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MASTER 

NEGATIVE 

NO. 94-82307 




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The Columbia University Librarles reserve the right to refuse to accept a 
copying order if, in its judgement, fulfillment of the order would Involve 
violation of the copyright law. 



Author: 



Gómez, Gabriel 



Title: 



Cultivo y beneficio del 
café 

Place: 

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México 

Date: 

1921 



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COLUMBIA UNIVERSITY LIBRARIES 
PRESERVATION DIVISIÓN 

BIBLIOGRAPHIC MICROFORM TARGET 



MASTER NEGATIVE # 



ORIGINAL MATERIAL AS FILMED - EXISTING BIBLIOGRAPHIC RECORD 



r^USINESS 

310 
G58 



Gómez, GabrieL 

... Cultivo y beneficio del café, por Gabriel Gómez ... 
3. ed. México, 1921. 

158 p. 14 pl. 22i«». (Biblioteca agrícola de la Secretaría de 
fomento) 



1. Coffee. 2. Coffee — México. 



U. S. Dept. o£ agr. Library /***\ 
for Library o£ Congress ( ) 



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AGRICULTURA 



p:l cultivo del cafe 



Sinonimia 

EspañoL- café. Francés: café. Portugués: café 
Italiano: caffe. Inglés: coffee. Alemán kaffé. Holan- 
dés: coffy. Árabe: ban. Persa: keweh, Tamoul: ca- 
pie, cottay. Telinga: chaabe. Turco: kahve aghadji. 
Volapuk: kaf. 

.Etimología: Árabe: qahrva en Dozy: kahua en 
Devic: pronunciación turca kahvé, qahrvé, la cual 
explica el café de las lenguas romanas. 

Confirman este origen: i.° La íorm^i Ka óh que 
se halla en el portugués Teixeira cuvo autor publicó su 
libro en 1610 {Viaje de ¡a India hasta Italia, páginas 
116 y 117.) 2: La forma Coiía que se halla en la His- 
toria Plantanim Universalis de luán Bauhhi (edi- 
ción del botánico Domingo Crabré a mediados del si- 
glo XVII, 1650). El botánico se pregunta si el licor 
preparado por los turcos con el hiina^bannu, bimchos 
que el domma Chuabe es idéntico al Caoua, decocción 



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bien conocida que los árabes preparan con el bon o ban. 
3." El bajo latín Calma que se halla en Du Cange sig- 
niñca una especie de vino blanco de poca fuerza, se- 
gún Mateo bilvático (Aiatraaeus Sylvaticus) médico 
del siglo XIV cuyo dato concierta con la noticia que 
nos da Dozy: qaliarva significó durante mucho tiempo 
uno de los nombres árabes del vino (i). 

Historia 

Varios autores eren que el café es originario de 
la alta Etiopia, de donde ha sido transportado a la Ara- 
bia Feliz. El abate Raynal en su "Historia filosófica 
y politica del comercio y de los establecimientos de los 
europeos en las Indias" afirma que este árbol es cono- 
cido desde un tiempo inmemorial en aquel pais donde 
aún se cutiva con buen éxito. 

El café no ftié conocido de los pueblos de la anti- 
güedad. Ni los griegos ni los romanos conocieron su 
uso, aunque algunos autores hayan pretendido que es- 
ta bebida era conocida en los tiempos más remotos y 
que Pietro della Valle haya asentado (jue era el ncpen- 
tcs que recibió Melena de una dama egipcia, y que Ho- 
mero alababa como propio para calmar el espíritu en 
el estado más- violento de ira, de aflicción o desgracia. 
Paschius, en su tratado de iiozñs invertís, impreso en 
Leipsick en 1700, pretende que el café está menciona- 
do entre los regalos que dio Abigaíl a David a fin de 
apaciguarle. (I libro de los Reyes, cap. 25, vers. 18.) 

En la alta Etiopía se coloca generalmente la cuna 
del café, haciéndose uso de ese grano en ese país des- 
de un tiempo inmemorial. Los persas fueron el segun- 
do pueblo r|ue hizo uso del café y por fin los árabes que 
nos lo han transmitido. 

Muchas fábulas se han difundido a propósito del 
descubrimiento del café: ctiéntase entre otras la de un 

(1) D. Etim. die la L. C. 



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pobre dervís que habitaba un valle en la Arabia y no 
poseía más que una choza y unas cabras. Un día que 
estas regresaban del campo, notó con asombro la agi- 
tación de estos animales cuando estuvieron en el re- 
dil : el siguiente día las siguió v observó que reniotea- 
ban las hojas y los frutos de un arbusto que no había 
notado aún- 

Ensayó el efecto de esta fruta en sí mismo, y ex- 
perimento una alegría sobrenatural acompañada de 
una locuacidad tal, que pasó cerca de sus cofrades por 
un hombre extraordinario e inspirado. Dio parte de 
su .descubrimiento a los otros dervises, quienes toma- 
ron Igualmente la fruta del mismo árbol y comenza- 
ron a propagar su uso. Es probable que esta fábula 
adoptada por Dufour bajo la creencia de Fausto Nai- 
roni I Maronita, profesor de lenguas orientales en 
Koma que había publicado en esta ciudad un primer 
tratado sobre esta materia, ha sido inventado por los 
árabes para acreditar la opinión que hace el café ori- 
ginario de su país ' 

Los persanas cuentan que estando enfermo Maho- 
ma, el arcángel Gabriel inventó esta debida para de- 
volverle la salud. 

Cuéntase todavía la historia de un superior de un ' 
convento árabe, quien habiendo oído hablar del efec- 
to del cafe en las cabras del dervís y notando que sus 
monjes se dejaban ir al sueño durante los ejercicios 
nocturnos de su religión y no llevaban en ellos toda la 
atención y recogimiento convenientes, les hizo beber 
una infusión de esta simiente que produjo los efectos 
mas felices. Establecido así su uso que no tardó en 
propagarse en toda la Arabia, el café gozó el más 
grande éxito y fué solicitado por todo el mundo 

Algunos autores hablan de un mollah llamada 

1671. i^icoiaum b. K. E. Card. decomitibus Romae, 



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Chadely, quien no pudiendo eiHregarse a sus oraciones 
nocturnas a causa del adormecimiento continuo que 
experimentaba ensayó esta bebida, cuyos buenos efec- 
tos no tardó en palpar y confió a sus dervises este des- 
cubrimiento que no tardó e n ser público. 

Sea lo que fuere, lo cierto es que a mediados del 
siglo IX de la Egira (XV de la Era Cristiana) los 
árabes empezaron a cultivar el café. 

Gemaleddin Abou Abdallah, Mohammend Ben 
Said, (apellidado Dhabbani porque era oriundo de 
Dhabban, pequeña ciudad del Yemen, era mufti de 
Aden, ciudad y puerto famoso de la Arabia, al Orien- 
te de la embocadura del Mar Rojo) habiendo tenido 
que ir a la Persia para algunos negocios, quedó allí 
algún tiempo, y observó que los habitantes hacían uso 
del café y alababan las propiedades de esta bebida. De 
regreso en Aden tuvo una indisposición y habiendo re- 
cordado lo que le habían dicho del café, bebió una taza 
de este licor y sanó. Observó que tenía la propiedad 
de disipar el sueño y el entorpecimiento, de volver el 
cuerpo ligero y dispuesto. Introdujo, pues, el hábito de 
esta bebida en Ande. ( i ) A su ejemplo, los habitante de 
la ciudad, los jurisconsultos y la gente del pueblo to- 
maron café, unos para entregarse mejor a los estu- 
dios de su profesión y los otros a sus trabajos mecáni- 
cos. Desde aquella época el uso de esta bebida se hizo 
más y más común. Los faquires tomaban café en el 
templo, cantando al mismo tiempo alabanzas al Señor. 
El café estaba en un gran vaso de barro colorado, el 
superior sacaba el licor de este vaso por medio de una 
escudilla y lo distribuía a cada uno de los faquires, 
mientras cantaban sus oraciones ordinarias. Los le- 
gos V todos los asistentes bebían igualmente. 

Gemaleddin murió en 875 (1459 de la Era Cris- 
tiana.') 

(1) Maunscrito árabe d'e la Biblioteca Imperial, catálogo nú- 
mero 944; traducido por Silvestre Sacy. Crestomancia árabe, tomo 
II, pág. 224. 



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El uso del café no fué interrumpido nunca en 
Aden, y dicese que los árabes no beben jamás este li- 
cor delicioso sin desear el paraíso para Gemaleddin en 
recompensa del don que les hizo. De Aden el café, ha- 
cia fines del siglo IX de la Egira, se extendió gradual- 
mente a la Meca y a Medina ; su uso se esparció en to- 
da la Arabia y al cabo de poco tiempo habíanse esta- 
blecido, tanto en esa comarca como en Persia, lugares 
públicos donde los hombres ocupados venían a dis- 
traerse; en estos establecimientos se jugaba ajedrez, 
juego en el cual los árabes sobresalen y superan a los 
hombres de las demás naciones; los poetas venían a 
recitar sus versos, y se distribuían café preparado- El 
gobierno de entonces, aimque muy despótico, toleró es- 
tos establecimientos. 

De la Arabia el café pasó a Egipto; llegó hasta el 
Cairo donde se introdujo al principio del siglo X de la 
Egira (XVI de Jesucristo.) Del Egipto pasó después 
a Siria, principalmente a Damasco y Alepo, donde se 
estableció sin encontrar obstáculos, y por último, en 
todas las demás ciudades de aquella gran provincia. 

De esta época, apreciando las cualidades agrada- 
ble y las virtudes saludables de esta bebida, tan con- 
veniente para esos pueblos enervados por un clima ar- 
diente y el abuso de los placeres. 

La primera desgracia que experimentó el café, tu- 
vo lugar en la Meca, el año de 917 de la Egira (1511 
de la Era Cristiana.) Dos hermanos doctores, oriun- 
dos de Persia, llegaron a nf^rsuadir al emir Khair-Beg- 
Mimar, que el café era una bebida embriagante, que 
daba lugar a diversiones prohibidas por la ley de Ma- 
homa. 

Kair-Beg convocó una asamblea de doctores y de 
médicos para deliberar acerca de este objeto. Los pri- 
meros declararon que los cafés públicos eran contra- 
rios al Mahometismo; los seeimdos, que el licor que 
se despachaba allí era perjudicial a la salud. \^arios in- 



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dividuos afirmaron ((ue el café les había sido contra- 
rio. l;no de los asjstentes aun aseguró que embriaga- 
ba tanto como el vino. Esta declaración hizo reír a la 
asamblea: "Puse él ha bebido vino" fué el grito gene- 
ral; tuvo que confesarlo y recibió ochenta palos en 
pago de su sencillez. ( i ) 

Kahir-Iieg solicita un rescripto del sultán para 
prohibir la venta del café en la Meca, y provisional- 
mente di(') la orden de no servirlo en los establecimien- 
tos públicos. 

Se bebía café secretamente en el interior de las ca- 
sas, para substraerse a la crueldad del emir, pues 
Khair-Beg habiendo sido informado de que una per- 
sona de la ciudad había tomado café, a pesar de su 
decreto, la castigó con rigor y la hizo pasear montada 
en un burro por las calles y plazas públicas ; más pron- 
to llegó el rescripto del sultán que contrarió las miras 
de los adversarios del café, declarando que los doc- 
tores y médicos del Cairo, que debían ser más instruí- 
dos que los de la Meca, habían reconocido que era una 
bebida inocente y mandando al emir que retirase su 
prohibición. 

Cada uno volvió, pues, a tomar el uso del café 
con seguridad, sabiendo que estaba en boga en el Cai- 
ro, residencia del sultán. 

El año de 932, el Schiek Sidi— Mohammed-Ben- 
Arrak, habiendo sabido que en los lugares donde se 
tomaba el café, se verificaban hechos criminales, deci- 
dió a los gobernadores a que suprimieran las casas 
donde se vendía esta bebida, sin prohibir, con todo, su 
uso en el interior de las habitaciones. 

Después de su muerte volvieron a abrir los cafés. 

El año de 941 de la Egira (1534 de la Era Cris- 
tiana), un fanático declamó con tknta fuerza, en la 
mezquita, que el pueblo excitado por las palabras del 
predicador, atropello los cafés, rompió los muebles que 

(1) La ley de Mahoma ordena la abstinencia de bebidas em- 
briagantes, a 




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los adornaban y los vasos que servían para distribuir 
el licor, hirió a los bebedores, y dio de palos a los ven- 
dedores. 

La ciudad fué dividida en dos bandos. Los parti- 
darios del café afirmaban que era un brevaje puro, de 
un uso saludable, que excita la alegría, facilita el can- 
to de las alabanzas a Dios y los ejercicios de devo- 
ción- 

Los que por el contrario, lo consideraban como be- 
bida vedada, no ponían límites a sus palabras y en la 
censura de las personas que lo usaban. Los adversa- 
rios del café llegaron al extremo de decir que era una 
especie de vino y que debía comprenderse en la mis- 
ma proscripción: y aun dijeron que el día de ía resu- 
rección los bebedores de café aparecían con una cara 
más negra que los fondos de los vasos en los cuales 
se preparaba. 

. Fué necesario recurrir a una consulta jurídica. El 
Scheik, habiendo convocado a todos los doctores, és- 
tos declararon la cuestión decidida de tiempo atrás 
en favor del café. El Scheik convencido por la opi- 
nión de los hombres más distinguidos, hizo preparar 
café en su casa; se sirvió a toda la asamblea v de ahí 
se hizo la bebida más de moda que nunca. 

Todas las tentativas que tuvieron lugar desde en- 
tonces para hacer prohibir el café en la^Meca fueron 
infructuosas. 

^ En el Cairo fué también prohibido pero pronto 
triunfo de todos los obstáculos. 

Bajo el reinado de Solimán H, apellidado el Gran- 
de, en el año de 962 de la Egira (1554 de la Era Cris- 
tiana,) fue cuando se comenzó a tomar el café en 
precia y en Constantinopla. Un damasquino llamado 
^cheins, y un habitante de Alepo llamado Hekem lle- 
gados a Constantinopla, abrieron cada uno un café 
donde se recibía a los consumidores en unos sofás. Es- 
tos establecimientos fueron frecuentados por la mavor 



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parte de los sabios, jueces, profesores y dervis. Estos 
cafés tuvieron en lo de adelante una fama tal, que las 
personas de la primera distinción, los bajas y los prin- 
cipales señores y dignatarios los honraban con su pre- 
sencia. Se dio entonces a los cafés el nombre de Escue- 
las de Sabios. 

Los turcos se dedicaron con furor al uso de esta 
bebida, y muy pronto la capital se llenó de KawJia-Ka- 
nes, donde se distribuía el café: los ociosos se reuían 
ahi, y semejante a esas mujeres ambulantes c|ue van a 
cantar o a tocar algún instrumento frente a los co- 
f es de las grandes ciudades, unas bailarinas o cortesa- 
nas (almcas, ghawasiéss), venían a divertir a los con- 
sumidores con sus cantos y sus bailes lascivos. Mas 
declaróse una furiosa tempestad: los sacerdotes pre- 
textando que se abandonaban los templos por los ca- 
fés, hicieron gran ruido en Constantinopla. Preten- 
dieron que el café tostado era carbón, y que todo lo 
que tenía alguna relación con el carbón era porhibido 
por ]\Iahoma. 

El Muf ti sostuvo a los sacerdotes, prohibió el uso 
de este licor en la capital, y mandó se crerrasen los 
cafés; mas pronto se estableció su culto. 

Habíase principiado en los establecimientos don- 
de se vendía café, con jugar al ajedrez, conversar to- 
cante a la prosa, a los versos, las artes, las ciencias, 
y pronto se habló de religión y de política. 

Bajo Amurat TTT, el Mutfi se enfadó, suprimió los 
cafés con motivo de los noveleros que se reunían ahí : 
más esta prohibición no teniendo que ver con el café 
mismo, su uso fué tolerado en el interior de las fa- 
milias. Los turcos burlaron luego al Mufti y abrieron 
cafés más numerosos que antes- 

Durante la euerra de Candía, dice Ricault en su 
Historia del Imperio Otomano, baio la minoría de Ma- 
homa W\ el gran visir Kuprugli, bajo pretexto de 
política cerró los cafés. Este rigor no hizo más que au 



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mentar el celo de los turcos para ^ta bebida, y contri- 
buyó a disiminuir las rentas del Gobierno, que tuvo 
entonces que retirar para siempre la prohibición, y el 
café se ha vuelto hoy día tan común en Turquía, en 
Egipto, y en todos los países musulmanes, que reem- 
plaza al vino. En Oriente el marido tiene que proveer 
a su mujer de café; en caso contrario hay motivo pa- 
ra divorcio. 

En 1652, un comerciante llamado Edvvard trajo a 
Inglaterra a su regreso de Levante, a un griego lla- 
mado Pasqua Rosse que sabía preparar el café; intro- 
dujo su uso en Londres donde fué favorablemente 
acogido por los ingleses. 

Separado de su amo, Pasqua Rosse estableció un 
café en Santa Michael's Alley, Cornhill, el cual 
anunció así: ''Las virtudes del café hecho y pública- 
mente vendido por Pasqua Rosse/' 

"E\ grano o fruto llamado café lo produce un ar- 
busto que crece solo en los desiertos de la Arabia. Her- 
vido con agua pura después de secado y reducido a 
polvo, compone una bebida sencilla e inocente, propia 
para tomarse una hora después de la comida. 

''Debe tomarse tan caliente como sea posible, sin 
qiie lo sea tanto que produzca escoriación en la boca. 
'Ta calidad de esta bebida es fría y seca. Ingeri- 
do al estómago conserva el calor interior, ayuda la di- 
gestión y es, por consiguiente, propio para tomarse 
después de la comida. Anima el espíritu y fortalece el 
corazón ; quita los dolores de cabeza, es excelente para 
prevenir y curar la gota - la hidropesía. Esta bebida 
es conocida como la mejor para los ancianos y los ni- 
ños enfermos; es el mejor remedio contra el spleen, la 
hipocondría y el amor. . . En Turín, donde esta bebi- 
da es muy general, se ha observado que nunca se pa- 
dece de cálculos, gotas o hidropesía : tiene nademás el 
cutis claro, terso v blanco ... 



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12 

"Se hace y se vende en St. Micael's Alley, Corn- 
hill, por Pasqua Rosse bajo su sola dirección." 

Bajo el reinado de Carlos II, el café experimenta 
las mismas persecuciones, las mismas dificultades que 
había sufrido en Turquía. 

En 1675 fué dada la orden de cerrar las salas, en 
número de más de tres mil, donde se tomaba café, co- 
mo focos de trastornos y seminarios de sedición. Esta 
medida extinguió probablemente el uso del café que 
fué casi abandonado en toda la Inglaterra, hasta es- 
tos últimos tiempos en que el consumo se ha vuelta 
más considerable. 

No fué sino diez años después que los ingleses hu- 
bieron adoptado el uso del café, cuando empezó a es- 
tablecerse en Francia, donde debía ser después el ob- 
jeto de un consumo tan grande. 

Sin embargo, Leonardo Rauwolf había mentada 
ya desde 1583 el árbol del café. Próspero Alpino, fa- 
moso médico de f^adua y gran botánico, había dada 
a luz en 1591, en \'enecia, una obra en la cual daba 
la descripción de un árbol que había visto en Egipta 
y al cual daba el nombre áeBon, Baii o Bonn. 

Esta obra fué reimpresa en 1640, en Padua, con 
las observaciones y anotaciones que Veslingius, otra 
célebre médico italiano, había hecho de este tratado; 
Bacon de \^erulam, en 624, en su Sylz'a Sylvaniui, ha- 
bía hablado del café como una bebida cuyo uso era 
común en Oriente, y Aíeisner desde 1621 íiabía com- 
puesto un tratado acerca de este precioso grano. 

En Italia habíase empezado a tomar café hacia el 
año (le 1(^)45, y se dice, que desde 1644 un veneciano, 
llamado Pietro della Valle, había traído café a Marse- 
lla: es pues sin razón que algunos autores pretenden 
que Thevenot fué el primero que introdujo café en 
Francia, puesto que el regreso de su primer viaje no 
se verificó en 1657. Poco tiemi>o después que della 
Valle hubo traído el café a Marsella, otro viajero no 



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•sólo importó café, sino los muebles y las servilletas de 
muselina bordadas de oro, plata y seda, que sirven 
para su u^-o en Turquía. Mas el café en esta época no 
era sino un objeto de mera curiosidad. 

Sin embargo, en 1660 varios negociantes de Mar- 
sella que habían vivido largo tiempo en Levante, y se 
liabían acostumbrado al café, mandaron traer a Egip- 
to algunas fardos de este grano. 

De Marsella el uso del café se introdujo en Lyon, 
en la Provenza y en las provincias vecinas. Fué en 
Marsella donde en 1671 se abrió por últma vez en 
Francia una tienda para la venta del café. 

El uso del café se había vuelto general en Mar- 
sella, a pesar de las declamaciones de los médicos que 
en vano aseguraban que no convenía a los habitantes 
de los climas templadas ; pero era casi desconocido en 
París. 

Se sabe solamente que bajo el reinado de Luis 
XIII, se vendía bajo el pequeño Chatelet, una decoc- 
ción de café bajo el nombre de Cohovc o Cahovet. Pe- 
ro en 1662 no había aún cafés públicos en París. En 
general, el café no empezó a volverse común sino a me- 
diados del siglo XVIII. 

Solimán Aga, embajador de la Puerta, cerca de 
Luis XIV, en 1669, fué el primero que introdujo en 
París el uso del café: lo hizo probar a algunas perso- 
nas que siguieron tomándolo después. 

El café se vendía al principio hasta a cuarenta es- 
cudos la libra; pero este precio exorbitante no se man- 
tuvo mucho tiempo. 

Pascal, armenio, algunos años después (1672) es- 
tableció un café en la feria de Saint Germain. Pasada 
la tena transportó su establecimiento al muelle de la 
Escuela, frente a Pont Neuf. Este café no era, sin em- 
bargo, sino una sala donde se reunían algunos extran- 
jeros y caballeros de Malta. Pascal salió poco des- 
pués para Londres. '' 



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Procopio, siliciano, volvió a poner el café en mo- 
da. Siguiendo el ejemplo de Pascal, se estableció en la 
feria de Saint Germain y atrajo la mejor clientela por 
al buena calidad de la preparación. De la feria fué, 
en 1689, a establecerse frente al teatro de la Comedia 
Francesa. 

Poco tiempo después Aíaliban, armenio también^ 
abrió un nuevo café e nía calle de Buci, cerca del jue- 
go de pelota en los alrededores de la abadía de Saint 
Germain; de allí pasó a la calle de Feron, cerca de 
Saint Sulpice, pero pronto se volvió a su antiguo local 
de la calle de Buci. Habiéndolo obligado algunos ne- 
gocios a salir para Holanda, cedió su café a Gregorio 
su mozo, recientemente llegado de Ispahan. 

Algunos otros establecimientos pequeños se habían 
formado sucesivamente, cuando en fin, un cierto Es- 
teban Alepo, abrió en París una sala adornada de es- 
pejos y de mesas de mármol. Sin embargo, el número 
de los cafés no se aumentaba sensiblemente, y nada ha- 
cía presagiar el éxito que esta bebida había de obte- 
ner algún día. 

Todo el mundo conoce estas palabras de Mdme. 
Sevigné: "Racine pasará como él café." Pero Racine 
a pesar de las declaraciones de los románticos, está 
todavía considerado como el primero de los poetas 
franceses, y el café a pesar de sus detractores se ha 
vuelto una necesidad general. 

Los establecimientos que se formaron después ri- 
valizaron entre sí por el lujo de sus adornos. Ahí se 
reunía la gente, menos para tomar café que para sa- 
ber noticias del día. Recordaremos aquí que es a la in- 
troducción del café en Francia que se debe la inven- 
ción de las gacetas y periódicos. Las damas de la aris- 
tocracia hacían muchas veces parar sus coches delan- 
te de las tiendas de café y lo tomaban desde la puerte- 
cilla en tazas de plata. 

El éxito alcanzado por Esteban de Alepo y Proco- 










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pió, cuyo café era frecuentado por V'oltaire, Pirón, 
Fontenelle, Saint-Foix, etc., etc., quienes juzgaban allí 
las obras nuevas de literatura, decidieron a algunos 
especuladores a abrir varios establecimientos del mis- 
mo género. El café de la Regencia, situado en la pla- 
za del palacio Real, obtuvo una gran celebridad con 
motivo de los jugadores de ajedrez que lo frecuenta- 
ban. Era tal la afluencia de los espectadores para ver 
a Juan Jacobo Rousseau, que el teniente de policía te- 
nía que mandar un centinela a la puerta del café. 

Los establecimientos donde se preparaba el café 
-8^ multiplicaban insensiblemente- Bajo el reinado de 
Luis XV, contábanse más de seiscientos; hoy día es 
inmenso y no tiende a disminuir. 

x\l principio del siglo XVHI la Arabia suminis- 
traba a la Europa todo el café que se consumía. Can- 
sados de pagar un tributo asaz fuerte para este pre- 
cioso grano, los europeos trataron de cultivar el ár- 
bol que lo produce. 

Alas dos grandes obstáculos se oponían al buen 
éxito de sus proyectos: los árabes no dejaban llevar 
los cafetos, y las tentativas que se hicieron para ha- 
cer germinar el grano de café, dieron a pensar ([ue 
los árabes lo mojaban con agua hirviente o lo hacían 
secar al horno antes de venderlo, para conservar siem- 
pre el monopolio del café. El desengaño vino cuando 
se hubo transportado el árbol mismo de Batavia. En- 
tonces se convencieron que la semilla no germina si- 
no cuando se siembra recientemente tomada del 
árbol. 

Un francés tuvo el honor de probar , el cultivo del 
café en un clima diferente al suyo; sembró en 1670 
en los alrededores de Dijon unas semillas que salie- 
ron pero no prosperaron. 

Nicolás Witsen, de Amsterdam, fué el primero que 
en 1690 trí\nsportó una bayas frescas según unos, el 



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árbol según otros, de Moca a Balavia. Este ensayo tu- 
vo el más feliz éxito. 

El Gobernador de Batavia mandó en el mismo año 
un pie de café para los invernáculos de Amstardam. 
El señor de Ressous, teniente de artilleria y aficiona- 
do a la ]x)tánica, llevó de Holanda a Francia un pie 
de café (|ue fué presentado a Luis X\' en Marly 
(1712), (le donde fué enviado al Jardín de Plantas; 
produjo ñores y frutos y no tardó en perecer. Fué en- 
tonces cuando Brancas, burgomaestre de Amsterdam, 
envió en 1714 otro pie como regalo a Luis XIV. 

Este pie, criado en el Jardín de Plantas de París 
bajo el cuidado de Jousieu, ha sido el origen de los ca- 
fetos que se cultivan en las x\ntillas y casi toda la 
América. 

Desde T8i6*unos plantíos criados de semillas del 
Jardín de Plantas, fueron confiados a Isamberi, mé- 
dico, para transportarlos a las colonias francesas ; mas 
este médico habiendo nuierto, esta primera tentativa 
no tuvo el éxito que se esperaba. 

En 1723 de Chirac, médico, confió a de Clieux, 
gentil hombre normando, un pie de café para ser 
transportado a la Martinica. La travesía fué larga y 
])eligrosia, el agua hacía falta a bordo y no se distri- 
buía sino por pequeñas raciones ; de Clieux, que com- 
prendía toda la importancia de propagar este fruto en 
las colonias de América, y quería conservar para su 
país una mera fuente de riqueza, dividió con el pe- 
queño fruto que se le había confiado, la ración de agua 
que se le daba, y tuvo la dicha de desembarcarlo en 
la Martinica, débil pero no en un estado desesperado. 

Entonces sus cuidados redoblaron, lo plantó en su 
jardín, en el lugar más favorable a su desarrollo, lo 
protegió por un seto de espinas y lo hizo guardar a la 
vista. Tuvo el primer año la satisfacción de cosechar 
dos libras de semillas. 






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Dio algunas a de la Guarigue, coronel de las mi- 
licias de la Martinica, y a varios habitantes de la is- 
la que las sembraron. 

Blondel Jouvencourt, comprobó por un auto en 
debida forma, con fecha 22 de Febrero de 1726, que 
existían en d jardín de Survilllier, en le cuartel de 
Santa María, varios pies de café, y entre otros, nue- 
ve árboles de más de veinte meses ; en el mismo auto 
constaba la existencia en la ^Martinica de doscientos 
árboles cargados de flores y frutos ; de más de dos mil 
menos adelantados, y de una cantidad de otros cuyas se- 
millas estaban solamente naciendo. El padre Labat, a 
quien de Sourvilllier envió esta certificación, refiere 
en su obra que los nueve pies mentados arriba, han 
producido en un año, cuarenta y una libras de café, 
sin contar más de mil semillas que dio a sus amigDs 
para que las sembrasen, y las que le fueron robadas. 

Los cafetos prosperaban, pues, en la Martinica y 
las cosechas eran ya algo abundantes, cuando el 7 de 
noviembre de 1727, un horrendo terremoto que duró 
muchos días y que conmovió la montaña hasta sus ci- 
mientos, hizo perecer todos los palos de cacaos, prin- 
cipal riqueza de la isla, y redujo a la mendicidad a 
más de la mitad de los habitantes. 

Esta horrible catástrofe se volvió en provecho del 
café y activó su cultivo en la Martinica. Tal fué el em- 
peño y la perseverancia de los colonos, que esta isJ- 
produjo por sí sola más del café necesario para el coix- 
sumo de toda la Francia. 

Sin el don precioso del honorable de Clieux, la co- 
lonia, desprovista de todo recurso por la ruina de las 
plantaciones de cacao, estaba completamente perdi- 
da ; y sin embargo, de Clieux, después de haber enri- 
quecido a la Martinica con este ramo de comercio, mu- 
rió pobre e ignorado a la edad de noventa y siete años 
en 1775. 

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árbol según otros, de Moca a Bata\ ia. Este ensayo tu- 
vo eimás feliz éxito. 

El Gobernador de Batavia mandó en el mismo año 
un pie de café para los invernáculos de Amstardam. ' 
El señor de Ressous, teniente de artillería y aficiona- 
do a la botánica, llevó de Holanda a Francia un pie 
de café ((ue fué presentado a Luis X\' en Marly 
(1712), de donde fué enviado al Jardín de Plantas; 
produjo ñores y frutos y no tardó en perecer. Fué en- 
tonces cuando Brancas, burgomaestre de Amsterdam, 
envió en 1714 otro pie como regalo a Luis XIV. 

Este pie, criado en el Jardín de Plantas de París 
bajo el cuidado de Jousieu, ha sido el origen de los ca- 
fetos que se cultivan en las Antillas y casi toda la 
América. 

Desde T8i6*unos plantíos criados de semillas del 
Jardín de Plantas, fueron confiados a Isamberi, mé- 
dico, para transportarlos a las colonias francesas ; mas 
este médico habiendo muerto, esta primera tentativa 
no tuvo el éxito que se esperaba. 

En 1723 de Chirac, médico, confió a de Clieux, 
gentil hombre normando, un pie de café para ser 
transportado a la Martinica. La travesía fué larga y 
peligrosa, el agua hacía falta a bordo y no se distri- 
buía sino por pequeñas raciones ; de Clieux, que com- 
prendía toda la importancia de propagar este fruto en 
las colonias de América, y quería conservar para su 
país una mera fuente de riqueza, dividió con el pe- 
queño fruto que se le había confiado, la ración de agua 
que se le daba, y tuvo la dicha de desembarcarlo en 
la Martinica, débil pero no en un estado desesperado. 

Entonces sus cuidados redoblaron, lo plantó en su 
jardín, en el lugar más favorable a su desarrollo, lo 
protegió por un seto de espinas y lo hizo guardar a la 
vista. Tuvo el primer año la satisfacción de cosechar 
dos libras de semillas. 



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Dio algunas a de la Guarigue, coronel de las mi- 
licias de la Martinica, y a varios habitantes de la is- 
la que las sembraron. 

Blondel Jouvencourt, comprobó por un auto en 
debida forma, con fecha 22 de Febrero de 1726, que 
existían en el jardín de Survilllier, en le cuartel de 
Santa María, varios pies de café, y entre otros, nue- 
ve árboles de más de veinte meses; en el mismo auto 
constaba la existebcia en la Martinica de doscientos 
árboles cargados de flores y frutos ; de más de dos mil 
menos adelantados, y de una cantidad de otros cuyas se- 
millas estaban solamente naciendo. El padre Labat, a 
quien de Sourvilllier envió esta certificación, refiere 
en su obra que los nueve pies mentados arriba, han 
producido en un año, cuarenta y una 'libras de café, 
sin contar más de mil semillas que dio a sus amigos 
para que las sembrasen, y las que le fueron robadas. 

Los cafetos prosperaban, pues, en la Martinica y 
las cosechas eran ya algo abundantes, cuando el 7 de 
noviembre de 1727, un horrendo terremoto que duró 
muchos días y que conmovió la montaña hasta sus ci- 
mientos, hizo perecer todos los palos de cacaos, prin- 
cipal riqueza de la isla, y redujo a la mendicidad a 
más de la mitad de los habitantes. 

Esta horrible catástrofe se volvió en provecho del 
café y activó su cultivo en la Martinica. Tal fué el em- 
peño y la perseverancia de los colonos, que esta isJ'^ 
produjo por si sola más del café necesario para el coix- 
sumo de toda la Francia. 

Sin el don precioso del honorable de Clieux, la co- 
lonia, desprovista de todo recurso por la ruina de las 
plantaciones de cacao, estaba completamente perdi- 
da; y sin embargo, de Clieux, después de haber enri- 
quecido a la Martinica con este ramo de comercio, mu- 
rió pobre e ignorado a la edad de noventa y siete años, 
en 1775. 

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En 1804, de Laussat, prefecto de la colonia, pro- 
yectó levantarle un monumento en el lugar mismo en 
donde había plantado el primer pie, objeto de su so- 
licitud y fuente de riqueza para la isla; este proyecto 
no fué ejecutado por haber sido tomada la Martinica 
por los ingleses en 1809. Si no se ha levantado un mo- 
numento en honor de este viajero benéfico, dice Tus- 
sac en su Flor de las Antillas, hablando de de Clienx, 
debe existir en el corazón de todoé los colonos. 

De la Martinica lleváronse algunos pies a Santo 
Domingo, Guadalupe y otras islas adyacentes. Algu- 
nos autores pretenden que el café había sido transpor- 
tado a Santo Domingo desde 171 5. 

El cultivo del café se propagó rápidamente en Gua- 
dalupe, pero hoy se ha descuidado por el de la caña 
de azúcar. 

Después de 1718 los holandeses lo cultivaban con 
buen éxito en Surianam (Giiayana Holandesa.) Un 
reo llamado Mousgues, huyó de la Guayana Francesa, 
pero deseando regresar a ella, escribió desde Surinam 
a Lamotte Aigron, teniente del rey en Cayena, que si 
le daba indulto, a pesar de las penas rigurosas a que 
se exponía si llegaba a ser descubierto, llevaría de 
Suriman semillas de café en estado de germinar. Ba- 
jo la palabra que se le dio, llegó a Cayena en 1772 tra- 
yendo consigo 460 gramos de café recientemente co- 
sechado, los entregó al comisario ordenador de la ma- 
rina, d'Albion, que lo hizo sembrar. Las siembras se 
dieron perfectamente y pronto la colonia se cubrió de 
plantaciones. 

