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Full text of "Diccionario de Chilenismos y de otras voces y locuciones viciosas"

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DICCIONARIO 

DE CHILENISMOS 




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DICCIONARIO 



DE CHILENISMOS 



I DE OTRAS l'OCES y LOCUCIONES yiCiOSAS, 



POR 



MANUEL ANTONIO ROMÁN, 

Bignidad dt (faanlrr do la .Hrlropolitana de Naulingo de Chile 

y Vicario Oeneral del Arzobispado, 

Individuo lorrexpondienle de la K. Acadrniin Española 

T enlrr lo» Arcades "Kamueno Meicneo". 



V 



TOMO II: ssMo-as 

Y SUPLEMENTO Á ESTAS LETRAS 



SANTIAGO DE CHILE 

IMPRENTA I)H SAN JOSÉ 

Av. Cóndell, 33. 

1908 11 




A LA. 

REAL ACADEMIA ESPAÑOLA, 

en prueba de gratitud 

por haberle otorgado el alto honor 

de nombrarle i'or unanimidad 

Individuo suvo Correspondiente, 

DEDICA 
ESTE segundo TOMO DE SU OBRA 



¿Oí 



piíOLO(;o 



"Una ó (los veces, respondió Sancho, si 
mal no me acuerdo, he suplicado á vuesa 
merced cjue no me enmiende los vocablos, 
si es ijue entiende lo que cjuiero decir en 
ellos.» 

(Quijote, p. U, c. VII). 

He aquí, sintetizado, el argumento que siempre estamos oyendo 
de los Fanzas, que tanto abundan en la república de las letras: no 
quieren que nadie les enmiende los dislates contra la lengua, por 
horribles que sean, porque les basta que se entienda lo que quieren 
decir. ¡ Como si en las demás cesas de la vida nos contentáramos 
con lo primordial y primitivo solamente! ¿Qué nombre .se da en 
el mundo civilizado al hombre que tiene por habitación una choza, 
por traje una piel ó taparrabo, por alimento las carnes crudas y 
las frutas silvestres? Á éste se pueden comparar, en el orden lite- 
rario, los que pretenden haijlar y escribir sin "ningún arte ni 
e.studio }• sin re-spetar lo que tiene de propio y peculiar cada idioma. 

iís cosa, en realidad, humillante para nuestra calidad de seres 
inteligentes lo que pa.sa en el uso de la lengua. Fer.sonas que 
cuanto al vestir .son la elegancia misma y que no permiten .se les 
pare un pelillo ó mota en el bien cortado traje, suelen hablar y pro- 
nunciar como cualquier rústico, y, lo que es peor, hacer hasta gala 
de ello. Estos mi.smos, que en materia de guisos y de licores, en 
modales y acciones de buen tono, en amor al arte y á la cultura 
material, son capaces de dar quince y falta á la persona más culta 
y educada, sin embargo, tratándose del lenguaje, calzan poco más ó 
menos los puntos del Gobernador de la Baratarla; y aún más, creen 
darla de leídos ó ilu.strados mezclando voces ó locuciones france.saíi, 
que de puro vulgares producen en ciertos oyentes una .sonrisa de 
conipa.sión ó desdén. 

Jjá.stima es pues que tanto .«e ofusque el hombre, hasta el punto 
de dar vt\(v iinjiortancia á lo material que á lo intelectual, preti- 



— X — 

riendo lo que afecta á los sentidos y descuidando lo que va más 
directamente al alma. 

El lenguaje es uno de los mayores dones que Dios ha hecho al 
hombre; pero tiene que cultivarlo, pulirlo y consenarlo, como lo 
hace con los demá.s dones naturales. No puede dejársele correr li- 
bremente como el viento ó como el agua, ni puede consentirse que 
se mezcle con elementos que no le son propios, for eso los gramáti- 
cos, estudiando la índole y el carácter de cada lengua, le han 
trazado á cada una sus reglas fijas para que corra por cauce propio 
y conserve su ser castizo. Si esto no se hace, la lengua bastardea, se 
corrompe y muere; si, al contrario, se la estudia, se la pule, se la 
limpia, como se hace hasta con las obras materiales, como los sem- 
brados, parques y jardine.s, la lengua se embellece, da hermosas y 
variadas ñores y cosecha, en obras literarias y poéticas, los más 
sazonados frutos. 

Eíto es lo que debemos hacer con la lengua castellana, la más 
rica y armoniosa, la más hermosa y variada de cuantas se conocen : 
estudiarla, aumentar- cada vez más su ricjueza, pero en conformidad 
con sus propias leyes, y limpiarla de todo lo que pueda afearla ó 
empañarla. Si este cuidado se tiene con las bellas artes, no mez- 
clando unos estilos con otros; si así se hace con las plantas finas y 
hasta con las razas de animales, ¿por qué no hemos de exigir 
igual ó mayor cuidado con la lengua, que vale muchi.simo más qiie 
todo eso para la vida intelectual de los pueblos? Una lengua bien 
manejada, con toda su propiedad y pureza, con la elegancia y ar- 
monía que saben darle los cjue han llegado á ser artistas de la 
palabra, es la obra estética de más fuerza y valer para la mente 
humana, la que más la seduce y aquieta, la que le hace gustar los 
goces más puros y completos que en esta vida pueden recibirse. De 
mí sé decir que es tanto lo que me seduce y cautiva el castellano 
cuando es bien hablado, que en una ocasión en que me conversó 
por algunos instantes un caballero húrgales (confieso mi debili- 
dad), se me fué, como familiarmente se dice, el .santo al cielo: de 
tal manera me embelesó la música y pureza de su lenguaje, que no 
fui dueño de mis facultades intelectuales. Algo parecido me sucedió 
cuando leí, hace algunos años, el «Tratado de las virtudes cristianas» 
de .Monseñor (íay. traducido por don Gabino Tejado, donde la 
prosa castellana, fuera de uno que otro giro moderno, corre con toda 
su limpieza y elegancia y el estilo parece ser un reflejo de las virtu- 
des que la obra trata de enseñar. 

Y es natural que suba inmensamente de valor el mérito del autor 
y de su obra cuando el instrumento que emplea, esto es, el lengua- 
je, es de buena calidad y se sabe diestramente manejar. Así sucede 
también con las demás artes, especialmente con la música, y con 
las demás obras humanas. Las voces castizas y propias tienen de 
.suyo tal ^•i^tud, que, apoyándose en ellas, por sí solo se remonta y 
vuela el espíritu. 



— XI — 

Mas; dejemos estas generalidades y volvamos á nuestro prólogo. 

Hemos seguido en este 2.° tomo el mismo método que en el 1.°, 
aunque quizás los artículos han tomado más extensión por el mayor 
número de citas y por el estudio de las etimologías; lo que natu- 
ralmente se explica por los nuevos conocimientos que vamos ad- 
quiriendo con la lectura de otros autores y con las nuevas obras 
que sobro estas materias se van publicando. 

En Chile no son muchas todavía. Sin embargo, no estamos des- 
contentos; porque á lo menos se ha conseguido interesar al público 
en esta clase de estudios j' ya se cuentan por centenares los que 
leen nuestros chilenismos en "La Kevista Católica", donde se pu- 
blican primero y i)criódicamente. 

Ahora lo que falta, ya que se tratfl de una obra eminentemente 
patriótica y superior á las fuerzas de una sola persona, es, que el 
Supremo Gobierno estimule á los suyos para cpie tomen parte en ella. 
-Muy propio y oportmio sería, por ejemplo, y a.*í lo proponemos al 
Sr. Ministro de Instrucción Pública, que se diera un premio espe- 
cial en dinero ó en aumento de años de senúcio para el efecto del 
sueldo y de la jubilación, á todos los profesores de castellano que 
publiquen una colección de las voces propias de una provincia ó 
departañicnto. Así lo hizo con magnítíco resultado el 1'Ijo. Don 
i^'rancisco .Javier Cavada respecto de la provincia de Chiloé. y a.«í 
podría hacei-se también con todas las demás, porque la mies es 
mucha y está repartida por toda la larga faja que se llama Chile. 
Con asto conseguiríamos, entre otras ventíija*, las dos bien grandes 
de popularizar la.s voces castellanas correspondientes á las chilenas 
y de conocer y unificar nuestro lengiiaje. Ahora que con el ferro- 
carril y demás medio? de locomoción se ha facilitado y continúa 
facilitándose la comunicación entre todas nuestras provincias, 
conviene que se conozcan las pocas voces que son propias de una ó 
de algunas, para que así disfrutemos mejor el gran bien que pro- 
duce en una nación y sus habitantes la unidad de lenguaje. Los 
que han viajado por otros países, en que de un lugar á otro se 
habla distinto idioma, y tan distinto á veces, que no se entiende 
de él una .«ola paJabra, pueden apreciai' mejor la incomparable 
ventaja que tenemos en Chile. .Vquí el chileno y cualquiera que 
hable el castellano se pueden pasear desde la Tierra del Fuego hasta 
Tacna, y, salvo contadas voces locales, entenderán todo lo que se 
les hable. Los indígenas que quedan en el Sur, son tan pocos, que 
no merecen tomarse en cuenta, y cada día di.s.minuyen más, porque 
van entrando rápidamente por las vías de la civilización, y lo 
primero que hacen, para sacudir el pelo de la dehesa, á fin de 
que no se les conozca lo que han sido, es aprender el castellano y 
negarse á usar la propia lengua. Con esta circunstancia, que es otra 
ventaja para la unidad del castellano en Chile, á la vez que una 
prueba del talento y orgullo de la raza araucana, queda éste domi- 
nando sin contrapeso en toda la República. ¿Qué comodidad más 



— XII — 

grande para los gobernantes y los subditos, para la religión, para la 
la política, el comercio y para todas las relaciones de la vida, que 
usar una sola lengua, hablada y entendida por todos? 

No han meditado, .-^in duda, en esto los que han soñado con una 
lengua nacional chilena, idea tan utópica como descabellada, y 
que sólo serviría para aislarnos de las demás naciones americanas 
y de España. For el contrario, á todos nos interesa entendernos con 
el mayor número de naciones; y, si estudiamos con tanto trabajo y 
dispendio de tiempo las demás lenguas para comunicarnos con las 
naciones que las hablan ó para conocer sus literaturas y progresos, ¿con 
(jué hn ahondar las diferencias del castellano de una nación á 
otra? ¿JNo es más útil y racional estudiar los provincialisnios de 
cada una y tratar de reducirlos á voces generales y corriente^, en 
todo el mundo de habla española? 

i^or esta misma razón somas enemigos también de la llamada 
ortografía chilena ó de Bello, y más enenilgos aún de que el 
(iobierno .se meta á legislar en e.sta materia. Si así lo hicierr. cada 
nación, resultaría que en poco tiempo tendríamos tantas ortogra- 
fías como naciones hablan bien ó mal el castellano, sin contar los 
novadores más ó menos audaces, que también querrían singulari- 
zarse con la suya. Y en tal ca.-^o. ¿qué sería de la lengua, si cada 
cual le pone el traje que su fantasía ó capricho inventa como me- 
jor? En poco tiempo quedaría tan de.sñgurada, que no la coiux-e- 
ríainos los mismos que la hablamos. 

De desear es pues que el (Gobierno chileno — y ésta es otra indica- 
ción que hacemos al Sr. .Ministro de Instrucción — enmienrie el 
yerro que cometió cuando decretó para Chile una ortografía espe- 
cial. Lo justo y natural es volver á la ortografía de la Real Acade- 
mia Española, que es la autoridad que, en general, todos acatamos. 
Bien está, y ella con gu.sto lo recibe, que se le hagan toda>; las 
observaciones que se crean justas; pero sometámonos á sus resolu- 
ciones generales. ¡ Qué oportuno habría sido haber rendido este 
homenaje á la madre E.spaña en el Centenario de nuestra indepen- 
dencia! Aboliendo ese ilegal y malhadado decreto, habríamos 
(lado prueba de cordura y de amor á España y á la lengua que ella 
nos legó. Pero todavía es tiempo, si hay voluntad de hacerlo. 



Después del e.studio de los chilenismos, en lo que hemos puesto 
más diligencia y cuidado es en per.seguir los innumerables galicis- 
mos que infestan nuestro lenguaje hablado y e.scrito. Desde el arte- 
sano ó comerciante que anuncia en los diarios y en su tienda el 
calzado á máciuina, los motores á vapor y á gas, los trajes sobre 
medida; desde el escritorzuelo y el orador chirle que se saborean con 
un tan es así, es por esto que, y blasonan del amor que tienen por 
el idioma, que hace tiempo ha que estudian: desde los ciegos imi- 



— xiir — 

tadores del extranjero, que no sabeu construir ni concordar el se 
pasivo con su verbo, y se meten á la barata por los campos del ge- 
rundio; desde éstos y demás turba de profanadores y asesinos 
de la lengua, hasta los autores de más alto coturno que se ocu- 
pan de obras más elevadas, cuando más no sea para disipar los 
sufrimientos de la vida, ó que van persiguiendo fines ó 
ideales nobilísimos, todos son barbarizantes y galieistas, reos 
de leso idioma. Y ¿qué remedio habría para que se enmendaran, 
ó á lo menos no contagiaran á los demás? A decir verdad, no 
hay más que uno, que es el estudio. Sí, estudiar la lengua castella- 
na pii loí tratadistas especialeíf, en los buenos diccionarios y en la 
lectura de los clásicos y de lo.-^ autore,* correctos y esmerados, es el 
dique general que debe oponerse á la irrupción galicana. Pero, en 
particular (y supla á la autoridad la buena intención aconsejaría- 
mas estos dos medios: que en los colegios, tanto en las clases de 
castellano como en las de framcs. se haga estudio especial y prácti- 
co de los galicismos con su traducción correspondiente; y en segun- 
do lugar, que los diarios, siquiera para reparar el mal que han 
hecho y siguen liaciendo. publiquen con alg-una frecuencia artículos 
breves sobre vicios y corrección de lenguaje: y esto sin perjuicio de 
exigir á sus redactores, gacetilleros y reportei'os mayor conocimien- 
to del castellano. É.stos son los casos en que no .se puede ni se debe 
condescender con los Sanchos, "prevaricadores del buen lengaiaje"; 
por más que nos supliquen que no les enmendemos los vocablos, 
hemos de hacerlo por el bien de ellos mismos y por gi'anjear nom- 
bre de gente culta y bien hablada. 



Esto dicho, y reiterando las gracias á todos los que nos han ayu- 
dado dándonos algunas voces ó acepciones que no conocíamos ó 
explicándonas lo incierto ó dudaso. entregamos á la indulgencia 
de los lectores este 2." tomo de nuestra obra. Los demás irán salien- 
do según lo permitan las ocupaciones más serias y sagradas que 
tenemos y que no podemas dejar de atender. Mas, como la materia 
que estudiamos tiene tantos atractivos y constituye por .sí sola un 
campo casi virgen, aj>enas rozado y roturado, no necesitamos, para 
seguir adelante, nada que ñas espolee, ivsthnamos como sobrada 
recompensa, fuera del gozo íntimo que se .siente cuando se descubre 
algo que nadie ha«ta ahora había en Chile descubierto, la que nos 
dio la más alta corporación que guarda y custodia el tesoro de la 
lengua castellana y los aplausos y enhorabuena con que nos han 
acompañado y acompañan las personas serias y entendidas. 

Santiago, 2 de Febrero de 1911. 



ABREVIATURAS 



En genera], son las mismas que usa el Diccionario de la Real Academia Es- 
pañola, excepto una que otra que ha sido necesario agregar. 



a. 


activo (verbo). 


lat. 






latino, na. 




acep. 


acepción. 


loe. 






locución. 




adj. 


adjetivo. 


m. 






masculino. 




adv. 


advervio, adverbial. 


n. 






neutro (verbo) . 




amb. 


ambiguo. 


n. pr, 






nombre propio. 




ant. 


anticuado. 


part. 






participio. 




apell. 


apellido. 


pl. 






plural. 




art. 


artículo. 


prep. 






preposición. 




com. 


común de dos. 


r. 






reflexivo (verbo) 




conj. 


conjunción. 


s. 






sustantivo. 




Dice. 


Diccionario de la 


sing. 






singular. 






Academia, 13."ed. 


Ú.ó 


li. 




Úsase. 




expr. 


expresión. 


Ú.ra 


. c 


;. S. 


« más como 


sustantivo. 


ext. 


extensión. 


Ú. t. 


c. 


adj. 


« también « 


adjetivo. 


f. 


femenino. 


Ú. t. 


c. 


n. 


« « « 


neutro 


fam. 


familiar. 


Ú. t. 


c. 


r. 


f< « « 


reflexivo. 


fig- 


figurado. 


Ü.t. 


c. 


s. 


« H « 


sustantivo. 


fr. 


frase. 


v. 






verbo. 




interj. 


interjección. 













WÉ>ÉíÉmám±áiÉi±±^^ÉmámáiÉiÉm±mM: 



(svr«j5ui 





Las palabras impresas con letra versalita y con n/rmri, son conectéis; 
las impresas con negrita son viciosas. 



CHAB 

¡Cha! Yriisc ¡Cliar! 

Chaba o Chabo. m. Dim. fam. 
de Sebastián. ChabitO hemos oído 
llamar las estampas pequeñas del már- 
tirSaii iSebastián. lín Andalucía llaman 
Chano, ito, al que lleva este mismo 
nombre, y Bastión, en otras partes de 
España. 

Chabela, ita. Diminutivos fami- 
liares de Isabel. Valera y casi todos los 
chisicos usan Isahelüa; lo mismo Mo- 
ratin: 

¿Conque la boda está hecha 

Del barfín o huhclitii' 

(El Barm). 

Santa Teresa emplea Hela (carta 141), 
sobro lo cual dice l-a Fuente: a Hela ó 
JJelii'a, dim. de Isabel, muy coiniin en 
aquella época, y aun ahora en nuestras 

Dice, de Chil.. t. II. 



CHAO 

provincias meridionales». Sabido es 
también que la Jielisa cantada por 
Lope de Vega era diminutivo y ana- 
grama á la vez de halwl. En Méjico 
dicen también Chabela como nos- 
otros. En la fonética castellana no es 
raro que la fricativa s se convierta en 
la palatal ch, y especialmente si se to- 
ma en cuenta la pronunciación infan- 
til, principal é inagotable fuente de 
estos diminutivos. 

Chacanear, a. Espolear á la ca- 
balgadura basta sacarle sangre. — Picar 
al buey con la aijada, también hasta 
sacarle satigre. La 1 ." acep. es muy 
usada; la 2." no tanto. La etimología 
parece ser el aimará ccliarm, que P>er- 
toniointerpreta '(hueso de losanimales; 
gota de algún licor», juntándose así 
las dos ideas; el hueso herido del au¡- 

1 



CHAO 



CHAO 



mal (cadera ó costilla) y la sangre que 
le gotea. También hay en quichua un 
V. chacani, que significa «atravesar un 
palo con otro», y que puede haber da- 
do origen á nuestro chilenismo, por 
cuanto las púas de la espuela y la punta 
de la aguijada atraviesan la piel de los 
animales. Aunque el Dice, de Zerolo 
admite este v. como chilenismo, co- 
piando la definición de Rodríguez, no 
creemos conveniente recomendarlo, 
pues, á más de espolear, mjuijnr, aijui- 
jonear, picar, hn-^ rail frases para ex- 
presar esta misma idea en castellano; 
como hatir las ijadas ó i/ares, hincar 
las espuelas. 

Chacarería y Chacarero, ra. 
Véase Chacra. 

Chacay, m. Voz araucana con 
que se designan varias plantas de la 
familia de las rámneas. Parece ser la 
aladierna caslellana. En la provincia 
de Concepción hay un departamento 
entero que lleva el nombre de Puchn- 
caij, que significa los chacayes, 
por lo abundante que son allí estas 
plantas. 

Chacolí, m. «Vino ligero y algo 
agrio, qtie se hace en Vizcaya y en la 
provincia de Santander »...8ti. vinarie- 
gos de Sud- América y otras regiones, 
á vosotros os incumbe probaí' que tam- 
bién conocéis y sabéis fabricar el cha- 
colí. Para nosotros, es el vino hecho 
con la uva común del país, llamada de 
viña. En algunas provincias lo confun- 
den con la chicha, porque fermenta sin 
el orujo; en otras lo llaman vino nuevo; 
y de Maule al Sur, pitarrilla. La 
gente más ignorante suele pronunciar 
Chocolí, por la influencia de chOCO. 

Chacota, ear. No hay en estas pa- . 
labras castellanas alusión alguna al 
jueyo de manos, que es el sentido en 



que nosotros las usamos. Chacota: 
«bulla y alegría mezclada de chanzas 
y carcajadas, con que se celebra alguna 
cosa». — Chacotear, n. // ná ;■..- «bur- 
larse, chancearse, divertirse con bulla, 
voces y risa». 

Chacra, f. «Vivienda rústica y 
aislada». Así lo dice el Dice; pero 
entre nosotros tiene la voz chacra dos 
aceps. muy distintas: propiedad rústica 
no tan grande como la hacienda, ni tan 
pequeña como la quinta ó granja; y 
sembrado de maíz, fréjoles, papas, hor- 
talizas. Don Fernando Alvarez de To- 
ledo, en el canto XXI de su Purén 
indómito, habla de «algunas chacarillas 
de cehadat), que ahora nadie llama así. 
Asimismo el P. Ovalle da á la 1 .» acep. 
una extensión desconocida ahora, di- 
ciendo que «las que llaman chacras, 
son como acá [en Europa] las aldeas 
de donde se provee el sustento de las 
ciudades», (ffistór. Relación, 1. VIII, 
c. XI). Ningún chileno ni americano 
confundiría ahora la chacra con la al- 
dea; más bien la confundiría con la 
masada castellana: «casa de campo y 
de labor, con tierras, aperos y ganados » ; 
ó con la alquería: «casa de campo para 
la labranza». — De la segunda forma 
de esta palabra (chácara) se derivan 
chacarero y chacarería. La primera está 
admitida, pero no definida conforme á 
nuestro uso. Chacarero, ra, adj.: 
«dícese del houjbre ó mujer que tra- 
bajan en el campo; ú. t. c. s.»; para 
nosotros no vale tanto sino sembrador 
ó cultivador de chacras en el segundo 
sentido en que tomamos esta voz; es 
parecido al pelantrín y ¡jegujalero ó 
peyujarero castellanos. — Chacarería 
no está admitido, y es: conjunto de 
chacras en esta misma segunda acep., 
y también el arte de cultivarlas. 



CHAF 



CHAG 



Chacra, f. Lastimadura que se 
hace á los animales con la espuela, con 
la aijada ó con las piernas. Es forma 
corrupta, por contaminación con el 
anterior, de chacanear ó del chan- 
cro que se conoce en ]\Iedicina. Defí- 
nelo así el Dice. Encicl. Hispano- 
Americano: «úlcera venérea contagio- 
sa, cuyas consecuencias no son siempre 
la sífilis, pero que á menudo determi- 
na graves complicaciones. En otro 
tiempo llamábanse f/ia??fros las úlceras 
ó tumores de carácter invasor...» 

Chacharas ó chacharachas, 
f . pl. Baratijas, cachivaches, trastajos. 
— Ringorrannoü: «adornos superfluos 
y extravagantes». En e.=tas dos aceps. 
se usa en Chile. Parece derivarte del 
quichua chachara (andrajoso, desarre- 
glado), contaminado con el castellano 
chachara (abundancia de palabras inú- 
tiles). En Colombia, según Cuervo y 
Uribe, se usa la forma chécheres, 
que traducen: baratijas, trebejos, bár- 
tulos. En Catauíarca se usa chacha, 
que, según Lafoiie Quevedo, significa 
«adorno, flor, cosa de más», y que 
también puede tener alguna relación 
con nuestro chilenismo. 

Chafalonía, f. Conjunto de trozos 
ó piezas viejas de oro ó plata que se 
vende al peso ó á bulto, sin tomar en 
cuenta el trabajo que se empleó en 
labrarlas. El último Dice, lo admitió 
en su Apéndice como Peruanismo so- 
lamente y cotí esta definición: «plata 
ú oro que se emplea para labrar vajilla, 
cubiertos, etc.», que, como se ve, no es 
la que conocemos y usamos en Améri- 
ca. En cuanto á etimología, ya que no 
la apunta el Dice., suscribimos con 
gusto la que barrunta el aigentino 
D. R. Monner Sans: «(ieiieralmente 
los objetos de plata li oro ipie se venden 



están abollados, chafados, y si no lo 
están, el comprador puede chafarlos, 
pues los va á fundir. El que chafa será 
chafaJón, dando á la desinencia on su 
verdadero valor vascuence, y los obje- 
tos que el cJiafaJón vaya á chafar po- 
drán recibir el nombre colectivo de 
chafa¡oniay>. (Ñolas al caslellano en la 
Argentina). 

Chafalote, m. Chafarote: «alfan- 
je corto y ancho, que suele ser corvo 
hacia la punta. || fig. y fam. Sable ó 
espada ancha». 

Chafar, a. Usámoslo aquí en el 
significado de-ecliar, despedir: sobre 
todo, maquinar ó trabajar secretamente 
para esto. Chafaron d Fulano t/e si/ 
empleo. Parece que hubiera cierta con- 
fusión con el s. chafan. En castellano. 
chafar no significa esto, sino: «aplastar 
lo que está erguido ó levantado: co- 
mo las hierbas ó plantas, el pelo de 
ciertos tejidos, etc. U. t. c. r. || Arru- 
gar y deslucir la ropa, maltratándo- 
la. II fig. y fam. Deslucir á uno en una 
conversación ó concurrencia, cortán- 
dole ó dejándole sin tener qué res- 
ponder». 

Chag'O, m. Dim. fam.de Santiago, 
y en algunas partes, de Belisario. En 
otros puntos llaman Tag'O á los San- 
tiaijiiHiis. 

Chagrín, m. Voz francesa con que 
se desigua un cuero de asno ó mulo, ado- 
bado de suerte que la superficie resulte 
granujosa. U. para calzado, muebles, 
pasta de libros, etc. Algunos pronun- 
cian chagTÍ, ó á la francesa cha- 
grén ó chagrán. En castellano no 
le conocemos equivalente exacto, sino 
sólo aproximado, como gvadameci ó 
guacbanaci, guadamecil ó guadamacil 
(cuero adobado y adornado con dibu- 
jos de pintura ó relieve) y zapa (piel 



CHAL 



OHALL 



labrada de modo (jiie la flor forme 
grano como en la lija). 

Chagual, m. Planta de la familia 
de las bromeliáceas con troncos esca- 
mosos y flores verdosas. La médula del 
tallo nuevo es comestible; las ñbras 
sirven para cordeles; los troncos secos, 
para contrapeso de redes, asentadores 
ó suavizadores de navajas de afeitar, 
etc. El nombre es de origen tjuiehua: 
chahuar, estopa, cerda, y se usa en el 
Perú y en la Argentina aplicado á 
plantas poco más ó menos parecidas á 
la nuestra. 

Chalala, f. Especie de sandalia 
que usan en Chile los hombres muy po- 
bres y consiste en una plantilla de cnei'o 
de vaca crudo, con cuatro agujeros 
y atada al pie con correas. Es inferior 
á la atarea y á la alpargata espartólas. 
El nombre más general que tiene, es 
el de hojota (así escribimos, y nó oj O- 
ta como el Dice, por la razón que 
expondremos en su lugar); los nombres 
de chalala y chalaila, que usan 
también, son algo despectivos. La eti- 
mología más probable nos parece ser 
el V. gitano chalar, andar, ir. 

Chalanesco, ca, adj. Propio del 
chalán. Bien puede admitirse como ya 
lo están tantos otros despectivos en 
esco. «Tan poca labia y malicia el po- 
brecillo desplegaba en este oficio dui- 
lanesco, que pronto hubo de (juedarse 
en la calle». ((Saldijs, Jlisrrironlia, 
XVI). 

Chalcha, f. Pedazo de carne ó 
gordura que cuelga de la cara, debajo 
de la barba, en personas ó animales. 
Si es carne que crece en abundancia, 
se llama en español papada; si foima 
una parte abultada, /irt/;o; y si es pe- 
queña, papadilla. Es voz araucana, 
que Febrés traduce por «papada». 



Chalchudo, da, adj. Derivado 
del anterior. Dígase papudo, da: nque 
tiene crecido y grueso papojj. — En otra 
acep. mal derivada se aplica también 
al perro que, como el dogo y el perdi- 
guero, tiene los labios colgantes. 

Chalequero, ha, m. y f. Sastre y 
sastra (ó costurera) que hacen chalecos. 
El f., sobre todo, es muy usado en 
Chile, y aun en España, según lo ates- 
tiguan las obras de Eusebio Blasco. 
Ambos deben figurar en el Dice. 

Chalet, m. Xadie es profeta en su 
patria... El chalet es en su patria la 
vivienda rústica que fabrican para su 
uso los pobres del campo, y entre nos- 
otros es la elegante casa, de cierta 
forma especial, que para su recreo 
construyen los ricos fuera de la ciudad. 
La voz es suiza, del patués de los Gri- 
sones, y significa aisa de vacas, quese- 
ría; se formó del latin castelletum (Ag. 
Pascual). 

Chalilones, m. pl. Son el cama- 
ral, el antruejo ó las carne.^tvlendas 
españolas, es decir, los tres días que 
preceden al miércoles de ceniza. Tam- 
bién se llaman aquí los áltimox días, 
así á secas, como quien dice los últimos 
por antonomasia. La etimología es 
araucana: el v. chalin, despedir, y el 
s. don, carne; la misma idea encerrada 
en caniar(d=carne rale (adiós, carne), 
aunque otros quieran darle otro origen, 
y en canieíitoleii'las=carnes tolleiidas 
(carnes (¡ue han de quitarse ó supri- 
mirse). En la provincia de Chiloé y en 
una que otra parte se usa la forma 
chalilo, qne se deriva del participio 
chalilu: los que se despiden. 

Challón, na, adj. Del araucano 
eludía, olla; por la forma redonda que 
tiene la cara del challón. Es el cas- 
tellano cariancJio, cha, adj. fam.: que 



CHAM 



CHAM 



tiene ancha l;i cara. Véase Carantón. 

Chamal, ui. Voz que en araucano 
significa «la manta de las indias con 
que cubren todo el cuerpo». (Febrés). 
Cuelga desde los hombros y por delan- 
te del cuerpo se ajusta cargando un 
lado sobre el otro y atándolo con un 
cintuión. El que usan ios hombres es 
desde la cintura pai-a aliajo y se en- 
vuelve en las piernas á modo de pan- 
talón. Como esta voz designa un objeto 
especialisimo y desconocido en España, 
puede admitirse en e! Dice, como lo 
están tti utas otras que designan objetos 
parecidos de los indígenas de América. 

LHAMAXTEEA, f. Mujer que teje 
chamantos. Merece admitirse en el 
Dice, y, una vez que lo esté, ya no 
contará la chamaniera con tanto des- 
consuelo como ahora: 

Yo tejo muchos cltumantoi'. 
Me llaman la chamantcra; 
Por más chamantos que tojo, 
Ne he encontrado quie'n me qiiiera. 

Chamanto, m. Mala estrella ha te- 
nido este pobre vocablo en todos los 
que han escrito sobre chilenismos, pues 
ninguno de los que conocemos ha acer- 
tado con su definición y lo han con- 
fundido con la mantaca, también chi- 
lenismo. Esta si que es manta gruesa 
y burda, de lana, tejida en el país y 
usada en el invierno por la gente ile 
campo. Generalmente no lleva /t«i«c/i« 
en el cabezón (boca) ni en las orillas; 
éstas suelen rematarse con flecos for- 
mados del mismo tejido. El chumanlo 
es cosa muy distinta: es la manta de 
lujo que tiene el hombre de campo 
entre nosotros, y consiste en una manta 
de lana fina, regularmente de muchas 
listas y de distintos colores. En cada 
una de estas listas, ó en algunas por lo 



menos, so hacen en el mismo tejido 
distintas figuras: árboles, flores, pája- 
ros, iniciales del dueño, etc., lo cual 
llaman las cha ntuiU eras en perfecto 
castellano htbores, y por eso en algunas 
partes se llama también esta prenda 
maula de labor. Si la manta no lleva 
estas figuras, sino simples cuadros, en 
las listas más anchas, (¡ue se llaman 
campos, ó las tiene en una sola haz, no 
llega á la categoría de chamanto, el 
cual es siempre de dos haces, es decir, 
de distinto color por ambos lados; te- 
jido que, por su mayor dificultad, es 
mucho 'más caro y estimado. No hay 
duda de que conoció bien los clunnan- 
fos Don Daniel Barros Grez, cuando 
en su novela de El Huérfano escribió: 

Hácele sombra, aletón. 
Un gran sombrero de lana.. 
Y un chamanto muy gfuaroso 
Hasta el avío le baja. 

Rodríguez, que trae esta cita, no ad- 
virtió en el calificativo de g'uaroso 
que se da al chamanto; que, si lo hu- 
biera advertido, no habría confundido 
esta prenda con la maniaca, la cual, 
por lo pesada y gruesa que es, en nin- 
giin caso llega á ser g'uarosa, por([ue, 
si rarísima vez admite alguna g'Uara 
(dibujo ó labor), es de lo más burdo y 
sencillo. Irisando ahora á la etimología, 
no ha sido más feliz este vocablo. Lenz, 
talvez el único que se ha aventurado á 
darla, sospecha (jue puede ser fn.sión 
de chamal con manto. Mejor nos paréele 
á nosotros derivarla del araucano cha;/, 
rama grande de árbol, l;)razo de río, 
pierna de animal, muslo de gente, y el 
castellano manto; de suerte (jue cluiii- 
manlo ó chamanto sería: manto (jue 
tiene listas semejantes á ramas de ár- 
bol, brazos de río, etc., concepto ente- 



CHAM 



CHAM 



ramente explicable por las listas y 
labores del chamanto. — La forma 
chamanta que da D. Andrés Bello 
en unos versos de su Proscrito, no la 
hemos oído jamás, y quizás fué equi- 
vocación suya en sus primeros años de 
permanencia en Chile, ó la primera 
formación de esta voz (cliii(j-inania). 

Chambado ó chambao, m. Es 
la cueriia castellana, esto es: «vaso 
rústico hecho con un cuerno de res 
vacuna, quitada la parte maciza y ta- 
pado en el fondo con un taco de made- 
ra». Véanse Cacho, Chifle y Guám- 
paro. 

Chambeco, m. El diablo. <rCom- 
paire, mire el Chambeco, la cola 
lo bien relarga », escribe un autor po- 
pular. Es de uso general en Chile, es- 
pecialmente enel pueblo y en las mon- 
jas. — Por la costumbre que hay de 
pintar al diablo con defectos en los 
pies y en las piernas ó en posturas 
ridiculas, y talvez por contaminación 
con chambón, se ha hecho á cham- 
beco adj., aplicándolo á la persona 
que por defecto corporal es torpe ó 
deslucida en sus movimientos, adema- 
nes, etc. ; concepto que puede expresar- 
se por la voz castellana tronera, com. 
fig. y fam.: «persona desbaratada en 
sus acciones y palabras, y que no guar- 
da método ni orden en ellas». En esta 
acep. ú. chambeco c s. m. No he- 
mos oído la terminación f., pero segu- 
ramente está en uso. Parece que este 
vocablo se deriva del francés jambe, 
pierna, dim. Jambette, patita ó patilla. 
Así como en español se llama al diablo 
pateta y patiJlcts, así pudo algún fran- 
cés traducir á su lensjua el significado 
literal. La terminación eco puede haberse 
agregado más tarde por semejanza con 

patuleco, chulleco ó chueco. 



Chambón, na, adj. fam. «De escasa 
habilidad en el juego. Ú. t. c. s.» Esto 
dice el Dice; pero en-Chile y en casi 
toda la América Latina se aplica á 
toda persona que no es diestra en un 
arte ú oficio. — -Figuradamente lo apli- 
camos también aquí á la persona que 
en cualquier asunto ó negocio obra 
desacertadamente, ó sin habilidad ni 
experiencia. Este uso ha pasado ya á 
España, como se ve por estas palabras 
de D. Clemente Cortejen en su Arte 
de componer en lengua castellana (c. 
III): «;De cuántas maneras puede 
expresarse esto sin que intervenga pa- 
ra nada el afrancesado que, traído á 
Castilla por algún traductor chambón?^ 
Luis Besses, en su Dice, de argot espa- 
ñol, lo da como voz popular y lo tra- 
duce: «poco diestro»; y Apolinar Rato 
de Arguelles, en su Vocabulario Bable, 
le da también la acep. de «el que en 
su oficio hace ó remata mal las cosas». 
En vista del uso general de América y 
con la autoridad de los Dices, de Salva 
y de Zerolo, que admiten la acep. que 
apuntamos, es de creer que pronto la 
acepte también el léxico académico. 
Entre tanto, para expresar la misma 
idea están: chapucero, ra, adj. y ü. t. 
c. s.: «dícese de la persona que trabaja 
tosca y groseramente»; chafallón, na, 
ídem, ídem; zarrampUn, m. fam.: 
«hombre chapucero y de poca habili- 
dad en una profesión ú oficio». 

Chambonada, f. fam. «Desacierto 
propio del chambón». Así el Dice.; pero 
nosotros lo extendamos tanto como á 
Chambón. 

Chambonear, n. fam. Hacer ó decir 
chambonadas, en el sentido del an- 
terior. Usase aquí tanto como los dos 
precedentes; por eso y con la misma ló- 
gica debe también admitirse, pues no 



CHAM 



CHAM 



bastau sus siuóiiiiuüs í/ut/iiaea/; cha- 
fallar, frangollar, y para la acep. fig. 
errar, desateriar, desbarrar fdisparatar, 
etc. 

Ch.amelÍCOS, m. pl. fam. Trastos, 
muebles, vestidos, especialmente si sou 
viejos. En castellauo hay : trebejos, en- 
seres, bártulos. La etimología es el 
aimará cchamillJcti, olla pequeña, olla 
de guisar locro. Por extensión signifi- 
caría después todos lostiestosdecocina, 
y en seguida los objetos de una casa. 
Más conforme con esta etimología es la 
forma chamilicos, que también se 
usa mucho. 

Chamico, m. Es el estramonio 
castellano. Stramonium datura, llaman 
los botánicos á la especie americana, 
conocida desde Estados-Unidos hasta 
Chile y la Argentina. El nombre pro- 
cede del quichua c/iamincu ó chamku. 

Chamiza, f. Cierta hierba silvestre 
y medicinal, que sirve también para 
techumbre de chozas; y nó como entre 
nosotros: leña menuda, chámara, cha- 
marasca, chamada, fagina, támaras. 
La leña delgada y redonda se llama 
tuero. 

Chamoscar, a. y r. Chamuscar. 
El que el incendio busai, ó se quema ó 
se chamusca (refrán español). 

Champa, f. La acep. fundamental 
es la misma de la raigambre castellana: 
«conjunto de raíces de varios vegetales, 
unidas y trabadas entre sí». (Barbas, 
f. pl., significa también «raíces delga- 
das que tienen los árboles y plantas»). 
De aquí pasó á significar también tepe, 
césved ó gallón («pedazo de tierra cu- 
bierto de césped y muy trabado con las 
raíces de esta hierba, que, cortado en 
forma prismática, sirve para hacer pa- 
redesy malecones»)yí'f/ie//ü/í («masa de 
tierra que se deja adherida á las raíces 



de una planta y que conviene conser- 
var cuando se ha de hacer el trasplan- 
te»).— Otra acep. fig., pero fam., es: 
cabello largo y enredado, porque pre- 
senta el aspecto de una raigambre ó de 
un tepe. — En Minería se llama cham- 
pa la masa de metal formada de este 
mismo modo. — Los mineros y canteros 
llaman también así el borde saliente 
que se forma en el barreno ó barrena 
que ellos usan, á causa de los golpes que 
le dan con el martillo ó la almádana. — 

Debajo de esta champa hay 

bagres: fr. fig. y fam. que significa 
entre nosotros hallar una cosa buena 
donde no parecía estar. Aplicada á per- 
sona, significa lo mismo que el refrán 
español Debajo de una mala capa luty 
(ó suele haber, ó se oculta) un buen 
bebedor (ó vividor), «que advierte que 
se suelen encontrar en un sujeto pren- 
das y circunstancias que las señales no 
prometen»; ó también Debajo del sa- 
yal (ó so el saycd) hay áh «refrán 
que denota que no debe juzgarse de 
las cosas por las apariencias». La voz 
ál es un adj. anticuado, derivado del 
aliud latino, otra cosa, y que alcanzó 
á usarse hasta el siglo XVL — La eti- 
mología de este vocablo es el quichua 
y aimará cchampa, terrón con su 
hierba. 

Champaña, amb. Si ya es conocido 
en todo el mundo y los mismos españo- 
les lo beben, no hay por qué excluirlo 
del üicc. (véase Burdeos); por el con- 
trario, incluyase cuanto antes y así, á 
la española, champaña, pues muchos no 
saben cómo escribirlo y pronunciarlo. 
De las tres formas que suelen usai'se 
champagne, champañy cham- 
pán, no es posible aceptar ninguna: 
hay que trajearlo necesariamente ¡i la 
castellana. 



CHAM 



CHAN 



Cliampañazo, m. fam. Banque- 
te, cfliuida ó simple reunión en que se 
Itebe mucha cbampaña. 

Cliampear, n. Sacar tepes de la 
tierra y colocarlos para algún fin. Xo 
tiene mucho uso. Para éste y Cham- 
pudo véase Champa. 

Champion, m. Puro galicismo 
que están introduciendo los ignorantes 
del castellano. Ni en esta forma ni en 
la castellana de campeón significa lo 
que aquí se quiere espresar, esto es, 
atleta ó púgil. El primero es más ge- 
nérico (competidor en cualquiera de 
los ejercicios de la carrera, la lucha, el 
pvffüafo, el salto y el disco, en los an- 
tiguos juegos públicos de Grecia ó 
Italia) y el segundo es particular para 
el caso, pues significa: «gladiador que 
contendía ó combatía á puñadas)\ ¿Por 
qué no generalizar estas voces clásicas 
y dejarnos de novedades extrañas al 
castellano? Aun el neologismo hoxea- 
dor es preferible á champión. 

Champú, m. Del inglés shampoo, 
lavar y limpiar la cabeza. Usase aquí 
por-lavado ó lavadura de la cabeza, y 
también por el-mixto ó composición 
que se emplea para ello, que tiene co- 
mo base el jugo de la corteza del quiUmj. 

Champudo, da, adj. Aplícase á 
la planta que tiene mucha raigambre; 
y también á la persona de pelo abun- 
dante y revuelto, enredado como la 
ch.ampa, es decir, melenuda y gre- 
ñuda. En este último sentido usamos 
más á chascón, na. 

Champurrear, a. Dígase cha- 
purrar ó cM/purrear: «hablar con di- 
ficultad un idioma, pronuuciándole 
mal y osando en él vocablos y giros 
exóticos». — Champurrear no exis- 
te en castellano, sino solamente cham- 
purrar, a. fam.: «mezclar un licor con 



otros. Aquí se usa la mala forma 
champurrear no sólo tratándose 
de idiomas y de licores, sino también, 
fig. y fam., de cualquiera otra mezcla. 
En Asturias, según el Vocabulario de 
D. Apolinar Eato de Arguelles, usan 
la misma forma y también ea las dos 
aceps. 

Champurria, com. Araucano 
con sangre española, ttifisUso. — Fign- 
radamente, araucano españolizado. 
Es derivado del v. castellano champu- 
rrar en la acep. de «mezclar un licor 
con otro», y se usa principalmente en 
el Sur de Chile. 

Chamtchka. f. Desde la 12.* edi- 
ción del Dice, está admitido como 
peruanismo en el significado de «po- 
pulacho», cuando en realidad es ame- 
ricanismo, pues se usa, ademiis del 
Peni, por lo menos en Guatemala, 
Venezuela, Ecuador, Chile y Argenti- 
na, según los respectivos Dices. Como 
ya lo sospechaba Calcaño. es corrup- 
ción de chamV'Squma en su acep. fig. 
y fam. de «riña ó pendencia». Así se 
usa en Méjico, según afirma García 
Icazbaleeta, y nada tiene de extraño 
que del nombre abstracto de riña ó 
pendencia se haya pasado al concreto 
de populacho ó plebe, que es el que 
forma de ordinario las chamufiqmHas. 
por otro nombre climniiswg. 

Chamuscadura, f. Admitenlo 

Salva y Zerolo, pero nó la Academia, 
la cual nos da en su lugar á cMmitsC'O, 
m., y chamu^iguína, i.: «acción ó efec- 
to de chamuscar ó chamuscarse». El 
aumentativo cJmmuscón, aunque no 
registrado en el Dice, pero usado por 
Hartzenbusch y otros, puede suplir 
también á cualquiera de los dos. 

Chana, f. Dim. fam. de Felin'ana. 
También usamos la fr. ñs. v fam. Lo 



)HAN 



CHAN 



mismo da (ó tiene) Ctiaua que 

Juana, que corresponde á laá caste- 
llanas: Oüro y aceiluiio, todo es uno; 
ídem per ídem,- Es material; Llámale 
(ó llámele üd.) hache; Tanto monta. 
En Catamarca, segúu Lafoiie Quevedo, 
dicen: «Para lo que es Chana buena 
es Juana»; y en general, en la Argen- 
tina y Bolivia, según Ciro Bayo, uLo 
mismo es Chana que Juana». 

ChanGa, f. Trituración de mine- 
rales, granos, paja, etc. — Los mismos 
minerales triturados. — Figuradamente 
paliza, tunda. Véase Chancar. 

Chaxcaca, f. «Azúcar mascabado 
en panes prismáticos», dice el último 
Dice. El complemento «en panes pris- 
máticos* debe suprimirse en la defini- 
ción, porque no pertenece á la esencia 
de lo definido, sino que es solamente 
una de las muchas formas en que pue- 
de presentarse la chantara. Otros sinó- 
nimos que trae el Dice, son: melote 
(último residuo y heces que despide el 
azúcar después de la segunda fábrica 
de ella, en que queda el azúcar de 
quebrados y el mascabado ó moscaba- 
do) y panela, f., admitido como pro- 
vincialismo de Colombia y con la 
misma definición de chancaca. En al- 
gunas naciones americanas difiere un 
tanto de ésta la chancaca que conocen, 
como puede verse en sus respectivos 
vocabularios. No da el Dice, la etimo- 
logía de esta voz, y el único que cono- 
cemos haberla señalado, es el P. Alonso 
de Molina (1571), que la deriva del 
náhuatl chiancaca, aziicar negro ó ma- 
zapán de esta tierra (iléjico). Véanlo 
los entendidos en aquella lengua. 

Chancador, ra, adj. Que tri- 
tura. — f. Máquina para triturar me- 
tales. 

Chancadura, f. Xo tiene más 

Dice, (le Chil.. t. II. 



acep. que la 1." de Chanca, y aun 
ésta es de poco uso. 

Chancar, a. (Del quichua cham- 
ccaní, machacar, moler). La acep. 
principal que le damos en Chile es la 
de «moler, desmenuzar una materia 
sólida, sin reducirla enteramente á 
polvo», que es también la primera y 
principal de triturar; por consiguiente, 
se chancan las piedras, los metales, 
los granos, la paja, etc. — En sentido 
fig. y fam., estudiar de prisa y mal la 
lección, el esamen; concepto que en 
castellano podría expresarse con el v. 
frangollar. — También fig. y fam., pero 
de poco uso, apalear ó apuñear. 

Chancleta, f. fam. despect. La 
mujer, y en especial la recién nacida. 
En castellano, meona, i.: «mujer, y 
más comunmente, niña recién nacida». 
— Adj. que se aplica al marido que 
engendra solamente mujeres. 

Chaxcletazo, m. Golpe dado con 
chancleta. Hace falta en el Dice. 

l^HAXCLETUDO, DA, adj. despcct. 
Que usa chancletas. Merece figurar en 
el Dice. 

Chancha, f. Hembra del chan- 
cho ó puerco. — Fig., mujer sucia, 
desaliñada, que no tiene limpieza (en 
cs&teW&no,cochina, marrana ó puerca). 
— Mujer que obra con ruindad ó vi- 
llanía (marrana), que hace chan- 
chadas. (Véase esta voz). — Carre- 
ta chancha, ó chancha, f. Úsase 
mucho en el Centro y Sur de Chile y 
se llama así porque imita al chancho 
en el chirrío. Es el chirrión castellano: 
«carro fuerte de dos ruedas y eje mó- 
vil, que chirría mucho cuando anda». 
— Chancha es también un instru- 
mento cuadrangular de hierro macizo 
con hoyos de distintas formas y con 
calados en las orillas para arquear ó 



10 



CHAN 



GHAN 



enderezar objetos de li ierro li otro 
metal. 

Chanclia (Hacer la). Fr. íig. 
y fam. Significa lo misino que hacer 
Ift cimarra (véase esta iiitiaia voz) 
y proviene del castellano anticuado 
chancha: embuste, mentira, engaño. 

Chancliada, f. Acción indigna 
y baja, propia de un cerdo ó chan- 
cho. En general puede traducirse por 
cocMnaihi ó cochineria, marranada, 
canallada, bajeza, vileza, villanía, 
ritiiidad, perrada (acción villana, fal- 
tando bajamente á la fe prometida ó 
;i la debida correspondencia); y en 
particulai', por ¡wrqueria en la acepc. 
fam. de «grosería, desatención y falta 
de crianza ó respetoi». 

Chanchería, f. Tienda en tjue se 
vende carne de puerco ó chancho 
y principalmente los demás alimentos 
que proceden del mismo. Por eso po- 
dría reemplazarse este chilenismo con 
salchidieria: «tienda donde se venden 
salchichas, chofizos, morcillas, etc.J>; 
7, según el caso, tocinerh: «tienda, 
jjuesto ó lugar donde se vende tocino»; 
advirtiendo que el iocino español no es 
la manleca, lardo, grasa, pella, (aiit. 
empella) ó unto del cerdo, sino la 
«carne gorda [de este animal], y es- 
pecialmente la salada que se guarda 
ara echar en la olla y en otrcs gui- 
sados». 

Chanchero, m. Porquero ó por- 
querizo: «el que guarda los puercos». 
— Criador de puercos, para venderlos 
ó beneficiarlos. — Hombre que negocia 
en compra y venta de puercos. — 
Hombre que tiene á su cargo una 
chanchería. (Véase el anterior). 
En esta acep. puede traducirse por 
salchichero, ra, ó tocinero, ra. Cuando 
lo que se vende son mondongos («in- 



testinos y panza de las reses, especial- 
mente los del cerdo»), el vendedor se 
llama mondonyuero, ra. — Maquinista 
que dirige ó gobierna el chancho ó 
máquina trituradora. 

Chanchero, adj. (Xo está en 
uso la terminación f.) El que tiene la 
costumlire de hacer la chancha. 
Véanse Chancha, Cimarra y Ci- 
marrero. 

