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Full text of "Del origen de las sociedades"

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DEL ORIGEN 

DE LAS SOCIEDADES. 



TOMO PRIMERO. 



Jovre ¿a jdo¿emma^ y/^ 

DONDE SE YErX 

El origen cierto de las desigualdades , de las propiedades, 

de los derécliíos , -de las autoridades^ de los í»oderes , de lat 

soberanías, de las ciudades, de las lejes, de las constituciones. 

de la yida nómada , de la vida salyage , &¿c. 6cc. 

T SB probarX invenciblemente 

i.^ Que los hombres jamas fueron iguales en derechos* 
a.® Que jamas hubo pactos sociales. 
5.^ Que jamas residió la soberanía en les pueblos. 
4-® Que los soberanos la reciben de Dios , en toda propiedad 
por derecho de nuestros padres prímitÍTos. 

POR EL ÁBATE THOREL. 

TERCERA EDICIÓN. 

Traducida al español por el mismo que tradujo y pu^ 
blicó en 18 13 la segunda edición que dio a luz su res* 
petable autor en 1809 con el título de Voz de la Natu- 
raleza sobre el origen de los gobiernos. 



MA.DRID 1823. 

IMPRENTA DE D. MIGUEL DE BÜRGO& 



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Date magnifícentiam Deo aostxo. 

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\ NOTA.-^^'*^o ivi'-.Vv 



j t f I j t tí ^j^.i ^,\t 



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V . 'Se ha manifestado una gmttde <jd¡nk<^ 
chn á ¡avista de las cuatro as^mione^iprisr 
cedentes-; que c&ntí^ariaa ú espíritu -ptéivi^i 
sé M'Jtecho la\ qm parece ■ imposible i paña 
que-no^fííeshi conoéidas\, aiimck(ida$;is\m 
pMóadas, y para obstrMrrm \todos\ ;{q,^ 

medios de hacer lo'f^'''y se fm.cmda. que- m 

ptíMtitíHdóS'díasvsin que fues^\mbaHda^ 

hasta reducirlas údmúadav pera daim^ >y^ 

iu téréera edidok-, -y ni aun km éda. atar 

''■"'' A^m^a pFiticipalmentédúda^^uafttUyá 
^saher: ^ue nuéstro^ysbbBranps sanjiueiítrós 

padres y se ha :griMúkjk' no"v:-edad,>.3/i'\í<? . Aa 

querido condefhgttíos' al iSÍknc¿oyperoi;-kar 
hiendo' fuMadó é^iaMoctrina eit los libros 
sagrados, léidola en todas las historias, y 
visto que todoslos pueblos prikitiws.comQ 
/oí Asirios, Ismaelitas, Gánaneos, &a //i^ua- 
ban el nombre de sus padres, y que. {según 
Bossuet) llamaban á sus soberanos Abimeleck, 
que quiere decir mi padre el rey; hemos 
respondido con los apóstoles: ¿no es mas 
justo obedecer á Dios que á los hombres ? 



Hemos observado qiié la moral Evan- 
gélica que parecía nueva en tiempo de los 
•áp&s^leSyúratan anti^tm como elrñmido, y 
■tói^ ésta patemidacl Bobeíaaa que nos parece 
e^trma porque- había sido, olvidada y no dejó 
■^ é^i^iir mtes . de todas nuestras fábulas 
conv^náOMles; que después \de tantas cala-r 
rfádades y (revoluciones sera, en fin\ preciso 
'que^supiesen-Jos\ pueblo^ qm se la hablan 

heéko perder de 'msta-.'.que ■ sus .sobepams 
■m $ort«us> encargados 'íi»a sus padKe&¿ «ó 
soto dé nombre ,. sino e^ .efecto; m.solo, m 
figura, sino investidos en realidad por stíce^ 
^ion>- yeonhithcion de k\ autoridad, .paterna 
dr^ ios. padres primitivoS't' q^^ nos es muy 
desagradable contrmrimié espíritu púMi-co; 
perom^imposibh^dejarjdC'. piéUcar lo que, 
nos' tífirtham todas lasMmriaS^ y testifican 
los buenós-.^utores; y por. último que esta 
nmv^y que desagradará^acésoAalgunos , ha- 
rá Ids delicias del universo .cwando se: vea 
confirmada por todas las pruebas posibles, 

Non possumus qa» vidimus, et audmmus non loqui. 



A LOS LECTORES. 



A> 




.unque las doctrinas homicidas hayan dirigido mas 
especialmente su pu&il contra la persona sagrada de los 
Soberanos , es sin embargo cierto que no han perdonado 
á estado alguno ; y así tenemos el mayor interés en co« 
nocerlas. 

¡Cuál será la sorpresa de los que viven en el error cuan- 
do sepan que estas doctrinas so^ precisamente las que se 
quieren establecer en nuestros dias por todas partes ; á sa- 
ber : las 'de la igualdad , délos pactos sociales^ y de la so^ 
berania del pueblo! Guando colocándose detras del velo 
en que se ocultan vean claramente que ellas son las que 
tienen en sus manos el cabo de las escenas sangrientas que 
pasan á nuestra vista ; las que sin manifestarse hacen ha- 
blar y mover á todos los actores , dirigen sus puñales y de- 
güellan todas las victimas ; cuando conozcan que nos pre- 
sentan á lo lejos una fantasma ilusoria de felicidad para 
hacernos caer en los abismos de calamidades que nos han 
abierto ; que como las pasiones que las han engendrado no 
nos embelesan por la dulce melodía de sus cantos sino pa- 
ra devorarnos en sus rocas ; y en fin , cuando lleguen á es- 
tar bieti seguros qué en lugar de hablarlas es preciso huir- 
las; en vez de escucharlas, es preciso cerrar hermética- 
mente los oidos; que en lugar de procurar establecerlas, es 
preciso trabajar por destruirlas prontamente, sin lo cual 
caminaríamos á pasos acelerados hacia la disolución del 
mundo, precipitándonos todos, aun los que viven en el 
error , bajo sus ruinas. 



¿Cuáles 9 por firif son las doctrinas homicidas que ar^ 
ruinan al universo P su nombre^ sus principios^ sus ca» 
r aderes distintivos^ y sus progresos espantosos; superfi* 
dia 5 su perversidad , y los verdaderos principios á que es 

urgentísimo volver?. Si se lee con imparcialidad esta 

obra, se hallará claramente en ella esta manifestación. G> 
mo en Francia no ha sido conocida ann , porque ha- 
biendo sido compuesta en la emigración, la segunda edi- 
ción se consumió enteramente en pais extrangero mucho 
tiempo antes de la caida del usurpador, será acaso oportu- 
no que se sepa lo que han pensado de ella sus primeros 
lectores. Nos contentaremos con citar solo dos cartas cuyos 
autores son bien conocidos ; el uno magistrado , y el otra 
eclesiástica en estada de poder juzgan 



Carta de lín célebre Magistrada escrita al editor en 
Viena^ cuando dio su primera edición de 1 8 o 7^ 

Desde que se empieza la lectora de este tratado , se ad- 
mira que no se haya presentado antes al espíritu de todos 
los hombres una concepción que con razón puede mirarse 
como nuera. Se siente aun mas cuando se consideran los 
excesos y las extravagancias á que han dado ocasión lasteo» 
rías imposibles , y por consiguiente las quimeras de la sobe- 
ranía del pueblo y del contrato social. Los principios que se 
establecen en esta obra destruyen con igual suceso el siste- 
ma de Hohhes , y el estado pretendido de naturaleza que con- 
duce al contrato social , y no es otra cosa que la guerra de 
cada individuo contra todos. Se hace ver aquí que los me- 
jores publicistas y como Puffendorf^ no han estado libres de 
estos sueños sistemáticos ^ y que los grandes políticos como 
Bossutt y Aguesseau rio 'atacaron positivamente estos princi- 
pios y aunque .combatieron sus consecuenciaj infaustas* £1 
aator de esta obra , muy católico en todos ios pantos , su- 



3 

he hasta el origen primero de toda autoridacl , y corriendo 
desde este origen sagrado, sigue todos sus ramos y todas 
sus diyisiones. Así como la filosofía se ha empeñado en bus- 
car los medios de degradar al hombre , comparándole á las 
bestias que habitan en las selvas , el autor le destina un la- 
gar honroso en la sociedad , de la que le hace Monarca y 
Legislador. 

Lo que sucede en todos los pueblos 4 de que nos dan co* 
nocimiento la historia y los yiageros , «ucederia en los que 
podrían formarse en lo sucesivo por colonias establecidas 
bajo las órdenes de xin gefe. £1 plan de lá obra es simple 
y claro. Establecido ya ,* se hace de él una demostración , y »e 
sigue perfectamente un raciocinio. Se acomoda á todos los ra- 
mos, á todos Jos pueblos y á todos los paises i y es de la mayor 
importancia el que se generalice y sea conocida esta obra» Con ra- 
xon la dedica el autor á los gobiernos y á los pueblos , porque 
defiende á unos y á otros. Por ¿eductor que parezca su tí- 
tulo , nada anuncia ni promete que no se ha{le justificado 
en los motivos , en la exposición ^ en las pruebas ó la apli- 
cación de esta obra : y los hombres sistemáticos que lleguen 
á leerla sin prevención | se avergonzarán justamente de sus 
errores* 



Otea carta fecha en Londres en 5 de julio de 1809 
cuando dio el autor su segunda^edicion. 

Debo felicitaros M* por el suceso que debe coronar vues- 
tros trajjajos. £1 primer volumen dio en todas partes un vi- 
vo deseo de ver el segundo. A nadie oigo que le haya leí- 
do que no este perfectamente satisfecho. £1 objeto es de una 
utilidad general. Vuestro modo de tratarle le pone al al- 
cance de todos. Vuestras pruebas son demostraciones que 
se repiten, b^jo todas las formas, sin hacerse pesadas. Se in- 
culcan en ellas las verdades que desenvuelven ; y habéis ha«- 
Uado el secreto de dar interés y calor á unas materias que 
debían creerse áridas y secas. 

Ko me debéis gracias por las penas que me he tomado; 

'^ ■>: A: 



•y no dudo que , si las merezco , se encargarán del recono» 
cimiento los mismos suscriptores después qae bajan leído 
Tuestra obra : ; : : : 



Nota. Coma sqIo la verdad merece elogios , toca á cada 
uno el yer basta qué punto son merecidos. Pero como esta 
historia será una simple exposición de las obras de Dios y si 
se la deben elogios , no será á nosotros, sino al que tan per- 
iectamente ba subordinado las sociedades. Date magnificen^ 
tiam Dto nosiro. Dei perfecta suñt opera, JLo cierto es , que 
cuantos ban leido las dos primeras ediciones , las dan los mis-* 
mos testimonios y ya de palabra y ya por escrito* 



%w,/m^^^^^^^¿m^^é^^M. 



CUESTIÓN PRELIMINAR. 

¿Es cierto que fueron los ptsehlos los que se 
dieron gobiernos ; y que antes fueron los 
hombres iguales en derechos ? 



RAZÓN DE DUDAR. 

I X-ya primera razan de dudar es qoe una infini- 
dad de graves autores como Aristóteles » Platón , £os^ 
suet, Fenelon, y otros infinitos que citaremos en el cuerpo 
de la obra , pretenden que es el Autor mismo de la natu- 
raleza el que subordinó el orden social por la sucesión sola 
del nacimiento. Luego si ea Dluo , no somos nosotros. Si 
lúe él 9 no fueron los pueblos : y siendo él, es precisa ado- 
rarle coma autor y ordenador de las sociedades. Trans- 
ferir á las criaturas los homenages que son debidos al Cría* 
dor , es una sublevación impía que merece * el enojo- del 
Todo* poderoso. Date magnificentiam Deo nostro. 

II La segunda rawn de dudar es que todos aquellos 
á cuyas manos pudieron llegar nuestras dos primeras edi- 
ciones durante la i^evolucion , se han unido á los autores 
que kemos citado para proclamar al Todo-podqroso como 
verdadero ordenador de las sociedades; y estamos seguros 
que todos los que Weguen á leer sin parcialidad esta terce- 
ra, le harán los mismos homenages. Date magnificentiam 
Deo nostro. 

III La tercera razón de dudar es la obscuridad de es- 
ta opinión. Se dice en nuestros dias que no se halla ya en 



6 CUESTIÓN PRELIMINAR. 

nuestras buenas obras aquella noble simpl¡cídacl que hizo 
e! carácter distintivo de la bella edad de nuestra literatura; 

y se pregunta ¿cuál es la razón de esto? Pero es muy 

Bencilla ; i saber, porque «s falso y esencialmente obscuro; 
pues que si Dios es d que ha arreglado el orden social , to- 
do el universo debe volver sobre este punto i las tinieblas 
de una afrentosa idolatría. ¿Cuál es el <mgen que damos 
hoy á las sociedades? Guerreros, -conquistadores, ^Idados 
felices; grandes asambleas, llamadas j^c¿05 sociales^ en las 
que reunidos los pueblos después de haberse dado gefes, 
soberanos y legisladores, distribuyeron á cada uno plazas, 
bienes y honores , con condición de que se emplearían en 
hacernos felices ^ sin lo cual se anularía el pacto social. Po- 
nemos por testigo de esto i todo ^1 universo, Y ve aquí 
lo que hemos puesto en la plaza del grande Ordienador, y 
los sistemas que casi hemos adoptado generalmente. Pero 
isi todos ^estos sistemas son falsos, ^i son absurdos é ímposi* 
bles, y si se hallan generalmente desmentidos por todas las 
historias, iodos Jos hechos y todos los monumentos,. ¿no 
tendremos razones /|í)oderosa8 para /examinar «i jaós habré* 
inos engañado?»..... 

IV Za cuarta razón de dudar son Jos absnrdbs in» 
reparables de «ste Viátettia ; porque para poder atribuir á 
los pueblos el arreglo del orden social , sería preciso que 
Dios hubiese creado á los hooibres ^absoluta^lente iguales 
en derechos. Por pocas desigualdades que hubiese , serian 
los que tuviesen derechos, los que hubieran constituido, y 
el resto del pueblo hubiera sido excluido. Hombres absolu» 
tamcnte iguales en derechos hubieran sido hombres sin 
padres ni madres. Porque todo el mundo s«be perfecta- 
mente que los padres y ¡as madres tienen derechos natu- 
rales de autoridad sobre los que les deben la existencia. 
Luego la igualdad absoluta de derechos parece una qúimerai. 
Hombres absolutamente iguales en derechos hubieran 

sido hombres sin cuerpos Porque ¿qué es la propie* 

dadt..... Lo que me pertenece peculiarmente. Mipropie» 



CUESTIÓN PRELIMINAB. 7 

dad €8 mi cuerpo, roí alma, mis facultades, tanto espiri* 
tuales como (Corporales, y los bienes qne yo gano por su 
medilo» Za .autoridad que tengo sobre mis hijos es mi 
propiedad 9 porque soy yo el que los ha engendrado. Los 
derechos que tengo sobre mis producciones son mis propie- 
dades ,, porque son el fruto de mis traba jps. Luego la iguaU 
dad absoluta de derechos es una quimera. 

Hombrea absolutamente iguales en derechos,, hubieran 
sida hombres sin ganados,, porque si los criaban, hubieran 
sido propietarios^... No hubieran tenido tiendas , cabanas nt 
casas , porque si lasr hubiesen tenido , deberían ser propie-^ 
dad de los que las construyeron;: hombres sin pasiones, 
porque coa ellas hubieraa sido necesarias leyes para conté* 
ner á los- malos; hombrea sin necesidades, porque ¿qué me* 
dio hay para satis&cerlaa sin reunirse?..... Hombres que vi- 

viesea en pais- donde no hubiese bestiaa feroces , porque 
¿qué medio podrían hallar para andar vagando en los bos» 
quea coa sus hi jos^ sin ser devorados?..^.. Scc. Sea Segua esta 
multitud de absurdjos , y otros infínitoa qne se presentan 
por sí mismos al espíritu, se haa burlado Fo/íer y Buffort 
y otros muchos de este estada primitivo de igualdad , que 
justamente han impugnado los buenos autores como una 
fábula absurda que no existió jamas. Ut convnentum philo-' 
soficum^ 

V Za quinta razart de dudar son las difícultades in- 
concebibles de los pactos siKÍales ; porque después de ha» 
ber dispersado á los liombrea en loa bosques , fue preciso 
al fin reunirlos para que se diesen gobiernos. ¿Pero dónde 
se celebró esta inmensa asamblea?.... ¿Quién la convocó?.*.. 

¿quién la presidió y recogió loa votos? ¿dónde están , como 
dice M.. Bossuct ^ sus actas y sua monumentos?...... Si todoa 

los hombrea se convinieron desde luego en dispersarse, ¿ por 
qué delirio inconcebible se convinieron después en reunir- 
se?..... Si fueron tan libres y tan felices en los bosques, 

¿por qué no permanecieron en este estada delicioso ?.... ¿Có- 
mo hombres que se habian separada por inclinación para 



8 CUESTIÓN PRELIMINAR. 

ser libres, se decidieron después á reunirse para someterse 
á leyes y castigos que hubieran querido evitar?.... 

Aun no hasta esto. Guando fué preciso darse gefes, ¿có- 
mo tantos millones de «salvages se determinaron á ello ? 

¿Cómo estos millones de voluntades se pusieron de acuer- 
do?..... ¿Cómo se les dieron después poderes universales so- 
bre todos ellos? Según esta serie inconcebible de impo- 
sibilidades se han convenido todos los buenos autores en 
despreciar los pactos sociales , sosteniendo que los hom- 
bres no estuvieron jamas sin gefes y sin gobiernos. 

VI La sexta razón de dudar es , que esta opinión es 
absolutamente contraria ala fe '^ porque es defe^ que por 
solo la serie de generaciones, es Dios el que ha dado un 
gefe universal al género humano ; uno á cada rama de él^ 
y uno á cada familia, y según esta opinión, no pudieron 
los hombres tener gefes antes de los pactos sociales. 

Es de je que Dios nos ha dado todos los bienes : ¿l 
quo bona cuneta procedunt ^ y por aquella opinión hubie- 
ra sido el pueblo el distribuidor de todo en los pactos so- 
ciales. ^5 de fe que no hay un solo poder que do venga de 
Dios. Non est potestas niú á Deo\ y en esta opinión no 
hay uno solo que no venga de los pueblos. Para admitir 
los pactos sociales^ seria preciso renunciar á un mismo tiem- 
po a /a razón y á la fe. 

YII Añádase á todo qtie estos sistemas no nos han dado 
jamas sino promesas falsas , luces falsas^ é ideas falsas. 

Promesas falsas. ¿Dónde está en efecto esta felicidad 
indecible, y esta edad de oro que se prometió á los pue- 
blos luego que se diesen á sí mismos gobiernos?.... Van pa- 
sados ya treinta años que se los están dando , y al cabo son 
mas miserables , y están mas oprimidos de impuestos , y 
se ven mas perseguidos..... 

Zuces falsas. En lugar de las producciones luminosas, 
de los bellos siglos de nuestra literatura , ¿qué se nos ha 
dado en el nuestro? Obras sofísticas, embrolladas é im- 
perceptibles, tales como eZ libro del Espíritu^ él Contrato 



CüESTlON^ PBELIMINAR. 9 

Social y otros 5 expre^loaes gigantescas, términos pomposos, 
gracias de frases estudiadas, ea las que es preciso líetenerse 
para hallar su sentido; la pérdida de la verdad, la de la 
simplicidad y del buen gusto ; juegos de palabras, chispas 
de espíritu que se extinguen en el aire, y aumentan las ti- 
nieblas cuando se apagan ; fuegos fatuos que después de po* 
seamos de ilusión en ilusión nos conducen á-los abismos de 
la inmoralidad, de las calamidades y de las desgracias. 

VIII Ideas falsas sobre el pueblo ^ porque ¿qué $e en- 
tiende por esta palabra. /jaeWo que se da gobiernos?.... ¿Es 
la universalidad ? Es imposible , porque la universalidad 
de un pueblo no se ha reunido jama^. ¿Será la mayo- 
riaP Pero h mayoría de un pueblo es un tropel innu- 
merable de pobrea^, de mendigos, de bandidos, de obreros, 
y de individuos que no respiran sino el saqueo y la muer- 
te de los que tienen; y por consiguiente se ocupan aolo 
del trastorno de los gDbiernos. Asi es como bajo la palabra 
Taga de pueblo se entr^ i los pueblos mismos á lo que 
hay de mas terrible en bs estados ; ál furor del pueblo ba- 
jo , que siendo. el mas numeroso, pedirá siempre represen? 
t aciones en razón del' gran número.^ 

IX Ideas falsas sobre la libertad. Porque ¿cuál es la 
libertad que nos ba dado Dios en el estado ep que oos ha • 
llamos de merecer ?.,« E$ simplemente la facultad de hacer 
el bien ó el maU Para hacer el bien es preciso, domar las 
pasiones. Para haqer el mal basta seguirlas. La primera es 
muy difícil , y la segunda muy fácil: la primera merece 
recompensas, y la segunda castigos : la primera es el origen 
de todos los bienes , y la segunda de todos los males. Por 
desgracia esta última es la que queremos, y sobre todo la 
que desea el pueblo bajo porque nos entrega á nuestras in- 
clinaciones. Y he aquí como bajo el nombre vago de liber- 
tad se entrega á los pueblos mismos á todas las pasiones 
del bajo pUiblo. 

X Ideas falsas sobre la soberanía. La soberanía ¿es 
propiedad particular de los soberanos? , cuestión que 

B 



I o CUKSTION PRELIMINAR. 

examlnareníos en esta primera parte. Cuando se supo que 
no admítianios los pactos sociales^ m nos preguntó ¿qué es 

]o que poníamos en su lugar ? Y respondimos que una 

cosa mucho mas sólida y mas cierta , pues que sería el Todo* 
poderoso. ¿Puede creerse que no pueda Dios dar la sobe* 
rofúa ?...,. ¿Y qiíé podria resultar si hubiese juzgado- apró* 
pósko darla desde luego á los Soberanos? Que estos hubie* 
ran podido desde el origen darla por si mismos, ó des» 
pues por aus sucesores, á uno ó á muchos, á veinte ó á cin- 
cuenta, á Cámaras ó á Senados, &c.: y: ttaenamos de aquí 
todas las fc^mas de gobiernos que existen en el mundo; 
y en esta«8uposicion podrian ser legitimadas fácilmente por 
la cesión de los antiguos ó primeros Soberanos. 

Por esta razón , donde quiera que pudieron llegar las 
dos primeras ediciones de esta obra durante la revolución» 
eomó* en España^ Portugal^ Inglaterra y otras partes, 
•ha sido acc^ida perfectamente , pues qi» en higar de ata- 
car á ninguna especié de; cotíslitucion ^ las consolida todas^, 
asegurando los derechos Soberanos de ios que gobiíernaa 
aun en. las democracias; y ei se dejasen: á la dÍ8pósici<^n dé 
los pueblos, todos los que gobiernan podrian ser arrojados 
á cada instante por el bajó pueblo como miserables en- 
cargados. iX qué diremos de uña opinión que arrastra 
tras sí tan multiplicados inconvenientes,.;? 

XI * Pero lo que depone mas poderosamente contra la 
opmion que por desgracia hemos abracado, son los males 
afrentosois que jha piroducido, y con los qüte nada hay com- 
parable desde el principio del mundo, M. M. de Bonald^ 
der Chateaubriand ^ de la Monnais^ y otros escritores dis- 
tinguidos de nuestro tiempo, los han representado con 
todos sus coteres, y hecho sentir tan cruel y generalmente, 
que es preciso ya procurar conocer su verdadera causa. 
Moisés, éti ^u sublime cántico, pajrece indicárnosla del 
modo mas conciso por estas dos palabras enérgicas: Vidit 
Dominas \ porque el que gobierna el mundo no es un ser 
ciego. Habia mucho tiempo que veía al universo atormen- 



CUESTIÓN PRELmiNAR^ II 

tado por la fiebre ardiente de la igualdad de derechos : Fit 
dit Dominus . . . . Había mucho tiempo que veía. el proyeo 
ló insensato qíie habíamos concebicb-íte darnos Ó4M)SOtros 
nlísmos los gobiernos: Fidit J>í>mnus^i. Mucho tien^ 
que veía nuestras asambleas secretas y Ips execindblts .fu* 
lamentos que hiaoiamos en ellas de asesinar á 'to(]d9flas 
autoridades . que él habia constituido^ para darnp^ gI^cb» 
nuevaa de nuestra propia elección ; y coooqia perfectamente 
todos i los males que debbn seguiíBi» .de bqqi: Fidit Pomi^ 
hUfSi.'.'Üos lo hizo advertir por «us.. ministros» y naquir 
simosi oírle.. Nos repitió pcn* mucjbos lAÍglós segoidoS'Sos Xispf 
ribiüíftadvertenciáb^y no le quisisaf^sroirr Irrítiidfc) .^vMmw 
de una tan obstinada xesistencui secisfüfiefiós Fídif 'Ihsnáf 
nus^ €t ad iracundiam concHaíus^^st^ijSip^^.AeabceT 
«ode 6u. cólera: ilngtatost Yomesalejaiíé ;deeUo^y v^ilo 
qúequierenr hacer: i^c^mia^ fin^ieM ab, eisj^jet iopÁJé- 
rfAoifwmsítna /eprtjmtlo, hitQ.. Goo. una: manoi indignada 
nos entregó á nuestras pasiones*, ¿lC(^ér'V|6?^^.«^ifi#ye$ é> 
g0U^idQ9 » PíHii^ea ,íisf>$Í9adp9, <3ett^ ^rcrtos , .tippjli^; des* 
IWuijjp^, altares derrocados , e^d^is^s;^ act^TÍda^ «d^afyiiOOr 
ídie;. i^^ladadá la ti^^r^^e eaogiftt; ^(¡^^tacHw^l^Q 4ifAQ&- 

vftipso; SJíbleVadaí la? flacÍpne^<«i«m)i«onii»pa3i^h|3rr6B^ 
^a4os Jps puefelps c^f»d0 Á,fí^ií¡i^^^k^jk^jí^ 
.^illativa^e los^rpiíles tjrAPQs/^c^;QÍlí^.|jl^^(i.;díío.^, 

t{a:di.cho 4» 8tt jcp}wi^j.H¿mbB^in^ 

.«ado al .Dios qfle ps^^i^ \I>«UR> <ifi¥tq^¿^(f^ 4^f(^w{h 
Yo fui quien os dio Soberanos; yo quj^vf^\gPb€;i[i^i«^ 
pormis^ repre^nt«q^p^;f,éjrai^.^eÍ^». ¡Ifero l^abeíf-^que- 
jfido ser gql^ernados pQr,j .^ rep^e^^qntes de Jfiís pue;,' 
.^¿ps!... Hoy el pueblo }q es todo ^,y. .yí>^f|o soy ^i4da, Os he 
J^echoi .fvi\feftir ^de;yuestrjas desgrafcia%i.y jij&o me .habéis que- 
rido oir; y á pesfir de la experieQqii ¿po,pe<:reeiJe¡s aun? 
ilGeneitMion perder sa\ .Generqtio, pravas atqüe,perv^$QÍ 
llevan taré mis manos al cielo: Zqv0íx> ad coclum rnanum 
meam. Lo juro : Físh) ego. Agotaré sc^re .yospfeos todas las 
Jeohas.da mi cólera: os entregaré 4., f^Zi^e^^ros nueyq^ señores 

b: 



Ifit CDESriON PREUtflNAB. 

hasta que 08 canséis enteramente de ellos: Complebo sct" 
gutas meas. 

' Si eistos castigos no hacen una demostración , son por io 
menos^ una' fuerte presunción de que es detestable el partido 
que hebtos tomado de darnos gobiernos. 

Xií Otra razón muy poderosa que debe conducirnos á 
e^^áminar el parado que hemos tomado, son los riesgos 
iiícatculables de laé opiniones falsas... Pero se dice que son 
solo opiniones. ... Es verdad; pero hay un piincipib cier^ 
to^ confirmado por la experiencia de todos los siglos, á 
«a&erv qué la opimo» -dirige los espírittisvy estos hacen 
mov^ á fi)8 cuerpos ;- de modo que al fin la opinión es 
4a'qwe^^gobÍ€rha al' mundo. Si es bu^na, todo irá bienj 
^ es maia, todo irá maH f las consecuencias de las opi¿ 
liiones fabas, son «iempre terribles* El paganismo ^ la kk> 
latría, loé ^cismas, tas hetegías, y todos loá^ errores civitos 
y^eligióáo^yée hatí^fempapado en sangre-vy todos han' sido 
•pípdueidí)s. por íástopimoiies^^ falsas. 

•« - ' ¿9éii^t^& ¿k^^ágáíiüs han ejercido tantas crueldad^ 
•é<5htta4¿fe ^íitíéi'^ cl^istianos? Porque creían que «ra uA 
débét^* ^b^^aí^'d-'6á^ idol0s: ¿Pot qué Roberspier condi^ 
feió"é4í^pro^(í¿*'eiíecrable'de asesinar' á todos los gronr- 
^és?rVí-*Pé8q(icf4et4y6'qtie los hotobres eran por natartt" 
le£¿^ iguaWs'^k íferécW/'^Por qdé' se ha visto inundada la 
tíeAi dé'1Wii¿i¥^en^íátwsÍra8 últimas revoluciones?... Por- 
que S¿^V^^tí^l6n íóé pueblos lo^ijae se itan dadh skn^ 

prc los^m^Aós^l' **f '"^^ '"'*- ''''" " ■' . '''- '' 
^ Mieitíras cfue subsista esté' principio 'sedicioso, se cid- 
mará eh vano córitíSlá^' cdnsfecueridaS'f érf vano los hom- 
bres elocuentes {iirííárJhr con expresiones de fuega los es- 
pantosos ' maíes que deben resúltai^ de éU y en vano quei*- 
remos ápoyárhós en ttexperienci'd de lo pasado, poi'qi^ 
«ida quen'emds oír. SiWerdaderamente es este el derecho 
del pÍTcbló, aunque tétí^ que perecer el universo, se clá- 
ví\^vh\ úérttpre elpññcipíó\ y nunca las ébnsecuencíús, 

- ' Miéfíttas que siib^isia e^té principio falso que lleva con- 

: 1 



CUESTIÓN PRtXIMlNáB. l3 

sigo sus terribles y necesarias consecueiicias , las vomita « 
rá sobré la tierra , con todas las plagas qne son rnseparableií 
de éi. Mientras que subsista se enseñará' en los colegios , se 
píofesará en las universidades, y se fundarán en él las.ba^ 
ses de nuestros tratados ^ y de nuestras escuelas de; der-eclKj 
pubnco. Dominará ei* las conversaciones, llegará á ser la 
peglade nuestras; leyesí, de todps nuestros escritos, y de to* 
dos nuestros discursos. £1 contagio se extenderá á> todmiaf 
estados^ á tojlos los espíritus, y todo» los *eo5razone8t Pasiará'^ 
nuestro pesar de un.hemisferiq á 6tro, sin qué los coi^j 
nesy las flotas y 'los' ejércitos puedan detenerla, porque 
pervertir^ á todas tas flotas y ánodos ios 'ejércitos;-- * ■' > 
XHI Se nos>objeta la inmensa^ <íi6téhsíon^' esta opifnioir, 
y ptecisemente estií es l¿r razón :tiia^:: poderosa para examiv 
iiark;árrfondo. Esbien saVido q^oe esta: >dbctr i na ^ gue los 
'paebUk'Se'han dach^igólriernos nw^nueva^ poropae, tilesde 
los tiempos más'rmkj&iéíB se ha extendiÜo^obre la tierra coii 
la rapidez dfcjtui^olirfeiite ^ y ha cubicrio^ én nuestros ^ias 
W Superficie dofarteiiínífvers^tdad de€m tüiluvio; Oonveni* 
tííitís én su elttttílmon.^¿|^ero cómo una doctrinadle est^l^ 
cé eít prítitípid'que fód&^Ios ^scm^ré^ súh-naturcdmenú 
4ndépenidientes*i*tíohgklfa éc hacer p»c^^?esos rápidos? ¿Gó^ 
haio ut^á' opinión ^m provoca áílodasr k^ pasiones* al ^aqucb 
íio hábiá de sér^oclucida por la$ f)as[iotí6s i^kqias desde 
TeV'tnoíniento que tltviesen ocaskmdé haberlo? Es bien s»- 
"bida que este origen ^tuvo en" codos; líeíopos aumeroeoB 
sectarios.' , " ''• r* - j. ' . <, - . :1; 

Pero al fin, si bien considerado tocío^ée hallase que .este 

brigen es falso; que los autores qiie dudan de él^tienén-rai- 

' •••• , 

'zóiíyy que los que le htin adoptado ^é engallan ,'2 qtié^co|>- 
elulrémbs de susí progresos rhultiplícados, sino que el«miíl 
és contagioso; de siV e¿t¿ná}o^ espaprnea^ sino quela pe^ 
te se propaga; del número prodigioso de hombi^estimor* 
Wes que le han seguido, sin^ qtíie «1 raal ha llegado á sju 
colmo? ¿y qué por úttmio de sli generalidad, sino que el 
'contagio se ba extendido á todos los estados; que ios hbm- 



i 4 CUESTIÓN PRELIMITIAB. 

beca . mas sanos no han podido salvarse de él , y que aun los 
médicos mtsmos no han estado librea de sus ataques?.^ Por« 
que las pasiones se hallen en todos lo» hombres ¿dejan de 
ser' pasiones? Porque.Uegase á ser universal el error de la 
idolatría ¿deja de ser un error? Y pn incendio porque te 
comunique de casa^eñ casa ¿dejara de ser un incendio? Im- 
extensión inmensa de esta opinión unida. á los estn^os es^ 
pantoio» que ha. heoho en todos los tiempos , ¿no es una 
pniefaa mas de que ella eó contagiosa en subió grado , y una 
gran probabilidad mas 4e. que es faka* i > ; - . , 

:: XIV: ¿Y no habrá ;remedk>?... Hay uno muy sinlple j 
eficaz que impidiendo que corra la sangre, hará que.no s<^ 
.vierta una sola gota. Peroles el (único » áMber: el de láms^ 
tmecion. Sfíj quteaccee.que unaieaíolucion <le veinte y 
eincaañqs debía :desengaoprnós. dci nu^trds erroiea^ peco 
6é ^engaña mucho » poique: aunque 'hjabiera durado- cinchen* 
ta no h'uViekra destruido: un solo principio .falso,. y era bied 
ífñíposible que lo iú^áése , t por la razón .de. qué lp3 su(2!^s^ 
físicos no inftuyeíci sobré los;^¡ritipia))pi|Q(ib.k tempesta^ 
^mper las ramas. del .árbol , pero, qt^dar^ ^ps raices, 5ími 
j>ien70onocidos los efectos d^ }a úUUnf f^yplucion; |>ero esr 
taiiips miuy lejos ^e cqi^^eer sus ^y^)r4adQras^causaa, : cqipo 
4Í0é ^.deMaistre^ y <»dauao sépala rías suy^i: cuando, el 
tíspititu •público llegí á pénrertirar^* idespue^ xle Ja^ terribles 
rev^uciones^ »é8 preciso instruir y hablar ^ escribir é impri- 
jxiki€ontiouameate y. por mucho jieqapoL Porque á.la v/$fr 
dad todos los que se empeñan por juramento para restable- 
^am la verdad ¿eren á fpodo en I21 pos^Dilidad ¡de esta »empre- 
4{l?n¿y cuíí derá su admiración cuandp sepan que es^n^ 
-quimera que noe3Útió.nie:i^istirá jarnos T^Qiaando lleguen a 
¡leernos lo ^abrán^y y qqedatán completaniepte cony/enff^dqs 
4e elb. Dpnde quiera que bao podido penetrar nuestras dos 
primeras^ ediciones, aun en el exceso de la revolución, hap 
•parecido tan simples, tan claras y evidentes nuestras prue- 
bas, que todos los que estaban imbuidos de las opiniones 
contrarias, las han renunciado formalmente « y los q^e $e 



GXTESTIOK PRELIMIÍTAIU iS 

bailaban mas decididos contra las verdades que enseñamos, 
se han hecho sus mas ardientes propagadores. La instrnc^ 
cíon, y solo ella pnede obrar iguales mudanzas en los 
espíritus. r 

XV Mediante tantas razones de dudar , ¿qué deberemos 
hacer?... Dudar, examinar y oir á los que nos dicen que 
es Dios el que ha subordinado las sociedades y el que las 
ha dado gefes. Con respecto á pruebas^ deben pesarse sus^ 
razones, sin tener consideración -al número de ellas, non 
numerantur^ sed pender antttr. Asegurarse por las reglas de 
una severa dialéctica de qué parte está la verdad y de cuál 
el error; porque es una verdad incontestable que el error 
arrastm infaliblemente tras m los males mas terribles. So- 
metemos por tercera vez la instrucción de este gran pro* 
ceso sobre el origen de las sociedadeé, y -de las soberanías, 
al público y á nuestros mismos contrarios. Como ya haf 
sido leído en las dos primeras ediciones por hombre9 
ilustrados de todas clases, por príi^^ipes, soberanos, obispos 
y magistrados, publicistas y jurisccmsuUos , doctores y 
profesores, teólogos y filósofos, sin la menor contradice 
cion literaria, daremos la tercejra edición, no solo con ccmi- 
fianza, sino persuadidos de que haríamos traición á la cau^ 
sa de las sociedades, dejando de darla, atendido su fin y 
au grande importancia. 

XVI Intitulamos al principio esta obra la Voz de la na* 
turaleza^ porque ella es la que halda aqui, la que reclama 
sus derechos violados, sus ley^ desconocidas, sus institu- 
ciones reducidas á la nada; la que cita á su tribunal á los 
falsos filósofos; la que descubre sus sofismas, y los juzga y 
condena , convencidos de todos Icicrímenes que han deso* 
lado el universo desde el principio del mundo; la que 
puede hacer que cesen todas las calamidades de que somos 
presa, y volvernos la calma y el reposo que buscamos en 
vano en nuestros sistemas inútiles; en fin la Foz de la na* 
tur ateza , porque será esta obra la Historia natural del 
origen y desarrollo de las sociedades según la naturaleza, la 



í6 CUESTIÓN PRELIHXNAIU 

razón , ]o8 hechos y . ]os monumentos mas incontestables/ 
Pero como la naturaleza de Dios y la del hombre son ^nsc* 
parables, y lo que es sobrenatural con relación á noso- 
tros, es muy natural con respecto á Dios, será esta obra 
de mas extensión que lo que se piensa. Como cuando la 
falsa filosofía ataca á las sociedades, lo ataca todo, á Dios, 
a) hombre, á la moral y á la religión, á lo espiritual y 
á lo civil, al sacerdocio y al estado, á la vida presente y 
á )a futura, y todos . los principios se tocan unos á otros, 
debemos prevenir que todo esto se comprenderá en esta 
obra , y formará una colección completa de todas las ver- 
dades que pueden contribuir á hacernos felices. 

XYII Para abrazar esta vasta colección , dividiremos la 
ahca, en tres partes. I^a primera , sobre el origen de las so^ 
cicdadesj después de haber combatido los monstruos espan* 
tosos de la igualdad y da los pactos sociales , marchando 
eumedio de abismos y contemplando con espanto las 
simas enormes que (X)nsumen las generaciones , los gobier- 
nos y las costumbres ; subiremos con nuestros lectores ad- 
mirados hasta aquelhs fuentes antiguas de las que han des- 
cendido succesiv^meñte los pueblos, las autoridades y to- 
das las formas de gobkirnd. Siguifendo la corriente de estas 
aguas saludables si través de todas las revoluciones de los 
siglos, seria oportuno ver cómo la autoridad soberana^ 
úempre la misma y siempre Invariable, ha llegado por en- 
medio de todos estos obstáculos sobre las cabezas de los so- 
beranos actuales bajo todas las formas posibles de gobierno. 
Seria bien sacar al paso bajo las ruinas estos principios eter- 
nos que el error habia sepultado trastornando el mundo; y 
esto hará el dilatado objeto de la primera parte. 

En la segunda sobre la formación de los pueblos^ su- 
biendo al punto de donde cada uno de ellos se ha se- 
parado del tronco, seguiremos succesivamente el desenlace 
magnifico de los órdenes y de los estados de que cada uno 
se compone. Cuando llegue á contemplarse con nosotros 
el origen antiguo del sacerdocio , de la nobleza, del tercer 



CUESTIÓN PR ELIMINAR. 1 7 

estado y de los demás cuerpos ; su distinción natural , su 
conexión, y su subordinación, su necesidad , sus ventajas 
y su utilidad, no podrá dejar de exclamarse : \est abamos se* 
paitados en las tiniéblaís mas espesasl y se conocerá eviden» 
temente todo lo que hemos perdido destruyéndole, y cuál 
es la causa manifiesta de la extinción dé la moral , de I9 
religión , de la probidad , del honor , y de todas las virtu- 
des; y Jos medios de que podemos usar para volver á ad« 
quirirlas. 

En la tercera parte 50&re la libertad y la combinación 
de lo^ poderes, después de haber expuesto sus limites, sus 
técmii|08, y el modo admirable con que los ha encadenado 
Dios para'^ contener el fuego impetuoso de las pasiones , 
descubriremos todo lo que es necesario para ser verdadera* 
mente libres , á saber : el equilibrio de las voluntades , la 
balanza de los gobiernos, el concierto de- los dos poderes, 
y la armonía de lo natural y de lo sobrenatural. Demos* 
traremos que no solamente es necesaria la reunión de estos 
grandes motivos, sino que es necesario que se halle pre» 
cisamente en cada una de nuestras acciones , sin lo cual, 
conducidos por el ímpetu de nuestras pasiones» correremos 
de abismo en abismo, sin poder llegar á una constitución 
estable. De la unión admirable de estas tres partes se levan* 
tara una voz fuerte que nos gritará en alta voz 9 que el ar* 
fegk) maravilloso de las ^sociedades no es obra del hombre 
sino del Criador , y que restableciendo los verdaderos princi- 
pios^ en los corazones , hará renacer todos los sentimientos 
dé amcHT» de adoración, de admiración y de reconocimien- 
to p^ra con el Ser supremo, que los principios falsoa ha* 
biáa apagado enteramente. Esta voz poderosa que necesa* 
riamente debe nacer de esta contemplación , es la que lla- 
mamos Voz de la Naturaleza y de su Autor. 

XYIII ¿Cuál ha sido la ocasión de esta grande empre- 
sa? una idea feliz é inesperada, como puede verse en el 
principio V.^ de esta primera parte^ Para ejecutarle nece- 
sitábamos tiempo 9 y la Providencia dos le ha dado fe- 



l8 CUESTIÓN PRELIMINAR. 

lizmente en la duración de toda nuestra emigración. Li- 
bros , bibliotecas soberbias ^ hombres, sabloa de todas clases^ 
emigrados que nos acompañaban y podian ayudarnos con 
sus observaciones;, nada nos ha faltado; de modo que esta 
obra> que na hubiera existido sin la revolución , será debi- 
da á la desgracia de la revolución misma.. Se conviene ge- 
neralmente en nuestro* dias que en el trastorna univer- 
sal de este siglo, no solóse haa perdida Jos principios 
verdaderos^ ^ sina que se han substituido \os principios faU 
505. Pero estos últimos son otros tantos^ volcanes^ que se- 
ria precisa apagar, y los principios^ verdadero* otros 'tantos 
tesoros perdidos que era necesario buscar , lo que no podía 
hacerse sini trabajos empeñados, ni aun. acertar así,. sino por 
el concierta unánime de rectitud, xle aplicación, de esfuer- 
zos y de medios con que poder hacer frente a la resistencia 
inevitable de las preocupaciones- dominantes..' Componer 
buenas obras ,, corregirlas ,„ extenderlas, ennoblecerlas, muK 
tiplicarlas. por nuestra* prensa*, ayudar ádiítmdirla*, aso- 
ciamos todos para, el bien- ,. coma se haa unido» nuestrc^ 
contrarios para el mal ; he aquí el verdadera irweres de to- 
dos, y esperamos que al fin- llegaremos á tom^r el partido^ 
dé abrir los ojos sobre nuestros verdadero* intereses^ 

XIX. Desearíamos que no se hiciesen juicios anticipa* 
dos ante* de leernos , porque verdaderamente no hemos 
escrito contra los soberanos^, contra los pueblos, ni contra 
los filósofo* mismps ^ sina contrsL los principios falsos. Ni. 
se hallarán en nuestro* escritos^ amargura , invectivas ni 
personalidades , porque tenemos* mucho que poder decir 
sin necesidad de recurrir á esto* medios^ Orden , claridad y 
franqueza; pruebas simples y naturales,, pero^ sólida* é ir- 
resistible*, fundada* sobre hecho* y monumentos? esto eé 
lo que se ha visto eri nuestras do* primera* ediciones , y Id 
(Jue se verá aun mejor eii esta tercera.. La gloria de Dios, 
la reparación del espíritu público , la utilidad de lo* pue- 
blos , la felicidad de aquellos mismos que se han extravia- 
do; por último, el triunfo de la* verdad, y la refutación de 



CUESTIÓN PRELIMINAR. 1 9 

los errores, harán el objeto principal de nuestros traba jos, 
y el carácter generalmente reconocido de esta obra. 

XX La primera parte comprenderá seis cuestiones 
muy* importantes, i.^ La igualdad. 2.^ El contrato social. 
3.^ £1 origen de las autoridades. 4*^ El origen de las ciu* 
dades. 5.^ Susvariaciones, 6.^ Los soberanos actuales, y de 
quién reciben sus poderes en todas las formas posibles de 
gobiernos. 

Estoy muy «eguro que vivimos en un error 5o6rc el 
origen de las sociedades , y que éste es el manantial fecun- 
do de todos nuestros males. Según esto , aunque deba con- 
trariar al espíritu público , levantaré la voz , gritaré y per- 
sistiré hasta que se me oiga : »0h hombre, quien quiera que 
»tu seas , y cualesquiera que sean tus opiniones , escucha; 
»aqui hallarás tu historia , no como la he leido yo en los 
^libros de tus semejantes, que se enguiñan , sino cual la he 
»visto en el libro de la naturaleza , que no miente jamas."* 
Así es como termina su prefacio /. /. Rousseau sobre el 
origen de las desigualdades ; y asi terminaremos el nues- 
tro ; y como él daremos principio sobre la gran cuestión 
de la igualdad. ¿ Quién se engañará ? el público será juez 
de ello. 



C: 



* » 



."^ 



dddddd®®®®®®®®®®®®®®®®®®®®®^ 



PRIMERA CUESTIÓN. 



i 



A IGUALDAD DE DERECHOS 



¿Existió jamás? 



$.2.** Igujzdad de desechos, imposible según lá na- 
turaleza. 
J. 2.® — Imposible según la razón. 
J, 3.^' — Imposible según el mérito solo. 
§, 4.^ — Imposible según la experiencia. Ifecho decisivo. 

ESTADO DE LA CUESTIÓN. 

I i^i las sociedades fueron en su origen obra de los pue* 

hlos , fué absolutametite preciso esperar que hubiese pue* 

blos antes de proceder al establecimiento de las socieda' 

des 9 y por consecuencia fue preciso esperar mucho tiempo, 

porque la marcha de la naturaleza es progresiva: i.^ La 

familia, ii.^ Muchas familias. 3.^ Za multiplicación de 

las familias. Mas de quinientos ó seiscientos años después 

de la primera época , fue cuando el género humano se mul- 
tiplicó prodigiosamente , y cuando comenzó , en fin , á go« 

zarse del beneficio de los gobiernos : Conditione multipli^ 
eati generis expensa ^ como dice muy bien Puffendorf 
' n Pero ¿qué hacer de los hombres ya existentes en 
im espacio de tiempo tan considerable ?..... Todos los que 
colocan el origen de los gobiernos en las convenciones de 
los pueblos, ó les envían á correr por los bosques, ó supo- 
nen las familias en un estado tal de anarquía , que fatiga* 
dos de tantas miserias , se determinan al fin á darse go- 



aa IGirALDAD DE DERECHOS IMPOSIBLE 

blernos. Y este estado primitivo de diversión , es Jo cra^ 
se llama el estado de igualdad , porque hallándose aun los 
hombres sia gobiernos, tenían todos derechos iguales á los 
bienes, á las distinciones, y á las dígnidaííes del orden 
social. 

III Pero ¿existió jamas este estado primitivo de igual" 
dad P Si destinaba Dios al hombre al estado de socie- 
dad, ¿por qué no la creó él mismo? Y si le destinaba á vi- 
vir sometido d ge fes , ¿porqué le dejó sin ellos mas de 
quinientos ó seiscientos años?.... ¿Es concebible esto?.... To- 
dos los que creen que no estuvieron jamas los hombres 
sin gobiernos , consideran este estado primitis^o de igual" 
dad como una fábula absurda , y como un estado ideal. 
Pretenden que liablendo decretado Dios , de toda eterni- 
dad , que naciesen los hombres los «nos de los otros , cuidó 
de dar al gefe de cada rama del género humano todos los 
derechos de autoridad y de propiedad que le eran nece- 
sarios para gobernar á sus descendientes ;. que por eso fue- 
ron los gobiernos desde el origen obra de Dios solo : que . 
la suposición de este estado de ig^Ql4ad , es una blasfe- 
mia contra el Todo-poderoso , y un ¡ultraje escandaloso á 
su omnipotencia; y que si la igualdad de las estatura^ se- 
ría considerada como una demencia , la de los derechos lo 
es mucho snas, porque es radicalmente imposible que el 
ser moral haya podido existir Jamas sin leyes , sin señores^ 
y sin superiores. 

IV JEn fin, ¿es Dios quien dio gobiernos á los hom- 
bres desde vel instante de la creación , 6 son los pueblos los 
que se los dieron quinientos ó seiscientos años después de 

su formación? Este es el grande objeto de la presente 

cuestión , y es muy fácil conocer toda su importancia ; por« 
que si fue Dios solo el que creó todos los derechos de au* 
toridad y de propiedad, nadie en el mundo podrá tocar- 
los ; pero si fueron los pueblos , eada dia podrán éstos tras- 
tornarlo todo , y nada habrá estable en las sociedades. Por 
desgracia esta opinión es la que ha prevalecido , y la que 



SEGÚN EL ORDEN DE LA NATURALEZA. jx5 

ha ocaúonado tantas calamidades; y para impugnarla es- 
tablecemos las tres aserciones siguieníes. 

Vi/ Se cree casi generalmente que en el origen hubo 
un tiempo en que los hombres estuvieron sin gefes, sin su- 
periores , sin autoridades, y con derechos iguales á las fun- 
ciones del ordea social; y nosotros pretendemos que esto es 
una falsedad^ 

a j* Se cree casi geperalmente que en el origen hubo 
un tiempo en que los hombres vivieron sin leyes , sin do- 
minios ni propiedades ,. y que tuvieron todos derechos 
iguales á las dignidades , y á los bienes de la tierra ; y noso» 
tros pretendemos^ que esto es un error.. 

3^ Se cree casr generalmentq que eXí el origen los bie- 
nes y los empleos fueron distribuidos por sola la distinción 
dei mérito personal; y nosotros pretendemos que esto íes 
un abordo.. , ..: 

Pretendemos que: no éol& no ha , existido janCias esta 

igUatdad primitmi de derechos ^ sino que fue siempre ¿m- 
posible^ y imposible bajo todas las relaciones : imposible 
según la natúxaAeáSk ^ imposible según* la razón, imposible 
según el mérito • solo , imposible' según la experiencia. Sos- 
tenemos- que todos» nuestros derechos- han ádo graduados 
por Dios- mismo ,y que la sociedad nunca fue considerada 
como obra de los hombres». Empezaremos preguntando á 
Isk. naturaleza^ 

f. 1. . . .i 

t * * 

Igualdad: DEDERECBos<f imposible según el orden 

' de la naturaleza. 

* 

I Se cree casi generalmente, que en el origen hubo 
un tiempo en que los hombres estuvieron 5ín gefes , sin 
superiores y sin autoridades ; y nosotros pretendemc¿ que 
esto es imposible según el orden de la naturaleza.. . 

Dareiiíos. prinicipio desde el primer ;Padre , y tiesde la 
primera familia que pareció en el m^ndo , pues éste eá> 



a4 IGUALDAD DE DEREGHOS IMPOSIBLE 

ún duda el verdadero. origea de las cosas , porque es im* 
posible remontarnos mas alto ; y contemplaremos al hom- 
bre en este estado primitivo , anterior en mucho á la exis- 
tencia de los pueblos. Puesto que esta familia tenia un pa- 
dre que existió esencialmente antes que ella , nadie podia 
dudar que tenia en este padre un gefe , un superior y ua 
protector , investido de autoridad , con un derecho de go- 
bernarla por solo ser su padre. Este primer hecho es de 
una evidencia tal , y se halla reconocido tan solemnemente 
por todo el universo , que el exponerle simplemente hace 
su demostración , y parece inútil atormentarnos en probar 
lo que no se duda. 

Luego según el orden de la naturaleza , habia desde la 
primera generación que pareció en el mundo desigualdad 
en loe derechos. El padre era el gefe de la familia , los hijos 
los miembros : el padre era el superior, y los hijos los sub- 
ditos: el padre tenia autoridad ^ y los hijos no la tenían: 
el padre tenia derecho de gobernar , y los hijos no le te- 
nían. Lo que decimos del primer padre, lo diremc^ dé ca- 
da primer propagador ; y lo qué decimos de la primera 
£imiHa que pareció en el mundo , lo diremos de la prime- 
ra familia que pueda haber parecido en cada país , porque 
la naturaleza es la misma en todas partes. Esto mismo di- 
remos de todas las familias que existen á nuestra vista , pues 
que no hay una sola que no tenga su gefe constituido ea 
autoridad por el solo titulo db padre de la familia. Este pri- 
mer titulo , por lo menos , exige que glorifiquemos á Dios; 
y que convengamos que fue. él y no el pueblo el que dio 
un gefe á cada familia, y el que por sola la generación' dio 
á este gefe autoridad universal sobre sus hijos ; y si algu- 
nos de estos llegasen á sublevarse cpntra su padre , dispu- 
tándole la autoridad paterna para hacerse iguales á él en 
derechos, diñamos que trastornaban el orden de la na- 
turaleza. 

11 Ni se diga que desde que hubo muchas generacio- 
nes en cada país , perdió el primer padre su autoridad^ 



SEGÚN EL ORDEN DE Lk NATUrOXEZl. ttS 

y cesaron las desigoaldades naturales: porque si por confe- 
9Íon de los adversarios los derechos naturales de t un pueblo 
no se pierden jamas , los derechos naturales de: un padre 
DO son menos inamisibles. ¿Quién ha oido hablar de un 
tai prodigio , dice el elocuente Bossuet en su quinta ad- 
vertencia 5 que un padre pierda su derecho paterno aUn 
por el abuso ? Es tan imposible que pueda suceder , como 
lo ^ el que deje de ser padre. Inmediatamente que Ueg^ 
á tener bajo de sí muchas generaciones , es evidente que 
tiene bajo de si muchos padresr particulares , y desde que 
está sobre machos padres particulares , se hace esencial « 
mente su padre universal Desde que este primer padr« 
tiene bajo de sí muchas generaciones , es evidente que está 
sobre muchos padres subalternos , y desde que tiene bajo 
de si estos padres subalternos, se hace esencialmente su 
padre soberano : del mismo modo que desde que está sobre 
muchos padres subalternos, es también evidente que tiene 
bajo de si muchas autoridades , y que desde entonces se 
hace la suya esencialimente soberana. La voz de la natura* 
leza nos grita altamente , que desdb. que hubo en cada pais 
muchos padtes y muchas geaeraclouee subalternas , d pri- 
mer padre se hizo el gefe , el soberano y el legislador nato 
de todas aquellas familias , teniendo el derecho de gober<* 
naHas mientras que permanecieron en el mismo pais ; y 
esto mismo que nos grita la naturaleza , nos ha sido repe- 
tido constantemente, y con tanta unanimidad por todos 
los que han hablado de estos tiempos primitivos , que sería 
difícil podérsenos imputar el haber interpretado mal su 
lenguage. He aquí los términos en que se explican todos 
estos autores : 

ni »En aquellos primetíos tiempos (dice M. JRollin al 
^principio de su Historia antigua ) cada padre era el gefe 
móberano de su familia , el arbitro y el jueí de las discokf 
wdias , y el legislador nato de la pequeña sociedad que le 
»^habia sido encomendada. A medida que se aumentaba ca« 

mía familia por el nacimiento de .los hijos, y la multi- 

D 



ft6 IGUiXDAD DE DERECHOS IMPOSIBLE 

»>pVica€Íon de las alianzas, se extendía su corto dominio, y 
»al cabo llegaron á formarse ciudades y villas. Hechas muy 
»>numerosas estas sociedades por el transcurso de los tiem- 
f^pos, se dividieron las familias en distintas ramas 9 pero con 
f>sus gefes cada una de ellas."^ Téase aquí un i6o)>^rano mu* 
cho tiempo antes de la existencia de los pueblos. 

IV "En aquélla época (dice el célebre Pope) cada pa^ 
f>dve de familias,, coronado por la naturaleza, se hacía rey, 
»sacerdote y padre de $u estado naciente: sus subditos po* 
»nian en él todas sus esperanzas como, en una segunda 
^Providencia ; y sus miradas eran su ley, y sus órden^ft 
»su oráculo/' 

Platón en su República , dice expresamente , que en el 
origen los padres gobernaban soberanamente su familia y 
se hicieron insensiblemente reyes: ex patribus familias 
paulatim fados reges. Aristóteles en su Política lo dic^ 
aun mas expresamente que Platón, 

V Nos guardaremos muy bien de citar aquí todos loé 
autores que sostienen esta opinión , porque no bastarían 
los límites'de este discurso á citas tan numerosas, que por 
otra parte • tendremos ocasión de reproducir con algu* 
na extensión. Grocio^ Titio^ ffornio^ y M^ Puffhn^ to- 
^bs los buenos autores en general, estañ perfectamente de 
acuerdo sobre este imperio Paterno; y es evidente que por 
este padre soberano no entienden un padre particular , por»- 
que todos hablan de villas^ de sociedades^ y de un gran 
número de yomí/ias, que formaban ya pueblos viviendo 
juntos, bajo el gobierno de un solo gran padre; iii admiten 
entre estos padres una igualdad de autoridades, pues que 
atribuyen al primero la legislación, la soberanía y la juris* 
dicción universal sobre la sociedad que ' se le ha somefido. 
No exponen el estado primitivo de un solo pueblo;. ha* 
bten de^todós los xjue cubren lá superficie de lá íierra: son 
sus propias expr^iones: desenvudven el^ádo primitivo 
no solo de los pueblos áritiguos , sino el de los que se han 
formado á nuestra vista , porqae la naturaleza es la misma 



SEGÚN EL OBDEN DE LA'NATURAUKJSA. ^7 

en todas partes, en todos los tienopós y cfi todos Jos, paí- 
ses. "Nada hay mas confonDG(se dice en los principios ¿fe 
nFenelon) que esta idea de lo que vemos cada dia en 
f^odos los paises del mundo^ en los cuales las xJiferen* 
^tes familias ó tribus hacen subir su origen hasta un 
npadre carmín.'*^ Y ciertamente nada hay mis positivo 
que esta unanimidad sobre la desigualdad primitiva de las 
autoridades. r 

. VI ¿Pero qué se dirá cuando se oiga á los contrarios, 
al mismo Puffendorf^ el apostísimas célebre de la inde* 
peudencia primitiva, afirmar en los mismos términos que 
Aristóteles , que en ' el estado primitivo , los padrearen cuali- 
dad de gefes ejerciamtm imperio»... semejante aUijiperio real, 
no solo sobre una familia, .^ino «sobre las familias' que ha*^ 
bian engendrada 92iea¿enu5 capká xfamiiiarurm\^ suarum: 
imperio mas antiguo que el estadbjcpiríl, y que precedió éoa 
mucho á la existencia de bs^ puilrios: imperio >qüe (según 
añade el mismo Puffendorf ) np aerfprmó de las desigual- 
dades civiles , sino que al contrnuib éstas sb fórataron de 
é) , porque los padres las llevason consigo á las ciudades ? 
¿Qué cosa' mas positiva qué t^starX^ufesion sóbrenla preexis- 
tencia de I4 desigualdad de-Jafrtotoridades? Circa potesíay 
tem quant quis exércet in.juíium^ sciendum est^ panem 
isüus ino(qu(üi4cilis provenireb á statu patrum familias ci^ 
sntatem ante gr^ssot in quo isti potestatemim UxQres^ /í* 
h^ros ac servas qmsitaní simal in cintates int^ulerunt , sic 
ut isi hete incequalítas haud y^uicquam a ci^üatibus orígi» 
nem daoteñí^ sed istis sit an¡tiquÍQti/üdeoqueHla patnbus 
familias non data sit á civitatiíms^ sed reZiclir. (Puffendórf, 
de Jure nat. lib. 3 cap. íí, et lib. 6. cap. at^^ » < 

VII Esto es lo que han dicho y pensado todos los au- 
tores sobre la desigualdad primitiva de los boróbres, ó 
mas bien lo que todo el universo ha depuesto sol>re este 
punto; y cuando no lo depusiese el universo entero, basta* 
ría tener ojos para ver claramente que el Autor de la natu- 
raleza no arregló á los hombres desde el origen sobre una 



a 8 . iaüALl>AD DE DERECHOS IMPOSIBLE 

línea paralela, sino sobre una linea ascendente y deseca- 
dente : ni quisa que naciesen todos en un mismo instante , 
sino succestvamente los unos de los otros. Este és el orden 
constante de la naturaleza; y según él los hombres nacen 
progresivamente los unos' de los otros, las antoridades están 
subordinadas las. unas á las otras;; los gefes de familia se ha- 
llan esencialmente constituidos los unos bajo de los otros, 
y por consiguiente á la cabeza de todos los gefes debe ha-, 
liarse un gefe esenciakaeilte soberano, que (como lo dicen 
todos estos autores ) íoik • necesariamente en cada pais el le- 
gislador nato de todas -las familias subalternas, mucho 
tiempo .antes de la existencia de los pueblos. 
^ VUl ¡Queda probado, ano hay cosa que pueda serlo^ 
qu^ en el- estado primitwo , antes de laí formación de los 
cuerpo»^ civiles, teniall los hombres en lo que se llama es- 
tado de la naturaleza, gefea y superiores; constituidos por el 
orden solo de la generabie».. ¿Y quién les constitiíyó ge* 
fes^i Es preciso que glotifiquetnos también aquí á Dios; y 
que conTengamo&á pesai?ín.ues(TO, que no fuercHi los pue^ 
blüs^ porque no existían aun; que el que constituyó al 
padre primitivo de cada pais-gefe de la primera familia , le 
CDtistituyó por este sola hecho ge/e de su ramo^ y que el 
que le dio por la generación \xfÁtoridad universcd sobre sus 
hijos le dio igualmente , por consecuencia dé la generación 
autoridad universal y soberana sobre sus descendientes : 
y todo lo que podría concluirse de una reunión posterior^ 
que sin consideración á los derechos del gefe universal se 
hubiese dado otro que -el que habia recibido del Sobe*» 
rano del p^ni verso, sería que esta misma reunión habia 
íra5íormzáo el orden dé la naturaleza. 

IX : El segundo hecho que se alega en favor de la 
igualdad de los. derechos , es que en el origen no habia 
aun propiedades^ y que todos los bienes eran comunes en^ 
tre los hombres. - ílste segundo hecho nos parece también 
desmentido por él orden de la naturaleza; y el autor cele* 
bre que se ha indignada contra el primero que exclamó , 



SEGtJN IL ORDEN DE LA NATURALEZA a 9 

esto es mio^ se ha indignado evidentemente contra el pri* 
raer padre y el primer propagador de cada pais. Pues en 
efecto, desde que ss^mos que los hombres descienden los 
unos de los otros por medio de la generación, es incontes<* 
table que en cada pais existía el primer propagador antes 
que sus hijos; que tenia un cuerpo, brazos y &culcades 
antes que sus hijos pudiesen tenerlas; y que lo que él pro- 
ducía con su cuerpo y ganaba con sus brazos , era suyo en 
propiedad , y no del pueblo ; por consecuencia podía muy 
bien decir esto es mió antes de la existencia de sus propios 
hijos. Y si el primer propagador podía decir esto es mh an¿ 
tes que existiesen sus hijos, la primera generación podía 
decir lo mismo antes de la existencia de la segunda, la se- 
gunda antes de la tercera , y asi de las demás; de suerte que 
es elaro como la luz del sol, que había ya propiedades en 
todo pais desde la aparición del primer propagador , y mu« 
cho tiempo antes de la existencia de los pueblos. 

X ¿Y de dónde puede haber venido ésta opinión, que 
en el origen no habia propiedades , y que todos los bienes 
eran comunes entre los hombres? No lo sabemos; pero lo 
que hay de cierto, por acreditada que se halle, es, que evi* 
dentemente es falsa. Se sabe muy bien que en todas partes 
en donde hay aun pocos habitantes, bay pastos comunes, 
grandes selvas , é inmensos desiertos, porque la tierra no ha 
sido ocupada ni desmontada en un dia. No son estos vas- 
tos desiertos, tos que llamamos^/ la propiedad del primer 
ocupante: ni lo es aquello que ha^ sido allanado ó desmon- 
tado por los otros, sino lo que uno propio desoionta ó ga- 
na por sus trabajos. Y aun cuando este hombre' haya sido 
un salvage, cuando haya vivido de la caza, ó de la pesca, 
y aun cuando haya estado rodeado de desiertos inmensos; 
diremos siempre, que habiendo vivido el primero, tuvo 
bienes esencialmente el primero, y que por lo mismo ha 
existido necesariamente la propiedad antes que los pue- 
blos , cómo deberá haber sucedido desde que vivió el pri- 
mer hombre, y en todos partes en donde ha habido hom- 



/ 



3o IGUALDAD DE DERECHOS IMPOSIBLE 

bres , aun entre los pueblos mas salvages que habitan en 
medio de los desiertos» 

XI No hay salvage por feroz que sea (dice M. Volney 
en sus Ilustraciones sobre los salva ges)^ que no posea ex* 
elusivamente sus armas, sus vestidos, sus muebles, sus jo. 
yas..... Tbo& que han edificado cabanas ó casas, son propie* 
tarios de ellas, y los que han cultivado un jardin, son 
propietarios de este jardin; y como este género depropie* 
dad se deriba evidentemente de \a propiedad que cada 
hombre tiene de su cuerpo y su pei^sona, esta propiedad 
es natural y sagrada entre ellos, ^'La idea de los naturales del 
Brasil (dice el caballero Pinto) es que «i alguno ha culti* 
vado un campo, él solo debe gozar de su producto, sin 
que pueda otro pretenderle/' Todo lo que cun indivi- 
duo ó una familia toma en la caza ó en la pesca , perte* 
n^ce por derecho á este individuo ó á esta familia , sin 
que tenga obligación de dar parte á, otro mas que aLCazi'' 
que por el impuesto publico. Es verdad que cuando los 
salvages cazan en común, el producto de la caza (como se 
yé en Jtobertsón) es consignado en un depósito común, 
B^o sucede en. este depósito lo que en todas las comunida- 
des que han parecido desde el pñndpio del mundo, que 
se cooeidera como un compuesto de propiedades partiai* 
lares í, y asi es, que al tiempo que se presenta cada salvage, 
se le entrega lo que se Je debe en jrazon de sus ingresos 
y trabajos, quie es lo túismo que adjudicar á cada uno 
su propiedad. Lo que costó mas a los Jesuitas hacer gus- 
tar á los indios del Paraguay (añade Róbertson^ tom. a,^ 
pág. 58a) fué el goce común de los bienes que introdujeron 
en sus misiones, contrario á las ideas anteriores de los in^ 
dios. Conocian estos los derechos de una propiedad priva" 
da y cxclusim , y se sometieron con pena á ideas opuestas 
4 ella. Entre los salvages mas feroces (según Volney) no so- 
lo hay propiedades^ ftino que se ha fijado por el uso la su» 
cesión de estas propíedaácij.' Entre los unos. las heredan 
4os padres , y entre otros se scwrtean en k tribu ; de modo 



SEGÚN EL ORDEN DiK LA NATUBALEZA. 3t 

que por última consecuencia, en cualquiera pais, desde que 
se supone haber en él hombres, hay esencialmente pro* 
piedades^ como en donde hay propiedades hay esencial* 
mente desigualdades; [orque no todos tienen derechos 
Iguales á los bienes de la tierra ^ puya igualdad es física y 
radicalmente imposible según la ipspeccion sola de la na- 
turaleza. 

Se ha .creído Iiallar la igualdad ea lo que jse llama es* 
tado de la naturaleza (dice ¿i autor de JSl orden ruatural de 
las sociedades cap. 16), la primer^ contradicción que se 
halla en esto, es que la ley de la propiedad ^ esta ley fun* 
damentaJ ele las sociedades, que es la razón primitiva de to^ 
do, se halla necesariamente (exclusiva déla igualdaci- lUtd, 
igualdad quimérica es de una imposibilidad física en cual' 
quiera estado que se suponga á los hombres , pues antes de 
la institución de las sociedades .convencionales todos los 
hombres tenían derechos, que en el hecho eran desiguales; 
Puffendorfjsmno^ á pesar de su furor por )a igualdad» 
dice que ea falso que po hubiese propiedades jantes de la 
institución del estado civil: falsum est extra civitates 
non esse proprietatem reriim.,.. ante instituías civitates do* 
minium rerwn nonfuisse gratis negatur(Yih. 8. cap. i), 

XII Sería pues preciso decidirse á negar la evidencia pa*" 
ra contestar esta verdad^ y cuando se oye á /. /. Rousseau 
transportarse con tanta indecencia contra el que exclamó 
primero, esto es mio^ no hay quien deje de tener el de- 
recho de preguntarle á él, con la misma cólera: que ¿á 
quién pertenecía el campo del primer hombre cuando 
aun estaba solo? ¿A quién pett^jieck m cas^, su pesca ^ su 
trabajo y las bestias que habia criado? ¿A quién? ¿sería á 
stis descendientes que aun no existían?.,. 

XIII Es pues indudable, que desde el origen, en todos 
•los tiempos y en todos los paises, antes de la posibilidad 
de los pueblos, en lo que se llama estado de la naturaleza, 
hdhía propiedades 9 y no tenían loé hombres derechos igua* 
les á los bienes^ á los honores y á las dignidades de la tiev- 



3ft IGUALDAD D£ DERECHOS IMPOSIBLE 

ra. Es igualmente indudable, que aun antes de la posibili- 
dad de los pueblos , el primer propagador de cada pais tu- 
vo una autoridad y una soberanía , propiedades y dere* 
chos que eran suyos exclusivamente , y no de sus descen- 
dientes , que aun no existiap.... Pueblos insentatos , excla- 
maremos con Moyses en su magnífico cántico: Popule 
stulte insípiens. Glorifiquemos á Dios : Vate magnificen^ 
tíam Deo: y convengamos que no es de nosotros mismos, 
sino de la mano de Dios , de la que cada uno recibe sus de^ 
rechos; y que todo lo que podría concluirse de lina reu- 
nión posterior , que sin considerar los derechos de su gefc 
universal , le despojase de sus propiedades y de su sóbera* 
niá^ para ponerlas en común , y dividirlas entre sus des- 
cendientes, sería que se hobia trastornado el orden de la 

naturaleza. 

• XIV El tercer hecho que se deduce de la igualdad de 
los derechos , es que en el origen todo debió distribuirse en 
concurso, según la distinción sola del mérito personal'^ y 
por poco que se abran los ojos sobre la marcha de la na- 
turaleza, se hallará que este hecho no es menos absurdo 
que los otros dos. Si en cada pais el primer propagador tu^ 
yo propiedades antes que sus hijos, no fué porque tuvie- 
se un mérito superior , sino porque existió antes que ellos: 
si tuvo la autoridad paterna sobre sus hijos, no fué por- 
que estuviese dotado de an memo superior^ sino porque 
era su padre ; y si este primer propagador se hizo padre 
soberano de todos los padres subalternos, tampoco fué por 
su mérito superior, «ino porque era padre universal de sus 
descendientes. El arreglo primitivo del orden social no se 
hizo en concurso según la consideración respectiva del 
mérito personal , pues que estaba ya arreglado por el Cria- 
dor mismo antes que pudiese haber ningún concurso ; y 
cuando el primer propagador de un pais cualquiera hubie- 
se tenido muchos menos méritos que cada uno de sus des- 
cendientes, no impediría esto que, por solo el primado de 
su existencia , tuviese derechos de propiedad , de autori* 



dady dé\sóberánía^ mm:ftofte//2poaflt6é'qiie ellos, jflotft-^ 
bres ín9erisiEÍfó& ^* honrad áDiósí Date'm&'^nffrétmíamlíco^* 
y sabed qne no giticláíjí las' *]ídtéáadc8 eti razión dd méntt)^} 
sino ¿n razón dél>itf|cr/7ÍífemotV yqoe toda Jo que p<«tótíP 
CDíKíltíír5¿' de uúa reüntori 'posterior que, «in eónsidéfór di 
plMÍñádó^ de* tfstfe ' gefe 'wniVersal /qoisiese despojarle d¿ éti¿ 
deitechb^ dé- aiitotidad , de' píoptedad y de soberanía parar 
pasarlds'ipn^'iíéincíirso al inas ^spirkaal y al mas mérito*^ 
rio <^' sus descendientes, ' sería joé íé habiU'irastornadael 
orden: dé^ tú naturaleza. ; 

XV G)nsíderemo8 de nuevo eséoé bechtíé'bien darot' 
p6r sí. No se ban multípiicado los bombres por las insti- 
tuciones humasias^ sino por la ley del aut(^ de la naturaleza^ 
mediante la generación , como sus bienes se multiplican por 
medio del trabajo, y sus trabajos por d de' su industria y 
sus talentos:... Luego la distinción del nacimiento^ la de 
las fortunas^ la de las autoridades ^ la déla soberanía^ 
y la de-las propiedades i hq sOn distinciones de institu-^' 
cion , pues qiíe todas traen su Origeh dd Autot dfe la naturd-* 
léza. Luego la sociedad no es lín arreglo de instítudon, 
pues que trae sn origen déla ley de la naturaleza. Antes de 
todas las instituciones humanas habiá ya un pequeño cner* 
po que tenía su cabeza, sus pies y sus brazos, que habia re^ 
cibido todas Sus partes constitutivas de las manos de la mis^ 
ma naturaleza , y que las trasladó necesariamente de ella á las 
constituciones humanas. Luego el orden social existia antes 
que los pueblos: luego no fue creado por los pueblos, &c. 8cc. 
Son inagotables las consecuencias que salen de aquí. 

XVI Por una inconsiderada y miserable ceguedad se 
ha llegado á decir al universo , que en virtud de los decre- 
tos de los hombres se habían destruido todas las distinciones, 
y no se reconocía otra que la del ' mérito personal..,. Aun 
cuando llegase á decretarse así por espacio de veinte años, 
se hallará siempre una ley independiente de todos los de- 
cretos humanos, que siendo la regla de todas las leyes, es 
imposible destruirla : ésta es la ley de la naturaleza.,:. 



34 IGíJAlíDAQ DE DEBEGH06 IMPOSlBIiE 

Ciclando $e decretase por el mismo ^espacio de tiempo la des* 
tr4:ip<Úoa de todas las distindpjjé^^. hay distinciones inde* 
pendientes de los decórelos, ht^mano^ imposibles dedestruir, 
como son las distinciones establecidas por el Aut^or-^le la na* 
tdrakza. El hombre solo. puede destruir kxjup e& d,e.^u!iíi8« . 
títucién, y éstas distinciones no lo spn.jCuan4o todo. el .uni- 
verso junto se conviniese en na querer rjbconpcer. otr4 .dis*. 
tinción 1 que lá. del mérito personal., es preciso .que reco- 
nozca á, pesar suyo la verdad, y que ademaa.de Jadistin-» 
cion del mérito personal , y aun antQS de la distinción del 
mérito nústno personal, existían otras dos distinciones evi- 
dentes é indestructibles, anteriores á todos nü^tros decre* 
tos, cuales $oa Iq de la fortuna y del nacimimto^ y la de 
las autoridades y de Ictí propiedades. 

XVII Aun hay mas; que .en cada una de est^s distin* 
ciones, todos los hombres son esencialmente desiguales, y 
desiguales bajo todas las relaciones : de la desigualdad natu* 
tal de las disposiciones, en que convienen todos, nace esen- 
cialmente la desigualdad d^ los trabajo^ de ésta la de las 
propiedades 9. de la de las propiedades ^ la de hs forturiasi 
de la desigualdad del nacimiento^ nace la denlas farniliasi 
de la de las familias nace esencialmente la de los gefes'^ de 
la de los gefes, la <íe la subordinación de las autqridades'^ 
y de ésta, la. existencia de tina autoridad soberana. Es ab- 
solutamente imposible que la desigualdad de lQ^^efes de fa« 
milia no suponga un gefe soberano^ como t\ que la desigual- 
dad de las autoridades deje de. suponer una autoridad so* 
berana.... Y ¿quién es el que ha establecido ¿sto5 desigual* 
dades en cada una de nuestras distinciones? Una voluntad 
superior á la nuestra , cuyos decretos no podrán mudar ja# 
mas los decretos de los hombres. 

XVIII Se sabe que antes de nacer somos todos indife- 
rentes á los bienes, á la autoridad y á la soberanía; pero en 
virtud de una voluntad superior , desde que nacemos que- 
damos subordinados á un gefe soberano. Después de nacer, 
ó tenemos descendientes ¿ no, trabajamos ó no trabajamos; 



sEctfN LA- «Azoír;^ 35 

teaetñós autoridad 30bre ótrdeii ó no la léiiémos; y de aqui 
naceQ otras taútas disáncioñ^^* desigualdadei y detechós 
personales qiÉÉTMexístifiín eyíclemémeme ¡aittds •que hubiese 
ciudadesr, Y^íáé^Wnéigiiienté antes que hubiese pueblos. A 
stata tintatáñ añté-^réssor Hombres insensatos: alfibad 
á í>iósv y^cotirv«nid^ qué según la itlsp^idn^ de lántt^ 
tl:tirále^a, las desigualdades siaeialés han sióa obra suyaí 

y no de los '{>uebk)S^ !2^é fímgnif^etí\iktm Deonostro. 

- • , » • 

* *^ 

S. II. 

\ r ^ « . • 

Igualdad imposible ^gunlurtizoñ. ' ' 






I> ! Zcí naturaleza nos g^há* que no'foeüpóa loe hombres 
iguala en derechos jaibas; y Ictrazon nos^llce ep su apoyo 
qué jamas^ pudieron eédé^Torgtíe ¿qué éB el derecho? Cuan- 
áo }&^ñtíéBdHamaqu$^ la regla qae^úndtjice úl 6íe«s ao 
didé lo'bastatíté; ^pc)i^é^rdaKÍeramettWie¿>€/ poder -^m «tf 
aé^iereségúfi estatéglK Foder ó&^QOXúridadsóbverlsá 
j>ersÍE>Éiás' siguiendo lá fégla^de^las costumbres; podar de^ 
propiedad sobre las cosas, sigmcndo la ceg^ del trabajo.'^ 

U' ¿Guiñéala ley ekmeptal que Dbs dió.antbs de la 
exÍ8ta»cia mima del honlbreL.^.i La del bien y del mal.* 
El que ha elegido et mal, debe sentir el bi^n: y éste ea el 
derec^. Y el que ha ele^do el/Hen debe sentir el mal: y^ 
éste es údéber: He aquí como lo veremos.en la tercera par-^ 
te, los dos pesos opuestos «del libre arbitrio, que estando 
umd($ jx>r la ley dan ai ser áioral la facultad de querer 
y no querer en un misma instante: facultad sin la cual éxn 
rastrados necesariamente de nuestras pasióñesrdejaríamos de 
ser libres; '.'.'•■• 

Podemos pues decir anticipadamente que la libertad 
del ser moral 1ík> fue jamas la facultad de hacer lo que se 
quiere^ sino lo que quiere ia ley^ y de consiguiente lo que 
quiere un Señar. Y en efecto no se hallará ua solo filósofo 
que quisiese dav á sus hijos^ á^siu doa|ésticos^ ó á sus^tia^ 

£: 



$6. IQI^ALDAD flüfPOai^X^E 

bajadores la lif^enad 4eí \m^v h quípcj}}^,»: .p9¡Kijui0 
exigirá que m^lHimd Asa la ^egladéAíodpf»!.; ^.: -:- k^j ,i 
e-IJI Hombres: Jní?Qa8Ícl^radQ&^ á^jad p*i|h^ei t)Ja§feiBar 
foniar^ el Todo -ptodero©^ y j^onveaid en qij^á&d^s^W? efeí^^ 
«oníffprfecías. ,£?aíe matiific^nfian-DeQxnQstrOy M^kvperfecr. 
ta$uht optfra.':Qtierie«da hftQer^á 4o|^hOmbfe*jigpaleft¿tas 
feei^-heeUo <»tórpQl!.§ín cabea^ y.^j^fejo^fsift g^lbs, quft «i;. 
íoateadoft fíor; wá p^sjü^des , po pyedeo, jtoíc^p^^. g>or sua ¡crí^ 
menes sino castigos los mas terribles, en lugar de que si 
subordinaseis á los hombres por la sucesión del nacimiento» 
hallaríais que nos ha dado Dios'á todos señores , que ofre- 
ciéndonos fficqipp^ij^as,, n(^\di:^^^pe^'p^(;u^ineai^ la liber- 
tad de adquirir derechos por nuestros trabajos. £1 ser mo- 
f a¿ 5ao pfudof esairó» ijae^^ipiqi í^Uwíí f i|tJft5[$iSi:gii\ ^perio- 
iwiíj.-siia gQlHCi*iQa^:íYí^eat?\e§t2^9^^}i^uaW*A'^:^ 
konabrfts fca ttíviteseq riingim^,40KefJi^.dfi,,q.^lQri4^ 
$U9 hijo*/.0V.>de',prí¥Hed^:^^ .4 fcptp\^eAsi^ifí^<?4 
8^m.t^l^eftta^(í^0b5uncjí(>^^?^#í^ Jg ,J^?P»-:fiQl^í ^h 

te'magnific€híiafmI>GitmiUñ %\n\)^sifg^, Sí*5P^%-^ettate 
ribs « b^ :vÍBtófiobtigftdQ9! á jco^Vj^j^ii^ iej^' íWf>-'- í'í .í»i«¥^¿ 
nostri simi iudices^.' '-■.'-. ■'- .;,^..v -;. ' f*.;^^ '^mV^uu.v» 
í ' IV J.: J. ' Bousséau dice * /^ qnc^ aunque desife, .el^ or^en 
»bohut¿esexrultivado el homcbrela* tierra 8ÍQO:tX)n xmipa-» 
>^lo^ adelgazado , él trabajo dábá al cnhivador/derecho só^ 
»bre el producto de la tierra- que babia cultiyado^y .d!fe<5oa- 
>>siguiente se le daba^ sobreseí suela*.... Desde el tíi^gen el 
í9Íaas vivo corría mas , el mas fiíerte adelantaba mit3 en las 
lyobras, él msá diestro sacaba meprpártidó de lasisuyás, y 
ná mas ingenioso hallaba mas medios .de adelaotaclaE^ Uno 
ff^enia mnohbs' hijos ^ y el otroiiajos tenia. Upo ganaba 
»mucho mientras que otro ganaba apenas con que vivir. De 
j^la ditecen¿ia>ide las edades^ dévlo sahid y de las fuerzas del 
Muerpa; de laá cuaKdadesdel e$píi:itu y del alma » se seguían 
«mecesariaménte las desigualdades de rangos; de trabajos, 
lede riquezas^ de autoridades^ de.^íoderes'y. ^e todqs los de- 
i#masderechq3«L Juzgúese eegi;i9¿es tQ de-la existencia de es* 



■V»».., , , 



fcestadoMprimtívjO ^o e\,qác. loshombres .aian*fio tieniaa 
ni señoce»^ Jk^i^l^(}pcéfi9 lieycS/^rprópiedadefi; y. en: el qae 
{^^aiafl|d«rfioki'. menor nocíoii de.mio yjurro^: de vicio y 
46; vl¥tjüid]^4^i^'ustbui> é ia)ííisúct&;iy ea él (jue Ubres de ta* 
da3 lftá;ptaik<W^v;^'<ii^ U)dii»'lod»]i)á^ leiuant moguna 

|uerteKJe^/l;^fip<l,«wr4s^ flkdfi|d^b^f$ i^onpcWosr gozan- 
do 4e Ufl diAl?iíi»ftí3e>ufi,!W<ata:«iaii>^QpeujJiehu;.i^ 
l^e&^ safios , btmms y fisUo^.. '3Ppr cop^gniectte: d^ lUrt es- 
^^^áo^ginario en.elqgie teniaa bieo^s.síq^U'abajarigiibíJQs 
;^ (;rÍ4rlo^ 9(6814^ en. el qvie /tz ley .del bien y.dA mcd no 
iexí$tía íii:^i^ y §t>íi?l cjift; k^.lA(0i»t)iíe8 no, tenia» padues ni 
padceef, ,ñi,>^pií(JÍ4n Jj(^'.paas'de^l^ otros.* Ee vardad q^e 
/•• /. JEo^ís^w^W^íáftifeg^raJ .fiaJdel pt^efaoio rdei so 
disearsa seb^c^.fíl.ttig^nytló'las^ deHgualdfídtíi etnpiaziQ. á 
átícÍP?jáe/la:Beftlidad(d^^f»te;te^^ ^(lGfipb!^ iM« doaafieaajwc 
fiiede J§r^u^'^^ hayu i^xiétid^ míll^uQiá ^vdüir jamas. 
Segiift «I (h^^^ 4q la. ^viQésiop d^l naomíento» i podría muy 
Inbo. :koí)rarga»>sÍQ^^ai' él puede ser. A r i í; ; 
-', Yu 4Íidaib honibiíee que íreflfiüoqwi , y por otra parte 
xnny recoá^ebdabiéa^ haa podido- creer qué, /roTTiaturaíeza 
los hoifibres son- dguales'^.c^e' hubo un decapo en el que 
no>ia&Ú2m(iin'gun. poden \q8 rvaooámhtñ loaotroa^un tienw 
|K>ieo €{l que coráail todoa^^ispcK^Dspor los bogues; tlen^- 
fK> en* qbe aun . 00 tenbit «gefés $ superiores , autoridades ni 
propied£^8l ¿en qué época ^stló éste* tiempo? seria sin 
duda aiités:que hubiese hombres. ¿Con qué fundamento se 
ha podido orea: que sontos j/gt^dk^^/xu* naturaleza? ¿será 
por^hemas sido formados, t^os de im mismo harto ^ y 
tenemps iodi» eVmisrno destino P, r > / : 

VI . /Sernos todos formfidos de un mismo barro!... Pe* 
10 todos los afúmales, Ibs vejetales y los minerales , han $i* 
do. formados. tan»bien de un m^njo barra; y por esto^sei'áa 
iguales en derechos con él hombre, y áua iguales en de* 
Techos entre s\? ¿Son todps <fe$ti nados* á los mismos usos y á 
^os misjt&Q$^e9i|>leos?... E[^y muoha difierencia entre iguala 
dad y púruiad. 



3S IGüALtNLD iSlPOdlSLX 

liemos sido todos formadwde un mismo barto. Veré 
todos lo» miembros lo han ádo también. ¿Y por etlt^ han dé 
ser tpdos iguales al nacer? ¿Tienen por eso toássckeirecho al 
mismo rango, y á las mismas funciones? ¿ Qué' ae^ diría dé 
un hombre que partiendo ideesle 'princij^abMrdq dijese á 
los p¡(es: ¿no es afrentoso que aíideüs por el polvoy^iél barrid 
encargados de UevtM^ el peso del cuerpo? ¿no estáis ftMrmados 
del misino barro que la cabeza y los brazos^?... y quéen coas 
secuencia de ^te bello raciocinio haciendo una monstruosa 
mezcla de los miembros del cuerpo humanó propusiese una 
iinconsi^rada^ elección para que alternando todos loe moé 
'se. pusiesen ^üccesivamente las orejas en la plaza de loeojo^ 
!y los pies en k^ de las manos, gritando déépu^ de ^a eleó» 
. cion,' vioa la^ iguhldad y la libertada He aqui exactamen^ 
te el emblema^ ^el <le lo que hemos' obl^add^á hacer á los 
pueblos desde que hemód admitido la igualdad de derer 
€/»05, y eMeoguage ridiculo que les hemos hecho tcener. ^ 

YII Porque los. miembros del cuerpo sean fbrmadoé 
del mismo ha^rq^ ¿impedbá esto.que d AuttMr de la tj^tu/aie- 
za haya hecho\(sIe éste mismo baff^ petrificado de diversos 
modos una adieza,* pies/ ojos y brazos W[{pe no son destina^ 
dos enteramente i los mismos empleos?..;/ Porque seamos 
formados de un mcsmo ¿airo ¿habrá de suceder que en ^ 
cuerpo social y por la sucesión del nacimiento deje IXo^ 
de haber constituido á los iinos padres y á los otros hijos; 
á los unos los priiperos y á los otros los úlrimos ; á los unos 
serranos y á los otios subditos? ¿No se pudieron hacer 
de la misma masa obras compuestas de diverso modo?- 1 
Lo que hay de común entre todos ¿podrá hacer ^que nó 
'Varíen las formas y lo& rangos?.. ¿No son susceptible^, el mis- 
mo barro de una infinidad de arreglos; las tírismas ' tecbn»' 
pensas de una. infinidad de grados; y los mismos indivi* 
dúos de infinitas diferencias? 

Yin ^^ Aunque todos los hombres sean de una misma 
^especie, y capaces de la misma felicidad (dice üf . Fenelon) 
aseria engañarnos n\ucho creer en esta igualdad iiicompá» 



SEGÚN IiA EAZON* 3^ 

»^le con. la' sulxHdipacloa. Su ser ea de la misma especie; 
>;pero su jotiodo de ser es díferenle: y estas diferemúas fa^ 
»cen el fundamento de una superioridad anterior á iodo 
»contrata'' ( Principios de Fenelori sobré los gobiernos 
cap. 4). Entre paridad é igualdad liay una difeieneia 
enorme. 

IX ¿Por qué' pues se ha oreído en esta fatal igualdad? 
¿Será por ^te adagio tan pomposamen^ repetido : que á los 
ojf^s ¿e Di/os y de la Religión y déla Ley son los hombres 
naturalmente iguales ?... Los hombres iguales á los ojos de 
Dios\ Qué! ¿puede querer Dios qué los hombres sean igud* 
les después de haberlos criado desiguales? £s una hlasfe- 
mia.... ¡Hombres iguales a los ojos de la reUgion! cuando 
en todas partes x^os habla de sumisión , de obedtenda y de 
^ibordinacipn á nuestros superiores?;.. iQué absurdo!... 