En 1717 ó 1718 la Compañía Francesa de las In- 
dias, establecida en París, envió a la isla de Borbón 
(hoy isla de Reunión) con un capitán de buque de San 
Malo, llamado Dufougeret-Grenier, algunos pies de 
café, de Moka. 

Fueron entregados en esta isla al teniente del rey, 
Desforges-Boucher. No quedaba más que un solo pie 



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de este envío en 1720, pero produjo tanto este año 
que se sembraron 15,000 semillas [yor lo menos. Todos 
los cafetos cultivados actualmente en la isla descien- 
den de estas plantas y producen el café que en el co- 
mercio recibe el nombre de café de Borbón. 

Sólo en 1726 la isla de Borbón empezó a entre- 
gor café al comercio. Preténdese que existe una es- 
pecie de café indígena de esta isla. 

Los habitantes de Borbón, según refieren algunos 
autores, habiendo visto en un buque francés que re- 
gresaba de Moka, unas ramas de cafeto ordinario car- 
gado de hojas y de frutos, reconocieron desde luego 
que tenía en sus montañas algunos árboles entera- 
mente semejantes; fueron a buscar ramas cuva com- 
paración con lasque habían sido traídas resultó 
exacta, tanto por la hoja como por el fruto y demás 
partes del vegetal. 

El café resultó, no obstante, algo más largo, más 
menudo y algo más verde que el de Arabia. 

En la isla de Jamaica, una de las Antillas más im- 
portantes en materia de café, se atribuye a Nicolás 
Laws la introducción del cafeto, hacia el año de 1728. 

La prematura muerte de Laws, acaecida tres años 
después de la introducción de la planta, había malo- 
grado una empresa tan importante, pero el interés de 
los colonos suplió la falta del distinguido filántropo. 
En efecto, con el objeto de favorecer el desarrollo del 
cultivo del cafeto, los principales comerciantes de Ja- 
maica solicitaron del Parlamento Inglés un decreto 
que disminuyese los impuestos sobre el café de esta 
isla en la Gran Bretaña. 

Disminuido el impuesto y aumentado el consumo, . 
el cultivo del café en Jamaica fué tan lucrativo, que 
muy pronto tomó grandes proporciones. 

La introducción del cafeto en las colonias españo- 
las tuvo lugar en 1748. D. Juan Antonio Gelabert lo 
introdujo en Cuba hacia este época, aunque autores 



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hay que aseguran que en 1769 fué llevado de San 
Juan de Puerto Rico con la emigración de los coló- 

nos franceses. 

Es probable que en México se introdujera el café 
de las Antillas a fines del siglo pasado, pues según da- 
tos publicados sobre el Comercio interior y exterior 
de México, por D. Miguel Lerdo de Tejada. Citado por 
el señor Matías Romero, entre los productos exix^r- 
tados por el puerto de X'eracruz los años de 1802, 1803 
y 1805, el café figura en las proporciones de 272, 493 
y 336 quintales respectivamente- 

El café producido en aquellos años lo fué proba- 
blemente en Córdoba, que pasa por ser el primer lu- 
gar de la República donde se ha cultivado, aunque se- 
gún opinión de personas respetables, el cultivo del ca- 
feto fué introducido en Córdoba en 181 7 por D. Juan 
Antonio Gómez, quien lo propagó con sumo esmero y 
pasa por ser el introductor en México de tan produc- 

úv^. planta. 

Nosotros 'Creemos que la introducción del cafeto a 
nuestro pais es anterior al presente siglo. 

El buen precio del café de las Antillas en los prin- 
cipales mercados y la fácil producción de la planta en 
los terrenos de las cercanías de Córdoba, pudieron de- 
terminar a nuestros cultivadores a emprender su cul- 
tivo y a exportar a principios de este siglo las canti- 
dades de café que quedan apuntadas. 

Los transtornos ocasionados por la guerra de in- 
dependencia y la abolción de la esclavitud, debieron es- 
torbar el desarrollo de este cultivo que cayó en aban- 
dono hasta 181 7, época en la cual el señor Juan An- 
tonio Gómez tuvo el gran mérito de impulsarlo consi- 
derablemente- 

En efecto, en la obra antes citada se expresa que ' 
en los años que siguieron al de 1805 no se registra nin- 
guna partida de café exportada hasta 1825 y 1826 

(1) Citado por ©1 ^fiar Matías Romtero. 



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que hubo exportaciones de 33 y 20 quintales respec- 
tivamente. 

De Córdoba el cafeto se extendió a los cantones 
adyacentes, ocupando gran parte del litoral del Gdfo. 

En las costas del Pacifico el café ha tenido otro 
origen. En 1828 el ilustre Michelena trajo a su regre- 
so de Londres una pequeña cantidad de semilla dd 
de México, por D. Miguel Lerdo de Tejada, (i ) entre 
café de Moka; semilla que sembrada en terrenos (k 
su hacienda de Farota, ubicada en Ario, produjo los 
pies que más tarde se propagaron en Uruapan, el res- 
to de la zona cafetera de Michoacán, y probablemen 
te en Colima donde lo introdujo D. Ignacio Ochoa. 

El café que se cultiva en el Estado de Chiapas eí 
de origen guatemalteco, pues en 1847 ^^ señor Man* 
chinelli, de origen italiano, importó de San Pablo d * 
Guatemala algunas matas que sembró en Tuxth 
Chico. 

El cultivo del café en Oaxaca es muy reciente. A 
consecuencia del descubrimiento de los colores de ani- 
lina, la riqueza principal del Estado, la grana, sufrió 
un golpe terrible que hizo decaer su cultivo y aun 
abandonarlo. 

El señor D. Manuel Posada y posteriormente al- 
gunas otras personas se dedicaron a la industria ca- 
fetera con tan buen éxito que muy pronto olvidaron 
el desastre de la cochinilla. 

Descripción Botánica 

El cafeto es un arbusto que en el continente afri- 
cano, su patria, y en algunas partes del asiático, al- 
canza alturas de 12 y 14 metros, pero que en la zona 
cafetera de la América no pasa de 4 á 6. Los botánicos 
le han colocado en la familia de las Rubiáceas a la ca- 
beza de un grupo al que ha dado su nombre : el grupo 
de las Coff caces. 



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22 

Es planta de flores hermafroditas (ñg. i) y re- 
gulares, de receptáculo cóncavo, alojando al ovario y 
nevando en sus bordes un cáli^ gamosépalo corto, de 
cinco divisiones poco pronunciadas (acompañado co- 
munmente de una capa de materia cerosa), algunas 
veces aun nulas- Corola hipocriterimorfa o infundibu- 
lif orme, glabra o velluda en la garganta ; de limbo cor- 
tado en cuatro o cinco lóbulos torcidos en el botón. Los 
estambres (dimorfos en la coffea arábica) alternos, 
se componen de un filamento ordinariamente corto que 
se adhiere a la garganta de la corola o en el seno de 
sus divisiones y soporta una antera dorsifija (en la 
coffea arábica el conectivo está bombeado y el vér- 
tice del filamento se inserta sobre el dorso, permane- 
ciendo rígido, de modo que la antera no es oscilante) 
mtrorsa, de dos lóculos estrechos dehiscentes cerca de 
ios bordes, inclusas o exertas. 

El gineceo se comix)ne de un ovario infero ordina- 
riamente bilocular (alg^mas veces tri, pero nunca mo- 
nocular), coronado de un disco epigíneo grueso y de 
un estilo incluso o exerto, cuya extremidad se divide 
en dos ramas rectas o curvas (curvas en el C. arábica) 
cargadas de papillas estigmáticas hacia adentro; en el 
águlo interno de cada lóculo, se inserta a una altura 
variable un óvulo peltado, incompletamente anátro- 
po de microphylo dirigido abajo y hacia afuera (ro- 
deado de un obturador placentario). 

El fruto {ñgs:2 y 3 ) es una drupa oblonga o esfé- 
rica más o menos carnosa, encerrando dos núcleos 
delgados y pergaminosos, más o menos fuertes, grue- 
sos y resistentes, convexos hacia afuera y planos ha- 
cia adentro si son en número de dos- La cara plana 
presenta un surco vertical más o menos profundo que 
se ve reproducido en la semilla. La semilla se copó- 
me de. un albumen córneo de color plomo- verdoso opa- 
co, enrollado sobre sus bordes y conteniendo el inte- 
rior un embrión excéntrico, dorsal, próximo a la ba- 



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23 

se del grano ; sus cotiledones son foliáceos, elipticos y 
su radícula inferior y bastante larga. 

La semilla está rodeada de una doble envoltura 
perfectamente adherida al albumen, del cual no se di- 
ferencia al principio. Cuando el fruto ha llegado a su 
mayor grado de desarrollo se encuentra entre la ca- 
pa pergaminosa y el albumen una película sumamen- 
te tenue, esí)ejisa y casi transparente, que resulta de 
la diferenciación del tegumento externo. Suele des- 
arrollarse sólo un óvulo y entonces el grano único es 
convexo por toda la periferia y ocupa casi el centro 
del fruto, el lóculo estéril permanece rudimentario. 
El grano toma entonces el nombre de caracolillo por 
la semejanza que tiene con la concha de algunos mo- 
luscos. 

Los cafetos son arbustos glabros, de hojas opues- 
tas (fig. 3), raras veces temadas, acompañadas de 
estipulas interpeciolares (o intrapecidlares), conadas 
en vaina en una extensión variable y generalmente 
acuminadas. En su interior se encuentran papillas 
blandas o bastones glandulosos que secretan una subs- 
tancias cerosa abundante. 

Las flores, bastante grandes, blandas y olorosas 
están reunidas en la axila de las hojas, en cimas com- 
puestas de pedículas o pedicelas acompañadas de brac- 
teas o brateclolas frecuentemente conadas y rodea- 
das como las espípulas, de una substancia glotinosa. 

Existen descritas muchas especies de coffeáceas 
y muchas de ellas se cultivan ; pero la principal y más 
cultivada (la descrita primero), es sin duda la Coffea 
arábica, cuyo nombre recuerda su origen. Esta espe- 
cie ha producido un crecido número de variedades 
que se explotan en muchos lugares del mundo, siendo 
la más apreciada la variedad llamada moca, que crece 
en el Yemen y se reputa, acaso sin razón, como la de 
primera calidad en d mundo. Entre nosotros, si la tra- 
dición es verídica, se encuentran subvariedades de la 



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24 

moca, cuyo exquisito gusto no deja desmentir su 
^origen, (i) 

La variedad mirto se considera como la segun- 
da en calidad. Esta variedad se distingue de la ante- 
rior por la forma de su hoja que es más alargada y 
por la pequenez del tubo de su corola. Es la variedad 
cultivada en Java y Sumatra, abundante en las Anti- 
llas, y es probablemente la variedad que se cultiva en 
Venezuela, Centro América y la mayor parte de la 
República. En el Brasil se cultivan mucho las varie- 
dades Batard y Maragógica, que aunque son menos 
apreciadas que las anteriores tienen la ventaja de ser 
más rústicas y productivas. 

Las variedades Edem y Bastardo que cultivan en 
la isla de la Reunión, son inferiores y no tienen la 
importancia que se ha pretendido darles. 

A la especie arábica corresponden quizá algunas 
variedades silvestres que vegetan en las costas del Gol- 
fo y que se conocen vulgarmente con el nombre gené- 
rico de cafecillo, aunque algunas opiniones tienen su 
lugar en la C. Mexicanoe de D. C. Por hoy no tienen 
importancia práctica ninguna. 

Además de la C. arábica debemos mencionar las 
especies Rocemosa, Laurínea y Liberiana. 

La primera ha producido algunas variedades que 
se cultivan en el Perú. La segunda, importada de las 
costas del África en los primeros años de este siglo, 
ha dado nacimiento a una variedad muy rústica que 
hoy se cultiva en la isla de la Reunión: la variedad 
Le Roy, del nombre del capitán del buque que allí la 
introdujo. La tercera, originaria de la Liberia, es más 
robusta, menos exigente y quizá más productiva, aun- 
que las tentativas hechas para propagarla en México 
no han sido fructuosas. Creemos que es preferible me- 
jorar nuestro cultivo con las variedades que tenemos 
antes que introducir otras cuya reputación es dudosa- 

(1) Coíliima y Uruápan. 



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25 



COMPOSICIÓN química 

Con más o menos éxito, Léfebre, Bourdelin, Géo- 
ffroy, Giiindet, Robiquet, Payen y otros, han hecho 
en distinta época análisis del café que, incompletos al 
principio, se han perfeccionado sucesivamente hasta 
ponerse en nuestros días a la altura de los actuales 
conocimientos de la química analítica. 

Sería ocioso hacer una reseña de los varios aná- 
lises que del café han hecho los sabios químicos men- 
cionados; para llenar nuestro objeto sólo daremos a 
conocer los más recientes, asi como algunas de las pro- 
piedades del alcaloide que contiene. 

Según Payen lOO partes de café encierran: 

Le^mina, cafeína, etc 10.00 

Cafeína libre ..... .800 

Materia azoada 3.00 

Substanciáis grasas 13.000 

Glucosa, dteactriua y ácido vegetad 

indeterminado 15.500 

Cloroigdnato dte potasa y cafeína ... 5 . 000 

Aceite esencial concreto insolubre . . 0.001 
Esencia aromática soluble de olor 

suave 0.002 

Gdulosa 34.000 

Substancias miniefrates 6 . 697 

Agua 12.000 

100.000 

Las substancias minerales contenidas en el café 
son principalmente, potasa, sosa, cal, magnesia, óxido 
de hierro, ácidos sulfúricos, fosfórico, etc. * 

Ch. Graham, Stenhouse y Campbell han obtenido 
para la composición de las cenizas del café: 



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Potasa 55.10 54.00 1.00 0.72 0.59 

Cal 4.10 4.11 16.34 16.54 16.98 

Magnesia 8.42 8.20 3.82 3.10 5.26 

Acido fosfórico. . 10.36 11.05 10.80 11.30 10.15 

Acádb sulfúrico . . 3.62 3.49 8.66 8.37 8.87 

Acido carbónico. . 17.47 18.13 53.20 53.72 51.52 

Caoro 1.11 0.26 4.16 6.16 5.87 

Oxido de hi^iTO... 0.45 0.73 0.63 0.44 0.44 



100.63 99.97 96.06 100.18 99.68 

Según observaciones hechas por el autor, auxiHa- 
do por el señor Hilario Cuevas, en el cafetal "Unión 
Ibérica," Cuicatlán, Oaxaca, el café contiene: 

Café comercial 20.00 

Pergamiino 5 . 00 

Mucílago y agua 35 . 00 

Pulpa ' .. 40.00 



100.00 



.as diversas partes de la baya contienen: 



Cerezas frescas (maduras). . . 37.76 62.24 

Pulpa fresca 22.20 77.80 

Café beeiificiado 81.10 18.90 

Pergamino seco 86.00 14.00 



TOO partes de materia seca contienen 



Cerezos 8 . 82 1 . 65 

Pulpa 6.79 1.47 

Café 3.69 2.08 

Pergamino 1 . 16 . 48 



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27 

lOO partes de materia natural contienen : 

Ceres^as 1.44 0.62 

Puflpa .■ 1.50 0.32 

Café 2.99 1.68 

Pergamino 0.92 0.38 

Ceaizis ea 

ComposkiÓB 388 kiloframos 

centesimal de las Cenizas en it bayas «ne «Ua 

cenizas de las 100 kilograiMs 100 IdlcgraaMs 

ba;as enteras. dejiajras. ée café. 



Acido fosfórico 7.11 0'«1024 0»«3974 

Acido sulfúrico 2.96 O 0426 O 1652 

Cloro 1.30 O 0187 O 0728 

Cal 867 O 1249 O 4846 

Magnesia 6.25 O 0900 O 3492 

Potasa : 51.40 O 7402 2 8720 

Sosa 1.86 O 0268 O 1040 

Oxido de hierro 0.70 O 0101 O 0389 

Sílice y arena (?) 1.19 O 0171 O 0663 

Acido earbónico 18.56 O 2672 1 0368 

Materia mineral 14400 5 5872 

Ázoe O 6200 2 3756 

El cuadro siguiente representa: 

I." Los elementos contenidos en 3,880 kilogramos 
de bayas enteras.. 

2.° Los elementos exportados en i,0(X) kilobramos 
de café comercial. 

1,000 kilopa- QiedarM ea la 

3,880 kilos de mos de café co- nipa y perga- 

bayas * iMrcial mino. 

Acido fosfórico 8'«-974 2^-897 l'«077 

Acido sulfúrico 1 652 O 490 1 162 

Cloro O 728 O 212 O 516 

Cal 4 846 1 486 3 360 

Magnesia 3 492 2 599 1 193 

Potasa 28 720 14 441 14 279 

Ázoe : 23 856 16 800 7 029 



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28 



Se ve, pues, que el cafeto es una planta que parti- 
cularmente consume potasa, ázoe y ácido fosfórico, 
noción importante desde el punto de vista del empleo 
de los abonos. 



El café debe sus propiedades en gran parte a la 
cafeína, substancia descubierta por Runge en 1820, e 
identificada con la teína en 1838 por Jobst y Mulder. 
La cafeina puede obtenerse agotando el café por el 
agua caliente que la disuelve con pequeñas cantidades 
de ácido málico y malatos ácidos. Se precipita el ácido 
málico y los malatos por el acetato de plomo, y des- 
pués de filtrado el liquido, se elimina el exceso de 
acetato por el hidrógeno sulfurado. Después de una 
concentración se obtiene la cafeina al estado de agujas. 
(M. Robiquet y Boutron.) 

La cafeina puede purificarse por cristalizaciones 
en el éter. 

El café contiene de 2 a 5 por ciento de cafeina 
combinada con la potasa y el ácido cloroginico. 

Puede asimismo obtenerse la cafeina saturando 
los ácidos libres en una infusión por el carbonato de 
sosa, y precipitando el licor por una infusión de nuez de 
agalla. Se deposita tanato de cafeina que se deseca, 
se mezcla con cal triturada, y se agota por el alcohol 
El líquido alcohólico se destila y el residuo se purifica 
por cristalizaciones en el éter. 

Por sublimación puede también obtenerse la cafe- 
ina, aunque según Heynsius, este método es defectuo- 
so porque una parte de la cafeina se destruye por el 
calor. 

La cafeina ( C H^° AZ* O* ) cristaliza de su 
solución actiosa en agujas finas y sedosas con 8.4 por 
T(30 o una molécula de agua de cristalización que pier- 
de a T ^o". Su sabor es ligeramente amargo, se funde 
a ^yS'' y se sublima a 185°. La cefeina ea soluble en 



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29 

frío en el agua y en el alcohol; es menos soluble en 
el éter. Cristalizada en el alcohol o en el éter es anhi- 
dra. Su densidad es de 1.23 á 19° C. 

Solubilidad de la cafeina según Comaille. 

ENTRE 15* Y 17* * A U EBOLUOON 

AgJádra. HidraUda. AiMra. Hidratada 

Cloroformo ,, 12.97 „ 19.02 

Alcohola859 2.51 2.30 

Agua 1.47 1.35 49 73 45.55 

Alcohol absoluto «, 0.61 ,, 3.12 

Éter „ 0,0437 „ 36 

Sulfurode carbono ,, 0.0385 ,, 0.454 

Esencia de petróleo ,, 0.025 ,, ,, 

Según Strecker se funde entre los 234" y 235". 

Por la acción de»l calor la cafeina desprende metyla- 
mina cuando está en presencia de un ácido orgánico 
capaz de suministrar hidrógeno (Payen, Personne), o 
cuando se la hace hervir con potasa (Wurtz), o con 
hidrato de barita (Strecker).' En este último caso se 
forma un nuevo álcali, la cafeidina ( C H^^ AZ*0 ). 

En presencia del ácido azótico hirviendo despren- 
de vapores nitrosos y produce un liquido amarillento, 
que toma un tinte púrpura si se le agrega una peque- 
ña cantidad de amoniaco. 

El cloro obrando sobre la cafeina produce com- 
puestos homólogos a los que produce el ácido úrico 
ña cantidad de amoniaco. 

Cuando la proporción del cloro nó es considerable, 

los compuestos principales son el ácido amálico (te- 

trametylaloxantina) CG^' H^^ ^74 qt^^ metylamina, 

el cloruro de cianógeno y la clorocafeina (<C^ H® Cl 

AZ* O' ). 



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30 

Calentada con ácido clorhidrico y una solución de 
clorato de potasio produce la aioxana o un compuesto 
análogo que colora la piel en rojo. 

La cafeina se distingue de la morfina, la piperina, 
la quinina y la cinconina, en que calentada con cal 
sodada desprende amoniaco y deja una mezcla de car- 
bonato potásico, carbonato sódico y cianuro de so- 
dium. 

Además de la cafeina se encuentran en el café 
otros cuerpos especiales, como son el ácido cafeico y 
el ácido cafetánico o cloroginico, ambos descubiertos 
y descritos por Pfaff en 1868, y estudiados posterior- 
mente por Rochleder y Hlasiwetz. 

El ácido cafetánico existe en el café combinado 
con la potasa y con la cafeina, formando parte del ca- 
fetanato o cloroginato de potasa y cafeina. 

Al efectuar la torrefacción del café para la pre- 
paración de la bebida ordinaria, se produce un gran 
número de cuerpos que no han sido aún perfectamen- 
te examinados. El más interesante es sin duda el prin- 
cipio aromático que ha recibido el nombre de cafeona. 

Boutron y Fremy aconsejan el método siguiente 
para obtener la cafeona: Se destila una cantidad su- 
ficientemente de agua en presencia de 3 ó 4 kilogra- 
mos de café torrificado; se obtiene un liquido aromá- 
tico que agitado con el éter cede a éste un aceite mo- 
reno más pesado que el agua en la cual es poco solu- 
ble. Este aceite es la cafeona. 



Clima 



j. 



El café nec.esita para su perfecto desarrollo un 
clima caliente y húmedo. Nativo de las regiones ar- 
dientes del África, este arbusto sólo puede desarro- 
llarse en aquellos lugares cuya temperatura es sufi- 
cientemente elevada para conservar el calor, que es 
indispensable a sus funciones vegetativas. 



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31 

La acción de la temperatura sobre la vegetación 
es conocida. El calor determina la evolución de los 
gérmenes poniendo en juego su energía vital, entre 
ciertos limites, y en relación con el grado de humedad 
favorece la floración y la fructificación ; pero para que 
la influencia de esos elementos sea eficaz es necesario 
que se mantenga en limites precisos. 

Así, una temperatura elevada favorece la absor- 
ción por las raíces ; la transpiración por la hojas, ase- 
gura y acelera la floración, la fecundación y la madu- 
ración de los frutos. 

Por el contrario, una temperatura fría produce 
resultados opuestos, disminuye las funciones de todos 
y cada uno de los órganos, entorpece y aun suspen- 
de la vegetación. 

Además, una temperatura elevada puede tener dis- 
tintas influencias sobre la vegetación; cuando va 
acompañada de una sequía considerable del sudo y la 
atmósfera, ocasiona desde luego un estado de mar- 
chitamiento en las partes verdes de los vegetales, por- 
que provoca en la superficie de todos los órganos una 
rápida evaporación que las raíces no pueden contra- 
balancear con una también rápida absorción : después, 
si las mismas condiciones permanecen, si el calor es 
aún considerable, las hojas caen, se detienen las fun- 
ciones del vegetal y muy pronto entra en estado de 
languidez y se deseca poco a poco. Las partes exte- 
riores del tallo (el líber particularmente), sitio de re- 
sidencia de la vida vegetal, se secan después y el ár- 
bol muere. 

Cuando a una temperatura elevada se reúne ie- 
lizmente una humedad relativa, se observan efectos 
extraordinarios. Las funciones todas del vegetal son 
más rápidas, la nutrición más segura, pero el vegetal 
se cubre de hojas y se torna exuberante, al grado de 
entorpecer y aun impedir la floración y por inmediata 
consecuencia la fructificación. 






32 

No son, sin embargo, tan funestos como debieran 
los efectos de una elevada temperatura, porque acti- 
vándose la circulación de los líquidos nutritivos, éstos,- 
proviniendo del suelo que conserva siempre una tem- 
peratura inferior a la de la atmósfera, disminuyen 
por la suya la acción del calor sobre las partes verdes- 

La naturaleza del terreno y la profundidad de las 
raíces tienen también cierta influencia propia para 
contrarrestar la acción del calor. 

Los vegetales cuyas raices penetran a mayores 
profundidades en el seno de la tierra sufren menos 
con un calor excesivo, por razón de que en el estío 
la temperatura es tanto más baja cuanto mayor sea 
la profundidad a que se observe. 

Los terrenos de naturaleza caliza, de color claro, 
siendo poco absorbentes del calor, harán disminuir la 
acción funesta de éste, en tanto que las arenas silizo- 
sas y las tierras negras favorecerán la acción de una 
temperatura elevada. 

Debe fijarse mucho la atención en el efecto del 
frío, pues opera la muerte de las yemas floríferas des- 
arrolladas, cuando sobreviene una helada intensa en 
los primeros días de la primavera o los últimos del 
invierno. 

Sin embargo, la influencia de los grandes fríos no 
es igual en todos los vegetales. 

Las plantas abundantes en líquidos nutritivos son 
más enérgicamente atacadas por el frío, pues como 
hemos dicho antes, no es en las partes leñosas sobre 
las que obra la temperatura sino sobre los líquidos 
contenidos en los vasos. 

Por otra parte, en igualdad de circunstancias, es 
más notable la acción del frío sobre los vegetales cu- 
ya savia es más fluida que en aquellos en que es más 
densa. 

En efecto, experimentos de Blagden demuestran 
que los líquidos viscosos, tales como la savia, se con- 



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33 

gelan a temperaturas menos elevadas que el agua pu- 
ra, y son, además conocidos los experimentos, que de- 
muestran (jue los líquidos se congelan difícilmente 
•cuando están encerrados en tejidos capilares. 

La influencia de los fríos intensos es por lo co- 
mún nociva a los vegetales; otro tanto puede decirse 
de los calores excesivos. 

La planta que nos ocupa es una de las que requie- 
ren más calor para su desarrollo. Comunmente se 
asigna como indispensable para su completa vegeta- 
ción una temperatura media de 22° á 2ff C. 

Hay que advertir que la temperatura media de 
una localidad no da por sí indicaciones precisas respec- 
to a su clima, pues es sabido que los lugares que tie- 
nen una temperatura media igual a la indicada pue- 
den tener, no obstante, temperaturas extremas nota- 
blemente diferentes. 

Las líneas isotermas señaladas por Humboldt y 
otros observadores, y marcadas en las cartas climato- 
lógicas, no refiriéndose sino a la temperatura media 
de los lugares, no han bastado, por lo que llevamos 
dicho, para las necesidades agrícolas y climatológicas, 
y es para dar nociones de más valor por lo que se 
han indicado después las líneas isóteras e isoquímenas. ' 

Las indicaciones de temperatura de verdadera uti- 
lidad en nuestro caso y en la mayoría de los que se 
refieren a estudios agronómicos, son la temperatu- 
ra máxima y mínima, pues como hemos indicado an- 
tes, es preciso averiguar si las temperaturas extre- 
mas son soportadas por el vegetal que se trata de cul- 
tivar. 

El. cafeto, que puede resistir a los grandes calo- 
res sin sufrir perjuicios notables, es extraordinaria- 
mente sensible al frío, y debe por esto tenerse en cuen- 
ta que la temperatura mínima de la localidad no ex- 

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34 

ceda de ciertos límites: 12° son todavía soportables al 
cafeto, y es la temperatura que se asigna como mí- 
nima. 

Ahora bien, cuando se trate de establecer una ex- 
plotación agrícola, es difícil hacer determinaciones 
termométricas que requieren observaciones minucio- 
sas y continuadas para ser aprovechables- 

Circimstancias hay que influyen de una manera 
cierta sobre la temperatura y que, fáciles de conocer, 
conducen al conocimiento de a([uella con bastante 
aproximación. 

Las principales circunstancias que determinan la 
temperatura de un lugar, son las siguientes: 

La latitud. Por la posición que ocupa nuestro pla- 
neta con relación al sol, la cantidad de calor que de 
él recibe, y que es por otra parte el calor utilizable 
por las plantas, está muy desigualmente repartido. 

Las regiones colocadas en el ecuador son las que 
reciben el máximo de calor, y las especies que en ella 
vegetan son las que tienen necesidad de mayor can- 
tidad de él para verificar sus funciones, en tanto que 
en las cercanas a los polos, que reciben poco del calor 
solar, la vegetación es raquítica, pobre de más en más, 
y por último imposible. 

Entre estos extremos están todos los lugares ^1- 
ya temperatura es propicia a todas las especies vege- 
tales; a medida que con la latitud se asciende del ecua- 
dor a los polos la temperatura disminuye y la vege- 
tación varía. 

El cafeto no se desarrolla pasadas ciertas lati- 
tudes ; en el ecuador, el calor excesivo lo perjudica en 
su producción, y su cultivo no produce buenos resul- 
tados; más allá de los trópicos su cultivo es general- 
mente imposible, el vegetal no encuentra ya el calor 
que le es necesario. 

Entre los 4 y 20 grados de latitud Norte y Sur se 
encuentran Jas zonas productoras del café. 



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35 

La altitud. — Si la superficie del globo fuera per- 
fectamente unida, el conocimiento de la latitud sería 
suficiente para marcar los lugares propios al cultivo 
del café; pero aparte de la latitud la altitud tiene gran 
influencia sobre la temperatura. Mientras más eleva- 
da es una localidad es más fría. 

Ascendiendo en las altas montañas se observa el 
mismo decrecimiento de temperatura que viajando del 
ecuador a los polos, y a considerables alturas se en- 
cuentra una región donde las nieves son perpetuas 
aun bajo el ecuador. 

En los países tropicales pueden por esta circunstan- 
cia encontrarse los vegetales de todos los climas: en 
la cercanía de los mares, a poca altura sobre su ni- 
vel, la vegetación es por lo común de la zona tórrida, 
el calor así como la humedad son considerables, pero a 
medida que aumenta la altitud, la vegetación varía; se 
encuentran primero las especies vegetables de la zona 
templada, después las de las tierras frías, y por últi- 
mo, y a muy considerable altura, sólo puede verse la 
vegetación de las regiones polares, vegetales de la 
Groenlandia y la Laponia. 

Nuestro país por su configuración está felizmen- 
te dotado de una variedad de cHmas que le permite a 
la tierra producir frutos de todas las regiones del 
mundo. 

La parte Norte de laRepública, colocada liiás allá 
del trópico, es templada, y en ella se obtienen todos 
los productos de la tierra templada. 

La parte Sur, colocada entre los 14° 30' y los 2:^" 
30' de latitud Norte, es caliente. 

La Sierra Madre, limitando la Mesa Central, for- 
ma en las cercanías de las costas escalones de más o 
menos extensión, que colocados a muy variadas alti- 
tudes, gozan extraña variedad en sus producci )nes. 



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36 

Así, pueden observarse los productos tropicales 
hasta la altura de 1,550 metros, a la cual d plátano 
ya no íruciihca. 

En tanto que en la Mesa Ceniral se recogen en 
abundancia los ile las tierras templadas, y en la parte 
Norte de la República "la vid es capaz de producir 
excelentes vinos-" 

Las condiciones de latitud y altitud ra-zonablemen- 
te combinadas, determinan con más acierto los luga- 
res propios al cultivo del cafeto. En la amplia zona de 
latitud, marcada como indispensable al cultivo de es- 
ta planta, hay lugares que son más propias que otros 
a su cultivo, y para darse cuenta de ello preciso es 
tener en vista la altitud de ellos. ' 

No todos los lugares comprendidos en la zona tó- 
rrida son propios para el desarrollo del café. 

Las regiones bajas, en las cercanías de las cos- 
tas, son a veces propias para su cultivo cuando el ca- 
lor no es excesivo. 

En las alturas superiores a 1,000 metros, si se lo- 
gra el desarrollo del cafeto, no produce bastante para 
que su cultivo deba emprenderse. ( i ) 

Entre estos límites está colocada la zona produc- 
tora del café, marcándose como la más conveniente 
la altitud de 800 á 900 metros. Parece que en estas al- 
titudes se obtiene la mayor producción, disminuyen- 
do ésta a medida que se aleja uno de aquélla. 

El cantón de Córdoba, conocido como uno de los 
más productores de café, está colocado próximamen- 
te entre 800 á 900 metros sobre el nivel del mar. 

La exposición es también causa determinante pa- 
ra la temperatura de una localidad. En el hemisferio 
boreal la exposición al Sur es la más cálida. Cuando 
se quiera aprovechar gran cantidad de calor, como en 

(1) Hay, sin emibargo, muchos luigiares productores a más d-e 
i 000 metros. 



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37 

ntiestro caso, debe procurarse en lo posible adquirir 
una exposición al Sur: puede suceder que semejan- 
te exposición en los climas muy cálidos moleste un 
tanto al cafeto, y en ese caso es mejor aún buscarla 
al Este; pero téngase cuidado de evitar siempre la 
Norte que es, en el invierno sobre todo, perjudicial al 

cafeto. 

Hemos dado una idea general de las condiciones 
de temperatura requerida para el buen desarrollo del 
cafeto. Tratándose del clima, es de la mayor impor- 
tancia el conocimiento de tales condiciones bin descui- 
dar, para la planta que nos ocupa, el estudio del es- 
tado higrométrico del aire. 

Se encuentra siempre en la atmósfera más o me- 
nos cantidad de agua en el estado de vapor, la cual 
según experiencias de Bousingault, absorben una par- 
te las hojas, ayudando así a la función de las raíces 
y por consiguiente contribuyendo a reparar las pér- 
didas que se tienen por la transpiración. 

Si el agua de la atmósfera es benéfica dentro de 
ciertos limites, no pasa lo mismo cuando hay un ex- 
ceso de humedad, pues entonces se producen inconve- 
nientes en la vegetación. Así, cuando sobreviene un 
abatimiento de temperatura, los vapores se condensan 
bajo la forma de neblina, y si el fenómeno se repite 
varios días consecutivos, en la época de la floración 
abortan muchos frutos, ocasionando esto una diminu- 
ción en el producto. Cuando el abatimiento de tempe- 
ratura es considerable, puede congelarse el agua at- 
mosférica y entonces los perjuicios son de mayor con- 
sideración. 

Fuera de estos inconvenientes, que por otra narte 
no son tan temibles en la zona de acción marcada al 
cultivador de café, la humedad es benéfica y aun ip 
dispensable para obtener los mejores productos. 

En efecto, y^. hemos indicado anteriormente el pa- 
pel de la humedad en los climas cálidos; sin ella i'os 



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rayos ardientes del sol tropical no sólo no serían be- 
néficos sino que impedirían la vegetación- 

Aparte de la evaporación, grande en ciertos luga- 
res, las lluvias son las encargadas de conservar la hu- 
medad benéfica. 

Como la temperatura, y quizá más que ella, la can- 
tidad y la frecuencia de las lluvias varían con un gran 
número de causas; lugares hay que apenas regados 
por una lluvia escasa tienen por sola fuente de hu- 
medad la evaporación constante de las superficies lí- 
quidas o la acción benéfica de los derrames fluviales; 
de tiempo inmemorial se viene hablando de la acción 
bonancible de las aguas del Nilo sobre los terrenos del 
Egipto, que sin ellas sería la continuación del cerca- 
no desierto. 