Chancho, m. Véase Cochi, en 
donde dimos los numei-osos nombres 
de este conocido animal. Fácil es usar- 
los en el lenguaje serio y elevado; pero 
difícil es desterrar la voz chancho 
del familiar, cuando reina ya en la 
América Central y en la del Sur. — 
Fig. y fam., hombre sucio ó desaseado: 
en castellano, cochino, puerco, marra- 
no. — Hombre que no hace las cosas 
con limpieza: marrano. — Hombre (pie 
procede ó se porta rnal ó bajamente: 
marrano. — Rifa de un chancho, 
que se hace en algunas poblaciones 
rurales, acompañada de bebidas, can- 
tos, bailes, juegos, etc., según el humor 
de los organizadores y concurrentes. 
El domingo hatj chancho. — El in- 
secto que se llama aquí chanchito 
es el oniscus asellus, cochinilla caste- 
llana: crustáceo pequeño, de respira- 
ción traqueal y de cuerpo anillado, 
cuya supeificie es de color aplomado. 
— En el juego de las damas llamamos 
chancho el tanto ó ficha que al fin 
de la partida queda sin movimiento 
posible por estar encerrado por otras 
piezas. Lo mismo en el ajedrez, toda 
pieza que queda en esta misma condi- 
ción. — En el juego del dominó llama- 
mos chancho la ficha de número 
doble desde la hlama doble hasta el 
seis doble. Asi las llama el Dice. En- 
ciclop. Hispano-Americano. En Chile, 



CHAN 



CHAN 



11 



los que uo emplean el chilenismo que 
venimos estudiando, dicen doble cero, 
doble uno, doble dos, etc. En ningún 
autor hemos hallado el noml)re de es- 
tas fichas, y sólo en el Vocabidnrio de 
voces aragonesas de Borao, en el Apén- 
dice, leemos: «Ahorcado. ..Entre los 
jugadores de dominó se da aquel nom- 
bre á la ficha de palo doble que no 
puede colocarse por haljer jug:ado to- 
das las del suyo». — CliailCllO arro- 
//rtífo. .Véase Arrollado.^EI chan- 
cllitO asado es eu castellano tostón, m. 
(cochinillo asado). — Por contamina- 
ción con chancar se llama también 
CliailCllO la máquina cliailCadO- 
ra. Véase chancador. — Arado 
chancho se llama aquí el antiguo 
español de forma sencilla, porque, á 
semejanza del chancho cuando ho- 
za, hiende solamente el terreno sin 
volverlo, como el arado moderno. — 
Ohancho embarrado quiere emba- 
rrar á los demás, fr. fig. y fam.: el 
que ha cometido una villanía ó bajeza 
quiere culpar ó enlodar á los otros. — 
Chancho limpio nunca engorda, fr. 
tíg. y fam.: el que procede recta y 
honradamente en la administración de 
caudales, no se enriquece. Correspon- 
de á la fr. prov. española No crece el 
rio con agua limpia. — Hacer callar 
á xtn chancho « azotes, es fr. fam. 
que usamos eu sentido irónico, porque 
este animal, mientras miis lo azotan ó 
castigan, más grita : es el remedio peor 
que la enfermedad. — Hacer un 
chancho, fr. fig. y fam.: eructar. — 
¿(¿ué sabe el chancho de freno, man- 
do nunca se lo ha puesto.' Es fr. fig. y 
fam. con que se significa que no deben 
exigirse á uno conocimientos que no 
son de su profesión, arte ú oficio. — 
Estudiemos ahora la etimología de este 



vocablo, en la cual se han dado de 
calabazadas algunos que se tienen por 
buenos filólogos. Xo hay que acudir 
para ello al araucano ni á ninguna 
otra lengua americana, pues la tenemos 
en casa, en la española que hablamos, 
y en uno de los nombres que inmor- 
talizó Cervantes, en el del sencillo y 
«bellacuelo» Sancho, «el mayor bella- 
cuelo que hay en España», como se lo 
cantó su amo. Pero ¿cómo la voz San- 
iho pudo convertirse en chancho? 
Muy sencillamente. Léanse primero 
estos versos de Agustín de Rojas, de 
una graciosa loa en favor del puerco: 

Este gentil animal. 
Que ha dado, cierto sabemos, 
Á más de algún rey de España 
Su natural nombre mesmo. 

Y á algún necio le ha pesado 
Porque le han llamado puerco. 

Y á e'ste el mucho honor le daña 
Como indigno de tenerlo. 
Quien su nombre da á los reyes 

Y con el honra á los reinos, 
¿De que' se afrenta, sepamos, 
Si no es por no merecello? 
Pues Sancho, puerco 6 cochino. 
Todo es uno. aquesto es cierto; 

Y deste nombre de Sancho 
¿Cuántos reyes conocemos? 

{Viaje entretenifio. 1. /I'). 

(Adviértase que ésta es una de las 
obras clásicas españolas y que su pri- 
mera edición se publicó en l(i04). Pues 
bien, si ya entonces en España Sancho, 
puerco ó cochino, todo era uno, lo mismo 
tenía que suce'ler en América, á donde 
vino aquel cuadrúpedo traído por los 
conquistadores. Sin embargo, nosotros 
no respondemos sino de Chile. Aquí, 
de Linares al Sur (y es cosa corriente), 
los campesinos llaman todavía sancho 
al puerco, y sólo cuando toman esta voz 
como insulto para nna persona, pro- 
nuncian chancho. Lo que se confir- 



12 



CHAN 



CHAN 



ma con los diccionarios araucanos, que 
traducen áíe/Y7opore]iailcllO,sf/7íf//o, 
CUCtli, y aun actualmente dice aque- 
lla gente ¡sanchu. Y ¿de dónde, sino del 
castellano, pudo venir esa .«, letra que 
no existe eu el idioma araucano? Por 
eso el indio, y en genera! el roto chileno, 
no la pueden pronunciar y la sustituyen 
por una aspiración; v. g.: Hí, lieñor, 
por si, señor. Samho debió pues pro- 
nunciarse primero liancllO (aspira- 
do), y en seguida, coa la atracción 
ejercida por la ch de la silaba c/w, y con 
la influencia de la pronunciación infan- 
til, tan projiensa á este sonido, se con- 
vii'tió en ctiancllO. Ejemplos de este 
cambio fonético tenemos en los diminu- 
tivos familiares de los nombrespropios: 
Chabela — IsaheJ, Cliag-o - San- 
tiíi;/o, Cheho—Etm'liio, Chayo y 
Charo - Rosario, Chive — Sih-es- 
tre, Chepa— /(?s«/ff, Cochecho— 
José, Gheve—Sei'erino. Chofi — 
Sofia, Chus — Jesús, Chindo — 
Rtitksi/)íio. Otras veces son la c y s 
(que pronunciamos lo mismo que la 
s) las que se han convertido en ch: 
Chente y Vicho— Fí'<-««/e, Men- 
chi (> M.eGh.i—JJercedes, Concha y 
vulgar en el Sur Conchi — Concep- 
(ión. Cachi — Jacinto, Chicho y 
Ñachi— -Ví//r/.so (c y s), Nacho — 
Ignacio, Chela — Celia y Graciela, 
Chano — Fdicidiw, aunque también 
Casiano, Lencho — Lorenzo. Fenó- 
meno es éste que no carece de antece- 
dentes en el mismo castellano, en donde 
tenemos chico del latín soccus, chiflo 
del latín sifllum, choclo del latín soccu- 
lus, chapodar de suhputare, chapuzar 
de suhputeare, v. formado de jmteus, 
etc. En araucano hay también varias 
voces en que la s y 2 castellanas se han 
convertido en ch: chillu, silla; cheñiira. 



señora; chunr/dro, sombrero; charahui' 
lia, zaragüelles; calchas, calzas: can- 
chan, cansai-se; manchana, manzana; 
chacu, saco; cfuirampiru. sarampión. 
Como el sonido de s no existía en 
aquel idioma, porque sólo moderna- 
mente se ha introducido para una que 
otra voz extranjera, las palabras cas- 
tellanas que lo llevaban tenían que 
convertirlo eu la letra araucana más 
parecida á él ; y ésta es la ch, si se to- 
ma en cuenta el sonido silbante que 
dan los españoles á su s. He aquí 
pues el sencillísimo origen de nues- 
tro chilenismo, que se pasea triun- 
fante ya por toda la Am'érica: el sancho 
español convirtió la s en ch, ó por in- 
fluencia de la mala pronunciación chi- 
lena, ayudada de la infantil, ó por 
influencia de la pronunciación arauca- 
na. De aquí han resultado ahora dos 
vocablos, sancho y chancho, que se 
usan en el mismo significado; cosa 
comunísima en castellano. Véase Cate- 
cismo. T, volviendo al sancho, ¿por 
qué los españoles llamarían así á 
tan útil animal? No conocemos datos 
escritos; pero no es difícil suplirlos. El 
horror que tenían á los demás nombres 
con que se conoce, símbolos de la su- 
ciedad, los obligaba á hacer alguna 
salvedad cada vez que lo nombraban, 
diciendo «con perdón de...» ó cosa 
semejante, ó bien usando alguna perí- 
fnisis, como «el de la vista baja»; por 
eso la lengua tuvo que inventar otra 
voz y forjó la de Sancho, nombre 
propio antiquísimo en España, como 
se ve por los Anales de Tácito (II, ü, 
18). Sancho podía significar para el 
español, ó bien santo, bendito, según 
su etimología latina (Sancius, Sanc- 
tius), por espíritu de contradicción 
contra los aborrecidos judíos, que sin 



CHAN 



CHAK 



duda Uamariaii nuúdito ú otra cosa 
peor, al inocente puerco; ó bien porque 
hubo algún personaje llamado Sancho 
que tuvo el sobrenombre de Puerco ó 
Cochino, así como D. Sancho Abarca, 
D. García el Malo, el Trémulo, D. Pe- 
dro el Cruel, D. Enrique el Bastardo; 
ó quizás también hubo algún Sancho 
que poseyó muchos puercos y se hu- 
manó tanto con ellos que el pueblo los 
confundió en un mismo nombre. 

Chanflar, a. Verbo que usan los 
encuadernadores por el castizo chiflar, 
a.: aadelgazar y raspar con la chifla 
las badanas y pieles finas». La chifla 
es «cuchilla ancha y casi cuadrada de 
acero, de corte curvo y mango de ma- 
dera colocado en el dorso, cou que los 
encuadernadores y guanteros raspan y 
adelgazan las pieles». 

Chaxgle, m. Planta parásita, se- 
mejante á los hongos, que crece en los 
robles. Es comestible.* Chagdií chanyh- 
le, hongos que nacen en la tierra, nó 
en los árboles», dice la edición de Febrés 
que tenemos á la vista. Por una rara 
coincidencia hay también en francés 
la voz chtíncre, que, además de cáncer, 
significa: enfermedad que roe los ár- 
boles. 

Chango, adj. (no hemos visto usada 
la terminación f.). y ú. t. c. s. m. 
Nombre dado á los aborígenes que 
habitaban en el litoral del norte de 
ühile, dedicados principalmente á la 
pesca. Actualmente este pueblo está 
extinguido y mezclado cou el chileno. 
— En sentido fig. se usa también en el 
Norte comosinónimo de hombre torpe, 
pesado ó machacón. 

Cliano, m. Dim. fam. de Felicia- 
no y de Casiano, 

Cliailtag"e, m. Acción de arran- 
carle dinero á uno amenazándole con 



difamarlo. Es lo que significa en fran- 
cés este vocablo, derivado del v. chan- 
ter, cantar; como si un pillo le dijera 
á su prójimo: <rYo tengo tales noticias 
secretas de Ud.; tengo una carta con- 
fidencial; y, si Ud. no me da tal can- 
tidad, tjo canto», es decir, revelo ó 
publico todo esto: elija Ud. He aquí 
el chantaje. Don Juan Yalera 
(nombre venerando en literatura espa- 
ñola), que perteneció á la comisión 
de Diccionario en la Real Academia, 
confiesa no saber «con qué vocablo 
pueda significarse en nuestro idioma 
lo que llaman ctiantag'e en Francia». 
( Florileyio, disc. prel., lY). Realmen- 
te, una manera de robar tan pulcra y 
elegante, tan á la luz del día y con 
guantes blancos, carece de nombre en 
castellano y no puede expresarse sino 
con voces ó frases generales. D. Julio 
Gaicano propone que se acepte el chan- 
taje ó la chantada, pero derivándolos 
del chantar castellano en la acep. fam. 
de «decir á uno una cosa cara á cara 
sin reparo ni miramiento: Se la chan- 
tan. A la vista está que no concuerda 
en significado este v. con el cluinter 
francés: este último se traduce por 
cantar en la acep. de «descubrir ó 
confesar lo secreto». Por consiguiente, 
ó se dice cantaje ó cantada á la caste- 
llana, ó á la francesa chantaje, deriva- 
do nó de chantar sino del francés 
chantage. 

Chantar, a. «Vestir ó poner. || fam. 
Decir á uno una cosa cara á ciira sin 
reparo ni mii-amiento. Se la cImiüó». 
Estas, fuera de otras dos, propias de 
Galicia y que no hacen al caso, son las 
únicas aceps. que le da el Dice. — En 
Chile le damos otras dos más, que nos 
parecen legítimas por ser propias de 
plantar, del cual es c/umtar simple 



14 



CHAN 



CHAN 



forma dialectal; y son: «tratándose de 
golpes, darlos» : Le chanté una bofeta- 
da; y «poner ó introducir á uno en 
una parte contra su vóiwataá: ¡ñantar 
m la calle, en la cárceh. — Dárnosle, 
además, una tercera acep., que eviden- 
temente proviene de confundir este v. 
con zampar. Este último si que signi- 
fica: «comer con apresuración, des- 
compuesta y excesivamente»; acep. 
que nosotros colgamos malamente á 
chantar: «Me chanté (me zampé) 
un vaso de agua». Además de zampar, 
pueden usarse chiflarle, fam. (beber 
mucho y con presteza vino ó licores), 
dsspaliilar y soplarse. 

Chaña, f. fam. Del araucano cha- 
ñan, arrojarse, dejarse caer al suelo. 
Es la arrebatiña ó rebatiña castellana, 
y provincial de Murcia, araña: «ac- 
ción de recoger arrebatada y presuro- 
samente alguna cosa entre muchos 
que pretenden ajwderarse de ella, co- 
mo sucede cuando se arroja dinero 
entre mucha gente». Mejor aún se 
traduce este chilenismo por garbullo: 
«inquietud y confusión de muchas 
psrsonas revueltas unas con otras. 
Dícese especialmente de los mucha- 
chos cuando andan á la rebatiña». 
Marty Caballero trae la voz mar- 
chaucha como americanismo con 
este mismo significado: «el acto de re- 
coger los muchachos las cosas ó mo- 
nedas que se les arrojan a! suelo des- 
parramadas, para que junte cada uno 
las que pueda para sí». Mas, como no 
dice en qué Estado de América se usa, 
ni da etimología, ni aparece en otros 
diccionarios, no nos detendremos en 
ella. ¿Tendrá alguna relación con nues- 
tra chaucha? — Usase más la forma 
chuña y con aplicación al juego del 
volantín (cometa), cuando luchan 



unos con otros echando comi- 
sión. En este caso, apenas la cometa 
vencida cae al suelo, se precipitan 
sobre ella todos ilos muchachos para 

apoderarse del botín. 

Chañado, da, part. de chañar, 

pero más usado como adj. Al princi- 
pio se aplicó á la persona que, por 
haber sido víctima de una chaña ó 
chuña, (juedaba mal vestida, desa- 
rrapada, rota, liarapienta; pero luego' 
por extensión, tomó un significado 
más general, que hasta hoy perdura, 
y es el de-desaliñado, descompuesto, 
mal preparado, aplicado principal- 
mente á cosa, y en sentido recto y 
fig. La fiesta, salió toda chañada; 
Ea'amen chañado. 

Chañadura, f. fam. Lo mis- 
mo que chaña. — Tiene también la 
acep. fig. de-robo de los caudales pú- 
blicos ó mala distribución entre pa- 
rientes y allegados. 

Chañar, m. Planta que se produce 
principalmente en las provincias de 
Atacama y Coquimbo y en la Argen- 
tina y Bolivia. Dejamos su descrip- 
ción á los naturalistas. La etimología 
parece quichua; pero no conocemos 
una explicación satisfactoria. En nues- 
tras dos provincias enumeradas es tan 
abundante el chañar, que ha dado su 
nombre no sólo al puerto y al famoso 
mineral de Chañaren, sino también á 
la villa Chañarcillo y á varios otros lu- 
garejos llamados Chañar y Chañarcito. 

Chañar, a. Véase Chaña. Arre- 
batar, robar. 

Chaño, m. Del araucano chañu,. 
«sudaderos de abajo y del hombro», 
según Febrés. Es una jerga de lana 
del país, sin cabezón ó abertura, que 
se usa en las provincias del Sur como 
colchón, frazada ó prenda de abrigo. 



CHAP 



CHAP 



ir. 



Generalmente se lleva doblado en la 
montura del caballo debajo de la en- 
jalma, para que sirva también de 
blandura. 

Chapa, f. De la acep. castiza 
«hoja ó lámina de metal, madera ú 
otra materia», ha provenido el error 
de confundirla con la cerradura ó ce- 
rraja castellana: «mecanismo de me-" 
tal que se fija en puertas, tapas de 
cofres, arcas, cajones, etc., y sirve 
para cerrarlos por medio de uno ó más 
pestillos que se hacen jugar con la lla- 
ve». Por donde se ve que la cimpa puede 
ser parte de la cerradura, pero nó to- 
da ella, como malamente lo decimos 
«n Chile. «Luis probó sus fuerzas, y 
casi sin poner algunas se halló rompi- 
dos los clavos y con la chapa de la 
cerradura en las manos». (Cervantes, 
El celoso extremeño). — Ha caído en 
desuso la acep. que le dábamos de- 
cenfavo, porque en realidad el centavo 
de ahora, ni por su tamaño ni por su 
materia, no puede llamarse ni es una 
chapa de cobre como el antiguo. Sin 
embargo, esta acep. no es chilena, 
pues la reclama como española Coll y 
Altabas y la define: «moneda de co- 
bre con el busto de Fernando VII, y 
cuyo valor era de dos cuartos». 

Chape, m. Voz que en araucano 
significa trenza de mujer, y así la usa 
todavía la parte más inculta del pue- 
blo chileno. La gente educada la usa 
familiarmente ó por desprecio. — En 
general, cualquiera otra trenza; como 
las que se hacen por juego ó adorno á 
algunos animales. — Goleta ó trenza 
•que se dejaban algunos indios (no sa- 
bemos si todavía) y para quienes era 
signo de autoridad. «De aquí, dice 

Rodríguez, la fr. gente de chape, 

para significar gente rica, de respeto. 



de pro». ¿No habrá alguna confusión 
con la cJiapa castellana, que figurada- 
mente significa «seso, formalidad?» 
por lo cual, liomhre, mujer ó gente de 
chapa, son expresiones enteramente 
castizas. — En algunas provincias del 
Sur, la babosa; y en otras más australes, 
cierto molusco comestible. — Estar uno 
enfermo del chape, es fr. fig. y fam. 
que significa — ponerse bobo, necio, 
mentecato, chijtcirse (perder uno la 
energía de las facultades mentales y 
quedarse como distraído ó alelado). 
El origen de la fr. se explica fácil- 
mente: por no decirle á uno que está 
enfermo del cerebro ó del meollo, se 
le dice con más suavidad que es del 
chape ó trenza, que cuelga de la 
cabeza. Así un seminarista muy gra- 
cioso, que sentía fuertes dolores en los 
pulmones, decía también: ¡Tanto que 
me duele esta esclavina! — También, 
aunque no tan frecuente, enamorarse. 

Chapear, a. «Adornar ó guarnecer 
con chapas», es lo que significa en 
castellano. Aquí, fig. y familiarmente, 
usurpa los significados de alhajar 
(adornar con alhajas) y de enjoyar 
(adornar con joyas á una persona ó 
cosa). Hay tamb'én en castellano el 
adj. enjoijelado, da: adornado de joye- 
les; y joyel es joya pequeña. Dígase 
pues en hora buena de las sillas y 
monturas, que están chapeadas, cuan- 
do en realidad están guarnecidas con 
chapas de plata ó de otro metal; pero 
en ningún caso, á no ser por burla, 
de las personas. 

Chapecán, m. Otra forma de 
chape, con el cual se confunde en 
las tres primeras aceps. — En particu- 
lar, ristra: «trenza hecha de los tallos 
de los ajos ó cebollas con un número 
de ellos ó de ellas». 



10 



CHAP 



CHAQ 



Chapecar, a. Es la 2.^ acep. del 
castellano enrklrar, a: «hacer ristras 
con ajos ó cebollas». 

Chapetón, na, adj. Según el Dice, 
«en algunos países de América, se di- 
ce del europeo recién llegado. Ú. m. 
c. s.>j En Chile lo usamos como sinó- 
nimo de bisoño, novato ó novicio; y 
por exteusión, torpe, dssmnñado; por 
alusión á lo que aparecían los españoles 
recién llegados á estas regiones, cuyos 
usos y costumbres ignoraban y por lo 
cual sufiían innumerables chascos. 

Chapetonada, f. Para el Dice, es 
«primera enfermedad que padecen los 
europeos después de haber llegado al 
Perú [ú otras repúblicas de la Amé- 
rica Latina], ocasionada de la mu- 
danza del clima». Para nosotros es 
bisoñería ó bisoñada (dicho ó hecho 
de quien no tiene conocimiento ó ex- 
periencia), noviciado; y por extensión, 
lor/jezíL— La ir. Pagar la chapetona- 
da, que decimos nosotros, es para el 
Dice. Pasar el chapetón: pasar el peli- 
gro ó el contratiempo. 

Cliapetonear, n. Sufrir daños ó 
cometer yerros por inexperiencia; ser 
chapetón ú obrar como tal. Mil mo- 
dos hay en castellano de expresar esta 
idea. Para gente moza viene bien la 
fr. No haber salido del cascarón; para 
las demás personas, en general, iVo 
saber vadearse en un asunto. Vadear- 
se es: manejarse, portarse, conducirse. 

Chapitel, m. Es igual á capitel en 
esta acep.: «parte superior de la co- 
lumna, que la corona y tiene distinta 
figura y especial ornamentación, según 
el orden de arquitectura á que corres- 
ponde». El último Dice, agregó á 
Chapitel esta otra acep.: «pequeño 
cono de ágata ó de otra piedra dura, 
que, encajado en el centro de la agu- 



ja imanada, sirve de apoyo al extre- 
mo del estilete de acero sobre que gira 
aquélla». 

Chapuzar, a. «Meter á uno de 
cabeza en el agua». Es a. y ú. t. c. n. 
y c. r. y se deriva de capuzar, que 
significa lo mismo, del latín caput, 
cabeza. Existe también zampuzar, a. 
(meter de golpe una cosa en agua, de 
suerte que quede cubierta), parecido 
en la forma y en el significado. Hay, 
además, la forma zapuzar, qne el 
Dice, hace igual á cliapuzar, cuando 
más bien parece variante de zampu- 
zar. 

Chapuzón, m. Xo existe en caste- 
llano, sino solamente zampuzo, m: 
acción ó efecto de zampuzar. Véase el 
anterior. Sin embargo, m) nos atreve- 
mos á condenarlo, por la falta que 
hace y por su buena formación, pues 
hay en castellano una cantidad de 
nombres en on qne denotan golpe, 
fuerza, etc. Véase Mordiscón. 

Chaquet, m. Chaqueta de faldas 
algo redondeadas y un tanto abierta 
por detrás. Junto con la moda, nos 
obsequian también con el nombre los 
señores franceses. La Academia sabrá 
si les acepta este último en la forma 
castellana chaqué, que, en cuanto á la 
pieza de vestir, ya es de uso corriente. 
Casi todos los escritores modernos 
usan en España la voz chaqué, olvi- 
dando americana, que es el nombre 
que el Dice, y todos los buenos auto- 
res dan á esta misma prenda. 

Chaquetera, f. Costurera que ha- 
ce chaquetas (y chaqués, podría agre- 
garse). Como en las sastrerías y talle- 
res de costura están distribuidas las 
obras y trabajos de cada persona, es 
evidente que hay que distribuir tam- 
bién los nombres y registrarlos en el 



CHAR 



GHAR 



17 



Dice. Por eso hemos recomendado á 
Corsetera y Chalequera, y des- 
pués aparecerán también Pantalone- 
ra, Sotanera, y algún otro. No po- 
nemos las terminaciones masculinas, 
porque, como estos trabajos son eje- 
cutados por mujeres, no están aqué- 
llas en uso. 

Chaquira, f. '(Grano de aljófar, 
abalorio ó vidrio muy menudo, que 
llevaban los españoles para vender á 
los indios del Perú». Así dice el Dice.; 
pero, por lo que toca á Chile, lo des- 
miente Ercilla, que en los prelimina- 
res de su Araucana define asi las 
cJtaguiras: «Son unas cuentas muy 
menudas á manera de aljófar, que las 
hallan por las marinas, y cuanto más 
menuda, es más preciada: labran y 
adornan con ellas sus llantos [léase 
llancas^, y las mujeres sus hinchas, 
que son como una cinta angosta que 
les ciñe la cabeza por la frente á ma- 
nera de bicos ó ciertas puntillas de 
oro que se ponían en los birretes de 
terciopelo con que aTitiguamente se 
cubría la cabeza: andan siempre en 
cabello, y suelto por los hombros y 
espaldar. 

¡Char! interj. Aféresis de mar- 
char. Es voz con que el gritón ó man- 
dón da á los jinetes el grito de paitida 
en las carreras de ealtallos á la chilena. 
Otros pronuncian ¡ch.a! y en tal caso 
pudiera ser el andalucismo ;cha! que, 
según Caballero, equivale á :<'a: ó 
;qviAl y otras veces á ¡ya; ó ;ah: 

Charagriülla, f. Forma que die- 
ron los araucanos á la voz castellana 
zaragüellen, m. pl.: «especie de calzo- 
nes anchos y follados en pliegues, que 
se usaban antiguamente y ahora llevan 
las gentes del campo en Valencia y 
Murcia. || fig. y fam. Calzones muy 

Dice, ríe ChiL. t. II. 



anchos, largos y mal hechos». Los 
diccionarios araucanos traducen á 
charagüilla solamente por «calzo- 
nes». — Además de esta acep. y por 
confusión con otra voz castellana 
(taralnlla), tiene también en algunas 
provincias del Sur dos de las aceps. 
de ésta: «persona que habla mucho, 
de prisa y sin orden ni concierto; 
tropel de palabras dichas de este mo- 
do. Soltar uno la tarabilla^). 

Charlata, f. Tablita ó listoncillo 
con que se rellenan las aberturas de 
la madera en puertas, ventanas, enta- 
blados ó entarimados, etc., ó los hue- 
cos que suelen quedar entre la pared 
y el marco de una puerta ó ventana. 
Parece que viene del francés chanlatte, 
ristrel ó listón de madei'a. 

Charlina, f. Chalina (de rhal): 
«corbata de caídas largas y de varias 
formas, que usan los hombres y las 
mujeres». La r intrusa y-parásita pro- 
viene del parecido que tiene esta voz 
con charlón, corrupción antigua en 
Chile. 

Charlón, m. ^Para qué aumen- 
tar con una letra parásita (r) una 
palabra que ya de suyo es aumentati- 
va? Basta decir chalón para indicar 
un rhal grande. 

Charo, f. Dim. fam. de Rosario. 
También se emplean las formas Cha- 
yo y Chayito. 

Charol, m. Sólo tenía la acep. de 
«barniz muy lustroso y permanente, 
que conserva su brillo sin agrietarse 
y se adhiere íntimamente á la superfi- 
cie del cuerpo á que se aplica». Ahora 
.se le dio también en el último Dice, la 
de «cuero con este barniz», que, usa- 
da ya en todo el mundo, hacía ver- 
dadera falta. — En Chile se ha usado 
por-bandeja, sin duda porque las pri- 



18 



CHAR 



CHAR 



meras serían de alguna materia charo- 
lada, ó á lo menos lo parecerían. Es 
acep. qne ya va cayendo en olvido. 

Ch,arqueador, ra, adj. Que 
cliarquea. Dígase tajador, ra, ó 
tajante. 

Cliarquear, a. Acecinar ó atam- 
jar. — Tajar ó rebanar frutas pura 
conservarlas hechas ctiarquí. — Ra- 
jar á una persona con heridas; despe- 
dazar á semejanza de est» algunas 
cosas. D. S. Estébanez Calderón, en 
sus Escenas andaluzas (Púlpete y 
Balbeja), usó la fr. hacer cecina: 
«Aquí sobre el muñón siniestro tengo 
un callo, donde puede hacer cecina á 
todo su sabor». Según los casos puede 
ser también apuñalar, coser ápuFiala- 
das, acuchillar, etc.: «No es ésta la 
muerte que yo quisiera sino ésta: y 
señalábase todo acuchillado por el cuer- 
po, cabeza, brazos». (P. Sigüenza, 
Hist. de la Orden de S. Jerónimo, I. 
IV, c. XIV). Véase Charqt:i. 

Charqueo, m. Acción ó efecto 
de charquear. Es poco usado y 
puede reemplazarse en algunos casos 
por salazón, f.: «tiempo y efecto de 
salar», y salar es: «echar en sal, curar . 
con sal carnes ó pescados para con- 
servarlos». 

Charqui, m. Del quichua y aimará 
ccharqui, cecina, tasajo, salón, carnaje. 
Yésta es también la primera y principal 
acep. de este extendido americanismo, 
que nó chilenismo, puesto que se usa 
en el Ecuador, Perú, Bolivia, Chile, 
Argentina, Uruguay y hasta en el 
Brasil. Del Paraguay no tenemos da- 
tos; pero seguramente imitará á sus 
vecinos. En esta acep. y por el uso 
tan general qne tiene, creemos que 
está ya maduro para el Dice. — En 
Chile significa también tajada, lonja ó 



rebanada de algunas frutas, secada al 
sol y conservada para el invierno. Así 
hay charqui de membrillo, de to- 
mate, de peras, de zapallo, de porotos. 
Cuando la tajada tiene forma redon- 
da, se llama en castellano rueda. — 
Otra acep. chilena fig. y fam. es el 
morro ú hocico castellanos, definidos 
así, respectivamente: «saliente que 
forman los labios, especialmente los 
que son abultados ó gruesos», y «ges- 
to que denota enojo ó desagrado. Es- 
tar con hocko, ó de hocicón. También 
se emplea en castellano jefa («boca 
saliente por su configuración ó por 
tener los labios muy abultadoss). Es- 
tar uno con tanta jefa: «mostrar en el 
semblante enojo, disgusto ó mal hu- 
mor». «Con un morro de á cuarta... 
Gozando de ver cómo se le afila hjeta 
á la Caporala cuando la muchacha 
del señor banquero me lleva mi gran 
cazolón de comestible». (Galdós, Mi- 
sericordia J. «La tercera verdad es reñir 
con su marido una mujer sobre que 
vino á comer tarde, ó por otra niñe- 
ría que no importa dos pajas, y, en 
sentándose á la mesa, pénese rostri- 
tuerta sin querer probar bocado; y, si 
le dice el marido: Comed por vida 
mía, señora; responderá con hocico: 
Ya estoy harta: no tengo gana de 
comer». (Entremés de Los 3Iirones, 
atribuido á Cervantes). «;Qué hocico 
sacaría la desposada la mañana si- 
guiente? (Fr. A. de Cabrera, s. II del 
dom. I después de la Oct. de Epifa- 
nía). También puede expresarse este 
concepto por los adjs. hocicón ú hoci- 
rudo, jetón ó jetudo y morrud^i. En 
Chile decimos Tener uno el charqui 
tan largo. Estar largo ó estirar el 
charqui, y, formando equívoco con 
la 1." acep., ¿A cómo está ó cuánto 



CHAR 



CHAR 



19 



vale el charqui? A esta misma 
acep. pertenece también la fr. fam. 
chilena Hacerle á uno un cliarqui : 
darle un golpe con el índice de la ma- 
no en el labio inferior, de arriba ;i 
bajo, de suerte que éste se doble y 
resuene. Parece que en España no se 
conoce esta acción sino la de hacer la 
mamola: darle á uno golpecitos deba- 
jo (le la barba en señal de mofa, bur- 
la o cbacota. — Darle vuelta al char- 
qui, fr. fig. y fam., tomada del modo 
de asar el char(¡ui, el cual debe vol- 
verse de un lado al otro para que no 
se queme; significa: cortejar con fre- 
cuencia á una mujer, y por extensión, 
insistir con visitas, empeños, etc., en 
una solicitud ó pretensión. — Hacer 
charqui á una persona ó cosa es 
hacerla rajas ó pedazos menudos con 
cuchillo ú otro instrumento. Véase 
Charquear. — ¡Ojo al charqui! 
¡Cuidado'. ¡Cuenta! ¡Atención'. ¡Ojo 
alerta! ¡Ojo avizor! ¡Ojo al cristo, que 
es de ¡úata! Sin duda proviene esta 
fr. del cuidado y vigilancia que debe 
tenerse cuando se fabrica ó se asa el 
charqui, por lo apetitoso y codiciado 
que es de personas, aves y animales. 
— Ya llei/ó el charqui íí Coquimbo 
(á Penco, dicen los del Sur). Fr. (jue 
trae su origen dfl apellido inglés 
Sharj), pronu tifiado C/iarpe y luego 
confundido con cliarqui. En IfiSÜel 
piratíi inglés Bart<jlonié Shaip tomó 
con toda facilidad el indefenso puerto 
de Coquimbo y penetró basta la ciu- 
dad de Íja-Serena. Fué tan grande el 
terror que se apoderó de todos los ha- 
bitantes de los puertos y lugares del 
Norte, que el nombre Charpe (') char- 
qui quedó como sinónimo del cuco ó 
del hu para los niños. Con el tiempo 
se olvidó la idea de terror, y, con el 



buen humor chileno, se convirtió en 
la de simple inoportunidad. Así que 
ahora Llegar el charqui « Coquim- 
bo es-llegar ó presentarse uno á des- 
tiempo ó deshora, inoportunamente, 
cuando nadie lo había convidado y 
mucho menos lo esperaba, y con peli- 
gro de interrumpir ó perturbar una 
alegría, una fiesta: ser un aijua- 
fieslas, com. : «persona que turba 
cual(juiera especie de diversión ó re- 
gocijo)'. 

CUARQUICÁN, m. Guiso en que en- 
tra como parte principal el charqui ó 
tasajo. Los hay de varias clases; pero 
los principales son: el charquicán co- 
mún ó general, para el cual el char- 
qui se asa y se muele primero y en 
seguida se cuece con papas, cebolla y 
demás verduras ó condimentos que se 
le quieran agregar, dejando el todo 
espeso, sin caldo; el charquicán de 
carne, el que se hace con carne de 
vaca, asada primero, y en seguida co- 
cida como en el anterior; el charquicán 
(ó char(iui)/rí/o, el que se hace friendo 
primero el charqui y sin caldo, que- 
dando así más seco que los dos anterio- 
res; el charquicán de trilla, que suele 
llevar más verduras, porque, siendo pa- 
ra todas las personas que concurren á 
una trilla, tiene que ser más abundan- 
te y barato. — Figuradamente, char- 
quicán significa entre nosotros ba- 
ridlo (confusión, desorden, mezcla de 
gentes ó cosas de todas clases), revol- 
tijo ó revoltillo (conjunto ó compuesto 
de muchas cosas, sin orden ni méto- 
do). Como en esta acep. tiene tantos 
y tan buenos equivalentes, no nos pa- 
rece recomendable. — Hacer Char- 
quicán una cosa, es machacarla 
y despeda/.arla, corno se hace con el 
charqui para guisarlo. — La etimología 



20 



CHAS 



CHAS 



de esta voz es charqui y el araucano 
canean, asado y asar. 

Charratera, f. Charretera, del 
francés jarretihre. 

Chasca, f. Del quichua chahsca, 
melena enmarañada sin peinar. Es la 
greña castellana: «cabellera revuelta 
y mal compuesta. Ú. m. en pl.» Con 
ella tienen relación (/xedeja ó vedeja 
(cabellera larga), melena (cabello que 
desciende por junto al rostro, y espe- 
cialmente el que cae sobre los ojos; el 
que cae por atrás y cuelga sobre los 
hombros; cabello suelto), maraña (en- 
redo de los hilos ó del cabello) y vedi- 
ja (pelo enredado en cualquier parte 
del animal; mata de pelo enredada y 
ensortijada, que cuesta trabajo de 
peinar y desenredarla). — Las crines 
del caballo, y en especial las de la fren- 
te, por otro nombre chirimota (véa- 
se en su lugar), en castellano, copete. 

Chascarro, m. Muy común se va 
haciendo en todas partes esta forma, 
en vez de chascarrillo, única que ad- 
mite el Dice. Como el chascarrillo es 
muchas vocees sin gracia y deslucido, 
y otras picante y burlesco, se hace 
duro en tales casos darle nomljre en 
ito y se prefiere la forma despectiva 
en arre, tan usada también en espa- 
ñol, como se ve en catarro, cwarro, 
guijarro, mocarro, y otros en que se 
ha agregado la terminación aumenta- 
tiva on: boharrón, coscorrón, chapa- 
rrón, fanfarrón, nubarrón, santurrón, 
ventarrón, vozarrón, zancarrón. Chas- 
carro se oye no sólo en América sino 
también en el país de los charros, 
como lo i^rueba esta cita tomada del 
rector de la Universidad de Salaman- 
ca, Don Miguel de Unamuno: «La 
verdad es que este tan gracioso como 
sugestivo chascarro provoca algo más 



que una sonrisa finan. (A propósito 
de nn libro jjeruano, VI J. Tiempo es 
ya de admitirlo en el Dice; y en tal 
caso sería nombre positivo, del cual 
podría derivarse la forma diminutiva 
en ito ( chascarrito ) , que también es 
usada por algunos. — Un buen sinóni- 
mo de chascarrillo es chilindrina en la 
acep. de «anécdota ligera, equívoco 
picante, chiste para amenizar la con- 
versación». 

Chasco, m. Dice Gonzalo Correas 
que «salió de chas, sonido de golpes, 
palos ó instrumentos; chas chas, chis 
chas, significa el golpear». El Dice, lo 
deriva del fiasco italiano. 

Chascón, na, adj. Greñudo, da 
(que tiene greñas), mechoso, sa (que 
tiene mechas ó mechones en abundan- 
cia) y también grenchudo, da (que 
tiene crenchas ó greñas. Aplicase 
principalmente á los animales).— Tam- 
bién se aplica á la persona que tiene 
el pelo sin peinar (despeinado, da), 
desgreñado. — Aplicase á la caballería 
de crines muy lai'gas. — Como s. f. es 

igual á calchona. — Hueso chas- 
cón: cierto hueso de la rodilla de los 
animales vacunos, rodeado de muchos 
nervios y carne, y por eso muy solici- 
tado para la sopa y el puchero. 
Chasconear, a. fam. y ú. t. c. 

recíprtico. Repelar, a. (tirar del pelo ó 
arrancarlo), dar un repelón (tirón que 
se da del pelo). En esta acep. se 
confunde con mechonear. Más 
propiamente chasconear dcbei-ía 
significar desgreñar, despeinar, desme- 
lenar, conforme á su etimología. — 
Como recíproco significa desgreñarse 
ó anclar á la greña: «reñir tirándose 
de los cabellos». Téngase presente, pa- 
ra este concepto, el s. pelamesa (de 
pelo y mesar): «riña ó pelea en que se 



CHAS 



21 



asen y mesan algunos les cabello? ó 
barba». 

Chascuda, f. Igual á Oalclio- 
na, aunque menos usado. SaUrle á 
uno lii chascuda. 

Chasquearse, r. Muy usado es 
en Chile, á pesar de que el Dice, lo ad- 
mite solamente como a.: «dar chasco ó 
zumba. || Faltar alo prometido )j. Nues- 
tro chasquearse es llevarse, chasco, 
tomado chasco en la acep. fig. de «su- 
ceso contrario á lo que se esperaba». 
Muchos otros modos tiene el castellano 
para expresar esta idea, sin necesidad 
de desnaturalizar sus verbos; tales se- 
rían: Quedar defraudado de su intento, 
deseo, esperanza, etc.. Frustrársele su 
proijeclo, planes, etc., Salirle vana ó 
burlada su esperanza, Salirle al revés ó 
al contrario, A"o salirk bien. Dejarle á 
uno en blanco, ó in albii. Quedarse á 
buenas noches, etc., etc. Véanse hin- 
garse y el plebeyo Aporuñarse. 

Chasqui, m. «Indio que sirve de 
correo». Así lo define el Dice, sin dar 
etimología y con la nota de Peruanis- 
mo. Tres errores en una sola línea: 
1." llamar indio al chasqui, cuando 
ya los indios poco se ven en América, 
y menos para estos oficios. Esa defini- 
ción estaba bueua para antes de 1810; 
2." calificar de peruanismo una voz que 
so usa, además del Perú, por lo menos 
en Colombia, Chile y la Argentina; 
o." admitir una voz como ésta, que ya 
va desapareciendo rápidamente y que 
tantos sinónimos tiene en castellano. 
Fuera del genérico correo (el que tiene 
por oficio llevar y traer la correspon- 
dencia de un lugar á otro), estiVn lucién- 
dose: propio, m. (persona (|ue expresa- 
mente se envía de un punto á otro con 
carUi ó recado), extraordinario, m- 
(correo que se despacha con urgencia)' 



valijero (el que tiene á su cargo condu- 
cir las cartas desde una caja principal 
de correos á los pueblos de travesía), 
peatón, (valijero ó correo de á pie en- 
cargado de la conducción de la corres- 
pondencia entre pueblos cercanos), y 
también para algunos casos, ordinario: 
«arriero ó carretero que habitualmente 
conduce personas, géneros ú otras cosas 
de un pueblo á otro». La etimología de 
chasqui, que algunos pronuncian 
chasque, es el quichua chasqui, co- 
rreo, del V. clmsquidi, recibir, por- 
que es el que recibe la carta ó enco- 
mienda para trasmitirla. 

Chasquilla, f. dim. de chasca. 
Porción de pelo que las mujeres se 
cortaban por delante de la frente y 
dejaban caer sobie ella, por adorno y 
sin encresparlo. — En algunas partes, 
chirimota. Véase esta voz. Á la 
1 .•■■ acep. corresponden los flequillos 
de este pasaje de Periülu: «Negros 
eran sus ojos, dulces é insinuantes; la 
tez morena, el rostro oval y u!i tanto 
aguileno; la frente, sin flequillos 
ni otros pingajos de la moda, tersa y 
bien delineada» (El sabor de la tie- 
rruca, III); voz que nsa él subraya- 
da, porque no aparece en el Dice. Por 
nuestra parte tampoco hemos hallado 
el nombre castellano de esta garam- 
baina, que con gusto llamaríamos 
simplemente mechillas. Traduciendo 
González Carvajal las palabras del 
Cantar de los cantares: «Oculi tui 
columbarum, absque eo quod intrin- 
secus latet», dice: 



Son tus ojos de i>aIonia, 

Aunque más los encubran los cabellos 
Que como (iclicada celosía 
Pones delante tú; porque así asoma 
Y centellea más la luz en ellos. 



22 



CHAT 



CHAU 



Comentando en las notas este mismo 
pasaje, agrega: «Lo demás que en el 
texto pudiera parecer oscuro, con esta 
traducción está claro; pues lo que por 
dentro dice que se oculta, son los ojos 
mismos, cubiertos de estudio con los 
cabellos que caen de la frente, sirvien- 
do de velo por donde se traslucía su 
hermoso brillo, y escaseándolo así á la 
vista para hacerlo más apreciable. Al 
inmortal Fr. Luis de León debe la 
Iglesia la ilustración en un lugar que 
hasta su tiempo, por no haberse mi- 
rado bien, ¡jodia servir de lazo á los 
flacos, y de pretexto á los impíos para 
sus horribles calumnias». El texto de 
Fr. Luis de León es como sigue: «La 
voz hebrea es tzamalhec, que quiere 
decir cabellos ó cabellera, y propia- 
mente es la parte que cae sobre la 
frente y ojos, que algunas mujeres los 
suelen traer postizos, y en castellano 
se llaman ladosy>. No registra el ac- 
tual Dice, esta acep. de lado. En el 
Cancionero popidar gallego de D. José 
Pérez Ballesteros se lee en nota: «Pe- 
eré ka: pelo corto cayendo hasta cerca 
de las cejas: moda actual (1886) que 
lleva diez ó doce años en uso». 

Chata, f. La 3.* acep. que da el 
Dice, al adj. Chato es: «aplícase á al- 
gunas cosas que de propósito se hacen 
sin punta y con menos elevación que 
la que regularmente suelen tener las de 
la misma especie. Clavo chato, embar- 
mción chata». En Chile hemos prescin- 
dido del s. y nos hemos quedado con 
solo el adj., sustantivándolo en la ter- 
minación f ., conforme al último ejemplo 
del Dice. (Véase Civil). Y, para que 
se vea que no es éste un uso moderno, 
he aquí una cita tomada del ftiréii 
indómito de Fernando Alvarez de To- 
ledo, de principios del siglo XVII: 



Á la araucana costa de allí fueron 
Por el furioso piélago intratable 
En las chataif, no más empavesadas 
Que van cual las galer,as despalmadas. 
(C. XIV). 

— Otra acep., pero indebida, que se da 
aquí á cliata, también por la forma 
chafa que tiene, es la 2." que el Dice, 
da á Silleta: «vaso para excretar en 
la cama los enfermos». — También se 
usa indebidamente por jsowtón. 

Chatre, adj. «Ricamente acicala- 
do». Así lo define el Dice, como pro- 
vincialismo del Ecuador. Ú. t. en Chile 
entre la gente del pueblo, y familiar- 
mente entre las personas instruidas. — 
En algunas partes de Cliile cliatre 
significa también ¡'e/ajo. 

Chaucha, f. Del quichua chfiau- 
clia, la papa que madura temprano; y 
también de chau, cosa imperfecta, á 
medio hacer. Es evidente que de estas 
dos voces quichuas se han formado la 
chauclia chilena y la argentina, por- 
que sólo así se explican sus distintas 
aceps. Por eso Lafone Quevedo, que 
reconoce el uso de Chile y el de la Ar- 
gentina, da también las dos etimologías : 
papas tempranas y cosa falta. Chau- 
Gha significa en Chile, conforme á la 
primera etimología : una especie de papa 
tempranera, y la papa menuda que se 
deja para semilla; y conforme á la se- 
gunda, moneda de plata de valor de 
veinte centavos, por otro nombre i'ein- 
te, m. Esta acep., que es general ec 
Chile, pero nunca en el lenguaje serio 
ó elevado, se explica porque la chau- 
cha vino á reemplazar á la peseta 
española, que valía veinticinco centa- 
vos. El pueblo, al ver la nueva mone- 
da, hubo de convencerse de que era 
una peseta imperfecta, incompleta, y 
por eso la bautizó con el nombre de 
chaucha, cosa falta. (En la Argén- 



CHAU 



CHAY 



tina se llama asi la vaina tierna del 
poroto ó fréjol). — De la última acep. 
chilena se derivan las frases Ser perso- 
na de chauclias ó Teiw cliau- 
clias: ser adinerado ó rico; y Faltarle 
á uno una chauclia para el peso ó 
para los odio reales: ser semifatuo, me- 
dio necio, estar á punto de perder la 
chaveta. 

Chaucliau, m. Derivado de 
chaucha en la acep. argentina de- 
vaina tierna de poroto. Es un guiso en 
que domina esta verdura, acompañada 
de papas y chocloS picados y de los 
aliños correspondientes. Es igual al 
CUtriaco, que pusimos en el Apén- 
dice. 

Chaucheo, m. Afán desmedido 
de adquirir dinero sin reparar en la li- 
citud de los medios. || Juego en que las 
jugadas ó las partidas no pasan de una 
chaucha. 

Chauchera, f. Portamonedas para 
guardar el dinero trocado, especialmen- 
te las monedas de plata: chauchas, 
dieces, cincos. 

Chauchero, m. Receptor de me- 
nor cuantía; cobrador de última clase. 
Ambas aceps. son poco usadas. 

Chauchudo, da, adj. vulgar y 
poco usado. Adinerado, rico. 

Chaurrina, f. vulgar. Así llama 
el vulgo de nuestra capital las lelrinas 
públicas que en el paseo de las Delicias 
hizo construir Don Francisco Echau- 
rren cuando fué intendente y que tenían 
el letrero de ómnibus (para todos). 
Hace tiempo que se suprimieron. 

Chauvinismo, m. (Pronuncíese 
chovinismo). Voz transladada en toda 
su crudeza delchaurinisnie francés, que 
en aquella lengua significa: patriotismo 
exaltado, ó entusiasmo grande por la 
gloria de las armas francasas. El caste- 



llano debe desterrarla in aeternum ef 
ultra de sus dominios, supliéndola con 
patrioteria, que aparece ya en el Apén- 
dice del Dice: '(alarde propio del pa- 
triotero». 

Chauvinista, adj. y ú. t. c. s. 
(Pronuncíese chovinista). Véase el an- 
terior y reemplácese por patriotero, ra, 
adj. fam. y ú. t. c. s.: «que alardea 
excesiva é inoportunamente de patrio- 
tismo». 

Chavalongo, m. Antiguo chile- 
nismo que, muy usado en su tiempo 
por todos los chilenos y los cronistas 
españoles, va quedando ahora relegado 
á la parte más ignorante del pueblo. 
Deri vase del araucano chavo, la modorra 
ó cualquier calenturón fuerte, y lonco, 
la cabeza; así que, es nombre genérico 
con que se denomina la fiebre tifoidea 
ó tabardillo, el tifo ó tifus, la insolación 
y demás enfermedades parecidas. 

Chaveta, f. Así corrigió la 13.^ edi- 
ción del Dice, el antiguo chabeta. 

Chávez, apellido. Chaves. «Ape- 
llido de casa noble de Portugal, dice 
Covarrubias, y significa llaves, lo mis- 
mo que en gallego; del latín clavis, en 
gr. -xls'.c, la llave». Godoy y Alcántara 
dice que Chaves, Xaves, Xavis, Xapiz 
y Jacope (en gallego), son formas de 
Jacolio ó Jacob, que en hebreo significa 
suplantado. Pero, sea portugués ó he- 
breo, siempre se ha escrito con s (Clia- 
ves), porque nadie lo ha tenido por 
patronímico. 

