la cual han trasmiti- 
do algunas partículas de su pigmento, que se ha re- 
sistido y rebelado á toda tentativa de disolución. 

Por lo demás, no es ocioso repetir que en un país 
como Cuba, situado en la zona tropical y despro- 
visto de montañas que alcancen el relieve necesario 
para modificar su clima, la energía de los agentes 
exteriores obrando sobre la piel, ha de determinar 
en ella alteraciones de tal intensidad, que su color 
debe ser elemento de muy poca valía para funda- 
mentar sobre él la limpieza de la sangre. 

Por la forma de su cráneo, y segdn los principios 
sentados por Retzius, es el cubano braquiocéfalo y 
su índióe cefálico no dista mucho del número 78, 
otorgado á las razas europeas por casi todos los 
craneologistas. En el departamento oriental, por 
los pueblos de Holguín, Jiguaní y algunos otros 
de menos importancia, suelen encontrarse indivi- 
duos dotados de un índice cefálico de mayores 
proporciones, acompañado casi siempre de cuencas 
orbitarias de gran radio; y este hecho no tiene otra 
explicación que las reminiscencias del lejano paren- 
tesco, que los individuos que los presentan tienen 
con los antiguos aborígenes. Más frecuente que 
la anterior y más generalizada es la reducción pre- 

191 



CUBA T SU EVOLUCIÓN COLONUL 

cÍ8amente del citado índice cefálico, la cual reduc- 
ción debe atribuirse á su vez á la influencia afri- 
cana, que por tanto tiempo ha pesado y pesará to- 
davía sobre Cuba. 

La cara cubana suele encerrarse, por lo general, 
dentro de las líneas de un óvalo, que tiene tenden- 
cias á degenerar en un círculo. La quijada árabe, 
que es tan corriente j tanto se destaca en el rostro 
de los andaluces, de quienes han extraído loe cu- 
banos una buena parte de su estirpe, parece en 
éstos haberse redondeado, hasta el punto de perder 
por completo su sello original y característico. Los 
ojos, generalmente negros, brillantes y rasgados, y 
sombreados por largas pestañas, que suelen prolon- 
garse más allá de la infancia, el arco zigomático de 
curva graciosa y suavemente redondeada, la frente 
regular, más bien estrecha que ancha, la nariz bien 
hecha aunque con frecuencia ligeramente arreman- 
gada, la boca de corte prolongado y de labios de 
algún relieve más del necesario, y la barba y ca- 
bello negros y no muy poblados; tales son los ca- 
racteres fisiognomónicos del cubano. 

Como signo diferencial de la raza á que debe en 
gran parte su origen, obsérvase también en ellos 
cierta discreta morbidez en las líneas externas de 
las formas, de mucho más relieve en el sexo feme- 
nino que en el masculino, y cierta pausa y abandono 
en los movimientos, peculiaridades ambas que, si 
bien son de procedencia española, han sido en tanta 

192 



CUBA T SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

extensión desenvueltas y con tal energía acentua- 
daSy que pueden constituir un buen elemento de di- 
ferencia entre los progenitores y sus descendientes- 

Esa morbidez se despliega sobre la piel en blan- 
das ondulaciones, destruye las asperezas de los án- 
guloSy da contorno finísimo á los miembros y sua- 
viza dulcemente las facciones, y á veces cuando es 
exagerada, contribuye á dar al rostro de sus &vo- 
recidos cierto parecido con el de un niño llorón 
de mercería. 

Y cuando el cubano se encuentra libre de toda 
excitación que pueda alterar su habitual ecuanimi- 
dad, el juego y movimiento de sus miembros, y 
sobre todo su aire en el andar, están caracterizados 
por ademanes tan reposados como muelles, y aun 
hasta cierto punto acompasados y cadenciosos. 
Más de una vez, sin más datos que estas peculiari- 
dades de su andar, hemos podido descubrir la pre- 
sencia de un cubano en medio de una multitud 
totalmente extranjera. Estas disposiciones, lo 
mismo que la morbidez, son siempre de más bulto 
y relieve en el sexo femenino que en el mascu- 
lino. 

Por lo que á sus cualidades mentales es atañe- 
dero, son los cubanos de rápida penetración y 
perspicaz inteligencia: aprenden con facilidad cuan- 
to les viene en gana aprender, y retienen lo apren- 
dido con la misma facilidad, por ser en ellos la 
memoria una de las facultades predominantes. 

193 



GUBA Y 8U BVOLUCION COLONIAL 

Pero BU inteligencia^ como resulta siempre con to- 
das las fuerzas, sin que las mentales tengan dere- 
cho á una excepción, lo que ha ganado en exten- 
sión lo ha perdido en intensidad. Y si fuera dable 
aplicar al caso un ejemplo sacado de la tecnología 
eléctrica, podría decirse que la inteligencia cubana 
acusa muchos volts, pero tiene en cambio muy po- 
cos amperes. 

Así el cubano es muy poco dado á generalizar y 
á profundizar, y suele limitar el campo de sus in- 
vestigaciones á meros accidentes de superficie, sin 
que sienta impulso, sino más bien repugnancia, á 
cavar hondo en el entendimiento para sacar á luz 
esos tesoros de las ciencias morales y físicas que 
son la gloría verdadera de este siglo. (^) Así son 
más dados al análisis que á la síntesis, porque ésta 
supone un cateo profundo y un dominio completo 
del campo recorrido y explorado, mientras que 
aquél procede siempre de lo general á lo particular, 



(1) «El onbano comprende fácilmente la materia qne estudia; 
pero ne se esfaerxa por pasar de la saperficie; nada le es más extraño 
que ese espirita qne atribuye Kant á los alemanes, y qne llamó espí- 
ritu de profundidad {Geini dar Oründiuhkeit). A donde no llega por 
la obserraoión, la experiencia ó la crítica, quiere llegar, ó cree llegar 
por la imaginación. Así se ve que escribimos de historia sin docu- 
mentos; de política sin estadística; de antropología sin haber cubicado 
jamás un cráneo, ni haber visto quizás un goniómetro. Mentalmen- 
te activo, inquieto, curioso, amigo de novedades, se conforma, sin 
embargo, el cubano, con una tintura de los conocimientos más gene- 
rales y á veces le basta con poder aparentar que tiene esa tintara, n 
(Enrique José Varona. Revista Cubana, Octubre 31 de 1888.) 

194 



CUBA T SU BVOLUdON OOLONUL 

Ó sea del género á la especie y de lo conocido á lo 
desconocido. 

De esta manera puede perfectamente explicarse, 
que Cuba sólo haya podido producir dos ó tres 
aprendices de filósofo, que se han limitado á im- 
portar y á expender la cosecha ajena, sin curarse 
de dar á la tierra la simiente de la propia. £n 
cuanto á matemáticos han sido todavía más escasos. 
Si algunos pasaron de la aritmética vulgar^son 
ignorados todavía los que pudieron llegar á la su- 
blime. En cambio han abundado siempre en ella 
cirujanos, que hubieran sido notables hasta en Pa- 
rís, y jurisperitos de tan consumada habilidad, que 
han podido sortear con fortuna los escollos de unas 
leyes notables por su culto decidido á las formali- 
dades del procedimiento, y de unos tribunales, que 
solían aplicarlas con una parcialidad más que 
notable. 

La memoria, la más modesta de las manifesta- 
ciones mentales, como que por modesta es compar- 
tida por el hombre con los demás animales, suele 
ser la cualidad eminente del cubano. Abundan 
en Cuba las memorias fáciles, cuanto escasean los 
entendimientos profundos. Y una buena parte 
de la responsabilidad por esta situación, debe po- 
nerse á cuenta y cargo de los anticuados métodos 
empleados en la primera, y aun en la segunda en- 
señanza de niños y de jóvenes. Todos esos méto- 
dos han tendido al desarrollo de la memoria, prin- 



CUBA T SU XVOLUCION COLONIAL 

cipiando por la más f ícil, que es la de loe sonidos, 
y hacen del nifio un verdadero papn^yo, dúctil 
para repetir lo que oye ó lo que lee, en tanto que 
su facultad de juzgar y comparar permanece inac- 
tiva y dormida, y expuesta, por ende, á morir bajo 
la guadaña de la atrofia. Y es que parece ser re- 
gla de la naturaleza, que las funciones de la vida 
mental, al igual que las de la vida física, se des- 
envuelvan dentro de un perfecto equilibrio. Cuan- 
do este equilibrio se quebranta, y por su cultivo 
exclusivo se establece la preponderancia de una 
facultad del espíritu, es siempre á expensas de las 
demás facultades compañeras, que pierden en po- 
der, cuanto su favorecida hermana ganó en aten- 
ciones y en cuidados. 

La imaginación, esa loca de la casa, según el 
filósofo griego, ha reinado siempre con imperio 
más ó menos absoluto sobre todos los pueblos me- 
ridionales, y el de Cuba, viviendo en plena zona 
tropical, muy lejos de sustraerse á su jurisdicción 
y pleitesía, ha resultado ser uno de sus más asiduos 
y satisfechos cortesanos. Y como todos los corte- 
sanos, ha sabido cotizar sus homenajes al precio de 
las más altas mercedes de la real munificencia. 

Así resulta que la poesía, la oratoria y la músi- 
ca, tengan en Cuba numerosos cultivadores espon- 
táneos; mas como el medio no era favorable á esti- 
mular la vocación, y á dar al gusto el ansia de la 
perfección, la obra artística muy pocas veces ha 

196 



CUBA Y 8Ü EVOLUCIÓN COLONIAI^ 

logrado salvar las formas vulgares en que encierra 
sus productos la industria al menudeo, para mode- 
larse dentro de las arquetí picas del arte. 

La poesía cubana no ha traspasado aún la fron- 
tera de la Lírica, primera manifestación que el 
sentimiento de lo bello ha arrancado siempre en 
todas partes á la conciencia de los pueblos. La 
Dramática no existe en Cuba todavía, pues tal 
nombre no ha de darse á algunos ensayos de más 
cuenta y valía por lo acometido que por lo realiza- 
do, ni mucho menos á ea malsana y nauseabunda 
literatura bufa, que es á la buena comedia, lo que 
el tosco cazo, destinado al arte culinario y modela- 
do por un alfarero más tosco todavía, es al esplén- 
dido y artístico Sevres, donde las flores y las fru- 
tas parecen vivir con sus naturales colores en una 
eterna primavera. 

La fantasía, para hacer su tránsito de la Lírica 
á la Dramática, necesita pasar de lo subjetivo á lo 
objetivo, y ese movimiento, que obedece á un acto 
de reflexión, no se verifica en la vida de los pue- 
blos hasta que éstos han alcanzado cierto grado de 
madurez en el espíritu y una cultura artística, que 
muchas veces, por haber llegado á la cúspide, suele 
hallarse muy próxima al descenso. 

Época ha habi«lo eii Cuba en que todos canta- 
ban y á todo se cantaba. Desde el sencillo ágape 
de la amistad hasta el banquete, que pretendía ser 
aristocrátioo, sin perder por eso su sello de expan- 

197 



CUBA T SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

8Íva confianza, propio de todas las sociedades colo- 
niales, no había acto alguno, ni público ni privado, 
que no recibiera, á guisa de obligado tributo, la 
ofrenda en verso, de sus concurrentes, precedida 
siempre por el tradicional. . . ¡ bomba ! como símbolo 
y señal de la explosión en perspectiva. El nata- 
licio, el cumpleaños, el matrimonio, el nacimiento 
de algún hijo y hasta su misma muerte, eran acon- 
tecimientos que estimulaban á diario la vena poé- 
tica, y sus efectos se traducían en sendas columnas 
de versos y otros excesos en los periódicos de ma- 
yor circulación, para cuya inserción el vate impro- 
visado no titubeó nunca en hacer el gasto nece- 
sario, por modesta que fuera su posición pecu- 
niaria. 

Casi todos los talentos de la tierra, aun aquellos 
cuya profesión habitual resultaba ser la menos á 
propósito para inspirar y dar aliento al culto de las 
Musas, han pagado á estas exigentes doncellas su 
tributo. Romay y Zambrana, médicos, hallaron 
modo y ocasión de rimar una oda entre un vejigato- 
rio y una cataplasma. Poey, naturalista, dio de lado 
el examen del Capromis Poeyi^ para enderezarle 
unas estrofas en bien ajustada silva á una Silvia, su 
adorada. Cortina, el orador, se restablece de las 
fatigas de una arenga, limando las rebeldías de una 
dolora. Martí, el agitador, busca y encuentra 
solaz á la aspereza de su labor revolucionaria, con 
la difícil facilidad de sus versos sencillos. Varó- 
los 



CUBA T SU EVOLUCIÓN COLONUL 

na, el filósofo, conserva humor, después de una di- 
sertación sobre Lógica y Pbicología, para descabe- 
zar un madrigal. 

Y la razón de todo esto es, que en Cuba se nace 
poeta, como en Milán se nace tenor, en Escocia me- 
cánico, en Sevilla torero, en París artista, en In- 
glaterra hombre de Estado, en Alemania filósofo y 
en los Estados Unidos millonario. Son produc- 
ciones espontáneas de un medio espléndidamente 
preparado para el caso con recursos variados, pero 
todos ellos concurrentes. Lo difícil en Cuba es 
resistir y dominar la tentación de la cítara y la lira, 
y llegar á la muerte sin haber intentado en la vida 
la obra de enfilar unos cuantos consonantes. 

Esta decidida afición á la divina Poesía ha deja- 
do tan estrecho el campo para la vil Prosa, que de 
sus géneros sólo algunos han sido cultivados, y aun 
en éstos, el cultivo se ha efectuado con tanta parsi- 
monia, que ni se distingue por lo extenso ni sobre- 
sale iK)r lo intenso. 

La Historia, esa rama de los conocimientos hu- 
manos, cuyas lecciones son la mejor pauta para so- 
lucionar con acierto los problemas de un pueblo, 
apenas ha sido ensayada; y la de Cuba yace ente- 
rrada, escondida y olvidada entre el polvo de los 
archivos españoles, clamando en vano, porque uno 
de sus hijos la digM, como Cristo á Lázaro: <c Leván- 
tate y anda ». La obra sobre ella que más se aproxi- 
ma al concepto moderno de la historia, ha sido es- 

199 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

críta por un español, y á pesar de la festinación, un 
tanto pecaminosa, con que corren al desenlace sus 
dos últimos volúmenes, sigue siendo, si no por su 
imparcialidad al menos por la riqueza de su docu- 
mentación, la única en su género. 

La Novela, sin duda por ser fruto exclusivo de la 
imaginación y hallarse más inmediata al zueco que 
el coturno, ha obtenido un punto más de atención 
que la Historia; pero los productos de esa atención 
tienen acentuado con tanto relieve los caracteres de 
insustancial frivolidad, de que adolece ese género 
literario, que son obras más para reir y llorar, que 
para pensar y meditar. 

La Crítica en cambio tiene numerosos y persis- 
tentes cultivadores, y ha visto crecer y multiplicar- 
se ese número con el desarrollo de la prensa perió- 
dica desde 1878 para acá. Por desgracia el bagage 
literario ó científico de los Aristarcos en uso, suele 
ser sobrado modesto, así en la cantidad, como en la 
calidad del contenido. Y con semejantes elemen- 
tos, la Crítica, muy lejos de dar cumplimiento á su 
natural función de guarda y policía de la Repú- 
blica de las Letras, ha venido á degenerar en un 
desahogo de las malas pasiones, útil tan sólo para 
revelar la malquerencia ó para dar consuelo á esa 
tristeza del mérito ajeno, que suele ser, según di- 
cen, la peste negra de aquella República. Hay de 
esos críticos, quien ha hecho de la gramática la dio- 
sa y señora de sus pensamientos, y que la conoce lo 

200 



CUBA T 8Ü EVOLUCIÓN COLOSAL 

mismo que D. Quijote conocía á su sin par Dulci- 
nea del Toboso. Estos tales, no pierden ocasión de 
reñir descomunal batalla y de amenazar al cielo y 
al abismo, con el liviano pretexto de un inocente y 
despreocupado solecismo. Otros hay, que se cons- 
tituyen y erigen en autoridad de algún arte 6 cien- 
cia, por el simple hecho de cultivarla con predilec- 
ción, y que no pueden dominar el impulso que los 
incita á descargar la palmeta del dómine al pri- 
mer invasor de la especialidad que se han atri- 
buido. No pocos olvidándose del ministerio docen- 
te de la crítica, la emprenden más con el autor, que 
con la obra, y puestos ya en esta vía y dirección, 
DO paran hasta recorrer toda la gama del vituperio, 
desde la chocarrería hasta la mordacidad. 

Esta afición á la crítica es tan dominante, que á 
ella se debe el que la prensa periódica siga asumien- 
do en Cuba todavía su viejo aspecto de anfiteatro 
para la polémica ó de ballesta para el dardo del sar- 
casmo. Ese arte del periódico moderno, que dentro 
de la escueta narración de un hecho, encuentra mo- 
do de deslizar el comentario é inyectar á hurtadi- 
llas la doctrina, cual una inocente sugestión, es 
totalmente ignorado ó desconocido; y si no fuera, 
porque la pasión, en un pueblo pasional, presta in- 
terés á la polémica, y la afición á la chacota, á la 
que apellidan choteo, hace reídos y festejados esas 
cuchufletas y dicharachos, que constituyen el coti- 
diano menú de la sección de actualidades ó notas 

201 



CUBA Y 8U EVOLUCIÓN COLONIAL 

del día, casi no habría en Cuba lectores para un 
periódico. 

Lo peor del caso es, que á veces la chanzoneta 
degenera en una desvergüenza, y que, entonces una 
sensibilidad antojadiza, lejos de condenarla y pro.'?- 
cribirla, se apodera de ella, para hacerla pasto deli- 
cioso de ese apetito por el escándalo, que es una 
verdadera aberración propia de las naturalezas en- 
fermizas. Un periódico de la Habana, en el cual 
se había reconcentrado ese espíritu diabólico de di- 
famación, y cuyos dicterios llegaron á la altura del 
Presidente del Supremo de Justicia y á la del Ge- 
neralísimo Máximo Gómez, vio agotarse sus tira- 
das, y algunos de hus números de la mafiana lle- 
garon á cotizarse á un peso en plata por la tarde. 

La Oratoria se distribuye, en comunidad con la 
Poesía, las aficioneé literarias de los cubanos; y aun- 
que en época no muy remota, la supremacía era de 
la última, es un hecho notorio que la primera, des- 
de que se han inaugurado las luchas de la política, 
viene á diario ensanchando su campo á espensas de 
la otra. Ya han desaparecido de los periódicos 
aquellas sendas columnas de versos, con las cuales 
unas imaginaciones tropicales daban alivio al or- 
gasmo de la rima. Pero el espacio v^icante ha sido 
prontamente ocupado por las oraciones de mil y un 
oradores, que salidos de todas partes con la misma 
espontaneidad de los hongos, abordan y tratan los 
asuntos públicos del país, con el mismo desenfreno 

202 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

y desenfado con que aquellos poetas trataron la 
Métrica y el buen gusto. 

Pero la Oratoria, á diferencia de la Poesía, que 
es obra exclusiva de la imaginación, exige y requie- 
re la coo})eración de otras facultades de la mente, 
que han andado hasta ahora bastante desatendidas 
y olvidadas. Con el auxilio de la imaginación pue- 
de llegarse á enternecer y á conmover; pero el se- 
creto de persuadir y convencer es propio y exclusi- 
vo de la inteligencia cultivada. 

Por esta razón aunque discretos y hábiles en la 
forense, en la que todo el interés se encierra en el 
punto obscuro de la ley que importa aclarar ó en 
el acus:ido que interesa absolver, en cuanto es pre- 
ciso generalizar, teorizar y sintetizar, cual resulta 
en la oratoria política, los mejores oradores, salvo 
una conocidísima excepción contemporánea, no pa- 
san de meros conferencistas, que llegan muchas ve- 
ces hasta el atentado de leer su conferencia, cuando 
el público á lo que ha venido es á oir una oración; 
y por lo que hace a la masa general, ampulosa, in- 
coherente y divHgadora, rendida al efectismo y á la 
amplificación, sin aliento para sustraerse á los lu- 
gares comunes, ora cargándose de afeites como co- 
queta envejecida y deslustrada, ora descendiendo á 
la desnudez y descoco de la desenvuelta y callejera 
demagogia, carece por cora pleto de toi las aquellas cua- 
lidades recomendables, que hn n ilustradosiempre á la 
tribuna política, desde Demóstenes hasta Gladstone. 

208 



CUBA r 8U EVOLUCIÓN COLOMUL 

Y lo que más sorprende en estí>8 oradores es la 
perfecta ecuanimidad con que abordan y atacan ma- 
terias, que por no haberlas estudiado les son com- 
pletamente desconocidas, y el imprudente desenfa- 
do con que se permiten afirmaciones de hecho, y 
citas de opiniones, cuya falta de autenticidad son 
ellos los primeros en conocer. 

Uno de esUts oradores, que por fortuna para él, 
pudo acreditar en la breve carrera de su vida otras 
cualidades superiores que oscurecieran estas faltas, 
decía al autor de este libro, en el seno de una amis- 
tad anudada desde la infancia, después de haber 
pronunciado una de esas arengas pt^regrinas: 

«Para hacer esto lo que se necesita es persuadir- 
se que el auditorio es más ignorante que uno.» 

Por lo que hace á la Música, raro es el cubano 
que no posea admirables disposiciones naturales 
para ella, y algunos por haber emprendido con celo 
é interés el cultivo de esas disposiciones en los me- 
jores centros europeos, han logrado ascender hasta 
la categoría de primates en instrumento tan difícil 
como el violín. 

No deja de ser el pueblo espafiol, cual conviene á 
su prosapia latina, un pueblo de propensiones mu- 
sicales; pero un deber de justicia obliga á declarar 
que en el cubano esas propensiones han recibido 
aumento de caudal por la influencia de la raza de 
color. Resulta ser esta raza, y en Cuba hay am- 
plio campo para comprobarlo, de grandes aficiones 

204 



CUBA T SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

á la música, y aunque en la infancia del arte toda- 
vía, no puede negarse que sus facultades naturaW 
y más que nada, eso que se llama vulgarmente oído 
musical, alcanza en ella la necesaria generalidad 
para que pueda ser consi Jetada como una cualidad 
específica. 

Y tal vez esta circunstancia pueda explicarse por 
el hecho de que, siendo la negra una raza que pa- 
rece condenaba á perpetua infancia, como es regla 
en esta edad de la vid», tribute apasionado y es- 
pontáneo culto á esta la más subjetiva y menos de- 
liberada de todas las bellas artes. Suelen los niños 
ser inclinados á hacer música, buena 6 mala: los 
viejos se contentan sólo con oiría cuando es buena. 

Pocos frutos, y aun éstos de no gran valor, ha 
recogido el ingenio cubano en el campo de las otras 
bellas artes. Ni la Pintura, ni la Escultura han lo- 
grado traspasar en ella los límites de un ensayo 
más 6 menos feliz. 

Y débese esto, no á falta de condiciones natura- 
les, sino á las del medio ambiente social, que no 
ha alcanzado todavía aquel grado de cultura y de 
riqueza que es necesario para que se desarrolle el 
gusto por aquellas dos bellas artes. 

Predomina en los cubanos el sistema nervioso^ 
viniendo á recibir así preponderante impulso sus 
cualidades afectivas. El temperamento corriente 
es el nervioso por supuesto, pero con marcadas ten- 
dencias á una idiosincrasia hepática impuesta por 

206 



CUBA T SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

el clima y por las enfermedades que más común- 
mente en Cuba se padecen y que hacen de aquel 
órgano su asiento principal. 

Así suelen ser emocionales y propensos á pasar 
de un salto, de la alegría m^s hilarante á la más 
destemplada ira, sin detenerse un punto en esa se- 
renidad, tan característica de la especie humana, y 
con la cual el antropomorfismo griego supo decorar 
las divinidades de su Olimpo. Es cosa frecuente 
en los teatros, cuando se desenlaza en la escena una 
de esas catástrofes teñida en sangre y empapada en 
lágrimas, y de las que tanto usó y hasta abusó el 
romanticismo, el ver á los espectadores, cualquiera 
que fuere su sexo ó categoría social, acompafiar, 
como el coro de la tragedia griega, al héroe de la 
pieza, con su execración ó con su llantas según se 
hubiere sobrescitado en ellos el terror ó la piedad. 

Unen á esta sensibilidad tan exquisita una vehe- 
mencia tal en la manifestación de sus sentimientos, 
que hasta en la plática más familiar el cubano tien- 
de á ponerse de pie si está sentado, y es tan rápida 
y violenta la mímica de brazos y facciones con que 
acompaña y adorna sus palabras, que en países ex- 
tranjeros, como no se les entiende, cuando hablan 
dos cubanos, al ver sus gestos destemplados, surge 
pronto la creencia de que riñen. Esta creencia pu- 
diera verse justificada algunas veces, si la simple 
plática se eleva á la altura de una discusión, y mu- 
cho más todavía si es político su tema. 

30e 



CUBA T SU SVOLUOION COLONIAL 

Esa prepouderancia de las cualidades afectivas 
ha influido también para que el cubano se haya 
formado una espc^cie de método ó criterio á su modo 
y semejanza, para resolver los problemns de la vida. 
Y este criterio, no está por cierto fundado en la 
razón sino en la sensibilidad. De ahí proviene que 
tenga más sensaciones que ideas y más imaginación 
que entendimiento, y de ahí resulta también que 
cuando dedica su atención á un asunto cualquiera, 
la noción de lo bello es la primera que hiere su 
mente: la de lo verdadero, la de lo conveniente y 
sobre todo la de lo útil, suelen quedarse á la zaga 
y en tal retraso, que cuando acuden, ya el pleito 
estará zanjado á favor de la primera y aun ejecu* 
toriada la sentencia. En cuantos juicios tenga que 
emitir se verá solicitado por modo imperioso y casi 
siempre irresistible, más por los afectos que por las 
razones, y las más de las veces el platillo de la ba- 
lanza se inclinará á favor de los primeros. Que el 
bandolero roba y hasta asesina; pero es un valien- 
te y distribuye con largueza entre los necesitados 
el producto de sus robos ó lo consagra á fines más 
altos todnvía. Que el general ha mancillado toda 
una década de gloria, con una vida de crápula y 
de vicios; pero fué un héroe ungido por el peligro 
y mutilado por las balas: merced á nuestras faltas, 
la República ha caído y con ella el Gobierno en 
manos extranjeras pero ¡por Dios I no arriéis esa 
bandera cuyo recuerdo tantos mártires llevaron 

207 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN CCHLONIAL 

al Otro mundo envueltos con su áltímo suspiro. 

Este es por su desgracia el modo de discurrir 
característico del cubano. Y al hacerlo de ese mo- 
do, lejos de apartarse de las tradiciones de su estir- 
pe, las sigue y continúa, y aun llega á acentuarlas 
con la cooperación de un clima ardiente y con el 
uso inmoderado de estimulantes como el café y el 
tabaco, elementos todos de adaptación, que unidos 
á los heredados, están produciendo en la Gran An- 
tilla una raza que es materia preparada y predis- 
puesta para que la neurastenia ensaye en ella to- 
das las formas de su vasto repertorio. 

La tan manoseada y traída superioridad de la 
raza anglo-sajona sobre la latina no estriba en mo- 
do alguno en que la última sea orgánicamente in- 
ferior á la primera. Ambas proceden de un tron- 
co común — la raza aria — y no existe entre ellas 
diferencia aparente ni en la £»rma y contextura, 
ni en el poder y energía de ninguno de sus órganos. 

Lo que sí es diferente entre ellas es la educación. 
Y como la educación crea á la larga una segunda 
naturaleza, es indudable que se está produciendo 
entre arabas razas un marcado movimiento de di- 
vergencia. 

Desde tiempo inmemorial la educación latina, 
que es hija legítima de la griega, aunque la roma- 
na aparece como su madre putativa, ha tendido y 
tiende á exaltar el sentimiento, ese atributo que 
nos es común con los seres inferiores, como regla 

208 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONUL 

de conducta y pauta de dirección para todos los ac- 
tos de la vida. En cambio la raza sajona, desde 
que Tácito sorprendió sus secretos tras los bosques 
de la Hercinia, viene inspirándose en un criterio 
enteramente opuesto ó diferente, y su educación 
propende á levantar y á enaltecer el predominio 
de la razón, la facultad peculiar de la especie hu- 
mana, sobre el sentimiento irreflexivo é incons- 
ciente. 

— a Soldados: desde lo alto de esas Pirámides, 
cuarenta siglos os contemplan.» «Marinos: Ingla- 
terra espera que cada uno de vosotros cumpla con 
su deber.» Estas dos frases, caídas de labios de 
héroes de una y otra raza, en ocasión memorable, 
explican el resultado de uno y otro sistema de edu- 
cación. El latino habla á la imaginación y crea 
artistas. El sajón habla á la conciencia y crea 
hombres. 



209 



CAPITULO VI 



VIRTUDES Y VICIOS 



Desinterendos. — Hospitolaríos. — Dadivosos hasta la prodigalidad. 
Pooa afición al oomeroio y al ahorro. — Sobriedad. — FrogalidAd. 
Decidida propensión al galanteo. ^Falaa estimación de la ma. 
jer. — Falta de inioiatira para hacerse una posición independiente' 
Vanidosos. — Ansencia de sinceridad. — Debilidad de carioter. 

« El que no tiene lucei no mbe ser 
libre, y el que no tiene Tirtod no es 
digno de lerlo.» 

FEAKcnco AaAiioo. 

Es el desinterés la nota sobresaliente de las cua- 
lidades afectivas del cubano. Y esta virtud del 
desinter^ tiene aplicación tan vasta á todas las fa- 
ses de la vida y ejerce fascinación tan efectiva, que 
los que la practican suelen disfrutar del privilegio 
de las circunstancias atenuantes y hasta de las exi- 
mentes, para una buena parte de sus deficiencias, 
aun en los más severos Aristarcos. 

Tal resulta en el cubano. Conducido muchas 
veces á la barra para responder á graves imputa- 
ciones de indolencia, ineptitud mercantil, falta del 
sentido del ahorro y á algunas otras de no tanta 
publicidad y significación, el desinterés, que ha 
ocupado el banco de la defensa, ha arrancado casi 

210 



CUBA T SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

siempre á los jurados un veredicto de inculpabili- 
dad. Y no sólo ha conseguido la absolución de 
cargos de una evidencia tan notoria, sino que ha 
llegado en ocasiones á obtener, que se declaren co- 
mo virtudes algunas otras de sus cualidades, que por 
su exageración habían dejado de ser virtudes, para 
convertirse en vicios verdaderos. Así resulta con 
la liberalidad, nobilísima disposición del ánimo 
que desbordada de su cauce racional, no merece 
otro nombre que el de profusión y con la llaneza 
que excedida se convierte en grosería. Y es que 
el desinterés produce á su alrededor un efecto de 
óptica tan feliz, pero al mismo tiempo tan falaz, 
que llegan á trocarse con su influjo hasta los mis- 
mos frenos de las leyes morales. El cui prodest de 
la investigación criminal, parece referir toda la 
delincuencia humana al estímulo del interés, y ra- 
ciocinando á sensu contrario^ puede en justicia de- 
ducirse, que donde no hay interés, por lo menos 
parece no haber culpabilidad. 

Y no es esta nota del desinterés, cual acontece 
en otros pueblos y regiones, privilegio exclusivo 
de las altas clases sociales, en quienes el patrimo- 
nio holgado y la hacienda cuantiosa alientan, pero 
al mismo tiempo empequeñecen, el mérito de la 
dádiva; practícanla en Cuba, así el rico como el 
pobre, y aun pudiera asegurarse, que en esta última 
categoría social es en la que se encuentran sus más 
constantes y fervientes cultivadores. Cuando el 

211 



CUBA T SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

pobre no tiene nada que dar, da entonces su tru- 
bajOy y es costumbre generalizada desde Maisí hasta 
San Antonio, el acudir sin retribución alguna con 
sus brazos y su instrumento de labranza, en auxi- 
lio del vecino atrasado en sus labores agrícolas en 
cualquier estado de la cosecha. 

Y tan fecunda es la influencia que esta virtud 
del desinterés ejerce por todas partes, que á su 
abrigo han germinado y con su calor han crecido 
otras virtudes no tan brillantes como ella, pero 
igualmente sólidas, y que son á manera de su coro- 
lario y complemento. Entre ellas debe guardar 
orden de preferencia la hospitalidad, virtud que 
todavía en Cuba se practica con esas formas de en- 
cantadora sencillez, con que los patriarcas de la 
Biblia solían agasajará los incógnitos embajadores 
de lo alto. Rara es en ella la casa para cuya elec- 
ción no se ha tenido en cuenta la hnbitación desti- 
nada al huésped desconocido, pero esperado; y más 
rara todavía la mesa en que no figure el cubierto 
del convidado imprevisto; y á tal extremo es co- 
rriente esta costumbre, que á ella se debe, sin duda 
alguna, el que hasta en pueblos de más que media- 
na importancia se dificulte el sostenimiento de una 
hospedería y aun el de una fonda, por ausencia ó 
escasez de parroquianos. 

La liberalidad es otra rama del desinterés que 
arraiga con facilidad y florece con lozanía en el 
sentimiento de los cubanos; y son por tal manera 

212 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

dadivosos, que es frecuente entre ellos, y con es- 
})ecialidad entre los que habitan en el campo, el 
que el simple hecho de celebrarles, á veces hasta 
por mera cortesía, el mérito de cualquier objeto 
que [)osean, baste y sobre para que la prenda cele- 
brada sea puesta, con extremos sinceros de alegría, 
en las manos del celebrante. 

Estas cualidades explican alguno^ de los lunares 
de su carácter, por ser regla que ofrece pocas ex- 
cepciones, que los hombres tengan siempre los de- 
fectos de sus buenas cualidades. Así suelen ser 
los cubanos algo inclinados al despilfarro y á la 
prodigalidad, y la sabiduría vulgar escribió para 
ellos ( on justicia ese adagio, que ha tenido en Cuba 
su carta de naturaleza: «Padre bodeguero, hijo 
caballero y nieto pordiosero.» Apenas han trans- 
currido dos generaciones desde que la desvincula- 
ción abolió los mayorazgos, y ya la mayoría de los 
actuales herederos de aquellos títulos de Castilla, 
sumidos en plena pobreza, han entrado de nuevo 
en las filas del montón, de donde los sacara un as- 
cendiente afortunado. 

Y si á alguien se le atragantase esta verdad, que 
convierta la vista en torno suyo, y de seguro en- 
contrará, que en Cuba, la hacienda que se acrecien- 
ta, ó por lo menos se conserva, es, por lo general, 
la de aquellos que los americanos llaman selfraade 
man, 6 sean personas que son ellas mismas autoras 
de su fortuna, y en cambio, las que menguan hasta 

213 



CUBA T 8U EVOLUCIÓN COLONIAL 

desaparecer, son aquellas otras que se hallan re- 
presentadas por el patrimonio que el ahorro y la 
laboriosidad suelen legar, casi siempre en los tró- 
picos, á la incapacidad y á la indolencia. 

Así se explica también la poca ó ninguna afición 
que los cubanos han demostrado siempre por las 
granjerias mercantiles, y en especialidad por las 
que constituyen el pequefio comercio, 6 sea el co- 
mercio al detalle y menudeo, en el cual todo el 
lucro de una transacción muchas veces no excede 
del límite de un centavo. ¿Qué estímulo puede 
tener un centavo para quien está dispuesto á todas 
horas del día á arrojar un peso por la ventana? 

En las gradas más altas del comercio, en donde 
cierta cultura y habilidad son requeridas, como re- 
sulta con los banqueros y comisionistas importado- 
res y exportadores, suelen encontrarse algunos 
cubanos; pero no hay que olvidar que en tráficos 
de este linaje, el provecho de un negocio próspero 
suele medirse en sumas de importancia respetable, 
y que la especulación á que se prestan, por sus 
riesgos y azares, es además aliciente poderoso para 
que lo ejerzan los que tienen ya propensión natu- 
ral á lo aleatorio. 

A las mismas causas débese también el que el 
ahorro, ese compañero inseparable del trabajo, y á 
cuya coexistencia se debe en todas partes el capital, 
haya echado tan pocas raíces entre ellos. ¿Cómo 
le ha de ser posible ahorrar á aquel que ha dejado 

214 



CUBA T 8Ü EVOLUCIÓN COLONÍAL 

crecer eus necesidades al punto de que éstas sean 
siempre superiores á sus medios habituales de sa- 
tisfacerlas? El obrero típico de Cuba, el único 
casi que en ella existe, que es el tabaquero, carece 
en absoluto de toda noción del ahorro, y desde el 
zapato hasta el sombrero, gasta al mes en su indu- 
mentaria una suma igual á la que un obrero de su 
mismo jornal consume en los Estados Unidos du- 
rante el año. La regla general del cubano es gas- 
tar siempre algo más del sueldo ó de la renta. Y 
con este procedimiento, no sólo no hay ahorro po- 
sible, sino que hasta el mismo capital está senten- 
ciado á una muerte, no por lenta, menos cierta. 
«Vivir al día J»: este es el sistema practicado por 
una buena parte de la sociedad cubana, y general- 
mente los partidarios de este sistema de vida pre- 
dominan en las clases privilegiadas por el naci- 
miento ó la cultura. 

Finalmente, el mismo origen ha do tener esa 
falta de iniciativa industrial y de espíritu de em- 
presa que caracteriza á la mayor parte de los cu- 
banos, y que no debe confundirse con la llamada 
indolencia tropical, porque aquellas deficiencias 
suelen encontrarse en individuos cuya laboriosidad 
está fuera de toda discusión, pero que, aun siendo 
laboriosos, son al mismo tiempo refractarios á cual- 
quier otro trabajo ú ocupación, que no sea el que 
les ha asignado la consigna ó la rutina. Ensanchar 
el horizonte en que se ha nacido y vivido, abrir 

216 



Cuba t sü evolución colonul 

nuevas vías á la actividad, y asociar con confianza 
y sin recelos la iniciativa propia con la ajena para 
fines industriales, que no de otro modo pueden ser 
realizados, es y ha sido siempre materia refractaria 
para la inmensa mayoría de los naturales de la 
Isla. En cambio, pisar siempre por el camino 
trillado, darse por satisfecho, con lo que otros han 
ganado, si de ello se puede disfrutar, rehuir de 
toda asociación y fiar en demasía el éxito ó el fra- 
caso de sus empresas á las contingencias de la 
suerte, tal parece ser su característica. 

Distingue á los cubanos una sobriedad que es sor- 
prendente y una ecuanimidad tan bien cimentada, 
que les hace sobrellevar con ánimo innlterable los 
más bruscos cambios de foituna. Estas cualidades, 
que de antiguo han venido informando su carácter, 
lograron reproducirlo con tonos tan brillantes, y 
encerrarlo en marco tan luminoso durante las gue- 
rras de independencia, que la corrieute de universal 
simpatía, que durante ellas alentó á sus mantene- 
dores, tuvieron su más principal origen en la admi- 
ración que llegó á imponer un pueblo, que aceptaba 
con decisión penalidades increíbles y mantenía su 
resolución en medio de contrariedades, que hubie- 
ran hecho retroceder los pechos más arrestados. 

Moderados en los placeres de la mesa, poco ó 
nada dados, no ya al abuso, mas ni siquiera al uso 
de las bebidas alcohólicas, tan propio y corriente 
de los países que no producen vino, y de una fru- 

216 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLOKUL 

galidad extremada en sus clases menos acomoda - 
das, con estas virtudes por escudo, el pueblo de 
Cuba pudo demostrar con su porfinda resistencia 
contra las enormes masas aglomeradas por España, 
que si la ley del número parecía garantizar á ésta 
la victoria, en cambio la maravillosa adaptación de 
sus hijos á la abstinencia j á las duras fatigas de 
una campaña sin soldada, y hasta sin vituallas de 
boca ni de guerra, bastaban para poner en duda 
muchas veces aquel triunfo. 

Esa frugalidad llega á tomar en los campesinos 
proporciones verdaderamente extraordinarias. Ra- 
ra es en el campo la casa en que á diario se come 
carne ó pan. £1 indispensable arroz hervido con 
sal, reemplazado á veces por la harina de maíz, las 
viandas propias de la estación, alguna leche y mu- 
cho café 6 lo que con este nombre venden las tien- 
das en el campo, á todas horas y más ó menos di- 
luido: he aquí el cotidiano menú del campesino. 

£1 le basta y le sobra para realizar trabajos y 
resistir fatigas ante las cuales flaquean y se que- 
brantan esas musculosas organizaciones de los cli- 
mas templados, nutridas con mucha carne y vivifi- 
cadas por mucha sangre. 

A título de herencia y de la bien ganada fama 
de sus progenitores los españoles y de los estímu- 
los de un temperamento exquisitamente nervioso, 
de un clima enervante y de una naturaleza que se 
reproduce durante todo el año, ha recibido el cuba- 

217 



CUBA r 8ü levoLUcíoK coumtAL 

baño una de sus más características cualidades» que 
es su temprana y decidida propensión al galanteo. 

Precoces en la pubertad física, la libertad de 
costumbres, la falta de respeto á las conveniencias 
sociales y la poca ó ninguna educación religiosa en 
los primeros afios de su vida, los hacen todavía más 
precoces en la pubertad moral, pudiendo asegurar- 
se, desde luego, que en una buena parte de ellos se 
realiza la previsión de los Cánones: malitia suplet 
etatem. 

Esta temprana incitación sexual determina con- 
secuencias de suma importancia, tanto en el indi- 
viduo como en la sociedad. Una de ellas, y no la 
de menos dafio y peijuicio, es esa propensión que 
lleva á los cubanos á casarse demasiado jóvenes y en 
una edad en la cual, ni su desarrollo físico ó men- 
tal ni mucho menos el moral, han llegado á comple- 
tarse, y en la que hasta sus medios de subsistencia 
carecen de la amplitud y de la estabilidad que re- 
claman las atenciones del nuevo hogar y de la pro- 
genie en perspectiva. Casarse é irse á vivir á casa 
de los padres es bastante frecuente. Aunque ge- 
neralmente se las cubre con el convencionalismo 
del afecto paternal, la razón verdadera de estas co- 
habitaciones, tan contrarias al fomento de la ini- 
ciativa y de la autonomía individual y tan propen- 
sas á desarrollar la indolencia y a menguar el ca- 
rácter, es el ciego y temerario empefio de echarse 
al hombro la carga de la subsistencia ajeoa, oiian* 

218 



CUBA Y fiU EVOLUCIÓN COLONIAL 

do todavía no se ha llegado á asegurar la propia. 

A la formación de estas familias no ha podido 
concurrir el estímulo más noble de todos aquellos 
que santifican la unión de los sexos en el matrimo- 
nio, que es el de reproducirse en hijos que perpe- 
túen la sangre y el nombre. Tales nupcias no han 
podido inspirarse más que en apetitos animalmen- 
te genésicos, que sólo aspiran á tener á domicilio, 
á todas horas, j por derecho propio, su más com- 
pleta satisfacción. 

Otro de esos defectos j de más daño todavía, es el 
poco ó ningún respeto que por lo regular se guar- 
da en Cuba á la mujer. Por más que en sociedad 
todo el mundo se apresure á extremar con ellas la 
galantería, habituados en su fuero interno á no 
mirarla más que como á la hembra, la primera idea 
que suele ocurrir á la mente de un cubano en pre- 
sencia de una mujer, y con más razón si es hermo- 
sa, es la de adivinar, presumir y delinear todas y 
cada una de sus más recónditas perfecciones. Para 
el cubano con la mujer no se puede escribir más 
que un solo poema: el del amor; y aun este amor, 
muy distante del que inspiró al Petrarca y al Dan- 
te, es ese amor que ha puesto en boga la literatura 
francesa contemporánea y que en el contacto de la 
carne encuentra el mayor, bi no el único, de sus 
placeres. 

Difícilmente logra una señora colocarse al alcan- 
ce de la vista de un cubano sin que éste inmediata- 

tie 



CUBA T 6U ftVOLÜCION OOLOKIAL 

mente fije y clave eo ella ojos tan escrutadoreB co- 
' mo impertinentes j hasta procaces, j mucho es si 
al cruzarse con ella, no la dirige uno de e:40S piro- 
pos, de que son tan pródigos los andaluces, y que 
las más de las veces, á vueltas de la loa, contienen 
en el fondo un verdadero insulto. ¿ A qué otra 
causa sino á ésta se debe el que en Cuba las jóve- 
nes solteras no puedan salir á la calle sin escolta 
y aun estimen necesaria las casadas la de sus pro- 
pios maridos? 

A pesar de las condiciones desfavorables en que 
muchas veces realiza su matrimonio, el cubano acep- 
ta con su habitual ecuanimidad la primera de sus 
naturales consecuencias, que es una sucesión tan 
temprana como numerosa; consagra á su progenie 
un carifio, que casi siempre suele ser excesivo, y que 
le inclina á criar á sus hijos con un regalo superior 
á sus recursos, y á malcriarlos con una indulgen- 
cia y un mimo que es difícil que hayan sido ó pue- 
dan ser superados en pueblo alguno. Y en respe- 
to á los fueros de la justicia, debe dejarse sentado, 
que en lo del mimo y el regalo los padres peninsu- 
lares suelen exceder á los mismos cubanos, no sien- 
do, pues, extraño, que éstos críen á sus hijos dentro 
de las mismas líneas en que ellos fueron criados. 

En los países europeos y en la parte Norte del 
vecino continente, los padres inculcan al hijo, ya 
de palabra, ya de obra, que la hacienda que ha de 
disfrutar y el único patrimonio á que tiene derecho, 

220 



) 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

es aquel que él mismo se constituya j labre con sus 
propios j personales esfuerzos. Consecuente con 
esta predicación, apenas terminados unos estudios 
profesionales, que suelen ser breves, el hijo es ma- 
terialmente empujado, por decirlo así, al self sup- 
porting^ j raro es el que á renglón seguido no lo 
alcanza j asegura. Los padres cubanos estiman por 
desamor esta juiciosa conducta, que tiende k crear 
y crea con rapidez hombres útiles á ellos mismos 
y á la sociedad en cuyo seno residen; y procedien- 
do en un orden inverso, por exceso de paternidad, 
proveen las más de las veces con una profusión su- 
perior á sus fuerzas, á todas las necesidades del hi- 
jo adolescente, aun á aquellas más irracionales y 
desmedidas, y le acostumbran desde esta temprana 
edad á depender para su sostenimiento y hasta pa- 
ra sus caprichos, del bolsillo ajeno, cegando así en 
flor la fuente de todos los progresos humanos, que 
es el acicate de la necesidad y la noble emulación 
de bastarse á sí mismo y valerse por sus propios y 
personales méritos. 

Pero esta materia de la crianza y educación de 
los hijos es de suyo tan importante y se conduce en 
Cuba por caminos tan desviados y torcidos, que su 
estudio merece capítulo aparte, y lo ha de encon- 
trar cuando se analicen las influencias particulares, 
que han determinado la fisonomía de la actual so- 
ciedad cubana. 

Encuentra la vanidad su campo más abonado en-* 

221 



CUBA T 8U EVOLUCIÓN COLONIAL 

tre las mujeres y los niños y en general entre todos 
los seres débiles, ligeros y frivolos, á quienes sedu- 
ce más la forma que la substancia. A virtud de 
estas condiciones favorables, la vanidad ha arraiga- 
do profundamente en el cubano, dando lugar á un 
tronco robusto, que se bifurca en ramas numerosas, 
que crecen con la misma lozanía. Así, la vanidad 
los hace presuntuosos, presumidos é hiperbólicos, y 
les da tal ansia y afán de exhibirse, que aun per- 
sonas que por su edad y estado, tienen obligación 
de ser circunspectas, no titubean en ir casi á sabien- 
das al ridículo, á trueque de darse aires de impor- 
tancia y de valer. La vanidad hace con muchísi- 
ma frecuencia hablar al cubano de lo que no ha 
estudiado ni entiende y emitir opinión propia, y aun 
combatir la ajena, en materias que le son comple- 
tamente desconocida;^; todo ello con el mayor aplo- 
mo y desenfado. 

