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DICGIOMMO DE CHILMISHOS.
DICCIOTARIO
/(-
BE
CHILlENISMOS
/
y POR
ZOROBABEL RODRÍGUEZ.
Si yo hubiese de explicar lo qué
siento de la lengua española, solo
diria una cosa: que no es la lengua
española la que nos hace falta para
hablar con perfección, sino que so-
mos nosotros los que faltamos a
ella.
Mayans i Siscar. —Orí; ene* de la lengua
española.
SANTIAGO.
IMPRENTA DE «EL INDEPENDIENTE,)) CALLE DE LA COMPAÑÍA, NÓM. 102.
1875.
DEDICATORIA.
El autor de este libro tiene a honra dedicarlo respe-
tuosamente al Presidente de la Eepúhlica^ para quien
esté reservada la gloria de promulgar la lei que esta-
llezca en Chile la libertad de enseñanza ideprojesiones.
PROLOGO.
La incorrección con que en Chile se habla i escribe la lengua
española es un mal tan j eneralmente reconocido como justamente
deplorado. Dos jeneraciones han pasado ya por las aulas desde que
los señores don Andrés Bello i don José Joaquín de Mora echaron
en nuestro pais los fundamentos de los estudios gramaticales; i si
es cierto que, sin cerrar los ojos a la evidencia, no podrian negarse
las jornadas que hemos hecho por el buen camino, cierto es tam-
bién, por desgracia, que aun está mui lejos de su terminación la obra
iniciada en favor del buen decir por aquellos ilustres extranjeros. Si
en lo tocante al punto en que nos estamos ocupando la República
de Chile no es ya la última de las naciones en que se habla espa-
ñol, aun tiene delante délos ojos el bochornoso espectáculo de otras
que con menos tranquilidad, riqueza i elementos que ella la igualan
i la vencen. No hemos tenido un Baralt como Venezuela, ni un Par-
do como el Perú, ni un Cuervo como Colombia; i basta abrir los
periódicos de Méjico, de Caracas, de Bogotá i de Lima para persua-
dirse de que por aquellos mundos se tiene mucho mas respeto a las
reglas de la Gramática i se conocen mucho mejor que entre noso-
tros los modismos de la lengua, i la propia i castiza significación
de sus vocablos.
¿De qué proviene la inferioridad que acabamos de señalar? No
sin duda de que Chile sea en América lo que fué Beocia en Gre-
cia, o lo que es Galicia en España, tierra de molleras cerradas i de
lenguas de trapo. El mal trae su oríjen de otra parte: nace de un
gran vacio que hai en la enseñanza de la Gramática castellana. Si
ésta no es mas que el arte de hablar i escribir correctamente el
español, i si notamos tantos i tan groseros errores en los escritos,
no solo de los que han dado examen de aquel ramo, sino también
VIII
de los profesores que lo cnsoñan, hai motivo para presumir que exis-
to un vacio do importancia, o en los métodos o en los textos porque
se enseña.
Para darse cuenta de él basta ponerse en el caso de un joven que,
después de haber dado su examen de Gramática (i aun de Litera-
tura si se quiere) presenciase en la barra (1) del Congreso un desor-
den en que se cruzasen los gritos, los silbos i los golpes, i se viese
en el caso de escribir sobre él un articulo parala gacetilla de un
diario. ¿Qué titulo dará al suelto? La primera palabra que se le
viene a la memoria es leona', pero ¿es leona una palabra castellana?
I siéndolo ¿deberá escribirse leona o liona? En la duda procura re-
cordar algunos sinónimos: zafacoca, bochinche, batahola, i algunos
otros mas se le ocurren aumentando sus perplejidades i dejándolo
sumido en mas oscura incertidumbre. Si en tal conflicto apela a su
Gramática, a su texto de Literatura i a su Manual de composición
literaria, después de repasar uno a uno sus preceptos, sus reglas,
sus modelos, tendrá que reconocer al fin, desalentado, que de allí no
puede venirle la luz que necesita. Al fin de cuentas escribirá, salga
lo que saliere, o se echará a la pesca de sus palabras en el inmenso
mar de los diccionarios de la lengua. Pero lo primero no es desatar
el nudo sino cortarlo; i lo segundo seria imponerse una tarea
excesivamente pegada, que habria medio de hacer mas llevadera.
Ese medio es el que ofrecemos a la juventud estudiosa, dando a
la estampa el presente Diccionario de chilenismos»
Él no pretende hacer inútil el estudio de la Gramática castellana,
ni escusar a los que deseen expresarse correctamente el trabajo de
consultar con frecuencia, ya el Diccionario de la Academia, ya los
de Sinónimos castellanos, ya el de Galicismos de Baralt, ya el Etimoló-
jico da Monlau. Pero aun así, siempre serán de valía los servicios
que prestará a los estudiosos, dándoles un fácil medio de evitar los
errores mas comunes que, hablando o escribiendo, se cometen en
nuestro pais en materia de lenguaje.
El lector encontrará en nuestro Diccionario una lista, sino com-
pleta, bastante numerosa délos provincialismos que se usan en Chi-
le, con su etimolojía cierta o probable, con ejemplos de escritores
nacionales que muestren su verdadera significación, i con los equiva-
lentes castizos, apoyados también en pasajes de los clásicos españoles.
(1) Llamamos barra en Chile el espacio que queda entre la baran-
dilla que cierra i limita la sala de sesiones de las cámaras i cabil-
dos 1 la puerta principal. En España barra es la barandilla misma.
IX
Así ya en adelante no tendrá disculpa el escritor que, como casi
todos hasta ahora, sin otro guia que su instinto i juzgando de los
vocablos por el aspecto, subraye i haga publicar en bastardilla como
provinciales muchas voces que son de la mas lejitima cepa española,
i vice-versa, dé paso franco, como si fuesen castizas, a otras que
vienen en linea recta del quichua o del araucano o de ninguna par-
te, porque son disparates de tomo i lomo.
Ni se crea que nos hayamos limitado a consignar en este libro los
chilenismos de palabra; que también, aunque en menor número, he-
mos dado un lugar en él a los chilenismos de frase, apuntando aque-
llos refranes, locuciones i construcciones que son peculiares de nuestro
país o de algunos de los pueblos americanos que hablan el' español*.
Dicho lo que queda en cuanto al objeto del libro i alas materias
de que consta, fáltanos solo indicar ahora el plan que hemos segui-
do- i los auxiliares que nos han ayudado en el trabajo de compo-
nerlo.
Puesto que hemos dado a la obra el titulo de Diccionario, demás
será declarar que se ha seguido rigorosamente el orden alfabético
de los chilenismos i no de sus equivalentes castizos.
Con respecto a la ortografía de las palabras quichuas o araucanas,
nos hemos desentendido a menudo de su etimolojía, o mas exacta-
mente de las letras con que las escribieron los diccionaristas de esas
lenguas, para darles en lo posible una fisonomía española. Siguiendo
a la Academia, a la Universidad de Chile i al señor Astaburuaga,
escribimos invariablemente g inicial antes de ua, aun en los ca-
sos, que son los mas, de hallarse en los vocabularios quichuas o
araucanos esa combinación precedida de h. Con las combinaciones
tie, ui hemos seguido una regla contraria, anteponiéndoles siempre
la h.
La razón de este procedimiento está en que ninguna palabra espa-
ñ3la principia por hua^ ni por gwc, ni por güi^ i en la conveniencia de
evitar al que escribe, en los dos últimos casos, el engorro de mar-
car la diéresis.
Hemos dicho que ninguna palabra castellana empieza con güe^ i
eso sin olvidar que el Diccionario de la Academia trae escrita así,
entre otras voces que en rigor no son españolas, la voz gücllos^ porque
según nos lo advertía en una de sus interesantísimas cartas el señor
don Fernando Páulsen, esa manera de escribirla «solo arguye el poco
discernimiento de los ilustres académicos i de los que los han co-
piado. Gúcllos debe escribirse con /i, pues viene evidentemente del
portugués olhos (que se pronuncia olios, o mas bien, para hablar «o-
erectamente la lengua de Camoens, ollush, pronunciando las doa
últimas letras a la inglesa) conmutada la o en ue o sea hue, eu-
fonizacion mui de la índole de nuestro idioma. Asi del latin ovum^
hospes, etc. i del griego ocphanos, sacamos huevo, huésped, huérfano.^
Por no abultar demasiado el libro i porque ello no entraba en nues-
tro plan, hemos prescindido de mencionar, salvo raras excepciones
aquellas palabras i jiros que, por ser de procedencia francesa, tienen
un lugar en el Diccionario de Galicismos i no son, propiamente ha-
blando, provincialismos chilenos.
Tampoco hemos señalado los defectos de pronunciación en que
suelen incurrir nuestros paisanos en la conjugación de muchos ver-
bos, en parte por que ello habria sido impropio de un Diccionario,
i en parte también i principalmente porque ese trabajo ya ha sido
hecho por el señor Gormaz, cuyas Correcciones Lexigráficas en esta
parte son casi siempre mui dignas de ser obedecidas.
Finalmente, nos hemos abstenido de incluir entre los chilenismos
los nombres quichuas i araucanos de animales, de aves, de peces,
de plantas i los jeográficos; a los cuales solo hemos dado cabida en
el cuerpo de la obra cuando ha sido indispensable para la mejor in-
telijencia de algún refrán o locución que costituyan un verdadero
chilenismo.
Tal cual lo presentamos al público, nuestro libro, con los errores
que en ninguna obra humana pueden evitarse, i con las omisiones
numerosísimas en que forzosamente incurren los primeros dicciona-
ristas de todas las materias, creemos, sinembargo, que podrá prestar
servicios no despreciables a aquellos de nuestros paisanos que deseen
perfeccionarse en el arte de hablar i escribir con pureza i correc-
ción su idioma.
Salgan empero confirmadas o fallidas nuestras previsiones i cual-
quiera que sea la suerte reservada a este libro, fruto de muchas ho-
ras de trabajo, robadas a otras ocupaciones mas premiosas, si bien
no mas de nuestro agrado, no hemos de darlo a la publicidad sin
pagar a los que nos han ayudado en la labor lo que en justicia les
debemos.
Ademas del Diccionario de la Academia Española i de la mayor
parte de los que existen de nuestra lengua, del Etimolójico de Mon-
lau, del de Galicismos de Baralt, de los de Sinónimos castellanos de
Olive i de Barcia, del Tesoro de Covarrúbias, de los Fundamentos
del vigor i elegancia de la lengua castellana de Garces, de las Gra-
máticas, de Bello, de la Academia, de Salva, de Saavedra, etc., hemos
consultado con especial frecuencia i aprovechamiento las notabilísi-
ínas Apuntaciones escritas sobre el lenguaje bogotano por el señor
don Rufino J. Cuervo; i aunque no tan a menudo, los Apuntes para
un diccionario de peruanismos que el señor don Pedro Paz Soldán i
Unánue (Juan de Arona) publicó en El Correo del Perú i sus Poesía»
Peruanas, nos han suministrado voces i sobre todo ejemplos en nú-
mero considerable.
Empero, por poderoso que haya sido el concurso que debemos a
los autores citados i a otros que por no ser prolijos omitimos, nues-
tro mas eficaz auxiliar, co -autor de este libro si la expresión se to-
lerase, es un filólogo cujo nombre no anda en boca de la fama ni
siquiera en letras de molde por esos periódicos; el señor don Fer-
nando Páulsen, quien, después de haberse llevado acopiando durante
largos años una multitud de observaciones sobre los vicios de nues-
tra habla, las puso en nuestras manos, no solo para que las consul-
tásemos, sino para que las tuviésemos como propias i de nuestra
propia cosecha.
Ya que la excesiva modestia de nuestro jeneroso amigo nos ha
privado del placer de citarlo los centenares de veces que hemos co-
piado al pié de la letra o utilizado sus apuntes, queremos darnos el
mui vivo de manifestarle aquí la gratitud que sentimos por sus fa-
vores i la admiración que no ha podido menos de despertar en
nuestra alma una tan rara erudición hermanada con una tan singu-
lar modestia.
Una palabra ahora en resguardo de la nuestra. Si alguno, al ver
la frecuencia con que el autor toma de sus propios escritos ejem-
plos que muestren la significación de los provincialismos chilenos
que considera, se sintiese tentado a mirar en ello un indicio de su
vanidad literaria, deseche tan mal fundado pensamiento. La obra de
hallar un ejemplo para cada chilenismo era larga, i nosotros no po-
diamos dedicarle mas que algunos momentos. De ahí quo tomásemos
las citas que teníamos mas a la mano; i ¿cuáles habíamos de recor-
dar mejor que las que ocurrían en nuestros escritos? Por otra
parte, ridicula vanidad seria la de buscar gloria en una exhibi-
ción délos propios pecados ¿i qué otra cosa que pecar por ignoran-
cia o perversión del guato hacen las mas veces los que afean sus es-
critos con bárbaros, groseros, o cuando menos innecesarios provin-
cialismos?
Si la acojida que dé el público a este libro correspondiera al deseo
que abrigamos de contribuir al perfeccionamiento i depuración d»
nuestra habla, bien podríamos en una segunda edición llenar sub
vacíos i enmendar sus errores. Tenemos ademas el propósito
XII
de agregar al Diccionario, si es que llega alguna vez el caso
de reimprimirlo, una lista completa de todos los nombres indíjena»
do animales, plantas i lagares de Chile, apuntando cada vez que
haya lugar, su etiraolojía i sus equivalentes científicos i vulgares.
Entonces el Diccionario de Chilenismos podria ser un todo armónico
i completo, sino en sus detalles, por lo menos en su plan i en las
líneas primordiales de su trazo i delineamiento.
De todas maneras i ya que nos faltan títulos para esperar estímulos
del público, nos acojemos confiadamente al juicio de las personas
instruidas, capaces de apreciar las dificultades de este j enero de
trabajos. Su benevolencia no nos negará la disculpa con que don
Enrique de Villena, en su Arte de trobar^ excusaba tan donosamente
las faltas del primer libro que sobre la Gaya Ciencia escribió don
Ramón Vidal de Besalú, diciendo de él: «Este Ramón por ser
comenzador no fabló tan cumplidamente.»
DICCIONARIO
DE
CHILENISMOS
«Compone esta preposición A tal i tan variada multi-
tud de adverbios o dicciones adverbiales, dice Garces en
su Fundamento del vigor i eleganma de la lengua castella-
na, que a enumerarlos todos, apenas bastaría un libro
entero, mostrándonos con gran viveza i propiedad mil ma-
neras de hablar que tocan a modo, a acción, tiempo,
lugar, semejanza i otras.»
En Chile, ademas de las frases adverbiales señaladas
por Garces en la obra citada, corren muchas otras, entre
las cuales, por mas usadas i expresivas, hemos notado las
siguientes:
\^ A espeta perros , (salir), que según el señor Cuervo en
sus Apuntaciones críticas sobre el lenguaje bogotano , es
en español salir como perro con vejiga.
2.* yl hacerse, que colocada en pos de algún verbo o
adjetivo expresa con grande enerjía la idea de, shi reme-
dio, ^ total, definitivamente. «Ya es inútil que riegues mas
ese árbol: se ha secado a hacerse.^t «Lo acometió el mine-
ro con tal furia que a la primera puñalada lo mató a ha-
cerse,^
Estert hacerse de nuestra plebe es seguramente el anti-
cuo a cercen, que hoi, no sabemos por qué, escriben casi
todos a cercen.
c(La carne i hueso a cercen le derriba.»
(OÑA. — Aranco domado.)
«Las dos manos a cercen le ha cortado.))
(A. DE Saa.vedR;V. — El peregrino indiano.)
(Véanse dos ejemplos mas en la Ortolojía de Bello
Garces escribe sin embargo a cerceny i lo mismo se nota
en muchas ediciones del Quijote.
3.' A la bnita, que vale tanto como toscamente, con
exceso,
«Desde que se fué al campo está viviendo a la bruta.)^
«Desde que entró a ejercicios bebe tal cual vez; pero
cuando bebe, bebe a la bruta.n «Grande es la casa i nue-
va: ¡lastima qne haya sido trabajada a la bimtalyy
Parece que la locución castiza es a lo brutesco:
«Acullá ve una artificiosa fuente de jaspe variado, i de
liso mármol compuesta; acá ve otra a lo brutesco ordena-
da, a donde las menudas conchas de las almejas etc.»
(Cervantes. — (??«yoíe.)
4.* A la cuarta, que significa con dependencia i sujeción
rigurosa, i a veces también, pobre, escasamente.
«Desde que la infeliz perdió a su marido no tiene mas
qne su montepío, que apenas le da para vivir a la cuarta,rt
«El caballero ése es de cuño antiguo; hace que sus hijos
se recojan a las nueve de la noche; nadie se acuesta en
su casa sin rezar el rosario, i tiene a toda la familia a la
cuarta. n
Probablemente en esta frase, cuarta se toma en el sen-
tido de cabestro que, en efecto, le atribuyen nuestros
guasos.
5.* A la diabla. Pues que los españoles se han permi-
tido cambiar en a la última o de Bartolo en la conocida
i decidora frase tenderse a la bartola, ¿por qué los chile-
nos hemos de tener mas respeto a la última de Diablo? se
preguntarla probablemente el desconocido inventor de
esta fra^e; i dicieudo i haciendo, mandó a su mujer «que
cortase sus relaciones con la yitida del boticario, porque
&abia de miii buen oríjen que estaba viviendo a la diabla
con el barbero de en frente.»
El consabido paisano inventor de la frase» fué segura-
mente hombre de pelo en pecho; pero indudablemente no
fué un gran filólogo. Tenderse a la bartola, no quiere de-
cir tenderse como Bartola acostumbraba, que no hai mo-
tivo para hacer tamaño agravio a su memoria; es senci-
llamente tenderse sobre la barriga, pues bartola da tanto
como pajiza en castellano de mozos de cordel i destripa-
terrones.
Lo escrito escrito, aunque después de escribirlo haya-
mos leido en Baralt:
«cPoner las cosas de través» por poner las cosas sin
orden ni concierto, a la diabla. — (Dieeionario de Gali^
Císmos.) ,
6.' A la fija, vale perfectamente^ co?i la deseable como-
didad o seguridad.
«Vete con el caballero a la hacienda, que irás a la fija:
no sale de ella administrador que no salga con Don por
delante i con el riñon tapado.»
7.* A la mala. «La lucha entre ellos i nosotros es mui
desigual, decia, saliendo de la Cámara,, cierto diputado:
¿no vé Ud. que ellos no van nunca sino a la mala'^. »
Queria decir: ¿no vé Ud. que ellos proceden siempre de
mala fe i sin desechar mediosl
8."" A la pluma, al cincel, no son provincialismos chile-
nos, sino galicismos tan corrientes en América como in-
tolerables. Con decir a plimia y a cincel, se ahorrarían
letras i disparates.
9.* A la pretina. No vacilamos en poner esta frase
entre los chilenismos, porque si bien es cierto que no fal-
tan en España madres precavidas que tengan a sbs hijas
en pretina, como quien dice en prensa, solo en Chile las
hai que gusten de llevarlas a IcL prethia, como quien dice,
haciendo una irrespetuosa comparación, al pegual,
10.* A la songa, songa. Songa es un provincialismo
cubano que equivale a ironía, hurla. Solo hemos oido so-
nar en Chile esta palabra en la frase, a la songa, songa,
cuyo sentido es disimuladamente, eon im artificioso descui-
do, mui poco a poco.
IL* A las últimas o en las últimas, se dice en Chile de
4 A
una persona quo agoniza. En España se dice, o al menos
se decia en los buenos tiempos de su literatura^ a los
últimos.
«Diciendo esto me llevó a un cuarto donde el triste
Blas de Santillana, tendido en una cama que mostraba
bien la miseria de un pobre escudero, estaba ya a los
últ¿mos,y)—[V, Isla. — Gil Blas.)
12." Al apa. Estándonos a la semejanza de sonidos,, pare-
ce que nuestra conocida frase adverbial al apa no fuese mas
que una corruptela de la mui castiza a la zapa; pero la falta
absoluta de semejanza que se nota en el sentido de ambas
frases, nos inclina a pensar que al apa (esto es a cuestas,
sobre las espaldas) ha debido su existencia a jentes que,
según todas las probabilidades, ni oyeron nunca decir a la
zapa, ni menos supieron que esa es una frase militar que
signiífca (dr los sitiadores resguardados por las zanjas i
trincheras que abren ellos mismos, o arrimados a las for-
tificaciones que sitian.» — [Diccio7iario de la Academia.)
El único medio de descubrir entre ambas frases alguna
relación de parentesco, seria imajinar que se toman las
espaldas del que lleva cd opa por muros de la fortaleza, i
al llevado como a un sitiador que se adhiere i pega boni-
tamente a la muralla para no ser visto. Lo que es nosotros,
no nos sentimos capaces de un tal esfuerzo de imaji-
iiacion.
Mas probable es que al apa venga del quichua, en cuyo
idioma apac significa llevar, apani, la bestia cargada, i
apa el jornalero que gana su vida acarreando. (Pueden ver
sobre este punto los curiosos el Diccionario quichua-caste-
llano del Rev. P. Honorio Mossi, en la palabra apa.)
En Ataeama en vez de al apa dicen a la tota,
13." A la trinca, sinónimo de a la cuarta.
14.* Al pegual, a los corriones., esto es sujeto a las piezas
de la montura que tienen esos nombres:
«Bajaron las tres Marías
En sus tres caballos blancos
Con un chancho a los corriones
Dios te salve Reina i Madre.»
Son versos que oimos cantar a un peón arribano en
A 5
nuestra niñez, i pertenecen al jénero de aquellos otros
tan populares:
«De las aves que vuelan
Me gusta el chancho,
Porque las esperanzas
Nunca se pierden;
Nunca se pierden, sí,
Blanca azucena,
Si la azucena es blanca
Tú eres morena.»
15.' Al tirar y es una frase que se contrapone a escbjido
o mas exactamente a escojiendo. «Brevero ¿a cuánto el
ciento de brevas? — A cuatro reales al tirar, i a seis, esco-
jidas, mi caballero.» En el primer caso el vendedon cuen-
ta las brevas a medida que se van presentando; en el se-
gundo el comprador escojo las que mas le gusten.
16." Al tiro, vale en el acto, «En la tarde de ayer uno
de los trabajadores que se ocupan en estucar el frente del
portal Fernández Concha, se cayó del andamio i se mató
al tÍ7'0,)) leimos en un diario de Santiago.
17.* A pata, equivalente a descalzo,
18.* A punta de lanza, es una frase mui castiza; no así
a punta de palos, a punta de azotes, i hasta a punta de
plata, como oimos decir con frecuencia, por a fuerza de
palos, azotes, etc.
19.* yl revienta cinchas, es una locución que dice tanto
como la española, que trae el Diccionario de la Academia,
rompiendo cinchas, esto es^ corriendo con extraordinario
esfuerzo i lijereza. Hai entre el enérjico a revienta cinchas
i el jerundiano rompiendo cinchas, la misma diferencia
que entre, a mata caballos i matando caballos, que sirven
para expresar la misma idea.
20.* .4 roso i velloso. D. Francisco de P. Seijas en una
nota al Cuento de cuentos de Quevedo dice, explicando el
oríjen de esta locución:
idioso ni velloso. Roso vale tanto como rojo, velloso se
entiende bien; i el modo adverbial no dejar roso 7ii vello^
so es «totalmente sin escepcion.» I bien^ pudo decirse,
como indica Covarrúbias, por similitud de las frutas cu*
biertas de cierto vello o película mucho mas crecido i ma-
6. ABA
nifiesto cuando están verdes, que no cuando están madu-
ras i de rojo i encendido color. No dejar verde ni jnaditro,
roso ni velloso vale lo mismo que «todo por igual.»
Este oríjen parece traido por los cabellos, debido qui-
zás a corrompida ortografía. Escribiendo rozo en lugar de
roso, explicaríamos mejor i mas naturalmente el oríjen i
sentido de la frase; pues rozo es participio irregular de
rozar, i rozar es cuasi pelar: a pelón i peludo; esto es a
hombres (por ser pelados, sin pelo, en latin glaber) i bru-
tos (por peludos, vellosos). De manera que a rozo i velloso
vale a todo el mundo, sin distinción. La Academia dice:
«totalmente, sin excepción, sin consideración ninguna.»
ABAJO, ABAJINO, A.
Los*lados de abajo es una frase de que se sirve siem-
pre la jente poco entendida en jeografía de Chile, para
denotar lugares situados al Norte de aquél en que está
hablando; i aun la ilustrada a veces, cuando le ocurre
decir que algo ha sucedido o que alguien vive, en algim
lugar cuyo nombre desconoce i del cual solo sabe que
está al Norte.
Los lados de abajo, para indicar las comarcas del Nor-
te, es correlativa de los lados de arriba, que se encontra-
rá en el lugar correspondiente de este Diccionario.
Después de lo dicho, excusado parecerá hagamos notar
que abajino es un adjetivo que se aplica a los habitantes
de las provincias del Norte^i centro, por los de aquellas
que se hallan situadas mas al Sur.
ABALEAR O BALEAR.
^ «Limpiar el trigo, cebada, etc., al tiempo de aventarlo,
dice el Diccionario de la Academia, separando del grano
con una escoba los granzones i paja gruesa.»
En Chile usa este verbo, bien es cierto que solo lajen-
ie zafia, en el sentido de fusilar.
«Así debe ser. ... I es mui justo. Miren que estar en
un tris que a uno lo abaleen es para quedar con urisma,yi
(aneurisma). -(V. Hjjrwa.o. — Una víctima del honor.)
No estando este chilenifsmo justificado por la necesidad
ABA 7
ni disculpado por el uso de las personas ilustradas, daría-
mos de buena gana nuestro voto por que fuese cuanto an-
tes pasado por las armas.
ABARRAJADO, A.
Audaz, pendenciero, perdonavidas, disoluto, libertino.
(d por otra parte, cuál vida, cuál índole, cuáles hábitos
libertinos mas propios del pipiólo típico, del pelajeanu
abarrajado, que la vida, la índole, los hábitos íntimos de
don Diego Portales?» escribió el señor Vicuña Mackenna
en el libro que lleva por título el nombre de aquel procer
de nuestra organización política i administrativa, libro que,
sea dicho de paso, es el mas interesante de cuantos ha
producido su fecunda pluma; si bien se encuentran de
cuando en cuando en él apreciaciones tan injustas i equi-
vocadas como la contenida en el párrafo que dejamos co-
piado, por suministrarnos una muestra del jenuino senti-
do en que se usa el adjetivo abarrajado.
ABASTERO.
Palabra de uso jeneral en Chile, i que no figura ni en
el Diccionario de la Academia ni en ningún otro de la
lengua española.
Su equivalente castellano es abastecedor; aunque es de
notarse que, viniendo abastecedor de abastecer, i signifi-
cando este verbo «proveer de bastimentos o de otras cosas
necesarias» (Diccionario de la Academia) tiene de sujo
aplicación mucho mas extensa que nuestro abastero, que
denota solo al proveedor de reses o carnes vivas; a dife-
rencia del carnicero que es el vendedor de carnes muertas.
Un ejemplo del uso corriente de abastero nos suminis-
tran estos versos del poeta popular de Santiago, Ber-
nardino Guajardo, en su romance De todas artes:
«Primero es el abastero
Que en reses hace gran gasto
I con ellas da el abasto
A todo SantiaíTO entero.»
8 ABU
Cáese <le su peso que, no teniendo la palabra de que se
trata sinóuinio castellano, no liai por qué condenarla. Por
otra parte su uso se ha hecho tan jeneral, que a pesar de
cuantas sentencias de proscripción se pronunciasen contra
ella, sabría conservar su puesto i mantenerse en sus trece.
ABOMBARSE, ABOMBADO, A.
1." Perder en parte la lucidez de las facultades menta-
les; 2.' Ebrio, i mas exactamente achispado. También he-
mos solido oir el sustantivo homba^ aunque solo en la
frase estar en bomba,
aEl que líquido ha tomado
De noche por fantasía
Amanece al otro dia
Atónito i abombado.r\
(GuA JARDO. — El gustador,)
Abordar.
Se construye este verbo con las preposiciones a i con,
Al traductor, pues, cuyo es el siguiente pasaje, le ha-
bría estado bien abordar con el Diccionario de la Acade-
mia, voz desabordarse, o « a la Gramática de Salva, páj.
264.
«La seguí (habla de una niña) sin atreverme a abor-
darla, aunque ella dejaba traslucir una emoción de las
mas animadoras.» (El infame de Ed. About. — Traducción
de El Ferrocarril, febrero 26 de 1867.)
ABUSIÓN, ABUSIONERO^ A.
En castellano antiguo se llamaba abusión lo que noso-
tros llamamos «6w5o. También equivalía el indicado vo-
cablo a superstición, agüero', de donde el derivado abusio-
ñero, ({\\e q(i\ú\¡úq 3. supersticioso, agorero.
El señor Vicuña Mackenna se equivoca por lo tanto
cuaftdo supone que abusión es una palabra inventada por
nuestro pueblo, que si en verdad se muestra muí propeu-
I
ACÁ 9
so a creer en abusiones, no por eso puede ser tachado,
sin notoria injusticia, de sobresalir por tal aspecto entre
todos los pueblos ahusioneros de la tierra.
Léase ahora el párrafo de la Historia de Santiago en
que el señor Vicuña hace a nuestro pueblo, inocente de
ese pecado, que si de otros mas graves nó, la imputación
aludida.
((Fluctúa todavía una vaga tradición de que aquel cam-
bio de domicilio se hizo con los accidentes de una fuga,
corriendo las monjas cismáticas desgreñadas por las calles,
mientras que las que quedaban fieles al antiguo escapula-
rio las perseguian con sendos torniscones. Pero esto nos
parece haber sido una de las muchas abiisio?ies, que tal
es la palabra inventada por el pueblo mas abusionero del
mundo.»
En resumen, abusión i su derivado abusionero son dos
voces tan útiles como hermosas de entre las muchas que,
habiéndose anticuado en España, han conservado en
América el vigor de su primera juventud.
ABUTAGARSE, ABUTAGADO, A.
No son chilenismos, sino muestras palpables del descui-
do con que miramos cuanto atañe a la recta pronuncia-
ción de las palabras.
Claro se está que lo que manda el Diccionario es abo^
tagarse, abotagado, a.
ACÁPITE.
¿Quién no diria que esta palabra es castiza i de la me-
jor estirpe? No la encontramos sin embargo, ni en los
clásicos, ni en los diccionarios de la lengua. Tampoco es
cosa fácil explicarse satisfactoriamente su significado re-
curriendo al latin, de donde en apariencia procede.
Dígase, pues, en lugar de acápite y párrafo o aparte y si
no quiere decirse sangría, como aconseja la Academia en
las siguientes palabras de su Ortografía:
«A mas del punto final suelen ponerse varios apartes en
las cartas i en toda clase de escritos. Esta división que
10 ACC
consisto en no acabar el reglón final del último período i
en empezar el siguiente mas adentro de la plana que to-
dos los demás, se llama sangría i solo debe usarse cuan-
do se va a diverso asunto o bien a considerar el mismo
bajo (este bajo pone grima al señor Cuervo) un aspecto
diferente.»
ACARRALADURA.
Bastante usado, i no existe. Dígase carrera (en las me-
dias, etc.)
ACASERARSE, ACASERADO, A.
Del perro callejero i mostrenco que se introduce en una
casa i va poco a poco sacando la cola de entre las pier-
nas, i tomando confianza a medida que repite sus visitas,
se dice en tierra de Chile que se acasera. I si llega por
ventura a instalarse definitivamente, obteniendo el expre-
so o tácito consentimiento de los dueños de casa, se dice
que es un perro acaserado.
El vocablo español que mas se aproxima a acaserarse,
es encariñarse.
ACCIDENTADO, A^ ACCIDENTES.
Mas que chilenismos son éstos galicismos tan chocantes
como esparcidos en América, donde parece se tuvieran
por no existentes las muchas palabras que el idioma po-
see para indicar la idea de quebrado^ fragoso, ctspero, es-
cabroso, cerril.
Otro tanto decimos de los accidentes del terreno, por
frar/osidadf aspereza del mismo.
«Los indios del Norte de Chile eran mucho menos nu-
merosos, menos altivos, menos \}Vo[,q]\Aos]íov los accidentes
del terreno, que los del vSur, los de ultra-Biobio, los re-
nombrados araucanos. o — (M. L. Amunátegui.— ¿(/^ P/rc/ír-
sores de la Independencia de Chde.)
ACÓ 11
ACEZAR, ACECIDO.
Son estos dos vocablos una muestra mas que se nos
ofrece de los muchos que^ habiendo caido en desuso allá en
España, se conservan todavía en América como un vi-
viente recuerdo del lenguaje de los conquistadores caste-
llanos del siglo XVI. Kn la Península, si no miente el
Diccionario^ no hai mas que el sustantivo ocezo^ anticua-
do por añadidura, i los verbos jadear i carlear,
ACOBARDAR.
A buen seguro que no escribimos para nadie una nove-
dad escribiendo que acobardar es un verbo castellano,
que se usa como activo en el sentido de intimidar i como
reflexivo en el de amilanarse* Lo que sí no parecerá tan
ocioso es hagamos notar que en Chile suele usarse la
forma activa de este verbo en el sentido reflejo, i a veces
también como equivalente de temer.
Sea ejemplo de este último uso de acobardar la excla-
mación en que suelen prorrumpir los mirones de las pen-
dencias que se traban con tanta frecuencia entre nuestros
rotos: «¡No le acobardesh o «¡No hai que acobardarle un
pelo!»
Del primero nos suministrará uno el señor Vicuña Mac-
kenna. Dice en alguna parte de su Biecjo Portales: «Com-
pañero, no hai por qué acobardar^ hemos pasado lo mas
difícil del camino i ja estamos en pampa rasa. y)
ACOMPAÑAR, ACOMPAÑADO.
Entiéndese por acompañar enire albañiles,. la acción de
llenar con barro, mezcla u otro material cualquiera, los
huecos i resquicios que van qiaedando en las paredes por
la, colocación de los marcos i pilastras de las puertas, cor-
nisas, antepechos, etc.; i por acompañado el material con
que se llena, o mas ex.actamente el remiendo mismo.
Ignoramos si los alarifes en España se sirven de las dos
12 ACHA
voces apuntadas; pero si entre ellos corren, no han podido
llegar aún hasta el Diccionario de la Academia.
ACONCHARSE.
En el sentido de depositar los líquidos en el fondo las
heces o parte crasa que contengan y es chilenismo.
Véase Concho.
ACUADRILLAR.
Castellano, según la Academia, Salva i Domínguez, en el
sentido de formar , juntar i qobernar una cuadrillay es un
chilenismo de tomo i lomo en el que le atribuimos exclusi-
vamente de dar cuadrillazo (otra palabra criolla), acorné^
ter muchos contra uno,
ACUMUCHAR, SE, ACUMUCHADO, A, ACUMUCHAMIENTO.
No siendo castellano cumucho, de donde se derivan las
tres palabras materia de este párrafo^ claro es que ellas
no han de seiio tampoco .
No se descubre su oríjen ni en el araucano, ni en
el quichua, ni en el aimará. Probablemente acumuchar
es un verbo bárbaramente formado de mucho, converti-
do por un vicio de pronunciación en cumucho. Tanto
mas nos inclinamos a creerlo así, cuanto que cumucho no
es mas que el grupo de muchos objetos, ya animados, ya
inanimados. Así se dice: oNo hai en la plaza mas que
unos cuantos cumuchos de jente.» «Los rotos chilenos
están siempre prontos a acumucharse donde quiera que se
forme una zafacoca.» «Es hermosa la arboleda; ¡lástima
que los árboles estén tan acumuchado sly^
Acumuchamiento se usa a veces en lugar de cumucho^
sobre todo para denotar reunión de personas.
ACHAMPARSE.
Achamparse con algún dinero, es alzarse con él, apro-
piárselo por medio de un abuso de confianza.
Véase Champa,
ACHO 13
ACHIGUARSE, ACHIGUAMIENTO.
Achiguar y es a todas vistas i con todas sus letras, el
mismo achigua del quichua, que en ese idioma significa
quitasol. La chigua nuestra, conservando el nombre i la
forma, sirve para menesteres menos aristocráticos que
para defender del sol; v. gr. para el envase i acarreo del
pescado i de las legumbres^ i mui principalmente para
hacer las veces de cuna en los ranchos de los pobres i en
las rucas de los indios.
De un tejado se dice que se achigua cuando, cediendo
al peso, o flaqueando la enmaderación, se deprime en su
parte central.
Achiguamiento es la acción de achiguar.
Chigua i sus derivados son de uso corriente entre toda
clase de personas, i como aquél corresponde a un objeto
que es peculiar de estos paises, no vemos la razón que
habria para proscribirlo.
«Mecido en chigua i alumbrado con chamisay> se dice
de aquellos a quienes se quiere echar en cara su oríjen
humilde i plebeyo.
ACHINADO, A.
Véase chino, a.
ACHOLAR, SE, ACHOLADO, A, ACHOLAMIENTO.
Provincialismos que son comunes al Perú, Bolivia i
Chile, i que sin duda son orijinarios de alguna de aque-
llas dos repúblicas, mapa de los cholos, que suponemos
sean los mas propensos a acholarse.
«Etimolójicamente, dice Juan de Arona, en sus Apun-
tes para un Diccionario de peruanismos y su mejor sinóni-
mo (de acholarse) en buen castellano es achinarse, pues
vale quedar hecho un chino, como nuestro peruanismo que-
dar hecho un cholo. y)
El estimable literato que escribe bajo el seudónimo de
Juan de Arona, nos perdonará; pero, dudando mucho de
14 ADE
que en el Perú acholarse equivalga a quedar hecJio tni cholo,
o, para servirnos de la frase corriente hecJio un negro o
como un negro, certificamos que en Chile acholarse no es
eso. Por acá se achola el que se corre, avergüenza, ami-
lana i confunde; i por cierto que sabe mejor que nosotros
el señor de Arona que no son los cholos jenie de ahogarse
en poca agua, o^ puesto que hablamos de chilenismos,
de cocer peumo en la boca.
Ejemplo del significado corriente de acholar nos sumi-
nistra una carta de don Diego Portales a Garfias^, que pu-
blicó el señor Vicuña Mackenna, en la ya antes citada
biografía de aquel grande hombre:
«Anime usted a Tocornal (don Joaquin) no sea que lo
acholen i aburran los aniñados: dígale que no son temi-
bles i que sin duda nos costearán la risa, si sabe llevar-
los, dándoles en la cabeza como en la cuestión del se-
minario.»
ACHUÑUSCAR, SE.
Por un instante creímos que bien podría este acliuhus*
car venir de la palabra quichua chiihururani, que vale
tanto como hacer chuño, moler; pero estando persuadidos
de que en materia de etimolojías el medio mas seguro de
engañarse es hilar mui delgado, preferimos declarar inje-
nuamente que tenemos a achuñuscar por hijo de padres
no conocidos.
Significa el activo, comprimir, estrujar cosas secas, pie-
gar con peso o fuerza; i el reflexivo, encojerse, plegarse.
El equivalente castellano es achuchar.
((Concluido que hubo de leer la carta, la achuñuscó, con
muestras visibles de cólera, i la arrojó a la escupidera»
hemos leido, si mal no recordamos, en una novela chilena.
ADEFESIOS.
Los que escriben adefecio, con c, i los que creen que
este vocablo es chileno se equivocan groseramente. Pa-
rece que van descaminados también los que lo usan sin
la s tlnal, entre los cuales se cuenta la real Academia es-
pañola.
AER 15
^Adefesios — Palabra corrupta de cid Ephesios, a los de
Efeso, a quien predicó San Pablo i dirijió muchas epístolas.
Hablar ad Ephesios^ a los que no nos entienden ni enten-
demos; a otros con quien no tenemos nada que ver, dio
pié a que mas latamente luego se dijese adefesio, toda
cosa rara i extravagante.»
(Seijás. — Nota al Cuento de cuentos de Quevedo,)
ADLATERE.
Sobre esta voz observa el mui culto i erudito hablista
colombiano,, Don Rufino José Cuervo, en sus Ajmntacioyies
criticas sobre el lenguaje bogotano (obra que tendremos
que citar muchas veces, para no decir mal lo que está
perfectamente dicho) lo siguiente:
«Llámase en el Derecho de jentes legado a látere un
cardenal enviado extraordinariamente por el Papa con
amplísimas facultades cerca (Larra i Baralt se han bur-
lado de este ridículo cerca) de un soberano; i como esta
expresión a látere (del lado) denota la proximidad e inti-
midad del cardenal enviado para con respecto al Papa, ha
venido a usarse familiarmente como sustantivo (jeneral-
mente en plural aláteres) significando compañero, allega-
do, auxiliador (véase el Diccionario de Salva); pero es un
desatino decir ad látere, co mo siempre hemos oido decir i
hallamos en este pasaje: aAfanados en proporcionarse una
ocasión favorable, buscan un ad látere a la mamá i se
aferran a la deliciosa hija.-» Para comprender la razón de
esta censura, basta haber pisado los umbrales de una clase
de menores.»
ADULÓN.
Llama el vulgo al que adula, que en español se dice adu-
lador.
Véase un ejemplo en la voz Rico,
AEREONAUTA.
Dí^ifase aeronauta.
16 AGA
AFAROLARSE, AFAROLAMIENTO.
Esta projenie de farol anda por esos mundos de Dios
ocupándose en todo menos que en ayudar a Diójenes a
buscar a su hombre. Al revés, rarísimo caso será aquel
en que un hombre que llegue a afarolarse no se haga por
ende un poco bruto.
Afarolarse vale tanto como amostazarse, con la parti-
cularidad de aludir el verbo mas bien a los signos exter-
nos de ese estado del animo, que al estado mismo. Tiene
cierta semejanza de significado este verbo, que se usa
siempre como reflexivo, con azarearse, de que tratare-
mos luego.
Afarolamiento es el acto de dar muestras exteriores i
un tanto exajeradas de enojo, berrinche.
«Pues, señor, el mozo de esta historia bebió como un
carrilano i quiso después retirarse mui sí señor sin pagar
blanca. El comerciante se afaroló i quisó detenerle; pero
el bebedor sacó tranquilamente un revólver de la cintura
i dirijiéndolo al pecho del dueño del bodegón, dijo con
mucha sangre fria:
— «Pagúese usted de lo que le debo.
«El comerciante echó a correr como alma que lleva el
diablo, gritando: — ¡Auxilio! ¡Qué me matan! ¡Favoréz-
canme!» — (Crónica de El Independíente , 25 de enero
de 1874.)
AFUTRARSE.
Componerse, acicalarse, emperejilarse.
Véase Futre,
AGACHAR.
Como reflexivo es castellano; pero como activo es un
chilenismo que ni siquiera se justifica en razón de nece-
sidad, pues corresponde a inclinar, alcanzar.
AGU 17
«La dueña del santo viva^
Cogollito de romero;
Agácheme una ramita
Que me muero, que me muero!»
[Cogollo de una tonada popular.)
AGALLUDO, A.
En castellano, del que es valiente i esforzado, se dice
bien que es un hombre de agallas o que las tiene.
Nosotros hemos formado el adjetivo agalludo quo apli-
camos principalmente al taimado, astuto, zorro»,
¡AGu!
Palabra que es la primera que comienzan a pronunciar
los infantes. Se ha formado de ella una interjección que
sirve para echar en rostro a alguno que ha obrado con
la imprevisión i atolondramiento de un párvulo. Seguido
de mi alma denota familiar i cariñoso reproche.
Parece que en España los niños que empiezan a gorjear
no dijeran agú como los de por acá, sino ajó. Los diccio-
narios no lo declaran; pero Bretón escribió: «Que se rie;
(el niño) que hace «/o, ajó; que hoi hace pinitos! maña-
na el jesto do la vieja.» — [La Nodriza.)
AGUA DE LA BANDA.
Así han traducido en Chile el eau de labdnde que traen
los rótulos de algunas ampolletas de esencias i perfumes,
en lugar de agua de alhucema.
aDespidiendo un olor de agua de colonia, de la banda
i de varios bouquets etc.»
(A. Blest Gana. — Martin Rivas.)
«Lavándula (anticuado según la Academia) por otro
nombre espliego, planta de la cual se hacia una agua aru-
mática para lavarse.»
(Monlau . — Diccionario etimolójico .)
18 AGU
AGUACHARSE.
Tiene este verbo cierta semejanza de sentido con aca-
serarse i encariñarse y i aunque raras veces, se usa también
como activo en acción de domesticar o amansar.
De una novela de costumbres, titulada £"/ Huérfano, que
publicó hace poco en sus folletines El Ferrocarril, sacamos
el ejemplo que sigue:
«En habiendo trago no hai hombre que se resista. En
las últimas votaciones se me habian puesto chucaros algu-
nos; pero con una hornada de empanadas i seis arrobas de
cXúohdL \o% ahnaché \ quedaron mansitos.»
Claro se está, por lo demás, que aguachado será el que
aguacha i que la raiz del verbo es guacho, cuya etimolojía
i significado se hallarán en el lugar correspondiente.
AGUACHENTO, A.
Derivado de agua i sinónimo de los adjetivos castella-
nos aguason, aguajinoso i aguanoso, que sirven para indi-
car lo que está lleno de agua o demasiadamente húmedo.
Si a las tres palabras indicadas añadimos acuoso, de sig-
nificación mui parecida, tendremos que persuadirnos de
que en la lengua de la tierra donde se inventó aguar el
agua no hacia falta nuestro aguachento, llegado a última
hora, pero con suerte tan feliz, que ha hecho caer en ol-
vido a sus competidores en todas las bodegas, bodegones^
tambos i chinganas de la América Meridional.
AGUASARSE, AGUASADO^ A.
Aguasarse es tomar las costumbres i maneras de los
guasos. Se dice de los niños que se azoran en viendo
caras desconocidas i de los habitantes de las ciudades que
al cabo de algún tiempo de residencia en el campo se
vuelven verdaderos pájaros.
«Ya viene (el bote del resguardo) i con él una lancha i
dos chalupas i otras embarcaciones, que traen a pasear en
tierra^ ingleses taciturnos, franceses presumidos, alema-
ají 19
nes tiesos, italianos alegres, peruanos pálidos, arjentinos
er«-iiidos, españoles flemáticos i chilenos a/masados.n
(JoTABECHE.—^/ Puerto de Copiapó.)
Véase guaso.
AHUESARSE, AHUESADO, A.
Hueso, si hemos de atenernos a lo que reza el Diccio-
nario de la Academia, es castellano en la acepción de
cosa inútil, de poco precio o de mala calidad. No así ahie-
sarse, que es de bastante uso entre nosotros i que sin duda
se deriva del sustantivo indicado en la acepción referida.
Ahuesarse vale tanto como ¡ponerse algo inservible, prin-
cipalmente por la acción del tiempo, perder su valor,
importancia, oportunidad. De las mujeres que se quedan
solteras hasta una edad madura suele decirse, en estilo
familiar, que se ahuesan.
Véase, a mayor abundamiento, este ejemplo que en-
contramos en una carta de Jotabeche: «Es, pues, éste un
negocio ahuesado completamente, negocio en avería, ne-
gocio solo bueno para hacer una bancarrota. I enamóre-
se usted!»
AJÍ, AJIACO.
El primero es el nombre con que se designa en Améri-
ca la especia que los españoles llaman pimiento. Proba-
blemente es de oríjen cubano, i tan universal ha llegado
a ser su uso, que la Academia española no ha podido
menos de darle el espacio de dos líneas en su Diccionario,
Según ella, ají seria «una especie de salsa» usada por es-
tos mundoS;, «cuyo principal ingrediente es el pimiento.»
Puede que en las Antillas ají signifique eso; lo que es en
el Perú, Bolivia i Chile, ají es nada mas que el pimiento.
La salsa, cuyo principal ingrediente es el ají, se llama
en el Perú pictmte, de donde el derivado picantería, que
es la taberna o bodegón en que se espende i consume
aquél.
En Chile, donde no faltan las picanterías, nunca hemos
20 ALA
oído emplear picante como sustantivo. Tenemos, en cam-
bio, ajiacoy que es un verdadero chilenismo i que denota,
ja que no una salsa, un guiso cuyo ingrediente principal
es el ají.
Todo buen mandatario nos sopla
Veinte mil lavativas de ojí
I nos canta i recanta esta copla:
Ya sois libres i gracias a mí,
¡I... i... i... i..!
(Manuela. Fuentes. iJsi\iYáQ\di^o)—CancionnacionaL)
iiPonene como un ajU o como tin ajiacon es frase con
que se pondera el repentino enfurecerse de alguien,
AJUSTAR,
Ocioso parece advertir que este verbo es castellano.
No lo es, sin embargo, en la frase: «Le ajustaron un ga-
rrotazo, o cien azotes, etc.» Dígase de los azotes que se
¿os dieron, del garrotazo que se lo asentaron, i así según
los casos,
ALABADO .
Aunque alabado es castellano, denotando el motete que
se cantaba en alabanza del Santísimo Sacramento, en
Chile hemos conocido siempre este motete con el nombre
de henditOy i con aquél el canto de los serenos al venir
el dia i recojerse a su cuartel, canto que comenzaba:
«Alabado sea el Santísimo
Sacramento del altar
I la Vírjen concebida
Sin pecado orijinai.))
Al alabado, vale, al venir el dia, muide mañana.
ALARGADA (dAR LA).
En el juego del volantín, soltar el hilo para que los mas
grandes i encumbrados se pongan al alcance de los mas
ALC 21
bajos i chicos: «Tú eres mui cobarde, continuó María:
échale comisión sin miedo i dale lá alargada, que si pier-
des te daré yo dos carretillas de hilo i ademas prometo
hacerte otro volantín mas grande; pero si de puro co-
barde te lo llevan, no te daré nada ni te pintaré mas vo-
lantÍ7i€S,y)
(Z. Rodríguez. — Loco Eustaquio.)
ALBAZO.
Albazo trae en el Diccionario de la Academia la nota
de anticuado, en el sentido de alborada. Tenemos, por lo
tanto, como un provincialismo la frase de albazo, única
en que por lo demás se usa, para significar la hora en
que empieza a venir la primera claridad de la aurora.
....«I prometido tenia
El ir al pueblo vecino,
Al otro dia de albazo
Juntarse con cuatro amigos.»
Es ejemplo que tomamos de la novela anónima titulada
El Huérfano.
» ALCANCÍA.
Las que se llaman asi en Chile, que se suelen poner en
la puerta de las iglesias, son cejjos o cepillos; pues la al-
cancía es una vasija de barro que es preciso romper para
sacar el dinero que en ella se habia depositado: los cepos
o cepillos tienen una tapa con ese objeto.
<iEn ademan de echar una limosna en un cepillo.yy
(Domínguez. — Diccionai^io , voz Hipocresía.)
«I diez años también hace a lo menos,
El buen cura repuso algo sentido.
Que tú gastas en locas francaclielas
La limosna que cae en los ccpillos.y>
(Mora. — El Sermón.)
22 ALI
ALCUZA.
Es sinónimo de aceiteray en la acepción de vasija en que
se tiene el aceite para el uso diario; pero no es sinónimo
de angarillas y pieza de vajilla en que se ponen las ampo-
lletas del aceite i vinagre o taller, que es igual a las an-
garillas i sirve para salsas, etc.
ALEONAR, SE, ALEONADO, A.
Derivadas todas de leona, voz favorita de rotos i estu-
diantes, en el sentido de alboroto, batahola, chamusquina;
mas claro, desorden bullicioso i sin mayores consecuencias
que algunos mojicones en los rostros, i vidrios quebrados
en las ventanas.
Aleonar, es azuzar, excitar al alboroto o a la desobe-
diencia.
Aleonado es el que da muestras de andar siempre pron-
to a tomar parte en alborotos i pendencias.
Véase leona, donde se encontrará la etimolojía de estos
vocablos.
ALGORRA.
Ignoramos cuál es el nombre español de esta enferme-
dad que nuestros médicos, cuando hablan en la lengua de
los profanos, llaman musguete i también blanquillo, voces
ambas que no vienen en los diccionarios.
El nombre científico es estomatitis cremosa.
ALIÑAR, ALIÑADOR.
Verbo i sustantivo son castizos, indicando aquél, el
acto de condimentar, arreglar i componer, i éste al que
lo ejecuta. Téngase, emperO;, por un provincialismo de
nuestra tierra el uso de aliñar, en el sentido de volver a
su sitio los huesos dislocados, i el de aliñador para deno-
ALM 23
tar al curandero o sacá-potraSy que tiene por oficio asistir
i entablillar a los que se quiebran o dislocan los huesos.
ullai aquí cerca un aliñador, pues señor; el otro dia no
mas le curó a ñor Juan una pierna que se quebró aman-
sando un potrillo.»
(A. Blest Gana. — El Ideal de un calavera.)
Según el señor Cuervo el provincialismo colombiano
equivalente a nuestro aliñador, es sobandero.
En España las personas doctas han designado siempre
fcon el nombre de aljebrista al que profesa el arte de con-
certar los huesos dislocados, como lo acredita este pasaje
del Quijote: «Llegaron a un pueblo donde fué ventura
hallar un aljebrista con quien se curó el Sansón desgra-
ciado.»
Tratándose de ensaladas nada mas se sabe en Chile que
aliñarlas: no nos atreveríamos a tacharlo de impropio;
pero en España son mas usados sazonar i aderezav.
«Voi a tomar por mi cuenta el sazonar la ensalada.»
(Francisco Martínez. — Gramática española.)
(.^Ensalada — f. — Hortaliza aderezada con sal, aceite i
otras cosas,» — (Academia^ Diccionario.)
Almacigo í
Se dice entre nosotros del lugar en que se siembran
las semillas de las hortalizas, flores i árboles para trasla-
dar después a otro sitio las plantitas, i se dice mal, por-
que el nombre castizo de tales semillerus es almáciga.
ALMATROSTE.
otra palabra que se pronuncia al allá se te lo haya.
Según vemos en las Apuntaciones críticas, ya citadas,
del señor Cuervo, el vocablo este no es mas respetuosa-
mente tratado en Colombia que en Chile.
Como ahnatroste no es un provincialismo sino un ver-
dadero barbarismo, inútil será que los que lo usen quie-
ran salir airosos del paso tirándole raya por debajo: con
raya i todo no se librarán de la nota de ignorantes i gro-
seros. No hai, pues^ mas remedio que tener bien presen-
24 AMA
te que en castellano se dice del mueblejo apelillado i des-
vencijado, i a veces también del individuo que se le ase-
meja, que es un armatoste. Es de no creerlo, tan envicia-
dos estamos en el otro; pero es así.
A YUYA.
Después de advertir Salva que esta palabra es un pro-
vincialismo de la América Meridional, la define: «Rosca
de pan mui blanco i esquisito que se hace en el asiento de
Ambato (república del Ecuador) estimada sobremanera en
el Perú i Tierra Firme, por su encélente gusto i el mu-
cho tiempo que puede guardarse.»
Ignorábamos hasta el momento de leer la anterior en-
comiástica definición en el Diccionario de Salva que fué-
semos deudores al asiento de Ambato de las esquisitas
oyiiyas^ por mas que siendo golosos de ellas, hace mucho
tiempo comprendamos i disculpemos de sobra el entusias-
mo con que el señor don Vicente las recuerda.
Vi ¡Aleluya! dijo el cura
Por comerse las ayuyas;
I el sacristán dijo amen
Para tocar él también.»
Copiado este ejemplo, especie de refrán o cantinela, con
que los muchachos suelen hacer fisga a los sacristanes i
domésticos de los eclesiásticos, lo único que nos resta ad-
vertir en honor de las ayuyas chilenas, es que ellas, con
ser tan delicadas como las de Ambato^ se asemejan mu-
chísimo mas en su forma al pan que a las roscas.
La Academia escribe hallulla\ ortografía que nos parece
inaceptable.
AMA.
Son tan- conocidas en España las amas de leche como las
de llaves; pero .dudamos mucho que existan por allá las
amas secas i de brazos, aun cuando es de presumir no fal-
AMA 25
ten niñeras, esto es, mujeres encargadas de cuidar de los
párvulos sin amamantarlos.
I por cuanto la palabra ésta, que acabamos de indicar
como castiza, puede parecer extraña i poco autorizada,
por tanto se nos permitirá apoyarla en el siguiente
ejemplo:
«Para particular diversión de los niños, las niñeras \ los
soldados, liai en toda la extensión de los Campos Elíseos
multitud de teatrillos de muñecos que representan farsas
tradicionales, cuyo oríjen, según dicen, viene de Italia.»!
(OcHOA. — Paris, Londres i Madrid.)
AMACHINARSE.
En el lenguaje vulgar, contraer amistad ilícita, aman-
cebarse. Se usa principalmente en el participio amachina-
do, para denotar a los que habitualmente hacen mala vida.
También se dice en el mismo sentido amachambrarse.
AMANSADOR.
Es el que doma animales indómitos, especialmente ha-
blando de potros; pero el que adiestra los potros o caba-
llos para silla o coche se llama en España ^jicaf/oy, que
aquí decimos mal, amansador.
AMARRA.
Dan este nombre nuestros viñadores a la operación que
se hace allá por los meses de junio i julio en las viñas,
inmediatamente después de la poda, i que consiste en atar
las parras a los rodrigones con varillas de sauce, i mas
frecuentemente aún con paja de totora.
Es probable que lo que llamamos nosotros amarra, se
llame amarradura en la península.
«Así llegará la amarra.
Sin que tus cortadas guias
Pasen las noches i dias
En llorar i mas llorar.»
\7j. Rodríguez. — La Parra i el Podador.)
26 AMA
AMARRAR.
Sg usa tllsparatadamente en casos como los qiio siguen:
«El diputado que intente contestar ese discurso, tendrá
que amarrarse bien antes los calzones.y» «Es el don Ana-
cleto tan dejado de la mano de Dios que en los cincuenta
i tantos años que lleva sobre el espinazo no ba podido apren-
der todavía a amarrarse la corbata.'í) «La infeliz debe de
vivir mártir de sus muelas, pues de los doce meses del
año, seis a lo menos la veo con la cara amarrada.y>
Para expresarse con propiedad convendría en los dos
primeros casos atarse, i en el último, en vez de cara ama-
rrada, cara entrapajada.
A la cabeza de la escena XV del acto II, segunda parte
de El Tejedor de Segovia, escribió Ruiz de Alarcon: ttCm-
ciíON, entrapajada la cabeza, con báculo i macilento.»
El señor Cuervo, a quien seguimos en esta parte al re- •
dactar el espécimen que publicamos en marzo de 1874
en La Estrella de Chile, propone que, hablándose de la cara
i cabeza, se diga entrapajada. Nuestro excelente i erudito
amigo el señor D. Fernando Páulsen advirtiónos del error
en que habíamos incurrido diciéndonos en una de sus car-
tas: (sJEntrapajado es demasiado familiar i hasta un tanto
despectivo; ademas cara entrapajada no significa lo que
cara amarrada. Con IdLcaheza. entrapajada vemos frecuen-
temente a nuestros viejos i viejas; pero las niñas, que son
las que suelen andar con la cara amarrada, aunque ahora
muchísimo menos que antes, porque ya no gastan muelas
por ser muí prosaico esto de muelas (¡ahora es dolor a la
cara!) podrán andar si gustan con la cara vendada.yy
Confírmala opinión de nuestro amigo el siguiente pa-
saje de Cervantes: «Ademas estaba mohino i melancólico
el mal ferido D. Quijote, vendado el rostro i señalado^, no
por la mano de Dios, sino por las uñas de un gato,» etc. —
(Quijote,)
AMASANDERO, A,
Amasanderías, suelen llamar a las panaderías pequeñas?
jeiieralmente dirijidas por mujeres.
AMU 27
Amasandero, a, es el o la que amasa en las {imasandc-
ruis.
«Ayer como a las doce del dia murió repentinamente
una pobre mujer de oficio mu a za?idcra {\\iiy a en la z!) lla-
mada Basilia Oyarce.» -—(/.« Opinión de Talca.)
AMORDAZAR.
Muí usado, i no hai tal; pues así como de pluma forma-
mos emplumar, i de grilloF, engrillar, i de máscara, enmas-
carado, de mordaza debe formarse enmordazar, que es
como se dice en España i manda el Diccionario de la Aca-
demia.
AMPARAR.
Hace notar el señor Salva en su Diccionario que es pe-
culiar a la América española el uso de este verbo para
significar el cumplimiento de las condiciones bajo las cua-
les se concede el derecho de explotar una mina.
Es un vocablo que presta a los mineros muí buenos ser-
vicios i que pueden conservar sin escrúpulo de conciencia,
tanto mas, cuanto que el mismo rei de España dióle, sin
saberlo talvez, carta de naturaleza en las Ordenanzas de
minería que dictó para Méjico, en Aran juez, hace justa-
mente un siglo; en cuyas Ordenanzas habla el título IX
<iDe cómo deben labrarse, fortificarse i ampararse las
minas»-»
AMURRARSE.
¿Quién podria decirnos si nuestro conocido amurrarse e^
una corrupción de amorrar, como parece darlo a entender
el señor Reyes en el vocabulario que ha puesto al fin de su
( iramática, o si se encuentra su verdadero orijen en el sus-
tantivo murria, que denota, según la Academia, una <ces-
pecíe de tristeza i cargazón de cabeza que obliga al hom-
bre a andar cabizbajo i melancólico?»
Resuelva el lector intelijente, que non nostrum tantas
componer e lites.
28 ANT
ANEGAR.
Hacemos mención de este verbo con el exclusivo objeto
de recordar a los olvidadizos que
«El llanto que al dolor los ojos niegan
Lágrimas son de hiél que ei alma anegan.)^
No hai, pues, que tomar de lazarillo para conjugarlo al
traidor negar, que no teniendo pito que tocar en el con-
cierto, lo menos que haria seria llevarnos al pantano de
las casas que se aniegan, lo mismo después que antes de
niveladas las acequias.
Los eruditos explican la desemejanza de facciones entre
negar i anegar, por una razón de linaje, pues dicen que
mientras aquél viene de negare (compuesto de 7ie i aio)
éste trae su oríjen de inacaare, o acaso déla raiz del fran-
cés noycv.
ANIEGO
Nadie ignora que una de las peores plagas que ejercitan
la paciencia del vecindario de Santiago es la de los anie-
gos. Lo que sí ignorábamos nosotros hasta hace poco, era
el nombre castizo de una cosa tan conocida,! que según la
Academia no es aniego, sino anegamiento o anegación.
¡Lástima que no pueda abrigarse Ja mas leve esperanza
de que aquel bastardo abandone el oñcio que tiene usur-
pado a estos dos hijos lejítimos de anegar!
ANTINATURAL.
Lo que es contrario al orden de la naturaleza se llama
contra natural, no anti natural como dicen algunos:
«lo que prueba que tal exceso de veneración al rei
no parecia anti-natural a los que la oian o leian (se habla
de una comedia).»
(M. L. Ku^j^kTFÁjVi.^ Precursores déla Independencia.)
APB • 2^
El Diccionario de la Academia no trae immhtval; pero
buenos escritores modernos lo han empleado.
.... Bulliciosamente coronado de aplausos todo jesto
innatural y todo ademan grotesco, etc.»
(Larra. — Teatros.)
APARTA.
Así como nuestro pueblo, en su invencible tendencia a
abreviar frases i palabras, volviendo la espalda a amarra-
dura, inventó el sustantivo amarra, i desatendiendo las
reglas de la derivación, formó aniego de anegar, con per-
juicio de anegación i anegamiento, así de apartar, en una
de sus mas usadas acepciones, formó aparta, tratando
como si no existiese al infeliz apartado, que, si la Acade-
mia no miente, equivale a «separar las reses de una va-
cada para varios objetos.»
Apuntamos este chilenismo, mas bien para que proce-
dan con conocimiento de causa cuantos lo emplean, que
para condenarlo; pues no somos de aquellos que, despre-
ciando el consejo del sabio, neeoneris contra ictum fluvii,
gustan de lanzarse corriente arriba por nonadas.
APARRAGADO, A.
Es un adjetivo de uso frecuentísimo, ya para indicar
la condición de aquellas plantas que se levantan poco de
la tierra i se extienden mucho en superficie, ya para sig-
nificar que alguna persona, o animal o ave se encoje, i acu-
rruca, alebresta i pega al suelo.
Contra éste sí que no pueden hacerse valer circunstan-
cias atenuantes, como quiera que, amen de feo, es inútil,
desde que tenemos el adjetivo aparrado, al cual por venir
derech amenté de parra, no hai pero que ponerle.
APEGUALAR, APEGUALADO, A.
Amarrar el lazo a la pieza de la montura que tiene el
nombre de pegmd.
30 Al^K
Desconocemos el equivalente castizo, talvez porque no
hemos tenido la fortuna de dar con él, o mas seguramente
porque no existiendo en España la cosa, no existe allá
tampoco el nombre de ella.
Véase pegual.
APELLIDOS EN PLURAL.
((Antes de cerrar este prefacio, creemos excusado el dis*
culpar el error gramatical en que hemos incurrido volunta-
riamente al conservar el nombre plural de íkLos Carreras^^
con que son popularmente conocidos los protagonistas de
de nuestro trabajo.
(B. Vicuña Mackenna. — El Ostracismo de los Carreras.)
¡I vaya que el soberano pueblo tiene razón contra e^
señor Vicuña, i que está bien dicho los Carracas!
«Para conocer la variedad que emplearon en esta parte
nuestros mayores basta abrir las obras de los Argensolas.
(Salta. - Gramática castellana.)
c(Pues fué poco después que de los Lavas
Las cabezas a Córdoba trajeron.»
(El duque de Rívas. — Moro expósito.)
«I con decir que estos versos son de uno de los Argen-
solas » — ( B arált . — Diccionario de Galicism os .)
^Carvajales (Juan i Pedro, Los) Estos dos famosos her-
manos» etc. — (Domínguez. — Diccionario.)
¡jl hoi tenemos una plaza de los Camero!!
APERCANCARSE.
Véase percan.
APERCIBIR, APERCIBIDO, A.
Abusamos de apercibir cuantos tenemos la mala costum-
])re de usarlo por, ver, notar, descubrir; pues no significa
eso, uno prevenir, disponer, p?rparar.
I
APO 31
<(Coiié en mi aposento, cerré la puerta, apercibí m\ es-
pada, encomendérae a Dios i no quise acostarme» dice
Cervantes en La Española inglesa»
Apercibido es pi'eve7iiclo.
«Cual león a la presa apercibido
Sin recelo los impíos esperaban
A los que tú, señor, eras escudo.»
(Herrera.—^ la batalla de Lepa?ito.)
APERCHAR.
En español no existe este verbo con que denotamos la
acción de amontonar en rimero la madera, los adobes , i
varios otros objetos.
APLOMAR.
Como reflexivo este verbo es en español sinónimo de
desplomarse.
En Chile se usa mucho familiarmente por acerqonzarse^
correrse.
APÓRÜNAR^ APORUNADO, A.
Derivados manifiestos de pornhu vocablo cuyo sentido
daremos en el lugar correspondiente, i que, si no nos en-
gañamos, viene a su vez del araucano purimco, tiesto de
barro a manera de cantarito.
Suele usarse el verbo como sinónimo de atesorar. Apo-
ruñado equivaldría a encanutado, sí éste trajese a la men-
te la idea de corvo, que también trae aquél. Así de las
uñas podrá decirse que son encanutadas cuando forman
como una media caña; pero cuando, creciendo, vuelven
sobre sí mismas, cual sí quisieran dar un vistazo a la pal-
ma de la mano por encima de las yemas de los dedos,
entonces se dirá de ellas, sin levantarles una calumnia^
que se aporuhnn o que están aporuñadus.
32 APO
APOSTROFE.
El haber visto impropiamente empleada esta voz liasta
en textos elementales de gramática, nos mueve a adver-
tir que no debe confundirse con apóstrofo.
Apostrofe denota la figura de retórica que consiste en
cortar, el que habla o escribe, el hilo de su narración o
raciocinio para dirijir la palabra a Dios, a la naturaleza,
etc.; mientras que apóstrofo se llama el signo que marca
en la escritura la supresión de alguna letra, jeneralmen-
te vocal, al fin de dicción.
Aun cuando nuestro sentir se apoye en la autoridad de
la Academia española, de Salva, Domínguez i la mayor
parte de los buenos gramáticos i diccionaristas, justo será
hagamos saber al lector que no faltan mui respetables
autores que escriban apostrofe para denotar la figura de
gramática, entre otros Capmany i Alcalá Galiano, en el
Arte de traducir.
APROXIMATIVO, A.
Lo que es con corta diferencia semejante a otra cosa, se
aproxima o es aproximada a ella; mas no es aproximativa y
como dicen muchos, porque aproximativo es lo que aproxi-
tnay i nada mas.
«Valdivia... procedió a hacer una distribución aproxi-
matina de indios imajinarios entre sesenta i tantos veci-
nos,» etc.
(M. L. Amunátegui. — Precursores de la Independencia.)
APOTRERAR.
Dice don Vicente Salva que apotrerar es un provincia-
lismo cubano que indica el acto de echar el ganado ca^
bailar al potril (potrero) para que engorde.
En Chile, donde raras veces se pone en potreros de
engorda el ganado caballar, el verbo de que tratamoí?
ARB 33
significa, como nadie lo ignora, dividir el campo en po-
treros; (casi no tenemos valor para escribir potriles.)
El equivalente castizo de apotrerar es adhesar.
APUNARSE, APUNADO, A.
Provincialismos del Perú, Bolivia i Chile. Contraer la
enfermedad llamada puna, palabra quichua que significa
la tierra fria o páramo.
En Arequipa, si nuestra memoria no nos es infiel,
oimos que se usaba apunarse en la acepción de padecer
los ahogos i fatigas que se sienten en la subida de las altas
montañas. Su recto sentido, empero, es el de helarse o
enyertarse, accidente que suelen experimentar los que
viajan por las cordilleras andinas.
((A esta incomodidad se agregaba el encontrarme apu^
nado, que el lugar era sombrío i que al caer la tarde se
nos habían presentado dos viajeros cuya pobreza i enfer-
medad me consternaron.»
(S* Estrada. — Apuntes de viaje.)
En Colombia se usa por arrecirse, emparamarse.
Véase Puna.
aquilón.
toiaquilon es como se llama el emplasto.
ARB0LIT0.
Claro está que arholito es una de las formas diminuti-
vas de árbol; pero en Chile llamamos arholito por anto-
nomasia, lo que en España se llama árbol de fuego: «ar-
mazón de madera vestida de varios fuegos artificiales
que se parece algo a un árbol,y) según la Academia;
«invención pirotécnica análoga a la forma de ciertos ár-
boles,)) según lo explica Domínguez.
«¡Ai! ¡la deja! j esconde a Díamela! gritó doña Engra-
34 ARO
cía, al ver salir en dirección a ellos, del arbolító mas
próximo, uno de los colietes que llevan ese nombre.»
(Blest Gana. — Martin Rivas.)
ARCEDEAN.
Lo ponemos aquí para provecho de los que, usándolo,
dan por lo menos muestras de una enorme distracción, i
las mas veces pruebas de ignorar que, como dice el señor
Cuervo en sus ApuntacioneSy cda i es de familia en esta
voz, pues orijinalmente significa el primero de los diáco-
nos i nada tiene que hacer con deán, dejeneracion de
decano (en latin decanus, jefe de diez {decem) soldados.)»
En dos palabras, arcedian o arcediano es como debe
decirse. I vaya un ejemplo:
«El no pide que le deis
Una cola de arcediano,
Ni quiere ser intendente,
Ni duque, ni veinticuatro;
«Solo quiere ser abate:
¡Qué pedir tan moderado
El suyo, si por ventura
El ser abate es ser algo!»
(MoRATiN. — Romance al conde de Floridablanca.)
ARCIONERAS.
Llamamos así las correas de que se suspenien los es-
tribos, las mismas que en castellano se llaman aciones,
como se ve en este ejemplo de Ercilla:
«Los cansados peones se contentan
Con las colas o aciones aferrados,»
i en este otro de Cervantes:
^ «Fuese Sancho tras su amo, asido de un ación, de Ro-]
cinante.»
ARD 35
ARDILOSO, A.
Acerca de ardiJoso, dice Juan de Aroiia en í-u Diccío-
rtario de peruanisíiios: «Por ardidoso, lleno de ardides,
mañanas o tretas. Excusado parece advertir que el cam-
bio de la d en /, mas que ignorancia o descuido en la
pronunciación debe argüir un sentimiento de eufonía.»
«Esta palabra es mucho mas usada en Chile que entre
nosotros.»
Oigamos ahora con mas espacio al señor Cuervo, que
a fé que bien merece ser oido:
«Es curioso, dice, ver el número de voces mas o me-
nos usuales entre nosotros que ja en la Península han
caido en desuetud; hecho es éste mui fácil de explicar
para quien tenga en cuenta la incomunicación en que
vivieron nuestros abuelos i en que hemos seguido vivien-
do nosotros con los españoles transfretanos; tales voca-
blos son monumentos i reliquias de la lengua de los con-
quistadores que deberían conservarse como oro en paño,
si la necesidad de unificar la lengua en cuanto sea posi-
ble i razonable no exijiera la relegación de muchos de
ellos. Veamos algunas muestras... ardidoso, que decimos
ardiloso a guisa de portugués... a la manera que de IvJa-
drid se saca madrileño. Los portugueses dicen a^nUl i no
ardid.
«Eu tenho imaginadu no conceito
Outra manhia e ardil que te contente.»
(Camgens .— Liisiadas. )
Ahora, terciando nosotros en el asunto, con permiso
de los lectores, observaremos que si bien es indudable
que el ardiloso chileno viene de ardid como el colombiano
i peruano, tiene aquél de particular que no conserva el
sentido de su raiz. En efecto, por acá llamamos jeneral-
mente ardilosos a los niños i a las mujeres, que de todo
se asustan, i gritan, i quejan; en suma a los mismos que
el Diccionario de la Academia califica de alharaquientos.
36 ARG
ARENILLERO.
Al vasito en que se echa la arenilla llamamos invaria-
blemente arenillero, palabra de correcta formación, pero
innecesaria desde que sirve para denotar el mismo obje-
to salvadera.
arestín, arestiniento.
El señor Vicuña Mackenna en su Historia de Santiago
señala como un chilenismo esta palabra que es castiza.
if^Arestil o arestín, dice la Academia, escoriación que
padecen las caballerías en las cuartillas de pies i manos
con picazón molesta.»
Equivocóse, pues, el P. Fébres al incluir esta voz en
su Diccionario araucano, traduciéndola por rascarse los ca-
ballos.
Hai que advertir que el arestín en Chile es una enfer-
medad mas de perros que de caballerías, i que en vez de
llamar arestinado al que la tiene lo llamamos arestiniento.
arete.
Aun cuando la Academia se haya decidido a dar en su
Diccionario un lugarcito a arete, remitiendo al lector por
su significado a la tercera acepción de arillo, no debe ol-
vidarse que esta voz es nativa de Cuba, donde, según el
señor Salva, equivale a zarcillo o "pendiente, que es tam-
bién el sentido preciso que tiene en Chile.
ARGUENAS.
El Diccionario pone a este sustantivo la nota de anti-
cuado, i lo da como sinónimo de alforjas. Si así es en
España, arguenas, en el sentido de armazones de varillas
forradas en cuero, que sirven para acarrear a lomo de
caballo las verduras que se venden a domicilio, i a lomo
de burro la arena, piedras de empedrar, etc., debe ser
considerado como un chilenismo.
ARO 37
Al que vende algo en arguenas i al que las hace i las
expende se le llama argiienero, que no es castellano.
ARMAZÓN.
Decimos en Chile a lo que en castellano se llama aim-
queles o sea anaquelería.
aAnaqueles— los estantes en que se ponen las mercade-
rías en las tiendas.»
( Salva . — Diccionario . )
(d por mostrador una mesa larga de pino sin pintar
como la destartalada anaquelería.»
(Hartzenbusch. — ^/ Mercader de la calle mayor.)
Ni faltan, aun entre la jente suficientemente ilustrada,
quienes den a armazón el j enero masculino.
arnés.
El señor Gormaz cree inadmisible o poco menos a ar-
neses por jaeces. Cierto que esta acepción de arnés no
cuenta con la autoridad de la Academia; mas cuenta en
cambio con la de mui respetables escritores peninsulares.
«I en este recinto están los pesebres para sesenta ca-
ballos, los cuartos para guardar los harneseSy las coche-
ras,» etc.
(h J. DB Mora. — No me olvides,)
«El conjunto de los arreos i arneses para andar a ca-
ballo.»
(Salva. — Diccionario, voz Cabalgar.)
La Academia dice guarniciones', [voz Desguarnecer.)
¡aro! o ¡haro!
Interjección, a lo que entendemos, exclusivamente chi-
lena, cuyo significado i uso se esclarecerán mucho mejor
que con Jas explicaciones que pudiéramos dar, con el pa-
saje que va en seguida i que tomamos de El Huérfano:
38 ARR
«De repente salió del medio de la concurrencia el for-
midable grito de
— i(¡Aro! ¡aro!))
«Todo el mundo calló como por encanto; cesó la voce-
ría; paró el baile i los bailarines quedaron en la misma
posición en que la voz los habia sorprendido. Entonces el
que hacia de bastonero se acercó a ellos con un vaso de
licor i, después de hacerlos beber, les dijo con cómica
gravedad:
— «¡Dios me los guarde para que beban siempre en el
mismo vaso!»
¿Será este ¡aro!, el ¡ari! ¡ari!, que en quichua significa,
¡así! ¡7nui bien!t
ARRANCAR.
Aun cuando sabemos que una de las acepciones castizas
de este verbo es, partir con violencia para seguir co-
rriendo, emprender la carrera, barruntamos sea peculiar
a Chile aquello de confundirlo con huir, retirarse, apar-
tarse, como cuando se dice que el gato arranca del perro,
i que los ratones arrancan de aquél, o como cuando se
canta por esas chinganas del diablo aquella zamacueca de
pata eíi quincha:
«Quien de otro se retira
Es porque teme,
I los hombres no arrancan
De las mujeres.»
ARREA o Arria, arrear, arriar, arreo, arrearse.
Hai que advertir acerca de estos vocablos: 1.° que ni
arrea ni arria son castellanos, pues lo que por acá lla-
mamos así, en España se ha llamado siempre recua: 2.°
que arrea o arria es mucho mas usado en la República
Arjentina que en Chile, donde la palabra corriente, ni es
ésta ni recua tampoco, sino tropa; 3." que como la voz
de que tratamos viene sin duda alguna de ¡Arre!, grito con
que se estimula a caminar a las caballerías, su forma mas
correcta parece arrea, aunque la otra tenga en su abono
ARR 39
el conformarse mejor con la índole de la lengua, que re-
chaza la acentuación esdrújula en las palabras que termi-
nan por dos vocales llenas.
«Las arreas de muías que conducen al Rosario pasas de
uvas i orejones de duraznos se sucedian sin interrupción.))
(S. E^Tfikjyk.— Apuntes de viaje.)
Con respecto a los verbos activos debe tenerse mui pre-
sente que, aunque castellanos ambos, son de significación
completamente diversa.
Arrear es aguijar las bestias para que caminen; i arriar^
voz^náutica que significa bajar las velas o banderas.
«Llegó Sancho a su amo, marchito i desmayado^ tanto
que no podia arrear a su jumento.»
fC ER YANTES.— Z)o?i Quijote.)
«Traiga Ud. un clavo i un martillo i clave üd. la ban-
dera porque este navio no la arria. y)
(Fernández de Ángulo.)
Agreguemos, para concluir, que arrear se usa también
como reflexivo i que entonces equivale a engalanarse, ata-
viarse, puesto que se deriva de arreo.
«La singular belleza suya i las apariencias de la incom-
parable honestidad de que se arrea, son partes para que,
no solo sea querida, sino adorada de todos cuantos la
miraren.))
(Cervantes. — Galatea.)
arremingarse, arremingado, a
Sin duda ninguna que este arremingarse es ni mas ni
menos que el castellano remilgarse, groseramente desfigu-
rado; solo sí que mientras el remilgarse trae a la mente
la idea de pulidez, compostura, delicadeza i gracia en el
porte i facciones, el arremingábase vulgar lleva en su sen-
tido un sies-noes de altanería i hasta de orgulloso de-
senfado. De ahí es que por lo jeneral se aplique mas bien
que a las niñas melindrosas i marisabidillas, a las jamonas
presumidas i de mala índole.
40 ARR
arrenquín o arrinquín .
En Cuba, según Salva, se llama así a la bestia delan-
tera que sirve de guia a la recua.
Juan de Arona afirma usarse en el Perú, no solo arriii-
quin, sino también arrinquina, según el sexo a que se
aplica;, conservando sin alteración notable la signiflcacion
de su orijinal, arlequín.
En Chile hemos oido este vocablo siempre en su termi-
nación masculina, pero en dos sentidos diversos. Unas
veces denotando a aquellas personas que viven en charla
i movimiento ^perpetuo, i son verdaderas ardillas huma-
nas, i otras al ayudante, jeneralmente muchacho, que
suelen llevar los carreteros para que los desempeñen en
ciertos menudos quehaceres.
A la bestia que guia la tropa, i que casi siempre es
una yegua, la llamamos madrina, i al jinete que la tira
del cabestro o que lamenta, marinero o marucJio.
ARREVESADO, A.
El término castizo que puede aplicarse a las personas
que hacen las cosas, o a las cosas hechas, al revés, em-
brollada i caprichosamente^ es enrevesado o revesado.
«... En cuarenta álbumes
(¡Qué revesado plural!)
La he puesto yo por mi cuenta.»
(Bretón. — El Cuarto de hora.)
Leemos no obstante en aJEl examen crítico-histórico
del influjo que tuvo en el comercio y industria i población
de España su dominación en América y por Arias i Miran-
da: ((I de inclinaciones arrevesadas .y)
ARRIBA, ARRIBANO, A.
Correlativos de abajo, abajino, a, cuyo significado he-
mos ya expuesto; por lo cual, remitiendo al lector a lo que
I
ARR 41
allí se dijo, nos limitaremos a copiar aquí una frase del
Do7i Diego Portales, en que se trata de ciíribanos: «Ade-
mas, por los pasajes que ya hemos citado de la correspon-
dencia íntima de PortáleS; se deja ver que no se las tenia
todas consigo al tratar con Prieto, quien encerraba en su
ánimo toda la suspicacia peculiar de los arríbanos , sin
carecer de capacidad i de una mas que mediana obstina-
ción para sostener sus ideas.»
ARRISCAR, ARRISCADO A.
Arriscar es castellano denotando eiigreirse o erguirse,
i de ahí que arriscado lo sea también en el sentido de ga-
llardo, brioso, desenvuelto.
No debe decirse, por lo tanto: ccEs una lástima que la
niña no sepa reirse sin arriscar la nariz» ; ni mucho me-
nos de aquellas narices que parecen temerosas de que la
boca se las coma, según huyen de ella i se levantan, na-
rices arriscadas, a no ser que se tenga el detestable gusto
de encontrar gallardas i apuestas cuantas en Castilla me-
recerían con justicia el calificativo de arremangadas, t^es-
pingadas, arregazadas.
«Nariz arregazada, la que está levantada con el pico
hacia arriba.»
(CovARRÚBiAS.— Tesoro de la lengua castellana.)
«Vieja escarmentada pasa el vado arregazada. ->>
[Id.— Idid.)
ARRITRANCA.
íiai en castellano retranca, correa ancha^ según la Aca-
demia, que se pone a las bestias en lugar de grupera o
ataharre.
Arritranco es un provincialismo cubano que equivale a
trasto viejo, mueble inútil, armatoñe.
En Chile se pronuncia vulgarmente arritranca, atribu-
yéndole, ya el sentido de retranca, ya uno que se aproxi-
ma algún tanto al cubano arritranco, pues denota todo lo
que es superfluo e inútil en materia de adornos i dijes
amontonados con poco gusto.
— «¿Qué le parece, papá, mi vestido?
42 ASI
— alüstaria bonito si tuviese algunos vuelos i cintas de
menos. Ya sabes que soi enemigo de arritrancas, y>
ARRUMBE o ARRUMBRE, ARRUMBARSE, ARRUMBADO^ A.
Ni arrumbe ni arriimhre son castellanos, pues en cas-
tellano se dice herrumbre i herrin.
«La azorada inquietud deje las almas,
Deje la triste herrumbre los arados.»
fBELLO. — La Agricultura de la zona tórrida.)
Se usa bárbaramente arrumbado, cuando se quiere de-
notar con él que algunos objetos están tirados por ahí,
sin uso i privados de las caricias del plumero.
Ni es mas propio llamar dulce arrumbado al que, por
haberse dejado enfriar en alguna paila de cobre^ se ha
oxidado.
Conviene hagamos notar aquí la diferencia de signifi-
cación que existe entre herrin i herrumbre.
üerrin es una herrumbre determinada; de un sable^ de
una paila, etc.
Herrumbre es herrin indefinido, jeneral; no la de un
objeto determinado, sino de todos los que puedan tenerlo,
sean como quieran, estén en donde estén.
Entre herrin i herrumbre media la misma diferencia
que entre pesar i pesadumbre^, podre i podredumbre^ te-
cho i techumbre, certeza i certidumbre, luz i lumbre, etc.
(Véase Roque Barcia, Diccionario de Sinónimos, tom. I,
pájs. 393, 394 i 395.)
ASÍ NO MAS.
Muí usado entre jentes de todas las categorías sociales.
Equivale al doucement de los franceses^ i al piano, piano
de los italianos.
Cuando a la vuelta de alguna esquina un importuno
nos sorprende con su: «¿Qué es de su buena vida? ¡Cuán-
to me alegro de verlo! i ¿Cómo está Ud.?» no hallando
nada mejor que contestarle^ le contestamos de cajón:
nAsi, asií), o (s<Asi no mas.y>
ATO 43
Cuando un enfermo lia pasado una noche sin notable
mejoría ni agravación de su mal, la dueño de casa dice
por la mañana al criado: «Si vienen a saber de la salud
del caballero, contéstales que está asi no mas.y>
« bien sabe el portador que ha de traer de vuelta
las gracias dadas i el parte de que el enfermo está aú no
mas*y>
(JoTABECHE. — Una eiifermedad.)
ASOROCHARSE, ASOROCHADO, A."
Vocablo orijinarió del Perú, probablemente de oríjen
quichua, aun cuando no es posible descubrir concordancia
alguna de significado entre soroche i las dos palabras qui-
chuas que mas se le asemejan en su estructura, conviene
a saber, zorochi, el que vive a sus anchas, i zuruchicy
margajita.
Soroche es la sofocación i ahogo causados por la rareza
de la atmósfera en las rejiones que se hallan a grande
altura sobre el nivel del mar.
En una relación escrita por el viajero Mr. Wedel, de la
subida que hizo al Misti, parte de cuya relación trascribimos
nosotros en los Apuntes de viaje que publicamos sobre
Arequipa en La Estrella de Chile^ hallamos el siguiente
párrafo:
«A medida que mas nos elevábamos, no solo aumenta-
ba la opresión, obligándonos a hacer descansos mas pro-
longados, sino venia aún a aumentarse la fatiga de los
miembros, accidente mas molesto que el soroche, pues un
descanso de algunos minutos no bastaba para aliviarlo.»
Réstanos solo agregar que asorocharse, en el lenguaje
usual del vulgo, es perfectamente sinónimo de nihori-
zar se,
ATORARSE.
Este verbo en castellano vale tanto cómo atascarse; por
donde se comprenderá que no lo usamos como es de-
bido, empleándolo para denotar que tenemos algo dete-
nido en la garganta.
44 AVI
La palabra que conviene en casos tales es atragantarse.
ATRASARSE.
Es mui castizo atrasado, en el sentido de pobre, empc^
hado, etc.; pero no lo es atrasarse en el sentido que le
dan nuestros guasos en frases como éstas: «Desde que
empezaron los aguaceros se atrasó este ternerito.» «No
ha salido hoi al trabajo ñor Julián porque, segando, con
la echona se atrasó de una mano.))
En tales casos atrasarse tiene una significación análoga
a desgraciarse, de que hablaremos a su tiempo.
ATURULLAR.
Se dice jeneralmente por confundir, desuanecer a una
a gritos, morisquetas, manotadas, etc.
Dehe decirse aturrullar.
autonomía,
El señor Bello dice que el uso mas común es acentuar
la o de la terminación, autonomia. Lo común es acentuar
la i, autonomía; i eso es también lo que enseña el Diccio-
nario de la Academia.
avalancha.
Muí buscado por los poetas principiantes. Es palabra
francesa, i tan desvergonzada, que apenas si ha tomado la
precaución de mudar en «5 la e con que termina en aque-
lla lengua para penetrar en los dominios de la nuestra.
Es tanto mas urjente desterrarla, cuanto que, teniendo
en castellano alud i lurte, maldita la falta que nos hace.
aviar.
En castellano, preparar lo necesario para el viaje.
Nuestros campesinos i peones lo usan mucho en el sen^
AYE 45
tido de anticipar dinero a cuenta de trabajo. Así en los
dias sábados, a la hora del socorro, no es raro oir frases
como ésta: — aPatron, ¿podría hacerme Su Merced el favor
de aviarme con un peso, que es para sacar un parcito de
calzoncillos?»
AYIO.
La montura, enjalma, pellones i demás piezas que usan
Iiuestros guasos, en vez de silla de montar a caballo.
«Mi verdadera confianza
Está en el Padre querido
Que a todos ha redimido,
I desde que su hijo soi
A caballo al cielo voi
Si Dios me presta el avío.y)
(GuAJARDc— £o5 Espolones del Diablo.)
AVOCASTRO.
De sentido mui semejante a la palabra española ave^
chucho, ave de aspecto irregular o repugnante, persona
contrahecha.
Es sin duda alguna este chilenismo dejeneracion del
anticuado avucastro que se aplicaba a los enfadosos i ma-
jaderos.
«En un aposento de la Catedral de Toledo vimos en 1859
una colección de estos abocasiros que así también se lla-
maban (ciertas figuras de mojiganga.)»
(B. Vicuña IslkQKE^^k.— Historia de Santiago.)
AYECAHÜE,
Dícese de la persona ridiculamente vestida, i también
de las cosas grotescas i que mueven a risa. Es de uso
mucho mas común al Sur del Maule que en las provincias
del centro i Norte de la República.
46 AZA
Si no nos engañamos, viene del araucuno oyecariy reír-
se, o ayecamiy risible.
El provincialismo mejicano correspondiente a ayecahue
es figuroso.
AZAREARSE, AZAREO.
No puede decirse de estas palabras lo que de los gus-
tos, que acerca de ellos nada hai escrito.
En prueba^ dice Juan de Arona, en sus varias veces ya
citados Apuntes:
«Azarearse. — Llenarse de azar, de sobresalto. Descon-
certarse, desazonarse, inquietarse, desasosegarse, esca-
marse. Talvez sea este último verbo el que mas se le
Tjcerque.))
«El azareo es producido en el individuo, ya por las ex-
trañezas^ voluntarias o involuntarias, de alguna persona,
ya por las fatales apariencias de las circunstancias.»
c(Si todos los que usan este verbo i este sustantivo lle-
garan a convencerse de un golpe de que no están en el
Diccionario^ i que era necesario renunciar a ellos, habría
un cataclismo mental. I es que con azarearse sucede lo
que con empavarse , que corresponde a una vehementísi-
ma necesidad, real o ficticia, de nuestro modo de sentir.»
ikTener azar, es buen castellano.»
«... Mas habiéndose mudado
De la casa a otro día
Por el azar que dice que tenia
Con ella...» ,
(Calderón. — No hai cosa como callar.)
I el señor Cuervo en su no menos utilizadas Apunta"
dones:
^Azararse vale torcerse un asunto o lance por sobre-
venir un obstáculo imprevisto. No lo entienden así nues-
tros coterráneos, como que afirman azararse si los miran
de frente, i casi todos los escolares se ven aquejados del
mismo accidente si el maestro les muestra a deshora la
palmeta. Se viene a los ojos que se ha confundido esta
voz con azorarse, cuvo sentido es sobresaltar, conturbar,
AZA 47
i derivado de azor, (ave de rapiña usada en la cetrería ó
caza de aves por medio de halcones, neblíes i otras aves
de la misma ralea) a cuya vista se ahuyentan i desbara-
tan las bandadas de palomas, perdices, etc.»