Chaya, f. Tal es la ortografía más 
general de este extendido chilenismo, 
en vez de challa, que escrilien algu- 
nos. Procede del quichua chhaUani, 
rociar, de la misma raíz que rhhallana, 
hisopo. En aimará existe también el 
v. rchallafrra, rociar, asperjar, que in- 
dudablemente tiene el m ismo origen que 



CHAY 



CHEL 



el quicliua. La primera y principal 
a cep. de la ch.aya chilena es la rocia- 
da ó rociadura que por jnego se hace 
en el carnaval con agua, perfumes, pa- 
peles picados ó con otras cosas; por eso 
se dice el juego de la chaya ó jugar 
á la chaya: el anfrwjar castellano, a. : 
«mojar ó hacer otra burla en carnesto- 
lendas». No hay para qué describir esta 
antigua costumbre que, por causar 
desórdenes y graves daños, se ha prohi- 
bido ya en las principales ciudades del 
mundo civilizado. Sin embai'go, para 
que se vea la fatal importancia de este 
juego, copiaremos la ley con que lo 
prohibió el rey de españa en todos sus 
dominios. «En los días de carnaval 
ninguna persona sea osada á tirar en 
las calles, sitios públicos de plazas y 
paseos de la Corte, ni otro sitio, huevos 
con agua, harina, lodo ni otras cosas 
con que se pueda incomodar á las gen- 
tes, y manchar los vestidos y ropas, ni 
echar agua clara ni sucia de los balco- 
nes y ventanas con jarros, seringas, ni 
otro instrumento; ni se dé con pellejos, 
vexigas ni otras cosas; ni se echen 
mazas á persona alguna, á los perros 
ni otros animales». (Norísima Recopi- 
lado», lib. III. tít. XIX, ley XXI). 
«■Peladillas por antruejo: refrán de Mé- 
jico y las Indias, á donde usan tirar 
puños de peladillas á las damas, como 
ac:i huevos con agua de olor; aplícase 
á franqueza, gentileza y abundancia». 
Así explica Gonzalo Correas en su Vo- 
cabulario este refrán que no aparece en 
el Dice, y que tan mal parados nos 
deja á los americanos, pues dice que en 
el carnaval apedreamos á las damas. — 
Por extensión significa también cha- 
ya: papel cortado en trozos menudos 
para arrojarse una.s á otras las personas 
en el carnaval : se prefieren para esto 



los papeles de color. Se vende chaya, 
es anuncio que se ve en ese tiempo en al - 
ganas tiendas. Confetti, quieren co- 
rregirlos italianosó italianizados; voca- 
blo que estará bien cuando lo que se 
arroja son confites, como se hace entre 
ciertas personas. — Casquete de la rega- 
dera por el cual sale el agua. — Casquete 
de las mangas que usan los jardineros 
para regar: y también el que se pone en 
las cañerías de las fuentes y por el cual 
sale el surtidor ó chorro de agua. — En 
tiempo (le chaya nadie ae enoja, fr. 
prov. con que se justifican y disculpan 
todas las groserías y desórdenes del 
carnaval. 

Chaya, f. Del araucano f^a/?fl!, olla. 
Es como una sartén sin mango, grande 
y de hierro, que se usa para lavar las 
arenas auríferas meneándola con las 
manos. En algunas partes dicen cha- 
yo. El equivalente castellano es hatea, 
que se usa también en las provincias 
delXorte. — En la forma chayo lisan- 
lo también los albañiles por coladero: 
«manga, cedazo, cesto ó vasija en que 
se cnela un líquido». — Lo mismo que 
el anterior y á pesar de la etimología, 
ha prevalecido el uso de escribirlo y pro- 
nunciarlo chaya. 

Chayero, ra, m. y f. Persona que 
juega á la chaya (L"^ art.) Xo es de 
mucho uso. 

Chayo, ito, f. Dim. fam. de Ro- 
sario. En Méjico dicen Challo y en 
Cuba Charo. Véase esta voz. 

Chebo, ba, m. y f. Dim. fam. de 
Euselrio, hia. 

Chegre, m. y ú. t. c. adj. El pele- 
te castellano: «hombre pobre, de pocos 
haberes, pelón», ó el pelagatos: «hom- 
bre pobre y despreciable». 

Chela, ita, f. Dim. fam. de Celia 
y de Graciela. 



CHEQ 



CHER 



25 



Chelín, m. Del iuglés nhilliiu/. llo- 
iieda intrlesa de plata, equivalente á la 
vigésima parte de la libra esterlina. 
Admitióse eu el último Dice. 

Chenche per chenche. Co- 
rrupción que ha hecho el vulgo de la 
fr. inglesa íturnge per change, que equi- 
vale al otro chilenismo mucho más 
expresivo y usado: Pasando y pa- 
sando, esto es: «en dinero contante, 
sin dilación en la paga, con dinero en 
mano», definición del modo adv. fam. 
A toca teja; y, tratándose de cambios, 
trueques ó permutas, entregar al mis- 
mo tiempo las cosas que son materia de 
estos convenios ó contratos; (junjele jior 
guájete: «tanto por tanto, una cosa por 
otra», ó pelo á pelo ó pelo por pelo: 
«sin adehala ó añadidura en los true- 
ques ó cambios de una cosa por otra». 

Véase Chiva teadito. 

Chenque, m. Nombre vulgar del 
flamenco (ave). 

Chente, m. Dim.fam.de Vicente. 
Lo mismo en Méjico, donde dicen tam- 
bién Chenta por Vicenta. Véa.se Vi- 
cho, cha, que es otro nombre fam. 
de los Vicentes y Vicentas. 

Chepa, ita, f. Dim. fam. de Jo- 
sefa y Josefina. Lo mismo en Méji- 
co. — Por semejanza con chey (véa- 
se en su lugar) úsalo el pueblo por 
manceba ó concubina. — Las tres 
Chepas: nombre que da el pueblo 
á las estrellas que forman el tahaU ele 
Orion. 

Chépica, f. Del araucano f/iP/w/w, 
grama; y este mismo es el nombre cas- 
tellano de esta planta, tormento de los 
agricultores. 

Cheque, m. Del inglés check. Docu- 
mento en foima de mandato de (lago, 
por medio del cual una persona puede 
retirar, por sí ó por un tercero, todos 

Dice, de Chil.. t. II. 



ó parte de los fondos que tiene dispo- 
nibles en poder de otra. Admitido por 
primera vez en el último Dice. 

Chercan, m. Del araucano ckeJ- 
can, «mazamorra de harina tostada con 
agua caliente; si es con agua fría, di- 
cen ulpiídy. Hoy en día casi no hacen 
diferencia los chilenos entre el cher- 
can y el ulpo, porque así dicen 
chercan frío como ulpo calimte. 
trastrocando los nombres; sin embargo, 
en el primero prevalece el concepto de 
comida, y en el segundo el de bebida. 
Para ambos hay todas estas voces en 
castellano: alejija, f. (puches que se 
hacen de harina de cebada tostada y 
mondada, cociendo con agua y sal esta 
harina hasta que se espesa y toma al- 
gún cuerpo. Para que estén más sabro- 
sos, se les echa un poco de ajonjolí por 
encima. Ú. m. en pl. Parécese más á 
nuestro sanCO), atole, m. (manjar á 
manera de gachas, muy usado en Mé- 
jico, y el cual se hace con harina, ordi- 
nariamente de maíz, disuelta en agua 
ó leche y hervida. Aunque admitida en 
el Dice, es voz mejicana, atolli en su 
origen ; por lo cual no es de mejor de- 
recho que la nuestra), /í//í7if/ff.s, f. pl. 
(provincialismo de Aragón y que sig- 
nifica lo mismo que) gachas, f. pl. (co- 
mida compuesta de harina cocida con 
agua'y sal,ila cual se adereza con leche, 
miel ú otro aliño. Por la sal que lleva 
i-e parece más á nuestro sanCO), lia- 
riniulo, m. (harina disuelta en agua), 
poleadas, f. pl. (gachas ó) puches, amb. 
pl. ó papas (lo mismo que gachas) y 
zahinas, f. pl. (gachas ó puches que se 
hacen de harina y no se espesan; pero 
lleva la nota de andalucismo). «Hari- 
nas, en pl., llaman en algunas partes y 
tierras ;i los puches ó puchas», dice 
Gonzalo Correas explicando el refrán. 



26 



OHEU 



CHEY 



«Comí harinas por engordar, salióme 
por cena y por yantar». 

Churcán, m. Del araucano rhedcan 
ó chedcaíl, un pajarillo parecido al rui- 
señor; pero nó en el canto, pues el 
chercái) no canta, sino que solamente 
grita de una manera ronca y áspera. La 
hembra se llama chercana. Ambos de- 
ben entrar en el Dice. 

Cliestera, f. Aparato tejido de 
mimbre, en forma de librador (en chi- 
leno, poruña) y con guante en un ex- 
tremo para ajustarlo á los dedos de la 
mano. Se usa en el juego de la pelota. 
Es permutación de una letra por chis- 
lera, aunque no hay igualdad de sig- 
nificado, pues ésta es: «cestilla angosta 
por la boca y ancha por abajo, que lle- 
van los pescadores para echar los [leces ». 
En Álava hallamos también thisfera: 
«cestilla de forma especial para jugar 
á la pelota». (Baráibar). La palabra 
castiza es cesta: «especie de pala de tiras 
de madera de castaño entretejidas, 
cóncava y en figura de uña, que, sujeta 
• á la mano, sirve para jugar á la ¡xilota». 

CheutO, ta, adj. Del araucano 
chei/hia, boca cortada. Así aparece en 
la edición del Febrés hecha por Astrul- 
di; pero es indudable que la voz pro- 
viene originariamente del quichua, en 
el cual hay cJtkecta, mitad, en monedas, 
y chhectani, hender ó partir. CheutO 
se aplica en Chile á la persona que tiene 
el labio superior hendido ó torcido en 
un lado, sea por defecto natural, sea 
por alguna herida cicatrizada. En cas- 
tellano puede expresarse esta idea por 
los adjs. boquitorcido ó boquituerto, y 
boqui/iendido. De labihendido, (pie dan 
algunos, dice Cuervo: «Esta vob no se 
halla en el Dice, de la Academia, pero 
es bien formada v es de uso antiguo en 
América (Ruiz de Moiitoya, Vocab. 



(juarani); está en el Dice, de una So- 
ciedad de Literatos". El provincialismo 
colomljiano correspondiente al nuestro 
es boqueta. Como en todas partes 
hay personas que tienen este defecto, 
que tan ocasionado es á sobrenombres 
y apodos, en todas partes también los 
inventan con gracia y malignidad los 
que se complacen en reírse del prójimo. 
Por eso D. Ángel de los Ríos, en su 
Ensai/o sobre tos apeJtidos rasletJanos, 
trae á Boca torciila (nuestro cheuto) 
como próximo ó equivalente á un ape- 
llido: «A propósito del [conde] de 
Xájera, D. (íarcía Ordóñez, consta por 
un escritor árabe contemporáneo que 
se llamaba de mote Boca torcida, al 
menos entre los compañeros del Cid.» 
(c. II). 

Cheve, m. Dim. fam. de Sererino. 

Chey, f. Manceba, concubina, que- 
rida. — Como m. es el sobrenombre ó 
apodo que se da aquí á los argentinos, 
más despectivo que cuyano, á causa 
de la interjección ¡che! que tanto usan 
ellos, correspondiente á la nuestra 
¡hombre.' y ¡lio! del vulgo. Parece in- 
dudable que el cliey en ambas aceps. 
procede de la partícula araucana che, 
significativa de persona, gente. La agre- 
gación de la // se exjjlicaría por el pl. 
ch.eyes, el cual hubo de foi'marse así 
por la repugnancia que hay para la 
lengua en las formas cheS y cliees. 
En Valencia usan chée: «nombre con 
que se designa por lo común á cualquier 
individuo, cuyo nombre se ignora, 
siempre que sea paisano», dice D. Ra- 
món Caballero en su Dice, de Modismos; 
y Salvador Rueda: «.¡Che! mira, mira, 
Pedro: ¿no ves allá arriba ?.../CAe.' 
¡québiense ve!» (Buscando nidos). "'Es- 
tas dos citas son otro dato para la eti- 
mologíadel ch.e argentino. Losclásicos 



CHIB 



CHIC 



27 



castellanos usaron ;ce! «inteij. con que 
se llama, se hace detener ó se pide aten- 
ción á una persona», y que todavía no 
está anticuada en el Dice. No es de 
creer que ésta, pronunciada á la italia- 
na, haya dado origen á aquélla, que sin 
duda es muy anterior á la inmigración 
italiana en aquella república. La inter- 
jección y pronombre che «no es espe- 
cial délos pueblos del Plata, como leo en 
algunos escritores río-platenses, pues se 
usa también y con igual ó mayor fre- 
cuencia en Bolivia. Tanto, que los 
chilenos llaman despectivamente los 
¡ches! á argentinos y bolivianos [mu- 
cho más usado es cheyes]. Che en 
lengua pampa es hombre, como se 
constata por Ranquelches, Pehuen- 
ches, Tehuenches, etc. En guaraní es 
«lyo soy». Dícese (creo que por Daire- 
aux) que cuando los primeros españoles 
desembarcaron en el Río de la Plata, 
vestidos á la europea, con armas y ca- 
ballos, hubieron de parecer á los indios 
seres de otro planeta. Asombrados los 
naturales, huyeron al pronto; pero uno 
de los indios, ó por más atrevido ó por 
niiis curioso, tocó con sus manos á un 
español y luego á otro, entendiendo con 
esto que los extranjeros eran hombres 
como los deuKís. Y. llamando á sus 
compañeros, les infundió confianza, 
gi'itándoles: ches, ches, (son hombres, 
son hombres). Ü porque el caso hiciera 
gracia á los españoles, ó porque creyeron 
que la palabreja era voz de llamada 
entre los indios, la adoptaron en el sen- 
tido particular que conserva hasta hoy». 
(Ciro Hayo, Vncah. de procinc. ar¡ipnl. 
ij boliv.) Ojalá pudiera comprobarse 
con datos históricos tan hermosa fan- 
tasía. 

('iiiitAi,?;Ti:, ni. Del francés c A ei'a/e/. 
Armazón de madera donde se colocan 



las cajas para componer. Término de 
Imprenta por primera vez admitido en 
el Dice, y con razón, porque es usadí- 
simo en todas partes. 

Chic, m. y ú. t. c. adj. Voz fran- 
cesa (aunque no aparece en los buenos 
diccionarios de aquella lengua) que ha 
estado muy de moda en España y 
América. «Faltábale únicamente lo que 
se llama, no sé por qué, chic de buen 
tono». (Pereda, Bocetos al kmph). 
¡Qué vocablo tan pobre y miserable 
para la sonora lengua castellana, que 
nunca ha sido lengua de ratones ni de 
pájaros! Para expresar este concepto 
nos da eUa.:/iUli, ra. fam.: «delicadeza, 
sutileza, ó primor de alguna cosa» ; mo- 
no, na, adj.: «pulido, delicado ó gra- 
cioso» ; su compuesto remonono (aunque 
no aparezca en el Dice), con sus res- 
pectivos superlativos; íener uno ányel, 
fr. fig. y fam.: «tener el don de agra- 
dar». Véase ahora lo que fué en su 
origen este pobre monosílabo y cuánto 
dista del significado que se arroga. Eu 
el Dice, de la conversación y de la lec- 
tura (París, 1834) leemos: «Esta ex- 
presión singular, que se ha puesto en 
uso en la conversación entre artistas, 
no puede ser considerada como vocablo 
francés. Sin embargo, creemos necesario 
mencionarla aquí y dar la explicación 
de su significado. Esta palabra nació 
en los talleres de artistas hace cincuen- 
ta años. Cuando la nueva escuela aban- 
doiK) la vía trazada por la Academia y 
se entregó con ahinco al estudio de lo 
antiguo, les pareció á algunos de los 
alumnos tener que adoptar las actitu- 
des, movimiento y expresión más sobre- 
salientes de los modelos clásicos jiara 
los estudios más sencillos y las figuras 
más vulgares. Los compañeros, pasma- 
dos de iin estilo tan elevado, (jue á 



28 



CHIC 



CHIC 



menudo se hallaba en abierta oposición 
con la sencillez del tema, solían excla- 
mar: « Este tiene chic, un chic famoso». 
Con ello querían decir que el artista 
aludido había tenido una buena idea, 
pero que la ejecución era convencional 
y carecía de verdad. También se dice 
que una figura está hecha «con chics, 
cuando toda ella está hecha de memoria 
y recuerda buenos modelos. Por tanto, 
la expresión «tener chic» no es preci- 
samente expresión de alabanza, pero 
tampoco de crítica. Sólo quiere decir 
que hay algo de bueno en la manera 
de trabajar del artista de quien se habla, 
que éste ha estudiado buenos modelos 
y los recuerda, pero que no debe con- 
tentai-se con crear siempre segiin lo que 
recuerda, sino que es preferible se aten- 
ga al natural. El «chic» pues puede 
ser considerado como la «caricatura del 
estilo y del carácter». El «tener chic» 
puede ser útil para el artista, porque le 
da cierta facilidad para trabajar de 
prisa, pero jamás éste ha de entregarse 
á esta habilidad». 

Ciiica, f. Parece ser el chico caste- 
llano, definido así por el Dice. : «en len- 
guaje vulgar, medida de capacidad para 
el vino, igual á un tercio de cuartillo, ó 
á 168 mililitros». Aquí se ha perdido ú 
olvidado ya la medida y se usa como si- 
nónimo de trago ó trinquis: Tomar una 
chica dé vino. Quizás entre los marinos 
se use todavía como medida, ó por lo 
menos como vaso pequeño: «De 2 á 3 de 
la tarde se sirvió á la marinería un ja- 
rro de buen té con leche y bautizado con 
una chica de ron, que vino de molde 
para la alegría general ». (G. M. Baña- 
dos, Del Mar Pcu-ifico al Báltico J.Tum- 
bién puede considerarse como corrup- 
ción del gallego chinea ó chisca, gota ó 
poca cantidad de cualquier líquido. 



Chica (Hacer uno la). Fr. fig. 
I'ani. en que el adj. chira irónicamente 
está usado ]}or ffratidfi: hacer una gran- 
de avería, un daño ó pei'juicio grande, 
una barrabasada (travesura grave, ac- 
ción atropellada), un crimen, un gran 
estropicio, hacerla cerrada (cometer un 
error culpable por todas sus circuns- 
tancias), liacer nlcjmia (ejecutar una 
mala acción ó travesura), hacer una qim 
sea sonada (fr. fara. con que, en son de 
amenaza, se anuncia un gran escar- 
miento ó escándalo), ¡buena la hite, la 
hiriste, la hizo, ele' /chica la qu-e has 
hecho.' 

Chicana, f. No sabríamos hacerlo 
mejor que el P. .Juan Mir y por eso 
copiamos al pie de la letra lo que escri- 
bió él de este vocablo. «A no darlo 
Baralt por cierto, apenas creeríamos que 
los españoles usasen la voz chicana, 
pues en mi vida la he visto ni oído, al 
uso de los franceses, que llaman chicane, 
á la sofísteria. Mucho será que los que 
propagan la voz chicana no jiro- 
muevan el uso de chicaneai", chi- 
canería, chicanera, chicano- 
so, chicanamente, y parecidos 
derivados suyos, pues los franceses los 
admiten, con razón, porque, al cabo, de 
lo suyo se visten. Mas, los que visten 
ropas ajenas, atreviéndose á usurparlas 
por suyas propias, manos ponen en lo 
vedado; como -tales, de ladrones no 
escaparán. ¿Por ventura escaseaban 
voces con que representar una cavila- 
ción , que eso significa el francés chicane? 
Nó ciertamente: ahí están las palabras 
enredo, embrollo, quisquilla, triquiñue- 
la, tranquilla, trampa, sutileza, tramoya, 
efugio, travesura, cancamusa, maraña, 
lazo, caramillo, zancadilla, armadijo, 
enyafío, casquetada, juguéis, niñeria, 
trapacería, trampantojo, embuste, maU- 



CHIC 



CHIC 



29 



cia, mutreria, anlid, artificio, ai/nilpza, 
fraudulencia, (jaiteria, eiujnnifa, Irrta, 
¡/atada, papilla, falsia, fraude, harhi- 
lleria, etc., etc.: las cuales, pnesta.s en 
pl., expresan, cada cual en su ümto, con 
singular energía lo que chicana ile 
ninguna manera puede representar, por 
ser voz exótica y ajena del romance». 
(Prontuario de Hispanismo ij Barba- 
risrno ). 

Chiclán, adj. y m. En castellano 
ciclan. No debe confundirse éste con el 
cordero rencoso, que es el que nace con 
un defecto parecido. En Méjico, Cnba 
y Venezuela usan también la voz co- 
rrupta: en el Ecuador dicen cllig;lán. 

Chico, m. Moneda de ínfimo valor 
ó medio centavo. No te debo ni chi- 
co; no lev (¡o un chicO. 

Chicoco, ca, m. y f. fam. En 
cuanto ;i la forma, es el cfíicote, la, cas- 
tellano, derivado de cliico, y que signifi- 
ca: «persona de poca edad, pero robusta 
y bien hecha. U. para denotar cariño». 
Asi lo usa el P. Isla en su Fray Ge- 
rundio: «Me ocurre un nombre... que 
se ha de imponer á mi cliicote-n. El 
chicoco chileno es sinónimo de «í«»o, 
piíjmeo, gorgojo. Tamarrizquito ó iama- 
rrufijuilo, adjs. fams. de dos termi- 
naciones, significan también: «muy 
pequeño». Liliputiense es aún más pe- 
(¡ueño y por su origen sólo debe em- 
plearse en lenguaje jocoso. Rerhon- 
cho, cha, es adj. que se aplica á la 
persona gruesa y pequeña. La etimolo- 
gía de este chilenismo es el adj. caste- 
llano chiro y la partícula co, que, según 
alguien lia escrito, es de origen azteca. 
Unos cuantos vocablos de esta clase 
corren por toda América ó á lo menos 
por algunos de sus Pastados: tales como 

patuleco, chueco, chulleco ó 
chullenco, chambeco, potoco 



ó pochoco, sunco, choco, ta- 
cuaco, chopeco. Manco, retaco y 
zopenco son castellanos. 

Chicotazo, chicote, chicotear. 
Dalos el Dice, como provincialismos de 
Méjico, cuando en realidad son de uso 
corriente en todo lo que fué la América 
española. — En Chile damos además á 
chicotear como r. la acep. de-discipli- 
narse; y al participio, traUindose de 
música, la de-rápido y alegre. 

Chicoteo, m. Acción ó efecto de 
chicotear. Haría muy bien el Dice, en 
darle lugar propio. Véase ComaPRKO. 

Chicotera, f. ó chicotillo, m. 

Ajustador de pantalones, chalecos, ca- 
potes, etc. En castellano es trincha. — 
También significa chicotera la parte de 
las riendas que forma el chicote ó lá- 
tigo trenzado con que se azota á la ca- 
balgadura. 

Chicureo, chicureo, con las 
uñas ij con los dedos. Refrán que gra- 
ciosamente usan los muchachos para 
estimularse á comer con avidez ó para 
pegarse unos con otros, con las uñas y 
con los dedos, como lo dice la letra. 
Engarrafar, a. fam., significa en cas- 
tellano: «agarrar fuertemente una co- 
san, y su contrario desengarrafar: 
«desprender y soltar lo que está asido 
con los dedos encorvados en figura de 
garra». Chicureo, nombre de un fundo 
vecino á Santiago, significa en arau- 
no los tordos. 

Chicha, f. ¡Quién les hiciera probar 
á los SS. Académicos la chicha de uvas, 
especialmente la de Aconcagua, para 
que la incluyeran en la definición! 
Véase la que han dado: «bebida alco- 
hólica que resultii de la fermentación 
del maíz en agua azucarada y (lUc se 
usa en América». — Chicha de 
manzanas, en castellano sidra. — 



30 



OHIC 



CHIC 



Chicha de jora, es la de niiiíz.— 

La Í1-. Ni chicha ni limonada 

es lio ser uno carne ni pescado: no tener 
carácter determinado, no ser litil para 

nada. — La loe. fig. chicha fresca, 
ó cara de chicha fresca, que se 

aplica á las personas un tanto desen- 
vueltas y alegres, especialmente mu- 
jeres, equivale, aunque no con toda 
exactitud, á las castellanas cara de ale- 
hüja, cara de pascua y cara de risa: la 
apacible, risueña y placentera. 

Chicharra, f. í]n la acepc. de ci- 
ijarra es castellano; pero no así en 
cuanto al juguete. La chicharra espa- 
ñola es: «juguete que usan los niños 
por Navidad, y consiste generalmente 
en un cañuto corto, tapado por uno de 
sus extremos por un pergamino estira- 
do, en cuyo centro se coloca una cerda 
ó una hebra de seda encerada. Pasando 
por ella los dedos, forma un ruido tan 
desapacible como el canto de la ciga- 
rra». Este juguete es el que en Chile 
llamamos capagato, que equivoca- 
damente tradujimos por bramadera. 
(Véase en su lugar). I>a chicharra 
chilena bien podría cíiber en la deñ- 
n'ción de la española, porque el adv. 
ijenerulmcnte usado en ella da lugar á 
todo; pero mejor es restituirle su ver- 
dadero nombre, que es samhoniba ó 
carraca. — Fig. y fam. chicharra 
es también para nosotros todo instru- 
mento músico que suena desapacible- 
mente; un taladro para agujerear el 
hierro; y un timbre eléctrico do sonido 
muy desapacible. — Hacer chicha- 
rra (ó chicharrón) una cosa, es en 
castellano chicharrarla ó achicharrarla. 
Vé;ise el siguiente. 

Chicharrear, n. Sonar un ins- 
trumento músico de una manera des- 
apacible, sea por estar desafinado, sea 



poRjue no se toca según arte. En cas- 
tellano sólo hay chicharrar ó achicha- 
rrar, a.: «freír, cocer, asar ó tostar 
demasiado una cosa, hasta que no le 
quede jugo ninguno ó tome sabor á 
quemado. Ú. t. c. r. || fig. Calentar de- 
masiado. U. t. c.r. II Molestar con exce- 
so». Molestan en realidad con exceso 
los oídos de los oyentes los que no hacen 
otra cosa que rascar ó azotar sin arte 
alguna los instrumentos músicos. 

Chiche, m. En castellano hay: 
chucherut (cosa de poca importancia, 
pero pulida y delicada), monada (cosa 
pequeña, delicada y primorosa), bu- 
jería (mercadería de estaño, hierro, 
vidrio, etc., de poco valor y precio), 
dije (cada una de las joyas, relicarios y 
otras alhajas pequeñas, que suelen lle- 
var por adorno las mujeres y aun los 
hombres), brinquillo ó brinquiño (alha- 
ja pequeña ó juguete mujeril), joijel 
(joya pequeña), quincalla (conjunto de 
objetos de metal, generalmente de escaso 
valor; como tijeras, dedales, imitaciones 
de joyas, etc.), juquete (objeto curioso y 
l)onitoconqueseentretienenlos niños), 
baratija (cosa menuda y de poco valor), 
sacadineros, m. y fam. (alhajuela de 
poco ó de ningún valor, pero de apa- 
riencia y buena vista, que atrae ;i com- 
prarla á los muchachos y gente incauta). 
«Por mirarla infinidad de chiches 
de una joyería francesa, no ve la cas- 
cara de melón que unos muchachos han 
acomodado». (Jotabeche, Costumbres 
chilenas). — pl. Objetos menudos y de 
m;ls ó menos valor según la categoría 
de las personas, que S'í regalan ¡i los 
concurrentes y amigos en los bautizos, 
matrimonios, primeras misas, etc. Es 
la estrena castellana: «dádiva, alhaja ó 
presente que se da en señal ó demos- 
tración de gusto, felicidad ó beneficio 



CHIC 



CHIG 



:;i 



recibido. Ú. t. en pl.» — En singular y 
fisr. se dice de una persona elesjaiite y 
ricamente vestida, y en general, de 
cualquier local ú objeto bermosamente 
adornado. El salón era un chiche; 
El tillar en un chiche ó está corno un 
chiche. Tratándose de personas, se 
dice en castellano: Exiar (ó ir) hecho 
un brinquirw (estar ó ir muy compues- 
to y adornado). Tratándose de cosas, 
puede emplearse en algunos casos ascua 
(k oro (cosa que brilla y resplandece 
mucho). — Lafone Quevedo es el que 
mejor ba estudiado la etimología de 
esta voz. Según él, se deriva de chirhi, 
en quicbua murciélago, cosa picada ó 
desmenuzada. «Los chichecitOS ó 
tetillas [significado que ahora tienen 
en Catamarca] de aquellos mamíferos 
alados pueden haber motivado el nom- 
bre». En otra parte de su obia dice el 
mismo autor que chiche era el nom- 
bre Cjue las amas de leche daban en 
Buenos-Aires al pezón del pecho. En 
el Dice, quichua que nosotros tenemos, 
chhicthi significa el granizo menudo, 
y ehhichi, unos animalejos de río de 
que hacen salsa. Membreño en sus 
Hondureñismos trae también esta voz 
y la deriva del v. azteca chichi, mamar. 
Como se ve, el significado general do- 
cosa menuda ha dado origen al que 
ahora tiene en Chile y en la Argentina. 

Chíchere, ni. Una especie de gar- 
banzo que da el fruto de forma plana. 
Llámíuse así la planta y el fruto. Es 
corrupción del castellanofAí/'/íw», gui- 
sante. 

Chichería, f. Tienda en que se ven- 
de chicha. Hace falta en el Dice. 

Chichero, m. Hombre que vende 
chicha. — Como adj. de dos termina- 
ciones, aplícase á los objetos en que se 
fabricii ó se guarda la chicha. Cuero 



chichero, pipa chichera. También debe 
admitirse en el Dice. 

Chicho, cha, m. y f. Dim. fani. 
de Xarciso, sa. También se les dice 

Ñachi. 

Chichoca, f. Véase Chuchoca. 

Chifle, m. «Los chifles w>n gran- 
des cuernos bien alisados, y aun labra- 
dos y pintados, con una tapa fija en la 
parte de la base y con otra de quita y 
pon en la boquilla del otro extremo^). 
Así describió D. Z. Rodríguez este 
utensilio de nuestra gente de campo 
que ya poco se conoce. Para nombrarlo 
l)astan las voces castellanas cuerna y 
aliara, que dimos en Cacho y en 
Chambado. — Chifle &s castizo en la 
acep. de «frasco de cuerno, cerrado con 
una boquilla, en el cual se guarda pól- 
vora fina para cebar las piezas de arti- 
llería». Por eso se confundió aquí con 
la cuerna, y todavía algunos lo con- 
funden con el polvorín (chileuo pol- 
vorera) en la acepe. de «frasco 
pequeilo eu que se lleva la pólvora más 
fina para cebar las armas de fuego». 
Otra acep. castiza de chifle (igual en 
esto á chilla, chíflalo, chíflele y chiflo) 
es: «una especie de silbato»; y sillialo 
es: «instrumento pequeño y hueco, que 
se hace de diferentes modos y de di- 
versas materias, y que, soplando en él 
con fuerza, suena como el silbo». 

Chigca, f. Especie de red comba, 
tejida con cordeles, cortezas de árboles, 
etc., de forma oval y con bordes de 
madera, que sirve para muchos usos 
domésticos. Poniendo una sobi'c otra, 
sirve como tercios de acémik para el 
acarreo del pescado, mariscos, legum- 
lii-es y otras cosas ligeras; pero, más 
(pie todo, para cuna en las casas y 
ranchos de los pobres. Cuando la chi- 
(/ua sirve de cuna, suele tentar el fon- 



32 



CHIL 



GHIL 



do de harpillera, de cotí ó de otro gé- 
nero ordinario pero resistente. En esta 
acep. general, que se refiere á un ob- 
jeto particular de estas regiones, debe 
esta voz ser aceptada por el Dice. En 
algunos casos puede equivaler al serón 
español, en otros á la banasta; pero, 
como es objeto distinto, conviene que 
tenga lugar aparte. — Mas no así en 
las aceps. de «capacidad en la parte 
superior de las diligencias y demás co- 
ches de camino, donde se colocan equi- 
pajes y otros efectos, resguardados con 
una cubierta de cuero ó de tela em- 
breada; esta cubierta». Esto tiene su 
nombre castizo, que es vaca, f. — La 
etimología es la voz quichua y aimará 
achihua, quitasol, cielo de los doseles. 
El quitasol y el cielo de los doseles, in- 
vertidos, presentan la figura de una 
chigua redonda, aunque la imestra es 
generalmente ovalada. 

Chijetada, f. Chorro de un li- 
quido cualquiera, que sale violenta- 
mente. Xi así ni chlsguetada apa- 
rece en el Dice. (Véase el siguiente). 
En Méjico dicen chisguetazo. (Ra- 
mos Duarte). 

Chijete, u~. Corrupción de chis- 
(jiteie: fam. chorrillo de un líquido 
cualquiera, que sale violentamente. 
También lo usamos como adj., aplicán- 
dolo á las hembras vivarachas y locua- 
ces ó gritonas. Mujer ohA^QtQ; c/alUim 
cllijete. Para la mujer hay en caste- 
llano el adj. fara. rabisalsera: «aplica- 
se á la mujer que tiene mucho despejo, 
viveza y libertad demasiada». 

Chijetear, n. Véase Chisgue- 
tear. 

Chilca, f. Planta del género bácaris 
ó bacará, muy abundante en Chile y en 
otras regiones de Américu, por lo me- 
nos en todo lo que abrazó el antiguo 



imperio de los lucas. Innumerables son 
los autores chilenos y argentinos que 
hablan de ella; por eso no los citaremos, 
sino únicamente á estos dos extraños: 
«La hierba ó mata que llaman chillca, 
calentada en una cazuela de barro, hace 
maravillosos efectos en las coyunturas 
donde ha entrado frío y en los caballos 
desortijados de pie ó manoi. (Inca 
Garcilaso, Coment.,p. 1, 1. Tí, c. XAT' ). 
(íChilca, arbolillo muy frondoso y bal- 
sámico de agradable olor. Tiene hoja 
verde clara, dentada, larga tres ó cua- 
tro dedos. Cuando están las hojas 
calientes al sol ó al fuego, se pegan unas 
con otras, como también á las manos, 
y son eficacísimas para sacar frialdades 
y soldar roturas de huesos». (Padre 
Velasco, Hist. del Reino de Quilo). La 
voz, escrita chhiUca, cchiUcn y chilca, 
figura en los Dices, quicliua. aimará y 
araucano. Seguramente es quichua y 
debe entrar en el Dice, académico con la 
forma chilca, que es la única castellana. 

Chilcal, m. Sitio poblado de chilca. 

Chilco, m. ¡Si h.5 fucsias modernas, 
europeizadas y cultivadas ahora como 
plantas de adorno, y muy orgullosas 
por figurar ya en el Dice, académico, 
conocerán á sus humildes aborígenes, 
los chilcos, chircos, tilcos ó tru- 
cos chilenos! Véase la historia de esta 
curiosa metamorfosis, no cantada por 
un clásico Ovidio, sino contada por El 
Chilate, sencillo diario de Ancud, el 4 
de Noviembre de 1870: «El Chueco 
en In(/lctterra.= El cldlco (Fuchsia ma- 
crostemma) es un arbusto que gran 
parte del año engalana los campos del 
Sud de Chile con sus abundantes flores 
en forma de campanitas, que, como ra- 
cimos de uvas, se desprenden de todos 
sus ganchos. No crean nuestros lectores 
que vamos á hacer una descripción Ix)- 



CHIL 



CHIL 



33 



tónica de tau interesante arbusto. No 
pretendemos tal cosa. Solamente vamos 
;í referir cómo llegó nuestro chuco á 
Inglaterra. Por esta narración se verá 
la verdad de ese antiguo proverbio que 
dice: nadie es profeta en su tierra. Hace 
quince años que arribó á este puerto 
de Ancud un buque ballenero inglés. 
Estábamos en primavera. Uno de los 
marineros que lo tripulaban, cuando 
estuvo en tierra, se prendó del florido 
y gi'acioso chilco. Cuando zarpó el bu- 
que, llevó el marinero una mata, colo- 
cada en un cajón lleno de tierra. Al- 
gunos meses después llegó á uno de los 
puertos del Sud de Inglaterra. Ya el 
chilco estaba despojado de sus flores y 
hasta de muchas de sus hojas. El ma- 
rinero tenía en ese puerto su madre y 
su familia. rlQué traes? dijo la mamá 
al marinero. — Plata no traigo, contes- 
tó éste; pero le traigo esta planta para 
que ponga en su jardín. — Con cierto 
disgusto fué recibida la planta de chilro, 
la cual fué colocada, con cajón y todo, 
en el jardín. Pocos meses después em- 
pezó á ponerse verde ropaje de hojas, 
y no pasó mucho tiempo sin (pie, como 
una gran maceta lacre, fuese la plan- 
ta que más adornaba el jardín. Una 
tarde que la madre del marinero con- 
templaba la planta desconocida, un rico 
hombre inglés se aproximó, llevado por 
la curiosidad. Después de examinar la 
planta, que hasta entonces no había 
visto, y de preguntar de dónde haliia 
sido llevada á Inglaterra, propuso com- 
pra al dueño, ofreciéndole por ella 
treinta libras esterlinas (150 pesos). 
La pobre madre del marinero creyó al 
principio que era burla; pero, como 
insistiese el comprador, aceptó con su- 
mo gusto las treinta libras en cambio 
de la planta que con disgusto recibió 
Dice. <lc Chil.. t. II. 



de su hijo, ilás de una necesidad satis- 
fizo la pobre con esa suma. El com- 
prador por su parte no perdió en el 
negocio, pues cada pequeña maceta de 
flor y cada planta de chilco era vendida 
cuando menos por una libra. Pocosaños 
después el chilco chileno, llevado de la 
provincia de Chiloé á Inglaterra, se ha- 
llaba en todos los jardines de ese país. 
Actualmente se ha propagado tanto 
que se le emplea en grandes cercas \"i- 
vas. Nuestros lectores se preguntarán 
cómo hemos sabido esto. Satisfare- 
mos su curiosidad. Uno de los tripu- 
lantes del buque en que fué llevada la 
planta de chilco, llegó áeste puerto no 
ha mucho tiempo. El nos refirió fide- 
dignamente lo que nosotros contamos, 
asegurándonos que fué testigo ocular». 
— Después de esto no queda sino pedir 
á la Academia que incluya en su Dice, 
la voz thiko (fucsia silvestre), con que 
se conoce en todo Chile una de las 
plantas y flores más hermosas de nues- 
tra flora de costa; lo cual hizo que al- 
gunos la llamaran jazmin del papa, 
como puede verse en Gay. La voz pro- 
cede del araucano chuleo, que Febrés 
define: «hierba fresca medicinal y sirve 
para teñir sus mantas». 

Chilco, ca, adj. Del araucano 
ch Íleon, estar aguanoso. Papa cllil- 
ca: se llama asi la papa que, á causa 
de la humedad, ha comenzado á des- 
componerse interiormente, perdiendo 
la sustancia farinácea y volviéndose 
azucarada y cristalina. Según Borao, 
en Aragón se usa para esto el v. arjiía- 
chinar, que para el Dice, es sin(Jnimo 
de enac/uazar.— Ojo chllcO: el que 
en castellano se llama ojo orero: «el que, 
por abundar ó resaltar mucho en él lo 
blanco, parece que no tiene niña». — 
También ojo de hesugo: «el que está 



34 



CHIL 



CHIL 



vuelto, porque se parece á los del be- 
sugo cocido». 

OitiLCÓN, m. anm. de rldlco. Es el 
mismo chilco cuando se desarrolla y 
crece como árbol, como sucede, por 
ciertas condiciones favorables, en algu- 
nas provinciasdel Sur. — Lleva también 
el mismo nombre el licor negio que se 
extrae de la flor del cbilco y al cual se 
atribuyen propiedades medicinales. 

Chile, n. pr. m. El ¡Mgo de Oídle. 
Fr. que con triste ironía y amargo 
desengaño se aplica al mal pago de esta 
nación para con sus buenos servidores. 
No es defecto exclusivo de Chile, sino 
general de todas las naciones, como se 
podría probar con la historia; pero es 
achaque propio del ofendido quejarse 
del ofensor, sin recordar que el mundo 
siempre ha sido lo mismo. Sin salir 
del V. pagar, tenemos en castellano, 
como frases parecidas. Pagar en mala 
momda (pagar ó corresponder con des- 
aires y desprecios ;l los beneficios reci- 
bidos), Pagar en tres plazos: tarde, mal 
y nunca (no pagar lo que se debe) y 
Pagar mal una cosa (corresponder de 
mala manera á los beneficios recibidos 
do otro).— Ir Ó venir a Chile, 
salir, volver de Chile, etc. Mo- 
dos de hablar que usaban algunas per- 
sonas ignorantes que entendían por 
Chile su ciudad capital, Santiago. Ac- 
tualmente van desapareciendo con la 
instrucción. — Poro tiempo en Chile, es 
fr. que se dice en son de disculpa y 
otras veces irónicamente por los ex- 
tranjeros que hablan mal ó no entien- 
den el castellano, ó que se llevan otros 
chascos por no conocer nuestras cos- 
tumbres, leyes, usos, etc. Véase Cha- 
petón con sus derivados. En cuanto & 
la etimología de C/rile, de todo lo que 
acerca de ella se ha escrito, se deduce 



como lo más seguro y probable, que 
es el ave llamada ahora trile (xanthor- 
mts caijenensis ) , porque tal es su gri- 
to, y que, segi'in las regiones, se pro- 
nunciaba trrile ó chile. También se de- 
cía trrili ó rhili, y por eso algunos 
cronistas antiguos escribieron así tam- 
bién el nombre propio. Este, ni aquí, 
ni en el resto de América, ni en Espa- 
ria,se ha usado con artículo (el Chi- 
le): sólo se lo ponen algunas nacio- 
nes de habla distinta, como Francia é 
Italia. 

Chilenismo, m. Esta debió ser, en 
el orden ideológico, la primera voz 
estudiada en esta obra, ya que ella es 
su base y principa! materia; pero el 
orden alfabético tiene también sus ti- 
ranías. Pues bien, el chilenismo, que 
sólo aparece en el Dice, con la sílaba 
Gh/il. (interpretada CJJdle), y allá á las 
perdidas, como ave solitaria en la in- 
mensa llanura del océano, debe ya es- 
tamparse en su lugar y con todas sus 
letras, definiéndolo como á todos sus 
demás hermanos en ismo: arabismo^ 
hehraismo, helenismo, galicismo, lati- 
nismo, etc. Y, si autoridades necesita 
la real corporación, valga por todas la 
de D. Marcelino Menéndez y Pelayo: 
«Algunos nombres indígenas de plan- 
tas, algunos chilenismos ó peruanismos 
de dicción, no bastan [en Oña] para 
compensar esta falsedad» [de las des- 
cripciones]. ( Poemas rhilenosj. 

CiirLKNiZAi!, a. y li. t. c. r. Tomar 
las costumbres chilenas. Si están admi- 
tidos castelhinizar, españolizar y otros 
verbos similares en izar, ¿por (jué no 
admitir también el nuestro? Véase 
Izar (Veruos ex). 

Chileno, na, adj. y ú. t. c. s. En 
nombre de todo Chile pedimos que 
desaparezca del Dice, ó por lo menos 



CHIL 



CHIL 



35 



se declara anticuada, la forma chile- 
ño, ña, que jamás se ha usado entre 
nusütros. Cierto es que en castellano 
hay muchos gentilicios y étnicos en 
crio, y en su misma casa lo tienen los 
de Madrid, la ciudad del oso y del ma- 
droño; pero no menos cierto es también 
(jue hay bastantes terminados en eno y 
de tan Ijuen orilleen, como: heleno, peno 
(cartaginés), damasceno, nucianceno, 
nkeno, nazareno, ruteno, lirreno, aya- 
rem, sarraceno, adareno, y aun moreno 
(de moro, por el color). Xo nos aver- 
gonzamos de andar en tan buena com- 
pañía. — De lo que si nos avergonza- 
mos es de la fr. ¡irov. ¿Chüeno ij bueno? 
;.'h'l que nn se roba la muía se roba el 
freno, con (¡ue los recueros y trajinan- 
tes argentinos suelen motejar á sus 
com]iiiñeros ó rivales chilero.-:. 

Chilindra, f. Úsase en algunas 
paiti'sen el mismosignificadodecliau- 
cha y chirola: moneda de veinte 
centavos. Ya poco ó nada se oye. Derí- 
vase del castellano rhilindrina: cosa de 
poca importancia. 

Chilpe, m. De los vocablos qui- 
chuas rlí/iill/ii, hoja de maíz seca al sol, 
y c/iJiiIpi, padrastros ó astillas (jue salen 
en los dedos. En Chile y en otras par- 
tes de América tiene la acep. general de 
-tira, jirón, arambel, pingajo ó colgajo 
de cualquiera cosa. — En pl. y fam. lo 
usamos por el castellano pini/os, m . pl. : 
«vestidos de mujer, cuando son de po- 
co precio, aunque est¿n en buen uso ó 
sean inievosD. — También como sinóni- 
mo de chamelicos. Véase esta voz. 

ChilpOSO, sa, adj. Andrajoso, 
liarapienLü. Es puco usiulo. 

Ciiiiigrii-i/A, f. l)¡in. de rA //a/. Va- 
riedad del género bácaris'i bacará, nniy 
abundante en Chile. — José Chll- 
quilla: el dos de espadas en los jue- 



gos de naipes, porque se asemeja á dos 
varas largas y delgadas como la chil- 
quilhi. 

Chilro, m. Véase Chirlo. 

Chilro, ra, adj. Corrupción del 
adj. castellano chirle, insípido, insus- 
tancial, que figura también como par- 
te componente del s. f. m/uinhirle: 
especie de aguapié de íntima calidad; 
cualquier licor sin fuerza ni sustancia; 
cosa baladí, insustancial, sin impor- 
tancia alguna. El gallego tiene también 
chilro, caldo sin grasa ni sustancia. 

Chilla, f. Voz araucana que Fi/l)iés 
traduce: una raposa. «En Chile li;iy 
dos especies de zorras: la zorra peq ur- 
na ó chilla (canis Azarae) y la grande 
ó cidpeo (canis magellanicus),» dice 
Philippi. El nombre chilla es general 
en Chile y debe entrar en el Dice. 

Chillar, n. fam. La acep. que so- 
lemos dar á este v. de (¡nejarse, jnolcu- 
lar, refunfuñar, puede considerarse 
como translaticia ó fig. de la propia que 
tiene y, por consiguiente, debe agre- 
garse á ésta en el Dice. Así se usa ac- 
tualmente en España, como lo testifica 
Caballero en todas estas frases que trae 
en su Dice, de Modismos: Chilla como 
si le mataran, Cliilla como si tuviera 
itbjo. Chilla para (¡ue no le pisen. Chilla 
jiorque le duele, (Milla porque quiere, 
(.'hdla porque tiene boca, el simple v. 
clíillar (metafói'icamente, quejai-se, la- 
mentarse, condolerse de algo que no es 
dolor físico: chilla el pobre porque no 
tiene; (/;///« el jornalero ponpic no tra- 
baja, etc., etc.), Chillar á la luna, ó A 
las estrellas. Chillar á tiempo, Ciiillar- 
le. Chillarle alto, fuerte, sin tiempo, 
tarde. Chilla sin tocarle. Chillas nnis 
que las ijrutlns. Chilla ij no le oi/e na- 
die. La scñoia Pardo Baziin escribió 
tambiénen su I 'ala contemporánea: «No 



3G 



CHIM 



CHIN 



ha de estar [el Superior] alií ;l dispo- 
sicióiidel primer importuno «¡ue ih¡llcy>. 
Pérez Galdóseii Casandra (j. III, esc. 
IV): (.iGhülaré, alborotaré contra los 
dioses ricos y polires». Tainayo y Baus 
en La Bola de nieve (a. II, esc. VII): 

Luis. Deja que te abrace, bestia... 

Pur fuerza. 
JUAX.^. Basta de broma, 

Ó cltillú. y la señorita 

Sabrá que usted... 
Núñez de Arce en Justicia providencial: 

Aunque chille y alborote 
Juan, te doy pleno dominio 
Para hacer el escrutinio 
Famoso de Don Quijote. 

El B. Diego de Cádiz había también 
escrito en una de sus cartas al P. Fran- 
cisco González, su director: «No hay 
remedio, esto va á hacerse. Dilata tu 
corazón y vamos á ello. ^^Qué tal? No 
estoy para que me chiUetn. 

Chille, m. CliUh, caucan y cáhuil 
son tres nombres araucanos que en dis- 
tintas provincias se dan á la gaviota. 
Para algunos naturalistas son distintas 
especies; para otros nó: véanlo ellos. 

Ohimba, f. Del quichua chim¡m, 
de la otra banda. Nombre que se da 
en algunas ciudades de Chile situadas 
sobre ríos, al barrio colocado en el lado 
menos importante. Así como Pioma 
tiene su Transtiber, aquí teníamos 
también muchas Cllinibas. La voz 
va cayendo ya en desuso, sobre todo en 
Santiago, donde los gacetilleros, que 
tienen interés en llenar muchas cuar- 
tillas, han dado en decir el barrio ó los 
barrios de ultra mapocho, en lugar de 
el IVansma/iorho, simplemente, más 
breve y más conforme con la etimolo- 
gía. Chimba subsiste todavía en el 
nombre propio (hii)i baroiu/o, de rhimpa 
y el araucano lonco, cabeza: cerro en 



forma de cabeza al otro lado (del es- 
tero llamado tamlúén de Chimbaron- 

Chimbero, ra, adj. Habitante 
de una chimba; por consiguiente y 
fig., ordinario, villano, plebeyo, pobre, 
desharrapado; peleador, pendenciero, 
por las riñas y pedreas que suele liaber 
en tales barrios. También tiende á 
desaparecer como el anterior. 

Chimbo, m. y ú. t. c. adj. prece- 
dido del s. liucro. Dulce de yemas de 
huevo cocido en baño de maría y remo- 
jado en almíbar. Por fuera lleva sobre- 
puestas pepitas de almendra, con lo 
cual en algo se parece á la tuna ó higo 
chumbo, y quizás á esto debe su nom- 
bre. También puede derivarse del qui- 
chua chimpu, arreboles ó cerco del sol, 
por el color de este dulce. «En Mara- 
caibo y Guatemala, como también en 
Bogotá, huevos chimbos es un 
dulce de yemas de huevo». (Cuervo). 
Lo mismo en el Perú. (Zerolo). El 
nombre castellano es ¿/e/nw; «dulce seco, 
compuesto de azúcar y yema de huevo 
de gallina». Si tiene figura de capucha, 
se llama capuchina, f. 

Chiminea, f. ¡Cuántos tropiezan 
en esa segunda / que no e.xiste en el 
verdadero yocñbhcbimruea.' El gallego 

dice tamliién chimenea. 

Chimpilo, m. Rebusco ó rebusca, 
cencerrón, redro/o ó redruejo. Todos 
estos nombres tiene en castellano el 
racimo pequeño de uvas, que suele que- 
dar en las viñas después de hecha la 
vendimia. La etimología puede iicvchir- 
dil (i'acimillo que queda en la cepa 
después de verificada la vendimia, se- 
gim Baráibar). Primero se corrompería 
en chirpil y después en í7/ //«/»//». Véase 

Pampanito. 

CiiiXA, f. Voz que en quichua y ai- 



CHIN 



CHIN 



mará significa criada doinóstica. Así se 
ha usado siempre en Chile; pero actual- 
mente es, en esta acep., una voz de 
insulto ó vituperio. Decirle china á una 
sirviente es como decirle que es la mu- 
jer más fea y ordinaria, una fregona ó 
maritornes de última clase. (Véase el 
prólogo del 1 J t. de este Dice.) — De 
este significado fundamental han deri- 
vado las siguientes aceps.: mujer fea y 
ordinaria; manceba, y también ramera. 
El dim. chinita es término de cariño 
que se usa en bueno y en mal sentido: 
en bueno, cuando se aplica :i una mujer 
que sirve bien y honradamente á otra 
persona; en malo, cuando se aplica á la 
manceba, tronga ó querida. Véase Chi- 
no. — También llamamos ch.ina a la 
caléndula ó mararilla española, planta 
herbácea; y á un coleóptero de color 
amarillo (coccineUa), del tamaño de 
una chinche. — Cierto pan igual á la 
chOGOsa. Véase esta voz. 