Y á tal punto ha llegado en ellos la vanidad á 
extender rama y raíces, que casi no ha dejado 
lugar para otra planta, y reina y gobierna en los 
ánimos (íubanos, cual dueña y soberana de sus pen- 
samientos y de sus actos, infiltrándolos y orientán- 
dolos, casi siempre sin darse cuenta de ello sus 
vasallos mismos. 

Muchos que afrontaron con arresto los azares de 
las guerras revolucionarias, á pesquisarse y anali- 
zai-se los móviles 6 impulsos que los determinaron, 
resultarían más vanidosos que patriotas. Otros 

222 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

que se lanzaron al campo para defender la sinceri- 
dad electoral y la Constitución, á juzgar por el 
aplomo con que ellos mismos se invistieron de ge- 
nerales y por la fruición con que se vistieron y pa- 
searon los más abigarrados uniformes, pudiera creer- 
se que eran también más vanidosos que patriotas. 
Si se tamiza, se filtra y se evapora la filantropía de 
los bomberos de la Habana, al exponer su vida sin 
soldada, el residuo será la camiseta roja, la parada 
y la vanagloria de las aclamaciones populares. 

A veces esa vanidad para manifestarse toma for- 
mas especiales. Por la frecuencia de su uso es 
muy probable que se halle estereotipado en cada 
periódico un suelto concebido en estos términos: 
«(Ayer en el Colegio tal sufrió examen de las asig- 
naturas tales y tales el nifio FulanitOy hijo de nues- 
tro disstinguido amigo D. Mengano. Después de 
unos ejercicios que dejaron maravillado al Tribu- 
nal, el talentoso niño recibió la calificación de So- 
bresaliente nemine discrepante. Nuestra enhora- 
buena á los felices padres de esa futura gloria de 
Cuba.» 

La cosecha de la vanidad resulta ser tan abun- 
dante, que se han creado periódicos con el delibe- 
rado propósito de explotarla, con virtiéndola en 
suscripciones. El modus operandi es muy senci- 
llo. Redúcese á poner al alcance de oscuras me- 
dianías y rematadas nulidades la exhibición y 
exaltación que produce la letra de molde compli- 

223 



CUBA Y 8U EVOLUCIÓN COLONLVL 

cada con la publicidad, pergeñada con el retrato y 
coronada por la nota biográfica. Para comprar 
esa vil y frauduleita ambrosía no reparan en pre- 
cio los espíritus pequeños. 

En literatura es casi siempre la vanidad quien 
pone al alcance de su mano la pluma de la crítica. 
El mérito ajeno ofende el propio, y hay que reba- 
jarlo á toda costa, para que de esta manera resulte 
el nuestro más enaltecido y agrandado. La epi- 
demia es tan general que llegan á padecer de ella 
hasta los mejores talentos de la tierra. El ilustre 
Saco se olvida con frecuencia, que escribe una His- 
toria de la Esclavitud, y á cada página intercala, 
en el texto mismo, lecciones y correcciones más 
propias del dómine que del historiador. 

La vanidad es también quien ha proporcionado 
la semilla para esa cosecha de eruditos, que son una 
verdadera plaga en el campo de las letras cubanas. 
No para darle autoridad al argumento, que esta 
presunción no cabe en quienes por costumbre dan 
poco respeto á toda clase de autoridad, sino para 
ostentar erudición y echárselas de sabio, se empie- 
dran con tal lujo de citas Tas páginas de un libro, 
cual ai hubieran salido de la pluma del mismísimo 
Fr. Gerundio de Campazas. 

El culto de esa diosa vanidad ha conducido a 
un catedrático de esta Universidad á calarse en el 
birrete nada menos que cinco borlas de Doctor, y á 
decorar la cubierta de un su opúsculo— modesta em- 

224 



CUBA T 8X7 EVOLUCIÓN COLONIAL 

presa de poco más de veinte páginas — con todos 
estos títulos j honores. 

Por 

Dr. en Medicina y Cirugía, Dr. en Derecho Civil 
y Canónico, Dr. en Ciencias, Dr. en Filosofía y 
Xietras, Catedrático en propiedad de la Universidad 
de la Habana, Socio de número de su Academia de 
Ciencias, Miembro corresponsal de <&, <&, &, &. 

OBRAS PUBLICADAS BK PEBNSA EN PBBPABACIÓN 



Cuando la vanidad se enseñorea de un pueblo, 
lo primero que hace es generar en ese pueblo 
una atmósfera de una refracción tan especial, 
que los hombres, las cosas y los acontecimientos 
resultan dentro de ella estirados, henchidos y mag- 
nificados fuera de toda humana proporción. La 
línea divisoria que la circunspección trazó siempre 
entre lo ridículo y lo sublime se oscurece, se borra 
y se evapora; y perdida toda noción de la propor- 
cionalidad, se llama Cuerpo de ejército á un abiga- 
rrado tropel de gente desarrapada y mal armada* 
General á un desesperado presuntuoso y sin escrú- 
pulos, hombre de Estado á un abogadillo zurcidor 
de memoriales y práctico en iacuachaSf guerra á 
una algarada, batalla á una simple escaramuza sin 



CUBA T SU EVOLUCIÓN C<HX>KIAL 

más consecuencias que uo muerto y dos heridot», 
héroes á los que asistieron á esa escaramuza, y car- 
gas al machete, de tres horas nada menos, á meros 
amagos que sólo han producido una baja, y aun 
ésta de fusil. 

Para vivir en un país de tal manera organizado, 
libre del riesgo de sentirse chasqueado á cada paso 
por el medio ambiente, respecto á las verdaderas 
proporciones de los hombres, de las cosas y de los 
acontecimientos, el buen sentido aconseja el contem- 
plarlos por unos gemelos de teatro vueltos al revés. 

Es también en ellos la vanidad la principal ins- 
tigadora de la ambición de poder y su más efecti- 
vo acicate. El poder y el mando se aman en Cu- 
ba, y es probable que continúen amándose, no por 
ejercer la tiranía y la dominación, ni tal vez por 
hacer granjeria y fortuna propia de la fortuna pú- 
blica, sino por la casaca galoneada, las borlas en el 
bastón, las medallas, las cintas y las cruces y tan- 
tos otros atributos y zarandajas, con que los pueblos 
latinos y meridionales y especialmente los cruzados 
ó influidos por la raza negra, han rodeado á los re- 
presentantes del poder público. 

Otra de las cualidades características de los se- 
res débiles es la falta de sinceridad, que los hace 
cultivar la mentira con una facilidad que resulta 
prodigiosa. Su carácter ligero, poco dado á la fir- 
meza, sus aficiones decididas á la burla y á la sáti- 
ra y su trato y comercio durante siglos con la es- 

226 



CUBA T Sü EVOLUCIÓN COLONIAL 

clavitud, de cuyo seno extraía desde el ama de cría 
y la niñera basta el habitual compafiero de sus jue- 
gos infantiles, han familiarizado al cubano con la 
mentira á tal extremo, que algunos llegan á men- 
tir hasta sin d^rse cuenta de ello, sin malicia y co- 
mo por hábito y costumbre, y otros porque no dan 
importancia alguna á la verdad, y como el tirano 
Licurgo, entienden que tiene tanto valor como la 
mentira. Los hay también que mienten hasta por 
plncer y lo encuentran muy grande en la creduli- 
dad con que su interlocutor acepta la patraña ó en 
la sorpresa con que la rechaza. 

Una buena parte de ellos lo son por vanidad. 
Hay que sorprender y capturar la aprobación, y á 
ser posible hasta la admiración de los demás, y es- 
te riquísimo manjar de los espíritus pequeños, si no 
se posee la legítima moneda del verdadero mérito 
con que adquirirlo, se le compra con la moneda 
falsa de la mentira. 

Y la falta de sinceridad ha trascendido á todas 
las esferas de la vida, incluso la política. En ella 
rara vez el cubano dice lo que siente y lo que pien- 
sa; y cuando no expresa lo contrario por puro amor 
á la contradicción, á que son en general muy afi- 
cionados, lo hace por ocultar su pensamiento y di- 
simular mejor sus intentos y aspiraciones. No 
debe darse al olvido que la sociedad cubana ha 
vivido durante el último siglo en sospecha cons- 
tante de infidencia y rebelión, y rodeada de una 

897 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLOSUL, 

atmósfera de recelo y desconfianza levantada en su 
rededor por los gobernantes de la Metrópoli y 
por sus mantenedores los españoles peninsulares. 
La más ligera alusión, aunque se velara con la 
parábola ó el símil, á la torpe explotación colonial 
ejercida por Espafia, era severa y sumariamente 
castigada. Los conspiradores tenían que comprar 
su seguridad al precio del mas refinado disimulo, y 
cubanos de reconocido talento llegaron á entender 
que su carácter y su dignidad personal no se man- 
cillaban por sentarse diariamente en el más alto 
Tribunal de Justicia de la Colonia, bajo el dosel de 
las armas de Rspafia, para ejercer á nombre de su 
Rey, las funciones de la magistratura al lado de 
magistrados peninsulares, mientras que por entre 
sus dedos corrían y circulaban los hilos de la cons- 
piración separatista. 

Un analista contemporáneo, el Sr. Fidel Fierra, 
traza con tanta claridad como elocuencia, esos ras- 
gos peculiares del cubano en los párrafos siguien- 
tes: 

« De carácter más general es el miedo, casi uni- 
versal, á la verdad en todo lo que no halague á 
nuestros sentimientos, á nuestras preocupaciones ó 
á nuestros caprichos. Lo que no cuadre al con- 
cepto exagerado que de nosotros mismos nos he- 
mos formado ó no confirme la opinión que tene- 
mos de determinados individuos, es por necesidad 
falso y quien lo diga un majadero, un necio ó 

228 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

algo mucho peor. Tenemos invencible repug*^ 
nancia á vernos tales como somos. Magnificamos 
cuanto tienda á hacernos aparecer grandes^ y 
cerramos los ojos para no ver y negamos con en- 
fado lo que nos reduce á nuestras naturales pro- 
porciones. No nos satisface ser hombres como 
los otros hombres; queremos que se nos tenga 
como superiores á los demás. Nuestros errores 
no son errores, porque nosotros nunca incurrimos 
en ellos. Criticar los que cometan nuestros hom- 
bres públicos es antipatriótico, porque se les des- 
prestigia, como si el desprestigio estuviera en la 
censura y no en el acto. Nuestros funcionarios 
son infalibles porque á nosotros se nos antoja de- 
clararlos tales, y cuidado quien lo niegue, porque 
en el acto se sentirá herido por el rayo de la ex- 
comunión. En una palabra, en los asuntos públi- 
cos la acletofobia, el horror á la verdad que no 
nos halaga, nos domina. 

«r Por muchas y muy grandes que sean nuestras 
virtudes, nos faltan algunas muy principales. 
Tenemos las que en general tienen los pueblos 
que han vivido en las condiciones que nosotros. 
Nos faltan las que da el ejercicio del derecho y la 
práctica de la libertad. En política nos falta la 
sinceridad y nos sobra la doblez. Queremos 
triunfar por la astucia y no por la razón. Somos 
intolerantes, y á la vez débiles. Resistimos al 
razonamiento y nos rendimos ¿ la lisonja y al 

229 . 



CUBA T 8U EVOLUCIÓN COLONIAL 

halago. Nos es más fácil ser condescendientes 
que ser justos. La suspicacia nos hace separar- 
nos de aquellos en quienes debiéramos confiar y 
la vanidad nos lleva á los brazos de los que de- 
biéramos rechazar. Inexpertos en política, en 
cada opositor creemos ver un enemigo, en vez de 
no ver más que á un conciudadano que piensa de 
distinto modo. Dominados por esa mórbida sus- 
ceptibilidad, que sólo las luchas de la vida públi- 
ca depuran y amortiguan, la más inocente obser- 
vación con frecuencia se nos figura una ofensa, y 
apelamos al honor, cuando debíamos apelar al 
sentido común.»... 

Lo que los frenólogos llaman el órgano de la ve- 
neración parece alcanzar muy poco desarrollo en 
el cubano. El sentimiento religioso que á dicho 
órgano está circunscrito, da en ellos señales de vi- 
da tan leves, cual si se tratara de un moribundo 
en plena agonía. La sed de riquezas como única 
finalidad de la vida, la trata y la esclavitud, la pre- 
terición y postergación de los elementos permanen- 
tes de la tierra, en beneficio de aventureros penin- 
sulares, sin más estímulo que el lucro á toda costa 
y á cualquier precio, y sobre todo la ignorancia y 
la inmoralidad del clero católico de la Isla, desde 
el Arzobispo hasta el último párroco rural, llega- 
ron á producir un medio tan poco propicio á la 
conservación y florecimiento de la fe religiosa, que 
hasta los mismos españoles peninsulares, criados 

230 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

dentro de las prácticas del culto más ferviente, al 
de-embarcar en Cuba, abdicaban por regla general 
las creencias y principios de su aldea, como si fue- 
ran una carga inútil y pesada, ó como si en aquel 
páramo ' erigido por la incredulidad, en medio de 
todas las miserias del mundo moral, no hubiera 
atmósfera para Dios. 

Así el cubano ha resultado, si no ateo, por lo 
menos excéptico é indiferente en materias religio- 
sas. Pero el excepticismo, como planta maldita, una 
vez echadas sus primeras raíces en la conciencia, 
las va extendiendo con lento y seguro proceso por 
todas las manifestaciones de la vida humana. Al 
cadáver de la fe en la conciencia se unen bien 
pronto otros muchos cadáveres, que llegan á con- 
vertir el alma en un ver<ladero panteón de inicia- 
tivas muertas para todos los problemas morales de 
la existencia. Tras el excepticismo religioso vienen, 
como secuela necesaria, la falta de respeto á las 
conveniencias sociales, las capitulaciones acomoda- 
ticias con la conciencia, la ausencia del valor moral 
y por consiguiente la anulación de los caracteres, 
el poco ó ningún respeto á los demíís, y cierta ten- 
dencia de las naturalezas decadentes á no tomar la 
vida en serio y á contemplarlo todo por su aspecto 
más risible, cual si el fin único de la vida humana 
se sintetizara en una grotesca carcajada, y nuestra 
mejor ocupación fuera burlarnos de todos y con 
todos. Sabido es que los grandes excépticos han 

231 



CUBA T SU EVOLUaON COLONIAL 

8Ído siempre los Horneros de la burla* Testigos: 
Luciano» Boccacio, Rabelais y Voltaire. 

Y todas estas derivaciones del excepticismo, se 
manifiestan en mayor ó menor grado en el carácter 
de los cubanos. 

En cierto grado de civilización y de cultura so- 
cial suelen los hombres, por respeto á los demás, 
disimular y ocultar las miserias de la vida, de la 
misma manera que en el cuerpo humano se cubren 
con el vestido las miserias de la carne, y se confinan 
á sitios reservados y recónditos ciertos lugares de 
uso tan necesario como inexcusable. No suele 
rendir el cubano extremo culto á estas obligaciones 
sociales, de que es tan escrupulosa observadora la 
raza anglo-sajona. Sus debilidades, que no son 
pocas, las más de las veces, tienen por teatro la 
plaza pública y los hay, que sin duda por mórbida 
aberración, se sienten solicitados a exponer sus 
propias flaquezas y debilidades, cual si en la ex- 
posición estuviera su mayor goce. 

La impresionabilidad conocida de los tempera- 
mentos tropicales, ha hecho que en fuerza de ser 
rápidas y extensas, sean de muy poca profundidad 
y duración las impresüiones del cubano. El rencor, 
el odio, el deseo de venganza, la avaricia y aun la 
ambición, y todas las demás pasiones que hacen 
germinar los grandes crímenes, sólo alcanzan en 
ellos un dominio tan fugaz y de tan pocas conse- 
cuencias, que son raros los delitos pasionales y no 

232 



OÜBA Y SU EVOLUCIÓN COLONUL 

86 registra que alguna vez los odios de la política 
hayan puesto en manos de la venganza el puñal de 
Carlota Corday ó la cuchilla de Damiens. Así 
Tacón, Concha, Valmaseda, Weyler, Molina y 
tantos otros ministros de la Metrópoli, que perso- 
nificaron con fruición la represión sangrienta en 
toda su crudeza, pudieron disfrutar en el país de 
completa inmunidad. 

El cubano, si no perdona los agravios por cari- 
dad evangélica, los olvida pronto por flaqueza de 
carácter. Con muy contadas excepciones, los más 
egregios supervivientes de la Revolución de Yara, 
aceptaron después del Zanjón agasnjoe, dádivas y 
destinos oficiales de los Gobiernos espafioles, que 
los habían calumniado, perseguido y combatido 
con cruel ensañamiento. 

Y esta facilidad en olvidar las injurias los lleva 
como de la mano á ser también olvidadizos y des- 
memoriados con los servicios que reciben, al extre- 
mo de caer en una indiferencia acerca de ellos muy 
rayana en la ingratitud. La más mínima repulsa, 
por justificada que sea, basta muchas veces para 
borrar una larga deuda de favores, y se aprovecha 
el más frivolo pretexto para saldarla y cancelarla, 
cual si la gratitud fuera carga enfadosa y pesada y 
no el placer más grande del corazón humano. La 
influencia directa del beneficio suele durar algo 
más que el agradecimiento y muchas veces, por 
arrebatos verdaderamente pueriles, se llega hasta 

233 



CUBA Y SU EVOLUaON COLONIAL 

á morder la mano misma que acerca á la boca el 
pan de la limosna. 

Si por carácter se entiende aquella feliz disposi- 
ción del ánimo, que reúne, concierta y harmoniza 
la elevación en las ideas, con la energía en la vo- 
luntad, la perseverancia en el empefio, la conse- 
cuencia en los principios, la pureza y la rectitud 
en las intenciones, la abnegación en el propósito y 
el culto no interrumpido del deber; si todas esas 
insignes cualidades que el lírico latino encerró con 
tan feliz acierto en el Jwstum tencLcem prqpasiti 
virum^ son los elementos determinantes del verda- 
dero carácter, fuerza es confesar que esa gran cua- 
lidad del hombre alcanza en los cubanos propor- 
ciones muy moderadas y de ínfimo y común relieve. 
Si los caracteres se proyectaran de modo visible 
por sobre la sociedad, de la misma manera que las 
montañas sobre la topografía de un país, Cuba, 
muy lejos de ser una Suiza, habría de presentar el 
aspecto de una de es^is landas ó estepas, en que la 
vista se halla condenada á la desesperante mono- 
tonía de perspectiva de todas las llanuras. No so 
han dado, ni se dan en ella, verdaderos caracteres. 
Los más preclaros de sus hijos, aquellos que ir- 
guiéndose por sobre las medianías afortunadas de 
su tiempo, han logrado dejar una huella luminosa 
de su tránsito, en alguna ó en muchas de sus fases 
distan todavía de responder á todas las exigencias 
que caracterizan el carácter. 

234 



OÜBA Y SU finrOLÜClOK colokíal 

El cubano puede ser terco, sin ser perseverante; 
violento, sin ser enérgico; soñador, sin curarse un 
ardite del ideal; consecuente, por apatía del espíri- 
tu ó inercia de la voluntad; grande, sin elevación, 
y desinteresado, sin pureza; porque en la sociedad 
resulta con los caracteres más escogidos, lo que en 
Mineralogía con los metales más preciosos, que 
muy rara vez se encuentran aislados en toda su 
pureza y sin depender de gangas más ó menos di- 
simuladas que oscurecen algunas de sus más bri- 
llantes cualidades. 

El largo período de las reivindicaciones colonia- 
les, con sus dos distintos procedimientos de evolu- 
ción y de revolución, alcanzó á revelar tan sola- 
mente tres hombres, en los cuales se percibían sin 
esfuerzo, si no todas, al menos la mayor parte de 
las cualidades que son inseparables de los grandes 
caracteres de la historia. 

A medida que el tiempo nos separe de los acon- 
tecimientos que han hecho de Cuba su teatro du- 
rante el último medio siglo, cuando las olas hin- 
chadas y agitadas por la Revolución se serenen, y 
las aguas vuelvan á su nivel natural, los nombres 
de Céspedes, Gálvez y Martí, serán los únicos que 
rompan la línea indecisa de nuestro horizonte sen- 
sible, proyectándose sobre él con la serena majes- 
tad de todas las verdaderas eminencias. 



236 



r - 



CAPITULO VII 



ANÁLISIS CUANTITATIVO 



Ciuüidadee espftfiolas. — ModifioMáoDee inlrodiiddM por el om»- 
mienfeo 7 el medio ambiente. — Corrientes atáTioee. — Pr oet i o dt 
abeoroión por 1* ntfa taperior.— Cenaos de pobladón. — Filiaáóii 
de Iss OQslidades fídcss, morales 7 mentales. — Prc^iofoióo. 

• Lo preteote m lujo del pando. 
Paede heredane 6 no le tieria, le for- 
tale» fltioe, la caltnim; la historia te 
hereda ilempie.^ 

EntiQUB Joat VaaoMA. 

Determinados y expuestos los caracteres físicos 
y mentales del cubano y hecha relación de sus 
principales vicios y virtudes: fijada en una palabra 
lo que pudiera llamarse su análisis cualitativo, tó- 
canos ahora proceder con su vista y resultados á 
precisar las influencias que han contribuido á la 
formación de todos sus rasgos distintivos, graduan- 
do su importancia, pesando sus elementos compo- 
nentes, fijando su origen y procedencia, y estable- 
ciendo, en una palabra, lo que pudiera llamarse 
su análisis cuantitativo. 

Si se tienen en cuenta los principales factores 
étnicos que han entrado en la composición de la 

236 



CUBA T 8U EVOLUCIÓN COLONIAL 

sociedad cubana, desde la conquista hasta nuestros 
días, y si al justipreciar su influencia se atiende 
tanto á su número como á su calidad y á su distri- 
bución en el país, esta investigación cuantitativa 
habrá de resultar más hacedera de lo que á prime- 
ra vista hubiera de esperarse. 

Indios siboneyes que á pesar de su rápida desa- 
parición tuvieron que dejar y dejaron algunos gló- 
bulos de su sangre agregada á la de sus extermi- 
nadores y verdugos en las venas de sus hijos; 
andaluces, castellanos y canarios durante los tres 
primeros niglos que siguieron á la conquista; cata- 
lanes, vascos, gallegos y asturianos durante su úl- 
timo período; negros africanos desde la conquista 
hasta nuestros días; y criollos, ya franceses de 
Haití y de la Louisíana, ya espafioles de la Flori- 
da y Costa Firme, cuando sonó para todas estas 
colonias la hora de la emancipación: he aquí los 
elementos originarios y progenitores de los cuba- 
nos del presente. 

¿En qué grado y hasta qué cantidad han podi- 
do mezclarse, y se han mezclado esos elementos 
para producir el tipo actual ? Para dar solución 
á esta pregunta basta relacionar los caracteres 
físicos y mentales, que la investigación ha encon- 
trado en el cubano, con aquellos otros ya preesta- 
blecidos, y que son peculiares de los diferentes 
pueblos que han contribuido á su formación. La 
concurrencia de unos mismos caracteres, aun^u^ 

??7 



CX7BA T SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

estén más ó menos atenuados 6 modificados por el 
medio, será prueba suficiente de la filiación origi- 
naria, de la misma manera que un lunar, ó cual- 
quier otro signo físico ó moral, es ante la cien- 
cia, prueba más completa de la paternidad que las 
mismas actas del Regi tro Civil. 

Y procediendo de este modo puede desde luego 
consignarse que el cubano aceptado por blanco es 
originariamente español con alguna levadura ne- 
gra ó africana y muy poca ó ninguna india. Esta 
última influencia, así como la francesa procedente 
de Haití, sólo son apreciables en la provincia de 
Santiago de Cuba. 

La estatura de los cubanos de las ciudades no 
es, ni más ni menos, que la española de las pro- 
vincias císiberanas, ligeramente recortada por las 
influencias tropicales. En los campos, donde la 
emigración de las islas Canarias ha proporcionado 
á Cuba 8u^ elementos genuinaraente agricultores, 
esa estatura resulta mejorada, y aunque no tan al- 
ta como la de los hijos de los antiguos guanches, 
se proyecta tanto, por lo menos, como la media de 
his provincias andaluzas. Y sea dicho como de 
pasada, que el guajiro cubano, en una buena parte, 
debe sus dotes peculiares de resistencia física, so- 
briedad, humor huraño, afecto al cultivo en pe- 
queña escala y afición decidida á trabajar por su 
cuenta, ún sujeción á capataces ni á cuadrillas, á 
sus progenitores, los isleños de Canarias, que desde 

236 



CUBA T 8U XVOIiUCION COLONIAL 

remota fecha se han distinguido por todas estas 
singulares cualidades. 

La bien dispuesta y ordenada proporción de los 
miembros con el cuerpo, la corrección y regulari- 
dad de las facciones, lo rasgado de los ojos y el co- 
lor de éstos y el del pelo, tanto como el de la piel, 
son también signos españoles; y andaluces en par- 
ticular, lo diminuto y quebrado del pie y lo pro- 
minente de su empeine. Y esto mismo puede de- 
cirse también de todos los demás caracteres físicos, 
excepción hecha de la configuración del cráneo y 
de la barba, cuya tendencia ligeramente dolicocé- 
fala en el primero, y suavemente redondeada en 
la segunda, vienen á ser como los últimos baluar- 
tes, en que aún resiste y se defiende la raza infe- 
rior, en su lucha sin tregua, pero también sin es- 
peranza, para oponerse á la invasión de la raza 
superior, que la penetra y la absorbe por el lento 
y eficaz proceso de la selección. 

Sobre una parte de todos esos caracteres ha ejer- 
cido más ó menos su influencia el medio ambiente. 
Él ha atezado el color, empobrecido el glóbulo 
sanguíneo, desmedrado el poder muscular, y tras- 
tornado la jerarquía de las visceras, creando una 
especie de supremacía á favor de la vesícula biliar 
y del sistema nervioso, todo ello con grave detri- 
mento de la ponderación, que en las zonas templa- 
das mantiene en equilibrio y regula sabiamente 
las funciones de esos órganos de la vida animal. 

239 



CUBA Y 8U EYOLUaON OCHiONIAL 

Pero por muy notables que hayan sido estos re- 
sultados del influjo del medio ambiente, los reali- 
zados por el cruzamiento son todavía de mayor 
alcance y trascendencia. El clima ha podido alte- 
rar el tipo originario en alguna de sus manifesta- 
ciones de detalle y accidente; pero dejando siem- 
pre intactos los caracteres fundamentales de la 
raza. £1 cruzamiento, como que se ha verificado 
entre dos razas tan opuestas, cual resultan la cau- 
cíisica y la negra, ha penetrado más hondo, y sus 
efectos se traslucen hasta en los mismos caracteres 
fisiognomónicos del cubano. 

Así puede muy bien acontecer, que durante el 
curso de sus investigaciones tropiece el observa- 
dor con ejemplares de un prognatismo bastante 
desenvuelto, de un ángulo facial, que se aparta del 
recto más de lo que fuera razonable, de una nariz 
que se aplasta p^ra dar ensanche á sus ventanas, 
y de cierta tendencia del pelo á rizarse en capri- 
chosas ondulaciones ó á tenderse con irsuta rigidez; 
mas todas estas manifestaciones y otras muchas 
que sería prolijo enumerar, se deben á subterrá- 
neas corrientes atávicas, que con fuerza silenciosa, 
pero incontrastable, suben de vez en cuando á la 
superficie, como para demostrar a la sociedad blan- 
ca de Cuba el proceso de su génesis. 

Antes que la ciencia escribiera en sus libros la 
palabra atavismo, y que los sabios lo hicieran ma- 
teria de sus investigaciones, ya en Cuba había 

240 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

sido señalada su existencia; y el sentido común 
sorprendido ante el hallazgo de un hijo o,on mar- 
cados caracteres africanos, aunque nacido de pa- 
dres al parecer de la raza blanca, había dado á es- 
te curiosísimo fenómeno el nombre humorístico del 
sallo atrás, 

Y abundan en Cuba ejemplares de este salto en 
todas las gradas de la sociedad. No ha acabado 
todavía de desaparecer la generación que ha visto 
en la Habana, á un título de Castilla, heredero de 
uno de los nombres infis prestigiosos en la historia 
del país, revelar en su cráneo y en su rostro, y 
hasta en sus gustos y aficiones todos los caracteres 
de la raza negra. Y sin embargo, sus padres ha- 
bían sido blancos, ó por lo menos por blancos se 
le*s tuvo, y de todos modos fueron más blancos que 
su hijo. 

Hay casos, y el autor de este libro tuvo ocasión 
de observar uno, en que el saltOy de más ímpetu y 
vuelo todavía que el famoso de Alvarado, había 
recorrido una distancia tan enorme, que el sujeto 
que lo dio parecía haber salvado la frontera misma 
de la especie, para caer en la inmediata de su gé- 
nero. De padres aristocráticos y pertenecientes 
á la buena sociedad habanera, surgió un hijo de 
tan sin<í;ulares facciones v de miembros de tal ma- 
ñera proporcionados, que sólo con verle, la mente 
evocaba de improviso y sin esfuerzo, el recuerdo 
del e?^labón perdido en la cadena zoológica, y des- 

241 



CUBA Y 8U EVOLUCIÓN COLONIAL 

tinado, según las leyes de la armonía universal, á 
cubrir la plaza vacía entre el hombre y el gorila. 
Orgulloso de su nombre que ilustró un arzobispo 
de Toledo y rico por su casa, vive todavía hoy, un 
cubano á quien por idénticas razones acostumbra- 
ban sus amigos á llamar El MonOj y que asentía 
al nómbrete, como si no le quedara duda alguna 
respecto á su justicia. 

Es todavía más frecuente encontrar en los pel- 
dafios medios de la sociedad, una verdadera belleza 
cubana, de piel color leonado admisible, ojos de 
azabache, rostro de Madonna siciliana, talle de 
sílfide y torso de Venus; pero que en la languidez 
tentadora de sus ojos, en el vuelo y cx)rte de sus 
fosas nasales, en las ligeras, aunque recatadas, on- 
dulaciones de su talle, y en el radio y desarrollo 
de sus espléndidas curvas pelvianas, está revelando 
particulares de su filiación no incluidos por cierto 
ni en el Registro Civil de su nacimiento, ni en el 
censo general de población. 

Y es que no ha decursado aún el tiempo necesa- 
rio para que la selección natural pueda consumar 
la obra que inició por medio del cruzamiento, eli- 
minando de una vez y para siempre los últimos 
vestigios del tipo inferior, por donde la evolución 
tuvo comienzo. Y es también, que la persistencia 
en Cuba de un núcleo, todavía numeroso de raza 
africana, que se reproduce dentro de ella misma, 
hace aparecer aquella obra como de muy pobres 

242 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

resultados, y á la sociedad cubana, como una es- 
pecie de Danaide, condenada á una labor que no 
tiene término, pero que á cada momento se prin- 
cipia. 

A la inversa de esa ley económica percibida y 
estudiada por Gresham y que regula la circulación 
de monedas de diferentes metales, haciendo que la 
de menos valor elimine del mercado á la más va- 
liosa, así la ley que preside la palingenesia de las 
razas, cuando coloca dos de ellas en inmediato 
contacto, condena á la inferior á una lenta, pero 
segura absorción por la superior. 

Si se estudian los censos de población de Cu- 
ba durante el presente siglo, habrán de deducirse 
como fruto de este estudio dos observaciones prin- 
cipales. Es la primera, la de que, mientras duró 
la esclavitud, la población tendía á ennegrecerse, 
y la trata africana la venía ennegreciendo con el 
lento y constante proceso, que se observa en una 
mancha de grasa sobre un lienzo. Y es la segun- 
da la de que, en cuanto cesó la esclavitud, y con 
ella cesó también la trata, su fuente principal, la 
sociedad cubana inicia de seguida un proceso de 
blanqueo, lo sigue con constancia, y mediante él, 
consigue en menos de un tercio de siglo, reducir 
en una cuarta parte el número de sus habitantes 
de la raza de color. 

Esos censos en su parte pertinente al caso son 
los siguientes: 

243 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 











frt^MTíéiáe 


Iños 


BInnfOH 


.Ifjn-os 


mAL 

1 


■^m 


1774 


9H.240 


7(?.3.S0 


1 72. r)'2(> 


44 


1792 


15:J.5.-,}) 


11-^.742 


272,6-*0 


43 


1811 


1Í74,(MM> 


32ÍJ,IMX> 


(JíMMKKl 


o4 


1817 


!¿57,:í"<<) 


:n »,1h;{ 


r>72,:i«H 


55 


1827 


3»ó,0(K) 


:n9.4^7 


704. 4S7 


58 


1841 


417/J91 


r>s9.s:« 


l.(H)7,(>24 


.V< 


1S4() 


4'J.'>,7f)7 


4ií2,!»-r> 


H9S,7r>2 


51 


1K49 


4.')*<,(».í:; 


4^S.>^99 


9IH.932 


51 


1S55 


49S,7r>2 


."i4r).4:;;{ 


1 (í44.lS> 


52 


1859 


r.J2,797 


rv-»7,2i« 


l.lí^,013 


47 


IH62 


7t;4,7r>() 


r,í»i.4-<>< 


i.:r>9.2:iS 


43 


1HH7 


7í;:j,7r>() 


t)(».K4(il 


1.379.211 


4,3 


H77 


!HM).1-1 


r,2.S,2f?'J 


1.4.S4.747 


42 


1H77 


l.(Ml.r>iH 


4«^().lHl> 


1.521.HS4 


32 


18S7 


1.102.^^9 


fi'2\7\*^ 


1.6:n.»>K7 


32 


1899 


i.0(i7,;{:>4 


r>03, 14 í 


1.572,797 


32 


. 






— 


— _ _ _ - 



Si se comparan estos censos se observará que 
hasta 1841 la raza neutra í^ana terreno sobre la 
blanca. Esta época corresj)ontle al apogeo de la 
trata. Las rcc1ainacii)n(*s inglesas para el cumpli- 
miento (le los tratadíis sobre su abolición, el esta- 
blecimiento en la Habana del Tribunal mixto de 
j)rcsas y los estiuM'zns d(d dilij^onte Mr. Turnbull 
asestan al ün a acjucl comercio ilícito j^olpe tan se- 
vero, (jue d^sde a(jnel ano la trata comienza á de- 
crecer, y la población negra harto hace con man- 
tener las posiciones conquistadas. Pero llega el 
ano 1870, y durante el se inicia el jx^ríodo de la 
emancipación con la ley ^foret, que declara libre 
el vientre; y la población negra, un instante esta- 
cionaria, como el reflujo en la j)leamar, inaugura 

244 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONUL 

SU movimiento de descenso, sin detenerse en él en 
ninguno de los censos sucesivos. Así del 58 por 
100 de la población total alcanzado en 1841, des- 
ciende en 1887 al 32 por 100. 

Cabe preguntar ¿qué se han hecho los indivi- 
duos de la raza de color que se echan de menos 
entre el primer censo y el wltimo del período 
abierto por la emancipación? No han emigrado, 
porque no se ha observado por parte alguna la más 
ligera corriente emigratoria. Aquellos que fueron 
sorprendidos por el desenhice natural de la vida 
humana, con mucha más razón, ahora que eran li- 
bres y podían disponer del fruto de su trabajo y 
crearse una familia, debieron ser sustituidos á su 
muerte por sus descendientes, y con creces en un 
clima tíin propicio como el de Cuba, para el desen- 
volvimiento de su raza. Tampoco la guerra de los 
diez anos ni la última de los cuatro, se cebó en 
ellos con la crudeza con que lo hizo en la raza blan- 
ca: eran más humildes, y el rayo no cae en los va- 
lles: eran de más recia complexión y resistieron 
mejor las penalidades sin cuento de una campaña 
sin ejemplo. 

Si se deseare averiguar el paradero de esa buena 
dosis de sangre africana, no hay otro recurso que 
decidirse á buscarla en las venas de los blancos. 
En ellas ha de estar oculta y diluida, pero deter- 
minando influencias, tanto en lo moral como en lo 
físico; y no ha de ser menester examinarla al mi- 



CUBA Y 8U SVOLÜCIOK COtOKUL 

croBcopio para establecer su presencia y fijar sa 
cantidad, que tanto la una como la otra pueden 
con facilidad trazarse y estimarse por ciertos rasgoe 
en el cuerpo y ciertas propensiones en el carácter, 
que son de tanta precisión en la etnograffa como 
los reactivos en la química. 

Sin contraernos más que á la sociedad de hoy, 
cuyo respeto por las conveniencias paede estimar- 
se superior al de la antigua , debe tenerse presente 
que en la actualidad dos catedráticos de esta Uni- 
versidad y algún título de nobleza, todos ellos pro- 
c;edentes de la raza blanca, en modo alguno se re- 
catan de tener levantado un hogar, y de haber 
procreado una familia, con elementos de la raza 
negra. 

En cuanto á lo que los franceses Uaman un se- 
gundo menage^ son numerosísimos los erigidos con 
idénticos elementos. La mulata, y aun la negra, 
son fáciles y dóciles barraganas; sus pretensiones 
y necesidades no suelen ser excesivas, y la livian- 
dad poco exigente y escrupulosa, encuentra en ellas 
ancho campo donde satisfacer sus apetitos. 

Por lo que á sus caracteres mentales se refiere, 
puede asimismo afirmarse en tesis general la filia- 
ción inmediata del cubano con el espafiol y en par- 
ticular con el andaluz. 

La perspicacia de la inteligencia, la rapidez de 
la penetración, su horror instintivo al vacío meta- 
ñsico, la hicidez de sus concepciones tan semejante 

246 



) 



CUBA T 8U EVOLUCIÓN COLONIAL 

á las fosforescencias tropicales, los vuelos de su ima- 
ginación, el amplio desarrollo de su fantasía y los 
bien templados resortes de la memoria, son cuali- 
dades todas que llevan impreso el sello andaluz. 

La afición á la poesía, al canto y á la danza; la 
invencible vocación á la oratoria; la forma hiper- 
bólica, ampulosa y emocional de esta oratoria, más 
enderezada á conmover, que á persuadir y conven- 
cer; la repugnancia á las abstracciones del cálculo 
absoluto; el despego á las especulaciones del espíri- 
tu, y el culto exagerado por todo lo bello, en me- 
noscabo de lo verdadero, y con preterición casi ab- 
soluta de lo útil, son plantas que medran y florecen 
con igual lozanía lo mismo en la margen del Betis, 
que en las orillas del Almendares. 

Es una verdad que estas cualidades del espíritu 
no se han personificado en Cuba con tanta proyec- 
ción, ni han dado de sí frutos de tanto bulto, como 
lo han hecho en Andalucía; pero esto nada prue- 
ba, por ser harto sabido que los caracteres origina- 
rios ó de herencia dependen para su medro y 
desarrollo del medio en que viven y de sus solici- 
taciones favorables. Así pudo con verdad afirmar 
Mr. Guizot, que si Washington hubiera nacido en 
Francia habría muerto de Coronel obscurecido en 
las filas del ejército, y que si Napoleón lo hubiera 
hecho en América, habría sido fusilado por la 
espalda. Tal fué sin duda el pensamiento que cru- 
zó por la mente del poeta Plácido^ cuando convir- 

247 



CUBA Y SIT EVOMTí'IOX f'ÜIiON'IAL 

tiendo la vista en su rededor sólo se dio con hom- 
bres 

« que coD valor y espada 

héroes pudieran uer y do son nada *>. 

Y aunque el medio ha acentuado alguna de es- 
tas cualidades, ninguna lo ha sido tanto como el 
temperamento. Los nervios, esos tiranos de la vo- 
luntad, se sienten más á sus anchas, y su dominio 
tiene en los cubanos más arraigo, que en los pro- 
pios andaluces. Y si, como afirman los fisiólogos, 

las pasiones son hijas legítimas del temperamento, 
no ha de ser motivo de sorpresa el que los cuba- 
nos adolezcan, y hasta en período agudo, de todas 
aquellas que van anejas al predominio del sistema 
nervioso; y que hasta en sus virtudes se hallen 
propensos á traspasar esa línea racional tras de la 
cual la misma virtud se trueca en vicio pecamino- 
so y vituperable. 

En este sentido puede (^tablecerse que todas sus 
virtudes son las peculinres de los temperamentos 
nerviosos, y que sus vicios proceden de una educa- 
ción pervertida ó por lo menos descuidada. 

La liberalidad, el desinten'^ y la hospitalidad 
son virtudes de fabricación española, y el mismo 
origen tienen también, circunscriljicndolo más espe- 
cialmente á las i)rovincias andaluzas, la poca ó nin- 
guna afición al comercio y al ahorro, la ausencia 
de iniciativa industrial v la falta de sinceridad en- 

V 

248 



CVnX y su EVOLUCIÓN COLONIAL 

cubierta siempre por modales afables y llenos de 
gracia y seducción. 

Lo que se ha llamado ecuanimidad del cubano, 
tiene muchos puntos de contacto con ese fatalismo 
musulmán, que á pesar del cristianismo y de la re- 
conquista, parece informar todavía una buena par- 
te del carácter español. Trasplantado á los trópi- 
cos, en medio de un pueblo escéptico y burlón, ese 
sentimiento peculiar para acoger los reveses de la 
suerte, luí tomado cierto tinte volteriano, fuerte, 
mente impregnado desarcástica ironía. (^) 

El galanteo en su más cruda acepción, ó sea el 
trato y comercio con la mujer para fines grosera- 
mente sensuales, es también notoriamente español 
y andaluz por añadidura, aunque para darle un 
punto más subido de sazón, le han sido agregados 
por el cruzamiento no pocos granos de buena y le- 
gítima pimienta africana. Y lo mismo puede de- 
cirse de la frugalidad y de la sobriedad, que con 
ser notables en España, distan todavía algo de las 
que en Cuba se practican, y cuya diferencia á fa- 
vor de la última debe ser apuntada, tanto á cargo 
del clima, como del cruzamiento. 



( 1 ) G. del C, nDO de los estadiantes de medicina condenados 
á presidio en 1S71 usaba con orgullo una espléndida barba rubia que 
le asemejaba á un joven Lord. Mientras se oían las descargas que 
daban ñu á la vi<1a de sus condiscipulos, G. del C, que acababa de su- 
frir la tonsura, vestir el traje y remacharse la cadena reglamentaría 
del presidio, penetra en el calabozo donde sus compafieroe esperan su 
tumo en la fúnebre toilette, — Ecce homo, les dice. 

249 



CUBA r su BVOLUaON COLONIAL 

£1 orgullo, propensión del ánimo muy corrien- 
te entre espafioles, y que á ocasiones es una virtud, 
ha degenerado en el cubano en vanidad, que nun- 
ca puede serlo. Pero aunque distintas en la ma- 
nera de manifestarse, tanto el orgullo, como la va- 
nidad, arrancan de un tronco común, que es la es- 
timación propia, unas veces verdadera y otras 
falsa ó exagerada; y ese tronco, aunque es de legí- 
tima cepa espafiola, no debe olvidarse que la tierra 
en que se sembró, había sido profusamente abona- 
da con el mejor fertilizante de Kongo River. 

La susceptibilidad, que es otra derivación del 
sentimiento de la propia estimación, procede tam- 
bién de fuentes espafiolas, aunque el temperamento 
nervioso dominante ha contribuido á hacerla más 
delicada, irritable é insufrible. 

También es espafiola esa cualidad que hizo fa- 
mosos u los carneros de Panurgo, y que bien pu- 
diera en honor de ellos ser apellidada con justicia 
carnerismo. Por no tomarse el trabajo de pensar 
antes de decidir, ó por el vetusto hábito de reci- 
birlo todo pensado y decidido, los cubanos, lo mismo 
que los españoles, en gran parte de his manifesta- 
ciones de su vida, suelen hacer lo que Vicente... ir 
donde va la gente. De otra manera no tendría 
explicación la rapidez con que en Cuba, cualquiera 
que haya sido su bandera, ha cundido siempre un 
movimiento insurreccional, entre las masas popu- 
lares, que nada tienen que perder, y que sólo po- 

250 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

dían ganar con la revuelta, á cambio de sustos y 
carreras, la pobre recompensa de unos cuantos días 
de francachela patriótica, á expensas de tiendas y 
potreros saqueados sin escrúpulo. Van donde los 
llevan unos cuantos ambiciosos, que son los únicos 
que saben dónde van. 

La propensión á echarse á cuestas en edad tem- 
prana la carga de una familia, parece ser oriunda 
de Canarias, aunque el clima, abreviando la infan- 
cia y adelantando la pubertad, la ha acentuado, 
acrecido y puntualizado. Por lo que hace á la lla- 
neza y familiaridad son españolas, de la mejor 
simiente de Castilla la Vieja, y tan apreciada, como 
aquella otra que el ilustre Fígaro hizo inmortal 
con su gracejo. Y también es español, lo mismo 
de las provincias continentales que de las adyacen- 
tes, el aprecio irracional y la estimación inmode- 
rada y desmedida, en que se tasa y tiene ese valor 
físico, que consiste pura y exclusivamente en el 
desprecio de la vida, y que, lo mismo que en Es- 
paña, se manifiesta en Cuba, en las clases bajas 
con sencillez y compostura, y en las altas con arro- 
gancia y ostentación, cuando existe público para el 
aplauso y la apoteosis. 

A la influencia africana, ya obrara simplemente 
como medio circundante ó ya lo hiciera bajo la 
acción más eficaz y directa del cruzamiento, deben 
ser atribuidas otras cualidades notorias del cubano, 
tales como el oído musical, el prurito de exhibi- 

251 . 



rUBA V su EVOLUCIOX COLOXIAL 

ción, la falte de previsión, el gusto por los colores 
vivos para el vestido, la tendencia á parodiar y á 
remedar todo aquello de cuyo valor se ha formado 
una idea superior, el apego á los bailes de estri- 
dente y bulliciosa música y de lasciva y flagelante 
cadencia, y esa superficialidad de la vida emocio- 
nal, muy propia de niños y de mujeres, y que los 
hace saltar sin transición alguna del odio a la 
amistad, del dolor á la alegría, y en general de un 
afecto á otro, por disímiles y aun opuestos que sean. 

Es también africano — y muy africano— ese des- 
apoderado y dominante afecto por los uniformes 
militares, muy abigarrados y pintorreados, y so- 
bre los cuales, brillen con profusión que ofenda la 
vista, cordones, alamares, bordados y galones. Su- 
louque y los Mariscales de su imperio dejaron tan 
bien sentada la fama de su raza en achaque de uni- 
formes, que á pesar de no sor en ellos los zapato^ 
de ordenanza rigurosa, por lo llanintivos y vistosos, 
pueden servir de modelo á todos los de su clase. 
El uniforme después de todo no es nins que una 
variedad de la librea, y no d(4>e darse al olvido, 
que durante muchos años nadie ha llevado librea 
en Cuba miis que la raza de color. 

Contrayendonos ahora á las adquisiciones y cam- 
bios logrados por la adaptación, de entre los cuales 
unos tienen su origen principalmente en el clima, 
mientras que los otros proceden mas bien de una 
educación desatendida y descaminada, pueden se- 

252 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

ñalarse entre las primeras, la enfermiza condición 
de la laboriosidad y el desmayo ó muerte de la ini- 
ciativa individual ó colectiva, lo mismo para fines 
píiblicos que para los privados; y entre las segun- 
das, el poco 6 ningíín respeto á las conveniencias 
publicas, el desmedrado desarrollo de los principios 
de solidaridad social, la falta de veneración por to- 
do aquello que tiende á realzar y a enaltecer la 
vida, haciéndola más seria y mas dignificada, la 
nfiición exagerada á la risa, á la burla y á la jara- 
na, hasta hacerla degenerar en vituperable choteo^ 
la ausencia de los sentimientos religiosos, la debili- 
dad de los morales y en una palabra, la completa 
extenuación y abatimiento de todos los resortes que 
imprimen al carácter el vigor, la energía y la re- 
solución. 