En la zona tropical las precipitaciones pluviales 
dependen primeramente de la traslación del sol. Pa- 
sando por el zenit provoca una corriente ascendente 
de aire, c|ue causando movimientos atmosféricos, po- 
nen en relación las bajas con las altas latitudes para 
equilibrar sus diversos grados de temperatura. 

Las regiones que más directamente reciben la ac- 
ci<')n del sol y son las más cálidas, reciben la acción de 
los alisios del Norte y del Sur, mientras que en las 
capas superiores el movimiento de los contra alisios 
pone en comunicación las partes cálidas con las más 
frías. 

La corriente ascensional ocasionada por el paso 
del sol por el zenit, produce sobre la superficie de los 
mares una zona de calma, y en la superficie de los con- 
tinentes una zona en la cual el calentamiento lleg.-? a 
su máximo con una mínima i)resión atmosférica. 

Ahora bien, en la zona limitada por los trópicos, 
zona aparentemente recorrida por el sol, el paso de 
éste por el zenit y los movimientos periódicos de las 
capas aéreas, determinan la periodicidad de las lluvias. 



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39 

Las épocas de las lluvias bajo los trópicos varían 
con el centro de aspiración que al separarse del ecua- 
dor sigue el movimiento solsticial. Los alisios al en- 
contrar la corriente ascensional de la zona de aspira- 
ción ascienden a las altas regiones descargando los 
vapores acuosos de que van cargados a su paso por 
el ecuador. 

La época de la lluvia está en relación con la lati- 
tud ; es más larga en los lugares colocados más cerca 
del ecuador, y corta en los más próximos a los tró- 
picos. 

Las montañas, siendo como son las partes más 
frías de los continentes, tienen considerable acción en 
la precipitación pluvial, porque su altitud permite a 
las capas atmosféricas calientes y húmedas ponerse 
en contacto con otras de distinta tensión facilitando la 
condensación de los vapores. 

Según Dove, la condensación provoca corrientes 
laterales que se apoderan de los vapores acuosos, re- 
sultando de allí una formación viva de humedad en el 
lugar de producción, al mismo tiempo que una sequía 
en el lugar de precipitación. 

La presencia de los bosques favorece también las 
precipitaciones. 

Grisebach cree que los bosques obran sobre las 
corrientes cálidas enfriándolas, pues la transpiración 
de las hojas produce un enfriamiento considerable, 
que unido al enfriamiento del suelo, el cual no iniede 
por la abundancia del follaje recibir los rayos del sol, 
determinan el enfriamiento de las corrientes aéreas 
de elevada temperatura, y por consiguiente la conden- 
sación de sus vapores. 

La acción de los bosques está perfectamente de- 
mostrada con las perturl3aciones observadas en las 
épocas de las lluvias, en todos los lugares que como la 
India y el Brasil han sido objeto de violentas devas- 
taciones en sus bosques. 



40 

En la Repiil)licci Mexicana de nuichos años há se 
vienen cometiendo orandes alísurdos con los desprde- 
nados desmontes, (jue tarde o temprano harán variar 
en mucho las épocas y cantidad de las lluvias. 

El cafeto para su huen desarrollo necesita ahun- 
dancia de humedad, pero por lo íjue llevamos dicho 
se comprende que un exceso de ella le perjudicaría so- 
bremanera. 

E. C. l\ ííull, reñriéndose a las condiciones de 
humedad necesaria al cafeto en la india del Sur y 
Ceylan, considera como suficiente una cantidad de llu- 
via de 2m.54 ( loo luches), distribuida en los doce 
meses del año. 

Gran falta hacen observaciones que pudieran fi- 
jar de una manera exacta la cantidad de humedad ne- 
cesaria al cafeto, por lo que nos limitamos a indicar 
que en la mayoría de los lu-ares que reúnen las 
condiciones de latitud, altitud y exposición que quedan 
arriba dichas, son generalmente abundantes las lluvias. 

En resumen, el cafeto se desarrolla en los climas 
calientes y húmedos, aunque no de excesiva humedad. 

La razón de su producción está comprendida en- 
tre los 4" y 22" de latitud, y entre los 500 y 1,500 me- 
tros de altitud, debiendo preferirse la exposición al 
bur o al Oriente. 

Terreno 

Para el agricultor nada hay más importante que 
el conocimiento del terreno que va a ser objeto de su 
exp otacion ; en su interés de producir lo más posible 
vuelve sus esfuerzos a los agentes de vegetación, que 
piados por el prodticen las cosechas. Ahora bien de 
los agentes de vegetación sólo está a nuestro alcance 
el suelo, el terreno, la máquina productora: en cuan« 
to a los agentes climatológicos, queda dicho que el 
agricultor solo puede eligirlos en algunos casos, pero 



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casi no le es permitido influir sobre ellos para modi- 
ficarlos en su favor. Nada puede hacer para acrecen- 
tar las lluvias, nada para impedir las heladas, en una 
palabra, a la altura de nuestros conocimientos el hom- 
bre es absolutamente impotente para modificar las con- 
diciones atmosféricas, (i) 

El papel agronómico del suelo no se reduce, como 
se creyó por mucho tiempo, a servir de soporte a las 
plantas; averiguada la función absorbente de las raí- 
ces, fácil es comprender que los jugos que sirven pa- 
ra la elaboración de las materias vegetales son absor- 
bidos de la tierra. Todos los vegetales toman en su ma- 
yor parte los alimentos que necesitan de la capa de 
tierra que envuelve sus raíces, y siendo como son las 
mismas substancias las que deben absorber las plan- 
tas todas para su nutrición, la composición química 
de los terrenos cultivables es, por lo general, cualita- 
tivamente -la misma. 

Sin embargo, la gran variedad que puede obser^ 
varse en la composición cuantitativa de la tierra, va- 
riedad verdaderamente infinita, hace que agrupados 
los diferentes componentes en distintas proporciones 
den al terreno caracteres especiales, que lo hacen más 
o menos propio para tal o ctial cultivo. 

Los componentes todos de las tierras se encuen- 
tran por lo común reunidos bajo cuatro cuerpos prin- 
cipales, que han recibido el nombre de elementos agro- 
nómicos: la arcilla, la arena, la caliza y el humus. Ca- 
da uno de estos elementos tiene su influencia distinta 
sobre las propiedades físicas de las tierras y sobre los 
vegetales mismos, de manera que no siendo todos 
Igualmente propicios para el desarrollo de cada una 
de las plantas, cuando se trate de elegir terreno apro- 
piado para el cultivo de una planta determinada, ade- 

c:*» híiKll^'^''^^ 'f^""* \^ producción artificial de las lluvias 
se han hecho ultimamiente en los Estacfos Unidos, pero hasta ahora 
nada positivo na práctico se lia conseguido 






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42 

más de la coniposición (juiínica de (jue hablaremos 
después, debe entrar en mucho el conocimiento de las 
proporciones de los elementos agronómicos. 
. Las propiedades de tales elementos son en cierto 
modo comunicadas al terreno de que forman parte, de 
tal manera, que puestos en tas convenientes propor- 
ciones constituyen un terreno en el cual estas distin- 
tas propiedades están como equilibradas, es decir, en 
un estado propio para el buen desarrollo de las plan- 
tas. Un terreno de semejante naturaleza no está en 
las manos de todos, muy al contrario, contadas y muy 
contadas son las partes del mundo donde pueden en- 
contrarse terrenos de tal manera constituidos; el ca- 
so general, el más común, es que se tropiece con terre- 
nos menos apropiados, y entonces lo conveniente y ne- 
cesario al agricultor es elegir entre aqttéllos aquel que 
más ventajas presente. 

Semejante elección debe ser el resultado de un es- 
tudio atento de las exigencias de la planta y de las 
propiedades del terreno, nos obliga a entrar en algu- 
nas consideraciones respecto de unas y de otras. 

El cafeto, como todos los vegetales necesita ia pre- 
sencia en el suelo, que le sirve de apoyo y de receptáculo, 
de los compuestos químicos indispensables para el sos- 
tenimiento de la vida vegetal, pero exigiendo particu- 
larmente ese arbusto ácido forsfórico, potasa y ázoe, 
se comprende que tratándose de la elección de terre- 
no deberá acordarse la preferencia a aquel que, apar- 
te de otras circunstancias que vamos a enumerar, 
contenga en abundancia el ácido fosfórico, la potasa 
V el ázoe. 

El análisis químico es un guía que con seí^uri- 
dad nos conduce al conocimiento de las proporciones 
en que se enctientran estas stibstancias, y será para 
nuestras investigaciones un auxiliar de importancia- 
En efecto, el análisis químico dando a conocer la pro- 
porción de ácido fosfórico, potasa y ázoe, facilitará 



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y aun decidirá la elección en un gran número de casos. 
Sin embargo, como que un análisis de esta naturale- 
za requiere tiempo y conocimientos especiales que no 
están al alcance de todos los cultivadores, conviene 
indicar las condiciones que desde luego debe reunir 
un terreno para el cultivo que nos ocupa. 

La tierra, debiendo ofrecer a las raíces paso fá- 
cil, debe ser muelle, gozando no obstante de la sufi- 
ciente tenacidad para sostener al vegetal asegurándo- 
le la estabilidad necesaria para resistir las acciones 
jnecánicas naturales. El aire y el agua, indispensables 
a todos los vegetales, deben penetrar hasta ponerse en 
contacto con las raíces, lo que exige que el terreno ten- 
ga una porosidad suficiente al mismo tiempo que un 
buen estado de humedad. 

El terreno útil, la capa arable, debe de ser profun- 
do, pues la raíz del cafeto penetra considerablemente. 

Las tierras que mejor satisfacen estas condiciones 
son las arcillo-arenosas y las arciUo-fcrruginosas. Las 
arcillo-arenosas son comunmente fértiles y no tienen 
necesidad de mejoradores, porqtie los elementos terro- 
sos, arena, arcilla y caliza, se encuentran en propor- 
ciones casi iguales. 

En Arabia las tierras arcillo-arenosas son las pre- 
feridas; citaremos en comprobación de esto lo que 
dice Lepelletier respecto de las tierras del Yemen: 

*'Los árabes cultivan el café en diferentes espe- 
cies de tierras, pero la qtie con preferencia escogen es 
arcillosa mezclada con arena o bien humus o restos 
volcánicos. En ciertas partes del Yemen se prefiere la 
que contiene pequeñas rocas o cascajos. Algunos ára- 
bes aseguran que el café vegeta con más esplendor y 
es de donde sale la mejor calidad ; mas no todos son de 
la misma opinión, y si no despojan a la tierra del cas- 
cajo es porque están persuadidos de que no hace nin- 
gún mal.'' 



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44 

Las arcillo-ferruginosas 'encierran cantidades 
considerables de óxido de ñerro. Tienen un color ro- 
jizo nei;rnzc() o amarillento, según que el óxido se en- 
cuentre al estado anhidro o al estado hidratado. 

L(»s terrenos amarillentos que contienen óxido de 
hierro al estado de hidrato son absolutamente impro- 
pios para los cultivos, prestándose más bien a la con- 
fección de ladrillos. No sucede lo mismo con las tie- 
rras negras o rojas que contienen el óxido anhidro; es- 
tas son propias para cultivos y el café se desarrolla 
perfectamente en ellas. En la zona cafetera de la 
República del Brasil las tierras rojizas y negro-roji- 
zas se consideran como las más aptas para el cultivo 
del cafeto. Según Van Delden Laerne, los cultivadores 
de este país clasifican las tierras para cafe de natu- 
raleza arcillo-ferruginosa como sigue: 

Terra vcrmdha (de origen granítico). Arcillo- 
ferruginosa de color obscuro, conteniendo una canti- 
dad de fierro considerable. 

Terra massapé (de origen granítico). Arcillo- 
ferruginosa de color rojo o cobrizo, conteniendo me- 
nos fierro pero más arcilla, potasa y cuarzo arenáceo. 
^Terra ro.va. Arcillo-ferruginosa de color vivo, 
rica en fierro y potasa, ])roducida por la descomposi- 
ción de la diorita, abundante en feldespato y anfíbola. 
Distinguen además la Terra salniorao, variedad 
de la massapé, de la que se diferencia en que está 
mezclada con abundantes fragmentos de cuarzo. 

Los cultivadores consideran la l^erra rosa como 
eminentemente propia para el cafeto, colocando en 
seguida la salmorao, que por su ligereza se presta pa- 
ra los trabajos. 

Durante las prácticas agrícolas que bajo la di- 
rección del señor ingeniero agrónomo fosé C. Segu- 
ra hemos hecho en el cantónale Córdoba, se noslia 
presentado la oporttinidad de ver las tierras que se 
prefieren en esa localidad para el cafeto. Estas tierras 



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45 

tienen una cantidad notable dé alúmina, son ricas en 
óxido de fierro anhidro, y según el análisis que de 
ellas hemos hecho tienen notable semejanza con la-s 
del Brasil. 

Por lo que llevamos dicho se comprende que, co- 
mo lo ha consignado la práctica, las tierras arcillo- 
arenosas y las arcillo-ferruginosas son las que deben 
preferirse para el cultivo del cafeto. 

No debe perderse de vista, sin embargo, que las 
tierras sumamente arcillosas son difíciles de trabajar, 
poco permeables y frecuentemente muy secas; así es 
que, cuando sea posible, deben buscarse aquellas tie- 
rras que, siendo arcillosas o arcillo-ferruginosas con- 
tengan no obstante humus en cantidad suficiente pa- 
ra contrarrestar los efectos de la arcilla. 

Son por esta circunstancia- los terrenos nuevos, 
cubiertos de bosques, muy buenos para emprender es- 
te cultivo, pues a menudo contienen considerable can- 
tidad de humus y detritus orgánicos. 

Respecto a este último punto, los terrenos del Bra- 
sil no son de los mejor dotados, pues les faltan a me- 
nudo materias azoadas. 

No será inútil repetir que la profundidad del te- 
rreno es condición indispensable, pues la raíz princi- 
pal de la planta profundiza demasiado y es necesario 
no detenerla en su desarrollo, pues de hacerlo debe 
contarse con una pérdida de consideración. 

Damos a continuación el resultado del análisis de 
una tierra del Brasil salmorao, hecho por el señor 
Adolfo Barbalho Uchoa Cabalcanti en el Instituto 
Agronómico de Sao Paolo y el de una muestra de tie- 
rra de la finca denominada de "San ^Marcial" en las 
cercanías de Córdoba. 



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40 

YVrra Salmorao. — Análisis mecánico 

Guijarros 4-76 

Tierra ñna 95 . 24 

100.00 

Análisis físico 

Peso especifico absoluto 2.350 

Peso especifico relativo 1.264. 

Agua (en SO4 H2) 0.521 

Agua a i2o' 1.070 

Materias volátiles por combustión 4.833 

Análisis físico-químico 

(En 100 partes de tierra) 

Arcilla 37.950 

^^f"^ 55.845 

<^aliza 0.303 

Partes volátiles 5 -902 

100.000 

Análisis químico 

(100 partes tierra secada a 120°) 

Residuo insoluble 94.714 

Sales solubles 5.286 

100.000 



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47 

Oxido de hierro í.547 

Alúmina í • í 65 

Cal o . 1 70 

Magnesia o. 118 

Potasa 0.034 

Sosa o . 047 

Acido fosfórico. . ... 0.065 

Acido sulfúrico 0.003 

Ázoe (Kjeldahl) . . . . . . .. ... 0.144 

3 • 293 



Tierra de ''San Marcial," (Córdoba). 
Análisis mecánico 

Gs. 

Guijarros y detritus orgánicos 0.810 
Tierra fina 499.190 

500 . 000 

Análisis químico 

Gs. 

Arcilla 51. 220 

Arena 35 . 000 

Caliza o. 150 

Agua 9.000 

Humus 4 630 

100.000 

Análisis físico-químico 

Acido fosfórico, por ciento. . 0.0665 

Potasa, por ciento 0.0738 

Oxido de fierro, por ciento. . 3.0810 



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48 



Este análisis fué hecho bajo ¡a oireccion del señor 
ingeniero José C. Segura, en el laboratorio del Institu- 
to de Córdoba, que bondadosamente puso a nuestra 
disposición el señor doctor Cutberto Peña. 



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TREPARACIOX DEL TERRENO— DISPOSI- 
CIÓN DEL PLANTÍO 

Las tierras que se destinan para el establecimiento 
de im plantio de café, tienen que ser preparadas de una 
manera conveniente para que llenen el objeto que se 
desea alcanzar. Es, pues, para cada terreno que se 
presenta, diferente la manera de disponer la operación. 

Indudablemente que la buena disposición y regu- 
lar preparación de las tierras se ligan al éxito de'^la 
empresa de tal manera, que con facilidad se pueden 
comprobar en las empresas agricolas fracasos de más 
ó menos consideración, dependiendo muchas veces de 
la deficiencia de aquellas operaciones. 

La buena disposición de los plantíos es de impor- 
tancia, no sólo por la mejor apariencia que da a las fin- 
cas, sino también por las ventajas económicas que no 
es del caso enumerar, referentes ya a la facilidad de 
los trabajos, ya al ahorro de terrenos o ya a la econo- 
mía de tiempo y de dinero. 

^ Preparación del terreno.— La tierra que debe re- 
cibir las plantas de asiento, debe estar conveniente- 
mente preparada y distribuid^. El objeto de esta prepa- 
ración y distribución se comprende, pues la primera 
es necesaria para facilitar el desarrollo de la planta 
rodeándola de todas las circunstancias que le son favo- 
rables, facilitando su nutrición por un aumento de subs- 
tancias que se ponen al alcance de sus raíces; la se- 
gunda es conveniente por razones de economía : pues 
se tendrá en cuenta que una buena disposición de los 



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49 

plantíos facilitará las operaciones de cultivo, volvién- 
dolas más ordenadas, más precisas y menos costosas. 

Una buena preparación del terreno responde a los 
deseos del agricultor aumentando la producción de las 
plantas, pues éstas que toman los principios nutritivos 
de la tierra para transformarlos en frutos, hallan más 
amplio campo para su elaboración en las tierras bien 
preparadas que se dejan penetrar por las raices, órga- 
nos principales de la absorción. 

Nunca se dejará de insistir sobre la notable impor- 
tancia que tiene la preparación de ias tierras en el 
éxito ulterior de las plantaciones; desgraciadamente, 
entre nosotros, no se le da toda la importancia que me- 
rece, y muy poco empeño se toma para su perfeccio- 
namiento. 

No podremos decir de una manera absoluta el nú- 
mero y género de labores que deban darse a las tierras 
para que se hallen en disposición de recibir a las plan- 
tas, pues esto variará, a no dudarlo, en cada caso par- 
ticular. 

En efecto, un gran número de circunstancias in- 
fluyen en esta materia, y muchas de entre ellas pueden 
ser enteramente locales. 

Sin embargo, fácil será obtener el resultado que se 
desea estudiando las condiciones del terreno que se tie- 
ne a la vista; el objeto por alcanzar es: modificar la^ 
propiedades físicas y hasta cierto punto las químicas • 
es decn-, facilitar el desarrollo de las raíces, poner a 
disposición de ellas el mayor acopio de alimentos o-m- 
duar la humedad y consistencia de las tierras. ' "" 

Se obtendrán tales resultados usando de todos los 
medios que están a nuestro alcance, procurando em- 
plearlos con discernimiento y siempre en vista de la 
ecoíiomia. 

Loi mejoradores, los abonos y las labores, son esos 
memos que vienen en ayuda del agricultor. Los pri- 
^KT'os no deberán ocuparnos particularmente. j)or ser 



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su empleo deterniinado por el terreno, y los segundos 
í;icrjv;o objeto de otro articulo, sólo nos ociiparemc^s 
íinüí (]•■: la^ últimas. 

Lris lai'orcs. leniendo ])or ol)jet() remover el -erre- 
no, rel>lande/:erlc y pulverizarlo lo más que sea posi- 
ble, se dan en número y profundidad variables. 

En el Rstado de Oaxaca la disposición topográfica 
del terreno, la impenetrabilidad de los bosques y al- 
guna otra circunstancia, hacen que la preparación del 
terreno sea distinta de la que se recomienda en otras 
partes. 

Para el establecimiento de una finca cafetera en 
zona virgen, en Oaxaca por ejemplo, se comienza por 
reconocer el terreno en varias direcciones por brechas 
que se mandan abrir a machete. Este reconocimiento 
tiene i)or objeto hacer la elección del sitio que deba 
servir para el establecimiento de las almácigas, ofici- 
nas, etc- ; para las oficinas se elige un sitio plano si es 
posible y de suficiente extensión para contenerlas; pa- 
ra las almácigas se elige terreno plano, profundo y 
rico. 

Determinado el sitio de la plantación se procede a 
desmontar o rozar la selva, haciendo uso del machete 
y comenzando por los árboles tiernos. 

El desmonte debe quedar en el terreno bien picado, 
es decir, cortado en fragmentos pequeños que se rie- 
gan sobre el terreno. 

Conviene entonces elegir Jos árboles altos que de- 
ban dar sombra al cafetal en el caso de que lo necesite. 
Estos árboles se dejarán en el terreno sólo destruyén- 
doles las ramas bajas. El resto del monte se corta con 
hacha o sierra y se bofa al través, es decir, se pone de 
modo que la longitud del palo quede perpendicular a 
la mayor pendiente del terreno. En estas condiciones 
'está el terreno para recibir el trazo del plantío. 



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51 

En los lugares donde el empleo del arado es im- 
posible, se traza el plantío de la manera siguiente: dos 
operarios llevan las extremidades de una cuerda en la 
cual se han puesto a la distancia adoptada nudos de 
señal. En la extremidad del plantío se tiende el hilo 
siguiendo uno de los lados de la tabla, loma o ladera 
que se ya a trazar; los dos operarios clavan estacas de 
84 centímetros y restiran el cable para darle la sufi- 
ciente tensión ; en seguida otro operario va colocando 
estacas en el terreno precisamente en el lugar que se- 
ñalan los nudos del hilo. Estas estacas señalan los lu- 
gares donde debe hacerse el hoyo. Esta operación se 
llama el estacado o trazo del plantel. 

Esta operación debe hacerse con gran anticipación 
a la época del trasplante, pues es de gran importancia 
que los hoyos y la tierra que de ellos se extrae reciban 
la influencia de la atmósfera; uno o dos meses de anti- 
cipación es el mínimum. 

El trasplante se verifica entre nosotros en l.os me- 
ses de junio y julio, así, pues, en marzo v abril se pro- 
cede a la ai>ertura de los hoyos y a la colocación del plá- 
tano. Antes de indicar la manera de abrir los hoyos 
conviene tratar de la disposición que se da a los plan- 
tíos y la manera de distribuir estos hoyos. 

Desde luego se comprende que la extensión, confi- 
guración, etc., de la finca, determinarán la manera más 
conveniente de distribuir las plantas, pues las conve- 
niencias de cada propietario regirán para la disposi- 
ción de los plantíos. 

La disposición que se ha adoptado por la mayoría 
de los cultivadores es la de dividir las tierras en cua- 
driláteros de más o menos extensión separados por 
calles suficientemente amplias. 

De las varias distribuciones que de esta naturale- 
za hemos visto, la mayor parte son apropiadas. Una 
de las que nos parece mejor consiste en dividir el 
terreno en tablas rectangulares de 100 metros de lar- 



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go y (x) de ancho, separadas por calles de 5 metros de 
latitud. 

En estas tablas el café esta distribuido en tres bo- 
lillo, o lo que es lo mismo, formando triángulos isós- 
celes de dos metros de lado, de manera que en cada una 
caben perfectamente tres mil plantas. 

Insistimos so1)re las ventajas de esta distribtición 
en tresbolillo sobre la empleada más a menudo en cua- 
driláteros, pues en ésta, además que en igual superficie 
se encuentra un número menor de plantas, hay la des- 
ventaja de que presenta sólo cuatro calles entre los ar- 
bustos. 

Aquí es el lugar de tratar de un asunto importan- 
te: la distancia a que deben colocarse las matas. He- 
mos indicado que deberán ponerse a dos metros de dis- 
tancia porque creemos que ésta es la que más conviene, 
pero se comprende que no queremos decir que sea la 
que se adopte en todos casos, pues el grado de fertili- 
dad de la tierra decidirá sobre este particular. 

En tierras muy fértiles se podrán cultivar, en una 
extensión determinada, un número mayor de plantas, 
en razón de (¡ue los elementos nutritivos son más abun- 
dantes : las distancias podrán ser más cortas. En las 
tierras pobres la escasez de estos mismos principios 
hace que una misma extensión de tierra sólo pueda 
subvenir a las necesidades de un número menor de ar- 
bustos ; la distancia que deba reservarse de planta a 
planta será entonces mayor que la común. En uno y 
otro caso hay limites, de las cuales no debe pasarse. 

En el primero, la distancia que se adopte nunca 
será menor.de la necesaria para el desarrollo lateral de 
' la planta. En el segundo caso, la economía de terreno 
debe lomarse en consideración. 

El mínimo de las distancias ix)r adoptar será, 
pues, de dos metros en las tierras riquísimas, y el má- 
ximum nunca excederá de 3.50 a 4 metros. 



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Estacad o. — Esta operación tiene por objeto seña- 
lar los lugares que deben ocupar las plantas y se hace 
por nn^dio de cordeles anudados a las distancias con- 
vonientc^ ; para que pueda señalarse dicho lugar un 
operario recorre la línea del cordel clavando estacas a 
cada nudo. 

Hechas e^tas advertencias, pasemos a indkar la 
manera de abrir los cajetes, suponiendo que se haya 
adoptado la disposición en tresbolillo. 

Cuando es posible se trazan con arado las líneas 
paralelas al mayor lado de la tabla, de manera que dis- 
ten una de otras cuatro quintas partes de la distancia 
adoptada ( im.60 cuando esta distancia sea de 2 me- 
tros), (ñg. 4.) 

Perpendicularmente a éstas se trazan otras lineas, 
separadas tres quintas partes de la distancia adopta- 
da ; en los puntos de encuentro de estas líneas se cavan 
alternativamente los hoyos, desechando los puntos in- 
termedios- 

En la figura, las líneas (a) son las separadas cua- 
tro quintas partes de la distancia, las (o) distan tres ' 
quintas partes, y en los puntos de encuentro se ven los 
marcados para los cajetes. 

Cajeteo. — Marcados estos puntos se cavan los 
hoyos cuadrangulares de Om.30 de lado y rm.40 de 
profundidad. 

Se recomienda extraer metódicamente la tierra 
para distribuirla de una manera conveniente. En algu- 
nas fincas se tiene el cuidado de colocar la parte de 
tierra que se extrae primeramente a la derecha del ope- 
rario, la tierra que forma la capa media al frente, y 
la profunda a la izquierda. Deesta manera el hoyo que- 
da rodeado de tierra por tres lados, y al transplanlar es 
muy fácil el relleno de él. 

En esta época se pone el plátano (Marzo y x\bril). 

En otras partes se hace uso, y con gran ventaja, de 
los siguientes instrumentos: El barretón (ñg. 5) que 



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54 

sirve para romper las grandes raíces que suelen encon- 
trarse en los terrenos nuevos, y la tarpala (ñg. 6.) que 
sirve propiamente para extraer la tierra del cajete; los 
operarios acostumbrados a su manejo trabajan con una 
rapidez admirable. 

Como indicaremos én el articulo cjue trata de la 
sombra, el ])látano no nos i)arece nuiy i)ropio para 
sombrear el café; pero no podemos menos de a'conse- 
jarlo en los casos en ([ue no se cuente con sombra de 
íx>s(|ue. ÍMi efecto, a pesar de los graves inconvenien- 
tes que le encontramos, es, por su rápido crecimiento, 
el único ([ue puede emplearse en los plantíos que se ba- 
cen en terreno descubierto. 

El plátano se nniltiplica por bijos. Cada plátano 
produce alrededor del tallo principal cuatro o cinco bi- 
jos que sirven para la plantación. Estos, cuando tienen 
una altura de im metro o metro v medio, se sacan del 
terreno a ccpclUhi, lo (jue es nuiy fácil, se limpia i)er- 
fectamente el camote para dejarlo desprovisto de rai- 
ces ( sin lo cual los prácticos creen se agria y no pega ) ; 
se despunta dejándole sólo el cogT)Ho y se planta. 

Respecto a la distancia a (jue se coloquen, asi co- 
mo de los demás pormenores, vamos a tratar en el ar- 
tículo referente a la sombra- 

El terreno así dis])uesto puede recibir en Jtmio y 
juilio los pies de café; después de que llueva se podrá, 
y bay \'entaja en ello, llenar los cajetes con tierra y 
hojas secas, abono, etc. 



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SEMILLEROS Y ALMÁCIGAS 

Sil iniportaiicia. — Lugar a propósito para su estableci- 
miento 

El cultivo de los vegetales leñosos requiere la elec- 
ción de un lugar convenientemente apropiado, para 
producirlos y darles los cuidados que necesitan en el 
en el primer periodo de su existencia. 

La naturaleza multiplica sus especies con una li- 
bertad que no puede ser imitada cuando se trata de una 
explotación, pues si se tiene en cuenta que el campo 
del agricultor es sobre manera restringido, que las exi- 
gencias del cultivo son grandes, y que la economía de 
tiempo y dinero es preciosa, se comprenderá cuan le- 
jos se está de poder imitar a la naturaleza respecto a 
este punto. 

La naturaleza, que tiene a su disposición una can- 
tidad inmensa de granos, terreno ilimitado y ningunas 
exigencias de distribución, llena su objeto diseminan- 
do la semilla sobre la superficie de la tierra para que 
nazcan y vivan en libertad. La naturaleza hace su 
siembra de asiento. 

Las plantas de cultivo están sujetas a exigencias 
mayores y más definidas ; estas plantas deben tener re- 
gularidad, estar perfectamente distribuidas, en igual- 
dad de condiciones y con producción en lo ]X)sible se- 
mejantes, condiciones todas que es muy difícil obte- 
ner haciendo siembras de asiento, i)ues es nuiy raro 
que todas las semillas germinen en las mismas circuns- 
tancias ; por otra parte, difícil, si no im])osible, sería 
dar a las plantas los minuciosos cuidados qué exigen 
durante el primer período de su vida, el más delicado 
sin duda. El café, particularmente, es delicado y nece- 
sita cuidados enteramente especiales durante su prime- 
ra edad. 



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5e 

De lo que precede resulta la necesidad que hav de 
producir y educar el cafeto en almácig-as. En ellas se 
encuentra un terreno mejor dispuesto para suminis- 
trarle h) indispensable para su desarrollo, pues las cor- 
tas dimensiones de tierra que §e destinan con ese ob- 
jeto pueden ser labradas y preparadas con más esmero; 
cada grano o cada planta puede colocarse en las mejo- 
res condiciones posibles, proporcicándoles todos aque- 
llos cuidados ciue por su delicadeza reclaman v que no 
podrian dárseles repartidas en vastas extensiones. 
Semilleros. — Algunos culti\-adores aconsejan la 
^ formación de semilleros separados de la almáciga, y 
creemos que no es inconveniente bacerlo asi ; no obs- 
tante, con el objeto de simplicar el cultivo sin descui- 
darlo, daremos a conocer como más sencilla la práctica, 
muy común entre los cultivadores de Guatemala, de 
formar el semillero en el lugar mismo donde se forma- 
rá la almáciga. Con esto se consiguen dos ventajas: 
I a., labrar sólo una porción de terreno, lo cual puede 
ser de consideración en algunos casos; v 2a., y más 
importante, evitar el trasplante del semillero 'al al- 
macigo, operación que además del gasto que ocasiona 
tiene sus dificultades materiales, como haremos ver 
tratando del trasplante d^ asiento. 

Almacigos. Lugar conveniente. — El lugar más 
apropiado para la colocación de la almáciga, asi como 
la extensión que deba dársele depende, siendo cuestio- 
nes enteramente concretas, de las circunstancias de la 
localidad. El agricultor para resolver este punto de- 
berá fijarse en la economía que puede resultar en la 
mano de obra y en el acarreo o transporte- 
Así, es conveniente colocar las almácigas de ma- 
nera que al efectuar el trasplante no sea necesario re- 
correr largas distancias, pues esto, además de que trae 
la pérdida de tiempo, puede ocasionar la pérdida de 
muchas plantas. Cuando el plantío sea de considera- 



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57 

ción es cómodo establecer varias almácigas distribui- 
das de tal manera que se eviten estos inconvenientes. 
La superficie del suelo será horizontal en cuanto 
las circunstancias lo permitan, o tendrá muy poca in- 
clinación, pues asi no estará muy expuesta a ser desla- 
vada por las lluvias, y los riegos serán más fáciles y 
, provechosos. 

La naturaleza del terreno es de suma importancia 
y se tendrá en gran consideración. No debe ser más 
rico que aquel que más tarde recibirá las plantas, \)Oy- 
que de serlo, los cafetos al ser trasplantados sufren con 
la diminución de materias nutritivas; tampoco deberá 
elegirse notoriamente más pobre, pues semejante elec- 
ción sería también perjudicial, porque las pecjueñas 
plantas no adquirirían en su primera edad el desarrollo 
que es deseable y conveniente para su futuro creci- 
miento. 

En general, el agricultor deberá hacer un recom)- 
cimiento detallado de cada uno de sus terrenos y elegir 
de entre ellos aquel que mayor semejanza tenga con la 
mayoría ; en caso de que se establezcan varias almáci- 
gas, claro es que se dividirá la explotación por zonas 
homogéneas y se establecerá una almáciga para cada 
una. Cuando el clima haga necesario el riego, y sien- 
do esto posible, deberá atenderse además a la posición 
de las almácigas respecto de las fuentes disponibles 
para facilitar los riegos. 

Preparación del terreno y disposición de la almáci- 
ga. — Elegido el terreno en estas condiciones o en el ma- 
yor número de ellas, se dispone la almáciga de la ma- 
nera más apropiada para facilitar los trabajos de pre- 
paración, conservación y trasplante. 

Se divide el terreno en amelgas de 1.50 metros 
de ancho y 15 ó 20 metros de largo, dejando pasadizos 
de un metro, y un poco más bajos que las amelgas ; 
éstas deben estar rodeadas por caños de desagüe. El 



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58 

plano adjunto indica Ja manera de disponer una almá- 
ciga (fio-. 8). 

^ Respecto a la extensión que deba tener, los prcácticos 
sí están de acuerdo en que el número de plantas de la 
almáciga debe ser triple de aquel que tendrá el plan- 
tío, tanto para ixxler hacer la elección entre las mejo- 
res jílantas, como para tener pies para la replantación 
(jue siempre es necesaria. 

La i)reparaci(')n del terreno es sencilla : se reduce 
a dar una labor con la pala u otro instrumento (pie pro- 
duzca un trabajo semejante, para remover perfecta- 
mente hasta 30 ó 35 centímetros de profundidad. 

Se deja el terreno en estas condiciones durante un 
mes o más expuesto a las influencias atmosféricas; es 
decir, para (jue se ventile, absorba la humeda<l y se pul- 
verice. Después se pasa la rastra hasta aplanarla per- 
fectamente. En este estado está propio para recibir la 
semilla. 

. Elección de la semilla — El éxito de la siembra de- 
pende, sobre todo, de la elección dé la semilla ; de la 
manera como se recoí^e y de la preparación que se le 
hace sufrir antes de depositarla en la tierra. 

El grano proi)io para germinar, requiere haber re- 
cibido una buena conformación y un buen grado de 
madurez, lo cual se reconoce en que ha llegado a su 
mayor desarrollo, cuando se desprende naturalmente 
de la planta madre. 