Cilinaje, m. Conjunto ó reunión 
de sirvientas ordinariasó despreciables; 
id. de mujeres públicas. 

Ch-inamentO, m. Lo mismo que 
el antiírior y que cllinería, pero 
menos usado que ambos. 

Chixcol, m. Ave muy común en 
Chile, del orden de los pajarillos (frin- 
(jiUa malutina }. El macho es cantor; 
pero su canto es, por decirlo así, una 
sola frase suelta é invariable, que el 
pueblo ha traducido de esta manera: 
¿HiiH visto ám¡ lio, lio Austín (A;/m- 
//«/' ponjue realmente asi parece sonar. 
La liembra se ¡lama chineóla. — Juego 
de niños que se ejecuta de esta manera: 
se acuclillan todos los jugadores, ponen 
las manos debajo de los muslos, sujeta 
la una con la otra, entablan los jefe-s 
de los dos bandos, el uno frente al otro, 
el siguiente diálogo: 



— ¿Comadre la rana? 
— ¿QaQ quiere, comadre? 
— Un vasito de agua. 
— ¿Para quic'n? 
— Para mi compadre. 
— ¿Cuándo llegó? 
— Anoche. 
— ¿Que' le trajo? 
— Un corte de vestido. 
— ¿De que' color? 
— Verde limón. 
— ¿Que le dijo? 
■ — Que bailáramos el chincol; 

y saltan todos en cuclillas como esta- 
ban, cantando estos versos: 

Chincol, chincol. 
Zapato [d] e charol; 
Pícale, chincol, 
Zapato [d] e charol: 

hiistii (|ue se cansan ó al)unen. Es jue- 
go infantil y se usa más entre las mu- 
jeres que entre los hombres. Es, con 
escasa difercucia, igual al ¡/on/njo ma- 
drileño, que no figura en el Dice., pero 
que el Folk-lore de Jladml, de D. E. de 
Olavarríay Duarte, describe así: «Uno 
de los niños hace de (jonjojo. En frente 
se ponen los demás niños en cuclillas, 
con las manos cogidas jxir bajo de los 
muslos, y, uno á uno, van diciendo: 

El gorgojo está entre peñas 
Y me está haciendo señas 
Que me vaya allá un poquito: 
.Allá voy con mi gorgojito. 

Sin variar de posición, se va cmi el 
gorgojo dando saltos. El ijue se cae ó 
suelta lus manos, se queda de í/ori/njo, 
y éste viene á reemplazarlos. — Fig. y 
másus;Kl<>enformadim.chÍncolÍtO: 
aguardiente ú otro licor fuerte mezcla- 
do con agua. — Persona que en hoteles, 
balnearios, etc., da propinas escas;is. 
Véanse en el Apéndice Bacalao y 
Canario. — El nombre chincol evi- 



o8 



CHIN 



CHIN 



dentemente es araucano, pero no fi^'iira 
en los Dices, de esta lengua. Puede 
haberse formado de las sílabas diiu, 
muy repetida en el canto de este paja- 
rillo, y del s. cogí, cosecha. En la Ar- 
gentina se conoce con el nombre de 
chingólo, definido asi por < ¡ranada: 
«pajarillo muy comiin, de cauto sen- 
cillo, de lomo pardo y pecho blanquizco, 
agraciado con un alto copete». El co- 
pete del nuestro no es muy alto. 

Chinche. La chhulie y nó el chin- 
cJie se llama el molesto y fétido insecto 
de todos conocido. — Por primera vez 
ha admitido el Dice, la acep. de «cla- 
vito metálico de cabeza circular y chata 
y punta acerada, rjue sirve pai-a ase- 
gurar el papel al tablero eu que se di- 
buja ó calca, ó para otros fines pare- 
cidos». No dice el Dico. que en esta 
acep. sea m. ; pero parece simple olvido 
li ondsión, porque tanto en España 
como en America todos lo u.san como 
m. — -En la acep. fig. y fam. de «per- 
sona chinchosa», es com. 

Chinchel, m. Un poco superior al 
caramanchel, es la simple te?/«Haó 
bni/iim castel lana : tienda ó casa pública 
donde se venden por menor vino i'i otras 
bebidas espirituosas; por eso, según los 
casos, podrá ser también rijiateria, 
aiiiiardeiüerin, hoilpgún, etc. — El térmi- 
no chincliel es entre nosotros algo 
desiiectivo y por eso se aplica princi- 
palmente á la taberna riistica y ordi- 
naria. Parece derivarse de chinclial, 
que Pichardo interpreta: «casita de 
madera ó ticndecita muy reducida y de 
miserable aspecto», y Eamos Duarte: 
«tendejón, ventorrillo. Término des- 
preciativo para decir chincharrero ó 
rliiiirliorrero, nidal de chinches». 

Cllinclielero, m. En general, 
tabernero; en particular y según los 



licores que venda, en el chincliel, 
aguardentero, chicliero, vinatero, etc. 
. Chixchemolle, m. Insecto del géne- 
ro anisomorfa: «tiene el cuerpo sin alas, 
pero grueso, medianamente alargado, 
y es muy notable por el olor suma- 
mente malo que exhala. Habita debajo 
de las piedras, etc. Son insectos peculia- 
res á la América del 8ur y se llaman 
en Chile tabolangros y chinche- 
moyos». (Philippi). Ija descripción 
misma estáindicando laetimologia cas- 
tellana de la voz fchitiche y mollajy nó 
mapuche ó araucana, como creyó Lenz. 

Chincllibí, ni. Corrupción del 
inglés gingerbeer, cerveza de jengibre. 
Lo mismo en Costa Rica y otras par- 
tes. «Otro llamará yinyibia á la 
cervezade jengibre», profetizaba Hart- 
zenbiisch en el prólogo del Dice, de 
Baralt; pero no se conoce todavía al 
pueblo tan afeminado que use de una 
voz como ésa. 

Chinohiméx, m. Especie de nutria 
que prefiere el mar á los ríos ( tatra 
felina), por otro nombre cliungango ó 
gato de mar. La voz es en araucano 
chimchimen. 

Chinchín, m. «Arbustos siempre 
verdes, con las hojas mcllizas de dos 
layas, la una peciolada más grande, la 
otra sésil, más pequeña; flores dispues- 
tas en espigas ó en panojasen el sobaco 
de las hojas pequeñas, amarillas, nu- 
merosas, á veces nniy fragantes». Esta 
es la descripción del género Azara que 
hace Philippi y que tiene en Chile once 
especies, una de las cuales es el chin- 
chin de la provincia de Valdivia, de 
madera muy dura y muy apreciada. 

Chincliorrazo, m. Es cJvinclm- 
rrazo: «golpe que se da de plano con la 
espada», por otro nombre cintarazo. Si 
es en la espalda, es eítpaldarazo. — Azote 



CHIN 



CHIN 



í!0 



ó diicütazo. T/a misma alteración de 
letras liacen en este vocablo los colom- 
bianos. 

Chinchosear, m. Cansar moles- 
tia é importunidad como el chinclioso. 

Chinchosería, f. Chine// orm-ia, 
f. li;^.y faiii.: '(impercinencia, jiesadez». 

Chindo, II. pr. Dim. fam. de J!ii- 
(lesindo. En Álava (España) llaman 
Simio á los Rndesindos y Gumersindos, 
sejíún D. F. Raráibar. 

Chinería, f. Lo mismo (|ue chi- 
naje. 

Chinero, ad. Aplícase al hombre 
aficionado á las chinas ó mujeres ordi- 
narias. 

Chingadera, f. Entre gente muy 
pobre, calabaza que sirve de orinal ó 
bacinica para menores. 

Chingana, f. Casi puede calificar- 
se de americanismo, porrjne se usa por 
lo menos en Chile, Perú y Ecuador. Es 
la taherna española, pero animada ge- 
neralmente del canto y del baile, y :i la 
cual acude la gente que gusta de la 
jarana; por tanto, no debe confundirse 
con la venta ni fonda castellanas, ni 
tampoco con újiíjón, tabanco ni ivnlo- 
rrillo, porque lo característico de la 
chingana es la mala alegría que en 
ella reina, el vicio, que juega y ríe en 
ella con cara de Mefistófeles; es, en 
pocas palabras, la casa del holgorio y 
de la juerga española. — La etimolo- 
gía es el V. (luiclma chincani, escon- 
deríc, desaparece!'; porque al i)rincipiü 
debieron estas casas, jior temor ;i las 
autoridades y vergüenza del público, 
de esconderse y desaparecer de su vista. 
Por eso en el Dice. (/conr. hist. de Al- 
cedo leemos: ^Chingana: nombre (|ue 
dan en la provincia de Quispicanchi 
del reino del Peni á unas bocas ó socíi- 
Tones que hay en el interior del cerro 



en que tuvieron un palacio los Incas y 
donde se dice que enterraron sus ri- 
quezas». En la Crónica del P. Fr. An- 
tonio delaCalancha (1. II,c. XX.XVII) 
se lee: '(Desde esta fortaleza hasta el 
convento de Santo Domingo, que hay 
más de diez cuadras, donde era el tem- 
plo del Sol. está labrada por debajo de 
tierra la que llaman la chinijiina, (pie 
es lo mismo (jue decir donde se [lierdcn 
ó se esconden, ó laberinto»; y en la 
Historia de Copucahana del P. Fr. Ra- 
fael Sans (cap. VI) también leemos: 
«Más adelante. ..estuvo la desjicnsa del 
Sol, que, si el tiempo no la hubiese 
desbaratado, se recrearía la vista en los 
edificios y traza de esa especie de labe- 
rinto..., llamado vulgarmente chinga- 
na, que quiere decir lugar donde se 
pierden». Y, cristianamente hablando, 
¿no se pif>j-den también la vergüenza, 
el honor, las buenas costumbres, el di- 
nero, y, lo que es peor, las almas, en 
las modernas chinganas? 

Chinganear, n. .Jaranear, n. 
(andar en jaranas). 

Chinganero. ra, m. y f. Dueño 
y director de una chingana. — Adj. 
Frecuentador de chiilganas, jura- 
ncro. ra (aficionado á jai-anas). 

Chingarse, r. Chilenismo de ma- 
yor cuantía, que merece ser bien estu- 
diado. Tratándose de cosas explosivas, 
C(nno cohetes ó voladores, tiros, etc., 
significa no liacer explosión, no reven- 
tar ó estallar, frustrarse, salir fallido; 
y en general se dice de cuali|uier ob- 
jeto que no ejecuta la accicin que le 
corresponde: como un trompo que, ti- 
rado para que baile, no lo hace. — 
Tratándose de fiestas, empresas ó cual- 
i|n¡era otra acción, frustrarse, fracasar 

faJIar, aguarse. (Véase Chasquear- 
se). IjH esta misma aeep. aplícase 



40 



CHIN 



CHIN 



también á la persona que se lleva el 
chasco. Además de todos estos equiva- 
lentes, tenemos en castellano para esta 
acep.: Errar uno el tiro (engañarse en 
el dictamen ó concepto de una preten- 
sión ó intento), &dir el tiro por la ni- 
lala (dar una cosa resultado contrario 
del que se pretendía ó deseaba), Que- 
darse uno asperfies (quedarse sin lo que 
esperaba), En hlanco (sin aquello que 
se poseía ó se deseaba alcanzar), Salir- 
sele á uno el puchero (fallarle su plan, 
idea ó empresa). En Aragón dicen, se- 
gún Borao, «Salir la nuez cocona, fr. 
con que se denota que algún negocio 
no ha correspondido al deseo, á la pro- 
babilidad ó illa esperanza». — Veamos 
ahora la etimología de este vocablo. 
Cuervo lo da resueltamente como gita- 
no; pero en los Dices, de esta jerga sólo 
aparece un chingar que significa «for- 
nicar», y la cita que él trae de El De- 
lincuente español de Salillas, presenta 
solamente á c/iinf/a, chingari, disputa, 
riña. Otros acuden al v. qaichmichinca, 
perder. A la verdad, no van tan desca- 
minados, porque chingarse ten tiro 
ó lina fiesta es perderlos. Por eso Ci- 
ro Baj-o dice que chinga es «voz 
que expresa la idea de haberse perdido 
algo que se dejó en un sitio. Ejemplos: 
Busqué mi caballo, y chinga; el ga- 
nado dejó el chaco chinga». (Pro- 
vincialismos argentinos g lioliricmosj. 
Á estos autores nos adherimos noso- 
tros. En el Dice. Gallego de Cnveiro 
Pinol figura también un chingarse 
ant., (¡ue significa «amedrentarse, cor- 
tarse». Si hubiera de aceptarse esta 
etimología, habría que explicar la 
1." acep. de nuestro vocablo por la 
ouómatopeya, porque el ruido de un 
cohete ó tiro fallido es chiiiiing. La 2.'' 
acep. se explicaría descendiendo del 



hombre á las cosas, es decir, de un ora- 
dor ó cantor, que de puro amedren- 
tado 3 cortado hace fiasco, á las fiestas 
ó funciones (¡ne se ching'an ó aguan. 
Chingue, m. Del araucano ckin- 
ghe. n El chingue ( mpphitiscliilensis ) 
pertenece á un género de carnívoros 
muy notable por la facultad que tiene 
de arrojar á bastante distancia un licor 
particular sumamente hediondo, pro- 
ducido por unas glándulas situadas cer- 
ca del ano. Todas las especies son negras, 
rayadas de blanco, y tienen en las ma- 
nos uñas fuertes y cavadoras. El chin- 
gue de la Eepública Argentina es algo 
diferente y se llama tnephilis patagó- 
nica». (Philippi). El del Brasil se lla- 
ma surilho, el del Paraguay gagure 
(perro hediondo), y el de la América 
del Xorte chinga ó mofeta chinga.Yáa- 
se el Dice. Eticiclop. Hispano-Amer. 
en los arts. Ch inga y Mofeta. — Fig. y 
fam., meón, na (que mea mucho y fre- 
cuentemente). — Estar uno meado ele 
chingue (de perro ó de gato), es fr. 
fig. y fam. que significa enti'e nosotros 
tener mala suerte, no irle bien en nin- 
guna empresa ó negocio, estar dejado 
de la mano de Dios (dícese de la perso- 
na qne yerra en cuanto emprende). — 
El nombre castellano de nuestro chin- 
gue es mofeta, voz transladada del 
italiano, el cual la formó del latín 
mcphitis. 

Chinguillo, m. Sarria: género de 
red basta en qne recogen la paja para 
tvani^povtavla.— Espuerta: tejido de es- 
parto, palma ú otra materia, de forma 
cóncava, con dos asas pequeñas, que 
sirve para llevar de una parte á otra 
escombros, tierra li otras cosas seme- 
jantes. — Tejido de látigos ó cordeles, 
ó cuero vacuno entero que se pone por 
delante y por detrás de la carreta para 



CHIN 



CHIQ 



41 



auraentai- su capacidad para la carga 
y para que ésta no se caiga. — Rede- 
cilla en forma de bolsa cónica y con un 
aro de varilla en la parte niAs ancha, 
para pescar en esteros y aiToyos. 
En esta acep. casi equivale á la mantia 
castellana: i red que se arroja extendida 
al agua, y tirando, á su tiempo, de unas 
cuerdas, se cierra, cogiendo dentro la 
pesca?. En estas tres aceps. hay algu- 
na semejanza ó relación con la clli- 
grua, que es lo que significan las voces 
araucanas rhinciil, rliinciiíhue. de las 
cuales se ha formado el chinguillo. 

Chino, xa, adj. Admitiólo el Dice, 
en su Apéndice con la nota de ameri- 
canismo y con esta definición: Diceso 
del descendiente de india y zambo ó de 
indio y zamba. Ü. t. o. s.» La etimo- 
logía que le da es el mejicano /■hiitoa, 
tostado, por alusión al color de la piel. 
En Chile es simplemente el m. de rhin// 
(véase en su lugar) : por eso tiene tam- 
bién todas sus aceps. Un chino es un 
sirviente ó criado: pero no se usa sino 
como insulto ó en tono de extrañeza ó 
reproche: ¿Soi/ yo chino d" Ud.? — 
Chino y chinito son expresiones de 
cariño que se usan lo mismo que las 
terminaciones femeninas. El equivalen- 
te castellano es chacho, chacha, afére- 
sis de mvchacho. — La :í.^ acep. también 
es igual. — También se usa, como sinó- 
nimo de imlio y amerindio, por el des- 
cendiente de los primitivos indígenas 
de este país, principalmente de Acon- 
cagua al Norte y tratilndose délos bailes 
que ejecutan en las fiestas religiosas. 
Un baile chino ejecutado por esta clase 
de chinoü, es nna de las cosas m¡us ori- 
ginales que pueden verse en materia 
de costumbres nacionales. 

Chiñihue,m. Araucano puro, qui' 
significa cedazo. Se usa nienof que el 
anterior. 

Chiñincar, u. Del araucano chi- 
Dicc. .le Chil.. t. II. 



ñin (> chinlin, cernir. Mover con las 
dos manos y hacia arriba el plato ó 
batea en que se vacia el grano tostado 
de la callana, íl fin de que é.ste quede 
encima de la arena y se pueda separar 
fácilmente. U. del Maule al Sur. 

Chipe, m. Moneda de poco valor 
(jue se conviene en considerar como mí- 
nimo de apuesta en algunos juegos de 
naipes. Parece derivarse del vascuence 
chipi//, variante de chikia, pequeño. 

Chipilcarse, r. Sentir en la gar- 
ganta molestia ó desazón de ahoguío ó 
de carraspera por haber tragado alguna 
cosa seca ó picante. Se usa en las 
provincias del Sur de Chile y es el cas- 
tellano requemar ó resquemar, a. y n.: 
"causar algunos alimentos ó bebidas en 
la lengua y paladar un calor picante y 
mordaz». El s. correspondiente es rex- 
cfuemo. La etimología de este chilenis- 
mo es el s. chupilca (véase en su 
lugar), porque el (|ue bebe mucha chU- 
pilca se atora ó atraganta, que es la 
idea general comprendida en el v. 

Chipipe, m. Especie de pajarillo 
del género de las fringilídeas. U. m. 
en la loe. Como un chipipe: en cas- 
tellano, Hecho unaDopr/: muy mojado. 

Chiquero, m. Es la f zahúrda donde 
se recogen de noche los puercos»; el 
toril ó «sitio donde se tienen encerrados 
los toros que han de lidiarse»; y como 
provincialismo de Extremadura, «cho- 
za pequeña en que se recogen de noche 
los cabritos! : pero no es, como se dice 
en Chile, el lugar en que se encierran 
los terneros. Si éste es descubierto, 
debe llamarse c/irral, y si es cubierto, 
eHablo. Por consiguiente, el chilenismo 
achicar, tratiindose de terneros, de- 
li<_' iraducirse por iirnrralaráencorralar. 

Chiquichicho, cha, adj. Es 
dim. vulgar de chico, formado de chi- 
quitito según la pronunciación in- 
fantil (■) segiiu el uso araucano, que 



1-2 



GHIR 



CHIR 



para estos casos convierte en ch las 
consonantes tónicas y postónicas. (Cf. 
Achí, boñicho, naichiclia, po- 
quicllicll0,t0ichich0). Laforma 
ChiquititO, que usa la gente más 
educada, tampoco es castellana, por ser 
doblemente diminutiva, pues nace de 
rhiquifo, que es el dim. legitimo y cas- 
tizo. «El caprichoso lenguaje de fami- 
lia, dice con razón laCíram. déla Acad., 
queriendo achicarse con el de los niños 
y extremar la expresión de la ternura 
é íntimo afecto, rompe las leyes de los 
diminutivos ó las inventa nuevas». 
Bástanle á cJn'rn los diminutivos chi- 
cuelo, chiquillo, chiquito, chiquilia, chi- 
quirrifico, chiquirrüillo, chiquirritín, 
chicorrofico, lio, t,o, y chicorrotin, que 
admite el Dice, y no aumentemos 
más esa descendencia; por tanto, rele- 
gnemos al olvido las forraiis chiqui- 
tito, chicuelito, chiquillito, 

ChiquitincitO, que se oyen aqui 
con tanta frecuencia. 

Chiquillada, f. ¡Cuenta con con- 
fundir chiquillada (acción propia de 
chiquillos) con chiquillerid (multitud, 
concurrencia de chiquillos)! 

Chiquillóx, xa, m. y f. y li. t. c. 
adj. Niño ó muchacho algo crecido que 
va pasando de la pubertad. Es aumen- 
tativo de chiquillo y algo despectivo en 
cuanto al significado. Como está bien 
formado y es nsado en todo Chile, bien 
puede admitirse. 

Chirigua, f. Hembra del chirii/Hf. 
— Cierto pan parecido á la hallulla. 

Chirirüe, ra. Ave del género de l<is 
pajarillos (si/calis arvengis), nniy co- 
mún en Chile. El pueblo la llama 
chirío, por el grito que da, y éste es 
también el origen de su nombre, que 
escribimos con // para uniformarlo con 
la terminación femenina. 

Chirimota, f. Del araucano chi- 
ruii, enredarse, y el castellano mota. 



entendido á la chilena. (Véase en su 
lugar). La clliriinota es el copete 
castellano, ó sea: «mechón de crin que 
cae al caballo sobre la frente». Algunas 
\'eces este mechón se trenza ó se ador- 
na con cintas, y entonces se cumple el 
significado etimológico del chilenismo: 
lana enredada. Véase Chasca. 

Chiripa, f. Significa: «en el juego 
del billar, suerte favorable que se gana 
por casualidad. || fig. y fam. Casualidad 
favorable». Apoyados en esta última 
acep., usamos nosotros la voz chiripa 
en todos los juegos; lo que no parece 
ser un error tan grave. — Chiripero y 
r/iiVy^cf»' están definidos en el Dice, con- 
forme á la 1 .'^ acep. de chiripa, nada más : 
nosotros, consecuentes en esto, les da- 
mos tambiíjn la correspondiente á la 2." 

Chiripá, m. Del quichua chiri, frío, 
y pac, para: para el frío. «Pieza de ge- 
nero, cuadrilonga, la cual, pasada por 
entre los muslos y asegurada á la cin- 
tura con una faja, hace las veces de 
pantalón entre la gente del campo». 
(Granada). Don Alejandro Magariños 
Cervantes lo describe asi: «Dos ó tres 
vai'as de bayeta, seda ó cualquier otra 
tela forman el chiripá, que se envuelve 
alrededor de la cintura unas veces á 
guisa de soga, otras recogido entre los 
muslos para montar mejor á caballo. 
El chiripá está sujeto ]px una banda ó 
tirador, especie de canana donde el 
gaucho guarda los avíos para fumar, el 
dinero, etc., y que sirve para colocar 
atravesado el enorme cuchillo, comun- 
mente de vaina y cabo de plata, su 
compañero inseparable, que no abando- 
na en ninguna ocasión ni circunstancia, 
y tan afilado que, según se expresa 
A-Aürii, /mede uno afeitarse con ¿I». Esta 
prenda es jjropia de los campesinos 
argentinos, aunque ya también entre 
ellos va desapareciendo. En Chile sólo 
se conoce en algunas partes limítrofes 



CHIRR 



CHIT 



con la Argentina, pnes nuestros arau- 
canos usan el clittntal, que es bastante 
]5íirecido. 

Chiripazo, m. fam. Chiripa gran- 
de, oportuna y lucida, en cualquier 
juego. 

Chirlo, m. Golpe que con los de- 
dos índice y del medio y por juego se 
da en el brazo á otra persona. Según 
el Dice, en gemianía es sinónimo de 
golpe, y qnizás de ahí procede el signi- 
ftcado que nosotros le damos. En las 
Farsas y Eghyas de .Juan de la Enci- 
na se habla de chirlos mirlos (i Ay, qué 
cosa es chirlos mirlos.'); pero el comen- 
tador D. Manuel Cañete no ha sabido 
qué significado darle y nos ha dejado 
á oscuras. Quevedo lo emplea varias 
veces, pero en los dos significados cas- 
tizos que le da el Dice. En el Ecuador, 
según Tobar, se usa lo mismo que en 
Chile. Equivalente castellano no hemos 
hallado sino (aatarielazo, que es más 
genérico: «golpe recio que se da con 
las castañetas (i con los dedos». El 
pueblo pronuncia chill'O. 

Chirola, f. Otro nombre de la 
chaucha ó moneda de veinte centa- 
vos. Vjí chilenismo que ya poco se oye. 
■(Doloroso es mirar al ciudadano, al 
hombre, vender su conciencia, traicio- 
nar sus sentimientos por unas cuantas 
Cliirolas», escribía El Chilole, diario 
de Aucud, en su n." del 8 de .Junio de 
1871. — ChirolO se llamó en algunas 
partes el medio centavo ó chlCO. 

Chirria, f. Coirupción de sirria, 
{., por otro nombre sirle, m.: «excre- 
mento del ganado lanar y cabrío». ;Por 
la chirria! 

Chirriar, n. Conjúgase chirrio, 
chirrias, etc., y nó chirrio, como fal- 
samente han enseñado algunos, ni mn- 
nos chirreo, como dice el pueblo. En 
II ('orlii.ich-', (i',1 .\rcipreste de Talave- 
ra 8c halla chirrear, sobre el cnal 



dice el vocabulario anexo: «Todavía 
se usa la forma antigua en Andalucía 
y provincias de Levante». Para probar 
que la forma correcta es chirrio, sin 
necesidad de apelar á otras autoridades, 
puede verse el Dice, en los artículos 
Chirriador y Chirrióx, en los cuales 
usa el V. con acento en la segunda / 
(chirria). 

Chisguetear, n. Conducirse la 
hembra con cierta desenvoltura y li- 
beitad. Xo aparece en el Dice, acadé- 
mico, pero lo usa en el suyo chileno el 
P. Pebres (ó quizás su continuador) 
en las voces Pivurcún y Pinrúhin. 

Chismkar, n., y ant. chismar, es 
el V. que significa «traer y llevar chis- 
mes», y nó chismorrear, que usó 
Ensebio Blasco, ni chismotear, que 
vemos en Puigblauch: «Xohubierasido 
poca la risa en una ciudad pequeña en 

que todo se chismotea». 

Chismografía, f. Muchos son 
todavía los que pronuncian mal esta 
voz, la cual, como todas las compuestas 
del Ypa'^co griego, acentúa la sílaba.//.- 
chismo'jrafifí, geoyrafia, telegrafía, tipo- 
grafia, etc. 

Chismosear, n. Chismear. 

Chispeado, da, adj. Dígase 
achispado ó cldspo, que significan ebrio, 
ó bebido. — Chispeado es participio de 
chispear, que significa: echar chispas: 
relucir ó brillar mucho; llover muy 
poco, cayendo sólo algunas gotas pe- 
queñas. 

Chispería, f . Cantidad de chispas 
que saltau á un tiempo. En castellano 
no hay sino ckisporro/eo: acción de 
chisporrotear, ó sea: desjjedir chispas 
con continuación. 

Chistera, f. Véase Chestera. 

¡Chit! interj. Dos aceps. le damos 
en Chile: una para imponer silencio :i 
las pei^sonas (tñ ¡chito! (> ¡chilón! cas- 
tellanos, y aiU. ¡chite!), y la otra 



n 



CHIT 



GHIV 



para detener á los animales caballares, 
mulares y vacunos (el ;cho.' ;jo! ó ;so.' 
castellanos, y ant. ¡xo! que se pronun- 
ciaba cho, con ch francesa). El Dice, 
equipara las tres primeras y dice que 
se emplean para hacer que se paren ó 
detengan las caballerías solamente. — 
En la traducción del Hamlet hecha 
por Moratín leemos: dChil. Calla; mí- 
rale por dónde viene otra vez», (a. I, 
esc. II). No se sabe si ese chit, escrito 
así con punto final, sea la interj. tal 
como la usaba el traductor, ó una sim- 
ple abreviatura de ¡chito! ó ¡chitan.' 
Más parece lo primero, pues esta voz 
debió de ser así desde el principio, ¡i 
semejanza de la latina ¡st.' y porque 
éste es el sonido que se emit« cuando 
se quiere imponer silencio. Por todo 
esto, dos cosas le corregiríamos al Dice. : 
1.' Incluir la voz ¡chit! como sonido 
que se emite para imponer silencio, 
derivándola del ¡st! ktino, y que en 
ambas lenguas es onómatopéyica; y 2." 
Corregir la etimología de ¡chito! que 
no puede ser el italiano cheto, sino el 
castellano ¡chite! ant., y la de éste el 
¡st! latino. 

Chitar, a. Detener ó hacer parar un 
animal caballar, mular ó vacuno con la 
interj. ¡chito! — n. Detenerse ó parar- 
se dichos animales. El cahallo no quiere 
chitar. Con la misma lógica que los 
chilenos, han procedido los andaluces, 
pues del ¡jo! castellano han formado 
j Otar y aj otar. « CA/for, dice el P. ilir 
en su Rebusco de voces castizas, es decir 
chito, decir chitón; conviene á saber, 
es emplear la voz ünóra<itoiK\vica más 
sencilla para mandar silencio, de arte 
que con sólo abrir los labios, sin casi 
articular palabra, dice el que chita lo 
bastante para dar á entender su preten- 
sión: esto se llama í.7i//<ín). Aunque no 
es exactamente ignal á la nuestra esta 
acep., es una autoridad míis que clama 



por la admisión del vocablo. En galle- 
go existió también, y está ant. hoy, el 
V. chitar: hacer ruido con los labios ó 
con los dientes. 

Chivateado y mas usado en el 
dim. Chivateadito. Delacostumbre 
que tenían los antiguos chilenos de 
guardar el dinero en talegos de cuero 
de chivato y cuando no corrían los su- 
cios y depreciados billetes de ahora, 
vino el uso de esta voz, que todavía se 
emplea en todo Chile como si fuera 
adv. y en el significado de-al contado, 
en dinero contante ó sonante. Véase 

Chenque per chenque.— Con 

verbos como ¡¡erar, traer, significa 
también chivateado ligero, masque 
de prisa, como una persona que va hu- 
yendo del chivateo. 

Chivatear, n. Gritar los arau- 
canos cuando acometen en son de gue- 
rra. — Imitar esa grita. Muy poco usado 
en ambas aeeps. 

Chivateo, m. Grita ó gritería de 
los araucanos al correr al asalto. Al 
tiempo que van gritando se golpean la 
boca con la mano, con lo cual se corta 
el sonido de la vocal y probablemente 
resulta un ruido semejante al grito 
simultáneo de muchos chivatos, de don- 
de ha provenido el vocablo. En caste- 
llano hay, para expresar esta idea: 
algarada (vocería grande causada por 
una algara ó por algún tropel de gente), 
alarida y clamoreo (cuando tienen so- 
nido lastimero), í///te y r/riteria, vocerío 
y voceriu; y otros m;is genéricos, como: 
trulla (bulla y ruido de gente), trápala 
(ruido, movimiento y confusión de 
gente), hullicio (ruido y rumor que cau- 
sa la mucha gente), bataola ó hatdwla, 
y por metátesis tabaola (bulla, ruido 
grande), alr/arahia (gritería confusa de 
varias personas que hablan á un tiem- 
po). — Fig. Grita ó gritería par;i hacer 
huir il uno; silba, chifla ó rechifla. 



CHIV 



CHOC 



45 



Chivato, m. nCbivo (jue pasa de 
seis meses y no llega al año», lo define 
el Dice. Erramos pues nosotros al dar 
este nombre al cabrón ó macho de la 
cabra, que también se llama macho 
cabrio ó de cabrío, bode, buco é iyücdo. 
— Aguardiente chivato se llamaaquí 
el de última clase, que es de pésima ca- 
lidad y que sólo Ijebe la gente más 
ordinaria. El nombre se le ha dado por 
el odre ó cuero de chivato en que anti- 
guamente se transportaba; por eso la 
loe. completa debería ser: arjuardiente 
de chivato. — Barbas de chivato lla- 
mamos las que en castellano son barbas 
de chivo óde macho: «las que son escasas 
en los carrillos y largas debajo de la 
boca; hombre que las tiene de este mo- 
do». El buen humor del campesino 
chileno ha tomado pie de las barbas del 
cabrón para interpretar así el solemne 
bramido del toro: «Hombie chiquito 
y con barba, ¡y yo nó! ¡y yo nó!» lo 
cual es el último grado de la envidia en 
un animalazo tan grande como él. 

Chivín, m. Isleta flotante en lagos 
ó lagunas. Creciendo y entretejiéndose 
las raices fibrosas de las gramíneas. 
forman una red tupida y firme que so- 
porta hasta el peso de un caballo y que 
se desprende de las orillas por las osci- 
laciones que el viento causa en el agua. 
Así sucede en algunos lagos de Chile y 
recuérdese lo que era la ciudad de Mé- 
jico en el tiempo de la conquistii. La 
etimología de esta voz es el v. araucano 
citividln, rebosar, ó chiviin, sajar. Con 
cualquiera de las dos ideas se explica 
el significado de Chivín. En castella- 
no no conocemos para esto sino la voz 
fhinampa, tomada del mejicano y defi- 
nida así : " terreno de corta extensión 
en las lagunas vecinas á la ciudad de 
Méjico, donde se cultivan flores y ver- 
duras. Antiguamente [esto es lo que 
hace al caso] estos huertos eran flotan- 



tesi^. Y esta voz no es desconocida en 
Chile, pues en un periódico de Valdivia, 
La Luz del Faro, n." 9, de 12 de Oc- 
tubre de 1902, leemos: «Creemos asi- 
mismo que los nobles hijos del trabajo 
no se dejarán esta vez engañar por 
aquellos que ofrecen hasta colocar chi- 
nampas en el [rio] Valdivia, mientras 
duran las elecciones)). 

¡Cho! Véase ¡Huichó! que es más 
usado. 

Chocar. De la acep. fundamental 
«encontrarse violentamente una cosa 
con otra», ha descendido á la fig. «cau- 
sar disgusto, extrañeza ó enfado». No 
dice el Dice, que en ésta sea a.; pero 
con el ejemplo que agrega (Esto me 
choca) evidentemente lo indica. Lo mis- 
mo hace la Gram. de la Academia, que 
pone la f r. Chocar á Insjjresenfes. Varias 
citas de autores modernos trae Cuervo 
en comprobación de este régimen acti- 
vo, aunque advierte que á él le parece 
galicismo. De tal lo calificó también 
Baralt. Y el P. Mir, en su Prontuario 
de Hispanismo ij Barbarismo, después 
de reprobar el modo de usar este v., sin 
darle acep. de disr/usto ni repugnancia, 
sino sólo de admiración y extrañeza, lo 
que es muy poco para su significado 
etimológico, concluye: ->:Qué diremos 
de la fr. ambigua esto me choca, pro- 
puesta por el Dice, académico? Tres 
cosas: primera, si equivale á esto me 
agrada, por galicismo se ha de conde- 
nar; si quiere decir esto me hace noredad, 
esto me pone admiración, no acaba de 
asentar bien el pie, porque, yendo cas- 
tiza en el sentido, anda ;i lo gabacho en 
la construcción. Conforme á esta dis- 
tinción de aceps. y usos del v. chvciir, 
perdone Baralt la adverten('ia siguiente: 
De las cuatro locuciones por él censu- 
i-adas («Todas estas disposiciones gu- 

iicrnativas chocan nuestros sen- 
timientos». «Guárdese elqnequiera 



ir. 



CHOC 



CHOC 



interesar á una mujer de chocaf SU 
vanidad») tienen muy bien merecida 
la palmatoi'ia que él sobre sus autores 
descargó, por el capitulo del chocar 
incorrecto y por otras menguas que no 
son de este lugar. La segunda («La 
murmuración cJioca con mi carácter») 
fué interpretada á mala parte sin harto 
motivo por el censurista, pues en ella 
el V. chocar hace su deber con honra y 
gracia. Mas la primera («Este proceder 
choca á las buenas costumbres»), si sig- 
nifica las/ima, ofende, repiir/na, está 
menos mal, mejor estaría choca con; 
pero, caso de que valiese causa admi- 
racmi ij ertrafleza, no se podría recibir 
por propiamente española». Tres vicios 
hay pues en el uso moderno del v. cho- 
car: 1." Darle acep. fig. de simple admi- 
ración, extrañesia, maravilla, novedad, 
cuando por su etimología y por su sig- 
nificado recto expresa algo mucho más 
fuerte, como sería: ver con disgusto, 
provocar, ofender, repugnar, enfadarse, 
disgustarse, desazonarse; 2." Darle el 
régimen activo ó de dativo con á: am- 
bos desconocidos para los clásicos y 
contrarios á la naturaleza del v.; y 3." 
Darle la acep. de agradar, complacer: 
tamaña barbaridad no la hemos oído 
ni leído en Chile sino en Hartzenbusch 
y en Cejador, que en el Dice, del Qui- 
7ofe,art.CHOCARRERO, escribió: «Entre 
los clásicos chocar significó repugnar, 
impresionar desagradablemente; pero 
ya iba tomando el valor de extrañeza, 
de impresionar como algo extraño, co- 
mo se ve en chocarrero; y, como ya éste 
significa gracioso, chocar hoy también 
se toma por caer en gracia». Pues nó, 
señor; mal hacen, pésimamente hacen, 
los que aceptan tan descabellada acep., 
y peor y repeor los que la disculpan. 
Si á tal extremo llegáramos, no habría 
sino conceder que blanco significa ne- 
gro, y que negro significa lo mismo, 



exactísimamente lo mismo que blanco. 
¡En gracia nos cae el argumento saca- 
do de chocarrero: Lo que resalta en esta 
voz no es tanto el concepto de gracioso 
cuanto el dechocaiTería, esto es, lo gro- 
sero ó chocante (jue hay en un chiste. 
Choclo, m. Del quichua chocUo, y 
aimará chhokhllo, mazorca de maíz. U. 
en Colombia, Ecuador, Perú, Chile, 
Argentina y Uruguay, por lo menos. 
En Venezuela se usa jojoto, que está 
admitido en el Dice, como provincia- 
lismo y con esta definición: «fruto del 
maíz en leche». En Méjico y Centro- 
América se usa elote, del mejicano dott, 
mazorca de maíz verde que tiene ya 
cuajados los granos. Este está admitido 
también en el Dice, sin nota alguna y 
definido así: «mazorca tierna de maíz 
que, cocida, se consume en Méjico en 
grandes cantidades como alimento de 
la gente común». Con más razón que 
estos dos americanismos debió el Dice, 
admitir á choclo, que se usa en más 
naciones y tiene en su favor más respe- 
tables autoridades. Sirva por todas una 
de casa y acatada también en la Aca- 
demia, el Padre Alonso de O valle: 
«¿Qué harían con ellos cuando los veían 
huérfanos de sus padres que habían pe- 
recido en la guerra, descarriados, sir- 
viendo, desnudos y mal comidos, sin 
tener un trapo con que cubrir sus carnes, 
ni un pedazo de pan, ni aun talvez un 
choclo de maíz para matar su hambre?» 
(Histor. Bel., 1. VI, c. XVIJ.—El 
choclo se come en Chile de distintas 
maneras: asado y cocido, solo y acom- 
pañado de otros alimentos. Cuando se 
_ cuece, es con toda la mazorca ó partido 
en trozos, con todo el grano ó solo éste, 
y en tal caso el grano se muele ó se 
pica. — En sentido íig. llamamos cho- 
olos óCílOClitOS los brazos ó piernas 
de los niños, especialmente cuando son 
gordos y bien hechos. — Otras aceps. y 



CHOC 



CHOC 



frases que de choclo han dado algunos 
uo merecen el nonibre de tales, y por 
eso no las citamos. En castellano no 
conocemos más equivalentes de choclo 
que los o-enéricos mazorca y panoja. 

CllOClÓn. ni. Juego de muchachos 
que en castellano se llama hoijíielo, 
boche, bote, úñela. Éste y el lioijwh 
dice el Dice, que se juegan con mone- 
das; y el boclw ó bote, en general, con 
cualesquiera piezas. Nuestro clioclón 
se juega con bolitas de piedra ó cristal, 
con nueces, coquitos, huesos de cereza, 
ote. Se tiran al hoyo las piezas, que 
siempre son pares: si son pares lasque 
quedan adentro, son para el (pie tiró: 
si nones, para el contrario; y se con- 
tinúa el juego como en la uTiela espa- 
ñola, impulsando con la uña del pulgar 
cada pieza para meterla en el hoyo y 
tomándola para sí el que logra meterla. 
Así lo van haciendo por turno los dos ó 
masque juegan, hasta concluir todas las 
piezas. Véase Trinca. Para que se vea 
la antigüedad de este juego, léase lo (jue 
dice dcél Rodrigo Caro: «; También hallo 
que en la antigüedad hacían un hoyo de 
industria, y á él tiraban almendras, be- 
llotas y nueces en lugar de tabas, y el 
juego dice .fulio Pólux que le llamaban 
IrojKt, aunque esl u voz le parece sospe- 
chosa á Enrico Stephano...Este juego 
se me hizo á mí muy nuevo viéndole 
jugar en la puerta del Arenal, en Se- 
villa, un día de éstos, y lo tuve por in- 
vención moderna. Jnéganlo con ocho 
bolillas muy pequeñas, y el hoyo :i don- 
de concurren todas las bolillas juntas, 
como si dijésemos en tropa, está hecho 
en industria y sacado á plana en un 
medio del otro más pequeño donde han 
deentrar todas juntas. f;Si de este juego 
de los griegos tropa, viene la voz mi- 
litar tropa, por la gen te junta sin orden? 
No es muy fácil de averiguar, aunque 
la voz toda es una». { Dim ¡leniales. 



dial. III, í( II). — Fig. Club ó reunión 
política, especialmente de gente del 
pueblo. Asi es, por lo general, el cho- 
clón político, para preparar con dis- 
cu r.-;os, á veces remojados, con promesas, 
dinero, etc., á los ciudadanos electores. 
Otras veces es de color más subido, y 
entonces equivale al conciliábulo (junta 
de gentes que tratan de ejecutar alguna 
cosa ilícita). Finalmente, puede tam- 
bién el cllOClÓn confundirse con la 
!/orrioncra castellana (lugar donde se 
recoge y oculta gente viciosa y mal 
entretenida). En ambas aceps. es co- 
rriente en Chile. En Colombia llaman 
chócolo al hoyuelo, en (Josta Rica 

chocolón, chocóla y chocla, y 

en el Perú choclón como nosotros. 
Todas estas formas parecen derivarse 
del choclón castellano, que es la acción 
de choclar, ó sea, ^introducir de golpe 
la bola por las barras, en el juego de la 
argolla» [nuestra cancha de bo- 
las]. El afán de buscar la etimología 
en el quichua, aimará ó araucano, nos 
parece tiempo perdido, cuando cual- 
quier Domingo Tello la ve en su propia 
casa. 

Choco, ni. «Especie de perros, 
clacos de cueriio, de lana crespa y abun- 
dante, muy nadadores y aficionados al 
agua, de la cual afíción les viene sin 
duda el nombre de perros dcaífiui, con 
que en España se conocen». (Z. Rodrí- 
guez). — Piel ó pellejo adobado que se 
pone encima de la silla de montar para 
blandura y duración de ésta. Segura- 
mente estas pieles al principio fueron de 
los porros llamados choCOS. — Cho- 
co, ca, adj. fig. Aplícase á la persona 
de cabello crespo ó ensortijado, «sobre 
todo, si por ser roma y arremangada de 
narices y de facciones recogidas, se ase- 
meja algiin tanto á los perros de agua>. 
(Id.) — Etimología: el v. araucano cho- 
can, entumirse de frío y agua. Véase 



48 



CHOÍ 



CHOL 



el Vocabulario que trae el P. Augusto 
en su Gram. Araiic. 

Choco, ni. Adetmis del anfeferior, 
hay en Chile otro ctlOCO, que cuenta 
con varias aceps. A juicio nuestro, éste 
se ha forniiido de cll0ng"0, y chon- 
go del Clistel laño franco como s. y como 
adj. que antiguamente fue sinónimo de 
trunco. Ninguna dificultad hay para 
esto, porque en araucano es cosa co- 
rriente convertirse el grupo tr ó trr, en 
ch, y viceversa. En cuanto á la supre- 
sión de la «, ;no tenemos en castella- 
no coyuntura, cofrade, Vicente, Javier, 
asa, mes, presa, costar, mostrar, no, ni, 
asi, y varias voces más, que lian per- 
dido la n que tenían en su origen? En 
chileno tenemos reglón, hibierno 
éhÍbernÍZO(del castellano autigiTo), 
Salmatlcenses, parlachin, etc. 
Esto presupuesto, adelantemos el orden 
alfabético y estudiemos á chong'O, o 
más comiin chong"UÍtO, que es el 
trozo ó punta de cualquier objeto lar- 
go que, cortado éste, queda adheri'lo 
al cueipo á que lo estaba todo el obje- 
to. Esel muñón, tueco ó tocón castella- 
no: «parte [ó tronco^ de un miembro 
cortado que permanece adherido ai 
cuerpo». Al mismo tiempo que este s. 
y con igual lógica formó también 
el chileno el adj. chongO, g"a, y 
mucho más usado sunco. ca (evi- 
dentemente el trunco castellano), i|ue 
se aplica á la persona á quien le falta 
un brazo, ó una mano, ó algún dedo. 
También puede jiensarse, para la eti- 
mología de choco, en el adj. caste- 
llano zoco, ca, zurdo. Esta voz se usa 
en muchas partes de Chile como s. y 
con el mismo significado de chongo, 
con la acep., además, dí-golpe que se 
da con el mismo chongo ó con algo 
parecido; por ej., el golpe que se da 
con el paño, de frente y con el brazo 
estirado, como lo daría uno que lo tu- 



viera cortado, es un ZOCO. De estas 
ideas á chOCO hay poquísima distan- 
cia. Resumen: tronco y zoco, separados 
primero y juntándose ó contaminán- 
dose después, han producido el chile- 
nismo choco de este art. 

Chocolate, m. La fr. fam. Sacarle 
ú uno chocolate por sacarle sangre 
de narices, tiene algVm parecido con el 
V. alnm/rar: centre rufianes y valen- 
tones, herir ó lastimar de suerte que 
corra sangre». Pero la equivalencia más 
exacta es Hacer la mostaza, fr. fig. y 
fam.: «entre muchachos, hacer salir 
sangre de narices uno á otro cuando 
andan á puñadas». La fr. nuestra se 
usa también en el Peni. 

Chocolí. Véase Chacolí. 

Chocosa, f . Marraqueta de ma- 
sa batida, másfinayagradablequelaco- 
m;in. Suele hacerse más puntiaguda y 
con rayas longitudinales ó transversales 
por encima. Parece voz italiana, deri- 
vada de ciocco, zoquete, que no otra 
cosa que un zoquete de pan es la ma- 
rraqueta en cualquiera de susformas. 

Chocosero, m. Panadero que hace 
chOGOSas. En los diarios se ven 
anuncios de panaderías que necesitan 
un chocosero de tales ó cuales con- 
diciones. 

Chochera ó chochzz, f. 

Cholada, f., y cholaje, m. Mu- 
chedumbre ó reunión de cholos: toda 
la nación de ellos. Es poco usado. 

Choleta, f. Del francés C/iolet, 
ciudad capital de cantón y distrito, 
departamento del Maine y Loira, en 
Francia, porque en ella se fabrica esta 
tela. La choleta que conocemos en 
Chile es de color negro ó plomizo y de 
distinta calidad: una ordinaria y otra 
fina, como asargada: ambas se usan 
para forros de vestidos y de libros ó 
para otros menesteres muy sencillos. 
Por las definiciones del Dice, no sabe- 



CHOL 



CHON 



49 



mos si es la percalina española («percal 
de un color solo, que sirve para forros 
de vestidos y otros usos»; aquí la per- 
calina es distinta), ó la /«(//«»« («tela 
de lino ó algodón, ó de mezcla de uno 
y otro, pintada por un solo lado»), ó la 
crehuela («crea ordinaria y floja, que 
se usa para forros»). 

Cholgca, f. Del araucano choUhtii, 
cascara de choros blancos (Febrés). Es 
un molusco comestible, abundante en 
los mares del Sur de Chile, parecido á 
la almeja, mifilo ó mejillón castellanos 
y al rhoro chileno. Mytilus magellani- 
cus ó rJiilensis, lo llamun nuestros 
naturalistas. 

Cholo, la, adj. y ú. t. c. s. Admi- 
tiólo el Dice, como americanismo y con 
estas aceps.: «dicese del indio civiliza- 
do; mestizo de europeo é india»; y le 
da por etimología el nombre pr. C/io- 
loUán, hoy Cholula, distrito de Sléjico. 
Xo respondemos de los usos de ilcjico 
sino solamente del de Chile. Aquí f/ío/o, 
la, es el apodo del peruano; y, por 
extensión y entre la gente ignorante, 
cobarde. Derívase del aimará chidu, 
mestizo, aunque el Incíi Garcilaso, ci- 
tado por Arona, lo trae de otra parte: 
cA los hijos de los mulatos llaman 
cholos, es vocablo de las Islas de Bar- 
lovento, quiere decir perro, nó de los 
castizos, sino de los muy bellacos go- 
zones [sic. ;Será gozcones, aum. de 
gozque?] : y los españoles nsan del por 
infamia y vituperio». Así precisamente 
lo usamos nosotros todavía, como nom- 
bre despectivo ó sobrenombre del pe- 
ruano. El mismo Arona lo distingue 
bien, diciendo: «Una de las muchas 
castas que infestan el Perú es el resul- 
tado del cruzamiento entre el blanco y 
el indio. El cJwlo es tan peculiar á la 
costa [por eso fué m;is conocido de los 
chilenos], como el indio á la sierra; y, 
aunque uno y otro se 5uelen encontrar 

Dice, de Chil.. t. II. 



en una y otra, no están allí más que 
de paso, suspirando por alzar el vuelo: 
el indio por volverse á sus punas y á 
su llama, y el cholo por bajar á la costa, 
á ser diputado, magistrado ó presidente 
de la república; porque, sin duda por 
exageración democrática, los primeros 
puestos de nuestro escenario político 
han estado ocupados con frecuencia 
por cholazos de tomo y lomo». — En 
Chile se pone también el nombre de 
cholo á los perros de color negro. ¡Cu- 
rioso fenómeno de regresión, el de este 
vocablo! En las islas de Barlovento 
significó perro; de ahí pasó al Perú á 
significar indio peruano; y en Chile 
vuelve á aplicarse á una clase de pe- 
rros. 

Cholloncarse , r. Acuclillarse. 
Véase Acholloncarse en el Apén- 
dice. 