A ser dable pasar con celosísima balanza todos 
y cada uno de los ingredientes que han quedado 
enumerados, no andaría descaminada la evalua- 
ción que distribuyera la población blanca de Cuba 
en las siguientes proporciones: setenta y cinco por 
ciento de español, (juince por ciento de cubano, y 
diez por ciento de negro ó africano. 



253 



CAPITULO VIII 



RELIGIÓN 



£1 clero októlico.— Sus deficienoÍM.— Deoideneia del wotifliiMitD re- 
ligioeo. —Sos canias. — Sapenticioneii. 

« l'n poeMo liii relf^ftán j en k ig- 
fioimncia no puede ■nbetaclr. El mk- 
mo w encargará de dertmine.» 

Paao. Ftuz Vabkla. 

¥j6 innegable que, alternando con otroe de no 
tanta cuenta y prestigio, fué el principio religioso 
uno de los factores principales que intervinieron 
en el descubrimiento y conquista de la América 
por los espafioles. Amamantados éstos por el ca- 
tolicismo romano en una disciplina ciega mi dogma 
y subyugados por cierta tendencia étnica que los 
inclinaba á tener más en estima las formas exter- 
nas del culto, que la moral y la doctrina del Evan- 
gelio, trasladaron al continente americano y á sus 
islas, esa extraña amalgama de la época, hoy ape- 
nas concebible, y en la cual una fe ciega y una de- 
voción extremada se mezclaban, hasta unirse v 
confundirse, con un abandono rayano al olvido de 
las virtudes morales más humanas. 

Por lev de directa v forzosa sucesión, el cubano 
continuó la jiersonalidad religiosa de su padre el 

254 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

conquistador; é ignorante y fanático como su pro- 
genitor, erigió conventos, dotó iglesias y fundó ca- 
pellanías, al propio tiempo que ejercía el contra- 
bando y la trata, y con las mismas manos que 
elevaba en preces al Altísimo, despufe de haber 
exterminado al indio, descargaba sus iras sobre el 
negro esclavo con cuya sangre fertilizaba la pros- 
peridad de sus cosechas. 

De esta fecha arrancan las numerosas fundacio- 
nes eclesiásticas con que se distinguen los pueblos 
más antiguos de la Isla. Bayamo, con una pobla- 
ción que en sus buenos tiempos jamás excedió de 
6,000 habitantes, llegó á contar hasta once, entre 
iglesias y ermitas; igual número le está asignado á 
Santiago de Cuba, y con el de quince sobresalió 
Puerto Príncipe, cuando ambas poblaciones no 
llegaban ni á la quinta parte del número de habi- 
tantes que cuentan hoy. 

Tal fué el proceso de la conciencia religiosa en 
los primeros tiempos de la colonización; pero á me- 
dida que fué ésta progresando, y junto con ella las 
proporciones de allegar rápida riqueza y las facili- 
dades para disfrutarla, comenzó á entibiarse la fe; 
las prácticas del culto se hicieron menos rígidas, y 
el temor y el respeto á sus ministros menos nece- 
sarios y justificados; hasta que complicándose con 
éstos, tantos otros elementos de disolución social, 
como fueron los que la maldad ó la imprevisión 
amontonaron sobre Cuba en el curso del pasado 

255 



CUBA Y SU EVOLUCIOX COLONLVL 

siglo, han venido u dar por resultado, un cubano 
despreocupado, esc^ptico, indiferente, incrédulo u 
del todo ignorante en materias religiosas. 

8i no la entera, al menos la mayor parte de la 
carga de esta grave responsabilidad, debe [>onerse 
sobre los hombros de h;s ministros de hi I<jlesiaca- 
tólica, línica religión que, a virtud de la tradicio- 
nal intolerancia española, ha disfrutado en Cuba 
hasta estos últimos tiempos <lel monopolio de las 
conciencias. 

Fuera de his causas general(»s anotadas por la 
filosofía de la historia, para explicar la decadencia 
de la fe religiosa y el desarrollo del escepticismo 
en todos los países de culto oficial y asalariado, 
conviene añadir, que á tan depravado empeño han 
contribuido en Cuba por modo principal, la falta 
de virtudes y la sobra de vicios con que siempre 
fueron en ella connotados los representante^ del 
clero, tanto secular como regular. 

El P. liartolome de las (asas di^jó muy piK*<vs 
sucesores; y si .se hacií abstracción de los Obispo:^ 
Compostela, ^forell de Santa-Cruz y Paspada, do 
los PP. Valencia, Silvestre Alonso, Medina, Ca- 
ballero y de algún otro de merecimiento más mo- 
desto, procede en justicia confesar, que el enormt* 
ejercito clerical con (pie España durante cuatro si- 
glos ha pretendido contribuir en Cuba á la salva- 
ción de his almas, ha sido en ella, por el contrario, 
el instrumento mas apropiailo para perderlas. 

256 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COI/ONIAIi 

La Metrópoli facturó siempre para América lo 
peor de los productos de su suelo, y el clero no po- 
día ser una excepción. De la escoria de aquellos 
claustros, cuyo libertinaje y desenfreno han sido 
trasmitidos á la posteridad por un testigo de tanta 
calificación, como el Arcipreste de Hita, era de 
donde se extraía la más ancha parte de los mi- 
sioneros, con que se acompañaba el conquistador, 
más para asegurarse confesión y absolución en 
el trance de la muerte, que para doc^trinar india- 
das, útiles á su modo de ver sólo para la servidum- 
bre de la encomienda y del repartimiento. 

El P. Boill, el primer sacerdote católico que pu- 
so los pies en La Espafiola, fué su primer rebelde. 
Fr. Miguel Ramírez, el primer obispo que se deci- 
de á ocupar la recién creada Sede de Santiago de 
Cuba, da ejemplos de mansedumbre evangélica, 
rompiendo su báculo en pleno cabildo sobre la ca- 
beza de un prebendado, y su piedad y su desinte- 
rés se ponen de manifiesto en los siguientes párra- 
fos de una carta al Rey del visitador Vadillo, de 
1" de Enero de 1532: <r Mandó V. M. quel obispo 
no tuviesse el repartimento que le dio Guzman é 
que obispo i Guzman diessen su repartimento á 
conquistadores é pobladores. Ocultaron esta cé- 
dula hasta que venida una sobrina del obispo, se 
pusso dicho repartimiento en cabeza de su mari- 
do; pero en realidad quedó en el obispo y él co- 
braba el oro que sacaban sus indios.» 

257 



CUBA T SU EVOLUCIÓN COLQKUL 

Hé aquí el juicio que el obispo Salcedo merece 
al Gobernador Tejeda: «Trae á esta tierra el obis- 
po tan desasosegada con sus descomuniones, que 
más parece lobo que pastor de las almas, y con 
los testimonios que al Consejo invío, supplico á 
V. M. lo mande castigar é mudar desta isla, para 
que la gente pueda vivir como christiana.... » (^) 

Pero en ningún documento de estos tiempos se 
trazan con más exacto, al par que sencillo colorido, 
los desórdenes del clero, que en la siguiente carta 
del Gobernador Carrefio al Rey Felipe II. 

« En estas flotas de Nueva España y Tierra Fir- 
me i en los galeones de Y. M., han entrado en 
este puerto más de ochenta frailes, los cuales van 
para Espafia, y algunos que aquí están, yo loe in- 
vío á Santo Domingo, que siendo de aquel con- 
vento, andan por este pueblo jugando muchos di- 
neros i haciendo otras cosas no dignas de su há- 
bito. Y yo siento la mucha hazienda que V. M. 
gasta en inviar religiossos en cada flota á estas 
Indias, por no ser informado de lo que aquí pas- 
sa; porque ai tantos, que no caben en los conven- 
tos; é algunos en la doctrina hazen tan poco fruto 
que sería mejor que no viniesen á ellas... Y cer- 
tifico á V. M. que ningún navio ni barco entra 
por este puerto que no traiga itJgón fraile. Al- 
gunos vienen también á llevárselos á sus monas- 

(1) Carta de Tejada al Rey, de 3 de Agosto de 1590. Peznela. 
HiMoria de Cuba. Vol. I, pág. 307. 

258 



CUBA T SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

terios, y el que viene á esto estafa á los que andan 
por aquí perdidos, á unos llevando cincuenta du- 
cados é á otros ciento por dejarlos por donde 
quieren.» (^) 

Tantos escándalos de la clerecía y quejas tan re- 
petidas de parte de los Gobernadores de la Isla, 
denunciando al Rey las tropelías, desafueros y 
desmanes de aquellos foragidos de hábito y sotana, 
dieron lugar á que se dictaran algunas providen- 
cias para su remedio. A fin de que cuidara de su 
ejecución, confióse en 1657 la mitra de la Habana 
al canónigo de Calahorra D. Juan Manuel Mon- 
tiel, varón que debió ser de alguna virtud y auste- 
ridad; mas cuando se preparaba á poner la mano a 
su tarea de corrección y disciplina, sus mismos fa- 
miliares eclesiásticos se deshicieron de él por medio 
del veneno. í^) La misma suerte y por igual mo- 
tivo le cupo algunos afios más tarde (1676) á un 
nuevo obispo, D. Gabriel Diez Vara y Calderón, 
que pagó con la vida, lo mismo que su antecesor 
Montiel, el empeño temerario de moralizar un 
clero corrompido y una sociedad satisfecha con su 
clero. (^) 

Y á su ignorancia total en las ciencias divinas y 
humanas, y á su licencia ilimitada de costumbres, 



(1) PezDela. HvAoría de Oitba, Vol. I, pág. 271 

(2) Ibid. Vol. I, páff. 133. 
(3j Ibid. Vol. II, pág. 1H6. 



259 



CUBA T SU SVOLUCION COLONIAIi 

unía también el clero antillano de este tiempo» la 
más sórdida avaricia; y no bastando á la satisfac- 
ción de este apetito la captación, la simonía, la com- 
posición, y demás arbitrios eclesiásticos practicados 
en Europa, hubieron de apelar al contrabando, 
haciendo en Cuba por algán tiempo de este ilícito 
comercio, un verdadero monopolio. 

El P. Rivera, Provisor del Cabildo de Santiago 
de Cuba, tenía organizada en Bayamo en 1582, 
una asociación para recibir alijos extranjeros, sin 
que se atrevieran á irle á la mano en ello las mis- 
mas autoridades reales. 

El comisario del Santo Oficio, Oaraondo, y los 
Padres Díaz de Sá y Ferro, en sociedad mercantil, 
dedicábanse en 1G82, con pingües ganancias, al con- 
trabando africano, y se las tenían tiesas al propio 
Gobernador de la Isla D. José de Córdova, cuya 
autoridad desafiaron y llegaron á burlar merced á 
su fuero previlegiado de eclesiásticos. 

Que no mejoró la moral del clero de la Isla du- 
rante los años que siguieron, á pesar de haber te- 
nido á su frente la Iglesia prelados de tanta auste- 
ridad, como Compostela y Morell de Santa Cruz, 
es aserto que puede comprobarse con el testimonio 
de un autor español, tan apasionado por las exce- 
lencias de su raza y tan encomiasta de los principios 
de civilización aportados por ella á la colonización 
de las Ara^ricas, como D. Justo Zaragoza. 

Hé aquí un fragmento de su Historia de las 

260 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONtAL 

Itisurrecc iones de Üiibay sugestivo del estado de 
la Iglesia, aun estando gobernada por un prelado 
de virtudes tan recomendables, como el Obispo 
Espada y Landa: 

<c En la misma Habana los frailes, entre los cua- 
les quizá sólo el P. Valencia podía contarse como 
bueno, según nos refieren las tradiciones de aque- 
lla época, vivían en tal corrupción y escandaloso 
amancebamiento, que al ser reprendido por el 
Obispo Espada, uno de ellos llamado Gondra, 
que acababa de ser guardián y á quien todo el 
mundo conocía por verle continuamente ebrio, 
respondió al prelado que él no era jugador ni co- 
metía otras faltas obcenas, y que sólo se embria- 
gaba por no presenciar los vicios de sus com- 
pañeros.)) 

Para justificar que todos estos vicios del clero 
antillano llegaron á constituir una enfermedad 
crónica, y que los más de ellos han perdurado has- 
ta el presente, no se necesitan documentos. Basta 
apelar á los recuerdos de un pasado inmediato, y 
aun sobra con fijar la vista en lo presente. Pro- 
cedentes ahora como antaño, y como siempre, de la 
Península, y extraídos de Ihs clases sociales más 
humildes y desheredadas, los representantes que el 
clero ha tenido en Cuba, en la ultima parte del siglo 
pasado, en nada desmerecen de la bien ganada fama 
de sus antecesores de los primeros siglos de la co- 
lonización y la conquista. La misma ignorancia 

261 



CUBA T SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

los caracteriza j la misma sed de bienes terrenales 
los inspira; y si sus desórdenes no han dejado Qüa 
traza tan conspicua es, sin duda alguna, porque se 
han llevado á cabo con alguna más reserva y me- 
nos escándalo. 

Raro ha sido en Cuba el párroco que ha ejerci- 
do la cura de almas, misión nobilísima j principal 
de su sagrado ministerio, j más raro todavía el 
que ha profesado la ensefianza dominical. Las 
prácticas externas del culto, reducidas al sacrificio 
de la misa, las más de las veces rezada; alguno que 
otro sermón de más aparato que substancia j ajus- 
tado al ritual de las festividades de tabla; un par 
de devotas á quienes oir en penitencia; j la admi- 
nistración concienzudamente extorsiva j sin entra- 
ñas de los derechos parroquiales, haciéndose una 
renta de bautizos, entierros y matrimonios: hé aquí 
las funciones del ministerio parroquial en Cuba. 

Ni las pláticas morales enderezadas á llevar el 
consejo, la esperanza y el consuelo, tan necesarios á 
espíritus quebrantados por la duda y perturbados 
por la injusticia de las desigualdades sociales, ni la 
más leve atención otorgada á esas obras de mise- 
ricordia, que constituyen la moral en acción del 
Cristianismo, ni aun siquiera la cooperación volun- 
taria y desinteresada á la moderna vida colectiva, 
terciando y alternando con sus feligreses en la so- 
lución de sus problemas generales ó locales; nada, 
en una palabra, de todo aquello que infunde res- 

262 



CUBA T SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

peto, crea autoridad, engendra carifio, inspira con- 
fianza, y ata con vínculos morales, tan sutiles como 
resistentes, á los fíeles de una religión con los mi- 
nistros de su culto. 

Es notabilísimo, en cambio, su celo por todo 
aquello que se refiere á la percepción de esos verda- 
deros impuestos de capitación, á que se halla sujeta 
la conciencia en los países favorecidos por una reli- 
gión oficial. El bautizo, el matrimonio j el entie- 
rro y sus apéndices las misas, honras y responsos, se 
cultivan con esmero, mas no como funciones anexas 
del ministerio sacerdotal, sino como fuentes de in- 
greso y renta, la más saneada de la Iglesia. Y en 
este camino se ha andado tan de prisa y se ha ido 
tan lejos, que tal parece que el clero católico de 
Cuba dando por completo al olvido su misión es- 
piritual, llegó á persuadirse, que formaba algo 
así, como una vasta asociación mercantil, que á 
virtud de un concierto coa el Estado, tenía adqui- 
rido el monopolio de administrar los sacramen- 
tos, los cuales consideraba como géneros estancados, 
cual si se tratara del tabaco, de la sal ó de la pól- 
vora. 

Esta dirección bastarda y torcida dada á un mi- 
nisterio que es todo de abnegación y caridad, es la 
que, en primer término, salta á la vista de una ob- 
servación ligera y superficial; mas si se profundiza 
en el análisis, se encontrará también en el personal 
del clero actual los mismos vicios y desórdenes que 

263 



ÓÜBA Y BU EVOLUCIÓN COLONIAL 

dieron tanto y tan repetido motivo de queja á los 
antiguos gobernadorea de la colonia. 

No se esgrime ya el arma de las excomuniones 
ni se asegura la impunidad tras la malla de un fue 
ro privil^iado. Los tiempos han cambiado, y si 
la primera no sirve hoy para el ataque, menoB sirve 
todavía la abunda para la defensa. Pero la vida 
íntima sigue siendo la misma. Menos mal cuando 
las angustias del celibato se mitigan con la barra- 
gana oficial, que hasta las mismas Leyes de Partida 
llegaron á otorgar á clérigos y á monjes. Pero, 
mucho peor cuando ese lenitivo se busca y se logra, 
como á veces acaece, á expensas de la paz de una 
familia. 

No han escaseado tampoco desmanes de otro 
género y algunos bien recientes. 

En 1864 el crimen horrible de legalizar en los 
registros parroquiales la supuesta defunción de un 
centenar de bozales aprehendidos por el Qobierno, 
para venderlos como esclavos en connivencia con el 
Teniente de Gobernador Arguelles, lleva al presi- 
dio al cura párroco de la villa de Colón. 

En 1893 el propio Gobernador eclesiástico del 
Obispado, para responder á graves cargos, tiene 
que ocupar el banquillo de los acusados ante la 
Audiencia de la Habana, y si escapa al castigo, €S 
merced al indulto que le obtienen en Madrid la 
corrupción ó la influencia. 

Ya antes, durante el gobierno del Sr. Pardo, 

264 



CUBA V SU EVOLUCIÓN COIX>NIAL 

Vicario capitular, sede vacante^ habían desapareci- 
do los fondos de cementerios, que por afioe venían 
centralizándose en el Obispado, 7 los cuales llega- 
ron á estimarse en sumas fabulosas. (^) La juris- 
dicción ordinaria no llegó á conocer de estas filtra- 
ciones, como tampoco ha conocido de muchas otras, 
que se han realizado y ocultado entre la familia 
eclesiástica; pero de todas ellas ha trascendido al 
público lo bastante para que, cada vez haya sido 
mayor su desvío de la Iglesia y su desdén por sus 
ministros. 

Uno de los últimos obispos de la Habana, el 
P. Piérola, es sabido que recibió la mitra, como 
premio á una deslealtad, y por haber entregado al 
general Martínez Campos la plaza de Vera, de cu- 
yo gobierno y defensa estuvo encargado cuando era 
brigadier en las filas del ejército carlista. 

Ya se ha visto para lo que ha servido y sirve el 
clero católico de Cuba; véase ahora lo que costaba. 

Un escritor distinguido, el Sr. Cabrera, í^) ha 
hecho la suma de todas las partidas consignadas 
para su sostenimiento por un afio, en los presu- 
puestos generales de la Colonia. Alcanzan á 
584,694 pesos con 2 centavos, y aunque la cifra es 
desde luego exhorbitante para un país de tan esca- 
sa población, y sobre todo, para tan desastrosos re- 
sultados, todavía es necesario aumentarla con un 

(] ) Raimundo Cabrera. CStba y iu$ Jueces. Pág. 265. 
(3) Ibidem. Pág. 266. 

266 



CUBA Y 8U EVOLUCIÓN 0(HX>MIAL 

nuevo sumando de más que regulares proporciones. 
LfOs 548,694 pesos, con dos centavos incluidos en 
presupuesto, representaban sólo, lo que debiera Ua- 
marse el impuesto directo, exigido al país para el 
sostenimiento de su culto 7 de su clero. Al lado 
de ese impuesto existían otros, que pueden califi- 
carse de indirectos, y que estaban representados 
por \o» derechos de bautizo, matrimonio j entierro, 
que inflexiblemente han de pagar los cubanos cuan- 
do nacen, se casan y se mueren. 

Tomando por base el término medio de los naci- 
mientos, matrimonios y defunciones durante un 
año, y ajustando estos actos á estricto arancel — ^y 
sabido es que el tal arancel ha sido siempre letra 
muerta — la vendimia obtenida anualmente por el 
clero de la vifia del Sefior, ascendía á otra suma 
igual, si no mayor, que la asignada en presupuesto. 

¡ Algo más de un millón de pesos para mantener 
un clero adventicio, sin arraigo en el país y el cul- 
to de una religión en la cual eran ya pocos los 
que creían ! 

Y como 8Í las apuntadas no fueran suficientes, 
otras causas de un orden muy distinto han venido 
también á ahondar las diferencias del clero con loa 
fieles. El suelo cubano nunca tuvo fertilidad pa- 
ra producir en número bastante los curas y frailes 
que la costumbre y los tiempos impusieron al con- 
sumo. Es verdad que en cada una de sus dos Se- 
des, y merced á fundaciones particulares, desde 

266 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

antafio se viene sosteniendo un Seminario; pero ta- 
les han sido siempre las restricciones impuestas á 
la admisión de colegiales, que más parece que se 
deseaba alejarlos que atraerlos. 

Hé aquí algunas de las que contiene ó contenía 
hasta estos últimos afios, el reglamento del de la 
Habana. 

«3^ Los que no desciendan de cristianos viejos, 
limpios de toda mala raza de judios, moros ó recién 
convertidos á nuestra santa Fe católica. 

t4° Los que procedan de negros, mulatos y 
mestizos, aunque su defecto se halle escondido tras 
de muchos ascendientes, y á pesar de cualesquiera 
consideraciones, parentescos, enlaces, respetos y 
utilidades. 

« 5? Los descendientes de }>enitenciados por el 
Santo Oficio ó reconciliados por los delitos de he- 
rejía y apostasía, hasta la segunda generación. 

«6^ Los que traen origen de personas infama- 
das con algún otro castigo ó ministerio vil, de 
aquellos que producen afrenta y mancilla en el 
linaje. 

« 7^ Finalmente, los hijos de oficiales mecáni- 
cos.» (^) 

Tales barreras puestas al fomento del clero entre 
los naturales de la Isla, redujeron á ínfimo guaris- 
mo el número de ellos en el servicio de la Iglesia. 

(1) Bachiller y Morales. Historia de ku letra» euhana; Pág. 
156, t. 1? 

267 



CUBA T 8U EVOLUCIÓN COLOKÍAL 

Y así como se importaba el empleado público, 
hubo que importar también el sacerdote. En 
1885, de las ciento cuarenta y cuatro parroquias 
que contaba el Obispado de la Habana, sólo vein- 
tidós estaban servidas por sacerdotes cubanos. 

Se había trazado ya, y cada día íbase ahondan- 
do la línea divisoria, que una política ciega inter- 
puso en hora aciaga entre peninsulares y cubanos; 
y al tomar posición en esa línea, el clero, nacido en 
su mayoría en la Península, cayó del lado de lo6 
suyos, y vino á convertirse en un confederado asi- 
duo y eficaz del despotismo colonial, para toda ma- 
quinación anti-cubana, sumando así, como motivo 
para el desafecto público, á la carga de sus extra- 
víos tradicionales, la muy onerosa de los odios de 
facción y bandería. 

De dos maneras bien distintas se han manifesta- 
do los efectos del abandono en que el clero católico 
ha tenido en la Isla las funciones verdaderamente 
evangélicas de su ministerio, y los de la vida rela- 
jada, que generalmente ha vivido. En las clases 
superiores, con alguna cultura é ilustración, tradu- 
jéronse esos efectos en indiferencia, que el curso del 
tiempo condensó en desvío, y que llegó en no pocos 
al desprecio; en las inferiores, sumidas en la más cni- 
sa ignorancia, dieron lugar á absurdas y afrentosas 
supersticiones que extendieron su dominio, como 
en campo abandonado, sobre la conciencia vacante. 

Las clases de color, nunca muv distanciadas del 

268 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

culto de sus antiguos fetiches, cayeron en las ma- 
yores abominaciones, y entre otras, en las de la 
brujería y el fiafiiguismo. Difundióse entre ellas 
esa asociación monstruosa, reminiscencia del estado 
salvaje, especie de secta religiosa, logia masónica, 
tertulia casera y centro de conspiración, todo en 
una pieza; y en la cual á prácticas y ceremonias de 
un tono africanamente bárbaro, se mezclaban algu- 
nos vestigios de esos elementos, que informan las 
sociedades secretas, en los tiempos que preceden á 
una revolución. Aquellos que pudieron salvar 
algo de la fe católica trocáronla en un grosero 
fetichismo, el cual, dando en tierra con toda noción 
espiritual de la religión, levantó el culto de las 
imágenes á la altura de una verdadera idolatría. 
De entre ellos era extraído últimamente por el 
clero, el contingente más numeroso de las proce- 
siones, romerías y otras fiestas eclesiásticas, en las 
cuales el bullicio y la ostentación, toman el puesto 
del fervor y la edificación. 

Por lo que atafie á las clases blancas inferiores, 
tanto en la ciudad como en el campo, diéronse á 
raras supersticiones, reputando milagrosas y vene- 
rando como santas, cuevas, quebradas, fuentes y 
colinas, situadas siempre en lugares agrestes y des- 
poblados. Tradiciones, cuyo origen era del todo 
desconocido, y por ende más prestigioso, asociában- 
se siempre á esos lugares de culto y reverencia. 
La aparición de una Virgen María trigueña, cual 

269 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

conviene á una hija del trópico, derramando el bien 
de sus próvidas manos en forma de milagros, y 
dando vista á ciegos, salud á enfermos, consuelo á 
afligidos y hasta hacienda y fortuna á menesterosos 
y desvalidos; la memoria de un indio converso y 
eremita, muerto en una covacha en olor de santi- 
dad, ó la más extravagante todavía de un viejo fili- 
bustero arrepentido y taumaturgo: todas estas y 
otras muchas creaciones de la fantasía popular, 
asediada por el ansia de lo maravilloso, han erigi- 
do en diversas comarcas de la Isla, parajes de de- 
voción especial, cuyo culto, sin ministros que lo 
exploten y prostituyan, ha podido perpetuarse has- 
ta nuestros días. En Cárdenas, no lejos del case- 
río de Varadero, existe una de estas grutas, santi- 
ficada por la crédula piedad del vulgo, y la canti- 
dad de cera que en ella se quema, iguala, si no 
aventaja, á la que consume la Iglesia parroquial. 

Otras veces estas supersticiones disfrazadas de 
curas milagrosas, han servido á la picardía para 
explotar á la ignorancia. La virgen de Jiquiabo, 
una campesina vieja, fea y analfabeta, recorría allá 
por 1885 el campo y la ciudad, pretendiendo sanar 
toda dolencia con la virtud maravillosa de unos re- 
tazos de lienzo grosero santificados antes por el 
contacto de su piel. En época todavía más recien- 
te, otro labriego de idéntica vulgaridad é ignoran- 
cia, haciéndose llamar el Hombre-Dios, reclamaba 
igual prestigio para el agua consagrada por la in- 

270 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIALi 

mersiÓD de sus manos casi siempre nada limpias. 

Y lo peor del caso no es que existiera un idiota 
para protagonista de la farsa y un picaro para di- 
rigir la escena, sino que hubiera publico numero- 
so, acomodado y hasta con pretensiones de ilustra- 
do, para asegurar á la función un éxito pecuniario. 
Entre ese público — y el dato lo debemos á La Lu- 
chaj periódico de la Habana — llegó á figurar nada 
menos que un Secretario de Instrucción de la Re- 
pública. 

Disuelto durante la Intervención americana el 
contubernio del Estado con la Iglesia, parece lle- 
gada para ésta, la hora de una rehabilitación tan 
completa como necesaria, si es que el campo y su 
mies no han de quedar para las sectas disidentes, 
que han logrado con aquel suceso un motivo de es- 
tímulo y aliento. 

El culto que á la justicia profesamos, nos hace 
confesar que algunos pasos se han dado por ella en 
esa senda. Si han sido con acierto y en demanda 
de aquel propósito, es muy temprano aún para de- 
cidirlo. La data del empeño es reciente y como 
la cosecha está en el surco, es imposible apreciar su 
resultado. 



271 



CAPITULO IX 



MORALIDAD 



Matrimonio. — CoDoubioato. — Hijos ilcf^tiraoe. — Prostitución. — Cri- 
minalidad . — Contrabando . — Irregnlarídadcs adininistnitiTBR. 
Bandolerismo. — Chantage períodfstioo. 



m Enriquecene á toda costo h« i 
«qul el objeto principal de la Tida. Y 
la fortmia ha podido cabrirto, cobo- 
neitorlo y dormrio toda De moot» de 
cordel á negrero, de negrero á titulo de 
cartilla. Erta ha sido la enala. Y 
una Tes en alto nadie ha mirndo bark 
abajo. De aqoi han nacido, oomo de 
un manantial inagotable, la mala fe 
en Ion contmtot, el fraude en el oomer- 
olo, la informalidad en todas las trui- 
üMCcioncs. el cohecho y la renaUdad 
convertidos en instituciones, el negorüt 
substituyendo, naturalmente, sin e»- 
fuerso. sin asombro de nadie, al tra- 
bajo, i la industria, á la pericia, á la 
ciencia. El que no puede ae^ociar en 
f^rande se busca la vida oi pequeño y 
cuando se e«trecha el drculo de esta ac- 
tividad de honrados más que dodoss. 
cKtAn A la mano la estafa y el garito.* 

ENRiquB Joat Vaboxa. 



Entre los medios más generalmente aplicados 
para determinar el coeficiente de moralidad de un 
país figuran en primer término, la proporción de 
hijos ilegítimos, que indica el grado de estimación 

272 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

en que se tienen las uniones legítimas, que son la 
base y cimiento de la verdadera familia, y la cri- 
minalidad, demostración viva de la conciencia mo- 
ral de un pueblo. 

Y aunque sean escasas en número y pobres en 
autoridad, las estadísticas que á ambos extremos se 
refieren, son sin embargo suficientes para que haya 
de escribirse el tal coeficiente con un guarismo 
de muy escaso valor, por lo que á Cuba es atañe- 
dero. 

Según datos á la vista, procedentes de las dos 
Sedes episcopales de la Isla, en la época en que el 
Registro Civil estaba encomendado á la Iglesia, y 
que comprenden el quinquenio de 1841 á 1845, 
los hijos ilegítimos bautizados en dicho período 
alcanzaban al cuarenta y tres por ciento del total, 
proporción aterradora, y que no tiene semejante, 
que sepamos, en ningún país civilizado ó á medio 
civilizar. (^) 

Contribuían á formar esta proporción con el 71% 
de ella, la raza negra, y con el 23% la blanca. Y 
aunque el estado de esclavitud á que en gran parte 
se hallaba sujeta la primera, á la sazón en que 



(1) La proporción qae los hijos ilegitimoe gaardan con los naoi- 
niientos es en Inglaterra el 4 % , en Escocia el 7% , en Irlanda el 2'7% , 
en Francia el 3'9%, en Italia el 7%, en Bélgica el 8'9^, en Holanda 
el 3%, en Dinamarca el 10%, en Sneoia el 10%, en Nomega el 7%, 
en Sniza el 4'8%, en Portugal el 13'9^, en Romanía el 6%, en Ser- 
via el 1 % y en Eflpafia el 5 '55% . 

273 



CUBA T SU BVOLUCION COLOKIAI^ 

aquellos datos fueron anotados, debe serle admitido 
en 8u descargo, como circunstancia atenuante y aun 
eximente; ninguna excusa es suficiente á cohonestar 
el contingente con que la última ha contribuido á 
la cifra total, muy superior en más de la mitad á 
la que ofrecen aquellos países habitados exclusiva- 
mente por la raa&a de su color y religión. 

Pero si no por vía de excusa, que no la tíenen ex- 
travíos de tal naturaleza, al menos por la de expli- 
cación y comentario, conviene anotar, que varias 
han sido las manos que se han puesto al trabajo 
para realizar tan desatentada obra. Al enumerar- 
las es deber de justicia, colocar en primer término 
la de la esclavitud, institución de trascendencia tan 
indeleble y perniciosa, que sus efectos en el cuerpo 
social sólo pueden compararse á los que produce en 
el individuo, esa horrorosa dolencia, que comen- 
zando por atacar los órganos trasmisores de la vida, 
concluye por asirse con quijada de buUdog á todo 
el organismo, y por trasmitir á sus víctimas, de ge- 
neración en generación, como las maldiciones del 
Viejo Testamento, su herencia de dolores y mi- 
serias. 

Así puede afirmarse, que la raza negra se ha 
propagado durante la esclavitud, y desgraciadamen- 
te continúa propagándose, aun despu<?s de su abo- 
lición, por medio del concubinato, y hasta muchas 
veces por uniones tan efímeras, que ni aun siquie- 
ra de tal nombre son merecedoras. 

274 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONLVL 

Los estímulos de un clima tropical y de una pu- 
bertad precoz, lo licencioso de las costumbres, la 
notable desproporción con que siempre en. Cuba se 
ha distribuido por razón de su sexo la población, 
tanto blanca como negra, y el abandono, rayano 
en el olvido, de toda instrucción moral y religiosa, 
han sido también poderosos factores para el des- 
arrollo del concubinato. 

Con estas causas morales, conciértase una que 
pudiera llamarse económica, y es á saber, que en- 
tregada por el Estado en manos de la Iglesia la 
constitución de la familia, y convertida por ésta en 
fuente de ingresos, con el nombre de derechos pa- 
rroquiales, lo que siempre debió ser gratuito, cual 
lo es la administración de los otros sacramentos, la 
celebración del matrimonio quedó sometida á gabe- 
las de tal pesadumbre para las clases proletarias, 
que llegó á ser difícil si no imposible para éstas, el 
santificar la unión de los sexos con el vínculo del 
sacramento. Es verdad que la celebración de los 
matrimonios se sujetó á un arancel promulgado 
por el Estado en concordato con la Iglesia, pero en 
Cuba los aranceles, desde el de Aduanas hasta el 
de vehículos públicos han sido siempre letra muer- 
ta, y Escribanos, Procuradores, Secretarios, Regis- 
tradores de la Propiedad, Párrocos y otros fun- 
cionarios sujetos á ellos, han encontrado siempre 
términos hábiles para alterarlos en su beneficio, y 
hasta el mismo público ha acabado por habituarse 

275 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

á la exacción, estimándola como un derecho inhe- 
rente de los que ejercen autoridad. (^) 

Así como los aranceles excesivos constituyen una 
prima para el contrabando, de la misma manera 
los derechos parroquiales de matrimonio harto one- 
rosos vinieron á constituir una prima para el con- 
cubinato; y esta forma de unión entre ambos sexos, 
llegó á elevarse hasta la categoría de una costum- 
bre entre las clases menos acomodadas, tanto de la 
ciudad como del campo. Y á pesar de que los Tri- 
bunales de Justicia sólo eran llamados á intervenir 
en una mínima proporción de ellos, el rapto con 
miras deshonestas se convirtió en el delito más fre- 
cuentemente registrado. En el camix) sobre todo, 
donde el respeto de las conveniencias sociales era 

( 1 ) «En más de cieDto veinte legnas qne hay desde aquí A Sanoli 
SpirítaSf tí ve la gente qne habita en loe hatos y oorralea en gnuí bar- 
haridad, 8¡n qne haya en esa distancia nna ermita; y por la cuaresma 
solamente se les envían nnos clérigos qne confiesan á alganoe, pan 
cobrar después de cada dnefio de hato ó corral doe pesos por cada 
español y nno por cada negro, con el titulo de limosna, á lo qne yo 
llamara simonia. No sé si otros gobernadores han hecho esla repre- 
sentación á V. M. ; yo quedara con grande escrüpnlo de no haoella.* 
(Carta al Rey del Gobernador Salamanca.)— P^znela, HUióriadelú 
Ma de Cuba. Yol. II, pág. 136. 

«Cuando fui á Cuba no estaba el Obispo; llámele creyendo eseosar 
trabajo con él, é no hizo sino poner confusión y niaqninar oontoa mi. 
£1, en quebranto de las ordenanzas qne mandan á los clérigos confie- 
sen y entierren á los indios gratis, demás de llevar diezmos, toma por 
cada entferro ocho reales, no llevándose en la Espafiola sino dos ó Ires. 
Lleva por todo excenivos derechos. Prohibió comer de carne en cua- 
resma para dar licencia») á llevar de cada una tres, seis, ocho y dooe 
reales.» (Carta de Juan de Vadillo al Rey, de septiembre de 1532.) 
Tomo 79 de la colección de Mufioz. 

276 



CUBA T SU EVOLUaON COIiONUL 

totalmente desconocido, la instrucción más escasa y 
más sórdidas y onerosas las exacciones parroquia- 
les, el rapto llegó á ser el medio más corriente y 
expedito de constituir la familia; aunque es nece- 
sario consignar, en honor á la justicia, que el ma- 
yor número de los que contraían este género de 
uniones, cuando eran beneficiados en prole y en 
fortuna, no demoraban el honrarlas y fortalecerlas 
con el vínculo más solido del sacramento. 

Los que sepan estimar las relaciones de causa y 
efecto que la familia conserva con la Sociedad y 
con los individuos que la forman, podrán apreciar 
en su punto y medida la nociva y deletérea influen- 
cia que semejante desdén en la manera de consti- 
tuirla y ordenarla ha ejercido sobre Cuba y sobre 
los cubanos. Y si es un hecho que la virilidad es 
hija de la infancia, y que los ejemplos recogidos en 
el medio en que se agitaron los primeros afios, obran 
siempre con la virtud de un poderoso fermento, so- 
bre todo el resto de la humana vida, es indudable, 
que ese 2Z% de cubanos de la raza blanca y ese 11% 
de la de color, nacidos y criados fuera del matri- 
monio, han debido resentirse durante toda ella, de 
las tristes condiciones en que la vida les fué im- 
puesta, y de la falta de estabilidad, decoro, previ- 
sión y dignidad, que suele caracterizar en todas 
partes los hogares levantados por el concubinato. 

Y ésta sería á no dudar, una de las más sombrías 
fases de aquel cuadro de tan nauseabundos tonos, 

277 



CUBA Y SU KVOLUCIOK GOIíOKIAL 

que arrancó al poeta Heredia su célebre estrofíi de 
indigD ación y de dolor: 

« Dulce Cuba, en tu suelo se miran 
en el grado más alto y profundo 
las bellezas del físico mundo, 
los horrores del mundo moral.» 

Es el concubinato puerta de tan escurrídoeo ac- 
ceso á la prostitución, que por ella se desliza, como 
por su natural desaguadero, una buena parte de 
esas uniones ilícitas determinadas por el libertina- 
je ó el interés, cuando minadas por el hastío y la 
saciedad, viene á disolverlas el abandono. Cuando 
éste se presenta, y lo hace casi siempre por sorpre- 
sa, el hogar improvisado se desploma, y la miseria 
y la falta de energía moral para combatirla, arras- 
tran y dispersan á loe cuatro puntos del horizonte 
á todos los seres que la torpeza ó la desgracia colo- 
có bajo su techo. Los hijos pequeños son elimina- 
dos por el vertedero de la Inclusa; los mayores van 
á engrosar la turba de granujas arrapiezos, que ca- 
llejean sin padres, sin escuela y hasta sin pan; el 
macho va en demanda de carne nueva que estimu- 
le su extenuada lascivia, y la hembra, resignada á 
ana catástrofe, no por temida menos esperada, si no 
tropieza á la mano con un nuevo amante, descen- 
derá con la pasividad de las bestias de carga, el úl- 
timo peldaño, que la ha de conducir al lupanar. 

Así no ha de extrañarse que el mal social haya 
echado en Cuba tan vigorosas raíces, que en loe 

278 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

momentos actuales, después de tres siglos de esclavi- 
tud y medio siglo de revueltas civiles, los últimos 
restos de honestidad y de vergüenza, que aún pue- 
de encerrar la sociedad cubana, se hallan expuestos 
á desaparecer entre los tentáculos de ese pulpo ge- 
latinoso y colosal, cuya presencia por todas partes 
se revela. 

Escasa y á prima la mujer blanca en los prime- 
ros siglos de la colonización, su tributo al eterno 
Minotauro, debió ser durante ellos de ínfima cuenta 
y proporciones. Sobre la india y la negra y más 
todavía sobre el fruto de sus cruzamientos, la mes- 
tiza y la mulata, vinieron á pesar, durante toda esa 
época, la triste misión de levantar la carga que las 
pasiones sin freno imponen á las mujeres sin pu- 
dor. Y vuélvese aquí á encontrar la esclavitud 
como el vehículo más apropiado para proveer á las 
mancebías de la Colonia de su necesario contin- 
gente. 

Hé aquí en qué términos se dirige al Rey en 1659 
el Gobernador de la Isla don Juan de Salamanca: 
a Reconociendo entonces la relajación en que vi- 
vían estos naturales en todo género de cosa, se ha 
puesto el remedio conveniente para que esta repú- 
blica imite en lo político á la de los reinos de Es- 
paña; y llegándose á obrar pecados públicos y 
escandalosos, desterré algunas mujeres mancebadas 
con hombres casados. Obligué á los dueños de las 
negras y mulatas, á que las tuviesen dentro de sus 

279 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

casas 7 no las diesen permissión para vivir íbera 
de ellas, ni ir á los ingenios y corrales, que It da- 
ban con facilidad y gusto, porque estas esclavas da- 
ban ansí á sus amos jornales muy ventajosos á loe 
que ganaban en esta ciudad, y para ganalloe era 
preciso que fuese con ofensa de Dios, ansí por lo 
que ellas obraban, como por lo que hurtaban los 
negros á sus amos para dar satisfazion á estas mu- 
geres. Deseando continuar el remedio se encontró 
con muchas que tenían amistad con eclesiásticos, y 
habiendo intentado desterrar algunas por su dema- 
siada disolución, después de haber prevenido á otras 
se abstuviesen de amistades ilícitas, fué preciso ce- 
sar en una obra que fuera tan del servicio de Dios, 
porque se empezaron á amotinar los eclesiásticos, 
hallando patrocinio en su Juez, tomando por pre- 
texto que quería introducirme en jurisdicción age- 
na y no veneraba la dignidad sacerdotal; ageno es- 
to de la verdad pues bien se ve, que yo procuraba 
el remedio desterrando á las mugeres, sin tomar ni 
por escrito ni de palabra los nombres de los tales. 
Me pareció mejor resolución aguardar al prelado 
que aventurar un motín en esta plaza. Suplico á 
V. M. se sirva mandarle que venga cuanto antes, 
para que se ponga remedio á esta cosa tan grave; 
porque el obispo don Juan de Montiel, cuando lle- 
gó á tener noticias de estas cosas y á hacer la visita 
de sus subditos, murió con celeridad, y según dice el 
vulgo (que podrá ser que por otra vía haya llega- 

280 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIA!. 

do á noticia de V. M.), ayudado, como suele suce- 
der en las Indias, etc. etc.» 

Si se atiende á que los males y daños, á cuyo 

remedio intentó poner mano el veterano Goberna- 
dor Salamanca, lejos de cesar, ni aun siquiera dis- 
minuyeron; y si se advierte que la entera población 
de Cuba en aquella fecha no excedía de la men- 
guada cifra de 30,000 almas (O será fácil darse 
una idea del incremento y desarrollo que andando 
el tiempo, hubieron de alcanzar la licencia y co- 
rrupción de las costumbres en un terreno ya pre- 
parado por el vicio y que de afio en afio recibía 
nuevos y más enérgicos fertilizantes. Filibusteros 
y piratas corriendo la costa y entrando á saco y 
rebato hasta los mismos pueblos del interior (2); la 
nota, inmenso hacinamiento de buques mercantes 
y de guerra, que llegó á numerar doscientas velas, 
singlando por períodos semestrales en el puerto de 
la Habana para refrescar víveres y dar descanso y 
esparcimiento en la ciudad á su chusma de gente 
de leva, de galeotes y de forzados, escoria de las es- 

(1) Historia de la Isla de Cuba^ por Antonio I. Valdés. Pág. 84. 

(2) En loe ufioa de 1665 y 1666 esquilmaron (los filibosteros) de 
Coba solamente más de doscientas haciendas en su costa, sin defensa 
aún contra aqnellos enjambres de bandidos. No les bastaba incen- 
diar los caseríos, arrebatar los esclavos y hasta los animales y los mue- 
bles. Las esposas de los inofensivos labradores servían también de 
pasto á la lascivia de los filibusteros, y hasta sus hijos de prenda de 
rescate á su sed de oro... (Pezuela. Historia de Cuba, Yol. II, pág. 157). 
Débese tener en cuenta que el período de las excursiones filibusteras 
se prolongó en Cuba hasta la paz de Utrecht en 1709. 

281 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLOKUL 

taciones de Levante y de los presidios andaluces, (^^ 
piaras de bípedos afrícanoSi trasladados á Cuba 
por la trata y difundiendo en ella los vicios bru- 
tales de la vida salvaje agravados por las miserias 
de la esclavitud, clérigos y frailes que parecían 
haber abdicado la carga de la familia propia para 
disfrutar más á sus anchas de la ajena; emigrados 
fugitivos de Jamaica, de la Louisiana, de la Flori- 
da, de Santo Domingo, de Méjico, de Costa Firme 
y de todos aquellos puntos en que la raza conquis- 
tadora minada por los egoísmos del poder disfruta- 
do en el ocio, iba cediendo el terreno á elementos 
mejor conformados para la vida del progreso; in- 
migrantes españoles en su mayoría sin familia, 
desmoralizados por la ignorancia y la miseria y 
sedientos de dominación y de riqueza, (*) chinos 
enclenques y decrépitos, pero maestros en todas las 

(1) Por la obligación del oficio é descargo de mi oonciencia bago 
saber á vuestra magettlad qne el Alcaide y su Alférez y Sai^nto están 
públicamente amancebados con tres mugeres casadas y oon taota pu- 
blicidad como si fueran suyas. Y viendo los marido? el pooo reme- 
dio qne tienen se las han dejado y ausentado por do ver semejante 
afrenta... Los demás soldados viven en la mesma libertad tomando 
á otros vezinos las mugeres é esclavas por fuerza. No hay jozticia ni 
regidor qne ose acudir á la carnecería y pescadería, porque en llegan- 
do los soldados rompen las puertas y lo toman por fuerza sin dejarlo 
peesar é sin pagar... Carta del gobernador Lujan al Rey, de 23 de Di- 
ciembre de 1584. 

(2) Por otra parte el gran número de peninsulares y extranjeros 
que en mayor ó menor edad pasan á la isla y permanecen en ella lar- 
gos afios, pensando siempre en regresar á su país natal, contraea re- 
laciones ilegítimas y dejan á su muerte ó á su regreso enteramente 
abandonados multitud de niños y jóvenes. Memoria del General 
Concha, pág. 56. 

282 



CUBA V SÜ ÍIVOLÜCÍOK COÍX)KÍAL 

abominaciones que han caracterizado siempre la de- 
generación de las razas. He aquí esos fertilizantes. 

Todo este aluvión de inmundicia y podredum- 
bre social estuvo por espacio de tres siglos deposi- 
tando por sedimentación^ sus detritus orgánicos en 
descomposición, sobre la infortunada sociedad cu- 
bana. Y cuando al mediar el pasado siglo se 
inicia el período de las guerras revolucionarias, la 
prostitución, extendida por todos los ámbitos del 
país, constituía una inmensa llaga, para cuyo voraz 
fagedenismo no bastaba la cosecha propia, aun 
con ser pingüe, y era necesario acudir á la im- 
portada. 

Las provincias españolas del litoral y más espe- 
cialmente la de Canarias, algunas francesas y ale- 
manas y un buen golpe de americanas de los veci- 
nos Estados Unidos, suplían el déficit de la pro- 
ducción doméstica y atendían á las necesidades del 
consumo, estimulándolo con la novedad y variedad 
de la mercancía. Durante esa época la Habana 
llegó á semejar una de esas ciudades de Levante 
en la que se dan cita, en bazares apropiados al ob- 
jeto, todas las manifestaciones de la lascivia africana, 
mongólica ó caucásica para dar pasto á la lujuria 
de una población trashumante de piratas y contra- 
bandistas, marineros y soldados. 