¿Qué fiÁgiiifica pues este ada^ó. célebre, qae todos los 

hfimbres son iguales á los ' ojos de Diost^* Quiere decir 

simplemente, que delante de. Dios no hay acepción de per* 

sonas : que ouando se trata de castigar no distingue entre 

grandes y pequeños: que el s<d)erano mas poderoso de la 

tierra, 'Cuando parezca en su tribunal formidable, se pre* 

fentará temiendo como el último^ de siis subditos: pero será 

siempre ^^odo como, soberano, y si fuere culpable será 

castigado siempre cic^mo soberano. Potentes potenter cru^ 

cidhuntuí:. De modo que Ja igualdad de derechos no se 

hallará en pfi»:te alguna : ni en el cielo donde Dios ha dado 

gefes á los'^áQgeles mismos; ni en el infierno donde ha cons* 

tituido gefes: para presidir en la ejecución de su justicia ; ni 

sobre la tierra , donde ha creado gefes para proteger la des-' 

igualdad de los derechm , y conscjrvar á cada uno sus pro^ 

piedades. Y será siempre cierto que Dios no ha hecho ja» 

mas cuerpos sin cabeza , ni creado monstruos. 

X Este adagio que todos los hombres son iguales á los 
ojos de la ley no ha significado jamas otra cosa , sino que 
ella nos tlcbe igualmente protección á todos , á los grandes 
y pequeños. Pero nunca ha dicho Dios , como se cree en 



4& IGÜÁLDAiy llVÍf OSíl^tE 

nuestros dias, qü6 huboun tiempo en el que los hombres no ' 
teaiaa geSea; ' que fueron Ids pueblos k^ que se 'los dieron;^ 
que los. soberanos son solo «qs representante^^ y que de ellos 
es de quien ' recibieron sus poderes. Ni Dios nVld Religión ' 
cristiana han usado de un lenguage semejante. Al ccmtra* 
rio , Dios nos ha dicho siempre , que todo poder viene de 
él:¡, qiie jiuestros gefes son representantes suyos y no del 
pueblo; y que él ftiismo es el que nos los ha dado; nos exv 
plica cómo lo ha hecho, á saber: por la generación y la su^* 
cesión del nacimiento. Por este medio ha subordinado á to-' 
dos los hombrea; los hijos á los padres , los padres subal- 
ternos.' á* su ge£e soberano; y asi es conu) bá dado spcesiva-' 
mente á cada úi» ^autoridades y propiedades^ orcíenando 
baja páíia de condenación eteraa que Teepelemos á nuejs« 
tros superiores como á nuestros padres z Honrarás á tu 
padre y^dta madre, Y asá por láltimo es cot&ú ha dado 
gefes á todos los pueblos mas de quinientos años antes que 
fuesen formados, y como lo ha» sido en efecto. 
'XI / Hombres sin gefes ^- y naturalmente * iguales en 
derechos! ¿Y á qué pais querrá conducírsenos para mani<^ 
festarnos la exfetencia de hombres «in gefes? ¿Será entré 
los salvages , ó entre los pueblos nacientes ? Pero cada tribii 
tiene ya sus gefes antes de hacerse uti pueblo. ¿Será entre 

los que viven de la pesca y de la caza? Pero hallaremod 

gefes ^ ancianos y señores^ y la razón nos dice que es Dios 
quien se los ha dado. ¿Será entre los Efeciense$ ^Zacede^ 
iíionios^ y todos los que viven en comunidad? Pero por to- 
das partes se hallará que los indivuduos ponen sus brazos, 
sus bienes y sus trabajos en común ; y que tienen gefes y 
propiedades^ y de consiguiente desigualdades. ¿Será por 
último entre los hijos de menor edad?...... Pero mientras 

que el padre no se reembolsa de sus anticipaciones, todo 
es propiedad suya. Guando lo ha sido, es de los hijos. El 
padre no es entonces mas que el juez y el conservador. Lo 
mismo sucede con los menores con respectó á los curado- 
res. Por todas partes se hallarán gefes , y es preciso que log 



6EGUN LA RAZOM. 4 1 

haya , para imponer la ley del trabajo, y felar en las dís- 
ivíbucioBes. No hay ser moral alguno .siya gefes^ y es iropo* 
síble que le haya. 

XII Cmndo M.de Montesquisu nw dloe que si, hay 
desigualdad entre los padres , hay igualdad entre los her* 
manot y' k)6 primos; usa de un puro sofisma , porque i la 
<¡abezade estos hermanos y de estos primos, se halla siem^ 
prcun gefe común que vela en la conservación de laa prp^ 
piedades particulares. Quorer destruir la 8uperioy(idad de 
k(s,ratígos , y reducir á los hombres á una igualdad ima^ 
ginaría ( dice también M. de Fenélon , cap. 6.) i^es blasfe? 
j#fiiár €ontm la proñridencia , y atentar contra los derechos 
iMiel aobeíane padre At familias,. que da á cada uno de aus 
ii>htjo8< la plaza que le conviene.^^ La razón sola.^os dice 
que' de soberano padre de familiar lo ha graduado todo pov 
hitiitxsuyn del nacimiento ^ y por conaecuencia, quQ los 
hombres eran desiguales en derechos am ^ quinientoa 
años antes que pudiese haber pueblos. 

; ZIU No ignoramos que tm cestos últimos tiempos se^ ha 
llevada el delirio hastd el punto, no solo de creer y enseñar, 
aino atua de jurar , .<píue ios hombres son. inaturcUmenté 
iguales en derechos i pero ¿hasta qué punto han juiado?.... 
hasta el de empeñarse á df golMr. y ^^es^iar mientras que todo 
el mundo no haya jrecobmdo el derecho d^ darse soberano. 
Pero sé también que iguales }uram^to$ son perjurios^ des* 
mentidos esekicialoi^te por la «yideooia , que no se permi- 
4m ni p^miüráú: jamas los hombros a^(Os y que saben 
meditar. 

XIV Sé que .en el principio del mundo, a)mo ahora, 
antes que los otrosí hülHesen nacido, ó mientras se entrega^ 
han á una culpable ociosidad, he podido cultivar una por* 
eion de tierra, juntando bienes y rentas considerables, ga»» 
nadas.cdn el sudor de mi frente, y defendidas con peligro 
de mis día3; y nadie podrá dudar que -estos bienes sean mioa 
profHos, pues que soy perfectamente señor de ellos, y tan 
esenciíJmente^ como dí5 loftbraízQs,^^ de Jas panos ó los ta- 

F 



4^ IGUALDAD HMCPOSIBLE 

lentos con que los he ganado : ¿y se exjjlrá que todo el mim* 
do jure que estos Inenesno me son ongínariameqte perso* 
nales? Por mi trabajo y mis talentos los he recibido inme«> 
diatamenie de la naturaleza; ¡y se querrá que jure que los 
recibí de las instituciones humanas! 
' XV Sé por último, que desde el principio del mundo 
como ahora, he podido producir una larga sucesión, que 
como los ramos de un árbol fecundo, $e dividen bajo de 
iñí en innumerable^ familias, que se multiplican mas y 
mas. Nadie dudará que estos descendientes son realmente 
mis descendientes; que me pertenecen tan substanc^afanen» 
te como mi propia pertona y mi ' sangra, - de la qoe han 
•ido extraklos , y que por lo mismo soy> tan esencieilmente 
mi gefe , como ^1 tronco del árbol es el principio del tropeo 
de las ramas que han salido de "éh' Tengo en conseciitenci^ 
sobre ellos derecho pei*sonal , y una autoridad de sobera.^ 
¥iia que es mia sola, y puedo transmitir á quien quierja^ ¡y 
se exijirá que todo el mundo jure que D^is descendientes 
me son iguales en derechos !...4 Mis bienes^ miautoHdSad^ 
mis derechos i todo es mió propio, y lo he recibido todo dé- 
la institución misma de la naturalezja; i y se querrá que yo 
jure que' lo he recibido de mano deí los hombres! Si yo lo 
tuviese todo de ellos, los faoicbres podrían destituirme; y las 
personas, los derechos, las propiedades y la autoridad, todo 
serta entregado ál libre wbitrio.' 

XVI Estos principios son radicaliüente falsos á lew ojos 
de la razón , y si hay aun quien pueda adherirse á ellos y* no 
se hallará uno que , despreocupado , deje de conocer^ qoe el 
jurar esta infausta igualdad de derechos ^ es jurar la pénlida 
de los pueblos , el saqueo de las propiedades , la vi(Jadon de 
todos los derechos, la ttsurpacion de todos los bienes^ el 
trastorno de todos los estados, la dtsoludon de todas lasso** 
ciedades , la destrucción de todos los tronos , aun el de Dios 
mismo, y la ruina de todas las distinciones que habia esta=* 
blecido la naturaleza por la conétitucidn esencial del orden 
social : ni puede cwicebirse juramento mas infausta, mas ab- 



SBGUK LA RAZÓN. 4$ 

ionio, ni mas idiomlnable para todas las formas de gobierno, 
í XVII Si es el hombre un ser moral , sometiéndose vo- 
luntariamente á la ley del trabajo, debió adquirir siempre 
derechos de autoridad sobre las personas, y derechos de 
propiedad sobie las cosas : derechos que solo á él le perte* 
nacen. La razón nos dice que los hombres fueron siempre 
seres morales '^ y ella misma nos dice que fue siempre im* 
l^ibfeque los hombres hayan sido por un solo instante 
iguales en derechos. Hemos probado ademas que esta iguai- 
dad fue siempre imposible segnn la naturaleza y la suce* 
sion del nadmiento: probaremos ahora que es igualmente 
imposible según la distinciím del mérito soto y y lo veremos 
«n la sección siguiente 

Igualdad , imposible según el mérito solo. » 

I Los facciosos que piden la extinción de las distinciop 
nes que ellos no tienen , se guardan bien de reclamar la 
supresión de la que presumen tener , la del mérito per so* 
nal. Al contrario , pretexiden que ella sola es de la ftatura* 
leza 5 la única que existió en ú e^do primitivo; la únkt 
por la que sean dktribuidos á cada uno los bienes, las digf 
nklades , las plazas , los enipleos y los honores; y la única 
á la que se debe tener consideración, aiái en nuestros diaU, 
para esta dase de distribuciones. r 

i.^ ¡El mérito personal !..j,. Diremos á los partidarios 
de la igualdad..».. ¿Qué entendéis pot el mérito personal? 
¿Son las disposiciones y los talentos ?...%. Pero aun cuando 
no hubiese entre los hombres otra distinción que ésta ¿ po^ 
drá decirse que todos los hombres nacen iguales en' dispo? 
siciones?.. * Y ¿qué importa, se les podrá decir, que no ex- 
cluyáis al resto del pueblo de las plazas y las dignidades, 
por; una distinción cualquiera , si por esta sola se hall^ 
excluido? 

i 2^.? ) Los talentos..... Pero no todos los tienen ; y si , se* 

• 1 



44 IOUÁU>ÁD IMPOSIBLE 

gtiD el sistema de los partidarios , todos los que no tienen 
talentos se hallan privados del derecho á las fnnciooes. del 
orden social , ¿cómo se atreven á establecer por princi* 
pió, que la universalidad del pueblo es el soberano, y que 
todos los hombres son iguales en derechos? 

Lo$ talentos Pero los talentos por si solos nada me* 

recen; es necesario el trabajo, y sin él son inútiles. Entr« 
los hombres de talento hay muy pocos que trabajen : ¡ y 
cuántos hay que no trabajan ! 

Los íalentos.,*.. Pero no son de mésito alguno sino ea 
cnanto se tcabaja arreglado á principios seguros. Ua artífice 
que trabaja según los pidncipios, hace obras maestras ; ua 
artífice sin principios, perderá siempre sus obras. Lios granr 
des talentos con principios son» un tesoro ; sin principios, 
ó con principios falsos, son un puñal; y es bien notorio 
que son muy pocos los, que tienen principios,. y muchos los 
que carecen de ellos. Luego no todos los hombres tienen 
derechos iguales. 

los talentos^.... Pero éstos no n]ereoeii< sino en cuanta 
se sigqen las reglas de \a» buenas costumbres. Un hombre 
limitado que tiene costumbres , es un^ hombre útil. Un hom* 
bre instruido, que escucha soto sus inclinaciones , es un 
ser dañoso. Cuando los talentos llegan á ser los ministros 
de las pasiones, spú tanto mas terribles, cuanto son mas 
brillantes. Hay tnvchos que hacen servir sus talentos al 
triunfo de las pasiones , y muy pocos que tengaa conducta 
y costumbres. Luego no todos tienen derechos iguales. 

Zos^ talentos..... Pero estos solo merecen mientras so» 
cultivados pop la educación, é-ilustrados por la experien* 
cia. Un sabio académico da- bellas lecciones sobre la eultuta 
de las tierras, y un buen labrador sabe cultivarlas;... Un* his- 
toriador haee- disertaciones científicas sobre el arte de sitiar 
las plazas , pero un* buen general sabe tomarlas. Hay xnuy 
pocos que tengan práctica , y muchos que solo tienen teo- 
rías. Luego no todos son iguales en derechos. 

Zos talentos..,. No acabaría si quisiese entrar en un por- 



ñU&Vn EL MBRIlt) SOLO. 4$ 

menof de tocio lo que e» preciso á lót talentos para que sean 
cok)GQdo8. ;Mud^8 veces los talentos mas sublimes merecen 
infinitamente menos que los talentos de un orden inferios: 
]uego aun con talca tos iguatle^ Jo^ hombres no son^ iguales 
en detechós^ 

lU Tampoco acabaría si qiHslese esplícar detenidamen* 
te todo lo que es preciso para destinai los tálenlos» No debo . 
omitir sin embargo que es preciso el arraigo^ porque sin 
bienes ¿qué podri encargarse á lps« hombresde talento? An« 
tes de destinarles es* preciso que tehgaa opaestros^ porque 
sin ellos ¿cómo lo» cultivarán?.... Son precisas las leye», pór^^ 
que ¿'CÓak> se reglarán sin ellas?.... Es^ preciso tener autori- 
dades, porque ¿cómo podrá juzgárseles sin jurisdicción? Es 
necesario que tengan projxedades^ y derechos per^nales^ 
|)orque sin esto ¿ cómo podsá sometérseles»? .... Si los bieneá 
6oa comunes ¿ cómo podremos* imponerles tá l^^d^l tra* 
hajo para recoger lo que es nuestro?.*.. 

IV Se habla hoy solo de la distincioa de los talentos» 
y para hacerlos valer se quieren extinguir t^as las demás 
disünciones..*.. Pero sucede de los talentos del eq?iriíu lo 
que con. los del cuerpo, que jiBimas darán derecho alguno 
sobre las personas,, parque de otro modo, los criados ten? 
diúan muchas veces derecho sobre la persona de sn& scoot 
res : ni jamas le darán sobre hs cosas , porqué de otra modo 
los jornaleros tendrían Jerec^o .sobre los bienesr de los pro<f 
pietarios, y no trabajarían. Como los talentos donde quiera 
qioese halfen son/ hechos para trabajar, el Autor de la natu^^ 
raleza-, siempre sabio en sus arreglos, se ha detenido mu» 
cho en ponerlos sobre las autoridades. Por brillantes que 
hayan podido ser , los^ ha sometido dejando de ponerlos to* 
dos en la mano del que gobierna, y distribuyéndolo» entreí 
los subditos que tiene á-su vista. Cuando se trata de hacer 
usode ellos, pertetiece al señor elegiclo&con di^eernimiento^ 
emplearlo» con precaución, y dirigirlos con prudencia, en 
las operaciones del cuerpo político, sin permitirles jamas 
separarse de las leyes, porque desde que deja de sujetárseles^ 



46 IGUALDAD IMPOSIBIiE " 

e$to9 iostrumentos preciosos hechos para dar h vlda^ vie» 
nen infalibleroeute á ser instrumeiito de muerte ; y cuanto 
mayores son , serán mas terribles. 

y ¡Grandes talentos!..^ ¿Pero los quehmi hadio nues- 
tras últimas revoluciones carecian de ^Uos? Todos los qne 
han hecho* revoluciones- desde el principio del mundo ¿ no 
tenian talentos?.^ Sobresalian particularmente en el arte de 
la guerra ; ¿y qué han hecho? han quemado easas^ saquea» 
do ciudades^ degollado propietarios, éinunoado la tierra dé 
sangre; ¿y par qué?,.. Porque se pusieron los talentos sobre 
el nacimiento^ y se trastornó el orden de la naturaleza. 

VI Se pregunta en nuestros dias; ¿dctfué sirve el na^ 
cimiento entre los hombres? Y verdaderamente esta pregan* 
ta no indica que vivimos en un siglo de laces, ¿No es un 
hecho tan claro como el sol, que los hombres descienden 
suceswamehte los unos de los otros ^ y que han descendido 
siempre?^. Por esto es bien sencilla la respuesta: ¿Qué ha* 

ce él nacimiento i^ntré los hombres? Hace i.° que uno» 

vivan antc§ que otros: a^^ que el que nace primero viV6 
cuando otros no viven ; que uno tiene ya hijos , cuando otra 
no los tiene; que unos trabajen^ cuando otros no pueden 
trabajar ; que aquellos tengan grandes bienes , grandes po- 
deres y numerosas familias , grandes derechos , grandes do^ 
minios , grandes propiedades^ cuando los otros nada poseen^ 
ganados, grandes herencias, y grandes habitaciones, cuan» 
do otros üáda tienen. Y véase aquí lo que hace d primado 
del nacimiento; lo que hizo desde el principio del mundo; 
y lo que hárii hasta la consumación de los siglos. El prima* 
do del nacimiento será siempre la primera de todas las dis* 
tinciones en todos los tiempos y en todos los paises. 

VII »Si (como dice M. de Fenelon en sus principios 
»cap. 4) todos los hombres naciesen en una misma hora jó 
ffsaliesen todos juntos de la tierra como los compañeros de 
»Cadmo, con toda la estatura y toda la fuerza del hombre 
♦^perfecto , podría decirse muy bien , que nacían iguales €n 
»derechosJ*^ Pero mientras que flesciendan los unos de los 



SEGÚN £L MBRITO SOLO. 47 

atros^ importará mucho esta sucesioa del n^imlento. Cuan- 
do el primer gefe xle mi tribu existía tmce- mil y doscientos 
aoos 9 tenia ya derechos^ que yo no podia tener ; y cuando el 
fundador do cádaí puebla edificaba su ciudad , tenia ya 
mnchos:dérechós.dédóminio y desautoridad que lio podia 
tener su pueUo y porque no existia aun en el mundo. 

VIII ¿Ar quién confirió. Dios y en el origen^ lafr primera» 
plazas de los gotúernos ? ¿fue á los grandes talento»?:.... No,; 
sino á hombrea det pnmé- nmirnienm 1£ em imposible; 
que hiciese, otta cosa /porque sólo existian d\o9j:^n ei pri*' 
mada del nabimienio ñ'^< íd^ grandes; fortunas' ^.; los graii^ 
des bienes '^rl» ^ndes/ ai^toridadeii^^ y las grandes* propie- 
dades.. Fbr media de estosi'híersé^Mpadf^e* hizo traba jar- i 
desde luego 4 sttí»: líi)ós;^ la príme^ú:' gen^pcúchm ^ la ^^ 
gunda ; :é&tá á la terétera ^ &d. Y por estos medios hicieronr 
iiiWt^y^os^ ¿randci) talentos qae se vieroa oblígaét^ á trá** 
bajar bajo susr órdenes. SI k ejemplo del Ser suprema pone* \ 
mos ¿ lai «i^abeza de los estádps hombres de ¡ufv gran - ñaci^ 
míeiiío i tendremos coa ^guridbid en todas; partes, ta/r/tíos; 
ári/e5, porque :serátv presididos^ por hombrea que^ tendrác^ 
todos los íxiedios'd^ recompensarles 'y castigades.;FerQ si al 
eonttár^ ponetúlosj en su lugap hooibrea de baj^ pxtcaÉcion^. 
en "vez' de ser útit^ ¿o^ talentos y se harán dañosos ^ pocque 
na tendrán á sá' cabeza ^na señores, interesados en el 
éaqueo.'^ '-' • ■-'' - ^'- >*'■•'"' •-'■ 
4 IX No ;desaprobámo9Í^>la'distifacioa de Z05 íaZehíoí^j y 
nos guardaremos mucho de^ haceHot Sometiénddíoa á bom^ 
-bres de una grande autoridad'^ el soberano ^ en todo su 
imperio^ se aplicará á vivificarlos^^ después de haber ere- 
gido en todos los puntos- colegios ^ universidades ^ y exce- 
leátes casaá de instíucjcion en todos loáramos; podrá saber, 
ftor el testimonió de los^ conocedores y dé los maestros, 
cuáles son en <:ada rama los^ educandos que' prometen mas; 
y les colocará según su mérito, teniendo consideración al 
grado de su nacimiento ; los confiará una porción de su 
autoi^idad ; los promoverá á los honores y al mando de sus 



48 AGUALDAD IMPOSIftLS 

ejércitos ; loa llamará oerca de su persona 9 y los 
en su ministerio ; y por úlámo , sin pa\le¿ ^unas de Vist» 
las demás* disdneiones de la natoraleea , disdriboirá losem^ 
pieos públicos' en razón dHiáérito personal. - i . . 
í X Sometiéndoles «como loiha hecho Dios á'hombresí 
de una grande >9Utorídad, convenimos que se d^be- tener 
mucha "^nisideracioá á la distinción de los ^saleptos.: Cada 
padre sábalterno eñ su famirüi^ y cada ^superior en su cuet^ 
po,.de|peri procurar animarles. Cada uno. en leí > porción de 
gobierno ique sé le haya <»MÍifiado^ deba ««Imstic mIo en las 
plazas, y: pro^noverá. loa diversos empleos <^ i los>qt]e hallan 
re mas capaces ^ mbaB /útiles!^ í y que sé disMngüen mas po^^ 
sus talentos,: JSsíos takn^ superiores. ^0 Ánsirúmienitos 
muy apropósito para trabajár.y ejecutar. }as:aiayoresiempre^> 
sas, bajo las órdenes de Ja aptoridad eiu^pdji jde^prc^idií^; 
en sus operaciones^ y en sus traba jos, "^^odo ^sto ets ;ÍQC0{i« 
testaDle* • .• » -' '.«...> ,, »- ». ,,;'-•.,•; 

XI Pero por deli<3adoi que sean estos iu^rnmeptgst: 
pretendemos que no 9oa:la auiá^idad ; que son distiíatoa 
de ella esencialmente;! quq poc^limablés>que.ipuedan pa*; 
recer, nóüos ha colocad^Bbft«:^bre la autoridad y elna^ 
cimierUo% que clofíde qúíeca'que losaba ^haUado 4 los ha ao-» 
metido á. ella, y que nosotros mismos debémoa^oateternos;* 
Pretendemos que quereriponerlos sobre todo:, como se hace 
eii nuestros dias , es trastornar las sociedades , y llevar ^ 
delirio hasta sá colmó. Por' muchos talentos que teoj^n 
loa hijos. Dios los ha sotoeddoi sui podre; 4os joraalecos 
á 8u señor;; Jos súbditds 4 su serrano, Ips ^dados asoü 
oficiales, y. éstos á su general Por íodas paites domiipa laí 
autoridad; y no ea /os, íaie/ito^, sino. e» el nacinibentOij ñ* 
jó Dios las aiUOf'idades. ¿Por qué un padi^ tiene aiuoru 
dad sobre «ús 4;ii jos? ¿Será por sus Ualenio^;? ^0, siijo por 
la anterioridad de su uacimienlú. Querer colocar los tar 
lentos sobre las demás distinciones , producirla el trastorno 
absoluto de todos Iqs principios dq la naturaleza Desde que 
se cree que el mérito supone esencialmente recompuíisas y 



SSGtJir EL MÉRITO SOLO. 49 

castigos , debe suponerse con toda evidencia qtte tiepe so* 
bre sí señores, soberanos, jueces y superiores. No ha su- 
bordinado Dios los sub<&:os á sus señores por la regla ab- 
surda del número y de los talerUos. Ni en la subordinación 
que faa establecido en los bienes , las üortunas , los dere* 
chos , las autoridades y en las propiedades, ha seguido otra 
tegla que la de la suceáon invarÍ£d>le del nackcHento ; de 
modo que esta distinción será siempre la primera de todas 
las distinciones , en todos los tiempos , y en todos los paí- 
ses , porque lleva consigo la de las autoridades y de las 
propiedades. 

XII ¿A quién dejaban puesteros {Kidres desde el origen 
los bienes que habian adquirido por sus trabajos ?••*. ¿A los 
grandes talentos?.... No, sino á sus hijos ^ y de consiguien- 
te al orden de la naturaleza. ¿Qué regla siguieron en la 
transmisión de sus sucesiones? ¿A. quién legaron sus do- 
dominios, su soberanía y sus poderes? ¿fue á los grandes 
talentos? no, sino á sus hijos, y por censecu^icia , al or^ 
den dd nacimiento. ¿Qué regla se ha seguido ^ra las su- 
cesiones en todos los pueblos de la ticuna, sean saWages ó 
civilizados? ¿La de los talentos? no, sino ría del nacioiiento. 
Los ladrones cuando roban bienes ágenos , y no se les obli- 
ga 4 la restitución, ¿los dejan áJos grandes talentos?.... Los 
usurpadores , cuando no llega á despojárseles áe su uswpa- 
cion , ¿á quién dejan el tronó , los dominios y los apoderes 
que han usurpado? ¿á los grandes talentos ?m... No, sino á 
Busfanülias^ y por consecuencia ézZ orden del nacimiento. 
Pues ¿por qué quieren en las revoluciones que se coloque 
el mérito sobre todas las otras distinciones? para poder con 
este subterfugio destruir á todos los ricos ,, y todos los re^ 
yes , y saquear todas las sucesiones y todas las antiguas pro- 
piedades. Pero nnopa será posible que lo consigan jamas, 
porque estas reglas monstruosas del número ^ del mérito y 
de los talentos , no podrán producir sino revoluciones, 
guerras, disensiones y trastornos, hasta que vuelva á se- 
guirse la regla indestructible de la legitimidad y del nací- 



5o IGUALDAD IMPOSIBLE 

miento. ¡Demos gracias á Dios poique ha $ubof diñado el 
mérito á las otras distinciones! 

XIII Si, como se pitetende.en nuestros días, debiese 
todo seguir la regla 4^1 mérito^ no pu^e concebirse lo que 
podria quererse hacei de las autoridades^ Porque los hijos 
tienen muchas vecea mas. talento que su padre ; los cria- 
dos mas que su amo, los eclesiásticos maa que sus obispos; 
los soldados mas que sus oficiales , loa vasallos mas que sus 
señores, y los subditos mas que sus soberanos. ¿Y qué se« 
ría de los, propietarios? porque los que nada tienen , poseen 
muchas veces mas talentos que ellos: ¿ni cómo una sola 
Casa, una sola herencia, un mueble, una súcesvoa, ni una 
sola adquisición podrían pasar de padres á hijos? ¿ni cómo 
podria ninguno conservar su plaza,* su carga y su estado 
un solo dia^ pues que á cada instante apareceriaa indivi* 
dúos mas meritorios que sua poseedores? Es pues, evidente, 
que esta regla detestable debe destruirlo, todo , como lo ha 
hecho. El mérito , según su naturalezia , supone recompeuf 
sas y castigos, y de consiguiente jueces, señores,. autorida- 
des y propietarios ; y lejos, de ser la primera de . todas laa 
distinciones, ha sido hecha para trabajar con subordina-* 
cion á otras. 

& 4-* 

Igualdad , imposible', según la experiencia^ 

* • • • 

I Si he adquirido por mi trabajo todoa mia derechos 
de autoridad y de propiedad del Autor de la naturaleza , na- 
die podrá alegar contra mi ni mérito^ ni talento^ ni bellas 
cualidades : ptjes aunque otro tenga cien vecea mas que 
yo , sin él habia adquirido estos derechos , y acaso antes 
que él existiese en el mundo; y alegue las razones que 
quiera, no dejaré de ser perfectamente señor de ellos. Co- 
mo los adquirí por mi trabajo, nadie podrá merecerlos por 
sus servicios, ni tenerlos siao en cuanto quiera yo poner • 
laae de acuerdó con él , ni podrá jamas transmitirse alguna 



propiedad 6Íno j)or la vohnitápd de los antigooB propieta* 
rios. Si son los hombres desiguales en derechos, podré yo 
con mi fortiina hacer mover millares de bracos ; y cada 
propietario podrá hacer otro tanto; de m©db que esta des- 
igualdad esencial áe los derechoB^ vendrá áaer en los im^ 
perios iiaprijicipio inagotable de esfueifz^V^^^bajos^ 
de méritos y de virtudes, de bienes y de propiedades. 

II Eásenad al contraifió: que todos los hombres -son 
naturalmente iguales end&rechoSi todo icíieráv y todo s© 
relajará; y no habrá señores m autoridades panuexigir «I 
trabajo, y castigará ios que no trabajan. Sir todos somos 
iguales >€n ^lerechas podrán ser [despojados todos ios pro» 
pietafrios^á peecar^iyo, por ^solo la razoa deque todos k» 
faotnbres itienen tt/i derecho igual á los biehes de la tierra. 
Según reste prlrrdpio nianstmoso , tendrá cada imo tanto 
derecho^ á todos los bienes, como los verdaderos propie^* 
xáos ; .yí llegará á> tener ana» ^ue ellos , si tuviese mas méri-: 
eos y taléntcfisL. ■ . ' ' 

ni 'Auncjue la igualdad de tos dereehm sea, es^cial'- 
mente imposible, y no:hayapo4ido existir-jamas , los fao- 
ososos han tenido siempre poderosas tazones para imaginae 
esta inüpostura, y grandes motivos para sostenerla; como 
que por ^esta ' pretendida ■ igualdad ^ se haeeti infínitámenté 
mas fuerces que cada propietario. Así íes- que la'fóbulat¿6 /á 
igualdad de do'echos^ absurda comof es, fue tai todoí lof 
tiempos el principio fundamental déla falsa; filosofia , y, el 
objeto privilegiado dé la grande obra. Abrase la Encyclo" 
pedia ^esXñ obra destinada á difundir la$ doetriaas revolu« 
cionarias en todo el univerró ; y se leerá eUi elb. casi en tol 
das SUS' páginas, que los hombres son ñatMüalítósate igualas 
en derechos. Córranse todas las obras de bueátro -siglo v y 
casi en todas se hallará , coma un principio incontestable^ 
que todos los hombres son naturalmente; iguales en dere* 
chos. Léase aquel código célebre por el que se abrió la úl- 
tima revolución, y se verá en sus primeras líneas, que to* 

dos los hombreS'Son naturalmente ¿gi/a/e5 .en dkrecAoí. Con* 

g: 



Sil I6UAXÍ>AD IMFOSIBLE > 

témplese á los facoiosos cuando marchan á la devastación ; y 
se verá escrito con letras de sangre en lo alto de sus estan- 
dartes esta sentencia terrible: que todos los hombres son 
naturalmente iguales en derechos'^ que es decir, que todo 
el mundo tiei» derecho igual para destruir los tronos , de* 
gollar á todos ios propietarios, y saquear todas sus propie- 
dades. 

• IV La falsa filosofía , admitido este principia detestable, 
es una furia infernal que levantándose en los aires , con la 
tea en una mano^ y el pimál en otra, grita al mundo hor- 
rorizado: igualdad de derechos: libertad entera de pasio* 
Bes : guerra á los palacios, paz alas chozas; y todos sus adep 
tos repiten á: porfía estas horribles vocea.. Escúchense todas 
las proclamas de sus fogosos partidarios , y se verá que publi- 
can siempre la igualdad de defechos. »Dejad vuestras ciu- 
^dades y villas (exelama Weishaupt á Zwach)'^ quemadlas^ 
hSáí la vida patriarcal los hombres no tenian villas nieiu- 
»>dades ; y eran felices , y siempre iguales en derechos. Que- 
i^madlas; el nacimiento de las propiedades, y la cultura de 
>>los cámposy son un golp& mortal para Id libertad y la 
mgualdad*^^ \Q^^ delirio! En tiempo de los patriarcas , la 
tierra de Canaan sola (como observa M. Fleuri ) estaba ya 
llena de ciudades,. villas y propiedades de toda especie. En 
Egipto 9 y en todos los países, babia ya Reyes por todas 
partes, y 'grandes y pequeños reinos. Esta igualdad es< la 
mas insigne de todas las falsedades. 

V Sin embargo Rousseau y todos los filósofos modernos' 
no se detienen en afirmar, que los hombres no fueron, jamas 
feüces sinoeuiando se alimentaban de bellotas en -los bos-« 
qúes. & hubiera tenido yo el honor de ser soberano cuando 
empezaron á publicarse estos escritos extravagantes, me hu- 
llera contentado con desterlar de las sociedades á sus auto* 
res, prohibiendo absolutamente á todos recibirles en sus ca* 
sas ; y estoy bien seguro que no hulneran pasado ocho dias 
sin que viniesen á pedir gracia á mis puertas. Las raices 
salvages les hubieran acomtpdado, tanto menos, cuanto se 



1 

SEGXJWF XA EXPERIENCIA. 53 

roaníAestaa mas ausiosos de nuestras mesas , y ele los boca^ 
dos que ^se slWen ea ellas. Pero cx)n el cebo de una felici^ 
dad i/oiorúz que no existirá jamas^ supo la falsa filosofía 
fascidar los ojos de todos los hombres, y de los soberanos 
mismos; FintáiKloles las ixmsecuenclas felices de la igual* 
dad^hrio admitir su.priocipio fatal, y ya admitido, no se 
supieron saoar todas sus consecuencias. 
. VI ^En, efecto, si. f cómo se cree caá generalmente en 
nuestros <íias)/05 honéres wh naturalmente iguales en de* 
rechos , ¿por qué estos Reyes, testos soberanos , estos sacerdo*- 
tes y obispos, estas leyes diTiñas y humanas , estos grandes 
y estos ricos, estas prisiones y estos cadalsos? ¿por qué todas 
estas desigualdades sociales establecidas en / todos los pai- 
ses? En vantx los amigos del-orden desplegan todos los re^ 
cursos de su elocuencia para probar sns ventajas', poique la 
falsa filosofía acierta aun mucho mejor i probar á los fé&er- 
tinos c«án contrarias son aquellas ventajas á. sus pasiones: 
á los trabajadores, cuánto mas felices serian badéndose se- 
ñores ; y á los pobres , partiendo entre sí los bi^ies de los 
ricos. Y pues^que todo el mundo conviene qpe éste fué el 
estado natural del hombre, ¿por qué no se ha de volver á 
él?.... ¿por qué no asesinar á todas las autoridades existentes 
para darnos otras mas conformes á nuestro deseo? Si nos 
pertenece darnos goHernos ¿podrá no permitírsenos volver 
á tomar nuestro^ derechos?.... 

- Vn De aquí nacen las cuestiones sediciosas de Weishaupt: 
»¿Si el hótbbre dt la naturaleza tiene necesidad de que se le 
mhn gobierno^ ?..... ¿«i no ha sido hecho para gobernarse á 
»sí mismo?. ... ¿si cada hombre, cada paisano, y cada padve 
»de familias, no es naturalmente soberano?'^ ¿y por cons^ 
cuencia libre de dar^.quien quiera sus poderes? De allí na* 
cen las proclamas incendiarias de los apóstoles mas fogosos 
de la igualdad. ^Pueblos de la tierra, pues que sois veinte 
>>miHones contra uno, y estáis sometidos á niíiosque se lla- 
^man Beyes armados de pequeños báculos que se llaman 
»#cetroSr... Sed esclavos si queréis; pero no vengáis á que* 



54 IGUALDÍU> IMPOSIBLE 

>^jaro8: 80Í8 indignos de s& libres, 8cc/^ De alU estas propo« 
siciones diabólieas , thn bien ejecotadae por Rcbenpierrey 
>ide hacer pasar sdbre el género humano una espada ^rale* 
»la qtie baga caer todas las caberas ^ue se levantad sobre el 
♦fnivel^ " De allí estos votos freoétieos, y cuyamlácion hór* 
roriza ; i saber » qoe estos moa^ruos , * sedientos de sapgre, 
no estarán conten tos. Aoita quBi9ean¿el úJ timo délos Jte^ 
ryes' ahorcado con las tripas dM último c/mgo. De' allí, 
en fin , estas sentencias sedicíofiar, .pregonadas por todas 
partes, impresas eai todos bs libroá, y repetida» en todas 
Jas reuniones ; derechos de Jas pueblos ^ reformas parla^ 
mentarías^ ó la muértém qoe es pedso regenerar el mun- 
do^ derribarvry. .destruirlo todo, no perdonar' oí sangre, ni 
carnuieria, nLtauértes, ni puñales, ni asesinatos, ni revo- 
lucieNUeSi ni trastornos para obtener representaciones en 
razón del gran' número ; que . es pceciso , arrostrando todos 
Jos riesgos y peligros.,, vencer ifodos los obstáculos que pue^ 
dan o|pk>nefí^ al éxito de la grande obra'^ marchar siem- 
pre adelantd «üi retrogradar: jamas ^ procqranido bacerno$ 
señores, aunqpe sea precisó para ello' hacer perecer á todo 
el uiiiversa í - > \ 

y III He áqui las consecuencias necesarias del mons- 
truoso principio de h igualdad natural de los defechosi 
y una vez admitido, no es posible evitarlas. He aqui los 
afrentosos excesos que ha producido en nuestros dtas, á 
nueitra propia vista, y los que produjo en todcis los tiem- 
pos y en todo^ los países desde el principio del nlmndo« 
Abrase la historia de' todos Ips siglos, y, se yerá qué han pref 
é^a/^oía igualdad de los derechos \os JTiclefitas^ los Ma- 
nicheos^ los Pasiorales^ los Mabaptistas^ los Sectarios^ 
los Jacobinos^ los Iluminados^ los Libérales^ y todos los 
revolucionarios antiguos y modernos. ¿Y qué ha resaltado 
de áqui? Guerras, muertes, asesinatos, matanzas, ^queos, 
devastaciones, crímenes, y males inauditos, como aquellos 
mismos de que hemos sido tristes víctimas. Y después <íc 
tantos desórdenes y tantos crímenes, ¿se ha visto aparecer en 



SWW Lá ZXPEBIBNCXA. 55 

ün'é^a.feiiz igualdad^ que debía luieer ál bienestar del 
mundo?;... ¿Loa ge&s dé los iadrobes diúden igualmente 
con loa pueblos el fruto de sus latrocinios ? no , porque des* 
pues de; sus devastaciones piobiben á los pueblos tocar á 
ellos^, bajo pena de muerte. Tierras, dominios, oro y pla- 
ta, todo es para los gefes;. riesgos, peligros, la miseria y la 
muerte^ es la parte de los pueblos. 

IX ¿Dónde está pues eua brillante igualdad , con que 
«e nos ;entredene bace tanto tiempo? ¿se ba visto ni verá ja- 
mas2 es imposible, porque su principio es radicalmente fal« 
so; porque según la sucesión sola del nacimiento , los que 
nacieron primero en cada pais, tuvieron esencialmente 
gratxles bienes^ graudea fortunas y grandes derecbos de 
autoridad y de propiedad ^ antea que viniesen al mundo 
las últimas familias; y últimamente porque es Dios solo el 
que nos ha dado gobiernos, 

, X ¿En dónde está, pues, esta dichosa libertad que se 
nos premíete en todas las revoluciones? Los .pueblos ¿se 
hanhec^o más felices que antes?... al contrario, cuanto 
mas se ban desencadenado las pasioneé, más ban devorado; 
y cuanto los bienes han sida mas devorados, los pueblos 
se ban visto mas destruidos^ Para hacer libres á los hombres, 
/ en vez de desencadenar los monstruos de las pasiones , sería 
preciso tenerlas sujetas por instituciones de las que no pu« 
diesen ellas ser señoras, ^ 

. XI ¿Dónde existe esta edad de Oro por la que se nos 
obliga á sacrificarlo todo en nu^tras revoluciones? lios 
pueblos ¿sé ban hecho mas ricos en ellas?... Todo lo contra- 
rio , porque la igualdad de las -particiones , disminuyen* 
do el número de las riquezas, aumenta el de los po« 
bres , que no hallando grandes fortunas con que hacer em« 
presasr grandes » les deja sin trabajo, y en la necesidad de 
vivir en los desórdenes dé la mendicidad del saqueo y del 
lattociaio: 

. XII ¿Dónde está esta felicidad que se nos prometa 
después de todas las revoluciones? ¿han sido los hombres 



56 ÍGUALDÁD IMPOSIBLE 

mas felices?... Lejos de esto, se han hecho mas miserables. 
Cuando las pasiones lo han destruido todo, abatido todo y 
nivelado todo , templos , palacios, instituciones sobrinas de 
tantos siglos; sin sacerdotes, sin <!0Stumbres, sin moral y 
sin religión; sin autoridades divinas ui humanas; hablen- 
do desaparecido el orden , la paz, la subordinación, la pro* 
bidad y la seguridad; con lá guerra eñ lo exterior y con la 
turbación en lo interior , no se oye hablar mas que de crí- 
menes, de delitos, de asesinatos y de latrocinios; y cuanto 
mas se desencadenan las pasiones, tanto mas desgraciados 
vienen'á ser los hombres. 

XIII Después de las mas ^ndes revoluciones, habrá 
siempre señores y subditos, oficiales y soldados, grandes y 
pequeños, ricos y pobres; ¿habrá pues desigualdades^.. Sí 
por cierto, y muchas mas que antes:, porque lejos de dis- 
minuirse su número, las multiplicará la revolución, pues 
que en cada propiedad, en vez de un señor, pondrá mu- 
chos, los unos de hecho y los otros de derecho. Unos que 
se batirán hasta perecer por retener' lo que han adquirido, 
y otros para recobrarlo. Guerras sangrientas, animadas é im» 
placables que no cesarán hasta que se llegue á tratar de ar^ 
regios con los antiguos propietarios, como que aunque du- 
rase el desorden muchos siglos, no pueden éstos perder ja- 
mas sus derechas á pesar suyo: Jd quod nostrwn ést^ sine 
facto nostro ad alium transferri non potest. 

XIV Pero si la desigualdad de derechos es el estado 
natural del hombre, ¿por qué tantas ligas, asociaciones, ju- 
ramentos execrables y asesinatos? ¿por qué obstinarse por 
mas tiempo en empresas insensatas que hacen la desgracia 
del mundo? ¿por qué engañar tan cruelmente á los pueblos, 
y engañarnos á nosotros mistíios? ¿ para qué sacar á los hom- 
bres del estado de subordinación en que les ha colocado 
Dios, para hacerles correr tras de una igualdad detestable 
é imposible que no existirá jamas?... ¿Qué puede resultar 
de este tormento continuo, y qué ha resultado verdadera- 
mente en todos los tiempos , sino un encadenamiento in- 



/ 



6ÉGÜN LÁ feXPERIENOfA* 67 

iéfrtimable de muertes, de violencias, de injosdcias, de 
proscripciones, de rapiñas y atrocidades, de cisman y du 
sensiones, de guerras y de carnicería ?.w... ; ; 

Xy Háganse los t^stornos que se quieran , hallaremos 
siempre sobre nuestras cabezas señores, grandes y superio- 
res, que nos impedirán seguir el fuego de nuestras pa^io* 
nes ; y por donde quiera que se predique la fábula absurda 
de la igualdad de derechos , serán los hombres tan fu* 
riosos como frenéticos, y tan movibles como las olas del 
mar, que elevándose y abatiéndose, vienen al fin á estre- 
liarse contra las rocas. Para adquiíir estas fiaiets , estos bie* 
nies , estas autoridades y estas propiedades , á las que todoe 
creen tener derecho j se matará, se degollará, se aseñhaiá 
y se precipitará alternativamente á todos los que adquieran 
alguna superioridad; y nada habrá estable para los qu€| goM 
biernan ni para los que son gc^mados. Después, de tant^ 
agitaciones* y trastornos ¿podrá al fin lograrse la igaal^ad^ 
mucho menos, porque los hombres descenderán siempre 
los unos de los otros , y aunque quedasen solo en el méndq 
un padre y un hijo, habría en él un superior, y uno que 
estuviese bajo de sus órdenes; uno que tuviese autoridad, y 
otro que no la tuviese; uno con bienes, y otro -sin ellos. 
- XVI '^ Un veneciano llamado Balhi^ dice M. Mhn* 
wtesquieu^ [Espíritu de las leyes^ lib. 19, cap. a.) es- 
»>tando en el Perú fué intttxlucido á la presenda del ^eyt 
^Guando éste supo que no faabia rey en Yenecia, diótma 
^carcajada tan grande de risa , que le acometió una tos foer« 
>»te, y tuvo grande trabajo en • poder hablar á sus cortea 
»sanos." Si la idea de un estado sin rey pareció tan extra- 
fia en estas regiones ¿qué se hubiera pensado de un estado 
éin géfes, sin autoridades y sin desigualdades? ¿y qué de to- 
dos los que hacen el juramento execrable de acabar ccm tq^ 
do para restablecerle?... Concluyamos pues. < 

XVn Hemos probado que la igualdad de derechos 
es u|i hecho falso; qiie cuando no hubiesen exktido otmd 
distinciones que las del talento, no hubieran los hombres 

H 



58 lOUALDAD IMPOSIBLE 

8Ído jainas iguales en derechos porque jamas lo tueron en 
talentos ; que esta dbtincion jamas fue sola , porque supo- 
ne recompensas y castigos^ y de consiguiente señores y 
jueces, autoridades, propiedades y todas las demás distin- 
ciones. Hemos probado que la distinción del nacimiento es 
la prrmera de todas, porque graduó Dios las autoridades y 
las propiedades por la sucesión del nacimiento^ y por ella 
dio gefes á cada sociedad mas dé quinientod años ante^ que 
pudiese haber pueblos^vEn fía hemos probado que la igual' 
dad natural de hs^'derechos entre hombres que descienden 
sucesivamente unos de otros es Polutamente un absurdo 
que hará eternamente el oprobio de los que la han admití* 
da La naturaleza, la razón, el buen sentido, los historiado* 
res^ lo^ geógrafos, los viageros , y los buenos escritores, todos 
dejs^pcueban esta fábula absurda, JMadie ha podido jamas 
apoyarla en un solo hecho, ni jamas ha habido é^ elmun^ 
éb »qUien pudiese citar un pueblo sin gefes^ Creer en la ab- 
surda igualdad de derechos, sería cr^er que hubQ un, tiem- 
pd.ea el que los padres estuvieron 5i»,aítfpr«¿á4 sobre su$ 
hijos, sin dominio sobre sus ganados, y sin ^xypiedad so* 
bre los bienes que habían adquirido; un tiempo en el quo 
los hombres no descendían loa unos de los otros ^ .y en el 
que no habia sucesión en los «taicin>ientos, ea^lás adquísi* 
cionéa y ett los trabajos; y áe convendrá que ea.no haber 
re^eíionado. jaulas sobre la itaarcha de la naturaleza^ Pero 
conQluyambs.íesjta lamosa cuestión por un hecho decisivo 
qiie la destruye de un sob golpe como todas las consecuen« 
cias detestables qué se dednoen <)e dla^ ^ 

XVm ffecho decisivo. 



, j> 



Si fue Dios el que creó hí9. desigualdades sociales ¿por 
qué hemos. de decir que lo hicieron los hombíes?.,. ¿No es 
una impiedad atribuir a la criatura lo, que es debido al Cria- 
dor?.., ¿Qué. cosa hay mas atroz que degollar y asesii^r has- 
ta que se crea que no fue obra de Pios sino de los pue* 
bhs?^^ ¿Qné debe teáiltar de estas doctrinas mortíferas ?... 



SEOÜN LA EXPERIENCIA. 69 

Sangre • y mas sañgjfís^ictíitiéñeé'j mas crímenes ¿ crtiéBí 
asesinatos y degüellos de príncipes , de soberanos y de sub- 
ditos. ¿Pero el ^esinatpies vn^ respuesta?;., ¿^SecoUando á losí 
hombres se destruye la verdad?.',... Después oe' tantos orí» 
menes , no será menos cierto, que el ser moral no pudo es- 
x^x un solo instante sin derechos, sin leyes, sin reglas y 
sin superiores : menos <ue|to<jue f)or Ja suee^ion-spla^del 
nacimiento , las primeras familias , tuvieron grandes dere- 
chos de autoridad y de pr^^edad^'^Mes (pe -las últimas 
viniesen al mundo; ni'Áenosaeho/ por consiguiente, que 
la igualdad de derechos no existió jamas, y que fue Dios 
•olo el que subordinó iáá ¿b^iedádés; ^ ^ ^ < - t 

Son los pueblos /o¿ ^áe 's^hdrí dádá ^fesTZ.. Perif ¿ por 
qué no se m áe creer' que fue Dió¿?..lM^1r8r7ué'*ér^ 
qué atribuir á los puetítos deréthos <^Cie' rio Van tétíído ni 
tendrári^átíiáí? ¿Fot qiié trastornarlo^ fodb por ün ér>*or ?...• 

Los pueblos se han dado gefes Pero ¿dónde, 

cuándo y cómo?..;, ¿En ^é'lugar w celebró egifa^numecosa 
asamblea?..., ¿Quién la presidió? ¿Quién recogió lof v6tb$ 
eif dfa?^¿<ÍÍS6 cbndücti ^qobfeét»^ ^íá ^^fc» ^^páderís ulti- 
versales á los gefes quéhabisDi ¿dó ete^dosffe¿!éBát; J*N^ 
se han hecho ni consliiéífí^te- estas prégufttáb ,' y lluM^^ 
sido bucní> haberte^ hecho fcíW^iderácJíyiintes' dé vS?^ 
ióétifirieüité tátíta sangm \Irñposibilidadáb^iita dt H^ 
igjmldaddé'^e^édhúitt...^^^^^ loque áéalráínó^í^aé^es^^ 
t^léter «n '^e( prhttei^'CííestiOn; /m/^^ rádkdt 




nuestros errores i y láé^ ^^laiílidádes qué di^ñ seguirse 'Sk 
ellos."' v--.'0' ; .-.'. 



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SEGUNDA CUESTIÓN, 

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MD E li CON T R A T O S O OTA L. 



ti' .i ' ' ... i f . j 

■ I . . é 

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'^' ' jFue practicable lánias? 

<Í4».' - .'J' »iM> ' ''le. »■ I t iT - ., , . •■• • .. •.». f ' 

1 XI i^^i^l ^Mípsible enJíi^legi^laGion., ,[,., ha'- c '. 

**!..'.*'.- V)!'*l ,. .; ' "í* « '*'>■ \ 'v f'.M*' ,''''\ ?')\ 

|^^^4^$|$e¿>^ f^vid^fó que^ d^sde ^^ origen hubo €qQtra->^. 
m 4^ n?í^3;iap^i<»^ de camlúo^^, d^ venta ^ de a^i$icÍQii,, 
^e..covo^^ff^\; de .j^onacioa. y de sucesión, Cada^ uno er&, 
vgip^dí}^^ d^pc^ler transigir 90])^ sos deig^eJigs^especÁ-^ 
^Sji^ cad^tpai^^, y mas de, quinientos anos aot^qu^ pu-* 
^8p ha^^«pi;ieblps. Abí que .est^moa muy dislaníeSí d^ du» 
d^r .de; la exi£í;(^i;](9ia los co^o^os partu^ul^re^ entre 
dos ó muchos individuos reciprocamente dueños de s{i; 
derechos. 

II Pues que Dios , por el primado solo del nacimiento, 
dio al gefe de cada tribu autoridad urwersal .y soberana 
sobre sus descendientes , fue muy dueño , como hemos di- 
cho, de poder legar su soberanía cuando llegó á multipli- 
carse su tribu , á quien quisiese ^ fiíese á uno ó á muchos , á 



*» 



EXTRAVAGANTEHí Kt) CQIíTBATO. 6 1 

vdiaféí6i4 eiSQiíéQtg , áífíiputfwjos ; <íel pWeWo ^ ó: á diputar. 
<^ps 4e;lc^ grandes. Todas eer^s asambkaa I^giiimas eji;iá9 
qpae ge reunía . )oa gefef d« tma parte ♦; y loa subditos dfe 
otra paí^, ^ran$i^r ^pbre.^ps derechos. respectivOÉi^ Jejo? d^ 
parepqrfiOíj|)impQ8Íbltí5, J^s, teía^jíios porn^uy cojpauqes, muy 
útiles,, y. á vec€»:qauy «ec^W?», bajo tod^ hp fpiwas poy 
^ibles de- gpbi\ei;no. Cga .tal,q«e baya dp up^iy otra parte 
der^chofi vpr^ei^istentes?, ^ppdtóiíofeac^rs^ «í»ai^í>s co^tmtp$ 
se quiera^, |Migs np d^ffiprobwios -nu exi^tend^* . : , 
. III Pues ¿ct^ál es ^, g^^iífíjtíít^, d^ cjne . no? pwppuewos 
^lablar en esta :!CUfi$ltioni?^«/ JBs dfil,.qií^,se Jfornuí .en esif^ 
a$^mbl^ jgjqr^erql de. l}pmbiY5s iggflles y . y en -la que c^d^ 
pueWp sia p^ff^t,4er.ech(^ ír^ÍFÍd(*a?es eljinp «ob^e el otro^ 
^espjgtps ^de i^a^iejcsa ^i^e^idp ¿rfeiei^^J^ss Jip jcLpoder. de h^^r 
l^yes y^;i§titpcioa^<, y^rep^iá á cai¿^ .uno bienes y.<hq^ 
wres p^ifí§^fc% de] cuitpndad ydej)rc^dq,d,-<ipa 
xesevyA^ po^^rínlo^ quitar «i; Ikgasen árjVPgarf^s i^digops 
de^Uos, JX hf^ía^íí.lo qae sg >a Df^m^dp pqqt^ social ^im 
el que .§«dai ©uefelp. ha })^¿hQ, disti¿J?pcipa de» todo ,.cpnjQ 
señor y soberano ; pacto que sosteaemoB que no ha existí* 
do, ni podrá existir jamas/ . ; 

IV En esta discusión seguiremos el Contrato social de 
J. J. Jtousseau^ porque despoes. de haber, trabajado mucho 
tiempo, y escrito prodigiosamente según él mismo úos ase- 
gura «sobr^ esla grande operación, es el que.ha abrazado 
meJQ^iíw, inweuws combinaciones. E» ^el Cwimtojqeial 
que nosüdejó «ste fatnoso tjseritor explica^ muy bien todas 
&us cQndicáone8,.y sienta. perfectamente el proble(na,apnn 
que nuf^ca. ha podido ser resuelto. Cuando él habla, parece 
uu gigante quenada ^ un abismo, y que hacje esfuerzos 
^ el caos. »Hombre$. unidos que se dispersan para ser li* 
tabres; hombres, libres que se reúnen para ser esclavos;, y 
>;mia asooiadion inabdita en la que cada uno es al mismo 
i^tiempo subdito y soberana, persona pública y perspna 
y|)ariti^ulftr , dependiente i^n dejar de ser ; independiente, 
^oberfls^«t^ y.^bernado^ obcsdeeietido sjq t^Aer ^efior , .y 



6a* DEIf GONtSATO SOÓIAIV 

)»sacrifíeando su libertad, sm dfjar-por ctlo di^ sfef Übré.*^ 
Todo esto 63 tan maravilloso > qué ¿1 mismo autor no puda 
dejar de expHcár su sorpresa (en su tib; i. cap: 6.,' v eá 
sü discurso sobre lá'Economtéi ¡ pag. 365 y siguientes j). 
- V Es donstante ' quei suponiendo el sistteniá de las con- 
venciones ; -no es posible exdnir estos übsíurdoá- c¡u& so» 
de lá esencia niifetíik ée éété sfetétóai PuffeitíLórf los habla 
hallado antes qué J. T.'^*ñoüs9eau,^ J; J.'Housseau k» toP 
vio á hallar désptrés ^ue-í^ffendo*f^"y^éüáIt5[táerti queisu- 
fiénga con^ estos dósigvandes ücmibres el principio del con- 
trato social v^^Verá obligado conio ellOs á^éVót^r toda» 
sdS'áBsürcKs conéecuencias. T ¿pot^ qué de pretende que* 
los gobiernos se* han foiroado por pactos sociales?..:. Precr-' 
¿amenté porque todas esta^ ceqdkfon^s sdftl ihherétttés at 
sistema del con trátS social, sostengo yó que es-eifrávagan-^ 
te en el contrato ; Imposible en la legislación; iriipractica- 
blé en I21 constitución; terrible en sus eféctóef; é infausta 
páfa todas las especies dl$ góbiefrno, IHrobaranO^ desde kie^ 
fi6 que eí í^cto ébcial e^ extreívagatate en el contfatd. ' 



O > H ■► 



5- ». 

*■'>■■'.'. 1 ' * * 1 - -. I 't,:^ ; ' ■ . . <■ 

r Ife hay quien deje de safcer que todo co?ffréiéo sn» 
pone esenciálniente ^s parces cohnratantes , y que liáy so- 
ló tína en eZ cuerpo de unpiÁjddo universal. ¿Y qué medio 
podrá hallarse para sacar de este cuerpo universal una paró- 
te universal^ que se haga soberano de la otra?...,» he aquí 
lo que es absolutamente preciso buscar; porque es bien 
sabido que toda soberanía que no sea universal^ dejaría 
de ser una soberanía ; y esta es la dificultad que J. J. Itous' 
seau se propone á si mismo en su problema inconcebible. 
^ II ^Hallar uña forma de asociación que defienda y pro* 
»>teja con toda la fuerza común la persona y bienes de cada 
^asociado , y por la cual, uniéndose cada uno á todos, scrfo 



EXTRAVAGANTE BPf ÍB CONTRATO. 63 

Me obedkaca á sí, quedandp tan libre.coniaaotes'* (lih. i^ 
>K:ap. 6.=Puffendorf,lib< 7, cgip,.2.). Es pi:eciso arreglar las 
cosas de modo que , pasado el contrató , cada miembro de 
la sociedad sea al propio tiempo subdito y soberano , ga^ 
bernarue y gobernado ^ dependiente é independiente '^ que 
ofeedesca, y que nadie le mande -^ y por último, que sirva^ 
y que no tenga señor. (Economía política , pág. 363.) 

¡Qué, cada individuo será subdito y soberano! ¡Toda 

la nación gobernante, y toda la nación gobernada! ¡Todo 
el mundo de una parte ^ y todo el mundo de la otra!... ¿Son 
estas las dos partes del contato? 

III Si alguiia vez suc^e Ja calma á la tempestad , el 
reposo á la agitación, y la reflexión al delirio; y si alguna 
vez , libre el universo del trastorno afrentoso en que 'ha 
habido de perecer, sale en fin bajo de sps reinas, y llega á 
poderse respirar en paz , no podrá concebirse cómo pudo 
adoptarse tan generalmente uu^ extravagancia. como esa...*., 
porque no m titata aquí de crenei? un Dios en tres personas^ 
lo que es qn ,miaterio> sipo de creer una persona en dos 
persona^ ,: q, qpe dos personas ¡haq^n sqIo urppL ^ lo que -c». 
un absu^^.. Todo el contrato social se funda en esta sepa<^ 
ración m^ica de cada pefsop^ en dos .{>er^nas^ á mas 
bien , esto es lo que hace la esencia constitutiva de este sSst 
tema. Que se abran todaa las obras de lo» convencionales 
instruido» ,, y se hallara representado en ^llas esto mismos; 
Que se corra el Contrato social de J. L líousseauéij sevcí-^ 
rán en todas partes estaa^ dos personas qiie.re$i|ltim de hs 
separación individual de cada persona. 1- - . , o\ 

IV Y pwque. esto» autores se sirven del término rfe 
distinción moral ^ no se crea qv»é entienden por esto una 
separación 'ideal ,. 4 una sifnple abstracción del espíritu. 
Porque , ademas de que la separación de una perdona en dos , 
es una extravagancia inadmisible aun en la idea^ es constante^ 
que no se trata aquí de un contrata ideal que deba cefe»; 
brarse en la región impér^ep^i^e de los espíritus, sino deil 
contrato social ^n^sfi$ico y mas solemne que debe form^ 



64 I>EL CONTRATO SOCIAL 

lizarse en la asociacioa de una nación entera. En 9etnéjantft 
contrato nada produciría una distinción ideal , y serian pre« 
cisas de toda necesidad dos partes muy peales y distinta- 
píente separadas. Se necesita pues de una parte un sebe* 
rano universal que tenga derechos muy reales ; y dé la otra 
yxia nación universal que se obligue física oyente á obede- 
cerle. Pero, si en la colección de hombres iguales no hay 
un soberano universal ¿de dónde le sacarán los tx)nvencio- 
náles , puesto que tratan de formarle ? ¿ De la universalidad 
de las personas? Desde entonces será necearía una separa- 
ción universal de personas, ¿Será simplemente de las- vo- 
luntades? Entonces será necesaria una separación universal 
de voluntades; y es preciso que esta separación sea muy 
teál y muy positiva , porque sin esto las dos partes del go« 
bierno serían ilusorias. 

V Por eso, si tomamos la pena de pesar el verdadero 
sentido de las palabras , hallaremos evidentemente que ba- 
jo estas expresiones de distinción moral ^ no entienden ios 
defensores de \ós pactos una separación ideal, ni una vana 
2¿)straccion de espíritu, sino que exigen una separación 
muy real y muy positiva de cada voluntad; Es una separa» 
<áoa muy real y muy positiva, porque de la sola parte de 
voluntades que pone en común cada individuo, resulta una 
rio-dadera persona pública ^ un cuerpo colectivo^ que tis'- 
ne su mió eomuri^ su voluntad y su vida.,... Es una separa- 
ción muy real y muy positiva, pues que bajo la suprema 
dirección de ésta voluntad general se enagena todo ente-^ 
ro cada asociado ^ y pone en común su persona^ sus bienes 
y todo su poder. ¿Y cómo todo asociado, después de enage- 
narse todo entero para fórpaar la persona del soberano, 
. vuelve á hallarse otra vez todo entero bajo la dirección del 
soberano? Es evidentemente por medio de la separación real 
y positiva , aunque incomprehensible ^ de cada peyscma eit 
dos personas:..;. En fin, es una separación muy Teal y muy 
positiva la que exigen ios convencionales, porque por su 
utedio se hace cádá indi^<Ji3iO re^l y poátivaMente al mis- 



^ 
/ 



EXTRAVA»AS'«R^ BK fÜ^GOilTRÁTO. 65 

rao tietópb miento de soberana y mierntíro del estada^ 
depeádieme éind^eiidiénte-^ ebedecmtdo^poriunet p 
y señor^ppr c€ra..u ^parí»:ion^tan:real^y tdXi poeítíva, que 
cuando se ha hecho, cada individuo puede tener cofn^ 
kombYeuna vohm^adpnrtícalári eanUnaria y entisramente 
deserhe^rite de la mdtmixtdí.géttstíali^e' tiene úonuh ciu^ 
€^a^aimkü^iDo9 voliti^adte9.:cQmr£ucíai3i»sy.i^.t^ dífeceatea 
dii^tcad^ tadivifkoc^bfoiel vmssfew^jiQ^eloi Büe» .tiet^aqui 
0oaiQ lo!£»tíeDdto:l0i:pafiiámMide Imlpem^wiiia^teik y- na 
poiJró decu:áé'qi:^e\aea-m^ distunáoft kkal, sino uríi iHfiitiii9 
eton; muy positbraiyrifeiljdfe cada «msí^dé; Aftf rYdktmddá 

b3.¥I /J¥ jcuaiidbi3Ée:iiánvXOBi[oba40tiW>imi^ 

saA»>5 .yj ttoadkMradaí!ge£éft»ói.xi^t9^ 

9mi«tuü)do ud:gflbbri»i¿ P^]^,l0táerto!«9>ílile ést^jaunina 

há fs&mentaio^tpcmfátiem uln pÜ€bh<'dé*h(mhxfíiíiiffaBÍe»i 

íaiieia^ jiadié ptie^' 'darla sm q^^CDdtaiga en(í&éi¿ftíii 
ei6ti 6ii|efa; y adp'x^iiando^sei^tíiltké'el voto de todúi^lod 
Rectoréis 6 h ma|jr^i2MÍ6^!a{nai3ion ^n favor da'-íi^ BbgetA 
d<^istilbk^, Pc^lfv^dorf , iíoei^c^á y- Dqdo» l€«i defea^^esr 
ifeiétinados de; las eonveoeionesí, -diránrqiie; todo esto «o ba»^ 
tá^ t^ ^ ñeóeskíí kí uniikrsfiUdad de iá^naeíóo; entera i^^ 
^ 6$dé (Jep^ndé de ^tó. En ií¿áti6$k ^diPactd»' páb^ 
6óc¿<^ éle^os paim go^nar, todd ky^<j^ hagamos tbriik 
uhii^érsalidad^Áe^lá miáon ; será' Wáíéfiíiór siü dtkfc 4toií él 
«elto dfe la soberaftíat péíó ttKtó^fe q[ué há^mdé ó^^ttsasíi 
mos áne^ta w^ttíír^aí¿eíaá,-^rá^ inválido i vy 
»«Íó; Silesia un in^eftrte esm üniv&mlldad^^éí^'iáéa^ttéce 
lá Soberanía , y si falta una sola voluntad vd^sa^íeCé fl^ 
ttóstitá fe soberanía; ÍÉd veídad qué Iró^ée tenibfet^ ' ^ta tAj 
«éttacion^ |)ero no por eso es menos incoMes^biéV-^tque 
mendo la universalidad de esencia de la sob^áníáy desde 
que hay una voluntad menos deja aqui^fe de eristW..*.. ¿Sé 
h& ejecutado este primer prodigio \ bá ^íeiiido el soberano 
Iti imiveréaliflad de las voluntades para mandar? Se necesiiiá 

I 



66 1>M.;C0KT11ATQ; 800KAX 

vm otro iegundoi y C8 preciso ver si ja wiiveísalidad de vo- 

lQDta(](e» ba quedado de patte :dé.la aacion paraobede* 

eer, povqoe ein esto'aonno.teiuireniód Jas do8 partea del 

gobierno ^■■- .i-. : .• • ••"' * .- • 

Vil Para formar «n. gobierna de \va%vpué^U} ^de Húm^ ' 

hr€5 iguales^ nb basfaMBombrar nn gé£e4 el grande eoibara'« 

so'éstá éñ bacei^ 40^1100, ea darle }9(NÍere5^ tmtvexUei^Y 

cti[a6égtirai^loe^¿< i^sjíck^^ y perpe^* 

Uáüí 9m\st4SúsX't^\&ij 9dbe^t^ilia;grá3'difícultad ¿o escá- 

ennümJitteirs ¿ÍQ¿ <2^ fonmúr \^ pansoaa publica ét iedasi 

ks peteonias pahrti¿uk¥é6,nficp can&sár en( estas ningüuia alte^ 

ración , y en componer la voluntad genefak de todas h^ 

YQhidtaáesabdt?ídu83eev^deja(ndoí:á^:caihq^ voluhíad 

mduddtmL • Pcnr :^Uim6^ la t^n di&i;^tad^ «sdái^n; powar Uz 

univona¡idad^}aíiai^iBá^(f'í& ^Íim^íefáii^4fid*¿é\É^i3mí^ 

^.tea' separar la voluntad de ;cada asocia(io ea dos partes^ dé 
t^:JOftod&, qfue cada voUintftd estéíaliii^iisii^ti^fppo eosi^^ 

4afaptQ):|mblico toda <«ite«a de paíti^ <Jíai spberaqpj, ^i%q(l^ 
(^q|terd( de fiarte ^Ijfvá^dlto, He< a!(|i¿dbü8epar2^cÍQild3*i9 eúr^ 
^uMuj^enJbrf jjiwaeáui y la^lcaEtei por sí spIpcítSioí*) 
^ iSf^iS^náonl €&lf08tWe^^^ré ;i|auy ^K^^cQoieWtóeíolífe 
m^! poetóos compa^toáide. bombita .igaaI(íapádietY>^;i^ 
tp i^^rse gpbtenioi, y béteo^podmn aAa^ársfjpg^^fi^u^ 
<?c^ :áik*í jlfcrió si .es:yiwpQ9U?íet»:d^emoí8 ^jr^er queíOQ f\\^ 
4i(ei?Qí^ áé&B^s j^imm tíi p9d;ránudár8QÍftft^^;en' fo sucesivo, 
|)pi?quedfeje§<4. SíBpaíícion,- pma* ppdró: cpmiK^ 
hfdpBífíi¡^(^ m.'da.r§€; derechos•^Todas ^s .cQ^ip^ra^fo^^^q^f 

f8iil»iíí^tt>íjPi^^íl{y/w:^í»o^ la del so]i;que s^ea^da ^r 
Iw^yc^Jiávrece ua.tWíWfií ;,la paezcla/qu^.prodac^o mtici^as 
XQc^ m^\W cottcierlo, tejos de pri9bar[ l|i : ppsiblid^Kl. de h 
•ptmoímmtíaili pw^bfin.^u iipaposiblidad. J^ e}ii(m<Ám9 
q^^/u^d\^\4m)^.f^0dvm:4(^ voces á la v^; y el* sol en 
Í0d§á. siííaOlodificapiotjes.twaapoíío ví^aqíía doí dfecjtos dis? 
tjgi^tqs, líib. toismo. sucede meialiM, y.^c<?«alqpi^a otisa 
faus^^r [general £1 ^rm no poede ^producir en jcadá inf 
dividija 4&s^ ycíl wtod^ft y rdbs modi&aoiürtefiípérfectamiBnf 



MxmmAínivrñ mr el coictiiato. 67 

te dÍBtftkad. Todq «si imposible física y «dor^Iinente. \ '^ 

YIII Eslo ^upüesto*^ toda la opek-acionTicfei conti^ 
ciid seirediioe ámi panto muy * simple, á saber: siesta sepa^» 
ración moral de las personas que lia -sldb adoptada tan ge^ 
neralment^ , es poáble ¿ na^lo es: y he aquí lo que hubie- 
ra sido importantísimo "profundizar^ antes de todo. Porque 
al fin, sí después dé haber destruido iodos los gobiernos, 
se llegaba á descubrir- lá imposibilidad absoluta de dividir 
las almas y las voluntades en doa, y por ¿onsiguiente la im«^ 
posibilidad absoluta de componer la persotm moral j y con- 
ferir ki soberanía á quien se quisiese; y la imposibilidad 
absoluta de formar nuevos ¿c^ernos' sin una soberanía pre- 
existente; y por última, «i^ llegaba á descubrir que loa 
Blas ardicnites ^efensmes <lel <x>ntrato aocial están conveni- 
dos en esta tmposilMlidad'^ ¿qué hubie^ sucedido? el uni- 
verso se verla <:ubierta de xuinas sin esperanza alguna de 
poder volverle á fiormár sé^n los nuevos planes: ¡qué de- 
sastres ,^ y qué extfavaganciasl...» Pero /• /« Rousseau^ des- 
pués de haber demostrado invenciblemente la indispensa* 
ble necesidad de las 'dos personas morales^ acaba por esta* 
bléoer suimposibilidad'^ y después xle hsdier exigido rigoro- 
samente que x^da asoeiado dtvi(]b su alma en dos, reccmoce 
formakneate en otro lugar que siendo el alma esencial^ 
mente indiñsible , y una eseneíaílmente la voluntad , no 
puede ser disidida ^ enagenada^ delegada^ ni representa-' 
da'^ diciendo por últímO) que la vduntad es la misma y 6 
no lo es i y que en esto rio hay medio. Se sabe bien que su- 
cesivamente, y ccm rdacion á diversos objetos, muda y va- 
ria; pero .varia toda entera cuando sucede ^ y es inseparable 
C09 referencia á la misma acción. Cuando quiere la ley , la 
quiere toda entera , y no es la mitad ni la tercera parte de 
nuestra alma la que quiere ó no quiere. Y es inconcebible 
cómo cada particular podrá poner una parte de su alma pa- 
ra hacet Ja. ley, y otra para obedecerla; una parte por el 
mayor, número, y otfa por el menor: ni puede percibirse 
^1 medio de formar coa la misma voluntad la voluntad de 

i: 



Za persona /KÍéZíca y la de la persona ptiváda^, ;fó ipdZ¿í?i^ 
<««{ dsl subdito y la del sobjeiraüo, letvoliunkid del hombre 
y 1^ del ciudadano, QpoestB en teraii3eii4;e!ák¥oIum ^éi 
bqmbre (lib. S.fCap^^iSi). , i . .; . /v 

-: : IX _ Sé muy bi«ri,'quc para üaeUitor loe psrctos ha^ 
quien liacéfjuntiar aoloi los gefes de familia, y acaso ise qúer^ 
](á qué estos. sean. úmcámeote los' ge£db priocipales, Pete 
(jcomo dice muy bieü Rúusse&uYiJC^ sitodos no asisten, ¿cá^ 
mo será universal la persona moral? a^^ 'si la 'voluntad tk 
esencialmente indivisible, ¿cómo podrán los jgefea iniémop 
de familia dividir su voluntaden* dos partes, y fbnnar unaí 
persona moral aun incompleta ?:Xa focmacian.de esta per^ 
sona es tan imposible, para los ^efes ooiikó para los pueblos.' 
Una reflexión muy fácil que des^uye este absurdo sis* 
tema por el pie es que Ja voluntad no.püéde ser iconsidera^ 
dá sino como una simple modificación del alma que qctie? 
re. Gon mi voluntad/podré darj mis hienda á otro ^ y i& daré 
entonces alguna xx)sá« Feto es imposible dar mi volaniad; 
De aquí nace la imposibilidad absoluta de la pér^nix moi 
ral^y déla voUiñtad general-^ distkatas de las voluntades 
particulares. De aquí la imposibilidad absoluta de ima ^sche^ 
Toráa^ compuesta de la voluntad universal de los^úbdkos^ 
Si un soberanono tiene la soberanía por derecho dé natu- 
raleza, jamas podrá dársele toda una nación entera por sué^ 
voluntade^s. Cuando nada se tiene que dar, nada da la vo-^; 
luntad. y dé aquí por último la imposibilidad absokita tic 
los gobiernos representativos de to5/?íie6fo5. Reftexiónesé 
Cuanto- se quiera, y se hallará sierapreíque ningún gobier^ 
no puede traer ^^a soberanía de la universalidad de la§ vo- 
luntades^ y esto, es precisamente lo que s^ía ned^^úú'patá 
formar un gobierno representativo dé los pueblos. ^' • ^-m ;i 
'■^'- X Hay aun rñas; pues como tío síjIo se *faíta deuli &á^ 
betuno espiritual , sino ée un soheranp^^^orpoml y ^/cií que 
iertga; acción: Cdr^al sobre cafds^ tin^ cte tós* afeociados, si 
se quisiese componer ima verdaderas persona pébifeaV dé la 
iíjue-seá miembro cada particuídr^ no^ bastará dividnr &u aK 



EXTRATAGAN<rE EK.Elí C303ÍTRATO. ^^9 

ma, sino que será necesario dividk su cuerpo en dos partes, 
para que estando una' al lada d^ legislador, y la otra al del 
subdito, puedan formar, no solo una voluntad general^ 
sino un cuerpo general , bajé cuya dirección queden some- 
tidas las otras partes del cuerpo..... Aun no es esto todo, 
porque como el soberana 'debe tener derechos tnalversáles, 
lio solo sobre las personas sino idbte los bi^ses, sería igual* 
mente preéiso dividir cada uno de nuestros derechos ea 
dos pactes para dar Ja una al -cuerpo general, y la otra ú 
cuerpo individual , sin lo cual no tendria d soberano nin- 
gún derecho sobre cada parte de iluestros bienes para impo* 
ner contribuciones. 

'^ XI He áqui «in embargo la serie de extravagancias á 
que se verán conducidos «á pesar suyo todos los que hagan 
derivar él orden social de las convenciones d^l pqeblo.^Des* 
de que él ' soberano convencional no tiene^ dorécho alguno 
míbre SUS' asociaidos, es ab^lutamente preciso que le tome 
i«n cada persona particular, colocando á cada uno, parte 
queriendo la ley con el soberapo, y parte obedeciendo co- 
no subditos. Puffmdúrf y^JR^sseau habian reflexionado 
l^erfefetaménté sobre esta^ pcnrque admitido el principio, 
9 se quiere proceder á la ejecucicm del contí^tó, es abso^ 
lÉCánienté necesario dividir cada individuo eti dos partes. 
Pero ¿ cómo separar las almas , las personas , y cada uno d^ 
nuestros detechós ?..... £» 'Visible que jachas se hizo, ni se 
hat& esta opér^ibh : otra imposibilidad^ y de consiguiente 
oéra' nulidad^ del cotítrátió éoeiah Pero si es nulo desde el 
pnm^rpüsú'j ^^n píitece y is^' puede haber corurato^rii 
pu^hloalígímch darse soberano^ 

XII Luegaloa que gobiernan no podrán jamas ser re» 
pr&sentantes de los pueblos; Sin emlmrgo, aun en las de* 
fisiocracias perneen ¿a sdbercmla los que gobiernan. Luego 

Ha la tienen de bs puebles. ¿ De quién la tienen pues ? 

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70 BU. GONfrRATO SOCIAL . 

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Impasible en la legislación. . 

I Si jeata .separación . indisridiial es imposible , se neoe» 
«ita también en la legislación que los unos estén entecan 
mente de ün laido, y. ké otros enteramente del otro; luki 
tiendo lo$ unos la ley ^ y *rá:ibimdola los. otros ¡ los irnos 
üendo enteramente miembros del Soberano , y los otros 
enteramente miembros de/ esto^b. Habiéndose de proce* 
der á una operación cualquiera , necesariamente deberá su^ 
ceder esto , y e^ lo que en efecto sucede en todos los es* 
lados en que se da al pueblo el titulo de soberano^ Aun ea 
la suposición que se pueda llegar á juntar un pueblo entero 
para dars4 leyes , se verá siempre en el resultado dividirse 
^i dos partes muy distintas y opuestas, la mayoría de una 
parte^yla tmnoría de la otrai y en cada una de estas 
líos partes babrA bombres que se bailarán con toda su aU 
ma, todo sq qq^fpo, y toda su voluntad entera; de inodcib 
que por conse<?iaencia inevitable de esta grande asodiacipni 
cada individuo se hallará en.teranpiente sometido á l/i deci- 
sión del mayor número, que le obligaré á chedecer auA 
cuando no quiera. 

II Ppr último, después de un volumeti de sofismas, y 
todo el embrollo imperceptible de la erustgenaci^on iotof 
de cada individuo bajo la suprema dirección de la vo^ 
luntad gerwral^ se hallará, qu^, .supuesta la asamblea ge^ 
neral de la nación , se reduciirá esta voluntad general k qu^ 
cada uno debe obedecen á la v<]^li¡intad del mayor número^ 
que la ley que resultase de semejante asociación, será sim^ 
plemente la decisión del mayffr mimero ;:qpae el^seSor qud 
cadí^ individuo se dieae, será.cjbfinitivameate e¿ mayoTx 

' -'V 

número'^ y que esta enagenacion total de cada individuo á 
toda la comunidad , tendrá por último resultado la sujeción 
total de cada individuo á la voluntad del rruxyor número. 



IMPOSIBLE BK LA IiE&ISLAiGION. 71 

T No ^lüe atrevo á preveriir á: cada individua xitd púeblp 
del resultado teprible que puede tener setne^ani^'agóciaclo». 
Lo que puédodec^ por 'ahora: será que no comiste en estd 
el contrato sooidyni el gol)ienio>iepre8^ratlv¿ de Jos pue* 
Mos, y qu^ Gót> palabra8'eqiiivi^8 • 8d burlan luanifieeta^ 
Hiente loa conyencionales detoda' el unlveiféd, Pwqoe 8Í al; 
fin de hallase que k vohxMOd general no es'la vblimtad ge- 
Beral, sino soh \3i wkmtad del mayor númetoyiev^xemo^ 
que muchas voluntades son ^exCluVl^s, y qtie* tin námero 
¿Misidér^^ d¿ individuos de entré el »pndblo' nó.son de 
la'l^gislaoioiiyni hacen parte |del soberano. En conséneuen^ 
ciarla ley nof^ré* la expresión dé ía voluntad^' general; 
y^^ahdo mas podrá decirse la voluntad del mayor námero: 
*! m ! Ahoik ^xÁé\ ¿qué derecho atiene eV mayor- búmero 
sóbffie^el metícar? i¿ y dónde adquirió el poder de hacer lá 
lejlfUn pueblo i legislador f »¿y qué. derecho tiene para 
vdia^ d{ce W^ej^kat^pt'i '¿Bs aeaao por derecho de lá nattóa^ 
j»léza?>" Fo^^neies^imposil:Aeíreupir la univecsalidadde lod 
'totos'para cada ley^ decis quedas leyes pasamán, por la plu* 
valídad.u.. £9t4 inir|^> i)^ ;< pen»: pnes que la ley en vuestro 
rátejona^aoo^ipuedé serrino ilá^^voluntad general de los aso* 
ciados, ¿de dónde viene la posibilidad de que la^ {¡pluralidad 
bag% Jas, f |^y€i#^¿ oyí^xí^^-^xt^ ^> ftátad noj las quieren ? 
IfjjpWíQqw m íV^^e*;8tóeíBp eri^4|i(Jor^np^jtÍQ|i^ poder 
l<!¿rtatiyo pqrj rf: fií^j») 4poríil9 queráis qvie él; h. ad- 
c^m^ jsinp ,4e, M Wlwr^íW^- 4^ .^í : mli£nmd/s$P Que 
í!eflW8í^uehl^:fííspiiie|5|:a^en Puffhndfiff.; JRou^mut ^Eliflno^ 
Y.]í^^tYm^^ :^eím>X^ ^^\ PQPJtrftSQ gppiífti y no se.ha-i 

-i'JYaK^^^i^uií^uce todp sjuaisteiíia ^^ pactos iso-; 
cble#á ZafV(Pi&)@^acír^^^ él,, es Ja voluntad 

general dlvididaí ffflridfetf ) p^t0s Ja « quiej hace el contrato , la 
qjj^ ^nsti^tuy^ la; sd^^rí^eía, k^i^ue liace 1^ feyvyila que 
l(^,hfiQp:todof9 y.tiene r^oa, porque^ /coa una sol^^ vokintad 
4eím;i^03Q^aob^á,(qomo queitpdQ.se compone dq la 
uamr^idoádevolmP^s^ Pero ¿jpor qué. se interpreta 



/ % « # 



que la pluralidad de .voluntades es la universalidad? He 
9qui raáocioando, segim e&tós mismos autores ^ reducidos 
todos los pueblos del uñtverao á la imposibilidad fisica f 
absoluta dé baoer una sola. ley. Y cuando íiiese posible ré^ 
unir una nación entera., ^ conocer bien el voto del má^ 
yor número sobre cada ley , es im^ible que t^iga nio-i 
gun poder legislativo el mayor' Qom6ro sbbcc. el 'tñenor ; y^ 
véase tiK»bi^. ^a este segiKidó punto reducidbS: á lo iáip(K 
^i}>le Ip^ p^tíd^i'iQs del; p^fcto social. . ' / ,. -.f> 

t.: Y;:;:¿X. Qiíál será el :roediá de Conocer lá vólbntbd dd 
loayor número? No paírecé que sea tan ftcil; «porqtie; ptiMl 
pojtipc^ Ja voluntad del mayor número és preciso de toda 
necesidad. reunir la nación toda entera. Cúaqdocbgó laria^ 
Gion toda enteni, entiendo la lirmersaUdad^ de \ck indivi- 
duos^ y ho veo cómo pueda exceptuarse dé esta tmiversalt'^ 
dad:á las mugeres; porque todos áabbn que ellas , tien^if «iá 
vokmtad :como los hombres ; y: si l^s 'l^yes' y Aá soberaúSa^ 
como se:iüpQne9 se cdmrpwoíi ¿2é ¿a ; oñívsrsa/ú^ací dddwi 
voluntades, separando la ^dbJi^ mi^res^ aérá enorme* el 
déficit, jmo habrá ley.; Otrari^nposibilidad^ yJip^^ cdááe^ 
cuencia otra nulidad en la tej^acqoode ló» rqpresencames 
del pueblp. .' ' '' '/M..:.'c.'. .■ :"■:. ■f,-:-iyrt -: ^^ ?;,.;,■; 

VI ; Sea como quieraVy de cualquier >seko: que se- jlí» 
ponga este ^cuerpo general',' que se ^stinaí ñácioni s^üqaé 
los individuos varones tengan solos* fe' ísícultádMextratít^ái 
ria de producir el soberano y todas Z¿w ^Zey^i , ^siempre sé vcí^ 
rifioará qdé para cada Ifey es ¿ecesarid el'conctitsade^twláfll 
las vokintádea de los varones^; y que para ootiócer;lapinrai* 
lidad de sufragios sobre cada ley , será » necesario reunií^ids 
inditidiÉioi v&¿oft63^^itt^kíéí)tu&r miá sote.-Jfero ("¿oméídi- 
ce el P. Éenhier) ¿¡eií d^ndé sé "ha ^piíá«á^o'^está re-* 
nnion? Lo cierto es * qué ^ por «-wt© d^rm^ísio^'R<ju$¿saUr íeig 
ningnn estado , por péqu^ñd^ que" sea ^ seí^ há jti.ntádé^^ ki ti^ 
cion ei^térá-, y plieáe decirse ;qué "éft tíi»guíié^^se juntarán 
Cásientódíiy'pártes éóri'Víri fcorto numeró de tiiputadoeí^lOfif 
que decreftán la^Jejfeíá^ilás* consdltán'í'y Wáóa¿-€»«ié' átá 



IMPOSIBLE EN tk LE(>reLACI01í, 78 

pluralidad de votos.,... Véase aquí, procediendo á la^jecu» 
ciou ,' estrechado ipas y vc^as nuestro soberano , y qo o^ ad^ 
9i¡raré que ^n difínitiva , cuando en Jos gobiernos represen- 
tativos de los ppebbs se quiera llevar á efecto el problema, 
se hall^ reducida la voluntad general de mas de veinte mi* 
Uonesf de individuos á la voluntad de cuatrocientos ó qui- 
nientos, dirigidos acaso por la voluntad de uno solo, y en* 
tonces en lugar de definir la ley, Icf. voluntad general ^ se- 
rá preciso resolver^ á definirla la voluntad de uno solo^ ó 
cuando mas )a de los cuatrocientos ó quinientos...;., Pero 
¿dónde han podido adquirir el poder universal de hacer le- 
yes estos cuatrocientos ó quinientos diputados? Ep Atenas 
y Roma se necesitaba mucho para convocar la universalidad 
del pueblo. Habia muchos excluidos por la copstitpcion^ y 
entre las clases misipos que eran convocadas, habia millares 
de individuos que no se hallaban en la asamblea, por lo 
que fue preciso decretar penas contra los auseptes. La uni* 
versalidad fue imposible en todos los tiepipos ; y si las le- 
yes fuesen la voluntad general » no habria leyes eq nior 
gun pais. 

Yll Se sabe miay bien €{ue en todos los gobiernos re- 
presentativos , el pueblo no nombra diputados sino para 
manifestar la voluntad general ; y que al tiempo de la no- 
minación, los diputados se obligan á conformarse en todo 
con ella. Por tempr de que no lo hagan así, hay pueblos 
que dividen los poderes legislativos en dos ó tres cuerpos; 
y si sucede que lo que proponen no es conforme á la vo- 
luntad general , se da al último cuerpo el veto^ que es de« 
cir , el poder de rehusarse á la ejecución , y de anular. 

YIU Estas combinaciones son sin duda especiosas ; pe- 
ro para decretar lo que es conforme á la voluntad general^ 
como lo que no lo es , sería preciso conocerla ; y para co- 
nocerla, sería preciso convocar la nación entera. Sin esto, 
todas las asambleas, por mas que se repitan, nunca decre- 
tarán sino conforme^ á las voluntades particulares. De esta 
pretendida división de poderes resultarán muchas faccio« 



X 



Y4 DEL CONTRATO SOGIAL 

fies , debates y divisiones, que pagará el pueblo bien caro. 
Según esto, será siempre el que tenga mas recursos y mas 
medios el que acabará por hacer su propia voluntad ; y 
cualquiera que sea el partido que venza ^ después de todos 
los debates» será siempre cierto que la ley es la voluntad 
de las asaftibleas, ó la voluntad de los qqe han ganado la 
pluralidad de los asociados; y no la voluntad general ^ ni 
el voto de la pluralidad del pueblo* '- 

IX En vano se querrá decir, que nombrando el puc* 
Wo los diputados les ha dado todos sus poderes , y que há 
ratificado anticipadamente todas las leyes que ellos hagan. 
Esto es otro error, porque no consiste la soberanía en la 
nominación , sino en la legislación ; y la voluntad que nom- 
bra no es la misma que la que decreta y constituye. Nom- 
brando un pueblo sus diputados ( dice^ Rousseau ) creerá 
ser el soberano , y se engaña , porqué pasada la nominación 
queda, enclavo. Para no serlo» no puede el pueblo dar á sus 
'diputados sino el poder de manifestar sus voluntades , las 
que deben conocerse para manifestarse ; y para conocerlas, 
es precisa consultarlas en una asamblea. 
' X En vano se dirá qué nombrando el pueblo dipula- 
dos enagena en sus manos todas sus voluntades, porque 
seria un absurdo. La vólUritad por su naturaleza no es otra 
cosa qué la que el alma quiere, y es imposible enagenarla, 
coma dice muy bien Rousseau. Pasada la nominación, par- 
te mi diputado con «tt voluntad^ y yo queda con la mía. Ni 
porque el diputada qiiiera un decreta, se sigue que yo le 
quiera también: cuaádo digo jo ^entiendo también todos 
los comitentes» 

Xí Se añadirá en vano^ que nombrando el pueblo di- 
putados > los constituye sus representantes ; porque es otro 
absurdo 9 coma dice Rousseau. La voluntad no se represen- 
ta, por la misma razón que na se enagetia; y ciertamente 
si se decreta lo contrario de lo que yo quiero, no es mi vo- 
luntad la que decreta, asi coma na se me representa. Es 
pues imposible , añade Rousseau , que los diputados del 



IMPOSIBLE EN LA LEGISLAGION. 7$ 

pueblo se hagan sus representantes por la simple nomina* 
cion : serán cuando mas simples encargados. 