CllODChÓn, m. (Para la etimolo- 
gía véase Chucho). Ave nocturna 
fatídica en que cree el vulgo, pero que 
él mismo no sabe distinguir: para unos 
es el huairuro, y para otros el chucho ó 
chuncho. — Fig. y usado t. en la termi- 
nación f., persona bruja; persona muy 
fea, avechucho en castellano. — Cometa 
sin palillos (maderos), formado de 
un trozo cuadrado de papel, el cual 
lleva ciertos dobleces largos que le dan 
la figura de un ave volando. — Montón 
cónico de ladrillos crudos, pi-eparados 
para cocerlos. — Frasco de forma plana 
para llevar licor en los viajes. — Candil, 
formado de un frasco, taza ó recipiente 
pequeño, que usa la gente muy pobre 
en sus casas ó en funciones popu- 
lares. 

Chonga (Hacer la). Es infor- 
mada de la voz castellana chunga, f. 
fam.: burla festiva. U. m. en la fr. 
Estar de chunga. 

Chongo, m. Véase Choco, 2." 
iirt. — V. t. por cuchillo malo, sin filo ó 

7 



50 



CHOP 



CHOR 



muy mellado. Originariamente debió 
de significar el cuchillo trunco ó sin 
mango, idea que luego se confundió ó 
identificó con la de malo. 

Chonta, f. Del quichua chonlti ó 
rhunta, una especie de palma niuj dura. 
Fuera de la chonta del Ecuador y la 
del Perú, hay la chilena de la isla de 
Juan-Fernández, que tiene cualidades 
especiales. Hay pues sobradas razones 
para que esta voz figure en el Dice, 
por lo menos como americanismo. 

Chopazo, m. Puñada, puñetazo ó 
puñete, trompada ó trompis. Derívase 
del siguiente. Al principio debió de sig- 
nificar golpe dado con el chope, lo 
mismo que combo ó combazo (gol- 
pe dado con el combo), y en seguida, 
por semejanza ó por extensión, pasó á 
ser el golpe dado con el puño de la 
mano. 

Cliope, m. Voz que en araucano 
significa gancho, garabato. Al presente 
llaman chope los campesinos un palo 
de variadas dimensiones y achafla- 
nado en una punta por ambas caras, 
que les sirve para cavar la tierra, para 
extraer las papas y otros bull)osy raices, 
y para otros usos de la agricultura. Es 
una barra ó barreta de madera. — -Palo 
ó hierro afilado que se usa para des- 
prender de las rocas los mariscos que se 
adhieren á ellas. — Fig. Igual á cho- 
pazo. — Dar chope: apuñear ó dar 
de puñadas. 

Chopear, n. Trabajar con el 
chope; dar chope. Muy poco usado. 

Chopeco, ca, adj. Desmañado, 
torpe. — Aplicado ¡i cosa, de-lucido, sin 
gracia. Erró Ortúzar al traducir este 
chilenismo por «pillo, astuto». En cuan- 
to el su etimología, se nos ocurre e! 
zopenco castellano (tonto y abrutado), 
derivado de zopo (lisiado de pies y ma- 
nos; fig., sumamente desmañado, que 
se embaraza y tropieza en todo) ; lo que 



se confirma con la forma chopenco, 
que se le da en algunas partes. 

Chopo, pa, adj. Torpe, cerrado de 
mollera. Xo tiene mucho uso y parece 
corrupción de zopo. Véase Chopeco. 
La gente culta usa el topo castellano, 
fií. y fam.: persona de cortos alcances, 
que en todo yerra ó se equivoca. 

Choreado, da, part. del siguien- 
te, pero ú. m. c. adj. Aplicase á la per- 
sona que, por haber frecuentado nuicho 
un trabajo, obra ó ejercicio, queda 
hastiada para repetirlos y no quiere 
volver á ellos; por tanto, es sinónimo 
de resabiado, desazonado, hastiado, can- 
sado. — Aplícase también al animal que, 
por haber trabajado mucho en algo, se 
resiste á volver al mismo trabajo; así 
hay cahcdíos y huet/cs choreados, 
que, por más que los estimulen con la 
espuela ó con la aijada, no obedecen 
y manifiestan como pueden su repug- 
nancia. 

Chorear, n. Chilenismo bien im- 
portante y digno de estudio. Parece 
derivarse del gallego y portugués f/w;-rt;-, 
1 lorar, porque ésta es la idea primordial 
de nuestro v. El chorear chileno es 
protestar uuo de palabra y de obra por 
algo á que se le quiere obligar. Según 
la fuerza de osa protesta y el carácter 
de la persona, el v. equivale á refunfu- 
ñar, rezongar, regañar (en la acep. de 
«dar muestras de enfado con palabras 
y gestos de indignación»), renegar, al 
modo adv. á regaña dientes (con repug- 
nancia, mostrando disgusto, á más no 
poder), ó á otros verbos de más suave 
significado, como el etimológico llorar, 
repugnar, resistir, quejarse. — Como r. 
significa lo que el anterior, pero se usa 
más, aplicado á los animales. En algu- 
nos casos puede equivaler al repropiarse 
castellano (resistirse la caballería á obe- 
decer al que la rige) y al americano 
empacarse. Véase en su lugar. En otros 



CHOR 



CHORR 



51 



á la fr. fig. y fam. Hacer porra: «parar- 
se sin poder ó querer pasar adelante en 
una cosaji. 

Choreo, m. Acción ó efecto de 

chorear, y rara vez de chorearse. 

— ¡El choveoeslibre! íi: muy parecida 
á la loe. castellana el derecho ile pataleo: 
«desahogos ó quejas iniitiles del que ha 
sido contrariado en sus derechos ó as- 
piraciones». En el choreo nuestro 
puede no haber derecho ninguno con- 
trariado, porque, por lo general, es la 
simple resistencia á obedecer. 

Chorizo, m. En las bombas para 
incendio, parte de la manga, que se in- 
troduce en el agua para aspirarla. Así 
llaman todos los chilenos esta pieza por 
la semejanza de forma que tiene con el 
chorizo comestible. — .Juguete de goma 
que, lleno de viento, se parece también 
al chorizo y se suelta para que vague 
por el aire. — Sarta, en sentido recto 

yfig- 

Choko, m. Del quichua rhhuru, 
caracol, concha. Es la almeja, mililo ó 
mejillón castellanos. Mocejón (nó mo- 
COJÓn, como trae por error la edición 
alemana de la Hist. Xat. de Philippi), 
emplean también los naturalistas espa- 
ñoles, aunque uo está en el Dice. Pere- 
da, en el vocabulario de Soiileza, lo 
describe así: «Bivalvo de conchas casi 
negras, in:is largas que anchas. Vive 
adherido á las peñas de la costa». Del 
choro chileno hay muchas especies, de 
tamaño gra.ide y pequeño, de agua sa- 
lobre y dulce; los más notables, por su 
sabor y tamaño, son los de la isla de la 
Quiriquina. Usada esta voz ])or todos 
los chilenos, por los historiadores an- 
tiguos y por los naturalistas, tiene ya 
pleno derecho á figurar eu el Dice. No 
citaremos más autoridad que al Padre 
Ovalle, por serlo también para la Aca- 
demia: «Es también muy regalado 
marisco el (¡ue llaman choros, en cuyas 



conchas dice Antonio de Herrera que 
se cria aljófar como cañamones muy 
blanco y bello: el que yo he visto no es 
tan grueso; pero, como se crían en tan- 
tas partes, habrá de todo. Péscanse 
éstos en grandísima abundancia y son 
de muchas suertes: pequeños, medianos 
y n:ayores, y en algunas partes son tan 
grandes como la mano; los más rega- 
lados son los que tienen la comida 
amarilla, aunque los negros lo son tam- 
bién mucho». (Histór. Reí., 1. I> 
c. XVI). 

Choroy, m. Voz araucana que Pe- 
bres traduce: «pájaros así llamados, 
especie de papagayos», el psillacus 
leplorhijnchitíi de Philippi. .\bunda en 
el centro y en el Sur de Chile y, como 
anda en grandes bandadas, es una pla- 
ga ó azote para los sembrados. Muchos 
lo confunden con la cata ó catita, 
que es más pequeña. El choroij, en 
cuanto al tamaño, ocupa un término 
medio entre el loro ó papagayo y la ca- 
ta ó catalnica. — Fig. Cotorra ó mujer 
habladora. 

Chorreado, da, adj. part. de 
chorrear. Sucio, manchado. Así también 
en Méjico, según Kamos Duarte. — Sue- 
le también aplicarse á la persona tosca 
que todo lo hace mal y desaliñadamen- 
te. En castellano esta voz «dícese de la 
res vacuna que tiene el pelo con rayas 
verticales, de color más oscuro que el 
general de la capa». El s. chorreadura 
sí que significa «mancha que deja en 
alguna cosa un líquido que ha caído 
sobre ella chorreando». De aquí sin du- 
da y lig. se ha formado este chileni.«mo. 

Chorro, m. «La veta boba relle- 
nada con greda, mazacote ó piedra 
descompuesta, se llama, según su an- 
chura, chorro ó crucero». Así hablan 
los Anales de la Universidad de Chile 
en un trabajo sobre minería. Por nues- 
tra parte sólo agregaremos que el Dice. 



52 



CHUC 



CHUCH 



no da á chorro esta acep., y á criKero 
le da en Mineralogía esta otra: «direc- 
ción de los planos paralelos, por donde 
los minerales y las rocas suelen tener 
división más fácil». 

Cb.uca, f. Entre salitreros, la capa 
terrea superior que cubre el caliche y 
va sobre la costra. 

Chucao, m. Voz araucana con que 
se designa un pajarillo del «orden 
pteroptochus, perteneciente totalmente 
á Chile», dice Philippi. Al chucao ó 
trícao le agrega el calificativo de ruhé- 
cula. Abunda en el Sur de Chile; por 
eso oigamos al autor del folleto Chibé-' 
«Esta es una avecita cuyo nombre es 
conocido de todo viajero. Semejante á 
la corneja, de la que habla el Poema 
del Cid cuando dice: ovieron la corneia 
á la siniestra, tiene el don de presagiar 
la buena ó mala suerte en el viaje. Si 
canta á la derecha del viajero, puede 
éste caminar tranquilo, porque será fe- 
liz su viaje; si á la izquierda, tendrá, 
por el contrario, que temer toda clase 
de desgracias. Hay algunos tan timo- 
ratos que, en oyendo el canto á la iz- 
quierda, vuelven sobre sus pisos, para 
esperar mejor ocasión». El nombre es 
onómatopéyico, formado del canto de 
esta avecilla. 

Chucaro, ra, adj. Aceptólo ya el 
Dice, en su Apéndice, pero con la nota 
de Peruanismo, y lo define: «arisco, 
bravio. Caballo chucaro, yegua chii- 
caran. Esperamos verlo en la próxima 
edición en el cuerpo de la obra con su 
etimología quichua f/i?<c/i<, duro, y con 
el calificativo de Americanismo, porque 
se usa desde la América Central por 
todas las repúblicas del Pacífico y da la 
vuelta por la Argentina hasta la pro- 
vincia de Río-Grande, del Brasil. Tam- 
bién debe ampliarse la definición, di- 
ciendo que se aplica principalmente al 
ganado caballar, mular y vacuno no 



desbravado, que está todavía bozal ó 
cerril, porque huye de la gente y no se 
deja maik'jiir. Rara vez, y sólo por ig- 
norancia ó donaire, se aplica á las per- 
sonas. 

Cliucear, n. Lloverá chuzos. Poco 
usado. — a. A/juijonear ó aijuijar: «pi- 
car con la aguijada ú otra cosa á los 
bueyes, muías, caballos, etc., para que 
anden aprisa». Así se usa en algunas 
provincias, derivando el v. del chuzo 
castellano, que se parece á la aguijada ó 
aijada; en otras se dice picanear. 
En gallego hay chuzar, clavar, azuzar- 
— En el juego de la barra ó de los 
cautivos (el marro castellano), se 
usa también un chucearse r. en la 
acep. de-medirse los dos jefes del jue- 
go avanzando, frente á frente los dos, 
un pie, y, unido á éste, el otro, y así 
sucesivamente; gana el que debe poner 
el último pie y que, por no caber, que- 
da cargando sobre el del contrario. 
Con esto tiene derecho de elegir los 
mejores compañeros y el mejor lado 
del local. 

Ch.UGÚn, m. Es voz araucana, 
aunque no aparece en los Dices., y sig- 
nifica piel de ganado lanar ó cabrío sin 
adobar, que se emplea entre la gente 
pobre del campo para muchos usos 
domésticos, principalmente como man- 
tel para recibir la harina de la piedra 
de moler. — Como término de compara- 
ción, se aplica al rostro arragado por 
la vejez ó flacura, porque así, arrugado, 
es también el cllUCÚn. En esta acep. 
dígase aper (laminado, da. La 1." podría 
reemplazarse por pelada, i.-, «piel de 
carnero ú oveja, á la que se le arranca 
la lana después de muerta la res». — En 
algunas provincias pronuncian cllUCO 
y en otras chuquen. 

Cituclii, adj. Desde Rodríguez acá 
ningún lexicógrafo chileno ha inter- 
pretado debidamente esta voz ni dádole 



CHUCH 



CHUCH 



53 



su verdadera etimología. El significado 
es sinónimo de-fruncido, torcido, mal 
conformado en un lado, pues se llama 
clmclli la fruta que por efecto na- 
tural no se desarrolla bien en todos sus 
lados, sino que queda como fruncida, 
recogida ó mal configurada en uno de 
ellos, casi siempre en el de la flor. Asi 
se ven con frecuencia sandías, melones, 
chirimoyas, duraznos clmcllis. — Por 
semejanza con esta acep., que es la pri- 
mera y más usada, se califica también 
de chuclli el rostro humano y todo 
objeto que tenga el mismo defecto de 
estar fruncido ó mal configurado hacia 
un lado; pero nunca se confundirá con 
romo ó chalo, como lo han liecho los 
continuadores de Rodríguez. — La eti- 
mología es el adj. araucano chuchi, que 
también se pronuncia iuchi, según Pe- 
bres: ¿cuál ó qué cosa? porque, cuando 
se ve una cosa chuclli, se pregunta 
por donaire ó por burla á que lado está 
torcida ó inclinada, ó se dice con estra- 
ñeza: ¿qué objeto, tan raro ó tan feo, 
es ése? En la germania española hay 
un vocablo chuche, y según Luis Besses, 
chuchi, que significa cara, rostro; pero 
no parece tener relación con nuestro 
chilenismo, á no ser que se'tome tam- 
bién como voz de admiración ó extra- 
fieza al ver un objeto mal configurado: 
;Qué chuchi es éae! ¡qué chuchi tiene 
eso! es decir, qué cara, aspecto ó figura. 
Chucho, m. «Ave nocturna seme- 
jante al mochuelo. Covarrubias le da 
la etimología por la figura o uomatopeya 
de la voz Chuchm. Así repetía en 1729 
el Dice, de Autoridades lo que Cova- 
n-ubias había diclio en 1 ó 11 . No vengan 
pues los araucanistas á derivar este vo- 
cablo del araucano chuchu, que, como 
se ve, fué tomado del castellano. En 
Chile se dice indistintamente c/rucho y 
chuncho, y aun chonctión para 
otras aceps., como ya vimos. La razón 



de esta variedad es i-\ cunto ó grito de 
esta ave, que jjara los españoles suena 
chu, chv, como dice Covarrubias; para 
unos chilenos chun, cJiuii, y para otros 
chon, chon. Así los españoles inteipre- 
tan también el canto del gallo cjuic/ui- 
riqui, y nosotros COCOrocÓ; el mau- 
llido del gato lo expresan ellos con la 
voz miau, y nosotros con ñau. Dife- 
rencia de oído. Es evidente que el 
avechucho castellano («ave de figura 
desagradable; fig. y fam., sujeto des- 
preciable por su figura ó costumbres») 
es compuesto del chucho del Dice, de 
Autoridades, á la manera de avutarda, 
avucasla ó avucastro, avestruz, etc. — 
En cuanto al significado, chucho ó 
ctluncllO son: 1." una especie de mo- 
chuelo, propio de Chile, nocíua ¡nimiln, 
segúu Phiiippi, y que el vulgo consi- 
dera como de mal agüero; 2." y fig., 
pereona de mal agüero, porque presagia 
cosas tristes ó desgraciadas; aunque eti 
esta acep. se usa más la forma cliun- 
cllO. — CllUCliO significa también, 
fig., cárcel ó calabozo. 

P. A dónde irán loa bomados? 
R. Como el Prefecto es muy ducho, 
A c'stos los pone en el chucho 
Revueltcs con los curados. 
(La Verdad, de Quillota, 18 Sept. 1908). 

Chuchoca, f. Del quichua y aimará 
chuchuca ó chochoca, nsaíz cocido y des- 
pués seco al sol. El modo general de 
preparar en Chile la chuchoca es: cocer, 
soasar ó chamuscar primero los choclos, 
en seguida secarlos al sol y después 
desgranarlos y moler el grano. La es- 
pecie de frangollo que resulta es la 
chuchoca, que se emplea como aliño ó 
aditamento de muchos guisos. El pue- 
blo pronuncia aquí chichoca y en el 
Ecuador chucliuca; en el Peni y en. 
la Argentina, rhuc/ioca. En esta forma 
debe pues eutrar en el Dice. 



54 



CHUE 



CHUE 



Chuchi'meco, ca, adj. Nosotros lo 
usamos como adj., y el Dice, lo acepta 
solamente como s. m. despect.: «hom- 
bre pequeño, de mala figura y despre- 
ciable»; por alusión á los indios chi- 
chimecas, del antiguo Méjico. — Como 
s. f. significa en Chile ramera, meretriz; 
lo mismo en el Perú y en Catamarca. 

Chueca, f. Juego muy conocido en 
España y en Chile y bien definido en 
el Dice.; pero lo curioso es que para los 
españoles la chueca es la bola con que 
se juega este juego, y para los chilenos 
es el palo de punta encorvada, que se 
usa en el mismo. ¿Cómo se explica este 
desacuerdo tan notable? No tenemos 
datos ciertos, sino solamente presun- 
ciones. Desde luego hay que admitir 
que los españoles están en la verdad, 
porque el juego es más antiguo entre 
ellos que entre los araucanos y chilenos, 
por más que el Padre Ovalle diga lo 
contrario. Antes que él escribiera su 
obra, veinte años atrás, por lo menos 
(1626), había estampado Rodrigo Caro 
ensusi)//?.? ¡iPiiiales {i\iÁ\.lY , § III) lo 
siguiente: «Otro género de pelota hubo 
también, como es aquella de madera 
que trae Mercurial en su Gijmnásim 
por autoridad de Avicena; y ¡e llaman 
¡nlamáleo. Hoy permanece en España 
este juego, y le llaman el mallo, en el 
cual con mazos de madera también 
avientan una bola á quién más puede, 
con gran fuerza, y también le llaman 
la chueca-». (El mallo está todavía en el 
Dice, y definido poco más ó menos como 
se acaba de decir. Xo hablaremos, por- 
que no hace al fin que intentamos, del 
bellísimo capítulo, el XVII, que dedi- 
ca Pereda á este mismo juego, en El 
Sabor de la tiernira. Ahí llama á la 
bola Gatuna y brilla, y al palo 
cachurra). De esta cita de Caro y 
de lo que dicen todos los filólogos es- 
pañoles, que no citamos por abreviar, 



se deduce que la voz chueca es bien 
antigua en España en el significado 
de-algo redondo, como lo es esta bola 
y algunos huesos; de ahí el dim. cho- 
quczuela, la rótula. Si en Chile chue- 
ca ha llegado á significar la especie de 
bastón ó mazo con que se juega á la 
chueca, es porque se ha contaminado y 
confundido con otros adjs. que expresan 
la idea de curvo, encorvado, torcido. 
Por eso véase Ohueco. Como curio- 
sidad histórica ¡pondremos aquí las 
palabras con que el Obispo de Santiago 
de Chile Don Francisco José de Marán, 
que lo había sido de Concepción, daba 
cuenta al Rey de España, en un me- 
morial de 18 de Mayo de 1805, de cómo 
fué jugado á la chueca por los arau- 
canos en un viaje que hizo por sus tie- 
rras. Dice así: «En los quince que go- 
bei'iió el de la Concepción, no tuvo otro 
objeto que el mejor arreglo de aquella 
Diócesis, que visitó tres veces; habiendo 
experimentado en una de estas sus ex- 
cursiones pastorales, en que se dirigía 
por tierra de los Indios infieles á visitar 
las Plazas de Valdivia y Chiloé, y sus 
respectivos territorios, la traición é in- 
fidelidad de aquellos bárbaros, que lo 
asaltaron én el camino, cuando más 
distante estaba de todo auxilio y po- 
blación, y no trataba sino de acariciar- 
los con dádivas y obsequios y las más 
tiernas demostraciones de benevolencia 
y cariño, robándole todo su equipaje y 
pontifical, y cuanto llevaba consigo 
para la decencia de su persona y dig- 
nidad en aquel dilatado viaje que em- 
prendió por aquel camino, por cate- 
quizar é instruir en los rudimentos de 
nuestra sagrada religión á aquellos 
incultos l)abitantes...No sólo se vio 
despojado de todos sus bienes por este 
incidente, sino también expuesto á per- 
der la vida, que trataban de quitarle 
los infieles; entretanto se mantuvo 



CHUE 



CHUE 



55 



oculto en un monte el tiempo de doce 
días con las mayores anírustias c im- 
ponderables necesidades, hasta que la 
Divina Providencia lo sacó de aquel 
conflicto, habiendo permitido se deci- 
diesen los Indios á dejarlo salir de su 
territorio, después de haber sorteado su 
vida por medio de uno de los juegos 
que ellos usan y practican en semejan- 
tes lances, concluyendo por su resulta 
en decir no les convenia tener sepul- 
tado en su tierra á un Obispo, como 
tenían á un Capitán General». En otra 
carta dice expresamente que este jue- 
go fué el de la chueca. — Ser uno una 
bíteiM chueca, ■N'o ser mala cliue- 
ca, son frases figs. y fams. que signi- 
fican ser tramposo. 

Chuecazo, m. Golpe dado con la 
chueca chilena. Basta con los caste- 
llanos hafttonnzo ó palo. 

Chueco, ca, adj. Parece síncopa 
de chulleco ó chullenco. (Véanse 
poco más adelante). También podría 
deri varee del s.c/í2¿efrt, porque el chue- 
co, enfermo delac/ii¿«'« ó choquezuela, 
anda encorvado ó torcido hacia un la- 
do. Membreño, en sus Hondurerdsmos, 
trae chueca con esta explicación: 
<r Los zapaterosdicen que son chuecas 
las hormas cuando de las dos que com- 
ponen el par, cada una corresponde á 
su respectivo pie. Si no hay más que 
una horma y los zapatos que en ella se 
hacen es indiferente ponérselos en el 
pie derecho ó en el izquierdo, la horma 
se llama derecha-». Se parece á nuestro 
chueco sólo en cuanto es contrario á 
derecho ó recto. Uribe dice que en Co- 
lombia se usa zueco por patojo. Todo 
esto puede dar alguna luz en la etimo- 
logía que estudiamos. — En cuanto al 
significado, chueco tiene en Chile 
dos aceps. : 1 ." Aplícase á la pereona que 
por enfermedad ó defecto en una pier- 
na se ladea ó inclina á un lado, ó tiene 



el cuerpo torcido. Sólo por extensión 
suele llamarse chueco al patituerto, 
]iernituerto, pateta, patizambo, patojo, 
escaro y estevado castellanos. 2.* Aplí- 
case á todo objeto que, debiendo ser 
recto, está curvo ó encorvado por cual- 
quier accidente. Dígase torcido ó tuer- 
to: «Debemos poco á poco por nosotros 
mismos echar hacia la parte contraria 
de aquel extremo, como hacen ios que, 
por enderezar una vara tuerta, tor- 
ciéndola á la ütia parte, la hacen que- 
dar derecha». (Boscán, El Cortesa- 
no, 1. IV, c. IV), y fam. patituer- 
to: «dícese de lo que se desvía de 
la línea que debe seguir, por estar mal 
hecho ó torcido». — Sacarla K;íft chue- 
ca, ó Salirle ú uno chueca, es f r. fig. 
y fam. que significa entre nosotros no 
irle bien en algún asunto ó pretensión, 
torcérsele la suerte ó el resultado; es 
menos que lo que expresan las frases 
castellanas Ir por lema y volver tras- 
qudado, Salir el tiro por la culata, en 
las cuales no sólo no se consigue lo que 
se pretende, sino que se recibe daño ó 
perjuicio. La nuestra es igual á aquel 
verso de Gonzalo de Berceo (Loores 
de i\^." /S'.™, 40): 

Mas lo que el buscaba parÓHil en duro; 

es decir, quedó burlado, le salió mal el 
negocio, como interpreta Lanchetas. 
La fr. nuestra, aunque fundada en el 
significado que damos al adj. chueco, 
puede también reducirse á la acep. fig. 
y fam. do la chuecM castellana, esto es: 
«burla ó chasco. Le han jugado una 
mala chuecas), sin duda por el golpe 
que puede recibir de la bola ó cliueca 
Por eso podría traducirse así: Llevarse 
uno una chueca, sacar ó recibir una 
chueca. 

Chuela, f. x\féres¡s de hachitela, 
hacha pequeña. Sinónimos: f/es//"a¿ (ha- 



56 



CHUI 



CHÜLL 



cha pequeña que se maneja con sólo 
una mano) y defitra]pja (destral peque- 
ño). 

Chuequear, n. Andar como los 
ohiuecos ó patituertos. En castellano 
hay para esta idea: anadear ó nadear 
(andar una persona, á semejanza del 
ánade, moviendo las caderas de un lado 
á otro por afectación, por ser estevada 
ó por tener las piernas muy cortas) y 
renquear (andar como renco, meneán- 
dose á un lado y á otro). 

Chuflay, m. Del inglés skoo.' Jfi/.' 
¡oxte, mosca! En inglés es un canto 
familiar y humorístico, que se cauta en 
los momentos de expansión y alegría, 
acompañado de baile y remojado con 
buenos trinquis. Los chilenos del pue- 
blo, no entendiendo la letra del canto, 
han tomado el efecto por la causa y 
han dado á chuflay las siguieutes 
aceps.: 1.^ bebida de pisco, aguardien- 
te ó coñac con limonada y otras mez- 
clas;— 2.", como adj., algo chispo ó 
achispado, como suelen estar los in- 
gleses cuando cantan y bailan el shoo.' 
til/.' — 3." tonto ó chiflado. 

ChuiCO, m. Pronunciase rhúico y 
Febrés lo traduce del araucano por ti- 
najita. Es el perulero castellano: «va- 
sija de barro, angosta de suelo, ancha 
de barriga y estrecha de boca». Titwr 
significa también: «vaso grande de ba- 
rro, de China ó del Japón, por Ío re- 
gular en forma de tinaja, aunque los 
hay de varias hechuras, y decorado 
exteriormente». Nuestro chuico es 
más humilde y sencillo y nunca ha pre- 
tendido figurar entre las obras de arte 
como el tibor.— Tin cuanto á la etimo- 
logía, en aimará liay la voz huyccu, 
ciego de uno ó de ambos ojos, que qui- 
zás ha dado origen á este chilenismo, 
porque no es tan seguro que venga, tal 
como lo tenemos, del araucano, aunque 
lo registre Febrés. La h pronunciada 



con aspiración pudo muy bien conver- 
tirse en r/t, como ha sucedido con la s 
castellana, que también pronuncia aquí 
el pueblo como h aspirada. Véase 
Chancho. El significado de Imijccu 
favorece también esta etimología, por- 
que el chuico es una tinajuela casi 
ciega, con un solo ojo (ó boca) y muy 
p.'queño. 

Chulla, f. fam. Xo es entre nos- 
otros «lonja de tocino», como dice el 
Dice, que es en Aragón, sino mentira. 
(Véase Menchuca). No atinamos 
con bU etimología; quizás pudiera pen- 
sarse en el castellano trola, engaño, 
falsedad, mentira, ó en ehanchuUo, ma- 
nejo ilícito para conseguir un fin, y 
especialmente para lucrarse. 

Chilllador, m. Batea eu que se 
enfrían los caldos del salitre. 

Chulleco, ca, ó chullenco, 

ca, adj. La 2." forma se usa más en las 
provincias del Norte. El significado es 
exactamente el mismo de chueco en 
sus dos aceps. — Para su etimología 
téngase presente el tuñeco de Calca- 
ño, que «se dice, entre el pueblo vene- 
zolano, del ffafo ó baldado, que por 
enfermedad ó accidente tiene encorva- 
dos y sin movimientos los dedos de las 
manos ó de los pies. Evidentemente 
tuñeco es corrupción de tulleco ó 
tolleco, formado de tollir ó tullir, 
probablemente en alguna provincia de 
España. La gente culta dice tidlido». 
Membreño trae cholenco, caballo 
viejo y arruinado, que quizás tenga al- 
guna relación con nuestro chilenismo. 
Véanse Chambeco y Chueco. Al 

citar aquí á Chambeco, queremos 
insinuar otra etimología que no carece 
de probabilidad, y es el castellano zam- 
bo («dicese de la persona que por mala 
configuración tiene juntas las rodillas 
y separadas las piernas hacia afuera», 
significado que se repite en el compues- 



OHUN 



CHUN 



57 



to patizambo: «que tiene las piernas 
torcidas Lacia af uera)>) y la terminación 
eco. La conversión de la 2 en ck ya la 
estudiamos en chancllO, y a<;Téguen- 
se á las voces castelkuias citadas allí: 
chamarra por zamarra, churriburri por 
zurriburri, zurrarse derivado de cho- 
rrar, y zurrusco de churrusco. 

Chuma, m. Dim. fam. de Tomás. 
Por efecto de la pronunciación infantil 
la t se convirtió en ch, siguiendo talvez 
el nombre esta transformación: CllO- 

más, Cliumá, Oliuma. Este dim. 

s de llaneza y confianza; por consi- 
guiente, no excluye al cariñoso Tomn- 
silo, Ui. 

Cllumang'O, m. Así se llama en 
las jirovincias del Sur el ave que en 
las demás llamamos tiuque. 

Cliumba, f. Voz usada entre los 
mineíos del Xorte de Chile. Es la blen- 
da castellana, ó sea: «sulfuro de cinc, 
que so halla en la naturaleza en cris- 
tales muy brillantes, de color que varía 
desde el amarillo rojizo al pardo obs- 
curo, yseutilizaparabeneficiarel cinc». 

ChumingO, ga,ra.y f.Dim. fam. 
de Dominíjo, ya. Chomín se dice en 
Álava, segim Baráibar, y lo emplea tam- 
bién Trueba en El gahán y la chaque- 
ta. Chumín dicen en Méjico, y Mia- 
(jo dijeron los antiguos castellanos, 
nombre que se inmortalizó en Jlinijo 
Rei-ulf/o. 

Chunclio, m. Véase Chucho. En 
aimará hay la voz cchunrhu, que sig- 
nifica cabeza; y, como nuestio cilUIl- 
cho es algo cabezón, bien pudiera 
j)roceder de ahí; pero nos parece más 
fundada la etimología que dimos en 
CiiL'cno. La n intercalada puede tam- 
bién explicarse por contaminación de 
chucho con cJiHuc/ui, nombre, este últi- 
mo, de iin pueblo indígena del i\rii y 
del licuado)' e;i tiempo de la conquista 
de Américii. — Como cueloiicepto de 

Uicc. <lc (Jbil., t. II. 



clluncllO hay algo de fatídico y mis - 
teriüso, suele darse también este nom- 
bre á cualquier artificio ú objeto que 
encierra algún fraude ó engaño ó que, 
según el vulgo, tiene algo de brujo. 

Cliuncliules, m. pl. Del quichua 
chuachulli, tripas menudas, y aimará 
chuchidli, las manos ó pies de los car- 
neros ó puercos, etc., que aderezan para 
comer. Significa entre nosotros las tri- 
pas, especialmente de corderos, que se 
guisan y comen. En la Argentina dicen 
cliinchulín, nes, y en Colombia 
Cliunchullos. En castellano tene- 
mos revoltillo, 2." acep.: «trenza ó con- 
junto de tripas de carnero ii otra res, 
que se forma revolviéndolas». 

CllUllga, f. Pipa ó candiota en que 
se recibe de la prensa el jugo de las 
manzanas para hacer la sidra. «Depo- 
sitan las manzanas en unas especies de 
canoas que llaman dornajos, y dos 
hombres, colocados de frente en los 
extremos del dornajo, y armados de 
largas y flexibles varas, azotan las man- 
zanas hasta que, suficientemente mo- 
lidas ya, pasan en canastos de quilineja 
al torno ó prensa, en estado de extraer 
de ellas el jugo, que corre por dos ca- 
nales abiertas al costado de la prensa y 
que cae en una clmnga (pipa)». 
(Chiloé, c. Vil). La etimología es in- 
cierta. 

CHr.\orNGO,m. Véase CHiNCHiJiÉN. 

Cliuña, f. Muchísimo más usado 
que chaña. Véase en su lugar. 

Chuñar, a. Véase Chañar. 

Chuño, ni. Del quichua cchuñu, 
papas pasadas al hielo. En aimará ha- 
llamos la misma voz,tradacida: «papas 
curadas al hielo de noche, y de día al 
sol, para quesalga la aguaza 'que tienen, 
y la sacan pisándolas». En Chile se 
conoce el chuñO de papas, que gene- 
ralmente se obtiene i)a-ándolas por el 
rallo ó moliéndolas, y el de tiulofccbs- 



58 



CHUP 



CHUP 



Irofiínerm lyjlu)^ planta cliileiia (jne se 
produce en las provincias centrales y 
especialmente en la de Concepción. — 
También se llama ch.UñO la bebida 
que se prepara con cualquiera de estas 
dos clases. La voz castellana anféndit: 
«substancia blanca ó blanquecina, li- 
gera y suave al tacto, compuesta de 
granos pequeños, que se extrae general- 
mente de las semillas y raíces de varias 
plantas y algunas veces de los frutos y 
tallos, y que, hervida en agua, forma 
un líquido viscoso, como el almidón, 
la tapioca, etc.» También hallamos en 
el Dice, arruiruz, m.: «fécula que se 
extrae de la raíz de una planta que 
crece en la India». Es voz procedente 
del inglés arrow-root, raíz de flecha. 
Con más razón puede admitirse á cb. Vi- 
no, que se usa en Chile, Argentina, 
Perú y Bolivia, por lo menos. 

ChuñUSCO, ca, adj. Ajado, arru- 
gado, tratándose de papeles ú objetos 
parecidos y del rostro humano. — Hacer 
chuñUSCO ima cosa es apañuscar 
(coger y apretar entre las manos algu- 
na cosa, ajándola) ó atortujar (aplanar 
ó aplastar alguna cosa, apretándola). 
Véaíe Achuñuscar. La forma f/í«- 
ñmco se formó de di uña, conforme á la 
índole del (juichua, cuya Gramática 
enseña que la partícula «c/í'yí hace la 
acción actualmente, de presente». Así 
clrañuchca (ó clruñu^ca) significa estoy 
haciendo (7/ i/í o, ó estrujando ó molien- 
do una cosa. 

Chupada, f. No lo registra el Dice, 
sino únicamente á chupadura (acción ó 
efecto de chupar), succión (acción de 
chupar), chupetón, m. (acción de chu- 
par con fuerza) y chupeteo (acción de 
chupetear). Sin embargo, ninguno de 
éstos pu'-'de reemplazar al fam. y tan 
usaáochupad '. «Entre mordisco y cliu- 
pada á su cigarro sempiterno y de los 
pjores, increp'í d ■ este modo á lo? cinco 



mozos de la tertulia» . . .(Pereda, Nubes 
de estío, II). «Inmóvil, aspirando 
distraídamente chupallas de tabaco». 
( Pardo- Bazán). «Da una chicpada al 
cigarro». (E. de Olavarría y Duarte, El 
Folk-lnre de Madrid). «¡A.h, Benito! 
tú has fumaO-" — Señor... Dos chu- 
jmdinas...» (Valbuena, Aijiui turbia, 
XII). Tratándose de las chupadas del 
cigarro, hay en castellano/ií/íí«/fo (por- 
ción de humo que se toma de una vez 
fumando un cigarro) -^ fumarada (por- 
ción de humo que sale de una vez). En 
Chile se dice, además de chupada, pu- 
chada, derivado de pucho. Tratán- 
dose de líquidos que se sorben con algún 
instrumento, como en el mate, decimos 
también chupada, equivalente al sorho 
castellano. En resumen: debe admitirse 
chupada con la definición genei'al de 
chupctdura. 

ChupaI/LA, f. Del quichua y aima- 
rá (whupalla, nombre de esta planta. 
De ella dice J. M. Troya en su Dice, 
de Medicina do mes I ir a: «Pui/a pi/ra- 
riiidata (Bromeliáceas). Al jugo de la 
médula de esta planta se le atribuye 
la virtud de combatir la pulmonía». 
Otros naturalistas le dan otros nom- 
bres, y allá se avengan entre sí. Ade- 
miis de la planta misma, se llama chu- 
palla en Chile: el sombrero que se 
hace de las hojas de esta planta, par- 
tidas en tiritas muy finas y trenzadas 
unas con otras. Es somljrero ordinario, 
algo puntiagudo de copa y de alas cor- 
tas, y lo usa la gente pobre; fig. y 
despectivo, todo sombrero de paja, 
cuando no es muy fina, para hombre 
ó mujer. — ¡Por la chupalla del ohispo, 
ó del i/ol/icrno, ó del mono! exclamación 
de asoml)ro, diclia por gracia ó burla. 

Chupapoto, m. .luguete de mu- 
chachos, que consiste en un trozo de 
suela redondo, con un bramante ó cor- 
del en el medio, para tirar de él; se 



CHUP 



CHUP 



59 



liuinwk'cc la siU'hi por la carnaza y se 
pcg.i en una sn[fjrlicic plana, fia gra- 
cia es pod.'r de-:p'jgar la suela, pnes 
con la linnicdad se es^TOnja la carnaza 
y s: adhiere fnerteraeute. 

Chi'paii, a. «Ir quitando ó consu- 
miendo la hacienda 6 hicnes de uno 
on pretextos y engaños», es la última 
acep. ñg. y fain. fjnu le <\\ el Dice. 
Como se ve, es consumir poco á poco 
el dinero ó los bienes ó como dijo 
(rónzalo Correas: <ísaiPinir dulcemente: 
cuando con halagos nos chupan los 
dineros»; ó viceversa, segiin el mismo: 
idfxnniiriir: es rliupar el dinero al jue- 
go, ó de otra manera». Xo es raro pnes 
f|uede esta acep., que envuelve un modo 
lento, suave y astuto de robar, li.iya 
pa.sado el v., e;i nueslro lenguaje fam., 
á la franca y desembozada de-roljar. — 
Asi se usa también en España, como se 
ve por estiis autoridades: «A todo lo 
cual provee el demonio en el acto... 
indicando á otra la necesidad de que al 
vecino X ó Z le (■hupe un par de reses». 
(Pereda, Tipon ij paisajes, Las Brujas, 
II). c.\l último, como nada le puede 
chupar, le tiene prevenido que á la me- 
nor aUisióu que oigaen sus sermones. . ., 
le forma un expediente de conspirador 
que le balda». (Id., Esbozos ¡j ras;iuños, 
El tirano de la aldea, III >. 

Allí el fie aquella siete veces virgen. 
Más que p<ír esto, insigne por sus robos. 
Pues en nn mes empobreció al indiano 
Y c/tttpñ á nn escoce's tres mil guineas. 
(Jovellanos, Sátira /.Vo ne/. Anic$!o...!) 

— Chúpate ésa, es en castellano 
Tómate esa: «expr. fig. y fam. que se 
usa cuando á uno se lo da un golpe, ó 
se hace con él otra cosa que sienta, 
para denotar que la merecía, ó el acier- 
to del que la ejecuta. Suele añadirse: 
!/ ntelve por clra*. 

Chupk, m. «El más popular de lo-; 
guisados nacionales después del san- 



cochado. Tiene alguna analogía con 
la cazuela chilena y con el pebre. 8e 
hace simplemente do papas en caldo, en 
cuyo estado no jjasa de chupe cimarrón, 
ó con pescado para que constituya el 
lie viernes, ó con carne, llamándose cn- 
tonces asado depajias, ó finalmente con 
camarones, leche, queso, huevos, pes- 
cado, ají, tomate y algún otro ingre- 
diente más». Tal es el chupe jieruano 
descrito por Arona y (jue también se 
conoce en Chile, poco más ó menos en 
la misma forma. El nombi-e proviene 
del c\nKhua. chupe ó chiipi, (jue signifi- 
ca este mismo guiso. 

Chupe, m. Juego de dos ó má.s per- 
sonas, que consiste en tirar todas ellas 
con monedas á una raya: la que alcanza 
mejor punt<j recoge toda.s las monedas, 
las revuelve en las manos y las tira en 
alto, tomando para sí las que quedan de 
cara. La misma operación rejiiten los 
demás por el orden de los puntos, de 
donde resulta que al liltirao ordinaria- 
mente no le toca nada. — También se 
daá este último el nombre de chupe, 
que en castellano puede traducirse por 
pie («en el juego, el último en orden 
de los que juegan; á distinción del pri- 
mero, llamado mano») ó porra, f. («en- 
tro muchachos, el último en el orden de 
jugar»). — Por extensión, el último, el 
jiostre, jwstrero ó postrimero en cual- 
quier reunión ó junta de persona.s. Ú. 
t. con los verbos qtiedar y ser: que- 
dar de chupe, ser chupe. — Hacer 
chupe « uno, significa fam. engañar- 
le; idea á que se llega fácilmente par- 
tiendo de la anterior. En la 1.* acep. 
creemos que debe figurar en el Dice, 
porque expresa algo propio y exclusivo 
de Chile, que no tiene nombre en cas- 
tellano; pero no así en las otras tres. La 
etimología es el quichua cha ¡vi, cola de 
anima!, porque el chupe va siempre 
al fin, el último. 



60 



CHUP 



CHUP 



Chapeta, f. fam. Dim. de chupa, 
^it|Ut; es iiua medida de capicidiid para 
I ¡(luidos usada en Filipinas, ijiual á tres 
copis, ó á 7;5 centilifcros y <S mililitros». 
Nosotros la usamos en el sentido ge- 
neral de copa ó raxo y en el metaf. de 
Ikor ó bohida. A Pedro le i/mt/i mucho 

la cliupeta. 
Cliupete, ni. Véase Chupón, 

■2." arl.. 1.-' acep. 

Chupete (Volantín). Llámase 

así la cometa íijue, jior tener muy del- 
gados sus madei'03, al recibir el 
viento, se encoge, formando buches co- 
mo si la chuparan por detrás». Así 
esplic.iba T). Z. Rodríguez el origeu de 
chupete. A esto se puede observar 
que lo característico en esta clase de 
cometas qo es el que se vean como chu- 
ptt'Ms por el viento, sino el que vuelen 
desordenadamente, de una parte á otra, 
porque son sm cola. Por consiguiente, 
la etimología puede ser más bien la voz 
quichua chupa, cola de animal. Así co- 
mo en castellano se llama rabón al 
animal sin rabo, por antífrasis, así 
también en cMleno se llamó chupete 
al volantín sin chu^m ó cola. — Con- 
fírmase esta etimología con otro signi- 
ficado que tiene en algunas provincias 
la voz chupete, como s. m., y es el 
áor-zarcillo, pendiente ó arracada, esto 
es, arete con adorno colgante ó con cola. 
Chupilca, f. Significa en las pro- 
vincias del Sur lo que pihuelo en 
las del centro, esto es: harina disnelta 
en chicha, mosto ú otro licor ordinario, 
ó también en jugo de sandía. En al- 
gunas partes dicen chipilca, y de 
ahí el V. chipilcarse. Cree Lenz que 
la etimología es el araucano copiíUca, 
mazamorra. En la edición del Febrés 
que nosotros tenemos aparece copillqui 
y copiíUqui. ilás fácilmente se explica 
el chilenismo con estas otras dos voces 
araucanas: chuco, panes ó bolas que ha- 



cen del asiento de la chicha de maíz, y 
pillea, frangollo. 

Chupín, m. En algunas partes es 
gorra para dormir; y en otras, el c/ni- 
pelin castellano (especie de justillo ó 
ajustador con Tnldillas pequeñas), ó 
chaleco. Si chupefin es dim. de chupa 
(tan conocida en los dómines), tan bien 
formado como el e.stá chupín. 

Chupingo, ga, adj. fam. .V&lin 
ebrio, á medios polos. Véase Cufifo. 
Derívase del v. chupar castellano. 

Chupón, m. Del quichua chhupu, 
divieso, apostema, y aimará cehupu, 
lamparón, ó divieso, ó encordio. Fu- 
rúnculo es el nombre que tiene cu 3Ie- 
dicina, y divieso el popular. Absceso y 
lumor tienen un significado más gené- 
rico. En algunas provincias del Xorte, 
en el Perú y en el Ecuador dicen chu- 
po, más conforme con la etimología. 

Chupón, m. Del castellano chu- 
par. Ú. aquí en vez dechupulor ó chu- 
padero: «pieza redondeada de marfil, 
pasta, caucho, etc., qne se da á los ni- 
ños en la época de la primera dentición, 
para que chupen y refresquen la boca». 
Xo debe confundirse con el biberón, 
que es cinstrumento para la lactancia 
artificial, qne consiste en una botella 
pequeña de cristal ó porcelana con un 
pezón de goma elástica, de teta de va- 
ca ó de marfil reblandecido, para la 
succión de la leche». — También se lla- 
ma chupón (y esto sí que debe admi- 
tirse) una planta chilena (bromelia 
sphacelafa): «yerba grande, cespitosa, 
con hojas lineales, muy espinosas en 
su borde; espigas de flores sésiles muy 
cortas, escondidas entre las hojas, mul- 
tifloras, con las brácteas color castaño, 
corolas rosadas; bayas muy sabrosas. 
Común en las provincias del Sur». 
(Philippi). — Baya ó fruto de esta plan- 
ta, qne se come chupándolo; de donde 
le ha venido el nombre. 



CHURR 



CHUS 



fil 



Chuquen, m. Yónse Chucún. 

Chuquisa, f. «Mujer dd vida ale- 
gre», lo delino el Dice, en su Apéndiee, 
antcpoiiiéiidole la nota de Peruanismo. 
U. t. en Chile, pero m;ls en la forma 
chusquisa. Dos observaciones hare- 
mos en este vocablo: 1." La etimología, 
que puede ser el castellano chusco, ó el 
vocablo de tj^evmiiuÍArhuf/uióchusquín, 
partes femeninas. En quichua hay tam- 
bién los verbos chhulquini, desnudar 
ropa ú otra cosa con fuerza, y clihul- 
qukitni, desnudarse así, que también 
deben tomarse en cuenta; 2." La orto- 
gi'afia, (jue debe ser con 3 (cliuquiza ó 
chusquiza), aunque los americanos no 
la pronunciamos sino como s. Cual- 
quiera que sea la etimología de la voz, 
es claro que la terminación es la usa- 
dísima en castellano izo, iza. para adjs. 
y susts. 

Churrasca, f. Hojuela de masa, 
algo ancha y delgada, que al cocerse ó 
f reírse se encoge y pierde su lisura. Se 
formó del castellano churrusco (ó zu- 
rrusco), va.: «pedazo de pan demasiado 
tostado ó que se empieza á quemar». 

Churrasco, m. Por la vecindad 
con la República Argentina se conoce 
también en muchas partes de Chile esta 
voz, que define así Granada: «carne 
pura, asada sobre las mismas brasas, 
operación que produce el efecto de con- 
centrar enteramente el j ugo ó sustancia. 
Hecho el churrasco, lo sacuden ó 
raspan ligeramente para quitarle el res- 
coldo». Otras veces se pone la carne 
en un asador y se entierra ó afirma 
éste cu el suelo, untándolo continua- 
mente con salmuera. La etimología pa- 
rece ser también el castellanoc/iM/vw.sco. 
Para ponderar lo bueno de este asado, 
recuérdense estos versos populares: 

Asco me daba el churrasco, 
Porque me empacho con el, 
Y me han dado por remedio 
Que me lo vuelva á comer. 



CurnuKRO, m. Vendedor ó fabrica- 
dordc churros. Es industriaintrodueida 
hace poco ticnqio en Chile por los in- 
migrantes españoles. El churro (ó co- 
hombro) es: «fruta de sartén, de la 
misma masa que se emplea para los 
buñuelos, y que después de frita se cor- 
ta en trozos que se asemejan al fruto 
del cohombro». Es justo que el Dice, ad- 
mita este legítimo derivado de churro. 

Churretada, f. f'horrela-h: gol- 
pe ó chorro de nu líquido que sale 
improvisamente. 

Churrete, adj. fam. Siendo deri- 
vado de chorro, debería ser chorrete; 
pero de ninguna manera aparece en el 
Dice. Nosotros le damos el mismo .sig- 
nificado de Cursiento. Véase esta 
voz. — m. Ave del orden de los pajari- 
Uos ( upucerihia ) . Debe entrar en el 
Dice. No sabemos si el nombre se le ha 
dado por el canto ó por lo que expresa 
la acep. anterior. 

Churria, f. De churria ó á la 
churria: en los distintos juegos de 
las bolitas, modo de tirar la bolita co- 
giéndola entre la yema del pulgar y la 
uña del dedo del medio, que es el que 
le da el impulso. 

Churriento, ta, adj. «Que tiene 
churre»; y churre es: «pringue gruesa 
y sucia que coitc de una grasa; fig. y 
fam., lo que se parece á ella». Puede 
pues admitirse la acep. vulgar que aquí 
se le da como sinónimo de Cursiento. 

Churrines, m. pl. fam. Nombre 
que dan las mujeres en sentido despec- 
tivo á sus vestidos talares. Dígase ¡rin- 
<jos, pl. fam. (vestidos de mujer cuando 
son de poco precio, aunque estén en 
buen uso ó sean nuevos). Jerapellina, 
f. (vestido viejo, hecho pedazos ó an- 
drajoso), guiñapo, m. (andrajo ó trapo 
roto, viejo ó deslucido). Véanse Cha- 
melicos y Chilpe. 

Chus, lu. y f. Dim. fam. de Jesús, 



62 



CHUZ 



CHUZ 



para hombres y pai'u mujeres. En Jlé- 
jico usan Ohu para el ni. y Chucha 
para el f. 

¡Olius! iiiterj. Parece ser el ingles 
shoo! ¡oxte! Véase ¡Huichó! 

Chusca, f. Es el castellano chusco, 
ca (que tiene gracia, donaire y picar- 
día), pero que aquí se toma en mal 
sentido por ramera, ¡irof/iti/fa, lo mis- 
mo que chuquiza ó chusquiza. 