Ahora, si nos fuese lícito agregar unas pocas palabras,
diríamos que es azorarse i no azararse el que debe ser con-
siderado como padre de nuestro azarearse, si bien se nota
entre ambos una notable diferencia de significado. Hai,
en efecto, en el que se azarea (i esto no lo ignora ningún
compatriota nuestro) algo mas que amilanamiento i rubor;
hai también ira concentrada i sangre que, en vez de en-
friarse como en el azorado, se calienta, como en el que
siente despertarse sus belicosos o vengativos instintos.
Es notable el siguiente pasaje de Cervantes porque en
él se encuentra empleado el verbo azorarse en significa-
ción mui semejante a la de nuestro azarearse:
«Mi asno, respondió Sancho, que por no nombrarle con
este nombre le suelo llamar el rucio, i a esta señora due-
ña le rogué cuando entré en este castillo tuviese cuenta
con él, i azoróse de manera como si la hubiera dicho que
era fea o vieja.»
(Quijote.)
B
BABERO.
A no haber visto por ahí en algún vocabulario de los
gazapatones mas corrientes en Chile esta voz, nos ha-
bríamos abstenido de escribirla aquí; pues lo único que
deseamos advertir sobre ella es que, no cediendo en lo
castizo a sus dos sinónimos babador i babadero ^ los aven-
taja en ser mucho mas jeneralmente usada por toda clase
de personas.
BABOSO.
Ko es ése el nombre castellano del dañino i repugnan-
te animalejo que a despecho de queltehiies i jardineros
devasta los jardines de la capital. En España, donde se-
gún el Diccionario de la Academia es mui común i de
donde seguramente fué importado a Chile,^ le atribuyen
jénero femenino, llamándolo babosa.
No es extraño, por lo demás, que haya entre la madre
patria i Chile discordancia sobre el jénero del molusco
deque tratamos, pues habiendo consultado nosotros aun na-
ralista a fin de obtener datos exactos, nos aseguró que
todos tenían ambos sexos i que mui bien habría podido
suceder que cuantos existen en Chile viniesen, no de una
sola pareja, sino de un solo individuo.
Lo mas seguro i lo mas limpio seria decir limaza^ como
parece aconsejar Domínguez en su Diccionario.
50 BAG
BACENILLA,
Para comprender cuan extraviados andan los que así
pronuncian, no se necesita de mas que de advertir que
siendo el primitivo bácirij las leyes de la derivación exi-
jen bacinilla.
Ahora si se nos preguntase: ¿por qué bacín i no vasin i
de consiguiente vasinillaV, contestaríamos casi con segu-
ridad plena de no engañarnos: porque no se trata de un
vaso pequeño, sino de algo que tiene sus puntos de se-
mejanza con una pequeña bacía.
En lo antiguo bacin i bacía eran poco menos que sinó-
nimos.
BADULAQUE.
Usase a veces en Chile en un sentido que no tiene,
cual es el de bellaco^ belitre.
Badulaque, es sandio, tonto, fatuo, necio.
BAGUAL o GUAGUAL, BAUSÁN.
Según Salva bagual es un provincialismo de las Anti-
llas i de la América Central, donde equivale a feroz, in-
dómito. Así se llama por esas tierras ganado bagual al
ganado montaraz o bravio.
En Chile llamamos bagual o guagual i también bausán
al hombrote, máxime si a su elevada estatura i muchas
chichas reúne la circunstancia de ser fiaco de entendi-
miento.
Rastreando el oríjen de este chilenismo, hemos dado
con tres posibles, entre los cuales el discreto lector ele-
jirá.
Pudiera ser un aumentativo sui géneris de guagua, pa-
tente casi bajo la forma guagualón, que da tanto como
niño crecido i simplonazo: o bien una corrupción de bau^
san (el bobo o necio según el Diccionario de la Academia)
i por último, i esta es acaso la mas probable de las hipó-
BAJ 51
tesis que sobre el asunto adelantamos, una metafórica
aplicación a los jigantes del reino humano del nombre
que los negros dan al jigante del reino vejetal: baobab
(adansonia digitata)y árbol que crece en la Senegambia i
que es hasta ahora el mas corpulento de los vejetales
conocidos.
En este último caso bagual seria una de las escasísimas
huellas que ha dejado en la América española i republi-
cana la infeliz raza de Cham, que no la conoció sino como
teatro del dolor, de la esclavitud i de la muerte.
BAJADOR.
Voz del manejo délos caballos. En España se llama
amarra i también gamarra, la correa que saliendo de
las cinchas, para en la muserola del freno i sirve para que
no picotee el caballo.
BAJO.
Consecuentes con la idea de acotar en este Diccionario,
no solo aquellas voces i jiros que propiamente puedan
considerarse como provincialismos de Chile, sino también
aquellas que siendo en sí mismas castizas, se usan, aun
por las personas ilustradas, en formas incorrectas o en
acepciones indebidas, mal podríamos olvidarnos de bajo.
Quien tenga presente que en el sentido recto i figurado
esta palabra equivale a debajo dcy convendrá con nosotros
en que se usa de una manera incorrecta cada vez que se la
antepone a aspecto o punto de vista^ en frases como las
siguientes: ((El punto en que nos ocupamos puede con-
siderarse bajo dos diferentes aspectos.» «No es de ex-
trañar que las conclusiones a que mi honorable contra-
tdictor arriba hagan fuego contra las mias, pues él i yo
consideramos el asunto bajo puntos de vista diametral-
mente opuestos.»
«Presentada la cuestión bajo ese aspecto, obtiene (el
señor Cánovas del Castillo) un triunfo que nadie podría
disputarle.»
(M. L. Amunátegui.- 7w/c/<? crítico de Ileredia.)
52 BAJ
Pero la incorrección apuntada es una bicoca si se
compara con Ja que cometemos en frases tan comunes i
revesadas como ésta: «La justicia exije que en un pais
bien organizado todos los partidos i todos los hombres
puedan vivir bajo el pié áe la mas perfecta igualdad.»
O como esta otra de un presidente de Cámara: «Proce-
deremos a votar bajo la base acordada.»
«La Academia (de Bellas Letras) apresurándose a acep-
tar el encargo que se le confia ha organizado el certa-
men poético ¿>¿?;í> las siguientes bases.»
(El Secretario de la Academia de Bellas Letras.)
Omitimos los comentarios porque nos parece que nos
expondríamos a inferir al lector inmerecido agravio ad-
virtiéndole que las columnas i edificios están sobre, que
no debajo de su base; i que no es costumbre que cuantos
tienen pies anden debajo de ellos.
Véanse ahora, en ejemplos tomados de los clásicos es-
pañoles, las preposiciones que deberian reemplazar a bajo
en frases como las aducidas.
L* «Venia Hernán Cortés deseoso de saber el estado
en que se hallaban las cosas de la Vera Cruz, por ser la
conservación de aquella retirada una de las basas princi-
pales sobre que se habia de fundar el nuevo edificio de
que se trataba.»
(SoLis.— Conquista de Nueva España.)
2." «Acomódeme luego fácilmente sob?'e el mismo pié
que en Segovia,»
(P. Ishk.-- Gil Blas.)
3.° «No se sabe a qué atribuir este vacío de nuestras
letras, bien extraño ciertamente por cualquier aspecto
que se le considere.»
(Quintana. — Afusa épica española.)
4." «¡Ojalá logre presentarla (la institución de los ma*
yorazgos) a V. A. €7i su y eráaáer o pu7ito de vista i conci-
liar la consideración que se le debe con el grande objeto
de este Informe, que es el bien de la agricultura!»
(JovELLÁNOS. — Lei ag?'aria, mayorazgos.)
Con relación a este último ejemplo indicaremos, para
concluir, que en la jeneralidad de los casos convendría de-
cir i escribir desde antes de punto de vista, ya que el punto
r
BAL 53
ese no es otro que el lugar en que figuradamente se colo-
ca el observador para ver i estudiar mejor lo que desea.
BAJUJO.
Por lo bajOy para denotar con maña i dishmdo es mui
castizo. No así por lo hajitjOy que lleva en sí algo de pi-
caresco, i que en conversación familiar suele emplear en
Chile de vez en cuando la jente bien instruida.
«Si pillan un granadero (1)
Por lo bajujo lo arrestan,
I entre ellos mismos apuestan
A cual lo seca primero.»
(GuAJARDO. — Los Bolseros.)
BALBUCEAR, BALBUCIR.
Aunque el primero de los dos verbos materia del párra-
fo que vamos echando no se encuentra en los escritores
de los buenos tiempos de la lengua ni en el Diccionario de
la Academia, es hoi dia de uso corriente en todas sus in-
flexiones, i de necesario en aquellas en que a causa de
no empezar la terminación por e, el empleo de su sinóni-
mo balbucir seria insoportable. Puede en verdad decirse
indiferentemente yo balbucía, o yo balbuceaba; pero quién
podría tolerar yo balbuzo o yo balbuzco'k
Balbucea^' i balbucir son dos verbos jemelos, que se pres-
tan mutuamente buenos servicios, i que traen a la memoria
aquella otra pareja formada por blandear i blandir; i es
raro que, habiéndose el señor Bello acordado de estos dos
verbos en el capítulo de su Gramática que consagró a los
defectivos, se olvidase de balbucir, cuya existencia estábale
indicando como con el dedo el adjetivo balbuciente.
Verdad es que la Academia habia padecido el mismo
olvido; olvido que el bueno de Domínguez no dejó de
echarle en cara con acrimonia en su Diccionario; pero
ahí estaban numerosos pasajes de los maestros de la len-
gua acreditando su existencia i limpieza de sangre.
(1) Granadero, está aquí empleado por vasote para beber la chicha.
54 BAN
1 todos cuantos vagan
De tí me van mil gracias reOriendo,
I todas mas me llagan
I déjame muriendo
Un nosequé que queda balbuciendo.
(San Juan de la Ckvz»^ Canciones.)
«El balbucir de la pasmada jente.»
(Ercilla. — La Araucana.)
banca, banco.
Tenemos la mala costumbre de servirnos indistintamen-
te de los dos vocablos del título, por no advertir o por
ignorar que cada uno de ellos tiene su propio i exclusivo
significado.
üBancay dice la Academia, asiento de madera sin res-
paldo i a modo de una mesilla baja.»
uBa?ico, según la misma, asiento hecho regularmente de
madera en que pueden sentarse a un tiempo algunas per-
sonas. Los hai de respaldo i sin él.»
Mas claro, se llama banca la silleta de madera sin res-
paldo; i boTico el escaño tosco, que jeneralmente lo tiene,
pero que puede no tenerlo también.
BANDADA.
Bandada es la primer palabra que se viene a los labios
de las personas poco instruidas (en cuyo número quedan
incluidos los periodistas zarramplines i los oradores in-
tonsos) cada vez que desean designar una reunión de ani-
males, de aves o de peces. Teniendo la lengua nombres
especiales para esas reuniones según sea la clase de indi-
viduos que las formen, emplear bandada en todos los ca-
sos^ es emplearlo impropiamente cuando se habla de los
cuadrúpedos o peces, i empobrecer el idioma.
El conjunto de peces que nadan como en compañía se
llama cardumen o cardúmine; el de aves que vuelan
BAQ 55
en pelotón, bandada o banda; el de cuadrúpedos que
marchan reunidos, manada^ a no ser que el andar en pan-
dilla o estar echados como en montón provenga de haber
nacido de un mismo parto i seguir a una misma madre,
pues entonces la palabra propia seria lechigada.
Hai por lo tanto impropiedad en el empleo que hace
Cervantes de bandada en el siguiente pasaje:
ttEsles de particular entretenimiento i gusto (a los
habitantes de los campos) ver en los frescos e intrinca-
dos setos cruzar las bayidadas de conejos i en los prados
las medrosas liebres.»
(Cervantes. — Diálogo entre Sillenia i Selanio.)
BAQUEANO.
Ni baqueano, como jeneralmente decimos, ni baquiano
como debiéramos, se encuentran en los diccionarios de
la lengua, si se exceptúan los de los señores Alcedo i Sal-
va, quienes al consignarlo incurrieron en el mismo error
en que nosotros los chilenos solemos, i que el señor Cuervo
evidencia en sus Apuntaciones de la siguiente manera:
«Se engañó indudablemente Alcedo, i Salva siguió sus
huellas, al estampar en sus Diccionarios baqueano por ba^
quiano\ prescindiendo de que nadie, que no sea empala-
gosamente remilgado dice así, no queda ni un ápice de
duda si se considera que esta voz viene de baquía (que
nadie pronuncia baquea i vale hoi entre el vulgo de nues-
tro pais habilidad, destreza) atérmino» según consta en
la Historia jeneral i natural de las Lidias por Gonzalo
Fernández de Oviedo, «con que los españoles designaron
después de la conquista a los soldados viejos que hablan
tenido parte en ellai) i significa viejo , veterano: — nótese
que este último se toma también por experto y ducho — i
Juan de Guzman en la notación 28 sobre la Geórjica pri-
mera de Virjilio, cuenta a vaquiano entre las voces salidas
de la isla de Santo Domingo i dice quiere decir cosa an-
tigua. y)
Nosotros nos permitiremos agregar que de las dos for-
mas que se dan a esta voz, baqueano i baquiano^ la prime-
56 HAR
ra parece un provincialismo americano i la segunda un
arcaismo.
«Que como tan baquiano en la tierra todo lo conocia.»
(Mateo khmik^.— Guzmcni de Alfarache.)
Don Domingo Faustino Sarmiento en el Facundo i va-
rios otros escritores americanos han escrito baqueano. Sea
empero la voz orijin¿iria de España o de América, lo mas
autorizado i lo que nos parece mejor es baquiano.
BARAJO.
Como interjección hemos solido oiría i en tal sentido
merece disculpa, pues su oficio es reemplazar a otra con
mucho mas usual i menos decente.
Como sustantivo es un estropicio de que se hacen reos
los chiquillos de la calle que se meten a campaneros.
Lo correcto es badajo^
BARATA.
Es un chilenismo cuyo equivalente español es cucaracha.
BARTULAR.
Hubo en lo antiguo (1313 — 1356) un famoso jurisconsul-
to, Bartolo o Bartulo, profesor de Derecho en Pisa i en Pe-
rusa i redactor, según refieren, de la Dula de Oro. Pues
bien, i aunque parezca increible (tan singular es el destino
de algunos hombresj este Bartolo o Bartulo, cuyas obras
se imprimieron en ocho tomos no ha mucho en la capital
de Baviera por un sabio alemán, es el padre reconocido
de bártulos negocios^ asuntos, enredos, muebles^ trastos,
etc., de donde a su vez procede nuestro expresivo bartular,
cacilar, o devanarse los sesos, que es frase con que denota-
mos la misma idea, mas chilena i encarecidamente si cabe.
BARR 57
Ya de tanto bartular
Voi perdiendo la cabeza;
1 con la misma pobreza
No hallo que jiro agarrafa
(GuAJARDO. — Proyectos de un aburrido,)
BARRACA.
No significa en castellano lo que la hacemos significar
nosotros, el lugar en que están depositadas para venderse
las maderas; sino cabana ^ choza rústica, rancho.
BARREAL.
Dígase barrizal que es como debe.
BARRIGÓN, A.
Los puristas mas celosos que entendidos que profesan
por esos colejios i escuelas la lengua de Cervantes, ponen
particular empeño en inculcar a sus discípulos eviten de-
cir barrigón, bocón, dentón, barbón, jetón, cachetón, na-
rigón, i otros aumentativos por el estilo.
Nosotros, que no descubrimos motivo para acordar una
semejante preferencia a la terminación en udo, i que al
contrario recordamos que ella suele tomarse en mala parte^
(compárese si nó a caprichoso con caprichudo) no podemos
arrepentimos ni pedir a los lectores se arrepientan de ha-
ber cantado cuando niños, los sábados, al salir de la últi-
ma clase, esperando el real dominguero:
Mañana es domingo
De pila i pilón.
Se casa la cabra
Con el motilón;
— ¿Quién es la madrina.^
— Doña Catalina
Rebozo de harina.
58 BAS
— ¿Quién es el padrino?
— Don Juan barrigón.
— ¿Quién toca la caja?
— El negro jetón.
BARRILETE.
Significando la especie particular de volantines, o sea
cometas^ que tienen mas o menos la forma de un barril
visto de costado, es chilenismo.
BASTARDEAR.
Casi no hai artículo de periódico ni discursó parlamen-
tario en queno se encuentre usado este verbo malamente.
¿Pi. qué gobierno no hemos hecho el cargo de bastardear
las leyes y la Constitución, las instituciones, etc.?
I sinembargo bastardear es un verbo neutro, de la mis-
ma naturaleza que dejenerar, que por lo tanto no admite
complemento directo:
En vez de decir, pues, de los gobiernos que aplican
torcidamente las leyes, valiéndose de sofismas e hipócritas
interpretaciones, que las bastardea?!, diremos que las fal-
sea?! , vicia?!, corrompen o barre?ian.
Ejemplo de uso correcto:
«El común de los hombres de tal manera han torcido i
bastardeado de la jenerosidad de su naturaleza, que asi
como las bestias en ninguna otra cosa entienden sino en
buscar bienes para su cuerpo, así ellos, jeneralraente ha-
blando, en ninguna otra cosa dia i noche se ocupan, sino
en lo mismo que ellas.»
(Frai Luis de Granada. — Símbolo de la fe.)
Ejemplo que no debe imitarse:
Esplicando el señor don Pedro M. de Olive, en su Dic-
cionario de Sinónimos, la diferencia de sentido que hai
entre des?iatur alizar i bastardear, dice:
«Licurgo desnaturalizó el corazón del hombre porque
dirijió sus facultades hacia nuevos i extraordinarios obje-
tos; pero no le bastardeó porque no le alejó de su primi-
BEL 59
tivo oríjen, sino al contrario, aumentó su vigor i su no-
bleza.»
BATAN.
Batanes llamamos en Santiago a las tintorerías
BATIBURRILLO.
Para indicar una mezcla de cosas que no se avienen
bien unas con otras, o un discurso desordenado i com-
puesto de partes inconexas, decimos: es un batiburrillo.
No dirán así, sino batiborrillo , o mejor todavía baturrillo,
cuantos se den el trabajo de consultar el Diccionario.
BAYO,
La caja o andas en que se llevan a enterrar los difun-
tos se llama féretro en castellano. El mas sencillo i tosco
que sirve para llevar los cadáveres de los pobres al ce-
menterio se llama galga en algunas provincias de España.
En Chile, donde designamos con el nombre de carro al
en que son conducidos a su última morada los restos
mortales de las personas acomodadas, se designan con
el de bayo las andas en que se presta ese servicio a los
cadáveres de los pobres.
También decimos, bayos de los caballos dorados i de la
chicha de color entre pajizo i blanco; i recordamos haber
visto escrita con bastardilla la palabra ésta, en la acep-
ción de que hablamos, en mas de un libro i en mas de
veinte párrafos de las gacetillas de nuestros diarios, (a la
chilena, crónicas locales) ; ^evo debe tenerse por entendido
que, no por ser nativa de nuestra tierra la chicha baya, es
menos castiza la palabra con que la designamos.
BELDUQUE.
El cuchillo ordinario, de hoja comunmente puntiaguda i
con mango de madera i de una sola pieza. Barruntamos
60 BLO
que su uso sea jeneral en la América latina, pues se en-
cuentra consignado en las Apuntaciones del señor Cuervo.
Lo probable es que belduque fuese el nombre del lugar
en que los tales cuchillos se fabricaban, o acaso del fabri-
cante; que por lo tanto se dijese en un principio cuchillo
de helduquCy como es seguro se diria cigarro habano^ i
que andando el tiempo llegase a decirse sencilla i lacóni-
camente en el primer caso un belduque, como decimos en
el segundo, un habano.
El señor Gormaz yerra groseramente cuando aconseja
se sustituya a berduque por balduque.
Balduque es en español una especie de cinta para atar
legajos.
BENEFICIARSE.
Beneficiar en castellano es hacer bien a alguien^ i cultí-
Yar i cuidar de alguna cosa procurando que fructifique.
Entre nuestros carniceros es matar i descuartizar, des-
postar la res para vender la carne i demás partes útiles.
En estilo metófarico i entre predestinados a la Peniten-
ciaria (que también gustan de metáforas los tales) benefi^
ciarse a alguno es asesinarlo. En el mismo sentido dicen
ellos en tono socarrón cuando han muerto a algún próji-^
mo, que se lo han merendado, i también soplado.
BICOCA.
Llamamos así al pequeño gorro que usan los esclesiásti^
eos para cubrirse la corona, probablemente por ignorar n
olvidar que el nombre castizo de tal pieza es solideo.
BLONDO, A.
Rarísimos serán los poetas americanos (i si dijéramos
españoles no mentiríamos) que no hayan usado alguna
vez siquiera este tentador adjetivo, i que al usarlo, no
hayan dado un mas de regular traspié.
^Cómo se esplica que atribuyamos a blondo el significa^
I
BOC 61
do de crespo o rizado, cuando ni en castellano, ni en fran-
cés, ni en sajón, de donde yiene, según leemos en el
Diccionario de los señores Noel i Chapsal, significa eso,
sino amarillo y dorado, rubio'^. Después de mucho devanear
nada mas podemos que presentarnos a los lectores con un
acaso (por el estilo de los que acostumbra Mr. Rénan.)
Acaso la semejanza de sonidos que hai entre nuestro asen-
dereado adjetivo i el sustantivo blonda nos ha inducido a
atribuir a aquél una significación semejante a la de éste.
Sea lo que fuere de la sobredicha conjetura, lo innega*
ble es que, no solo en América sino también en España, i
no solo por escritores adocenados i fargallones, sino por
ilustres personajes, se incurre en el disparate que anota-
mos.
I vaya una muestra sacada de entre los eminentes del
parnaso español:
Tu vellón nevado,
De ricitos lleno,
Cual de blonda seda
Cuidadoso peino.
(Meléndez. — Idilio II.)
BOCHAN.
Persona que ha residido algunos años en la frontera
nos asegura que por aquellos mundos la palabra rastrojo,
tan usada por los agricultores del centro i Norte para de-
notar los restos de la sementera que quedan sobre el te-
rreno después de recojidos los frutos, solo se usa hablando
de sementeras de trigo i cebada; pues el rastrojo de las
chacras se llama bochan.
En abono del vocablo éste, que viene sin duda del arau-
cano Vuchén, podríamos hacer una observación semejante
a la que hicimos en pro de abastero, pretendiendo debie-
ra conservarse al lado de abastecedor, por tener un signi-
ficado mas concreto i taxativo. Llamemos con los españo-
les rastrojo al residuo de las cañas del trigo o cebada que
queda en la tierra después de segar, i bochan al que que-
da, después de la cosecha, en los terrenos sembrados dQ
chacras.
62 BOC
Este alegato en favor de bochan no logró ablandar al
S. Paúlsen quien, después de leerlo, puso por providencia:
«Bochan. — Voz bárbara que debemos desterrar. No ha-
ce la menor falta; rastrojo dice lo mismo en buen caste-
llano. Kse bochan, francamente, nie pune grima.»
BOCHINCHE, BOCHINCHERO, A.
Nada de extraño tiene que habiendo heredado nosotros
de los españoles nuestros abuelos la propensión a los pro-
nunciamientos_, asonadas, bataholas i chamusquinas, ha-
yamos querido, como para apropiárnoslas mejor, bautizar-
los con nombres de nuestra invención i particular agrado.
Con tal propósito, como se verá en su lugar, rejuveneciendo
i retocando a Liorna, sacamos de él los sustantivos leona
i leonero i el adjetivo aleonado. Tócanos ahora hablar de
bochinche i de bochinchero^ que en verdad, en lo tocante
a la significación, se asemejan hasta casi confundirse con
aquéllos. La única diferencia apreciable consiste en que
el bochinche trae a la imajinacion una revuelta de carác-
ter algo mas serio que la leona\ pues mientras aquél huele
a plazas, salas de sesiones i cuarteles, éste pocas veces
huele a otra cosa que a refectorios de colejios.
Si hubiéramos de juzgar por el silencio que sobre
esta palabra guardan los señores Cuervo i Arona,. aca-
so nos sentiríamos tentados a señalarla como un pro-
vincialismo exclusivamente chileno. Tenemos, empero, por
mas probable que la omisión en los Apuntes (mui breves
por lo demás, de este último escritor) provenga de involun-
tario olvido, pues si nuestra memoria no nos traiciona,
aquella ocurre con cierta frecuencia en los escritores pe-
ruanos.
También creemos que la usaba mucho en sus escritos
políticos el señor don Antonio José de Irisarri^ i casi po-
dríamos afirmar que una de sus composiciones poéticas se
titula El bochinche.
Dicho lo que que queda en lo tocante al uso de bochin^
che, lo único que en cuanto a etimolojía nos permitiremos
agregar, i eso con cierto temor, es que en lengua arauca-
na vucheu7iy significa saltar, bufonearse, chancearse.
¿Qué dificultad hai para admitir que los mismos que
BOL 63
transformaron en bochan el vucheii araucano, no convirtie-
sen el vucheun en bochinche^ tanto mas cuanto que la
partícula diCy (jente) ocurre en muchas voces de indudable
oríjen araucano, sin que pueda descubrirse otro motivo
para su agregación que una razón de eufonía? ¿Por qué,
verbi-gracia, decir al negro, negro curiche, cuando con
citri (negro) seria suficiente?
En resumen i sin pretender meternos en camisa de
once varas, opinamos que así como en araucano curi se
dice solo de las cosas negras, i curiche de las personas
de ese color, así puede suceder que vucheun indique el
triscar délos animales, i vucheunche [bochinche] e\
saltar de la jente.
BOCÓN, ONA.
Véase Barrigón, ona.
fiOLA.
Es chilenismo indicando la cometa de forma redonda.
BOLEAR,
Del estudiante universitario que tiene la desgracia de
ser reprobado en el examen dicen sus compañeros que hd
salido boleado y aludiendo a las bolitas blancas i negras
con que los examinadores aprueban o reprueban.
En el sentido dicho, bolear es un provincialismo chileno*
Eslo también, aunque no solo chileno, sino principalmente
arjentino, en la acepción de arrojar el lazo armado de bo-
las contra los guanacos, avestruces, etc. para cojerlos.
Bolear, en castellano significa jugar al billar, por mera
entretención, sin interés i sin convenir en partido.
BOLETO, ERO, ERÍA.
Ni boleto ni boletería se hallan en los diccionarios.
Boletero es un empleado del ejército.
64 BOL
Las tarjas para las funciones de teatro se llaman bille"-
tes.
aAdelantóse don Cayetano i después de pagar los bole-
tos dio frente a la entrada para hacer desfilar su comitiva
delante del boletero.^
(Blest Gana.— ^/ ideal de un calavera.)
BOLICHE.
Llaman así en las provincias del Norte i en la costa de
Bolivia i Perú lo que en España fígoncillo o bodegón de
mala muertey o como suelen llamarlos también tiendas de
preguntas i respuestas. El uso de la voz ésta indica que no
faltarían algunos jitanos entre los conquistadores i pobla-
dores de la América, pues en el dialecto jermanesco boli-
che significa casa de juego, garito.
También se dice por el Norte en el mismo sentido tim-
bunchCi i por acá piguchen.
BOLSEAR^ BOLSERO, BOLSEO, DE BOLSA.
En Chile, donde tanto como en cualquiera otra parte por
lo menos, somos aficionados a vestirnos, comer, pasear,
fumar, educarnos, etc., gratuitamente y esto es, a costa
ajena, no pudimos menos de inventar un nuevo verbo para
significar tan dulce costumbre.
Si se quisiera una prueba de lo común que ha llegado a
hacerse la acción significada por nuestro bolsear, una
i bien espléndida podríanos suministrar la frase de bolsa.
En efecto ¿no es preciso que las nociones de tuyo i mió
vayan camino de borrarse en una tierra en que para sig-
nificar que uno ha comido a costa de bolsa ajena, baste
decir que ha comido de bolsa'^.
En cuanto al bolsero, que de sobra merecerla los hono-
res de una monografía, honores que no podríamos tributarle
sin salir de los límites que nos hemos trazado, téngase por
satisfecho con las siguientes coplas del poeta popular de
Santiago, que según parece los detesta cordialmente, tai-
vez por aquello de ¿quién es tu enemigo? etc.
BOS 65
Otros, aunque tengan plata,
Medio no saben gastar:
Como les gusta bolsear
De bolsa llenan la guata\
I hasta en el mejor café
Andan bolseros aseados,
Que lo pasan regalados
Con el rico ponche en leche;
I de allí no hai quien los eche
Porque están como alquilados.
Otros andan aguaitando
Hasta que bolseo encuentran^
I como moscas se entran
Donde alguno está gastando.
(GuAj.uiDO. — Los Bolseros.)
BOMBILLA.
No es entre nosotros, como pudiera creerse a la distan-
cia, diminutivo de bomba^ de suerte que llamásemos así
a las bombas pequeñas, contra incendios o para extraer
agua de los pozos, que a las tales llamamos bombines o
simplemente bombas.
Lo que nuestras paisanas tomadoras de mate (que aun
son muchas,, llaman bombilla es el mismo instrumento que
la Academia nombra bombillo, i que define «un tubo de
hoja de lata con un ensanche en la parte inferior para
sacar líquidos.»
Sabido es que ese que llama el Diccionario «ensanche de
la parte inferior», que es comunmente de forma esférica,
hueco i lleno de agujeritos, se llama en Chile coco; i que
rarísimas veces coco i bombilla dejan de ser de plata.
BOSTA.
Ni la Academia ni Salva traen esta palabra, que en Chi-
le significa estiércol de vaca o caballo. Es probablemente
60 BOT
castellano antiguó, según se ve por «Bostar m. ant. — El
lugar o caballeriza donde están los buejes.»
( A c ADEMiA . — Dkciojiario . )
Bosta es palabra portuguesa. «Bosta, sf. — Bouse de va-
che ou de beuf.»
(Constancio . — Diccionario portugués francés .)
BOTARSE.
Como reflexivo no se encuentra en ningún Diccionario
de la lengua. Son, pues, chilenismos, botarse al agua, por
echarse, meterse al agua; botarse a jugador, a tunante, por
dar en jugador, en tunante, etc.
«Si después de esta prueba te quedas como estás, bótate
a tunante, a jugador: ya no sirves para nada.»
(A. Blest Gana. — El Primer amor.)
Acerca del activo observa el señor Cuervo:
«Algunos de nuestros escritores i un buen golpe de jen-
te no escritora abusan del verbo botar empleándolo en
cada triquitraque en casos en que los buenos escritores
se valen de otros términos; muchos dicen botar la plata
por tirar, malgastar, disipar, dilapidar el dinero i hasta
botarse en brazos de Dios por echarse en brazos de Dios i
así en otros casos; botar significa arrojar o echar fuera
con violencia.»
«No pocos principian ya a tirar la máscara de catoli-
cismo con que hasta pocos meses há encubrían su impie-
dad grosera.»
(Vicente de la Fuente. — La pluralidad de cultos.)
Blando es como la cera para el vicio,
Los consejos mas útiles le enfadan,
Tira el dinero, en lo útil nunca piensa.
(BURGOS. — Traducción de Horacio. Arte poética.)
....I me veo desdichado
í como vaso en muladar tirado.
{CxKYAJku-^Salmo XXX.)
BOT 67
Hasta aquí el hablista bogotano.
Para concluir solo agregaremos haber oido mas de una
vez a nuestros guasos i gañanes usar botado en el sentido
de acostado, tendido, echado. Así el médico que es bastan-
te bueno para ir a los ranchos de los pobres que no pue-
den darle por visita mas de una chaucha o un veinte, al
preguntar ¿cómo sigue el niño? suele obtener por respues-
ta: — «Muí mal señor: ¡no lo pasa mas que boiaditoln
BOTERO, lA.
No significan en la Península como en Chile zapatero i
zapatería.
Esta voz fué inventada por los zapateros de algún nom-
bre para distinguirse de otros de su especie. Su oríjen es,
pues, debido a cierta vanidad que con nuevas denomina-
ciones se empeña en ocultar la realidad de las cosas. Así
tenemos que ya en Chile ningún barbero quiere ser tal,
sino peluquero (i artista por añadidura); i comadres cono-
cemos nosotros que saltarían como leonas si alguien ca-
yese en la tentación de llamarlas parteras i aun rnatronas,
i no profesoras de par tosí
botín.
Con grave peligro de no darnos a entender llamamos
indistintamente botin al calzado de cuero que llega hasta
cubrir los tobillos, i que en buen castellano se llama así;
i a las medias que, subiendo un poco mas arriba por la
pierna, terminan en la parte inferior de la pantorrilla, i
cuyo nombre propio es calcetines.
BOTOTOS.
^ Zapatos grandes i ordinarios que usa la jente pobi^.
Tal vez de formación caprichosa; tal vez formado de hoto,
que en lenguaje de aragoneses significa pelleio p&ra echar,
vino, aceite u otro licor.
\¿^ }UiA
BOYA, BOYAZO.
fí()i/a es una voz marítima que significa el ¿rozo de cor-
cha u otro material que, atado a un cabo i nadando sobre
el agua, indica la situación del ancla. Siendo ello así
¿porqué del que hace a otro la pesada broma de darle un
golpe sobre el sombrero para hundírselo hasta el pescue-
zo si es posible, i hasta las orejas cuando ménos^ decimos
que le ha siimidoy o zampado la boya^ o dado im boyazo^.
Doctores tiene la Facultad de Humanidades de la Univer-
sidad de Chile que sabrán responder.
Literalmente dar un boyazo significa dar un f^olpe con
un buell
BOZAL.
Se dice en Chile por hozo\ «El cabestro o cuerda que
se echa a las caballerías sobre la boca, i dando un nudo
por debajo de ella forma un cabezón con solo un cabo o
rienda.»
(Academia . — Diccionario . \
BRACEAR, BRACEADOR, A.
Bracear, indicando la acción de sacar hacia afuera las
caballerías las patas de adelante cuando trotan, es un
chilenismo. Lo es también^ i porque se cae de su peso
debiera callarse, braceador, aplicado al caballo que tiene
aquella, cualidad.
También al caballo ése solemos llamarlo, trotador o de
brazos.
«A las cuatro de la tarde se presentaba al pié del ta-
blado del cabildo montado en un brioso braceador el al-
férez real;, acompañado del alguacil major, etc.»
(Vicuña MA.cKEis¡Kk.—nisíoria de Santiaga.)
BUG
m
BRACETE (DE;.
Es el modismo empleado por la jeiite mazorral para
indicar que dos per:>oiias \an asidas del brazo.
La jente educada dice tornadas del brazo, o mas breve
del brazo.
Lo castizo seria de bracero.
BRAMERA.
Llamamos así. a la -ventana, portezuela o respiradero
que tienen algunos hornos i cuyo verdadero nombre es
bi'üvera.
No menos desventurada que en Chile es en Colombií^
la tal ventanilla, pues tan empecinados como nosotros
los bogotanos en hacerla bramante contra su naturaleza,
no saben mentarla mas que bramadera, si hemos de creer-
le (¿i por qué nó?) al autor de las Apuntaciones.
BRASERO.
Brasero para los pies llaman en Chile un mueblecito de
moderna introducción felizmente desconocido de las abue-
las del pasado siglo. Estas cuatro palabras brasero para
los pies, pueden refundirse en solo una^ rejuela, que es
como se llama el mueble en España; aunque se diga
también, si bien no tan propiamente^ estufilla i maridillo.
Breque (estar o poner en un¡
Dígase brete.
brocearse, broceo.
Términos ambos de uso frecuentísimo en la minería
chilena i boliviana. El brocearse una mina consiste en
cortarse o perderse el hilo de la veta metálica, o en qu©
el mineral sea de tan mala lei que no costee ni los gas-
tos .
Broceo es la acción de brocearse.
((A sus canas han sobrevenido las especulaciones frus-
70 BUL
tradas; a éstas la muerte de sus hijos; a la muerte de su*
hijos, el broceo de sus minas.»
(JoTABECHB. — Car/a de abril 23 de 1841.)
BUENÍSIMO, BUENAZD.
Bonísimo, bonazo exijen las reglas de la derivación.
Leemos no obstante en el prólogo que el mui culto Don
Juan Valera ha puesto a las Obras poéticas de Campoa-
mor: «En fin^ si no fuera porque se ha abusado de la ex-
presión buena pasta, diciendo que la tienen los tontos,
diria yo de Campoamor que la tiene buenuima, etc.»
BULTO.
tiNo parece haber razón alguna para pronunciar Amia,
ahogado, bermejo, bulto, buitre, derivados de abula, ad^
vocatus, vermiculiis, vultiis, vultun) dice el señor Bello en
su Ortolojía; i sin duda que yerra en lo que a bulto atañe.
iduO que parecía mujer era un vulto de paja.»
(Bello. — Gramática castellana.)
El latin vultus no significa nada mas que rostro, cara,,
semblante. Bulto es en latin corpus, moles, amplitudo.
Si alguien pretendiese sostener la opinión del señor
Bello arguyendo que, aun cuando en su oríjen vultus no
significase mas que la cara, con el transcurso del tiempo i
por extensión pasó a significar volumen, cuerpo, busto,
seria fácil contestarle con la diferencia que siempre obser-
varon los mejores i mas antiguos autores en la escritura
de vulto, cara, i de bulto, volumen. En efecto, no es racio-
nal suponer que se olvidase la primitiva ortografía solo
para representar la voz en su acepción translaticia, con-
servándosela en la recta.
Nadie ignora que hasta los tiempos de Cervantes hubo
escritores en España que, conociendo tan bien el latin
como el castellano i dominados por la moda del cultera-
nismo, se empeñaron en resucitar multitud de palabras
de aquel idioma, con tan poca fortuna ccmo gusto. Pues
bien, vultus fué una de esas palabras, que siempre encon-
tramos escrita con arreglo a su oríjen, vulto.
BURR 71
«No te apropincues a mí^
Que empañarás el candor
De mi castísimo vulto,y*
(Calderón.— iVo hai burlas con et honor.)
Luego, pues, si los que hablando de la cara escribían
vulto, hablando de cuerpo o volumen escribían bulto, de-
be creerse que ambas voces venían en concepto de aquéllos
de distintos troncos. I así es la verdad, porque, según todas
las apariencias, bulto viene de la misma raíz que bola i
bula, de cuya raíz nacieron los franceses boule i boulet^ i
el español e italiano busto.
En lo antiguo se dijo bulto por efijie, estatua, busto.
«I está enterrado (don Diego López de Haro) en la igle-
sia mayor de Toledo, i su bulto de mármol en uno de los
primeros pilares del coro.»
(CovARRÚBiAS. — Tesoro; voz Toda.)
«Un sepulcro con un bulto
Le ofrezcan j donde en mosaicos^
Labores, góticas letras^
Den lenguas a su venganza.
I entierro, bulto i sepulcro
Quiero que a mi costa se haga.»
(Tirso de Molina.— £^/ Burlador de Sevilla.)
De aquí santos de bidto.
BURROS NEGROS (VERLOS).
Familiarmente se dice en español, para ponderar lo agu-
do de un dolor o la fuerza de un golpe, que el paciente
ha llegado a ter las estrellas.
En casos tales suelen decir nuestros rotos que ha visto
burros fiegrus.
I écheles Ud. un galgo a esos burros!
G
CABEZÓN.
Como epíteto que conviene a lias personas i animales
de cabeza grande no viene en el Diccionario de la Acade-
mia, seguramente porque a las tales las llama cabezudas.
No nos atreveríamos nosotros, apesar de lo prescrito por
tan respetable autoridad^ a condenar a nuestro cabezón,
que ademas de ajustarse bien a las reglas de la deriva-
ción i a la índole de la lengua, puede alegar en su descar-
go la circunstancia de no inferir, subsistiendo, mortal he-
rida al académico cabezudo, a quien nadie disputa la re-
presentación de los porfiados i testarudos.
Otra acepción que damos a cabezón (i ésta exclusiva-
mente chilena, si no nos engañamos) es la de fuerte, es"
pirituosoy tratándose de bebidas alcohólicas, i mui en
especial del ponche. No habrá, en efecto, lector tan de las
monjas que ignore que en las remoliendas de nuestra tie-
rra hace lei la regla: «Para las niñas dulcecito i simplón;
para los mozos cabezon.y>
CABO.
«Únicamente las señoras mayores solían usar, en lugar
de cosmético (cabo) que era entonces caro i poco conocido,
de un cabo de vela serenado al rocío... i será talvez de
aquí que esa sustancia haya seguido llamándose cabo en-
tre nosotros.»
(Vicuña Mackenna. — Historia de Santiago.)
74 CAC
CABRO.
Llámase cabrón en castellano al macho de la cabra. En
Chile, conocemos todos al barbado cuadrúpedo ese con el
nombre de cabro; sin hacer diferencia entre el sentido
recto i el metafórico, pues del niño travieso i trepador
decimos: es un cabro.
«¿Vistes allá entre esas cabras algún cábronh-i
(Cervantes. — Quijote.)
«I baja la sangre del cabrón i unas poquitas de las bar-
bas que tú le cortaste."»
(Fernando de Rojas. — Traji- comedia de Calixto i Melibea.)
CÁBULA^ ERO A.
Maña, treta, ardid, artificio. Es una visible corrup-
ción de cabala, que en su sentido recto significa tradi-
ción i doctrina recibida, i en el figurado «el arte vano
i ridículo que profesan los judios valiéndose de anagra-
mas, trasposiciones i combinaciones de las palabras i le-
tras de la Sagrada Escritura para averiguar sus sentidos i
misterios.»
<(Hai algunos soldadillos
Inventores de mil cábulas
I a fuerza de astucia i fábulas
Envuelven a los mas pillos.»
(GuAJARDo.— E/ Mifiero.)
Cabulero, a, es el o la que abunda en tretas i ardides
para lograr su intento embaucando a los demás.
CACARAÑA, AR, ADO, ADURA.
No hemos tenido la fortuna de dar con la etimolojía de
estos vocablos, bastante antiguos i jeneralizados, pues los
hallamos con exactísimas explicaciones en el apreciabla
Diccionario del señor Salva. Según él i según nuestros
CACH 75
propios datos cacaraña (¿caca de arana?) es el hoyo o
señal que dejan en el rostro las viruelas; cacarañar
hacer hoyos en la pared, sacarle a trechos el revoque,
picarla; i cacarañado, el que lleva en la cara las hue-
llas de la terrible peste que ha concluido por llamarse an-
te no mástic amen te, la peste.
CACIQUE.
Damos aquí cabida a esta palabra porque, aunque
adoptada ya por la Academia española, tiene en Chile,
ademas del sentido propio, dos que conviene señalemos.
«¿Quieres decirme qué es de la salud de nuestro amigo
Antonio?— Completamente restablecido: está como un ca-
cique (esto es gordo en extremo.)— ¡Como no vaya a estar
llevando también la vida de un cacique! --Fues si la lie*
vara ¿estaria como un caciquea
En resumen, tomando a los caciques por tipos de corpu-
lencia i disolución, llamamos así a las personas extrema-
damente gordas o a las que viven en práctica rebelión
contra las leyes de Dios i de la Iglesia.
«I allí (en la isla española) supo el almirante que al rei
llamaban cacique.y)
(Las Casas. — Diario de Colon y reproducido en la Verdü'
dcra Guanahani de Colon por Varnhagen.)
Parece que la palabra objeto del párrafo cuya última
línea escribimos es oriunda de las Antillas.
cacha.
Según los Diccionarios de la lengua, hai en castellano
el sustantivo plural cachas, que sirve para designar las dos
piezas u hojas de que se compone el mango de las navajas
i de algunos cuchillos; i la frase hasta las cachas,en extre-
mo, sobremanera.
«El uno tenia una media espada i el otro un cuchillo
de cachas amarillas.»
(Cervantes. — Rinconete i Cortadillo.)
En Chile son de uso corriente sustantivo i frase con
76 CACH
la diferencia de que hemos quitado a aquél su últi-
ma s; pues tomando la parte por el todo, llamamos ca-
cha, no las hojas que forman el mango de las navajas i
cuchillos, sino el mango mismo.
«Tomé yo una de las pistolas por la boca del canon i
dándole (al mayordomo) con ¿a cacha en la cabeza, lo vi
caer de espaldas a tierra, o muerto o aturdido.»
(Z. Rodríguez — Loco Eustaquio.)
Otra particularidad del uso chileno de cacha es que,
precedida del verbo hacer, forma una frase burlesca de
significación mui parecido a las españolas hacer fisga, dar
vaya, i a la chilena hacer la pava.
CACHARPAS, EARSE, EADO, ERO, ERA.
Talvez del quichua ¿lachapa, andrajo, trapo desechado,
o bien de rachapa, andrajos.
El sustantivo tiene cierta semejanza con el chileno chil"
peSy i mas aún con el castizo trebejos, muebles, prendas,
trastos de poco valor.
¿Cómo es sin embargo que de este pobrísimo cacharpas,
cuya miseria se descubre a tiro de ballesta, ha podido
nacer el acomodado cacharpeábase, que se nos presenta a la
imajinacion bajo la figura de un rozagante guaso, que
monta caballo braceador, manija espuelas de plata i buen
freno de herraje, banda de seda lacre a la cintura^ manta
de guanaco, i pavita de Guayaquil en la cabeza? El cómo
es un misterio; pero uno de aquellos en que es preciso
creer o reventar.
Cacharpearse es ir poco a poco amueblando la casa, i
llenando el ropero de ropa, i guardando algunos realitos
para emprestar de a real en peso, i comprándole a las ni-
ñas las caravanas de oró i a la señora aros o dormilonas
de lo mismo con perlas.
Cacharpero es el negociante en cacharpas.
Ropavejero, es el vocablo castellano.
CACHIMBA.
Es^ si mal no estamos informados, un provincialismo co-
mún a todos los paises hispano-americanos, nativo según
CACH 77
el señor Salva, de la isla de Cuba, donde los españoles la
encontraron al desembarcar, i de donde la propagaron
por el continente.
El equivalente castizo de cachimba es pipa,
CACHO, AR, ADA, UDO, UDA.
Para decir ordenadamente lo que sobre este cacho, que
es un chilenismo de tomo i lomo, debemos, oportuno será
empezar recordando que según el Diccionario de la Aca-
idemia significa: 1.° Pedazo pequeño de alguna cosa (cacho
[de pan, de limón). 2.** Un juego de naipes. 3.** Pez mui
¡común en el Tajo, Ebro i otros rios de España.
En Chile damos a esta palabra las acepciones siguien-
ítes: 1.*^ Cuerno, asta, i así decimos: «Esa vaca es brava; es
jreciso despuntarle los cachos\y) i aún: «La vaca cachea al
Iternerito:» 2.** Vaso que se hace del asta cortándola como
|a una cuarta de su raiz i tapando el corte con madera,
tiesto útilísimo para tomar en los caminos i en los despo-
[blados el agua; la chicha i el fresco ulpo de harina de yayi
[que dicho sea de paso, llama cuerna el Diccionario de la
icademia.)
Allá dentro de la mar
Suspiraba un chincolito
I en los suspiros decia
Échale chicha al cachito,
[Copla popular,)
De cacho en la última acepción se ha formado la expre-
siva frase empinar el cacho^ que dice tanto como empinar
ilvasoy o el codo.
Caminaba haciendo, eses un borracho
Por una calle oscura i cenagosa
Murmurando entre dientes: ¡Dura cosa
Es no dormir cuando se empina el cacho!
(Z. Rodríguez. — £'/ Borracho.)
Otra frase, i mui decidora, formada por nuestro sustan-
78 CAJ
tivo, es raspar el cacho; que equivale a reñir el superior
al inferior, reprender, echar raspa^ raspear, retar.
«El juez lo mandó llamar
I le raspó bien el cacho.
Esto te pasa por lacho,
Salió diciendo la Lora:
Yo veré si vas ahora
A odiarme Loro borracho.»
(Gu A JARDO. — Celos de la Lora al Loro.)
El equivalente castizo de cacho es cuerno o asta, de
cachar, amurcar, de cachada, amurco, i de cachudo, reco-
cido, zorrocloco, mañero.
CACHUCHA.
Es provincialismo de la América Meridional denotando
pequeña embarcación de remos i sin quilla.
En castellano, el nombre de un baile popular en Anda-
lucía.
CAER EN CUENTA.
Decimos cuando lo propio seria caer en la cuenta, si-
guiendo el ejemplo de los clásicos i buenos escritores de
la lengua que nunca han dicho de otra suerte:
«Si él cae en la cuenta de que te ha hecho algún agra-
vio te lo sabrá i te lo querrá pagar i satisfacer con muchas
ventajas."»
(Cervantes . — Quijote.)
«Con esta cansada repetición de asonancias caerán en la
cuenta del grave defecto que aquí señalo, los que no son
nuii sensibles a esa especie de martilleo.))
(Ocho A. — Paris, Londres i Madrid.)
CAJA DE RAPÉ.
Llamamos a lo que en España se llama i llamaron nues-
tros abuelos tabaquera.
I
CAL
CALCHl, ON, ONA, UDO, UDA.
Calcha, en lengua araucana significa ¡jelo interior,
vello.
Mudando un tanto su significado, hemos conservado in-
tacta su forma, para designar con el sustantivo las^ plu-
mas que bajan por ias piernas hasta los pies de ciertas
razas de gallinas i otras aves, i con los adjetivos calchón
o calchudo alas que tienen esa particularidad; las mismas
que en español se llaman calzadas.
CALCHONA.
Uno de los muchos seres fantásticos creados por la ima-*
jinacion de nuestro pueblo.
Si no hemos comprendido mal a los que nos han hecho
el retrato de la sobrescrita alimaña, ella seria algo
como una mezcla de perro de Terranova, con mas lana
que una oveja sin trasquilar^ i con mas barbas que un
cabrón. Blanca de color, elije de preferencia las noches
oscuras para aparecerse a los caminantes, a arrebatarles
la merienda de la fuente, murmurarles de paso alguna lú-
gubre amenaza, espantar las caballerías, herir de muer-
te a algún criminal i operar otra multitud de diferentes
daños.
También el vulgo llama calchonas a las dilijencias u
ómnibus.
CALDUCHO.
Excusado juzgamos explicar el significada de esta pala-
bra, que traerá sin duda a la mente del lector los mas
gratos recuerdos de sus mocedades^ en el supuesto de que
ya para él hayan pasado. Lo que sí sorprenderá a mas de
uno i a mas de ciento, es que en Colombia los alumnos
de Humanidades, i aun los de Derecho sean tan aficionados
a capar las clases, como los de Santiago de Chile, i que en
España los estudiantes de Salamanca, Alcalá de Henares^
etc., llamasen a eso hacer novillos!
80 CAL
*No causa menos admiración que en todo el trascurso
de este tiempo no hubiese hecho Gerundio novillos del
estudio sino doce veces según un autor i trece según
otro.»
(P. Isla. — Frai Gerundio.)
Para no interrumpir la consideración de este importan-
te asunto, tanto mas cuanto que podemos darle término
sin salir de los dominios de la letra C, que vamos explo-
rando, conviene agregar que si nuestros colejiales desco-
nocen el arte de hacer novilloSy son duchos en el no menos
difícil de hacer la chancha, i conocen de pe-a-pa i tan bien
como los negros esclavos de la Perla de las Antillas el
de hacer la cimarra.
Si fuese preciso un testigo ahí están en el cerro de Santa
Lucía, la gruta de la Cimarra i el an jolito que la habita,
que no nos dejarían mentir.
Los arjentinos llaman cimarrón al mate que preparan
con yerba amarga, sin azúcar i que sirven hirviendo, o
como dicen los materos, pelando.
CALDUDA o CALDIJA.
Empanada ordinaria, que según la lei del grito es siem-
pre con pasa, aceituna i huevo; pero que no tiene comun-
mente nada de eso, sino mucha cebolla, muchísimo ají i
unas cuantas pizcas de carnaza. El conjunto sin embargo,
(i quien esto escribe puede dar fé porque mas de una ma-
ñana de invierno ha caido en la tentación) es de chuparse
los dedos propiamente, i no en sentido figurado.
Las caldudas son ademas un artículo en que el arte cu-
linario santiaguino no ha podido ser hasta ahora ni supe-
rado ni igualado. La capital de la república debe sentirse
orgullosa de ello, como lo estarán indudablemente las cal-
dudas de haber encontrado en Guajardo un poeta digno de
catarlas i de cantarlas. Del romance que lleva por título
¡A las calduditas mi alma! son las estrofas que, con permiso
de los lectores, pasamos a copiar:
«Madrugue por la mañana
Quien quiera salir de duda
I tómese una calduda
CAL 81
A ver si quita la gana.
Una fábrica arribana
Las trabajaba con peras;
Mas por ciertas vinagreras
Paralizó su trabajo,
I a esta la echaron abajo
h^iS í'khv\Q,di.% pequeneras .y*
((Me dicen que hai un mancebo
En el barrio de la Viña,
Que sus pequenes aliña
Con pasa, aceituna i huevo:
Otro fabricante nuevo
Hai por la línea del tren;
Muchas fábricas se ven
En la misma capital
I todas en jeneral
Están portándose bien.»
Visto el uso promiscuo que se hace en las anteriores de-
mias, podemos afirmar, apoyándonos en la irrecusable
Lutoridad de su autor, que calduda i pequen^ así como cal-
ladero i pequenero son palabras sinónimas.
CALENTAR, UZEAR.
Usamos estos dos verbos, de los cuales solo el primero
is castellano, en el sentido de pegar, golpear con las
lanos.
«Si agregas una palabra, mas te calieniu.y>
También en lenguaje familiar suele decirse calentar el
lomo, i dar para cocos con intención idéntica a la envuel-
ta en la castiza frase cascar las liendres.
CALENTURA, lENTO^ A.
En español calentura es fiebre, desarreglo i ajitacion
del pulso, i calenturiento el que tiene fiebre.
En Chile designamos con el nombre de calentura la
;ísis pulmonar, la anemia, i otras enfermedades que poco
82 CAM
a poco i sin grandes dolores van aniquilando al paciente;
i a éste con el de calenturiento.
Por lo demás, este calenturiento está bien formado i no
le faltada algún pasaje de buen autor en que apoyarse, si
quisiese.
«Hai en este negocio un engaño mui perjudicial, i es
que los que padecen algunas de estas enfermedades cor-
porales llamamos i damos nombres derivados de ellas,
como a los que están de frenesí i modorra llamamos fre-
néticos i modorrados... i a los de calentura continua te«
rielados i calenturientos y si se sufre el vocablo.»
(Balt. Pérez del Castillo, citado por Garces en su Fund,
del Vig, i Eleg, de la lengua castellana.)
Oído de calenturiento y mui fino i ejercitado.
CALZONES.
«La parte del vestido del hombre que le cubre desde
la cintura hasta la rodilla» se llama calzones según el
Diccionario de le Academia; i pantalones los calzones
largos que llegan hasta los pies.
En Chile, donde ya hace tiempo que los hombres no
llevan calzones, las mujeres han concluido por apropiár-
selos i es de uso jeneral entre ellas»
CAMASTRA, EAR.
Camastrón, por disimidado, astuto es castellano; no así
camastra, con que denotamos la calma i aparente impasi-
bilidad con que alguien, sobre todo en el juego, espera
el momento oportuno para acertar sus tiros i realizar su
propósito. Del que obra en tal sentido se dice que está
camastreando', i entre niños que juegan a la troya o a la
hachita, se oye repetir como una sentencia salomónica el
adajio: La camastra es buena para el juego,
CAMINAR.
Es curioso el uso que solemos hacer de este intransitivo
dándole por complemento directo, no el camino andado^
CAM 83
lo que, aunque raras veces, solieron hacer los buenos es-
critores de la edad de oro de la literatura española, sino...
¿cómo diremos?... los alimentos, que antes de ponernos a
andar hayamos echado al estómago.
Así nada mas común que topar por las tardes en la
Alameda de Santiago con amigos que andan caminando
la comida j i por la mañana cou hermosas, aunque aprehen-
sivas damas, a quienes por nada en el mundo conviene
este dialoguillo que encontramos en Los chismosos del
chismosísimo de Jotabeche:
— «Pero si he salido a camhiar la ¡eche..,
— No me venga Ud. a mí con leche... lo sé todo,., no
hai otra cosa en el pueblo.»
CAMISÓN.
Cuando los percales i cantones empezaron a desterrar
a la bayeta de Castilla, se llamó camisones^ a los vestidos
hechos de aquellas telas, polleras a los de ésta,J basquinas
a las de seda negra.
Acostumbrado nuestro pueblo a no usar el jénero de
algodón mas que en sus camisas, se comprende que su
primera ocurrencia, al ver hechos vestidos de lo mismo,
fuese llamarlos camisones. Hoi que la cosa se va perdien-
do, se va perdiendo también el nombre de ella, escepto
de nuestra memoria, donde aun suena el grito que oíamos
de niños a los dulceros ambulantes en la fiesta de Cor-
pus:
«Dulce de melcocha
Para las niñas donosas!
Cartuchitos de colación
Para las niñas de camisón!»
CAMOTE.
No entrando en nuestro plan hacer mención, ni de los
nombres jeográficos, ni de los de animales, aves, peces i
plantas qjie tienen. en Chile nombres que no se hallan
en los diccionarios de la lengua i. que por lo común vie-
84 CAN
lien del araucano o del quichua, habríamos pasado por
alto el esquisito tubérculo cuyo nombre hemos puesto a
la cabeza de este párrafo. Pero es el caso que hai en Chi-
le camotes que, sin venir de Lima, no ceden en lo dulce a
los qiíe se cosechan por aquellos mundos, i que, a omitir
éstos, habríamos dejado en el Diccionario que vamos escri-
biendo un vacío que sin duda mas de una habria notado
en nuestro daño.
Sencillamente, para no subirnos a mayores i limitarnos
a nuestro humilde papel de lexicógrafos, diríamos, que en
Chile se llama camote al tiemple, si no fuera esplicar un
chilenismo por otro, pues tampoco entiende de tiemples
el estirado i adusto cuerpo sabio que dicta leyes al habla
de Cervantes. Camote es amor, pero no en abstracto, sino
de alguien a alguien, en concreto.
«I te embroma, i te entretiene, i te irrita i te quita
la paciencia, sin que de ningún modo puedas avanzar un
paso, ni salir del statu quo en que te encontrabas al prin-
cipio del camote.y)
(JoTABECHE. — Carta a un amigo de Santiago.)
oHoi me encuentro como un zote
Con el majin aturdido
Porque me trae mas que al trote
El camote mas camote
Que hasta aquí se ha conocido.»
(Estanislao del Campo.— Monólogo de un tronera.)
Los camotes de que se trata en los ejemplos anteriores
son camotes simples. Los hai también furiosos, i lo mejor
que sobre ellos podríamos i queremos decir a los lectores
de ambos sexos es, que Dios los libre.
CANCHA.
Es voz quichua que significa ;3¿z¿eb o corral, i tnaiz tos-
tado.
En la segunda de sus acepciones forma un peruanismo
de mui frecuente uso; no siéndolo menos el del chilenismo
que constituye la primera.
CAN 85
Cancha es entre nosotros el lugar parejo que se destina
a ciertos usos con cuyo nombre se distingue. Así tene-
mos cancha de caireras, que es el sitio destinado a las
carreras de caballos; cancha de bolas, el que sirve para
jugar a éstas; cancha de pelota^ el preparado convenien-
temente para tirarla, etc.
El equivalente castizo de cancha de pelota es trinquete.
((Con ésta (la pelota chica o trigonal) se juega en los
trinquetes.»
{Con ABRVBik^.— Tesoro.)
No son menos valiosos los servicios que presta a la len-
gua la palabra de que escribimos, en su sentido figurado.
Abrir cancha a alguien es desembarazarle de obstáculos
el camino; abrirse calicha, surjir mediante los propios es-
fuerzos; estar alguien en sus calichas, estar en el lugar de
sus correrías, relaciones i triunfos de todo jénero; dar una
cancha a alguien, ir tras él persiguiéndolo a toda carrera^
i otros por el estilo que probablemente se nos escapan,
((Ocúrresenos también recordar aquí que en esta misma
cancha (de carreras) tuvo lugar la sangrienta batalla de
Petorca el 14 de octubre de 1851.»
(Vicuña ^ikCKm^k.-^ Historia de Santiago.)
Cancha es usado también en la República Arjentina^»
como se deja ver en estos versos de Ascásubi:
((Cielito, cielo, eso sí
Estamos en nuestra cancha
I hemos de desempeñarnos
Mucho mejor que en Cagancha.»
[Cielito gaucho.)
Cancha en el Perú significa maiz tostado:
((¡Viva la chicha que ensancha
Los ánimos apocados!
I viva la chomba ancha!
I viva también la cancha.
Que es pan comido a puñados!»
(Juan de Arona. — Poesías perdonas.)
86 CAN
CANCO.
Del araucano can, el cántaro, o acaso de conqnecan^
que significa el asiento del mismo.
Si esto último fuese verdad, seria necesario explicarse
la aplicación que hemos hecho del vocablo indijena por
medio de esa singular figura que los retóricos llaman antí-
frasis, i que consiste en designar un objeto por la cualidad
de que carece.
Un canco no es, en efecto, mas que un botijón en forma
de cono, obligado a yacer tendido cuan largo sea en tierra,
mientras no encuentre algún rinconcito en que apoyarse.
Los cancos van siendo de dia en día mas raros, por las
razones mui poderosas, de que sirven para poco, de que
nadie los trabaja i de que no por esas se ven libres de
muchachos o perros que, dándoles la guata contra el suelo,,
pongan fin a su quebradiza existencia; pero un tiempo fué
en que mas favorables vientos les soplaron «el tiempa
clásico», dice en alguna parte de su Historia de Santiago
el señor Vicuña Mackenna, «en que las esteras de estrado
i las petacas, los cancos i las carretas, los lebrillos de Po-
maire i las ollas de Talagante, los pellones de la Ligu^a i
las alfombras de Chillan estuvieron en toda su broga.»
CANDELEJÓN.
Una que otra vez nos parece haber oido aplicar este te-
rrible epíteto a ciertos bausanes que viven de visita en vi-
sita i de sarao en sarao, sin otro fin que el de fregar> la
paciencia a la mas hermosa mitad del j enero humano.
En les estrados de Lima, candelejón., según nos cuentan,
es tan corriente como en los de Satiago, el insoportable
chinchoso.
El erudito colombiano don Rufino José Cuervo, que trae
a candelejón en sus Apuntaciones críticaSy. insinuando que
bien pudiera derivarse de candido, le da a tonto i simploii^
por equivalentes.
CAN 8?
CANDELILLAS.
Llaman asi en Chile los fuegos jatmSy las heknas, san-
tebnosy luciérnagas i otras cosas que se les parezcan.
((Cuentan que entre las verdinegras ramas de este lú-
cumo vense candelillas en las hermosas noches de verano»
(Z. Rodríguez.— Zoco Eustaquio.)
CANGALLAR, ERO»
Cangallar es un término con que los mineros chilenos
expresan la acción que se condena por el séptimo precep-
to del Decálogo. Cangallero es el que tiene por oficio in-
frinjirlo a costa de los dueños de minas.
ikLa Colorada^ célebre por su feraz producción en mar-
cos para sus dueños, en robos para los cangalleros i en
pleitos para medio mundo, tuvo por descubridor a Manuel
Peralta, que ya no existe.»
(JoTABECHE. — Los Descubridorcs de Chañarcillo,)
El mismo Jotabeche, haciendo mas comprensivo el sen-
tido diQ ^cangallar y lo aplicó donosamente a los defrauda-
dores de las rentas públicas, en el siguiente párrafo:
«Hablando francamente, no solo los hai (cangalleros)
para las minas ricas: el fisco los tiene i mui honrados:
todos se hacen un honor de cangallarle sus rentas, i él se
hace un deber de cangallar las de todo el mundo.»
[Los Cangalleros.)
CANE2Ú.
Por ser curiosa, damos^ tomándola de Los Miserables de
Víctor Hugo, el oríjen de esta palabra:
«Et cette espéce de spencer en mousseline, inventior;
marseillaise, dont le nom canezou, corruption dumot quin^
ze aoút prononcé á la Cannebiére, signifie beau temps,
chaleur et midi.»
88 CAN
CANOA.
fLÜanoa es vocablo lucayo i de uso corriente en la Pe-
nínsula: esquife. y)
(MoNLAU . — Diccionario etimolójico .)
<iCánoa es una barca en que navegan, i son de ellas gran-
des! de ellas pequeñas.»
— [Diario de Colon por Las Casas, citado en La Ver-
dadera Guanahaiii de Colon por Varnhagen.)
Por el cajón cuadrilongo, abierto en las extremidades
que se coloca sobre alguna zanja^ acequia, etc., a manera
de puente para conducir el agua, dígase canal.
CAÑADA, ADILLA.
¿Cómo es que esta palabra que significa hondonada, ha
venido a ser el nombre de uno de los mas hermosos paseos
de Santiago?
El fenómeno, tan difícil de explicar en apariencia, ten-
dría, según los viejos, una explicación sencillísima. Ha-
biendo sido orijinari amenté nuestra Alameda de las Deli-
cias lecho del rio Mapocho, formaba el terreno en que se
vé ahora una verdadera hondonada, o cañada. Terraple-
nada ésta, perdió a un tiempo el nivel i aspecto que tenia,
conservando sinembargo el nombre, pregonero importuno
de sus humildes comienzos.
Idéntico es el oríjen de cañadilla, pequeña hondonada.
CANON.
Quiere el señor Gormaz que se diga cañería i no canon,
i agrega. aNada mas común que decir: el cañón, los ca^
ñones del tejado, por la cañería, etc.»
jGuarda Pablo! Acordes estamos en que canon no es
lo mismo que cañería; pero no diremos nosotros cañería
por la canal larga que se pone debajo de las canales del
tejado, i que en buen español se llama canalón.
CAP 89
iiCañer'ia^^t dice el Diccionario de la Academia, «es el
conducto formado de caños por donde se llevan las aguas
a las fuentes o a otras partes;» i, i<.caño, instrumento hue-
co, redondo i de distintos tamaños, hecho de metal, vidrio
o barro a modo de caña.»
A las series o filas de piezas de las casas, llamamos
cañones de piezas. Nos parece que lo propio seria crujía
de piezas.
«La crujía o fila de camas que se pone en los hospi-
tales.»
(Academia. — Diccionario .)
CAPA DE CORO.
Copiamos al señor Cuervo.*
nCapa de coro es la que usan las dignidades^ canóni-
gos i demás prebendados de las iglesias catedrales i cole-
jiales, para asistir en el coro a los oficios divinos i para
otros actos capitulares; es de la misma hechura de la capa
magna de los obispos i arzobispos, aunque mas corta la
cola. No debe darse ese nombre a la capa pluvial o al
pluvial, que es la que se pone el que hace de preste en
vísperas, procesiones i otros actos del culto divino.»
CAPINGO.
Capa corta i de poco ruedo. No viene en los Dicciona-
rios de la lengua.
Cuando no se conocían en Chile otros paños que los de
San Fernando, que se vendían a 20 i 25 pesos la vara,
las capas eran prendas que no estaban al alcance de mo-
zalvetes i artesanillos de nada como ahora ^ i que se here-
daban de padres a hijos por línea de varón hasta la terce-
ra i cuarta jeneracion. Entonces los capingos de barragan
i aun de bayeta estuvieron en boga i mas de uno tuvo
la fortuna de colgar de los hombros de altos dignata-
rios civiles, eclesiásticos i militares, como se evidencia,
en el siguiente ejemplo que tomamos de la ya tan benefi-
ciada Historia de Santiago por el señor Vicuña Mackenna:
90 CAP
«Echóse el preboste don José Alderete su capingo a los
hombros, calóse el sombrero de tres picos, de su oficio i
con la vara en la mano corrió a aprehender al hechor.»
CAPOTE.
Es castellano significando la capa un poco mas corta
que la común, déla cual se diferencia principalmente en
tener mangas: también lo es cuando, precedido del verbo
dar y designamos al que ha logrado hacer todas las bazas
en el juego de naipes; i por último cuando en estilo fami-
liar i anteponiéndole siempre el mtsmo auxiliar, damos a
entender que alguno de los que debian asistir a una co-
mida, se queda sin comer por llegar demasiado tarde.
Dar capotBy tiene ademas en Chile i en lenguaje estu-
diantil el significado de dar a algún colega, maestro o
inspector, una zurra o tunda de pedradas, pelotillazos, etc.
«jAh! dijo riendo el cura: ya se lo que eso significa.
Ud., queria darle un copóte a don Hilarión; pero la cosa
no dejaba de ser difícil.»)
[Huérfano.)
CAPOTILLO.
Llamamos así, a la chilena, al cascabillo o cascarrilla en
que se contiene el grano de trigo, cebada etc.
CAPUCHINO, A.
Peculiar a Chile es el uso de este adjetivo pospuesto al
nombre de ciertas frutas, para dar a entender que son pe-
queñas, o como decimos también, de miniatura.
El señor Vicuña Mackenna, que tan aficionado se mues-
tra en sus libros a revolver el escaparate en que se guar-
dan las antiguallas de nuestra sociedad recien salida de
la crisálida, dice que el llamar capuchinas a las naranjitas
que conocemos con este nombre, proviene de haberse visto
los primeros árboles que las dan en el claustro del monas-
terio de las santas mujeres que, en Santiago i bajo ese
CAR 91
nombre, viven observando en todo su primitivo rigor la
regla del Serafín de Asís.
Mas tarde, por extensión, se habria aplicado el califica-
tivo a todas las frutas que por su pequenez mas son para
vistas que para comidas, como manzanas capuchinas.
Puede que el señor Vicuña tenga razón; como puede
suceder también que se engañe i que nuestro capuchino,
provenga de un arbusto que, según elDiccionario de la Aca-
demia, tiene ese mismo nombre, «que se cultiva por ador-
no en los jardines i se suele usar en ensalada.»
El lector preferirá la etimolojia que sea mas de su gusto,
porque in dubiiSy libertas,
CARA.CHA.
Del quichua caracha, sarna o roña del ganado.
Conservando nosotros la palabra en su forma orijinal, la
hemos ennoblecido sin embargo, puesto que designamos ex-
clusivamente con ella la roña que aparece en la cabeza
de los niños, las mas de las veces en castigo de su pereza
i desaseo^
Carachento es el que de ordinario anda con carachas en
la cabeza.
Raras veces el sustantivo se usa ensingular.
¡CAR ai! .
Interjección equivalente a ¡caramba! Se usa en casi
toda la América española.
CARÁTULA.
*Mas agudeza que tontería arguye el llamar carátula a
la portaday frontis o frontispicio de los libros: cárátida es
lo mismo que careta o mascarilla, i ¿en cuántos libros no
es la portada una máscara con que se engaña al público
prometiéndole cosas que jamas se cumplen en el cuerpo
de la obra? En todo el mundo es moda hoi dia enmasca-
rarse con hinchados títulos, libracos por que no se puedea
92 CAR
(lar dos higas. Algunos entienden también por carátula el
forro o carpeta.»
«ISi ja con la frecuencia que solia
De alma virtud al rostro se acomoda'
Carátula falaz, la hipocresía.»
( Bretón . — Desvergüenza. )
uCarátula se toma también por el ejercicio de los far-
santes; i en este sentido decia D. Quijote que desde mu-
chacho habia sido aficionado a la carátula.^)
(Cuervo. — Apuntaciones críticas sobre el lenguaje bogotano.)
CARAVANAS, CARAVANAS.
Llaman en Chile los pendientes o arracadas.
CARDENILLO.
Como sustantivo es el carbonato o acetato de cobre.
Como adjetivo no aparece en los Diccionarios de la
lengua.
Pudiera creerse que nuestro adjetivo no es mas que la
adjetivación de cardenillo, tomado en la acepción, que tie-
ne también, de pintura verde\ pero es el caso que el car-
denillo chileno no es verde ni cosa parecida, sino azul claro
o, para darnos a entender mejor, azul hermoso.
«Tengo una pena amarilla
I un sentimiento morado,
Una rabia cardenilla
I un camote amoratado.»
(Copla popular.)
CARGAR.
Se usa incorrectamente de este verbo cuando se emplea
por traer, como cargar anteojos, reloj, yesquero, etc.
CAR 93
«Andaban les hombres jeneralmente desnudos, las mu-
jeres traían unas mantillas de algodón desde la cintura
hasta la rodilla.»
(Quintana. — Vida de Balboa.)
Cargara álguieri, en el estilo de nuestras antiguas aulas,
era tomarlo a cuestas para que pudiera ser mas cómoda-
mente zurrado.
«De cuando en cuando mandaba a otros al rincón el
Padre, que solo duraron en él hasta que, terminados los
desafios, fuélos llamando de uno en uno por el mismo
orden en que los habia apartado. Salió el primer juez i al
salir ¡cárgalo! le dijo el maestro, a un moceton de com-
plexión tan recia i tan perito en su oficio que sin ayuda
de nadie i en un santiamén tenia ya al malaventurado del
juez al apa. Un otro, poniéndolo en posición conveniente,,
con el cable alquitranado, comenzó la zurra.»
(Z, Rodríguez. — Loco Eustaquio,)
CARI.
Del araucano caru o cari, verde.
Al adoptar nosotros esta palabra indíjena alteramos su
significado, pues llamamos cari a la oveja de lana parda,
o albarazada, i alas mantas i ponchos que de ella se tejen.
CARINO,
Usada esta voz como suele en el campo por presente,
regalo, es chilenismo.
«El perder nada seria
Ni tiene nada de malo:
Este cariño o regalo
Ofrece la compañía.
(GuA JARDO. — La Empresa de coches amerieanoi..)
94 CAR
CARNEAR.
El señor Salva pone este verbo entre los provincialismo»
de la América Meridional, indicando mui acertadamente
que significa matar i descuartar las reses.
Ademas del sentido indicado, tiene el metafórico deen-
eañar a alguien, perjudicándolo en asuntos de dinero, ya
por medio de contratos leoninos, ya de trampas en el
juego, etc.
CAROSO.
También se halla esta voz entre los provincialismos ame-
ricanos recojidos por el señor Salva.
Nosotros nunca la hemos oido sonar en Chile^ si bien
creemos recordar habernos asegurado un amigo boliviano
que en su tierra es ese el nombre con que son conocidos
los que en la nuestra llamamos huesillos:
Otra cosa debe decirse en justicia de descorozado, que
sin duda alguna viene de caroso^ mediante un trastroca-
miento de letras.
Parece que nuestros descorozadoSy o descarosádoSj o des-
cocados se llaman en tierra de España orejones, nombre
que aquí reservamos para los cascos de pera o membrillo
secados al sol.
CARPA.
Del quichua carpa, toldo, ramada.
Llamamos así a la tienda que se improvisa clavando en
el suelo estacas sobre las cuales se tiende cuero, lona, u
otra tela.
Si se cubre con ramas se llama ramada, i sirve jene-
ralmente para otros usos.
CAR 95
CARTUCHO, cucurucho:
Dejamos, sobre el uso que hacemos de esta voz compara-
do con el de cucurucho^ la palabra al señor Cuervo:
«Entre cartucho i cucurucho, dice, media la misma dis-
tancia que entre la paz i la guerra^, entre la vida i la muer-
te: el primero está repleto de pólvora i lleva su dotación
de bala i talvez de postas; el segundo entraña dulces o
especias o dinero: ¡qué diferencia! i cometemos los bogo-
tanos (i los chilenos también) la nefanda profanación
de ofrecer a las damas cartuchos i reservarnos los cucuru-
chos para los nazarenos! proh pudorhy
«En señal de tú boda le llevaré un cucurucho de dulces
de calabaza.»
(Hartzenbusch. — La Coja i el encojido.)
«¡Ai, de cuantos poemas, cucuruchos
Hará el tendero, i cuanto i cuanto chirlo
Preparan el ratón i la polilla
A mas de una rimada maravilla!»
(Bretón. — Desvergüenza.)
« ¿Puedo saber
Qué encierra ese cucurucho'^
— Son bombones, capuchinas,
Almendras garapiñadas,
Yemas acarameladas
I pastillas superfinas.»
(Id. — Marcela.)
ecEl cucurucho es de forma cónica i el cartucho de for-
ma cilindrica; así no seria impropio un cartucho de
duros.it
Ahora, i puesto que ya se ha tratado de cucuruchos,
anticiparemos, para no vernos en la necesidad de hablar
mas de ellos, que nunca hemos conocido en Chile otros
que los que salen a recorrer las calles en la Cuaresma, con
sable o garrote en una mano i cepillo en la otra, pidien-
96 CAR
do limosna para el Sanio entierro de Cristo i soledad de »,a
Virjen. El Diccionario de la Academia llama a los tales,
nazarenos, aunque ignoramos si los de España acostumbran
arrearse como los de por acá. Si así fuera seria fuerza re-
conocer que raójor inspirados estuvieron los que en Chile
los bautizaron de cucuruchos en atención al alto i puntia-
gudo gorro c[ue llevan en la cabeza, que los que en Espa-
ña les dieron sin motivo aparente el nombre de na-
zarenos.
Copiamos ahora dos párrafos, histórico el uno, descrip-
tivo el otro, sobre los cucuruchos i la procesión de que
son siempre, al menos para los muchachos, la novedad i
el ornamento:
((Conocíase la procesión con el nombre de la Soledad
porque la Cofradía que la celebraba tenia una capilla bajo
esta denominación junto a aquella iglesia (la de San
Francisco) la que según creemos debió su oríjen a la pie-
dad i al dolor de la viuda de Pedro Valdivia, i es la misma
que hace algo mas de 20 años restableció con sus cucu-
ruchos i su sepulcro el devoto auditor don Pedro Palazue-
los Astaburuaga.»
(Vicuña. Mackenna. — Historia de Santiago.)
«Siguióse la Semana Santa.... Los cucuruchos enmas*
carados i vestidos de negro, apoyándose, a guisa de basto-
nes, en sables mohosos o gruesos colihues recorrían las ca-
lles gritando en voz lúgubre i monótona letanía: «Para el
santo entierro de Cristo i soledad de la Vírjen!»
«Yo nunca he sabido lo que los cucuruchos significan.
Cuando en mis dias de recojimiento i fervor relijioso los
he visto, me han parecido un símbolo triste a la par que
aterrante de la mas grandiosa i espantable catástrofe que
ha presenciado el mundo. Cuando, por el contrario, los he
observado en mis dias de disipación, me han parecido
una ridicula personificación del cuco con que se da
susto a los muchachos. En éstos se pueden ver por otra
parte de manifiesto los dos aspectos que presentan a
la imajinaciun. Cuando al volver de una esquina una
parvada de niños se encuentra de manus a boca con al-
guno de ellos, los mas grandecitos lo siguen, rodean i
acosan gritándole sin tregua: ^Cucurucho cabeza de cam-
ilucho!» hasta que lo ponen en el caso de amenazarlos con
CARR 07
su sable o garrote; al paso que los meiiorcitos se ocultan
tras sus madres o, pidiéndoles amparo, se cuelgan de sus
laidas.»
(Z. Rodríguez. — Loco Eustaquio.
CARRASCAL.
íín español, sitio poblado de carrascas.
Entre nosotros, lugar pech^egoso i estéril donde a lo
mas crecen algunas malezas; i sin duda ninguna la calle
que en Santiago se llama del Carrascal^ fué llamada así
por estar en su oríjen cubierta de piedras, malezas i ba-
suras.
Si hemos de creer lo que asegura el señor Salva en
su Diccionario, la acepción que damos en Chile a carras-
cal es orijinaria de la isla de Cuba.
CARRIL, ILANO^ A.
Así como no faltan en Chile personas (i no son pocas)
que han hecho solemne voto de no subir al tren en todos
los dias de su vida, así las hai también para quienes todas
las cosas referentes a las vias férreas, no tienen mas
nombres que el de carril i el de ti^e?!. Los tales dicen tan
satisfechos que viven cerca del tren, como que corren
actualmente 20 trenes diarios entre Santiago i Valparaíso;
i conservamos todavía en la memoria los dos últimos
versos de una tonada que oimos cantar en Tiltil el año
en que se principiaron los trabajos del ferrocarril del Sur,
í que decían:
(cCorrió el carril hasta Talca
' Por don Matidas Causiño.^^
Carrilanos se llamaron primeramente los peones que
trabajaban en levantar los terraplenes, abrir los cortes i
horadar los socavones de la línea férrea; peones que si
en tales trabajos ganaron fama de ser los mas esforzados
aguantadores del mundo (i cuenta que no hai en ello la
mas leve exajeracion) no la adquirieron tan buena de
98 CAS
observantes de la moral evanjélica i respetuosos de las
vidas i propiedades ajenas. De ahí es que carrilano haya
venido a ser sinónimo de roto desalmado, con sus puntos
de ladrón i sus ribetes de forajido.
«Por lo que toca a los jornaleros empleados en los fe-
rrocarriles chilenos, con tres años mas de angustia, la
agricultura podrá disponer de algunos de esos brazos;
decimos de algunos porque esos peones acostumbrados a
recibir mayor jornal que en las faenas agrícolas, habitua-
dos a la vida libre i aventurera del carrilano, difícilmente
se resignarán a volver a un fundo de campo a la vida
monótona i laboriosa del agricultor.»
[Libertad Católica de Concepción.)
CASAS.
Si preguntamos al Diccionario qué cosa es casas, nos
contestará que es el plural de casa, i así es en España;
mas desgraciadamente, i aunque ello pese al que dijo que
la verdad no reconoce meridianos, en materia de lengua-
je lo que es verdad en España suele ser error en América.
I ahí están en prueba las casas de todas nuestras hacien-
das que no nos dejarán mentir. En las ciudades, villas i
aldeas nadie dice que arrienda, que compra, que vende
o que repara sus casas, sino cuándo arrienda, compra,
vende o repara mas de una; al paso que en las ha-
ciendas no hai peón ni inquilino que, al hablar de la mo-
rada del rico, cometa la irreverencia de negar a casa el
plural que le es debido. Se diria que así como los gramá-
ticos cortesanos inventaron un plural ficticio para hablar
de la persona de los emperadores, reyes, papas, arzo-
bispos, etc.; así los campesinos chilenos han querido hon-
rar a los hacendados (que son en verdad emperadores i
reyes chiquitos de sus haciendas) dando en su gramática
parda un plural ficticio a la suntuosa morada en que ha-
bitan... uno o dos meses en el año.
Sinembargo de lo dicho, i a pesar de las apariencias
que en ello nos confirman, no estamos absolutamente se-
guros de que la honra que puede caber a los inventores
de este plural ficticio tan enfático i expresivo correspon-
CAS 99
da a los guasos chilenos; i nuestra duda nace de existir
un acuerdo del Cabildo de Santiago que principia por
estas palabras textuales:
«En la ciudad de Santiago del nuevo Extremo, lunes
cinco dias del mes de enero de 1545 años_, en las casas
del mui magnífico Pedro de Valdivia» etc.
También dice Sancho en el Quijote: «¿Sabreisme decir,
buen amigo, que buena ventura os dé Dios, dónde son
por aquí ¿os palacios de la sin par princesa Doña Dulci-
nea del Toboso?»
«Nos volvimos a las casas conversando sobre asuntos
frivolos.))
(Z. Rodríguez. — Loco Eustaquio.)
Ahora prestemos atención al señor Cuervo que va a
hacernos, sobre el vocablo motivo de este párrafo, obser-
vaciones de otro jénero:
«Las partes en que se divide el rosario» dice^ «constantes
de diez avemarias i un paternóster, se llaman dieces i no
casas; ese mismo nombre, ademas del de padre nuestro o
pater nóster^ llevan las cuentas mas gruesas o señaladas
que en el rosario dividen las decenas, conocidas entre
nosotros con varias denominaciones, como pasadores, por
ejemplo.»
«Apoyábase el buen ermitaño en un báculo i en la otra
mano llevaba un gran rosario de cuentas gordas i de vein-
te dieces por lo menos.»
(P. Isla.-- Gil Blas.)
«Sirviéronle de rosario unas agallas grandes de un al-
cornoque, que ensartó, de que hizo uti diez.»
{Ceryántes.^ Quijote.)
((No traia arma ninguna sino un rosario, de cuentas en
la mano mayores que medianas nueces, i hs dieces así
mismo como huevos medianos de avestruz.»
(Id.— /í/.)
CASERO, ERA, ERIA.
iiCasero: Provincialismo cubano,» dice Salva, i define:
«El que vende o compra ciertos artículos usuales, parti-
100 CAT
cularmente los comestibles, a una misma persona; i así
se dice: el casero de la leche está en la puerta: aquí está
el pan, casera.y*
Ocioso es advertir a los chilenos que éste que llama
provincialismo cubano el señor Salva, está en Chile tan
perfectamente acaserado que parece criado i nacido en
casa. I por si alguien lo dudase, allá va un ejemplo:
«Don Juan Godoi resultó hallarse mui emparentado,
mui relacionado con innumerables individuos que antes
no conocía sino como caseros que le compraban su leña.»
(JoTABECHE. — Los Dcscíibridores del mineral de Cha^
ñarcillo.)
Casería es el conjunto de parroquianos que acostum-
bran acudir a comprar a la tienda de) mercader sedenta-
rio, o en cuyas casas acostumbra vender el mercader am-
bulante: •
((Tiene tanta casería
Que no alcanza a dar abasto,
Pero, en salvando su gasto,
A muchos les dá i les fia.»
(GuÁ JARDO. — El Vendedor,)
CASTILLA (carne DeI.
Seguramente, por haber venido de Castilla las primeras
ovejas que vinieron a Chile, se llamó i se llama todavía
ca7'7u de CnRliUa a la do oveja, carnero o cordero.
CATA, CHOROl.
El señor Salva se equivoca al creer que Cata es en
América nombre con que familiar i cariñosamente se lla-
ma a las mujeres que recibieron el de María en el bau-
tismo. El diminutivo afectuoso de María es Marica: así
como Cala i Cauta, lo son de Catalina.
Cata es también el nombre con que designamos en
Chile a los loritos o cotorras: viene del araucano cata,
agujero i alude a la circunstancia de hacer estas aveci-
CAT 101
tas sus nidos en agujeros que abren en los barrancos de
la cordillera o despeñaderos de la costa.
Oportuno es observar, no obstante, que el nombre indí-
jena de las cotorras de estas tierras ha ido cediendo su
Jugar al indíjena también i onomatópico de choroi, que
es el que casi exclusivamente aplicamos a los loros bru-
tos, (en Chile tenemos la gracia de calificar de bruto todo
lo que no es extranjero) reservando el de catitas i catu*
rritas para las que nos vienen de Mendoza o de Guaya-
quil.
«Cuando visitaba estos pintorescos lugares (alrededores
de Quintero) en uno de los últimos dias del pasado enero,
llamóme la atención la infinidad de pequeñas cuevas que
existen labradas en la reblandecida roca de la Ventana.
El pescador que me servia de guia, satisfizo mi curiosidad
diciéndome que aquella innumerable multitud de agujeros
eran nidos de choroyes.
(Vicuña Mackenna.— £a Comarca de Quintero.)
CATANA.
Nombre despreciativo que dan los rotos al sable con que
andan armados los policiales (no hai en español una pa-
labra para designarlos, probablemente porque en los bue-
nos tiempos de la lengua no existieron en la Península)
i serenos.
ttDe la cintura le pende
Una cortante catana^
Que a la cosa mas pequeña
Sale fuera de su vaina.»
[El Huérfano.)
Catana debe de ser corrupción del español catan, al-
fanje.
CATEAR, EO^ EADOR.
Hubo en lo antiguo un verbo catear que significó bus-
car, descubrir, que mas tarde se transformó en catar, i
que yace en España completamente olvidado.
102 CAT
«... díjole un dia (el Rei a su Privado) que habia pensa-
do de dejar el mundo e irse a desterrar a tierra do no
fuese conocido, e a catar algún lugar extraño e mui apar-
tado en que ficiese penitencia de sus pecados.»
(Don Juan Manuel. — Qjonde Lucanor.)
No así en Chile, donde no solo hemos conservado i re-
juvenecido al antiguo catear, sino que también le hemos
atribuido acepciones que no tuvo cuando floreció en la
Península.
Denotamos con él la acción de explorar el terreno en
busca de alguna veta de metal^ i en este sentido se usa
jeneralmente como intransitivo, pues siendo siempre uno
mismo su complemento directo, por sabido se calla. Así
se dice: «Pedro salió a catear; hace una semana que anda
cateando.)^
Otro sentido que le damos en el trato familiar es el de
aguaitar, mirar atenta i cautelosamente, como se ve en
los siguientes versos de una popular zamacueca:
«No seas tan cargoso
Para mirarme.
Que mi madre no cesa
¡Ai! de catearmeh
¿No hacen recordar estos versos aquellos tan sabidos
del poema del Cid:
«Volvía la cabeza e estábalos catando.
Vio puertas abiertas e usos sin cañados?»
En resumen, desechando lo nuevo por lo viejo, hemos
atribuido a catear sus antiguas acepciones, agregándole las
del moderno catar, al cual tratamos como si no existiera.
Escusado parecerá advertir, después de lo expuesto, que
cateo es la acción de catear; i cateador el que habitual-
mente se ocupa de explorar el terreno en busca de me-
tales preciosos.
CATIMBAO.
¿De dónde nació el llamar catimbaos a los individuos
que en la fiesta de Corpus, vestidos extravagante i ridícu-
CAU 103
lamente, i reunidos en uno de esos grupos de danzantes
que se llamaban bailes, corrían, brincaban i cantaban en
una inintelijible jerigonza, durante la procesión i por en-
tre las dos filas de alumbrantes. En vano hemos pedido
la respuesta a nuestros diccionarios, quichua i araucano
que nos han sacado de apuros en casos parecidos.
Probablemente la voz esta es de formación caprichosa,
i acaso no seria raro que ella fuese de oríjen africano,
como es africana la letra de las touadillas que cantaban
los catimbaos.
El hecho es que ahora, (que para ver catimbaos^ seria
preciso ir en romería hasta el santuario de Andacollo) he-
mos convertido esa palabra en un término de comparación
para ponderar el grotesco i presuntuoso vestido de algu-
nos que olvidan que la sencillez es la primera condición
de la elegancia. Decir de alguno qut» se viste como un
catimbao, es decir a la chilena que se viste como un payaso.
CATRINTRE.
Mucho hemos devaneado, i no poco manoseado nues-
tros calepinos, por dar con la etimolojía precisa de este
singular adjetivo. A tiro de ballesta se conoce que él es
orijinario de Arauco, pues araucanos son los elementos de
que se compone: ca, otro, ajeno, distinto, i trintre, crespo;
i araucana, sobretodo, la pronunciación de la combinación
tr, que es igual en catrintre, exactamente igual, a la de
contri. Pero si en su forma escrita i en su pronunciación
catrintre es de oríjen araucano ¿por qué llamar así a los
quesos que se trabajan con leche flaca, despojada antes
de la crema? That is the question!
Resuélvala el lector sabiendo que, como queda dicho,,
ca es una partícula de adorno que no significa nada, o que
cuando significa algo, puede significar otro, ajeno, extra-
fio; que trintre significa crespo, desmedrado-, i que mante-
ca o grasa se dice en araucano ihuiñ o lichi.
CAUSEAR.
■ Asegúranos un antiguo abogado haber oido usar este
erbo por pleitear, litigar; nosotros, en verdad sea dicho.
104 CEB
jamas lo hemos oido en ese sentido^ si bien semejante igno-
rancia puede explicarse por el feliz alejamiento en que vi-
vimos de pleitos i de tribunales de justicia.
De lo que sí podemos dar testimonio es de la otra acep-
ción, muchísimo mas común que tiene causear, significan-
do comer alguna cosa apetitosa, ordinariamente seca i
fria, fuera de las horas en que es costumbre sentarse a
la mesa.
Causeo es la acción de causear i también los comestibles
en que esa acción se ejerce. A los últimos solemos llamar-
los también causa.
CATAMPA.
Del quichua callampa, «hiongo de comer» dice el P.
ossi en su Diccio
en castellano setas.