Parte un embajador con la voluntad de su señor , y si- 
gue y consulta, rigurosamente su voluntad. Por esta razón es 
su representante. Si pusiese por un momento su voluntad 
en lugar de la de su señor, no Icf representaría. Lo mismo 
sucede con un procurador, un a^nte ó un representante 
cualquiera. Para hacer un matrimonio, usl contrato, una 
compra , un convenio , no ea la voluntad del cometido 
la que se pide, sino la voluntad del constituyente, y no 
una voluntad á medias , sino una voluntad toda entera , muy 
física, muy pronunciada y muy manifiesta. Si falta la vo* 
luntad de una de las dos partes , el contrato es radicalmen- 
te nulo. Y he aqui por qué un pueblo no ha podido ni po- 
drá jamas hacer contratos , leyes y constituciones ; porque 
es imposible el juntar, consultar ni conciliar todas las vo- 
luntades de un pueblo. Lo que es necesario en el matrimo- 
nio y en todos Jos demás contratos, esto es, el consenti" 
miento formal de las dos partes, demuestra bien la impo- 
sibilidad absoluta del pacto social , y por consiguiente de 
los gobiernos representativos de los pueblos. *^£s una ley 
fundamental de las dem(;x:racias (dipe JU» Montes^uieu) 
que ^1 pueblo solo haga las leyes..Sin embargo, como cono- 
qe la imposibilidad quiere que se Jije el número,^ Quiere 
ademas que se deje al Sanado que deciden. Pero ¿cómo ar- 
reglar todo esto? Si se fija número, no será el pueblo. Si el 
pi4eblo, no hay necesidad de fijar el numero. Prueba cierta de 
que todos estos sistemas son muy embarazosos. Y ¿ por qué 
lo son? porque son falsos, y jamas pueblo alguno tuvo el 
poder de darse leyes, ni por sí, ni por sus representantes. 

XII En vano se diu*á que los decretos han sido publi- 
cados, leidos y fijados, y que el que calla consiente..;. Lo 
que también es falso, porque si yo tengo razones [ara ca- 
llar ó no me atrevo á levantar la voz, no será esta una 
prueba de que consiento. Un silencio forzado no es una 
aprobación (como dice también Rousseau) cuyas conse- 

K: 



76 DEl- CONtBAtO SOCIAL 

cuencias son invencibles^ cuando se le pasa un principio 
falso. 

XIU ¿Estableceréis por principio que la ley es la w- 
luntad generala Para que entonces sea una ley el decreto, 
no basta que sea dado por las cámaras; Se necesita también 
que lo sea por el pueblo en cuerpo. Ni basta que pase por todas 
las cámaras, es preciso que sea ratificado por el pueblo en 
cuerpo. Toda ley que no ha sido ratificada por el pueblo en 
Cuerpo, es una ley nula, y deja de ser una ley. En vano se 
publicará en los mercados y en todo el reynó ; y en vano 
se hará registrar en todas las municipalidades. Rousseau^ di- 
ce, que todo esto no basta, y tiene razón. Es necesario que 
sean contadas todas las voces (lib. a, cap. 2: lib. 3, cap. 
14). Para que pueda conocerse la pluralidad, es preciso 
de toíla necesidad, que el pueblo se halle reunido, que sea 
libre, y que se le pregunte en cuerpo , sin lo cual el decre- 
to será el voto de los diputados y no el del pueblo. Es im- 
posible conocer él voto de la pluralidad de la nación sia 
juntar la nación toda entera. Todos estos raciocinios de Rous* 
seau son evidentes, invencibles, y se deducen naturalmen- 
te del principio de que sóti tomados. 

XIV Según esto, he aqui el argumento que resulta 
contra Rousseau y contra todos los "partidarios de los pac- 
tos sodales, y de los gobiernos representativos de los pue- 
blos. 

j.® Que jamas existió gobierno en el que haya votado 
la universalidad del pueblo sobre cada ley a pluralidad de 
votos. 

a.^ Qut Cuándo pueda haber tenido esta facultad la 
pluralidad , no tuvo jamas poder legislativo sobre los disi- 
dentes.... Luego ninguna nación ha podido darse leyes. 

i5 Luego jamas diputado alguno pudo recibir de los 
pueblos el poder legislativo. Sin embargo todos le tieheh 
en el gobierno republicano. Luego no le tienen de lospue^ 
blos. ¿De quién le tienen pues? 



IMPaAOTlOABJUE EN Ik COJWTJTUCION. 77 

* 

Impracticable en la constitución. 

I Si jamas nación alguna pudo darse leyes , menos po« 
drá asociarse para convenir toda entera en una constitución. 
Porque, si para la formación de las leyes tiene á bien Rous- 
seau contentarse con la pluralidad de sMoSj para la aso* 
elación exige la urmnimidad. 

' Y no podemos dejar de convenir en que todo esto es 
una consecuencia necesaria, deducida de los mismos prin- 
cipios, qué nadie podrá disputar, admitido el principio. 

II Porque si es cierto , como' se supone , que antes del 
pacto social no habia aun autoridades ni soberanía de de» 
techo '^ que la libertad primitiva fue una líber t(Md de iruie* 
pendencia , y que los hombres no fueron subordiniÉdos los 
tinos á los otros por institución de la naturaleza, es claro 
como la luz fiel dia, que antes del pacto social eran todos 
los hombres perfectamente independientes, y que si se han 
decidido á asociarse y á subordinare , es por un acto Hbre 
y espontáneo de su voluntad, en virtud de su consentí* 
miento y de su voto. Según esto, es claro que ninguno en- 
tra en la asociación sino por su consentimienuo y sus votos; 
que si yo hago parte de la asociación, si me hallo compren- 
dido en la asociaciou, si contribuyo á la soberanía, si el so* 
berano y la sociedad tienen derecho sobre mí es por mi 
consentimiento y mis votos ^ pues con mi voto se hace todo, 
y sin él nada puede haber. 

HI ' Según esto, es claro que habiendo nacido libre é íu- 
^dependienté ^ si yo no quiero asociarme, nadie podrá obli- 
*galrme á ello ni sujetarme sin lüi voto bajo ningún pretex- 
to; y seria utía in Julieta el intentarlo, porque mi voto es 
esencialmente Ubfe. Mientras que yo no consiento en aso- 
ciarme, soy perfeciamente independiente (lib. i, 'eaípr4}. 
£fr también claro según esto^ que si yo no lue- asocio. 



V 



78 DEL CONTRATO SOCIAL 

nadie es mi soberano, ni nadie tiene derechos sobre mi^ 
porque habiendo nacido Ubre é independiente nadie pue- 
de tenerlos sino en cuanto yo se los doy por mi consentí* 
miento y mi aprobación. 

Por último, es claro según esto, que para que los po- 
deres y los derechos de la asociación se extiendan á todos, 
se necesita qoc. todos se asocien ^ y si hay uno solo que no 
dé su consentimiento, .la soberanía no se extenderá sobre 
todos los individuos; ó, lo que es lo mUmo, no habrá so* 
berarúa , porque es de su esencia el ser iiniversaL 

IV; Todos estos raciocinios de /. J. Rousseau soa cla- 
ros, evidentes, y están perfectamente enc2|denados. Para que 
haya asóciatíion, es. preciso que todas- las partes contratan- 
tes estén de acuerdo; por eso es preciso que todos los 
miembros de una sociedad estén conformes si se quiere 
que la docíedad sea una asocíacioru Por lo que correan- 
de 4 /a constitución 9 es de absoluta necesidad (como lo 
exige jRoitsseau) la unanimidad , y unanimidad rigurosa^ 
fin la cual no habrá asociación» Todo esto está muy bien 
dicho, es muy justo y concluyente. 

V Resta ahora una pequeña dificultad, y es, que en- 
tre estos hombres acostumbrados á la independencia habrá 
mqchos que no quieran sujetarse, 4S no parezcan en la asam- 
blea , y que entre los ^ue parezcan habrá muchos que no 
estén de acuerdo sobre la forma de gobierno^.. Pero si hay 
división en los votos, lo que no dejará de suceder, ¿cómo 
conducirse para la ejecución? 

VI ¿Todos los quQ no quieren reunirse á la asociación^ 
deben dejar el pais.... Pero >¿con qué derecho podrá obli- 
gárseme á dejar mis tierras, mis bienes y mis propiedades, 
puesto que según el principio mismo de los convenciona- 
les , ni ellos son mis soberanos ni podrán serlo?... Si no sal* 
go, ¿qué me harán? Me obligarán á ello ó me matarán...» 
Y ^ con qué derecho, por qué ley? [Porque son los mas 
fueii;éi!... ' 

. .He aquí para proceder á la ejecución de esta parte em- 



IMPRAGfíOABLE EN LA CONSTITÜCTON. 79 

pleada la fuerza , la violencia , la injusticia , la atrocidad ó la 
emigración inas terrible... Y ¿qué se adelantará con esta emi« 
grácion? Nada, porque mientras «e trate de plaza» lucrativas 
6 de leyes incómodas , de dominar ó de servir ; y mientras 
que se trata de una venta ja ' á , qué puede aspirar todo el 
mundo, habrá divisiones, y Cadauno votará*^ siempre con 
preferencia, por sí á por sús^ amigos...^ Guando pudiese lle- 
ga»^ á juntar todo un pueblo;'y cuando á fuerza de emi* 
graorones y de deportaciones, no qnedase en el pais sino 
un *pequeri(i númfetói die cien individuos , si síe pone^ en vo» 
tos la forma de gobierno no se conseguirá jamas \9t,unani* 
nadad. Por ésto mismo nunca podrá efectuarse el contra- 
ta ebcial, ni un gobierno rerpreseñtativo. 
• VII En Vana se dirá qule aúepCando nuestros^ padres 
la primera constítujciott la crearon para siempre^ y ha 
quedado creada^^Si fuease esta la cuestión,, diría yaque la 
(sónstitdtion que^e no$ propone ahora,, es enteramente di' 
versa de la que han aceptada nuestros padres,, y que se ha^ 
lia totalmente mudada. Añadiría que puea toda constitución 
és un resultada de los votos, la consfUucío?? de nuestros pa- 
dres murió- con sus votos, com<^ sus> votos han muerta con 
ellos ; que el resultada de estoa votos,, aunque hubiesen si* 
da unánimes ,. no ha podida subsistir después de ellos si- 
no por el voto unánime y siempre sostenida de sus siice- 
sores; y por último que un sola disidente hubiera podido 
tfestruir su. obra,, porque no se trata aqui de los bienes y 
derechos^ personales de nuestro» padres,, sina de- los dere- 
chos de que na eran ellos señores,, cuales son. nae^ro5 pro* 
pio& votos '^j (coma dijo muy bien Rousseau) si ¿oy yo in- 
dependiente por naturaleza ,^ usídie- podrá sujetarme sin mi 

aproBacion^ Sobre esta materia repetiré siempre lo que he 
dicho ya. 

' Vni Deba notar que esta objeción supone la mismo 
que se trata r porque na hablo aqui de la generación pre- 
sente ,, sina principalmente de nuestros padres cuando 
fue precisa que procediesen al pacta sociaL Y si nos es* 



8o DEÍ, ODNTRATO SOGIAIi 

trcmecemos x^oando $e piensa eu 8ometer.cio3' d^ued de es- 
tar acostumbrados á llevar el yugb hace mas de cuatro mil 
años^ ¿cuál debió ser la repugaaocia de nuestros padres (co- 
mo preteode Rousseau) la primera vez que, se les hablo 
de dependencia? 3in duda p^te^rían herúsadpa como los ca* 
ballos ;fQge$QS: la primera vez que se quiere ponerle^ el fre- 
no. Si nosotros no ^ ^certariatiips á convenirnos sobre una 
constitución ¿cuál deb¡ió;S^r;la jarolncion de estos primeaos 
hombres, Tibires é iadepeodienlea, cuando se tr^at^ de su1km> 
diñar l^s plazas del ordep social, f de dornipar ó servir 
por la primera ve^? Si bay divisioii entre nctotros, babr4 
habido tnas eqtre nuestros padrea. Porque en todas partes 
en donde domine el interés personal., es imposible que 
haya unanimidad, y^oada puede mover tan vivamente' es- 
te interés como. una constitución en la que deban domi- 
nar los unos con exclusión de los otros, disponiendo de to- 
do por las leyes. Que .se proscriba , que se destierre cuanto 
se quiera: mientras queden eti una nación dos que delibe- 
ren , ambos querrán dominar y ninguno servir. 

IX Ved á los franceses cuando quisieron constituir por 
sufragios; el uno quería rey absoluto, otro rey constitucio- 
nal, aquel una república, este una asamblea, y cual dos 
cámaras. ¿Hubo jamas unanimidad en el pueblo; la hubo 
entre los diputados? Que se corran todas las naciones, aun 
las roas sabias, las qué tienen mejores constituciones ; y que 
se pregunte á todos sus Individuos sobre la forma de go- 
bierno;.... ¿se hallará en ellos unanimidad^ SI no se que- 
jan , será porque saben bien que les será Inútil y acaso da- 
ñoso hablar. Pero ábrase una Ubre carrera á su ambición, 
y consúlteseles; ¿estarán de acuerdo? Es muy imposible. 
Porque los que gobiernan, bajo cualquiera forma de gobler» 
no que sea, pesan esencialmente sobre las ca})ezas de los 
que son gobernados, y ocupan las plazas que cada uno 
querría tener. Mientras que se trate de una constitución, 
j&cí la que sea preciso de toda necesidad dominar ó servir, 
dar la ley ó recibirla , es Imposible que haya unaninúelad^ 



IMPRACTICABLE EX LA COKSTITÜCIOX. 8l ' 

porque divididos los int^eses es necesario ^absolutamente 
que se dividan los votoat 

X Según esto, repito, que para convenir en una ^ons^ 
titucion, es preciso que las partes contratantes estén de 
acuerdo, y que haya unanimidad. Y si jamas los miem* 
bros de mía sociedad cualquiera, han podido íestar deacuer* 
do, jamas habrá habido unanimidad sobre las constitiicio* 
nes. Lu^o mngunos diputados han podido '.recibir, de lo» 
pueblos el 'poder de hacer coústituciones^sia embargo, la 
tienen los de todos los gobiernos repubücanos. I<iuego no la: 
vecibea dé los pueldos. ¿Fuesderquién^bi^ redhenl 



Sí 4-* 



' • .' 



Terribh en su$ efectos. 



- * 



I St esí Dios mismo el que ha dado á cada uik> sucesi^ 
va y alternativamente derechos ^ según el orden, de la na- 
turaleza, cíe c^ommio, de autoridad^ de propiedad, y. de 
soberanía , -debe cada uno ser absolutamente señor de su 
propio derecho, y aunque fuera yo el último :de los híom* 
bres, ninguno en el mundo podrá, á pesar mio^ despojar* 

tne de ellos , ni á mí ni á mis herederos Pero si al con* 

trario es el />ae6/07 quien lo ha distribuido todo; en los pac* 
tos sociales en razón del mérito personal , podrá ,este mis^ 
mo pueblo volver á tomar todo lo que nos ha dado , si juz« 
ga que no lo merecemos .ya. He aquí los efectos de los pac* 
tos sociales, y como los representantes de los pueblos se 
hacen señores de todo, aun de sus mismos soberanos, 

II Aunque los pactos sociales sean radicalmente impo* 
8Íbles en la ejecución , los facciosos están infinitamente ín^ 
teresados en predicar su posibilidad, y aun mas en hacer- 
la creer. ¿Cómo han podido acertar á persuadir á los que 
tienen derechos que era bien que los pusiesen á disposi^ 
cion de lospueblost no es concebible. Pero el hecho es qi c 

A suceso ha excedido su esperanza, pues que hoy domitia 

L 



8a . DEL 0017TRAT0 SOCIAL 

-el furor de establecer por todas partes los gobiernos repre*^ 
sentativos de los pueblos según la fábula absurda de Icks 
pactos sociales. 

III Supongamos pues , como es realmente , la creencia 
i2(? ¿05 />ac/o$ 5oda/e$ generalmente establecida en el uní* 
verso: ¿qué deberán hacer los facciosos reunidos con la in-. 
tención de establecer lo que sé llama un gobierno represen- 
tativo?.... Después de haber decretado la soberanía de los 
pueblos, y de consiguiente la suya propia; y dé haberse 
asegurado de la fuerza armada ^ y de la magistratura ; y re- 
forzados con la inmensa multitud de los que nada tienen, 
empezarán por atacar al Todo- poderoso; y he aquí el len- 
guage demasiado conocido He que usarán. 

IV Antes nos hacíais creer todo lo que queríais. Nos 
decíais que vos erais el que había subordinado las socieda" 
des^ y no es así, smo que lo hicieron los pueblos: que nos 
habíais dado gefes, y fueron los pueblos; que nos habíais 
dado los bienes, los derechos de autoridad y de propiedad^ 
y Yio es así; sino que nos los dieron los pueblos: nos decíais 
que los bienes inmensos que se habian donado á vuesti*os 
templos eran vuestros.... y realmente son del pueblo: por 
lo que hemos decretado que deben ser vendidos en su nom- 
bre, y lo han sido en efecto. Nos decíais queja verdadera 
liberíad consistía en seguir vuestras leyes, y nosotros de» 
cretamos, que consiste en que cada uno siga sus propias in«- 
clinacionés, en daros adoración como cada uno quiera, en 
no reconocer otras leyes que las nuestras , en esclavizar á 
ellas vuestros propios ministros tjue estarán enteramente á 
nuestro sueldo, y les será prohibido predicar en público la 

- unidad del culto, y la restitución de los bienes; y en fin, 
que con respecto á religión , seremos absolutamente.los seño* 
•res de todo, y que vos nada seréis. Primer efecto bien ter- 
rible de los pactos sociales^ por el que se intenta despojar 
de sus derechos al Todo^poderoso. 

V Después de haber destronado al Todo-po3erosQ , se 
«dirigen los facciosos á los soberanos, y tienen con ellos el 



TERBIBLC EM SUS EFECTOS. 83 

tnismo lengUQge, Antes se nos decía que erais los represen" 

tantes del Ser supremo; y sois solo representantes de los 
del pueblo : que vuestra soberanía venia de Dios , y nosotros 
<jreemos que viene de tos pueblos. Elegimos vuestros pa- 
dres porque merecian gobernarnos, pero vos no lo,mere« 
ceis. Antes nos conveníais , pero hoy no nos convenís. Mar- 
chad , porque queremos ya otros. Ciertamente que no es este 
tin contrato sino una orden : ni el lenguage de un igual , sino 
el de un señor que habla en nombre del mas terrible de to- 
dos los señores..... ¡Se compadece en nuestros dias que los 
soberanos no tienen energía! Pero ¿cómo la han de tener? 
No son ya aquellos ministros augustos del Todo-poderoso^ 
á los que era prohibido tocar bajo la pena de condenación 
eterna..... Hoy son solamente miserables encargados de sus 
•úbditos : y si no convienen ya , se les arroja ; y si resisten, 
•e les juzga , se les degüella , ó se les asesina. £s un prodigio 
que se halle hoy uno solo que pueda conservar un resto 
de energía. Segundo efecto inevitable de los pactos sociales: 
eZ asesinato de los soberanos. 

VI Después de haber degollado á los soberanos simples, 
•e emprende con los soberanos compuestos, y se usa coa 
ellos del mismo lenguage. Antes queríamos dos cámaras, 
hoy queremos solo una. Antes queríamos ser representados 
por grandes propietarios; hoy no queremos sino los pe* 
queños, y que cestos sean representados en razón de su nú* 
mero. Tercer efecto bien terrible de los pactos sociales: el 
trastorno de todas las antiguas constituciones. 

VII Para asegurar la preponderancia del bajo pueblo 
en las nuevas representaciones, era preciso atacar á los gran^ 
des en su fortuna ^ después de haberles despojado de su re- 
presentación, y no ha sido necesario servirse de otro lengua- 
ge, porque este sirve para todo. Estos bienes, estos domi- 
nios , estas posesiones inmensas son del pueblo que os las 
dio. Hoy tiene a bien volverlas á tomar. Después de haber 
decretado la igualdad de las particiones en cada sucesión, 

decretamos que es necesario proceder á la división de las 

L: 



84 ZySL GOHTRATO SOClAX. 

grandes {brtünas. En consecuencia de este nuevo decreto , los 

grandes son despojados, encarcelados y degollados: sus bienes 
vendidos, repartidos, dispersados y dilapidados, y sus pala- 
cios destruidos. Cuarto efecto inevitable de las representacio- 
nes en razón del gran número : la ruina de los grandes. 

Yin Por último, después de la ruina de los grandes 
se procede contra los pequeños propietarios , y en seguida 
contra los pobres , y son ellos los que pagan á mas precio 
las revoluciones; porque á falta de bienes, se les pide su 
propia sangre , porque al fin tan repetidos trastornos ocasio- 
nan guerras crueles. Para sostenerlas se decreta que se -ne- 
cesitan sesenta mil hombres para el ejército ; el decreto 
es llevado á efecto bajo pena de muerte; y los pueblos se 
ven degollados á millares por orden de sus representantes^ 
Tales son los efectos terribles de la opinión de los pactos 
sociales ; efectos cuya historia hacemos con toda fidelidad: 
el Todo^poderoso despojado <ie sus derechos'^ iodos los an» 
tiguús soberanos derribados : hechas pedazos todas las an* 
liguas constituciones : destruidas todas las grandes fortu* 
ñas: arruinados todos los propietarios^ y sacrificados tO" 
dos los pobres. De este modo, en nombre del pueblo sobe- 
irano, nuestros representantes se hacen absolutamente seño- 
res de todo , aun de los pueblos mismos. 

IX ¡Un pueblo soberano! ¡qué delirio í y ¿dónde ha 
recibido este pueblo su sóberaníaT ¿en la universalidad de 
los individuos? es físicamente imposible, porque, como he-? 
mos probado , la universalidad de un pueblo no ha podido 
reunirse jamas , ni ponerse de acuerdo la universalidad de 
voluntades; ni una universalidad separarse en dos univer- 
salidades. ¿Dónde pues la ha recibido? ¿en una parte de lo8 
individuos? es igualmente imposible, porque una parte, no 
puede tener derecho alguno de soberanía schíe Ja otra. ^ 

X ¡Un pueblo scAer ano ! .u.. Jamas pudo esta sobera- 
nía ser admitida sino ppr los que se interesan en el en- 
gaño. Porque para el que sabe reflexionar es una gran 
jiecedad. . . 



TERBIBLE'EN SUS EFECTOS. 85 

¡Un pueblo soberano!..... ¡Qué locura! Este término ó 
voz, summus supremas^ sigui&ca esencialmente el que es- 
tá en lo alto , y en una república es la parte que gobier- 
na. Véase según esto la ridicula ceguedad . de los que pre- 
tenden colocaf. ha soberanía en la universalidad de los súb» 
.ditos. Una escalera cuyos escalones fuesen todos soberanos, 
ó los últimos , dejaria de ser una escalera. Si la universali* 
dad fuese soberano, ¿de quién lo seria? El pueblo romano 
podia por su senado ser el soberano de los pueblos venci- 
dos. Pero un pueblo soberano de si mismo (dice el abate 
Z?wvy) es el lenguage de las casas de locos. 

XI ¡Un pueblo soberqno ! , .... ¿Cuál debe ser la indig- 
nación de un pueblo que viéndose arrancado de sus hoga- 
res, y conducido al matadero como una vil bestia cargado 
de cadenas, agoviado de golpes , coiidenado á la borca , y 
«j^cutado en nombre de sus representantes, si no marcha, 
oyese que se le trataba con una cruel burla de pueblo 
soberano ? 

XII Es sabido que semejante indignidad acaba gene- 
ralmente por conmover al bajo pueblo mismo. Pero en el 
contrato social , el desenlace de todas las dificultades , es 
siempre igual. «Cualquiera que rehusase obedecer ( dice J. J, 

nRousseau)^ será obligado por todo el cuerpo Esta con- 

»dicion tácita es la que hace tedo el artificio , y el juego 
»de la máquina política. Sin esto el pacto social no seria 
»mas que ún vano formulario.'' (lib. i.^ cap. 7.) ¿Por to- 
do el cuerpo?.... ¡berdugo! (exclamaremos con Veshaupt) 
«en un empeño tan importante, debéis confesar que esta re- 
ticencia no es honrada. ¡Qué! antes de vuestro contrato 
43inunciábais á cada individuo que se iba á empeñar solo 
consigo mismo \ y concluido el contrato, se halla empeña- 
do tácitamente con el cuerpo entero de la nación; qu^ ^ 
lo dependerá de sí mismo, y se halla que debe depeoder 
tácitamente de la nación toda entera; que quedará tan lie- 
bre como era antes, y se halla esclavizado tácitamente á 
la nación toda entera; que como antea no tendida señores. 



86 BEL GONTBÁTO SOCIAL 

y 8e ve sometido al mas terrible de todos los señorea, al 
cuerpo de la nación toda entera. 

XIII ¡Por todo el cuerpo!,,,.. ¡Qué! antes de vuestro 
contrato, mis bienes, mi casa, mis posesiones, todo era 
mió, y era absolutamente señor de ello, sirí que hubiese en 
el mundo quien tuviese derecho de quitármelo; ¡y luego 
que he adoptado vuestro contrato, todo el mundo es señor 
de poderlo hacer! Dado el poder legislativo á los represen- 
tantes del pueblo , si rehuso obedecer , me castigará todo el 
cuerpo de la nación^ ¡y podrá obligarme to¿^ c¿ cuerpo 
de la nación!.... ¿Qué soberano podéis darme mas gravo* 
80?,.. Que, si nuestros lepresentantes decretan que sean veti- 
didos mis bienes, deberán marchar contra mi, y proceder 
á la ejecución de sus decretos las tropas , los ejércitos , los 
soldados, loa tribunales; ¿y llamáis aun á esto hacerme li* 
bre? Cuando hablo de mí, hablo también de cada propie* 

tario , y de todo particular cualquiera que sea Si me 

opongo á vuestras dilapidaciones , será la nación toda en'* 
tera mi parte, y la nación toda entera mi juez. He aquí 
lo que se llama en nuestros dias un gobierno representati» 
vo. ¿Le hubo nunca mas formidable?.... Aun cuando pusié« 
seis sobre mí solo la mitad de la nación , ó trescientos di* 
pintados, ¿qué podría yo hacer solo contra las fuerzas pá« 
blicas de la nación toda entera ? 

XIV Esta pretendida soberanía del pueblo es pues ua 
tejido de embustes , de perfidias y de abominaciones. No se 
constituye al pueblo señor de todo, sino para agoviar al 
pueblo mismo con el nombre vago de un pueblo soberano, 
que no pudo serlo ni lo será jamas. Los íPíe/eyímí, los Ma^ 
niqueos , los Pastorales , Albigenses * Anabaptistas , Frac^ 
masones , Iluminados , Sectarios , autores de las re\H)lu* 
-dones antiguas y modernas^ todos se han anunciado en 
faVor de los pueblos. ¿Y qué han hecho?.... Han saqueado 
las propiedades , y degollado á los propietarios. Lo han pues- 
to todo á sangre y fuego como los facciosos de nuestros días. 
¿Y eran verdaderamente enviados de los pueblos?..... Fue* 



TERRIBLE EN SUS EFECTOS. 87 

blos de la tierra, hablad: ¿encargasteis vosótrc^ á estos la- 
drones que degollasen á vuestros reyes, que devastasen vues- 
tras provincias, y arruinasen al universo?... En verdad que 
no, y os haríamos una atrOz calumnia en creerlo. L^jos de 
reconocer á estos facciosos , la parte sana del pueblo lo» 
detesta. Cuando los ve parecer , los huye cóñ espauto , se 
cierra en sus casas , é invoca eontra ellos el apoyp de la 
fuerza. Pero en lugar de tomar ál pueblo en cuerpo, haced-, 
lo por imíividuod, y preguntad á cada propietario si quiso 
dar á'sus representantes el derecho de despojarle de sus 
propiedades^ y no hallareis uno golo que haya querido dar» 
les iguales poderes. Luego en nuestros pretendidos gobier*^ 
nos representativos el poder legislativo no viene de la 
universalidad^ como e& fácil demostrarla Estoy muy segu- 
ro que la nueva ley no viene del pueblo entero , cuando 
yo no la quiero ; y lo que digo de mí , lo digo de todos los 
que como yo no quieren la ley , y de consiguiente la mas 
$ana parte del pueblo* 

XV ¿Cual es la parte del pueblo que sigue á los faccio- 
sos en todas las revoluciones? La hez del pueblo. Esta inu- 
merabie multitud de mendigos, d^vandidos, de jornaleros, 
y de individuos que nada tienen^ y no respiran sino el ro- 
bo y el saqueo. He aquí á donde qos conduce la opinión ter- 
rible de los pactos sodales : á las manos del bajo pueblo , y 
de consiguiente al trastorno absoluto del mundo. Porque 
basta tener ojos para ver que por la sucesión del nacimien- 
to colocó Dios al padre sobre sus hijos ^ al soberano sobre 
sus subditos , á los grandes sobre los pequeños, y que por 
todas partes sujetó el grande número al mas pequeño. Y 
en nuestras nuevas constituciones , hacemos todo lo contra- 
rio, sujetando el menor número al mayor. Constituyendo 
en razón del número en nuestros gobiernos representati- 
vos , es daro que constituimos señor al bajo pueblo , y que 
él se hace soberano absoluto de todo en razón del mayor 
número. 

XVI ¿T qué podremos decir de un sistema en el que 



88 DEL CONTRATO SOCIAL 

cada uno se halla en dependencia absoluta de una multitud 
desenfrenada que no respira sino el saqueo , los asesinati^ 
y los robos; de un sistema en el que no hay otra ley que laf 
fuerza, otra libertad que la de las pasiones, ni otra regla 
que nuestros deseos ; en el qué por nuestras absurdas cons- 
tituciones establecemos el mundo moral con los pies hacia 
k) alto y la cabeza hacia lo bajo; en el que por medio de la 
regla del gran número se hacen señores los hombres , del 
Todo-poderoso, los hijos de su padre, los^ criados de sus 
4imos, los subditos de sus soberahos, los miembros de la ca* 
beza , los ejércitos de sus generales , los diocesanos de sus 
obispos, los pobres de los ricos, las últimas familias de las 
primeras, los qUe nada tienen de Ips que tienen; de un sis- 
tema en el que los principios mas evidentes de la naturale* 
za y del nacimiento , de las sociedades y de la subordinación 
son destruidos, despedazadas todas las leyes de la moral y de 
la religión, arruinadas las autoridades divina y humaua, 
echados por tierra y arrancados los límites de la licencia^ 
en el que el bajo pueblo lo es todo ; en el que lo recibimos 
todo de él , bienes , honores y poderes ; en el que Dios no 
es nada ; por el que no le debemos ni culto , . ni adoración, 
ni sacrificios; por el que los templos son destruidos, arrui- 
nadas las iglesias , envilecido el sacerdocio, y asalariados sus 
ministros ; por el que el mismo que nos da lo temporal de 
la tierra, no tiene derecho alguno sobre esta misma tempo- 
ralidad ; por el que aquel de quien recibimos nuestras pro* 
piedades no tiene derecho de ser propietarix) ; por el que 
se puede adorar 6 no adorar; hacerlo cada uno á su modo, 
seguir sus leyes 6 no seguirlas, tener fe ó no tenerla; un 
sistema por el que el bajo pueblo^ en razón del gran nú« 
mero, lo domina todo, lo gobierna todo, y lo decreta todo; 
por el que puede hacer todo lo que quiera , amotinarse, 
reunirse, asesinar, pedir la partición de las tierras, separar 
á sus legisladores 5 y pedir otros representantes; saquear las 
casas y degollar á los propietarios ; por el que es preciso 
contemplarle en sus mismas sediciones ; un sistema por el 



TETtRIBLE EW SUS EFECTOS. ^9 

que no es dado enviar tropas contra este pueblo sin hacer- 
se culpable de lesa magestad soberana? Todo es una con* 
secuencia necesaria del principio de esta soberanía de 
los pueblos en razón del gran número. 

XVII ¡O vosotros que ponderáis las ventajas de los go^ 
biernos representativos ^ conocéis bien sus elementos, y ha* 

bels profundizado sus consecuencias ! Vosotros que pe* 

dís su establecimiento, soberanos ó subditos, grandes y pe- 
queños, quien quiera que seáis, ¿sabéis lo que deseáis? ¿ha* 
bels pensado bien .que alfín será él bajo pueblo el que ot. 
dará la ley ; el bajo pueblo el que será señor de cada uno 
de vosotros por sí, ó por medio de sus representantes? ¿y 
que este bajo pueblo^ que nada tiene, no puede dejar de 
respirar el saqueo y el robo ; los atentados y los asesinatos; 
que el infierno con toda su perversidad no podía imaginar 
una cosa mas desastrosa ; y que merecen los últimos supli* 
cios todos los que insistan en predicar esta monstruosa doc* 
trina ?.... Hagamos un resumen de todo. 

XVín Un sistema en eLque nuestros representantea 
tienen «1 derecho de liacerlo todo, y de decretarlo todo, en 
nombre de la parte mas numerosa del pueblo, es el mas 
terrible de todos los sistemas. Nuestros nuevos gobernantes, 
6 sean nuestros representantes tienen este derecho : luego 
el sistema de nuestros nuevos gobiernos representativos es 
el mas terrible de todos los sistemáis. Concluyamos. 

XIX Hemos probado en la <niestion precedente, que 
fue el mismo Dios el que desde el origen nos dló gefes por 
la sucesión sola del nacimiento , y que por lo mismo no ha 
debido existir, ni existirá jamas la igualdad de derechos^ 
Pero aun cuáhdo , lo que no es posible , los pueblos se bu* 
biesen dado gefes, acabamos de probar en esta cuestión que 
no hubieran podido jamas darse, ni la soberanía^ ni elpo^ 
der universal de hacer leyes y constituciones. Hemos pro* 
hado que esta soberanía ^el pueblo es el sistema mas terri* 
ble, porque en razón del gran número nos entrega á cada 
uno á la tiranía de un populacho desenfrenado que solo 



.V 



90 DEL CONTRATO SOCIAL 

Respira el latrocinio. Vengamos pues al hecho decisivo que 
destruye irrevocablemente estos errores absurdos, y las con- 
secuencias sanguinarias que se deducen de ello^. 

XX Hecho decisWQ. 

Si es Dios mismo el que nos dio á cada uno derechos^ 
en razón del nacimiento , ¡ euánta no debe ser nuestra atro- 
cidad en querer degollar, matar y asesinar basta que se 
crea que es el pueblo el señor de todo!.... ¡Qué! ¡^Señor del 
trono, de los príncipes, y de los soberanos: señor de mit 
bienes, de mis dominios, de mi casa, de mis ganados, y 
de todo lo que adquirieron mis mayores por el trabajo de 
sus manos!.... [Qué! \el pueblo^ esta inmensa colección de 
pobres , de mendigos , de facciosos , y de vandidos ; hom« 
bres que no respiran sino por saqueos y robos , por muertes y 
asesinatos!... Skn embargo, estos son á quienes proclamamos 
señores de todo en razón del gran número. Pero si lo son, 
querrán gozar de sus derechos^' despedazar las constitucio- 
nes, mudar las leyes, degollar á sus soberanos, pedir la 
partición de las tierras , vender , saquear, devastar y asesi- 
nar , tener profesores y predicadores que enseñen sus dere* 
chos para gozar de su libertad toda entera.... Si se quisiese 
ponerles obstáculos, se nos dirá que se les hace una injusti^ 
cia cruel, y se les trata con la mas afrentosa tiranía. De 
aquí tienen principio las revoluciones, los motines, las ma- 
tanzas de los príncipes, de los soberanos, y de los indivi- 
duos, las sediciones y las sublevaciones, y todos los desór- 
"denes que experimentamos hace treinta años. Pero repito, 
qué asesinar nó es responder. 

Si al contrario todos estos derechos son falsos , absurdos 
é imposibles, ¿por qué tenerlos por verdaderos?..,., ¿por 
qué enseñar que hay pactos sociales si no los hubo jamas?..» 
¿Qué son los pueblos los que lo han dado todo^ cuando no se 
habían reunido aun; que se dieron leyes y constituciones, 
cuando no tuvieron jamas el poder de hacerlo ?m*.. ¿Por qué 



TERRIBLE EN 8US E7EGT08. 91 

publicar doctrinas tan detestables, tan ruinosas y tan sub« 
verslvas , habiendo manifestado ellas mismas su falsedad ? 

Pero si son falsas ¿qué poqidrenios en su lug^r? si no 
fueron los pueblos los que hicieron el arreglo djs las sopi#» 
dades, ¿quién le hizo? y si la QUtoridqd universal no vie» 
ne de la universalidad de Iq$ subditos^ ¿de dpnde viene?.,, 
Pespues de haber refutado el error, será pirecisp restabjeceír 
ia verdad, y lo haremos en I9 cuestión siguiepjte , subiendo 
al origen verdadero de la$ autoridades^ y dfi to4o9 los 
derechos. 



/■'^,>^r^\'f'^^i^'/':<:,^^^i:-^:_:,y^:/-i>éj.^^^ 



CUESTIÓN TERCERA. 



ORIGEN DE LA AUTORIDAD. 

Que la autoridad universal y soberana no ha 
tenido origen sino en el autor universal de 
cada pueblo. 

Se demuestra, §. i • Por la razón. 

§.2.** Falsedad de todo otro origen. 

§•3.^ — Por la historia. 

§.4*^ — Por la historia romana. 

§, 5.^ — Por la de Ips francos. 

§. 6.^ — Por la de los hebreos. 

§. 7.® — Por la de los macabeos. 

§. 8.^ — Ojeciones. ffeeho decishoo , &c. &c. 

ESTADO DE LA CUESTIÓN. 

I i\.8Í como el caminante fatigado de haber andado 
largo tiempo entre precipicios y abismos , ve con gusto apa- 
recer los primeros rayos del dia 9 asi nosotros después de 
haber at^ravesado las espantosas regiones del error , por me* 
dio de las ruinas que los falsos sistemas han causado , veré* 
mos también con placer reproducirse aquellas antiguas ver« 
dades de tanto tiempo á esta parte obscurecidas , que ro* 
deadas de toda su luz^, no podrán menos de producir la 
convicción en nuestros entendimientos, y la seguridad en 
nuestros corazones. ^ 

II La primera y mas importante de todas es la del ori- 



PBÜEBAS DE BAZON. ''93 

gen primiúw de todas las autoridades y de todos los de- 
rechos. G)nfiultese la naturaleza toda, pregúntese á esa mul- 
titud de generaciones que desde el principio del mundo 
se han sucedido unas á otras, y examínense sin excepción 
todos los seres que pueblan el cielo, la tierra, y la vasta 
extensión de los mares sobre esta cuestión importante ; y 
todos responderán con una voz unánime y acorde que toda 
especie de autoridad viene de autor ^ que la autoridad 
unis^ersál viene del autor universal de cada pueblo , y que 
la autoridad en su esencia es el derecho que un autor 6 
hacedor tiene sobre los seres que ha creado ó engendrado 
por el solo hecho de ser su autor. 

UI Esta definición no puede ser mas sencilla : basta ' 
enunciarla para que se suscriba á ella ; porque tomada de 
la naturaleza misma , cautiva el* asenso de la razón , llena 
de luz nuestro entendimiento, y parece grabada en el fon- 
do de todoa los corazones: ella reúne caracteres de eviden- 
cia tan palpables; la vemos tan constantemente repetida de 
edad en edad por la reproducción perpetua de los seres^ 
que con solo presentarla se cree tener la autoridad perso- 
nalizada» La verdad sonríe á su aspecto , el error desapare- 
ce ; y todas las fantasmas tmaglnadas por la falsa filosofía 
se turban y se desvanecen. 

IV Ahora , si nosotros Uegaofios a probar por la razón, 
por la historia, por los mejores autores, por la tradición 
constante de todos los pueblos, y por todos los monumen- 
tos del universo, que ©1 Autor de la naturaleza ha colocado 
el origen de todas las autoridades en la palabra autor ; que 
todas las demás fuentes que se le han supuesto son falsas; 
que la autoridad , cualquiera que ella sea , no ha podido ve- 
nir jamas ni de los pueblos ni de los inferiores , y que es 
imposible que tenga tal procedencia; creemos que esta ver- 
dad , una vez probada , convencerá á todos los buenos ob- 
servadores , de que haber puesto la fuente de la autoridad 
soberana en los pueblos , fue lo mismo que colocar el ori- 
gen de un rio en su embocadura, ó coloóarno& á nosotros 



94 ORIGEN DE Lk AüTOBIDAD. 

mismos en los antípodas de la naturaleza* Empecemos pues 
por las pruebas de razón, 

s- >•• 

Pruebas de rawn, 

I Para demostrar en regla )a legitimidad de nuestra de» 
finieion , es menester hacer ver, como todo el muado sa- 

tbe , que no conviene sino á la autoridad , y que puede 
aplicarse á todas las autoridades. Probemos primero que no 
conviene sino á la autoridad. 

II Por la simple luz de la razón es claro que si yo soy 
el primer propagador ó poblador de un pais , las tierras que 
haya roto , los bienes que haya adquirido y los animales 
que haya criado serán bien ciertamente mios. Por mi traba- 
jo y mis cuidados se me han hecho tan personales como el 
trabajo y cuidado que he puesto en ellos ó de que soy el 
autor. Los derechos que sobre ellos be adquirido son invio* 
lables; y ninguno en el mundo podrá privarme de ellos ni 
á mí ni á mis herederos sin trastornar los fundamentos del 
mundo moral Sin embargo, estos derechos^ por incontes- 
tables que sean, no son todavía derechos de autoridad^ 
antes les son infinitamente inferiores, porque aunque yo 
haya sido el autor del trabajo , no he producido con todo 
los objetos á que \o he aplicado^ Reúnanse pues todos loa 
objetos que yo no he engendrado ^ ^ro que he adquirido 
de cualquiera otra nianera: muger, criados, muebles, ani- 

; males, estatuas, pinturas, y todas las producciones de la 
inteligencia y de las manos: estos objetos pueden ser innu* 
merables; y sobre ellos tengp derechos verdaderos; mas 
puesto que no los he engendrado ^ ios derechos que sobre 
ellos he adquirido, no son derechos -de autoridad ^ sino de 
pro[Hedad'ó de dominio: jus domini , ó jas dominii. Lúe» 
go nuestra definición no conviene á todos los derechos. ' 

III Pero sobre mis hijos , mis descendientes , sobre todos 



PRUEBAS DE KAZON. 9$ 

los que he engendrado y de quienes soy suhstancialmente 
autor ^ no solo tengo derechos de dominio: la simple razón 
indica otros infinitamente superiores, que son los de la au* 
toridad; porque ademas de haberlos sustentado con el pro- 
ducto de mi trabajo , los he extraido , digámoslo asi , de mi 
propia sangre , y formado de mi propia substancia ; y según 
la enérgica expresión de Aristóteles , yo soy el principio y 
fuente de su existencia , y física y substancialmente su auton 
Pater auctor est existendi. Me deben amor, sumisión, res- 
peto y obediencia , porque me deben la vida y todas sus fa- 
cultades corporales : pater auctor est subsistendi. Según el 
célebre Fenelon , este orden de propagación tan admirable 
68 el que hace que los padres miren á sus hijos como á par* 
tes de sí mismos, y que los hijos miren á sus padres como 
á los autores de su existencia. Esta es la razón que los mué* 
ve á prestarse mutuamente todos los oficios de ternura , de 
amor, de gratitud y de respeto. Y de aquí es, añade, que 
anteriormente á todo contrato, cada padre de familia tiene 
derecho de gobernar á sus hijos : derecho que deriva de su 
titulo de autor ^ por solo la razón de ser padre: pater auc* 
tor est existendi. Homero, Aristóteles, Platón, Fenelon, 
el ilustre Bossuet , la Enciclopedia misma , como lo hemos 
•visto ya, todos los autores en fin, sin excepción alguna, 
dan á la autoridad paternal el mismo origen que nosotros. 
Si un padre tiene derecho de gobernar su familia, todo el 
mundo conviene en que es por virtud' de su titulo de au* 
tor. Nuestros adversarios mismos bo lo niegan, ni podrian 
negarlo sin renunciar al buen sentido. Luego según el tes* 
timonio de todos los autores ^ nuestra definición conviene 
perfectamente á la autoridad paternal. 

IV Mas si como padre de familia tengo derecho de au^ 
toridad sobre mis hijos, por la única razón de ser su padre, 
-es' evidente que tendré el mismo derecho sobre todos aque- 
llos que procediendo de mi sangre me deben originalmen- 
te la vida. Y si únicamente porque soy el autor particular 
de mis hijos tengo sobre ellos una autoridad particular^ 



96 ORIGEN DE LÁ AüTOBIDÁD. 

es imposible que por la razón sola de ser el autor universal 
de todos mis descendientes, no tenga sobre todos ellos una 
uni^rsal autoridad en virtud de mi titulo de cuitor uni^ 
versal. He aquí la autoridad soberana , que por su natura* 
leza es esencialmente la misma que todas las demás, de las 
cuales solo se diferencia en ser su fuente universal ; y en 
que todas las demsis descienden de ella originariamente: 
Pater auQtor est existendi. 

V Pero este es el puqto capital de la cuestión. Después 
.de haber demostrado en las dos anteriores que jamas lo« 
pueblos han podido darse á sí mismos soberanos^ se nos 
preguntará: ¿Quién lo ha hecho pues?... Hemos anunciado 
ya que los soberanos son obra de un Ser infinitamente mas 
poderoso que todos los pueblos de la tierra , pues que es el 
mismo Autor unwersal del mundo. ¿Pero cuándo y dt 
qué manera lo ha hecho? He aquí lo que es sumamente 
importante averigulir. Es claro que si Dios desde el instan- 
te mismo de la creación nos dio ya gefes '4- todos esos esta^ 
dos primiti\H)s de anarquía , de igualdad y de sociabilidad 
vienen abajo por si mismos. £s falso pues que jamas haya 
existido un estado de anarquía^ porque antes de nacer 
teníamos gefes ; ni un estado de igualdad , porque núes* 
tros gefes tenian derechos de autoridad y de propiedad 
antes de nuestra existencia; ni un estado de sociabilidad^ 
pues que el estado de sociedad existia antes que nosotros: 
es falso en fin que Dios nos haya dejado el cuidado de dar- 
nos gefes , pues nos los ha dado él mismo. 

VI Mas ¿cómo ha dado Dios la soberanía i éstos gefef 
primitivos?.... He aquí otra cuestión bien importante. Por- 
que si ha sido por medio de la generación , todos los sueños 
de conquistas , de elecciones y de pactos sociales , se desva- 
necen como puras ilusioües. Ahora es de toda evidencia que 
por la generación Adam se hizo el autor universal del géne- 
ro humano, y cada uno de sus primeros hijos el autor uni* 
- versal de cada rama; Canaan^ el de los canaueos; Ismael^ 
el de los ismaelitas; Jssur^ el de los asirios; Elaní^ el de 



^1 

1 



lo^^aAiitas, Sea; que por U gmeraúion cáela gefe (le Jos 
francos se hizo el ^ut^cuolvef^Jde^ su .iribú;' xrada gefe , 
de^^lváges el de lawjvft^&q-; y que an fio el geíccle caila 
ratííia del género h^nauo ^Mim e) autpr» universal de su r 
rama ./:y ha adquirida una aii¿oridíaiít|jUni^eir5<i¿ sobré 6|i3, 
descendientes. . . . . . < . ,/;.♦'>; - ¡í . , , 

.-VII. Autoridad universal que él recibió , no de sus. 
descendientes; que no existían , toc^avia^ .sino de Dios . solo 
por el orden de J^ g^jier^cion y del nacimiento: autoridad 
universal que compró de Dios mismo con todos sus dere* 
chos, ^sometiéndose , voluntariamente á todos los deberes 
que la generaciQU .exige; autoridad universal que poseyó 
tn toda, propiedad ^cpxüo todos los demás derechos que 
Itabia adquirido del Todo-poderoso por sus afanes y trábalo, 

VIII Autoridad universal que existió con toda so plc« 
nitud en el autor universal de cada rairoa, y que poseía 
plenamente antes que sus descendientes pudiesen forouie 
un pueblo. Y. he aquí la gran verdad de que es menester, 
penetrarse bien^ porque es. la que da. la verdadera so1uc\qq. 
de! todas las dificultades./ ¿Ma^ á qué se reduce ésta gr^Q 
verdad? A que la aídoridad del gefe, primitivo fue univeX' 
sal desde su origen orismo; que desde el principio de su 
Vida fue el flwÉor universal áe todos, sus descendientes pre-. 
sen tés y futun^, hombres y.mugere&» grandes y chico^ri- 
eos y pobres, cualquiera que sea su numero, cualquiera 
pais que habiten, y. á cualquiera. reglón que se transfieran: 
que no. ha tenido necesidad de esperar Á su muhiplicacioQ 
para tener una autoridüd universal sobrq ellos, pw^ qúe.fei 
tenia necesariamente degde eíUqnces; que aunque bubiesejíf 
de existir seis mil años,^ su autoridad existiría otro tanto 
tiempo Como ellos, y por ella serian siempre gobernados; 
Obsérvese pueabien esto: si yo, he engendrado seis hijo^^ 
que á su vez deben engendrar seis tribus; desde, que mb 
seis hijos han nacido, éstas seis tribus .se d^í^en cojisidcrar 
comaemanadas de mi sustancia.; ya rdoy irrl^vocablemeiMo 

su autor universal^ y es impoñhle €fit jm autoridüd^sjmtsi 

II 



/ 



9^: OBIGiaSr DB: LA AÜ'TOMDi^D. 

ra Gcínraigó , porqiíerderechojs oatat(ileí'}idqtiifiuO$ sobre im * 
objeto, nó puedeta perecer isino coa el objeto mismo. 

IX Autoridad Univérml q«e eü ;mi cualidad de pro- 
pietario, soy dueño de trartsmitir á Malquiera,* con condi- 
ción ó sin ella, y'^qüe mb sucesores podrán • igualmente 
transmitir en lo sucesivo á quien quieran, lo mismo á uno 
que á muchos,- á Veinte lo liiismó que á cincuenta , á indi- 
viduos ó bien á dinastías, a cámaras ó -^senados, á diputa*- 
dos del pueblo ó dé los gráñdefe^: y ésto en virtud de- su so-, 
la voluntad, / \ ^ . . : : . , 

X ¿Convenís pues, sé tíos dirá, en qué en las demo- 
cracias los diputados del pueblo piíéde» tener ía -sobera- 
nía?... Convenimos ciertamente. En las- democracias, coiiio 
en las demás formas de gobierno, cuando la constitución 
ha sido legitimada, todos los que son diputados á la sobe'- 
rania poseen verdaderamente los poderes soberaiK^s, Pero 
$08ténemoa que en todas las formas posibles de gobierno, la 
ñüéva constitución no puede ser legitin\adá sino por los; an- 
teriores soberanos ; qué solo dé ellos los llamados á gober- 
nar pueden recibir h soberanía i y que solo por ellos se ]té 
puede transmitir la de los gefes primitivos. Sostenemos que 
en laa democracias ^ cuando los diputados del pueblo han 
llegado á \a soberanía^ son los representantes de los sobe- 
ranos y r]^ loa representantes del pueblo; que sos poderes 
fes vienen de loa antiguos soberanos y no de loa pueblos; 
que mientras los ejerzan serán propietarios de Ja soberanía,^ 
y nadie en el mundo podrá jamas despojarles de ella, ni 
cambiar lá constitución á su pesar^ Sostenemos que en las 
democracias^ como en los demás gobiernos, la autoridad 
Unwersal^ vendrá siempre del autor unwersal\ que sin és- 
ta no habrá, jamas legitimidad ; y que hasta que la nueva 
constitución sea legitimada i no habrá mas que intrusos y 
usm*padorea. 

XI Se ha creído que para hacer nn soberano es bás- 
tante non>brarto;^ y no es así. /. /« Rousseau pretende que 
k) 0ias dUGicU^ es dacle \^ - 5o6eran¿a; y nosotros sostenemos 



.r TBin^lBAS DE JtAZOBT. ' ' .95 

con /. /. i?oa55eaM, quené e¿ bastnote gfwercrZo; porque 
la soberanía oa es uoa coleccáon.de, vdiantadea, skio un 
/K>cíer de gobernar mal y positivo^ que solo puede venir 
de I?ios por el aittor universal de cada rama. Aun cuando 
por imposible todos- los pueblos de la tierra nombrasen ua 
sujeto, y por imposible todaa lasr voluntades pudiesen rea- 
nirse en su cabeza,» nb habría soberanía s'm el consenti* 
mieoto de los antiguos! soberanoiv porque los. pueblos no 
podrían dar lo quer. famas han tenido ni podrán nunca te* 
K^rV quiero decir , Ja soberanía sobre si misnoos* 
. XU Bien sé quérno es. es^ la doctrina de nuestro >si* 
glo. Parecerá nueva ^ porque fttK^atros tsrrores wn antiguos. 
Ma^fpor antigúob que sean ^lia verdad es anterior; pues 
pot el solo curso de la generación nos. ha provisto Dios de 
gefeft desde el principio del m,unda. Si queremos pues vol- 
ver al orden de la naturaleza', menester será que oimbie- 
mo$ de opinioriest pues ciertamente el Todo «poderoso no 
cambiará su marcha para conformarse á ellas. SI él ha ;co^ 
locando el origea dé la soberanía en el géfé universal de ca- 
da rama, en v^norquer remos trasladarlo tiosotros kh$ pue^. 
Wo5. Si él lo ha colocado en la g&ter^ición^ en vano.qucr*. 
remos nosotros colocarlo en Jas icompiisfasyen los paclossor 
cíales^ en las elecckmesi en vano proscribiremos nujs^tros; 
gefes primitivos; en vano;, á ejemplo deV. /. Rou^seau^ 
los ridicularitarcmos \ en !vaíio>lDs ooa4on^emo$ en , nues- 
tros escritos y, ea tinestrc^ discursos 4 ua eterno plvidí). 

Si no aparecieseti en nuestros Ubros, hay uno dol cual 
todos los esíberzód del género humana 09mbinados.no po«í 
drán borrados ja^s: -este es bl de lék naturaleza. Hágase 
lo que se quiera^ el^os^-aprecoráñ siempre á la cabeza de ca* 
da rama; y> allí permanecerán coa la autoridad universal 
y 5o6erana de que Dios los ha investido; porque no ha^^ 
brá otra jatnas.^ Hágase lo que se quiera , subsistirán en los 
libros sagrados , donde leemos que Dios los ha establecido. 
Y aun siibsistirái!t á pesar nuestro en los escritos de todos 

los buenos observadores. 

N: 



lOO ORIGÍir BE Ll. dLtrroBIDAD. 

iiXIH Ciertamente' cuando Aristófe)^^ habla: der^ey ,= no 
08 reamó de ün padre particular, sino^mo de un soberana 
No'iJDdtánte, ségun^e^te gran filósofo^ su autoridad no se de> 
riva del pueblo, sino de su título de aatar um^e¡rsaL La 
naturaleasa (dice eet© hombre célebre) nos ensena que hay 
una gran diferencia* entre ua rey y sus vasallo^: n¿ií araren 
gem á subditU discrepare dbcet.iY' on q[üié conáste esta 
diferencia?... en el derecho natíical de autoridad que un 
padre tiene sobre los que ha ptocri^ado, fucfd sane hdbet 
gui procreai^it erga naturam ex^sé (Falito líb. i, c. 9). Aho« 
ra-el dei:«cho, tantos db un padre particular ^ como del ' pa- 
dre común ^ no yieise ciertamente desqs hijos, sino de' su 
cualidad deaí/íor.íGuando .Platón hahh del gobierno» r^l, 
es bien cierta que quiere hablar de su soberaínia. No obs« 
lante esta, autoridad scíberána , según' él ,' es d^ Ja misma ési» 
pecie; qne.itodas Jasrüntoridacles paternales;- tanto que no 
qcá^^;aei'popga laTrntenor d^erenciaenf re ellas, ya sea por 
raK>n: dei su: órlgeri ; ya sea por su naturalebiCi Hanc^ seu re^ 
giantquis; séu civUerri,, sea familiar em^hommet discipH* 
nam^ nihilinteresse puitímtts.... ut unu^midcinque onmia 
comporKmus\i añade <iedpues (Pat. rep^ lik i). Luego todos 
estos autores hacen provenir la . autoridad soberana , como 
todas kis demás 9 no de los subditos, sino de la cualidad de 

XIV En fin, 'Cuándo Bossuet, Fenelon, Rolfín y to« 
dos k>s sen^tos e€k^ritóres nos presentan á los pueblos 
nacientes gobernados por su padre comuñ, es bien cier- 
to qifó hablan de un padre soberano. No obstante, lo mis- 
mo que Platón y que Aristóteles , nos los presentan gober- 
nando, no á tkulo de elección^ sino de padres comunes; y 
la autoridad soberana que les atribuyen, no es otra que la 
de todos los padres : ut unum iderhque omnja componemus. ' 
Deúios pues á Dios la gloria que, le es^ debida, date mag' 
TÚficentiam Deo:, y resumamos este importante punto. 

' XV ApesQÍr de la conjuración genei^l de nuestro siglo, 
falta mucho para que los gefes primitivos que Dios nos ha 



Tí 

<• 4 




dadb hayan pérdiáo e^ {)ioderes. A. Jo» djbs der )$ siiiba ra* 
-zon^ cadd uno de isUos ha permanecido á la cabeza de sn 
-rama y cóñ toda 8u autoridad, sin aherdcion alguna; por- 
que los padres que descienden de mí siendo los autores de 
sus descendientes, me constituyen á mi autor ootnun de 
todos ellos. Todos ellos pues, me deben amor^ sumisión, 
respeto, tan incontestablemente, como cada hijo á su pa* 
dre; y puesto que cada padre subalterno tieáe su autoridad 
'pariicular de su cüalids^d de autor\ e^ imposible que yo 
na tenga una autoridad universal sobre ellos todos éa cua- 
lidad de su autca^ universal. Esta e^ en» último resultado 
aquella persona pública que en vano /. /..Rousseau ha 
pretendido componer de la mitad de cada individuo* No ' 
hay n^iesidad de componerla , pues, existía antes de su ra« ^ 
ma; ni de confeiárle la scberaniá^ porqiae lai posee por na- \ > 
turaleza. No, Dios no ha criado.á los homlines en un esta- 
do de anarquía : el que da una cabezaá cada /cuerpo, un \, 
^éfe á cada familia, habla ya xtedo antes nn aóhérano á ca* ^ - ^ 
*da tribu. Si el uno es necesarki paira gobctnarjcada íami»' 
lia, el otro es mas necesario aun para gobernarlas á' tódar^* 
i: XVI Este es, como dicen muy bien Bbasuety Fcnelon, 
«1 primer cwrigeii de los gobiernos; y por eso en todas las 
lenguas se han llamado los rey es padres. 'Si^un lasJucep 
pues de la razón ^ y el testimonio de todos los buenos autó^ 
res, nuestra definición no conviene solaviente; á las áutOFÍ# ' 

dades subalternas, sino principalmente ala; ¿za^mlaaí.^oi» ' 

bemna^ primer origen de todas las autcnridades particulatos 
de cada pais. Hanc^ sea regiam quis^seu familiarem no* j 

minet disciplinarh , nUúl interesse putamus. ; ! 

' XVII Ni se puede;restringir la generalidad de nuestra i 

definición por la ;distiíicion prematorJa- de autoridad na* j 

tural y autoridad civiL En la siguiente cuestión tratare- í 

mos de la que pertenece á las - ciudades : entre tanto baste 
saber que la autoridad civil no es otra cosa que la autori- 
dad soberana ; y que habiendo indicado el origen de ki una^ 
hemos indicado igualmente el origen de la otra; Cualquier 



lOt^ DRICEN DX I^ AUTOMPAD. 

«pítelo^ que 'se la dé, ^y bajo cualquier, aspecto q\ie gfe» la 
eonsidete, natural 6 cixúl^ coinun^ó particular ^ si^bal* 
terna 6 soberana^ sostenemos .siempre que toda* autori- 
dad , cualquiera que sea , se deriva de la cualidad de 
iaumr. Lia autoridad subalterna deriva de. un pdre subalter- 
no, .Za¿zuforú¿at¿ cmLdel.oJUJtor universal de toda una 
<:iudad\ y ésta es to^a Ja .diferencia. Pero ámfos a dos se 
adquieren por la generación, y toman su origen de I§ t:^^afé. 
dad de autor. Luego nuestra definición conviene igualmen- 
te á todas las autoridades humanas/iTtínc , sea regiam^ d-c. 

XVIII SI :yo adquiero por la generación sola xlerecho 
de autoridad eobre todos aquellos de quienes soy aiittwr; es 
cíáro que el Autor supremo de la naturaleza tiene sd3re 
todos los seres qué ha criado derechos infinitamente mw 
•fuertes y mas extensos. Y si por la razón sola de ser yo. el 
-autor soberano de mis descendientes puedo disponer como 
dueño de mis derechos de* soberania sobre ellos; el Autor 
«upremo de. la naturaleza; que esel aiúor y criador de todo, 

•pnede cuando quier^i quitarme á mí mismo, cdnstkuir otro 
en íbl lugar, ly dispcMJerásu gusto de la autoridad supre- 
iDíÉ que tiene' «oliVe,tóda$ sus obras.«I)ios solo por el hecho 
dé .la creación es incontestablemente el primer princi* 
pió de donde -derivan ' originariamente todas las autorida* 
<ies,. todos los derechos y todosMoe poderes, Pero si tiene 
derecho de autoridad sobre todas suS' obras, es siempre por 
nsdn.de.ser su autor: asi nuestra definición no conviene 
«damente á las autoridades humanas, sino también á la 
autoridad del Ser supremo, 

XIX Mas hay todavía : nuestra definición es tan gene- 
ral, que no se Umita á solo el orden de la naturaleza^ se 
extiende al orden sobrenatural igualmente que a todos los 
demás: Cuando el águila de la elocuencia moderna, el itus* 
tre Bossuet , en su sexta amonestación- obligado á seguir á 
su adversario en sos numerosos extravíos , se remonta has- 
ta la generación sobrenatural del Verbo, dice formalmente 
y del modo mas^ expreso: ^e él hijo es luia persona dis* 



ííiwa VM/ia persona emidda ^ que tad^la recibe de Mpa* 
dre^^enel cual reside el' principio áe la cRítórid(id¡ por* 
qde wen efecto el principio y elúeutorde sa palúb^á\ dé 
donde mene también Iw wz de autoridad. Paságdén él 
coalse encuentra nb solo nti^stm defínicion^ntem/ dint) el 
término ihismp.<)e que nosr hemos 8^rvi(^. Señal ciéká de 
que tal es el sentida de lá ^alshm ^autoridad en iiddas las 
suposidones posibles;* > 

' Pero de qneeste gran bombm haya colocado éi* origen 
de\stautoridad>'8ol^enatural en el Autor éter nú del Ver* , 
bo; ¿se concluirá' que en está generación del Verbo ha co- 
locado también el origen de todas la$ autoridades huma- 
Ba8?i. De ningún >nK)do: todosloe autores que como M.Bos^ 
suet hacen thsspcéiíde;: de la divinidad ^os» poderes sobera- 
aojs ^ Jos ^acan de^Dio^ puraiiieíite como autor de la natU"^ - 
raleza. ¿Pero no íCs esta unía prueba ;p)áS;Ue que .e^tcis /gran-: 
deftíhómbrcs daaárlarpatóbm autoridad *e]. mismo éentído 
que^nosmros , .haciéoídola derivar 8Íeiiij>re dé la deat/tór? 
Ptmsiu la ¡autor «dad sóbroi^tural ,de: Dios coino aqtor so- 
bce^atural^. las. personas: di vinas*, lanatural de D¡o^ ^m^r, 
bíen^ joa^ coixko mxox de.líi naturaleza: luego nuestra defi* 
siéioQ ea general i y. conviene sia excepción alguna á to-' 
da9 las autoridades. 

. XX Tenemos pues ^ muchos y graves testimonios eri.^ 
apoyó de nuestra definición. Todos los que colocan la fuen-^ 
te de la autoridad éa losí padres de los pueblos la derivan 
como nosotros de h cualidad, de autor '^ todos los qtie Jai 
colocan en el autor de la naturaleza» la hacen depender^ 
igualmente de la misma cusdidad* Y sin disputa e^os dos. 
partidos comprenden loa hombrea. mas sabios y ma$ estimar 
dos de todas las edades. Que de este gran número de sábioSi 
unos coloquen el origen de la autoridad en. Dios, yotroí 
lo coloquen en los padres , léjosrd^. sernos contraría est^ 
diferencia de opinión, no hace mas que coníirinar la gran{ 
verdad qué acabamos de establecer, y q}ie ^a a dten:acOar 
una gran luz sobre todo do que concie^ipté á los gobÁén99^ í - 






"^ 



io4' ORiciw «» Lt AviaitiaAD. 

XXI ¿y cuál es e^tft gpua verdaíl ? Que pudieiido la aun \ 
Coridad , como lo dicta Ja rozón, aclquirur^ ide dos omaera^^^ 
puede .tiener dos fueniea .9Mbordinadd9 pefo^ muy distiotn^ égt. 
donde) derivarse: uri^ e».el cielp^- otra.?(i:Wjterni; uriá )C«i) 
la Qrec^qion^ otra cri h.getieraciofh Jfm Ja ^reactoo Dios!;et 
autor d^iiodo, y 9fíi»fi todo ti^ne aiitorí:(ji>dj;(pQr la genera^ 
cion Ain, padre «s aiuor desús t)ijoft; y t^pi^ítiitóridad aoWe 
todos ellos: por la creación Dios es aMt<>i(:SiitpreiBo'd«^tq?; 
dp el' liinivet^; jpor lagéuerítciort ^\ l^mbr^t» el aiit<^ su- 
perno de au$. descendientes:, y e» coaécctiencia de. todoé^ 
lo9 trabajo^ y bienes que pnxiucen.- E^ b^jo de Píos po': 
verdadero autócrata'^ contiene en eí misino un principio 
real d^ autoridad , <)ue le da derechos sobre todos los seres^ 
que ba producido y á quienes hace producir; y de esta 
fuente subalterna colocada en la generación , es de donde 
Dios mismo hace derivar los poderes soberanos. . • 

XXII Pero si á la sola luz de la razón la autoridad póe* 
de tlerivarse de dos fuentes , es ev idéate que puede tener 
también dos dueños,' que aunque el uno esté subordinado 
al'otto^ no so» menos cada uno de por sí; dueños supremos 
de sus- respectivos der-echos; -el uno en elcido, el otro en 
la tiárra^ el uno e«\ virtud de h creación í el otro en vir^ 
tud de la generación. En virtud de la creación Dios es di 
dueño isttpremo de todp,; pueden regir, gobernar, constituir, 
destituir J dispone^: á su-^bitrío de todas las aotoridade» 
y de todas lat sobefañías Veste es Jel amo que está en el cie- 
lol...'Bajo de Dioé, y según \a^ leyes que Dios le -impone, 
en .virtud de la generacíott sola , un autor soberano es due- 
ño de so soberanía t puede regir, gobernar, constituir, des- 
tituir y disponer soberanamente de los derechos de auto* 
ridad que tiene sobre todos sus descendieiues. He aqui el 
otro aitío eñ la tferra, el otro amo constituido á quien Dios 
en vi^ttíd de la generación dejó el cuidado de perpetuar 
los gobiernos, i » 

^ XXIIÍ Entre la^ diversas autoridades de que hemos be^ 
cho^tlümeracion ^ hay pues ciertamente una que solo pu0^ 



de.eaaw^/de,í)io$. E^ís^Iq h^.po4i^ qrear el universoi 
Masóla piiüáí creax* kw í^píritw; ppr tanto la^^tondad es- 
piritual y la autoridad sobrenatural nunca podrán depf i^ 
der siiio del Ser supremo. Pero habiendo dado Dios al hom- 
bre la facultad de producir 6 engendrar cuerpos , quiso que 
el hombre adq^i^fi^e jana^^v^rd^dera autoridad sobre todos 
los cuerpos que le deben originalmente la existencia; co- 
Jotcaiidf» adi^e$ta.genei»$lqa:de Iq; cue^ppf 4 origen de 
jtodas \m autoridades \ímW^»Jíh J^iA .?ft^.jR^gnífi<^ ft. 
Uacion^ e^tj» admirable <^di^na de autoridades que detiene 
laf mir^d^ d^jtodo ob^ryadoi; jit^ato , u\^af¡ dl!^lnas « otf¿|s 
humanas ; unas naturales , otras sobrenaturales ; unas, sqb^ 
ternas^ K>tra$ O^jt^e^n^ai u^^ que tic^ien su rmsp. en la crea* 
plon, 9ti^^:j^n.,la. gen^radon.v.uiiai en .I>ios,.ptras en ^ 
hombre, Uay |me$ bui d^^putaí autoridad ^ diferente? ^« 
pecies; peip o^lesquierav .que. ella» sean, de, CMalquier 0JC4- 
^a.quepoíEcaiü, .7 de ^u^lqiju^r jnodo que se puedan a4* 
quirir; iea evidente qqe si^oipre d^ivanjde la ^\u4uJad de 
autor. ¿Poviqué^iene Diossobrer ^ unívejrsp upa lautoridad 
universal? ;]^orque es %\x,aajLtory ¿Porqué ,un padre tienp. 
una a]Uftori(kd universal; sobire.pku^ hijos? Porque es ^u au* 
tor. ¿Por qué J9;ipadrejeasegaad0 Jugar participa tambiejí 
de esta autoridad? Porque haconl^ibuido á darles la exis- 
tencia, ¿Por qu^ el gefe de upa r^ma del género humano 
tiene una autoridad universal sobre sus descendientes ? Por* 
qoe es sa cnfpfí( f4,niversaL Luegp esta es la acepción natu* 
oral de hp^labís^^ifutorida^* I^ego.nuesti^a de&oicion coi^- 
yi^ne igmkw^0 ^ ^aS'^%:a¥m)fi()ad?Sy y>np conviene si* 
-4^9 á la aujOOffidadsola* Esta ^es-ei^ r^supien nuestra coo- 

.-dlisioa. M . -.o :i - .. ,.v , . •.; , . ,. -rr/r ./... :. 

XXIV P<)9r la verdadera .dei^nicion dp l^-flmoridqfl 
fe ve clata^oetit^^ j:^ sQlp,que }!^iafitpridQ4iJi^i''^<^f^(^i k^ 
venido del>aa(<r'MfUv^r5a¿vxdevpa^ puel>Io,v^ii;^o.que qo 
ptiede babee, y^iút}Q de ou^Sk^rte.J^ ^ciíara^f Sflí ,de la sp- 
herania , s\xorigm « su unwer.sali<jifí4i y suf^atrj^iuos , todo 
ae encuentra en nuestra definición. Tratan: de mudarla , ó 

O 



I 

I 



I06 ORIGEN DE^ÍiA Á«tÓtlID4D. 

xfc poner otra en 8n lugar / se volverá al caos; y 'ilb stf en^ 
xontrarán mdií que definiciones imposibles , fatsCis; é ¡nad< 
misibleé. ; : v 



s- a. 






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Falsedad de otros orígenes^ 

I Según los taaestros en el arte de- discurrir ,- nada hay 
fnas raro qoie una buena' definición ; nada mas éomun que 
definiciones falsas; y por ciento que jamas este axioma se 
lia verificado mas completamente que en la materia que 
tratamos. 

Si alguno; pretendiendo Componer la autoridad divina 
de todas lás voluntades humabas, y la autoridad paterna 
de las voluniadlefs de todos los hijos, difíilieée .eétasdos au« 
toridades, la voluntad general de los 5Ú6c{¿¿05 ,' sublevaría 
^ todo el universo concca esta dcfiniciop. Y el que difine 
la autoridad soberana, voluntad general del pueblo^ ¿no 
comete el mismo absurdo?..,.. He aquí pues' á nueslros ad« 
versarios donvencidos de falsedad desde el primer pasó. 
Puesto qué semejante defiMción no conviébe ni á la auto* 
'rídad de Dios ,;ni a la de los padireis de familia , iqüe en ca* 
da pais se cuentan por millares ó millones, no puede coii* 
venir á las demás autoridades ; y aun es tadA probar qué 
no convietie á ninguna. " 

II Es evidente que por naturaleza el niiSo que acaba 
de nacer no tiene aun síSxlitbs ni autoridad , y que millo* 
Hes de individuos no la tienen tampoco hasta que llegan á 
ser padres. Sih embargo, ia razón nos dicef qné todos estos 
individuos tienen una voluntad ^ y que la tienen desde su 
mismo nacimiento. De aquí es fadl concluir , por poco que 
•e razone; que por naturaleza, y en su esencia constitutiva, 
la autoridad no es una voluntad , sino utiá co^ entera- 
mente distinta. La autoridad da eseñcialiíieilté el derecho 

' de gobernar , la voluntad no lo da. La tíutoridad nú etú- 
' pieza des^ t\ momento en que tenemos vc4untad , sino 



FAtSB9Al>. *« ÓTICOS OKlOENrS. IP7 

~^bl9cki áqildj^iíiiqtie 8O1909 padres.. Léanse todo^ I06 autores 
iqu^af^ftlwpos d^ <;itary'y: 8^;v^ que.gí dan al padre ^l 
der/ccbo ¿Ic^gobfirQar 5 ao f^: porque, tenga unat volunta , w»- 
¿íip por rapEm)<|e^ «er podm ; uo. e$ descae el matante en qup 
, lie^e ^9aiA-ys¿if iHftd , m9> .d«fdíl aq«el ea que se hace j»- 
.<¿^;|#^^r»Md.tíeu^ 8poPr^g$[n «n «I decechp de pa^cc- 
ei^^d^f (^fiíaaa biiw , ^esfet^. deren^ho m^on^, 
bT HLi ©iri«(|pí jPsf«:U,ppnc)uirque por aUí^Uiialeía, y 
-« fii)jpftf#^íPQ|i^U»dy«,Jai#» op.8e.{Vi^ed¡i$ii¡f^ 

.ró!wla;|i[}Ql4eii£(icI gttf^eralumi^na, voluntad particular ^^^^ 
draii»pofM £4»^ cm<W9iO 4fi VQlmt^des ó sufragios. Se pueble 
.#|i|^]^jqt)fak^)|t9i^id^i y, 1^. puede querer sin autoridad: c^t* 
-ft» áo^JCQfftácput^feft §MStir aeparadamepte , y spa por con- 
/ij^iiik;M^,di^tas^: ai»!^ piwjjqpe por ¡iQfKís^ ^^ Jleg^^en 
- 4:jf«ipir /tddí^iWi voIupM^ -ñ^ waa ^pc^ed^ ^ f Bt coofi* 
í^guiesr JblOfff; wtar . Mítónifflíaieiíte te^Wf losijndiyidijíps 
K^^ .m^Ví¿)l¡fi i&bíe, ]a> plftocion de un 8o|>ef3PP i esta flpfi. 
Vlj^d^)c|^ Vi^fi^t^^XK^rle epDüferipia la .meqpp autjqr^dad: 

i ffi^^míOffí^r^ptmí^ m^^ 4ks4^ . recurrir ó a^ padre ^9' 
.^[MPi49l^eÜi»^ró;9lS!í[)b^^^ Lyego ,1a pq- 

^m ti^^thám «OOfti^tteioíta^ir y ¡cfearrwu-f.Mpít los gqí)*^. 
.f}^.^^t^íjei^;j^ taa abieir^;C^ desas^i^^^ paca ;^1 pr* 
-dg?b«QC»V)l^fí¥oílp«íQd ;df i« pofWp^ ^iW Wíf?do gepierjal^ 
^m> iW^^fií^íiiWÍPwaa^ms:^^^ mwpadores , y 

10 {^yMtAÍ^í^WlPíct^alflJW^P qqcfcun p^p ^iaoiilia jt|^- 

^V{ 9ím^^íl^,JB^e,^\\^:pív^ ^^a fuertei firtí^^dido , ^, 

.Íí^^s,3fl4ÍfMHfl*5r?mi;::i^^ á^cada/p^Sj^^y cada dja 

-|^d»^áeáwúfei iQoyKpolírWirinjMy débilepii. pauy ppH?? fr- 
,f(Ms4^i4i^fe'fortWa @a.íftí9ipp5as, bieuei? y talentps.^ y^ife 

y . Luegp á la simple luz de la razón la autpridad ppr 

-f».rifmiWÍt»ayr^ren;w^ ^ ni la 

o: 



fuerza, til lá riqoeíia, ni el tal^iito; di él ttiéllt6^ipi U á^^ 
treza, ni !a*pi*ótéfecidto, m'^líP^vitiofía, mla'eóttqtíisiSEí , m 
d <ferechó detíominib óiée ípttíplfedád: oi ftárfá di^ tí^: 

sónés qt¿efiá'próiííucido'i ükiéámdntepor'rhisbrt^'dt dér su 
^áUior'i j aun éo^cedido,* lá qtietes ttopos'il^é ; i^ leí hotii- 
bre mas fuerte /n!»s d'ieérro^ inad Yleó^ ^tííisá p0éefy9Íf^^mÁs 
SmíéfMdo; ttiás áV^ntájád^érlíJétátorá y í^líkrltó httoiera 
-pcKfitlo en' tiin pf tücípid bck^^ seguir' jpor^ifii^Mft^ón €»- 
tfera, y proélácbárse rey , eatis fenaVidadtti dókll^ié hui]^ 
T&Sk dado la jBéñEór autoñdárd' Ser^i áíémpi<e> ü¡^^ imf^í^ 6 
^tih'a$urpádór';Y dotisigátóftiíéméínte vlná^títíitkékteriifálílíí. 
^^ VI ; ¿Se (fireétí[^e Dios ijéftg^ aWfoíMád 9pt*^1«^h 
^bréé;, 'y un j^ádré' ífobré qué*^Híjóé^ porjttc^éíteilísáwr^ií^- 
'm;,'dóóités;, recúrioááóíí ', á^ctóí:fr€$ptiiaí^íÑÍI<^k\Íü'cú^ 
-éé tóócy ^l t¡nfV¿ídb 'sé rebelase ^eeMrá^^lf áOf»í, y "toda 
-'uaá famirmebnirsi sAf^ad^e^¿^álkdée7líi¿tk4¿«iM^(xr^ 
• 'VH* Lb^¿6pdríá 

* th Vd hati»alézá' ^w $tr «séncia^ <kto^tkutí**a'«^i«¿uftá'«i 
SSkiaL sutróáoñ^^üi del riesjfjéte^/iíí^deKaitótv^iíí I^^^^ 
'ííóéíhiiemty- m 'del '<xiná€íittfe9léAi^^«A'4i¿U»ífcáb4^ 
'ióé subdita. Ilbdft^ fe^t^ífilébté*i'áefiáti«íri«»^ ím fefe^>íía 
- W^fe-^tttíiisttift-fe^^tfc^íteí'lía*^ 

•19 í^3i^; JSfeh pft)^%he^déq^aábí^^ réádéf^éfttí€Í«ítóefi- 

•^: cíi la 'áiÜÚdád^de'áámi No |<oiíqüe oV'fiíliíeíéé está «tí- 
Yjcfó á Dl^i^ ti^ííe Did&véu%í6di*A%ébllÉ'^^ 
bijos estén sumisos á^ j^tóií^ntei^ 

'%>)STbl6^bfi iftdWMtíó $tílrlga»íé\y afebláífe<ÍJtóÍtóéHé ^ 
¿Ulo ieutí&^^é^ útt}pntoeipid^46ídteéi*to^ 
¿bd V auoic^^^da 'todos büb4^sén%iEad6 'létoftíteeiítliBU^^i^^ 
¿iSfleefcrté''éüaifedSVest^éí8uimil¿iíísvt^ %í¡¿éóli ^ild^ft^fett- 

''bicrtiH^daa&í'lá ^xíé>tíC^ ía^T^fe^^,f«ié*í)W^»*lriibfertpW*)í^»l 

^* VHI •fi&Ktfi'eflexi^áátfJftítoéíPbaálaTite^sbw^ 

• í » 



V 

i 



FJlMaiDAD DE.' OTROS Xmi&£K£S. | c 9 

-tolieol^taa «seaicilla como todos las dep^? ¿^ue el uní' 

-^perso/io se ha crecido él rrúmiQ y.nil fwiaiik>s::á hosov^vs 

"mtsmoisA*.. Luego eii;!cua^iiuergrad<>;del ordeii de la^pro* 

'.^pagafkoaénffae nos eolóquemos^el origen de la autoridad 

no está en nosotros mismos, que eatá ieaenciaimetite'Splire 

nosotros, m el autor! qde nos ha proeneado.. Nosotros po* 

demw^cqvig^n.de lá autoridad respectará jiuestro¿« des- 

• e^hdcentés.; peso ncy resjptQ$ík á nosQisol» oúémos. Tesemos 

-por deiéchb de nsiNiRilffcaiafiUorícíacf sotn: Jiuestoos ^dts- 

eeuávea^y'ij^exo nójqppdemos tener, iñitoiidad sobiieVntoo- 

-'tlios KMBflqüCXL-'. > •■.'•, ?*••', ^\\ ,./.,. I '.!. '.ri-:p', 

«de^Wleda'atitc»idador^ÍG|e^riginaria»Mai^ puriaío, 

^y qm proi^^iene de/la>¿cesiok qu» cadaí:tup0ridií»!e^>á[iiDCti36 
^inuohds^ jüagistradóB) éé su «áereého^^iisfaácBíttiiiirggal^ 
"nbf se'á JsÍQttxsaiO;" luu^d aliada es tbm ^:a}m^téo rqnc» f^ale 
<air él^ngan-de la^jniorklad enJo6tpacio^»ieid las^^ikexw 
nesv,¿y. W:oonstittíeíone»idej bs snbdbqsvl^^ 
-b«k)ísa:awcoridad di*í1co«»iiái^ ni 

'Xta ffil^r^d^lde siisifijQflD;.ÍBho!y^ux>dQit'Ben^aade^alx:i^ 
4idadiá$n¿ii^0ras; Mtttkt^iasfie.^édanaaoivb éb qui7>iiió^é 
»¿^;o^^iiigaoaE'háoemá^ jbéÍLas^aútorttlaá Mceis^^nifítaa^ 
iSeguii lgit luces p{desr^ila>a¿iá vamyimSstímm&ktí.imk^ 
m\úéüspk dl^áutoádadipso^an^^ jbfeMfid^ gEé doptfda 
necesidad que venga de^mas arriba, pues qritíác^jaamr 
*t¿veii^l^9laidnteisapttHqbáiiii>|Éi^ de 

-hpl«iiirieaí¿éeíiiíb > AncteégeqpiipHfaife pi^ 

«d^sXrsr áfa'dikíé < éft:4tebdmde siKÍaf> ta^ta^owkK^iédte^* 
^)ftllii^if til^iir i»dod«^ pto^u^^ t«D4ri»áim£Qtí^ipci. 
ridiiftíUtoiiVkÁlr^^^^ eh k^ eleboscn^ dcr ui»^j£e,4io 

&j)dhrikiel«sc:^éfer<de^^ dé eÉB^ei^^e)ni,miánnfae^la3^pior 
'^'t^^dád" Hiasta; cArtaii«friitl;IconsentSa^ 
'^lohcki^ei«íi!Stdovsmnpbe\^fe í/z¿r£¿ja.y fta'ú$árp(ktdny::jf 



1 . 



no ORIdUX D£ CA AUTORIDAD. 

' X Mas pafá qiie nuestros adversarios no pongan áígu« 

na dificultad en aplicac á la antorid^ki soberana <1<» que de- 

ciaioi de las «demás autoridades ; terminareinos^. anestcas 

' observaciones oan otros- dos: hedáos^ muy notables que no 

dejan el menor ^ubterfugta .i j» > - 

r ; ¿No es: evidente que ' entre Ic^ bombres dctay uníUones 

-d¿ ellos que -no tí^neh autmdadit puesto que otodnt los 

'.'fai jo& que -no Wan 4)egadoiá caslu*s^ na tienen todanría alga- 

-naJ? Luego; 3)r0s bo puede sacar sé «autoridad de .]fli-iim^er« 

'^idadde /a¿ iu)m¿ir65; Luego: uh' padre no pqedciAááir au 

autoridad de la universalidad de sus hijos, hxssgaáa sobe* 

'i^nboo ^oedes Batracia suya dé' la ttniversatidad áe sns va* 

«allos. Si )a $oberaiüa^roc¿dseae!dEiilo0 súbdUK^,iséKla me* 

.(ndster, (luere^Mieseén todos;, *.y íqnd vJriiseae 'de!lQdoa.|X7júo 

osokíiqne faitJaset, <l»>li(^or¿eía(¿ rto iseüa.Universali^. aá;por 

-co¿siguiente'5a6ehar}(sc;'Lne^o 'todob estos or^gmes^^scbi £al« 

•e¿ev tanto* respecto ¿da autoridad jsu^macoBio; i/Jat rde* 

^€éas'iá|^terldadQ^'>Luega^bo puíedeiiohaeeiJ ísia» qjjáiríWu^Dí 

'^'MSüjnpadoreff^ y^poo^ cons'^oiebte'icohstitíictoi&ei./aísai^ a 

Ui ,XLi!:A¿ádw¿aslporiúItiniO(«4fo hécbd que vVtCJEie;akipd- 

• yxr)de?e8b^ijti»)auh(inasNdeeiáya¿ ¿liaes evidetitr^ijiie por 
-íiistituciop dé ducnaturáleza fha' babidd esenoialaulnte. uH 
.mu$m\imf^eú(4 lár.láio&beza 'del género ihünanOi^'Q^cáiVa 
^fa«Éade>cada^dima^ofrof á laPGfibtto'.de,cada famiUavj^tii 
clo^qob 4ós .éiaibAffes^^ caíc^k^ iua eif istiitian ?i .Estfe ^iifdio: m 

^tllCOnlésnibl:Cp >*^riíf fi.:\ / .: rxai *)•> l;j'Ji?/ '..íj» í*íj ;-í«'."ír 

t^;> XII ; IkK^Qc píir ¿ñ|tki|icioa. c^í k jnatnrabsáfiiyim^yif * 
fftud;del órdciiimlq dorib:propag|ac]l)n J^ habkk^tlnaiatt^^ 
cditíLuáiéfml áilaroabeBa:déhgéiseix>ÍM»Qx!anQv 9trayi^^« 
•Jtezá de:i]a^a:)ba0íiay.«ra! á la-cabeui^deícada &lwl¡ía ry^^ltft 

• aqtómdaddinkversai es fisénóalmeniq Jíitorona. siempre iqne 
oes .sola eni nb pais^ Ltieg6 la oM^idedii^erml /^ilOfeaila 
rocigen:;de'la umoensá&í^ fós ii¿¿iíj¿ÍQ9^iNo^s^.ilííiée»r|a 

cmivei^^a^ídacítde sin Emilia de doodbnÉd padjiei fliiti^.^. ais- 
to/tdáá,om deitb ieaioersaZ¿tfJéi(i dafai3Í;<críJatuiw^>^idofi4e 
Dios saca su soberoAíá^vk á^hjumxim$aUd0d^iW$ 4ei* 



TAXSEDAD DE OTROS ORIOJEKCS. 1 1 1 

cendientes de donde el gefe de una rama saca^la «uya. To* 
dos la derivan de su cualidad de autor soberano y universal. 

XIII Luego por la simple luz de la razón la soberanía 
lio ba sido conferida á los soberanos por la presentación de 
los pueblos; ni procede de la sumisión, de la elección, ni 
de la constitución general de los pueblos: existia mucho an« 
tes qúeiellos; ha sido criada inmediatamente pior Dios mis- 
ino, mucho antes que todos los irotos, todas las elecciones 
y todas las proclamaciones de los pueblos. Su origen, aun 
•obre la tierra, se halla cercado irrevocablemente muy ar*< 
riba de ellos, y fijado en la cualidad de autor universal por 
el mismo Autor de la naturaletna. Luego (odmo nos enseña 
el ilustre Bosmet en^su ^unta amonestación) la soberanía 
no deriva su fuerza obligatoria de un pacto social ^ sino de 
la ley superior del Ser supremo. £lla existia mucho antes 
que todos los pactos y tddos los contratos, y antes de la po* 
tilMlidad misma de las instituciones. Su origen aun sobre la 
tierra ha sido colocado muy arriba de todos los sbtemas , de 
todas W revduciones, y de todos los trastornos: ha sido 
consignado en la cuiEilidad de aiaor universal por el mismo 
Autor de la naturaleza; 

XIV Luego por su naturaleza , y en su esencia constitu- 
tiva, la soberanía no es ni una entidad' facticia , ni una cíia' 
lidad de atribución, ni tina modificación versátil de sufra- 
gios; sino una cualidad muy natural, muy real, muy perso* 
nal, un derecho inherente á la persona tnisma del au^or 
wivversql , un derecho cuya propiedad le pertenece esencial- 
mente. En razón de ser aiáor universal de sus descendien* 
tés tiene rnuoridad sobre ellos^ y úene autoridad sobre 
tilos íboIo por razan de ser su au¿or um(^r5a¿ ; este es su 
título. Luego á la simple luz de la razón se ve que la sebera*^ 
lúa viene de los padres, no de los hijos; de los soberanos, 
no de los pueblos ; del autor universal , no de la universa* 
lidad de los subditos^ y toda derivación que no venga ori* 
Roanamente de la cualidad de autor ^ es ciertamente faUa, 
no podiendo resultar de cualesquiera que sean sino consti^ 



/ 



I 1 2 OBIOETC DE LA AUTORIDAD. 

titaiones falsaA^- queí basta ser legitimadas nO pueden ser 
ellas mismas «mas que manantiales Í0agotablesiide.eal|iinid4r 
(les 5 revoluciones y desgracias. .j ; , 

• XV ' ¿Qué podrá objetarse á todo ésto?;.^ Sedtráqut 
es imposible (jue> la autoridad universal yen^ de i;m solo 
individuo..... . : . . 

Pero vosotros- Ids que os de|ais alucinar ppi^ taiv.futil^ 
apariencias^ abrid una vez los ojós,^ y pronuomd ;vosotroi 
rnisnos. Ciertamente el Todo'poderoso es de todos ios seres 
el mas simple: ¿y de dónde sin embargo saca .€U ailtjqridád? 
¿Acaso de la urmenálidad. át iv& oriacuras? ¿1^ dónde 
saca un padre la suya? ¿De la universalidad óe^ sus J^ljosf 
¿La sacó Adan.de la universalidad de los- homl^J^s ?-¿ £1 ge? 
fe ds un pueblo de h Mniversálid^ad: óe él? ¿]&ld^ una tri^ 
bu de la universalidad de su tribu? ¿Un filósofo,, ai es ca- 
bezsa de su casa, la saca de la urúúersalidad de su f^rnilia? 
Un. pastor (disimúlensenos estas tri vialidades )t¿de^.idópde 
saca sus poderes? ¿Es por ventura.de \d.sUrmetiaüdad d^ 
9¿is carneros? ¿La: saca la rey na de una coboena de la i¿mr 
^¡^ersálidad de sus abejas? ¿La cabeza^lel cuerpo bumano^ 
de la universalidad de sus miembros? €cc. &c. No cáwtante, 
todos estos gefes son únicos, y tienea poderes tínivessales. 
¿De dónde los «acan pues? 