Chuzo, m. «Palo armado de una 
punta aguda de hierro, que se usa para 
defenderse y ofender». Esto significa 
en castellano y es arma (|ue en España 
usan los serenos, viñaderos y otros. 
«Lo mejor. ..sería. ..que la vistiésemos 
de viñadero con montera, chuzo y al- 
pargatas». (Quevedo, Carht á Doña 
Inés tie Zúñuja). «Vendrán á reunirse 
muy pronto, con los farolillos encen- 
didos, que colocarán en fila junto á los 



respectivos chuzos, los serenos, que... 
(Pereda, Tijws ij paisajes, Pasa-calle). 
— En Chile significa chuzo una liana 
ó barreta grande que usan los jieones 
para cavar; y en algunas ¡laites agui- 
ja,ila ó aijada. — Fig., por la semejanza 
que ofrece con una barra un caballo 
flaco, rocín, rocinante, penco ójaiueli/o, 
cahallii iiuflahin. En El Sobremesa de 
Juan de Timoned i s^e lee este cuento: 
«Un villano iba ca'jallero en un rocín 
muy largo y flaco. En el camino, en- 
contrándose con nn c iballero, díjole 
))or ijurlarse con él: }I( rmano, ¿á qué 
jjrecio vendéis la vara de rocín? Res- 
pondió do presto el villano: Señor, en- 
trad en la l)estia, y decíroslo han--. — 
La elimolog'a es el castellano chuzo y 
uó el quichua chusa, cosa desmedrada, 
ITeípieña, como pudiera parecer á la 
simple vista. 





D 



D. Grandes son los duelos y quebran- 
tosde esta ]x)bre consonante en la pro- 
nunciación chilena. Unos nosson comu- 
nes con todas las personas de habla 
castellana, y otros exclusivos ó casi ex- 
clusivos nuestros. El omitiila al íinde 
dicción y en las terminaciones w/o, cdo, 
ido. Olio, mío, y respectivas femeninas, 
es vicio no sólo de Ciiile, sino también 
de Andalucía y de toda la América 
Española entre la jícnte poco culta; y 
asimismo su omisión en medio de pa- 
labra: tuavía, sueleg-ao, piazo, 
pigíieño, ailante, creito, reito, 

meiCO, por loilarki, subdelft/ado, pe- 
dazo, pedujiieño, adelante, crédito, rédi- 
to, médico. En esto no hace el pueblo 
raás que seguir la ley filológica del me- 
noresfuerzo, que fuélamismaqueprivc) 
al ca.stellano de muchas des: cruel, fiel, 
feo, ser, poseer, ver, creer, raer, roer, reir, 
oír, loar, veiKjar, luir, aunar, fiar y 
campuesfos confuir y porfiar, desear, er- 



cluir y demás compuestos del latino 
clámlere: incluir, concluir, recluir; los 
sustantivos paruiso, raiz, peana, trai- 
ción, traidor, juez, piojo, peón, mitad, 
pie, fe, seo, meollo, tea, juicio, hastio, 
venta; losadjs. lacio, rancio, loro, lucio, 
sucio, limpio, liliio; los numerales once, 
doce, trece, catorce, quince; los propios 
Benito, Rosendo, femando, Hernán, 
Gonzalo, [Úrico, Pero, ant., Gerona; 
las formas verbales anticuadas adcs, 
edes, como amades, hagades, tenedes, 
(¡uerredcs, hoy anuiis, hayáis, tenéis, 
querréis; los imperativos en ad, ed, id, 
que antes se escribían y pronunciaban 
sin (/, acompañados del pron. os: amaos, 
temeos, partios (sólo se exceptúa idos); 
y muchas voces sueltas: (í. aun, hot/, ahí, 
yuarte, i/rial, sei/tin, como, acerca y otros 
compuestos del ad latino: ayiular, amo- 
nestar, ascrihir, abot/ado, arocar. Cuan- 
do la (/está en medio de dicción y entre 
dos vocales y no se puede omitir sin ()ue 



G4 



D 



D 



la palabra llogue á ser ininteligible, el 
pueblo la convierte en r y viceversa: 

fastii'io, fastirioso, trag'eria, 
tragerioso, ai'boleva, barajo, 
lepiria, par paro, Locaría, Clo- 
romiro, Audora;loquehahechoel 
castellano cou sul ó sur y sus compues- 
tos.— Al principio de dicción suele el 
pueblo omitirla: onde, espeusa, e 
(y)ovih'), ende (delant. dende), es- 
parramar; aunque en las que empie- 
zan ]}'.)!• lies y es tiene razón para confun- 
dirse, porqno el mismo castellano las 
usa muchas veces cou las dos formas: 
desperezarss y esperezarse, despumar y 
espumar, descokir y escotar, destjHÍiire 
y esguince, despediente aut. y expediente. 
Por eso autignamente se dijo deSGO- 
muniÓQ y dsscomulg'ar, y boy 

dicen los i'epulidos del pueblo den- 

trar, desagarar, áesanclie (por 
ensanche), desig^ente, deleg'ante, 
deceder (celer), desplicar {ej-pJi- 
m/-),D3leutarÍ0, y losbien educados 
despacioso y con despacio. No 
es extraño esto, pues antes se dijo tam- 
bién en castellano almática por dal- 
niatira, como se ve en el Viaje de 
Ambrosio de Morales, en más de una 
parte, y en estos versos del Purén indó- 
mito, de Alvarez de Toledo: 

Quii?'u lleva cáliz, ara ó corporales, 
Quien la casulla, almática ó ciriales. 

Cuando la segunda sílaba de la dicción 
lleva rr, se hace una metátesis: rea- 
mar, reame (por derramar, derra- 
me), reetir (por derretir); y en otras 
voceí, por no omitirla del todo, se la 
cambia porotra consonante: reclarar 
(por declarar). — En el grupo dv ó di) 
generalmente se convierte la íi' en /.- al- 

vertencia, al vertir, al v erbio; 
el castellano la omitió enteramente en 
algunas voces: alwijado, amaos, subios 
(advocatus, amadvos, suhidcos). — En 



el grupo dm también se convierte en / 
ó se desvanece: almiración, al- 
mirar, almltir, aministrar ; co- 
mo el castellano amonestar, amonesta- 
ción. — El fenómeno más notable en esta 
letra es su vocalización en i en el grupo 
dr en medio de dicción: paire, mai- 
re, lairón; de lo cual resultan voces 
tau estropeadas, que sólo puede cono- 
cerlas el que tiene costumbre de hablar 
con el pueblo: airer (adrede), quei- 
ré, queiría, (de quedré, que- 
dría, que dicen los semicultos por 
querré, querría). Cuando dr están des- 
pués de n, suenan como rr: Anrés, 
Alejanro, tenré,tenría. Asimis- 
mo cuaudo están después de /.- salré, 
salría, á& salir-, dolré, dolría, de 
doldré, doldría, que dicen los semi- 
cultos por doleré, dolería; valré, val- 
ría, de valdré, valdría, del v. valer; 
como el castellano Ulrico, de Uldrico, 
Ulderico. Otras veces se suaviza la pro- 
nunciación suprimiendo la /■.- hojal- 
da, por hojaldre. Las formas podré, 
podría, del v. poder, son para los se- 
micultos porré, porría, y para el 
vulgo poiré, poiría. Para el caste- 
llano fué-tambiéu duro de pronunciar 
el grupo dr, y por eso lo suavizó' en mu- 
chas de sus voces: aradro, del latino 
aratrum, quedó en errado; Pedro, del 
latín Petrus, dio Pero aut., pero que 
todavía subsiste en Perillán, Perogru- 
IJo y perogrullada, Perico, Periquito ó 
Periquillo; hondrado, de honorado, en 
latín Iwnoratus, quedó en honrado, y 
así también el v. honrar; lazdrar, taz- 
drado, del latín lacerare, laceralus, 
volvieron á la forma latinizada lace- 
rar, lacerado, más suave que la adop- 
tada y que la posible lazrar. — En 
examen, la letra D es para nosotros 
voto de distinción. En España tienen 
N, notablemente aprovechado, y íS^, so- 
bresaliente. 



DAj 



DAD 



G". 



Dáctiloíuíafía, f. l>el p-icg'o ¡)y.y.- 
T'Arj^, (ludo, y "páoo), escriijir. Arte 
de esciibiv por medio de máquina. Así 
usan algunos esta voz, que, como se ve, 
está muy bien formada, y ojalá entre 
en el um) ijenera], mucho mejor (¡ue 
dactiloscopia, que es de forma hí- 
brida, porque es griega y castellana . De 
dárUlonrafia podrían formarse dár/iló- 
(/nifo, el ai)arato ó máquina de escri- 
bir; rfíí/7/7o///V(//.sto, com., persona que 
escribe por medio de dicho aparato ó 
máquina; y diichlor/rdfico, ca, pertene- 
ciente (') relativo ;i la (hkiiloi/r/i/ia. 

Dado, da, part. de dar. Oigamos al 
P. Jlir: «Un sentido quieren los gali- 
cistas atribuir al part. ////ilo, que repug- 
na á su nativa condición. Vulgares son 
las expresiones siguientes: £n circuns- 
itmcids di idas el riíjor es necesario; En 
momentos dados el hombre pierde los 
estribos; Para tiempos dados, lei/cs 
nuevas; A negocios dados no haij que 
torcer el rostro; A mujeres dadas está 
mal la coquelcria. En semejantes locu- 
ciones el p;irt. dado pierde su %n- y to- 
ma el de espedid, particular, determi- 
nado, sin//ular, cierto, señalado. Por más 
que presuman los galicistas, no excu- 
sarán la nota de incorrectos en el em- 
plear tales modos de decir. VA v. darse 
sÍLTuifica á \(¡<x& presentarse, ofrecerse; 
...mas esta acep. no cuadra con la de 
las locuciones modernas antedichas, en 
ijuc dado suena lo mismo que determi- 
nado, par lindar, cierto; [lor cu3'a im- 
propiedad merecen el calificativo de 
bárbara.*, aunque fc ajusten al lenguaje 
francés. Muy diferente seria el ca.so si 
dijésemos: A una señcd dada, salieron 
lodos; En iicasi''in dada cae el hombre; 
Con DADO molico S' 2)uso hecho un, Lu- 
c[fer; porque las frases dar ocasión, dar 
motivo, dar si'Trd son legítimas: en ellas 
d((r vale iifrerer, proponer, indicar: sIlt- 
nificados iiropios, que no se componen 

Dk-c. .l.'(.;hil.. t. I[. 



con los de las modernas locuciones su- 
sodichas. A primera faz podrán parecer 
castizas las siguientes: Dadas cirnins- 
tancias adversas, mejor será callar; 
Dado el corto tiempo, no se zanjó la cues- 
tión. A primera faz dije, ponjue, mira- 
das á buen viso y con detención, otra 
cosa descubren. El sentido envuelto en 
ellas es éste : Si las circunstancias fuerin 
(ulversas, en circunstancias adrersas, 
ca.^o (pie sobrevinieren circunstancias 
adversas, mejor será callar; A causa del 
corto tiempo, por el corto tiempo, no se 
zanjó la cues/ ion. Aunque al \>ari.dado 
le quepa el sentido de concedido, permi- 
tido, nfrcci'lo, /n-esenlado, luilludo, indi- 
cado, iiropueslo, ninguna de estas ¡iceps. 
conviene á las dos sentencias su.-^odi- 
clias, sino otra muy diferente, como está 
ya prevenido. Ningún autor de nom- 
bradla eni])leó en la antigüedad seme- 
jante significación del part. dadíi. Yitiwc 
á pi'opósito la fr. de Palafox cu una 
eai-ta suya alegada por su biógrafo Ro- 
sende. Dice así: Eso espennitido 1/ aun 
ne¡'esariú K.V ,sr.s CASOS; pero con las 
circunstancias con que me hallo, cesa esa 
regla. En kus caí-os, dice, por en casos 
dados, como dirían lo.s modernos. Dig- 
no de advertencia ó imitaciini es el 
modismo en sus casosy>. (Pront. de 
Hispan, y Ilarb.) lluy bueno está todo 
esto, pero no pensamos como el autor 
en los dos ejemplos: Dadas circunstan- 
cias adversas y Dculo el corto tiempo, en 
los cuales el part. dado tiene el signi- 
ficado de concedido, admitido, sujiueslo, 
que siempre ha tenido en castellano, 
derivado directamente del latín, como 
se ve en la conocida fr. de Cicerón: 
Dato hoc, dandum eral illud: dado ó 
concedido esto, había que conceder 
aquello. Si se puede decir: dudo esto ó 
aquello, dalo que el tiempo es corto, dculo 
que las circunsl'incins .<iún adversas, da- 
llo el caso, ,q)iir(|uéuo li 1 de ser también 



(in 



DAD 



DAN 



castizo: dado el rorto tiempo, dadas cir- 
ra,nstanci(ia adversas? Véalo y exanii- 
nelo el sabio jesuíta á tercera faz, y de 
seguro pensará como nosotros. — Y aun 
el díalo de los primeros ejemplos no 
puede condenarse así no más. Muelio 
respetamos la autoridad de Baralt, que 
filé el primero que trató este asunto, 
aunque en muciios puntos ha sido ya 
i'efutada:gran veneración i'.os infunde 
también la del P. Mir; pero nos qneda 
este escrúpulo: 81 eu la voz activa se 
puede decir: Déme üd. circunslanchis 
en que el rigor es necesario; ¿No me 
dará Ud. mámenlos en que el hombre 
pierde los eslribos? (puesto que el v. dar 
aigniñcix cilar, presentar, hallarse, e.ris- 
¡ir, como puede verse en Cuervo»), ¿por 
qué no decir también en la pasiva: En 
circunsiaiirias dadas, En momentos da- 
dos, es decir, En las circunstancias ci- 
tadas. En los momentos tales ó cuales 
que he citado.'' Pero los clásicos, se 
agrega, no han usado en este sentido el 
part. dado. Pase que así soa, aunque no 
podeuros asegurarlo, ponpie no hemos 
leído á todos los clásicos; pero ^;de 
cuándo acá se ha exigido (jue, para usar 
una inflexión verbal en la legítima acep. 
del V., sea necesario que la hayan usado 
también nominahnente los clásicos? 
Couque, si en ninguno de ellos se halla, 
por ej., la inflexión daríais en la acep. 
de citar, ¿ no la puedo usar yo tampoco? 
y, sin cuil)ai-go. Fray de León dijo: 
(íDame tú algún santo azotado en la 
manera que tú agora lo eres». (Job, 
c. V). En todos los órdenes de ideas hay 
cosas bien sencillas que á nadie le han 
ocurrido, como sucedió á Cohin con ti 
huevo; per.) al íin ocurren y hay (pie 
aceptarlas, ponjue tienen verliderc) 
fuudiimento //) )V''. .\sí ha sucedido con 
el part. dadj: no pensaron los españoles 
en nsar'o en es! a acep. del v.; ¡lero lli'gó 
un (lia til (|ne lo oyeron ;i liis franceses, 



y vieron que era muy cómodo y acep- 
table y principiaron á usarlo. Sigan pues 
en ello mientras no se pruebe más cla- 
ramente lo irracional de este uso, que 
á nosotros, más que á francés, n >s suena 
á latín, y á latín clásico, en activa y en 
pasiva. Ojalá alguien lo estudie dala 
ópera y más á fondo. Véase Dar, 3." 
acep. 

Daguerreotipar, a. Laijucrro- 
lipar: ((tija;- his imágenes por medio del 
daguerrotipoí). Aunque el nombre del 
inventor es Baijuerrc, en sus compues- 
tos se suprime la i'iltiuia e, tanto por(|ue 
es muda en francés, cuanto pon|uc los 
alargaría demasiado y dificultaría su 
pronunciación. 

Dam \.ruA\A, f. «Vasija ó vaso gran- 
de de vidrio ó de barro, que tiene la 
figura de castaña, y sirve para echar en 
ella algún licor m. Esta, que es la 2." 
acep. de castaña, es la que da el Dice, 
á damajuana. Entie nosotros no tiene 
ésta la figura de castaña, sino de botella 
grande ó botellón, y toda ((vestida ó 
ceñida de una red, comolas que solemos 
sobreponer en los vasos de barro ó vi- 
drio, pai'a que se defiendan de los en- 
cuentros ». (Sigücnza , I 'iila de S. Jcrón., 
l.I). 

Damero, ra. Digas..' tallero: ((tabla 
cuadrada con sesenta y cuatro cuadri- 
tos de dos colores alternados, para jugar 
al ajedrez ó á las damas...» Así lo de- 
fine el Dice, en su propio lugar y lo 
llama también en A.riíDiiKZ y en Da.ua. 

Dax, II. pr. m. Xo ser ano de la tribu 
de Dan sino de la de Isacar, es fr, fig. 
y fam. que ufamos en el significado de: 
no ei-tar uno para dar, sino para (jue le 
den ó pai'a sacar dinero de otro. Úsala 
Tirsode Síolinaen l'R Melancólico {\\{, 

KooiiUIo. r:í;ast,i? 

PKKTI:nI)IL.NTE. H^lle ilai'ücil s:u-ii 

VA alma. 



DAN 



DAN 



(i/ 



ROGEKIO. Pues bi?n se enipla 

Que el <W Iribú de Dini ícii. 
Cuau.ío cll.i csdd ilc /sacar 

En esü tiempo //77'!< so i;sila como m. 
I>;t f I-. lio carece do gi'acia y merece ad- 
mitirse, pero sin atavia al v. ser, pava 
que Vecilia todas las variaciones que 
puede darle el buen liuiiiov. 

DAxAK, ii. pv. f. Así d'olie acentuarse, 
pov más <jne el Dice, lo haya Lecho 
graveen l'niisKO. Rsperamos (]uecn la 
próxima edición covregirá ese acento y 
agregará la voz Danaidks, t-an usada 
en ^Fitología y en Literatura, como 
fcimhión la loe. fig. tonel (k If/s Ddiitn- 
iks: lugar ó recipiente que nunca se 
lleni; por alusión al tonel roto que las 
Danaides estaban condenadas á Henar 
en rl ihfievno mitológico. 

Dandismo, m. Reunión de dan- 
dis ó dandíes; aíición ú imitarlos, 
«¡íu el c-p cíáculo dü !a Upera se con- 
centra el hervidero del dandismo 
parisiense, acjuelios pugihi tos de elegan- 
cia y vanidad, cuyo dramático fondo 
posee en Balzacsu concienzudo histo- 
riadoi'». (Pardo-F.azán, J.a LUeralura 
mncknia en Fratuia). 

Dandy, m. Voz qu3 en ingles se 
pronuncia dmndi. que los españoles pro- 
imiieian (kiiuli y nosotros (lamU, y sig- 
nifica /vtosftr, niiruíaco, lec'ni¡iuiiio, 
])a<¡uele, caballerele, pisaverde. Jincho* 
más expresivos son estos vocablos cas- 
tellanos que e! deslavado anglicismo 
c.didenado nominalmente por la Gra- 
n)ática de la Academia y por todos los 
hablistas. Donjuán Válela en un escri- 
to ligero usó el pl. dandíes, y el Mar- 
ipiés de Molíus en un romance jocoso 
dandis. 

1>A.VF.S, SA, y DlXAMAllQUÉS, SA, 

adjs. Natural de Dinamarca. Usanset.c. 
susfantivoF, aplicados apersona. || L'er- 
tcnecientc á este reino do Europa. - 
Dáxico, ca, sólo tiene esta última acep. 



Dan I'K, n. pr. ui. ^;En (pié pecaría el 
altísimo poeta, creador de La iJivina 
Cuinedld, para que casi todos le echen 
á cuestas el artículo el, nombrándolo el 
Dante? Aunque algunos descuidados 
así lo hayan hecho, incluso el mismo 
Dice. (ait. Daxtrsco), no debemos 
imitarlos, y tengamos pv(!sentc la regla 
de la (iramática de la Academia: «So- 
lemos anteponer el artículo á los a|ie- 
llidosde los escritores y artistas italianos 
antiguos, como /T/ Ariosto, El Tkiuno, 
siguiendo la costumbre de aquellos na- 
turales, que la aiilican asimismo á los 
modernos y aun á los contemporáneos, 
en lo cual nosotros no los seguimos, 
puesto que nadie dice ni escribo El 
Alficri, El Monll ni El Manzoni». 
Y en nota agrega: «Suele decirse con 
imp:opiedad El Dante, anteponiendo 
el artículo á un nombre de bautismo, 
cuando los italianos sólo le apliciin al 
apolli lo, diciendo El Aliyhieri». Ojalá 
to;!()s aprendan esta buena lección. 

Dañinear, n. Hacer daño ó jjer- 
juicio los aniiiiales d<jmésticos en los 
sembrados ó provisiones, más por vicio 
que por necesidad. Esde uso en algunas 
provincias del Sur y está formado del 
adj. dañino, na. 

Daño, ni. Enfermedad misteriosa y 
desconocida para el vulgo supersticioso, 
que la cree causada por arte de hechi- 
cería ó biujería. Es voz muy usada en 
(jliile,aiinqu;; piobableuientc habrá ve- 
nido do líspaña, á juzgar por su forma 
misma y por lo que leemos en la Coler- 
rión de voces usadas ea la Litera, de 
CoU y .litabas: «Estar dañado ¡wr 
dentro. Se aplica esta frase para denotar 
que una persona ó un animal padece 
una enfermedad larga y desconocida, 
<|uc iiniquila poco á poco la naturaleza 
do quien la sufre»). Bien cabe esta acep. 
paiticnlar dentro del significado ge- 
nera! de daíio, y asi se la da el Dice, en 



G8 



DAR 



DAR 



histlulinicioiics ilc lliícuiz.ui y JFalk- 
KICIAII; pero mejor será rccoiiücérsela 
en su propio luiínr, ú remitir ;l las dos 
])riiiier.is accps. do Malufjcio, que es 
el sinónimo para este caso. — Hacer 
(I nio ;i uno, es, en esLo sentido y según 
el Diee., dar alijo, mnhfwiar, hachizar 
ó dar hcvhizoH en comida ó bebida. 

Y).\u. llaomitidoel Dice, las siguien- 
tes aeeps.: 1." n. Llegar, tocar. «Van 
la í eari'etas, rkmdolns el agua á las ma- 
zas». «Va ahijando la hierba con tal 
fuerza y pujanza..., que rompe un ca- 
ballo con dificultad por ella, dándole en 
algunas partes á las cinchas». «Hay 
media legua de la ciudad una laguna 
(inc dii el agua á la cintura». (Ovalle, 
Hislór. Relación, 1. 1, ca¡ix. 1,11 ij IV ). 

Y una rain<i hermosa 
De j.i:'.niine¡5 nevada 
A dftr sobre sus liomliros dcsccnfli'a. 
(V¿diiucna. frigio de vio, n/l. !). 

Como esta aeop. es comunísima, no 
agregaremos citas de otros autores. La 
(pie más se acerca á ella, entre las del 
Dice, es esta: « Estar situada una cosa, 
mirar, hacia esta ó la otra parte. La 
puerta da á la calle; La ventana da al 
norte». Como so ve, es algo distinta. — 
2.'- Caer, dar golpe, apuntar, encon- 
trarse. «Llegó otra almendra, y diólc en 
la mano». (Quijote, t. 1, c. XVIII). 
«No querrá el Señor subirle [a(piol edi- 
iicio] muy alto, por(]Uo no dé todo en 
el suelo». (Sla. Teresa, Mloradas, 7 ). 
«Fuiste hu3'endo da un inconveniente 
y di¡<le d(! cabeza en uiuclios. (Alemán, 
Giizinan, II, 3). 

Y. haciendo al nuin(h) de sn fe testigo, 
Sin vida iVió i\ los pies del muerto amigo. 

(Valbucna, Berimnlo, c. 17//). 

El Dice. olvid() esta, aci.'p. y .sólo la ad- 
mitió como ííg.: «Caer, incurrir. Dar 
en un error».— 3. ^ a. Citar, señalar, 
mostrar. «Dame alo-tuí santo azotado 



en la manera que tú agora lo eres». (Fr. 
Luis de \.w\\,Job, I'/ «Y sólo de lli- 
ponasc ./'.■f/rty?, cuando yo esto escribía, 
setenta milagros por escrito, y muchos 
no se escribieron». (Granada, ¡nimbólo 
de la fe, p. II, c. XXIX, § V). Acep. 
muy usada y do todo gusto en latín. Da 
miJii Mneonidem, Da miki Plucdram., 
Da mihi Pcm¡ihaen, dice Ovidio; Da 
mihi amantem, dice San Agustín, en el 
mismísimo sentido del Maestro León. 
Por la siguiente cita se ve mejor cóíno 
esta acep. se ha derivado de la funda- 
mental que tiene el verbo: k Denme us- 
tedes un aire puro, y yo lesífart una san- 
gre rica; denme una sangre rica, y yo les 
daré humores bien equilibrados; denme 
los humores bien equilibrados, y yo les 
daré una salud de bronce; denme, íinal- 
mcutp, una salud de brouce,y yo les da- 
ré d esjMritu honrado, los pensamientos 
nobles y las costumbres ejempki-es». 
(Pereda, Al primer vuelo, L I, n." I). 
Esta misma acep. en la forma euasirre- 
fleja ó pasiva, equivale á presen larse, 
//.aliarse, e.ristir, y de ahí el signi líeado de 
«posible», que tiene el adj. dable. «Pue- 
den también darse versos que tengan 
las cuatro y aun las cinco largas». 
(Rengifo, Arle poéiica, IX). "No pa- 
rece creíble que se diese concurso del 
demonio en los medios cou que se con- 
seguía la salud de los españoles». (Solís, 
Conquista de Mij. V, 23). «Hijos y 
padres, ¡ladres é hijos, son cosas corre- 
lativas que no se dan la una sin la otra. - 
(Ccjador, E.rtrccvaf/ancias del leniju ■? 
je). También es acejí. usadísima en la- 
tín y hasta en el lenguaje fam. caste- 
llano: «¿Puede darse una cosa más 
sabida.''» — 4." La acep. que el Dice, 
define como neutra «junto con algunos 
nombres y verbos, regidos de la prep. 
en, empeñarse en ejecutar una cosa. 
Dio en esta lema, locura, manía*, debió 
explicaise más, diciendo que también 



DAR 



DAR 



piiwle vai'iai'sc el régiiucn. Asi Sta. Te- 
resa (carta 75) dice: cHiih- ihulo (|ue 
estoy lisiada por ella y por mi hermano, 
y no liay sacárselo de la calx'za». Otras 

veces es darle á uno por una co- 
sa: Cuando le da por llorar, no 
acaba imiifi; Le dio por la poesía, 
Le da por ahí. Giro es éste que de- 
be a)nJci)ai>c como galicismo, ponjiie 
el complemento regido de por y que 
no depende del v. sino de un s. tácito 
(tminiti, afición, locura, tema), no es 
castellano en este sentido. Véase PuR. 
— 5.-' r. Importar. Esta acep. está ente- 
ramente om itida y sólo aparece como fr.: 
Dársele á uno algo, mucho, poco, etc., de 
una cosa. Esto habría convenido expli- 
carlo un poco nuis, porque muchas ve- 
ces el s. va en pl. y algunos vacilan en 
cuanto al número del v., (pie en este 
caso es evidentemente ini]iersonal. 
Véanse, si nó,algunos ejemplos: «Xo su 
me daba fres ¡titos que Viajase el turco». 
(Estcbanillo, V). «No .se me da de vos- 
otros dos caracoles^. aNo se me da dos 
blancasi>.(yé\e7. de Guevara, El Diablo 
cojuelo, pról. ij Ir. VII). «Xo se te da 
ii ella por cuantos calialleros andantes 
hay des mararedisy). (Quijote, p. I, 
r. XXIII). Dos maracedis es adver- 
bial libre, dice Ceja lor. Evidentemen- 
te, no tiene otra explicación este com- 
plemento de precio ó cantidad, sino la 
de complemento ó loe. adverbial, lo 
mismo que con los verbos costar, valer, 
importar, comprar, vender, etc. Por eso, 
hacerlo sujeto y concertar con él el 
verbo, como pretenden algunos, seria 
desconocer enteramente el sentido de 
la f r. — Otra cosa es, y entonces sí que 
es sujeto, cuando dar se usa como n. y 
signilica venir ó sobrevenir: Me dan 
ganas de llorar; Jle dieron deseos de 
reír; Le dieron unas calenturas pesti- 
lentes (Cervan tes). Xo puede pues decir- 
se: Me da ganas, me da deseos, 



como lo han dicho los agabaehados (]ue 

escriben tíimbién: Se vende caba- 
llos. Se afina planos.— ¡Buen 

dar! exclamación que usamos por algo 
que nos cansa admiración, pena ó des- 
engaño. Parece tomada de los juegos 
de naipes, en los cuales es tan impor- 
tante el dar bien ó mal las cartas. — 
Dar ij cavar, ó dando y cavando, es fr. 
lig. que bien merece figurar en el Dice. : 
pensando y repensando una misma co- 
sa ó asunto. Cavar por sí solo, como n. 
y fig., significa: «pensar con intención 
ó pi'ofundamente en alguna cosa» ; j^ero 
es mucho más expresivo precedido de 
dar, como quien da golpes y golpes y 
signe cavando y ahondando en lo mis- 
mo. «Y habiendo dado // tomado sobre 
la materia», dice el P. üv;dle (1. Vil, 
c. l.\!). — Dar oídos (nó oído) es: dar 
crédito á lo que se dice, ó á lo menos 
e.'-cnchavlo con gusto y aprecio. — Dár- 
selas de ó darlas de, es dacl<i ,k ó 
ecJiarla de. Véase Botar, 4." acep. — 
Dársela á uno, significa en castellano 
« Pegár.íela» ó «chasquearle», «burlarsii 
buena fe ó confianza», y nó lo (pie en 
Chile cuando decimos en tono irónico: 
^4 cualquiera se la do//, esto es: póngase 
cualquiera en mi lugar. — Darse uno á 
preso. Fr. muy usada en Chile é 
inaceptid)le en castellano, porque el v. 
dar repugna ese régimen de d con un 
adj. El buen español se da á Dios, á 
la virtud, á la contemplación, al estu- 
dio; da ó no da el brazo á torcer; se cía 
(i leer historias, á combatir á los ene- 
miíjos; en algunos casos se rinde ó se 
da al vencedor, se da á partido, y ann 
se da á prisión, se da por prisionero, ó 
se da preso, como dijo Tireo (El con- 
denado por desconfiado, II, 7.-^) 

Pues tlütc prt.^0, 
Y yo te librare. 

Pero, darse á /^reso... jamás, mientras 
h->ya 'ustinto lingüístico. Con adjs. 



DAR 



DAU 



(ine li lojii ilij preclicalo, pida de ordi- 
nario ul V. llar la prep. por y nó á: d tr 
por coiKluula ó por hecha nua cosa; dar 
(i mío por quito; darse uno por enlen- 
dido, por mentido ij af/rariado, por sa- 
lisfecho, )ior vencido. Sólo en la fr. 
Darse uno á bufiias (cesar en la opo- 
sición ó resistencia que se hacía á una 
c<jsa) lo vemos con á; pero eso se ex- 
jiüca porque buenas está sustantivado, 
en vez de Míenos razones; lo que no 
podría aplicarse -Apreso. Eu los clásicos 
es comunísima la fr. darse á prisión, 
date por mi prisionero; j aun dicen: 
Sed presos, venid presos, estad 2>resos; 
pero jamás (ni esperamos verlo) el 
btirliarismo Date Apreso. — El mismo 
inconveniente que esta fr. tiene esta 
otra, también chilena y mny usada: 
Darse ano á santo: darse por contento 
ó satisfecho con algo solamente de to- 
do lo que so deseaba, y no pretender 
más. « J/e doy á santo con que rae ha- 
yan exigido el capital y nó los intere- 
ses». « Date á santo por haber escapado 
de la fiebre». Parece que el sentido 
completo fué al priucipio éste: Me doij 
(i ser santo, ó me doij á la santiJad por 
halxir conseguido tal cosa. — En cuanto 
á la conjugación, son comunes en el 
pueblo, y hasta suelen deslizai-se entre 
la gente educada, las formas delen, 
demen, desen, ptn- denle, denme, 
dense; metátesis bien explicable por lo 
dura de pronunciar que es la }i antes de 
los sufijos le, me, se; por eso la lengua, 
notando que la ha omitido, la pone al 
fin de la palabra. Asi el estudiantón dal 
cuento restituyó en fratres, diciendo 
frantres, la n que se había comido 
leyendo Gorithios. MenéndezPidal, 
en su Manual de Gram. Hisf. Espa- 
ñola, n." 94. dice que «en el habla vul- 
gar de Castilla, Aragón y América se 
le añade [al reflexivo se'] la n, signo de 
pl. del V.: al marcharsen ellos. 



siéntensen ustedes, váyasen». 

Dauwimaxo, xa, adj. Pertenecien- 
te á Darwin y su sistema. Debe acep- 
tarse en el Dice. 

Darwin!smo, m. Hace falta en el 
Dice, que ni siquiera ha incluido el 
transformismo, en el cual, como esiwcie 
en su género, pudiera incluí i-se el dar- 
vinismo. 

Darwixi.sta, adj. com. Partidario 
del darwin ismo; perteneciente al mis- 
mo sistema: teoría dara:inista. 1'am- 
bién debo admitirse. 

Datero, m. En carreras de caba- 
llos y juegos con ellas relacionados, 
persona que se dice poseedora de dtifos 
acerca de los caballos que van á correr, 
como la edad, el origen, la alimenta- 
ción, las cualidades y defectí)S de cada 
uno, etc., y los suministra á los apo. - 
tadores ó jugadores. 

Dativo, v^a, adj. ITsjiio nuestro Có- 
digo Civil en sus arts. ;J7l)-2, prtcc- 
did )S del título: Déla tutela ó curaduría 
dniira; después habla del tutor ó cu- 
rador dativo, que es el dado iVnomlírado 
interinamente por el juez "cuando se 
retarda psr cnalquier amsa'el discerni- 
miento de una tutela ó de una curaduría, 
ó durante ella sobreviene un embaraíO 
(¡ne por algún tiempo impida a! tuti.-r 
ócurjídorseguirejcrciendola". El Ditc. 
a hnite solamente la expr. tutor dativo: 
"el nombrado por autoridad competen- 
te, á falti^ del testamentario y del legí- 
timo", y tutela didiva: '"la ejercida por 
e! tutor dativo". Convendría hacer 
más general este adj. apliciindolo tani- 
biéii á curador y curaduría ó cúratela. 

Daudá, f. Algunos lo derivan del 
avaacano daldat. «Pl:uiía anual, de 
treinta ó sesenta centímetros de alto, 
enteramente lampiña, c-jn hojas opues- 
tas, lanceoladas, trin.ervias; cabezuelas 
reunidas en pequeños c-orimbos com- 
pactos, de tres á cinco florecillas tuba- 



DE 



DE 



losa.', amarillas; involucro de tres á 
cuatro hojuelas. Bastante coraiin en 
Chile, sirve principal mente para teñir 
do amarillo. Hn ]\Iodicina se ¡a usa 
como un ligero estimulante eu los ca- 
sos de digestiones perezosas, y como 
emenagoga». A.«í la describe Philippi. 
Se parece ¡i la española ronlralüerha 
y al eupatorio. Algunos pronuncian 
deuda, forma que no debe admitirse, 
sino la ütra, que es más general y más 
próxima á la etimología. 

De, prep.— 1 .° "En nuestros clásicos 
se halla con frecuencia la prep. de tras 
de verbos que no requieren ninguna, 
como cuando leemos: Ahorraréis del 
Iraliajo, Concertó de esconderse. Deter- 
minó de irse. Resolvió de huscarto. 
Hacia de señas. Jará de arrawarla 
la tenijmi, Procura de ¡<er bueno, Pro- 
metió de visitarle. Propuso de hablar- 
te, etc., ó bien después de verbos que 
al presente piden otras preiiosicioiies, 
asi. Comenzar de herir, por Comenzar 
á herir; Ofrecerse de proser/nir, por 
Ofrecerse áproseffuir; Quedó de hacerlo 
asi, por Quedó en hacerlo asi, etc.; jiero 
ninguna de estas locuciones es digna 
de imitación". (Salva). Esta es la doc- 
trina corriente de todos los gramáticos 
modernos y el uso de todos los buenos 
escritores: jior eso no nos explicamos 
c(hiio hay profesores de castellano qne 
se empeñan en rcsucitai' este de, muerto 
ya hace siglos. Es cierto que todavía 
]ierdura en el habla del pueblo (Le dije 
de que no. Le contesté de que si); poro 
éste no es autoridad en materia de len- 
guaje, y mucho menos en la sintaxis. 
Véase Apesar, donde se trata de 
otras omisiones de la prep. de. — 2." Los 
coineiriantcs, gente que atiende m;is á 
su negocio qne al buen lenguaje, in- 
cnrreu cu el defecto de suprimir la prep. 
dfi, escribiendo con toda frescura: pa- 
ñuelos seda, sombreros paja, 



gruesas plumas, frascos tin- 
ta, resmas papel, par vina- 
jeras, docena camisas. Mejor 

sería renunciar á todos los artículos, 
jH'eposiciones, conjunciones, relativos, 
partículas, pronombres, y quedarntis 
con ol lenguaje conciso del telégrafo. 
Puedo tolerarse que así se escrilia, por 
abreviar, cu las facturas, listas y cartas 
que se euvíau ellos unos á otros, como 
lenguaje propio del gremio, poro nó en 
sus relaciones con los demás mortales, 
que tenemos derecho á exigir el len- 
guaje corriente, íntegro y completo. 
Rivodó, que fué comerciante, se mos- 
tió demasiado coniplacionto con los 
suyos al disculparles este defecto. — 
3." "Otra novedad, venida sin duda del 
francés, es la que consiste eu omitir la 
prep. cuando so trata de objetos qne se 
designan con el nombre de una jjerso- 
na cuyo recuerdo se quiere perpetuar. 
Si toda la vida hemos dicho Plaza de 
Bolivar, Calle de Cerrantes, Jfos/iitat 
de S. Juan de Dios, Academia de S. 
Fernando, ¿con qué derecho nos salen 
ahora con Instituto Murillo, 
TeaT.ro Romea? Puraque semejan- 
tes yuxtaposiciones fuesen admisibles, 
se uecositaría (|ue Murilto, Romea 
fueran ya por sí solos los nombres de 
los objetos, como cuando decimos el 
rio Tajo, la reina l^ictoria". (Cuervo). 
Alegan los sostenedores de este moder- 
no defecto, qne ol instiluln no es do 
Murillo ni el teatro es de Iloinea, para 
que se use"; la prep. de, sino que \a 
subentendido el participio Ihanadu li 
otro ¡larecido; de suerte qne Institu- 
to Murillo equivale á Instituto lla- 
madu .Uarillo.Conol mismo argumento 
podemos contestar nosotros, diciendo 
que va subentendida la fr. r¡ue llera el 
nombre de ó el coniplemento del nom- 
bre de, porque de eu este caso, como en 
muchísimos otros de la Icnsua, nosig- 



72 



DE 



DE 



iiifica posesión. Cuando se dice el mc>i 
de Enero, la ciudií.l do Madrid, la villa 
de, el pueblo de, la ¡ddca de, la provin- 
cia de, el reino de, la república de, el 
estrecli.ri de, el cabo de, la hora de serla, 
el /urrltiile \'al/iaraixo, etc., etc., nadie 
entiende que el complemento con de 
signifí([ue posesión, sino simplemente 
el títnlo ó nombre particular que dis- 
tingue al primer nombre. Es cierto que 
con algunos nombres omite el caste- 
llano la prep., como sucede con rio, 
mnnle, viento; pero éstos son bien limi- 
tados: lo general es que en estos casos 
no se use la yuxtaposición .sino el ré- 
gimen con de. Véanse Café y Año. 
Con la palabra íiowóíT usó Pedro Simón 
Abril arabos modos: '■'Este nombre fdo- 
sofia no es nombre de alguna ciencia 
particular... Este nombre Jilono/ia es 
más moderno...?]ste nombre de .^aln- 
daria duró entre las gentes hasta el 
tiempode Pitágoras. . Lo cual significa 
este nombre filoi<nfia'\ ( Filo.sofia racio- 
nal, 1. 1, c. IV). Así también Cicerón 
dijo: "Usurpas «omí"» v¡rUix\ usurpas 
el nombre ó la palabra rirlnd. — 4." En- 
seña la Gram. de la Academia que, 
"antepuesta la preji. de á los apellidos 
que son nombivs de pueblos ó locali- 
dades, solía denotar origen, proceden- 
cia, dominio, etc.; pero no arguye 
m.Mc7.\\: Anloniodt; Lebrija-, fray Diego 
de Alcalá; D. Alonso de Af/uilar, etc. 
No cabe anteponerla á los patroními- 
cos, yes grosero error escribir Falano 
de Martínez, .Uenf/aim de Fer- 
nández, Xaiaiiii de Sánchez, 
ctc". Sin embargo, cuando se sabe ya 
el nombre de una per.sonay se pregunta 
porsu apellido, es indispensable usar de, 
auiHjue aquél no ln tenga. 



AXARDA. Tu nombre... 

HEUN'AXDO. IlcmaU'!" fs lili iioinljic. 

AXARDA. ;llv t¡i{, f 



Hni'.XAXDO. Hern.-vnili), ceiTÜmente; 

Que no le sirve al sirviente 
Miíí que el nnralire el sobrenom- 
[brej. 

(Ruizde Alarcón. Lo¡<fiir'>rfx livl miiiiJu. /. 5.™) 

— i')." I'jU el Vocídiulario de Gonzalo 
Correas leemos esta preciosa doctrina, 
no tratada por ningún gramático, que 
sepamo.s: "Hombres hay de hombres; 
maestros de maestros; reyes de reyes; 
libros de libros: frase es, ésta de las más 
peregrinas que tiene la lengua caste- 
llana, y así la repito y pongo ejemplos, 
porque se dice eu todas las cosas y .'c 
pudiera poner do todas; y quiere decir 
cosa muy diferente de lo que suena con 
estas dos frases hay de, cogidas en me- 
dio de un mismo nombre repetido, y 
es, que una cosa es diferente de otra y 
más aventajada del mismo género: co- 
mo hombres hay de hombres, (|uiere 
decir que unos hombres sou más aven- 
tajados, y en esto diferentes de otros 
hombres, y así en las demás cosas. 
También significa multitud: había gen- 
te de gente". — 0.° Tampoco tratan los 
gramáticos del hebraísmo que se come- 
te con la prep. í/^cuando se dice Canlar 
d" los canlrres, Cielo de los cielos, ¡Sanio 
lie los sanios, Iley de los reyes y íiehor 
de los st/i'ires, etc. Así un predicador 
chileno llamó á Cristo Jlárlir divino de 
los mártires. Es modismo hebreo ex- 
presar el gi'ado superlativo de un nom- 
bre repitiendo el mismo nombre en 
genitivo de plural. — 7." Es digno de 
estudio el uso de esta prep. con algunos 
verljos (jue no la ¡liden por sí mismos 
sino que va ella acompañando á predi- 
cados que designan cargo.?, oficios ó 
empleos: //■ de embajador; Venyn de 
e.rplorador; Me hallé de alférez; Jfnrió 
de cardenal. Véanse Entrar, Quedar 
y Salir. Aquí decimos malamente 
Estar de ocioso: ese de está de más, 
está ocioso. Probablemente se intro- 



DE 



DEB 



dujo por coiitamiiiaci^iii con el uso 
aiiterioi', :inn(|ue el et^ltir ocioso no es 
n¡ii<;úii ciirgo, oticio ni empleo, sino lo 
contrario de ellos. Pudo Uinibién iníliür 
en el abuso la fr. E'xf'.ir í/p balde, (pie 
significa louiismo. — 8. "De ser cier- 
to /" qii^' dices, es segura ln ¡lérdidit. 
He a(pü un error cpie se va introdu- 
ciendo liasta en los buenos escritores, 
y el cual conviene distinguir muy bien, 
porque en algunos casos está perfecta- 
mente dicho. Cuando significa condi- 
ción, como en el ejemplo propuesto, 
debe emplearse íj con infinitivo: .4 ser 
rierlo. Pero, cuando envuelve conse- 
cuencia, derivación ó efecto, debe usar- 
se de: De haher vislu él la casa, le 
nacieron deseos de conijirarla. «.V veces 
la trabazón entre las dos partes de la 
cláusula no se advierte qué prop. pida 
(dice el P. Juan Mir); pero, cuando es 
caso de suposición negativa que debiera 
cumplirse, entonces lia de ir el inlini- 
tivo con de y nó con á. Y. gr. : De no 
liacerlo asi, procederá ronlra él; De no 
quererte enmendar, mando seas pr irado 
de mi herencia; De no rendiros, i/o os 
¡uro me ¡a pa/jaréis. En estos ejemplos 
se notará (pie la apódosis contiene 
amenaza, jura :ne!ito,privación,quesou 
como resultas do la prótasis; por eso, á 
título de consecuencias, derivaciones y 
efectos, requieren el infinitivo con de y 
nó con á." Y después agrega que, par<i 
distinguir el uso de ambas prep., «la 
señal m:is común es ésta: cuando la 
primera oración se puede resolver por 
condicional con si, el uso pide á con 
infiíiiliro; en caso contrario, ])ide (/«». 
— !)." L'n medio de, e;i Ionio de, dentro 
de, encima de, debajo de, delante de, 
suelen en poesía perder la prep. de; pero 
algunos poetas, por lo menos en los tres 
primeros, la convierten en á: en medio 
i't, in lomo li, deniro á; lo niisir.o qui' 
sueeile c.in los sustantivos atención, oh- 
Dice. deChil.. t. II. 



sequío y consideración, que en prosa se 
construyen con á y con de. — 10." De 
que. El Dice, lo escribe como una sola 
voz (deque) y lo califica de adv. fam. 
de tiempo: «después que. luego que». 
Mucho se usó entre los clásicos y to- 
davía se usa en el lenguaje fam., por 
lii ruul el Dice, r.o lo ha declarado ant. 

De que un rato, un momento. 

Este sí ipie es dislate sin e.\plicaci()n 
ni defensa posible: es la amalgama ó 
atropello de todas estas voces: de aquí 
(i un rato, á un mome/ilo. — 11." No se 
confunda el adv. de que con des que, 
que también el Dice, escribe en una 
sola voz (desque): «desde que, luego 
que, así que». Este es contracción de 
desíle que y está hoy ant. en prosa. Ya 
en su tiempo escribía Juan de Valdés 
en su famoso Didloyo de la leni/ua: 
« Algunos escriben desc/tíe por cuando, 
dic'iendo: desque vais,]}or:cuand<i rais; 
pero es mal hablar». En castellano lo 
confundieron algunos con deiide, ant. 
y escribieron donde que, vicio i|ue 
todavía snele oírse en nuestro pueiilo. 
JJes que se usa hasta ahora en poesía, 
y así lo reconoce también el Dice. 

Deba] ero, m. Piel adobaday arre- 
glada de manera especial, que se pone 
para blandura debajo de la enjalma de 
la caballería. Puede ponerse una sola ó 
varias. En el Ecuador llaman deba- 
jero al refajo. ¡Cuánto se admiraran 
de ello las chilenas! Véase Carola. 

Debatirse, r. Leímos en un diario 
de Jléjico: «Inútilmente se debate 
la ciencia económica materialista por 
inventar sisteiuas y crear soluciones». 
En francés se debatiré significa: for- 
cejir, bi-egar, sacudirse, agitarse, me- 
nearse, hacer fuerza; pero en castellano 
sólo existe el a. debatir: «altercar, con- 
tender, di.scntir, dispntar sobre una 
cosa. II (Combatir, guerrear con las ar- 
mas sibrr niia (msh.. Hay ]iues diis 

10 



74 



DEB 



DEB 



errores en la proposición copiada: ha- 
cer reflexivo á debatir, cuando en cas- 
tellano sólo es activo y pasivo; y darle 
un significado (|uc jamás ha tenido en 
luiestia lengua. 

Debelar, a. Gacetilleros que no 
conocen ni de saludo á nuestra lengua 
madre, la del Lacio, confunden este 
V. con el francés (Ifvoiler. ¡l)ius los 
perdone! Debelar procede de heltum 
(guerra) y significa: rendir á fuerza de 
armas al enemigo. Véase Develar. 

Deber, m. SS. educadores franceses 
y afrancesados, jamás el s. deber ha 
significado ejercicio literario, coni/io.'ii- 
ciúii escrita, tema, ni nada semejante. 
Guardad pues para vuestro idioma el 
galicismo deroir y no lo endoséis al 
nuestro. — pl. «También es verdad que 
el s. deber no se usó en pl. entre los 
clásicos, ni hay memoria de ello. TjOS 
galiparlistas, ó por aturdimiento ó por 
mala información introdujeron el pl. 
deberes amoldámloleal deroirs fran- 
cés, como sí nos faltasen términos ade- 
cuados al concepto de obliíjacioiieít... 
¿Qué falta hace á la lengua la voz de- 
beres? ¿No sale airosa con abliíjacio- 
neK, carijas, lei/es, deudas, riiirulos, 
contratos, correspondencias, ataduras, 
según el caso lo pida, sin nombrar otros 
vocablos que en singular llevan mejor 
el sentido que la voz deber.' No tiene 
la lengua necesidad, pero la tenía la 
galiparla, nacida para enmarañar el ro- 
mance y desterrar las voces castizas. 
Veamos cómo. A la palabra deberes 
se levantan los testimonios falsos que 
constan de estas locuciones: "Le hici- 
mos los últimos deberes; Rendimos 
nuestros deberes al yober nadar. 
¿Quién dijera que deberes es una 
dicción alunada, que crece y mengua, 
tiene altos y l)a.j()s, llora y ríe, p()nese 
de luto y de jolgorioi' Sí, parque la 
•primeTdfv.dia:, Le hicimos tas e.cei/iiifis: 



la segunda. Le hicimos /¡estas. ..haego 
incorrectas son las dos frases antedi- 
chas, porque hacer deberes no es 

híu-er honras ni e.cequias, wi fiestas ni 
camplimientos. Quien quita al vocablo 
deberé] concepto Acubliíjación, adultera 
la propiedad de su significado. ..Ade- 
más, decimos en castellano: Tiene 
maclMSohtiíjaciones ciue mantener, para 
significar los miembros de la familia 
que pesan sobre alguno encargado de 
proveer á su sustento. Esas obl ¡nacio- 
nes no se ajustan á deberes, porque 
ni aun en francés valen éstos por aqué- 
llas. Tampoco deberes corresponde á 
oblii/aciones cuando éstas se aplican á 
escrituras hechas ante escribano en fa- 
vor de otro. Conque, si deberes no 
llenan el oficio de obligaciones, si éstas 
hinchen cunipüdísimamente el empleo 

de deberes, si el pl. deberes no 
hace su deber con entera satisfacción, 
¿para <|ué le queremos en la lengua 
esp:iriola? En mal hora le trasladaron los 
galicistas del Dice, francés". (P. .Juan 
Mir). — '^Hacer uno su deber: cumplir 
con su obligación; desempeñar el oficio 
ó ministerio de que está encargailo)i. 
Así admitió y definió esta discutida fr. 
el último Dice. Injustamente han mal- 
tratado á Baralt los que han dicho (]ue 
la tachaba él de galicana, cuando pre- 
cisamente dijo io contrario. lie aquí 
sus -palabras: Deber «sólo significa 
oblif/ación, y nunca se ha usado en ab- 
soluto más que en la ex[ir. Hacer su 
delier, esto es, cumplir alguno con su 
obligaciíMi, desempeñar el oficio ó mi- 
nisterio de que está hecho cargo". Cons- 
te pues que /lacer uno su del/eró el deber 
es fr. de las más castizas, usada por 
Cervantes, Fray Luisde León y muchos 
otros clásicos. Mas no lo son y bien 
merecieron la censura de Hai'alt y di' la 
( i ram. de la Academia, estas otras : NoS 

hacemos un deber de, Se nos 



DEB 



DEB 



hace el deber de esto aque- 
llo, Me hago un deber en : digasf: 
Orcemos deber nuestro, Juzgamos que 
es ohllfidción nimslra, Consideramos 
oblifialorh. Nos incumbe, CAniphnns, 
Es nuestro deber i'i otilñ/nrión, etc. 

