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Full text of "Defensa de Bolívar"

F2235 
.B671 



SIMÓN RODRÍGUEZ 



MAESTRO DEL LIBERTADOR 



DEFENSA 



DE 



BOL! 



O 



IMPRENTA BOLÍVAR 
CARACAS 



UNIVERSITY OjFjiORTHjAROLINA 



Please keep this card in 
book pocket 







THE LIBRARY OF THE 

UNIVERSITY OE 

NORTH CAROLINA 




ENDOWED BY THE 

DIALECTIC AND PHILANTHROPIC 

SOCIETIES 



F2235 

.b6ti 



This book is due at the LOUIS R. WILSON LIBRARY on the 
last date stamped under "Date Due." If not on hold it may be 
renewed by bringing it to the library. 


dÍe E ret 


DATE 
DLE 



















































































































































Digitized by the Internet Archive 

in 2012 with funding from 

University of North Carolina at Chapel Hill 



http://archive.org/details/defensadebolvarOOrodr 



DEFENSA DE BOLÍVAR 



SIMÓN RODRÍGUEZ 

MAESTRO DE1L LIBERTADOR 



DEFENSA 



de 









5 




5¿P 



Ediciones de la Imprenta Bolívar - Caracas -191& 



Datos biográficos de 

Don Sigción Rodríguez 



tan Simón Rodríguez : 



Nació en Caracas, según sus biógrafos, hacia el año de 
1771 . Fueron sus padres don Cayetano Carreño y doña Ro- 
salía Rodríguez, perteneciente el primero a la notable familia 
de la cual descienden tantas personalidades ilustres, que desde 
los comienzos del siglo XIX han dado a Venezuela renombre 
glorioso y días de orgullo; entre ellas, el propio don Simón, 
maestro del Libertador ; don Cayetano, su hermano, discípulo 
del padre Sojo y autor de la Oración en el Huerto; el doctor 
Juan Bautista Carreño, Teresita, la incomparable pianista, el 
doctor Manuel Antonio Carreño, autor del Manual de Urbani- 
dad y traductor de Burnouf, el doctor Luis Pérez Carreño, mé- 
dico y clínico eminente, el doctor Manuel Antonio Ponce, honra y 
lumbrera del Foro, prematuramente extinguida por la muerte, y 
Eduardo Carreño, el joven escritor, crítico y poeta. Cada uno 
de ellos marcado con un profundo sello de inconfundible per- 
sonalidad . 

Muerto don Cayetano Carreño, don Simón quedó bajo la 
tutela de su tío, el padre Rodríguez. Este sacerdote tuvo que 
reñir dura lucha con su sobrino, que era difícil de carácter, ca- 



prichoso e irascible . Asi J todo, don Simón asimiló pronto los 
conocimientos que alcanzó a trasmitirle su tío y después conti- 
nuó autoinstruyéndose, logrando adquirir una vasta ilustración, 
sorprendente para su medio y su tiempo: acaso era él, en aquellos 
días, quien más hondamente conocía a Spinoza, Hobbes, Rous- 
seau y los Enciclopedistas. 

Según es tradición en la familia Carreño, cierto día, des- 
pués de haber almorzado con uno de sus hermanos, éste lo in- 
vitó a rezar en acción de gracias: don Simón se negó, porque no 
se creyó obligado a darlas. Surgió de aquí una disputa entre 
ambos, la que finalizó don Simón diciendo: «Ni tú tendrás más 
por qué avergonzarte de mi incredulidad, ni yo de tu fanatismo, 
porque me quitaré hasta el apellido» . Y desde entonces se 
llamó Simón Rodríguez. 

Cuando "murió el coronel Juan Vicente Bolívar, padre del 
Libertador, dejando a su hijo de sólo tres años de edad, entre- 
gado éste a la tutela del Licenciado Sanz, el grave jurisconsulto 
declaró, al cabo de 20 meses, que le era imposible dominar a 
aquel pupilo travieso, voluntarioso e insufrible. Fué entonces 
solicitado don Simón Rodríguez para sustituir al Licenciado Sanz: 
el nuevo maestro era apenas 12 años mayor que el discípulo. 
Pero aquél se propuso aprovechar la oportunidad que le ofre- 
cían, para poner en práctica el sistema de educación concebido 
por Rousseau y en el cual se inspiraron los grandes pedagogos 
modernos: conservar a su discípulo en el «estado de naturaleza» 
y realizar en él la difícil enseñanza «de no enseñar nada». De ahí 
las continuas excursiones al campo, las carreras por el bosque, 
¡as cabalgatas en la sabana, los paseos al lago de Valencia, que 
hicieron del futuro Libertador el soldado sin fatiga, el ginete 
incansable, el admirable nadador. 

En 1794, don Simón presentó al Ayuntamiento de Caracas 
sus Reflexiones sobre los defectos que vician la escuela de pri- 
meras letras de Caracas y medio de lograr su reforma por un 
nuevo establecimiento. Estudiado el proyecto, el Ayuntamien- 
to acordó, el año siguiente, crear una escuela en cada parroquia 
y nombrar a don Simón director de una de ellas; pero sus en- 
señanzas parecieron subversivas a las autoridades españolas, a 
tiempo que se halló comprometido en la revolución de Cual y 
España, y tuvo que abandonar el país . Los biógrafos dicen que 
esto aconteció en 1797, pero en un cuadernillo de apuntaciones. 



que conserva el doctor Pérez Carreño, de puño y letra de su 
bisabuelo don Cayetano, se lee: «Salió mi tío Simón de Caracas 
para la Guayra, á viajar, el miércoles 1 1 de noviembre de 1 795 
y se embarcó el domingo 15 del mismo». Acaso debido a la 
admiración que Rousseau había inspirado a don Simón por «el 
maravilloso Crusoe» el embarcarse en La Guaira para Jamaica 
tomó el nombre de Samuel Robinson. 

En Kingston aprendió el inglés en compañía de los niños de 
una escuela, «con quienes no se avergonzaba de corretear y diver- 
tirse» . Pasó luego a los Estados Unidos : en Baltimore trabajó 
como cajista en una imprenta durante tres años, al cabo de los 
cuales se embarcó para Europa. Llegó a Cádiz y por Bayona 
fué a París: allí contrajo amistad con un sabio alemán que residía 
en Viena y con él fué a establecerse en la capital austríaca. Allí 
se le reunió, ya viudo, a los 20 años*de edad, en 1803, su an- 
tiguo discípulo Simón Bolívar. Este cae gravemente enfermo, 
«porque no le encuentra objeto a su vida», sobre todo, cuando 
carecía de los medios pecuniarios para abrazar cualquiera de 
las brillantes carreras que le presentaba su maestro . Entonces 
Rodríguez lo salva, revelándole de pronto que era dueño de 
cuatro millones: el tutor desordenado en sus propios negocios, 
había cuidado tan bien la fortuna heredada por Bolívar, que se 
la entregaba aumentada en un tercio, no habiendo gastado sino 
8.000 francos en los ocho años que ejerció la tutela. Bolívar 
se marchó de Viena, y en Londres, en Madrid, en 
Lisboa y en París se entregó a una vida disipada y 
principesca, de amores, de juego y de vino: hastiado de 
ella, llamó a su mentor y a fines de noviembre de 1804, se 
instalaron en la calle de Lancry y en la primavera de 1805 em- 
prendieron amobos a pie la travesía de los Alpes, hacia Italia. De 
Lyon fueron a Chambery en once días; de aquí a Milán, en 
donde presenciaron la coronación de Bonaparte; en la llanura de 
Marengo vieron desfilar 60 . 000 hombres por delante del Empe- 
rador . De Milán pasaron a Verona, Vicenza y Venecia; de 
aquí a Padua, Ferrara, Bolonia, Florencia, Perusa y Roma, en 
donde se establecieron en un hotel de la plaza de España . 

Un día, después de comer, a la hora del crepúsculo, em- 
prendieron un paseo hacia el Monte Sacro . Llegados a la cima, 
se sentaron sobre un trozo de mármol blanco, fragmento de una 
antigua columna rota: allí, ante el espectáculo de las grandezas, 
las magnificencias, las miserias y las ruinas de la antigua Roma, 



Bolívar «húmedos los ojos, palpitante el pecho, enrojecido el ros- 
tro, con una animación febril» dijo a su maestro :« ¡ Juro delante de 
usted, juro por el Dios de mis padres, juro por ellcs ; juro por 
mi honor y juro por la Patria, que no daré descanso a mi brazo 
ni reposo a mi alma, hasta que haya roto las cadenas que nos 
oprimen por voluntad del poder español!» 

De allí se trasladaron a Ñapóles, a donde les había dado 
cita Humboldt y con éste y con Cay-Lussac subieron el Vesubio; 
estuvieron en Capua y regresaron a París, en donde se separaron . 
Bolívar vino a la América, a cumplir su. juramento del Aven- 
tino; y don Simón Rodríguez, que, según decía él mismo, «no 
quería parecerse a los árboles, que echan raíces en un lugar y 
no se mueven, sino al viento, al agua, al sol, a todo lo que marcha 
sin cesar,» recorrió Alemania, Turquía, Rusia, toda la Europa, 
por más de veinte años. Trabajó en un laboratorio de química 
industrial, concurrió a juntas secretas de carácter socialista, oyó 
de cerca al Padre Enfantin, a Olindo Rodríguez, a Pedro Le- 
roux, estudió literatura, aprendió lenguas, regentó una escuela 
de primeras letras en un pueblecito de Rusia y en Londres ad- 
quirió reputación por su sistema práctico de enseñar escritura, 
matemáticas, teneduría de libros, español y francés. 

Atraído por las glorias de su antiguo discípulo, volvió a 
América y en 1 823 llegó a Bogotá. Bolívar se hallaba en 
Pativilca y al saberlo, le escribió una carta admirable, llamándolo 
a su lado . Propuso al gobierno un plan educacionista para desa- 
rrollarlo en Bogotá, pero según él, no lo entendieron y resolvió 
reunirse al Libertador: se marchó a Guayaquil, en donde per- 
maneció hasta enero de 1 825. 

Por fin, en abril de aquel año, se reunió con el Libertador 
en Lima y con él salió hacia la capital del Alto Perú: iba como 
Director e Inspector general de Instrucción Pública y Beneficen- 
cia, encargado de establecer Casas de educación para niños de 
ambos sexos, en todas las ciudades del tránsito: éstas se estable- 
cieron en Arequipa, en el Cuzco, en donde fundó un colegio para 
varones, otro para niñas, un hospicio para huérfanos y expósitos 
$ una casa-refugio para desvalidos; otro tanto hizo en Turubamba 
y en la capital y otras poblaciones del departamento de Puno . 
El 16 de setiembre se encontraron en Zepita con el Mariscal Su- 
cre; el 18 llegaron a la Paz, el 24 a Oruro, el 5 de octubre 
a Potosí y el 3 de noviembre a Chuquisaca. Aquí fue donde el 



Libertador pensó que debía desarrollarse el plan educacionhia 
de don Simón y en efecto, se fundó la Escuela Modelo, que en 
menos de cuatro meses llegó a tener más de 200 alumnos; pero 
marchaba don Simón tan adelante de su tiempo y de sus contempo- 
ráneos, que nadie, comenzando por el Mariscal y los padres de 
familia, quedó conforme con su sistema y la escuela, como dice 
uno de sus biógrafos, «concluyó a capazos» . 

Don Simón se hallaba en Cochabamba, estableciendo nue- 
vas escuelas, cuando el desastre de la de Chuquisaca; de allí se 
marchó a Oruro, en donde pasó mil penalidades . Socorrido por 
el Libertador en su situación pecuniaria, pudo volver a Chuqui- 
saca y en 1828 dio a luz este libro sobre el Libertador del Me- 
diodía, que ahora se reproduce por primera vez en Venezuela y 
en América, en donde es poco conocido o cuasi desconocido. 

En 1 829 se trasladó a Arequipa, en donde fundó una pe- 
queña fábrica de velas y le agregó una escuela a petición de los 
padres de familia de la localidad y la cual funcionó más de un 
año, ocupándose a la vez don Simón de las mejoras materiales 
de la ciudad, indicadas en sus Observaciones sobre el terreno de 
Vincocaya, con respecto a la empresa de desviar el curso natu- 
ral de sus aguas y conducirlas por el río Yumbay al de Arequipa. 

En 1832 estaba en Huacho, después de una corla perma- 
nencia en la ciudad de los Reyes: el doctor Pedro José Flores 
quiso contratarlo para dirigir los trabajos del acueducto de 
Ayacucho, pero no aceptó porque lo llamaba de Chile don José 
Antonio Alemparte, Intendente del departamento de Concepción, 
para encargarlo del colegio de la capital. El terremoto de 1835 
acabó con el establecimiento y apenas permaneció allí el tiempo 
necesario para presentar a la Intendencia un informe relativo al 
cataclismo, en unión de los señores Ambrosio Lozier y Juan José 
Arleaga . Se trasladó a lugares de Chile, como Trilabeubu y 
Monte Blanco, víctima de enfermedades y miseria, desde 1836 
a 1838: de allí fué a Santiago, en donde se vio de nuevo con 
don Andrés Bello . 

En 1 839 estaba en Valparaíso, «asociado con don José Dá- 
maso Aguayo para la fabricación de velas, y dirigiendo la más 
desierta escuela del barrio de La Rinconada» . Sobre la puerta 
había colocado la siguiente enseña: Luces y virtudes america- 
nas, esto es, velas de sebo, paciencia, jabón, resignación, cola 
fuerte, amor al trabajo. 



Allí le conoció el eminente profesor del Colegio Luis el 
Grande, de París, Luis Antonio Van-der-Heyl . 

En el deseo de publicar sus obras, se dirigió a Lima, en 
1842 donde comenzó a editar por entregas su grande obra, Socie- 
dades americanas en 1 828, así como un opúsculo titulado Crítica 
a las providencias del Gobierno, en 1 843 . Viajó luego por el 
Ecuador y en Latacunga quiso dedicarse a la agricultura y arren- 
dar un terreno en las cercanías; pero el presbítero doctor Rafael 
María Vásquez, sacerdote colombiano, que era Cura de San Fe- 
Upe y Rector del Colegio de San Vicente, se empeñó en recomen- 
darlo al Gobierno para que se aprovechasen sus conocimientos 
pedagógicos y fué nombrado don Simón profesor de botánica y 
agricultura. Dejó en aquel Instituto las bases del reglamento 
hoy vigente p fundó, además, la fábrica de pólvora de Latacunga; 
pero, aunque protejido por el gobierno, su instinto aventurero lo 
hizo abandonar aquella ciudad y en 1846 se marchó para Quilo; 
allí quiso establecer también otra fábrica de velas, como en Val- 
paraíso, pero obtuvo el mismo desastroso resultado; propuso al 
gobierno colonizar el oriente del país con sólo muchachos, lo cual 
no logró porque exigía una cantidad de dinero, que no le fué 
acordada, en lugar de la dirección de la colonia. Pasó a ¡barra, 
en donde estableció una sociedad de mutuo auxilio; qír avezó el 
Carchi y de nuevo se halló en Nueva Granada, en 1847. 

En Túquerres, el Gobernador de la provincia, coronel An- 
selmo Pineda, lo nombró director de una escuela; pero en 1850 
estaba de vuelta en Quito, en donde lo conoció don Manuel Uribe 
Ángel, quien dejó escrito, en página brillante, el recuerdo de 
aquel conocimiento. 

Ya octogenario, enfermo, pobre, desencantado, salió de Qui- 
to para Piura y por último, se refugió en Azángaro, una aldea 
inmediata al lago de Titicaca. De nuevo levantó pies p fué a 
dar al puerto de Huaymas, en donde, a mediados de marzo de 
1854, murió tristemente el maestro admirable del Libertador . 

Tal fué el autor de este libro; el modelador de Bolívar, 
que aquilató en el crisol maravilloso de su espíritu infusible el 
metal rarísimo en que vació a un Libertador. 

Eloy G. González. 

De la Academia Nacional de la Historia 

Caracas, enero de 1916. 



El Libertador del Mediodía de América 



La presente edición es copia 
del ejemplar que existe en la 
Biblioteca Nacional de Caracas, 
y en ella se lian conservado la 
ortografía y, en lo posible, la 
forma tipográfica del original. 
Como un homenaje a la me- 
moria del Libertador la publi- 
can Pedro-Emilio CollyEduar- 
do Coll Núñez, en la Imprenta 
Bolívar el año de 

MCMXVÍ 



del 



SUS COMPANEROS DE ARMAS 



defendidos por 



UN AMIGO DE LA CAUSA SOCIAL 



La causa del Jeneral Bolívar 
es la cíe los Pueblos Americanos: 
en ella se interesan los Jefes 
de las nuevas Repúblicas 

Instruyamos al Pueblo 
con nuestros debates. 



NOTA 



Esta defensa se escribió en Bolivia, durante el año 28, 
y corrió manuscrita, entre personas de confianza, con la si- 
guiente advertencia, antes del título . 

«El que desprecie este escrito, porque no va impreso, 
«acuérdese que el Estilo precedió á la pluma, p que primero 
«se escribió en Papyrus que en Fieltros de trapos.. .Impreso no 
«quiere decir Bueno: en Bolivia no hav imprenta que publique 
«mas de un pliego». 

Desde entonces las circunstancias no han sido favorables 
para publicar un escrito que habría comprometido al autor con 
el Gobierno del Perú. 

El deseo cíe distinguirse es mas poderoso que el de vengarse, 
en los hombres que piensan bien; aunque estén poseidos de la 
pasión mas violenta: su juicio no les permite nunca cegarse has- 
ta el punto ele prescindir de la estimación ele sus semejantes, por 
sostener un capricho. Estos hombres saben, que en la causa 
mas desesperada se admite un defensor, y que este no terne 
(entre pueblos civilizados) ser perseguido por sus buenos ofi- 
cios . Lo contrario sucede entre naciones bárbaras — el Perú 
no está en est( caso: mucho menos, cuando se presenta á la 
faz del mundo, pretendiendo un lugar entre las naciones cultas . 



Se publica la defensa del J enera! Bolívar en Arequipa, 
por Simón Rodríguez, en la Imprenta Pública, administrada 
por Vicente Sánchez . 



Enero de lí 



Sucede en los Pleitos Ruidosos, lo que en las Enferme- 
dades Graves .... se hacen juntas de Abogados como de Mé- 
dicos: se escojen los mas acreditados entre los Protectores de 
la Justicia ó de la Salud .... sin desdeñar, por eso, la coope- 
ración de los Empíricos. 

El deseo de triunfar, como el de vivir (que en todos es 
ardiente) admite las mas veces 

Tabeliones . . . entre los Sacerdotes ele Témis 

y 

Curanderos entre los discípulos de Esculapio. 



para defender al REY 

en la persona de Luis XVI 

no faltó quien abrazase su causa 

en presencia de. . . ¡un Pueblo entero ! . . . ¡ enfurecido y 

» armado ! 

para defender al HÉROE 
en la persona de Simón Bolívar 
no hay quien ose encararse 

con un partido de ¡ pocos hombres ! . . . ¡ resentidos ó 

preocupados ! 

entre BAYONETAS! 

abogó un Francés por su SEÑOR ! 

entre PLUMAS ! 

temen los americanos apersonarse por su LIBERTADOR ! 

¿ será prudencia ó cobardía ? 



INTRODUCCIÓN A LA DEFENSA 



S¡ 



II algunos hombres que, ahora pocos años, erraban en 
tinieblas, gozan hoy de la inesperada fortuna de figurar en el 
mundo político:. . . Si otros, que la suerte condenaba á un olvi- 
do perpetuo, ven sus nombres contados entre los materiales de 
la historia de América: Si tantos, de los que, ni en se- 
creto se atrevian á decir lo que pensaban, hablan hoy, sin pensar 

e IMPUNEMENTE, mas de lo que la decencia permite: , 

Si los que creian morirse pensando, tienen hoy la libertad de 
publicar impresas sus ideas ¿ á quien deben estas satis- 
facciones ?.. . ¿por quien, las insípidas tertulias de Seminario 
y de Convento, se han convertido en sociedades pensantes ? 
(a) ¿por quien, los claustros se han transformado en Asambleas 
Políticas ? . . ¿ por quien, tantos hombres, perdidos en ocupa- 
ciones insignificantes, se ven hoy reunidos en Congreso, tratando 



(a) Recuérdese á los críticos de la lengua que, PEN- 
SANTE es el que piensa, p PENSADOR, el que se ejer- 
cita en pensar. Hasta el otro día, los americanos hadan pro- 
fesion de no pensar: el rey pensaba por ellos. 



8 



del bien público? — ¿Qu> en l° s sac ° ^e su mediocridad, para 
elevarlos á la dignidad de Legisladores? . . . en fin . . .¿quien ha 

obrado el prcdijio de hacer hablar de Política? ¡¡¡EN 

LAS COLONIAS ESPAÑOLAS!!! 

Responded MILITARES ¡ hombres estimables ! ¡ dig- 
nos compañeros del ilustre BOLÍVAR. 

O ¡Jóvenes Jenerosos! El entusiasmo, que inspira una 
causa noble, os hizo abandonar cuanto agradable hay en el 
mundo. Disfrazados con las canas de la senectud, os retiráis 
de los campos donde vencisteis, buscando en los poblados. . . 
nó los honores del triunfo. . . síno los brazos de vuestros compa- 
triotas, y . . . tai vez ... el corazón de vuestras amantes. 

Ha! volved los ojos hacia esos retratos que dejaisteis al 
despediros, y preguntad por qué causa habéis salvado, sin sen- 
tirlo, los floridos años de vuestra vida. Y. . . ¡cuantos, entre 
vosotros, no se verán pravades hasta de este consuelo ! La aman- 
te, que unida, en otro tiempo, á vuestra suerte, os habría sido 
constante — ofendida de ver sus gracias pospuestas á la saña 
de Marte, oyó los consejos de la ausencia y os entregó al ol- 
vido . 

¡ Todo lo habéis perdido ! salud, caudal parientes, 
¡amantes! .... pero nos queda (decis) el objeto de nuestra am- 
b¡cion: — n os queda la gratitud de los pueblos que hemos hecho 

independientes O ¡inocente confianza! — propia de quien 

conoce su mérito ! Sin los pocos hombres sensibles que en 
todas partes, consuelan á los muchos que padecen ; . . no ten- 
dríais quien agradeciese vuestro sacrificio — sin el corto número 
de hombres sensatos, con que cuenta el jénero humano para 
juzgar de sus acciones, ... no tendríais quien admirase vues- 
tro heroísmo . En jeneral, los mismos hombres que vuestos 
esfuerzos han hecho valer . . . ¡ desprecian vuestros servicios ! 

¡llaman á juicio vuestros sentimientos! y ¡ ¡ ¡os 

persiguen ! ! ! por supuestas pretensiones de dominarlos . 

Pero, no os entristezcáis; á los grandes servicios corres- 
ponde la ingratitud:/ — todo hombre de poco juicio, que va hacer 
mucho en su obsequio, recibe el obsequio con desden, porque 
cree merecer mas -los hombres limitados hacen número en to- 
das partes. Despreciad su ingratitud, y consolaos con el dul- 
ce recuerdo de haber desempeñado, con constancia y con honor, 
la dura obligación que os impusisteis por amor á vuestra patria. 



9 

Como conquistadores de la Independencia, habéis hecho 
vuestro deber;: — los monarcas mismos os respetarían, si volvie- 
sen á dominar, y os colmarían de honores, si no temiesen vuestra 
influencia. ¿Tendría esta satisfacción alguno de los que tara 
groseramente os insultan? 

Vosotros prometisteis la Independencia, ó morir peleando 
por ella: ambas promesas han visto cumplidas los pueblos: 
¿qué han hecho sus Representantes para darles la Libertad? 
—En un descampado, promete una compañía de Actores, re- 
presentar un drama nuevo, si le dan teatro: el deseo de verla 
anima al trabajo, y la juventud, siempre dispuesta á empresas 
laboriosas, se encarga de la obra: en poco tiempo despeja, 
construye y entrega el edificio á los actores . El dia señalado 
poetas y aficionados asisten: los actores se presentan con trajes, 
en parte conocidos, en parte extrañbs . . . todo se les suple, es- 
perando que hablen. . . al fin empiezan; pero que? — una 

comedia añeja, retocada de priesa, y sostenida con ciertos saí- 
netes : ni viejos ni mozos aplauden, porque ninguno ve ni las 
ideas, ni el gusto de su edad. — '¿ Se quejarán los actores, con 
razón, si el auditorio militar murmura? 

La sangre vertida en los campos y en los suplicios, 
clamará siempre cnotra los que fueron causa de la destrucción 
prematura de tantos hombres, bajo pretexto de mejorar la suerte 
de la sociedad futura . 

El cuerpo militar no ha hecho Constituciones . 






MÉRITO DE LA DEFENSA 



Si fuese posible recojer los hechos de cada soldado, la 
historia de la revolución pasaría por apócrifa: solo para los que 
han visitado la América del Sur seria verdadera — y estos cifra- 
rian, en dos palabras, el mérito de los caudillos . . . 

Ideas y Milicia. . ¡qué creación! 

El que conozca las Colonias Españolas, no cesará de ad- 
mirar á Bolívar, y nunca lo admirará bastante. Bolívar no 
se ha apropiado la parte, que han tenido en su gloria, muchos 
de sus Compañeros: él ha sido el primero que les ha hecho 
justicia á la faz del mundo — que ha premiado, y que ha reco- 
mendado sus servicios — En Europa pelean soldados contra sol- 
dados, y ¡os Jenerales, fuera del campo de batalla, van en 



10 



coche: en América, el ejército ha combatido contra los elemen- 
tos y contra los imposibles — abrasándose en las llanuras y he- 
lándose en las montañas. . . ¡ sin camino, sin puentes, y, las 
mas veces, sin caballos ! ... ¡ sin víveres, sin vestidos, sin hos- 
pital, y, en los poblados, sin sueldo ! . . . ¡los Jefes, padeciendo 
como el último soldado, trazaban los planes en la arena, y al 
ejecutarlos, les faltaban pertrechos y, á veces, subordinación. 
Pero, todo lo vencia la presencia de Bolívar en el combate, 
y de lejos, su nombre reunía todos los ánimos, y conciliaba todos 
]os intereses . 

¿ Cómo pudo hacerse partido, á los principios, ¡ un jó- 
"ven ! . . . ¡ sin reputación política ni militar ! . . . ¡ privado de 
todo recurso ! ¡ desconceptuado en la opinión pública, por la 
lengua y por la pluma de un enjambre de enemigos cobardes que 
habitaban las ciudades ... y atacado, en los campos, por un nú- 
mero superior de tropas andadas, pagadas y llenas de esperan- 
zas! Los Jenerales realistas contaban con una recompensa — 
el Jeneral Bolívar no tenia otra perspectiva que el cadalso. — - 
Héchose ya un partido ¿ por qué medios atrajo todos los par- 
tidos al suyo . . concentró una acción . . y regularizó el plan de 
cperaciones que ha desarmado á sus adversarios ? Si esto se 
hace sin talento, cualquiera de sus detractores podría ser un 
Bolívar. 

Bolívar no vio, en la dependencia de la España, oprobio 
ni vergüenza, como veia el vulgo; sino un obstáculo á los pro- 
gresos de la sociedad de su pais . Para vencer este obstáculo, 
le fué menester arrostrar mil especies de muerte, y en tan terri- 
bles peligros tuvo muchos compañeros: ahora que llama á algunos, 
para que le ayuden á asegurar lo conquistado, lo dejan solo ó 
lo contrarían . En la guerra, nadie le disputó la primacia — en 
la pacífica empresa de la organización pública, pocos entran, y 
cuando entran quieren ser primicerios: hasta los que nada hicie- 
ron por la Libertad, se arrogan el título de defensores de ella, 
suponiendo que el Padre DE LAS REPÚBLICAS en América, pre- 
tende sufocarlas á su nacimiento . La exclamación favorita de 
esta especie de políticos es ¡ Bonaparte ! para infundir temores — 
y su cita a la moda ¡ Norte- América ! para enredar á los Indios 
en variedad de Gobiernos J? de sectas relijiosas, sin que la re- 
clame la variedad de opiniones é intereses que reina en los Es- 
tados Unidos . 

Todos los militares de talento envainan la espada para 
abrir los libros, desde el momento en que el enemigo les abando- 



lí 



na el campo; pero tienen la desgracia cíe verse contrariar por 
una especie de hombres que, sin mas proyecto que el de instruirse, 
ó, cuando mas, con el de buscarse pan ú honor por las letras, 
pasó su vida leyendo lo que no tenia intención de practicar — Es- 
ta especie de hombres hace con los militares, lo que algunos na- 
turalistas con sus ayudantes .... enviarlos a herborizar, cazar y 
pescar, para que les traigan objetos que vieron pintados en lá- 
minas de historia natural — al recibirlos les dan las gracias y los 
envían á descansar, como incapaces de hacer clasificaciones — 
Raro es el militar que sepa distinguir de literatos; pero, es mas 
raro aun, el literato que quiere hacer justicia á un militar: para un 
militar sin talento, iodos los literatos son filósofos; y es, porque en 
la idea de FILÓSOFO va envuelta la de COBARDE — los literatos 
vulgares tienen á todo militar por ignorante ó desalmado. Los hue- 
nos literatos podrían humillar la arrogancia de algunos militares, 
abandonándolos á sus conquistas — Los militares sensatos debe- 
rían castigar la impertinencia de los literatos vanos, abandonán- 
dolos á sus libros — la escena de dos especies de locos, la una 
úempre peleando, y la otra siempre leyendo, desaparecería por 
falta de medios con qué pagar armeros é impresores . 



12 



ORIJEN, CARÁCTER Y CONDUCTA DEL 
JENERAL BOLÍVAR 

Orijen natural y social. 

Simón Bolívar nació en Caracas (Capital de la Provincia 
de Venezuela) á fines del siglo 1 8 — y á principios del 1 9, sacó 
una gran parte de la América, del estado de colonia miserable: 
le dio muchas ideas suyas ; y, de las ajenas propagó las mas pro- 
pias para hacer pueblos Ubres con los elementos de la esclavitud. 

Carácter . 

Hombre perspicaz y sensible . . . por consiguiente delicado . 
Intrépido y prudente á propósito .... contraste que arguye jui- 
cio — Jeneroso al exceso, magnánimo, recto, dócil á la razón. . . . 
propiedades para grandes miras — Injenioso, activo, infatigable.... 
por tanto, capaz de grandes empresas . Esto es lo que importa 
decir de un hombre, á todas luces distinguido, y . . lo solo que 
llegará de él á la posteridad. 

Anécdotas, presajios, agudezas de la infancia, travesuras, 
amores, apoftegmas de la juventud .... debilitan la impresión 
del personaje en el cuadro de una vida ilustre. 

El dia y la hora de su nacimiento son de pura curiosidad — 
Los bienhechores de la humanidad, no nacen cuando empiezan á 
ver la luz ; sino cuando empiezan á alumbrar ellos . 

Escriban la historia de las campañas de Bolívar los mili- 
tares que lo han acompañado en la guerra — Sus secretarios. . 
los detalles de su política — Sus sirvientes juzgarán, mejor que 
nadie, de su jenio — y sus ENEMIGOS se encargarán de publicar, 
por separado, un tratado completo, revisto, y considerablemente 
aumentado de sus DEFECTOS. Para una historia se necesitan 
muchos autores. 

Conducta moral. 

No sin razón se alega jeneralmente por mérito el haberse 
educado en los coíejios: la presunción de haber aprendido es 
fundada, porque estudiando se aprende. Pero así como hay 
hombres, á quienes esta presunción no .favorece, así también hay, 



13 



aunque pocos, que nacieron para educar, y estos empiezan por 
si-mismos: el mundo es su colejio — su curiosidad les da libros — - 
y su discernimiento les sirve de maestro . El Jeneral Bolívar 
es de esta especie de hombres — mas quiere pensar que leer, 
porque en sus sentidos tiene autores — lee para criticar, y no cita 
sino lo que la razón aprueba — tiene ideas adquiridas y es capaz 
de combinarlas . . . por consiguiente puede formar planes : por 
gusto se aplica á este trabajo — tiene ideas propias . . . luego sus 
planes pueden ser orijinales: en su conducta se observan unas di- 
ferencias que, en jeneral, se estudian poco. . . Imitar y ADOPTAR, 
adaptar y CREAR. 

El espíritu, del hombre de talento, sabe asimilarse las ideas 
ajenas — el del limitado se las agrega . El Jeneral Bolívar no 
imita: por el mal que haga, debe culpársele con justicia: sus 
obras son hijas de su reflexión; pero para juzgarlo es menester 
entenderlo, ú . . . oirlo, sí no se penetran sus intenciones . 

Conducta social. 

Desde muy joven pensó en la política que gobernaba la 
América: viajando en España, en Francia, en Italia, en los 
Estados Unidos y en Inglaterra (en esta, con una comisión deí 
Gobierno de Caracas) hizo comparaciones: vuelto á su pais, se 
retiró al campo, y á los primeros movimientos que ocasionó e' 
trastorno de la España en Venezuela, dejó de una vez, reposo, 
caudal, parientes, y se entregó á la suerte de la guerra. 

Su vida política se confunde con su vida militar: en un es- 
tado de cosas enteramente nuevo, los progresos de sus armas 
eran los de su gobierno: creador de uno y otro, al paso que con- 
cillaba la opinión de un corto número de habitantes, les confiaba 
su suerte política — reservándose el mando militar, como único 
medio de conservar y extender sus conquistas . Por este acer- 
tado proceder, y por una conducta tan sabia como feliz, consi- 
guió en el espacio de pocos años reunir en cogreso las princi- 
pales provincias, conocidas hoy bajo el nombre de Colombia — 
Agrega en seguida á Quito y á Guayaquil, y forma una sola 
República desde el Istmo hasta mas allá del Orinoco. 

Un ejército español, reforzado en el Perú, se preparaba 
á atacarlo — era menester sorprenderlo: con este fin marcha al 
frente de sus tropas, empeña una acción en Junin, la manda en 
persona y vence — El enemigo, retirándose, concentra todas sus 



14 



fuerzas en Ayacucho: allí, después de una batalla de pocas horav 
pierde la España, de un golpe, preponderancia militar, domina- 
ción política, y con ellas, toda esperanza de restablecimiento — ■ 
El Jeneral Sucre, uno de los mas distinguidos discípulos de Bo- 
lívar, mandó en jefe: los hijos de Colombia y los del Perú, 
divididos en distintos cuerpos, pero animados del mismo espíri- 
lu, rivalizaron en valor, y por una noble ambición, se disputan 
aun el honor de la victoria . Decidan sobre méritos los espec- 
tadores de la acción: la etiqueta del campo es de resorte militar — 
los pueblos no ven, en Ayacucho, sino un ejército vencedor, y 

en cada soldado un libertador de la patria el Perú queda 

independiente . 

Poco después se divide en dos Estados: la rejion baja conser- 
va su antiguo nombre, y la alta adopta el de Bolivia, en honor 
de su Libertador — Bolívar-., sube á las cimas de los Andes á pro- 
tejer la creación del nuevo Estado — establece un Gobierno pro- 
visional — convoca un Congreso constituyente — y le da un pro- 
yecto de Constitución . 

Por poco que se hayan seguido los hechos hasta esta cir- 
cunstancia, y por poco que se reflexione sobre el estado actual 
de las cosas, todo amigo de la justicia aprobará que el observa- 
dor diga (y los enemigos de Bolívar lo permitirán) 

Por él son independientes Colombia y el Perú 

A él debe su existencia política Bolivia 

Por el respeto que infunden sus virtudes morales y mi- 
litares, gozan las tres repúblicas de seguridad, y 

De la confianza que inspira su confianza pública a 
los monarcas, puede esperar su existencia futura el 
Gobierno republicano en América . 

Digan los pueblos, pues, y díganlo, sin temor de ser 
desmentidos, porque no exajeran, que 

Todo lo ha hecho Bolívar ó lo ha hecho hacer y que 
¿olo sus obras han tenido y pueden tener consistencia. 

Cuando los muchos datos que presenta la historia de la 
revolución hasta la época de la creación de Bolivia, no viniesen 
al apoyo de esta verdad, — los últimos acontecimientos de Colom- 
bia bastarían, para hacerla incontestable. 

Durante la mansión de Bolívar en el Perú, la ajitacion 
que causan las elecciones en todo pais republicano, amenaza la. 



15 



tranquilidad pública en Colombia — En pocos dias salva la con- 
siderable distancia que separa á Lima de Bogotá, y en pocos 
meses recorre el territorio de la República — reconcilia los par- 
tidos — restablece la paz — y da á los negocios su curso ordi- 
nario . 

¡ Hagan los conformistas otro tanto ! . . . ¡ empuñen el có- 
digo para calmar tumultos ! ¡ aleguen leyes entre gritos ! 
j bagan resonar el grave acento de la razón, enmedio de una al- 
gazara de pretensiones absurdas ! — Pero, según ellos, Bolívar 
no tiene facultades para semejante procedimiento — su zelo es un 
abuso escandaloso de autoridad — las órdenes que da, en los pue- 
blos del tránsito, son otros tantos actos de despotismo — y toda su 
conducta, una TIRANÍA DECLARADA; con todo, Colombia pone, 
en manos del TIRANO, su suerte . 

Piensan aíguos diaristas darse ^importancia, imitando á la 
Inglaterra. . . todavía no es tiempo — creen hacerse lugar entre 
los políticos desacreditando su Gobierno, y denigrando á sus 
Majistrados . . . se engañan: por la moderación ganarían, lo que 
pierden por su incivilidad — De las calumnias, que publican im- 
presas, algunos hombres oscuros para darse á luz, deben los 
militares hacer el caso que hace el Libertador y que hacen los 
hombres de juicio en América y en Europa. Los pueblos del 
mediodía de América deben ver en Bolívar un padre, y hermanos 
en sus soldados: no será un ejército de gaceteros el que los 
defienda, si Bolívar y sus compañeros los abandonan . 

La guerra de la Independencia no ha tocado á su fin, en 
una tregua insidiosa se preparan los asaltos, y con libros no se 
detienen bayonetas. La suerte social de los pueblos está en ma- 
nos de sus Representantes ... Su defensa está en los brazos 
de cada ciudadano que se arma — Si la disciplina cultiva el valor 
y forma buenos soldados. . . un buen Jefe lo da la fortuna. A 
veces con menos aptitudes, y seguramente por menores servicios 
que los de Bolívar, asciende un soldado á Jeneral en Europa: 
los pueblos lo respetan, y la prensa no publica sino sus virtudes: 
solo en la América Española se duda del mérito de un hombre, 
porque es americano. . . . este ejemplo lo han tomado los colo- 
nos, de la madre patria; en ninguna parte vale menos el talento 
de un Español, que en España. 



16 
FUNDAMENTOS PARA ESTABLECER EL JUICIO 

DEBE HABER DOS 

Derecho del acusado para ser defendido 
Derecho del lector para ser juez 

Primer fundamento 

El hombre de la América del Sur es Bolívar. Se empe- 
ñan sus enemigos en hacerlo odioso ó despreciable, y arrastran 
la opinión de los que no lo conocen — Si se les permite desacredi- 
tar el modelo, no habrá quien quiera imitarlo ; y si los Directores 
de las nuevas Repúblicas no imitan á Bolívar, LA CAUSA DE LA 
LIBERTAD ES PERDIDA. ,,. 

Un paralelo entre Washington, Bonaparte y Bolívar, con 
designio de elevar á uno solo, seria impertinente — Difícil empresa 
seria, en tres revoluciones tan desemejantes, traer los hechos á 
una exacta correspondencia, para establecer rangos entre los 
TRES HOMBRES DEL SIGLO. Todo lo que debe decirse, en 
honor del talento que les ha dado tan justa celebridad, es, que 
cualquiera de los tres, en las circunstancias en que se halló uno, 
se habría distinguido del mismo modo, porque habría hecho otro 
tanto — El teatro da mas brillo á la acción, pero nó mas mérito: 
— jentes, suelo y medios diferentes, han debido influir en los 
procedimientos: la Europa, los Estados Unidos y el resto de la 
América difieren tanto entre sí, cuanto se parecen los Héroes que 
han producido — la historia no los distinguirá sino por sus nom- 
bres. 

El Jeneral Bolívar ve las cosas en grande, como hombre 
público — la nimiedad es propia del Gobierno económico. Es 
verdad que para ocuparse exclusivamente en negocios de pura 
política, es menester contar con las cosas pequeñas ya estableci- 
das y corrientes: en esto difieren, de la América Española, la Eu- 
ropa y los Estados Unidos . En la revolución de los anglo- 
americanos, y en la de los Franceses, los Gobernantes no tu- 
vieron qué pensar en crear pueblos, sino en dirijirlos . La Amé- 
rica Española pedia dos revoluciones á un tiempo, la Pública y 
la Económica: las dificultades que presentaba la primera eran 
grandes — el Jeneral Bolívar las ha vencido, ha enseñado ó exci- 
tado á otros á vencerlas: los obstáculos que oponen las preocupa- 



17 



dones á la segunda, son enormes — el Jeneral Bolívar emprende 
removerlos, y algunos sujetos, A NOMBRE DE LOS PUEBLOS le 
hacen resistencia en lugar de ayudarle — Sedientos de venganza, 
por injurias supuestas, ó ciegos de ambición por empleos que 
quizá no pueden desempeñar, se jactan de ser sus enemigos, con- 
denan sus principios, le adivinan malas intenciones, le suscitan 
guerras en unas partes, se las declaran y las llevan á efecto, en 
otras, lo asaltan en su propia casa para asesinarlo, trastornan, al- 
borotan, llaman su atención sobre todos los puntos y su presencia 

en los mas importantes Sucumben, y se dispersan : unos 

toman el partido de callar, otros el de instigar sordamente, y 
los mas comprometidos salen á hacer, en paises extraños, el 
papel de ilustres desgraciados. 

Aprenden los pueblos á conocer sus verdaderos defensores 
en los que sostienen los choques que sufre su causa: vean en los 
principios de Bolívar los de la seguridad jeneral, y en su persona 
la columna maestra del sistema republicano — Bolívar merece ser 
defendido: les americanos deben considerarlo como un padre, 
cargado con el tesoro de sus derechos, peleando solo contra mi- 
llares de enemigos, y pidiendo socorro á los mismos que de- 
fiende . 

Por no quererse persuadir de esta verdad — por no querer 
imitar á Bolívar, yerran gravemente los que mandan unos pue- 
blos tan desordenados y tan pobres, confiados en que una pequeña 
parte muy voluntariosa (que llaman sana, porque no la conocen) 
los ha de ayudar. Reconozcan, pues, los pueblos del mediodía 
de América que 

al valor y á la sagacidad de Bolívar deben su 
Independencia, y crean que 

á su prudencia y á su firmeza deberán su Li- 
bertad . 

_ Bolívar (repítese) no se apropia la parte que tienen en su 
gloria, muchos de sus compañeros — él es el primero que les hace 
justicia á la faz del mundo, que premia, p que recomienda sus 
servicios. 

Segundo fundamento 
Derecho del lector para ser juez 
(Permítase tomar las cosas desde los principios, para satis- 
facer de antemano, á los que tienen la laudable costumbre de 
pedir razones de razones) . 



18 



Perspicacia, es la facultad que cada sentido tiene, con 
exclusión de los demás, para percibir las diferencias que distin- 
guen un objeto material de otro — Todos los hombres están dota- 
dos de esta facultad: su privación total es estupidez absoluta. . . 

pero, 

Perspicacia espiritual, gusto ó Estética, es, sentir bien to- 
das las diferencias que distinguen un objeto de otro, cuando el 
sujeto de la observación es un estado de cosas ó una acción — 
Esta facultad no puede ejercerse sino asociando y combinando 
situaciones ó movimientos, y no es dada a todos los hombres. 
No obstante todos sienten una necesidad de juzgar, aunque no 
hayan nacido para jueces: esta es la causa de la injusticia de los 
hombres, contra la cual claman por un principio de injusticia — 
tienen razón de quejarse; pero nó de resentirse, ser justo es cosa 
muy difícil . La constitución, los afectos, la situación, el tiem- 
po, las facultades, los medios deciden, para un juicio en que do- 
mina el gusto, la necesidad o la conveniencia de una acción . 

Los médicos llaman el estudio de este conjunto de influen- 
cias, indicadas por signos peculiares á cada una, SEMEIOTICA, y 
su clasificación SíNTOMATOLOJIA, tratado de concurrencias, es. 
decir, medicina judiciaria . El médico que no es perspicaz, sen- 
sible, delicado, refiere todos los signos al signo dominante — las 
semejanzas ó diferencias aparentes lo confunden — sus concepcio- 
nes son erróneas — y su juicio aventurado . No es culpable ; pe- 
ro es perjudicial: no tiene sagacidad para descubrir síntomas que 
se le presentan disfrazados — no advierte diferencias que resultan 
poco — atribuye sus yerros á faltas que no están en lo que 
juzga, sino en su atención ó en su capacidad . 

Sobre estos datos debe fundarse la definición del ENTENDI- 
MIENTO ó (figuradamente) del TALENTO 

Descubrir diferencias, donde el común de los hombres no 
ve sino semejanzas, ó vice versa 

No ver sino semejanzas, donde el común de los hombres 
supone diferencias 

en breves términos PERSPICACIA INTELECTUAL 
Si en la presente cuestión, la dificultad se atribuye á la té- 
sis, no siendo sino una falta de reflexión (no diremos de enten- 
dimiento) en el que juzga — si porque es juez se obstina en soste- 
ner su dictamen, sin otro fundamento que su opinión, sométasele 
á la pena que se impone á todo observador común ó parcial. . . 
á la recusación. — Para salvar el honor del que falla — para po- 



19 



ner á cubierto su discernimiento — para comprometer su amor pro- 
pió, se ha introducido el uso de las frases siguientes . 

«á mi parecer» . . . «en mi opinión» ... «á lo que veo» . . . 
«según mi modo de pensar» . . . 

Y para debilitar ó destruir la fuerza de un argumento, es- 
tas otras en diálogo . 

«Y, cómo me prueba U. que ve, que piensa, que opina 
mejor que ijoP 

respóndese 

Haciendo ver las diferencias y las consecuencias que deri- 
van de ellas 

«•J7 c sz " no veo ó pienso como U . ?» 
respóndese 

Eso seria si le encargase el trabajt» de buscar ó de pensar; 
sero nó cuando se le determinan los objetos, y se le presentan 
las reflexiones hechas 

«p ¿si niego la existencia de las cosas, ó me parecen inexac- 
tas las observaciones?» 

respóndese 

Pruebe U . uno ú otro 

«No tengo para qué probarlo» 

respóndasele 

adiós! 

mas de una vez tendrá el abogado que despedirse de este modo 
en el curso de su defensa . 



«Ambición! . . . .¿quien no la tiene? 

«Es demasiado ambicioso» . . . ¿ cómo se miden cantidades 



■¿.e ambición? 



La ambición es la pasión predominante en el hombre. Am- 
bicionar es querer ser mas; pero como para ser es menester valer, 
y para valer tener, todos aspiran á poseer algo que les de supe- 
, noridad; la Ambición misma ASPIRA, y quiere que la llamen 
•noble, por el objeto de sus deseos . 



20 



Visítense las casas ele locos . La fuerza, la hermosura, el 
caudal, la nobleza, la ciencia, la autoridad, y ¡siempre el DISr 
CERNIMLENTo! son las ideas fijas que llevadas al exceso, privan 
¿ muchos hombres de la sociedad de sus semejantes. 

(aquí piden los locos una corta digresión) 

«Encierran en un calabozo á un infeliz (exclaman ellos) 
«porque se dice Dios ó hijo de Dios — y ¡ponen en un magnifico 
«palacio á otro, que se da por unjido del señor ó por su confi- 
«dente! — Se burlan de un demente, que disputa hablando y sin 
«consecuencia, la propiedad de cuantas cosas ve, p ¡saludan con 
«reverencia en las calles, á un personaje, que, pagando defenso- 
«res p ajenies, pleitea por apropiarse un caudal, á que no tiene de- 
«recho! Castigan con diez años de presidio á una mujer, por 
«haber ocultado salteadores que atacaban, pidiendo la bolsa ó la 
«vida, en los caminos, jj ¡honran al mismo tiempo, con visitas p 
«con dádivas, ó. otra mujer que ataca en las calles, pidiendo la 
«bolsa Y la vida, ó la salud entre tanto!» 

«Todas son manías (dicen los locos) mas ó menos extra- 
«ñasf mas ó menos útiles ó perjudiciales! 

Gracias á la Ambición! sin ambición no habría sociedad. 
¿Quien querría encargarse de gobernar, sino por el gusto de 
mandar?. ... y sin Gobierno ¿cómo vivirian los hombres jun- 
tos? 