. XVI Verdaderamente hacer derivar los poderes.de los 
subditos, es no haber reflexionado nunca sobre su natura- 
leza, ¿Por qué desde. el principio del mundo hubo jaecési- 
dad de superioresi? Porque un ser moral supone' esenciaU 
mente recompensas y castigos.' hhom para poder proponer 
•re^mpensas y. casiigOB es menester no depender de los súb* 
^itos. Si Dios tuviese de los hombres su« poder, no gd^ernar 
ría mucho tietopo: si un soberano los tuviese de sus pueblos 
)g sucedería lo imismo. Si un padre >tuviese de sus hijos su 
poder, un artífice dó^us obreros, un obispo de aus diocesa* 
4)osf lu^o cesaría todo gobierno. Entonces, arrastrados los 
hombres por ^ pasiones, codaeterían <3e6Órdenes espanto- 
-sos y* tendrían ^1 poder terrible de hacer siempre el mal, J 



FAItSEDAD DE* OTROS OftlOEHSS. Il3 

niin(^ el bien. Las pasiones una vez desyencadenadas serian 
Ubres y pexo no lo serian los hombres; porque un ser moral 
jamas h podrá ser sin recompensas y castigos. 

XYII Si, por imposible, pudiese la soberanía existir 
en las manos de los subditos, no solamente los soberanos 
serian perdidos , áino también los pueblos. No habría tiber^ 
tád en ninguna parte , porque las pasiones solo por un po-! 
der superior se pueden contener. Así en las mismas repú* 
blicas, luego que los diputados entran en ejercicio, tienen 
buen cuid¿ido de declararse inviolables ; porque en efecto, 
ningün gobierno es Compatible cqu la independencia. » 

XYIII Por fortuna el intento de' hacer derivar elj:io* 
der de la universalidad es el mas impracticable de todos 
los proyectos. Hagamos sino la prueba por un momenta 
¿Ocándo por ejemplo podrá Dios tecihir |X)deres unlveiBa- 
les de todos los hombreei? Será sin duda en el día del juicio 
fisál en que todo& nos hallaremos reunidos en su presen? 
cía. ¿Pero los. réptobos querrán darle el poder de castigar; 
losL.. ¿cuándo un 50&eraaQ podrá recibir poderes unlverf 
sales de sus subditos? será sin duda cuando la universali* 
dad de sus subditos este reunida. Pero ¿cuándo podrá estar- 
lo? ¿Cuándo estarán de acuerdo todas las voluntades? Y si 
se han de consultar todos los miembros ¿cuándo, pqdrá la 
cabeza dar sus órdenes ? 

• XIX A la verdíd esta doétwrw^ qu^.bace vi^nir el^po- 
der de los Inferiores, es tan ridicula , tafii in^ns^t^ y t^ 
contraria á las primeras nociones de, gobierno, que eAtrp 
los mismos que ta propajgan »a I^y , permítansenos, repe- 
tido.,, un sólo facdosa que la sufriese ^n su casavul un dó» 
wine de aldea en sü esctiela, ni un simple c^mit^jg .en una 
óasa de locps» Y bosotrqs no solo Ja g^iroplamapaos en nues- 
tros discursos, sipo qpe:,íuraq»os;,gu^ra.á muerte á ^os qi^ 
.«o Ja admitan. ¡Qué delirio! , . .¡ .. , . 

: XX , Mas se pt?eguntará todavía ; ¿ Pe dónd^ p^^e^ vicane 
€ste poder miv^mll.4 Peí geffís^^io j^p loeiróbditoS:;.dpl 
superior^ no de lo^ioferiores. Ahom el gefe nuiv^isal típ nu 

p 



f l4 OmCtK bE LA AUTORIDAD. 

pueblo existía esencialmente antes de todas las giierrasv de 
todas las conquistas , sediciones , revoluciones , paaos socia- 
les, y aun antes que los pueblos mismos; luego todas esti^ 
fuentes de poder son falsas, y no pueden producir sino in* 
trusosj usurpadores ^ y f (usas constituciones. G)ncluyamo8. 
XXI Dios colocó desde un principio la soberanía: pura 
y simplemente en el ge fe universal de cada pueblo,. desde 
donde procede de soberano en soberano, hasta el último, 
quien solo por una cesión xxyluntaria puede transmitirla á 
otro : sin esto no hay legitimidad. 

Con esta autoridad universal y soberana e» con la que 
desde un principio los gefes primitivos gobernaron á sus 
descendientes, y sus sucesores gobernarán á los pueblos^ 
hasta la consumación de los siglos; sin que jamas pueda ha* 
ber otra r de manera que los que gpbtemeu no podrán jamas 
recitarla de los pueblos ,. sino de k» gefes primitivos que 
existian mas de 5oo años antes de eltos. He aquí lo que lie- 
mos probado completamente por l|i simple luz de la razon;^ 
Veamos si está de acuerdo coivlo/que nos-dice la historW 



1 ' 



, t 1 



I.. 



I f 

Omwen de la aütoktdjd según la historia. 



y ' 



" '1 Empecemos por la mitología^ Regístrese este monu* 
tnento memorable delá antigüedad pagana^ Desde el pri* 
iñer capítulo , y acaso desde la primet^a palabra ,^ se verá bri- 
llar la importante verdad que acabamos de establecer. 
^ '• Ese ttiefo Saturno y que reparte á sus tres hijos, el go» 
bierno del universo ,. ciertamente no habia recibida de ellos 
su poden obra en virtud de su tíxxúo de autot tmiversak 
y sus hijos cada uno en la parte de gobierno que le ha ton- 
cado en suerte, son , en virtud de la autoridad que han re- 
cibido d6 su padre^ soberanos bien absolutos de sus subdi- 
tos .'jamas hubo tnas ^CHUpletos soberatios. 
II Pera todos:. losf denlas dioses , héroes y*^ semi-dioses 



SEGÚN LA HIWOKU. II 5 

¡eran propiamente dioses? No por cierto: esto es k>que hay 
de fabuloso. No erau mas que los dioses de la tierra, loa 
reyes , los gefes de las primeras ilaciones , los fundadores de 
los primeros imperios. Se Beñalan hasta los imperios que 
han fundado , los pueblos que han engendrado , las nacio- 
nes que se glorian de tenerlos por sus padres ; y las nació- 
lies mismas que estaban acostumbradas á temblar delante 
de ellos «n vida, fueron las que los divinizaron á su muer* 
te. Recórranse todos los pueblos de la antigüedad, á excep* 
cion del escogido; y será muy raro el que se encuentre 
que no haga descender á su fundador de algún dios ó semi* 
dios de la fábula. En esto tenian ellos un interés infinito; 
porque cuanto mas cercano estuviese el autor de quien 
descendian al Autor del género humano, mas extensión 
debia tener su antoridad gubernativa, mas subditos á quien 
mandar, mas fuerzas de que poder disponer. 

III Dígannos ahora los partidarios de la sobercatia del 
pueblo i^estos famosos fundadores, á quienes las primeras 
naciones reconocian deber su origen , ¿ habian derivado de . 
ellas su autoridad y su poder? Respóndannos á esta pre« 
gunta que les hacemos con el ilustre Bossuet : Todos aque* 
Uos reyes que la antigüedad miraba como dioses , ó que 
mas bien ni aun se atrevía á miliar, ¿no serian mas que 
unos mandatarios de los pueblos , mas que unos ejecutores 
pasivos de las voluntades de sus subditos?.»... Lo que hay 
de cierto es, que ateniéndonos á la letra de la historia, to* 
dos estos dioses y semi-dioses no eran unos simples parti- 
culares, que no reinaban sobre una sola casa , sino sobre 
estados ó imperios. Ni eran los pueblos los que se bs ha* / 
bian dado; era el Padre de los dioses según la hermosa ex- 
presión de Somero^ el que lo&habia constituido pastores 
de los pueblos: lo que hay de cierto es , que aunque todo 
lo que les pertenece y su misma existencia fuese fabulosa, 
no resultaría menos, que la mitología, lo mismo que noso- 
tros , ha colocado el principio de la autoridad en tos padres; 
y que no seria menos un indeleble testimonio de lo que 



■ V 



Íl6 ORIGEN DE Líl ÁX7T0RXDÁD 

todo el tmiverso creta entonces; que la aatoriclad viene de 
autor ; que la autoridad soberana no tiene otro origen que 
las demás autoridades; y que desde un principio la auto* 
ridad universal se ha derivado del autor unwersol , y no 
de la monstruosa universalidad de los individuos. 

IV Si se quieren hechos desnudos de todo lo que sea 
* maravilloso , ábrase la historia antigua: súbase primero al 
punto de donde han salido todos los pueblos , y á los gefes 
de las ramas que han producido los pueblos particulares; 
y se verá la verdad que sostenemos, consignada en ellos 
aun mas claramente que en la mitología.. Aquel venerable 
patriarca , que constituido dueño supremo del universo por 
el Autor mismo de la naturaleza , dividió la tierra entre 
sus tres hijos^, no había recibido ciertamente su poder de 
sus descendientes. El obraba muy positivamente cb virtud 
de su autoridad universal v y sua hijos, cada uno en la parte 
que le fue asignada, en virtud de la autoridad que habían 
recibido de su padre. Los Sem , los Chata ^ los Japhet , los 
^55ur,.los Nembroty losTeutf los Jabam^ y los Cecrops; 
todos los primeros deseminadores del género humano; to- 
dos- los gefes y fundadores de los imperios de donde han 
salido los Judíos j los Ismaelitas , los Fenidos^ los Griegos^ 
los Gernumos^ y todos los pueblos conocidos en general, 
se hallaban antes^ del incremento sucesivo de sus deseen* 
dientes, iavestidos de una autoridad^ bien visible, puesto 
que según todos los buenos críticos Japhet fue el padre de 
todas las naciones de la Europa, y por consiguiente de este 
famoso Japhet es de quien la fábula hace descender tantos 
dioses y semi*dioses. 

V f>Teutj Thiet^ Titán de quien Tácito hace descender 
todos los pueblos Teutones ó Germanos (dice Jieibnitz) sigr 
nifícaba barón 6 principe. Guando la fábula nos cuenta 
que sus descendientes los Titanes^ hicieron, la guerra á Jú^^ 
pitef y á los demás dioses, quiere decir ea lealidad que los 
primeros Germanos, bajo la conducta de su gefe- Brennus^ 
hipieroa la guerra á los principes de la Grecia y del Asia 



r SEGÚN XA HISTORIA. 117 

0ienor.%>LD8 Griegos en sus l^lstorlas y traillciones (obser^ 
Ya M. de Fenelon ) nos dan la mUma klea del origen de los 
pueblos. Los Pelasgos, según ellos ^ descendian de Pelasgo% 
los Helenos de HellenoSy hijo deDeucalion^ los Heráclidas 
de Hércules, Todos los historiadores (añade este gran hom- 
bre ) colocan el origen de cada nación en un padre común/' 
y consiguientemente como nosotros decimos en un autor 
universal r que era principe, barón, ó gefe, ea virtud de 
su cualidad de padre. (FeneL ch. x , y Theodic. de Leibnt. 

n."* 14.). 

YI Ahora, volvemos á preguntar, ¿todos estos gefes, 
principes ó barones solo eran padres particulares? ¿No ejer- 
cían su autoridad sino sobre una familia? ¿O estos pri- 
meros fundadores de los pueblos habian sido ele^dos pot 
dios? Ótesenos uno solo que haya sido establecido de este 
knodo. Concederemos que por una de las^ mas extrañas ex- 
cepciones pueda la autoridad soberana tener otro origen 
qae las deipas; que por una inaudita combinación haya' po- 
dido resultar deja extravagante universalidad de los indi* 
9Ídaos.... Pero si ei> toda la historia profana es imposible cl« 
tar yn solo hecho favorable á esta opinión ; si por todas 
partes se ve al padre común de cada pueblo ejercer el po- 
der, de gc^rnar, anteriormente á todos los pactos posibles, 
«8 menester forzosamente volver á la naturaleza, convenir 
en que la historia prc^aná , perfectamente de acuerdo con 
la razón , nos grita á cada página , que la autoridad univecc 
sal, lo mismo que todas las demás, trae esencialmente su 
origen del. autor universal h J qne no difiere de las demás 
autoridades, sino en ser la fuente universal de donde ori- 
ginariamente han dimanado las demás. Léanse fosepho^ 
Mocharte Hesiodoy Herodoto^ PÜnio^ Seroso ^ Strabon^ 
ffélanicOi Cadmo de Mileto^ y todos los autores r que han 
escrito del origen de los puebloa; y no se haliará^^ri ellos 
un sola fundador establecida eú virtud de un pacto social. 
Léanse todas las historias de los pueblos salvages^ antes de 
todas las eleccidnes posibles se encxintraráa ánciarm , s&úó * 



Il8 ORIGEIC DE LA AÜTOBIDÁD 

res^ ó señores y que no habían sido elegidos. ¿Y por qué se 
rehusaría el título de soberano áf padre universal de un pue* 
blo? ¿Sería por la razón de ser único^ Nosotros hemos ob- 
servado que es de la esenda de todo autor el ser universal 
relativamente á los seres que produce. Dios tiene una auto* 
ridad universal sobre todos los seres, y sin embargo es úni^ 
co\ un padre tiene autoridad universal sobre sus hijos, y es 
«olo. ¿Cómo pues el padre universal <ie un pueblo^ por ra- 
•zon de ser solo, dejaría de tener una autoridad universal so* 
bre sus descendientes? 

YII ¿Se quiere aun un testimonio de mas peso? Léase 
la historia mas antigua , la mas auténtica y mas célebre que 
jamas ha existido, la que sube mas arriba de todas las bis» 
torias: búsquese en ella el origen de las cosas, y se verá á 
todos los pueblos primitivos salir primero de un padre co 
mun, separarse después los unos de los otros tan natural* 
mente como el tronco de un árbol se divide primero ea 
brazos, y después cada brazo subdividirse en una infinidad 
de ramas. Sígase su progresión , y se verán todas las nacio^ 
nes partiendo primero de un solo gefe, y de un solo punto, 
extenderse poco á poco, pasar á diversos paises, y presen- 
tarse á donde quiera que llegan con gefes preexistentes , que 
levantan ciudades desde sus cimientos , y después las rigen 
y gobierntein sin ninguna elección preliminar. En ella se ve- 
rá desde el principio formarse ciudades al rededor de Adam, 
otras al rededor de Giin , cada upa bajo la dirección de su 
|)adre; se verán después del diluvio duques y reyes salir de 
Noe y de Jbraham^ y de otros Patriarcas, con los nombres 
de los pueblos procedentes de aquellos duques y de aquellos 
reyes. Estudiese cada recapitulación , y se verá en ella el re« 
sumen de todos los gefes primitivos claramente designados 
por sus nombres^ así como los pueblos que han descendido 
de ellos*, las regiones en que mandaron, las ciudades en 
que reinaron , regiones ubi imperabant ; urbes ubi regna^ 
banti y esto sin elecciones ni nombramientos , en virtud so- 
lo de la autoridad que habian recibido del Juior univer^ 



SEOVN Lil> HISTORIA. 119 

$al^ de qólen descendian ellos mismos. Luego este origen 
de la autoridad por los padres, es dejé explícitamente seña* 
lada en la Escritura. Léase ló que Dios dice á Jbraham\ no 
solamente acerca de Isaac , sino aun de Ismael mismo. Por 
ser de vuestra sangre, le dice Dio», le constituiré gefe de 
una gran nación :/aciam illum in gentcm mágnam. ¿Pero 
de qué modo? ¿Sesrá acaso por la elección de sus descen- 
dientes? No: será por la generación: generahu duodecim 
duces: engendrará doce duques, que vendrán á sser ellos 
mismos por la generación gefes de las doce tribus de que 
se compondrá la nación de los ismaelitas* Luego esta doctri^ 
na. que derriba por su base la fábula absurda de los pactos 
«ocíales, es defé explidtQ\ establecida por la boca de Dios 
¿aisma (Genes.'cap. 1O9 36 yotros.]« i 

f y III Afaoira i por qué' todos los historiadores^ sagrados y 
profanos, de cualquiera secíta y de cualquiera opinión qw 
Man, cuando te trata de estos hechos primitivos, convie» 
nra tbdoS' en^ colocar el origen de loa pueblos en sus gefes 
y. fundadores^ sin hacer la merior mención de-elecciones? 
¿Por qué? jorque cuanda se trata de estoa hechos primitb 
vos los eacritorea que los han teferido Ida primeros han se» 
guido la filiación de la antoridád; según el curso.de lanatcH 
Kaleza » quedes independiente de 4ckla lásteoia, .- i - 
' IX ¿Se.quiere:íia9Ígárdeíestp%Jbistóriád0fes ppr«;$us in» 
lérpretes y^sua comedtadores? Gonsúltensetodosi '«agtados^ 
pro&nos^ réalieias^rdemociálaaf de cualquiera; séctla, y dé 
oaaiquiec pacüdo^que seañiapaJostiAat declarados -por 1^ 
convenci(H2e& sociales. Tratánda de estos hechos príniitivos, 
pi^egúateselea Á\o%.CananeQS nQ;des<^tidisin de Qanaan^ 
\m Ismaelitas Ae^ Ismael^ ^ Idumei^ deüdom^los Jr^a^ 
cidas de Arsaees 9X09^ Jii^^ihiíriom^do Afnphiírionylos Tm^^ 
dmosAtí TindarOy loe Argwoí de\4r¿qs, k)s Troyangsáp 
Tros^ loa DamcádaB dí^ I^d(mol¡ Pi^egánteseles ¿quiénes 
emn. estos gefes; si no ^an tpas que unos simíples partícula* 
res que eolo ^bernabao iu ^sa , .ó si fueron elegidos wt 

sus propios descendientes? A esta pregunta resppnderán 

.i 



lio ORIGEN BE LA AUTOBIDÁD 

unánimemente y de concierto con los primeros historiado^ 
res , que eran los padres de los pueblos , hombres celébrese- 
fundadores de ciudades y colonias , de quienes tomaron sus 
nombres , no solo los rios y los montes. si<io los mismos pai» 
ses; hombres famosos entre sus descendientes, y nombra*^ 
dos en todos los pueblos; 

• X Mas de que estos célebres fundadores diesen su nom« 
bre á los montes y á los rios, y fuesen famosos entre mw 
descendientes ¿se sigue que desde el momento de la funda» 
cion sus ciudades fuesen tan pobladas como Pdán^ tan 
opulentas como Jtoma^ y las capitales actuales?' No segura* 
mente , como ya lo ha observado Calmee : estas ciudades ea 
su principio nó se construían sino con lienzo, no consistiafn 
mas que en una pequeña reunión de rtiendas^ ó de mal 
construidas cabanas, rodeadas .de empalizadas ó de fosos 
para défeqderse de las bestias feroces. I^a historia de aque^ 
líos tiempos hace mención de ciudades cien veces destrm- 
das y quemadas' por' los jénémigos, y tan pronto restablecí* 
das; y bien sabemos que los palacios no ^se edifican en po« 
eos dias. Generalmente hablando los mayores pud;ilos háa 
salido de un solo hbnibre, y las magnificas ciudades haa 
tenido los mas pequeños principios. De aquí tantas dispu« 
tas entre los críticos y los sabios sobre la cronología y hr 
geografiá, jsobre el tiempo, sobre el higar preciso, la oíag- 
nitud y la situación de ciertas ciudades; sobre el nombre; 
la calidad , la época del arribo de sa fundador 6 restaurador 
verdadero. Esto es sobre lo que los comentadores disputan 
amenudo. Pero sobre di estas ciudades han tenido funda** 
dores que han gobernado primero quizar cinco casas ^ Itie* 
go cincuenta', sobre si todos estos pueblos han tenido pa» 
dres y gefes naturales , independientes de- su « elección ,. y 
aun anteriores 4 sn existencia ; hé aquí sobre 16 que antes 
de nueátrd siglo dé tinieblas niñgon bi^riador , ñi nio- 
gtín tbmentádér há ^esto duda j^aé^, y sobre lo que na- 
die¡ disputará sin chocar al buen setttidó, y xlesmentir todn 
!a aatigifedád.^ ' - ; . > . S" . :, : ;- 



SEGÚN LA HISTORIA. 121 

¿Por qué pues todos los intérpretes, así como todos 
los historiadores que han escrito sobre estos hechos primi- 
tivos, aun pudiendo ser los mas deáiocratas y mas inclina- 
dos á la absurda soberanía del pueblo, se reúnen todos en 
este punto? ¿Por qué convienen todos en colocar el origen 
del gobierno en los gefes primitivos? ¿Por qué? Porque en 
los hechos primitivos es fuerza obedecer al orden de las 
cosas, tomar la naturaleza como es, y dejar á un lado to> 
dos los sistemas. 

XI He aquí pues, toda la antigüedad , todos los hechos, 
todas las historias, todos los intérpretes y comentadorest 
concurrir con la naturaleza, la razón y el buen sentido, á 
dar el grito unánime de que la autoridad soberana viene 
como todas las demás de la palabra autor '^ y que en un 
principio fueron los gefes los que procrearon los pueblos^ 
y no los pueblos los que crearon los gefes. MM. Bossuet^ 
Fenelon , y en general todos los buenos autores , atestiguáis 
que el nombre At Padre estaba entre los antiguos en la 
mayor veneración. Los griegos llevaban el nombre de sus 
padres y lo ponían en todos los escritos; y lo mismo ha- 
cían los romanos. Padres llamaban á sus reyes , y lo eran ea 
efecto. De aqui la antigua costumbre de llamar al Rey ba- 
se, fundamento, y origen del pueblo Basileo'^ porque el 
padre común liabia sido el principio, la fuente y el autcnr 
universal de todo. De aqui la fuerza del derecho de autoría 
dad^ y principalmente de la autoridad soberana. 

A esta suma de hechos, de autoridades y de testimo* 
nios, se querrá oponer el de los Romanos^ el de los Fran* 
eos , el de los ludios , y el de otros pueblos citados en la 
historia como habiéndose dado gefes y reyes d sí mismos. 
Empecemos por el mas famoso de todos estos pueblos: ana- 
licemos su historia rápidamente; y dudo que se pueda en- 
contrar en ella nada favorable á la opinión de que la so- 
beranía ha sido creada por los pueblos. 



•• 



laa OBIGKN DE LA. ÁXTIORIDAD 



§. IV. 

Origen de la autoridad entre los romanos. 

I Muchas causas se han asignado á la grandeza y á la 
decadencia del pueblo romano: pero no se ha. pensado en 
una que á mí entender debe ponerse á )a cabeza de todas 
las demás; y es la grandeza y decadencia, de su aiüori* 
,dad. 

Si alguna ciudad ha estado destinada^! dominar el unif 
verso , ha sido Roma. Fundada por un poblador que por 
sus antepasados y por Eneas se suponía descendiente de 
los dioses, y que el Senado después de su muerte tuvo el 
arte de colocar entre ellos, esta ciudad se presentó des* 
,de luego con un. origen y una autoridad que ponia á sus 
reyes sobre todos los otros reyes, á su pueblo sobre todos 
los otros puebles, y haeía á su gefe infinitamente superi(nr 
á todos los vagamundos que venían á reunirse bajo sus es* 
tandartes. Las leyes, las ordenanzas, los establecimientos 
út un fundador semejante, llevaban ya consigo un carác- 
ter de grandeza, al cual los de los demás pueblos vecinos 
no podían llegar. ¿Pero de dónde éste fundador sacaba él 
mismo su grandeza y su autoridad ? De sus padres y de 
sus antepasados. Constat initio civitatis reges omnem po» 
testatem habuisse^ inquit Pomponius^ Romulus nobis u$ 
libitum impcras^erat , inquit Tacitus. 

II El senado que Rómulo se asoció para gobernar» 
sacado de las primeras familias, compuesto de los pa* ' 
dres del pueblo, y por consiguiente de las primeras au- 
toridades después de la soberana, apareció desde su ori» 
gen con un derecho adquirido al respeto de sus sub- 
ditos, y al de los pueblos vecinos. A esta gran auto- 
riilad que el senado derivaba de sus padres,* los reyes 
posteriores añadieron otra aim mucha mayor. Porque Ja* 
lio Hostliu) en su proyecto de república , le trasladaba todo 



• • ^ 



ENTRE LOS ROMANOS; laS 

d poder de los reyes , y est^ proyecto fue puesto en ejeca- 
cion después de la expulsión de los Tarquinos. Por esta 
constitución, obra de un rey, todos los empleos, todos los 
mandos, toda la autoridad fué depositada en el orden de 
los patricios. ^ ^ 

Cuátido d pueblo veía á sus cónsules sentados á la ca- 
beza' de este orden, respetaba en ellos la autoridad paterna 
teVestida además de la autoridad dé los reyes. Cuando los 
«oldados veían llegar á sus gefes miraban en ellos á éud pa- 
dres revestidos ademas de la autoridad soberana á quienei 
teñían obligación de obedecer. Cuaildo los jueces pronuncia* 
ban sus ^ntend^s, el pueblo Creía' oir la voz y reconocía el 
acento de sn^ padres! y asi es como adn en Isi^ repúblicas, 
iegí^ ya lo beínos observado, cuando los legisladores lle- 
gan al poder l8U[Sremo , se hacen los representantes^ no del 
|)iiebio ciertamente , sino de los soberanos. Aquella augus« 
ta asatlibleiá que desde su origen llevó el nombre de Fcu^ 
^es cóhi$cfiptos j se conducía icón tal cordura y juzgaba cóñ 
tanta equidad d^kle el tiempo mi^mo de los reyes, que loé 
pueblos Védnos sujetaron muchas" veces a su decisión sus 
jAfereiícias; Asi Roma cuidadosa siempre dé sü grandeza no 
^compuso tituica su senado de los diputados de otras ciuda- 
des. No eran , como én nuestras modernas instituciones , to* 
^as las provincias del universo las que enviaban legislado^ 
•res á Roma, sino Roma la que por sus padres y sus ancia- 
nos dictaba leyes á todo el universo. Roma era la que por 
medio de sus padres conscriptos mandaba todos los ejér- 
citos y gobernaba todas las provincias* • 

III He aqm la causa de aquel vigor en su disciplina, 
de aquella nobleza «n su conducta, de aquella elevación en 
sus sentimientos V este es el origen de aquel respeto del p^e** 
blo y de todos los extrangeros al senado, de aquel vehe** 
.mente deseo da pertenecer á Roma, d(e ser agregado al nvt» 
mero -de stis ciudadanos, y en fin de aquel amor ardiente 
¿ indestructible de la patria que los animaba. Roma por 
medio de sus padres conscriptos, investidos de la soberanía 



/' 



1^4 OBICEN Bl L4 AUTOBIDAD. 

de 8U fundador ♦ era como la madre de todas^^ las demds ciu- 
dades, de todos los demás pueblos, y de todos los demás 
reyes que se houraban de pertenecería y reposaban á svi 
sombra. Es^e augusto título de padre sobre el cwl descan- 
saba tod.i la constitución romana, presentaba á todos lois 
individuos' una idea* tai vjusta^ tan natnral y tan magestuo- 
ia de la autoridad , y de todos los respetos que la son de* 
bidos, qae el solo nombre de patria bastaba paraf encenr 
der en el corazón la llama de todas las virtudes. Los par 
dres conscriptos miraban á todos los sold^Klos' como á sm 
hijos , no como á sus iguala. Los soldado^ que comba- 
tían á las órdenes de los padres conscriptos eran . inven/ 
cibles, y siempre se les encontraba prontos á derramar por 
Japatrjia la áltíma gota de. su sangre» 

IV^ No fue pues ^a forma republicana ,: cptíio algunos 
creen, la que* elevó á Rpn^ al njas alto gradq de gloria, 
{>uesto qiie. jamas fijie tan gr^fud^ como bajo ^\ gobierno de 
¡os Césares: í^í contrarfo, la autoridad confiada por la Gons* 
,4itu^^io^i á Sos padrea coticriptos, fue la que sostuvo largo 
.4ieinpq el bijel del estado enmedio de las aguacÍQnes( inse* 
fiarables db. líis! formáis r^^pubüjcanas^ impidiéndole perecer 
Infinitas, vece?» ^^Aqtiella facultad preciosa (dice : Al de 
JAoiuesqúteu) qne tenia el Senado de sacar de las manos 
del pueblo la república por la creación de, un dictador, la 
veneración del mismo pueblo a Jas familias jdi^únguidas...» 
Aquel Róm«3lo su Rey y después su Diosr, aquel capitolio 
tan eterno como la ciudad, y a<|uella ciudad tan eterna co- 
mo su fundador; todas estas. ideas de inmortalidad dieron á 
los romanos un carácter fuertemente pronunciado de gra* 
vedad, de. altivez, de confianza en sí mismos y en sus Dio* 
«es, que contribuyó á subyugará los demás pueblos tanto 
como sus victorias, y que al fin llegó á imponer al univer- 
so un respeto a totlo lo qué teñía algo de romano, que el 
Viempo na ha podido aun destruur". "La dictadura (dice 
J/L de Bonald ) que en tiempos de crisis lo volvía todo á la 
.nnidad ; . esta dictadura: írecuente en tiempos de división. 



. - 1 



ENTRE LOS ROMANOS. 11^5 

perpetua bajo Syla y Cescir^ hereditaria hap'AjigjUsto sali- 
vó á Roma de la anarquía : y ella fue la qqe por $ii natu- 
jraleza moaárquica sostuvo largo tiempo la república roma- 
na, como vioQ á ser después el primer titulo de aus ernpe- 

iradores". 

He aquí unade Jas primera^ causas, y acaso la prínci- 
pal, de la grandeza de Roma, la grandeza de autoridad de 
.su fundador, de que se vieron sucesivamente revestidos to- 
dos los que la gobernaroo ya Como reyes ^ ya wmo consu- 
eles, ya coaiQ cesares. Veamos ahora cuál fue Ja, principal 
causa de su decadencia* 

; y £1 método de elecciones ^ lejos de fortalecer la auto- 
ridad, la debilita entregándola á las intrigps^ al espirito de 
partido, y á toda la eíervescencia las pa^i^nas. lotroducirio 
fue abrir upa brecha en la constitucioa 'd^ la iiaturaleza, 
que había fijado la autoridad en 1^ cua lidfid ;</0 .<7áror ;iy 
luego que las leyes de la naturaleza se alteran. Id constitu- 
ción se debilita. Esta fue Ja prioiera llaga que Jo( reyes hi- 
^cieron á la gran autoridad quQ h^ian recibido dé sus fun- 
dadores. Si (como dice M. d^ Montesquieu), la fiabulcad que 
, tenia el sencido de sacar la república de las ipauos del pne- 
.bió, era necesaria para salvarla,, el podejr del pueblo era 
muy propia para perderla. 

.VI Cuandp las elecciones pasaron de las primeras cen« 
. turias á las centurias inferiores, el mal no hizo mas que an- 
. tnentar^e. Para obtener los primeros puestos dek gobierno, 
los que los ambicionaban se vieron obligados á hacer la cor- 
te al pueblo que no se rendía sino á estas i^luladone?. Vi- 
niendo á hacerse á sí como el anao de sus amos se miró bien 
pronto cómo soberano, y sus cottesansos no se descuidaron 
en acabárselo de persuadir. Olvidando que de sus^soberauos 
era de quien tenia el derecho de elegir, se sirvió de este 
derecho para ir úsuqjando por grados todos los poderes, no 
para él, sino para los revoltosos. 

Primero pretendió el derecho de apelación á sus asam* 
bleas, y.con él logró participar del poder ijudicial. Luego 



126 ORIGEN DE Lk AUTORIDAD 

á fuerza cié Intrigas y sediciones obtuvo tribunos con un pe- 
to etbsoluto^ y de este modo llegó á tener parte en el poder 
' legislativo, Alentado con estos sucesos , consiguió tener tri- 
bunos militares, y por este medio entró en el mando de 
los ejércitos. Bien pronto logró también el consulado para 
sus hechuras^ y con esta 9e apoderó de parte del poder 
ejecutivo. . 

YII Cuanto mas obtenía tanto mas exigua ; y cuan» 
to mas exigía, mas se resistí^ el orden de Jos patricios 
á soltar el corto resto dé autoridad que aun conservaba. De 
aquí las intrigas, las disensiones, los partidos y la» guerras 
civiles que nunca cesaron mientras Boma fue república. El 
senado, que queria reasumir toda su autoridad, oprimia al 
pueblo para contenerlo; el pueblo, que pretendía adquirirla 
toda, se esforzaba para subyugar al senado. Cada partido 
llegó á tener m ejército, sus oficiales y sus generales. Lo8 
Gracos; los Mánlios ^ los Césares se pusieron de parte del 
pueblo; los Silüs^ los Pomptyos sostuvieron eJ partido del 
senado. En fin, después dé muchos combates y mucha san- 
gre vertida, pQifipeyo fUe vencido, y César eqitró triunfan* 
te en Boma.... Mas por ventura ¿quedó él ptíebl& siendo so- 
berano? N¿ ciertamente. . César fué el que sirviéndose há* 
bilmente del pueblo para subyugar al pueblo y al senado á 
un tiempo, reunió en su cabeza toda la autoridad de los 
fundadores; Hecho Augusto dueño absoluto con el título de 
emperador,' el pueblo y el senado hicieron en las manos de 
Tiberio. <xá\on voluntaria desús derechos respectivos, re- 
nunciando, á' pesar de su tiranía, á la forma del gobierno 
republicano para no volver á él jamas. 

VIII Este cambio hubiera sido muy feliz, si los Césares 
hubieran podido al mismo tiempo restituir á la soberanía 
toda su independencia. Mas como ellos no habian llegado 
al imperio sino con el auxilio del ejército; todos los que 
llegaban á mandarlos pretendieron después subir á él 
por los mismos mediosi. En vano los primeros Césares cui- 
daron de designar sus sucesores : estas voluntades arbitrarias 



ENTRE LOS ROMANOS. la^ 

no tenían el carácter de leyes. Apesar de la voz de la natu- 
raleza y de los consejos de la experiencia , la autoridad se 
vio de nuevo entregada no solo á la merced de los súbdi* 
tos , sino al capricho de los soldados ; método de proclama- 
ción terrible, que no encontrando contrádicion de parte 
del senado, ni desaprobación por parte de los emperadores, 
llegó desgraciadamente á hacerse legitimo, y debia producir 
la ruina del imperio. Ya c^da ejército hacía su emperador, 
cada emperador sus cesares, y cada oficial la corte á sus 
soldados. De aqui la poca fuerza de las leyes, la relajación 
de la disciplina , las intrigas , las divisiones , el asesinato, el 
pillage, las guerras civiles y la tiranía. ¡Cuántas veces el im- 
perio, en el momento (digámoslo así) del parto, se encon» 
traba con dos ó tres emperadores en el vientre, que todos 
con las armas en la mano destrozaban sus entrañas al nacer, 
y se degollaban unos á otros después de haber nacido ! '* El 
«^imperio de occidente (dice el elocuente £ossuet) ya no po- 
tadla subsistir: Este monstruoso edificio ílaqueaba por sus 
»cimieQtos. Desde que la fuerza militar empezó á dar due- 
Ȗos al universo, las leyes no pudieron afianzar el orden de 
*>la sucesión." He aqui, según este gran hombre, la causa de 
su decadencia. Después que la autoridad se habia puesto á la 
merced de la fuerza militar, se habia hecho mas precaria, 
mas vacilante, mas incierta que lo habia sido nuhca. Asi 
los gefes de los pueblos bárbaros investidos de una autori« 
dad mas firme, aprovechándose de estas divisiones, caye* 
ron por todas partes sobre este hermoso imperio , tomando 
cada uno su parte para reinar sobre ella, después de haberla 
conquistado. £1 poder del imperio romano (dice M. de 
Montesquieu) aehia cedef al poder de la naturaleza'^ y 
en esto todos convienen : pero este poder de la naturaleza 
en los bárbaros y germanos, no consistía ni en la materia, 
ni en el clima, ni en la .independencia, ni en la dureza de 
las fibras de su cuerpo: residía en el vigor de la autoridad 
por una parte, y en la subordinación por otra. Entre los 
gqrmanos la autoridad con toda su fuerza primitiva estaba 



\ 



laS ORIGEN DE LA AüTORIDAb. 

cíiteranaente en manos de los gefes : entre los romanos ha- 
bía caído en poder del pueblo primero, y después en el de 
los soldados. Entre aquellos era fuerte, poderosa, heredita- 
ria, natural, arreglada por las leves; entre estos precaria, 
electiva, dividida, dependiente de los ejércitos y de los in- 
feriores. He aquí por qué era indispensable que cayese. En 
la ñaqijieza , degradación y envilecimiento de la autoridad, 
y en su fuerza, dignidad y exaltación, es donde se debe 
buscar la causa del progreso y de la decadencia de los 
imperios; y no en el frió ó el calor, ni en la mayor ó 
menor tensión de los órganos materiales. £1 clima de ílo* 
ma fue el mismo durante su decadencia que durante su ele- 
vacion, 

IX Asi acabó este gran imperio, y en su historia se 
puede ver la de todos los pueblos de la tierra. Recórrase la 
de Atenas ^ la de Lacedemonia y la de todos los demás 
estados de la Grecia: todos desde su principio aparecen con 
gefes y reyes á su cabeza ; y todos vienen á perecer por las 
pretensiones del pueblo. Léase la historia de Gartago , de 
aquella famosa émula de Roma. Por la descendencia de los 
reyes de Tyro, los que la gobernaron desde luego estaban 
investidos de una autoridad cuyo origen muy superior al 
voto de los pueblos iba á perderse en la oscuridad del tiem- 
po. Mientras el senado^ mandó á Cartago conservó toda 
su grandeza; pero á medida que la soberanía fue cayen- 
do en la dependencia , aquella república fue declinando 
también y perdiendo de su fuerza. Hablando de ella Aris- 
tóteles, predijo mucho tiempo antes de su ruina, que pe- 
recería por el aumento de poder que su constitución tía- 
ba al pueblo. 

En efecto , cien años después Cartago caminaba ya á 
su decadencia ; y Polihio la atribuye á la autoridad que el 
pueblo habia usurpado. 

X No se pueden , pues , citar las elecciones hechas 
en Roma, al principio por el pueblo, después por los 
soldados, ni las que se hacían en las demás repúblicas an- 



/ 



' ENTBE LOS BOMANOS. 1 39 

ttgdas , €omo un orígea de soberanía. NI lo podían ser, 
porque (como observa muy bien lU. Boisuet) antes que re- 
públicas hubo reyes. ¿De quién }os ^nadores romanos ha- 
bían recibido su soberanía sino de los reyes que la trans* 
mitieron al senado, como después el senado por su silencio 
y por su cesión la transúiitió á los cesares? pero los cesares^ 
el senado y los reyes la tenian originalmente del fundador, 
que la habia recibido él mismo de sus padres. Luego entre 
los romanos^ entre los griegos, y entre los cartagineses, co- 
mo entre todos los demás pueblos, la aiitoridad soberana 
no procedia de la absurda universalidad de los indii^iduosi 
ptúvétúa de los padres, de los autores ^ y de los fundado» 
res. Pasemos á la historia de los francos. 



, í ■>, 



origen de la autoridad entre los Francos. ' 

I Después de las elecciones de los romanos , y demás 
pueblos de la antigüedad, se citan las de los francos, y de 
otras naciones menos civilizadas. Pero todas estas eleccio- 
nes, aun cuando se nos presentasen á miliares, no proba- 
rían sino lo contrario de lo que se quiere establecer. Por- 
que ¿cómo se hacian estas elecciones si hemos de dar cré- 
dito á los historiadores? Se hacian siempre á presencia de 
los gefes, con consentimiento de los gefes, y aun á instiga- 
ción de los principales para terminar las diferencias que á 
cada paso se suscitaban entre ellos : 6b procerum discor» 
dias. Nó á otro efecto sino al de terminar estas diferencias 
dañosas á la causa común , les aconsejó Marconúro^ uno de 
los principales, eligiesen alguno de ellos á quien todos los 
demás se obligasen á obedecer. 

»Como -áSfarco/niro ( dice el historiador) conocía per- 
f^tamente que los francos , á causa de las perpetuas divi- 
siones que entre los gefes reinaban , nunca podrían hacer 

frente á los romanos^ mientras no se reuniesen en forma 

R 



l3o CRiaXN DS LA AXTTORIDAD 

de un solo pueblo, y bajo de un solo gefe, aconsejó^á «su 
nación eligiese un rey á pluralidad de votos. Los trancos 
entonces , conociendo toda la cordura de un consejo tan sa* 
ludable, eligieron por rey á Faramundo^ hijo de Mar^ 

ffic ergOy Marcomirus , o/m animadverteret Francos^ 
ób procerum discordias^ diver saque studiUy unqUam ror 
manís pares futuros ^ nisi in unam coalescerent ranpu* 
hlicam , et ab uno omnes regerentut ; auctor fuit gentji 
suce^ ut regem communíbus suffragiis eligerenu Franci 
verb tam salutari conúlia .obtemperarues ^ regem sibi ele* 
gerunt Pharamundum Marconúri fiüum. ( Gesta Franc 
eplst. cap. 41) 

II He aquí el pasage de historia que se cita con tanta 
confianza ; y he aqui también lo que á primera vista se per- 
cibe que prueba solamente: Esta elección se hizo á presen- 
cia de ios gf fes ; luego antes de la elección los Francos te* 
nian ya gefes. Estos gefes la consintieron: luego aun cuan- 
do hubieran elegido ai último del pueblo ¿qué se pudiera 
concluir?. Permitiéndolo los gefes, el elegido no hubiera 
dejado de ser el verdadero soberano; porque no eiolp no re* 
clamaban , sino que con su consentimiento le transmitian 
todos sus derechos : volenti non fit injuria. ( 

Pero por poca atención con que se lea este pasagé de 
hispria, se descubrirá sin dificultad que los gefes no da- 
ban á los IB'rancos la libertad de eiscoger entre todos los in« 
4ividoosi del pueblo, ^no de elegir á utio de entre ellos 
para poner fin á sus desavenencias : o& procerum discor* 
dios. Asi esta elección dista mucho de lo que se llama una 
elección general entre individuos iguales, como seria me- 
nester para formar una'convencion popular. 

III Pero aun hay mas; y es, que Marcomiró que, des» 
pues de la reciente muérfe'de su heripano, venia á ser el 
principal de. todos los .contendientes, al hacer semejante 
proposición, no olvidaba los derechos qv¡e tenia á la prefe« 
Tencia en caso de que la reunión se efectuase: que su.ojb- 



ENTRE LOS FEAUGOS. i5l 

jeto politioo era fijar la soberanía en~6u Samilia, hadenda 
Tecoaocer públicamente á 9U hijo..^ Y lo cierto es, que el 
elegido fue Faramundo , hijo del mismo Marcomir(h Des* 
pues de este suceso la soberanía volvió á tomar el curso 
ordinario de la ley ^ica^ y fue transmitida por simple suce^ 
«ion hereditaria ; pero ésta elección de Faramundo no fue 
una creación de soberanía , pues que antes de su promo* 
^n faabia ya gefes que lá ejerdan sobre su tribu particular. 

ly I Se dirá qué los gefes de que hablamos habian st* 
léky elegidos igualmente? Esto serm menester prdDarlo, y 
nd parece fadl por lo que se sabe de la historia. Al contra» 
ño, el consejo de Marcomiro tiene todos los caracteres <fe 
una proposición extraordinaria motivada por una circims* 
tancia de que no se ve ejemplo antes ni después; respecto 
á que inmediatammte á la elección la soberanía vudve á 
tomar el curso hereditario 9 como parece era de uso entre 
aquellos pueblos. Fero aun cuando se pudiesen citar otros 
ejemplos de gefes anteriormente elegidos^ jamas en nin« 
guna iSi^don el primer propagador ha podido ^erlo : asi 
cuálqviier suposidon <}ue se haga, el origen deia autoridad 
.SO' dejará de ser anterior á todas las elecciones posibles. 
Léase á Tácito^ y la sabia disertación de Leibnüz en su 
T€0^4^a^ tk.^ f39, sobre el oiigen de los gehnanos; en 
ella se verá que TetU^ padre universal de los pueblos teii* 
Iones , y ffeminioy padre universal de los herrmones ó ger* 
manos propiamente dichos^ y primeros principes de estos 
pueblos 9 no habian sido elegidos por sus d^cendientes, 
pues que existian neeesariimiente antes que ellos; y aun 
cuándo se supoñese á los francos un orig^ diferente, na* 
da S6 adelantaría ; porque el autor universal de cada tribu 
seria siempre anterior á su existencia. (Véase tamb. L' Abb. 
Cbarmoye ,^ríg. ce/^ ) 

y Gomo quiera que sea , la elección propuesta por 
Marcomiro es la única que se nos opone, y ciertamente 
antes de esta elección habia ya gefes. ¿Qué se pretende 
pues concluir en favor del puebb, de una elección que $u* 

r: 



•?• 



1 • I . - ' ; 



1 I 



l3a ORIGEN D£ LA AUTORIDAD 

pone gefe » de uoa elec^ípn que se hace con cooseptlmien* 
to de estos gefes , y que se propone para terminar las dife* 
rendas de estos mismos gefes; de una elección que rec&e 
efectivc^mente sobre el, hijo de uno de los principales; de 
una elección que por consiguiente no es sipo un reconocí* 
miento público del principio que establecemos ^qi^, toda 
Autoridad viene de autor '^ que antes de cualquiera ela- 
ción que se qiuerd citar, asi los franco^ como todos los de- 
.roas pueblos , han tenido necesariamente fundfiuiores f ge- 
fes naturales, cuya autoridad existia esencialmente anjtes.de 
.ellos; puesto que, conu> dice Tácito , ^atre )ps.francps^ coh 
mo ei^tre los deaias pueblos naciente qida trit^p t^ni^ su 
^eíe: quQt pagos ^ totfi^re duc€$F 

' ■ , \ ^ .'-'* ■ •:. • K'- ■ •■11 -í • • ' 

. Origen de la autoridad entre hfs JEÍebr^os^ . ^ -^ 

• ' f ' ■ ' ' • ■ ■ - . , '..../ .i 

. I £n 6n para prol^ar que á los pueblos pertenece^ :i^* 
8e reyes^ se cita el éjemplp de Dios mi^m0,:que dejó (dicen) 
al arbitrio de su pueblo la elección de 3us primeros^ireyes» 
sin consideración alguna, al nacipaieoto. Cpmo t^dus la» 
.elecciones del pueblo judío están, per£pctam^nte tratada» en 
la . S/^monestaicion de ^. Bo^suet^ nQvhabla|reaK>a 9()ui 
;5Íno de Jlo qu€?,dice^ telacioa fipn el prig^^n á^ esx^m^ 
toridades., . ;, . /,, ....:.. ...... ^ 'V . * . . , - 

; Por decoptado es cierto que e#te pueblo habiendo tepi^ 
|dp, aun antes de jbu e^ii^temcia ua aui^r.uniyer^) en la perr 
apijia de /ac%7&, y presidiendo á las doce tribii3 los docehí* 
jps de este célebre Patriarca, cada una de dlaa tenia oatú? 
raímente s\is /TTÍnope^ y sus f^fes. Cuando Dios ; enviaba, 
á Moisés á declarar sus órdenes á su pue^blo^ le mandaba 
siempre dirigirse á los priqcipes y á los ancianos; congriega 
principas et senioras. Asjk, mientras este^ puebla se maptUr 
vo en el régimen ordinario, tuvo eyidentemeqte gefes, y 
mucho tiempo antes de las elecciopes de qpe 9t habla. . 



<3 



'^' 



L0ft HEBlSOa .l33 

Pero á fin de que estos principes no pudiesen dividirse 
ejerciendo sepand^ y soberanamente sos poderes , Dios, 
.que se h0biaf resefif ado el cuidado de gobemarlps,' los so* 
r^^etió al gobierno de nñ príncipe extrangero.vi viendo aun 
fl mi$aia /aco6; de modo que desde su origen el gc^iernb 
de este pueblo fue absolutamente extraordinario 'ejn'Sq espe- 
ele. Dios mismo fbe el que antes que pudiese. multiplicarse 
h puso bajo el dominio de Faraón^ por la exaltación nfíila- 
igcóea de :/05é. Lu^o* que este puet^ se hubo mnhiplieado, 
JDios fue quien Jkr.8acó del poder de i^arooniíáeiéndoiepa* 
•sar el mar JloJQ, f desplegandoiáiAvibtade todo cp E^pio )^ 
,QmnipQtenj(2Ía dé m biíazo.por Jos m!as singulares ^i^igio^ 
£1 fu^ el que, queriénda conservar iatunidad^de loa prkici>- 
|)eR y de li^ doce ; tribus, lea dióúngefe único en Jro¿5<^5, 
^y. el; que después de< la salida de Egipto le d^c^'sus'leyaesr, 
no solamente para lo espiritual sino también para lo "ci vil: 
y :e#aS' leyes' eran, taa .perfectaa, todos los casó» e^talaan en 
i^la^ tan biw previstos , que (como dice ^O05e¿ei ^ ^legis^ 
lacion quedó compleítá y. i no tu va alteraeipci d^pueB del 
tiempo de. Mwés. He aqui por qué* después de él todos k* 
qi^^^obernaron el pueblo de Dios, no fueroo-en el«heGJbo 
m9»jqp^ i jueces. Tc^dos los gefes extfaordic^urios <que Dio& 
les.suscitaba en U necesidad, no eran masque jaeces: los 
sacerdotes y. los reyes misnios no exan xnascpté jueces. Solo 
Dios era el vcrdaderp Jiéy d^ Israel ^ porque^ él solo era d 
Itegislador : su^^obi^rno nQ em una ñionarqpua ordinanav 
0\nck una teocMcki^ .i '• J ? . ' il . /: ; > ;. r 
II Dios no tenia pues. . necesidad- paip gí^rnar á»7s« 
ruel de esQo^r éus m&nistrbs entregos príqclpe^ y los gefes 
de cada triUi: so odlcridaeí era infinitamente supemlór á^la 
de todos los<príncipfis^ys0beratios^;de; la. tierra. Ciando esta- 
ba, descontento^ de so: pueblo, él era quieD- le cast^g^faa,' y 
quieá le castigaba comóIKos'^cuando'iQs mUmo&prhiiíripes 
le ofeodian^, > hacia mairohar contra eUos^ loa reyes extrange* 
ros; y cuando los ¡reyes exúangero» los atascaban ^)ontra sus 
órdenes 9 hacia sálk de su pueblo hotobres extcaprdínariod, 



1 34 ORIGEH i>é; tJL aütóribad 

que oda oteotó hacíaa huir á diez mil , ó bien enviaba de 
noche algan angei que exterminidia ejércitos enteros. Para 
hacer respetar su autoridad na necesitaba Dios dar á su púe* 
blo gefea que ostentasen la grandeza y magnificencia de 
los reyes ; así cuando se determinó á concedérselos , no fue 
sino por. ípura condescendencia» 

IIX ; . Es cierto que después de revestidos de esta autori* 
dad^ aquellos de sus reyes que permanecieron fieles al^Se* 
ñor 9 do facdacon en Uc^ al mas alto grado de gloria. Perp 
com6 todos los micesores' de Daioid no hacían mas que ser« 
virse dd poder para hacer prevaricar k sus vasallos, des« 
pu^ de la cautividad de Babilonia determinó abolir lá mo- 
j^arquia, y no restabkícerta mas, continuaodoen gobernar 
.al pueblopor medio de los príncipes de los sacerdotes, qne 
estabaniíniís pardcularmente encargado» del depósito tle \m 
leyes. * ^ ; - 

lió que- hay de cierto^ sobre todp es ,' que el pueblo judÍ0 
en todas {xirtes y en todos tiempps, y aun ^se |>udiera decir 
durante sü ci^apersioh misma, ha sido siempre nn poebb 
extraordinario. En lá (brma teocrática de sn gpbiemovla 
ley no traía» su origen de Xacok, sino de Dios mismoL La so* 
berania no venia de Jcaxb^'no descendía como en las otras 
naciones del autor universal del pud>lo^ iBÍno inmediata* 
mente del Jtuor universal de la naturaleza (jae se habla 
reservado la serranía sobre Ú. Si Dios hubier^i dado la 
tierra 1 prometida k Jacdb mientrtis vivía, /úíco6 la hubiera 
repartido entre sus hijos, y hubiera sido el legislador de 
Isiaél. Mas pai^ que nb ejerciese, ningún acto de soberanía» 
le puso bajo el poder de Farcton & él y i los doce gefes de 
las. tribus, y no sacó de allí á su pueblo hasta que estuvo 
formadOi Dios se reservó pues especblmtote la soberanía 4c 
Israelv y este es el único puebla en ;que 86 la haya reserva- 
doé Eáitodos los demás en que no ha tenido á bien hacer 
esta reserva, el soberano y el legislador es el autor aniífer* 
sali^ en este lo fue el mismo Dios. En todos los demás la 
autoridad provine del autor universal del pueblo \ &í este 



ZKTBfi 108 H£BH£08. l35 

del Autor universal de la naturalezas pero nunca la veni- 
do ni vendrá de \a universalidad del pueblo. 

lY Así 9 aun cuando fuese cierto que Dios hubiese permi- 
tido á su pueblo elegir al primeíx) de sus reyes; no se podría 
concluir que el origen de la autoridad está en el pueblo. 
Porque si el pueblo de Dios , como todos los demás , no te« 
fué derecho para darse un rey por sí mismo, y fue preciso 
que antes de diyrselo obtuviese el permiso de su legislador; 
resulta que en e$te gobierno, como en todos los demás, el 
pueblo no tiene derecho de elegir ni aun. de presentar; y sí 
la hace, no {mede ser sino en virtud de una concesión an* 
lerior^ de no permiso expreso de su wberano..^.. Ahora es 
cierto que el pud>la de Dios no se atrevió á darse un rey 
por si mismo» ó que no se creyó ce» derecho para dárselo; 
que cuando d^eó toierlo^ se dirigió á Samuel que era el 
Gran Sacerdote, y por consiguiente el representante del Ser 
supremo. Es cierto que Samuel fue el que, conforme á las 
órdenes de Dios, convocó al pueblo en Maspha , y allí echó 
suertes primero entre las familias, después entre los ipdivi* 
4uo&. Asi este rasgo de historia , aun cuando estuviese bien 
presentado, no probaria sino lo contrario de lo que se ha 
querido probar, es á saber: que el pueblo sin un permiso 
expreso del soberano, no tiene ni aun derecho de reunirse, 
mucho menos de elegir al que desea. 

y Pero aun hay mas; y es, que este pasage de la his^ 
toria de donde se quiere deducir en favor del pueblo el de- 
recho de elegir sus reyes independientemente del permiso 
de su soberano, ni aun prueba que Dios haya concedido al- 
guna vez á su pueblo este permiso. La razón es sencilla; 
porque la suerte que se echó en Maspha no fue de modo 
alguno una elección. La suerte en aquel pueblo, no era 
mas que el moda -usado y de costumbre de conocer la vo- 
luntad del Ser supremo. Por medio de él se liÍ7o constar pú- 
blica y solemnemente que Saúl era el que Dios habla esco* 
gido, y en quien habia depositado su poder oiyW: cené ^í^ 
detis quem elegit Dominus. Cuando la suerte se techó, eñ 



l36 OBICEír Dfi LA AUT0RT6AD 

jifaspha i ya habla mucho tiempo que Dios tetiia escógiiJo 
á Saul^ y le habla hecho consagrar por SamüeL Asi Uioé 
en todo este éuceso, kjos de consultar al pueblo, no hace 
mas que anunciarle sus noluntades. Cuándo después , des- 
contento de Saúl , le substituye á David , ni aun le hace re- 
conocer públicamente por el medio acostumbrado de la 
suerte: se contenta con conducirle al trono, después de ha- 
berle heclio consagrar por sn profeta, por un camino que 
solo dependía de él; y en fin, David escoge él mismo su 
•uoesor , y le constituye sin consentimiento del pueblo. 

VI De donde se sigue aun este otro razonamiento biea 
seocillo. Entre los hebreos jamas el pueblo^ se creyó con 
deiecho de elegir á sus soberanos. Guando serrato de dar^ 
les una forma de gobierno ó de variársela, soló Dios, inde* 
pendientemente del pueblo, fue el que constituyó sobtie 
ellos á' Mmés^ á los yoeoei , á losre^^ , y á todos los que 
los gobernaron tanto en lo espiritual cOmo en lo civil. Lúe* 
go la historia de los judíos prueba , aun mas evidentemen- 
te que todas las demás , que la autoridad soberana , como 
todas, viene de la cualidad de cultor \ y que donde quiera 
que los gefes no lian sido instituidos naturalmente, fue Dios 
quien los constituyó. Asique en toda constitución , sea la 
que fuere , la autoridad universal y soberana viene siem- 
pre de Dios por los gefes , y jamas por la absurda universa* 
lidad de los pueblos. 

Autoridad de los Macabeos. 

I ¿A qué se recurrirá pues? ¿Qué elección se nbs opon- 
drá de nuevo? ¿Será la de fonathás y la de JSimon su her» 
mano en el libro de los Macabeost Bien sé ^ue estas elec- 
ciones se han citado como un argumento invencible : masi 
con qué fundamento, no lo veo. Toda la cuestión se re- 
duce á saber si antes de ellas habla una autoridad en Is- 
rael; Si la h¿d)ia , claro es que no fue creada en estas elec- 



'' EBrmE IsOS^ MACABEOS; í3'7 

cíóne».' Pero todp- el hujiikIo' sabe qo€í ailtes de tales cleccio» 
nes los Hebreos teoiaíi un ' gobierno, polkico ; que ademas 
d^ los gefes extráordfinarios* dé que hemos hablado, y que 
Dios de cuando ien* cuando suscitaba , tenían un consejó 
ordiinkño que los gobernaba bajo la& órdenes de Dios , en 
todos tiempos y enjtodas^circuns^ncbs. Este consejo ordi'í 
nario^ cuyo gefe supremo era ei Gran* Sacerdote , compues» 
to'de los príncipes, de los sacerdotes, ^y de los ancianos 5 in- 
vestidos de una autoridad) hereditaria y 'siempre subsisten- 
te, estaba encargadorde la custodia y de la defensa de las 
}eyes, y hacia las* funciones de autoridad soberana en todos 
casos.:£ste consejo fue el qué, fijada^u residencia en Jeru- 
salem^ y estanda^por consiguiente á la cabeza de la tribu 
de Judá , gobernó en toda soberanía hasta el reinado de 
Herodes4^ desde entonces, empezó á declinar hasta la rui- 
na total dé aquella célebre ciudad. Saqúese la consecuencia, 
Ademasde los príncipes descendientes* dé Jacob ^ el pueblo 
Irébreo teijia desde el tieaapo de Aaron y de Moisés ge- 
fes hereditarios 7 perpetuos constituidos en autoridad por 
Biós niismó. Luego k áuibridad no fue oreada en laelec* 
áonét^Jonathás. ^*'' 

II La segunda cuestión es saber si los ^acábeos no 
eran tal V^ del numero áé \os principes y de los gefes del 
pueblo hebreo. ítJrque sí ya ¡estabati <íonstitu¡dós en digni- 
dad en virtud de su nacimiento , nb recibían del pueblo su 
poder. Ahora esta cuestión se ve claramente decidida por 
los misútios enviados é&^Anüoco;^ que en el momfentó de 
querer que Matathias , pa/Jjte de los Macabeos , sacrificase 
á los ídolos, le dicen: Princeps et claríssimus ^ et magnas^ 
et in ista cintate y et ornatus filiis et fratritius : ergaac* 
Cede prior. Sobre lo éual se puede hacer este razonamiento. 
Los judíos, por confesión de sus mismos enemigos, tenían 
príncipes y gefes ; y el padre de los Macabeos era uno de 
los principales y mas ilustres de estos príncipes : luego los 
Macabeos no tenían su autoridad del pueblo. En efecto, 
como príncipes de la tribu de Zevi^ la derivaban en virtud 

s 



l5B ORIOEN DE LÁ AUTORIDAD 

de 8U nacimiento de los primeros gefeéf que habían jsidcr 
constituidos por Dios mismo. ( Machab. cap, a. ) 

III Así, llegado el casó de tomar la defensa de la ley, 
Mataihias no aguarda la «lección del pueblo. En virtud 
de una inspiración especial de Dios, y de- la autorldml que 
ha recibido de sus padres, degüella al que. trata de insultar 
al Todo-poderoso, derriba el altar, y manda con imperio. á 
todos los fieles á la' ley que obedeciéndole le sigan, porque 
obra en nombre de Dios y no del pueblo.. Asi cuando se 
trata de tomar las armas, na aguarda. iIfa/aíAia5 la -clec^ 
cion del pueblo ; sino que en virtud. de una inspiración es^ 
pecial de Dios, y de la autoridad que^ al nacer ha recibido, 
auxiliado de su familia y de sus :ai^ig08,; levanta un ^jérci* 
to, se pone á su frente, y obra sin reclaoaiftf^jióni ¿Ogüná de 
parte de los demás príncipes, que se reunen'á éljpdmQ al 
gefe del pueblo de Dios , y de los^ defénsQíes de sife leyes^ 

A^í también, cuando este ilustre caudillo se ve piróxim<!i 
á la muerte, no convoca laasacftblea del pueblo para notu«* 
brar sucesor : codeado de sus hijos y de vsua amtgofi isto/a^ 
mente, en virtud de la misión de Dios, y de la.aútoridad 
que le pertenecia por nacimiento , les deja^ á Simm por coa-» 
sejero y por padre, encargando á Judas ^^n segundo hijo, 
• de la conducta de la guerra; quiép ep efecto , á jcqnsecuen- 
cia de este nombramiento ,. se pop^ á la qabeza del ejército, 
(Machab. lib. i, cap. a.) : , . , .. > . , . 

■i JV, ,Así: igualmente» despuea de la ip^ert^ dfe./ada5, 
Uto faeiodo elpueblo, como $e Oíosha qnefido h^ioer creer, 
sino SUS; hermaCtos y aia3¡igos,.y por oonsiguientelo^ prínci- 
pes de la nación ,. los qne se reunieran alrededor de fona'' 
tháSy y le dirijieron estás memorables palabras : ^;Hemo8 
perdido á vuestro hermano Judas, y no tenemos otro que 
se le parezca para conducirnos contra nuestros enemigos...,. 
Así os escogemos hoy para ocupar su lugar, y ser nuestro 
príncijpe y nuestro gefe.*' Et congregad simt omnes amici 
fados , et dixerunt Jonathoe : Ex quo frater tuus Judas de* 
functus est, vir similis ei non (sst qui exeat contra inimi* 



[entre los maca BEOS/ * 189 

cm nostrosij. Niuno itaqmie hodio degimus essepro eo 
ní^uin principemt ét\ducem\ &c% Ahora el con^entinaien* 
XB nde los^ príncipe» y* dé dos amigos dd.Jonathás no es el 
Gohsentimieátoi de\»püfi4)Io ¿Juega Jonathdshai sido.cons-. 
tituido por sus amigos^ y no por el- pueblo. (Lib; !• 

V Así' cuaíidb 5 después < de la muerte de sus hermanos,' 
convocó ^¿^on al.puehlo^ .ya todos, los' principes , no los 
e(Mivocó. para /proponerles, elegir ení re Uos individuos del 
pueblo; smo.enltó;:lo8.:pi!Íncipes. He-aquí lo que les dice: 
Vos scitis qaaMaeg<yñtfi^Mtés.múi¿t.domuspatris mei^ 

fécímus pro legibiú. eLprn^/Áanctispr celia Jforum gra* 

tiá perierun$ fratrés méi. ómnes pnópter Israel ^ et relictas 
sam egcos&luSi^Ilt nunc noh rmhitoiitingat pat^cere anU 
miemeo^^ini'ómttLtempark tvibuhaúouis^ Non enim melior 
súrn^fiMribm^ méisíu^^:J^ est spiritiispopuli.si^ 

jnul^;.'£i:*re$poñd^rimt vocc magrea dicentes : Tu es dux 
noster loco Judos et fonathoe fratris tui..,. Et faltas e^ 
S^mmUá Sacerdos. /udei et Sf&qerdotes €Qn$€fiserun>t eum es» 
$C: ducem et ^sacerdot^fu^^in^^'^M osternunf, doñee veniíU 
jProphela ^eZ¿í;»>iyo80trQssal>e¡§. aiaoíQS* combates ^ yo, 
MÍs^hermancp^.y .todaiaiCasfii iíje.óíiíj^a^rey hemos sodteni- 
dc> <£a jdefe03á. de niiesíía* jfeycsíy dq .anestra, santa »rdi« 
gÍ0b; TodoBODni&iieniiaiios ^an muevib peleando pqr Israel; 
y yo.¿olQ;l|ie.quei(kdo'^de todos :6lló&«SÁMya. recelase taier 
Ia:*niisma fioarte^ nónscndcia'á ofrecermíexponerme á igua^ 
.lés^ peligros!; pero co.kjiaiera'Dioer qóe^yb .os: abandona ja» 
/iná8>€h laitnbulacioáj^no vsHendo masnque mis l^rmanos. 
'£Qtances,jinflamac|atle entúsiasinotbdó el pueblo, empezó 
Á grítar.ieaa'alta' vozíi;'i\íos sareis nuestro gefe en lugar de 
viieátres/lwrmanos^;^ Ja seréis perpetuamente vos y vues- 
tros ídésjcenefien tes has£a ¿jue íiparezca el Profeta fiel que ^r 
peranpos." En esta asamblea Simen sé Propone á si ^Ismo 
8olaineDte,íy él es el.prodamado de común consentimien- 
to ; Ja .que táertamente- no es proponer una elección general 

entre todos ; los individuos . del pueblo* ( Lib. i • cap. . 1 3. } 

s: 



146 ORIOEN DE LA AUTORIBAB 

' VI Así finalmente cuando llegó el caso ele de^gnar^^m j 
sucesores. Siman no convocó la asamblea del pueblo ;vpuso 
á sus dos hijos fuan f Jonathds á la^ cabeza del gobierno y: 
del ejército con la misma autoridad con que lo había hecho: 
su padre Matathias. 

En la Política sagrada del ilustre JSossuet , liU ^. , ^e 

lee, que el acta qué transmitió la ^toridhd á SifÉon fue 

extendida en nombre délos mcerdotes^ide todo el puebla^ 

de los grandes^ y de los 8enadores^'^B&>ncurrÍBrpn'já ha^^ 

ceríe príncipe. Pera, en iseme jantes 'asambleas, ada coaúdD 

todo el pueblo proclame^ solo el consentimiento del sobe*^ 

rano es el que confiere la soberanía. Ahora el consejo dé^ 

príncipes que gobernaba á los «judíos bajo Jas* órdenes d6 

Dios, era^ como ya lo heaios dietio^^am'^erdaíiQror^pbeKa* 

no: y los ^acabeor^-por dei^cho^db daioiüaaiealáo ^é:tndD« 

pendientemente de toda eleccbnl^le]xm^ide'lo6q^hlQí^^ 

estos príncipes , y £)or <x)a8Íguíeme io)S'.|iriaqpaies ^órg^uooa 

de' este soberano. " '-- • \ »'*••* '^ v^ >4\,-.\ o.».-/. . :,. ^ 

VII ¿Maá^ porquéelpüeMó tfeéfe^«átó«y-o^^/tf^^^ nues^ 

ira gtierra^ ntiíeürós-^cbmbáteii'pmlmre^^pr&^Ua ttcmra? 

tenia razón i aqaeUii*' guerra eifa* Ágépér/a< del |>¿lebi6rv' cpmo 

puebb; era guerrá"dp*lds principáis ^-^úio- priodp^veca 

guerra de los gefes, como gefesj Todos estsámt^lnxeissados 

en ella; pero nd ^dOS' «eran» principes:, :no todoBcestafaaii 

constituidos en autoridad: sdb'cl consejo de^^riáctprs lo 

estaba, y este constejo heredfitarío^Mm su poder de:Dios 

mismo que en todos tiempos fue id legblador decusa ptiebb. 

Yin ¿Qué se puede ^ pues conokiir.de una! ckocioQ 
hecha á presencia de los principes deLpneblo,'au'Bn:coa- 
sentimiento, ó mas bien por estos príncipes ¿olosr?.;;;,/I]al es 
si» embargo la elección Áe Jonathds que tanto isei viscüora- 
¿Qué se puede concluir de la aclaOiacion umvMsal* de un 
pueblo, que encantado de hi frariqíieza; y valor icón' que St* 
moa se proponía i «i mismo enjlqgar de sus^iiermanos, 
Ic dijo: tu es dux nosíer? ¿Es esta por yentúia una^ielec* 
cío»? y cuando lo íuese ¿no estaban allí los padncipeB de 



los' sacerdotes? ¿Qué. se podHa c^oncluit de una* efeocion* 
hecha trescientos años después.; de Mdses. y de Jaron ca¡ 
prtseíicia de sus sucesores? ¿Seria esta una creación de au* 

toridadP 

IX Cuando en otro tiempo^ según la disciplina anti- 
gua de la iglesia, el: clero consultaba al pueblo para la elec* 
don de un obispo, '¿quién conferia la autoridad? ¿^a, el 
pueblo? ¿Era él el qtíe la tenia ó; la creaba?.. ..^ Nunca se 
debe confundir un pueblo que obm contra el consenti* 
miento de sus gefes , con un pueblo que procede . con su 
acuerdo. Un pueblp sin el beneplácito de sus gefes f. ni aua 
puede hacer lo que se llama» un nombramiento : su élec^, 
cíqu por el vicio de no-autóriTSCUsion es «radicalmente nula; 
Ahora un pueblo que obra en coadoecto con sus gefes , pue- 
de sin duda hacer muy buenas ekdcioñes; pero ^toncas 
no es él quien confiere la autoridad r.son los g^es ¿soloslos 
qvte la confiere» pcnr. su satisfaccioo y sus sufragios; y así 
ed como todos los buenos autores; entienden el voio del 

puebla 

K Ademas de los principes iiáfturales que cada fríbii 
tenia ya en Egipti^^ qs evidente que el pueblo hebreo te* 
ma ^efes hereditarios constituidos extraordinariamente por 
I>tos mismo dode el tiempo de 'Moisés y de lAarón ; y 
los Jfaca6eos' eran del námer a de estos gefes. i^u^o la 
historia de los Mmxibeos pruebá^tan manifiestamente co^ 
mo todas las demás , que minea Ids pueblos han creado á 
sus primeros soberanos; que por todas partes el origen de 
la autoridad ha existido siempre en la cualidad de autor 
universal^ anterior á los puebbs mismos. 

XI Por importante que sea * entrar en estos pormenor 
res, yo no me he projpuesto escribir una historia universal. 
Y para acabar de una vez, quiero suponer qué telamos 
reunidos delante de nosotros á todos los pueblos del miui^ 
do^Solo haré una pregunta. ¿Han consentido los gefes dé 
edtos pueblos su xieunion? Si llovía han consentido, la eleé* 
cion es nula. Si la han consentido , no es el puebto tí qi» 



1 4^ ORIGEK BE lA AUTORIDAB 

ocmñeré'hnutoridadiÁno ló$ gefes. Ahora en todos los 
padages de historia qoe $é han citado, ó los gefes estaban 
preseiites', ó habían consentido su reunión antes <)e las, 
elecciones. Luego aun en las mismas democracias la áutú" 
ridad y el poder Icgislftwo viene soló de lo» gefes. 

XII ¿Qué pruebhn puies todos los pasages de historia 
que se citan, y que se pueden citar desde aquí al fin del 
mundo? Lejos de probar que fueron los pueblos los que ál 
principio crearon los primeros gefes, prueban al contrario, 
que. antes de todas las elecciones y proclamaciones posibles 
habia ya gefes preexistentes que convocaban el pueblo , y 
presidian las asambleas. Los habia entre los Griegos , los 
habia entre los Romanos, entre los Francos y entre los He- 
breos; los habia en tcHÍ06 los pueblos y y era físicamente 
imposible que no los hubiese antes de todas las elecciones 
y todas las proclamaciones» Los que gobernaban extraordi* 
nariamente como Moisés , Jaron , y sus sucesores , no d^ 
tivaban su poder despueblo sino del Autor universal de ta 
naturaleza. Los que gobernaban á sus descendientes en vir^ 
tud de su cualidad d^ OMtor universal^ Como NenábrodyiCa^ 
naam^;^ todos los fundadores de las prioieras ciudades, me* 
nos lo.pQdian. derivar.. de aoa descendientes que todavi$i no 
exi$tian9 y solo lo teakn de su cualidad de cuuor ^nnhersaL 
Luego '.és ..imposible citar un sola hecha; en la historia^ 
que muestre a los prio^ros soberanos como criaturas de lo¿ 
pueblos)^ J^ego todas las. historias y. todos los monumentos, 
de ae^erdó con la naturaleza y con la cazon^ nos gritan al* 
tamente % que la autoridad soberana deriva esencialmen- 
'* te áe\ autor universal^i y no de la absurda umüeríaZidíad 

jde los individuos \ luego todas las historias y todos los mo- 
numentos^ de acuerdo con la naturaleza y con b razón, nos 
gritan altamente que nuestra difínicion es exacta: que la 
.autoridad soberana tietie su origen en la cualidad de oa- 
ior como todas las demás autoridades; y esto , tanto en las 
repúblicas y las democracias mismas, qomo en todos los 
demás gobiernos. Luego todo concurre á probar que ño 



< M 



ENTRE LOS MACABEOI. * 143 

ha habido jamas, tú puede haber gobiernes represeñt€Uiw$ 
de los pueblos. 

Objeciones. 

I ¿Y qué dirán á esto los partidarios de la soberanía 
del pueblo? ¿Dirán que antes de las asambleas , que tan 
gratuitamente suponen , los pueblos no tenían auo padres» 
ni por consiguiente quien ejerciese autoridad sobre ellos?..- 
Nolocreo. 

II ¿Qué dirán pues? Dicen que un padre tiene cier» 

taménte autoridad sobre sus hijos mtedtras que son peque- 
ños ; pero que esta ; autoridad desaparece cuando se han 
emancipado! Habuit potestatem painw^ in filios^guam* 
diii emancipati non fuerunt. Suarez, de Zegibusy lib* 3. 
cap. a. Fuñendorf^ de patria pótest. i &e^ 

III ¡Pero qué! gritaremos nos(^ros.de nuevo con el 
gran JBossuet : \cuando mis hijos se hayan emancipado de- 
jaré yo de ser su padre , dejarán de ser mis hijos eHos! 
¿Quién ha Oido hablar jamas de seipejante prodigio? Con- 
venimos (y aq^ú está tal vez el jequívpoo que eogañai estos 
escritores) , convenimos en i^^e un padre pdrticidür no 
tiene.autoridad sobre sus hijos mas que hasta la em¿|nfápar. 
cion. Una vez emancipados , esta protección 1^ es inútil» 
porque hay un padre soberano que vela sobre todas h$ 
familias para hacerlas observar las. leyes; y porqu,^ desde 
que hay uno no se necesita mas. Pero porque este. /?a-, 
dre particular cese de ejercer 3u autoridad , ¿se sigue que 
deje de tenerla ? ni de que cese de ejercer sja autoridad par- 
ticular, ¿se sigue tampoco que el soberaiiio cese en el ejarci- 
cío de la suya? Este es un cúmulo de paradoxas » que la ab- 
surda opinión de los pactos sociales impide profundizar,, 
mas que no por eso son menos absurdas* 

lY Cuando los hombres preocupados de la sob^r^uía 



I44* ORIGEir DE LA AUTORIDAD 

^pueblo tratan de la pmria potestad^ no consideran' 
nunca sino \o^ padres particulares ; pero estos padres par-J 
ticulares tienen necesariamente un padre soberano. Nunca 
hablan sino de la potestad de que puede haber emancipa- 
ción ; pero hay otra en que esta emancipación no puede 
tener jamas lugar, y es la potestad soberana. Es cierto que 
cuando los gefes de cada rama principal llegaban á tener 
una numerosa posteridad ; d padre los enviaba á establecer- 
se á otros países , donde iban á ser soberanos á su vez ; pe-' 
ro esta gran separación no se hacía en el momento de la 
emancipación, faltaba mucho. Y mientras que permanecían 
en el pais del padre dependian de su autoridad soberana, 
aun después de haber sido emancipados. Eneas íue soberano 
desde que se vio sobre sus bajeles ^ pero no lo fue mien- 
tras vivió con Priamo. Jacob fue soberano de su familia, 
luego que dejó á Laban : no lo fue mientras estuvo en su 
servicio , y de jó de serlo cuando entró bajo el poder de Fa^ 
raon. Esta observación. es bien sencilla , pero no poco im- 
portante para bacer- ver donde empieza la soberanía. Esta 
cuenta siempre su fecba desde la independencia , no des- 
de la emancipación: - 

V Decir pues qneMü padre particular no gobierna á 
m:i8 hijos sipo mientras np los ha emancipado, es cambiar 
totalmente el e3tado d^ fe cuestión. No se trata de un padre 
subdílterno, Bino de un padre soberano '^ y en este sentido 
sostenemos que la emancipación que.ha^e libre de la auto- 
ridad doméstica , no exiílie de la autoridad soberana. Yo 
que fuese príncipe , y aun gefe de una tribu , emancipado 
después de mucho tiempo, mientras viviese con mi padre 
estaña bajo su dominio , porque su autoridad es primero 
que la mia. Sostenemos que desde el principio los gefes 
primitivos tenian en su dependencia muchos hijos eman- 
cipados; que Enos^ ffenoc antes del diluvio, y Noe antes 
de la gran dispersión tenian á sus órdenes muchos hi- 
jos emancipados; que Cham cuando partió para el África, 
todos los gefes de colonias, ^y todos los fundadores de pue- 



EKTRE tos ITAGABEOS. ' J^S 

ÍAúB cuando edificaron sus ciudades , gobernaban ya á una 
multitud prodigiosa de hijos emancipados. 

VI Pero en la imposibilidad de resistir á la eviden- 
cia , y cuando las razones faltan , se echa mano de las 
abstracciones. Se conviene en que los gefes primitivos te- 
nían efectívan^ente potestad económica sobre sus hijos ca^ 
sados, mas óo potestad /x)Zíeéca. Potentiam aeonomicam^ 
non autem politicam. (Suar: ibtd.) 

Guando una causa es realmente mala ^ las sutilezas no 
la cambian , y ésta está ínuy distante de mejorar la posi- 
ción de nuestros adversarícísl Porque si los gefes primiti- 
vos ténian potestad económica sobre sus hijos, aun des- 
pués de casados ,' es^ evidente que estos no dejaban á ^ 
padres desde pe<jueños, ni aún<!uando llegaban á ser gran*- 
des: luego todas las dispersiones primitivas, y las asam- 
bleas populares que se supotied las han seguido , son cuen- 
tos. Comenta philosophorum. ' 

¡ Tenían potestad económica f ¿Y qué, esta potes^ 

tad económica no era nadat ¡En virtud detesta potestad. 
Casado y todo permanecería yo e» el servicio de mi padre, 
dependería de sus órdenes , guardaría sus rebaños , le daría 
cuenta de todo , no podría disponer de nada; mi tnuger, mis 
hijos, mis nietos, mis criados, todo estaría rigurosamente 
sujeto al padre común ; y él no tendría autoridad sobre este 
hijo casado! ¿Cuáles son pues los soberanos del xlia que 
tengan otra tanta? 

Vil Por consiguiente no tenían autoridad'^ política. 
Muy mala consecuencia Esto es como si yo dijese (per- 
mítaseme la comparación) que no puedo tener capa por- 
que ya tengo vestido. Sabemos que no todos los padres 
subalternos de un reino que tienen poder económico en su 
casa , tienen un poder político. Pero no sucede así con los 
soberanos que pueden tener uno y otro , y tal era cierta- 
mente el caso de los gefes primitivos. Como al principio 
00 tenian al rededor de si mas que cinco ó seis hijos ca- 
sados; y como estos hijos hasta estar en estado de poder 

T 



146 ORIGEN DE LA. ÁÜTORíDAD 

establecerse separadamente, no componían con^ ellos mas 
que una sola cosa; teniaa necesariamente sobre todos estos 
hijos poder económico y político á un mismo tiempo. Cuan- 
tío Abraham se ponía al frente de su familia para hacer 
la guerra, ejercía ciertamente up poder político sobre su 
íaralHa. Guando Judas JUact^^ con4waba á muerte a 
Thamar , ejerjcia: sobre Thamar un poder pplítico. Pero 
ademas de este poder político, por confesión de nuestros 
tnlsinos advei^ariós , estos gefes primitivos tenían poder 
•económico sobre sus hijos: casados» Luego en aquellos pri* 
meros tiempos la autoridad tenia toda su fuerza. En vir* 
Xud de su cualidad de autor universal^ el fundador de ca- 
fioí pueblo ejercía sobre sus descendientes el mayor poder, 
^nia á un mismo tiempo ^eljecon^ómícq y el político. 
.; VIII Pero no se ve, ij^os dicen, qa^ se^ de derechp 
i^gtural é indidpens£^le, que .p\ ^^fe universal que ha pro^ 
ducido á los hombres haya de ^r tambleq su rey. Ex vi 
jx)lius nat^roe^ fi(m esp debkurn progenitorí ut sit etiam 
reof $uo£ post^ritfitis. (Suarez.) 

¡Qué equívoco tan miseríible!, ¿Y qué irnporta (di? 

c^ Grocio ) h, signlficapion arbitrarla de la palabra , con tal 
;que la cosa se tenga? Entre los Lacedemonips, añade este 
^bio autor, después de- los Eforos los gefes del pueblo 
410 podían n^da, y sin. embargo ;Se les llamaba reyes. En- 
4re los Komapos los emperadores Jo podían todo, y no lle- 
vaban el nombre de reyes. Los gefes de los Normandos no 
fe llamaban reyes , ¿y eran por eso menos soberanos? Mu- 
chos príncipes en Alemania y en otras partes no tienen aun 
el titula de reyes , y son soberanos sin embargo. Estos títu» 
los , estas denominaciones y estas decoraciones exteriores de 
la digiiidad real no acompañan siempre ni esencialmente i 
la cualidad de autgr universal:, ¿ pero deja por eso la autori- 
.dad universal de acompañarla? ¿tenían los gefes primitivos 
del género humano, en virtud de ser sus progenitores^ dere- 
cho á gobernar sobemnam^nte á sus descendientes, y los go- 
.|bcrnab£(a,a$í ea efecto ?..M4.« Y? ^uí lo que no $e puede ne- 



/ 



ENTRE liCJS ItfACABÉOS; "> 147 

gar sin contradecir la historia, la razón y la naturaleza toda. 

IX Se alega también que Dios dijo: >>Hagamos al hom- 
bre para que domine á los peces de la mar , á las aves del 
cielo, y á los animales de la tierra"; y no: hagamos al 
hombre para que domine á los demás hombres, /acía/m/s 
hominem ut prpjl^ piscibiis maris^ vólatilibus cali ^ et 
bestiis tena ; non dixissc Dcum -^ ut práMÉThominibus , sig" 
nificans hunc donúnatum non esse naturalem homini. 

jQué razón! Porque Dios haya subordinado las es- 
pecies, ¿no habrá subordinado los individuos? Porque ha< 
yá sujetado el bruto al hombre, ¿no habrá subordina- 
do los hijos á su padre, ni los padres subalternos alj9a« 
dre universal ? A la verdad , es preciso estar bien escaso 
de medios para echar mano de unos tan poco concluyen» 
tes. En la Escritura hay mas de un texto : en el que aqui 
se cita constituyó Dios al hombre sobre todas las espe^^ 
cíes de animales; en el que dijo á Adam : cr escite et mul^ 
tiplicamini , le constituyó autor de sus descendientes. En 
virtud del primero no tiene mas que dominio sobre los ani- 
males: en virtud del segundo tiene autoridad sobre los de- 
mas hombres; derecho infinitamente superior al de do- 
minio. 

X ¿Se dirá que un padre no tiene autoridad sobre 
los extranjeros? esto es salirse de la cuestión. Cuando se 
pobló el mundo no habia extrangeros en el mundo, ni 
cuando se pobló un pais habia extrangeros en el pais. 
Mientras que se considera la autoridad en su origen , no 
puede ocurrir la menor dificultad; y nosotros todavía esta- 
mos en el origen de la autoridad , en el au¿or universal 
de cada pueblo. 

¿ Se nos argüirá que bajo Rómulo había extrangeros^ 
como los hay en los estados de los soberanos actuales? 
Nosotros responderemos que es menester aguardar á que 
lleguemos á los soberanos actuales : á cada cuestión le lle^ 
gara su tiempo. ¿Se nos opondrá que en un principio los 
pueblos no conocían á 8U au¿or im¿(^er«iZ? 






148 ORIGEN DK LA AUTORIDAD 

Esta asercioq es evidentemente falsa* Los lud'os^ >os 
Ismaelitas , los Asyños , los Idumeos , los de Sidon , y 
en general todos los pueblos primitivos conocían perfecta- 
mente á sus progenitores^ pues que llevaban sus nombres. 
Pero aun dado que no los hubiesen conocido, ¿qué resul- 
taría? Cuando no se conocen derechos j^ se precuran bus- 
car ; y tratándose^ de gobierno no es necesario mucho tiem- 
po para hallarlos. Los que pueden tener pretensiones al go- 
bierno , no se descuidan en presentarse ellos mismos , y rei- 
vendicar sus derechos. 

XII Dirán algunos en fin ^ que , según esta doctrina^ 
no habria habida en el mundo mas que un solo sobera- 
no; ¡y éste habria sido el primer hombre ! 

¥ aun cuando esto fuese cierto ¿se seguiría de aquí que 
la soberanía venia del pueblo , ó del primer hpmBre? Pe- 
ra pste es un débil argumentó. Palmiro puebla un pais por 
medio de sus descendientes ; en calidad de autor univer* 
sal es evidente que tiene derecho de gobernarlos , y que es 
la fuente universal de todas las autoridades : Pirro , uno de 
sus hijos , sobrecargando el pais de población por medio de 
los suyos , recibe orden de su padre de retirarse á otro con 
ellos. Pirro pues, aunque inferior á Palmiro^ queda hecho 
desde entonces el soberano natural del nuevo pais, y pue- 
de á su vez enviar colonias á otros. £n general cada rama 
de la especie humana debió tener esencialmente su oa- 
tor universal^ que aunque subalterno mientras permaneció 
con su padre , se hizo soberano desde el momento de su 
separación. G)nsidérese ahora cuantos soberanos ., fundado- 
res y gefes universales pudo haber desde el principio, que 
tuviesen derecho de gobernar en virtud de su titulo de au- 
tor universal , j^uesto que desde el principio cada tribu tu- 
vo el guyo. 

XIII ¿A qué se reducen pues, todas las objeciones de 
los adversarios? A proposiciones vagas, equívocas é ilusio- 
nes. Porque un padre subalterno no tiene autoridad sobera- 
na, se nos dice que no la tiene tampoéo un padre soberano: 



ENTRK LOS MÁGABEOS. 1 49 

porque un padre particular no gobierna á sus hijos mas que 
hasta la emancipación, se nos asegura que los funtladores 
de los pueblos, después de la emancipación no gobernaban. 
!Nada hay mas fácil que adelantar proposiciones; ¿pero dón- 
de está la prueba? ¡Será menester extinguir la luz de la ra- 
zón, quemar todas las historias, destruir todos ios monu- 
mentos! Léanse sin embargo las obras, modernas de los par- 
tidarios de la soberanía del pueblo , y no se encontrará en 
ellas otra CQsa. Nosotros hemos extractado de ellas las razones 
que nos han parecido de mas peso : y el lector habrá visto 
que siempre se concluye de lo particular á lo general , de un 
padre subalterno al padre universal , y por consiguiente, 
de una autoridad subordinada á la autoridad superior» 

Xiy Pero nosotf os oponemos á las aserciones vagas de 
algunos autores apreciables que han adoptado esta opinión, 
la voz invencible de la naturaleza , el grito de todo el uni« 
verso, el respetable testimonio de esa multitud de escritores 
que viviendo cerca de los tiempos primitivos han explica- 
do el origen de los pueblos y el poder de sus gefes, según 
lo habían alcanzado; á saber, de sus mayores, testigos 
oculares de los hechos; y apoyados en esta inmensa masa de 
pruebas, de hechos y de autoridades , nos atrevemos , á pe- 
$ar de la ceguedad casi universal de los pueblos , del extra- 
vío casi general de los escritores, de la extensión verdade- 
ramente espantosa de las preocupaciones, y no obstante todo 
lo que se pueda pensar y decir en contrario; nos atrevemos, 
decimos , á sostener , que es falsa la opinión general acer- 
ca del origen de la autoridad soberana ^ que janias ha 
procedido ni puede proceder de la universalidad de los sub- 
ditos, sino del autor universal solamente: que todos los 
que gobiernan aun en las repúblicas no pueden derivarla 
sino de aqui; y que es imposible citar un solo rasgo de his- 
toria , ni hacer una sola objeción que pueda debilitar la 
verdad qijjB establecemos. Vamos sin embargo á confirmar 
este resultado por un hecho decisivo qqe no dejará lugar á 
nuis dificultades. 



N 



1 56 ORIGETT t>E LA AUTOBIDAD 

T 

XV Hecho decisivo. 

SI Dios mismo fue quien colocó el origen de la autoría 
dad universal en el universal autor de cada pueblo ¡qué 
abominación no será de nuestra parte querer asesinar, de- 
gollar, exterminar, hasta hacerla venir de la universalidad 
de los subditos!... Será preciso pues, degollar también y ex- 
terminar, hasta que la autoridad de Dios venga die la uni-> 
versalidad de sus criaturas; la de un padre de la universa*' 
lidad de sus hijos; la de un maestro de la universalidad def 
sus discípulos; la de un general de la universalidad de sus 
soldados. ¿Qué podía resultar de esta asoladora doctrina si» 
tío delitos y mas delitos, atentados y mas atentados? 

Pero nosotros preguntaremos siempre: ¿asesinar es res* 
ponder? ¿La gran obra se reduce á exterminar? En éste 
como en otros puntos , la diñcultad no consiste en asesinar 
príncipes, degollar soberanos, levantar para ellos cadalsos 
en todas partes; no consiste en aniquilar sus derechos, y en 
despojarlos de la autoridad que Dios les ha concedido 
para transportarla á manos del pueblo, á fin de que éste 
pueda revestir con ella á sus representantes... i ¿Y qué no 
sería menester para esta última operación? i.^ sería necesa- 
rio reunir la universalidad de los individuos: a.^ reunir la 
universalidad de voluntades : 3.° dividir cada alma en dos, 
para poner la mitad de un lado y la otra mitad de otro &c.&c, 
¿Y es esto acaso posible?... Su imposibilidad ha sido victo- 
riosamente demostrada en el contrato social. Luego tan 
imposible es dar la soberanía al pueblo, como que el pue- 
blo la dé á sus diputados. Luego la gran obra no se efec- 
tuará jamas. 