En descargo de la justicia debe consignai-se que 
la raza blanca de la tierra no dio á la prostitución, 
á la pública por lómenos, aquel contingente que era 

283 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COlJOfSlAL, 

de esperarse, con solicitaciones de tanto ahinco co- 
mo las que se han enumerado. Y esta circunstan- 
cia recomendable debe ponerse a la cuenta no de 
la religiosidad, que nunca fué mucha, ni de las 
letras, que siempre fueron escasas, sino del des- 
ahogo y comodidades que á tales clases les fueron 
permitidas, en un medio en que sólo los negros pa- 
recían condenados al trabajo, faltándole así á aquel 
vicio, una de sus principales fuentes, que ha sido 
en todas partes la miseria. 

Al estallar la Revolución de 1868 eran contadas 
las cubanas blancas que figuraban en la prostitu- 
ción pública; pero al terminar aquélla, diez afios 
después, su número era ya más que suficiente para 
dar tono al conjunto. La ruina de tantos hogares 
dispersados por la guerra, el trato frecuente con la 
soldadesca omnipotente y desenfrenada, y la mise- 
ria que hincó su diente nivelador sobre la carne 
blanca, hasta entonces por ella respetada, explican 
este aumento. Y como estas causas de perturbación 
subsiguieron á la paz, y hasta llegaron á aumen- 
tarse con la emancipación de los esclavos, acaecida 
á la sazón, la prostitución blanca prosiguió su pro- 
ceso de expansión, y al estallar la Revolución de 
1895, ella sola, bien publicamente ó bien en forma 
clandestina, bastaba para satisfacer las necesidades 
de un consumo local exagerado, y hasta para ofre- 
cer un remanente á la exportación. 

Cuál sea en esta materia el resultado de la últi- 

2S4 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

raa Revolucióu podrán calcularlo los que hayan 
apreciado los de la primera, si al formular su jui- 
cio tienen en cuenta, que si bien la que acaba de 
transcurrir ha sido de menos duración, sus efectos 
han disfrutado en cambio el triste privilegio de la 
extensión y de la intensidad; y que durante ella, la 
entera población de los campos, en las cuatro pro- 
vincias más pobladas, fué arrancada de sus hogares 
y arrastrada á las ciudades, para que en medio de 
los tormentos del hambre y quebrantada por el im- 
perioso y humano deseo de conservar la vida, fuera 
presa inconsciente é indefensa de todas las abomi- 
naciones de la carne. 

Y en comprobación ahí va este recuerdo entre 
rail que pudieran ser citados. 

El 8 de Febrero de 1897, en pleno régimen de 
Weyler, publicaba La Lucha^ periódico español de 
la Habana, los siguientes hechos que le comunicaba 
su corresponsal de Artemisa: «La columna Es- 
truch trajo en una carreta desde Cayajabos, diez 
niños de ambos sexos, que en la mayor orfandad 
vagaban por el desierto y estratégico caserío que 
destruyera un día la mano demoledora del insu- 
rrecto. 

«A pública subasta en la plaza de Artemisa ofre- 
cía un sargento de la columna aquellos infelices, de 
los cuales no se hizo cargo la autoridad militar, y 
el Alcalde no quiso recibirlos sin contar con un 
documento que acreditase la entrega. 

286 



CUB.V Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL. 

« Muy pronto fueron presentándose aspirantes a 
los nifios, que se afanaba en repartir el cumplidor 
sargento, con el fin de expe<litar la carreta y acudir 
á incorpornrse á sus fuerzas. 

« Entre los aspirantes á tutores se presentarou 
varias meretrices, que ciirgaron con des niñas, y un 
conocido corruptor de menores, comerciante en 
carne, que se adjudicó h\ mayor, hermosa niña de 
catorce años.»» 

¡Cuántas veces no se habrá repetido este tristísi- 
mo episodio y otros de igual índole y colorido, en 
una guerra de tanto estrago y devastación, que en 
ocasiones llegó á parecer que no tenía más objeto 
que descuajar á los cubanos de la tierra que les die- 
ra nacimiento! 

Tiemblan las carnes de dolor y anégase con ira 
el corazón ante el espectáculo que en los momen- 
tos actuales ofrece la prostitución en los principa- 
les pueblos de la Isla. L:i fétida ola ha rebasado 
todos los di(iueá y quebrantado todos los escrúpu- 
los, y en sus aguas cenagosas se ven sobrenadar la< 
míseros restos de aquella infame reconcentración, 
que al ser indultados por el hambre lo han sido al 
precio de la virtud, del honor y del porvenir. 

El mismo periódico ya citado. La Lucha^ en su 
número del 18 de Enero del año 1809, dice lo si- 
guiente: 

« Según informes del Sr. Cruzado, antiguo em- 
pleado de la sección de Higiene, las c^sas de tole- 

286 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

rancia que existen en la Habana, ascienden á 1,400; 
de éstas sólo 462 se hallan registradas.» — lQ\x6 
horror ! 

Es la criminalidad otra de las manifestaciones de 
uso más corriente para apreciar en su justo valor 
la moralidad de un país y para trazar y determi- 
nar ese conjunto de sentimientos y propensiones, 
que la Sociología penal estima y considera como el 
sentido moral de una agregación humana en una 
época determinada de su historia. 

Y para fijar la órbita y demarcación de ese sen- 
tido, son elementos de primera fuerza, no sólo el 
número que alcanzan las contravenciones de la Ley 
Penal, sino también la índole y naturaleza de 
aquellas más frecuentes, la clase social á que perte- 
necen los contraventores y su grado de cultura y 
refinamiento. 

Por desgracia las estadísticas que á esos extre- 
mos se refieren, si pecan de desacordadas é incom- 
pletas, aun en los países más civilizados, por loque 
á Cuba atañe, ni siquiera son acreedoras á que por 
tales se las tenga. Pero si se pone á contribución 
todo aquello que pueda ofrecer alguna idea, aun- 
que sea aproximada, del asunto en estudio, y más 
especialmente los datos contenidos en las oraciones 
inaugurales de los Presidentes de las Audiencias 
de la Isla y en los Registros del Presidio de la 
Habana; y si esos datos se comparan con los simi- 
lares de los demás países, habrá de concluirse, que 

287 



CUBA T SU EVOLUCIÓN COLONIAL. 

esa percepción delicada que los sociólogos crimina- 
listas apellidan sensibilidad moral, y que es á ma- 
nera de un sexto sentido, que recibe las impresio- 
nes que la delincuencia produce en los hombres 
honrados, y marca la repugnancia que experimen- 
tan hacia ella, ha dado y sigue dando hasta ahora 
en Cuba muy pocas y contadas muestras de sutile- 
za y lozanía. 

Los factores sociales de delincuencia han sido en 
ella tan múltiples como intensos. Esclavitud ne- 
gra, colonización china, inmigración de gente moza 
y colecticia, población escasa, instrucción nula, re- 
ligión indiferente, restricciones comerciales inso- 
portables, un r^'gimen de castas puestas á raya por 
el sable, estrechez y miseria sucediendo á un pe- 
ríodo de disipación y riqueza, y como complemen- 
to de todo ello, tres guerras civiles del tipoespafiol, 
(jue durante medio siglo han conmovido y sacudi- 
do los cimientos mismos de la sociedad. Hé aquí 
los principales reactivos, cuya poderosa eficacia ha 
precipitado en Cuba la criminalidad. Cualquiera 
de ellos hul)¡cra bastado y sobrado para perturbar 
hondamente una colectividad de antiguo estableci- 
da; introducidos en rápida sucesión en un pueblo 
nuevo, cuyo carácter moral no había tenido lugar 
para cristalizarse, sus efectos han sido de tanto de- 
sastre como estrago. 

Circunscribiendo el análisis á la dícada compren- 
dida entre 1880 y 18íX), breve oasis de relativa paz 

288 



CtTBA T SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

entre dos guerras civiles, y llenando algunas lagu- 
nas de nuestros datos con el guarismo del año pre- 
cedente, puede darse como promedio aproximado 
de la criminalidad en Cuba por razón de convic- 
ciones, la cifra de 26 por cada 10,000 de sus habi- 
tantes. De esa criminalidad corresponden al deli- 
to de homicidio el 18 y á los de hurto y robo el de 
245 por cada 100,000 habitantes. 

Estos guarismos no tienen nada de lisonjeros 
cuando se les compara con los que arrojan las es- 
tadísticas de las naciones civilizadas; pero concu- 
rren á comprobar el grado de honda perturbación 
moral alcanzado por un pueblo, en el que todo es- 
taba gangrenado; el Gobierno, la Iglesia, la Ma- 
gistratura, el Foro, las profesiones, y en el que 
hasta la misma conciencia individual y colectiva, 
se hallaba amenazada de insensibilidad. (^) 

El promedio de rematados en el presidio de la 
Habana, durante el indicado período de 1880 á 
1890, ha sido de 1,101, lo cual da una proporción 
de siete presidarios por cada 10,000 habitantes, 
cifra que dista mucho de ser halagíiefla cuando á 
comparación se la somete. 

Entrando ahora en el examen específico de los 
delitos, puede afirmarse, que los más frecuentes 
son los característicos de una civilización no muy 
adelantada. Por extraño contrasentido escasean 



(1) Eonqne Joeé Varona. Disoarao pronanciado en una velada 
de 1a Caridad del Cerro en 6 de Agosto de 1 888. 

289 



CJU§A t 8Ü EVOLUCIÓN OÓLONIAIj 

los pasionales, cuanto abundan los premeditadas, j 
la mayor cosecha la ofrecen los inferidos contra la 
propiedad en sus dos formas más rudimentairias, ó 
sea en la de robo y en la de hurto. £ii cuanto á 
las estafas, defraudaciones y demás engaños, las 
má-s de las veces se perpetran en completa impuni- 
dad. Ni las leyes penales han sabido, ni li>s Tribu- 
nales de justicia han acertado á trazar con ia nece- 
saria precisión la línea indecisa en que se confun- 
den el dolo meramente civil y el maliciosa) y cri- 
minal. De ahí resulta que á la práctica de ambos 
se la ha llamado en Cuba hacer negocio y listo al 
que sobresale profesándola. 

Los procedimientos ingeniosos y sutiles, que en 
países más adelantados acompañan á esbi clase de 
delitos, son en Cuba del todo desconocidos, y el 
arte de la defraudación, en su forma más acabada, 
no ha traspasado en ella los límites modestos del 
timo á la española. 

Defraudar á un legítimo acreedor poniendo los 
bienes en cabeza ajena ó sujetándolos á graváme- 
nes imaginarios; asegurar de incendios U'ia propie- 
dad con el deliberado propósito de hacerla incen- 
diar y devengar la prima del seguro; simular acree- 
dores en una quiebra ó concurso para disponer de 
una mayoría en las votacioi es: pagar á los prime- 
ros hipotecarios, no pira cancelar sus hipotecas, 
sino para esgrimirlas en daño de los segundos ó 
ulteriores. He aquí verdaderas defraudaciones eri- 

290 



CUBA T SU EVOLUCIÓN COLOKXAL 

minales, que en Gula han cometido y cometen á 
diario personas que se tienen por honradas, y qué 
no han de tener empacho en aconsejar los aboga- 
dos'que quieran merecer y conservar la reputación 
de hábiles. 

Pero antes de cerrar este capítulo, algo en par- 
ticular debe de ser expuesto, sobre cuatro fuentes 
de delincuencia de tan copioso raudal, que á mane- 
ra de una inundación se han extendido sobre el 
país, presentindo todos los caracteres de una plaga 
verdadera. Y son, á saber: el bandolerismo, el 
conrrabando, las llamadas irregularidades adnli- 
nistrativas y el chantage periodístico. 

Como rez igo de las luchas civiles qué en el úl* 
timo medio siglo han ensangrentado la tierra, co- 
mo légamo extraído de las profundidades sociales 
y puesto en suspensión por las corrientes revolu- 
cionarias, y sobre todo como patrimonio y herencia 
de la raza de su estirpe, aún no del todo distmciadá 
del período depredatorio que caracteriza á los pue« 
blos sin cultura, el bandolerismo, no como un he- 
cho aislado, sino como una verdadera enfermedad 
social, durante el intermedio de sus dos últimas 
guerras, afectó en Cuba proporciones de tal magni- 
tud, que pocas veces han sido igualadas y menos 
superadas en país alguno, aun en el período más 
crítico de sus trastornos y revueltas. 

En todos los tiempos, no ya sólo por instinto de 
depredación, sino á estímulos también de un tem- 

291 



CUBA Y 8ü EVOLUaON COLONIAL 

peraraento agresivo, propenso cual ningún otro á 
dejarse influir por los exagerados delirios del ro- 
manticismo, ha sido la Península Ibérica campo 
abonado para el cultivo y el florecimiento de mal- 
hechores y bandidos. El sentimiento popular, le- 
jos de repugnar sus desafueros y atentaios, acudía 
casi siempre a enaltecerlos y á loarlos, enlazándo- 
los á móviles de una gran ñnalidad moral. 

Viriato, Bernardo del Carpió y el Cid, que co- 
menzaron por ser foragidos de encrucijada, merced 
á la tendencia romántica que los identifica con las 
reivindicaciones del suelo patrio, acaban por ser 
elev: dos á la categoría de héroes nacionales. Así 
Roque Guinart sale de las manos de Cervantes, 
cual andando el tiempo había de s^ilir Hernani de 
las de Hugo, más para dechado y espejo de caballe- 
ros que para tipo de bandoleros en cuadrilla. Así 
Calderón en su drama la Devoción de la Cruz^ pre- 
coniza la rehabilitación de un facineroso vulgar, 
no por el arrepentimiento, sino por su fanático y 
6upei"sticioso culto á la insignia del Crucificado — 
espe ie de oración del Justo Juez de tanta reveren- 
cia pero de más provecho, por lo visto, en aquel 
tiempo que en el presente. 

A esta alianza del bandolerismo con el senti- 
miento patrio, con la caballería y con la fe religio- 
sa concurre también la tendencia socialista del 
proletariado actual, y surge Diego Corrientes, el 
bandido generoso y providencial, que reparte á los 

292 



CUBA Y SU EVOLUaON COLONIAL 

pobres lo que roba á lo8 ricos, y cuyas hazafias han 
sido tantas veces aplaudidas por el pueblo espafiol 
desde his altas localidades de sus teatros. 

Y como si todas estns manifestaciones no basta- 
ran a evidenciar su decidida afición á realizar la 
apoteosis del bandolero, créase tiidavía p)r gene- 
ración espontilnea un género especial de literatura, 
de fabricación genuinamente española y descono- 
cido en los demús países, que recibe el nombre de 
literatura picaresca y que se consagra con verda- 
dero amor, y más para loarlos que para condenar- 
los, á narrar en el tuno de la épica, las gestas de 
fulleros y hampones, rufianes y tahúres de la tra- 
za y calaña de Guzmán de Alfarache, Marcos de 
Obregón, Esteban i lio González, y mil otros ma- 
landrines de la misma jaez, cuyas hazañas, á rea- 
lizarle en este siglo, sólo serían dignas de escribir- 
se en los registros de las cárceles y presidios. 

No podía exentarse la colonia de la propensión 
depredatoria al mismo tiempo que romántica, que 
la Metrópoli le trasmitiera por dos vehículos tan 
apropiados para el caso como son la herencia y la 
emigración. Y cuando las condiciones del medio 
lo consinti(Ton, á la manera de esas vegetaciones 
espontíiieas, que se presentan con las primeras 
aguas de la primavera, y cuya simiente no parece 
de intento sembrada, así el bandolerismo hizo su 
aparición en Cuba, pujante y formidable desde los 
primeros momentos de su historia. 

293 



COMA T 80 sroLUoioir cmj&mAMé 

Mientras la colonia faé deaenyolTÍendo sa riqii#» 
la 7 poblHción con la extrema lentitud qae acredif 
tan los primeros tres siglos de en historia, €*1 bao» 
dolerísmo se presenta bnjo la forma de casos aúlados 
j esporádicos sin la necesaria trabazón j depeii* 
dencia para que pudieran ser diagnostieadoa como 
una verdadera enfermedad epidémica. Pero tan 
pronto como los trastornos del yecino continente 
fueron arrojando sobre su suelo una turba abiga-^ 
rrada de refugiados, de hábitos menos pacíficos j 
de pasiones exaltadas por las luchas civiles de las 
que habían sido víctimas; (O así que la trata sis- 
temáticamente practicada, dio lugar á improvisar 
una fortuna y el ansia desapoderada por allegarla 
y disfrutarla, vino á ser el único sentimiento colec- 
tivo, los casos aislados se repiten, crecen y se mul- 
tiplican y el bandolerismo se convierte en Cuba en 
epidemia. 

El momento histórico que abraza los gobiernos 
que se sucedieron desde Cajigal en 1819 hasta Ta- 
cón en 1834, marca el período álgido de ese des- 
bordamiento morboso. 

« En el segundo semestre de 1820 y los primeros 
meses de 1821 consternaba á los vecindarios los 



(1) «No pnede fignrarse V. E. la agitación en qne me tiene 

el anmento de emigrados qne ooncorren á este pnnto de todoe l<w de- 

Biás qoe nos circuyen» Carta del Capitán General Mahj al Minia- 

tro de la Guerra, de 26 de Abril de 1822.— iTúíarta de Cuba por Pezua- 
la, Yol. 4. 

as4 



CU^A Y SU SVOLüaON CpLQNUL 

atentados que se cometían así á la luz del Sol, cor 
jno en Ihs sombras de la noche, y lo mismo en I09 
parajes concurridos que en los solitarios. Muchos 
de BUS autores no eviUiban siquiera las pesquisas 
de los tribunnles, sabiondo que no los habían de 
perseguir. La impresión de los ánimos con este 
asesinato ó aquel robo sólo se borraba con el espec- 
táculo ó la relación de delitos más recientes.» 

Así traza el Sr. Pezuela en su Hidoria de Cuba 
el cuadro que la Isla presentaba al encargarse de 
su gobierno el General Mahy. 

La generación ya próxima al ocaso ha podido re- 
coger en su infancia, como consejas del hogar, la 
historia anecdótica de las depredaciones de Aponte, 
Caniquí, Juan Fernández el Rubioy Juan Rivero, 
el AduHavo y algunos otros de no tanto renombre 
y osadía, de las connivencias culp^tbles del Marqués 
de Casa-Calvo extrañado por Tacón á causa de 
ell«s, y de los trabajos de Armona y su partida, 
que por espacio de veinte años sostuvieron contra 
los malhechores una campaña de ta nto brío como 
astucia. 

Algunas de ellas fueron recogidas por la litera- 
tura contemporánea ó por la que inmediatamente 
la siguió. Para no renegar de su prosapia españo- 
la, Tolón y Blanchie, dos poetas de la tierra, nos 
sugieren en sus romances un Juan Rivero, de gen- 
til apostura, varonil denuedo y casi hidalgos procer 
(Jpres; y según todos los indicios José R. Betancourt^ 



CUBA T SU EVOLUCIOM G(»X>NIAL 

en 8U novela Una Feria de 1% Caridad^ Imjo el 
nombre de Juan Morgan, nos relata un episodio 
de la vida de Juan Fernández, el Rubio. 

He Hqu! en qué términos el General Tacón daba 
cuenta á su Gobierno del estado en qoe encontró 
la Isla al encargarse de su mando en 1834. 

«Hace tiempo qué es objeto de debate en los pe- 
riódicos nacionales y en los extranjeros el estado 
de desmoralización á que había llegado la Isla de 
Cuba antes del primero de Junio de 1834. Por 
ningún concepto era exagerado el cuadro que nos 
presentaban: un número considerable de asesinos, 
ladrones y rateros circulaban por las calles de la 
capital, matando, hiriendo y robando, no solamen- 
te de noche sino en pleno día y en las calles más 
céntricas y frecuentadas. Un número tan grande 
de criminales parecía provenir de un centro común 
ó de alguna asociación terrible por sus niinificacio- 
nes, con el propósito de imponerse á las leyes, ata- 
car impunemente á los ciudadanos pacíficos y des- 
truir todos los vínculos sociales. El terror que 
excitaban esos miserables era tal, que los dependien- 
tes del comercio no podían salir para hacer los co- 
bros sin ir escoltados por la fuerza pública. Exis- 
tían también criminales á quienes todo el mundo 
conocía, prontos siempre á asesinar á precio conve- 
nido á quien quiera que se les designase. Muchas 
veces, en la prisión misma, el criminal designaba 
la víctima y contaba en la calle con cómplices para 

296 



CUBA 7 SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

cometer un nuevo atentado. Pagaban en la Ha- 
bana de 12,000 los individuos que, sin bienes, ni 
otro medio conocido de subsistencia, vivían en las 
casas de juego. Los vagos eran innumerables y 
grande el número de los que libraban su subsisten- 
cia merced á picardías de todo género, y hasta en 
el mismo foro ejercían la profesión de testigos falsos, 
atacando la paz de las familias y la tranquilidad de 
ciudadanos pacíficos, que por no verse expuestos á 
los sinsabores de un proceso ruinoso preferían com- 
prar á un precio subido su tranquilidad.» 

Lo que hiciera el gobernante que suscribió la 
anterior exposit ion para poner remedio á tan las- 
timoso estado de cosas es generalmente conocido. 

Pero la terapéutica de Tacón, reducida al hierro 
y al fuego aislados de toda profilaxis moral de re- 
ligión ó educación, constituyeron sólo un remedio 
momentáneo; y las raíces del mal, como las adhe- 
rencias de un epitelioma c^mceroso, se mantuvieron 
ocultas dentro del organismo social, para manifes- 
tarse con renovada lozanía cuando las condiciones 
del medio les fueron favorables. 

Esta coyuntura presentóse al finalizar en el Zan- 
jón la guerra de los diez años. Ambos contendien- 
tes licenciaron sobre el país los elementos de vio- 
lencia y merodeo que son compañeros inseparables 
de las guerras civiles; y el intermedio entre aque- 
lla guerra y la que acaba de transcurrir ha sido en 
Cuba la edad de oro del bandolerismo. Barnuevo, 

297 



CUBA 7 8U SVOLUaON COLQNUL 

Sarduy, Lengue y Ounngo Romero, Félix Jiraér 
nez, Agüero, Mtilngás, loe Mncbín, Manuel García, 
j^Iirabal y muchos más que pudieran ser citados, 
^on los protaigoui^tas d^ e^^te período d^ verdadera 
disolución social. 

Inútiles fueron los esfuerzos de las autoridades 
de la Colonia para contener la ola desbi^rdada. 
En vano las comisiones militares hicieron caer en el 
cadalso, en menos de tres años, más de cuarenta ca- 
bezas, sin p»TJuicio de las ejecuciones que á cente- 
nares la Guardia Civil reiilizaba sumariamente por 
campos y caminos. En vano en la sola provincia 
de la Habana dedicó el gobernador Polavieja un 
ej(^rc¡to de cinco mil hombres á su persecución y 
exterminio. En vano se ofrecieron sumas de con- 
sideración por la cabeza de los malhechores más 
notables (^). El mal, lejos de menguar, se recni- 
decía y aumtMitiiba. !6e tnitaban solamente sínto- 
mas, mientras que la enfermedad proseguía su la- 
bor mortífera de infeceión y contaminación. 

La revolución de 1895 adoptó y adaptó la in- 
mensa mayoría de todos estos facinerosos. Algu- 
nos recibieron en los campos de batalla muerte más 
digna de aquella á que se habían hecho acreedores 

(1) Por nna adición á la Orden general del Kj^Tcito de Cnha de 
14 de Noviembre de 18V<0, s»e ncoidó rei.*onip»*n«jir i*on la nunia de diez 
mil pe>os ni que efectuani la eiipturn 6 entregn de Mannel Giin-ía j 
cinco mil pestis pf>r la de cada uno de I(M seis Imudidoe 8¡gtiientes: 
MatjifCiW, Vicente GarcÍH. Domingo Mont^longo, Gallo So«<a. Sixto Va- 
lero y Jo>é Plaseneia. Todita menos el último, pertenecíao á la na 
blanca. (Lo9 Bandido» de Cuba^ pag. 209.) 

998 



COBA ir su VirOLUOION COWJXUh 

con 8U9 fechorías. Pe otroBi refractarios á toda 
tent^itiva de adaptación moral, dispuso sumaria!? 
mente la justicia revolucionaria, y alguno muy ifon-» 
tadp, ha podido ver fl fin de la contienda, no sólo 
rehabilitado en el concepta público, sinp hasta re^ 
impensado con honores militares. 

Pero es muy de temer que si después de la tílti'* 
ma guerra, el bienestar en forma de trabajo y edu- 
cación, no se pone al alcance de cada mano, no han 
de ser pocas las que vuelvan á empuñar las armas, 
no ya para fines patrióticos, sino para propósitos 
de rapiña y bandolerismo, cuyos gérmenes podran 
haber sido disueltos por la guerra, pero conservan 
aún en estado latente la eficacia de su virulencia. 

Se ha observado en todas épocas y países, que el 
desarrollo del contrabando ha guardado siempre 
concertada proporción con las trabas y exacciones 
á que su tráfico y comercio ha sido sometido. Y 
siendo el pacto colonial en toda su crudeza, la 
pauta y norma de las relaciones de Cuba con Es- 
paña, desde los primeros momentos de su historia, 
el contrabando tuvo que ser forzosamente la natu- 
ral derivación de un sistema tan irracional y res- 
trictivo, que condenaba, tanto al productor como al 
consumidor, á no tener más que un solo mercado, 
y aun éste de tan modestas y limitadas proporcio- 
nes para la producción y pnra el consumo, cual lo 
era la España del descubrimiento y la colonización. 

Y aunque las necesidades y el progreso de los 

29f 



CUBA Y SU SVOLUaON OQLOKIAL 

tiempos fueron paulatinninente suavizando las res- 
tricciones del pacto colonial^ todavía bajo la forma 
de derechos diferenciales de bandera, y como pro- 
tección alas industrias metropolitanas, á tad altura 
se fijaron los aranceles, al decretarse en 1815 el 
libre tráfico, que aún quedó sobrado margen para 
que el contrabando conservara su aliciente princi- 
pal de pingüe, cómoda y rápida ganancia. 

Así puede afirmarse que la vida mercantil de 
Cuba ha esbido siempre cimentada sobre el con- 
tm bando, y que la necesidad de realizarlo fué 
siempre tan palmaria é imperiosa, que el mismo 
clero dio repetid ísimos ejemplos de ser uno de sus 
más aprovecrhados cultivadores, (^) y hasta las pro- 

( 1 ) u Y en el otro ( haf^pl ) venÍM la majer« hijoA j caan del licencii- 
do Siiárez Pitii^o. mi teniente gf nernl, y todOf« n>h««ic«« j en onhimi j 
aun sin elln, lo» hir^.-iton y echitmn en unn fni^iti (¡ne el misnio ene- 
nii>í«> traf;i <le pr»»H«; «le 8iiert« que U pcn1i<la sei^ «le más de cincoen- 
t) mil (lui'n(1(»>; y liei-ha la presa este enemigo acudió c<in ella al puer- 
to (le Ritrneon. «pie es á la e^the/a de esta I<«la, la hnntla de Levnnte j 
allí se reparó nhasteeiéiitlole la g»'nte de tienn; y en particular no 
fraile (|ue allí está p<ir cura, (pie se llama fray Alonso de Guzm¿n, el 
cual afirmo á V. M. (|ue es nno de l(« mayores reflcatadores c*m here- 
des y eiiemi>r«»s, tpie tienen tíwlas las Indias, y es de la orden del Car- 
men, y en persona ha ido diferentes vetees á re!*catar cum ellcm al puer- 
to de Guanaibes de la i.<«la e^^pafiola, y no hoIo esto, sino qne los ha 
servido y sirve de espía, tle forma que viniendo yo de España, vino 
este fraile ú Iwitdo del galeón en que yo venía, haciend«i traición co- 
nocida á V. M., pues p'ir otra parte, luego incontinenti despachó avi- 
so á dos navios que estalum al rescate en un puerto cerca de allí, de 
cómo yo venía y traía miit h.-i fuerza, que se guardase j de su propia 
letra le escril»ió un pjipel íKd)re ello, cuyo traslado es el qne va con 
esta...» (Carta al Rey del Gtdiernatior D. Pedro Valdés, de 9 de 
Octubre de 1619. Archivo de Indias.) 

300 



CUBA Y SU EVOLUCTON COLONIAL 

pias autoridades de la colonia, llamadas á velar por 
el cumplimiento de las leyes, lejos de impedirlo y 
castigarlo, prefirieron casi siempre tolerarlo y aun 
entrar á la parte en sus rendimientos y provechos. 

Apenas hay juicio de residencia, en la época en 
que estos juicios eran algo más que meros simula- 
cros, que no contenga datos suficientes para traer 
al ánimo el convencimiento de que el contrabando 
en tO'lo tiempo y á ciencia y conciencia de lo« fun- 
cionarios de la Metrópoli, llegó á organizarse y á 
reglamentarse con un celo y escrupulosidad tal, que 
para sí la desearan los mismos servicios públicos de 
la Isla. 

Con el acrecentamiento de la población y de la 
riqueza durante el pausado siglo, y no habiendo 
tenido mudanza los rigores extremos del arancel, 
acrecentóse también el tráfico ilícito, el cual lejos 
de buscar el recato y sigilo de costas y calas despo- 
bladas, instaló sus reales en las mismas oficinas del 
Estalo, y allí se rehicieron manifiestos, se altera- 
ron declaraciones, se supusieron reconocimientos y 
se menguaron avalúos; y por acuer lo tácito, san- 
cionado por la costumbre, el medro y provecho de 
estas manipulaciones, que solía alcanzar á la mitad 
de los derechos, que hubieran debido liquidarse 
para el Fisco, se distribuía por pirtes iguales entre 
el comerciante contrabandista y t-l empleado con- 
cusionario. Y como estas defraudaciones llegaron 
á obedecer á método y sistema, todavía la parte de- 
soí 



CUBA T SU XVOLUOIOK COUnCIAI. 

traída por el empleado, era derramada en un fon* 
do común, que se distribuía en períodos determi- 
nados, y del cual participaban, según su categoría, 
desde el Intendente hasta el último aduanero de la 
Isla. 

Hubo época, y no dista mucho de estos días, en 
que el saco y rebato de la renta de Aduanas alcan- 
zó á extremos de escándalo tal, que el Gobernador 
Marín, á la cabeza de tropa armada, ocupó en mi- 
tad del día las oficinas de la Aduana de la Haba- 
na, con ánimo de sorprender á los operadores con 
las manos en la masa. 

Y del contrabando, la transición es de suavísimo 
declive á lo que en Cuba se ha llamado irregulari- 
dad administrativa, eufemismo piadoso, dictado por 
la connivencia v con el cual una sociedad corrom- 
pida cognominaba las concusiones y peculados de 
una Administración más corrompida que ella toda- 
vía. Materia es esta de la inmoralidad adminis- 
trativa de tan fecunda vena, que con ella podrían 
llenarse muchas más de las páginas que le están 
consentidíis á este libro. Y así como, cunndo se 
habla del Ganges, lo primero que salta á la imagi- 
nación es el colera morbo, su hu6<ped abominable 
y eterno, así también el nombre de Cuba, sobreto- 
do en la última miUul de la pasada centuria, ha sido 
siempre compañero inseparable de la corrupción 
administrativa; á tal extremo se había hecho típica 
de ella esa oprobiosa enfermedad del poder público. 

302 



CÜBÁ Y SÜ ÉVÓtÜCION CÓIiONIAÍi 

Y el mal tuvo su origí>n en la conquista misma. 
De los diez y ocho primeros Gobernadores nom- 
brados para la Colonia, hasta ocho pasaron del go- 
bierno á la prisión, y aun algunos dejaron en ella 
la vida, que ésta encontró su término natural antes 
que lo tuvieran los procesos á que fueron someti- 
dos. (^) Bien sea que el rigor diera lugar al escar- 
miento ó lo que es más probable que la delincuen- 
cia disfrutara de mayor impunilad, y da campo á 
esta última suposición, la irremediable decadencia 
que ya invadía la Monarquía española, de los 
treinta y seis gobernadores que se sucedieron has- 
ta la toma de la Habana por los ingleses, sólo cua- 
tro de ellos vieron interrumpido y terminado Su 
gobi» rno con fin tan desastrado. 

Conocida es la proclama que se creyó obligado á 
expedir el conde de Albemarle, Gobernador de la 
Isla durante la breve ocupación inglesa, y en la 
cual con británica concisión sacaba á la vergüenza 

(1) Los Gobernadores presos faeron D. Gonzalo de Gnzmán, los 
Ledos. Jiianeft Dávila y Aiit«>nio ChAvez, el Dr. Gtmzalo Pérez de Án- 
gulo, I). Gard.-i Oiorio, D. Gabríe) de MontaWo. D. Gaspar de Torres 
y el capitán D. Gabiiel de Lujan. De la conducta del penúltimo, 
dice Pt*zaela lo siguiente: «De la dinciplina en que nqnél (Garre- 
fio) la hnbía tenido, se relajó al momento la de laof»rtii gnarnición asi 
qae permito á l<»s ni4fl de Ioh s(»ldados que pernoctasen fuera de la fuer- 
z:i; y el Contador Pedro de Arana, guaní ián y reHponi«able de lo;4 fon- 
áoA público:*, l(»8 emplea b.i en e^peculacioneM de concierto con el Go- 
bernador. Tenían hu biirco p ira llevar y traer mercancía"; y mientras 
los convirins robaban por la ctmta, dirigían los don tranquilamente sus 
pirtidass de naipes y de da<los, sin despachar o tnis asuntos públicos 
que loá que podían interesarles...» {HUtoria de Cuba, Vol. I, pág. 277). 

3Ó3 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

pública la coBtumbre de loa Gobernadores espafio- 
les y de sus asesores, de hacerse agasajar con re|^- 
lí«8 en dinero ó en efectos para decidir favorable- 
mente los pleitos, sometidos á su competencia y 
jurisdicción. 

Pero ha sido en este siglo, y mientras la Metro- 
poli estuvo empeñada en sus estériles ensayos de 
Gobierno representativo, cuando la corrupción bu- 
rocrática llegó á su cúspide y apogeo. La instabi- 
lidad de los ministerios, de los cuales hubo alguno 
que sólo duró veinticuatro horas; las luchas de los 
partidos convertidos las más de las veces en faccio- 
nes; y la guerra civil, la revolución y el pronuncia- 
miento militar, como únicos caminos abiertos á la 
ambición para escalar el poder, hubieron de dar tal 
auge á la desmoralización política en la Península, 
que la posteridad, lejos de tachar por erróneo, ha 
tomado por acertado el símil famoso de Fernando 
VII, cuando comparaba á España con la botella 
de cerveza y se comparaba él con el tapón destina- 
do á mantener sus gases en sosiego. 

Durante todo ese tiempo los empleos públicos de 
la colonia se proveían en la Metrópoli, y el perso- 
nal casi siempre era reclutado entre los elementos 
más influenciados por la decadencia general de la 
nación. Señores de la nobleza arruinados por el 
despilfarro y la desvinculación; segundones de casa 
solariega, á quienes había que improvisar una for- 
tuna; hijos calaveras y botarates de algún procer 

304 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

de la política, que para librarlos de la cárcel, eran 
deportados á Cuba con una credencial en el bolsillo; 
paniaguados y criaturas de avisados políticos me- 
tropolitanos, que al conseguir el destino, ajustaban 
la parte que habían ellos de tener en las granjerias 
y socaliñas de sus favorecidos; ahijados y protegi- 
dos de diputados y caciques de todos los ámbitos 
de España, á quienes una deficiencia, que debía ser 
muy notoria en pueblo de tan pocos escrúpulos, 
impedía colocar en Europa, y que, como para salir 
de ellos, se lanzaban en barcadas á Ultramar: inú- 
tiles á nativitate y fracasados de todas las carreras; 
lo más pervertido en moral; lo más rudo en inteli- 
gencia; lo más escaso en instrucción; lo peor, en una 
palabra, de cada casa: he aquí de dónde la España 
del pasado siglo ha reclutado su contingente de em- 
pleados públicos para Cuba. Y mientras Inglate- 
rra, Francia y Holanda instruían y disciplinaban 
en estudios especiales á los empleados llamados á ser- 
vir en las colonias, España consagraba á este ser- 
vicio la hez y rezago de su personal administrativo, 
como si pretendiera, con ciega insensatez, que una 
colonia es una especie de cloaca máxima para to- 
das las inmundicias y deyecciones de la Metró- 
poli. 

Los resultados de tal sistema están á la vista del 
mundo que los contempla con horror. No hay en 
Cuba servicio público alguno donde no haya hecho 
presa é hincado el diente la corrupción. Las Adua- 

306 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONLVL 

ñas, ya se ha vl^to con motivo del contrabando» la 
manera como han sido regidas y gobernadas. La 
administración de justicia, como en los tiempos de 
Albemarle, ha seguido dispensando sus fallos al 
mejor postor, y desde el Presidente de la Audien- 
cia hasta el último Juez municipal, la influencia ó 
el dinero han sido siempre el móvil de sus actos. 
El Sr. Romero Torrado que presidió en estos últi- 
mos tiem}X)s la de la Habana, disfruta hoy en Ma- 
drid de un caudal de más de doscientos mil pesos, 
u cuya formación no han contribuido ni su patri- 
monio ni sus salarios economizados. Por medio 
de sutilísimas manipulaciones para asegurar la suer- 
te, los empleados de Loterías se han distribuido va- 
rias veces el premio principal. Los Registros de 
la Propiedad han sido verdaderas ladroneras, don- 
de á todo el que ha tenido que registrar una escri- 
tura, se le han creado por sistema dificultades ima- 
j^inarias para obligarle á redimirlas con dinero. 
Un Registrador de la Habana, el Sr. Triana, y 
otro de Colón, el Sr. Artiz, han estado viviendo 
sendos años en ^Lndrid, disfrutando desde allí de 
í*sas rapiñas, que hacían administrar por sus susti- 
tos, cual si se tratara de las rentas de un predio 
patrimonial. La Junta de la Deuda, desde que 
esa oficina fue creada, no tuvo otra misión que el 
ejercicio del fraude en grande escala. Uno de sus 
Secretarios, el Sr. Oteiza, después de un proceso 
escandaloso, cuyos debates pueden ilustrar debida- 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

mente esta materia, fué condenado á algunos afios 
de presidio. Las inspecciones, visitas, registros y 
otras comisiones de que tan pródiga fué siempre la 
administración antillana, han sido verdaderas pa- 
tentes de corso, expedidas á favor de algún conmi- 
litón para esquilmar sin piedad al contribuyente, 
y recabar de él por la intimidación una composi- 
ción en metálico. 

Esta desmoralización ha perturbado por modo 
tan profundo las conciencias, que en Cuba, defrau- 
dar al Estado ha llegado á considerarse como un 
medio muy honesto de exonerarse de una carga 
gravosa ó muy lícito de procurarse una ganancia 
legítima. Y como el sentido moral de los pueblos 
no mejora en un pestañear, no es dudoso predecir, 
que han de transcurrir algunos afios y sucederse 
nuevas generaciones antes que se logre eliminar 
hasta en sus últimas raíces la planta maldita del 
peculado y la prevaricación. 

¥jB la prensa periódica á la manera de un espejo 
en el cual se reflejan con escrupulosa exactitud las 
pasiones y las ideas, las esperanzas y los apetitos, 
el alma y la vida, en una palabra, del pueblo que 
la paga y que la lee. Cortesana y servil en esos 
calamitosos tiempos denunciados por Tácito, en que 
los caracteres se rebajan y los hombres parecen ad 
servitud ineni par atos; vocinglera, descocada y anár- 
quica en esos otros, de no menos miseria, que sub- 
sijguen á loe grandes trastornos sociales, y que per- 

307 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL. 

duran hasta que todas las heces desprendidas de su 
centro de gravedad por la revolución, han pasado 
á la categoría de substancias inertes; diligente, in- 
formadora, sanamente entremetida y consagrada á 
la exhortación más que á la crítica y á la exposi- 
ción más que á la polémica, cuando surgen esos 
períodos de reparación, reconstrucción y crecimien- 
to, que hacen más por la felicidad de los pueblos, 
que siglos enteros de crítica, estéril y banal, ha si- 
do y continúa siendo la prensa periódica el más 
acabado trasunto de un momento histórico deter- 
minado. 

Introducida en Cuba en 17ÍX), su vida fué en un 
principio tan lánguida como la de la colonia mis- 
ma, hasta que los fugaces períodos abiertos en ella 
á la vida constitucional, en 1811 y 1820, vinieron 
á darle tal auge y crecimiento, que colmaron y aun 
excedieron las necesidades del país y de la época. 
Poro estos ensayos de la libertad de escribir, fue- 
ron caracterizados sohimente por la procacidad, la 
insolencia y el desenfreno, achaques muy natura- 
les en un pueblo de muy rudimentaria cultura, lla- 
mado de improviso á ejercitar esas funciones de crí- 
tica social, que sólo pueden dar fruto sazonado, 
cuando las dirige la inteligencia, las madura la re- 
flexión y las inspira un sincero patriotismo. 

Estaba reservada á una fecha relativamente con- 
temporánea, la introducción en Cuba del chantage 
periodístico; pero debe confesarse que el terreno se 

308 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

hallaba tan bien acondicionado para el desarrollo 
de la infame simiente, que á poco de introducirse, 
allá por el año de 1883, el chaniage vino á estar 
practicado en una ú otra forma y en mayor ó me- 
nor escala, por no pequeña parte de la prensa de 
la Isla. Como lo han sido todos aquellos moldes en 
que el vicio y el crimen ha recibido nueva forma, 
importóle de la Península un antiguo empleado 
colonial, el cual, al quedar cesante por uno de esos 
cambios tan frecuentes en la política española, ur- 
dió aprovechar su conocimiento de las fechorías 
burocráticas, publicando un periódico para explo- 
tarlas bajo la apariencia de denunciarlas. Su es- 
quilmo enderezóse contra sus antiguos compañeros 
de covachuela, á quienes con encubiertas amenazas 
de dar al dominio público sus enjuagues y tacuachas, 
logró vender á buen precio su silencio. Lo fácil y 
nada costoso de la operación, sus pingües rendi- 
mientos y la abundancia de materia prima, en una 
administración, siempre reñida con la honradez, 
hicieron surgir como por ensalmo numerosas em- 
presas periodísticas, algunas veces con una finali- 
dad política aparente, pero las más de ellas sin otro 
objetivo que poner á rescate el escándalo y la difa- 
mación. Periodista hubo de los de esta calaña que 
llegó á tener sometidos á iguala la mayoría de los 
funcionarios de Aduanas, y que de mes en mes las 
recorría, colectando sus pechos y tributos como 
quien recauda las rentas de su patrimonio. 

309 



CtTBA T 8U SVOLUCION COLONUIi 

De la explotación de los empleados concusiona- 
rios se pasó muy en breve á la de los particulares, 
contra cuyos negocios y empresas levantó también 
paralelas la calumnia afanosa de rescate. Los fe- 
rrocarriles, los bancos, las casas de comercio, todos 
aquellos establecimientos, en una palabra, cuyo 
crédito podía ser lesionado con malévolas insinua- 
ciones, entraron á su vez en el esquilmo; y hasta 
los mismos artistas de teatro se vieron asediados 
por revisteros sin conciencia, que amenazaban en- 
trar & saco su reputación artística, si no eran mer- 
cedados en dinero ó en especie. 

Extinguida toda noción de respeto humano, al 
grito de « la bolsa ó la vida » dado por el bandolero 
en la encrucijada, rerpondió el de « la bolsa 6 la 
honra » lanzado por el chantagista en el periódico. 
Nada hubo sagrado. Ni la virtud de las mujeres, 
ni la honra de las familias. 

Si no las leyes, por lo menos los Tribunales en- 
cargados de sil aplicación, resultaron siempre im- 
potentes para reprimir y castigar estos atentados. 
Contaminado su porsonal, como el que más, con 
todos los pecados de la burocracia ultramarina, la 
lu;j:¡ca de los acontecimientos los hacía más propios 
para reos que para jueces. Y el escándalo de la im- 
punidad complicándose con la exacerbación de la 
dolencia, vino á poner en manos de los particula- 
res el arma de la venganza, llegando á sufrir algu- 
nos conocidos chantagistas agresiones y descalabros 

310 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COtX)KIAIi 

más reídos y aplaudidos por el público que lamen- 
tados y condenados. (^^ 

Con una prensa de tales antecedentes morales, 
explícase á satisfacción la actitud que asumieron 
en 1899, esos rapaces del arroyo, que en todas par- 
tes se dedican á la venta de periódicos, intimando 
6 imponiendo con amenaza de estorbarla ó impe- 
dirla, á la callejera de la Habana, su. criterio polí- 
tico (sic) en la contienda, que surgió entre la Asam- 
blea del ejército revolucionario y el Generalísimo 
Máximo Gómez; y se comprende más fácilmente 
todavía, que periódicos de semejante jaez, cedieran 
á tan vejaminosa amenaza, y alinearan su actitud 
política á pauta de mano tan torpe como ruda. 

La historia ha tenido que pasar por la vergüen- 
za de registrar en algunos países, épocas semejan- 
tes de desenfreno privado y de desmoralización 
pública; pero registrado con la culpa ha quedado 
también con lágrimas de sangre el castigo recaído 
sobre ella. Los treinta tiranos fueron la expiación 
del siglo de Pericles; los cien tiranos que se suce- 
den después de Tiberio son la expiación del siglo 
de Augusto; los escándalos de la Regencia se expia- 

( 1 ) Pueden reoordarse, entre otras agresiones, las dirigidas contra 
los Directores de los i>eriódioos El Adalid, La Avanzada, El Bayo, El 
General Tac&n, El Español, La Tarde j La Cebolla, etc., etc. Este úl- 
timo periódico se redactaba en la cárcel, se colaboraba en el presidio 
7 era órgano de las meretrices, cnyos retratos publicaba y cayos inte- 
reses defendía contra los acnerdos de la Sección de Higiene ¡Qné 
asco! 

311 



CUBA T 8U EVOLUCIÓN GOLONtAI* 

ron en la guillotina durante el Terror; 7 hace más 
de cuatro siglos que las abominaciones del Bajo 
Imperio están expiándose bajo la cimitarra de los 
turcos. 

Cuba comenzó desde hace afios su Calvario v no 
cabe en lo humano el predecir hasta cuándo ha de 
prolongarse su expiación. 



312 



CAPITULO X 

INSTRUCCIÓN PUBLICA 

Los primeros maestros. — Col^o de Belén. — Interrenoión de la So- 
ciedad Eoonómioa. — Sos esfuerzos en pro de la ensefiansa. — lu- 
diferenoia oficial y resistencia del medio. — Reformas de 1848. 
Sa espirita oentralizador. — Comparación de estadísticas. — El 
maestro.— £1 método.— La escuela. — £1 Dr. Valdés Rodrigues. 
Ensefianza secundaria. — Los institutos. — La Universidad. — Su 
deseuTolvimiento. 

« La Escuela e» un reflejo de la to- 
ciedad.* 

Da. Valdés Rodríguez. 

Varias son las consideraciones que asaltan el 
ánimo cuando se estudia el desenvolvimiento de la 
instrucción pública en Cuba, y entre ellas ocupan 
puesto preferente, la tardanza en el introducirla, 
la equivocación en el plantearla, la laceria en el 
mantenerla y la apatía en el adelantarla. Y se 
revelan estas circunstancias con tales caracteres de 
evidencia, quer ahí están cual formidables inculpa- 
ciones, no sólo contra un Gobierno que rehuía la 
instrucción á sus colonos, sino también contra unos 
colonos que parecían menospreciar el valor de la 
instrucción. 