DicnKi!, V. Copiemos esta pro vcchosii 
lección: "Cinco maneras tieneel español 
lie representar nna acción fntnra, seiiún 
(pie envuelva o1)l¡gaeión ó ejccncióii de 
la cosa. Tener de, halmr de, deber, tener 
que, tener por. Así deciinos: 2'en'/o de 
ver, lie de rer, detio ver, tenijo que ver, 
tenijú par rer. Las dos primeras formas 
no inducen obligación, sino sólo eje- 
cución del efecto; pero la pi'imera de 
las dos significa esfuerzo y empeño, la 
segunda propósito de ejecutar la acción. 
.\1 contrario, la tercera y cuarta se 
aplican sólo cuando la obligación <) ne- 
cesidad apii'mia. T,a rpiinta correspon- 
de ;i las dos j)rinieras. Este es el uso 
español de lascinco formas diclias. Pero 
la galijiarla todo lo embarulla, porque 
la lengua francesa no posee las cuatro 
formas, sino solamente la tercera. De 
arte qaoje dois éfudier equivale á teiii/n 
de estu'iifir, he de estudiar, dctxi esluditir, 
teni/o que.cstutitir. ¿Qné hacen los ga- 
liparlistas.' Sin meterse en inquirir la 
índole de la expresión, allí dtnide tro- 
piezan con el V. devoir, traducen á la 
letra detier. De donde nacen incorrec- 
ciones sin cuento, tales como estas: 
Todos debemos morir; El sol debió salir 
hoij entre nubes; Mañana deberás em- 
pezar tarde tu trabajo; ¡Mies estar con- 
tento; Debes ir esta noche á la tertulia. 
Kn semejantes expresiones la lengua 
francesa impone forzosa necesidad, en 
que la española dispensa, pues no la 
requieren las dichas locuciones. En su 
lugar dirá correctamente el español: 
Todos liemos de morir; El sol liulio de 
salir hoij entre nubes; Miniana tendrás 
que empezar tarde tu trabajo; Has di' 



estar con ten lo; Teni/o de ir esta noche á 
la terluliir. (P.Juan Jlir).— Hay di- 
ferencia entre deber y deber de. "Se usa 
con la partícula de, dice el Dice, para 
denotai' (jue quizá ha sucedido, sucede 
ó sucederá nna cosa: Delie de hacer frió; 
Debieron de salir á pelear \ Deber solo 
implica obligación ó necesidad: l)ebo 
estudiar; El hombre dcbecumplir su pa- 
latrra. Conviene tener nuiy presente 
esta regla, dada también por la Gram. 
de la Academia y por todos los gi-a ma- 
tices modernos, para noconfundir estos 
dos usos del v., que son propiedad y 
riqueza de la lengua. En tiempo de los 
clásicos y por contaminación con ha- 
ber de, no se jiracticaba tan claramente 
esta diferencia y muchas veces se con- 
fuiulíiui los dos USOS; por eso algunos 
t(;daviii los confunden, y sobre todo 
los semicultos, que usan para los dos 
casos deber de, creyendo que es rusti- 
cidad ¡a omisión de la prep. — Tanto 
Baralt como el P. ]\Iir condenan el r. 
deberse, ])oniendo los sio-uientos ejem- 
plos: Se debe á su patria; J¡e debo li mi 
niisnu) pniteslar contra esa cahnriniu; 
Te deberás á ti la i/loria del triunfo. 
\ ntes de condenar este uso expliquen.se 
las siguientes cita,s clásicas: "Yo con- 
fieso que la compañía de Periandro no 
me ha de estorbar de ir al cielo, pero 
también siento que iré más pronto sin 
ella; sí, (jnc más me debo //o á mi (pie 
no á otro, y al interese del cielo y de 
gloria se han de po.sjwner los del pa- 
rentesco". (Cervantes, Persiles, 1. IV, 
c. X I). "Me hacen allí mayores papeles 
(|ue los representantes, sin reparar en 
lo que un hombre de bien se debe á si 
mismo cuando está en público", (f.ope 
de ^'ega, prid. á la parte Ifí de sus ( '0- 
meilias). "He aquí, Señor, que en un 
beneficio tuyo, no t^in solamente me de- 
bo todo á 7Vnna vez, más muchísimas 
mis me debo. Todo vo me delio á Ti. 



76 



DEB 



DEG 



ponjiie me lu diste todo; todo me ikbo, 
jionjue i-'jercitaste eu mí lu omnipo- 
tencia; todo me debo, porque no diste 
forzado ni de mala ííana; todo me debo, 
jiorqnesin deber nada me diste graciosa 
y espontáneamente; loáo me debo, por- 
que me diste amando; todo me debo, 
porque diste escogiéndome entre infi- 
nitos; todo me debo, porque me diste 
previniendo y viendo mi suma ingra- 
titud sobre la de todos los pecadores". 
(Nieremberg, Be la (/duración en espí- 
n'/ii 1/ rerdnd, ¡. I\', c. D. "Fiando de 
vos, (jue como caballero sabivis acudir 
:i lo que os debéis y á dai' muestras de 
quién sois". (Alonso do Castillo Solór- 
zano, Tardes enfretenilas, ñor. I). 
"¿Qué verdad más cierta se nos puede 
decir, (jue ser nosotros debidos á aquel 
que de no ser nos hizo (¡ue fuésemos? 
(S..ruan de la Cruz. Carta de Euquerio, 
en las obras de Fr. L. de Granada). 

D. Jl'AX. Estáis presu, 
MARVUiÍS. Xo lii i'stuy 

Pat-a lo qnc á mi me thho. 
(Tirso. L'i Vintjanzfí vit li ¡¡epulcm. //. .5.-^^ 

Expliqúense también estas dos citas 
latinas: Debemur morti nos msl raque 
(Horacio, Arle poética, 63). '■^Hoc. cru- 
delitati ferculum debehalar. quo insa- 
ciata epulis feritas vesceretur. (San 
Ambrosio, De rirqin., 1. III). 

Debido á, m. adv. Grosero gali- 
cismo con (|ue manchan sus escritos 
muchos principiantes. Debido á,sus 
esfuerzos, ha llegarlo á una posiciún 
eminente; Sesalró, debido ás?¿ v(dor; 
Se murió el enfermo, debido á qu.e 
nadie le ofredo un remedin. ¡Y éste es 
¡santo Dios! e! castellano que tenemos 
que ver escrito é impreso y escuchar 
con las orejas de ifidas! ,;Por qué se 
olvidan los hermosos y \'ariados giros 
que para esto tiene la lengua y se acu- 
ile á la pobreza del francés? Mejor 



Seria deeii' en todos estos casos mo- 
tivao á, como un personaje de l'e- 
reda; p >rque la simple pronunciación 
está aquí indicando qué clase de per- 
sona es la que habla, y nó como el 
debido á, que se oye hasta en los 
labios más unos. Sépase pues que este 
modismo es ijuramente francés y que 
en castellano se traduce por mediante, 
merced á, </racias i't, por causa ó por 
obra de, en virtud de, n fuerza de, por 
cuanto, pori¡ue, según los casos. Cierto 
es que el español tiene algunos giros 
iguales, gramaticalmente, á éste, como 
atento que ó á, dado que, supuesto rjue, 
dejado fjw, bien entendido que (véase 
Dejante);perot;nnbiénes cierto que 
cuando una lengua está formada no 
deben tocarse sus idiotismos ó modis- 
mos. — Snponeinosque á nadie loocurri- 
rá confundireste dtíbidoá, ipie liace 
las veces de adv., con el adj. debido, 
que tamliién se con^tru3'e con <i, pero 
que concuerda siempre con un s. "Al- 
gunos... se hallan ricos con mucha suma 
de ganados y esclavos..., sustentando 
sus casas con mucho lucimiento, debido 
ásucalidady nobleza". (Ovalle. Histór. 
Relación, I. \',c. XVIII). 

Debut, ni., y debutar, n. Estreno 
y estrenarse, decimos en castellano. 

Deca-Dexte, adj. Que practica el 
decadentismo. Ú. t. c. s. coni. Merece 
figurar en el Dice. 

Dec.\d¡;xti>;jio, ni. Sistema literario 
que cuida demasiado de la novedad de 
la forma, inventando voces y usando 
las da otros idiomas. El pensamiento 
suele ser de lo m;Ls polire y vacío, y la 
fornra un "tropel y orgía de jialabi'as" 
bárbaras ó archicultas. La voz merece 
admitirse. 

DECADicxrisrA. adj. y ú. t. c. s. com. 
Partidario del decadentismo. Puede ya 
figurar en el Dice. 

Dscág'ramo, m. Decngramo, lo 



DEC 



DEC 



misino (juu hihjfdiif.i ó ijuilnrjniMio y 
/í/y7'(///Y/w.í. L'iiserui la Acaclcniia. Véase 

Centigramo. 

Decalitro, m. jMrali/n>, hechUli-ú 
y kilnlilni ó qtdloJitín, según la Aca- 
demia, pon(neel simple Utrn viene del 

giicgo ■).;Tpa. Véase Centilitro. 

Deceder, n. Vulgarismo, üfidn-. 
A los semidoi'tos del pueblo Icspai'eee 
qne este v. ha perdido, por mala ])ro- 
luiiiciacióii, la silaba <k y se la agre- 
gan muy satisfechos. 

Dkckxalks, f. pl. Facultades cspi- 
i'iuiales extraordinariiis^ fijas que por 
el término de diez años concede la San- 
ta Sede á los Obispos de América. Hace 
falta en el Dice. También se llaman 
sólilas, nombre que tampoco registra el 
Dice, sino como adj. 

DiíCKXTK, adj. Com'.in es en Cliile 
ti'ahir de (¡ccenlc á la gente, familia ó 
persona de suposición () de buena posi- 
ción, como si todos los demás fueran 
Intleconlfx. Prácticamente, la diferencia 
consiste de ordinario en e! dinero: el 
que lo tiene, es de sangre limpia, es 
lionorable en su condncta (aunque ésta 
seaá veces bien indecente) y puede ya 
toserle á todo el mundo; el que no lo 
tiene, el pobre, el hombre de bien, 
auiKjue sea de conducta inmaculada y 
de sangre pura, no podr;i hombrearse 
con la gente decente. En el Dice, ha- 
llamos: nenfe de pelo ó de pelusa (la 
rica y acomodada), (/enle de capa ner/ra 
(la ciudadana y itecenle), ú diferencia 
de la ¡jentc de la capa parda ó de ¡¡aUa- 
ruza, que es la rústica, como los labra- 
dores ó aldeanos; t/ente de escalera aha- 
¡n (la de dase inferior en cualquier 
linea). Estudiando ahora el significado 
de decente, por todas las a?eps. que le 
reconoce el Dice., por el uso que aca- 
bamos de ver en (jente de la capa ¡larda 
y por la etimología misma de la voz 
(el v. latino decere, parecer bien, ser 



decoroso), se ve clai'o que lo dcrenfr es 
algo externo, algo (juc mira al traje y 
á los modales, y uó á la limpieza de 
linaje, pureza de costumbres, delica- 
deza de conducta. Sin embargo, en el 
Dice, de Cuervo, después de tjd;vs las 
aceps. propias de cosa, hallamos la 
siguiente: "Dícese de las personas que, 
anncpie no pertenezcan á las clases más 
elevadas, pueden por su oficio, porte y 
buena reput:ición, alternar dignamente 
con ellas": acep. (jue confirma con la 
autoridad de Sol is, .í(n'el!anos,]\[oratin, 
Jlesonero y La Fuente (1). Vicente). 
De donde se deduce que el Dice, aca- 
dém ico debe agregar otra acep. más ó ex - 
tender á persona alguna de las (pie trae. 

Decepción, f. Tansados estamos 
de oír y leer esta voz en el significado 
de df'senf/añd, cuando significa jireci.'^a- 
mcnte todo lo contrario, es decii', ea- 
(/año. Engáñaiisc pues de medio á 
medio, y esto por ignorancia de! per- 
seguido latín, los (jue hablan rt/rr«/«//í/rt 
y con tono de grandes sabios, de amar- 
gas y tristes decepciones. l/Aderep- 
cinii castellana es en latín dcccptiu, que 
;i, su vez es el s. verlial de decipere, en- 
gañar. Serpens dccepit mc: la serpiente 
me engañó, contestó E\'a, urgida por 
Dios. La partícula de nos ha engañado, 
contestarán también los escritoi'zuelos 
modernos, verdaderamente decep- 
cionados; creíamos que í/^C(juivalía 
aquí á íA'.v, como en tantas otras pala- 
Iiras. 

Decepcionar, a. y r. Si existiera, 
significaría en/jañar y nó desengañar, 
como quieren los ignorantes. Véanse el 

anterior y Anexionar. 

DhX'iDOií, iiA. "Que dice chistes con 
facilidad y gracia", adj. y s. — Ant., 
m., trovador, poeta. Esto es todo lo 
que enseña el Dice. acei'Cii de esta voz: 
por consiguiente, no es castellana 
cuando se usa como adj. por siíjnijka- 



78 



DEO 



DEC 



Hi'íi, r/nriiriiíc, i'.r/iresivo, diipio ilr iio- 
lurKO: el dhiiiit i) him dhrinl frailaos, 
y á voces el SUgrestivO moderno. 
Giiruitslaiuiíi niiiij decidora; ¡(Jui- 
(hilo Inn decidor! 

Decíg'ramo, m. Dcríi/niiiin. Yé-dna 

Centigramo. 

Decilitro, m. DecilUro. Véase 

Centilitro. 
Décimooctavo, va, adj. Déii- 

iiiar¡iiro ó (Icrimii orlicrv. 

Dkcih, a. fViA clásica la fórmula Jti> 
dicho, con que í-e terminan los discur- 
sos? Oigamos al Dice, de Autoridades: 
"Decir. Se toma por orar y predicar, 
y así cunumnientc suelen acabar sus 
panegíricos con la voz dije, esto es, oré, 
prediqíé". "Aquí romperán en gritos 
los giamáticos, dice el P. Mir, metién- 
dolo todo :i \-occs por salvar la propie- 
dad de los tiempos, porque usamos, 
ilicen. del pretérito compuesto cuando 
ann nos ijuedan vestigios recientes de 
la persona; por eso decimos: ]■ ulano lia 
iiiiiitIo Iioij; ;con cuánto mayor peso de 
ra/ón liabremos de emplear la fiirmula 
he dicho en el acto de poner íin al dis- 
curso.^ No reparan los gramáticos que 
ellos.se son los iuventoresde todo cnanto 
decretan, tal vez sin real fundamento. 
El orador que, teniendo á los oyentes 
colgados de su elocuentísima lengua, 
para encender más los espíritus, quiera 
hacer un resumen de su fervorosa ora- 
ción, comenzará por estas palabras: 
Scñore.í, he dicho que, etc., usando muy 
ojiortuno el pretérito compuesto, por- 
ipie todavía no ha cerrado laí fuentes 
cristalinas de su elocuencia; mas, el que 
puso termino á sn largo razonamiento, 
agotando los caudales de su fecunda 
vena, sin inclinar los bríos al tiempo 
de rematar el discurso, con igual opor- 
tunidad se desjiedirá del auditorio me- 
diante aquel expresivo dije, ponpic ya 
no piensa tener embargados por más 



tiempo los ánimos de sus oyentes, por- 
que ya cesaron de correr los raudales 
reliiricos, porque la oración dicha voló 
dejando los últimos alegrones y llam: - 
radas en la memoria del auditorio. Si 
en algún caso debiera el orador usar el 
simple dije, sería en llegando al fin de 
su pausado razonamiento. ;No vemos 
con qué sencillez traducían los clásicos 
el di.ri de los latinos por el di/e español, 
111) por el he dicho de ahora, siendo 
así que ambos vuelven bien el di.ri la- 
tino?" Para apoyar lo dicho había ci- 
t:'.do el mismo autor, á más del primer 
Dice, de la Academia, estas dos auto- 
i'idades l.iien explícitas: "Ya sabéis (|ue 
cnamlo un orador antiguamente oraba 
(y hoy se acostumljra también), en 
acabando su oración, solía decir di.ri, 
ya di/I' todo lo (pie tenia preven iilo'". 
(l'^ray Diego Xiseno, Bl PolUico del 
cielo, p. i>, 1. 8, c. -J). 

Todo te siibii) lijista tanto 
Que Uegustc á ilccir ilije: 
Para mí, (le tus sermones 
Esta sola voz se admite. 
(Fltu. de la Toi-re Farfiín, Epif/raiiint.). 

Con estos antecedentes juzgúese aliora 
si es clásica ó nó la fórmula he dicJio y 
si tuvieron razón los modernos para 
dejar la práctica de sus mayores. — 
Bien decir y buen decir. ¿Son iguales 
en el sentido y en el uso estas dos lo- 
cuciones? En ningún autor hemos ha- 
llado tratado el caso, y diremos lisa y 
llanamente lo (¡ue nos ¡laiece. En la 
práctica se dice indistintamente arle de 
bien decir y arle ilel buen decir ó de 
buen decir, sin artículo, á bien librar 
o á buen librar. Conforme al primer 
modo hay en castellano arle de bien, 
ririr y arle de bien morir, jwr el bien 
parerer, el bieneslar (escrito ya en 
una sola palabra); conforme al segun- 
do tenemos: al buen callar llaman 



DEC 



DEC 



, '.I 



Sanrlin, Kxliulio^ j}raclicüx de btirn de- 
cir, titulo (¡lie (lió ú una obra suya D. 
Adolfo de Castro. Gramaticalmente 
hay diferencia entre ambas locuciones, 
porque en bien decir hay un infinitivo 
modificado por un ndv., y en buen de- 
cir un infinitivo modificado por un adj. 
En el primero, decir participa más de 
la naturaleza del.v., en el segundo es 
un verdadero s.; por eso hay que aten- 
der, para el uso, á lo que pide la pa- 
labra rejiente. Se dirá bien: Teni/o 
biwii dormir y buen comer, mozo de 
buen proceder, joven de buen ¡mrerer, 
hombre de busn vivir, etc., pero nó de 
lo otra manera cou el adv. bien. Con 
este estará bien dicho: El premio del 
bien /tablar, donde está en su punió el 
bien decir, pero también podía haberse 
usado el otro modo con el adj. buen. 
En cuanto al sentido, no vemos nin- 
<íuna diferencia.— Eu la conjugación 
de decir debe corregirse el imperativo 
dice, díceselo, por (//, dlselo, y la 
mala escritura de dj j ieron, dij iera , 
dijiere, dijiese, [wr dijeron, dijera, 
dijere, dijese. 

Declauar, a. y n. Tacho Ortúzar 
de malo el uso de este v. como r. en las 
tres frases siguientes: Declarar.te incu- 
rable una enfermedad; Declararse en 
huelfia; Declararse fueí/o ó un incendio. 
VA P. Mir, en sus Frases, copia taiU- 
bién las tres como viciosas y las coriige 
á su manera. Krror evidente, que pudo 
evitarse con sólo abrir el Dice, de 
Cuervo, en el cual se hallan autorida- 
des clásicas que usan á declararse en 
esta miísma acep. de ''mostrarse com- 
pleto ó en toda su fuerza lo que apenas 
comenzaba ó amagaba": "En un ins- 
tante se declaró la borrasca que ya se 
temía". (Cervantes). "Arrojando las 
armas, se declaró por t<jdas j^artes la 
fa¡iu d'] ejército". (Solís). "Tardo po- 
co en ib'clcirarse jwr tüda.s partes la 



J'uiju del enemigo". (Id.) "Y poco des- 
pués que se declaró la mañana, se de- 
jaron ver de los tres alojamientos". 
(Id.) 'Como no estaba todavía bien 
manifiesta [la lepra], se le ordenaba 
que tomara tienipa, para ver si se de- 
claraba el mal. (Scío). "Volvieron las 
espaldas y se declaró en fuga la relira- 
da". (Solís). Y que este uso no es nio- 
deruo, lo prueba la autoridad de Fer- 
nán Pérez de Guzmán, que murió á 
mediados del siglo XV, alegada tam- 
bién por Cuervo: "En esta pelea no se 
declaró la vicloriu de ningur¡a parte". 
Si, como se ve por estas citas, se usa 
declararse tratándose de borrascas, fu- 
f/as, mañ/inas, nudes, ridorias, etc., 
no hay razón para admitir como fi-. 
Declararse un temporal, como lo hace 
el Dice: si el uso del v. es tan general, 
claro es que no debe restringirse á un 
solo s. — Entre el pueblo suele oírse este 
v. convertido en reclarar, se, por 
el desprecio que hace de la dental d, 
desprecio heredado del araucano y del 
andaluz. 

Declaratoria, f. En castellano 
no hay más (jue el s. declaración y el 
adj. declaratorio, ria. Xo se diga ])ues 

la declaratoria de pobreza, sino lu 

decluracion ó el decreto declaratorio de 
pobreza, es decir, el decreto del juez 
que concede el privilegio de pobrezn. 
DiíCiJXAR. Neutro lo hace e'. Dice, 
en todas sus aceps., siendo (jue también 
es a., como puede ver.-,e en las nume- 
rosas autoiidadcs que tiae Cuervo, y 
especialmente en la última acep., la de 
Gi-am.: "Apenas saben declinar un 
nombre ni corijugar un vei'lio", dice 
Cervarites en el Coloquio de los perros. 
— Falta también en el Dice, la acep. 
forense de este v., (jue el mismo usa en 
el ait. DiiCiJNATORiA: "petición en 
que se declina el fuero, ó no se reconoce 
á uno por liígíliino juez". Por consi- 



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DED 



DEF 



gaiicnte, si hay otras cosas C[ue pueden 
declinarse, como son el fuero y la an- 
toridad, no basta incluir la fr. Declinar 
líi ¡iirifuJirción, quo es lo único qne ha 
litícho el Dice, sino que debe también 
darle al v. la acep. general que tiene en 
lo forense. — Otra acep. que falta en el 
Dice, es la activa de-evitar una cosa 
alejándola ó huyendo de ella: así se de- 
clina un honor, ■■ie declina laresponsabi- 
lidml. Así escribió Fray Luis de León: 

Su rostru uii» íiuiigos encubriendo 
{Porque, Señor, lo quieres), me dccHncm. 
t > por mejor decir, se van huyendo. 

{Salmo S7 .. 
Tendrá por gi*an riqueza ei nial andante 
La más cerrada cueva y más oscura. 
Por íh'dhutr lo.<^filos del tajante 
Cuchillo. 

(Id.. -M, XX). 
Cuando 
Lf>s í/íc'H/t'.'í de la muerte agudo.5 fiera 
Apenas dcdincimlo. 
Alz(5 nueva bandera, 
Mostrc) bien claramente 
Del valor no vencible lo excelente. 

(Id. J'ues¡íi I). 

"Eu las resoluciones violentas ya to- 
madas procure [el valido] declinallan, 
no rümpellas". (Saavedra Fajai'do, 
Eiiijiresa 50). 

Dedo, m. Dedo chico: dedo uu- 
r indar ó meñique. — Dedo g'rande: 
dedugordoópuluar.'- Dedo del me- 
dio: dedo de enmedio, cardial ó del 
corazón. — Xo tener uno un dedo í7tó 
frente, ir. fig. y fam. que falta eu e'^ 
Dice. Caballero, en el suyo de Moif/i's- 
rno.t, la trae así: «vVo tener dos dedcA de 
frente: ser muy torpe ó romo de ei)|ucn- 
dimieuto». De las dos inanei'as s.íB usa. 
— iVo tener ano dedos para orq'anista. 
El Dice, dice: «Tener uno mnl^us dedos 
para or/p/nista: no ser á pr(. jpiisito jjara 
el destino á ipie quiere deificarse ó eu 
(jue está emiileado». Es cláaro que hay 
qui' dar u¡.i.~; ehwtiridnd á la fr., porque 



se puede variar de muchas maneras: 
jVo le ludio dedos para organista, No 
le veo dedos, Este sí que tiene dedos, Le 
faltan dedos, Necesita dedos, etc. Gon- 
zalo Correas la registra así: «iVo trae 
bien los decios para or(/anista: del que 
no anda á derechas, ni hace lo que de- 
be. Varíase: No traes, no traéis bien». 

DiíDÓiiETRO, m. fam. y fest. Eeloj 
malo, cuyos punteros se suponen mo- 
vidos con los dedos para que marquen 
la hora. Bien puede admitirse, porque 
en voces festivas ó humorísticas no es 
inconveniente que su origen sea híbri- 
do (de castellano y griego en e.ste caso), 
y al contrario resultan así más claras 
y graciosas. 

Dedonde, adv. Ue donde. Véase 
Adü-N"De. 

Defachatez, f., defacliatado, 
da, adj., y defacliatadamente, 

adv. de m. .\ todos suele coniíTselcs la 
.v. intermedia (desfachatez). 

DeFA:,CAR ó DESFALCA]!. Así el 

Dice, con el v. Y ¿por (]ué al s. le da 
como liuica forma desfalco.' 

Defallecido, defalleci- 
miento. Anticuados, dici^'J.^i'/icc. i) 
de.-ap.ireceu ios. "dos, ó se pone también 

el V. defp"iecer. 

IV c. ro, m. En defecto de, á 
<J'" jCtO de, dicen los galiparlistas, 
i.'^áduciendo literalmente las locuciones 
francesas á defuut, a.u defaut. En cas- 
tellano defecto signitíca: «carencia ó 
falta de las cualidades propias y natu- 
rales de una cosa; imperfección natui'al 
ó moral;» por consiguiente, no puede 
emplearse cuando se trata de la falta 
de una persona ó cosa, ó de la ausen- 
cia ó inasistencia de una persona. A 
falta lie ¡>an, buenas son tortas; A fidtu 
(ó por falta) de hombres buenos, á mi 
padre hicieron alcatile, dicen dos anti- 
guos r.rranes, v asi deben corregirse 



DEP 



DEF 



también las dos locuciones galicanas. 
No importa que se huyan deslizado en 
obras como las de IVreda, la traducción 
de la Biblia por Scio (tít. del c. XXVII 
de los Números), nuestro Código Civil 
(art. 235, 309) y en otras de menos 
importancia: el error en todas pai-tes 
es error y debe corregirse. El Gran 
Capitán, en carta de 12 de Mayo de 
1507, escribió: «E agora por algunos 
buenos respectos, y nó en (hficlo vues- 
tro, habernos acordado de servirnos de 
vos en otra cosa»; pero, como se ve 
por el contexto, dcfeiio no significa 
aquí lo que quieren los galiparlistas, 
sino lo que dice el Dice, castellano: 
carencia de cualidades. Pr. Luis de 
Granada escribió también: «Dase allí 
[en el infierno] á los malos muerte sin 
muerte, y fin sin fin, y defecto sin de- 
fecto- porque allí la muerte siempre 
vive, y el fin siempre comienza, y el 
defecto no sabe desfallecer». ( De la 
omñoa, p. /, c. /A', § A'A'ATj. A(jui 
defería significa desfdlerimieiilo. 

Defkxdku, a. «Vedar, prohibir», 
es una de las aceps. que le reconoce el 
Dice. Aunque usada por los clásicos, 
estii á la fecha enteramente anticuada, 
y así debi() decirlo el léxico oficial. 
Usarla hoy sería no sólo un arcaísmo, 
sino un galicismo imperdonable, ya que 
el francés se lia adueñado de ella. 

Defensible, adj. Ant., dice el 
i)icc., dándonos en su lugar íidefendi- 
Ide: «dícese de lo que se puede defen- 
der». En los compuestos admitió á 

indefensable, indefensibie é 

indefendible. ,;Se usaniu toil iviu los dos 
primeros, cuando el i>¡cc. no los da 
píir a ticuados? 

DiíFtí.v.süH, m. La definición foren- 
se ([ue le da el Dice, es mny restringi- 
da, porque so limita sólo á la defensa 
de las personas ausentes. Es evidente 
(|uc hay que darla general, para que 
Dice, (le Chil., t. ir. 



incluya todos los demás defensores 
legales, como el de menores, el de obras 
pías, el de matriuionios, etc. 

Dioi''EREXCiA,f. «Adhesión al dicta- 
men ó proceder ajeno, por respeto ó 
por excesiva moderación». Esto es lo 
linico que significa en castellano, como 
el \'. deferir y el adj. deferente. Con 
razón pues censuró Barait las fi'ascs 
Manifestarse lleno de deferencia y 

Ofrecer á uno siis deferencias, 

pues la voz se toma en ellas p(n' obse- 
quio, respeto, atención, serricio. — En 
cuanto al régimen, no se use nunca la 
prep. por, que sería galicismo, sino á, 
con, para, hacia. Mostró deferencia por 
Fulano. 

Deferir. Usadísima es en el forc 
chileno la acep. de-ofrecer la ley una 
herencia, asignación ó legado, para su 
aceptación ó repudio, al herédelo, 
asignatario ó legatario á (|uien corres- 
ponde. U. solamente en la Forma ¡lasi- 
va-.d.eferirse la herencia. De esto hablan 
principalmente los artículos 950, 057 
y 9(i4 de nuestro Código Civil. Tam- 
bién se defiere la (/uarda de una cosa. 
En rigor, es la acep. general que como a. 
tiene este v. y que el lenguaje forense 
ha hecho suya en la pasiva. — fJrferir 
el juramento es también [¡ropio de 
nuestro foro: vale exigir de la paite 
contraria en juicio que preste jura- 
mento, para (jue en virtud de él se 
resuelva la lite ó se valorice la cosa 
disputada. La parte á quien se lia de- 
ferido el juramento, sólo puede excu- 
sarse de él refiriéndolo á su contendor, 
es decir, exigiendo á su vez que sea 
¡irestado por éste para el mismo obje- 
to. Como se ve, aquí conserva también 
el v. su acep. general a. de-ofrecer. El 
Dice, sólo admite ccmo fr. forense: 
juramento decisorio ó deferido: "aquel 
que una parte exige de la otra en jui- 
cio ó fuera de él, obligándose á pasar 

II 



82 



DEF 



DEG 



por lo que ésta jurare". — Referir tam- 
jxico tiene en el Dice, la acep. i)artien- 
lar que aquí se ba insinuado. 

Deficieucía, f. «Defecto, imper- 
fección», dice el Dice, pero precedién- 
dolo de la nota de ant. Parécenos que 
esta debe suprimirse, porque la voz se 
lia heclio ya de uso general, y al mis- 
mo tiempo enmendarse la definición. 
El concepto de deficiencia es el mismo 
del adj. deftcienle: «falto, incompleto», 
y del V. latino defirere, que \v\e.ftdtar. 
D/ficienciit es pues falta ó carencia de 
algo. Por más que se proteste contra 
la formación y el uso de esta voz, 
creemos que está bien derivada de 
aquellas dos y que es una adquisición 
para el castellano. No se perjudica sino 
que gana una lengua cuando se com- 
pleta, sin faltar á su índole, el grupo 
de sus derivados. Con eso se ayuda la 
memoria y se especifican mejor las 
ideas. 

Déficit, m. No admite terminaciiin 
de }il., advierte el Dice. 

Defllar, u., y defile, m. Dexfilar, 
desfile. 

Defimtiva (En), m. adv. Defini- 
tivamente, esto es, decúsivamente, re- 
solutivamente. Así lo admitió el Dice. 
contra 1 > enseñado por Baralt. 

Defondar, a. y ü. t. c. r. Desfon- 
dar: "quitar ó romper el fondo á un 
vaso ó caja. || En ¡Marina: romper, 
penetrar, agujerear el loiido de una 
nave". 

Deforhae,, desfou:\iar ó disfou- 
JiAR, a. y ú. t. c. r. 

Deforme, adj. «Desfigurado, feo, 
imperfecto, desproporcionado, en la 
forma». — Disforme, sinónimo de 
aquel en estas dos acops.: «que ca- 
rece de forma regul ir, proporción y 
medida en sus parte.-: feo, horroroso». 
Tiene también esta ;!.•■■: «Extraordina- 
riamente grande y deqiroporciouado 



en su especie. Dícese también de las 
cosas del ánimo. Error dis/onneD. — 
DisformOSO, sa, ant.: disforme, 
2." acep. 

Deformidad, f. Calidad de defor- 
me. 11 Cosa deforme, jj fig. Error gro- 
sero. — Disformidad tiene las tres 
aceps. anteriores y además la de «ta- 
maño desmesurado de una cosa, repug- 
nante á su especie y naturaleza». 

Degradar, a. «Deponer á una per- 
sona de las dignidades, honores, em- 
pleos y privilegios que tiene. || Humi- 
llar, rebajar, envilecer. U. t. c. r.» 
Esto dicen de degradar las dos liltimas 
ediciones del Dice, fuera de otra acep. 
de Pintura que no hace á nuestro caso. 
Baralt tachó de galicismo, «acaso no 
impropio, acaso aceptable en ocasio- 
nes», la acep. fig. de este v.; pero he 
aquí que el P. Mir, el mismo que en 
sus Frases de los autores clásicos espa- 
fioles había admitido á degradar como 
a. y r. y lo había interpretado: humi- 
llar, derribar, abatir, deprimir, nos 
sale ahora, en su Proniíinrio de Hispa- 
nismo y Barbarismo, con que todo esto 
es galicano y que degradar no debe 
admitir esa acep. fig., que nunca fué 
conocida de los clásicos. Quizá apu- 
rando la lectura de estos venerables 
troncos de la lengua, pudiera darse con 
alguna autoridad que favorezca esta 
acep.; sin embargo, para nosotros no 
hace gran falta, pues raciocinamos así: 
Grado figuradamente significa «medi- 
da de la calidad y estado de una cosa»; 
degradeír es deponer á uno de su grado, 
es decir, bajarlo ó descenderlo del gra- 
do de calidad en que se hallaba; luego 
figuradamente es lo que dice el Dice: 
«humillar, rebajar, envilecer». En la 
proposición í.os vicios degradan al 
liombre, ¿quién no ve el significado 
propio y claro de degradar: lo hacen 
bajar del grado de virtud que antes 



DEJ 



DEJ 



f!:? 



tcnisi, del grado de estimación en que 
lo miraban los buenos? Y esto mismo 
es el r. degradarse: caer del grado rjiie 
ant€s se ocupab.i. Por con?i<;uientc, es 
muy puesto eu raz'in que degradación 
signifique : «humillación, bajeza», y í7p- 
gradante: «dicese de lo que degrada ó 
rebaja», como los define el Dice. Así 
se viene usando este v. con sus deri- 
vados desde el siglo XV 1 11 por todos 
los buenos escritores, y no tenemos por 
que privarnos de él, aunque haya en 
castellano muellísimos otros sinónimos, 
como sjM los (jue enumera el mismo 
P. Mir: humillar, enfilecer, embrutecer, 
desdorar, deslustrar, desentonar, apo- 
car, apegueííar, empequeñecer, amen- 
guar, deslucir, abatir, deprimir, manci- 
llar, menoscabar, desautorizar, rebajar, 
aniímr, entorpecer, corromper, derribar, 
despertar, deshacer, abaja r, hundir, 
postrar, confundir, pervertir, avergon- 
zar, rendir, afeminar, hestialisar, em- 
bobecer, (tneciar, arrocinar. La vei'dad 
es que casi todos pecan por demasiado 
duros y, fuera de cuatro ó cinco, los 
demás no vienen al caso. 

Deidamia, n. pr. f. Aunque en latín 
se acentúa Bñlamia, por venir del 
\rii(ix<j.t'.x, lo mismo que sus seme- 
jantes Laodamía é íliiwdamía, eu cus- 
tellano se ha dicho /M'd/imia, como 
puede verse en El Aquiles de Tirso de 
Mclina. En Chile decimos también así. 

DE.JACIÓX, f. Usase en Chile por de- 
jadez, que es formado del adj. dejado 
y significa: «pereza, negligencia, aban- 
dono de sí mismo ó de sus cosas pro- 
pias». Dejación es: «acción ó efecto 
de dejar», sinónimo de dejada, deja- 
miento y dejo, y en lo forense: «cesión, 
desistimiento, abandono de bienes, ac- 
ciones, etc.» — Hacer dejarión. ?e ha 
criticado el uso tan corriente en Chi- 
le de esta fr. a.sí á secas, sin comple- 
mento; V. gr.: ;Por qné no has escrito 



;i tus amigos? He hecho dejación. No 
creemos que lógica ni gramaticalmen- 
te falte nada para el sentido, que se 
entiende inmediatamente. ¿Qué se ga- 
naría con decir: He hecho dejación de 
escribir, He hecho dejación de ello, cuan- 
do el castellano no ha menester tal 
complemento? El francés habría re- 
llenado la fr. con su en y el italiano 
con su ne; pero el castellano es letigua 
m.is llena en sus frases y más libre en 
sus modismos y para moverse no ne- 
cesita de tak'í andaderas. Sin embargo, 
no quiere esto decir que eu otros casos 
no haya de usarse la fr. entera; antes 
bien, es lo que debe hacerse. «Cuando 
el hombre hace dejación de su egnismo 
en bien de sus semejantes, siente una 
misteriosa alegría». (P. A. de Alar- 
cón). «Aquella deliberada y perpetua 
dejación de la libertad que hace de dos 
seres uno y convierte el amor eu ab- 
negación». (Id.) ^Hacer suelta y deja- 
ción de la harienda.T) (Cervantes). Lo 
único que debe advertirse es, que en 
el primer caso dejarión significa el acto 
de omitir una cosa, que es una de las 
aceps. de dejar; y en el segundo signi- 
fica «cesión, desistimiento, abandono 
de bienes, acciones, etc.*, que es la 
acep. forense que le da el Dice. 

Dejante, adv. m. Muy usado en- 
tre el pueblo en el significado de-de- 
jando aparte ó á un lado, además de, 
fuera de. V. más cou que: Dejante 
que no me has pagado, vienes á faltar- 
me al respeti). Otras veces se usa como 
prep.: Dejante los trabajos que hag 
que pasar, no se gana con qué vivir: 
á más de, además de. Es el part. ac- 
tivo de de/nr, usado lo mismo que em- 
bargar, obstar y salvar en los modis- 
mos no embargante, no obstante y 
■calvante, igual á salvo. De salvante 
dice Gonzalo Correas: i-Salvantes que: 
por sacando que, es tenida por frase 



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DEJ 



DEJ 



grosera». No sabemos si el pl. sah-an- 
fes será errata por salvante. En nues- 
tras lecturas no liemos hallado á de- 
jante en este sentido, pero sí á 
dejnjuh y dejando aparte, comunísimo 
en los clásicos, y dejado, que aparece 
a'guiias veces: «¡Suplico. ..me dé [V. 
S.] algiin crédito, pues no liay por 
qué )'o no trate sino toda verdad; de- 
jado, que ternía por ofensa de Dios uo 
la decir». (Sta. Teresa, Carta 74, edi- 
ción La Fuente), a Porque, dejado que 
los árboles casi todo el año están ves- 
tidos de lina inmortal verdura..., los 
lirios, las azucenas... no otra cosa pa- 
recen que un pedazo de estrellado cie- 
lo». (Valbuena, SijJo de oro, égl. I). 
Dejar, n. Tocar las últimas cam- 
panadas que se acostumbran después 
del último repique ó seña para llamar 
á misa ó á otra función religiosa. «Ya 
están dejando; ya dejaron, vamos á 
misa>). Es un modo elíptico de decir: 
Ya dejaron, de repicar ó de tocar. Así 
se dice también en castellano caer por 
caer en la cuenta, y en chileno calen- 
tarte á ano por calentarle las espaldas ó 
el cuerpo, es decir, peyarle. Es acep. dig- 
na de admitirse, pues se usa en Méjico 
y Chile y parece no tener equivalente 
en castellano. «El señor cura tocó muy 
tranquilo á misa mayor, y luego las 
tres campanadas para los perezosos», 
escribió Pereda en El sabor de la tie- 
rruca. La última f r. equivale á nuestro 
chiienismj. — Por extensión, tocar el 
último repique ó seña, cuando son dos 
ó tres. Ve á d'jar, dice el párroco al 
sacristán ó campanero. También puede 
aceptarse esta acep. como la anterior. 
— Al liombre, dejaló; y á la mujfr, 
déjala: fr. fam. con que e.Kf)resamos 
que no se debe disuadir ;i unaper.-iona 
que no ha de cejar en su resolución. 
— Dejarla á una el tren: fr. fig. y fam. 
igual á las españolas Quedar ima para 



vestir imiujenes y Quedar ó quedarse 
una para tía: se dice de las mujeres 
cuando llegan á cierta edad y no se 
han casado. La nuestra tiene también 
bastante gracia y es digna de admitir- 
se. Está tomada del lenguaje de los 
que viajan en tren, quienes, cuando 
llegan tarde á la estación y el tren ya 
ha partido, dicen que éste los dejó, ó 
también cuando por la excesiva afluen- 
cia de pasajeros tienen que renunciar 
mal de su grado al viaje. — Dejar caer. 
Es fr. que debe usarse con cautela. En 
sentido propio es castiza y significa: 
"soltar de repente lo (|ue se tenia asi- 
do". En sentido fig., dejar caer una 
cosa, por-olvidarla, dejarla á un lado 
ó no hacer caso de ella, nos parece 
sospechosa de galici^^nio, porque caer 
es aquí el fraiicé.^ loiuher más que el 
castellano caer. Sin embargo, en el 
Cortesano de Castiglione, traducido 
jjor Boscán, la hallamos dos veces: 
"Sabida la verdad que eran de otro 
[ciertos versos], los dejamos caer, y 
quedaron con tan poca reputación, 
que fueron tenidos por menos que 
razonables". (L. II, c. III). "Y así 
estos nuestros adversarios, aunque los 
hayan oído y leído [ciertos hechos 
señalados], todavía muestran no sabe- 
llos, y quieren que se pierda dellos la 
memoria. Por eso, si hacéis que nos- 
otros los sepamos, uo los dejaremos 
caer, sino que nos honraremos con 
ellos". (L. III, c. III). El Padre Si- ' 
güenza también lo usa, pero dando á 
caer complemento con de: "Y, con ser 
tan docto en artes... y otras facultades 
que había aprendido y enseñado, ansí 
se olvidó dellas y las dejó caer de su 
memoria, como ó si no las hubiera 
estudiado, ó como cosa que no le había 
de servir de nada para el fin que pre- 
tendía". (Crón., 1. IV, c. XIV J. En 
otra parte dice también que á un reli- 



DEL 



DEL 



gioso no se le calan de la memoria las 
miísericordias del Señor. Con este régi- 
men si está liien usado el v. caer. Be- 
jarlo caer, es fr. fií^. j fam. "con qne 
se explica la felicidad que tienen al- 
ífunas mujeres en sus partos". — Por 
no dejar. Expr. elíptica que usamos 
nuiclio en el sentido ú)i-por ocio, por 
enlretenimienlo, ¡orjmgo, por clianza, 
por disiracciún, por malar el tiempo. 
Hablas por no dejar, es decir, por no 
dejar de hablar. Estoy tocando jjor no 
dejar, es decir, por no dejar de tocar, 
y, por consiguiente, lo hago sin p:)iicr 
atención, sin cuidado ni esmero, por 
ocio, por matar el tiempo. «Lo hacía 
no m;ls de por hacerlo», dice Cervan- 
tes; lo que un chileno habría traduci- 
do: «Lo hacía /'O/' no dejar [de hacer- 
lo]». 

Dejatarse, r. Currniición VMl;j;ar 
que ha amalgamado dos palabras: de y 
¡miarse. Pedro es amii/o dk .i.*ctar«e. 
Como en lo antiguo pronunciaban los 
españoles j atarse en vez d<i jarlarse 
y se agregaba la prep. de á tantos ver- 
bos determinantes, fué fácil para 
nuestro pueblo i'orraar el v. que formó. 
El oyó al español que decía, por ej.: 
Este linmhre ijnsla de jatarS8, prú- 

cura de j atarse, propasa de j atar- 
se, y formó de la prep. y el v. uctcrmi- 
nado una sola voz. Véase Dk, I." ace[>. 

Dk.iativü, va, adj. Perezoso, flojo 
y desmayado. .-Vnticuailo aparece en el 
Dice, pero aquí todavía se usa, solire 
todo en el pueblo. 

DiOL. ;Cónio se debe escribir esta 
coiitrai'ción cuando ocurre repetirla? 
^;l)ebc deshacor.sc alguna de las dos ó 
nó? «En saliendo al camino real, se 
puso en bus&i del del Tobüsos. (Qui- 
jote, p. I, c. XXVI). Asi escribii) la 
Academia en su edición de la magna 
obra (1780); asi lo ha hecho también 
Cortejen en la suya esmeradísima, y 



así lo practicaron y practican muchos 
antiguos y modernos. Esto es lo (¡ne 
nos parece más conforme con la pro- 
nunciación, pues nadie pronuncia de 
el del ni del de el, como quieren algu- 
nos; ni habría tampoco por qué hacerlo 
así, mientras no se pruebe que un del 
tiene preferencia sobre el otro. Cuervo, 
en la nota 53 á la Grara. de Bello, 
dice qne «es práctica común hoy, y al 
parecer autorizada, escribir de el del 
por del del»; y cita á Quintana, á 
D. Ángel de Saavedra y á Godoy y 
Alcántara; pero en seguida agrega que 
en ediciones más antiguas se observa 
lo contrario: del de el. Por esta varie- 
dad de pareceres y siendo, como es, 
enteramente claro el sentido y más 
corriente y llana la pronunciación, 
prefei'imos nosotros la forma del del. 
— La que de ninguna manera puede 
aceptarse, es la de acentuar el primer 
del, como se hizo en la edición La 
Fuente de las Cartas de Santa Teresa: 
«Cuando me dijeron del [mal] del 
corazón, no me pesó mucho». No pue- 
de aceptarse, decimos, porque ese acen- 
to no .se marca en la pronunciación, y, 
marcándolo eu lo escrito, expone á 
confundir esta contracción inacentua- 
da de de con el artículo, con la otra 
acentuada de de con el pronombre, (pie 
se usó en lo antiguo. 

Delación, f. Actual llamamiento 
de la ley á aceptar ó repudiar una he- 
rencia, asignación ó legado. Acep. 
forense que no aparece en el Dice, y 
es de uso corriente en Chile. Véase 
Dkfkkii!. 

Delantar, delaii tares, l'ígase 
ílelanlal, delantales. Vicio de pronun- 
ciación algo disculpable, porque, te- 
niendo ya la voz una / en el medio, la 
lengua, para guardar la armonía, busca 
una r. Así se observa por lo general en 
los nombres en al y en ar, eu los cua- 



Si; 



DEL 



DEM 



les se evita la repetición de estas Jos 
eoiisoiiaiites, y, al contrario, se jirocura 
(|iio se raozclcii: pnrticular, popular, 
miniar, melonar, olivar; al contrario: 
mortal, corporal, cordial, hif/vral, no- 
f/ueral. En esto ha seguido el castella- 
no la misma fonética del latín. 

Delante ( Llevarse a uno 
por). Es fr. tíg. que debe traducirse 
al castellano por Llevar ó llevarse á 
lino (le calles: (de calle, dice el Dice, 
en Jíaka.jar): atropcllarle, arrollarle. 
Fia fr. chilena significaría literalmente: 
guiar ó conducir á uno llevándolo de- 
lante, y nó lo que se quiere expresar. 

Delegación, f. Significa: acción ó 
efecto de delegar; cargo del delegado; 
oficina del delegado. Mas nó: reunión 
de delegados, como dicen en Chile. 
La delegación argentinn. Diputa- 
ción sí que tiene la acep. de «reunión 
de diiiutados^. 

Delegante, adj. Falsa prótesis 
( ¡uc suelen usar los elegantes del pueblo. 

Deleg'atario, m. No lo admite el 
Dice., ni lo necesitamos, jjues basta y 
sobra con delegado, da: «díeese de la 
persona en quien se delega una facul- 
tad ó jurisdicción. U. t. c. s.» Nuestro 
Código Civil, en su art. 2135 y otros, 
usa á delegado. 

DELtCTUOSO, SA, adj. Relativo ó 
perteneciente al delito. Como está bien 
formado del latín delictum, es de uso 
corriente y se le necesita, pues el con- 
cepto que envuelve no podría expre- 
sa-'se por criminal, no vemos inconve- 
niente para que se le admita en el Dice. 

Deligencia, f. Vulgarismo por 
diligencia en todas sus aceps. — Hacer 
uno la dUigencia. No sabemos por que 
Ramos Duarte censura esta fr., cuando 
el Dice, la reconoce y acepta con letras 
bien gordas: Hacer uno una diligencia: 
exonerar el vientre. La única diferen- 
cia, y que no merece tomarse en cuen- 



ta, es (juo el Dice, trae la fr. con el art. 
indefinido una. Nosoti'os la usamos 
generalmente con hi. 

Delimitación, f., delimitar, 

a. Mejor sería escribirlos á la francesa, 
délimitalion, délimiler, de donde (juic- 
ren traerlos al castellano los aprendi- 
ces de aquella lengua, como si no lu- 
viéramos nosotros varios verbos |i;ira 
expresar la misma idea; tales como 
alindar, lindar, deslindar, amojonar, 
demarcar, limitar. Vóinse Alinde- 
rar y Colindar, que tampoco son 
castizos. 

Delinear, a. Conjúgase delineo, 
delineas, etc., j nó delineo ni delí- 
nio, aunque es compuesto de linea. 
Véase Ai^inear. 

Delta, s. Es f. cuando significa la 
letra del alfabeto griego conocida con 
este nombre; y ra., cuando significa la 
isla triangular que se forma en la 
desembocadura de algunos ríos con la 
figura de la delta mayúscula (A). 

Dell'i-, della<, contracción áedc 
ellos, de ellas. Tiende á anticuai'se este 
elegante modismo castellano usado por 
los clásicos como nominativo y como 
acusativo, equivalente á parte ó algu- 
nos de ellos, de ellas. «Vieron un abri- 
go que podía llamarse puerto, y en él 
ha.sta diez ó doce bajeles; deltas chicos, 
dellos grandes, y dellos medianos». 
(Cervantes). «Callo otras muchas ex- 
celencias desta virtud, deltas propias y 
deltas comunes con las otras virtudes». 
(Fr. L. de Granada). «Con. esto se 
juntan... otras piedras de muy hermo- 
so griino, deltas blancas y delhts prie- 
tas, deltas jaspeadas y de otros hermo- 
sos colores '>. (Id.) «Se acomodaban 
algunas alhajuelas y joyas de mi 
señora, sortijas y cadena, deltas \en- 
didas y deltas empeñadas». (Alcalá, 
El Donado hablador, p. I, c. IV J. 

Demagogia, f. Demagogia (do- 



DEM 



DEM 



minación tiránica de la plebe), aunque 
nn(ujo¡i¡ii j peddi/oi/la, foruiados tam- 
bién del griego yw"^*! acentúan la i. 