Muchos confunden (cayendo de una idea en otra) la am- 
bición con el amor propio, y este con la vanidad . Por no re- 
petirse (sobre todo escribiendo) los emplean como sinónimos; 
pero los puristas quieren que así como la existencia supone la 
vida, así la ambición sea un efecto del amor propio. La vani- 
dad con la modestia (según ellos) están en otra categoría — El 
jénero vanidad (dicen) no tiene sino una sola especie, y debe 
definirse así, 

creerse con facultades, sin tenerlas, sabiendo lo que es fa- 
cultad — porque, conocer sus facultades, decirlo cuando es 
menester, y emprender confiado en ellas, es ORGULLO, no 

vanidad — conocerlas p negarlo es HIPOCRESÍA 
El jénero modestia tiene tres especies 
1 ? creerse con facultades ó sin ellas, por ignorar lo que debe 
entenderse por facultad — es INOCENCIA 



21 

2* no poder ejercer una función Jj creerse capaz Je ejercerla 
ó esfar/a ejerciendo, p Jecír que no la puede ejercer, sa- 
biendo lo que es faculatd, es SIMPLEZA 

3* saber lo que son facultades, conocerlas p no hacer alarde 
de ellas, ó temer, por dudar del buen éxito en una opera- 
ción difícil, es MODESTIA propiamente dicha. 

Conocerse facultades suficientes ó superiores para una 
empresa, p decirse incapaz de emprender, para que se lo 
contesten p lo elojien, es la modestia de los necios, que ni el 
nombre de hipocresía merece. 

Otro tanto debe decirse del mérito 
Creerse con mérito, sin tenerlo, sabiendo lo que es me- 
recer, es FATUIDAD 

Apropiarse el mérito ajeno, es ARROGANCIA 
Tener mérito p no conocerlo, Ss SENCILLEZ 
Tenerlo p conocerlo, es PROPIA SATISFACCIÓN. 
por consiguiente 

Todo hombre vano debe ser FATUO en la ocasión p las mas ve- 
ces ARROGANTE — el inocente será SENCILLO, p el simple RI- 
DICULO. Solo el MODESTO es respetable, porque tiene en qué 
fundar sus pretensiones . Pretende con orgullo porque sabe 
que ha de obrar con acierto. 

Esta especie de hombres es la que reúne, de ordinario, ma- 
yor número de virtudes y hace mas bienes — Yerra á veces, es 
verdad; pero ¿quien se expondrá á errar sino el que emprende? 

Parecerá, tal vez, pedantería, el haber entrado en estas 
distinciones, porque son doctrinales .... No hay ley que no sea 
una doctrina, si se enseña — se cita después de sabida — y si se te- 
me olvido, se expone . Las distinciones que se han establecido 
son principios irrefragables . . . por ellos se ha de juzgar la con- 
ducta de Bolívar: en el cuerpo de su defensa no parecerán tan 
inútiles las DEFINICIONES — Obsérvese que todas las inculpacio- 
nes, que se hacen á Bolívar, ruedan sobre terjiversaciones de 
sentido ó de intención . 



22 

ADVERTENCIA 

En la acusación como en la defensa se enseña al que no 
sabe y se instruye al juez — Enseñar mal no es enseñar, y, al que 
quiere saber, nunca se le enseña demasiado, si los maestros no 
mienten ó salen de la cuestión . 

Hay tres modos de leer un libro . 
1- 

Salteando, con el índice á la vista, para no leer sino lo ne- 
cesario — eso es rejistrar: solo los sabios leen rejislrando, porque 
saben mucho. Un botánico consumado no se detiene á exami- 
nar todas las flores de un campo, sino las que fijan su atención 
por alguna rareza, 

« 2? 

Empezando por los últimos capítulos, cuando la obra cons- 
ta de una serie de hechos: este modo pertenece a los que cono- 
cen la materia, y solo buscan lo nuevo que puede habérsele aña- 
dido 

3° 

Empezando por el principio ; así deben leer los que saben 
poco, ó los que, sabiendo mucho, quieren criticar las proposicio- 
nes ó el método 

También hay tres modos de dar su parecer 
aprobando, reprobando ó despreciando 

1 ? anües de leer 

2? después de haber leido, sin reflexionar, y 

3? después de haber leido reflexionando 

Objeto de la defensa 

Si el lector reflexiona, debe conocer que no es Bolívar el de- 
fendido porque no lo necesita: se defiende la causa de los Pue- 
blos, justificando las intenciones \j la conducta de sus Jefes. 



23 



MÉRITO DE LA CAUSA 

cuerpo de delito 

En tres partes dividen los enemigos del Libertador (ó séase 
los amigos de la Libertad) la acusación que presentan al Pú- 
blico . 

Atacan su CARÁCTER 
Delatan su CONDUCTA, y 
Denuncian sus INTENCIONES 

CARÁCTER del Libertador — es un Tirano 

Su CONDUCTA 

es una serie de inconsecuencias 

de actos de arbitrariedad 

de violencia 

de venganza 

de despotismo y # 

de crueldad 

probados por millares de injusticias y de atentados. 

Sus INTENCIONES 

| esclavizar á los pueblos y 
Son ■{ 

| Coronarse 

Pruebas jenerales. 

1 ? que su Popularidad y su Liberalismo son aparentes 

2? que finje renunciar el poder para asegurarse mejor de él 

3? que protestando no querer mandar, hace cuanto puede para 
perpetuarse en el mando 

4? que se han descubierto sus maniobras 
y la mejor de todas 

5^ que las sospechas son razones en política 
Pruebas particulares 

1 ? que se le han interceptado comunicaciones 

2? que entró en el Perú sin ser llamado 

3 que, al entrar, no se presentó á pedir órdenes de la autoridad 
Suprema 

4? que vino á usurpar, á los hijos del pais, la gloria de su in- 
dependencia 



24 



5? que deshizo un ejército de 17. 000 hombres mandado por 
Jeneraies Chilenos, Peruanos y Colombianos. 

6? que reformó cuerpos, postergó á muchos oficiales, y despi- 
dió á otros sin retiro. 

7? que agotó el tesoro público del Perú para enriquecer a Co- 
lombia 

8? que puso en los primeros puestos Realistas en lugar de Re- 
publicanos 

9? que se rodeó de jente Mala, con desprecio de la Buena que 
pudo haberlo aconsejado bien. 

1 0> que viajando en el Perú, recibió con desden los obsequios 
que le hicieron varias ciudades, á su -pasaje: y que 
despreció las visitas con que lo honraron las personas 
mas distinguidas de cada lugar. 

1 1 ? que anarquizó al Perú,, y después á Colombia, para hacerse 

necesario . 
1 2? que es un monstruo . 
1 3? que de todo esto es testigo el mundo ENTERO ! 

Se ha olvidado el llamarlo BORRACHO, como llamaron los 
Madrileños á José Bonaparte, y lo hicieron creer á toda la Es- 
paña ; aunque la sobriedad del R.ey fuese notoria . 

Ladrón, no es injuria en América: así se trata á todo el 
que tiene algo á su cargo, aunque sea una torre ó un arenal . 

Pruebas de intenciones 

1 í que con tantos crímenes y defectos pretende CORONARSE . 
2? que, para preparar los pueblos al yugo de la tiranía, ha dic- 
tado una Constitución monárquica á las Repúblicas. 



25 



NOTA 

El populacho también (por no ser menos que nadie hace 
su acusación, i? pide un lugar á lo último para estamparla. . . . 
en una causa Popular no puede negársele 

DICE 

Primeramente, que Bolívar es Zambo. 

Segundamente, que cuando era niño se divertía en matar negritos 
con un cortaplumas: que su madre le daba gusto en ello: y que, 
cuando el hijo lloraba, salía al balcón y gritaba á sus esclavos. . . 

«Este niño no tiene con qué jugar. 
«Ya se le acabaron los negritos ! 
«Vayan á la hacienda á traerle mas ! 

Terceramente que cuando los soldados de Colombia llegaron 
el Perú, se amotinaron, porque se les quiso pagar el 
sueldo en DINERO: que el Jeneral en Jefe despachó in- 
mediatamente Goletas á traer fondos de Colombia: que 
volvieron cargadas de YUCAS: y que el motin se convir- 
tió en vivas: que habiéndose acostumbrado muy pronto 
á ver y á gastar plata, vuelto á su pais la echaron de me- 
nos, y armaron otro motin paraque los trajesen al Perú: 
que Bolívar se vio obligado á darles gusto, y que este 
fué el motivo de haber declarado la guerra. 

Preliminar á la defensa. 

Espresiones exajeradas no prueban razón: el lenguaje de 
la justicia es moderado y serio . 

Llamar á un hombre que tiene títulos (sobre todo bien ad- 
quiridos) por el nombre de su familia solamente, BOLÍVAR; y 
por abajarlo mas, reducirlo al de su bautismo . . . Don SlMON : 
añadir al desprecio el insulto, dándole apodos burlescos; y, pa- 
ra sublimar las injurias buscar dicterios deshonrosos ó indecen- 
tes. . . es lo que hace la gente baja en sus contiendas, especial- 
mente cuando es cobarde — El hombre que la educación ha hecho 
cortés, hasta en su ira es delicado . 

Infrinjir los preceptos de la urbanidad, en altercaciones 
privadas, es perdonable — porque, al pasar de la defensa al ata- 



26 



que es natural irritarse: en presencia de extraños el mismo exceso 
es insoportable — El hombre que habla en público, debe fijar su 
atención por instantes, entre el asunto que trata y el auditorio 
á quien se dirije: en su mente hade arreglar sus conceptos, y en 
sus labios las palabras con que los expresa. Los PUEBLOS de- 
ben tratarse con respeto — porque se componen de un gran nú- 
mero de individuos, y porque entre ellos hay muchísimos muy 
respetables — Sirvan estas reflexiones para calmar á muchos jóve- 
nes acalorados, que por imitar á algunos de sus mayores, se exce- 
den con perjuicio de su estimación. 

Por resentimientos, acusan algunos, en gacetas y en pro- 
clamas, la conducta de un HOMBRE ILUSTRE: y dirijen sus dis- 
cursos a les PUEBLOS, que el acusado ha servido durante toda 
su vida útil . . . hacen n?.as . . . hablan ¡ á nombre de los pue- 
blos mismos! — Convierten malignamente en quejas amargas ¡las 
bendiciones con que los pueblos colman á su Libertador! — Com- 
prenden en la masa del pueblo ¡ á millares de hombres adictos á 
su persona, ó porque lo conocen, ó porque agradecen sus servi- 
cios! — Ven la tranquilidad pública en Colombia, como un efec- 
to de la opresión, y ¡hasta interpretan los sentimientos de hom- 
bres que jamas han oído hablar! — Falso! intrigante! traidor! 
usurpador! son los dictados que prodigan hoy á Bolívar, como 
hombres libres, los mismos que, el otro dia, lo fastidiaban con 
arengas y con rendimientos de siervos! . . . ¡qué inconsidera- 
ción! ¡qué inconsecuencia! dígase de una vez, ¡qué ceguedad! 

Si para hablar á muchos se necesita circunspección ¿cuanta 
no será necesaria para hablar á nombre de todos? — Escribir á 
los pueblos en un estilo indecoroso, es ofenderlos — emplear el 
mismo estilo, escribiendo á su nombre es agraviarlos altamente. 
Llamar esclavos á los que protestan no haberse hecho representar 
de tal modo, es un atrevimiento que solo la distancia ó la repre- 
sentación puede salvar de la justa venganza que merece. ¿Quien 
ha autorizado á algunos individuos para tomar la voz del Pue- 
blo? — den su parecer con modestia; pero no se arroguen las fun- 
ciones de Tribunos . 

El bien público es cosa muy sagrada: en él no deben inje- 
rirse intereses privados: deslinde cada cual sus asuntos con la 
pluma ó con la espada, y si no puede manejar ni una ni otra, sír- 
vase de fuerza ajena; pero que no sea el pueblo el Campeón — 
Interesar las Naciones en causas de Familia, es propio de Reyes: 
si en las Repúblicas se hace otro 'tanto, habrá mas guerras que 



27 



en las monarquías, porque hay mas Diputados haciendo de Re- 
yes en los Congresos — Caudales disminuidos ó arruinados — ca- 
rreras truncadas — parientes y amigos jimiendo — extorsiones de 
mil especies — en suma, enfermedades, heridas, destrozo, que de- 
jan una cauda de miserables inválidos arrastrando una existen- 
cia que no tienen valor para cortar, no es espectáculo que deba 
dar un pueblo entero, por contentar á algunos de sus individuos . 

Trátese la causa del Jeneral Bolívar con todo el decoro 
que merece su persona ; tribútese á los Pueblos la consideración 
que les es debida como Soberanos . La acusación y la defensa 
se han de hacer sin desvergüenzas y sin armas — Instruyamos al 
Pueblo con nuestros debates: en la justificación del Jeneral Bo- 
lívar se interesan los Jefes de las nuevas Repúblicas . 

Bolívar ha dispuesto los Pueblos á la representación, y he- 
cho que aparezca el mérito de muchos hombres que nunca ha- 
brían representado : él ha creado Jueces paraque lo juzguen, nc 
paraque lo insulten . ¿ Puede decentemente ser una gaceta, re- 
dactada de incógnito, el tribunal donde se instruya y sentencie 
un proceso político, en que aparece acusado un personaje como 
Bolívar? Todo Representante del Pueblo es invulnerable por 
sus opiniones: el Jeneral Bolívar es un REPRESENTANTE NATO 
en la causa de la América, y puede con mas títulos que nadie, 
en su pais, proponer un proyecto de constitución: su elección no 
es debida al acaso ni á la intriga, sino á una opinión libre y JUS- 
TISIMAMENTE decidida en su favor. 

«Ha variado!» (dice uno de sus mas acérrimos enemigos) 
— La fortuna influye en la suerte de los hombres; pero nó en su 
carácter: los que dicen ESTADOS MUDAN COSTUMBRES, por de- 
cir que los hombres varían, no advierten lo falso de su sentencia 
— No varia el hombre con el estado: el que afirma lo contrario 
prueba, que no lo observó bien en el estado anterior; y al apoyo 
de esta verdad viene otro proverbio, no menos admitido que el pri- 
mero, y con mucha razón citado á cada paso. 

JENÍO Y FIGURA HASTA LA SEPULTURA. 



DEFENSA 

Carácter del Libertador = Es un Tirano ! 

Tirano, en su orijen, fué el dictado de un Soberano que 
usurpaba la autoridad Suprema: hoy significa un Príncipe IN- 
JUSTO VIOLENTO y CRUEL — luego la Tiranía no es un ente 
por sí, sino el conjunto de injusticias, violencias y crueldades; 
y por estas hay acusación separada contra Bolívar:— es decir 
que se ataca la universidad, y á mas, la reunión de Doctores .... 
el ejército, y después los soldados que lo componen. 

Injusticias . 

Todo el que manda está expuesto á cometerlas, y en mu- 
chos casos las debe cometer, porque no puede evitarlo: lo que 
se hace por ignorancia invencible ó por necesidad no es pecado — 
La vara de la justicia se ha de empuñar para mandar, y levan- 
tarse para hacer obedecer: al descargarla, padece muchas veces 
un inocente, que se halla al lado del delincuente: no hay golpe 
sin conmoción, y iqué culpa tienen las partes contiguas ó adya- 
centes al cuerpo que padece? . . . Así es el mundo. 



30 



Necesidad, Ujereza y urania las confundirá el que no sepa 
pensar . 

Las Injusticias, como todo lo demás de que acusan a Bolí- 
var, están en la imajinacion de los que escriben: tomen los es- 
critores el lugar de Bolívar — distingan de hombres, de cosas, y 
del conjunto de circunstancias que hacen una misma acción buena, 
mala ó indiferente . 

Un Jeneral Francés, el dia de una batalla, cansado de oir 
las reflexiones que le hacían muchos de sus oficiales paraque no 
diese el combate, dijo á los que lo rodeaban «si les damos oidos, 
ninguno querrá morir» — Hubo gran mortandad aquel dia. . . 
¡qué injusticia! pero se ganó la batalla. . . ¡qué gloria! — á la 
guerra no se va á vivir. 

, Violencia . 

Ser violento no es ser malo. SEVERIDAD habrán querido 
decir, nó VIOLENCIA, y la severidad es una virtud: sin severi- 
dad, sin rigor no hay justicia, y sin justicia no hay mando. 

Crueldad . 

Significa ñeieza de ánimo — inclinación á hacer mal — dis- 
posición á dar la muerte, á derramar sangre — gusto en ver pa- 
decer, atormentar, morir. . . . De semejante sentimiento nadie 
puede acusar á Bolívar, porque ningún hecho los prueba. 

Las voces tienen su valor; fuera de él nada significan: si 
los términos empleados en la acusación deben tener otro sentido, 
expliqúense los acusadores 

la Conducta de Bolívar 

es (dicen) una serie de inconsecuencias, de actos de arbi- 
trariedad, de violencia, de venganza, de crueldad, de despotismo . 

Para probar las inconsecuencias y la arbitrariedad seria 
menester hacer constar 

1 ? que lo que Bolívar ha deshecho ó desatendido estaba bueno 
ó era justo 

2° que lo que ha disgustado ó perjudicado á pocos ó á muchos, 
no debió hacerse, á pesar del disgusto ó del perjuicio de 
todos . 



31 



Despotismo . 

En acepción moderna, es el ejercicio de un poder ARBI- 
TRARIO é ilimitado — autoridad ilimitada y PERPETUA era an- 
tiguamente la atribución del Déspota que ahora se llama Re\> . 
Ni la autoridad Despótica de los tiempos pasados era mala, ni 
la Real de los presentes lo es tampoco ; porque es el mismo 
poder con apelativo griego ó íatino=poder del Señor, ó poder 
del Gobernante. 

La arbitrariedad no está en el poder, sino en el abuso de 
él; porque todo poder se recibe (ó se toma) para mandar con 
arreglo á principios — Sofista, empírico, pedante, cabalista, espe- 
culador, metafísico, han dejenerado de su sentido primitivo (co- 
mo déspota) por el abuso mas bien que por la aplicación. La 
dejeneracion de sentido en las parabras nos demuestra la igno- 
rancia ó la perversidad del hombre: al recordarnos cada signo lo 
que valió, nos advierte que lo mejor puede volverse malo ó ha- 
cerse mal — Nadie prueba la maldad de Bolívar, ni que haya 
hecho mal lo que aparece en sus obras . 

Los Romanos hacían un Déspota por seis meses, y lo lla- 
maban Dictador: le daban un poder ilimitado, pero no arbitra- 
rio, y, sí el poder tomaba este carácter, en algunos casos; la 
arbitrariedad no era del Dictador sino de las circunstancias. 
¡Piénsese bien en esta distinción! 

En los negocios mas comunes y mejor arreglados se da la 
Dictadura. Un viajero mercantil procede muchas veces CON- 
TRA INSTRUCCIÓN, porque se ve obligado á ello 

«La primera de todas las instrucciones que traigo (dice) 
es, la de hacer por el bien de la casa . » 

Un Alcalde de Barrio es tan Dictador como lo fué Larcio 
Flavio, y cada Rey es un Syla ó un César — Dictan, mandan, 
despotizan, en buen sentido, para quien juzga de sus providen- 
cias con conocimiento de causa, ó, tiranizan, sacrifican y hasta 
¡martirizan! en el concepto de aquellos sobre quienes recae un 
procedimiento desagradable ó penoso. . . . No hay buen juez á 
gusto de ambas partes . 

Redúzcanse, pues, dos acusaciones á una; puesto que des- 
potismo y arbitrariedad son una misma cosa — Los actos de des- 
potismo no aparecen probados — Las injusticias, las violencias y 
las crueldades se perdieron en la definición de la Tiranía — Ven- 
ganza y Jenerosidad se excluyen, y, que Bolívar es jeneroso al 



exceso, ni sus mayores enemigos lo niegan — Dicen que es APA- 
RENTE su jenerosidad . . . . pruébenlo. ¿Sobre qué recae, pues, 
la acusación? . . . 

Sobre resentimientos (tal vez justos) en personas que han 
padecido por providencias que no se han podido modificar ó 
evitar — y en los demás — sobre una gana desenfrenada de ha- 
blar. . . ó sobre un deseo inmoderado de darse importancia con 
opiniones ajenas . 

Con motivo de la Constitución de Bohvia, algunos sujetos 
creando sin necesidad una acción popular, han convocado las 
Naciones á Congreso — han hecho de Oradores, suscitando las 
cuestiones de VlTALICISMO y de IRRESPONSABILIDAD. Con- 
tando con el sufrajio de una mayoridad de amigos, han dado 
las cuestiones por decididas á unanimidad — y, para justificarlo, 
aseguran que cada Ciudadi.no, al encontrarse con otro EN LA 
CALLE, ha dicho ser del parecer del honorable preopinante . Al 
fin, el Congreso se disuelve, como todos los tumultos — unos ol- 
vidando lo que dijeron — otros negándolo y, los más, ni qué ol- 
vidar tienen, porque no han dicho una palabra. 

Pero, no se promueven cosas (sobre todo ruidosas) sin 
motivo — El hombre público tiene más enemigos que el privado, 
y el que manda tiene mas aun. . . ¿quien lo ignora? los que io 
ayudan á mandar son sus amigos, porque participan de su con- 
dición y corren su misma suerte: — los que favorece lo son porque 
los manda menos. No hay simpatía verdadera sino entre igua- 
les — simpatizan, en la apariencia, los subditos con los superio- 
res, porque el que obedece proteje las ideas del que manda; pero 
la ANTIPATÍA es el sentimiento natural de la INFERIORIDAD. • . 
que ¡nunca es agradable! 

REFLEXIONES 

Sobre el carácter que deduce el vulgo 
de la conducta de los Jefes . 
Jefe es el que hace cabeza, y se dice que hace cabeza 
porque manda . 

Si se hubiesen escrito los actos de despotismo, de tiranía, 
de crueldad, que cometieron Alejandro, Carlomagno, Pedro el 
Grande: Washington, Napoleón y Wellington ¡¿cuantos volú- 
menes no tendriamos ! ? . . . pero los antiguos, pintando el carác- 



33 



ter de sus Héroes, hablaban de sus defectos, sin dejar de ad- 
mirar sus virtudes . 

Entre los modernos, los Franceses no saben cómo elogiar á 
su Emperador — los Anglo-americanos, hablando de Washing- 
ton, afectan una especie de adoración — los Ingleses han colma- 
do de honores y de riquezas á Wellington — los Rusos conservan 
de su Pedro el Grande la primera choza que habitó, su primer 
palacio — las obras de manos en que se entretenía, y los instru- 
mentos con que las hizo — el esqueleto de su paje y el de su ca- 
ballo — y para conservar hasta lo menos interesante, han vestido 
un cuerpo de cera, con la misma ropa que usaba Pedro, y han 
sentado el retrato en la silla que ocupaba el orijinal . En su 
historia (no obstante este respeto) cuentan que ponía un paje de 
cabecera, mientras dormía, con orden de no moverse, y que si lo 
despertaba le daba de golpes — que paseándose en coche con un 
gran personaje (su Ministro de Policía) le dio de palos en la 
calle, porque no había cuidado de ué puente — que hacia cortar 
las barbas á los Rusos, al entrar en las ciudades — que con gran 
escándalo de sus Príncipes y del Pueblo, hizo apear al Gran 
Patriarca de su Iglesia y lo obligó á llevarle las riendas de su 
caballo, en procesión solemne — que para edificar su gran ciudad 
de Petersburgo, causó la muerte á mas de 300000 Rusos! — en 
fin, que hizo matar á su hijo por traidor . ¡ Cuantos actos de 
despotismo, de tiranía, de, crueldad ! . . . Pero la Rusia es lo 
que nunca habría sido sin Pedro el Moscovita. 

Las Naciones antiguas no lo entendían, á lo que parece, y 
las modernas lo entienden menos. ¿¡Quien creería que las co- 
lonias Españolas les darían lecciones súbre el modo de agradecer 
y de recompensar servicios?! 

Si se objeta, como es regular, que Alejandro era Rey. . . 
que Carlomagno, Pedro el Grande y Napoleón eran Empera- 
dores . . . que Wellington era Jeneral de un Rey ... y que de 
Washington no se cuentan sino BONDADES — considérese, en 
cuanto á los primeros, que las circunstancias traen los hechos, y 
que los hombres no figuran en ellas como Realistas ni como Re- 
publicanos^ sino como Jefes — que en las crisis violentas no se 
sostiene el mando sino con enerjia — y que el hombre que no na- 
ció para emprender cosas grandes, nunca aparece en el teatro 
donde se ejecutan. 

Washington no pudo entrar en lid con los Ingleses, sufo- 
car partidos, ni mandar jente, que en unos casos no sabia y en 



M 



otros no quería obedecer, sin hacer uso de las facultades que le 
habían dado, ó sin tomárselas, según ocurría el mal y urjía el 
remedio . En borrasca deshecha, un capitán experto no ve si- 
no el peligro en que está la nave, y por salvas á todos hace 
perecer á algunos — al que estorba en la maniobra lo echa al 
agua sin piedad . ¿ Se pregunta acaso si es Republicano ó 
Realista el marinero, que viéndose en un bote con sus compañe- 
ros de infortunio, alza la voz y saca á suerte el que ha de morir 
para servir de alimento á los demás? — En la calma, en la se- 
guridad, se juzga de muy diferente modo que en la ajitacion ó 
en el peligro . 

El Jeneral Washington, á pesar de conocer los méritos y 
los sufrimientos de sus compañeros de armas, mandó, mas de una 
vez, fusilar á todo el que se ocultaba ó se retiraba sin licencia. 
Viendo, en una circunstancia crítica, la deserción de sus tropas, 
y la desobediencia del Jeneral Lee, pidió al Congreso que le au- 
mentase el poder que le habita dado ; protestando al mismo tiem- 
po que no ambicionaba el mando y que deseaba VIVAMENTE 
convertir la espada en un arado — Washington hacia tomar, de 
mano armada, los víveres que necesitaba: el Congreso censuró 
su conducta, porque no hacia bastante uso de las facultades ex- 
traordinarias que tenia — y los que daban los víveres se quejaban 
amargamente del RIGOR DE LA TIRANÍA. Washington se dis- 
culpaba diciendo que «mas fácil era, á los quejosos, extender 
representaciones en «un gabinete bien abrigado, después de ha- 
ber comido bien, que á sus «soldados el acostarse, sin cenar so- 
bre la nieve en un descampado . » — No obstante el desinterés pe- 
cuniario y los distinguidos servicios de Washington, una Cabala 
compuesta de algunos miembros del Congreso 3/ de unos pocos 
oficiales del ejército, intentó deponerlo del mando por FALTA DE 
ENERJIA. 



¿Qué común no es oir hablar contra los hombres que diri- 
jieron los primeros movimientos de la revolución de Francia? Ca- 
da historiador los califica por los documentos que posee, y el 
resto lo suple con la opinión: trasmite á la posteridad unos per- 
sonajes horribles. . . ¿q men sa be lo que fueron? — El fondo 
contribuye mucho al efecto en pintura, y á veces es el todo: un 
soldado matando á otro, en campo desierto, representa un asesi- 
no — en el campo de batalla es un guerrero . El que pinta es- 



DO 



cribiendo debe observar que el fondo que da valor á las acciones 
de un Jefe es el CONCURSO DE CIRCUNSTANCIAS en que ha 
obrado . 

La Francia, comprometida con toda la Europa, por la 
muerte de Luis XVI, y empeñada en sostener un proyecto de 
República en que no había pensado, se veia atacada de afuera 
por ejércitos numerosos, y en su seno, por millares de grupos 
enemigos de la causa, haciéndole, al favor de la confianza, un 
estrago peor que el que hace el fuego . 

Para juzgar del número y de la índole de estos enemigos 
internos, refresqúese la pintura de una Monarquía tan antigua y 
tan potente como la de Francia, ¡desplomada en un momento! 
y muertos ó prófugos los muchísimos Magnates de varios órde- 
nes, que servían de nudos al sistema monárquico — Millares de 
hombres de condición y de talento quedan sin existencia políti- 
ca, y millones de hombres ordinarios sin medios de subsistir: 
lloran por algún tiempo en silencio los uüos su nulidad, los otros 
su miseria; pero á poco, pasando este sentimiento al de la deses- 
peración: los pudientes finjen adhesión para favorecer las miras 
de los ausentes, y los pobres, conformidad, para servir de ajen- 
tes inmediatos en las intrigas: cada uno, según sus enlaces, se 
emplea en seducir, y no le faltan débiles ni incautos qué com- 
prometer. De todas partes se asestan tiros á la República, que 
no tiene otro apoyo que el Gobierno — y los que componían este, 
no podian defenderla sino por medios iguales á los que empleaba 
el enemigo . . la astucia ... la sorpresa ... y ¡la muerte ! 

¿ ¡ Cuantos parientes, cuantos amigos (conocidos ó supues- 
tos) de los Realistas, no fué menester decapitar en un día?! — 
¿ ¡ Cuantos cocineros, reposteros, peluqueros y lacayos de emi- 
grados, no tuvieron que morir ahogados, por falta de verdugos?! 
— ¿ ¡ Cuantas familias inocentes no perecieron por la simple pre- 
sunción que se deducía de haberse descubierto criminales sus sir- 
vientes?! — ¿¡Cuantos miserables, por haber alojado ó soco- 
rrido?! — ¿¡Cuantos. . . solo por ser parientes de los culpa- 
dos ?! y ¿ ¡ á cuantos abusos y venganzas no dio lugar la nece- 
sidad de emplear, en el procedimiento, personas poco califica- 
das?! pero. ... la república se sostuvo — si debió, ó nó, soste- 
nerse la república, es punto discutible — el fallo en contra con- 
denará á los Jefes por haberla defendido; pero nó por los me- 
dios que emplearon para defenderla. 

Lloran aun, con mucha razón, los unos sus padres, los otros 
sus amigos, sus bienhechores. . . toda alma sensible los llora 



36 



con ellos; pero las convulsiones, sociales, como las del globo, 
son efectos naturales: ambas tienen pot causa infinidad de acci- 
dentes inobservados — y uno de ellos, á veces el menos aprecia- 
ble, decide la catástrofe: á este último ájente atribuyen todo el 
desastre — y aunque perezca envuelto en el desorden, que otros 
continúan causando por la misma necesidad, es una especie de 
consuelo en el mal, el tener á quien culpar . 



En la guerra defensiva que hizo la España contra las tro- 
pas de Bonaparte, un oficial Español baja de las montañas, con 
un número de campesinos Catalanes reclutados por el ejército: 
los deja en las playas del mar, mientras sube á buscar otros, y 
á su vuelta halla algunos de menos: el Sarjento que los custo- 
diaba le dice que habían ido con licencia á despedirse de sus pa- 
rientes, bajo palabra de volver en el dia: vuelven en efecto, y al 
presentarse los hace fusilar junto con el Sarjento . ¡ Pobres jó- 
venes! — pobre Sarjento! ¡maldito discípulo de Robespierre! Pe- 
10. . . la España se sostuvo por esta, y por otras providencias se- 
mejantes. A pesar de tanto rigor, un gran número de Españo- 
les, de todas clases, se declaró por el Rey José . 



Pero ya que hemos acercado los hechos hasta tocar con 
nosotros mismos, para fijar la atención de los que desprecian la 
antigüedad, remontemos hacia ella con los que la veneran. A 
sus puertas veremos á un Papa cometiendo, con una sola pala- 
brar millares de injusticias — todos los Jesuítas no merecieron la 
suerte á que los redujo Clemente XíV . ¡ Consternar á todo el 
orbe cristiano en un momento ! ! . . ¡ Hacer correr torrentes de lá- 
grimas! ¡ Poner en peregrinación á millares de ancianos!. . . y 
¡ ¡ privar al hombre del único consuelo que tiene en sus males ! ! 
. . . ¡ j ¡el quejarse! ! ! — ¡ni á solas se le permitió al pobre Jesuí- 
ta, que sufría todo jénero de privaciones, el suspirar por su pros- 
peridad pasada ! . . . . ¡ sus mas tiernos afectos debían serle indi- 
ferentes ! 

Dos cosas llaman la atención del filósofo en esta lastimosa 
escena — las razones de la acción, \? el vigor del procedimiento . 

En las unas admira los caprichos de la suerte, p en el otro 
el poder de la educación mental. 

ASI CONVIENE (habían dicho los Reyes) 



37 



ASI LO PIDE LA SEGURIDAD DEL TRONO (habia dicho el 

Pontífice) 

Y estas cortas expresiones, en boca de la soberanía, con- 
denan á una serie indefinida de desgracias, á millares de inocen- 
tes; solo porque otros no lo eran, ó porque ellos podían no serlo .. 

El PAPA MANDA QUE CALLES/, y callar de buena volun- 
tad, contra sus sentimientos, es el efecto maravilloso que puede 
producir la obediencia. El Rayo, en manos de Júpiter, produ- 
jo anonadaciones p metamorfosis espantosas, en ciertos cuerpos 
jentiles; pero todas juntas no valen la APOPLEJÍA ESPIRITUAL! 
en que cae toda la Iglesia de Dios, á la simple voz del Pontífice 
Romano. /¿Convertir millones de almas en otras tantas ESTA- 
TUAS DE SAL/P 



Si avanzamos de 1 9 siglos en ]§. antigüedad, encontramos á 
Heródes, haciendo degollar millares de recien-nacidos, por des- 
hacerse de uno solo que temia . 



Y si volvemos al día en que vivimos, y á ios arrabales de 
nuestras pobres ciudades, veremos á un Abacero cerrar su 
tienda, para ir á quejarse de la tiranía del Gobierno (porque le 
cobra patente) sin acordarse de las muchas extorsiones que hizo 
en su barrio, el año en que fué Alcalde. . . . soío por tener las 
calles barridas . A cual, aunque no tenia delito, le sacó una , 
multa de dos pesos, y después lo puso en la cárcel, á petición del 
que se lo prestó: á cual le confiscó un mueble, (que no era su- 
yo) en pena de no haber puesto vela á su puerta . . . ¡ una noche 
en que se habia acostado, sin cenar, por falta de crédito para un 
pan! teda, con el soío fin de dar buen ejemplo! 



Por falta de reflexión, desacreditan su juicio muchos hom- 
bres, que, tal vez, habrían hecho bien escribiendo. El recuer- 
do de un principio los habría hecho menos mordaces. «En la 
«proporción de potencias y resistencias (dirían) consiste el arce 
«de hacer instrumentos; y, al servirse de ellos, el mal que hacen 
«al que los maneja, por poco que se deslice, es siempre en razón 
«directa de su peso y de la superficie que abrazan. El hombre 
«es un instrumento escojido por sus actitudes, para ejecutar 
«ciertas acciones: con diferentes actitudes, un hombre no rem- 
4 



38 



«plaza á otro en las mismas funciones — excesos de enerjía serán 
«los defectos del hombre fuerte, excesos de suavidad, serán los 
«del hombre débil. Luis XVI, que, en el seno de su familia, 
«se hacía adorar como Padre, en medio de su pueblo, apenas 
«hacia respetar la corona que cenia: su bondad lo llevó al patí- 
«bulo, y causó mas males á la Francia, que los que Nerón pudo 
«haber hecho á Roma . 

O ¡ escritores ! que no consultáis sino el deseo de haceros 
valer — consultad el interés de la causa que finjis defender, y no 
os faltarán razones para sacrificarle vuestros resentimientos — Bo- 
lívar no es Tirano: apenas habrá un hombre (entre los muchos 
que han servido la causa de la Independencia) que se haya dado 
á conocer mejor. Si alguien tiene qué quejarse de su severidad 
(nó de su tiranía) será entre los que lo hayan servido de cerca. . . 
entre los pueblos NADIE: y ¿quien no conoce la jente que ha te- 
nido que contener? c 



39 

PRUEBAS JENERALES 

Primera. 

Que la popularidad p el Liberalismo del 
Libertador son APARENTES, 

Popularidad y Liberalismo en el Jeneral Bolívar, son dotes 
de su discernimiento: es popular sin bajeza, y liberal sin afecta- 
ción. A los ojos del que compone su conducta, y sus modales, 
para aparentar mérito, parecerán supuestas estas cualidades; 
porque, al juzgar de otros, no puede prescindir de sí mismo . 

Popularidad . 

En sentido común, es tratar con # todos — no hacer distincio- 
nes sin necesidad — ver al jénero humano en cada hombre. 

Nínias, rey de los Asirlos, fué el primero que pensó en ins- 
pirar veneración por la invisibilidad, viviendo, lo mas de! tiempo, 
encerrado en su palacio — sus sucesores lo imitaron 

El medio entre los extremos es siempre difícil de guardar 

Sentado en Palacio, ó rodando por las calles 

Concentrado en su familia, ó disipado en tertulias 

No reirse jamas ó reirse siempre antes de hablar. 

No salir sino raras veces, acompañado de grandeza, ó 
correr los paseos en compañía de ¡ente baja . 

No divertirse en ningún caso, ó distribuir su dia entre la 
caza, las visitas y el juego . 

Hablar de tarde en tarde, para decir medias palabras, ó 
estarse ofreciendo á las órdenes de cuantos ve, 

Negar audiencia al que la necesita, ó pasar el tiempo re- 
cibiendo jente, que viene á hablar del frió ó del calor — de las 
gracias de sus hijos ó de sus achaques . 

Conceder, por mucha gracia, licencia para asistir en pie á 
ver comer á Su Majestad, ó sentar á su mesa una porción de 
necios ó glotones 

Son extremos que prueban Grandeza ó Popularidad . . . 
pero el vulgo: la jente sensata los toma por lo que son 

El medio que dicta, en todos los casos, la prudencia, y el 
que Bolívar sabe tomar, se llama DIGNIDAD. 



40 



Liberalismo . 

Es voz nueva, derivada de Liberal, que hasta nuestros 
días, ha significado dadivoso, tal vez porque el que da libra ó 
liberta de una dependencia incómoda: en este sentido decian los 
antiguos Españoles liberación, por poner en libertad. Algunas 
artes se llaman liberales, porque teniendo mas parte en ellas el 
espíritu que el cuerpo, parecen descargar á este de un trabajo. 

Es un alivio para el que habla, y una adquisición para el 
diccionario poder llamar hoy liberal, al que aboga por la Liber- 
tad — y liberalismo el conjunto de ideas opuestas a la servidum- 
bre, sea la que fuere . 

Se hace esta explicación, porque, aunque todos, cuando ha- 
blan, sepan lo que quieren decir; no todos saben lo que dicen. 

Es, pues, una consecuencia del liberalismo todo lo que se 
hace en favor de la Libertad, sea lo que fuere, y sea cual fuere 
el modo de hacerlo . No entender lo que se hace, ó por qué se 
hace, será una razón para preguntar, nó para despreciar ó ACRI- 
MINAR . 

¿Quien ha servido mas, ni por mas largo tiempo, la causa 
de la Independencia que Bolívar? ¿quien ha llevado un plan 
de operaciones mas seguido, ni una conducta mas consecuente? 
¿Quien ha sacrificado VOLUNTARIAMENTE mas conveniencias? 
¿quien ha arriesgado mas y pedido menos? Pedir ó asumir el 
poder para remediar males, es propio de una noble ambición — 
la baja lo solicita para su conveniencia — y la necia, para darse 
importancia 

Hacer abrazar, por fuerza ó con arte, el partido de la Li- 
bertad, á los que resistían ó temían, no es esclavizar la persona 
ni la razón, sino libertarlas á toda costa — es hacer un bien á 
quien no lo conoce, ó lo conoce mal — Afectar es finjir un senti- 
miento ó exajerarlo. Si Bolívar ha podido, por tanto tiempo y 
en tantas circunstancias, aparentar Liberalismo, debe haberse 
habituado ya á mentir y á creerse — será liberal por costumbre, 
á lo menos: negárselo todavía en este caso, seria temeridad 



41 



SEGUNDA PRUEBA 

Que finje el Libertador renunciar el 
poder para asegurarse mejor de él. 

Tercera . 

que protestando no querer mandar 

hace cuanto puede para perpetuarse en el mando . 

Una de las cualidades que revelan mas el mérito del Li- 
bertador, es su docilidad á las insinuaciones de la razón — y el 
que conozca la impetuosidad de su jenio, admirará mas esta vir- 
tud, si es filósofo — Virtud se toma aquí en su verdadero senti- 
do, por fuerza, propiedad inherente, n/5 por esfuerzo extraordi- 
nario, ni sobrenatural: los que no han estudiado al hombre, lo 
creen todo de una pieza; no distinguen en sus obras la parte que 
tienen los sentidos de la que tienen los humores: y confundiendo, 
en un acto, la influencia de las causas con el estado del indivi- 
duo, fallan en pro ó en contra, y deducen de los resultados ra- 
zones para caracterizar á un sujeto — ¡Cómo se posee, ó cómo 
se domina! (dicen en unos casos) ¡qué firme, ó qué terco! (di- 
cen en otros) ¡ qué bueno ó qué intratable ! (concluyen, y deci- 
den el juicio) — Y es el mismo hombre con diferentes estados — 
obrando por dfierentes motivos — ó en presencia ó ausencia de 
una causa. De ordinario, los hombres gustan salir de la natu- 
raleza para estudiaría. 

Califiqúese al Libertador de hombre perspicaz y sensible, y 
se contará con su razón; pero para esperar el suceso de una so- 
licitud, consúltese el estado de su individuo y el de las causas 
que lo han hecho proceder . Todos los hombres que el vulgo 
llama rectos, no ofrecen estas ventajas al que tiene qué tratarlo — • 
nn la inculpación que sus críticos le hacen resulta un ejemplo 
en favor de esta observación. 

«No quiero mandar mas» (responde al Congreso de Co- 
lombia) «me obligarían á desertar si me instasen con la Presi- 
dencia» — Le hacen ver que es necesario que mande, y continua 
mandando: habia jurado no admitir la Presidencia, y á pesar de 
haberlo dicho, tan formalmente, en público, se encarga de ella: 
por cierto que una insinuación bien hecha lo desarmó. Pero 
para el vulgo de los calificadores, esto es debilidad, es manejo, 



12 



es maniobra, es farsa, y estarán rojeando el diccionario para lu- 
cirla con nuevos términos, en cada número del diario — Lúzcanla 
en hora buena EN LAS GACETAS, y pregúntese al oido en la 
calle. . 

«¿Ha leido U. lo que dice hoy el Sol, la estrella, el re- 
lámpago, el telégrafo, el duende, el iris, el fénix, el cóndor, la 
abeja, el escarabajo?. . . . ¡qué bueno! ¡qué bien! ¡cómo lo 
pone! 

Hablen, si es menester, todos ios animales, revueltos con 
los astros en Congreso. . . el Libertador será siempre tal cual 
es, en el concepto de los hombres de juicio. 

Hizo mal en dejarse arrastrar por su jenio, es cuanto pue- 
de decírsele, por no dejar de decirle algo: convendrá en ello, y 
en igual caso hará otro tanto — Hizo mal en formalizarse por 
las imputaciones que le facieron al llegar á Colombia — No de- 
bió, por un enfado, satisfacer los deseos de pocos con su renun- 
cia, desatendiendo el deseo del mayor número y el interés jene- 
ral— Debió considerar que, casi todos ¡os hombres se emplean 
con gusto, en levantar pajillas, para darse importancia de obser- 
vadores, ó porque en ello ejercitan su malignidad; y que retrac- 
tándose, confirmaba sus aserciones — Dígase cuanto se quiera: ni 
es posible que un jenio fogoso reciba un insulto con serenidad, 
ni que un corazón bien formado deje de hacer un bien porque 
prometió no hacerlo— EA padre que echa al hijo de casa, en su 
cólera, y lo recibe luego á su amistad, es un hombre sensible, 
racional: querer que se mantenga en lo dicho es hacerle terco 
y vano, 

Los Anglo-americanos publicaron anónimos contra el Jene- 
ral Washington, y se los enviaron á él mismo — su respuesta fué 

«No hay un Oficial en los Estados Unidos, que vuelva con 
«mas júbilo que yo, á las dulzuras de la vida doméstica; pero 
«no es mi ánimo retirar mis servicios, mientras se consideren de 
«importancia; los que desean una mudanza cabalan por lograr- 
«la: mientras el público esté contento con mis esmeros no pien- 
«so abandonar su causa ; mas al instante que su voz ... nó la 
«voz de los facciosos . . . me pida que renuncie, lo haré con mas 
«gusto, que con el que se recoje á descansar un caminante fati- 
«gado y rendido.» (Léase la vida de Washington) . 

Así se explicaba el Libertador del Norte-América, y nadie 
(excepto algunos envidiosos) dudó de la sinceridad de sus sen- 
timientos: Bolívar (en el concepto áe muchos de sus compatrio- 



43 

tas) es un hipócrita, porque ha dicho io mismo, en otros térmi- 
nos. 

«No aspiro mas que á poner un termino á las dos mayores 
«plagas que pueden aflijir la tierra — la Guerra! p la Dictadura! 
«(dijo en una ocasión), — Mi oficio de soldado es incompatible 
«con el de Majistrado,» (dijo en otra) 

Bolívar debe morir sirviendo la causa pública en América, ó 
consumirse de fastidio en un retiro; por cálculos no dispone el 
hombre de sus pasiones: la filosofía consiste en conocerse, nó en 
contrahacerse . 

Plugiese al cielo, por el bien de los Pueblos Americanos, 
que en cada rejion de América se levantase un hombre con las 
virtudes de Bolívar, aunque tuviese mas defectos — Hay muchos 
que podrían hacerlo, y algunos que lo deben hacer; pero TEMEN'. 
y la razón de su temor es', el qué diíán, de los que siempre tienen 
que decir . . . Reflexionen bien, los caudillos de los Pueblos, 1 ? 
sobre las cosas, 2° sobre el estado en que las cosas lo ponen . 
Vean que. están cercados de realistas europeos y de Colonos Rea- 
listas, que son peores: que todos ellos trabajan de acuerdo, y sin 
cesar, acreditando la Monarquía Española, y que el medio mas 
seguro de conseguirla es 

desacreditar á los Jefes Republicanos 

Prodigan elojios al sistema Liberal, por no hacerse sospe- 
chosos; pero no pierden ocasión de atacarlo indirectamente co- 
mentando, epilogando y censurando las providencias de los Go- 
bernantes: cada noche se retiran con ganancias, y el número de 
los Republicanos disminuye sensiblemente — en pocas palabras 

Los enemigos de la independencia VELAN 
mientras sus defensores DUERMEN, confiados 
en la justicia de su causa. 

Tal es su confianza y su inacción que llegan hasta hacerse 
sospechosos de connivencia . Véanlo bien j no se alucinen ! no 
se descuiden! — Entre los abogados de Fernando 7 o hay pocos 
políticos; de todo hablan menos de sociedad: unos lloran sus tí- 
tulos ó sus empleos — otros la decadencia de su comercio — otros 
desean ver cómo es que vuelven las cosas á io que eran — otros 
quisieran que sucediese en América lo que en Francia para pa- 
recerse á los Franceses hablando de Carta magna, de Diputados, 
de Pares, de bandera blanca, de gran marina, de guerra con 



44 



los Ingleses, y sobre todo, quejarse de su suerte y gustar de ella: 
algunos se figuran ser ya ministeriales para despreciar al pueblo, 
y los que se han desvergonzado con los Presidentes quisieran des- 
vergonzarse con el Rey. 

En todos los Gobiernos hay Policía, menos en los de Amé- 
rica. Un Republicano indiscreto alza la voz contra su Jefe, y 
le pregunta un Realista, por qué? 

«Se quiere alzar con el mando» (responde) «Qué bella 
expresión» (dice el otro entre sí) «BlEN va/ y lo reprende író- 
nicamente. De esta sola respuesta se forma un diálogo... 
¿para qué extenderlo? El que lo quiera oir, en todos sus deta- 
lles finja quejarse, ó apruebe quejas. 

Figúrese el Gobierno Republicano como un Baluarte de- 
trás del cual se defienden los Pueblos: sus caudillos, sobre la 
plataforma, hacen centinela ¡sentados! los enemigos no atacan 
por asalto; pero trabajan di& y noche en obras cubiertas — minan 
ó abren brechas ... la sorpresa será el resultado . 

ó paraque todos lo entiendan 

Sea el Gobierno popular una casa que habitan los propie- 
tarios: los realistas se ocupan en destruirla — cada noche se reti- 
ra un clérigo con una piedra bajo el manteo, sacada de los ci- 
mientos — y los dueños, en lugar de cuidarla, la descalabran in- 
teriormente con sus travesuras — cuando menos lo piensen se ve- 
ían sepultados en sus escombros. 

Tal vez, por acabar mas pronto, no faltará un realista fa- 
nático, que quiera hacer de Sansón, viendo á los partidarios de 
la Libertad, en su templo, tan descuidados como los Filisteos. 

Por 3 grados, como todas las enfermedades, ha pasado el 
Republicanismo en América . El 1 ? empezó por una indiferen- 
cia jeneral, está dejeneró en dudas y perplejidades, hasta poner 
en cuestión la utilidad de la mudanza — En el 2? se atacaron 
los principios liberales. Estamos en el estado de declinación 
que es el 3° — Ya no es permitido defenderse — el realista que 
callaba en otro dia, hoy nos impone silencio — ya no es él el 
que teme, es el que lo intimidaba — declararse por la República 
era, no ha mucho, una recomendación, hoy es una imprudencia 
que puede comprometer. Las fuerzas abandonan al sujeto — 
la debilidad de la cabeza pasa á los miembros, y un trastorno 
jeneral se manifiesta en la máquina: solo en una absoluta inac- 
ción espera el pobre Republicano prolongar, por algún tiempo, 
su efímera existencia. El mal ha llegado á tales términos, que 



45 



los quejidos lo agravan: el único remedio que es permitido es- 
perar es acabar de padecer, pero sin abandonarse. 