313 



CtTBA Y 8U EVOLUCIOI^ COtOKiAL 

Por espacio de dos siglos, los primeros de la con- 
quista, la instrucción pública no ha dejado recaer- 
do alguno de su vida. La enseñanza, si alguna 
hubo en toda esa época, debió ser puramente pri- 
vada y a domicilio, y sólo asequible á los privile- 
giados de la tierra, por lo dispendioso del sistema. 
Los frailes que acompañaron al conquistador con 
la misión de doctrinar á los indios, aunque con su 
rápido exterminio no tardaron en quedarse sin ca- 
tecúmenos, llegada esa ocasión, no parece que ende- 
rezaran su actividad, á la labor de instruir á loe pri- 
meros pobladores y á sus descendientes. El con- 
trabando debió presentárseles, si no como tan ho- 
nesta, por lo menos como más lucrativa profesión. 

Algo entrado ya el siglo xviii es cuando vie- 
ne á trazarse el primer indicio de enseñanza popu- 
lar, y aun el tal indicio sobreviene á espaldas del 
Gobierno y por la iniciativa de un particular, D. 
Juan Francisco Carvallo, el cual en 1712 dedicó 
una parte de su hacienda para fundar y dotar en 
la Habana la escuela de Belén, y consagrarla á la 
instrucción gratuita de los pobres. 

En vano este ilustre filántropo señaló con su 
ejemplo á la Metrópoli el rumbo que debía dar á 
sus primeras disposiciones en materia de enseñan- 
za, en un país en que eran pocos los que sabían 
leer, y menos aún los que escribían. No figuraba 
en el concepto político de la época, la propagación 
de la enseñanza, entre todas las clases sociales, co- 

314 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

mo un servicio inherente á las funciones del Esta- 
do; pero aun sin voluntad de que todos supieran 
algo, sentía el Estado, sin embargo, la convenien- 
cia de que algunos supieran mucho; y planteada en 
esta forma la cuestión, se aspiró y se laboró para 
el estancamiento de la instrucción entre las clases 
privilegiadas por el nacimiento y la fortuna, cons- 
tituyéndose de esta manera, á favor de ellas, una es- 
pecie de oligarquía del saber. 

A esta política correspondieron la erección poco 
despu& de la Universidad Pontificia de la Habana 
y la del Colegio de la Compañía de Jesús, conver- 
tido luego en Colegio de San Carlos y San Ambro- 
sio, y más tarde en Seminario Conciliar. Desde 
entonces comienza esa labor tan constante, como 
mal meditada, que ha venido á proporcionar á la 
ilustración cubana ese su carácter peculiar, que la 
hace asemejarse á una abrupta y empinada monta- 
fia, en cuya cumbre se ofrecen al espectador, dis- 
frutando de la luz naciente del alba, un pufiado de 
hombres, que han logrado escalarla, por haberles 
sido propicia la suerte y benigna la fortuna, mien- 
tras que allá abajo, á su pie, donde no ha llegado 
todavía la luz, se pierde y se desvanece envuelto 
entre las lobregueces de la sombra, la silueta in- 
mensa del montón so(ñal entero y verdadero. 

En 1793, cuando el ramo de instrucción pública 
pasó á manos de la recién creada Sociedad Econó- 
mica de la Habana, sólo había en ella, para una 

315 



CtTBA T 8Ü KVOLüaOK COLONIAL 

población de más de 40,000 almas, dos escuelas 
gratuitas, la de Belén y la del presbítero habanero 
D. Joaquín 2^nón. Y sin embargo, la Universi- 
dad hacía ya cerca de un siglo que había comenza- 
do y continuaba con su inundación siempre cre- 
ciente de Licenciados y Doctores. 

Los esfuerzos que aquella benemérita instítación, 
que recogió muy pronto en su seno los mejores ta- 
lentos del país, ha consagrado durante todo el 
curso de su historia, á la difusión de la ensefianza, 
habrían bastado para hacer de Cuba una Sueda, 
si hubieran encontrado en el Gobierno el apoyo 
moral y material, que les era necesario; y si se hu- 
bieran empleado en una tierra más agradecida y 
mejor preparada, que aquella sociedad cubana de 
la primera mitad de la pasada centuria, infiltrada 
y saturada por ese egoísmo bestial, que la posesión 
de 1h riqueza ganada por esclavos, fomenta siempre 
en el alma de los amos. 

Que los resultados no correspondieron ni al deseo 
ni al esfuerzo de aquellos preclaros varones, lo 
comprueba el censo de la instrucción primaria le- 
vantado en 1836. De 190,000 niños, en que Saco 
calculó la población infantil blanca y libre de color 
en aquel año, sólo 9,082, esto es, el 4.75% de ella, 
era la que venía asistiendo á las escuelas. El no- 
mero de &tas habíase elevado de poco más de nada, 
á 222 para toda la Isla, dando una proporción de 
855 niños para cada escuela. Datos tan desconsola- 

316 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

dores eran la demostración completa del espantoso 
atraso en que la instrucción pública permanecía 
muy á pesar de la Económica. (^) 

En 1841 vino al fin la Metrópoli á enterarse de 
que la instrucción primaria entraba en el radio de 
sus funciones más elementales; pero celosa como 
nunca de su autoridad y más recelosa que nunca 
de sus colonos, despu& de la pérdida de su imperio 
sobre el Continente, lejos de vigorizar con una 
cooperación eficaz y efectiva la labor de la Eco- 
nómica, encontró más puesto en su camino de 
centralización y despotismo, el despojarla de la ge- 
rencia, que con tan buena voluntad venía desem- 
peñando, para depositarla en un organismo esen- 
cialmente burocrático, que fué creado por entonces 
y que recibió el nombre de « Inspección de Estu- 
dios». Mas al incautarse de su dirección no por 
eso echó el Gobierno sobre sus hombros la carga 
de su sostenimiento. Unas corporaciones munici- 
pales hijas del privilegio, de más aparato que com- 
petencia y atribuciones, y de tan escaso número, 
que á la sazón no excedían de diez y ocho en toda 
la Isla, fueron las obligadas á suplir las erogacio- 
nes de un servicio en cuya administración, para 
poco más de nada intervenían. Si con esa reforma 
se perseguía la mejora del servicio, el resultado no 
vino á comprobarlo. Según cálculos del mismo 

(1) Saco.— Artioalo pablioado en La América, de Madrid, del 12 
de Junio de 1863. 

317 



CUBA Y SU EVOLUaON OOLONIAI^ 

Saco, que se refieren á 1860, de 368,7ao nifios 
blancos y libres de color, que existían en la Isla á 
la sazón, sólo 17,459 asistían á las escuelas. La 
proporción sigue siendo la misma: el 4.75 % de la 
población infantil. £1 número de escuelas se ha 
aumentado á 466, pero todavía se registran 791 ni- 
fios para cada escuela. El medio continúa mani- 
festando su tendencia refractaria á la labor edu- 
cadora. 

Después del citado afio entra Cuba en el período 
de sus revoluciones; y las que en ella se suceden 
determinan al cabo una nueva y muy distinta con- 
centración de sus elementos sociales y una mayor 
intensidad y energía en todos los órdenes de su ac- 
tividad. Veamos cómo se han traducido en la en- 
señanza los efectos de esa transformación social, y 
si sus progresos han correspondido á las necesida- 
des de los tiempos. 

La Memoria-Anuario del Distrito universitario 
de la Isla de Cuba, de 1893-94 fija el número de 
escuelas de todas clases, existentes en aquel año, en 
1876, y acusa una asistencia á ellas de 64,996 
alumnos; y el censo de 1887 arroja una población 
infantil, que por el mismo procedimiento empleado 
por Saco para determinar las anteriores, puede ser 
estimada en 646,000 niños. La proporción de asis- 
tencia aparece elevada al 10% y la de niños para 
cada escuela se ha reducido á 385. 

Para apreciar en su verdadera extensión las 

319 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

consecuencias de la labor educadora sobre el país, 
nada es de más acomodo que traer á la vista la 
proporción de analfabetos que fueron presentando 
los censos sucesivos de la Isla. 

El primero de ellos que á este dato responde, es 
el de 1861, en el cual la población se fija en 
1.396,530 habitantes distribuidos por la raza en 
793,484 de la blanca y 603,040 de la negra. El 
número de iletrados de ambas razas asciende á 
1.128,293, ó sea el 80% de la población entera y se 
descompone en 552,027 para la blanca y 576,266 
para la negra. La proporción de analfabetos en 
la primera es de 70% y de 95% en la segunda. 

Veintiséis años después, en 1887, se practica 
un nuevo censo. La población asciende en él á 
1.631,687 habitantes, de los cuales 1.102,889 son 
blancos y 528,798 de color. El número de iletra- 
dos de ambas razas alcanza á 1.179,357 ó sea el 
72% de la población, y se descompone en 715,575 
para la blanca y 463,782 para la negra. La pro- 
porción de iletrados es de 65% para la primera y 
87% para la segunda. 

Comparados ambos censos resulta á primera vis- 
ta beneficiada la instrucción general del país con 
un contingente, que se ha destacado de la masa 
analfabeta y se ha alistado en las filas de las letras, 
menguando en un 8% el total de aquella masa. A 
la formación de ese contingente aparecen haber 
contribuido ambas razas, la blanca con un 6% y la 

319 



CUBA Y 8ü EVOLUCIÓN OOLONIÁU 

negra con un 8% de la proporción de iletrados de 
cada una de ellas. Mas por desgracia, esta mejora 
es más aparente que efectiva, por lo que á la pri- 
mera de aquellas razas se refiere, bajo un punto de 
vista estrictamente cubano. 

Y la razón es la siguiente: En el censo de 1861 
sólo existían 83,000 peninsulares en la Isla. Sa 
proporción con el total de habitantes era la del 5% 
y con la población blanca en particular la de 10^. 
En 1887 el número de peninsulares aparece ya du- 
plicado y su proporción es la del 10% con la po- 
blación total y la de 14% con la blanca. Ahora 
bien, como los peninsulares, con raras excepciones, 
han traído á Cuba la instrucción primaria por lo 
menos, es natural la deducción de que, la pequeña 
ventaja obtenida por la raza blanca procede más 
del aumento observado en aquellos emigrantes, que 
del campo ganado por la instrucción sobre las ma- 
sas analfabetas de la tierra. 

Cuando se reflexiona, que el período que media 
entre ambos censos, señala para Cuba el grado más 
alto de su actividad intelectual, y que durante él 
tuvo lugar una revolución, cuyas dos consecuencias 
principales, la abolición de la esclavitud y el adve- 
nimiento del régimen representativo, por la virtud 
que les era propia, han debido ejercer sobre ella la 
influencia de un poderoso revulsivo, el ánimo se 
resiste y se niega á conformarse con tan mínimos y 
casi negativos resultados; y al contemplar, que ni 

320 



CUBA y su EVOLUCIÓN COLONIAL 

aun bajo el influjo de estimulantes tan enérgicos, 
la difusión de las letras ha correspondido, en la 
proporción que debiera, al aumento de las escuelas, 
no es extraño que prenda en él la convicción de 
que esos establecimientos de enseñanza, en la for- 
ma en que en Cuba fueron mantenidos y regidos, 
no han sido en puridad, más que una mezquina 
contribución de mal grado satisfecha á las exigen- 
cias del progreso, y cuyo importe apenas ha sido 
suficiente, para dar á las alturas del país un ligero 
barniz de civilización, mientras que el fondo y la 
masa viven en la negra noche de la más crasa y 
supina ignorancia. 

Tal es el proceso externo del desenvolvimiento 
de la enseñanza en la Isla de Cuba. Veamos el in- 
terno. Compendiase éste en el maestro, el método 
y la escuela. 

Los más remotos antecedentes que la investiga- 
ción ha podido desenterrar, revelan que los prime- 
ros representantes del magisterio cubano se reclu- 
taron entre las clases más humildes. Alguno que 
otro fraile, que acertó á preservar la seriedad de su 
estado, en medio de las solicitaciones de un ambien- 
te corrompido; algunos viejos libertos de color, que 
para ganarse el sustento, se vieron obligados á dar 
á la enseñanza los últimos años de una vida, de la 
cual la esclavitud se había llevado de encuentro los 
primeros: algunos fracasados y vencidas en la dia- 
ria lucha por una posición social, nunca alcanzada. 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAIj 

Ó perdida despu^ de lograda: he aquí el personal 
de los primeros maestros. 

Óigase cómo se expresaba en 1816 el Pbro. Don 
Julio María Vélez en un informe á la Sociedad 
Económica sobre los colegios de niños de la Haba- 
na: (^) «Pero ni puede ser de otra manera, porque 
en general las maestras son ignorantes, sin princi- 
pios y sin educación, y que acaso se hallan en una 
absoluta incapacidad de razonar sobre estos asuntos. 
Parecerá una paradoja esta proposición; pero con- 
fesamos con rubor y con sentimiento, que hasta 
ahora no ha habido una que vele sobre la enseñan- 
za de las niñas: que se han erigido en maestras al- 
gunas pobres negras que no tienen otro modo de 
sustentarse con alguna decencia; algunas desdicha- 
das viudas que han quedado en la desolación por 
muerte de sus maridos, y en fin, todas las que sa- 
biendo la doctrina v conociendo las letras del abe- 
cedario, han querido vivir decentemente y con ho- 
nor, convirti{^'ndose en Minervas de la juventud.» 

La iniciativa de la Sociedad Económica acudió 
al remedio de esta situación, y merced á ella dic- 
táronse disposiciones para exigir á los que profesa- 
ran la enseñanza garantías de capacidad y buena 
conducta; pero estas disposiciones, aunque acerta- 
das para atenuar el mal, carecían de virtud sufi- 
ciente para estirparlo de raíz. Los maestros no se 



(1) Memorias de la Sociedad Econóinicii. Tomo I. 

322 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

producen por generación espontánea, y tal hubiera 
sido el caso, si entonces se hubieran obtenido, sin 
el concurso de una Escuela Normal, que desbas- 
tando y puliendo la materia prima, la hubiera do- 
tado de todas aquellas peculiares cualidades, sin 
las cuales no puede concebirse el magisterio. 

Solicitaciones de la vocación, impulsos de un ata- 
vismo monástico, determinaciones de un carácter 
altruista y reveses de fortuna, todo ello en mayor 
ó menor grado combinado, arrojaron por esta sa- 
zón al magisterio cubano, á algunos hombres de 
gran voluntad, de buena inteligencia y de noble 
corazón, tales como Luz Caballero, Pelayo Gonzá- 
lez, Alonso Delgado, Guiteras y algunos otros; 
mas por carecer su ejemplo de imitadores resultó 
con ellos lo que sucede con esas montañas aisladas, 
que interrumpen inesperadamente el horizonte de 
una inmensa llanura, y que sólo son útiles para 
hacer más sensible la depresión por el contraste. 

Esta es la época en que los recelos de la Metró- 
poli en contra de su colonia, en sus temores de 
perderla, se habían desatado en toda su extensión. 
Se condenaba todo movimiento, aunque fuera de 
mejora, y el statu^quo parecía ser la fórmula sagra- 
da de su política colonial. Se comenzaba á temer 
á los cubanos, y el temor y la suspicacia generaron 
en la mente metropolitana, la primera noción de la 
trascendencia del maestro en toda obra social; y 
dos sencillas premisas surgidas, tal vez al azar, vi- 

323 



CUBA T SU EVOLUCIÓN COLONIA]^ 

nieroQ á proporcionarle una idea aproximada de su 
poder. El carácter del niño se forja al calor del 
alma del maestro, como el alma del maestro se 
tiempla en la regla severa y con la seria disciplina 
de una Normal; luego el que disponga de esta es- 
cuela, tendrá á su disposición en un porvenir in- 
mediato la dirección de todo el cuerpo social. Pro- 
ducto de este razonamiento y de aquel recelo, fué 
la encomienda de la enseñanza normal, en 1858, á 
la orden religiosa de San José de Calasanz. Se 
atendía por fin á la suprema necesidad de formar 
maestros; pero en pleno siglo xix se entregaba su 
formación á una orden monástica, cuyo espíritu, 
como el de todas ellas, yacía petrificado en los vie- 
jos moldes del siglo xvi. Aun así, la vida de la 
Normal de Guanabacoa, cuyo presupuesto se con- 
signó también á cargo de los Ayuntamientos, fué 
tan fugaz, como poco aprovechada su labor, aun de- 
jando en disputa el mérito real de sus provechos. 
Cerrada pocos años después de abierta, retrocedió- 
se á la antigua práctica de improvisar maestros á 
título de suficiencia y sin otro requisito que un 
examen de más solemnidad que substancia, hasta 
1890, — ocho años antes de perdei-se la Colonia, — 
en que pudo al fin reducirse á la Metrópoli á 
que consintiera en la instalación de una Escuela 
Normal. Desgraciadamente esa escuela fué mol- 
deada con un patrón tan burocrático, que así por 
sus pobres resultados, como por las deficiencias de 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

SU organización, su clausura fué el primer acto del 
Gobierno interventor en materia de enseñanza. 0) 

Tal proceso de gestación no era el más á propósi- 
to para incubar un personal de suficiente compe- 
tencia intelectual. Menos había de serlo todavía, 
para el cultivo y fomento de sus cualidades mora- 
les. Hé aquí la senda de espinas que irremedia- 
blemente esperaba á ese personal en el ejercicio de 
su profesión. Despojados de esa consideración so- 
cial, que se tributa en todas partes á su estado, 
viendo la puerta del ascenso cerrada al mérito y 
abierta tan sólo á la simonía y al favor, sin alicien- 
tes en el presente ni estímulos para el porvenir, 
desatendidos, desairados y menospreciados, todavía 
su escuálido salario les era satisfecho con tal atraso, 
que algunos Ayuntamientos lo llegaron á demorar 
por más de un año. La reflexión diaria y tenaz de 
que se está siendo víctima de la ingratitud y de la 
injusticia de los demás, basta por sí sola para 
amargar el corazón, nublar el espíritu y malear 
las mejores disposiciones del carácter. De aquí es 
que el magisterio cubano, que nunca se hizo notar 
por su competencia, tampoco lograra distinción por 
su moralidad. 

Y si la investigación desde el personal se tras- 
lada al método, no serán menos deplorables sus 
descubrimientos. Para la generalidad de los maes- 

(1 ) Al realizarse esta clausura solamente un alumno y tres alum- 
naa recibían en ella la ensefianza. 

325 



CUBA T 8ü SVOLUCIOK COLONIAI. 

tros cubanos la moderna Pedagogía es un libro, ó 
desconocido ó cerrado; y para ellos terminó el si- 
glo XIX, en materia de métodos de enseñanza, do 
muy lejos del punto mismo en que se abrió. Froe- 
bel y Pestalozzi, más adivinados que estudiados, 
no han sido en realidad más que dos nombres so- 
noros y famosos, muy útiles, cuando se ha conver- 
tido el magisterio en una industria, para expender 
bajo su reclamo, una mercancía, si no adulterada, 
por lo menos de baratillo ó avería. 

De todos los caminos que pueden conducir las 
nociones al espíritu del nifio, no se emplean más 
que dos, y por cierto los más largos y tortuosos: la 
vista y el oído. De todas sus facultades una sola 
se cultiva y de seguro la más ínfima: la memoria. 
De las tres fases de su vida fisiológica á una sola 
se atiende, y por cierto la menos noble: la vida 
sensacional; por lo que hace á la intelectual y á la 
moral cuando no se desarrollan por su propia vir- 
tualidad, están llamadas á desaparecer en el vacío. 

Un educador tan modesto, que á diario se co- 
dean con él sus propios compatriotas sin sospechar 
toda la altura de sus merecimientos, y cuya alma 
generosa ha conservado junto con su austero culto 
á la verdad, las nobles tradiciones de Várela y Luz 
Caballero en materia de educación popular, el Dr. 
Valdés Rodríguez, asegura sin rebozo que las prác- 
ticas y modos de enseñanza generalmente seguidos 
dentro del criterio pedagógico cubano, colocan al 

326 



CUBA 7 SÜ EVOLUCIÓN COtX)NlAL 

nifio en condiciones exactamente iguales á las de 
un animal inferior. (^) 

Cuando esto se ha podido decir de un método 
escolar por una autoridad tan competente, ya está 
dicho todo, y nada resta que agregar. 

Si la eficacia del poder educador, ejérzalo el acier- 
to ó el error, hubiera menester demostración, nin- 
guna habría más apropiada para el caso, que su 
efecto sobre los cubanos. Puestas á un lado las 
predisposiciones de origen y las incitaciones del 
medio, el cubano ha sido y continúa siendo un pro- 
ducto lógicamente genuino de la educación equivo- 
cada, que se le ha estado administrando. Endere- 
zada la labor educadora á sólo la vida sensa- 
cional, se ha logrado exagerar por un cultivo in- 
tensivo el predominio del sistema nervioso, dando 
pávulo y aliento á su reata habitual de emociones, 
sentimientos y pasiones. La vida intelectual limi- 
tada en su desarrollo al reducido campo de la me- 
moria, sólo ha podido generar esas aptitudes para 
la erudición, las más de las veces indigesta, que 
suele ser el fruto corriente de los talentos de la tie- 
rra. En cuanto á la vida moral, desatendida y 
poco menos que olvidada, no ha permitido ocasión 
á la voluntad, para templar sus resortes y montar 
sobre ellos el carácter. 

Por lo que hace á las escuelas, el Dr. Valdés 



(1 ) La educación popular en Cuba. Pág. 18. 

327 



CUBA T SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

Rodríguez ya citado, ha trazado de las de la Ha- 
bana, una tan acabada pintura, que con reprodu- 
cirla, podrá darse por substanciado cumplidamente 
este trámite de la información. Y está muy pues- 
ta en su punto la advertencia de que, tratándose de 
la capital, los tonos del cuadro habrán de ser preci- 
samente menos lóbregos, que si se tratara del resto 
de la Isla. 

En esta forma se expresa aquel educador: 

«í Pues bien, triste es decirlo: la escuela pública 
no existe entre nosotros. 

«í Es tal el desorden reinante en este punto, que 
nos hemos quedado sin escuelas, sin libros, sin 
maestros y sin discípulos; viniendo á ser nuestra 
ensefianza un mercado que perece por falta jde 
consumidores. 

«í Ea tan grande el desconocimiento imperante en 
materias de educación, que comparados sus medios 
con el viejo arado de nuestros campesinos, éste pue- 
de ocupar un puesto superior. Es cierto que se 
ha aumentado el número de escuelas, pero yo puedo 
decir, que en ellas, lo más notable, es el punto mis- 
mo de su creación y su consignación en el presu- 
puesto. Después de esto la escuela queda escondida 
entre las sombras de lo desconocido, libre é intacta 
de la acción del Gobierno, que no tiene inspectores: 
de la acción de las juntas locales, cuyos miembros 
ignoran muchas veces el lugar donde radican; del 
padre de familia, que no tiene confianza en el ser- 

328 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

vicio gratuito; del maestro, que se ve seriamente 
amenazado por falta de pago en sus haberes. 



« Por otra parte, las condiciones con que funcio- 
nan no pueden ser más desconsoladoras. Los edi- 
ficios de tal manera son insuficientes é incómodos, 
que existe escuela en la capital, donde no hay una 
sola pieza destinada exclusivamente para las clases: 
éstas se verifican en revuelta confusión y hacina- 
miento. Tal estrechez ha venido paulatinamente 
á sancionar el hecho de que cada escuela debe tener 
los niños que permita su local, y como éste en mu- 
chas ocasiones es reducido hasta lo imposible, re- 
sulta que hay algunas de aquéllas, en donde el nú- 
mero de matriculados no llega á veinte. Por ma- 
nera que, si hubiera que relacionarse por una parte 
el número de niños que reciben la educación, con 
los gastos que demanda este servicio, habría de ver- 
se con sorpresa que nuestra enseñanza es la más 
costosa del mundo, con todo de ser la más infruc- 
tífera.)» 

Con ser tan deplorable, según queda señalado, 
el estado de la instrucción primaria, el de la secun- 
daria no resultaba por cierto más halagüeño. 

Por lo que hace á la oficial, redujese hasta 1878, 
á un solo establecimiento para toda la Isla. Este 
establecimiento que recibió el nombre de Instituto 
de Segunda Enseñanza de la Habana, y fué creado 

329 



CUBA Y SU EVOLUaON COLONUL 

en 1863, poco ó nada hizo en favor de la enseñan- 
za, porque desde su apertura fué convertído en un 
centro burocrático, dependiendo sus profesores pa- 
ra su nombramiento y ascenso de los Capitanes 
Generales, que siempre los concedieron á la influen- 
cia y al favor. 

En realidad la enseñanza preparatoria necesaria 
al ingreso en la Universidad, veníase ministrando 
en esa época, por varios excelentes colegios debidos 
á la iniciativa particular, tales como el Salvador, 
de Luz y Caballero; Carraguo^ de Jáuregui; El 
Angely de Sotolongo; BeUriy de los Padres Jesuí- 
tas; La Empresa^ en Matanzas, de Guiteras; El 
Progreso^ en Cárdenas, de Arteaga. 

Al practicarse en 1878 la división de la Isla en 
seis provincias, sin duda, más bien para justificar 
de algán modo su creación, que para difundir por 
ellas la enseñanza, se creó en cada una de esas pro- 
vincias un Instituto, que se calcó sobre el modelo 
del que ya existía en la capital, y cuyos resulta- 
dos negativos se han dejado registrados. Estos 
Institutos, lo mismo que el que les sirvió de mode- 
lo, no pasaron nunca de meras dependencias buro- 
cráticas, en las cuales poco se enseñaba y nada se 
aprendía. 

Cuáles fueron las razones, si alguna hubo, en 
que se apoyó el Ayuntamiento de la Habana para 
solicitar desde 1688 la fundación de una Universi- 
dad, y cuáles fueron las que movieron al Rey Fe- 

330 



CUBA Y SÜ EVOLUCIÓN COtX)NIAL 

Upe V y al Papa Inocencio XIII á acceder en 
1721 á la solicitud, están fuera del radio de nues- 
tra penetración y del poder de nuestra conjetura. 
Ni lo escaso de la población, que apenas excedería 
de cien mil almas, ni lo más escaso de la instruc- 
ción primaria, todavía en mantillas, ameritaban por 
cierto la necesidad de estudios mayores, en aquella 
extensión y cantidad en que una Universidad pue- 
de y debe ministrarlos. Se quería sembrar antes 
de preparar el terreno y el resultado fué fatal. Se 
expidieron muchas borlas de Doctor; pero entreesos 
Doctores hubieron algunos que apenas sabían leer. 

Hé aquí en qué términos describe Bachiller y 
Morales, en sus Apuntes para la Historia de las 
letras en la Isla de Cubay la obra de aquella pri- 
mera Universidad: 

«El catedrático de matemáticas debía enseñar, 
después de la aritmética práctica, «que son las cua- 
tro reglas primeras con la regla áurea », geometría 
elemental á unos, á otros la trigonometría, á otros 
la astronomía y sus deducciones en utilidad y ser- 
vicio del Rey nuestro Señor. Continuaba en las 
deducciones colocando la navegación, arquitectura 
polémica y civil, geografía, esfera, mecánica y óp- 
tica, etc. El mal estaba en que estas asignaturas no 
se incluían en el curso de filosofía, y pocos estu- 
diaban ni siquiera las cuatro reglas y la áurea. 
Por mucho tiempo no hubo ni catedrático de ma- 
temáticas, con ser una de las que daban opción á 

331 



CtTBA T 8U EVOLUCIÓN COLOKIAIi 

la borla y propinas, prueba de que no había 
ningún bachiller filósofo instruido en matemá- 
ticas. 

«El sistema filosófico era el escolástico en toda 
su rigurosa acepción, con sus eternas súmulas, su 
enmarañada lógica j sus malas nociones físicas. 
Duraba tres afios, y los dos primeros cursos se re- 
ducían á súmulas y á lógica. Además en loe días 
no lectivos se concurría á la clase de texto aristo- 
télico; si bien es verdad que semejante clase no só- 
lo no se daba casi nunca, sino que los estudiantes 
de filosofía ni aun conocían el libro por el lomo. 
Y pues del texto hablamos, no está de más, que con- 
signemos aquí un recuerdo del venerable claustro, 
como en él se calificó por el Rector, sobre el libro 
del filósofo. 

« En el libro de actas de la Universidad, se lee 
con fecha de 15 de Junio de 1737 el siguiente acuer- 
do entre otros: «También propuso su señoría que 
el M. R. P. M. Sr. Melchor de Sotolongo, hoy prior 
y provincial, en el tiempo que fué Rector, había 
mandado á España por la letra del filósofo, y aho- 
ra pedía que se pidiese á la Universidad su costo; 
que no sabía cuánto, pero que consultaba si, sabido 
que fuera, se había de pagar; á lo que respondie- 
ron todos, que no sólo se debían pagar dichos li- 
bros, sino darle las gracias por haberlos conseguido, 
y así que se pagasen en sabiendo su costo; y que 
dichos libros estuvieran siempre en poder del Rrao. 

332 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

Rector; sin que jamás saliesen de su poder, ni se 
prestasen; de este sentir fueron todos.» 

D. Buenaventura Pascual Ferrer, que asistió á 
algunos ejercicios de aquella Universidad, los des- 
cribe del siguiente modo: 

a Luego que los jóvenes han aprendido las pri- 
meras letras, los ponen á los estudios de gramática, 
filosofía, etc., determinando después ellos la carre- 
ra que han de seguir. En la gramática, que se en- 
seña por el arte de la Cerda, llamado impropia- 
mente de Nebrija, pierden tres ó cuatro afios con el 
mayor dolor, ocupados en el desenredo de sus re- 
glas y en la inteligencia de sus versos latinos. Ya 
sabéis lo mucho que se ha escrito sobre los dafios 
de estudiar por ese arte; sin embargo aquí no se co- 
noce otro. Lo mismo digo de la filosofía que aquí 
se enseña, que es la peripatética. Las absurdida- 
des y qüestiones de voces ocupan otros tres años á 
los jóvenes, y al cabo no saben más que los nom- 
bres de predicamentos^ predicables^ materia prim^y 
blictiri y otros infinitos de este t«nor, con los que 
son ya tenidos por filósofos, pues tuvieron dos ó tres 
disputas públicas, en donde demostraron sn afluen- 
cia en explicar estos términos de un modo incom- 
prehensible. En algunos Conventos se enseña la fi- 
losofía moderna, aunque no la mejor, pero siempre 
al estilo peripatético, esto es con poco menos cau- 
dal de voces, las mismas disputas é igual pérdida 
de tiempo. El objeto, según dicen, es descubrir la 

333 



CUBA T SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

verdad; pues el modo que usan es más para con- 
fundirla con qüestiones ridiculas. Prueba de esto 
son las conclusiones que aquí acostumbran hacer 
acabado el curso. Yo asistí á uno de esos actos, 
que se executaba en medio de la Iglesia. El Lec- 
tor se sentó en la Cátedra, el sustentante debaxo, 
y los que le argüían enfrente; con un gran con- 
curso de personas de todas clases. Después de ha- 
ber tocado varios instrumentos los müsicos, el ac- 
tuante recitó una arenga latina no corta y comen- 
zaron los argumentos. Cada arguyente parecía un 
energúmeno por los gritos y patadas que daba; la 
gente del pueblo se mostraba llena de alborozo con 
esta descompostura tan impropia del Santuario, y 
lo más gracioso era que juzgaban por más sabio 
el argumentante que era más terco, y que tenía más 
robustez de pulmones para hacer resonar la bóve- 
da con sus ecos.» 

El mal era tan grave y notorio, que el presbí- 
tero D. José Agustín Caballero lo condenó en 1795 
en una sesión de la Sociedad Patriótica con estas 
palabras: 

« El sistema actual de la enseñanza publica re- 
tarda y embaraza los progresos de las artes y cien- 
cias, resiste el establecimiento de otras nuevas, y 
por consiguiente en nada favorece las tentativas y 
ensayos de nuestra clase. Esto no es paradoja; es 
una verdad clara y luminosa, como el sol en la mi- 
tad del día.» 

334 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

Acudióse al Bey en demanda de remedio. En 
el memorial que se elevó se hacían las declaracio- 
nes siguientes: <c Que la reforma debía comenzar 
por la Universidad, porque de otra suerte no po- 
dría hacerse extensiva á las otras casas de pública 
enseñanza; porque éstas todas guardan dependen- 
cia en el tiempo, orden y materia de los cursos; 
que tanto las unas como la otra, siguen todavía el 
método antiquísimo de laá escuelas, se mantienen 
tributarias escrupulosas del Peripato y no enseñan 
ni un solo conocimiento matemático, ni una lección 
de química, ni un ensayo de anatomía práctica.» 

El Rey desatendió la petición, y aunque la apo- 
yaba su propio Gobernador de Cuba, el General 
Las Casas, ni siquiera la concedió el honor de una 
respuesta. 

Convencidos de que no era dable hallar remedio 
en la Corte, algunos beneméritos cubanos, en los 
cuales comenzaba á despertarse la solicitud por el 
bien público, la cual puede decirse, que vino á na- 
cer en Cuba con la Sociedad Patriótica de Amigos 
del País, se determinaron á buscarlo por senda 
oblicua y por procedimientos indirectos. 

Ya desde el año de 1773 se había establecido en 
la Habana, bajo la advocación de San Carlos y San 
Ambrosio, un Colegio, que aunque destinado en 
principio á servir de Seminario á su Obispado, 
tenía facultades, según los términos de su funda- 
ción, para llevar la enseñanza fuera de los límites 

335 



CUBA T 8U EVOLUCIÓN COLONIAL. 

de las ciencias eclesiásticas y por el campo de aque- 
llas otras ciencias, que en oposición, eran cognomi- 
nadas despectivamente de profanas. Regía á la 
sazón la sede episcopal D. Juan Díaz de Espada y 
Landa, uno de los varones más eminentes en reli- 
gión, letras y carácter, que ha pisado la América, 
y no fué difícil convencerle de la conveniencia de 
adicionar los estudios propios del Seminario, con 
los de derecho y matemáticas. Las nuevas cáte- 
dras fueron confiándose sucesivamente á los pres- 
bíteros Félix Várela y Justo Vélez, á D. José de 
la Luz y Caballero, á D. José Antonio Saco y á 
D. José Joaquín Govantes, verdaderas ilustracio- 
nes cubanas de su tiempo. 

El resultado fué el que era de esperarse. La 
Pontificia quedó casi desierta y fué ya imposible 
oponerse á su reforma. Verificóse esta reforma 
en 1842, y Injusticia obliga á decidir, que si fué tar- 
día fué también poco acertada. Dos hechos contri- 
buyeron principahnente á ese fracaso. La Metró- 
poli liabía entrado ya en su largo, y aún no termi- 
nado aprendizaje, de Gobierno Constitucional; y 
llevada por la tendencia inherente á los primeros 
pasos en esta clase de Gobiernos, lo que dio de sí 
fué un engendro burocrático, donde todo pendía de 
la iniciativa oficial, desde el nombramiento de los 
catedráticos hasta la elección de los textos. Por 
otra parte, la Colonia había abierto ya el período, 
no menos largo, de sus reivindicaciones, y sushom- 

336 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

bres mas distinguidos, antes que cátedras de la 
Universidad, lo que recibían del Gobierno eran 
prisiones, persecuciones y destierros. 

Lo que se negó á los magnates del saber fué fá- 
cilmente repartido entre dóciles y obscuras media- 
nías; y cátedra hubo, si no mienten las crónicas del 
tiempo, que fué la recompensa de un retrato de la 
joven soberana dofia Isabel II, bordado al realce 
por el aspirante á catedrático. Alguna otra fué 
concedida, que ni siquiera en una habilidad igual 
ó parecida pudiera encontrar justificación. 

Lo que distinguió siempre á la mayor parte de 
esos catedráticos, fueron las dotes de la memoria, 
facultad, que en algunos, en fuerza de un cultivo 
intensivo, llegó á desarrollarse hasta tomar los ca- 
racteres de una verdadera monstruosidad. 

D. José María y D. Diego de la Torre, catedrá- 
ticos y autor el primero de varias obrillas dedica- 
das á textos de enseñanza, podían señalar de me- 
moria la numeración de la página, el sitio ocupado 
en ella por la cita ó referencia y hasta el capítulo 
á que aquella página pertenecía. Bachiller y Mo- 
rales y Valdés Domínguez, otros dos catedráticos, 
habían leído y aprendido omnia re scibile et quibus- 
dam alus; pero lo incoherente y descabalado de 
sus obras y la falta de método y sistema que se ob- 
serva en todas ellas, son indicio concluyente de que 
sus cerebros no habían alcanzado todavía la cate- 
goría de fábricas y eran sólo meros almacenes sur- 

337 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

tidos más bien de curiosidades y rarezas, que de 
sólidas mercancías de universal consumo. 

Como todo lo que se funda sobre un privilegio, 
el espíritu de esa Universidad fué siempre egoísta, 
estrecho y exclusivo. A pesar de constituir la cabe- 
za del cuerpo docente de la Isla, y de ser naturales 
de ella la mayoría de sus miembros, su menospre- 
cio por la enseñanza popular no fué en modo alguno 
inferior al sentido y profesado por las autoridades 
y el Gobierno. Un hecho lo comprueba. Todos los 
años la Universidad imprimía y publicaba, cod 
arreglo á su reglamento, una Memoria-anuario so- 
bre el estado de la enseñanza pública en la Isla. 
Pues bien, en todas esas Memorias, mientras se 
consagraban sendas pilginas a reseñar los estudios 
de la Univeridad y de los Institutos, y á repetir 
anualmente el nombre de los Rectores y el de los 
catedráticos favorecidos con la oración inaugural, 
desde la fundación del establecimiento, sólo se reser- 
vaba para la enseñanza primaria, una pobre y mi- 
serable página, situada entre el índice y el fin, y 
ocupada modestamente por un cuadro sinóptico, en 
el cual se alteraban anualmente algunos guarismos, 
V nada más. 

Y si por razones del momento ese espíritu fué 
estrecho y exclusivo, por Real Orden tenía que ser 
además retrógrado y reaccionario. Hasta dónde el 
Gobierno colonial apretara para lograr ese resulta- 
do, puede formarse una idea con las reformas que 

33Q 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

se introdujeron en 1871 — hace apenas treinta afios 
— en el plan general de estudios de la Isla. El im- 
porte de las matrículas fué elevado á cien pesos y á 
veinte el de los derechos de examen para cada asig- 
natura. Con él la enseñanza universitaria quedó 
sometida á un régimen enteramente prohibitivo y 
de estanco y monopolio. 

He aquí las bases de ese plan, según consta de 
su propio preámbulo. Es de justicia clavarlas una 
vez más en la picota: 

« 1^ Que á medida que la instrucción se ha pro- 
pagado, de afio en año el número de los crímenes 
y de los delitos ha crecido en proporción análoga. 
2r Que en estos delitos ó crímenes la clase de los 
acusados que sabe leer y escribir entra por un 
quinto más que la clase de los acusados enteramen- 
te rudos, y que la clase de los acusados que han 
recibido una alta instrucción, entran por los dos 
tercios más, guardando la proporción correspon- 
diente á la respectiva población de esta clase. 3° 
Que el grado de perversidad eu el crimen y las pro- 
babilidades de escapar de la persecución de la jus- 
ticia y de la vindicta de las leyes, están en propor- 
ción directa con el grado de instrucción. 4^ Que 
en los departamentos donde la instrucción está más 
difundida, abundan más los crímenes, es decir, que 
la moralidad está en razón inversa de la instruc- 
ción. 5r Que las reincidencias son más frecuentes 
entre los acusados que han recibido instrucción que 

339 



CUBA T SU EVOLUCIÓN COLONIAL. 

entre los que no saben leer ni escribir. A medida 
que la instrucción se propaga hemos reconocido que 
el número de delitos contra las personas j las pro- 
piedades, de uniones ilegítimas, de atentados contra 
las costumbres, de expósitos, de aberraciones men- 
tales, de suicidios, etc., aumenta en proporción, no 
sólo con la extensión, sino también con el mavor 
grado de instrucción.» 

Cuando la sociedad se decida á marchar al revés, 
esto es, de espaldas á la luz, puede fundamentar so- 
bre esos considerandos la sentencia de muerte de 
la instrucción y la cultura. Ellos sirvieron para 
que España ordenara y dispusiera una verdadera 
carrera de obstáculos ante la instrucción de Ior cu- 
banos. 



340 



CAPITULO XI 

DEMOGRAFÍA 

Higiene ÍDdividnal j doméstíoa.— Higiene pública. — Abandono de 
sos preceptos. — Mortalidad. — Eetadiatioaa. — Enfermedades prin- 
cipales. — Elementos que forman la población. — Indígenas. — Isle- 
fios de Canarias. — Negros africanos. — Adiciones hechas á la po- 
blación por la pérdida del continente. 

« Después de nacer, la primexm ne- 
cesidad del hombre es ylvir; y atender 
á la eonservaclón de esa ylda es el pri- 
mer deber de toda sociedad mediana- 
mente organisada.* 

Da. GoniXlb DiL Válli. 

Es el clima uno, y tal vez el de más imperio, de 
esos varios ministros que tienen á su cargo la mi- 
sión de ejecutar y hacer cumplir la ley de la va- 
riedad á que se hallan inflexiblemente sometidas 
todas las especies. Y de todos los climas resultan 
ser los cálidos ó tropicales, tanto por la permanen- 
cia y fijeza de sus caracteres como por la intensi- 
dad y energía de sus efectos, los agentes más acti- 
vos de ese proceso de modificación, que ha acabado 
por introducir en la especie humana los caracteres 
diferenciales, que sirven para distinguir unas de 
otras, así á las razas como á sus variedades. 

En mayor grado que los otros, poseen también 
los tropicales, los dos ingredientes más eficaces de 

341 



CUBA Y SU EVOLUaOK COLONIAL 

la descomposición orgánica, que son el calor y la 
humedad; y aunque esta circunstancia por ser de 
antiguo reconocida, debiera ser razón de más para 
que 1(^ pueblos que los habitan se preocuparan so- 
bremanera de la higiene, la experiencia, lejos de 
confirmar esta presunción, se ve obligada á revo- 
carla y aun á establecer precisamente la contraría. 
En ninguna parte, como en ellos, se infringen tan- 
to esos preceptos. Y Cuba, lejos de constituir una 
excepción, es un nuevo dato para confirmar la re- 
gla general. 

Hasta ahora, la vida individual, la vida de la fa- 
milia y la urbana, se han desenvuelto en ella den- 
tro de un menosprecio rayano en el olvido de todo 
aquello que recomienda la Higiene para prolon- 
garla y hacerla más sana y más robusta. 

En la vida individual andan tan desatendidos 
el aseo y policía de la persona, el régimen alimen- 
ticio y aun el mismo gobierno de los sentidos, tanto 
internos como externos, cual lo están en la vida de 
familia las habitaciones, la crianza de los hijos y 
el orden de los matrimonios; v en la urbana el tra- 
zado de las calles, plazas y mercados y su limpieza 
V saneamiento. 

El baño, que debiera ser artículo de primera y 
diaria necesidad, impuesto por la antisepsia en un 
medio tan propenso al cultivo de los micro-orga- 
nismos, lo es apenas de sjwrí ó hidroterapia; y los 
que se bafian, solamente lo hacen por solaz y en- 

342 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONUL 

tretenimiento, cuando no por expresa prescripción 
facultativa. La ropa interior, de lino casi siem- 
pre, peca por fría en el invierno y por higromé- 
trica en el verano. La alimentación, lejos de ser 
substanciosa, reparadora y metódica, elige su menú 
de entre chucherías y golosinas, de más placer al 
paladar que beneficio para el estómago. En los 
mejores tiempos de la prosperidad colonial, nada 
era tan comparable á un banquete chino, con su 
serie innumerable de estériles manjares, que la co- 
mida de una familia cubana acomodada. En un 
clima que tiende de por sí á sobreexcitar el sistema 
nervioso, se usa sin tasa, y se abusa sin medida, 
del café y del tabaco, que son dos eficacísimos agen- 
tes para su constante perturbación. Lejos de bus- 
car razonable atenuación con tonos más sufridos á 
las caricias demasiado intensas de la luz tropical, 
es el blanco de cal el color más constante en el de- 
corado de las casas. Se cercenan al sueño en la 
temprana noche las horas más propicias para el 
descanso, y se le conceden por la mañana las más 
adecuadas al ejercicio de la actividad. A una pu- 
bescencia precoz, impuesta por el clima, se la soli- 
cita á diario con afrodisiacos de tanta energía como 
el temprano noviazgo, muchas veces anudado en la 
misma escuela; como el danzón, el libro pornográ- 
fico, la pieza cómica obscena y el lupanar, con sus 
puertas de par en par abiertas á la calle; y se la es- 
timula con una libertad de costumbres, que bajo 

343 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN GOLOKIAI^ 

el pretexto del calor, abusa del desnudo y consiente 
que vengan á la vida, fuera del matrimonio, muy 
cerca de la mitad de los que nacen. La actividad 
se desenvuelve y gira entre dos polos completa- 
mente opuestos; el de los que trabajan, que son po- 
cos y suelen hacerlo con exceso, y el de los que 
huelgan, que son los más, y que ni siquiera dan al 
cuerpo el ejercicio necesario. 

No se desenvuelve en mejores condiciones la vida 
de la familia. La casa que la alberga tiene sos 
pisos al nivel de un suelo saturado de humedad, 
que la acción capilar se encarga de trasmitir por 
sus tabiques y paredes; su techo se cubre todavía 
con la ignominiosa teja de canal, que los árabes ha- 
ce diez siglos introdujeron en España. Los desa- 
gües, cuando existen, son insuficientes j no bien 
dirigidos; y ciertas necesidades se expeditan nor- 
malmente en los aposentos mismos, y las excretas 
se depositan á perpetuidad en pozos ciegos de cuya 
impermeabilidad de paredes nadie se curó, hos 
patios son pequeños y escasos de luz y de ventila- 
ción; y á pesar de estos inconvenientes, una sensi- 
bilidad enfermiza los embaraza, amontonando en 
ellos con profusión, desde las macetas de las flores 
hasta las aves de corral. La limpieza, que debiera 
ser el renglón más atendido, es, por el contrario, 
el más abandonado. Los niños se crían en peli- 
grosa promiscuidad con los mayores, y en sus he- 
chos tienen á menudo ocasión de sorprender las 

344 



CUBA T SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

primeras revelaciones de las crudezas de la vida. 
El servicio doméstico, confiado á la raza de color, 
se recluta entre las heces sociales, y es entretenido 
por efusión de carácter en una intimidad visible- 
mente peligrosa. Los matrimonios se realizan en 
edad muy temprana, y la prole suele exceder á los 
recursos ordinarios de los padres para racional- 
mente sostenerla. 

Por lo que hace á la vida urbana, ninguna in- 
fluencia han ejercido sobre ella las modernas inno- 
vaciones que de medio siglo á esta parte han con- 
sumado una revolución completa en los métodos de 
construir, ordenar y mantener ciudades. Las de 
Cuba, las más afortunadas, vegetan en el mismo 
ser y estado en que se encontraban al mediar la 
pasada centuria; las otras se van cayendo á pedazos, 
como carne enferma de un cuerpo moribundo. Las 
calles son estrechas y tortuosas; las aceras, la pavi- 
mentación, las alcantarillas y el suministro de agua, 
de extremada deficiencia, cuando existen. £1 ser- 
vicio de limpieza pública en la infancia del arte; 
lodo enverdecido por la germinación criptogámica 
en la estación de las lluvias; polvo saturado de mi- 
cro-organismos en la de la seca. Los obradores de 
las confiterías, fondas, cafés, panaderías y otros es- 
tablecimientos de público y general abasto, en con- 
tacto inmediato con obscuras é infectas letrinas, en 
las cuales un público estólidamente despreocupado, 
vierte sus inmundicias, tapizando con ellas pisos y 

345 



CUBA Y 6Ü fiVOLÜCION COLONIAL 

paredes. Loe artículoB que la importación sumi- 
nistra á la subsistencia, elaborados expresamente 
para Cuba, no para responder á las exigencias ra- 
cionales del mercado, sino para que su ínfima cali- 
dad, reduciendo su precio de fabricación, consienta 
mayor utilidad en los expendios al detalle. Así el 
tasajo, la manteca, el tocino, el vino, el café y otros 
géneros se han fabricado ó escogido expresamente 
para explotar á los cubanos, aun á riesgo de en- 
venenarlos. 