Mossi en su Diccionario Los hongos de comer se llaman
CEBA, CEBO.
Con la primera de las dos voces que acabamos de es-
cribir se designa en Chile la pólvora que se pone en las
cazoletas o fogones de los fusiles i otras armas de fuego ,
con manifiesta infracción de lo que prescribe el Dicciona-
rio, que llama a la pólvora esa cebo, i con desprecio de los
buenos autores de todos los tiempos de la lengua, que nun-
ca la han llamado de otra suerte.
«Pero entrambas cargas
Barro estaban hechas,
I lo mismo el cebo
De la cazoleta.»
(Hartzexbusch. — Fábula XXVL)
Ceba es la abundante comida que se dá al ganado que
sirve para alimento del hombre, a fin de engordarlo.
usamos del verbo cebar, en una acepción exclusivamen-
te chilena cuando, olvidándonos de servir, decimos quQ
alguno ceba el té, el café, o el mate; pues lo propio en
casos tales seria servir.
CEP 105
CEBOLLÓN, ONA.
Por SülteroUy ona, es chilenismo, i de para sangre,
como se comprueba por la siguiente cueca:
«La mujer que viviere
Sin regla o tasa.
En llegando a los treinta
Ya no se casa.
Ya no se casa, sí.
La señorona
Es fuerza que se quede
De cebollona.y>
celemín.
Se usa mal en el sentido de gran número, multitud,
infinidad y que no tiene, como que es nombre de una me-
dida de capacidad, i no grande, sino de las menores.
CEPO.
Infinitas veces hemos visto escrita con bastardilla esta
palabra, aun por nuestros mas ilustrados escritores, que
sin duda, atribuyendo a algún antiguo hacendado o enco-
mendero la invención del instrumento, atribuyen también
un oríjen nacional a su nombre.
aPara aumentar la ignominia de éste (del Dean) dejó
Machado preso en el cepo a uno de sus mayordomos por-
que no quiso de pronto entregarle las llaves.»»
(Vicuña Mackenna. — Historia de Santiago.)
Desgraciada, o mejor felizmente, el cepo no es oriji-
nario de Chile sino de importación española, como lo ma-
nifiesta la definición que de él da la Academia: «Instru-
mento hecho de dos maderos gruesos, que unidos forman
en el medio unos agujeros redondos en los cuales se ase-
gura la garganta o la pierna del reo, cerrando los ma-
deros.»
106 cíe
CERNER, VERTER.
«De haberse forjado los infinitivos cernir , vertir, que
jamas han existido en castellano,» dice el señor Cuervo,
<(se han orijinado muchos errores que cuidadosamente de-
ben excusarse; cuales son vertid, virtió, virtamos, etc.
Estos verbos se conjugan exactamente al tenor de per-
der, por ejemplo; así diremos: cernemos, vertemos, {per-
demos)', cernéis, vertéis, {perdéis): cernió, vertió, {perdió);
cerned, verted, (perded); cerniendo, vertiendo, (perdiendo);
cerner, verter, {perder).
«¡Qué placer es verla (a una mujer) hacer su colada,
lavar su ropa, aechar su trigo, cerner su harina...!»
(A. DE Guevara. — Epístola familiar.)
uCernió sin echar harina
I no se debe espantar,
Que por mucho madrugar
No amanece mas aina.»
(Castillejo ---Rimas .)
La confusión nace de haber equiparado a cerfier con
discernir, i a verter con divertir.
ciénega.
Suele decirse, i mal, porque la palabra es ciénaga o ce-
nagal.
ttSin conocimiento para la disecación de las vastas cié-
negas formadas por todas partes.»
(Miguel de la Barra. — La América.)
cierro.
Solemos llamar así el papel en que se cierra una carta.
Lo propio es cubierta.
COL 107
«¿O rasgará por leeros
La cubierta de esa carta?»
(Tirso. — La Celosa de sí misma.)
También puede decirse sobre, sobrecarta i sobrescrito.
CISIÓN, ESCISIÓN.
Palabras casi tan traidoras como cerner i verter de que
un poco mas arriba tratábamos.
La primera no significa, como muchos creen, división o
separación, sino incisión o cisura. Dígase, pues, que ha
ocurrido una escisión entre los miembros del ministerio,
o de éste o aquél bando, si se desea evitar el disparate
de dar a entender que los tales miembros han sido objetó
de alguna cisura.
«A la corte incumbe Ta principal obligación de sacrifi-
car, si fuese necesario, todos los intereses i bienes del
mundo por evitar la menor separación o escisión de los
miembros de Cristo.»
(ViLLANUEVA. — Vida literaria.)
COLIGARSE, COALIGARSÉ, COALICIÓN, COLIGACIÓN, COLISIÓN.
Damos en seguida el sentido preciso de cada una de
las anteriores voces, por creer que ello puede ser de al-
guna utilidad a los que con frecuencia las confunden i
usan revesadamente:
Coligarse: unirse, confederarse un^í? con otros para
realizar algún fin común.
«Levantáronse a una los reyes de la tierra i coligáron-
se los príncipes de la Sinagoga. )>
[^cío.-- Paráfrasis del salmo 11.)
Coaligarse: no existe sino en la mente de los que lo
usan mal por el anterior.
Coalición: confederación, liga, unión.
Coligación: la acción i efecto de coligarse.
Colisión: rozadura o herida, hecha de ludir o frotarse
108 COC
una cosa con otra: metafóricamente pugna entre afectos
o intereses encontrados.
COBADERA.
Por depósito de guano no lo traen los diccionarios de
la len gua.
COBRAR.
Recomendamos a pleiteantes, abogados i escribanos,
porque puede importarles tengan mui presente que
cobrar no es, como talvez están creyendo, exijir el pago y
sino recibir el dinero: ¡i bien i de sobra se saben ellos que
media entre una i otra cosa tal cualilla distancia!
Si Pedro otorgase en favor de Juan una escritura auto-
rizándolo para cobrar ciertos pagarées, con el ánimo de
facultarlo solamente para demandar por el pago, podria
llevarse buen chasco; porque en realidad, i según el texto
mismo del poder, lo habria autorizado para recibir del
demandado el valor de aquéllos.
«El cesante es incapaz de ocuparse en nada ni de bus-
car ningún medio decoroso de subsistencia; aun su cesan-
tía, si llega a cobijar alguna parte, no le sirve de nada
porque el mismo dia que cobra se lo gasta alegremente.»
(Gil i Zarate. — El Cesante.)
COCAVÍ.
Provisión de comestibles que llevan en las alforjas los
que viajan a caballo; la palabra es compuesta probable*
mente del nombre que tiene el conocido arbusto llamado
coca [erythroxylum peruvianum) cuyas hojas se quema-
ban a manera de incienso en los altares dedicados al Sol
bajo el réjimen de los incas, i en la actualidad, mezcla-
das con quínua o tierra calcárea, mascan en sus viajes,
para entretener el hambre i el cansancio, los indios del
Perú i de Bolivia. .
COCH 109
«Cuando salí de mi tierra
De nadie me despedí;
Solo de una china vieja
Que me arregló el cocaví.yy
{Tonada popular.)
«Con las criadas de casa preparaba
El cocaví sabroso i necesario;
Gallinas fiambres, tortas i conservas^
En sendos hermosísimos canastos.»
(C. WÁLKER Martínez. — El Proscrito.)
También pudiera venir cocaví de la voz cubana cacabí
o cázabí, como se vé por el siguiente ejemplo que toma-
mos del Sumario de la natural Historia de las Indias por
don Gonzalo Hernández de Oviedo i Valdes.
«Hai otra manera de pan que se llama cazabí que se
hace de las raices de una planta que los indios llaman
yuca^y) etc.
COCHAYUYO.
Véase huiro.
COCHI o COCHE.
¿En qué se parecen los mas despreciados animales a los
hijos de los monarcas?— En los muchos nombres.
Ahí están en prueba los aporreados rebuznadores que
acarrean la piedra de empedrar i arena por nuestras ca-
lles, con cinco: asno y burro, borrico , jumento i pollino.
Ahí está también el gruñidor de nuestros chiqueros que
tenia en español cuatro: cerdo, puerco, marrano, i verraco,
i que ha recibido en América dos mas, el quichua cochi i
el araucano chanchu.
Sobre este último haremos en lugar oportuno las obser*
vaciones del caso.
lio COD
El padre Fébres en su Vocabulario de la lengita arauca-
na, hace notar la rara circunstancia de que sea Chiloé,
esto es la provincia chilena que se halla mas lejos de Bo-
livia, aquella en que se designe mas frecuentemente a los
cerdos con su nombre quichua de cuchi. Si la aserción
del padre Fébres fuese exacta, seria realmente curioso;
como no deja de serlo tampoco que en las demás provin-
cias, cuando dirijimos de alguna maneralapalabra a los cer-
dos, se las dirijamos siempre en quichua, i cuandohablamos
de ellos en tercera persona los nombremos siempre en arau-
cano. Tan inusitado seria llamar a un puerco gritándole:
¡chancho! chancho! como vender su carne al grito de
¡carne de cochi!
Acerca de la palabra materia de este párrafo nos ob-
serva el señor Páulsen: «Para mí es abreviación de co-
chinOf pues siempre lo he oido únicamente en el vocativo.
Nadie vende un cochi ni tiene cochis. El padre Fébres
dirá que chancho es araucano; pero yo preguntarla al pa-
dre qué animal habia entre los araucanos que ni remota-
mente se asemejara al cerdo. A prior i diria que chancho
no es araucano.»
La objeción sin duda es poderosa; pero si chancho no
viene del araucano ¿de dónde viene?
COCHO.
Talvez del ({yúchnK ppochcco y mazamorra demaiz cocido^
O mas pobablemente del anticuado cochar, cocer.
Es el nombre que tiene en las provincias del Norte la
mazamorra formada de harina tostada i agua caliente o
fria, que por acá llamamos ulpo o chércan.
CODEAR, EADOR, A.
Provincialismo boliviano {codear) según Salva, quien lo
define: «sacar el dinero u otra cosa al prójimo con maña.»
Pues si eso significa codear en Bolivia, el señor Salva
hizo mal atribuyendo exclusivamente a nuestros herma-
nos de allende el desierto un vocablo que podríamos lia-
COG 111
mar, imitando el lenguaje de nuestros diplomáticos, de
participación común.
Ademas de codear, i aunque parezca excusado advertirlo,
tenemos en Chile codeadores^ que son aquellos que por
ocupación habitual tienen la de espiar el momento opor-
tuno para sacar el dinero u otra cosa al prójimo con ma-
ña; i codeo, que es la acción de codear.
COGOLLO.
A la chilena, en sentido recto, se llama cogollo cierta
copla con que la persona que canta suele dar remate a la
tonada.
Estas coplas, cuya composición métrica es varia, van
por lo jeneral enderezadas, en son de elojio i felicitación,
a alguno de los asistentes, i una que otra vez sirven al
cantor para enviar tristes quejas o picarescas declaracio-
nes de amor al objeto de su cariño.
Al ejemplo que dimos en la voz agachar, agregaremos
los siguientes:
«¡Que viva mi sia Juanita
Cogollito de limón!
Candadito de mi pecho
Llave de otro corazón.»
<(¡Que viva el señor don Pablo
Verde cogollo de olivo!
Advierta que soi constante
I lo que quiero no olvido.»
«¡La niña donosa viva
Cogollito de durazno!
Me quitarán que la mire^
Pero que ia quiera... ¿cuándo?»
También encontramos cogollos sin cogollos ni cogollitos:
«¡Que viva Tula mil años
Cascarita de granada!
Yo me muero por Ud.
1 a Ud. no se le da nada.»
112 COL
Por una traslación muí natural se lia dado a cogollo, en
sentido figurado, la acepción de lisonja, adulación, elojio
lanzado a boca de jarro, jeneralmente sobre alguno que
no lo merezca.
Es palabra expresiva i bastante usada en las polémicas
de los diarios.
Leemos en uno de ellos:
«Son afortunados, no hai duda, los hombres que nos ha-
cen el honor de gobernarnos. Tanto han llovido sobre
ellos los aplausos i los cogollos que poco a poco se han ido
creyendo los hombres indispensables,» etc.
COGOTUDO, A.
Ni en su sentido propio, de persona fornida de cogote,
está en el Diccionario de la Academia. Ademas de ese
le atribuimos en Chile el figurado de 'persona rica, influ-
yente, notable, i en tal acepción es sinónimo de copetu^
dOy a*
COLACIÓN.
Los confites menudos que llamamos en Chile así, se lla-
man en España grajea:
«I comienzo a desmigajar el pan sobre unos no mui
costosos manteles que allí estaban...; después como quien
toma grajea lo comí i algo me consolé.»
(D. Hurtado de Mendoza. — Lazarillo de Tórmes.)
Véase un ejemplo del uso chileno en camisón.
CÓLERA-MORBO.
Esta voz aparece en lo;^ diccionarios i gramáticas, la
del señor Bello inclusive, como masculina. Será por lo
tanto equitativo atribuir a una inadvertencia o yerro del
cajista el jénero femenino que se le atribuye en dos pasa-
jes del Derecho internaciortal del mismo autor (pájs. 115
1116.)
COM 113
«I la opinión que en el dia parece tener mas séquito es
qne la cólera no es contajiosa tampoco» « ¿acelera
morbo.n
COLLAR
Dígase collera por la que se pone a los caballos i muías
para tirar el coche, carro, etc.
COLLERAS.
Collera es en castellano el collar de cuero, relleno jene-
raímente de paja o de estopa, que se pone en el pescuezo
de muías o caballos para tirar carruajes.
Nosotros lo usamos en singular para denotar el par de
animales que amarrados caminan juntos; i en plural, para
para nombrar los botones pareados o de dos cuerpos con
que se abotonan los puños i pechera de la camisa, botones
cuyo nombre propio esjemelos.
COMBO.
Pesado i tosco martillo de fierro que usan herreros i
mineros en los casos en que se necesita golpear con gran
fuerza.
El equivalente castizo de combo es almádana] entre he«
rreros, macho.
«Al fin digan a Urmeneta
Que no pierda su tesón;
Mas vale que busque el oro
A combo i cuña i barreta.»
{GvA3 ARDO. —¡Viva don Federico ErrázUri¿!)
I Puede mui bien haberse orijinado nuestro vocablo de!
ustantivo español combo, que es «el tronco o piedra
rande sobre que se asientan las cubas.»
¡Bar combo!: sigan Uds. dándose de mojicones.
114 COM
COMEDIRSE.
Rarísimas veces hemos oido emplear este verbo en
su significado castizo de arreglarse ^ contenerse y mode--
rarse.
Es, sí^mui usado por prestarse con prontitud i buena vo-
luntad a servir a los demás. Así llamamos comediday no
a la pericona afable i urbana, sino a la oficiosa i solícita
en ayudar a los otros en sus quehaceres; i al contrario
descomedida a la indolente i buena para nada.
«Hace una semana, dirá una dueño de casa a sus sir-
vientes, reconviniéndolas, que la niña anda con el vestido
desapretin^do i nadie se ha comedido a darle una puntada.»
COMINILLO.
Buscamos en el Diccionario a cominillo i nos remite a
joyo. Vamos a joyo, i leemos: «Especie de grama que se
cria entre los trigos i cebada; produce una espiga blanca
i delgada con seis o mas granos que salen alternativa-
mente de los dos lados de la cima en forma de espigui-
llas, con una semilla menor que la del trigo, encerrada
en una cascara negra que se termina casi siempre en cier-
ta habilla o raspa puntiaguda.» I hétenos así, sin pensarlo,
delante del nombre que se da en España a la grama aquélla
que tanto hace chorear a nuestros agricultores envalli-
cando les los trigos.
En buen castellano, estar con un cominillo o tenerlo y
seria sentir el alma envallicada.
Ya venga empero nuestro cominillo de vallico, ya sea
una reminiscencia del escosor que causa el comino, io cier-
to es que en Chile dicen que lo tienen cuantos sienten
alguna duda que los preocupa i mortifica.
comisión:
Echan o hacen o enredan comisión en el juego de vo-
antines los que en la altura se enredan del hilo por ver
cuál tumba o se lleva a su enemigo.
COM 115
«Mas alegre, pero siempre sobresaltado, jugaba una tardo
al volantin. Yo sujetaba el mió desde el patio de casa, i
otros, desde la calle, trataban de enredar con él comisioíi.n
(Z. Rodríguez.— Zoco Eustaquio.)
COMPETER, COMPETIR.
aVemos que con lamentable frecuencia, >> escribe el se-
ñor Cuervo, «se confunde a competer con competir: aquél
significa pertenecer, tocar, incumbir; éste contender riva-
¿izar; conjúgase el primero como deber, el segundo como
pedir. Patentízanlo estos ejemplos:
«Pondérase en el concilio la importancia de este ser-
vicio, confiérese el premio que le compete. ^^
(Saavedra Fajardo. — República literaria.)
«Ninguno sufre a quien compite con él en las cualidades
del ánimo.»
{Id, -^Empresas políticas.)
«Es tanta la beldad de su mentira
Que en vano a competir con ella aspira
Belleza igual do rostro verdadero.»
(Lupercio L. de Arjensola. — Soneto: Yo os quiero, etc.)
«El templo de Salomón,
Aquesa fábrica antigua,
Que ni antes ni después hubo
Ni habrá otra que le compita.»
(Calderón. — El primer refujio del hombre.)
COMUCHO o CUMUCIIO.
Agrupámiento de personas, animales u objetos inani-
mados.
Véase acuüuchau.
116 CON
CONCHABO^ AR,
Hai entre el chileno conchabar i el español cierta ana-
lojía de significado, que está revelando a las claras el
oríjen de aquél. En efecto, conchabar es wmV, juntary
asociar, i conchabarse unirse dos personas entre sí con al-
gún fin, que jeneralmente se reputa malo.
Ahora bien, en Chile conchabamos a alguno cuando
convenimos con él en que nos preste algún servicio, me-
diante una recompensa que puede ser pagada en dinero o
especies.
Conchabo es la acción de conchabar y i ademas las ventas
menudas o trueques de baratijas i chucherías que hacian
los vendedores ambulantes, que nosotros llamamos faltes
i que en España se llaman buhoneros.
«Ademas del inquilinaje i los pueblos de indios ha que-
dado un recuerdo vivo de lo que era la mita en los min-
gacos, como se llama todavía a los canchavos (otra palabra
indíjena) que se hace para las trillas, siembras i otras
operaciones rústicas.»
(Vicuña Mackenna. — Msíom de Santiago.)
CONCHO, CONCHOS,
Del quichua cconchus, heces, asiento; o mas inmediata-
mente del araucano concho, la borra de la chicha.
El mismo señor Vicuña Mackenna, cuyo nombre ha
aparecido ya i tendrá que aparecer con frecuencia en
este Diccionario, pues ha sido el mas entusiasta rebusca-
dor de las curiosidades de nuestra habla, explica así el
oríjen histórico de concho, o mejor dicho de los conchos
(pues en sentido figurado carece de singular.)
«En los toros que se celebraban durante tres dias (en
las fiestas reales) se acostumbraba servir refrescos al Pre-
sidente, a la Audiencia i convidados por los vecinos que
tenian sus casas inmediatas a la plaza^, lo que era de
mucho honor, i los sobrantes se tiraban en seguida a la
muchedumbre que los recibía con grande algazara. De
CON 117
aquí la costumbre de los conchos (palabra indíjena por
mas que no lo parezca) i talvez la de corcova que suele
usarse a la postre, quizás porque el pueblo recibía corco^
veando los conchos de las juras.»
La anterior explicación es injeniosa. Con todo mas
probable nos parece explicarnos el sentido de conchos por
una de esas traslaciones, tan frecuentes en todas las len-
guas, del sentido propio al figurado. Bien pudo el pueblo
que llamaba conchos a las heces, sin necesidad de que le
tirasen los sobraiites de los refrescos, caer en la cuenta de
que podia llamarse conchos también de alguna fiesta la
mas modesta diversión del dia siguiente^ en que no hai
para satisfacer el hambre i sed de los convidados mas
elementos que los restos o conchos de la víspera.
En cuanto a la etimolojia de corcova, liaria mal quien
la tomase por algo mas que por lo que es, una donosa
chulada.
Los equivalentes castellanos de concho, ademas de
heces, serán según los casos, sedimento, poso, asiento,
solera, residuo, broza i borra.
Es voz, concho, que se usa d esde mui antiguo en todos
los paises americanos que form aron parte del imperio de
los incas. Don Antonio de Hilo a, hablando de los indios
de Quito, dice:
«El dia que sigue al de la función llamado del concho,
que significa dia en que se beben los asientos que queda-
ron del antecedente,» etc.
CON ESO.
No recordamos haber visto usado este complemento en
los autores españoles en el sentido de a fin de que, o con
el objeto de que, tan corriente en Chile.
«Cuando te desocupes de barrer el patio, lávate las ma-
nos i ven, con eso peinas a las niñitas.» '
«Levántate, hijita i ponte el mas alegre vestido que
tengas, con eso vamos a pasear juntos i a hacer que el
viento de Mayaca se lleve tus pensamientos tristes.»
(Z. RoDRÍauEZ. — Loco Eustaquio,)
118 CON
CONSERVATORIO.
Llámase así en Chile lo que en buen español, inverná-
culo o estufa.
Véanse ejemplos en las voces ramo i resolana.
CONTESTA.
Muí usado entre el poblacho por contestación^ i hasta
cierto punto autorizado por mui respetables i frecuentes
analojías; como protesta de protestar, apuesta de apostar.
«Una niña que dijo que volverla por la contesta, respon-
dió el sirviente.»
(Blest QiK^k.'^ Martin Rivas.)
contra;
El vulgo i algunos que no pertenecen al vulgo dicen la
contra, por antídoto. Parece que la misma mala costum-
bre hai en Colombia.
«Contra-yerba de las que sirven de antídoto para la
mordedura de víbora.)»
(IsAacs. — María, en el vocabulario.)
Garcilaso, en sus Comentarios reales, 2." parte, libro
4.% cap. XXVII, dice: contrayerba,
contracción.
Ni en francés ni en castellano ha significado ni signifi-
ca aplicación, como quieren los que dicen, v. gr.: «Su
contracción a los negocios corre parejas con su habilidad
i honradez.»
«Es modo de decir inadmisible.»
[BsükhT.— Diccionario de galicismos.)
Es vocabulillo corriente en Chile, patria de infinitos
bastardos de la misma ralea.
CON U9
CONTRAPESO.
Eü este un chilenismo de significación idéntica a cómi-
nillo. Como el que está con un cominillo, el que siente un
contrapeso anda inquieto por alguna duda que le mortifica
o eventualidad que teme.
<(Un cruel rigor i un martirio
Temor, miedo i contrapeso,
Digo verdad i confieso
Son mi desvelo i suicidio.»
(GuAJARDO. — JPe;ia5, sentimientos f rabias i suspiros.)
CONTR APRODUCENTEM .
Expresión latina que, perdiendo su m final, ha pasado
al castellano i sirve para denotar que los hechos o argu-
mentos que alguien alega en su apoyo obran precisamente
en contra suya.
De lo expuesto se infiere que contraproducente carece
de plural i que seria impropio decir que ésta o aquella
medida han tenido efectos contrapi^oducentes', tampoco po-
dría decirse contraproducente, como quiera que los dichos
efectos en el ánimo de quien tal escribiese no habrían
sido contrarios a la persona cuyas fuesen aquéllas, sino
contrarios al fin u objeto que habria perseguido al dic-
tarlas.
En caso de duda, vale mas adoptar otro rumbo, como
verbigracia este de Jovellános:
«Tales providencias obran en sentido contrario de su
fin. y)
(Lei agi^aria.)
CONTRI.
IDel araucjano contJii o contlnd, mollejas de las aves.
Como la traducción de contJii, que acabamos de dar,
120 COP
patriotas, que dan a ynollejás una acepción arbitraria^ como
se verá en el lugar correspondiente, creemos oportuno
advertir que tomamos esta palabra en su jenuino sentido;
conviene a saber en el de «estómago muscular que tienen
las aves, mui robusto especialmente en las granívoras, i
que les sirve para triturar i ablandar por medio de una
presión mecánica los alimentos que ellas no pueden mas-
car ni ensalivar en la boca como los mamíferos.»
(Academia. — Diccionario . )
Conocido ya el oríjen i significado de contri^ solo nos
resta agregar que con él se forma la expresión comple-
mentaria hasta el conlriy hasta la parte mas interior del
cuerpo.
«¡Cuidado con la sopa: la primera cucharada me ha que-
mado hasta el contrih
COÑETE.
En estilo familiar nos servimos de este vocablo como
sinónimo de miserable, tacaño, mezquino,
COPETE, UDO, A.
Sustantivo i adjetivo (con pequeña diferencia este últi-
mo) significan en nuestro uso corriente lo mismo que en
España.
No recordamos distintamente si el señor Vicuña Mac-
kenna, al hablar del copete que los oidores de la colonia
debian llevar levantado sobre la frente, explica por esa
costumbre la que tenemos de llamar copetudas o de copete,
a las personas de muchas campanillas.
Si así fuese> el señor Vicuña habría caido en un error,
pues la circunstancia de encontrar en el Diccionario de
la Academia sustantivo i adjetivo con explicaciones per-
fectamente convenientes a los que usamos en Chile, nos
demuestra que así como de España nos vinieron los cope^
tudos i los copetes, así también (¡i perdonen üds. seño-
res copetudos!) nos vinieron de allá los nombres de esas
cosas.
CORR 121
CORCOVA.
El llamar así a la fiesta o fiestas que en tiempo e im-
portancia suelen seguir a las grandes, es cosa no mui
fácil de explicar, como queda ya dicho en el párrafo que
dedicamos a exponer el sentido i la etimolojía de conchos.
Sinembargo, i aun a riesgo de caer en alambicamien-
tos que con el mayor cuidado hemos procurado evitar
hasta aquí, no estaría demás tener presente que corcova
no solo significa en castellano la prominencia o montícu-
lo aquél que con tanta crueldad el bellaco de Quevedo
enrostró al buen D. Juao Ruiz de Alarcon en los versos
que empiezan
Tanto de corcova atrás
I adelante Alarcon tienes;
sino también el bulto o corvadura que se levanta sobre
la superficie de alguna cosa. En este sentido, i a virtud de
la colocación posterior i del carácter accesorio de las
fiestas que se trataba de bautizar, es tan razonable supo-
ner que la jente de estilo las llamase a la española corco-
vas^ como que la intonsa i mazorral las llamase a la
araucana conchos. ¿O por ventura habria que hacer ma-
yores esfuerzos de imajinacion para figurarse a la fiesta
principal como a un curcuncho que lleva a la espalda, a
guisa de corcovas, a una o mas fiestecillas, que para ima-
jinarse aquélla bajo la forma de una enfriadera de chú
cha, que agotada el primer dia, puede hacer frente con
los conchos a las necesidades del segundo?
CORONTA.
Del quichua ccoronta; el corazón del choclo.
CORRESPONDER.
^Deberá decirse por cuenta de quien corresponda redá-
is
122 CORR
mar, o por cuenta de a quien corresponda reclamar?
Lo segundo nos parece lo correcto:
«Por cuenta de a quien corresponda recibirlas.»
(Código de Comercio art, 203.)
«Con el objeto de llamar la atención de quien corres^
ponda. y>
(Domínguez Diccionario ; -voz fulano .)
CORRIDO.
¿Es un chilenismo éste^cuando significamos con él cier-
ta clase de romances que corren entre el bajo pueblo?
Así lo creimos hasta que leyendo la colección de Roman-
ces Castellanos en la Biblioteca de Rivadeneira^ dimos en
la páj. 117 del tomo I con la siguiente nota que nos sa-
có de nuestro error:
«Con algunas variantes se conserva e imprime este ro-
mance (el II de Gerineldo) i es uno de los vulgares que
venden los ciegos. Todavía en Andalucía con el nombre
de corriOy o corrido o carrerilla, que así llama la jente del
campo a los romances que conserva por tradición, se re-
cita o cuenta el siguiente que trata también de Geri-
neldo.^
CORRIMIENTO.
Raras veces el escritor chileno que se ve en la necesi-
dad de usar de esta palabra resiste a la tentación de ti-
rarle raya por debajo, imajinándola cuando menos de
sospechoso oríjen.
Sinembargo es castiza, i no ha dejado de serlo apesar
de que anda por lo regular en bocas que en lo que menos
pecan es en causar envidia a las rosas de los jardines i
a los granados de los huertos:
Un ejemplo para los incrédulos:
«Neguijón debió ser o corrimiento
El que dañó las perlas de su boca;
Quiero decir sus dientes i sus muelas.»
(Cervantes . — El Rufián viudo .)
eos 123
Lo mas singular es que el anterior pasaje del príncipe
de los prosadores castellanos parece dar razón a nuestros
guasos contra la Academia que no atribuye los corrimien-
tos a los nervios, sino a los humores i que, desconociendo
los de la cara, anda mui preocupada con (dos que padecen
en los pechos a menudo las mujeres que están criando.»
GORRIÓN, CORREA.
No constituye propiamente esta palabra un verdadero
chilenismo. Ella es solo una de las tantas que en su tras-
lación a América fueron en su sentido i estructura un
tanto maltratadas.
Nuestro corrion es sin duda el correon español menos
la e (que aparece trocada en i según la mas constante re-
gla a que obedece el vulgo en su pronunciación) i menos
también su carácter de aumentativo de correa que llevaba
consigo. Empero no es lo dicho todo, pues mientras por
una parte quitábamos a correon su forma i carácter de
aumentativo, por otra lo hacíamos bastardear de su pro-
pio significado estableciendo una diferencia notable en-
tre él i correa, designando con esta voz las anchas, soba-
das o curtidas, i reservando aquélla para las angostas,
tiesas i crudas.
COSCACHO.
El golpe que se dá en la cabeza, que no saca sangre i
duele, se llama coscorrón según el Diccionario, ¿Por qué
lo llamamos nosotros coscacho^ Averigüelo Vargas!
Lo único que hemos averiguado nosotros es que el pro-
vincialismo éste no es solo chileno; que también, aunque
con una letra de menos (cocacho) es de uso corriente ea
Bolivia.
COSTAL, BOLSA, SACO, SACA.
Las cuatro palabras son castellanas; pero hai que no-
tar con respecto a la manera como las usamos las pecu-
liaridades siguientes:
124 eos
1.° que costal significa en español saco o bolsa de jéne-
ro burdo, mientras que en Chile se aplica exclusivamente
al saco hecho de cuero en que se envasan i acarrean los fré-
joles, carbón, etc.
2.** que bolsa no se dice nunca sino de las de jénero
(salvo la bolsa tabaquera;) ni tampoco para designar las
que sirven para el trasporte del trigo, cebada, harina etc.
3.° que saco es la palabra con que se designa el costal
de cáñamo o algodón en que esas producciones se aca-
rrean i exportan.
4.° i último^ que saca, que en castellano significa un
saco grande, se emplea solo en Chile para designar el
costal de cuero sin curtir i de una forma especial en que
nos viene del Paraguai la yerba mate.
Saca denota también la acción de sacar, i así no hai
pero que poner a nuestros chacareros cuando dicen: «Tal
dia principiamos la saca de las papas.n
COSTINO, A.
Lo que pertenece a la costa se indica en español con
el adjetivo costanero, a.
Nosotros hemos reservado el uso de ese adjetivo para
modificar a los objetos inanimados que pertenecen a la
costa, i asi decimos: vapor costanero i no vapor costino,
Pero usamos de este último siempre que se trata de per-
sonas o de animales: «Todos los jueves llegan a Quillota
ios costinos con sus chiguas de pescado.» c(No hai carne
mas sabrosa que la de las ovejas costinas. yi
«Estos rebeldes indinos
Han quebrantado la alianza
Depoaiendo su confianza
En los caciques costinos
O mejor dicho abajinos
Que eran del gobierno aliados.»
(GuAJARDO. — Ilebclion de los indios salvajes,)
lí
COT 125
COSTIPADO, ACIÓN.
Algunos creen^ i creía también hasta no ha mucho el que
escribe este Diccionario, que decir, estoi costipado, para
denotar que se sienten los síntomas de un resfrío, era ha-
blar al ruido de las nueces, por denotar solo aquella pa-
labra el estreñimiento de vientre. Tal creencia es infun-
dada sin embargo, por mas que en francés constipation
signifique solo impossibilité ou difficulté extreme d'aller á
la selle\ i por mas que en castellano constipación i consti^
pado signifiquen también eso.
No habia, pues, motivo para la bastardilla que encontra-
mos en los versos que van en seguida, i que reconocemos
como propios en expiación de nuestra culpa.
ctEl uno se acostó arromadizado
I levantarse no osa porque teme
Cojer, saliendo al aire, un constipado.^
(No me mezclo en política.)
COTENSIO o COTENSE.
Decimos en Chile por cotanza, especie de lienzo que
se hacia en Coutances, puerto de Normandía.
aSe invirtieron en ochenta varas de cotense para te-
lones.»
(Vicuña Mackenna. — Historia de Santiago.)
COTO.
Del quichua kcoto, papera, turjencia que sale en el pes-
cuezo.
Nos servimos de ella exclusivamente para designar la
enfermedad que es conocida en la ciencia médica con el
nombre de bocio o bocione, i que, si no nos engaña la pre-
sunción de meternos a hablar de lo que no entendemos^
consiste en la hipertrofia de la glándula tiroides.
126 COT
La Academia, que no dá ninguna explicación de bocio y
parece tenerlo por sinónimo áe papera. Si tal sinonimia
fuese exacta deberíamos conservar nuestro coto como
oro en paño, pues entre paperay que es el tumor escrofulo-
sa que se forma en la papada, i la hipertrofia de la glán-
dula tiroides, que es lo que llamamos coto, hai una regular
diferencia.
¿Qué cotudo no protestaría contra el insulto si lo lla~
masen escrofuloso? ¿I a quién se le ocurre que el famosí-
simo cotudo Vera habría podido llamarse también e indis-
tintamente, Vera el paperudo?
»
COTÓN.
Palabra que en dialecto de los jitanos significa jubo7i i
a la cual atribuye nuestro pueblo una significación muí
parecida, pronunciándola indistintamente coto7i o cotona,
I tan indudable es la procedencia germanesca de la
palabra que estamos considerando, que en el dialecto
de esa jentualla, que según Cervantes «nacen de padres
ladrones, críanse con ladrones, estudian para ladro-
nes i finalmente salen con ser ladrones corrientes i mo-
lientes a todo ruedo» encontramos la clave de aquellos
conocidos i terribles versos que habían mortificado nues-
tra curiosidad desde niños:
iiCoton colorada
Mató a su mujer
Con un cuchillita
Del porte del.
Sacó las tripitas
I salió a vender:
¿Quién compra tripitas
De mala mujer?»
La clave está en estas cuatro palabras que copiamos del
Diccionario: aCoton colorado, — Germania. — El que ha su-
frido la pena de azotes.»
¿I no tienen también un marcado acento jitanesco estos
otros versos, en que también anda figurando, no mui de-
cente ni relijiosamente, un cotonl
CRE 127
<(Veinte mil i mas murieron
En el cuello de un cotón ;
Pero como piojos eran
Murieron sin confesión.»
COTOTO.
Bel mismo orijen que el anterior, o acaso de su primo
hermano el sustantivo ccotto, que en el idioma de los incas
significa montón.
En Chile es de uso jeneral por chichón, el hulto o hin-
chazón que se forma en la frente o cabeza a consecuencia
de algún golpe.
COVUR-
Don Vicente Salva asegura que este có\iur es un provin-
cialismo chileno, equivalente a armadillo.
Nosotros cuanto podemos decir acerca de él es que no
lo hemos oido sonar en los dias de nuestra vida.
CRECE.
Hai en castellano un sustantivo plural creces, que entre
otras cosas significa aumento, ventaja, exceso en alguna
cosa, como aparece de este ejemplo:
«Si es verdad que en vida tuya
No me es dado
Ni admirarte ni aplaudirte
Sin pecado;
Puede que un dia te pague
1 con creces,
Deuda cabal i cabales
Intereses.»
Lo que sí se buscaría vanamente en los Diccionarios de
la lengua es el sustantivo crece, en singular, como lo usa-
128 CRIS
mos en Chile para denotar el aumento de agua que toman
los rios por grandes lluvias o derretimiento de nieves, por-
que el nombre castizo de los aumentos tales es crecida.
c(El suelo que el agua ocupa o desocupa alternativa-
mente en sus creces i bajas periódicas.»
[Código Civil chileno art. 650.)
«Bien sea al principiar, deslindando al norte por la lí-
nea estensa del Tajamar que opone una valla a las fre-
cuentes creces del Mapocho.»
(A. Blest Gk^k.—El Ideal de un Calavera.)
CRISTIANO.
No andan tan fuera de camino nuestros guasos i rotos
al emplear la palabra cristiano como equivalente de horri'
bre o persona; pues una de sus acepciones según el Dic-
cionario de la Academia española es hermano o prójimo.
Ahora bien, si según el Catecismo son nuestros prójimos
todos los hombres ¿por qué seria incorrecto decir: «Aquí,
donde está clavada esta cruz, debe de haber muerto al-
gún cristiano?»
CRISTO.
Andar sin cristo o sin un cristo es frase chilena que co-
rresponde a la española andar sin blanca.
Seguramente que nuestro provincialismo trae oríjen de
la antigua moneda macuquina, llamada vulgarmente de
cruz, porque tenia por una de sus caras el signo de la re-
dención.
Lo propio para denotar el signo que en las cartillas de
antaño precedía a las letras del alfabeto es cristus:
^ «Letras, respondió Sancho, pocas tengo porque aun no
sé el A, B, C; pero básteme tener el cristus en la memoria
para ser buen gobernador.»
(Cervantes . — Quijote.)
CON
129
CUADRA.
gNo es en verdad curioso que no aparezca en los diccio-
narios de la lengua esta palabra en su sentido de medida
de lonjitud? Pues no la hemos encontrado en ninguno. El
de Salva, que es el que mejor la trata, nos la presenta co-
mo un provincialismo que en la isla de Cuba indica «el
frente que ocupa una manzana de casas» i en el Peni
íLuna porción de tierra de sembradura.»
¿Cuál es entonces el oríjen de llamarse cuadra nuestra
medida (ya legalmente abandonada) de ciento cincuenta
varas lonjitudinales, o de 22,500 cuadradas? Lo ignoramos.
Lo que sí advertiremos porque nos consta es que en el
Sur del Perú el terreno de sembradura no se mide por
cuadras sino por topos^ que contienen, si no recordamos
mal, 5,000 varas cuadradas cada uno.
Cuadra es anticuado en España por sala principal de
una casa.
«I entre tanto se podrán vuesas mercedes entrar a sen-
tarse a la cuadra. Ellas entraron por el patio en una sala
bien aderezada.»
(M. Alemán. — Guzman de Alfardche.)
En Chile no es anticuado en esta acepción, aunque el
buen tono pide ya que se diga salotiy i en pocos años mas
no se oirá dicer cuadra a nadie.
cuadrillazo;
Ya, ocupándonos de acuadrillar, espusimos que dar cua-
drillazo es un chilenismo que sirve para dar a entender
que alguien ha sido objeto del ataque de alguna cuadrilla
de jente traidora i mal entretenida.
También solemos decir en casos tales dar un malón.
CONTIMAS, CUANTIMÁS.
La segunda de estas palabras es una mui antigua, gra-
ciosa i castiza síncopa de cuanto mus o cuanto i mas.
17
130 CRU
«Se afrentaba después mi alma de ver que pueda parar
en ninguna cosa criada, cuantimás aficionarse a ella.»
(Santa Teresa.)
Sentido idéntico al de esta otra frase de Cervantes:
«No tengas pena, amigo Sancho, que yo te sacaré de las
manos de los caldeos, cuanto mas de las de la Herman-
dad.;)
(Quijote.)
En Chile, donde es de uso corriente aunque solo vulgar
contimas en el sentido que queda dicho, se emplea tam-
bién en otro que lleva envuelta la idea de contraste i de
burla, difícil de explicarse, pero fácil de comprenderse a la
lectura del siguiente ejemplo:
«Te buscarán un marques (por marido) a ver si te gus-
ta. \Contimas que sois tan bonita!»
(Blest Gana. — Martin Rivas.)
CRUJIDA.
Hasta hace poco estábamos creyendo que nuestro pasar
crujidas era unlejítimo, si bien algo caprichoso, derivado
de crujir.
Leyendo el Viaje al Parnaso de Cervantes salimos de
nuestro error, que no era chico como lo harán comprender
los siguientes versos que copiamos del susodicho poema:
«Hecha ser la crujia se me muestra
De una luenga i tristísima elejía
Que no en cantar sino en llorar es diestra.
Por ésta entiendo yo que se diria
Lo que suele decirse a un desgraciado
Cuando lo pasa mal, pasó crujia.y)
De manera, pues, que cuando decimos que alguno ha pa-
sado muchas crujidas, decimos sin saberlo que ha sufrido
muchas de las que en tierra se llaman carreras de bague- |
ta. En efecto, pasaba crujia en las antiguas galeras el
infeliz a quien se le obligaba a correr de popa a proa por
entre dos filas de desalmados marineros, quienes, al pasar
aquél, a fuerza de látigo, lo desollaban vivo.
CUA 131
CRUJIDERA.
Llamamos así las tiritas de cuero que se ponen entre
la suela de los zapatos de modo que al pisar con ellos
crujan especialmente cuando nuevos. Ignoramos como se
llaman las crujideras en España, o porque éstas no existen
o porque, existiendo, no hemos podido dar con su nom-
bre.
CUANTO HA.
Nos parece digno de notarse el uso de cuanto seguido
del verbo haber y en la tercera persona del presente de in-
dicativo apocopada, para denotar largo espacio de tiem-
po. «¿Cómo van los negocios de nuestro amigo?— Cwanío
ha que no recibo noticias suyas.»
CUARTA.
Provincialismo cubano: (dátigo que usan los caleseros
para arrear las bestias^ tejido de cuero con un mango de
cerca de una cuarta.y>
Parece, pues, que el señor Salva, que nos da esta noticia,
diese a entender que llamarse cuarta en Cuba el instru-
mento que en España se llama látigo o zurriago i en Chi-
le guasca^ proviene de la circunstancia de alcanzar el
mango a una cuarta de largo mas o menos.
Forzadilla nos parece la explicación i amen de forzadilla
de todo punto incapaz de esplicarnos por qué nosotros he-
mos llamado cuarta a la correa con que se asegura la car-
ga de la carreta, i que suele tener algunas varas de largo.
De la frase a la cuarta^ ya hablamos al tratar de las
formadas con la preposición a.
cuarterola;
Significando el tonel pequeño que hace la cuarta parte
del ordinario, es español; no así denotando una especie de
132 CU A
arma de fuego, mas corta que la tercerola, que usa la ca-
ballería.
CUARTILLERA, ILLO.
Cuartillo, por la cuarta parte de un real, es castellano,
aunque crea i diga lo contrario el señor Salva. No lo usa-
mos sinembargo en Chile para significar la cuarta parte
del celemín o almud, que es otra de sus castizas acepcio-
nes; pues ala medida ésa acostumbramos designarla con el
nombre de cuartillera, que es de invención chilena.
CUARTAGUEAR.
Cuartago llama el Diccionario al caballo de mediano
cuerpo.
En Chile llamamos cuartago al rocin que es por natura-
leza de paso, esto es sin que lo hayan artificialmente tra-
bado de tal.
De cuartago en esta última acepción se ha formado el
yQTho cuartaguear, ({MQ se aplica a los que, caminando,
mueven las piernas semejantemente a los caballos de
aquella especie:
«Da risa ver a los viejos
Cuando van a enamorar;
Agarran un trotecito
Que llegan a cuartaguear .y)
(GuAJARDO. — El viejo lacho.)
CUARTO REDONDO.
Llámanse así los que no tienen patio ni corral, con
puerta a la calle, i que por lo común sirven de habitación
a los pobres.
uQue con otros individuos cometían desórdenes en un
cuarto redondo, como se llamaba (i llama todavía) en San-
tiago a los cuartos cuadrados.)^
{YicmxUACKE^í^A. -^Historia de Santiago.)
CUE 133
CUBIERTO.
Usase impropiamente por cuchillo i tenedor i aun por
cuchillo solo.
En castellano significa el servicio de mesa compuesto
de plato, cuchillo, tenedor, cuchara, pan i servilleta; i
también cuchillo, tenedor i cuchara solos.
Véase un ejemplo en la voz pararse.
CUBILETE, EAR, ERO.
Vienen estos tan trillados vocablos del sustantivo cubi-
lete que en castellano es el vaso de que se sirven los pres-
tidijitadores para varios de sus juegos. Ampliando i tras-
ladando un tanto ese significado, hemos venido a llamar
cubilete la intriga, cábula o ai^did especialmente políticos:
cubiletear es maquinar hipócritamente, o por lo me-
nos en secreto, alguna sorpresa o golpe contra los adver-
sarios; i cubileteros son los que profesan en arte tan hono-
rable i socorrido.
CUCARACHO.
El señor Gormaz quiere que se diga cucaracha.
encaracho es en Chile voz jenérica de todas las espe-
cies de escarabajos.
La voz española cucaracha parece haberse formado del
cockroach ingles, que significa lo mismo.
CUCURUCHO.
Véase cartucho.
CUESTIÓN.
That is the question, que vemos todos los dias en los
diarios traducido, esta es la cuestión, no es castellano.
134 CUJ
«El plan era excelente
I moral el asunto;
Pero ¿i la ejecución? — ese es el pii7iio,n
(J. J, DE Mora. — La Zorra i el Gato.)
•
cui.
Del quichua ccoiiey conejo.
Es efectivamente el nombre que damos a un conejo pe-
queño y orijinario a lo que se nos imajina del Perú, don-
de los cuyes son mucho mas abundantes que en Chile i
mas apreciados, pues se comen, no solo los domesticados
sino los silvestres o alzados^ que en Dios i en nuestra alma
se asemejan tanto a nuestros ratones por mal nombre
llamados pericotes ^ como un huevo a otro huevo.
Parir como un ciii; es frase con que se pondera la ex-
traordinaria fecundidad de alguna, i que está mostrando
que cui no cambia de terminación al aplicarse a la hem-
bra.
cuíco.
Apodo que suelen dar los habaneros a los mejicanos, si
hemos de atenernos al testimonio de Salva.
Hemos oido una que otra vez usarlo en Chile para de-
signar a nuestros hermanos de Bolivia. Seria mas conve-
niente que nos olvidáramos de él porque los apodos sue-
nan mal entre hermanos.
CUJA.'
La Academia, que consigna esta voz en la última edi-
ción de su Diccionario, la explica diciendo: «Bolsa de cue-
ro asida a la silla del caballo para meter el cuento de
la lanza o bandera i llevarla mas cómodamente. Ant. La
cabecera de la cama.))
Salva, que la consigna también, dice de ella ser un pro-
vincialismo de Venezuela i del Perú donde significa «ca-
ma de matrimonio primorosamente torneada.))
En Chile, donde las cujas pertenecen ya a la historia
r
CUM 135
i a los museos, eran ellas catres de madera preciosos, ta-
llados con primor, incrustados de bronce, de plata i aun
en la cabecera de rayos de oro figurando un sol.
En el saínete Los dos preceptores, que ha sido alterado
i casi completamente rehecho por nuestros cómicos de la
leguar, D. Alberto dice a su sirviente José, recomendán-
\ dolé aderece i limpie la pieza del dómine que acaba de lle-
gar sin esas charlatanerías de cofres i maletas: «Que nada
falte: la cuja dorada, la colcha verde ieh!...»
Eran jeneralmente tan anchas que podia dormir en
ellas una familia entera, i tan pesadas que sus patas ser-
vían de postes para amarrar a los niños traviesos, hasta ya
(juainitas. No debieron de ser pocas de contado las fuer-
zas de D. Félix Sotomayor «mayordomo de los jesuítas»
que según el señor Vicuña Mackenna, «atándose una soga
al pié, arrastraba una cuja o catre colosal con cuatro o
cinco colejiales acostados encima.»
CULERO.
Pieza del vestido de nuestros mineros que a modo de
íuna faja ancha les cubre los ríñones i la barriga. Los hai
también mas ordinarios, de cuero sin curtir que, cubrién-
doles por detrás las asentaderas, les sirven para sentarse
ísobre las piedras i cascajo^ sin daño de los pantalones.
«El minero aunque trabaja
Dos temporadas al año
Jamas ve su desengaño
Ni para gastar se ataja.
Luego que del cerro baja
Cae en el resumidero
Empeña hasta su culero
I después vamos al clavo.^y
(GuA JARDO. — El Minero.)
CUMPA.
Palabra que indudablemente es de formación indíjena;
pero cuya etimolojía no podemos dar sino a tientas i como
adivinando. Puede que venga del quichua ccorppa, que
136 CÜR
significa huésped; puede también que sea compuesto de las
dos voces araucanas, coriy confidentCy amigo de confianza^
i fpa, llegar.
De todas maneras, cumpa es en lenguaje de la jente que
aun conserva el pelo del pueblecito de indios en que se
crió, el camarada, el amigo predilecto:
— ((Veamos el calabacito, decia uno.»
— Está tapado con corcho, dijo otro: talvez es aficiona-
do a la música el cumpa.yí
(Z. Rodríguez. — Loco Eustaquio.)
El significado sornástico de cumpa en este ejemplo nos
induce a creer que bien pudiera venir de cúmpeUy hom-
breparapocOy tonto,
CUNCUNA.
Del araucano cuncuna, que según la donosa explicación
del padre Fébres es ((un gusano del todo parecido a los
de seda, menos en el color i en morder;» i en el pelo, agre-
garíamos nosotros.
Hacerse una cuncuna; encojerse, doblarse, enrollarse co-
mo las culebras.
CURARSE.
Uno de los innumerables verbos con que nuestros rotos
llaman su distracción favorita de embriagarse. ¡Se acuer-
dan tan poco de proporcionarles otras menos groseras
cabildantes i ediles!
((Se curó, hizo pecho ancho
I sobre picado dijo:
Ahora mismo de fijo
Voi al enganche i me engancho.»
(GuAJARDO. — Los enganchados.)
CURCUNCHO.
Nombre de oríjen indio cuya raiz es probablemente
kcumuruna, en quichua el corcovado, o chunco, que en
aymará significa lo mismo.
i
cus 137
No faltan en la Historia de Chile personas que hayan
pasado a la posteridad con el adjetivo éste antepuesto al
nombre de familia; i así como no se conoce a Don Ber-
nardo Vera i Pintado sino por el cotudo Vera, así tam-
poco nadie conoce al politiquero D. Santiago Ramos, alias
el quebradíno i sino por el curcuncho Reímos.
CURTIEMBRE.
La tenería u oficina en que se curten pieles se llama,
según la Academia española, curtiduría; i según Salva
cur timbre.
Por estos mundos no la llamamos ni así ni asá, sino
curtiembre.
De los tres_, si se nos pusiese en el aprieto de elejir,
elejiríamos el académico curtiduría, que es sin duda de mas
correcta formación.
«Las curtiembres de Córdova gozaban nombradla sin
rival en toda Europa.»
(Marcial Martínez. — Ancíles de la Universidad y octubre
de 1864).
«Se preparaban en algunas curtiembres algunas malas
suelas i algunos malos cordobanes.»
(M. L. Amunátegui. — Los Precursores.)
La cascara que suministra el tanino para la curtiem-
bre.n
(Sastre. — El Tempe arj entino.)
CUSPE.
Del quichua keuzpi, trompo^ peón lijero.
Hai, sin embargo, una diferencia notable entre el trom^
po i el cuspe; tan notable que no se encontrará en Chile
niño de teta que los confunda. El trompo se envuelve en
la guaraca i se suelta a bailar sin que vuelva a ser to-
cado por ella hasta que se apague. El cuspe nó^ porque ca-
kreciendo de puya (no es mas que un pequeño cono de
madera que se hace bailar sobre la punta) es incapaz
138
CUS
de perseverar en el baile si no se le está dando continua-
mente guasca.
Se nos imajina que tampoco han de confundir este ju-
guete con el del trompo los niños españoles, pues según
vemos por el Diccionario de la Academia, que lo define
perfectamente «pieza de madera en figura cónica i sin
punta de hierro, la cual baila azotada de una correa» él
tiene el nombre especial de peonza,
«No veo gran sentimiento de la belleza en el acto de
jirar los hombres como peonzas o de convertirse las mu-
jeres en lagartijas, arañas o saltamontes.»
(OcHOA. — Parisy Londres i Madrid,)
El provincialismo colombiano correspondiente a cuspe
es chÍ7ia,
Como un cuspe; con grande ajilidad i lijereza.
GH
CHACANEAR.
Destrozar con la espuela los hijares del caballo, o mas
exactamente levantarle hinchazón en las costillas, por ser
malas las espuelas o no saber servirse de ellas el jinete.
((Pero la jegua va un poco lerda i he teiiio que chaca-
nearle las costillas fuerte i feo todita la mañana, observó
José.»
[Huérfano,)
Probablemente chacanear es un derivado sni géneris del
araucano chagcimiy o chigtun que significa despedazar.
CHACARANDÁ.
Según Salva, es así como debe llamarse la preciosa ma-
dera que llamamos Jacaranda,
CHACHARAS^ CHACHARACHAS.
La segunda no es española; la primera sí lo es, i signi-
fica abundancia de palabras inútiles.
Debe reputarse por lo tanto como un provincialismo
chileno el- uso que hacemos indistintamente de uno u otro
de los dos sobrescritos vocablos, dando a entender con
ellos, baratijas, adornos ridículos i de poco valor.
140 CHAC
CHACRA, CHACARERO, A, ERIA.
El S. D. Juan M. Gutiérrez, en un artículo que sobre el
quichua publicó no ha mucho en una revista literaria de
Buenos Aires, dice que chacra viene de c/i/iacra, que en
esa lengua significa heredad de labor; pero no hemos en-
contrado la palabra en el Diccionario del P. Mossi, ni en
otros vocabularios menos completos que tenemos a la
mano.
Según lo atestigua D. Gonzalo Hernández de Oviedo i
Valdes en el vocabulario de voces americanas que adjuntó
a su Historia jeneral de las Indias, charca^ es una voz
aimará que significa cercado de piedras o árboles para
señalar la extensión de cada hacienda.
Dando por verdadera esta etimolojía, es fácil imajinarse
como en su traslación del aimará al castellano charca dejó
de significar el continente i pasó a significar el contenido,
denotando ya la heredad misma, ya las sementeras que
era costumbre hacer en ella. En efecto, chacra en nuestro
uso corriente significa dos cosas: 1.*^ las propiedades rús-
ticas que por su extensión ocupan un lugar intermedio en-
tre las quintas i las haciendas; i 2° las sementeras de le-
gumbres, en contraposición alas de trigo i cebada.
Chacarero es el que habitualmente se ocupa de sembrar
i cultivar legumbres.
Chacarería el conjunto de chacras en el segundo senti-
do, i también el arte de cultivarlas con provecho.
Chacra por granja, o mas exactamente acaso por lo que
los franceses llaman ferme i los ingleses farnn, no tiene de-
rivado alguno; pero tiene en cambio la variante chácara,
como suelen decir ciertos puristas al divino botón, que se
imajinan que para hablar castizo con apartarse siempre del
vulgo basta i sobra.
Parece que a los principios los españoles dijeron i es-
cribieron como todavía dicen i escriben algunos chácara.
De un auto sobre repartimiento de chácaras expedido en
Santiago por su fundador don Pedro de Valdivia, el 12
de abril de 1546 es la frase que sigue: «Otrosí, mandan
que ninguna persona pueda vender ni enajenar la chácara
o estancia que tuviere sino fuero yéndose de esta tierra, o
CHAL 141
en caso de fallecimiento que las pueda dejar a sus here-
deros como bienes propios ganados por sus servicios.»
(Del primer Libro Becerro del Cabildo de Santiago.)
CHALA.
Del quichua chhalla, hoja seca del maiz.
Una que otra vez hemos oido usada esta palabra para
designar la hoja seca del choclo. En cambio no se oye
otra cosa en Arequipa, donde sirve para mentar, no solo
la hoja, sino también la caña seca^ que allá se guarda, co-
mo que es útilísima para alimentar durante el invierno
las caballerías, si con permiso de ellas nos es lícito dar
semejante nombre a las borricadas, que es de las que se
trata.
Chala suele llamarse también en el Perú el cigarrillo
que llamamos en Chile de hoja.
CHALCHA, UDO, A.
Ateniéndonos al oríjen (en araucano chalcha q^ papada)
el sustantivo debiera denotar exclusivamente la carne que
crece en abundancia debajo de la barba hasta formar bo-
llos salientes i aun colgantes; pero en el uso común tiene
una significación mas comprensiva. Asi llamamos chalchu-
da^ no solo a. la persona que ostenta papada debajo de la
barba, sino también a ciertos perros cuyos labios supe-
riores les cuelgan a manera de cortinas por uno i otx^o lado
de las mandíbulas.
CHALILONES.
Dias en que es costumbre jugar a la challa, carnesto-
lendas.
Correr los chalilones-, entregarse en cuerpo i alma a los
juegos de carnaval. Tanto esta costumbre como la mas
moderna de correr a Cristo el domingo de Cuasimodo se
van perdiendo ya de nuestras grandes ciudades.
El domingo, lunes i martes que preceden al miércoles
U2 CHAM
de ceniza se distinguen de los demás del ano en que se
llaman domingo, lunes, i martes de chalilones.
«Tampoco corrimos los chalilones como era costumbre
entre los jóvenes i aquellas personas a quienes su estado o
condición lo permitian.»
(Z. Rodríguez. — Loco Eustaquio.)
CHAMANTO.
Manta gruesa i burda que, apesar de los muchos i bue-
nos oficios que presta a los pobres que la usan, no merece
el honor de que sus orillas i boca sean ribeteadas con vis-
tosas huifichas de lana como los ponchos.
(cHácele sombra, oleton,
Un gran sombrero de lana
I un chamanto niui guaroso
Hasta el avio le baja.»
[Huérfano.)
CHAMBAO, O CHAMBADO.
El vaso que se hace de los cuernos de los animales va-
cunos, recibe varios nombres según su forma, destino i es-
mero con que se trabaja
Inmediatamente sobre el cacho, que es el mas rústico de
todos i que a veces no muestra otras señales de la indus-
tria humana que la lisura de los bordes de su boca ope-
rada por algún afiladísimo belduque, está el chambao o
chambado, que tiene la parte posterior tapada con una ta-
blita i que sirve para tomar ?y/;>o, i hasta chércan i agua
caliente; así como mas arriba del chambao está el guám-
paro, que es mas largo, un tanto corvo i cubierto a veces
de dibujos. Es la copa de oro en que los guasos acomoda-
dos beben la chicha i el ponche cuando repican fuerte. Por
último, i colgados por ahí de alguna estaca clavada en la
pared o de alguna punta saliente de la quinchay se ven
los chifles (que siempre los tales andan ert colleras) con su
regular provisión de aguardiente, los chifles que son gran-
des cuernos bien alisados i aun labrados i pintados, con
CHAM 143
una tapa fija en la parte de la base i con otra de quita i
pon en la boquilla del otro extremo.
En una relación del asesinato del ilustre Portales escri-
ta por su compañero de cautividad i de agonía, el bravo je-
íieral Necochea^ i publicada solo en marzo de 1874, se
lee esta frase, que acredita fué un chambado la humilde ta-
za en que la conmiseración del amigo ofreció unos cuantos
tragos de agua caliente, endulzada con azúcar prieta, al
gran patricio que desde mas de 30 horas atrás no habia
recibido de sus verdugos otro alimento que la hiél de la in-
gratitud i el vinagre de los escarnios.
«Luego que amaneció el dia cinco», escribe Necochea,
«dándole algún dinero al cabo que teníamos a nuestra inme-
diación, conseguí un poco de agua caliente que procuré
partir con el ministro, a quien consideraba con igual ne*
cesidad a la que jo sentia, mandándole un chambado con
un soldado, i lo mismo hice mas tarde con alguna carne
asada, única comida que tomamos en nuestro desgraciado
viaje, porque debo decirlo, aunque con rubor, que en toda
aquella reunión de oficiales no hubo ninguno a quien la
conmiseración, cualidad tan propia de las almas nobles i
jenerosas, lo moviera a ofrecernos un bocado de pan en
la estrecha incomunicación que sufríamos.»
CHAMELICOS.
É ár lulos j trebejos y chilpes.
Es nombre que por humildad o socorronería dan los
pobres a sus trastos i ropa.
Liar los chamelicos, equivale a la frase española liar los
bártulos.
CHAMIZA.
Según vemos en las Apuntaciones del señor Cuervo, tam-
bién en Bogotá es costumbre llamar chamiza a la leña
menuda, sarmientos, pasto seco, varillas de arbustos^ etc.
El mismo señor nos advierte que es mala costumbre ésa,
pues, sin necesidad de sacar al vocablo de su acepción pro-»
144 CHAM
pia, caila silvestre, podemos llamar al objeto de que se
trata con su nombre castizo chamarasca.
CHAMPAj UDO^ EAR.
Voces sacadas de la abundante mina del quichua que, de
suyo i sin exijir trabajo alguno, tanto ha enriquecido el
castellano que hab/amos los americanos de esta parte de
América.
En efectO; creemos que ni champear , ni champudo tie-
nen equivalentes en la lengua española, en la cual para
expresar las ideas que esos vocablos expresan, hai que va-
lerse de rodeos i circunloquios^
Champear es sacar champas de la tierra con la pala
para formar tranques en los rios, canales i acequias;
champudo se dice de las plantas que al ser arrancadas sa-
can mucha tierra entre las raices, o en sentido metafórico
de las personas que tienen cabellera crespa i abun-
dante.
Los equivalentes castizos de champa son tepe^ i césped
(del latin cespes que los roraajios usaban como la cham
pa.) (xet ad aggerem cespitibus comportandis.y)
(J. CÉSAR. — De bello gallicóy lib. III.)
Tiene ademas champa el derivado achamparse, acerca
del cual hemos ya dicho oportunamente lo preciso»
CHAMUCHINA,
Acertado nos parece dejar al señor Don Juan de Arona la
explicación de este vocablo. Apesar de que ni nos han fal-
tado ni probablemente nos faltarán en lo sucesivo por acá
las chamuchinas, seria temeridad en los que escribimos a
orillas del Mapocho disputar la competencia para descri-
birlas a los que viven a orillas del Rímac.
Dice^ pues, el señor de Arona que chamuchina es «voz
de grandísimo uso en Lima para significar plebe, popula-
cho, populo bárbaro i jente ruin i soez. Probablemente (no
CHAN ' 145
puede tener otro oríjen) es corrupción de chamusquina
que en castellano significa riña, pendencia.
aEl negro, el chino, el cholo, el zambo, el blanco
I toda la revuelta chamuchina
Puede trepar al sol de un solo tranco
I dictar reglamentos de cocina:
«¡Viva Caitiya!» dice el negro franco
Cuando roba o estafa o asesina,
I al que intente a su fin oponer dique
Lo aterrará con un: «jMuera Chiñique!»
(Juan de Arona. — Poesías peruanas.)
CHANCA, AR, ADO, A.
t)el quichua chamcca, mazamorra gruesa de chuho\ o
bien de chúncani, hacer la chanca.
El sentido que atribuimos a chancar' es partir i despe-
dazar lo entero, piedras, granos, frutas, de modo que
quede reducido a pedacitos. Tratándose del trigo encon-
traría un equivalente en frangollar', pero ¿quién toleraria
frangollar las piedras?
En este caso, i en jeneral, el equivalente castizo de
nuestro chancar es triturar ^ como de chanca lo es tritura-
ción.
Figuradamente hacer una cosa chancada, chancarla, es
ejecutarla con poca atención, mal i por mal cabo.
CHANCACA.
Es éste un provincialismo americano de corrientísimo
uso, que no ha tenido sinembargo todavía el honor de ser
I reconocido por la Academia, como si la ilustre corpora-
ción tuviese empeño en seguir con las nuevas palabras de
estos países, la misma política pachorruda que el gobierno
de Madrid sigue con los nuevos estados que surjieron de
la guerra de la independencia. jSolo en este año ha reco-
nocido la de la república de Venezuela!
146 CHAÑ
CHANCLETA, EAR.
Chancleta por cliinela es castellano; como lo es también
enchancletar por doblar hacia adentro el talón de los za-
patos a fin de usar de éstos como chinelas. No puede de-
cirse otro tanto de chancleta que, en sentido despreciati-
vo ^i vulgarmente, empleamos como sinónimo de mujer.
Asf no es raro topar con maridos que, pasados los afanes
del parto de su cara mitad, con cierto bochornillo que
salta a la vista, contesten ala inevitable pregunta: «¿Qué
fué? — ¡Fué chancleta!)-}
Chancletear es andar en chancletas; i chancleteo el ruido
que éstas forman al moverse los pies.
CHANA o CHUNA, CHAÑAR, ADURÁ, ADO, A.
Larga descendencia del araucano chañan, arrojarse, de-
jarse caer al suelo, o de chañalu, que es la forma activa
del mismo.
La chaña, chuña, o chañadura es la acción de arrojar-
se los muchachos sobre los volantines que caen al suelo
en las comisiones, a fin de hacer presa de ellos si pueden
agarrarlos intactos, lo que raras veces sucede, o del hilo i
de los maderos. De ahí es que por extensión llamemos
chañadura la rebatiña de los bienes i la distribución
poco limpia de los caudales públicos entre los parientes i
paniaguados de los que gobiernan.
¿Por qué, sin embargo, decimos del hombre mal vestido,
sobre todo si es caballero pobre, que anda mui chañado'^,
Talvez para dar a entender que por malos de sus pecados
o de los ajenos, sus bienes han sido objeto de desastrosa
chañadura.
Chuña es forma usada solo por los chiquillos de la calle,
que viven, no solo chañando volantines, sino también ra-
yando paredes recien pintadas, i jugando al choclón, al
picarse, o a las chapitas^ haciendo desesperar a ios pacos,
i cometiendo todo jénero de infantiles fechorías.
CHAP 147
CHANO.
Del araucano chahu, los sudaderos del amo.
Jerga, que por lo común es de lana i tejida en el pais.
Sirve en los ranchos de colchón, de frazada, de mantilla
(pañuelo de rebozo) de sudadero i de cuanto se ofrece.
El chaño se diferencia del chamanto, en que carece de
la boca que éste tiene en el centro para dar paso por ella
a la cabeza.
El provincialismo mejicano correspondiente a cMño es
jorongo^
CHAPA.
Por cerradura o cerraja es «n provincialismo de uso je-
neral^ a lo que entendemos, en toda la América española.
Significando chapa «lámina o plancha de metal que sir-
ve para firmeza o adorno de la obra que cubre», (Diccio-
nario de la Academia) claro se está que nosotros damos al
todo el nombre de la parte. Los dos pasajes de Cervantes
que siguen pondrán mas en evidencia lo que va de uno
a otro vocablo:
(cÉl se encerró en un aposento i por los agujeros de la
cerradura estuvo mirando i escuchando lo que los dos tra-
taban.»
{(Quijote.)
«Luis probo sus fuerzas, i casi sin poner alguna se ha-
lló rompidos los clavos i con la chapa de la cerradura en
los manos.»
[El Celoso extremeño.)
(tVoi a abrir, contestó éste, porque al paso que éstos
andan me harán pagar todas las chopas de la casa.»
(A. Blest GANAr — El Ideal de mi calavera.)
Chapeado decimos castizamente, aunque ala antigua, de
la enjalma, freno, o cualquier otro mueble adornado con
chapas; i en sentido metafórico de la persona que tiene
148 CHAP
muchas prendas de valor, especialmente de plata labrada.
Chapearse es adquirir buena ropa^ comprar muebles,
alhajas, el que carecía de ellos.
CHAPALEAR O CHACALEAR.
En la primera de sus formas el verbo éste se usa tam-
bién en Lima. No así en Arequipa, donde para expresar la
acción de golpear el agua con ios pies o las manos diceu
challar.
El equivalente castellano, abuelo sin duda de nuestra
chacaleaVy es guachapear ^^ con el cual hemos de encontrai*-
nos mas adelante.
Juan de Arona habla también de chapatalear^ pero na
aparece en el Diccionario de la Academia.
CHAPE, CHAPECAN.
Del araucano chapCy trenza de cabello^ o de chapecan^
trenzarlo.
Hacerse los chapes es peinarse de trenzas.
El chape único i largo, colgante por detras, era signo d»
autoridad entre los indíjenas; al menos del centro i Norte
de Chile, pues nos inclinamos a pensar que nunca lo tra-
jeron los mas famosos toquis araucanos. De ahí la frase
jente de chape para significar jente rica, de respeto, de
pro.
En español chape es coleta.
Chapecan^ sinónimo del anterior^ solo se diferencia de
él en que es mucho menos usado.
CHAPETÓN, ONADA.
Derivados del primero de los anteriores. Acerca de
ellos dice el señor Vicuña Mackenna: «Así designaban los
criollos a los españoles por el chape que traian de Europa
en forma de trenza, (excusada parecia la explicación) co-
mo ellos habian llamado orejones a los indíjenas a causa
<
CHAQ 149 •
de los grandes aros que solían usar. Llamaban en conse-
cuencia chapetonada todos los lances que ocurrían a los
peninsulares por su poca práctica del caballo» etc.
En el uso ahora corriente chapetón es sinónimo de tor^
pe, i chapetonada de torpeza^ bisoñada.
«Saca ella a fuerza de industria,
Actividad i denuedo,
Del poder de los caribes
A su chapetón ileso. >)
(Felipe Pardo. — Frutes de la educación.)
En este pasaje (se trata de un asturiano) chapetón está
por españoly godo*
CHAPURREAR, EADO, A.
Dicen groseramente algunos; ni faltan tampoco chapu-
ceros que, anteponiendo una m a la p, digan champurrear,
eado, a.
Lo correcto es chapurrar,
«Es cosa de ver i mucho para admirar cómo se borra
la lengua española de la memoria de los galiparlistas ape-
nas empiezan a chupurrar un poco el francés.»
(Baralt. — Diccionario de Galicismos.)
CHAQUIRA.
Dice D. Gonzalo Hernández de Oviedo que chaquira en
la lengua de Cueva significa sartal de nácar o conchas.
Lo que nosotros podemos afirmar es que lá voz ésta
nada tiene que ver con el araucano, en el cual las chaqui-
ras se llaman llancatu, ni con el quichua en cuyo voca-
bulario no se encuentra.
Según lo que es posible presumir racionalmente, cha-
quira fué palabra que oyeron sonar los españoles al de-
sembarcar en las Antillas, i notando que con ella se nom-
braban los collares de conchas que llevaban las indias,
donde quiera que en lo sucesivo encontraron el obje-
150 CHAR
to se sirvieron para designarlo de aquella palabra, i
así la propagaron hasta los confines australes del conti-
nente. Fué lo que sucedió con cacique^ canoa, chicha^ ají,
hamaca, nigua, petaca, maiz i muchísimas otras.
Como la mayor parte de estas voces jeneralizadas en
América por los conquistadores, chaqiiira tiene su lugar
en el Diccionario de la Academia, el cual la define: «En
el Perú el grano de aljófar, abalorio o vidrio mui menú-
do que llevaban los españoles para vender a los indios.»
CHARQUI, EO, EÁR, ICAN.
Del araucano charqui, cecina, tasajo, i mas orijinaria-
mente del quichua chharqui, tasajo, i también seco \ flaco.
Excusado parece, puesto que escribimos en la tierra del
valdiviano i del charquican, digamos que charqui es la
carne de vaca seca al sol; que charquear es separar en
tajadas la carne de la res para que pueda fácilmente se-
carse; que charqueo es la acción de charquear; i que char-
quican es un guiso cuyo elemento predominante es el
charqui.
También damos a charquear la acepción mas compren-
siva de despedazar la carne, ya de las frutas, ya de los
animales. Así decimos: ccYa es tiempo de charquear las
peras o los tomates.» «Los salteadores no se dieron por sa-
tisfechos con robar al infeliz cuanto tenia; después de ro-
barle lo charquearon.y*
«No entendían los cabreros aquella jerigonza de escu-
deros i de caballeros andantes, i no hacian otra cosa que
comer i callar i mirar a sus huéspedes, que ccn mucho
donaire i gana embaulaban tasajo como el puño.»
(Cervantes.— Quijote.)
Adviértase sinembargo que tasajo no corresponde exac-
tamente a charqui', porque aquél es la carne salada i aceci-
nada, i éste la carne sazonada no mas i secada al sol.
Trascribamos ahora un curioso párrafo sobre nuestra
vOz, de un artículo del Times de Londres, firmado W.
Bridges Adams, que se publicó en el núm. 2,896 de E¿
Ferrocarril de Santiaíro.
CHAS 151
aLas primeras noticias de que tenemos memoria nos
fueron suministradas por los viajes i correrías de los pira-
tas americanos, quienes daban a este artículo el nombre
de jerked beef (carne azotada). Los piratas fueron en su
oríjen secadores de carne^ no solo de buei sino también
de puerco, preparada por medio del humo i llamada así
en francés con la palabra boucaner (secar con humo) como
lo harian los caribes con los prisioneros que caian en sus
manos. La expresión jerked beef es una corrupción de la
voz americana charqui, que a su vez parece ser también
una corrupción de la chair cuite o carne cocida de los pi-
ratas, [boucaniers] franceses. Hasta ahora se llama entre
los franceses charcutier al que vende carne de puerco,
porque en los primeros tiempos se vendia el puerco seco
bajo la forma de jamón o tocino.-»
De manera que si el señor Bridges Adams estuviese en
la verdad, charqui no seria ni araucano ni quichua, si-
no de procedencia francesa.
CHASCA, ON, ONA, ONEAR.
Del quichua chhasca, enredado, o enmarañado:
Esnos común con los peruanos el uso de chasca (que
según el Diccionario de Mossi tiene en la lengua de los
Incas el significado que acabamos de atribuirle, i según el
señor de Arona el de greña o 'Vedija,) para nombrar la
cabellera revuelta i desgreñada.
En cuanto al adjetivo, que aplicamos a la persona que
lleva el cabello en semejante manera, nótase la diferen-
cia que va de chascón, ona, como se dice por acá, a chas-
coso, a, como se estila en Lima.
Los arequipeños, que son hombres de cantar las verda-
des al lucero del alba, dan a éste el nombre de chasca^
llamándolo, mediante una atrevida metáfora, el crinado o
pestañoso por excelencia.
También han formado de chasca nuestros hermanos del
Perú el tan poético como expresivo chascallagua, con la
ayuda del cual puede el enamorado joven decir en menos
que canta un gallo al objeto de su cariño: aliene Ud. unos
ojos sombreados por largas i crespas pestañas, que me
matan.»
152 CHAT
«Pronto vi a üti muchacho chascón i con un libro viejo
en las manos que se asomó a la puerta, i tornando a en-
trarse prorrumpió en el siguiente grito que alcancé a per-
cibir claramente: ¡Niños, carne nueva! carne nueva te-
nemos!»
(Z. Rodríguez. — Loco Eustaquio.)
CHASQUE.
Del quichua óházqúi, correo dé á pié.
Se llamó así en tiempo de la conquista i de la colonia
al mensajero extraordinario que se mandaba para condu-
cir papeles importantes o noticias de bulto.
En la actualidad es de poquísimo uso en Chile. No así
en la República Arjentina, donde los correos no han lo-
grado aún desterrarlos completamente.
CHASQUEARSE»
Creemos que el usar este verbo como reflexivo en el sen-
tido de padecer algún desengaño o salir mal de alguna
empresa es un chilenismo; pues en castellano no hai mas
que el activo chasquear^ manejar el látigo haciéndole dar
chasquidos, i el neutro, de forma idéntica, que significa
dar chasquidos la madera cuando se abre por sequedad o
mutación de tiempo.
CHAtRK.
No se conoce fuera de Chile este vocablo, por amante^
querido, cortejo y galán, etc.
«Deja el poncho i la pereza,
Ponte de chatre cabal
Gasta todo tu caudal
En vida gustosa i tierna.»
(El P. hóPEz.— En el Bosquejo histórico de la poesía chi^
lena por A. Valderrama.)
CHAY 153
CHAUCHA.
En quichua i araucano una clase de papa chica i tem-
pranera; i tal es también el sentido que se atribuye a
chaucha en el Perú. Entre nosotros es la papa menuda
que queda para semilla después de escojida la grande.
Apenas las viejas pesetas, monedas de dos reales, fue-
ron reemplazadas por las de veinte centavos que ahora
tenemos, el vulgo se apresuró a remediar el descuido del
gobierno en darles un nombre, i las llamó chauchas i chi-
rolas»
Vaya un ejemplo, en que la fuerza del consonante, que
tantos estragos causa en la lengua, obligó al poeta a dar
a chaucha terminación masculina:
«De arriba vienen los gauchos
Los que ganan real i medio; (hoi ganan seis)
Vienen buscando en la línea
De sus males el remedio
Adonde corren los chauchas.
[Tonada popular.)
CHAVALONGO.
Del araucano chavulonco, calor, fiebre en la cabeza.
Es el nombre vulgar, aunque sinembargo mui propio,
con que designamos el tifus. Nos gusta masque la ya mui
ex t e n d i d a ^e^z-e tifo idea .
«Pero^ ¡oh lejislador mió! acuérdate que aquella cofra-
día ya murió de chavalongo antes de dar un solo paso en
este mundo.»
(Camilo Henríque?.— .E/ ciudadano Horacio al honor a-
ble ciudadano Terraza.)
CHAYA.
Challani es en quichua rociar, asperjar.
Aunque no entra en nuestro plan explicar con un arti-
154 CHAY
cnlillo de costumbres nacionales cada una de las palabras
que a ello se prestan, tarea que exijiria mas tiempo del
que podemos consagrar a la presente obra, queremos ha-
cer una excepción de clioya, tanto porque en los paises
extranjeros se comprenderá mucho mejor su sentido po-
niendo el juego en acción a la vista de los lectores, cuan-
to porque ya otra vez, sino con el donaire que seria de
desear, con escrupulosa exactitud, tuvimos ocasión de
describirla.
t(De la mesa nos trasladamos a lá pieza principal de la
casa cuyo era el frutillar; i como, a pesar del buen apetito
con que habíamos comido, quedaba aún bajo la ramada
mucho que lo incitara, acudieron allí todos los muchachos
i chicas que antes se hablan estado a la distancia, i des-
pués de gozarme un punto en ello i de observar la prisa
que se daban, me entré al aposento en que a la sazón ta-
ñían el arpa i a mas no poder se divertían. Entró en esto
una fregona, gorda i sonrosada, trayendo en brazos i apo-
yada sobre la barriga una canasta de éstas en que recejen
la uva en las vendimias, llena i rebozando de albahacas^
claveles^ clarines i otra crecida variedad de flores. Aquí
fué ello: acudieron hombres i mujeres con tal empeño por
cojer a cual mas i con presteza tanta que era cosa de ver-
se; i así que cada cual hubo tomado la munición que cre-
yó suficiente i que mas pudo, comenzó el combate mas
extraño i reñido que, atendida la condición i jénero de las
personas que allí habia, pudiera imajinarse.»
«Principiaron arrojándose unos a otros algunas hojitas
de rosa, con la mesura i cortedad que en el comienzo de
todas las cosas se acostumbra. Al tirarlas, los mozos, co-
mo con timidez, decian: \Chaya señorital a lo que la favo-
recida, entre risueña i sonrosada, contestaba: \Gracias caba-
llero! Hacian lo mismo las niñas i contestábanles en senti-
do análogo los jóvenes. Parecióme alegre^ inocente i sen-
cillo aquel jénero de entretenimiento; i arrojé yo también
mis florecillas a María, tratando de darle en la cara o el
pecho, i ella hacia otro tanto conmigo. Después que fueron
adquiriendo confianza, tirábanse las flores sin deshojarlas
previamente, i hasta matas enteras de albahaca, toronjil i
malva. I como aunque las flores eran muchas no tardaron
®n acabarse por la profusión con que se arrojaban, los
CHAY 155
desprovistos alzábanse de sus asientos para recojer las que
por el suelo i sobre la estera desparramadas se encontra-
ban, llegando a tal punto la lijereza con que menudeaban
i a ser tales los golpes que las cabezas de amapola i los
botones de rosa daban en las cabezas i en los rostros, que
mas parecía fuego graneado de numeroso i bien discipli-
nado batallón que dimes i diretes enviados entre flores.»
«Poco después una de las que mas valientes por el lado
de las hembras se habia mostrado, no quiso deshacerse de
un tieso i gran gancho de cedrón que habia llegado a sus
manos, sino que, asiéndolo de la parte mas gruesa-, princi-
pió a dar a los hombres tales varejonazos que bien poco
polvo debió dejarles del mucho que sus mantas hablan co-
jido en el camino. No quisieron por su parte quedarse
atrás los mozos, i acudiendo a los duraznos i cedrones de
la huerta, entraron en batalla con armas iguales a las de
las niñas, que, excusado es decirlo, no anduvieron reha-
llas en hacer lo mismo que los hombres. Sacudiéronse el
polvo con tal furia que a ser ejercitantes de la corrida de
semana santa no lo hubieran hecho con mas ganas, i ape-
sar de eso ni se enojaron ni asomaron a sus ojos las lá-
grimas, que antes como agradecidos i alegres se mos-
traban.»
«I como la juguetona furia iba creciendo, natural era
que siguiese mientras algún desgraciado suceso no le pu-
siese término; que de la autoridad de las señoras mayores
no podia esperarse, que antes bien se reian con todas ga-
nas, oyéndose solo dé vez en cuando la voz meliflua i afi-
lada de la mas vieja que decia: ¡Eso es niñas! diviértanse:
para eso son chalilones i estamos de paseo! Creia, pues,
que solo algún mal suceso podia poner término a aquella
jornada, i a>^í fué; i ocasionólo un mancebo que tendría a
mi juicio mas de cuatro dedos de chicha sobre los sesos,
porque, asiendo de la mas ladina i retozona de las mozas
por los lagartos, después de varias cabriolas i de voltear
mucho con jeneral contento, sacóla de la pieza i dio con
;ella en una acequia que no lejos corria, no dejándole hila-
sha en el cuerpo por mojar. Encolerizáronse las niñas i
ípor tomar venganza i no darse por vencidas, fuéronse so-
mbre el agresor i, dándole por la espalda i de improviso un
Tuerte empellón, tuvieron el gusto de verlo tendido cuan
156 CHIC
largo era en la acequia, de donde, enjuta i estirada como
un espárrago, acababa de levantarse la niña.»
[Loco Eustaquio.)
CHÉRCAN.
Tenemos tres palabras para indicar la mazamorra que
se hace de la harina del maiz o trigo tostados: chércaUy
ulpo i cocho. Las dos primeras son voces araucanas, i hai
entre ellas según el padre Fébres la diferencia de que el
chédcan es la harina de maiz tostado, remojada con agua
caliente; mientras que el ulpüd es la misma harina remo-
jada con agua fria.
En cuanto al cocho, persona que ha vivido algunos
años en Copiapó, donde se usa bastante, nos asegura que
se emplea indistintamente en las acepciones de ulpo i de
chércan,
Tdihez cocho sea de procedencia quichua; talvez derivado
del antiguo cochar que significaba cocer.
CHEUTO, A.
Palabra es ésta que debiera apresurarse a adoptar la
Academia española, pues hace falta en su Diccionario una
que pueda aplicarse con propiedad al que tiene hendido
alguno de sus labios.
El Diccionario que corre por ahí, con mas fama de la
que merece, bajo el nombre de Diccionario de una sociedad
ele literatos, trae labihendido»
¿De dónde viene nuestro cheuto^ Barrúntelo por sí mis-
mo el lector, sabiendo que chelghe es en araucano los dien*
les delanteros', i que en quichua se llaman chhecta runa a
los labihendidos, i dicen checta por henderse, partirse.
El provincialismo colombiano que corresponde a cheuto
es boqueta', el mejicano tencua.
CHICA, (hacer la)
¿Por qué del que ha incurrido en un gazapatón, o eje-
cutado alguna avería o cometido una barbaridad decimos
I
CHICII 157
que ha hecho la chicdk Dificililla es la respuesta, pero así,
decimos, i ahí está el romance deAa Pulga presera, uno da-
los mas famosos del popular Guajardo, que no nos deja-
rá mentir:
uT'tra la pulga a mover
Sus patas pard saltar
Porque ve que va a pagar
Las hechas i por hacer.
La dama la alcanza a ver
I al momento le replica:
Indina, has hecho la chica)) etc.
CíIICOCO, A.
La palabra que en buen castellano se usa familiarmen-
te para denotar cariño a la persona de corta estatura es
chicote, estándonos al testimonio de la Academia.
Acaso no es mas que una corrupción de esa voz nues-
tro chicoco.
CHICOTE, AZO.
Suele usarse por nuestros paisanos chicote (que es un
pedazo de cuerda) por látigo, i chicotazo en lugar de lati-
gazo, por el golpe dado con el látigo.
«Estas frases de efecto que Raynonard^ el autor de los
Templarios, llamaba chicotazos.))
(M . L , Amunátegui . — Juicio crítico de J, Fernández Madrid. )
CHICHA.
Lo que sigue es tomado de El Comercio de Lima (abril
de 1865.)
ikCkicha solo significa entre nosotros la bebida fermen-
tada de maiz, arroz, pina u otras sustancias (uva, manza-
nas, peras, en Chile); pues bien, Domínguez le da otraacep-
158 CHICII
cion muí orijiaal: dice que en el Perú es zapato de dos o
tres suelas.»
«¡Cierto que se ven impresas
Cosas que no están escritas!»
((SeíTuramente üomínf^uez al escribir ese desatino debió
haber estado enchichado. ^^
«Aun en las veces que acierta a definir bien una voz ame-
ricana no deja de decir un disparate. Por ejemplo al ha-
blar de diodo dice que en América se come asado, cocido
i aun crudo. Choclo crudo solo comen los puercos i los
loros; pero merecerían comerlo también los que se meten
u hablar de cosas que no entienden.»
CHICHARRA.
Por cigarra es palabra española. Lo ignorábamos cuan-
do la escribimos, tirándole raya por debajo, en esta frase
de La Cueva del Loco Eustaquio:
«El vientecillo con olor a albahaca que soplaba i el pe-
sado i monótono canto de las chicharras ocultas entre las
hojas de los árboles, comunicaban a el alma un vago e
indecible sentimiento de amor de confianza i de muelle
pereza que hizo que nuestra conversación fuera dulcísima.»
No anduvimos, empero, tan fuera de camino al subrayar-
la como un chilenismo en esta otra frase de la misma no-
vela, en que hablábamos de uno de los instrumentos favo-
ritos con que los muchachos hacen, o mejor dicho hacian,
ruido al acercarse la Pascua de Navidad.
«Llegado arriba, comencé a sonar mi cacho con cuanto
esfuerzo pude, i sinembargo, con mucho pesar mió, noté
otrosquemas estrepitosamente sonaban. Una chicharraen-
traordinariamente grande i un capagato como jamás ha-
bia visto eran los únicos cuyas voces distintamente se po-
dían oir» etc.
I no está la justificación de nuestra bastardilla en que
los muchachos de España vivan privados del placer de
imitar a las cihcharras en la fiesta de Noche Buena; sino
en que por allá creen remedar su canto, mirabile dictu!,
ni mas ni menos que con el instrumento con que por acá
CHIL 159
remedamos el maullido de los gatos. Así se comprueba
por la explicación del Diccionario académico, que es como
bigue:
((Juguete que usan los niños por Navidad i consiste je-
neralmente en un cañuto corto, tapado por uno de sus
extremos por un pergamino estirado en cuyo centro se
coloca una cerda o una hebra de seda encerada. Pasan-
do por ella los dedos forma un ruido tan desapacible co-
mo el canto de la cigarra.»
Si la Academia se decidiera a hacer la prueba escu-
charla un ruido mas que de cigarras» verdaderamente
gatuno, i confesaría mal de su grado que, o se equivocó al
definir, o los niños chilenos entienden muchísimo mas de
ruidos que los peninsulares.
CHICHE.
Chilenismo cuando se usa para decir que una niña o
mozo es una alhaja, una joya: corresponde con el caste-
llano fililí, siendo éste el sentido metafórico; el recto es
joyel, bujería.
CHIGUA.
YéRse achigfitar, donde se encontrarán la etimolojía i
significado de esta voz.
CHILPE.
De significación idéntica a chomelico. La única diferen-
cia que talvez podria notarse entre una i otra es
que, mientras aquélla se aplica de preferencia a la ropa
andrajosa, puerca i ordinaria, ésta se aplica, como lo he-
mos dicho ya, a todos los utensilios, muebles i trastos de
los pobres.
^ En quichua chhillpi es la hoja del choclo puesta a secar.
No seria extraño que tal fuese la procedencia de nuestro
chilpe.
160 CHIN
CIIILINDRA.
í]n el Norte la moneda de 20 centavos que por acá lla-
mamos chaucha o chirola; corrupción del español chilin-
drina.
No valer una chilindrar. valer poco mas de nada. ¡Oh, i
cómo se conoce que Copiapó es, o ha sido por lo menos, la
tierra de la plata!
CHIMBA;, ERO, A.
Del quichua chimpa, la otra parte u banda del rio, que-
brada o acequia.
Así se comprende por qué en algunas ciudades america-
nas, situadas a orillas de rios, lleve el nombre de chimba
el barrio menos importante que queda de la otra banda, i
se llame chimbaros a los vecinos de esos barrios.
CHINCHE, oso, A, ERÍA.
Creyendo estábamos que esta fea palabra, que con tanta
frecuencia anda en nuestros salones emporcando los mas
hermosos labios, era una expresión del mal gusto de nues-
tras paisanas. En nuestro error permanecimos hasta el
dia en que^ abriendo el Diccionario de la Academia, encon-
tramos: iiChinchoso: adjetivo metafórico i familiar que se
aplica a la persona molesta i pesada.»
Suele usarse también chiiiche por chinchoso: «¡Es muí
chinche el mocito!»; i no es raro que después de oir las en-
fáticas i empalagosas declaraciones del amartelado ga-
lán, diga la infeliz víctima mui quedo a la amiguita del
ado: «¡Vaya en la chincheriah^
CHINCHIBÍ.
Así dicen por la cerveza de jenjibrCy imitando el nom-
bre ingles gingerbeer.
«Otro llamará yinyibia a la cerveza de jenjibre.»
(HartzenbÚsch.— /^rJ%o al Dic. de Gal. de Baralt.)
CHIN 161
CHINCHORRAZO.
Debe decirse chincharrazo ,
CHINGANA.
Según Salva chingana es un peruanismo que significa
socavón o conducto subterráneo; i un provincialismo bo-
liviano i chileno, denotando los bailes que se dan en las
inmediaciones de las ciudades los dias festivos o con mo-
tivo de algún regocijo público.
Casi es excusado advirtamos cuánto hai de inexacto en
la explicación de Salva, quien cae en el error de tomar
por nombre de las danzas populares que se bailan en las
chinganas, el nombre de estas mismas.
No conocemos ninguna palabra española equivalente a
nuestra chingana. Las que mas se le aproximan, que son
figón i tabernay se quedan sinembargo de ella un largo tre-
cho. En efecto, en la chingana los concurrentes comen co-
mo en el figón, i beben como en la taberna; pero también
oyen cantar tonadas de arpa i vihuela, i ven bailar i bai-
lan cuecas, resbalosas i zajurianas, como en ella sola.
Hai chinganas permanentes e improvisadas. Las prime-
ras son casas destinadas a los objetos que quedan dichos,
a las cuales acude a remoler la chamuchina los domingos,
lunes i demás dias festivos. Algunas municipalidades las
han prohibido; otras se han contentado con reglamentar-
las e imponerles una fuerte patente.
Las improvisadas consiten en carpas que se forman en
las plazas o pampillas, los dieziochos, pascuas i otras fies-
tas cívicas o relijiosas, i que solo permanecen en pié du-
rante aquéllas.
\Es una chingana! se dice metafóricamente de una cá-
mara, de un cabildo, de un gobierno que proceden en sus
debates i resoluciones sin concierto ni decencia.