Por máxima fundamental . El Americano que tenga qué 
sentir de la autoridad pública, disimule su resentimiento: solicite 
privadamente una satisfacción decorosa, ó conténtese con de- 
searla si no la puede obtener; pero no intente vengarse hablando 
ni escribiendo: el descrédito del Jefe refluirá sobre sus funcio- 
nes — el de estas sobre el sistema — y el del sistema sobre los pue- 
blos: el quejoso hace parte del pueblo, y no hay pasajero, por 
irritado que esté contra el piloto, que descomponga la bitácora ó 
abra rumbos al vajel en que va embarcado .... Pero, 

«La historia (arguye un patriota) nos trae ejemplos del 
«mal que nos amenaza. El Americano quiere ser libre é inde- 
«pendiente y concibe que no lo será, si se aviene con reyes ó Em- 
«peradores, ú otros jefes que, bajo cualquier título les igualen — 
«Yo estudio á los hombres públicos, inédito sus corazones y sus 
«últimos sentimientos . ¡ Americanos ! pensad en las miras par- 
«ticulares del que tanto habla en público de moderación y de 
«desprendimiento ! » 

A esto, y á lo mucho mas que se dice en igual tono, debe 
responderse, en breves términos .... Si un Presidente se apodera 
del mando, los Representantes del Pueblo tendrán la culpa: y 
si estos favorecen las miras del Presidente, ó quieren hacer un 
Congreso de Presidentes, la tendrán- les Pueblos — Instruyanse 
estos, y sabrán defender sus derechos ; si no lo hacen, serán el 
juguete de sus Representantes, y los Representantes lo serán de 
sus Presidentes . 

CUARTA PRUEBA 
Que se han descubierto sus maniobras. 

El descubrimiento de las maniobras del Libertador no debe 
haber costado mucho estudio : lo único que hay de nuevo en la 
idea, es la impropiedad del término, y esta la comete siempre 
todo el que no entiende una operación que consta de muchas 
combinaciones ¡Qué ENREDO ! exclama un pasajero el dia en 
que se hace á la vela el barco ! . . . al fin de la travesía ya no 
le parece tanto. 

Tomar las medidas que piden las circunstancias 
para asegurar el buen éxito de una empresa 
tratando con hombres 
se llama Política nó maniobra 



46 



La Política del Libertador es, disponer las Repúblicas á 
figurar entre las sociedades, y para ello hacer que se recomien- 
den por sí — mismas: recomendarse es hacerse respetar, y sin este 
'espeto las naciones no reconocerán su existencia política. El 
Libertador desea que los Monarcas traten con las Repúblicas de 
América — porque en el antiguo mundo no hay sino Monarquías: 
con este fin ha procurado siempre centralizar las funciones gu- 
bernativas, único medio de regularizar su marcha y darles con- 
sistencia . 

Proponer, á Naciones decididas por la unidad, un sistema 
político opuesto á sus ideas, y á mas, desacreditado — era con- 
tar con una negativa: presentarles, por centro de Gobierno, las 
provincias de la administración colonial, erijidas en Toparquías, 
y dar, por garantía de los tratados, una autoridad vacilante — 
era provocar a! desprecio: y es sabido que hacer una pretensión 
despreciable al entablarla^ es quererla malograr. 

Con arreglo á estos principios ha procedido el Libertador, 
variando cuando las circunstancias han variado . Todo su an- 
helo ha sido dar, al Gobierno Popular en América, el crédito y 
3a respetabilidad que ha perdido en Europa: estos buenos oficios 
no merecen los insultos que le prodigan cada día las gacetas . 

El Libertador sabe que hay hombres, en América, capaces 
de hacer lo que él : pero conoce a! mismo itempo que no tienen 
la opinión que sus servicios y las circunstancias le han dado — 
en esto no se engaña. Quisiera influir directamente en el bien 
que desea hacer, y quisiera hacerlo todo, porque cree que lo 
haría mejor y en menos íiempo que ctre — estos son los sneti- 
mientos de todo hombre de bien . 

«En los 6 primeros años que siguieron á la paz, los aman- 
«tes de la Libertad de los Estados Unidos, temieron haber fa- 
bricado un Gobierno visionario, sobre las ideas falsas de vir- 
«íuJ pública. Washington no pudo ser indiferente á la silua- 
«cion del país. Por falta de vigor en el Jefe de la confedera- 
ción, los Estados se convertían en soberanías separadas y de- 
caían rápidamente.» (léase la vida de Washington) 

«Si hemos de ser siempre pupilos, 
«abandonemos el proyecto de ser libres» 

(ha dicho un cabio Colombiano) 

No se trata de siempre ni de abandono, sino de obrar con 
acierto y de contemporizar. En un territorio tan vasto coma 



47 



el de Colombia, en medio de tantos partidos, y á pesar de tanto 
provincialismo, los Congresos no han sostenido su autoridad, si- 
no por el respeto que los Pueblos tributan al Libertador. 

«Solo un desnaturalizado defiende á Bolívar 

(ha dicho un sabio Peruano) 

Parece que DESNATURALIZADO no viene al caso. Todos 
los animales desean romper los vínculos que los sujetan: el uso 
que hacen de la libertad es una nueva conducta — de ella de- 
pende el continuar libres ó el perder su libertad para siempre. 
Encontrar partidarios de la independencia es fácil, díganlo 
cuantos han promovido sublevaciones contra una dominación 
cualquiera, aun la mas suave, aun la mas lejítima 

vamos á pelear para que nadie nos mande 

es proclama muy elocuente . 

Pero digan también los mismos demagogos, j cuanto no les 
ha costado el entenderse con sus secuaces! — ¡en cuantos compro- 
misos no los han puesto cuando se ha tratado de orden . 

«no queremos centros de despotismo» 

(responden muchos) 

«Cada Provincia debe formar un Estado» 

y gobernarse á su modo: 

«La federación es el Gobierno mas natural» 

Concédase que todos sepan lo que es sistema federal que 
hayan previsto las dificultades de su formación, y pensado en los 
medios de hacerlo útil y duradero — todavía será menester dete- 
nerse en otras consideraciones . 

I a Entre la Independencia y la Libertad hay un espacio 
inmenso que solo cGn arte se puede recorrer: el arte está por des- 
cubrir: muchos han trabajado en él, pero sin plan. Principios 
mas ó menos jenerales — rasgos injeniosos- — indicación de movi- 
mientos molestos ó impracticables — medios violentos — sacrificios 
crueles, es lo que tenemos en los rÜKos. 2^ La Independencia 
es el resultado de un trabajo material — la libertad no se consi- 
gue sino pensando: resistirse, combatir y vencer son los trámites 
de la primera — meditar, proponer, contemporizar, son los de la 



48 



segunda. El mérito de haber conseguido la Independencia es 
por mil razones disputable — resolución, todos pueden haberla te- 
nido — valor muchos pueden haberlo probado — de la victoria 
¿ quién no creerá deber reclamar una gran parte? pero, el plan 
de operaciones para la consecución de la Libertad, no puede ser, 
en su orijen, la obra de muchos: las ideas discutidas al nacer 
se malogran, las que llevan por objeto la Libertad social no pue- 
den ser simples, y mientras se componen necesitan ellas mismas 
de una Libertad — el rigor de la discusión las haria abortar ó 
desvanecer . 

«Discurran, como quieran, los amigos del absolutismo, 

«(concluyen los mas) 

«nosotros daremos siempre nuestro parecer» 

Ahora bien: ¿se necesita, ó nó, política para arreglar pa- 
receres tan decisivos? y el que no entienda de política, ¿ n o ten- 
drá razón para llamar MANIOBRA, la variedad de movimientos 
que es menester ejecutar, para determinar un rumbo enmedio de 
tantos vientos contrarios? 

Reúnanse los hombres de juicio á Bolívar, para obrar de 
acuerdo en una empresa tan digna de ocupar á todo amante de 
la filosofía social. A los que dan SOLO SU PARECER por toda 
razón, respóndaseles (en calidad de parecer también) que no 
serán ellos los que den importancia al Gobierno Republicano en 
América, si no emplean otros medios que los que dicta la pre- 
sunción: que mientras no hilen otro raciocinio que el de sus 
PARECERES, errarán torpemente el camino de la representación; 
y que á pesar de los esfuerzos que han hecho los hombres bien- 
intencionados, las nuevas Repúblicas harán un personaje burles- 
co ante los Gobiernos Europeos . 

QUINTA PRUEBA 

Que las sospechas son Razones en Política 

COMPARAR es buscar la razón en que están dos ó mas co- 
sas — y la razón varía de especie, según las miras del que com- 
para. Son razones las sospechas (sin duda) porque son el re- 
sultado de una ó mas comparaciones; pero no lo son en política 
solamente, ó, todo es política. Si los que promulgan el princ- 



49 



pió, sintiesen la necesidad de explicarse con claridad ante jente 
ignorante, no suprimirían la parte, esencial del pensamiento . 

No dirían sencillamente que 

Las sospechas son razones en política . 

sino que 

Las sospechas son razones, para ATACAR, 

por una regía 

jeneramlente 

establecida. ... en política 

y esto es falso . 

las sospechas son razones, para desconfiarse 

para precaverse * 

para prepararse 

a la defensa 

no solo en política sino 

en todos casos 

Seria una verdad 

porque seria una razón de conveniencia, sacada de la compara- 
ción de un mal con un bien 

Atacar randado en sospechas, no daría por resultado el 
bien de la seguridad, sino el mal de la venganza, á la cual auto- 
rizaría una defensa emprendida bajo todas las apariencias de 
agresión . 

Dudar es empezar á NEGAR — sospechar es empezar á 
CREER — y conjeturar es dudar ó sospechar CON FUNDAMENTO. 
En virtud de una duda, de una sospecha ó de una conjetura, se 
toman precauciones ... en esto consiste la prudencia ; pero la 
decencia pide que se guarden las consideraciones de convenien- 
cia. La conveniencia puede ser accidental, moral, ó social. 

Conveniencia accidental . 

Hay ladrones en las calles, y á deshoras veo un hombre 
embozado y medio oculto en el lugar por donde debo pasar: si 
voy acompañado temo menos y mi precaución es disimulada — si 
voy solo, despliego todos mis medios de defensa; pero, ¡dar el 



50 



miedo que me posee (aunque fundado) por RAZÓN para «ta- 
car ! es el modo de autorizar todo crimen . 

Conveniencia moral. 

Cuantos criados he tenido me Kan robado .... los tomaré 
por necesidad y les escasearé mi confianza. Cuando los he con- 
servado por largo tiempo, han abusado de mi bondad y me han 
servido mal .... los mudaré cada mes — Pero, doy con uno que 
es fiel, cuidadoso, y que toma interés en mi comodidad, no obs- 
tante, por no derogar mi regla, lo despido. . . ¿qué vieja hace 
esto en su casa? 

Conveniencia social. 

Una nación vecina acerca tropas á mis fronteras .... debo 
pedir una explicación del motivo, y entretanto resguardarme; pe- 
ro, ¡¿declararle la guerra!?.. ¡¿Exijir que la nación vecina 
me pague los gastos que hago por mi seguridad — y apelar á RA- 
ZONES para lejitimar mi pretensión!? es lo mismo que pedir 
á cada persona que pasa por mi calle, lo que me costó la ce- 
rradura de mi puerta, ó lo que me cuesta el perro que mantengo 
para mi custodia, y si me lo rehusan (como es justo) ocurrir al 
juez 

«La política es cosa muy diferente» 

(se arguye) 

«ejemplos comunes nada prueban contra la conducta 

«de los Gobiernos» 

No hay la diferencia que se cree, ni los ejemplos comu- 
nes son indignos de aplicarse al Gobierno: el que no aprende po- 
lítica en la cocina no la sabe en el gabinete. La especie de 
necesidad no saca la necesidad de su jénero — la especie de ac- 
ción que una necesidad pide para remediarse, no saca la acción 
del corto número de movimientos que el animal ejecuta para 
conservarse — Pero, 

Por mas casos que se citen, por mas razones que se ale- 
guen, por palpables que sean las demostraciones .... el justo 
temor que inspira la experiencia que hicieron los Franceses con 
Napoleón (y que la imajinacion ABULTA porque la tiene aun á 
la vista) hace que las jentes no puedan sobreponerse á una im- 
presión que nace del testimonio de los sentidos. TlENEN RA- 



51 



ZON . La suerte de la República en Europa, atormenta á los 
buenos patriotas en América . ¡ Napoleón se les aparece en 
sueños ! ¡ despiertan despavoridos ! y al ver en el trono de la Li- 
bertad, sentado ¡UN JENERAL! se horrorizan! tiemblan! y se 
retiran á consultarse sobre los medios de prevenir el golpe que 
los amenaza. 

Calmaos! Republicanos, para conseguirlo reconoced vues- 
tro estado y el mérito de vuestros Jefes . Sed justos si queréis 
ser jueces . En toda especie de sociedad debe el hombre saber 
juzgar á sus semejantes ; pero en la republicana es la primera 
de sus obligaciones con respecto al orden público — porque el de- 
recho de emitir su voto es común á todo? los ciudadanos . En la 
monarquía el soberano no está sujeto á residencia — en la repú- 
blica la opinión forma tribunales contra el Gobierno: ¿hay co- 
sa mas ridicula que un hombre dando su parecer sobre lo que 
no entiende? — ¿sentenciando sin ser jaez? — y ¿creyendo serlo 
porque nació en uno de los lugares que componen distrito? 

Republicanos! no permitáis que el Realista os pruebe que, 
bajo el despotismo que detestáis, se goza de mas seguridad que 
al favor de vuestras instituciones Liberales — La sospecha infun- 
dada no es conjetura, ni la conjetura es prueba: la América no 
se parece á la Francia, ni la política de Bolívar es la de Napo- 
león. 

Bonaparte fue un Jeneral afortunado. . . Bolívar lo es: 
aquel abolió el Gobierno y asumió el mando. . . Bolívar no ha 
hecho tal cosa-, al contrario, el Gobierno republicano, en todas 
ias formas que ha tomado' desde su creación en las costas de Ve- 
nezuela hasta su instalación en Bogotá, tiene repetidas pruebas 
de la sumisión de Bolívar á las leyes . . . 

Si el cuerpo legislativo ha llegado á desmerecer 
este homenaje, sus miembros, no la autoridad 
han tenido la culpa. 

La representación popular, en los libros, es mas un signo 
que una copia; y si es ESTA, se parece poco ó nada: tiene la 
desgracia de casi todos los retratos — hacer, al orijinal, dema- 
siado favor en unos casos y poco ó ninguno en otros . El que 
entiende de fórmulas republicanas, no se alucina con elecciones 
— en otro lugar convendría criticarlas; pero en este debe recor- 
darse, á los que las conocen, lo que deben decir de ellas á los 
Pueblos, cuando se propongan instruirlos en sus intereses. 



52 



Qué derecho tendrán unos hombres conocidos en una ciu- 
dad (cuando mas) para imponer silencio al que alzó la voz por 
la Libertad del Pueblo? — ¿qué motivo para sospechar de ad- 
versas al bien común, unas intenciones conocidas por favorables, 
en cuantos casos han podido manifestarse? Cuando los Pue- 
blos ponen su suerte en manos de Bolívar, saben en quien depo- 
sitan su confianza — de sus representantes tienen noticias vagas ó 
no tienen ningunas: los Electores van á elejir porque otros los 
han elejido para elejir: elijen por varios motivos y con fines di- 
ferentes; pueden tener una idea del verdadero fin de las eleccio- 
nes, ó no tenerla, porque no es necesario saber á qué van al 
Congreso — pueden decir estando en él lo que crean conveniente, 
ó lo que les parezca — declarar que las sospechas son razones en 
política, y anular al hombre mas importante, si se les antoja: de- 
cir que los pueblos han aprobado su declaración, cerrar las puer- 
tas y retirarse á descansar. 

¿Será razonable exponer de tal modo el honor nacional? 
Sentencien los Pueblos á sus Representantes por la misma re- 
gía en que ellos se fundan para sentenciar — Declaren que pro- 
ceden de malicia y depónganlos, porque LAS SOSPECHAS SON 

RAZONES EN POLÍTICA. 

Bonaparte se hizo declarar Cónsul vitalicio por consejos de 
su hermano — Bolívar no lo ha pretendido, y si lo pretendiera se- 
ria SEGURAMENTE con otras miras — La abolición del Gobier- 
no y la creación del Triunvirato Consular fueron ideas de Lu- 
ciano Bonaparte: la reforma, (no la abolición) del Gobierno, y 
la convocación de una nueva Convención Nacional, sen ideas 
de Bolívar. 

Bonaparte no creó la Francia, al contrario, fue una criatu- 
ra de su Gobierno — Bolívar ha dado el ser á Colombia, y el 
Gobierno republicano se sostiene, por el respeto que infunden sus 
armas y su nombre á los muchos enemigos que tiene. 

Bonaparte se hizo proclamar Emperador de los Franceses, 
porque la Francia no podia ser República: este fue el sentimien- 
to de un gran número de Franceses, distinguidos por sus luces 
y por su patriotismo, y el de una gran parte de la nación — nada 
anuncia que Bolívar pretenda otro tanto en América: su buen 
juicio le hace ver que el estado del pais es mas propio para re- 
públicas que para monarquías. 

«Puede HACERLO» (dicen) — También puede no hacer- 
lo: y su conducta pasada y presente obligan á inclinarse á esto 
último . 



53 

«No IMPORTA.!,» «desconfiémonos!» — Bueno! pero no se 
le acuse, y mucho menos se le insulte. No IMPORTA es un lu- 
gar de prueba para quien no tiene pruebas que dar. 

O! cuan cierto es que los espectros desaparecen al paso 
que el que los teme, los examina de cerca! 

Zoilo pretendió retener el jenio de Homeio en las reglas 
de la Retórica — y Freron, sujetar el de Voltaire á los precep- 
tos de la autoridad . Dos hombres que no podian pasar del se- 
pulcro, atraviesan hoy los siglos, y sus nombres durarán en la 
historia, mientras se conserven los escritos que censuraron . ¿ Cual 
será, entre los émulos de Bolívar, el que la suerte destine á acom- 
pañarlo á la posteridad? 



PRUEBAS PARTICULARES 

» 

I a que se le han interceptado comunicaciones. 

Las comuniciones interceptadas son declaraciones secretas, 
que no hacen íé sino cuando están reconociólas ó legalmente pro- 
badas . Exponer la persona, el honor ó el caudal de los ciu- 
dadanos, á la aparición de un papel, es desterrar de la sociedad 
la principal garantía que el hombre busca en ella. . . la seguri- 
dad . Por una ley antisocial, muy valida entre nosotros, se des- 
poja á un vecino honrado, en medio de un camino, de la bes- 
tia en que va mentado . 

«.Lo ajeno clama por su dueño» es la fórmula de la sen- 
tencia, y la prueba que la apareja, consiste de ordinario en el 
decir de una gavilla de picaros . 

Contrahacer la letra y la firma, ó una de las dos, es cosa 
muy fácil : por oficio lo tienen muchos en las islas Antillas, fa- 
voreciendo el contrabando con dobles papeles que llaman pasa- 
vantes, y ellos se titulan ESCRIBANOS en lugar de FALSARIOS — 
En tiempo de guerra, es una especulación el componer cartas in- 
terceptadas y darlas á la prensa — sobre cartas fidedignas se ex- 
tiende mas de un artículo en las gacetas — y pocas son las noti- 
cias importantes que no se saquen de orijinales autógrafos; pero 
nadie responde de la autenticidad sino cuando conviene . Un 
hombre honrado, en su casa, no da oidos á chismes ... ¿ estará 
bien que un Gobierno los acoja?. . . Las comunicaciones Ínter- 



54 



ceptadas están en la clase de anónimos — es permitido por ellos 
SOSPECHAR pero nó acusar, porque NEGANDO se enferma toda 
acusación donde no hay prueba. 

Pero concédase la existencia de los escritos sorprendidos 
al Libertador — dense por reconocidos y pásese á juzgarlos: es- 
to no podrá hacerse sino con el documento á la vista: decir que 
hay papeles, que existen en tal parte, que sujetos muy formales 
aseguran haberlos leído, que los tales sujetos son incapaces de 
mentir, y otras aserciones semejantes, son buenas en una conver- 
sación, nó en un juicio . Citemos una comunicación que, en el 
concepto de muchos, es la que mas descubre los siniestros desig- 
nios del Libertador. 

CARTA del Jeneral Bolívar al Señor Mosquera. 

«Es preciso trabajar porque no se establezca nada en el 
«pais, y el modo mas seguro es dividirlos á todos . La medida 
«adoptada por Sucre, de ncknbrar á Torre Tagle, embarcando á 
«Riva Agüero con los Diputados — ofrecer á este el apoyo de la 
«división de Colombia paraque disuelva el Congreso, es EXCE- 
«LENTE . Es preciso que no exista ni simulacro de Gobierno, 
«y esto se consigue multiplicando el número de mandatarios y 
«poniéndolos lodos en oposición . A mi llegada, debe ser el Pe- 
«rú un campo rozado, para que yo pueda h?.cer en él lo rué 
«convenga . » 

Que perfidia! . . . ! que horror! . . . 
Que no se establezca nada en el pais ! . . . . 
í Que se introduzca la división ! . . . . 
i Que se disuelva el Congreso ! . . . . 
Que no quede ni simulacro de Gobierno! .... 
;Que se aumente el número de mandatarios, y se 
pongan en oposición paraque se entredestruyan ! y 
.... llamar todo esto EXCELENTE ! 
¡Exijir que á su llegada sea el Perú un campo raso 
(ó rozado) para hacer en él LO QUE convenga! 

Semejante hombre es un monstruo . Aquí si que vendría 
bien el apostrofe ya citado ... ¡ «Americanos ! pensad en las 
«miras particulares del que tanto habla en público de moderación 
«y de desprendimiento!» — Pero olvidó el declamador añadir 

«Modérense para juzgar. . . despréndase de pasiones para 
«fallar» 



55 

Suprímase en esta carta la firma de Bolívar—sustituyasele 
cualquiera otra, y será un modelo de medidas políticas, para to- 
do el que quiera establecer un nuevo orden de cosas, donde las 
cosas se han desordenado. 

Si la carta hubiera sido sorprendida en Holanda, en tiem- 
po de la reforma de Rusia, tendría la firma de Pedro 1 ° — Si en 
la Nueva Inglaterra, la del Jeneral Washington — Si en la Isla 
de Elba, la de Napoleón — Si en Londres, la de Luis XVIII — 
Si en Francia, la de Fernando 7 o — Si en Amberes, la del Ma- 
rsscal Riva Agüero — la de una porción de sujetos mas ó menos 
distinguidos, si la interceptación hubiese sido en Buenos-Aires, 
en Chile, en Charcas, en Lima, en Méjico o en Guatemala — en 
Arequipa, estaría firmada por el Mariscal Santacruz — en Paita, 
por el Mariscal Gamarra — y últimamente en Lima, por el Je- 
neral La- Fuente. 

¡ CUANTO MONSTRUO ! . . . sin contar los muchísimos mons- 
truos de segundo orden, que, por no poder entrar en la historia 
grande, sepultan cada año sus nombres en Actas de Cabildo, bajo 
el título de Alcaldes — Sin contar los millones de perfidias y 
traiciones que se traman verbaímente en Gabinetes, en estrados 
y en paseos, contra verduleras, taberneros ó sirvientes domésti- 
cos, y hasta contra los animales condenados á morir para el 
abasto: porque, si estos pudieran interceptar la correspondencia 
secreta que llevan contra toda justicia, los que los venden, com- 
pran y degüellan, harían una ESPANTOSA REVOLUCIÓN. 

Nadie pierde con gusto: y siempre hay razones que consi- 
derar, si se atienden derechos individuales ; pero está en las le- 
yes del universo que lo que conviene á algunos en un estado de 
desorden, no puede convenir á todos, ni vice versa; ó todo es or- 
den, y en tal caso no hay razón para quejarse de agravios, por- 
que la injusticia es jeneral . 

Los que publican la carta de que se trata, ó la andan pa- 
seando por las tertulias, no advierten que van mostrando un mo- 
delo de política .... que trabajan en favor del acusado . Es- 
cóndanla si no quieren hacerle honor, o den á cada artículo un 
sentido opuesto al que tienen — de este modo por ejemplo 

Carta del Jeneral Bolívar al Señor Mosquera 

«Es preciso trabajar por que se establezca LO QUE CADA 
«UNO QUIERA en el pais, y el modo mas seguro es PONERLOS 



56 



«TODOS DE ACUERDO. La medida adoptada por Sucre de 
«nombrar á Torre Tagle, embarcando á Riva Agüero con los 
«Diputados — ofrecer á este el apoyo de la División de Colom- 
«bia paraque SOSTENGA el Congreso. . . es excelente. Es pre- 
«ciso que EXISTA un simulacro de Gobierno, y esto se consigue 
«REDUCIENDO el número de mandatarios, y haciendo que SE 
«ENTIENDAN. A mi llegada debe ser el Perú un Bosque DE 
«DIFICULTADES, paraque yo pueda hacer en él LO QUE ME 
«MANDEN . » 

Entonces el Jeneral Bolívar seria, nó un monstruo sino 
un necio . 

Es de admirar que, habiendo pasado el escrito por tantas 
manos enemigas, no haya habido una bastante advertida para 
glosarlo de un modo semejante ó peor — Clamen contra injusti- 
cias ó perjuicios los que no reflexionen ó quieran desmentir su 
conciencia . c 

Cuando se quema un bosque, con fines superiores á la con- 
veniencia de las plantas que perecen, es justa la destrucción . 
El que se lastima de ver ¡ tantos árboles frondosos ! ¡ tantos vas- 
tagos ! ¡ tantos pimpollos ABRASÁNDOSE ! está haciendo sus re- 
flexiones sentado sobre la yerba: le hacen ver que está destru- 
yendo él msimo ¡ un BOSQUE DE MUSGOS ! . . y se disculpa di- 
ciendo ¿¡cómo me sentaré sin hacer mal?! 



SEGUNDA PRUEBA 

Que Bolívar entró en el Perú 
sin ser llamado 

TERCERA 

Que, al entrar, no se presentó á pedir órdenes 
de la Autoridad Suprema. 

Se prescinde de documentos — No se entra en pormenores 
fastidiosos, tratando de una materia que, por su naturaleza, pi- 
de verse en grande . Las acciones de un hombre público son 
trascendentales á toda una nación, por lo menos — ya se ha dicho 
que en un estado de desorden, lo que conviene á algunos no pue- 
de convenir á todos, ni vice versa . 



57 



El trabajó de un Jeneral en Jefe difiere mucho del de un 
Relojero: el uno alza los ojos para ver, de lejos, millones en ma- 
sa — el otro los baja para medir de cerca, millonésimos en deta- 
lle: el telescopio es el instrumento del primero, y el microscopio 
el del segundo — Un Jeneral en su marcha, vuelca ó destruye in- 
finidad de cosas pequeñas, porque el objeto que lo ocupa, no le 
permite ver donde pone los pies — el relojero, por observar los 
ángulos que describe, á cada paso que da, tropieza con los ob- 
jetos mas visibles . 

¡ Un enemigo poderoso en el Perú ! dueño de la opinión 3/ 
■del tesoro! — ¡protejido por millares de ajenies! — y ¡¡amena- 
zando á Colombia! ! . . era objeto, en cuya presencia debían des- 
aparecer Congresos, Presidentes, empleos subalternos, negocios 
mercantiles, y toda especie de conveniencia privada. 

Las personas, poco versadas en política, tendrán esta má- 
xima por tiránica, y les parecerá tal, porque no podrán persua- 
dirse que haya casos en que muchos derechos deban ceder á uno 
solo — piensan que los derechos adicionados hacen suma como 
los números: no advierten que los derechos se vuelven fracciones 
en comparación de un derecho mayor. Tómese el trabajo de 
comparar los casos, y noten que el derecho que tuvo Bolívar 
para entrar en el Perú (con licencia ó sin ella) era el de Co- 
lombia . 

Bolívar conocía el peligro en que e3taba, pero nó, las jen- 
tes con quienes podía tratar en el Perú . Entre el ejército que 
•mandaba y los recursos con que debía contar, en caso de un 
revés de fortuna, se interponían muchas leguas y muchísimos 
obstáculos — observó, en cuanto su situación lo permitía, la eti- 
queta de las negociaciones, pero no debió sujetar á ella el éxi- 
to de su empresa . 

Se citarían millares de casos en que se sacrifica, nó la con- 
veniencia de pocos á la de muchos, sino al contrarío; pero baste 
el de una ciudad entera (entre nosotros) renunciando el derecho 
de su comodidad, por protejer el ínteres piadoso de una cofradía 
de devotos. Tiendas y talleres cerrados, calles condenadas, 
gastos en linternas y en cortinas — sin pensar en tanto pobre que 
vive de su jornal: campanadas, truenos, ¡cañonazos! sin la me- 
nor consideración por tantos enfermos (algunos de ellos mori- 
bundos) que necesitan de reposo y silencio . . &c . con menos 
bastaría . 



«No es por la cofradía solamente (se dirá) : toda la po- 
«blacion debe tolerar la ceremonia con gusto, porque tiene ó 
«debe tener, la misma devoción» — Dígase otro tanto de las ex- 
torsiones que ocasionan las tropas en sus empresas — «Todo el 
«pueblo, tiene, ó debe conocer que tiene un interés, próximo ó 
«remoto, en las operaciones militares:» 

No han sido tan escrupulosos, por cierto, los acriminadores 
(llámense críticos) cuando han tratado de llevar á efecto su 
proyecto de Independencia. El rey de Lspaña lo era de las 
Indias por derecho de conqusita, de posesión, de lejitimidad — 
sus Gobernadores tenían títulos en forma — y millares de Euro- 
peos eran tan dueños del suelo como los Americanos .... 

«Pero (interrumpen) el derecho á la Libertad debia pre- 
ponderar» El mismo derecho alegaba Bolívar á nom- 
bre de Colombia. 

c Pidieron los Insurjentes, á los ministros del rey, licencia 
para hacer su revolución? (entre ellos habia muchos tan Libe- 
rales como los Americanos) 

¿Se presentaron los Jenerales Republicanos á recibir órde- 
nes de las audiencias ó de sus Presidentes? (talvez algunos las 
habrian dado para cooperar) ¡ cuantas injusticias ! ¡ cuantos atro- 
pellamientos ! ¡ cuantos hombres de condición privados de sus 
empleos y puestos á bordo de un mal barco! — ¡cuantos obispos 
viajando á deshoras, bajo las órdenes de una escolta muda, has- 
ta las orillas del mar! — ¡cuanto pobre español muerto en pre- 
sencia de su familia ! y ¡ cuantos entre ellos, no padecieron por 
realistas, siendo en su corazón partidarios de la Independencia! 
Nada de esto hubo en la entrada de Bolívar al Perú. Solo fal- 
taron ciertas formalidades de cajón, buenas en tiempo de paz; 
pero malísimas en las circunstancias en que se omitieron— por cu- 
ya observancia pudo probablemente malograrse el plan, y cuya 
omisión no deja el menor vacio en la obra de la Independencia 
Peruana . 

Sin duda, que oyendo con paciencia las quejas que dan 
y las reclamaciones que hacen las muchas personas y personajes 
desatendidos en aquella ocasión, el JUZGADO DE PAZ les daria 
razón. ... el de GUERRA se le da á Bolívar; y entre los resul- 
tados hay una una notabilísima diferencia . 

Decir los unos, «hemos perdido nuestra Independencia, es 
verdad, y hasta la esperanza de volver á pensar en ella, pero he- 
mos perdido en regla» 



59 



Bolívar les dice «procedí contra toda regla, lo conhcso;' 
pero SOIS INDEPENDIENTES» 

«Y quien autorizaba á U . para hacernos bien á pesar 
«nuestro? (preguntan algunos á Bolívar) 

«No era á UU. sino á los Pueblos (les responde) y res- 
ponde muy bien: díganlo los Peruanos que no perdieron pues- 
tos ni pretensiones por la entrada de Bolívar. 



CUARTA PRUEBA 

Que vino á usurpar á los hijos del Perú 

la gloria de su Independencia . 
> 
Entre usurpar p participar, en el sentido que se da á ests 
prueba (que mas merece el nombre de queja) hay la misma di- 
ferencia que entre el todo y la parte — Bolívar no ha dicho qut 
á él solo se deba la gloria de la independencia Peruana. 

El mérito no se mide por las fuerzas sino por los esfuerzos: 
estos fueron EQUIPONDERANTES, en todas las acciones de la 
lid y EQUIVALENTES en su resultado. Para apreciar exacta- 
mente el valor de dos tendencias, deben ponerse en oposición — 
esto se hizo entre los ejércitos contendientes (Realista y Republi- 
cano) pero no pudo hacerse entre los dos cuerpos que compo- 
nían el ejército unido (Colombia y el Perú) porque eran CONS- 
PIRANTES . 

No hay, pues, cómo juzgar de méritos en este caso : un 
efecto producido por dos causas no puede apreciarse sin cálcu- 
lo, y ¿cual seria este en una acción tan compuesta y complicada 
por accidentes tan fugaces? — ¿ni qué utilidad traería semejante 
operación entre amigos? Los Peruanos y los Colombianos de- 
ben serlo; y si no lo quieren ser, en esta ocasión, porque están 
ajustando cuentas, conténtese cada partido con decir. . . . «mas 
vale, á veces un JESTO que mil PALABRAS» 

«Bolívar no se ha apropiado la parte que han tenido en su 
«gloria muchos de sus compañeros: él ha sido el primero que 
«les ha hecho justicia á la faz del mundo — que ha premiado y 
«que ha recomendado sus servicios» (se dice al principio de esta 
defensa, hablando del mérito de la causa) — Bolívar vino al Pe- 
rú á participar del honor que se hacían los hijos del pais, defen- 



GO 



diendo su independencia : triunfaron juntos ... la gloria es de 
todos: un solo esfuerzo la consiguió. . . uno debe ser el pre- 
mio — la gloria es indivisible. ¿Cómo puede una sola parte 
usurpar lo que pertenece al todo? ¡Qué mal juzgan de las co- 
sas, los que llaman usurpación UNA COOPERACIÓN NECE- 
SARIA . 

¿Habrá, por ventura, en estas quejas, algo de rubor ó de 
envidia?. . . ¿Será posible que la milicia Peruana se avergüen- 
ce de haber necesitado un auxilio?. . . ¿Será creíble que su 
sentimiento nazca de haber sido Bolívar el auxiliante?. . . Nó: 
el buen juicio — la ilustración de los Peruanos repulsa la duda. 
Algunos podrán haber dado motivo á ella, en un momento de 
entusiasmo ; pero el cuerpo militar se ofendería, con razón, si se 
le imputase semejante debilidad. 

Las ligas, las alianzasr son de un orijen muy remoto . 
Grandes conquistadores han admitido, y muchas veces solicita- 
do el auxilio de pueblos débiles y hasta oscuros — en nuestros 
tiempos, las naciones de Europa se han ligado muchas ve- 
ces, para atacar ó defenderse — y en nuestros dias, la España, 
(que vale tanto como la América) pidió auxilio á la Gran Bre- 
taña contra la Francia armada por Napoleón . Wellington 
tenia un interés nacional, como lo tenían los Españoles, -en opo- 
nerse á las pretensiones de la Francia. Bolívar tenia el mismo 
interés que los Peruanos en deshacerse del ejército Español — 
Considérese la oposición que reina entre el carácter de los Es- 
pañoles y el de los Ingleses. ¿puede racionalmente haber opo- 
sición entre Peruanos y Colombianos? unos hombres que apenas 
empiezan á vivir ¿serán ya enemigos? 

Bolívar pidió auxilio, nó á militares sino á paisanos en Eu- 
ropa — y el señor Devereux, al presentarse en Colombia, con una 
lejion de pocos hombres, fué hecho Jeneral — antes de esto, Bo- 
lívar había recibido un auxilio de la República de Flaiti . Ni 
Devereux ni los Haitianos tomaron el mando en Jefe, es cierto: 
porque el enemigo que iban á combatir era conocido — porque no 
ienian nada que temer de los auxiliados — y porque era un núme- 
ro muy corto, sobre todo el de los Haitianos que no llegaba 
á 300. 

Estando Bolívar en Chuquisaca, hubo negociaciones para 
auxiliar á Buenos-Aires en la guerra contra el Brasil, Bolívar 
exijió que su Jeneral mandase en Jefe, y Buenos-Aires negó su 
consentimiento . «Serla un deshonor para los Jefes de las armas 



61 



«Ar) 'entinas, el someterse á las órdenes de un Extranjero» (dije- 
ron algunos que había dicho el Gobierno . ) — Reflexiónese . 

Uno de los militares distinguidos en Buenos-Aires es el Je- 
neral Albear, y en aquel tiempo, puede decirse que era el mas 
conocido por la reunión de las tres cosas que hacen á un hom- 
bre público recomendable. . . valor, patriotismo y servicios. La 
República Arjentina ha padecido siempre de las convulsions de 
la Infancia, por consiguiente, es la que menos estabilidad ha 
podido dar á su Gobierno : las antiguas Provincias . . . desuni- 
das aun. . . han estado, desde el nacimiento de la República, 
indecisas sobre la forma política que les conviene — por cortos 
períodos estrechan y rompen los vínculos sociales que deben li- 
garlas — la apelación de Provincias Unidas es nominal. 

No es por defecto de sociabliidad en los habitantes, como 
parece á primera vista — otra debe scV la causa. Habrá mas 
sujetos capaces de mandar — mas ideas — mas espíritu público — - 
mas actividad — mas emulación . . . por consiguiente, ha de ha- 
ber mas pretensiones y deben chocarse mas los hombres: su si- 
tuación y sus relaciones pueden influir por otra parte. 

Sea cual fuere la causa, el hecho es, que hay poca esta- 
bilidad, muchas guerras, y que en estas se levantan con frecuen- 
cia hombres, que se suplantan por la fuerza, en lugar de reem- 
plazarse por la elección . Buenos-Aires es una Judea, que ha 
producido sus Eleázaros, sus Juanes, sus Simones, ha tenido su 
Josefo, y si se le hubiera aparecido un Vespasiano ó un Tito, ya 
no habria Jerusalem. 

¿Era prudencia en un Jeneral, entrar, con fuerzas inferio- 
res, en un pais donde reinaba la discordia? . . . Compárese el pe- 
ligro que corría el Jeneral en entrar, con el que corria el pais en 
recibirlo: el Jeneral se resignaba á la suerte de las mudanzas, e: 
pais no tenia qué temer de un hombre débil por sus armas y dé- 
bil por la opinión . El Jeneral, dirijiendo tropas mandadas por 
Jenerales Arjentinos, no podía volverlas contra sus Jefes inme- 
diatos. ¿Habría consentido Albear que Sucre lo emplease en 
traicionar su pais? Les Arjentinos, en su suelo, superiores á los 
Colombianos en número, y peleando por la Libertad ¿habrías 
ayudado á erijir un trono para sentar en él á un extraño? 

Vista por otro lado la cuestión, ¿no podia Albear morir 
en la guerra?. . ¿no podia sucederle un Jeneral de diferente ca- 
rácter ó intenciones?. . . ¿no podia aparecerse en la silla de la 



t>2 



Presidencia otro hombre que Rivadavia?... Los hechos han 
probado que Rivadavia pudo desaparecer, y que el Jeneral Co- 
lombiano pudo haber experimentado la suerte de Dorrego. 

Buenos-Aires no necesitaba del auxilio de Bolívar, puesto 
que, sin él, consiguió una paz honrosa con el Brasil. . . es ver- 
dad, pero la cuestión no es esta. El auxilio se creyó necesario, 
y hubo negociaciones para obtenerlo: en este caso rijen las re- 
flexiones que se han hecho ; y si se hubiese aceptado el auxilio, 
no habría habido deshonor en dar el mando en Jefe al Jeneral 
Colombiano . 

Dígase que los Reyes han infundido un terror pánico á sus 
Colonias, y no se aleguen mas razones . Es justo el temor — son 
prudentes las precauciones, pero la exajeracion en nada es 
tuena . 

Concluyase, pues, que Bolívar no ha usurpado gloria, si- 
no ayudado á adquiriría . 



QUINTA PRUEBA 

Que deshizo un ejército de 17 .000 hombres 

Díganlo los Jenerales, y pruébenlo . Sea como acusado- 
res, sea como testigos, su grado no los exenta de las formalida- 
des establecidas en los juicios: entretanto aparecen sus acusa- 
ciones ó declaraciones, combátase la aserción con RAZONES — 
estas, en el tribunal de la opinión pública, son mucho mas pode- 
jos'as, que cuantos dichos y papeles puedan presentarse. 

Debilitar ó destruir una gran parte de sus fuerzas, para 
prepararse á atacar un enemigo poderoso . . ¡ con el solo fin de 
añadir un poco mas de gloria á su empresa ! ¡ aumentando las 
dificultades!. . . Semejante conducta es mas propia de un JU- 
GADOR DE MANOS que de un Jeneral. Por lucir, á los ojos 
de la multitud ignorante, con secretos de naturaleza, aparenta un 
májico ponerse en embarazos — la táctica de un comandante en 
jefe es evitar peligros y asegurar la victoria. 

O el Jeneral Bolívar estaba loco, ó la acusación es falsa. 
.¿Cual de las dos cosas será mas probable? Bolívar sabia que 
el Perú estaba dominado, mas por la opinión, que por las ar- 
mas de los Españoles; aunque, en -secreto hubiese, no solo mili- 



63 



tares, sino muchísimos sujetos de todas clases, y que deseaban la 
Independencia que obraban furtivamente por ella. Bolívar de- 
bió desconfiarse, porque podia perderse, y en su pérdida envol- 
ver á Colombia. 

Cañarse los hombres ó deshacerse de ellos 

es la máxima por la cual debe gobernarse todo el que necesite 
de hombres en sus empresas (deshacerse de los hombres no quie- 
re decir matarlos) 



SEXTA PRUEBA 

Que reformó Cuerpos; postergó á muchos oficiales 
p despidió á otros sin retiro . 

Esto no es malo ni nuevo en la milicia . Que se hizo SIN 
RAZÓN es lo que (como otras muchas cosas) se divulga por las 
calles, sin mas motivo que el antojo del que habla, y si se le in- 
terpela por la prueba, responde que así lo ha oido decir — La 
fuerza aparente de tantas voces, que no son sino el eco de una, 
se desvanece en presencia de una sola reflexión. 

¿Por qué, estando ya Bolívar fuera del Perú, un Gobier- 
no que lo aborrecía (por sus crímenes supongamos) no llamó á 
ios ofendidos, los rehabilitó para el servicio, y los ascendió? — 
¿Fué también injusto el Gobierno que declamó tanto contra la 
tiranía de Bolívar, y que se armó para castigarla? 

Ignoraría los hechos, tal vez. Ya se vé: las injusticias 
que cometió Bolívar ¡ fueron tantas ! — Por otra parte, parece 
imposible. Reformas de cuerpos, postergaciones y licencias in- 
justas ... no son cosas tan pequeñas ni tan oscuras : — lo mas 
probable es que los ofendidos no reclamaron. . . . ellos sabrán 
por qué. 

SÉPTIMA PRUEBA 

Que agotó el tesoro público del Perú 
para enriquecer á Colombia . 

¿Qué puede responderse á esto? ó mas bien ¿quien res- 
ponderá? La Administración del tesoro, á quien tocaría la 



64 



respuesta, tendria que emplear algunos días en extractar parti- 
das, y mucho que averiguar para dar cuenta de la dirección 
que tuvieron los caudales: lo más fácil será decir lo que dicen 
algunas personas que no han visto ni libros ni dinero, 

«Bolívar agotó el tesoro . » 

«.Como Bolívar es Colombiano, envió el dinero a Colombia» 

«i; como fué mucho el dinero» 

«Colombia se enriqueció» 

El Jeneral Sucre, durante su Presidencia en Bolivia, vació 
también las arcas, y envió los caudales á Colombia — despojó 
una Imájen, llamada Copacavana, de alhajas que valían MI- 
LLONES de pesos, entre ellas un ex-voto enviado por el GRAN 
TURCO, por una enfermedad de que había sanado milagrosa- 
mente, mediante la intercesión de la Vírjen . Sujetos que cono- 
cían las joyas, porque iban á la Capilla á rezar, aseguran haber 
visto sortijas de la imájen en los dedos de varias mujeres: si se 
les pide la descripción de los objetos, se enfadan y responden: 
«Basta con que po diga que los conozco . » En el concepto de 
muchos hombres sencillos (ó simples) Bolívar y Sucre fueron el 
azote del Perú. 

«¡Como estará ese Colombia! 

«¡Nadando en oro! (dicen) 

«y prorrumpen en maldiciones» 

Es regular que la jente seria lleve á mal el que se mencio- 
nen semejantes puerilidades en la defensa del Libertador — pero, 
de estas y de otras cosas tales se forma la opinión del Vulgo. 
La ignorancia no excluye al hombre de la sociedad, y, despreciar 
á una gran parte del Pueblo porque carece de luces, no es cari- 
dad en ninguna especie de Gobierno, y en el Republicano es IM- 
POLÍTICA . 

Todas las pasiones bajas son tolerables en un hombre pú- 
blico, menos la AVARICIA. El que gobierna tiene grandes obje- 
tos á la vista y debe disponer de grandes medios: sus funciones, 
en esta parte, son las de todo Administrador. . . emplear unas 
cosas en conseguir otras — invertir ECONÓMICAMENTE el capital 
de una compañía en beneficio de los socios . Napoleón tenia por 
máxima, que para conseguir cosas pequeñas, era menester, ó con- 
genia, emplear grandes medios. 



65 



El Gobernante AVARO, hace mas bien de Mayordomo que 
de Majistrado: se apega á los caudales que administra porque 
son grandes, y porque se imajina que son suyos: se interesa ca- 
da dia mas por lo ajeno, y llega el caso de no poder resistir á la 
tentación de apropiárselos . Lo menos que pierde la Nación, 
bajo el mando de un avaro fiel, es el interés de su capital, por 
todo el tiempo que el avaro dura en el mando. El interés del 
capital público consiste en obras públicas de cualquiera especie: 
porque la Nación se enriquece con valores de cosas, nó con va- 
lores de signos . 

Poder tener lo que se quiera, cuando se quiera tener, es ri- 
queza de avarientos . 

La Profusión, y aun la prodigalidad, son menos perjudi- 
ciales: una obra superflua, será tal vez agradable, y puede con- 
siderarse como un gasto adelantado, por el cual se empeña el 
Erario — ahorrando, por algún tiempo, se repone la balanza en 
su equilibrio, y siempre gana la Nación, aunque no sea sino el 
tiempo de gozar. 

Hay Gobernantes que adoptan una conducta media: por 
acreditarse de jenerosos, gastan sus rentas con ostentación, y 
cuando se trata del erario, afectan un celo económico, que cede 
en descrédito de la administración . Compran, por ejemplo, 
pertrechos á crédito, sin reparar en precios, porque la necesidad 
es urjente, y al pagar regatean, ó hacen rebajas por autoridad. 

Bolívar sabe dar, á cada cosa, su importancia: reduce sus 
gastos á lo que exije su rango en la representación, y cuando se 
trata de la economía del fondo público, ve mas bien por el ho- 
nor del Gobierno que por su caja. 

Bolívar es liberal, dadivoso al exceso: su caudal y su suel- 
do, sin pasar por sus manes, se invierten en el sosten de muchas 
familias patriotas, y de individuos que han servido ó se han in- 
validado en la guerra — y cuanto le dan, por obsequio, lo cede . 

El Congreso Constituyente del Perú, después de la vic- 
toria de Ayacucho, decretó una gratificación de un millón de 
pesos al ejército auxiliar — Bolívar no pudo renunciar lo que se 
daba á otros . Decretó, al mismo tiempo, otro millón en cali- 
dad de obsequio á Bolívar, y Bolívar lo renunció (dígase tam- 
bién que FINJIO RENUNCIAR EL DINERO PARA ASEGURARSE 
MEJOR DE el) . El Congreso le hizo instancias paraque lo 
aceptase, nó para él, sino para obras de beneficencia en su pais — ■ 



00 



bajo esta condición convino en aceptarlo, porque era para él ; y 
estando en Lima envió veinte mil pesos á Lancaster para ayuda 
de sus Escuelas 

Con dos millones de pesos, no se enriquece un pais como 
Colombia . 



OCTAVA PRUEBA 

Que puso en los primeros Empleos 
Realistas en lugar de Republicanos . 