De esta manera se ha vivido y se vive en Cuba to- 
davía. Ahora corresponde apuntar cómo se muere. 
No había que esperarse, que un Gobierno, que man- 
tiene con criminal incuria la mortalidad de Madrid 
al tipo de treinta y seis por mil, el más alto de todas 
las capitales europeas, se preocupara, lo mas míni- 
mo, de llevar la cuenta y razón de las víctimas 
prematuramente cosechadas por la muerte entre 
unos colonos lejanos y no bien queridos. No exis- 
te, pues, estadística demográfica oficial; y cuanto se 
relaciona con ese ramo tan útil al acrecentamiento 
de los pueblos, se debe en Cuba á la iniciativa par- 
ticular, que ha sido siempre en ella la única mo- 
desta y mal recompensada propulsora de todos las 
progresos. 

De los trabajos de dos cubanos beneméritos, los 
Dres. González del Valle y V. de la Guardia, se ha 
extractado el cuadro siguiente comprensivo de la 
mortalidad en la Habana: 

346 



C3ÜBA Y Sü EVOLUCIÓN COLONIAL 







PrOBf^M 








AiM 


d«aorUlidi4 


liertH 


lacMts 




r 


1/000 








1870 


51 


10,394 






1871 


45 


9,174 






1872 


35 


7,031 


1 




1878 


88 


7J56 


! 




1874 


48 


9,604 




Ambrosio Gon- 


1875 


41 


8,390 




zález del Va- ■{ 


1876 


45 


9,122 


4,895 


lie. 


1877 


51 


10,217 


5,030 




1878 


57 


11,507 


4,976 




1879 


45 


9,052 






1880 


89 


7,942 






^ 1881 


38 


7,767 






r 1887 


41 


8,360 


4,180 




1888 


33 


6,605 




Vioente de la 
Guardia. 


1889 
1890 
1891 


29 
86 
34 


5,923 

7,298 
6,899 


4,823 




1892 


34 


6,682 






L 1893 


33 


6,610 


4,175 



El siguiente, que comprende el decenio de 1890 
á 1899, se ha extractado del Censo oficial de este 
último afio. 

Nacimientos y muertes en la ciudad de la Habana desde 
Z890 á Z899: 



AlM 


lieriei 


fnfwú^ 


laefadeiUi 


htp«reiéi 






1/000 




lyooo 


1890 


7,432 


37.1 


4,488 


21.84 


1891 


7,105 


35.5 


4,317 


20.66 


1892 


7,185 


35.9 


4,441 


20.93 


1893 


6,831 


34.1 


4,335 


20.10 


1894 


6,730 


33.6 


4,205 


19.20 


1895 


7,410 


37.1 


4,171 


18.75 


1896 


11,728 


68.6 


4,113 


18.21 


1897 


18,123 


90.6 


3,788 


16.53 


1898 


21,235 


106.1 


2,470 


10.62 


1899 


8,153 


40.7 


4,181 


17.72 



347 



CUBA Y 8Ü EVOLUCIÓN COLONIAL. 

A muchas y trascendentales consideraciones se 
prestan las cifras que han sido transcritas. Y es, 
entre ellas, la más grave, que la mortalidad, con 
una constancia que parece asumir el carácter de una 
ley biológica, llegó á exceder, en proporción aterra- 
dora, á la natalidad, al extremo de que en algunos 
años los nacidos sólo alcanzaron la proporción de 
cincuenta y nueve por ciento de los muertos; y que, 
en su consecuencia, si no se atendía á atenuar con 
una rígida y esmerada profilaxis las condiciones 
mortíferas del medio, la desaparición de la especie 
humana de sobre la faz de Cuba era ya sólo cuestión 
de tiempo; y aunque pudiera apelarse de este fallo 
alegando que los guarismos colacionados se refie- 
ren á la población urbana, más expuesta que la 
del campo á los peligros inmediatos de una urba- 
nización deficiente, y que los- elementos adventi- 
cios, representados por la emigración, han contri- 
buido por modo principal á proporción tan elevada, 
no por eso pierde el cuadro su sello de desconso- 
ladora intranquilidad con respecto al porvenir; 
porque Cuba no puede fiar el aumento de su po- 
blación, que tanto le interesa, al lento y, para ella, 
discutible proceso de la reproducción dentro de 
sí misma, sino que ha de buscarlo en una fuerte 
y constante corriente inmigratoria; y por otra par- 
te, sus habitantes no han de verse precisados á 
huir de las ciudades, para hacer exclusivamente la 
vida del campo, como los antiguos aborígenes. 

348 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

Si se atiende á las enfermedades que disfrutan 
el triste privilegio de la mayor mortalidad, habrá 
de observarse que no son, por cierto, las fiebres pe- 
culiares de los climas cálidos las que se llevan la 
primacía, sino que esta prerrogativa corresponde á 
la tuberculosis pulmonar, que se hace representar 
por la quinta, y á las afecciones del corazón, que 
figuran con la séptima parte del total de defuncio- 
nes. El tributo exorbitante que la población cu- 
bana paga á la primera de esas enfermedades, no 
es, en modo alguno, una carga impuesta por el cli- 
ma, pues sabido es, que en los cálidos las funciones 
del aparato respiratorio son menos activas que en los 
fríos ó templados y por ende los órganos que aquel 
aparato constituyen, están menos expuestos á los pe- 
ligros inherentes á todo ejercicio desmedido. ^^^ 

Ese diezmo mortífero no puede ser más que la 
funesta consecuencia de una vida comenzada á vi- 
vir demasiado temprano y vivida demasiado aprisa. 

En cuanto á las afecciones cardíacas explícase 
su estrago por la supremacía que los ingredientes 
emocionales y pasionales han logrado alcanzar por 
su extensión é intensidad sobre los temperamentos 
del país. 

Todos estos males, la ignorancia y la incuria, 
para no trabajar en su remedio, los debitaron á 
cargo y cuenta del clima, como su secuela fatal y 



(}) Miohel Lovj, Maihiea, Urban. 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL. 

necesaria. Y como es costumbre en tales casos, 
hasta llegó á formarse una especie de medio hro- 
rabie y bien quisto con ellos, ya por no darse 
cuenta de su importancia ó ya por haberlos con- 
vertido en motivo de medro y de provecho. 

Así, aquellos médicos de Madrid, que bajo Car- 
los III condenaron la limpieza y barrido de sos 
calles en nombre de la higiene y en miedo al aire 
sutil del Guadarrama, se vieron reproducidos en la 
Habana al fínalizar el siglo xix por un buen gol- 
pe de sus colegas de la tierra, que cual ellos y tam- 
bién á nombre de la higiene, levantaron rnidosü 
protesta contra una orden del Gobierno interven- 
tor que los obligaba á reportar los casos de tuber- 
culosis. 

Algo ha mejorado esta situación después de la 
Intervención americana. Durante ella, el nuevo 
establo de Augias recibió su priíner golpe de pala 
y escoba, y aunque aun falta mucho para que se 
dé el escobazo final á ese descomunal hacinamiento 
de detritus orgánicos, que ha estado envenenando á 
Cuba por tres siglos, se ha hecho, sin embargo, 
lo bastante para que la mortalidad haya descendi- 
do á una proporción tranquilizadora. Por otra 
parte, los médicos de la tierra, que desde la Repú- 
blica, han encontrado medios para asistir á las Con- 
ferencias internacionales de su profesión, como 
fruto de sus viajes, han importado de los centros 
de civilización, una idea más alta y más exacta del 

350 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

valor que la vida humana representa para las co- 
munidades modernas. 

Guarda la familia con la sociedad en que se des- 
envuelve una relación de causa y efecto tan estre- 
cha y consistente, que los que se interesan por la 
última, deben registrar con esmero todo aquello 
que afecta á la primera. Y el matrimonio es, á 
su vez, un elemento tan primordial en la constitu- 
ción de la familia, como que es presunción arrai- 
gada por el tiempo, que ésta no existiera sin aquél. 
Así, matrimonio, familia y sociedad, forman una 
serie, cuyos términos dependen los unos de los 
otros, tanto para existir como para cualquiera con- 
dición de su existencia. 

Y si se atiende á los censos de población, nin- 
gún esfuerzo costará la escueta afirmación de que 
el matrimonio vive en Cuba vida tan lánguida, que 
para encontrar un término á la comparación, es 
preciso salir fuera de la civilización cristiana y de- 
mandarlo á esa tribus sem i-salvajes, que tienen su 
guarida en el centro del África. 

En el último de esos censos, el de 1899, sólo 
aparecen como casados el lt5.7 por ciento de la po- 
blación, ó sea un matrimonio por cada trece habi- 
tantes. Si se recorren las naciones europeas, lo 
mismo las católicas que las que aceptaron la refor- 
ma protestante, se encontrará en todas ellas más 
que doblada esa proporción. Y si de Europa se 
pasa á América, únicamente podrá tropezarse con 

351 



CUBA T SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

un guarismo aproximado en las islas casi negras de 
la Martinica y Trinidad. 

Y como el matrimonio está en todas partes en 
relación inversa con la ilegitimidad de la prole, la 
consecuencia natural ha sido, que ésta sea más nu- 
merosa cuanto más escasos han sido aquéllos. 

Ya en el capítulo consagrado al factor Morali- 
dady se dejaron asentadas algunas estadísticas del 
caso, y se dedujeron y consignaron bajo aquel pun- 
to de vista las funestas consecuencias de situación 
tan monstruosa. Y aunque se haga con amargura, 
debe, sin embargo, añadirse á lo allí consignado, 
que hasta ahora ni se ha visto, ni se ve por parte 
alguna, indicio ó señal que revele un principio de 
remedio para el mal; y hoy, con la Independencia 
y la República, como ayer con la Colonia y la Es- 
clavitud, muy cerca de la mitad de los cubanos que 
reciben la vida ignoran legal mente el nombre de 
sus padres. 

En los países, en los cuales el pan de cada día 
hay que ganarlo en una fábrica, se explican sin es- 
fuerzo esos centros de poblaciún llamados ciudades 
que, como Glasgow, Birmingham, Belfast, Stettin, 
Essen y Breslau, etc., son verdaderas colmenas 
humanas consagradas al trabajo. Pero en aque- 
llos otros, y Cuba se encuentra en este caso, donde 
la diaria subsistencia hay que demandarla casi ex- 
clusivamente á la agricultura, la vida urbana ape- 
nas tiene explicación, y los que la viven, son como 

352 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

los zánganos, y no con las abejas, con quienes pue- 
den ser con justicia comparados. 

Sabido es que la única industria de Cuba es la 
del tabaco elaborado, y que esta industria, por ra- 
zones de propincuidad, se halla limitada á la Ha- 
bana y á algún otro de sus pueblos adyacentes. 
Y cuando en presencia de este hecho se tiende la 
vista por toda ella, y se cuentan quince ciudades 
con más de ocho mil habitantes, y viviendo dentro 
de ellas la tercera parte de la población entera de 
la Isla, hay razón para sos])echar que la colmena 
tiene más zánganos que abejas, (i) 

Aunque en el curso ya recorrido de este libro, 
se han adelantado numerosas indicaciones referen- 
tes al proceso evolutivo de la población cubana y á 
los elementos, que han acabado por vestirla con su 
actual fisonomía, la importancia del asunto es tan 
vital que bien merece que se cierre este capítulo 
con todo aquello que tocante á ese proceso aún res- 
ta por decir. 

Constituyen esos elementos generadores de la 
población, enumerados no por su grado de impor- 



(1) Esas poblaciones son las signientes: 

Cárdenas 21,940 Pinar del Rio 8,880 

Cienfaegos 30,038 Sanoti Spírítos 12,696 

Gnanabaooa 13,965 S. Antonio de los Baños. 8,178 

Güines 8,140 Sagua 12,728 

Habana 235,981 Puerto Príncipe 25,102 

R^la 11,363 Santa Clara 13,76» 

Manzanillo 14,464 Santiago 43,000 

Matanzas 86,374 Trinidad 11,120 

393 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIALi 

taiicia, sino por el orden en que se presentaron en 
escena, el indio siboney, el espafiol peninsular, pro- 
cedente en su mayor parte de las provincias ribe- 
reñas con el mar; el isleño de las Islas Canarias, el 
negro africano, importado por la trata; el criollo 
francés de la Louisiana y de Haití, el criollo espa- 
ñol de Santo Domingo, Costa Firme y la Florida; 
el indio yucateco, y en una cantidad despreciable, 
por lo mínima, el chino del S. £. de este vastísi- 
mo Imperio. 

Dejóse ya apuntado, que al desembarcar en Cuba 
el castellano, tropezó en ella con una raza, al pare- 
cer autóctona, que se llamaba siboney y pertene- 
cía á la vasta familia de la amarilla americana ex- 
tendida de N. á 8. por este continente. 

Los principales caracteres de esta raza sibonev 
han quedado esclarecidos y anotados en el lugar 
correspondiente, así como también su triste y bre- 
ve historia y su completa extinción y aniquila- 
miento biíjo los conquistadores españoles. Ahora 
sólo cumple el escudriñar y pesquisar la cantidad 
de sangre siboney, que después de su extinción ha 
podido seguir circulando, merced al cruzamiento, 
en las venas de los blancos de la tierra. 

Todo induce á creer que esta trasfusión, si alcan- 
zó alguna importancia en los primeros momen- 
tos de la conquista, la pendió por completo con 
el descuajo del indígena acaecido pocos años des- 
pués de comenzada aquella empresa. Con ese 

354 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

descuajo fallaron los elementos primarios para el 
cruzamiento, el cual por verificarse sobre produc- 
tos ya modificados por una ó varias generaciones, 
acabó por eliminar, ó al menos ocultar, todos aque- 
llos caracteres externos que eran propios de la ra- 
za inferior sometida al tratamiento. 

Que los más linajudos corifeos de la conquista 
no se desdeñaron de unir su sangre con la de los 
vencidos y conquistados, lo revela, entre otros, el 
hecho de que Vasco Porcayo de Figueroa, sefior 
del Camagüey, treinta afios después de la conquis- 
ta, al abandonar por achaques de salud la expedi- 
ción de Hernando de Soto, en la Florida, confió el 
mando de los hombres de armas de su casa, á un 
su hijo habido en una india y llamado Gómez Suá- 
rez de Figueroa. Y aun las crónicas del tiempo 
hacen referencia también á otros hijos é hijas de 
aquel conquistador habidos todos ellos en el mismo 
vaso indígena. 

Afortunadamente para Cuba la influencia siboney 
ha sido tan mínima por razón del cruzamiento, que 
puede ser considerada como uno de esos residuos 
insignificantes, que por no afectar el resultado de 
un análisis, reciben en la química el nombre de 
cantidades despreciables. Sólo en la región orien- 
tal, donde lo fragoso del suelo y el impulso desma- 
yado de la colonización* ofrecieron al indígena un 
asilo para que prolongara su agonía, es donde pue- 
den encontrarse algunas trazas borrosas de su in- 

35^ 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL. 

fluencia. Sometidos de improviso á la dura servi- 
dumbre de un trabajo forzado, al cual no se halla- 
ban habituados y que acabó de extinguirlos en 
brevísimo período, no debió tener el desgraciado 
siboney para dicha de las generaciones futuras de 
su patria, ni ocasión ni menos tiempo de mezclar 
su sangre degenerada y empobrecida por la anemia 
tropical, á la de sus dominadores y verdugos, en 
cantidad suficiente, para que al cabo de cuatro si- 
glos pudieran apreciarse sus efectos en la masa 
general. A ello debió contribuir la escasez de la 
población blanca durante el primer medio siglo de 
la colonización, la cual no excedería de cinco á seis 
mil almas en la fecha que aquellos aborígenes fue- 
ron descuajados de la tierra que les había dado na- 
cimiento. 

Si se reflexiona que en las islas Canarias hacían 
escala todos los buques que se dirigían á la Isla, 
que fueron isleñas las primeras mujeres blancas 
que en ella se establecieron y que de Canarias vi- 
nieron los primeros animales domésticos y las pri- 
meras plantas y simientes que fueron objeto de cul- 
tivo, es racional la conjetura de que fueran canarios 
tambi(?n los primeros labradores de la tierra. Y 
esta conjetura se corrobora con todo el aparato de la 
verdad, cuando se para mientes en que el campesi- 
no cubano, tanto en su habla y en su carácter, como 
en sus hábitos y en s-us gustos y aficiones, guarda 
mucho parecido con el isleño de Canarias. El hu- 

35e 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

mor huraño y quisquilloso, la frugalidad y la sobrie- 
dad, cierto espíritu de insumisión é indisciplina, que 
los hace impropios tanto para el servicio militar co- 
mo para el doméstico, la propensión á crearse con 
temprano una familia, la afición átrabajar por cuenta 
propia y á emplearse en industrias en pequeña esca- 
la, y una especie de instinto ciego que los conduce á 
preferir ser cabeza de ratón que cola de león, son 
peculiaridades comunes al canario y al cubano. 

Comarcas enteras hay en Cuba, y la Vuelta Aba- 
jo es una de ellas, donde la tradición atribuye á los 
canarios la apertura y desmonte de la mayor parte 
de las fincas. Ha habido época en que los valles 
de Güines y del Yumurí, ambos de nombradía m 
el cultivo de los frutos menores, por el personal de- 
dicado á ese cultivo, parecían una reproducción 
exacta del valle de la Orotava. Y todavía en la 
presente, Mayajigua, las Vueltas, Camajuauí, Gi- 
bara y varios otros lugures, donde se labra la tie- 
rra con esmero y en pequeña escala, son verdaderas 
colonias de canarios consagradas á su modo á las 
faenas de la agricultura. 

El primer ingenio que en Cuba se fomentó, lo 
fué por una isleña — Catalina Hernández — é isleños 
fueron los primeros vegueros del tabaco, y aún hoy 
lo siguen siendo una buena parte de los que á su 
siembra se dedican. El primero que aplicó á la 
extracción del azúcar la máquina de vapor, fué el 
conde de Jaruco, y su apellido Santa Cruz basta 

357 



CUBA Y Sü SV(HiUClOK OOLOKtAl. 

para comprobar su origen canario. Loe de Alfon- 
80, Morales, Abreu, Benítez, Santana, Hernández, 
Rodríguez, Betanconrt, Leal, Llerena, Casanova, 
Tavares, Cruz, y tantos otros que circulan por el 
país, y que están, como ellos consagrados por el 
cultivo de la tierra, son apellidos traídos á Cuba 
por labriegos canarios, que lograron esclarecerlos 
con su industria, laboriosidad é inteligencia. 

Al reseñar la historia de Cuba se expuso, si no 
la causa, por lo menos el pretexto que sirvió para 
la introducción de esclavos africanos en los domi- 
nios españoles de la América; y durante todo el 
curso de esta obra, y á medida que su desarrollo lo 
exigía, se han ido exponiendo y registrando todos 
los efectos causados por esa introducción entre los 
pobladores blancos de la Isla. Resta ahora tratar 
de su número y cantidad. 

Un hombre que llego á familiarizarse con los nú- 
meros de la estadística, cual lo estaba con los ins- 
trumentos de su laboratorio — el sabio Humboltd— 
calculaba en 90,875 el número de esclavos intro- 
ducidos en la Isla, desde lo31 hasta 1790. Después 
(le este último año hasta el de 1820 los registros de 
Aduanas, compulsados por Saco, acusan un arribo 
de 22o,57o; números que pueden ser en un tercio 
adicionados, para compensar las filtraciones pro- 
ducidas por el contrabando. Desde 1820 hasta 
que cesó el tráfico infamante, allá por los alrede- 
dores de 1867 (y este período comprende la mayor 

358 



CUBA T SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

demanda por brazos, como consecuencia del rápido 
7 enorme desarrollo que durante él obtuvo la ri- 
queza), no hay dato alguno de aproximada veraci- 
dad para calcular los africanos introducidos en la 
Isla. Lord Palmerston, que debía estar en pose- 
sión de los obtenidos por la cancillería inglesa en 
su campafia contra la trata, los computaba en un 
millón. Los compiladores del censo de la Inter- 
vención americana de 1899 reducen esa cifra á la 
mitad. En la alternativa nos decidimos por la 
primera. Lo que ese millón y medio de esclavos 
africanos ha influido en Cuba, ahí está la actual so- 
ciedad cubana para revelarlo y atestiguarlo. 

Cuando los españoles eran dueños y señores de 
las Indias, tan poca estimación dieron á Cuba, y 
en tal abandono la mantuvieron, que desdeñaron 
hasta el cuidado de poblarla. Haciendo caso omi- 
so de la trata, puede asegurarse que la mayor y 
mejor parte de su población la debe Cuba á agen- 
cias, á las cuales la Metrópoli fué ajena, como fue- 
ron las desgracias y trastornos ocurridos en las 
islas y países inmediatos á sus costas. 

Jamaica, la primera, la proporciona, en 1656, 
con su pérdida, 8,000 de sus habitantes, que no 
aviniéndose á ser ni ingleses ni protestantes, vie- 
nen á sumarse con los 30,000 á que Cuba, á duras 
penas, había podido adelantar su población. W 

La segunda fué la Florida, que perdida la pri- 

( I ) Valdéa. Historia de la Habana. 

359 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL. 

mera vez en 1763 y la segunda en 1819 la reintegra 
de la vieja deuda de su conquista y colonización 
emprendida y realizada con elementos extraídos de 
su seno. 

La tercera fué la catástrofe de Haití, en 1793, 
que la proporciona un aumento de 25,000 vetera- 
nos, según cálculos juiciosos. Los blancos de este 
contingente superan en cultura agrícola á todo lo 
que liHsta entonces había desembarcado en la colo- 
nia. En 6\ vinieron los Duany, loe Dussac, los 
Ducasse, los Boudet, los Noblet, los Colas, los Ba- 
cardí, los Vinent, los Vaillant, los Graryon, los 
Couroneau y los Lavalette, cuyos nombres van uni- 
dos y mezclados al fomento de la riqueza agrícola 
en el departamento oriental. 

La cuarta es el primer abandono de Santo Do- 
mingo en 1796. La adquisición es tan numerosa 
como la de Haití y comprende también amos y 
esclavos. De ella forman parte los Heredias, los 
Ángulos, los Delmonte, los Armas, los Fernández 
de Castro, los Lavastida, los Salcedo, los Cuevas y 
muchos otros apellidos ilustres del país. 

La quinta es la Louisiana, cedida á Francia en 
1797. No hay datos para fijar su cantidad, pero 
á ella le debemos los Cruzat, los Sedaño, lo? 
D'Clouet (el fundador de Cienfuegos), los Brunet 
los Belot, los Rabel, los Deschapelles, los Lainé 
los Nicolás, los Gaytán, los Kessell y otros carac- 
teres de igual temple. 

360 



CUBA T SU EVOLUaON COLONIAL 

La sexta y última que es la más poderosa por el 
número y la más prolongada por el tiempo, porque 
abrazó desde 1810 hasta 1826, es la completa y 
definitiva liquidación del poder espafiol en el con- 
tinente americano, que hasta entonces se había ido 
realizando solamente por partidas. 8u número no 
andará lejos de 50,000, y sus representantes son 
los Terry, los Moré, los Coppinger, los Labra, los 
Laborde, los Topete, los Baldasano y muchos más 
que no es dable registrar. 

Estos contingentes, puede asegurarse, que for- 
maron el grueso del ejército que conquÍ8tó á Cuba 
para la civilización. 



361 



CAPITULO XII 



DE LAS COOTUlíBRES PRIVADAS 



Tnito ■oeial.— Llanea 7 familiaridad ezoniTaa. — Pooa aüoíóo al 
tro 7 á IjM tertalíM de oaf4— Viátas.— Baüea.— El danaán.— 8a 
CMrigen afrioano. — Juegoa» — El iiioiite.~LoB gallos. — Inflaenda 
del oHma sobre las ooslombm. — Indoleneia tropical. 

• No hay felicklMl «In la pas j d 
coDtento del alma, no hmj pas ni eoa- 
tento fin Tirtodea, dn Ttrtndet no hay 
amor ni constancia en el tRabeJo, j lia 
trabajo no hay riqneaaa Terdadccaa 

« No hay eindad, poOMo ni ilneón 
de la tala de Cnba, haata donda no m 
haya difondido ete oánocr devondor 
del juego...» 

Joafc A!<TOino Saoo. 

Eea serie de actos de un iiiisnio orden y en una 
misma dirección, que la repetición convierte en há- 
bito, y que el tiempo transforma en esos modos ge- 
nerales de vivir, que reciben el nombre de costum- 
bres, constituyen un recurso de capital importancia 
para trazar la fisonomía de un agregado social; y 
á él debe apelarse, mejor que á los Códigos, y aun 
que á los mismos libros, cuando se quiere que el 
retrato resulte de un exacto parecido. 

Las costumbres cubanas son, en general, de ori- 
gen español, aunque la diversidad de clima, la va- 
riedad de productos y la vecindad y esclavitud del 

362 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLOKÍAL 

negro, han introducido entre ellas algunas diferen* 
cias. Todavía esas costumbres, sometidas al influ- 
jo de tan poderosos agentes, debían haber ahonda- 
do algo más sus líneas de desemejanza; pero la 
numerosa población peninsular, que ha caído sobre 
Cuba en la última mitad del siglo pasado, y cuyo 
número, entre empleados, inmigrantes y soldados, 
no andará lejos del millón, ha contribuido eficaz- 
mente á preservarles su aspecto espafiol, y aun á 
robustecerlo y acentuarlo en algunas de sus líneas, 
ya obscurecidas por la lenta labor de la adaptación. 
Obsérvase así, durante ese período, que mientras 
Cuba y los cubanos se distanciaban ix)líticamente 
cada vez más de su Metrópoli, las costumbres es- 
pañolas iban asegurando y ensanchando su impe- 
rio en todos los órdenes de la vida colonial. La 
lana substituyendo al lino en el vestido, las comidas 
retardando sus horas, las rondas ó parrandas^ las 
corridas de toros, el juego de pelota á la vizcaína y 
las tertulias de café, entre las costumbres privadas; 
la empleomanía, el caudillaje y el caciquismo en- 
tre las políticas; la irregularidad administrativa, el 
fraude electoral, el timo, el chantage y el secuestro 
entre las formas de delincuencia, y algunas otras no 
tan connotadas, han sido importaciones de la Pe- 
nínsula, que se realizaron durante esa época, y que 
por extraña anomalía estaban haciendo á Cuba más 
española en sus costumbres, cuando menos quería 
serlo en su política. 

363 



CUBA 7 SÜ SVOLüaON COLONIAL» 

Y apuntada esta ligera observación, cujas con- 
secuencias se deducirán más adelante, cumple á los 
límites de este libro el sefialar á la ligera los ras- 
gos más salientes y característicos de las costum- 
bres cubanas; porque trazar un cuadro acabado y 
completo de todas ellas, ni aquéllos lo consienten 
ni entra tampoco en las líneas de nuestro pro- 
pósito. 

Tiene su puesto entre esos rasgos la llaneza, en 
más de un punto excesiva, de su trato social, que 
aunque contenido por lo regular en las clases pro- 
minentes por su cultura dentro de límites discretos, 
á poco que de ellas se descienda, está muy propen- 
so á degenerar en pecaminosa familiaridad y hasta 
en rústica desatención. La facilidad j la frecuen- 
cia con que en Cuba se disipa una fortuna, al ex- 
tremo de ser raras las que trascienden á una nueva 
generación, y la elevación constante y sistemática 
de elementos adventicios y parvenus á las más al- 
tas dignidades — política implantada por la Metró- 
poli en el último siglo de su dominación^-dieron al 
traste con los primeros núcleos de sociabilidad dis- 
tinguida y de high Ufe^ que parecían condensarse 
alrededor de algunas familias patricias, cuyo esplen- 
dor estaba á cubierto y defendido por la vinculación. 

En la actualidad, y por lo que al particular 
atañe, están algo distantes los cubanos de rendir 
un celoso acatamiento á esos preceptos de cultura 
social inmortalizados por Lord Chesterfield. Suele 

364 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

en Cuba no devolverse una demostración de corte- 
sía, y aun no pagarse una visita, salvo en aquellos 
casos en que el acreedor es de reconocida superio- 
ridad social; y corno la vanidad á menudo pone 
obstáculos á ese reconocimiento, por ser empresa 
difícil, si no imposible, el hallazgo de un cubano 
que no se crea superior á los demás, resulta de ahí 
que la vida social, en su aspecto de civilidad y de 
cambio recíproco de atenciones, no ha traspasado 
en Cuba los moldes propios de una comunidad 
colonial, y presenta todavía algunos relieves co- 
munes á todas las factorías. 

En marcado contraste con los españoles, no dan 
muestra los cubanos de tener en gran estima, ni 
aun siquiera de continuar la afición tan corriente 
en sus progenitores de pasar la velada en la coti- 
diana tertulia del café. La que guardan al teatro 
es también de poco bulto y consistencia, razón por 
la cual es entre los peninsulares, donde los teatros 
suelen encontrar el contingente más numeroso de 
su público. El de Albisu, primero y único, hasta 
ahora, que ha logrado tener abiertas constantemen- 
te sus puertas en la Habana, fué durante la última 
década un teatro de actores, piezas y público espa- 
ñoles. 

Las visitas fueron siempre en Cuba el principal 
alimento del trato social; pero el estrago sufrido en 
vidas y caudales, por las mejores familias, durante 
el largo período de las guerras por la independen- 

366 



CUBA T SU EVOLUCIÓN COLONIAL* 

cia, predisponiendo el ánimo contristado á refu- 
giarse en el aislamiento, como su mejor consuelo, 
ha hecho menguar bastante el cultivo de esa forma 
corriente de las relaciones sociales. 

Mas lo que el cubano eleva casi á la categoría de 
una institución; aquello á que rinde apasionadísi- 
mo culto en cualquier edad de la vida, v aun en 
cualquier estado de su ánimo; aquello que ejerce 
sobre él una fascinación de la que muj pocos lo- 
gran sustraerse, es el baile. 

Es el baile una de las manifestaciones más na- 
turales y espontáneas de la alegría; y puede darse 
como cosa averiguada, que las piernas de los prime- 
ros danzantes debieron moverse al compás de los 
latidos de un corazón regocijado y en acción de 
gracias por una felicidad imprevista. No existe 
pueblo alguno que no haya rendido tributo á esta 
peculiar manera de expresar el júbilo de un ánimo 
satisfecho; y hasta la misma Biblia nos refiere, que 
el buen rey David, á estímulos de venturosos suce- 
sos, puso en olvido su compostura de Rey y de 
Profeta y llegó á bailar delante del Arca. 

Pero, aunque símbolo de alegría en la infancia 
(le los pueblos, se ha observado también, que los 
llegados á la virilidad lo convierten en materia de 
esparcimiento para el ánimo y saludable ejercicio 
para el cuerpo, mientras que aquellos otros, que 
han entrado ya por esa vertiente de la decadencia, 
que es precursora de la vejez y de la muerte, loha- 

366 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

cen degenerar en aperitivo de la lubricidad y en 
alimento del libertinaje. 

El baile, hijo de la naturaleza y de la alegría, y 
fiel espejo de un alma sana en un cuerpo robusto, 
puede darse en Cuba por desaparecido, desde que 
el histórico, inocente y humilde zapateo, desterra- 
do hace fecha de la ciudad, se ha visto, hasta en el 
campo, sustituido por pasatiempos coreográficos 
más en armonía con las aficiones y gustos de la 
época presente. 

Un clima bajo cuyos auspicios el menor esfuerzo 
resulta violento y fatigoso, no podía dar aliciente 
á un baile de higiénico deporte y provechosa gim- 
nasia. Y descartado el incentivo principal que su 
ejercicio podía tener en los temperamentos hones- 
tamente viriles, apoderáronse del baile los afemi- 
nados de la crápula, y hurtando á la raza africana 
su ritmo, sus aires y hasta sus peculiares instru- 
mentos, dieron vida á ese danzón de origen y ca- 
racteres señaladamente africanos, y cuya lasciva 
cadencia tanto choca á los extranjeros que por pri- 
mera vez lo oyen y presencian. 

En la naturaleza todo ser engendra su semejan- 
te; y es preciso reconocer que una sociedad rodea- 
da de tantos elementos de descomposición, vivien- 
do bajo un sol de fuego y dentro de una atmósfera 
de humedad tibia y malsana, y solicitada por una 
constante enervación complicada con una imagina- 
se? 



CUBA T 8U EVOLUCIÓN COLONIAL. 

ción exaltada, á los más groseros apetitos, ( ^ ^ tuvo 
y encontró reproducción apropiada en el licencioso 
7 disoluto danzón. Y como hijo legítimo de la 
tierra, por su propio derecho, quedó el danzón ele- 
vado á la categoría de baile nacional. 

Un colorista privilegiado, el Dr. Benjamín de 
Céspedes, nos retrata por maravilloso modo, aun- 
que con tonos de un realismo algo subido, uno de 
esos bailes tan corrientes en el país, y á que son tao 
aficionados los cubanos. 

No podemos resistir á la tentación de reproducir 
su acabadísima pintura. 

Hela aquí: 

«Una afición enloquecedora por el baile cunde 
en ciertas épocas del año, como una epidemia de 
satiriasis, en el seno de la sociedad cubana. Por 
todos los ámbitos de la ciudad resuena el penetran- 
te alarido del cornetín, reclamando al macho y á 
la hembra para la fiesta hipócritamente lubrica- 
Desde el modesto estrado hasta el amplio salón de 
la más encopetada sociedad pública, acuden todos 
confundidos y delirantes á remedar sin pudor ni 
decoro escenas sáficas de alcoba, bautizadas con los 
nombres de danzay danzón y yambu. Másicos y 
compositores — por lo regular de la raza de color- 
rotulan con el dicharacho más expresivo recogido 
de la calle ó del tugurio, sus abigarradas composi- 

(1) Enríqae José Varoon. Estudios literarios y filosóficos. Pá- 
gina 265. 

36a 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

ciones, cuyo ritmo son la expresión musical imita- 
tiva de escenas pornográficas, que los timbales fin- 
gen como redobles de deseos, que el rispido sonso- 
nete del guayoy como titilaciones que exacerban la 
lujuria, y que el clarinete y el cornetín en su com- 
petencia estruendosa y disonante, parecen imitar 
las ansias, las súplicas y los esfuerzos del que lucha 
ardorosamente por la posesión amorosa. 

<c Al son de esa música alborotosa y lasciva, que 
flagela con sus bruscas agudezas la sensibilidad 
más adormecida, provocando una reacción de es- 
pasmo lúbrico, muévense las parejas con voluptuo- 
sa indolencia. 

« El cuerpo de una mujer — quizá honrada y vir- 
tuosa — se enlaza confiada al del mancebo bailador. 
Parecen dos estatuas fundidas al calor de la lujuria. 
Él siente sobre su pecho la dulce presión del alto 
relieve del seno ondulante y á veces hasta la tur- 
gecencia de los pezones eréctiles de la bailadora, 
y ella en su mejilla acalorada por el deseo, el vaho 
de la respiración entrecortada del varón. 

«Ambos giran, se adelantan y retroceden gra- 
ciosamente, proyectando en un mismo plano, cor- 
tado tan sólo por la arrugada falda, las caderas y 
los muslos que se rozan fuertemente, siguiendo las 
ondulaciones y peripecias del baile. Ella siempre 
flexible, arqueando provocativamente el talle, se 
desliza, al parecer, serena, fingiendo candor en la 
lubricidad, y él, excitado, atormentando su virili- 

369 



CUBA T SU EVOLUCIÓN COLONIAIj 

dad exaltada, pretende aparecer correcto bailador, 
ajustando sus afeminadas actitudes á loe desorde- 
nados compases de la música. 

«Son seres refinados que apuran la voluptuo- 
sidad, mortificando las funciones del sexo, como 
pudieran hacerlo, al son de la guzla, los eunucos 
en los serrallos ó al triste plañir de la cítara grie- 
ga, las apasionadas histéricas de Lesbos. 

((El clarear del día, después de seis horas de in- 
cesante baile, viene a sorprender á los trasnocha- 
dores. Ellos, la generación del mañana, se alejan 
satisfechos, como los viejos verdes que se conten- 
tan con el ardor genésico, incapacitados ya para la 
consumación; y ellas absueltas de antemano por la 
sociedad, el cura ó el amante, que toleran seme- 
jantes transgresiones del pudor femenino, desfilan 
también con los pies mutilados, las caderas adolo- 
ridas, enrojecidos los ojos. Entraron alegres con 
la frescura juvenil en el semblante y se retiran de 
la fiesta como de una orgía; con la faz clorótica 
alargada por el rictus de la fatiga sensual y la agi- 
tación interior de los deseos contenidos. Detnfe 
de ellas van los viejos cabestros, con sus caras se- 
rias de padres formales, y sus ojos papujos carga- 
dos de sueño, guardando cuidadosamente la virgi- 
nidad de sus hijas, de esas vestales ya iniciadas en 
los eróticos misterios de la Venus Jicatrix.^ W 



(1) La Prostitución en la Habana. — Pág. 140. 

370 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

Nada es posible añadir á un cuadro de dibujo 
tan exacto, y aunque un tono de menos energía 
hubiera correspondido mejor á lo escabroso del 
asunto, sin dañarse por eso la fidelidad del pare- 
cido, bueno es advertir, que el mejor camino para 
inspirar y arraigar el odio al vicio, cuando se re- 
cata bajo el holgado ropaje de la costumbre, es y 
ha sido siempre presentarlo en toda su crudeza y 
desnudez, y sin aquellos atavíos que lo recatan, 
disimulan y favorecen. 

Y esta afición desmedida por el baile, que pa- 
rece ser patrimonio de los cubanos, si á su origen 
se atiende, resulta ser inmemorial y hanla sorpren- 
dido y señalado casi todos los viajeros que en dis- 
tintas épocas han visitado la Isla. 

Hé aquí en qué términos se hace cargo de ella 
el vizconde D'Hespel D'Harponville, que la reco- 
rrió en 1847: 

«íEl baile, de que gustan con pasión, es la ocupa- 
ción favorita de la juventud. El año entero es 
un solo baile y la Isla un solo salón. Cuando no 
se baila en las sociedades líricas, en los casinos, en 
las casas particulares ó en los pueblos de tempora- 
da, se baila en la propia casa de la familia, muchas 
veces sin piano ni violines y con sólo el compás de 
la voz de los bailadores.» W 

Ya medio siglo antes, en 1798, D. Buenaventu- 



( 1 ) Im Beine des A nuiles, — Pág. 253. 

371 



CUBA T SU EVOLUCIÓN COliONIAL. 

• 

ra Pascual Ferrer, después famoso redactor de E¡ 
Regañón^ había consagrado á esa afición el párrafo 
siguiente de una de sus cartas sobre Cuba insertas 
en el Viajero Universal: 

«Otra de las diversiones más apetecidas délos 
habaneros es el baile, pues casi toca en locura. 
Habrá diariamente en la ciudad más de cincuenta 
de estas concurrencias y como son todas á puerta 
abierta, los mozos de pocas obligaciones suelen pa- 
sar en ella toda la noche. No se necesita ser con- 
yidado ni aun tener conocimiento alguno en la 
casa para asistir; basta presentarse decentemente 
para bailar. En la Plaza Mayor hay una casa 
pública destinada para este defecto, á donde se con- 
curre por suscripción. Asisten á ella las familias 
más distinguidas del pueblo, y hay varios cuartos 
destinados para bailar, refrescar, jugar, etc. Los 
bailes de la gente principal se componen de bue- 
nos músicos, y se danza en ellos la escuela france- 
sa; los demás se ejecutan con una ó dos guitarras 
ó tiples y un calabazo hueco con unas hendiduras. 
Cantan y bailan unas tonadas alegres y bulliciosas, 
inventadas por ellos mismos, con una ligereza y 
gracia increíbles. La clase de las mulatas es la 
que más se distingue en estas danzas.» (^) 

El tiempo ha podido sucederse al tiempo y i 
una revolución otra revolución; pero el ardor en- 



(1) Rfvi9ta de Cuba. Vol. I, pág. 318. 

372 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

ferraizo que los cubanos sienten por el baile no ha 
alcanzado á entibiarse. Hoy, lo mismo que ayer, 
para rendir culto á la pasión favorita el primer pre- 
texto venido es siempre aprovechado. Y si no se 
presenta se le inventa. El bautizo, el natalicio, 
el matrimonio y hasta la misma muerte, cuando 
la víctima es mínima en afios, dan ocasión justifi- 
cada para el festival. Y á falta de estas ocurren- 
cias no se pierde el tiempo buscando ó esperando 
alguna otra: se asalta sencillamente una casa de fa- 
milia, que prevenida de antemano, acepta de ordi- 
nario el compromiso, más por halagar su propia 
vanidad que por compartir el ajeno regocijo. La 
revolución misma ha dado nacimiento á una nue- 
va variedad del género — el baile patriótico— y ya 
son pocos los mítines que no se cierran con guate- 
ques políticos al compás del guayo, el clarinete y 
los timbales. (^) 

A más de estos bailes que improvisa el prurito 
coreográfico, sucédense muchos otros de carácter 
permanente. Los clubs sociales, casi no tienen 
otra finalidad que proporcionar á sus miembros, en 
días determinados, por prescripción reglamentaria, 
el entretenimiento nacional. Los de máscaras, que 



(1) £1 general Máximo Gómez ni recibir á Mr. Porter, comisio- 
nado por el Presidente de los Estados Unidos jMira concertar con él 
el licénciamiento del ejército revolncionario, no encontró obsequio 
más apropiado que tributarle, que un baile, que se celebró en una 
casa particular de Caibarién. 



373 



CUBA T 8U EVOLUCIÓN COLONIAL. 

suelen anticiparse al Carnaval y prolongarse hasta 
el remate mismo de la Cuaresma, son incentivo po- 
deroso para la licencia; y los que se celebran en los 
teatros y otros parajes de estipendiada concurren- 
cia, son verdaderas saturnales, donde al amparo de 
la careta, y aun sin ella, se perpetran las mayores 
obscenidades. 

Y todavía, para cotidiano sustento del orgas- 
mo coreográfico, raro es el pueblo 6 barrio, donde 
bajo el nombre de escíielita^ no funcione á diario y 
á puerta cerrada, un centro de baile permanente, 
en el cual, con el pretexto de ensefiarlo, se ejerce 
el lenocinio, y cuyos centros tolera la policía por 
cohecho. 

Es el juego otra de las más antiguas y arraiga- 
das costumbres de la Isla; y aunque no tan gene- 
ralizada como la anterior, son sus efectos, sin em- 
bargo, de más nociva trascendencia. 

Sea fruto enfermizo, aunque obligado de una vi- 
da entretenida en el ocio ó natural desahogo de 
tendencias á la disipación y á la prodigalidad, ó 
lucrativa granjeria mantenida á expensas de bota- 
rates y de incautos ó latigazo emocional indispen- 
sable á temperamentos enervados por una constan- 
te neurosis, 6 lo que es más probable un producto 
racional, aunque complicado, de todas estas causas 
reunidas, es lo cierto que el gusto é inclinación por 
los juegos de azar ha sido en todo tiempo sello y 
distintivo de la generalidad de los cubanos. 

374 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

a No hay ciudad, pueblo, ni rincón de la isla de 
Cuba, hasta donde no se haya difundido este cán- 
cer devorador: se juega desde la punta de Maisí 
hasta el cabo de San Antonio», exclamaba en 
1832 con acento de viril indignación el esclarecido 
Saco. (^) «Esta es la tierra, prorrumpía en 1884 
D. Raimundo Cabrera (2) con una indignación no 
exenta de sorna, a donde el juego del monte y otros 
no menos ilícitos y escandalosos, se han estableci- 
do en calles y plazas, como medios de arbitrar fon- 
dos para edificar iglesias, y donde las casas de juego 
han sido siempre objeto de pingües explotaciones.» 
Más de 12,000 personas, había escrito ya en 1834 el 
general Tacón á su Gobierno, se mantenían en la 
capital — (la Habana, que entonces contaba poco 
más de 100,000 habitantes) — en las casas públicas 
de juego, así de blancos como de individuos de co- 
lor, libres y esclavos. í^) « Con un tiple, un gallo 
y un naipe, está asegurado el Gobierno y la paz de 
esta tierra», diz que afirmaba en 1844 el Conde de 
Lucena. 

Peninsular, cubano ó extranjero, todo aquel que 
con su pluma ha pretendido dejar un recuerdo de 
las costumbres del país, ha consagrado siempre al 
juego una mención tan principal como merecida. 



(1) Memoria sobre la vagancia. 

(2) Cuba y sus jueces, 

(3) Memoria del General Tacón sobre el estado de Caba al en- 
oai^garse de su Gobierno. 

375 



CUBA T SU EVOLUCIÓN COLONIAL. 

En estos últimos tiempos el quebranto general 
de la fortuna cubana ha venido á privar al vicio 
de sus más inocentes prosélitos, que eran aquellas 
que lo cultivaban más por pasatiempo que por 
medro. Los Herrera, los Armenteros, los Pedroso 
y los Barreto, y muchos otros aristocráticos ape- 
llidos de la vielle roche colonial, que mantuvieron 
en su época el prestigio de la afición, han entrado 
de nuevo en el montón, y harto hacen, si es que 
logran asegurar su subsistencia al tenor de las mal- 
diciones de la Biblia. Quedan, en cambio, los de 
más dafio y perjuicio, que son los jugadores profe- 
sionales, esos viejos tahúres y fulleros que explotan 
á la gente moza en años y en escrúpulos, y se ase- 
guran una renta con su credulidad y su codicia. 
Rara es la población que no cuente un núcleo de 
ellos proporcionado á su importancia, y donde en 
uno ó en varios sitios de todos conocido, no exista 
abierto el banco de juego á ciencia, conciencia y 
hasta bajo la protección de la misma policía. 

Ix)s Gobiernos de provincia durante la adminis- 
tración española, consideraban el juego como la 
más saneada y abundante de las granjerias y soca- 
liñas del ramo gubernativo. Las ciudades tenían 
su jerarquía para el juego, lo mismo que la tenían 
para las matrículas del subsidio industrial ó de co- 
mercio. El impuesto clandestino derivado de este 
origen impuro, se distribuía entre las autoridades 
de la localidad y las superiores de la provincial 

376 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

9ual si se tratara de obvenciones legales de sus res- 
pectivos oficios. Gobernador hubo que recorría 
quincenalmente su Gobierno, colectando en persona 
el impuesto del vicio, temeroso de que sus subalter- 
nos lo sujetaran á la sisa y filtración, que eran de 
uso y rigor en la conducta de las rentas pú- 
blicas. 

Entre los juegos, los m¿s corrientes son los de 
naipes, y entre ellos tiene supremacía el que lla- 
man del monte, que aunque de origen español, ha 
sido exornado por los ingenios de la tierra con un 
buen golpe de complicadas combinaciones. El ba- 
carat, el treinta y cuarenta y el poker, tal vez por 
su mismo abolengo extranjero, sirven de pasto á la 
afición en los clubs y casinos, y otros parajes de re- 
glamentada concurrencia. La ruleta en todas sus 
múltiples manifestaciones, es usual incentivo de las 
ferias, romerías y demás jolgorios al por mayor. 
El burro, la treinta y una y las siete y media ha- 
cen el consumo de las tabernas, cantinas y bi- 
llares. Y finalmente, las rifas, y entre ellas la 
charada china, fácilmente aclimatada en un medio 
tan propicio, encuentran su parroquia entre me- 
nestrales y sirvientes. 