Ahora, pues, pregimtamos á todos los que están en el 
error, y se lo preguntamos sin acrimonia, sin invectivas, 
sin personalidades: ¿áqué vienen tantos degüellos, tantos 
regicidios, tantos crímenes, tantos ejércitos sacrificados, tan- 
tos pueblos devastados , tanta sangre derramada , si es im« 



ENTRE LOS HAGABE08. i5l 

pbsibTel|üé semejante proyecto se verifique jamas T Aunque 
hüsta el fin del mundo se estuviese degollando, este degüe- 
llo no impediría jamas que Dios hubiese colocado desde un 
principia la autoridad universal en el autor universal de 
cada p'iíébfó: no impediría que lo hubiese constituido su 
primer propietario ,. ni i^pseá él 6olo hubiese concedido la 
facultad de transmitirla á todos los demás; ó que de él solo 
la hubieselidp (Jerivar todos los qiae en lo sucesivo fuesen 
gobernando hasta la consumación de los siglos. No impedi- 
ría quej^ ^cr<?í?ía hubiese sido desde el principiad par 
trimonio de los soberanos; ni haría que pudiese ser jamás 
el de Ips pueblos; y por consiguiente que alguno eri el 
mundo pudiese dársela , ni recibirla de^ ellos. Asi que todas 
las revoluciones, todos los pactos, todos los atentados serán 
vanos para llevar al cabo la gran obra. 

Mas ¿cómo esta autqridád universal que Dios colocó 
desde un principio en un solo individuo, se extendió des- 
pués á todos 4o8 individuos, á todos los descendientes 
á todas las familias y á todas las ciudades? Si la auto* 
ridad natural ha venido dé los padres, la autoridad civil 
¿no puede venir de los pueblos? Esto es lo que vamos áexa- 
minar enjla ^'^uiente cuestión, donde nos preponemos dar 
la historia mas verosimil del origen de las ciudades. 



CUESTIÓN CUARTA. 



DE LAS CIUDADES. 

X^ue la ciudad tuvo igualmente su origen en el 
autor universaU 

§.1.® Origen de las ciudades. 
§. 2,** De las leyes, 
, §; J.* De las constituciones. 

S* 4** (¿Q^^ ^^ ^^^^ Constitución? : 

^ ó.^ De la aut(^idad natural^ y de la autori» 

dad civiL 
§. 6*.** Objeciones: hecho decisivo. 

ESTADO DE LA CUESTIÓN. 

I ¿v^ucU fué el origen de las ciudades^ y en don* 
de nacieront He aquí la cuestión que se presenta natural- 
mente después de la del origen de las autoridades, y la 
que hace el objeto de esta importante discusión. 

¿En dónde nacieron las ciudades? En el mismo la- 
gar donde se hicieron las primeras particiones. La palabia 
civil viene de ciudad con la misma evidencia que la pala- 
bra autoridad viene de autor. Apenas el primer pa- 
dre del género humano tuvo algunos hijos casados, que 
formaron al rededor de él una pequeña ciudad , se vio pa- 
recer en el mundo un gobierno civil que se hizo mas gran- 
de al paso que se multiplicaban las familias; y la autoridad 



I)£ LAS CIUDADES. |53 

del ^rimtt paídré, iqiie fue solo natiírai . tmeAtriM que él 
faeel'úatco padre:j se.'hiso <)ivil cuabdo hubo otro9 mu- 
choá piídces* < í ... . . , . ' 

II La ioueoríciad e¿^^ es aquella autoridad ODÍYersal 
que se extiende. K¿>re; todos tIo» padres, sobre todas lascar 
sa&>y:8okre.íodasias,aititoridades subalteri)4s de una socie'* 
dad} cu^uíeca. Laaator.idftd de cada padi*^ std>alterno, de 
donde pcooede inmedíataoleote cada g^eracion , conseirva 
el:tiQDiiliradeiaalorít2ad)n€ií)riria¿: la del^efe universal, d^ 
]a que descboden ^giq^iriamente tcida^Jas ^D^racionjes 
de la cittdafi 9 toma el noH(ibr§ d^ aikt^rkhd dviL Mientra^ 
tpie cada: padce suiiiiítgt^io^hace partQ dí$ Ja ciudad^ tieije 
aofo.uná autoridad doméstica, cuya vm .Cesa á la eio^ancir 
pacíoa de ms hijos^, perocei gefe u^iveissfal tieiie' autorklad 
general V cajo éjerclfckt)iu» paede ce^f nt resaca jamasi 'pós- 
, que será siempre atce8avía«:v - . r : , , - , 

m • De^^ táxidf>[Sice Jrise^desjse han vi^.ibri- 
mar ehdá i»ístoria ^iUasíycmdade^/qiie: fueron desde .sm 
origen gobernadas j^rnteje^ Mx^naiuráivid 
ionia dbmus essei^^axK íúqcom nonnidlL-nmosque ac natd& 
torum natas. QuaproptÉri ''et* initio á regibus gubernJábah^ 
twr reivimées^ (Airist; Polit. cap. i .) Segoii el testimonio uiiá^ 
nime d^Mos buenos laiatores se hánciormadd deeate modé 
todas lab ciudacbs; y no puede dudarse que > fue el pricnér 
padre e\ que «n cada pais establecía; primrro á sx» hijo^. 
De este modo ( según dice Platón jloa^gnaaides gefes dé £»- 
wiüa se hicieron tnBCfiisiblementen?cy/^('..¡ax patñbu^famU 
iia&ptíulatirufactqrreges: El ^padrbüniííersal (segáuiSflr- 
^íínrjfse hizo legislador' ntiu> de»tQdaá'4as:iamilias. £lpcir 
«aiero de todos los tmpemeifue el: /^jz/íerne,' se^n el \lmttfi 
\Büssúet^ y seg^Bf/bne/cNjt^ un «gralide ^nóipero deiai^ili^ 
TiVra^ajóla autcnrldad>de>;im.' sbb ps^íís^.JííiffoniAj j^ 
^écfias ¡autores-que fhemos citad» antes:, s^ explican del mi^ 
iiiomcKio'isbbre'ki&fmaekm de las prámíras^iddad^ ,^ 
de consiguiente seiláre'efcoTigé» de loacuerpjds civitófui/i< t 
r XV i ' > £a üuiofídad nnhersal :¿resde €»* el- Atílorüni* 

V 



1 54 OBiOEsr 

versal 9 6 viene de la universalidad de los subditos? H© 
aquí nuevainente' a lo que se xeduce la importante cues- 
tlon que examinamos. Si y^ene de la univer^aüdqd de 
ios subditos^ fue necesario en el origeri esperar á que na- 
ciesen los subditos antes de teniergotócrnos^y' na pue- 
de concebirse bien la obra del ciiador. Si al:conyrario 
la autoridad universal reside en -el autor umversál ^ todo 
será magnifico y y se^ hallará enlazado en la formación de 
los gobiernos ;; ^ |odó será digno 'desde entonces:, del gran- 
de obrero que preside á la organifisacién. de este vasto uni- 
verso. Apenas se pifeséüta el autor unvoersal euipiezaá exk- 
tir la úaioñdá^ Universal^ J queda 'fundado perra siempre 
el gobierno civil. Feto es preciso qub salga éste imnecfia* 
•taniente del gobierno paterno ^ ó^maf bien (pie eüsla* coa 
ét: .poiqué si yo soy ínmedkatxe^eMe^elipadre timvérjsál ^ 
una sociedad cualquiera^ es evideotev coma; ya :liémos;. di- 
cho, (que mi fami^a ioniediata» se jiabrá complet£Ído ci^n- 
jcáalhieáte viviendo» yo'^i) y completada mi fao&ilib lo seca 
también mi autoridad v:fwie9 qne^Jieg^á ser todo lo^ue :de- 
ht ser^ y coquito ipódfiift ser baata^ la conspmacion ide los. si» 
glos; Si mi £amitia emana inmediatameiite> de. mi^e&iisrdu^ 
4able que todaj nú (posteridad ;emahatamtMen fisica.y 9ubsf 
táoctaknente. Y cuando lUajgasenjá salir >de mí eolkiisuocé^ 
sivo millares.de naóones^^ no tei^driavyo. necesidad .do/'esf 
.perar su existencia^; porque soy ya en. vida ^ fistca y .susfanr 
cifalmen te su áut?or. universal. ' 'i • !. 

Para crear puea antjoridades civil® no se necesita es- 
perar la existencia ' de Ids pueblos, porqoe ántenormeiUe i 
-su tÁultipUcaciÓR éxisi:e/*esencialmen4e una autoridad' uni'^ 
versal én el gefé del género humano ielativa á todosr-Jos 
hombres, y una autoi^Vdad en el primer. propagador desea- 
da pais relativa á los faabitontes[ del mismo pai^' Siendo 
dueño cada un¡a de k^.pvimeros. g^caáfiviles de toandini^r 
sus derechos soberanos, podemos. cubrir, él 'uriivera6>de au* 
toridadés civiles sin necesidad de asambleas* ^¡- • • 
• n^\V V- Jíb^ sucede con d;sS€ñor cfeia )tnatuvale^ Jól qulí Jpon 



DE LAg CIUDADES. lS5 

aqúellosf artistas impotentes , que se ven obligados á volver- 
peí petizamente sobre sus producciones sin poderlas perfec- 
caonar jamás¿ Las obras del Criador son tan perfectas cuan- 
do salen de su mano, como pueden serlo; y si para pare* 
cerlo tienen necesidad de desenvolverse, llevan consigo 
todos los principios dé su desenvolvimiento. Date magni* 
ficentiam Deo nostro , Dei perfecta sunt opera. Apenas 
faa sido formada la primera familia de una nación , por upa 
absoluta necesidad debe separarse pronto por familias , que 
(como -dice JSóssaet en su PoUtica sagrada) produzcan in^ 
sensiblemente ciudades, y de éstas nazcan reinos. De modo 
que (según el pensamiento de este autor célebre, tantas ve- 
ces repetido) la familia fue el principio de donde nacie* 
ron inmediatamente todos los gobiernos. 

VI Los partidarios de las convenciones suponen antes 
de la creación de las ciudades siglos de dispersiones ,. de 
barbarie, de independencia y de disensiones; pero -^m- 
tóieles^ Platón^ Bosmet^ Fenelon y todos los buenos au- 
tores pretenden al contrario , que la ciudad nació inme- 
diatamente de la familia primitiva de cada pais , sin disper- 
siones, divisiones ni convenciones; y este dictamen es el 
que sostenemos ^ como el único que puede hacerse cQtnpa- 
tible con la marcha de la naturaleza. 

VII Después de haber contemplado con estos mismos 
autores- la familia fundamental de cada pais en su estado de 
simple familia, probaremos por la razón, por la historia, 
por todos los monumentos del universo $ y por la grande 
autoridad del padre la dependencia en que están los hijos 
por las relaciones diversas que les unen, y por el plan in- 
destructible del Criador, según el cual, no solo no pudo 
dispersarse esta familia primitiva, sipo que la fue imposible 
hacerlo;, y que los hijos se vieron obligados á permanecer 
cerca, de su padre mientras fueron pequefios, y á establecer- 
se. al rededor de él cuando fueron grandes, para recibir do ■, 
su mano las particiones de loque poseía; y de aquí nacie-, 

ron las leyes ^ las constituciones^ los contratos^ y 'todas las 

V: 



1 56 ORIGEN 

reglas civiles , (^de fueron necesariamente obra del padre 
primitivo, mucho tiempo antes que pudiese haber pueblos. 
Veamos desde luego c^o nació la ciudad inmediátaméme 
de la familia primitiva. 

s f 

\ 

8- I.* 

Origen de las ciudades. 

t 

I Consultando la simple razón se hallará, que estuvo 
en el primer padre el origen de los oserpos civiles, y que 
no hubo jamas autoridad humana igual á la suya. Porque 
señor de sus hijos por haberlos dado á luz, de sus ganados 
por haberlos criado; de sus frutos por haberlos receñido, 
de su campo porque le habia cultivado con sus propias ma- 
nos, de sus muebles porque los habia fabricado; y señor 
del universo porque era su primer poseedor; todo em suyo. 
Y aun antes de tener hijos, no solo tenia propiedades, sino 
que era el señor absoluto; porque (como el nnsmó > JReus* 
scau se ha visto precisado á conceder) estaba sin concur- 
rentes; y no habia quien pudise disputar su imperio. Lo 
que decimos del primer gefe del género humano, deberé* 
mos decir del primer fundador de ca<^a ciudad, 6 del pri-- 
mer propagador de cada pais; y suponiéndole el primero, 
creeremos siempre que no pudo haber en aquel pais auto- 
ridad mas extensa. 

II Opóngase esta dominación absoluta del padre al es- 
tado del hijo al nacer. Pobre, débil y desnudo; si ^ como 
dice Séneca) fuese abandonado á si mismo, vendría á ser 
presa de las bestias; preda animatiam et victimoe. Luego 
que abre los ojos , vé en las manos de su padre todo lo que 
le es absolutamente necesario para su subsistencia. Si quiere 
cornea ó inoverse ti^ne que pedirlo con lágrimas; y es en to^ 

dos sentidos mas dependiente que el bruto A la ed&d de 

quince años debe á su padre quince años dé ánticipacioneSj 
de fatigasy trabajos... ¿Piensa^n^casarse?' El objeto que desea 



BE LAS éiíÉJbADES. iSV 

mi á dtó|íí)síción' <3e su padfé.;... ¿Se casó? Sef mülííplícaíi 
éu$ tteoesidadíe&v p^rcjue tiene iqne alimentar á su líibger y 
díbr á-sus.iiijos; y nada tieáe propio pof(Jue'todo es de su 

padre Bsí preciso estar desprotisto de sentido para creer 

que un hombre con tan pocos ifiediQs y con ueéésidades 
tan' vastad, podrá dejará un* padre t^ tan ueóesarlopa- 
ráéu subsistencia , |K)r ir á'pfeitecer de hambre en los bosques. 
III ASádase á estas cónéideráti^héé él estado de la ticr-* 
•ra^ iquéeríi; un vasto desiéí^ó^feii- tos primeros tiempos. Hoy 
quC' está'^é^íííohtadtf, que. sé hátt inven tadoias artes, que 
está eñ Vigér^^l comerció;' que ids hijos de 'fós pobres pue- 
den en nnevtí a di¿E aífos ganar con* que establecerle, y que 
los ridós reciben de sus^ majtóres^fiéínte veCeé ihas bienes' 
que los qué necesitan p^ra criar^ á sus hijoís, pódriá la ley* 
sin incdnvfenieilte fija* lé' éitiénci^ation en la ^poca ordina- 
ria de la edad' viril. Pero lo que 'sé puede en nuestros días,' 
no- fue posible eri los primeros tiéttipos. • 

"IV Poblado ertmiversó, y cultivada toda la tierra, se 
han creado coh la' pluma estados' primitivos acomodados 
á*te imaginación'; pero por desgracia rio se han" copiado has* 
ta^ irquíplór^fef original.* Tód<5s los ^^^ moralistas y 

teólogos, y todos teé áóitores de ciKifquiera rango que hayan 
«ido, ^ue abrazaron el partido' de lófe' pá¿tofe sociales j alegan 
muy buenasT Tac2ories para probar qué l6s primeros hombres' 
no pudieron quedíú: dis'persbsi Pero entre todas estas razo- 
nes no se halla tmásol^ que no pruebe invenciblemente 
^e les fue imposible dispersarse. El temor, las necesidades, ^^ 
el furor de láa pasiones y la malicia dé fos hombres, peores * 
qué las bestias * féroces> que ditéh les fbrzaroíi á reunirse, 
debieron obligarles á no separarse antes. Y todb lo que de- 
bió, según ellos, hacer ciesaf lah'dispérsion, debió anticipa- 
damente impedirla!, y demuestra con evidencia que jamas' 
se hizo/ *.::.:. 

V Búsquetíse en la antigüedad énfera huellas de esta 
absurda dispersión, y no se hallará álgütiá. Todos los auto- 
res ájitigüos, como ífomero, Sóératei'^ Aristóteles y .Fía*: 



l5B ORIGEN 

fon, tío nos dicen que d orden civil viniese después de la», 
c^ispersion^s, sino iumedi^tamentB después de la fatuilia: ex. 
natura videtur pagw coípniq dormís esse. &^.: pretenden > 
que la ciudad fuese obra de los. pueblos sini» d^ b. n^tMi^le* 
ssa: natura civitatem esse. Tampoco nos dipen, $egun el 
l^nguage miserable de.ijuiestrqs dias, que el hombre sesí nor. 
turalmente sociable \ pero sostienen £ormf1.niJei\te con Jri$: 
tóteles^ que* ps por naturaleza, un animal eiyil y asociado: 
honunem natura animal civile €s$e. .T si estos^ grandes 6¡é*t 
sofos hubieran previsto q)^' lie^ría un. tiempo; en que el 
término^ 50cie£a5 de qpe ^e sirven en tqd^ p^nes aseria tra-^ 
ducido casi generalmente por sociabilidad^ no hubiei^m 
tenido de nuestros lUtimos siglos la idea brillante que nos 
formamos nosotros de éhFgpnosdngulps^ t^^ mnmsF 
Séneca dice: /iroráa animalium.et, victimes, hom^nem imb§z2 
cuitas cingii¡. Non unguUim m, non dentium cotterh. 
terribilem faciL... nudum et ir^firmum soci^tas rriinuU...*.. 
societatem tolle et unitatertí gen cris humani unde vita sas^ 
tinetur scindes. Todos estos testos anuncian seguramente 
una sociedad completa, y no una asociación futura que no 
debia verificarse basta después, de quiniéntpf ó seiscientos ^ 
años de la primera ocupación de cada país. . 

VI Porque en los tiempos primitivo^ se yivia solo de 
los productos de la agricultura y de Jas bestias, pretende 
Puffendorf que no tenia entonces el padre razones para 
tener á los hijos después de casados: curjfi pristis illis tem*: 
poribas sola agricultura ^t pecuaria f eré viveretur , nulla 
erat ratio quare pader filias uxoratoi diutius penes se veU 
let retiñere. Pero había er^toa^es una nauy , fuerte , que era 
la imposibilidad de establecerles; y los hijos teni|m otra mu- 
cho mas para quedar con su padre, ^ual.era la impOsi^bili- 
dad de poder vivir en 9tra parte. Hoy , si no ?e halla pan en 
casa del padre, puede irse á buscar en casa de otro; pero án» 
tes no podia. elegirse U} habl^ sino, ufl sp\p señor, y todo el 
universo eraun vasío desierto fuera síel campo del pripaer 
padre. El trigo, la leche,. Jos ganados, |o§ muebles y la^pro- 



TísíiQneS) toda estaba eti, W manos <\e uno sola* í^an ó be^ 
Itotá^tuda: habitación bien ' provisf a á selvas escériíes.... ¡cíe 
una t>arte el -padj^e ^ue todo-4o^cfífece á su hijo, y déla' 
ofraf -bestias fetoeesi que amenazaron [«évoraírte V..... ¿Adonde' 
k^5 fitósofo estúpido? 9i^ partes -¿^céal es cl hijo imbécil' 
qtté qñ€#fíP«€ígÉiirte?i.... ¡Qde, Mi el mundo ¿«en un vasto* 
pais aun no hay sino un solo lugaír en donde se halla reu*^ 
nido todo la 'que puede s&tilfaí^f mis deseos y proveer á 
mis^necesidades^ no.halláiidoeíd'{k»'^ualqtiiérá^t}tra parte sino; 
h^^steritidad, la ttiiseria y elfeórr5í?(^2y-hábré*díé arrabcarmíe 
de^lo^ bfó^s^dé' la vida pahra^ ccM^et contigo á los de la 
jiiuerté?^v^ \f^l «diafido* 'e8taí^absiii:ida<lisp^?iibnin0 hubiera* 
ádo desméntidá'^r la biscovi^, se hallada reprobada por.ci 
bden; seátidtd. X isi^fuealgcmia vm imposíMis á los! hijos de*> 
jar á su pariré ^-kírbjBobfe'todQ^e» el estado* pamitivo, pdr« 
que ipd^tesvatt^íay ies)arrójalmbn^8^^^ . 

*i YI(< -I^rémin'inas* Aonqbe k^hijoabuAúec^ pocHd^ 
aepararsc^'loihubifm 'impedido «L padre, .y no podia deja«í 
de impedi][lo¿;Bii hasta que* se halli^a en estado jdcvostabler: 
oeirIei3)«^lbsiújo¿]éeii9an.taia indÍ9|K!fisabW necesidad del pa- 
d0e^« éste ttoiaígodmente (necesidad.^ staé.hijos b^^ta po*i 
der juntar^boD^ que establecadlos .ea otsa, parte. ,A xi^edida 
qoB^cnecia la fadiilia se aiuoenlaba^ I9& necedidadeSi,<6ie muln 
liplfce^bau be» ganados ,, y era preciso extendí ' lo^ ' desmonn 
fes. Apenas se' haU6 Cain én estado de hablar , le entregó 
Adán el arado'; y <lesde que dbel «ehalló fn estado de cor*^ 
ícív «e^le confió el'cmdadb áe losfebaík)s.]£l acrecetitamien? 
tDilel ponsdmo exigía un acreoeotamientode trabajo. Cada 
hijo al tiempajdeiSQ matrimonio debia á la'comuoidad los 
gaétos de su iti£Eihcia^ y daba-comra sí un derecho á pod^r^ 

le*c¿>ligar.-'.'' ::'' l ;. :• :,r 

•YIII Es pues preciso qvi^ los, hijos quedasen cerca, ddi 
{mdreV>jao<aQl(kj|)dr iiecesy^yisiqopor debqr; notóla por 
intereá, «iho por 'fuerza* Y^qn-epaüdo, Jo qi^e no es posi- 
bl^^ d0seasen.B^jap^lacamal3Adadyrl§s rei(fn^rí^.^} pad(^,^ ¡y 
les:xlfciáv >>¡q'aé, rvuedtraidfaosicía po^e*. ha contado ^pid^dos 



>¿nfiaitos1».,. i Hace quince- años que sub^istí^iofo ,dcl ptór 
»^ucto <íe..inia penas, y; ^el ímttí de mis . sudores ; y 
>iarhora , que os halláis e0 . optado 4e trabajar, me de<?ís q«er 
Hvaís á correr ^a los benques! Comenzad por^ pagar vueéírasi 
♦ídeudas." Sps hermanos, indi^na^ps .d0sf>p^ ,de haberJeaí 
ayudado igu^mente á yWíir coa $us. trabajos: con^iies^ten*. 
drian él lüi^mó ledguage, i . ; ,, f .. ; \ 

IX Enere los salvages el gefe^de la tíudqd , ínas lacóhi* 
co en aus expresiones. Je,. daría veifíte [palos /y Téhubieága 
mandado á trabajar- Acaso ¿Uiía ooros taéío^ á .«od(>s, loa 8o4 
fistas que aiseñáo que Ips hí^ nada deben sr su padrtí 
cuando se hatóan en estado demandar solos , * é* Injpedim fih 
órastoriK) del mundo. Por desgracia en nuc^tíos /dias ignotet 
quién podría apliciar la oorreccíoa, porque Ibdj^v^ta los 
soberanos, creen- en estas idispersionéspcj nú ti t^.. , 

X La indisolubilidad ^ la faniiüa,j:Hrimiti{i(i qued^ 
^ Robada ^completamente por la razón; perof «omd ácostuin- 

tepmos á sipstener laá pruebas tde razón por 'él ' decisiro; ajr*^ 
f gumento de la experiencia v emplazamos á^os ¡párttdarioi' 
de las dispersiones para qne- nos citen uo: -soto hbchb de la* 
historia que esté en su favor. ¿Qué podrán en. efecto citM*?» 
¿Los aú teres' antiguos que dijeron que sufy jmdr& fucf:(at^ 
antes independientes ^ y vivieron en medid' ík: los &»*. 

qáéiP Peix) precisamente esto confíriíia lo que' nosotros 

decimos; poíique un primer habitante queifaega á un pala 
cubierto de bosques, se vte pVecisado á éstabloóerse.'en:iñe- 
dio de ellos. Tal fue el origen de los Griegos y tíos Gérma* 
nos, como se verá en la cuestión sigoiente.;.\; Este pií'imec 
padre debe Vivir sin tey^ , porque no tenia»' señor : deíici 
ser indepeúdiente, porqué estaba sin superktf:e8;y tódostlos 
gefes de las ciudades vecinas se habrán hallado en él mist 
'mó estado. ¿No es esto lo mismo que liamos; didiolde los 

primeros padres? Peró^ poiíque estas famiriasínacieñtef 

estén en medio de los bosques ¿se seguitá'qtjier ios Indivi* 
dúos de qufe se componen Vivirán dispersos ?Lci mismo qtie 
ios habitantes de Patil*) dé quienes no puedp deciiáe qué 



DE LAS CIUDADES. í6t 

Viven dispersos en los bosques de Boloña, ó las ciudades 
vecinas de la Selva Negra, que tampoco se consideran dis- 
persas en aquella Selva. Porque las ciudades primitivas es- 
taban separadas por bosques , ¿se sigue que estarian sepa- 
rados sus habitantes? Y porque fuesen independientes unac 
de otras, ¿se seguirá que los hijos eran independientes de 
su padre?...... Léanse atentemente aquellos autores, y se ha- 
llará que todos, hasta los Ciclopes ^ vivian en familia en me- 
dio de los bosques. Luego todos estos autores están en nues- 
tro favor. 

XI ¿Qué citarán pues los contrarios? \ El destier* 

ro de Cain , ó la célebre dispersión de Babilonia !.... Pe- 
ro estos dos hechos prueban aun mas claramente que to- 
dos los otros la imposibilidad de la dispersión de los hijos. 
Porque pnieban ; i .^ Que hasta entonces los hijos no ha- 
bian dejado á su padre universal: a.^ Que Jejos de que qui* 
siesen dejarle siendo pequeños , ni aun querían hacerlo de 
grandes. 

Cuando desterró Dios á Cain de la ciudad paterna, fue 
para él un rayo este decreto; y cuando Noe tuvo orden 
de anunciar á sus descendientes que debian separarse , se 
hizo general la consternación, y fue para ellos el dolor mas 
cruel. En vano significó el gefe la partida , pues todos se 
detenian ; y cuando llegaron á separarse del gefe , se pre- 
sentó una nueva dificultad al tiempo de dividirse en gran- 
des familias. En lugar de obedecer se pusieron á edificar 
aquella soberbia torre, que debia servir de señal para con- 
servarse reunidos. Son tan fuertes los vínculos naturales 
que unen á los hombres , que para separar esta gran socie- 
dad, no digo por individuos, sino por colonias, fue preci- 
so que hubiese un poder infinitamente superior al del pa- 
dre. Si no hubiera Dios confundido las lenguas, jamas se 
hubieran separado aquellos gefes, sino después de haber 
vertido arroyos de sangre, porque todos hubieran querido 
permanecer cerca de sus habitaciones primitivas. Aun á 
pesar de estos golpes de autoridad , no todos partieron, pues 



1 6a ORTOEN 

quedó Nemrod con su faiBÜia en Babilonia , como instiga- 
dor principal de la empresa. Léase sobre está división fa* 
mosa á Epifanio , Josefa^ Bocharte y á todos los historia* 
dores y comentadores, y se hallará que están todos de acuer- 
do sobre la dificultad de efectuar esta separación, como lo 
está con ellos perfectamente la voz de la naturaleza. ¿Qué 
no cuesta cuando se trata de dejar á un padre, sus campos, 
su patria, una habitación rica y bien provista para ir á des* 

montar bosques y vastos desiertos? Lo mismo que cues» 

tan las separaciones forzadas , confirma la imposibilidad de 
las separaciones libres; y la dificultad de dividirse por po- 
blaciones ó colonias, demuestra que no se verificó Ja dis^* 
persion por individuos, 

Xn Según esto, no sorprenderá que Buffon^ todos 
los buenos observadores de la naturaleza traten este esta- 
do de dispersión de estado ideal -^ y que Ticio^ Ifornio y 
otros le desechen como un cuento absurdo: {^eíud com* 
mentum exptvdendum. Tampoco debe sorprender el que 
Bossaet^ Fenelon^ Rollin^ y cuantos hemos citado antes 
nos manifiesten todas las sociedades nacientes viviendo 
hajo la autoridad de un solo gran padre ; ni el que el 
autor de la Ciencia de la legislación trate de sofistas misan» 
tropos á todos los que suponen antes del estado civil un 
estado de naturaleza , semejante al de los salvages. Tam- 
poco debe admirar el oir á Voltaire asegurar que nunca se 
hallaron hombres errando á la aventura al modo de los 
animales'^ ni el que el autor del Catecismo fióse feo sos- 
tenga que los primeros hpmbres jamas tuvieron necesidad 
de reunirse porque nunca estuvieron dispersos, y que vi- 
vían todos jimtos como una grande familia á la vista del 
primer padre. 

XIII La separación domiciliaria de los hijos no produ- 
jo pues la disolución de la sociedad civil; al contrario, fué 
ella la qnte le dio su origen. A medida que se casaban los 
primeros hijos, se les formaba una tienda aparte, y se sepa- 
raban de habitación ; pero esta habitación nueva dependia 



BE LAS CIUDADES. i6S 

de la primera por todos los vínculos posibles de la necesi- 
dad, de la justicia y del interés. Y jamas pudieron los hijos 
del primer propagador en cualquiera país llegar al estado 
de independencia. En la infancia les era imposible vivir 
sin socorros: cuando se hallaban criados^ ademas de las 
deudas reciprocas, debian á su padre quince años de traba* 
jos; y cuando querian casarse, ni tenian con qué estable- 
cerse, ni po^ia establecerlos su misino padre. Una tienda, 
paja y algunos muebles groseros, era su primer ajuar, y la 
promesa de alimentarles á ellos y á sus hijos por un tiem- 
po convenido, en compensación de su trabajo, añadiéndo- 
se á veces el salario de algunos ganados, eran las primeras 
condiciopes. Estaban muy distantes de tener todos los per- 
trechos indispensables para establecer y aumentar un corti- 
jo ó alquería. El padre , la madre , la muger y los hijos de- 
bian necesariamente servir mucho tiempo. ¿Y bajo qué se- 
ñor? No habia en qne elegir, porque no hubo sino uno so- 
lo en el universo, y después uno solo en cada pais, 

XIV Es verdad que al paso que habia fondos, emanci- 
paba el padre á sus primeros hijos, y que para poder hacer 
desmontes les daba hombres, ganados é instruúientos, asig* 
nándoles vastos terrenos; pero hasta que se hallaba cultiva- 
do el pais, sé éntendian cedidos como á titulo de foro, bajo 
la condición formal , que la nueva habitación proveería á 
los gastos comunes, lo que era muy necesario, porque ha- 
bia precisión de mantener las divisiones ó particiones. Me- 
jorado el nuevo terreno se hicieron aun mas fuertes los 
vínculos civiles, pues no sé convenian fácilmente en dejar 
una tierra fértil para ir á establecerse á los bosques. Bajo 
de la tienda , como en el cortijo , era el padre universal el 
verdadero señor, el que hacía las particiones, y el que dic- 
taba las condiciones, que eran rigurosamente leyes. De 
aqui el origen de las leyes civiles, anteriores en mucho á 
la formación de los pueblos. 



X: 



/ 



l64 ORK>£N 

Origen de las leyes. 

* 

I El derecho de propiedad tiene tanta fuerza en opi« 
nion de todos los publicistas , que puede transferirse á otro 
por sola la voluntad del señor : ea vis est dominii ut volun* 
taie domini in alium transferri possit; tanta, fuerza que 
para efectuar su traslación, basta la voluntad interpretativa: 
si quis {>oIuntaüs mee nullam edidit testationem ejus esse 
hona intelliguntur , cujas ea esse {H)luisse defunctum , ma- 
xime est probahile; tanta fuerza^ que desde que llega á 
presumirse la voluntad del Señor, se sabe á quien pertene- 
ce «1 derecho: defunctorum^ valuntatem intellexisse pro ju- 
re est; tanta fuerza, que no la destruye la muerte; y que 
en virtud de la voluntad formal ó probable del Señor 
se tiene por cierto é incontestable en el derecho que el 
heredero hace una misma persona con el difunto, aunque 
ios bienes que deja lleguen á subsistir diez mil años des* 
pues de él: hoeredis personara quoad dominii tam puUici 
cuam privmi , continuationem pro eadem censeri persona^ 
certi est juris. (Grotius de jure naturce.) 

II Lia voluntad del Señor es la que lo hace todo en la 
disposición civil de los derechos: sin ella puede pasar la co- 
sa á otras manos , pero no el deredbo. Desde que yo soy se- 
ñor exclusivo de unos bienes, puedo darlos á quien quiera; 
prestarlos ó venderlos; jtransmitirlos con condiciones ó sia 
ellas ; y se poseerán porque yo lo quiero , y por sola la ra- 
zón de que soy su señor. Ea m est dominii ut volúntate 
dómini in alium transferri possit. 

III La propiedad no es pues como inmoralmente se 
ha querido definir ; el derecho de usar y de abusar. Dios 
es el origen primitivo de todos nuestros bienes, y no ha 
podido dárnoslos sino para hacer de ellos un buen uso; 
de modo que por el abuso no podremos dejar de mere- 
cer castigo. El carácter distintivo de la propiedad es el de 



DE LAS LEYES. x l65 

poder disponer de ella como señor ; y su jMrivilegio el de que 
no pueda ser transmitida á otros sin nuestro consentimien- 
to; de modo que en su verdadera definición es un derecho 
de tal modo peculiar del propietario que no puede ir ade- 
lante sin su YolujQtad. 

IV Desde que Ismael cultivó un campo en los desier- 
tos fué señor de él por derecho natural , y desde que es - 
tablecijó sus doce hijos en diversas porciones de estos de- 
siertos ^e hicieron igualmente estos hijos señores absolutos 
cada uno de la porción que cultivó. Lo. que decimos de !$• 
mael debe entenderse también de los gefes de los Cana* 
neos , de los de los Francos , y de todos los que se establecie- 
ron el rededor de Adam ó de Cain desde el principio del 
mundo, asi como de todos los primeros. duques de Breta* 
ña, Borgoña^ Normandia\ y de todos los paises en gene* 
ral. En los pri^ipios cuando la tierra aian ñd habia sido 
cultivada, cada. uno de sus pequeños soberanos fué dueño 
absoluto de dividir sus dominios como le pareció á propó- 
sito: y tal fué 1511 cada pais .el poder supremo del primer 
propietiQrio, : ; 

y Bajo el imperio de Dk)3 solo, sin ley^, sla limites y 
sin c(^2cur rentes^ nadie. podia disputarle sus.poderes: Due- 
ño absoluto y señor universal , todo dependía enteramente 
de sus voluntades. Esta tienda, estos frutos, estos ganados» 
este terreno, y esta joven que deseáis por esposa, todo es 
mió; para poderlo adquirir es preciso que yo os lo dé , y, 
cuando lo hayáis obtenido, lo tendréis por. sola mi üo- 
íi//ifad. Este será el título único de vuestras propiedades 
civiles. Estableciendo el fundador á sus hijos en sus propios 
dominios , dirá á cada uno de ellos en el momento mismo 
de establecerlos: si alguno os pregunta por qué ocupáis este 
terreno , podréis responderle , que porque yo lo he querido*^ 
y si alguno os perturba en vuestras posesiones , le declararé 
la guerra en el mismo instante, y le condenaré á muerte:" 
si persiste. Y de aquí ha nacido el derecho de guerra y de 
paz^ y el de vida y de muerte que poseyó el autor uríi' 



1 66 ORIGEN 

vo'sal para defeása de la sociedad á la que él dio la vida. 
^ VI Ve aqiií la que en tealidad es el poder legislativo 
con todos susL atributos. Es imposible pues que venga de 
los subditos, porque existía antes que ellos; y íniposible 
que dependa de ellos , porque fue inventado para obligar- 
les. Debió necesariamente su origen al fundador. A medida 
que éste hacia particiones, prohibia por este mismo hecho 
al resto de sus subditos tocar á ellas, ó mas bien lo prohi- 
bia á sus sucesores, á todos los pueblos y á todos los sobe* 
ranos del universo:, en consecuencia pronunció pena de 
muerte contra tados aquellos que tuviesen la temeridad 
de hacerlo. Y véase aquí lo que realmente son las leyes furt' 
damentales de una nación. No son como se pretende aun 
en estos dias decretos generales de la nación ; pues- verda- 
deramente esta, subversión general de las ideas nos haría 
estremecer; Fueron simplemente las voluntades primi- 
uvas de cada; fundador ^ qvLQ dispuso de sus bienes como 
tuvo por coníveniente, 

VII De allí viene la variedad de las leyes^, de las eos» 
tumbres y de los usos de cada pais. Esta infinita variedad 
no procede (como se cree en nuestros diás, por ua efecto de 
delirio) de la voluntad de los diferentes pueblos, sino sim- 
ple y naturahnerite de la voluntad de los fundadores. En 
la. distribución libte de sus bienes , no fueron el mérito, 
los talentos, ni mía igualdad quimérica de derechos los 
que determinaron la voluntad de ellos , sino (como dice M. 
Rollin) el rango, el nacimiento, la estimación, la comise- 
ración, la piedad, el gozo, y otros mil motivos. »E1 uno, 
>i(dice este juicioso autor en su Historia antigua) sensible al 
>macimiento de un hijo que fue el primero que le hizo pa- 
»dre , peosó en distinguirle ^ntre sus hermanos por una 

»porcion mas considerable de sus bienes Otro mas aten- 

»to á los intereses de una esposa que apreciaba, ó de una 
»hija que amaba tiernamente, y á quienes queria estable* 
»cer, se creyó obligado á asegurar sus derechos , y aumen- 
»tar sus ventajas. " 



D£ LAS LEYES. 1 67 

VIII L08 uQos para conservar sus patrimonios díeroa 
sus ca8erk>s al primogénito, otros le legaron la mitad de su 
sucesión , y otros las dos terceras partes: Estos para man* 
tener á los hijos en el mayor respeto dejaron al padre la 
libertad de elegir su principal heredero; aquelbs admi* 
tian las hijas á la partición, y otros no las admitian. De 
estas miras diferentes, y de otras semejantes (añade M. Rom 
Ilin) han nacido los diferentes usos, y los derechos de las 
naciones, que han variado hasta lo infinito. Si á esta liber- 
tad de los fundadores se añade la diferencia del suelo, del 
clima y de las producciones, se tendrá la causa de la mul« 
tiplicada variedad de las leyes y de los usos de diferentes 
pueblos. Lo cierto es que, no siendo el patrimonio el fru^ 
to del trabajo de los hijos, sino del de los padres , no pu* 
do tener el primer legislador otra regla que sus voluntades 
en estas primeras disposiciones. 

IX Porque un primer propietario pueda hacer de sui 
bienes lo que juzgue á propósito, ¿se seguirá que podrán ha- 
cer otro tanto aquellos en cuyo favor dispone? Ño, porque 
es de esencia de la voluntad legal el ser inmutable. Aun- 
que varíe la ley civil, segumlos paises; sin embargo, en ca- 
da pais es una ,'perroanent¿;ái invariable, prceceptum sta^^ 
hile. Porque yo soy el primer propietario de un pais, soy 
el señor soberano de él , y tengo solo el poder legislativo 
inmediatamente del Autor de la naturaleza. Pero por lo 
mismo que soy el primero , soy solo, y no podrá haber ja- 
mas otro que yó con poderes tan extensos. Porque soy el 
primero, puedo disponer de todo como tenga por oportu- 
no. Porque yo soy el primero, mis leyes fundamentales son 
inmutables, y mi voluntad suprema hará que se proster* 
nen á ella las de todos los legisladores subsiguientes. Si os 
doy una tierra con condición de que ha de pasar preci- 
«amenté á los primogénitos, por este hecho mismo os pro- 
hibo poderla transmitir á los segundos; si con la condi- 
ción de que los primogénitos hayan de tener las dos ter- 
ceras partes, deberán tenerlas; si con la de que deban ser 



1 68 OHTGEK 

excluidas las hembras, habrán de serlo; si os dejo la libertad 
de elegir vuestro principal heredero , ó de vender la ter» 
cera parte de mis bienes , podréis hacerlo : lo mismo digo 
de todos los que puedan establecerse en lo sucesivo en mi 
pais. Siendo mis voluntades primitivas el titulo primordial 
de cada poseedor , jamas mis sucesores podrán tocar á él. 
Y véase aquí por qué las leyes fundamentales de cada pais, 
dadas una vez, no pueden ser mudadas jamas sino por el con* 
sentimiento general de los propietarios. Prceceptum stahile. 

X Si las condiciones que pusiese yo á la posesión de, 
mis bienes fuesen injustas, sé que mis sucesores tendrán 
derecho á rectificarlas; que si fuesen imposibles, tendrán 
también él de mudarlas; porque la primera y mas esencial 
de todas las cualidades para i/ná Zcy es la de ser justa: Prx^ 
ceptum justum. Así como ningún propietario tiene dere- 
cho de abusar de sus bienes , del mismo modo ningún le- 
gislador tiene el de abusar de sus poderes. Si fuese yo el 
primero que ocupase un pais, y estableciese á mis hijos con 
condición de que me habian de pagar contribuciones, ten- 
dré sin duda el derecho de exigirlas; pero si son excesivas, 
tendrán mis hijos el derecho ^e reclamar contra mis exac- 
ciones. Desde el estado de familia tuvieron los hijos el de- 
reého de quejas respetuosas para con el fundador, porque 
la ley de Dios es superior á todas las de los hombres; y ad* 
quirieron el derecho de representación luego que fueron 
establecidos , porque habiendo recibido sos posesiones , no 
80I0 de la voluntad civil de su padre, sino de la de Dios 
mi^moporsus traba jos posteriores , se habian hecho j^ro- 
pietarios por derecho civil y natural al mismo tiempo. 

XI Hubo pues desde el origen en cada pais una repre- 
sentación nacional. Este derecho se considera de tal modo 
inherente al título de propietario ^ que entre los salva- 
ges mismos tiene ya el pueblo abogados , con el encargo de 
defender sus intereses en las asambleas de sus gefes : estas 
representaciones nacionales se componian en el origen , co- 
mo hemos dicho ya de los grandes , tanto eclesiásticos co* 



DE LAS L£YE8. 1 69 

mó legos y porque ellos solos eran propietarios. Mucho 
tiempo después , y cuando las últimas familias adquirieron^ 
propiedades , fueron admitidas á su vez , y compusieron' 
un tercer estado. 

XII Pero los que nada tenían jamas pudieron ser ad- 
mitidos én estas representaciones ; atendiendo á que por 
ño tener nada, no. podrían votar sino el saqueo de las pro- 
piedades', y que siendo infinitamente mas numerosos que 
los propietarios , tendrían siempre una espantosa mayoría 
"en las sociedades. Aun en estas mismas asambleas no de- 
bieron confundirse los pequeños propietarios con los gran« 
des , porque los qué tienen poco , jamas pueden dejar de 
desear el despojo de los que tienen mas. Eú fin, en estai 
tépresentáciones pueden los diputados tener muy bien el 
poder legislativo. Pero nunca podránr tenerle de los pueblos f 
porque repugna que un pueblo pueda imponerse la ley á si 
mismo. ¿Pue» de quién le tienen ? De los antiguos sobera* 
nos i cuando^ha sido legitimada la nueva constitución, y en- 
fptíces serán los superiores de los pueblos, y dejarán de ser 
•sus representantes. Prctceptwn superioris. Pregántese á las 
binarás de Inglaterra , si el bajo pueblo tiene derecho de 
^deponerlas; y véase' como ellas se conducen; si el bajó pue« 
1>16- intenta hacerlo , enviarán al cadahalso sin duda á ios 
gefes de esta pluralidad. Luego no le miran como á su señor. 

XIII Es pues cierto que desde el origen los propieta- 
rios de cada país tuvieron derecho de ujjfL representación^ 
J es igualmente incontestable que nunca podrá despojár- 
seles de este derecho inherente á la propiedad. En nuestros 
preiendidds gobiernos representativos se cree como aca<> 
i>ada la legislación cuando ha pasado un decreto en las 
cámaras por la pluralidad de Votos : y no es asi , porque 
los propietarios sobre quienes debe pesar tienen un 6Íere« 
cho infinitamente mas precioso que el poder legislativo^ cual 
es el de examinar si la ley es justa, y de pedir que se re- 
forme si no lo es: derecho absolutamente separado del le- 
g^lador, como que es hecho para contener sus abusos^ 

Y 



1 70 OKIGEN 

derecho inseparable de la libertad, pues que consiste pre* 
cisatnente en poder salvarse de los abusos del poder. Don* 
de quiera que no hay representación nacional separada 
del legislador , los propietarios se verán abandonados , y los 
' pueblos no serán por eso libres. 

XIV En nuestros grandes estados actuales , en los que 
se ven reunidas sucesivamente muchas provincias bajo de 
un solo soberano ¿podrá ser ventajoso reducir todas las 
costumbres particulares á una sola costumbre general ?.... £1 

^ célebre d' Jgueseau que concibió este proyecto, le abanr 
donó al fin , porque llegó á conocer que podrían fi^gu>r$e de 
él graves inconvenientes. Y en efecto , ademas de las dlfe« 
rendas Indéstroctibles del suelo, del clima y de l^s produe? 
cíones , vemos que los diferentes f undadcMres de estos dn* 
cados fijaron el estado de las diversas familias que había 
en él, haciendo las primeras particiones. Por esa si fu^ 
yo de uno de estos antiguos ducados, y poseyese en e$tf 
país la tercera parte ó la mitad del patrimonio de mis mi^ 
yores, lo deberla todo al fundador, porque li^ quiso asi, y 
«i se tocase a sus voluntades^ perderla mi tirulo ^y qi)e;d|i« 
rían arruinados los antiguos propietaripis. ¿Qué ha resulta» 
do de treinta años á esta parte de la violación de todas 
las transacciones y de todas las mudanzas de las leyes (víol» 
damen tales de cada país? Ríos de sangre, y disgustos in« 
termlnables ; y hasta que haya nuevas transacciones con las 
provincias , y arreglos con los antiguos propietarios , substs- 
tira la revolución, sin que pueda ser posible jamas reco* 
brar el reposo, porque todas las fuerzas de la tierra no po* 
drán jamas destruir los derechos. T vé aquí por qi}é los cchi« 
qdistadores sabios no quisieron tocar jamas á las leyes fun- 
damentales de los países conquistados^ 

XV De las leyes fundamentales dice el elocuente Bos^ 
\ suet »que, si se violan, se trastornan todos los funda- 
I mnentos de la tierra, y se seguirá necesariamente la calda 

í »de los imperios Parece entonces que vacilan las na* 

I aciones como perturbadas y en embriaguez. Las posee un 









D£ Z.A8 LBTES. I7I 

>)e9pírltá devéitigó^ y es inevitable su caída, porque los 
f^pueblos llegaron á violar las. leyes y á mudar el derecho 
itpúbltca... Se hallan las naciones en el mismo estado que 
i#un enfermo inquieto, que no sabe qué movimiento dar* 
n^é... Sucede esto siempre que las leyes son variables y sin 
ifconsistencia*"" (Polit. Sagn) Dejan de téñer consistencia 
desde que su base no es la voluntad del fundador. 

XVI He aquí lo que es una ley fundamental, y no Io$ 
decretos generales de la nación, como se pretende en núes* 
tros dias: porque es imposible, ni ia mayoría del puebla» 
porque los que nada tienen forman en todas partes el ma» 
yor número; ni la de los inferiores, porque es hecha pata 
contrariar sus voluntades. La ley del combate disgusta esen- 
cialmente á los soldados; la del trabajo á los obreros, y la de^ 
las propiedades á los que no las poseen. No hay una sola leyv 
que pueda ser dada por una voluntad subalterna. Ábranse los 
libros de derecho, y se hallará que los autores mas recomen- 
dables no han definido jamas la ley de Dios la voluntad ge» 
neral de los hombres^m la ley civil la voluntad general de 
los subditos: Tampoco dicen que ninguna de las dos tome su 
fuerza de la aceptación de los inferiores. En el universo, en la 
iglesia, como en la ciudad y en todas partes, es definida la 
ley: ^>el mandato justo, estable y legal de un Superior que. 
»K)bliga por su voluntad á la comunidad qu^ le está some- 
Mtida:"' ptceceptum principis justum estábil^. Este mandato 
no es legal sino en cuanto es testamentario; y vé aqui por 
qué Dios mismo dio el oombre de testamento á todas sus le« 
yes, y por qué un legislador es general en todas partes con* 
tra la voluntad general. Prctceptum justum et estabile. ¿Qué 
es la ley? (dice M. de la Mennais, pag. 5oo) es una volun* 
tad; ¿pero de quién? ¿de los subditos?... es imposible; ¿pues 
de quién es esta voluntad ? del legislador. 

XVIÍ Pero esta voluntad del legislador no es arbitra* 
ria, porque hay leyes primitivas y fundamentales á las que 
debe conformarse para ser justo. Prctceptum justum : tiene 
para serlo reglas , y debe tenerlas. 

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17a ORIGEN 

¿Por qué nuestras leyes han perdido su consistencia 
de treinta años á esta parte? ¿Por qué los decretos de la vís- 
pera son reformados por los del dia siguiente? ¿Por qué 
fóntos volúmenes enormes de disputas, de variaciones y 
de discursos para cada decreto, sino porque (como dice 
Sossuet ) han sido destruidas nuestras leyes fundamentales» 
y no tenemos ya reglas fijas en nuestra legislación ? 

Aunque tuviéramos seis cámaras legislativas jamas po« 
drán todos sus decretos tener fuerza de Ley si no están con- 
formes con las reglas de la justicia. De aquí nace la indis- 
pensable necesidad de que las leyes sean examinadas: de 
aquí el interés del legislador en que lo sean ; y de aquí por 
último aquella hermosa máxima del mas juicioso de nues- 
tros escritores , el presidente Hanault : que la autoridad no 
debe dar las nuevas leyes sino como emanaciones de las 
antiguas. 

XVIII De aquí en fin la importancia de trabajar sin 
eesar en reformar las leyes en todo lo que se halle en ellas 
contrario al derecho natural. »Sería un absurdo (dice Bur* 
nlnmaqui) pretender que las leyes una vez hechas deban 
»>subsistir siempre , aunque sobrevenga el inconveniente 
»>que se quiera." Los Licurgos^ los Solones y los Carlomag» 
nos^ que trabajaron en perfeccionar las leyes^' fueron casi 
divinizados por los pueblos. Pero cuanto es ventajoso per« 
feccionar las leyes', otro tanto es dañoso destruir sus funda- 
mentos , pues que con ellos se trastorna el estado de las fa- 
milias. yfÑo mudamos vuestras costumbres(decia'C(arZomagf» 
no á sus subditos), sino que las mej(H'amos....'' En estas me- 
joras jamas procedió sin su acuerdo, porque lo que intere- 
sa á las propiedades no puede ser mudado jamas sino con 
el consentimiento de los antiguos propietarios. 

Yéase aquí en dos palabras conformes á todos los mo- 
numentos la historia natural de la legislación primitiva de 
los pueblos. Fue el padre primitivo de cada uno de ellos el 
primer legislador ; y así es fácil concluir que somos en to* 
das partes los antípodas de la naturaleza. 



BE LAS LET£8. I^S 

XIX Luego que este fuadador dedaró sus voluntades 
lae preciso explicarlas, interpretarlas y defenderlas con las 
armas en la mano. Dé allí el gobierno civil que nació preci* 
sámente viviendo el padiré, y que desde este momento fue 
indestructible , porque sin esta gran rueda no hubieran po* 
dido marchar juntos los gobiernos particulares. 

Gomo estas vdíuntades eran universales , fue preciso cuan* 
do hubo muchas ciudades nombrar jueces, magistrados y 
militares para hacerlas observar; y como eran perpetuas^ 
fue también preciso constituir sucesores para perpetuarlas 
después de la muerte. £1 mantenimiento dé las leyes pro» 
dujo indispensablemente la necesidad de las constitución 
nes: ¿y quién constituyó?..... El que tenia la soberanía. ¿A 
quién constituyó?.... A quien quiso, porque la soberanía 
le pertenecia aun' mas particularmente que todos los de« 
mas derechos. 

Origen de las constituciones cU^iles. 

1 Si. en cualidad de fundador puedo transferir mis dere- 
chos de dominio á quien yo quiera, porque soy señor de 
ellos; podré transferir con mas razón mi soberana autor i^ 
dad á quien me agrade, porque soy aun mas completamen- 
te el propietario de ella. No he creado las tienes ni los gana- 
dos, pero he engendrado á los hombres, que han sido ex- 
traidos de mi sangre , y formados de mi propia substancia; 
de modo que no hay propiedad igual á esta. Si el nacimien- 
to ó el primado del nacimiento no dan, derechos al domi- 
nio , lo dan mucho menos d la autoridad ; pero si yo soy 
el autor soberano de una ciudad, la soberanía será mia, y 
mia solamente; y ni aun mi primogénito podrá poseerla /x)r 
derecho de naturaleza^ pcH'que si puede tenerla, como 
cualquiera otro , será en virtud de mi voluntad. En la dis* 
posición de esta propiedad principalmente soy absoluta y 
exclusivamente el señor soberano. 



f74 ORIGMT ' 

II Fero 81 el fundador de cada puebla fue dueño de 
conferir su 9oberan¡a á quien quiso ¿qué se ákü de un 
hombre que raciocinase de est^ Isuerte?.... Los gefes primi- 
tivos del género humano no hap legado su! soberanía á los 
que han descendido de ellos 'en) linea recta ^ y por primo^ 
genitura : luego no eran soberanas*.*.. ¿Qué se dirá cuando 
se sepa que «ste caciocinio es de Juan Taaobo Rousseau^ 
y que, aun extravagante como es, ha seducido casi á todo 
el universo , ac^do de desnaturalizar la idea de la sobeni«» 
nia , y de precipitar todas las constituciones en el abismo 
revolucionario? 

III Parecerán extrañas estas aserciones; pero no por 
eso dejan de ser fundadas. Abrase el Contrato social , j se 
verá en el capitulo %.^ que Rousseau^ no solo rehusa la so- 
beranía de los primeros gefes, sino que se burla como de 
una inepcia, desdeñándose de hablar de ella. »Nada he di* 
fHAiO del rey Adam ni del emperador Noe^ padre de los 
futres grandes monarcas que se dividieron el universo í di- 
»ce este autor); y creo qué se llevará' á bien mi modera- 
»>cion ; porque descendiendo en linea recta de uno de ei- 
f>to$ principes^ y acaso de la rama primogénita ^ ¿quién 
>>sabe si por la verificación de los títulos me hallaré el rey 
fdegitimo del género humano?'^ 

Se convendrá que en esta ironía el rey Rousseau es maa 
risible que el rey Adañu En punto de extracción , los gefes 
primitivos se hallan colocados con preferencia; y cuando, 
k) que no es posible , la autoridad universal de que fueron 
revestidos se hubiese debido al nacimiento , podríamos siem* 
pre reimos de ver al autor del Contrato social reclamar es- 
ta herencia al derecho de sus abuelos. Pero como tenemos 
contra los errores, de Rousseau otras armas que la rechifla, 
admitiremos, con confusión suya, su propia hipóteú , y le 
proclamaremos generosamente descendiente en linea recta 
y por primogenitwra de los primeros gefes del género hu- 
mano. ¿Qué concluirá él de esto? 

Pues que pretendemos que estos primeros g^^fes eran 



DE LAS COWSTITÜCIONES aVILES. T'jS 

éoberanos por derechp juttural , concluirá que les es de- 
bida la soberanía. Mqcbas ¿entes lo créeráil con él, y se- 
gún e^ta idea superficial ^ se unirán á Rousseau para mudar 
de su fuente las autoridades, y transportarlas á la universa* 
lidad de los inferiores. Pero precisamente, porque estos pri- 
meros gefes eran soberanos por derecho natural , sostene- 
mos nosotros que eran dueños absolutos de su soberaoía, y 
que no la debian ni aun á los primogénitos. 

Para restablecer un punto de derecho tan importante al 
orden social , pero que ha sido desconocido generalmente, 
cleaK)straremos á Rousseau , que aunque él fuese de las pri- 
meras familias de Ginebra, y de las primeras casas del 
mundo, descendiente em linea r ecta y por los primogéni^ 
tos ;de los primeros soberanos. de la tierra, no seria por eso 
fZ rey legitimo del género humano-^ que esta pueril ironía, 
(on -vergüenza suya y oprpbio de Ips qi;ie se han dejado 
ofuscar de ella, no prueba sino que el autor del Contrafoso* 
cial no supo jamas lo que era la soberanía^ que los partí* 
danos de las, convenciones tampoco lo saben; y que, á pe*' 
sar de la alta opinión que tenemos de nuestros conocimien* 
tos, vivaos casi todos en la^ ceguedad mas profunda sobre 
los pñpcjpios elementales de^ los gobiernos. Sígasenos en 
nuesfrs^ disc.visiones, 

ly Hay derechos de tal modo propios y personales, 
que no debiéndose á otros, pueden transmi^r^ á quien se 
quiera, sin que ninguno pueda quejarse de ello. Tales fucf 
ron en e) origen todos los derechos del primer propagador 
de cpda pais , y mas que alguno otro el de paternidad, 
Fueren los hijos, 'por susjrabajos y cuidados, adquirir.de* 
rechos á pna porción de bienes del padre; pero es impo^ 
sible que. los adquieran á la partición de la autoridad pa* 
terna , poique el acto que la da es evidentemente anterior 
á su e^istenei^a;- 

, y ' Puedenm^ Inen lojs hijos engendrar y hacerse «u* 
lores de : sus deludientes ; pero todas estas autoridades 
parciales' dejafn se^re á la autoridad ysuprema del padre 



176 OBIOElC 

iin alterarla* Por muchas extensiones que puedan adquirir 
por la muhipUcacion, no tendrán jamas la de la autoridad 
de que emanan , y serán siempre perfectamente distintas. 
Por la constitución sola de la naturaleza , el mayor de los 
hijos es el gefe unwersal del ramo primogénito, y cada 
uno de los q^e le siguen , el gefe universal de un ramo 
subsiguiente. Separados de su padre puede cada uno hacer- 
se soberano de su posteridad, y lo será por derecho natu* 
ral. Pero ningupo de ellos , aunque sea el primogénito, 
puede tener autoridad sobre sus hermanos, ni por consi- 
guiente sobre los descendientes de éstos. Solo el padre pri- 
mitivo tiene autoi^idad universal sobre todas estas autori- 
dades , y dominio universal sobre todos estos dominios. Y 
esto es lo que constituye la soberanía en sus i elementos 
esenciales ; de tal modo, que cualquiera <]ue sea el sistema 
que se imagine, ó la suposición qUe se haga , ni el primo- 
génito ni otro algún hijo podrá heredar naturalmente la 
soberanía de su padre. Adc^irida ya por la generacibn^ 
piiede transmitirla á quien quiera por actos cinles ,' peroí 
no de otro modo. 

YI De este prinóipio himihoso y fdndameotal que 
puede comprender el talento níias limitado, resulta : Que 
cualquiera fracción que se haga , y en cualquier grado qtse 
fle tome el árbol social , la autoridad del padre prinúávo 
será esencialmente anterior á la de los hijos, superior á la 
de los hijos , mas extensa , universal y perfectamente dis- 
tinta con relación á la de los hijos , los que ño pueden 
dársela por su sumisión , quitársela por su subversión ; ni 
recibirla por la generación, porque es solo del padre, due- 
ño supremo y arbitro de ella por derecho natural y exclu- 
sivo hasta la muerte. Pero toda especie de derechos que son 
mios solos » y de que soy el señor supremo y exclusivo, 
puedo legarlos, venderlos, partirlos, transmitirlos con con ^ 
diciones ó sin ellas á otros que á mis hijos , y hacer de ellos 
lo que me agrade , sin que /• /. Rousseau pueda llevarlo á 
mal de modo ninguno. Y esto es lo que sobre las suce* 



DE LAS CONSTITÜCICNES CTVILE». 177 

filones, y principalmente schre la soberanía nos enseña con 
el buen senticlo el derecho natural y civil. Ea vis est do^ 
miñii ut, volúntate domini in alium transferri possit 

YII Resulta pues que la autoridad paterna es de id 
modo propia d^l padre ^ y la universal de tal modo propia 
del Autor universal , que no pudiendo pasar al primogéni* 
to por el nacimiento, no puede éste llegar á poseerla sino 
civilmente, y por una voluntad especial. Pueden los hijos, 
por medio de la generación , recibir de su padre su persona, 
su substancia y todo lo que se necesita para llegar á hacer- 
se soberanos muy naturales de sus descendientes. El árbol 
social es de una fecundidad inagotable: y si Róbinson hu- 
biera poblado su isla como Juan J. Rousseau se ha visto 
precisado á confesarlo , hubiera sido ciertamente el soberao 
no natural de ella , como cada uno de sus hijos hubiera 
podido li^ar á serlo igualmente poblando otros paises. Ca- 
da rama y cada grano sepirado una vez del tronco, y crans* 
aportado a otro terreno, puede llegar á ser un nuevO árbol; 
pero mientras que eátá unido al árbol primitivo, no forma 
sino uniólo tronco, del que partan todas las ramas, ni se 
destruye cuando se separa. 

• YIII Resulta en fin , que á la cabesa de cada pueblo, 
de cada tribu y de cada ciudad hubo esencialmente un aa« 
tor universal que fue solo; que después de él todos sus su- 
cesores fueron soberanos civiles, sin que pudiese jamas 
haber otros ; que si éstos poseen la soberanía , es precisa- 
mente porque se la legó el fundador; y que sin esto no la 
poseerian , porque el fundador era dueño de darla á quien 
quisiese. 

IX De /a variedad infinita de las constituciones^ co« 
mo de la de las leyes, procedió la diferente voluntad de 
los fundadores , que constituyeron como les pareció, mas 
de 5oo años antes de la posibilidad de los pactos sociales. 
Es verdad que mientras que no hubo pueblos formados, 
estuvieron en la imposibilidad de constituir (¿emocrada^; 
y que por un sentimiento natural legaron á sus hijos todos 

z 



j 1^8 ORIGEN 

SUS derechos. El tigre ea los bosques conoce la voz de It 
sangre^ y el que desconoce la suya será aun peor que los 
tigres* lÁberos ctdque ac propinquos^ natura carissimos 
esse 9ol(üt , dice Tácito. Pero aun en estas mismas consti- 
tución^ debió de haber mucha variedad ; porque los unos 
quisieron que fuese hereditaria la constitución , otros que 
fuese electiva : aquellos legaron su soberanía al primogéni- 
to, y estos quisieron elegir entre sus hijos al que les agra^ 
daba mas, dejándoles en la misma libertad para elegirse sm 
sucesores: muchos admitieron las hembras á su sucesión, 
y algunos las excluyeron de ella, decretando como los ge- 
fes de los francos que su soberanía pasaría de varón ea 
varón al pariente mas próximo; y verdaderamente ésta es 
la mejor de todas las constituciones, porque fija la herencia 
para siempre en la misma familia. 

X En fin , cada uno de los fundadores se condujo co- 
mo mejor le pareció , y esta suprema libertad se dejó ver 
generalmente por todas partes. Súbase al nacimiento de los 
pueblos , y se verá desde el origen á Adam establecer al re- 
dedor de si los gefes dé las diversas ramas de su familia; á 
Caín constituir en el oriente los suyos á la cabeza de di- 
versas ciudades ; á Noé después del diluvio constituir sobre 
diversas colonias que se dan libremente sucesores; á los 
patriarcas colocando á Jacob antes de Esaú^ á Efraim 
antes de Manases ^ y señalando libremente á cada uno de 
^los el rango que deben tener en el gobierno futuro de 
«US descendientes. Entre los hebreos se verá que David 
dispone como señor de su soberanía , dando la preferencia 
á Salomón sobre Adonias ; en Egipto , en Fenicia , en la 
Gi^ecia , la Italia , y en las antiguas regiones , se verán los 
primeros soberanos dividiendo sus subditos en diversas co« 
lonias, que dan á conducir unas veces á sus hijos, y otras 
á sus hermanos. Sígase la historia antigua de todos los 
paises, y por todas partes se verán los primeros gefes 
constituidos por los soberanos, y jamas por los pueblos; 
¿Cómo pues en nuestro siglo se les ve por todas partes 



DE LAS CONSTITUCIONES CIVILES. I79 

Constituidos por los pueblos, y nunca por los soberanos? 

XI Recórranse bien nuestras historias modernas, y se 
verá por todas partes que los antiguos duques dan, venden, 
ceden y transfieren en toda propiedad su soberanía , en to- 
do ó en parte, por matrimonios, tratados ó transacciones; 
se verán á los demás soberanos hacer lo mismo en Francia, 
en España , en Italia , en Alemania , en Inglaterra , en el 
África, en el Asia, en la América y en todas las partes del 
mundo. Súbase por todas partes al origen de los gobiernos, 
y por todas partes se verá que no soto los subditos , sino las 
reynas, los hijos, y aun los primogénitos preguntan á su 
padre lo que quiere disponer sobre la soberanía , esperan- 
do con un silencio respetuoso ver designada la persona 
que quiere sea su sucesor , y el mismo designado es consti- 
tuido desde lu^o, á pesar de la repugnancia de las madrea, 
el descontento de los demás hijos, y las redamacloaes de loa 
primogénitos. Por todas partea se veiáo los gefes prímitivM 
disponiendo de jsa soberanía , sin que puedan $m sucesores 
ser despojados de eHa á pesar suyoj^ y por todas partea con- 
duciéndose los soberanos como propietarios...» ¿Como pues, 
después de nms de seis mil años que existe el mundo, han 
podido los pueblos hacerse repentinamente propietarios de 
los derechos soberanos?..... ¿Cómo estos cuerpos monstruo- 
sos han adquirido estas propiedades ?.... 

XII Si los pueblos no fueron jamas señores de los dere- 
chos soberanos, tan^poco los soberanos fueron sentares de los 
derechos de los pueblos , porque por su trabajo cada uno re^ 
cibe sus propiedades inmediatamente de Dios. Desde el ori- 
gen (como hemos dicbo ya ) hubo una representación com- 
puesta de propietarios , sin la cual , ni los soberanos ni el 
fundador mismo pudieron decretar arbitrariamente, porque 
jamas tuvieron el derecho de atacar las propiedades parti- 
culares de sus subditos. Fue en las asambleas de estos pro- 
pietarios, llamadas después dictas ó estados^ donde de- 
cretó el soberano^ de concierto con ellos, lo que podria 

hacerse para la revisión de las leyes, ó para la conservación 

z: 



1 8o origeh 

de los derechos respectivos , ó bien para lá elección de nue- 
vos soberanos cuando se extinguen ks dinastías, ó queda va* 
cante el trono; el modo de convocar estas asambleas; quié« 
nes deben ser admitidos á ellas; la libertad que deben go- 
zar, y los privilegios que pueden esperar para defenderse 
contra los abusos del poder: privilegios que cuidaron mu» 
cho de hicer renovar en la mutación de cada soberano» 
porque los consideraban como derechos naturales de que 
no poclian ser despojados sin una grande injusticia. 

XIII Según estos decretos fundamentales del padre pri- 
mitivo ó de sus sucesores, formados ya los pueblos, tuvie- 
ron los estados el derecho de elegir nuevos soberanos, j 
aun el de constituir, como les pareció, formas aristócratas, 
mixtas 6 democráticas*^ j el de disponer de la soberanía 
como tuvieron por mejor. ¿Pero de quién recibieron este 
derecho! De los antiguos soberanos, y no de los pueblos. 
Por eso en Persia , como se vé en la Historia antigua^ des* 
pues de la muerte del falso Smerdis tnvieron los grandes 
el derecho de elegir á Darío ^ y convenirse en el modo de 
6u elección. Por eso en lugar de una monarquía , pudieron 
constituir una aristocracia , y aun una democracia , como 
puede verse en los tres bellos discursos que hicieron sobre 
estas tre» formas de gobierno. Por eso en Roma , observadas 
las formas que exigen las leyes , tuvo el senado el dereche 
de arrogarse loe poderes soberanos ; en Francia tuvieron los 
grandes el derecho de elegir primero 4 Fepino^ y después 
á Hugo Capeto^ observando sin embargo que no pudieron 
estos principes ser legitimados sino con arreglo á las con- 
diciones prescritas por los fundadores; por la razón deci- 
siva que ningún propietario puede ser despojado á pesar 
suyo de sus derechos. Y por eso en fin si llegase á faltar ó 
extinguirse en Francia la dinastía reinante, lo que Dios no 
permita , los estados tendrían el derecho de elegir otra , se» 
gun las condiciones establecidas por los fundadores , como 
primeros propietarios. 

Xiy Hay quien pretoKle que en la vacante de un trono 



DE LAS CONSTITUCIONES CIVILES. l8l 

entra el pueblo en sus derecho».. Pero es una pretensión 
miserable, porque jamas podrá el pueblo volver á entrar en 
ellos, puesto que no los tuvo jamas. Dios solo colocó la auto» 
ridad unixxrsal en el autor universal , y jamas todo el po- 
der de la tierra podrá hacerle provenir de otra parte. Si se 
decretó por los soberanos que los estados gozarian de este 
derecho^ conformándose con las voluntades de los antiguos 
soberanos, podrán ejercerle sin duda; pero será siempre en 
virtud del permiso de los antiguos soberanos» y bajo las 
condiciones prescritas por ellos. Desde que se verifique la 
instalación del nuevo soberano^ cualquiera que sea, simple 
6 compuesto, se considerará siempre como representante 
de los soberanos primitivos : de modo que nunca podrá ha- 
ber gobiernos representati^s de los pueblos. 

XV ¿Es fácil según esto el concebir cuál ha sido la cau- 
sa real de la infinita variedad de las constituciones que 
han existido en el mundo? Fue: i.^ la diferente voluntad 
de los soberanos : a.^ Que cuando los pueblos se hubieron 
multiplicado, variaron las formas aun mucho mas, por- 
que los estados se consideraron señores en los interregnos 
de establecer á su modo monar<fiiias , democracias ó aris» 
tocracias: 3.^ Que lo que podian hacer los estados en los 
interregnos, pudieron los soberanos hacerlo con mayor ra« 
zon , observando todas las condiciones establecidas por los 
fundadores. Por eso en todos los paises , como hemos dicho, 
diferentes duques cedieron sus ducados en todo ó en par- 
te á grandes soberanos; y por eso después de muchas guer- 
ras, cedió la España sus derechos á la Holanda, la Ale- 
mania á la Suiza, y la Inglaterra á las Provincias-Unidas de 
América. Siendo cada soberano propietario absoluto de sus 
derechos, pudo siempre, arreglándose á las leyes de los fun^ 
dadores, disponer de ellos cómo le pareció conveniente. ' 

XVI Pero esta propiedad , que es la causa de la varié» 
dad infinita de las constituciones,, lo es., igualmente de sa 
estabilidad. Porque cuando ha sido una dinastía constitui- 
da por el propietario legitimo^ en vano querrían tos esta» 



li 



I 8a origen 

dos destituirle antes del tiempo prescripto por los fundado* 
res; y serian nulos todos sus esftierzos, porque habiéndose 
hecho á su vez propietario de la soberanía, mientras que 
ella subsista, ni aun la prescripción podrá tener lugar ja* 
mas , hasta después de la época terrible que hubiesen fijado 
los antiguos soberanos; y en vano pretenderian los esta* 
dos arrogarse ellos mismos la soberanía como representan^ 
tes de la nación , cuya pretensión se fundaría en una false* 
dad , porque (como hemos probado) jamas podrá haber go^ 
tiernos representativos de los pueblos... No, volvemos á re- 
petirlo, no los habrá; y desafiamos á todo el mundo á que 
establezca lo contrario. Sostenemos que no habrá gobiernos 
representativos de los pueblos , y que jamas podrá haberloSé 
Habiendo colocado Dios la autoridad universal en el autor 
universal , debemos sostener , que jamas habrá en el mun- 
do quien pueda hacerla derivar de la universalidad'^ que 
jamas ningún soberano, sea el que quiera, simple^ mixto 6 
compuesto^ no podrá depender del pueblo, y que en la 
r parte que tiene relación á la soberanía , jamas podrá el pue- 

blo mudar la constitución^ porque no hay un solo sobera* 
no, sea el que quiera^ que en la concesión de la prescrip* 
I cion misma , no tenga sus poderes en toda projnedad de 

e los antiguos soberanos. Y esta projÁedad es la' que hace la 

I estabilidad de las constituciones , como la de todas las pro- 

\ piedades en general. 

XVII En vano se nos objetará que, en lo civil como 
en lo espiritual , los pueblos han concurrido algunas veces 
á la nominación de los sobei^anos. No lo negaremos, pero 
aseguramos que no han podido conferir jamas la autori- 
dad ; y hay una grande diferencia entre la nominación y 
la colación. En lo espiritual la autoridad de un papa es 
la de san Pedro ^ y jamas e^a autoridad dependerá de los 
pueblos. En lo civil la de los soberanos es la autoridad de 
los fundadores^ y tampoco dependerá jamas de los sub- 
ditos. 

XYUI Pero se nos dirá, ¿qué importa que los sobera* 



DE LAS CONSTITUCIONES CIVILES. 1 83 

•nos sean los representantes de los soberanos, ó de los pue- 
blos t... La diferencia es enorme. Porque si son representan- 
tes de los soberanos, siendo la soberanía su propiedad per- 
sonal por derechOvde los fundadores, ninguno en el mundo 
tendrá derecho de poderle» despojar de ella á pesar suyo; 
pero si son representantes de los pueblos, y la soberanía 
6e considera como patrimonio de la nación , quedarán á la 
merced de sus subditos. Véase aquí pue& la diferencia...... 

Guando llegue á creerse que los que gobiernan son los re* 
presentantes de los soberanos , serán estables todas las cons^ 
tituciones. Pero mientras que se crea que los pueblos lo 
han distribuido todo en los pactos sociales, será el pueblo 
el señor de todas las propiedades. Y cuando se crea que 
toda propiedad nos viene de Dios por el trabajo, cada uno 
«era señor del suyo, y todo será estable, /fagamos un resu^ 
men de lo dicho. 

XIX En todo gobierno, sea simple, mixto 6 compues^ 
tOy jamas pudo haber otra soberanía que la del fundador: 
es así que el fundador de cada ciudad existia mas de quU 
nientos años anted que pudiese haber pueblos: luego la so- 
beranía no pudo venir jamas de los pueblos: luego en cual- 
quiera gobierno , sea el que quiera , los que gobiernan no 
podrán jamas ser representantes de los pueblos. En dos pala* 
bras: aquel solo que poseía la autoridad universal pudo en 
el origen conferirla : el autor universal de cada pueblo fue 
el único que la poseyó por derecho de naturaleza : luego él 
solo ftie el que pudo en el origen hacer constituciones. 

¿Qué es una constitución? 

• 

I ¿Qué es pues una constitución? Es la transmisión 
de la soberanía. El fundador hizo leyes cuando hizo Jas 
particiones; y este fue el origen de las leyes civiles. Cons« 
tituyó cuando se dio representantes y sucesores; y este es 
el origen de las constituciones^ muy diferente del de las 



1 84 ' ¿QtJá E9 UNA CONSnrUCIOK? 

leyes. Los bienes son el objeto ordinario de estas; j la so^ 
berania el objeto especial de las constituciones. 

II Pero ¿qué es esta soberanía en su naturaleza^ 
X Cuáles son sus elementos constitutivos ? ¿ Cómo se halla 
en los primeros soberanos ? T ¿ cómo la transmitieron és» 

tos á sus sucesores? En vano se buscará la solución de 

estas cuestiones en nuestros libros de derecho público, pues 
desde que el sistema convencional pervirtió las opiniones 
no han sido tratadas en ellos, ó lo fueron solo según este sis- 
tema. Leibhitz en su tiempo se quejaba de que un objeto 
tan común como la naturaleza de la soberanía no hubie^ 
se sido tocado apenas por ninguno'^ y tenia razón, porque 
ésta es sin contradicción la piedra fundamental de los 
gobiernos. 

III Pero este grande genio píeveía las consecuencias 
terribles de esta culpable negligencia hace mas de cien años, 
y los verdaderos amigos de la humanidad que acaban de 
experimentar sus efectos espantosos hablan hoy de ella 
con la mas profunda consternación. »¿Qué es el poder?., (nos 
»dice M. de la Mennais, pag. Seo.) ¿Quién lo sabe? ¿per- 
wtenece al pueblo?... ¿Es él quien le da? ¿puede volverlo á 
»tomar después de haberle dado? ¿Es otra cosa que un he* 
»cho justificado j9or la fuerza; 6 la fuerza misma?.. ¿Debe 
»>mandar uno y obedecer otro? Tienen los pueblos |x>r re- 
^solver estas cuestiones , de cuya solución depende su [^o- 
wpia existencia." 

IV Verdaderamente que merecen bien profundizarse 
con atención las ideas ó nociones de que depende (como di- 
ce este autor a preciable) la existencia de los pueblos ^ y la 
felicidad ó ruina de las sociedades : y si en vez de arrojarse 
en vagas hipótesis, se hubiese ocupado la filosofía, que de- 
sea la verdad , de buscar en la naturaleza la definición eserh 
cial de este primer derecho, se hubiera ahorrado caer en 
muchos errores, y hubiera librado al universo de infinitas 
calamidades. 

V Hay quien pretende para salir del abismo de las 



convencicaaos ^i »Kf «e >httbiéndose hecbcparnav jírespélar los 
Mprimero&'gefes de faínUiqípor la sabifLkuDÍadelEÍus óidbnes 
i^y las ven4faja3ide su goBierhó, Gorrló Wlo\él mümkri'iftf» 
fttropel á arreglarse bajo suts' leyíes, acohudibrándosp fdciL* 
«méate; á obedecerlas/' Está ck)ctrína espefctosarnoesiméno» 
faisa^iil hsenoSifanestaíqb&Ja' deii ástéma 'délas, codcveo^ 
¿iones. Es /afoa; porque eí respeto geneáal supone la vólaof 
tad^geaeral, que es imposible^ Es dañosa y. funesta, pon^u^ 
81 la soberana depeadiese* de 4a dtsposicíoá ^de ios súbdiv 
tos, úadaibabría estakleenrlas 80CÍedade6.)S'teiadoJaj9;dispO'* 
sicionea^deLéspirka yilel.joorazon tas movibleaicoido.lar 
olaa d^ xaaítyfaLttms «písJmit^aiarseí niibaoibneEseisí-^M 
bita general de^obedeeeí) i p uo ofaiamo ^soberano v y se-caii^ 
aarU!luíaY6t$)luolonlp^]^tiiá,sm poder rdar. jamás IhaAto» 
ridaddmL iáimo solo d^ionestcos padiíe^i^j^ur la adquuieW 
Toa de' otro.iBoda' v-^ ^".-s mü^ . ■ . .'íí't'V'-Xi ,:;iL ' ' . iri Iíí 
' VI ; Por<j)tra parte^loa íjité poeéetideD > qiie: los sóbmi«^ 
nos €Ív¡Ie3;8e}ian constituida por* laí foaiza' y^pQrhel* terror^ 
y qu6 habienido cooqptstadp vastos,' dominios pároj sajeiar\ 
mejora sus 5Ú6d/r(>á r(^oma dice \Aoas5eaee/,. se intitularon 
loís rejtesidelpai&f.UaQaáadose/ rey ¿Us Fraqeíai reyrdb 
Ingiá$erra\ en lugar <de decir rey de^s fi^emees^iúi d¿ 
hs . ingles€s\ &€•, oo tiebenádeas nias::|nstá8deJa sobem¿ 
nia« Guando partían párarur destino los ¿efer de \las^^hrer«i 
sas colonias^ 410 teniaaiáun dominio, -'yiioj^r ceo .erká» 
menos' soberanoSé Mietitras que j&fsem éátavo:8dMre>808.-^c^. 
eos, ]U(Ji tenia ddmi«iáííaJgttao^ y smrerahfewgo ^tIpo^bieu> 
sujetáis a sus Troyános.. ¿Y cÓDao? por el décechó <lé vida* 
y de mLuerte , y otros podetes' que tienen los soberanos 8o*[ 
bre las perdonas. > >;: ...» ;,>¡. .. . .. l - j: oí/ 

VII: Za súberama no e9 pocs la tierra ^ ni d derecha 
que 5e. ti^nj^' sobre la tierra ; ni depende del amor ,; del 
temor y ó de Id diferente, disposicionide las, subditos ; pues? 
de otro modo cualquiera que hubiera dejado un ins^n* 
te de amar ó' temer á nuestros padres:, le hubiera despo- 
jado de sus derechos civiles^ pora volvérselos uu poico xles« 



i 86 IQVé M TJNA COííSTITTíCtOíN ?, 

pues. De aquí etquecl «rror ibrhiodoique noBnoooidiice por 
senderos díferentBsI^itoca sieaipi^iá'.uni iBÍsaio> abismo, 
€iml¿8'/a voluntad general de los súbditosi Vvtxeha ciei^ 
tá dé qué cuando/ llega á petdearse dé visti Ja «secdad^ se 
eemina en ^inid^kt^ ^ Via saber áj dónde ,;y se óiompen la» 
eoQatkucloriesisia -saber 16 que! ses ^acc Natenáeiidd la me* 
nocUkr lo quee&^el doirdnio^ iá potestad^ la soberanía 
y's¿fZiWftpndadÍ^<\ue^ es lo quti forma todos' Ips elemento» 
co'nitUutivoa del gobierno pai»a heoesáríamenté este trastor* 
no ¡edmpleCd de; uodbries ^ de la lopiáibn á nuestras obras, 
yfdeiarobraB. á^noescra conducta: Y .esta es: Ja razoo poc^^ 
qüét sba^iianf difíciles • de compreodec^' itodps^ lo9 sistéiBae^ 
fajsos' y ^n tinfaiuskB. cuandd 'se quieren ^goir« 

¿eii^rbcedií»' }^s^ falsaa luc68^v^<AiQb ias 38oid[)Kisi^i]«D^ibleS' 
al rayar el día. Desde que la autoridad víe¿e^<m!rtor'^ y la 
aitt9áidad\ sofafraim del.tkulor de alitorsoberano v hblla que 
fata» ihdtp^rtflienééíAei las. caálidjil€a::espir{ciedc8 ó cc^ 
poialteA de\fai; gefés^ ylque un pyte€HgUBde «¿niíiüy i del$>ir^ 
y? ttdcríshi etntiygot autoridad unive^t sobre 6us descien** 
dknte», independiecQte de Ja&tiecfast^ de lóf tdónUnieer y de 
liák obnquiaiaBi vy qáe^tí gefe de üluí^nacioh ^ !aun> en t\ mar 
Qxfiodeti fiottifo >db&xin>.ccikbozbíno&dejá por esd de tener ou- 
íoriJAdr i iinlversUl^ indepéfBdientei: del amor ^, del: nespeto,< 
dd ilemoff y* t}e todos, lás^ dis^sicíoaes^ de^ sus: subditos* Y 

aao4^^ ^^^""^^ '^"^^^^^^ eoptra él, '<no/ tendría, menos 
lo! autoridad soberana' sc^^ p^dblo. Zd auPoridad in- 
l^tí&níitiñhútvlá^ de autpt eBAnna>; roca: inmoble^ colocada 
poc lai naturaleza enj medial de los mares , contra, h cual 
vienen á- estrellarse en vano las. olas, espumosas. A. pesar de 
Siidr^esfüei^os^iqapotánteá queda siempre estable el gobier- 
üo-v porque éste derecha,, como todos los dema^v no podrá 
macdiar jamás» sino ea virtud dfe la^ voluntad del propie- 



tariOfc:^: • .('/:. l. ,.v ,;.' 



IX £ntdncks:^k!oncebiré darantente, que la icberania 
y SUS; dementóse coaatitutivoa son la autoridad universal 



¿QUE ES UNA €ONSTI«JCI(W? 487 

scbre kt$ personas. El primer fandador de <^dü pueblo^ 
despue^/de haber producido sus hijois^^ produjo por ellos 
sus tribus, de que fue el autor universal ^ y por este ;me^ 
dio tuvo autoridad universal ítohre los ikonAres ; este es 
su título esencial y constitutivo. Por medio de los hombres 
crió los^nados^ cultivó la tierra, multiplicó los frutos^ 
y se extendió, sobre todo un pais. De aquí provina el so« 
beraóo dominio «obre las cosas, y que se intitulase desde 
entonces el rey de Egipto'^ él rey de Sirias Scc. Pero an« 
tes de ser rey del pais era rey de los hombres ^ y no dejó 
de serloi Cuando transmito á otros su soberanía les cedió 
•in duda todos sus derechos; pero como por • medio de los 
hombrease multiplica, se produce y conserva lodo, se ea^ 
¿ende que la esencia de la soberanía consiste siempre en 
ia autoridad universal que se tiene sobre losiliombres: de 
tal modo que puede existir muy bien la soberanía sobre 
los hombres, sin el soberano dominio sobre la» tierras. 

X Entonces comprenderé claramente lo que confiere 
un soberano cuando hace una constitución ; y que no eé sit 
mérito^ sus talentos ni sus virtudes^ porque (cotno diéea 
los publicistas) todo esto no puede darse; y por último» 
que tampoco es Ui wluntad general^ ni clamor^ el res* 
jpeeo ó los diversos afectos de sus subditos, porque ño é$ 
dueño de .ellos, sino el derecho natural qué tiene para go« 
bernar á sus descendientes. Veré entonces manifiestamente» 
que lo que hace la materia de las constituciones, no e^ Una 
cualidad moral, precaria y pasagera, sino un derecho real^ 
substaaciaí é indestructible , que se apoya sobre las persp* 
Das; poder tan real y tan substancial como las per90* 
Das sobre que se apoya, y que durará es^cialniente tanto 
como ellas; poder muy legitimo, porqde le. he adquirido 
de Dios «sometiéndome voluntariamente á sus leyes ;/x>? 
der inmutable^ porque nadie podrá quitármele á pesar mió» 
ni quitársele á mis legítimos snoesores ; poder (\\\t no tengo 
necesidad dé ir á buscar á los cielos, porque tiene su ori« 
gea sobre la[ tierra, en la generación del padre uni verbal» 



^88 ^¿ QtJié; ES UNA COKSTlTüdlON ? 

poder qué puedo descubrir sin revelación ,• porque está In» 
hefente al titulo de autora que no viene' de lá voluntad 
del pueblo, porque precedió á su eKÍstencic); que podía dar- 
le d Ciindatbr cuando constituyóv porque le poseía antes 
en cualidad de padre; y poder en fin, que piíede dar, ven- 
der, enagenar y ceder tan libremente coibo todos los de* 
mas derechos que pertenecen é im fundador.» ' 

XI No se nos diga con. la cólera tempestuosa áe Jücms^ 
seaxi: >>i Véase cóimo se venden los hombre, secambiao, 
>^se [cermutan, y se trafica con cHos coma con una vil bes* 
tiá!'' Todas estas grandes palabra» que imponen á los espí* 
ritus superficiales, son lo mismo que el viento para el qud 
sabe pesar ej valor de los término^ Cuando yo coostituyo 
un preceptor para mis hijos , no le doy el derecho de poder* 
los hacer tuar de mis coches como caballos, ni de llevarlos, 
á pacer como bueyes. Lo mismo es de la soberanía. Pasán- 
dola á mis sucesores , les doy solo, el derecho que. yo mis* 
mo tengo; el de conducir hombres y gobernarles según 
las leyes, .i 

XII Según esto se presenta por si sola la definición de 
una constitución ; y. puede decirse con evidencia ; que ni> 
es la voluntad general, el respeto, ni la elección de lo6 
subditos , pues que todas estas nociones son vagas y absur- 
das : sino el legado^ el testamento y el espíritu inmohal 
é indestructible del fundador de un pueblo en la dispo* 
éicion razonable de sus derechos soberanos. Es bi^en sabi* 
do que esta voluntad debe ser justa, y que aun en vida del 
fundador, los subditos tuvieron derecho de representación 
tanto en la formación de las leyes , como en la de las cons- 
tituciones. Pero esta representación nacional^ jamas impi- 
dió al soberano^ fuese simple, mixto ó compuesto, el ser 
el único propietario de la soberanía, y disponer de ella co« 
mo señor. 

XIII Se ha escrito y disputado mucho para saber ¿qué' 
es una constitución? y se hubiera hallado fácilmente si se 
hubiese conocido lo que es la soberanía. Se creyó tjue eran 



\qvÉ ES xmx xx>3srsTiTT;ciON ? 189 

necesarias mochas gentes^ mucbíis asambleas ymuchas de- 
liberaciones para hac<er]a; y basta un solo hombre. Port|ue 
si yo «>y'e/ autor universal de una ciudad por derecho 
de naturaiezsa, no tengo necesidad de convenciones, de 
asambleas , ni de la moltiphcacion de mis descendventeé 
para constituir , pues tengo la soberanía en virtud de mi 
cualidad de - autor. Para Dios , que es infinitamente mas 
simple que nosotros en* siis operaciones maravillosa», sotl 
de ningún momento las dificultades en que los hombres se 
atollan. Esta soberanía que buscamos con tantos esfuer- 
zos en la.unhersalidadi de los subditos ^ la ha colocado en 
un sok> individuo, el que puede constituir sobre una na- 
ción entera, con tal que sea su autor aniversal: y de oqui 
el orden cis?i/. Aun diré mas: que puede constituir solo 
sobre muchos pueblos ; y de este modo nació el orden 
politicQ* Cuando Noé tuvo una posteridad numerosa , él 
«olo la dividió en muchas colonias, y la dio gefes. Un 
solo hombre i 'Una sola voluntad: vé aquí la causa pri^ 
m itiva de fodas las constituciones , y sin la cual todos loa 
hombres no podrán jamas formar una. Date mognificen* 
tiam Deo nouro^ Dei perfecta sunt opera. 

Xiy ¿Y cómo pudo ser transmitida la soberanía en el 
origen por la voluntad de un solo hombre?..... Del mis- 
mo iúodo que los demás derechos de propiedad y dominio. 
Desde que se considera un derecho real sobre las personas, 
y cuando se dan éstas a gobernar, se transmite el derecho 

que lino propio tiene de gobernarlas ¿Y será arbitro el 

fundador de no constituir? No: porque habiendo hecho las 
particiones, es necesario absolutamente que constituya; y 
si no lo hace en vida « deberá hacerlo desde el sepulcro; 
pues basta en defecto de voluntad formal, la voluntad in- 
terpretativa. \Defunctorum voluntatem intelexisse pro /a- 
i;e est. Hay algunos que pam desembarazarse de este fun- 
dador,* que se presenta desde luego á inutilizar las ideas 
populares;. Je hacen toajiár por sus subditos^ ó morir de 
muerte repentina.. 



»»4 — 



1 90 ¿ QUÉ ES WÁ COISSTITUCION ? 