Siendo el cafeto una planta que durante varios 
meses del año tiene frutos, siempre será fácil durante 
la fructificación recoger las semillas poco tiempo antes 
de verificar la siembra, teniendo cuidado de hacerlo con 
gran esmero, para recoger los frutos recientemente 
caídos de los arbustos que tengan la mejor conforma- 
ción. El café mejor conformado es el que entre nos- 
otros lleva el nombre de planchuela, v éste es el que se 
debe elegir para las siembras, pues el llamado caraco- 
hilo, padeciendo un vicio de conformación, es del to- 



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59 

do impropio para este objeto, a pesar de la opinión de 
muchos cultivadores que tienen la creencia errónea de 
que produce pies más robustos y fuertes. 

Preparaeión de la semilla. — Entre nuestros culti- 
vadores se acostumbra sembrar el grano tal como se re- 
coge; sin embargo, aconsejamos sujetarlo a una pre- 
paración sumamente sencilla, que da magníficos resul- 
tados en la mayor parte de las fincas de Guatemala. 

El grano se despoja de su pulpa, maltratándolo lo 
menos posible, se humedece ligeramente y se pone al sol 
durante un día. 

Es también una buena práctica encerrar el café en 
sacos de ixtle y ponerlo en una corriente de agua du- 
rante 3 ó 4 días, al cabo de los cuales se encuentra muy 
aumentado de volumen v comienza a emitir las radi- 
culas. Hay cultivadores que estiman muy conveniente 
poner el grano descascarado. 

Siembra. Época de la siembra. — Para efectuar la 
siembra se trazan sobre las amelgas, dispuestas como 
queda dicho, líneas paralelas distantes entre sí om.075 ; 
sobre estas líneas y de 7 en 7 centímetros se colocan 
los granos de café con la parte plana hacia abajo. 

La profundidad a la cual deben colocarse las se- 
niillas es de una importancia capital. El aire y el agua 
son absolutamente indispensables para que el fenóme- 
no de la germinación pueda efectuarsie : los granos que 
se colocan en el terreno deben, pues, estar, a una pro- 
fundidad tal, que reciban la influencia de ambos agen- 
tes. 

La profundidad a la cual se colocan los granos de 
café es variable. De una manera general y entre los 
prácticos se admite c|ue una profundidad de 4 a 8 mi- 
límetros es la conveniente. 

Sin embargo, semejante indicación no es ni ])uede 
ser absoluta, pues debe variarse en relación con la na- 
turaleza del terreno, y la profundidad debe ser tanto 
mavor cuanto menor sea la consistencia de la tierra. 



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60 

Xueslrus ciiltivadnres, con muy escasas excepcio- 
nes, colocan los granos en las tierras muy arcillosas 
a 4 ó 5 milímetros de profundidad, \' en las' de regular 
consistencia a O y 8- Puestos los granos en el terreno se 
les cubre, i)ara ío cual basta abatir el borde de tierra 
que forma los costados del surco, aplanándolo bien, va 
sea con la mano o con un pequeño rodillo. 

En algunas partes se prefiere cubrir el grano con 
una ligera capa de mantillo que se va regando a lo 
largo de los surcos. Cuando se han cubierto todos los 
granos, se coloca sobre la superficie de la almáciga una 
capa de paja hiimeda u hoja seca con el objeto ele dis- 
minuir la evaporación y conservar una temperatura ca- 
si uniforme. 

Cuidados dcs/^ués de ¡a siembra. — Verificada la 
siembra se procede a dar un riego que es el cuidado que 
más relaman las almácigas. Esta operación debe efec- 
tuarse diariamente durante cuarenta días, al cabo de 
los cuales comienzan a aparecer las plantita-s ; en esta 
época se despoja la almáciga de la capa de paja u hoja 
que la cubre, después de haber construido una sombra 
para abrigar las almácigas. 

Esta sombra se hace comunmente colocando un 
emparrillado de varas sobre troncos de horquetas de 
im.40 de altura, que se distribuyen'en la superficie de 
la almáciga. Sobre el emparrillado se coloca una cubier- 
ta de hojas de plátano o de otra clase, dejando algu- 
nos intersticios. 

Debe procurarse que la sombra no sea muy espe- 
sa, }X)rque las plantas se desarrollan exul>erantemente, 
se cubren de hojas de un verde muy obscuro, y al tras- 
plantarlas arraigan mal y quedan por mucho tiempo 
delicadas. 

En algunas partes no se sigue esta práctica, que es 
la común en Guatemala, sino que se hace un primer 
trasplante a otra almácig-a en la cual se colocan las 
plantitas a om.20 de distancia. 



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61 

Cuando tenga tres pares de hojas se escarda. 

Época. — En la zona cafetera de la Repiíblica la 
siembra se hace en los meses de septiembre, octubre y 
noviembre, y el trasplante en diciembre, enero y fe- 
brero. 

Las plantas permanecen en la almáciga catorce o 
quince meses y .durante este tiempo deben ser atendi- 
das con esmero. 

Abajo de 4,000 pies dura sólo 8 meses desde que 
se pone el grano; pero siempre que sea bien cuidado. 

El señor Hilario Cuevas trasplanta el café antes 
de que aparezca la primera cruz. 

La limpieza del terreno debe recomendarse, así 
como una cuidadosa distribución de los riegos- En los 
iiltimos meses de su permanencia en la almáciga se 
debe ir disminuyendo la sombra hasta dejarla en los 
liltimos a descubierto. 

Las plantas habrán adquirido entonces una altu- 
ra de om.40 a om.50, (los prácticos llaman de cuatro 
cruces a las plantas que han llegado a esta altura, re- 
firiéndose al mímero y distribución de las ramas) y 
pueden ya plantarse definitivamente. 

Antes de concluir este artículo haremos mención 
de una práctica aconsejada por el señor E. MasferFer, 
inteligente cultivador del Salvador, y que nosotros 
consideramos como inconveniente por las razones que 
daremos al tratar de la poda. Consiste tal práctica en 
podar los arlx)litos en la almáciga, en donde permane- 
cen a este efecto de 24 a 30 meses. 



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62 



SOMBRA 

En ciertas circunstancicas, cuando la temperatura 
ilel lugar es algo más elevada de lo conveniente, o 
cuando el terreno es propenso a desecarse y no puede 
hacerse uso de los riegos cuando la sequía se prolonga 
demasiado, y en nmchas otras que no pueden señalar- 
se de una manera precisa, es de todo punto indispen- 
«iable dar sombra al café. 

Mucho se ha discutido sobre las ventajas e incon- 
venientes que tiene la sombra, y los cultivadores no es- 
tán de acuerdo en este punto : para unos es absoluta- 
mente indispensable ; para otros es hasta nociva. Lo 
cierto es que unos y otros pueden tener en parte razón. 
En efecto, la sombra es a veces enteramente indispen- 
sable y a veces del todo inútil. 

Tratando del clima hemos dicho ya que el cafeto 
puede resistir temperaturas elevadas pero sólo hasta 
eierto límite, pasado el cual sus funciones vegetativas 
se alteran y el vegetal muere. 

Ahora bien, lugares hay que propios por muchas 
circunstancias para el cafeto, adolecen sin embargo de 
un exceso de temperatura. El agricultor procura en- 
tonces disminuir los rayos solares sobre la planta y 
sobre el terreno; el empleo de la sombra es el medio 
más eficaz para conseguirlo. 

Se podrían citar un gran m'tmero de casos en favor 
d^ la utilidad de la sombra, pero no creemos deber in- 
sistir sobre una cuestión que a menudo se resuelve en 
vista de la práctica del lugar. 

Cuando deba emplearse la sombra deben tenerse 
presentes las siguientes condiciones: la., la sombra 
no será total sino moderada ; 2a-, que el árbol que la 
produzca, en caso de que no sea reserva de bosque, 
crezca pronto; 3a., que conserve su follaje durante el 



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63 

verano; 4^, que no produzca frutas pesadas o substan- 
cia que pueda perjudicar al arl)Usto, y 5." que sus raices 
no sean laterales sino profundas. 

En vista de estas condiciones deberá hacerse la 
elección. En la zona cafetera de la República abundan 
gran número de especies que pueden satisfacer a casi 
todas las condiciones, y nosotros hemos visto emplear 
con éxito algunas de ellas. 

El Huizache (acacia aíbicaiis) de follaje menudo 
y copa alta produce una sombra moderada. Se le tacha, 
sin embargo de que mancha ks hojas de café. La Hi- 
guerilla {riciniis communis) ^tannonnm &í\ toda la zona 
cafetera, podría también emplearse para los almacigos, 
aunque no con grandes ventajas, por la poca altura a 
que alcanza. Sin embargo, pudiendoser motivo de una 
explotación lucrativa poco conocida en nuestro país la 
extracción del aceite, llamamos la atención de los cul- 
tivadores deseosos de obtener mayores beneficios. En 
otras partes ( Colima) hemos visto emplear con éxito el 
Llorasangre (Buconia arborcsccns) , el Huamúchil 
{Mimosa unguiscatc).e\ Jonote o Cuero de vaca (He- 
liocarpns mexicanoe) . 

En otras partes el colorín {Zouipantlc Enthriua 
coraloidcs), el Majahua (Thepcsia popoulnca), etc. 

Otras muchas especies podrán emplearse cuando 
se cuente con lx)sc|ue alto; pero si el plantío se estable- 
ce en terreno descubierto es necesario plantar los árbo- 
les que deban sembrear al cafeto. 

La mayoi* parte de los arbustos leñosos cuyo em- 
pleo es ventajoso tienen el incoíiveniente de crecer len- 
tamente, lo que los hace inutilizables por lo pronto. Hay 
que recurrir entonces al plátano. 

El plátano, que rápidamente se desarrolla, tiene 
sin embargo grandes inconvenientes, y sólo la necesi- 
dad puede hacer prevalecer su uso ; es verdad que su 
fruto pudiendo ser un artículo de gran porvenir para la 
exportación y siendo ya objeto de explotación, ayuda 
con los productos a sufragar los gastos del cultivo. 



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64 

I>er() a pesar de esto su empleo no debe ser sino temijo- 
ral, es decir, mientras los aricóles leñosos que se 
planten para la sombra alcancen el desarrollo necesa- 
rio. 

No puede negarse, pues, que durante este tiempo 
el plátano presta grandes servicios al cultivador. 

El plátano es una planta herbácea de las más gi- 
gantescas; no tiene verdadero tallo, y lo que se llama 
su tronco está formado por las hojas cuyos peciolos 
sumamente envainantes se enrollan unos sobre otros, 
^ formando una masa cónica que alcanza de 2m5o a 5 
de altura, sobre om5o a om8o de circunferencia en su 
base; en la parte superior va provisto de un penacho de 
grandes hojas que pueden tener 2 metros de largo y 
30 ó 40 centímetros en la parte más ancha. 

Estas grandes hojas producen una sombra que no 
satisface a la primera condición, pues no siempre pue- 
de ser moderada ; por otra parte, a su caída maltratan 
a menudo los cafetos y en la época de las lluvias dejan 
escurrir el agua en chorros que se forman en la canal 
del medio de la hoja. 

El plátano se multiplica por hijos que brotan en 
número de 405 alrededor de cada tallo, invadiendo 
rápidamente el terreno que se destina al café y aumen- 
tando la sombra si no se les destruve. 

Estos hijos, que sq consiguen a precio muy mode- 
rado, son los que se plantan de la manera que hemos 
indicado en otra parte y a distancias variables según 
la cantidad de sombra que se quiera obtener. 

Frecuentemente se intercala entre cada dos ó tres 
líneas de cafetos, una línea de plátanos distantes dos y 
media a tres veces más que ilos pies de café. La pos- 
tura de los hijos se hace en tiempo seco y con todos los 
cuidados de un trasplante, pues aunque el plátano ra- 
ras veces se pierde, sí sucede que se resiente de un mal 
trasplante y se atrasa, no proporcionando la sombra a 
su tiempo. 



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65 

Esta planta es de muy rápido crecimiento, pues 
tarda a lo más un año en emitir su espiga terminal qut 
lleva de 40 a 60 plátanos y atm más ; esta espiga, que 
suele pesar 10 y 12 kilos, debe cortarse poco antes de 
su madurez, ])ues de no hacerlo así, es un peligro pa- 
ra los arbustos. 

En los lugares expuestos a vientos algo fuertes, 
el plátano puede ser peligroso. La constitución de sus 
tejidos, que son muy acuosos, hacen que sea de muy 
débil resistencia, pues los peciolos que forman el tallo 
presentan cavidades grandes y numerosas regularmen- 
te dispuestas. 

En nuestro país se encuentra un buen número de 
variedades que pueden emplearse, así el plátano lar- 
go (Musa paradisiaca) el guineo camburí (M. sapien 
tum)^ el de Abisinia (M. Ensete, Bruce), el costeño o 
dominico {M. regia, Kiimph), el chino (M. coccínea), 
y el Alanila, se desarrollan con igual facilidad, decidien- 
do en la elección, las más veces, la riqueza de sus fru- 
tos. 

Al lado de los inconvenientes que presenta el plá- 
tano para sombra, ofrece una ventaja de gran conside- 
ración, ventaja que no tiene ninguna de las especies le- 
ñosas: la restitución de materia orgánica. El plátano 
proporciona una cantidad considerable de desechos or- 
gánicos que descomponiéndose rápidamente, son de 
gran utilidad. Cuando se cosecha el fruto, el tallo prin- 
cipal se corta y queda en el suelo dando una cantidad 
de materia de 20 ó 30 kilos, sin contar el gran núme- 
ro de hojas que le preceden en su caída. 

En muchas partes del Estado de Michoacán, y es- 
pecialmente en Uruápam, utilizan los restos del pláta- 
no enterrándolos al pie del cafeto, y parece que obtie- 
nen buen resultado aunque no es esta la mejor mane- 
ra de emplearlos. 

Es preferible recojer estos desechos y ponerlos en 
íosas especiales, humedeciéndolos de tiempo en tiem- 

Café— .5 



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66 

po y removiéndolos para facilitar su (lescomix)sicióii. 
Experimentan así tocias las fermentaciones y las trans- 
formaciones consecuencia de esos fenómenos, y al fin 
se obtiene un a1)ono rico en ázvje, potasa, cal y ácido 
fosfórico, íjue tan útil es al cafeto. 

La cantidad de agtia contenida en los .tejidos del 
tallo es siempre considerable y Ueg^a a 94 por ciento. 

El limbo de las hojas forma tin tejido muy denso 
que contiene de 20 a 25 |X)r ciento de materia seca. 

Una mezcla proporcional de tallos y hojas ha da- 
do los resultados si;^uientes: 

Agua (JO . 800 

Materia seca ().200 



1 00 . 000 



Ja 



Coin ¡posición mineral 

ComposiciÓD Cenizas par 

cnitesinal de 1,000 kilos de 

las cenizas Bt'ería fresca 

Acido fosfórico. . . T.26 0.130 

Acido sulftirico. . . T.22 0.126 

Cloro 8.50 0.875 

Cal 1 7 . 28 1 . 780 

Magnesia 2.64 0.272 

Potasa 28.86 2.972 

Sosa ().54 o. 983 

Oxido de fierro. . . 0.74 0.076 

Sílice. ....... 15. 39 1.585 

Acido carbónico, etc .14.57 t • 50 1 

Stima : materias mi- 
nerales 1 00 . 00 10 . 300 

Ázoe 1 . 090 



Ceiizas por 

1.000 idlos de 

■atería seca 

1.406 

I. 361 

9.486 

19-285 

2.946 

32 . 208 

10.647 

0.826 

17-175 

1 6 . 260 



III. 600 
TO.900 



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67 

Estas cantidades las apuntamos para tomarlas en 
consideración tratando de los abonos. 

El empleo del plátano, lo repetimos, es necesario 
cuando no se tengu reserva de bosque, pero aun en es- 
te caso sólo temi>oralniente, pues al mismo tiempo que 
el plátano o antes si es posible, se deben poner espe- 
pecies leñosas que cuando su desarrollo se los permi- 
ta sustituirán al plátano ventajosamente- 

Llamamos la atención de los cultivadores respec- 
to a la cantidad de sombra que deben dar a sus plan- 
tíos, aconsejando mucha moderación, porque cuando 
la sombra es excesiva y h humedad es también consi- 
derable, el cafeto se desarrolla mucho en longitud, sus 
hojas se obscurecen demasiado >' presentan un bello 
aspecto, pero los productos disminuven un tanto A 
menudo hemos notado tendencia a sombrear mucho 
al cafeto, pues los cultivadores creen ahorrar dinero 
evitando asi las limpias ; en efecto, una sombra abim- 
dante impide el desarrollo de la hierba, pero lo que se 
economiza no es proporcionail a la pérdida 



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TRASPLANTE 

La estación de las lluvias marca de una manera 
pi^isa la época en la que conviene efectuar la opera- 
ción del trasplante. 

Cuando ^las primeras lluvias han humedecido con- 
venientemente d terreno sin inundar los hovos v vol- 
ver lodosa la tierra, se esperan los días nublados o 
ligeramente lluviosos para proceder a plantar el cafe- 
to. Es esta operación una de las más sencillas pero de- 
licada, y en la cual debe ponerse el mavor esmero 
porque de otro modo se corre riesgo de perder los pies' 
sufriendo asi la pérdida de los gastos que durante su 
permanencia en el almacigo les corresponde, v un au- 
mento correspondiente a los de trasplante. " 



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El estado del tiempo tiene su influencia en el éxi- 
to, y por lo mismo se prefieren los días húmedos en el 
grado indicado, excluyendo los de fuertes aguaceros 
así como los muy secos. Los días muy lluviosos tie- 
nen los inconvenientes siguientes: primero, dificultan 
la operación por la molestia consiguiente que ocasio- 
nan al operario, impidiéndole obrar con libertad y 
rapidez ; en segundo lugar por el mal estado del terre- 
no, que hace la extracción y la puesta de los pies de- 
fectuosa. 

En las tierras fuertemente arcillosas y en las con- 
diciones indicadas el trasplante es imposible. 

Según H. Cuevas se puede trasplantar con sol. 

El tiempo seco es absolutamente impropio para 
el trasplante. 

El trasplante comprende varias operaciones que 
trataremos por separado, y son éstas : la extracción de 
los pies de la almáciga, su conducción al terreno y su 
colocación. 

Exfracción de los pies. — El cafeto se trasplanta a 
cepellón, como vulgarmente se dice, o sea provisto 
de un pilón de tierra que cubre completamente su raíz. 
Para efectuar la operación con rapidez y facilidad, el 
peón va provisto de una pala angosta, proporcionada 
al tamaño medio del terrón que llevará la planta- Ca- 
va en derredor de ésta una zanja como de cinco cen- 
tímetros de anchura, y con una profundidad propor- 
cional al tamaño de la planta, procurando en todos 
casos no herir las raicecitas de la planta. 

Antes de extraer el terrón, el operario, que debe- 
rá orientarse con anticipación, corta una pequeña ra- 
mita de las expuestas al Oriente, con el objeto de que 
la planta quede después en la misma posición respec- 
to a este punto. Esto parecerá exceso de minuciosi- 
dad, pero al indicarlo aquí tenemos en consideración 
el dicho de cultivadores inteligentes y observadores. 



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69 

Por otra parte, analizando un poco el hecho, no 
se le encuentra en desacuerdo con los principios cien- 
tíficos de los cultivos. 

Entonces se extrae la planta tomando el terrón 
entre las manos y se le coloca en la cesta o caja que 
servirá para conducirlo. 

Conducción de las plantas. — Comunmente se les 
transporta en cestas de regulares dimensiones, colo- 
cándolas con el terrón hacia abajo apoyadas sobre las 
paredes del canasto. En estas circunstancias, las plan- 
tas se maltratan algo y hay menos probabilidades de 
éxito. Es mejor hacer uso de cajas especiales que se 
construyen al efecto. La parte principal está com])ues- 
ta de un rectángulo de madera en el que se extiende 
a regular tensión un tejido ralo de cerda o ixtle que 
forma el fondo de la caja; sobre este marco se apli- 
can por medio de espigas las tablas que forman las 
paredes laterales. Va además provista de cuatro bra- 
zas o agarraderas para que dos hombres la conduz- 
can. Se pone en el fondo un lienzo húmedo : sobre él 
se acomodan las plantas en posición horizontal, con el 
terrón vuelto hacia la pared de la caja y de manera 
cjue queden cruzadas dos series. Nunca se ponen más 
plantas de las que cómodamente pueden contener las 
cajas. 

Se les cubre con un lienzo húmedo y se les con- 
duce al terreno. 

Esta manera de efectuar la conducción parecerá 
costosa, pero no lo es cuando se cuenta con operarios 
hábiles y un número suficiente de' cajas. Además, pro- 
cediendo así el éxito es siempre completo. 

wSe pueden colocar dos matas. 

Colocación de la planta. — Los operarios encar- 
gados de poner las plantas en el terreno serán aque- 
llos que muestren más habilidad e inteligencia en el 
trabajo- Irán provistos de una pala pecjueña v un cu- 
chillo para proceder así : tomarán una de las plantas 



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p()r el lernni para llevarla al hoyo (jue deberá ocupar; 
una vez allí, corta al sesgo la extreniklad de la raíz 
principal y coloca la planta en el hoyo, de manera (|ue 
la rama cortada que indica el Oriente, quede vuelta 
hacia ese punto. La planta del)erá (juedar culteramente 
vertical \- sin que la raíz principal se dol)le, pues de 
ser asi se tiene la seguridad ele perder la i)lanta, si 
no inmediatamente, un año después del trasplante 
Cuando la raíz de los vegetales se dobla forma un nu- 
do que impide que ese órgano desempeñe sus funcio- 
nes normalmnte. 

La operación de fijar la planta se ha de ejecutar 
C(^,n algún cunero, procuranclo cjue el pihSn (juede en 
el centro del hoyo para que por todos laílos reciba la 
tierra que debe afirmarlo, teniendo cuidado de poner 
abajo la extraída primeramente del ho\-o v (|ue corres- 
ponde a la su])erf)cie del terreno, después la del me- 
dio y por último la extraída del fondo del hovo, a-¡)re- 
tándola un pnco con la mano para que la planta que- 
de firme. 

Después de bien afirmado el arbolito se trae a su 
pie un poco de tierra de la superficie y se le ]>one has- 
ta 6 u 8 centímetros de a'ltura, medianamente com])ri- 
mida para evitar f|ue se estañe píen las aguas. 

Hecho est(\ la plantación queda terminada. 
^ Se puede detener a voluntad el crecimiento del al- 
macigo quitando toda la sombra paulatinamente en 
dos^ tiempos, enralando primero \' desjniés c|uitando 
o bieii cortando la guía, así como los que salgan más 
tarde. 

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COXSERA'ACÍOX 

lAiVipias. — En todos los terrenos de los climas cá- 
lidos se desarrollan una infinidad de hierbas que in- 
vaden fácilmente el terreno y absorben las substan- 
cias nutritivas en perjuicio del cafeto. Las limpias tie- 



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nen por objeto destruir estas plantas nocivas, man- 
teniendo la superficie del terreno expuesta a la acción 
de la atmósfera. A menudo la Hmpia de los cafetales 
se descuidci en nuestro país, siendo verdaderamente 
lastimoso el estado (jue guardan muchos plantíos que 
en distintos lugares de la República hemos tenido opor- 
tunidad de ^'er. 

L(xs a^^rí cultores cuidadosamente no deben descui- 
dar tan importante práctica. 

Las limpias son absodutamente indispensables, y 
estando seguros de (jue toda persona medianamente 
ilustrada o|)ina como nosotros, no emprenderemos la 
inútil tarea de demostrarlo. 

Las limpias de deshierbe pueden hacerse emplean- 
do varios instrumentos, de ios cuales los principal- 
mente usados son el machete, la coa, el azadón y los 
arados cultivadores. 

De todos estos instrumentos el machete es desde 
luego el r(ue reúne mayor número de inconvenientes, 
y creemos que deberá desecharse siempre que sea po- 
sible. 

El trabajo del machete es impecfecto, y dispendio- 
so. Es im]>erfecto porque el corte se hace a uno o dos 
centímetros cuando menos, sobre la superficie de la 
tierra, resultando de aquí que la hierba, conser\^ndo 
intacta la raíz, se desarrolla inmediatamente: por otra 
parte, operando con este instrumento no dejan de mal- 
tratarse los tallos del cafeto. 

Comparando el trabajo del machete con el de otro 
instrumento, el azadón por ejemplo, durante varias 
limpias sucesivas, con relación a su costo, se verá que 
este trabajo es incuestionablemente más caro con el 
primer instrumento. 

Las limpias con azadón y coa tienen el inconve- 
niente de la lentitud, pero presentan la ventaja de ser 
más provechosas, pues la destrucción de la hierba es 
más completa. El costo de este trabajo con relación 



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al que se obtiene con el machete ya hemos dicho que es 
un poco menor, pero no es aún el más económico. 

Los cultivadores son sin duda los instrumentos 
llamados a desempeñar este trabajo con más rapidez 
y con cierta perfección, i)ues i)roducen una economía 
considerable de tiempo, de dinero y de brazos, y ade- 
más benefician el terreno, perfectamente. 

Se encuentran en el comercio varios modelos a 
propósito para beneficiar el cafeto, no permitiéndonos 
recomendar nin^í^uno en ]>articular; sólo sí indicare- 
mos las princij)ales condiciones (jue debe satisfacer un 
instrumento de esta naturaleza, condiciones enume- 
radas en la obra escrita por el señor Ingeniero D. Ra- 
fael Barba: **f.\ el instrumento debe presentar una 
«ran solidez sin tener un i>eso considerable; 2.\ los 
dientes deben cambiarse fácilmente, según la clase 
de trabajo, y su forma debe ser tal que el esfuerzo 
o tracción no sea muy sensible; 3.'', las varillas que 
llevan los dientes deben permitir cambiar ésta sin di- 
ficultad; 4/', la forma de estas varillas y su disposi- 
ción debe ser tal (pie el instrumento no esté expuesto a 
emborrarse; 5.", es indispensable hacer variar fácil- 
mente la profundidad y ])CKler hacer salir los dientes 
de la tierra, sea para limpiarlos o para transportar el 
aparato cuando no trabaja-" 

El instrumento manejad(^ por un hombre se atala- 
ja a un solo bue\' cpie es conducido por un muchacho. 

El único cuidado (|ue debe tenerse, una vez arre- 
glad(^ en anchura y profundidad, es cjue la i)unta más 
cercana a los árboles no entierre al pie de éstos, la 
cual se consigue fácilmente con sólo inclinar un po- 
co el instrumento, apoyándose en la niancera o])uesta. 

El empleo de este instrum-ento no puede ser, sin 
embargo, enteramente general, pues es necesario pa- 
ra que dé los mejores resultados, que el terreno sea 
plano, que no tenga abundancia de piedra o troncos^ 



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73 

y sobre todo, que esté perfectamente delineado, sin lo 
cual su uso es imposible. 

Las limpias, cualquiera que sea el instrumento que 
se use, se darán siguiendo las calles perpendiculares 
a la pendiente general del terreno, con objeto de que 
la tierra no sea arrastrada por las lluvias a lo lar- 
go de dichas calles. 

En cuato al número de limpias que son indispen- 
sables y la época en que convenga darlas, no puede 
señalarse seguramente número fijo para todos los ca- 
sos, bastando decir que nunca se dejará crecer la hier- 
ba más allá de 15 ó 20 centímetros. 

El número de limpias depende de la fertilidad de 
la tierra, y así se ve que varía en nuestra zona cafe- 
tera de 3 hasta ío y 12 por año. 

CATETEO 

Kiccjos. — En muchas partes de la República, en 
casi todo el Estado de A'eracruz, por ejemplo, el cafe- 
to se cultiva sin riego, pero en algunas otras partes 
donde se cuenta con ese valioso elemento del agua, 
se le em])lea ventajosamente en tiempo de secas. 

Los plantíos que reciben la acción benéfica del 
agua, además de que se conservan mejor, regularizan 
su producción, corresix)ndiendo siempre a los cuida- 
dos del agricultor con más abundantes y oportunas 
cosechas. 

En el artículo (|ue trata del clima hemos indicado 
lo necesaria que es la humedad al cafeto, y sobre to- 
do si la tem])eratura es un poco más elevada de lo re- 
gular. 

So com])renderá, según esto, cuan importante y 
útil puede ser el empleo del agua, en caso de una se- 
quía prolongada. 

Cuando los días húmedos han cesado, se comien- 
za a notar los efectos de la sequía tanto en el terreno 



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74 

como en la planta. El terreno por su apariencia indi- 
ca la o])ortuni(lad de los riegos, que deben darse de 
una manera riKKlerada, tanto para conservar el calor 
suñciente en el terreno, como para no permitir que 
el cafeto se desarrolle en lonoittid. 

Hay (|ue advenir (¡ue inmediatamente después de 
las c-:!scclias no con.\iene re,<ar la planta, i)ues es ne- 
cesario dejarla rei)osar durante cierto tiempo, (pie 
varia de uno a dos meses. 

El riego de])e darse cuantas veces ío reclama la 
tierra y no fijando de antemano un cicl:) periódico que 
no tiene raz(')n de ser. 

A menudo se señala una o dos semanas de ñiter- 
valo entre riei^o y riego, pero natural es (pie variando 
el grado de se(|uedad constantemente, de igual mane- 
ra tiene que \ariar el número e intensidad de los rie- 
gos. 

Antes de la floración no convienen los riegos enér- 
gicos ; su acción debe ser únicamente estimulante. 
Así, jHies, cuando se acerca la época de la floración 
se dará un riego moderado. 

Algunos (lias antes de (|tie comiencen a percibir- 
se llamas florales (|ue ])aulatinamente se desarrollan 
y durante este tienijx) el riego debe suspenderse \xn- 
completo, si no se (piiere ver los l)ot()nes paralizarse 
en sus mo\'imientos y perderse por completo. 

Una vez desarrollado el fruto, los riegos deben 
darse con más abtmdancia, |)ero nunca en exceso. 

Sucede (pie el cafeto florea tres, cuatro v hasta 
seis veces: entonces el cuidado del agrictiltí^r al sti- 
ministrar los riegos se reduce particularmente a no in- 
terrum])ir ninguna floración. 

T.os riegos se dan de varias maneras. ])ero siem- 
pre inumlando el i^ie del cafeto. En alg-nnas partes 
S€ establecen los rie^^os como 1í^ índica la figura 7, en 
el supuesto de (pie el terreno sea plano. ('.-/) "es la zan- 
ja o caño de reoa<lío, del cual ^e saca en el punto (o) 
una regadeiM. siinn'endo el ])ie de los arbustos hasta 






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75 

el extremo del plantío o de la parte que debe servir 
de regadera; en este punto se continúa en la parte (c) 
para encontrar la siguiente línea, y así con los demás 
cuando los botones están bien desarrollados, es decir, 
cuando están de un blanco veixloso, per(^ no en capu- 
llo, se da un riego que sirve para asegurar ([tie n<^ se 
caig'a la flor. 

Esta regadera se forma alzando bordos a lo lar- 
go de las lineas de cafetos. La operación del riego 
se efectúa de la manera siguiente : el regador represa 
el agtia con tierra y mejor con una ccMipuerta de ma- 
no en el ])tinto ( ^). El agtta corre a lo largo de la 
regadera, hasta {/:) donde se impide su salida |K>r 
otra presa. 

Cuando se ha humedecido lo suficiente, la tierra 
de la ])rimera regadera, para no absorber demasia- 
da agua, se quita la presa en (/:) para (jtie el agua 
pase a la segtmda línea y así sucesivamente. 

Cuando la longitud de las regaderas sea tal que 
la cantidad de agua que llega al extremo (£) quede 
muy reducida, entonces se quita también la presa (/>) 
pasándola a ((;) y así ]>ara las otras. 

Esta manera de regar, atUKpie menos costosa que 
otra, no puede emplearse de preferencia, tanto ]M^r- 
que no siempre lo permite el terreno, como por el enor- 
me gasto de agua que reqtiiere. 

Otras veces se dispone el riego como lo indica 
la figura 8. Del caño (a) se sacan regaderas ioc) pa- 
ralelas a las líneas de cafetos, y de estas ramificacio- 
nes (//) que conducen el agua a cajetes formados al 
pie de cada planta. 

Cuando la pendiente del terreno es considerable 
se forma el cajete abriendo en la parte más alta una 
zanja, y poniendo la tierra qtie de ella se extrae en 
la parte más baja. 

No puede fijarse dé tina manera cierta la canti- 
dad de agua que es necesita para determinada exten- 
sión, por depender del grado de sequedad del suelo, 
de su permeabilidad, etc. 



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PODA 

Entre las operaciones de cultivo es niuv intere- 
sante la conocida en arboricultura con el nombre de 
poda, jHies aplicada al cafeto con inteHí^encia y dis- 
cernimiento puede amiicnfar y regularizar lá pro- 

Los árboles que no se han sometido a la poda 

dice Du Breuil— suelen dar productos muy abundan- 
tes, i)ero esta abundancia está sometida a una inter- 
mitencia regular, es decir, si la cosecha de un año es 
abundante la del siguiente es escasa. Ahora bien, se 
sa'be que esta irregularidad depende de que durante 
el año de abundancia casi toda la savia se ha emplea- 
do en el desarrollo de los frutos, y por lo mismo no ha 
sido suficiente para preparar nuevos botones florales 
para el ano siguiente. Las operaciones de la poda bien 
interpretadas e igualmente conducidas, tienen por re- 
sultado hacer desaparecer esta intermitencia, pues la 
economía de sa\'ia a cjue dan lugar los despuntes v 
los desyemes, permiten cjue el árbol desarrolle sufi- 
cientemente sus frutos y pre])are nuevas ramas para 
la producción subsiguiente. 

Teóricamente hablando, la poda no puede ser más 
racional, \- los resultados que en la j^ráctica se ob- 
tienen cuando se le emplea con discernimiento, son 
amphamente satisfactorios. La belleza v notable pro- 
ducción de los árl>oles y arbustos educados con todo 
el esmero de un cultivo intenso en los huertos v jar- 
sines, acomodados desde su i)rimera edad a la regula- 
ridad de las formas por medio de una i)oda perfec- 
tamente estudiada, demuestran lo que el hombre pue- 
de alcanzar cuando sabe aplicar los principios cien- 
tiñcos. 

Los principios científicos de la poda son aplica- 
bles indudahlemente para torJas .las plantas, pero de 



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77 

lina manera distinta para cada una de ellas, según las 
condiciones fisiológicas de su desarrollo. 

El empleo de la poda tiene por mira »los tres pun- 
tos siguientes: 

i.° Suprimir todas las partes inútiles de las plan- 
tas. 

2." Adaptar la forma de las plantas a las necesi- 
dades del cultivo, procurando el buen desarrollo en 
longitud, extensión y simetría, _ 

3.° Procurar la mayor y más constante producción. 

I.* La supresión de las partes inútiles de las plan- 
tas no es la operación más importante de la poda, 
pero debe hacerse siempre destruyendo los renuevos 
que brotan al pie del tronco y todas las ramas que no 
florean, pues estas partes de la planta consumen la 
savia inútilmente con perjuicio de los órganos fruc- 
tíferos. Los renuevos que brotan al pie dd tronco se 
destruyen a mano cuando aún están tiernos. Las ra- 
mas llamadas chuponas, que aunque muy robustas no 
florean, se deben cortar al ras del tallo principal. Lo 
mismo debe hacerse con todas las ramas secas o en- 
fermas; además, las matas que se dejan invadir por 
chupones, no emiten ramas secundarias- 

Las ramas más próximas del suelo, pasada la se- 
gunda fructificación y muchas veces después de la 
primera, ya no florean y a menudo abandonan sus ho- 
jas; es bueno cortarlas cuando esto se observa, pero 
procurando no maltratar el tallo. 