Y como si tantas y tan diversas formas no fue- 
ran suficientes á dar á la afición el necesario sus- 
tento, todavía vino á agregarse á ellas una de tan 
peculiar colorido y de adaptación tan fácil al am- 
biente local, que durante largo tiempo ha podido 

377 



CUBA T Sü EVOLUCIÓN COLONIAL. 

ser considerada como el juego cubano por excelen-, 
cia. Y es ese rezago de barbarie conocido con el 
nombre de riña de gallos, el cual, á vueltas de 1¡- 
gerísimas apariencias de deporte, no es en el fondo 
más que un verdadero juego de envite y azar. In- 
troducido de la Península por los primeros pobla- 
dores, lo arraigaron y diéronle auge las condiciones 
mismas en que se iba desenvolviendo la vida eco- 
nómica de la Colonia, limitada en sus comienzos á 
la crianza de animales domésticos. De aquí el pre- 
dominio que dicho juego conserva todavía entre 
los habitantes de los campos. 

Siempre antes que la escuela, y muchas veces 
antes que la misma Iglesia, el anfiteatro destinado 
á las riñas, que fué bautizado con el nombre de 
valla, era el primer edificio público de cualquier 
poblado en fomento. A él concurrían los habitan- 
tes del contorno, desde el más opulento hacendado 
hasta el labriego más humilde. Ni aun el mismo 
color de la piel, elemento tan poderoso de sepa- 
ración en los países de esclavitud negra, intro- 
ducía en la concurrencia, línea alguna de exclusión 
ó reclusión. El blanco cruzaba sus apuestas con 
el negro y aun el libre con el esclavo. Los garitos, 
y en general todos los centros donde el vicio se 
cultiva y expende, tienen un poder nivelador tan 
eficaz como formidable. Desgraciadamente ese po- 
der no se manifiesta exaltando al de abajo, sino 
deprimiendo al de arriba. Una vez propagada la 

378 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONUL 

afición^ el Estado, siempre solícito en la reglamen- 
tación de los vicios, para mejor explotarlos, no va- 
ciló en hacer del grosero pasatiempo un artículo 
de estanco y monopolio. 

Tampoco le escasearon patronos de la más alta 
posición y alcurnia. Saco, en una nota de su fa- 
mosa 3Iemoria sobre la vagancia^ nos ha dejado el 
recuerdo del reñidero de gallos que, para su propio 
solaz y divertimiento, tenía erigido en el viejo 
cuartel de la Fuerza, el ínclito Capitán General 
D. Francisco Dionisio Vives; y asociado y mez- 
clado con las más antiguas tradiciones del juego, 
rueda el linajudo apellido de Pedroso, como afor- 
tunado criador de una raza de gallos, célebres 
por el color de su pluma, por la forma de sus es- 
polones, por lo acerado de su i)ico y por su fiereza 
indomable. 

Llegó á desarrollarse de tal manera la pasión 
del juego entre los cubanos, que el mismo Gobier- 
no de la Metrópoli se decidió á explotarla, convir- 
tiéndose en banquero; y de esta decisión surgió la 
Real Lotería de la siempre fiel Isla de Cuba, cu- 
yo primer sorteo se verificó en la Habana en 21 
de Abril de 1812. Para la mejor explotación del 
vicio y de los viciosos, se lisonjeaba la vanidad 
criolla, atribuyéndoles en público una virtud — la 
de la fidelidad — de la cual, en secreto, siempre se 
dudaba. Desde entonces, los Gobiernos españoles 
han considerado la Lotería, cual su renta más só- 

379 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

lida y segura, y hubo presupuestos, como el de 1874 
á 1875, en el que se la llegó á estimar en la escan- 
dalosa suma de $14.753,858. En el transcurso de 
algo menos de una centuria, el Gobierno español, 
con su Lotería, ha extraído de la Isla de Cuba 
obra de $ 150.000,000, esquilmo enorme, á cuya 
formación contribuyeron, el rico con sus despilfa- 
rres, el pobre con sus ahorros y todos con la sed 
desapoderada de rápida riqueza que ha caracteri- 
zado siempre á los agregados coloniales y con es- 
pecialidad á los españoles. 

¿Qué extraño, pues, que bajo tan perjudiciales 
auspicios la planta del ahorro haya dado en los cu- 
banos muestras de tan pobre lozanía? Pásmase el 
ánimo al considerar la suma de bienes que aquella 
cifra colosal, con sus intereses acumulados, habría 
derramado sobre el país, si en vez de desaparecer, 
como vil tributo del vicio, en el seno estéril del 
Fisco, la hubiera capitalizado el ahorro y dádole 
íítil empleo el interés privado. 

Y esa afición á los juegos de azar tiene tanto 
arraigo en el país, que uno de los primeros usos 
que éste quiso hacer de su independencia y sobe- 
ranía, fué para desenterrar la corrompida y corrup- 
tora Lotería de la época colonial, sepultada junto 
con ella por la Intervención americana. Y si la 
bochornosa institución no está hoy deshonrando á 
Cuba ante el mundo civilizado, se debe solamente 
á la actitud patriótica y levantada del Presidente 

380 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONUL 

Estrada Palma, que interpuso su veto constitucio- 
nal contra aquella impremeditada y anti-higiénica 
exhumación. 

Los explotadores del vicio — que, como los gusa- 
nos, se crían siempre donde quiera que existe po- 
dredumbre — al ver fracasada la Lotería, diéronse 
á cavilar y á establecer, bajo la capa de empresas 
industriales de inversión, préstamo y descuento, 
verdaderas combinaciones de envite y azar, que en 
nada se diferenciaban de la Lotería, sino en el 
nombre y en la forma. La conciencia pública es- 
taba tan dormida y el medio resultaba tan favora- 
ble á estos trapazos, que hasta hubo legislador que 
no tuvo reparo en prestar su nombre, para que figu- 
rara en el Directorio de alguna de estas combinacio- 
nes disimuladas de la timba y el garito. Conta- 
minado por la epidemia reinante el comercio mismo 
ha acudido también á desviar la pasión dominante, 
para ponerla á provecho y estimular con ella sus 
ventas, creando primas, repartiendo cupones y sor- 
teando regalos, todo ello para que el cubano pueda 
cortejar siempre y en todas partes ese azar, que 
parece ser el monarca absoluto desús sentidos estra- 
gados por el ocio y enervados por el uso del placer. 

Es el clima en todas partes elemento regulador 
por excelencia de las costumbres; y las cubanas no 
han podido rehusarle homenaje y pleitesía á un 
cielo ardiente, á un suelo próvido y á una atmós- 
fera húmeda. Un clima influyendo con tales in- 

381 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

gredientes sobre una sociedad que ponía sobre 
hombres esclavos la carga de la propia subsisten- 
cia, tenía que ser un incentivo poderoso para que 
en ella se desarrollaran el amor al ocio y el culto 
á la vagancia. El baile, el juego y algunos otros 
entretenimientos con que suele matar el tiempo la 
indolencia criolla, son fruto legítimo, aunque 
amargo, de ese amor y de ese culto. 

No han sido pocas las veces que el interés ha 
puesto en duda y el amor propio ha negado en 
redondo, Inexistencia en Cuba de ese fenómeno pe- 
culiar de los climas cálidos, que se llama indolen- 
cia tropical. Mas á pesar de estas dudas y dene- 
gaciones, el hecho existe y aun hubo época en que 
existió con tales caracteres de generalidad, que uno 
de sus síntomas llegó á considerarse, como una ver- 
dadera enfermedad económico-social, que fué bau- 
tizada con el nombre de vagancia, y para la cual 
los ingenios contemporáneos recomendaron como 
terapéutica diversos tratamientos legislativos. 

Alarmada en 1830 la Sociedad Patriótica de la 
Habana por la extensión de la dolencia, que pa- 
recía asumir un carácter epidémico, la hizo objeto 
de un certamen, cuyo premio fué adjudicado al in- 
signe D. José Antonio Saco, que lo conquistó con 
su célebre Memoria sobre la vagancia en la Isla 
(le Cuba, sus causas y sus remedios. Pero Saco, 
dejándose arrastrar por los prejuicios de la época, 
confundió los síntomas con la enfermedad y erró 

382 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

con error imperdonable al discurrir sobre sus cau- 
sas. Ni el juego, ni el foro, ni el exceso de días 
festivos, ni la falta de caminos, hospicios y asilos, 
fueron la causa de la vagancia de su tiempo, sino 
antes bien, su efecto y consecuencia. El esclare- 
cido sociólogo no la buscó en la esclavitud ni quiso 
verla en el clima. La esclavitud era entonces la 
herida sangrienta, pero oculta, sobre la cual la com- 
placencia y el miedo habían escrito un inhumano 
Nolli me tangere; y aquel que debía decorar su an- 
cianidad escribiendo la Historia de la esclavitud^ 
desconoció en su juventud esta histórica verdad: 
que siempre al lado del esclavo que trabaja, hay 
un indolente que explote ese trabajo. Por lo que 
hace al clima, hubiera sido un crimen para el exal- 
tado patriota el condenarlo. El clima formaba 
parte de Cuba, y sabido es, que Cuba, para los cu- 
banos de aquel tiempo, lo mismo que para los ac- 
tuales, ha sido siempre lo que reza la copla calle- 
jera: un jardín de flores. 

Y sin embargo, la indolencia tropical, madre de 
]a vagancia y abuela del juego, del baile y de otros 
varios excesos y defectos, es hija legítima, habida 
en el legítimo matrimonio del clima con la es- 
clavitud. 

Muerta ya la funesta institución no hay interfe 
alguno, ni público ni privado, en ocultar sus dele- 
téreas consecuencias. Y una de las de más bulto 
y estrago, apuntada y reconocida por todos los so- 

383 



CUBA T SU EVOLUaON COLONIAL 

ciólogos del día, es que la esclavitud al deshoDrar 
el trabajo, debilita la actividad de los hombres li- 
bres, y fomenta entre ellos la holgazanería. 

Y la simple observación del trazado que siguen 
en un mapa las líneas isotérmicas, basta y sobra 
para comprobar, que dentro de las de mayor tem- 
peratura, la civilización fué siempre importada, y 
la obra de su desarrollo lenta, tardía y rudimen- 
taria. Para los pueblos primitivos el trabajo fué 
una maldición, más que una necesidad. Para los 
modernos comenzó por ser una necesidad, pero ha 
llegado & convertirse en un verdadero placer. Mas 
antes de consumarse esa transición, y de trocarse 
lo que fué castigo en agradable ocupación, lo mismo 
han sido necesarios unos cuantos grados más de 
ilustración, como algunos menos de temperatura. 

En cierta escala no muy alta de cultura los hom- 
bres trabajan según la medida de sus necesidades, 
y como las de ios climas cálidos, tanto en vestido y 
habitación, como en combustible y alimentos, son 
notoriamente inferiores á las de los climas fríos v 
templados; de aquí es que los habitantes de aque 
líos climas, pudiendo vivir á menos costo, no ha- 
yan de menester de tanto esfuerzo como el que los 
otros tienen que desarrollar. La naturaleza misma 
parece haberse hecho cómplice del clima para dis- 
minuir todavía ese esfuerzo, haciendo los suelos 
tropicales, si no más fértiles, al menos, de más fácil 
cultivo, que los fríos ó templados. 

384 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

De más daño que la indolencia misma, existe 
en el cubano otra costumbre tan generalizada en 
la ciudad, como en el campo, que es la de hacer 
sus compras al crédito ó al fiado. Los buenos 
tiempos de esta costumbre fueron los anteriores 
á la revolución de Yara, época en la cual todo 
se compraba y pagaba por afio, desde la ropa 
hasta las medicinas. Con el quebranto que el 
largo período de las revoluciones infligió á la 
fortuna privada, amortiguóse un tanto la costum- 
bre, más bien por falta de mercaderes que hicie- 
ran crédito, que de consumidores que lo acep- 
taran; pero cada vez que el público sosiego parece 
asegurado, recobra sus bríos la afición y allá van 
deudas donde quiera que haya quien preste ó 
quien fíe. 

El origen de esta práctica estriba en que los que 
nacen y viven en los climas cálidos, tienen pocas 
necesidades y cuando las ven satisfechas sienten 
cierta repugnancia á trabajar por superfluidades, 
á no ser que medie una incitación enérgica. Una 
de esas incitaciones es la de obtener artículos á 
crédito. Les falta la previsión necesaria para to- 
marlos en cantidad moderada y carecen de la sufi- 
ciente energía para salir de deudas trabajando 
noche y día. La consecuencia es que se acumulan 
deudas sobre deudas, y sucede con frecuencia, que 
el deudor no es más que un esclavo durante todo 
el término de su vida. Esta situación se repite en 

385 



CUBA T SU BVOLUCIOK COLONIAL 

todas aquellas partes del mundo, eü las cuales una 
raza superior trafica con otra que no lo es. 

Este hábito de usar del crédito j de extremarlo 
hasta el abuso, no es sólo patrimonio de las clases 
desheredadas y pobres. Ríndesele culto desde to- 
dos los peldaños de la escala social; y uno de los 
males, tal vez el de más dafio y estrago, con que 
ha tenido que luchar la agricultura, fué por mucho 
tiempo el abuso del crédito. Se adquiría un inge- 
nio, sin que fuera menester más efectivo, que uu 
modestísimo contado; y para el pago de los plazoe 
de la compra no se contó nunca con otro recurso 
que el producto de las cosechas futuras. Una si- 
tuación financiera semejante carece de solidez para 
resistir á los peligros imprevistos, y su natural 
consecuencia era que el menor desequilibrio en el 
valor de la cosecha abría al hacendado improvisa- 
do las puertas del concurso. Y esto suceilía, 
cuando había esclavos, y Cuba, sin rivales, impo- 
nía al mundo el precio de su azúcar. 



3S6 



CAPITULO XIII 

COSTUMBRES PUBLICAS 

Sns orígenes. — Tendeooias al personal isino y al militarismo. — Em- 
pleomanía. — Oposición sistemática al Gk>biemo. — Debilidad de la 
iniciativa colectiva. — Afecto á la popalarídad. — La vida privada 
y la vida pública. — Escasa percepción de la solidaridad social. 
Opinión pública. — Partidos. — Prensa. — Parlamento. 

m La vida pública es un aacerdoclo, 
y aquellos que no tientan im amor des- 
intereflado por sun semejantes y algo 
asi, como un anhelo indefinido de sa- 
ciiflcane por ellos, no están en su pues- 
to en esa vida.» 

José Martí. 

Ofrecía Cuba, al cesar en ella la soberanía espa- 
ñola, la extraña anomalía de que siendo un pueblo 
de reciente formación, apenas entrado al uso y dis- 
frute de las franquicias más modestas, que puedan 
serle otorgadas á un cuerpo político colonial, se hu- 
bieran presentado en ella con caracteres bien defi- 
nidos, muchos de los síntomas y fenómenos que 
preceden y aun algunos de los que acompañan, el 
inicio de ese proceso de madurez y descaecimiento, 
que sólo es propio de las viejas sociedades. 

En su aspecto económico comenzaron á presen- 
tarse esos fenómenos bajo la forma de huelgas fre- 

387 



CUBA Y SU BVOLUCIOK OOLONIAI/ 

cuentes, que perturbaban la industria, menguaban 
la producción é interrumpían el concierto necesario 
del capital con el trabajo; y más que nada, por una 
corriente emigratoria, que en el transcurso de po- 
cos años había logrado arrancar de su suelo á cin- 
cuenta mil de sus hijos, lanzándolos á las playas 
del vecino continente, cual si fueran alemanes, ita- 
lianos ó irlandeses, en pos de un bienestar cada día 
más difícil de alcanzar en la tierra de su naci- 
miento. 

Bajo su aspecto político tradujéronse esos sínto- 
mas en el desgaste y ruina de las formulas que ha- 
bían servido hasta entonces de linde á los partidos; 
en los unos, por haber la experiencia demostrado 
su ineficacia é inanidad, y en los otros, por no 
columbrarse en el horizonte visible, términos hábi- 
les para conducirlas á la práctica; en una indife- 
rencia rayana en el menosprecio por los males pú- 
blicos y por los recursos acomodados á su remedio: 
y finalmente en cierta intranquilidad y desasosiego, 
visibles, aunque no bien definidos, y muy propios 
de las aves que se disponen á emigrar y de los pue- 
blos que se aprestan á una revolución. 

Bajo el aspecto moral, dióse lugar á que, perdida 
la fe en los principios y en la virtualidad de los 
medios legales para implantarlos, abandonaran laí^ 
filas los más resueltos con la firme determinación 
de fiar el remedio á procedimientos más enérgicos; 
y que al amparo de tantos elementos de trastorno 

388 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

como había acumulado la injusticia, levantara su 
cabeza el personalismo, asomara su faz la empleo- 
manía, el interés privado se sobrepusiera al interés 
público, germinara la oligarquía y echara sus pri- 
meras flores el nepotismo; dando con todo ello lugar 
á que el ejercicio de la política amenazara conver- 
tirse, de noble emulación de inicitivas enderezadas 
al bienestar general, en torpe abrevadero de bas- 
tardas ambiciones personales. 

Estas dolencias sociales complicándose con las 
que son propias de la adolescencia, vinieron á dar 
á Cuba el aspecto y la semejanza de un malaventu- 
rado mancebo, al cual sorprendieran y asaltaran los 
achaques característicos de la vejez, sin haber reba- 
sado aún los riesgos corrientes de la infancia. 

Corta ha sido la vida política de la Colonia; pero 
buena y, sobre todo, bien aprovechada. 

Las costumbres que durante ella germinaron, 
proceden las más, de esa buena simiente española, 
tan acreditada en los mejores centros políticos del 
mundo, por sus frutos dé bendición para el régimen 
y gobierno de los pueblos; otras son hijas de las 
circunstancias de tiempo y de lugar, y algunas de- 
rivan su origen de las proclividades mismas del 
carácter cubano. 

Entre las primeras es acreedora á especial men- 
ción esa tendencia, que en fuerza de ceder á ella, 
ha adquirido en el pueblo español, la de una cos- 
tumbre pública, y que lo mueve é induce á concen- 

389 



CUBA Y SU EVOLUCTON COLOKIAI^ 

trar la iniciativa particular, para los fines de la po- 
lítica, no alrededor de una idea ó de un programa, 
sino detrás de un hombre, al cual se inviste con su 
personificación, y que ha de ser precisamente ó un 
audaz soldado de fortuna 6 un verboso orador de 
Parlamento 6 barricada. 

Esta personificación en una sola cabeza de los 
principios y de las aspiraciones de un grupo políti- 
co, es muy propensa á despertar en las capas popu- 
lares inferiores, aún no muy distantes del fetiche, 
instintos mal dormidos de idolatría; y cuando las 
superiores tienen relajada su moral, esa personifi- 
cación las invita á hacer déla política un verdade- 
ro oficio de augures del tiempo de Cicerón, y las 
incita á ajustar sus relaciones de mando y jerar- 
quía, por la vieja fórmula del fado lU des^ que ha 
sido y es en todas partes la regla de conducta de 
ese feudalismo político, que se llama caudillaje. 

Por rudimentarias que hayan sido, durante la 
(^po(\a colonial, las manifestaciones de la vida pú- 
blica, se han dado en ella algunas muestras de tan 
nociva tendencia. Céspedes, en los comienzos de 
la primera revolución; Martí, en los de la segunda; 
Máximo Gómez, en las postrimerías de la última; 
y Montoro, en los buenos tiempos del autonomismo, 
fueron elevados por su turno a los altares y reve- 
renciados por sus partidarios como semidioses, cual 
si los tiempos actuales fueran los del símbolo y el 
mito. Y cuando este último partido había ya per- 

390 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLOXIAL 

dido la fe eD sus ideales, más por temerlos irreali- 
zables, que por juzgarlos ineficaces, la adhesión á 
los jefes, tanto más intensa cuanto era más evidente 
é inmediato su fracaso, vino á ser el único vínculo 
que acertó á mantener unidos y en píe las formas 
externas de aquella organización. W 

Estas apoteosis, empero, si son rápidas, son á la 
par efímeras. En ningún país la roca Tarpeya está 
tan cerca del Capitolio como en Cuba; y el héroe 
de la mañana suele ser en ella muchas veces el ogro 
de la tarde; porque, si la idolatría es la forma de 
culto más adecuada á un pueblo joven y de excesi- 
va fan^tasía, la inconstancia en el afecto y la versa- 
tilidad en el propósito, son los rasgos distintivos de 
los temperamentos impresionables y bulliciosos. 

Respondiendo á predisposiciones hereditarias y 
como consecutivas de su última fiebre revoluciona- 
ria, han aparecido también en ella, en estos últimos 
tiempos, síntomas de una nueva y peligrosísima 
dolencia, denominada comúnmente militarismo, y 
de antaño conocida por sus estragos en la mayor 
parte de los países latinos. Y que el sujeto estaba 
predispuesto, y que el medio era favorable á su 
desarrollo, lo comprueban, tanto la rapidez de la in- 
fección como la extensión del terreno por ella á es- 
tas horas invadido. Cuatro años de guerra en su 
forma más rudimentaria y modesta, han bastado á 



(1) Nicolás Heredia. El dualimno autonomida, pág. 13. 

391 



CUBA T SU EVOLUCIÓN COLONIAL. 

crear un predominio tan abeoluto y completo del 
poder militar, que hasta aquellos escasos elementos 
civiles, que conservó la revolución, más por el de- 
seo de parecer bien ante el extranjero, que por con- 
cederles estimación alguna, fueron regimentados, 
uniformados y titulados, cual si se tratara de ver- 
daderos militares. £1 mismo Martí, á pesar de suá 
talentos, no pudo sustraerse á la tentación, que para 
los latinos conservan los honores guerreros, aun- 
que sean meramente titulares; y filósofo, ora*dor, 
político y poeta, consintió en que lo ungieran de 
improviso, como Mayor General, cuando no había 
memoria de que hubiera mandado jamás cuatro 
soldados. 

Los efectos de tal práctica se han tenido á la vista. 
El militarismo, con esa presunción que le es carac- 
terística, y que le hace suponer que el ejercicio de 
las armas abona la competencia para todos esos ofi- 
cios, que se dicen de República, aun antes de crearse 
ósVdy hizo su irrupción en la vida pública, tratando 
de absorverla por entero, y con la mira puesta á 
todos los empleos de la Administración, no con el 
sano propósito de civilizarse en ellos, sino con la 
torcida pretensión de militarizarlos. 

Y aunque proceda en justicia la confesión de que, 
una guerra, tal como la que los cubanos sostuvieron 
contra España, tiene muchas y muy crueles exigen- 
cias, no por eso ha de ser lícito negar á los hechos 
realizados bajo su apremio, sus lógicas y naturales 

392 



CJDBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

consecueDcias. Y éstas son, que en un país falto de 
instrucción y de moral y no muy sobrado de incen- 
tivos para el trabajo, se han despertado instintos de 
depredación y se han creado costumbres militares; 
y lo que es aún peor, se ha entronizado el poder 
militar con tal daño y menosprecio del civil, que 
tal parece, que sólo hay confianza en la espada para 
solucionar los más complicados problemas de go- 
bierno. Y desgraciadamente enseña la experiencia 
y con sangre se ha escrito muchas veces por la his- 
toria, que la espada, en aquellos pueblos que la 
tributan un culto exagerado, ha sido siempre el 
obstáculo más poderoso para que en ellos pueda 
establecerse y fructificar la democracia. 

Y junto con el militarismo se ha desencadenado 
también la funesta plaga de la empleomanía, la 
cual, sujeta y contenida durante la Administración 
colonial, cuya regla fué siempre importar sus em- 
pleados, dio tales muestras de precocidad y lozanía, 
durante el breve reinado del autonomismo, y se ha 
prcHcntado con tal vuelo é incremento en los cortos 
años que van transcurridos de Administración re- 
volucionaria, que hay campo para la conjetura y 
aun para la sospecha, que de todos los cargos for- 
mulados por los cubanos contra su Metrópoli, el 
más insoportable y gravoso debió serles su exclu- 
sión premeditada y sistemática de todos los cargos 
públicos y retribuidos de la Colonia. 

Vivir del presupuesto parece ser la consigna de 

393 



CUBA T SU EVOLUCIÓN COLONIAL. 

la hora. Y aspiran á ello, no solo los soldados de la 
revolución y los pacíficos de las ciudades, sino hasta 
aquellos mismos cubanos, escasos en número y más 
escasos todavía en significación, á quienes la Metró- 
poli en un momento de debilidad ó enternecimieo- 
to maternal, arrojó el hueso de un destino oficial 

Es de esperarse, pero mucho más es de temerse, 
la cosecha que pueda prometer el cultivo de una 
planta, para la cual el suelo de Cuba ha sido profu- 
samente abonado de antemano con diez veces iftás 
profesiones liberales que las que para su consumo 
necesita, y con la tradicional repugnancia de sus 
hijos á todo empeño industrial ó mercantil. Para 
apreciar su resultado basta y sobra con dirigir la 
vista hacia la antigua Metrópoli, de la cual han 
heredado los cubanos sus vicios y virtudes, y que se 
ocupa de investigar, después de sus recientes des- 
gracias, las causas de su notoria decadencia. No 
hay voz que no se levante para maldecir la em- 
pleomanía como la principal de todas ellas. 

La política colonial dejó también en el surco, en 
estado de cosecha, dos de sus más nocivos productos: 
la intransigencia y el fraude electoral. 

Ya procediera de una ignorancia supina de los 
principios elementales del régimen representativo 
ó fuera natural y espontánea manifestación de una 
de las fases del carácter nacional, es el caso que los 
españoles inyectaron en la política cubana ese ve- 
neno mortal de la intransigencia á cuyo letal influ- 

394 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

jo se truecau las justas pacíficas de los partidos en 
combates de gladiadores, y se hacen imposibles las 
funciones de Gobierno de un sistema verdadera- 
mente democrático y representativo. 

Harto sabido es, que en esta clase de gobiernos, 
si esencial es una mayoría que ejerza el poder, no 
es menos esencial una minoría, que fiscalice su ejer- 
cicio. Y como el papel de una minoría no siempre 
es airoso, para que haya quien lo acepte y repre- 
sente, en Inglaterra se le enaltece y decora denomi- 
nándola minoría de S. M. 

La primera y principal manifestación de esa in- 
transigencia fué la persecución constante y sistemá- 
tica de las minorías y la defraudación y despojo de 
sus derechos electorales, por medio de ese procedi- 
miento, cuyo nombre de copo, vocablo extraído de la 
jerga de los garitos, puede dar una idea de la altura 
moral de aquellos que lo inventaron y practicaron. 

Los cubanos, que merced á leyes electorales ad 
hoc se vieron constreñidos á representar el papel 
de esas minorías en la tierra que les dio nacimien- 
to, adquirieron entonces una perniciosa experiencia; 
y como los malos ejemplos tarde ó nunca se olvidan, 
están dando en la actualidad gallardas muestras 
de esa experiencia, no ya por vía de represalias y 
en contra de sus antiguos adversarios los españoles 
peninsulares, sino entre ellos mismos, los unos 
contra los otros, como por hábito y sistema y sin 
ningún escrúpulo de conciencia. 

395 



CUBA T 8U EVOLUCIÓN COLONIAL 

Hoy con la República, como antes con España, 
el inmundo copo sigue presidiendo los comicios é 
inspirándose en la vieja fórmula romana: Adver- 
8um hostem eterna autoritas est; hoy lo mismo que 
ayer las minorías son perseguidas á muerte y ex- 
terminadas sin piedad; y hoy lo mismo que ayer la 
revolución y la guerra civil tienen que ser la ex- 
piación natural de semejantes desafueros. 

Basado en la farsa, el régimen representativo in- 
troducido por España después del 2^njón, fenía 
que ser mantenido por el fraude. No era posible, 
que los inmigrantes peninsulares alcanzaran en 
número á los naturales de la Isla, ni aun con las 
restricciones del sufragio; y para asegurar su triun- 
fo, se acudió sin escrúpulos al fraude electoral. 
Todos esos recursos dolosos patentados en Espa- 
ña, para el triunfo de un Gobierno en unas eleccio- 
nes, fueron ensayados y empleados. Las varia:? 
formas en que la presión oficial puede desenvolver- 
se, fueron conocidas y registradas. Ayuntamien- 
tos suspensos, expedientes de apremio resucitados, 
funcionarios públicos removidos ó trasladados, crea- 
ción y provisión de nuevos empleos, el censo elec- 
toral amañado, la fuerza pública arbitra del voto 
en el Colegio, y escrutinios en los cuales aparecen 
votando los ausentes y hasta los muertos. 

La justicia obliga á confesar que en estas artes 
los cubanos han resultado maestros; y la perturba- 
ción de su sentido moral ha llegado á extremo tal, 

396 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

que los políticos de la tierra no se vedan ningún 
acto por bochornoso ó criminal que sea, si ese acto 
representa provecho para su partido ó quebranto 
para el adversario. 

Sorprende también la observación en los cubanos 
cierto fermento anárquico que los induce á una crí- 
tica continua y á una condenación sistemática de 
los actos del Gobierno, no porque sean en sí dignos 
de censura, sino nada más que porque proceden del 
Gobierno mismo. 

La historia explica el origen y el proceso de for- 
mación de ese malsano sedimento. 

Durante el siglo que acaba de terminar, han 
pasado por la vida tres generaciones de cubanos, 
cuya actividad política tuvo que consumirse por 
mandato imperativo de su conciencia, en una opo- 
sición porfiada y permanente al poder de una 
Metrópoli, negada por instinto y por sistema á in- 
troducir en el régimen de sus colonias, aquellas 
reformas y mejoras que otras naciones, más sabias ó 
más cuerdas, habían implantado ya con éxito en 
las suyas. Ante ánimos de tal manera prevenidos, 
los actos de un Gobierno, considerado de antema- 
no como un jurado enemigo de la tierra, debían 
siempre presentarse bajo su aspecto objecionable. 
En aquellos pueblos de instituciones representati- 
vas, donde todos los matices de la opinión tienen 
derecho á esperar el poder y donde tarde ó tem- 
prano les llega la hora de disfrutarlo, ó de pade- 

397 



CUBA T 8U EVOLUCIÓN COLOmAL 

cerlo, esa tendencia de oposición y de crítica es 
corregida y cercenada por el mismo ejercicio del 
poder; porque nada recorta tanto lo6 vuelos de uo 
acusador como la certidumbre ó aun el temor de 
que tambi{?n le ha de llegar á é\ su turno de acu- 
sado. Mas, excluidos los cubanos del Gobierno, 
no hubo ocasión para que las necesidades y dificul- 
tades de su ejercicio alteraran y atenuaran sus 
hábitos de oposición y de combate; y si á esta cir- 
cunstancia se agregan su noción confusa y limitada 
de la solidaridad social, su temperamento impre- 
sionable y agresivo, y su no muy alta estima de las 
públicas conveniencias, no ha de causar sorpresa 
esa corriente de crítica sistemática y mordaz, que 
los arrastra é instintivamente los impele contra 
toda autoridad, sin miramiento á los servicios reco- 
nocidos ni reparo á los prestigios abonados de los 
hombres que la ejercen. 

í^sta nociva propensión ha tomado en Cuba tan- 
to arraigo y se halla tan generalizada, que por 
mucho tiempo ha de ser en ella difícil, si no impo- 
sible, la vida desembarazada del poder público; 
porque si todos los gobiernos viven con la vida de 
la opinión, ósta, viene á ser la substancia y la 
vida misma de los que se llaman democráticos, 
cuyos poderes, por ser derivados del sufragio, tie- 
nen derecho á ser juzgados por el mérito de sus 
actos, y aun de reclamar de sus mismos adversarios 

398 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

el crédito que les sea necesario para ejercer sus fun- 
ciones gubernamentales. 

Mas no es éste el único efecto pernicioso del 
despotismo. Con el espíritu de oposición sistemá- 
tica que obliga á temerlo todo del gobierno, con- 
ciértase la triste realidad que á su vez nos ensefla y 
concita á esperarlo todo de él; que por tan extre- 
mas y diferentes maneras se ha manifestado siempre 
el ánimo de un pueblo, cuando los poderes que lo 
riggn, envanecidos por su fuerza, se entregan á los 
desvarios de la omnipotencia. 

Y Cuba no podía ser una excepción. Sometida 
por siglos á un régimen que tenía por sospechosa y 
vitanda la más inocente aspiración á intervenir las 
funciones del Gobierno, no hubo en ella lugar por 
mucho tiempo, no ya para el desarrollo, mas ni si- 
quiera para el ejercicio de esa fuerza social, que se 
llama iniciativa colectiva, y que es la palanca á la 
cual deben los pueblos modernos el haberse levan- 
tado á soberanos, desde la humilde condición de 
estados patrimoniales. Sin iniciativa colectiva que- 
daba cerrado el campo de la política para toda 
labor sana y fecunda; y el Gobierno concluía por 
asumir las proporciones de una especie de Provi- 
dencia dispensadora de la gracia y del castigo, y á 
la cual debían siempre dirigirse los satisfechos para 
que prolongara su bienestar, y los descontentos, 
para que proveyera al remedio de sus males y que- 
brantos. 

399 



CUBA Y SU EVOLUaON COLONIAL 

Y el resultado de todo ello ha sido crear v fo- 
mentar en el cubano el hábito que distingue á los 
pueblos hipnotizados por la servidumbre y que los 
mueve á esperarlo, á fiarlo y á exigirlo todo del 
Gobierno. Nada hay más opuesto al ^xito de las 
instituciones democráticas como esa errónea creen- 
cia; ni nada hay tami)oco más propenso á entronizar 
y aclimatar Cíjas dictaduras providentes que vienen 
á aliviar á los pueblos apáticos de aquellas fatigas 
que son inherentes á la vida publica. 

Difícil será tropezar en Teogonia alguna con*di- 
vinidad que logre más culto y reverencia que la 
alcanzada entre los cubanos por la popularidad; y 
en tan alta e¿>tima ponen estos sus favores, que pa- 
ra obtenerlo no se andan á la mano en el esfuerzo, 
así como para conservarlos, después de obtenidos, 
no hacen tampoco reparo en el sacrificio. La 
aquiescencia, la lisonja, el aplauso y hasta la mis- 
ma adulación, son los instrumentos usuales del 
cultivo y el terreno lo proporcionan la tribuna, la 
prensa periódica y el libro. Así resulta que una 
buena parte de lo que en Cuba se habla, se escribe 
y aun se piensa, tenga siempre por objetivo más o 
menos disfrazado, según la habilidad del orador, 
del periodista ó del pensador, el aplauso de las ga- 
lerías y las caricias del aura popular. 

Y si es grande el anhelo de poseerla y el placer 
de disfrutarla, es mayor todavía el miedo de per- 
derla, al cual sólo supera el de caer en el lado 

400 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

opuesto de la impopularidad. Por eso en la polí- 
tica cubana se dan muy pocos casos de nadar con- 
tra la corriente. Lo más frecuente y usual, es 
dejarse arrastrar agradablemente por ella, sin cu- 
rarse un ardite ni de la dirección ni del término de 
la jornada. Pocos son los que se resignan á confi- 
narse en la ribera solitaria en espera de su ocasión 
y de su hora, y menos todavía los que disponen de 
la entereza y del valor cívico necesarios para atre- 
verSe á desafiar el empuje de los apasionamientos 
colectivos, casi siempre inconscientes. 

Se ha visto que no es el carácter la cualidad de 
más relieve entre los cubanos; y si esta circunstan- 
cia se concierta con las solicitaciones de la vanidad, 
que tanto imperio ejerce sobre ellos, y con un cier- 
to grado de sensualidad que mueve y conduce, aun 
á los de mejor entendimiento, á disfrutar de la vida 
y á tener en horror todo aquello que pueda pertur- 
barla con la pena ó el disgusto, se obtendrá una 
explicación satisfactoria para esa sumisión dócil, y 
á veces hasta servil á los dictados de la muchedum- 
bre, que parece ser el flaco dominante de los polí- 
ticos cubanos. 

Con la generalización del sistema representativo, 
se ha difundido por una buena parte de las nacio- 
nes de origen latino, la absurda y dafiosa cos- 
tumbre de introducir una línea de separación y 
diferencia entre la vida pública y la vida privada 
de los hombres de Gobierno; y mientras se fran- 

401 



CUBA T 8Ü EVOLUCIÓN COLONIAIj 

quea la primera á los ojos de la inyestigación y á 
los golpes de la crítica, se pretende guarecer a la 
última tras un recinto amurallado impenetrable. 
Semejante costumbre podrá ser de comodidad y aun 
de provecho en aquellos países en que el nivel mo- 
ral de las clases que influyen y dirigen la política 
esté en relación de inferioridad con su nivel inte- 
lectual; pero ninguna otra resultará más ocasionada 
y eficaz para su ruina y corrupción. 

A su sombra, y bajo su amparo, han podidcT en 
algunas naciones elevarse á la cabeza de los parti- 
dos, y desde allí escalar las más altas dignidades 
del Estado, hombres de una habilidad y de un ta- 
lento innegables, pero de una moralidad muy dis- 
cutible en la esfera de la vida privada. Las con- 
secuencias de esas exaltaciones se han manifestado 
algunas veces con escándalos tales, como el de Pa- 
namá, en Francia, y el del Banco Romano, en Ita- 
lia; pero lo más frecuente ha sido que los gobiernos, 
usando y aun abusando de sus medios y recursos, 
hayan logrado mantenerlas ocultas y en recato. 
Los países que han adoptado este último sistema y 
en los cuales la ropa sucia, ó no se lava nunca, ó se 
lava en privado — y España es uno de ellos — se ven 
sorprendidos por esas catástrofes repentinas y al 
parecer inesperadas, que deciden en un momento 
la suerte de un imperio. 

Y es que la corrupción en la política, cuando la 
publicidad no acude á convertirla en substancia 

402 



CUBA Y 8ü EVOLUCIÓN COLONIAL 

inerte, obra como el pus en un abceso, trazando 
trayectos fistulosos y malignos, que al propagarse 
por la periferia, envenenan la vida y la hacen im- 
posible. 

No es esa, por cierto, la práctica de los pueblos 
mejor disciplinados en el ejercicio de la política. 
En ellos la vida privada de los hombres públicos 
es el indicio más seguro de lo que de ellos puede 
temerse ó esperarse; y cuando esa vida es pura y sin 
tach& es la mejor garantía de sus actos de gobierno. 
Por eso se la pesquisa, escudriña y expone á todos 
los vientos de la publicidad, aun á riesgo de caer en 
la calumnia ó en el libelo; porque el daflo que se 
cause á un individuo, por grandes que sean sus 
merecimientos, jamás puede ser comparado, al que 
ese mismo individuo, con sus vicios, puede ocasio- 
nar á una colectividad, que ha sido bastante ciega 
ó despreocupada, para fiar en sus manos las riendas 
de su gobierno. 

Dos eminentes repííblicos contemporáneos del 
Reino Unido, en todo el apogeo de sus facultades, 
han visto cortada y fenecida su carrera política por 
deslices privados, que el indulgente criterio latino 
habría juzgado más de aliciente para el regocijo y 
el aplauso, que de motivo para la afrenta y la re- 
probación. Conocido es también lo que acaece en 
los Estados Unidos, donde la vista de Argos de 
una Prensa ávida de novedades y repleta de medios 
de publicidad, no se detiene, cuando de un hombre 

403 



CUBA Y BU EVOLUCIÓN COLONIAL. 

público se trata, ni aun ante las más recónditas in- 
timidades del hogar. 

Sóbrale, por consiguiente, á los cubanos, entre 
otros muchos que por desgracia le faltan, ese res- 
peto exagerado á los fueros de la vida privada, el 
cual suele presentarse en ellos bajo dos aspecto» 
diferentes: el de la inmunidad, por cuya virtud se 
rechazan de plano las acusaciones, y el de la de^ 
preocupación, con ayuda de la cual se omiten y 
desdeñan sus efectos. Y su presencia en Cüba^ 
bajo ambos aspectos, es tan incuestionable, que esa 
malsana consideración presidió á la formación de 
los partidos coloniales y está presidiendo también 
á los partidos que han sucedido á aquéllos durante 
el régimen actual. 

No existe en Cuba, ni era dable que naciera y 
se fomentara en un pueblo desmoralizado por una 
larga servidumbre, esa percepción delicada de la 
solidaridad social, que sólo alcanzan, tras largo y 
afanoso bregar, aquellos países, que en la práctica 
del self-govemnient han aprendido a reconocer á 
los intereses generales su natural supremacía. 

Un pueblo donde el gobierno ha sido considera- 
do constantemente cual un enemigo jurado del 
bienestar general, donde el erario publico ha sido 
entrado á saco, como si se obedeciera á una consig- 
na; y en el cual se ha hecho almoneda y granjeria 
hasta de la misma justicia, no es terreno apropiado 
para el florecimiento de esa serie de cuerdas limita- 

404 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

ciones puestas al propio derecho en beneficio del 
interés común, y sobre las cuales se asienta, como 
sobre un trono, la solidaridad social. 

Del desmedrado crecimiento de esa virtud colec- 
tiva provienen la exagerada autoridad que el cu- 
bano pretende para la opinión propia y la ciega 
intolerancia que guarda para la ajena; la dudosa 
obediencia que presta á las leyes, cuando son de un 
orden general y su transgresión no implica una 
lesióijL directa del interés privado; su repugnancia 
á dar testimonio contra el reo en los juicios crimi- 
nales y aun á poner en conocimiento de la Policía 
la comisión de los delitos; su poca estimación por 
los servicios de esta Policía y su desdén por los in- 
dividuos que la forman y algunos otros hábitos no 
tan connotados. 

Con tan mezquinos, y muchos de ellos desfavo- 
rables elementos, la opinión pública no ha llegado 
todavía á adquirir en Cuba ese grado de estabili- 
dad y consistencia tan necesarios al buen desempe- 
ño de las funciones que le están atribuidas en el 
régimen de los pueblos libres. Por otra parte el 
carácter impresionable del cubano, sobre el cual 
ejerce más influjo un sentimiento que un raciocinio, 
y para quien tiene más valor un afecto que un prin- 
cipio, unido á su condición apasionada y vehemen- 
te y á su estado de infantil inexperiencia acerca de 
los más elementales problemas de la política, han 
de ser por mucho tiempo motivo poderoso para que 

405 



CUBA T 8U EVOLUCIÓN COLONIAI. 

SUS manifestaciones no puedan aceptarse como un 
exacto exponente de las necesidades generales. Por- 
que una opinión que se nutre de impresiones j á la 
cual falta el lastre de los intereses y el prestigio de 
las ideas, podrá hacer el oficio de la insegura Tele- 
ta, dócil á las más leves insinuaciones de un am- 
biente tornadizo, pero no será jamás la sólida brú- 
jula, cuya inflexible manecilla ensefia y recuenk 
que así como hay un sitio fijo en la tierra, que es 
el Polo, hay también un ideal inmutable y pe/ma- 
nente en toda sociedad que es el Progreso. 

La prensa, los partidos y el parlamento, esos tres 
organismos de que la opinión pública dispone en 
los pueblos modernos para condensar sus manifes- 
taciones, no son de muy remota introducción en la 
política de la tierra, pero aun así han funcionado 
bastante para sembrar en ella algunos hábitos polí- 
ticos de mas daño que provecho, y sobre todo para de- 
terminar el sello especial que la influencia del medio 
estaba imprimiendo sobre la fisonomía de todos ellos. 

Antes que la paz del Zanjón viniera á suavizar 
con una lentitud desesperante y con una parsimo- 
nia íínicamcnte comparable á esa lentitud, las más 
brutales asperezas del rC^gimen colonial, habíanse 
sucedido ya en Cuba tres fugacísimos períodos, en 
los cuales la Prensa, desligada de las trabas de la 
previa censura, tuvo ocasión de proporcionar una 
prueba de sus facultades y de sus disposicioncB en 
la manera de emplearlas. 

406 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONUL 

Y los recuerdos que de esos períodos se conser- 
van, cualquiera que sea la fuente de donde proce- 
dan, aseguran unánimes que la dio corta, pero buena. 

Lo primero que sorprende al revistarlos, es la 
cantidad considerable de periódicos que se impro- 
visan, desaparecen y se reproducen con maravillosa 
facilidad y en número siempre desproporcionado 
con las necesidades del consumo, muy escasas de 
suyo, en una sociedad donde pocos sabían leer, y 
de estos pocos, eran muchos los que no leían. 

Lo segundo es el carácter de agresión y de vio- 
lencia que informa la conducta de todos ellos, cual 
si jamás hubiera pasado por la mente de sus redac- 
tores la noción esencialmente docente del periódico, 
y lo concibieran tan sólo como una nueva y extra- 
fia arma de combate, que sin sangre, y por ende sin 
riesgos de justicia, disfrutaba además de la ventaja 
de producir heridas más cruentas que las de la car- 
ne, cual resultan siempre aquellas que se causan y 
se sufren sobre la honra y la reputación. 

Y lo tercero, es la forma chocarrera, cuando no 
procaz, soez y desvergonzada con que están mayor- 
mente redactados. «Bárbaro, idiota, puerco, — escri- 
be la Gaceta de Cayo Guinchos^ dirigiéndose á su 
colega El Tío Bartolo (^). ¿Eres acaso digno de to- 
mar su nombre ^^) en tu cochina boca, ni aun para 
alabarlo como merece? ¿Quién eres, miserable cria- 

(1) Número correspondiente al 10 de Septiembre de 1821. 

(2) Alude al Dr. Romay, atacado por El Tío Bartolo, 

407 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL. 

tura?...» Lo que El Tío Bartolo,— <iue por algo 
había de ser tío, — contestara á tales andanadas no 
es materia que consienta el ser reproducida. 

El último de aquellos primeros períodos abierto 
en Cuba á la libertad de imprenta, aunque más 
corto que los anteriores, acusa, sin embargo, Iob 
mismos caracteres, y aun los puntualiza y acentúa. 
La revolución de Yara comenzaba ya á sacudir la 
tierra y á enrarecer el aire, y aquella franquicia 
tan a destiempo traída, podía ser útil tan sólo para 
que, obedeciendo á sus hábitos de raza, se anticipa- 
sen a denostarse con la pluma los mismos que esta- 
ban ya decididos á medirse con la espada. Fué una 
nube que pasó sobre el país, preñada de relámpa- 
gos y como precursora del rayo. 

G)n tales tradiciones, la prensa que surgió des- 
pu& del Zanjón, á medida que fué disponiendo de 
más amplia libertad, merced á sucesivas reformas 
de la Ley de imprenta, comenzó á demostrar, cual 
si se las hubieran trasmitido por herencia, todas y 
cada una de aquellas cualidades que habían hecho 
famosa á su predecesora. El mismo número, siem- 
pre excesivo, 6 igual facilidad para nacer, vivir y 
resucitar; la misma tendencia agresiva en la con- 
ducta 6 igual virulencia en la expresión, y aunque 
en la forma se atendiera algo más al respeto de las 
personas y se disimularan con más arte el dicterio 
y el insulto, la misma malignidad presidía casi 
siempre á la intención. 

408 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

Pero si algo ganó el periódico en el sentido de 
su forma, no poco, en cambio, vino á perder en el 
de su independencia y dignidad. Los periodistas 
del año 12, del 21 y del 69 habían sido rudos gla- 
diadores que luchaban por puro amor al arte, y á 
impulsos de un temperamento agresivo; sus formas 
podían ser groseras; pero no hay noticia de que 
vendieran su pluma al fondo de reptiles ó la em- 
plearan, como el /oragido su trabuco, para violen- 
tar y obtener la bolsa ajena. 