XV Per© cuando se mátaÁ uno, no se matan sus de* 
reebos, su espíritu ni su sobeíranía. Muere el. príncipe (di* 
CQ el elocuente £(>$$uet}i} peto su autoridad es inmortal, 
y subsiste sieojpre el estado.» Aunque hayan muierto nues- 
tros mayores 4 los ilerechos qué tenían $obre isua tierras vi^ 
ven aun, y pasarán para siempre a sus sucesores en vir* 
tudde su voluntad^ porque los derechos subsisten tanto 
como el óbíeto ^bce que están fundados, Lo mismo es 
de los derechos soberanos. Aunque el fundador de un 
pueblo haya muerto, no mueren sus descendientes^^ que 
pueden existir dos mil , y dun seis mil años después -de él. 
y mientras que subsistan , el derecho natural de soberanía 
que tenia el fundador sobre ellos, pasará de edad e&edad 
en virtud de su vohmtad suprema, hasta los últimos suce-^ 
eores , y jamas tendrán otra. . - 

XVI De aquí la voi de herencia. Son Ibs herederos 
aquellos á quienes queda inherente ó afecto é} derecho de 
lui primer propietario, después que liiuere, por medio de' 
actos naturales ó civiles. Todo lo que. reciben los hijos de 
su padre por el nacimiento, como la vida, la sangre y el 
grado en que han^ nacido, se llama herencia natural; y lo 
que nos viene de ellos por un efecto de su voluntad, como 
sus bienes, sus dominios y su soberanía, se Hania herencia' 
civil. Y aunque sea civilmente, y por un efiecto de su vo* 
luntad, nos queda este derecho afecto é inherente 9 de tal 
modo , ita haret , que ni la fuerza , ni la maña , ni el rn« 
bo, ni la usurpación podrán despojarnos de el jamas, en' 
ninguna constitución ni en ningún pais. 

XVII En el origen pues, ó se explica formalmente el 
fundador de \m pueblo sobre su sucesión , á no sé explica 
Si lo hace en vida, constituye pm* sí, y declafra su volun- 
tad de un modo formal. Si no se explica^ lo que ea: raro al 
tiempo de la fundación , constituye por sus primeros hijos, 
los que están obligados á seguir su voluntad kiterpretativa 
dándole un sucesor. Pero lo^ue hay de, incontestable , es 
que habiendo tenido el fundador la soberanía ppfr derecho 



¿ Qü£; ES USA coííBTrriTaoTí f 191 

^ nalúral en /el origen 5 él solo pudo constit-uir. Y ¿á. quién 
conMiouyá? A quicín qona ^J?/x cuántos? Ea tantos CO01O 
qoiéo^rcfi uno'ió íh HMichoá^ to yeíote ó éa cincueiua; 
iCórnoramstkuyól Gomo t»^?^ por conveniente; por la ra- 
zón decÍ8li;^^>qu!&€ra>eLjeQOi::ab0olutode &a» derechos so- 
beranos. :^ 

c ^ o , 

» 

, • , , . . • . .. • , 

De la autoridad natural y de la autoridad cm/.=DÍ8t¡n- 
clon solo en el noniDce, 



• ' % -•- * * 



I 'Debe v^rse abofa cbri'craridad ért qué está la distin-' 
cion d$ la ctutorídad rkttúrürj la autoridad civil \ y la 
isaoü iJe las. diferetaíerdenonliñaeiónes que' ha debidb re- 
cibir cada ^ttáí Puesto qué todos hemos tehicfo un padre, 
no pudo habefr^jaraasíélhóütt modo sdJo» de adquirir la áá- 
toridad, cüafles Ik generación ; fdé ac^ui- es queí el primer* 
gefedri^éní?í*o^ humanó tuvo una autoridad hiüy' natui^aT 
sobre todd^* 4^ hombrea. En Víirtiid dé ebta autoridad , qUe ' 
recibió itimteffiatamenté ^bl Autor de la haturaíeza, gobeVno 
deátó hiegO"á sus hijos mientras fueronf pequeños , les hizo 
piaAiciónes' cuando llegaron á grandes ^ y les dividió de^. 
pues - ^n^ '^pofefecíones y cuando sé hicieron^ tbn Tiumerósós 
que no ^bdian subsistir en urf mismo lugar. En ambos' ca- 
sos fue- siempre' mtiyTíaítirtífeft su esencia, esta autoridad' 
porque' éétába inherente áltítuló de autonV ' *' 

• II Peto luego que este? primer gefe tinro hijos casados,*^ 
^e eiripéíarón^tambien á tener hijos; parecieron en el 
mimdó dos autbiídades muy naturales^, las que fue preciso 
distinguir con diferentes* nombres^, & saber : la autoridad 
natural dé cada padre^ sobre sus hijos ,. y la del gefe un i- 
versal sobre todos los padres, que comenzaban á formal* 
mía ptequena. ciudad; y esta última se llamó civil) 

III Despi^s- de la tran!snñsion ó primera constitución, 
se hizo* aun- mas^^ not'able esta distinción , porque el hijo del 
fundador, aun el primogénito, no había engendrado toda 
la ciudad; y si tuvo autoridad ilni versal sobre todos los ra- 



19a De LA: AUTOfttDÁD N ATI^riAI^ 

Wiú^ que qufecjarori conél^ no ^bdot ser sino en vhltkl de la» 
autoricjad unlvefsat que le había conferido su^a'Sn), coosti* 
tujiéodole sobre su^ ciudad, ^ca distinguir «esta 'autoridad 
paterna de la qiie tenia personalmente sobre mi ramo , fue 
preciso llamar á la primera aa/orúíad civil ^ciifo nombre 
conservará hasta el fin del mundo. 

IV Hay pues con evidencia y esencialmente en cada es* 
tado dos autpridac|es muy distinta? , la autoridad unipetc 
sal del fundador con que se halla investido el soberano 
por la constitución , y la namraZ dé* cada padre en su casa, 
que se extieoí^le sojo ^obrc sus hijos, j cayo § ji^rcicio «se ha* 
96 inútil cuando han sido .eofiancip^dos JQs; , \^\p9^ porque 
X^a eV^oher^o sobre tpdasj 1^ c^s^is. I^ ^lUftridad parcial 
dQ.cada, paw ^^ su, C4^ ha <^OQ9e;rvado /e|I n<;)a^biie de aa-^ 
t(»;idad paternal y j la del/uxidadc»r^ ^e jla- (|q$ ^haUa: 
iipveisúdo el soberado , y se e^tien^^ sobre; to^l^.J^ ciudad, 
fip llama con razón autoridat^ ^wUi perp si^seJa hadacto 
<5Ste nooriwre, no es. porque po sea fjMural y fiaternq^ -sino 
porque es esencialmente anterior á todas las .ot;ca^:y[ 9Qj$jf 
t^^q^e ^n, excepción alguna sobre todas Jas autorklaides 
que han emanado originar.iamente.de ella. .L^s. dos ^nias 
mismas en su naturaleza, pero diferentes en SQ e^xt^nsioo. 
La del primer gefe fue inmensa , . porque er¿i fi\ aulor urú* 
versal de todos los hombresL ^Lo, de ^s hijo^jfue sola par* 
cial, porque no eogepdró cada uno de ellos sinoiua ramo 
del género humano. La de los últimos padres es muy lírni* 
tada, porque solo son autores de sus hijos.. Y es nula en 
muchos individuos, porque no han llegado á engendrar; 
y si tienen, alguna autoridad no puede ser sxnq^ una autori'' 
dad r€cíbíc(>a. Lo que decimos del género humano en ge- 
neral puede repetirse para cada reino y cada ciudad. £n to« 
das partes hay dos autoridades , la del fundador y la de ca* 
da padre subalterno: pero.se las ha dado dos nombres dife- 
rentes para distinguirlas bien. 

Y Aquí es donde vá á presentarse el lugar en qoe los 
hombres mas ilústrateos empezaron á extraviarse sin perci» 



Jblrlo. Los ptld^l(^ coel origen, á pe$ar del amor iúnato de 
la independeDCÍá, se acordaron n>ticho tiempo de su fun% 
dador, y por consiguiente del origen natural de la autorii 
dad civiL Pero después de tnuéhos siglos, de mudanzas y. 
de vicisitudes hun^nas, cuando k mano del tiempo, que 
todo lo destruye , llegó á borrar enteramente los antiguos 
vestigios de los establecimientos primitivos, ya hacer que 
se perdiese de vista al padre urúvetsal del que descendida 
todos, viendo en cada estado dú$ xmatoridades que llevabaa 
dos nombres diferentes, se. acostumbraron insensiblemcn*> 
te á mirarlas como dos seres sustancialmente distintos; y 
porqoe la autoridad dvil no llevaba el nombre de autoridad 
paterna se concluyó eif creer que no vema de la naturaleza^ 
Las gantes ilustradas creyeron siempre que en el origen 
gobernaron los pctdres á sus hijos , y de aquí nació el im-^ 
perio patriari^al ¿Perocdmo pudo estenderse está autm^U 
dad patriarcal^ no solo sobre los hijos, tknb también so* 
hre los pueblos y ciudades que se establecieron en ú paia? 
Vé aqui lo que no cohoderon y lo que hizo creer que iade. 
mas de la autoridad paterna , hubo necesidad de otra que 
se extendiese sobre todas las ciudades. 

VI Según esta ilusión, fortificada p(»r jel espíritu de 
kidependencia, y transformada con el tiempo en iiá ercor 
formal^ se traté de búsou* de dónde pudo haber venido la 
autoridad dvil: conociendo que para extenderse sobre todos 
era preciso que fuese umV^rsoí ,^ la hicieron cnaur, unos/Tor 
la urwei'salidad dé los éábdilos'^ y atemorizados otrás de 
las eonsecüencias terribles de esta creación , hicieron que 
viniese dire^amente del cielo, y pretendieron que era una 
autoridad divina. Y anos y otros oreyeron que no pudo te- 
ner principio sino después de la multiplicación de los pue^ 
bbs, condicione múlHjdicati generis expensa. Entonces» 
desde que cada pais fué ocupado, hasta que llegó a ser ha- 
bitado enteramente , fué preciso suponer una laguna , ó in« 
tervalo inmenso de quinientos ó seiscientos años , que se 
llamó el estado de naturaleza^ en el que sin leyes » sin 

BB 



i 94 D£ LA AUTORIDAD NATURAL 

gefes y aia autoridades, vivían Iqs hombres en una comple* 
ta anarquía, disputándose las bellotas en los bosques; has* 
la que litigados de tantas miserias llegaron á tomar el par* 
tido de darse gobiernos civiles. Y por medio de estas dis« 
tinciones tan repetidas; de orden natural^ orden ciúl\ ¡i* 
bertad natural y libertad dvU , se vino á parar en figurar 
doa estados enteramente- distintos , suponienda que el últw 
mo tuvo sa principia en. las convenciones, de los. pueblos. 
Después, de haber preguntado ¿qué cosa es. el poder? aña* 
de M^ de la Mermáis pag. 5oo. >»se contesta á todo, el/x)- 
fíder^ los.rangosy'la propiedad ^ la legitimidad..... Se au* 
y^mentU: el desorden^ se rompen /o¿ vínculos en la familia, 
«ise. debilita. la autoiidad paternal en el estado se dismi- 
>»nuye la gerarquio: sodat.'' Véase aquí el efecto necesario 
de la/separacion de estos dos estados.. tSe obscúcecea todas 
>^las verdades, y se apagan todas Jas luces, (dice también el 
ffelocuenie My Sonald). La <^arta de laso^ciedad, si puede 
>M)ec;irse asi, subsiste; pero su espíritu ha desaparecida" To- 
dos Jos: bueaos observadores estan.de: acuerdo sobre estas, 
distes, verdades^ 

YII EL universo debe lloraB-por machó tiempo con la* 
grimas.de sangre la inatención, coa que fueron adoptadas, 
estas, distinciones, infaustas. Después, de la ruinosa separa*- 
cion de estos. dos. estados, se obscureció la>Veix}ad^ ha sido 
desconocida, la. soberanía V el derecha pública fue perver* 
tido: dissipajoerunk legem ^ rrmtavetUÑt jus*^ desaparecie- 
ron las fuentes V se confundieron todas las. óociones^,, se rom* 
piaron: todas, las- cóastítueionea y sétrastornaroo: todas las, 
formas dé gobierno», se. extravia todoel ocden „ los hom» 
tres.mas sabios* tuyieroa parte en el error; y. débiaiSiaceder 
así^ Porqué al fin, admitida el principio de unsL autoridad 
cif^il en las-converK^tónesv aunque sola se dejase. al pueblo 
-d arreglo, material de ló&^gbhiíírnos,, tendríamos- e^idente*^ 
mente una autoridad, nueva, que*, na existia ante&v diferente 
de la primera, y que comenzó, mucho tiempo después de 
> ella. Tráigase de la universalidad de los individuos ó del 



T CIVIL. ICS 

Autor universal del mundo, no tendrá el mismo origen 
ni la misma naturaleza que la autoridad paterna^ Desde 
este fatal momento , como que la autoridad paterna se 
consideró extraña al orden civil, se rompieron los vínculos 
de la sangre, estos nudos preciosos que unen tan fuerte* 
mente á los hombres: se vio destruida la subordinación de 
las ciudades primitivas, aquel encadenamiento soberbio de 
generaciones bajo sus gefes subalternos^ y de los gefes subal- 
ternos bajo su gefe soberano: los títulos augustos de Dios^ 
de padre, de autores y de fundadores, adorados por los 
antiguos pueblos; aquellos nombres venerados en todos los 
siglos, y que llevan consigo «I sello sagrado de la autoridad, 
fueron envilecidos ^ degradados y menospreciados hasta el 
punto de no llamarse ya padres sino á los ascendientes. 
He aquí el cuadro fiel del estado en que nos hallamos.. 

VIII Habiaido pasado ^esta confusiou de ideas , de la 
opinión á los libros, y de los libros á la enseñanza y á las 
costumbres, se espesó la atmósfera moral, se cubrió de ti- 
nieblas todo el universo , los reyes y los pueblos se senta- 
ron bajo la sombra de la muerte , y aguzando la guerra su 
espada destructora ha hecho una afrentosa carnicería , cu- 
briendo de ruinas la tierra , é inundándola de sangre. He- 
cho el error (jle lo^ derechos del puá>lo como una segunda 
naturaleza, se ha arraigado en el alma de tal modo, incor- 
porándose con la substancia de los individuos, que cuando 
se quiere hoy ensayar :su extirpación , se irritan los áni- 
mos ; y si se nos dice que la autoridad civil es tan paterna 
como las démas autoridades , nos desdeñamos de leerlo y 
oirlo. . 

IX Y ¿cómo pudo durar tanto tiempo un error tan de- 
testable? Porque habiendo sido producido por el espíritu 
de independencia, le favorece la pasión; y ademas porque 
está tan distante de nosotros el origen de los pueblos, y los 
principios primitivos han sido colocados en tanta altura, 
que habiéndose perdido enteramente de vista, no es posible 

subir hasta ellos sino por una continuación sostenida de in- 

bb: 



196 DE Ul ÁUTOBIDAD NATUItAL 

vestígacionee penosas , en bs que no se empeñan los Iionei* 
bres SIDO por un ínteres muy urgente é imperioso. Los sal* 
vages, después de haber adquirido una péndula, y recibido 
la Have para armarla , se fatigarán poco , mientras que 
anda , por buscar su principio motor. Solo cuando se ha ro- 
to el grande resorte, después de haber manoseado mil \e« 
ce» todas las piezas , sospechando alguno de ellos que pue* 
de haber alguna cosa en el tambor , halla por fia el secre» 
lo de abrirle, 

X El grande Bossuet^ estremecido de las consecuen» 
cias monstruosas del sistema convencional , nos dejó los 
primeros rastros de luz que debían conducirnos ^ origea 
de las autoridades, asegurando en sus obras, que no hubo 
jamas pactos sociales, y que la autoridad viene de la par 
labr» anjaor. Pero como aun en su tiempo marchaban regís* 
larmente los gobiernos, no se hizo atención á ello. Para 
traer todos los talentos á la meditación de estas adverten* 
cias inmortales, fue preciso que se rompiese el gran resor* 
te del mundo político, y que la espantosa catástrofe que 
acaba de suceder nos obligase en algún modo á desenvoK 
ver todas las consecuencias saludables de la corta definición 
que nos dio. Ahora que es conocida , los grandes talentos 
sacarán de ella mejor partido que nosotros, y suplirán nues- 
tra insuficiencia. 

SI Volvamos pues de un error que ha costado tanta 
re , y hecho verter tantas lágrimas. J^endo infínitamenp 
te mas extensa la autoridad civil que la de los padres subal- 
ternos , deben sin duda una y otra llevar nombres dife- 
rentes. Pero estemos persuadidos que no obstante su dife- 
rente denominación , tienen las dos el mismo principio, y 
la misma natural^a; se adquieren ambas por la generación, 
y son tan naturales y paternas la una como la otra. Y es- 
temos ciertos que no viene la autoridad eiml wr del cielo^ 
ni de la absurda universalidad de los individuos , sino qtie 
se deriva del autor universal de cada pueblo , y qué es 
la misma de la que se sirvi6 este para gobernar la prime- 



T CITIL. 197 

n familia , que jamas pucb venir de los pueblos. 

XII Puesto que hay usa ley datura! y leyes humanas, 
no debe dudarse que ahora, eomó antes, han debido dis- 
tinguirse dos estados , el natural y el civil £a propiedad 
natural es la que hemos recibido inmediatamente de la 
natusaleza , como nuestiros cuerpos,. nuestras fuerzas, y el 
fruto de nuestros cuidados y nuestros trabajos. La ptopie^ 
dad civil es la que nos ha sido legada por nuestros pa« 
dres , conforme á las leyes del fundador. Hubo pues un 

estado puramente natural^ que precedió al estado civil, 
y iue el del primer padre y del primer propagador dé cada 
pais, hasta que hizo las particiones; pero no fue largo este 
estado , ni fué sino para él solo , porque sus hijos estuvie- 
ron siempre sonietidos á sus órdenes. 

XIII Z7tt estado de pura naturaleza , en el que vivie- 
sen- \o% hombres quinientos ó seiscientos años sin leyes, 
sin gefes^ y sin autoridades, es un estado absurdo, desmen* 
tido por todos los monumentos. Después del estado pura- 
mente natural admitimos un estado civil ^ creado por el 
padre, con leyes y constituciones civiles, hechas por el pa- 
dre, en virtud de su autoridad paterna. 

XIV Pero un estado civil , creado por los pueblos qui- 
nientos ó seiscientos años después de la primera ocupación 
de cada pais, es un miembro de dbtincion que no admiti- 
mos ni admitiremos jamas. La misma autoridad que go- 
bernó en los principios una familia, se hizo civil luego qoe 
se extendió sobre muchas casas. He aqiú probado el hecho, 
por ^as las; Iñstorias y por el simple buen sentidos 

Objeciones^ 

I Esto* supuesto , no deben detenemos mucho las ob- 
jeciones de los contrarios, pues han sido refutadas antici- 
padamente. Se objeta primero , hablando de los soberanos 



198 DE LA AUTORIDAD NATURAL 

civiles, qáe fue preciso que hubiese un primer sÓberano\ 
y convinieado nosotros en elb, diremos que este fue el pri- 
mer propagador de cada pais luego que tuTO hijos casados. 

II Se añade ^ue el gobierno paterno se dirige á la di- 
visión y prjecjsamente es lo que necesitamos, porque sin 

división no €ie formaría la ciudad. Nació ésta necesariamen* 
te viviendo el fundador,' porque la primera familia se di- 
vidió en muchas casas. 

III No es posible dudar que el gobierno paterno se ha 
dirigido á la división desde los primeros tiempos. Luego 
que los hijos quisieron casarse, fue preciso levantar tien- 
das, y prepararles una nueva habitación. Pero ¿quién les 
dio la muger, los muebles, y lo rigorosamente necesario 
para esta separación? el padre. Desde los primeros matri- 
monios tenemos hijos que piden, y un padre que oye: un 
padre que concede, é hijos que reciben : he aquí ya actos, 
disposiciones y partes civiles que deben mantenerse , y 
que son esencialmente leyes, 

IV Estamos muy distantes de contestar á los contrarios 
que el gobierno paterno se dirige á la división ; pues se 
dirige como un árbol á echar ramas. Se dividen y subdi- 
viden éstas, pero nunca dejan el tronco; y si un grano fue- 
se transportado á^ lo lejos , vendría á ser un nuevo árbol q^e 
se subdividiria también en diversas ramas. Se dirije el go^ 
bierno paterno á la división , como un cuerpo de tropas, 
qué á medida que recibe reclutas se divide en regimien- 
tos , compañías y batallones, bajo la dirección siempre de 
solo un general; pero si este ejército llega á hacerse muy 
numeroso, se separará eíí otros muchos, conducidos por 
diversos generales. 

V El Autor de la naturaleza ha puesto en el cuerpo so- 
cial , como en los demás cuerpos (permítanseme estas expre- 
siones de escuela), una fuerza centrípeta y y una fuerza 
centrifuga y leyes de extensión y de gravitación, que ase- 
guran igualmente su conservación y armonía. £a fuerza 
centrifuga para los hombres, es aquella necesidad en que 



Y CIVIL. J99 

están de extenderse y diseminarse sobre el globo para \ÍYÍr 
en él de los frutos de la tierra. La fuerza centrípeta es la 
necesidad absoluta que tienen de una autorídad común 
que proteja sus personas y propiedades, y les defienda con- 
tra tos agresores.. Fste es el vínculo indisoluble de las socie* 
dades, vínculo que se alarga, pero que no se rompe. A me- 
dida que se extiende la ciudad^ se extiende esencialmente 
también, la autorídad universal por la multiplicación sola 
de las generaciones; y si fueáe transportado un, individuo 
de la ciudad primitiva á otro- país,, seria un nuevo árbol 
social, que se subdividiria como los demás árboles en ra- 
roas diversas ; y esta es la razón por qué son indestriKti- 
bles los cuerpos- civiles que han subsistido y sut>sistirán 
mientras que; baya bombres.^ 

Por la fuerza centrífuga cada hijo se dirige á tener su 
casa, pen> todas estas casas se dirígen á foi*mar una sola 
ciudad; cada pais se dirige á dividirse por pequeñas villas, 
pero estas poblaciones se dirigen» á focmár solo cqerpos ci* 
ifiles; cada cuerpo civil se- dirige á separacse en cuerpos po* 
líticos, pero estos cuerpos pdíticos se dirigen á comerciar 
entre sí. Todos los cuerpdsvée resisten^ unos á otros, y sin 
embargo se reúnen por la necesidad mátua que^tiienen en- 
tre sí. Y tial es él orden soberbia que el Señcur d^ la nattira- 
leza ha establecido á pesar nuestro.. : . . ^ 

' VI . Otrai objeción de los contraríos es que d están obli^ 
gados: lot hombres^ á quedar con sus padres:^ wafido soá 
grandes y dejan de ser seres^ libres. » 

Respondemos á esta nueva dificultad, que sí hay cosas 
libres , hay tambiea cosas necesarias Luego que nacemíos 
üo nos hallamos én estado de 'ser fuertes,' robustos, inde* 
pendientes,' y de na necesitar deciros auxilios: por eso te- 
nemos necesidad de los padres á pesar nuestro. Cuando llep 
gamos ásaKr de la infancia^ debemos á los padres, á liues^ 
tro pesar, catorce ó quince años de anticipaciones; y sesos 
obliga, a pesar nuestra, a trabajai: y permanecer ei>. fe eaia 
paterna; Cuando se han establecido nuestros- prt mogéuitos 



aOO DE LA AüTOBID/n NATÜBAL 

se hacen, á pesar nuestro, las particiones; se nos obliga á 
respetarles , y se nos castiga si no lo hacemos* El gobierno 
doméstico existia antes que nosotros, y á pesar nuestro, se 
liizo civil. ¿En qué pues somos libres? En querer el bien ó 
el mal, y eii elegir entre las recompensas ó los castigos; pe* 
ro lejos de que esta libertad exchiya los gobiernos, los su- 
pone como que no existiria sin ellos. Prueba ademas que 
somos mas libres cuanto mas fuerte es el gobierno. 

Vil i Qué paradoja, excbmarán! {Pretendéis que el 
hooibre se hiciese mas libre ea el estado civil que lo era en 
ei estado natural L... 

Si se ha dudado siempre de esta verdad, es por un efec- 
to de nuestros falsos sentimientos. Mi vida , mis bienes y 
mis trabajos son ciertamente (^jetos muy naturales en sí 
mismos; sin embargo » suponen autoridades que exigen un 
poder indispensable. Contando yo con mi delñlidad natu* 
ral tengo i^ecesidad de un padre para que me adelante, sos* 
tenga y proteja. Teniendo s(^ mis propiedades naturales, 
necesito de una autoridad que las defienda , que castigue á- 
los agresores ^ y me ayude á repeler á mi» enemigos. En el 
estado natural mismo, depende la libertad de la autoridad» 

y se aumenta con ella. 

* 

• VIII Mientras que el primer ocupante de cada pais tu* 
vo pocas gentes al rededor de sí, fue muy débil la libertad, 
y estuvieron poco seguras las personas y las propiedades. 
Pero á proporción que se multiplicaron los hijos, se hizo 
mas libre cada uno de ellos. Cuanto mas Emilias tuvo el 
padre al rededor de si, se hizo mas poderosa cada una de 
días, porque se aumentaba su fuerza coa la reunión de las 
otras , y con la influencia de la autoridad universal que dis^ 
pone de todo. Los .pequeños gefes de los éa^lvages (como he* 
mos observado ya) se ven obligados á sufrir venganzas par* 
ticulares hasta que llega á formarse su tribu-; pero cuando 
líenen gente bastante para establecer una fuerza pública y 
fdefender á los oprimidos , se goza de mas libertad entre ellos» 
IX Se necesita poca reflexión para conocer, que cuanto 



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e. 


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K^ 


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.Y CIVCL , , aoi 

ma$ $e aumcintó una ciudad en hombres y sanados desde 

.. sú. origen ^ ms^ fácil uie edificar, dejsmontar y culti>^r la 
tierra^ y que cuanto ooias gente é instrumentos íiulió^fSe 
disininuyó mas el mal físico^ y se iiiperon mas fáciles lo6 

, tr^tfajos ;i por consiguiente que cuanto mas se engrandecióla 
ciudad, fue mas fácil hacer el bien é impedir el mal, resuU 
tanda de todo la mayor libertad del individuos^ Él jXKlér'ó 
la debilidad , el acrecentamiento ó disminución de la auto- 

' ' ' * • * ' ' i\ I , 

ridad, son el teorema cierto de la felicidad de I03 irtdividuos 
y de la libertad de los pueblos. Cuanto mas impotente es el / ^ \ 

gobierno seré yo menos libre de hacer el bien y gozar de él, ; 

porque tendré pocos medios. Cuanto mas rico , numeroso y ^ 
exteoso es el gobierno, mas poderoso se hace cada indi y i* ' 
dúo, porque volando el gefe universal del mundo al socop- 
ro del oprimido con toda la fuerza de Ja sociedad dtj que 
dispone, cada individuo, aun el m^s débil de los hombres, 
por la accesión perpetua de la autoridad , se hace capaz de las 
mayores empresas, de vencer á los enemigos mas formida- 
bles, y de evitai: los mayores males; se hace fuerte con toda 
la fuerza del gefe universal. He aqui lo que produjo el paso 
del gpbierno doméstico al estado civil; y he aquí lo que evi- 
dentemente debia hs^qer^Jí saber: extender, engrandecer, 
fortificar v perfeccionar la libertad natural del hombre. . 

X, ¿ En dónde está ( se preguntará con sorpresa ) este 
sacrificio de una porción de su libertad natural que debió 

hacer cada uno para darse gobiernos civiles? En la ca- 

beza de los que suponen las convenciones, pqes nunca es- 
tuvo en otra parte. Cuando se dice que se determinaron lo» 
hombres á sacrificar una porción de su libertad para ser 
mas libres , se usa de un lenguage de paradoja que prueba 
que no se ha conocido mejor la naturaleza de la libertad qu(^ 
la de los gobiernos. Es verdad que cuando se reunieran las 
pequeñas ciudades , cada uno de sus gefes hizo el sacrificio 
de su Independencia para depender de uno solo, y sec por 
consiguiente mas libre, pero porque fuesen independientes 
los gefes ¿se seguirá que lo eran también los subditos? Y 

''■'■"' " ce \ 



sí na to eran ¿pudieron hacer él sacrificio de su independen» 

' cia?..« En donde quiera que dejen lo&'hombrtía de depender 

4e una autoridad," dejarán de ser libres. Y si Id fueron siem* 

pr^ ^ es porque en toda» partes nacieron esencíaímente á la 

* ^sombra de una autoridad tutelar , que después de baber pro* 
tegida su infancia en la misma casa^.' se extendió sobre todas 
las casas al paso que se separaban. De aquí los: cuerpos cU 
viles r que nacieron de la primera casa mucha tiempo an» 

, tes que hubiese pueblos. Ex natura videtur pagus colonia 
domus esse (di(¿^ Aristóteles^ ^ 

* XI ¿Y qué podremos pensar áe Foltaire en esté versa 
célebre de su tragedia La Merofe: que 

'Él primer rey del mundo \\ fuera un feliz sotdadoV..^ 
í^ue siéguramente estc¿ pretendidos grandes genios vivieron 
ien ja mas profunda ignorancia sobre et origen de las sebe» 
" ranias , porque si hubieran sabida qué las habla colocado 
Dios en el g'efe Universatáe cada ciudad^ antes que pudiese 
liaber en <;ada país guerras, soldados,, conquistas ni coa- 
quistadbres ,^ no hubieran publicado tantos absurdos,, ni se 
les hubiera oida como á oráculos. Sus grandes^ talentos, có- 
mo los mágicos de Pharaon^ no haíi servida jaúias sino pa- 
ra espesar nuestras tinieblas,, para agravar todas las calami* 
dades de la falsa filosofía, y para nludar los rios eti sangre.^ 
, Xll Et preguntar ¿cómo pudo haber cuerpos^ civiles 
anti^ que pueblos formados?" es la misma que preguntar 
^cómojpueden ser pequeños los cuerpos antes desergran^ 
desP....^ A la formación de las ciudades originarias fiíe ea 
cada pais un l^ombre solo el que primera desmontó un pe- 
qixéna terrena en media de los desiertos, y establecidal re- 
dedor de sí cinco ó seis hijos á quienes asigna sus respecti- 
vas porciones. Estos hijos se veían perpetuamente obligados 
á recurrir á lá autoridad paterna para conservar y defender 
lo que se habla compartido á cada uno; las familias que 
nacieron de estos primeros hijos se vieron obligatlas á ha-^ 
.,cer lo oiísmo; v la necesidad continua dé recurrir á actos 
de la autoridad primitiva hizo indispensable la continua*^ 



. T.CITIL. ao3 

cioa de esta autoridad^ viéndose p|>ligado el fiin^ador ^ 
perpetqarla en sus sucesores. Sucede, exactamente en,cada 
cuerpo social Jo que en los deroas cuprpos. Nacen |)or la 
generación de 3U gefe, y no por lá convención de sus mieoí* 
bros: cuando ha nacido se fortifica por su acrecen tamientp^^ 
Es un niño pequeño que se hace grande, una planta que 
se jBxtiendc progresivamente y sin esfuerzo por el simple 
desenvolvimiento de sus partes. Cada casa separadamente 
tiene su gefe natural Todas. Isv» casas colectivamente forman. 
un cuerpo wil ; y el g^fe de que descienden , aunque muy^ 
natural como los otros padres , se hace un gefe cml Ipegq 
que tiene muchas casas bajode sí. ¿Quid rcferi (pnpla ne, 
an augusta sit urbs ad impcrium? Concluyamos pues. , 

XIII Desde el momentp^ue este{)equeño gefe civil tu- 
vo al rededor de si cinco. ó seis hijos casados ¿llev^ 9oro* 
na y cetro, tuvo una porte, ejércitos y magistrados?..... Di* 
go otra vez que no; y acaso po tendria mas que una tienda 
T explicaría sus voluntades tendido bajo de una encina, ó 
sentado en un banco ; pues fue mucho tiempo después cuan* 
4o se labró la silla para hacer un trono , se le dio un cetrp 
en Iqgar d^.un palo, y .ofreció su gobierno. una forma rea?, 
petuosa. Pero nada de esto impide el que fuesen hechas las 
primeras particiones, y;d^das las leyes fjindamen tales des* 
deque se estahlecierop Io$ primeros hijos. Luego exist^^ qna, 
autoridad civil , á la que debió recuriirse perpetuamente» 

XIV Y véase aquí lo. que no debe perderse de vista^c 

que el estadg cwil es solo la continuación inmediata del e»- 

tado natural. Autoridad ^^liber I ad^ personas^ bienes ypro» 

piedades^ todo es muy natural en su origeq: todo tomó el 

nombre ÓG^cml desde qhe hubo disposiciones civiles. Mis 

(bienes y mis ganados vienen originariamente de la natura*. 

laza, y son objetos muy naturales, en su esencia; «in ein-. 

bargo después que los he adquirido^ puedo darlos , vender^ 

los, partirlos, y hacer sobre ellos disposiciones civiles. No 

hay cosa mas natural que los hombres y la autoridad que 

se adquiere sobre etlof por la generación ; no obstante,. 

ce: 



aC4 . BE LA AUTORIDAD NATURAL 

áescfe que se llega á tener está atitoridad , natural como es, 
puede conferirse, darse y transmitirse civiíitíehté á quien 
¿fe quiera; y nd iií^J>iáeri que séá rnify natural en su esen- 
cia, las disposicioíiés éivilés que se hacen con respeto á ella 
De suerte qué (cómo dicen Ah$tótdes\ Éurlamaqui^j to- 
3ó¿ Ips buenos autores) el estado ¿ivit no es otra cx^sa que 
¿í ^desenvolvimiento del estado natural de los hombres; y la 
ñütó9iriad civil no es otra cósá que'la autoridad natural 
íéf'^j^ádre primitivo que se transmi'tirá de edad en edad 
liáká íatonsuWíación de los síigTc¿. Donde quiera que no se 
tíálíe^está autoridad rí(Xtural y ^ti ilusbria hdiitoridad eí- 
iPíh. líomtí natura est ¿m/md/tó^/Ze. Pero vamos al hecho 

deCíéíVO. ^- -■•-^ ,-- V. . ,';: 



i t * ' \ f ' • * tiJ»*» 



Xy Héchb'decisito. - 

^'''iita autoridad cív^ií * no piído venir jamas *de los pue- 
blo^,; debemos' convenir eri qufe el )utár¿entoí dé asesinar 
fiasta qué veúga dé ellos^ eb una éx€Ícracíoñ,í¿Qué ha re- 
¿iiltado de nuevo clespne^' dé treinta anos á esta'parte que se 

pfersí^té en este sisteniá? '¡ Ateñtadosí y asesinatos! Pero 

tendíeínos siempre el' derecho de decir que ásieáinaf nó es 
ejecutar la grái*iáé óbía..,. En materiaídé gobíeirnos Ik mayor 
dificultad no consiste» en aseslháír á los príncipes legítimos^ 
iitto en hacerlos : no* en nombrar diputados para la forma- 
ción de lüs leyes, sino en darles jooáém.¿ Y dónde Se toma- 
rán estos ?...^ ¿En lá úñiversaíidad át los individuos? Es 

icaposibíe, porqué está universalidad uo séteufairá jamasw 
¿Será en una parte de indivíchios?.... También W imposible, 
porqué esta parte no f>uede tener poder legislativo sobre la 
otra. Esta misma imposibilidad queda demostrada victorio- 
samente en' nuestra éaestion sobre- el contrato social Y 

siendo esto así podemos pr^^guñtar de nuevo ¿á qué viene 
éí 'sacrificio de tantos ejércitos, el asesinato dé tantos pue- 
blos poir uriW garandé' obra que no podrá ejecutarse jamas? 
Aun cuando degollásemos hasta éVfin del mundo, no sería 
menos cierto que eh '¿ida cindrtd fue el padre jjrimitivo el 
qtíé'hizó las'priíiierás particiones, el que se dio sucesores, 



kj 



Y CIVIL. ac5 

les confirió poderes ; y que él solo fue el que pudo hacerlo, 
porque él solo poseyó la autoridad universal por derecho 
de naturaleza, como se verá confirmado en nuestro apén* 
dice de De fecho natural ^ poÜtico y religioso, i. 

Esta autoridad universal es la que no conocemos des- 
de que se inventó la fábula absurda de los pactos sociales; 
la que habia. colocado JDlps iq§i de 5po aftos antes en el 
autor universal de cada pueblo ; y la que constituye el po* 
der moral de gobernar, del que no teníamos la menor 
i^á, y <|Qe sip jpodráo destruir jatnaa todos^loé ^tentados 
del mundo: poder moral que sobrevivirá á todos los crí- 
menes, y á todas Jas revoluciones; poder moral que forma 
el gran resorte de los gobiernos , y sin el cual no podrá ha- 
ber jamas una sola autoridad legítima sobre k^ierfarjocáeT 
moral que no podrian dar todos los pueblos juntos, y que 
será siempre una propiedad, de los soberanos^ que como 
las demás propiedades., no; podrá marcháis jamas sino á la 
señal de los antiguos propietarios^ \ . 

Aun cuando asesinásemos hasta el fin del mundo, 

( ' "... 7 

sfempre resultaría este hecho decisivo, á saber; que los po- 
deres civiles no procederán jamas de los pueblos; y que 
desde que se inventó la fábula absurda de los pactos sociales, 
hemos caido en la mas deplorable ceguedad sobre todo lo 
que es relativo á las ciudades^ su origen, el de las leves, 
y de las constituciones, la fuente, la naturaleza, y la for- 
ma esencial de los poderes y de los derechos civiles. 

Pero se nos dirá que desde el principio del mundo ha 
habido muchas variaciones en las ciudades. ¿Y no podia 
áuüeder que en estas infinitas variaciones se hayan los pue# 
blos dsfdo alguna vez gobiernos , como parece que lo indi- 
can M. jBossíiet^ y todos nuestros buenos autores?... Precisa- 
mente todo esto es lo que vamos á investigar en la cuestión 
siguiente': con el hilo en la manó pasaremos al través de 
todas las variaciones que han sufrido las ciudades desde el 
principió del mundo, y procuraremos desembrollar este 
horrible caos. ' 



s sa9sa sBfifífín^^^9 BSi 



CUESTIÓN QUINTA. 



Que ninguna ciudad pudo Jarnos venir de los 
pueblos. 



1 • 



§. lívida nómada. 

5. a.^ Vida salvage, '^ ' 

§. i.^ Dmsiones y reuniones. 

§. 4.** Apelaciones á loé pueblos^ 

§. 5.** /tevoluciones, 

§. 6,° *Z?e/ consentimiento de los pueblos. 

§. 7.*^ Z)e/ ministerio dé Diosen las-constituciones. 

§. 8.* Heeho decisivo , 6t:. &c. 



ESTADO DE LA CUESTIÓN. 



I JLjas ciudades han sufrido desde el origen del mun* 
do una infinidad de variaciones. Hubo pueblos errantes, 
y pueblos fijos; pueblos cazadores, y pescadores; hombres 
salvages, y hombres civilizados; divisiones, y reuniones; 
apelaciones á los pueblos; soberanos arrojados, destrona- 
dos , desterrados ; insurrecciones y revoluciones , que han 
acabado por gobiernos populares. En todas estas variacio- 
nes ¿ han conferido los pueblos alguna vez la soberanía , 6 



( 



lo han (N)crido hacer f ¡;he& ha concedido IMw alguna vct 
el podef de constituir^ ópór lo menos^ el de dar á los go- 
biernos sa forma exterior ? 

11 Cuestione» sumamenee iinportaote»; porque es un 
áxiottia en <lerecho » que el que constituye es Ü quien per* 
tenece destituin Pasemos tapidamente la vista por todos 
•stos estados ^ f comencemos por los hombres^ errantes. 



S ' 



o 

4 



Vida nómada^ 

I ¿El priníer hombre errante iba solo eú sus viajes? 
Es fácil de resolver esta cuestión. Cuando la historia nos 
presenta á Cainy inmediatamente después de sut partida, 
fundando ciudades y llevando á todas partes la agricurtura y 
las artes , j llenando ía parte de la tierra en que se retiró 
de una posteridad numerosa^ á que se di6 el nombre de 
hijos de los^ hombres ; nos dice claramente que desde el 
momento de su destierro- partid con su muger, sus hijos, 
sus nietos, y abundantes provisiones. 

Por este destierro famoso,, el Señor del universo , que 

sabe hacer servir para el bien sus? propios castigos ^ se pro • 

puso extender la población ,^ como lo hizo ^ después del di- 

' hivio, por la célebre dispersión de Babilonia. Caín errante 

no estaba solo,, pues marchaba por todas partes en familia; 

y mientras que las otras ramas que procedían de Adam; se 

^separaban encasas, fijándose al rededoí de la ciudad pri- 

'mitiva , las diversas ramaS' que salian de Cain se dividían 

igualmente etl eí lugar de su destierro por grandes familias 

y ciudades que cultivaban el terreno de la circunferencia, 

y hacian una vida fija. 

II Antes que pudiera extenderse el cultivo de la tierra, 
es íacil de creer qué enestas ciodades nacientes , disemina* 
'das en las Ifanuras; quedarían terrenos baldíos, y vastos de*^ 
siertos incúItoS' por mucho tiempo* por falta de brazos , y 



ao8 YWhi irojfc^pA. 

V que no |)oáffbh servir si^fparai j^^stp de^Ids bei^tias. Se for- 

..oiaron puds natucalmente 4j^e estos prHn^ros. tiempos /a- 
milias ambulantes , cuya única; OQupaciqn dxe^ ^1 criar nu- 

. fperosos reb^ao» -que y eadiaa á las familias fijas. Tales fue- 
ron ant^ del >diluyio Ips descendientes de Jabela pastor 

. opíuati ;. y después del diluvio los de Abraham \ Jacob .j 
otros patriarcas; que vivían en tiendas, y conducían sus 
ganados de valle en valle, de desierto en desierto, como se 
ve en la historia de Josefa, . * 

III Hubo pues en los primeros tiempos familias am* 
bulantes^ y aun en el di^^hay muchos paises de una vasta 
extensión de terrenos incultos. Estamos muy distantes de 
querer dudar i^^este IiacUo incontestable. Pero tenemos 
por ciectó q\it n{> fue éste el estado primitivo del hombre, 
porque Caín^ antes de su destierro, hizo una vida fija en 
Ja ciudad primitiva, en laque fue cultivador,, y. de la que 

salieron sucesivamente todos los biooes , todos los ganados, 
todas las ciudadeis, y las mismas familia^ ambulantes. 

IV Si no fue éste el estado primitivo^, es A colmo de 
la extravagancia pretender que fue el único. Mientras que 
Caín hacia una vida errante, JEnos^ JEtioeh y muchos otros 
gefes de familia, habitaban en ciudades., cultivaban las 
tierras cercanas, y se entregaban á diferentes artes. Guando 
JcAel andaba errante con sus r/3banos , Jubal y Tubalcain 
.residían eii ciudades, en las que trabajaban en diversos ofi- 
cios , que exigian una vida sedentaria ; y después del dilu- 
via mientras que Abraham^ Jaccb y otros patriarcas hacian 
una vida ambulante, se hallaban, por donde^ quiera que se 
viajase, infinidad de familias fijas, ciudades construidas, y 
reynos existent:es« Estos hedios, ademas de su conformidad 
natural con la razón , están, consignados expresamente en la 
historia, y sería preciso no haberla )eido. para dudar de 
ellos. Queda pues demostr9do que desde los primeros tiem- 
pos hubo muchas mas familias fijas que ambu)aptes. . ; 

V Pero ¿ estas familias ambidafites . se kallabap, es* 
parcidas m l0$, bosques i y, vivían en la independencia ? 



VIDA NÓMADA. ^09 

Sería una impostura mucho mas grosera; pues todo nos 
persuade que marchaban en cuerpo como la de Caín: que 
obedecían respetuosamente á un gefe, y que este gefe obra» 
ba como soberano, y hacia la paz y la guerra, como lo de«. 
muestra la historia de Jbraham. El misma ^fe tenia dere- 
cho de vida y de. muer te, <x)mo se ve en la historia dé. 
Thamar\ y nadie podia comprar una sola medida de trigot 
sin su permiso,' como lo demuestra la historia de Joojík 
Estas grandes familias * eran- ciertamoite: verdaderas ciudía* 
des ambulantes, que: tenían su policb^ sus leyes y sus usos^ 
y que dependían de un gefe con tanto .xigor como las cíü- 
da(^ fijas. ' . 

y I Si no existia esta independencia en las familias pa«^ 
triarcales, ¿dónde se hallará? ¿será entre los Árabes, los 
Tártaros y otros pueblos que como los patriarcas andaban 
con sus rebaños perpetuamente errantes por vastos desier* 
tos? £s verdad que . entre estos pueblos hay algunos que 
no teaian otra morada que sus carros; pero en estas casas 
movibles vivian todos en familia, estaban subordinados to- - 
dos á pn gefe, y no^han desconocido nunca la dependen* 
c*a. Es bien sabido el respeto bárbaity que los Scitas dabsin 
á sus reyes, pata cuya escolta, cuando morian, hacian de* 
gollar á todos los que le habian acompañado en vida. Cor* 
ranse todos Ips pueblps antiguos y modernos , . y en todas 
partes- se.' hallarán hombres errantes, pero con leyes , con 
usos, gefes y reyes como en los pueblos fijos. 

Vil He aquí lo que es esta vida hornada , pastoral y 
patriarcal^ de que se han hecho tan bellas pinturas en los 
libros y en los cuadros; esta vida tan cantada por los poe- 
tas, y tan celebrada por nuestros romanceros, que consiste 
en cuidar de los animales mas inmundos y desagradable?, 
destino que se dio en los principios á los que nacian los 
últimos; esta vida por último, tan poco deseada en todos 
los tiempos, y tan generalmente despreciada éntrelos egip- 
cios y todos los pueblos en que estuvieron en honor las 
ciencias y las artes. Por una sola familia que se entregaba á 

VD 



aiO VIDA NÓMADA. 

]a vida errante había millares que residían en las ciudades. 
A esto se reducia la vida pastoral y patriarcal , y no pue- 
de inferirse de aqui que hubiese por eso dispersión , iguaU 
dad ni independencia. 

yin Léase sin embargo á Rousseau^ óigase á todos los 
demócratas y á codas las cabezas sistemáticas de nuestros tieni- 
pos 9 que pintan esta vida como el estado primitivo del 
hombre, sin que tuviese otro, ni hubiese una ciudad ^ una 
•ola población y ni una sola Eamilia fija reunida. Según 
ellos, en estos dias extraordinarios, que no se han visto ni 
verán jamas, todo el mundo era feliz, igual é independien* 
te, y se vivia en una perpetua primavera y en un siglo de 
CIO, en el que los tigres y los córderillos jugaban juntos , 
y en. el que las pasiones no conducían al mal, ó en el que 
na habia pasiones. 

IX Que los poetas hayan mantenido su imaginación 
con iguales sueños, que se hayan divertido los pintores en 
trazar sobre ^1 lienzo estos rasgos fabulosos, y que aun se di- 
viertan los niños de esto en sus ratos ociosos, nada mas sen • 
cilio. Pueden formarse cuentos y romances como se quiera» 
con tal que se les dé por lo que son. Pero recogerlos como 
verdades demostradas ; hacer de ellos tratados de moral y 
libros de derecho; que los crean de buena fé los qiue los 
divulgan; que los crean también los pueblos y los sobera- 
nos; que se generalice esta creencia y se haga, la opinión 
universal ; y que por quimeras como éstas se rompan las 
constituciones y se trastornen los gobiernos para restable- 
cer en todas partes la vida pastotal y patriarcal de los pri* 
meros tiempos, ¡he aqui lo que hace temblar sobre la ce- 
guedad extraña de nuestro siglo! 

X Lo cierto es que cuanto se nos ha dicho de esta vi- 
da pastoral y patriarcal , en la que se supone estuvo todo 
el mundo quinientos ó seiscientos años, errante y en la in- 
dependencia , es un tegido de cuentos pueriles. Seria preci- 
so no haber leido jamas la historia para ignorar que en 
tiempo de los patriarcas habia una infinidad de ciudades 



VIDA NÓMADA. ai I 

en la tierra de Canaam-^ una infinidad en la Grecia, y eij 
el Asia menor en tiempo de los Cíclopes; y que aun en 
nuestros dias, mientras que los Tártaros se pasean en sus car- 
ros, tOíJo el universo está Heno de ciudades y pueblos fijos- 
XI Es pues falso que en los primeros tiempos hubo 
solo familias errantes , porque en todad partes se hallaban 
ciudades y reyes; que estas familias estuviesen dispersas, 
porque marchaban por todas partes en cuerpo; y que fue- 
sen independientes, porque tenían sus leyes, su policía y 
un gefe con autoridad universal sobre sus descendientes. 
Ni los historiadores, ni los buenos autores han hablado ja- 
mas del estado patriarcal del modo que quiere represen- 
társenos. Entre los pastores, como entre los labradores, fué 
el padre el que gobernó por todas partes, el que estable- 
ció y el que hizo las particiones. Y en todas partes las le- 
yes, las constituciones y el arreglo del gobierno civil, fué 
hecho por el padre prinúti^o quinientos ó seiscientos 
años antes que pudiese haber convenciones populares. Esta 
marcha es independiente de las profesiones y de las varia* 
ciones, y será siempre la misma. Luego la ciudad no na- 
ció de los pueblos en la vida nómada. 

Vida salvase. 

I Es constante que después de la dispersión de Babilo- 
nia las regiones distantes no pudieron ser pobladas y habi- 
tadas sino mucho tiempo después que las otras. Ya estaba 
el 4sia llena de reyes y de ciudades, cuando la Europa, el 
África , y sobre todo la América no tenian aun habitantes. 
Fué progresivamente y después de haber atravesado vastas 
regiones cuando tocó la población á las riberas del mar, 
pasando desde allí á los términos del mundo ; de suerte que 
estaba ya la tierra cubierta en parte de pueblos civilizados, 
y no había aun en ella un solo salvage. 

II Sea por curiosidad ó por necesidad , los primeros 

dd: 



aia VIDA SALVAGE. 

que llegaron á los bordes del Mediterráneo no tardaron en 
hacer ensayos. Hallando en todas partes bosques inmensos, 
hicieron barcos y canoas por el modelo del bajel que les 
habia salvado del diluvio, y atravesando primero los rios, 
hicieron después ensayo por el mar, y se alentaron al fin. 
Mientras que los ScUas y otros pueblos ambulantes se.es- 
tendian en sus carros acia el norte, los primeros barcos ar- 
rojaron algunos individuos en las islas del Archipiélago, en 
la Grecia y en las costas del África y de Italia, Mucho 
tiempo después debieron ser arrojados otros en la América. 
Siguiendo atentamente sobre el globo la marcha de la 
^ historia, de las artes y de los monumentos, se sigue coa 

la vista la marcha progresiva de la población humana^ 
y se conoce fácilmente el punto de la tierra de donde ha 
partido. , 

III Entre los que se aventuraron en el mar é hicieron 
los primeros ensayos en un elemento furioso que no cono- 
cian, es fácil de conjeturar que algunos, después de haber 
6Ído incomodados ^por la tempestad, serían arrojados en las 
islas ó en las costas de la Orecia, donde se hallarían después 
de su naufragio sin trigo , sin ganados , sin instrumentos 
de labor y sin provisiones algunas. Separados del Asia y de 
los demás pueblos civilizados por brazos de mar y vastos 
desiertos , sin poder sacar nada de las primitivas sociedades, 
es fácil de creer que caerian en poco tiempo en un estado 
de miseria, de ignorancia, de embrutecimiento y debarba- 
lie, que seria fácil adivinar aunque la historia no nos ha* 
blase de ello. He aquí el origen de los primeros salvageSk 
Y como la ignorancia es la madre de la corrupción y del 
engaño , no es de admirar que estos primeros tiempos pro- 
f dujesen tantas fábulas groseras que supo pintar la imagi* 

nación de los poetas. Si fué esta, como es probable, la situa- 
ción de los primeros habitantes de la Europa cuando lle- 
garon al Peloponeso, hicieron muy bien en comer bellotas; 
porque antes de morir de hambre , el hombre se arroja por 
un instinto natural sobre lo primero que halla, y en 



í 



VIDA SALVAOE. ai3 

defecto de trigo come raices y frutas salvages. Cualquiera 
en nuestros tiempos haría otro tanto* 

lY Si los primeros habitantes de Europa, separados 
del Asia por el Archipiélago y vastos desiertos, cayeron 
á su llegada en un estado tan afrentoso , puede juzgarse por 
aquí cuál seria el de los primeros habitantes del mundo 
cuando se hallaron separados mucho tiempo después del 
resto de los hombres por mares inmensos. ¿De qué modo 
fué poblada la América? ¿sería por los individuos del 
norte, que habiéndose librado de las bestias feroces y de 
los riesgos de un largo viage, llegarian allí al través de hie- 
los, por camines que no conocemos? ¿ó bien por medio 
de barcos ó canoas de pescadores que habrían perecido en 
aquellos parages , salvándose en sus ruinas algunos náufra- 
gos? Es lo que ignoramos, y lo que precisamente no cree- 
mos necesaria para resolver la cuestión de que trata* 
mos ahora. 

V Lo que tío puede contestáráe , pues que está consig- 
nado en todas las historias , es que cuando se descubrió la 
América, no se halló allí ni trigo ^ ni caballos^ ni ganado^ 
niel uso del hierro^ ni instrumentos de labor. De donde 
resulta que en la América , como en la Grecia , fué el de- 
fecto« de provisiones la causa de la vida salvage. Y si estos 
desgraciados habitantes andaban desnudos, fué porque ca- 
recian de vestidos; si comian bellotas, fué porque no 
tenian trigo; y si vivieron después de la caza y de la pes- 
ca, fué porque no tenian ganados. De donde resulta de 
consiguiente , que el estado salvage no fué el estado pri- 
mitigo del hombre. El pretenderlo sería afirmar que el pri- 
mer hombre fué arrojado sobre la tierra por la tempestad, 
y que llegó á ella por un naufragio, sin frutos, sin ganados 
y sin provisiones^ Estravagancia que en nada cedería á las 
que dejamos refutadas. 

VI Oigamos sin embargo á 7. /. Rousseau^ llamado 
con tanta oportunidad por M. de Bonald el romancero de 
Ichíida salvage. Según este escritor de paradojas : »este es- 



ÜI4 VroA 8ALVAGE. 

»>tado fué el primitivo del hombre; por consiguiente su 
»estado natural ; y si fué su estado natural debió ser un as- 
onado de felicidad , de la que ha sido despojado por con- 
»sentir en la vida civilizada, que ha hecho toda la desgra» 
»cia del mundo." Raciocinio absurdo en todo su contenido 
porque es falso en su principio, pero raciocinio que pre- 
sentado por el oráculo del siglo , repetido desde el princi- 
pio al fin de sus obras y por todos los ecos del error, debia 
en un siglo frivolo producir en los ánimos la mas terrible 
revolución. Según la creencia casi universal y la de los hom- 
bres que se distinguen del común , no hay un pais que no 
haya comenzado por la vida^ salvage. Si se quiere saber lo 
que era el hombre antes dé la civilización, se nos envía 
entre los salvages , á quienes consideran los filósofos en el 
estado de naturaleza^ y de consiguiente en el estado de* 
licioso por excelencia. 

YII De aquí aquella impaciencia de sacudir el yugo 
de los gobiernos , y aquel furor universal por la vida salva- 
ge , que pasando de los libros á las cabezas , y de las cabe- 
zas á los corazones, no ha tardado en manifestarse en 
los cuerpos. Avergonzándose de andar enteramente desnu- 
dos en los países acostumbrados á la civilización, no se 
ha tenido reparo en vestirse á lo menos de un modo que 
lo pareciese. En lo demás se ha manifestado claramente el 
horror con que se miraban las trabas de la vida civil. Ca^ 
bellos grasicntos, cabezas d lo Tito^ figuras bárbaras, y la- 
batorios perpetuos: verdaderas madrastras sumergiendo el 
cuerpo palpitante de los recién nacidos en el mar y en los 
riosy y haciéndoles andar casi desnudos en los climas mas 
rigorosos. Tratamiento bárbaro, evidentemente reprobado 
por la naturaleza, pues que los animales mas feroces cuií^an 
mucho de dar calor á sus cachorrillos, yl que (como dice ]V1 
Bonnald) un calor dulce y moderado conviene mucho mas 
al desenvolvimiento de sus miembros delicados. Tratamien- 
to homicida, que encrespando el sistema nervioso, lejos de 
fortificar el cuerpo forma "miserables abortos, y hace pére- 



VIDA SALVAGE. ai5 

cer multitud de niños raquíticos desde la mas tierna edad. 
Pero teníamos necesidad de una raza de caníbales y esqui* 
males '^ y no se ha tardado en exceder á los primeros en la 
sed de, la sangre , y á los segundos en el desorden de las 
costumbres. 

VIII En este embrutecimiento del espíritu y ^ del cora» 
zon debían ser demasiado inmateriales las grandes ideas 
de un Dios creador^ y se conformaban roas á los sistemas 
miserables de Celso y Porfirio, que se reprodujeron bien 
pronto bajo de otros nombres. De aquí aquellos cometas 
increados que después de haber rodeado millares de años 
en el vacío, venian por fin a caer sobre el sol, para formar 
mundos de vidrio, que necesitaban otros tantos años para 
enfriarse; y de aquí aquellos hombres eventuales que, ha» 
liándose sobre la tierra sin saber cómo, han pasado milla* 
res de años comiendo bellotas, privados del trigo y de los 
ganados, de la agricultura y de las artes; y sin embargo mil 
veces mas felices que en la vida civilizada. 

IX Concepciones groseras , tan absurdas como imposl* 
bles , mil veces producidas y otras tantas pulverizadas. Pe* 
güeños espíritus , ó espíritus de cosas pequeñas que , según 
Montesquieu, perdieron el imperio Romano después de 
destruir sus costumbres; que, según M. Bonald , han hecho 
en todos tiempos el carácter distintivo de la falsa filosofía; 
que por una fatal desgracia han llegado á formar en núes* 
tros dias el espíritu público; y que, según la predicción del 
célebre LeibnitZy desde mas de cien años hace preparaban la 
catástrofe que acalia de suceder, consumando en pocos 
dias la obra de tantos siglos. Pequeños espíritus que lo des?* 
fruyen todo sin edificar nada; y que por sus sueños insen* 
satos creen reemplazar al Criador, y no le reemplazan; evi* 
tar sus castigos futuros, y no los evitan. 

X Por lo que hace á nosotros , qué como á pesar núes* 
tro hemos sido conducidos por esta espantosa catástrofe á la 
discusión de tan importantes cuestiones, sostendremos con 
los que conservan aun alguna luz de razón, que dejando de 



ai6 VIDA SAIiVAGE. 

admitir la creación ; todos los cometas , y todos los átomos 
de los materialistas no hubieran podido jamas crear un gra« 
no de trigo; y admitiéndola no ha tenido necesidad elTo« 
da^ poderoso de estas lentitudes, ni de estos viles agentes 
para producirlo todo. Sostendremos que si hubiera comen- 
zado el hoipbre por la vida salvage, jabias hubiera salido 
de ella; que si hubiera vivido desde luego sin trigo, vivi» 
:ia aun sin él. Sostendremos con todos los buenos autores 
y con muchos escritores convencionales, como Buffon 
Voltaire^ y otros que no pueden ser sospechosos á los ad- 
versarios, que la vida salvage, esta vida de miseria^ de 
imbecilidad y de degradación, de que hablan los historia« 

4 

dores y los viageros , no fue el estado primitivo , ni el esta- 
do natural , ni el estado universal del hombre. 

XI No fué su estado primitivo^ porque mas de dos mil 
años antes que hubiese salvages en ]a Grecia, nos presenta 
la historia á Cain labrando la tierra , y á los hijos de Noé 
haciendo Iq mismo después del diluvio. No fue su estado 
natural porque la naturaleza misma nos advierte , que ha- 
biendo sido hechos todos los bienes para el hombre, fue- 
roa estos criados esencialmente con él, y él con ellos, mu- 
cho antes que pudiese hab^r griegos. Tampoco fue su esta* 
do universal^ porque la historia, de acuerdo con la razón, 
nos hace ver á los Asirlos , los Egipcios , los Cananeos y 
todos los pueblos primitivos que salen de Mesopotamia per- 
fectamente civilizados y provistos, llevando consigo trigo y 
toda especie de bienes; y que se extienden por el Asia^ el 
África y todas las tierras contiguas , en ilas que no hubo ja- 
mas verdaderos salvages. -^ <ojx 

XII La vida salvage es un estado íliccídeAzía/, parí íca- 
lar y muy posterior al origen de los cuerpos civiles, en el 
que cayeron los griegos como los americanos^ y algunos 
seres desgraciados , que separados de las sociedades primi- 
tivas por la tempestad ú otros accidentes imprevistos, se 
vieron sepultados en la mas profunda miseria. ¿Que se diría 
(dice un filósofo sensato) del que viendo una abeja extravia* 



VIDA SAIVÁGB. ÍII9 

da y perdida en los desiertos, pretendiese qw' era este 
su estado natural^ y qué las abejas^ que se reuuen en el 
Corcho y viven en sociedad se hallan en un estado contra'^ 
rio á la naturaleza^ 

' XÍII El afirmar que porque los griegos y los america* 
Hos comenzaron por el estado salvage, debieron estar m¿» 
llones de años en aquel mismo estado, es otro error que 
desmienten todos los hechos. Luego que fueron descubier* 
tos los miserables habitantes de la Grecia, les llevaron tri* 
gos los P heñidos^ y les transmitieron sus leyes y sus ^rtes 
Jos Egipcios , pasando después todos estos bienes de la Gre« 
cia á la Europa entera. Es verdad que la América separada 
de las demás sociedades por mares inmensos debió perma-. 
necer mas tiempo en este estado de desnudez. Sin embar- 
go, Ui^gp que, fue descubierta, se transportó allí trigp y 
ganados:, ;iiuevQ prueba de que los habia en otra parte. 

XIY Pero atreverse á afirmar que en este mÍBerable ^ 

tado somnas felices los salvag^ que los pueblos civilizados^ 

es hacer un iasuUo al simple buen sentido. He aquí lo quo^ 

üf. Vglaey (en s\i$ Ilustraciones pág. 493.) nos dice eq 

nuestros dias de los salvages vecinos al Canadá. »£1 sal* 

>^vage americano i es borracho, feroz, disipador;.... esclavo de 

>#sus necesidades , y de una naturaleza estéril ; si^i alimentod, 

Wm repo30 ^eguro, sufriendo el hambre, la sed, el c^lor, 

#>el frió, y todas l^s intemperies de las estaciones; sin defen* 

#f da , sin morada fija , sin seguridad en sus vidges; enti^gado 

»á la crápula y .al Jiberún^ge centre los dos sexos, desde la 

»mas tierna in&qcia ; la crueldad, la vengan/ia, los resentí- 

3»mientos, guerras pérfidas é interminables; una multitud 

^>K]e ideas falsas y supersticiosas , de que esté libre el hom* 

»bre civilizada..^ Esta es ,1a vida salv¿^e. Que vengan ahor 

>>ra á alabarnos la bqqdad del hombre en ^ste miserable es* 

tptadb los soñadores sentimentales , como Rousseau y otros 

»que no le han yisto." 

XV Si estos Sal v^es vecinos al Canadá §e li^llaii en na 
estado de tanta ipiseria ¿^ué pensaremos de aqueUos que 

EE 



\ 



ai8 VIDA $ÁLyAG£. 

por su situación se hallan á mayor distancia de las socieda- 
des? He aquí lo que se leeen el 4.° viage de M. Cook to- 
mo 5,^ pág. ao3 5 sobre los habitantes de la Tierra de Fuego. 
»Si alguna vez (dice este \iagero célebre) pudo ponerse en 
»duda las ventajas de la vida civilizada sobre la vida salva- 
»ge 5 bastaría la simple vista de estos indios para decidir la 
^cuestión. Hasta que no se pruebe que un hombre ator- 
»mentado continuamente por los rigores del clima es feliz, 
»no creeré en ^as declamaciones de los filósofos, que no 
>>han tenido jamas ocasión de contemplar la naturaleza hu« 
0mana en todas sus modificaciones, ó que no han sentido 

» 

^>lo mismo que han visto..... Los hallé puercos, estupidos, 
mndolentes, embrutecidos, y tan miserables, que no que- 
iman ó no podian preservarse del rigor de los tiempos."* Y 
si el estado de los indios actuales de América fesaüutan de- 
plorable ¿cuál sería el de los primeros habitantes que no te^ 
niau cabanas, ni instrumentos, ni arcos para cazar cuando 
fueron arrojados por la primeraí vez sobreestás c^Ciás inha- 
bitadas? (Cuánta fuerza de genio ea bec^m para haber 
hecho creerá tantas gentes que estos individuos §oa felices! 
T ¡qué^ extensión de fé no sé necesita para* creerlo! 

XVI Pero persuadirse que porque eistos infelices care- 
cían de pan hablan de carecer de gefes y de atítoiridades , es 
éiECeder los límites ordinarios de la credulidad $ pué^ qtié se- 
ría hacer creer que no tuvieron padres ni madr^. Es ver- 
dad que cuando- empezó á poblarse la Jrgólidá^ Inaco 
empezó también á reunir las familias dispersas ; pero antea 
de está reunión aquellas mismas familias teíiian gefes, y 
gefes supremos. Las ciudades de Elida ^ de Dodona^ las 
regiones de Tharsh y de Cetim^ los campos Elíseos ^ y el 
tío Eliso traen evidentemente su nombre de Éliza , Tharsis^ 
Cedm y Dodanim^ cuyos nombres son precisániente los de 
los cuatro hijos de Ion ó Jaban , y por consiguiente de los 
cuatro gefes naturales de las principales tribus de los griegos. 

XVII Es Verdad que cuando los habitantes del Perú 
comenzaron á multiplicarse, se presentó á ellos ilfancoca^ 



TIDA SALVAGE. ai 9 

páck para reunirlos; pero también es cierto que. todos los 
salvages que se han bailado en América, aun en los nidos 
del Paraguay , vivian en familias que extendian su habi^ 
tácion á proporción que se aumentaba su numerb. Y de 
aquí, en la historia de Hobertson, aquellas grandes caba-* 
ñas que oontenian á veces un centenar de individuos que 
vivian juntos, con un solo hogar, y bajo la autoridad de 
un solo gran padre. 

XYIII Cuando esta gran familia se vio obligada á di« 
vidirse , fue precia construir al rededor de la cabana pa* 
tema cabanas mas pequeñas, que formaron villas y tribus. 
Esto mismo se ha hallado también en .todos los pueblos 
salvages. Cuando llegaba á morir el padre común debia 
dejar al mas anciano el gobierno de su tribu. Léase la his« 
loria, y se hallarán estas mismas graduaciones sin la menor 
diferencia. Donde quiera que se han hallado salvages y se 
han visto tribus gobernadas por los ancianos , un ^cacique 
sobre los ancianos ^ y eú los paises mas adeíantadod en po? 
blacion un emperador sobre los caciques. 

XIX y debe advertirse que estos emperadores no eran 
elegidos por el pueblo, sino por los ancianos; que estos no 
eran los viejos ^ como se ha querido persuadimos, sino (co- 
mo dice el j:7a<ire Lábat) los gefes de las familias nías an«. 
liguas , á quienes se llama aun entre nosotros séniores ó 
señores^ que estos ancianos no elegian arMtrariamente co« 
xno se nos ha dicho; y que proclamaban al más anciano, ó 
al primer señor de entre ellos, y á sus herederos naturales, 
como sucedía en Méjico , en el Perú y en la Virginia aun 
antes del descubrimiento del nuevo mundo. De modo, que 
entre los salvages, como en cualquiera otra parte, el tron^ 
co scjguia regularmente el orden del nacimiento, y no ve- 
nían á ser las elecciones otra cosa que la proclamación del • 
primer gefe , como manifestaremos en otro lugar. 

XX Aunque , lo que no es posible . el primer hombre 

hubiera sido arrojado sobre la tierra por una tempestad, 

sin trigo, sin ganados ni vestidos, como los Griegos y los 

£fi : 



aao VIDA SALVAGE. 

Jmericanos^ aunque^ el estado Balvage hubiera sido nm^ 
versal ; y aunque todos los pueblos hubieran sido condena- 
dos á este estado por el Autor de la naturaleza", sin dejarles 
esperanza de salir de él jamas, seria una ilusión miserable 
el creer que hubieran vivido quinientos 6 seiscientos años 
sin ge/es , sin autoridades y sin gobiernos. Se conviene fa? 
cil mente en que según los diferentes, accidentes que suelen 
sobrevenir , pueden los pueblos ser mas ó menos ricos; 
mas ó menos fuertes, mas ó menos provistos, fielices ó ade- 
lantados en civilización. Los desgraciados que no tienen 
pan , y se ven obligados á comer bellotas , son mas de com* 
padecer que los que viven en la abundancia. Puede variar 
el estado accidental del hombre; pero lo que es invaria- 
ble en él , es que civil ó bárbaro , comiendo pan ó pa* 
ciendo yerba <¡ llegando por mar ó por tierra , vestido de 
púrpura 6 desnudo-^ si yo soy^ el primer ocupante de un 
país, seré su señor: si soy el autor universal de una tribu» 
tendré ta autoridad universal sobre mis descendientes , y 
si soy este padre primitivo , aunque sea antro'pófago , d 
mas cruel y el mas bárbaro de todos los hombres, seré pa» 
dre por la constitución misma de la naturaleza ; y eh vir* 
tud de mi titulo de autor universal estableceré, haré las 
particiones, y constituiré sobre mis descendientes. Entre 
los salvages, como en todo pueblo, ta constitución civil ha 
sido hecha por el padre quinientos ó seiscientos años ^nte« 
que pudiese haber convenciones populares; y ni los histo- 
riadores ni los buenos autores han podido catarnos un solo 
pais en donde los hombres hayan vivido un solo dia en la 
independencia. Luego nos hemos engañado gravemente 
sobre la vida nómada y la vida salvage. 

Divisiones y reuniones^ 
I Al tiempo de la graa divkion de la sociedad primi* 



DIVISIONES Y. ^REUNIONES. 221 

uva, jos pa\sesqné recibieron itim^iatamente los prime* 
ros desbordes de esta prodigiosa población mucho tiempo 
concentrada, como Babilonia^ Nínive^ Egipto y Asiría^ 
.se vieron cubiertos desde luego de una, población inmensa. 
Según la aversión natural que se tenia entonces á la se- 
paración, los gefes que se fijaron é hicieron primero alto, 
como Nemrod , Mezraim y otros , debieron hallarse desde 
juego al frente de un pueblo numeroso, en el que tenian 
labradores, artistas, guardas, soldados, frutos, ganados, y 
todo lo que era necesario para organizar inmediatamente 
grandes cuerpos civiles. Vuélvanse los ojos sobre el Egipto^ 
la Asiría y Babilonia^ y se verá que después de la disper- 
sión primitiva hubo inmediatamente grandes monarquías, 
grandes .mooarcas , y obras soberbias. Mientras que los des- 
graciados habitantes del Peloponeso comian bellotas, se re- 
cogían, en aquellos reinos abundantes mieses. Apenas tenia 
la Grecia malas cabanas , cuando Ninive , Babilonia y la 
soberbia Thebas de cien puertas^ y de los edificios mas 
arrogantes , atestaban al género humano, que no habian pe- 
recido las artes bajo de las aguas del diluvio , y que el es¿* 
.tado de civilización verdaderí^ e^istia mas de dos mil años 
antes, que hubiese salvagesi Todos aquellps cuerpos civiles 
eran grandes desde su origen , porque nacieron con una 
población inmensa. 

II No sucedió así á los individuos , que después de pe- 
nosos viages llegaron unos después de ojros á las diversas 
partes del globo. Es verdad que cuanto mas andaban , des- 
cubrían mas una extensión inmensa de paises, de la que 
eran señores exclusivamente. Como eran en corto número, 
les era enteramente inútil toda esta extensión. Cada gefe 
de familia, desde que llegaba, después de desmontar un 
pequeño terreno en los montes, formaba en él una peque- 
ña ciudad , cuyo gobierno dejaba después de sj? muerje al 
mayor de sus hijos. Cuando la ciudad primitiva se hacia 
muy numerosa , los gefes de los ramos de los hijos meno» 

res pasaban á formar una nueva ciudad en la vecindad; Ca» 

\ ' - 



sai tolVISIOÑES 

da extrangero que llegaba se establecía en aquella parte 
de país que aun no habia sido ocupada. Los bosques, los 
valles, un rio, un barranco profundo eran bastante enton- 
ces para interceptar la comunicación ; y hacian á todos es- 
tos pequeños gefes tan independientes entre sí , como lo 
son hoy los reyes actuales. Y de este modo lo etitienden 
los buenos autores , cuando dicen , que en el origen eran 
los hombres independientes : lo eran los gefes unos para 
con otros , pero no las ciudades de sus gefes. 

III Cuanto mas nos alejemos del nacimiento del mun- 
do , hallaremos que se hacian mas pequeños los gobiernos, 
y que se multiplicaban mas las soberanías. Desde los tiem* 
pos de Abraham , es decir , cerca de cuatrocientos años des- 
pués <Jel diluvio ( como observa JSossuet) se veía una infi» 
nidad de pequeños reinos , formados mucho tiempo habia. 
En el Asia menor ^ en la Grecia y en la Italia , en la Ger* 
mania , en las Gavias ^ y en la Gran^Bretaña , habia, 
por testimonio de todos los buenos historiadores, una mul- 
titud de reinos , todos pequeños. En Germania , por rela- 
ción de Tácito, habia casi tantos gefes como 'lugares : guot 
pagos y totfere duces. En el origen, al tiempo de la prime- 
ra ocupación , cada ciudad tenia su gefe ^ y cada pequeña 
isla tenia su rey ; y debia suqeder así , porque por don- 
de quiera que se llegaba con pocas gentes , podia ocuparse 
solo un pequeño terreno , y formar establecimientos muy 
cortos ; y como todas estas pequeñas ciudades se hallaban 
separadas por bosques y por desiertos , es fácil concebir 
por qué dicen los historiadores que vivian nuestros padres 
enmedio de los bosques. 

IV Todos estos gefes con su |)oca gente, por corto que 
fuese el terreno que posbían , se hallaban muy desahogados, 
y podian hacer desmontes al rededor de sí sin que nadie les 
perturbase; pero cuando comenzó á llenarse cada pequeño 
pais , tocándose entre sí la población , empezó á querer ex- 
tenderse, y á hacerse lugar á expensas los unos de los otros, 
llegándose á estabkcer un estado de guerra, de división y 



Y REUNIONES. aa3 

de anarquía , desconocido hasta entonoes^^ f terrible para 
los estados pequeños. No teniendo cada gefe fnetzá bastante 
para defenderse y hacer respetar su ^erreno^ nó hiibo ja» 
mas (como dice M. fíollin) tiempo mas fecundo en turba- 
ciones, trastornos y disensiones de toda especiev En esta lu- 
cha indispensable los últimos que llegáfban^, obligados á ce- 
der el puesto á los primeros , tomaron el partido de ir á bus- 
car su fortuna á otra parte. De aquí aquellas colonias qpe 
se embarcan en diferentes puertos para formar establecí- 
mientos en Grecia^ en Cartago^ en Italia^ en Bretañía^ y 
en las Caulas. En los debates de los que quedaron^ los es» 
tados grandes tuvieron ventajas visibles sobre los pequeños. 
Dé aquí los progresos rápidos que hicieron desde ú principio 
Nemrody Niño y Sesostris'^ y después los romanos y otros 
grandes conquistadores , que hicieron temblar la tierra , y 
devoraron los estados pequeños.. Y de aquí eaj^os últimos 
tiempos las invasiones de los pueblos del Norte , cuya po- 
blación, apoyándose sobre /o? términos del mundo (dice 
un autor célebre ) debían necesariamente caer sobre el im- 
perio, romano y absorved^ al fin. 

y En;este estado de guerra, de fluctuación y de sangré^ 
que debi6 rwíltar por necesidad del choque de los pueblos 
que pitoQ«raban engrandecerse,, fue preciso pensar en re^ 
unirse y biián fuese para terrainar estas disensiones , ó ya pa- 
ra ponerse en estado de resistir á las grapdes potencias» Por 
eso se vio en el primer origen que Abraham hacia alianzas 
con las casas de Mambré^Jüscol y Abner^ y concluyó tr^ 
tadosi coQ Jbimeleck , ¡rey de Geraria. Lo mismo hicierqa 
los gefes poco poderosos «n todos los paise?. Y de aquí na- 
ciCTon insensiblemente diferentes forman de gobiernos. Lo» 
unos 9 como los pequeños reyes de Grecia y Palestina» se 
reunían entre sí siii abdicar su soberanía; y así se verifica* 
ron las confederaciones y (iliarizas. Otros (como dice el 
podré Berthier^ Observ^cio^^s sobre 6t:.Qontr0ü;social):tQf^ 
marón el partido de ddiberar t^ntrí&'^í sojbmosus intereé^f^ 
respebtivosi, y de gobernar en Cp«iun stífe pisqueñps esitadOi^ 



aa4 DIVISIONES 

y así empezó la aristocracia. Otros se pusieron bajo la pro- 
tección del monarca mas antiguo y poderoso del pais ; y de 
allí él origen antiguo de los grandes vasallos. Otros , mu- 
cho mas sabios , como los Albanos con los Romanos y los 
gefes de los Francos entre sí , habiendo hecho el generoso 
sacrifíclo de su independencia 5 pusieron su soberanía en las 
manos de uno solo; y de aquí el principio de las grandes 
monarquías que resultaron de la reunión de todos estos 
pequeños estados. 

VI He aquí seguramente el estado de anarquía y de 
independencia de que hablan los buenos autores, y que pre- 
cedió en efecto á la formación de los grandes gobiernos, ffa* 
biéndose hecho muy numerosas ^ nos dicen, las^ sociedades 
primitivas , llegaron á separarse por brazos , que formaron 
Otros tantos pueblos pequeños, cada uno bajo la dirección 
de sus gefes. Cuando estos pueblos se hallaron estrechados, 
se batieron , y cada pais llegó á caer en un estado de anar- 
quía espantosa. Estas divisiones son las que hemos tomado 
por dispersiones individuales; per^ poco oportunamente, 
porque no fueron los individúen los que se separaron, sino 
los pequeños pueblos que se dividieron y se hicieron la 
guerra. Después de haberse batic|p mucho tiempo, fatigados 
estos pequeños pueblos de sus divisiones, tomaron^al íin el 
"partido prudente de reunirse bajo de un solo soberano. Es* 
to es lo que hemos tomado joor unacreacion dé soberanía^ 
y nos engañamos groseramente; pó!*que mucho antes de 
Tfeunirse, y aun antes de repararse, todos los buenos autores 
TÍOS dicen que estos pequeños pueblos tenian gefes sobera- 
nos independientes los unos de loe otros, pues que^de aque- 
lla independencia respectiva nacía esta cruel anarquía : quot 
pagos , tot /eré duces. 

VII Atiéndase según esto á la situación natural de todos 
fefetos pequeños pueblos primitivos, contenidos en el mismo 
pais, y juzgúese con imparcialidad y sin preocupación...... 

i Qué; porque los pueblos dé los cinco 6 seis pequeños pue- 
blosí v^iiios, ^movidos por difereates causas, tomen el pru* 



/ 



Y REUNIONES. iaS 

dente partido de reunirse, y porque conociendo la necesi- 
dad ó la sabiduría de lo que se les aconseja, consienta cada 
uno en poner su autoridad en las manos del principal de 
entre ellos, será esto la creación de una autoridad!.... Si 
todos los pequeños soberanos de Alemania , en vez de con- 
servar su soberanía respectiva bajo de la protección común 
del emperador , se hallasen en la misma posición que los 
gefes primitivos, y consintiesen en no formar sino un solo 
cuerpo civil, haciendo dimisión de su soberanía en las ma- 
nos de uno solo de entre ellos, ¡sería esto una creación de 

soberanía! ¿Quién no ve que todo esto es una paradoja 

mal meditada? 

VIH A la verdad , si somos seis gefes de diversos ramos, 
y nos resolvemos á hacer una reunión porque lo exige el 
bien general , no perderé yo el derecho , como órgano del' 
fundador universal , de constituir sobre mis subditos á 
quien juzgue á propósito. Con el mismo título pueden ha- 
cer otro tanto los otros cinco , y lo mismo sucedería aunque 
fuesen cincuenta. En este caso el elegido, de común acuerdo, 
constituido por los seis, se hace soberano general de todo9 
los seis pequeños pueblos , porque reúne en su persona 1á 
autoridad de los seis pequeños gefes.' Y ¿con qué título tie- 
ne la soberanía? De los seis gefes, y no de los seis pueblos. 
De este modo se han formado los grandes rey nos, que se 
han compuesto sucesivamente de una multitud de pequeño» 
pueblos vecinos, que tenia» cada uno sus leyes, su gobier-^^ 
no y sus usos; y de aquí nació la multiplicidad de costum- 
bres en los grandes gobiernos. En las diversas épocas del 
orden social, unas veces se desmembran los grandes cuer- 
pos civiles dividiéndose en muchos pequeños, y otras, mu- 
chos de estos se reúnen en uno solo. Pero antes de todas 
estas divisiones y de estas reuniones habian sacado los cuer- 
pos civiles su constitución y su existencia de sus gefes na- 
turales. En todas partes la autoridad debe venir de autor^ 
Y la autoridad uniifersal ha debido existir en el autor wní- 
s^ersal quinientos ó seiscientos años antes que pudiese ha- 



~^ 



!X%6 DE LAS APELAGIOICES 

ber conveacioaeS' populares. Luego las ciudades no nacie* 
roa de loa. puebloa ea estas divisiones y estaa reuuicMaes*. 

De ta& apelaciones^ á los> pueblos^ ^ 

I Lo que ha engrosado el torrente de nuestros errores^ 
sobre el origen de los cuerpos civiles son las apelaciones á 
los pueblos. Como es inñnitamente mas dulce imponer el 
yugo á los otros que llevarle una propio,, debió tener siem* 
pte grandes, atractivos la plaza de señor para los que no 

han probada sus. disgustos ; de aquí aquella codicia devora- 
dora de donánar ,. y aquella sed insaciable de dignidades y 
honores ea todos. los^ hombres; y do aqui aquella multitud 
de pretendientes esforzándose á suplantarse loa unos á los- 
otros para llegar al mando, dá lo menos para dividirle si 
na pueden obtenerle solos^ SI la ambición de los primeros 
puestos, fue la pasión dominante del coraron del hombre ea 
todos tlempos^, ¿con qué transporte no se habrá buscado- 
la que lleva consigo la disposición suprema: de todas ias^ 
digpidades y de todos los honores t 

II Na temenda los* pretendientes á la soberanía tribu- 
nal superior para decidir sus discordias, es preciso, ó que- 
se arreglen entre sí, ó que hagan su apelación al pueblo; y^ 
siempre que se disputó sobre la soberanía , recurrieron los 
pretendientes á uno de estos, dos^^ medios.- Fieros» los' unos 
con sus derechos,, y conocienda la versatilidad de los^ juicios 
del pueblo > se convinieroa ea referirse á la suerte* de las- 
armas, á la decisión délos oráculosv ó á cualquiera otro me- 
dia que no les sujetase al capricho de la multitud ,. el mas 
terrible de todos los jueces- Más confiados- otros* de sus in- 
trigas y talentos que de la evidencia de sus* derechos , ape- 
laban al juicia de los soldados^ ú estaban seguros de ellos, 6 
á tos sufragios del puebla^ si tenían esperanza, de que* les= se- 
ría favorable; y es faciL creer que iguales apelaciones seríaa 



X LOS PUEBLOS. 227 

acogidas siempre con transporte por el espíritu innato de in« 
subordinación y de independencia. 

III Se deja conocer muy bien que el que hablase me- 
jor en éstas asambleas, ó el que prometiese mas, se haria 
superior á sus concurrentes; y seguramente el que espera- 
ba tnenos de^sus derechos, hacia mas bellas promesas.... 
Los unos para hacerse proclamar prometían gracias, pri- 
vilegios y exenciones ; otros un gobierno mas dulce , mas 
humano y feliz. Los que no podian prevalerse de su na* 
cimiento, apelaban al mérito, á la elocuencia, al valor, ó 
á los talentos que creíati tener: los que no podian contar 
sobre «stos títulos, excluían toda especie de distinciones, 
ha(nendo entender al pueblo ó á los soldados , que ellos 
eran dueños de elegir, y que la scd>erahia les pertenecía á 
todos> Prometian, si llegaban á ser nombrado^, que aboli<i 
rían el rey no, y que substituirían la democracia, para que 
cada otto pudiese gobernar; y es fácil de comprender coa 
qué anhelo habrá «ido acogida esta doctrina por el espíritu 
de independencia. 

IV Una de las causas mas antiguas y mas célebres en 
este género, que ha sido llevada aV juicio del pueblo, fue 
la tle Gelanor y Danao. Echado éste de Egij^^o por su her- 
mano Egipto^ baja á la Argólida con sus gentes, preten- 
diendo tener derechos al trono de Argos, cuya causa fue 
llevada ante el pueblo, que reunido puso en la necesidad 
al desgraciado Gelanor de litigar ante sus subditos, aun- 
que le fué fácil establecer el derecho de sus padres. Pero 
habiendo trastornado Danaú por su apelación y sus dis- 
cursos seductores e) espíritu de los •jueces, quedó indecisa 
la causa por aquel dia. En el ^guiente, habiéndose arroja* 
do un lobo sobre una manada de bueyes que pastaba bajo 
los muros de la ciudad , y echado por tierra al toro que 
iba á la cabeza de ella ^ él pueblo , con quien se había he- 
cho valer la dilación , tuvo por bien comparar á Danao al 
lobo, adjudicándole la soberanía, y arrojando del trono de sus 

padres al desgraciado Gelanor^ que se vio obligado á aban- 

FJF: 



<ia8 DE LAS APELACIONES 

donar 8us propios estados. Esta es una de las primeras y de 
las mas antiguas asambleas populares de que se hace men- 
ción en la historia que se haya tratado de la soberania; y 
todas las que se han celebrado en tiempo de los reyes so- 
bre el mismo objeto , son (como ésta) juicios de arbitros y 
compromisarios. 

V forque los pretendientes en iguales circunstancias 

« 

se componen siempre con el pueblo, y hacen con él con* 
diciones para que les proclamen, se ha creido que éstas 
composiciones ó arreglos eran contratos. Pero en este caso 
podría decirse, que los ladrones que se componen con mis 
gentes ó Eamilia para quitarme mis bienes, hacen también 
contratos. Yo creo que para contratar sobre unos bienes y 
disponer de ellos,: la primera de. todas las condiciones es la 
de ser señor de ellos. 

Porque. coi>vieneín los pretendientes con el pueblo en 
tales 6 tales arreglo^, se ba creido. á propósito llamar estos 
mismos arreglos convenciones. Pero por Ja mi^ma rázon, 
los que se convienen con mis gentes en darles una par- 
te de ellos, ai 3elos adjudican todos, harán también con- 
venciones. 

Porque los pueblos en éátas asambleas adjudican la so* 
beranía á uno de los pretendientes , se ha concluido que 
eran dueños los pueblos de elegir á quien quisiesen, y se 
ha llamado á estos juicios elecciones. Pero del mismo mo- 
do podria decirse , que cuando yo reclamo mis bienes an- 
te jueces ó arbitros^ . serán estos, libres de elegir indiferen* 
temente entre mi y mi adverarlo, "y se llamarán también 
esíos juicios. cofizí6/íciof2e5.' • ! • 

VI Últimamente V porque, en éstas asambleas popula- 
res se ha proclamado á veoes por sc^eranos á individuos 
que no lo eran, se ha concluido que los pueblos habian 
creado la soberanía. Pero. por esta razón se dirá también 
que los jueces áári)itros que -adjudican á un particular Ios- 
bienes que no le pertenecen, son también creadores de 
sus derechos. ¿Quien no vé que estos raciocinios conducen 



A LOS PUEBLOS. 3,2^ 

al error? Antes que pronundeü los jueces sobre un objeto 
existe este. Los arbitros no crean los derechos , ni se extien- 
den sus funciones á masque á examinar simplemente en 
dónde se hallan. Porque el pueblo de Jrgos por la aplica- 
ción arbitraria de la victoria de un lobo , tuvo á bien pro- 
clamar á Danao por sditarano ¿creó por eso la sobera- 
nía? Antes de éste juicio inicuo ¿habia- soberanos civiles 
en Argos, ó no los había? Este es el verdadero estado de « 
la cuestión;...... 9i Gelañor era soberano antes de aquella 

asamblea , debe deducirse que no se crearon en ella los 
derechos soberanos. 

Vil ¿Cuándo se recurrióla la intervención del pue- 
blo?. Casi siempre, cuando faltaban los derechos á la 

soberanía ó los medios de llegar á ella. Entonces es cuan- 
^ s^ pensó en procnrársela por la maña. Por eso Da» 
noD^ que se creía mpy débil para expeler al rey de -ar- 
gos , cr^eyó deber fortificarse con el consentimiento del pue- 
blo; y> por eso muchos hijos segundos que se consideraban 
excluidos del trono por la constitución de sus padres, ape- 
laban al pueblo para procurar debilitar la fuerza de las le- 
yes; y no buscaban nn piez, sino un instrumento de que 
poderse servir para separar á los^ herederos legítimos y ver- 
daderos. 