De qué especie de Realistas se habla?. . porque hay do3, 
Europeos y Americanos 

Realistas Europeos 

Las familias Americanas se componen de Indíjenas de va- 
rios colores, por la mezcla con Europeos y Africanos . Las 
ideas liberales no son patrimonio del Americano: hay Españoles 
tan sabios, tan virtuosos, tan libres como sus hijos . . . por lo 
menos: muchos han trabajado, tanto ó mas, que los nativos, en 
la Guerra y en la Administración, y, el que sabe mas merece 
una preferencia: El mérito no es del suelo en que nace el hom- 
bre. 

Pero, somos Americanos! (interrumpen) 

Aleguen otra recomendación, porque esta es común á todo 
io que da el pais: la quina, el cacao, los caimanes y los papa- 
gayos, son Americanos también — fuera de esta recomendación, 
es menester valer algo para compararse. 

El GODISMO (como dice el vulgo) no se prueba con fees 
de bautismo: en jeneral, los Españoles que se quedaron en Am'- 
nca durante la revolución, y sobre todo los que han venido des- 
pués, son menos sospechosos de realismo que muchos America- 
nos, y ¿P or q u é no empleará el Gobierno Republicano á un 
hombre, que, á mas de profesar los mismos principios políticos, 
tiene ideas y experiencia para desempeñar un empleo? 

Bolívar ha seguido, desde el principio de su carrera, la 
máxima pacificadora de protejer á los Europeos adictos á la 



(Y, 



causa de América . Si algunos han sabido disfrazarse tanto 
que lo hayan engañado, el principio y la buena intención salvan 
su conducta . 

Los ojos son el espejo del alma (se dice jeneralmente) . A 
esta sentencia deben añadirse dos mas, no menos exactas — I a . 
Que en la estructura de los edificios muestra una nación sus ne- 
cesidades l> su gusto : 2 a . que por el LUGARISMO descubre el 
grado de civilización á que ha llegado . Casas bajas, mal he- 
chas, sucias, sin muebles y sin utensilios, arguyen pobreza de 
medios y de ideas — Averiguaciones sobre nacimiento, y con- 
tiendas sobre domicilio, anuncian un estado semi-salvaje . 

«Ese no es de aquí ó de allí» 
«¿qué viene ESE á buscar aquí?» 

son quisquillas de niños en todas partes, y de barrios bajos en 
las ciudades grandes . . j 

¡¿Y la NACIONALIDAD!?. . (preguntan) 
Esa es para hacer por su pais todo lo que se pueda, nó para 
impedir que otro venga á hacer algo en él . El LUGARISMO es 
la causa de una inconsecuencia muy común en las jentes que 
piensan poco — Olvidan en unos casos el orí jen por los servicios, 
y en otros, los servicios por el oríjen. Cuando se acuerdan que 
necesitaron al extranjero, ó ven que lo necesitan, echan plantas 
de imparciales y de ilustrados : llega el caso de premiarlo ó de 
ocuparlo, y descubren su instinto, como la gata de la fábula— 
Ya el sujeto no es Español sino Godo — ya no es Francés sino 
Gabacho — ya no es Inglés sino Protestante — «el Gobierno es 
injusto» — «el Patriota es despreciado» — ¿«de Q u é n °s han ser- 
vido tantos sacrificios?» — «ojalá volviera. . . el Rey!» 

Los Europeos empleados en la milicia han probado, por 
servicios muy distinguidos, su adhesión á la causa que se defien- 
de en América, y han ascendido por escala. ¿Qué mas dere- 
cho tiene al suelo el hijo que el padre? ¿unos miembros mas 
que otros, en la misma familia? — ¿los nacidos en un suelo, 
mas que los nacidos en otro, componiendo todos la misma Na 
cion? El mayorazgo de vientre, de cuna ó de adopción, es co- 
nocido — el de tierra no se conoce aun . 

Europeos (nó Realistas) empleados en la Administración 
hay pocos que no sean militares . Don Facundo Infante fué Mi- 
nistro de Estado en Bolivia, era Coronel, y aunque no lo hu- 



68 



biese sido, tenia otras recomendaciones para ocupar el bufete de! 
ministerio: es literato y diplomático— fué miembro de las Cor- 
les en España — por su liberalismo fué perseguido y emigró á 
América — ofreció sus servicios . . . ¿por qué no se habrían ad- 
mitido en un pais escaso de hombres públicos? Hay sin duda, 
sujetos muy ilustrados en el Alto-Perú, que habrían desempe- 
ñado el ministerio con tanto acierto, ó mas, que Infante; pero el 
Presidente no los conocía, y como su Presidencia debia durar 
poco, no quiso deshacerse de un ministro que estaba al cabo de 
los negocios, para tomar otro (aunque mejor) que debia impo- 
nerse en ellos. Otra cosa es que Sucre pretendiese coronarse 
en Bolivia, hacer á Infante doble Príncipe de Popo, de So- 
RASORA, de SlCASlCA ó de Sacasaca — y á su asistente doble 
Duque de AyoaYO que estaba vacante. 

Juntar á los hombres que se repulsan, para hacerles re- 
nunciar el proyecto de separarse — mezclarlos y confundir sus 
intereses, para templar su¿' rivalidades — atender al mérito de ca- 
da uno — respetar sus virtudes — prescindir de opiniones y hasta 
de deseos inactivos — cuando se trata de la causa común . . . son 
principios de sana política, que el que manda no puede ignorar 
sin culpa, y que el mandado debe saber, si quiere obedecer ra- 
cionalmente . 

Bolívar emplea aptitudes nó opiniones: obsérvese su con- 
ducta y se descubrirá, en esto corno en todo lo que hace, un fin 
liberal, conciliador, POLÍTICO — sus precauciones no son ruido- 
sas ni molestas, ni su confianza ciega. 

Realistas Americanos. 

En todas las Secciones de Amércia están los Realistas en 
entera libertad — disfrutando de sus caudales — injiriéndose en 
los negocios públicos — optando á la representación nacional — y 
MUCHOS ocupando puestos importantes en la Administración, ó 
sillas en los Congresos (aquí no se habla de Godos. . . ni de 
Gabachos. . . ni de Protestantes) pero en Colombia no gozan 
del TREMENDO DERECHO de abogar públicamente por la Mo- 
narquía Española. Esto último no hace honor á la previsión 
de los que gobiernan las otras Secciones . 

Hay, entre los Realistas Indíjenas, muchos que abandonar 
sus quehaceres, por salir á divulgar noticias 

«En la Havana hay un ejército de 1 00000 hombres». .. 



69 



«Ya Méjico, ó tal otro punto, se ha rendido» .... 

«El ejército Real fué recibido entre palmas p laureles» . . . 

«U . perdone, Sr . Republicano (dicen al que se halle pre- 
sente) nacimos bajo sus banderas .... es nuestro 
Rey ... no podemos dejar de amarlo . . . 

«p Yo también» (responde una mujer) 

<<c¿) Yo? mamá? (pregunta un niño) 

«Tú también, hijo, ¿cómo nó ? . . . (y lo acaricia) 

¿ Permitirían otro tanto los Realistas si hubiesen vencido? 
... y todavía se quejan de opresión, de despotismo, de arbitra- 
riedad, de perjuicios — ellos son los que maldicen, en su bando á 
solas, y uniéndose á los patriotas cuando los oyen murmurar — 
ellos son los que dan importancia á las acriminaciones que pu- 
blican las gacetas 

«Bolívar entró en el Perú sin Ucencia» .... y no mencio- 
nan los antecedentes de su entrada, ó los tachan de intrigas . 

«Bolívar era un simple auxiliar p se apoderó del mando» 
.... sin distinguir de auxilios ni de mandos . 

«Bolívar disolvió el Congreso Nacional» ... y en otra par- 
le dicen que el Congreso no podia disponer de la voluntad de la 
Nación : 

«Bolívar se quedó en el Perú, contra la voluntad del Pue- 
blo, después de haber cesado el motivo de su venida» ... Se 
les pregunta si han consultado la voluntad del pueblo, y se esti- 
ran para decir que EL PUEBLO ES LA CLASE INFLUYENTE. 

Todo es oficio: el que hace profesión de influir debe saber 
en qué influye — por qué, cómo y para qué influye — Bajo la Mo- 
narquía la influencia no es libre ni casual: para llegar á influir 
es menester haberse acreditado mucho, y emplear su influencia en 
favor de lo establecido: al que influye EN CONTRA lo castigan 
severamente y . . . al instante . 

Si el sistema Republicano ofrece, por una parte, la gran 
ventaja de protejer la libertad de hablar y escribir, por otra se 
expone á un choque continuo de opiniones, que sesga la marcha 
de los negocios ó la entorpece. La facultad de publicar ideas 
no se da paraque cada uno influya con ellas del modo que le 
parezca, sino á propósito — nó con un fin cualquiera, sino con un 
fin social: los votos han de ser fundados; de otro modo la in- 



70 



fluencia es perniciosa. Con un solo individuo que tenga la fa- 
cultad de influir en mal, SIN RESPONSABILIDAD, basta para ha- 
cer temible la influencia. Bolívar está persuadido de esta ver- 
dad, y es regular que todos los que mandan como él, lo estén. 
No es posible que vean, en la conducta de la Gran Bretaña ni 
en la de los Estados Unidos, un ejemplo de las medidas de se- 
guridad que deben tomar los nuevos Gobiernos de América: si 
el político mas ordinario llegase á perder el juicio, seria toda- 
vía incapaz de formar el proyecto de irse á establecer en Lon- 
dres ó en Washington para derribar el Gobierno — en su sana 
razón puede cualquiera intentarlo impunemente entre nosotros, y 
hacer mucho mal . 

Así como el pueblo hace al Congreso el órgano de la vo- 
luntad jeneral, así el Gobierno es el Depositario de su conh£i:z<3 . 
El sistema Republicano existe, en América, por la voluntad de 
POCOS, y con estos POCOS debe contar el Gobierno para conte- 
ner á un número mayor que le es contrario: la voluntad de los 
Realistas no entra en la voluntad jeneral — se puede tolerar; pe- 
ro nó permitir que prevalezca. Imiten los Republicanos la sa- 
bia conducta del Príncipe de la Iglesia. 

Hay en Roma un barrio destinado á los Judíos, con co- 
municación á la Cuidad por una sola puerta: sobre esta ha he- 
cho Su Santidad colocar un gran Crucifijo, paraque al entrar y 
al salir, vea el judío á su Redentor . Cada Domingo va un Sa- 
cerdote Cristiano á predicarles ( ¡ qué teólogo j qué escriturario 
no será!! Los Israelitas lo oyen por obligación, piensan lo que 
quieren 3'' callar. — quisieran estar á mil leguas de distancia, pero 
no se van porque nacieron ó están CASADOS en Roma. El Pa- 
pa sabe que lo aborrecen, y que no hacen caso de sus sermo- 
nes, . . que á solas rabian y se despican despreciando á Jesu- 
cristo — al pasar por la puerta fruncen las nances y bajan la ca- 
beza por no ver el Crucifijo . Todo lo disimula el Santo Pa- 
dre, con la esperanza de ver á alguno convertido — se le pasan 
años sin recojer una sola conversión, y espera todavía — por nada 
se formaliza, de nada se ofende; pero ¡pobre del Rabino! que, 
abusando de su bondad, se atreviese á predicar contra el Mesías, 
fuera de la Sinagoga! — no hay memoria de semejante osadía, 
por grande que haya sido la tolerancia, y jamas se ha visto un 
Papa ir al barrio acotado á sacar Judíos ni para sacristanes si- 
quiera ¡ni para campaneros! cuanto menos para Curas, Obispos 
ó Cardenales. 



71 



Si los Realistas hubiesen podido estar encerrados en un 
Coto, no tendrían los Patriotas que reprochar á Bolívar el haber 
puesto en los primeros empleos Realistas en lugar de Republica- 
nos . Los ha puesto . . . , concédese ; pero 

¿ Por qué los ha puesto ..?... 
¿quien ha influido en las elecciones?. . . 
¿quien ha presentado listas de candidatos? .... 
¿quien se ha empeñado para preferencias?. . . . 



Antes de satisfacer á estas preguntas debe notarse que los 
realistas tuvieron, hace poco, un ACCESO de patriotismo, que por 
poco les cuesta el buen concepto en que los tiene el Rey Fer- 
nando . Oyendo á los patriotas levantar la voz contra Bolívar, 
rompieron ellos también, acompañando en Coro — 

«¡Que BELLA OCASIÓN! (se decían al oido, después de 

haber perdido aliento gritando 
contra la usurpación) 

«¡Que oportunidad para desunirlos y hacerlos pe- 
lear! 

Se hace la paz, y vuelven, al mustio silencio que acostum- 
bran guardar sobre el mérito de Bolívar . 

Los Republicanos están persuadidos de su afecto y fideli- 
dad al Rey ; pero el Rey puede sospecharlos . Pónganse en re- 
gla con tiempo — saquen certificados del motivo, no sea que, por 
demasiado celo, se queden sin un partido y sin otro . 

Pásese á las respuestas. 

Bolívar no conocia á los sujetos . Debiendo proveer los 
empleos vacantes en cada lugar, y no pudiendo detenerse bastan- 
te, para tomar informes individuales, pidió que se le presentasen 
personas de conocida ciencia y probidad, escojidas en las prin- 
cipales clases, para formar con ellas J UNTAS DE INDICACIÓN, 
y dirijirse por sus consejos . Las JUNTAS debían proponer pa- 
ra los empleos, consultando las aptitudes de los sujetos, y aten- 
diendo principalmente al patriotismo . 



En una ciudad del Perú pidió Bolívar al Cabildo que nom- 
brase cien personas de las mas notables, para que elijiesen 1 2 : 
estas 12 debian formar la JuNTA DE INDICACIÓN. Así se 
hizo; pero á la primera reunión de la Junta faltó uno de los vo- 
cales: se le convidó á asistir y no lo hizo: con este motivo pro- 
testó otro de los vocales, y á su ejemplo protestaron dos mas: 
no tuvo efecto la reunión, y el Libertador viendo sus miras frus- 
tradas, disolvió la Junta y procedió al nombramiento de emplea- 
dos, sobre informes que le parecieron menos parciales . En otras 
partes los vocales escojidos, con tanta formalidad, se disputaron 
los empleos . 

Bolívar mandó, por un decreto, que todos los empleados 
presentasen sus títulos á las Juntas, y que estas excluyesen los su- 
jetos que resultasen notados de realismo — declarando que su in- 
tención era dar todos los empleos á patriotas: con este objeto 
ordenó á los Diocesanos que no proveyesen curatos en concurso 
sino en Sacerdotes de conocido patriotismo ; siempre que reunie- 
sen las aptitudes y la reputación moral que recomienda su estado. 

Al partir de cada ciudad dejó establecidas Juntas de cali' 
ficacion, ante las cuales debía acreditar su patriotismo y sus 
servicios, todo ciudadano que pretendiese ser empleado . 

¿Podía Bolívar hacer mas? Si se hubiesen conformado 
con las propuestas hechas por las Juntas, se habrían quedado los 
que no las componían — ahora se quejan todos, porque buscó 
otros medios de acertar en la elección . 

¡ De todos modos yerra el que manda gobernándose por 
instituciones viciosas — y tiene qué errar, aunque no quiera, por- 
que no hay otras instituciones . Entretanto que los empleos sean 
RECOMPENSAS ó GRANJERIAS, como lo son en el sistema mo- 
nárquico que las repúblicas han adoptado, no habrá (en la opi- 
nión común) majistrado que no sea parcial, ni empleado que me- 
rezca la confianza pública . No obstante, sin apelar á institu- 
ciones perfectas (que no existen) podría tomarse un medio. 

Por regla jeneral: no emplear á ninguno de los que hayan 
servido al Rep o declarádose por él. 

Y, todavía contra esta regla se alegarían muchas razones — 
I a . la escasez de sujetos — 2 a . la ineptitud de muchos patrio- 
tas beneméritos, para el desempeño de los empleos que solicitan — 
3 a . la imposibilidad de descubrir sentimientos que se ocultan ó 
se disfrazan con arte — 4 a . la dificultad de probar los motivos 



73 



que tuvieron muchos para obrar de tal ó cual modo — 5 a . la ne- 
cesidad de atender á las súplicas que interpondrían los mismos 
patriotas, en favor de parientes ó amigos desengañados — 6 a . y 
última, la ventaja de disminuir el número de enemigos, mostrán- 
dose el gobierno .... induljenie . Bolívar se ha adelantado en 
estas consideraciones. 

Todos saben que el que no hace nada, no está expuesto a 
reconvenciones, porque nunca yerra; la inacción es un yerro que 
vale por muchos — y es perdonable, porque hay pocos hombres 
que no tengan un interés personal en disimularlo . Pero nó lo- 
dos consideran que el que manda debe errar porque hace, y 
errar macho porque lo HACE TODO . Los monjes hacen voto de 
obediencia, por no errar: descargan todas sus faltas en el Prela- 
do por tener menos cuenta qué dar á Dios — y el Prelado ejerce 
sobre ellos un despotismo espiritual ilimitado, por indemnizarse 
en parte de lo mucho que teme padecer por culpas ajenas . 

Bolívar debe haber errado, porque ha hecho mas que na- 
die, y su gran mérito consiste en haber errado menos que otro . 
Hágansele ver sus yerros, y, no solo los confesará, sino que tra- 
tará de enmendarlos — poco, ó nada, deben conocerlo los que le 
nieguen esta excelente cualidad. Bolívar no es monje. 

En prueba de su celo por el bien público, léanse las dos 
notas siguientes . No contento con encargarse de las cosas tem- 
porales del Perú, que eran muchas, tomó á su cargo las espi- 
rituales . 

Ministerio Jeneral . 

Cuartel Jeneral de Huánuco, 9 de Julio, 1 824 

Al señor Gobernador Eclesiástico del obispado de Trujillo . 

Señor Gobernador 

Aunque por varias comunicaciones relativas á los negocios 
particulares, que han ocurrido en este Gobierno, debe estar U. 
S. altamente penetrado del zelo que anima á S. E. el Liberta- 
dor, por los derechos y por la dignidad de la Iglesia: como nun- 
ca deja de haber novedad en un estado naciente, interpre- 
tando cada uno la Libertad según sus pasiones — S. E. consi- 
guiente á los votos de su corazón, al deber que le compete como 



74 



á Jefe Superior de la República, quiere que U . S . y todo ciu- 
dadano esté entendido, de que jamas disimulará nada de lo que 
pueda desviar al Pueblo de la moral evanjélica, relajar la dis- 
ciplina eclesiástica ó deslustrar la majestad del santuario, en sí 
ó en sus ministros; y que antes bien recibirán de su autoridad 
estos sagrados objetos, toda la protección que debe conforme á la 
ley fundamental del Estado — Tengo la honra de hacer esta co- 
municación de orden de S . E . y ofrecer á U . S . mis respetos . 
Dios guarde á U . S . muchos años — José Sánchez Carrion . 



OTRA. 

Ministerio Jeneral. 

Cuartel Jeneral de Huánuco, 1 3 de Julio, 1 324 

Al Ilustrísimo Señor Don Juan Muzi, Arzobispo Filipense 
Vicario Apostólico de la República de Chile. 

Ilustrísimo Señor. 

El infrascrito Ministro Jeneral tiene la honra de saludar á 
U . S . I . en nombre de S . E . el Libertador, encargado del 
alto mando de la República del Perú, y de trasmitir á U. S. 
I . los votos de su mas distinguida consideración y respeto, como 
representante del Vicario de Jesu-Cristo, en uno de los Estados 
Independientes del Sud América, manifestando al mismo tiem- 
po a U . S . I . los ardientes deseos que animan á S . E . de en- 
trar en relaciones con la Cabeza de la Iglesia, por demandarlo 
wjentemente la salud espiritual de estos pueblos, el estado de 
orfandad á que se hallan reducidas sus Iglesias y el espíritu de 
fidelidad á la doctrina ortodoxa depositada en la relijion Santa 
que profesa la República . S . E . , ademas, considerando los 
derechos del Santuario, al paso que está comprometido á cimen- 
lar la Independencia de la Nación y asegurar su Libertad bajo 
las formas que ella misma se ha decretado, desea vivamente que 
tu réjimen espiritual se determine conforme á los cánones, y que 
te arregle un Concordato sobre todos aquellos puntos que po- 
drían causar alteraciones entre ambas potestades, por no reco- 
nocerse otra basa respecto de ellas que las de un convenio explí- 



75 



cito, en consecuencia de la variedad de la disciplina eclesiástica, 
de los diversos usos y prerrogativas de ios Estados, y sobre todo 
á la necesidad que compele á los miembros de una misma comu- 
nión á procurar y sostener entre sí la mas cordial armonía. Ba- 
jo tales consideraciones, S . E . el Libertador se atreve á espe- 
rar que U . S . I . se servirá hacer cuanto dependa de su parte 
por el beneficio espiritual de este Estado, poniéndolo cerca del 
corazón paternal de Su Santidad . Que el Gobierno del Perú, 
por obligación y por sentimientos personales, no omitirá medio 
alguno de los que sean conformes con las máximas evangélicas 
para protejer el esplendor de la Iglesia, y evitar que sean escar- 
necidas sus instituciones y vejada la digndiad del Augusto De- 
positario de sus llaves — Dígnese pues U . S . I . aceptar esta 
comunicación, tanto en señal de respeto y congratulación de S. 
E . el Libertador, como en testimonio^ de los votos que consigna . 
— El Ministro Jeneral del Perú tiene el alio honor de repetir al 
Ilustrísimo Señor Vicario Apostólico en el Estado de Chile los 
sentimientos que ha emitido á nombre de S . E . el Libertador, y 
de ofrecer muy reverente su particular obsecuencia — Dios guar- 
de á U . S . I . — Ilustrísimo Señor — José Sánchez Carrion . 



NOVENA PRUEBA 

Que se rodeó de jenie mala con desprecio de la 
buena, que pudo habeilo aconsejado bien. 

Es menester considerar muchas cosas, l; traerlas desde su 
oríjen, antes de culpar á Bolívar de haberse rodeado de jente 
mala. 

Cada sentido tiene su alcance, que se mide poi una línea, 
entre el sentido y el último punto de percepción . La exten- 
sión de esta línea es el dominio del sentido, y se llama esfera 
de actividad. El último punto de percepción es difícil de de- 
terminar — porque los objetos que se interponen, debilitan gia- 
dualmente las impresiones: antes de la absoluta impotencia de 
sentir, hay muchos puntos débiles, que por inapreciables se 
abandonan . 

Esta ley física gobierna del mismo modo en lo moral. Se 
arma el ojo á la oreja de un instrumento para recojei más ra- 
yos de luz ó más vibraciones de aire— as>¡' se arma un Gober- 



7G 



nante de Ministros, para abrazar mas extensión de terreno, ó pa- 
ra someter á sus órdenes un mayor número de hombres . Los 
instrumentos, como los ministros, á cierta distancia, llegan á ser 
inútiles, y aquel es el término de la percepción. — Cuando los 
sentidos conocen la imposibilidad de percibir, cesan de hacer es- 
fuerzos; pero el Gobernante cree poder extender inde- 
finidamente su influencia (en esto solo difieren los sen- 
tidos del entendimiento) . Los sentidos ponen un tér- 
mino á su ambición — la del Gobernante no tiene lí- 
mites: está viendo que sus órdenes llegan casi sin fuerza á laó 
extremidades, que apenas conoce las necesidades que se pade- 
cen á largas distancias — y todavía quiere gobernar: está vien- 
do que sus últimos Ministros le son inútiles — y todavía cree po- 
derse servir de ellos — este es el peor estado á que puede llegar 
un Gobierno . 

el Gobernante dice .... 

«Yo respondo de mis órdenes; pero nó de su ejecución 

los Ministros dicen 

«Nosotros responderíamos de la ejecución, si las órdenes fue- 
«sen ejecutables . » 

los Gobernados dicen .... 

«Nosotros cumpliríamos las órdenes, si estuviesen bien dadas 
«;y bien comunicadas . » 

En este caso, y en cuantos puedan ocurrir, el Gobernante 
hace esfuerzos por desempeñarse, y haciéndolos advierte, que el 
trabajo de gobernar (como todos los trabajos) pide materia, 
forma j; dirección . 

La materia se compone de indicaciones de hechos — la for- 
ma, de consejos para establecer un método — y la dirección de 
providencias . 

El que manda no se ha de dejar dirijir, porque para di- 
rijir se le cometió el mando — el plan de operaciones le ha de 
pertenecer 



Puede hacerse aconsejar, y lo debe en casos difíciles ; 
pero .... 

Siempre tiene que pedir indicaciones. 

Este último procedimiento es eí escolio del Gobierno — Por 
reducida que sea su esfera de actividad, no puede el Gobernante 
conocerla toda, de ciencia propia, y apenas hay caso en que no 
dependa de informes ¿Quien da estos?. ... y ¿cómo se califi- 
can los hombres de veraces?. ... El Majistrado amante de ía 
justicia y celoso de su reputación, pasa el tiempo en tomar 

informes de informes, é informes de informantes 

Cuando ha llenado su deber, en esta perquisición — cuando 
nada ha omitido para asegurarse de la verdad ¿qué le queda 
qué hacer? .... No proceder, seria un escrúpulo perjudicial al 
interés público . 

El rango de las personas que consulta — la opinión de que 
gozan — sus conocimientos — sus enlaces — sus compromisos .... 
todo lo examinan . Pero estas personas tienen amigos, enemigos, 
émulos, rivales, no viven sin relaciones de interés, ni están exen- 
tas de flaquezas . 

Para probar á un hombre se necesita tiempo. . . y ocasio- 
nes, ¿qué será para probar á muchos?. . . . Depender de uno 
solo, es hacerlo necesario — y el que es ó se cree necesario, aspira 
á dominar. Este es el caso en que es menester dar algo á la 
casualidad, ó dejar de obrar . Los encargos no se toman para 
abandonarlos . 

Si los que critican a Bolívar han mandado alguna vez, de- 
ben recordarse lo que hicieron, y si lo han olvidado, preguntarlo 
á los que tuvieron bajo sus órdenes . 

El Jeneral Bolívar no se deja dirijir, porque sabe mandar: 
toma consejo — y en esto se excede hasta el punto de parecer 
perplejo, indeciso, tímido ; pero, luego se observa que tiene con- 
sejo propio — que no se somete al parecer ajeno, sino después 
de haberlo comparado con el suyo — que pide indicaciones como 
todos los que mandan, y que, como ellos, yerra si lo han enga- 
ñado . 

El Sr . Bidaurre, escribiendo al Jeneral Santander, desde 
Lima, en Enero de 27, prorrumpe en una imprecación contra los 
Consejeros — (INFORMANTES, debió haber dicho) 



78 



«Malditos Consejeros! (dice) ¡hombiec venales! interesa- 
«dos! — corrompidos! — ¡reos sois de un famicidio! y. . . la 
«América! ... la naturaleza humana! ! oj oije íesponsabilidad. 
«Habéis roto, nó una obra, sino un modelo de grandeza. El 
«favorecido de la fortuna, el hijo pnmojtrrro de la gloria. . . 
«Bolívar! habia llegado á un punto tan elevado, que Washington 
«y Tell tuvieron que cederle el puesto. El era más grande que 
«los anteriores Héroes inmortales: su gloria se trasmite á todas 
«las Américas; y desde los primeros hombres hasta los mas mi- 
«serables montuvios, se significaban participando de su mérito. 
«Se le hizo creer que podia ser mas, y él no advirtió que no ha- 
«bia otro punto donde ascender. Desde la altura donde se há- 
«llaba, si emprendía un nuevo vuelo, era la caida necesaria con- 
«secuencia . » 

Es perdonable el Sr. Bidaurre. En »u entusiasmo por la 
causa que defiende, había como el Cónsul Romano, que inmoló 
á su Padre y á sus Hijos en las aras de la patria — Bruto no dis- 
curriría mejor. Pero, consuélese el Sr. Bidaurre, BOLÍVAR NO 
HA CAÍDO: nadie le ha podido hacer creer mas de lo que él cree, 
sabe que no puede ser mas de lo que es ; pero sí, que puede ha- 
cer mas de lo que ha hecho: y para consumar la grande obra 
de la Libertad de América, después de nauerle dado la Inde- 
pendencia, PRETENDE .... otros pretenden como él — y si to- 
dos tuvieran en qué fundar alguna esperanza de obtener, no ha 
bría quien no pretendiese MANDAR. ¿Para mandar que? es lo 
solo que preguntan los Pueblos — y el Libertador 'es responde 

«Quiero mandar vuestras fuerzas, nó dominar vuestros sen- 
«dimientos. . . . dirijir vuestros pasos, no nesgar vuestras mi 
«ras. . . . daros un ser social, nó avasallares .» 

Todos quieren RODEAR al que manda: unos por tener parle 
en lo que se hace — otros por pretender para sí — otros por prote- 
jer con empeños — otros, porque se diga que tienen valimiento — 
y los que no consiguen acceso lo envidian. Al cargo de estos 
está el crédito del Gobernante, el de su familia y el de cuantos 
se acercan á palacio: ellos componen y divulgan las noticias — 
ellos son los que se duelen del mal estado de las cosas — y ellos 
los que califican de venales, de interesados, de corrompidos, de 
aduladores, de parásitas, de intrigantes .... hasta los parientes 
mas cercanos y amigos mas antiguos del personaje. Ellos sa- 
ben cuanto se hace en palacio y el por qué, lo afirman con apues- 



79 



tas y pronostican las resultas: para ellos es que las sospechas son, 
nó razones, sino PRUEBAS en política. 

Se les pregunta cómo lo saben, p responden que lo saben 
porque es CIERTO. 

Y ¿por qué es cierto? (se les rebate) 

Porque es CIERTO (responden) 

Está bien: ¿pero, por qué es cierta? 

Porque todos lo dicen . 

¿Han hablado UU. con todos? 

Nó, pero es lo mismo . 

¿Donde están las pruebas? 

c'Que mas pruebas quiere U . ? 

Las que UU. no dan. 

Entonces nada es cierto . 

ADÍOS ! 

El Libertador llegaba á una ciudad del Perú, sin antece- 
dentes . Al instante se le llenaba la casa de jente principal . Ni 
los títulos podia retener, porque cada sujeto traia uno ó dos, por 
lo menos, ¿cómo retendría los nombres que eran dos ó tres? — 
Después de la visita de presentación seguían las privadas y luego 
las de recomendación. 

«Señor Excelentísimo» (decia cada uno) «No vengo á ale- 
«gar méritos, ni á pretender . Soy un patriota, como es notorio . 
«He sacrificado una parte de mi caudal á la patria, y el restj 
«se lo llevaron los Godos: mi persona ha padecido lo que no es 
«creíble: tengo hijos en el servicio — el mayor que era la espe- 
«ranza de su pobre madre, murió fusilado» . . (aqui se enjuga- 
ba los ojos) «pero en presencia de U. E. olvido todos mis ma- 
«les — Estoy reducdio á la miseria, cargado de familia, enfermo: 
«en tiempo de los Españoles serví un empleo (con honradez, 
«gracias á Dios) me lo quitaron y lo di por bien hecho. To- 
«dos los Jenerales que han pasado por esta ciudad, me han he- 
«cho un honor que no merezco; pero yo! . . . siempre retirado 
«en mi casa: apenas frecuento dos ó tres familias. No están las 
«jentes, Sr . Excelentísimo, para tratarlas . El Perú todo ; pe- 
«ro este lugar. . . . (me está mal el decirlo, porque nací en él) 
«está lleno de Godos, no me pueden ver (ciertas personas espe- 
«cialmente) no diré quienes .... U . E . las conocerá . ¡ Enemi- 
«gas de la causa ! . . . . ¡ realistas de corazón ! . . . ¡ opuestas á\ 



80 



«Gobierno! ... y.... ¡¡áV. E. ..!!.. ¿por qué lo calla- 
«ré, si es público? En fin Excelentísimo Señor, yo no vengo sino 
«á ponerme á los pies de V . E . y á ofrecerle mis cortas f acui- 
dades en serviaio de la patria; por ella y por V. E. daré has- 
«ta la última gota de mi sangre — No extrañe V. E. que no 
«vuelva á tener el honor de ponerme á sus plantas ; porque es ■ 
«toy ya cansado de oir decir á mis enemigos que cuantos Seño- 
«res llegan, me hacen acojida. . . . No obstante, como digo, si 
«V . E . cree que mi inutilidad pueda servir de algo, despreciaré 
«las malas lenguas, y haré cuanto V . E . se digne mandarme . . . 
&c . &c . &c . 

Cada visitante decia, en otros términos, lo mismo, y algu- 
nos anadian — «Ya fui uno de los que tuvieron el honor de aren- 
gar á V . E. el dia de su llegada» 

En la arenga habiat. resucitado los Cesares, los Pompe- 
yos, los Marco- Aurelios, acompañados de Esteres, de Maca- 
beos, de Auroras, de Febos y de otros peisor>ajes. 

Uno recomendaba á otro y todos se desacreditaban. ¿Qué 
haria el Libertador para acertar, teniendo poco tiempo á su dis- 
posición y debiendo hacer lo mas mjente en beneficio de c^.da 
.lugar? .... 

Tomar informes de informes, 
é informes de informantes 

y al fin 

dar á la casualidad lo que no podia alcanzar. 

Erraba, perjudicaba! (ofendaü! si se quiere) Quéjanse 
los ofendidos, no del Libertador sino de sus paisanos. Bús- 

quenlos 

por su sana intención 
por su honradez 
por sus sevricios á la patria 

y mejor 

por SUS ARENGAS. 

No seria menester observar lo que pocos ignoran — que ¿as 
JENERALIDAÜES no comprenden á lodos, sino al mayor númc- 



81 



ro, p á veces A POCOS . En el Perú hay muchísimos hombre-. 
verdaderamente distinguidos por las cualidades que falsamente se 
atribuyen los oradores que se citan . Paraque cesen de denigrar 
á Bolívar se les recuerda el papel que hicieron. Los hombres 
de bien deben conocer que esta pintura no se ha hecho para re- 
tratarlos . El autor de esta defensa sabe, ó debe suponer, que 
los hombres de verdadero mérito no insultan á Bolívar (aun- 
que se quejen de él) y que entre ellos, muy pocos lo RODEARON. 

DÉCIMA PRUEBA 

1 ? Que viajando en el Perú, recibió con desden los ob- 
sequios que le hicieron varias ciudades á su pasaje. 

2? Que despreció las visitas con que lo honraron las per- 
sonas mas distinguidas de cada lugar. 

Aquí es menester ocurrir al principio establecido en la pa- 
jina 18. á la PERSPICACIA INTELECTUAL 

Los que están versados en la discusión conocen <a necesi- 
dad de estudiar la cuestión para sentir bien todas las diferencias 
que distinguen un objeto de otro; cuando el sujeto de la obser- 
vación es un ESTADO de cosas ó una ACCIÓN . Pero como esta 
facultad no es dada á todos los hombres, y que, no obstante, 
todos sienten una necesidad de juzgar, aunque no hayan nacido 
para jueces, es menester advertir, á los que se gobiernan por jui- 
cio ajeno, que los jueces son hombres, y que ias pasiones ponen 
en velo á la razón. 

Tómense el trabajo de aprender á recibir declaraciones y 
observen, que el principal testigo en toda acusación, es el que 
acusa. Nadie pretende lo que no espera obtener; 3' el primer 
cuidado que pone el denunciante, en la instrucción de sus prue- 
bas, es omitir todo lo que pueda destruirlas o debilitarlas: el se- 
gundo es fortalecerlas con cuantos accidenres o incidentes pare- 
cen convenir al buen suceso de su pretensión . Estos dos obs- 
táculos que opone la malicia al descubrimiento de un hecho, se 
conocen en el foro bajo los nombres de subrepción y obrepción. 
por el primero se falta á la buena fe omitiendo y por el seguido 
se falta á la verdad suponiendo: en ambos casos se miente. 



Si no hubiera qué temer debilidades, la administración de 
justicia seria la cosa mas fácil del mundo . 

exponer sencillamente el hecho ] presentarían un juicio 

preguntar sin artificio, y t i i i iva •• . j 

K ° , j j hecho al Majistrado. 

responder con sinceridad J 

esto dice la ley, ó ¡ 

seria toda la sentencia, 
esto me parece J 

y no se conocerian ratificaciones, ni tachas ni recusa- 
ciones ni recursos. Pero, ¿con qué hombre, por hon- 
rado que sea, se salvan las formas judiciales? Por 
el hecho de exijirlas, dice el juez al denunciante 
«NO ME FIO DE U . » y este, sujetándose á ellas, dice «TIENE 
RAZÓN de desconfiarse dé mi aunque me conozca» — Fuera del 
tribunal, el. juez no se atrevería á desconfiarse sin ofender, y el 
denunciante alegaría sus derechos a la reputación del honrado . 
Todo interesado en una causa, obra como mercader — enumera 
menudamente las buenas calidades de su jénero, y no se cree 
obligado á mencionar las malas . Así han de discurrii los que 
no quieran aventurar su juicio sobre juicos ajenos . 

Bolívar tiene uso del mundo . Su educación — sus viajes 
— el trato con toda clase de jentes, durante muchos años de 
mando militar y político, reglados por un discernimiento que na- 
die puede negarle, lo han puesto en estado de dominarse y de 
dominar las circunstancias . 

Hay una gran diferencia, entre la impresión que recibe un 
solo hombre de muchos, y la que cada uno recibe de aquel solo — 
Uno solo, no puede formar de muchos sino ideas jenerales; y 
cada uno de los muchos forma una idea particular. La fortu- 
na ó la desgracia de un hombre, depende de la asociación ca- 
sual de las ideas de varios . A esta consideración deben agre- 
garse dos mas — la situación del sujeto— y la prevención que se 
tiene del lugar . No es lo mismo ver á un hombre solo, que en- 
tre muchos — en una parte que en otra . 

Las ciudades se componen de variedad de jentes: estas 
jentes, en común, obsequiaron al Libertador, y él debió recibir 
los obsequios como hechos por todos, sin distinguir á nadie. Si 
entre las varias demostraciones que se le hicieron, hubo algunas 



83 



que debió distinguir, fué inadvertencia de parte de los sujetos . e! 
no haberse singularizado bastante .... la 1 vez no lo pudieron . 

Bolívar traía, á cada ciudad, dos especies de prevención — 
una que le habían dado los habitantes del pais — y otra que él 
-se habia formado . 

Tal lugar es Codo (le decían) 

tal otro es Patriota (y acompañaban listas y notas al 
informe . 

Bolívar, por su parte, veía sobre el fondo público la pe- 
sada carga de conducir á España el ejército capitulado en Aya- 
cucho. Seamos justos. ¿Quien debía costear el pasaje?. . . 
¿el vencedor ó el vencido? — El vencedor (se dirá) porque á 
ello se obligó . En hora buena : costéenlo los Republicanos ; ce- 
ro estos tenían derecho á expulsar del pais á todo realista rico, 
protector del ejército enemigo . 

, Si los Realistas hubiesen vencido ¿qué habrian hecho? — 
¡ Pobres Republicanos, patriotas, insurjentes, rebeldes, montone- 
ros ! . . . Pero ellos, sin ser la parte débil, tuvieron considera- 
ciones por sus compatriotas: y solo exijiéron de ellos, en calidad 
de indemnización, ó séase rescate de sus personas, la moderada 
contribución de lo que debía costar el trasporte de sus protec- 
tores, protejidos ó amigos . 

¡Un Primer Majistrado, de quien dependía el procedi- 
miento, y que, al entrar en cada ciudad, se veía recibir con aplau- 
sos, en que ce mezclaban voces enemigas ele la ceaisa y de su 
persona!. . . . ¡Un Majistrado, que debía admitir indistinta- 
mente á cuantos se presentaban á cumplimentarlo! ... ¿no debe- 
ría temer los asaltos de la lisonja ó los comprometimientos? 

A todo Juez le es prohibido admitir convites ó regalos de 
sus litigantes . En virtud de esta ley un Gobernador Español 
hizo comer, en la cárcel, veinte gallinas, á una campesina que 
se las llevó de regalo, al presentarle un memorial . 

(No es regular que la jente DECENTE . . . esto es, qui 
PIENSA,), diga que Bolívar, según este ejemplo, debió poner en 
arresto cada ciudad que lo obsequiaba . 

Por otra ley, los Jueces no deben ser nacidos en el pais en 
que mandan, ni tener en ellos relaciones de ínteres ni de familia. 
¿Qué cara pone un oficial para entrar ai cuartel? y ¿cual el pa- 
dre que llama á su hijo para mandaile á hacer a!.;jo que le ha 



84 



de desagradar?. . . y ¿qué cara pone el confesor, al sentarse «*rt 
el confesonario, para oir la penitencia á un amigo? 

Todo esto lo saben los que reprueban la sequedad con que 
Bolívar recibió obsequios y visitas en ciudades compuestas, por 
la mayor parte, de Realistas Europeos, y de colonos realistas. 
que son peores . Puso mala cara Bolívar á los que podían h.». 
llagarlo para obtener exenciones: no oyó vazones, poique todas 
tendian á ablandarlo para persuadirle que no debían pagar. Y 
¿quien debía con mas justicia (se pregunta aun) costear el em- 
barque y pasaje de los capitulados en Ayacucho, sino los ami- 
gos del Rey y de sus oficiales? 

Crueldad!. . qué ciueldad!! (decía cada uno ai abrir la 
bolsa) 

Verdadera crueldad habría sido hacer pagar li conduc- 
ción de los enemigos de ( la Independencia á ios que habian pe- 
leado por ella, ó perdido sus caudales en confiscaciones y exac- 
ciones mandadas por los Jefes del ejército Real. 

¿Cuantas mujeres no se quejan de desaires recibidos en 
las funciones que se dieron en obsequio de Bolívar? Muchas lo 
amaban y deseaban cumplimentarlo porque eran patriotas — y 
fueron despreciadas por los que convidaron a ios bailes ; entre- 
tanto que muchas Godas rabiosas bailaban con Bolívaí . 

En un ENSAYO sobre la conducta del Jeneral Bolívar, im- 
preso en Chile por los números 11, 13 y 14 del DUENDE de 
Buenos-Aires; se lee el rasgo siguiente. 

«Vosotros desgraciados Pueblos Peruanos! que habéis au- 
gmentado vuestra miseria, para presentar, aun en los desiertos, 
«espléndidos banquetes, á los que nunca pensaron en vuestra di- 
«cha: tened presente que, si no oponéis una firme resistencia, 
«continuareis siendo subditos de un Gobierno militar, y no ten- 
«dreis otra garantía que la espada. Recordad que si ios tiranos 
«hacen esclavos, los esclavos también forman á los tiranos . . . occ. 

La respuesta á este apostrofe toca á los Peruanos. Ellos 
deben responder al que lo hizo, por haber alzado la voz tan 
gravemente, en un asunto de tan poca consideración — por ha- 
berse atrevido (en favor de los peruanos) á echar en cara PLA- 
TOS DE COMIDA, bajo el nombre de espléndidos banquetes. Los 
Peruanos son rumbosos en sus obsequios : acostumbrados á mos 
trarse en todas ocasiones, no reparan en incomodidades ni en di- 



So 



ñero ; y por personas menos importantes que Bolívar nacen gas- 
tos extraordinarios, que consideran de obligación, su jenerosidad 
les hace honor, porque todo redunda en propia satisfacción . 

¿Qué Peruano ignora que Bolívar nació en la abundan 
cia y que la renunció por la vida de soldado? Un hombre que 
sabe comer sobre un tambor con sus oñciales, no viaja por que 
le den espléndidos banquetes — Bolívar no vino al Perú á comer 
dulce. ¡¿Qué dirá la Europa al leer, en un ensayo político, 
exclamaciones sobre sopas ! ? ¡ ¿ al ver á un hombre ' ernecerse 
en presencia de una mesa ! ? y ¿ ¡ llamar á un pueblo entero des- 
graciado y miserable por haberla puesto!? 

Suponer á los SS . Prefectos, á los SS . Curas y á otros 
muchos sujetos respetables y pudientes ajusíando cuerdas de co- 
cina!, y llorando cuatro reales que habían gastado por manifes- 
tar sentimientos nobles .... es hacerles grave injuria . Si el au- 
tor del ensayo conoce el Perú, debe saber que, ni los Indios re- 
paran en lo que les cuesta la CHICHA, cuando les teca el ALFE- 
RAZGO en honor de alguna imájen . 

Solo por el rasgo de los ESPLENDIDOS BANQUETES de- 
berían los Peruanos mandar recojer el Ensayo del Duende ó ha- 
cerlo expurgar. 

UNDÉCIMA PRUEBA 

Que anarquizó al Perú y después á Colombia 
para hacerse necesario . 

ANARQUIZAR! La revolución ha despertado una porción 
de palabras que dormían entre sus pergaminos. ANARQUÍA ! 
... ¡ qué bonita palabra ! . . y j qué recién llegada ! dos reco 
menclaciones para andar de boca en boca, y un motivo para pre- 
guntar quien es y de donde viene — Satisfágase la curiosidad . 

Es hija de A y de ARCHE, y acaba de llegar de la Grecia 

A, quiere decir SIN, y arche, MANDO = todo junto, sin 
Mando, ó sin Gobierno que es lo rni?mo . Su oficio es anun 
ciar un Estado sin ninguna especie de Gobierno, es decir, que no 
hay tal Estado, porque Nación en desorden no es Estado. ¿Se 
puede aplicar esto al Perú y á Colombia? — ¿Cuando se han 
visto estos dos países sin Gobierno? Acéfalos =- sin cabeza, se 
habrán visto por momentos; pero habrá sido sin una cabeza, por- 
7 



8G 



que muchas han tenido á un Lempo — entonces haoran sido Hi- 
dras nó Acéfalos . 

Tal vez convendría mejor decir que las dos naciones al 
pasar de un estado á otro, estuvieron en anamorfosis, e^to es, 
tomando otra forma, ó una nueva forma — Entre los límites de la 
Monarquía y los de la República — entre la expiración de un 
sistema, y la creación de otro, no ha habido ínteivaio de tiem- 
po: los Caudillos del pueblo, al proclamar la Indepenaeiicia, 
dijeron como los monarquistas al ver morir á su rey 

el rey es muerto = viva el rey í 

esto es, viva la República! 

ni hubo necesidad de declarar postliminio porque no hubo quz 
juntar límites : ellos mismos se tocaron por el hecho . 

Anarquía!! ¿meditan bien en la significación de esta pa- 
labra, los que la repiten con tanta frecuencia? No permita Dios 
que la conozcan jamas por experiencia. Agradezcan á sus Re- 
presentantes, y á sus Jefes militares, los riesgos que han corrido 
en haberse puesto al frente del Pueblo, y á los esfuerzos que 
han hecho para contenerlo — mas fácil es gobernar desde su ca- 
sa, que en Congreso — y menos expuesto componer órdenes entre 
amigos, que darlas en presencia de centenares de hombres ar- 
mados . 

Para quien no ha visto desórdenes, cualquier tumulto es 
Anarquía: el militar menos experimentado lo juzga mejor 
¿Será creíble que Bolívar, después de tantos años de mando mi- 
litar y político, ignore lo que es Anarquía? y sabiéndolo ¿la ha- 
brá suscitado solo por HACERSE NECESARIO? 

El sabe que es necesario (y los que no lo aborrecen, lo 
saben como él) pero nó para destruir el óiden, sino para man- 
tenerlo . 

El vulgo dice que, cuando el Sol sale, todos los hombres 
son necesarios en jeneral, y ninguno en particular — esto es cierto, 
en cuanto un hombre suple por otro, en servicios que muchos 
pueden hacer (los productos de las artes mecánicas, por ejem- 
plo — la renta que se cobra de una mano ó de otra por réditos 
de un capital ckc.) pero no es cieito, cuando se pierde un ajenie 
único ó raro en sv. línea . 

En otra parte se ha dicho que un hombre con diferentes 
aptitudes no reemplaza á otro en las mismas funciones — Mué- 



re un padre y lo representa un tutor: este será mejor padre que 
el natural, pero nó el mismo; mejorará de suerte él hijo, pero 
llorará lo que perdió porque nada lo reemplaza, aunque lo com- 
pense . Esta verdad riega el mundo de lágrimas, y hace abo- 
rrecer la vida al que nació para amar. Los Pueblos de todos 
los tiempos han honrado á sus bienhechores — los han diviniza- 
do — y el llanto ha sido el regocijo con que han celebrado su 
memoria . El instinto de la gratitud es de todos los animales — 
¡dulce sentimiento! que no existiría si todos los seres fuesen in- 
diferentes — si la presencia de uno pudiese hacer olvidar la au- 
sencia de otro. No es pues lo mismo, (cuando sael el Sol) tal 
ó cual ájente en la misma acción . 

La IMITACIÓN es otro instinto, del cual nace la emulación 
— instinto protector, que repara las pérdidas, y mejora á veces, 
las obras que el ájente anterior dejó imperfectas — que ayuda á 
olvidar las faltas, aunque no llene lo| vacíos . 

Consideren bien esto los INDIFERENTES, para no acredi- 
tarse de inconsiderados — y los enemigos de Bolívar traten de 
conocerlo mejor para juzgarlo. 