Muchas personas opinan que se les debe dejar uno 
o dos nudos, para que brotando nuevamente las ye- 
mas se reponga la rama; esto que parece muy racio- 
nal, no conviene, porque su fruto es siempre escaso 
y parece preferible ocupar la savia que consumen en 
la nutrición de las otras ramas indudablemente más fe- 
cundas 

Las ramas inferiores están siempre en malas con- 
diciones respecto de la luz y del calor. 



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2/' La necesidad de acoincKlar la forma del cafe- 
to a las buenas condiciones de lono-itud, extensión y 
sinietria se comprende fácilmente. 

El arbusto abandonado a su desarrollo normal se 
prolonga indeñnidamente tanto en longitud como la- 
teralmente, ambas cosas inconvenientes; la primera 
porque dificulta la cosecba, v la segunda porque sien- 
do exagerada acorta las distancias, ocasionando que 
las ramas de un arbusto se mezclen con las de los pró- 
ximos, resultamlo de allí dificultad en la penetración 
de la luz y del calor, así como de la circulación del 
aire. 

La simetría es indispensable para facilitar 'las 
funciones vegetativas, asegurando el equilibrio y fá- 
cil circulación de la savia en el arbusto. 

Esta parte de la poda, que propiamente debe lla- 
marse morfológica, es de suma importancia, y las 
reglas para practicarla están basadas en principios 
científicos, cuyo conocimiento es indispensable, para 
lo cual daremos aún idea del desarrollo natural del 
cafeto. 

Vegetación natural del cafeto.— A los treinta o 
cuarenta días de sembrada la semilla aparece la plan- 
íita desarrollándose poco a poco hasta que se mani- 
fresta completa, provista de su tallo y dos hojas ter- 
minales opuestas. 

El desarrollo ulterior se verifica por una yema 
terminal que prolonga el tallo verticalmente y poV do. 
yemas laterales opuestas cjue se desarrollan' un poco 
después en la base de las hojas primitivas que caen 
En esta época el pequeño cafeto tiene un tallo prin- 
cipal provisto de dos hojas terminales y dos brazos 
o ranias laterales igualmente provistas de hojas. 

En la extremidad superior se desarrolla una ye- 
ma terminal prolongando -el tallo, v más tarde en 'las 
axilas de las hojas que la cubrían y que son perpen- 



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diculares a las primitivas, se desenvuelven otras dos 
yemas formando otros tantos brazos. 

El plano vertical que comprende estos brazos for- 
ma un ángulo recto con el plano vertical que pasa por 
el medio de las hojas terminailes del tallo principal. 
Estos planos son los planos de vegetación natural del 
cafeto. . 

(Algunas personas, entre ella.-, el señor ]\I. Rome- 
ro, no admiten la exacta perpendictilaridad de estos 
planos, asegurando que "no se encontrarán dos ra- 
mas en un mismo plano vertical"; pero liastará recor- 
dar aquí que en las plantas de hojas opuestas o decu- 
sadas las hojas se superponen de dos en dos nudos, 
en virtud de que existen dos ciclo, foliares paralelos, 
comprendiendo cada uno cuatro hojas en una vuel- 
ta de hélice y teniendo por expresión filotáxica 1I4. 
Tratando de este punto dice Cauvet lo siguiente : En 
lo que concierne a las hojas decusadas de las Cario- 
fíleas y de las Rubiáceas, esta opinión parece justifi- 
cada por la evolución no concomitante de las hojas 
opuestas, así como por las diferencias (jue presentan, 
en el orden de su aparición, las ramas nacidas en las 
axilas de estas hojas. — Anotomie et Physologie vege- 
tales, página 99. 

El ángulo de divergencia de las ramas es normal- 
mente el mismo que el de las hojas, aunque algunas ve- 
ces se modifica a medida que se. produce la elonga- 
ción del eje, de tal manera cpie el ciclo expresado pri- 
mero 1 14, se vuelve sucesivamente t Í3, 2I9, 3! 14, 5 27^, 
etcétera, siguiendo las relaciones filotáxicas. Esto es 
lo que se observa en el cafeto pero no de una mane- 
ra normal.) 

En las ramas laterales de la primera fomiación su- 
cede una cosa análoga: la yema terminal se desarro- 
lla prolongando la rama, y las dos laterales foliáceas 
dan nacimiento a hojas. 



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El desen volvimiento del ve£>-etal se continúa de la 
misma manera, advirtiendo (luc el desarrollo princi- 
pal se verifica por la yema terminal, tanto en el tallo co- 
mo en las ramas laterales. En estas ultimas las yemas 
laterales son foliáceas }- dan nacimiento a hojas, de 
lo cual resulta la particularidad notable de que nunca 
se bifurcan naturalmente las ramas laterales, emer- 
giendo siempre perpendicularmente al tronco o tallo 
principal. 

La colocación de las hojas en las ramas secun- 
darias es la misma que tienen estas ramas respecto 
del tronco, es decir, en planos perpendiculares, y aun- 
que aparentemente están colocadas en un plano per- 
pendicular al tallo, si se observa con atención se ve 
que esto no es cierto sino para cada dos nudos; pues 
en verdad el peciolo conserva la posición indicada y 
sólo el limbo se inclina para desempeñar mejor sus 
funciones fisiológicas. 

Cuando el desarrollo que han tomado las ramas la- 
terales es considerable, comienzan a cambiar de di- 
rección arqueándose ligeramente hacia abajo. 

^ La vegetación, continuando de esta misma mane- 
ra^ durante los tres primeros años que proceden a la 
primera florescencia normal del cafeto, hace que cuan- 
do ésta llega, el arbusto, que tiene ya una altura de 
un metro o más, esté naturalmente simétrico y per- 
fectamente cubierto de hojas. 

En esta época la forma del cafeto es hermosa, y 
si se observa con atención, no se encuentra en un ár- 
bol robusto y bien constituido ninguna discrepancia 
respecto de la simetría. 

Las yemas florales aparecen entonces sobre las 
ramas primarias que parten directamente del tron- 
co en el punto de inserción de las hojas, en grupos 
compuestos de dos o cuatro flores de cada lado, menos 
en el primer año que generalmente son dos, y sólo 
en la parte del ramo que se ha desarrollado en los 



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años anteriores, pues la extremidad desarrollada ese 
misino año no producirá flores sino hasta el año si- 
guiente. 

Pasada la primera floración del cafeto, aparecen 
las ramas secundarias partiendo de los primeros nu- 
dos de las ramas primarias. Su desarrollo se hace de 
la misma manera que el de éstas. 

La evolución de las flores es digna de llamar la 
atención, pues como luego veremos, da la explicación 
de algunas prescripciones que se hacen para efectuar 
la cosecha. 

En el punto de inserción de las hojas se desarro- 
lla una yema que produce un solo pedúnculo que muy 
pronto se bifurca produciendo dos botones florales. 

En el primer año la florescencia se detiene ahí, 
pero en los años siguientes o aun en el primero cuan- 
do el arbolillo es muy robusto, el pedúnculo que bro- 
ta de la axila, después de bifurcarse continiVa prolon- 
gándose para bifurcarse nuevamente, produciendo 
otros dos botones de flor. 

Ahora bien, como el desarrollo de estas venias es 
posterior al de las de la primera bifurcación, y como 
por otra parte, la aparición de las >^mas de flor es 
centrífuga, efectuándose del centro hacia la perife- 
ria y nudo por nudo sucesivamente, se comprende el 
por qué de las varias floraciones del cafeto y conse- 
cuentemente de las varias cosechas. 

Contando el orden de la rama tomando por ori- 
gen el vértice del árbol resulta que el número de nu- 
dos que tiene esta rama es igual al orden de la rama, 
ahora, sabiendo que el cafeto produce un nudo cada 
mes se puede calcular la edad del cafeto de una ma- 
nera fácil ; las ramas se superponen cada 8 nudos, es 
de notar la perfecta regularidad del cafeto. 

En la zona cafetera de la República el cafeto florea 
dos, cuatro y hasta seis veces al año. 

De lo que dejamos apuntado resultan las siguien- 
tes conclusiones: 

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El desenvolvimiento del vegetal se continúa de la 
misma manera, advirtiendo (luc el desarrollo princi- 
pal se verifica por la yema terminal, tanto en el tallo co- 
mo en las ramas laterales. En estas últimas las yemas 
laterales son foliáceas }- dan nacimiento a hojas, de 
lo cual resulta la particularidad notable de que nunca 
se bifurcan naturalmente las ramas laterales, emer- 
giendo siempre perpendictilarmente al tronco o tallo 
principal. 

La colocación de las hojas en las ramas secun- 
darias es la misma que tienen estas ramas respecto 
del tronco, es decir, en planos perpendiculares, y aim- 
que aparentemente están colocadas en un plano per- 
pendicular al tallo, si se observa con atención se ve 
que esto no es cierto sino para cada dos nudos; pues 
en verdad el peciolo conserva la posición indicada y 
sólo el limbo se inclina para desempeñar mejor sus 
funciones fisiológicas. 

Cuando el desarrollo que han tomado las ramas la- 
terales es considerable, comienzan a cambiar de di- 
rección arqueándose ligeramente hacia abajo. 

^ La vegetación, continuando de esta misma mane- 
ra^ durante los tres primeros años que proceden a la 
prirnera florescencia normal del cafeto, hace que cuan- 
do ésta llega, el arbusto, que tiene ya una altura de 
un metro o más, esté naturalmente simétrico y per- 
fectamente ctibierto de hojas. 

En esta época la forma del cafeto es hermosa, y 
si se observa con atención, no se encuentra en un ár- 
bol robusto y bien constituido ninguna discrepancia 
respecto de la simetría. 

Las yemas florales aparecen entonces sobre ias 
ramas primarias que parten directamente del tron- 
co en el punto de inserción de las hojas, en grupos 
compuestos de dos o cuatro flores de cada lado, menos 
en el primer año que generalmente son dos, y sólo 
en la parte del ramo que se ha desarrollado en los 



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años anteriores, pues la extremidad desarrollada ese 
misino año no producirá flores sino hasta el año si- 
guiente. 

Pasada la primera floración del cafeto, aparecen 
las ramas secundarias partiendo de los primeros nu- 
dos de las ramas primarias. Su desarrollo se hace de 
la misma manera que el de éstas. 

La evolución de las flores es digna de llamar la 
atención, pues como Itiego veremos, da la explicación 
de algunas prescripciones que se hacen para efectuar 
la cosecha. 

En el punto de inserción de las hojas se desarro- 
lla una yema que produce un solo pedúnculo que muy 
pronto se bifnrea produciendo dos botones florales. 

En el primer año la florescencia se detiene ahí, 
pero en los años siguientes o aun en el primero cuan- 
do el arbolillo es muy robusto, el pedúnculo que bro- 
ta de la axila, después de bifurcarse continiVa prolon- 
gándose para bifurcarse nuevamente, produciendo 
otros dos botones de flor. 

Ahora bien, como el desarrollo de estas yemas es 
posterior al de las de la primera bifurcación, y como 
por otra parte, la aparición de las >^mas de flor es 
centrífuga, efectuándose del centro hacia la perife- 
ria y nudo por nudo sucesivamente, se comprende el 
por qué de las varias floraciones del cafeto y conse- 
cuentemente de las varias cosechas. 

Contando el orden de la rama tomando por ori- 
gen el vértice del árbol resulta que el número de nu- 
dos que tiene esta rama es igual al orden de la rama, 
ahora, sabiendo que el cafeto produce un nudo cada 
mes se puede calcular la edad del cafeto de una ma- 
nera fácil ; las ramas se superponen cada 8 nudos, es 
de notar la perfecta regularidad del cafeto. 

En la zona cafetera de la República el cafeto florea 
dos, cuatro y hasta seis veces al aiio. 

De lo que dejamos apuntado resultan las siguien- 
tes conclusiones: 

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I. Que siendo faliáceas las yemas terminales, el 
desarrollo del cafeto es indefinido' 

II. Oue €l cafeto toma naturalmente una forma si- 
métrica j por lo menos antes del desarrollo de las ra- 
mas secundarias. 

III. Que la floración es centrífuga efectuándose 
del tallo hacia las extremidades. 

IV. Que todas las ramas son de fruto; abstracción 
hecha de las anormales, y 

V. Que los nudos de las ramas primarias no dejan 
de fructificar hasta que aparecen en ellos ramas se- 
cundarias. . 

De la .primera conclusión se deduce la necesidad 
que hay de limitar el desarrollo del arbusto. Con este 
objeto se usa de los despuntes y desyemes. 

Despunte. — Cuando el cafeto ha 'llegado a la al- 
tura de dos metros se procede a impedir su desarrollo 
en longitud. Como hemos dicho, el arbusto queda ter- 
minado en su parte superior por una yema que pro- 
longará el tallo y que una vez desarrollada, dos late- 
rales dan nacimiento a otras tantas ramas : según esto, 
para efectuar el despunte hay que esperar el naci- 
miento de las ramas laterales; cuando éstas tienen 
seis u ocho centímetros se corta la última cruz un po- 
co más abajo del último nudo, haciendo uso de un cu- 
chillo de Inien filo y efectuando el corte al sesgo de 
abajo hacia arriba para maltratar el arbolito lo me- 
nos posible. 

Si las últimas ramas laterales están entonces muy 
desarrolladas conviene también cortarles el renuevo 
con iguales precauciones. Esta última operación tiene 
por objeto im])edir que bajo el peso de estas ramas el 
tallo principal se hienda longitudinalmente ocasio- 
nando la ])érdida de una buena parte del arbusto. 
Cuando desgraciadamente sucede, es necesario cor- 
tar inmediatamente el tallo hasta unos cinco centíme- 
tros más abajo de la hendedura, con un machete bien 



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filoso, y dirigir la rama lateral más próxima hacia 
arriba para continuar el tallo. 

Para limitar el desarrollo lateral del arbusto, se 
emplea el despunte lateral o desyeme. 

Desyeme. — El despunte lateral se hace estrangu- 
lando las yemas terminales a mano cuando comienza 
a desarrollarse, y es operación que pueden hacer los 
opera rar ios al mismo tiempo que recogen los últimos 
frutos. De esta operación resulta que desenvolviéndo- 
se las yemas laterales bifurcan las ramas primarias 
hacia la extremidad, y la savia es atraída con mayor 
energía hacia esta parte del arbusto en detrimento 
del resto de Is ramas- 
La fructificación es entonces mayor hacia el me- 
dio de la rama, quedando estériles los nudos próximos 
al tallo. Para evitar esto es bueno hacer el despun- 
te lateral temprano, de manera que la rama quede con 
los nudos enteramente indispensables. Al año siguien- 
te se efectúa el despunte lateral de la misma manera 
que el terminal. 

Las buenas condiciones de simetría no deben pre- 
ocupar de una manera especial al cultivador, pues 
naturalmente se producen en el cafeto, sobre todo du- 
rante los seis primeros años del cultivo, y todo esfuer- 
zo hecho con este objeto es enteramente inútil. 

3." Obtener la mayor y más constante producción, 
es seguramente el punto más importante de la poda, 
a la vez que el más difícil de alcanzar. Esta parte de 
la poda, que puede llamarse estimulante o poda pro- 
piamente dicha, se practica para disponer las ramas 
de fruto de una manera conveniente, es decir, procu- 
rando que su número sea precisamente el que pueda 
nutrir el arbusto. Entre nuestros cultivadores esta 
parte de la poda es enteramente desconocida y parece 
que sólo por vía de ensayo ha sido empleada en algu- 
na finca de Córdoba, y con resultados nada satis- 
factorios. (El señor H. Finck es el primero que ha 



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puesto en práctica la operación de la poda propiamen- 
te dicha, y los resultados obtenidos no pueden consi- 
derarse como buenos ; sin embargo, no podrá deducir- 
se de ahi la inconveniencia de la poda propiamente 
dicha, cuyos buenos resultados pueden notarse en 
otros arbustos.) 

Para obtener buen éxito es necesario conocer per- 
fectamente la vegetación natural y las buenas condi- 
ciones de floración del cafeto; sin esto, hay que temer 
un resultado negativo. Muchas personas han propa- 
gado reglas empíricas que no pueden aplicarse con se- 
guridad en todos los casos, y a menos indican épo- 
cas para efectuarlas, pero ninguno entra en detalles so- 
bre la manera racional de practicar la poda. Para la 
aplicación de la poda propiamente dicha, de la: poda 
técnica, no pueden darse reglas absolutas, pues cada 
individuo por sus condiciones especiales es un caso 
particular : de donde resuha la principal dificultad. 

Antes del completo desenvolvimiento de las ra- 
mas secundarias, la poda estinuilante no tiene aplica- 
ción ; en efecto en esta época el número de ramas es 
relativamente corto, y si se tiene en cuenta que todas 
las ramas son de fruto, fácilmente se comprenderá que 
la supresión de alguna o algunas, redundará en per- 
juicio de la cantidad de frutos. 

Cuando el desarrollo de las riimas secundarias es 
muy considerable y el número de las terciarias hace 
que se entremezclen hasta impedir la i>enetración de 
los rayos solares, se hace necesaria la aplicación de la 
poda propiamente dicha, pues llegados a esta época los 
arbustos son insuficientes para hacer fructificar todas 
sus ramas. Las operaciones de la poda son minucio- 
sas, y si se pueden aplicar perfectamente a un número 
reducido de plantas, se hacen impracticables tratándo- 
se de plantíos de cien a doscientas mil matas. Además, 
es operación difícil de hacer bien, aunque parece bas- 
tante sencilla, y creemos que los cultivadores deberán 



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admitir con reserva todas las reglas.que se les indiquen 
a este respecto. 

Después de efctuado el despunte lateral, las ra- 
mas secundarias vegetan con mas vigor emitiendo sin 
interrupción varios nudos; su desarrollo debe conte- 
nerse para que no se entremezclen con la rama próxima 

El número de nudos que debe dejarse a las secun- 
dairas será igual a la mitar del número de nudos que 

tenga la primaria. 

Las ramas secundarias del primer nudo primario. 
es decir, del nudo mas próximo al tallo, se dejarán 
fructificar sólo una vez, destruyéndolas en seguida- 

El número de ramas secundarias debe ser siempre 
par. 

No se dejarán aparecer ramas terciarias antes de 
que fructifiquen las secundarias que han aparecido en 
la extremidad de las primarias. 

Cuando hayan fructificado dos o tres veces las ra- 
mas secundarias, se les sustituyen por terciarias. 

No debe dejarse que una rama fructifique mas de 
tres veces. 

Todas la s operaciones de poda se efectúan con los 
instrumentos ordinarios del podador, empleando el se- 
rrucho para los tallos y ramas fuertes, el cuchillo pa- 
ra la corteza y ramas medianas, y la tijera para las 
partes blandas. Debe procurarse que los cortes sean 
perfectamente limpios, pues los cafetos resisten muy 
mal a las lesiones de los instrumentos, siendo por esta 
circunstancia muy peligrosa la poda corta. 

Para prevenir accidentes se puede emplear el si- 
guiente mástic, que se aplica con una espátula de ma- 
dera sobre las heridas de la planta. 






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Mástic Lhoiiimc — Lefort. 



Cera amarilla. . 
Trementina . . . 
Brea blanca. . . 
Sebo de carnero 



65 gramos 

65 
32 
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178 gramos 



Se funde la mezcla y se conserva en frasco ce- 
rrado. 

Este mástic endurece en muy i>ocos días ; no se re- 
blandece al sol ni se hiende; la humedad facilita su so- 
lidificación. 

En resumen, las operaciones de poda se ejecuta- 
rán en el orden siguiente : 

Almáciga. — Ninguna de las operaciones de poda 
se aplicará en la almáciga. Los cafetos que se noten en- 
fermos, sea cual fuere la causa, se destruirán total- 
mente. 

Después del trasplante— Por regia general, apli- 
cable en todas las épocas, se suprimirán los renuevos, 
las ramas marchitas, enfermas o anormales. Esta ope- 
ración puede }- debe hacerse en todo tiempo. 

Pasada la primera cosecha, cuando el cafeto alcan- 
ce dos metros, se hace el despunte terminal como que- 
da dicho. Esta operación se hará después de que des- 
aparezca la flor para provocar el desarrollo lateral. 
Puede tenerse una buena cosecha despuntando el ca- 
feto cuando comiencen a brotar las yemas de flor, pero 
si se aprovecha ésia, la del siguiente añ(^ es mínima- 

Cuando las ramas primarias inferiores alcanzan 
una longitud de 55 a 65 centímetros, teniendo de 8 a 
10 nudos, se hace el despunte lateral. Esta operación 
puede hacerse inmediatamente después de la cosecha 
posterior al despunte, pero en los plantíos muy adelan- 
tados, que tienen plantas muy robustas, debe esperar- 



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se la aparición de las yemas de flor, sin lo cual puede 
provocarse la emisión de todas las ramas secundarias. 

Cuando el despunte lateral se hace en buena época, 
las primarias fructifican bien y emiten secundarias en 
el nudo terminal. 

Al hacer el despunte lateral se cortan las dos ra- 
mas ])rimarias desarrdladas en la extremidad supe- 
rior del árbol. ' j 

El despunte lateral activa el desarrollo de las ra- 
mas secundarias. 

Seis meses después del desyeme se cortan las ra- 
mas secundarias nacidas en la extremidad de las pri- 
marias ; sin esta precaución se corre el riesgo de hacer 
estériles los nudos primarios próximos al tallo. 

Cuando las ramas secundarias se han desarrolla- 
do suñcientemente, se despuntan procurando no provo- 
car el nacimiento de las terciarias. Las operaciones 
subsecuentes tienen por objeto la sustitución de las ra- 
mas secundarias, constituyendo la parte más delicada 
de la poda técnica- La sustitución de las secundarias se 
liace cortándolas un poco abajo del segundo nudo que ha 
producido terciarias. Se conserva ia más robusta de 
las dos terciarias que quedan en la última cruz, dán- 
dole la dirección que tenía la secundaria. 

La poda de los arbustos debe limitarse hasta el 
despunte de las ramas secundarias, pues las operacio- 
nes siguientes se hacen impractipaVjles por su costo; 
para cada planta se necesita hacer de doscientos ochen- 
ta a cuatrocientos cortes, y como las operaciones de po- 
da sólo pueden confiarse a operarios inteligentes, cuyo 
número es desgraciadamente reducido, resulta imposi- 
ble su aplicación, sobre todo desde el punto de vista de 
la oportunidad. 



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REPOSICIÓN 

Xo puede evitarse, cualesquiera que sean los cui- 
dados que se prodiouen al plantío, que algunas de las 
plantas puestas en el terreno languidezcan, se marchi- 
ten y perezcan. 

De año en año se observan estas faltas que es ne- 
cesario enmendar, reponiendo los pies así perdidos. Al 
tratar de los almacigos hemos dicho va que el número 
de plantas ()ue deben criarse en ellos debe ser triple de 
las necesarias para el plantío; ahora se comprenderá 
el por f|ué de tal prescripción. 

Al año de establecido el i)lantío, es decir, en la 
próxima temporada de las aguas, se repondrán en el 
terreno todos los arbolillos que por cualquiera causa 
hubieran perecido. Esta operación deberá hacerse con 
mas esmero que la plantación, procurando que las ce- 
pas u hoyos queden abiertos con mayor anticipación 
y más amplitud. 

Sieinjíre conxendrá registrar el terreno perfecta- 
mente, y si es posible abonarlo de la manera c|ue indi- 
caremos en el artículo abono, pues a menudo estas fa- 
llas reconocen ])or causa algún desperfecto del terreno. 
La apertura del hoyo deberá hacerse inmediatamente 
que se o])serve la ])érdida de algún arbolillo- 

La reposición deberá hacerse con todo el cuidado 
que hemos indicado j^ara la plantación v aprovechando 
siempre las primeras lluvias, pues de no hacerlo es pre- 
lerible es])erar el año siguiente v no exponerse a una 
nueva pérdida. 

El arbolillo (|ue sirva para la reposición deberá 
ser más vigoroso que aqtiellos que sirven ])ara la for- 
mación del plantío: pues sufriendo más por la sequía, 
y no teniendo tiempo para equilibrar sus funciones an- 
tes de la desaparición de las aguas, indefectiblemente 
se pierde. 



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Lo mismo que se hace al segundo año debe conti- 
nuarse haciendo en los siguientes, teniendo siempre 
plantas de almacigo para estas reposiciones. Recomen- 
damos destruir inmediatamente los arbolillos que se 
encuentren enfermos y nunca tratar de mejorarlos por 
medio de la poda o de abonos mal proporcionados, que 
además de que ocasionan gran gasto nunca producen 
el resultado deseado. 

Siempre deben reponerse los árboles enfermos, 
pues de otro modo no puede remediarse el mal. 

Esto se entiende respecto de los pies aislados y 
no cuando se trata de una enfermedad que ataque 
una parte notable del plantío. 

Los árabes tienen extrañas ideas respecto a la re- 
posición que nunca emplean, según nos dice Lepelletier. 
^'No puedo dar una idea exacta de la mortalidad cuan- 
do han alcanzado un completo desarrollo, porque esto 
depende de la sequedad y de los gusanos que se comen 
las raíces; pero se me ha asegurado que en los años de 
sequedad mueren muchos pies v que en los de abun- 
dantes lluvias mueren bien pocos." 

'Tos cultivadores de los contornos de Saana, 
Hoaden, HabccJi, Djcbelskas y Charab, no reemplazan 
jamás los cafetos que han muerto en pleno desarrollo, 
estando persuadidos de que los nuevos que se pusieran 
en su Itigar perecerían por las mismas causas ; de don- 
de resultan las faltas considerables que Bréon ha ob- 
servado, y que son tanto más grandes cuanto más an- 
tiguos son los cafetales." 

La reposición es necesaria, de otro modo las fallas 
acumulándose de año en año ocasionan pérdidas de 
gran consideración, no sólo con la diminución de la 
cosecha sino también aumentando infructuosamente 
los costos. 

Las pérdidas que se noten en los árlx)les de som- 
bra, deberán también reponerse con tanta eficacia y es- 



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90 

mero como los arbustos mismos, pues las fallas en la 
sombra pueden ocasionar en los arbustos próximos pér- 
didas por insolación. 

COSECHA 

Tres o cuatro días después de la aparición de las 
flores comienzan a caer y quedan en su lugar los fru- 
tos que ocho o nueve meses más tarde deben ser cose- 
chados. 

En otra parte hemos dicho que las flores no apa- 
recen simultánea sino sucesivamente, de lo cual resul- 
ta que los frutos no maduran al mismo tiempo. Por eso 
mismo la época de la cosecha dura tanto como la flo- 
ración. 

La época de la floración, ya lo hemos dicho, es va- 
riable de un lugar a otro, pero en nuestra zona está 
comprendida entre los meses de enero, febrero, mar- 
zo y abril. La cosecha tiene lugar en los meses de oc- 
tubre a enero. 

El fruto es una drupa roja cuando madura, que 
encierra en su pulpa ligeramente dulce, dos granos pla- 
noconvexos que, tapizados aisladamente de una pelí- 
cula pergaminosa se aplican |)or su cara plana contra 
el tabique medio que separa los lóculos. 

Los granos al estado seco y desprovistos de las 
túnicas que lo envuelven, forman el café comercial. Es- 
tos granos están formados por un tejido de apariencia 
córnea, de un color plomizo ligeramente verdoso unas 
veces, amarillento, negruzco blanquizco otras- 

La parte convexa es enteramente lisa y continua- 
da, pero por la parte plana, que tieen una forma elíp- 
tica más o menos regular, lleva un pliego en forma de 
surco a lo largo del eje mayor. Este repliegue se conti- 
núa al interior formando una muy pequeña cavidad. 
La película pergaminosa que envuelve al grano pe- 
netra por este repliegue hasta el interior de la cavidad. 



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La parte carnosa (mesocarpo) está formada de un te- 
jido celular sumamente acuoso que se deseca con fa- 
cilidad, y rodeado por una corteza (epicarpo) lustrosa 
y rojiza cuando está madura y fresca, pero que por la 
desecación aparece opaca, quebradiza y de un color 
moreno muy pronunciado. 

Normalmente el fruto del cafeto encierra dos gra- 
nos, como hemos dicho, pero algunas veces sólo se des- 
arrolla uno de ellos, dando el producto que se ha lla- 
mado uicxican pca-bcrry caracolililo por la semejanza 
que tiene con la concha de algunos gasterópodos. Este 
producto, cu3^o precio es más elevado en el mercado, 
ha motivado un gran número de preocupaciones, con 
respecto a su origen, entre los cultivadores. 

La formación del caracolillo se comprende : tiene 
indudablemente por origen una mala fecundación o \\n 
defecto de nutrición. 

En el primer caso, que es probablemente el más 
común, según la opinión del señor ingeniero J. C. Se- 
gura, la fecundación se efectúa sólo en un estigma, 
desarrollándose el grano sólo en el lóculo que a este 
corresponde y permaneciendo el otro estéril. 

El defecto en la fecundación puede recon(x:er co- 
mo causa determinante, ya los desperfectos que puedan 
ocasionar los insectos en los órganos de la flor, o ya 
una dehiscencia irregular en la antera. 

En el segundo caso, que también suele observarse, 
la fecundación tiene lugar en ambos lóbulos, pero por 
una escasez relativa de savia se desarrolla sólo un gra- 
no apareciendo el otro rudimentario. Esta segunda 
explicación puede estar de acuerdo con la observación 
de muchos cultivadores, que creen estar ciertos de que 
el caracolillo se produce de preferencia en las extremi- 
dades de las ramas y en los cafetos de edad avanzada. 

El grano caracolillo no tiene cara plana, es todo 
arredondado, presentando al corte una sección que ne- 
tamente lo distingue del grano normal denominado 
planchuela. 



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El deiecio (jue constituye el caracolillo se hace po- 
co aparente al exterior, no pudiendo conocerse inme- 
diatamente. Sin embargo, con alguna atención, se 
pueden distinguir los frutos que encierran caracolillo 
entre nutchos normalmente desarrollados. 

En efecto, en los frutos de dos granos la línea que 
une el nacimiento del pedúnculo con el ápice del fruto, 
maiTado por la huella que deja la ñor, es siempre una 
línea enteramente recta, en tanto que en los frutos 
anormales que encierran el caracolillo esta línea es no- 
tablemente curva. 

Al cosechar el fruto no conviene, sin embargo, se- 
pararlo, debe provcxarse la pronta madurez de los fru- 
tos y cortar el grano lo más temprano que sea posi- 
ble. El cafeto no es planta que reposa mucho tiempo y 
conviene que no repose, pues la esparación se hace más 
fácil y perfectamente después del beneficio- 
La recolección de los frutos es sencilla, pero es de 
todas las operaciones la más delicada y que reclama 
mayor vigilancia de parte del propietario. 

Los cuidados que deberán tenerse al efectuarla 
son pocos, entrando en primer lugar la madurez per- 
fecta, en seguida la conservación en el arbusto de los 
frutos at'm no bien nutridos, así como la de los pedúncu- 
los del fruto. 

Esto último, que a mentido se descuida, es de 
una importancia capital, pues cuando se cortan dichos 
pedúncttlos en el punto de inserción, se forma una lla- 
ga que cicatriza, pero no permite el desarrollo ulterior 
de venias. 

La perfecta madttrez del fruto se reconoce en que 
ha tomado un color rojo vivo, ligeramente obscuro al- 
gunas veces. Sólo estos frutos <leberían cortarse, reser- 
vando los (|ue no se encuentran en estas condiciones 
para una segunda o tercera cosecha. 

lis mucho mejor reconocer la maxlurez del grano 
por otro indicio que no sea el color ; para esto se toma- 
rá un fruto, y comprimiéndolo entre los dedos ptilgar 



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93 

e índice, debe dejar escapar el grano con facilidad 
para que se considere maduro. 

El opei*ario recolector deberá ir provisto de un 
cesto en el que colocará los frutos recolectados duran- 
te el día, para conducirlos, concluida la tarea, a la casa 
de beneficio. 

Entre nosotros no se hace uso de la escalera para 
la recolección, pero no dejaremos de aconsejarla, so- 
bre todo cuando los arboHHos han alcanzado una altura 
relativamente considerable ; su uso tiene la ventaja de 
que se maltratan menos los arbustos. 

En la recolección de los frutos, el propietario, par 
medio de sus empleados de categoría, debe organizar 
una perfecta vigilancia sobre los peones, tanto para 
evitar que éstos maltraten los arbustos y perjudiquen 
las cosechas desprendiendo las boyas aún no maduras, 
como para prevenir que hagan el corte en desorden 
recogiendo furtivamente frutos de los arbustos que no 
les están seiialados ; por lo demás, la cosecha es suma- 
mente sencilla. 

En el Brasil, según nos dice Van Delden Laerne, 
la cosecha se hace en algunas haciendas despojando 
las ramas de sus frutos de una manera rápida. Los peo- 
nes para esto se apoderan de una rama, asiéndola por 
su extremidad, mientras que con la otra mano la re- 
corre a puño cerrado de abajo a arriba; los frutos, 
acompañados de muchas hojas, caen a tierra. 

Se comprende que tal manera de proceder es alta- 
mente viciosa e imperdonable. 

ABONOS 

La mayor parte de nuestros cultivadores tienen la 
preocupación de que el cafeto no necesita de los abo- 
nos, sobre todo cuando los plantíos están hechos en 
tierras recientemente desmontadas; otros, que no en- 
tran en el grupo anterior, consideran el abono como 



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94 

Útil y procuran aplicarlo cuando les es posible, habien- 
do muy pocos que tengan comprendida la imprescindi- 
ble necesidad de proporcionar a la planta los alimentos 
que diariamente consume y de los que a la larga y sin 
el empleo de los abonos se verá privada. 

La primera parte de este articulo será útil a las 
personas que no usan abonos, pues en ella nos propo- 
nemos poner a la vista el ix>r qué de tal empleo. 

Tomando como producción nonnal el minimo de 
ocho onzas, y suponiendo que la distancia s^ de dos 
y medio metros, resultará que en una hectárea de te- 
rreno caben 1,560 plantas, reservando para pasadizos, 
andenes, etc., 250 metros cuadrados. 

Una hectárea de terreno en estas condiciones pro- 
ducirá 780 libras o sean 358.8 kilogramos de café be- 
neficiado por año, o bien 1,392.14 kilogramos de bayas 
maduras- 

Con estos elementos vamos a calcular el consumo 
anual de las materias más importantes, como son el 
ácido fosfórico, la potasa y el á::oe. 

Los elementos consumidos se encuentran distri- 
buidos en el grano comercial, en la pulpa y en el perga- 
mino; pero pudiendo restituir al terreno estos dos úl- 
timos, resulta que lo único que positivamente se extrae 
de la tierra es la substancia útil del café comercial. 

Teniendo en cuenta las cantidades anotadas en el 
último cuadro de análisis consignado al hablar de la 
composición química, se podrá calcular lo contenido 
en 1,392.14 kilogramos de bayas y en 358.8 kilogramos 
de café comercial, así como lo que deba quedar en la 
pulpa y pergamino. 