Así ea^ como />exoce5, que no tenia medios para ele- 
varse ala soberanía, sedujo al pueblo para llegar á la do« 
minacioa entre los Medos, como Pisistrato engañó' al 
pueblo para apoderarse de la cindadela de Alhenas ; como 
le ofuscó Dionisio el tirano para hacerse dar una guardia 
en Siracusa ; como se sirvió Bruto de él para echar á los 
Tarquinos de Roma ; como le lisonjearon los Césares para 
apodefrarse de los ejércitos , y llegar al imperio ; y así es co- 
mo se han servido siempre los usurpadores de los pueblos, 
(según dice el ilustre Bossuét) para derruir los tronos , se- 
parar de ellos á los herederos legítimos, y hacer triunfar 
Ips intereses personales. Y ¿ qué podrá cíonduirse de seme< 
jantes apelaciones ? ' 



1 



V 



aSo DE LAS KETOLUCIONES, 

YIII E$ bien sabido, tjue por 1^^ iricUpacion violenta 
que ú^wn los hombres acia la itidepend^ncsia, les es fácil 
sublevar é los pueblos, y ejíQpeñairlos á deshacerse de $us 
soberapQS i pero antes qtie puedaq vcfi^Parlp extsteq otros. 
Antea que ios usurpadores moderaos bicieseq su apelación 
al piieblo, había reyes en FrMicia, I^os habia en JRoma an- 
tes que los Brutos y lx)s Césares, Ea Alhenas y Siracusa 
antes que los Pisistratos y Dionisios, En Argos y entre los 
Medos antes que los Deyoces y los Bardaos ^ y antes que 
todas estáis apelaciones a los pueblos habia ya una cpnstita* 
cion. Y ^por quién habia sido hecha ésta? ¿Era por el pue* 
blo, ó por el fupdador? He aquí h^ cuestión á que vendré* 
mos siempre 4 parar^ 

. IX Pero aunquQ toda$ estás asambleas popqlares, pos* 
teriores á 1^ existencia de los cuerpos civiles , fqeseq yerda^ 
deros juicios, nada probaría ea favor del pueblo, porque 
aqqellosf mismos juicios justos ó injustos que se pronuncian 
en ellas, recaen sobre ua objeto prees^istente. No se trataba 
en estas apelaciones de crear la soberanía, ni constituir, sino 
de. ver á cuál de los concurrentes llamaba á reinar la cons* 
titucion. Al contrario, todas estas apelaciones prueban lo 
mismo que establecemos nosotros, á saber: que la sobera* 
nía viene originarianiente de los padres , pues que habiá 
una constitución antes que hubiese pueblos y apelaciones á 
los pueblos. Luego en tqdQ^ estos juicio^ no ha venido U 
soberanía de los pueblos^ 

Ve las revoluciones^ 

I Últimamente , lt> que nos ha engañado prlncñpalmen* 
te sobre el origen de los cuerpos civiles , son las mudanzas 
de las constituciones, A fuerza de intrigas, de sublevaciones 
y de principios falsos, hubo facciosos sostenidos por una 
parte del pueblo , que no solo destronaron á sus soberanos, 
sino que llegaron á mudar las constituciones, y* i hacer 



DE LAS BET0LÜCI0NE8. ¿Sí 

Otras que se hallaroa legitimadas con el tiempa Entonces 
fue cuando triunfó el espíritu de independencia , cuando 
empezaron á oírse los gritos frenéticos de libertad j de 
igualdad^ y cuanda los pueblos se creyeron señores de los 
soberanos y de las constituciones. De aquí el origen fecun- 
do. de los errores que hemos refutado en la primera parte, 
y que han causado tantos trastornos en el universo. 

II Porque en las revoluciones hay soberanos destrona* 
dos, arrojados ó aprision^Klos; ¿ha de creerse que son des* 
tituidos?..^ Pero entonces los padres expelidos de su casa 
por sus hijos, se considerarian también destituidos de su 
paternidad ; y los amos encarcelados por sus criados , lo se« 
riao de sus propiedades...... Y porque se substituían nuevos 

soberanos á los antiguos ¿hemos de imaginarnos que les 
constituimos?.... Por esta razón se diria también que hace 

constituciones el que después de haber robado los bienes 
de otro los diese á su amigo. 

III ¿Cuya fue originariamente la autoridad universal T 
Si hubiera tenido su origen en el puebla, su voluntad po- 
dría acaso re^ár la» disposiciones; pero si le tuvo en el au* 
tor unis^rsatj coma hemo» probado, basta hacer la siguien- 
te, y simple pregunta : ¿d quién dio primero la autoridad 
el autor universal P ¿fue al pueblo? — No, sino al que él 
derriba del trono;. — Y ¿conquéderechalo hace? ¿Con qué 
derecho pretende ejercer una autoridad que na le pertene- 
ce?... Sus revoluciones son atentados, y los^ atentados no dan 
derechos. Aquellos á quienes constituya el fundador, que- 
darán constituidos á pesar del pueblo. Que se les despoje, 
se les^ destierre, aprisione 6 deporte á las extremidades del 
mundo, lé& seguirá en sus viages la soberanía; bajará á los 
calabozos , y permanecerá inseparablemente unida á ellos y 
á sus derechos, á pesar de todas las revoluciones y de todas 
las violencias. Porque siendo el derecho inmaterial por su. 
naturaleza, será superior á todos^Io» ataques, y no depen- 
derá jamas de los sucesos. 

IV En vano se oblig^á á los antiguos Soberanos á subs^ 



a3a DE LAS REVOLUCIONES. 

críbi|r su abdicación. Y en vano se les empeñará á que san* 
clonen voluotaríamente las nuevar constituciones , porque 
no son dueños de haoedo. Codro entre los Lacedemonios 
podia muy bien hacer dimisión en favor de sus herederos; 
pero no tuvo i derecho para mudar la constitución, y consen- 
tir en ser Arcante. La soberanía no viene del soberano ac- 
tual , que es ün mero depositario, obligado á transmitirla á 
pesar suyo á los que le fueren designados; y debe asegurar- 
se generalmente que en pmito á traslaciones solo puede 
marcharla soberanía por el camino que trace el fundador ^ 
y que todas las signaturas libres ó forzadas que se hallen 
contrarias á su voluntad, son radicalmente nulas. 

V ¿Dónde están pues los soberanos que fueron desti- 
tuidos por los pueblos?.... Hallo en las revoluciones sobera- 
nos despojados, y diputados nombrados. Pero ¿son destitui- 
dos los primeros^ y constituidos los segundos por solo el 
hecho de la rebelión?.... ¿En qué escuela se ensañan estas 
reglas de derecho? ¿Cuál de nuestros contrarios querrá adop- 
tarlas para si? ¿Cómo no ven que los principios falsos de 
que se sirven contra él sol)erano , se volverán contra no- 
sotros? Para constituir ó destituir^ es preciso ser señor de 
derecho , y hemos demostrado que los pueblos no lo son. 

YI Adelantamos aun mas; que ni aun se hacen seno* 
res de hecho. Obteniendo el poder extraordinario de opo- 
nerse á las leyes , y á veces el de separar á sus magistrados^ 
creyeron los pueblos que llegaban á hacerse señores de he- 
cho; pero no lo consiguieron mas que los hijos que se arro- 
gan el poder monstruoso de oponerse á la voluntad de sus 
padres, ó de los soldados que usurpan el poder funesto de 
resistir perpetuamente las órdenes de sus oficiales. Y ¿qué 
resultaría de esta perpetua oposición?.... Uua lucha cruel 
qu^ produciriala ruina, porque se obraba contra ti natu- 
raleza. 

VJI Así sucedió con el-veto entre los Romanos, y con el 
ostracismo entre los Atenienses, cuyo poder inconstitucio- 
nal introdujo la anarquía en su constitución ^ y les condujo 



»S LAS HfiVOLUCtOIÍlft a33 

á 9u pérdida. Cuando una ley desagradaba á los Romanos^ 
fuese justa 6 injusta , se oponian á ella por un efecto del po« 
der detestable que hablan usurpado: y cuando los Athe* 
nienses se cansaban de sus señores, fuesen buenos ó malos^ 
les desterraban por un efecto dt\ poder abominable que se 
habían arrogado; ¿y en qiié .venia aparar este poder si¿>ver^ 
•ivo?...^En desechar las mejores leyes y en separará loa 
mejores aeííores ,' ih> «n dejarlos de tener. Guando se dése-, 
ehaba una ley era necesaria otra nueva; y cuando se des- 
terraba á un general se necesitaba reemplazarle prontamea*. 
te con otro: de modo, que nunca dejó el senado de hacec 
leyes, ni el general de dirigir álos soldados. ¿Qué obtuvie-> 
ron púies los pueblos exigiendo por la fuerza semejantes [>a* 
deres? Ponerse en la cruel necesidad de estar en perpetua 
guerra coa :sus legisladores, sin llegar ellos á serlo jamas; y 
esto es ló que sucede á los pueblos que hacen insertar estas 
eláusulás en sus nuevas constituciones. Esencialmente in^ 
eonstitucionaks, mientras subsbten son una fuente inago* 
tsh\e de revoluciones y de sedicáon por una parte, y de 
opresión y tiranía por otra. Pero haciendo al pueblo rebel* 
de no le hacen soberano , sino mas desgraciado. 

VIH ¿Por qué los puMos c¿>tu vieron casi siempre en 
las revoluciones constituciones deipocráticas , por las que se 
les concedió el poder de nombrar sus legisladores , y se 
creyeron señores de sus soberanos?... Peix) con igual razón se 
, harian señores de sus preceptores los hijos á quienes se per* 
mitiese elegirlos; y lo serian de sus generales los soldado^ 
que en ciertas épocas fijas pudiesen mudarlos. Y ¿quién no 
vé que son miserables todos estos raciocinios , pues que, UQ 
pasan de un sofisma grosero, adoptado ligeramente por es^ 
píritu de independencia? En la asamblea legislativa, y np 
en la electiva, se hacen las leyes, y solo por la ley se llega 
á ser señor. . 

• IX Cuando un pueblo ha obtenido en la nueva consti- 
tución el derecho de nombrar sus legisladores , no por esd 
ha llegado á ser señor. No lo es de la legislación , ni de 1^ 

GG 



a34 DE/IiiS RETOLüCIQNKa. 

constitución ^ ni de la nominación. Ni aun: es libre, porque * 
debe tiombrar en tal tieoipQ,, en. determinada clase ^ y del 
moda que se ler prescribes Debe- seguir punto pon punto ea 
la nominaeion buantost^ decreta por^ laa constituciones; y 
si alguno se niega á conformarse á eUas^, se le castiga de . 
muerte» ¿Qué concede», pues, los nucros. constituyentes 
cuando dan el poder de nombrar? Dan.álpuebkx la. orden, 
de mudardeseñores cada'aík) ó cada dosaoos ; y: obteniea« 
do el pueblo este poder infausto, se ppoe en la cruel necesi** 
dad de experimeñtat todo3.los.knos ó cada, dos muchas pre*»- 
tensiones, y agitaciones^ para darse pecpetuatíiente nuevos: 
señores, que se enriquecen. • sucesivamente á expensas det 
público, sin que por eso llegué á ponerse fiaá; estas mudan<f 
zas; y aunque se fatigasen los pueblos, se verán. oMigadoa^ 
á pesar suyo, á, nombrar y mudar de le^isladoi'es.. 

X Y ¿qué diremos de ün pueblo, que bajo la nueva 
constitución tiene muchos mas señores que bajo de la anti«« 
gua ; que se halla, obligado á nombrar, á mudar y sufrir to*^ 
dos los inconvenientes- que traen consigo- las elecciones pe^ 
riódicas, y que^se vé'preeisado á seguir la constitucFon e» 
todos sus puntos aun contra» su voluntad?:...* ¿Este pnebk> 
será señor, y hará él las amstítucioncs ?..;.. Es evidente que 
no hizo la primera, porque íucTiecha por el fundador mu- 
ého tiempo antes qde hubiese pueblos; y qué no hizo la 
i\Itimp, porque para su formación; se le obligó y dio la ley , 
bajo pena; de- pa uerte hasta, en la. nomihaciorií misma. Luego 
nos eugafiartios sobre los. derechos^ dé los pueblos.. 
' Xr Las revoluciones. (dice M^. Bbnnald) son. las cnfer^ 
medades de los cuerpos políticos, los^ que se desembarazan 
con ellas/de sus malos humores.. Efectivamente , en las re- 
voluciones, debería el puebla desengañarse de su falsa libera 
tad por su esclavitud",, de la igualdad por su éu jéeion-, de so 
soberanía por su miseria, de su independencia por su opre- 
sión , y de su furor democrático por lá agitación perpetua 
de sus elecciones, y por la multiplicidad de sus señores; 
pero cuando los principios falsos llegan á envejecerse, es 



Inr^ Ia.enfernmied., y mucha» ^ecaí mortal ^Ijeí:£lerto es-, 
qtíe ¿lespnes deia :i*evolticioft ^- cdmo antes ^ tieóe él fniehló 
0eñ^bft «íe derecho ^ue «an lo» antiguos soberanos. . Los tie^ 
He también de hecho que ^oá>ló8>^uevos constltuyentedi 
Luego ni fue lir" seca, Jamas eI.'pt:^lo señor de. derecho ni 

tle hecho/de^Ias, constitucii^^V p^e&sax^ en 

Bhígua»i€otaBtkiiteloQ|le ha^pertsbeci^ ni pertenecerá ja- 
mas la ^l^rantái •«''<• \,r:'\.'\ .1.;,.:;. . 

L'-. :i:t>:"'. w .. .^^yiwtT- . ' ''5#'>6,^'' '■' ' ' ..V'/j: '.. ' . ..' 

I Se sostiene, que aunque las constltucli^t^es ^iio teáA 
fermacbsi {K>r «loa pueblos^^kn^ést^a-los que'Coflstituyen 

No sabemos, que hay jenas qiife dos modos /de ooi^sen tir, 
^1 uno tá^to, y' el otro expresad formal Para da^foroiaU 
saente el cooseotlintento /á\ina 0Qmtitucáons,.$ería precisó^ 
(como ya iimaos dicho') que SQ:i6pilsültase ^1 pyfeblpf ^n iuna 
atomblea: Paoraitio dejar. efu^tQ a nuestros coi^traríos;, des^ 
pues de haber d«!lnK>dtrado Uia)posibUidad:díettst2^;<:onsuU 
tas, pDobai^naíiod^ahora w:^ lalscidadw^Dópck t^tán -estí» pre? 
tendida» asambleas, ^en laa qu^' se r^e^potie t{q€^.dieron su 
«onseotimienta los pneblos? PQiJ[}iiejal fía (txwo dice £os^ 
suet) cuando se; afirma coa^ un 'toj^^lü^de^isiyo que las hiir 
bo, lo menos que^se puede. e:égif.áJps.faiHoires:di^ tan au« 
daz aserción , «s él qm^ prueben la qjoe ^^turan. ¿ Dópde 
«stán estas famosas asambleas? 7<^ %!Kn:o *i-otros ,imi podir 
do adquirir sobre este puntó algalias iuoes, ;For lo que á mi 
hace, después de. haber hecho^con Sinceridad todas las iur 
dagaciones de qu^ era capaz , debo asegurar qqjb no he há'^ 
liado ni en la historia, ni en Iqs ^robomimentos de.ja anti- 
güedad ningunas huellas de esta» pretendidas CQUveAcion^. 

II Vemos reynar en Egipto á Odris : á agíalo ^n 9ico- 

nia: á //laco en Argos; pero no se hace én el establecí- 

gg: 



l36 XMtL CGKSl^mHTENl^ 

miento de' 8U8 reinados ninguna meácion de asambleas: 
Recórcahse los gobiernos de loS'Scitas, de >lÍDt Cafres , de los 
G^tulos, y de los pueblos mas^ bárbaros iS menos adelanta* 
dos en civilización , y se bailarán en ellos igefes y reyes 5 pet 
ro ninguna noticia de iisambleas. Sigamos fia eadena de los 
reyes de Tiroj de Babilonia ^ de Lidia ^ de- Troya ^ de 
Jthenas , de J^acedemonia .y * de los pueblos aMiguos. Pre^ 
guntese á todos los publicistas » á los moralistas y teólogos 
que se han declarado por esta opinión, y en ninguno de 
estos se hallará la menor ]tOtici|^ de asambleas. Ni nuestros 
contrarios las han hallado mas que nosotros , pues que de* 
claran formalm^te* qué Do se ha. hablada >de; vallas en parte 
alguna. Nulla de iis íitterarum monumenta extant (dice 
Fuffendorf). • • ^ * ..p. ; r .^ í 

' III Es «verdad que pretenden que la eason c|ebe svpUir 
el silencio de la historia^ Pero. la razon*^ |ios dice positiva* 
miente , que 'no han existido jamas estas ^siHnbleas. Porque 
(como 'dice ^ssáet eñ su quinta amonestación} si se.Jiú* 
biera verificado* este famoso contrato , faabienm pasado tá h 
posteridad k fecha , el- lugar g sus articulos:cy.sus condicio- 
nes. X7íla pVeza tan importante para la independencia de 
loá puebtbs hubiera sido c\fada' en todos: tos negocios, re^ 
cordada en todas las * épocas^, Repetida dee boca cdi boea, 
tratísmitida de edad enredad, eobservada m todos, loa ar« 
chivos, conocida en todasj las casas, perpetuada en todas las 
historias:; y 'se conviene en que no se halla en parte alguna. 
NuUa de iis^ íitterarum monumenta extant. 
•' IV ¿En dónde eatáíi' éste con^entiniiaato y estos reyes 
constituidos por los pueblos? Cítese uno sdo. ¿Nemrod^ 
Cam, Osiris juntan sus descendientes para pedirles permiso 
|)ara suceder á sus padres, y reinar sobre ellos? ¿Después 
de estos primeros reyes Órus ^ Nino^ Phoroneo le piden 
íafrAién'^ ¿sus sucesores juntaron los pueblos para pedir* 
les perk&iso para reemplazar á sus predecesores? 

V ¿Son los ge/es de colonias P Pero ¿no han sido 

constituidos todos por sus padres en virtud de su naei- 



c BE LOS PUfiBIX>S. : ^87 

BMeBto? 'AqüeL2>a»a|ocque ariojo á Gelanor^ de sos estados 
¿noerahíjo^e JSeto? jiganor ¿uo cra.hijo de'JVepíono, 
Cddtndide Jganor^ Dar dono de £lectr€0'j de Júpiter? Ce^ 
cropsj Didai Hércules ^ RámulOj y tcxlos los^fes de loa 
aotíguo» pi9eblo9.,en general ¿no eran de saaig^e de reyee? 
¿No m colocaa lodos á la.cfid^Jezade subí sábditos en virtud 
de «u rango y. de 1» voluntad constitutiva de 8U0 abuelos?..^; 
. , . y.I . . ¿Donde están estos soberanos constitindos por los 
pueblos? ¿ionios cormuistadt^es?....Seso6tris^ Semiranüs^ 
0r0:y ^¿e/aocíro cuaoda quisieron llevar >pQr todas pai^tes 
el temn» y las , armas ¿jüptaronlcm: pueblos para pedirle» 
permiso de conquistadora? Ferdkwsy díespocis de la muerte 
de Al^Qfid4^ ¿consultó á los pullos conquistados para dar 
á .P¿a/0^eaer£giptO) á Jaomeéon hSimsyi Antipatrá 
la Macedonia? Y todos estos reyes, cuando tratan de pose-» 
•ionarae^^eí los reinos que Ice fueron asignados ¿piden su 

aprcb^eioo^ á los pueblos para reinar sobre ellos? Para^ 

lejgitiaiar las coiiquistas es indispensable. /: 
' ' YII Cuando está suficientemente probada una aserción; 
(^^ct JBosUtet ) >K]ue es una superabundancia impertinente 
^1 mialtíplicár sin i^ecesidad Iqb^ textos ó citase pero el que 
Main, pruebas ^ >sia ejemplos , sin autoridades, ó testimonios da 
#>poetas, oradores, historiadores, ó cualquier otro escrifór^ 
née siente ;coni0 un hecho que ea el origen fueron los^pue- 
f3h\o& lós^ qneih'fcieron los soberanos y les dictaroa condicib^^ 
>mes^>«sia JBanifestar para ello el original ó. la copia de esta^ 
♦>condicione8 , sin conocerlas sdxolutapiente y siti taller de 
»ellas Ja imenor idea, es otro exceso que* no- tiene dombre y 
»qúe prueba hasta dónde «puede abusarse de la fe pública.^? 
YIII Los partidarios de las ccmvenciohes , a^viados pos 
la evidencia de los/hechos^ se ven obligados á ponvenir que 
desde el origen , comenzando por Nemrod ^ Osiris y. otcos^ 
hubo. una infinidad de reyes que reinaron sin la aprobacim 
de los pueblos, pero que después dieron estos mismos pue^ 
blos un consentimiento presunjto , esto es por confesión sm 
ya, á lo que se reducen todas aquellas asatnbleds, yi todos 



a38 DfiXi COKSXNTlHIEirTO 

aquellos oontratoa Esunosos en que los* paeblos diptábáii^oii^ 
dídones á lo8 ^beraiK)s: á un consénürniéktoprestínto^ que 
se da mucho' después del esiSableoliuiento de Ipa gbbierüos^ 
sin asambleas, sin deriberacioaes^ y por un-^uebloque do 
ha «ido preguntado, ni hecho el menor arreglo de cuantié 
existe. I>espues de haber hecho indagaciones por todas par * 
tes, convienen eh que no se halla ninguna huella de estas 
pretendidas' convenciones: nuüa deiis rnonumentaextanti 
j todo lo reducen á un í^ansekümemo presunto» 

IX Pero ^qué cosa es este; consentimiento presunto, 
que ninguno le da , y nadie le pide?... ¿No es ésto una ver- 
dadera borla parpr los puebk»? ¿Qué espede de consentir 
miento puede dar* cada particular á un -s^eranó que tiene 
á su disposición siempre cincuenta mil hombres paraba*' 
eerse obedecct?.^* .,' 

X Pjero al fin^ dicen^ <»nsentis en sus leyes ^ pues 
^pie permanecéis bajo su gobierno..^.. PermaneceiBos,' poi> 
que no queremos dejiM: nuestraa tierras^ queseras casas y la 
hftfiencia de nuestros padres...*. Permanecemos, porque 90« 
mo6 interesados, porque somos obligados y aun forzado» á 
permanecer. Un subdito , establecido en cualquier testado, 
ao tiene mas libertad para dejar á su «oberano^ «in qqe é»^ 
te se lo permita , que un niño á su padre. 

3Ü. j[/n €onsentimienio presunto 1 Pero ¿á» dónde 

mtk este consentimiento? Si el silencio perpetuo y forsado 
de un subdito para con el gobierno es un contrato , podría* 
mos decir también, que un encarcelado contrata diariamen* 
te con el alcaide ó carcelero que le tiene en los hierros..... 
Pero ¡á qué viene este contrato {exclama el elocuente Bos* 
suet con su superioridad ordinaria)! »>IiOs niños que están 
ii*en la cuna ¿han hecho tambiep un pacto con sus padres 
ií^tñ obitorios á que les amen mas que á su vida?.... Los 
la^drés ¿han tenido necesidad de hacer un pacto con sus 
nhijos p^ra que les obedezcan? Es necesario escribir con 
muy poca reflexipn para suponer estos pretendidos pactos."^ 
XII Nada hay mas absurdo que éste pretendido con* 



\ 



. 1>E iL00 PUEBLOS. a39^ 

sentimiento presunto de los pueblos coa que se quiere ex- 
plicar el sistema de las convencibues ; pera aun. cuando no 
fuese tan absurdov bastaría que fuese imposible para deber- 
le desechar;* yr hemos^ demo^rada esta imposibilidad intrín- 
seca en eí contrato social : supuesto que la soberanía es uni* 
mi^salj sería preciso que para dar la soberanía hubiese un 
consentimiento universal^ iina reunión unánime de volun» 
tade», sin exceptuar una sola. Hemo& demostrado la impo- 
sibilidad mtrinseca de esta reunión unánime de voluntadeis; 
Luego esté' consendnxienta tócíío ó formal de los pueblos, 
es la^mayor de todbs las ttitpcuras; 

XIíl: Contenimos (continúa Bossuet) en que hay obli- , 
gacíobest mutuas^ entre un padre y un hijo, y entre un 
príncipe y^ un subdito; pero estas obligaciones no están 
Candadas eñ pactos. Que consientan , ó no, los hijos están 
obligados á obedecer á sua padres, y los padres á gobernar 
bien. á:su8 hijos; y si no lo- hiciesen así, serán castigados 
sevcramenjte; Y .¿ por quién ? Por Dios^ mismo, que no ha 
esperado el consentimiento de las partes para imponerles 
deberes. (V. 5.* adv. de Boss. cap. 5o. y slg.). 

XIV Esta ley suprema del Señor déla naturaleza, por 
la que colocando á un padr^ universal á la cabeza de cada 
puebla^ le ordena qiie gobierne bien , y prescribe á sus des- 
cendientes que obedezcan con respeto bajo las penas mas 
terriWeR si tieofen la temeridad de violar sus leyes , liga 
mas^sóliálámente al soberano y los subditos, que un con^ 
SBntináento* tácito ó formal^ que jamas existió, y que por* 
otra paute sería tan movible como fa vofuntad de los indi- 
viduos;. Es- pues:fa}^ que haya podido refsultar jamas cons- 
titución algtina de las revoluciones^ y dé los trastornos, ni 
del consentimiento tácito^ ó formal de los pueblos ; porque ' 
la soberanía -no pudo depender jamas sino dé Ibs soberanos, 
del mismo niodo-que las propiedades no dependen sino de 
los propietarioSé Luego nos. engañamos* sobre los derechos^ 
4e los pueblos. ^ 



■ • 



»4^ ^si* Mncisnstio Ds dios 

• t 

S- 7 • ■■■■ ■' 

Del ministerio de Dios en las constituciones^ 

I La cuestión que se promueve sobre Á las pueb!o$ 
pueden constituir en nombre del Ser supremo^ siimergi- 
ría el orden civil en el caos, si fuese fundada. Tiene sin 
embargo en su favor la opinión de una infini^bd de /^uA/i^ 
cistas , moralistas y teólogos , que' para hacer salir la sobe*^ 
rania de la mano de* los pueblos, pretenden que ellos /)re-^ 
paran la materia, y dan la forma á los gobiernos; y que 
verificada esta preparación , es Dios el que sanciona , ben* 
dice y constituye. 

II Estamos muy distantes de pretender el privar á Dios 
del dominio soberano que tiene incontestablemente sobre 
el gobierno de los hombres; pues hemos sido los primeros 
á establecer, tratando de las autoridades, que en su cuall- 
dad de Autor universal del mundo , es infinitaniente supe- 
rior á todos los soberanos y todos los fundadores; que pue- 
de, cuando le acomode, constituir representantes para go- 
bernarlos él ; y que siempre que quiera constituir ó desti- 
tuir , puede hacerlo sin tener necesidad del consentimiento 
de los hombres para legitimar sus disposiciones. Origen 
primero é independiente de todas las autoridades, en lo es* 
piritual y en lo civil es perfectamente señor de todo. Cuan- 
do quiso hizo gobernar los gefes de Israel , tan pronto por 
Moisés y tan pronto por/wece5, por reyes y por el consejo' 
de los sacerdotes. Cuando lo juzgó apropósito constituyó i 
Aaron, suscitó profetas, y substituyó la igWia á la sina- 
goga. Arbitro supremo de la naturaleza, pudo suspender su 
marcha y detenerla ó desarreglarla en su carrera. Y donde 
quiera que aparezca Dios , debe desaparecer todo poder bu* 
mano. Este es el principio de los principios , en que esta- 
mos perfectamente de acuerdo con todos los autores esti*. 
mables que hemos citado. 



/ 



EN LAS CONSTITÜCIONIÍ. a^l 

ni Pero hay otro principio no menos cierto, sobre el 
que deben estar también de acuerdo con nosotros estos 
mismos autores , y qiie da el mayor grado de luz sobre es- 
ta cuestión , á saber : que habló Dios siempre que quiso 
separarse del orden de la naturaleza ; que siempre que qui- 
so constituir extraordinariamente, hizo ver de un modo 
extraordinario, que los que habian sido suscitados por él^ 
veaian de su parte. L^s dio para ello mandatos, y una mi* 
sion que lleva cqpsigo caracteres bien notables de la divi« 
-nidad ; y estos mismos enviados estaban siempre investidos 
osteiísiblemente dé su : autoridad y de sus poderes. Esto es 
lo que se llama- constituciones extraordinarias. 
J IV Pero preguntanK)8 á los partidarios de las conven- 
ciones ¿cuándo ha hablado Dios á los pueblos? ¿cuándo les 
ha dado la comisión extraordii^i^a de hacer los soberanos; 
y cuándo les ha encargado el que arreglen ó desarreglen^ 
aún materialmente, la formen de los gobiernos ? ¿Dónde es- 
lá^esto escrito? ¿Dónde la aprobación, el titulo y la n^ision 
-diviBar de^ los puet^s ? Estoy bien seguro qué los partida- 
rios de esta opinión renunciarán á la esperanza de mani- 
^tárooslo« Luegio )o& pueblos no los tuvieron jamas. 

Y Féra ú los^piíeblós^ no isecibieron jamase de Dios la 
jccmision extraordinaria de arreglad la fprma de los gobier- 
-¿09, queda solo, la misioii ordinaria, y ésta es sin duda de 
ia que pretended hablar l6s <x)nvencionalés. Pero ¿cuándo 
los pttóblos re^ibi^mn de Dioseéta misión ordinaria? ¿Fue 
en la> qreücion,? No hatóa puéblbí. ¿Fm en la fundación 
primitiva de las ' ciudades P. Tampoco existiijn: desdé el 
instante de lá aireación confirió EKos al padre la autoridad 
universal sobre bus descendieiiües í y le dio el poder de 
ooBStituir y de arreglar su ciudad cottío creyese apropósito. 
Por todas partes fue el padre el constituido naturalmente» 
y el que constituyó tmucho tiempo antes que pudiese haber 
pueblos. Luego jamas han recibido los pueblos de Dios, 
ni natural y ni sobrenaturalmente ^ ni ordinaria ni extra* 
ordinariamente el poder de arreglar la forma de los go* 

HH 



042 DEL MINISTERIO DE DIOS 

biernos. Luego jamas constituyó Dios por medio de los 
pueblos. 

VI No solo no constituyó Dios jamas por los pueblos, 
pero ni pudo hacerlo ^^ porque para constituir asi, s^ría pre* 
ciso que pudiese hacer practicable el contrato social , tener 
la universalidad de los individuos perpetuamente reunida, 
dividir cada voluntad en dos partes , poner la universalidad 
de una parte , y la universalidad de la otra , y dar orden al 
pueblo todo entero de constituir sobre el pu^Io túdo ente» 
ro. Los que caen en iguales absurdos , deben no saber que 
Dios , aun con ser Dios , no puede mudar la esencia de las 
cosas. Podrá muy bien bendecir un matrimonio, porque 
las dos partes se hallan de acuerdo ; pero de un solo puebio 
hacer dos partes universales , y bendecir ün contrato eseñ* 
cialmente impracdcible, no lo pudoxhacer, ni lo hará 
jamas. 

Vil Cuando se objeta á los partidarios de estas opinio< 
nes que el arreglo del orden social viene de Dios 9 del mis* 
mo modo que el de las familias...... responden que viene 

siempre de un modo mediato ^ porque los pueblos hacen 
8U arreglo de parte de Dios » y es Dios el que lo sanciona. 
Esta doctrina, con todas sus sutilezas, no es menos falsa, 
ni menos dañosa que el sistema puramente convencional 
Es falsa , porque jamas ha dado Dios á los pueblos la comi- 
sión ordinaria ni extraordinaria de arreglar la forma de 
los gobiernos. Es absurda ; porque el pretender que cons*^ 
tituye Dios los soberanos por medio de los pueblos, es tan 
absurdo como si se dijese que constituye los padres por 
medio de los hijos, los oficiales por ^os soldados, y los pas^ 
tores por ]qs rebaños. No hay espíritu , por limitado que 
sea, que no conozca el escandaloso absurdo de la interven* 
cíon de Dios en iguales trastornos. 

VIH Decimos por i^ltimo , que esta doctrina es tan da- 
ñosa, como el sistema puramente convencional. Porque 
¿qué es la verdadera formia,de los gobiernos? ¿No es el ar- 
reglo material de las cppstijtucicsaes? Concediendo á los pue* 



EN LAS CONSTITUCIONES. 243 

blos este arreglo, les concedéis todo lo que ellos piden ; y 
la consagración de Dios que aña^lís , no hace mas que con- 
firmar la terrible concesión que reciben de vos. Si dejase 
yo á mis hijos la libertad de arreglar y desarreglarlo todo 
en mi casa, prometiendo indefinidamente , no solo el san- 
cionar sus arreglos, sino conferir la autoridad según su elec- 
ción, ¿no seria lo mismo que hacerles absolutamente seño- 
res? Si se couTÍene en que es Dios el que arregla los go- 
biernos por medio de los pueblos^ podrá decirse también 
que él es el que los desarregla, el que despoja á los sobera- 
nos, el que mudadlas constituciones, y lo rompe y trastor- 
na todo por medio de los pueblos. ¿ No es este el lenguage 
que se ha hablado ep Francia, y que se habla en todas las 
revoluciones? Hágase hablar á Dios como se quiera, pues 
que no habla, y cada uno se permitirá el hacerle hablar á 
su modo. , 

IX Horroriza el considerar que sea ésta la doctrina ne- 
cesaria, á que es preciso abandonarse cuando ha llegado á 
perderse de vista el origen de las autoridades. Decimos doc' 
trina necesaria , porque aunque se píense con poca solidez, 
es preciso venir siempre á esta grande máxima, que todo 
poder viene de Dios. Y cuándo se ha perdido de vista el 
-autor universal de cada pueblo , es necesario decir , ó que 
el orden civil úene de los pueblos, ó que viene de Dios 
por su medio. liOS impíos admiten fácilmente el primer 
partido; pero los que se precian de regularidad no han te- 
nido otro recurso que abrazar el segundo, pero sin dejar 
por eso de conocer que volvian á caer en el mismo abismo. 
Porque decir que el orden civil viene de los pueblos , ó que 
viene de Dios por los pueblos , producirá siempre el mismo 
dFecto de poner el orden civil á disposición de los subditos, 
los que eii uno y otro caso serían arbitros de los gobiernos, 
y en el ultimo se haría al Señor del universo ministro de 
los pueblos, y dependiente de su voluntad en la instala* 
cion de las autoridades; lo ^ue produciría un escándalo 

mas , y una nueva prueba de que el desarreglo de una sola 

HH: 



a44 ^ ^^ MINISTERIO BE DIOS 

verdad obliga á los hombres mas ilustrados á entregarse á 
sutilezas dañosas que acreditan nias el error. 

X Llamados á la verdad por el exceso de nuestras des- 
gracias, abjuramos una doctrina de muerte que ha ocasio- 
nado tantos desastres en el mundo. Cuando Dios quiso 
constituir extraordinariamente en lo espiritual y en lo civil, 
fue dueño sin duda de poderlo hacer cuando lo hizo; pero 
uo tuvo necesidad de los pueblos, y supo instalar por sí 
mismo á sus profetas^ y sus enviados; habiéndoles instala- 
do , hizo por su medio constituciones para los pueblos. 

XI Cuando constituyó Dios en el curso ordinario, le 
•fue imposible servirse de los pueblos; porque cuando dio 
un autor urmersal á cada ramo del género humano, aun 
no existian sus descendientes. En la constitución primitiva 
de cada ciudad /ac al padre unwersal á quien Dios dio la 
soberanía ; y por él habla , gobierna y obra. En cualquiera 
pais será el padre universal un ministro de Dios^ su agen^ 
te y su representante en el orden ordinario. 

XII De aquí deben deducirse necesariamente estas con» 
secuencias, de que ningún hombre sensato dudará: en vir* 
tud de la autoridad suprema que cada padre universal ha 
adquirido por la generación, hace leyes que el pueblo des- 
truye; arregla su ciudad, que desarregla el pueblo; pres* 
cribe la forma de su gobierno, que reforma el pueblo; 
constituye á sus sucesores, á los que proscribe y mata el 
pueblo. Por eso sostenemos que estas empresas son atenta* 
dos, no solo contra el fundador, sino contra Dios mismo; 
y que el que desordena la constitución del fundador, ataca 
á Dios mismo; el que prohibe á los subditos atentados de 
esta naturaleza , proscribe sus arreglos , y condena positiva- 
mente sus nuevas constituciones. Y en todo esto nos fuá* 
damos pra sostener que castigará con severidad á los que 
hacen las revoluciones, á los que les dan ayuda, y á losaa« 
tores que atribuyen temerariamente á lo& pueblos estos de* 
rechos y estos poderes. 

XIII En el curso ordinario ^ como en el orden extraor- 



EN LAS CONSTITUCIONES; ¿45 

diñarlo, es muy ciarte jae todo poder viene de Z)ío5; pero 
¿por quién viene? ¿Por los pueblos, ó por los padres? 
Esta es la cuestión. Hemos probado qiie en ningún tiempo 
ni en ningún pais han podjido jamas los pueblos tener , po- 
seer, recibir, ni conferir la soberanía en nombre de Dios 
4 de parte de los hombres , natural ni sobrenaturalrtiente, 
en las cJygairquias, en las democracias,. ni en ninguna for- 
ma de gobiernos; que los términos de pueblo y de sobera* 
•no se excluyen aiútuamente, y no podrán jamas conciliarse. 
Luego en ningún tiempo ni en ningún país pudo la sobe- 
ranía venir de Dios por los pueblos. 

Y ¿ por quién viene?.... Es claro que en el orden espiri- 
tual viene de Dios por sus enviados, los que por esto se ha- 
cen /xidres espirituales de los pueblos; y én el orden civil, 
que es del que se trata aquí, la autoridad universal viene 
de Dios por el autor universal , que poseyéndola por dere- 
cho de naturaleza en toda propiedad puede transmitirla á 
quien juzgue apropósito. 

XIV De aquí se sigue simple y naturalmente la evi- 
dencia de los raciocinios ¡siguientes: 

I.® £n todo pais el ^utor universal de una ciudad es 
esencialmente el autor civil. Este autor universal ha sido 
constituido por Dios mismo. Luego en su origen el orden 
civil viene inmediatamente de Dios. 

a.° En todo pais el autor universal de cada püeblp 
existía autes que su pueblo. Luego en ningún pais el orded 
civil pudo venir de Dios por los pueblos^ sino por el autor 
universal. 

3.^ En todo país el autor universal de cada pueblo hi- 
eo las particiones , designó sus sucesores ,- y constituyó civil- 
mente antes que hubiese variaciones, trastornos ni revolu- 
ciones. Luego el orden civil no fue creado en ningún pais 
en las variaciones, ni en las revoluciones. En todas partes 
la ciudad nació inmediatamente de la familia, sin lagunas^ 
sin anarquía, y sin la menor interrupción; de modo, que 
aun en las variaciones mismas fueron los gefes, y no el 



%¿^S DEL MINISTERIO DE DIOS 

. pueblo, los que confirieron los derechos soberanos. LuegQ 
la soberanía no perteneció jamas á los pueblos. Luego no 
hubo ni podrá haber jamas gobiernos representativos de 
los pueblos. Si aun el mismo Dios no hizo jamas gobiernos 
representativos de los pueblos ¿cómo podremos hacerlos 
nosotros? Concluyamos pues. 

XV Desde el principio del mundo ha habido y habrá 
unaj infinidad de variaciones en los cuerpojs civiles. Pero en 
medio de estas mudanzas la naturaleza será siempre inva» 
riable. Que se corte, se divida ó subdivida como se quiera; 
cada árbol social tendrá siempre su tronco, y cada brazo 
del género humano su gefe. / 

a.^ Cualesquiera que 3ean las vicisitudes de la forma ex- 
terior de los gobiernos ; que se hagan ^tos sucesivamente 
monárquicos ó republicanos ^ bárbaros ó civilizados, gran* 
des ó pequeños 9 reunidos ó divididos , agitados q pacifi'^ 
C05; en todos los tiempos, en todo pais y en todas las posi- 
ciones tuvo su origen la autoridad civil del autor univer* 
sal de cada división. Y dé él es de quien pasó á sus suceso* 
res, los que la han transmitido á los soberanos actuales, de 
doodé pasará á los que gobiernen hasta la consumación 
de los siglos á pesar de todas las revoluciones y de todos los 
trastornos posibles. 

S."" Fue el padre universal el constituido por Dios , el 
que constituyó de parte de Dios , mucho antes que hubiese 
pueblos ; el que solo ha podido conferir la soberanía en la 
primera constitución, y el que la podrá conferir en las 
nuevas. Es falso que los pueblos hayan podido jamas darla, 
recibirla ni crearla en ningún caso. Lo es también que 
hayan estado jamas sin gefes , sin, autoridades , sin gobier-^ 
nos civiles , y en un estado de anarquía, y dé independea* 
cia. y esta creación de los cuerpos civiles por los pueblos, 
quinientos ó seiscientos años después de la primera ocupa- 
pion de; cada pais , es ún' principio á que debe renunciarse 
para .siémpare por su notoria íulsedad, según lo hemos pro- 
bado ¿poru^dos los monumentos del universo. De aquí el 



EN LAS CONSTPITUCrrONES. ^47 

hecho decisivo siguiente con todas las consecuencias inse- 
parables de él. 

Hecho decisis^o. 

Si por la snCesíon sola del nacinilento los pueblos de 
todos los países, como quiera que hayan sido, bárbaros ó 
civilizados , tuvieron gefes antes de nacer ; el juramento de 
degollar y asesinar hasta que llegue á creerse qufe hubo 
pueblos que se dieron gefes, es también una horrible atro- 
cidad. Aunque se continuase el degüello hasta el fin del 
mundo , no por eso dejaría de ser cierto que el padre prí • 
mitivo fue el que biaso en cada país las primeras^ pai*tició* 
nes, el que se dio sucesores , y el que tratismitió ~á estdé 
8u autoridad univeísal y soberana líias de quinientos años 
antes que ptidiese haber pactos sociales ; y por consiguien- 
te que la soberanía no pudo jamas venir de los pueblos 
en tiempo alguno, en ningún pais, ni en ningunas cir- 
cunstancias. 
. Es verdad que en todos los países los geíies prudentes 
DO hiclerotí jamas una sola ley ni una sola constitución sin 
contar con sus principales subditos, cuya reunión se llamó 
estados'^ y que á estos mismos les ^^ncediéfon el dere- 
cho de nombrar , particularmente Cáandó llegaba á vacar 
el trono. Paro como hemos dicho ya, hay mucha' diferencia 
entre la nominación y la colación. Si pudieron los estados 
nombrar en algunos casos , fueron siempre' los gefes los que 
les dieron los poderes, y los que prescárlBíeron las condi- 
ciones para las nominaciones mismas , porque siendo la 
autoridad soberana suya en toda propiedad , jamad pudo 
ser transmitida de otro modo que por su voluntad. Y así 
es como han entendido la palabra pueblo M. Bossuet , y 
todos los buenos autores, porque consideraron al cuerpo 
con su cabeza, y á los pueblos con sus gefes, como se verá 
demostrado con mas extensión en nuestro apéndice de De« 
recho natural , político y religioso , cuando hablemos de la 
conciliación de los buenos autores. 



^42 1>EL MINISTERIO DE DIOS, ETC. 

¡ Pueblos ^e la tierra , de cualquiera región que seáis ! 
estad seguros , que aunque lleguéis á verter toda vuestra 
sangre en las batallas, y aunque se os haga perecer á milla- 
res , como se ha hecho de treinta anos á esta parte , Ja obra 
(^e Diosperm^iiicK^^rá siempre inalteraUemente la misma. 

ííq; fue á yosojtro^ ; sino á vuestros gefes á quienes dio 
jpios,i<? auioridad unwersal y so6era/ia: nunca pasará 
ésta a y postras manos; y la doctrina, que; enseña que la so- 
beranía'fis una propiedad nacional ,es una peste para to- 
dos los paises. Podrá degollarse, a$esinar$e y matarse ato* 
(^s los ¿objeranosy popiendo otros €>rts» lugar, pero jamas 
pqclrá lograrse, eilegitiijiaplos y darles poderes. Después de 
tpdasjmestroscrípfi^qes y miestr<)s atentados , resultará siemf 
pvSn^sí^ihecho decisivo: que lasobeipaoja es una propiedad 
ciclos j89ber^CM[js^ y Hq puede ejerjcerse sino eq virtud de 
su^iqfMeues. ,;. ■ :.. ..,..:' -.^i '■ ' -^ •' . ' -; 

. ) 4*:q'^^» 1^ gi3^ dificultad que queda por resolver no 
es el saber cómo los soberanos actuales recibieron sus po* 
derea $Qb.re los^ di^endientes de los fundadores , porque es 
claro que pv^diprpí> ^^ibirlos d<¿ los fundadores mismos. 
Pero'¿cóípo y,^óndft pwdieroa. refcibir-tos fundadores sus 
poderes sobreestá, inifinita multitud do cáítTangeras que se 
hqn mezclado ;cop. s^s» sucesores» y. sobre todos estoé^ pue- 
blos CQnquist^d9s y y. aun usurpados,, sobre los que no te- 
pian derecho algpnp?f*K. H^ aquí la gran cuestión qne.nos 
queda por examinar pata terminar. todp .lo que pueda de» 
mearse sobre la tjr^Qsiikision de los poderes, soberanos. 






* 



t 1 



. J- 






, i / . 



> ' . 



■,.;■. SEXTA ..CUE&XÍaN.' 



DE LOS SOBERANOS ACTÜ4LES. 

Como han podido tener autoridad sobre los ex- 
tranjeros, » ■ '^■■" 



ESTADO DE LA CUESTIÓN. 



l^Oi 



Noihi'úclo^dl-h^Bla aqai el ccmcebár cóiúo el fimdii- 
flor.d^ jQadar[>ueb]o,-<^De(^nia' iaícontestableaienté autoti* 
dad univcseal «diré «asideseeodientes, {njáo transmitir á 
■US aitcesores Ib queél 'mismo poseía: quofÍMxne.habet qui 
protreaviti, etga naúim-ex' se, ^dáee. Aristóteles. ) Peco 
después dd&adadorsereuüieroná sus deBcendiente?, otros 
miicheaiDdmduOB, y aun pueblos, st^e loe qiie no tenia 
derecho»' personales. ¿Dónde tomari d «oberaBo actual la 
autoridad que le. falta pahi^con los extrang^rf^^ para con 
los' ramas colaterales, pám cwf los países eonquisladás, y 
á veces para tan- reyvos enteramente usurpados? Esta é» 
la grande dificultad. NoTanto las variaciones, como la mea- 
da inevitable de los cuerpos civiles, ha sido b que impii- 



aSo DE LOS EXTBANGER08* 

SO 4»aa á muchos autores» y b que les^elermin^ 4 reeur» 
rir« tinos á h universalidad ¿el poebló, y otros al autor 
urúversaL del inundo, para hallar los poderes universales. 

ExaanosKr^mosi. siícesivameíite estos^ actkw0¿v y haré* 
mos ver que si se han hallado embarazos en eBta cuestioa 
como en las denias^ ha sido porqiie Hégó á perderse de vis* 
ta la fuente de las autoridades humanas. 

» a / * ' - ' ' ' * ' * 

S- '•*• 

X t • r ■, • - ? 

"*». - r • ' • T-*t' _ ■ •.•■•', , 

De los extrangeros. 

» -V? \ , ^- * , 

I Puede conjeturarse fácilmente que desde el princi* 
pia del manda debieron imezoíárse mucho las familias por 
las alianzas^ por los empenók y por la identidad dCe los tra* 
bajos ;. que al tiempo de la, pAtóé^di^^epáracion^^despues del 
diluvio^ hubol. probableiiíéri\é''d(és¿tódiénfes 'ttó' Japhet 
que. se quédáróái[^oaiV¿/;?rodE en Babilonia; defendientes 
de Sem^ que pasaron con Í7/iiánt ^a '^ipto ¿ dé&céidiente» 
deCAom, que siguieron k los. hijos. de /ap/i^í: ¿Europa} 
que ^in s^ir de la ci^na detrgéi^^ I^v¥ti9uo>;£c;p3enzaron ár 
confundirse los diversos ramoa de Emilia; y que con el 
úempo llegó i aumentarse esta confusión por la movilidad 
inevitable de ios sucesos, humanos». AJsií es:-^ué por 'ei es-^ 
tahlecimienta»üé tías colonia; por ^S/ dcmqpBtas^ por el 
comercio y: porcias reunionea- y^tcansmigracionesi que se 
hicieron de una parte «del globo á la ona, llegáronla niez« 
ciarse loa egipcios con \os,^iego^\, los, tirios cQtaloAvfri*' 
canos,, los^ iroyanoscoo¿ iM^iatinos^-lÓB^^ílbtíhós coa los. 
tmtíinosi iqs/ra/lérós. con lós^> galos ^ y .mucho^tiémpa des^ 
{^S; los, europeos con lo6,¿€iineñcahbs^ Na inteniamoa de^ 
bilitar las dudas que ha oéasienada {esta nicti^ela^' 

li Tamjbien es: cierto que Ifemrod na teÉiia autoridad 
a^ona persona^^sobre loa desoeQdiente& de Jvphet^ nt éste 
sobre los de Sent^ m ningüu otra soberatia Sobre los dU 
tersos exn^angeros que venían á umrse á sus. ¿ubdítos^ Sin 



-embargo^ para tener derecho de gobernarles , era preciso 
tener sobre eibs una autoi'idad muy real y muy paterna. 
Asi e»,>que si en todo iin imperio se hallase un sob in- 
dividud sobif^ el que no tuviese poder el gefe^ dejaría éste 
de tener Sa saber ama\^ porquiñ^ como todos s£d>en, la so* 
berania es eseneblmente universáL 

III Esta dificultad que ha sumergido al mundo en el 
«bismo.de lis* convenciones^^ y que no ha podido resolver el 
sistema convencional ^ es nada en realidad ^ y por ^panto- 
.aa que parezca de lef^v desaparecerá en la presencia de los 
fundadores. Si hubo esencíjütnente un autor universal i ]$, 
cabeea /de:cáda ramo d^ género humanb, pío .es evidente 
que cada uno de ellos pudo ceder reciproicamente los dere» 
<dios que tenia, sobre sus descendientes, y que. por esta ce^ 
' sion adquirió cada uñó de ellos una autoridad muy real 
mA^te los extcangerúB qñe teman á unir/se con sus súbdi» 
tos? No gobernaba Japhet i los descendientes de Sem. en 
virtud de sn^ autoridad paterna, sino con la del padre uni* 
versal. Es bien sabido que mientras que un soberano no 
reclama á su» subditos , se cree que ha pasado sus dere- 
chos i aquiel que los recibe en su imperio^ Lp que se hace 
todos bs dias entre los soberanos actuales,: pudo hacerse 
con la misma faálidad desde el principio del .mundo..' 
- IV Seadn^ira «1 que- estas verdades^ qtie. parecen tan 
¿mpksvno se hallen! en niügun tratado. £^ mismo da 
ima nueva prueba dequésebabiaol viciado CAteraipente 
el' origen de las auJUsridadMS humanas. Ho^^tíí^ si Ui em- 
bargo A0aótíx>3 los primeros que hemos be<,:ho cpmem^ 
los gpbternosL/xtr hsjxidres'^ y hemos citado miliarias de 
autores ^ue lo hicieron antes. No ignc9*aban • estos que Ips 
gefes primitÍTÓs tenian autoridad sobre sus descendiente^;! 
pero sabiah también que no eran pádres^ de los exitan¿f^ 
ros que* vinieron en gran número á rcjunirse á la .familia 
del gefe* primitivo desde las primeras generaciones^ Estece» 
el escollo donde «e han* estrellado todos los pi^liástps. Fnkñ 

ra dar á los padres primitivos la autoridad qne-lea pitaba» 

II: 



. áia .?: »& LOS : AXTR AISÜGBSIOS. 

, tít> b^n balladtí otro recuréo qiie; et cwueniimieiM de ei« 
ios extrangerqs que faidéirotí bendecir por el auter uni* 
versal del muñdáí Fero.eet^ cÓQseuibníentó'cte Ipsjmebhs 
no, da la autoridady oi £8ta:beD(Jicionr€le>I>id6 fibandoña 

.á Iq8 p^dvd»Ml^Ká)nsmidmÍ€itto\ar^trariodélos.pu€Ído$^ 
lo que es lo mismo, alas coniecuiencias terríbleadel siete*- 

1 . iV ^Qtié.éra¡[nécÍ80 p^ra( bMeroesar este túoónvenien* 
*tet Subir hfina' L^ padres* primitivos de estos pueblos que 
kd^sdeel optgerf $e tedicrortr^cipmcámente.susdjerechos^^ 
¡'Se dirá que nad» bay mas' facii! Pero ' al fítí ^ra preciso 
viíaoévlo así. <>]Qj^a babia mas*£aoil qóe baUareLuuevo muQ» 
•do^ y que-irse^alláquafido se supe el camido.tSin ebbargo^ 
f>ara deseubrírlfe fue níecesarioqiie bubiese ua ibombre que 
concibiese Vt 'desrgno de ir 4 las Indias por unpd marea 
ilesbonootdde^^y que tuviese el valor -de exponerse á todos 
ios peligros de un viaje jeme jan té,' . ': 

YI P^rk'hatlarel origen de *l^ soberanías mo eta bas^ 
«ante el saber que qn padre tiene autoridad *úAy^^ sus fai'» 
jos; em preciso dettoubrir lo que e$'la ciutoridad por su 
natúralesa y su eseocfa constitnttva^ ^us^cualidádes , sn uní* 
versMi^iad y su perpetuidad^ subir de padre en padre tías^ 
ta el primero,' pro£padi^ri/o ^piéesta soberama^ea quó 
consiste, y ,de qujé* eletneatos ise compone; por qtié esuínr* 
Tersal-, y cónu^podk estend^se sobre lós' iexiraiigeros ; de 
qné ^modo^bi. bábta adquirido cada^ padre primitivo', j có« 
xno'la babia poseído en vida; cóoio la babiá cedida á los 
eirod y transnvttido á su» sucesores; y por lidtimo^, cómo 
había descendido al través. 'd& todas las varicaciones y to« 
da^ 'tsfs revoluciones hasM hs soberanos actuales^ Jias^ 
talos^ conquistadores^ y hasta los usurpadores^ &c. Tra- 
bajos inmensos^ ^ue niiiguno bvlnera emprendido si no 
hubíerk sobreireoidcy la revolución francesa ;.- y trabajos 
^t^'bubícirañ ^o acaso ui> Joe^o' páralos ^pdes ge;-« 
mOs^ peiroiquf e¿-«nue6tm debUklad fnos baa fadgado y 
abát^y mucbQs vecésw / . 



DIS LOS EXTBANCEHOS. a53 

' vil tQ^ié injustos son los que creen que las verdades 
simples que se les presentan no han costado trabajo algu- 
no al que las descubre! Y ¡qué limitados los que se per« 
suaden que sabían mucho tiempo habia lo que les parece 
tan natural cuando se les enseña!.... »Una encina antigua 
>^se levanta, (dice con elocuencia M. de Montesquieu^ 
HÜb. 3o ca|í. i.^del Espirita de las leyes): de lejos descubre 
:»el viajero solo hojas, y de cerca vé el tronco; pero no per- 
ticibe las raices, y es preciso cabar la tierra para ha» 
Hilarlas'* 

VIII Hasta la última revolución, todos, y yo el prime- 
ro, nos hemos parecido mucho á estos viajeros. Descu- 
-briendo de lejos el árbol antiguo de los gobiernos , hemos 
admirado sus hojas; esto es, lo5 pueblos; y acercándonos 
liemos visto el tronco; esto es los soberanos actuales; pe- 
ro no hemos descubierto sus raices. Si hubiéramos oabado 
la tierra, hubiéramos encontrado en ella los fundadores 
óe los pueblos i y estos hombres inmortales levantándose 
del ataúd; se hubieran reanimado para decirnos: »>^Insensa- 
*»tos! ¿qué buscáis en vuestros absurdos sistemas? ¿ El ori* 
>fgen de la soberanía P^ Sabed que la colocó Dios en npso- 
Mtros; que ha nacido con nosotros; qué ha emanado de no- 
»isotros« y que somos nosotros los que hemos hecho la« 
j^particiones, las leyes y las constituciones mas de qui- 
»nientos años antes que pudiesen existir vuestras preten- 
#ididas convenciones populares. En vez de destruir nuestra 
>K>bra9 id á decir á vuestros contemporáneo», que los que 
^les gobiernan se hallan investidos de nuestra paternidad, 
ffj que el verdadero espíritu de las leyes y de los gobier- 
f#nos es nuestro espíritu , que subsistirá hasta la consuma- 
f>c\oa de los siglos, y del que no será permitido á ninguno 
n^separarse sin que ocasione el trastorno dé los imperios.^' 

IX Dejemos pues d€^ buscar en Dios, lo que Dios mis» 
mo ha colocado en • los hombrea El origen secundario de 
híB autoiides\c\\\ké no eétéenel cielo, sino en la tierra* 
Cubándola' profundamente hidlaremoá en ella los fundado^ 



a54 ]>£ I'OS EXTRANGEROS. 

res de ]o8 pueblos , que se han cedido recíprocameotí^ sos 
derechos desde los príraeros tiempos. SI esta multitud de 
fundadores dejase aun alguna confusión en nuestras ideas, 
subamos siguiendo la cadena de los padres, á aquel de 
quien han procedido todos , y no nos embarazará esta mez* 
da de los pueblos» 

X A la verdad , en la primera dispersión , cuando el 
ge fe universal de todos los pueblos dio los }K>deres á sus 
hijos, era imposible que existiese para él un solo exlran^ 
gero en esta familia inmensa. Es incontestable que tenia 
una autor'uiad muy real y muy {)ositiva sobre todos. En 
el momento mismo que dividió su numerosa población ea 
grandes familias, dividió por este hecho su autoridad uni- 
versal en otras tantas partes. ^Marchad , dijo al gefe de ca^ 
»>da división , yo os constituyo sobre mis descendientes ddl 
»>mismo modo que Dios me constituyó sobre vosotros. Pe* 
*»netraos del gratidor.de vuestros derechos, y de la exten« 
Ilusión inmensa de vuestros deberes. No os confío solo var^* 
»>tros subditos, sino los mios. Les dictareis leyes , no solo en 
»> virtud de vuestra autoridad, sino, en virtud de lamia, que 
»>se extiende sobre todos, y es de tal modo indestructible, 
wque pasará de edad en edad, y de generación en genera- 
»>cion como todos mis derechos , ún que nada pueda hacér- 
tela cesar , hasta qué nó haya en la tierra generación algu* 
»»na. Autor universal de todos los hombres^ no es posible 
»K}ue pueda ninguno de ellos ser exirangero para mi san« 
»>gre. Os doy sobre todos los que os sigan todo mi poder y 
»>mis derechos. En ctialquier pais qtjfe os fijéis, investidos 
>>de una porción de mi autoridad, aeréis ehr tedas partes^ 
♦ecomo vuestros sucesores, mis represen^ntes ^ y mis imá^ 

^ygeaes^ 

XI Lo que decimos del primer gefe del género huma* 
no,. se aplica al primer padre €¿e la Europa^ alrfá África^ 
al de América, j al primer Habitante' de cada país. Desde 
que han sido hallados lo9 ftindadores de los pueblos, qué 
constituyen en virtud de su título de auiot^es wmersales^ 



DE LOS EXTRANCEltOS. l55 

y ié eedea refdprocameDte sus derechos íobre los extraña' 
gfra$^9 maa de quinientos años antes que pudiese haber 
-ccHiveaciónes , desaparecen» como las fantasBaas á la luz 
^1 dia, t(Kk>s los pactos sociales y todas las d^cultades so- 
lare la soberanía. 

r XII >Goaado un soberano no reclama los subditos que 
•e pasan & otro imperio , es una prueba cierta de que trans- 
mite á aquel soberano los derechos personales de autoridad 
que tenia ¿obre ellos. £sta es la ley primitiva y funda* 
mental\' tan antigua como el mundo ^ y consagrada /or 
ía aceptación unánime de todos los soberanos^ que tran^* 
mitió á €!áda uno de ellos la porción de autoridad que 
rio tenían pet sonatmente sobre los extrangéros. En virtud 
de esta ley primitiva y fundamental « iu\o' Nemrod una 
anitoridad mmy real y muy positiva sobre los descendientes 
de Charrt que se quedaron con él en Babilonia: Cham so« 
bre fes ^ descendientes de Japhct que le siguieron en sus 
viajes: ^JtánuUo sobre los vagamundos que vinieron á ális^ 
tarse en sus^ banderas i cada uno de los soberanos actuales 
sobie todos los extra Dgeros que se han establecido nueva- 
mente bajo de sus leyes » y fijado bajo de su imperio ; un 
padre «obre los hijos ilegítimos qtie naceb en su casa y que 
no reclama et padre adúltero^ y un obispo en lo espiritual, 
sobre los entrangeros que vienen á fijarse y establecerse en 
sil dióceás ^ &c. 

: XUI • Y ¿cómo tienen esta autoridad sóbte tos extran* 
geros^Moes por extensión, ni por la fuerza, ni por con* 
Tención, consentitniento^ respeto, atención, elección , ó ad* 
hesion de tos nuevamente venidos, como k> explican los 
que hacea derivar los gobiernos de los padres ; ni por la 
sanción de Dios^ como 4o dicen una infinidad de moralis* 
ta» y teólogos*. És únicamente pr concemtt^ por delega* 
cíon y por constitución verdaderas porque desde el priuci<« 
pió del numdose traspasaron mutuamente los fundadores 
sus derechos respectivos, y podrán por esta razojí los sobo* 
lanos actuales hacer lo mismo «n nuestros ^dias» Colocan^ 



a 56 BiB tos EXntAJYGEBOS. 

do el origen ele Icís cuitóridades civiles doBde \á$ coloró 
Dío9'9 en el autor umversal de cada pueblo^ qoiníemoa ó 
seiscientos años «ates que las .convenciones» no hay nec^ 
sidad algqHdr de jiion venciones 9. de eleccioness, Ai de hen<fi- 
Clones. Habiendo descendido los extrangero9f contó los que 
no lo 9on, de. fm padre primitivo^ es ioiposU^le>que haya 
existido desd^ ^ principio del 4(nundo un sola: soberano 
sin gi^oridad spbre ellos. Precisa y rigorosamente inves- 
tidos de la paíwiidad de los fundadores , todos; los que 
•han gobernado» gobiernan y gpberparán» seria r^reien^ 
tanfesf é iniágen^s suyas ^rj 4c consfiguiept^ lo$ padres á* 
viles de todos, .sm subditos » y aup . de Iqs estraf^eixis por 
• representación dff.lp^ prinneiros fwdadores; y no por d 
i cons^itíímíen^a det Ips inferiores 9 sinp por elde los supe* 
.' jáores , de ]os obispos ó de los soberanos que ibo reclamen; 
I XIV ¿Corm los soberanos actuales tienen, mitoridaS 
sobre los ramos colüteralesP Bien conocido una vez et ori- 
. gen de las autoridades es mucho luds fácil de resolver esta 
f /cuepitiw que Ja precedenteb £n ^l^to, puesto que laauto*^ 
'. fidad paterna, en cualquier grado que se tomé, se extieb- 
^ de esencialmente sobre todos sus hijos, será evidente que 
. ^l que fuere heredero de un troqo, aunque soto sea llama-' 
do á él por $u padre, tendrá autoridad sobre todos sos her- 
; ix^nos; pér^ Vi ,<ademas del llamamiento del pajire tuviere 
el de sus mayores y el de los fundadores,. seta claro, que 
reteniendo en iBi solo todas estas autoridades, se hará posi- 
tivamenteel padre civil de todo el pueblo, y por coUsecuen* 
cía de sus hermanos mismos. Mientras: que estos se hallen 
domiciliados eO su impero, si jreusase alguno obedecer sus 
}eyes , comete^ia ej crimen mas ^«estable porque fultrb jaba 
en su hermano i la itiagestad. paterna de sus predecesores. 

XV 1 De este modo se hizo ifi(2¿omo;t el padrea civil de 
Jdorúai luego: que. fué investido de la autoridad áe^.Daindf 
Jrsaces fué eohwderado como.soberanodel/á(>€n Gró desde 
que fué constituido por su padf^; Sesostris'^ llamado al > tro* 
no por lá voluntad constitucional de sus padr^^ se. cr^ó 



con derecho para arrojar de Egipto á su hermano Dana^ 
cuando osó disputarle su autoridad. Luis XVI y Luis XVIII 
fueron sucesivamente los soberanos de sus hermanos, no 
por su propia autoridad , sino por la de sus abuelos ; y por 
esta razón en todos los estados monárquicos en general, 
los hermanos que son excluidos del trono por la consti- 
tución, son tenidos por parricida^ cuando se atreven á su- 
blevar contra aquel de ellos qiie ha sido llamado constitu- 
eionalmente á la soberanía; porque en virtud dé h volun-^ 
fód del fundador, este solo ha sido het^ho en toda la fuerza 
del término, el representante real de todos sus predecesores, 
j de consiguiente el padre civil de todos. En dos palabras: 

Hermanos, extranger^>s , todos iian tenido /?adre^ y sO" 
beranos^ que cedieron volnatanamente al soberano , actual 
su autoridad ^sobre todos I0& que; no reclaman. Luego ja- 
mas los ^sd3eranos recibieron ni pudieron: recibir sus po- 
deres de los extraügeros , de sus hermanos , ni de ningu- 
no de aquellos que viven baja de su imperio. 
- XVI ¿Y qué se ha de hacer cuando la dinastía xeinan-f 
te llega á extinguirse enteramente? Ni aun en: este caso se 
extingue la autoridad del fundador , porque es indesttuc* 
tibie como todos sus derechos.;... Subid al fundador, y con« 
sultad sus voluntades. Lo que él hubiera hecho y querido 
en un caso semejante, es precisamente lo que se debe hacer* 

XVn Hay quien pretende que en este caso '^tra di 
pueblo en sus deredips; pero es nn error, porque .nunda 
tuvo el pueblo derecho alguno^ ni^ iiay otra regla que la 
voluntad del fundador cuando . se trata de la soberanía» 
Si se ha fijado esta al orden del nacimiento, la^familiíi que 
suba á un origen mas alto en d orden del pacinaiento, se- 
rá la que sé apbstitüyá por la constitución á^la.faipili^esí* 
tinguida. Y/pues que el fundador si viviese Isubiera dado^la 
soberanía á la cabeza ó padre dé aquella familia v debe 
devolverse á este por la voluntad sieniprevsúbsistente.del 
núsmo fundador, cuyas inteacionesjdeben íeguirse^rigora- 
rosafnente en todos los caso^. . . \ 



i\J^-k\jt\Í-'Í\f 



;|58 bl LOS C09T(l21^ISTA90iaS« 



t> ' M 






, S- a. 



De tos conquistadores.' 

* ^ .',•.( 

I El guerrero que 6e hace señor de un terreno por la 
fuerza de las carinas, loma el; nombre de can<{uÍ8tador. Un 
particular dácé adquisiciones; y un soberano hace conquis* 
tas , porque es ayudado, en sus triunfos por sus oficiales y 

soldados. •. ' :: 

n Cuanda los soberanos no puecjíen convenirse sobre 
un objeto 9 no tienen otro medio definitivo que la guer-^ 
ra paia arreglar sus diferencias, como que'im jtienen otro 
juez que pueda juzgarlas , pera como puede halier guerras 
justas y guerras injusta^ ^ es un error el creer que la con* 
quista suponga siempre la traslación de derechos. 

III Todos convienen en quecuaindo un soberano Iegi« 
timo es atacado injustamente ; ch sus posesiones, y coúte» 
niéndose^n los limites de una defensa indispensable , ob« 
tiéñe ventajas sobre sus enemigos, se bace por solo e\ 
hecho de la victoria sóberauo de los puebles vencidos. Por 
eso . en una guerra justa, y aun dudosa ^ en que se com» 
bate por una y otra parte de buena fe^ dejsde que la supe* 
vioridad de las armas dá la posesión real y sólida de un 
objeto, nadie creerá qi:^ dejen de pasar los^ derechos del 
vencido en el instante mismo á las mano^ del Veacedor*^No 
autoriza esta adic[uisicion la fuerza, la victoria,. la ocupación 
del objel^ conquistado; ni lá voluntad del vencido, que las 
mas veces na 'presta sü consentimiento; ;«iiiaia ley de la 
guerra, dio c¿, la voluntad legal de los fundadores que 
decretaron desde el principio para estos dos cásba que los 
dk^hos seguirían regularmente el partido de la victoria. 
Aut ocapaiixme sfocua, aut¿ bello capta statim eapiert" 
tium'fiunt. Requirünjar tomen possessio firiná , maasuris 
munitionibus capas )írmaía. (GrociolUj. 3.°.cap*6.^) • 



DB los CONiJÜISTABORÍS, ¿$9 

'• IV En unagi^rm eVidemetoéOte injusta , en la qne un 
soberano pacífico es atacado eu stis'{)0sesi(m6s por nn hom* 
bre feroz y ambicioso , que pisa las reclamaciones de los 
vencidos, y lo devasta todo por la superioridad de sus ar- 
mas; aunque parezca que el soberano vencido dá su con- 
sentimiento por actas voluntarias ó forzadas , no debe creer- 
se que se hace ni pueda hacerse la traslación de derechos, 
porque el vencido no es señor de la soberanía , y los funda- 
dores, que lo serán siempre, resisten esta traslación. A los 
ojos de estos~peces supremos , cuyo espíritu debe ser inter'^ 
pretado siempre por las reglas Be. la justicia ; estos grandes 
sucesos son unos grandes latrocinios; estos grandes triun« 
fbs unos grandes atentados^ y estoa grandes conquistadores 
80tL el azote mas, terrible, y unos dyapidadores infames. 
SiSgun esto ¡cuántos héroea habrá' de menos en la tierra! 
£1 dDJeto íxivadido podrá^estar ea sus manos ; pero no 16 
están los derechos, ni podrán estarlo, porqtie en ningún 
caso es posible llevarlos por la fuerza, ni haceilos mar* 
cbat sino por la voluntad de los fundadores» JPopuZos sola 
regni cufAíUdátefonterere^ quid: aliad quam grande /a« 
«rocímum. {Grocio lib. a*® cap. á^J) . .* ; 

V Getíei^menté hablando, con respecto á c&nqiústas^ 
debe fijarse i)iincSpalmente lá .oonsideracioD sobre la vo*^ 
lutxtad dd 4^^^díi^.- Pues pafa tjtíeí baya conquistft^ es ne-^ 
tessrio,^ que ^'^ incido ha^ya querido la ^é^tpí^ y hz^ 
ya :^o iel^ agresor ^ como lósr romanos con «los. léfapcos; 6 
que .la haya aceptado,, como dos; sc^ramsnqueide jan la 
deotsíoa dé sus contestaciones á la suerte de. las ;a»3)as ; ó 
que en fin «haya ratificado los efectos de la guerra, entra**: 
tadoS' ó congresos^ ¡porque entonces los arreglos la]jegiú^' 
man tódo.Xó/é/2£¿ non fit injuria. Vero los soberanos que^ 
son desdrónados^á pesar suyo, están muy lejos de á3nsén<- . 
tir en la guerra. Así que las.guerras injustas no/ despo- 
jarán jama»: de sus derechos al vencido. "De inpdo, ^pae 
auníen la guerra misma no pueden los derecAosi&riti?ms* 

mitidos sino por ¿a (tunead del antiguo propiet£irio.*£$* 

KK: 



a6o DE LOS USURPADORAS, t 

te principio es general par^ todas las propiedacjes; /(i ^uod 
nostrunf. est^ me facto^ rwtro^ ad aliuRiirqfisferri non 
pQtest. 

• ' . §. * 3. ■ 



/ 

4 



De los usurpadores. 

I ¿Podrá decirse, que segan estos prioeipios, loa 
usurpadores no toTieron jaoias derecho alguno? Pueden 
tenerle cuando se les dá ypero no pea- la fuerza ni por el 
hecho de la usurpación. Hay sobre este articulo opinio-i 
nes tan sediciosas, tan . manifiestamente re|MX>bida& por el 
derecho natural , y tan contrarias á los verdaderos inlo* 
reses de los mismos usurpadores, que Jetaríamos uii agsa*- 
tio á la humanidad si dejásemos de reclamar contra elidís»: 
En efecto j cuando oimoa ^sostener ^erianieate gue un usúrr 
pador i queda legitimado desde que es reconocido por oíJW^ 
gobiernos, y ¡que un soberano legitima quáia despojado 
de sus derechos luego que defd de:haUar^e .en estado de 
prvtefcr áju\pueblo'^ ¡.pbdrán sufrirse iguaks aserciones. 
II \Queda despojado un^ sóberánú ide^jY^.derejchosí 
luego -que ^ deja de hallarse en estách de pKOteg$r áí su 
pu£blbLJ. Pero ¿por quién ? ¿por qué ley? ¿por aué^ra* 
zon ? Poiqué * ^ el mas jdtíaü í porque es ^ desgracia^« iQué 
delirio!, '¡Qu^^ porque. ^^ea yo mas débil que éUackoa 
que á) pesar^mio me robó un bolsillo^ perderé mis dére* 
chos á élh¡^VDrque seayo menos fuerte <|ue cincuenta sal^^ 
leadores que n^ antojan de mi. casa , perderé mis dere(¿K)s 
áellal^.*.» ¿En qué se funda una doctrinar tan. extravagan^^ 
te? iQué autor sensato la: enacoa ?...*.. '\No se haUa el so^ 
berano en estado de proteger á su puebloL.... Es ver** 
. dad« Tampoco- se halla en estado de defenderse ' á sí.- 
En podec de sus enemigos le arrojarán, le de^jar^m^ yr 
hombres atrocíes llevarán acaso el atentado hasta darle la 
muertes Se verá ajgoviado, será desgraciado. Luego ha per- 
dído. si», derechos. Luego es preciso. ponerse de parte de 



\ 



\ 



PE LOS USlJRPABOREa a6l 

loi que le tobaron , y abandonarle á él ¡Qué consecueni- 
áa tan indignáis... 

III / El soberano no se halla en estado de proteger 
á su pueblo!....^ Pero ¿cuál es la causa?' ¿No es la rebe- 
lión de su pueblo , la deserción de sus ejércitos , y la infi- 
delidad de todos los que debian sostenerle ?...... ¡Qué, por* 

que un pueblo sea infiel , porque cometa el crimen mas 
horrible , le será permitido consumar el mas monstruoso 
de todos los atentados!... Si el soberano no se halla en esta- 
do de proteger á su pueblo , es porque éste le ha abandona- 
do , y acaso porque éste se ha vuelto contra él. Que entre 
el pueblo en su deber , y recobrará el soberano su podier. 
Mientras que no se hag^ asi » no hay justicia para que se 
le haga sufrir la pepa de una deserción , y los horrores de 
UU; trastoriK^ cuya causa np está en él. Si debe el sobera* 
no pi^te^r á su pueblo, ¿no está obligado á sostener éste 
á su soberano, y á verier por él hasta la última gpta de 
au sangre ?...... 

IV \No se halla el soberano en estado de protegéis 
ásupueblol ..... ^ Luego haperdido sus derechos! Pero en 
^e cai90 podrá decirse que los perdió desde el instante 
it la jUsurpacÍQn',.porque desde este instante fue el b^as dé? 
bil..«...^ Porque yo soy masdébil que los ladrones me. dejo 
quitarle ellos mi bolsillo, ó les abandono mi casa. De 
modo que, si se quieren apurar las consocoencias de este 
exorable raciocinio , será el acto del tcbo lo que legiti- 
inará el. robo; la rebelión de los ejército^, lo que legitim£i« 
rá la líebeSion ; y la defección del pueblo lo que legitima* 
rá la defeccion¿r. ¡Seiá la fuerza ó la debilidad , el crimen 
ó la temecMad la. regla de las prescripciones , y de la tra»? 
lacion de los derechos!. > 

V ¡ J?5 reconocido el usurpador por las potencias á 
gc^iemosl ¿Qtíé ise entiende por esto? Qué»! porque loa 
gobiernos por lá corrupción de sus ministros , y acaso por 
k de sus oficíalos, á generales obligados á ceder al torrente 
de la rebelión, y á la perversidad de los principios públi«t 



a6a l>E IOS USÜRtADÓBM* 

<h>s, háyaü sido precisados á reconocer que «1 usurpador 
era el mas fuerte, ¿habrán reconocido .pofe eso que tenia 
derechos? ¿ Qué hace la fuerza y la violencia en la trasla* 

cion de los derechos? ¿Qué haCen los triunfos y los su» 

cesos? ¿Qué los tratados voluntarios de otros soberanos ?..«. 
¿Pueden estos disponer de ün derecho que no les pertenece? 

VI La mejor respuesta que puede darse á semejantes 
aserciones , es el menosprecio qué se 'merecen. Si el usur- 
pador adquiriese derechos desde que es el mas fuerte , se- 
ría el suceso del crimen el regulador del derecho público, 
del derecho de gentes, y de la moral Nada habría estable 
para los pueblos , para los soberanos , para los individuos, 
ni aun para los iisurpadores mismos. Porque al fin si es 
permitido abandonar los antiguos soberanos desde que son 
los mas débiles , se podrá igualmente abandonar á los íiue-» 
vos desde que tengan reveses. La dinastía del usurpador, 
aunque se haga legítima, será condenada del mismo modo 
á perder sus derechos siempre que pueda hacerse contra 
ella una sublevación ; y la regla que quiera ^táblecerse 
contra el uno, servirá algún dia contra ti otro. Los sobe- 
ralKB y los pueblos se verán en una perpetua agitación^ 
sin poder contar jamas con un solo inshmte de repoeo. El 
error eé siempre un puñal de muerte , aun para el que le, 
adopta ; y por eso lo que -parece á primera vista favorable 
á los usurpadores , les es positivamente contrario. 

VII Que la usurpación lleve consigo, las guerras^ h» 
desastres y las calamidades de toda espiecie es una verdad 
que nadie ignora, pues que todo el universo ofrece de ello 
una triste experiencia. Pero estas espantosasr consecuencias 
que deberian disgustar á los pueblos prudbútes, noesoí- 
san á los culpables, ni legitiman los atentados. PorestOy 
sin considerar esta serie de turbación , de. división , de mi- 
seria , atrocidades , y debilidad de parte áe un soberano , y 
de sucesos de parte del usurpador, sea el que quiera el 
pretexto que se alegue , ó la razón que se oponga; todos 
los publicistas demérito, sin hacer la menor ipencion del 



recopociflaifato de Jos gpl^iernos, claman CQptya Ipp qijfl 
no se atreven á precipitar la traslación ^e I09 de^ecljip^ , y 
abreviar el tiempo que puede hacerla legitima* 
. ^III Los unos, como Vázquez (Coutrov^ UK %J^ 
cap. 3.^), y el célebre Dupay (Tratcuio de los derechos 
del Rey) pretenden .que mientras que haya sucesores es 
imposible la prescripción, porque subsiste siempre el cri- 
men. L03 otros como Grocio^ Puffendorf^ Suarez^ Nanear • 
ro y otros muchos , después de todas las turbaciones y to- 
das las guerras de sucesión ^ exigen una posesión quieta y 
no interrumpida de un siglo. Por lo que hace á nosotros 
créenlos que como la soberanía es positivamente una j9ro« 
jÁedad de los soberanos , no pu(sde haber otra regla para 
prescribir la soberanía como para los demás derechos , que 
la wluntad de los antiguos poseedores ; y por lo mismo, 
que eii todos los casos y en todas las suposiciones deben 
ser terribles las consecuencias de la usurpación , tanto pa» 
ra los usurpadores como para los pueblos» 

Cmsecuencias terribles de la usurpación^ 

I Siendo la soberanía por su naturaleza la primera de 
todas las propiedades , no hay duda que puede ser trans- 
mitida como las demás por el consentimiento de los an^ 
ligaos propietarios ; pero también es imposible lo que 
sucede en las d^as,, que pueda verificarse la transmisión 
sin su consentimifintoi pero después de verificada una tisur- 
pación es muy difícil obtener este consentimiento , porque 
siendo la soberanía e\ mas bello de todos los derechos no 
es posible qu^ el antiguo soberano consienta jamas en su 
transmisipn sinodespues^ de guerras sangrientas y laicas di* 
fícultades, si Uega ^ creer que es moralmente imposible 
conservarla á sus herederos legí^tgios. Sin embargo , cq* 
lino hay ^oberan^ de muchas e^p^cies, y pudienda variar 



164 CONSECUENCIAS TlfítteÍBÍiES 

la facilidad 6 dificultad del consentimiento en razón dé 
^tas diferencias, indicaremos aquí las principales^ para 
que pueda juzgarse por ellas todas las demás. ^ 

II Donde quiera que fuere compuesto el soberano, como 
en las repúblicas , las aristocracias , las democracias , las 
cámaras y los senados , es indudable que el último soberano 
es dueño siempre de desistir de sus derechos, con tal que se 

ponga de acuerdo la pluralidad. ¿Y por qué? Porque 

estando vivos todos los miembros del soberano , se hallan 
siempre en la posibilidad de deliberar y decretar lo que les 
conviene según las diversas consideraciones morales, de 
interés, de necesidad y de imposibilidad en que se hallan 
por las circunstancias. Por eso el senado de Roma , des- 
pués de guerras sangrientas , en las que fué siempre venci- 
do, se determinó á hacer una cesión legal y absoluta de la 
soberanía én las manos de Tiberio, cuyo título legitimó de- 
finitivamente la posesión de los emperadores. Por eso la In- 
glaterra en nuestros días, después de guerras dispendiosas 
pudo desistir de sus reclamaciones para con las Provincias » 
Unidas de América.' Y por eso en fin todos los soberanos 
compuestos podrán , hablando generalmente , deliberar 
siempre á pluralidad de votos, sobre todo lo que pertene- 
ce á sus derechos ó á sus intereses respectivos. 

III No sucede lo mismo en las monarquías heredita- 
rias , en las que no pueden hallarse presentes á las delibe- 
raciones los herederos futuros. Como en este caso la sobe^ 
ranía ha sido legada á una dinastía entera, aunque los he- 
rederos actuales consintiesen en desistir , resultaría siempre 
que los herederos futuros no podrían ser despojados por 
esta cesión ilegal de sus derechos. Y esta es la razón por- 
que piensan algunos publicistas, que en esta dase de cons- 
tituciones no puede ser legitimado el usurpador ni por los 
estados, ni por otro alguno, sea el que quiera, sino cuan- 
do ha llegado á extinguirse enteramente la antigua dinas- 
tía; de suerte que por esta opinión rio pudo el senado ser 
legitimado definitivamente en JRoma^ sino después de h 



M LA üisüBrpAxaow. » a65 

áiisoluta cxtíocíon de lo3 TarquinoB ; Pepino en Francia, 
tíno después dé la extinción de la primera raza,; ^ugo Ca* 
pcto^ sino después de la cxtincioa de la segunda ; y así do 
todas las demás. Debemos convenir que esta perspectiva 
seria espantosísima para los usurpadores. 

IV Es verdad que siendo el primer propietario muy 
dueño de poner condiciones, aun ¿a de la prescripción^ 
á lá posesión de sus bienes, el mayor námero de publicis- 
tas admiten igualmente la prescripción en ciertos casos pa« 
ra la posesión de la soberanía. Pero las condiciones que 
ponen á está prescripción caifti no son menos terribles , por- 
que exigen para que tenga lugar el consentimiento de los 
primeros propietarios , que el usurpador se halle en la po* 
$esíon de un siglo pacifica , sostenida , y nunca interrumpi- 
da: possessio continuata et non interrupta-^ posesión de na 
siglo, que no pueden esperar jamas el usurpador ni sus pri- 
meros sucesores : posesión pacífica , que no puede tener 
princk>io sino después de haberse terminad^ todas las 
guerras de sucesión , que pueden durar muy bien muchos 
siglos ; posesión pacifica, que los herederos legítimos puedes 
interrampir sin cesar , y dilatar su principio á un tiempo 
indefinido. 

y G)ndiciones inevitables que no dependen entera* 
iHente de la voluntad de los usurpadores sino de la de los 
fundadores, y de los antiguos soberanos, que se dice no 
pudieron querer que sus derechos soberanos quedasen en 
una fluctuación eterna, ni que se transmitiesen á sus suoe« 
sores sino bajo de estas condiciones , que en vano querrían 
las dietas y los estados suspender ó prevenir , porque no 
pueden disponer de la soberanía , sino del modo que 1^ 
faa sido prescrito por los antiguos propietarios; de modo, 
que en las guerras como en las conquistas , en las usurpan 
clones como en la^ prescripciones , será siempre un princi- 
pio cierto é indestructible , que nada hace la fuerza , y que 
el consentimiento solo de los antiguos propietarios es el que 
puede transferir los derechos; consentimiento que es pre- 



ae6 coTüsttaJEJSCikñ terribles 

ciio esperar, y no es posible prevenir; consentimiento qivt 
en cnalquier opinión qne se abrace, es preciso esperarle 
por muy largo tiempo,, aun en el caso de la prescripción 
misma Y efectivamente, si un primer propietario puede 
dar sus bienes, baja la condición de la prescripción en cier« 
tos ca809, estos deben ser muy raros, porque la prescríp* 
cion de> esta naturaleza ea muy difícil de adquirir. 

YX hoí cierto e$ que en los gobiernos simples como eor 
los compuestos,, cuanda se ven parecer las revoluciones y 
las usurpaciones^ debe temerse que jamas podrán ser trans* 
mitidos loa doreqhoa sino después de guerras mugrientas y 
de calamidades que hacen estremecer ; y que si sc; pensase 
bien en las consecuencias terribles de la usurpación » pocas 
veces se empeñarían los hombres, en este paso., ¿Por que 
tantos pueblos, miserablenvente engañados,, se han precipi- 
tado desde K felicidad, tranquil^ de que gozaban eu el abis- 
mo de lask revolupiones mas desasirosas?:^* Porque se les 
hizo creer que stenda señorea de ta sobeainia podiaa á su 
deccion oeñferida i quien quisiesen.. Si hubieran sabido 
que este derecho perteneció en toda propiedad á sus anti- 
guos soberanos , no ei posible que hubieran querido des^ 
pojarles de ella á pesar suyo , y se hubieran persuadido que 
apoyando á los rebeldes i iban á sumergirse en una serie in- 
terminable de guerras, de atrocidades, de conmociones, de 
ruinas, de divisiones, y de agitaciones, cuyo fin les seria 
imposible ver, y de cuyos- males, na podría librarles jamas 
ningún podetde la tierra^ porque la transmisioil de la sop 
berania na dependerá jamas, sino de loa 5o6eram>s^ solos, 
Y si scv hubieran instruido perfectamente de estas grandes 
yerdades, ¡qué de males no hubieran evitado, y qué de 
desastres no. hubieran impedida desde el principio de) 
mundo! 

VI I. ¿ Por qué tantos usurpadores^ obcecadoa miserable- 
mente por falsos sistemas, se han arrojado sin consideración 
en el abismo de las revoluciones,, poniéndose á la cabeza de 
los pueblos á los que arrastraron en su propia ruina ?.•« Por* 



DE L4 iWUAíJfcCION. iS'jf 

que 8e les h^líni dicho que los pueblos eran los señores pri«» 
mitivos de los derechos sob^raaosV J m^ allegaban á bá*' 
terse los mas fuertes ^ dispondrían á su vokAitad dé las le- 
yes Y de las constituciones. Si hubieran creído que colocám 
dose á la cabeza de una revolucioa se iban á .empeñar ieá 
un encadenamiento inevitable de guerras, divisiones y coa^ 
tratiemposde quenb podria /sacarles jamas todo su pod^ y 
toda SU' maña, les hubiera éépaotmlo ésta terrible perapec» 
lava, y hubiearan ahorrado muchas calamidades para si, y 
para tíodo el universa - ' - 

■' Yin Es inapbrtante restablecer los principios funda* 
mentales sobr^^jué descansait los gobiernos, no solo por la 
estabilidad de Ios-tronos, y por ei interés exdiiñvo de lot 
que gobvernán , stao también -por la felicidad de los püo» 
Uos, y por interesa de los mismos iisurpádorefl¡. - ^ . . 

Por chocante que parezca la ; usurpacicMi éa . sí miscna,- 
debemos convenir que no es impeeible el qnó con el tiempa 
llegue á tratisportarse la soberanía á las manos de; los actua- 
les poseedores, pue9 que niy podenáostiegarb'qüeihay ea 
ísada paisun señor supre(no,'qüe noddñendb :i nadie st» 
^derechos, puede transmitidos á quien juzgue;, apropósito, 
Á lo e^ije la necesidad. Feror no basta , para que S)b ^verifique 
esta traslación, sublevar á los pbeblos, degdllar|los reyea» 
levantar ejércitos, exigir juramentos, sojuzgara reinos, y 
hacerse reconocer y proclamar por las demás potencias. En 
materia de derechos todo esto'es^absolutamriKe insufícienr 
te. Para que 'piied|i verificarse» la traslacioórexigeo Jos pu> 

blicistas mas indulgentes condiciones muy difieiles Qué 

haya sido abolido él crimen; que no exista 'lá >^eperacioa 
gctual ; que no vivan los culpables que tuvieron parte en 
]a usurpación; que se haya terminado. toda) guerra de sucer 
sion; que se^ hayan sofocado todos los partidos, y que hat 
yan perdido $m esperanzas á la soberanía los que pueden 
ser pretendienteis. Aun no basta, ó por mejor decir, todo 
esto es nada; porque se necesita aun que sea continua la 

padfica , y que los herederos del usurpador se suce^* 

IX: 



# I :s^-ni]l 



ft68 C0K8E0UBNCIAS: TERÍtlBLES 

dan sin interrapcion hasta el momento establecido por las 
leyes: condiciones todas absdcitamente necesaria» y funda* 
das en el derecho natural, porque es preciso que sea con^ 
testada perfectaúiente la ámposibilidad de conservarse el OTf 
den prifoitivo de la sucesión para que pueda el fundador, 
cgneentir en mudarle. 

^ IX Se convendrá de buena fé que semejantes condicio-r 
Des no son fiieíles ; que los pueblos que se arrojan ternera^ 
ñámente en tales revoluciones son dignos de coibpasicm) 
que los usurpadores que les precipitan en ellas son derna* 
siado ciegos; y que la empresa es tan terrible y tan peligro- 
sa en si, como culpable y criminad para los que la abrazan^ 
Se convendrá que aun eñ la optnicHi de los publicistas mas 
indqlgentes , antes de llegar al momento^ de la tr^lacion^ 
hay muchos partidos que abatir, muchos^bstáculos queí 
vencer, muchas guerras qué sostener, ^ae derramar mucha 
sangre, que sufrir muchos males, que correr muchos ríes* 
gqs, que ochdntb muchos reneinigos, que sacrificar mu- 
chos^ hómbre^v T^^P^ hader sufrir á fnaebps pueblos..... que 
despuea^ de haberse tomado tantas peqas, de h£¿)er. vertido 
tanta' sangie f opasbnado lantas^ turbaciones*, experimentado 
taqtaa desgracia ^ y evitado tantos irlesgos, mcMcho tieaa(pjgi 
antes^ue' pueda, verificarse J^ prescripción , debe separarse de 
k tierra ^'C€wbpc^;;ecer cai^^tcb del crimen de «u iiaurpacie» 
€» el tribunal que juzga/ todos los culpables, y de^r la$ 
riendas del gobierno á herederos que no tendráii acaso su 
fort^Niía ó^ús talentos.... Se' convendrá que despuea de ha^ 
ber prosperado i9«iche tiem^ki, cambian ixiuchas v^ces los 
sucesos, dfdina'la fortuna, se fiDrtifica él partido contrario^, 
y adquiere una "Stipeiioridad él harédero legitimo, ó que á 
k) menos con .fuecaas respetables, ^ por un feliz sucesp^^ 
ocupa .nuevaffienta. el é-onó, 'é^ interrumpa la posesión en» 
^oWiéüdotp por? este ¿aedió inesperado en> nuevias turba?- 
eiodes y nuevas des^aci^s, sih< dej^r á Jos pueblos ni m 
los facciosos que fe engañaron con él, mas que la deses» 
peracion, y jos remordimientos de haberse comprometido 



DS LA USURPA'CIOIY. ^69 

enteramente en una empresa tan infausta y tan triste. 