88 



4 



31 



Ladion 
Lobo 

Tigre 

Serpiente 

ignorante 

grosero 

bajo 

viliano 

cobarde 

violento 

insolente 

atrevido 



DUODÉCIMA PRUEBA 

Que es un menstruo 
y sigue 

f inmoral 

¡ seductor 

I indecente 

I obsceno 

9 ■> libertino 

| impío 

I francmasón 

I hereje 

( ateo 

f rencoroso 

j vengativo 

¡ cruel , 

¡ sanguinario 

■ asesino 



7 i 



desvergonzado 

déspota 

tirano 

altivo 

imperioso 

vano 

presuntuoso 

pedante 

orgulloso 

ambicioso 

cabalista 
aspirante 
astucioso 
intrigante 

entrometido 
intruso 
aventurero 
usurpador 



17 { 



extermmador 

destruidor 

azote 

plaga 

verdugo 

inconsecuente 

falso 

hipócrita 

embustero 

pérfido 

traidor 

perverso 

depravado 

calumniador 

impostor 

descarado 

inicuo 

abominable 

execrable 

criminal 

reo 

delincuente 






0> 



-4 



3 
O 



o- 



36. . = 67 

Todo esto y mas se lee en papeles impresos 
¡ que colección ! . 



89 



Al ver un catálogo de palabras tan denigrativas, iqué di- 
rá el que las entienda y conozca el sujeto á quien se aplican? — ¡ 
¿Son, ó nó, necesarias las definiciones? — y ¿habrá quien diga 
con razón, que la defensa de Bolívar desmerece, por el estilo doc- 
trinal — por el tono majistral que toma el autor, hablando á ¡en- 
tes que no necesitan de escuela? 

Todos los lectores no la necesitan, es verdad ; pero el título 
de lector no se da en las Universidades — cada uno lo compra 
por el dinero que le cuesta el libro. Si todos los que tienen 
motivos para aborrecer á Bolívar hubiesen estudiado el dicciona- 
rio, no habría para qué entrar en definiciones de voces, y la de- 
fensa recaería sobre la acusación; pero decir que Bolívar es 

vano y orgulloso al mismo tiempo 

cobarde y atrevido. . . . ». al mismo tiempo 
hereje y ateo al mimso tiempo 

llamar 

intriga la política 

despotismo el mando 

crueldad la rectitud 

confundir 

la modestia con la arrogancia 

la ignorancia. . . . con la vanidad 

y tachar de presunción 

la confianza con que obra el que conoce sus fuerzas 

es un trastorno de ideas, que solo puede disimularse por toleran- 
cia, ó perdonarse por una extrema induljencia — y esta no la me- 
rece el que hace de orador en una asamblea ó en un libro . 

Mas de Setenta Intérpretes han trabajado de acuerdo, sin 
conocerse, en descubrir el carácter y las intenciones de Bolívar — 
y como por inspiración, le han compuesto una Letanía de Dicte- 
rios mas abundante que la del Rezo .... ¡ Qué honor para la 
América ! . . . ¡ haber producido el malvado mas ilustre, y los 
mas eminentes moralistas ! 



00 



De cada rincón del Continente se levanta una voz, que 
resuena por los aires y atraviesa los mares, para anunciar á la 
Europa la aparición de un monstruo nunca visto — El solo vale 
por todos los malhechores que nos pintan los Romances y la his- 
toria. . . ¡Qué prodijio de maldad! y al lado ¡qué modelo de 
civilidad y de virtud en sus censores! En todo lleva el Nuevo 
Mundo ventajas al Viejo. Un Plutarco bastó allá para escri- 
bir muchas vidas — acá se han necesitado muchos Plutarcos para 
escribir una: lo que solo hay qué sentir es, que los hechos estén 
aun dispersos en remitidos, en proclamas, en ensayos, en mani- 
fiestos, en memorias ; pero la letanía, que se ha recitado, puede 
suplir entretanto . 

Bolívar es el modelo de los monstruos, y el Sr . D . José 
de la Riva Agüero, ex-Presidente de la República del Perú y 
Gran Mariscal de sus ejércitos, es el modelo de los enemigos. 
En dos manifiestos que ha publicado este Sr . , uno en Londres y 
otro en Chile, pueden los jóvenes ver lo que es MONSTRUOSIDAD 
y ENEMISTAD — El Sr . de la Riva Agüero debe llevar á bien el 
que se copie aquí lo mas interesante de sus producciones: los au- 
tores no publican sus obras paraque se pierdan, ni paraque al- 
cancen solo á un corto número de lectores — por mil accidentes 
puede un libro extinguirse ó llegar á ser raro. 

SEGUNDO MANIFIESTO 
del Señor D. José de la Riva Agüero. 

ECO «memoria» 

«Hay tiempos en que, pa¡a 

] oprobio «oprobio de la raza humana, 

«aparecen, en la escena de las 
«revoluciones, ciertos hombres 

1 perverso «perversos que, prevalidos de 

«la confusión y del trastorno 
«de la sociedad, alucinan á la 
«incauta multitud con palabras 
«halagüeñas, hasta consumar suá 

1 criminales aspiraciones «criminales aspiraciones de domi- 
«nacion. Careciendo estos hom- 

1 abominable «bres abominables, del honor y vir- 

«tudes que son necesarias para des- 
«empeñar el papel de Conductores 
«ó Jefes de una nación, se entregan 



91 



iniquidades 
delitos 



baja intriga 

calumnia espionaje 

persecución muerte 

desmoralización 

libertinaje 

horroroso, asesinatos 

cadalsos saqueo robo 

falacia 

depravado 

perturbador 

cadáveres 

cenizas 



tigre hambriento 

cruel dominación 
víctimas loca y 
detestable ambición 



«ciegamente á toda clase de iniqui~ 
«dades y de delitos para sostener- 
«se en un mando que á cada ins- 
tante parece escapárseles de entre 
«las manos . La mas baja intriga, 
«la calumnia, el espionaje mas ac- 
«tivo: la persecución á muerte de 
«todo ciudadano honrado, la des- 
«moralizacion, el liberiinaje mas 
,<dwrroroso, los asesinatos y codal- 
«sos el saqueo y el robo, son los 
«elementos de la falaz política, con 
«que intentan estos depravados 
«perturbadores levantar un trono 
«formado de cadáveres, para rei- 
«nar solye las cenizas de los pue- 
«blos que aspiran á conservar su 
«Libertad é Independencia — Des- 
«de este momento desaparecen to- 
«das las garantias, en que está fun- 
«dada la sociedad, cesa el contrato 
«sobre que esta existe, y los hom- 
«bres no son otra cosa que un reba- 
«ño de ovejas rejido por un tigre 
«hambriento, que marca los dias de 
«su cruel dominación, por el núme- 
«ro de víctimas que inmola su loca 
«p detestable ambición. He aqui 
«el Perú bajo la Dictadura. 



PARALELO 

entre Napoleón p Bolívar 
por el Sr . de la Riva Agüero. 



«Napoleón destruyó la Libertad 

«y usurpó la Soberanía en Francia 

2 medios bajos y grose- «con DECENCIA, Bolívar se sirvió 

ros «de medios bajos p groseros para 

1 usurpador «usurpar el Perú. Napoleón des- 

«truyó y usurpó suave y pacífica- 



92 



2 calumnias y decapita- «mente — Bolívar calumnió y deca- 
ciones «pitó á los patriotas mas notables 

«del Perú, y no continuó calum- 
«niando y decapitando, porque vio 
«que para reinar le era preciso ha- 
«cer la operación á seis millones de 
«habitantes, todos patriotas . Su 
«deseo era degollar y exterminar ; 
«pero felizmente se contuvo, no se 
«sabe por qué razón — sin duda por 

1 atrocidad «realizar otro designio mas atroz. 



2 degüello exterminio 



OTRO PARALELO 

entre Washington y Bolívar 
por el mismo Sr . de la Riva Agüero. 



asesino «En vano niega el asesino su 

1 delito «delito cuando es sorprendido in 

1 embustero «fraganti: en vano el embustero se 

«esfuerza paraque lo crean: y en 
tirano «vano el tirano intenta cohonestar 

2 depravado despotis- «su depravado despotismo con pa- 
mo «labras de Libertad y filantropía, 

«todo el mundo los conoce. La 
1 hipocresía «hipocresía no progresa sino mien- 

«tras que no se deja traslucir. Las 
«acciones, esto es, las obras ó pro- 
«céder de los hombres son á la lar- 
«ga las que dan muestra de ellos, 
«presentándo/os como son en reali- 
«dad . Las obras de los hombres 
«atestiguan de una manera irrecu- 
«sable las virtudes y los vicios: 
«ellas conservan inmortales los 
«nombres de aquellos ilustres ciu- 
«dadanos, que en todas las edades 
«se han consagrado al bien de la 
«especie humana, así como igual- 
«menie son los que trasmiten á los 
1 afrenta «siglos mas remotos la afrenta de 



93 



3 tirano monstruo abo- 
minable 
1 disfraz 

1 máscara 

2 execrables crímenes 
1 falsos profetas 

1 lobos hambrientos 
encarnizados 



1 usurpador 



cabalas, calumnias 
asesinatos destruccio- 



nes 
saqueos 



salteador 

entrometido apropiar- 
se riquezas 
aherroiar moradores 



villanía mentira 
criminal ambición 



fuerza 

astucia usurpador 

cadáveres 
bajezas inauditas 
groseras calumnias 



sumas sustraídas y es- 
condidas 



«los tiranos, de esos monstruos abo- 
«minables que disfrazándose con 
«la máscara de virtud cometen los 
«mas execrables crímenes — ¡Guar- 
«daos de los falsos profetas que se 
«os presentan con piel de oveja; 
«pero que cuando están dentro de 
«vuestros hogares son lobos ham- 
brientos y encarnizados! (San 
«Matheo, cap . 8 . § 6) 

« ¡ Qué contraste entre el Ilustre 
«Washington y el usurpador del 
«Perú! El uno rebosando verda- 
«dera gloria desprendimiento y vir- 
«tud, y el otro cabalando, calum- 
niando,* asesinando, destruyendo y 
«saqueando á una nación vecina, 
«en la que se introdujo en calidad 
«de auxiliar para hacerse el sobe- 
«rano. Aquel haciendo á su na- 
ción feliz, este cual un salteador 
«entrometiéndose para apropiarse 
«sus riquezas y aherrojar á sus 
«moradores . En Washington un 
«noble carácter, probidad y deci- 
«sion por la causa de la Libertad: 
«en Bolívar la villanía, la mentira 
«y criminal ambición de dominar 
«sobre el Perú y toda la América 
«meridional . 

«El empleo de la fuerza y de la 
«astucia del usurpador del Perú, 
«pugnando por sentarse sobre un 
«trono formado de cadáveres, por 
«medio de bajezas inauditas y 
«groseras calumnias contra los bue- 
«nos ciudadanos, y contando soste- 
«nerse al mismo tiempo con las muy 
«considerables sumas que tiene en 
«Europa, según aseguran los pape- 
«les públicos DE TODA ELLA, no 
«podia tener mas duración que la 



2 tramas intrigas 



mercenarios 
suma total 



94 

«que tuvo la dominación de Iturbi- 
«de y Robespierre. Todas las 
«tramas, y todas las intrigas con 
«que un tirano se sobrepone á una 
«nación ilustrada, desaparecen con 
«los mercenarios que lo protejen.... 
Aquí cita el autor al Abate Genti, 
y sigue diciendo, en otros términos, 
lo mismo, hasta llenar un libro de 
1 1 1 páginas en 8 o 

Balance 



Palabras de que se componen 
el manifiesto y los dos 
paralelos 707 



ajanao por tara 

[ preposiciones 
| conjunciones 

\ : 

¡ pronombres y ¡ 
[ artículos J 



345 



quedan netas 362 

f calificantes. 81 

Entre estas hay \ \ = 362 

[ indiferentes 281 

Sale el discurso á razón de 22 y medio por ciento (poco 
menos) en favor de Bolívar y contra el Sr. D. José de la Riva 
Agüero — salvo yerro . 

Adviértase que el Sr . D . José, en el prólogo de su segun- 
do Manifiesto, pajina 2 protesta 

1 ? nó querer volver agravios por agravios 

2? haber perdonado y olvidado las injurias que ha reci- 
bido . Declara sentir cierta repugnancia al quererse defender, y 
que su delicadeza se ofenderla de entrar en pormenores que to- 
casen en personalidades . 
(Este es el caso en que jeneralmente se pregunta. . . ¿QUE TAL?) 



95 



Después del paralelo con Napoleón y con Washington, el 
Sr. de la Riva Agüero compara á Bolívar con Nerón, con Ro- 
bespierre. y con toda la familia de Dictadores, Déspotas y Ti- 
ranos que menciona la historia: el defensor, en lugar de emplear 
su tiempo en fojear libros, pone al Sr. de la Riva Agüero en 
paralelo con el Sr . Bidaurre — dos enemigos de Bolívar — am- 
bos lo acusan de lo mismo — ambos tienen los mismos temores: 
el Lector juzgará de sentimientos y de modales, por lo que se ha 
copiado de uno y de otro . Nada se atreve el defensor á decir 
de los sujetos ; pero dará su parecer sobre las palabras . 

Al ver tantas y tan asquerosas, le parece ver, en el voca- 
bulario español, un barco de las costas del Perú: estos barcos 
abundan en un prodijioso número de CUCARACHAS, que de tiem- 
po en tiempo se alborotan, salen de sus nidos y se esparcen por 
todas partes — en términos de no dejaran solo punto visible: no 
se sabe el motivo de su aparición, como se sabe el de la apari- 
ción de las palabras ; pero el caso es el mismo . Tal vez, por 
esta semejanza, habría convenido dar al presente artículo, nó el 
título de MONSTRUO, sino el de CUCARACHAS. 

El defensor de Bolívar, por un espíritu de caridad cristia- 
na, y avergonzado de haber nacido en la ciudad que produjo 
tal EsFINJE, se ha dedicado á paliar algunas de sus monstruo- 
sidades, y se atreve, por último, á pedir misericordia por él 
(aunque no la espere) porque cree que el MONSTRUO no puede 
menos que reflexionar á veces. ... al fin tiene algo de hombre. 

«¡Quien se imajinaria! (parece oírsele decir) ¡quien se 
«imajinaría! que mientras yo estaba destruyendo mi salud y 
«abreviando mis dias, con tantas vijilias, zozobras y fatigas, y 
«sufriendo las mas duras privaciones en los desiertos..! — que 
«mientras yo estaba exponiendo mi vida en los continuos y 
«arriesgados movimientos de la guerra. . . ! — que mientras yo 
«consagraba el corto tiempo de descanso que me dejaban las 
«armas, á la meditación, á la consulta, á las tareas del gabine- 
«te, para conciliar los intereses, calmar los ánimos, arreglar la 
«administración, y obtener de los Soberanos el reconocimiento de 
«la independencia de Colombia y de las dos rejiones del Perú 
«. . .¡quien se imajinaria (repito) que ¡en este mismo tiempo! 
«estarian mis compatriotas labrándome otra ruina, mas dolorosa 
«mil veces que la de millares de existencias ... ¡ ¡ la de mi re- 
«putacion!! — terjrversando mis intenciones, acriminando mis 
«procedimientos, y . . . . ¡ arruinando su causa ! por arruinarme 



96 

«en la opinión de los pueblos de los dos mundos! ¿ ¡C on 

«qué dihjencia— con qué eficacia, no han trabajado hablando 
«escribiendo, viajando, para conseguir su fin?! Ya se habrán' 
«tal vez, saciado— ya estarán quizá satisfechos de todo el ma¡ 

«que me han deseado de todo el que han procurado ha- 

«cerme — es natural que estén ya cansados de insultarme yo 

«no lo estoy de servirles . » 

Así discurrirá Bolívar; porque (aunque mas digan sus ene- 
magos) es bueno: su defensor no quiere serlo tanto, y apela á la 
opinión pública por la severa reprensión que merecen los escrito- 
res malignos. Para EJEMPLO DE LA JUVENTUD apoyará su 
queja en razones, no en invectivas — empleará las voces en su 
verdadero sentido, nó en el que les dan las pasiones. 

¿Con qué títulos se presenta el Sr. de la Riva Agüero 
entre los literatos? — ¿ctíh cual entre los políticos? — ¿con cual 

entre los filósofos? ¿citando autores? ¿copiando 

sentencias?.... ¿haciendo falsas aplicaciones? — haber leido 
mucho, anuncia contracción. . . . retener, prueba memoria: en 
las aplicaciones se descubre el discernimiento, y en las conse- 
cuencias el juicio. Prescíndase del vicio que se nota en sus es- 
critos, por la pesada repetición de palabras injuriosas — por el 
poco gusto con que las elije — por la fastidiosa acumulación de 
citas — y éntrese en la intención del discurso. 

El Sr. de la Riva Agüero deja de defenderse por acusar, 
dígase mejor, por insultar á Bolívar; y arrebatado de ira, no re- 
para en expresiones ni en medios. Si el Sr. de la Riva Agüe 
ro ha asistido alguna vez al tribunal de un Alcalde, debe haber 
oído cómo se defiende una mujer de la ínfima clase, cuando otra 
le cobra una peseta: ARRASTRADA, TRAMPOSA, ALCAHUETA, 
LADRONA es todo su descargo. (permítanse estas expresiones: 
en un artículo tan sucio como el de las CUCARACHAS puede 
pasar) 

El Juzgado de Paz de un barrio, las tolera — el de un 
Cuartel las reprende — en una corte de Justicia no se consienten 
— á la faz del público merecen castigo, ó . . . desprecio . 

¿Qué interés tiene la república de las letras, en un libro 
que nada enseña?. . . ¿cual tendrá la política en saber que un 
Jeneral de Ejército ha pretendido gobernar pueblos, sobre todo 
cuando los ha formado?. . . ¿y cual la filosofía en que se re- 
imprima, sin motivo, lo que tantas veces y, por tantos! se ha he- 



V'i 



cho imprimir? — Citar á propósito un principio, para establecer 
otro, es casi siempre conveniente; y cíe necesidad, cuando funda- 
damente se teme que el lector se alarme ó se confunda . Pero, 
amontonar principios y sentencias, para denunciar un delito mil 
veces juzgado, es ofender á los jueces y desacreditar la instancia. 

Por otra parte, el Sr. de la Riva Agüero no ha pensado 
en las consecuencias de sus manifiestos . Es verdad que un hom- 
bre apasionado no merece atención sino lástima; pero. . . ¡el 
Pueblo!... ¡¡EL PUEBLO IGNORANTE!!... ¿qué induccio- 
nes no sacará de un libro escrito por un hombre visible, con el 
fin de instruirlo? — al ver el libro recargado de acriminaciones y 
de pronósticos funestos ¿creerá que es para instruirlo ó para 
engañarlo? y si cree que lo enseñan ¿no formará su opinión por 
la del autor? ... ¿no aprenderá á conducirse por sus consejos? 
... y cuando el escritor se haya calmado (porque la rabia no 
es eterna) y vea al pueblo alucinado, enfurecido, desreglado. . . 
¿cómo lo 'llamará á la moderación y al orden, sin confesarse 
culpable de falsedad ó de imprudencia? 

El Sr . de la Riva Agüero se ha poseido tan poco escri- 
biendo, que no ha reparado en quebrantar hasta las reglas mas 
comunes de la lójica. Relea su memoria, dirijida desde Am- 
bares al Congreso del Perú, y deténgase en la nota 40 de la 
pajina 30 que dice así — 

«Les diarios de Nueva York (aquí habla un diarista) 
«dan noticias del Perú, transmitidas por la via de Caracas: ellas 
«alcanzan hasta el 1 7 de Marzo . El 1 de este mes ha sido 
«disuelto por Bolívar el Congreso Peruano: los actos mas im- 
«portantes de la sesión, han sido una ley autorizando al Liberta- 
«dor á asistir á Colombia, en caso de necesidad, con tropas, 
«buques de guerra, y otros recursos militares del Perú: y otra 
«ley que autoriza al Libertador á hacer marchar el ejército Co- 
«lombo-Peruano sobre cualquiera punto en que el Perú fuese 
«amenazado de invasión.» 

De esta alianza DEFENSIVA deduce el Sr. D. José de la 
Riva Agüero lo siguiente: 

«Esto quiere decir, AUTORIZADO PARA HACER OCUPAR 
«EL TERRITORIO DE LAS DEMÁS NACIONES DE AMERICA: por 
«que todas las limítrofes, como lo son el Brasil, y las Repúblu 
«cas Arjentina p Chilena, DEBÍAN CONSIDERARSE ENEMIGAS, 
«Y EN ACTITUD AMENAZADORA, siempre que no se presenta- 
ren á RECIBIR EL YUGO DEL DICTADOR DE COLOMBIA.» 



98 



¡Qué consecuencia!. ... Sr. D. José de la Riva Agüe- 
ro. . ¡ ¡ ¡es posible! ! ! 

¿Y llevará U. á mal que los hombres que conocen la so- 
ciedad se quejen de la ilimitada libertad de imprenta? — La re- 
lijion (dicen) persigue el crimen donde la vara de la justicia no 
alcanza: pero, bajo el dominio de las leyes humanas se cometen 
atentados, que quedan impunes por falta de celo y de enerjía. 
¿Qué importa al que la mordacidad del prójimo ha hecho infe- 
liz, el que el prójimo mordaz se condene? La justicia pública 
debe conocer de les delitos manifiestos — el desacreditar, el des- 
honrar en público es uno de ellos — castíguenlo las leyes, ó per- 
mitan el duelo . 

Hace mucho tiempo que la mala lengua se comparó á una 
espada — la comparación es todavía poco expresiva: para llamar 
toda la atención que pide un mal de tanta consecuencia, mejor 
seria decir, por descripción, que si iodos los tigres de África se 
agolpasen en un lugar de pocos vecinos, harian menos mal que 
un solo hombre mordaz en Pefyin . Las le3'es deberían perse- 
guir DE OFICIO, al que hace imprimir injurias, y obligarlo á 
responder en juicio de la mas leve acusación . Si tal práctica 
estuviese establecida, no habría tenido el Sr. de la Riva Agüe- 
ro qué escribir tanto: un juicio de pocas horas ó dias, le habría 
reparado plenamente los perjuicios de que acusa á Bolívar — ó 
este, con la misma justicia, habría reclamado contra el Sr . de 
la Riva Agüero, lo que le ha hecho. . . . mejor dicho, los que 
le ha pretendido hacer. 

O! Americanos. . ¿Es posible que entre los muchos hom- 
bres que se han consagrado á la causa pública en vuestro país, 
no haya habido uno digno de vuestra confianza? Iturbide en 
Méjico, Santander en Colombia, Rivadavia en Buenos-Aires, 
Ohigins en Chile, San Martin en el Perú, Sucre en Bolivia, no 
han recabado por todo premio de su celo sino injurias . Iturbide 
murió á manos de los Representantes del Pueblo Mejicano — 
San Martin y Ohigins viven desterrados — Rivadavia se ha con- 
denado á un retiro — El Jeneral Sucre, vencedor de Ayacucho, 
y fundador del orden en Bolivia, salió gravemente herido de un 
motin que suscitaron, en sus tropas, los sujetos que mas distinguió 
durante su Gobierno en Chuquisaca. ... lo pusieron preso en su 
cama .... los soldados que lo guardaban y los promotores del 
atentado lo insultaron, y sin la menor consideración lo expulsa- 
ron del pais 



99 



Americanos ! qué dirán los hombres, que leen para juzgar, 
al leer en las gacetas los nombres de vuestros primeros Majistra- 
dos, manchados con las sucias imputaciones de PICAROS ! . . . 
de ESTAFADORES ! . . . de LADRONES ! . . . ¿ ¡ Es posible que 
olvidéis hasta tal punto el respeto que debéis á vuestra causa y á 
vosotros mismos ? ! 

O ! pobres Pueblos ! A nombre de Dios os subyugaban 
los Reyes de España — hoy, un corto número de hombres, que 
está muy lejos de seros afecto, persigue á vuestros defensores, y 
(LOS PERSIGUE A VUESTRO NOMBRE! 

Que un soldado se invalide en el servicio, no es extraño — 
el enemigo tuvo derecho para herirlo, pero, ¡ que un hombre pier- 
da su comodidad, sus esperanzas, y lo que es mas, su estimación! 
entre los mismos que ha servido! — ¡que lo abandonen! . . . que 
lo supriman ! . . . que lo persigan ! . . que lo DESTRUYAN ! ! . . . 
es el colmo de la injusticia . Nieguen su complicidad, los que 
puedan — y los que nó, discúlpense con el error: mas vale arras- 
trar el desprecio á que condena la IGNORANCIA, que la execra- 
ción que merece la MALICIA. 

DECIMA TERCIA PRUEBA 

Que de todo lo dicho es testigo el mundo entero . 

No hay acusación, por leve que sea el delito, que no exija 
prueba. Las pruebas que se dan en causas graves deben ser in- 
contestables. Todo el mundo lo dice es prueba que ni an- 
te Alcaldes de monterilia tiene valor . ¡ Cuidado con las pa- 
siones! — nó por el gusto de ofender ó de vengarse, se acostum- 
bren á presentar por testigo á todo el mundo! — Si sobre seme- 
jante prueba fuesen los tribunales á sentenciar, no habria cabeza 
segura . 

DECIMA CUARTA PRUEBA 

Antes de pasar á las cuestiones mas serias de esta defensa, 
satisfágase á la mas ridicula . No por haberla promovido el 
POPULACHO, se ha de despreciar. El Gobierno de las nuevas 
Repúblicas de América es popular representativo: en prueba de 
ello, el Congreso se compone de Diputados Representantes DEL 
PUEBLO, y el Presidente es el ejecutor de la voluntad DEL 



100 



PUEBLO — por EL PUEBLO y para EL PUEBLO se hace todo — 
todos componen EL PUEBLO, y cada uno debe obedecer AL 
PUEBLO, porque EL PUEBLO es el Soberano. 

Si es así, los que sirven AL PUEBLO no han de imitar á los 
criados de casas grandes = no se han de prosternar ante su Se- 
ñor, y burlarse de él en ausencia, porque no son camareros, ni 
pajes, ni mayordomos, ni lacayos sino empleados . Por otra 
parte, los que se distinguen del pueblo común, por algunos co- 
nocimientos, no se han de prevaler de ellos para humillar, sino 
para enseñar. Ya se ha dicho que despreciar una gran parte 
del pueblo, porque carece de luces no es CARIDAD en ninguna es- 
pecie de Gobierno, p que en el Republicano es IMPOLÍTICA. 

Respóndase al Populacho . 

Objeta que Bolívar es Zambo. 

¿Qué dirán las naciones europeas, cuando lleguen á saber 
que Bolívar es Zambo! — ¿Qué dirán los rubios de Inglaterra, 
los de Escocia, los de Francia, y sobre todo los de. . . . Anda- 
lucía?! — un Zambo, mandando Indios en el Perú!... ¡qué 
impropiedad! — Y ¿qué dirian las jentes de juicio, si el autor de 
esta defensa emprendiese probar, con papeles ó con opiniones, 
que Bolívar es. blanco de primera, de segunda ó de trijésima ex- 
tracción? — noble de primera ó de centésima jerarquía? — Bolívar 
y su defensor son Zambos; pero ninguno de los dos es NECIO. 

Instruyase al Populacho, y para ello dígasele 

1 ? La palabra Populacho es tomada del Italiano popolczzo 
ó popolaccio, y quiere decir pueblo menudo ó jente menuda 
. . . por extensión JENTE DESPRECIABLE. 

2° El hombre no es verdaderamente despreciable sino por su 
Ignorancia 

3° Por la ignorancia, á que se condenan los artesanos, se ha- 
cen despreciables, y hacen despreciar las artes que profesan . 

4? El vestido no hace al hombre decente . 

5? Si un filósofo se dedicara á cuidar puercos, el ejercicio de 
Porquero seria honroso, y se diria Pocilga, como se dice 
Academia, Ateneo, Pórtico, Liceo, por el lugar donde se 
enseña . 



101 



6° La codicia de los Europeos destinó, hace tiempos, la Amé- 
rica á ser el lugar en que se han de reunir las tres razas de 
hombres conocidas — cruzarse — y producir una sola. 
Mientras se estén fundiendo unas en otras, habrá una pre- 
ferencia de número, y ninguna será mejor: cualquiera será 
la primera, según se empiece á contar — hasta que una me- 
rezca la primacía por su saber. 

7° Si la ignorancia reduce al hombre á la esclavitud, instru- 
yéndose el esclavo será libre . 

8? La simpleza es una de las cosas que hacen al hombre des- 
preciable: es una simpleza el estarse echando en cara el 
color: el populacho lo hace — luego el populacho se hace 
despreciable por su simpleza . 

9° Corno todo progresa por grados, empiece cada uno á abs- 
tenerse de mencionar colores ¿j ascendencias en el mérito ó 
demérito de las personas, y habrá dado un paso fuera del 
populacho — no aprecie ni cbsprecie á nadie por el lugar de 
su nacimiento, ni por su profesión política, ni por su creen- 
cia relijiosa ... y habrá dado un paso mas — Empiece á 
tener una decente ocupación para subsistir, y se pondrá á 
tres pasos de distancia — interésese por el bien jeneral y se 
pondrá á cuatro — sepa bien sus deberes 1 ? hacia sí mismo, 
2° hacia aquellas personas ó animales con quienes tenga 
relaciones, 3? hacia todos aquellos con quienes pueda te- 
nerlas, sea en el pais donde vive, sea en los paises vecinos, 
sea en los distantes — en una palabra, sepa que todo hom- 
bre tiene derecho á sus atenciones siempre y á sus servicios 
cuando los necesite, y será igual (de hombre á hombre) 
con el mejor: y si cada uno hace lo mismo. . . lo que aho- 
ra se llama populacho, será igual (de pueblo á pueblo) con 
el que mas se haya distinguido, desde que se conocen na- 
ciones en sociedad. 

0? En ninguna parte se ven las disensiones, ni las discordias, 
ni los pleitos que se ven en la América Española sobre co- 
lores y sobre ejecutorias. El descendiente de un moro, 
venia de España diciendo que en su familia no se habian 
conocido negros: el hombre mas soez, se presentaba, con un 
cariucho de papeles llenos de Arabescos y garabatos, para 
probar que descendía de la casa mas noble de Vizcaya, de 
Asturias ó de Aragón; los hijos han heredado las manías 
de sus abuelos, y ele sus virtudes han hecho doco caso. Oí- 



102 



viden las unas, recuerden las otras, y serán dignos descen- 
dientes de los Españoles . No se echen en cara el oficio 
que tuvo el padre, ni se engrian con sus cabellos ni con 
sus papeles: si continúan como hasta aquí, sus parientes 
mismos, en Europa, los tendrán por payos, por colon&s, 
por esclavos . La América está llamada (si LOS QUE LA 
GOBIERNAN LO ENTIENDEN) á ser el modelo de la bue- 
na sociedad, sin mas trabajo que adaptar . Todo está he- 
cho (en Europa especialmente) . Tomen lo bueno — dejen 
lo malo — imiten con juicio — y por lo que les falte INVEN- 
TEN . 



PRUEBAS DE INTENCIONES 

Primera 

Que con tantos crímenes y defectos 
quiere Coronarse! 

Su peor defecto es ser Americano 
y el mayor de sus crímenes, el no querer que 
la América recaiga bajo el Dominio Español, 
ni bajo la de otra Nación Europea. 

No es de creer que Bolívar pretenda desacreditarse por 
una inconsecuencia que le traería pocas ventajas. No es presu- 
mible que haya olvidado lo que tantas veces ha dicho á sus ami- 
gos, y en público . 

«Mas vale ser el Primer hombre de mi pais, con 
«el honroso título de Libertador, que el último 
«de los Reyes, sin mas honor que el de ser el pri- 
«mero de mi nombre» 

y podria añadir 

«La causa de los Monarcas es abstracta — la persona que 
«favorezca la abstracción debe serles indiferente. ... ES 
«Rey y basta — A mí, ó á cualquiera de mis Compa- 
ñeros de Armas, les importaría poco el llamarnos pri- 

«mos por algún tiempo; con tal que, por enlaces de fami- 



103 

«lia, se extinguiese el nombre, y quedase la sucesión en las 

«Familias Reales de Europa.» 

¿Es necio B olivar?. . . Si no lo es, no ha podido cometer 
necedades de hecho pensado. 

¿Qué necesidad tendria de mendigar votos para coronarse, 
entre jente que no quiere ó no puede dárselos? ... ¿ó que no sa- 
be lo que le piden? — ¿Seria prudente apoyar su pretensión, 
con armas que manejan tantos enemigos del poder monárquico? 

¿Con qué dinero sobornaría? — En fin, ¿qué mas haría con 

corona de metal, dada por extraños para mandar á su nombre; 

cuando con una de Laureles!, puesta por los mismos que 
manda, apenas puede hacerse obedecer? ¿No tendria, de los 
Reyes, armas y dinero para coronarse y protección después, solo 
por un simple consentimiento? 



El Señor Bidaurre, escribiendo al Jeneral Santander, des- 
de Lima, en Enero de 27, le dice lo siguiente 

«Se formó el plan -de Cuatro Estados, en que debía divi- 
«dirse el Continente y las Islas, Méjico privando de su Indepen- 
«dencia á Guatemala — Colombia, Alto y Bajo Perú atrayén- 
«dose á Buenos Aires y Chile — el Brasil, con cuyo Emperador 
«se abrieron negociaciones — y el Norte de la América . . . dos 
«Imperios y dos grandes Repúblicas. Estas noticias exactas 
«llegan á Panamá: escribo á Bolívar y le hablo con la franque- 
«za é inmutabilidad que constituyen un carácter, bien conocido 
«desde los primeros días en que la América se propuso sacudir 
«el yugo de los Españoles: oigo con asombro hablar de su coro- 
«nacion al Sr . Briceño Méndez, su sobrino y Plenipotenciario 
«en la Grande Asamblea Americana, su antiguo Edecán Mos- 
«quera, hoy Intendente de Guayaquil, es un Apóstol del Trono. 
« ¡ Cual y cual seria mi furor y mi sorpresa ! . . . 

«Presto (me dice el Señor Gual) Colombia tendrá tanta 
«población como Méjico» .... 

«¿Cómo podría ser sino contando con las reuniones en un solo 
«Estado que obedeciese al Libertador? 

«Me propuse desde entonces echar á tierra un edificio que, 
«si fuerte en el concepto de los cómplices de la tiranía, era muy 
«débil, examinando sus bases . Escribí una oración para la aper- 
tura del Congreso, que ha sido respetada por todos los pueblos 



104 



«libres y sirvió de sumario contra mí en el palacio. Los Minis- 
«tros de Inglaterra y Holanda me decían 

«Su vida de U. corre un gran riesgo: Bolívar ha des- 
«cubierto el velo: él quiere ser Emperador; y abrir una 
«nueva Dinastía» 

«No podia dudarlo, leída la constitución de Bolívia: 
«Esta pieza se remitió por ellos inmediatamente á Europa. 
«Yo me propuse un gran disimulo por la primera vez: esto fué 
«para mí el mas terrible sacrificio. 

«En el momento que se instruye al Libertador de mis opi- 
niones se me priva de la Presidencia de la Corte Suprema, de- 
«clarada Vitalicia por un consejo lejítímo. Pando qué tiene 
«mas talento que todos los que rodeaban al Jeneral Bolívar, le 
«hace revocar un decreto que había de concluir con su opinión: 
«Sofocar á Bidaurre era ' sofocar al abogado de su patria ; era 
«un golpe que no había de hacer sino exasperar á sus innumera- 
«bíes amigos . Se inventa otro medio mas honesto de separar- 
«me del Perú: este era el expatriarme con el nombre de Pleni- 
«potenciario de Colombia. El Señor Pando debía restituirse á 
«Panamá, y quedar asociado del Señor Tudela, enviado por 
«S . E . el Libertador . 

«Estos proyectos se desvanecen por la precipitación con que 
«se concluyeron nuestros tratados . Los SS . Plenipotenciarios 
«de Méjico y Guatemala conocían las intenciones de los Repre- 
«sentantes de Colombia: las conocían de tal modo, que ni con- 
«sintieron hubiera Presidente en la Asamblea, de temor que si 
«caía en los SS . Gual y Briceño, pudieran adquirir influjo en 
«las deliberaciones . El escrúpulo era pequeño ; pero manifiesta 
«hasta qué punto era la circunspección con que procedían, en 
«ías crisis mas espantosas de la América. 

«Me esperaban á mí los mas grandes comprometimientos: 
«toqué en Guayaquil, y debia verme por precisión con S. E. 
«Un amigo de su comparsa me descubre que se me quería im- 
«pedir mi restitución al Perú. Todos los patriotas de Guaya- 
«quil lo temían. A! y cuanto me valió ese aviso! Manifesté 
«algunos de los defectos de la Constitución que quería fuese uni- 
«versal; pero al mismo tiempo me expresaba adicto á sus deseos. 
« j Maquiavelo, Maquiavelo! cuando no hubieses enseñado otra 
«doctrina que la de saber usar de las calidades del León y de 
«la Zorra, con oportunidad, tú deberías ser tenido por el primer 



105 



«político de los tiempos! El Secretario Pérez se me descubre: 

«él me dice 

«Los intereses de U . deben ser inseparables de ^ lo* 
«del Libertador. Crea U. que D . Simón volverá al 
«Perú, ó á mandar por el voto de los pueblos, ó á 
«conquistarlos» 

«Cuasi cuasi pierdo en aquel acto mi estudiada serenidad. 
«Disimulo, y disimulo tanto, que el Libertador es el mas empe- 
«nado en que me restituya á Lima. Desde Paita voy exami- 
«nando que la fuerza, la seducción, las promesas, eran las que 
«lo habían hecho. La disolución del cuerpo lejislativo, la ex- 
«patriacion del incomparable Luna, la de todos los Jenerales y 
«oficialidad de Buenos Aires y Chile, la introducción de espías 
«en las mesas y lugares mas secretos de las casas, golpes de es- 
«panto para aterrorizar un pueblo en ^extremo dócil, la coloca- 
«cion de las facciones en muchos importantes destinos, sobre 
«todo, la guarnición que se dejaba como en un pueblo conquis- 
«tado, teniendo que mantener á los mismos que capturaban . Na- 
«da de esto me amedrenta: en el instante que llego á Lima es- 
«parzo mis ideas liberales, las esparzo de modo que el tercero 
«día ya escribe á S . E . D . Tomás Héres diciéndose que es 
«necesario separarme del Perú, de cualquier modo: de su mis- 
«mo bufete tengo la noticia, y á las dos horas se me habia co- 
«municado por tres diversos individuos . 

«Empero, los lances se aumentaban por momentos . Se 
«me habla paraque la Corte Suprema dé su dictamen sobre la 
«despreciable papelada que se llama voluntad del Pueblo. No 
«formo el panejírico de estas actas, porque V. E. las ha de 
«tener á la vista; sí diré que en esta Capital los Electores estu- 
«viéron rodeados de guardias: á la puerta de la sala, un saté- 
«lite llamado Freiría, que insultaba á los pocos que manifestá- 
«ron algunas objecciones. Si esto fué en Lima, en los demás 
«Departamentos las instigaciones eran descaradas. Tengo en 
«este Ministerio datos muy graves y circunstanciados: lo sé lo sé, 
«una violencia atroz y horrenda. 

«Pueblos! ¿Hasta cuando seréis tímidos? ¿qué pensáis 



«que es la muerte? Me opongo á una publicación inmatur 



«il 



a e 



egal, ruego que se convoque un Congreso que examine ambas 
«Constituciones. Todos mis compañeros, en la Corte Suprema, 
«son del mismo dictamen, pero yo solo lo pongo bajo de mi fir- 



100 



«ma, arriesgándome á las resultas. Entonces se ocurre al 
«Ayuntamiento por su parecer: se jura esa Constitución nueva, 
«con el mismo gusto y libertad que Fernando 1° juró la de los 
«Españoles: yo salvé mi conciencia. El juramento decia «cju- 
«rais la carta que ha dado la nación?» Como la nación no la 
«había dado, no tenia sobre qué recaer el juramento . 

«La materia era sumamente avanzada, en cuanto á la re- 
«union de las tres Repúblicas de Bolivia, Perú y Colombia, 
«con el título de Federación, con Capital destinada al Jefe Per- 
«petuo é Inviolable de todas ellas. Si Colombia no se enuncia 
«de un modo tan liberal, tan justo, tan jeneroso, su consenti- 
« miento nos conducia infaliblemente al punto de una muerte po- 
«lítica . Ya á los que se oponían se llamaban facciosos, anar- 
«quistas, turbulentos, y á mí se me tenia como el prototipo de 
«ellos, y sin duda hubiera sido, cuando menos expatriado, si el 
«Gran Mariscal Santacruz no hubiera sido el Presidente del 
«Consejo de Gobierno. 

«Usando de principios de política, formó armas de lo mis- 
«mo que era contrario. Arengó al Pueblo, y le manifestó que 
«ya cesaron las facultades extraordinarias. ¡Cuanto se ganaba 
«con esto! Trabajo porque se observe el nuevo Código político, 
«y que no exista alguna ley que sujete á los funcionarios pú- 
«blicos . 

«Esperaba que la Providencia abriría el camino y que 
«nuestra justicia triunfase muy pronto. Nada deseaba, nada que- 
«ria, nada tenia que ser — Estudio á todos los hombres públicos, 
«medito sus corazones y sus últimos sentimientos, y me hallo 
«con que el Gran Mariscal Santacruz era joven guerrero, mo- 
«derado, dulce y jeneroso, afable, y sobre todo muy Peruano. 

«Tales eran mis pensamientos, cuando las tropas de Co- 
«lombia se declararon por su Constitución, y ofrecieron no auxi- 
«liar contra la antigua nuestra. En ocho horas todo se hace 
«con la mayor tranquilidad, el Congreso es convocado, la admi- 
«nistracion continua con el mismo orden y método que antes, 
«los Pueblos están gozando de una libertad perfecta, y solo 11o- 
«ran que el mal hado les privase del Héroe en quien tenían su 
«confianza, á quien le deben la existencia, cuyo nombre repetirán 
«con lágrimas . Continua el Consejo de Gobierno, habiendo 
«hecho su dimisión los SS. Heres y Pando, y remplazándolos 
«el Sr. Salazar y yo. Son afectos de los Peruanos los conté- 



107 



«nidos en esta carta, como el mió de mostrar á U. que soy su 
«amigo yS. S. Q. B. S. M. — Manuel Bidaurre . » 

Dos observaciones importantes debe hacer el lector en este 
artículo, como en los demás de la defensa . 1 ? que el defensor r» 
comete subrepción, puesto que nada omite de lo que pueda perju- 
dicar á Bolívar, ni obrepción, porque nada supone en su favor. No 
cita un solo documento que lo descargue (tal vez no lo hay.... tam- 
poco lo ha buscado) — La causa del Libertador es la de los 
pueblos Americanos, y debe defenderse con razones. 2? que 
no se alegan sino probabilidades bien calculadas, donde la cer- 
tidumbre falta. En ninguna parte de la defensa se ocurre á lo 
POSIBLE — la posibilidad es el pais de las vanas observaciones, 
con ella fraguan los hombres limitados sus enredos, y los imaji- 
nativos sus ficciones . , 



Escritos, firmas, fechas, cotejos, careos, son buenos en plei- 
tos ordinarios. 

«¡lea U. eso! 

«¡conoce U . el estilo? 

«Ya U. ve que la firma que está al pie, es de su 
^ «propio puño tj letra, u la misma que usa y 

1 «acostumbra . 

«Observe U. que del 25 de tal mes, al 15 de tal 
«otro se pasaron tantos dias. 
i «Note U . que el reo se ha ratificado en su primera 

' «confesión, y que á renglón seguido se retracta» 

«Los testigos están contestes 

«A ninguno de los cargos satisface el defensor. 
'■■ «El dolo es manifiesto. . . &c. &c. &C. 

Son cosas buenas (se repite) y aun necesarias en pleitos 
comunes sobre campos, casas, acequias, deudas, injurias y otros 
semejantes — el documento que debe presentarse en favor de Bo- 
lívar en su VIDA PUBLICA; pero, por desgracia, todos no la han 
observado. . . ó no han sabido observarla — por eso las gacetas 
han hecho tanta impresión . 

Se provee un lector de 10 ó 12 frases retumbantes y de 
algunas desvergüenzas, y sale á lucirlas por las tertulias. 



108 



Frases . 

«Yugo de la tiranía. . . . 

«Abuso de autoridad. . . . 

«Usurpación de derechos. . . . 

«Órgano de la voluntad jeneral .... 

«Sin luces y virtudes no puede haber Repú- 
blica. . . 

«La Imprenta Libre es el antemuro de la Li- 
bertad, y las Gacetas su salvaguardia. . . . 

«La sangre del Estado es el dinero, y la Ad- 
ministración su sistema sanguíneo . . . &C . 
&C. &C. 
• 

DESVERGÜENZAS. 

«¿Quien <St> ese? 

«¿Piensa que no lo conozco?. . . 

«Es un aspirante 

«Un bruto 

«Un intrigante . ... 

«Un inmoral 

«Un LADRÓN. . . . 

Digan los promulgadores lo que quieran cuando estén so~ 
los; pero no indispongan los ánimos en público — La jen te sen- 
cilla (y mucho mas, la simple) toma las cosas en peso, y por 
no saberse servir de ellas, las estropea y hace muchos males. 
Hay pobres jentes encargadas de publicar por las tiendas que 
Bolívar se va á coronar, y si se les contesta, (por oirías hablar) 
ni lo que es Coronación saben . ¡ quien lo creerá ! Nadie da re- 
lojes á muchachos — y en confiarlos á jóvenes se arriesga mucho: 
á cada rato los abren para hacerlos ver, citan los autores, exaje- 
ran los precios, atrasan, adelantan; andan con los punteros á 
vueltas, dan cuerda al revés, y rompen la máquina. 

La juventud no es la edad de la reflexión ; y aunque algu- 
nos jóvenes deroguen la regla, los mas necesitan de ayuda para 
elevarse á consideraciones serias . El aliciente de su edad es 
el lugar común de casi todas sus comparaciones : por él aprende- 
rán á juzgar bien de Bolívar, si lo ven en el ejemplo siguiente. 

Se presenta en el teatro de amor una joven, dotada de her- 
mosura y talento, graciosa, amable, honesta y llena de habilida- 



109 



Jes — al instante resuena su nombre por toda una ciudad — «n 
las reuniones brillantes se habla de su gran mérito, y en los rin- 
cones se le tildan mil defectos — los jóvenes la ponen por las nu- 
bes y las feas por los suelos . 

«Su orijen es oscuro .... 

«está muy pagada de su persona. . . . 

«cree que todo se lo merece. . . . 

«es muy doctora. . . . 

«tiene mal jenio 

«no se sabe quien paga tanto lujo .... 

«su conversación es fastidiosa 

«los colores no son suyos 

«tiene un no sé qué que no me agrada 

«pierde mucho en dejarse conocer. 

Digan que es BONITA y no hablen mas. Si fuera TONTA 
y FEA seria la mejor mujer del mundo. 

Volvamos á lo serio . 

Acusa el Sr. Bidaurre á Bolívar, y denuncia á los SS, 
Briceño. Mosquera, Pérez y Gual, como AjENTES de las in- 
trigas de coronación. . . . cP or <3 u é no los llama AUTORES? 

Se hace al Sr. Bidaurre todo el honor que merece en esta 
ocasión .... se le cree . Los testigos que cita son dignos de to- 
da fé — se da por cierto que los SS . Diputados de Méjico y 
Guatemala tuvieron noticia exacta de los hechos — y porque el 
Sr. Bidaurre es testigo de testigos (cosa que no se admite en los 
juicios, considéresele como Escribano de la causa, aunque se le 
haya olvidado poner su signo en testimonio de verdad, (el Pre- 
sidente de una Alta Corte de justicia, no puede ofenderse de es- 
ta observación) — Supóngase al Sr. Bidaurre con poder para 
declarar; y como, en una causa tan grave, no bastarían dos tes- 
tigos, dense por recibidas las deposiciones de los SS . Cónsules 
de Inglaterra y de Holanda. Todavía seria insuficiente la 
prueba, en cuanto al delito de Bolívar — cuando mas, serviría 
contra sus Ajentes. Supónganse estos convictos y confesos — el 
Sr. Bidaurre, como Letrado, no puede ignorar que la declara- 
ción de los CÓMPLICES no apareja prueba contra el ACUSADO, 
porque los criminales no pueden ser testigos: — y si hay alguna 



110 



ley que los habilite para ello, en este caso, debe borrarse deí 
código de la filosofía. ... y no se diga que el Defensor se mete 
en lo que no sabe: — antes de empezar su defensa, confesó que 
no era Abogado: los Tabeliones y los Curanderos son muy atre- 
vidos . 

El Sr. Bidaurre dice haber oido. . . con asombro! hablar 
de la Coronación de Bolívar al Sr. Briceño Méndez -llama al 
Sr. Mosquera el Apóstol del trono — Gual dijo que «pieslo Co- 
lombia tendría tanta población como Méjico» y el Sr. Bidaurre 
infirió que tamaño aumento no podia realizarse, sino reuniendo el 
Perú á Colombia. 