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95 

Cuadro que indica, para mía hectárea de terreno, 
los elementos consumidos 



Acido fosfórico. 
Pota'sa. .... 

Ázoe 

Cal 



Consumiilos 

por 1392 k. 14 

de bayas 

lk.426 
10 309 

8 558 
I 736 



Exportados 

en 358 k. 8 

de café 



(^ledaii a la 

pulpa y 

pergaaño 



lk.039 

5 191 

6 027 

o 529 



ok.378 

5 118 

2 531 
I 207 



Las cantidades que ocupan la segunda columna 
del cuadro anterior, indican claramente que el grano 
cosechado anualmente extrae del terreno i k. 039 de 
ácido fosfórico, 5 k. 191 de potasa, 6 k. 027 de ázoe y 
o k. 529 de cal. Ahora bien, la fertilidad de la tierra 
está directamente relacionada con la cantidad de ali- 
mentos contenidos en ella, y se comprende que si de 
una tierra medianamente fértil se extraen anualmente 
cantidades tan considerables como ácido fosfórico, po- 
tasa y á^oe, su capacidad de producción y por tanto 
su fertilidad, irán constantemente decreciendo. 

En lo que se refiere al ázoe, el empobrecimiento 
será más lento en vista de la restitución que anualmen- 
te se obtiene fuera de todo abono, según lo han demos- 
trado los continuados experimentos de Schloesing y 
Bertelot ; pero tratándose del ácido fosfórico y la pota- 
sa, no hay restitución natural, y por consiguiente el 
empobrecimiento es más rápido y acentuado. El aná- 
lisis químico puede aún darnos a conocer con alguna 
aproximación el grado de empobrecimiento de las tie- 
rras. 

Si tomamos en consideración los análisis de los te- 
rrenos que comunmente se cultivan de café, podreinos 
establecer nuestro cálculo con los siguietnes datos : 



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Una hectárea de terreno. 

Superficie, 10,000 metros cuadrados. 
Profundidad media para café, 0.75 metros. 
Densidad (peso de un decímetro cúbico), 1.33 ki- 
logramos. 

Peso de la capa arable de una hectárea de terreno 
en estas condiciones, siendo el volumen 7,500 metros 
cúbicos, 17,475 kilogramos. 

Siendo la riqueza de la tierra en ácido fosfórico, 
de 0.06657 por ciento. 

La capa arable en una hectárea de terreno sólo 
contendrá 4.9260 kilogramos. 

de ácido fosfórico, de manera que si el suelo no tuvie- 
ra reserva ningima en el subsuelo y sin aplicación de 
ningún abono, a los cuatro años de una exportación 
periódica de i kilogramo 39 gramos quedaría entera- 
mente agotado. Cálculos semejantes podrán hacerse 
con respecto al ázoe, la potasa, etc. 

Esto en la práctica no se verifica, porque siempre 
se encuentra en el subsuelo de las tierras cierta cantidad 
de principios de reserva, que van poniéndose a dispo- 
sición de la planta conforme ésta los necesita; pero sí 
es indudable el empobrecimiento del terreno v la di- 
minución de las cosechas. 

La fertilidad de las tierras es proporcional a su ri- 
queza en elementos nutritivos, considerando mu- 
chos agrónomos al ácido fosfórico como punto de par- 
tida para la determinación del grado de fertilidad, 
que además está ligado con otras condiciones: espe- 
sor de la capa, faciHdad de desecación, etc., etc. Aho- 
ra bien, ya hemos indicado cuan exigua es la propor- 
ción de este elemento en las tierras comunes y cuan 
considerable es la cantidad consumida por la planta, 
advirtiendo que la que tenemos en cuenta es sólo la 
exportación, sin mencionar la necesaria para el cre- 



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cimiento, etc. Resulta, pues, que si Ja fertilidad de la 
tierra es proporcional a la riqueza en ácido fosfórico 
acusada por el análisis, podremos muy bien represen- 
tarla por la fórmula algebraica f — C E R en la 
cual F representa la fertilidad, C un coeficiente que 
depende de Is cualidades físicas de la tierra E el es- 
pesor de la capa y R la riqueza en ácido fosfórico Po- 
tasa y ázoe. ' '^ 

Es claro que si R disminuye anualmente, F dismi- 
nuye también, pudiendo suceder que se anule cuan- 
do R sea Igual a cero. Para que F permaneszca constan- 
te es preciso que C. E. R. se conserve con el mismo 
1.^1.:- '^ P^™^"«ce constante en cada caso lo mismo 
que E; R disminuye a medida que se producen las 
cosechas ; por consiguiente, para que la fertilidad per- 
manezca la misma, es indispensable que la riqueza de 
LfTl^ k'" elementos nutritivos permanesca cons- 
tante. Sabia ley de restitución enunciada por Liebig 
Esto es lo que se consigue con el empleo de los abonot 

a^rSlí°"° ? ""^ .""^^^"^ P"™^ ^e la producción 
agrícola; puesto en el terreno, que es la máquina por 

decirlo asi, pronto será atraído al interior de la plkn- 

ta, en donde por transformaciones íntmas ligadas a 

Los ""^ "" '""^'"■'^ '" ^•■"^«■'^ ^'"^ ■^^'•á" ^-en 

Ningima industria puede obtener productos sin 
as materias primas, y la agricultura, como las de- 
mas, hace constante consumo de tales materias 

El empleo racional de los abonos está subordina- 
do a los conocimientos científicos, y en manos del 
empirismo nunca podrá dar los restados deseados 

Tal conocimiento ha isdo motivo de largos y mi- 

Cifé.— 7. 



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98 

niK-iosos análisis que han puesto en claro cuáles sor 
las substancias que asimilan los vegetales. 

En el artículo que trata de la composición quími- 
ca, hemos puesto un cuadro en el que se expresan las 
substancias minera4es de que tiene necesidad el cafe- 
to. El ácido carbónico y el ázoe están también men- 
<!Íonados. 

Lvíxs elementos minera/les y el ázoe serán los úni- 
cos cjue nos ocupen, i)ues los elementos gaseosos, co- 
mo el hidrógenoy el oxígeno, así como el ácido carbó- 
nico, se encuentran en abundancia en la atmósfera y 
en el agua, y nunca serán introducidos i)rovecliosa 
mente en los abonos. 

Los elementos que deberán ocupranos son, pues: 
el ácido fosfórico, el ácido sulfúrico, el cloro, la cal, ía 
mag-nesia, la potasa y sosa, el óxido de fierro, la sílice 
y el nitr()gen(). 

De todos estos elementos, algunos se encuentran 
en abundancia en las tierras, tales como el ácido silí- 
cico, el óxido de fierro y algunas veces la cal. Otros co- 
mo el cloro y la sosa aún cuando no se encuentren en 
la tierra no deben preocupar al cultivador, y otros son 
de tal importancia que sin ellos es imposible la vege- 
tación: ácido fosfórico, potasa y ázoe; en cuanto a^la 
magnesia, su importancia está en relación con la del 
acido fosfórico. 

Cada hectárea de terreno consume anuhnente. 
1,0390 kgm, de ácido fosfórico, 5,1910 kgm^ de pota- 
sa, FjBGj kgm. de ázoe y 0.529 kgni. de cal. Según eso, 
SI nos limitamos a restituir únicamente \o consumido 
por cada cosecha, sin tratar de enriquecer el terrem^ 
emplearemos un abono que contenga el ácido fosfó- 
rico, la potasa y la cal, en las proporciones relativas- 
que se mencionaron. 

La restitución del ázoe no conviene hacerla en la 
proporción de 6,0270 kgm. por hectárea, i.° porciue 



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99 

sería demasiado costoso, y 2" poríjue la restitución 
natural (nitrificación, absorción del amoníaco atmos- 
férico, etc,) hace que el empobrecimiento sea menos 
sensible. 

A menudo se considera que el enqDJeo de los abo- 
nos disminuye en mucho las ganancias, pero bastará 
calcular el valor de la cosecha en una hectárea y d 
costó de lia restitución, para comprender que el capi- 
tal invertido en abono es ampliamente restituido. 

358 kgm. de café, osean y/y libras que produce 
cada hectárea, se venden en $156, suponiendo a $20 el 
quintal. 

Pa ra calcular el costo de restitución, tomamos <le 
uno de los artículos que publica la ''Revista Agríco- 
la" (tomo VJII, pág. 124), con el título de '7.os Abo- 
nos," lo siguiente: 

"El precio máximo que se les asigna en Europa 
a las substancias útiles de los alx>nos es como si^rne: 

Ázoe asimilable. .. $0.50 kgm. 

Ázoe orgánico o. ^54 

Acido fosfórico asimilable. o/r2 

Acido fosfórico al estado de fosfato tribásico... 0.C8 kjíin. 

P«tasa OJO \. 

Agregamos: Cal (muy variable): 0.03 

El costo de restitución será pues: 

Acido fosfórico 1 0390 k .s o 12 

Potasa : 5.1910 ., o.."')^ 

Ázoe 6.0270 ,, 3.OI 

<^al 0.52Ü0 ,, 0.02 

3 pesos 67 centavos por hectérea sería el costo del 
abono de restitución, suponiendo que se hiciera total 
la del ázoe. 



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100 

Si se reduce a i, 42 kilograinos la cantidad de 
ázoe, el costo de esta materia será yy centavos, y pa- 
ra el costo del abono de una hectárea se tendrá sólo 
$1.36. 

Aconsejamos el empelo de abonos minerales mez- 
clados con los residuos de beneficio {pulpa y perga- 
mino) V los desechos del plátano, que llevan materia 
útil. 

Muy recomendable para darse al café es el abo 
no siguiente: 

Kilogramos. 

Superfosfato 30 

Nitrato de potasa 40 

Carbonato de potasa ló 

Sulfato de cal 20 



roo 



Cada kilogramo de esta mezcla contiene 



PhO^ KO Az CaO. 



Superfosfatos 300 gs 63 gs. 

Nitrato de potasa... 400 ,, 

Nitrato de sosa 100 

Sulfato de cal 200 



88 gs. 



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186 55 
16 



82 



1 » 



63 gs. 186 71 165 gs. 

Tratos de la cal y de la ceniza como estimulan- 
tes del café. 

Si pues distriumos cada kilogramo de abono en- 
tre 50 matas, a cada una le corresponderá: 

Acido fosfórico i .26 gms. 

Potasa 3-92 

Ázoe 1 . 42 

Cal 3.30 



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101 

Y cada hectárea de terreno necesitará 31.2 kgm. de 
la mezcla. Calculando las cantidades de ácido fosfó- 
rico, potasa, etc., exportados en (8 ons.) 230 gra- 
mos de café que produce cada mata, se obtiene: 

Acido fosfórico 0.666 gms. 

P^^^^sa 3.320 „ 

^^.^^ '••• -. 3.863 „ 

^^^ 0.339 „ 

Cantidades que, exceptuando el ázoe, son menores 
que las suministradas por el abono. 

Abonos para la almáciga. — La restitución de los 
desechos del beneficio no deberá tenerse en considera- 
ción en razón de que nada agregan, devolviendo úni- 
mente lo que del terreno habían tomado. 

En cuanto al plátano, la cantidad de substancias 
útiles que suministra son de alguna importancia. 
Anualmente se pueden recoger en cada hectárea 8,000 
kms. de vastagos y hojas que contienen 82.40 kgms. de 
materia mineral y 8.72 kgm. de ázoe orgánico o 6.54 
kgm. de ázoe asimilable (Lawes y Gilbert). Las subs- 
tancias útiles se encuentran en estas proporciones: 

Acido fosfórico 1.04 kgrs 

Potasa 23.78 ^"" 

Ca^ f4--U ,. 

Ázoe asimilable 6 r 1 

.Cantidades dignas de tomar en consideración. 

Lo que hasta aquí llevamos dicho se refiere sólo 
a la restitución, es decir, a la devolución de la substan- 
cia extraída del terreno. Cuando se tenida empeño en 
aumentar la producción, valiéndose de los abonos, la 
cantidad que debe emplearse no será las misma. Mal 
podrían darse a ese respecto reglas absolutas, cuya 



102 

aplicación, si íructuosa algunas veces, seda acaso per- 
judicial en otras.. El empleo de los abonos en la ao-ri- 
cultiira está enteramente subordinado a operaciones 
científicas esiieciales para cada caso. Preciso es cono- 
cer ia composición cpiimica y las cualidades físicas de 
la tierra que sirve dé campo de operacinoes para anitir 
una (.pmi(,n lundada: mas aún, es preciso hacer ex- 
perimentos agronómicos en pequeños camix)s de expe- 
riencias, con diversos abonos y en determinadas con- 
diciones. 

Los abonos se deben poner después de la cosecha, 
y al principio de las aguas ya se nota su beneficio 

Lmi)resa es esta que corresponde a cada cultiva- 
dor en particular, pues el conocimiento de los abonos y 
las cantidades que debe emplear es asunto del todo es- 
pecial. 

La distribución de los abonos se hace cerca del pie 

mS s„ if í°r "-'"' '''•^ '°" ''^''^ P^'^ regularizar 

^enienUL'"" °"-- ^^ fP,°'^ '^''' "°^ parece más con- 
venren e es al principio de la primavera, es decir, cuan- 

hlí: "'k''^''",''' '■■°''^''^' P""- ^^íe tiempo, los ar- 
bustos, recobrando nuevo impulso, activan sus fun- 
ciones vegetativas, y por lo mismo la absorción es más 
enérgica. ^ 

Lloren^r "'r'"" u*' ^^t^'-^-'l^ulo. Copiamos (Aniceto 

ctón ce H.r' "v- P^^^'"^ ^^°9) la instruc- 

aon que da Georges Ville para la preparación de las 
mezclas fertilizantes. -'Cuando el agricultor mismo es 
quien prepara la mezcla de los productos (en lo cua 
encontrara ventaja), debe cuidar que ésta sea lo mT 
intima posible, para que las raicecillas de la planta 
encuentren al mismo tiaiipo a su alcance los diver 
sos agentes cuyos buenos efectos dependen en parte 
de su prsencia simultánea. ^ 

"Hay que procurarse el fosfato ácido de cal mu- 
chos meses antes de preparar la mezcla. Este prodü?- 



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103 

to ofrece en el momento en que acaba de ser prepa- 
rado una consistencia pastosa que hace dificiles las 
mezclas; pero al cabo de dos tres meses se deseca y 
se hace pulverulento. 

"Para preparar la mezcla se procede de la mane- 
ra siguiente: se extiende primeramente el fosfato de 
cal sobre el suelo y se le reubre con yeso. Al cabo de 
veinticuatro horas se mezclan por medio de una pala 
las dos productos y se les deja amontonados [)or es- 
pacio de imo o dos dias. Pasado este tiempo, se vuelve 
a extender la mezcla sobre el suelo y se le añaden 
las demás substancias que deben entrar en el abono. 

"La incorporación de estos productos nuevos a la 
mezcla primitiva se verifica revolviendo enérgicamen- 
te la materia con la pala, cuyo efecto se completa gol- 
peando las porciones aglomeradas con un mazo de 
madera, que consiste en un cilindro de 20 a 30 centí- 
metros de diámetro por 10 de altura, provisto de un 
mango vertical que arranca del centro del cilindro. 

** Verificada la incorporación, se criba la mezcla, 
y después se vuelve a revolver enérgicamente con la 
pala hasta que la mezcla esté lo más homogénea (|ue 
sea posible." 

Son buenos para el café el estiércol y excremen- 
tos particularmente el humano y el de aves. 

BENEFICIO 

El fruto cosechado, para ser producto comercial, 
debe sufrir varios tratamientos sucesivos que cons- 
tituyen el beneficio. 

En otro lugar hemos dicho que el café comercial 
es el grano (albumen) del fruto del cafeto. Este fru- 
to es una drupa, roja cuando está madura, contenien- 
do uno (caracolillo), o dos granos envueltos por una 
doble membrana pergaminosa y por una parte car- 
nosa. 



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104 

La parte carnosa del café recientemente cose- 
<:hado es una pulpa que contiene cierta cantidad de 
humeilad y se separa fcácilmente del resto del fruto. 

Por su exposición prolongada al sol, o simple- 
mente al aire, se deseca, tomando un color obscuro y 
una apariencia rugosa, al mismo tiempo que adquiere 
una dureza considerable. En este estado es difícil 
separar el grano. 

El café debe beneficiarse inmediatamente después 
de cosechado, por las razones que después señalare- 
mos, pero algunas veces esto no puede hacerse y es 
preciso operar sobre el café seco ya, o café capulín, 
como en algunas partes le llaman. 

Según que se proceda sobre café fresco o seco, se 
eniplean distintos procedimientos de beneficio. En el 
primer caso, se comienza por despoar al fruto de la 
parte pulposa que envuelve al grano rodeado de sus 
tegumentos. 

Esta operación sencillísima se ejecuta por medio 
de máquinas que se denominan despulpadoras, y de 
las cuales nos ocuparemos adelante. 

Los granos desprovistos de la pulpa quedan aún 
envueltos por las membranas pergaminosas, de las 
cuales es indispensable despojarlos. Esta operación 
no puede efectuarse inmediatamente. Las membranas 
tegumentarias forman al café una túnica que lo en- 
vuelve perfectamente por la parte convexa, y pene- 
tra en los pliegues del grano por la sutura de ía parte 
plana: para separarla es indispensable desirarrarla, 
cosa que es sumamente difícil inmediatamente des- 
pués del despulpado. 

En efecto, saliendo de las despulpadoras, el café 
esta húmedo y el pergamino rodeado de una substan- 
cia mucilaginosa que lo hace resbaladizo. En este es- 
tado pasaría por las máquinas que se emplean para 
trillarlo, sin obtener absolutamente resultado {al- 
guno. 



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105 

Para operar con éxito, se comienza por lavar el 
pergamino hasta que pierda todo el mucílago, secán- 
dolo después para que se torne en quebradizo. En es- 
te estado se somete a las máquinas de trillar, que lo en-' 
tregan desprovisto del pergamino. 

Entonces debe sujetarse a operaciones de pulido,^ 
limpia, escogido, etc., etc. 

Cuando se opera sobre el café seco el beneficio es 
más fácil, pues el café se despoja al mismo tiempo de 
la pulpa seca, que toma la apariencia y nombre de cas- 
cara, y del pergamino que envuelve al grano. La lim- 
pia y el escogido se hacen inmediatamente después. 

A primera vista, el segundo procedimiento pare-- 
cería el más ^'entajoso, y es el que primitivamente se 
ha empleado, y de preferencia se emplea en casi toda 
la zona cafetera de México. Sin embargo, tiene gra- 
ves, y muy graves inconvenientes: el producto se des- 
mejora, jMcrde su calidad y el precio comercial dismi- 
nuye. 

La pulpa del café secado en cereza sufre, al prin- 
cipio de su exposición al sol, una fermentación que 
perjudica al grano, pues le hace perder su aroma. El 
grano se amarillea y frecuentemente se mancha. 

Seco ya, se lleva a la descascaradora que, por 
perfecta que sea, a menudo lo rompe y siempre lo ra- 
ya. El grano que así se obtiene es más pequeño y me- 
nos pesado, circunstancias inconvenientes para eí ven- 
dedor. '• • 

Por el contrario, el procedimiento del despulpa- 
do tieen todas las ventajas y, por lo tanto, no dejaremos 
de aconsejar su empleo a todos los cultivadores inteli- 
gentes. Es cierto que la instalación para su empleo 
es mucho más costosa, pero incuestionablemente el 
éxito es proporcionalmente mayor. 

"El procedimiento primitivo que aún emplean los 
cultivadores pobres, o poco afectos al progreso, reco 



arari ¡¡¡.-ife 






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106 

noce su fundamento en el descascarado en seco, y no 
podrán abandonarlo hasta que las circunstancias les 
permitan emplear maquinaria. 

Este procedimiento, sin el empleo de las máqui- 
nas, es el único posible; pero cuando se pueda insta- 
lar una linca de beneñcio, debe elegirse, de preferen- 
cia, el procedimiento de despulpado. 

Actualmente se puede obtener una instalación 
perfecta, enteramente moderna y teniendo todas las 
ventajas aceptables, pues el adelanto de la maquinaria 
de beneficio se ha acrecentado de pocos años a esta 
parte. 

Despulpado. — £1 despulpado se hace hoy con las 
máquinas llamadas despulpadoras. Las hay de varios 
modelos, tamaños y precios ; pero todas tienen por prin- 
cipio mecánico el frotamiento del fruto contra super- 
ficies erizadas de protuberancias que desgarran la' pe- 
lícula y la pulpa del café. 

Los modelos más importantes son los de la casa 
inglesa de John Gordon y Cia., cuyo trabajo hemos 
tenido ocasión de apreciar como absolutamente i)er- 
fecto. Las máquinas inglesas se componen de una tol- 
va, en la que se pone el café en cereza, y de la cual 
es arrastrado por una corriente de agua,"^ para pasar 
entre un cilindro cubierto por una lámina de cobre, 
erizada de pezones, y una lámina metálica que se 
mantiene apoyada contra el cilindro por una placa de 
caoutchouc. El mecanismo es sumamente sencillo y 
d efecto enteramente satisfactorio. 

De este género de máquinas, la Casa Gordon 
fabrica varios modelos, adecuados a las necesidades 
de los agricultores de todas las escalas. 

El modelo más pequeño La Jamaica, es el despul- 
pador de mano propio para los cafetales chicos. Pue- 
de despulpar, por hora, 20 fanegas de cereza (ñg.g.) 

Los modelos A y B (fig. 10) pueden despulpar 




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50 y óo fanegas respectivamente; son mucho más 
perfectas que la anterior, meor acabadas y pueden 
adaptarse a fuerza manual o motor de vapor. 

El despulpador Brazlí, que da excelentes resul- 
tados, consiste en un cilindro para despulpar, una 
tolva y una caja de alimentación de hierro galvaniza- 
da, una criba giratoria y un juego de cubos elevadores. 
El café rojo entra en la tolva, y pasa al cilindro que 
separa las cascaras de los granos. Los granos pasan 
por las aberturas de la criba, en tanto que las cere- 
zas no despulpadas y d residuo pulposo se depositan 
en la caja de alimentación del elevador. 

Este modelo está construido para motor de agua 
o vapor, puede despulpar de óo a 70 fanegas por 
hora. 

La máquina combinada de Gordon (figura 11), 
para majar y despulpar café, mediante la adición de 
cilindros de majar, efectúa un trabajo perfecto. Está 
provista de una tolva de agua, de cribadoras, etc., etc. 
Es sólo para motor de agua o vapor ; puede trabajar 
de 80 a 90 fanegas por hora. 

El doble despulpador de café se compone de dos 
cilindros de despulpar, una tolva, cajas de alimenta- 
ción, una criba y un juego de cubos elevadores. Es la 
más completa de las despulpadoras de Gordon y la 
propia para grandes instalaciones. Puede despulpar 
de ICO a 150 fanegas. 

A todos los despulpadores de Gordon puede adap- 
tarse el Graduador Privilegiado de Dieseldorff, que 
tiene por objeto economizar el agua y separar los cuer- 
pos extraños que pudieran deteriorar la camisa del ci- 
lindro despulpador. 

Puede usarse con poca o mucha agua con igual 
éxito. Todas las piedras, arenas, guijarros, etc., se 
acumulan en la tapa, que se vacía al terminar la 
operación. 



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La fieura 12 representa una despulpadora de 
U)rdon provista del graduador Dieseldorff. 

Las despulpadoras americanas de la casa de Geo 
L bquier, son también de nuiy buen trabajo v adap- 
ÍultiVo? "«^'^«•^'^'•'-^s fit- los pequeños y medianos 

Construje máquinas de disco y de cilindro 

Las maqumas Mejoradas de disco están construi- 
das de una manera sencilla y duradera. 

Se fabrican cuatro tamaños con uno, dos, tres 
y cuatro discos, se pueden mover a mano. 

Despulpan por bora: la de un disco, i,oso litros' 
rn . 00' '°'' ^'"'°- '-'' '^^ ''^'' 3'i50; y la de cua- 

Las máquinas mejoradas de cilindro son seme- 
ajntes en todos a las de Gordon; se fabrican de dos 
tamaños. El tamaño número i, que despulpa i,o:ío 
litros por hora, es para fuerza manual, y puede ma- 
nejarse por dos hombres. 

El tamaño número 2, exclusivamente para motor 
horr""'"'^' '''""''' ° ^^^°''' ^'^^P"'P^ 2'^°° ''^i'os por 

El despulpado debe efectuarse inmediatamente 
después de cosechado el café, o durante las diez horas 
'lue siguen a la cosecha, para que no fermente el fru- 
to y se perjudique el grano. Algunos cultivadores 
acostumbran colocar las cerezas en estanques do agua 
de los cuales pasan a la máquina arrastradas por la 
comente liquida. Esta práctica es buena ; pero tiene 
el inconveniente de que la cantidad de agua que se re- 
quiere es considerable. Es preferible llevar el fruto a 
ia tolva de las máquinas, por un conducto especial v 
el agua por un caño de alimentación. 

La cantidad de agua necesaria puede, entonces, 
darse a voluntad. 

rMvado.— El café despulpado en máquinas des- 



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109 

provistas de criba, sale mezclado con la pulpa despren- 
dida del grano y entonces es preciso separarlo. Esto 
puede hacerse valiéndose de una criba espíxial o bien, 
como a menudo lo prefieren nuestros cultivadores, por 
medio de estanques de decantación. 

Las cribas más propias para este uso son las de 
mesa. 

Las cribas que tienen la ventaja de operar de mía 
manera continua, adolecen de algunos defectos, sien- 
do el principal la poca perfección de su trabajo. 

Los tanques de decantación tienen la desventaja 
de que la separación de la pulpa no puede hacerse sino 
después de haber concluido el despulpado de todo el 
fruto; tienen la ventaja de que el café, durante su 
permanencia en el estanque, sufre un prnner lavado, 
digamos asi, preparatorio, que hace más eficaz los 
subsecuentes. 

El empleo de los estanques de decantación requie- 
re en todos casos, una cantidad considerable de agua. 
La disposición que se les da es la misma que tienen 
los de lavado, de los cuales nos ocuparemos después. 

Separado el grano de la pulpa, de una manera u 
otra, se le sujeta a uno o varios lavados, que, como he- 
mos indicado en otro lugar, tienen por objeto despren- 
der h substancia mucilaginosa de que está impreg- 
nada la película del grano. Estos lavados se hacen 
en estanques o mejor por medio de máquinas. 

El empleo de los estanques de lavado tiene las 
mismas desventajas que el de los estanques de decan- 
tación; sin embargo, como el uso de las máquinas lava- 
doras no es aún general, indicaremos aqui la mane- 
ra más conveniente de disponer dichos estanques. 

La capacidad de los recipientes que se construvan 
con este objeto, debe estar en proporción con la canti- 
dad máximum de café que pueda despulparse por día. 
Se construyen tres estanques de igual capacidad, es- 



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' 110 

caloñándolos cuando lo permita el terreno, de manera 
que tenyan una disposición semejante a la de la figu- 
ra J3. Como se ve, se construyen de paredes muv 
levantadas sobre la superficie del suelo, pues de otro 
modo habría dificultades para el vaciado del liquido 
y la extracción del grano. 

Los materiales de que se haga uso serán en lo po- 
sible de buena calidad, recomendando muy especial- 
mente que las superficies interiores de las paredes y 
del fondo, sean perfectamente lisas. El empleo de las 
piedras artificiales, cementos, etc., es altamente con- 
veniente. 

Estos estanques se comunican entre sí por medio 
de compuertas bien dispuestas. La llegada del agua 
debe tener lugar por llaves de dimensiones proporcio- 
nadas a la capacidad del estanque y podrá vaciarse 
a voluntad. 

Para obtener fácilmente este resultado se colocan 
en el fondo aberturas manejables desde afuera, cu- 

Í^Tv^ "!.'■ i"""" *^°"^ '■'J^ ^^ ^'^"^' P^'-a inipedir 
Ja salida del grano. 

El layado se efectúa en estos estanques de la ma- 
nera siguiente: Una vez acabado el despulpado se 
deja el grano en el primer estanque amontonado y li- 
geramente húmedo, durante unas cuatro, cinco o seis 
horas, con el objeto de provocar una ligera fermen- 
tación, que facilita el desprendimiento de la substan- 
cia glutinosa. 

Transcurrido este tiempo, se llenará el estanque 
de agua y dos o mas operarios agitarán perfectamen- 

^I;""?'}" P"!" '"^í^'° *^^ P^^^"' deP''^"^'o correr libre- 
mente el liquido. El grano pasa al segundo y después 

raimientos advirtiendo que llegado al último, no 
se le sacara de el hasta que esté perfectamente limpio 
Los estanques de lavado dan buenos resultados' 



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111 

teniendo sólo el inconveniente de ser costosos y ne- 
cesitar una cantidad de agua considerable. El tamaño- 
ya hemos dicho que será proporcionado, sabiendo que 
para cada quintal de cereza se necesita una capacidad 
de 244 decímetros cúbicos en cada estanque. 

^ Con el objeto de hacer más fácil y violento el la- 
vado del café, la Casa Squier ha puesto en el mercado 
una lavadora cuyo resultado es bueno. 

La lavadora Americana se compone de una caja 
cilindrica, de hierro, en la cual gira un eje horizontal, 
armado de dientes convenientemente dispuestos para 
agitar el café en corriente de agua que circula en el 
interior ; puede lavar 1 50 quintales en 24 horas. 

Cuando se haga uso de esta máquina sólo se ne- 
cesita un estanque, y empleando dos lavadoras escalo- 
nadas se obtienen muy buenos resultados. El café des- 
pués de lavado, del)erá secarse. 

Secado. — Entre nosotros y en la mayor parte de 
las fincas de Centro- América, el secado se hace al sol, 
en eras construidas a propósito para el objeto. Estas 
eras, conocidas con el nombre de asoleaderos, son de 
mucho uso entre los cultivadores, a pesar de los incon- 
venientes que tienen. . 

En efecto, siendo la época de las cosechas en los 
meses de noviembre a enero, como ya hemos dicho, 
el asoleado tiene lugar en malísimas condiciones, pues 
a menudo los días son húmedos o cubiertos, haciendo 
dilatada la operación. 

Sin embargo, de preferencia se hace uso de los 
asoleaderos para secar el café. 

La construcción de las eras es sencilla, no tenien- 
do más condición que satisfacer que la del aire y que 
el pavimento sea perfectamente continuado. Su exten 
sión tendrá que variar en proporción a la cantidad 
de grano que deba recibir la insolación ; por término - 
medio, se calculan tres metros cuadrados de superf. 



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Ijcit' i)ra cada cien libras de grano en pergamino. La 
di.s]).,sicion que se les da es semejante a la de las eras 
de trillar, prefiriéndose, sin embargo, las formas cua- 
dradas o rectangulares. 

Para la construcción de los asoleaderos, se elegirá 
de preferencia un terreno plano, o con una ligera pen- 
diente; cuando en la localidad las lluvias sean frecuen- 
tes en esta época, es, más que conveniente, necesario 
dar una pendiente al pavimento de los asoleaderos, con 
el objeto de que las aguas escurran inmediatamente 
en los canos, que se acomodarán en el lugar más a 
proposito. • 

Eri)avimento se hace de ladrillo las más veces 
pudiendo obtenerse mejores resultados con la piedra 
artificial o el asfalto. Cuando se le construya de ladri- 
llo, es condición especial que el ladrillo de que se haga 
uso sea perfectamente recocido y lo menos poroso. 
Los ladrillos que no reúnan tales condiciones, dilatan 
la operación del secado, por la humedad que conser- 
van y ademas comunican al grano un olor extraño 
y alg(j desagradable que no se quita nunca. 

La piedra artificial no presenta estos inconve- 
nientes cuando está bien preparada y aplicada ; pero 
cuando no es asi. se descascara fácilmente a los golpes 
de pala. El asfalto es indudablemente mejor, aunque 
de mas costoso empleo. 

La operación del asoleado es de las más delicadas 
pues de la duración de la insolación y de la manera dé 
conducirla depende en gran parte la calidad v la co- 
loración del grano. 

Siempre se procurará que el espesor de la capa sea 
de 6 a 8 centmietn.s y nunca más. Como quiera que dis- 
puesto asi recibirá más provechosamente la acción del 
sol, el grano colocado hacia arriba ; para que éste 
sea mas regular, se remueve la capa lo más frecuente- 



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118 

mente posible, consiguiendo asi, además, facilitar la 
evaporación del agua. 

Para remover el grano, se hace uso de palas o de 
instrumentos hechos a propósito; se componen éstos 
de una barra o mango largo de madera, de 130 ó 150 
centimetros que lleva ensamblada en su extremidad 
y perpendicularmente a su eje una tabla de forma tra- 
pezoidal.. Esta tabla, que se hace resbalar sobre el 
pavimento de la era, arrastra en su movimiento los 
granos de café. 

I.a operación del asoleado se detiene cuando la 
cascarilla pergaminosa de resbaladiza que era se tor- 
na en quebradiza, lo cual tiene lugar a los siete u ocho 
días, cuando el tiempo es bueno, prolongándose algu- 
nas veces quince y aun más, cuando la humedad es 
abundante y el sol escaso. 

En los climas cálidos el rocío es siempre abundan- 
te y, por consiguiente preciso es precaver al grano de 
su influencia; para esto se le cubre por la noche con 
esteras. 

El resultado que se obtiene con la asoleadera es 
bueno ; pero siempre tardío y a veces peligroso, por lo 
que sería muy conveniente que nuestros cultivadores se 
decidieran a emplear estufas y aparatos de calefacción 
que facilitan sobremanera el trabajo. No sabemos que 
en ninguna parte de la República se haga uso de las 
máquinas secadoras, y por lo tanto nos vamos a per- 
mitir recomendarlas. 

La máquina secadora se compone de un Ulindro A 
de un calorífero B y un ventilador C (Fig. 14). 

El cilindro esta dividido en cuatro compartimien- 
tos que alternadamente se cargan con iguales canti- 
dades de grano, para mejor equilibrio y facilidad de 
rotación. El aparato se carga por las puertecillas L 
y para facilitar esta operación se hace uso de la tolva 
corrediza N. Cardado el cilindro se pone en movimien- 

Café — 8. 



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114 

lo al niismu tiempo que el ventilador y en seguida se 
enciende el calorífero. 

El que cuida la máquina no tiene más trabajo 
que arreglar los fuegos para que nunca excedan de 
66 C. al pasar por los termómetros fijos. El aire ca- 
liente se subdivide en más de 34,000 pequeñas co- 
mentes al penetrar al cilindro, las cuales pasan ani- 
madas de una gran velocidad, arrastrando paulatin- 
mente la humedad y haciendo la operación más rápi- 
da, a voluntad y bajo un principio racional. El cilin- 
dro no da más que dos vueltas por minuto. 

El ventilador arroja una gran corriente de aire 
que pasando por los tubos caloríferos adquiere la tem- 
peratura conveniente. Cuando se considere que el café 
está seco, se pueden sacar muestras por las ventanillas 
L, sm tener que parar el aparato. Para descargarlo, 
-una vez seco, basta abrir las puertecillas y sólo el 
grano cae en la artesa D. 

La construcción del horno de calefacción es sen- 
cilla. 

La fuerza que se necesita es corta y su precio 
relativamente bajo. 

Por otra parte, las ventajas de los secadores' sobre 
los asoleaderos son patentes. Un asoleadero es costo- 
so, seca menos café y no de una manera perfecta y 
origina mayores gastos por el personal que reclama. 