X ¡Desgraciados los hombres que se conducen por 
principios fabos, principalmente en materia de gobiernos! 
¡Desgraciados lo» facciosos que Itevan á los pueblos á la re* 
belion contra sus soberanos! Y ¡desgraciados los pueblos 
que se dejan arrastrar por los prestigios de los facciosos y 
de los usurpadores !••.. unos y otros se precipitan en un abis- 
mo de males , de que no podrán librarse después de haber* 
•e empelado. Según las reglas de la naturaleza y de la sana 
faason , esta especie de usurpación es un crimen tan atroz y 
un acto tan detestable, que solo el castigo puede destruí rle.> 
Si no se vuelve al orden primitivo de la sucesión, no se vch 
rá por mucho tiempo sino turbaciones, sediciones, cruelda- 
des interminables, y partidba que se degollarán mutuamen* 
te, y que exterminarán la generación actual. Durante este 
tiempo no se Verá sino la destrucción y la ruiüa, y en va* 
no se invocará la paz , se harán tratados , se mudarán cons- 
tituciones , ae prometerá la ' estabilidad , se exigirán jura- 
ttientos, ó se' creerá dar ó reciUr derechos. Antes del ins^ 
tante se&alado no habrá ni es posible que pueda haber oa-^ 
da de esto. Povque el fundador mismo está obligado po¿ 
leyes que soa sáperioseé á todos los fundadores. 
' XI Desen^añáos>, pueblos de la tierra..,. Nunca podréis 
4ar la-Ie^timidad á los soberanos, porque el que los legi- 
tima es vuestro, autor unwcrs<d i á quien eokx^ Dio» á laí 
eabesa de. la soberanía. De él debe emanar, y no hay par^ 
ello nias.que do» medios^ ó el consentimiento del último 
propietario , ó el del fundador que ha podido consentir eg 
k' prescripción aunque eñ poquísimos casos: sin esto todos 
los pueblos de la tierra no ppdrán legitimar jamas á un 
«snrpador. Hagamos un resumen 'de U> dicha • , ^ 

* ' ^11 C!cN3 respecto á propiedades,, no babirá jamas siiio 
una sota voluntad que pueda efectuar la transmisión , y éé 
precisamente la de los antiguos propietarios^ Mientras que 
ésta nó aparezca«,. clamaremos en vano por la paz , y eá 
vano, nos lisonjearemos de haberla conseguido. £1 desorden^ 



a70 CCOTDUOTA' ^ 

las sedlciones'y laa agitaciones renacerán sin cesieír; y vWu 
remos perpetuamente envueltos en guerras y crpeldades In* 
termlnables, y en partidos que se degollarán unos á otro»^ 
y exterminarán las naciones existentes , sin poder conse- 
guirlo jamas, porque es imposible lograrlo sin la legitU 
midad. ,, ; . 

XIII En tiempos tempestuosos no pnede seguirse siá 
obstáculos el camino de los deberé» ^ porque, un usurpados 
seducido por principios falsos, es un hombre atroz ^ qua 
creyendo tener derechos cuando no los tiene , no sabe gvaí^ 
duar ninguna medida, ni excusar ningunas cruddades pa« 
ra liacerse obedecer, 

... ■ , ■ •■ ,.,.., 

Conducta para con el usurpador^ • 

I La gran dificultad, óon respecto á la usurpación , no 
consiste en sab^r cuándo han sido transferidos los dere«t 
chos, sino en ¿quién es el verdadero propietario dela$o* 
berania? ..i. S\ son los antiguos soberanos , es fácil conócela 
cuándo hay de su parte ün verdadero áes^stlmieato^ Pero 
eüando. se cree que es el ¡meblo ¿cómo se ha de conocer 
dé qué parte está la mayoría?..^ Guando les unbs creen, y 
los otros né; y principalmente cuando el usurpador está 
persuadijdo que ha sido legitimado ¿cómo nos faemos^ de 
conducir hasta estar seguros de su legitinúdad? Este es oi 
grande embarazo. i . 

U SI fuese bastante una sumisión pasiva ^ ninguno du« 
da que^s permitida esta éappcie de sumisión \ no porque 
tenga (como dice (?rodo) «derecho de oxl^la^ sino porque 
el soberano^ legítinw j que es el señor de los poderes , pre- 
fiere positivamente una sumisión necesaria que io conser<* 
va todo', á una resistencia intempestiva^ que lo Ueviuria todo 
á la confusión y al caos. Dum poasidM ( usurpator ) actus 
imperú quos exercet , vim hábere possunt obügandi^ non 



PABA CON EL T7SUKPAD0B. 271 

ex ipsius jure^ quod nullum est , sed ex eo quod omninb 
probabile sU etím qui jiis impcrandi habct , id malle in* 
terim rata essequot iwpfrat^ quam le gibas ^ judiciisque 
sublatisy summam induci confussionem.Y ¿quién es (se- 
gún Grocio y todos los publicistas ilustrados) este señor de 
los derechos?.... ¿Es cí pueblo? No^ sin duda, sino el sobe* 
rano legitimo simple , mixto ó compuesto que gobernaba 
ontes^quijus imperandi habet. 

; III ¿T hasta dónde debe llevarse esta sumisión pa^ 
SH^a?.... Nada hay mas obscuro si se consultan las pasiones; 
pero nada mas claro , si se atiende al espíritu del fundador. 
En efecto» si cincuenta ladrones bien armados , después de 
hab^ dado muerte á tu padre y tus hermanos , y de ha- 
berse hecho dueños de tu persona y tus lúenes , te manda- 
ten cultivar los campos para aprovecharse ellos de su pro- 
ducto; y si te mandasen, bajo pena de muerte, el marchar 
con ellos contra los enemigos que quisiesen destruir tu ca- 
89. ¿no creerías que podías hacerlo? ¿De qué te serviría el 
resistirles en esto,, sino para perderlo todo, y exponerte á 
ser degollado? Pera sí estos, cincueata ladrones ^ después de 
haber atado á tu padre ^ te maadasen que les ayudases á 
matarle 9 y que les^ denunciases cuanto pudiese conducir á 
restablecerte en sus^ posesiones ; si te propusiesen que rati- 
ficases sus robos,, que sancionases lo que ellos han hecho, 
y que suscribieses que habian tenida derecho para hacerlo, 
¿lo barias?.... Pues he aquí á la que se reduce esta famosa 
cuestión según el simple buea sentido^ 

IV Mientras que el usurpador es el ipas fuerte , aun- 
que sea tan atroz como^ Nerón ^ tan culpable como Focas j 
y no tenga los derechos de la soberanía , es indudable que 
se puede ser pasivo bajo su gobierno. Y ¿qué puede exigir 
un usurpador en virtud de esta sumisión?. ..i. El trabajo, el 
cultivo de las tierras , la paga de impuestos » el transporte 
de armas , la observancia de las leyes de policía y regla-^ 
mentarias , y cuanto puede contribuir directa ó indirecta-^ 
inente á la seguridad , á la salubridad , á la defensa y al bieq 



117» CONDUCTA 

estar de la patria ^ y de i^onsfgulente ü su^ conservación para 
tiempos mas felices. Esto es lo que se llama ser pasivo , y 
ceder corporalmente á la necesidad de I^s cirainstancias, 
segaa las inteociones interpretativas del verdadero pro* 
pletario. 

Y Pero obrar directamente contra «u soberano legiti- 
mo , entregar su persona sagrada , ayudarle á matar , <3e» 
nunciar todo lo que pueda conducir pra restablecerle ^ -ó 
prometer hacerlo, subscribir á leyes injustas., reconocer 
que el usurpador tiene- derechos soberanos , y prestarle ja« 
ramento de amor , de atención y de fidelidad! He aqui lo 
que no es posible que permita el soberano legítimo, aun en 
el riesgo mas urgente : porque si debe querer todo lo que 
puede contribuir á la conservación de las cosas , debe que- 
rer sobre todo la conservación de la persona de sus here- 
deros; y si en caso de necesidad puede dispensar sus dere* 
chos personales , no puede dispensar los del Ser supremo, 
que nos prohibe rigorosamente todo lo que es esenoialmen* 
te malo. 

VI ¿Se dirá que se trata solo de un gobierno civil ?...•• 
¡ Bella razón ! Las injusticias propuestas por un gobierno ci- 
vil ¿dejan de ser injusticias? ¿Se halló jamas que los pri- 
meros cristianos jurasen someterse, aun pasivamente, á co- 
sas reprobadas por el derecho natural, ó por los mandatos 
del Ser supremo?....* ¿Por qué hubo mártires?.... ¿Mo com- 
prende el evangelio toda la buena moral? 

YII Cuando se objeta que en todas partes hay leyes ín- 

justas se recurre á un efugio bien miserable. Nada me 

importan las leyes injustas mientras que no se me proponen; 
y es preciso hacer distinción. entre el gobierno, y lo (|Uel 
por él se ordena. Cuando yo estoy en hí China debo some- 
terme á su gobierno, considerándome obligado á obede- 
cerle, mientras que no me propone cosas prohibidas; per» 
Si quisiese que yo me obligue á obedecer todas sus leyes, 
debo morir antes que consentir en ello, porque hay le- 
yes que no debo yo seguhp/Una cosa es vivir bajo de un 



PARA CON EL tTSURPADOR. ^73 

gobierno injasto, y otra el ratificar shs injusticias* 

YIII Surnmon pasiva para con e] gobierno existente 
en todo lo que no es evidentemente injusto* Esto es, por 
las reglas del derecho natural , )o que puede el fundador 
permitir; y esta regla para coi^ lo» particulares es exacta- 
mente la misma para con los soberanos. Mientras que ün 
soberano no 6e>halla.en estado de resistir, puede permaner 
cer neutral. Pero lejos de serle- permitido el unirse al usurt 
pador. contra el gefe le^timo^ eská obligado al contrario 
á: unirse luego: que' pueda á las otras potencias para despojar 
al/usurpajdor.;£stá es una obligpc^ón que le impone á un 
mismo tiempo' el xlerecho nátoral.yela política^ 

i IX Esta 'ip^íimaí tan rostida , ;y de que se ba; abusado 
^nto, que eadaimoes ^efhr de suiasa, áene ^ comoí to* 
dos los principios generales, sus excepciones indicadas por 
la naturaleza. ¿Qué se diría de un asnino que degollando 
en su propia casa á sU padre y á su madre , insiüuas^ a sus 
vecinos que no tenian derecho á.meziclarse en sua¿ii[)terio<« 
ridades? ¿Y qué se diría de los yecinos si le pi^rmiliesea 
obrar asi? la justicia» la humanidad y este , seiltíiatento in«> 
vencible, que grita á los particulares para que se socorran 
cuando llegan á violarse los principios generales , grita 
del mismo modo á las naciones y k los sobájanos. La ley 
natural y divina les ordena imperiosamente que se reúnan 
contrp el in vasca: que las viola. Plato punieiidam censet 
qiii vim illatam non arcet..... Qid non defendit^ néc 
obstat , si pc^est ^ injurioe tam est in wíío , guam si pa^ 
rentes^ aut patriam , aut socios deserat. 

X Según esto, que nos digan los usurpadores ¿á qué 
vienen tantas vejaciones y tantos juramentos vanos? ¿Qué 
piden por ellos? ¿ Sumisión ^paswa al gobierno exiatente? 
Está .permitida mientras que no propongan cosas injustas.... 
¡Reconocerle por soberana legitimo^ y jurar que el pueblo 

DOS ha dado derechos! es un embuste ; porque el pueblo 

uo fue señor de la sd^erania, ni lo será jamas. Los antiguos 
soberan'os son los únicos que pueden darla : mis juramen- 

MM 



í^ 



Í74. CONDUCTA PARA CON EL ÜSÜRPADOIU 

tos no se la darán, y aunque inundase la derra de sangre 
no los adquiriría. Porque solo el fundador es el que puede 
darlos, y al que es imposible haberlo antes del momento 
señalado por las leyes de la naturaleza* 

XI Hagamos un pemmen de todo en dos palabras: 
áébe tenerse presente, tanto con respecto á los conquistado^ 
res como á \os usurpadles ^ i.^ Que antes de todas las guer* 
ras y todas las usurpaciones posibles existia el derecho; y 
que por Jo mismo no ha podido tener principio ninguna 
especie de sociedad en esta especie de medios. 2,^ Que no 
habiendo podido ser adquirido el derecho sino por ia vo* 
luntad del propietario, /na podrá jamas poder aec transmitid 
do sino por un efecto de sus voluntades, y por lo mismo 
aun después de todas las conquistas , todas laa usurpaciones!^ 
y las prescripciones mismas, será la prueba indispensable de 
la traslación de derechos el consentimiento de los anti« 
guos propietarios. Actualmente que los soberanos tienen 
derechos ¿ pueden transmitirlos á otros, y disponer de e\\os 
á su V^ como crean conveniente? He aquí la úláma cues* 
tion c|u6 afcabaremos de explicar en la sección siguiente. 

S- 6.^ 
Poderes de los soberanos actuales. 

1 Cuando los soberanos actuales tienen derechos ¿pue* 
den tratar ^ contratar ^transigir con otros ^ y hacer nuevas 
constituciones? ¿Cuáles son en estaparte sus poderes ?....é 
He aquí la última cuestión que nos parece se puede desear 
sobre la transmisión de los derechos de los soberanos actúa- 
les, y que resolveremos por los mismos principios .... Pue^ 
den tratar 9 contratar^ y dar nuevas leyes ^ bajo la in- 
fluencia y dirección legislativa del fundador de quien son 
órganos y meros representantes. 

H Este es sobre todo el lugar en que debemos medir 
mas de cerca Ja profundidad del abismo á que nos han lle- 
vado nuestros miserables sbtemas. ¿Por qué la últináa revo- 



FODERSS BE LOS SOBERANOS ACTUALES. H^S 
JiKÍon ha sido tan terrible? Porque la falsa filosofía, des^ 
pues de haber arrancado la soberanía de la mano de los so- 
beranos , y traslacMdola á la de los pueblos , juzgó á los Bor* 
bones en Francia , los decapitó , los despojó , y los dester- 
ró: degolló á los grandes, hizo la partición de sus tierras, 
alteró y mudó las leyes ; y habiendo sido despedazadas to- 
das las transacciones por los facciosos que se decian los< re- 
presentantes de los pueblos , se han creído ellos mismos lo» 
propietarios de los poderes soberanos ? 

¿Y por qué ha resonado en todo el mundo el golpe que 
se dio en Francia , y ha hecho temblar á todos los sobera- 
nos sobre sus tronos?.... Porque si los pueblos son propie^ 
tartos de la soberanía en Francia , deben serlo igualmente 
en toda la tierra. Y mientras que esta grande propiedad 
esté fuera de su lugar , todos los soberanos deben esperar 
la suerte de los Borbones , como todos los gobiernos la suer- 
te de la Francia. 

III >fNo, (dice M. (Je la Mennais) con su elocuencia or- 
ydinaria, (pag* ^40 y siguiente) hágase lo que quiera, nun* 
^K^a podrá presentársenos en los siglos que han precedido 
>^1 ejemplo de una disolución tan completa y tan rápida, 
»^ Apenas h^ian pasado algunos meses, cuando se vio des- 
^aparecer la religión , el reyno , los cuerpos constitutivos 
ffáú estado, y el estado mismo: las leyes, las costumbres, 
Y#los usos hereditarios, las opiniones recibidas, las máximas 
>f antiguas, las ideas, los principios y los sentimientos trans- 
»mitidos de generación en generación , todo muere , todo 
ffse desvanece y todo se borra: una energía desconocida 
nhasta entonces apresura y precipita la destrucción: se acu- 
amulan ruinas sobre ruinas que se mezclan y confunden; 
itnx se puede ya contarlas, ni reconocerlas, y los soberanos 
nmismos son desechos en ruinas. La sociedad , jpresa efe la 
i^isolucion, presenta la imagen afrentosa de una ciudad de- 
^vastada , y despojada de sus murallas y de sus monumen- 
*#tos, sobre la cual un venpedor implacable ha paseado el 

>»carro, sembrándola de sal, emblema lúgubre de una éter- 

mm: 



^7^ PODEBKS. 

i^na esterilidad'* »>E3ta terrible revolución (dice después) ha 
«arrancado hasta la raiz y arrojado desdeñosamente á lo lejos 
»>toda institución, social como una planta inútil y veneno* 
»>sa." &c« Véanse aquí claramente descritos por mano maes- 
tra los efectos de esta espantosa revolución, y (como hemos 
dicho ya) se hallarán otras descripciones no menos grandes 
en los escritores distinguidos de nuestros tiempos. 

IV ¿Y cuál ha sido la causa de estos terribles efectos?... 
Sostenemos que es el haber sacado de su lugar los poderes. 
Pasadlos de la mano del que gobierna el mundo á las de 
sus criatucis^ vendrá á ser el universo un espantoso mata' 
dero^ en el que desencadenadas todas las pasiones ejercita* 
rán los mas horribles estragos. Colocad los poderes de un 
padre ea las manos de sus hijos, los de un amo en las de 
sus criados , los de un profesor en las de sus dicípulos , los 
de un soberano en las de sus subditos , y sucederá precisa- 
mente lo mismo. Es imposible que un superior pueda ser 
el represenfaníe de sus inferiores, j que reciba de ellos 
sus poderes. 

V ¡M representante un de un gran pueblo! Todas es- 
tas pomposas y grandes palabras eran muy buenas antes de 
la revolución; Pero en el dia que el exceso de nuestros ma- 
les nos ha enseñado á reflexionar , sostenemos que ningún 
soberano, sea el que quiera, simple, mixto ó compuesto, no 
pudo ser jamas el representante del pueblo ; que no pudo ja- 
mas recilÁr de él sus poderes, y que es absolutamente impo- 
sible : imposible, porque Dios no se lo concedió ; imposible, 
porque sería preciso , como lo exige /. /. Rousseau , que se 
reuniese la universalidad del pueblo para cada ley y para 
cada acto del gobierno, y seria también preciso asegurarse! 
del consentimiento de los recien nacidos , sin lo cual deja^ 
rían los poderes de ser universales..^. Es pues una locura, 
una extravagancia y una c^uedad miserable el creer ea 
estos gobiernos representati/vos de los pueblos ; y desafiamos 
á los genios mas penetrantes que nos expliquen él medió 
de hacerla ' , 



DE LOS SOBERANOS ACTUALES. ^77 

VI ¡Pueblos libres! Y sostenemos que jamas podrá de* 
ducirseMe estas absurdas concepdones sino el desencadena* 
miento de las pasiones que llegarán á devoráis á los pue- 
blos mismos. ¡Derechos de los pueblos ! .... Y nosotros sos- 
tenemos que jamas llegarán á tener el poder; y que todas 
las constituciones que se han hecho en nombre del pueblo 
de treinta años á esta parte han sido absolutamente nulas; 
que deben desplomarse unas sobre otras; y que cuantas 
quieran hacerse en nombre del pueblo se desplomarán 
del mismo modo, porque los pueblos no podrán jamas con* 
ferir la soberanía ni legitimar ningunas constituciones. 

VII / £os representantes de una gran nación !:... Los 
representantes del Ser supremo spn mucho mas grandes: 
ellos son los soberanos, sean simples, mixtos ó compuestos; 
y jamas pudieron tener sus poderes con otro título. ¡ i?e- 
presentant^ de una gran nación/.... Pero nosotros soste- 
nemos que mientras que no se desista del empeño de 
querer colocar el origen de la soberanía en los pueblos, 
no habrá pueblos, ni sociedades, ni soberanía ni gobier- 
nos, ni hermanos, ni patria; y que nada absolutamente 
habrá. Todo vendrá á ser (como dice M. de la Mennaisy 
y como lo veremos en nuestro apéndice histórico de dere* 
cho natural) la confusión y el caos. 

VIII Por el contrario, volved á colocar los poderes so- 
beranos donde Dios los colocó , en el padre universal de 
cada pueblo, y desde entonces volverán á parecer estos be- 
llos nombres de padre, de madre, de hermanos, de hijos, 
de patria y de gran familia; desde entonces cada soberano 
será el padre de su pueblo, y cada pueblo la gran familia 
de su soberano , y desde entonces no será necesario reunir 
la universalidad de los subditos para hacer soberanos y 
legitimar las nuevas constituciones. Conocido una vez 
el desistimiento de las antiguas dinastías, se hallará trans- 
mitida la soberanía á los nuevos soberanos, por la vo- 
luntad legal de los antiguos propietarios; y será tan im* 
posible legitimar de parte de los pueblos^ como será fa» 



a 78 PODERES 

^cil hacerlo de parte de los antiguos soberanos. Tenga-' 
se siempre presente que el ge/e luwersal de cada tribu 
poseía en vida, en toda su plenitud, la autoridad univer^ 
sal y soberana , y se tendrá la Uave maestra de todas las 
transmisiones. 

IX Si se preguntase , por qué estos gefes primitivos que 
poseian un poder tan grande , fueron en los principios so- 
beranos tan (téqueños: responderemos que fué por razones 
muy naturales que se presentan por sí mismas al espíri- 
tu que sabe reflexionar; á saber , porque no teniendo enton- 
ces sino muy poca gente , no pudieron romper desde luego 
sino una corta extensión de pais. La sucesión inevitable de 
los nacimientos , que formó una diferencia enorme en lo» 
rompimientos ó desmontes, produjo necesariamente una 
gran diferencia en la extensión de los imperios* En cada 
pais hubo imperios muy pequeños antes que pudiese ha- 
berlos grandes ; y los había ya muy grandes en los paí- 
ses adelantados en población , cuando e;ran muy pequeños 
en otros. 

X De este modo Ismael que tenia doce hijos , después 
de haberse construido en los desiertos una habitación , que 
dejó á su primogénito, y establecido después á sus once 
hijos menores en once partes del mismo desierto , se vio 
desde luego su nación dividida en doce tribus con su gefe 
cada una, como se manifiesta en la historia. Lo que suce* 
dio a Ismael en los desiertos, habia sucedido ya en el ori- 
gen del mundo (como dijimos en otra parte ) á los hijos de 
Adam y de Cain , que se establecieron cada uno en un 
pequeño terreno á la cabeza de su familia ; y lo mismo su- 
cedió después del diluvio á los nietos de M)é, que cami- 
naron á su destino, á la cabeza de su pequeño pueblo: esto 
mismo se repitió en la tierra de Canaam , en la que cada 
pequeño pais tenia su rey ; en la Germania y en la Fran- 
conia, en donde, como dice Tácito^ cada villa tenia su gefe^ 
quot pagos ^ totferc düces: se reprodujo lo mismo en-Fran- 
cia,en Inglaterra, y en toda la Europa, donde cada pro- 



DE LOS SOBEBANOS ACTUALES. a^g 

arincía tenia su duque \ y exisíe aun en África^ en América^ 
j entre loe salvages mismos, entre los cuales cada tribu 
tiene m 5e/2or. La historia natural de las sociedades es por 
todas partes la misma. La . sucesión de los nacimientos , y 
de ios rompimientos ó desmontes produjo en las sociedades 
las mismas graduaciones. Pero lo que no se verá jamas, y 
jb confirma completamente nuestra histoi:ia , es , que en 
todas partes el duque existia antes que su tribu, y el sobe- 
rano ante» que su pueblo, de modo que la autoridad 
nunca pudo venir de los subditos. 

. XL: Mientras que estos pequeños soberanos tuvieron 
pocas gentes (como^ hemos observado ya) cada uno vivió en 
paz ai su territorio ; pero habiéndose extendido su pobla- 
ción, se estableció entre ellos y sus vecinos un estado de 
guerra, en el qué los estados ya formados intentaban in- 
vadir á los pequeños que empezaban á formarse, y sé vie* 
ron obligados á reunirse para hacer frente a las grandes 
potencias ; y entonces fué cuando se c^eyó necesario for* 
mar grandes constituciones^ Pero no fueron mas difíciles 
de hacer las -grandes que las pequeñas , porque en todas 
partes Igs hicieron los gefes y no los pueblos. Por todas 
partes las hizo un congreso de pequeños soberanos que 
disponían entre si de su soberanía, pasándola al que leis 
pareció mejor, como un derecho personal del que podían 
disponer como propietarios. 

XII Para concebir la facilidad con que se hicieron es* 
las. disposiciones, figurémonos que haciendo nosotros par- 
te de aquellos congresos, tuviésemos el derecho de hacer , ' 

proposiciones: ¿que forma de gobierno propondríamos? 

Cómo Marcomiro^ principal gefe de los Fiiancos ¿propon- í 

driamos reunimos todos bajo del gobierno de uno solo pa« \ 

ra hacier frente á los romanos? Entonces, después de ha- í 

ber proclamado á Pharamond, hijo de Marcomiro, monar- , ' 

ca general, le habremos de entregar cada uno la pequeña 
soberanía que teníamos sobre nuestros subditos respecti» 
vos, conservando bajo de su imperio el título de duques 



¡1 



5 

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/ 



a8o PODERES 

y padres.... ¿Preferiremos una aristocracia en lugar de una 
gran monarquía? No hay cosa mas fácil.... En lugar de dar 
nuestros poderes á uno solo, gobernaremos todos en común, 
y nos convendremos en el modo y forma de damos snoe* 
sores. ¿Preferiremos el reunimos voluntariamente á las 
grandes potencias ya formadas? Estas reuniones volunta- 
rias se han hecho ya en muchas partes , en Frauda , en 
España, en Inglaterra, y diversos paises. ¿Se querrá me* 
jor entregar la soberanía á la suerte de la guerra? Desde 
entonces se hará señor el vencedor por el convenio ante- 
rior del vencido. Por último, después de algunas revolu- 
ciones parciales como las ocurridas en Suiza , en Holanda 
y en las Provincicu^Unidas de América^ ¿se nos propon* 
drán formas republicanas, mixtas 6 compuestas? ¿Y quiéa 
podrá impedirnos ceder nuestros poderes en todo ó en par« 
te á diput£^dos del pueblo ó de los grandes en paisea que 
seria imposible recobrarlos sin riesgo de perderlo todo y 
de perdernos nosotros mismos? Los legisladores entondes 
investidos de la soberanía^ serán nuestros representan- 
tes, y no los representantes del puebla ¿Y quién po- 
drá dudarlo? 

XIII En ñn^ ¿la soberanía es la propiedad de los so- 
heranos ó de los pueblos? He aquí la* cuestión decisiva á 
que se reduce toda esta primera parte, porque si (como he- 
mos demostrado) es imposible que pueda pertenecer jamas á 
los pueblos, y que es necesariamente la propiedad de los 
soberanos, ¿qo podremos, siendo de su imxnexOjpor dere* 
cho de los gef es primitivos, hacer todo lo que ellos mismos 
harian en un caso semejante; reunir ó dividir nuestros po- 
deres, darlos á uno ó á muchos, á veinte ó á cincuenta, á 
cámaras ó á senados, á diputados del pueblo ó diputados 
de los grandes, de por vida, ó á toda una dinastía entera... 
darnos por último repr esentantes con mas facilidad que 
los pueblos , que en materia de soberanía no podrán ha- 
cerlo jamas? 

XIY Lo que nosotros podemos hacer podrán hacerla 



DE LOS SOBERAKOiS ACTUALES. 'a8l 

igualmente las dietas y lo$ estados jen ^a vacante de los 
tronos , pues que nosotros mismos les hemos dado poderes 
para ello. Teniendo sin embargo en consideración que so- 
lo podrán hacerlo con sujeción á todas las condiciones qué 
les hayamos prescrito, como el que los tronos estén va- 
cantes; qué hayan sido e:|Ltinguida8 las antiguas dinastías, 
ó que estas hayan dejado de perseguir ó hacer redamacio- 
nes en el intervalo inmenso que determinan las leyes; te- 
niendo también en consideración, que cuando ha sido he- 
cha la transmisión según tod^s las reglas , los nuevos^ so- 
l^eranos, éean simples ^ mixtos ó compuestos, se hacen pro^ 
pietarios de la soberanía,. por el derecho de sus predeceso- 
res, y que nadie; etr el mundo podrá despojarles de elln 
contra su voluntad. 

" XV Véa^e aquí lo que son los poderes de los sobera- 
nos actuales en la materia de soberanía. Conformándose á 
las leyes denlos antiguos soberanos, tienen poderes tan ex- 
tensos como todos los demás propietarios ; pero por pode* 
rosos que s^in, tienen también ^os inismo^ límites; á saber, 
la propiedad de otros. Porque si la sdberania no dimana 
de los pueblos, la propiedad de cada subdito no dimiana 
de él tampoco. Si yo ciiltivo un campo ó hago alguna obra 
de espirito ó de cuerpo, k¿ he hecho con mis manos, y no 
con las ^el pueblo; si recojo frutos <fel campo, los recilxí 
como de la mano de Dios^ y no de la del pueblo. Mi pro- 
piedad no es de los pueblos ni de las potestades de la tier^ 
ra: es: mia, y mia solamente; y si el scd>erano tiente dere- 
cho de poder exigir impuestos, es solo para defenderla , y 
nunca para invadirla. 

XVI Esta es la razón por qué, como hemos dicho ya, 
hubo necesidad en todos tiempos de una representación 
para defender las propiedades contra los abusos del poder. 
Jlepresentacion compuesta de los antiguos propietarios, con 
cuyos consejos pudo el soberano reformar las leyes anti- 
guas y fundamentales para evitar los desórdenes, las disen- 
siones y las revoluciones, que no podría impedir acaso con 



/ 



dSa PODBRES^ 

todo su poder, pocque es projÁetarío solo para proteger 
los derechos de sus subditos^ 

XYII Así es que iuvestídoa loa soberanos actuales de 
Ja autoridad de loa padres primitivos , se haceú realmente 
los padres de sus pueblos v teniendo en virtud de esta au« 
gusta paternidad derechos personales á $u sumisión , a su 
respeto y á su amor , no como representantes^ de una gran 
nación » sino como lepresentantes de los padres primitivos, 
obligados como ellos á amar á sus subditos como á sus hi- 
jos ^ á defender con Intrepides^ sua personas y sus preceda- 
dea contra loa enemigos interioréa y exteriores» y á morir 
con elloa si fuere precisa por la ^lud de la patria y la 
conservación de las institucLonea de sua padres» 

XYIU Así es que restablecida perfeélaaiente la natura* 
leza de la soberanía, es fácil medir toda su extensión» se- 
guir su cuirso,. apreciar sua limites, y conoce con puntua- 
lidad todos sus. derechos y todoa. sus deberes. Se vé clara* 
mente como por derecha de loa fundadores lo pueden todo 
los soberanoa solare su propiedad, pero no sobre la de loa 
otros » de la que na sou sino protectores y conservadores. 
Se conoce igualmente cuanda dejaron de existir loa peque- 
ñoa gobiernos; cuanda parecieron loa grandes, y cuando 
nacieron las repút^cas: en qué instante pudieron los usur-* 
padorea hacerse soberanos» y en qué instante dejaron de 
serlo para ser reemplazados por otros» Según la voluntad 
legal de los antiguos soberanos ^qoe fueron loa primeros 
propietarios de loa poderes» ha podida la soberanía ser 
transmitida sin duda á otras manos, piero adonde quiera 
que pase» jamas se pierde el derecho ni puede extinguirse 
la soberanía. Cuanda no está en ka^ manos del usurpador, 
se halla en las de loa herederoa l^ítimos , y cuando no la 
posee el heredero legitimo » pasa, ^ las de un nuevo posee- 
dor» pero conforme siempre á la voluntad de los antiguos 
propietarios » que fijaron las reglas de estas transmisiones 
aun para con los usurpadores mismos; mas nunca loa 
pueblos podrán ser señcures de estos derechos. 



DE LOS dOBEKÁKOS ACTUALES. a83 

XIX £3 un rio magestuoso , cuyas aguas se reúnen y 
dividen por intervalos ^ perdiéndose á veces bajo déla tiet- 
ra, rompiendo btms sus diques, y añudando de madre^ préf 
(¿pitándose ya de lo alto de una roda , ó ya atravesando pa* 
dfioamente las campiñas: risueñas ; p^ro cualesquiera qiie 
sean Iqs obstáculos^ los precipicios,: las mudanzas y las ré^ 
voludoñes, las aguas son^ si^npre las mismas y nacen siemw 
pre de h misma fuente; es siempre la autoridad muy na* 
turcd dd padre ptimiüvo la que pasa de un lecho ó álbeo 
áotro, y la que ha dado la materia de los contratos , de los 
tratados y dé las ceñones^ de las conquistas, de los desisti- 
mientos y de las transímsixHieB^;aun para con los usurpa- 
dores -mismos; y k que sin mudar jdmas de naturaleza , ha 
bajado por la vduntad de los antiguos propietarios, de sq« 
beraho en soberano .sobre la cabeza > de :los que gobiernan 
boy, aun en las repúblicas, y de donde pasará en toda pro* 
pítdad á los soberanos futuros, sin que pueda pertenecier 
jamas á los pueblos. 

XK ¿Cómo se han podido ignorar tanto tiempo ver* 
dades tan darás , tan luminosas^ y tan conformes á todos 
los mnmimentOs , por entregarse á up ástéma falso, impoi» 
mblay extravagante v qiic' ha sumergido al mundo en^ sutb 
lezas metafísicas, que no «e* oomprendéi'án jamas; y^en 
^doctrinas de muerte que han hecho del 'universotün teatro 
dé crímenes, de atentados y de asesinatos ? ¿No es eVidento 
que somos como los 'antípodas- db< la verdad ^ dé ¡(a : segbri- 
^d y de la naturaleza en cuanto dice* relación, al .origeh 
délas sociedadesi^.de las autCHridadea,y de las < sobecania»? 
Conclujfamos. ^ •' - 

• . ' : ■' ' > , • . 

CoNCLXJsioN de esta primera partej. y de los .hechos 
decisivos. ; . : 

Hemos expuesto con la simplicidad de la verdad el ori- 
gen y la formaciofi de las sociedades por los ge£es , reem* 
plazado la cabeza sobre el cuerpo, y explicado como el p0f 



IkZ^ C0NCXV81OS. ! I 

drepri/niwo hizo en cada pais I99 paFtielones, las. leyes y 
Jas conatituciónea masóle Sod años «ates qué pudiese ha* 
ber pueblos; y el todo de esta obra se >. halla .coipñrinado 
completamente por 1^ híatoña. Bógateos á. los. que aun do* 
éffk de rendirse á laeyideocia, ique 01^ digan como definen 
la autoridad , y .qué nsaponden^iá bs pribcipalés 4)tegun- 
1388 que hemos hecho ;.á'»bervttDi(^ hace venir su au- 
atondad de la universalidad d^aqs criatüraa; un padre de 
«Qs hijos; la cshci^iá^ jla^ universalidad;. de los mtenibros; 
^ que oigan de huéiMT fe;la respuesta x]ue les dará so pro* 
pía concienda. U¿ g(d>iernoy en^ el.ipie bs inferiores ion 
ios señores, ¿podrá >9er:jam» ua ^ofáernofJ 
' : Hombres inconsiderados, parece qué nos dice el mis- 
1XK) Dios ensu hefmoso cántico dé Moisesc ¿ preguntáis de 
«dónde ha vepido ¡la autoridad úrwoérsal y soberana^. SaUd 
^^ erigen ád mundoi msmento dUtiimiopüqúorwn^: Seguid 
lel corso de- las generaciones: cogücL^eaermionés singíüai; 
Preguntad á vuestro padre, que os responderá: in^errcg^ 
'paíremtáumiik nuestros pádres; pñdiitivoavy elloi oá lo 
'¿íféúdirnajores twos^et dic&u ¿¿&¿c¿I>onde restaban «ios pué^ 
]sh>8 < cqaadó el ' Todo^podereso dehet vtn • gefe unioer^ al 
géneco humano ^ ;ciiaridO' dividia Ja» nactones ^ y sepa^iba 
ádqs hijos de Adbm pofL colonias que > marchaban: á/sá 
destino bajo la coádnctá fié los gef^ que: les había >dado? 
(¡uañdo' dindejbiM Jlúmmus j^tu&^i^ sepcwabat flm 
'Jtáapt : ) i Tenia necesidad' > de reunitlad para pedirles ^po^ 
deiss?..^ Mortales insensatOB^ dad'gkMria á Uios^' dMe^rriag' 
mficeMÜmi Dea n^stro. Desde el últimp- padre de familia 
hasta el soberano mas poderoso no hay una sola'aatóridad 
que no venga de él : non est potestas nisi a Deo : ni una 
soía> que pueda veitít.^e los pueblos. La autoridad no fue 
ni será jamas obra de los hombres. Non est potestas nisi 
á Deo. 

• El sentitíiientó que hacje venir de^ Dios la soberanía por 
los pádres primitivos es el únicamente cierto, y el que poe^ 
de .conferir los poderes á los que gobiernan bajo todas las 



CONCLüSIOíT. 285 

formas posibles de gobierno. Lo hemos probado en esta 
primera parte , y desafiamos á los disidentes á que nos des« 
truyan una sola de nuestras pruebas. 

La opinión al contrario que la hace venir de lospue* 
blos es el sbtema mas falso, mas impio, mas absurdo, mas 
extravagante, mas imposible y mas sanguinario de todos 
los sistemas. £1 es el que después de haber mudado el ori« 
gen de todos los derechos, arrancado de las manos del Cria- 
dor la cadena de los poderes, y despojado á todos los fun. 
dadores de los pueblos de su soberanía , ha minado el orden 
civil por su base y cortado la cabeza de las sociedades , der- 
ribado al ser SupreoK) de su trono, arruinado su mas be- 
Ha obra, destruido toda idea de autoridad ^ hecho asesinar 
á nuestros príncipes y nuestros soberanos, colocado el ori- 
gen del río en su embocadura , entregado al mayor núme- 
ro que nada es, la disposición de los tronos, de los domi- 
nios , de las leyes y de las constituciones ; de las propieda- 
des y de la sangre misma de sus súlxlitos; destruido el de-^ 
recho natural y civil á un mismo tiempo, disuelto todos 
los vínculos sociales, inundado la tierra de males, y el que 
acabará por perder al mundo si no se desiste de él» 

£ste mismo sistema , después de haber cortado la ca- 
beza de los pueblos , ¿ no pudo derribaf del mismo golpe 
todos los gobiernos, descomponer el cuerpo , y destruir to- 
dos los órdenes , todos los rangos y todos los estados , ha- 
ciendo la desgracia de las naciones y de los soberanos ? 
Esto es lo que deberemos ver en nuestra segunda parte, en 
la que daremos la Historia natural de la formación de 
los puddos. 

¥ I N. 



J' 



' mí^íy^i^^<ih>^' /-'í; w^" ^:'*':^>^" >■ f:*'^? >• •-■ fe»? 



BREVE RESUMEN 

DE LAS TRES PARTES DE ESTA OBRA. 

Aunque cada parte de esta obra pueda correr y ser 
dada separadamente j sin embarga las tres forman 
una obra completa. 



PRIMERA PARTE^ 

que acaba de verse y sobre el origen de las sociedades 
y de lo& soberanos: comprende seis grandes cues- 
tiones^ 

L* La igualdad de á¿rei?Aw.= Imposible según la 
naturaleza , según la razón , según el mérito solo, 
según la experiencia^ y todos los monumentos, &c. 
Hecha decisivo. 

IL*^ El coraratot social. =:Extravagante en el con- 
trato. Imposible ea la legislación. Impracticable en 
la constitución. Terrible en sus efectos ,. &c. Hecho 
decisivo. 

IIL^ Origen de lat autor idades.^=^\it toda auto* 
ridad viene de autora y la autoridad universal y so- 
berana y del autor universal de cada pueblo. Probado 
por la razón y por todas las historias; por la de los 
Romanos,, de los Hebreos j^ de los MacabeoSj^ &c. 
Hecha decisivo. 

IV.* De las ciudades./=^Sa origen. El de las leyes, 
de las constituciones, de las propiedades,, de las au- 



a88 , 

tofidades naturales y civiles. Razón de las dos de- 
nominaciones , &c. Hecho decisivo. 

V/ P^ar ¡aciones de ¡as ciudades. ^Y ida nómada. 
Vida salvaje. Divisiones y reuniones. Apelaciones á 
los pueblos, &c. Que jamas, y en ningunas circuns- 
tancias, pudo la soberanía venir de los pueblos, &c. 
Hecho decisivo. 

VI.* Soberanos ac¡ua¡es. = iT)Q dónde les viene su 
autoridad sobre los extrangeros , sobre los paises con- 
quistados , y aun usurpados ? De los conquistadores 
y de los usurpadores : i Cuándo y cómo pueden ser 
legitimados? i Qué se ha de hacer mientras tanto? 
Poderes de los soberanos actuales. Facilidad con que 
los transmiten, &c. Hecho decisivo, y conclusión 
de la primera parte. 



SEGUNDA PARTE, 

que se dará á ¡uz inmediatamente después de ¡a prí-^ 
mera , y contiene cuatro grandes cuestiones. 

I.* E¡ sacerdocio. :=zSu origen. Su antigüedad. Su 
universali4ad. Del culto. De la moral. De los sacri- 
ficios. De la oración. De las ceremonias de la reli-^ 
gion natural. Del paganismo. De las dos autorida- 
des. Su distinción. Su necesidad. Su inde|^ndendaí. 
Temporalidades del sacerdocio. Su despojo, su suje-p 
cion, y su degradación, &c. Hecho decisivo. 

U.* Za nobieza.zzSa ongtti cierto. Su naturaleza. 
Su antigüedad. Su universalidad. Su transmisión cU 
vil. Del ennoblecimiento. ¿Cómo se hace? |Se pue- 
de hacer cuando se quiera, y como se quiera? De los 



/ 



a89 
feudos nobles ^ su eligen. Decadencia de la nobleza; 

sus causas y sus remedios , &c. Hecho decisivo. ' 

III.* Tercer estado^ ó comunes.^%\x origen, susfun- 
cioneSy su destino, su denominación. De la esclavi*-^ 
tud: sus causas incontestables: su universalidad. De 
la manumisión: la de las ciudades: la de los cam« 
pos. Progresos de la manumisión: sus ventajas : su 
lentitud inevitable. De la feudalidad : sus derechos, 
y sus abusos , &c. Hecho decisivo. 

IV.* De diferentes cuerpos. :=:EÍ de los poníificesz 
su dignidad: su extensbn: su antigüedad: su prima- 
do, &c. De los párrocos: su utilidad: sus funciones: 
su necesidad. Retrato de un buen pastor, &c. De 
¡os misioneros : sus conquistas : su modo de conquis- 
tar y subyugar los pueblos , &c. Escuelas de prime- 
ra educación^ y de los cuerpos que se encargan de 
estas penosas funciones,, j&c. De Jos colegios j y de 
los cuerpos religiosos en donde, se hallan estableci- 
dos. De los hospitales y y de los cuerpos religiosos 
que cuidan de ellos. De los monges : sus votos : sus 
oraciones: su meditación: sus obras: reunión y per- 
petuidad de sus trabajos. De otros cuerpos : militares^ 
magistrados: artes y c^ios, 8cc. Hecho decisivo ^ y 
conclusión. v- • . 



TERCERA PARTE 

sobre la libertad y la combinación de los poderes^ 

que daremos á luz después de la segunda , y con^ 

tiene cinco grandes cuestiones» 

U La libertad.^Six mecanismo: sus dos pesos 

oo 



I 

« 

I 

I 



1190 

opuestos : la inclinación de los cuerpos de una parte, 
y la autoridad dé la otra: cómo las ha reunido 
Dios por la ley natural : cómo debemos unirlas pa- 
ra poder tener eñ un mismo instante la facultad 
de querer y de no querer. Libertad sin contrapeso: 
libertad falsa : libertad de las pasiones, y de las 
revoluciones. jPor qué es tan terrible? &c* Hecho 
decisivo* 

IL* El equHibria dt los gobiernos*:=:íDos fuerzas 
opuestas r fuerza motriz de una parte , y resistencia 
cfó la otra: el poder legislativo de una parte, y resis- 
tencia de los pueblos de otra : sin esto ningún equi« 
Kbrio ni libertad en las constituciones. §^Cómo de* 
ben colocarse estas dos fuerzas. ¿Cómo deben ser 
arregladas? Divisk)n del poder legislativo, ó poder 
motor. Falsa combinación. Ruina absoluta del equi- 
librio , fice. Hecho deciávo.. 

IIL^ Concierto de las dos autor idades.^%M distin- 
ción ¿ su necesidad : naturaleza de cada una: distrito 
de cada una :- su ministerio : sus poderes : sus leyes: 
sus juicios, y sus tribunales : fondos peculiares de 
cada una: protección recíproca, &c. Hecho decisivo. 

IV.* ./írmonia de lo natural y sobrenatural. = El 
reino de Dios. Recompensa sobrenatural cotí respec- 
to ^al hombre. Eí infierna. Six^ternidad. ¿Es contra- 
ria á la naturaleza de un ser eterno?.,. De la peni-- 
tencia : su tribunal y sus ventajosos efectos. Del pur^ 
gatorio ? su ne<:esidad r impunidad del desorden sin 
él. Del sacrificio* Gastos enormes de los de la natu- 
raleza. Hermosura y simplicidad del nuestro. De lo 
sobrenatural en general. Sacramentos. Misterios. Mi* 



lagros. Profecías. Cuáa natural es todo esto para 
Dios. Sin lo sobrenatural y ninguna recompensa, nin* 
gun castigo , ningún contrapeso para las pasiones, 
ningún equilibrio ni libre arbitrio. 

V.* De las diversas constituciones. =^"0^1 despotis-- 
mo : de la democracia : del monarquianismo : de la 
monarquía, en la que el monarca tiene todos los po- 
deres soberanos de una parte, y el pueblo se halla 
todo entero de la otra con todos sus órdenes , todos 
sus estados , y libre para reclamar la justicia , la ley 
de Dios, y la de los fundadores* Cuál de estas cons- 
tituciones es la mas libre, la mejor equilibrada, la 
mas conforme á las reglas del libre arbitrio , y de la 
comUnacion de los poderes ^ &c. Hecho decisivo. 

He aquí un breve resumen de las tres partes de 
ia obra, en seguida de las cuales añadiremos un 
corto apéndice histórico de derecho natural político 
y religioso sobre cada una de estas cuestiones. 

Publicada esta colección completa de verdades, 
si fuese acogida con imparcialidad, nos prometemos, 
sin contar con nuestras propias fuerz;as sino con las 
de las verdades que exponemos, que se hallará cuan- 
to es necesario , no solo para precaverse contra^ los 
principios falsos que destruyen el mundo, sino para 
que se desengañe el que haya tenido la desgracia 
de admitirlos. 



00: 



a95 



TABLA 



DE LAS MATERIAS 



dé este primer volumeru 



CUESTIÓN PRELIMINAR. 



Es verdad que lo» pueblos se dieron góbUrnos, y 
que oattes fueron Im hombres iguales en derecha? pág. 5 






EAZON 0E DUDAIU 

IMultltud de autores que creen lo contraria • • . . id. 
II Nuestras dos primeras edíc^cmes no han svdo im« 

• pognadasr • r ....•.• . •.*...•• id. 

m Obscuridad de- la opinión afirmativa. ....... id. 

IV Absurdo de las> dispersiones. . ., . . 6 

Y Imposibilidad de los pactos sociales. j 

VI Contrarios á la fe. 8 

VII Promesas- j luces falsas.. 9 

VIII Ideasfalsas sobre el pueblo. : • . id. 

IX Falsas sobre la libertad • . v • idv 

X Falsas sobre la soberanía. id 

XI Efectos espantosos de este sistema ^ i a 

XII Riesgos de las opiniones falsas .......,»•.. la 

XIII Sus progresos i3 

XIV Su remedio. 14 

XV Fin de esta obra. • • « i5 



\ 
\ 



194' TABLA. 

XVI Su división . , .'. . ... Id. 

XVII Su ocasión ;.........!.. i6 

XVIII Su naturaleza. ......' iir 

XIX División de la pcimeHi parte. • ; i8 

XX Su importancia. _. , 19 

PRIMERA CUESTIÓN, ' 

Existió jamas la igualdad de derechos?. *^ . r J*\ . . ai 

Estado de la cuestión» 

I Qué se e^tiend^ por esta igualdad? . \ . :■ . .7 ^. . id. 

II Del estado primitivo. id. 

III Ideas falsas sobre este estado • 112 

IV Objeto, de esta contestación. . . . . ^p .\ . ,. . u • ^ i^* 

V Divistoade esta cuestión . . * . .^,¿ ., -, ., • ■. . .. ^ 

§. I .^ Igualdofl^ imposible según, el or^ej^i^ é^e la naturaleza» 

I. IinpQsiblí; jen el estado de familia. ,,.:;....;-,'* .id.* 

II Imposible cuando se hizo numerosa • • . . •. • • * ^4 

III Qué dlcen.losi>uenos autores?. ........... . . . a5 

IV Qué los filósofos y los historiadores?;. . i., í :^ ; . . a6 

V Qué loa axitiguos y los modernos? .11. .' . ;. .\ . id¿ 

VI Qué los disidentes? ......... [. j .'-ii ,^ . . ¿7 

VII Upanimidad absoluta . . ¿ ^ .m. » id.^ 

VIII Lujego. nunca estuvieron los hombres sin-gefes?. ^8' 

IX Ni jsin propiedades . . , . . /^. . .. . ..-.^l id.^ 

X Aun entre los salvages v . . ; 1 . . . . a¡^' 

Xr Absurda en esta aserción í. ..... . .^ 80 

XII Su imposibilidad. . , . • . 4 ; . . 3'í 

XIII En. todas, partes hay autoridades y propiedades- . - 5d/ 

XIV Del mérito, y del naciisiiento. ........... 3a 

XV De las desigualdades. . .1 .*.•..-. v > ... * • ^^ 

XVI Que es -una locura decretar su -extinción. .... i"» 



I f 
I 



TAbLA. 295 

XVn Que 8oa indestructibles .... .^ . ^ ..... ; 34 

, XVIII Porque están en la naturaleza ' . id. 

^ ¿k.^ Igualdad^ imposible según la razón. 

I Qué es el defecho. ..••..... 35 

II De la ley del bien y del mal ............. id. 

in Del ser moral. 36 

IV Que ninguno estuvo sin gefed. . ; . ; . id. 

y Que todos somos de la mís^Ia naturaleza ...... 3y 

VI Formados del mismo barro. ............ id. 

VII Pero dfs barro petrificado de diversos modos ... 38 

VIII Todos desiguales en derechos. . . . ..... ... id; 

IX En qué. sentido iguálea delante de Dios . . . . ^ . 3 9 

X En cuál á los ojos de la ley. .............. id. 

XI Nunca fuimos iguales en derecho •....;. ^ .4^ 

XII Ni sin gefes ni propiedades .............. ^i 

XIII peí. juramenta de la igualdad. ........... id. 

XIV Juramento absurdo. w . . . *• id. 

XV Azote de las pjrc^iedades y de las autoridades. . . 42 

XVI También de las sociedades id. 

.XVII Goadeoado por sola la razón ........... 43 

§. 3.^ Igualdad 9 impodUe según el mérito solo^ 

I Desigualdades en el mérito. 43 

H Cuánto es necesario para componerle . . . . ^ * . . id. 

III Cuánto para colocarle. 45 

IV Que supone las demás desigualdades . . ,id. 

V De los grandes talentos 46 

TI Del nacimiento. id, 

VII lio que éste hace entre los hombres. ..*..,. id; 

VIII A quién dio Dios en el origen las plazas. . . . . 47 

IX Utilidad de los talentos id. 

X Son superiores á la autoridad? 48 

XI Deben estar subordinados? id. 



2^9^ T A B I. A. 

XII Lo estuvieron en todos tiempos? 49 

XIII Dan derechos por sí mismos ? • . . 5o 

§. 4.* Igualdad >. imposible según la experiencia. 

I De los derechos de cada uno* 5a 

II Que la igualdad abre campo al saqueo • ' 5 1 

m EUnpeño de los &cciosos por la igualdad id. 

IV Furor con que la predican • . . . . 5a 

V Lo que dicen para ello ^ id, 

VI Consecuencias que sacan; 53 

Vil Sus prod^imas atroces • . id. 

VIII Sus atentados^ y sus asesinatos 54 

IX Se ve parecer la igualdad? 55 

X Y esta deliciosa libertad? ' . id. 

XI Y esta soberbia edad de oro? id. 

ÍII Y. esta felicidad indeleble? id. 

CIII La desigualdad no existió siempre? 56 

QV SI es asi ¿ para qué tantos juramentos?. ..... id» 

CV Por qué tantas crueldades? 5^ 

CVI Por qué tanta sangre vertida por embustes? . . id. 

¿VII Conclusioh de esta cuestión id. 

ÍVIII Hecho decisivo. 5& 

ir • > 

SEGUNDA CUESTIÓN. 

el contrcUo social. Fue practicable jamas? 6# 

.<;*.'. 

Estado de la cuestión. - 

I De los contratos entre particulares. *.,.,.... 60 

IJ De las transacciones entre los soberanos. id. 

III Que de nada de esto se trata aquí ■\ 61 

IV Sino del contrato social. id. 

V Su absurdo 6a 



TABLA. 197 

§. I .• Extravagante en el contrato. ' 

I De Jáselos partes del contrato. "• ..-.;* 4 . 6íi 

JI Dónde las toma Juan L.Rousseau : . • . id. 

III División de cada persona en dos 63 

IV División indispensable /..... id. 

V Divisioa incomprensible 64 

VI Sin. ella no hay soberanía 65 

VIÍ Ni poderes universales. .. . ........ ;.". . 66 

VIII Es posible esta división?; .;.... 67 

IX Cómo se dividirá cada alma en dos? ....... 68 

X Cómox^ada derecho en dos derechos? id. 

XI Serie de absurdos y extravagancias 69 

XII Luego este contrato es extravagante id. 

.§. a.® Imposible en la legiüacUm. 



I División de la nación en dos partes 70 

II La mayoría de una y. la minoría de otra id. 

III Qué derecho. tiene la mayoría? 71 

IV Partición de voluntades: primera nulidad id. 

V Exclusión de las mugeres: segunda nulidad 7a 

VI Imposibilidad de la voluntad general ; tercera nu- 
lidad ................ id. 

yil Juramentos absurdos de los diputados. ...... 78 

VIII Pueden hacer la voluntad de los pueblos?' ... id, 

IX La reciben en las elecciones ?; 74 

X La llevan consigo? id, 

XI Pueden representarla? ................ id. 

XII Pueden pedirla?. 75 

Xni Pueden conocerla? 76 

XIV Imposibilidad de hacer una sola ley de parte de 

los pueblos id^ 

XV Luego no viene de ellos el poder legislativo. ... id. 



PP 



^98 TABLA. 

$. 3/ Impracticable en la constitución. 

I Unanimidad indispensable. • « , • • 77 

II Sin elia no hay asociación id. 

III Los disidentes no son de la asociisicion, id. 

IV Raciocinios de J. J. Rousseau. id. 

Y Todos incontestables • id. 

YI Pero la unanimidad es imposible id. 

YI[ Lo fue en todos tiempos 79 

YIII Luego jamas pudo hacerse una buena constitución id. 

IX Ni una sola ley de parte del pueblo.... ..... 80 

X Luego el poder de constituir no viene de éL • • . 81 

. §. 4.* Terrible en sus defectos. 

I Trastorno absoluto de todos los derechos ..... 81 

II A quién se entregan ? . . . • id. 

III Doctrina terrible . . . • • • • . 8a 

IV Terrible contra Dios. .....••. id. 

Y Terrible para los soberanos simples id^ 

YI Terrible para los soberanos compuestos 83 

YII Terrible para los ricos. id. 

YIII Terrible para los pobres • • 84 

IX Un pueblo soberano! es un delirio. ........ id* 

X Dónde, se recibe lasoberania. id. 

XI Dónde la toman sus representantes 85 

XII Todo el cuerpo del pueMo soberano. ...... id. 

XIII Sistema, monstruoso 86 

XIV Esl un. tegido de embustes id. 

XV £ I pueblo baja : Este es el señor que nos damos. . 87 

XVI Pero qué señor! id. 

XVII Qué sistema de sangre! • 89 

XVín Cómo no ha destruido al mundo ? id 

XIX Conclusión id. 

XX Hecho decisivo • • • • 90 



TABLA. «99 



TERCERA CüESnOÜ. 



' f 



Origen de las autoridades. Que. toda autoridad méne 
de autor , y la autoridad unwersal , del autor uni- 
versal de cada pueblo • • * ^ 9^ 

» » » 

Estado de la auiestion. 



I De la autoridad. «. 9^ 

II Su definición. . « ...... ...'.. i . •' . v L • /• • mL 

III Su simplicidad.. » . . « .. .... • . !i v\. /. • • . ^3 

IV Dítísíoq de esta cuestión.. :. ; . • .i . • . « '. « • id. 






^ u^ Frudkis de raxoñi^ 

« « • • « 

I Que esta deSnicion coúTiene; » * . .••./••'• •• ^ 

II A la autoridad sola. . • . u. . «^ • • * • .^i é • . • • id 

III A. todas las autoridades. . ; ; » . «^ . .*.'/• . ü 
lY A la autoridad doaii6stÍ€a¿ ..'i..'. 4 .«.». . J jrS 
y A la autoridad soberana ..* ; . .u./v 4 . '^ • . 96 

VI Gómala adquirió el aotw imitersal?¿r .•..*.. id. 

VII Como adquirió su* pvopiedbdL 1. • ^.¿.i..; J. ; 9^ 

VIII Cómo. es nili^érsal'Beáie :su: erigen «* » ú ¿ ::• . « . id. 

IX Cómo. es transmisiblcí*! .7 .0 j» t^^ .L'^' i'..:'. .• ..' .. 98 

X Aun eo las^ democracias;^;, ni ^ k^n^^y:.» j . v ;. • . id* 
Jki Pero jamás por:Í0B'fMseblQSi.^ / » '« *• -• % • ' . .^ id» 

XII Siempre por jsusigefes .r^ti l!*^« • *.i '/,*.« « •.>• 9^ 

XIII Testimonio de los antiguos •••ico 

XIV Testimonio de los ^«odernos» , . ,. , . ^ v, ^ . . . id. 

XV Quó nos dice sobre esto la razón td. 

XVI Conformidad de, tgdps .sobre, este orijjjea. *♦ ,. . íol 
XVn, Pe. la jautQrid^d civil ., ............... kd. 

XVIII De la autoridad divina.:;. • • » \c% 

XIX .De la. autoridad . sobrenatural ... ^ ... . id. 

XX Que .todas vienen de la palabra autor. i o3 

pp : 



{^QO T A B li A. 

XXI De las dos fuentes de las autoridades ici 

XXII La una en; el cielo ,y; la otra en la tierra. . . id. 

XXIII La una por la generación , y la otra por la re- 
velación»; • • . . . '^ . •/ :. id. 

XXIV Perotoda^de auíor ............. io5 

§. a.^ Fuentes falsas. 



» • V 



I Que hay muchas fuentes falsas* io6 

II La autoridad es una voluntad? V . . • . • id. 

Jil Es Ja voluntad general?.. ./..♦» 107 

íI(V Puede venir de la fuerzat id. 

V Qde los grandes talentos ?.:. • . . . . . . ; .. . . id. 

VI O de la sumisión de los subditos?. ....... 108 

Vil O de su co^6Wtimie^t<)?. , . v id. 

VIII O de cada uno de nosotros? id. 

^íX Puede -venir de los inferiere»?; . . . . \í ; .. • . 109 

X Puede, venir, de -la universalidad?. . . i.-:"^ '. , ; no 

XI Existia antes que los pueblo»? . . I . v . '. m. . . id 

XII Es un derecho.real .y poBitivo?.'. .i .í .u »v ^ . í . id 

XIII Puede, venir.de uno solo?:. . ;. '. • 'v;.'*^^u * i i 1 1 
33V J)e quién tifeheiDiie'Sii'iawtdridad?.;/ i: íJ..;.,^ ¡d 
^V Es.de la ximversalidhd(iEe;eiiq criaturas^ .c .;..^; na 
XVI Locura de haoevbWveniriQleilds^'SÚbditDf 0.. .. . .^ id. 

XVII Imposibilidad, de qu& vengaliSe^i^ l; ;í ¿-u'-'í'. ii3 

KVIII Que es el trastorno de.todó;':.^ \^ ; "J'.r i '. v- . Ü 

JQX Qú^ Dios la «colocó <^ ieücitM^ ^iveqsal r;ii>^ .; '. íd. 

\^ Imposibilidad de mudáis su üñgj^w:'. ^; a 'i f 'i ^'. id 

^^ §.3.^ Origen de la áutóridáQ "s^tm lá ñlitúría. ' 

I De la mitcAógÍBf \ . ..''V»V«.*/v>.ív . *; V'v *. v 4 114 
Ji Qué -era» los dioses?'. . » .r * . .' J . .;'.•''.% .'v .' id. 
IH Eran los gefes- de los pueblos?. . . . ."^^j . . C'iiS 
IV De la historia profana '■. :'. 116 

V Qué eran los fundadores de l¿si)ueblos? . . \ . '. id. 



TABLA. 3o I 

VI Eran sus gefes naturales ? ii-^ 

Vil De la hbíoria sagftida . • . . ii8 

VIII Qué dice de los gefes de los pueblos? •.•..119 

IX Qué dicen loa comentadores ?. id. 

X De dónde hacen venir la soberanía? ........ 120 

XlNoes.deL Autor universal? /....•.'... . lai 

• . « • * • • 

' Ji**4'^ Origen de la <jtutx>ridad entre los romanos. 



\ • 



/ 



* • 



»•!»«•' ■ ' 



§; 5.** Origen de la aiUoridad entre foi francos. 



' > .í . •! 



I Quién era Pharamond?. . . .r .^ . .^ : .^ * , . . . 129 

II Porque fue elegido. . • . • 1 i . . . i3o 

III Lo fue por los gefes de los francos ..:,... id. 

IV Luego habia gefes antes de la elección. .... 1 3 1 

V Luego esta historia está^^n favor nuestro .:.... id. 

' . ., í ... : ■ 

§, 6^ Origen de la atüoridad entre los hebreos. 

I Del soberano de los hebreos: ............ i5a 

n Quién era? i33 

IK Quién les^ dio reyes?. . . . ............ 134 

IV Fue el pueblo? - . . . . i35 

V No fue el autor universal ?. ¡d. 

VI Luego esta historia está por nosotros . . . . . . i36 



/ 



I De donde venia su autoridad á i?óm«i@t^¿ . . . . 12a 

II De donde vino al senado? id. * * ^ 

III De donde el amor de la patria? 128 • ' 

IV Venia del pueblo? .;.... ^ . . 124 , 

V Influencia del bajo pueblo. .^ . .^ ........ .128 * 

VI Decadencia de la autoridad. ..........' id- 

VII Su diminución gradual 126 

VIII Caida del imperio>> y por qué? id. 

IX Igual suerte corre Cartago. 128 

X Luego la historia romana está á nuestro favc»: . ^ . id* 



i y- > • 






30JI TABLA. 

... • ^ 

$. 7.^ Origen de la autoridad entre lo$ macabeoi. 

I De quien la teotan . ., ^ ......... ^ , . id 

II La tuvieron antes de sos elecciones? . , « « , .137 

III En nombre de quién se conducen? i38 

IV fonatas fue elegido por el pueblo? ...... id. 

V Siman propone una elección?. ....*..... 139 

VI Quién le dio sucesores? ii|.o 

VII No se los dio él mismo? id. 

VIH Los macabeos no eran del número de los gefes?. id« 

IX Observación importante sobre las elecciones ... 141 

X Que la auix>ridad precedió á todos id. 

XI Luego esta historia, es por nosotros • id. 

XII Luego tenemos en nuestro favor todas las historias 1 4a 

^^.^ Objeciones. 

I Sn inutiUdad « « «, . • • 143 

II De los padres particulares. 4 • . id. 

III De la eipancipacion •....• * • • • í^* 

IV Tiene lugar con los soberanos?. * . . . id. 

V Dispensa la sumisión? ... .;.... . id. 

VI Del poder económico ... • 14S 

VJI Excluye el poder poltdco . . ^ td. 

VIII Del nombre de Rey. . • . . . . . 146 

IX Del dominio sobce los animales. . • • • ^ •:..•-» • • 147 

X De la autoridad sobre los hombres. iJ. 

XI De la ignorancia del derecho id. 

XII De la pluralidad de soberanos. ......... 148 

XIII Debilidad de estas objeciones id. 

XIV Conclusión. . . ... .......... •. ^49 

XV Hecha decisiva ....... ^ i5o 



TABLA. 3o3 



CUARTA CüESnOÜ 



De las ciudades. Que tuvieron su origen igualmente 
en el Autor unixiersaL • . • • • • . i5a 

Estado de la cuestión. 

I Donde nacieron las ciudades. id. 

II De la autoridad civil • • • . ^ . i53 

III Su naturaleza ^ id. 

IV Su perfección . id. 

y Su universalidad desde su origen . 1 64 

VI De las dispersiones. i56 

VII División de esta cuestión id. 

§.1.^ Origen de las ciudades. 

I Poderes inmensos del padre primitivo .••... i56 

II Debilidad del hijo. id. 

III Estado primitivo de la tierra iS^ 

IV Origen de la sociedad id 

V Término absurdo de sociabilidad id^ 

VI Necesidad que tenemos del padre. i58 

VII Necesidad que éste tiene de sus hijos 159 

VIII Anticipaciones que este les hace •••..... id. 

IX Acción que tiene contra ellos. 160 

X Imposibilidad de poder estos pagar. , , id. 

XI Opinión de los antiguos 161 

XII Opinión de los modernos > i6a 

XIII Separación domiciliaria ¡d. 

XIV Principio de la ciudad ]63 

§. a.® Origen de las leyes civiles. 
I Del derecho de propiedad 164 



^04 TABLA. 

II Su fuerza esencial ¡J, 

III Definición fal$a id. 

IV Su fuerza en el primer propietario i65 

V Del primer legislador. . • . • J . . * id. 

VI Del poder legislativo 166 

VII De la variedad de las leyes . , id. 

VIII Su causa i'eal 167 

IX Su estabilidad , - . . • id, 

X Su justicia indispensable. . •'. 168 

XI De las representaciones nacionales id. 

XII Su composición. . . * 169 

XIII Su necesidad. iA 

XIV De la reforma de las leyes . 170 

XV De las leyes fundamentales. id. 

XVI Definición de la ley 171 

XVII Del examen de las leyes id. 

XVIII De sus condiciones • . . 17^ 

XIX Principio del gobierno civil. 173 

§. 3,* Origen de las. comtitucionei ciúles. 

. . . ' ' ' * 

I De la soberanía ^ ^ íjS 

II Es debida al primogénito?. . 174 

III Pretensión graciosa de J. J. Rousseau.:. . , . . . id. 

IV De la autoridad paterna. 175 

V Se transmite por la generación? ^ ^ . . id. 

VI Es debida á alguno de los hijos? . . ... • .... 176 
Vil De la autoridad de los hijos. ...-.;...<, 177 

VIII Que no es enteramente la del padre. ....'.. . id. 

IX Que el padre es señor absoluto de la suya* *. . . . ¡d. 

X De aquí la variedad de Jas constituciones • ... 178 

XI Libertad suprema de los. fundadores. ....... 179 

XII Señores absolutos de sus derechos id. 

XIII Pero no de los de los pueblos 180 

XIV Poderes de las dietas y de los estados ¡d. 

XV De quién, los tienen? •. 181 



TABLA. 3o5 

XVI De los pueblos? ' i8i 

XYII Que ningún soberano fue jamas su representante 1 8sk 

XVIII Sino de los soberanos^ id. 

XIX Diferencia, enorme. • i83 

XX De dónde viene la estabilidad de las constituciones id. 

§. 4.^ Qué es una constitución , y qué es la soberanía. 

I Ide^ de la soberanía • . i83 

II Olvidada desde los tiempos de Leibnitz 184 

III Mucho mas en nuestros dias id. 

IV Cómo la adquirieron los gefes primitivos? ... id. 

V Fue por sus buenas cualidades? , . id. 

VI Por la fuerza ásus talentos? i85 

VII No. Pues cómo la iidquirieron ? . . id; 

VIII Su verdadera idea . . ^ ^ . I 1 86 

IX Sus elementos constitutivos id. 

X Za autoridad unii^ersal del Jator universal. ... 187 

XI Propiedad que debe hallarse en todas las constitu* 
clones 188 

XII Que debe volverse á hallar en todas las constitu- 
ciones. ....*.. id. 

XIII Que solo él puede darla id. 

XIV Que se transmite por la voluntad de los soberanos 1 89 

XV Que la 3oberania no muere . 1 90 

XVI Que pasará a todos los soberanos ¡d. 

XVII Por los soberanos , y no por los pueblos. .... id. 

§, 5.® De la autoridad natural y de la autoridad civil. 

Distinción de nombre. 

I De la autoridad natural del padre primitivo .... 191 

II Cómo se hizo civil ? id.^ 

III Razón de las dos denominaciones id. 

IV Sin dejar de ser de la misma naturaleza 19a 

V Cuándo y por qué se hicieron dos id; 



3o6 TABLA. 

VI D# «epecie y. naturaleza difecente, ......... i^J 

VII DijBtincioa que lloraremoa mucha tiempo. . ... 154. 

VIII Origea terrible de todos, nuestros errores. ¿ ... 195 

IX Ceguedad deplorable. • . » . id. 

X Luces, que nos dejó Bossuet 196 

XI Origen de la autoridad civil id. 

XII EL mismo que el de la autoridad natural ..... 197 

XIII El padre primitivo de cada pueblo. id. 

XIV Pero jamas los pueblos porque es. imposible. . . id. 

§., 6.^ Objeciones^ 

I Sobre el primer gefe civil. ................. 197 

II Sobre el gobierna natural 198 

III Sa tendencia á la división. ... id. 

IV Que es precisamente lo que se necesita ...... id. 

V De allL nació la ciudad . ........ . ., . . . . id 

VI Sobre la libertad civil. . 199 

VII Mayor que ea el estada natural ........... aoo 

VIII Por qué? id. 

IX Cuanto mas fuerte es la ciudad se es mas libre ... id. 

X Del pretendido sacrificio de la libertad., « ..... üoi 

XI Sobre el soldado.feliz de Yol taire . . . .... . . íioa 

XII Sobre la pequenez de las ciudades primitivas., . . id. 

XIII Sobre los adornos del reino« ao3 

XIV Que este existia antes id. 

XY Hecho decisivo 204 

QUINTA. CUESTIÓN. 

Yariacionea. de las ciudades. Que- niiíguna ciudad pu- 
do venir jamas de los pueblos. ............ 206 

Estado de la cuestión.. 
1 Yariaciones en las ciudades. .........*..... iJ» 



T A B L A. 807 

II Diyisioa4e.e5tacueation ,.......,...:• id. 

I 

§. i.^ Vida Nómada, 

I Del primer hombre errante id. 

II Familias errantes. ».. .. .,,..• 207 

III Fueron las primeras?.,..., . • , . ^ * . ao8 

IV No las hubo ^ntes fijas? ........,.,.....,,, id. 

V Eran.indepen¿lientes?. ...... ^ ,..,, ¿ . • .... ;íc8 

VI De los pueblos errante?. .. .. .. ^ ........... . a 09 

VII Este estadp ^ra t^n bello?.. . , id. 

yin Sueños, sobre i^stp astado... ,. ........... t ai o 

IX Sus ^uqesps admirables ......,.,...,.. id^ 

X En este estado se vivía sin gefes? ......... id. 

XI La ciudad vino de los pueblos?. ....,*.... ai i 

§. a.^ Vida salvage. 

I Su origen. a 1 1 

II Sus causas remotas ......... • . . , . . * . id. 

III Es.tado miserable dq I09 primeros griegos , . , . , aia 

IV Estado ipiserable. de lo^ americanos ... ..... a 1 3 

V Gaiisas próximas de este estado, ..,....,.. id. 

VI Romanceros de esté estado. ............ id. 

yil Furor inaudito por este estado. . • 214 

VIII Fábulas absurdas aiS 

IX Pequeñas concepciones , como dice Montesquieu . id. 

X Su refutación id. 

XI Fue el estado natural del hombre?... a 16 

XII O un estado accidental? id. 

XIII. Fue tan largo como se dice? 217 

XIV Se vive feliz en este estado? . ^ id, 

XV Qué dicen los viagerqs? id. 

XVI Se vivió sin gefes en este estado? 218 

XVII De Inaco y Mancocapak id. 

XVIII De los caciques y de los ancianos . 219 

qq: 



3o8 T A B L A« 

XIX De 8U8 emperadores id. 

XX Fueron elegidos por los pueblos?^ ........ id. 

§. 3.® De tas dimU)ne$ y de tas reuniones. 

I De las grandes monarquías v •*•...,.•.• . Í2o 

II De los estado» pequeños . 2%i 

III Su multiplicidad . . , . , . . 22a 

IV Sus desventajas* .id. 

y Causa de su reunión. ...............' aa3 

VI Desórdenes que la precedieron. ....... ¿224 

VB Quién díó los gefes?.- id. 

VIII Fué el pueblo?. 22S 



» ' 



§. 4.^ Jpetaciones d los pueblos.. 

I Deseo innato de la dominación» » . . .^ . . . . . 226 

II Origen de las apelaciones á los pueblos* id. 

III Bellas promesas que seles hace, ^«v.vr.s.227 

IV Una de las primeras asambleas del pueblo. . . .^ . id. 

V Se creó allí la soberanía ? 228 

VI Fué aquel un pacto social ?....-....... id, 

VII Cuando se recurrió á los pueblos ? , . 229 

VIII Que prueban todlis estas apelaciones ? 280 

IX No existía antes la ciud^? id. 

§. 5.^ De las revoluciones.. 

I Que se vé en ellas; ............. r r . a3o 

II Soberanos despojados 281 

III Luego la soberanía existía ya, ..*... . . . - .^ id- 

rV Los crímenes dan derechos? ............ id. 

V Del señor de derecho. ^ ...#*.. . .... 282 

VI Del señor de hecha ..... .^ ....... . id. 

VII Del ostracismo y del veto. ......... . . ¡d. 

VIII De la nominación de los diputados. ...... a3 3 



TABLA* 3C9 

IX El pueblo se hace señor por este acto?. . . • . . id. 

X No hubo ciudades antes que revoluciones?. . . . 284 

XI Luego el pueblo no las cíeó id. 



* • . . • 



§. 6.^ Del consentimiento de los pueblos. 

I Se pidió jamas? 235 

II Dónde se prueba?. id. 

III Quién le pidió? Fueron los gefes primitivos? . .. a36 

IV Fueron sus sucesores?. . ^ v . ; id. 

V O los gefes de colonias?.' .. ^ ^ ....... . id. 

VI O los conquistadores? 287 

VII Dónde está el consentimiento de los pueblos? . . id. 

VIII Del consentimiento presunto id. 

IX No es una verdadera burla? 288 

X Objeción débil . ^ id. 

XI Respuesta de Bossuet id. 

XII Para qué sirve este consentimiento? id. 

Xin Dará la soberanía. .............. 289 

XIV Puesto que los pueblos no la tuvieron jamas ?. .. id. 



\ 



§. 7.^ Por quién constituye Diou 

I Juicio de algunos autores. ............ 2^0 

II Constituciones extraordinarias , kí. 

III Mandatos que da Dios entonces 24 1 

IV Los ha dada jamas á los pueblos?. id. 

V De la misión ordinaria id. 

VI La dio Dios á los pueblos? 342 

Vn Pudo constituir jamas por ellos? ........ id. 

VIII La forma de los gobiernos. id. 

IX Pueden darla los pueblos? 243 

X Pudo permitírselo Dios? 244 

XI Que nunca el pueblo pudo tocar á las constitu- 
Clones id. 

XII Ni dar la soberanía sino soberanos . id. 



¡i 



3 10 TABLA. 

XIII Ni.oídiii^ria ni extraordinariamente. ...,., id. 

* 

XIV Luego no constituyó Dios por los pueblos. . . . aáS 

XV Lo que yaria.en )o$ gobiernos. ^ 246 

XVI Hecho decisivo. ^ ..... 247 

SEXTA CUESTIÓN. 

De los soberanos actuales. De clónde fcán traido su 
autoridad sobre Jos extrangeros?. 249 

I Estado de la cuestión. aSo 

II División de esta cuestión. .. ....... ^ ... . id 

§. i.^ De las extrangeros^ 



I Mezcla de familias. . ^ .^ . ^ . , . . . ../. ^. ., *,. ,a5i 

II Mezcla de pueblos.., ... ^ ............ id 

III De dónde viene la autorid^d.sobre los extrangeros? id. 

IV Sojucipn muy simple. . 4 .......... . id: 

V Pero dificultad real. ^ , ,,,... ^ . a^ar 

VI Para hallar su solución, ............... id. 

VII Y subir al origen de las autoridades a53. 

VIII Bella lección de los fundadores. ......... id. 

IX Universalidad de sus derechos. .,......,. id. 

X Con respecto á ellos no hay extrangeros ; 3^54 

XI De los soberanos dp cada pais. .......... id. 

XII Cesión reciproca de sus poderes. a55 

XIII Como son soberanos de todos sus subditos. , . . . a56 

XIV Como un hermano lo es de sus hermanos. . . . id. 

XV Por la cesión de los gefes. ............ id. 

XVI Pero jamas por la de los subditos. ........ s,Sj 

§. a.° De los conquistadores. 

I Qué es un conquistador?. a58 

II De las guerras y de las conquistas injustas. ..... ¡d. 

III Del consentimiento del vencido. *........ id. 



TABLA. 3ll 

IV Sin él no. hay conquista. . 269 

V Ni legitimidad para el vencedor id. 

§. i? De los usurpadores. 

I No ser adquiere el derecho por la fuerza. ...... 260 

II De loa príncipes desgraciados. id. 

III Del triunfo de los ladrones 261 

IV Del abandono de los pueblos. id. 

V Del reconocimiento de las potencias id. 

VI Da todo esto derechos? 262 

VII Opinión de los publicistas. ............ id. 

VIII Condiciones, terribles que exigen. . .263 



% 



§; ^^ Consecuencias^ terribles> de la usurpación. 

I Condiciones difíciles en: todos los gobiernos. .... 263 

II Difíciles en los compuestos, ...-*- 264 

III Aun mas en los simples id. 

IV Aun en la opinión de los publicistas mas indul- 
gentes 265 

V Condiciones^ espantosas id. 

VI Inevitables para los pueblos 266 

VII Inevitables por los usurpadores. id. 

VIII Inevitables en todas las opiniones.. . 267 

IX Cualquiera qne sean los sucesos 268 

X Antes del consentimiento de los antiguos soberanos. 269 

XI No debe esperarse la paz id, 

XII La misma regla para todos los propietarios ... id. 

%t 5.® Conducta para con el usurpador. 

I Cómo conducirse mientras que adquiere derechos? . 270 

II De la sumisión pasiva. . id. 

in Hasta: dónde debe llevarse?. . .......... 271 

IV Que puede ser permitido .^ id. 



3l3 TABLA. 

V Que no lo será jaaia9. ^«7^ 

VI Del gobierno e^íistente id 

VII De la8 leyes injustas id. 

VIII Regla de las potencias 273 

IX Máxima falsa id. 

X Los juramentos dan derechos? , id. 

XI Resumen sobre los usurpadores • ^74 

§.6.® Poderes de los soberanos actuales. 

I Poderes de los propietarios 274 

II De la última revolución id. 

III Por qué fue tan terrible 27$ 

IV Causa verdadera .^ . 276 

V Dislocación de los poderes ...,...,.,, ^ . id. 

VI Si se colocan en las manos del pueblo , %'j'j 

VII Ninguna libertad, ni patria, ni soberanos .... idL 

VIII Si se colocan en el padre universal, todo se concibe id. 

IX El origen de los estados pequeños ......... 278 

X Su progresión , id. 

XI Formación de los grandes imperios. ........ 279 

XII De las diversas constituciones. ........... id. 

XIII Pe los derechos de los soberanos. 280 

XIV Los de los estados . . # . id. 

XV Sus lípiites y su extensión .281 

XVI Los de las representaciones nacionales id. 

XVII Términos de patria, padre, y de hijos 28a 

XVIII Cómo se transmite la soberanía id. 

XIX Cómo se transmitirá hasta el fin del mundo. . . 28$ 

XX Por la voluntad de los antiguos soberanos .... id. 

XXI Conclusión .yV 7 . . . id. 



/ 



FIN DE LA TABLA. 



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LISTA 



DE LOS SEÑORES SÜSCRIPTORES 



A ESTA OBRA. 



'.9* 



**' 



El Excelentístiiia señor Manquea de la Romana. 

D. Pedro Baílin, Mariscal de Campa 

D. Bernardo Bónavia« ' : k ■ 

£1 R. P. Fr. Antonio de S, Miguel , Secretario gen^ de 

Trinitarios Descalzos. 
D. Antonio Cortés Ménéade^ 

B^ Sebastian Moreno TorreSi i 

D. Cuillermo Vargas. 

D. Nicolao del Rio y Moreira» Canónigo de Tuy. 

El Excelentísimo señor Marques de Lazan ^ Tenieüte Ce* 

neral. 
P. Antonio Biieft^. 
D. Manuel Riega. 

El R. P. Fr. Julián J¿mc, del Orden de Santo Domingo. 

D. Félix Luis Prieto Chamorro» 

D. Nicolás Anacleto Pulido. 

D. Francisco García de Rozas.. , 

D. José Llera. 

D. Fráncisba de Rói^ y PizarnK 
D. José María Rascón. 

• 4 1 . é 

D. Juan Moral de Salas. ^ * 

I>. José Santos y García. 

3>. Eugenio Rosado y RU)en>« 

D. Valdomero de Frías. 

D. Manuel Romero y Pérez. ; . 

El Ilustrísimo señor Obispo de Mainas* 



I' 

« 



3i4 

£1 R. P. Fn Ildefonso de la Pae» Tñoitario Deseaba 

D. Juan Antonio Martínez Delgado. 

D. Francisco Morales. 

D. Juan Paulino Llórente. 

£1 R. P. Fn José Baños , Dominica 

D. Manuel Ubaldo Aguirre. 

D. F. M. B. A. H. de M. 

D. José María Ranuras y Gcytes. 

D. José Giraldez. 

El R. P. M. Fr. Ensebio Bailón, del Orden de S. Agpsdo. 

D. José Ignacio de Urrutia ^ Canónigo de Yaleaoa. 

D. Francisco de Antuñana. 

£1 P. Prior del Carmen Descalzo : Segom Fr. Pedro Saa 

José. 
El señor J. S. M. 

La Excelentísima señora Condesa de Miranda. 
£1 señor Fr. Eugooia Rodríguez Salgado , Dominico de 

Santo Tomas. < 

El R, P. Fr. Agustín Cándido Fernandez, Prior de los Do- 

minióos de Talayera de la Reina. ^ 
D, Matfás González, Canónigo de Segovia. * 

El R. P, Difinidor general de Trinitarios Descalzos Fr. Lds 

de la Asunción. 
El R. P^ Fr. Hermenegildo de la Asunción , IMnidor ge- 
^ nera^ de Trinitarios Descalzos. 
D. Rampn Conde. 
D. José Rodríguez Barañano. • 
D. Tomas Cesáreo de la Fuente. 
El P. M. Fr. Domingo Fernandez ^ 
- dad Calzada. 

El P. M. Fr. Antonio Espinosa, Prior de Santo Tomas» 
3E1 P. M. Fr. Rafael Ontanillas, de la Orden de Predicadores 
El P. M. Lector de Teología Fr* Seb^üan Cáceres , de Is 

Misión. 
D. Manuel Rubio , Rector. 
D. Pedro Rubio. 



4 .*' 



. • 



3 



3iS 

D. Joan Maünd Blannóleja 

£1 ü. P. Guardian Fr. Eugenio de Almogoeía: m convieii- 

ta Corral de Almaguélr. 
jy. Francisco de Azua. 
D. Rafael de la Peña. 
D. Ramón Melgarejo. 

La señora Marquesa de Lendines. ' / 

P. Marianaí VilIánüeVa. /, '. 

D. Alfonso Martines de Y illaoslada. 
D. José María^Vadivicsa 
D. Francisco Borja Barreda. 
D. Blas María de Barreda. 

íl P. Fr. Diego del Pozo. i 

D. José García Tillaíiúeva. t* 
D. Tlburcio Eguiluz. , . '^ 

El P. Fr. GárioiCawáa de la Pena. . :/ 

D. Manuel Diez de Tejada. 
D. Valentín Benistegpi, voín a < W ^Vi»:ffta,' 
El P. M. Fr. Joaquín Bariz. 
D. Manuel Beltran de Gaiceda 
El R. P. Fr. Pascual García. 
D. Frandsco Ignacio Gil, Cora Ittrroc^ de líffm. 
El señor Marques del Puente. 
D. Antonio Ribera. 
D^ Hilario TaIl9íes^^ : r 

D. Juan María Sustaeta. 
El wñor Marques de S. Martillante fiombreiro. 
D.Jotó Rodríguez. 
D. Bartolomé Manuel Caro. 

El Ilustdsimo señor D. José Azpeitiá , Obispo de Li^. 
D. Miguel García. » . 

£1 R. P. Pablo Alvarez, d|e las Escuelas Pias. 
El R. P, Vicario general del Carmen Calzado. 
D. Francisco María de Aranguren , Cura propio de Tdosa« 
D. Juan Ortiz de León. 

D. Alvaro Valdés Inclan , Marques de S. Esteban. 

br: 



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• ;.,. log í^^f*^ 1 jiología Fri Miguel Gonsákz C3ocda. 

O Francííco <?onzalez del Campillo. . ' <: 

p, Fe/ix * ^'*"°' „ ..' 

£{ H P- ^'^* ^1^1^"^ María Hinojosa, del Orden de S.. Frank' 

F/ K. P. Fr. Agusáa Ronda, del Carmen Gaflzado; . 
AP. M. M. . J 

D. Manuel Ruiz de Brizuela. ' ^ ' 

D. José Menendez. i 

El R. P. Fr. Juan Antonio Villa , del Orden de & Fraii- 

cisco. . .i 

I' 

£1 R. P. Fr. Santiago del Espíritu Saota , Prior ctel Garmea 
Descalzo de Salamanca. - 

D.* Manuela Gabrhr^kr COm^vas. 

El R. P. Fr. Bartolomé de Santa María j Carmelita De«^ 
calzo. ^ •..'*,■"...-. ;, '' i 

D. Dionisio Gallego , Cura Párroco de' Esttemei'H. - 

D. Isidro* Gabriel Diéu^, Ciira Párroco de Santa (KaHa de 

Toledo. ; ; i 

D. Matías Gk>nzalez. ' ' ' ^^ 

D.Blas José de Yergara, Magistral de )a Colegiata* dé 

Granada. -^ ^ « «"' -'v- 

El R. P. Fr. Juan Clatidliña.^ ' ■"■ , • • - - > 

D. Pedro de Cárdenas , Teniente Coronel retiínado de^Qi^ 

balleria. 
D. Isidro Pérez. 

El Ilustrísimo señor Obispo de Santander. 
D. Antonio José de Léon^^, Gaaónigo de la Catedral de 

Mondoñeda 
D. Manuel Jiménez, Canónigo de la Catedral de Mon^ 

doñedo. 
D. Julián Diez González. 






* ... , 



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El R. P. Fr, Vicente Virgola , ]\ferícdtela Gatíadói 

D. Ramón Montenegro y Villamar. 

D. Francisco Franco y Eguía. ! :; . 

D. Sabino Sánchez Hleaca^» Ci^a PárroíJp íde "V^lpzote. ♦ •; 

D. Antonio YiUaiml y. Trell^, 

£!> scñpr Ppptor P. jCédOBr jlbrres , Qinónigp tie la «anta 

iglesia de Jaca , reino de Aragón. 
D. Francisco Sánchez Delga^« 

D. Domingo Zorrilla de Rozas. ,J/ 

D. Juan Claudio Denis, Lectoral de I^ü^ ., ; ,. .-• ''\ 
D. Pedro de Alcántara de la LJave^ , , , , » •: , 

£1 señor Vicario eclesiástico y Párroco de Palma del Ri<V 

Obispado de Córdoba. .v. ' ' -» ' ^: , - v 

D. Matias de Calba, Canónigo y VicaíiA general ^^^ 

leda:-.:./; .: - ■..¡'•, ^•.'• ; ^- ; . .= ;"»•:>.:•, •.;;■.:*..''• í.' 

> 

D. José Romeral, Cura de Ariba en Toledo.,. .- í c 

D. Benito de Torres j»vcicino -de Toledo*^' ; . . ; r! - 

D. Miguel de Lacrbza. , ; ^u ^x^:--- ^ , ' ;. /[ 

El R. P. M. Fr. Pedro González , Abod./del Moaáateriol dé 

: 'Esptnader^ ..- . 

D. Andrés de Ruiz Fernandez , en Oviedo. 

D. José; Mar&i Baccéitb ,: Puerto: de Saíita Maria«. 

D;- Juan Dionisio' Caballero. 

D. Pedro José de Ichasso, Cura de Entines. 

El señor Cura de Santa Cn:iz;*de Madrtdw 

D. Joaquín García. 

D. Felipe Santiago Bueno , Casiáaigo de Astorga. 

El R. P. D. José López Pardo, en Molina. 

El R. P. Fr. Manuel ?aragóza , . de & Francisco , de. Ca? 

latayud. 
D. Domingo García Ibañez. 
D. Francisco Sánchez Delgado. 
D. José Rodríguez de Mendarozqueta. 
D. Serapio Serrano. 
D. Antonio Rodríguez. 
El R. P. Fr. José Fernandez de Narayo. 






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El R. P. Fr. Cabrtel MnoooL 

D. Tomas MedÍBa« 

D. Domingo Lanchares. 

El R. P. Ff. Gasto Nobajas, Benedictino. 

Ei R. P. Fr. Bernardo Zubiaiira^ Ben^ictino. 

El Docior D. José Alejandro Riitz $altneroú , Canónigo de 

Granada, 
El R. P. Fr. Fulgencio Campos. 
D. Mariano Castillon, 
D. Vicente Castelbo* 
D. Pablo Tutor. 
9. Prudenció ILario. 
D. Juan Blanuel Pérez. 
D. f uan Miguel Arme. 

D. Tadeo Iruegas, del Tribunal eclesiásáco de CMtsokau 
V. José Oliveros. ' 

D. Pedro YaldivielsO'^ Gura de Alohen. 
D. Mateo Obregcm , Capellán de honor de SL M. 
B.' Jiian* Amohio Gaho. 
£1 R; P. Lector Fr. Manuel Garcia, de S. Francisco del 

Ferrol. ;. 

El R. P. Fr.Xuis de la Puente , delOrcbn de Pre<£cadóres. 
£1 R. P. Fr. José Fernandez , del Orden de & 

en Orense. 
D. Manuel Andrés de la Cámara. ^ 
£1 señor Marques de Valde- Espina. 
D. Antonio Pólicarpo Gd>o. ' ■ * i 
D. Esteban Ozcariz. . » ' 

D. Bernardo Alba, Canónigo de Tuy. 



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^e continuará. 










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