El Sr. Bidaurre ha visto tanto mundo, que no lo puede re- 
ducir á un cuadro Sinóptico, por mas que quiera estrechar sus 
ideas. Tal vez, eliminando las menos importantes, á su pare- 
£er, se le han escapado Sas siguientes . 

Primera idea . 

En los negocios públicos no entran sino Estadistas, Litera- 
tos y Militares: los primeros no pueden pretender la calidad de 
tales sin letras, y estas. . . por gordas que sean en política. . . 
impiden separarse de los principios de la ciencia . El Congreso 
de Panamá no tenia otro objeto que el de ligar las nuevas Repú- 
blicas por un pacto de ALIANZA DEFENSIVA, contra los Monar- 
cas. Para este solo objeto tenían los Diputados Instrucciones 
y Poderes — á estas instrucciones y poderes debían sujetarse — y 
toda resolución tomada fuera del ^objeto, era NULA . El Con- 
greso de Panamá no era un Senado vendido á Bolívar, como lo 
fué el de Paris á Napoleón — el mayor número de votos era In- 
dependiente. Es cosa muy sabida que los PRINCIPADOS no se 
adquieren sino por la persuacion ó por la fuerza. Los Diputa- 
dos de Colombia podían persuadir á sus Colegas ; pero nó obli- 
garlos á votar — y cuando por la persuacion hubiesen conseguido 
hacer declarar, á UNANIMIDAD, necesaria o conveniente la Mo- 
narquía, faltaba lo principal que era. . . . el CONSENTIMIENTO 
DE los Pueblos. Forzar á estos con las armas, no era 
posible sino en Colombia, donde Bolívar mandaba — resulta, 
entonces, que Bolívar habría sido Rey de Colombia solamente,* 
y para serlo no necesitaba enviar ajentes hasta Panamá. Poca 
política bastaba para ver esto, y la evidencia pone fuera de toda 
sospecha las intenciones de Bolívar: — la conducta de sus Ajen- 
tes (siendo la que el Sr. Bidaurre denuncia) no pasa de una 



111 

simple indiscreción, en haber manifestado, sin necesidad, opinio- 
nes en favor de la Monarquía, y deseos en favor de Bolívar. 
Tal vez, los SS. Gual y Briceño, viendo las inquietudes y los 
temores del Sr . Bidaurre, quisieron atormentar su imajinacion, 
fínjiendo sentimientos é intenciones que no tenían — Lo cierto es 
que el Sr . Bidaurre no advirtió que Panamá no era 
lugar propio para tratar de la Monarquía 
ni el Congreso, autoridad lejítima para proclamarla 
ni la milicia de Colombia, fuerza suficiente para someter a 
todo el Perú. 

Segunda idea. 

La disposición de ALGUNOS Jefes militares, y la de AL- 
GUNOS Ministros (no se dice la de todos por no exajerar) su 
disposición á la Monarquía, debe suponerse si no se sabe — por- 
que, á su sombra, esperan .... los unos hacer sus honores here- 
ditarios ... y los otros, conservarse en unos puestos que la Cons- 
titución Republicana deja á la elección de los Presidentes — Que 
los interesados en un negocio lo den por hecho, es lo que llama- 
mos realizar esperanzas: que cuenten con la protección, ó con 
el consentimiento, del que miran como el apoyo de sus pretensio- 
nes, es muy natural . Todo está muy bien ; pero para llegar á 
ser fundadas las esperanzas y segura la confianza, es menester 
que la conveniencia, el consentimiento y la protección existan — 
y para afirmar que existen, es menester probarlo con el hecho, ó 
con la confesión del consentidor ó protector. Las sospechas no 
son razones en política. 

Creer que existen, porque no es posible que subalternos 
comprometan á sus superiores, es no conocer un manejo muy co- 
mún en todo el que quiere obtener un consentimiento forzado. 

«Quítese U . de ahí (dice un soldado, con imperio, á 

un paisano . ) 
«Quítese U . de ahí (repito) que viene mi Capitán — y 

de ordinario acompaña la orden con 

un culatazo. 

Conoce el soldado que es injusto; pero cuenta con la apro- 
bación de su Capitán, porque cree lisonjearlo — y lo lisonjea, 
porque tiene qué pedirle algo. 

Así pueden haber hecho los sujetos que acusa el Señor 
Bidaurre. 



112 

Repítase lo que se ha dicho al principio de este artículo. 
Si Bolívar hubiese querido ser Re}), no necesitaba mendigar su- 
frajios, ni ocurrir á intrigas para obtenerlos, ni confiar la suerte 
de su pretensión á cuatro sujetos sin caudal y sin preponderan- 
cia. El Señor Briceño, conocido en la Guerra y en la Adminis- 
tración militar — el Señor Pérez, en la Secretaría Jeneral — el se- 
ñor Gual, en el Ministerio de Estado — y el Señor Mosquera, en 
la milicia y en la Intendencia de Guayaquil ... se han hecho un 
nombre como Republicanos: para ser Realistas tendrían qué 
perderlo, y. . . ¿cual presentarían entonces á los Pueblos? La 
ciencia y las virtudes dan derechos á la estimación — esta los ha- 
ría respetar, pero nó temer: solo con las armas se impone — y so- 
lo imponiendo se domina . Cuatro hombres respetables, pero nó 
temibles, no podian tener el ascendiente que se les supone, para 
elevarse sobre sus iguales en el Congreso de Panamá: — por co- 
nocimientos, por servicios, j>or caudal, por influencia, tenían mu- 
cho qué disputar con sus Colegas. . . . con el Señor Bidaurre, 
sobre todo . 

La fuerza moral es el signo de la fuerza física: los Nego- 
ciantes tienen su crédito en Cajas, y los Gobernantes en Cuar- 
teles . 

Muy poco conocimiento del mundo debe tener, ó muy po- 
co debe pensar, el que crea tan fáciles las coronaciones en las po- 
bres y despobladas rejiones de América . No basta adquirir un 
Principado, es menester conservarlo, y «paraque el poder sea du- 
rable debe tener dos fundamentos — BUENAS LEYES Y BUENAS 
TROPAS» (verdad que enseñó Maquiavelo) . Las leyes están 
por hacer, y las tropas Americanas no se han decidido aun por 
la Monarquía — En otra parte se ha dicho que Bolívar es dema- 
siado sensato para no conocer que el estado actual de los Pue- 
blos Americanos, es mas propio para Repúblicas que para Mo- 
narquías — Para los políticos esta verdad no es cuestión, y no 
es este el lugar de dar explicaciones á los que las necesiten; pero 
debe ser claro para todos, que aunque falte mucho para llegar á 
la perfección del Gobierno Republicano, lo que se ha conseguido 
es de un gran valor ; y que un retroceso en la empresa desacre- 
ditaría para siempre el talento de los defensores de la causa — 
Los hombres sensatos les dirian .... 

«Alborotar á un pueblo por sorpresa, ó seducirlo con pro- 
«mesas, es fácil — constituirlo, es muy difícil: por un motivo cual- 
quiera se puede emprender lo primero — en las medidas que se 



113 



«toman para lo segundo se descubre, si en el alboroto ó en la 
«.seducción hubo proyecto; y el proyecto es el que honra ó des- 
honra los procedimientos — donde no hay proyecto no hay mé- 
«rito. Hombres arrastrados á una acción por la fuerza de un 
«jenio superior, ó por las circunstancias, no pueden probar que 
«en su cooperación hubo cálculo . Se ha hecho la revolución . . . 
«en hora buena — ha aparecido el valor, la constancia, el herois- 
«mo. . . todavía falta mucho para adquirir LA VERDADERA 
«GLORIA CON QUE SE CORONAN LAS EMPRESAS POLÍTICAS.' 

«Si los que han hecho todos sus esfuerzos por comprometer á 
«los pueblos en una revolución, desmayan en presencia de las di- 
«ficultades que ofrece la nueva organización del Estado, prue- 
«ban una de dos cosas 

«ó que no tuvieron proyecto, 

«ó que son incapaces de formar el que piden las cir- 
cunstancias en que se han' puesto . 

«Volver al estado anterior, ó crear uno semejante, es con- 
«fesar que lo que abolieron era bueno, ó que lo que proponen es 
«mejor porque ES LO MISMO, con diferencias, cuya utilidad es- 
«tá por demostrar — Todo esto quiere decir, en fórmula mate- 
«mática 

Monarquía multiplicada por República 

p dividida por República, igual Monarquía 

«Para reponer las cosas en su primer estado, mejor habría 
«sido dejarlas como estaban, y se habrian ganado el tiempo y 
«el trabajo que se han perdido en alterarlas. 

Los Pueblos, al ver á sus Directores abandonar la empre- 
sa, y proponerles, como cosa nueva, un Rey, les dirán en su 
lenguaje. . . y con muchísima razón. . . 

«el que no sabe donde va, pregunte antes de po- 
nerse en camino. 

«Si no conoce el pais por donde anda, vayase por 
el camino de las vacas. . . y 

«Si no ha de ganar nada en el viaje, no lo empren- 
da. 

«UU nos han hecho dar un paseo Republicano 
«Nos han hecho ver la Grecia, la Italia, la Suiza 
la Inglaterra, los Estados Unidos, la Isla de 



114 



Santo Domingo en sueños, y al despertat nos ha- 
llamos en lo de antes, con 

padres 

hijos 

hermanos , de menos. 

amigos y 

caudales 

Bolívar no merece este reproche, porque sus miras se ven 
proyectadas en el plan de la revolución . Solo él se ha elevado 
á la altura del objeto, y fijado el punto de distancia, en el cua- 
dro de la Sociedad Americana . La perspectiva de la Libertad 
es obra suya: solo él ha presentado el Gobierno Republicano 
bajo su verdadero punto de vista: no se ha desviado de su fin ni 
ha desmayado: ha pretendido hacer valer su obra, como todo 
autor lo pretende, y ha aspirado á ser el Presidente (no el Rey) 
de la Federación Americana, como todos pueden aspirar á serlo 
— Si en la relación de méritos de algún candidato aparecen ap- 
titudes ó servicios iguales ó superiores á los suyos . . . prefiéranse 
— No hay mas ambición en pretender la Presidencia Suprema de 
las Repúblicas de América, que en pretender el Pontificado — 
los Clérigos no han fundado la Santa Sede, y aspiran á ocupar- 
la : — Bolívar es el Patriarca Político de la América . 

Dos errores se notan, aun en las jentes mas versadas en po- 
lítica . El 1 ? es ver en los tiempos presentes los pasados — en 
los pueblos Americanos, los Griegos y los Romanos — y en sus 
Jefes, los tiranos de aquellos tiempos y de aquellos pueblos. Et 
2- es ver, en los Congresos de América, las Cámaras de Ingla- 
terra y las de los Estados Unidos. 

No advierten que ya no puede haber ni las conquistas ni 
los Tiranos que se leen en la historia. Los pueblos modernos 
saben mas que los antiguos: ya la seducción no suple las armas 
— estas deben hacerlo todo. Si los pueblos se instruyen un po- 
co mas, no tendrán qué temer las irrupciones ni las tiranías con 
que sueñan los buenos patriotas del dia. 

Por ACLAMACIONES se elijen Alcaldes, y cuando mas, Go- 
bernadores — los Reyes se hacen PROCLAMAR por la fuerza, y 
encargan la ceremonia de su jura, á Jenerales, no á Diplomáti- 
cos — de estos se sirven para anunciar su advenimiento al trono. 



115 

Napoleón mandaba un pueblo dispuesto á la monarquía— 
habia hecho prodijios de valor en presencia de sus ejércitos— y 
3 e habia acreditado de político y de economista, en algunos 
años de administración; con todo, para insinuar sus intenciones 
se valió de la autoridad civil (mandándola nó consultándola) — 
paralizó las fuerzas nacionales solo con un amago de su espada 

y se elevó al trono por su propia virtud, ¡EN UNA NUBE DE 

BAYONETAS! Jenerales, tanto ó mas acreditados que él, tuvie- 
ron qué aplaudir. . . y salieron, por su orden, nó á persuadir, si- 
no á mandar la obediencia. 

«El primer rep fué un soldado feliz» (observa Voltaire) — ■ 
no dice que fué un sabio ni un político, porque habia leido con 
atención la historia — porque habia contado los Emperadores 
proclamados por los ejércitos y los aclamados por los pueblos-— 
Si Bolívar hubiese pensado en ser rey, el Sr . Bidaurre no habria 
podido oponerse á la coronación aun con la ayuda de sus INNU- 
MERABLES AMIGOS, no habria tenido lugar para COMPONER 
ORACIONES, ni fuerzas para DERRIBAR EL EDIFICIO DE LA 
TIRANÍA, ni ánimo para escribir al Rey CON FRANQUEZA (es- 
tando en sus dominios) á pesar de la INMUTABILIDAD DE SU CA- 
RÁCTER, de lejos le habria dicho muchas verdades ; pero S . M . 
le habria respondido lo que Napoleón respondió á Carnot . . . 
nada en substancia ... no le habria hecho caso : y ahora esta- 
ría el Señor Bidaurre de Barón, de Conde ó de Duque en Lima, 
ó peregrinando y consumiéndose de rabia . 

La ímajinacion es buena en poesía — en asuntos de trans- 
cendencia es, por lo menos, embarazosa. 

Méjico, privando de su Independencia á Guatemala. . . 

Colombia, Alto y Bajo Perú, atrayéndose á Buenos 
Aires y á Chile. . . . 

Negociaciones abiertas con el Brasil. . . . 

Dos Imperios y dos Grandes Repúblicas. . . . 
parece plan para un poema . 

El Ministro de Inglaterra, por una parte, y el de Ho- 
landa, por otra, LEVANTANDO UN VELOÍ...4 

UN TRONO APARECE .... 

Briceño, Pérez, Mosquera y Gual, SUSPENDIENDO 
una Corona! 

Bolívar, con su cetro, ABRIENDO UNA NUEVA DI- 
NASTÍA ! 



116 



La Fama sobre el dosel, EMBOCANDO SU TROMPETA 
Bidaurre, arrastrando una Gruesa Cadena, 

AGUARDA EL GOLPE FATAL DE LOS VERDUGOS. 

Y un hormiguero de hombres de todos colores, medio- 
desnudos, ó encapotados, CON LAS FRENTES POR 

TIERRA 

¡ Qué golpe de Teatro ! 

Vista la cuestión de la Corona, por el aspecto que la consi- 
deran los Liberales tímidos, excita mas la risa que el miedo: pe- 
ro considerada por su verdadero aspecto, mueve á compasión . 
Los Americanos son muy confiados, ó mas bien, muy descuida- 
dos . No es Bolívar, no son sus Jenerales, los que deben temer 
las Repúblicas de América — probabilísimamente los Jefes Repu- 
blicanos están muy distantes de las intenciones que les suponen 
sus compatriotas. Concediendo que Bolívar, ú otro Americano, 
consiguiese, para ser Monarca, una elección espontánea y jene- 
ral, con nombramiento expreso despachado por el Pueblo, ten- 
dría aun que esperar, para ejercer sus funciones, las Bulas de la 
Santa Alianza — Acá seria un Rey lego; de allá vendrían á 
destronarlo, Reyes Consagrados. . . . Tal vez podría decirse, 
vendrán . 

Y ¿quien sabe si las intrigas que se imputan á Bolívar, no 
son verdaderas intrigas de los Ajentes Secretos que los Reyes 
mantienen en América? — ¿Quien sabe si, afectando liberalis- 
mo, no son ellos los que sujieren y propagan ideas desfavorables 
á los Hombres de la Revolución para hacerlos despreciar?. . . 
¿los que irritan los ánimos, con acriminaciones, para hacer odio- 
sos á ¡os defensores de la Independencia? — ¿Quien sabe, si del 
desconcepto de los sujetos, no pasan al de la causa, para des- 
animar, aburrir, desesperar, á los que conocen decididos á soste- 
nerla? .... 

Piensa mal y acertarás. . . 

nos han enseñado á decir los Españoles. 

«Mas valdría que nos dominase un extranjero» (responden 
algunos) — es decir, «Ya que no puedo ser Rey, que lo sea 
otro, pero no tú, porque te conozco» 

I No puede expresarse con mas injenuídad la envidia! 



117 



Déjese ya á cada uno juzgar como le parezca, después de 
tantas razones: y pásese á reflexionar sobre un ejemplo que pue- 
de servir de mucho á los que no estén muy prevenidos en favor 
de sus ideas . 

Durante los años de 21 y 22, hubo en Londres una Com- 
pañía de Americanos, uno por Méjico, otro por Buenos Aires, 
otro por Chile, dos por Colombia, y dos por el Perú. Su ocu- 
pación exclusiva era negociar Monarcas para la América. 

«El Gobiei.no Republicano es un BOCHINCHE (decian) y 
Bolívar, un Botarate» 

«Quiere imitar á Napoleón y no sabe cómo» 

«En los Valles de Aragua hizo matar un caballo, pertene- 
ciente á un oficial, por haberlo puesto á comer entre los suyos» 
— Es de advertir (decian) que el oficial era su pariente. 

«Que antes de esto, yendo á Inglaterra, en compañía de 
D . Luis López Méndez, ambos enviados con una comisión del 
Gobierno de Caracas, amenazó á su Secretario un dia, dicién- 
dole, que lo echaría por la ventana de la Cámara al mar, si no 
le obedecía — Es de advertir (y no lo decian) que el Secretario 
se resistía á escribir lo que Bolívar le dictaba. 

«Que Bolívar estaba tiranizando á Colombia, y quería ha- 
cerse Rey. 

«Que era demasiado cobarde para mandar tropas, y de- 
masiado ignorante para mandar pueblos . 

«Que su arrogancia era tal, que no habia querido enviar 
á Europa por un militar que le enseñase el ejercicio — y que mas 
de una vez habia rehusado ceder el mando de sus tropas, á su- 
jetos muy distinguidos, que se le habían presentado pidiéndoselo, 
movidos de compasión, por los pueblos . 

«Qué bonito Rey para nosotros» (decian, riéndose á car- 
cajadas) y á este propósito citaba uno de ellos un cuento. ... 

«Habia, en el jardín de un monasterio, un Naranjo 
«mu}) viejo — el Síndico lo hizo cortar — mandó hacer un 
«Crucifijo l) lo colocó en la Iglesia — Hubo entre las Mon- 
«]as una, que se acusó al confesor, de la repugnancia que 
«sentía al querer adorar la Imájen; y preguntándole el 
«confesor POR que, le respondió llorando . . ¿ Qué devo- 
«cion quiere U . que me inspire, si lo conocí Naranjo? 
9 



118 



Por mas de un cuarto de hora estaban todos celebrando la 
agudeza, y al fin, recobrando su seriedad, continuaban . 

«A nosotros no nos mandará, si acaso: mas bien preferire- 
«mos morirnos de hambre en Europa . » 

Es de advertir (y no lo decían) que todos ellos vivían 
á expensas de la América, y que modestamente cada uno pensa- 
ba venir de MINISTRO con el Rey que hubiese negociado. Ya 
se ve, .... le había costado su trabajo . 

El miserable amor propio que los cegaba, no les permitía 
ver que si Bolívar era indigno de ser Rey, ellos lo eran mas de 

ser Ministros . 

La Compañía tenia el dinero necesario, nó solo para subsis- 
tir con comodidad, sino para hacer viajes al Continente, para 
mantener correspondencia, y hasta para enviar Comisionados á 
América — sus juntas eras» frecuentes, secretas, misteriosas: para 
iniciarse se requerían pruebas de monarquismo constitucional y de 
odio á Bolívar: las noticias de los sucesos de éste, eran aciagas — 
habia duelo, maldiciones, rabia, y se trataba de desmentirlas 
con sarcasmos . El pobre Arniericano que las aseguraba era un 
necio, ignorante, insurjente BOCHINCHERO. ... se le recibía con 
frialdad y se daba orden para negarle la entrada en lo sucesivo. 

Muchos mercaderes Ingleses, creyendo hacer negocio, se 
encargaban de la correspondencia de América, y algunos obtu- 
vieron recomendaciones para sus viajes mercantiles — Llega la 
noticia de la victoria de Carabobo, y se confirma ... ¡ qué tras- 
torno! ¡qué silencio! — ¿Se creerá que uno de los socios (el 
mas encarnizado contra la República y contra sus Jefes) dio 
un convite á los insurjentes? — ¿Se creerá que para hacer mas so- 
lemne la función, salió á buscar, por las Librerías de Londres, 
retratos de los Jenerales revolucionarios, y por no haberlos con- 
seguido todos, puso contra la pared á Bolívar y á San Martin, 
de vanos tamaños, observó semejanzas, refirió hazañas, ensalzó 
virtudes, y brindó mas de una vez por los Héroes de! Nuevo 
Mundo? — (¡Qué buenos Ministros traían los Reyes!) — Así se 
acabó la Compañía Monárquico Constitucional en Londres. 

Reflexiónese ahora 

¡ Unos hombres pobres, gastando sin reparo ! ¡ Unos 

hombres oscuros, dándose ínfulas de Emisarios!.... imante- 



119 



niendo una vía reservada ! . . . ¡ amenazando con Reyes y ofre- 
ciendo protección!... ¿no darían qué pensar contra los Jefes 
Supremos de las Repúblicas? y el que conocía á estos ¿no cree- 
ría que para semejante procedimiento, contaban, á lo menos, con 
una mayoridad de votos en los Congresos? y quien sabia que los 
Congresos se componían, en gran parte, de patriotas conocidos 
¿no supondría, con fundamento, que los pueblos estaban dispues- 
tos á recibir Reyes? 

Por esta gradación pasaban muchos hombres de juicio á 
condenar la inconstancia de los Americanos, y la inconsecuencia 
de sus Jefes . Pero, nó todos los hombres de juicio discurren 
bien. 

La justicia no debe aventurarse sobre apariencias: mas ra- 
zonable es creer que la Compañía Monárquica se componía de 
hombres fantásticos, inquietos, presuntuosos . . . que sin misión 
alguna ajenciaban Monarcas que los niciesen valer . . . poseídos 
de la idea que dejan las Revoluciones. 

El mas atrevido reina, no el mas sabio . 

Tal vez, los enemigos de Bolívar no juzgarán con tanta 
equidad, por no condenar á una Compañía que pensaba como 
ellos piensan: «¡muchos hombres (dirán) poco comunes! ocupa- 
dos en la misma acción, no podían obrar sin autorización» — Mas 
probable es que ellos se autorizaban: porque, quienesquiera que 
fuesen, el mérito personal, los servicios, el puesto, y demás cir- 
cunstancias están en favor de los Jefes Supremos . 

Así se debe juzgar á los hombres — y en esta confianza re- 
posan, porque la sociedad la ha prometido á todos sus miembros, 
y les asegura el goce de ella, entretanto que por una conducta 
ostensiblemente culpable, no dejen de merecerla. 

Ni en aquel tiempo ni en este, ha habido Jefe Republicano 
en América que haya aspirado al trono, excepto íturbide, y aun 
.... ¿quien se atreverá á asegurar que subió á él sin repug- 
nancia? 

D. Francisco Antonio Zea, natural de Colombia y profe- 
sor de Botánica en el Museo de Madrid, ofreció á los pies del 
trono de España (que ocupaba José Bonaparte) el Alto y Ba- 
jo Perú, como una de las Rejiones de sus dominios. El Señor 
Zea nunca había estdo en el Perú, ni recibido poderes para ofre- 



120 



cerlo al nuevo Rey de España y de las Indias. Dígase tam- 
bién que algún fundamento tuvo, porque semejante atrevimiento 
era imposible — No hubo ni fundamento ni atrevimiento — Estaba 
el Rey de priesa para formalizar las sumisiones de América por 
Vireinatos, y el Señor Zea fué puesto en la lista de los Reyes 
Magos para ofrecer el oro. ¿Qué excusa podia dar un vasallo 
á su Rey? y ¡en aquellas circunstancias! 

Bolívar ha querido siempre Coronarse, nó de oro y pie- 
dras preciosas, nó de laureles hnjidos, sino de. . . Gloria! — Si 
los que suprimían esto último por culparlo AYER, lo añaden 
HOY, habrán quedado bien en todos los tiempos, y Bolívar ha- 
brá sido siempre el mismo . 

CONCLUSIÓN 

Hasta aquí se ha defendido á Bolívar, 

y en él 
á los Jefes de las nuevas Repúblicas 

En lo futuro dominan los Profetas, inspirados ó políticos: 
los primeros existieron mientras hubo qué vaticinar arcanos, mis- 
terios ó prodijios — los segundos existen, y existirán entre los fi- 
lósofos que calculan para predecir acontecimientos que están en 
el orden de las cosas . En este orden parece estar, que Bolívar 
no puede pensar en ser Rey . 

Atreverse á profetizar lo que un hombre hará en casos in- 
esperados, es hacer del cálculo una inspiración — es quererse dar 
por favorecido del cielo, un hombre que no se distingue de algu- 
nos de sus semejantes, sino por un poco mas de juicio — Tales 
pueden ser las Circunstancias, tales las Razones de Estado, que 
lo imposible en un caso, pase á ser probable ó cierto en otro . El 
Defensor de Bolívar no responde de Circunstancias ni de razo- 
nes de Estado que estén fuera del orden; pero se atreve á res- 
ponder de la razón de Bolívar — este homenaje es debido á su 
buen juicio . 

No obstante, como la disposición casual en que se halla el 
hombre, es una de las cosas que entran en las circunstancias á 
que se somete — como la ilusión, la compasión, la condescenden- 
cia, suelen arrastrar al hombre que mas se posee, á una necesi- 
dad que no lo comprende. . . . para este caso inesperado, se deja 



121 



de defender á Bolívar por defender el honor del puesto que ocu- 
pa ... . por defenderlo contra sí mismo . 

Primero . 

Buen Rey es idea imajinaria: el Rey no es un hombre, si- 
no una sucesión de hombres, muy diferentes unos de otros: esta 
sucesión no puede ser buena, luego el Rey es malo . Los hom- 
bres buenos que la suerte hace Reyes, no mejoran la Monarquía, 
y los malos la empeoran. La prole que dejan los Reyes multi- 
plica — llega con el tiempo á formar una multitud de ociosos car- 
gados de vicios que corrompen con su ejemplo la masa del pue- 
blo — la abruman con sus gastos — la humillan con su arrogancia 
— la exasperan con sus injusticias — y la precipitan en revolucio- 
nes ; por estas consecuencais es mala ]a Monarquía, nó porque un 
hombre solo mande. 

La ventaja del Gobierno de uno solo es, que lo que el Go- 
bernante manda se hace; pero tiene la desventaja de no saber 
siempre el Gobernante lo que manda, porque no puede verlo to- 
do — Las providencias del Soberano recaen en último resultado, 
sobre la Economía: esta pide ojos por todas partes, y el Sobera- 
no no ve smo las pinturas que el interés de cada Ministro le pre- 
senta . Si las observaciones no pertenecen al que juzga, dirá 
que falla ó halla; pero nó que ES — dará su parecer, salvando su 
conciencia; pero no podrá decir que es JUSTO. Se cree que 
el sistema Republicano está sujeto á los mismos inconvenientes, en 
esta parte; pero es porque no se advierte que su Administración 
es Monárquica — todavía no se ha pensado en darle la organi- 
zación que le es propia . 

Segundo . 

El hombre no es admirable porque hace cosas grandes, si- 
no porque nació para hacerlas — se admira en él una fuerza que 
no aplica, y se le tributan elojios después de haberla aplicado: 
el vulgo ensalza las obras y el sabio los talentos . ¿ ¡ Cuantos he- 
chos extraordinarios, no se deben á la casualidad ó á la imita- 
ción?!. . . ¿¡Cuantas acciones comunes, no pasan á la posteri- 
dad como prodijios de valor ó de injenio?! ¿¡Cuantas no se re- 
comiendan solo por aparecer agregadas al número de las que 
han hecho la celebridad de un hombre?! 



122 



Bonaparte no fué Grande porque se hizo Emperador, sino 
porque obró como tal sin serlo. Olvidó que palabras no son 
cosas — pensó imponer mas respeto con insignias ajenas que con 
propias — cubriendo su uniforme militar con un manto — ocultan- 
do sus laureles bajo una corona — y envuelto en la densa niebla 
que exhala el palacio, se apareció entre sus compañeros de ar- 
mas creyendo aterrarlos ... ¡ qué mal pensó ! . . ¡ Sorpresa ! nó 
admiración fué el efecto que produjo en ellos el disfraz. Desde 
aquel momento dejaron de citar sus victorias, de ensalzar sus vir- 
tudes, de admirar su talento, de recordar sus servicios, todo fué 
sumisión, rendimientos, vasallaje. . en su presencia! y, despre- 
cio en secreto. 

Ni el pueblo, por quien APARENTABA SACRIFICARSE, ni 
el compañero, á quien colmó de honores, ni el amigo, que llamó 
á gozar de su fortuna. . . ninguno satisfizo sus deseos: todos ol- 
vidaron al Primer Cónsul por el Emperador, y al Emperador. . . 
cada uno por sus opiniones ó por su conveniencia. 

No contento con la alta reputación que le habían dado sus 
servicios, creyó adquirir otra mas brillante en el trono: sus ami- 
gos le acompañaron hasta las gradas, y allí lo entregaron á la 
turba de cortesanos que lo esperaba: los busca en el tumulto y no 
los ve, — los llama y se le excusan, ó se le presentan como vasa- 
llos, .... hace cuanto puede por recobrar sus derechos al amor 
de los Franceses, y los encuentra indiferentes. En tal estado de 
abandono, advierte que ya no reina en los corazones, se desespe- 
ja, y para ocultar su sentimiento dice, lo que el Emperador Ca- 
lígula . 

Poco importa que me aborrezcan 
con tal que me teman. 

Así se precipitan los hombres, así se pierden . Piense Bo- 
lívar (y piense con tiempo) como Napoleón debió haber pen- 
sado . 

Tercero . 

El hombre, obrando para los demás, debe obrar para sí; 
ni los ha de sacrificar ni sacrificarse por ellos — del propio honor 
solo los insensatos prescinden . Prívese de su reposo por servir- 
los, abandónese su caudal ... su persona si es menester ; pero no 
su gloria — por esta se sacrifica todo^. 



123 



Hacer cada individuo, en favor del cuerpo, lo que esté 
en sus facultades, es un deber social: de todo puede desprenderse, 
menos de su reputación — á todo puede ofrecerse menos á des- 
mentir su carácter. 



Un hombre que ha trabajado tanto por abolir la monar- 
quía. . ¡¿tendrá valor para restablecerla!? El que ha decla- 
mado tanto contra los vicios de la Corte. . ¡¿se atreverá á for- 
mar una — y á formarla para sí!? — ¿Podrá razonablemente ase- 
gurar que la suya será de otra especie? — ¿qué no ha de dejene- 
rar? ¿qué sus sucesores serán todos buenos — ó se sujetarán á la 
constitución que se les dé? 

«Conviene hacer un sacrificio» 

(responde enternecido) 

t? formalizándose continua 
«En la opinión del VULGO, pasaré por inconsecuente 
— por ambicioso — por traidor. . . . 

«Los POLÍTICOS me aprobarán 

á mas de que. . . 

«La parte sana! 

interrúmpasele 
Dígalo de una vez, 
quiero hacerme Rey por darme IMPORTANCIA 

Para todo se divide el Pueblo en dos partes — Sana es la 
que aprueba, y la que desaprueba. . . . VULGO. 

El que se toma un trabajo que le gusta, se queja porque lo 
compadezcan, y siempre tiene por HEROÍSMO! el haber despre- 
ciado lo que le importaba poco, ó le era indiferente. 

Nó. . . . ! Bolívar debe despreciar al verdadero vulgo, y 
aparecer Grande ante los hombres verdaderamente sensatos 
Observe, que así como en todas las producciones se descubre la 
influencia del clima, así las acciones reciben un carácter de las 
circunstancias en que se han hecho. 

«Casarse con una mujer, aburrida de ser soltera 
«Comprar por poco dinero una alhaja, que se vende por 
necesidad — »hacerse heredero de un rico, que busca á 



1L'¿ 



quien dejar su caudal» no prueban ni amor, ni sagaci- 
dad, ni derecho. 

Las revoluciones políticas como las materiales tienen 3 épo- 
cas — Perturbación, reacción y continuación 

En la 1 ? un ájente superior vence las fuerzas de asociación 
y turba el orden 

En la 2 a las partes vencidas retroceden hacia un centro de 
reunión, forman un conflicto, y 

En la 3 a restablecen su curso, ó toman el que la fuerza 
mayor íes determina . 

Siempre con alteraciones 
notables si los ajentes son conocidos, ó imperceptibles si 

no lo son 

« 

En este estado, las razones del nuevo orden se explican por 

conjeturas, y porque no es posible asignar causa á cada efecto, 

todo junto se llama CASUALIDAD. 

¿Quien dirá fundadamente POR QUE, las partes de la mis- 
ma masa obran en otros lugares y de otros modos? Pero lo que 
todos creen es, que las nuevas funciones, por importantes que 
sean, no arguyen mérito sino FORTUNA. 

La historia de las revoluciones nos cita el ejemplo de un 
Pescadero Regatón, llamado Mazanielo, que se hizo Rey en 
una ciudad ele Italia: de la plaza del mercado subió al trono, y 
reinó por espacio de \ 9 dias . 

No hace muchos años que Napoleón Bonapaiie fué Em- 
perador de los Franceses: de Paris pasó á Milán á hacerse Rey 
de Italia, y los Italianos lo obligaron á velar durante la noche, 
en la Iglesia, una corona que dicen ser la de Constantino, con el 
mismo clavo de la pasión que le hizo poner santa Helena y que 
por la rareza guardan en la ciudad de Mons para coronar á sus 
reyes . 

¡Napoleón!. . velando las armas como D. Qujiote!! 

¡Un Jeneral Republicano, que pasó el puente de Areola 
atravesando una lluvia de balas, por ganar un puesto á los sol- 
dados del Rey... ¡arrodillado ante las insignias Reales!!!! 

¡Qué ejemplo TAN GRANDE de la pequenez del hombre! 
(y Bolívar lo. presenció) 



125 



Allí debió ver que el trono, sin mudar de lugar, es para los 
hombree medianos un ASCENSO, y que los Héroes al sentarse en 
él . . . descienden . 

José Bonaparte, hermano de Napoleón, fué Rey de Es- 
paña y de las Indias 

Su otro hermano Luis, fué Rey de Holanda 

Su otro hermano Jerónimo — Rey de Westfalia 

Su cuñado Murat — Rey de Ñapóles 

Su Entenado Beauharnais — Virey de Italia 

Su Tio Feche — Cardenal. . . y poco le faltó para 

ser Papa . 
San Napoleón, desconocido en Francia, echó del al- 
manaque á San Roque y se puso en su lugar 

Duraron todos mas de 1 9 dias¡» en el trono ; pero Murat 
murió fusilado — Napoleón murió preso en un islote enmedio de 
los mares — y los demás escaparon por milagro . 

El jeneral Moreau fué un militar distinguido, tanto ó mas 
que Napoleón — considerado por su patriotismo — amado de sus 
compatriotas — y respetado hasta de los enemigos que habia 
vencido . Napoleón lo desterró, y desde los Estados Unidos 
volvió á Europa, á ayudar á los Reyes del Norte á conquistar 
la Francia: murió en la guerra, y todo el honor que le hizo Ale- 
jandro Emperador de Rusia fué, una tumba muy sencilla, em- 
butida en una pared del templo Católico Romano en Peters- 
burgo . 

¿Qué hombre imparcial no creerá que la intención de 
Moreau fué solamente destronar á Napoleón? pero, ¿quien ha- 
rá creer á los pueblos que no fué un traidor?. . . . ¿quien 
interesará la pluma de la historia en defenderlo? — ni ¿quien se 
atreverá á esperar que, en lo venidero, haya quien io defienda . . . 
cuando sus contemporáneos, cuando sus amigos mismos han ca- 
llado? — Napoleón pudo privarlo de sus derechos militares y ci- 
viles; pero nó del honor de ser uno de los hombres NOTABLES 
de la Revolución. El habia escrito su nombre en aquella lista. 
con su ESPADA, y con ELLA MISMA vino á borrarlo — desmintió 
su carácter, y perdió, para siempre, la consideración mas bien 
merecida . 

¿Quien ignora que, á la última época de las revoluciones, 
llegan los hombres cansados, como después de una larga jorna- 



12Í5 



da? — cQ ue su deseo es reposarse solamente sea del modo que 
fuere? — ¿y °l ue e l Pueblo se abandona en manos de sus caudi- 
llos? — ¿que entre estos se levanta uno, ofreciéndose á conser- 
varlos todos en sus puestos, si lo reconocen por Rey? 

Supóngase Bolívar en la difícil circunstancia, en la dura 
alternativa, de abandonar la parte de América que ha emanci- 
pado, ó de hacerse Rey de ella por conservarla — supóngase que 
los Monarcas Europeos, por una parte, lo obligan á decidirse, y 
que por otra, los Jenerales Americanos le instan para que acepte 
la dignidad Real — supóngase mas . . . que los Pueblos le rue- 
gan con ella .... 

En lugar de ceñivse corona, póngase un sombrero de viaje: 
en lugar de empuñar cetro tome un bastón, y. . . A PIE. . . retí- 
rese Bolívar en silencio; dejando sobre su mesa espada, espole- 
tas, banda, y un papel efi que se lea lo siguiente 

«Toda mi vida útil la he empleado sirviendo á mi país — 
«su Independencia Política fué mi primer objeto, y lo conseguí — 
«emprendí la obra de su Libertad Civil, y por todo fruto de mis 
«primeros y de mis segundos servicios, no he recavado sino IN- 
«SULTOS Y amenazas — he expuesto mi vida mas veces entre 
«mis compatriotas, que al frente de sus enemigos — Se me pide 
«por último, el sacrificio de mi gloria. . Ese, no lo haré por 
«NADA ni por NADIE — Corónese un Europeo — corónese un 
«Americano — á falta de uno ú otro, corónese la parte influyente 
«—ó corónese el Pueblo en masa . Yo me retiro mas honrado 
«y mas glorioso, que si hubiera hecho al Globo independiente 
«del Sol. 

¡Haber creado la Repúblira y deberla abandonar! ser ne- 
cesarios sus servicios, y no poderlos ofrecer! es cruel situación, 
sin duda, para un corazón sensible y jeneroso: pero el amor y 
el deber se asocian raras veces — La moderada ambición de 
Washington convenia con el estado de las Provincias Unidas del 
Norte- América : ni los Soberanos pensaban en proponer Monar- 
quía, ni los Pueblos podían sufrirla — Washington pu- 
do dar pruebas de desprendimiento; pero nó de jenerosidad — 
Bolívar, por una feliz casualidad, puede probar uno y otro: sea 
Grande, ó permita que su Defensor lo sea por él. 

A los ojos del filósofo, Alejandro de Macedonia no fué 
Magno por sus conquistas, sino por haber elevado la virtud de 
la Confianza al grado mas sublime. Debia temer, y desear 
vengarse de Filipo ; pero prefirió - morir, antes que ofender la 



127 



amistad con una sospecha, ó ver al amigo humillado por una 
traición . 

El Defensor de Bolívar, entregándole con una mano el 
Proyecto de coronación de que lo acusan, con la otra recibe el 
cáliz amargo de Sarcasmos que le presentan los que creen inútil 
su defensa. Ellos juzgan por las debilidades de las almas co- 
munes — él confia en las virtudes de su CLIENTE . 

Bolívar no puede haber olvidado las máximas que han pre- 
sidido en sus consejos, y reglado su conducta pública 

«Solo los filósofos son inmortales, porque viven en los 
corazones .... La gratitud de los Pueblos es la 

GLORIA ETERNA DE LOS HÉROES PROFANOS. 

«Los guerreros, los conquistadores y los Reyes se se- 
pultan en los libros . a 

SEGUNDA PRUEBA 

Propuso el Libertador 
una Constitución Monárquica á las Repúblicas 

VlTALICISMO ¡ qué escándalo ! 

Los que no han pensado bien en la naturaleza de una cosa, 
jeneralizan por la propiedad que tienen presente — ó por la que 
conocen mejor — ó por aquella especie de acción que les convie- 
ne elojiar ó vituperar. 

Los juicios se resienten, casi siempre, de las circunstancias 
en que se hacen, y de los sentimientos del juez — porque un ob- 
jeto hace olvidar otro — y porque las fuertes impresiones dominan 
las débiles. 

Se halla un observador (por ejemplo) entre niños, y se 
enternece de gozo al ver la inocencia ... en aquel momento es- 
tá muy cerca de creer á todo el jénero humano inocente. 

Se halla entre jóvenes, y no considera sino mobilidad y 
destreza. . . . cuantos encuentra al salir le parecen ajiles é 
mjeniosos . 

Se halla entre hombres, y admira el juicio. ... le parece 
que en el mundo no se cometen disparates. 



i 38 



Entre viejos, lo edifica la prudencia. ... le parece ver 
á todos los hombres sentados pensando. 

Visita un hospital, y le pesa el haber nacido ... se encuen- 
tra en un festin, y se felicita de ser hombre . 

Se vé en trabajos y quisiera morir. . . . goza de convenien- 
cias, y quisiera ser eterno . 

Pueblo!. . . ¡que palabra tan jenérica! — en lo material 
es una colección de hombres; pero abstractamente es el conjun- 
to de todas las facultades, propiedades y funciones individua- 
les. El moralista, como el pintor, puede hacer un personaje 
compuesto de todo lo malo, ó de todo lo bueno que hay en el 
hombre — puede hacer un Apolo ó un Sátiro, una Venus ó una 
Furia . 

El que no considera al hombre sino por un aspecto, cono- 
cerá una de sus figuras ; pero nó todas las que constituyen su 
forma. Si un Gobernante pone la mira en una sola propiedad 
del pueblo, tropieza con los demás — el tino para mandar no se 
adquiere con estudios; aun siguiendo punto por punto las indica- 
ciones de un maestro: los estudios no sirven sino para afinar lo 
que la naturaleza dio en bruto — y no se apele á libros de polí- 
tica; las aplicaciones son del criterio del juez: en tal ocasión 
convendrá ajitar y hasta irritar una pasión, que en otra será ne- 
cesario calmar ó SUFOCAR. 

En tanto que los conocimientos del estudiante no estén ai 
nivel del tratado que lee ... . en tanto que sus ideas no se enmol- 
den sobre las del autor. ... en vano se cansa: para amoldar es 
necesario fundir; y aunque el entendimiento sea un crisol, desti- 
nado á fundir ideas, hay ciertas cabezas en que las ideas mas 
fusibles parecen refractarias . 

La política es como la medicina . Antes se graduaba un 
estudiante con los aforismos de Hipócrates, sin entenderlos — 
hoy debe saber por qué se establecieron los aforismos, y ser ca- 
paz de someterlos á su crítica para ser médico, aunque no se 
gradué — Del mismo modo, antes era político el que habia leido 
á Aristóteles, ó visitado algunas Cortes — ahora debe pensar mu- 
cho en lo que Aristóteles dijo, para ser político; aunque no sal- 
ga de su casa. El médico ha de ser hoy filosófico-fisico, y el 
político. . . . TODO, porque la ciencia de la sociedad se compo- 
ne de todos los conocimientos de todos los movimientos, y ds 



129 



tudas las relaciones del hombre. Sin ser profesor de cada cien- 
cia, debe tener noticias de todas, el médico y el político han de 
poder ser autores. 

¿ ¡ Cuantos enfermos curables no han echado al otro mun- 
do los libreros, por haber vendido libros á quien no los entendía — 
y. . . ¡cuantos males no han hecho á la sociedad por lo mismo?! 
■ — ¿ i cuantos jóvenes no andan por las tertulias y aun por las 
calles, insultando al buen sentido y á sus mayores, confiados en 
un Iibrito que leyeron de priesa — ó en las leccione: abreviadas 
de un curso?! (tal vez copiadas, en gran parte del cuaderno 
de un colega) Es menester decirles que los autores, en ciencias 
de aplicación, dirijen sus libros á los inteligentes, y que los pro- 
fesores de las mismas ciencias, cuando abren curso, cuentan con 
un fondo de ideas en sus discípulos — á la aula de Astronomía, 
no deben entrar los que estén aprendiendo la tabla Pitagórica, 
ni á la de ciruiía los que no hayan disecado . 

VlTALICISMO ! 

Al o¡r esta terrible voz. se estremecen las jentes . Unos 
¡con un ceño airado, prorrumpen en imprecaciones — insultan al 
¡que la pronuncia — y se despiden por no contestarle. Otros em- 
prenden una disertación dividida en 3 partes, ITURBIDE, NA- 
POLEÓN y Cesar — arrastran en el camino, con cuantos USUR- 
JPADORES menciona la historia, y concluyen afirmando que Bo- 
lívar los toma por modelo — se les quiere responder y se ahogan 
de cólera, amenazando con el Gobierno. Otros, hacen un jesto 
de desprecio — mudan de conversación — ó guardan silencio. 
; Otros, afectando tranquilidad, se rien y se preparan para reir 
mas, satisfechos de las razones con que van á aterrar. 

«¿Qué se puede alegar en favor de semejante simpleza?» 
« — Diga U. lo que quiera» (dicen apoyándose en los codos 

para esperar el ataque) «A ver. . . . diga U. — empiece U. ■ 

«veremos lo que U. dice contra lo que dice el Sr. D. Fulano» 
«U. no ha de saber mas que él — lo que sé decir es, que Bo- 
«lívar es un ambicioso; y de aquí no me saca nadie.» — «Há- 
lleme U . de otra cosa, porque en eso no convendré jamas» 
( — «tengo mis razones, y solo un hombre apasionado ó insensato 
«puede resistir á ellas» 

«A veces, el contendiente se incomoda, y le responde, 
«pues si no es U. sino el Sr. D. Fulano quien lo dice, vaya 



¿30 



«U . á preguntarle lo que ha de responder cuando le arguyan, y 
«vuelva U . cuando quiera» 

Se traba una disputa sembrada de incivilidades que dege- 
neran, por lo regular, en desvergüenzas, y se acaba con la ene- 
mistad . 

Pero hay muchos hombres de juicio que DISCUTEN, con 
estos, la conversación toma el tono que corresponde á la materia; 
aunque estén prevenidos contra ella: con estos se puede discurrir 
porque la verdad no los ofende . A estos se ha hecho, mas de 
u»a vez, la pregunta siguiente. 

«¿Por qué en Francia no se habló tanto contra Napoleón, 
como se habla contra Bolívar en A.mérica?» — y su respuesta ha 
sido . . . 

«Porque los Franceses tienen mas experiencia política que 
nosotros, y porque está'n menos desocupados» 

Hablemos con estos hombres — los demás escucharán .... 
si quieren. 



Los conocimientos se dividen en teóricos y en prácticos ; 
y la teórica no es sino el conjunto de preceptos dados por una 
experiencia consumada — teórica sin práctica es pura fantasía. 

En la aplicación hay dos modos de proceder — uno jenéri- 
co y otro específico — este, con sus variedades . 
La física es jeneral ó particular 

y la química, lo mismo 
La metafísica es natural ó artificial 
y la lójica, lo mismo . 

Y en cada ramo de la aplicación hay subdivisiones que 
corresponden á las divisiones principales . . . ejemplo 

La Agricultura, que es un ramo fisico-químico, tiene en 
sus aplicaciones, otras tantas divisiones, cuantas especies de plan- 
tas análogas se cultivan, y cuantos son los terrenos donde se em- 
prende la cultura . 

La tintura, que es una parte de la química manufacturaría, 
ó un ramo químico-físico, se divide en otros tantos principios, 
cuantas materias análogas se tiñen, y cuantas substancias colo- 
rantes se aplican para obtener el tinte 

en política es lo mismo 



31 



Los principios por ios cuales (como se ha dicho) se toman 
medidas jenerales, para asegurar el buen éxito de una empresa, 
TRATANDO CON HOMBRES, forman un cuerpo de doctrina inde- 
terminado . 

El carácter del jénero humano en sociedad, es su objeto ; 
pero al aplicar los principios jenerales á una especie de hombres, 
con respecto al estado de sus costumbres, y al lugar que ocupan, 
se siente la necesidad de variar el proceder . 

¿por qué no diremos. . . 
Política jeneral ó particular? y 
Política natural ó artificial?. . . 