Con la secadora se pueden secar 100 quintales en 
24 horas. 

Estas máquinas se construyen para 40, 70 v 100 
quintales. ^ ' / j 

Además de los aparatos de calefacción, comienza 
a hacerse uso de las secadoras centrífugas. La cen- 
trifuga (fig. 15), especialmente construida para este 
objeto, no da el café enteramente seco, pero debe uti- 
lizarse en combinación con los asoleaderos o la seca- 
dora; hay ventaja en ello, sobre todo si se tienen 
eras. 



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115 

La máquina "American,'' quita el grano de 60 a 
70 por ciento de humedad en sólo 20 minutos de tra- 
bajo, minorando notablemente el tiempo necesario pa- 
ra la completa sequedad. El cesto A de la máquina es- 
tá construido de latón y perfectamente asegurado so- 
bre el eje, que, como se ve en el dibujo, lleva en la par- 
te superior las poleas que reciben el movimiento. 

Estas poleas deben girar con una velocidad míni- 
ma de 700 revoluciones por minuto. La descarga se 
hace por unas puertecillas colocadas en el fondo del 
cesto, que puede detenerse en su movimiento mane- 
jando el freno U. 

El cesto puede contener 250 libras de café y re- 
quiere 20 minutos para quitar la humedad. 

Puede desecar 60 quintales en 12 horas, con una 
fuerza de 4 caballos. 

Descascarado. — Cuando el café se ha secado al 
grado conveniente, ya sea en los asoleaderos o con las 
máquinas, se lleva a las trilladoras o descascaradoras 
para que lo despojen del pergamino. No es preciso 
que el descascarado se haga inmediatamente después 
de recoger el grano de los patios; si por alguna cir- 
cunstancia conviene guardarlo, se puede hacer antes 
de despojarlo del pergamino, que lo resguardará sin 
que sufra demérito de ninguna clase: 

La operación del descascarado es rápida y sen- 
cilla. Se la ejecuta con máquinas. 

Las máquinas de descascarar se componen de un 
cilindro descascarador, que es el órgano principal, de 
una tolva de carga, de un conducto para la salida del 
grano y de los accesorios de ajuste y movimiento. 

El cilindro descascarador es metálico, de super- 
ficie estriada, que gira en el interior de una envoltu- 
ra cilindrica ajustable, igualmente metálica y estria- 
da en el interior. 

El grano de café al pasar con fuerte rozamien- 



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116 

to entre la pared de la envoltura y la superficie del ci- 
lindro, se desprende poco a poco de sus tegumentos. 
La entrada del grano está colocada a un lado del ci- 
lindro y la salida generalmente del lado opuesto, de 
manera que el café recorre toda la longitud del cilin- 
dro descascarador. 

Las diferencias que se observan en las distintas 
descascaradoras de cilindro, depende sólo de la dis- 
posición de las estrías y de la manera de ajustar la 
envoltura. 

Hay también descascaradoras de discos, como la 
Smout para cereza seca. (Fig. 22.). Estas máquinas 
tienen dos discos estriados, uno fijo y el otro móvil y 
ajustable por un tornillo de presión. 

Lo mismo qeu las despulpadoras, las máquinas de 
trillar abundan en el comercio, siendo las primeras 
las de Smout, Squier y Engelberg. 

Las primeras, de excelente construcción y mag- 
níficos resultados, son de las mejores. Todas las que 
hemos tenido oportunidad de ver ejecutan un trabajo 
perfecto. 

^ Gordon y Cía., de Londres, construyen de estas 
maquinas dos modelos. El uno sencillo y el otro combi- 
nando la máquina sencilla de descascarar con el aven- 
tador aspirador: 

El modelo sencillo (fig. 16), puede descascarar 
en 12 horas cómodamente 50 quintales de café. 

El modelo combinado (ñg. 17), tiene sobre el 
anterior la gran ventaja de dar el café limpio de polvo 
y hollejos, pudiendo pasar inmediatamente al sepa- 
rador, evitando así el empleo de una aventadora 
aparte. 

; Estas máquinas, por la sencillez misma de su me- 
canismo, son fáciles de manejar, pues lo único que hay 
que arreglar es la entrada del grano, por medio de un 
tornillo puesto al lado de la tolva v la presión interior 



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117 

por medio del peso que se ve en la figura. Una vez 
arreglada la máquina, no necesita mas que la coloca- 
ción del grano en la tolva. 

Las máquinas Smout han obtenido la medalla de 
oro en la exposición de Amberes, 1885. 

Las descascaradoras Squir dan tan buenos resul- 
tados como las inglesas. 

Muchos son los modelos que esta casa construye 
de sus máquinas, pero las principales son las descasca- 
radora Buf falo C, la "American" Núm. 2, la descasca- 
radora automática número 3 y la descascaradora y 

pulidora 

La descascaradora Buf falo, fig. 16. bis, es una 
máquina sencilla y barata, de buen trabajo. Funciona 
perfectamente con café pergamino o cereza seca y pue- 
de fácilmente acomodarse para pulidora. 

Tiene capacidad de 8 qq. y requiere un caballo de 

fuerza. 

La descascaradora "American,'' de una capacidad 
de 20 quintales en 12 horas, se recomienda como bas- 
tante buena, entregando el café pulido, pudiendo tra- 
bajar con café capulín {secado en cerera) y pergamino. 

No ehmos tenido oportunidad de verla funcionar, 
pero algunos cultivadores nos la han recomendado co- 
mo buena. 

La descascaradora automática número 3 (fig. 18) 

es una máquina sólo propia para fincas de considera- 
ción, pues cómodamente puede trabajar de 70 a 80 quin- 
tales de café en 12 horas, entregándolo pulido al grado 
que se desee. 

Esta máquina se compone de un cilindro de descas- 
carar L semeante al de la "American'' número 4 y de 
un pulidor M del mismo sistema. Para hacerla funcio- 
nar se coloca el café pergamino en la tolva A, se pone 
en movimiento la polea J y se ai-regla la salida del gra- 
no en N por medio del peso y la palanca V. El grano en- 
tra al pulidor pasando por la criba C, que recibe su 



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movimiento del eje H por intermedio del manubrio G 
y de la palacan D. Pasando por la criba parte de la caí 

olTL^f? ' 'f "'' ^- ^^ ^^"^^ clefgrano se a ;:. 
gla en L por la palanca y peso V. El pulimento se ora- 

dibuja" n,ed,o de los tornillos de asa que se ven c;^' d 

Sr pfrdí í''"'""''-^ ''" "^r ^^'d'^'^ita', Córdoba, del 

Se es tvro'''"'T°f •'' ''■^''^J" ^^ ^^^^^ '"aquilas, 
>iue es bueno, cuando bien regularizada la alimenta- 
no elT.hV"''' ''í^ P^'-p'^ino, no pasando d med a- 
no el trabajo cuando se le hizo funcionar con canulm 
llene el inconveniente de ser complicada oara nn' 
nerse en manos de los obreros, generaLenfc'p'oco £ 
truido., su precio, por otra parte no es muy módico 

•iora V ouHdTrn^r' \^^^^'^ ^^"•^'- '^ d^scascara- 
rlu • P"'"?^'^'^ (%• 19), de uso común en Uruuan 

an "uen^:. cT'í"" - ^''^ "^^"^"^' ^°" "" *-' -o 

able ñor ,,?T ' """"f^ ^' "^ ^^"""^ ^ '"ás adap- 

lícas?aí-n if T ^ '°' '"''^'^"^^ ^"•''^««- Puede 

cíe Jas mejores maquinas que pueden emplearse 

(ñ^ ^^(l^^'^^searadora/The Engelberg Huller Cía." 

Dirfdor ^^. ""m, "'''''"'™ P^'^^'^ta de aventador as- 
pirador, de sencilla construcción y muy buen traba io 
Como las anteriores, puede trabajar con café perS 
mino o con capulín. I-l m.xlelo niimeru i píede fSí 

SSÍnf^f "'■ "" ^'"'"'^'^^ P- d-' Sajo que 
mnguna otra maquina puede alcanzar 

^ . IM cate beneficiado con esta máquina obtuvo la 

única medalla de oro en la tiltima exposición de Pa 

Bell ^üfÍ!w^ descascaradora '-Campeón," Masón 
W Con t • f '^''^"*' '^"'^'"^ y de mediano tra- 
deía o ¿eíír' ° ""'' '""""'^' '^"" "''"^"^'"'■''^ ^'^ ■"^- 

radoms 'S^nM r" ''"''"■^" '" ^' '^'"'^^'> ^^' descasca ■ 
ías cml- "'' P^"" eonocidas en México y de 

las cuales no nos ocuparemos. 



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119 

El pulido del café se obtiene haciéndolo pasar otra 
vez por las máquinas de descascarar. 

También pueden emplearse máquinas especialmen- 
tete construidas con este objeto. La retrilla "Vencedor" 
sistema Masón, fig. 22 bis, da muy buenos resultados, 
ocupa una área de una vara cuadrada por un y media 
de alto, limpia de toda película y puede trabajar de 
600 a 1,200 libras por hora. 

Cuando no se haga uso de descascar adoras com- 
binadas con aventadores, es necesario al acabar el des- 
cascarado, servirse de máquinas a propósito para sepa- 
rar el grano de los restos de películas con los que está 
mezclado. 

Todas las aventadoras de grano pueden servir 
para el objeto, pero hay máquinas apropiadas que 
además de quitar al grano todo género de basuras, 
lo separa en clases en sólo una operación. 

La separadora y aventadora de Squier avienta la 
cascarilla dejando al café perfectamente limpio; se- 
para los granos rotos y los no descascarados, clasifi- 
cando el resto en dos tamaños. 

Gordon y Cía., construyen varios aventadores, 
los unos para adaptarse a las descascaradoras, que 
son los mejores, y otros que deben funcionar por se- 
parado; de estos últimos es el "Aventador de Gordon 
con aparato para cribar." 

Las máquinas americanas tienen la ventaja de 
hacer al mismo tiempo la clasificación en clases, sien- 
do necesario, cuando se emplean las de Gordon, pro- 
veerse de una clasificadora. 

Los cultivadores que no cuentan con muchos ele- 
mentos, deben dar la preferencia a la separadora. 
''American" de Squier, pues con sólo una máquina, 
relativamente barata, hacen el aventado y clasifica- 
ción, no pudiendo sin embargo evadirse de comprar 
una separadora de caracolillo. 



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cascatS»'"'"^'^'' '^'".^'^" <^conónnco usar una des- 
cascaradora con aventador-aspirador y una clasifica- 
dora Gordon. que aunque más costosas que las ame- 

anXelÍJ^P'"'","" ^^"Í^J"^ "^"^ perfecto sepa- 
rando el cafe en 7 clases: Granos pequeños y rotos 

planchuela, caracolillo chico, planchuela grandl ca- 

El clasificador mejorado Masón Bell, fig-. 215 es 

bs cí!Zr '''''""'" '^""'^^' ^"^ pueden ^emptar 
veerse delT'l '^".' "^ '''%" ^" condiciones de pro- 
mano elanficadora Gordon. Puede trabajar a 

r„iH- ^5'"^'"°^ "i"y especialmente la atención de los 
cultivadores respecto a la grandísima ventaja que hav 
en hacer una perfecta clasificación del gSo sobre 

]^os"SÍ"JS' ^'"^""'"^. ^" í°^ nereidos éxtS" 
íri 3^ ^' y '^«^ J"st'eia respecto a este punto. 
E cafe que se exporta alcanza a menudo orecio. 

muy devados cuando tiene buena apariencia y más 

_ Cuando se emplean aventadoras americanas con 

rl7" ""uT P/''^ ''P^'^' ^1 ^^'•^eolillo de ía sepa- 
radora M«¿o, de muy buen resultado. Esta máqul 
na_pue^de^separar perfectamente i.ooo libras 7Z. 

Separado el grano en clases, se envasa en saco<? 

i mScado''r:m^"f*'"'°'° ^^^" ^'-« para'oS 
ai mercado Como las remisiones se hacen en canti 

SnS bTen tní^^H " '' ^'''^ ^ ^^^ " "ma- 
sTe^nre f«.r. í f^f ^ pavimentados, poniéndolo 

S'InciaroTorol''""" '' '' '"^^^^ ^ '^ ^- 



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Beneficio en seco. — El beneficio del café en seco 
se distingue del que acabamos de describir por la su- 
presión del lavado y despulpado. El fruto tal como se 
recoge en el plantio, se pone a secar en los patios de 
asoleadero, con los mismos cuidados que el pergamino, 
procurando además que se extienda en capas de 2 a 3 
centímetros cuando más; claro es que la extensión de 
la era será un poco mayor que cuando se trata de per- 
gamino. 

El secado del fruto se puede hacer también en 
estufas. Cuando la corteza de h baya ha tomado la 
coloración obscura de que hemos hablado en otro lu- 
^iT, (Cosecha), haciéndose leñosa y quebradiza, se 
procede a descascáralo. El tiempo que se necesita pa- 
ra secar la cereza es mucho mayor que el necesario 
para el pergamino. 

La operación del descascarado, que en este caso 
se denomina majado, se efectúa con las descascara- 
doras ya descritas, o con otras especiales .para este 
trabajo, que pueden encontrarse fácilmente en el mer- 
cado. Gordon y Cía., construyen una que hemos vis- 
to funcionar con un éxito completo. (Fig. 22.). 

El aventado es en este caso un poco más dilatado 
que en el caso anterior y frecuentemente es preciso 
emplear aparatos provistos de criba para obtener todo 
el resultado. Las operaciones siguientes son entera- 
mente las mismas que hemos indicado para el proce- 
dimiento de lavado. 

Notas especiales respecto de la producción exage- 
rada de Oaxaca y el factor principal y detemiinantc 
de las cosechas. 

Rendimiento. — Hay mucha discrepancia en los 
datos que se refieren al rendimiento de una mata de 
café en su mejor estado de desarrollo, pues mientras 
por una parte hay personas que aseguran obtener me-, 
dia arroba o más de grano, otras afirman no alcanzar 
rendimientos superiores a media libra. 



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Durante nuestras excursiones a los principales 
puntos cafeteros, no hemos descuidado investigacio- 
nes a este respecto, excluyendo, en cuanto nos ha sido 
posible, las exageraciones por una y otra parte. Nues- 
tras observaciones nos permiten rebelarnos contra la 
opinión de rendimientos muy elevados. 

En las condiciones normales, el rendimiento fluc- 
túa de cuatro onzas a una libra, debiendo conside- 
rarse como excepcional un rendimiento superior Al 
sentar esta opinión, no creemos alejarnos de la verdad 
pues personas de reconocida pericia en la materia con 
experiencia de muy largos años y resultados prácti- 
cos minuciosamente analizados, participan de nues- 
tra opinión. Para no citar a muchas personas, sólo 
mencionaremos los nombres de los señores Ramón R 
de la \ ega y Hugo Finck, ambos inteligentes en la 
materia, el primero de Colima y el segundo de Cór- 
doba. Difícilmente se adquirirán opiniones más cier- 
tas que las de dichos señores, que, a una ilustración 
avanzada reúnen una práctica de muchos años. El 
señor de la \ ega, en sus plantaciones de Tonila ob- 
tiene producciones hasta de una libra, en razón 'a lo 
pequeño de la explotación, que se presta a un cuidado 
mas atento, y cree que en el Estado muy pocos culti- 
vadores habrá que obtengan ir.ayor rendimiento En 
cuanto al señor Finck, veamos lo que dice en un in- 
lorme rendido al Ministerio de Fomento: 

"El producto de cada planta de café varía mu- 
cho. Todo depende de la edad de la planta, del terre- 
no y del cultivo que se le dé con o sin abono; pero en 
lo general y como rendimiento de primera clase, en 
plantíos que tengan de cuatro a nueve años de edad a 
razón de media libra por planta; de segunda clase 
en plantas de nueve a quince años, cuatro onzas de 
cafe, y de tercera clase, en plantíos de quince a treinta 
anos, dos onzas de café por mata. 






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"La producción anual de este y otros cantones 
del Estado, varía de cuatro en cuatro años por una 
ley de rotación que obedece a las leyes inmutables 
de la naturaleza. En estos cuatro años hay una cose- 
cha buena, otra inferior y dos medianas, en las si- 
guientes proporciones: la buena, representa 4; la in- 
ferior, 2, y las medianas el número 3.'' 

Esta ley es general y se observa en casi todos 
los lugares, aunque no en iguales proporciones; pero 
haciendo uso de los números observados, se verá que 
en el Estado de Veracruz habrá producciones sucesi- 
vas de 8 onzas para una cosecha mediana; 10.64 on- 
zas para una buena y 5.32 para una inferior. 

En Oaxaca, donde los rendimientos son un poco 
superiores, y suponiendo aplicable la misma ley de 
rotación, se obtendrá : 

Para cosecha mediana . . . . 16.00 onzas 

Para una buena 21.04 ,, 

Para un inferior. ..... 10.64 ,» 

Hay también que mencionar que en un período 
más o rnenos largo, pero siempre comprendido en dos 
o más ciclos de rotación, sobrevienen las cosechas ex- 
cepcionales máxima y mínima del ciclo que compren- 
den y cuyas cosechas pueden alcanzar el cuadruplo 
de la ordinaria para el máximum y el cuarto para el 
mínimum, en un ciclo de uno a cuatro, de manera que 
con las cifras del señor Finck podremos suponer pa- 
ra el Estado de Veracruz una cosecha máxima de dos 
libras y una mínima de dos onzas. Claro está que no 
siempre es el cuadruplo el máximum del ciclo. Para 
el Estado de Oaxaca se obtendría una máxima de cua- 
.tro libras, que ya se ha observado. 

En esta variabilidad caben las observaciones más o 
menos fabulosas ; pero es indudable que si se anotara 




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124 

el rendimiento de todos los plantíos en el mismo año 
de un ciclo, pocos aparecerían con rendimiento ordi- 
nario de mas de una libra. Se comprende que no hace- 
mos entrar en estas reglas aquellos plantíos que se en- 
cuentren en circunstancias excepcionales, ya por su 
c hma y terreno, ya por lo esmerado de su cultivo (con 
el empleo acertado de los abonos), o ya con ambas 

COSclS. 

Por lo demás, lo que aquí digamos sobre el ren- 
dimiento poco aprovecha a las personas que tienen 
establecidas plantaciones ; pero sí importa, y mucho 
a las que pretenden dedicarse al Cultivo del café pues 
podrían ser arrastradas por una propaganda impru- 
dente o por una charlatanería preconcebida. Propo- 
nerse obtener en las condiciones ordinarias rendi- 
mientos superiores a ocho onzas (aunque es posible) 
es aventurado. Además, con modesto rendimiento sé 
puede obtener una utilidad muy superior, como pue- 
re verse registrando la? cuentas de Costas y prove- 
chos que ponemos al fin v esto sin forzar en nada la 

veracidad y sm exponerse a un descalabro de conside- 
ración. 

ENEMIGOS DEL CAFETO 

El cafeto tiene sus enemigos en los reinos vege- 
tal y animal. ^ 

_ Los vegetales, que son indudablemente los más 
dañosos, representados por los hongos, los liqúenes y 
las orquídeas, atacan al cafeto, haciéndose parasita- 
rios en su tronco y ramas. 

Cuando los cafetos tienen alguna edad v han sido 
un tanto descuidados, los liqúenes invaden" el tronco 
cubriéndolo completamente. 
_ Las orquídeas, tan abundantes en las regiones tro- 
picales suelen también desarrollarse en las horquetas 
del cafeto a expensas de sus iueos. 



II. 



\ 






\ 



(7)- 






126 

Se evita el desarrollo de los vegetales parásitos 
teniendo los arbustos siempre limpios en sus troncos y 
ramas. Cuando la invasión de los liqúenes ha dado 
principio y las orquídeas han fijado sus raices en los 
los árboles de café, conviene destruirlos. 

Es sumamente sencilla esta operación, y dos peo- 
nes bastan para limpiar algunas hectáreas. La des- 
trucción de las orquídeas se hace a mano, o bien em- 
pleando un cuchillo pequeño cuando han arraigado 
demasiado. 

Los liqúenes que cubren la corteza, se destruyen 
restregando el tronco con un ayatl o aun con una lá- 
mina de madera dura, siendo preferible el ayatl por- 
que maltrata menos los arbustos. 

Entre los animales se encuentra en primera lí- 
nea la hormiga, que de preferencia ataca las raíces del 
café. Su presencia se reconoce por los montículos que 
forman en las calles de los cafetales, y que hemos visto 
alcanzar cincuenta y sesenta centímetros de altura. La 
hormiga se destruye fácilmene sirviéndose del sulfuro 
de carbono comercial, por medio de un pequeño embu- 
do ; se vierte el líquido por la entrada del hormiguero, 
en cantidad suficiente, se tapa con un lienzo húmedo y 
se recorren las cercanías del lugar para hacer la mis- 
ma operación en las aberturas próximas. Estos hor- 
migueros tiene varios respiraderos que es necesario 
atacar. Cuando se han llenado de sulfuro de carbono 
todas las galerías, se le inflama por una de las abertu- 
ras. El estallido que produce al inflamarse el svilfuro, 
frecuentemente levanta las cubiertas del hormiguero 
que queda destruido. 

También atacan las raíces del café las larvas de va- 
rías especies del género philofaga, conocido con el nom- 
bre de gallina ciega. Son grandes los perjuicios que 
producen en los plantíos, y a menudo la muerte de los 
pies recientemente plantados reconoce por causa la 



y 



Mml. 






m'^r 



126 

presencia de la gallina ciega; por eso, al hacer la re- 
p lantaaon de las fallas, debe registrarse perfectamente 
el hoyo y la tierra extraída. 

En algunos distritos de Michoacán han aparecido' 

SS'líoTlo? íf p-",des plagas que amenazan a a- 
. bar con los cafetales, de Uruápan, sobre todo • son és- 
tas : el pulgón del café y el carbón. ' 
. Hemos tenido oportunidad de ver con el señor 
mgemero J. C. Segura, comisionado por el Ministe- 
rio de Fomento para el estudio de tiles plagas a. 
grandes magnitudes del ataque. En mi oSñ la 
amenaza es mayor de lo que comunmente T cree v 
pienso que si no se pone eficaz remedio durante estos 
anos, prmcipio de la invasión del pulgón acaso sea 
después imposible. " ' 

Cuando mi apreciable compañero el señor Leopol- 
(1889), la enfermedad del cafeto comenzaba a des- 

'uná En 1^ T^'/r P^*- ^"^^"^^^ importancia a - 
guna. itn la actualidad es cosa distinta. 

Los cafetos atacados comienzan por languidecer 
sus hojas se cubren de un polvo negro, que se adhiere 
fuertemente en la parte pulida de la hoja. Esta subs 
tancia que da a los cafetos una apariencia sombría V 
un tanto repugnante, se conoce con el nombre vul^aV 

m/Il ' -■ "" f ''^'^, ""-"^ ^"" '^ fumagina. criptó|a- 
ma del genero demathmm. que suele desarrollarse en 
e naranjo. La aparición de la fumagina es consecuen- 
na inmediata del ataque del puleón. que exuda una 
materia que sirve de medio nutritivo al dcmathium 
El desarrollo de la fumagina no siempre se detiene 
en las hojas y a menudo invade la cereza. 






^ 



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t V 



127 

Por el calor, la película negruzca se levanta de la 
hoja sin romperse y cae. Han querido servirse de es- 
te conocimiento para destruirla, pero no se podrá ob- 
tener el mejor resultado. Por otra parte, siendo que la 
fumagina desaparece con el pulgón, la tendencia del 
cultivador deberá ser la extirpación del insecto. 

El pulgón del cafeto (dactylopius destructor) 
ha sido estudiado por nuestro profesor el señor Segu- 
ra, quien, después de un estudio atento de sus carac- 
teres, lo hizo entrar en el género dactylopius de la fa- 
milia de los coccianos: 

Por la falta de elementos no pudo determinar su 
especie en el lugar mismo (Uruápan); pero poste- 
riormente ha confirmado su opinión con la del señor 
C. V. Riley, Entomologista del Departamento de Agri- 
cultura de Norte América, quien lo especifica con el 
nombre de destructor. 

Este insecto ha sido motivo de muchas conjetu- 
ras y falsas apreciaciones de parte de algunas perso- 
nas de la localidad, ocasionando que el señor Federi- 
co Atristain no obtuviera resultado fructuoso de sus 
investigaciones. 

La destrucción del pulgón no es fácil, ni es el 
remedio la poda incorrectamente efectuada, cuyos tris- 
tes rastros hemos visto en los cafetales de Uruápan y 
que con tanta razón denominan desmoche. 

El señor J. C. Segura ha recomendado, en las lo- 
calidades atacadas, algunas recetas útiles, en su opi- 
nión, dejando amplias indicaciones para su uso. 
Estas recetas son : 

la.— Petróleo 20 cuartillos 

Agua .10 

Jabón negro 8 onzas 

Se disuelve el jabón en agua hirviendo v después 
se separa del fuego y se añade el petróleo. 



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II. 






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12g 

2a.— Petróleo 20 cuartillos 

Suero de leche. ... 10 

Se pone a hervir, y el jabón que resulta se disuel- 
ve en 20 partes de agua. Se recomienda para los te- 
rrenos calizos. 

3a. -Potasa .14 libras. 

Sosa, a 98° por roo. . . 8 

Cal viva e 

Aceite de pescado o de 

^°*^^ .100 cuartillos 

Se disuelven la potasa y la sosa en 100 cuartillos 
\Lf-T^' , .se apaga en 20 cuartillos del mismo 
liquido, y se le añade el aceite de pescado, batiendo la 
mezcla hasta que forme una masa homotrénea Des- 
pués se pone la dilución de potasa y sosa en agua hir- 
viendo, y se sigue batiendo durante cinco minutos 

cuartiilos de ag-ua. ^ 



4a. — Jabón negro 

Azufre . . . 

Sosa, a 98° . 

Potasa . . . 

Agua. . . . 
5a. — Sosa. . . . 

Potasa . . . 

Sebo. . . . 

Trementina . 



20 libras 

3 
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i,cxx) cuartillos 
10 libras 
10 
40 
40 cuartillos 



ff 



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c^ufSlh ''•'^'"^•on 'le la sosa y la potasa en la 

cantidad de agua que sea necesaria, y cuando el sebo 
y ja trementina están fundidos, se mezcla con precau- 
ción la potasa v la sosa. ^ 




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129 

6a.— Cal viva. ....... ^q Hbras 

Azufre. ... -,q 

Sal : : : ]^ ;; 

Í^S"a too cuartillos 

7a. — frementina. . ... . jo libras 

Sosa cristalizada. . . 6 

Aceite de pescado. . . 3 314 cuartillos 
Agua. . i^oüo 

riú^ J'í?'"^^^'^ del Informe que el señor Segura rin- 
dió al Gobierno del Estado de Michoacán ) 

Los líquidos así preparados se aplican por asper- 
sión a los arboles atacados, por la mañana al principio 

y dos veces al día si no se obtiene resuhado satist'ac- 
tono. ii-'ici^ 

tr.f.SrTT''^° '1"^ ''^'^^ '-•1 1'"'^°"' '^ ^^outinúa el 
tratamiento durante. varios días. Conviene también 
disminuir e numero de las ramas, para que la circu 
lacón del aire sea fácil. Deben moderarse los riegos 

bastafífí''""^^^^'''^''^'^*'"=^ •"•-'■^¡'^^"a está aún 
bástame atrasada en la parte de agricultura, pudien- 

do decirse que en ese ramo nada e.xiste, pues si es cier- 
to que se ha tenido empeño en reunir los datos para 

írf '/.^"^ i'^'r"''^' honorables han hecho en- 
sayos en distintas épocas con una laboriosidad di»na 
de encomio; esto, no obstante, lo que ha podido haber- 
se no reúne las condiciones de una verdadera estadís- 

llZ'/r^"" ^'^ ^^'^^' ^^ P""'« '^^ ^'"•llda para nin- 
guna operación económica. Grandes son las dificulta- 
des por vencer cuando se emprenden recopilaciones de 
cualquier genero; pero cuando se refieren a valores 
de productos agrícolas, las dificultades son máximas 
pue.s cada productor (salvas contadas excepciones)' 
constituye por sí un obstáculo insuperable ''"°"^' *' 

so ^,rn;,^TK """"*'*? ''P'''"''^' desconfiado y recelo- 
so, al que debemos culpar de la deficeincia vergonzo- 
sa de nuestra estadística. ^r^onzo 

Calé.-H 






ÉHi* 



r 

I A* 



^ 



130 

No podremos, pues, asentar nada cierto en ese 
sentido, en vista de que los mejores datos son apenas 
de mediana confianza; por otra parte, la poca homo- 
j^eneidad y vaguedad de muchos de ellos no ha permi- 
tido (]ue los más ardientes colaboradores hayan ob- 
tenido los mejores resultados. 

Es, hasta el año de 1889, Que se ha podido reunir 
productos agrícolas de la República, de un trabajo he- 
cho por el señor J. C. Segura y publicado por la Di- 
rección General de Estadística, de donde tomamos 
los cuadros referentes al café, admitiéndoles sólo el 
valor aproximado que su autor les concede. En efec- 
to, en el informe de dicho señor, se ve lo siguiente: 

*'Para hacer estos cuadros se formó la boleta res- 
pectiva, cuya distribución se hizo en el mes de febrero 
de 1890, y tal vez a ese retardo se deben las dificul- 
tades que se han experimentado para llenarlas, porcjue 
los presidentes municipales y jefes políticos que estu- 
vieron encargados de levantar los datos, no sabiendo 
que tenían (jue hacer esta operación, no tomaron con 
anticipación las medidas convenientes en el curso del 
año agrícola para aproximarse a la verdad, v los da- 
tos han tenido que ser estimativos y según el pa- 
recer y conocimiento de la localidad. 

"Por lo anteriormente dicho se comprende que 
sólo pueden considerarse los expresados cuadros co- 
mo un ensayo, dando el mínimum de producción, más 
aún si se tiene en cuenta la resistencia que por preocu- 
pación tiene el agricultor para manifestar con veixlad 
la cantidad de sus productos, pues tiende a dismi- 
nuirlos en la mitad o el tercio del verdadero." 






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131 

PRODlíCClON DEL CAFE DL'RANTE 
EL AÑO DE 1889 

Chiapas 

Distritos, Cantones, etc. Kilogramos Valor 

Chiapa de Corzo 184,098.000 $ 48,000 

Comitán 4,602.500 i.;oo 

Chilón 966.525 210 

La Libertad 2,301.230 750 

Pichucalco 18,409.800 4,800 

Simojovel. .- 36,819.700 8,000 

Soconusco. 439ó3<S-75o 238,750 

i uxtla Gutierrrez 11,045.980 2,400 

Suma 697,782.485 $304,410 

Colima 

Alvarez 85,422.078 $ 46,400 

Colima 1 38,074 . 000 60,000 

^^edellín ... . 4,602.500 T,8oo 

Suma. . . . . 228,098.578 $108,200 



Gí terrero 

Alarcón ■ ', 

Aldama 

Allende 

Bravos 

C alcana . 

Afórelos 

Suma. . '. . . 



828.447 
690:373 

2,715.452 

552.300 

3,221.720 

46.025 



$ 



324 
360 

1,062 

360 

2, roo 

30 



8,054.317 $ 4,236 



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130 

No podremos, pues, asentar nada cierto en ese 
sentido, en vista de que los mejores datos son apenas 
de mediana confianza; por otra parte, la poca homo- 
geneidad y vaguedad de muchos de ellos no ha permi- 
tido (jue los más ardientes colaboradores hayan ob- 
tenido los mejores resultados. 

Es, hasta el año de 1889, que se ha podido reunir 
productos agrícolas de la República, de un trabajo he 
cho por el señor J. C' Segura y publicado por la Di- 
rección General de Estadística, de donde tomamos 
los cua(lr(\s referentes al café, admitiéndoles sólo el 
valor aproximado que su autor les concede. En efec- 
to, en el informe de dicho señor, se ve lo siguiente: 

**Para hacer estos cuadros se formó la boleta res- 
pectiva, cuya distribución se hizo en el mes de febrero 
de 1890, y tal vez a ese retardo se deben las dificul- 
tades que se han experimentado para llenarlas, porque 
los presidentes municipales y jefes políticos que estu- 
vieron encargados de levantar los datos, no sabiendo 
que tenían ([ue hacer esta operación, no tomaron con 
anticipación las medidas convenientes en el curso del 
año agrícola para aproximarse a la verdad, y los da- 
tos han tenido que ser estimativos y según el pa- 
recer y conocimiento de la localidad. 

"Por lo anteriormente dicho se comprende que 
sólo pueden considerarse los expresados cuadros co- 
mo un ensayo, dando el mínimum de producción, más 
aún si se tiene en cuenta la resistencia que por preocu- 
pación tiene el agricultor para manifestar con veixiad 
la cantidad de sus productos, pues tiende a dismi- 
nuirlos en la mitad o el tercio del verdadero." 



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V 



131 

PRODUCCIÓN DEL CAFE DL'RANTE 
EL AÑO DE 1889 

Chiapas 

Distritos, Cantones, etc. Kilogramos Valor 

Chiapa de Corzo . ..... 184,098.000 $ 48,000 

Comitán , . . . . 4,602.500 1,500» 

Chilón 966.525 210 

La Libertad 2,301.230 750 

Pichucalco. 18,409.800 4,800 

Simojovel. .* 36,819.700 8,000 

Socontisco. 439o3^'^v50 ^3^.750 

Tuxtla Gutiérrrez. .... 11,045.980 2,400 

Suma 697,782.485 $304,410 

Colima 

Alvarez 85,422.078 $ 46,400 

Colima 1 88,074 . 000 60,000 

Medellín 4,602.500 T,8oo 

Suma. . . . . 228,098.578 $108,200 

Guerrero 

Alarcón .'. 828.447 $ 3^4 

Aldama ^90-373 360 

Allende 2,715.452 1,062 

Bravos. 552.300 360 

GaJeana . ^ 3,221.720 2,100 

Morelos . 46.025 30 

Suma. . '. . . 8,054.817 $ 4,236 



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132 



Hidalgo 

Distritos. Cantones, etc. Kilojsrramos Valor. 

Huejutla 22,368.000 $ 7,290 

Jacala 23,012.300 5,000 

Molongu i,840.9cSo * 640 

Tulancingo 15,510.312 4,044 

Zacualtipán. . . 552.300 120 

Suma 62ty2'^2>''^i)2 $ 17,094 

Jalisco 

Autlán. 4,786.598 S 2,646 

La Barca 920.500 480 

Ciudad Guzíiián ^>.903.730 3,600 

Guadalajara 996.648 ' 416 

Mascota 6,213.363 2,430 

Sayula 7,410.005 2,518 

Tequila 14,727.900 7,040 

^""^''^ 41.95^.744 $ rQJ30 

México 

Sultepec 2^C^, ny- % ^,y2 

Temascaltepec 2,531.853 1,320 

Tenancingo 57,331230 23,750 

Valle de Bravo 6,443.380 3,360 

Suma 66,674.660 $ 28.622 



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183 

Michoacán 

Distritos, Cantones, etc. Kilogramos. 