Chinganear, es andar de chingana en chingana, bebien-
do i bailando, en una palabra, remoliendo,
ChinganerOf es el que a la continua chinganea.
162 CHIN
«Porque mi niña bailó
Zamacueca ¡acriminarla!
i I estará harto el herejote.
De aplaudirla en las chinganas!»
(Felipe Pardo. — Frutos de la educación.)
CHINGARSE, ADO, A.
Palabras mui usadas en Chile^ que no vienen en los
Diccionarios de la lengua.
Primitiva i propiamente se aplicaron a los voladores i
demás cohetes, que por algún defecto de su fabricación^
al quemarse, no estallan ni hacen estruendo. «Los fue-
gos estuvieron como nunca de malos: casi todos los vola-
dores se chingar on.^o
Por extensión decimos que se chinga la persona que fra-
casa en alguna empresa, especialmente cuando el fracaso
tiene en sí algo de ridículo.
También se chingan las fiestas que no tieaen el feliz
éxito que sus organizadores presumian.
Chingarse es palabra expresiva que usa a menudo, bien
es verdad que solo en el estilo familiar i jocoso, la jente
educada.
CHINGUILLO.
Del araucano cliinguill o clvinguillhuej una especie de
saco grande, tejido de látigos en forma de red, que sirve
para acarrear paja u otras cosas lijeras en carga o en
carreta.
En español se dice sarria.
CHINO, A, Amento, ero, era, ito, a.
Parece racional suponer que en su oríjen el llamar cA¿-
nos a los indíjenas de América proviniese, o bien de que
realmente los descubridores creyeron que hablan arr^iba-
do a comarcas dependientes de la Gran China, o bien de
que encontraron en el hombre americano facciones que
CHIN 163
les recordaron las que caracterizan a los hijos del Celeste
Imperio. Recuérdese que no pudo ser otra Ja causa de que
se calificasen de indios hasta el dia de hoi a los aboríje-
nes del continente americano.
Puede ser también que chino i sus derivados traigan su
oríjen del quichua, pues en esta lengua se llama chi7ia a la
criada o moza de servicio.
Sea de ello lo que fuere es lo cierto que en la América
republicana, donde sumos demasiado demócratas para ha-
blar de plebeyos, somos bastante caballeros para no te-
ner un vocablo que nos permita designar a las perso-
nas de baja alcurnia sin acudir a las sutiles distinciones
de indios, mestizos, zambos i mulatos.
Chino es por la tanto el plebeyo: siendo de advertir que
la terminación femenina en que es mas usado, suele to-
marse en mala parte. Pruébalo esta epigramática copla
contra los oficiales de la difunta Chile:
üLa Chile se vá a la mar
Dos botes la van tirando:
Las chinas del Arrayan
¡Cómo quedarán llorando!»
En el siguiente ejemplo china está tomada por plebeya:
«¡Casado con una chinay dijo con voz ahogada doña En-
gracia, apretando convulsivamente a Diamela entre sus
brazos.»
(Blest Gana. — Martin Rívas.)
Chinería o chinanientOy es reunión de jente baja i soez,
chamuchina, tanto de este como del otro lado de la cordi-
llera:
«I luego atrás en lo externo
Del arco que hace la indiada
Viene la mancarronada
Cargando la tordería
I también la chinería
Hasta de a tres e7ia?icáda.»
(AscÁsüBi.— £a indiada,)
^164 " CHIR
Chinero es adjetivo con que se echa en cara a los hom^
bres de levita su afición a las mujeres ordinarias.
Chinito, a, familiarmente se usan para denotar cariño:
«Vente conmigo chinita,
A donde vivo yo!» — concluye una tonada popular.
CHIPIPE.
Lo único que sabemos de esta voz es que en el Norte
cuando alguna persona se cae a una acequia, o al mar i
sale que le estila el agua, dicen de ella que sale mojada
como un chipipe.
Por acá i por los lados de arriba se dice en tales casos,
tampoco sabemos por qué, mojado como una diuca.
* CHIRIMOYA, 0, ERO, A.
«La gran fruta del Perú, dice Juan de Arona, en cuyo
elojio se han desatado casi 'todos los viajeros europeos,
como Tschuddi, Marckam, Haencke etc. llamándola fruta
incomparable el primero, i éste último una obra maestra
de natura.»
«Su nombre botánico según Tschuddi es anona trips"
tala, i según Raimondi anonce cherimolia. Los equivalen-
tes vulgares en otras lenguas son, en ingles custard apple,
manzana de crema, i en francés corossol du Perou.y*
«La flor del chirimoyo, aunque de ninguna belleza, en-
cierra una suavísima fragancia mui gustada.
«I dentro de su piel reticulada
La chirimoya con bondad extrema
Miel nos ofrece i crema
En una verde red aprisionada.»
(Poesías peruanas.)
Lo dicho de la chirimoya peruana rija con la de Chile,
donde suelen darse también mui capaces de sacar de qui-
eio al mas positivista de los ingleses o al mas flemático de
los alemanes.
■^
CHIT 165
Mas nos atrevemos a adelantar, aunque a muchos
parezca un despropósito: preferibles nos parecen las chi-
rimoyas de Quillota o la Ligua a las peruanas, que de
puro almibaradas, en siendo de regular tamaño, a las cua-
tro o seis ya dan en rostro, mientras que aquéllas ni a las
doce, ni a las veinticuatro. Si el señor de Arona lo duda
puede venir a probarlas, diez leguas tierra adentro de
Valparaiso,
«Allí en el fértil valle donde juntos
El limonero i el naranjo crecen.
Donde nacen silvestres las violetas
1 el chirimoyo i lúcumo florecen.»
(Z. Rodríguez. — Recuerdo de la infancia.)
CHIRIPA.
Mas que de Chile es éste un provincialismo propio de la
República Arjentina, donde, según el señor Salvá^ denota
un «pedazo de bayeta con que la jente pobre de Buenos
Aires i Montevideo se cubre desde la cintura hasta mas
abajo de las rodillas.») Mas exacto habria andado nuestro
autor si en vez de Buenos Aires i de Montevideo hubiese
dicho: en la campaña de la República Oriental i en las
pampas arjentinas;... i eso in illo tempore.
En Chile solo los araucanos, (i no todos) usan para cu-
brirse de una pieza de vestido semejante, que llaman, sir-
viéndose de una palabra de su propia lengua chamal. El
chamal no es de bayeta de Castilla, sino de la misma tela,
tejida en el pais, de que se hacen los ponchos.
jchit! o ¡chito!
Esta interjección que se pronuncia de una manera par-
ticular, como si hubiese una s antes de la cA, cargando
mucho la voz sobre las ies i dándoles un sonido que se
acerca algo al de la u francesa, sirve en Chile para hacer
callar a los que hablan o forman ruido, i particularmente
a los arrieros i carreteros para intimar que se detengan
166 CHIV
a muías i bueyes. En el primer sentido equivale a las in-
terjecciones castellanas ¡chit!, chite! y chito! o cliiton!y i ea
el segundo al \jo\ que se lee en este pasaje de Quevedo:
«Los que yendo a caballo con espuelas calzadas, ora se
quieran adelantar, ora por otra causa dijeren ¡arre! los
condenamos a que se quiten las espuelas i, caminando sin
ellas, no incurran en esta pena; i lo mismo a los que, lle-
vando la rienda en la mano, dijeren \jo\ machol pues le
pueden detener con ella.»
(Premáticas i Aranceles jenerales.)
\iiChit!, calla; mírale por donde viene otra vez.»
(Leandro de Mora.tiisí.— Traducción de Hamlet.\
«Mas ¡chiit! . ... En cuenta caigo que aun camino
Por pais civilizado. A mi derecha
Se sienta un literato lechuguino
Que con sonrisa de desden me acecha. . .»
(Z. Rodríguez. — En el tren.)
Ejemplo de \chito\ imponiendo silencio a la española:
a\Chito! chitol compadre
Exclamó el Bojo:
La suerte nos proteje.
Que pasos oigo.»
(Z. Rodríguez.— Z« Iglesia libre en el Estado libre.)
En el Sur del Perú, i entendemos también que en Boli-
via, se emplea \cJiiit\ en sentido opuesto al que le atribui-
mos en Chile, pues los arrieros de por esos mundos la usan
en vez de ¡arre! para animar a las caballerías.
CHIVATEADO, A.
Feo nombre de una bonita cosa, porque ¿quién estará
tan para el otro mundo que no desee tener chivateaditos
algunos miles de pesos? Es preciso que se sepa, en efecto,
que hai en el dinero chivateado algo de mas propio i seguro i
deleitoso que en el dinero efectivo, o contante en mona-
CHQC 167
da corriente; como quiera que para que aquel calificativo
merezca, es preciso que esté contado i recontado i me-
tido dentro de la bolsa de cuero de chivato ^ i atada ésta en
su boca con un cordelito o una fuerte huincha, i el todo
guardado debajo de algún ladrillo del dormitorio, o en el
mas escondido rincón de alguna cajuela.
Sinembargo, i a pesar de que gracias a los bancos los
cueros de chivato van siendo innecesarios, el adjetivo que
de ellos se derivó se conserva como equivalente a sonan^
t€f hablando de dinero.
CHIVATEO.
La grita atronadora que forman los araucanos al entrar
en pelea.
Figuradamente cualquier gritería desapacible i grosera.
«¡Oh si pudiera la palabra mia
Ser una brasa ardiente,
I, alzando un chivateo de ironía.
Marcaros en la frente!
(G. Matta. — JuvenaL)
CHOCLO.
Del quichua clioclh, la mazorca del maiz verde.
Sin decidirnos como el señor de Arona por los choclos co-
cidos i contra los asados, ni haber tenido la dicha de to-
marlos de aquella suerte acompañados de queso fresco
como se usa en el Perú, unimos nuestro testimonio al del
susodicho señor cuando declara que el choclo tierno i ver-
de cocido «aunque bocado esencialmente rústico, figura
con honor i por extraordinario en las mejores mesas don-
de se le acoje con grandes aclamaciones.»
«Desde la alforja con menestras viles,
Desde el choclo i la yuca hasta el talego
En que acarrea el hacendado miles,
168 CHOC
Todo sirve de blanco al ardor ciego,
Al indistinto anhélito del robo
Que cunde aquí como en maleza el fuego.»
(Juan de Arona. — Poesías peruanas.)
Familiarmente llamamos choclo o choclíto a lo que es
apretado. Uva de choclito es aquella que se da mui tupi-
da en racimos chicos i mas o menos semejantes a la ma-
zorca del maiz. También solemos llamar chocUtos los bra-
zos de los niños, cuando por su gordura, morbidez i hoyue-
los que se les forman en los codos convidan a besarlos i
aún a morderlos.
\Hasta el tiempo de choclosl o ¡pai^a el tiempo de cfioclosl ;
para nunca jamas, para las calendas griegas, o a la chi-
lena, para el dia de San Blando que no tiene cuando.
Véase chicha.
CHOCLÓN.
Del araucano chocoll, puñado, o del verbo chocolln, co-
jer a puñados.
Es nombre que dan los niños a uno de sus juegos fa-
voritos. Se juega abriendo en el suelo un hoyuelo del
tamaño de un puño i tirando para meter en él 4, 8, o 16
bolitas, nueces o cocos suministrados por mitad entre los
dos jugadores. Si el que tira acierta a echar pares aden-
tro del hoyuelo gana i recoje en consecuencia todas las
nueces, bolitas etc. de adentro i de afuera; en el caso con-
trario pierde.
El provincialismo colombiano correspondiente a nues-
tro choclón es chócolo según el señor Cuervo, quien re-
cuerda al efecto que el nombre castizo de ese juego eá
hoyuelo o boche.
También damos a choclón un otro sentido, que acaso no
sea mas que el anterior trasladado mediante una metá-
fora. Vulgarmente suele darse el nombre de choclón
a los clubs o conciliábulos políticos, para denotar que los
que concurren a las reuniones, por carecer de pensamien-
to i voluntad propia, obedecen como máquinas a la voz de
orden del partido o del jefe.
CHOC 160
CHOtíO.
ÍS^ombre que damos a una especie de perros, chicos dé
Cuerpo, de lana crespa i abundante, mui nadadores i afi^
cionados al agua, de la cual afición les viene sin duda el
nombre de perros de agiiüy con que en España se conocen.
Figuradamente llamamos también choco, a la persona
de cabello ensortijado, sobre todo si por ser roma i arre-
mangada de narices i de facciones recojidas^ se asemeja
algún tanto a los perros de agua»
«Si bien los apóstoles de su doctrina eran Voltaire i
Rousseau, autores que solia leer en consorcio de sus ínti-
mos confidentes como Cavada i el choco Silva, en la prác-
tica fomentaba el culto a mano descubierta.
(Vicuña Mackíííína. — Portales.)
Algo mas dificultosillo que indicar el sentido de nues-
tro vocablo es atinar con su etimolojía. I no porque las
probables falten, que antes por el contrario abundan, sino
porque no liai medio de descubrir cuál puede ser la ver-
dadera.
En efecto, choco (chocon) es la palabra con que se cali-
fica en araucano a la persona o animal que están mui mo-
jados, traspasados de agua i frió.
La misma voz, salvo un pequeño cambio de sonidos,
{chocollo), denota en aimará a las personas o animales de
baja estatura.
Por último ¿no es propia para dar qué pensar la siguiente
frase que encontramos en el capítulo LXVII de la Cróni^
ca del Perú por don Pedro de Cieza de León?
«Por las casas de los indios se ven muchos perros dife-
rentes de la costa de España, del tamaño de gozques, a
quien llaman chonos. yy
Entre las tres hipótesis elija el lector la que mas racio-
nal le parezca. Lo que es nosotros a la primera nos ate-^
nemos, que lejos de contrariar a las demás acaso no hace
mas que robustecerlas i confirmarlas*
«A
170 CHON
CHOCOLATK.
¿Quieren saber nuestros alionados colejiales cómo dicen
en España los de su clase sacar chocolate^. Pues dicen, i
búsquelo quien lo dude en el Diccionario de la Academia,
hacer la mostaza.
CHOLO, A.
Sirve esta palabra en el Perú, donde es muellísimo mas
usada que en Chile, para señalar denotando a la jente
baja i soez, proveniente de la mezcla de la sangre espa-
ñola e indíjena.
Ocupa el cholo en la sociedad peruana mas o menos la
misma posición que el roto en la chilena. Hai, no obstan-
te, entre las cualidades de uno i otro notables diferencias.
Aquél es por lo jeneral débil de complexión, flaco de pier-
nas i abultado de panza; éste robusto, musculoso i enjuto
de carnes: aquél expansivo i casi siempre palangana; éste
taciturno i reservado: aquél mas artista; éste mas esfor-
zado: i aquél en fin un andaluz injerto e:i indio peruano;
éste un vizcaíno injerto en araucano.
«No trabajo como un cholo,
Soi un pobre hijo de Apolo;
Pero desden no merece
Mi humilde trabajo, solo
Porque a la faz no aparece.»
(Juan de Arona. — Todos trabajan.)
CHONCHÓN.
Ave fatídica nocturna creada por la imajinacion de
nuestros campesinos. Figúransela a lo que entendemos
como una especie de lechuza que vaga favorecida por el
silencio i oscuridad de la noche, de rancho en rancho,
anunciando enfermedades, muertes i otras semejantes
desgracias.
CHOR 171
Sin duda ninguna que esta abusión fué heredada por
los guasos de los indíjenas, quienes según el señor Gay
«miran a la lechuza como a precursora de algún triste
acontecimiento i cuando por la noche la oyen graznar sa-
len al punto de sus chozas para arrojar ceniza al aire con
lo que creen preservarse de todo accidente a veces
se contentan con pronunciar en la cama algunas palabras
de suplicación; i no faltan tribus que la miran solo como
el anuncio de mal tiempo i sobre todo de nieblas para el
dia siguiente.»
Apresurémonos a declarar que tan inveteradas preocu-
paciones en contra del chondion no solo carecen de cau-
sa sino hasta de pretexto. Las lechuzas, por la caza ince-
sante que dan a ratas i ratones, prestan a los agricultores
preciosos servicios, en cambio de los cuales bien merecían
de ellos que las tomasen bajo su protección.
«A mí también me ha pasado
Que dijo un amigo fino
Allí viene Bernardino
(¿Cómo de él me burlaré?)
Al hablarlo le diré:
¡Pasa chonchón tu camino!»
(GüAjARDC— £"/ chonchón pasajero).
Chonchón es también nombre de una especie de volan^
tines.
CHOPE, AZO.
Chopazo es equivalente vulgar de puñetazo.
¡Dar chopel es exclamación de que los mirones se sir-
ven para animar a los que pelean a puñadas.
¿Habrá alguna relación de procedencia entre nuestro
chope i el hongo que se llama chhocph en lengua quichua?
CHOREAR, EO.
No conocemos voz castiza que indique con exactitud las
ideas qj^e chorear i choreo representan. Las que mas se le»
172 CHUCH
aproximan, renegar i reniego, quedan todavía de ellas lui
buen trecho.
Diremos, pues^ que chorea el individuo que, obligado a
hacer algo de mala gana, aprovecha la ausencia del
que lo obliga para desahogar su rabia i mal humor en im^
precaciones, maldiciones e injurias. El choreo es el nom-
bre vulgar de la protesta que el débil, o el perezoso, o el
desgraciado oponen platónicamente al opresor, al jefe, o
al destino.
El choreo es libre, es máxima que en Chile han debido
respetar aun los gobiernos mas despóticos; i algo como un
eco apagado del celebérrimo ¡pega pero escucha! del jene-
ral ateniense.
aDe cualquier cosa, caballero, cobra el victorioso; con
lo que se suspenden las hostilidades para romperlas cuan-
do cada cual lo estime por conveniente, sin que ninguno
de los otros tenga derecho a estorbárselo, porque enton-
ces vendría abajo la base de esta diversión que es el co-
nocido principio: el choreo es librel
(JoTABECHE, — El piicrto de Copiapó,)
CHUCARO, A»
Acerca de esta voz dice el señor de Arena lo que a
continuación copiamos;
«El potro, burro o raula antes de ser enfrenados, arren^
dados o meramente domados. Es voz de muchísimo uso i
no le veo estricto equivalente en español, porque indómi-
to, bravio, montaraz, cervil, salvaje etc. parecen decir
mas de lo preciso. ¿No tendrá chucaro alguna relación con
chacea o chácara como dicen algunos?»
CHUCHOCA.
Del araucano chuchoca, maiz tostado o cocido para secar
i guardar.
La chuchoca entra como ingrediente barato i sabroso
en ciertos guisos, entre los cuales merecen especial men-
ción las papas con chuchoca, de los mejores entre los 11a-
ínados de viernes, i la cazuela de pavo con la misma, acerca
i
CHÜE 113
de la cual nos asegura un amigo que acostumbra regalar-
se con una todos los años en el dia de su natalicio que
mal año para cuantos asados i trufados i rellenos se co-
men en ambos hemisferios.
CHUCHE.
Kntre la plebe vale romo,
¿Cuántos de los que lean estas líneas no recordarán ha-^
ber oido de niños a la nodriza o a la cocinera empezar
alguno de sus cuentos.
Este i estera
Pan i queso
Para los lesos
Pan i luche
Para el diablo cJaicheí) etc?
CHUCHUMECA, 0.
No creemos, apesar de la semejanza de sonidos, que esta
voz tenga que ver con la raza mejicana de los chichimecas
como lo escribe Pichardo en su Diccionario de provin-
cialismos de la isla de Cuba.
Según Salva las chuchumeeas de Lima son lo que las
manólas de Madrid, mujeres lindas i livianas.
Arona_, que da a chuchumeca ambas terminaciones, di-
ce que en la primera equivale a zandunguero, currutaco,
limitándose a observar que en la segunda se toma en mala
parte.
En Chile, donde solo se usa la terminación femenina,
tiene un sentido mui semejante al que le atribuye^el se-
ñor Salva en su Diccionario,
CHUECA,
Según la Academia «el hueso que juega con otro en
algunas conjunturas del cuerpo; i también bolita peque-
ña con que los labradores suelen jugar en los ejidos al
juego que llaman de la c/iweea,))
174 CHUE
Se ve, pues, que se engañan los que creen que el juego
de la chueca es de oríjen araucano. Lo que sí debe de
serlo es llamar chueca no a la bola con que se juega, sino
al palo corvo por una de sus puntas con que se golpea
aquélla.
Otra cosa digna de notarse es que mientras en la Pe-
nínsula se dice jugar una buena chueca^ por jugar una
mala partida, en Chile decimos de la persona astuta i há-
bil en trampas, intrigas i muchas otras artes, que es una
buena o que no es mala chueca.
Otro juego mui semejante al de la chueca es el del linao,
que aun se mantiene en todo su vigor en Chiloé, como
aparece del siguiente curioso articulillo que tomamos de
El C hilóte de 12 de marzo de 1874:
«Los bárbaros juegus de chueca i el linao, fueron traídos
al archipiélago de Chiloé por los araucanos mucho tiempo
antes de la conquista española, según la tradición que se
conserva.))
«Vino la conquista i pasaron casi tres siglos de la do-
minación, i los citados juegos quedaron tales como los
hablan aprendido los primitivos habitantes. Nada se hizo
para sostituirlos por otros menos bárbaros, ni menos para
desterrarlos.))
«Sacudió la nación el yugo opresor i, libre e indepen-
diente, empezó a gobernarse por sí misma. Entonces los
elementos civilizadores principiaron a abrirse paso bajo
la sombra de la libertad.))
«Sinembargo los expresados juegos quedaron siempre en
uso, hasta que hace algunos años, se prohibió el de la
chueca sl causa de las muchas desgracias que ocasionaba,
siendo la última el hecho de haber muerto un jugador, en
la liza, de un bolazo que le hizo pedazos el cráneo.»
«Esto sucedió en Castró i allí también fué la prohibición
decretada por la autoridad.))
«Pero quedó en boga i firme el no menos bárbaro juego
del linaOj solo sí que debia usarse bolas que no fueran de
madera.»
«El juego éste, aunque se haga con bolas de goma i livia-
nas, es no solo bárbaro para nuestros tiempos de cultura,
sino hasta indecente i desmoralizador.»
«Supóngase el lector a una pandilla de hombres, casi
completamente desnudos, que se disputan la victoria de
CtíüE 175
sacar la bola a la línea de su bando, con otra pandilla
igual que se denomina contraria. I todo esto en medio de
algazara i bulla en que se vierten palabras tan desho-
nestas como de mal olor, i en medio de un fuego granea-
do de coces, manotadas, pezcozones, etc.; lo que siempre
da por resultado tres o cuatro peleas en forma^ de las cua-
les, como se hacen imitando con las manos la lanza i el
hacha de los antiguos torneo>!, mas de un prójimo queda
mordiendo el polvo i muchas veces mal herido.»
«Todo esto se practica en presencia de numeroso pú-
blico, compuesto de mujeres, ancianos i niños, ¿Es esto
moral i decente? ¿Debe permitirse mas semejante juego
en nuestro pueblo de VilipuUi i en los demás de la provin-
cia?»
CIÍÜECO^ A.
Seguramente de jugarse a la chueca con un palo que
termina a manera de garfio por una de sus puntas vino
el llamar chueco a lo que en castellano es torcido i mui
particularmente a la persona que tiene las piernas como
estevas, a la española estevadas, patituertas,
¿Ves esa repugnante criatura,
Chato, pelón, sin dientes i estevado'^.
Pues lo mejor que tiene es la figura.
(MORATIN.)
ccComo de costumbre los apostadores no se conformaron
i la querella fué a la Audiencia, quien mandó que el chue-
co i el zarco (este es castellano) volvieran a correr de nue-
vo, con lo que puede decirse que ellos i no sus amos per-
dieron el litijio.»
(Vicuña lslkCKE:^^k.— Historia de Santiago.)
«Tras de esto un protestante
Quiso engancharse de guapo:
Porque parecía zapo
Fué desechado al instante,
Cada pierna del tunante
Era chueca como un gancho.»
(Gü A JARDO. —Los Enganchados i)
I
176 CHüP
CHUICO.
lis palabra araucana que signiftca botijuela^ tinajíU^
en este sentido suelen usarla nuestros guasos. El ckilicó
es un canco pequeño, chacarero.
uTrae tu actividad i ponte
A explicarme a Jenofonte
I oh! chacarero confiesa
Que es tan ardua aquella empresa
Como descuajar un monte.»
(J* DE Arona. — Todos trabajan.)
Véase chaña.
CHUNA, CHUÑAR.
CHÜNOi
Del quichua chuhus, papas molidas. É^ el nombré qüs
damos a la fécula de la papay del líiitu i de otros tubér*-
culos.
Descuella entre todos el de Concepción. Por ser tan
agradable como dijerible es el preferido de los enfermos.
Se trabaja en Concepción de la raiz de una planta llama-
pa liutu que crece en las haciendas inmediatas»
CHUPALLA*
Sombrero de paja ordinaria, un poco mas puntiagudo
de copa i angosto de alas que el de pita^ llamado también
de jipe i japa.
Llámase probablemente chupalla del nombre indíjena
de la planta de cujas hojas se elabora [achupalla.)
«Lo sacaron, pues, botando agua por narices i boca,
destilando por todos los poros de su cuerpo i de su ropa,
pero ya bastante refrescado i con pérdida de la chupalla
únicamente.»
[Artesano de Talca^ núm* 5 de noviembre de 1871*)
I
CHUP 177
El antor del Huérfano habla de una chupalla de anchí-
simas alas; lo que prueba que no las conocía; pues la tal
debió de ser algún soberbio guarapón.
CHUPE.
Guiso popular del Perú, equivalente, en lo popular (que
en lo sabroso ni con mucho) a nuestra cazuela. Viene del
quichua, en que significa caldo con popas i carne majada.
Se hace, según el señor de Arona, que por poco compo-
ne una oda en su celebración, «o simplemente de papas en
caldo_, en cujo estado no pasa de chupe cimarron\ o con
pescado, para que constituya el deviérnes\ o con carne, lla-
mándose entonces asado de papas\ o finalmente con cama-
rones, leche, queso,, huevos, pescado, ajíy tomate i algún
otro ingrediente mas. Aderezado de la última manera,
compone el mas complejo, el mas historiado, el mas aris-
tocrático, el mas monumental de los chupes, i con tamaño
copete, abigarrado de mil colores, preséntase en las gran-
des i memorables comilonas.»
Así será; pero a los chilenos que vayan al Perú i quie-
ran llevarse de nuestra opinión, les aconsejaremos que
teniendo en el bolsillo con que pedir lo que mas sea de su
gusto, pidan chupe de camarones, mondo i lirondo, esto
es, a lo sumo con un poco de ají i unas cuantas /Jíz/>fí5, i
tendrán de qué acordarse para toda la vida.
CHUPETE,
El volantín que por tener mui delgado sus maderos, al
recibir el viento, se encoje formando buches como si lo
chuparan por de tras.
CHUPÓN.
Del quichua chhupre, tunioVy postema. El equivalente
castizo es dtcieso.
■
D
DE.
No entra en nuestro plan explicar ni enumerar siquiera
los oficios que cada una de las palabras que vamos apun-
tando puede desempeñar castizamente en el discurso; que
si entrara, a buen seguro que no serian pocas las pajinas
que la preposición de nos tomarla.
Quien desee formarse una idea de la variedad de rela-
ciones que con ella han indicado los clásicos españoles,
puede satisfacer su curiosidad leyéndose el capítulo que el
señor don Gregorio Garces le consagra en su ya citada
obra del Fundamento del vigor i elegancia de la lengua
castellana; ni perderla tampoco su tiempo consultando en
el Diccionario de Galicismos de Baralt el artículo corres-
pondiente, cuya lectura le daria a conocer, tanto los mas
groseros galicismos que en el uso de la indicada preposi^
cion se cometen, como la manera de evitarlos.
Nosotros,, que no escribimos ni una Lexicografía caste-
llana, ni un Diccionario de galicismos, cumpliremos nues-
tro intento exponiendo en este lugar acerca de la de:
I.** Que aunque no mui frecuentemente, se halla usada
la de en los escritores del siglo de oro a la manera que
acostumbran nuestros compatriotas poco ilustrados, por tam
luego como. Pidiendo mil excusas por la comparación, ¿qué
diferencia hai en este pasaje de la anjelical Santa Teresa
«De c¡ue vi que era imposible ir a donde me matasen por
Dios, ordenamos (un hermano i yo) ser ermitaños;» i este
otro del poco anjelical paisano Bernardino Guaj^rdo?
180 DE
«Se le acercó por idea
Kl malvado basilisco
1 de que le dio un pellizco
¡Ai! ai! ai! dijo la fea!»
2.'' Que es uso disparatado el que se hace de la susodi-
cha preposición cada vez que se la antepone a ex profeso^
porque significando ex, de, no hai para qué expresar dos
veces seguidas la misma relación, una en latín i otra en
castellano.
c(No parece sino que Felipe III, Felipe IV i Carlos II
subieron ex profeso ai trono de las Españas para arruinar-
las i destruir la obra de sus antepasados.»
(Anjel de Saavedra. — Masaniello.)
3," Que es muí chilena i campesina la locución de efecti-
t^o, para dar a entender que algo sucede sin interrupción,
constante i permanentemente.
c(Ei agua corre por esta acequia de efectivo^) ; es decir,
corre siempre.»
«Me atormenta de efectivo
Un incendio abrasador
I no quiero que el doctor
Con medicinas me acuda,
Porque yo sin haber duda
Estoi enfermo de amor.»
[GuAJKRDO.— Enfermedad de amor,)
4." Que erradamente creen algunos, a lo que es posible
adivinar por el uso de la bastardilla, que de nó, equivalien-
do a la frase para el caso en que así no suceda^ es modo
de hablar incorrecto o poco castizo.
«Lo que yo quiero es que te cases, o de nó te mato, con-
testó Amador con tono de resolución.»
(Blest (jk^p^.-^ Martin Rivas.)
* «1 así me darán el premio
Si es de lei; de 7ió paciencia!»
(GuAjARDo. — Repartición de premios de los años a los meses.)
Fácil es suplir lo que por elipsis falta en ambas frases,
.'ve
i
DEJ 181
pmiieMdo en la primera de no hacerlo te mato; i en la se-
gunda de no suceder así, paciencia!
No tenemos a la mano ningún ejemplo de los clásicos
que autorice la construcción en que nos estamos ocupan-
do; pero, encontrando en ella el mismo enérjico laconismo
que en las equivalentes donde nó i si nó tan del gusto de
Cervantes, no nos atrevemos a condenarlas:
«La importancia (dijo D. Quijote) está que sin verla
(a Dulcinea) lo habéis de creer, confesar, afirmar, jurar i
defender, donde 7ió conmigo sois en batalla, jente desco-
munal i soberbia.»
(Cervantes.— Quijote.)
«Miente delante de mí, ruin, villano, dijo D. Quijote.
Por el sol que nos alumbra que estoi por pasaros de parte
a parte con esta lanza: pagadle luego sin mas réplica; si
nó por el Dios que nos rije que os concluya i aniquile en
este punto.»
[lX),-Id.)
DEJACIÓN, (hacer).
Como quiera que dejación no es mas que la acción de
dejar i que una de las acepciones de este verbo es omitir y
abandonar, etc., liabria temeridad en tildar de bárbara la
frase que viene infaliblemente a los labios de nuestros pai-
sanos cada vez que se les recuerda alguna promesa para
exijirles su cumplimiento: He hecho dejación.
En efecto, si puede decirse en castellano, ajustándose a
]o que manda el Diccionario de la Academia, hacer estima-
ción de alguno para dar a entender que se le estima, ¿por
qué no podria decirse que se ha hecho dejación de un ne-
gocio para indicar que se le ha abandonado u olvidado?
La frase causa estrañeza sinembargo; pero a nuestro
entender, mas a causa de ir callado el complemento, que
porque ella adolezca de algún vicio esencial.
DEJANTE QUE.
En ])oca del vulgo se oj^e sonar con frecuencia esta
estrafalaria locución a Ja cual se atribuye el sentido de
ademas de que, cuu que no, con ser que.
182 DEM
«Sabe, na Juana, que si continúa Ud. atrasándose con
la ropa busco otra lavandera el dia menos pensado? — De-
jante que el carbón se ha puesto tan caro^ i que dan dos
palitos de leña por medio, i que está el tiempo tan contin-
jente que casi no se merece el sol!»
— c(¿I no te pedia que le buscaras niditos de diucas o
chineóles?
— ¡Dejante que se enojaba conmigo porque dejaba que
mis niños sacasen los huevos a los pajaritos del nido! De-
cía que Id daba mucha pena.»
(Z. Rodríguez. — Loco Eustaquio.)
DEJAR.
Nos atrevemos a calificar de chilenismo el uso que se
hace de este verbo como intransitivo solo en la tercera
persona del plural: dejany dejaban^ dejaron, dejarian a
misa, o simplemente dejati, dejaban, dejaron, dejarian.
Con todo, como una de las acepciones castizas de dejar
es abstenerse de seguir en lo que se estaba haciendo, co-
mo cuando decimos en son de reproche al que nos muele:
«¡deje Ud!»; bien puede creerse que cuando decimos c?e/«^
a misa, damos a entender, las campanas dejan ya de tocar
a misa,
«Pero ¡caramba! ya están dejando las campanas, vamos
a misa que una vez no mas se avisa.»
(Huérfano»)
DEMONTRE.
Por demonio.
«¿Cómo no he de andar confuso, cuando las cosas del
mundo me tienen la cabeza dada al demontre^
(Camilo Henríquez. -^El ciudadano Horacio al honorable
ciudadano Terraza.)
Parece que es provincialismo vascongado:
«Uno es un pobre bolonio que no sabe tratar con los
caballeros; pero qué demonche, usted disimulará» etc.
(Trueba. — Camino de la aldea.)
DES 183
DENUNCIO.
Esta voz tan corriente en Chile es anticuada en EspaHa^
donde solo se usan denunciación i denuncia.
DERRUMBE.
La tierra que se cae i desmorona al influjo de una co-
rriente de agua que la mina por abajo, o por otra causa
semejante, se llama en español derrubio. La acción de
derrumbarse i sus efectos se llaman derrumbamiento ^ que es
lo mismo que en Chile llamamos derrumbe tan a boca lle-
na, que si nos damos el trabajo de advertirlo, mas es por
satisfacer la curiosidad de los curiosos, que porque abri-
guemos la mas leve esperanza de que se enmienden los que
pecan por este capítulo, que ciertamente no son pocos.
Entre mineros españoles derrumbe es lo mismo que
derrumbamiento, i en esa acepción lo trae también el Dic-
cionario de Salva.
DES ARRAJAR.
Cuando se nos pierde la llave de la cerradura de algu-
na puerta, cofre o escritorio i hemos desesperado de en-
contrarla, llamamos al cerrajero para que nos desarraje la
chapa\ sin advertir que, puesto que de lo que se trata es
de romper la cerraja o cerradura, lo propio i correcto se-
ria ordenarle que la descerrajase.
DESBARRANCAR, SE.
Tní desbarrancar, ni desbarrancarse son castellanos.
Es lo sí desabarrancar, que tiene una significación diame-
tralmente contraria a la que atribuimos nosotros a sus dos
mencionados bastardos. En efecto, mientras en España
quien desabarranca al prójimo ejecuta una obra de mise-
ricordia sacándolo del barranco, del pantano o del beren-
ti.
184 DES
jeiial en quo se encuentra; en Chile quien lo desharninca
rara vez tiene otras intenciones que echarlo de cabeza al
fondo del barranco, o de patas afuera de la casa en que
vive la dama de sus pensamientos.
Dígase en el primer sentido despeñar o despeñarse, i en
el segundo deshancar.
DESBORONAR.
Dicen algunos dengosos de miedo a desmoronar; i los
pobrecitos huyendo de las llamas caen en las brasas, por-
que sin saberlo, vuelven la espalda a una voz de uso jene-
ral i moderno para servirse de otra que lleva en los dic-
cionarios la nota de anticuada.
DESCARMENAR.
Dígase escarmenar
DESCOCADO,
Dijimos ya (voz Caroso) que llamamos descarosado i mas
a menudo descocado al melocotón que se pone a secar al
sol después de privado de su hueso. También indicábamos
en el aludido articulillo que, a lo que habíamos podido
averiguar^ el vocablo castellano que mas se aproximaba en
su significación a descocado era orejón.
Ahora cúmplenos agregar que, puesto que el orejón, que
es el melocotón puesto a secar después de dividido ert
cintas, es algo mui diverso del descocado, que es el melo-
cotón puesto a secar o seco sin su hueso, no hai motivo
para abandonar nuestra palabra, siquiera nos parezca pre-
ferible sostituirla por deshuesado, qua no viene en los dic-
cionarios pero que es de mui correcta formación,
DESCOZOR, DESCOCER.
Dígase escozor, escocer.
DES 185
DESDE AB ETERNO, DESDE AB INITIO.
fcSon notoriamente pleonásticas, observa con mucha ra-
zón el señor Cuervo, las expresiones desde abeternOy desdé
abinitio, por cuanto el ab significa desde [desde la eterni-
dad, desde el principio).
«Esta nueva mujer escojió Dios abeterno i la adornó con
todas las virtudes i gracias para que fuese digna madre de
su unijénito hijo.»
(Frai Luis de Q^'Bik^kVik. -^Meditaciones.)
«Solo Dios comprendió abeterno sin error la fábrica de
este mundo.»
(Saavedra Fajardo. — Empresas políticas.)
DESECAR, disecar.
Verbos son estos de mui diversa significación, pero que
con frecuencia se usan revesadamente a causa de la seme^
janza de su estructura.
Viene el primero del latino exsiccare i significa extraer
el agua o humedad de alguna cosa, especialmente de los
terrenos pantanosos, a fin de habilitarlos para el cultivo.
El segundo trae su oríjen de desecare, i significa dividir
íartificiosamente en partes algún animal o su cadáver para
íexaminar su organización o con algún otro propósito.
No echen el parrafiUo éste en saco roto los paisanos que
[con tanto aprovechamiento en la agricultura nacional se
¡ocupan en desecar las vegas, ni los que, ejercitándose en
el arte difícil de nuestro inolvidable doctor Sazie, disecan^
[armados de escalpelo i de paciencia, los cadáveres en la
[Escuela de Medicina*
La acción i efecto de desecar se llama desecación o dése*
^amiento; la de disecar, disección.
DESEMBARAZAR, DESEMBARAZO.
Tiene, no hai duda, la moda raros caprichos en materia
(de lenguaje; i no es ciertamente de los menos raros la
186 DES
ojeriza que inspira a ciertas palabras tan útiles como cas-
tizas. Allí están en prueba cuantas, hablando de su emba-
razo sin mas que uno que otro melindre, no hablarían de
sa preñez si las asaeteasen. Ahí las otras tantas que, de-
sembarazando o saliendo con bien no mui de tarde en tar-
de, no consentirían en parir una sola vez ni por toda la
plata de Caracoles.
De sobra se nos alcanza que en materia tan grave como
la que representa la palabra de que tratamos, tiene toda su
fuerza el dicho francés: le nom ne fait rien á la chose; pe-
ro, teniendo en vista el castellano que dice^ el saber no
ocupa lugar y i viniendo a pelo, hemos creído del caso ad-
vertir que en castellano, desembarazar en su sentido rec-
to es un verbo activo que significa quitar el impedimento
que se opone a alguna cosa, evacuar, desocupar, i que en
el metafórico se usa reflejamente por apartar o separar
uno de sí lo que le estorba o incomoda para conseguir
algún fin. No puede, por lo tanto^, emplearse a la chilena
como intransitivo, en vez áe parir, diciendo: La Fidanita
desembarazó anoche: ni tampoco que tuvo feliz desembara-
zo^ pues esta voz no es sinónima de alumbramiento o
partOy puesto que significa despejo, desenfado.
DESGARRAR, ARRO.
Es éste otro síntoma con cuyo nombre raras veces ati-
nan médicos i enfermos. Ni desgarrar ni desgarro son
castizos en la acepción en que los estamos considerando;
pero por mas que diga la Academia, en esta vez le volve-
remos resueltamente las espaldas para irnos aguas abajo
tras la bandera de la moda, bien decididos a no arrepen-
timos mientras no nos ofrezca vocablos mas bien educados
i mas limpios que los dos insoportables que nos presenta.
Carrefio dice esgarrar, en su Manual de urbanidad.
Desgarro se ha llamado antes flema por el cuerpo mé-
dico i por todo el mundo.
DESGRACIARSE.
Algunos escritores nacionales, i el autor anónimo del
Huérfano entre ellos, subrayan este verbo cada vez que lo
DES . 187
usan como reflexivo en el sentido de malograrse alguna
persona o cosa.
La acepción indicada es, no obstante, castiza, si bien de
aquéllas que evitan en la conversación i escritura las per-
sonas letradas; porque, a fuerza de andar en los labios
del vulgo, ha adquirido cierta mala fama tan inmerecida
como innegable.
DESGREÑO.
De desgreñar, siguiendo nuestra tendencia ya notada
á abreviar frases i palabras, hemos formado desgreño, con
la cual indicamos el efecto, i acción de desgreñar, olvi-
dándonos de desgreñamiento i desgreñadura, que son los
únicos que para expresar semejantes ideas cuentan con el
visto bueno de la Academia.
«Estos sientan las partidas con notable desgreño.»
(Donoso. — Maraial del párroco.)
DESMEMBRAR.
Una buena lección nos da sobre este verbo el señor
Cuervo cuando nos advierte que desmembrar significa
arrancar, cercenar los miembros, i desmembrarse dividirse
un cuerpo en sus miembros; en esta virtud, aunque per-
sonas muí letradas se expresen de otro modo, deberemos
decir «los verdaderos repúblicos temen que se desmiembre
la nación» .
«Mira la parva el desdichado.
Que tanto por instante se desmiembra
Que le viene a faltar para la siembra.»
(Villa VICIOS A. — Mosquea.)
DESPACIO.
Hablar despacio no es hablar quedo, en voz baja, en
este sentido es de jeneral i frecuentísimo uso entre nos-
otros, sino hablar lentamente.
188 DES
kI él hablaiulo despacio, ella de prisa,
Ki él la dice quién es, ni" ella se nombra.»
(Campoamor.— £*/ Drama universal.)
DESPARPAJO.
En español desparpajo significa mucha facilidad para
hablar.
A la chilena se usa como equivalente a desorden, desba-
rajiiste. Así decimos: «El desparpajo administrativo es una
consecuencia de la ineptitud del ministerio.» «De un Con-
greso elejido por el Ejecutivo i preocupado solo de mos-
trarle su agradecimiento^ ¿qué otra cosa podia esperarse
que el desparpajo de los caudales públicos que estamos
presenciando?»
DESPILFARRADO, A.
Despilfarrado debiera ser e/ (7 we malgasta o despilfarra-
Entre nosotros hace los oficios de ralo, desmedrado.
«El parral da grandes racimos de excelente uva: ¡lás-
tima sí que los dé casi siempre despilfarrados!))
DESPOLVOREAR^ POLVOREAR,
Maliciosa pareja es ésta, cuyas zancadillas han hecho
estrellarse en los cantos del sendero las narices a mas
de un arrogante trepador del Parnaso.
Para evitar tales percances, conviene saber que des-
polvorear significa cabalmente lo contrario de espolvorear-,
porque mientras el que despolvorea quita o sacude el pol-
vo, el que espolvorea lo echa i derrama.
DESPOTRICAR.
Damos a este verbo, cuyo propio sentido es hablar cuaii"
tose ocurre, uno mui semejante n despachurrar , despedazar
a alguna persona aplastándola.
También una que otra vez hemos oído despotricamien-
(Q, por la acción i efecto de despotricar.
I
Dígase espulgar.
DES 1S9
DESPÜLGAR.
DESTAJO.
La sio^nificacion castiza de este vocablo es la misma
que atribuimos en Chile a tarea^ esto es^ «la obra u ocu-
pación que se ajusta por un tanto».
Entiéndase, en consecuencia, que se comete un chile-
nismo cuando se emplea aquél para indicar la porción
de frutas, legumbres u otros artículos de uso doméstico
que se compran sin pesar, contar ni medir, a la vista i
ad Corpus. Así el frutillero, mostrando el fondo de su ca-
nasto a la casera que le pregunta «¿a cuánto el ciento?o , le
contesta: «no me quedan ya mas que unas pocas: ofréz^
carne por el destajito,))
DESTEMPLAR.
Oigan las cantoras.
Cuando estén Uds. cansadas de las exijencias de los
lachos, ora sean guasos chapeados o futrecillos de porra, i
quieran pasarlos por el aro valiéndose de la cábula da
que a cada nada la moledera de la guitarra se* desafina,
no digan que se destiernpla\ porque si por casualidad el
futrecillo conservase en la memoria las lecciones de su
profesor de gramática, podria hacer a Uds. la pava lo mas
bien, diciéndoles mui orondo que templar tiene por afin a
temple, i que se conjuga templo, templas, templUy etc:
todo lo cual es aplicable a destemplar.
Tampoco hai ejemplo de que dientes o muelas se des-
tiemplen, por mas que el destemple de tales herramientas
sea achaque frecuentísimo de los que sufren dentera.
«Que ni del agua sorda el ronco estruendo
El sueño profundísimo les templa.
Ni el tropel de las armas estupendo
Que el alma a Judas con rigor destempla
Velar los hace »
(HojEDA. — Cristiadd.)
190 DES
«La augusta soledad que la amargura
Talvez del alma combatida templa.^)
(EsPRONCEDA. — Diablo tmindo»)
DESTILAR, ADERA.
«Lo que en Lima se llama eternamente agua destiladayiy
dice Juan de Arona, «es simplemente agua pascada por un
filtro de piedra.^^
«La destiladera es una piedra horadada de la forma i
tamaño de un pan de azúcar. Descansa sobre unas anga-
rillas o aguaderas firmes, i filtra gota a gota o destila el
agua sobre una gran vasija de barro llamada tinaja o la
tinajera (tinajero), i ambas piezas van encerradas en una
gran jaula de madera con fierro, llamada por su conte-
nido la destiladera o la tinajera.y)
«Es una de las piezas mas importantes de nuestra vida
doméstica.»
Nuestras destiladeras son en España destiladores.
La destiladera es un instrumento para destilar algún
licor; el destilador uno para pasar por él agua.
Bien mirado, ese mortero no deberla llamarse tampoco
destilador; pero ya sabemos que no es la Academia la que
inventa las voces, o las aplica a los objetos; es el pue-
blo.
DESTRONCARSE, ADO.
Destroncado dicen nuestros campesinos del caballo que
por vejez u otra causa llega a perder la ajilidad de las
choquezuelas de sus patas delanteras; i es casi por demás
advertir que se destronca el que sufre semejante achaque.
DESVEIDO, A.
Que dicen muchos por desleido i también por bajó de
oolor^ desteñido, es intolerable corruptela.
BIC 191
ttDespues de esa introducción tan desveida i prosaica,
viene en la obra que analizo, la descripción del crepús-
culo.»
(M. L. Amunátegui. — Juicio crítico de üeredia.)
DEVANARSE.
Es de frecuentísimo uso, aunque solo en la frase deva-
narse los sesos, que equivale a cavilar. Probablemente es-
te devanarse no es mas que el verbo activo español deva-
near, decir o hacer devaneos, disparatar, delirar; a no
ser que se crea acertado hacerlo proceder de devanar, su-
poniendo que a virtud de una violenta metáfora, la fuerza
de la atención con que se discurre i cavila contrae i en-
vuelve los sesos como en un ovillo.
DIABÉTIS.
Es como jeneralmente se dice; debe decirse i escribir-
se diabetes.
día por medio.
No es^ usada esta locución en España, donde se dice
un dia sí i otro nó, i de otras varias maneras.
«Llámase doble cuando repite dos dias con uno de hue-
co.n
(Academia. — Diccionario, voz cuartana.)
que se dice de
ervalo de un d
(Id.— voz dia.
9<Cada tercer dia, modo adverbial que se dice de las
cosas que se repiten con el claro o intervalo de un dia.»
DICTAMINAR.
El señor Salva pone a esta voz la nota: aProvincialismo
de la América Meridional, dar dictamen», aseveración con-
firmada por el silencio que acerca de ella guarda el Dic-
cionario de la Academia.
102 DIN
De desear seria que se procediese cuanto antes a otor-
garle carta de ciudadanía; pues es lo cierto que si se eli-
minase no quedaria, para expresar la idea, mas arbitrio
que recurrir al circunloquio dar díctame?!, i sabido es que
nunca debe desterrarse un vocablo correctamente formado,
aunque sea nuevo, para servirse de circunloquios o de
frases.
DIEZIOCHO, ENDIEZÍOCHADO, A*
Cuando se dice en Chile el dieziocho, ya se sabe sin mas
explicación que se habla del dieziocho de Septiembre y que
es el dieziocho por excelencia i antonomasia.
Debemos también a las fiestas cívicas que por el 18 de
Septiembre se celebran todos los años en conmemoración
del dia en que se reunió la primera Junta Nacional, otra
palabra mui expresiva, el adjetivo endieziochado , con el
cual damos a entender que alguien anda tan alegre i en-
tusiasta como en las susodichas fiestas se acostumbra.
DILATARSE.
Castizamente podria decirse, dando a dilatar la signifi-
cación de demorar: «Son muchos los hombres que, conser-
vando la fe i resueltos a convertirse, dilatan no obstante
la hora de la conversión hasta la de su muerte.»
Pero dudamos mucho que en esa acepción pueda usarse
reflejamente, como cuando preguntamos al criado que se
demora mas de los justo en volver de la calle: ¿por qué te
has dilatado tanto?
DINTEL, UMBRAL.
A los escribidores, copleros i traductores zarramplines
dedicamos las observaciones mui oportunas que sobre la
voz materia de este párrafo hace el señor Cuervo, i que
son como siguen:
«De algún tiempo a estaparte es increible el número de
hombres que se han convertido en moscas u otros gusa-
rapillos semejantes, porque siempre oimos que hai quien
pise los dinteles de las puertas o se siente eu ellos; noso-
i
DIS 193
tros mismos estuvimos al canto de realizar esa metamor-
fosis ovidiana, cuando, pretendiendo traducir una poesía
de Byron pusimos:
Llegó a su dintel el Medo
Su trono el Persa ocupó:
casi lágrimas nos ha costado este pecado; solo'nos conso-
lamos con ver reos de lo mismo a varios académicos que a
sí mismos se condenan con no dar cabida en el Dicciona-
rio a semejante acepción. Es excusado llamar dintel^ que
significa cela parte superior de las puertas i ventanas que
carga sobre las jambas» al umbral que es «la parte infe-
rior o escalón por lo común de piedra i contrapuesto al
dintel en la puerta o entrada de cualquier casa;» i es se-
mejante abuso tanto mas reprensible que umbral se aco-
moda perfectamente al lenguaje propio como al figurado:
el umbral de la casa, los umbrales de la vida, ds Id cien-
cia.
((Entonces tu nombre
Impreso al primor
Por esos dinteles
I esquinas de Dios
Será en letras gordas
Sobre un cartulon.»
(JovELLÁNOS.-^t/íícam a Huerta.)
«Solo agradezco el vivir
Por morir a sus umbrales.y)
(Cai^deron. — Saber del mal i del bien.)
DISPARAR.
Provincialismo de la América Meridional según Salva:
tomar soleta, apretar los talones.
En su forma refleja significa partir con violencia, o
echar a correr sin rumbo determinado. Andan por lo tanto
mui bien avenidos con la Academia nuestros guasos cuan-
do dicen: ((Al sentir el cañonazo de las nueve los caballos
194 DIT
del coche se dispararon. Para que no se disparenlsiS muías
al cargarlas es preciso no olvidarse de taparles antes la
cabeza.»
«Al sentir que llegaba el serenólos ladrones dispararon
saltando Ja tapia,» sí que es un chilenismo á^. tomo i
lomo.
DISPAREJO, DESPAREJO.
Bajo ninguna de sus dos formas aparece en los diccio-
narios de la lengua esta palabra que es de uso frecuentísi-
mo en Chile entre toda clase de personas. Se aplica espe-
cialmente al terreno que no presenta una superficie plana,
en cujo sentido se dice también malamente accidentado,
cuando lo propio sgria quebrado. Metafóricamente i ha-
blando del estilo o del carácter^ lo correcto seria desiyual.
«]Bien haya lo disparejo
Del camino que he andado!
Me ha dado tanto trabajo
Por no haberlo emparejado. y>
(GuA JARDO. — FA Judio errante.)
distraído.
No es el que fija poco la atención en las cosas que hace
o dice, el desatento; sino «el entregado a la vida licencio-
sa i desordenada.»
[Diccionario déla Academia.)
DITA.
Usamos de esta voz, que denota en castellano la perso-
na o cosa que se señala como fianza de un pago, en el
sentido de deuda.
También corre entre el vulgo enditarse por cargarse de
deudas, contraer tantas i tales que parezca imponible pa-
garlas.
DOM 195
DIUCA.
«Especie de jilguero do la América Meridional», dice
Salva, «cuyas plumas son de color turquí hermosísimo i
canta suave i delicadamente al rededor de las casas al
amanecer.»
La diuca [fringilla diuca) es sin duda uno de los paj ari-
llos mas notables de Chile.
Su canto, sin ser tan variado como el de la tencay ni
tan melodioso como el del zorzal, ni tan repiqueteado co-
mo el del jilguero, es no obstante dulcísimo i tiene la
particularidad de anunciar con admirable precisión la
hora del alba, pues empieza al despuntar la primera luz
de la aurora i concluye al desaparecer las últimas som-
bras de la noche.
De esas circunstancias han provenido las frases al canto
de las diucas, o al primer diucazo, para señalar la hora en
que amanece.
También se dice de la persona o animal empapado, como
nna diuca, ignoramos por qué.
«Veinticuatro veces tan solo han vuelto a cantar las
diucas sobre los techos de las casas celebrando sus amores
o su nueva familia, i ya mi cabeza blanquea como blan-
quea el floripondio en la estación de los calores; mis
miembros han perdido suajilidad, todas mis fuerzas se han.
concluido.))
(Z. Rodríguez. —Zoco Eustaquio.)
DIVERTIDO, A.
En lenguaje de chinganas i bodegones, el ebrio, achis-
pado.
DOMINGUEJO, A.
Es la palabra favorita con que las señoras antiguas re-
prendían a las personas de su servidumbre, sobre todo a
los chinitos i chinitas que, después de recojidas del zaguán
criadas, se permitían alguna frescura con sus amos.
Í^Q DON
Tal vez este dominguejo no es otro que el dominguillo
cuyas señas da así la Academia: «Cierta figura de hom-
bre formada ordinariamente de un cuero de los que sir-
ven para el vino, lleno de aire i con un pan de plomo en
el fondo, que le sirve de pié para quedar siempre derecho.
Se hacen también (i son mas comunes) de corcho u otra
materia mui lijera de reducido tamaño, para diversión de
muchachos.»
Los equivalentes de nuestro dominguejo serian pegote i
pelagatos.
í)ONDÉ.
Üase^ no solamente en Chile, sino en toda la Améfica
española i aun en España a este adverbio un significado
que no admite la Academia española, i que no le ha dado
ningún escritor de nota. Es éste el que tiene la preposi-
ción francesa chez, i así decimos los chilenos: «Ayer estuve
donde Fulano; voi donde Perejano.» En castellano se dice
en lugar de este donde, en casa, a casa, según lo pida el
verbo, i también a donde está Fulano.
El señor Bello señaló este vicioso uso de donde en unos
artículos lexigráficos que publicó en El Araucano y en di-
ciembre de 1833.
Los señores Araunáteguis, en el juicio crítico del poeta
ecuatoriano don Juan León Mera, le censuran el uso de
donde en la acepción indicada.
Don Rafael M. Baralt (Dic. de Galic.) dice que la jente
vulgar de Castilla incurre en este barbarismo,
«Ah! vuela donde ella.»
(E. DE LA Barra. — El ánjel de mi guarda. — Correo
del domi?igo, núm. 14.)
«I donde una vieja fondista llegaron.»
(Isidoro Errázuríz. — En la Voz de Chile.)
((Mas ¿por qué recurrir donde el malvado?»
{Gonzalo Pizarro por Felipe Per ez—[tieogr anadino.)
DOR 197
((Cuando llegué donde doña Mercedes se ocupaba en ri-
zar con una bombilla de plata los negros i abundantes ca-
bellos de una niña.»
(Z. Rodríguez. — Loco Eustaquio,)
«I cuando no le quieren pagar se va donde el padre que
se pone furioso.»
(A. Blest Gana. — Martin Mvás.)
Véase como se evita el tal donde:
«Diéronle una carta que le enviaba el arzobispo^ su tío,
en que le facía saber que estaba muí doliente et que le
enviaba a rogar que si le quería ver vivo que fuese luega
para éL
[Conde Lucanor.)
((Vente conmigo delante Calisto^ oirás maravillas.»
Fernando de R6jxs,— [T7'ajicomedia de C alisto i Melibea,)
«¿Por qué no te vas al padre que te cric)?»
(Granada.)
('Venían a e7 todas las jantes.»
(P. Scio. — Traducción de San Marcos.)
((Se fué a él abierto los brazos.»
(Cervantes.)
DORMILONA.
Especie particular de pendientes que en la escala del
lujo ocupan un término medio entre los casi indíjenas aros
de oro, con una que otra perlilla, i las ricas i deslumbra-
doras caravanas Je brillantes.
Tal vez el bautizarse así a los tales pendientes provino
de que por su forma i valor podía dormirse con ellos sin
peligro de la cara i del bolsillo.
198 l^iiO
DRAGONEAR.
Del oficial mayor del ministerio que después de haber
sido electo por el gobierno, de representante del pueblo
va a la Cámara i sale como sus fuerzas se lo permiten en
defensa de la política gubernativa cada vez que ve a sus
jefes en apuros, dice el público que dragonea para minis-
tro.
I con decir lo dicho i añadir que dragonear no es caste-
llano, creemos excusado pasar adelante.
DROGA, DROGUISTA.
Del individuo que ha caido en el infierno de deber a
cada santo una vela, se dice que es una droga viviente, o
que las drogas se lo comen y o que es un droguista insigne, o
por último que está endrogado hasta las narices.
Al oir tales cosas ¿no seria de creer que en Chile los
drogueros viven pereciendo de hambre? Pues no les va tan
mal que digamos.
Droga por embuste i droguista por embustero, tramposo,
son sin embargo castellanas.
E
ECHAR.
No es de nuestra incumbencia, puesto que no estamos
escribiendo un diccionario de sinónimos, explicar en qué se
asemejan i en qué se diferencian echar áedespedir i de bo-
tar, i echarse de tenderse i acostarse.
Bástenos declarar que hablan castizamente los que dicen:
I {(Eché al criado, o eclié con doce huevos a la gallina, o el
perro estaba echado en el umbral de la puerta.» ¿Podria
tolerarse sin embargo: «cansado de tanto escribir, me eché
junrato sobre el sofá?» Sí, en nuestra opinión, por masque,
señor Barcia en su Diccionario de sinónimos crea que
echarse solo es aplicable a los animales. 1 porque nuestra
ípinion contrapuesta a la de tan erudito escritor pu-
liera parecer liviana a algunos, vamos a darle peso con las
lalabras que siguen que son de la Academia española.
¡nEcharse. — Tenderse, acostarse los animales. Tratándose
le los racionales se dice cuando se tienden vestidos por
m rato mas o menos largo».
En Arequipa es de uso frecuentísimo echarse en la iilti-
la de las acepciones indicadas.
En Chile formamos con echar la frase, que tenemos por
írovincialismo, echar periquitos, que vale tanto como
íchar pestes contra alguien, verter contra él palabras de
íxecracion i enojo.
Echar de ver i)ov ^áyeriiv, que hemos visto en alguna
►arte con bastardilla, es, no obstante, unalocucion aunque
Familiar, mui castiza.
200 EJE
ECHONA
Del quichua hacchhuna, garabato, garfio de hierro
Echona es el nombre popular que tiene en Chile la pe-
queña hoz con que exclusivamente se hacian las siegas de
trigo, de cebada o de pasto. Aun cuando las máquinas se-
gadoras vinieron a remplazar a la echona en muchos ca-
sos en que sus servicios eran indispensables, es ella toda-
vía una de las herramientas que los prestan mejores a
nuestra agricultura.
EDITORIAL.
En la acepción de artículo escrito para publicar en los
periódicos por los redactores encargados de apreciar la
conducta de las autoridades i estudiar las cuestiones polí-
ticas que ocurran, es, según el señor Salva un provincialis-
mo mejicano. Puede ser quefueraorijinariamente mejicano;
mas^ es lo cierto, que en la actualidad el sustantivo edito-
rial e^ de uso común tanto en América como en España.
No haria mal en nuestro humilde juicio la Academia, le-
galizando el empleo de una voz que, sobre ser útil, no es
mas que la sustantivacion del adjetivo editorial, esto es, lo
perteneciente al editor. Es probable que se comenzarla
por llamar artículo editorial aquél que se suponía escrito
por el editor o por encargo de él, o aquél de cuja
publicación se constituía responsable; i que mas adelante,
suprimiéndose el sustantivo, se reemplazase éste por el ad-
jetivo sustantivado i se dijese mas brevemente: «Hoi vie-
ne el diario sin editorial. Rarísimas veces leo los edito-
riales que versan sobre cuestiones políticas».
EFECTIVO.
Véase de.
EJES.
Cobre en barra, es el que, por medio del fuego, ha sido j
;®eparado de las escorias! reducido después a lingotes.
EMP 201
Cobre en ejes, es el que se deja solo a medio purificar
i de esa manera se exporta.
ELABORAR .
Se usa impropiamente este verbo por concebir y i en ca-
sos cómelos dos que siguen:
(cComo se sabe, las \diQs.s, (\\jíq elaboran los cerebros hu-
manos son muchas i de distintas clases etc.»
(M. L. Amunátegui. — Juicio crítico de Guillermo Matta).
«Pero ni su cabeza ni su corazón (habla de la mujer) es-
tán de ordinario preparados para elaborar esos pensamien-
tos elevados, para dirijir esos sentimientos nobles.»
(Catalina. — La Mujer.)
ELEVACIÓN, ARSE, ADA.
Damos a estas palabras una acepción desconocida de los
clásicos españoles i no consignada en el Diccionario, cuan-
do las empleamos para denotar la suspensión o falta del
flujo menstrual.
Elevada es la mujer enferma de amenorrea, entre los
doctores; entre los profanos, opilada,
EMBROMISTA
Suele decirse, i no hai tal: la palabra castellana es bro-
lista.
EMPACARStE.
Común a todos los paises de la América en que se ha-
bla español es el uso de este verbo, para denotarla acción
de mostrarse rehacio el animal para seguir adelante. Se
aplica también a las personas en sentido metafórico, indi-
202 EMP
cando entonces el hecho de resistirse por capricho u otro
motivo a continuar en alguna ocupación o ejercicio.
«Empacóse el Sansón i no daba ya en bola.»
(Z. Rodríguez. — Loco Eustaquio,)
Eí7ipaque es un provincialismo andaluz que vale catadu-
ra, semblante, co7itinente.
Una que otra vez hemos oido esta palabra en Chile, i a
lo que recordamos, por cachaza.
Empacarse es en castellano haronearse. El caballo que
tiene este vicio se llama en España repropio,
EMPAQUETARSE
Es emperejilarse i acicalarse: i se ha formado del adjetivo
también chileno paquete j^ov compuesto, elegante, pisaverde.
Paquete es americanismo mui usado en Buenos Aires.
EMPASTAR, EMPASTADOR.
Significa el primero encuadernar libros en pasta, i él se-
gundo la persona que tiene por oficio el de encuadernar-
los así. Son provincialismos de la América Meridional, se-
gún Salva; pero mui dignos de conservarse porque, ade-
mas de bien formados, no tienen equivalentes castizos.
«Algunos ejemplares de regalo, finos i bien empastados»
(Larra. — La Noche buena de 1836.)
EMPECINARSE.
Mui curioso es el párrafo que dedica a este vocablo el
señor Cuervo en sus Apuntaciones, Va en seguida copiado
íntegramente:
«Con respecto a empecinarse ahí va una conjetura: sa-
bido es cuánto renombre cobró en la guerra que sostuvie-
ron los españoles contra los franceses a principios de es-
te siglo el guerrillero Juan Martin Diez, llamado, dice To-
reno, «el Empecinado» (apodo que dan los comarcanos a
I
EMP 203
]os vecinos de Castrillo de Duero^ de donde era natural). La
fama de su tenacidad i resistencia hubo de pasar los mares
i llegar a estas tierras, donde dirian para ponderar lo in-
constrastable de alguno en un empeño: «Es un empecí-.,
nado», como a otro propósito se usa «es un Cid»; oscure-
cido el oríjen i siendo engañosa la apariencia del voca-
blo, se sacaría el verbo empecinarsey que vale aferrarse^
obstinarse, empeñarse, encapricharse. í)
EMPELOTARSE.
Se dice bien a la española en pelota por en cueros, des-
nudo.
I- ......,...._„..,..
Desde el cuello hasta la cinta*
Amábanle de manera
■ Sus vecinos^ que sabida
i Su resolución, salieron
Los mas de la suerte misma.
A recibirle enpelota.y)
(Tirso de Molina.— I^s Amazonas de las Indias.)
No puede decirse otro tanto de empelotarse, cuja raíz es
pelotera, i que significa confundirse, enredarse, reñir»
«Sacando unos con otros las espadas comenzó una ba-
talla de comedia, metiéndolos en paz los mozos de muías
con los frenos que acababan de quitar; i dejándolos em-
pelotados, se salieron D. Cléofas i Cojuelo.»
(VÉLEz DE Guevara. — Diablo Cojuelo.).
Claro se ve que el equivalente de nuestro empelotarse
es des7iudarse»
En pelo se dice de los caballos en contraposición a en-
sillados.
empiparse.
Por hartarse, atracarse, dicen en Colombia apiparse i
nosotros empiparse^ Uno i otro descansan sobre la base
204 ENC
de suponer! que el que se ahita echa alimentos a su
estómago en cantidad bastante a llenar una pipa.
EMPLUMAR.
De una persona que huye se dice en estilo familiar i en
España que toma soleta o las de Villadiego, en Colombia
que las empluma, i en Chile lacónicamente que empluma.
Si no estamos equivocados, el equivalente arj entino de
nuestro emplumar es apretar el gorro.
EMPOLLA, AR.
Dígase ampolla, ampollar.
Bien entendido que la gallina no ampollará, sino que
empollará sus huevos.
EMPRESTAR.
Observa con razón el señor Cuervo que falta en caste-
llano un verbo que denote la acción de pedir prestado (en
francés emprunter, en ingles to borrow); puesto que no faltan
quienes se sirvan de pi^estar máist'mt'dmente, aludiendo ya
a la persona que recibe^ ya a la que da el préstamo.
Larra, notando el vacío, evocó de su tumba, para llenar-
Jo, al anticuado emprestar, i escribió en su artículo 2."
sobre los calaveras, ^Empresta para no devolver». Su ejem-
plo no ha sido imitado.
En Chile se usa bastante emprestar entre el vulgo, que
le atribuye el mismo sentido del anticuado español dar
prestado, prestar.
EN CIERNES.
1
Dicen en Chile en vez de en cierne, que es como debe
decirse según la Academia i común práctica de los clási-
cos:
I
I
END 205
id quedó el deseo
En cierne, desvalido e ignorante.»
(Cervantes. — Viaje al parnaso,)
Sin embargo encontramos en el Juan de ¿as Viñas del
mui correcto don Juan E. de Hartzenbusch la siguiente
frase: «El abate en ciernes, amenaza i se escurre.»
[ ENCIMAR.
. Por llegar a la cima, no existe.
(d que se hace perceptible al encimar el caracol de la
Cuesta.»
(V. MuRiLLo. — Revista de Valparaiso, junio de 1874.)
ENCOLIGUAR.
Cubrir con colihues la enmaderación &e los edificios pa-
ra que puedan ser tejados.
Encoliguado es la estera que forman los colihues sobre
los ti j erales.
ENDENANTE, ENENANTES, ENANTES, DENANTES, DE ANTES.
Enderiántes i enenántes son voces anticuadas.
Deben cambiarse en denántes o enantes que significan
poco há, como lo muestran ios siguientes ejemplos:
«Aunque denántes dije que yo era licenciado, no sol si-
no bachiller.»
(Cervantes. — Quijote.)
«El viento enantes mudo, que pausado,
Al despertar de la primera aurora,
Osó apenas de aljófares bañado
Besar las flores que la luz colora.»
{^m^o^o.— Inocencia perdida.)
De antes nos muestra un mui diverso significado, pues
equivale a anteriormente, de primero:
«Abrazó (Corchuelo) al licenciado i quedaron mas ami-
gos que de cintesy> .
(Cervantes. — Quijote.)
206 ENR
«Al tercer dia tornó a ser de ellos (escrúpulos) com-
batido como de ántesy> .
(RivADENEiRA.-^F/í/a de S. Ignacio.)
ENGORDA, ERO.
Ignoramos cuáles sean, si es que existen, los equivalen-
tes castellanos de estos vocablos, el primero de los cua-
les denota el conjunto de animales vacunos que el hacen-
dado hace engordar todos los años a fin de matarlos o
venderlos para el consumo.
Engordero es el que habitualmente se ocupa en comprar
animales flacos con el objeto de engordarlos, venderlos
después i ganar la diferencia de precio.
ENLAZAR.
Es éste un provincialismo arjentino i chileno, i aun po-
dríamos agregar uruguayo, que expresa la acción de enre-
dar i cojer con el lazo {rejo de enlazar en Colombia) a los
animales que pacen sueltos por los campos.
Véase lazo.
EN MANGAS DE CAMISA,
Decimos en Chile en vez de en cuerpo de camisa, que es
como lo traen los diccionarios, esto es, andando sin cha-
leco; que si se habla de quien lo lleva, está bien en mangas
de camisa.
ENROLLAR.
Nü lo trae el Diccionario de la Academia. Es sin embar-
go tan español como arrollar.
«Pero hechos^un ro//o o oirollados, ya no pueden escon-
der u ocultar nada.»
(Hermosilla.-— yi/zc/o crítico .
i
ENY 207
ENTERAR, ENTERADO.
Notable es el uso que hacemos de enterar en frases como
ésta: «¿Cómo está Ud., doña Tomasa? — Mui buena, Teresi-
ta^ i Ud. ¿cómo lo pasa? — Enterando .^
Enterado, a, es un adjetivo que expresa la idea de en-
greído, satisfecho, presumido, pagado de sí mismo. «Nada
liai que fastidie tanto a las niñas como los muchachos en-
terados-i^y leemos en una novela.
ENTIERRO.
Casi no sabemos llamar de otra suerte lo que llaman te-
soro a una los códigos i diccionarios.
ENTREMEDIO.
No hai tal adverbio de lugar. El Diccionario trae entre^
medias, adverbio de tiempo i lugar.
((Abrase aquel escritorio, que dentro estarán mis doblo-
nes, i los diez de a diez entremedias de ellos. ^)
(M. Alemán.— Gw<smíi?2 de Alfarache.)
ftl así entremedias de ambas hai grande anchura i fon-
do.»
(Las CasAs. — Diario de Colon.)
ENTRETENCIÓN.
Dicen mal algunos por eyitretenimiento .
«Pues equivalía a dar una ci+a a la jente de buen hu-
mor que busca por doquiera los placeres i la entretención. y*
(Moisés Vargas. — Lances de noche buena.)
ENYERBARSE.
Llenarse de yerbas un jardin, una arboleda o semente-
ra. Según Salva, seria este provincialismo de procedencia
cubana.
208 ESC
EPÍGRAFE.
Usan algunos esta voz como si fuese sinónima de título,
i la usan mui mal de contado; pues epígrafe significa el
resumen que precede a un capítulo, párrafo o discurso, i
también la sentencia que suelen poner los autores a la
cabeza de un escrito, capítulo, etc.
«El mismo dia que aparecía la anterior composición en
el periódico mencionado, la Gaceta del comercio de Valpa-
raíso publicaba otra del mismo autor con un argumento
análogo i bajo este epígrafe: Dieziocho de setiembre de
1844: LIBERTAD EN ChILE.»
(M. L. Amunátegui.— 72/2ce<? crítico de E. Lillo,)
EQUÍVOCO.
EquívocOy sustantivo, es en castellano, lo que en fran-
cés equivoque, la palabra que tiene dos sentidos diferen-
tes, como cáncer que es uno de los signos del Zodíaco i
también una enfermedad. No puede por lo tanto decirse
como se oye frecuentemente, sin faltar a la propiedad de
las voces: «lEstá Ud. equívoco. He incurrido en un equívoco
etc.-» En el primer caso lo propio seria equivocado-, en el
segundo equivocación.
Salva trae sin embargo a equívoco como familiar de
equivocación.
ESCALA, ESCALERA.
Trastrocamos en nuestra práctica ordinaria el sentido de
estas dos palabras, empleando escala por escalera i vice-
versa.
Lo que para nosotros es esca/a, conviene a saber la
parte del edificio compuesta de peldaños de piedra, made-
ra u otra materia para subir i bajar, es para los españoles
escalera-, i al revés, el instrumento portátil de madera que
sirve a albañiles i carpinteros para trabajar en la cons-
trucción de los edificios i a muchos otros para muchos ob-
i
ESC 209
jetos diversos, que acostumbramos llamar escalera^ es pa-
ra el Diccionario escala o escalera de mano.
ESCAMOTEAR.
lis como dicen muchos. Debe decirse sin e, escamotar ^
ESCARPE.
Llaman los mineros la acción de descubrir la veta en
la superficie c^uitándole de encima la tierra o piedras que
la cubran.
Hase formado el sustantivo éste del verbo escarpar en
la acepción de limpiar i raspar materias i labores de es-
cultura por medio del instrumento llamado antiguamente
escarpelo i lioi escofina.
ESCLAVATURA.
íso existe. Dígase esclavitud.
ESCLAVÓCRATA.
A propósito de esta palabra dice el señor Cuervo:
ií. Aristocracia es el gobierno de los ciudadanos mas dis-
tinguidos, i aristócrata el que lo sostiene; democracia el
gobierno del pueblo, i demócrata el adicto a tal gobierno;
oclocracia el gobierno de la multitud, i oclócrata seria el
partidario de él, etc.; en vista de esto ocurre, preguntar
¿dónde tenia la cabeza el infeliz a quien se le ocurrió lia*
mar esclavócrata al sostenedor de la esclavitud? Basta
abrir los ojos para echar de ver que semejante vocablo,'
sobre jenízaro, revesado, no puede significar sino el sos-
tenedor del gobierno de los esclavos; ^esto es, algo mas de
lo contrario de aquello que se presume decir.»
ESCONDIDAS (jUGAR A LAS)
És jugar al escondite.
210 ESP
ESCUPIDERA.
Afectando limpieza i cultura hemos dado en servirnos
de esta voz para nambrar dos tiestos tan diversos como
son la bacinilla i la escupidera^ con gran perjuicio siempre
de la propiedad de las palabras, i en muchos casos con pe-
ligro grave de no darnos a entender.
Tanto menos razón hai para perseverar en la práctica
que censuramos, cuanto que si a limpieza i cultura fuese,
bacinilla, derivado de bacin, no tendría por qué sonro-
jarse delante de escupidera, hija lejítima de escupir.
'espaldear.
De espalda hemos formado el verbo espaldear, que es
guardar las espaldas de alguien, ya en sentido recto, ya
en el figurado. Así el ratero que penetra entre algún gru-
po de jente para practicar su industria^ siempre que puede
se hace seguir de alguno que, yendo tras él, lo espaldee,
esto es, le prevenga de los peligros que se presenten por
la espalda. Así también el orador novel raras veces se
atreverá a formular una interpelación contra el ministerio
sin haberse cerciorado previamente de que algún veterano
de entre sus correlijionarios estará dispuesto a espaldearlo,
esto es, a tomar de su cuenta a los interruptores i a al-
gún temible i no previsto adversario que pudiese salir a la
palestra.
En suma, espaldear es guardar las espaldas; i guardar
las espaldas es, según la textual explicación del Diccionario
de la Academia, resguardar a otro, mirando por él para
que no sea ofendido.
ESPELUCAR, o DESPELUCAÉ.
Nos servimos de estos verbos para indicar la acción de
revolver, chasconear el cabello. Ambos son inútiles i gro-
seras parodias de los castizos espeluzar i despeluznar que
han servido a los clásicos i buenos escritores de todos lo
!
ESQ 211
tiempos para significar la idea de enmarañarse los cabe-
llos.
aCuando yo me llegaba a comulgar i me acordaba de
aquella majestad grandísima que habia visto, los cabellos
se me espeluzabany) .
(Santa Teresa — Vida).
«Siempre vi pintar al miedo, flaco, despeluznado , ama-
rillo, triste, desnudo i encojido».
(Mateo alemán. — Guzman de Alfarache.)
Lo único que nos resta advertir con respecto a espe-
lucar (\ también ello podria convenir a chasconear) es que
solo expresan la idea de enmarañarse o descomponerse los
cabellos, a diferencia de los castizos espeluzarse i despeluz"
narse, que ademas de esa idea, pueden expresar también la
de erizarse "^OY miedo, horror u otra causa semejante.
ESQUILENCIA.
Dicen casi todos los enfermos i no pocos doctores por
esquinencia,
esquilmo:
Es el fruto o provecho que se saca de las haciendas i
ganados. No lo entienden así nuestros viñeros i viñadores
[viticultores en el estilo a la moda) que llaman esquilmo a
la parte leñosa que resta del racimo después de desgranada
la uva. El nombre castizo del residuo de que se trata es
escobajo,
ESQUINA.
Llámanse así en Santiago los despachos o figones que
ocupan las esquinas de las manzanas.
212. E5T
ESQUINAZO.
En nuestro lenguaje popular dar esquinazo es lo que
llaman los españoles dar murga o serenata-, i los peruanos
dar borregas o dar gallo.
Debe tenerse presento, sin embargo, que el uso chileno
ha establecido una diferencia notable entre serenata i es-
quinazo; como que la primera se da con música de viento
o con toda una orquesta, i el segundo siempre non vi-
huela i tonadas con cogollo i voladores, cuando no de pól-
vora, hechos por medio de un cuero 4e oveja que se re-
friega i golpea en la pared.
«Aquel que haya despertado alguna vez por el ruido de
esa extraña i arrebatadora melodía que se llama esquinazo^
que comienza por golpes en la puerta o ventana, continúa
con el puntear de la vihuela, sigue con una agradable i
picaresca voz femenina i concluye con voladores^ palma-
das, gritos i adioses, podrá comprender algo de lo que yo
gocé esa noche».
(Z. Rodríguez. — Loco Eustaquio).
ESTACA.
Llamamos malamente en Chile el garran o espolón de las
aves.
. ESTERO.
m
Llamamos así en América lo que es en castellano arro^
yo y riachuelo.
Estero es el caño o brazo de mar que sale de un rio i
que participa de las crecientes i menguantes del mar, con
lo que a veces es navegable.
«La verde yerba nace tan menuda
Orillas del estero cristalino».
(Pedro de Oña. — Arauco domado,
fustero está aquí por riachuelo.
J
ETI .213
ESTIRAR.
Es un provincialismo arjentino que significa matar»
Lo estiraro?i, lo mataron.
Bntre nosotros no se usa estirar en ese sentido. Tene-
mos en cambio la frase vulgar estirar ¿as patas, que equi»
vale a morir.
ESTOCADA.
En lenguaje minero se llama estocada una labor corta
(de tres cuatro metros) que se efectúa para hacer algún
reconocimiento en el cerro.
ÍSTRATEJIA.
«Estratejia» dice el señor Cuervo, «es la ciencia propia
deun jeneral de ejército; i estratajema es un engaño o
ardid de guerra i extensivamente cualquier engaño o tre-
ta artificiosa; así no diremos «Fulano usa de muchas es-
estratejias». «Tengo pensada una estratejia para sacarle el
dinero» .
«La caza es una imájen de la guerra; hai en ella es-
tratajemas, astucias^ insidias para vencer a su salvo al ene-
migo».
(Cervantes. — Quijote.)
«Tales comparo al juego de la Arabia
<^Táctica diestra i estratejia sabia.»
(Mauri. — Esvero i Almedora).
ETIQUETA.
Es voz galicana que debe sostituirse por rótulo, roíala-
ta\ i cuando significa el papel pegado a las piezas de jé-
nero para indicar en él el contenido, debe decirse mar'
bete.
:14
EXT
' EXPRESO.
Es un útil chilenismo tomado del ingles^ con el cual in-
dicamos, ya la casa de comercio que se ocupa en trasportar
encomiendas i equipajes, ya el tren que hace su viaje con
mas rapidez que los ordinarios, en cuyo caso úsase tam-
bién como adjetivo. «La familia se fué en el tren expreso
de la tarde.»
EXTRALIMITAR.
No existe. El verbo español que mas se le acerca es
trasgredir.
r
FAENA.
Por trabajo corporal o mental, es castellano.
Es un chilenismo, indicando el lugar en que forman suá
ranchos i acampan los peones i demás operarios de una
mina, de un ferrocarril, de un canal o de cualquier otrc
gran trabajo por el estilo.
((Cien historias como ésta se narran en las noches de
invierno al rededor de los fuegos de las faenas,y)
(JoTABECHE. — La mina Candeleros.)
FAJAR.
Fajar con alguno es en español acometer contra él.
No lo usamos nosotros de esa suerte, sino como activo
equivalente a azotar, golpear, maltratar:
((Les hemos fajado tupidito a los bueyes en el camino;
así es que ya revientan.»
(Blest Gana. — La Aritmética en el amor.)
FALTE.
Es el único nombre con que conocemos a los que en
España se llaman buhoneros o mercachifles.
Buhonero es poco menos que griego para nuestros pai-
sanos^ i mercachifle lo hemos reservado para zaherir i
ridiculizar a los comerciantes que tienen tiendas o despa-
216 FIL
chos de preguntas i respuestas^ como llama graciosamente
a los mui pobres un amigo nuestro.
«Rengifo, acompañado de su amigo de infancia, Melga-
rejo, adoptó Ja profesión de falte, llevando desde Buenos
Aires a las vecindades de Potosí todo lo que cupo de mer-
caderías en una carreta.»
(Vicuña Mackenna. — Diego Portales.)
Nada decimos sobre la etimolojía de falten porque no
atinamos con alguna que tenga siquiera visos de proba-
ble.
FALLA.
Por inasistencia de alguien a la reunión o lugar a que
debia concurrir, es palabra castellana, aunque anticuada.
No así fallero, a, adjetivo de nuestra invención i que
presta frecuentes i útiles servicios para designar a las
personas que, teniendo obligación de asistir a alguna par-
te, tienen la mala costumbre de singularizarse por sus
frecuentes faltas*
FARRUTO.
Dicen así en Chile del que es enfermizo, enclenque, de-
dil.
FERROCARRIL URBANO.
Los que así llamamos en Chile, se llaman en Madrid i
en el Diccionario de la Academia tranvías.
FILO (tirar un).
Tirarse un filo con alguno es frase con que vulgarmente
se expresa la acción de trabar pendencia, o por lo menos
disputa acalorada.
«Por ahora solo es preciso que me tire un filo con él
esta noche.»
(Huérfano.)
FLO 217
FIRME (de).
Es castizo el modo adverbial de firme i significa con
solidez.
En Chile, donde es de frecuente uso, la locución de fir-
me no significa eso, sino con constancia, sin interrup-
ción. Ejemplo:
aSi estoi refiriendo un verso
Se para el tonto de firme
A tacharme i a decirme
Que es falso lo que converso.»
(GuAJARDO . — Los tachadores, )
FLOREAR.
Usase impropiamente este verbo en Colombia por fiíore-
cer, según lo asevera el señor Cuervo.
En Chile lo usamos también de una manera impropia,
aunque en diverso sentido del que le atribuyen los bogo-
tanos; pues para nosotros, ni significa adornar o guarnecer
con flores como en España, ni florecer como en Colombia,
sino escojer entre muchos objetos semejantes los mas pre*
ciosos, hermosos o floridos.
FLORCITA.
El diminutivo de flor no es florcita sino florecita, i tam-
bién florecica i florecilla,
FLOTAR.
Dicen muchos por ondear, lo cual es un galicismo.
«A los pasajeros de la Novara debía ofrecer una satis-
facción sublime la idea de ser los primeros de la marina
imperial que han tenido la felicidad de hacer flotar el pa-
bellón austríaco en aquellas aguas.»
218 FOR
(Anales de la Universidad, diciembre de 18G3. — Viaje
de la fragata austriaca Novara\ traducción de la parte re-
lativa a Chile por R. Rivera Jofré, bajo la dirección del
doctor Lobeck i correjida por don Rafael Minvielle.)
¡Linda era la felicidad a fe!; arrojar su pabellón al agua
para que flotara!
Las banderas cuando las bate el viento undulan i tam-
bién flamean. Decimos tremolar una bandera por enarbo-
larla, batirla en el aire.
FOMENTO.
Tenemos por un provincialismo, no solo chileno sino
hispano-americano, el uso de fomento para significar el
remedio que consiste en poner a los enfermos paños em-
papados en algún cocimiento.
FORZAR, FORZOSA (hACER LA).
«Decíamos en una ocasión a un sujeto», escribe a propó-
sito de forzar el señor Cuervo:— «Ud. nos fuerza a comer
demasiado», i el tal tuvo el desuello de correjirnos de este
modo: «Nó, señor, jo no le forzó a Ud.» La hora del des-
quite ha llegado: los lugares siguientes recuerdan que fot'
zar sale de fuerza i dirimen la cuestión:
«Cada dia descubro en vos valores que me obligan i
fuerzan a que en mas os estime.»
(Cervantes. — Quijote.)
ttCalla, mísero cristiano;
Que al alma a tu noz atenta
No sé qué afecto la rije,
No sé qué poder la fuerza
A temerte i adorarte.»
(Calderón El Purgatoria de S. Patricia.)
«Porque si en versos refiero
Mis cosas.mas importantes.
Me fuerzan los consonantes
A decir lo que no quiero.»
(Baltazar de Alcázar. —5o ^e los consonantes.
FRA 219
A estos ejemplos que muestran la verdadera conjuga-
ción de forzar i que pueden ser útiles en nuestro pais,
nos parece oportuno agregar que en Chile tenemos la frase
hacer la forzosa, que nos muestra la acción de obligar a
alguno por la fuerza a ejecutar alguna cosa que no es de
su obligación:
« — Te daré un cigarro.
—¿Te burlas?
— Pues no tendrás eso ni nada.
— Veremos.
— i Calle! ¿Me piensas hacer la forzosa?y)
(V. 'MvRiLhO.— Una victima del honor.)
«¿No seria curioso que, so pretexto de que enterrar a
Jos muertos es una de las obras de misericordia, preten-
diésemos obligar a los administradores de los cementerios
protestantes a dar sepultura a los cadáveres de los católi-
cos, o que los protestantes quisieran hacer la forzosa a los
administradores de los cementerios católicos, tratándose
de los cadáveres de los correlijionarios de aquéllos?»
[Independiente.)
I
FORRO (ECHAR UN).
Pegar un petardo, causar a alguien una molestia de
aquellas que las costumbres o reglas de urbanidad lo
obligan a aceptar con la sonrisa en los labios i la rabia
de los dientes adentro.
FRANCOLINO, A.
Francolino, a, es un adjetivo que aplicamos a las aves
privadas por naturaleza del apéndice que tiene su oríjen en
la rabadilla. El se ha formado, sin duda ninguna,, por la
adjetivación del sustantivo francolin, nombre.de una ave
del tamaño de la perdiz i semejante a ella.
El equivalente castizo de francolino es reculo.
220 FUE
FRANGOLLO^ AR.
^Como se llama en España el trigo después de quebraría
tado i triturado? No pudierido satisfacer a esta pregunta
con decir que en la Península no se hace con el trigo
tal operación, pue.sto que existe el verbo frangollar con
que se nombra, el único partido que nos resta es confe-
sar nuestra ignorancia.
Según el Diccionario de la Academia, frangollo es ael
trigo cocido que se suele comer en caso de necesidad en
lugar de potaje» es decir mas o menos lo que por acá lla-
mamos 7note molido.
FrangollOySegun nuestra práctica, es el trigo (tanto cru-
do como cocido) que para que lo coman con menos tra-
bajo los pollitos, i suelte en el puchero con mas facilidad
su sabor, se tritura, machaca^ o chanca en la piedra de
moler.
El frangollo de maiz es chuchoca.
FREGAR, ADO;, A, AZON.
Pocos provincialismos han llegado en Chile a estar tan en
boga como éste. El suena en los labios de nuestros paisa-
nos con la misma frecuencia con que caen al corazón las
gotas del dolor físico o moral, del tedio^ del desengaño, i
del abatimiento.
En Chile se friega el comerciante que hace un mal ne-
gocio, el litigante que pierde su pleito, el colejial que sa-
ca erres o bolas negras en sus exámenes, el enamorado
que recibe calabazas de su dama, el hacendado que es sor-
prendido por el primer aguacero con el trigo en la era,
el dormilón cuyo sueño de la mañana interrumpen los ca-
rruajes o los vendedores ambulantes, el ministerio que se
ve acosado por las interpelaciones, en una palabra, de
pordiosero a presidente, cuanta humana criatura se ve
obligada a reconocer prácticamente que no hai en la tie-
rra felicidad cumplida.
Sí, todos vivimos mas o menos fregados, i por este as-
pecto el nombre que mejor cuadra a tan fregada vida
FRE 221
es el de la mas larga, aburridora e insoportable de las
fregazones.
Debe notarse también acerca de fregado que no siem-
pre tiene significación pasiva i denota al que sufre, como
quiera que frecuentemente se emplea como activo para in-
dicar el molesto, fastidioso, que hace sufrir.
Ni se crea que Chile goza del privilejio de ser la patria
exclusiva de los fregados i de las fregazones. El señor
Cuervo juzga que, aunque expresivos, fregar i colear por
incomodar, hostigar, perseguir, jorobar, moler, son ina-
ceptables pur lo repugnante de las ideas que despiertan.
Juan de Arona no se ha olvidado tampoco de este popu-
lar provincialismo americano en sus Apuntes, que antes
por el contrario le dedica unos cuantos parrantes que
merecen ser copiados i que dicen así:
«Fregar,— Hé aquí otro americanismo: fregar, en toda la
extensión de la palabra, no es sino el moler de los españo-
les, salvo cuando se dice lo fregaron o lo fregón que solo
equivale a perder a alguno.»
(kQue se friegue, es lo mismo que decir que sufra, que
padezca, hd, fregadura es el daño que sobreviene, el con-
tratiempo, el compromiso, la estrechez, ¿qué se yó? Un
volumen entero tendría que escribir si quisiera agotar to-
das las acepciones de fregar i de sus infinitos derivados.»
(cNo olvidemos, empero, el fregado i el mui fregado,
que sustantivadamente significan el hombre de jenio fuer-
te, díscolo, trabajoso, etc. Repito lo de arriba i añado:
que así como hai en cada pais plantas por excelencia que
dan para todo, como la palma en Oriente i el plátano
(banano), el maiz i aun la caña dulce de que hablaba
hace poco, en América; así hai palabras sintéticas, de
uso infinito, que donde menos se piensa se las ve reapa-
recer con un nuevo matiz.»
^ «Por supuesto que absorbidos los americanos con la
significación metafóricci o caprichosa que dan a este ver-
bo, casi no se acuerdan de la única que realmente tiene
en español^ que es la de limpiar platos, tanto que puede
222 FRE
decirse que la fregona no existe para nosotros sino en la
novela de Cervantes.»
Se nos olvidaba advertir que fregar no solo se usa co-
mo intransitivo (¿hasta cuando friega, hombre?), i como
reflejo [fregarse), i con complemento directo de persona
(ha fregado toda la santa noche al pobre alojado un mal-
dito perro que se puso a ladrar en la ventana), sino tam-
bién con los dos complementos directos de cosa, la pita
i la ¡mciencia, que aparecen en muchos casos como los ob-
jetos sobre que recae directamente la acción de fregar,
«Quítate de mi presencia.