Raciocina un hombre, sin saber que raciocina, y llama su 
lójica NATURAL — advierte que raciocina, y la llama ARTIFI- 
CIAL . Toda la diferencia consiste en saber ó no saber lo que 
se hace — no puede saberlo sino pensando — y lo que lo obliga á 
pensar es, la variedad de aplicaciones que se ofrecen en la prác- 
tica: variar un modo de proceder no es derogar los principios 
fundamentales sino modificarlos — y el camino de la perfección 
se compone de modificaciones favorables . Si son ó no favora- 
bles estas, es la cuestión . No se trata del Rey Electivo de 
Polonia ni del Cónsul Vitalicio de Francia, aunque sea Electivo 
y Vitalicio el Presidente que aconseja Bolívar. La Constitu- 
ción hace una gran diferencia, porque no es ni la de los Polacos 
ni la de los Franceses — el suelo hace otra gran dfierencia, por- 
que la América del Sur no es ni Polonia ni Francia — y las cos- 
tumbres hacen otra aun mayor, porque los hijos de los Españo- 
les, en América, no piensan (ni se les hará pensar nunca) como 
los descendientes de los Sarmatas, ni como los de los Gaulos. 
A mas, el Gobierno de Bolívar es provisional: lo que no era el 
de Polonia ni el de Francia — La América del Sur no puede go- 
bernarse como la del Norte, ni esta como la Isla de Haiti, ni es- 
ta como la Francia, ni la Francia como la Inglaterra: hagan los 
hijos de los Españoles como lo que han hecho los Ingleses, los 
Franceses, los Angloamericanos y los Negros de Santo Domin- 
go; adaptar sus Instituciones á su suelo, á su situación y á su 
jente — no les cedan en discernimiento . 

Presidencia Vitalicia! 

¡Qué impropiedad en una República! 



132 



Si las frecuentes elecciones de Presidente, en los Estados 
Unidos, no ocasionan disturbios, es porque 

el Gobierno reposa sobre el PUEBLO: 

en el resto de la América 
El Pueblo reposa sobre el GOBIERNO 

¡Quien podrá, sin tacharse de inconsiderado, pedir un mis- 
mo modo de proceder en las dos partes, solo porque el Gobierno 
lleva en ambas el mismo nombre? — En los Estados Unidos no 
habia un hombre (excepto los esclavos de Virjinia) que no tu- 
viese ideas de la Independencia Social; todos habían gozado de 
ella en Europa; y los que nó, habian venido buscándola. Unos 
por ser Independientes, y otros por SERLO MAS, habian venido á 
habitar los desiertos de América ¿Sucedía otro tanto en las Co- 
lonias Españolas? 

El suelo de los Estados Unidos está sembrado de ideas li- 
berales — cultivado en todos sus puntos, por manos hábiles — y 
protejido por un ambiente de Libertad que respiran todos sus 
habitantes; abandonado el suelo á su propia acción, es incapaz 
de adulterar sus producciones — el Presidente es un fruto del te- 
rruño: cada Ciudadano, cuando habla, sin afectación dice Yo — 
en la América del Sur, al mas estudiado se le va la lengua, y di- 
ce MI AMO: en los Estados Unidos los Empleos son casi Conce- 
jiles — se toman como una carga — y los que los solicitan, buscan 
en ellos un medio de hacer brillar su patriotismo, y . . . los CO- 
NOCIMIENTOS con que lo sostienen .... entre los hijos de los 
Españoles, se busca el empleo por el título ó por la renta, como 
lo veían hacer á sus padres: allá quieren servir, acá quieren re- 
presentar . 

Obsérvense las pequeneces . En los Estados Unidos (y es- 
to les viene de los Ingleses) el Presidente, el Ministro y todos 
los Majistrados se llaman por sus nombres — es menester saber 
que están empleados para distinguirlos de los que no lo están. 
Entre nosotros, se renuncia el nombre por el título; y asicomo 
los Capuchinos toman la ciudad en que nacieron por apellido, 
así los empleados olvidan sus familias por voces de recomen- 
dación . 

El Señor Ministro! el Señor Tesorero! el Señor Vista! ai 
Señor Portero! y para empavesar estos últimos, les agregan MA- 
YOR, porque Vista mayor!, Portero mayor! dicen algo mas. 



133 

Con franqueza: en un prurito tan jeneral ¿será fácil en- 
contrar muchos que no se rasquen?. . Una de las máximas políti- 
cas del Libertador, es evitar los choques que esta manía debe 
producir, porque en ellos puede peligrar la República . 

Todo pasaje súbito de un estado á otro, causa un sacudi- 
miento en la máquina que, por algún tiempo, le hace ejecutar 
movimientos desconcertados. La Francia, al pasar de la su- 
misión del vasallaje al ?oce de la Libertad, llegó á condenar has- 
ta los preceptos mas ce muñes de la cortesía ¡una nación 

que se distinguió siempre por su amabilidad! — Por costumbre. 
la nobleza Francesa no exijia el homenaje que tributaban los 
Siervos á sus antepasados, en tiempo del feudalismo; aunque, 
en realidad, tuviesen el mismo derecho para exijirlo en sus Esta- 
dos: no había, por consiguiente, un espacio tan grande qué sal- 
var, para elevar á unos y abajar á otros, al nivel la igualdad 
civil — habia, á mas, en Francia, milla»es de hombres de todas 
clases que la educación habia traido á este nivel, sin trabajo . 

Compárense ahora los efectos del Republicanismo en Fran- 
cia y en América. Esta fué siempre un pais de servidumbre, 
en todas las esferas — solo la Polonia y la Rusia se le parecen ; 
y todavía tiene la América la desventaja de vivir aun bajo el ré- 
jimen colonial, y de fundar, en gran parte, sus distinciones en la 
diferencia de colores y en la sucesión de las razas . Así es, que 
los Americanos han pasado, como en sueños, 

del ESTUPOR de la esclavitud, al DELIRIO Republicano. . . 

la ciega SUMISIÓN de Siervo, sin preguntar quien manda- 
ba — ha dejenerado en ARROGANCIA de Señor, sin 
saber quien ha de obedecer . 

Se quejaban antes de no ser bastante subditos, y para estar 
mas sujetos, mendigaban el HONOR DE SERVIR — aho- 
ra, confundiendo la justicia con la arbitrariedad, á 
nadie quieren someterse, á nadie quieren respetar. 

El último ministril de una oficina los mandaba con un tono 
imperioso; y la puntualidad en ejecutar sus órdenes, se 
alegaba por mérito para pedir otras óredenes, en re- 
compensa — ahora, el suplicarles que cumplan con sus 
deberes, es un despotismo^, insoportable . 

Llamarlos á gritos, en las calles, por boca de un lacayo, 
era señal de protección — citarlos ahora cortesmen- 
10 



134 



te ante un juez, darles asiento, y oírlos con atención, 
es un acto de TIRANÍA. 

Antes era costumbre el presentar memoriales de buena le- 
tra, para pedir una plaza de dependiente — ahora, por 
haber probado adhesión á la Independencia, muchos 
esperan en sus casas, que la Patria los busque para 
JEFES de un Despacho; aunque no sepan escribir. 

Cuales presos, por largo tiempo en mazmorras, el solo 
nombre de SEGURIDAD los asusta — y hasta en su sombra 
misma, ven las tinieblas de su antigua PRISIÓN . 



Como la Política se ha comparado con la medicina, en 
este tratado, sígase la idea, y véase en lo que se ha dicho sobre 
el Vitalicismo, lo que losf médicos dan para preparar á una cura 
formal — calmantes en unos casos, y tónicos en otros: después se 
establece el método curativo .... para los enfermos, se entiende 
(y no seria menester advertirlo) Los lectores instruidos están 
en sana salud . 

El mal de la América es inveterado . Tres siglos de ig- 
norancia y de abandono en el Pueblo, y de indiferencia en el 
Gobierno, dan mucho qué hacer hoy, á los que emprenden 
instruir, animar y poner en actividad. De todos los obstáculos 
que tienen qué remover, la APATÍA es el mayor . 

Los Pueblos no han sido Monárquicos, sino Colonos, es 
decir, que jamas pensaron en Gobiernos, sino en mantenerse y 
obedecer . Si el Señor les permitía hacer algo, estaba bueno — 
si lo prohibía, estaba bueno también — y si no les decía nada, 
estaba mejor, porque tenían menos en qué pensar . Viene la 
Revolución, 3/ los saca de la inercia — Con la esperanza de ha- 
cer menos que antes, y de llegar á ser mejores que nadie, por- 
que harían menos que los mas desocupados del mundo, se to- 
maron el trabajo de servir, ó de ajenciar servicios ... sin saber 
lo que era la República, ni con qué fin se intentaba establecer. 
(Nadie creerá que hay jentes pensando todavía, que el Rey es 
un hombre y la Patria una mujer) 

Mientras duró la guerra, se abstuvieron de pedir, y espe- 
raron con paciencia, porque no habia qué darles — cesa la gue- 
rra, y piden con insistencia, porque han esperado mucho. 



135 



«¿Qué pediremos?» (se preguntan unos á otros) 

«Lo que nos prometieron ... es claro 
«Y ¿qué nos prometieron?» 

«DESCANSO Y CONVENIENCIAS» 

«Y ¿ en q u ¿ consiste el descanso — en qué las conve- 
niencias?» 

«El Descanso consiste en vivir sin cuidados — 
«y las CONVENIENCIAS, en ser todos iguales • — • en 
«tener todo barato ó de balde, en nó pagar de- 
«rechos, tributos, alcabalas, ni diezmos, y en 
«hacer, como nos parezca, lo que nos dé la gana. 
«Y ¿i quien pediremos todo eso? 

«Al Gobierno ... es claro» 

Pidamos, pues ,> 

Empiezan á pedir 

los Mineros, fondos 

los Emigrados, empleos 

los Patriotas, recompensas 

los Realistas, perdón ó tolerancia 

los Agricultores, semillas y bueyes 

los Artesanos, materiales é instrumentos 

los Comerciantes, venta, prohibiciones ó privilegios 

los Abogados, majistraturas 

las Ciudades, Colejios 

los Colejios, Universidades 

los Estudiantes, borlas 

los Curas, Canonjías 

los Canónigos, Obispados 

las Catedrales, Seminarios 

los Viandantes, caminos 

los Frailes, novicios ó secularización 

las Monjas, relajación de votor, 

y cada comunidad sus conventos y sus rentas 

todo, bajo el nombre de Protección ó de FO- 
MENTO 

Los soldados quieren ser cabos 

los Cabos, Sarjentos 

los Sarjentos, &c. hasta Jenerales, y 

los Jenerales, Presidentes 



136 



todo por escala 

€¡Si sirvió ó no sirvió! (se quedan diciendo) 

«/Sí es guapo ó cobarde! 

4t¡Si sabe ó no sabe mas que yo! 

«¡Como militar (dice uno) no hay que objetar 

pero ¡de Político! tanto lo entiende él como yo, 

y . . . c quien sabe ? 

€¡De político (dice otro) pase; pero ¡de militar! 
c cuando lo ha sido ? 

«Vaya, que este mundo nadie lo entiende» 

Dejémonos mandar — dejémonos gobernar — así sal- 
dremos . » 

Si se les dice que esperen, se impacientan y murmuran — 
Si se les rehusa, se irritan y maldicen — Explicaciones, no quie- 
ren; porque unos las creen inútiles, y otros insidiosas. . . 

¡ Qué situación la del Gobierno ! 

Solo animado del espíritu que suscitó la Revolución, puede 
un Militar mantenerse en la Silla de la Presidencia. La aceptó 
como un honor debido á sus servicios; no creyendo que para 
mandar paisanos, fuese menester mas valor que para mandar 
soldados — pocos días después advierte lo contrario, y cambiaría 
la tranquilidad aparente de una pobre ciudad, por la incertidum- 
bre, las contrariedades y los peligros del campo. 

«Pero, alguien ha de servir (dice entre sí) — haré lo que 
pueda ... no faltará quien me haga justicia», 

y empieza 

Ministros, Secretarios, Amanuenses, Correos, por una par- 
te — Amigos, Confidentes, Consejeros, por otra . 

Todo el dia ocupado, y parte de la noche. . . . 

Visitas de inspección .... 

Audiencias públicas y reservadas .... 

Viajes, si es menester .... 

Nada omite, y parece que todo se le olvida . . . 

Todo lo emprende, y nada consigue . . . 

1 odo lo pregunta, y nada sabe . . . 

Hace mas de lo que debe, y no se lo agradecen . . . 

Urje un procedimiento, y no halla ley que lo autorice 

Quiere omitir una impropiedad, y se le atraviesa una ley 
que se la manda cometer 



137 



El Congreso lejisló y desapareció, y él como Presidente 
debe sostener lo que no ha dicho, y responder de lo 
que haga en su virtud. 

Mil veces preferiría estar al frente del enemigo (se dice 
cada noche, al acostarse) . El sueño le hace olvidar los pesa- 
res del dia, y al siguiente emprende sus tareas, con el mismo vi- 
gor y con mas esperanzas. 

Cuando mas satisfecho está de sus planes — cuando ma3 
contento con los que le rodean y lo ayudan ... un anónimo 
aparecido sobre su bufete, le denuncia á los primeros por espías, 
á los segundos por traidores y á él lo trata de ignorante, de in- 
moral, de protector de Godos &c. — Aquel dia no come, aquella 
noche no duerme. 

«Mudemos. . . inquiramos. . . disimulemos. . . . dejemos el 

puesto, ó resignémonos á perecer ó á quedar mal . » 

En este momento entra su paje á pedirle órdenes «A las 

«tuyas me pondría po (quisiera decirle) sí supieras aconsejarme 

« — o te serviría toda mi vida, si me sacaras de aquí con honor. 

«Pero, no desmayemos: en los grandes trabajos se prueba 

«la constancia — llámame al Secretario . 

Al momento se le presenta cargado de papeles 
V . E . por aquí — V . E . por allí — y á cada palabra V . 
E . — empieza á leer 

1° 7 pliegos de letra menuda, de un Cura que se queja del 
Gobernador Eclesiástico 

2? Licencia absoluta que pide un Capitán, porque su Coro- 
nel lo arrestó 

3? Un Mapamundi de cuentas, que presenta el Administra- 
dor de la Aduana 

4? Súplica de una Viuda, que reclama su montepío 

5? Un escrito de bien probado, quejándose de la parcialidad, 
de la venalidad, &c. de todo un Tribunal 

6? Una Representación firmada por 40 negociantes, pidien- 
do exención ó rebaja de derechos 

7? El Jefe de la Escuadra, que protesta abandonarla si no 
le dan víveres y pertrechos 

8? Una Vieja que acusa á un Oficial de haber seducido á 
su nieta 

9? Otra que presenta un memorial, pidiendo una limosna que 
su Sobrina espera á la puerta. 



138 

10? En esto entra un ordenanza con un gran paquete á cues- 
tas. . . . el CORREO! 

11° Un Ayudante anunciando al Cura de tal Parroquia, que 
viene á tener el honor de ponerse á los pies de S . E. 

1 2? El Jefe del Estado Mayor 

13? Dos ó tres Jenerales 

14? Diez ó doce Amigos ÍNTIMOS 

15° ¡El Sastre! 

¡Maldita sea la Presidencia! 
(dice p hace cerrar la puerta) 

Al cabo de des horas, ya no es un Gabinete, sino un basu- 
rero de sobrescritos: ni 20 lectores bastarían para hacerse cargo 
de la correspondencia, ei 20 dias — Por 2 ó 3 se recoje, como 
ana clueca, á empollar cartas, alimentándose con Gacetas: las 
Extranjeras le dicen mil picardías, y las de su pais le ponen re- 
mitidos — unos, contra los Prefectos, porque cobran contribucio- 
nes—otros, contra los Administradores del Tesoro, porque no 
pagan á tiempo — otros, contra los Obispos, porque no dan li- 
mosna — otros, contra los Curas, porque no entierran de balde — 
y otros, contra él mismo, porque manda ó consiente las injusticias. 

¡Válgame Dios! (dice, por no maldecir siempre) . No 
tienen ellos ía culpa — Paciencia. iQué haré para dar gusto á 
todos ? . . . Decretar . 

Llama al Secretario, y le dice. . . . «Ponga U.» — 

Pone, y de las providencias no hacen caso. . . . 

Reconviene, y se le quejan 

Los manda obligar, y se resienten 

Todo lo hacen ilusorio 

Lo llaman arbitrario, déspota, tirano . . . 

3? se ofrecen á desempeñar mejor el puesto 

Dicen, que el pobre paga el lujo del Gobierno 

Preguntan por qué el Presidente no vive como los demás, 
si es Republicano 

No saben en qué se consume tanto dinero y uno in- 
terrumpe ... en el banco de Londres . 

¿Y habrá quien quiera Gobernar? 
¿Por qué nó? 



139 

Hay un país donde se entierran las viudas vivas, y nunca 
falta quien se case. 

Con todo se familiariza el hombre — y el Majistrado que 
se oye desaprobar siempre, se acostumbra á no hacer caso. Ci- 
ta la resignación del Rey de Inglaterra, y á todo cargo respon- 
de que está libre en conciencia; sin advertir que el Rey de In- 
glaterra tiene quien lo sostenga, y que el tener la conciencia pura, 
es buena para dar cuenta á Dios, nó á los hombres. 

CONGRESO 

Aburrido y perplejo el Presidente convoca el Congreso: 
fija el dia, exhorta al principio y manda al fin que no haya fal- 
ta — Por lo mismo, se esmeran en faltar: viajan despacio, se de- 
tienen en las ciudades, llegan cuando pueden, y empiezan el dia 
que quieren . En las Sesiones muy pocos hablan, aprueban le- 
vantándose, y á veces, por no dejar el asiento, desaprueban, 
En una mañana despachan 10 leyes, y las que no entran en los 
3 meses de la temporada, se quedan fuera para después — hay 
tiempo. Si ocurre algo entretanto, el Presidente proveerá, y 
si provee mal, se le hará cargo, ó se revocarán sus providencias . 



¿Quien no ve, en este cuadro, el mal de que adolecen los 
pueblos Republicanos — la inutilidad de los esfuerzos que hacen 
sus Jefes, por remediarlo — y la necesidad de ocurrir á otros me- 
dios para no perder el fruto de la Revolución? 

A dos objetos deben dirijirse los remedios que se dicten . . . 
á los NEGOCIOS y á las PRETENSIONES. En los unos, como 
en las otras, se ha de considerar, que ni el Pueblo tiene la culpa 
de ser ignorante y pobre, ni el Congreso la tiene de no poder ha- 
cer el bien que desea — y el Presidente la tiene menos, de no po- 
der ejcutar órdenes que no tienen sobre qué recaer ó recaen mal 
— todas las faltas pueden reducirse á una . . diciendo, 

«En lugar de las Instituciones es la opinión pública, esta 
«está por formar — y nada se hace por instruir. 

Persuádanse los Jefes del Pueblo que nada conseguirán si 
no instruyen . Cuando se les hace esta observación, unos res- 
ponden que el Gobierno no es Maestro — y otros, que para for- 



140 



mar un pueblo se necesitan siglos . Ni unos ni otros reflexionan 
bastante, y no reflexionan porque desprecian la advertencia. 

El Gobierno debe ser maestro 

y para formar el Pueblo á la República 

necesita cuando mas 5 años 

No este el lugar de exponer las razones que lo obligan á 
enseñar, ni de presentarle el plan de enseñanza que debe adop- 
tar. Solo se les dirá que — por haber visto la Instrucción Repu- 
blicana como objeto secundario, han perdido los Jefes mucho 
tiempo, y arriesgan perder el que les queda. 

Con universidades no se hacen fuertes las naciones, ni en 
el rincón de un Colejio caben todos los que deben aprender — 
Suponiendo que allí se enseñen los deberes del Ciudadano. 

Grandes proyectos de ¡ILUSTRACIÓN! al lado de una 
absoluta IGNORANCIA, contrastarán siempre y nunca se 
asociarán — juntos, hacen un MONSTRUO SOCIAL. Ordenes 
para ejecutar lo imposible, pueden lisonjear á los principios por 
algunos resultados felices; pero, al fin, producen desprecio ó DES- 
ESPERACIÓN . No lo creen así, por desgracia, los que man- 
dan — piensan que con DECRETOS han de ilustrar á los Pueblos, 
ó (tal vez) conseguir de la ignorancia, lo que no esperan de la 
razón: el Gobierno muda de aspecto á cada lejislatura, y á ca- 
da nueva Presidencia: un Jefe puede ser consecuente con sus 
principios; pero la Confianza Pública no se forma por la vo- 
luntad del Gobernante, sino por lo que el buen suceso de sus 
providencias hace nacer — no reposa sobre los Ajentes del Go- 
bierno sino sobre el sistema. 

Las razones especiosas que se alegan contra estas verdades, 
aparecen con el siguiente contraste . . . 

Desear saber una lengua extranjera, sin estudiar, es cosa 
muy común, y pretenderlo no es raro — «Señor Profesor (dice un 
caballero al maestro) Desearía SABER. . . el Italiano (por 
ejemplo) : pero advierto á U . que no quiero ser SABIO . Mis 
«negocios y mi edad, no me permiten aspirar á confundirme con 
«un Romano, hablando ; pero me contentaré . 

«con leer de corrido. . . . 
«con traducir sin diccionario .... 
«con seguir una conversación .... y 
«con llevar mi correspondencia. . . . 
lo demás es superfluo. 



141 



«He estudiado la lengua latina, que es la madre de todas 
«las lenguas. . . . digan lo que quieran los que no la saben. . 
«en poco tiempo hablaría la lengua que se me antojase. . . . apli- 
cándome, se entiende &ct. &ct. Tengo algunos ratos qué dar 
al Italiano, porque lo necesito: á mas de que. . . es una lengua 
«sabia, y muy dulce sobre todo en boca de mujeres. Vamos ai 
«caso; U. tráteme como á un principiante; pero sin gramáticas, 
«sin reglillas; porque, como he dicho, estoy al cabo de todo eso, 
«y seria perder mi tiempo . Entremos en el fondo de la lengua, 
«que es lo útil — yo tengo mi plan : ya verá U . que no soy de 
«los mas torpes . 

¡No es nada lo que pide el caballero! 

(dice el maestro á su mujer, que ha estado 
en un rincón, escuchando la *propuesta . ) 

Lo mismo dicen los Gobernantes á sus ministros. 
«No queremos hacer un pueblo de FILÓSOFOS. . . 
«Cultivemos la jente DECENTE . . 
«Como tengamos al pueblo quieto y ocupado, 

respetando personas y propiedades 
obedeciendo á las leyes y á los majistrados 
pagando sus contribuciones, y 
defendiendo el pais 

«lo demás es romance 

«bellas teorías, y nada en la practica 

«la experiencia ha desengañado 

¡No es nada lo que piden los señores! 

que los pueblos obren sin saber por qué, ni para 

que y que sepan ¡sin haber aprendido! 

El resultado, en cuanto al caballero de la lengua, es, que 
después de haber gastado su dinero en autores clásicos y en pro- 
pinas de maestro, sale, al cabo de algunas visitas, mascando los 
verbos auxiliares, y estropeando un par de diálogos. 

En cuanto á los señores del Gobierno es, que después de 
grandes combinaciones y largas vijilias, cada uno, AL FIN DE 
SU TEMPORADA, deja una colección de decretos, unos revoca- 
dos, otros recortados, otros enmendados, y muchos de los vi- 
jentes sin efecto. 



Í42 



Considerando esto — considerando aquello — y consideran- 
do cuanto hay: menos lo que se debe considerar — los CONSIDE- 
RANTES pierden el tiempo y la paciencia y los CONSIDERADOS, 
la esperanza. 

Con una sola consideración evitarian el estar CONSIDERAN- 
DO á cada instante sin fruto. 

«CONSIDEREN» 

que no tienen pueblo, y que pueden formar uno muy bue- 
no, con los Niños y con los Jóvenes que se pierden en las 
calles, y 

ACABARAN DE CONSIDERAR 
r 
Si no lo hacen así, el considerando que tendrá que hacer 
el último Gobernante, será. . . el de la MULA 

«CONSIDERANDO» 



Que se me han acabado las fuerzas 

2? 

Que por mas que quiero andar, no doy sino tropezones 
He venido en decretar y decreto 
1? 

Que debo echarme con la carga 

2° 

Que no me levantaré si no me la quitan 

Los Reyes quedan encargados, bajo responsabilidad del 
cumplimiento de este decreto — Circúlese para inteligencia de los 
interesados, y en descargo de mi conciencia. 



143 



«Nó! (dirán los bien-intencionados) «Nosotros no dare- 
«mos jamas tal decreto: hemos trabajado por la causa, y la lle- 
garemos hasta el fin: contamos con compañeros que no nos 
«abandonarán: respondemos con nuestras cabezas!! 

Está bien. No se habla de servicios que no pueden ne- 
garse — no se trata de intenciones que deben suponerse; pero se- 
rá permitido dudar del buen éxito de la resistencia. Los Pue- 
blos no piden cabezas, sino. . . LIBERTAD. 

Hay en el Istmo de Panamá una compañía de cargadores 
empleada en el embarque y desembarque de mercancías . Re- 
llenan los barqueros un bote de cuantos fardos pueden, por hacer 
el viaje mas lucrativo, y el supercargo lo consiente por salir de 
cuidados cuanto antes . Al llegar á la rebentazon de la ola te- 
men zozobrar, y alijan el bote echándose acuestas los bultos y 
nadando hasta la orilla. «¡Cuidado!» (grita el interesado) 
«ese fardo contiene cosas preciosas!» «No hay cuio, mi amo 
(responde el cargador, dándose una palmada en el pecho) yo 
«/e repono á súmese» (a) ... y los bienes del responsable con- 
sisten en una camisa, que tiene en la orilla del rio, escondida ba- 
jo una piedra . 

Seriamente hablando 



El estado de las cosas no es lisonjero, ni la situación de los 
ajentes envidiable. Una gran responsabilidad gravita sobre sus 
conciencias — tienen razón de figurársela como un peso enorme 
que los abruma — es muy natural que encarezcan sus cuidados y 
ponderen su trabajo — cualquiera exajeracion debe perdonárseles, 
porque no aciertan, ó finjen no poder acertar á expresarse. . . 
por prudencia; pero hacen mal en no quejarse formalmente pa- 
raque se ponga un remedio; las quejas infructuosas son quejidos. 

Nadie debe conocer mejor el estado de las cosas públicas, 
que el que se ha impuesto la obligación de entender en ellas . Al 
Gobierno, y á los que piensan como él en la felicidad de los 
pueblos Americanos, se dedica el cuadro siguiente. 



(a) . No hay cuidado mi amo — yo le respondo á su merced. 



144 



UN PUEBLO INERTE 

por ignorancia 

Sintiendo necesidades 

deseando satisfacerlas 

conociendo .... que debe ocuparse 

pidiendo que lo instruyan y lo dirijan 

desesperándose. . de ver que no lo atienden 

dejándose engañar por sus enemigos 

sirviendo de estorbo ó de intrumento de desorden 

f á protejer cualquiera empresa contra 
dispuesto { su causa 

[ y á contribuir á su perdición 

POS PARTIDOS 

formados de muchos motivos p pocos extranjeros. 

UNO FAVORABLE Y OTRO ADVERSO 





compuesto 




compuesto 


1. 


de bien - intencionados, 


1. 


de indiferentes, descon- 




activos ó inactivos 




tentos ó agraviados 


2. 


de amigos de la causa, 


2. 


de enemigos de la causa. 




declarados ú ocultos 




declarados ú ocultos 


3. 


de comprometidos, por 


o 


de comprometidos, por 




servicios pasados ó pre- 




servicios pasados ó pre- 




sentes 




sentes 


4. 


de Panejiristas de la Re- 


4. 


de Panejiristas de la 




pública 




Monarquía 


5. 


de amigos ó protejidos 


5. 


de amigos ó protejidos de 




de los Jefes Republica- 




los Jefes Realistas 


6. 


nos 
de enemigos personales 


6. 


de enemigos personales de 




de los Jefes Realistas 




los Jefes Republicanos 


7. 


de Ajentes ó Protecto- 


7. 


de Ajentes ó Protectores 




res del buen orden 




de un trastorno 


8. 


de los que han ganado 


8. 


de los que han perdido 




en la revolución 




en la revolución 


9. 


de aspirantes á los em- 


9. 


de aspirantes á los em- 




pleos de la República 




pleos del Rey 



145 



Esfuerzos 

que hacen los partidos . 

El favorable .... y El adverso 



I . por descargar al Pue- 
blo de preocupaciones 
adherentes 

2 . por insinuarle ideas libe- 

rales, y neutralizar las 
serviles que le son in- 
herentes 

3. por remover los obstácu- 

los que oponen las cos- 
tumbres á los progre- 
sos de la civilización . 



1 . por recargar al Pueblo 
de ideas falsas ó absur- 
das 

. 2 por rechazar toda idea li- 
beral, y terjiversar el 
sentido de las que no 
pueden ocultar 

3 . por amontonar dificulta- 
des y exajerar las que 
existen, para retraer el 
movimiento hacia la ci- 
vilización . 



Medios 
que emplean los partidos 



El favorable . . . 

1 . Constituciones de diversas 
estructuras 

2 . tentativas para hacerlas 

valer 

3 . manifiestos anuales de los 

buenos efectos que han 
producido 

4 . Perspectiva de un ventu- 

roso porvenir 



5 . Libertades personales 

6. franquicias de propiedad 

7 . prosperidad del comercio 



y El adverso 

1 . frecuentes recuerdos del 

sistema colonial 

2 . oposición secreta apoya- 

da en el mal suceso de 
algunas providencias 

3 . enumeración de perjuicios 

causados por la innova- 
ción, y por la admisión 
de extranjeros 

4. suspiros por la tranquili- 
dad y aislamiento en 
que se vivia bajo el do- 
minio Español 

5 . Levas 

6 . contribuciones 

7. decadencia del comcicio 



146 



Las constituciones 

pueden considerarse como 
Palancas, y las tentativas co- 
mo Resortes que protejen la 



de 1 



as palancas 



2? 

En la construcción de las Pa- 
lancas, se han ocupado suje- 
tos escojidos por el Pueblo 
Africano de la Isla de Haiti, 
y por los Pueblos Mixtos de 
Africano, Indio y Europeo de 
8 rejiones continentales — 
Méjico, Colombia, Brasil, 
Buenos-Aires, Chile, Alto 
Perú, Bajo Perú, y Guate- 
mala 



Los recuerdos \) la oposición 

pueden considerarse como 
cuerdas, y la enumeración de 
males como pesas añadidas, 
á la pesadez del cuerpo, pa- 
ra hacerlo mas grave 

2? 

El juego de cuerdas y pesas 
estaba hecho, y su buen efec- 
to reconocido . En cada re- 
jion de América han quedado 
Maestros hábiles en el arte 
de hacer los instrumentos y 
manejarlos—Frailes, Clérigos, 
comerciantes, nobles, manda- 
rines reformados, hacen un 
cuerpo de Restablecedores 



USO QUE HACEN DE LOS MEDIOS 

El favorable .... y El adverso 



1' 



Las Palancas se han emplea- 
do en levantar la masa inerte 
del Pueblo de cada Rejion 



1 



Todos se emplean ; unos en 
atar cabos, otros en ligar jen- 
te, otros en halar hacia aba- 
jo, y el resto en echar carga 
de noticias, de América muy 
malas, y • de España muy 
buenas. 



147 



2? 



Al aplicarlas, unas han es- 
tallado, otras se han cimbra- 
do y no cargan 

Se han arrojado por inúti- 
les las primeras — y las segun- 
das, reforzadas, están sirvien- 
do por que no hay otras . 

A costa de mil esfuerzos, 
han conseguido los operarios 
SOLIVIAR las masas de Pue- 
blo — levantarlas no han po- 
dido — se cansan — y por una 
laudable tenacidad, se que- 
dan asidos al instrumento 
mientras recobran fuerzas 



Ni de plan ni de acción va- 
rían — confiados en las pérdi- 
das, averías y descalabros 
del partido contrario, y espe- 
rando que se canse . 



Nuevo medio 



propuesto por Bolívar. 



Bolívar, uno de los principales Ajentes (y el 
mas antiguo) construye una Nueva PALANCA, 
con sus resortes auxiliares y la presenta á prueba. 



Los del partido favorable 

Al ver el APARATO se asus- 
tan, temiendo que, al tocar- 
lo, les caiga encima 



Aprendan á manejarlo 
(les dice Bolívar) 

háganse á un lado y tiren 
con arte 



Los del partido adverso 

Saben que Bolívar trabaja en 
hacer un nuevo instrumento, 
y se inquietan. Lo ven apare- 
cer y se alarman: aprueban 
secretamente los temores del 
partido opuesto: y en públi- 
co predican Liberalismo . 

«Muy bien» (les dice Bo- 
lívar) llegó el dia de ver á 
«UU . interesarse por la cau- 
«sa — ayúdenme á desimpre- 
«sionar las jentes . » 



148 



No! (gritan todos á una) 
La Palanca está hueca y 
dentro viene escondido un 
Rey — por eso pesa tanto. 

Examínenla (les replica Bo- 
lívar) y observen. 
II . que la Palanca Real no 
obra levantando sino com- 
primiendo . 

2 . que su punto de apoyo es 
la IGNORANCIA 

3 . que su Potencia (que es 
la nobleza) alza por una 
extremidad para apretar 
con la otra, y 

4 . que la sumisión del pue- 
blo aumenta la Resisten- 



No! (gritan á una con sus 
adversarios) U. quiere ser 
Emperador y abrir una nue- 
va dinastía. La de los 
Borbones es mejor . 

Por no repetirme (les repli- 
ca Bolívar) respondo á UU. 
lo que á sus nuevos amigos 
— léanlo enfrente . 



Por el contrario 
1 . Que la Palanca Repu- 
blicana no se parece á la 
Palanca Real, sino por su 
duración — su acción es le- 
vantar, nó comprimir 

2 . que su punto de apoyo es 

la ilustración 

3 . que el mérito personal de 

los Ajentes es su Po- 
tencia: esta abaja una 
estremidad para suspen- 
der la otra, y 

4 . que la libertad de pensar 
y decir, alijerando el peso, 
disminuye la Resistencia. 



no, no, no, 



no, no, no, 



No queremos figuras (dicen) 
el instrumento es peligroso — 
hemos hecho varios, por mo- 
delos — enviaremos al Norte- 
América por uno, como en- 



(decimos como ellos) mejor 
es lo que han hecho hasta 
aquí. Que muden, que prue- 
ben, que ensayen — ERRAN- 
DO ACERTARAN: y si llegan 



149 



víamos por imprentas, por 
tornos y por Barcos. 



Pero, si allá es otra la ma- 
sa, son otros los operarios, y 
otros los recursos (replica 
Bolívar) ¿qué haremos con 
máquinas ajenas, construidas 
para otros usos, aunque con 
los mismos fines? 



á decidirse por la estabilidad. 
volveremos juntos á nuestro 
antiguo estado. Fernando 7° 
está abriendo canales y pro- 
tejiendo . el comercio . 

Acá también los podemos 
abrir, y serán nuestros (re- 
plica Bolívar) . Comerciare- 
mos, y los derechos serán á 
beneficio del pais donde se 
cobran . En toda revolución 
hay trastorno, y en toda in- 
novación tropiezos . La Inde- 
pendencia de América intere- 
sa á todos los Esoañoles . 



No importa, (replican) 
desconfiémonos, y sigamos 
imitando y errando . . . 

» 

En hora buena (concluye 
Bolívar) 

A DIOS 



Nó, repetimos . La Repú- 
blica nos cobra patentes, y 
nos impone tributos como si 
fuéramos Indios . Sigamos 
tentando, ó volvamos á lo que 
éramos . 

En hora buena (concluye 
Bolívar) 

A DIOS 



Dos partidos, al parecer opuestos, conspiran al mismo resul- 
tado — piensan diverjir y converjen . Los Realistas, firmes en 
su proyecto y constantes en su trabajo, obran de acuerdo: los 
Republicanos variando de puntos de vista sobre el mismo objeto, 
se desunen, se debilitan y vacilan . Con la mejor intención, pro- 
tejen las miras de sus contrarios — no advierten que los ayudan á 
desacreditar la República p á restablecer la opinión en favor de 
la Monarquía . No será extraño (si así continúan) ver en 
América lo que se ha visto en Francia — entonces podrán los 
Americanos hacer como los Franceses = REÍRSE DE SU DESGRA- 
CIA. Paraque lo hagan mejor, sujiéraseles la idea de un autor 
ascético muy acreditado . 

«Inconsolables estaban los diablos después de la muerte de 
«Cristo, y les preguntó Satanás la causa: «Ya no se condenará 
anadie (les respondieron entre sollozos) «Qué simples» (les di- 
11 



150 



jo el nuev,o Pluton, riéndose á carcajadas) «Bien se ve que no 
«conocéis a! hombre: idos al mundo vestidos de comediantes, de 
«volatines, de músicos; en breve olvidarán los cristianos la pa- 
«sion del Redentor — perderán su fruto — y aquí los tendremos 

«todos . » 

Satanás es Fernando 7" y los diablos de Españoles han 
cantado y bailado, ¡ tan bien ! que al fin han echado la Repúbli- 
ca á los infiernos . 



Pero no será permitido á todos el reírse con tanta facilidad: 
Los buenos patriotas — los comprometidos por servicios — los que 
andan con muletas ó con piernas de palo — los que jimen en sus 
camas ó andan arrastrando la vida — los que se han quedado por 
puertas — los huérfanos — las viudas — los empleados, y sobre todo 
ios jefes militares y Políticos no tendrán boca con qué maldecir 
su suerte. 

Véanlo con tiempo: recójanse á pensar. Todavía PUE- 
DEN SI QUIEREN. 

Fijen su atención en las siguientes verdades, advirtiendo, 

que el entusiasmo precede al fanatismo — que este se parece mu- 
cho á la ignorancia — y que solo la ignorancia es suspicaz. 

Primera verdad. 

Cuando las cosas toman una dirección, algo las impulsa ó 
las atrae, y no es una razón para oponerse a su marcha, el no 
saber á qué punto se dirijen . 

En nuestros tiempos se han dado á luz cuatro especies de 
obras, que á pnmera vista parecen ser, tres de ellas de pura cu- 
riosidad ó lujo de ciencia, y la otra un efecto de la inquietud 
de algunos hombres . El Abate Gerard publicó un tratado sobre 
los sinónimos de la lengua Francesa — La Rive, retirado del Tea- 
tro, se aplicó á enseñar el arte de declamar, á jóvenes que no 
pretendían ser actores. Smith, en Escocia, trató de dar reglas i 
la industria, demostrando en qué consiste la riqueza de las na- 
ciones . Y un gran número de publicistas, en varias partes de 
Europa y en los Estados Unidos, han escrito sobre la sociedad — - 
Cada obra en su jénero debe considerarse, no tanto como un 
cuerpo de doctrina completo, cuanto como una indicación de las 



151 



materias que están por tratar. El Abate Gerard advierte que 
se debe estudiar la propiedad de los términos para no servirse de 
ellos como de clavos ó cuñas — La Rive, que en las Escuelas se 
debe enseñar á leer con sentido paraque los lectores no estropeen 
los pensamientos — Smith, que cada uno debe aprender á gober- 
nar con arte sus negocios para nó quejarse de la fortuna cuando 
le salen mal y el Gobierno á ocuparse en el mecanismo de la in- 
dustria y en dirijirla para no atribuir á los pueblos su ignorancia 
y sus yerros — Y los Publicistas nos hacen ver, que nada de lo 
que hasta ahora se ha puesto en práctica, para arreglar la so- 
ciedad, ha producido el efecto que se esperaba — que todavía no 
conocen los pueblos sus verdaderos intereses — y que es menester 
APLICAR lo que se sabe del hombre, p considerar sus diferentes 
situaciones, para diciarle el plan de vida que debe seguir. 

Segunda verdad . 

Por un orgullo dejenerado en vanidad, los hombres se ocu- 
pan mas en lo que está fuera de su alcance, que en lo que pue- 
den alcanzar — mas en pasatiempos que en su felicidad . 

Indagaciones sobre los atributos y sobre la conducta de la 
Divinidad — Indagaciones sobre el alma, sobre el entendimiento, 
y sobre el libre alvedrío — Indagaciones sobre el orijen y sobre 
la naturaleza de los astros, y sobre si están ó nó habitados — Inda- 
gaciones, en jeneral, sobre lo que eran las cosas antes de ser, y 
sobre lo que serán cuando ya no existan — y entretanto, no se 
acuerdan los hombres de lo que fueron no ven lo que son, y no se 
sirven de la experiencia para operar racionalmente lo que serán. 
Mas les importa hablar de los reyes que de los Pueblos de la 
antigüedad, mas de Atenas y de Roma que de la ciudad en que 
viven, y en jeneral mas de la casa ajena que de la suya. El es- 
piritualismo agrada por dos razones 1 ? porquie mientras los espí- 
ritus están recorriendo espacios imajinarios, otros trabajan para 
mantener los cuerpos — 2? porque lo que aseguran de lo que no 
han visto, está fuera de toda experiencia. 

Tercera verdad. 

Ha llegado el tiempo de obrar como aconsejó Bacon=:tra- 
tando con las cosas, ocupándose en lo material, porque de la 
materia salen las abstracciones . 



i ;>'. 



La sociedad se forma por una tendencia á la unión, y se 
deforma por una tendencia contraria. Todos los Gobiernos se 
componen en virtud de la primera ley, y encierran, en virtud de 
la segunda, un jérmen particular de destrucción — El del monár- 
quico es la nobleza — el del Aristocrático la rivalidad, y el del 
popular la inconstancia. Es menester renovarlos para que du- 
ren y renovarlos con frecuencia para no dejar acumular inconve- 
nientes . Se puede decir, que ninguna especie de Gobierno exis- 
te sino porque á cada instante se está creando . El Rey debe 
correjir continuamente los excesos de su estado noble — el Dux ó 
Arconte, hacer abortar las intrigas de su Senado — y el Congreso 
contener á su pueblo . Abandonados los Gobiernos á su natu- 
ral tendencia, se convierten, el democrático en aristocrático, este 
en monárquico y el monárquico en nada, porque no tiene en qué 
convertrise=la anarquía es su término. 

Cuarta verdad . 

Todo es sistema en el universo: p como el alma del sistema 
c« la unidad de acción, todos se emplean en buscarla . 

Los hombres sensatos son el alma de la sociedad: á ellos se 
debe la idea madre del buen orden ; y la multitud incapaz de fi- 
jarse en un punto, deja al primero que se apersona por todos, la 
facultad de disponer de todas las voluntades, creyendo que se in- 
teresará por el común bienestar, y que no pedirá otra recompen- 
sa que respeto y gratitud. Así sería, si todos los hombres fue- 
sen delicados— no habría engaño ni desaciertos, si todos los que 
se encargan de hacer algo lo supiesen hacer: y cuando la fortu- 
íaa presenta un hombre honrado y sabio al frente de los negocios, 
podrían los pueblos ver cumplidos sus deseos, si en la multitud no 
hubiese una porción dotada de la facultad de desacreditar lo que 
ella no hace, y de oponerse á todo, por un espíritu de contra- 
dicción . 

Quinta verdad . 

No hay cosa peor que depender de las aptitudes tj del hu- 
mor del que manda . 

Para evitar yerros y abusos, han pensado los Publicistas 
en el modo de componer una sola voluntad de la voluntad de 
muchos — han indicado medios — y los republicanos modernos, al 



153 

poner el proyecto en práctica, han tropezado con inconvenientes 
que no esperaban: quisieran modificar el proceder; pero un respe- 
to por los autores los detiene: atribuyen á la ejecución las faltas 
del plan, y se contentan con una apariencia de suceso. . . señal 
de que hay una realidad — es menester buscarla — y si se ha de 
hallar, no será seguramente en la frecuente sostitucion de ajentes, 
sino en una mudanza de sistema, bien calculada. 

Sexta verdad . 

El fundamento del Sistema Republicano está en la opinión 
del pueblo, p esta no se forma sino instruyéndolo . 

Hay una indicación de la necesidad de instruir, en el sentir 
de cuantos piensan, sin prevención, en la felicidad social: todos 
dicen que sin luces y virtudes no hay República; pero por otra 
parte nadie dice cuales sean estas luces y virtudes. Los parti- 
darios del sistema titubean cuando se les cuestiona, y al fin con- 
cluyen con el mayor número que es imposible instruir á todo nn 
pueblo á la vez, ni de una vez — que solo el pueblo puede ense- 
ñar — por consiguiente que es menester esperar. . . ¡esperar que 
e! tiempo enseñe! .... ¿puede el tiempo enseñar?. . Lo puede, 
sin duda, y cada dia da pruebas de ser maestro ... en desenga- 
ños, no en principios: estos no los descubre sino el que piensa en 
la naturaleza de las cosas . El desengaño enseña á desistir ; pe- 
ro no dicta lo que se ha de hacer: los desengaños retraen, inti- 
midan, apocan y al cabo inutilizan: solo el pensador saca parti- 
do de sus yerros — y se sabe que la incapacidad de inventar ó la 
pereza de pensar, hace al hombre imitador. 

Séptima verdad. 

Pocos hombres hay tan privados de discernimiento que no 
puedan comprender las razones de lo que hacen cada dia — Sé- 
panlas. . . la ciencia no es otra cosa. 

Todos son dóciles, cuando creen que lo que se les manda 
hacer les conviene . ¡ ¿ Cuantas obligaciones penosas no se im- 
ponen — á cuantas prácticas ridiculas no se sujetan, por conse- 
guir un fin que nunca alcanzan — solo porque se les ha persuadi- 
do, que el no verlo es una señal de que existe — que el no poseerla 
es prueba de haberlo obtenido?! — las vanas observancias, que 
condena la pura relijion, no son otra cosa . 



154 



Octava verdad. 

Si el hombre es capaz de instruirse — si es necesario que se 
instruya — si cuesta poco el instruirlo — y no se emprende su ins- 
trucción . . . es culpa del que lo debe enseñar . 

Nadie hace bien lo que no sabe, por consiguiente nunca se 
Kara República con jente ignorante — sea cual fuere el plan que 
se adopte . Y no se ha de enseñar á medias — las obras no han 
de estar á medio hacer, sino mientras se estén haciendo. 

Cualquier forma de Gobierno es buena con tal que se sos- 
íenga, (han dicho algunos Publicistas) su error se manifiesta en 
el ejemplo dado en la pajina ¡40 por el Caballero de la lengua. 
La forma de Gobierno es lo que interesa — porque esta consta de 
todas las partes que se f socian para hacer un cuerpo, y cada par- 
le debe tener una figura y una forma subordinadas á la figura y á 
la forma del cuerpo . 

La construcción de un sólido pide cuatro condiciones . 
1 ? densidad de materias 
2- proporción de piezas 
3 a dimensiones de superficies, y 
4 a ligazón 

de la 1 ? depende la consistencia 

de la 2 a la conformación j y estas juntas se Ha- 
de la 3 a — la configuración | man estructura 

de la 4 a la existencia y la duración 

Las miras en la construcción deben ser 

1 ? el uso á que se destina el sólido 

2 a los choques que pueda experimentar, y 

3 a el tiempo que debe durar sirviendo 

En el cuerpo social, los hombres, que son la materia» i:' 
deben tener las mismas ideas de su estado = esta será su den- 
sidad 

deben estar dispuestos, por una educación uniforme, á asociarse 
sin violencia, y á conspirar á un solo fin = esta será su 
proporción 

deben convenir en sus empresas para obrar de acuerdo = estas 
serán sus dimensiones 



155 



deben estar unidos por interés común, y de tal modo dependientes 
unos de otros, que del bien ó del mal que experimente uno 
solo, se resientan los demás por repercusión = esto probará 
que hay ligazón 

Las miras de la sociedad deben ser 

1 ? que los hombres vivan juntos para evitar males y procurarse 
goces 

2? que puedan impedir los choques interiores y oponerse á los 
exteriores 

3? que dure siempre en el mismo estado, aunque aumente ó dis- 
minuya el número de individuos 

Esta es la República. ¿Son citas las miras de los Re- 
publicanos ? 

Unos pueblos echados al mundo, á granel, por la Providen- 
cia — abandonados en gran parte á su instinto en los campos, ó 
apiñados al rededor de un templo en los lugares — viviendo cada 
uno para sí, á costa del que se descuida ó no puede resistirse — ■ 
implorando caridad para que les den — alegando el derecho de 
propia conservación para no dar — encargando á Dios el desem- 
peño de sus deberes — haciéndolo responsable, á grueso interés, 
de lo que gastan en su culto — cometiéndole la venganza de los 
agravios que reciben, — ocurriendo á su conciencia para respaldar 
los que hacen — y contando con una misericordia infinita, para el 
perdón de los delitos que no pueden justificar .... Semejantes 
Pueblos, transformados de repente ¡¡en República!! Reflexióne- 
se. — ¿Será permitido esperar que semejantes hombres protejan 
las miras de un Gobierno, cuya esencia es la armonía, la frater- 
nidad, la justicia? ¿Será juicioso emprender todo con ellos, y 
nada con sus hijos ? . . . ¿ Será razonable despreciar unos renue- 
vos que están prometiendo fruto, por cuidar troncos viejos que 
corren á su fin, y que entretanto estorban, contrarían é inficionan 
sus descendencias con su ejemplo? 

Novena verdad. 

Si los pueblos no pueden ser Republicanos sin las luces que 
pide su estado — tampoco puede ser Órgano de la voluntad del 
pueblo, ei que no la haya consultado, ni Ajenie de sus negocios 



156 



el que no esté impuesto en ellos — tampoco podrá dirijir la Admi- 
nistración el que no la entienda. 