- T" 

Apatzingán 506.272 

Ario de Rosales 2,301,230 

Coalcomán 4,602.500 

Jiquilpan 9,205.000 

Tacámbaro . 23,012.300 

Uriiápan del Progreso .... 240,386.547 

Zamora 2,301.230 

Zitácuaro. ., 3,497.868 

Suma 285,812.974 

Morelos 

Cuautla Morelos 9>573-i97 

Cnernavaca 124,267.200 

Jonacatepec 19,882,590 

Tetecala 2,485.328 

Yautepec 2,347.255 

Suma . 158,555.570 

Oaxaca 

Choapan 53,573-078 

Cuicatlan 4,602.^00 

Ejutla... 138.674 

Ixtlán de Juárez 115,062.500 

Jamiltepec 552.300 

Juchitán de Zaragoza 9,205.000 

A la viieilta.'. ...... 183,133.452 



Valor. 



$ 



198 

750 

2,000 

3,000 

11,000 

129,575 
1,000 

1,520 



$149,043 



$ 4,160 
59,400 

6,952 
1,180 
1,020 

$ 27,712 



$ 17,460 

200 

48 

30,000 

144 

2,600 

50452 



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184 

Distrití.s. ('aniones, etc. Kiloírranios. Valor 

De la vuelta. . . 183,133.452 $ 50,452 

Juquila 36,819.700 9,600 

Juxtlahuaca 1,242.720 270 

Miahiiatlán 36,819.700 14,400 

PocJiutla 603,294.697 235,946 

Tehuanteepc 3,681.970 480 

Teotitlán del Camino 5,243.846 1,144 

Tlaxiaco 23,012.846 10,000 

Tuxtepec 2,301.240 9,600 

Villa Alta 101,705.000 39,600 

Yaiitepec San Carlos 4,602.500 800 

Suma 1.001,857.671 $372,292 

Puebla 

Chiautla 1,610.863 $ 105 

Huauchinaní2:o 138,074.000 36,000 

Matanion^s 7Z^^'?í9^ 172 

Tepeji 4,602.500 1,600 

Tehuacán ... 92,050.000 40,000 

Tétela de ( )canip<) 69,037.000 30,000 

Teziutlán 187,779.970 57,120 

Tlatlauqui. 32,3 [7.200 14,000 

Zacapoaxtla 75,941.030 24,750 

Zacatlán 26,418.218 9,184 

Suma 628,567.179 $2i2,(j3i 

Ouerétaro 

Jalpa" ■ . 2,945.578 $ 975 



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135 

Distritos, (Jantones, etc. Kilogramos. Valor 

San Lilis Potosí 

C-imlad de Valles 4,602.500 -.500 

Hidalgo 13,807.400 5,400 

Tamazunchale 46,025.000 16,000 

TaucanJiuit!:; ! . 266,942.700 80,000 

Suma. . . . ... 331,377.600 $103,900 

Tabasfo 

Balancán ' 3,681.970 $ 2,000 

Cárdenas 1,150.623 500 

Camalcalco 44,206.900 11,400 

Cunduacán. 4,602.500 1,200 

Frontera 288,655 ^O^ 

Huimanguillo 9,205.000 3,200 

Jalapa 5,602.500 1,200 

Jalpa de Méndez 13,807.400 3,600 

Macuspana 1,380.840 600 

Nacajuca 2,761.860 960 

San Juan Bautista 920.500 360 

Tacotalpa 6,903.730 1,800 

Teapa . 18,409.800 7,200 

Suma 112,922.287 $ 34,120 

Territorio de Te pie 

Ahuacatláii 414.222 $ 216 

Compostela 552,300 192 

San Blas 1,104.598 480 

Tepie 40,033.040 $ 22,648 

Suma 



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136 



Distritos. Cantones. ¿U-. 



Kiloírramos. 



Valor. 



Veracruz 

^'^'^y"'^^" 8,974.845 $ 1,050 

Coatepec... ........... i.^o7%6.¿l 611 640 

^r"''^''^'" 957,089.543 415,900 

Co.>;anial<>apan 34,116.898 8,384 

"íllTT .9,849.324 4,708 

T . " 1.380,740.000 660,000 

{^^'^^'"^'^ •••• • 275,825.494 35.958 

ni 319,779.377 138,960 

p^"'"t"^^ 138.074 48 

V"^'-""'''^ • • 2,577.378 672 

:L"^ff" 1,472.790 768 

í"-^t'^? 18,409.800 8,000 

^""Sohca 72,926.148 38,432 

^ . 4.662,432.744 $1.985,726 



Resumen 

Estados. Kilogramos. 

^^'.^P^'^ 697,78^485 

^«'""la 228,098.578 

gVfl'^''" 8,054.317 

í-í'^al.ífo ,. 63,283.892 

A' frente 997,279.272 



Valor 

$304,410 

108,200 

4,236 

17,094 

433. Q40 



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V 



137 

Estados. Kilogramos. Valor. 

Mfa^te 997,219.272 433,940 

Jalisco 41,958.744 19,130 

México : 66,674.660 28,622 

Michoacán 285,812.974 149,043 

^o^^los 158,555.570 72,712 

üaxaca . j. 001,857.671 372,292 

Puebla . . 628,567.179 212,931 

Querétaro 2,945.578 975 

San Luis Potosí 331,377.600 103,900 

Tabasco 1 12,922.278 34,120 

Veracruz 4.662,432.744 i.c)85,726 

'^^P^^ 43.033-040 22,648 

'^^^^í 8-33041 1.732 3.436,039 



^exportaciones de café mexicano para Francia 

y Estados Unidos 

^Ños. Francia. Estados Unidos. Total. 

^885 $ 142,649 $ 070.538 $1.122,006 

f886. .... 123,094 1. 380,756 1. 503,850 

^887 329.626 1.836,450 2.167,076 

1888. . . . 171.083 2.112,130 2.283,213 
Í889 172,855 2.805,862 3.068,717 

^^"^^^ •, 3.542,851 3.542,851 

(Tomado del Informe de la Cámara de Comercio, N. Y.) 



Para que sifva de punto de comparación ponemos 
el siguiente cuadro que, representa la producción total 
del mundo durante el año de 1886 a 1887: 



A 



,-r-. Jt^-a-^ 



f 



188 

Libras 

Brasil, Río Janeiro :^J1.6Ü4,000 

Brasil, Santos '289.072,000 

*^^7^ 128.016,000 

México y CeiitPí» América 102.704,000 

Venczueda , 86.240,000 

^^^*^' 44.800,000 

^tillas :34.160,000 

t: Jia y Manila jj^ 682,208 

Isla de Coilán 17.409,952 

Mt-á Cólobes 14 347 9qq 

África y Moca 12.880,000 

Pndíüg, Sumatra 5.876.000 

^'''*>'í'i''''óíi totah . . . 1,160.:^51,;}60 
(Tomado d(A ''Informo de la Cá niara de (Wiere-io," N. Y.) 



#1 



COSTOS Y PRODUCTOS DE UN CAFETAL DE CIEN MIL 
MATAS EN SIETE AÑOS DE EXPLOTACIÓN 

Primer año j^^^^ 

VaJor de 65 hectáreas xk^ i(M-reiio para estaihlece-r 

el pilantío, a $30 cada una $ ] 950 qq 

Vailor de 10 hectáreas para construeeioTies, aso- 

leaderos, oíq .^^^ ^^^ 

Dos labores ordinarias, a $1.50 por eadahoctárea . 195 00 

Apiertnra de 100,000 hoyos, a razón de 50 por ta- 
rea, de 37y2 os 750 00 

Plantación de 25,000 ,pies de ^Vlátano, a $2 ciento, 

intuyendo m vailor ' 500 00 

VaJrvr de 200.000 pip,s de almár^f^a a razón dé $7 

'^' ^'í'^^"^^- • 3 695.00 



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* 

139 

Del fren te 3.695.00 

millar * 1,400.00 

Plantación de 100,000 matas, a 200 por tarea de 

371/2 oentavos 187.50 

Replantación de 20,000 matas que se pierdeai (má- 
ximum) 37 .50 

Dos escardas, a razón de 10 caüeis de 25 metros 

por tarea de 371/2 centavos 769.60 

Tres riegos a razón de $65 cada uno 195 .00 

Gastos de administra<3ión, contribución, etc. . . 580.00 

Interés del capital, ad 4 por ciento 274.58 

Suma $ 7,139.18 

Haber 

Saldo deudor al terminar el primer año (total de 

los costois) $ 7,13í;.18 

Igual $ 7,139.18 

Segundo año ' Debe 

Transponte del saldo (jiic resultó al terminar el 

primer año $ 7,139.18 

Seis escardas distribuidas dura ule ed año. a 

$l:)2 . 40 cada unn 1 ,154 . 40 

Siett' .ricígos (lisji'il)uid(!s cu Ihs secas, a $5(J ra- 
da uno 455 . 00 

Reposición de 5,200 hoyos para la re4>lanta!cióu, a 

50 por tarea de 37% ceaitavo¡s • 3!). 00 

Plantación de 5,200 matas para reponer la-s fallas, 

a 200 por tarea de 37% «eutavos 9.75 

Corte de 4,200 raoimos de pilátanois, a 160 por ta- 
rea de 371/2 centavos 9.86 

Ala vuelta 8,807.19 



1. V 



> 






t 

140 

De la vuelta 8,807.19 

Gastos de administraeión, -con tribucián, etc . . . 600.00 
Gastos ^para instalaieión de maquinaria, amorti- 

zables eu seis años (priaüer año) 500.00 

Interés ded capital, ai 4 por c-iicfrito 396.28 

^^^a $.10,303.47 

Haber 

Valor de 270,000 pJáta/rios, a razón de 20 eentavoíi 

^<^iento $ 54Q QQ 

Saldo deudor que resulta ail teraiiiiar é. año, o sea 

«a exceso áe los gastos sobre los productos. . 9,763.47 

í^al $ io,yo3 47 

Tercer año jy^^^ 

Transporte del saldo que resultó al terminar d 

segundo año $ %7voA7 

Sn% escardas distribuidas en efl año, a $192.40 una 1,154 . 40 

Siete ricigos distribuidos dui-ínite hm secas del año, 

a $65 cada uno 455 qq 

Keposición de 4,160 hoyos para otras tantas ma- 
tas, a 50 por tarea d-e 371.^ centavos 31 .20 

Plantación de 4,160 matas paira reponer fafllas, a 

200 por tarea de 371/2 centavos ' . 7. 80 

Corte de 8,500 racimos de plátanos a 160 por ta- 
rea de 371^ centavos 19 87 

'("oríc de 70,000 libras de cereza, que produ<?eín 
25,000 libras de c^é beneficiado (primera pe- 
queña cosecha de 4 onzas por anata), a razón 
de 30 libras por tarea de 25 centavos 583.25 

A¡[ frente 12.014.99 



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K 



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1^ 



141 

Ddl frente 12,014.99 

Ben-eñ^íio de 250 quintales, a 10 centavos quintal 

(niáximuiíi ' 25 .00 

Gastos de administración, coütribiicióii, et;-. . . 600.00 

Gastos para iustalaciión da ma(j[uiuaria, aiiiorti- 

zables en seis años (segundo año) 500.00 

interés ded capital, al 4 por ciento 527 . 03 

Suma $ 13,667.02 

Haber 

Valor de 510,000 plátanos, a 20 centavos ed ciento . $ 1,020 . 00 
Valor de la primera pequeña cosecha de 250 quin- 
tadles, a $20 quintal (en la finca) 5.000.00 

Saldo deudor que resulta al termina/r el tercer año, 

o sea exceso de los gastos sobre los productos 7,647 . 02 

Igual : ...$ 13^667 02 

Cfuarto año Debe 

Transporte dell safldo que re.siiltó al terminar el 

tercer año ^ 7,647 02 

Seds escardas distribuidas durante el año, a razón 

<ie $192.40 1,154.40 

Siete riegos distrbuidos durante las secas del año, 

a $65 eada uno 455 qq 

Reposi-ción de 1,040 hoyos, a 50 por . tawa de 

37% icentarvos 7 . 80 

Plantación de 1,040 matas para reponer las fallas, 

a 200 por tarea de 37% centavos 1 . 95 

Corte de 11,300 racimos de pilátanos, a 160 por 

t^rea de 37% centauros 26 . 25 

Ala vuelta 9,292.42- 



>...,.is,. 



V 



y. 



142 

De la vuelta 9.292.42 

>('(>rte de 140,000 libras de oereza que .producirán 
500 quintalles de -café (.caseeha inedia de 8 
mizas), a razón de 30 'liibras ¡por tarea de 18 

<?enta'vas 839 . 98 

lienefieio de 500 quintales, . a 10 ('(^ntavos uno 

(máximo) 50.00 

Uavstos de adininistra-cidn, contriibu'ción, etc. . . . (iOO.OO 

Gastos de instalaioión de anaquinaria, amortiza- 

ibleis en seis años (tercer año) 500 00 

Inlerós del eaipital all 4 por ciento 452 33 

Suma $ 11,734.73 

Haber 

V'alor de 678,000 pilátanos, a 20 centavos el ciento . $ 1,356 . 00 
Vador de 500 quintalles de café a $20 quintal (en 

la finca) 10,000 . 00 

Saldo deiujdor ai terminar el año, o se<i el exceso 

de 'los gastos sobre los productos (cuarto año) 378 . 73 

Ijrual $ 11,734.73 

Quinto año Deb€ 

Transporte del saldo (jue resulltó ail terminar el 

año anterior $ 378 . 73 

Seis escardas, a $lí)2 40 cada una 1,154.40 

Siete riegos distribuidos durante ilas seea's, a 

••t65 uno 455.00 

Repo.;ición de 346 hoyos, a 50 por tarea de 371/2 <*.s. 2 . 35 
Plantación de 346 matas, a 200 por tarea, de 

Siy^ centavos 0.75 

Al frente 1,991.23 



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V 



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I 



143 

Del frente 1,991 . 23 

Cort:^ de 170,000 libras de cereza, -que produicirán 
75,000 libras de café (cosecha buena de 12 
onza's por mata), a ra^ón de 30 libras por ta- 
rea de 18 -centavos 1,019.88 

Beneficio de 750 /quintaües, a razón de 10 eentavc^s 

uno (máximum) 75.00 

Gastois de administración, contribuiciÓQi, etc. ... 600.00 
Gastos 'para instalación de raaquiinaria, amortiza- 
bles en seis años (cuarto año) 500.00 

Interés deil eaipital al 4 por 'Ciento 170.19 

Saldo acreedoT" ail terminar el quinto año, o sea el 

exceso de ios productos 12 290.88 

Suma $ 16,680.00 

Haber. 
\'alor de 840,000 plátanocs, a ra-zón de 20 centavos 

-el ciento 1,680.00 

\^aílor de 750 (juintales de café, a $20 quintail (en 

'la finca) 15,000.00 

lg"a^l $ 16,680.00 

Sexto año Debe 

Seds e,seaiidas, a $192.40 una 1,154.40 

Siete iriego's distribuidos durante las secas, a $65 

""^' 455.00 

Reposición de 200 hoyos, a 50 por tarea, de 37 es . . 1 . 50 

Plantación de 200 (mata>s para reponer las fatos, 

una tarea O 37 

Corte de 15 racimos de plátanos, a 160 por tarea 

de 3714 centavos 35 15 

Corte de 280.000 libra-s de cereza, que producirán 

A la vuelta 1,646.42 



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144 

De la vuelta 1.646.72 

lOO.ÜÜO libi-iis d café (gran cosecha j, a :iO 

libras por tarea de 18 centavos l,(i79 <)4 

Beiu'ñeio de 1,000 quintales de eaf é a 10 centavos . 100 . 00 

Abono para 65 hectáreas, a $2.75 por cada una. . 178.75 

G-astos de administración, cooitribuciones etc. . . 600.00 
Gaistos <le instalación de maquinaria, amortizables 

en s^íis añas (quioato año) 500.00 

Interés dfül capital aü 4 por ciento 188.20 

Saldo acreedor al terminar el año, o sea exceso 

t!e los í)roductoíí sobre los gastos (sexto año) . 29,1H7 . 57 

Siií«a $ :U,0W.88 

Saddo aKn-ee<io.r que resulltó al tei-mimaír eJ (luinto " 

,, , ^^ 12,2^0 88 

\ ulw d^ í)00,000 paátanos a 20 centavos el ciento . 1,800 00 

VaJor de 1,000 quintales de café, a $20 quintad . . 20,000 00 

^^"3*1 $84,090 88 

Séptimo año j^^^^ 

Seis es cardas, a $192.40 cada una $ 1 .154 . 40 

Siete riegos distribuidos durante las secas, a $65 

íino 455.00 

K^posi(ñón de 100 hoyos, a 50 por tarea de 37Vo es. 0. 75 

Plantación de 100 matas " q .jy 

Corte de 15.000 racimos de plátanos a 160 por 

tarea o-i- 

_ .í;).l;> 

Coi-te de 170,000 libras de cereza, que producirán 
75,000 libras de café (icosecha buena de 12 on- 
zas por mata), a razón de 30 libraiS por t^roa 

'^^ ^^'/2 os 1,01.9.88 

Al frente • 2,665.5r> 



• '^ii^ii^ís^^^j^&^í^álytatJSSS^^*!^ 



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146 

^^1 ^'^e^^e 2,üoo.,).> 

Beueticio de 750 quintailes, a 10 centavos 7r,.00 

lí^astos die adiministración, contribudón, et-c . . 600.00 
Gastos de in^ta/lación de maquinaria, amortiz.i'bJcs 

en seis años (sexto año) 500.00 

Interés del capitaJ aü 4 .por ciento 153 (j2 

Saldo acr.eedor al terminar el período de lafs cuen- 
ta<s, o exceso de los productos sobre los gas- 
tos (séptimo año) 4J ^^.^ ^^ 

^"^^'« $ 45,877 57 

m , Haber 

iransporte del sakio que resuJtó al terminar el 

sextoaño $29.197.57 

Val.or de 840,000 pllátanos, a 20 ceaitavo-s eí cieaito . 1,680 . 00 
Valorde750quiintalesde'Oafé, a20qubiital. . . . 15,000.00 

J^^i^i $ 45.877 57 



APÉNDICE 



EXTENSIÓN DE LA ALMACIGA 

En otraparte hemos dicho que el número de plan- 
ta.s de la almáciga debe de ser triple del número de ma- 
tas que tenga el plantío : pero no siendo esta re-la cr-e- 
neral, conviene disminuir el número de las planeas 
cuanto sea posible, en vista de las condiciones de la lo- 
cahdad; sm embargo, la necesidad que hay de reponer 

Café— 10 



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I 



!f.! 












146 

las plantas que se pierdan hace que el número de pies 
de almáciga no sea menor al doble de los que tenga 
el plantío. 

Para calcular la extensión que deb edarse a las al- 
mácij[>-as, adoptando la disposición y distancias que he- 
mos indicado en otra parte, se puede proceder de la 
manera siguiente: 

Siendo N el número de plantas que tendrá el plan- 
tío, el número n de plantas que tendrá el almacigo será 
conforme a lo que llevamos dicho: 

n = 3 N. y el número de semillas n' deberá ser: 

n' r^ 2 n = 6 JM. 

La superficie sembrado S será 
S= 0.00562 n* mcd. 

y el número de amelgas m de 15 metros de longitud 
por 1.50 de ancho, será: 



m- 



2,25 



y la superficie S' de los andenes 

S' = 17.5 m mcd. 
la extensión resulta, pues, 

E^ S-\- S' = 0.005G2 n -f- 17.5 m. 
La cantidad de semilla c es aproximadamente 

'' ~~ 5^ "Oras de cereza. 

r libra de cereza contiene 280 cerezas, y por consi- 
guiente, 560 gramos. 

TOO libras de cereza tienen un volumen de 29 li- 
tros y 4 décimos. 

6 libras — T.764 litros. 

I libra — 0.294 litros. 



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'^U^^SíÍtJíJÍ¿'-i'..y.<^ 



147 



Extensión de la almáciga para un plantío de em- 
enta mil ¡natas : 

iV" =-50,000 71 = 150,000 n ' = 300,000 
S = 0.00562 n' = 1686.00 mcd. 



_ 1686.00 ^,^ 
^^ ¿"95" "" amelgas. 



S' == 17.5 m =1312.5 mcd. 
^= 1686.00 -f 131i>.5 = 2998.5 mcd. 
cantidad de semilla. 



n 



550 



= 545.4 libras de cereza. 



EXTENSIÓN DEL PLANTÍO 

Adoptando la disposición que hemos indicado en 
otra parte se puede calcular la extensión que tendrá el 
plantío conociendo el número de matas, la distancia 
adoptada y las dimensiones de las tablas, valiéndose 
de las siguientes fórmulas: 

Suponemos que 

N, representa el número total de matas. 

A, la longitud de las tablas. 

B, el ancho de las mismas. 

D, la^ distancia mínima de mata a mata. 

El número n de matas nue caben en una tabla es 



n 



24i>2 



I 



I 



^>*» •*'*riSí'"v 



^"■^'■■JS,. 



K 



1 



148 



el número n' de tablas que tendrá el plantio, será 



n 



ir 

n 



Si se adoptan calles de 5 metros de ancho, la su- 
perficie de terreno que éstas ocuparán será 

^' = 5 n' (.1 + B) \ 25 n' mcds. 



sera 



^ La extensión total ocupada por las calles v tablas 



A' = w' .4 ^ -j- 5 n' U -h ^) + 25 n' mcds. 



Extensión de un plantío de cien mil matas, adoptan- 
do para distancia mínima de mata a mata 2 metros. 

Las tablas tendrán loo metros de largo \' (X) de 
ancho. 



^V^= 100,000 .4 = 100, B 
25 X 6000 150000 



n 



24 X 4 



96 



= 60, 2> = 2 
= 1562 matas 



que caben en una tabla. 

El número de tablas n será 



n = 



100000 = 6 
1562 



4 tablas próximamente. 



la superficie de las calles 

^' = 5 por 64 por 100 -^ 25 por 64 = 52,800 mcd. 

Y la superficie total ocupada por el plantío 

ir= 64 por 160 por 5 f 04 por 100 por 60 + 25 por 64 
51.200 -}- 384,000 + 1,600 = 436,800 mcds. 



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I 



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V 



149 

CAPACIDAD DE LOS ESTANQUES 
Siendo Q el número de quintales de cereza fresca 
que deban beneficiarse al día, cl número O' de quinta- 
les de pergamino es '^ 

Q' = 0.319 Q 
cuyo volumen en litros 

F= 223.72 e' 

i 

de la capacidad de cada estanque en el caso de que se 
adopten tres. 

Cuando se haga uso de las máquinas lavadoras y 
de un estanque, la capacidad de éste se hará ig-ual al 
doble de V. 



EXTENSIÓN DE LOS ASOLEADEROS 

La extensión que deba darse a los patios de aso- 
leadero, depende principalmente del tiempo que se ne- 
cesita para secar el café en la localidad. En los aso- 
maderos el café tarda de cuatro a veinte días para se- 
carse. 

Supongamos que sean 

T el número de días que se necesitan para secar 
el café en malas condiciones. <* 

Q el número de quintales de cereza que se des- 
pulpan al día. 

O' número de quintales de café pergamino. 
a altura de la capa de grano en el asoleadero, en 
decímetros. 

V volumen de Q. 

S superficie del asoleadero. 



■ i JWE 'Si - , ■=.- 



"'^-^-^íír-í- 



:>gi*»<i»H>»wartU- 



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150 

<?' = 0.319 <? ^ F- 223.72 Q^ litros 
*S'= Tpor -^ decims. cuads. 

«__ ^ 223.72 Q' , 

A3 ^ por decims. cuads» 

Asoleadero para una finca que beneficie cincuenta 
quintales de cereza por día. 
En las peores condiciones el café tarda it días 
para secarse. 

^ = 50 quintales. 
7^=11 días. 

a = 1.2 decímetros. 

Q' =11-95 <3n. F= 3568.33 litros. 

T . '^^•^'^•o decims. cuads. 
iS = 327.09 metros cuadrados. 



DIRECCIÓN DE LOS PRINCIPALES FARBICANTES 
DE MAQUINARIA PARA BENEFICIAR CAFE 

T . /^^^" Gordon y C.^ N. 9 New Broad Street. 

i^oncres h. C— Dirección cahlegráfica : ^Tubera- 
Londres. ' ^ ' 

The Geo I. Squier M'. F. G. C0.-189. 191 v 195 
Water Street.— New York. ^ -^ . y^ 

The Engelberq; Hnller Co.— Syracuse, N. Y— N 
107 Liberty Street.— Nueva York, E. U de '^ 

The Engelbers- Huller Co.— 331 Produce Ex- 
chan,Ére. New York City, U. S. A. 

Valentine Brothers, ajjentes de Manson & Beil 
—Produce Ex-chaníje.— New Yor City, U. S A 

Wm. Austin Brown. Linn., Mass.,' U s' \ 



^l^^ Mí:¿^ 



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y 



;. 



y- 



V 



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■•^a^fcsll^s^ 



151 



PRESUPUESTO para instalación de beneficio pro- 
pia para plantío de 50,000 matas, pudiendo traba- 
jar cincuenta quintales al día. 



Fuerza motriz 
1 Una eaidera vertical tUibuiaír de 12 
cabales de fuerza co-ii motor de 
10 caballos, comprendienido re- 
guiiador, caiemtadür, bomba, ma- 
nómetro, válvulas de seiguri- 
dad, retén y descarga, llaves de 
prueba, etc 692.00 



MAQUINARIA 

2 Una de&puilpadora '"Grordoín," mo- 

delo A, trabajando 50 fanegas 

die cereza >por lioa-a ....*... 224 . 00 

3 Una desea s<?ar.ad ora Smooit, mode- 

lo pequeño, trabajando 50 quin- 
tales al día. 870.00 

4 Una máquina de aventar café, 

''Gordon/' tamaño F, 80 quin- 
tales al día 125.80 

5 Un useT)arado3' "Gordon," modelo 

número 2, separando 6 clases 
4e grano, incluso caraeoliUo : 
(«apaeidad de 10 qniaitales por 
hora 235. 00 



A la vuelta . 



629 . 00 



054 . 80 



. .$1,646.80 1,646.80 



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De la vuelta $l,64(i.8() 1,Ü46.80 

Transmisión 
O 25 pies de eje torneado 1 15|16 

pullas., eon címpalmeis 32.25 

7 4 soj)<.rtes cotligaiites, de 21 pllgs. 

"drope,*' para eje de 1 15|16 plgs. 39.50 

8 Una polea de hierro, de 18x18 puigs 9 . 90 
!♦ Cuatro pares poleas de 9x5, 10x5 

y 12x5 27.00 

10 Correas, desviadores, etc., etc 48.00 

Estanques 

11 Treos esíajiques 21 met«. cúb.s. ()44 

de eaipacidad, con paredes de 

1.12 mis. de ailtura y 0.550 ms. 
de espesor, piedra dura, con ei- 
miiento : 

55.83 mts. de cimiento de 0.62 es- 
pesor, poi- 0.62 profundidad, a 
$3.58 ed metro lineíal. . . ; . 19íi.8lj 

62.52 mets. de muro de 55 centí- 
metros de espesor, con repellado y 
aplamado, a $*3 56 cis. eil metro 
cuadrado 222 57 

57.47 mets. cuads. de enloisado 
eon losa relabrada canteada, a 
razón de $2.13 oil metro c»ua- 
f^i^í'^í^ . 127.41 

Asoleaderos 

12 560 metros cuadrados de ejLladri- 
ilado con ladrillo recocido 12 — 
6—2, a raz(>n de 1.25 ell metro 

cuadrado 700.00 

94.64 metros de pretil de 0.75 
mets. de altura y 0.41 de esipe- 
sor, a razón de $2.14 el meti-o 202.52 902.52 

Sumas $ 3,255.81 3,255.81 



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Lista de ios principales comisionistas de Nueva York. 



Adams E. W & Co. 
Arkell & Douglas. 
Baerlein & Co. 
Boulton, Blist & Ballets. 
Brandon, Isaac & Bros. 
Cadenas & Coe. 
Ceballos T. M. & Co. 



Lima T. A. de 
Alaicas & Co. 
Marcial <S: C<>. 
Me. Arty, C. H. 
Medina, J. A. & Co. 
Muños y Espriella. 
Navarro J. N. 



Casanova, Traconis, & Co. N. ^\ Com' Co. 



Dunn, John Son & Co. 
Eggers & Heinlein. 
Elmenhors & Co. 
Ferro J. 

Gonírorza E. & Co. 
Graham, Hinkley & Co. 



Oelrichs & Co. 
Pardo, Velasco y C* 
r^eck, W. E. 
^ *nig & Emerson. 
Rivas, García y C.'^ 
Rotholz, Sánchez & Co. 



Harmony, P., Nephews &Sala, J. Co. 



Sons. 
Herbst Bros. 
Jayne W. 
Kainer, H. & Co. 
Lanman & Kemp. 
Loaiza W. & Co. 
Lyon & Co. 



Scholtz, Sánchez & Co. 
TJíe Gnernsey, Seeger Co. 
Snyder & Wheeler. 
Thackray & Co. 
yalcntine Bros. 
Ward & Huntington. 
Yates & Porterfield. 
Zaranz, E. & Co. 



Aerea geográfica 

En la República Mexicana, la zona del cultivo 
del café comprende una gran extensión; desde la ex- 
treinidad meridional, en el límite con Guatemala, 
avanza hacia el Norte ocupando gran parte de Qiia- 
pas y Tabasco, se extiende por el istmo de Tehuante- 



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164 

pee, en la dirección de la gran cordillera con la que 
se bifurca siguiendo los flancos de la gran mesa cen- 
tral hasta cerca de los 23.° de latitud." 

Como puede verse en la carta, los Estados de Ta- 
hasco, Chiapas, Oaxaca, Morelos, Guerrero, Michoa- 
cán y Colima están comprendidos casi totalmente en 
t'l área del café, asi como gran parte de Veracruz, Hi- 
dalgo y Jalisco: México, Puebla y San Luis Potosí 
penetran menos en la región del cultivo, y los de Ta- 
maulipas y Sinaloa, aunque no comprendidos en la zo- 
na definida, son medianamente productores. En Cam- 
peche y Yucatán la producción es relativamente pe- 
queña y la región, no bien determinada todavía, no fi- 
gura^ en la carta, pero en ambos la industria cafetera 
prxlría tomar incremento si el cultivo del henequén no 
ocupase la atención de los propietarios. 

El cultivo del café no está igualmente adelanta- 
do en todos los puntos de la zona ; en \^eracruz y Oa- 
xaca la producción aumenta de año en año, entinto 
que en Guerrero, por ejemplo, el cultivo permanece 
en el más lamentable atraso. 

Actualmente la zona de mayor producción cí>m~ 
prende en Veracruz, como puede verse en la carta, a 
Córdoba, Coatepec, Cosahuatlán, Jico, Huatusco, To' 
tutla. Jalapa, Chico, Jilotepec, Tepetlán y Orizaba. 

Haciendas y rancJios— Animas, La Luz. Zapoa- 
pita, Trinidad, Tapia, La Capilla, San Francisco, Tox- 
pan, San Marcial, San Miguelito ,Zopilote, Cerro Ga- 
llego, Cerro la Palma, Cacahuatal, Corral, Chiicoatla, 
Tilapa, Alerón, Tirol, Mirador, Zacoapan, Palmas, 
Oleapan, Tepetlapa, Calcahualco, Tlapala, Orduña, 
Mahui^tlán, Simpizahua, Pacho \'iejo y Tuzamapan. 

En la parte Norte del mismo Estado existe otra 
zona de importante producción que se extiende a los 
Estados de Hidalgo y San Luis Potosí, comprendien- 
do Huejutla, Huazalingo, Orizatlán, Tlanchinol, Ta- 







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155 

mazunchale, Axtla, Tancanhuitz, Coscatlán, Huehue- 
tlán, Tanquián y Xilitla. 

Haciendas y ranchos. — Tenexcalco, Mirador, 
Chalco, Cristiano y La Esperanza. 

En el Estado de Oaxaca se encuentra al Norte 
la zona de Villa Alta que comprende Ixtlán de Juá- 
rez, Choapan, Altotepec, Comaltepec, Chisme, Joco 
tepec, Metaltepec, Villa Alta, Analco, Yatzona, Yetze- 
lalag, Tontontepec, Jacayatepec, y Tepitongo. 

Haciendas principales. — Nuevo Moka, Monte Be- 
llo y La Pila. 

Las zonas de Miahuatlán y Yautepec compren- 
den: Ejutla, San Carlos, San Sebastián, Santa María, 
Ozolotepec, Lapaguía y Santiago Xanica. 

Haciendas y ranchos. — En el Oriente, La Lana, 
Sirena, Aiu'ora y Xanica. 

En el Sur, cerca de ia Costa del Pacífico, la rica 
zona de Pochutla y Pluma LTidalgo comprende muchas 
fincas, siendo las principales: La Concordia, Nueva 
Esperanza, El Salvador, x\dela. Alianza, Santa Fé, 
Guadalupe, San Rafael, Monte-Cristo, Independencia, 
Miramar, Covadonga, Las Marías, Libertad y otras. 

En Chiapas, la región productora comprende Ta- 
pachula, Tuxtla Chico, Cacachuatlán y Unión Juárez 
por el Sur ; al Norte Pichucalco, que forma parte de la 
zonaque en Tabasco ocupa, Teapa Jalapa y Tacotalpa. 
Es muy importante en este Estado la región cafetera 
de Comalcalco que se extiende a Contalpa y Nacajuca. 

La zona cafetera de üruapan comprende Mi- 
choacán: Tacámbaro, Ario, Urecho, Taretan, llrua' 
pan, Peribán, Tancítaro y Reyes. 

Haciendas principales. — ^Joyas, Buenavista, Te- 
cario, San Rafael, Santa Catarina, Aguacate, Apún- 
daro. Pareo, Huaricho y Pilón. 

El área principal de Colima ocupa Tonila (Jalis- 
co), Cómala, Colima, Coquimatlán y Tecomán. ' 









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Haciendas principales.— SdiH Antonio, Palmar, 
Platanarillo, Cuastecomatán. Esperanza, Mamey, Mar- 
tín Alonso y Texcaltitán. 

Compostela, Jalisco y Tepic son los puntos más 
importantes en el territorio de este nombre. 



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índice 



Páginasi. 

Sinonimia 3^ 

Historia 4 

Deseripción botánica 21 

Composit'ión química 25 

Clima 30 

Tirreno 40 

Preparación del terreno.— Dispo.mñón del ijaanííí.... 48 

Seanüleros y almácigas 55 

Sombra 52 

Trasplante " 57 

CoDiServación yq 

Cajetes 73 

J^^-. ' 76 

Reposición gg 

Cosecha ' 9Q 

Abonos 90 

Beneficio * 103 

Despulpado -^Qg 

^^ado •'••"•■.■.■.■.■.■.■.■.■.■.■:;.■.":.■: ios 

oecado ^^-j 

Descascarado -1 ^ - 

Beneñcio en seco joj 

Rendimiento -i^i 

Enemigos del cafeto 124 

Estadística 1^9 

Costos y productos * jjg 



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15g . 

Páginas 

>Vpéiijdice 245 

iCxtensión de la ulmáci^ii * 145 

ídem del plantío .. . !.......! 147 

( -apaeidad de los eslanqucs *. ... ] 149 

Kxtensión de los asoleaderos ./ 149 

Dirección de los principales fü hricaiite^ de .máquiíiaV pa- 
ra beneficiar café 250 

l'resupuesto para una instalación de beneficio. . . ... 151 

Área Geográfica 253 



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Figura 14. 




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Figura 20. 



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Figura 22. 




Fiírura 22 bis. 



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Figura 23, 



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