Contestó el Loro con prosa:
Deja, Lora fastidiosa,
De fregarme la paciencia.)^
(GuA JARDO. — (7e/o5 de la Lora al Loro.)
«Lo mismo es el artesano
Cuando a los vicios se entrega:
Mientras mas gana mas friega
I clava al jénero humano.»
(Id. — El minero.)
FRENO, FRENA.
El primero es castellano significando el conocido ins-
trumento de hierro que sirve para sujetar i gobernar las
caballerías, constante de camas^ bocado i barbada.
La que llamamos frena tiene un uso idéntico, pero se
diferencia del freno en que carece de bocado i barbada.:
Suple este defecto por dos palancas que, abriendo las qui-.J
jadas del caballo al tirar de la rienda el jinete, impidei
que aquél se desboque.
La frena, casi exclusivamente usada por los caballos co"
cheros, las mas de las veces es extranjera; el freno casi
siempre es hecJdzo i nuestros guasos sostienen que los
trabajados en Peñaflor son los mejores del mundo.
FUI 223
iPRESCO, A, URA.
Frescura por desembarazo, desenfado, es castellano; no
así fresco para designar a la persona que es desenvuelta
mas de lo justOi Se dice especialmente de los mozos que
en su trato con las mujeres no les guardan los miramien-
tos debidos^ propasándose en palabras o acciones.
Hemos leido en alguna parte i copiado: «Dfgote Pas-
cual que eches de la casa al mocito: es un frescona^
zo el futre i el dia menos pensado vamos a tener
aquí una de Dios es Cristo.»
FRICA.
fiFricaciony) dice el Diccionario, cda acción i efecto de />?-
car. — Fricar, estregar. Estregar es restregar una cosa con
otra.
No usamos en Chile ni fricar ni fricación; pero ú frica,
que dista de fricación lo que va de estregar aunque sea
con un escobillón, a dar una soba, zurra^ tanda, o vuelta
de azotes.
Véase poroto.
FRIJOL.
FRISA.
En castellano tela ordinaria de lana. A la chilena el
pelo suave o felpa larga de cualquier tejido:
«El amor que te tuve
Fué de bayeta:
Se le acabo la frisa.
Ya no calienta.»
[Zamacueca *)
224 FUL
«Allá en los pasados años
Cuando apuraban los fríos
A fines del mes de mayo
Bajo tu frisa mi padre
Me hacia dormir cantando.»
(Z. Rodríguez. -La manta del jornalero.)
FRIT ANQUERA.
Llaman así en Chile a la mujer que frie pescado, era-
panaditas i frutas de sartén para vender.
La Academia no trae mas que freidora^ que es en An-
dalucía la que frie pescado para vender.
Cervantes usó freidera:
«La freidera que se halló con una sartén puesta al fue-
go, llena de aceite hirviendo para freir unos albures, co-
jióla en las manos, etc.»
[Entremés de los mirones.)
FRONTÓN DESCABEZADO.
Ni la Academia ni Domínguez dan a frontón la acepción
de labor minera que declina a medida que va profundi-
zando en el cerro. Es mui usado de los mineros chilenos
i Salva lo trae como castizo. Ni él trae sin embargo fron-
tón descabezado^ locución expresiva que nos muestra un
frontón que va bajando, al penetrar en el cerro, la altura
de una cabeza humana por paso.
FULMINANTE.
Es el único nombre que damos al d@dalit6 de cobn
que tiene en su fondo un baño de pólvora fulminante, el
cual, herido por el martillo [gatillo)^ se enciende
comunica el fuego al canon.
En castellano esa pieza se ha llamado siempre pistón»
aUno de los colejiales que era cazador i llevaba esco-
FULL 225
peta hizo varios tiros al. paso; quiso matar algo también
el alumno de Vitrubio i al disparar se le entró una ho-
juela de cobre áe un pistón en nn dedo.»
(Hartzenbüsch.— £/h Viaje en galera.)
«¡Cuál no seria su gozo cuando al reconocerse para ver
si el tiro le habia levantado la tapa de los sesos, se en-
contró con que un cachito del pistón le habia reventado
el tumor de la cara que ya no le dolia con la evacuación
del pus^ i que ninguna otra herida habia recibido!»
(Trueba. — Las Animaladas de Perico.)
FULLERO
Es en castellano el tramposo; entre nosotros el presu-
mido, fanfarrón i farandulero.
«Yo, serrana estoi picado
De esos ojos lisonjeros,
Que deben de ser fulleros
Pues el alma me han ganado.»
(Tirso de Molina. — La Venganza de Tamar.)
FULLINGUE O FUNINGUE.
Adjetivo de oríjen para nosotros desconocido, i del cual
nos servimos para designar en tono despreciativo i bur-
lesco el tabaco o cigarro que son de mui mala calidad. Por
extensión llamamos también fullingues a las personas o co-
sas ordinarias, de poco valor.
c(Yo conocía un diablucho
Que de pólvora un cartucho
Revolvía con fullingue
Para los que andan al pringue
I q\ pitarles gusta mucho.»
(Gallardo. — TzVo a los bolseros de puchos.)
Después de escritas las anteriores líneas el señor Pául-
226 FUN
sen se sirvió enviarnos las cuatro que en seguida copia-
mos i que descubren el oríjen de nuestro vocablo;
^Fullingue. — En Andalucía la hoja del maiz (la túnica
de la mazorca) se llama follico i el pueblo dice también
fuñico. Este follico es claro que es el folliculus latino. El
pueblo^ tan amigo de formar voces caprichosas, tan espre-
sivas a veces ¿no sacarla su fullingue de e^Q follico para
denotar burlescamente el cigarro en que era mas la hoja
que el tabaco?»
FUNDILLOS, • UDO, A.
Fundito i fundillo son formas diminutivas de fundo,
heredad.
Fondito i fondilloy diminutivos de fondo, en cuanto a
caudal.
¿Cómo se llama entonces la parte trasera de los cal-
zones o pantalones anchos que en Chile conocemos con el
nombre de fundillos^ — Se llama fondillos^ i es sustantivo
que no se usa en singular.
Dicho lo que queda, inútil parecerá advertir que el
que trae grandes fondillos^ ni recta ni figuradamente es
fundilludo^ sino fondilludoy aunque no se encuentre éste
en el Diccionario de la Academia.
L\3im3imos fundilludo al bobo, papamoscas o papanatas. «
Cundirse.
Nos parece qtie es peculiar a Chile el decir: «Fulano M
fundió, por se arruinó.» «Pedro está fundido con Antonia)V
por Pedro está perdidamente enamorado de Antonia, an-
da que bebe los vientos por ella.
Fundido como un tacho y es frase con que se ponden
lo mimado de algunos niños.
Sm admitir como correctas las anteriores locuciones i
otras por el estilo, nos parece oportuno observar que, des-
pués de todo, los que las usan no andan tan completamente
FUT 227
fuera de camino cual pudiera creerse a primera vista. En
efecto, antiguamente fundirse significaba hundirse; ¿i no
es verdad que por muchos aspectos el que se arruina se
hunde? I luego ¿no hai cierta gracia i propiedad en supo-
ner que el infeliz que toca a los últimos grados de la amo-
rosa fiebre, es un hombre que se funde o poco menos?
FUSTÁN o JUSTAN.
Solo bajo la primera forma se encuentra en el Diccio-
nario de la Academia, según la cual es «especie de tela
jeneralmente de algodón que se destina a forrar vestidos i
otros usos análogos.»
En Chile vulgarmente llaman fustán a las enaguas^ de
las cuales, a diferenciarse en algo, se diferenciada el/?/5-
tan en tener menos ruedo.
«El traje de las chilenas», dice don Antonio de Ulloa,
«se reduce en la ropa interior a camisa i fustán (que en
España se dice enaguas blancas), un faldellín abierto i un
jubón blanco en verano o de tela en el invierno.»
FUTRE.
Sinónimo de paquete, del cual se diferencia el futre en
tomarse siempre en mala parte.
El caballero de caudal i de buen gusto que se compone
fi acicala es un paquete.
El mozo de medio pelo que sale con su ropa domingue-
ra, tieso como si se hubiese tragado una baqueta, es un
futre i puede ser también un futre encolado.
El que se desvive por andar siempre paquete logrando
lo mas andar futre ^ es el siútico o el pije; si bien es de
idvertir que aquél se refiere principalmente a la traza, i
íste a la posición social.
Con todo futre en boca dé la jente de poncho i de los
228 FUT
rotos suele significar ni mas ni menos que hombre de le-
vita, vestido decentemente.
aPero ¿no confesó el futrecito la maldad?»
(MuRiLLO. — Una Víctima del honor.)
('Los futres por apetito
Van donde el empanadero
Diciéndole: Pequenero
Sírvanos un pequencito .))
(GuAJARDO. — ¡A las calduditas, mi alma!)
G
GALPÓN.
Los diccionarios no traen este vocablo tomado de la
lengua azteca.
((A la puerta de la sala estaba un patio mui grande en
que habia cien aposentos de 25 a 30 pies de largo^ cada
uno sobre sí en torno de dicho patio, e ahí estaban los se-
ñores principales aposentados como guardas del palacio
ordinarias, i estos tales aposentos se llaman galpones.r>
(Oviedo. — Historia de las Indias, M. S. lib. 33, cap.
46.— Prescott, Conq. of México.)
GAMELA.
Especie de cesto: dícese en Chile impropiamente por
gamella, especie de barreño.
GANANCIA.
Según Salvá^ es éste un provincialismo mejicano que
significa «añadidura que da el vendedor de pan o velas
sobre lo justo» .
Usase también en ese sentido por nuestros pobres, aun-
q}ie con mas frecuencia en el de vendaje, esto es, para
?30 GAU
denotar la paga que el clneño o productor de algún artí-
culo de consumo doméstico da al que se encarga de ven-
derlo al menudeo.
GANARSE.
Debe reputarse como un chilenismo el uso que hacemos
de este verbo, que es solo activo, cual si fuese reflejo,
dándole el sentido de acojerse, refujim^se, meterse.
((Me sentia tan constipado qwQ a las cuatro de la tarde^
no pudiendo aguantar mas en pié, me gané a la cama.»
((La policía siguió al ladrón hasta que éste se ganó a un
conventillo, donde fué imposible dar con él» etc,
Escusado nos parece ponderar el gazafatón q^ue dicen
los que de semejante manera se expresan.
GARÚA, GARUAR.
El señor Gormaz quiere que se diga garuando. Olvida
sin embargo de advertir que en español se dice lloviznar i
no garuar. Garuar es provincialismo peruano i chileno, i
la jente educada no debe hacer uso de provincialismos,
sino en casos mui bien justificados.
Garúa es en español llovizna, mollizna^ cernidillo', ga* __
ruar es lloviznar, molliznar o molliznear. 'mk
En Chile la jente zafia dice garuga i garugar. Con el
tiempo i la garuga todo se arruga\ es refrán que nos ad-
vierte la brevedad de la vida e instabilidad de la belleza
juvenil.
GAUCHO.
El señor Vicuña cree que viene del latín gaudeo i que
se aplicó en el Plata a la jente alegre.
En Chile solo lo usa el vulgo para nombrar despectiva-
mente a los arjentinos, cuando no quiere designar a los
GORR 231
habitantes de las provincias del antiguo Cuyo, a quienes
dice ciiyanos.
Véase ün ejemplo en la voz Chaucha.
GLORIA PATRIA.
Singular expresión de que el vulgo se sirve con fre-
cuencia para designar a las personas i a las cosas de poca
importancia.
«¿En qué se ocupa ahora tu compadre?— En llevarse
sentado mano sobre mano tras el mostrador de ün despa-
chito de gloria patinan) .
«¿I dónde has puesto a servir a tu hijo? — Por desgra-
cia mia en casa de unos gloria patrian), (de unos amos de
medio pelo.)
GLORIADO.
Bebida que se hace mezclando agua caliente con aguar-
diente, i endulzándolo todo con azúcar^ las mas de las ve-
ces tostada .
(d cuando por la mañana
Amanece constipado,
Tomándose su gloriado
Con el mismo licor sana.»
(GüAJAREio. — El Gustador,)
Es palabra expresiva i que muestra bien a las claras la
estimación que por la susodicha bebida tienen lachos^ re^
moledores, ching añeros i gustadores.
GORRO FRIJIO.
El Diccionario de la Academia no lo trae.
Domínguez dice de él: «Gorro que llevan algunos en va-
rias naciones como distintivo o insignia de cierta digni-
dad.»
232 GRI
En América se ha hecho de dicho gorro un emblema de
la libertad política.
«El retrato de Marco Bruto le saqué de una medalla de
su mismo tiempo, orijinal en que se ve entre los dos
puñales el pileo o birrete, insignia de la libertad.»
(QuEVEDO. — Marco Bruto,)
ORADAS.
Las de los templos, como la Catedral, Santo Domingo,
San Ignacio, etCj debieran llamarse atrios.
GRANO.
Grano (i también picada) llama el vulgo a la pústula o
tarbunclo maligno.
Grano hace alusión a la circunstancia de aparecer
siempre un grano como nuncio de la enfermedad; i pica-
da a la de trasmitirse a los hombres i animales por me-
dio de la picadura de insectos que han sacado el virus de
otros animales enfermos ya o muertos de ese mal.
GRIMILLÓN.
Provincialismo chileno, equivalente a multitud.
«Quiebra el alma el ver ese grimillón de patriotas be-
neméritos oprimidos i aflijidos.»
fCarta citada en don Diego Portales por Vicuña Mackén-
na,)
GRINGO, A.
Apodo con que se designa vulgarmente a los ingleseá
En España se usa también, peto como sinónimo di
griego; así hablar en gringo es hablar en lenguaje ininte^
lijible.
A poco de haberse entregado al tráfico el ferrocarri
GUA 233
entre Santiago i San Bernardo, cantaban por las chinga-
nas i ramadas:
{{Bernardo se llama el tren,
Diz que corre muí lijero
I que mató a un caballero
Que no se supo hacer
A un ladito del camino,
Porque lo llevaba el gringo
Con mucha velocidad;
I el autor de esta deidad
Señor Matidas Causiño.yy
GROS.
Dice el señor Gormaz que es grodetur, por la tela fina
de seda.
En el Suplemento al Diccionario de Salva viene la voz
gro como sinónima de grodetur.
También leemos en el Diccionario francés español de
Martínez López, en la voz Frailie. ^aTela. de seda parecida
al gros de Ñapóles.»
Nosotros diremos siempre gros, o a lo mas ^ro^ porque
grodetur tiene una forma demasiado francesa: . Gro de
Tours.
GUACA, GUAQUERO^ A.
Del quichua Jaiaca, ídolo, cosa sagrada, templo, sepul-
cro.
Solo en la provincia de Atacama suelen oírse estas pala-
bras, la primera de las cuales designa «un montecillo ar-
tificial de figura cónica en cuyo centro se halla el nicho
que fabricaban los indios del Perú para enterrar dentro de
él al difunto con las alhajas, armas i vasijas que liabia
usado))^ i la segunda «a las personas que se daban a bus-
car las dichas guacas para cabarlas i revolverlas a fin de
apoderarse de las prendas de algún valor que en ellas
raras veces dejaban de estar enterradas.»
30
234 GUA
GUACARNACO, A.
Se dice líurlescamente de las personas muí altas, de
largos zancajos, especialmente si son flacas i bobalico-
ñas.
GUACO, A.
Es un adjetivo que solo lo liemos oido usar en lá ter-
minación femenina para indicar las pepitas délas sandias
que las tienen de color blanco,
GUACHALOMO.
Las lonjas de carne que tienen los animales vacunos
a uno i otro lado de la espina dorsal i pegadas a ella. Es
la carne mas tierna i sabrosa de la res i la que se asa
de preferencia en las cocinas de los ricos.
«Las kumitas [humintas decian los indios) i la chuchoca
como condimentos del choclo o (?) grano de maiz, el chu-
ño del lintuí de Ib. papa i el sabroso hurpo [hulpo) tan
frugal como agradable, están probando que los galopines
castellanos tuvieron algo que aprender de las cocineras
indíjenas, madres i abuelas de las que hoi todavía nos
preparan i sazonan cada dia la cazuela i el huachalomo,^y
(Vicuña Mackenna. — Historia de Santiago.
Guachálomero , es el que vende guachalomos, ord¡na-|
riamente a domicilio. Su grito es: ¡Guackalomo salpresoíj
el guachaloinerol
guachapear.
Es castellano significando el ruido que forman, al an-
dar, las herraduras de los animales mal herrados, o cuan-
do a las dichas les faltan clavos, acepción desconocid;
en Chile.
Nuestro guachapear significa entre colejiales i jentes
GUA 235
de buen humor, hurtar prendas de poco valor: un corta-
plumas, un libro, cigarros, volada ^ etc.
GUACHO, A, ARAJE,
En ai mará Jmajcha, huérfano.
En quichua Huaccha, pobre, huérfano:
En araucano huachuy el hijo iíejiíimo, los animales
mansoSy domesticados.'
Las acepciones que damos a guacho guardan perfecta
consonancia con las etimolojías que acabamos de apuntar.
Su significación mas conocida, fundamental, por decirlo
así, es bastardo: terrible palabra con que la sociedad echa
en cara a los hijos el pecado de los padres.
Viene en seguida la acepción quichua i aimará, huér-
fano. Usado en ella guacho deja de ser un cruel ultraje, i
principalmente en su forma diminutiva^ huachito, a, es pa-
labra afectuosa i manera compasiva, aunque vulgar, de
designar a los niños que han perdido a sus padres.
Por último, tenemos la segunda acepción araucana, de
manso, domesticado; así se llama guacho al gorrino, ca-
britillo, o aveeita que se cria en las casas i hasta cierto
punto en familia, talvez por la circunstancia de arrancár-
seles cuando pequeños del nido o de la lechigada i equi-
parar su suerte con la de los huérfanos.
«Con fecha de febrero 4, dirijiéndose Portales al minis-
tro Cavareda, después de arrojar un terrible sarcasmo so-
bre el jeneral O'Higgins, a quien llamaba esta vez el mas
inmundo i malvado de los huachos, etc.»
(Vicuña Mackenna. — Diego Portales,)
«Razón tiene mi madre; se le ha perdido un tordo, i ca-
da vez que se para algún pájaro en los árboles de la huer-
ta, entra corriendo i dando voces llamando a su guachito,
figurándosele i porfiando que lo es; pero los pájaros se
vuelan a sus gritos porque son de los sueltos del campo i
ella se queda desconsolada i triste.»
(Z. Rodríguez.— Zocí? Eustaquio.)
Guacharaje es voz mui usada de vaqueros i capataces
para indicar la reunión de los terneros separados de las
va-eas.
236 GUA
También suele decirse fjitachos de aquellos objetos que^
siendo por su naturaleza u oficio pareados, existen o están
soloSj como zapato guacho.
Dar las guachas a alguno\ aventajarlo mucho en habi-
lidad, destreza, experiencia.
GUACHI.
Es voz araucana [huacld] i significa una especie de
lazo para cojer aves.
GUAGUA, ITA, GUAGUATEAR, TERO^ GUAGUALÓN.
Del quichua huahua, el niño hasta la edad de tres años.
No es difícil explicarse la extraordinaria fortuna que ha
tenido guagua en casi toda la América Meridional. Hacia
falta en castellano una palabra que fuese a los labios ma-
ternales dulce como un beso i suave como un arrullo. Ni-
ño era demasiado jenérico, infante demasiado sabio, m«-
inon demasiado grosero. Guagua no tenia ninguno de esos
inconvenientes. Suave, familiar, de humilde extracción^ no
podia menos de penetrar en todos los hogares. Pocos años
después de la conquista del nuevo mundo^ desde Quito has-
ta Concepción, todas las mujeres europeas i americanas
sabian la dulce palabra i la repetían, de chicas al jugar
con sus muñecas de trapo i de cartón^ de solteras entre
sonrojadas i envidiosas, i de casadas con el acento de la
mas santa de las alegrías i de la mas completa de las fe-
licidades.
Guagüita, es afectuoso diminutivo de guagua.
Guaguatear, llevar a un niño en los brazos, mecerlo,
arrullarlo.
Guaguatero, a, el o la que guaguatea.
Guagualón, tómase en mala parte, pues se aplica al ni-
ño demasiado crecido para su edad, bobo, simplote.
«¡Renunciar a ser madre, a ser esposa,
I renunciar por fuerza!
I resignarse humilde i respetuosa
GUA 237
A guacjiíatear los hijos de una hermana.
A quien mecí en la cuna.
• ¡Oh, suerte cruel, tirana!
|0h, sino adverso, o desigual fortuna!»
[Meditación de una fea.)
Según el pequeño vocabulario que trae E. G. Squier en
su The States of Central America, guagua es también pa-
labra de la lengua de Honduras (dialecto de Opatoro) i sig-
nifica niño (boy.) »
GUAINA.
Del quichua i aimará huaina, mozo, mancebo.
Se usa en Chile en la misma forma i con idéntica signi-
ficación.
Guainita, jovencítOy mui joven, adolescente.
GUALLIPÉN.
otra palabra, i no será la última que tendremos que
apuntar de invención chilena, para echar en cara a algu-
no su abundancia de carnes i escasez de entendimiento,
sus largos i desairados pasos. Talvez la voz española que
se asemeja mas a fjuaUipen es zampatortas.
GUÁMPARO.
Ya en la explicación que dimos de chambado, dijimos
lo que era guámparo, i cuáles eran sus semejanzas i dife-
rencias con aquél i con cacho i chifle.
GUANACO, A.
Del quichua huanacu.
Aunque el guanaco [auchenia ¿uariaco) es el mas corpu-
lento de los cuadrúpedos indíjenas de Chile, no habríamos
238 GUA
hecho figurar su nombre en este Diccionario, si no fuese
por el sentido metafórico en que usamos de su nombre
tanto en la terminación masculina como en la femenina.
En ese sentido indica a la persona que por su continen-
te, ademanes, largo cuello i delgadas piernas se asemeja
algún tanto a los guanacos,
OUANO, ERO^ A.
Del quichua himno, estiércol
Designar con el nombre de estiércol los valiosísimos
depósitos que de él se encontraron en las Chinchas, ha-
bría sido ingratitud i ademas quebrantamiento de la re-
gla tan común en el siglo en que vivimos: quien enrique-
ce se ennoblece.
El guano es el estiércol, pero considerado industrial,
mercantil i científicamente.
Guanero es el que se ocupa en explotar los depósitos de
guano i el buque empleado en trasportarlo.
I no decimos mas sobre estas voces, porque propiamente
hablando, mas son peruanas que chilenas.
CUANTON.
Decimos por el golpe dado con la mano cerrada.
Lo propio es puñete, puñada i puñetazo: mojicón cuan-
do se da en la cara; i guantada cuando se da con la ma-
no abierta.
GUARA, oso, A.'
Damos a^?¿¿zm dos sentidos, el uno equivalente a movi-
mientos graciosos en el baile, sal, donaire: «Muchas veces
lo habia visto bailar zamacueca; pero nunca con tantas
guaras como ahora.» El otro, a adornos de los vestidos:
<iNo sientan bien las guaras a los vestidos de terciopelo.))
Guaroso es el que baila haciendo graciosas cabriolas;
i el vestido, o cualquier otro objeto que llama la aten-
ción .por el número i calidad de sus adornos.
GUA 239
Es probable que guara proceda del quichua huaira^
viento, aire; o de Jaiairalla, lijeramente, tan lijero como
el viento.
GUARACA, ÁZO.
Del quichua huaraca ^ la honda.
Ademas de su significación primitiva de hunda, damos a
guaraca la de soga corta, trenza de cáñamo, Así en.
los antiguos bailes de /chinos, negros, catimbaos i. em-
pellejados que aparecian en las fiestas de Corpus, los que
desempeñaban el papel de Diablos^ llevaban en la mano
ViXi2i guaraca, con la cual ahuyentaban a los muchachos,
chasqueándola con fuerza i haciéndola producir un es-
truendo como de cohete. Así los niños llaman también
guaraca la cuerda con que envuelven el trompo i con que
azotan el cuspe (^peonza. J
Guaracazo, es el golpe dado con la guaraca, i también
el sonido que se hace con ésta chasqueándola.
GUARAT^GO.
De sentido semejante a guacarnaco, guagual i guagua-
Ion; pero menos usado que éstos.
GUARAPÓN.
Desígnase con este nombre el sombrero de paño o pa-
ja, redondo de copa i de alas anchas i horizontales.
Empléase como sustantivo:
ccCubria su cabeza un gran sombrero de pita de los que
entonces se llamaban guarapones i que, por sus inmensas
alas, hacia el oficio de quitasol i de paraguas»
[Huérfano.)
A veces también como adjetivo:
<sAl cabo de ellos (de dos meses) vi una mañana en-
240 GUA
trar con sus espolones de liierro que sonaban en las pie-
dras, i su sombrero guarapón, i sus piernas arqueadas a
José, el mayordomo déla quinta, etc.»)
(Z. Rodríguez.— Zoco Eustaquio.)
En Méjico llaman a los guarapones, jaranos.
GUASCA, AZO.
Del quichua huasca, soga, cordel grueso.
Alterando algún tanto su significación orijinal, emplea-
mos nosotros esta voz por látigo, azote, fusta, manopla,
disciplina, zurriago. Dar guasca i dar penca, son frases con
que se anima e incita a seguir adelante a los que están
comprometidos en alguna pendencia o empresa seme-
jante.
Guascazo es el golpe dado con la guasca.
El provincialismo colombiano equivalente a guasca es
rejo\ asi como el equivalente 21, dar guasca, es dar rejo.
En castellano lo mas autorizado es látigo, si bien pare-
ce preferible fusta o manopla para designar el que usan
los cocheros.
«Todo se yela i en silencio yace,
Solo el chasquido de la guasca zumba:
¡Qué veol— esclama el peregrino^ i cae
Yerto en la tumba!»
(Z. Rodríguez.— £;/ Carro de la vida.)
«Al rigor con que estrato dadla gloria^
Pues no aguarda que el látigo castigue
Lo que pudo enmendar la palmatoria.»
(B. L. DE Argénsola. — Epístola.)
(^En Manchéster la blanca muchedumbre
Que suda el quilo con mezquina paga
Quizá padece mas que de la fusta
El herrado bozal de África adusta.»
(Bretón. — Desvergüenza, )
GUA 241
GUASO, A, ERIA.
Del quichua huasa, los lomos i ancas de las bestias.
Domínguez da a guaso el sentido de lazo arrojadizo,
usado por los indíjenas de América, es decir, el de laqui\
i es por demás hacer notar que toma el rábano por las
hojas.
Acerca de la misma voz escribió el señor Vicuña Mac-
kenna en su Historia de Santiago: «Otro tanto puede decir-
se de hiiaso o huasa, palabra quichua i araucana a la yez,
que significa espalda, anca, i de aquí fué que a los hom-
bres que los indios veian sobre la espalda o anca de los
caballos, comenzaron a llamarlos A?^</50S, por lo que la je-
nuina expresión tan popular no es propiamente hombre de
campo, sino hombre de a caballo.yi
El señor Vicuña tiene razón, salvo en creer que huasa
es palabra araucana, en cuja lengua por espaldas se dice
vuri, i por ancas, ñudo, si hemos de creer al padre Fébres,
que es autoridad en la materia*
Tampoco seria exacto afirmar que por que huasa signi-
fica ancas o lomos en quichua, guaso no sea propiamente
el hombre de campo, sino el hombre de a caballo. Por
mas que según todas las probabilidades se empezase a usar
la palabra en la manera indicada por el señor Vfcuña,
no es menos de presumir que, observándose que todos los
hombres de campo andaban como injertados en sus caba^
líos, se viniese a llamar mui propiamente guasos a los
campesinos de a pié i de a caballo.
El hecho es que nadie llamarla guasos a los receptores
i carteros que dia a dia recorren a caballo las calles de
Santiago; al paso que nadie tendría embarazo en llamar así
a los que las recorren a pié, vendiendo peumo, maqui, ca-
güiles, i otros artículos semejantes, cubiertos todavía con
el pelo de la dehesa.
Guasería, es encojimiento, torpeza, grosería, propia de
la jetite rústica.
242 GUA
«De uno a uno la visitan
El gañan i el artesano
El militar i el paisano
I hasta un guaso de Viluco
Corriéndola con el cuco
Se la llevó por el llano.»
(GuAJARDO. — La pohrecita de mi Juana.)
— ((¡Mas cerca! gritaron los guasos: no le tengáis mie-
do! si no te hace nada Aoo/»
(Z. Rodríguez. — Loco Eustaquio.)
El provincialismo mejicano correspondiente a guaso es
jarocho.
GUATA, ON, ONA, ERO, ERA.
Del araucano huatha, panza, el cual a su vez probable-
mente viene del quichua huacta, lado, costilla.
Usamos de guata en dos diversas acepciones: 1.'' por
panza, vientre o barriga\ i 2.'' por estómagos de los ru-
miantes, aun cuando algunos tengan nombres especiales,
como por ejemplo el tercero, que llaman los carniceros
librillo.
Guatón, es el panzon o barrigudo.
Guatero, el que vende por las calles guatitas de vaca o
de cordero.
Como guata, se dice de aquellas cosas mui suaves, la-
cias i peladas.
Hablar de guatón, es hablar por hablar, sin son ni ton,
porque se tiene boca.
Tenderse de guata, tenderse a la bartola.
((Las gudteras i pateras
Desde mui temprano están
Vendiendo con grande afán;
Lo mismo hacen las chancheras',
Las materas i floreras
Tienen su venta especial.»
(GuA JARDO. — De todas artes.)
GUA 243
«Qué borracho tan diablo,
Tan bebedor:
Se le ha puesto la guata
Como un tambor.»
[Zamacueca.)
GUATAPIQUE.
Los corredores cohetes, tan comunes en nuestros fuegos
artificiales, i que sin estallar nunca, corren caracoleando
por lo bajo, las viejas en una palabra, no dan menos que
hacer a los filólogos americanos que a las mujeres tan tí-
midas como curiosas que con una lechigada de niños asis-
ten a ver quemarse los arbolitos i ruedecillas.
Estos cohetes sin varilla, que encendidos corren por la
tierra entre los pies de la jente, se llaman en Colombia
biíscaniguas.
Con respecto al uso peruano dejaremos hablar al señor d®
Arona.
«BuscAPiQUE,» dice, «no se usa de otra palabra, sal-
vo mui raras excepciones, para designar uno de aquellos
cohetes tan comunes en los fuegos artificiales i cuyo ver-
dadero nombre es buscapiés .y)
«La razón de esta traducción, de este cambio de pies en
pique es obvia. Los bichos llamados piques (piilex pene-
traiis), i en otras partes de América, niguas, se introducen
en el pié, del cual hacen su asiento; i al llamar buscapi-
que al buscapiés, tomamos al contenido por el continente;
como cuando entre la plebe se amenaza a los piojos, que-
riendo significar la cabeza del que los lleva.»
«Habrá fuegos
Buscapiques
I repiques.
De aguas juegos
I de manosp) etc.
(J. DE Aróna. — Poesías peruanas.)
«Antes de concluir advertiré que debe decirse buscapi-
2U GUS
rjues i no hiiscapiquey como es mas propio decir cor-
taplumas, tenazas, despabiladeras, -pelagatos, mataperros,
etc.;, aun cuando solo se trate de cosa o persona en sin-
gular.»
Queda ya dicho que, volviendo nosotros la espalda a bus-
capiés a buscanigiias i a buscapiques, hicimos la cuenta
de que eran moros los cohetes caracoleadores de que va-
mos hablando i los bautizamos con el nombre de viejas.
En cuanto a buscapique lo utilizamos, transformándolo
en guatapique para designar aquella otra especie de co-
hetes que estallan sin dar llama por el hecho de arrojár-
seles con fuerza contra el suelo, cohetes que, sea dicho con
entera franqueza, ignoramos como se llama,n en castella-
no, si es que tienen algún nombre castizo.
GUAYACA.
Del quichua huayaca, talega, alfoijas-
Nuestros campesinos llaman guaijaca una bolsa de cue-^
ro o de tela, con dos o tres departamentos que sirven para
guardar por separado el tabaco i la chala (hoja de choclo)
ó papel con que se hacen los cigarrillos.
«Por eso pasé sin pena
Lo que siguió del camino
Con mi herramienta i guayaca
I tirando a mi barcino.»
[Romance popular.)
GUSTAR, ADOR, ORA.
Gustar es en el lenguaje del vulgo, divertirse, tunar,
dar rienda suelta a la gula, a la pereza i a la lujuria.
Gustador, el tunante, amigo del vino i de las mujeres.
GUS 245
«Cuando sal i a a (justai"
A|ilaba su cuchillo
Dejándolo relumbrante
Como el espejo mas fino.))
[Huérfand.)
«No liai un hombre (justador
Que no tenga su refrán
I cuando gustando están
\uO lucen a cuál mejor.»
(Gallarpo. ~ El Gustador.)
H
HABILOSO.
Habiloso, en nuestro lenguaje familiar es aquél que
en su conducta da muestras de habilidad e intelijen-
cia i mui especialmente de astucia. O nos engañan las
apariencias o este habiloso chileno no es mas que el habili-
doso, andaluz que se aplica a lá persona que tiene habili-
dades.
Comparando el uso de hábil con el de habiloso, es fácil
notar que mientras aquél indica la posesión de altas o por
lo menos de útiles facultades, éste indica solo que se tienen
las precisas para las pequeñas empresas i grandes travesu-
ras. Hábil es el publicista, el jeneral, el abogado, el ban-
quero, i habita el artesano: habiloso es el niño que, después
de hacer alguna ratería en la alacena o algún estropicio
en el jardin, encuentra medios de obtener perdón i biz-
cochos de yapa,
HACER.
Son tantos i tan varios los sentidos que en castellano tie-
ne este verbo según la manera como se costruja, que no es
fácil cosa atinar con aquellas construcciones i acepciones
que puedan estimarse en justicia como verdaderos provin-
cialismos de Chile. Las que encontramos en nuestros apun-
tes i vamos a someter, no sin algún recelo, al criterio
del lector ilustrado son las sipruientes:
248 HAC
1." Hacer daño, locución con que se da a entender que
alguno, usando de malas artes, ha causado a otro enfer-
medad o muerte. Aunque la frase es castellana, la abu-
sión es sin duda orijinaria de Arauco, Raras veces, en
efecto, los indios creen que el que muere, sucumbe a sus
enfermedades, a sus vicios o a sus años. Para ellos toda
muerte supone un matador, alguien que por obra de ma-
jia, brujería o encantamiento haya quitado la vida al di-
funto. Pues bien este matador es en lenguaje indíjena el
que hizo daño al muerto; i que mas de una vez ha tenido
que pagar con su vida las bárbaras preocupaciones de
los deudos i amigos de la supuesta víctima.
Hablando de los párvulos, lo mas común es decir que
]os ojean o que sufren 7naí de ojo. (Véase ojear.)
«Sí comadre, a mi chiquitína me le habían hecho daño. y)
(V. MuRiLLO. — Una Víctima del honor.)
2.* No recordamos haber leido en los buenos autores
hacer dejación, frase que (como es de suponerse en la
tierra clásica de los dejados) anda de boca en boca, de-
notando que, no por olvido, sino simplemente por pereza,
se ha faltado al compromiso contraído, o dejado en pro-
yecto la obra, empresa, dílíjencia, visita, etc. que ha-
bíamos prometido o nos habíamos propuesto realizar. Lo
dicho no obsta para que tengamos por castiza la frase de
que estamos tratando, como quiera que, significando deja-
ción la acción i efecto de dejar, i siendo omitir una de
las acepciones de éste, nada tiene de contrario a la índo-
le de la lengua que se emplee hacer dejación para indicar
que se ha dejado de hacer u omitidi) el hecho a que nos
referimos.
3." Hacer herejías, es una singular locución común a
Chile i a la República Arjentina, que equivale a hacer
atrocidades^ maltratar cruelmente, herir, descuartizar.
«I desdichada mujer
La que después de casada
Comete alguna falsiada
Que el indio llegue a saber.
Porque con ella ha de hacer
Herejías
(^AscÁsuBí. — La Indiada.)
HAC 249
4.' Hacerse: no sabemos si entendería el criado español á
quien se le preguntase: ('¿Te haces con Don Fulano'^ o en la
casal o simplemente, te hacesh Lo que sí aseguramos es
que en Chile desde Atacama hasta Chiloé no habría fámulo
ni fregona que no entendiese i contestase al punto, según los
casos: aEstoi mui hecho; si me estoi pasando la gran vida:
el patrón es una alma de Dios i la casa un donaire!» o
mutatis mutandis «¡Qué me tengo de hacer, comadríta de
mis ojos! si el rico es un Nerón, la casa es un sucucho i
cada niño un basilisco!»
Hacerse, en el caso de que tratamos, equivale a habi-
tuarse, bien hallarse.
5/ Hacerse del rogar: evidentemente el articulo redunda
en esta frase. Con hacerse de rogar basta i aun sobra.
«Si se hace de rogar algunas veces es por no conceder-
nos la merced que le pedimos.»
(Malón de Chaide. — Tratado de la Magdalena.)
6.* Hacer la forzosa. (Véase forzosa.)
7.* Hacer la pava [pavear.) Ha^er fisga, burlarse de al-
guno, engañándolo, zahiriéndolo, metiéndolo por el aro.
HACIENDA, HACENDADO;
Hai personas, i algunas mui ilustradas, que miran con
cierta desconfianza estas palabras, i que procuran evitar-
las en sus escritos cual si desconfiasen de la lejitimidad
de su oríjen i de la limpieza de su sangre. Otros, i el Sr.
D. M. L. Amunátegui entre ellos, sin desecharlas sistemá-
ticamente^ ni ir hasta escribirlas con bastardilla, las mas de
las veces optan por estancia i estanciero, cual si fuesen
mas autorizadas i castizas.
Tales recelos carecen de fundamento, pues habría mu-
cho mejor razón para tachar a estancia i estanciero de
americanismos, que no a hacienda i hacendado.
Nótese, pues también establecida queda, la gradación de
la extensión de las propiedades raices por los nombres con
que las designamos: hacienda, chacra, quinta; la primera
destinada a la crianza de ganados i a las sementeras en
grande; la segunda a la chacarería, planteles para negó-
250 HECH
cío, engordan, lecherías, etc.; i la última/ casi exclusiva-
mente a huertos, jardines, parrales, en una palabra, al
recreo i cómoda habitación de la familia*
HASTA CADA RATO.
Sobre esta frase (apenas usamos de otra para despedir-
nos de las personas con quienes nos vemos a menudo) ob-
serva el señor Cuervo en sus Apuntaciones:
alíasta cada rato es fórmula usual de despedida i cree-
mos que solo es menester aplicar un momento a ella la
atención para reconocer su absurdidad. Hasta fija el tér-
mino de una duración la cual en frases semejantes co-
mienza desde el momento en que se profieren i cesa en
el punto anunciado por la preposición: v. gr. hasta mafia'
na\ esto es «el no vernos durará el espacio comprendido
entre ahora i mañana;» cada rato indica repetición i no es
posible que algo acabe (fon frecuencia^ si no comienza
cuantas veces haya de verificarse el acabar.»
Cun licencia i perdón del insigne hablista bogotano,
cuyas son las líneas anteriores, nos atrevemos a insinuar
que acaso la frase censurada no merezca el rigor con que
la trata. En efecto, ¿por qué la frase hasta mañana no
podria entenderse ahasta vernos que será mañanah I esto
admitido, ¿por qué no admitiríamos que la otra, hasta cada
rato, pudiera también, sin violencia, entenderse ikhasta
vernos que será a cada ro,to%ü
HECHIZO, A.
Ocasión hemos tenido ya de hacer notar la linda cos-
tumbre que tenemos los chilenos de llamar brutos a todos
los animales indíjenas o introducidos por los españoles, en
contraposición a los finos, que es como caracterizamos a
los extranjeros.
Hechizo, a, es el bruto de mas arriba aplicado a los ar*
tefactos.
Gallo bruto, toro bruto, perro bruto, son los gallos,
toros i perros chilenos^ aclimatados en el pais desde
HEM 251
tiempo inmemorial; gallos, toros i perros finos, son los
traídos en fecha reciente de afuera. Zapato, 'poncho,
frazada, hechizos, son los elaborados en el pais; los demás
son de extranjís.
Rastreando el orijen de la acepcionchilena de hechizo,
recordamos haber leido en uno de los mas chistosos, aun-
que no sin duda de los menos libres, romances de Que-
vedo:
«¡Oh! quien viera cuando todos
Armados de acero fino
Amojonen lo que hicieron
En el mayorazgo hechizohr
Hechizo en el pasaje copiado, si el sentido jeneral de la
composición no nos engaña, se toma en la acepción, anti-
cuada ya en España, de contrahecho, falseado, imitado,
acepción que es la misma que en nuestra humildad le da-
mos siempre que nos servimos de aquel vocablo para ca-
racterizar los productos de la industria nacional.
HEMBRAJE.
Hembraje es la palabra que los gauchos de la República
Arjentina i los guasos de la nuestra emplean para signi-
ficar el conjunto de los animales hembras de un ganado.
Por los mismos el conjunto de los machos se llama ma-
chaje, siendo de advertir que se aplica comunmente la pri-
mera a la reunión de becerras, i la segunda a la de ter-
neros.
El conjunto de las crias de una vacada, sin distinción
de sexo^ se llama guacharaje aquende i allende los Andes.
«Luego no mas en tendales
Quedó todito el hembraje
I atrasito entró el machaje
A rodar como costales.»
(AscÁsuBi. — Descripción de un vapor.)
HERR
HENDIJA.
Acerca de esta voz escribe el señor Cuervo:
í'En castellano tenemos rendija rehendija, i en lo anti-
guo hubo hendrija\ formas las dos últimas que permiten
rastrear el oríjen del vocablo, [hender) i dan asidero para
defender nuestro hendija, voz quizas añeja que, por no
hallarse en los autores, no ha entrado en el Diccionario.»
«La rendija se ha convertido en un anchuroso boque-
ron.»
(BÁLMES. — Cartas aun escéptico.)
ttMas ajiles no son las lagartijas
(I del pedestre símil no se enfaden)
Prensándose en angostas rehendijas.)
(Bretón. — Desvergüenza. )
«Cierra su puerta i las hendrijas tapa.»
(B. L. DE Argensola. — Sátira.)
HERVIDO.
La comida que se compone por lo común de carne i le-
gumbres cocidas, se llama en español, puchero, olla, i tansr
bien cocido.
Nosotros, olvidándonos de nombres tan autorizados i
castizos, llamamos a ese plato hervido, voz que aunque
pudiera alegar en su defensa el ejemplo de su primo her-
mano cocido, siempre deberla ser condenada por redun-
dante.
HERRAJE.
Por el conjunto de piezas de hierro o acero con que se
guarnece algún artefacto, es castizo. En Chile usamos ex-
clusivamente esta palabra para denotar el conjunto de pie-
HIE 253
zas de plata con que guarnecen los guasos acomodados los
arreos de sus cabalgaduras. Freno de herraje, montura de
herraje, son el freno i montura adornados con piezas de
plata, como chapas, cadenitas, copas, etc.
HERRAR, ERRAR.
Estos dos verbos, ambos irregulares e idénticos por su
sonido, deben distinguirse cuidadosamente en su ortogra-
fía i conjugación.
Herrar es poner herraduras i marcar o guarnecer con
hierro.
Errar es no acertar, equivocarse. Las formas irregula-
res de éste son yerro, yerras, ^jerra, yerran\ yerre, yerres,
yerre, yerren; yeíTa tú.
Las del primero, hierro, hierras, hierra; hierre, hierres,
hierre, hierren; hierra tú.
No hai, pues, que escribir como algunos por descuido o
ignorancia suelen: No erra o no hierra disparate; porque
el tal, con tan inexcusable yerro, daria motivo al adver-
sario para que le devolviese el cumplimiento colgándolo
en su propia horca.
(cTucapel de furioso el tiro yerra
I el furioso troncón metió por tierra.»
(Ercill A . — A raucana.)
aSaltó la dueña, hecha otra dueña, por no decir un re-
jalgar, i dijo: Di tu nombre i qué hierras aquí donde no
hai bestias.»
(QuEVEDo. — El Entremetido y la dueña i el soplan,)
HIERRA.
La operación de señalar los animales aplicándoles una
marca de hierro hecho ascua, es en castellano herradero.^
En Colombia se llama herranza.
En la República Arjentina i en Chile hierra.
254 HOR
HINCARSE.
«Hincar», dice el señor Gormaz en sus Correcciones,
«significa solo introducir o clavar una cosa en otra.»
«Se mettre á genoux, arrodillarse, hincarse, ponerse de
rodillas.»
(Martínez López. — Diccionario francés espariol i vice-
versa , en la voz genou.)
«Corrió a su amado altar, se hincó a adorarle
I al vital resplandor de su bujía »
(Zorrilla.— (7«ní05 del Trovador. — Margarita la tornera.)
HOBLON,
Los mercaderes franceses que introdujeron el hombre-
cilio o lúpulo lo tradujeron por hoblon u oblon, del hoii-
blon francés, i nuestros paisanos lian adoptado jeneral-
mente este nombre de oblon.
«Durante la ebullición se echa una sustancia amarga
que suele ser la pina hembra del lúpulo u hombrecillo .y)
(Monlau. — Hijiene. )
nHumulus liipuluSy el hombrecillo o lúpulo (en Chile di-
cen hoblon, del francés Iwnblon, pero esta voz no es espa-
ñola.»)
(Philippi. — Botánica.)
horqueta.
En castellano es sinónimo de horcón, palo terminada
por dos ganchos que sirve para apuntalar los árboles i
formar los parrales. Mas largo i delgado es horquilla.
El equivalente castizo de nuestra horqueta es bieldo.
HUE 255
tcAl forzudo extremeño habréis mirado
Mas de una vez sobre el montón de mieses
Burlar de Sirio abrazador los fuegos
Lanzando al viento los trillados granos
Con el dentado bieldo.y)
(Meléndez.)
Stilir de algún 7iegocio o quedarse j con la pala i la hór^
queta: es salir sin un centavo, quedar con lo encapillado^
por puertas*
HOSTIGAR.
Dicen muchos mal por empalagar, dar en rostro, v. gr.:
«Este manjar me hostiga, y)
«El mismo guiso todos los dias acaba por hostigar aun
cuando sea de faisán, porque el apetito gusta picar de
aquello i de esto.»
(G. V. Amunátegui. — Pedro de Oña — ^Correo del do-
mingo, núm. 9.)
Oña no dice hostigar: véase Arauco domado, Canto 17*
«La mujer caprichosa al fin hostiga'.
Cuidado pues amiga!»
(Guillermo Matta.— Poe5Í<25.)
«Un manjar solo continuo, pronto po7ie hastío.»
(Rojas. — Traji-comedia de C alisto i Melibea.)
«Por mui precioso que fuese un manjar, si se comiese
toda la vida daria en rostro. n
(Granada. — Memorial.)
íliJENÍ.
Ilueñi llaman los araucanos al niño que ha pasado de
5 años i no ha llegado a los L5; i así también en las pro-
256 HUE
vincias del Sur los de habla española a los chinitos que
obtienen de la tierra para el servicio doméstico.
HUERO, A.
Según el Diccionario de la Academia huero «se apli-
ca al huevo que por no estar fecundado por el macho, no
produce cria, aunque se eche a la hembra cluecaj) Tam-
bién metafóricamente se dice de lo que es vacío o carece
de sustancia. En este sentido Quevedo puso por título a
una de sus sátiras contra los poetas: Premáticas del de-
sengaño contra los poetas cjüerós.
En Chile damos a huero una significación que, mas que
a la española, se asemeja a la que atribuyen los araucanos
a su adjetivo Aí/em, /^z/^ya o hueda, \(i que está malo,
corrompido. Así llamamos güeros a los huevos que con el
trascurso del tiempo llegan a podrirse i a despedir un
olor insoportable.
HUESILLO.
¿Cómo se llaman en España los duraznos secados al sol?
Si tienen algún nombre fuera del de duraznos secos, que
es algo mas que uno, lo ignoramos.
Entre nosotros, donde es mui común secar los duraznos
para comerlos cocidos en el invierno i primavera, los lla-
mamos huesillos, cuando se les ha secado sin sacarles el
hueso; que ya queda dicho que en el caso contrario se
llaman descocados o descarosados.
«El grito del motero anuncia la entrada del verano,
época en que principia sus ventas. ¿En qué se ocupa el
motero durante el invierno? Nadie lo sabe; pero el caso
es que durante la estación calurosa se le oye por las ca-
lles vendiendo huesillos i mote fresquito, porque ninguno
se contenta con vender moíe solo
(Tornero.— CAí/e ilustrado.)
huí 257
huevada:
Huevada, radada, ríñones^ núcleos, papas, etc. llaman
los mineros aquellos puntos de la veta en que aparece
el metal en grande abundancia, amontonado i como ^
granel.
¡huiche! o ¡huich!
Talvez del quichua Mdcclii, silvar.
Bajo sus dos formas es interjección mui usada para
burlarse picaresca i familiarmente, para provocar en sus
barbas a alguno, echándole en cara su rabia o su impor
tencia.
«Una niña en su cueva
Regalánndose está
\Huich\....ojQ\k.y)
[Adivinanza popular.)
«¡Fluiche! que ya te pillé
Lo que tanto me negabas!
Voi a buscar amor nuevo,
Contigo no quiero nada.»
[Zamacueca.)
HUINCHA.
Del araucano i quichua, huincha, cinta que traen los
indios en la cabeza i con la cual enlazan i sujetan los ca-
bellos. Esta cinta es llamada vulgarmente vÍ7icha o jaque',
i hemos reservado a huincha para significar las cintas
gruesas de lana con que se ribetean los ponchos, alfom-
bras, etc,, sobre todo cuando son trabajadas en el pais, i
entonces suelen llamarse hechizas.
Hacer huincha a alguno, es darle una zurra.
Hacerse huincha, doblarse, encojerse.
258 HUP
HUIRÁ, O
De araucano hiiiron, hender^ o de huirmí, desollar.
Llamamos ladras las tiras que se obtienen despojando
de la corteza a ciertos árboles, especialmente al maquiy í
que sirven para liar fardos, amarrar las parras a sus ro-
drigones i también para azotar a los muchachos, i de aquí
es que dar huirá equivalga a dar guasca, dar látigo.
Comer maqui i sacar litara^ es un adajio mui expresivo
que usan nuestros guasos para indicar que con un mismo
trabajo o esfuerzo se obtienen dos ganancias^ o se reali-
zan dos empresas diversas. Comer maqui i sacar ladra,
es hacer una via i dos mandados, o matar dos pájaros de
una pedrada.
Huiro es una especie de alga u ova menos estimada
que la que se come i llamamos vulgarmente cochaijuyo.
«¿Sabes, le dijo un dia
A cierto tajamar un cochaijuyo
Que no lejos vivia,
Que es gusto singular el gusto tuyo?»
(Z. Rodríguez — El Tajamar iel Cochayuyo.)
Como cochayuyo i mui negro.
HUIRHUIL.
Del araucano huillhuill, tasajos de carne mid delgados
i largos, orejones.
Hidrhuil es mui usado, aun que solo en la frase como
un ladrladl, que vale roto, hecho tiras, andrajoso, de-
sarrapado,
¡hupa! o ¡hupI
Interjección para llamar la atención del que se distrae
o despertar al que está dormitando.
HUR 259
«¡Si está roncando el bárbaro!.... ¡qué engaño
Esesto del sevenol,,.. \hiipa\ sujeta
Tu sombrero, José, que el viento aprieta!
¡Con tal que siga así bueno va el año!»
(Z. Rodríguez. — El Borracho.)
HURGUETE, ETEAR.
Hurguetear se usa mucho en Chile en el sentido de re-
buscar, i de ahí hurguete el que rebusca.
IMBUNCHE, AR.
Dice el padre Fébres, explicando (i no muí claramente
por cierto) la significación de la voz araucana ivumche,
«los que consultan los brujos en sus cuevas, donde los
crian desde chiquitos para sus hechicerías o encantos: a
estos llaman las indias ivumcoñi.y)
Según el uso de la jente ignorante i supersticiosa, im-
bunche es maleficio, encantamiento diabólico, hechicería,
o también médium (como dirian de los espiritistas, esos
otros supersticiosos de levita i de sombrero de pelo) que
sirve a los brujos de ájente o instrumento de sus brujerías.
«En otra ocasión el mismo se habia propuesto- hacer
un viaje por el aire al pueblo de Chillan; pero al em-
prender el vuelo, cuando ya estaba emplumado i conver-
tido en imbumchi se habia dado un gran porrazo, porque
etc.»
[Huérfano.)
Otro sentido que damos a imbunche, i que a diferencia
del anterior ninguna relación tiene con el orijinal arau-
cano, es el de enredo, madeja, tanto en el estilo propio
como en el figurado. «El niño que al recojer su volantín no
cambia continuamente de lugar corre peligro de formar
con el hilo un imbunche.^) También imbunches son los plei-
tos explicados por mujeres i defendidos por leguleyos, con
o sin título universitario.
262 INF
INCLUSIVE.
Es este un adverbio (otro tanto podría decirse de ex-
clusive) i como tal invariable. Grande .debe reputarse por
tanto el disparate de aquéllos que le dan plural en frases
como: «El niño ha estudiado hasta los verbos irregulares
inclusives)) , i otras de la laja.
INDEPENDIZAR.
Acerca de este neólojismo dice el señor Cuervo:
«Otro verbo cuya formación da mucho en que pensar
es independizar: lo cierto es que no hai otro en izar de-
rivado de adjetivo en ante, ente, pues nuestro dementizar
en lugar de dementar es un disparate; pero con ser así
arguye en contra de aquél, porque da a entender que no
se puede suprimir el ent. Si a cualquiera se pregunta co-
mo se formarla un verbo que significase volver protestan-
te es seguro que no contestará protestizar sino protestan^
tizar. Sea de esto lo que se quiera, en castellano siem-
pre se ha dicho emancipar.^)
INDINO, A.
Seguramente este adjetivo es corruptela de indigno, a\
pero ¿por qué hacerlo significar contra su naturaleza, as-
tuto, pillo i mas exactamente picaruelo, pues se toma
siempre en buena parte?
INFLUIR, INFRINJIR.
No faltan quienes confundan estos verbos o experimen-
ten cuando menos cierto embarazo para usarlos. Tengan
los tales presente que el primero viene de infligere, im-
poner una pena, i el segundo de frangere, quebrar.
Tampoco es raro que la poc^ atención de los que se
LNF 263
sirven de inflijir, los haga caer en el despropósito de
emparentado por fuerza con infrinjii\ agregando a aquél
una 71 entre la i i la /.
INFLUENCIAR, INFLUIR.
Influenciar no es mas que el francés influencer, galicis-
mo tanto menos perdonable cuanto que tenemos en cas-
tellano el verbo influir^ formado de la misma raiz i de
significación idéntica.
ulnfluidos por las creencias populares, no dieron un
solo paso adelante.»
(Larra. — Literatura. )
«El congreso, intimado por la popularidad de la junta
patriótica i viendo el decidido apoyo que le prestaban
muchos de sus miembros, toleraba el porte descomedido
de aquel cuerpo i se dejaba influir por él en los nego-
cios.))
(Baralt i J^iki,— Historia de Venezuela.)
No hai duda que el influir de estos dos pasajes nos di-
suena: ¡tan acostumbrados estamos ala práctica francesa
que consiste en emplear influer, siempre que se trata de
acción ejercida sobre cosas, e influencer solo cuando se
habla de la influencia que se ejerce sobre las personas!
infundía.
Es como dicen uno que otro médico, i la innúmera ca-
terva de las i los aficionados a practicar a costillas de los
enfermos la socorrida ciencia hipocrática.
Debe decirse enjundia.
«Tienen por feo en la mano un dedo mas; i ¿pueden
creer que tres dedos de enjundia sobre el rostro le es
hermoso?»
(Frai Luis de IuEQ^.-- Perfecta casada.
264 INQ
INHUMANO, a;
Es en español falto de humanidad, bárbaro, cruel, acep-
ción corriente también entre los chilenos instruidos.
Otra empero es la que predomina en el uso del vulgo.
Según é\, inhumarlo ha llegado a ser equivalente de exce-
sivo, en sumo grado. Por ejemplo, del muchacho que se
cae a la acequia se dice que sale inhumano de puerco o de
mojado. I así por el estilo hai jentes inhumanas de rotas,
de pobres, de lastimadas, etc.; i un amigo tenemos que
cuando empieza a dar cabezadas i tamaños bostezos, se
disculpa diciendo que está inhumano de sueño!
INQUILINO, A, AJE.
Atendiendo a la etimolojía de estas voces es fácil dedu-
cir de los tres elementos de que constan su recta signifi-
cación. Inquilino, viene de inquilinus, el cual se formó del
prefijo in, en, de coló, colis, colere, habitar, i de alienus,
aliena, alienum, ajeno. Inquilino será, pues, el que
habita en un pais, en un lugar ajeno* ¡I digan después que
por que nuestros antepasados no tenian a la mano el Dic-
cionario etimolójico de Monlau no eran sapientísimos en el
arte de poner nombres nuevos a las cosas nuevas!
Ya se verá por lo dicho si haria bien la Academia espa*
fióla ensanchando un poco la significación de inquilino «el
que ha tomado una casa o parte de ella en alquiler para
habitarla.»
Si inquilino es el que vive en tierra ajena^ en nada se
ofende a la verdad i al contrario, con llamar así a los in-
dividuos a quienes dan nuestros hacendados un pedazo de
tierra para que levanten en él su rancho i hagan sus pe-
queñas siembras, mientras así convenga a los intereses de
aquéllos.
El sistema agrícola que consiste en servirse de inquili'
nos para el cultivo de las grandes propiedades, i también
.el conjunto de inquilinos se llama inquilinaje.
«El rei habia ordenado que los indios vivieran en reduc-
INV 265
iciones o poblaciones, rejidos por majistrados propios, i
sin que los encomenderos pudieran entrometerse con ellos;
pero después tuvo que consentir en que muchos quedaran
trabajando en las chacras o estancias.»
«Estos eran llamados naborios en Méjico, yanaconas en
el Perú, inqiiilinos en Chile.». ...... *
c(Los inquilinos o indios residentes en las mismas estan-
cias de sus patrones, estaban obligados a servir ciento se-
senta dias cada año en las diversas labores del fundo.»
«En recompensa el dueño les suministraba un pedazo
de tierra para que el inquilino levantase su rancho i pu-
diese sembrar un almud de maiz, dos de cebada, dos dfe
trigo i otras legumbres; i a prestarle los bueyes e instru-
mentos necesarios para el cultivo.»
«De estos ciento sesenta dias, solo veinte i nueve eran
retribuidos a real el dia, debiendo servir gratuitamente
en los restantes para compensar el tributo.»
(«Amunátegui.— Aos Precursores de ¿a Independencia de
Chile.yy)
Nuestros inquilinos van siendo ya verdaderos colonos.
ínter.
Vov mientras; entretanto es anticuado en la Península.
En Chile es mucho mas usado que ínterin, i se emplea, ya
solo, ya antepuesto a tanto, formando con él una sola pa-
labra, intertanto.
idnter en sueño reposa
A Adán el mismo Señor,
Le formó con sumo amor
De una costilla su esposa.»
(GüA JARDO. — Fin de la Creación,)
INVERNADA, INVERNADERO.
Ambas voces son castizas i derivadas dé invierno; pero
tienen diferentes significaciones, pues mientras invernada
lleva en si la idea de tiempo i denota la estación del in-
266 IPE
\ierno, inverimdero es el lugar apropósito para pasar ésta,
i mas comunmente el paraje abrigado que se destina a que
pasten los animales durante la temporada de las lluvias i
hielos.
«Por causa de los puertos o invernada
Retirará la poderosa armada.»
(Ercilla.— Zd Araucana.)
En Chile se usan como si fueran de igual significación
inver7iadero e invernaday si bien ésta mucho mas frecuen-
temente entre los campesinos siempre que se trata del pa-
raje en que pasan los animales el invierno. Pocas son las
haciendas de Chile que no tengan en los planes algún
potril o en las cordilleras algún cajón que no se llame la
invernada, ¿Cuántas son aquéllas que tienen inveriiaderos?
INYECTAR.
Usase mucho i se usa mal este verbo siempre que se
junta con ojos para expresar la circunstancia de que ellos
se encienden i vuelven rojos, a consecuencia déla cólera,
del furor, o también de alguna enfermedad.
Como inyectar es introducir algún líquido en un cuerpo,
se cae de su peso que ojos inyectados no pueden ser ojos
ensangrentados»
Los buenos escritores españoles han dicho siempre en-
carnizados.
((Esto dijo en voz tan alta que lo oyó la duquesa, i vol-
viendo i viendo a la dueña tan alborotada i tan encarni"
zados los ojoSy le preguntó con quien las habia.»
(Cervantes. — Quijote, )
IPEPACÜANA.
Dicen a una curanderos i pacientes. Debe decirse ipeca^
enana.
ISL 267
IR.
Una de las muchas acepciones de este yerbo es consistir y
depender, i así se dice: aEn ese negocio le va a Pedro su
fortuna». «En la aventura que ha emprendido Juan, pue-
de irle la vida». Pero tenemos por chileno el uso que se
hace entre nosotros de ir para indicar la propensión de
alguno a hacer tal o cual cosa, como se verá mas clara-
mente en los populares versos que siguen:
«¡Ai quien fuera como el perro
Para no saber sentir!
El perro no siente nada,
Todo se le va en dormir!»
También merecen notarse las frases ir a peor, ir a me-
jory por ir empeorando o convaleciendo paulatinamente
de alguna enfermedad..
«Estoi enfermo de amor
No hallo qué remedio hacer,
En vez de convalecer
Cada dia voi apeor.i»
(GuAJARDO. — Enfermedad de amor,)
«Suele hallarse este verbo ir como auxiliar de sí mis-
mo: V. gr. «Yo vüi a ir; iúvas a ir; el iba a iry) etc.; pero
es preciso advertir aquí que esto es un abuso gramatical
censurable, contrario a todas las reglas del buen gusto.»
(Flores. — Gramática española, )
ISLILLA.
Según el Diccionario de la Academia, nislilla es la par-
te del cuerpo desde el cuadril hasta debajo del brazo.»
En Chile llamamos islilla al hueso situado transversal i
oblicuamente en la parte superior del pecho, cuyo propio
nombre es clavícula^ llave del pecho.
JABA.
Jaba es un provincialismo cubano i denota una especie
de cesto tejido de la hoja del yarei.
Lo usamos nosotros también, i es nombre que damos a
los cestos hechos de gruesas varillas que sirven para el
envase de la loza^ porcelana i cristales que se internan
en el pars.
JENT^.
Notamos como chilenismo el empleó que hacemos de
esta voz para denotar personas de calidad, de pro, de
elevada posición social. Así decimos: «A los palcos del
Teatro municipal solo va la jeíitey). «Fulano es muijen-
te.y) ((No hai pan que me guste tanto como el de lá jenteyy>
etc.
JINETEAR.
Según Salva, jinetear es un provincialismo mejicano
que significa domar los caballos cerriles.
Entre nuestros guasos corre también, aunque en senti-
do un tanto diverso, ^uq^ jinetear es montar un caballo
i manejarlo como cumple a un diestro i valiente jinete.
270 mi JUL
JIRO^ A.'
Provincialismo cubano, que según Salva vale tanto co-
mo nuestro castellano, que no es por cierto oriundo de
Castilla.
Entre nosotros jiro es un adjetivo que denota color i
se aplica a gallos i gallinas; pero no a las pintadas de
blanco i negro, sino a los matizados de colorado i ama-
rillo.
I)' cuatro al jiro i cuatro al colorado, es frase con que
se moteja a los políticos murciélagos, que hacen a pluma
i a pelo, i que llevan los principios en la barriga.
JONJA.
Es un chilenismo^ por burla, fisga, vaya.
jote;
Llamamos así una especie de buitre de color negro,
algo menor que un pavo, i común a toda la América, (ca-
thartes aura). Se parece bastante al gallinazo (cathartes
urubú).
También es apodo con que se designa a los clérigos.
JULEPE.
Es palabra usada en España, solo en el trato familiar, i
equivale a reprimenda, zurra.
Es ademas bebida medicinal, según Salva.
En Chile denotamos con ella, miedo, susto.
L.
LABORERO-
Es VOZ minera que sirve para designar al empleado que
lleva la dirección de los trabajos de una labor, sujetán-
dose a las órdenes del administrador.
LACRE.
No es español, por colorado^ encarnado.
«Azucenas i lacres amapolas.»
(E. LiLLO. — Loco de amor.)
LACHO, A.
Hemos hurgado no poco nuestros vocabularios por ver
de dar con la etimolojíade este vocablo en que el tipo in-
díjena está patente, i la única que nos atrevemos a pre-
sentar como probable es la que se funda en la semejanza
de forma i de significado que tiene nuestro lacho con la
palabra aimará gualaicJtOj que quiere decir alegre, tra-
vieso.
Sea como fuere, es lo cierto que pocas voces mas ex-
presivas tiene el lenguaje de nuestros rotos i guasos. Kl
lacJio es el amartelado galán, el pisaverde, i a veces tam-
272 LAN
1bien el Tenorio i el Montecristo del mundo de los cam-
pos i chinganas.
uMontaba don Diego (Portales) por lo jeneral en silla
inglesa, pero tenia un avío de pellones del pais, aperado
de chifles, machete, alforjas i pegual, que cuidaba con es-
mero i en el que en ciertos dias se ostentaba como el mas
gallardo lacho. yy.
(Vicuña. Mackenna. — Diego Portales.)
También se usa, si bien menos frecuentemente, en la
terminación femenina, i entonces se toma siempre en ma-
la parte.
(cLe pasaba a la cantora
I le decia: Muchacha,
Seas o no seas lodia,
Conmigo te vas ahora.»
(Gu A JARDO. — Un lazo de verijas.)
LADEADA.
La acción i efecto de ladear o ladearse una cosa, o de
inclinarse el ánimo hacia una determinación, es en caste-
llano ladeo, según la Academia; i mejor, según Domínguez,
ladeamiento.
El uso corriente en Chile no sigue ni a Domínguez ni a
la Academia, pues apenas emplea otra voz que ladeada,
ya en el sentido recto ya en el metafórico. Así del volan-
tín que se inclina hacia un lado se dice que tiene ladeada
para la izquierda o para la derecha. Hacerle la ladeada, es
tirarlo de manera que se ladee hacia donde quiera la per-
sona que lo maneje.
LANA MERINO.
¡Cosas de mercachifles gabachos! En España siempre se
dijo lana merina. En Santiago todo el mundo dice ahora
lana merino, i así se vé en rotulatas de tiendas i en los
avisos de los diarios.
LAQ 273
LAPICERA,
Lapicera no es palabra española, pues el instrumento
que sirve para colocar i ajustar el lápiz se llama lapicero.
Nosotros llamamos lapicera al cañón de metal, marfil,
madera u otra materia en que se coloca la pluma metáli-
ca con que se escribe.
Según el Diccionario de la lengua, este canon se llama
phima\ pero como ese es también el nombre de la pequeña
pieza metálica que se le ajusta en uno de los extremos pa-
ra tomar con ella la tinta i escribir, no puede negarse
que, aunque mal formada, nuestra lapicera, no es del todo
ociosa i debe mantenerse en razón de necesidad mientras
no se presente mas aceptable reemplazante. ¿Por qué así
como a la cajita que sirve para poner los fósforos se lla-
ma fosforera, i cartera al estuche en que se colocan las
cartas, no llamar plumera al instrumento en que se ajus-
tan las plumas?' Solo por una razón: porque así lo quiere
alguno que suele atenerse poco a las razones, el uso, que
es hoi como en tiempo de Horacio ju$ et norma loquendi.
LAQUE, EAR.
Laque es voz araucana i probablemente de oríjen pata-
gónico. Es nombre que dan los indios de este i del otro
lado de los Andes a un instrumento que usan en sus gue-
rras i cacerías para cojer giianacos, avestruces i animales
vacunos, i para ofender también a los enemigos. Se com-
pone de una soga o látigo, largos de uno a dos metros, en
cuyas extremidades amarran piedras o bolas de plomo. El
laque es arma arrojadiza i los indios pampas, pehuenches
i patagones lo manejan con destreza admirable.
Laquear, es derribar a alguno, cojerlo o matarlo por-
medio del laque.
«I cuando se sabe que el padre Valdivia no fué el úni-
co miembro de la Compañía de Jesús que consagra sr^ exis-
tencia a tan santa obra, cuando, uno lee la vida \ traba-
jos apostólicos de un Mg.scardi^ que atraviesa. Üas pampas
274 LAT
patagónicas anunciando la buena nueva a sus tribus erran-
tes, hasta morir laqueado por los bárbaros na
es posible ahogar en el corazón el tierno sentimiento do'
respeto i de simpatía que despiertan virtudes tan heroicas
i sacrificios tan sublimes.»
(Z. Rodríguez. — Artículo bibliográfico sobre Los Pre-
cursores del señor Amunátegui.)
LAR GAR.
Por mas que una de las acepciones castizas de este ver-
bo sea soltar, dejar libre, tenemos por chilenismo el uso
que de él hacen nuestros guasos, dando a entender que el
jinete emprende la carrera aguijoneando i azotando a su*
caballo,
...... «La hacia un ovillo (a una yegua}
I al largarla llano abajo-
Sobre la tifsa tendido
Era lo mismo que un rayo^.
No se le vía el polvillo.))
[Huérfano',)
LATIGUBO, A..
Llámanos en Ghile^ nemine discrepante, latigudas todas^
aquellas cosas que pueden fácilmente doblegarse i exten-
derse, talvez por ser esa una de las cualidades de las lá-
tigos. Tal voz es desconocida en España, cuyos escrito-
res i diccionaristas atribuyen la representación de aque-
lla propiedad al adjetivo correoso. La noticia puede ser da
algún provecho a los alfeñiqueros, aunque seria pensar en
lo excusado imajinarse que por todos los diccionarios del
mundo hablan de abandonar su grito: ¡alfeñique látigudo
fresquitol para reemplazarlo en adelante por el castizo de,
¡alfeñique correoso fresquilo!
En virtud de un procedimiento muí semejante al em-
pleado por nosotros para sacar de látigo, 2i látigudo los ce-'
LAU 275
Umbianos, que llaman rejo a lo que los chilenos lazo, han
sacado de aquél el adjetivo rejudo , equivalente al cas-
tellano correoso.
«Son hechos los poetas de una masa
Dulce, süave^ correosa i tierna.»
(Cervantes. — Viaje al Parnaso.)
LAUCHA,
Llaman los araucanos llaucha, i nosotros Mucha a los
pequeños mamíferos,, orijinarios del Oriente i trasportados
de Europa a América, que los zoólogos denominan mus
viiiscidus.
I ya que hablamos d^ estos bichos no estará demás ad-
vertir que, como quiera que laucha se aplica a las espe-
cies de mas pequeños individuos de la familia de los mu-
sídeos, no es sinónimo de rata, según vulgarmente se cree,
sino de ratón, o ratoncillo.
El nombre chileno que corresponde a rata es pericote,
acerca del cual, ya que lo hemos nombrado, copiaremos
un pasaje que trae el señor Gay en su Historia ele Chile al
ocuparse del 7nus decu7nanus, vulgarmente ratón, castiza-
mente rata, i a la chilena pericote»
«En el año de 80 se experimentó lo mismo en Valdivia,
donde se vio el rio cubierto de pericotes. Yo mismo he ob-
servado que en las parte adonde no se ha secado el co-
legüe no se ha sufrido tal mal. Hemos visto muchos perico-
tes muertos todos de un mismo porte^ mayores que las lau-
chas, casi todos pardos i algunos enteramente blancos.»
(Relación manuscrita de un viaje hecho por O'Higgins a
Nueva Osorno a fines del siglo XVJII.)
De manera, pues, que resumiendo, la práctica es lla-
mar pericotes a los jigantes de la familia, ratones a los
granaderos, ratas a los de talla mediana, i lauchas a la
menudencia.
Como una laucha, se dice de una persona flaca i menu-
da de facciones.
Mientras ios gatos duermen los pericotes se pasean] es r^-
276 LAZ
fran con que se da a entender que cuando los jefes son
desidiosos, los subalternos no tardan en hacer de las
su jas.
LAVADERO.
Copiamos del Diccionario de Salva: «lavadero. — Provin-
cialismo de la América Meridional: El paraje del rio o
arroyo de donde se sacan arenas o pepitas de oro,
que se lavan allí mismo, ajitándolas dentro de una nave-
ta de cuerno en la corriente del agua.»
lavatorio.
En España nuestro lavatorio es lavabo (neolojismo.J Los
diccionarios no lo traen en esta acepción. Domínguez dice
que lavabo es un estuche. Sinembargo, en Madrid nues-
tros lavatorios se llaman lavabos.
LAZO.
De esta voz sí que puede decirse que es un verdadero
provincialismo de los paises situados en la parte sur de la
América Meridional; pero un provincialismo tan necesario
i propio que es realmente extraño no haya sido aceptada
ya por la Academia. En efecto, puesto que en Chile i re-
públicas platenses, el gobierno de los animales que pacen
sueltos por los campos se verifica por medio de una larga
tira de cuero torcido o trenzado, que termina en un lazo
corredizo con el cual los guasos los enredan i cojeii
i puesto que era preciso poner un nombre a ese
instrumento, ¿qué otro mas propio i expresivo habria sido
posible darle que el de lazo? Si una de las acepciones de
esta voz es la cuerda de hilos de alambre^ de cáñamo o
de cerdas,, con su lazada corrediza, que asegurada en el
suelo sirve para cojer conejos, perdices, etc. ¿no era na-
tural que se llamase lazo el látigo, que con su lazada corre-
diza también^ asegurado al pegual del avio^ sirve para ca-
zar toros montaraces i potros cerriles?
LAZ 277
Engañólo por tanto un sentimiento poco justificable de
amor patrio al señor Cuervo cuando, al tratar del pro-
vincialismo colombiano equivalente a lazo escribió en sus
Apimtaciones:
«Como ocasionarla notoria confusión el pretender nom-
brar el rejo de enlazar de nuestros campesinos con otra
voz mas propia, como lazo (este es el nombre usado en
Buenos Aires i otros puntos de la América austral) soga
etc., nos abstenemos de indicar variación a este res-
pecto.»
Que lazo es mas propio que rejo, el mismo señor Cuer-
vo lo confiesa. Que no existe el peligro de la confusión,
nos los dice la experiencia, i también el discurso, pues él
solo ocurre cuando se emplea una misma palabra para
designar objetos distintos i cuyos nombres suelen andar
en los labios de unas mismas personas u ocurrir con fre-
cuencia alternativamente en una misma conversación.
Pero ¿qué peligro cabe de confusión entre el lazo de la
modista^ i el tendido por el desalmado calavera a la ino-
cente niña, i el que lleva el vaquero a los corriones?
Por lo demás niliil nomim sub solé. Salomón lo dijo, i
el señor Cuervo lo prueba en lo que respecta al lazo con
la siguiente cita de Herótodo, en que el venerable padre
de la historia profana describe el modo de guerrear de
los Sagarcios, pueblo de la antigua Persia:
«No usan armas algunas, ni de cobre, ni de hierro,
escepto puñales; se valen de cuerdas de cueros retorcidas
i confiados en éstas van a la guerra. Su modo de pelear
es el siguiente: así como vienen a batalla con el enemi-
go, tira cada uno su cuerda que tiene en la punta una
lazada corrediza, i ora le caiga a un caballo, ora a un
hombre, sea lo que fuere, lo arrastran así i perece en-
redado en el lazo.y>
(Heródoto. — Polimnia. )
(«Pláceme ver en la llanura al guaso
Que, al hombro el poncho, rápido galopa,
I con certero pulso arroja el lazó
Sobre la res que elije de la tropa.»
(Bello.— jE*/ Campo.)
Lacear, es cojer con el lazo, echarlo.
278 LEP
LECHUZA.
Llaman así los mineros al tiro que se pierde por haber
sido mal preparado.
leído, a.
Dicen vulgarmente en Chile de la persona que ha leido
muchos libros, que es ihistrada, que goza fama de docta.
La jente culta se abstiene de usar leido en la indi-
cada acepción, olvidando quizá que ella es mui castiza i
está autorizada por la práctica de los buenos escritores.
«A lo cual Pedro respondió, que lo que sabia era que
el muerto era un hijodalgo rico, vecino de un lugar que
estaba en aquellas tierras, el cual liabia sido estudiante
muchos años en Salamanca, al cabo de los cuales habia
vuelto a su lugar con opinión de mui sabio i mui leido.u
(Cervantes. — Quijote.)
LENGUISTA.
Asevera el señor Gormáz que lenguisla no existe i que
debe decirse lengüero.
Lenguisti i también lingüista se han usado por buenos
escritores; aunque que el señor Baralt observe con razón
que estos vocablos no nos hacen falta, teniendo como te-
nemos a filólogo i a poligloto.
En cuanto a lengüero ignoramos de dónde puede ha-
berlo sacado el autor de las Correcciones lexigráficas.
LEPIDIA.
Lepidia es el nombre vulgar de la indijestion.
Lepidia de calambre, es la que, ademas de vómitos i
evacuaciones, causa dolores agudos i contracción de los
LES 279
nervios. Su nombre científico es cólera europeo, nostra o
esporádico, i la jente que, siendo ilustrada no es sin em-
bargo de la facultad, suele llamarla también colerina.
LESO, A, URA, EAR.
Leso, a, es im adjetivo que usamos en Chile para desig-
nar a las personas que pertenecen a aquella numerosísi-
ma familia de los 72ecios, que el señor don Francisco de
Quevedo dividió en tres especies: una de los necios pro-
piamente dichos, otra de los majaderos o mazacotes, i la
tercera de los modorros.
Si eso significa leso, excusado parece advertir que le-
sura o lesera equivaldrá a necedad, imbecilidad, maja^
deria.
Lesear es decir o hacer cosas propias de necios.
. ((También dicen estos tales.
Cabezones i sin sesos,
¡Vé como tienen los lesos
Rodeado a Pedro Vrdemalesíí)
(Gü A JARDO. — Los Tacladores.)
(cPues ¿quién es ese hombre extraordinario que propo-
nes? — Ya no tengo en quien pensar. ¿Será talvez el co-
ronel Baquedano? A lo que Bórquez responde: No señor^
Presidente, es el jeneral Cruz, jQué lesiü^a tan grandel»
(Vicuña Mackenna. — Diego Portales.)
En el Perú, por leso, lesura, dicen liso^ lisura , si bien
el señor de Arona niega resueltamente la equivalencia de
aquellos a estos vocablos en el artículo de sus Apuntes
que les dedica, i que es como sigue:
«Liso.— Terco,- bruñido, alisado en su acepción jenui-
na i figuradamente, i talvez con abuso entre nosotros,
impávido, fresco, desfachatado, descocado, atrevido, etc.
«La mujer que va por la calle i se ve sorprendida por
una galantería dicha con la mayor llaneza i frescura, ha-
ce un dengue i csclama: ¡Qué hombre tan liso!
280 LID
«Algunos chilenos al llegar a Lima se sorprenden agra-
"dablemente creyendo encontrarse con su leso, pero pron-
to sufren un cruel desengaño, por que la lisura es la gra-
<jia llevada hasta la impavidez, i la lesera es la total ca-
rencia de gracia.»
«Este usadísimo adjetivo tiene superlativo i es mui co-
rriente oir de algún fulano: (<que está lisísimo.)}
El señor de Arona procede mui patriótica, aunque no
mui fraternalmente con nosotros, echándonos encima
para que llevemos solos la doble carga de los lesos i de la
lesera, i reservándose para sí la mui liviana de los lisos cGn
su liswa que es la gracia llevada //asta la impavidez. Pero
isi en el Perú llaman lisos a los graciosos ¿cómo acostumbran
llamar a los /6?5os? O de la falta del nombre ¿hemos de de-
ducir que no existe la cosal
La verdad, dicha sin agravio de nuestros hermanos
■de la ciudad de los Reyes, es que no hai diferencia
sustancial entre un leso, i un liso, i que la que ha creido
notar el señor de Arona proviene de que hai bocas (i en
Lima mas que en ninguna parte) capaces de salar la
misma lesura i de decir a un majadero: «No .sea Usted /«*-
so\r> con un acento i una gracia propios para hacer que
el ofendido caiga en la tentación de contestar: «Desde
hoi hago firme propósito de serlo mientras viva, para me-
recer de -esos corales denuestos semejantes!»
Por via de posdata copiamos el siguiente parrafillo
del Diccionario etimólójico de Monlau:
uFeo, en francés es latd i en catalán lletj, derivado de
doesus, participio de loidere, dañar, ofender; como quien
dice leso, dañado, ofendido, poco favorecido, defor-
mado.D
{flbra citada, voz feo.)
LIBRILLO.
Es el nombre vulgar que tiene en Chile el tercer es-
tómago de los rumiantes.
LIO 281
LICORERA.
Ko encontramos esta voz en los diccionarios. Es, sin
embargo, tan bien formada como lechera, cafetera, azu-
carera, etc., i por eso, i porque frasquera^ si denota la caja
en que se guardan frascos, no indica lo principal que
es el licor contenido en ellos, nos atrevemos a defender
su uso i a recomendar a la Academia su adopción.
LIMAO.
Véase chueca.
LIMO.
Llamamos así al árbol que da limas. El Diccionario,
que no conoce otro limo que aquél de que formó el Divino
Artífice el cuerpo de nuestro padre Adan^ llama al árbol
de que hablamos lima o limonero.
LINA, UDO, A.
Provincialismos chilenos, por lana, lanudo. Se aplica
jeneralmente a las ovejas de lana larga: «Es muí liiiuda:
tiene la lina laxxi larga.»
LIONA, ERO, A.
¿Cuántos de los qué usan estos vocablos se habrán
imajinado alguna vez que ellos son de antigua i noble
alcurnia? ¿I cuántos van a caer en tentación de incredu-
lidad al saber que nuestra vulgar liona procede en línea
recta de la que fué en un tiempo la ilustre, activa i po-
pulosa Liorna, (i que hoi tiene todavía cerca de cien mil
habitantes?)
3«
282 LIS
Esta ciudad, que pertenecía a los jenoveses^ a quienes en
1421 fué comprada por Florencia deseosa de «er una
potencia marítima, adquirió tal importancia en el siglo
XVI i llegó a tener un comercio tan activo, que para in-
dicar un lugar de desorden, de confusión, de mucho mo-
vimiento se dijo: es una Liorna, como solemos decir toda-
via: es ima Babilonia, ^^idi Liorna, al aclimatarse en Chile
(ignoramos si se usa en algún otro punto de América)
perdió juntamente con lar el recuerdo de suoríjen, i hoi
llamamos lionas a los alborotos, como llamamos lulos a los
que son largos i flacos, porque así se les llama.
Que Liorna se usó en el sentido arriba indicado, prué-
balo el siguiente pasaje:
«Vóime a buscar un arriero,
Tomo el portante mañana
I huyendo de esta liorna
No paro hasta la montaña. >)
(hh I ZARATE. — Un año después de la boda.)
Que la recta pronunciación de la palabra es liona i no
leona, no hai para que advertirlo después de lo dicho.
Que aun los mas ilustrados de nuestros escritores no han
atinado con suetimolojía i, creyendo sl liona derivada de
león, han escrito leona, se ve en estas cuatro líneas que
copiamos de la Historia de Saiitiago del señor Vicuña
Mackenna:
«Porque si es verdad que sus tropas (las de don José
Miguel Carrera) eran de leones, especialmente sus oficia-
les, sus campañas fueron por lo mismo solo una leona.y>
Lionero es el que siempre anda formando alborotos,
desórdenes, zalagardas, etc.
Alionado, de significación mui semejante al anterior,
aunque mas subjetiva.
Véase alionar.
LIS.
Llaman así los mineros al mercurio, descompuesto en
la amalgamación que el agua arrastra juntamente con
los residuos mas pulverizados del mineral.
LO 283
LIÚDO, A, LIUDEZ.
Talvez del quichua llullo, blando, tierno, flexible^
El sentido que el uso vulgar le atribuye es el de lacio,
marchito, descaecido. Se aplica principalmente al cuer-
po humano para indicar el efecto que produce en loa
miembros un calor excesivo.
Llullo, o mas propiamente yuyo, es el nombre de una
yerba de nuestra flora, no por cierto de las mas endebles;
1 sin embargo para dar a entender que sentimos una gran
laxitud en los miembros decimos que tenemos el cuerpo
como un yuyo- ¿No habría en esa frase como una remi-
niscencia del sentido que tiene en quichua la palabra que
sirve de nombre a la yerba de que tratamos?
Liudez y laxitud.
LÍVIDO.
No es, como muchos creen, sinónimo de pálido,
«Ésta estaba lívida.^ (Una niña por un gran susto.)
(JoRJE IsAACS. — María.)
«Abrió el billete i apenas le echó una mirada cuando
una palidez livida,y> etc.
[La San Felice por Dumas, traducción de El Ferrocarril.)
También nosotros (¡Dios nos perdone!) cometimos el pe-
cado que estamos censurando:
«Bajé al pueblo i me encontré con los del baile: los hom-
bres iban borrachos, las mujeres lívidas, i todos soño-
lientos.»
[Loco Eustaquio.)
Lívido, no es pálido sino amoratado.
LO DE.
Lo de, que se usa solo por la jente del campo es un
«xacto equivalente de la preposición francesa chez, — ¿A
284 LO
dónde estás alojado?— Lo de mi compadre el inspector^»
esto es «en casa de mi compadre el inspector.»
Cuando el sentido del verbo así lo exije se antepone a
lo deis, preposición a.
*'Fuí a ¿o de D. Samuel"
(MüRiLLO. — Una víctima del honor.)
En vez de la locución indicada, los mas ignorantes entre
los rotos i destripaterrones suelen usar la preposición chi-
lena e;zía: «Fui e7ita D. Samuel.» «Voi a demandarte eíita
el subdelegado.»
No pasaremos en silencio tampoco el uso que hace-
mos de lo anteponiéndolo al apellido de los propetarios
de los fundos para formar el nombre propio de éstos.
Así por ejemplo, la hacienda que perteneció m illo tem-
pore a un Aguirre, se llama hoi Lo Aguirre: la chacra cu-
yo dueño fué un López, es conocida con el nombre de
Lo López, etc. ¿Qué decir de semejante costumbre? La hemos
visto consurada por la prensa, pero en virtud de razones
que en nuestro concepto no son tales.
Para nosotros, que no hemos aceptado nunca la teoría
del señor Bello, según la cual, en construcciones como lo
bueno, el lo seria sustantivo i bueno adjetivo; para noso-
tros que creemos precisamente lo contrario, nada tiene
de raro que la idea compleja que traen a la imajina-
cion, Aguirre o I^opez en las locuciones citadas sea mo-
dificada por el artículo lo.
En confirmación de lo dicho copiamos el siguiente
pasaje del Diccionario etimolójico de Monlau, voz Espa-
ña:
^''Segun unos España se llamó primeramente Pania, de
Pan, capitán de Baco i gobernador que fué de nuestro
territorio, así como Luso dio nombre a Lusitania (el Por-
tugal) añadiéndose la s o is i diciéndose Spania, Hispania,
bien por mera eufonía, bien como equivalente a lo de, esto
es lo de Pan, lo que poseia o administraba el gobernador
Pan en aquellos tiempos ante históricos.»
Nuestro colaborador el señor Páulsen no cree necesario
recurrir a la gramática para defender la locución de que
tratamos.
He aquí su doctrina:
«Para explicar la simple supresión de la preposición de
LOO 285
no recurriremos a la gramática. La supresión de esta de
es comunísima en castellano: hojalata, telaraña, Puerto
Cabello o Puertocabello, Puertomontt, o Puerto Montt,
(que a no dudarlo será andando el tiempo Puertomon.^^
(cMe parece ridículo anteponer el lo a los nombres de
fundos siempre que con ellos se designen lugarejos o gran-
des propiedades que puedan considerarse ya como puntot
jeogrcificos. Así se dirá: Espejo, Águila, Aguirre, i no Lo
Espejo, etc. Sin embargo, si se trata de designar la pro-
piedad del señor Espejo, del señor Águila, del señor
Aguirre, se dirá mui bien: lo de Espejo, lo de AguilUy lo
de AguiíTe. Yerran, pues, groseramente los que datan sus
cartas: Lo Espejo o sea Lo de Espejo, y)
LOBO, A.
Adjetivo chileno que acaso no tiene equivalente en cas-
tellano: el que mas se le acerca es arisco.
LOCADOR.
«En el completo desgreño que reinaba entre los mue-
bles i demás objetos que poblaban aquella pieza, se veía el
sello del carácter de su locador.y>
(A. Blest Gana. — El ideal de un calavera,)
El Diccionario nó trae a este locador, que en castellano
será habitador o morador.
«Eran ya casi las doce del dia, i la dicha casa estaba
cerrada por fuera, de lo que colijieron, o que no comían
en ella sus moradores o que vendrían con brevedad.»
(Oervántes.— Zfí Tia finjida.)
LOCERO, A.
Para designar a la persona que tiene por oficio fabricar
ollas, cántaros, fuentes i otras vasijas de barro, no es mal
formado; pero lo castizo i autorizado es alfarero.
286 LON
LOCO (perro/
• Al perro enfermo de hidrofobia^ que en español se lla-
ma perro rabioso, llamamos nosotros vulgarmente loco,
LOGRO.
Es un guiso que se hace de frangollo (trigo triturado^ i
de carne cocida.
El locro anterior es el mondo i lirondo. Hai otro que
se llama locro falso, mas conocido que el verdadero, que
se compone de zapallo, porotos tiernos^ papas, maiz i hue-
vos. Es plato obligado en las comidas de Cuaresma.
LOICA.
Dice el S. Gormaz en sus Correcciones, que debe decir-
se Uóica, i se equivoca, pues es lloicay consonante de chica.
LONCO.
Es voz araucana i significa cabeza.
La usa nuestro pueblo en dos acepciones: 1.* indicando
cierta parte de los estómagos de la vaca que contiene el
cuajo con que se corta la leche para hacer quesos: i. 2.*
como sinónima de pezcuezo o cuello.
Dacia un periódico de provincia, dando cuenta de un
asesinato:
«El miércoles de la presente semana ha sido traido al
cuartel de policía de esta ciudad (Curicó) el cadáver de
José Manuel Sepúlveda, encontrado en el lugar denomi-
nado la Cordillera, degollado horriblemente i casi con el
lonco enteramente cortado.»
{Sufrajio 19 Dic. de 1873.
LUC 287
LONGAMINIDAD.
Suelen decir algunos. Debe decirse longanimidad*
LORD.
No debe usarse sin el artículo, diciendo como se lee en
los diarios aLord Palmerston tomó la palabra») etc. Lo mas
elegante i castizo es decir, como Puigblanch [Opúsculos
gramático satiricos): ((Calificó el dómine de oportuna mi
observación, i añadió para corroborarla que habiendo el
lord Holland, formado un alto concepto del mérito de
Jovellanos» etc.
El señor Bello en su Gramática, dice, empero, que es
preferible no anteponer el artículo.
LUCHE.
Es esta una voz araucana [linche o luché) de que nos va-
lemos para designar una jerbecilla del mar, buena para
comer.
Como un luche, mui arrugado.
LUCHO.
Juego mui conocido de los niños^ es decir de todos los
chilenos que, o lo son actualmente o en su tiempo lo fue-
ron i en un pié jugaron a aquél.
En Bogotá llaman al lucho, golosa, i en España infer-
náculo o reinamora, aunque del primero de estos dos vo-
cablos se haya olvidado la Academia en la última edi-
ción de su Diccionario.
288 LUN
1.UEG0, ITO, ITITO.
Este adverbio de tiempo se usa por nuestros guasos co-
mo si fuera de lugar i equivaliera a cerca.
Lueguito, es mui cerca, i lueguititOyCerca en extremo, ca-
si al alcance de la mano.
— «Oiga cumpita de las velas i perdone: ¿para dónde va
tan de prisa?
— Voi aquí lueguitito, señor, contestó el hombre, pa-
rando su macho.»
[Huérfano.]
LULO.