Los conocimientos no se adquieren sin trabajo, y el trabajo 
se extiende en el tiempo . Se deduce, pues, (y debe ser un he- 
cho demostrado para todo el que no sea demente) que el Pueblo, 
sus Representantes, y sus Presidentes DEBEN SABER LO QUE 
HACEN; pero para saberlo lo han de haber aprendido; que para 
aprender necesitan tiempo ; y que cuanto mas tiempo tengan á su 
disposición, mas aprenderán y mejor desempeñarán sus respectivos 
encargos . 

Siendo así, es menester convenir que todo debe ser VITALI- 
CIO, Jueces, Tribunos, Senadores, Censores, Ministros, Vice- 
presidente y Presidente. ¿Se harán también Reyes los Repre- 
sentantes? ¿Proclamarán Rey al Presidente paraque los haga 
Duques? El Presidente no puede ascender á mas, ni los Repre- 
sentantes pueden ser mas que Consejeros: querrán que sus pri- 
mojénitos nazcan Presidiendo y Representando — que la nación 
mantenga ociosos á los demás — , y que todos los primojénitos 
que estos vayan dando á luz hereden el título de VAGOS. . . . 
el pueblo tendrá la culpa si lo consiente. 

El buen sentido predispone á la ciencia, pero no es la cien- 
cia: esta no la da sino el estudio, y el estudio sin práctica es vana 
eiudicion. La declaración de las leyes solo pide saberlas = y 
su ejecución, solo poder forzar á cumplirlas: para hacerlas e« 
menester ser filósofo . j Un Congreso de fiolósof os ! . . . ¡ ¡ qué 
cosa tan rara!!. . ¡Un pueblo, en figura de árbol, dando cose- 
cha de filósofos para cada nueva lejislatura! . ¡¡¡qué pro- 
dijio ! ! ! 

¿Qué razón habrá para encargar una obra tan delicada, 
como la lejislacion, á aprendices — y cometer la declaración y 
la ejecución de las leyes á maestros consumados?. . ¡¿legos dic- 
tando, y letrados notificando?! ¿Se necesitan, por ventura, me- 
nos conocimientos para hacer un reloj que para darle cuerda? 
Dejar al criterio del juez, una infinidad de casos que el lejisla- 
dor no previo, es entregar la lejislatura á la casualidad que hace 
á un ignorante Alcalde. La navegación tiene al astrónomo por 
lejislador y al piloto por juez: con un libro de tablas, una regla, 
un compás y un lápiz, lleva el hombre mas común, su barco á 
todas partes ; pero no debió ser común el que hizo las tablas y 
enseñó á servirse de ellas . Sean vitalicios los Representantes 



157 

para que aprendan á hacer leyes — sea vitalicio el Gobierno para- 
que tenga tiempo de instruirse en los negocios. 

Décima verdad. 

El Gobierno vitalicio no es la obra final de la República — ■ 
su necesidad es provisional: considéresele como el sistema de 
puntales, con que se sostiene un edificio que se va á cimentar ba~ 
jo de obra. 

Los temores de los pocos hombres que conocen el precio 
de la Libertad y que han trabajado por ella, son infundados 
(aunque debe perlonárseles en favor de su celo) En su concep- 
to, el riesgo de confiar el mando por la vida, aumenta en RAZÓN 
DIRECTA del tiempo. . . Se engañan. 

«Con autoridad, armas y dinero, cualquiera se hace Rey — 
«y en poco tiempo, sí es atrevido . Aunque dejen al Po- 
«der Ejecutivo sin nombre, él sabrá ponerse el que le pa- 
«rezca, si le dan con qué pagar aclamadores — y de estos 
«no faltan donde quiera que hay honores y rentas . » 

dice, en la pajina 6, un papel que se publicó no ha mucho, y 
que por desgracia pocos leen: varios lo desprecian porque es de 
un Americano . Si ninguno en su tierra es Profeta ; menos será 
juez: porque cualquier justo puede recibir una inspiración, y por 
muy justo que sea, necesitará talento para juzgar . Es así que 
ninguno en su tierra puede tener talento — luego &ct. ... (sí este 
argumento es bueno, debe ser robado de algún libro extranjero . ) 

No consiste en el tiempo sino en los medios; y si estos se 
ponen á la DISPOSICIÓN del que manda (aun con la mayor re- 
serva) pronto estarán á su DISCRECIÓN . Por mas que velen los 
Liberales sobre la conducta del Jefe Supremo, los Serviles que 
puede hacer con distinciones y con gracias de toda especie, les 
excederán en número y en influencia, y con las armas en la ma- 
no, les impondrán silencio . No hay sino un solo recurso, y por 
fortuna muy fácil. . . hacer que el Pueblo sea REPUBLICANO y 
esto se consigue 

con una Educación POPULAR 
destinando las jentes á ejercicios ÚTILES, y 
haciendo que aspiren FUNDADAMENTE á la propiedad. 
(También dice esto el papel que se cita, en la pajina 8.) 



158 



Por una comparación muy sencilla puede hacerse presentir 
el efecto de este proceder, al hombre menos entendido — Un Ár- 
bol que no tiene qué crecer mas, enmedio de un verdugal de 
plantas que han de ser de su estatura, cada dia se elevarán hasta 
que le igualen (si se cultivan) 

Será entonces el peligro que se teme en RAZÓN inversa del 
¡tiempo, nó en directa. Sosténgase el Gobierno por una Repre- 
sentación NACIONAL bien entendida y VITALICIA, instruyendo al 
Pueblo entretanto, paraque su Representación, ascienda al ver- 
dadero tono POPULAR — distíngase con atenciones á todo el que 
se muestre adicto al sistema — hónrese y protéjase á los que sir- 
vieron, y con especialidad á los que padecieron, y á los que arros- 
traron peligros cuando no habia esperanzas — rodéese el Gobier- 
no de estos sujetos, y. . . Fernando 7? podría ser el Presidente 
de la República aunque fuese inmortal . 

Si se adopta otro plan, aunque traigan del otro mundo á 
Bruto, á Tell, á Washington, y á cuantos Republicanos han 
existido. . . entre las manos se les vuelve Monarquía la Repú- 
blica . La Constitución Vitalicia es un Baluarte contra la Mo- 
narquía, en lugar de ser un Escalón para subir á ella, como lo es 
la Carta Magna que firman los Reyes Constitucionales. 

Undécima verdad. 

El espíritu de la Constitución Vitalicia no se oculta á los 
políticos, ij seria inútil comentar cada artículo para inteligencia 
de los que no pueden ó no quieren entender. 

Muchos intelijentes reprueban los medios empleados en Li- 
ma para hacer adoptar ía constitución, por la ILEGALIDAD del 
procedimiento . ¿ Qué cosas se hacen por trámites legales, en 
3os cambiamientos de Gobierno? Toda revolución está sembra- 
da de ilegalidades que las circunstancias han exijido — el bien 
de la cosa las ha disculpado — y si el proyecto de República' se 
sostiene, no habrán sido ilegalidades sino SABIAS Y OPORTUNAS 
ALTERACIONES: Cualquier cambiamiento favorable al sistema 
es legal — es el punto de que se parte, en la circulación de los 
asuntos públicos . Las Dinastías empiezan por una ilegalidad, y 
al cabo de algunos siglos, el interrumpirlas es una usurpación, un 
atentado, un crimen político, porque la sucesión del que pierde 
era lejítima. 



159 

Duodécima verdad. 

La política es, en substancia, la teórica de la Economía: 
porque los hombres no se dejan gobernar sino por sus intereses — 
t? entre estos, el principal es el de su subsistencia, según las nece 
sidades verdaderas que sienten, según las facticias que se impo- 
nen por conveniencia, p según las ficticias que suponen deber sa' 
tisfacer . 

La ejecución depende de los medios; porque no hay incon- 
veniente que no se venza con medios proporcionados — Que los 
Ajentes del Gobierno duren en sus funciones por 1 00 años ó po>; 
un dia, si no tienen medios para subsistir en el mando y para ha- 
cer ejecutar las providencias que han de mantener el orden, el 
Gobierno perece tarde ó temprano . Lo que no se alimenta no 
vive, y si parece vivir, es porque no puede morir derepente — se 
está muriendo . Hágase lo que se quiera, el Gobierno vitalicio 
como el periódico, morirán antes de tiempo, si no tienen de que 
alimentarse . 

El plan Económico del Gobierno Republicano es, propor- 
cada uno buscar como pueda — mandarle pagar — gastar — y nó 
darle cuentas. 

El plan Económico del Gobierno Republicano es, propor- 
cionar medios para adqurir — dirjiir en la adquisición — reglar los 
gastos públicos por las necesidades — pedir directamente á cada 
uno lo que deba dar para cubrirlos, — y presentar cuenta con 
pago á todos . 

Los Monarcas crean Ministros de Hacienda, esto es, gan- 
zúas ó tirabuzones por efectuar su plan, gastan lo que sacan y 
cuando se ha acabado sacan mas . Agota el ministro sus recur- 
sos y hace observaciones, lo despiden sin oirlo, y buscan otro que 
sujiera nuevos arbitrios . Uno estanca la sal, otro el jabón . . . 
otro el aguardiente, otro el sebo. . . otro el tabaco, otro los 
naypes. . . y los últimos cuanto hay: el Monarca gasta según 
se recoje y los Ministros apuran hasta que el pueblo se enfada y 
se subleva. Los políticos llaman esta final, vicisitudes de las 
cosas humanas, y los economistas la llaman por su nombre vicisi- 
tudes Reales, ó Reales Bancarrotas. 

En la República nadie paga sin saber por qué, ni paga mas 
de lo que debe : no se resiste á pagar, porque sabe que lo que le 
exigen no es dádiva, sino pagamento, y que su deuda proviene 



160 



de gastos que se hacen por su cuenta . De esto cada uno está 
persuadido, y solo el Gobierno Republicano puede persuadir por- 
que enseña . Los que confunden el valor de las voces piensan 
que persuadir es lo mismo que seducir ó engañar. El discurso 
persuasivo tiene una parte de su fuerza en los sentimientos del 
que oye, y el convincente la tiene toda — porque, en realidad, el 
que discurre no tiene mas trabajo que recordar al que oye lo que 
sabe ó lo que siente. Es muy difícil persuadir á un Pueblo que 
no entiende el lenguaje social, y sin una iniciativa en idea de su 
bienestar ¿como se le convencerá? Todos saben mandar y exi- 
jir — persuadir es un talento — y solo podrá convencer el que en- 
cuentre al sujeto dispuesto á convenir en lo que sabe ó siente . 

Los proyectos de hacienda pertenecen exclusivamente á los 
Gobiernos que disponen de los caudales por autoridad — el Re- 
publicano no tiene para qué proyectar; de los tres actos en que 
se divide la creación del fondo público, solo uno le compete. . . 
el de la recaudación . ÍLas necesidades del Estado establecen 
la contribución, y la representación nacional la impone . 

Un Gobierno absoluto no se detiene en formalidades: per- 
sonas . . . bienes raices, muebles é industriales . . . puertas, ven- 
tanas, coches, caballos, perros . . . todo paga ; y millares de 
guardas (especie de ratas ó hurones) diseminados en el pais, 
obstruyen todos los pasajes: en estos hacen de cirujanos — abren, 
rompen, aprietan, meten la tienta y la cuchilla — rejistran botas, 
corbatas, faltriqueras, y como cualquier bulto es sospechoso, to- 
da mujer es contrabandista á sus ojos, y les es permitido averi- 
guarlo con las manos. 

El proceder no es nada decente; pero es el que la Repú- 
blica debe continuar protejiendo, entretanto que una educación 
popular prepara á abolirlo: allá, cuando los muchachos de hoy 
piensen mejor que sus padres, no dirán como ellos dicen. . . mas 
bien quiero que me ARRANQUEN, Jj no me cobren lo que debo: 
¿que tengo yo que ver con el Estado? ¿acaso he pedido \)o Go- 
bierno? c'soij yo Indio, por ventura, paraque me cobren tributo? 
En tiempo del Rey no se veia nada de esto tj todavía nos quie- 
ren hacer creer que somos libres. 

¡ Republicanos ! pensadlo bien . Educad muchachos si 
queréis hacer República. 

En el papel que se ha citado, conocido bajo el título de 
Sociedades Americanas en ] 828, se lee un artículo que, entre 
otras cosas, dice lo siguiente . 



161 



«Si los Padres de la actual jeneracion Americana quie- 
«ren que sus hijos les hagan honor en la carrera social, en- 
ríenlos á la Escuela Republicana, desde temprano y por 
«fuerza — así lo hacen para estudios menos importantes, y 
«no se creen déspotas . 

«¡Entre tantos hombres de juicio, de talento, de algún 
«caudal, como cuenta la América! . . ¡entre tantos bien in- 
«tencionados ! . . ¡entre tantos patriotas!., (tómese esta 
«palabra en su sentido recto) no hay uno que ponga los 
«ojos en los niños pobres . No obstante, en estos está la 
«industria que piden, la riqueza que desean, la milicia que 
«necesitan, en una palabra. . la Patria! y á mas, una co- 
«sa en que no piensan los hombres ilustrados . . ¡ EL HONOR 
«QUE PODRÍAN HACER A SUS CONOCIMIENTOS!» 

Gobierno vitalicio y contribuciones indirectas es 
lo que conviene á los pueblos presentes (porque se componen de 
muchísmios Colonos, de muchos Realistas y de pocos Liberales) 
entretanto se forman Pueblos Republicanos para lo venidero. 
Gobernarlos Monárquicamente, bajo el nombre de República, es 
usurpar al Gobierno Liberal sus formas y desacreditarlo . Con- 
tentarse los jefes con mandar mientras vivan, es no conocer lo 
que pueden. Hagan lo que tantos sabios han aconsejado, lo que 
ha cc:iado tantas persecuciones á centenares de misioneros polí- 
ticos y la vida á millares de soldados. . . hagan LA REPÚBLICA 
y eternizarán sus nombres . Ocurrir, por desesperación, al re- 
medio heroico de la Monarquía, para dar á un pueblo la Liber- 
tad, es matarlo con la buena intención de salvarle la vida — mejor 
habría sido abandonarlo á su enfermedad ; ó en caso de deber 
darle gusto con recetas de vieja, dejar que lo maten los empíri- 
cos y no desacreditar el arte. 

Los Representantes del Pueblo están, por lo jeneral, per- 
suadidos de estas verdades (á lo menos, así debe suponerse) y 
cuando abusan de sus poderes, es creyendo hacer bien (es impo- 
sible que sea de otro modo) Son muchos, y deben discordar; 
pero entre las opiniones que descubren, se ve reinar una muy 
perjudicial, jue es. . . . favorecer la INCONSIDERADA tendencia 
á la mudanza, p las INFUNDADAS pretensiones al mando . La 
incumbencia gubernativa de los Jefes se reduce, entretanto, á for- 
mar Planes Militares, Planes de Hacienda, y formularios para 
libros . Da el Pueblo mientras tiene, ó mientras cree deber dar, 
lo apuran y se resiste, falta dinero y se ocurre á medios violen- 



162 



tos para exijirlo, entra el disgusto, y se desacredita el Gobierno 
este es el preludio de una mudanza, y á fuerza de mu- 
danzas se destruye. 

Solo un Gobierno vitalicio puede obviar estos males por al- 
gún tiempo, y preparar al verdadero Gobierno Republicano que 
los ha de obviar siempre . 

Decimotercia verdad . 

Los Pueblos están en la minoridad — es menester hacerles 
bien sin consultarlos; pero no se les puede declarar, sin injusticia, 
eternamente inhábiles para la Representación. Son menores, nó 
dementes como los Reyes los consideran . 

Los monarcas ilustrados son SEÑORES DE SUS ESTADOS — - 
y los Bárbaros, DUEÑOS de vidas y haciendas. Los Gobiernos 
Republicanos dividen el Pueblo en dos partes. . . la menor edad, 
y la edad adulta: el Presidente es Tutor de la primera y Direc- 
tor de la secunda. 



Después de tantas verdades y tantas consecuencias, es na- 
tural que LOS QUE NO SABEN PREGUNTEN, cuales son las con- 
diciones que ha de llenar el Gobierno, y cuales las aptitudes que 
ha de tener el Gobernante. 

Las condiciones del Gobierno Las aptitudes del Gobernante 

Son Son 

1 ? arreglo de las aspiraciones 1 ? moralidad 

2 a plan de operaciones esta- 2 a sentimientos sociales 

blecido 

3 a orden en el trabajo 3 a conocimiento práctico del 

Estado económico 

4 a . consecuencias en las pro- 4 a del Estado Civil 

videncias 

5 a respetabilidad interior y ex- 5 a del Estado Político 

terior, y 
6 a Constancia 6 a del Estado Militar 



163 

Condiciones y aptitudes del Pueblo. 

Condiciones Aptitudes 

1? Continuamente instruyen- 1? Dueño de un capital pro- 

dose en sus deberes ductivo aplicado á co- 

sas útiles 
2 a Continuamente ocupado 2- Dispuesto á auxiliar, so- 

en cosas útiles correr ó amparar á sus 

semejantes 
3 a Siempre sometido á las 3 a Capaz de defenderse, y 

leyes dispuesto á tomar las 

armas . 

Porque está instruido, obra sin violencia y con acuerdo 

Porque está ocupado, adquiere 

Porque tiene, subsiste 
Todo lo que se hace en la sociedad, es por obligación 
Toda transmisión, es un pagamento 
Nadie suplica — todos exijen 
Nadie pide — todos cobran 
A ninguno le es permitido exentar á otro, del trabajo necesario á 

su subsistencia 
Ninguno tiene derecho á la propiedad ni á los servicios de otro, 

sino en común 
No hay legados ni herencias por sucesión. 

Sin este Pueblo no habrá aquel Gobierno, ni el Gobierno 
subsistirá sin el jefe que le es propio . Solo bajo un Réjimen 
Vitalicio podrán los hombres públicos ocuparse, con suceso, en la 
creación de una sociedad perfecta — en continuas mudanzas se 
desvanece la autoridad, y todo se hace ilusorio . 

Los A j entes han de permanecer en sus puestos, seria y con- 
tinuamente ocupados en formar hombres desde la infancia — 
porque los errores de la primera edad se disipan fácilmente: las 
preocupaciones de la segunda se destruyen con mucha dificultad 
— y las prevenciones, en cualquier carácter, en cualquier sexo, y 
en cualquier tiempo, son casi invencibles . 

Mucho hay qué trabajar y muchas contrariedades qué su- 
frir, sin fruto, en la empresa Republicana, tal cual se ha conce- 



IC4 



íbido en América — en la que puede realizar un Gobierno Vitali- 
cio, el trabajo será agradable, porque, al fin de cada acto, verá 
mn resultado feliz . Las contrariedades no serán de parte de los 
niños que se eduquen, sino creadas (como siempre) por un corto 
número de hombres preocupados de lo viejo, ó prevenidos contra 
toda novedad — un Gobierno Respetable y Constante, tiene de- 
masiados medios para vencer dificultades tan pequeñas . 

CONCLUSIÓN 

Bastante se ha dicho en favor del prójimo, que es lo mismo 
que decirlo en favor propio. Si los hombres, que la suerte ha 
llamado á ocuparse en el bien de sus semejantes, los desprecian 
por distinguirse, perdóneseles la debilidad — vuélvase el despre- 
ciado á sí mismo . . . vuélvase á los que padecen con él (porque, 
ihasta para ser miseraole, es menester serlo en sociedad) y dí- 
ganse . 

«Esperábamos mejorar de suerte, \> nos hemos engañado — 
«conformémonos con lo que somos, que es el colmo de la felici- 
<zdad humana — p si pasamos á un estado peor, usaremos de los 
«derechos del hombre, quejándonos en proporción . Algunos 
«de nuestros hermanos, creyendo salir de sí mismos, hicieron un 
«esfuerzo por libertarse y libertarnos con ellos . . ahora se con- 
sientan con mandarnos: pequeña es la ventaja que nos llevan; pe- 
*.ro si á ella limitan su ambición, démosle gusto obedeciendo — 
«mas han hecho ellos que nosoiross aunque hayan perdido menos 
«en la empresa, p al fin, algo hemos ganado con tener al amo en 
«casa. Si el mando es un premio, el que ha trabajado por ga- 
znarlo, lo pide con mas derecho, que el que lo ha obtenido por 
«herencia: nosotros no tenemos qué disputar, ni esfuerzos qué ha- 
«cer. . . . siempre hemos obedecido CIEGAMENTE, al primero 
«que nos ha querido mandar POR SU CONVENIENCIA.» 

Así puede expresarse una muchedumbre impotente: pero 
la parte ilustrada y pudiente, no debe desesperar: el hombre sen- 
sato ha de considerar en el Pueblo, después de una Revolución 
. . . á algunos, como enfermos incurables ; y á los mas . . . como 
convalecientes nerviosos que de todo se irritan . Ejemplo y 
BUENAS INSTITUCIONES son los calmantes que han de dar á es- 
tos el tono social que necesitan — entretanto. . . . INDULJEN- 
CIA: sobre todo de vuestra parte, militares: vosotros expusisteis 



Lü?) 



vuestra vida por esta causa — el único sacrificio que os resta qué 
hacer, es el de vuestra PACIENCIA. 

«No queremos Gobierno militar (oiréis decir casi á todos) 
respondedles . 

Los militares sensatos no pretenden usar de la fuerza par'-, 
subyugar á sus compatriotas, sino para mantener el orden, entre- 
tanto se instituye el Gobierno — y para llevar su empresa hasta el 
cabo, quieren conservarse en estado de protejerla . 

La Independencia de América se debe á las armas .... 
con ellas se ha de sostener: Los que no han podido tomarlas 
han trabajado bajo su protección ó vivido á su sombra — debe, 
pues, reconocerse el Patriotismo activo POR EL UNIFORME, y 
buscar al rededor del Cuerpo Militar, los verdaderos amigos de 
la causa social. ¿Quien tendrá mas derechos á la confianza del 
Pueblo, que los que abrazaron su caus^ sin misión? . . . ¿que los 
que le dieron la idea de un bien que no conocían? Los militares 
han transformado una Colonia en NACIÓN y llaman á consejo pa- 
ra constituir la nación en República. . . y no pretenden, por 
ello, vincular honores en sus familias, sino dejar una honrosa me- 
moria de sus nombres, á la posteridad Americana . 

Prescindiendo del deber de la gratitud que es sagrado — 
prescindiendo de todo sentimiento de consideración y de respeto 
. . . por cálculo, deben los Pueblos declarar inamovibles los 
cargos que desempeñan hoy los Padres de la Patria. La cos- 
tumbre es una segunda naturaleza: el hombre envejecido en un 
ejercicio, difícilmente se vence para acomodarse á otro, y siem- 
pre llena sus nuevas funciones mal ó á disgusto . Si, por una 
parte, la justicia manda que el trabajo se recompense, la equidad 
pide, por otra, que la recompensa se proporcione — el mejor pre- 
mio que se puede dar por largos servicios voluntarios es la obli- 
gación de continuarles, y si los servicios han sido buenos, el pre- 
mio es lucrativo para el que lo da . 

En la pajina 43 se ha dicho que «Bolívar debe morir sir- 
viendo la causa pública en América, ó consumirse de fastidio en 
un retiro — que por cálculos no dispone el hombre de sus pasio- 
nes — y que la fdosofia consiste en conocerse, no en contraha- 
cerse . » 

Hace 25 años que Bolívar está sirviendo y pocos menos 
cuentan otros que, como él, han llevado una vida activa bajo las 

12 



100 



ajinas ó en el mando: quieren continuar sus servicios. . . ¿por 
qué motivos, ni con qué justicia se les privará de una satisfac- 
ción, convertida en necesidad por la costumbre? — ¿Servirán 
otros mejor? — ¿tendrán mas ó mejores aptitudes? — ¿Será pru- 
dente deshacerse de hombres conocidos, por buscar otros en la 
suerte de una elección?. . ¡y de una elección, en que domina, 
tan poco, el amor del bien público ! 

¿Que razones alegará un Cura, un Abogado, un Campesi- 
no, un Comerciante, que la fortuna de un voto mas en su favor, 
sobre muchos contrarios, sacó del olvido para presentarlo como 

el sujeto mas importante de su provincia? ¿qué razones 

alegará (repítese) para empezar las augustas funciones de Le- 
JISLADOR, declarando sospechosos de ambición desmedida, de 
aspiraciones infundadas, de TRAICIÓN ! y de otras cosas peores, á- 
los soldados por quienes es, lo que en su vida, habría pensado 
ser? — ¿á los que con la palabra y con la espada han elevado á 
millares de hombres (y á él con ellos) de la oscura condición de 
colonos, á la dignidad de ciudadanos? Los sujetos que por sus 
notorios conocimientos, patriotismo y servicios merecieron ser 
elejidos ¿qué mas ni qué mejores razones alegarán que los pri- 
meros? y todos juntos ¿con qué derecho recusarán á los antiguos 
abogados de la causa pública, en el acto en que la están defen- 
diendo? ¿ni qué facultades tendrán para licenciar á los prime- 
ros Capitanes del Ejército, en el momento en que están dete- 
niendo al enemigo? ¿Han consultado los Representantes al Pue- 
blo para semejante procedimiento? 

La Representación no es arbitraria ni prudencial, el Pueblo 
la comete al que cree capaz de hacer por él, lo que no puede ó 
no sabe hacer — nó paraque desacredite sus sentimientos con ir- 
gratitudes, ni sus intenciones con injusticias: no da sus poderes 
paraque, bajo el nombre de VOLUNTAD JENERAL, cada Dipu- 
tado haga valer sus opiniones ó favorezca sus caprichos . El 
manual de los Representantes debe componerse de RAZONES, nó. 
de PARECERES, ni de arterías políticas; porque el Pueblo 
los ha elejido, para representarlo en un personaje social, ador- 
nado de todas las cualidades que recomiendan al hombre de 
bien . 

¡Militares! 

Acordaos que un filósofo os llamé los PERROS DE LA NA- 
CIÓN, por vuestra fidelidad, vijilancia, «docilidad, valor, y sobre 



i67 



todo por vuestra devoción al que os cuida — de todas estas cua- 
lidades habéis dado pruebas 

NO MORDER AL AMO (a), AUNQUE RABIÉIS 

es lo solo que os recomienda un compatriota, que siente no poder 
ser Militar. 



NOTA 

Sobre el proyecto de Educación Popular 

Los que suponen á Bolívar intenciones hostiles contra la Li- 
bertad, no saben TAL VEZ lo que ha hecho por asegurarla 

f no trata de elevar al Pueblo á su 
| dignidad 

.no trata de enseñar paraque lo co- 
El que pretende reinar j nozcan 

| no trata de dar fuerzas paraque le 
L resistan 

f de educación Popular ] lo mandó ejecu- 

El plan -{ de destinación á ejercicios útiles y ¡> tar Bolívar en 

[ de aspiración fundada á la propiedad J Chuquisaca 

Expidió un decreto paraque se recojiesen los niños pobres 
de ambos sexos ... nó en Casas de misericordia á hilar por cuen- 
ta del Estado — nó en Conventos á rogar á Dios por sus bienhe- 
chores — nó en Cárceles á purgar la miseria ó los vicios de sus 
padres — nó en Hospicios, á pasar sus primeros años aprendiendo 
á servir, para merecer la preferencia de ser vendidos, á los que 
buscan criados fieles ó esposas inocentes . 

Los niños se habian de recoger en casas cómodas p aseadas, 
con piezas destinadas á talleres, y estos surtidos de instrumentos, 
y dirijidos por buenos maestros . Los varones debian aprender 
los tres oficios principales, Albañilería, Carpintería y Herrería 
porque con tierras, maderas y metales se hacen las cosas mas ne- 
cesarias, y porque las operaciones de las artes mecánicas secun 

(a) La Patria. 



168 



darías, dependen del conocimiento de las primeras. Las hem- 
bras aprendían los oficios propios de su sexo, considerando sus 
fuerzas — se quitaban, por consiguiente, á los hombres, muchos 
ejercicios que usurpan á las mujeres. 

Todos debían estar decentemente alojados, vestidos, ali- 
mentados, curados y recibir instrucción moral, social y relijiosa . 
Tenían, fuera de los maestros de cada oficio, Ajentes que cuida- 
ban de sus personas y velaban sobre su conducta, y un Director 
que trazaba el plan de operaciones y lo hacia ejecutar . 

Se daba ocupación á los padres de los niños recojidos, si 
tenían fuerzas para trabajar; y si eran inválidos se les socorría 
por cuenta de sus hijos: con esto se ahorraba la creación de una 
casa para pobres ociosos, y se daba á los niños una lección prác- 
tica sobre uno de sus principales deberes. 

El capital empleado en estos gastos era productivo, porque 
se llevaban cuentas particulares con los niños — al fin del quin- 
quenio se cargaban á los existentes, á prorata, los gastos ocasio- 
nados por los muertos é inválidos — y al salir de aprendizaje ca- 
da joven reconocía una deuda al fondo y pagaba 5 por ciento 
hasta haberla amortizado — De este fondo se sacaba con qué au- 
xiliar socorrer y amparar á los miembros de aquella sociedad, 
por corporciones, después de establecidos . Solo el amparo era 
una carga — por el auxilio y por el socorro pagaban intereses al 
fondo . 

El fondo para gastos de establecimiento se creó, por la 1 ? 
vez, reuniendo bajo una sola administración, en cada Departa- 
mento, varias fundaciones, unas destinadas á cosas inútiles y 
otras mal aplicadas. No se obedeció á la VOLUNTAD DEL 
TESTADOR, 1 ° porque si su alma hubiese estado en este mundo, 
habría aprobado (sin duda) el nuevo destino que se daba al 
caudal que dejó á rédito, para vivir con descanso en la otra vi- 
da: 2 o porque los vivos de estos tiempos, mejor instruidos que 
los de los pasados, ya no creen deber consultar sus negocios con 
los difuntos . 

Tanto los alumnos, como sus padres, gozaban de libertad 
— ni los niños eran frailes ni los viejos presidiarios — el dia lo pa- 
saban ocupados y por la noche se retiraban á sus casas, excepto 
los que querían quedarse. 

En cada Departamento de la República debía haber un 
establecimiento igual — no había número determinado, y todos 



169 



entraban voluntarios . En menos de 4 meses reunió la casa de 
Chuquisaca mas de 200 niños, cerca de 50 pobres, y 20 jóve- 
nes de diferentes partes que aprendían para propagar la instruc- 
ción en otras ciudades . A la salida del Director para Cocha- 
bamba, dejó una lista de cerca de 700 niños pretendientes á los 
primeros lugares que se diesen. 

La intención no era (como se pensó) llenar el pais de ar- 
tesanos rivales ó miserables, sino instruir, y acostumbrar al traba- 
jo, para hacer hombres útiles — asignarles tierras y auxiliarlos en 
su establecimiento era colonizar el pais con sus propios ha- 
bitantes . Se daba instrucción y oficio á las mujeres paraque 
no se prostituyesen por necesidad, ni hiciesen del matrimonio una 
especulación para asegurar su subsistencia. 

Bolívar puso un Director, y le asignó 6000 pesos (para 
gastos, nó para su bolsillo) y le encargó ál mismo tiempo la Di- 
rección de minas, de caminos, y de otros ramos económicos . El 
Director mantenía 7 jóvenes supernumerarios, llevaba correspon- 
dencia con todos los Departamentos, conservaba las cavalgadu- 
ras necesarias para sus viajes, y sostenía otros gastos en favor de 
la empresa, con la asignación que se le habia hecho . 

Seria largo entrar en mas detalles — ahora se estaría viendo 
el resultado; pero todos los proyectos experimentan desgracias 
en su ejecución, especialmente los buenos .... ¡EL DIRECTOR 
SALIÓ MALO! 

Prescindiendo de la herejía, del ateismo, de la impiedad, 
del francmasonismo, de la inmoralidad, del libertinaje y de otra; 
gracias de que están adornados los sabios á la moderna. . . en ei 
curso de sus trabajos descubrió varias habilidades — Una sema- 
na la tomaba por jugar á los dados de dia, y á los naipes de 
noche, y cuando le faltaban tercios jugaba solo — Otra, por de- 
moler escaleras, abrir puertas y ventanas, para poner en comuni- 
cación los niños con las niñas. . . ¿cual seria su intención? un 
canónigo la descubrió. . . . ¡protejer maldades! — Otra semana, 
daba en sacarse monjas de los conventos. . . cP ara Q u é seria? el 
capellán lo descubrió; pero no lo quiso decir sino al Gobierne 
en secreto — Otra, daba en la manía de vestir de nuevo á los que 
llegaban desnudos — Otra, se entretenía en destruir templos y 
emplear las maderas en muebles para sus salones — Otra, en en- 
tresacar, como un Sultán, cholas doncellas para su servicio, y en 
cada semana destinaba dos días para sustraer dinero de las ca- 



170 



jas públicas y enviarlo á su tierra (mas de dos millones puso en 
salvamento para su retirada) — Era pródigo, tramposo, no iba á 
misa, no hacia caso de los truenos, vivia en mal estado, no sabia 
la historia ni hablaba latin. 

Continuamente ocupado en proyectos, á cual mas ridículos : 
por tres de ellos se pueden inferir los demás . 1 ? Queria que no 
hubiese sino un solo Seminario en la Capital, dirijido por tres 
Rectores ( ¡ quien ha visto tres Rectores ! ) y bajo la inspección 
del Arzobispo, y que allí ocurriesen jóvenes de todos los Depar- 
tamentos, en número determinado; para impedir (decia) que 
por la puerta de cada catedral, entrasen clérigos á docenas, y se 
llenase la Iglesia de jente desconocida — 2 o pretendía que todos 
los ministros del altar debían ser sabios, y tener una decente sub- 
sitencia: que siendo las rentas, de que gozan hoy, desproporcio- 
nadas con lo que necesitan gastar para subsistir, debían rescin- 
dirse les contratos enntéuticos y arrendar las fincas á precios co- 
rrientes — 3° pretendía que el Gobierno no debia distinguir á los 
hijos por los padres, en la educación nacional . &c . &c . &c . 

Denunciado por sus vicios y ridiculeces, se le despreció co- 
mo merecía y el Gobierno lo declaró por loco — mandó echar á 
la calle los niños, porque Jos mas eran cholos, ladrones los ma- 
chos y putas las hembras (según informe de un sujeto muy res- 
petable que á la sazón era Prefecto del Departamento) — se 
aplicó el dinero á la fundación de una casa para viejos — á reedi- 
ficar un colejio para enseñar ciencias y artes á los hijos de la 
jente decente — á establecer la escuela de Lancaster para la jente 
menuda — á la construcción de un mercado — y de otras cosas 
que hacen el lustre de las naciones cultas (según parecer del Se- 
cretario de la Prefectura) . 

Bolívar (decían varios sujetos principales) por acomodar á 
su hombre le dio una importancia que no tenía. . .» ¿Valiente 
Director de minas! . . que no cree en los CRIADEROS DE PLATA, 
por la virtud de los ANTIMONIOS (antimonios en plural)» 

Cuando se empezó á hablar del tal Director, y á tratarlo 
unos de U . S . y otros de V . E . varias personas ilustradas cre- 
yeron encontrarse con un hombre de baja estatura — sin pescuezo 
— calvo hasta el cogote, con cuatro pelos torcidos en coleta — 
ios muslos escondidos bajo la barriga — piernas cortas y delga- 
das, terminadas por grandes pies, -envueltos en zapatos de paño, 
con hebillas de oro — caja de polvo, rosario en faltriquera, reza- 



171 



dor, limosnero, gran citador de historia, engastando sus frases 
en versos clásicos, y escupiendo latinajos á cada momento — salu- 
dando á gritos desde lejos, y apretando ambas manos al llegar — 
riéndose de cuanto decia en presencia, y en ausencia. . de cuan- 
to le habian dicho. &c Por otra parte las personas timoratas se 
figuraban que el Director debía ser alto, seco, cejudo, taciturno, 
muy sabio, muy grave, muy santo y muy sucio .... 

Ni tan malo como el de Bolívar, ni tan bueno como 
estos . 

El proyecto de Educación Popular tiene la desgracia de 
parecerse á lo que, en vanas partes, se ha emprendido con este 
nombre — y se practica, bajo diferentes formas, con un corto nú- 
mero de individuos, sobre todo en las grandes capitales . Las 
fundaciones son todas piadosas . . . Unas para expósitos — Otras 
para huérfanos — Otras para niños nenies — Otras para hijos de 
militares — Otras para inválidos .... en todas se habla de ca- 
ridad: no se hicieron por el bien jeneral, sino por la salvación 
del fundador ó por la ostentación del Soberano. El Estableci- 
miento que se emprendió en Bohvia es social, su combinación es 
nueva, en una palabra es LA REPÚBLICA: hay en él lo que se 
vé en los demás, por que es una Obra = hay hombres que son 
las materias — ajentes, que son los obreros — lugares donde se tra- 
baja, que son los talleres — Director que es el maestro — é Ins- 
pector (el Gobierno) que es el dueño. Todos los relojes se 
componen de ruedas y resortes, y no son los mismos. 

El Director de semejante obra, debe tener mas aptitudes 
que el Presidente de la República. . . cuéntense. 

1 ! moralidad (nó escrúpulos monásticos ni gazmoñería) 

2? espíritu social (por razón, nó por imitación ni por conve- 
niencia) 

3? conocimiento práctico y CONSUMADO de artes, de oficios y 
de ciencias exactas (Economista, nó mero especulador) 

4? conocimiento práctico del Pueblo, y para esto haber viaja- 
do por largo tiempo, en países donde hay que aprender, 
y con la intención de aprender. El Pueblo no se co- 
noce andando por las calles, ni frecuentando algunas 
casas pobres, para darles una parte de lo que necesitan, 
ó para pedirles todo lo que pueden dar 



LT¿ 



5- modales decentes (sin afectación) 

6? Jenio Popular, para saberse abajar á tratar, de igual á 
igual, con el ignorante — sobre todo con los niños . 

7? Juicio, para hacer sentir su superioridad sin humillar . 

8? Comunicativo para enseñar todo lo que sabe, y en esta cua- 
lidad poner su amor propio; nó en alucinar con senten- 
cias propias ó ajenas, y hacerse respetar por una ventaja 
que todos pueden tener, si emplean su tiempo en estudiar. 
El que piense en esto reconocerá que lo que sabe lo de- 
be al pobre que lo mantuvo, por una porción de años, de 
estudiante — y que no hizo aquel sacrificio, sino con la 
esperanza de tener quien lo enseñase. Los que han 
aprendido á expensas de otro, son libros que han costa- 
do mucho dinero ; mas le habría valido al pobre campe- 
sino comprarse una biblioteca. Los Doctores Ameri- 
canos no advierten que deben su ciencia á los indios y 
á los negros: porque si los Señores Doctores hubieran 
tenido qué arar, sembrar, recojer, cargar y confeccionar 
lo que han comido, vestido 3' jugado durante su vida 
inútil .... no sabrían tanto : . . . estarían en los campos 
y serían tan brutos como sus esclavos — ejemplo los que 
se han quedado trabajando con ellos en las minas, en 
los sembrados detras de los bueyes, en los caminos de- 
tras de las muías, en las canteras, y en muchas pobres 
tiendecíllas haciendo manteos, casacas, borlas, zapatos 
y casullas . 

9? De un humor igual, para ser siempre el mismo con las jentes 
que tenga bajo sus órdenes . 

I 0? Sano, robusto y activo, para transportarse á todos los pun- 
tos donde se trabaje . El Director es el desempeño del 
Gobierno — de su intervención depende el buen éxito de 
la mayor parte de las providencias; porque casi todas 
son económicas, y sin economía no hay Estado . Como 
Ájente inmediato, debe aplicar la mano á las obras, pa- 
ra enseñar — y estar presente para hacerlas ejecutar. 
Desde su casa manda el Gobierno: el que ha de ejecu- 
tar sus órdenes no ha de estar SENTADO despachando 
correos, y cometiendo á otros lo que está obligado á 
hacer — no puede, por consiguiente, tener otro empleo, 
ni tomar el título de Director Económico por honor, ó 



W 



por el sueldo. . . . porque no es colocación ni destino, ni 
suerte, como se dice cuando se favorece á cualquiera 
por empeños. La Dirección Económica no se toma 
para figurar llenando encabezamientos, y haciendo lle- 
nar sobrescritos con palabras HUECAS. Cuando el Di- 
rector escriba ha de decir 

La Dirección Económica manda que se haga tal cosa. 
Y cuando le escriban, le han de superscribir sus cartas, 
diciéndole 

a la Dirección Económica (y nada mas) 
en lugar de 

Al Excelentísimo Señor Doctor Don Juan José Antonio 
Diaz Martínez de Sandoval, Ulloa de Mendoza, Gran 
Director Principal \) Jeneral de Dominios Nacionales, 
Administrador y Encargado especial p particular de los 
Ramos Jenerales de Educación Nacional, Minas del 
Estado, Caminos Públicos, Sendas Xf Veredas. Fábri- 
cas, Manufacturas, Comercio Ultramarino ]j Terrestre, 
Inspector Jeneral de la Industria Agrícola, Bosques, 
Puertos \) Ensenadas, en toda la extensión de la Repú- 
blica &c. &c. &c. &c. 

De todas estas cosas, el Sr. Director no sabe sino 
los nombres, ni cuida de otra cosa . Sus dependientes 
lo engañan, él engaña al Gobierno y el Gobierno a[ 
Pueblo . Hablan todos mucho, y ninguno hace nada 

Debe tener INJENIO, porque en muchísimas ocurrencias 
se verá con las dificultades á solas, y tendrá qué apela™ 
á sí mismo para vencerlas . Hay cosas en que, el que 
manda (sea lo que fuere) no puede ó no debe pedi; 
consejo, ó no tiene á quien pedirlo — es un viaje de alta 
mar: los marineros sirven de mucho con arbitrios de 
maniobra ó de industria en casos apurados; pero de na- 
da en punto á rumbos — ellos manejan las velas; pero 
solo el Piloto manda virar. El Director no ha de es- 
tar colgado de libritos, ni de mapas, ni de recetas, ni los 
que lo necesitan han de estar esperando á que salga del 
Coro, del Tribunal, de la Aduana, ó de la Secretaria 
de Estado, ni á que vuelva de su hacienda, ni á que ha- 
ya cerrado el Almacén. Ha de tener cabeza y manos 



174 



— con cabeza sola sabrá lo que es menester mandar, y 
con manos solas, lo hará cuando se lo manden. . . . 

Desinteresado, prudente, aficionado á las invenciones y á 
los trabajos mecánicos, estudioso, despreocupado, enfin 
. . . hombre de mundo — no ha de ser un simple que se 
deje mandar por los que manda, ni un necio que se haga 
valer por el empleo . 

No habria con qué pagar un Director semejante, 
si por cada cualidad exijiese un premio ; pero quiere la 
fortuna que los hombres, tan felizmente dotados, tengan 
una inclinación decidida á ocuparse en hacer bien, y no 
piensen en atesorar . Es muy fácil obtener de ellos los 
servicios que pide la Dirección, porque los desean hacer; 
no obstante, es muy difícil reducirlos á una ciega sumi- 
sión: el Gobie#no los debe tratar con decoro, porque co- 
mo saben comprar su independencia con el trabajo, no 
mendigan COLOCACIONES. 



Si el Gobierno de Bolivia, en el año 26, se hubiese 
tomado el trabajo de examinar el plan, habria conocido 
su importancia — si hubiese exijido de los que desaproba- 
ban las razones en que debian fundarse, é impuesto si- 
lencio á los que se oponían bajo pretextos frivolos, el 
Alto Perú seria hoy un ejemplo para el resto de la 
América meridional: allí se verían cosas verdadera- 
mente nuevas . 

1 í Un fondo aplicado á lo que todos llaman, Obras DE 
BENEFICENCIA. . . aumentando en lugar de disminuir. 

2? Un bajo Pueblo, condenado (como en todas partes) á la 
miseria, y propenso al desorden. . . . corvertido en JEN- 
TE DECENTE. 

3? Una milicia compuesta de 12,000 jóvenes (por lo menos) 
sin costar un centavo al Erario — armada y pertrechada 
con el trabajo de sus manos y pagando una contribución 
personal al Estado, en lugar de cobrarle sueldo. 

4? En los 4 años que han corrido desde Enero de 26, en que 
se dio principio al establecimiento en Chuquisaca, ha- 
bria (á lo menos) 25,000 personas ocupadas (con pro- 



175 

piedad, por consiguiente) — instruidas en sus deberes mo- 
rales y sociales (por consiguiente republicanas y adictas 
al Gobierno) — los campos estarian cultivados, y los la- 
bradores tendrían casas bien construidas, mobladas y 
limpias — estarian decentemente vestidos — se divertirían 
•on moderación y entenderían de sociedad. . . en una 
palabra, serian CIUDADANOS. 

No se niega que algunos habrían perdido en la 
mudanza. Los burros, los bueyes, las ovejas y las ga- 
llinas pertenecerían á sus dueños — De la JENTE NUEVA 
no se sacarían pongos para las cocinas, ni cholas para 
llevar la alfombra detras de las Señoras — al entrar en 
las ciudades no se dejarían agarrar por el pescuezo (á 
falta de camisa) para ir, por orden de los asistentes, á 
limpiar las caballerizas de los oficiales, ni á barrer pla- 
zas, ni á matar perros aunque 'fuesen artesanos — los ca- 
balleros de las ciudades no encargarían indiecitos á los 
curas, y como no vendrian, los arrieros no los venderían 
en el camino. ... lo demás lo saben los hacendados. 

¿No habia de ser ridículo el proyecto de EDUCA- 
CIÓN Popular?. . . El de la República lo es mas pa- 
ra centenares de Príncipes y Ministros — para millares de 
nobles, clérigos, frailes y comerciantes — y para millones 
de siervos acostumbrados al réjimen feudal . Con todo, 
los españoles del nuevo mundo quieren ser Republicanos . 

¿Lo serán por los medios que han empleado hasta 
aquí? 

¿Se reirán de las sentencias, de los consejos, y de 
los cuentecitos del Defensor de Bolívar?. . . 

RlRA BIEN QUI RIRA LE DERNIER 



ÍNDICE 



Págs, 



Datos biográficos de Don Simón Rodríguez, por Don 
Eloy G. González (de la Academia Nacio- 
nal de la Historia, de Venezuela) . , . . . . V 

EL LIBERTADOR DEL MEDIODÍA 
DE AMERICA 

Introducción á la defensa 7 

Mérito de la defensa 9 

Orijen natural y social del Jeneral Bolívar .... 12 

Su carácter 12 

Su conducta moral 12 

Su conducta social . 13 

Fundamentos para establecer el juicio 

Primer fundamento 16 

Segundo fundamento : . 17 

Tres modos de leer un libro :•• • • :•: 22 

Tres modos de dar su parecer 22 

Objeto de la defensa 22 

Mérito de la Causa: cuerpo de delito. ..... . 23 

Acusación del Populacho 3 25 

Preliminar á la defensa •: e 3 3a B a 25 



Págs. 



Bolívar es un tirano: sus injusticias y su violencia. . 29 

Su crueldad, su despotismo 30 

Carácter que deduce el vulgo de la conducta de los 

Jefes • 32 

Popularidad de Bolívar es aparente 39 

Liberalismo de Bolívar es aparente 40 

Finje Bolívar renunciar el poder para asegurarse me- 41 

jor de él 

Protesta no querer mandar y hace cuanto puede pa- 41 

ra perpetuarse en el mando 

Se han descubierto sus maniobras 45 

Las sospechas son razones en política 48 

Comunicaciones interceptadas 53 

Entró en el Perú sin ser llamado 56 

Y al entrar no se presentó á pedir órdenes de la Au- 
toridad Suprema 56 

Usurpó á los hijos del Perú la gloria de su Inde- 
pendencia 59 

Deshizo un ejército de 1 7000 hombres 62 

Reformó cuerpos, postergó á muchos oficiales y des- 63 

pidió á otros sin retiro 

Agotó el Tesoro del Perú para enriquecer a Co- 63 

lombia. . . 

Puso en los primeros empleos realistas en lugar de re- 66 

publícanos 

Realistas europeos . 66 

Realistas americanos 68 

Nota al Gobernador Eclesiástico de Trujillo. . . 73 

Nota al Vicario apostólico de Chile 74 

Se rodeó Bolívar de jente mala con desprecio de la 75 

buena 

Incivilidades que cometió en el Perú 81 

Anarquizó al Perú y á Colombia para hacerse ne- 
cesario 85 

Es un monstruo: letanía de dicterios 88 

Manifiesto de D. José de la Riva Agüero. ... 90 

Testigo el mundo entero 99 

Respuesta al" populacho 1 00 



V 



179 



Págs. 



Coronación 1 02 

Conclusión de este artículo 1 20 

Vitalicismo \21 

Conducta del Pueblo con el Gobierno y del Gobier- 
no con el Pueblo 1 32 

E.1 Pueblo y sus partidos 1 44 

Verdades en favor del Vitalicismo 150 

y siguientes. 
Condiciones y aptitudes del Gobierno, del Gober- 
nante y del Pueblo 1 62 

Conclusión 1 64 

Nota sobre el proyecto de Educación Popular. . . 167 



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