Én todos los periódicos de esta época, la polémi- 
ca, tan fatigosa cuanto estéril, viene á ser la diaria 
comidilla; el elogio á los de casa, la consigna habi- 
tual; la crítica, ó insulsa ó mordaz, la ocupación fa- 
vorita; y la rutina en la factura y en los métodos 
industriales, la pauta obligatoria. La información 
que, bien conducida, es á la prensa lo que el método 
objetivo es á la enseñanza, apenas si recibe algún 
cultivo; el ministerio docente, suprema razón de la 
existencia de un periódico, ha cedido el campo por 
entero á las exigencias de la política militante; no 
se crea, pero se critica lo que otros han creado; no 
se educa, se combate; y en el calor de la lucha mu- 
chas veces á un argumento se contesta con una ma- 
la razón. 

Y si así eran los mejores, que eran pocos, puede 
suponerse lo que serían los demás. Libelos repug- 
nantes y nauseabundos, que no tenían más que las 
apariencias del periódico, siendo en la realidad em- 

409 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COIjOKIAL. 

presas organizadas para el chantage j el blactmaü. 

Los partidos, por la simple razón de causa j efec- 
to, DO se distanciaron nunca de la prensa en ana 
buena parte de sus detalles. Tres fueron los que eo 
el último medio siglo se dividieron la opinión de la 
colonia: el español, el autonomista y el revolucio- 
nario; y aunque por ser peninsulares los elementos 
que predominaron en el primero pudiera ser tacha- 
do su examen como ocioso, obliga á entrar en él, 
sin embargo, la consideración de que los hechos 
irradian siempre su influencia natural, j cuando se 
repiten, dejan, como los árboles cuando se arran- 
can, muchas de sus raíces en la tierra. 

Respondiendo á diversas finalidades j aspirando 
á ellas por medios distintos, presentaban esos par- 
tidos rasgos que eran peculiares á cada uno de ello6 
y que contribuían á diferenciarlos; pero además 
ofrecían otros que eran comunes para todos, por 
desenvolverse todos ellos en el mismo medio. Los 
tres se decían democráticos y ninguno en la prác- 
tica se curó un ardite de la escrupulosa observancia 
de los priucipios de la democracia. Los tres parti- 
cipaban de un cierto espíritu de secta ó facción que 
los hacía aparecer, más como soldados de un ejér- 
cito en beligerancia, que como prosélitos de un par- 
tido político. Igual adhesión ciega é instintiva á 
los jefes, y la misma tendencia á poner el sentimien- 
to por encima de los principios y á fiar el éxito más 
al favor ó á la astucia, que á la propaganda 

410 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAIi 

y al voto, parecían manifestarse en todos ellos. 

El partido español, en realidad, se agrupaba en 
torno de una negación, la de la personalidad cuba- 
na: todo lo demás era secundario para él, y su fór- 
mula de la asimilación racional y posible no pasaba 
de ser un especioso pretexto incapaz de sujetar por 
dos minutos la atención del más modesto estadista 
de buena fe. 

Por intolerancia nativa, más que por inexperien- 
cia política, resistía la oposición, la perseguía y 
•pugnaba por eliminarla. La dominación y la ex- 
plotación de la tierra, á medias con el Gobierno, 
era su fin único y verdadero, y para asegurarlo, ni 
él ni su aliado hacían reparo en hollar la ley y vio- 
lentar la conciencia. Bajo su presión un mismo ca- 
so era resuelto por los Tribunales de distinto modo, 
según conviniera ó no á sus intereses. Los veredic- 
tos, que así apellidaban á sus triunfos electorales, 
se obtenían por el amafio de las leyes; y cuando és- 
te no era suficiente, por el fraude y la violencia, y 
sus relaciones con sus adversarios eran inspiradas 
y presididas por aquella vetusta ley romana que 
negaba el agua y el fuego al enemigo. 

El partido autonomista, á la inversa del espafiol, 
partía de una positiva afirmación — la personalidad 
de la Colonia y su coexistencia con la soberanía de 
la Metrópoli. — Las demás declaraciones del progra- 
ma resultaban accesorias y en puridad no eran más 
que su lastre y su vehículo. Dirigido por un gru- 

411 



CUBA Y SU EVOLUaON COLONIAL. 

po de hombres inteligentes, entre los que descolla- 
ban algunos filósofos y un buen golpe de hábiles 
jurisperitos, estas dos influencias, la de la filosofía 
y la de la jurisprudencia, que casi siempre se han 
significado por su esterilidad en la política, infor- 
maban y dirigían los desenvolvimientos de su con- 
ducta. Así, por lo que tenían de filósofos, conde- 
naban el empleo de la fuerza y echando sobre la 
revolución la carga de sus temores, cifraban y ce- 
ñían sus esperanzas al proceso evolutivo de las 
ideas, sin parar mientes en que los partidos se nu- 
tren de realidades y mueren con abstracciones; y 
por lo que tenían de abogados se inclinaban á con- 
ducir el juego de la política por el mismo derrotero 
que se conducen los trámites de un proceso, olvi- 
dados en su candorosa ingenuidad, de que el Juez 
y el adversario, esto es, Rspafta y los españoles de 
Cuba, tenían ajustada á muerte y á vida una alian- 
za ofensiva y defensiva. 

Todavía con respecto al procedimiento fueron 
mayores sus errores. Fué menospreciada esa reno- 
vación saludable que fecunda á los partidos como 
las estaciones fecundan á la tierra; los organismos 
inferiores donde suele oirse con más fuerza v since- 
ridad la voz de la opinión, quedaron anulados, se 
dio vida y se practicó la absurda doctrina de una 
delegación absoluta y permanente de la soberanía 
de los afiliados á favor de la Directiva, la cual que- 
dó erigida en una entidad oligárquica y monstruo- 

412 



CUBA T SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

sa, que se reproducía y perpetuaba dentro de sí 
misma, cubriendo de propia autoridad las vacantes 
de sus miembros é imponiendo al Cuerpo Electoral 
sus candidatos, por el mismo procedimiento de so- 
carrona hipocresía con que Augusto, Tiberio y Ca- 
ligula imponían los suyos al desmoralizado pueblo 
romano de su tiempo. 

Pero el error principal de los autonomistas estu- 
vo en dejarse arrancar de las manos, por los revo- 
Itít^ionarios, la bandera de las libertades cubanas. 
En un país que carece de educación política y en 
el cual hasta las letras son escasas, los adeptos de 
un partido, suelen pagarse poco de esas filigranas 
de Economía política y social con que se visten y 
adornan los programas; y lo que en ellos precipita 
y mantiene la adhesión es casi siempre más un sen- 
timiento que una idea. Así Cuba, sus derechos, su 
bienestar y sus destinos, fueron en puridad el lazo 
común que ató las voluntades en la mask autono- 
mista. Los que la dirigieron, aunque encerrados 
por la ciega intransigencia de la Metrópoli en una 
galería sin salida, lejos de intentar la salvación fue- 
ra de la ley, y por la fuerza, se cruzaron de brazos 
con estólida resignación, prefiriendo morir, como 
murieron, víctimas de un empacho de legalidad. 
Plantearon el problema de una manera equivocada 
y tal lo resolvieron cual lo plantearon. Un parti- 
do no es una religión y un programa político no es 
un dogma. 

413 



CUBA T SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

Sí el partido autonomista creado para la paz asu- 
mió muy pronto el carácter de una oligarquía, en 
cambio el revolucionario formado para la guerra, 
revistió desde sus comienzos el de una dictadura 
unipersonal. Nacido en el extranjero y con fines 
y propósitos que en cualquier momento podían ser 
denunciados y perseguidos como ilícitos, se vio obli- 
gado a adoptar para su organización algunas prác- 
ticas de las sociedades secretas, y sus Clubs y Cuer- 
pos de Consejo guardaron ciertas semejanzas cAn 
las Ventas Particulares Superiores y Supremas de 
los antiguos carbonarios. Enjendro de una mente 
con marcadas tendencias al misticismo y organiza- 
do para la conspiración y la guerra, la disciplina 
tomó en él el aspecto de ciega obediencia que es 
peculiar de los ejércitos y de las órdenes religiosas 
militíintes. Perinde ac cadáver^ la misma de Ig- 
nacio de Loyola, parecía ser la fórmula impuesta á 
los adeptos y la excomunión 6 irradiación el casti- 
go entre ellos más temido. 

Por lo demás, los revolucionarios del extranjero 
lio llegaron á constituir un partido político regu- 
lar, ni era posible que lo constituyeran. Emigra- 
dos y en ajena tierra los unos, faltábales aquella 
lucidez de juicio que sólo se produce con la cons- 
tante comunión del espíritu individual con el medio 
físico y moral. Viajeros los otros, escapados á un 
naufragio en un escollo eminente, carecían del sosie- 
go de espíritu necesario para determinar su voluntad. 

414 



CUBA T SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

Todos estos partidos, de fines puramente colo- 
niales, se hundieron y desaparecieron, como era 
natural, en el cataclismo que acabó con la Co- 
lonia. 

La Kepública no ha llegado todavía á reempla- 
zarlos; porque las diez ó doce agrupaciones, que des- 
de su advenimiento, han pretendido el favor de la 
opinión, por el vuelo rastrero del programa, la vul- 
garidad de los procedimientos, la poca altura de los 
caudillos y la escasa cohesión de sus materiales, ni 
guardan semejanza ni admiten comparación con 
aquellas tres robustas organizaciones del período 
colonial. 

Ninguno de esos cuatro partidos de la teoría ale- 
mana de Brunctlhi, ó de esos dos que son tradicio- 
nales de la inglesa y que se reputan necesarios pa- 
ra un bien concertado régimen representativo, ha 
hecho en Cuba todavía su aparición; y aunque los 
materiales, para la formación del radical, parecen 
estorbar por su abundada misma, en cambio son 
tan escasos los que pueden servir para la del con- 
servador, que sobra razón para dudar que un par- 
tido de tal naturaleza pueda nunca formarse en la 
Kepública cubana. 

Por lo que hace al Parlamento, aunque de re- 
ciente instalación, han sido varios los ejemplares 
que se han desarrollado lo bastante para ser acree- 
dores á un estudio. Figuran, entre ellos, por mo- 
do prominente, la Cámara autonómica, la Conven- 

415 



CUBA T SU EVOLUCIÓN COLOKIAI^ 

ción constituyente y las Cámaras ordinarias de la 
República. 

Por lo que atafie á la primera, puede decirse de 
ella, imitando al poeta, que nacida para vivir tan 
sólo esa mañana que viven las rosas, la tarde la en- 
contró muerta y profanada sobre el sepulcro recién 
abierto de la Colonia. 

Congregábase aquella Cámara en el momento 
mismo en que el aire comenzaba á resonar con ese 
terrífico Die4f ira que anuncia la hora de la^x- 
])iación á los pueblos que han practicado la injus- 
ticia y vivido en la iniquidad. La guerra estaba 
declarada y la intervención americana disponíase á 
dar el golpe de gracia á la soberanía española en 
la Colonia. Los miembros de aquella Cámara, á 
no ser candidos ó estólidos, debieron comprender 
que no podían ser otra casa que el acompañamien- 
to de un entierro ó el publico de una farsa. Y sin 
embargo, bloqueados, hambrientos y palpando la 
impotencia de la desatentada Metrópoli, aquellos 
hombres, en los cuales se habían destemplado to- 
dos los resortes del carácter, llevaron su descono- 
cimiento del ridículo al extremo de pretender en- 
tregarse á la labor de organizar una tierra, que les 
iba faltando por momentos debajo de los pies. Si 
\\\^ su intención imitar al Senado romano, cuando 
puso en subasta la tierra sobre la cual durmió An- 
nibal la noche de Cannes, por aspirar á lo sublime, 
cayeron de bruces en el ridículo. 

416 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

Por regla general, la esterilidad suele ser la ca- 
racterística de esos períodos constituyentes que 
subsiguen á una revolución, sobre todo, si ^ta ha 
sido de larga labor y gestación. Las constitucio- 
nes, que durante ellos se fraguan, se han distingui- 
do siempre por una vida efímera y pasajera, y la 
necesidad de enmendarlas y rectificarlas ha surgi- 
do casi al mismo tiempo que su vida. 

Y la razón es obvia. Siendo las revoluciones ins- 
trumentos apropiados exclusivamente para la des- 
trucción, resulta que aquellos que manejan y diri- 
gen los tales instrumentos, sólo tienen motivos de 
experiencia para todo lo que se^ destruir; y cuando 
en la paz, la presunción ó la ambición los meten á 
constructores, es natural que la obra que salga de 
sus manos se resienta de su notoria incompetencia. 

Y esto es lo que aconteció con la Convención 
Constituyente y con la Constitución de la Repúbli- 
ca. Convocada aquella Asamblea demasiado á raíz 
de la revolución y antes que ésta sufriera ese pro- 
ceso de decantación y sedimentación de que ha me- 
nester toda revolución para purgarse de los elemen- 
tos impuros por ella conmovidos, los que entraron 
á formarla, con una sola excepción, procedían to- 
dos del campo revolucionario, y aunque no pocos 
databan su ingreso en ese campo desde la víspera, 
y aun algunos desde el mismo día siguiente, esta 
circunstancia sólo servía para estimular en ellos esa 
exageración que es propia de reclutas y neófitos. 

417 



CUBA T SU EVOLüaON COLONIAL 

El grupo así formado, descomponíase en unos cuan- 
tos ignorantes de profesión, algunos demagogos, 
varios despreocupados, una docena de ilusos soña- 
dores, alguno que otro excéptico y tres ó cuatro 
eruditos de cátedra y violeta. Sobre estos últimos, 
como era natural, gravitó la pesadumbre de la obra: 
y así ella resultó- Una pieza de Arquitectura, en 
la cual la solidez y la estabilidad fueron sacrifica- 
das á la armonía del conjunto, buena á lo más para 
ser exhibida en un certamen académico, pero im- 
propia para las necesidades de la vida práctica y 
aun imposible de ser habitada en tiempos de lluvia 
y tempestad. Un traje de corte americano y de 
perfiles y ribetes jacobinos, de confección irrepro- 
chable, pero de uso tan dificultoso por lo amplio co- 
mo incómodo por lo largo. Un ensayo más de ese 
afán por la simetría política, que Taine llamó espí- 
ritu clásico, y que ha producido en Francia diez 
constituciones diferentes en poco más de medio si- 
glo, todas ellas muy sujetas á escala, plomo y ni- 
vel, pero completamente irrealizables en la práctica. 
Las Cámaras ordinarias de la República han vi- 
vido poco, pero lo han hecho lo bastante para que 
su estudio pueda servir, si no de ejemplo, por lo me- 
nos de escarmiento. Aunque era lógico esperar 
que el curso del tiempo hubiera mejorado de algún 
modo el personal, éste, sin embargo, en sus líneas 
generales sigue siendo el mismo de la Asamblea 
constituyente, corregido y mejorado con un buen 

418 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONUL 

golpe de esos profesionales de la política que aspi- 
ran á hacer de ella un medio de vivir. Pero la 
obra, que no es ya teorizar sobre abstracciones cons- 
titucionales, sino hacer Leyes orgánicas, Hacienda, 
Inmigración, Obras Públicas, en una palabra, país, 
ha resultado de una deficiencia tan extraordinaria 
que sin injusticia puede ser calificada de criminal. 
Esas Cámaras, cuyo primer acto fué asignarse 
una pingüe dotación, no han hecho otra cosa que 
crear empleos, repartir pensiones, votar subsidios, 
aprobar Obras Públicas para fines exclusivamente 
electorales, y vacar por falta de quorum la mayor 
parte de los días que tiene el afio. Entretanto, las 
leyes complementarias están todas por hacer, aun 
después de cuatro afios de República; y esos ilus- 
tres representantes de la Independencia patria es- 
tán dependiendo de leyes españolas, dictadas en Es- 
pafta, así para el gobierno de su familia y el orden 
de su propiedad, como para el régimen de su Admi- 
nistración y la vida de sus Ayuntamientos. Situa- 
ción semejante es muy probable que hasta ahora no 
se haya conocido en parte alguna, y sus consecuen- 
cias pueden ser tales, que lleven al país, desencan- 
tado de sus legisladores, vía recta por el camino de 
la dictadura... 



CAPITULO XIV 

LA MUJER CUBANA 

InfloenoiA de la mojer en la sodedad. — Ednoaoión físíGa, moral é m- 
teleoiual.—El método y soa reaoltedoa. — La hija, 1a eapoa j U 
madre.— Neoemdad de un cambio radical. — Ejemplos. 

• Pero hi OOM qiM ignoro * 

Poder pintar como ei ella 
Bi el alma poim y bella 
De la hermonira qoe adoro. 

Como ei tanto sa deoovo. 
8a oompuión, n temium, 
A reces ee me fl^nim 
Que un ángel debe de eer 
Qoe ha bajado á aer mujer 
Por coneolar mi amaig:mm.» 

JoeÉ JAcnrro M ilaxéí. 

Sendos volúmenes llévanse escritos y no pocos 
han de seguirse escribiendo para señalar, encomiar 
y exaltar la trascendencia del influjo, que la mujer 
ha ejercido, ejerce y ejercerá sobre las comunidades 
humanas. 

Y esa repetida labor sobre el mismo tema, no 
implica en modo alguno, el que esa influencia haya 
sido desconocida ó disputada: débese míis bien, á 
que con ella resulta, lo que con la gravedad de la 
atmósfera, que á despecho de pesar por todas par- 
tes sobre el cuerpo humano, apenas nos damos 
cuenta de que existe. 

420 



CUBA T SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

Ello es el caso que allá van imperios donde quie- 
ren los hombres y allá van hombres donde les place 
á las mujeres. Tal ha sido siempre en todas partes 
la ley de la historia; y Cuba está tan lejos de cons- 
tituir una excepción y que, si al exponer el método 
educativo corriente en las escuelas del país, hubo 
de decirse, que el cubano era un producto natural 
de esa educación, con mayor razón puede ahora 
afirmarse, lo que por su notoria evidencia parece 
um postulado, y es, que es fruto también y natura- 
lísimo de su madre la cubana, á la cual debe la 
mayoría de sus virtudes, como debe á aquella otra 
la totalidad de sus defectos. 

Si la excelencia femenina radicara exclusiva- 
mente en las gracias corporales, harmonizadas con 
feliz acierto dentro de un natural propenso al des- 
arrollo de todas las virtudes, que más se recomien- 
dan en la mujer, á nadie con más justicia que á la 
cubana, podría aplicarse la feliz expresión del gran 
trágico inglés: « ¡ Manjar digno de los dioses U Pe- 
ro el ser humano — hombre ó mujer — es algo más 
que una hermosa armazón de carne sobre huesos, 
todavía algo más que un paquete de fibras nervio- 
sas muy delicadas y muy sensibles. Es inteligen- 
cia, y ante todo, inteligencia cultivada. 

Y en ley de sinceridad, y aunque duela al retra- 
tista y pueda escocer al retratado, débese consignar 
sin ir más adelante, que si bien las cubanas, por sus 
prendas físicas y morales se hallan muy próximas 

421 



CUBA T SU EVOI<»UCION COLONIAL 

á que se las equivoque con loB ángeles, por mengua 
nuestra y para desgracia suya, por el desmedrado 
desarrollo de sus facultades mentales, están mia 
cerca del Limbo que del Paraíso. 

Y no podía ser de otra manera. Como lo aon 
todos aquellos organismos que representan la per- 
petuidad de la vida, es la mujer uno de los seres 
más pacientes y más conservadores de la naturaleza. 
De estas dos cualidades, que son características del 
sexo, nace y se origina esa notable plasticidad eon 
que acoge con sumisión todo aquello que la dan, h 
conserva con esmero, y tiende espontáneamente á 
propagarlo y trasmitirlo. 

Póngase, pues, á cargo y culpa del varón las 
sombras y lunares del retrato, ya que hasta ahon 
y con muy raras excepciones, más se ha curado de 
cultivar en ella las cualidades adjetivas de forma 
y adorno, que aquellas otras de más substancia y 
realidad, que residen princi|ialmente en el espirito 
y constituyen la médula de la vida racional. 

Nada más fuera de tino y propósito que el rum- 
bo que se imprime en Cuba á la educación de la 
mujer. Su vida física la preside desde temprano el 
olvido mas craso de todas esas precauciones y cui- 
dados, que bajo la forma de aire libre, moderador 
saludable ejercicio y nutritiva y apropiada alimen- 
tación, son requerimientos impuestos y exigidos 
por un clima de suyo propenso al desarrollo de la 
anemia, y por una organización cuyo torrente cireu- 

422 



CUBA T SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

la torio sufre retardos en la periferia con sendas 
agregaciones de tejido celular adiposo. 

Su vida efectiva, á cuya precoz intensidad con- 
tribuyen lo mismo el clima, que el temperamento 
nervioso dominante, lejos de encontrar un sedativo, 
que amortigüe y atenúe su vuelo exagerado, tro- 
pieza por el contrario, de todas partes con halagos 
y solicitaciones más propias para afinarla y estimu- 
larla y hasta para convertirla en una verdadera 
pife voltaica. 

Y gracias si su vida moral no llega también á 
resentirse desde temprano al impulso de esta torci- 
da dirección, agravada con esa promiscuidad y 
constante alternación con sus mayores, que es ca- 
racterística en Cuba de la vida de familia, y que 
permite á los hijos oir las quejas, disputas, recrimi- 
naciones y reproches de los padres, y les deja sor- 
prender prematuramente y con esa tendencia á la 
investigación, que es propia de los nifios, misterios 
y secretos, cuyo conocimiento suele ser siempre un 
fermento funesto para ellos. Y si esta familiaridad 
y comercio de todas las horas, entre la infancia y 
la edad adulta, no fuera suficiente á proporcionar á 
los niños, de improviso, y como de soslayo, las pri- 
meras nociones de las flaquezas de la carne, todavía 
podrían obtenerlas amplias y completas, del servi- 
cio doméstico que se estila en el país, y cuya mora- 
lidad de carácter y de costumbres deja tanto que 
desear, cuanto tiene que reprender y corregir. 

423 



^ 



CUBA T SU KVOLUaOK OQUIKl 

Lo6 ingleses, que tan alto sentido h 
el estudio y resolución de loa piobL 
rozan con la crianza y educadfin de lo 
conducen la de la infiínda en reci 
mente adaptado para el caso, donde 1 
mero al cuidado de una nane y lae¡. 
govemess medran en cuerpo y en w\ 
dos de todos esos riesgos de la tida c 
sus mayores, pero siempre inmediato 
ción y vigilancia. No hay neoerida- 
que la nurse y la ffovemesB han ñdo 
preparadas para el mejor deMsaigo r 
nes. En cambio, las más de lie v- 
nifieras y mandadoras no caenten c< 
ración que la del arroyo. Las Testa 
tema se recomiendan por sí miamat 
otro habrá de ser más diffcil de inti 
matar en Cuba, donde las madres si 
gar por la maternidad y suelen pt 
tanda de sus hijos por un tiemp 
con frecuencia hasta que una nuev 
licada las sorprende. 

De esa afección maternal que ti 
ranía de un instinto, nace y se ori¿ 
cendencia indiscreta y ese mimo 
suelen ser su regla de conducta p: 
crianza de sus hijos. Esa adulter; 
que en el fondo no es más que ur 
miniscencia de los instintos egoíst 

424 






r 



CUBA T SU EVOLUCIÓN COLONIAL. 

ron nuestra vida primitiva, y que la educación y 
la cultura no han logrado todavía descuajar, se ma- 
nifiesta en ella por mil modos diferentes. La ca- 
ricia constante y prolongada; la vista fija á todos 
sus caprichos; la obediencia ciega á todos sus an- 
tojos; dulces y juguetes en cantidad desenfrenada; 
juegos y bullicio á todas horas, y aun, si por rarí- 
simo acaso, há lugar una corrección, el beso se- 
cando á la carrera las lágrimas por aquélla sus- 
citada. 

•De esta manera tan desconsiderada como irra- 
cional, las madres llegan á convertir á su hijo en 
un tiranuelo de baba y mocos, que no tiene más 
ley que su voluntad ni más freno que sus necesi- 
dades físicas de hambre, sed y sueño. Y de esta 
manera también se ha inculcado en el alma infan- 
til el germen de todos esos vicios, que tienen su 
asiento natural donde quiera que se profese y prac- 
tique la tiranía, aunque sea en forma pueril y 
diminuta. 

Y si por senderos tan extraviados se conduce la 
educación física de las niñas, y si á peligros tales 
está expuesta la moral, de su educación intelectual, 
puede decirse, que no se la conduce por sendero 
alguno, y lo corriente es, que se ignore cuándo 
deba comenzarse, lo mismo que cuándo ha de ter- 
minarse. 

Si la instrucción se ha de administrar de puertas 
afuera, y en ocasiones aunque se administre de 

425 



CUBA T SU EVOLUCIÓN COLONIAL. 

puertas adentro, las madres suelen aplazar con can- 
dida é irracional complacencia las horas amargan 
en que su tierno y sonrosado pimpollo debe doblar 
la cerviz al yugo de la disciplina escolar. Cual- 
quier pretexto venido es por ellas para el caso apro- 
vechado; y con harta frecuencia la labor educadora 
se atrasa y se retarda, dando lugar á que el terreno 
que se ha de labrar, con esa espontaneidad de lo^ 
suelos vírgenes, se cubra de plantas adventicias y 
malsanas, que habrán de constituir en su día usa 
seria contrariedad para el maestro. 

En capítulo aparte quedó ya analizada, bajo nn 
punto de vista general la educación que la infanda 
recibe, lo mismo en las escuelas privadas, que eu 
las públicas. Importa sólo agregar aquí, que si es 
mala la que en esos establecimientos se da á Io6 
varones, de pfeima puede y debe ser calificada la 
que se tiene a|>ercibida para las hembras. 

Lectura, escritura, religión, moral, aritmética, 
gramática, dibujo, historia sagrada y profana, hi- 
giene domi«tica, labores (muchas de ellas tan tras- 
nochadas, inútiles y hasta nocivas, como el bor- 
dado) y música, lo mas frecuente en forma de piano 
y de solfeo; toda esta balumba de conocimientos, y 
á veces algunos más, que suele agregarles la espe- 
culación, en la enseñanza privada, tiene que pasar 
por la mente juvenil de la niña en el breve período 
que media entre los nueve y doce años de su vida, 
y... pasa ciertamente, pero muy á menudo, como 

426 



CUBA T SU XVOLUaON OOLONIAL 

dijo el poeta, que lo hacían los peces por el agua y 
las aves por el aire, sin dejar huella alguna de su 
paso. 

El impulso inicial de esta vertiginosa celeridad 
que todo lo atrepella, obedece á la costumbre ge- 
neralizada en Cuba, desde tiempo inmemorial, de 
dar por terminada la educación intelectual de las 
hijas, con la aparición de las primeras señales de 
su tránsito de la nifiez á la adolescencia; y sabido 
es, cuánto los climas tropicales suelen precipitar 
ese período de la vida. Esta costumbre, que no 
cuenta con razón alguna que la abone, viene á in- 
terrumpir la labor de la educación cabalmente en 
el momento más propicio para aumentar el rendi- 
miento de la cosecha. De esta manera puede de- 
cirse, que la educación de las cubanas, tras de prin- 
cipiarse tarde y conducirse mal, recibe punto final, 
precisamente, cuando esa educación comienza para 
inglesas, alemanas, francesas y americanas. 

El resultado tiene que responder á un procedi- 
miento tan absurdo. Así no hay razón para ex- 
trañar, que el círculo de los conocimientos por tal 
modo adquiridos, sea tan estrecho, que las más de 
las veces se reduzca á un mal leer y á un peor es- 
cribir, á canturrear algunas notas, que sólo son ca- 
paces de aplaudir la familia y los amigos, y á teclear 
en el piano, más de oído que de música, la guara- 
cha de moda, ó el danzón de la temporada. 

Pero hay algo todavía de más fun^tas conse- 

427 



CUBA T SU EVOLUCIÓN COLOKIALi 

cuencias. Este punto final, puesto por tan impro- 
visada manera á la educación intelectual de h¿ 
ñiflas, viene á entregar á todos los halagos y soli- 
citaciones de la ociosidad en el momento más críti- 
co de su desarrollo, á unas imaginaciones, cujas 
alas al impulso del aumento de vida, que implica 
el cambio de la edad, se agitan ansiosas de recorrer 
el mundo fantástico, donde han erigido sus pala- 
cios encantados la ilusión, el ensuefio y la quimera. 
Días despu&t cae en sus manos la primera novela. 
Albricias, si el libro no es una de esas produccio- 
nes de la literatura francesa contemporánea: semi- 
vírgenes ó semi-cortesanas. 

De la primera novela al primer novio el tránsito 
suele ser rápido; y esa ñifla, hasta la cual habían 
llegado solamente las primeras ráfagas de la ado- 
lescencia, sin dejar de ser ñifla y con muchas pp)- 
babilidades de seguirlo siendo toda su vida, una 
aberración inexplicable la convierte en mujer an- 
tes de tiempo. 

Ahora, es preciso conducirla a reuniones, á bai- 
les y á saraos, en una palabra, presentarla en so- 
ciedad, segíín reza el vocabulario de los salones. 
La pasión por la moda, la atención á todo lo que 
es superficial, la afición al lujo y el culto á lo que 
Max Nordau denominó mentiras convencionales, 
son el fruto obligado de esos primeros pasos de la 
vida en sociedad. 

Es verdad que en los trópicos la naturaleza vive 

428 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

muy de prisa; pero esta circunstancia no puede ser 
eximente de la responsabilidad en que incurren 
los padres^ que de esa manera lanzan al peligro 
del mundo, á hijas todavía manifiestamente inúti- 
les para darse propia y exacta cuenta de la vida. 

*La consecuencia necesaria de esta conducta son 
esos matrimonios prematuros, que colocan en ma- 
nos de seres inexpertos la ardua labor de erigir un 
nuevo hogar. 

^Es muy cierto que el derecho eclesiástico, bajo 
ciiyos cánones ha vivido y sigue viviendo en Cuba 
la familia, autoriza y sanciona uniones tan preco- 
ces; pero bueno es advertir, que después de la 
secularización del matrimonio, la tendencia de los 
Códigos modernos, es á aumentar las garantías 
en edad de los que se proponen contraerlo. Y en 
Cuba, más que en parte alguna, la deficiente edu- 
cación de la mujer aconseja, abona y justifica esa 
reforma. 

Y bien puede ser citada para el caso, aquella 
atinadísima observación de Napoleón, cuando se 
discutía en su Consejo de Estado esta materia: «Os 
preocupa que un menor pueda disponer de una 
finca y no os preocupa el que contraiga matri- 
monio». 

Bajo auspicios tan poco lisonjeros no habrían de 
ser ociosos los temores que se abrigaran por el por- 
venir del nuevo hogar. Pero la materia prima de 
que están fabricadas las cubanas, en lo que atafie 

429 



CUBA T 8U EVOLUCIÓN COIiOKIAL. 

al sentimiento, encierra raudales tan fecundos deab- 
negación y de ternura, y por fibras tan delicadas y 
sensibles vierte en torno suyo esos tesoros, que mer- 
ced á su benéfico influjo, el nuevo bogar, si no bri- 
llará con esa luz intensa que proyectan los afectos 
del corazón, cuando se reflejan sobre una inteli- 
gencia cultivada, lo bará, al menos, con esa tenue 
y dulce claridad, mezcla de luz y de sombra, y 
que, según la Teología, debe ser la recompensa de 
las almas de los nifios que mueren sin bautismo. , 

La herencia, el clima, y sobre todo el sistema 
de vida y la educación, han contribuido á crear esa 
humana botella de Leyden, de estructura nerviosa 
tan sensible y complicada, que toca en lo inverosí- 
mil por lo exquisita, y raya en enfermiza por lo 
delicada; de inagotable ternura y apacible manse- 
dumbre; rica de gracias infantiles y dulce con to- 
das las dulzuras de un alma noble y de un sano 
corazón; que cantará si cantáis; que reirá si reís y 
llorará, aunque no lloréis; que huirá ante un insec- 
to y se desmayará ante un ratón; pero á la cual, si 
la demandáis una idea os contestará con una son- 
risa, y si la pedís un consejo os responderá con un 
beso. 

Como sucede con todos los seres mentalmente 
débiles, la previsión, cuando no ha sufrido en ellas 
un eclipse total, presenta sólo caracteres muy ru- 
dimentarios; y como sin previsión no puede haber 
economía, la consecuencia es, que la doméstica, 

430 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

puesta siempre y en todas partes bajo su jurisdic- 
ción y competencia^ ofrezca muestras de tal atraso» 
que tal parece que jamás ha sido conocida ó prac- 
ticada. 

Las compras al crédito — azote y peste del aho- 
rro en el hogar — serán la pauta corriente del sumi- 
nistro doméstico; se gastará en dulces más que en 
carne, y en los perifollos más que en el traje; una 
nube de platillos, de más vista que substancia, cons- 
tituirá el cotidiano menú y se abdicará por com- 
pleto la administración del fondo diario para el 
mercado, en manos de un taimado cocinero, que sa- 
brá labrarse un pingüe sobresueldo con las sisas 
de la compra. 

Otra manifestación así de su candida superficia- 
lidad — santa simplicitas — como del escaso cultivo 
de su inteligencia — que la desconfianza siempre fué 
presa fácil en los terrenos abonados por la ignoran- 
cia — es la viciosa práctica del regateo, que acompaña 
sin excepción á todas sus compras, y que las hace 
malgastar inconscientemente un tiempo que pudiera 
encontrar aplicación provechosa en el hogar. Y 
es de ver lo anchas y satisfechas que quedan, cuan- 
do después de un verdadero pugilato, han logrado 
obtener una rebaja por mínima que sea. Las muy 
incautas olvidan que el bellaco mercader, en pre- 
visión de la rebaja, había montado el precio en 
proporción. Y tanto las halaga y satisface esta cos- 
tumbre pueril, que en donde se exigen precios fijos 

431 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COIiONIAIi 

se tienen por engañadas. Ninguna de las tiendas 
que han querido aclimatar en Cuba este último 
sistema ha podido prosperar, porque les ha faltado | 
siempre la clientela femenina. 

No es sólo dentro del matrimonio donde se re- 
cogen los frutos amargos de esta descuidada ó mal 
dirigida educación. Coséchalos también la mujer 
en su vida de soltera, cuando se halla desprovista 
ó escasa de recursos para atender á la propia sub- 
sistencia ó para ayudar á la de su familia. En ca- 
sos tales, las cubanas sólo han podido, hasta ahoñ, 
escalar las gradas humildes de las galeras de des- 
palillado y fabricación de cigarrillos, y las no muy 
elevadas de la máquina de escribir y de la escuela 
de primeras letras. Si fuera más extensa y esme- 
rada su instrucción es indudable que hubieran 
podido ascender á posiciones superiores y mejor re- 
tribuidas, y cuyo desempeño está encomendado ge- 
neralmente á su sexo, en todos aquellos países en 
que la educación femenina ha alcanzado un nivel 
superior al que por desgracia alcanza en Cuba 
todavía. 

A modo de promesa colmada de consoladoras 
esperanzas, tropiézase en la mujer cubana con una 
plasticidad de tan buena ley, que con facilidad que 
sorprende y maravilla, pueden amoldarse á todas 
las formas, ángulos y relieves que las quieran im- 
primir aquellos que han logrado algún dominio so- 
bre sus afectos y emociones. 

432 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

Esta plasticidad que provechosamente endereza- 
I puede ser el ingrediente más propicio para su 
i^ora y perfeccionamiento, es también por des- 
racia, cuando torcidamente se la emplea, el ve- 
Lculo más eficaz para su relajación y abatimiento. 
JBÍ, llevada de la mano por el hombre, ha ido la 
ibana á todas partes. Fué al monte durante la 
rimara revolución, con daño para ella y perjuicio 
ira la causa de sus padres y maridos; y de la mis- 
1% manera, con daño grave para su decoro y res- 
etabilidad y sin beneficio para aquéllos, va hoy á 
106 mítines, que desde la República han venido á 
>n8tituir el programa de todo el año de los parti- 
os militantes. Mezclar la mujer con la política 
} un error, cuyas consecuencias, si medra y se 
rraiga la costumbre, serán de más ocasión para el 
unento que para el júbilo. Es verdad que esos 
lítines, rindiendo tributo á las aficiones de la tie- 
ra, han hado en la flor de terminarse muchos de 
UoB con un acto dedicado al arte coreográfico, y 
unque la mujer no ejerce en ellos más que el mi- 
isterio desairado de un reclamo vulgar, no por eso 
eja de prestarse á tristes consideraciones, la des- 
Qvoltura de aquellos, que olvidados de su decoro 

dignidad, á tales jolgorios las conducen. 

Si se quiere trazar el origen de la incuria con 
ue ha sido confrontada la educación de las cuba- 
as, es necesario demandarlo á fuentes españolas, 

aun algo más lejos todavía, u fuentes morunas ó 

433 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

mahometanas, que fueron, á no dudar, de donde 
aquéllas recibieron la corriente primitiva de sos 
aguas. 

Conocido es el concepto con que los de esa na 
y religión han favorecido á la mujer, á la cual hto 
considerado siempre como un ser intermediario en- 
tre el hombre y las especies inferiores, bueno á lo 
más para trasmitir la vida y para hacer agradable 
con sus gracias corporales alguno de sus momentog; 
pero notoriamente incapaz para alternar coD«el 
hombre en el comercio de las ideas y en los place- 
res y labores del espíritu. 

Los espafioles, que han recibido de árabes y mo- 
ros una buena parte de sus prejuicios, aun sin pa^ 
ticipar de su religión, han acabado como ellos por 
juzgar y condenar por expuesta y peligrosa, la ins- 
trucción de la mujer, y por estimar que su estado 
más perfecto es el de una feliz ignorancia, especie 
de vida instintiva, que le basta y le sobra para so- 
portar, sobrellevar y sufrir al varón, con la pasi- 
vidad tranquila, uniforme y estólida de la hembra, 
que se cuida del hijo y lo lacta, cual la vaca lame 
á su ternero, obedeciendo á las fuerzas puramente 
animales del instinto. 

No una, sino muchas veces, en épocas distintas 
y hasta por varones eminentes en Letras y TeoU> 
gía, se ha visto en Espafia fustigada y condenada 
la educación intelectual de la mujer, y esta conde- 
na se ha fundado en la peregrina consideración de 

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CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

que, para parir hijos y criarlos, no hay necesidad 
de leer ni de escribir. 

Los que por tan equivocado sendero llevan su 
discurso, es natural que hayan dado lugar en la 
educación de sus mujeres á ese sistema, si tal nom- 
bre puede dársele, que se funda en el menosprecio, 
abandono y olvido de sus facultades mentales, en 
la desviación y extravío de las morales, á las cua- 
les se ha pretendido reemplazar con las prácticas 
externas del culto religioso, y en el descuido de 
aquellas físicas, que no consistan en la gala y be- 
lleza del palmito y en el arreo y atavío exterior de 
la persona. 

Y los que han nacido y descienden, como resulta 
á los cubanos, de los que así pensaron y á tales 
pensamientos acomodaron su conducta, no es de 
extrañar que lleven su mente y su voluntad por 
tan extraviados derroteros, y se inspiren en un tan 
desatinado criterio en todo aquello que atafie á la 
instrucción é intelectual perfeccionamiento de la 
mujer. Piensan, como pensaron sus mayores y edu- 
can, como aquéllos educaron. 

Y de esta ley de herencia dimana, entre nos- 
otros, el que se inculque en la mujer la especie hu- 
millante y desconsoladora de que, por sí sola nada 
puede ni nada vale; y que sus facultades y su valer 
son cualidades, que no puede desarrollar por su na- 
tural impulso y propia iniciativa, sino merced á la 
cooperación y auxilio de la inteligencia masculina. 

435 



CUBA T SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

De aquí esa especie de regla claustral á que se so- 
mete su vida, condenándola á vegetar, consagrada 
casi exclusivamente á loe triviales detalles del r^ 
gimen doméstico, sin poder valerse á sí misma, ? 
viéndose precisada hasta para salir á la calle á Ik- 
var la escolta del obligado rodrigón, ese sustitato 
de la vetusta y nada honesta duefia, cual si su vir- 
tud fuera materia de suyo tan frágil, quebradinj 
explosiva, que al igual de los polvorines, les set 
siempre necesaria la precaución de un centiq^k, 
que los vigile é impida que los hagan saltar la ¡m- 
previsión ó la maldad. 

Los que se dedican a dilucidar la contribucióo 
que cada época histórica ha dado al progreso hu- 
mano, asignan á aquella en que vivimos, la nobilí- 
sima labor dfe haber consumado la emancipadon 
de todos aquellos seres mantenidos en degradante 
inferioridad por el imperio de la fuerza ó por la 
fuerza de las costumbres. Esa emancipación qae 
constituye toda una cadena de nobles sacrifícioe t 
santas redenciones, es de míis precio y honor para 
el mundo moral, que las más útiles conquistas de 
la industria y las obras más bellas de las Bellas 
Artes. Su primer eslabón lo forma el vasallo redi- 
mido de la prestación feudal y el siervo de su gle- 
ba; el segundo, la clase media aliviada del privilegio 
hereditario; el tercero, el negro sustraído á la trata 
y arrancado á la esclavitud; el cuarto, el proletario 
libre del gremio y en señorío de su actividad, y el 

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CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

quinto, el colono descargado del pacto colonial y en 
posesión de su autonomía. Mas esta obra de repa- 
ración no está todavía consumada, y todos aquellos 
que se detienen á reflexionar sobre la finalidad hu- 
mana, y tienen corazón para sentir el dolor de las 
injusticias sociales, propenden y aspiran á engarzar 
en esa cadena nuevos eslabones. Uno de ellos, el 
que parece más inmediato á un éxito completo y 
definitivo, es la emancipación social de Ja mujer. 
^Tres de los Estados que forman la Unión Ame- 
ricana — Colorado, Utah y Wyoming — han llegado 
en esa emancipación hasta el punto de igualarla 
con el hombre en todos los aspectos de la vida so- 
cial y política de la comunidad. Lo mismo han he- 
cho esas nacientes nacionalidades de la Occeanía, 
donde sobra iniciativa para todo ensayo generoso. 

La sabia Inglaterra, por vía de preparación, aca- 
ba de otorgarles el derecho electoral para fines mu- 
nicipales. Alemania se apresta á seguirla en esa 
senda de saludables innovaciones; y no ha de tardar 
mucho sin que la adopten también aquellos pue- 
blos de raza latina, cuyo nivel medio de cultura lo 
consienta. 

Pero estas conquistas de la mujer, que tienden á 
equipararla y á igualarla con el hombre, presupo- 
nen y exigen, como condición indeclinable, un 
desarrollo de sus facultades intelectuales no infe- 
rior, por lo menos, al del hombre, porque la ins- 
trucción y la cultura cuando se ganan, no son fuer- 

437 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONUL. 

zas que están hechas para enervarse y perderse en 
el vacío, ni tampoco pueden permanecer ocultas y 
escondidas, sino que se muestran, demuestran y se 
imponen, aun á despecho de las costumbres y las 
leyes. Donde quiera que la mujer se ha magnifi- 
cado, cultivando las dotes naturales de su espíritu» 
ha pesado con un peso irresistible — el peso de l:i 
gracia y la belleza unidas al saber — sobre los acon- 
tecimientos y los hombres de su tiempo, aunque 
estos hombres padecieran del prejuicio vulgar de 
tenerlas por un juguete, siempre agradable, algunfs 
veces peligroso y sólo necesario para la perpetuidad 
de la especie. 

En estos últimos años, la guerra primero y des- 
pués las excursiones veraniegas, han conducido á 
los vecinos Estados Unidos á un buen golpe de cu- 
banas, las cuales por poco observadoras que hayan 
sido, no habrán dejado de notar la preponderante 
influencia que en ellos ejerce la mujer, no sólo en 
el recinto domestico y dentro de la familia, sino 
también en un orden más elevado y dentro de la 
sociedad. Desde la enseñanza primaria y parte de 
la superior, tanto para un sexo, como para el otro, 
hasta la enorme masa de literatura que consumen 
los millares de Magazincs ó Revistas que cultivan 
allí el gusto por la novela, toda esa inmensa labor 
está en esos Estados en manos de la mujer. En el 
hogar, más bien que la reina constitucional que ve 
compartida su autoridad y reducido su ministerio a 

438 



CUBA Y SU EVOLUCIÓN COLONIAL 

los ínfimos detalles del régimen doméstico, es el mo- 
narca absoluto que reina y gobierna por su propio 
derecho, sancionado por el común consentimiento. 
El marido parece simplemente relegado á la modes- 
ta condición de proveedor de la diaria subsistencia; 
el b^read-winner, le dicen con un desenfado propio de 
una reina con uno de sus subditos. Cada sábado 
su salario, sea cual fuere su ascendencia, dentro del 
mismo sobre en que lo recibe, será por él entregado 
á jiu betler-halfy sencillamente y con naturalidad, 
como un siervo entrega á su sefior el tributo de su 
trabajo. Ella dispone á su guisa y arbitrio de ese 
salario, y aun aparta y sefiala las monedas, hasta 
dónde el que lo ganó, puede permitirse el placer 
de convidar á sus amigos. 

Pues bien, esa preponderancia no es hija del 
acaso. Responde á varias causas y es entre ellas la 
principal, el que en los Estados Unidos, por regla 
general, la mujer es superior al hombre en cultura 
é instrucción. Y la cultura y la instrucción están 
hechas, no para servir y obedecer á la ignorancia, 
sino para gobernarla, dirigirla é ilustrarla. 

Y esta superioridad dimana de que la educación 
del varón se suele dar por terminada á los catorce 
ó quince años de su vida, época en la cual debe co- 
menzar á luchar por ella; mientras que la de la mu- 
jer se prolonga regularmente hasta los diez y siete 
ó diez y ocho afios, edad en la cual el desarrollo del 
cerebro consiente mayor suma de conocimientos, y 



CUBA T SU EVOLUaON COLONIAL 

éstos pueden adquirirse cou más facilidad y rapidez. 

Y estas consideraciones bien pueden atenderlas 
y no olvidarlas las cubanas. Si quieren influir de 
un modo serio y provechoso sobre la sociedad de 
que forman parte, y de la cual hoy constituyen un 
adorno solamente; si antes que ser reinas de una 
hora y esclavas de toda una vida, prefieren levan- 
tarse á la altura de útilei^, constantes y beneméritas 
compañeras del hombre; si quieren dignificar so 
cualidad de s6t humano consciente y con voluDtad. 
es preciso que consagren á la inteligencia uca 
buena parte de lo que dan á la imaginación; qae 
dediquen á pensar la mitad, por lo menos, de lo 
que dan á sentir, y que destinen á sólidas tareas 
algo más de lo que dan al ocio, á la charla ó á la 
danza* 

Como un viajero que tras larga y fatigosa jor- 
nada, en la cual han desaparecido en el camino 
compañeros, promesas, ilusiones, ideales y esperan- 
zas — todo aquello que hace amable y alegre la 
vida — al llegar triste y solo, al termino de su viaje, 
convierte sus ojos al trecho recorrido, para trazar 
el sitio donde la angustia arrancó al dolor su grito 
más agudo, así al dar punto final á esta labor, ha 
<le sernos permitido señalar como la más honda de 
todas las tristezas, aquella que nos ha producido el 
estado lamentable en que vive intelectualniente la 
cubana, que es tan digna de simpatía por sus vir- 
tudes, como de admiración por las nobilísimas 

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CUBA Y . SU EVOLUCIÓN COIX>NIAL 

prendas de su corazón. Y al darnos cuenta de lo 
que es, y al reflexionar sobre lo que debiera y pu- 
diera ser, nos parece tal, como un hermosísimo 
diamante, en manos de un torpe lapidario, pero 
todavía en estado natural, y el cual sólo necesita, 
para lucir en sus facetas los cambiantes más mara- 
villosos de la luz, únicamente los dos secTctos de la 
orfebrería: talla y montadura. 



FIN 



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