Posible derivado del quichua ¿hdlu, brote, pimpollo.
El lulo es cualquier objeto a que, contra su naturaleza i
ordinario ser, se hace tomar la figura de un largo i del-
gado cilindro. La mujer que anda con la ropa pegada al
cuerpo, máxime si es alta i ñaca, anda como wi lulo. Se
hace un lulo de una tira de papel enrollándola, de un pe-
lotón de masa que se soba sobre una mesa con el ulero o
lulero, de un árbol que se despoja de sus ramas, etc.
LUMBRERA.
Llaman los mineros a los piques que son mas inclinados
que los chiflones,
LUNCH.
Dice sobre esta voz el señor de Arona: «Lunch.— Pala-
bra inglesa que ha desterrado por completo i sin motivo
la española de once. ¿Qué mas dice tomar lunch que hacer
las once'^. Nada, absolutamente nada. Pero cuando los
pueblos i las lenguas llegan a su apojeo todo en ellos es
bueno i hai que aceptarlo, i cuando están decaídos, nin-
guno de sus tesoros se aprecia. Con una gran parte del
LLEV 289
vocabulario español sucede lo que con los grandes terrenos
de un fundo abandonado: que están eriazos, valiendo menos
por consiguiente qu une petite ferme pauvi^e, mais bien
cultivéé.n
Acerca de la misma, observa el señor Cuervo:
«No es difícil que se tenga por rústico i palurdo a quien
use entre las llamadas personas de tono la castiza locución
que da motivo a esta observación [tomar las once) porque
en esas rejiones suele tomarse a la inglesa un lunch. Co-
mo a estas cosas se espone uno tratando con necios.»
LUNES (hacer san).
De lámala, i por desgracia cada dia mas jeneral, cos-
tumbre que tienen nuestros paisanos artesanos i gañanes
de destinar los lunes de todas las semanas a malgastar en.
remoliendas, parrandas, picholeos i borracheras el dinero
ganado en la semana i no alcanzado a malgastar el do-
mingo, ha nacido la frase hacer san lunes, que vale no asis-
tir en este dia a las tareas acostumbradas o al trabajo
convenido.
LLEVARSE (a ALGUNO POR DELANTE.)
Los diccionarios traen llevarse de calles, esto es atro'
pellavj arrollar, que es como debe decirse.
ar
M
MACANA, AZO.
La Academia ha dado cabida en su Diccionario a esta
voz, definiéndola aarma defensiva de que usan los indios.»
La macana es, según entendemos en Chile, el palo que
ocupa como un término medio entre el garrote i la clava.
La macana es un garrote, mas los nudos, i una clava,
menos las puntas de la cabeza.
«Claro se vieron picas i macanas
En iguales hileras todas juntas.» ^
(Álvarez de Toledo.— Pwre^ indómito,)
«Solo Arango tiró un arcabuzazo
Sin dejarle poner derecho el punto
Que le dio Songobilo nn macanazo, y>
(id. id.)
MACHACAR, MACHUCAR.
El señor Cuervo explica perfectamente el sentido de ca-
da una de estas voces, que usamos en Chile como equi-
valentes, diciendo:
«Cuando machacamos algo lo quebrantamos i desmenu-
zamos a poder de golpes, como por ejemplo, los ajos;
cuando machucaynos no hacemos sino golpear i ocasionar
292 MAC
lina contusión, como en los dedos de las manos o los
pies.»
«Llegó otra piedra i dióle en la mano i en el alcuza
tan de lleno que se la hizo pedazos, llevándole de camino
tres o cuatro dientes i muelas de la boca i mac fincándole
malamente dos dedos de la mano.-»
(Cervantes. — Quijote.)
((Tómense cohombrillos silvestres i machacados^ pón-
ganse a hervir en agua e infúndase ésta sobre el casco.»
(Banqueri. — Agricultura de Abú Zacaria.)
Para no dejar nada en el tintero solo resta advertir
que la significación de las voces de que se trata en este
párrafo, como ella queda establecida, tiene en su contra
al famoso caballero español don Diego Pérez de Vargas,
que por haber machacado en una batalla, con su macana
cantidad prodijiosa de moros, se llamó en adelante don
Diego Pérez de Vargas Machuca. Pero aunque el tal sea
todo menos que una golondrina, no alcanza sin embargo
a hacer verano.
MACHA JE.
Voz útil en los campos donde se la emplea para de-
signar el conjunto o reunión de los animales machos
de un ganado. 'Se usa mucho en Chile i mas todavía que
en Chile en la República Arjentina.
Véase un ejemplo en el párrafo destinado a hembraje.
MACOLLAR.
Amacollarse es como manda el Diccionario.
Una que otra vez, si la memoria no nos engaña, hemos
oido emplear este verbo con todas sus letras, aunque en
la forma activa, pero en el sentido de atesorar^ guardar^
que es completamente caprichoso.
MAL 293
MACUCO.
De nso no mui jeneral. Equivale a taimadoy astuto,
',orrocloco.
MACUQUINO, A.
Aíljetivo que se aplicaba a la antigua moneda^ llamada
también de cruz.
«Este mismo objeto tiene la plata macuquina i con el
mismo fin se acunan los cuartillos, etc.»
(Horacio i Salustio. — Aurora de Chile.)
MACURCA.
El dolor que siente en los muslos i cintura la persona
que, sin tener costumbre, entra a una mina o hace una
caminata o viaje a caballo. El equivalente español es
agujetas^ desconocido en Chile.
MADRINA.
Costumbre es de nuestro pais i de otros que cada recua
tenga una yegua que con su cencerrro al pezcuezo sirva
a aquélla de guia en los viajes. A esta yegua (probable-
mente por habérsela imajinado los arrieros madre adop-
tiva de las muías i machos de la recua) llaman madrina.
Camina sola a veces, i otras montada por un muchacho
que se designa con los nombres de marucho o marinero.
MALDITO.
Nombre que dan las monjas i mujeres piadosas al Dia-
blo.
294 MAL
Estar alguno /techo el maldito, es familiarmente estar
alguno en su hora de chistoso, zumbón i decidor.
MALO.
Usase como el anterior en la primera de las dos acep-
ciones notadas, que es castiza como se ve por el siguiente
pasaje del Quijote:
«Al entrar de la cual (ciudad de Barcelona) el malo, que
todo lo malo ordena, i los muchachos que son mas malos
que el malo, etc.»
Como adjetivo, malo en frases semejantes a ésta: «Pe-
dro no asistió ayer a su oficina porque estuvo malón, da a
entender a la española que no pudo asistir porque estuvo
enfermo. A la chilena no significa, empero, eso, sino es-
totro: «Pedro no pudo asistir a la oficina porque estuvo
ayer gravemente enfermo, ew peligro de muerte. n
MALÓN, MALOQUEAR, MALOCA.
Vienen estas tres voces de las palabras araucanas
malón i malocan, con que los bárbaros de ultra Biobío
nombran las correrlas que hacen en tierra enemiga, ma-
tando, robando, incendiando i cometiendo todo jénero de
atrocidades.
Maloquear a alguno, es tomarlo por objeto i hacerlo víc-
tima de un asalto.
Malón o maloca, es la acción de maloquear.
Malón ha tenido la fortuna de ser aceptada por los dia-
ristas i escritores políticos, fortuna que es fácil explicar-
se, ya por no existir en castellano una palabra equiva-
lente, ya por la enerjía que le prestan su oríjen bárbaro
i el cúmulo de atrocidades que trae a la imajinacion.
«Una noche se envió una partida de bandidos en com-
binación con la policía i la escolta del presidente a dar
un malón a los miembros de la junta directiva de la So-
ciedad de la Igualdad.»
(Francisco Bilbao.— Carta a Santiago Áreos.)
' MAM 295
MALTÓN, ONA, ONCITO, A.
Viene este adjetivo del quichua mallta, nombre que se
da al cordero i ternero de uno hasta dos años.
Nuestro pueblo lo usa aplicándolo indistintamente a las
personas i animales para indicar que^ sin haber llegado al
máximun de su desarrollo físico, se aproximan ya a él.
Una niña maltoncita, es una niña crecida, i que en uno o
dos años mas podria llamarse casadera.
MAMA.
Mamma es voz latina i también griega, que significa
madrCy nodriza.
Mama por mamá es un provincialismo andaluz. Se en-
gañarla no obstante quien creyese que el mama que anda
en boca de todos los niños en casi toda la América latina,
es descendiente de aquel provincialismo, como lo da a
entender el señor Cuervo. Si tal fuese la verdadera eti-
molojía de la voz que consideramos ¿cómo explicaríamos
el hecho de ser ella tanto mas corriente cuanto mas cerca
corre de la fuente quichua, donde mama es ni mas ni
menos que madrel La distancia con que la miramos los
descendientes de españoles i el apego natural que hacia
ella muestran, indios, cholos, guasos i rotos, ¿no es un in-
dicio claro que nos autoriza a creer que el mama ameri-
cano, aunque igual en forma i en significación, ninguna
relación de parentezco tiene con el mama de Andalucía?
Hemos dicho que mama se usa exclusivamente entre el
vulgo por madre o mamá; i ahora se nos ocurre agregar
que circula también entre las personas ilustradas, pero
en sentido diverso, pues entre ellas^ donde mamá se re-
serva para la madre, mama sirve para designar a la no-
driza.
¿Era madre o nodriza la de estos versos de un poeta
colombiano?
29G MAM
«Iba a inclinarse al abismo
I exclamé: — ¡Desventurada!
Detente: ¿qué vas a hacer?
— Voi a lavarme la cara.
— ¿I por qué lloras así?
— Porque me pegó mi mama!
[Dolor Supremo.
MAMADA.
Provincialismo mui expresivo, formado de mamar, i tan
de moda entre nosotros como en Bolivia i el Perú.
A los españoles que desearan conocer con precisión la
idea que mamada representa les diríamos que es la misma
que ellos expresan con su palabra ganga. Una mamada
es una ganga, ni mas ni menos.
Dos ejemplos ahora que comprobarán cuan poco escru-
pulosos nos mostramos para emplearla los que hacemos a
verso i prosa^ de este i de aquel lado del desierto:
«Esta entidad incorpórea
Esta ventaja magnánima
Magnánima, sí, que su ánimo
A llenar un mundo basta,
Es que las mujeres todas
Tienen una gran mamada;
Es que alcanzan las mujeres
Donde los hombres no alcanzan.»
(Juan de Arona. — Poesías peruanas.)
«¡I cuánto es mas patriótico
I prudente, i sensato,
Preferir nuestro inerme candidato!
Mientras dijiera o duerma
Nadie temerá nada
I será su gobierno una mamadah
(Z, RoDRíauEz.--jLa5 Abejas elijiendo Reina»)
MAM 297
MAMADO, A»'
Popular es esta palabra sobre todas las que sirven al
vulgo para designar a los consuetudinarios adoradores del
dios Baco.
A diferencia de alegre, divertido, cufifo, apuntado, que
indican la primera i menos repugnante de las fases por-
que sucesivamente van pasando las víctimas del alcohol,
mamado se aplica (i lo mismo curado i rascado) al que
mira voltear el mundo en torno suyo i se siente vencido
por el peso de su cabeza e incapaz de tenerse sobre sus
piernas.
Mamado corre también en la República Arj entina, según
se vé por estos versos de Ascásubi:
üM amaos atrás van llorando
Los que cautiva faltando,
Es decir, los que no tienen
Mujer, desgracia que vienen
Con la tranca lamentando.»
. MAMAR, MAMANDURRIA.
Muí usados en Chile por, disfrutar favores, tener alguna
pitanza, ganar fraudulentamente: es en rigor castizo.
No así mamarse a alguno, por engañarlo, explotarlo.
Ni tampoco en la acepción tan chilena de experimentar^
sufrir, hablando de burlas o en sentido irónico.
«Ya comprendo, señor ¡El susto que se van a ma-
mar\f>
{Huérfano.)
Mamandurria es la acción i efecto de mamar qtí la pri-^
mera de las tres apuntadas acepciones. Compruébanlo los
conocidos i picarescos versos con que alguien parodió los
que formaban el coro de nuestro antiguo himno nacional:
1%
208 MAN
uCiudadanos el amor sagrado
De la patria os convoca a la lid:
Mamandurria es el grito de alarma,
La divisa: lograr o morir!»
MAMPATO, A.
Adjetivo que se aplica a las jacas, i en jeneral a loá
animales i aves rechonchos, de gran caja i de cortas
piernas, semejantes a los patos.
A las gallinas retacas suele llamárselas también pacha-
chas: a los caballos achaparrados, petisos o chilotes por
ser los mas orijinarios de Chiloé; i a las personas retacas,
potocas,
MANCO.
Del araucano mancu o mancun^ caballejoy caballo flacos
inservible.
Manco i pingo sirven en Chile para nombrar el caballo
de mala traza i de poca alzada, que los españoles llaman
rocin.
Mancarrón, encarece aún la mala traza de la bestia, i
es casi equivalente al castizo matalón.
Mancarronada ^ es la reunión de mancos o de manca-
r roñes.
Manco i pingo son provincialismos comunes a Chile i a
la República Arjentina; pero conviene advertir que mien-
tras de este lado de la cordillera las dos voces son sinó-
nimas, del otro se diferencian lo que va de lo vivo a lo
pintado. En la República Arjentina pingo es el corcel brio-
so i arrogante, que en término poético i castizo se llama
bridón, mientras que en Chile, como queda dicho, es lo
mismo que manco.
«¡Ei pucha el pingo lijero!
¡Bien haiga quien lo parió!»
pudo decir un poeta arjentino. Bernardino Guajardo no
habria podido decir eso. No es propio de los que por acá
llamamos pingos, la lijereza.
I
MAN 299
Pero sí, no liabria tenido nuestro poeta de poncho difi-
cultad para escribir estos otros versos de otro vate arjeri-
tino, de Ascásubi, ja citados:
«I luego atrás en lo externo
Del arco que hace la indiada
Viene la mancar ronaday) etc.
Es para poner dudas sobre la procedencia araucana de
manco el siguiente pasaje del poeta mejicano José María
Esteva:
«Por una choza pasaba
Cuando su canto acabó^
I al manco alazán paró;
Que algo de allí le gustaba
O alguno allí le llamó.»
MANCORNAR, MANCORNA.'
Mancornar^ por iinii' o juntar dos cosas o animales de
la misma especie, máxime si son de asta, es uno de los mu-
chos provincialismos que, habiendo nacido en las Antillas,
fueron traídos por los españoles hasta estos últimos confi-
nes del Nuevo Mundo.
También hai en Cuba un provincialismo que sirve para
designar a las cosas o animales mancornados, solo sí
que por allá llaman mancuerna^ lo que nosotros man-
corna.
De dos individuos que, luchando^ se toman a brazo par-
tido, o, riüendo, de los cabellos^ se dice que se mancuer-
nan .
MANDIL.
Decimos del pauo que se pone a las caballerías debajo
de la silla.
El señor Gormaz dice se debe sostituir por manta. Lo
propio es mantilla.
300 MAN
ftUn hermoso caballo blanco primorosamente enjaezado
con silla de terciopelo i mantilla de grana bordada en
oro »
(B. DEL Barco.)
MANGUEAR.
Denotamos con este verbo en sentido propio la acción
de espantar los animales o aves de caza a fin de que se
pongan a tiro del cazador. El verbo castizo, aunque des-
conocido en Chile, que denota esa acción es ojear.
«Yo vine mientras se reunían todos a avisarte para que
nos maíiguearas la perdiz.»
[Huérfano.)
En sentido figurado, manguear es uno de los mas soco-
rridos vocablos de nuestro diccionario provincial. El ajen-
te de la casa de comercio manguea a los compradores bi-
sónos i de bolsillos bien provistos, el ministro a los dipu-
tados incómodos i domesticables^ la mamá previsora a tal
o cual joven que oree haria la felicidad de su hija casa-
dera, etc.
MANIJAR.
Aunque mas que «n chilenismo es éste un vulgarismo
(si se nos permite la palabra) hemos querido consagrarle
un parrañllo porque nos habría dejado en la conciencia
algo como un remordimiento el no advertir, no solo que
su forma correcta es manejar, (cosa que a no echarse como
suelen en olvido tantas cosas que de su peso se caen, por
sabida debiera callarse) sino también, la que es mas dig-
no de notarse, que se le atribuye la acepción de tener y po-
seer, desconocida en España.
Usase, pues, manijar entre guasos i rotos en tres senti-
dos diversos aunque parecidos: .
1.®, el áe gobernar, administrar, rejir: ejemplo, el refraü
popular: «¿Quién lo manija? — Tello. — ¡Así anda ellol»
S." Por llevar en las manos, al cinto, consigo.
MAN 301
iüManija siempre cacho en las alforjas^ lazo a los co-
Triones, puñal en la cabeza déla enjalma i buenas espue-
las de plata.»
3.'' Por tener o poseer,
«Si Ud. quiere, ahora lo que salga la misa, podemos ir
a aquella esquina que es de una comadre mui curiosa que
tengo. Ella manija una chiquita de lo rico.»
[Huérfano.)
M.VNIPÜLEAR,
El uso de la jente instruida i el Diccionario quieren que
se suprima la e que está de mas.
MANO.
Con ser casi innumerables las acepciones castizas de es-
ta voz, creemos no engañarnos al notar de chilena la que
le damos de, lance, trance, aventura, como en la frase: «Me
acaba de suceder una mano mui orijinal.»
No es menos de notarse el uso que el vulgo, i en parti-
cular los vendedores ambulantes, hacen de la voz que con-
sideramos para expresar el número cuatro. «El ciento tie-
ne veinticinco manos)) . «Las frutillas están todavía mui
caras: dan cinco manos por medio.»
MANOTADA, OTÓN, OTAZO^ ADA, PUÑADO, PUÑADA, PUNO,
AMBUESTA.
Con dar la verdadera significación de cada uno de los
sobrescritos vocablos, nos eximiremos del trabajo de expli-
car los casos en que se usan disparatadamente.
Manotada, manotón i manotazo, indican el golpe dado
con la mano.
30e MAN
«A Tomizas en fin la dilijencia.'
Valió una manotada con la zurda
Que, cuando no le aturda,
No es poco para zurda manotada.
Que le dejó la cara desgatada. »
(BuRGUÍLLOS. — Gatomaquia.)
ccPues la picara de la muchacha, siempre que me vela
fumar me habia de tirar el cigarro de un manotazo, escla-
mando: ¡anda vicioso!»
(Trueba.— F2//??emo5.)
Manada es la cantidad de trigo, o yerba que se puede
cojer de una vez con la mano. Se diferencia de puñado
en que éste indica la cantidad que puede tenerse en la
Tuano, cerrado el puño; así puñado dista de puna-
da lo que vá de encerrar en el puño a dar un golpe con
el puño cerrado, lo que se llama también en buen caste-
llano puñetazo.
«Segarlo quiere el villano,
La hoz apercibe ya:
¡Qué de manadas derriba!
¡Qué buena prisa se dá!»
(Lope de Vega.— E/ Labrador de Madrid.)
En las recetas de las médicas i curanderas, figuran con
frecuencia ^¿¿ño5 de sal, de raspadura de palqui, de ceba-
da i de otras cosas menos manoseables. No aseguraríamos
nosotros que tales recetas anden mui ajustadas al arte de
Hipócrates; pero partidarios como somos de la libertad de
profesiones i de oficios, nos complacemos en absolverlas de
todo pecado contra la propiedad de las palabras. Fuño,
en una de sus acepciones^ es sinónimo de puñado.
Nos queda ambuesta, de la cual dice la Academia que
es «la cantidad de cosas menudas que cabe en las dos
manos juntas ahuecándolas.»
MANTENCIÓN.
Lo correcto es manutención o mantenimiento.
«De esta manera^ acabado el curso de un año, queda
MAN 303
hecha provisión de mantenimiento, asi para el hombre co-
mo para los animales que le han de servir».
(Granada. — Símbolo de la Fé.)
MANTEQUILLA.
Parece que en España no conocen mas que una palabra,
manteca, para nombrar las dos sustancias tan diversas que
nosotros distinguimos con los nombres de manteca i de man-
te quilla.
A la chilena, manteca y denota la grasa del cerdo y na-
da mas.
Grasa, la gordura mas fina de los animales vacunos.
I mantequilla, la sustancia crasa que se saca de la leche
batiéndola, i la que existe en algunos frutos, como en el
cacao.
Según Salva, esta acepción de mantequilla seria de ori-
jen cubano.
Excusado parece advertir que, puesto que en España la
mantequilla es manteca, nuestras mantequilleras han de ser
mantequeras.
El uso chileno, que tiene por lo menos la ventaja de
no designar con un mismo nombre dos cosas diversas,
nos parece digno de conservarse i jeneralizarse.
MANTO, MANTEAR.
Manto, por una especie de mantilla, jeneralmente sin
adornos, es castellano. Eslo también significando la veta
que se extiende-horizontalmente hacia los la'dos, sin con-
siderable inclinación al centro de la tierra.
No puede decirse otro tanto de mantear, que expresan-
do a la española, «la acción de levantar con violencia en
el aire a algún hombre, mamarracho o bruto puesto en
una manta, tirando a un tiempo de las orillas varias per-
sonas» , se dice a la chilena de las vetas que, no siendo
mantos, tienden sin embar^ío a transformarse en tales.
304 MAR
MANA, ERO, A, OSO, A.
Dos palabras castizas que empleamos con frecuencia,
pero en sentido que se aparta algún tanto del autorizado.
En efecto, el Diccionario nos dice* que mañero da tanto
como sagaz^ astuto; i que mañoso es el que tiene maña^
habilidad, destreza.»
¿Es eso lo que entendemos decir cuando decimos: «Rara
es la muía cuyana que no tenga ninguna maña.n «Caballo
mañoso no debe ser montado por niños.» «Hai en la ha-
cienda muchas perdices; pero es difícil cazarlas porque los
cazadores las han ^\iq?>ío mañeras? v) Sin duda que nó, por-
que según la práctica corriente en Chile, maña es re-
sabio (en las personas, costumbre ridiculay reprensible;)
mañero, escaldado, receloso, i mañoso, el animal arisco ^
coceador, que respinga.
Salva trae a mañero i mañoso entre los provincialismos
mejicanos.
MARCHANTE.
Lo que es éste no nos viene de Méjico, sino de mas
lejos, de Andalucía, por el intermedio de Cuba. Tanto en
la que se llama la perla de las Antillas, como en la que al-
guien llamó el salero de la Peninsida, marchante es lo que
entre nosotros, el parroquiano, el casero.
También suele la jentualla tomarlo en mala parte, nom-
brando así al casero de las casas i cuartos, non saiictos.
MARIDAR.
«Los franceses tienen el capricho de casar [marier] co-
sas que nosotros, sin cometer incesto, hermanamos, v. gr«
las armas con las letras »
«Pero nosotros casamos como ellos, los colores, las pie-
zas, las telas i, poéticamente el olmo con la vid, la cari-
dad con la fé, la fé con la razón »
(Baralt. — Diccionario de galicismos, voz casar.)
MAR 305
«..."...que es uno de los pocos prosistas de la jeneracion
presente que saben maridar la precisión con la pureza, la
concisión con la amplitud de la frase i la armonía del pe-
ríodo.»
(J. Mané i Flaquer. — España en Londres.)
lín este ejemplo se marida la concisión con la amplitud
i la armonía, infrinjiendo las leyes que prohiben la poli-
gamia, i pecando ademas contra el orden natural, pues las
tres maridadas son hembras.
MARTILLO*
En la acepción de almoneda no lo traen los diccionarios»
MARITATA.
¿Cómo llaman las maritatas en España? ¿O son por allá
desconocidas? Puntos son éstos que no hemos podido ave-
riguar. Tampoco hemos sido mas felices para descubrir
el oríjen etimolójico o jeográfico de esta palabra.
Lo único que sabemos i acerca de lo cual podemos dar
noticias es que nuestros conciudadanos mineros (aunque
seria mas propio pirqiieneros) llaman maritata a un peque-
ño canal o acequia de cincuenta centímetros mas o menos
de ancho, por ocho o diez metros de largo, cuyo fondo cu-
bren con pellejos de carnero, para que, corriendo por en-
cima el agua a la cual se echan minerales pulverizados*
ésta deponga el polvo de oro sobre aquéllos.
En el Norte llaman maritatas unos como cedazos con
tela de alambre, movidos por motor de vapor o de sangre.
MAROMA, OMEARj OMERO.
No hai en castellano ni maromear ni maromero; i se
comprende, pues malcoma es la cuerda gruesa de esparto
o cáñamo.
En Chile llamamos maroma el espectáculo que en Es-
paña se ha llamado siempre volatín, por mas que el Dic-»
3Í
306 MAS
cionario de la Academia no dé^ en el artículo que dedica
a esta voz, otra acepción que la de (da persona que con
habilidad i arte anda i voltea por el aire en una maroma,
haciendo otras habilidades i ejercicios semejantes.»
Hemos dicho en el articulo que dedica a esta voZj i así
era de justicia, pues explicando la voz payaso, dice: ael
que en los volatines i fiestas semejantes hace el papel de
gracioso, con ademanes, trajes i jestos ridículos.» Luego
volatín es, no solo el héroe de la fiesta, sino también la
fiesta misma.
Volviendo ahora a nuestros chilenismos, observaremos
que maroma es el volatin-ñesta de los españoles; maro-
mero el volatin-perso?2a, o para evitar confusiones i puesto
que también es castizo, el volatinero; i maromear, andar,
saltar i voltear sobre una maroma, i por extensión, con-
servar el equilibrio físico o moral en circunstancias oca-
sionadas a darse un costalazo.
«Mas como todavía no suele ser la hora de dormir me
voi de aquí a otras parte con peligro de que en las calles
atravesadas, al maromear sobre un puente, se sumerja
mi humanidad en el agua.»
(JoTABECHE. — El Pucrto de Copiapo.)
MARUCHO,
Véanse arrinquín i madrina.
MASA AGUADA.
Hacer la masa aguada o masaguada a alguno, es en-
gañarlo, jugarle una mala pasada. Se usa también en el
Perú i en el mismo sentido que entre nosotros, como se
ve en estos versos de Segura:
« — ¿Pero una mujer honrada?
— ¡Qué honradez ni qué enemigo!
Si no hacemos lo que digo,
Nos hará la masa aguada,y>
MAS 307
MASHORCA.
Así se ve constantemente escrita en periódicos i libros
arjentinos i en algunos chilenos la palabra mazorca.
Como el tirano Rosas aplicara un bárbaro castigo a
sus enemigos, usando por instrumento de suplicio una ma-
zarca de maiz, i como las últimas sílabas de esta voz
suenan como horca, otra especie de suplicio, i la sed de
matar era insaciable en el tirano, o como quien dice, mas
sangre, los ignorantes identificaban ambas ideas confun-
diéndolas.
«Hasta no dejar en pié ni una mashorca de maiz.»
(Amunátegui. — Los Precursores de la Independencia de
Chile.}
MAS QUE, MAS QUE NUNCA.
Dice don Vicente Salva que por, no importa, aunque, es
un adverbio vulgar mejicano; i se equivoca, como se prue-
ba por el pasaje siguiente de Cervantes: «Habilidades i
gracias que no son vendibles (añadió Sanchoj mas que las
tenga el conde Dirlos.»
La que sí tenemos por locución chilena, i tan enérjica
como expresiva, es mas que nunca, equivalente a suceda
lo que quiera, venga lo que viniere, i aún algo mas.
«¿Está Ud. resuelto a casarse?— Resuelto — ¿I con una
viuda, pobre i cargada de hijos?— /iliéZ5 que nuncah
Francisco Bilbao se habia fijado en la concisa enerjía
de la locución de que tratamos i crejó, no sin motivo, que
elia^ traducia fielmente la heroica testarudez araucana i
podia servirle de divisa. De él es el pasaje que copiamos
en seguida:
«Ella (la libertad) es la salvaguardia de los pueblos sud-
americanos. Es por ella que (¡señor Baralt, Ud. dispense !j
deben repetir el grito del Norte: go aheadl o el axioma
araucano: ¡Mas que nunca\y>
(MoinmientrO social de la América Meridional.)
308 MAT
MATANCERO.
Llamamos al que mata i desposta las r eses y esto es, al
mismo oficial que en castellano se llama jifero^ matarife
i también matachín.
MATAR EL TIEMPO.
Es el tuer le temps francés; en castellano se dice: en-
gañar el tiempQ,
MATE, ERO, A.
Del qnichuB. mate, o, mati, calabaza.
Es lástima que la Academia se obstine en cerrar las
puertas de su Diccionario a una multitud de voces ameri-
canas que, por útiles i por jeneralizadas, bien merecían
de ella mas favorable acojida; pero es mas de lamentar
aún que cuando las acoja sea para presentarlas a los lec-
tores de allende i aquende el charco horriblemente des-
figuradas.
Vea quien dude lo que es mate para la docta corpora-
ción : «Nombre que dan en la América del Sur a una ho-
ja procedente de un arbusto crecido, que tostada i mace-
rada después, se exporta en sobornales de cuero.»
Si eso no se llama tomar el rábano por las hojas, se
llama sí tomar la hoja de la yerba por la calabaza.
Mate, nadie lo ignora por estos mundos, es la taza o
pequeño tiesto en que se toma la infusión de la yerba-
mate, o simplemente de la yerba; i se llama así porque
lo común es que la dicha infusión se haga- en las pequeñas
calabazas llamadas mate o mati en la lengua de los in-
dios del Perú.
Matero, es la persona mui aficionada al mate, que ha
contraído el vicio de usarlo inmoderadamente. Tam-
bién la que vende en las plazas i recovas (recova es en
este sentido un provincialismo andaluz) esa bebida:
MAU 309
«La madre de María, ocupada únicamente en saborear
el mate i ponderar la buena mano de Estefanía para ce-
barlo.y)
(Z. Rodríguez. — Loco Eustaquio.)
«Las guateras i pateras
Desde mui temprano están
Vendiendo con grande afán;
Lo mismo hacen las chancheras:
Las materas i floreras
Tienen su venta especial.»
(GüA JARDO. — De todas artes.)
MATRERO, A.
En castellano, astuto^ diestro, experimentado.
En nuestra práctica, i también en Méjico, según Salva,
suspicaz, receloso.
«Dijo la astuta Zorra
I encantadas las Tórtolas bajaron,
1 coníiadas i alegres
Su vida con sus alas le entregaron.
Hubo una sinembargo
(Ala nó, sino tórtola) matrera
Que volóse gritando:
¡Al valle! i salga el sol por Antequera!»
(Z. Rodríguez. — La Zorra conciliadora.)
MAUGRON o MAURON.
Hai quien diga a lo que se dice en español mugrón.
MAULOSO, A.
¿Cómo se llama en buen español, señor Diccionario, al
tramposo i mal pagador?— Dq tres maneras, señor curio-
so: maula, maulon i maulero.'— Fiies, sépase Ud. que nin-
310 MED
gana de las tres lia podido aclimatarse en Chile, donde
para designar a la polilla esa, hemos tenido a bien for*
mar de maula una palabra nueva, mauloso.
MECHAS, ONEA.R.
Mecha es palabra castiza, no solo denotando la torcida
de hilo, cáñamo o algodón que se pone en las lámparas,
velones i candiles, sino también una guedeja o porción de
pelo.
No obstante lo dicho, debe reputarse chileno el verbo
mechonear por tirar a alguno de los cabellos, i la frase, irse
a las mechas, por acometerse, trabar lucha cuerpo a cuer-
po, embestir.
c(ji4 las mechasl dijo un pelado, i no tuvo que agarrar!»
[Refrán popular.)
«Me le puse elante al toro
I le ije: ¡atoro indinol
Entonces^ furioso el bruto,
A las mechas se me vino.»
[Corrido popular.)
MEDIAS, MEDIERO, A.
No cabe duda de que puede mui correctamente decirse
en castellano dar una tierra a medias, o cultivarla a me-^
días con otro, para denotar que gastos i cosechas se divi-
dirán por mitad o por partes mas o menos iguales. Lo que
sí dudamos es que pueda decirse para expresar esa idea
como ordinariamente decimos: dar en medias.
Mediero, por la persona que va a medias con otro en la
administración de una heredad, cria de ganados, etc., es
un provincialismo de oríjen aragonés, i de uso frecuente en
Chile; eso si que por acá lo que se estila es dar aquel
nombre al que entra en la sociedad poniendo su industria
i trabajo personal, i nunca o casi nunca al que pone las
tierras, bueyes, instrumentos de labranza, en una palabra,
el capital.
MED 311
La sociedad misma, o mejor ese sistema de explotación
se llama medias, como se comprueba con el adajio, las
medias ni en los pies son buenas, en el cual no existiría el
retruécano, si medias no tuviera, ademas de la acepción
común, la que acabamos de apuntar.
Los equivalentes castizos de medias i medievo, son
apar ceña i aparcero.
MEDIO.
Con frecuencia se Ve en los diarios anuncios de colejios
en que se habla de medio pupilos i medio pupilas, i en que
se vé a un sustantivo como es pupilo modificado por el
adverbio medio, en vez de usar a medio como adjetivo, di-
ciendo, medios pupilos, etc.
aDonde le tenian concertado un casamiento con una
media parienta suya.-»
(Cervantes. — La ilustre fregona.)
«Habiendo visto las vanas pretensiones de los medios hi-
dalgos. ))
(QuEVEDO.— Premaííctífs i aranceles jenerales.)
aCon cuyos proventos pudiesen mantenerse cincuenta
pupilos i ciento i cincuenta medios pupilos.»
(Juan Egaña* — Examen de la Constitución.) ^
MÉDULA.
Casi no hai persona ni diccionario que no acentúe esta
voz en la antepenúltima, contra las reglas de la Ortogra-
fía (1) i la práctica de los clásicos.
«Los muchachos han hecho pepitoria
De todas tus medulas i tus huesos.»
(Cervantes . — El Rufián viudo.)
(1) Medalla en latín, de la propia raíz que medius, medio, es
grave por ser larga la w a causa de ir seguida de dos /,
312 MEN
«Dijo, i a todos un cruel despecho
Corrió por las medulas presto i vivo.»
(Ho JED A . — Cristiada .)
«I sus hijos, cada uno
De tan disforme estatura
Que era un monte organizado
De miembros i de medúlas.y)
(Calderón. — La Cena de Baltasar,
«Del labio amante en venas i medulas
Fluido humano eléctrico circula.»
(Maury.— £'st;ero i Almedora.
MELGA
Es amelga*
MENESTER (lÍABER DE)
«Cuentan algunos, escribe el señor Cuervo, entre las
obras de misericordia la de «dar buen consejo al que lo
ha de menester» i creemos practicarla aconsejándoles
quiten ese ocioso de, pues la frase es haber menester i no
haber de menester.))
«Yo soi noble i si no demasiadamente rico, no tan po-
bre que haya menester a nadie.»
(Cervantes. — Per siles.)
«Salga el reí de su corte; acuda a los que le llaman i
le. han menester. y)
(Meló. — Querrá de Cataluña,)
^Menester tiene un engañoso aspecto verbal, de donde
resulta que el vulgo dice yo menesto\ pero ¿qué mucho
que el vulgo se extravie, si los clásicos mismos han con-
siderado varias veces como verbo tal vocablo? testigos los
lugares siguientes:
MER 313
a.
•Ese castigo
Materia de estado fué.
Sí; ¿mas con tanto rigor
Que ha llegado a menester
Valerse, señor, de algunos
Amigos, para comer?»
(Calderón. — Saber del bien i del mal.)
«Ahora bien no escuchéis cuerdo
Que para lo que os propongo,
Loco, Alfonso, he menesteros.n)
(Tirso. — Del enemigo el consejo.)
al si es que habéis menesterme
Os serviré do podenco.
Para todo lo mostrenco.»
{iDé— El Celoso prudente.)
MERECER.
«Se usa en algunas partes de un modo singular el ver-
bo merecer. Dícese con propiedad: «Yo no merezco tanto
favor» (yo no soi digno) o «no le merecí la menor aten-
ción (le debí); pero no creemos que pueda decirse igual-
mente bien: No se merecen ahora las casas (no se hallan
casas.»)
(Andrés Bello. — Artículo publicado en el número 171
(20 de diciembre de 1833) de El Araucano.)
MERENDARSE, BENEFICIARSE, TRAJINARSE, SOPLARSE.
Es un chilenismo usar estos verbos como el vulgo
suele por engañar ^ ganar con malas tretas en el juego,
asesinar.
«¿No te acuerdas de aquel pipiólo que me merendó el
año pasado?»
{Huérfano.)
314 MET
En el mismo sentido se dice trajinarse a alguno, so-
plárselo , beneficiarlo o beneficiárselo.
aSi me lo dejan otro ratito me lo habia trajinado,
pues.»
[Id.)
MERQUEN.
Del Araucano medquen^ moler en la piedra^ lo molido,
harina.
Llaman merquen en las provincias del Sur, i especial-
mente en las poblaciones de la frontera araucana, una
mezcla de ají i sal que se lleva en los viajes para condi-
mentar l9,s comidas que se improvisen en los alojamientos.
METALERO, A»
¿Cómo podria llamarse en castellano la mina que pro-
duce muchos metales? El Diccionario nos dice que meta-
lífera, aunque advirtiéndouos que éste es un adjetivo de
uso reservado a los discípulos de Apolo.
Siendo ello asi, bien podemos usar sin escrúpulos, los
que escribimos en vil prosa, nuestro adjetivo metalero.
METAMORFOSIS.
Hacemos esta palabra esdrújula sin que haja motivo
para ello.
Como todos los vocablos griegos de igual terminación
(clorosis, apoteosis, neurosis, etc.) es grave.
« Aquí
Tus ojos vencedores
De amor siempre invencible
Verán metamorfosis. y)
(Tirso.— £« Vida de Ilerodes,
MET 315
«Hoi paz, mañana guerra i propaganda:
¡Qué peripecias, qué metamorfósish
(Bretón . — Desvergüenza,)
METERSE DE FRAILE
Opina el señor Cuervo que es menester quitar el de en
la frases meterse de fraile^ de monja i otras semejantes; i
apoya su opinión en los ejemplos que siguen:
«¿No ves que me das enojos
Cuantas veces me amenazas
Entrarte monjalí*
(Tirso. — Quien no cae no se levanta.)
«¿Fraile te metes, Perico,
Solo por no pasar hambre?
Pues di que glotón te metes
No digas te metes fraile, y)
(León de Arroyal. — Biblioteca Selecta.)
«Si tanto te desazonan
Los requiebros de los hombres
Bien puedes meterte monja.yy
(Bretón . — Elena.)
metiquero, eria o mitiquería.
«La delicadeza, la compostura, la mitiquería, permíta-
senos la palabra, de nuestro bruñido personaje.»
(R. Vera. — Juicio critico.)
Este mitiquería ha sido, sin duda formado de meiculo-
so; pero con significado de melindre, pusilanimidad, etc,
Mitiquero o metiquero, es en español, 7iinfo, esquilimoso
melindroso.
316 MLN
MIELERO.
Del que vende miel, i del lugar en que ésta se guarda,
se dice en español melero.
MINGACO, MINGAQUERO.
Creemos, salvo error, que mingaco , es una palabra que
viene del quichua mitayocy el que trabaja a turno o tan-
da, por el intermedio de m,ita o minga^ nombre del tra-
bajo que los españoles exijian de los indios en la época
colonial.
Mita i mitayo son ya, por fortuna, palabras históricas,
que han dejado de usarse con haber concluido la odiosa
institución a que se referían.
El señor Amunátegui explica así en sus Precursores el
oríjen de la mita: «El Rei habia limitado todo el grava-
men de los indios al pago de un tributo; pero después
tuvo que consentir en que mediante un jornal fuesen a
trabajar personalmente en las labores de la agricultu-
ra, en la crianza de ganados, en la explotación de las
minas.»
«El trabajo fué minuciosamente reglamentado para ali-
viar la condición de los indios.»
((Los caciques sorteaban a sus subordinados a fin de
formar las cuadrillas o repartimientos que por turno i por
tiempo determinado estaban obligados a ir a cultivar
los campos o los planteles, a pastorear el ganado, a ex-
plotar las minas.»
Esto era lo que se llamaba la mita.y>
En la actualidad llámase mm^aco el trabajo hecho por
una reunión de individuos que podríamos llamar volun-
tarios, que no cobran sueldo, convierten su tarea en una
especie de fiesta, i reciben del interesado en la faena,
siempre ración de comida i de aguardiente, chicha, u otro
licor, i a veces también alguna parte de los frutos.
Mingaquero es el aficionado a andar de uno en otro
mingaco.
MIS 317
MINAQUE,
Los diccionarios no traen este vocablo^ provincialismo
chileno según parece. Su equivalente castellano es encaje,
randa.
«A urdir miñaques en un tamborillo de lienzo, a fabri-
car loza perfumada.))
(Vicuña Mackenna. — Historia de Santiago.)
MI SEA.
Dijese en los buenos tiempos de la lengua castellana mi
sOy mi sa, abreviaturas lacayunas i fregoniles, como dice
Cuervo, de mi señor, mi señora»
Ambas abreviaturas, no hai que dudarlo, emprendie-
ron su viaje a América con los criados de los conquista-
dores; pero es lo cierto que mi so debió de ahogarse
en la travesía, pues solo el mi sa llegó a estos mundos, i
eso convertido en mi sea o miseá, mi siá o misiá.
Siendo, como queda dicho, señora la palabra contraí-
da, parece que mas propio es escribir mi sea, o miseá en,
una sola palabra, semejante ala que han formado los fran-
ceses con ma i dame, que escriben madame.
«M sorrt Cristina demos.
— ¿Qué hemos de dar miso Ocañah
(Cervantes. — La Entretenida.)
«Si don Baltasar se casa
Con mi sa doña Mayor,
¿Quién te puede estar mejor
Pues todo se cae en casa?))
(Tirso. — Desde Toledo a Madrid.)
«¿I ;m sa doña Lucia? — Quedó »
(Id.— iVo hai peor sordo.)
318 MOC
« — ¿Quién?..) me dijo, como despertando. ^
— Son mas délas cuatro, miseá Merceditas.-»
[Z. Rodríguez. — Loco Eustaquio.)
MISMO [par a. lo)
Tengo por chilenismo la frase para lo mismOy en el sen-
tido de para nada y sin objeto y inútihnente.
— «Sí, pero hombre, pueden descubrir, i
—I dado caso que descubriesen, seria ;?am lo mismo.y)
[Buérfano.)
MISTURA.
Aunque en español mistura sea la mezcla de varias co-
sas, entre nosotros i también, i aun mucho mas, en el Pe-
rú, se llama antonomásticamente mistura la mezcla que
se hace de varias flores, que, rociadas con agua olorosa i
encerradas en canastillos de papel de colores^ se distribu-
yen a las damas en los saraos i atrás fiestas^
c( Es el jardin, do el alelí amarillo,
Ingrediente esencial de la misturay
La hermosa dalia, de color de caña,
La roja adelfa, a nuestro clima estraña,
Surjen del sol bajo el radiante brillo.»
(Juan deArona. — Poesías peruanas.)
MITA, mitayo.
Véase mingaco.
mocho.
^ Al relijioso lego se llama familiarmente en España mo-
tilón. Por acá lo llamamos mocho , tal vez por tener de co-
mún esta palabra con aquella la acepción de pelado, pelón.
MOH 319
«En la puerta e San Francisco
Estaba un mocho parao
Con unas espuelas grandes
Que le hacian riu, rao.yy
[Zamacueca,
MOHO^ oso, MOHOSEAR, ORÍN, HERRUMBRE, ARRÜMBARSEj
AMOHOSARSE, OXIDARSE.
MohOy es un agregado de hongos parásitos que se crian
en cualquier cosa que empieza a corromperse. Hai impro-
piedad, por lo tanto, en designar con esta voz el óxido que
se forma i aparece a manera de costra rojiza sobre el hie-
rro i otros metales expuestos a la humedad. La corruptela
cuenta sinembargo con la sanción de la Academia, que da
también a moho el significado de orin o herrumbre que
nosotros le damos.
BIohosOy debiera decirse de lo que está cubierto de
moho.
Oxidado, tomado, o herrumbroso, de lo que está cubier-
to de orin.
En cuanto a los verbos, les que usamos son arrumbarse
i amohosarse, i ambos son bárbaros.
El hecho de cubrirse de orin alguna pieza de metal se
expresaba antiguamente^por orinecerse. («Ca si los ficies-
sen (los cálices) de fierro orinecerse hian aina.» — D. Alonso
EL Sabio. — Partida /.) — En vez de este verbo, que ha cal-
do en desuso, tenemos el moderno, aunque un tanto sabio,,
oxidarse. Cubrirse algo de moho se dice a la española mo-
hecer, enmohécer, o amohecer.
Herrumbarse (i no arr\imbarse) es tomar sabor a herrum-
bre, el licor, dulce o comida que se prepara en tiesto de
I cobre u otro metal.
c(üe las cubas sale mas oloroso el vino que de las tina-
jas; mas en las tinajas no se enmohece tanto como en las
cubas.»
(Herrera. — Agricultura jeneral.)
Véase arrumbe.
320 MOL
MOJINETE.
Dice el señor Vicuña en su Historia de Santiago que
idos mojinetes son mui comunes en Vizcaya i que de allá
nos vinieron». De todas maneras, si los mojinetes nos vi-
nieron de Vizcaya parece que su nombre no es vascuence
(en las provincias vascongadas se llaman casares). ¿De dón-
de nos viene entonces? Nuestras dilijencias por averi-
guarlo han sido infructuosas.
Lo cierto es que damos a mojinete dos acepciones dis-
tintas, haciéndolo significar, ya el cordón divisorio de las
aguas en los tejados, que en español es caballete y ya el
pequeño techo de forma triangular que era moda construir
sobre la puerta de las casas.
«Con esta sola nomenclatura hecha a vuelo de ave i sin
pararnos en ningún mojinete ni blasón, habríamos creido
dejar compendiada la organización civil i doméstica de la
colonia i establecida al propio tiempo su admirable i com-
pacta e indestructible unidad.»
(Vicuña Mackenna.— Msíona de Santiago.)
En Castilla llaman a los mojinetes en la segunda de las
dos notadas acepciones, frontispicios»
MOLDURE o MORDORB.
Se pronuncia en Chile el francés mordoré (rojizo) que
no trae ningún diccionario autorizado.
«Vestia camisa de crimea mordóré etc.»
(L. V. Mancilla. — Una escursion a los indios Ranqueles.)
MOLIENDA.
En España i en Chile (i creemos que en todas partes
donde se habla castellano) molienda significa la acción de
moler i la cosa molida de una vez. Por lo tanto nos pa-
MON 321
rece que el señor de Arona se engaña, considerando la
palabra de que tratamos como un peruanismo cuando de-
nota la operación de moler la caña, el tiempo que aqué-
lla dura i el producto obtenido.
«Tal es el cuadro que Cañete ofrece
Cuando comienzan a verdear las lomaSj
Cuando la piedra de la cal florece
I no amarmanta San Miguel sus tomas;
I cuando, en fin, la hacienda.
Parada la molienda^
Un cementerio, un pateen parece.»
(Juan de Arona. — Poesías peruanas.)
MONO.
Ademas de usarse entre nosotros esta voz para indicar
el cuadrumano de su nombre, i a la persona que vive en
continuo movimiento, i como adjetivo por lo que es pulido,
delicado i gracioso, todas acepciones castizas, se usa tam-
bién entre la jente zafia para denotar cuantos objetos de
alguna manera nos representan personas o animales, cua-
dros, estatuas, muñecas^ muñecos, etc.
Lo usa también la jente culta, pero no es para ésta tan
socorrida voz como para aquélla, pues en sus labios casi
es equivalente a mamarracho.
Un guaso que refiriese a los amigos de su aldea o de la
hacienda en que vive las maravillas vistas en Santiago, di-
fícilmente se olvidarla de los monos de la plaza de Armas
i Alameda.
Un crítico, al ver la estatua de O'Higgins, para mostrar
la impresión que su vista le causaba, exclamó (i entre pa-
réntesis, con sobrada razón): (k¡Esa no es una estatua] es
un monoh
Notable es ademas el uso de mono en frases cómo estas;
((Cuando estaba de candidato era todo para todos; mas
desde que aseguró el mono ya ni conoce a sus amigos.»
No soltar el mono\ mantenerse inflexible, no abandonar
la presa.
En Cplombia mono se hace sinónimo de bermejo.
322 MOT
MONTANA.
Usamos esta palabra por sierra; cordillera, lugar pobla*
do de grandes árboles\ i la usamos bien porque todas estas
acepciones tiene.
MOSCÓBADO, A.
En Chile se dice azúcar moscobada. Los diccionarios
traen en la voz azúcar, mascabada\ i en la voz mascabado
dicen que se aplica al azúcar prieto.
MOTE, MOTERO, A, (PELAR MOTE.
Del quichua muttiy (en araucano muthi), el maiz o trigo
cocido en lejía.
Lo que se entiende por mote en Chile, todos lo sabemos.
A los extranjeros que lo ignoren, les da la explicación si-
guiente el autor de Chile ilustrado:
c(¿Qué es mote? preguntará el europeo. Ni mas ni me-
nos que trigo hervido en lejía, la que por su fortaleza i la
ayuda del fuego hace soltar su vestimenta al grano, i lue-
go, lavado varias veces en agua para que suelte el sabor
de la lejía, que nunca pierde del todo. La medida que usa
el motero es una taza grande de loza, cuyo justo precio
es un cuartillo (3 centavos), i la cual llena de agua que
siempre lleva consigo en un cántaro de barro.»
No está raui correctamente explicado; pero ahí tienen
los lectores una idea de lo que son el mote i el motero.
Otro caso en que se usa mote, a la chilena, es aquél en
que nos servimos de él para significar que alguno, al ha-
blar, se ha llevado de calles alguna regla de sintaxis, o
estropeado alguna palabra, o escrítola con todas sus letras,
pero atribuyéndole un sentido que no tiene. Así^ verbi
gracia, sin ir mui lejos, i sin dar muestras de exajerada
severidad, podria decirse, a la chilena, que el autor del
artículo cuyo es el párrafo que acabamos de copiar por
MUC 323
ejemplo, echó un mote, empleando la palabra vestimenta,
que es el vestido (i no como quiera sino el lujoso) para
significar el hollejo del trigo.
MOTU PROPIO.
(cLuego no puede decirse en latin motu propio, en vez
de mea {tiia, siia, etc,) spontey), por de «motivo propio,
motu propio, o de motu propio» .
(LoBECK. — Progysm.)
ccEl gabinete de Washington ofreció de su propio motivo
la única reparación que puede satisfacer a la nación in-
glesa.»
{Bello,— Derecho internacional.)
MOZA*.
¿Puede considerarse el baile como un juego? Por qué?
preguntará el lector. Porque de que se conteste negativa
o afirmativamente a esta pregunta, depende que moza sea
o no un chilenismo, por el último baile de un sarao.
En efecto, moza, en español de jugadores, es la última
mano que se juega; mientras que en chileno de bastone-
ros i mirones es el último valse i mas comunmente todavía,
ía última cueca que se baila. I aquí está este lugar de Jo-
tabeche que nos echarla en rostro nuestra mentira si fal-
tásemos a la verdad: •
— «¡Jesús! es muí tarde! Tengo enfermo en casa! Vivi-
mos tan lejos!»
a — Nó, por IXos, señorita! Mire Ud., las once i media en
punto. Esta otra contradanzita i nada mas. ¡Las niñas es-
tán en baile!»
<< — ¡La moza! ¡La moza! gritaron todos.»
MUCHI, musí i MISI.
Voces con que se llama cariñosamente a los gatos i que
son las mismas con que se designa a los individuos de la
especie gatuna en quichua {misi) i en araucano [michi).
324 MUN
MUJO, A.
Servímonos con frecuencia de este adjetivo para signi-
ficar el color de los hábitos que usan los relijiosos carme-
litos; i nos serviríamos de él como Dios manda si, modi-
ficando algún tanto su pronunciación, pusiéramos una s i
una g en vez de la penúltima j, {musgo).
— «¿Tiene castilla? preguntó una vieja que entraba
cuando el chiquillo salia.»
«—De qué color, mamita? dijo el patrón.»
c< — Muja, señor, contestó la vieja.»
{Huérfano.)
«Entonces una irrupción
Viene de godos i alanos,
Espesa nube de frailes
Sobre mi casa tronando:
Blancos, cenicientos, musgoSy
Negros, azules i pardos.»
(MoRATiN. — Romance al príncipe de la Paz.)
Dícese también en español musco,
MUNICIÓN.
Llaman así en Chile a la munición menuda que sirve
para cazar i que en español se dice perdigones.
((Ahí he visto los arrreos de caza de don Lúeas i todo
es rico, todo es precioso en ellos: la escopeta i los fras-
cos de la munición están guarnecidos de plata i los boti-
nes i el morral están bordados de seda.»
(Antonio de Trjjebk.-^ Nostaljia.)
Aquí munición significa colectivamente la pólvora i los
perdigones, i lo que constituye o forma la carga. *
MUNEQUEAR.
Es en español jugar las muñecas, desusado en Chile,
donde el único que mimequea es el maíz, cuando a lo largo
MUS 325
de la caña i entre ésta i las hojas empiezan a aparecer
los choclos,
«¡Mujer! mujer! ¿Has visto como los melones están ca-
yendos i los choclos miiñequeando que es bendición de
Dios?»
(D. Barros Grez. — Cuentos para los niños grandes.)
MURALLA,
No se usa en español sino para indicar las obras de
defensa con que se rodea una plaza fuerte o con que se
impide la invasión de un enemigo, con baluartes de pie-
dra, ladrillo^ etc. La obra que sostiene los techos de las
casas, se llama pared.
Muralla, en la acepción chilena es un galicismo.
MURRO.
Con haber en la lengua un buen número de palabras
para indicar los movimientos de que la cara es capaz
(guiño^ jesto, mohin, momo, mimo, mueca, visaje) no co-
nocemos ninguna que nos muestre la expresión del ros-
tro del que se amorra. En esa cara inmóvil hai algo que
revela enfado, testarronería, berrinche; i ese algo lo ex-
presamos diciendo: «Miren Uds. el murro de esa cara.»
MUSCULACIÓN.
Musculatura es como debe decirse.
N
NANA.
Del quichua nanai, dolor, enfermedad. Usa esta voz
tanto la jente zatia como la instruida^ pero solo para imi-
tar el lenguaje de los niños a quienes se enseña desde
temprano a designar con ella cuantos dolores o heridas,
los mortifiquen.
NECROLOJIA.
Muchos la acentúan mal, pronunciando i escribiendo
necrolójia. Su recta pronunciación es necrolojia con el
acento en la z, donde lo llevan los derivados del griego
de igual terminación: analojía, teolojía, etimolojía, etc.
NEGRO.
Es proviclalismo de la América meridional como voz
i cariño.
«En la plaza andan vendiendo
Ramilletitos de a peso;
Le he de comprar a mi negroy
Será mi gusto.... i por eso.»
[Tonada popular.)
328 NOL
NEVAZÓN.
Provincialismo tan afortunado como inútil. El tempo-
ral de nieve se ha llamado siempre en castellano nevasca^
nevasco o nevada,
«I llega otra vez el frió
I vuelven las nevazones
I de nuevo los podones
Se arriman al molejón.))
(Z. Rodríguez.— ZcfPíírm i el Podador.)
NIGUA.
Mas feliz este bicho que muchos otros que le aventajan
en utilidad i figura, ocupa mui orondo un lugar en el
Diccionario de la Academia.
Nigua [pulex penetrans), según el vocabulario que viene
al fin de la Historia de las Indias, de Oviedo^ seria de
oríjen cubano.
«Esta palabra [inagua) puede que sea derivada del vo-
cablo lucayo jimagua, que quiere decir jemelas, lo que
tendria aplicación a las dos Inaguas. Pero no faltará quien
prefiera hallar la etimolojía en las muchas niguas que
aun constituyen una de las plagas de las dos Inaguas.»
(J. A. DE Varnhagen. — La verdadera Guanahani de
Colon.)
NO le hace
tt— Oye, Juan, mañana le das otro riego á la viña. — Es
que en la semana pasada no mas le puse el agua. — JVo le
hace. — Es que está todavía húmeda. — No le hace. — Es que
la uva se va a dar desabrida. — No le hace »
El testarudo viñador queria decir con su estribillo que
iiada importaba nada, salvo que su voluntad se cumpliese.
NANA.
Del quichua ñañay hermana , amiga, paisana. En arau-
cano, ñeñe es madrastra.
Es provincialismo que corre muí bien aceptado entre
la jente ignorante.
Por lo común la ñaña es la hermana mayor; bien que
en ocasiones la hayamos oido emplear como sinónima de
mama,
«Tocóle su turno a doña Mercedes Alderete i dijo:
Cuando niño verde
Cuando joven colorado
I cuando viejo pelado.»
c(A lo que saltó la cocinera con visibles muestras de ale-
gría:— ¡Qué gracia! ya la sabia yo desde que me la ense-
ñó ñaña Peta: ese es el peumoJy)
(Z. Rodríguez. — Loco Eustaquio.)
ÑATO, A.
Designamos con esta palabra, cuyo oríjen puede ser mui
bien la quichua ñanppi, embotado» sin punta, 3l los que
en castellano se llaman chatos o romos, jente de nariz
peqjieña i aplastada.
Sato es a menudo término de cariño en el trato fami-
330 So
liar; i tanto en este sentido como en el de romo es usa-
do en el Perú i la República Arjentina.
«Yo que a narigona, ñata.
Alta, baja, fea, hermosa, etc.»
(Estanislao del Campo, ~Mo?ió¿o(jo de mi tronera,)
I de las consabidas narices nada mas diremos, porque
está escrito:
«En cuanto a nariz ñatay punto i coma
La nariz de esta clase no entra en broma.»
ÑAUCAS.
Imposible nos ha sido averiguar la época en que este
conocido personaje florecería. Lo único que hemos saca-
do en limpio, es que debió de ser contemporáneo del rei
Perico, i niño de un tiempo con la reina Mari-Castaña,
En tiempo de Ñaucas, equivale a mui antiguamente, en
tiempo del rei que rabió.
Según Juan de Arona ahora ñaupas es en el Perú una
expresión que equivale a ahora tiempos, a lo de marras,
etc.
¿Sería este señor Ñaupas o Ñaucas, algún célebre i an-
tiguo personaje de la América bárbara? ¡Indiphodi! ¡In^
diphodi! contestaremos con el famoso poeta tecuzcano,
Nezahualcoyolt, lo ignoramos!
Ño, ÑA.
Ñuño, ñuña, si hemos de creer al Diccionario de la
Academia, era título de respeto, como hoi, señor, señora,
don, doña\ título que paró después en apellido de familia.
En Chile, i si no nos engañamos en toda la América
latina, se usa señor, señora, en su forma íntegra i en su
forma abreviada, pero ccn significaciones diferentes.
Señor, a, es tratamiento que se da a las personas de
respeto por su posición social, sean o nó de avanzada
edad.
KO 331
Ño o ñor i ña se anteponen por lo común al nombre
de aquellas personas que, siendo pobres o plebeyas, me-
rezcan por sus años o estado algo mas que el insolente
tú de quien les dirija la palabra.
íiÑo Ambrosio el inglés, como llamaban las limeñas al
mercachifle.»
(Ricardo Palma. — Tradiciones peruanas.)
í'Oigajté, ña Sacramenta,
Le diré ajté mi pasión:
Soi cojtante en el querer
I en el amar dadivoso,
Si ujté no lo quiere creer
Lo dirá flor Sinforoso.»
(José María Esteva.)
«Sí, sí, agregamos todos; está mala la adivinanza de
ña Estefanía!»
(Z. Rodríguez.— Loco Eustaquio.)
El ño de los ejemplos anteriores tiene gran semejanza
de significación con el tío de los españoles.
o
OBSEQUIO, OBSEQUIAR.
Ni en los clásicos ni en los diccionarios de la lengua
encontramos a obsequiar como activo, por regalar^ ni a
obsequio por regalo.
No puede negarse, sin embargo, que el cambio de sentido
que en ambos vocablos hemos operado, no tiene nada que
repugne a la índole de la lengua, como que es mui seme-
jante al que sufrieron en lo antiguo regalar i regalo.
No creemos por lo tanto habernos hecho reos de mui
grave culpa al escribir:
((Me dio lástima i no pude resistir a la tentación de
robar una (una guinda) que íuera para obsequiársela.»
(Z. Rodríguez. — Loco Eustaquio.)
OCÉANO.
¿Dónde lleva el acento esta palabra i con cuántas ce
debe escribirse?
La Academia española escribe océano.
Don Andrés Bello dice, que si bien es lícito cargar el
acento en la a a. los poetas según la práctica menos auto-
rizada, no se tolera, ni en prosa ni en verso pronunciar
occeano u occéanOy con dos ce.
Don Valentín Gormaz en su Correcciones léxigráfieas,
nos hace saber que occeanb no existe.
334 OFE
Don Rafael María Barált i don José Gómez Hermosilla,
pronuncian i escriben occéano.
Don Pedro Felipe Monlau en su Diccionario etifnolójico
de la lengua castellana escribe como la Academia i el se-
ñor Bello, océano.
Covarrúbias en su Tesoro de la lengua castellanay océa-
no, con una c i el acento en la a.
Lo dicho probará que las opiniones andan sobre lá
pronunciación de la palabra asunto de este párrafo, muí
divididas, i que si bien liai motivos para inclinarse al pa-
recer de la Academia, no lo liai para decir como el se-
ñor Cuervo en sus Apuntaciones '<que es un disparate
mayor de marca pronunciar occeano con dos cc.yy
Nosotros no pronunciaremos así; pero nos guardaremos
de declarar ignorantes o disparatados a los que abriguen
una opinión diversa.
ODIO, ODIAR.
Torcemos con frecuencia el significado de estas pala-
bras, empleando el sustantivo como si fuese sinónimo de
majadería, molestia, fastidio, i el verbo como equivalente
de fastidiar, moler.
Cuando un niño no se está tranquilo, i llora, i se impa-
cienta a cada momento, dice su madre que debe de estar
enfermo,, porque está odiosito,
«Esto te pasa por lacho
Salió diciendo la Lora^
Yo veré si vas ahora
A odiarme, Loro borracho.»
(GuAJARDO.— Ce/o5 de la Lora al Loro.)
OFERTAR.
Por ofrecer no existe. Es verbo inventado por algunos
con ridicula afectación.
OJO 335
OJEAR.
Un tiempo hubo en que opinamos que la creencia de que
era posible hacer daño a las personas, (por lo regular ga-
llardas i hermosas) mirándolas fijamente, era una abusión
de oríjen araucano. Mas abrimos el Diccionario de la
Academia en la palabra aojar i salimos de nuestro error.
nAojarí) dice el ilustre cuerpo, «es hacer mal de ojo.y) Hü"
bemus confitentem reum! La abusión no nos vino de Arau-
co; nos vino de España. De España también nos vino la
palabra que ha conservado nuestro pueblo, sin mas alte-
ración que la precisa para convertir el castizo aojar en el
rotuno ojear.
OJOTA.
Parece que es esta palabra de oríjen mejicano-indíje-
na [uxota.)
Designamos con ella unas como sandalias toscas de cue-
ro sin curtir que usan los peones que trabajan en las
chacras i minas.
Las hai de dos especies.
Ojota chacarera es una sandalia que cubre la planta del
pié i que se sujeta con unos correoncillos que se hacen
pasar cruzados por sobre el empeine i el tobillo.
La ojota minera se asemeja mas al zapato, como que en
realidad no es mas que una babucha de cuero crudo,
groseramente amoldado al pié.
Bosquejando la fisonomía de la Plaza de Armas de San-
tiago en 1825, dice don José Zapiola en sus Recuerdos de
30 años:
«De oriente a poniente i a cinco metros de distancia
de la pared norte de la plaza, corría una acequia cubier-
ta de loza en toda la extensión de esa cuadra. Toda ella era
ocupada por los vendedores de ojotas.yy
«Allí acudían los que usaban este calzado, que enton-
ces eran muchos, por su bajo precio, un medio real. Las
ojotas viejas quedaban donde se compraban, las nuevas, i
esta arma arrojadiza suministraba a los muchachos un
336 ONC
elemento para empeñar todos los dias festivos esas guerras
de ojotas a las que jamas faltamos por la inmediación de
nuestra casa al campo de batalla.»
OLEO.
Poner a alguno el óleo u olearlo es ponerle la Extrema-
unción. Nosotros lo usamos revesadamente por Bautismo.
I ya se ve que entre el sacramento con que la Iglesia se
despide de los que agonizan i el con que recibe a los re-
cien nacidos hai talcual diferencia.
ONCE.
Por la refacción que se toma a medio dia, es palabra
castiza; aunque no sea fácil encontrar ejemplo de ella
en los escritos de los clásicos.
Como que la dicha colación deriva su nombre de la
hora en que se toma, carece de plural i es un disparate
decir: vamos a tomar las onces.
«Luego entraron los porteros i traian sendas botellas i
vasos acompañados de tiernos panecillos, con lo cual to-
dos se apresuraron a tomar las once para cobrar nuevas
fuerzas.»
[Mesonero.)
«Apenas nos habíamos sentado, cuando ya habia preve-
nido el amo que sacase las once:.... Amigo, nos pusieron
una mesa con tantas viandas i tanto lujo^ que apenas me
atreví a probar un bocado.»
(Hartzenbusch.)
Es por lo tanto, aunque curiosa, completamente anto-
jadiza la etimolojía que atribuye al vocablo cuestionado
el señor Vicuña Mackenna en el siguiente pasaje de su
Historia de Santiago:
«I era tomar entre el desayuno i la comida, por via de
confortativo un poco de mistela o aguardiente, i por las
once letras de este último llamaban esta distribución o
parvidad las once.y)
OTR 33t
ORA U HORA.
Nombre vulgar de la epilepsia, alferecía i otras enfer-
medades de los nervios.
Por lo común se dice que se enferman de este irial las
gallinas que repentinamente se tuercen del pezcuezo i caen
ai suelo sin poder andar.
ORIJEN
La locución saber alguna cosa de buen orijen no viene
en los diccionarios, que dicen saber alguna cosa de buen
orijinal.
EL OTRO, LA OTRA.
uPorque si ella no hubiese consentido el otro no podia
entrar.))
(A. Blest Gana. — Martin Rivas,)
«Ademas, ¿qué culpa tienen ellas si la otra ha perdido
la vergüenza?»
(A. Blest Ga^x.—EI Ideal de un Calavera.)
En ambos lugares ha subrayado el autor las palabras
el otro, la otra, para manifestar que el adjetivo otro, usado
como sustantivo, es un provincialismo chileno o pur lo me-
nos peculiar a la jente del pueblo. Pero hase equivocado
el señor Blest Gana^ porque el modismo es castellano.
«Atrevidilla era la doña Mónica i gran cuco el tal don
Sinforiano en mantenerse firme en sus trece para que la
otra le apretase.»
(Baralt. — Diccionario de Galicismos.)
«Sabemos lo que sucedió al otro que quiso ordeñar la
mona antes de mirarle la cara.»
[Capmaiiy, citado por Baralt, Dic. de Galic. voz gobernar.)
338 OVE
«Yo soi el otro\ i rae conocerás, pues, no hai cosa que
no la diga el otro, I luego en no sabiendo como dar ra-
zón de sí dicen: como dijo el otro.yy
(QuEVEDO.— Fmía de los chistes.)
orín.
Véanse ARRUMBE i moho.
OVERO, A.
Adjetivo que se aplica en España a los caballos de pelo
blanco manchado de alazán i bayo. En Chile lo aplicamos
a los animales de piel remendada o de varios colores, los
mismos que castizamente se llaman pios.
PABLO, PAULO.
Criticando estas palabras de Sarmiento: «¿No se moría
de fastidio Buffon al oir a Saint Fierre leer su Paulo i
Virjinia?í) dice Villérgas: «Decididamente el señor Sar-
miento sabe mucbo; pero es poco afortunado para traducir
nombres propios del francés. Antes tradujo Pépin por
Pipino, i ahora traduce Paul por Paulo» ¿Ignora el señor
Sarmiento, por ventura ¿ignora, digo, el profundo
sabio de quien me ocupo, que el nombre Paulan francés
es equivalente a Pablo en español?»
(J. M. Villérgas. — Sarmenticidio.)
La crítica de Villérgas es justa, si bien un tantico ex-
cesiva, porque aun cuando sea cierto que lo correcto,
común, autorizado i preferible, cada vez que se hable del
apóstol de los jentiles es Pablo, como han escrito casi to-
dos los clásicos, no debe olvidarse que ha solido decirse
también Paulo i que este uso cuenta con la tolerancia de
algunos maestros del idioma i hasta con la de la Academia,
en cuyo Diccionario, última edición, (1869) leemos: uPaulo,
m. n. p. Pablo. Se usa hablando de los papas i empera-
dores de este nombre.»
Cuanto a los maestros, bástenos hacer mención de
Covarrúbias que escribió en su Tesoro: uPablo, latine Pau-
lus, muda la ii en b como es ordinario; i también decimos
Paulo. y)
El hermitaño qxí El condenado por desconfiado, de Tirso
de Molina, se llama Paulo.
340 PAC
«O3 envió agora estas epístoFas de San Paulo traducidas
del griego en romance castellano.»
(Juan de Valdés.)
((Valdés habla de esta obra snja en la dedicatoria de
las epístolas de San Pablo a Julia Gonzaga.»
(R. Mesonero Romanos.)
paco; paco, a.
En que vulgar i socarronamerite llamamos pacos a los
soldados que en España llaman guardias civiles, i por acá
en mas decente estilo policiales, no cabe duda ni disputa.
Pero ¿cuál es la etimolojía de esta voz? Aquí la certeza
falta si bien no falten las conjeturas,
La palabra paco, según el vocabulario americano aña-
dido por don Amador de los Rios a la Historia de las In-
dias de Oviedo, seria de oríjen quichua, en cuyo idioma
quiere ella decir, siervo, esclavo.
El señor Vicuña Mackenna parece inclinarse a aceptar
esta etimolojía a todas luces errónea. Errónea porque no
existe en quichua una palabra que, significando siervo o
esclavo, hubiera podido dar oríjen a nuestro paco', i erró-
nea también porque es difícil percibir la relación que
exista entre la condición de los siervos i la de los encar-
gados de mantener el orden en las calles i plazas.
Lo mas probable nos parece suponer que el paco nues^
tro venga del quichua ppáccu, que significa rubio, casta-
ño, bayo, como no solo es de suponerse, sino de afirmarse
categóricamente con respecto al adjetivo, paco, a, bayo,
a. Para explicarnos la sustantivacion de este adjetivo nos
bastará recordar que hace algunos años no era raro ver
abrigados a \o^ policiales de Santiago con ponchos pacos,
únicos capotes con que aun se defienden del frió i de la
lluvia los de varios departamentos, i que no faltan en
nuestra patria ejemplos de adjetivos que expresan color
trocados en sustantivos que designan a las personas que de
él acostumbran vestirse. ¿No llamamos vulgarmente mora-
dos a los obispos, negros a los tordos? I por la inversa, no
llamamos carmelita al color de que se visten los relijiosos
de la orden del Carmelo, i lacre el rojo, solo porque este
PAD 341
es el color que comunmente se da a aquél? ¿Por qué no
suponer entonces que el color de los ponchos de los guar-
dias civiles haya servido al vulgo para formarles un nom-
bre, ya que él, o no existia en la Península, o no había
llegaáo a estas tierras?
PacOy a, como queda dicho, es hayOy a, i a veces tam-
bién pardo, a.
«Figúrese su mercé
Que si yo salgo a la esquina,
A la recova o al puerto
A cualquier hora del dia,
El primer paco que miro
Me dice al pasar: Mi vida
¡Site llevara /?« entro\ »
(M. Antonio Benavídes. — La Mejor espuela.)
PACHACHO, A.
De significación mui parecida a mampato, peíiso, poto-
co, de los cuales se distingue en aplicarse de preferencia
a las gallinas enanas, o mas propiamente, de gran caja i
de cortas patas.
Mampato i petiso se dice por lo común de los caballos i
cuadrúpedos.
Potoco, a, de las personas.
PACHOTADA.
Dígase patochada,
PADREJÓN.
Las aprendices de parteras, comadres o matronas (en
la jerigonza de moda profcsoi^as de partos) i las que desem-
peñan el oficio sin haberse dado el trabajo de aprenderlo,
llaman madre el órgano de la mujer en que se forma i
desarrolla el feto.
342 PAJ
Ahora bien, como lo que no se le ocurre al diablo suele
ocurrirse a las comadres, ocurrióseles a éstas que los
hombres han de tener algún órgano correlativo a la ma-
dre de las mujeres, i que el. nombre correlativo también
que mejor cuadraba a aquél era el de padrejón, ¿Habrá
desatino?
Nada es mas común entre los enfermos pobres que acu-
den a las boticas, despenseríos i médicos, que el explicar
su enfermedad diciendo que se les ha subido el padrejorí,
o que se les ha bajado, o que les salta, o que a tiempos se
les atraviesa, etc.
Un facultativo nos asegura que lo que toman rotos i gua-
sos por padrejón las mas de las veces es el cólico.
PADRÓN.
No tiene entre sus acepciones castizas i autorizadas por
los diccionarios de la lengua la de caballo padre, que le
damos en Chile.
ccPor esto buscan siempre el macho cabrio, el morueco,
el toro^ o el caballo padre mas activo, etc.»
(MoNLAU. — Hijiene del matrimonio.)
También solemos llamar potros a los caballos padres,
designando con el nombre ¿q potrillos a aquéllos.
PAJONAL,
Entendiéndose por paja en España la caña del trigo,
cebada, etc., después de seca, triturada i separada de la
espiga^ es claro que no necesitaban de una palabra que
indicase el sitio en que la paja se cria i produce. Con el
pajar para guardarla tenian suficiente.
No así en Chile, donde llamamos paja de totora una es-
pecie de carrizo que sirve para hacer esteras, sillas, i para
otros diversos usos.
El sitio en que esa clase de paja se produce se llama
pajonal, i dada la acepción de paja que hemos apuntado,
no vemos medio de evitar el neolojismo. Para suprimir los
pajonales seria preciso comenzar por suprimir la paja de
PAM 343
totorüy empresa que ni podría llevarse a cabo en quítamef
allá esas pajas, ni seria tan fácil como sacarlas de una al-
barda.
Véase papal. '
PALANGANA, ADA.
Un palangana, es^ según Salva, que califica esta pala-
bra de provincialismo peruano, un presumido, entrometi-
do, que raja sobre lo que no entiende.
No tenemos a la mano las Memorias del jéneral Miller;
pero recordamos haber leido en ese libro que tanto abun-
daban allá en la época de la independencia los palanga-
nas en Lima, que se formaron batallones de ellos.
Un palangana, es en español un charlatán, hablantín,
tronera.
Palanganada es acción o palabra propia de palanga-
nas.
I^ALQUÍ.
Este arbusto, cuyo nombre botánico es céstrum parqui,
es de uso tan jeneral en la medicina casera que, para de-
cir que una persona o cosa es mui conocida de todos, se
dice: como el palqui, o mas conocida que el palqui. En
castellano se dice mas conocido que la ruda.
Palqui es voz araucana, i es raro que Mr. Gay manifes-
tara no conocer el nombre vulgar de lo mas conocido que
hai en Chile, escribiendo en su Botánica parqui.
PAMPA.
En qyxichvLdi. pampa, q^ plaza, suelo llano, llanada, campo.
Usase esta palabra en tres acepciones distintas: 1.* lla-
nura extensa, por lo jeneral árida o a lo menos inculta (la
pampa de Islai, las pampas arjentinas); 2.^ por desnudo,
descubierto, a cielo raso; 3." por el salvaje que habita las
Pampas.
344 PAM
«Compañero, no hai por qué acobardar, hemos pasado
lo mas difícil del camino i ya estamos en pampa rasa.)>
(Vicuña Mackenna. — Portales.)
(cílóres de suave fragancia
Toda la pampa brotaba
Al tiempo que coronaba
Los montes a la distancia
Un resplandor que encantaba.»
(AscÁsuBi. — La Madrugadaí)
«Campo ajuera se levantan
Como nubes polvaderas
Preñadas todas enteras
De pampas desmelenaos ^ etc.»
(Id. — La Indiada.)
¿Quién ignora, por último, que pampa i a veces pampi-
lia es el nombre con que conoce el vulgo el campo des-
tinado a las revistas, paradas i ejercicios militares, i otras
diversiones públicas?
Ni pampa ni pámpílla nos llenan el gusto; pero si no
hemos de decir prado, de mui buena gana nos quedaría-
mos con cualquiera de ellas a trueque de librarnos de los
campos de Marte, que no son de cristianos.
Pampa ha sido adoptado por la Academia.
* PÁMPANO .
. En castellano, el sarmiento verde, pimpollo de la vid.
Entre nosotros, los pequeños racimos, especialmente
aquellos que quedan en los sarmientos después de hecha
la vendimia.
Arrepentidos de haber cometido un tan garrafal dispa-
rate la primera vez que publicamos la composicioncilla ti-
tulada El pajarero, (aun cuando enmendamos la pam-
pirolada en la inserción que hicimos de ella en el primer
tomo de la Micelánea literaria poniendo racimos donde
áeci'd pámpafws) copiaremos aquí la estrofa en su primera
forma, en penitencia i para ejemplo:
PAN 345
«De pié, sobre un andamio improvisado
En medio de la viña, grita ronco
Un mancebo jentil^
Espantando los pájaros que chupan
El codiciado jugo que atesoran
Los pámpanos de abril!»
PANA.
Matanceros, carniceros, galopines i fregonas de cocina,
llaman pana el hígado de las vacas, carneros, cerdos, etc.
Pana es evidentemente la. pua}icay con que los araucanos
designan los intestinos o menudos de los animales.
PANANAS.
Pesado, inhábil para saltar o trepar, poltrón.
Se aplica a las personas i a las bestias. Tiene alguna
semejanza de significación con cutama, i como ésta es de
orí jen bárbaro.
Panananac en la lengua de los indios peruanos es, reple-
to, harto de comer i beber.
PANCHO, A.
Nombres que aplicamos familiarmeníe a los que en la
pila bautismal han recibido el de Francisco, o Francisca.
Según Salva es provincialismo de oríjen cubano. Viene,
no obstante, sin la nota de provincial en el Diccionario
de la Academia.
PANIZO.
Llámase así a la chilena el criadero de minerales o el lu-
gar que a la vista presenta los caracteres propios de un
criadero.
Panizo pintador, es el que promete metales abundantes
1 de buena calidad.
4f>
316 PAP
Panizo broceador, ol que promete poco i anuncia próxi-
mo broceo.
PANTEÓN,
Se llama en Chile cualquier cementerio: panteón tienen
los villorrios i aldehuelas; i en panteones se depositan los
restos mortales de los mendigos i ajusticiados.
((Panteón [diQ pan i //¿eos) templo consagrado a todos los
dioses.»»
(MoNLAU— Z)zc. etimolój. voz Dios.)
((Desde alguna distancia divisamos la bella fachada del
panteón con su gran cruz al frente») (habla del pueblo de
Puerto Montt.)
{Provs. meridionales de Chile,- por C. García Huidobro.)
((Pero luego encuentran nuestras miradas otro edificio,
la civcel y panteoíi de vivos en donde mora la corrupción
i el desorden.» (id. id.)
PAPA, PAPAL, PAPERO^ A.
Pocos habrá en América i aun en Europa que ignoren
llamamos /?a/)a al tubérculo que los botánicos conocen con
el nombre de solanum tuberosum, i los españoles, con el
de patata. ^
Papa es voz de la lengua quichua, en la cual sirve
para designar, no solo las patatas, sino las plantas que
tienen raices bulbosas.
Papal, el sitio sembrado de papas.
El señor Gormaz dice en sus Correcciones que no se de-
be llamar papal el sitio sembrado de patatas, sino papa-
tal, (probablemente la segunda p está en lugar de t por
error de imprenta). I ¿por qué no papal, siendo que los
americanos no decimos patata sino papa, voz que el Dic-
cionario trae como sinónima de patata'^ Es cierto que éste
no trae a papal, mas, ¿qué tiene de extraño que esta voz
americana no haya llegado aún a los oidos de la Acade-
mia? Si llamáramos a las plantas en que nos ocupamos pa-
PAP 347
tatas, preciso seria diésemos el nombre de patatal al sitio
sembrado de ellas; pero desde que se acepta papa es un
absurdo negar el pase a jmpal^ derivado de formación
irreprochable.
Como la doctrina que estamos sustentando servirá para
saber a qué atenerse en los casos análogos que ocurren,
que no son pocos, vamos a manifestar las razones i autori-
dades en que se apoya.
Dice el señor don J. Gómez Hermósilla en su' Arte de
hablar en prosa i verso.
«En las palabras nuevas hai que distinguir las que son
sacadas de la lengua misma i las que son tomadas de otra,
ya viva, ya muerta
«En cuanto a las que se sacan del propio fondo de la
lengua, esto puede hacerse o por derivación o por compo-
sición. Por derivación se hace una palabra nueva, cuan-
do de un primitivo usual se deduce un derivado que has-
ta entonces no ha estado en uso. Por ejexplo, de muchos
adjetivos en ible, able, al, U, no se usa el sustantivo en
idady verbi gracia, de destructible destructíbilidad\ i así
cualquiera de estos que se forme e introduzca, será una
palabra nueva por derivación
«Como ésta hai innumerables, i es absurdo i ridículo
acusar de neolojismo al autor porque tales voces no se ha-
yan en los Diccionarios. 1.^ No existe en el mundo, i aca-
so no existirá nunca, un Diccionario que contenga todas
las voces de una lengua, i mucho méjios todas las deriva-
das que con buena analojía se pueden deducir de las pri-
mitivas ya recibidas. 2.^ El neolojismo consiste, como ve-
remos, no en estas felices deducciones que enriquecen
las lenguas, sino en la manía de querer alterar las signi-
ficaciones autorizadas por el uso o mudar los accidentes
gramaticales de algunas voces.-»
En virtud de lo dicho no puede condenarse a papal, voz
formada ^q papa según el jénio de la lengua española i la»
reglas de la analojía.
«En los nombres sustantivos,,)) dice en su Gramática don
Vicente Salva, «las mismas terminaciones a¿ i ar, i tam-
bién edo i eda sirven para los nombres colectivos que com-
348 PAR
prenden muchas cosas o individuos de una misma especie,
como acebuchal, arenal, romeral, etc.»
Lo que precede es aplicable a papero, el cual es preciso
aceptar, mas aún, el cual debe considerarse como implíci-
tamente aceptado, desde que se aceptó su primitivo.
Concluimos con las siguientes reflexiones que son del
Prólogo a la Gramática del señor Bello:
«Si de voces castellanas hemos formado (los america-
nos) vocablos nuevos según los procederes ordinarios de
]a derivación que el castellano reconoce i de que se ha
servido i se sirve continuamente para aumentar su caudal
¿qué motivo hai para que nos avergoncemos de usarlos?
Chile i Venezuela tienen tanto derecho como Aragón i
Andalucía para que se toleren sus accidentales diverjen-
cias cuando las patrocina la costumbre uniforme i autén-
tica de la jente educada.»
PAQUETE,
¿Dicen en España del que anda acicalado, emperejilado,
peripuesto, que va hecho un paquete? Lo ignoramos; pero
si no lo dicen bien podrían, sin faltar a la Gramática ni
al Diccionario. Lo que sí no dirán seguramente es que fu-
lano o mengano anda muí paquete, como nosotros acos-
tumbramos.
PARARSE.
Damos a este verbo en Chile, i aun pudiera decirse en
toda la América latina, la acepción de levantar, alzar, en
que no aparece usado por los clásicos ni por los buenos
escritores peninsulares modernos.
La acepción fundamental de parar i pararse en español
e^ cesar en el movimieyíto o en la accion\ i así como mas o
menos directamente de ella se derivan i con ella se rela-
cionan las demás que le atribuye el Diccionario, así tam-
bién cuantas le damos en Chile se derivan de la idea de
levantar o levantarse lo que está en el suelo.
Veámoslo confirmado con algunos ejemplos:
PAR 349
«Hiere con la mano el suelo,
Para el rabo pequeñuelo.»
(García Goyena.)
Para y es alza 6 levanta el rabo.
«Por aquí un gentleman fashíonable de grandes cuellos
parados, y)
(Moisés Vargas. — Lances de noche buena.)
Parados, quiere decir aquí tiesos, derechos.
«Sentéme yo sobre el tronco caido de la parra i ella a
mis pies i sobre el pasto — ¿Sabes amigo que quisiera
pararme i volverme a casa sin hablar contigo una pala-
bra?»
(Z. Rodríguez. — Loco Eustaquio.)
Aquí pararme, es ponerme en pié. »
(íAl cabo de cortos instantes se paró de su asiento.»
(A. Blest Gana. — Martin Rívas.)
Se alzó de su asiento, se puso en pié, o dejó su asiento.
«No me interrumpáis, gritó con su voz mas agria i po-
niéndose en guardia como un gallo a quien se le paran
todas las plumas.»
(París en Améric a.'-- Traducción de D. Domingo Artea-
ga Alemparte.)
Se le paran, es se levantan, i con un tantico de auda-
cia, se le erizan.
«La prominente oreja
Para i escucha atento.»
(A. Lozano. — Gran duelo de la Patria.)
Para, es aquí aguza.
Tan común es en América el significado provincial de
parar que estamos explicando, que don José Joaquín de
350 PAR
Mora se connaturalizó con él lo necesario para escribir:
«Luego tumba
Cosme Hermida:
jCuál retumba
Su caida!
I el se para
¡Suerte rara!
Con la cara
Mal herida.»
- (La Caza.)
Procuremos confirmar ahora con ejemplos de escritores
peninsulares la exactitud de los equivalentes que hemos
señalado a las diversas acepciones de nuestro parar.
v^Alzese el buen Aguilera.»
(MoRETO. — El valiente justiciero.)
«Alzóse grave
El hijo de Laértes i, los ojos
Fijos en tierra, sin alzar la vista,
jP«r«¿/6> estaba i sin hablar, i el cetro, etc.»
(Gómez Hermosilla. — La Iliada.)
«Alzando el pastor la cabeza se puso lijeramente en
pie.))
(Cervantes . — Quijote.)
«Era la muía asombradiza i al tomarla del freno, se es-
pantó de manera que, alzándose en los pies, dio con su
dueño en el suelo.»
(id. id.)
«El lomo o extremo de la chimenea que se suele formar
de una teja vuelta hacia bajo o de dos tejas o ladrillos
empinados que forman un ángulo.»
(Diccionario de la Academia.)
Pararse en el hilo, decimos propiamente del volantín
que se remonta hasta quedar sobre la persona que lo su-
PAR 351
jeta, i figuradamente de la persona mui tiesa, emperejila-
da i presumida.
«A la mujer enrestada
Que por poquito se atiesa
I mui parada en el hilo
Te mira con desvergüenza
Bésala con el estribo
I abrázala con las riendas,
I verás que en poco tiempo
Se les soban las correas.»
[Euérfanoi)
PAROLA;
SeguQ el Diccionario, es labia, verbosidad. Nosotros lo
aplicamos a los fanfarrones, farolones, fachendas.
Esta designación de la persona por la palabra que in-
dica en abstracto su cualidad predominante, es propia de
la índole de nuestro idioma. Así al que se ocupa por lo
común en engaños i artificios, es decir, en inanias, se le
llama mui a la española, un maula. Así también fachenda,
que fué en su oríjen vanidad, jactancia, pasó a indicar
mas tarde al vano i jactancioso.
«Nada caracterizará mejor a este personaje que la
aplicación adjetivada que damos los chilenos al sustanti-
vo parola^n
(A. Blest Gana.— ^jE'/ Ideal de un Calavera.)
PARTES.
Femenino plural, significando las dotes o cualidades que
adornan a alguna persona, es castizo. Conviene usarlo
sin embargo, con cautela, pues tiene otra acepción que
aunque castiza puede para algunos no ser mui casta.
«Nos lusitanos vi tanta ousadia
Tanto primor e partes tan divinas, etc.»
«A voz partes é de significado honesto; mas a pezar
352 PAR
d'isso se deve usar acaiiteladamente; pois que é fácil in-
terpretal-a de sorte que passe a ser torpe.»
(Pedro José da Fonseca. — Trad. da versific. portugue-
za. — Nota a la estrofa 48 del canto G.*" de (.iOs Lusiadas.y>)
PARTURIENTA.
A la mujer que está de parto llamamos parturienta.
Es voz castellana, si bien poco usada por los buenos es-
critores peninsulares, que dicen parturiente.
iiA\gnna.s parturientes rendidas de fatiga.»
{Mo^LA.jj. — Hijiene del matrimonio.)
«Hasta entonces la vida de las parturientas estaba en-
tregada en manos de la ignorancia mas supina.»
(V. Fabin. —Discurso fúnebre en honor del doctor Sazie.)
PARVADA.
La reunión de aves es bandada o banda, la de anima-
les cuadrúpedos, manada^ las de peces, gregario, cardú^
men o cardume.
Hai ademas de estos colectivos otros mas concretos
que sirven para indicar la reunión de ciertas especies de
animales, o la reunión de ellos en determinadas circuns-
tancias o para ciertos usos. Así piara es la manada de
cerdos, i a veces también de muías, torada de toros, va-
cada de vacas, etc; así jauría es el agregado de perros
que cazan juntos, lechigada el conjunto de animalitos que
han nacido de un mismo parto, o de pajarillos que han
roto las cascaras de la misma nidada.
En este último sentido decimos nosotros parvada, so-
bre todo hablando de los polluelos que siguen a la gallina.
« i aun parece que ayer era
Cuando ufana te via
Ir i tornar lijera
Por estos mismos sitios, coronada
De bulliciosa e infantil parvadah
(Z. Rodríguez. — Últimas huellas.)
PAS 353
PARRANDA.
Voz es ésta de significación mui semejante a remolienda.
Si alguna diferencia pudiera notarse entre ambas, seria
la de indicar aquélla que la jarana se efectúa en el cam-
po, como quien dice debajo de los parrales.
En el mismo sentido que entre nosotros se usa en Co-
lombia, si hemos de creer al señor Cuervo, quien le da
por equivalentes castellanos 2i jaleo, jarayia, broma, verbe-
na, pandilla, zahorra.
PARRÓN.
A la española, la parra silvestre. Entre nosotros, la pa-
rra o conjunto de parras sostenidas con armazón de made-
ra, fierro, etc., que es lo que el Diccionario de la lengua
llama parral.
((En esa estación en que las diucas sobre los techos de
las casas cantan sus amores a sus pequeñuelos, mi madre
cantó bajo los parrones de las viñas de su esposo al pri-
mer hijo de su amor.»
(Z. Rodríguez.— Zoco jE^w5/a5'W2í>.)
PASABLE.
El señor don Rufino José-Cuervo, que tiene mui buenas
narices, dice que este vocablo huele a francés, i que lo
castizo es pasadero. Tanto huele que el señor Baralt, que
no se anda con chicas, declara en su Diccionario de gali-
cismos, que, por pasadero, regular, tal cual, solo lo em-
plean los mas desaforados galiparlistas.
Tampoco merece ser absuelto pasablemente, por media-
na o razonablemente'.
((Bordo razonablemente
Broca, cañamazo i gasa.»
(Calderón de la Barca. — iVo siempre lo peor es cierto*)
354 PAT
PASMO.
Llama así el vulgo cualquiera enfermedad que produz-
ca una inflamación difusa de los tejidos subcutáneos. Se
atribuye por lo común al frió o a alguna mojada.
PASOSO, A.
Dice sobre esta voz el señor Cuervo:
«Al papel que se pasa llamamos pasoso, adjetivo deri-
vado de verbo, como resbaloso, guardoso, i nos parece
útil.»
PATAS.
Ser, salir o quedar patas, en una suerte o votación, por
quedar iguales, es frase castiza, aunque poco usada ya, se-
gún advierte el Diccionario de la Academia.
No lo estimaba sin duda así el señor Vicuña Mackenna,
que en su empeño por encontrar curiosas i nacionales eti-
molojías, creyó ver la de nuestra frase en un fallo de la
Real Audiencia «quien, dice, aáió ^or patas una. carrera
mandándola repetir en iguales condiciones. I de estas /?^-
tas viene que aun cuando no se hable de caballos sino de
damas o de exámenes^ dícese también con gran frescura
que se ha salido patas. n
[Historia de Santiago.)
PATRIOTERO.
Voz bastante usada en la polémica política. Es mui ex-
presiva i hace relación a patriota, como coplero a poeta,
discursista a orador, escribidor (que trae el Diccionario
como anticuado i que si mal no recordamos, usa el señor
de Campoamor en sus Polémicas en son de desprecio), i
escriborroteador , (que no aparece en el Diccionario, pero
PAV 355
que es felicísimo i está en el de sinónimos de Barcia) a
escritor, etc.
Hemos dicho que patriotero nos parece expresivo; i en
efecto, la terminación ero que se aplica casi siempre en
castellano a los fabricantes, o vendedores, trae a la men-
te la idea de negocio, especulación, granjeria, que tan
mal se avienen con el verdadero patriotismo.
«Negros idiotas, chinos catecúmenos,
I blancos patrioteros^ mas sin fé.
Que invocan a los pueblos energúmenos
Para darles después un punta pié.»
(Juan de Arona. — Poesías peruanas.)
PATULECO, A.
Llamamos así al que por tener las piernas torcidas o
desiguales es desgraciado al andar. En español a los tales
se llama patojos.
Patuleques, dicen en Cuba a los rencos o rengos.
PAVA, (hacer la) pavear.
Hacer la pava o pavear a alguno por hurlarlo, zaherir-
lo, fisgarlo, con palabras o morisquetas, es chilenismo de
los mas corrientes i moUentes.
Una de las mas frecuentes maneras de hacer la pava es
formando con los dedos la figura que en español se llama
higa i cuya explicación puede verse en los diccionarios.
((Acabado que hubo el ladrón de decir estas palabras,
levantó las manos, i haciendo con cada cual de ellas una
higa, gritó: ¡Tómalas, Dios, que a tí te las dedico!»
(Dante — Divina Comedia. — Infierno. — Traducción de D.
Caye-Rosell.)
El traductor explica el pasaje con la siguiente nota:
uSeñal de menosprecio (la higa) que se ejecuta metiendo
el dedo pulgar entre el índice i el medio. Parece que en
lo antiguo era mui usual, pues en el siglo XIII se veian
356 PAY
sobre una torre del castillo de Carmiñano dos brazos de
mármol que estaban haciendo una higa a Florencia.»
Lo que en dialecto chileno significa que los dichos dos
brazos estaban haciendo la pava a Florencia.
PAVESA.
En español, la persona débil^, extenuada. A la chilena,
nombre despreciativo que las muchachas solteras suelen
dar a los hombres que han hecho lo que ellas apetecen,
esto es, casarse.
«Esto cuando los tertulios son solteros, que cuando son
pavesas el Señor del Milagro nos favorezca!»
(JoTABECHE.— J^/ puevto de Copiapó.)
PAYACO, PA VAQUERO, EAR.
Los mineros de las provincias del Norte llaman payaco
el mineral que recejen de los demontes. El que se ocupa
en payaquear (recojer i vender aquél) es el payaquero.
PAYAR, ADOR^ ADURA.
El pobre campesino que recibe de la Providencia, no
diremos el fuego sagrado de los vates, pero sí buen oido
i facilidad para versificar improvisando, suele, i mas exac-
tamente solia, acompañado de su guitarra o solo, trova-
dor de poncho i a lo mas de chaqueta burda, andar de
villorrio en villorio, de bodegón en bodegón, de mingaco
en mingaco^ i de velorio en velorio^ dando muestras de
su habilidad, ora asociándose a los pesares o alegrías de
los que le brindaban un plato de comida, un trago para
remojar el polvo del camino i una silla, ora buscando un
competidor con quien medir su injenio en tosca parodia
de las justas poéticas que allá en la Edad Media justaban
los maestros de la gaya ciencia.
Tales son los payadores en Chile i principalmente del
otro lado de la Cordillera.
La acción i efecto de payar es la paya o payadura.
I
PAY 357
¿Cuál es la etimolojía de estas voces? No nos atrevemos
a afirmar ninguna, si bien nos inclinamos a creer que
ellas sean una aplicación a estos rústicos trovadores de
la palabra ppaclla que en quichua es el campesino pobre.
Sobre los payadores i sus versos, dice el señor Valde-
rrama en su Bosquejo lústórico de la poesía chilena'.
(cTienen una literatura especial que vamos a tra-
tar de esponer en pocas palabras. No conocen mas que
tres clases de composiciones, que son la tonaday el corrido
i Ib. palla.
«La palla, en fin, es una composición de cuartetas en
que se pregunta i se responde: composición eminente-
mente agresiva, siempre improvisada, lucha intelectual
que tiene lugar entre dos palladores i que hace la delicia
(dispense Ud. señor Baralt) de la chingayia.yy
«Tuvo también el placer de asistir a un rodeo i oyó los
gritos de los huasos i los dichos con pretensiones de gra-
ciosos de los palladores de la comarca.»
(A. Blest Gana. — La Aritrriética en el amor.)
«Tal fué por San Borombon
La madrugada del dia
En que el pallador debia
Hacer la continuación
Del cuento aquél que sabia.»
(AscÁsuBi. — La Madrugada.)
¿Tiene la palabra paya un equivalente castellano? La
que mas se le aproxima de cuantas están en nuestro co-
nocimiento es trova\ pero trova no trae a la imajinacion
la idea de una composición poética i dialogada, que es lo
que distingue a las payas de las trovas.
Los franceses tienen la voz, al parecer provenzal, tensón,
si bien ella no se encuentre en el Diccionario de Noel i
Chapsal.
¿Podríamos traducirla por tensioii^. Creemos que sí. No
viene ella, es cierto, en los diccionarios de la lengua; pero
no faltan apreciables escritores que la hayan usado, so-
bre todo en verso.
358 PEO
«I aquellas dulces te?isio?ies
Llenas de amorosas sales
Serventesios i canciones,
I aquellos juegos florales
Con premios i distinciones.»
(Juan Arólas. — Poesías.
PEAL o PIAL.
Por acá, donde no se usan los peales (especie de medias
sin pié^ o polainas) usamos sinembargo de la palabra para
denotar la correhuela o tira de tela que, formando como
estribos en las bocas de las piernas de los pantalones, im-
piden que éstos se suban, en español trabillas.
Llaman los guasos echar un pial arrojar el lazo a las
patas de un animal para manearlo i tumbarlo.
PEBRE.
Pebre es en España una salsa que se hace para sazonar
algunas viandas i que se compone de pimienta i otras
especias.
En Chile el plato de papas molidas.
PEGADERO.
Lugar o diversión en que hai costumbre de mirar co-
mo tablas rasas las de Moisés, i de pecar a roso i velloso:
«Convendria que se suprimiesen las procesiones noctur-
nas porque lejos de avivar la piedad no son ya mas que
pecaderos)^ leemos en un diario.
«Desde entonces no he querido traer mas vino porque
es causa áepecaderos, i yo soi hombre que tengo temor de
Dios i mucha relijion.»
[Huérfano.)
Pecadero es, aunque vulgar, palabra de gran significan-
za i de la misma formación que bebedero, comedero, etc.
PEC 359
PECHA, PECHAR <
Pechar tiene en la práctica del viílgo una significación
semejante a topear, con la diferencia de que, mientras es-
te último solo se aplica a los jinetes que arrancan sus
caballos i arremeten unos contra otros procurando derri-
bar al contrario, aquél se dice también de la jente de a
pié que, en las procesiones i otras fiestas a que asiste una
grande i desordenada concurrencia, tratan de penetrarla
abriéndose camino a fuerza de codazos i empellones.
Pecha es la acción de pechar. Así dice una abuela a su
nieto: aVé a la Noche Buena; pero ¡cuidado conque vayas
a meterte a la pechah
En castellano pecha es anticuado por tributo, i pechar
significa pagar el tributo o -pecho.
PECHOÑO, A.
Orijinariamente se llamó pechoños a los miembros de
la hermandad o cofradía del Corazón de Jesús, instituida
no ha muchos años en Santiago por un padre de la reco-
lección franciscana.
Mas tarde, por extensión i en sentido burlesco i despre-
ciativo, se convirtió aquella voz en un apodo que se aplica
a las personas piadosas. Su equivalente español es san^
turrón.
«Sintió un pechoño de morrudos brazos
Que la mano de un pillo
Le andaba rejistrando los bolsillos, etc.»
(Epigrama publicado en La Estrella de Chile,)
Pechoñismo, es el sistema que tiene por principios los
de los pechoños, i por objeto que éstos se multipliquen.
Pechoñería, es la conducta propia de los afiliados en la
Hermandad del Corazón de Jesús.
360 i'EG
PECHUGA, ON, ONAZO.
Pechuga es entre nosotros desvergüenza, desenfado, de^
suello\ pechugón, el desvergonzado , el que anda siempre
dispuesto a abusar de la bondad del prójimo. Pechugo-
nazo el que posee esa cualidad en grado superlativo.
Pechuga, pechugón, pechugonazo, corren en las acep-
ciones indicadas por toda la América latina. El señor
Cuervo los trae entre sus provincialismos bogotanos, i en
la pajina 99 de las Poesías peruanas de Juan de Arona
leemos:
«I como el amor no es nuevo
Pechugonazo el mancebo
No en ser puntual se molesta,
Diciéndose el inhumano: •
aQue llegue tarde o temprano
He de hallar la cena puesta.»
Pedro Urdemales.
Es así como debería pronunciarse según advierte el se-
ñor Gormaz en sus Correcciones lexigráficas, i no Pedro
Urdimales, como dicen también algunos.
Lo correcto no es, empero, ni lo uno ni lo otro, sino
Pedro Urdemalas, como escribe el señor Salva, o Pedro de
Urdemalas, como quiere la Academia.
Cervantes tiene una comedia, Pedro de ürde-malas', i
Quevedo en su Visita de los Chistes dice, Urde-malas\ esto
es urde malas artes,
PEGAR^ PEGA (eSTAR EN LA)
Es chileno el uso de pegar en la acepción de convenir,
venir bien una cosa con otra, asentar.
— «No hai, (castilla muja); pero hai rosada.
— No le pega ese color a las viejas.»
[Huérfano.)
PEL 361
Estar algano en la pega o en toda la 'pega, es estar en
su punto, sazón, como la mujer a los 15, (mejor seria a
los 18 o 20) i el hombre a los 25.
PEGUAL.
Especie de cincha de cuero con una argolla metálica
que sirve para amarrar el lazo, i sujetar con él a los ani-
males enlazados.
c(Te pelo (desuello) como animal ^
I después hago a mi idea
De tu guata una correa
1 del lomo un buen pegual,
(GuAJAKDO. — Un lazo de verijas.)
PEINADOR.
Es el que peina i también la toalla o sabanilla que se
suele poner ei que se peina o afeita.
En Chile llamamos así el tocador.
PEINE^ PEINETA,
Estas dos voces suelen confundirse con frecuencia por
aquellos (i no son pocos) que ignoran que peÍ7ie es el ins-
trumento que sirve para arreglar el cabello; mientras que
peineta es el peine, jeneralmente calado i arqueado, que
usan las mujeres por adorno en la cabeza.
El peine es instrumento de utilidad estricta; la peineta
es de exornación i casi siempre de lujo.
PELADA (la)
La pelada, llaman vulgarmente a la muerte, aludiendo
sin duda a la circunstancia de carecer de pelo las calave-
ras^ emblemas de aquélla.
362 PEL
PELADERO.
Es en español el lugar en que se escaldan las aves i ma-
rranos para pelarlos.
Entre nosotros el sitio o campo árido, que carece total-
mente de vejetacion. Por exajeracion, la hacienda o cam-
po poco productivos, sobre todo por carecer de agua.
Peladero eterno y es un peladero superlativo.
\ PELADO, PELAO.'
El peón que se embriaga todos los lunes, si es un tan-
tico pechugón dirá que tiene la costumbre de agarrar to-
dos los lunes un pelao.
«¡Ah! si cuando agarra una tuna (¿turca?) está con el
pelao ocho dias.»
[Huérfano.)
PELAR, PELAMBRE.
En lenguaje familiar chileno se pela a alguien cuando
se murmura de él, se descubren sus faltas o vicios, se le
desacredita. El pelambre es la acción de desacreditar i la
misma calumnia o malévolo rumor con que se desacre-
dita.
,^ Un pelado es el que no tiene blanca, o como suele de-
cirse^ ni donde caerse muerto.
PELEADO, a;
o mucho nos engañamos o debe reputarse chilenismo
el uso de peleado en frases del tenor siguiente:
«Salude Ud. a todos los de la familia, menos al tio Ro-
que, por supuesto: ja sé que va para un año que están
Údes. pelead os. )>
Lo propio seria reñidos o tronados.
PELL
PELUCON.
Es muí probable que el ori'jen de este apodo con que se
designaba a los prohombres del partido conservador antes
de que estuviese en boga el disparatado epíteto de ultras
montanos con que al presente los designan sus enemigos,
esté en la circunstancia de ser los ancianos por lo je-
neral apegados a la tradición i enemigos de novedades.
También pudo suceder, como cree el señor Vicuña Mac-
kenna [Diego Portales, tomo I, páj. 12) que el llamarse ;)e-
lucones a los conservadores viniese de usar éstos, cuando
ya habia sido abandonada por los liberales, la peluca em-
polvada que estuvo de moda a fines del último siglo.
Sea de ello lo que fuere_, lo cierto es que la idea que
trae a lamente la palabra de que tratamos es compleja: un
pelucon, no es un conservador así no mas; es un conser-
vador de edad provecta, por lo jeneral piadoso, de cuño
antiguo, noble i acaudalado.
PELUQUERÍA.
Hemos dado en la flor de llamar lo que en castellano se
dice barbería, reservando este nombre a las tiendas de los
fígaros de la jente pobre i a las carpas de los rapistas del
Tajamar i la Alameda abajo.
PELLINGAJO.
Lo usamos como sinónimo de estropajo;
El sucio, cascarriento i desarrapado.
PELLÓN.
Una de las pellejas de carnero, guanaco, zorro, etc. de
que se compone el avío o montura.
Es probablemente una corruptela de vellón o una sin-
364 PEN
copade/?e//(?;o?2,ínetaplasmo mui de la índole del castellano.
aSolia mi madre sacar su alfombra i algunos ;;e//6>-
7ies i banquillos de paja al patio, i colocándolos bajo el
gran naranjo que en medio de él liabia, nos sentábamos
todos, vuelta la cara hacia la luna.»
(Z. Rodríguez.— loco Eustaquio.)
PENCA.
Por látigo, zurriago es castellano^ aun cuando lo que
llamamos penca no es propiamente el látigo, sino la como
palmeta, tejo o disco de suela que tiene en la punta.
Quedar de la penca, por quedar chasqueado, o dejar a al-
guno de la penca, por dejarlo con un palmo de narices,
son frases provinciales de Chile.
PÉNDULA.
Dice el señor Cuervo: -
(.iPéndulo es adjetivo i significa pendiente (v. gr. cuerpos
péndulos;) sustantívase en la forma péndulo para denotar
en la estática cualquier cuerpo grave pendiente de un hilo
o cadenilla de modo que pueda oscilar libremente. El pén-
dulo aplicado, con las convenientes modificaciones a re-
glar el movimiento de un reloj, toma el nombre de pendo-
la; i es grosero error, por mas que corra en letra de mol-
de, llamarle péndula.
PENSAMIENTO.
Por trinitaria no aparece en el Diccionario de la Aca-
, demia. Es bastante usado, sin embargo, por buenos es-
critores, no solo americanos, sino también peninsulares.
((Frescos, gallardos siempre se mecian
En mi jardin, el mirto i la amapola,
I temblantes alzaban su corola
Mil bellos pensamientos con primor.»
(Ensaijos poéticos de Pia Rigari.—K^vi^'md. Samper de
Ancízar.)
PEP 365
«I el triste pensamiento, í el morado
Alelí, con la púdica azucena.»
(Heriberto García de Queyedo. - El proscrito.)
«PensAxMiento. Bot. Flor pequeña del jénero de la vio-
leta que no tiene mas que cinco pétalos, jeneralmente de
amarillo violáceo.»
(Domínguez . — Diccionario . )
PEPA:
Acerca de esta palabra dice el señor Cuervo:
((.Pepita es voz mui castellana por la simiente de cier-
tas frutas, como naranjas, manzanas, etc. Hé aquí com-
probantes:
«De una pepita de melón nace una mata de melones i
en cada melón tanta abundancia de pepitas para separar
i conservar esta especie. ¿Pues qué diré de la pepita del
naranjo sembrado? ¡Cuántas otras naranjas [pepitas lleva,
i esto cada un año!»
(Frai Luis de Grabada. -Símbolo de la Fé.)
((Si tomásemos agora ]3l pepita de un melocotón o de
otro árbol cualquiera »
(Frai Luis de León. — Nombres de Cristo.)
Los españoles dicen también pipa, hueso o cuesco,
pero no pepa como los bogotanos: estos nos parecen mas
consecuentes que esos otros; sin embargo, es de advertirse
que pepita i pipa no se aplican generalmente sino a las
simientes planas i mas largas; el aguacate, el durazno,
etc., tienen hueso o cuesco,
((Aunque los duraznos se pueden plantar de rama o de
algunos pimpollos de los que suelen echar al pié, pocas
veces aciertan, ni aun salen buenos; i por esto es mejor,
pues tiene mui granada simiente en los cuescos, ponerlos
dellos.»
(Herrera. — Agricultura jeneral.)
366 PER
«El aguacate da un fruto del grandor de una pera
grande, cuya carne, así como el hueso son un manjar
agradable.»
(Academia. —Diccionario.)
El uso peruano de la voz que tratamos puede verse en
el articulillo que Juan de Arona le dedica en sus Apuntes,
i que es como sigue:
«Pepa. — No es en español sino el familiar de Josefa i
hablan pésimamente los que la toman como sinónimo de
de cuesco o hueso de fruta. Cuando la simiente o semilla
es pequeña como la de la uva, melón, sandía, o como la
de los lavaderos de oro (por analojía) entonces sí, se dice
pepita', pero no pepa.))
tcMas claro; hai muchas frutas que tienen pepita\ no se
conoce ninguna con pepa.^-)
Para no gastar mas palabras en taiyuenudas cosas, di-
remos que en Chile estamos inocentes del pecado de ca-
lumniar a los melocotones, i lúcumas, suponiendo . que
tengan pepa, aunque a la verdad cometemos sin escrúpu-
lo el menos grave de atribuírsela a las uvas, chirimoyas,
melones, calabazas, etc., que según se ha probado, para
los españoles tienen solo pipas o pepitas.
También llamamos pepa a la enfermedad de gallinas
que consiste en una escrescencia a modo de lenteja que
sale a las tales debajo de la lengua, i que en castellano
es pepita.
PEQUEN.
Si hacemos mención de este avechucho [noctua canicu-
lario) es solo con el fin de recordar la decidora frase: Co-
mo el pequen, o como, la del pequen, para dar a entender
que la persona de quien se dice, es tibia, sin principios,
ni voluntad, ni carácter, ni enerjía para nada.
percala.
El nombre español de la tela de algodón que llaman
percala, es percaL
PES 367
«No es fuerza que en violar ponga su ahinco
Lo que suelen llamar buena crianza....
O si es mujer con estudiado brinco
Arremangue el percal i la cotanza.>>
^^^ii(m.— 'Desvercjüe'iua.)
PERCAN.
Percan es voz de la lengua araucana en la cual tiene
la significación de moho, que es también la que muchos
le atribuyen en nuestro pais.
El queso, la ropa, el dulce, etc., se apercancan cuando
aparecen cubiertos de los pequeños hongos que constitu-
yen el moho.
PESCADOR, PESCADERO.
Es común llamar pescadores a los pescaderos, i en prue-
ba vaya el siguiente ejemplo sacado de un documento
oficial:
«No son comprendidos en el artículo anterior los car-
gadores i enfardeladores del comercio, carniceros, pesca*
dores, verduleros i toda persona cuyo ejercicio necesite
precisamente usar alguna de dichas armas; i esta no la
podrán llevar a la cinta sino como una herramienta de
que tienen que servirse en su ejercicio i deben usarlas
solamente para el caso de abrir i retobar fardos en los
almacenes o tiendas, de vender carne i pescado o verdu-
ras para lo cual solo se servirán de cuchillo o navaja sin
punta.»
[Bando jeneral de policía para el departamento de San^^
tiago, 1853.)
PESCUEZETE.
Cuando era de moda (ya va siendo cosa de provincia-
nos i de jente de medio pelo) que los caballeros i damas
anduviesen en los paseos i en las calles de bracero (vul-
go bracete) los rotos, para no quedarse atrás, máxime es-
388 PET
tando UQ tanto achispados, se tomaban por el pescuezo, i
el andar así llamaban andar de pescuezete, f;
«Grandes cuadrillas de mineros a pié, de pescuezete con
su cada una i fuertes pelotones de caballería armados de
odres de agua, etc.»
(JoTABECiiE. — El Carnaval.)
PETACA.
Es voz de oríjen haitiano, que se encuentra ya en to-
dos los diccionarios de la lengua, el de la Academia in-
clusive. Arca o caja de cuero, hacia en lo antiguo los ofi-
cios de baúl en las alcobas i de maleta en los viajes. Hoi
las que se conservan (porque ni petacas ni tinajas creemos
que se trabajen nuevas) sirven para el envase i acarreo
de la uva, i otras frutas.
«Pasó luego un hombre arreando dos muías cargadas
áe petacas vacías que seguían el mismo camino que ^yo.»
(Z. Rodríguez. — Loco Eustaquio.)
PETARDEARSE.
No recordamos haber visto en buen autor empleado
como reñejo el verbo petardear en el sentido de engañar-
se ^ sufrir un petardo.
c(Esta era raui elegante
I'de carOi nada fea;
Por cierto se petardea
Quien de la mujer se fia.»
(GuA JARDO. — Los Rempujadores.)
PETATE.
En esnañol, el hombre embustero, esta f ador , desprecia-
ble.
Indicando cierta espepie de estera fma^ es un chilenis-
Pie 369
mo, o mas exactamente, un provincialismo americano,
tan feliz que ha sido adoptado ya por la Academia.
Sobre esta voz dice el señor de Arona:
«Petate. — Así llamamos constantemente lo que en Ma-
drid no se conoce sino con el nombre de estera.)^
«La estera nuestra, es una pequeñísima pieza hecha de
totora (junco o enea) que la jente pobre emplea (o emplea-
ba, pues ya entre nosotros no hai jente pobre i todo el
mundo calza botin de Preville, rueda coche de plaza i
duerme catre) que la jente pobre emplea para tender de-
lante de su cama i a veces por tuda cama (allá en los
buenos tiempos).))
«Hai también esteras de carrizo que sirven exclusiva-
mente para cubrir techos con la respectiva torta de barro. y>
«Hé aquí todas nuestras esteras. En cuanto a las de Ma-
drid, ya lo hemos dicho, no es conocida aquí con otro
nombre que el de petate. yi
PETIPIEZA.
Es un galicismo que espeluzna. Dígase saínete.
PICACENA, PICARSE.
Picarse por ofenderse, enfadarse, provocado de alguna
palabra o acción injuriosa, es castellano, i por consiguien-
te picado, a, para designar al que está enojado. No pue-
de decirse, en verdad, otro tanto de picacena que, como
equivalente de pique, es un chilenismo de tomo i lomo.
Un uso de picarse que no nos atrevemos a señalar co-
mo provincial de Chile, pero que nos parece oportuno re-
cordar aquí, es el que nos muestran estos versos de Gua-
jardo:
ti Se picó a norte la mar
I tanto se enfureció
Que en breve rato creció
I hacia al pueblo temblar.))
[Gran temporal en Valparaíso.)
370 Pie
PICADA (o GRANO.)
Llaman así en los campos la pústula i carbunclo malig-
no, sin duda por haber observado que el desarrollo de
esta enfermedad se debe a la picadura de insectos que lá
llevan consigo por haberse infestado picando a animales
atacados de aquel mal.
PICANA, ANAZO, ANEAR.
Picana, picanazo i picanear son provincialismos chile-
nos.
El equivalente castizo de la primera es aijada (da vara,
según el Diccionario de la Academia, que en un extremo
tiene una punta de hierro con que los boyeros i labradores
pican a los bueyes i a las muías.»
Picanazo, es en castellano aguijonazo.
Piccinear, tiene los equivalentes aguijar i aguijonear.
Equivocóse por lo tanto el señor Gormaz cuando en sus
Correccio7ies propuso a pica i picada como propias para
reemplazar a picana, bien así como erró también propo-
niendo é\ ÍQuévico picar ^ov picanear,
«I viendo que no entraba
El arado en el suelo
Daba de picanazos
Al buei sin agotar su sufrimiento.»
(Daniel Barros Grez. — Fábulas orijinales.)
«I yo arando en el campo^ mi tarea
¿Habia de sacar de mejor gana
Si no me estimulase la picana?»
(Simón Cordovés.— -E/^s/io i el Buei.)
«Para animar o aguijonear los animales de tiro o car-
guío solo será permitido hacer uso de látigo o de aijada
o pica con punta de hierro.»
[Decreto del intendente S, Lira, 23 de abril de 1S58J
Pie 371
PICARON^ ERO, A.
Picaron llamamos, a la chilena, una especie de fruta de
sartén que se asemeja a lo que en España llaman buñue-
los como un huevo a otro huevo.
Picaronero es el que hace o vende picarones.
PIC-NIC.
Palabra inglesa que emplean algunos que ignoran su
idioma. Su equivalente castizo es jira.
«Es un concurrente habitual a las jiras que con fre-
cuencia disponemos.»
(Baralt. — Diccionario de Galicismos.)
PICOTÓN.
El golpe que dan las aves con el pico se llama picotazo:
PICHOLEO, picholear:
Picholeo es chilenismo de uso frecuente entre la jente
de medio pelo. Equivale a zambra^ holgorio (Campoamor
escrihe jolgorio) en que se baila, canta i bebe sin respeto
alguno a las leyes de la etiqueta i aun a veces con mui
poco a las de la moral.
Picholeo se diferencia de remolienda solo en que ésta pa-
rece indicar un grado mayor de familiaridad i descoco.
La remolienda es prima hermana de la orjía: i e\ picho'^
leo es mas próximo pariente del bureo que de ésta.
pichuncha,
Jeneralmente mujer pública, i a veces también manceba.
372 PIF
piduyes;
Del araucano pidillui, lombriz.
Nombre vulgar de los oxiuros vermiculares, ascárides:
pequeñas lombrices que viven en la parte inferior del tu-
bo dijestivo.
Estar con piduyes o tenerlos, se dice figuradamente de
los que no se están quietos en el asiento.
PIE.
Acerca de esta voz hace el señor Cuervo las siguientes
apuntaciones, perfectamente aplicables a nuestro lenguaje:
«Tratándose de árboles i plantas, pié es el tronco i
muchas veces se toma por todo el árbol entero (?) según
se observa en este ejemplo: ciCierto que no es fácil, en
cortijos de veinte o treinta mil pies de olivo recolectar el
fruto con mucho primor.» fOcHOA. — Paris, Londres i Ma-
drid, páj. 175); no significa empero la parte de una plan-
ta que se toma para obtener , otra semejante; esto lleva
distintos nombres según las especies; barbados o siei^pes
son los renuevos o hijuelos que nacen de las raices de
otros árboles a mayor o menor distancia de sus troncos;
esqueje, pimpollo, plantón o rampollo es el cogollo, vasta-
go o rama desgajada; estaca es un tronco de rama nueva,
verde i jugosa, cortada por ambos extremos i a la parte
inferior o raigal con una punta a manera de pluma de
escribir; acodo (i en las vides mucjron, revuelto) es un co-
gollo, vastago o rama que, sin separársele de la planta
madre, se le dobla i cubre de tierra i por la porción so-
terrada brota raices.»
Véase BAJO,
PIFIA, AR.
f
Son castizos ^n'/¿¿z por el golpe falso que se da con el
taco a la bola en el juego de billar^ i pifiar por el acto de
PIL 373
herir a la bola de es.1, suerte. En este último sentido de-
cimos en Chile dar pifia.
Debe tenerse por provincial de toda la América españo-
la, según Salva, el uso de pifia por burla, silbos, mani-
festaciones de disgusto en los que oyen o miran, i pifiar
por burlarse de alguno, silbarlo, darle vaya.
«¡ — Hombre! ¿a quién pifias así
Con tanta furia i tesón?
— El razonar baladí, etc.»
(Z, Rodríguez. — En la barra.)
PIJE.
Véase futre.
PILA.
El aparato que en plazas, paseos o jardines da salida
al agua conducida por cañerías i que se compone las mas
de las veces de alguna estatua i de uno o de varios pilo-
nes, no se llama, como nosotros acostumbramos^ pila, sino
fuente^ según lo comprueban los ejemplos que van en se-
guida:
«Acullá ve una artificiosa fuente de jaspe variado i de
liso mármol compuesta.»^
(Cervantes. — Quijote.)
«Aquella bellísima fuente de lapislázuli i alabastro es
la del Buen Suceso en donde, como en pleito de acreedo-
res, están los aguadores [no aguateros) gallegos i coritos
gozando de sus antelaciones para henchir de agua sus cán-
taros.))
(Guevara. — Diablo Cojuelo.)
«Delante de la iglesia hai un terraplén que da vuelta,
i por cuyo costado se puede asomar el que lo pasea, i ver
una fuente con su pilón que se apoya en el muro, etc.»
(Fernán Caballero. — La Estrella de Vandalia,)
374 PIL
«En la parte central del jardín (de la plaza de Concep-
ción) i dejando a su pié una extensa avenida circular, se
alza una soberbia pila, cuya majestuosa columna soporta
la estatua de la diosa Céres^ etc.»
(Recaredo S. Tornero. — Chile ilustrado.)
, PILILO.
Menos usado que roto, que es el calificativo que sirve de
ordinario para designar a los individuos de la última cla-
se, a los mas pobres desaliñados i zaparrastrosos, tiene
una significación mui semejante.
El provincialismo mejicano equivalente a pililo es lé-
pero .
En cuanto a 7'oto no es un chilenismo como muchos
creen, sino voz mui castiza que, en la acepción mas usual
en Chile, empleó Cervantes i en su tiempo i después mu-
chos notables escritores.
í(Voi al enganche i me engancho,
. Iba un pililo diciendo:
En siete pesos me vendo
No he de valer mas que un cha7icho.y>
(GuA JARDO. — Los Enganchados.)
PILÓN, ona:
De la voz araucana pilun, oreja, hemos formado pilón,
ona, palabra de que nos servimos para expresar que la
persona o animal a que la aplicamos np tiene mas que una
sola oreja.
Ignoramos si hai en castellano algún adjetivo de signi-
ficación equivalente 2i pilón. Solo sabemos que a los tales
se les llama muengos en la isla de Cuba.
«El Tenorio por lo pronto no siente el dolor ni sabe que
queda pilon\ pero un momento después se ve con una
oreja menos i marcha en persecución de la dama.»
(fil Chilote.^Mm. de 13 de marzo de 1874.)
PIN 375
PILLO,
Del araucano pillu, especie de cigüeña.
Por extensión se aplica a las personas flacas i zancu-
das.
En la acepción de picaro, bellaco^ bribón, es castellano,
PINGANILLA,
Relamido, pisaverde, lechuguino. Aplícase especialmente
a los hombres delgados i de pequeña estatura.
También se usa en el Perú:
«¡Qué ño este! ¡Qué pinganilla
Tan liso\ Se me atraviesa
En la garganta el muñeco!
(Felipe Fardo,— Una hitérfaiía en Chorrillos.)
PININO.
Del niño que empieza a sostenerse sobre los pies, deci-
mos nosotros que hace pininos, i decimos mal, pues lo cas-
tizo es pinos, pinicos, pinillos, pinitos.
Los cubanos, según Salva, dicen peninos.
PINTA."
El mineral chancado suele calificarse de tres manera»
según su clase. Pinta es el mas rico, despinte un poco in-
ferior, granzas el mas pobre.
Pintador se llama al panizo o criadero de metal que pro-
mete minerales abundantes i de buena clase.
PINTAR, PINTOR,
Pintor es el pisaverde, la persona afectada en sus ma-
neras, especialmente en el vestir, el pinturero.
376 PIP
Pintar, alabarse a sí mismo, pavonearse, lucir sus tra-
jes con afectación.
Estos dos provincialismos son también corrientes en la
República Arjentina.
ttAh! hembra linda, créalo
I tan pintora, eso sí,
Toda se sangolotió »
(ASCÁSUBI.)
PIPIÓLO, ISMO, AJE.
Mientras los conservadores fueron apadados de peluco^
nes por su:? enemigos políticos, éstos fueron llamados ;?¿/;zo-
los por aquéllos; lo que equivale a decir que pipiólos fué
en la historia de nuestras antiguas luchas políticas el nom-
bre vulgar i despreciativo de los que así mismo se llama-
ban liberales.
El señor Vicuña Mackenna explica así el oríjen de este
apodo en su Diego Portales:
«El nombre de pipiólos se atribuye a los concurrentes
de segundo i de tercer orden que asistían al café del es-
pañol Barrios, situado en la calle Ahumada. Acostumbra-
ban jugar allí malilla los hombres de alguna considera-
ción, i a los mirones o a los que pedian barato les habian
puesto por apodo el nombre de pipiólos, por relación al
grito de pió, pió, con que los pollos parecen solicitar su
grano.»
aEn aquellos tiempos en que una gran parte de la vida
pública se gastaba en los cafés^ donde se reunían nume-
rosos círculos, hubo un chusco que acostumbraba caracte-
rizar a los pipiólos \ pelucones por lo que pedian en el me-
són. Cuando el que llegaba ordenaba al mozo alguna co-
sa de sustancia como jamun, chocolate o coñac, era pelu-
con\ pero si pedia ponche o c'hicha no podia ser sino pi-
piólo.))
Aun cuando lo mejor en materia de apodos es no usar-
los, ja que la mala costumbre subsiste, es preciso reco-
nocer que los de pipiólo i pelucon, tenían sobre los que en
la actualidad usan los guerrilleros de la política la doble
ventaja de ser nacionales i expresivos.
1
I
PIR 377
Pipiolaje es la reunión de muchos pipiólos; pipiolismo^
sus principios considerados como sistema de gobierno.
Ei señor Cuervo dice que pipiólo «ocurre en el libro
intitulado Doce españoles de brocha gorda i vale novato,
bisoño, motolito. y>
PIPÍRIPAVO.
Revesada i bárbaramente decimos que son de pipiripao
vo las comidas, bailes, obras, discursos, etc., de escasa
importancia, insignificantes.
Bárbaramente, porque la palabra no es pipiripavo, sino
pipiripao; i revesadamente porque ella significa lo contra-
rio de lo que con ella damos a entender. \
«Pipiripao. — Convite espléndido i magnífico.»
[Diccionario de la Academia.)
«¿Qué es pipiripaos'^. ^Kú
Lo llaman cuando por rueda
Se van haciendo convites.»
(Tirso de Molina. — El rei Enrique el enfermo.)
PIQUERA.
Vasija de greda, angosta de asiento i ancha de boca,
que enterrada debajo de uno de los picos del lagar, ser-
via i aun sirve en, algunas vendimias para recibir el
mosto.
«Cojen la uva del sarmiento.
Cae el jugo a la piquera,
Lo cuecen, a la enfriadera,
I lo empiezan a beber.»
(Z. Rodríguez. — La Parra i el Podador.)
PIRÁMIDE*
El señor Bello advierte en una nota de su Gramática
que en Chile se usa esta voz impropiamente como mascu^
378 PIR
lina. Cierto que se usa; pero habría sido justo añadir que
solo entre el vulgo, el cual por otra parte, si fuese capaz
de mezclarse en gramatiquerías, podría alegar en su abo-
no mas de una respetable autoridad.
«Que lo que ser solia
Un medio celemín con ataujía
Un pirámide es hoi de tela de oro
I cuestan sus adornos un tesoro.»
[La Gatomaquia, Silva 5.")
«Cuando mas el pirámide se pinta.»)
(BuRGuÍLLos. — Soíieto 83.)
PIRCA.
En quichua i araucano pirca significa pared.
Nosotros la hemos adoptado para denotar la pared que
se hace colocando piedi'as brutas unas sobre otras, sin li-
garlas con nada; o ligándolas a lo mas toscamente con ba-
rro, hasta una altura de metro o metro i medio.
Es voz útil, si como creemos, no tiene exacto equivalen-'
te en castellano.
Pircar es levantar pircas , trabajar en construirlas.
PIRCO.
Del araucano /?¿í/6'í) o ;:)2í^<:tí, guiso de fréjoles cocidos
con maíz i zapallo.
PIRIHUIN.
Del avsiucsino jmdhiiiíi, la sanguijuela indíjena, que suole
ser bebida por el ganado i ocasionarle la enfermedad que
se Ikma el piriJmin.
Matar elpirihuin, es entre los adoradores del Dios de las
vendimias, beber por la mañana el primer trago para ento-
1
PIT 379
5\ar el estómago; lo mismo que los franceses llaman tuer
le ver,
Apirihidnarse un animal, es enfermarse de pirihuin,
PIRQUEN, ENEAR ENERO, A.
Probablemente pirqiieú es el araucano pilquen, trapos^
andrajos.
Pirquenero es en rigor el que trabaja las minas agota-
das, como puede, sin método, i con escasos elementos.
Dar una mina a alguno por contrato para que sea tra-
bajada de esa suerte, es darla a pirquen.
Pirquenear es trabajar de la manera indicada.
Por extensión se llama pirquenero al que trabaja en.
cualquiera industria o negocio con escasos capitales, al
pequeño comerciante, al abogado que no tiene mas plei-
tos que los que desechan por insignificantes los de mas
crédito, etc.
PITAR.
No faltan pretendidos puristas que^ rechazando por
sospechoso el usual fumar, se sirvan exclusivamente del
disparatado humar.
Tanto este como el vulgarísimo pitar deben ser tenidos
por chilenismos.
«Unos salen a las fiestas
A bolsear i a codear puchos.
No compran tabaco ni hoja
I el pitar les gusta mucho.))
(GuAJARDO.— r¿>o a los bolseros de puchos.)
PITILLA.
Como nombre de una planta es palabra castellana.
Téngase, empero, por chilena la significación que le
damos de cierta clase de hilo o cuerda hecha de cáñamo.
380 PLA
PIZCOIRO.
Del niño pequeño, garboso, que se muestra mas ájil e
intelijente de lo que corresponde a su edad, se dice por
elojio i cariño: «¡Es wn pizcoiroJy) ^
Forma i significado indican a las claras que este pizcoi-
ro es de procedencia quichua, .en cuyo idioma pizccoynu,
es el trompo i pizcoytay la peonza.
PLANAZO.
Advertimos a los señores oficiales del ejército i de la
guardia civil, que el golpe dado de plano con la espada,
no se llama planazo sino cintarazo.
PLATA,
■*■
Lo empleamos malamente en Chile i en otros paises d©
América como si fuese sinónimo de dinero,
«¿I qué pierdo yo en que se haga
Este casamiento? Mi hijo
Quiere: el hombre tiene plata.y)
(Felipe Pardo. — Frutos de la educación.)
PLATAFORMA.
Es voz militar (fuerte interior que se levanta sobre el
terraplén de la plaza, i sirve para defender una parte de
la fortificación) que usamos en Chile malamente por tri-
buna, tablado, i afrancesadamente por terrado.
No seguiríamos nosotros en consecuencia el uso que
de la voz aquélla hizo el duque de Rívas en los versos
siguientes:
«De este olvidado convento
Ante la portada misma
En la llana plataforma
Sitio de admirable vista.»
[Recuerdos de un hombre grande ^J
POL 381
PLATAL, UDO, A.
Decimos cada vez que se ofrece: «El fundo ese produ-
ce un platal. Su dueño es uno de los hombres mas ;;/«-
tudos del pueblo.»
Debiéramos decir: «El fundo ése produce un dineral o
un caudal, su dueño es uno de los hombres mas adinera-
dos o acaudalados del pueblo.»
POCHO, A.
Damos a este adjetivo, cuya propia significación es
descolorido, quebrado de color, una que seria difícil ex-
plicar. Si mal no recordamos hemos oido aplicarlo a los
objetos pequeños, recojidos, mas o menos redondos, apa-
rrados, etc. Un guaso decia «que los jardineros gringos
tienen la 7naña de criar todos los árboles pochitos.^t Quería
decir que acostumbraba criarlos, no mui altos ni con mu-
chas ramas, i con un copo mas o menos redondo.
PODER.
«Algunos dan al verbo poder un acusativo o réjiraen
directo, diciendo: tú no me puedes', yo no te puedo, ex-
presiones con que se quiere significar que una persona no
tiene tanta fuerza o poder como otra». (Como para levan-
tar en brazos a otra habria sido mas exacto.) «Se comete
en estas locuciones un solecismo porque el verbo caste-
llano ;? o í/er siempre es neutro, o por lo menos no tiene
otro réjimen directo que los infinitivos: Yo no puedo escri-
bir-, usted pudiera haberme avisado.)-)
(Andrés Bello, artículo publicado en El Araucano en
enero de 1834.)
POLOLO, POLOLEAR.
Del araucano pulomen, especie de moscardón.
tísámoslo ya en ese sentido, ya figuradamente para de«
382 PON
signar a los mozos que acosan a las niñas casaderas ga-
lanteándolas, i que carecen de los medios, o con mas fre-
cuencia de la voluntad de llegar al casorio.
Ejemplo del sentido recto:
« A la hora en que, alejándose las golondrinas en
bandadas, comienzan a salir de entre las tejas los mur-
ciélagos i a revolotear los joololos en torno de los naran-
jos nuevos.»
(Z. Rodríguez. — Loco Eustaquio.)
Del sentido figurado:
((Sucedió que un viejo cholo
A una niña pretendía:
I la madre le decia:
¡Cuenta con ese pololoU
(GuARJARDO. — El Viejo lacho.)
Pololear es andar en las tertulias i saraos de una a otra
niña requebrándolas, no mui a su gusto i con un tantico
de impertinencia.
Nuestros pololos son pequeños abejorros,
POLVO.
No recordamos haber visto empleada por ningún buen
escritor español la frase no vérsele el polvo j o el polvillo a
alguno^ para indicar que ha desaparecido o huido con ex-
traordinaria lijereza.
Véase un ejemplo en la palabra largar.
PONCHO.
Del araucano pontho, manta de tela burda de lana, cua-
drangular i con una abertura en el medio para meter por
ella la cabeza.
El poncho se diferencia de la manta en que aquél es
mas tosco casi siempre i siempre mas grueso que ésta.
Juan de Arona tiene a poncho por peruanismo, i lo*es-
POR 383-
cribe constantemente con bastardilla en sus Poesías pe-
ruanas.
aEntre las ondas de niebla
Un poncho se ve flotar,
Que anuncia jinete rápido
Sobre un caballo marcial.»
Otros ejemplos pueden verse en las pajinas 201, 203 *
309 de la obra citada. •
En Chile el poncho es, entre la jente pobre i campesi-
na, denso mucho mas común que en el Perú; pero ¿se
usa el poncho en España? desde cuándo? i con qué nom-
bre? I si allá se usa, ¿el poncho castellano es un derivada
del pontho araucano, o bien esta voz no es mas que una
corrupción de aquélla?
Buscamos alguna luz en el Diccionario de la Academia
i él no hace mas que aumentar nuestras dudas explican-
do así una do las acepciones de poncho: «Sayo sin mangas
que se pone por la cabeza a modo de casulla.»
«Sigamos i veremos que se reúnen en una pieza aparta-
da con el tio Jerundio i con otros cinco individuos todos:
de poncho i chupalla. y>
(Antonio Espiñeira. — La Casa maldita.)
POPELINA.
Como derivada de la misma raiz que papel, del cual no
es mas que una imitación, debe ser i es papelina. No lo
echen en saco roto los señores comerciantes que hacen
imprimir listas de baraturas, ni los señores correctores que
revisen las pruebas de ellas.
PORONGO.
Cantarito cuellilargo de barro. En ({mámd. purunccu\ en
araucano purunca.
Porongo úsase también en el Perú, según se vé en este
pasuje de Juan de Arona:
384 POR
<d a pesar de esto me he llevado chasco
Pues botella o redoma no es, ni frasco.
Sino largo poro7igo;
Lo que en este momento de su dueño
El paladar remoja i tranquiliza
Con el ardiente liquido pisqiieño.yy
[Poesías peruanas.
POROTO.
Reina la mas completa anarquía entre nosotros acerca
de la mejor manera de designar la legumbre que los bo-
tánicos llaman phaseolus mdgaris.
El vulgo no habla ni quiere oir hablar mas que de po--
rotos; i no faltan algunos que temerosos de ser tildados
de zafios, nos hablen mui seriamente de habichuelas i de
judías.
Entre aquél i éstos la jeneralidad de las personas ilus-
tradas opta por fréjol; pero son mui pocos los que no du-
dan sobre su recta pronunciación i ortografía.
Hemos oido i leido fréjol i fréjol, frijol i frísol. ¿Con
■cuál de ellos seria mas conveniente nos quedáramos?
Prescindiremos de judía i habichuela mui castizas, pero
que parecen definitivamente abandonadas por el uso de ins-
truidos e ignorantes.
Quédannos en consecuencia poroto i fréjol.
El primero es un provincialismo del Perú, Bolivia, Chi-
le i la República Arjentina, i viene del quichua purutu.
Anda en los labios de la jente mazorral como en sus pro-
pios dominios, i allí estarla bien que se quedase, pues la
ilustrada no la necesita.
Siendo uniforme la pronunciación de esta voz i estando
adem-as ella conforme con la de la primitiva purutu, no
podemos explicarnos la causa del error en que cajo el se-
ñor Gay que escribe porroto en su Historia de Chile.
En cuanto a fréjol, debe tenerse presente que la Aca-
demia, que lo tilda de provincial, lo hace grave, i escribe
fréjol. Lo mismo Domínguez.
En Colombia, si hemos de atenernos al vocabulario que
\úene al fin de la María de Jorje Isaacs, se dice frisoL ■
POR 385
Covarr libias^ en su Tesoro de la lengua castellana, es-
cribe pesóles apor otro nombre frisóles o judiguelos.y)
En Chile lo corriente entre la jente educada es pro-
nunciar fréjol. No vemos razón para aconsejar que se
abandone esta acentuación i se siga la que nos indica la
Academia. En efecto, contra la autoridad de tan respeta-
ble corporación podemos invocar, no solo el uso jeneral en
Chile, sino también la etimolojía, pues fréjol viene del
griego phasiolo, por el intermedio del latin phaselus o pha^
siolus, si no mienten Dioscórides (el ilustrado por el doc-
tor Laguna) i Covarrúbias.
Vamos a los ejemplos:
«El valle de Purutum es todavía famoso por el exelen-
te cultivo de sus porotos.)^
(Vicuña Mackenna. — Historia de Santiago.)
«Adelante (dia 6) fexoeSy por fréjoles o judías. En por*
tugues feijoes.))
[Varnhagen, lugar citado en la voz cacique.)
(iRecibí mi ración de frisóles, y)
(JoRJE IsAACs. — María.)
PORUÑA.
Utensilio que no es por lo jeneral mas que un cuerno
de buei partido lonjitudinalmente por la mitad, i que sir-
ve a los bodegoyieros (en español lonjistas) para sacar de
los cajones i poner en la balanza el arroz, la yerba-mate,
el azúcar, etc.
Talvez viene de la misma raíz que porongo.
Hombre de poruña^ de poca importancia, plebeyo, mer-
cachifle.
«The earth or sand is put into a vessel of wood or hora
called poruña which is placed i n a ruming stream.»
(Molina. — ñistory of Chile.)
«Verás, pues, con otros nombres
Los guisos que conocemos
I en platos como puruñas
Conducir los alimentos»
[Lima por dentro i fuera.)
386 POT
POSTRERO, A.
No liai necesidad de advertir que este adjetivo es cas-
tellano i que como tal tiene dos terminaciones: «El suspiro
postrero^ la ;:)osírem mirada del moribundo.»
En Chile úsase también esta voz, vulgar aunque frecuen-
temente, como adverbio i cual si fuese sinónima de des-
pués.
(cMi madre murió prostrero
I cuando a la muerte estaba
Me decia en lo que hablaba:
Hijo si me lleva Dios
Te quedará para vos
La callana en que tostaba»
(GuAJARDO. — La herencia de Don Cristóval.)
POTRERO.
Acerca de esta voz dice el señor Vicuña en su Historia
de Santiago:
((Valdivia hizo un gran cercado en los alrededores de
la ciudad, que se llamó potrero, por los potros que echó
en su recinto bajo el cuidado de un albéitar pagado
por la ciudad, i es curioso saber que de allí vino el nom-
bre que se dio después a los cercados de nuestros campos,
bien que el hecho de llamarse potreros los sitios de cul-
tivo, es una lójica fácil de comprender en nuestro suelo
en que liai tantas cosas, tantos nombres i tanto hombres
al revés.»
Sin salir en defensa de las cosas, nombres i hombres
que pueden existir patas arriba en nuestro suelo, aunque
seguramente no en mayor abundancia que en cualquier
otro, americano o europeo, nos limitaremos a poner en
duda la exactitud de la relación de causa a efecto que el
señor Vicuña señala entre la idea^, no mui rara por cierto,
de don Pedro de Valdivia i el hecho de haberse llamndo
potreros aquí, en la República Arjentina i en las de Boli-
via i el Perú, los recintos mas o menos grandes i bien ce-
PRE 387
rrados que se destinan en las haciendas a la crianza de
los ganados.
El equivalente español de potrero es 'potril i también
dehesa, según puede deducirse del título de la comedia de
Bretón: El pelo déla dehesa. Los diccionarios de la len-
gua hablan de dehesas de potros i de dehesas de yeguas.
«Talvez nace en Paita, talvez en Europa
Talvez en la puna, talvez en Ocopa,
Talvez en potrero, talvez en jardin.)^
(Juan de Aro^a..— Poesías perua?ias.)
prestamista;
r
La misma variedad de acepciones en que se usa presta
(véase emprestar) existe en el sustantivo prestamista, del
cual nos servimos para denotar, ya la persona que da, ya
la que toma prestado. La primera significación prevalece
en la práctica; la segundaes la que le atribuye nuestro Códi-
go de Comercio.
uEl señor Vice- presidente. — Quisiera que se me explicara
por los miembros de la Comisión, lo que significan estas
palabras prestamistas ainteres o descuento.yy
uEl señor Claro, — El señor ministro de Hacienda ha
manifestado ya cual es la significación precisa de las
palabras banco i prestamista. Banco nos ha dicho, es el es-
tablecimiento que da a interés capitales propios i ajenos
que ha recibido en depósito, i prestamista el que presta
o descuenta con capitales propios.»
(Sesión extraordinaria de la cámara de diputados de
Chile de 20 de enero de 1866.)
(cEl que entrega la cantidad se denomina prestador o
dador\ el que \d. vqqa\sqí prestamista o tomador. d
[Código de Comercio, art. 1168.)
«Prestamista.— El que da dinero a préstamo.»
[Diccionario de la Academia.)
«Prestamista.— El que da o toma dinero a préstamo: (se
entiende mas de ordinario por el que lo da.)
[Diccionario de Salva.)
388 PRE
«Prestamista. — El que toma, i mas bien el que da, dinero
préstamo.»
[Diccionario de Domínguez.)
Véase Emprestar.
PRESTAR.
PRETENSIOSO.
Los diccionarios autorizados no traen este adjetivo,
mui usado en Chile i también en España,, como se ve por
los ejemplos siguientes de correctísimos escritores:
«He aquí otra muestra de las frivolidades que el señor
Martínez de la Rosa nos lia dado bajo el nombre preten*
ñoso de poesías.»
{J. M. VlLLÉRGÁS. — Juicio cñtico.)
«siquiera el estilo sencillo i castizo de éste (Riva-
deneira) sea superior al de aquél (CienfuégosJ algún tan-
to hinchado i que se resiente de la época pretensiosa en
que fué escrita.»
(Vicente de la Fuente. — Introducción a la vida del P,
Laínez.)
Es adjetivo bien formado i útil, si bien no del gusto
del señor Baralt^ quien quiere se diga presuntuoso , afec-
tado, vanaglorioso', i aplicado al estilo, tono^ etc., afec-
tado, amanerado, laborioso, pedantesco, altisonante (d mil
otras cosas que seria prolijo enumerar.»
prevenir.
Entre la jente mazorral este verbo se usa por su seme-
jante en forma, aunque mui diverso de significado^ pro-
venir.
«I aquel mal que adolecía
Previno según decia
De tomar agua bendita.»
(GüAJARDO. — La Beata empachada.)
PRO 389
PREVER.
Los verbos compuestos de ver se conjugan como él. Hai
por lo tanto una e demás en los siguientes pasajes:
«La ciencia observa las relaciones de causa i,jefecto que
existen entre los hachos i se esfuerza por deducir de esta
observación fórmulas que le permitan ¡yreveer los fenóme-
nos futuros.»
(Diego Barros Arana. — Traducción de un artículo de M.
Courceile, publicado en La Revista del Paeifico.)
«puede preveer las consecuencias de tal i tal acto
o preveer los hechos venideros.»
(id. id.)
PRODUCIDO.
El caudal que se saca de alguna cosa que se vende o ex-
plota no es q\ producido de ella, como muchos dicen, sino
su producto.
PROPIO (lo.)
La locución, tan usada entre el vulgo, lo propio, por lo
mismo, igual cosa, otro tanto, no es castiza.
«En la Francia fué Calvino
Quien a la Iglesia dio guerra
Lo propio hizo en Inglaterra
Enrique VIII, etc.»
(GuAJARDO.— £'/ Protestantismo.)
¿Debe reputarse también como un provincialismo el uso,
tan corriente en varios paisos de América, de propio por
correo'^ — Si, hablando en rigor, porque en castellano pro-
pio es solamente ael correo de a pié que se despacha para
llevar cartas de importancia;» i nó, porque sin mucho es-
fuerzo ni violencia, ha podido pasar a denotar al correo de
a caballo que se despacha extraordinariamente para dar
390 PRO
una noticia, llevar comunicaciones con gran rapidez, que
es lo que entendemos cuando decimos: «Ha llegado \xn pro-
pio de Mendoza trayendo noticias de importancia al señor
Ministro plenipotenciario de la República Arjentina en
Santiago.))
El señor Paz Soldán i Unánue (Juan de Arona) cree que
propio en^l último caso es un peruanismo, como lo da a
entender la bastardilla con que lo hizo imprimir en este
pasaje: .
aLas espuelas le arrima
I parte como un cohete
Que el singular jinete
Iba de propio a Lima.
[Poesias peruanas,)
PROVISORIO, A.
Acerca de esta voz, que usamos como si provisional no
existiese en los diccionarios i buenos autores, escribe el
señor Cuervo:
«Si se compara provisorio con los demás adjetivos de
igual formación, como oratorio, atestatorio, infamatorio ,
consolatorio, adulatorio, etc., se colije que el significado
que le corresponde es el de propio del provisor, que le per-
tenece, o que conduce a proveer, sirve para ello; de suerte
que sin pisca de razón se le atribuye el de provisional ^ov
americanos i españoles. Es tomado del francés i la Acade-
mia no le ha dado el pase. Con razón, pues en los recien-
tes alborotos de España dijeron gobierno provisional, que
no provisorio. yy
«La nación huérfana i privada de su buen Reí, erijia un
gobierno provisional.))
(JovELLÁNOs. — Memoria que diiñjió a sus compatriotas,
pte. I, art. I.)
La opinión anterior, mui respetable en sí misma, lo es
tanto mas cuanto que se desprende de la doctrina que es-
tablece Monlau en su Diccionario etimológico, páj. 117.
I
PUCII 391
PUCHAS.
Antes de tener conocimiento de los apuntes con que al-
gunos amigos han tenido la bondad de ayudarnos a com-
pletar i rectificar lo que vamos escribiendo, teníamos a la
interjección vulgar ¡pucha! o ¡puchas! señalada como un
provincialismo chileno i advertíamos que ella se empleaba
unas veces para denotar alegría o entusiasmo i otras enfado.
Del primer uso habíamos copiado el siguiente ejemplo
de Ascásubi:
«/E/¿ pucha! si es un encanto
Ver los diferentes lances^ etc.»
[La Hierra.)
Del segundo, este otro:
«Sintió en la cara entonces el tunante
Llover con furia^ i al sentirlo dijo:
— ¡Eh puchas hoo! con el gotear prolijo,
Oiga Ud. que me lluevo, vijilanto^
(Z. Rodríguez. —jE"/ Borracho.)
Mas ántojósele por malos de nuestros pecados a un ami-
go aconsejarnos leyésemos la escena V, acto II de la co-
media de Tirso de Molina La Villana de Vallecas, i ved
ahí por tierra el edificio que impremeditadamente había-
mos levantado sobre un cimiento de arena.
Dice doña Violante en el lugar citado:
«¡Oh hí de pucha!
¿I qué queréis ver con ella?»
¡Pucha! no es en resumen un provincialismo americano,
sino un vocablo castizo aunque tan bajo i grosero del
otro como de este lado del Océano.
PUCHO.
Es voz tomada del quichua en cuyo idioma pucha signi-
fica sobras f dcsperclicios, residuo.
392 PUCH
Úsase por tofla clase de personas en Chile, las repúbli-
cas del Plata, Bolivia i Peri:^ ya para denotar la cola que
queda i se tira después de fumado el cigarro, ya para
ponderar lo poco en que se estima una persona o cosa.
Juan de Arona, que la trae entre sus peruanismos i que
se ha servido de ella en sus Poesías^ la declara una voz
útil para evitar los rodeos que su eliminación haria ine-
vitables [punta, cabo, cola, colilla áe cigarro.)
((Una sonrisa
De mi desden es mucho
Para tí que no vales ni aun el pucho
De un pésimo cigarro.»
Así cierto pinche de cocina, elevado sucesivamente a
municipal, diputado i senador, apostrofa en una comedia
de Segura a su antiguo amo.
También nos atrevimos nosotros a emplear la palabra
de que tratamos, en la traducción que publicamos en La Es-
trella ele Chile de algunas de las sentencias o máximas
del poeta latino Publio Siró:
«Ser bueno importa mucho,
Ser tenido por tal importa un pucho.y)
Audacia grande sin duda, pero no tanto como la que
necesitó nuestro compatriota don Guillermo Matta para
hacer un ensayo semejante con el bárbaro chivateo (véase
esta voz); ni con mucho comparable al feliz desenfado con
que un vate arjentino dio hospedaje en el Parnaso al
humilde pucho ennobleciéndolo en su afamada canción El
Cigarro, cuya penúltima estrofa es así:
((¿Qué nos dejan en sus huellas
La grandeza i los honores?
Por la paz hondas querellas,
Los abrojos por las flores:
La patria al que ha perecido
Desprecia como aun zamarro
Como yo arrojo i olvido
El pucho de mi cigarro.»
PUN 393
PULPERÍA, ERO.
Consignamos aquí estas dos voces, no embargante que ellas
se encuentren adoptadas ya por la Academia, significando
la primera venta, ventorrillo ^ lonja, i la segunda, vente -
ro, lonjista, tanto por ser orijinarias de la América
Meridional;, cuanto para poner a la vista del lector la cu-
riosa etimolojfa que de ellas trae Garcilaso en sus Co-
mentarios reales, (libro G."* cap. 20 de la segunda parte)
donde dice: «Que cada dia habia muchas pendencias sin-
gulares, no solamente de soldados principales, sino tam-
bién de mercaderes i otros tratantes, hasta los que llaman
pulperos', nombre impuesto a los mas pobres vendedores,
porque en la tienda de uno de ellos hallaron vendiéndose'
un pulpo. y)
PUNA.
En quichua puna es la sierra, tierra fría, páramo.
Usámosla, i mas que nosotros los peruanos en esa acep-
ción, pero principalmente para denotar la incomodidad
(hielo, sofocación con dolores en las piernas) que experi-
mentan los viajeros en los lugares mui altos de la Cordillera.-
«En las altas rejiones de la. puna
Do el albo o cúntur silencioso reina
De estos hilos de plata está la cuna."»
(Juan de Arona — Poesías peruanas.)
«Pocas sus frases son^ pero oportunas
I su rostro descuella con el brio
I con el no aprendido señorío
De la ájil señorita de las punas;
Lo que quiere decir que la tal dama
Se parece a una llama. y)
(Id. id.)
Véase apunarse.
394 PUY
PUNTADA.
Decimos mal por punzada, que es dolor agudo i fijo en
alguna parte interior del cuerpo.
PUQUIO.
Dice Juan de Arona que esta voz es quichua (piiqiuy
manantial) i así debe de ser, por mas que no yenga en los
diccionarios de esa lengua que tenemos a la mano.
<(La materia remota de este sacramento (el bautismo) es
el agua natural, bien sea del mar, rio, pozos^ fuentes, pu^
quios o de lluvia, eÍQ.\
(Donoso.— il/¿z72wa/ del Párroco americano.)
También se usa en el Perú puquiales.
PURO.
Por no fijarse lo bastante en que cuando puro modifica a
adjetivo, es adverbio, i por consiguiente invariable, caen
algunos en el grosero error de escribir i decir: «La majo-
ría que tiene el gobierno es grande; pero se ha hecho de-
rrotar de pura indisciplinada», i cosas por el estilo.
La misma falta^ en casos análogos, suele cometerse en
el uso de medio,
«Entre mis faltas tenia ésta, que sabia poco de rezado i
de lo que habia de hacer en el coro de puro descuidada.»
(Santa Teresa. — Vida.)
PUYA.
Por expresión aguda i picante dicha con prontitud, es
castellano.
PÜY 395
Tengo, empero, por chilena la locución darjniTja, que usa
la plebe, ja como una interjección para animar a los que
riñen, ya para expresar el acto mismo de reñir.
«Después llegó la patrulla
Haciendo parar el canto
I ellos se enojaron tanto
Que se formó una gran bulla:
Comenzaron a dar puya
Quebrando hasta las clavijas, etc.»
(GuA JARDO. — Un Lazo de verijas.)
Talvez dar puya no es mas que dar púa, ya que llama-
mos 'puya a la púa del trompo.
I
Q
QUEBRADA.
No acertamos a adivinar la razón que el autor de las
Poesías peruanas habrá; tenido para incluir esta voz entre
las provinciales del Perú, en la acepción de hendedura o
abertura de la tierra, ora sea en los valles ora en las mon-
tañas. Cierto que en esta acepción parece mas propia la
palabra quiebra; pero entre ella i quebrada hai tanta se-
mejanza que no nos creemos autorizados a calificar ésta
de chilenismo, bien que la usemos nosotros mas o me-
nos como aparece en los siguientes pasajes de Juan de
Arona:
(íAbrese allá una quebrada
Que mi vista errante fija
I es una triste morada
Desde donde la mirada
Ve el sol por una rendija.»
«De la quebrada en el fondo
Serpeando el rio va
Con pausada, perezosa
I estridente majestad.»
«Cuando en gárrulas banda.""-"^
Al arreciar el verano,
Deja por el fresco llano
Las sofocantes quebradas.^)
if<Quebraday) dice Covarrúbias «es tierra desigual;» si bien
la Academia agrega «i abierta entre montañas, que forma
398 QÜI
algunos valles estrechos» i el señor Cuervo advierte to-
marse «también por lo mismo que quiebra o hendedura de
la tierra.»
c(En aquel mesmo instante pareció por entre una gue^
hrada de una sierra, que salia donde ellos estaban, el
mancebo que buscaba.»
(Cervantes. — Quijote.)
«Por una espesa i áspera quebrada
Que en medio de dos lomas se hacia
La bárbara canalla etc.»
(Ercilla.— Zí¿ Araucana.)
«El suelo áspero en unas partes i en otras cerrado de
árboles i de maleza, no se dejaba hollar sino por las que-
bradas que los arroyos hacian.»
(Quintana. — Vida de Francisco Pizarro»)
En el sentido de este último ejemplo oímos usar en
Arequipa la palabra quichua lloclla (según la pronuncia-
ción yoglia) que es onamatópica i remeda el ruido que for-
de el agua al bajar por la quebrada golpeándose entre las
piedras de su lecho.
Salva dice que quebrada es provincialismo de la Améri-
ca Meridional equivalente a rambla, pero se equivoca. Ni
en el Perú ni en Chile la hemos oido usar en tal sentido.
QUILTRO.
Provincialismo chileno cuya etimolojía no hemos podido
averiguar, si bien es de sospecharse nos venga de Arau-
co. Sírvenos para designar al perro pequeño, bullicioso i
de mala raza, al mismo que en español se llama gozque i
gozque] o.
«El rei de España es un jenerosísimo lebrel que pasa
acaso solo por una calle i no hai gozque en ella qué a la-
drarle no salga.»
(VÉLEZ DE Guevara. — El Diablo cojuelo.)
k
QUI 399
Don Francisco de Quevedo dice en alguna parte:
ccSi gozques todos me ladran
Yo quiero ladrar a todos;
Pues que me tienen por perro,
Mas yo los tengo por porros.»
QUIMBA.
Muchísimo mas usada en el Perú que en Chile, por pi-
rueta, cabriola, movimientos exajerados que se hacen en
el baile doblando el cuerpo, guaina, guaragua.
«Mas no es bella cabriola,
No es elegante quimba lo que veo^
Sino respingo innoble i deslucido,
Sino corcovo desairado i feo.»
(Juan de Arona. — Poesías peruanas.)
QUINCALLERÍA.
Asegura el señor Gormaz en sus Correcciones lexigrcífi-
cas que esta voz no existe i debe reemplazarse por quin-
quillería ^ i cierto que se engaña.
«QUiNCAiLLERiE. — S. f; — Quincallcria, el comercio de
quincalla.»
[Diccionario francés español i español francés de Martí-
nez López.)
«QUINCALLA, QUINCALLERÍA, QUINCALLERO. — Del fraUCCS
quincaille, quincaillerie , quincaillier, que algunos escriben
clincaille, clincaillerie, clincaillier, formados del verbo an-
ticuado clinquer, como trincar, sonar, hacer ruido, un rui-
do parecido al que hacen los utensilios de hierro o peda-
zos de metal revueltos dentro de un saco, i al que hacen
también los artículos de c¡uincalla. Clinquer se formó del
alemán kleingen, que significa lo mismo, i uno i otro
verbo tienen mucho de onomatopeya.-»
(MoNLAU. — Diccionario etimolojico . )
400 QUI
QUINCHA, AR.
En quichua khinchay carrizo ^ seto, barrera, cerca.
Palabras de uso mui jeneral en los campos, donde se
denota con la primera la pared delgada o tabique de colí-
húes, vardascas, ramas, etc., ya sea que se amarren o cla-
ven en el suelo, ya que ademas se unan i cubran con ba-
rro; i por quinchar la acción de trabajar quinchas o de ce-
rrar con ellas.
La quincha es la pared ordinaria de los ranchos de los
inquilinos i de las rucas de los indios. Sobre la solidez de
tales paredes i su eficacia para impedir que entren i salgan
el viento, las ratas, los perros, i aun los bípedos, pue-
den dar una idea los siguientes versos del poeta popular
Guajardo, en que describe una chamusquina de arrabal:
«Comenzaron a dar pulla
Quebrando hasta las clavijas:
Las niñas por las endijas
De la quincha se libraron,
I al guaso me le robaron
Hasta el lazo de verijas. »
Este provincialismo nuestro, como casi todos los que
traen su oríjen del quichua, es también usado en Perú.
«Hecho de peruana quincha
Que es pared de barro i caña,
Entiéndase, no la dulce.
Sino la que llaman brava
I Gynerium sagittatum
En términos de botánica.
Un rústico rancho surje,» etc.
(Juan de AnoNk.^Poesias peruanas.)
De pata en quincha, es frase mui significativa i decido-
ra. Una diversión de pata en quincha es una zambra, jara-
na, remolienda en que se gasta gran desenvoltura, o por
lo menos en que se echan las reglas de la etiqueta, cuando
no de la buena educación, debajo de la mesa. Una tona-
Qül 401
da de pata en quincha, es una de aquellas que por el tono
en que se canta i por el asunto de sus versos es propia de
las ya bosquejadas jaranas. Probablemente esta singular
frase se orijinó de la costumbre que tienen los lachos que
asisten como espectadores a las chinganas, de pasar por
sobre el pescuezo del caballo una de las piernas para que-
dar sentados a mujeriegas i afirmar en seguida los pies en
los atravesaños de la quincha, a fin de oir así con mas co-
modidad i atención, las tonadas que son mas de su agrado.
Los tejidos de varillas semejantes a las quinchas de
nuestras carretas se llaman en España adrales; las pare-
cidas a las quinchas de nuestros ranchos, zarzos, cuando
no llevan barro.
QÜINTRAL.
Llamamos así a las plantas parásitas que los botánicos
designan con el nombre de lorantáceas, especialmente al
. loranthns verticillaíus .
Su nombre castizo es muérdago o liga,
Aquintralarse un árbol, cubrirse de quintral.
QUINO^ AR, ADO, ADURA.
Del quichua kquiñuni, horadar, agujerear.
Quiño es uno de los muchos juegos en que se divierten
[los niños con el trompo. Consiste en que el trompo del que
lierde reciba cierto número de puazos [quinazos] del ga-
lancioso. Se divide el quiño en bravo i manso. El trompo,
ídespues de haber soportado tan dura prueba, queda lleno
¡de pequeños agujeros, o a la chilena quinado, lleno de qui-
^laduras. También se llaman quinadas las caras de los que
lan sufrido la viruela.
QUIRQUINCHO.
Del quichua quirquinchu, el armadillo.
ijomo un quirquincho, hemos oido decir para ponderar
402 QUI
el carácter violento o la bravura de alguna persona; i es
a todas luces disparatada locución, pues tenemos al bicho
cuyo nombre hemos puesto al frente de este párrafo por
uno de los mas pacíficos e inofensivos cuadrúpedos.
QUISCO^ UDO, A, QUISCA,
Nombre el primero probablemente quichua, con que de-
signamos a multitud de plantas indíjenas de la familia de
las cácteas, [cei^eus quisco, cereiis peruvianus, cereiis ebiir-
neuSy cereus chilensis, etc.
Quiscas son las espinas agudas, rectas, de dos a tres
pulgadas de lonjitud, de que estos arbustos están cubiertos.
Quiscudo, se dice del hombre de cabellos gruesos i tie-
sos, a semejanza de quiscas.
R
RABÓN, ONA.
Es castellano cuando indica por antífrasis al animal que
teniendo rabo se lo han cortado.
Es chilenismo cuando se usa para indicar al hombre o
mujer que está sin calzones ni otro vestido que camisa*
Equivale entonces a cgíi el rabo al aire.
La palabra rabona suele emplearse también como sus-
tantivo^ i es entonces apodo con que se nombra a las mu-
jeres o mancebas de los soldados, que los siguen en sus
campañas^ i en esta acepción es de uso mas frecuente en
Bolivia que entre nosotros, .donde lo común es llamar a las
dichas mujeres machucadas, aludiendo a lo que se maltra-
tan i machucan en los viajes.
«En los cuerpos bolivianos, )5 dice don José D. Cortés,
«es la mujer del soldado, aunque no siempre lejítima, pues
hai muchos que dejan a ésta en sus pueblos i toman a la
rabona que viene a ser la mujer en campaña.»
«En los cuerpos bolivianos no hai cantineras ni son
precisas, d^sde que cada soldado tiene una sirvienta que
le prepara la comida en marcha, en los campamentos i
cuarteles.-»
«La rabona es tan sufrida como el soldado; lo sigue a
todas partes i lo acompaña en sus marchas por largas i
penosas que sean; el soldado que soporta con paciencia to-
da fatiga no soporta la falta de su rabona; cuando algunas
veces' los jefes han querido impedir la compañía de esas
404 RAM
mujeres lian notarlo que el soldado estaba violento i que
las deserciones eran considerables.»
[La República de BoHvia,)
Por lo demás rabona viene sin duda de rabo, i no es
mas que el adjetivo rabón, a, sustantivado en la acep-
ción chilena de desnudo, en camisa, con el -rabo al aire.
Se engaña en consecuencia, el señor Vicuña Mackenna^
cuando da a entender que el vocablo de que tratamos trae
su oríjen de robar, en las siguientes líneas de su Historia
de Santiago: «Cuando los soldados volvían a las fronteras
después de invernar en Santiago, se llevaban muchas in-
dias robadas i seducidas^ i de aquí las rabonas.y>
RAJAR.
Tenérnoslo por chilenismo en la acepción de hablar mal
de alguno, desacreditarlo, censurar acremente su con-
ducta.
(cPero si hai algo contra mí, échenlo a la calle, tírenme
o rájenme con justicia o sin ella; mas ¿por qué la ha de
pagar la cosa pública?»
(Carta de Portales en el D. Diego Portales de Vicuña
Mackenna.j
RAMADA.
Esta voz tiene en el Diccionario de la Academia la nota
de anticuada. Lo usual en España es llamar eriramada
el cobertizo hecho de ramas de árboles para sombra o
abrigo.
En Chile no conocemos otra acepción de enramada que
el conjunto de ramas de árboles, espesas i entrelazadas
naturalmente', a las constrúccionesde ramas cualquiera
que sea su objeto (sec ar los duraznos, servir de albergue
a los chacareros durante la época de las cosechas, de rus-
tica tienda para vender licores o comestibles, para cantar i
bailar en las fiestas cívicas, para matar a los animales i be-
RAM 405
neficiar la carne en las haciendas) las llamamos invaria-
blemente ramadas, i así las llaman también peruanos i ar-
jentinos.
«O que te agarre la noche
En el despoblado siempre
I sin techo ni ramada
La pases a la intemperie,
I ni el lejano ladrido
De los perros te consuele.-»
(Juan de Arona. — Poesías peruanas.)
«Venia clariando al cielo
La luz de la madrugada
I las gallinas al vuelo
Se dejaban cair al suelo
De encima de la ramada.y>
(AscÁsuBi. — La Madrugada..)
Ramada es voz castiza, útil, i por consiguiente digna
del rejuvenecimiento que ha experimentado en América.
RAMO.
Ramo de flores, por ramillete, parece a primera vista
un chilenismo, pues los diccionarios no lo traen en esa
acepción. Empero,, si nuestra práctica no aparece autori-
zada por la Academia, lo esta por el ejemplo de mui co-
rrectos escritores.
«I un ramo quise hacer, i fui escojiendo
En el gayo pensil las mas hermosas.
El clavel i el jazmin entretejiendo
Con jacintos, ranúnculos i rosas.
I como el ramo espléndido tejia, ^íí:,.^}
(García de Quevedo. — E/ Proscrito.)
«Llevaré de camino un ramo de flores para la reina; lo
mejor de mi estofa. Voi a cojerlas.»
(Hartzenbusch.— J««;i délas Viñas.)
406 RAN
RANCHO, ERIA.
Jeiieralmente se cree que rancho, en la acepción de
choza, cabana pajiza, es un provincialismo americano.
El señor Vicuña Mackenna, que no- participa de esa opi-
nión común, dice^ a propósito de la voz de que tratamos,
lo siguiente en su Historia de Santiago:
«No es esta una expresión americana como pudiera creer-
se, sino una aplicación de la palabra rancho que los mili-
tares españoles usaban por comida, i como ésta la encon-
traban los conquistadores o la preparaban en las habita-
ciones de los indíjenas^ le dieron este nombre. Ranchear^
por esto, en los historiadores antiguos es sinónimo de fo-
rrajear.»
En el caso presente, como en otros varios que hemos
considerado^ el señor Vicuña da pruebas sin duda de
su fecunda inventiva para explicarse laetimolojía de nues-
tros provincialismos con hipótesis cuya verosimilitud no
negaremos; pero de que no es lícito echar mano sino a
falta de todo dato positivo. En efecto^ que la comida de
los soldados se llamase rancho i que ésta la encontrasen o
la preparasen aquéllos en las rucas de los indios, no es ra-
zón bastante para afirmar que nuestra acepción de rancho
es solo una traslación a las cabanas del nombre de la co-
mida que en ellas se encontraba o preparaba.
Lo mas seguro es que el llamar ranchos a las chozas
no sea una invención americana, sino simplemente la con-
servación de una palabra que en España hace ya mucho
tiempo que ha dejado de usarse en la acepción de cabana,
i cuyo uso parece que nunca llegó tampoco a ser jeneral
en la Península.
Si así no hubiese sido, no leeríamos en Cervantes:
ccLuego, hallando esta verdad, habéis de dejar la casa
de vuestros padres i la habéis de trocar con nuestros
r anchos. yi
[La Jitanilla.)
«Desembarazaron luego un rancho de los mejores del
aduar.»
[Id.)
RAN ' 407
Otro ejemplo de rancho, tomado por aposento, vivienda
de jente ruin, trabajada toscamente, mal i por mal cabo,
encontramos en el capítulo XVI del tomo I de El Quijote:
«Retiróse el ventero a su aposento, el arriero a sus en-
jalmas, la moza a su rancho\ solo los desventurados D.
Quijote i Sancho no se pudieron mover de donde estaban.»
Es verdad que el Diccionario de la Academia no trae
entre las diversas acepciones de nuestra voz la que pa-
rece teñeron los anteriores ejemplos; pero explicando el
sentido del verbo ranchear dice: aFormar ranchos en al-
guna parte o acomodarse en ellos.»
En resumen, parece que en lengua jitanesca rancho
equivalia a barraca, choza o habitación rústica^ que es lo
mismo que signifíca entre nosotros.
Ranchería es el conjunto de ranchos, que en español se
llama aduar, debiendo sí notarse que aduar lleva envuel-
ta la idea de un establecimiento movible, idea no expre-
sada por ranchería.
((He mandado que me tomen un rancho que me costará
doce pesos anuales i allí estaré contento: me mantendré
con 30 pesos al mes (lo que también entra en el cálculo),
viviré sano, concluiré todas mis cuentas atrasadas i so-»
bre todo dirijiré i veré todo lo que haya que hacer en el
Rayado.»
(Carta de Portales, en el D. Diego Portales por Benjamín
Vicuña Mackenna).
«Se apronta para inundar
A toda la ranchería
A ver si la policía
Lo impide o lo va a estorbar.»
(GuAJARDO. — El rio Mapocho.)
«Ya los ranchos do vivieroni
Presa de las llamas fueron.»
(Esteban Echeveriiía. — La Cautiva.)
«La huaca antigua que en silencio ahora
Corona humilde rancho de totora», etc.
(Juan de Arona. — Poesías peruanas.)
408 HAS
RASCARSE.
Otro verbo que agregar a los miiclios coa que capri-
diosamente designa el vulgo la acción de embriagarse^
emborracharse, (apuntarse, tiznarse, picarse, encufifai^se,
mamarse, curarse, alegrarse, etc.)
El sustantivo correspondiente a rascarse es rasca, em-
briaguez.
«Síguenle unos cuatro amigos,
Compañeros de sus rascas,
A media rienda», etc.
(Huérfano.)
«Despertó como sintiendo
Que le estaban dando guasca:
i Maldita sea la rasca!
Iba un pililo diciendo.))
(GuAJARDO. — Los Enganchados.)
RASPA, EAR, ON, AZO."
Úsase familiar i vulgarmente raspear por reconvenir,
rehir, increpar, reprender, con lo cual casi hemos decla-
rado que raspa será reconvención, i raspón o raspazo una
violenta o acerba reprimenda.
Sobre el sentido de la locución raspar el cacho, véase
esta voz en el lugar correspondiente.
«Por eso amigo, aunque te enfades
I me eches una tras otra raspa,
En todo tiempo i a todas horas,
Llueva o no llueva^ ando con capa.))
(Z. Rodríguez. — Ando con capa.)
(cl cuando frunza el profesor el ceño
I me eche un buen raspón
Tu rizo besaré con mas empeño
Henchido de emoción.))
(Id. — Adiós del colejial a las vacaciones.)
RAT 409
RASTROJO.
¿Qué llaman en el Perú rastrojo? No lo sabemos de
cierto, aunque estándonos al sentido que muestran los
versos del señor Paz Soldán que copiaremos en seguida,
parece que lo mismo que en Chile^ por allá llaman así, tan-
to los residuos que quedan de una sementera después de
cosechada, como el terreno mismo en que quedan esos
rastros.
Si nuestra presunción concordase con la realidad de
las cosas, no habria tenido razón el ilustrado au-
tor de las Poesías peruanas para incluir la voz de que tra-
tamos en la lista de peruanismos que puso al fin de su
obra. En efecto, que rastrojo significa castizamente «el re-
siduo de las cañas de la mies que queda en la tierra
después de segar» es cosa que certifica el Diccionario de
la Academia; i si eso es rastrojo en su primitiva signifi-
cación, ¿cómo calificar de provincialismo el aplicarla al
cam^ que, después de la siega, queda cubierto con los re-
siduos de las mieses? Para que ello fuese acertado en el
caso presente seria preciso sostener que no podemos los
americanos usar de la figura que llaman los retóricos
sinécdo que, ni de ninguna otra, sin dar oríjen a un provin-
cialismo.
«i Oh inevitable i anual despojo
Del mas bello i feraz cañaveral!
¡Cuan despoblado, estás^ pobre rastrojo
Desnudo, calvo, sin color trivial!»
Por otra parte, no faltan buenas autoridades que lejiti-
men la acepción que damos a rastrojo. Presciniiiendo de
que la etimolojia la abona, pues rastro es la señal que de-
ja en el suelo la cosa que se lleva arrastrando, Covarrú-
bias dice expresamente: «Rastrojo. —La tierra después
de segada la mies.»
RATA.
Véase laucha.
ti
410 REA
RA.UDAL.
Raras veces aciertan los viajeros a dar su nombre cas-
tellano a la corriente rápida e impetuosa de los rios, o á
los puntos de su curso en que la corriente presenta esos
caracteres. Lo común es emplear en casos tales la pala-
bra raudal, de significación raui diversa. A las veces sue-
len los tales, máxime siendo ingleses o franceses, servirse
de la rápida, que si se parece bastante a la que en
las lenguas de Shaks voz peare i de Moliere indica el objeto
de que se trata, tiene el inconveniente de no ser caste-
llana.
En cualquier buen diccionario francés-español puede
verse que la palabra castiza equivalente a rapide es recial^
i que esta es por lo tanto la que traduce con propiedad
el rapid de los ingleses.
oSans les nombreux rapides du Rio de Madeiras.» — "
fD'ORBiG^NY. — Vogage dans V Amérique méridionale.)
«En este punto el rio era mas ancho, la corriente entre
seis i ocho millas; en los rápidos era incalculable, porque
solo nos ocupábamos en la maniobra cuando pasábamos.»
(G. E. Cox. — Viaje en las r ejiones setentrionaks de la
Patagonia.)
Parece que en Centro América llaman a los reciales
chiflones.
«The river, however^ above the coast alluvions has a
powerful current and is interrupted by rapids called
chiflones. y)
(E. G. Sqüier. — The States of Central América,)
REALENGO, A.
^ Parece que realenga significó en lo antiguo lo pertene-
ciente al rei; i que andando el tiempo pasó a denotar
aquellas propiedades que por ser del patrimonio real o de
ciertas órdenes privilegiadas estaban exentas del pago de
eontribucionesr
REA 411
Entre nosotros una hacienda realenga es aquélla sobre
la cual no pesa, ni censo, ni hipoteca, ni ningún otro
gravamen.
REASUMIR, RESUMIR.
Cansados estamos de observar el uso impropio que aun
ias personas ilustradas suelen hacer de los verbos puestos
al frente de este párrafo.
Casi no hai diputado ni senador que antes de dejar la
palabra, no crea del caso reasumir su discurso. Es un
error grosero que prueba la utilidad del estudio de la lexi-
colojía, completamente descuidado en nuestros colejios,
solo porque el señor Bello prescindió de ella en su Gramá-
tica.
Reasumir (re-asumir) es, como los elementos lo indican,
volver a tomar lo que antes se tenia o se habia dejado.
Resumir (del latin resumere) es recopilar, hacer resu-
men, reducir a compendio.
Equivocóse, pues, sin duda por distracción, el erudito
don Agustín Duran cuando en la pajina doce del prólogo
que puso a su Colección de romances castellanos tomo I
escribió: «En este sentido i con estos modelos escri-
bieron los italianos, con mas o menos felicidad, aque-
lla multitud de poemas caballerescos, precursores del
Orlando furioso, en el cual se reasumieron todos los ele-
mentos compatibles de la poesía clásica con la romántica,
hija del estado social de los siglos medios.»
¿Que mucho que el señor Vicuña Mackenna, cuya pluma
corre siempre a galope, escribiera en la páj, 358 del to-
mo II de su Diego Portales: ^Reasumiendo , pues, para
concluir, i apartando a un lado el criterio minucioso de
sus virtudes,)) etc.?
Pongamos ahora dos ejemplos que muestren el propio
i castizo uso de los dos verbos que consideramos:
«Enciso, a quien, por el título de alcalde mayor que te-
nia de Ojeda, competía el mando en su ausencia, lo rea-
sumió, i ordenó dar la vela para Urabá.))
(Quintana. — Vida de Balboa.)
412 REC
«Pido que atenta oreja me sea dada,
Que el cuento es grave i atención requiere,
Para que con curiosa i fácil pluma
Los hechos de estos bárbaros remma.yi
(Ercii^la. — Araucana.
REBOSADERO.
Es en castellano el paraje por donde rebosa algún lí-
quido.
Nuestros mineros designan con esta palabra el mineral
que existe en depósitos mas o menos grandes, sin rumbo
ni forma de veta. El llamarlos así provino sin duda de
que se imajinaron ver en cada uno de esos depósitos un
manantial inagotable en que el codiciado metal salia a
borbotones; lo que es audacia propia de una imajinacion
de minero.
RECAUDO, ERO, A.
Recaudo llaman las verduleras i fregonas a las legum-
bres que se ofrecen en venta en los mercados.
Las vendedoras de éstas son las recauderas.
«Pasemos al recaudero.
Fruteros i pescadores.
Polleros i vendedores
De perdices,)) etc.
(GuAJARDO. — De todas artes.]
RECIÉN,
«Recientemente se apocopa en recien antes de partici-
pios; un pais recien poblado, un niño recien nacido, los
recien llegados.))
«Es una corrupción emplear esta apócope con verbos
como hacen algunos, diciendo v. gr. (xrecien habíamos lle-
gado;» (¿.reden estaba yo despierto;)) (precien se descubrió
REC 413
el Nuevo Mundo^ etc.» En este último ejemplo hai ade-
mas la impropiedad de emplear a recientemenl en el sig-
nificado de apenas.)}
(Bello. — Gramática castellana.)
Véanse aquí ejemplos que muestran lo común que es in-
currir en la falta que el señor Bello censura:
«La fria urbanidad de las primeras relaciones entre
hombres que recien se conocen.»
(A. Blest Gana. — El ideal de un calavera,)
«Manuela recien entró a la iglesia.))
(Moisés Vargas. — Lances de Noche Buena.)
'<Sola quieres marchar! Pobre paloma
Que recien dejas el materno nido.»
(C. WÁLKER Martínez. — Manuel Rodríguez.)
üRecien la aurora serena
Refleja en el horizonte.»
(Florencio Balcarce.)
(.(Recién alzando el nacarado velo
De vuestra juventud ¿llorar sabias?»
(José Mármol.)
Tomemos ahora de las Apuntaciones del señor Cuervo
algunos ejemplos que indicarán el camino para expresar
la idea sin pecar contra la Gramática.
«Si tan trabajoso se te hace arrancar agora las plantas
de los vicios, que están en tu ánimo recien plantadas; ¡cuán-
to mas lo será adelante cuando hayan echado mas hondas
raices!
(F. Luis de Granada. — Guia de pecadores,)
(S.A poco de haber vuelto Narváez a Baracoa, ellos lle-
garon también.»
(Quintana. — Vida de Las Casas.)
414
REO
RECILLA.
El señor Gormaz quiere que se diga vedilla en vez de
recilla; i su consejo no estaría fuera de propósito si se tra-
tase del diminutivo de red i no del adorno que se ponen las
mujeres en la cabeza.
líase pasado ya la moda de tales adornos; pero por si
volviera bueno es que sepan nuestras damas que el nom-
bre castizo de ellos es redecillas.
«La cofia o redecilla que usaban las mujeres para reco-
jer el pelo i adornar la cabeza.»
(Diccionario DE LA. Academia. — Voz Crespina.)
«Salieron luego de través seis ninfas... puestos sus cabe-
llos en torno de la cabeza cojidos con unas redes anchas de
hilo de Arabia.»
(Gil Polo. — Diana enamorada.)
recordar.
Cree el señor Salva que en el sentido de despertar, in-
terrumpir el sueño al que está durmiendo, es un provin-
cialismo de Chile i otros paises de la América Meridional.
El señor Cuervo observa «es raro que a este intelijente
investigador se le haya pasado achacarnos esa invención,
cuando sus abuelos tenian la patente de ella» i prueba su
aserto con los tres ejemplos que en seguida trascribimos:
<(A la sombra de mis cabellos
Mi querido se adurmió:
¿Si lo recordaré o nó?»
[Floresta de Bohl de Faber.)
«Hasta el último pencanzo
No desperté; de manera
Que cuando sueño doblones
Al primero me recuerdan,
I cuando azotes me obligan
Que hasta el cuatrocientos duerma.»
(Tirso de Molina.— yjmar/?or señas.)
RED 415
«¡Ai! a la media noche muda i fría
Solo, jemí del bosque entre las sombras,
I de su sueño recordé a los sauces
Que inclinaron de lástima sus copas.-»
(E. Florentino Sanz.)
recotín.
¿Cuántas madres al salir de la iglesia no riñen a sus
hijos pequeños que las acompañan, por haberse llevado du-
rante toda la santa misa como recotifies'^ Las tales difícil-
mente darán fé a nuestra palabra cuando les hagamos sa-
ber que un recotín no es ni mas ni menos que lo que es
para los franceses un coquin^
En efecto, recotín es manifiesta corrupción de recoquín,
<cel hombre mui pequeño i gordo» según se explica el Dic-
cionario de la Academia; contra la opinión de un amigo
nuestro, hombre esperimentado si los hai, que^ fundándose
en la práctica de su larga vida, asegura que un grande
abdomen es en los hombres el mas seguro indicio de hon-
radez.
Pues bien, si recotín viene de recoquín, solo nos falta
saber de donde viene este último, curiosidad que hace la
nonada de dos siglos i medio satisfizo el buen Covarrú-
bias cuando escribió. c(Rkcoquin. — El hombre pequeño i
gordillo; es palabra tomada del francés coquin,y)
redomón.
El caballo que ha principiado a amansarse; pero que aun
no está completamente acostumbrada al freno i a la silla^
Muí usado en la República Arjentina.
«En teniendo redomones
I bolas como tenemos
I que nos mande don Frutos
Ya ni chiripá queremos.»
fAscÁsüBi. — Cielito gaucho.)
416 REG
REFACCIÓN, ONAR.
Casi no usamos de otra palabra para espresar la idea de
componer o reparar los edificios, maneras de expresarse que
es tanto mas necesario tener presente cuanto que refaccio-
nar no existe en castellano»
Refacción sí existe; pero nada tiene que ver con la ac-
ción o efecto de reparar o componer,
«Mandó Abderahmanre/?«r«r la aljama de Medina Se-
govia i la adornó con muí bellas columnas.»
(Conde. — Historia de la dominación de los Árabes en
España.)
«Estaba encargado de los reparos de la grande aljama
por orden del hagib Almanzor.»
[Id. Id)
El significado propio de refacción es alimento mode-
rado que se toma para reparar las fuerzas.
regalía;
Las niñas santiaguinas llevan en los meses mas crudos
del invierno metidas en regalías las manos para preser-
varlas del frió: las madrileñas las han llevado siempre en
manguitos o regalillos.
La prueba puede verse en la conocida ñibula de Iriarte,
El Manguito el Abanico i el Quitasol.
REGATEADOR.
Regatear por altercar o porfiar para obtener una reba-
ja en el precio de alguna mercadería puesta de venta es
mui castellano. No así regateador, ora por el o la que tiene
el hábito de regatear^ porque su nombre propio es rega-
tón, ona i también regatero, era.
«En lo que mas nos hemos entretenido esta mañana es
REG 417
en verse dar la batalla dos regatonas o placeras de las que
allí venden sobre que una de ellas había llamado a un
aldeano que estaba en la tienda de la otra regateando
unas berenjenas.»
(Cervantes. — Entremés de los mirones.)
REGODEARSE^ EON, ONA.
«Regodearse; r. fam. — Deleitarse o complacerse en lo
que gusta o se goza, deteniéndose en ello. Hablar o es-
tar de chacota.»
(Diccionario de la Academia.)
Regodearse; mostrarse alguno delicado, esquilimoso;
descontentadizo. [El uso corriente de Chile.)
Con lo cual queda ya tácitamente notado que el difícil
de ser contentado no se llama regodeón^ sino regalón, es-
quilimoso, descontentadizo.
(cSiempre lidiando con amas, que si una es mala otra es
peor, regalonas, entremetidas^ habladoras, llenas de histé-
rico, viejas, feas como demonios.»
(MoRATiN.— £"/ Si de las niñas.)
regresarse.
Advierto el señor Cuervo que con regresar no se juntan
los pronombres me, te, se, nos, os; de suerte que no se dice
mañana me regreso, sino mañana regreso.
((Es de presumir, conociendo el carácter e inclinación
de monseñor Aquaviva, que hallándose en Madrid cuando
se hicieron las excequias de la Reina i al tiempo que Cer-
vantes dedicaba la elejía al cardenal Espinosa,, prendado
de su injenio i penetración, i acaso compadecido de su
escasa suerte le admitió en su familia i comitiva al regre-
sar a Italia.»
(NAvarrete . -- Vida de Cervantes . )
((Regresar; a. — Volver al lugar de donde se salió.»
(Diccionario, de la Academia.)
418
REM
REMATE.
Por almoneda es cliilenismo tan corriente como excu-
sado.
((Si no se pidiese la renovación del plazo del depósito al
vencimiento de cada trienio, se rematarán las mercade-
rías en pública subasta en el primer remate de los que de-
ben verificarse» etc.
[Ordenanza de aduanas de la República de Chile,— Oc"
tubre 31 de 1864.)
REMEZÓN.
Enseña el señor Gormaz (páj. 16 de sus Correcciones)
que debe decirse remoción en lugar de remesón como es
costumbre en Chile; i se equivoca, porque lo que en Chile
significa remezón (no remesón) no es la acción i efecto de
remover, como él señor Gormaz pretende, sino la acción i
efecto de remecer.
También se equivoca en la nota correspondiente a la
voz de que vamos tratando al aseverar que la acción i
efecto de remover, es remoción, estremecimiento, ya que
hai entre el significado de estos dos últimos sustantivos la
distancia suficiente para que nadie sea osado de conside-
rarlos como sinónimos.
Puesto que remezón no viene en el Diccionario de la
Academia, i se dice casi siempre en Chile por temblor de
tierra, pueden los mas tímidos i escrupulosos servirse de
sacudimiento.
REMOJO.
El dinero que suelen dar voluntariamente los gananciosos
en el juego, se llama en España i en Chile barato, Pero
¿cuál es el nombre de la dádiva o agasajo que suelen ha-
cer a sus amigos las personas que han recibido algún bene-
ficio, experimentado un gusto^ encontrado algún objeto
perdido, etc? Aquí nos separamos de la madre patria que
REN 419
llama a las dádivas hechas por tales causas estrenas; mien-
tras que nosotros (bien que en estilo familiar solamente)
las llamamos remojos, máxime si el motivo en que el de-
mandante funda su demanda es haberse puesto el deman-
dado vestidos nuevos.
((Atraviésase luego Magdalena,
Pide para chapines o una toca
I tú paje de lanza pide estrena,^)
(LUP. DE ArJENSOLA.— ^«¿¿VfíJ
REMOLER, EDOR, EDORA, lENDA."
Andar en holgorios, bureos, 'parrandas, es remoler.
El que tiene la costumbre de andar en esas diversiones
es remoledor; i bien se está viendo que las tales son las
que llamamos en Chile remoliendas,
«Vamos remoliendo mialmas
Que el infierno se ha vuelto agua,
Los diablos se han vuelto pejes
I los condenados taguash
[Copla popular.)
*
Dice Salva que los mejicanos llaman a las remoliendas
mitotes i a los remoledores mitoteros. Mas nos gusta nues-
tro provincialismo; pero los dos juntos no valen dos higas.
RENGO, RENGUEAR.
Rengo, a, por el que está cojo a causa de lesión en las
caderas es castellano; aunque lo común en España sea
llamar a los que cojean de semejante cojera, rencos.
Lo que parece un fruto del descuido con que pronuncia-
mos nuestro idioma es el verbo renguear. Para expresar
la acción de andar como los rencos se dice en España ren-
quear, voz que nunca hemos oido en Chile ni aun a las
personas mas ilustradas.
420 RES
«Un rengo llegó pidiendo
La plata con mucho arrojo
I dijo: Yo por ser cojo
En siete pesos me vendo.»
(GuAJARDO. — Los Enganchados.)
Hacerse el zorro rengo, por disimular astutamente, en-
cubrir con achaques de vejez, enfermedad u otros seme-
jantes las miras que se tienen^ es frase tan usada como
expresiva.
RENOVAL.
Llamamos así el sitio poblado de retoños o renuevos de
los troncos de árboles cortados con anterioridad.
No conociendo nosotros una palabra castiza- equivalen-
te, mal podríamos condenar el uso de nuestro provincia-,
lismo, tanto menos cuanto que él es de una formación
irreprochable.
Véase papal.
tfl un pobre que arrienda un pedacito de renoval (así se
llama el terreno donde hai troncos retoñados.)»
[El Ferrocarril, marzo Í5 de 1864.)
REPLANTIGARSE.
Se dice con frecuencia. Lo correcto es repantigarse,
RESEDA."
El Diccionario de la Academia trae esta palabra como
grave.
Salva la hace aguda.
El uso es vario; pero siendo reseda una voz tomada del
latin [reseda) la etimolojra da la razón a la Academia con-
tra Salva.
RES 421
*Entre verde i amarilla
Te alzas alegre reseda,
En tu cáliz mucho queda
De tu perfume oriental.»
(Torres Caicedo.)
«I la cristalina fuente,
Trasparente,
Bañe tu pié resedá
I parias rindan las flores
A los divinos olores
Que tu lindo seno dá.»
(EüSEBIO LiLLO.)
RESENTIRSE.
El señor Baralt tacha de galicismo el uso de este verbo
«por experimentar las malas consecuencias o la dañina in-
fluencia de alguna cosa;» pero tal uso se haya autorizado
'por mui doctos i castizos escritores.
«Su lenguaje se resiente de su provincia.»
(PuiGBLANCH. — Opúsculos gramático satíricos contra Vi-
llanueva.)
«La oda al nacimiento de don Antonio Castilla i la otra
al capitán Álava se resienten de la edad en que se escri-
bían. »
(Hermosilla. — Juicio crítico.)
ftEl testamento de Alfonso se resintió de su carácter
inconstante i vario.»
(Jerónimo de la. Escosura.. — Compendio de la Historia
de España.)
«Resultando de aquí que la primera if'o se resienta del
golpe o caida del acento sobre su inmediata.»
(Sicilia. — Ortografía i Prosodia.)
Tampoco faltarían ejemplos que alegar en defensa del
uso que hacemos de resentido por reñido^ malquisto.
422 RES
«Prescindiendo de la natural incomodidad de toda sin-
razón, mas bien que rese)itido, debo cstai^e agradecido al
canónigo.»
(PuíGBLANCH. — Opúsculos citados.)
*
RESOLANA.
Resolana es el sitio resguardado del viento donde se to-
ma el sol; mas no la reverberación de éste o el calor cau-
sado por ella.
El nombre castizo de la sobredicha reverberación es
resol; i el del lugar en que la reverberación se percibe
resisteí'o.
«Como se precipita el fruto de la planta exótica por la
resolana de un conservatorio.»
(Vicuña Macke^nx.-^ Historia de Santiago»)
«Como quien a la nieve está mirando
Desde cerca en un alto ventisquero
Gran rato cuando el sol reverberando
Hace con ella fuerte resistero.^)
(ViRUES. — Monserrate.)
En la edad de oro de la literatura española dijese tam-
bién solana por resolana.
«Sin tener mas apetito ni deseo (el campesino) que de
lo que tiene presente, ni darle otra cosa cuidado mas que
llevar su ganado al pasto mas cercano i que sabe es mas
fértil i abundante, i buscar lugar fresco i de arboledas don-
de sestear en verano, con agua para abrevar su manada i
solanas reparadas de los helados vientos para el invierno.»
(Cervantes. — Diálogo entre Sillenia i Selanio»)
m
RESUMIDERO.
No existen en ninguna tierra en que se hable la lengua
de Castilla como Dios manda. Pero ¿cuál es su nombre
propio? Hic opxis!
I
RET 423
El señor Gormaz en sus Correcciones lexigráfícaz dice
rezumadero.
El señor Cuervo, después de explicar el recto sentido
del verbo rezumarse, agrega: aüicho se está que no hai re-
sumideros, sino rezumaderos.^-)
Ambos parece que se engañan; lo cual si no es de ex-
trañarse en el señor Gormaz, cuvas Correcciones merecen
ser correjidas en cada pajina, es un caso raro en el eru-
dito i atinado autor de las Apuntacio7ies sobre el lenguaje
bogotano.
Para probar nuestro aserto recordaremos que, según el
Diccionario de la Academia, rezumadero es: 1.° El sitio o
lugar por donde se rezuma alguna cosa. 2.^ Lo que se ha
rezumado. S.** El sitio donde se junta lo rezumado.
Ahora que las definiciones de esos rezumaderos no cuadran
a nuestros resumideros, es cosa que se patentiza con co-
piar las diversas acepciones de rezumarse, que son: 1/
Recalarse o traspirarse algún liquido por los poros; i 2.*
met. Traslucirse i susurrarse alguna especie.»
Luego, pues, si rezumadero es el sitio o lugar por don-
de se rezuma el agua, i si rezumarse algún líquido es re-
calarse o traspirarse por los poros, es evidente que no es
aquél el nombre castizo que tienen nuestros llamados re-
sumideros»
Si el agua que cae á éstos no se rezuma, sino que se su-
me (sumirse es hundirse o meterse debajo de la tierra o
del agua) lo natural es que el pozo que se hace para reci-
birla se llame sumidero»
Es lo que confirma el Diccionario de la Academia.
«Sumidero — m. Cueva o concavidad en la tierra que sir-;
ve para que en ella se suman las aguas.»
En Toledo dicen buzonera*
«Buzonera. — f. «En Toledo el sumidero que hai en los
patios i que es en forma de alcantarilla.»
Si se quisieran mas pruebas podríamos agregar que la
correspondencia latina de rezumadero es, locus resudansl
RETACO, A.
Parece deducirse de lo que dice el Diccionario, al expli-
car la última acepción de esta voz, que en España solo ios
424 UIN
hombres tienen el poco envidiable privilejio de ser reta^
eos o rechonchos.
En Chile a nadie se le prohibe serlo, i quien lo dude
vayase la primera Noche Buena a la Alameda de Santiago
i oirá:
«¡Claveles i albahacas
Para las niñas letacasU
REVENTÓN.
El lugar en que una veta se manifiesta en la superfi-
cie del suelo.
«La sorpresa contiene su ira la piedra que tiene
en la mano es mui pesada la examina i encuentra que
es un 7'odu(lo! (el autor subraya, pero rodado es castella-
no). Plata pura! A poco rejistra el cerro i descubre el re-
ventón de donde se despegó el rodado. y)
(JoTABECHE.— Z« mina Candeleros.)
REVOLETEAR.
Suelen decir los ignorantes i descuidados. Deba decir-
se, revolotear o voltear según los casos.
RICO.
En el campo cuando los guasos hablan del rico debe
entenderse que hablan del hacendado.
«Si de un adulón se prenda
El mayordomo o el rico,
Allí viven grande i chico
Como madeja sin cuenda.»
(GuAjARDO.— Zo5 Adulones.)
RINGLETE.
«Puede ser corrupción de rehiletes observa el señor
Cuervo.
Según la Academia es aílechilla con su pluma o
RIT 425
papel para clavarla en puertas o animales»; en la pri-
mera edición agrega: «i porque es velosísima i cami-
na mui derecha^ del que anda mu i aprisa o müi vivo sé
dice que va como un rehilete. y>
Aquella flechilla, puesto que viene al caso, es llamada
por los muchachos de nuestra tierra garrocha.
RIPIO.
Es un chilenismo en sentido de cascajo menudo i natu-
ral, o arena gruesa^ que es el que jeneralmente le atri-
buimos. Enripiar es llenar, emparejar con ripio.
RITO.
Del araucano riithú o rhito, manta gruesa, [poncho] de
hilo burdo.
^ «El mueblaje se componía de una mesa cubierta con un
rito que servia de tapiz, seis sillas de madera, un lavato-
rio^ etc.»
(Blest Gana.— Za Aritmética en el amor*)
RITORNELO.
El señor Gormáz lo condena i quiere se diga retornelo,
que es como dice la Academia.
Nuestra práctica no es, sin embargo, tan infundada
que no pudiera alegar algunas razones i ejemplos en su
abono.
Ritornelo es voz italiana [ritornello] i en la duda, no
pudiéndose alegar ninguna consideración ni aun de eu-
fonía para cambiar la i en e, lo mas seguro es conservar
la pronunciación de la lengua de oríjen. Sino decimos aire
smo ana ¿por qué tendríamos escrúpulos para decir rítor^
nelo como los italianos?
Los franceses, acomodando la desinencia a la índole de
s*
426 ROD
su lengua han conservado la i de lá primera sílaba [ritour-
nelle) .
«La orquesta con el previo ritornelo
De aire, compás i tono dá el modelo.»
(Iriarte. — La Música.}
roblería.
No es vocablo español. En Chile significa el sitio o
monte poblado de robles, que en castellano se llama ro"
bledal i también robledo.
«Non son heredadas, non.
Sino en batallas tenidas.
De entre lanzas i con sangre
Mis armas todas teñidas.
En los robledos de Tórmes
Me la dejades vertida,» etc.
(Escobar. — Romancero del Cid.)
ROCAMBOR.
Un juego de naipes cuyo nombre castizo ignoramos.
Rocambor parece que se usa en todas las repúblicas
latino-americanas.
ccSi hoi de toros te arrastra una corrida,
Luego de rocambor una partida,
I los gallos mañana,
I a la noche jarana,)) etc.
(Juan de kR.o'^k.— Poesías peruanas.)
RODAJA.
No la trae el Diccionario en la acepción de ruedecitas
con rayos que tienen las espuelas; si bien en la voz
espuela dice rodajita.
1
RUC 427
También cuentan las crónicas que el Marques de la Pe-
zuela al cubrirse como grande de España dijo: aPezuela o
radaja de espuela.»
«Al caballo arrimaba
La estrella de la espuela.»
[La Gatomaquiá,)
«Sonoro el rosetón de sus espuelas
Talvez por caballero le acusaba.»
(Zorrilla.— Granada.)
El siguiente ejemplo de Quevedo abona nuestro uso:
« Quién tiene talle de abrojo
U de rodaja de espuela?»
[Sátira contra D. Juan R. de Alarcon. — Prólogo a las
comedias de éste en la Biblioteca de Rivadeneira, páj. 32.)
RONCEAR.
Es provincial el uso de este verbo en el sentido de mo-
ver alguna cosa, verbigracia tinajas, toneles a uno i otro
lado alternativamente^ para llevarla de una parte a
otra.
ROTO.
Esta palabra no es propiamente un chilenismo, porque
una de sus acepciones castizas es andrajoso, zarrapas-
troso.
Téngase, sí, como'una peculiaridad de nuestro uso el ser-
virnos de aquella voz para designar a la jente de última
clase^ a la misma cuyos individuos son llamados cholos en
el Perú, i léperos en Méjico.
RUCA.
El nombre que dan los araucanos a las chozas en que
moran.
428 RUL
Un minero de profesión nos asegura que en las minas
del Cajón de Maipo, de las Condes, i en otras situadas a
mucha altura, llaman los trabajadores rucas las cova-
chas que forman en el cerro para defenderse de la
íiieve,
RUEDECILLA.
Por la rueda llena de cohetes que, dando vuelta a la re-
donda, los va disparando, es provincialismo chileno.
En Colombia llaman a las tales rodachinas.
El nombre español es jirándiila.
«Se ven i oyen por infinitas ventanas que tiene el edi-
ficio, coronadas de luminarias i flechando ^zm/zí/i/te i co-
hetes voladores.»
(VÉLEZ DE Guevara.— J?/ Diablo Cojudo,)
RULO,
Por un procedimiento que no es difícil imajinar la voz
rulo, que en araucano significa las vegas o parajes húme-
dos, ha venido a significar entre nosotros los terrenos
secanos.
Puede presumirse que los indios convertidos i conquis-
tados llamarían primeramente sementeras de rulo aquéllas
que^ por hacerse en lugares húmedos, no se regaban ;?or^i<e
rio hábia necesidad de regarlas] i que andando el tiempo,
sus descendientes llamarían así las siembras i los terrenos
mismos que no se regaban, porque no podían regarse.
Nuestras tierras de rulo, son en español secanos\ i nues-
tros trigos de id, trigos de tempero.
c(Se producen en los riscos i tierras de secano las higue-
ras mas grandes que hemos visto en ninguna parte.»
(V. Alcalde Espejo. — Una escursion a la sierra de Cor"
dova.)
«A trigo i maiz de tempero 2.000
A maiz de riego 4.000
A trigo Ídem. 3.000
[Id. Id.)
RUM 429
RUMBA O RUMA.
Chilenismo con que se denominan los montones de cual-
quier clase de objetos, especialmente de maderas i de
fardos. Es corrupción de sonido i de sentido del término
náutico arrumazón, arrumar.
La palabra española es rimero.
«Nó, dijo la sobrina, no hai para qué perdonar a nin-
guno (de los libros de D. Quijote) porque todos han sido
los dañadores: mejor será arrojarlos por las ventanas al
patio i hacer un rimero de ellos i pegarlos fuego» etc.
(Cervantes . — Quijote,)
s
SACA, SACO, COSTAL, BOLSA.
Todas estas palabras son castizas; pero hai. que notar
acerca de la manera como las usamos las siguientes pecu-
liaridades:
1.*^: Que mientras saca significa en español un saco gran-
de, significa entre nosotros el costal de cuero sin curtir
en que se importa del Paraguai i República Arjentina la
yerba mate.
2.^: Que saco, que es en castellano cualquier costal de
cáñamo, lana o algodón, solo se dice en Chile de los que
sirven para el envase (este envase no lo traen los Diccio-
narios pero es voz muiútil) i acarreo del trigo, fréjoles, etc.
3.*^: Que no conocemos otros costales que los de cuero,
mientras que en España lo corriente es que se hagan de
jénero burdo.
4.°: Que el nombre de bolsa lo hemos reservado para las
pequeñas en que se guarda el dinero i algunas otr.as que
sirven para varios usos, no dándoselo nunca las que
sirven para exportar el trigo o la harina.
El sustantivo saca, que denota la acción de sacar, i que
hemos visto en alguna parte en bastardilla como si fuese
chilenismo, no lo es, siendo por lo tanto correcta la fra-
se, una saca de papas, i otras de su especie.
SANCO o ZANCO.
La masamorra espesa, el lodo que va camino de ha-
cerse sólido. Es un chilenismo que trae or/jen del quichua,
432 SE
en cuya lengua zancu es masamorra, guiso espeso i sin
caldo.
SANGRADERA.
Llamamos así, a la chilena, la parte interior del brazo
opuesta al codo, la misma que en español se llama san-
gradura.
Sangradera es el instrumento con que se sangra^ la lan*
ceta,
SANTO (pasar el)
Vulgarmente se pasa el santo á alguno (¿habrá capricho?)
cuando se le golpea, zurra o maltrata.
«Pocos son los que le chistan
Aunque todos tienen ganas
De que alguien le pase el santo. yy
(Huérfano.)
satisfacción.
En el significado de confianza, intimidad, es de frecuen-
te uso en Chile. No lo trae en esa acepción el Dicciona-
rio de la Academia, por olvido sin duda, como quiera que
buenos escritores peninsulares lo han usado a nuestra ma-
nera.
«....¿Cuando suelo
Tener yo satisfacción
De tí ni de otro criado?
¿Comunico yo secreto
Contigo?»
(Tirso de Molina. — Amar por señas.)
SE (oblicuo.)
Dice D. Andrés Bello en su Gramática:
«Un uso extraño i bárbaro se ha introducido en alfí'unas
SEC 433
partes de América^ relativamente al se obliquo. Cuando
este dativo es singular decimos como debe decirse se ¿e,
se la, se ¿o. Pero cuando es plural se pone en plural el
acusativo que sigue, aunque designe un solo objeto; Aguar-
daban ellos el libro i un mensajero se los trajo.» Es preci-
so evitar cuidadosamente esta práctica.»
Los ejemplos siguientes prueban el poco caso que se ha
hecho de la advertencia del ilustre maestro i la necesidad
que hai de repetirla:
«Como los señores Irizarri [Irizarris habría sido lo correc-
to) aparentan no comprender el cargo que se les hace^ se
/í)5 explicaré.»
(Melchor Concha, i Toro.— El Ferrocarril de 11 de ma-
yo de 1863.)
«I si lo saben todo ¿para qué quieren que sé los cuente?»
(A. Blest Gana. — El Ideal de un Calavera.)
«Talvez el del silejicio
Anjel, tu sombra amiga
Busca, i allí a los muertos
Con el dedo en los labios se los dicta.»
(C. WÁLKER Martínez. — A un sauce lloran.)
«Pero como esto lo saben i lo han visto todos es inútil
repetírse/o5.»
(Luis Rodríguez Velazco.— Z<2 Voz de Chile y 18 de abril
de 1863.)
SECADOR.
No lo trae el Diccionario de la Academia. Especie de
enjugador, mundillo»
c(I hasta las polleras, que este nombre se dio a la figura
del traje femenino por la de las jaulas de mimbres en que
(a manera de nuestros secadores) solían criar pollos en Es-
paña.»
(Vicuña ll^CK'm'^k.'-'Historia de Santiago,)
434 SEN
SECRETEO.
La acción de hablar en secreto unas personas con otras.
No encontramos esta voz en los diccionarios de la
lengua.
SEDOSO, A.
El adjetivo sedoso no aparece en el Diccionario de la
Academia; pero se equivocarla quien, apoyándose en esa
omisión, como el señor Gormaz, sostuviese que el dicho
adjetivo es un provincialismo nuestro i que debe reempla-
zarse por sedeño.
«Sus cabellos, aunque enmarañados por descuido, se
comprendía que eran brillantes i sedosos i sobre todo ne-
grísimos, como sus ojos, sus cejas i su barba. w
(Manuel Fernández i González.— Los siete Infantes de
Lar a.)
«Pelo, no de azabache que es mui duro^ sino negro abun-
dante i sedoso. 'i
(José Alcalá Gali ANO. — La Uermosiira,)
seguramente.
Copiamos el siguiente parrafito del señor Cuervo que
puede venir como de molde a muchos de nuestros paisa-
nos: «¿Por qué no habrá venido nuestro Simigo'^.— Segara-
mente está enfermo. — ¿Con que Ud. asegura que está en-
fermo?— Yo no lo afirmo, sino me lo figuro.» Medrados
estamos: orijinal cosa es que para denotar cálculo, sospe-
cha, arrimemos a acaso, quizá, tolvez, i echemos mano de
seguramente, esto es de la palabra que asegura, afirma i
excluye toda duda.»
sentazón.
Hai en Chile una propensión mui marcada a firmar de
los bervos en ar que indican movimiento^ sustantivos que
SEX 435
indiquen el hecho o efecto de verificarse aquél con fuerza,
rapidez o violencia. Así, después de los recios temblores o
de los bailes en que el licor i el entusiasmo abundan es fre-
cuente oir: «Hubo una espantosa quebrazón de cristales.»
Después de un recio temporal: «La varazón de lanchas i
buques daba horror» etc.
Formados según el procedimiento indicado están los sus-
tantivos reventazón, quemazón, salazón, i varios otros que
aparecen en el Diccionario de la Academia. •
No han andado, pues, mui fuera de camino nuestros mi-
neros que, entendiendo por sentarse una labor el caer so-
bre ella el cerro i obstruirla, designan con el nombre de
sentazón el hecho de un grande i súbito desmoronamiento.
SENTIDO.
Cada una de las partes de la cabeza que están dttras de
las cejas, como camino de las orejas, se llama í/e/z.
Don Roque Barcia, que asegura en su Diccionario de si-
nónimos que el llamarse así esas partes proviene de ser las
primeras que se encanecen anunciando la senectud, agre-
ga que en buen castellano aquéllas se llaman también pul-
sos, porque es el sitio en que la arteria pulsa o late, acep-
ción que no consta en el Diccionario de la Academia.
En Chile, donde nunca llamamos pulsos a las sienes, so-
lemos llamarlas sentidos. «¡Matarlo de una pedrada!— I co-
mo nó, si se la dio en el sentidoln
SENA.
Si bien no absolutamente desconocida en España esta
voz, única de que nos servimos nosotros para indicar la
parte de precio que se anticipa en cualquier concierto,
como prenda de seguridad de que se estará a él, lo común
por allá es servirse con ese objeto de la palabra señtf/.
El vulgo da también el nombre de seña a la moneda de
vellón, i a ciertas señales de diversas especies que en los
campos usan los bodegoneros para suplir la falta de mone-
da menuda.
«Antes de su introducción (de la moneda llamada de
436 SEN
cruz o macuquina) se palpaba la necesidad de hacerlo en
el arbitrio de que usaban los bodegoneros, forjando unas
monedas de plomo, de suela i de madera , que llaman se-
ñas, para dar a los compradores que llevaban de sus tien-
das alguna especie que importaba menos de medio real,
que era la moneda menor que habia entonces»
(Artículo publicado en La Aitrora de Chiky 14 de enero
de 1873, suscrito, Z^omc/o iSalustio, (Camilo ílenríquez i
Manuel Salas.)
SEXORA.
«Os mandé participar el dichoso suceso de hallarse pre-
ñada la Reina, mi mui cara i amada mujer. y>
(Real cédula del Rei al presidente i oidores de Chile, 4
majo de 1707.)
((Del feliz parto de la reina mi mui cara i amada es-
posa. »
«Un día en que mi mujer leia los cuentos fantásticos de
Hoffman.»
(Zorrilla. — La Pasionaria.)
En Chile hasta los peones dicen ya, mi señora.
SEÑORITA.
«En Chile, como en algunos otros paises de América,
se abusa de los diminutivos. Se llama señorita, no solo a
toda señora soltera,, de cualquier tamaño i edad, sino
a toda señora casada o viuda, i casi nunca se les nom-
bra sino con los diminutivos Pepita, Conchita, por mas
ancianas i. corpulentas que sean. Esta práctica debiera
desterrarse, no solo porque tiene algo de chocante i ridí-
culo, sino porque confunde diferencias esenciales en el
trato social. En el abuso de las terminaciones diminu-
tivas hai algo de empalagoso.»
(Bello. — Gramática castellana.)
SIL 437
«Casarse para el vulgo de los hombres es un negocio co-
mo cualquier otro; casarse para el vulgo de las mujeres es
adquirir un marido i tener derecho de salir sola a la calle
i cambiar por el de seriora su título de señorita.y)
(Severo Catalina. — La Mujer.)
nScñorita veut diré en espagnol demoiselle. C est un
diminutif de señolea (dame); mais á Buenos Aires on ne doit
pas se servir du mot sefiora méme pour les dames ágées;
elles aiment qu'on les appelle señorita á tout age; celui
qui ne le íerait pas, serait regardé comme impelí. »
(D'Orbigny. — Fí^yí/^e dans U Amériqíie Méridionale.)
SERENO.
Por la persona destinada para decir en voz alta el tiem-
po que hace i la hora que es i para rondar de noche por
las calles con el objeto de evitar desórdenes, robos, etc.,
es voz mui usada en España.
No tuvo, por lo tanto, razón el señor de Arona para
incluirla en la lista de voces peruanas que puso al fin de
sus Poesías.
¿Para qué mozo de cordel, pinche de cocina o destripa-
terrones de España seria un misterio el sentido de estos
versos del señor de Arona?
«No turba aquí mi sueño con su grito
Sereno atroz que por cantar maulla;
Ni me crispa los nervios el maldito "
Silvido horripilante de su pito.»
[Poesías peruanas.)
SILENCIARSE.
No existe ni puede alegar ningún título a la existencia,
ya que el único oficio que podría venir a ejercer está mui
bien desempeñado por callarse.
438 SO
SILLA DE MANO.
Es en Chile lo que en España silla de la reina. Ló que
en la Península llaman silla de mano llamamos nosotros
impropiamente litera.
«García se resuelve a sacarla de su casa en una silla de
marios\ lo que da lugar» etc.
(Juan Eujenio de Hartzenbusch. — Introducción a las
comedias de D. Juan Ruiz de Alar con.)
SILGUERO o JÍLGUERO.
Dicen en Chile los mas por jilguero.
Téngase entendido^ sinembargo, que sirguero ^^ov jilgue-
ro, mas que un provincialismo es un arcaísmo^ como se
comprueba por este lugar de Granada:
«Cuando oimos deshacerse la golondrina, i el ruiseñor,
i el sirguerito i el canario cantando,» etc.
[Símbolo de la Fé. )
SIÚTICO.
Caprichosa voz, aunque no tanto que hasta cierto punto
no refleje en sus sonidos silbosos i estructura ridicula, la
risible catadura de los pajarracos que con ella designamoís;
que son los mismos que en Madrid llaman cursis: la jente
cursi f es una cursi, un cursi, etc.
s o.
So es en castellano una preposición que significa debajo
[sul);) pero que solo se usa delante de ciertos nombres,
como capa, color, pretexto.
Usamos ademas esta palabra con frecuencia, antepo-
niéndola a algunos nombres despectivos en el vocativo; i
en tales casos (olvidados en el Diccionario de la Academia,
apesar de ocurrir en buenos autores peninsulares) el so
SOB 439
es contracción i síncopa de sea, que a su vez lo es de se^
ñor; o mas exactamente seo es ap.!;cope de seo7' i este sin-
copa de señor.
«iSo borrico, so insolente, so puerco.»
«Pus mienta osté como yo
So estampa de Satanás.»
(José 2." Flores. — Mentir pqr caridad,)
uSo alférez ¿no me paga?»
(Juan Pérez de Montalvan. — La monja alférez.)
uSOy partícula proclítica, insultativa.»
(IsAACS. — Marta.)
SOBADO.
Sobado, a, es un adjetivo vulgar cuya propia significa-
ción es la de grande, terrible, extraordinario. n/Sobada fué
la zurra que le dieron! ¡Sobado el susto que se llevó el la-
drón! ¡Sobadas las espuelas que lleva ese guaso!»
SOBERADO.
El señor Gormaz asegura en sus Correcciones que esta
voz no existe en castellano i que debe reenaplazarse por
desván.
Mas exacto habría andado nuestro autor si se hubiera
limitado a decir que lo que no existe es solo la e que in-
tercalamos sin motivo entre la ¿» i la r; pues cpn esa pe-
queña supresión quien quiera saber lo que sobrado signi-
fica, no tiene mas que buscarlo en los diccionarios de la
lengua.
En dos palabras, dígale* sobrado,
SOBRE.
Quien desee evitar los usos galicanos de esta preposi-
ción, que son muchos i están mui de moda, véala en el
Diccionario de Galicismos de Baralt.
440
SOB
«por el comedor que, como se sabe, tenia una puer-
ta sobre el pasadizo que comunicaba, etc.»
(A. Blest Gana. — £"/ Ideal de un calavera.)
Una puerta que daba al pasadizo ^ es como se dice en
castellano.
No deben confundirse construcciones como la anterior,
con otras perfectamente conformes a la índole de nuestra
lengua, en que sobre equivale tamlnen a la preposición a.
«Ya en este tiempo estaban el duque i la duquesa pues-
tos en una galería que caia sobre la estacada.»
(Cervantes. — Quijote.)
Véase Garces, Fundamento del vigor i elegancia de la
lengua castellana, voz sobre.
«Puede otrosí usarse correctamente nuestra preposición
en lugar de «hacia, poco mas o menos, o cerca v. gr.: «Vino
sobre las ocho; Se encaminó sobre la derecha; Me costó
sobre cien reales; estaba sobre los cincuenta (años.)»
(Vicente Salva. — Gamática.)
¿Qué significa «tengo sobre cien reales?» ¿Qué los tengo,
poco mas o menos, o que tengo mas de esa suma? El au-
tor que acabamos de citar se inclina a lo primero. El si-
guiente ejemplo podría servir de apoyo a lo segundo:
«Puestos tantos rimeros de calaveras de muertos que se
podían contar, según el concierto con que estaban pues-
tas, que me parece que eran mas de cien mil, i digo otra
vez sobre cien mil.»
(Bernal Dixz.— Historia de la conquista.)
En Chile acostumbramos llamar sobre el letrero que se
pone en la cubierta de las cartas para indicar el nombre
de la persona a quien van dirijidas i su residencia, i tam-
bién la cubierta misma. El nombre propio de ésta queda
dicho; el del letrero es sobrescrito,
«Teodoro. — Ya el papel está cerrado
Solo el sobrescrito resta.
Diana. — Pon Teodoro para tí;
I no lo entienda Marcela.»
(Lope de Vega. — El Perro del Hortelano.)
Cierro, por cubierta, no existe.
SOL 441
SOCUCHO, O SUCUCHO.
c(El que se ha criado en el campo difícilmente podrá
acostumbrarse a vivir en un sucucho;y) equivale a adifícil-
mente podrá acostumbrarse a vivir en casa chica, angos-
ta, estrecha, en un tabuco.»
Lo probable es que nuestro socucho o sucucho sea el
iñismo ccuchu que en quichua significa angosto.
«Llegué a un aposento en forma de cañuto donde esta*
ba otro estudiante tan largo, tan angosto i tan hueco como
una cerbatana.-» (Notas a la Introducción de las obras dra-
máticas de D. Juan Ruiz de Alarcon.)
Esos aposentos en forma de cañutos son exactamente
los que llamamos socuchos en casi toda la América his-
pana.
Véanse, Cuervo, i Diccionario de Salva, voz socucho.
SOLIDARIDAD.
Escabrosísimo vocablo, como lo califica don Rafael Ma-
ría Baralt, que por una perversión del gusto hemos dado
en preferir al castizo i suave mancomunidad que significa
lo mismo.
SOLO;
Cuando solo modifica a varios sustantivos ¿deberá con-
cordar con ellos? ¿Será preferible decir: (s<En solo los Está-
dos Unidos de Norte América se han hecho mas descubri-
mientos útiles durante los últimos cincuenta años que en
Francia e Inglaterra juntas, a en solos los Estados Uni-
dosy) etc'^.
Lo mas usual en Chile en casos análogos al anterior es
considerara solo , como invariable. Lo mas correcto, sin
embargo, i autorizado por los buenos escritores peninsula-
res, es poner a solo en concordancia con los sustantivos
que modifique.
cd de aquí vengo a condenar por yerro mui reprobado
442 SOP
decir como muchos afirman que en solas las ciudades i cor-
tes está la viveza de los injenios.»
(Gil Polo* — Diana enamorada.)
«La villa de Illescas i sus aldeas se poblaron de solos
gascones,^)
(MoNLAU. — Diccionario etimolójico.)
((La flor sumamente olorosa i solas cuatro hojas mui
gruesas.»
(Diccionario dé la Academia, voz chirimoyo.)
El señor Sicilia en sus Lecciones de Ortolojía i Prosodia
hace a solo invariable.
((Alguna otra voz compuesta de solo las dos vocales, como
el modo adverbial pian-pian» (Tom. lY páj. 54.)
La práctica del S. D. Gregorio Garcés es varia:
((Son por extremo propios (los diminutivos en eto, eta,
ejo^ eja) de nuestra lengua i que miran a solos sustantivos.»
(Fundamento del vigor i elegancia de la lengua castellana.)
((Participando solamente de los dos jéneros masculino
i femenino que solo reciben nuestros plurales.»
(Id. Id.)
SOMBRERO DE PELO.
Al sombrero que nosotros llamamos de pelo, llaman los
españoles redondo, de copa alta o de copa.
SONGA.
Véase, a la songa, songa.
SOPLARSE.
Soplarse a alguno, equivale entre el vulgo a saltearla,
dejarlo gravemente herido, asesinarlo.
SUA 443
También se dice trajinarse, mamarse, merendarse a al-
guno, en la misma acepción i mas propiamente en la de
engañarlo, perjudicarlo.
«Si me lo dejan otro ratito me lo habia trajinao pues. y)
(Huérfano.)
SORBER.
No faltan quienes digan siierbo, siierba, etc., i sinembar-
go todos dicen absorbo, absorva, etc.
¿A qué atribuir, sino a descuido, tan chocante contradic-
ción? Ambos verbos son regulares, como que ambos tienen
por sustantivo correspondiente a sorbo,
SOROCHE.
Véase asorocharse.
sotacura;
La palabra sota antepuesta a sustantivos que denoten
oficio o empleo, indica al subalterno inmediato o sustituto.
Sota-cura está por lo tanto bien formado, tan bien como
vice-párroco. Empero mas castizo, simple i autorizado nos
parece coadjutor.
«Los párrocos sonelejidos por el obispo: no son perpe-
tuos hasta pasados tres años: los coadjutores son siempre
amovibles a voluntad del prelado.»
(ViLLANUEVA.— F2í/a literaria.)
Dígase soasar.
suasAr.
SUAVE.
Es curioso el significado que damos a suave en frases
como las que pusimos por ejemplo al ocuparnos de soba-
444 SUP
do, con el cual, en casos tales, lo usa el vulgo promiscua-
mente.
SUCHE.
La jente zafia usa esta voz como sinónima de rufián,
alcahuete, tercero.
SUFRIMIENTO.
Es en español la paciencia, conformidad o tolerancia
con que se sufre alguna cosa. No lo entienden así nuestros
paisanos para- quienes sufrimiento es sinónimo de padeci-
miento, dolor, pesar, pena,
SUNCO,
Llama sunco la plebe al que no tiene mas que un brazo,
al manco', i mas propia i comunmente al que de nacimien-
to o a consecuencia de alguna amputación no tiene mas
que el muñón de uno de sus brazos,
SUNCHO.
Los círculos de hierro o madera con que se aprietan los
toneles se llaman en castellano flejes, i también arcos, aros
i cercos en las pipas i cubas.
«I si me he puesto en cuentas de tanto mas cuantos
acerca de mi salario, ha sido por complacer a mi mujer,
la cual cuando toma a la mano a persuadir una cosa no
hai mazo que tanto apriete los aros de una cuba como ella
aprieta a que se haga lo que quiere.»
(Cervantes. — Quijote.)
SUPERLATIVOS.
El doctor don Bernardo Aldrete, dice, en su obra Bel
orijeii i principio de la lengua castellana:
SUT 445
«Aquel tiempo no conoció los superlativos, los cuales
con ponerse tantos en latin no los hai en el romance por
que entonces no los admitía sino solo añidian al positivo
mili o mas.»
El tiempo a que Aldrete se refiere es el siglo XIII.
Clemencin cree que empezaron a introducirse por los
doctos algunos superlativos tomados del latin a principios
del siglo XV, circunstancia esta última que hasta cierto
punto abona la opinión del señor Cuervo, quien quiere, si-
guiendo a Monlau, sea mas correcta i culta la forma la-
tina de aquellos adjetivos que tienen dos para el super-
lativo, ciertísimo i certishno diestrísimo i destrísimo, fervien-
tísimo \ ferventísimo, gruesísimo i grosísimo.
Viejo i reciente carecen de forma latina en el superla-
tivo. El de paciente es pacioitísimo, no pacentísimo.
SUSPENSORES.
El señor Gormaz en sus Correcciones dice que no existen,
i tiene razón. Donde le falta por completo es en indicar
como su equivalente castizo a suspensorios-, i ¡cuenta que de
estos suspensorios no puede hablarse así no mas, siendo
como son una especie de bragueros cuyo uso ha de ser se-
creto! Seria divertido que algún muchacho rapagón, fiado
en la autoridad del señor Gormaz, se llegase a su mamá
a pedirle un par de suspensorios!
Los individuos que hablan bien la lengua de Castilla
suspenden de los hombros el pantalón con un par de ti-
rantes.
SUTIL (limón).
Dice Salva que sutil, árbol o fruto, es un provincialis-
mo americano, cuyo equivalente español es seutiL Pero
¿qué esseutil? uUn árbol de América Meridional,» contes-
ta el mismo autor en su Diccionario «parecido al limone-
ro, aunque mucho menor i de hoja mas lisa. Su fruto, que
446 SUT
tiene el mismo nombre, es del tamaño de un huevo, con-
tiene mas sumo que el limón, i es mas ácido que éste.-»
La Academia, sin embargo, no ha dado a seutil entrada
a su Diccionario, i ha hecho bien, porque con ceutí basta.
ikCeuti se aplica a una especie de limón muí oloroso, cuya
planta vino de Ceuta.»
(Diccionario de la Academia.)
T
TABLERO.
Hai unos pocos que llaman así a los cuadros, tan usa-
dos en las escuelas i colejios, que sirven para que los
alumnos escriban operaciones aritméticas^ ejercicios de
gramática^ etc., i ojalá que esos pocos fuesen los mas,
porque tablero nos parece mejor que pizarruy como co-
munmente llamamos aquellos cuadros, i mas propio que
encerado, que es como se llaman en España.
TACO.
La pieza en figura de medio círculo que se pone por de-
bajo de la suela del zapato en la parte que corresponde al
calcañar del pié se llama tacón. En el Perú, Bolivia, la
República Arjentina i Chile la llamamos taco.
«A toda prisa se sacó una bota
I al rostro de Aniceta que salia
Despachóla, con tanta puntería,
De parte del bellaco
Que yendo adar el taco)) etc;
fJuAN DE Aron A. -^Poesías peruanas,)
Echar un taco, beber un vaso de licor.
En Arequipa dicen tomar un bebe*
448 TAL
TACHO*
Es chilenismo i significa un tiesto de cobre, fierro o
greda en que se calienta el agua al fuego para varios
usos i especialmente para el inate.
Estar como un tacho, fundido como un tacho, son fra-
ses con que se quiere dar a entender que la persona a
quien se aplican está excesivamente mimada.
«Delante de nosotros la cocinera, cruzada de piernas a
orilla del brasero, cabeceando, arrullada por el ruido del
agua que hervia en el tacho i por los ronquidos del gato»
etc.
(Z. Rodríguez.— Zoco Eustaquio,)
En Cuba^ según Salva, se llama tacho «la gran paila en
que acaba de cocerse el melado i se le da el punto de adú-
car.»
TAJAMAR.
És como sollama enSantiago desde la época colonial, la
muralla de ladrillos que defiende a la ciudad de las inunda-
ciones que la amenazaban en las crecidas del Mapocho.
¿Porque? Talvez porque el alarife que dirijió la obra i la
bautizó ignoraba que el nombre que le correspondía era el
de malecón,
TALABARTERO.
Es en español el que hace talabartes (^la pretina de qué
cuelgan los tiros en que se trae pendiente la espada.)
El que hace arreos para caballos i muías es guarnido^
ñero,
A todos ellos los llamamos en Chile talabarteros,
{^Falsear, — Entre los guarnicioneros es dejar en las si-
llas algún hueco i anchura para que los asientos de ellas
no hieran i maltraten.»
("Academia . — Diccionario .)
ÍAM 449
Sillero i silletero^ no son los que fabrican sillas de
montar i, sí, sillas para sentarse^ como lo prueban los dic-
cionarios (Academia i Salva) que dicen mui claro en la
correspondencia latina sellarum venditor^ artifex. Equi-
vocóse pues el señor Cuervo al creer que podia llamarse
silletero al que hace arreos para caballos i muías, i el se-
ñor Isacs al escribir en el vocabulario de su ' Mafia:
«Talabartero. — El que fabrica sillas de montar i arreos
para lo mismo; sillero,n
TALCA, TALQUINA (la)
Talca es una voz araucana [tralca) que significa truenoy
sentido en que la usan los campesinos de las provincias
meridionales.
Jugar a alguno la talquina es una frase mui chilena, que
equivale a traicionarlo y engañarlo, abusar de su confianza.
«Al fin si el hombre abomina
A la mujer sin razón
No le cause admiración
Si le juega la talquina.y)
fGüAJARDO* —El mal marido.)
TAMAL.
El tamal es una de las muchas comidas que se hacen
con el maiz; i se' diferencia de la umita solo en que se
prepara con maiz seco.
En Lima llaman tamal, según el señor Salvá> la
carne de cerdo que venden cocida por las calles.
En Arequipa oimos nosotros llamar tamales a nuestras
umitas las pocas veces que las hicieron de maiz fresco,
pues lo común es hacerlas de maiz seco^ que se remoja
antes de moler.
450 TEJ
TAMBORA.
Tambora es para nuestra plebe conio un aumentativo d©
tambor, pues llama así a los bombos, grandes tambores
que sirven de bajo en las músicas militares.
TARDE PIACHE.
Véase una explicación del orijen de lá lucucion que he-
mos puesto al frente de estas líneas.
«¿Era el tontiloco Pollo crudo aficionado a versos? ¿Iban
por este desaguadero sus disparates? ¿Provino de haberse
tragado algún empollado huevo, como aquel italiano que
dio orijen al refrán de tarde piacheH
(A. Fernández G. i Orbe, nota a la Perinola de Que-
vedo.)
TARJETERA,
Tarjetero es como quieren se diga los diccionarios der
la lengua.
TASCADOR.
Ciertas máquinas presentadas a la exposición agrícola
de 1869 con este nombre, son propiamente agramadoras.
Tascador es el instrumento con que se separa la arista o
agramiza del cáñamo agramado; o lo que se llama también
espadilla.
TEJEDOR.
El Diccionario de la Academia no lo trae en la acepción
de intrigante, hombre de dos caras; el de Salvá^ sí, pero
como provincialismo americano. Puede que lo sea; mas es
lo cierto que los españoles lo usaron en América desde-
TEL 451
los primeros anos de la conquista. De tejedores hablaba ya
don Francisco de Carvajal, como puede verse en Garcilaso
de la Vega.
«
«Acercóse un periodista
A una vieja tejedora:
— ¿Me hace unas calzas, señora?
— Con gusto i hasta la vista.
— Pero ¿cuánto vale cada
— Por ser del oficio, nada.))
(Z. Rodríguez.)
Tejer es intrigar, andar al mismo tiempo en tratos
con dos bandos contrarios.
TELENQUE.
Por temblador y trémulo, enclenque, es chilenismo i mui
antiguo, porque no es sin duda de ayer la socarrona copla:
— «A mi me llaman telenque,
Señor alcalde ¿qué haré?
— ¡Vaya Ud. con Dios telenque,
Que yo lo remediaré!))
((Tenia don Diego de Porras Telenque,
Perdone su amigo^ sobrada razón;
Que injuriosas palabras ofenden
Amables que lleven dañada intención.))
(Z. Rodríguez. — El Cura de Petorca,)
TELERA.
Llaman así los mineros de Atacama i Coquimbo al
pan ordinario, grande como de un pié de largo, con que
diariamente se les raciona. Es un provincialismo andaluz
adoptado en Chile.
452 TERR
TEMBLADERA.
Suele decirse en lugar de tembladero, tremedal.
íJe traversa! la plage de sable nu du rio de Tembladeros,
— Nota. — Tembladeras ^^ dit des sables mouvans.
(D'ORBiaNY. — Foy¿?»7e dans VAmérique Méridionale.)
TEMBLEQUE.
Por trémulo, como lo usamos, no existe en castellano.
TENDALADA.
Chilenismo, de significación mui semejante a la voz es-*
pañola tendalera, adescompostura i desorden de las cosas
que se dejan tendidas por el suelo.»
«Dejando la tendalada
De godos en esos llanos, (los de Maipo:)
.Los que libraron huyeron
Con su jefe don Mariano
Para nunca mas volver,
I Chile quedó en descanso.»
(GuAJARDO.-— i?o/wa?2ce de su vida.)
TEODOLITO.
Asevera el señor Gormaz que debe decirse teodolita.
Efectivamente, así lo trae Salva; Domínguez trae, empero,
teodolito: en cuanto a la Academia se lo dejó en el tintero.
Entre Salva i Domínguez optamos por el último: 1.°
porque el uso de la jente instruida está de su parte; i 2.^
porque, siendo teodolito una palabra griega [theodolichos,.
miro lejos) no hai motivo alguno para alterar su forma
cambiando en a la os final.
TERRADO.
Véase mojinete..
TIE 453
TESTAMENTAHIA.
l^estatnentaña es como debe decirse;
TETERA.
En español tetera es el vaso en que se hace la infusión
de té.
Nosotros llamamos también de esa suerte el tiesto, je-
neralmente de cobre o fierro, mas o menos redondo, con
asa encima i con pico por uno de sus lados^ que sirve pa-
ra calentar agua.
TIEMPLE, TEMPLAR, TEMPLADO, A..
Conviene advertir acerca del uso de estos vocablos:
4.^ Que templar es regular, como que tiene por añn al
sustantivo temple\ i que otro tanto debe decirse de su com-
puesto destemplar. No se diga, pues: «Estas niñas no saben
tocar la guitarra, pero la tiemplan admirablemente o el áci-
do me destiempla los dientes; sino, templari la guitarra,
destempla los dientes.»
2.* Que tiemple es un provincialismo chileno que sig-
nifica amante, querido, galán, i alas veces el amor o afi-
ción que dos amantes se tienen, en cuyo caso es casi si-
nónimo de camote. — «¡Bravo capitán! toda la noche ha
bailado con la hija del gobernador. — ¡Fina observación, mi
señor don Simplicio! ¿no sabe Ud. que están diQ tiemples?
o no sabe Ud. que hai entre ellos un tiemple furioso?»
3.® Que templado, a, equivale a enamorado, i también
a propenso a enamorarse. «Don Alonso no deja salir sus
niñas ni a la puerta de la casa; i hace bien. ¡Si son tan
templadas!))
Parece que este templado fuese un provincialismo an-
daluz, en cuyo caso deberla creerse lo mismo de tiemple.
üAsina te quiero perla,
Mu corriente i mu templáh
(Ramón Franquelo. — Cuentos, mentiras i exageraciones,
andaluces . — U7i Juramen to . )
454 TIR
TIENDERO.
La persona que tiene tienda o vende en ella por me-
nor, no es tienderOy como dicen tantos, sino tendero, como
quieren las reglas de la derivación. ^
TIMBIRIMBA.
Chilenismo, por juego de azar, especialmente con los
naipes.
«A una comida se seguía un baile, al baile las mucha-
chas, a las muchachas el almuerzo^ al almuerzo la timbi-
rimba, hasta que al fin i al cabo el aceite faltó a la lám-
para, que por cierto no era la maravillosa de Las mil i
una noches. yy
(JoTABECHE. — Los descubridores de Chañar cilio.)
También es usado en el Perú,
(cFrai Norberto que en estas materias no estaba por lo
relijioso, exclamó: No señor! ¡estudios mayores! la timbi-
rimba! ¡un montecito!»
(Felipe Pardo.— ^/ Espejo de mi tierra»)
TINTERILLO»
Provincialismo chileno, o mas exactamente americano,,
que^ sin ningún mérito de su parte, ha venido a suplantar
a los vocablos tan expresivos rábula i leguleyo, que sirven
en español para designar a los abogados de guardilla^
como los llaman en España^ i a los que sin título oficial
se ocupan en defender pleitos.
TIRANTEAR, TIRANTEO.
Estirar el hilo con que se sujetan las cometas para que
se remonten. La acción i efecto de tirantear se llama ti-
ranteo.
TOO 455
«Entonces con precaución
Le doi un buen tiranteo, y)
[Décimas del Volantín. )
En castellano, tirantear es tirar, i tiranteo, tirada.
TIRILLENTO.
Chilenismo que significa el que anda vestido de tiras o
nndrajos. Es derivado de tirilla^ palabra que en los labios
del vulgo es a poco mas o menos, chilpe, trapo viejo, roto
i comunmente sncio.
TIROS.
Las correas asidas a las guarniciones^ con que los ca-
ballos tiran el coche, se llaman tirantes, que no tiros como
se dice en Chile.
Tocayo.
El señor Vicuña Mackenna dice en su Historia de Sari"
tiago que esta voz no es mas que la mejicana indíjena to^
calt castellanizada; i su equivocación es de marca mayor>
como que basta abrir el Diccionario de la Academia para
leer: «Tocayo, ya: m. i f. Cualquiera persona respecto de
otra u otras que tienen su mismo nombre.»
El error del señor Vicuña provino sin duda de haber
visto en el Diccionario de Salva que tecale i tecali son
provincialismos mejicanos, i olvidado después que lo que
ellos significan es «una especie de mármol blanco mui
trasparente de que se hacen vidrieras para las ventanas
como de la alabastrina.»
Nuestro tocayo nada tiene que ver con eso; es de buena
cepa vascuence, como puede verse en el Diccionario etimO"
lójico de Monlau, páj. Ül.
456 TOD
TOCINO.
Llaman en Chile el lardo, lo gordo del tocino\ pero no
la carne del puerco que también se llama tocino en espa-
ñol, i que nosotros decimos carnéele chancho.
Lo castizo i lo mas claro seria llamar a la gordura lar-
do, i a la carne de puerco, salada o nó^ tocino.
TOCUYO.
Por la tela burda de algodón es un americanismo que
trae su oríjen de la villa del mismo nombre de Vene-
zuela en la cual se hacia el tocuyo.
TODAVÍA.
ftTita Cusí era todavía hermano de Sairi Tupac, sucesor
inmediato de Manco.»
(Miguel L. Amunátegui. — Un Mártir, Ferrocarril , marzo
15 de 1864.)
En este ejemplo está todavía por ademas, acepción que
le han dado últimamente los galiparlistas, traducien-
do el encoré francés; i es palabra socorridísima en tal sen-
tido en los editoriales de algunos diarios i en los discur-
sos de ciertos diputados.
TODO.
La locución tan común en Chile, son tantos en todo, no
es caztiza. El uso de la jente ilustrada exije que se diga
son tantos por todo. y)
«¿Cuánto por fin? — Cien onzas en todo, leo en una nove-
la, no siendo sino cien onzas /;or todo.y)
(Baralt. — Diccionario de Galicismos, voz en.)
aCent ecits en tout. — Cien escudos por todo,^^
(Capmany.— ^r/e de traducir.)
TOM 457
iiPevo advertid que en sujeto dó numerar suélese con-
servar la preposición por (en lugar de la en) si fuere con
la palabra todos: v. gr. «son po/' iodos ochocientos i vein-
ticinco reales.))
(Garcés. — Fundamento del vigor i elegancia de la lengua
castellana.)
% TOLDO.
No llamamos de otra manera el fuelle de algunos ca-
rruajes.
TOMAR, ADURA, ADOR.
Tomar en una de sus acepciones equivale a beber.
Tomador es el que toma.
Tomadura es la acción de tomar o porción que se ha
tomado.
En Chile el vulgo i algunos que se considerarían agra-
viados si en el vulgo los incluyésemos, no lo entienden así.
Para ellos tomar, es beber algún licor fermentado, alco-
hólico; tomador el bebedor, i tomadura, borrachera, em-
briaguez.
«Llegaron los indios i principió la tomadura.yy
(G. E. Cox. — Viaje ala Patagonia.)
Tomadura está aquí por borrachera.
Tener buena o mala tomadura, es tener blanda terri-
ble condición el borracho bajo la influencia del licor.
«Es cierto también que, cuando aquel desgraciado (Flo-
rín) exitaba su sangre con el alcohol^ como sucede a mu-
chos, lo que se designa con la expresión indíjena de mala
tomadura, se convertía en una fiera.))
(Vicuña Máckenna. — Diego Portales.)
«Ciíando estábamos en el Calenfú los pehuenches, es-
peraban con impaciencia la llegada de estos insaciables
tomadores. y)
(G. E. Cox. — Viaje a la Patagonia.)
458 TOM
TOME.
Eá una especie de totom menos flexible que la que s^
designa con este nombre; por eso es que mientras la pri-
mera sirve para techar ranchos i hacer los aparejos de lag
mulas^ la segunda se emplea en amarrar las viñas, en tra-
bajar esteras, sopladores, (a la española aventadores) asien-
tos de sillas^ etc.
Las voces castellanas correspondientes a nuestros chile-
nismos, son juncia i espadaña,
«De ella resulta que el rancho o tome de los temblores
(i este último nombre venia de la especie de paja con que
se cubria) estaba completamente, etc.»
(Vicuña Mackenna — Historia de Santiago.)
«Subí, pues, pensando esto ala carreta, contentísimo,
después de las niñas, i me coloqué en la boca posterior del
carro sobre una banquilla de totora.y)
(Z. Rodríguez. — Loco Eustaquio.)
Totora viene del quichua tutura, junquillo, i es de uso
corriente en el Perú i en la Arjentina:
«De playas sobre todo moradora
Pues pueblas su pelada superficie
Anidada talvez en la molicie
De sus ralos mechones de totora.^^
(Juan de Arona. — Poesías peruanas.)
'Juncos, espadañas, totoras, cardas
(Sastre. — El Tempe Arj entino.)
«Quien el desierto albergue trastornando
En término mas breve que una hora
Cargado vuelve i crespo de totora
Do están los caraaradas aguardando.»
(Oña. — Arauco domado.)
TOR 459
TOPEAR.
En castellano hai topar i topetar ^ pero no topear.
Topar por encontrar, hallar, es muí usado en Chile
entre la jente intonsa, que lo emplea bien, sin embargo,
porque así lo han usado desde Cervantes abajo los mejores
escritores peninsulares.
Topear es entre f/iiasos i lachos de a caballo, sinónimo
de pechar: (véase este verbo.)
Topada es en español topetada, morocada, (de los car-
neros) amurco (de los toros.)
«Pero sobretodo estaba bien con Reynaldos de Mon-
talvan i mas cuando le veia salir de su castillo i robar
cuantos topaba. n
(Cervantes. — Quijote.)
E\ capítulo XV de la primera parte de la obra citada
tiene por título: «Donde se cuenta la desgraciada aven-
tura QUE SE topó D. Quijote en topar con unos desalma-
dos yangüenses.»
«A la entrada de Alcalá el primero con quien topó fué
un estudiantico de Victoria.»
(Rivadeneira. — Vida de San Ig?iacio.)
Erró por tanto el señor de Arona al subrayar topes en
el siguiente pasaje de sus Poesías peruanas:
«¡Anda con Dios! ojalá
Que en trabajar te desveles,
I que por mas que trabajes
Nunca topes con la suerte!»
Lo mas que podria sostenerse^ apoyándose en la autori-
dad de Hermosilla, es que toparen el dia, en la aeepcion
de encontrar, es voz poco cuita.
toro o torito.
Es chilenisimo que usa el vulgo para nombrar una es-
pecie de bastidor de lona u otra tela que sirve a los ven-
460 TRA
dedores de las faenas, minerales i otros lugares para res-
guardarse del sol.
TORREJA.
Llaman así en Chile lo que en España se llama lu-
quete.
El señor Gormaz corrije tomja\ pero corrije mal, por-
que esta voz significa rebanada de pan con virio i no es
esa la acepción chilena de torreja.
TOTORA.
Véase tome. Salva dice equivocadamente tortora.
TRACALADA.
«Ocurosn en autores antiguos» dice el señor Cuervo, avo-
ces que no aparecen en los diccionarios i podria asegu-
rarse que no están vijentes en España, i sinembargo por
acá se oyen a cada paso.... Hemos llegado a sospechar que
nuestro tracalada, (nuestro también,) muchedumbre, cá-
fila, es, cercenada la primera sílaba, q\ matracalada de que
usa Quevedo en el lugar siguiente, i que no hallamos en
ninsTun diccionario:
O'
«Solo para vencer a Carlos Magno
Con tal matracalada a Paris baja.»
[Necedades de Orlando.)
TRAICIONERO, A
El señor Cuervo incluye esta voz entre las muchas que,
habiendo caido en desuetud en España, son mui usadas
en América; i parece ^consejar que la reemplacemos por
traidor. A nuestro humilde juicio seria lástima, porque, no
siendo indéntica la significación de ambas con suprimir
una empobreceríamos la lengua. En efecto, traidor es
el que comete traición en un caso dado, i traicioiiero el
TRA 461
que tiene el hábito de ofender traidoramente, con alevosía;
traidor es el que traiciona a su patria, a su partido; trai-
cionero el que asecha oculto a su enemigo i lo ataca por
la espalda.
Si pues las dos voces son castizas i útiles 16 mas acerta-
do parece conservarlas a las dos.
TRAJINAR.
Véase soplarse.
TRANCA.
Es provincialismo chileno i arj entino por embriaguez,
borrachera.
aEs decir los que no tienen
Mujer, desgracia que vienen
Con la tranca lamentando.»
(AscÁsuBi. — La Indiada.)
TRANQUERO.
Llamamos una especie de rústicas puertas que se ha-
cen clavando dos postes, con agujeros equidistantes, por
los cuales se pasan tres o cuatro trancas para impedir la
entrada i salida a los animales en las dehesas.
En el Perú se dice tranqueray que es voz española, aun-
que no en nuestra acepción.
«Aunque en su curso desigual la acequia
Con el bebedor sauce
Que vive de su cauce
Mucho utensilio rústico te obsequia,
Pues este amigo del acuátil jugo
Presta al arado yugo,
Tranqueras al potrero
I garabatos i ásperos sillones
Al animal carguero,» etc.
(Juan de Arona. — Poesías peruanas.)
462 < TRA
TRANSAR,
Este verbo que anda en boca de todos los habitantes
de nuestra tierra no existe en castellano; ni los que lo
inventaron tuvieron en su abono aquello de que la nece-
sidad carece de lei, pues maldita la falta que hacia exis-
tiendo ya traiisijir.
Transacciun sí que existe; pero como acabamos de es-
cribirlo con dos ce, i no con una, que es como escriben al-
gunos i pronunciamos casi todos.
«Participó también que con el fin de transijir los asun-
tos de Venezuela habia propuesto a Páez una entrevista
en la ciudad de Mérida.»
(Baralt i Dikz.'—Mesúmen de ¿a Historia de Ve7iezuela.'j
TRAPICHE.
Según el Diccionario de la Academia^ trapiche es el in-
jenio pequeño donde se trabaja el azúcar.
Parece que en el Perú llaman trapiches a los molinos
para moler la caña de azúcar. Leemos en una nota de las
Poesías Peruanas tantas ve«es citadas:
«Suspendida la molienda en las haciendas de Cañete
durante dos o tres meses del invierno, mas por atender a
reparaciones del fundo i en particular de las oficinas, i
mas que nada por limpiar el cauce de la acequia conduc-
tora del motor de casi todos sus trapiches,)) etc.
En Chile, donde no tenemos cañas que moler, llamamos
trapiche el molino destinado a pulverizar los minerales.
Dichos molinos se componen de dos piedras jiratorias i
una firme nombrada solera, si bien los hai también con
una sola piedra jiratoria i la solera,
TRAPOS.
Comerciar en trapos es una frase que los que en eso se
ocupan, por decoro propio i de la lengua, debieran sosti-
tuir por comerciar en jéneros.
TRA 463
TRASBOCAR.
Acerca de este verbo, tan de moda en Chile, dice el
señor Cuervo:
((Innecesario sobre poco analójico nos parece trasbocar
por vomitar, revesar. No habria inconveniente, ya que lo
han formado nuestros paisanos^ en que significase comer;
todo está en el lado por donde se considere la cosa.»
TRASTABILLAR.
Provincialismo que, si no nos engañamos, es corriente
eíi toda la América española, i que equivale a tartalear, tl^
tutear j trope:¿ar hasta casi caer, hacer eses, etc.
((De suerte que se enrede)
De las polleras tan fiero
Que medio trastabilló .^>
(AscÁsüBi.)
TRASTE.
Dígase trastos por los muebles o utensilios que sirven
para el adorno i servicio de las casas; como sillas, espejos,
etc. Dícese especialmente de los viejos o inútiles.
TRASTORNAR.
En Chile todo lo botamos i volteamos, olvidándonos de
Jos modos mas propios de decir: así botamos una botella,
un salero, una mesa, etc., teniendo, a mas de trastornar ^
a volcar i tumbar.
(d diciendo i haciendo subió por la redoma i la trastor^
"ló i salió fuera.»
(QuEVEDO. — Visita de los chistes.)
«Un salero volcó sin repararlo.»
(El duque de Rívas.— £"/ Moro Expósito.)
464 TRI
TRAVESES DE DEDO.
Es una expresión que apuntamos porque puede ser útil
a aquéllos que, acostumbrando'medir por dedos, no acier-
tan a darse a entender sino por señas, pues el que oye
ignora si los dedos lian de tomarse a lo largo o al través.
«Sea (la corbata) por otra parte mui estrecha o baja,
como de dos o tres traveses de dedo a lo mas.»
(MoNLAU. — Elementos de Hijiene privada.)
TRENZARSE.
Por tomarse cuerpo a cuerpo, a brazo partido, es pro-
vincialismo chileno, si bien solo usado del vulgo.
«Una condenada vieja
Se trenzó con un maldito,
I otro diablo pequeñito
Se le pegó de una oreja./)
(GuAJARDO. — Los grandes diablos.)
TRINCA.
Es chilenismo denotando un juego de muchachos que
consiste en meter en un hoyo abierto en el suelo, nueces,
bolitas de piedra, botones, etc. Su nombre español es
hoyuelo.
Véase a la trinca.
TRINCHE.
Dígase trinchante por el tenedor que usamos para afian-
zar el asado a fin de cortarlo.
trniTre.
En araucano thinthi es crespo. Trintre en el uso del
vulgo también lo es, aunque se aplica solamente a las aves
domésticas que tienen las plumas crespas.
TRÜ 4t5o
Juan Trintre es el nombre de uno de los principales ca-
ciques que existen actualmente en la Araucanía.
TRIPA GORDA.
Es como la jente que sabe poco de castellano i de aná^
tomia llama al intestino recto o simplemente al recto,
TRIPULINA.
No existe. Por la bulla o riña dígase tremolina.
TROMPÓN, TROMPEAR.
Es aumentativo de trompo, no como se imajinan muchos
de nuestros paisanos, bofetada, puñada, bofetón.
c(A persona no pregunté que no me socorriese con una
puñada o bofetón. y)
[Guzman de Aifarache,)
El Diccionario de Salva trae trompada (puñada) i troyn-
pear (dar de bofetadas) como provincialismos mejicanos.
TROPA.
Es provincialismo chileno-arjentino en la acepciort de
recua,
TRUxMAO.
Llaman así en las provincias del Sur una tierra mui del-
gada i arenisca. Es la misma explicación que da el padre
Febres en su Calepino de la voz araucana thumaug/i.
^ TRUTRO.
El muslo de las aves, especialmente después de muertas
i guisadas. También esta voz es de oríjen indíjena, pues en
araucano tute es el cuadril.
466 TUT
TULA.
Ignoramos si fuera de Chile hai algún país de habla cas-
tellana en que familiar i cariñosamente se llame Tulas a
las mujeres que en la pila bautismal recibieron el nom-
bre de Jertrúdis.
TUNANTEAR.
No existe; su equivalente castizo es tunar.
TUPIDO.
Se usa entre el vulgo como adverbio, i entonces lleva
el valor de, frecuentemente ^j:on insistencia o abundancia,
«Bebia con todo el mundo
Pues jamás llenó de vino
La panza grande i sedienta
Aunque le echaba tupido.y>
(Huérfano.)
TUSA.
Por la crin del caballo recortada con tijera es chilenismo.
Tusar es anticuado en España donde se dice atusar. Por
acá solo uno que otro lechuguino se atusa los bigotes, a
se los deja atusar por el barbero (en estilo corriente, pe-
luquero.)
TUTURUTÚ.
Sin duda ninguna que esta palabra es de oríjen qui-
chua. Desgraciadamente no hemos podido hallarla en los
diccionarios que tenemos a la mano. Se usa entre el vul-
go por tercero y alcahuete.
u
ULERO.
Llaman asi las cocineras de nuestra tierra un palito la-
brado, de forma cilindrica, que les sirve para reducir a
hojas la masa de las empanadas i otras frutas de sartén.
¿De dónde se deriva ulero? Indudablemente de lulo (véa-
se esta voz) la cual, según queda ya dicho, viene del qui-
chua lliilluy pimpollo j varilla.
Ulero en español es rodillo de pastelero o simplemente
rodillo.
ULPO.
Véase chércan.
Algunos que la echan de conocedores de la lengua arau-
cana escriben hulpo\ i escriben mal, porque la h no tiene
sonido alguno, i porque los autores de vocabularios de ese
idioma han escrito siempre ulpu, ulpud, ullpud,
(fl dice entonces, no hemos cenado,
Tengo hambre, padre, i mucho frió
Mi madre dice que no hai zapallo
I ulpo no ha hecho porque no hai trigo.»
(Z. Rodríguez. — La Manta delJornalero,)
UMBRALADO.
La tabla de madera o escalón de piedra contrapuestos al
dintel sobre los cuales se cierran las puertas se llama en
468 UMI
f^spañol umbral. Entre albañiles i arquitectos también la
viga que se pone encima de puertas i ventanas para afian-
zar éstas i asentar encima los adobes o ladrillos de la pa-
red. En esta última acepción dicen en Chile i en varios
otros paises americanos umbralado.
Dintel por umbral^ especialmente en sentido figurado,
es un disparate que se oye a cada triquitraque.
UMITA»
Del quichua hummita, bollito de harina de maíz, en*
vuelto en hojas de choclo [chalas) i cocido en agua o asa-
do en el rescoldo.
Entre las comidas con que la cocina indíjena enrique-
ció a la española criolla ninguna hai que aventaje a las umi-
tas (pues en este diminutivo hemos trasformado el orijinal
hummita) ni por su exquisito sabor, ni por la antigüedad
de su oríjen. Las umitas, aunque sin el azúcar de las
nuestras, eran el pan de los indíjenas en Tierra Firme a la
llegada de los españoles, si hemos de creer al famoso his-
toriador Oviedo i Valdes, quien en el capítulo IV del Suma-
rio de la natural historia ele las Indias, da sobre aquéllas la
siguiente curiosa noticia: c(Las indias especialmente lo
muelen (el maiz) en una piedra algo concavada con otra
redonda que en las manos traen, a fuerza de brazos, como
suelen los pintores moler las colores i echando de poco en
poco, poca agua, la cual así moliendo se mezcla con el
maiz i sale de allí una manera de pasta como masa, i to-
man un poco de aquello i envuélvenlo en una hoja de yer-
ba que ya ellos tienen para esto o en una hoja de la caila
del propio maiz u otra semejante, i échanlo en las brasas,
i ásase i endurécese i tórnase como pan blanco, i hace su
corteza por desuso, i dentro de este bollo está la miga algo
mas tierna que la corteza; i hase de comer caliente por-
que estando frió ni tiene tan buen sabor ni es tan bueno
de mascar, porque está mas seco i áspero. También estos
bollos se cuecen, pero no tienen tan buen gusto; i este
pan después de cocido o asado no se sostiene sino mui
pocos dias, i luego desde a cuatro o cinco dias, se mohecd
\ no está de comer.»
UTO 469
USTEDES.
Curiosísimo provincialismo chileno (o americano) es el
jjlural del pronombre personal tú. Los padres llaman a sus
liijos i los amos a sus criados (tuteándolos) ustedes. Los
hermanos i amigos de mayor confianza, que en singular se
dicen tú, en plural serán siempre ustedes. En España ese
ustedes es naturalmente vosotros.
UTOPIA.
Del griego ii (no) i topos, (lugar), en ningima parte, ima^
jinario.
¿Donde lleva el acento esta palabra? El Diccionario de
la Academia autoriza utopia i utopía. También el uso es
vario.
c< El alma crea
De la belleza la divina idea
En los objetos que la mente acopia
I hace del mundo una encantada utópia*y>
(Bello.— J^;^ el Álbum de Z>/ Josefa Reyes.)
<(E1 artesano aquí sin esa embrolla
Que exalta i fanatiza al de Lutecia
Su pitanza asegura, i no en su cholla
Hierve tanta utopía horrible i necia.»
» {Bretoi:^. ^Desvergüenza.)
VACIAR.
Por ser tantos los que yerran al usar este verbo en la
conversación familiar, advertimos que se conjuga yo vácioy
tú váciaSy él vacia etc. i no yo vaceoy tíi.vaceas, él vacea.
VAGOROSO.
El uso de este adjetivó es achaque de los poetas recien
sacados por Minerva de mantillas. Acudir a él lo menos
posible seria lo mejor; pero si no se puede resistir a la
tentación dígase al menos como manda el Diccionario, va-
garoso.
Véase, para muestra este pasaje que no es ni de un co-
plero ni de un americano; pero en el cual el pecado puede
ser muí bien del cajista:
«Al pasar por los límpidos espejos
Como los sueños en tropel vistoso
Las imájenes doblan los reflejos,
Arrebolando el aire vagoroso.y)
(Campoamor. — El Baile.)
VALDIVIANO.
Nombre de una comida chilena que se hace de charqui
machacado, i agua caliente. Suele añadírsele cuando se en-
472 VAL
cuentran a la mano un poco de cebolla picada i otro poco
de ácido de naranja.
Véase como explica el señor Vicuña Mackenna en su
Historia de Santiago el oríjen del guisado i de la palabra.
«El uso del valdiviano proviene del rancho que se daba
a la guarnición de Valdivia i que hacia parte del real
situado. Como no habia carne en aquellas localidades_, el
primero de cada mes se distribuia a la guarnición i hasta
a los empleados superiores su ración de charqui traido de
Valparaiso, i como el modo mas sencillo de prepararlo fue-
ra el cocerlo, los soldados lo condimentaban de esa suerte.
De aquí el nombre de valdiviano que está hoi desterrado
de Valdivia, donde se le conoce solo de nombre, pues ha
sido un hijo pródigo de la provincia.»
VALORIZAR.
Ni lo traen los diccionarios de la lengua ni recordamos
haberlo visto usado por algún escritor de nota. Sinembar-
go, el Diccionario español-inglés e inglés-español de Seoan-
ne, correjido i aumentado por Velázquez de la Cadena, lo
trae como provincialismo mejicano i como sinónimo de
valorar i valuar\ también según los casos podrá reempla^
zarse por tasar o justipreciar,
VALSE.
Dice el señor Gormaz que no existe i que debe pronun*
ciarse i escribirse vals.
No hai duda que vals es como escribe la Academia con la
mayoría de los buenos escritores españoles. Con todo, no
nos atreveríamos nosotros a reprobar la práctica; casi je-
neral en América, de acomodar la voz a la índole de la
lengua, agregándole una e tinal.
«Lola en la festiva tropa
Va, viene, revuelve, jira;
Valse! cuadrilla! galopa!
No descansa;, jio respira.»
(Bello. ~La5 Fantasmm.)
VEL 473
VAQUEÁNO.'
Véase baqueano,
VAREJÓN, VAREJONAZO.
Llamamos varejones las varillas de los árboles, (en espa-
ñol verguetas) i varejonazos los golpes dados con ellas.
Tal modo de expresarse es impropio: las varitas o ramos
delgados se llaman en castellano vardascas i los golpes
dados con ellas vardascazos.
Varejón es la vara larga i gruesa, i varejonazo el golpe
que se da con ella.
((Emparejó con él un hombre que venia de hacia Ochan-
diano, arreando con una verdasca un cerdo muí gordo i
hermoso.»
(Trueba.— Zííí Changas,)
VEGA.
Llamamos en Chile vegas los terrenos pantanosos que^
por su excesiva humedad, son impropios para el cultivo;
terrenos que se llaman, si no estamos engañados, puquia-
¿es en el Perú, i marjales en España.
Lo que llaman vega en la Península no hai necesidad
de declararlo; bástanos con recordar la tan famosa vega
de Granada.
VELAI.
Contracción de vedlo ahí. Es usado en algunas de las
provincias del Sur de Chile i mucho mas en la República
Arj entina.
En el Perú dicen catai en el mismo sentido.
En Colombia, según el vocabulario agregado por el se-
474 VEL
ñor Isaacs a su novela Maria, velai es interjecion de ex-
trañeza.
uVelai mate, apúrelo,
Velai otro cimarrón »
(ASCÁSÜBI.)
(kjCatai el Misti! exclamó el mozo, señalando con el
dedo hacia el Norte i saludando en seguida al tambero.y>
(Z. Rodríguez. — Arequipa.)
VELAS ESTERINAS.
¿Cómo se llaman las velas que conocemos con el nombre
de esterinas o estearinas'^. Ninguno de estos dos adjetivos
viene en los diccionarios. Talvez provenga ello de la cir-
cunstancia de haberse introducido mui recientemente el
uso de las dichas velas en España.
Mientras no tengamos mas luz sobré el asunto nos aten-
dremos a la autoridad de Monlau, quien escribió en sus Ele-
mentos de hijiene privada:
«Sinembargo, .el sebo en cierto estado (velas eteáricas)
no tiene ninguno de los inconvenientes que acabamos de
enumerar.»
VELÓN.
Decimos por la vela grande, i decimos mal, por que lo
que velón significa es una especie de candelero para las lu-
ces de aceite.
«Un velón puesto en una palmatoria cuya base se baña
en el agua de una palangana colocada en el medio del co-
medor.»
(Blest Gana.— ^/ ideal de un calavera*)
VELORIO.
Como sinónimo de velación, es un provincialismo ame-
ricano.
VER 475
También se usa entre el pueblo ignorante para denotar
la acción de poner luces, flores i otros adornos a los cadá-
veres de los párvulos, costumbre que si por una parte da
testimonio de la fé viva que lo anima, por otra es pretex-
to i ocasión de holgorios i borracheras que son un signo
de barbarie.
((Por aquí hai la costumbre de solemnizar con una fies-
ta el velorio de un niño que muere antes de dos años; i
muchas veces estos velorios suelen servir de pretexto a los
aficionados para remoler i jaranear tres o cuatro dias.»
[Huérfano.)
VENIR.
Venir de, por acabar de es un galicismo tan grosero que
el señor Baralt no creyó de utilidad mencionarlo en su
Diccionario. Entre nosotros ha empezado ya a asomar las
orejas i no estará de mas en consecuencia dar el alerta a
los incautos i noveleros.
«Pero un dia el jeneral Castilla se encuentra con el je-
neral Vivanco al frente del pais conmovido i mimado i sin
ministros porque todos venian de renunciar.»
(Manuel Bilbao. — El J^errocarril de 28 de junio de 1863.)
Verdad que ningún disparate debiera causarnos extra-
ñeza en el escriborroteador que escribió en la introduc-
ción a las obras de su hermano Francisco: «San Francis-
co de Sales era su modelo a imitar.^ «Bilbao venia de ser
condenado;^) i mas adelante este otro que no es ya galicis-
mo sino pehuenchismo\ «los amigos de Bilbao vasean sus
bolsillos, i aun los artesanos.»
VEREDA.
Vereda, dice la Academia, «es camino angosto, distinto
i separado del real.» No queremos entenderlo así en Chi-
le, donde nombramos con la dicha palabra la orilla enlo-
sada de la calle, por donde va la jente de a pié^ que es
justamente lo que en espaijol se llama acera.
476 VIE
«Las casas de las veredas del sol i las opuestas de la
sombra.»
(Vicuña lákCKm^k.— Historia de Santiago.)
verija;
Cualquiera de las dos cavidades que hai entre las cos-
tillas falsas i el vientre inferior del cuerpo animal, se lla-
ma en castellano ijada o ijar.
En Chile (i en Colombia también según lo atestigua el
señor Cuervo) dice la jente intonsa verija; voz que es, a
no dudarlo, una corrupción de vedija.
El señor Bello escribió hijadas, al trascribir en su Arte
métrica aquel romance que comienza:
«Batiéndole las lujadas
Con los duros acicates.»
El ejemplo no debe imitarse. La Academia escribe ija-
da conformándose con la ortografía de ilia, que es la voz
latina de que se deriva.
(J al guaso me le robaron
Hasta el lazo de verijas. yy
(GuAJARDO. — El Lazo de verijas.)
VIEJA.
Es el nombre con que se conocen en Chile los cohetes
sin varilla que corren caracoleando por entre los pies de
los espectadores de los fuegos artificiales. En español se
llaman buscapiés. En el Perú huscapiques , i en Colombia
buscaniguas.
«¡Ai la ?;z(?/a.' esconde a Diamela, gritó doña Engracia.»
(Blest Gana. — Martin Rivas.)
VIEJÍSIMO.
Es como debe decirse^ por haberlo establecido así el uso
de la jente ilustrada que es el arbitro del lenguaje; i no
VIN 477
vejisimo como suelen escribir algunos afectando un culte*^
ranismo intolerable.
VILOTE.
Muí usado entre la jante zafia por tímido y cobarde^ la cual
suele dar también a vil ese mismo sentido.
«No seas tan vilote
Hombre que bailas.
No temas a esa niña,
Ríndele el alma.»
(Zamacueca,)
VINAGRERA.
Por acide¿ del estómago, es chilenismo. En español se
llama acedia.
Los bogotanos dicen agriera,
«Mas por ciertas vinagreras
Paralizó sus trabajos.»
(GuAjardo.— /il las calduditas mi alma!)
VINCHA.
A la chilena se llama así la cinta con que las mujeres
suelen recojer i sostener el cabello.
El nombre castellano es apretador i también cintillo,
«Llamaban éste (el lazo que recojia las trenzas sobre las
sienes) valaca las limeñas \ jaque o vincha las hijas del
Mapocho.»
(Vicuña Mackenna. — Historia de Santiago.)
No hemos oido jaque,
viñatero.
El señor Gormaz dice bien que no existe; pero no an-
duvo mui feliz al señalarle por equivalentes viñatero, viña-'
478 VOL
dero i viñador. Pudo también agregar a la lista viñero\
mas no sin advertir que están lejos de tener una. signifi-
cación idéntica.
Viñero es el dueño de viñas.
Vinatero el que vende i compra vinos.
Viñadero el que guarda alguna viña.
Viñador el que la cultiva.
VIVO, A.
Por travieso es un chilenismo, o mas exactamente, un
provincialismo americano.
VOLADOR.
Llamamos así lo que en España llaman cohete*
En Bolivia dicen volantines.
aMira los voladores. Hoi liai casamiento en la casa.»
(Z. Rodríguez, — Loco Eustaquio.)
volantín.
Véanse comisión i alargada.
En Colombia volantín se usa por volteta o voltereta.
Entre nosotros por cometa.
ftPero no me gustarla que los gobiernos, tomando a Ija
letra la ficción de la cometa, trataran a los ciudadanos,
esto es, a seres racionales i dueños de sus acciones como
a pandorgas i quisieran manejarlos con un hilo, cual los
muchachos a sus volantines. y)
(M. L. Amunátegui. — Juicio de las Poesías de don An^
dr es Bello.)
volatín.
Es según el Diccionario la persona que con habilidad
i arte anda i voltea por el aire en una maroma haciendo
VOL 479
otras habilidades i ejercicios semejantes. También los ta-
les se llaman en español volatineros.
En Chile llamamos simplemente volatín al espectáculo
mismo, i al que hace las suertes maromero. Nuestro uso
es castizo, por mas que la Academia no dé expresamente a
volatín esa acepción, puesto que se la de en la voz paya-
so, que define: «El que en los volatices i fiestas semejantes
hace el papel de gracioso con ademanes, trajes i jestos
ridículos.»
n^Volatínes, nacimientos,
Sombras chinas i otras farsas
El primerito
(T. DE Iriarte. — La Señointa mal criada.)
VOLIDO.
Que a cada paso oimos i leemos, como el volido de una
mosca, no lo trae ningún diccionario.
«No se oye sin embargo en las galerías el volido de
una mosca.»
(Vicuña Mackenna.— Caríí? del Guadalarce.)
<(Te asustas del volido de una mosca.»
(M, Blanco Cx^KuTrn.-^ Soneto.)
VOLVERSE HACHES I CUES.
Es volverse sal i agua.
«....Un trapalón malvado
Lo engañó con artimañas
I le empeñó en un proyecto
Que se le volvió sal i agua.y)
(T. DE Iriarte. — La Señorita mal criada.)
Dice el señor Bello en su Ortolojía: aEs un vicio con-
fundir estos dos sonidos (el de la Ll i el de la Y) como lo
suelen hacer los americanos i andaluces, pronunciando v.
gr. Seviya\ de que resulta que se empobrece la lengua i
desaparece la diferencia de ciertos vocablos como vaya
i valla y halla i haya, etc.»
En fuerza de la observación anterior nos liemos deci-
dido a escribir con y todas las palabras de orijen quichua
o araucano en que aparezca la //, v. gr. yol, de llollej yam-^
po, de llamppu etc.
YAMPO:
Probablemente esta voz, que usan nuestros mineros para
denotar el mineral molido que sale de las labores, viene
del quichua llamppu, lo que es blando, suave, molido co-
mo harina.
«De la desdeñosa aseguran (los jóvenes copiapinos) que
es un metal frió que necesita calcinación o majistral\ de
la que no lo es confiesan ser barra pura, plata a la vista, lei
6,000 marcos, mui metalera, un llampo riquísimo.»
(JoTABECHE. — El derrotevo de la veta da los tres portezuelos.)
YAPA
Del quichua yapana, añadidura»
Lo usamos para indicar lo que el vendedor da graciosa-
mente ademas de la cantidad u objetos comprados.
«t
4S2 YO
«Podia comprarse una sandía enorme con otra mas
chica de yajm o ñapa (lo último decía en sus bandos don
Mariano Egaña.)))
(Vicuña Mackenna. — Z7¿5/of2a de Santiago,)
En español se dice añadidura o adehala,
«También iré con vosotros.
Que a este lobo carnicero
Vosotros daréis la queja.
De la pierna^ yo del hueso
Que dan por añadidura,)^
(MoRETO. — El Valiente justiciero.)
«Adehala: Lo que se da de gracia sobre el precio prin-
cipal en lo que se compra o vende.»
[Diccionario de la Academia.)
yayí.
Harina de yayi es la que se hace de una especie parti-
cular de maiz pequeño i esponjoso, llamado curagua.
Hacer yayi una cosa, es hacerla trizas, despedazaría.
YO SOI EL QUE^ ETC.
¿Debe decirse: yo soi el que digo o yo soi el que dice:
nosotros somos los que aseguramos o nosotros somos lo que
aseguran'^ ¿Sería censurable yo soi quien dice o digol I
qué pensar de yo soi que dice o yo soi que digol
Los señores don Andrés Bello, don Francisco Merino
Ballesteros, en las notas a la Gramática de aquél i don
Rufino J. Cuervo en sus Apuntaciones, discuten extensa-
mente el punto, i de sus razones i mas aún, de los ejem-
plos que aducen^ hem.os sacado en limpio que en oracio-
nes como yo soi el que digo, puede ponerse el verbo en
primera o en tercera persona, según mejor cuadre al
gusto o intención del que habla o escribe. Otro tanto de-
cimos de la frase yo soi quien, equivalente a la anterior.
Creemos sin embargo que lo mas ajustado a la filosofía del
YOL 483
lenguaje es hacer concordar el verbo que sigue al reía"
tivo con el sujeto de ser, diciendo: yo soi el que digo, tú
eres quien dices, etc.
A este respecto dice el señor prebendado Saavedra en
su raui filosófica Gramática elemental de la lengua española:
^El que i quien son voces relativas, es decir que repro-
ducen un antecedente. Nada mas natural que estas pala-
bras revistan el carácter de su antecedente en la concor-
dancia con el verbo; de suerte que se hagan primera o
segunda persona según el antecedente sea primera o
segunda. El idioma latino observaba esa regla: ego sum qui
peccavi (yo soi quien pequé, traduce un libro impreso en
Madrid a principios de este siglo, i yo soi el que he pecado,
traduce el padre Scio) leemos en el libro 2.^ de los Reyes;
i tu est qui extraxisti me de ventre, se dice en el salmo 21,
i no sonarla bien tu est qui extraxit me de ventre. Nuestro
quien i el que son el qui latino.»
Cuando el sujeto de ser es plural no hai duda, pues es
preciso concordar con aquél el verbo que sigue al rela-
tivo: nosotros somos los que aseguramos.
El yo soi que, ocurre en Cervantes, pero no debe imi-
tarse.
YOL.
Del araucano Hollé, especie de espuerta o sera de cuero,
que se mantiene abierta por medio de vardascas colocadas
en lo interior. Los yoles sirven para el acarreo de las
frutas, legumbres, granos, etc.
z
ZAGUAL.
Zagual {con z porque parece de oríjen árabe) decimos
a las atarjeas o alcantarillas.
zahumador;
No es en rigor chilenismo; sin embargo, lo corriente en
España para designar la vasija de plata o de otro material,
cuja tapa está llena de agujeros para que por ellos salga el
humo del zahumerio, es 'perfumador o pebetero.
ZAMBARDO.
Zambardo, (lo escribimos con z por que parece derivado
de zambo) es provincialismo mui expresivo i que según
los casos se asemeja en su significado a torpeza, ave-
ría, estropicio, disparate ejecutado o hablado. Derramar
el tintero en vez de la salvadera sobre lo que se acaba
de escribir para secarlo, es un zambardo. Otro seria que
la costurera, trastrocando los piezas de un vestido, pega-
se la fimbria en la pretina i dejase para afuera el revés de
la tela.
ZANGO.
Véase sanco.
486 ZOR
ZANDUNGA.
Suelen emplear algunos esta voz, que en castellano sig-
nifica garbo, (¡rada, donaire, como equivalente de zam-
bra, bureo.
«I sin andar el que esto escribe metido en la zan-
dunga.ri
(Moisés Vargas. — Lances de Noche Buena.)
ZANGUANGO.
El hombre corpulento i simple, en castellano bausán,
zamacuco.
Ei señor Vicuña Mackenna dice que esta voz nos ha
venido de Manila.
En la lengua de Tidoré, según el vocabulario que trae
la Historia de las Indias de Oviedo, zanguago, significa,
magnate, hombre de copete.
Ambas estimolojías nos parecen dudosas.
ZAÑARTU,
Se dice de alguno que es un Zañartu cuando se quiere
dar a entender que es colérico, de carácter duro, de con-
dicción terrible.
Volverse un Zañartu, es volverse un tigre, una fiera,
salir de las casillas.
Un activo, empecinado i duro correjidor i justicia ma-
yor que tuvo Santiago por los años de 1762 a 1780 i que
dirijió la costruccion del puente de cal i canto haciendo
trabajar a los presos con mas látigo que salario, de apellido
Zañartu, fué el que dio oríjen a las locuciones anotadas.
ZORZALEAR, ERO, A.
Del mismo significado que bolsdar, bolsero i que codear,
codeador, ora. ¿La abundancia del nombre no podria ser
un indicio de la abundancia que hai de la especie en nues-
tra tierra?
ZÜM 487
«Al fin es bueno señores
Que haigan hartos zorzaleros
Porque no habiendo bolseros
No córreme los licores.»
(GüAJARDC— Zo5 Bolseros,)
ZUMBA.
Chilenismo equivalente a zurra, azotaÍ7ia, tanda.
«Mi madre me dio una zumba
Porque le pedí marido;
Mamita déme otra zumba
I después lo que le pido.»
(Tonada popular.)
FIN.
ERRATAS.
Ademas de algunas de poca consideración que notará i correjirá
fácilmente el lector ilustrado, se cometió la de imprimir en la pa-
jina 176, con /¿, la palabra chupalla, que según su pronunciación de-
bería de haberse escrito, con t/, chupaya.
ft*;i.
PLEASE DO NOT REMOVE
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PC
R55
Rodrigue z, Zorobabel
Diccionario de
chilenismos