Demás. ¿Cuándo forma una sola 
voz y cuándo dos? Por su origen cons- 
ta de dos voces: de más. «ile dieion 
seis pesos de m«s», como puedo decir 
también: de menos, de sobra. «Estoy 
aquí de más»; s¿>« más es advertirlo»: 
el misuío caso é igual significado. En 
todos los otros casos forma una sola 
voz: cuando es ad ]'.:/« demás {/ente, 
los demás libros; cuando es adj. sus- 
tantivado: los demás (subentendido 
Iwmbres); cuando es adv.: demás (pie, 
ó demás de, igual á además que ó de; 
y en los modismos por demás, por lo 
demás. 

DEM.^fjrADO. Injusto anduvo Baralt 
al tachar de galicismo e' uso de esta 
voz como adj. y equivalente á e.rcesiro. 
He aquí los tres ejemplos que pone: 
"Abuso, querido amigo, de tu dema- 
siada amistad; Fué víctima de su de- 
masiada confianza; La demasiada con- 
fianza atrae el peligro". Compárense 
ahora con estas autoridades clásicas: 
"Para purgar la demasiada cólera suya" 
(Cervantes) ; "Conocieron la demasiada 
falta de juicio de nuestro Don Quijote" 
(Id.); ^'■Demasiada cosa seria decir yo 
ahora la mucha hermosura... (Id.); 
"Con demasiado celo, so color de reve- 
rencia, condenan y aun predican mu- 
chas veces contra las personas que 
frecuentan los sacramentos" (Grana- 
da); "Era tan demasiado el amor que 
mi padre me tenía... (Sta. Teresa); 
"Abusa de la demasiada clemencia, y 
se i)rccipita con el demasiado rigor" 
(Saavedra Fajardo). O es demasiada 
ceguera la nuestra, ó no hay diferencia 
alguna entre los ejemplos criticados 
por l'aralt y las citas clásicas que he- 
mos copiado. En una sola obra del 
siglo de orí), El Dañado hablador, de 



Alcalá, hemos tenido el cuidado de 
e.\anjin;ir más ]irolijauieiite csti' adj., 
y lo hemos hallado, en el mismísimo 
sentido en que lo critica Raralt, con 
los siguientes sustantivos: liberlad, 
contento, calor, frialdad, humedad, su- 
jeción, cortesía, razón, sequedad, absti- 
nencia, locura, olvido, clausura, fieros, 
aijua, recato, codicia, abundancia, des- 
ii/ualilad, solicitud, afición, fuei/o, rega- 
lo, y dos veces con cada uno de estos 
otros: cansancio, necesidad, friaUhnl. 
¡Cuáutohay que leery conquéatención 
antes de adelantar algunos juicios! — 
Demasiado. ..para. Es fr. tachada tam- 
bién de galicana, porque corresponde 
al francés: // est Irop..., pour. No hay 
duda que, á causa del fi'ancés, se ha 
generalizado bastante entre los moder- 
nos, sin que pueda decirse que fué 
desconocida para los clásicos. En El 
Diablo Cojuelo (tr. II) de Vélez de 
Guevara leemos: "Aquél es preten- 
diente, y está demasiado de gordo y 
bien tratado para el oficio que ejerci- 
ta". Demasiado de, dice el clásico, 
porque así se usaba entonces; pero ese 
de se ha perdido ya con el uso y ha 
(piedado el demasiado convertido en 
adv., como lo son sus similares poco, 
mucho, harto, bastante. No vemos pues 
por qué repudiar proposiciones como 
éstas: "Es demasiado grueso para que 
pueda cabei': Es demasiado necio para 
que lo entienda; Es í/pWí/-s-írt</o soberbio 
para que se rinda". Pero en francés, 
nos dicen, se expresa esto con las 
mismas palabras. Y ¿qué nos importa? 
replicaremos nosotros. ¿Acaso alguna 
vez no pueden coincidir en las palabras 
las dos lenguas? Por el contrario, pa- 
récenos este modismo el más apto y 
claro para traducir el equivalente lati- 
no, que consiste en un comparativo 
(|ue tiene por término quitm al con 
suiíjuntivo: '^Jlajor sum et ad auijura 



88 



DEM 



DEM 



genitus, quiím uf maiicipium sim mei 
corporis" (Séueca). Demasiado grande 
soy y creado para cosas mayores, que 
para ser esclavo de mi cuerpo. Xadie 
diría ahora: demamaJo á.e grande .so//, 
sino más bieu : harto grande soy, para; 
y harto, gramaticalmente, es ignal á 
demasiado. — Demasiado ¡lOCO. Es tam- 
bién otra loe. acusada de galicana: 
"He Aoxmíáo demasiado poro; Compró 
en la tienda y me dieron demasiado 
poco". Xo abunda, es cierto, en los 
clásicos esta loe, porque ellos se ave- 
nían más con harto ("harto pocas ve- 
ces", comunísimo en ellos) y con l>ien 
("echo hirii menos á V. R." Sta. Tere- 
sa) ; pei'O esto no quiere decir que no 
la conocieran. En la misma Sta. Teresa 
leemos: "No nos atrevimos á quedar 
allí aquella noche, por causa de 1 1 
demasifida pora limpieza que teníu" 
( Fuiídaüones, r. XIII). Este dema- 
siada, gramaticalmente, debió ser 
demasiado, es decir, adv. que modifica 
al adj. poca; pero, como el oído repug- 
na esa terminación en o al lado de dos 
en a, la deja con esta última letra: lo 
misino que hace erradamente con 
caanto, tanto, mucho en casos análogos 
(con cuanta maijor razón), y lo mis- 
mo que hacen [ku' lo general las muje- 
res con medii> (media muerta) y con 
la tíxpr. de /raro (de pura cansada). 
El significado de la loe. demasiado poco 
es también otra razón para admitirla; 
porque, si demasiado como adv. signi- 
fica "en demasía" ó "excesivamente", 
la demasía ó el exceso pueden aplicar- 
se también á lo poco, así como los 
clásicos le aplicaron el adv. Itarto: 
"harto pocas veces". "Por Itarto poco 
que á mí me diesen, dentro de doce 
hora-s podría decir quién tiene el dine- 
ro". (Alcalá, Et Donado hablador, 
p. II, c. IV). 

Demisión, f. Sumisión, abatimien- 



to. No debe confundirse con dimisión: 
renuncia, desapropio de una cosa que 
se posee. 

DE5I0CRACI.A , f. ¿Por qué no darle 
la acep. de "clase plebeya ó baja", co- 
mo respectivamente la tiene akisto- 
CRACiA? Sólo tiene en el Dice, la de 
"gobierno en que el pueblo ejerce la 
solieranía". 

¡Demonciie! interj. ¡liemontre! 
¡demonio: ¡diablo! Eslapronunciacióu 
suavizada ó araucanizada de ¡demon- 
tre: Pero no es tan general en Chile, 
porque también se usa esta última. 

Demoníaco, ca, adj. Acentúese así 
esdrújulo y nó grave, como errada- 
mente lo trac el Dice. 

Demonio, m. Fáltale á esta voz en 
el Dice, la acep. de: por antonomasia, 
el príncipe de los ángeles rebeldes, ó 
sea, Lucifer ó tíatanás; y asimismo, 
falta también la otra acepción de: uno 
de los tres enemigos del alma. 

Demorar. Como a. es igual á retar- 
dar; y como n. es "detenerse ó hacer 
mansión en una parte". Por consi- 
guiente, lo usamos mal nosotros cuan- 
do decimos: "Me demoré en Hogar; 
Me demoré ea el viaje": dígase 
tardé 6 me tardé. "El viaje demoró 
veinte días": El viaje duró, tardó, se 
dilató veinte días; se alargó hcista ó á, 
se prolongó por veinte días. Está bien 
dicho: Demoré el viaje, es decir, lo 
retardé, lo diferí. Vine á Santiago y 
demoré una semana, es decir, moré ó 
permanecí. No se diga me demoré, 
porque el v. no es r. 

Demorón, na, adj. Véase el si- 
guiente. 

Demoroso, sa, adj. No aparece 
en el Dice. Dígase moroso, sa, (que 
incurre en morosidad), tardador, ra, 
(que tarda ó se retarda, adj. y ú. t. c. 
s.), tardío, la (pausado, detenido y que 
camina lentamente), tardo, da (lento, 



DEN 



DEN 



SO 



perezoso en obrar), tardón (que tarda 
mucho y gasta grande flema, adj. fara. 
y 11. t. c. s. Con esta voz se ha tras- 
ladado al castellano el sobrenombre 
de Cunctator dado al cónsul romano 
Quinto Fabio Máximo, que venció á 
Aníbal. "Contemporizador", que dicen 
algunos textos, no es traducción sino 
traición hecha al latín), pon-óii., na, 
(pelmazo, pachorrudo, tardo, adj. fig. 
y fam.), ó retrasado, retardada, ddata- 
do, participios. 

Dexakte ó DEXAXTES, adv. de t. 
Anticuados los declara el Dice, y los 
reemplaza por antes. Lo mismo hace 
con endenantes, enante y enantes. De 
este i'iltimo dice que se usa aún entre 
la gente del pueblo. Liistima es que los 
españoles olviden estas riquezas de su 
lengua y que el Dice, coopere á este 
olvido. Auticuaudo estos advs., no 
tiene el castellano otro con que expre- 
sar el tiempo recién pasado, sino con 
m:is de una palabra: poro ha ó ha poro, 
hace poco; el modo latino. En antes no 
hay que pensar, porque su significado 
es mucho más vago y general, pues sólo 
dice anterioridad ó prioridad. En Chile 
y en otras partes de América son de 
uso general estos advs., y ojalá vuelvan 
á introducirse en España, en donde 
florecieron durante todo el tiempo de 
los clásicos. Endenantes se ve usado 
hasta por Bretón de los Herreros en 
Dios tos cria // ellos se juntan (II, 17.^). 
En Chile la gente educada usa á de- 
>uml£ ó donantes, y el pueblo á ende- 
nantes y enenantes. Este último 
se lo ha forj;ido él, suprimiendo la 
(/ intermedia. Enantes no es conocido. 

Dengue, m. La planta que los bo- 
tánicos llaman mirábilis jalapa. He 
aquí la descripción de (iay: '(Planta 
herbácea, vivaz, con tallo de como dos 
pies de alto, nodoso, ramoso, erguido, 
glabro ó muy velloso. Hojas opuestas. 

Dice, de Chil., t. II. 



pecioladas, ovaladas, acuminadas, á 
veces algo carnosas, obtusas por la ba- 
se ó subcordiformes, muy agudas en 
la punta, enteras, glabras ó apenas 
pestañosas en sus contornos, de una 
á cuatro pulgadas de largo, sin incluir 
el pecíolo, que mide seis á doce líneas. 
Flores cortamente pednnculadas, i-eu- 
nidas de tres á seis en fascículos ter- 
minales. Perigonio tubuloso-canipa- 
nulado, de como una pulgada de largo, 
purpúreo, amarillo ó blanco y sin 
olor». — Flor de esta planta. — Como la 
flor es algo delicada, pues se cierra con 
el mucho calor y se marciiita con el 
menor contacto, dicen las chilenas: 
Fulana es un dengue, es decir: 
Fulana es denyosa, es una denguera 
ó melindrosa; Fulana melindrea; por- 
que se parece al denf/ue, que también 
tiene sus dengues ó melindres. — Los 
dengues y perendengues: fr. fam. que 
significa en Chile todas las ropas y 
vestidos de una mujer. 

Dentada, f. Dentellada: "acción 
que se hace con alguna fuerza, mo- 
viendo la quijada y juntanilo los dien- 
tes de abajo con los de arriba sin 
mascar cosa alguna. || Herida que dejan 
los dientes en la parte donde muer- 
den. II .1 dentelladas: con los dien- 
tes". 

Dentario, ria, adj. Dental: per- 
teneciente ó relativo á los dientes. 

Dentístioa, f. Odontología se lla- 
ma el estudio ó tratado de los dientes; 
del griego óSoú;, óf^óvro:, diente, y 
aÓ-'oí, tratado. 

Dentrar, n. Vulgarismo por en- 
trar. Lo mismo sus derivados den- 
trada, dentro, m., dentrador, 
dentrante. Véanse sin d los dos 
liltimos. 

Dentríflco, ca, adj. Metátesis 
vulgar de dentífrico, que se deriva del 
latín dcns, /is, diente, y frico, frotar ó 



90 



DEO 



DEP 



fregar. Ya es tiempo de que el Dice, 
le :i!;Tea;ne l;i eonsabidíi abreviatura: 
U. 111. c. s. III., porque tal es la 
verdad. 

Dentro, adv. Adviértase que en 
poesía es cosa corriente que pierda la 
prcp. de que le sigue y que quede él 
convertido en prep. Así se dice dentro 
el pecho, deiilro el corazón, dentro el 
muro, dentro el rio. Antes se usaba 
también así en prosa; pero aiioi'a sería 
inadmisible. Uno que otro poeta dice 
dentro á. Véase De, acep. 9." — m. Chi- 
lenismo vulgar que equivale á entrada 
en la acep. de "caudal que entra en 
una caja ó en poder de uno". Otros 
pronuncian entro, que, por ser abre- 
viación düenlrada, ttindvia másderecbo 
á la existencia. "Xo bastándole el 
sueldo que tenia, se buscaba otros 
dentros ó entros más". 

Denuncia, f. Acción ó efecto de 
denunciar. Es voz tan general como el 
V. denunciar, y no debe confundirse, 
como lo hacen aquí, con el denuncio, 
que sólo se usa en Minería. 

Denunciar, a. Merece ser dm an- 
dado como galiparlista y prevaricador 
del liuen castellano el que habla de 
que tal ó cual persona denuncia 
naít iloifs ú caalidaitesfara esto ó aqae- 
llo, por decir que las anuncia, dettcu- 
hre ó manifiesta. Y peor todavía si se 
usa como r.: Fulano se denunció 
escritor desde su primera obra-, se de- 
nuncia an artista consumado. 

Deo gracias. Dale el Dice, esta 2." 
acep.: "m. !ig. y fani. Semblante y 
ademán devoto y sumiso con que uno 
se pi'esenta para ganar la estimación y 
confianza del que le puede favorecer". 
Puede ser que así lo usen algunos como 
s. ra., que no debieran; parece (jue el 
modo correcto y general es usarlo 
precedido de de, como loe, advirtiendo 
que se usa más con los sustantivos 



cara, semblante, actitud, figura, etc. 
Presentóse con cara ó en figura de deo 
yriu'ias. No sabemos si alguien haya 
dicho: Se presentó como un deo (/ra- 
das. 

De OMNI RE scÍBiLi, expr. latina, 
que significa: de todo lo que puede 
saberse; por alusión á las tesis que con 
este mismo titulo publicó y defendió el 
famoso Juan Pico de la Mirándola. Me- 
rece admitirse en el Dice, con la adver- 
tencia de: U. m. con los verbos hablar, 
tratar, disputar, discurrir, escribir. 

Departamental, adj. Propio de 
un departamento, ó que hace relación 
á él. Junta departamental, autori- 
dad departamental. Hace falta en el 
Dice. 

Dependencia, f. No tiene la 
acep. de-conjunto ó reunión de depen- 
dientes. 

Dependiente, m. "El que sirve á 
unoó está subordinado ásu autoridad". 
Así tan amplia es la definición de este 
vocablo que nosotros restringimos 
mucho aplicándolo solamente á algu- 
nos empleados de casas comerciales. 

Dhi'hxdirntejiente, adv. de m. 
Con dependencia. Habiéndose admiti- 
do á su contrario independientemente, 
no vemos por qué haya de excluirse 
éste. 

Deponer. Con razón notó Baralt 
que se comete galicismo en las siguien- 
tes proposiciones: «La multiplicidad 
do las leyes depone contra las cos- 
tumbres; La multiplicidad de los plei- 
tos depone contra las leyes". Dígase 
en ambos casos arciuije de malas las 
costumbres ó las le/yes, ó es argumento 
ó testimonio contra ellas. Sólo en lo 
forense significa este v.: declarar jurí- 
dicamente, testificar; y, aunque en el 
lenguaje común significa también: 
"afirmar, atestiguar, ase\-erar", de su 
peso se cae que en tal aceii. lia de He- 



DEP 



DER 



1)1 



val' iiDa persona ó cosa bien personifi- 
cada por snjeto. — Como a. sitínifica: 
"dejar, separar, ajiartar de si"; por eso 
se dice deponer el yelmo, el cetro, la 
autoridad, el parecer ó juicio, la majes- 
tad, el miedo. Es claro que el sujeto en 
estos casos lia de sor por punto general 
un SCI' animal capaz de tales acciones; 
pei'o, como en el lenguaje animado de 
las pasiones cobran vida real las cosas 
y los seres abstractos, no vemos por 
qué no haya de usarse con ellos esta 
aceii., por más que la tache de fralicana 
el P. Jlir, confundiéndola con la 1.*. 
"Entonces se la ve [á la Medicina] 
ífp/w/íí)Tápidamente «/ desalirw". [Las 
ciencias eclesiásticas] empezaron á de- 
poner el denalirw í\\iq habían contraído 
en ios siglos precedentes", escribió 
Clemencín, y creemos que castiza y 
elegantemente, porcjue deponer signi- 
fica ahí poner ó dejar á un lado, que 
es su primera y fundamental acep. 

Dkportista, com. y ú. t. c. adj. 
Urge la aceptación de este vocablo, 
bien formado y usado ya por algunos, 
para traducir el sportsman y el sportive 
inirk's. Si en castellano tenemos desde 
antiguo la \m deporte, m., (juc expresa 
de sobra y con lujo el concepto del sport 
inglés: si hay v. deportarse, que signifi- 
ca «divertirse, recrearse», ¿por qué no 
admitir también á departis/a, para 
completar el grupo de estas voces? 
Ahora que están de moda en todo 
el mundo los deportes de todo género, 
conviene también ])ojiuluriz:ir los res- 
jjectivos nombres. 

Dkpósito, m. Se nota en Chile ten- 
dencia á confundirlo con puesto, y 
algunas veces se le confunde. Lo cual 
no debe ser, porque el depósito para 
este caso es el lugai- ó paraje donde se 
dejwsitn algo, es decir, se entrega algo 
para que se guarde ó custodie; mien- 
tras que el puesto es la tiendecilla ó 



paraje en que se vende al por menor. 
Si la venta es por mayor, que es cuan- 
do se le da aquí el pomposo nombre de 
depósito, se llan:ará almacén ó tien- 
da de tal cosa, si es que el género ven- 
dible no ha dado al idioma un nombre 
esjieeial, como carbonería, dulcería, 
maderería, pero de ninguna, madern 
depósito, que expresa oti'a idea muy 
distinta. 

DuPRiiCiAli, a. Disminuir órelnijai' 
el valor ó precio de una cosa. Admiti- 
do en el Apéndice del último Dice. 

De profundis, m. Para el Dice, es: 
"salmo penitencial que empieza con 
estas palabras. || Acto de cantarle ó 
rezarle". — En Chile y otras repúblicas 
americanas es también la antesala del 
comedor de ciertas comunidades reli- 
giosas, como los franciscanos y domi- 
nicos, porque en ella se detiene la 
comunidad á rezar el De inofundis. — 
También lo hemos oído, pero i-ara vez, 
por-cementerio subterráneo de comu- 
nidad religiosa. 

Dkquh. Véase Dr, acep. 10.-' 

DequíVOCO, m. Refinamiento de 
pronunciación de los seudocultns del 
pueblo. ''No sea que tengamos algún 
dequívoco", es decir, alguna eqnl- 
rocación. Véase Equívoco. 

Dkrecera ó derechera, f. "Vía 
ó senda derecha, á distinción de la que 
toma rodeo". Por consiguiente, no se 
usa iiien cuando se dice: "Esle fundo 
está á la derecera del otro". "Está 

la casa en la otra calle, pero en la 

misma derecera que ésta". Díga- 
se en ihrecliuru o via recia. 

Derecho. Tratándose de telas, no 
debe decirse lado derecho, sino 
derecho solamente, porque en tal caso 
es s., definido así por el Dice.: "lado 
ó cara de una tela, por el cual está 
mejor labrada ó tejida". El lado, cara 
ó liaz opuesta se llama envés ó revés. 



92 



DERR 



DERR 



Aplicado á otros casos, lado dereclio es 
el que cae ó mira hacia la mano dere- 
t:ha. — Cuando derecho se refiere á un 
sujeto que va ó se encamina de una 
parte á otra sin desviarse ni á uno ni 
á otro lado, ¿debe usarse como predi- 
cado ó como adv.? De las dos maneras 
lo han practicado los clásicos. "Se fué 
derecho á la cama". (Cervantes, La 
lia fuKjida). "Y ¿no te fuiste derechi- 
fo á la [casa] de tu galán?" (Moreto, 
La escuela de los maridos, III, G."). 
"Éstos, en muriendo se van derechos 
al cielo". (Rivadeneira, Flos Sanrlo- 
rum). Adv., igual á derechamente: 
"La otra banda de gente caminó de- 
recho á Granada". (Mendoza, Guerra 
de Granada, 1. I). 

Las casi ya marchitas bellas flores 

Del plateado hielo. 
Heridas de tus vivos resplandores 

Miran derecho al cielo. 

(F. de la Torre, 1. I, oda 3.'). 

Aplicamos aquí lo mismo que dijimos 
en el art. Caro. 

Derogatoria, f. Derogación. En 
castellano sólo existo como adj. foren- 
se: deroijatorio, ria: que deroga. Auto 
derogatorio, cláusula derogatoria. 

Derraizar, a. Así se usa en el 
Sur de Cliile por desarraigar. En cas- 
tellano hay también los anticuados 
derraigar y desraigar. 

Debrame, m. y lí. m. en pl. (El 
vulgo pronuncia reame). Muy usado 
entre los agricultores chilenos por- 
cantidad de agua que sobra en el riego 
de un fundo y se derrama, por el de- 
clive del terreno, en el vecino ó eu otra 
parte. "Bordea el camino un foso, por 
el cual descienden al rio los clerrames 
de los terrenos cultivados más arriba". 
(Diario El Porvenir). Merece admi- 
tirse esta acep., aunque puede decirse 
que ya lo está implícitamente, pues la 



última Je i'irramarcomo r. es: "desa- 
guar, descnibocar un arroyo en alguna 
parte", y nuestro derrame es el agua 
misma así derramada. Los que tengan 
escri'ipulo por el uso de esta voz, digari 
simplemente el agua sobrante ó las 
aguas sobrantes. 

Derrengar, a. La Academia, Sal- 
va y Bello lo conjugan como irregular: 
der rungo, derriengas, etc.; pero Cuervo 
prueba que se ha usado también como 
regular: derrengó, derrengas, y que á 
esta conjugación tienden los modernos, 
la cual es también la única conforme 
con el adj. rengo, de que está formado 
el V. Con derrengar debe reemplazarse 
el chileno rengar. 

Derrocau, a. "Se conjuga también 
como irregular: Más quiero asno que 
me lleve que caballo que me derrue- 
que, refrán. ¿No quieres que te derrue- 
quen? Lope de Vega". Esto enseña la 
Academia en su Gram. Al decir que 
la.inhién se conjuga como irregular, de- 
ja establecido que su conjugación or- 
dinaria es la regular. Y, efectivamente, 
á ella tienden los modernos desde el 
siglo XVIII, porque, siendo el v. 
compuesto de roca, y nó de rueca, no 
hay razón gramatical para hacerlo 
irregular, como lo hicieron los clásicos. 

Derroche, m. Dice Don Eduardo 
de Huidobro, en su obrita ¡Pobre 
lengua! que "esos derroches de elocuen- 
cifí, de erudición, de gracia., etc., de que 
oímos hablar por ahí á menudo, no son 
tales derroches sino incorrecciones de 
lenguaje", y que se diga alarde ú os- 
tentación en vez de derroche. Según el 
tono del lenguaje, distinguiríamos 
nosotros; porque, si derroche es la 
acción ó efecto de derrochar, y derro- 
cfiar es "malgastar, destruir, destrozar 
los bienes", está bien aplicada la me- 
táfora cuando la elocuencia, la erudi- 
ción ó la gracia realmente se malgastan 



DERR 



DES 



or. 



ora sea por laincajiacidad del auditorio 
ó de los lectores, oía por lo baladí del 
astiiito, ora por cualquier otro motivo. 

Dkrkoteko, m. De la acep. fig. que 
tiene en castellano: "camino, rumbo, 
medio que uno toma para llejíar al fin 
que se lia propuesto'", ha venido á 
significar entre las gentes mineras de 
Chile las noticias, leyendas, relaciones, 
tradiciones ó indicaciones que deter- 
minan el camino ó rumbo para llegar 
á una mina, veta ó riqueza minera; 
idea comprendida' de una manera ge- 
neral en la acep. castellana. 

Derrumbar, a. y ú. t. c. r. «Pre- 
cipitar, despeñar». Por consiguiente, 
se usa mal :en Chile confundiéndolo 
con derruir (derribar, destruir, arrui- 
nar un edificio), aterrar (echar por 
tierra), ó con los genéricos derribar y 
posirar. 

Dkkrumiíe, m. Hace tiempo que 
casi todos los americanos venimos pi- 
diendo la admisión de este vocablo con 
el mismo significado de derrumba- 
miento, y el Dice, siempre sordo á 
nuestros clamores. ..Pero, sin notarlo 
él, se le ha metido en las dos últimas 
ediciones como un cMñán, y ahí se está 
el muy ladino, hace más de veinticua- 
tro años, sin que nadie se haya atrevi- 
do á derrumbarlo. Señal de que no 
suena tan nial al oído español. Come- 
tamos pues la indiscreción de denun- 
ciarlo, no para que desaparezca de 
donde está, sino para ipie se le traslade 
á su propio lugar con todos los honores 
debidos al valiente (|ue rompe el muro 
y se cuela en la fortaleza. En el 2.° 
art. Chiflón, en la 2." acep.. está muy 
sin novedad celebrando su hazaña y 
presentándose por sí mismo á los es- 
pañoles. — Fernán Caballero usa la 
forma derrumlm, que tampoco acepta 
el Dice. — En algunos casos equivale 
nuestro derrumbe al derrubio ca-stella- 



no, que es: "acción ó efecto de derru- 
biar; tierra que se cae ó desmorona 
por esta causa"; y derrubiar úgirAca.-. 
"robar insensiblemente el río, arroyo 
ó cualquiera humedad la tierra de las 
riberas ó tapias'". Por consiguiente, si 
por esta causa se cae ó desmorona el 
borde do un barranco, una tapia ó 
muralla, la caída misma y la tierra así 
amontonada se llamarán dnrrid)ioís y 
nó derrumbes. En el derrumbe, 
que es compuesto de de y de rapes, 
roca, domina la idea de precipitarse ó 
caer de lo alto; y en el derrubia, deri- 
vado del bajo latín derruliare, francés 
dérober, robar, quitar, domina la idea 
de robar por debajo, soca^'ar. Si se 
admite pues derrumbe, como lo espe- 
ramos, deben diirsele dos aceps. como 
á derrubio. 

Desaboll.ídor, m. Instrumento, 
generalmente en forma cilindrica, que 
usan los hojalateros para desabollar. 
Hace falta en el Dice. 

Desabrido, ua, adj. Fuera de las 
aceps. que tiene para las frutas ó man- 
jares, para las armas do fuego y para 
el tiempo, admite también la fig. de 
«áspero y desapacible en el trato». Nos- 
otros usamos esta acep., pero confun- 
diéndola con la respectiva de desabo- 
rido: «aplícase á la persona de carácter 
indiferente ó sosa. Ú. t. c. s.» Nuestro 
desatirido es más bien el desaborido 
español. 

Desacollarar, a. Véase Aco- 
llarar, l.-' acep. El compuesto, que no 
aparece en él Dice, participa en Chile 
del mismo error que el simple y signi- 
fica-separar dos animales (pie formaban 
par ó pareja, ó collera, como mala- 
mente se dice aquí. Esta idea puede 
expresarse cou desaparear ó con los 
genéricos separar, desunir, apartar. 

Desacomodar, a. No tiene en cas- 
tellano el significado que aquí le damos . 



!)l 



DES 



DES 



Véanse el siguiente y Desaderezar. 

Desacomodo, m. Significa: "acción 
ó efecto de desacomodav ó desacomo- 
darse", y el V.: "privar de la comodi- 
dad. II Quitar la conveniencia, empleo 
li ocupación. I', t. c. r." Por consi- 
guiente, no es desacomodo lo que 
aquí entendemos: acción ó efecto de 
deshacer el aderezo, compostura ó 
adorno de alguna cosa, lugar ó perso- 
na. (Véase Acomodo en el Apéndice). 
Esto debe llamarse líesromposición ó 
descompostura, y, alargando la gene- 
rosidad, desachrno ó desaderezo. Des- 
adorno es, según el Dice, "falta de 
adorno ó comijostura": pero merece 
también tener la acep. de desadornar, 
es decir: "acción ó efecto de quitar el 
adorno ó compostura". Desaderezo no 
figura en el Dice; pero debe admitirse 
en la misma acep. que vamos á rectifi- 
car para el v. desaderezar. 

Desacompasado, da, adj. Des- 
compasado, da: excesivo, despropor- 
cionado, fuera de lo regular; descortés 
ó descomedido. 

Desacondicionar, a. Quitar á una 
persona ó cosa la buena condición en 
(jue estaba. Bien puede admitirse. 

Desacoplar, a. Separar lo que es- 
taba acoplado. Hace falta en el Dice. 

Desacorde, adj. Sólo se aplica á 
cosa y nó ;i persona: «dicese de lo que 
no iguala, conforma ó concuerda con 
otra cosa. Aplícase con propiedad á los 
instrumentos músicos destemplados ó 
templados en distinto tono». — Difiere, 
por consiguiente, de discorde, que es: 
«desconforme en dictamen, opinión y 
juicio. En Música: disonante, falto de 
consonancia». — Acorde se aplica á per- 
sona y á cosa; concorde á persona sola- 
mente. 

Desacredito, m. Aunque el v. es 
desacreditar, el s. es descrédito. 

Desacuñar, a. Quitar la cuña. |1 r. 



Quedar libre y expedita una cosa acu- 
ñada, por haberse corrido ó salido de su 
lugar la cuña que la sujetaba. Es de uso 
corriente eu Cliile, y en Colombia segiín 
Cuervo, y, como está bien formado y 
es necesario, merece la aceptación de 
la Academia. 

Desachiguar, a. y ú. t. c. r. 
Quitar el pandeo ó la comba á una pa- 
red. — Desalabear una pieza de madera. 
Véase Achiguar. 

Desaderezáis, a. y ú. t. c, r. «Des- 
aliñar», dice el Dice, por única defini- 
ción; y desaliMr es: «descomponer, 
ajar el adorno, atavío ó compostura^». 
Lo propio habría sido definir á desade- 
rezar diciendo: deshacer ó quitar el 
aderezo: porque los compuestos de íZas 
significan deshacer la idea significada 
por el simple. Así una iglesia, una sala, 
un comedor, se desaderezan, cuando se 
les quitan los adornos y atavíos que se 
les han puesto, y no tanto cuando éstos 
se descomponen ó ajan. A lo sumo po- 
dría ponerse como 2." acep. la actual 
definición del Dice. Sinónimos de des- 
aderezar son: (ksadorneír (quitar el 
adoruo ó compostura), desat.wiar (qui- 
tar los atavíos), desarrei/tcir (de una 
manera bien genérica) y descomponer. 
Este último no tiene tan clara esta 
acep. en el Dice, pero sí eu Cuervo, 
que dice: «quitar el orden, buena dis- 
posición ú ornato con que estaba arre- 
glada alguna cosa»; acep, que justifica 
con estas citas, entre otras: «Hizo 
luego descomponer el altar y descolgar 
todo lo que se haliía puesto en la igle- 
sia». (Yepes). 

Que cuando el huésped se muda, 
DeKompónese la ciisa. 

(Tirso). 

/>í'.sy/í/rtWí7?'s¡gnifica también figurada- 
mente: «desjiojar de su adorno y cora- 
postiira una cosa». 



DES 



DES 



;):') 



Desaderezo, m. Es usado y tiene 
buena forma castellana; merece pues 
que se acuerde de él el Dice. Véase 
Desacomodo. 

Desadoquixau, a Deshacer ó qui- 
tar el adoquinado. Hace falta en el Dice. 

Desafilarse, r. Perder el lilo un 
instrumento cortante, como cuchillo, 
navaja, espada, hacha. Está bien for- 
mado y merece admitirse, pues no po- 
dría reemplazarse con mellarse ni con 
otros. 

Desafortuxada^iexte, adv. de m. 
Algo kilométrico es el tal adv.; pero 
hay que admitirlo como descendiente 
Icírítimo del respectivo adj. 

Desageración, desagerado, 

desagerar. Es hasta dónde pueden 
llevar lo exmíerado de su pronunciación 
los delegantes del pueblo. Lo mis- 
mo hacen en España. 

Desaguado, da, adj. fig. El 
desaborido español: «aplícase á la per- 
sona de carácter indiferente ó sosa». 
Véase Deslavado. 

Desaguar, a. y ú. t. c. r. Todas 
las cocineras chilenas desaguan las 
carnes, livsaceitunas. loslimones agrios, 
las zamboas ó azumboas, y, en general, 
todas las cosas que tienen gusto ú olor 
acre ó des;igradable, antes de guisarlas 
ó condimentarlas; pero lo malo es (jue 
el V. no significa tal cosa en castella- 
no, esto es: lavar una ó más veces, 
^lás propios nos parecen desjinjar, a. 
y r. (sacar el jugo), deszumar, a. y r. 
(sacar ó quitar el zumo), desacerbar 
(templar, endulzar, quitar lo áspero y 
agrio á u na cosa), y en general, relavar, 
remojar, deslavar ó deslavazar, desubs- 
tanciar ó desustaMiar. 

Desahorar, a. y r., y desahogo, m. 
Las personas de alguna edad, entre la 
gente culta, y todas las del pueblo 
pronuncian como trisílabos estos voca- 
blos diptongando aho en áu: desau- 



g-ar, desáugo, desáugue. Es de- 
fecto originado de la pronunciación 
fam. y de los poetas, que, obligados por 
la medida del verso, suelen abreviar el v. 

Así su agitación el ciego Lara 
Calmó, y en blando lloro deíahogóít. 
(D. Ángel de Saavedra, El Moro expi'mlo. 
c. Vil). 

Para que conste el último verso, hay 
que leer desaugóse. Xo debe imi- 
tai-se esta mala pronunciación, sino que 
debe conjugarse el v. tal como es: des- 
a-ho-gar, des-a-lw-go, Jes-a-ho-gué, 
etc. 

Desahcciak, a., y desahucio, m. 
Tanto el v. como el s. se pronuncian 
desahúiio, desahucias, etc., y nó desa- 
hucio, y menos desaliuceo. La 
razón es porque ambos vocablos están 
formados de la partícula des y del nom- 
bre latino fiducia, con acento en la ú. 
Por eso en castellano antiguo se decía 
desafiuciar y desafiuzar. 

Desairar, a. Xo es compuesto de 
airarse, que lo es de ira, sino que está 
formado de desaire; por consiguiente, 
se conjuga desairo, desairas. El v. con- 
trario de airarse es desenojarse. 

Desalextador, ra, adj. Que des- 
alienta ó desanima. Aplícase á persona 
y á cosa. Hace falta en el Dice. 

Desalhajar, a. «Quitar de una 
habitación los muebles preciosos >. La 
etimología, el sentido común y el uso 
protestan de consuno contra esta defi- 
nición del Dice. Desalhajar no es ni 
puede ser otra cosa que quitar á una 
I)ersona, lugar ú objeto las alhajas que 
tenía, así como alhajar es adornar con 
alhajas. El P. Sigüenza le da también 
la acep. fig. que se deduce de este pa- 
saje: «Mas, que en cosa de tanta gra- 
vedad, como las divinas letras, se atre- 
van los ignorantes, desalhajados de todo 
lo que se requiere, á entrarse en elhis 



1)0 



DES 



DES 



sin guía..., cosa es de todo punto abo- 
rrecible, y abuso que se había de 
enmendar con áspero castigo». (Vida 
de S. Jeróii., 1. 11, disc. I). 

Desaminar, a. Vulgarismo por 
examinar, corriente también en España 
y en otras naciones americanas. La 
parte más inculta de nuestro pueblo 
dice también insaminar, insa- 
men. 

Desamparar, a. Debe admitirse co- 
mo término de Minería, contrario Áam- 
parar. Véase éste en su lugar. «Apenas 
ps desamparada una mina, cuando uno 
ó más la denuncian y signen su la- 
boreo». (Jotabecbe, Costumbres chile- 
nas). 

Desanimador, RA, adj. Que desani- 
ma ó desalienta. «Nadie como él [Ven- 
tura de la Vega] supo sufrir con ánimo 
imperturbable la pobreza desanima- 
dora». (Conde de Clieste, Discurso 
leído en la Acad.) La voz merece figurar 
en el Dice. 

Desanivelar, a. Desnivelar, a. y 
ú. t. c. r. iSacar de nivel. Lo mismo los 
sustantivos desnivel, desnivelación. 

Desaparecido, ra. Lidividuo que 
ha desaparecido de un lugar, ignorán- 
dose si e.stá vivo ó muerto. Muy usado 
en el foro chileno, y con razón, porque 
el Código Civil emplea la voz repetidas 
veces. En un solo artículo, el 81, figura 
cinco veces. A juicio nuestro, merece 
entrar en el Dice. 

Desapartar, a. Dígase despartir: 
« Enti'en á despartir la pelea ó á ayudar 
á mi amo». «Don Fernando despartió 
al cuac^rillero y á Don Quijote». (Cer- 
vantes). 

Desapego, dbspegamiento y des- 
pego, ni. Son iguales para el Dice: 
«falta de afición ó interés, alejamiento, 
desvío». — Asimismo los verbos desape- 
gar y despegar en la acep. propia y 
en la fia:. 



Desapegualar, n. Ya que el Dice. 
admitió nuestro pegual, fuerza es que 
admita también los dos verbos que de 
él se han formado: apegualar (que ya 
apuntamos en su lugar) y desapegualar, 
que son a<juí de tanto uso como el s. 
Este último v. significa-desatar ó qui- 
tar del pegual el lazo que en él se ha- 
bía puesto. 

Desapercibido, da, adj. Grosero 
barbarismo, más que galicismo, merece 
llamarse el mal uso que se hace de este 
vocablo. «Pasó desapercibido el 
importante discurso de Fulano; lo cual 
no se puede decir, sino pasó inadver- 
tido, ignorado, no se fijó en él la atención 
del público, no se reparó en él. Des- 
apercibido vale desprevenido, mal 
preparado, desprovisto de lo necesario 
para hacer frente á alguna persona ó 
cosa». (Gram. de la Acad.) 

Desapiadado, da, adj. Impío, in- 
humano. Es igual á despiadado, da. — 
Asimismo los respectivos advs. 

Desapiadarse, r. No apiadarse ó 
compadecerse. No lo admite el Dice; y 
muy bien hecho, porque no se necesita. 

Desaplomar, a. y ú. m. c. r. Igual 
á desplomar: «hacer que una pared, un 
edificio n otra cosa, pierda la posición 
vertical». — Además de esta acep., que 
es la 1.", tiene desplomar las siguientes: 
«r. Perder la posición vertical una cosa, 
especialmente un edificio. || Caerse una 
pared por pérdida de su posición ver- 
tical ó vicio de su cimiento. || fig. Caer 
á plomo una cosa de gran peso». — Los 
sustantivos, que son desplome (acción 
ó efecto de desplomar ó desplomarse) 
y desplomo (desviación de la posición 
vertical en un edificio, una pared, etc.), 
son conformes con este último v. sola- 
mente. 

Desaponzar, a. Sacar aun clérigo 
del aponzamiento. Véase Apon- 
zar. 



DES 



DES 



07 



Desapretinar, a. Descoser ó des- 
unir un vestido de su pretina, en todo 
ó en parte. Merece figurar en el Dice. 
Véase Apretixak. 

Desarchivar, a. Sacar ó retirar de 
un archivo papeles ó documentos. Ver- 
bo necesario, bien foriuadoy que cuen- 
ta con algún uso. Hace falta en el Dice. 

Desarmonizar, n. Bien podría su- 
plirse con desfiitonar, en Literatura, 
Música, Pintura y demás bellas artes; 
pero, ya que existe el simple armonizar, 
y iono no es igual á armonía, conviene 
admitir también este compuesto. «Una 
iwta. desentona ea el cuadro: el panta- 
lón del rey... Esto no se podía evitar, 
pues no ha sido poco triunfo conseguir 
que no desarmonice más aún». (Pardo 
-Bazán, Impresiones de arte). 

Desarrajado, da, adj.fig.y fam. 
Descerrajado, da: nde per\ersa vida y 
de conciencia dispuesta á todo lo ma- 
lo». Algunos lo confunden con des- 
barrajado. 

Desarrajar, a. Es compuesto de 
des y de cerraja, cerradura ; por consi- 
guiente, descerrajar: «arrancar ó vio- 
lentar la cerradura de una puerta, 
cofre, escritorio, etc. |{ fig. y fam. 
Disparar las armas de fuego». — Ade- 
más de estas dos aceps. se dan aquí al 
falso desarrajar estas otras dos: 1.» 
DesarrajaríOTwi'w//fl:sacarel jinete 
á carrera abierta el caballo, parándolo 
de firme y de rondón. Esta idea se ex- 
presa en castellano con el s. remesón: 
«carrera corta que el jinete hace dar 
al caballo, obligándolo á pararse cuan- 
do va con más violencia. Hácese regu- 
larmente por gallardía». Vé.ise DéS- 
nalgar. — 2.» fig. Espetar: «Le 
desarrajó un par de estrofas». — 
Por la 2." acep. que descerrajar tiene 
en castellano, se dice también en Chile 
desarrajar la yuilarra ú otro ins- 
trumento músico (romper á tocarlo). 
Dice, de Chil., t. II. 



desarrajar el rosario (empezar á 
rezarlo en alta voz); metáforas de 
pésimo gusto, pero explicables en el 
pueblo. El M. Valdivielso, en el Sa- 
ffrario de Toledo, descerraja las gargan- 
tas, las lenguas, el pecho: 

El que en el higo de fierezas tantas 
Los leones domó por el profeta. 
De:<ccrTa¡ar quisiera las gargantas 

Y qne tragaran la dañada seta. 

(IJbr. I). 

Descerrajé las lenguas de los mudos 

Y en alabanzas mías prorrumpieron. 

(Lihr. III). 
Verás que de su pecho descerraja 
El oculto tesoro. 

(Llbr. XVIII). 

Aquí se explica y se puede aceptar la 
metáfora. 

Desarrapado ó desharrapado, 
DA, adj. y ú. t. c. s. Así, de estas dos 
maneras lo escribe el Dice. Andrajoso, 
roto, lleno de &xv&^os..( Arrapo, es igual 
á harapo). 

Desasfaltar, a. Deshacer un suelo 
asfaltado. Merece admitirse. 

Desastar, a. y ü. t. c. r. Muy 
usado en Chile y bien formado; pero 
basta con el castizo descornar: «quitar, 
arrancar los cuernos á un animal. || fig. 
y fam. Descalabazarse» ó darse uno de 
calabazadas (calentarse la cabeza en 
averiguar una cosa, sin lograrlo). La 
conjugación es irregular, porque es 
compuesto de cuerno: descuerno, des- 
cuernas. — Hay en castellano desenas- 
tar, pero significa otra cosa: «quitar 
el asta ó mango á un arma ó á un 
hierro». — Descogotcir significa tam- 
bién: «quitar ó cortar de raíz las astas 
al venado». 

Desatendible, adj. No nos pa- 
rece atendible este vocablo, ni creemos 
que pueda concertarse su significado 
con el del v. atender, de donde se de- 
riva. Lo que es indigno de atención ó 
de atenderse será más bien inatendible, 

13 



98 



DES 



DES 



y nó desatendible; porque in sig- 

nificu iieiíaciiHi, y ilfx deshace lo qne 
estaba hecho, y inal puede estar hecho 
lo que sólo expresa posibilidad, como 
son los adjs. en lile. 

Desatornilladoi', m. Muy usado 
en Chile; pero el Dice, sólo admite á 
destornillador: «instrumento de hierro 
ú otra materia, que sirve para destor- 
nillar>. 

Desatornillar, dkstornillar y 
DESENTORNILLAR, a. Triple forma de 
un solo y mismo v. «Deshacer las 
vueltas de un tornillo para sacarle ó 
aflojarle. || r. fig. üescoiicertarse 
obrando ó hablando sin juicio ni seso». 
Véase Destornillarse. 

Desautorizacióx, f. Acción ó efec- 
to de desautorizar. Falta en el Dice. 

Desaveniencia , f . Desavenencia. 

Desbalijar, a. Desvalijar. Véanse 
éste y Balija. 

Desbande, m. DíiiA&e desbandada, 
f.: acción ó efecto de desbandarse. — 
A la desbandada, m. adv.: confusa- 
mente y sin orden; en dispersión. Xo 
se confunda con el modismo A la 
deshilada, con que se denota la marcha 
de alguna tropa, cuando van los sol- 
dados uno tras otro; fig., con disimulo. 

Desbarrajado, da, adj. Véase 
Desarrajado, y en el Apéndice 
Abarrajado. 

Desbarrancar, a. En sentido 
propio es para uosotros despenar desde 
un barranco. U. t. c. r. En sentido fig., 
hacer ceder á uno de un propósito ó 
intento en que se mantenía firme; pero 
en ninguno de los dos aparece en el 
Dice, que nos da á desabarrancar en 
sentido contrario: «sacar á uno de un 
barranco, barrizal ó pantano, ó de una 
dificultad ó mal negocio». En la 1.'' 
acep. desbarrancar es «de uso muy 
antiguo en América, como que lo usa 
Castellanos, JJisl. del N. R. de Grana- 



da, II, p. 108, y está en los vocabu- 
larios de Bertonio, Ruiz de Montoya 
y Pebres». (Cuervo). Bien puede pues 
admitirse; pero para esto habría ((ue 
agregar á barranco ó barranca la acep. 
especial que tiene en América, porijue 
de ella se ha formado el v. Para el espa- 
ñol significan estos sustantivos: «(juie- 
bra profunda (|ue hacen en la tierra 
las coriientes de las aguas»; por con- 
siguiente, son sinónimos de hondonada, 
quebrada, cauce: para el americano 
significan el lado, orilla ó borde de esa 
misma quiebra ó quebrada profunda; 
y, por extensión, cualquier borde alto 
de tierra. Así se explica que hayamos 
formado el v. desbarrancar: precipitar, 
derrumbar ó despeñar desde lo alto de 
un barranco ó barranca. El español, 
qne tiene un concepto enteramente 
distinto del barranco ó barranca, no 
puede usar este v., sino el contrario 
embarrancarse: «atascarse en un ba- 
rranco ó atolladero. Ú. t. c. n.», y el 
contrario de éste, desabarrancar. Ija 
acep. que hemos llamado americana no 
lo es sino en cuanto ial uso moderno, 
porque antiguamente se usó también 
en España y de allá nos vino. Nada 
menos que el libro rey de las letras 
españolas, el Quijote, dice: «No hallé 
derrumbadero ni barranco de donde 
despeñar y despenar al amo». ¿Cómo 
se podría despeñar desde el barranco 
esiiañol.? Por eso, al citar este pasaje, 
agrega Cejador entre paréntesis, para 
explicar el barranco: <s ribazo alto sobre 
una quiebra, como hoy se entiende en 
América, y se halla en Garcilaso 
(Eiih 2): «Llegue á un barranco de 
muí/ gran altura», y Mariana (1. 6, 
If), hablando de las «barrancas muy 
id las», por entre las cuales corre «el 
Tajo acanaladoentre» ellas en Toledo)). 
(Dice, de Cerra n les). 

Desbautizar, a. Quitar el nombre 



DES 



DES 



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que se puso en el bautismo. Es v. 
usiido festivamente por Vélez de Gue- 
vara en su DiaMo cojuelo (tr. III): 
«Vive Dios que me le he de quitar yo 
[el don], porque me desbauihan y 
desdonan los que veo». — En el mismo 
caso que dexbau/izftr esta aquidesdonnr, 
quitar el don; no es. por consiguiente, 
el ant. que el Dice, define: «quitar lo 
que se había dado ó donado». 

Desborde, ni. .\unque tenemos 
en castellano muchos sustantivos por 
el corte de éste, para significar la 
acción ó efecto de desbordar ó des- 
boi'darse, el Dice, no nos presenta á 
desborde sino únicamente á desbor- 
damiento.— Vero téngase presente que 
desbordar, n. y r., sólo significa: usalir 
de los bordes, derramaree»; por eso no 
debe darse á desbordamiento la acep. 
fig. que los franceses dan á su débor- 
dement. Para ésta tenemos en castella- 
no desenfreno, disolución, licencia, li- 
bertinaje, derramamiento, inumbxción. 

Desboronar, a. y r. Todavía se 
oye aíjiií, eutre el pueblo y algunas 
personas educadas, por desmoronar ó 
desbrujar. Asi se usó también en Es- 
paña, y por eso el Dice, lo trae como 
ant. — [jos sustantivos desborono y 
desboronamiento no aparecen ni 
como anticuados y son en ca.stellano 
desmoronamiento. — La etimología de 
estas voces es la partícula des y el s. 
morón, montecillo de tierra. La per- 
mutación de una labial por otra, rn 
por b, se explica por la fonética del 
idioma: almoronia por alboronia, boji- 
¡¡anga por mojiijanga, luijlcones (dos 
veces en Salas Barbadillo, La Hija 
de Celestina ) por mojicones, Moni por 
Boni. de Bonifacio. Véase il. 

Desboscar, a. Desembarazar ó 
limpiar un terreno lleno de bosque. 
Xo existe en castellano este v., sino 
únicamente desemboscarse: «salir del 



bosque, espesura ó emboscada». Puede 
expresarse !a idea con desmontar (cor- 
tar el monte enteramente ó en parte) 
ó descuajar (arrancar de raíz ó de cuajo 
las plantas, matorrales ó malezas, para 
];)oder cultivar la tierra). 

Desbrotar, a. Muy usado enChile 
en vez del castizo despimpollar: «í|ui- 
tar á la vid los brotes viciosos ó exce- 
sivos, dejando á la planta la carga que 
buenamente pueda llevar». — Desbar- 
billar, a.: «cortar las raíces que arrojan 
los troncos de las vides nuevas, para 
darles más vigor». — Quitar las ramas 
iniitiies y las hojas secas esesccmwndar; 
quitar los pámpanos á las vides, para 
atajar el mucho vicio, es despampanar; 
esparcir ó apartar los vastagos de la 
vid ó de otra planta cuando están muy 
juntos, despamplonar; quitar en vera- 
no algunas hojas á la vid, para que los 
racimos reciban fácilmente la luz y 
acción del sol, desfollonar; quitar los 
pámpanos y ramas que nacen de nuevo 
en la vid, fuera de los sarmientos y 
viistagos principales, deslechugar ó 
deslechuguillar, que también significan: 
chapodar las puntas de los sarmientos 
que llevan fruto, cuando se acerca su 
madurez. Como provincialismo de 
Murcia aparece también en el Dice. 
desronar: «quitar á los árboles las ra- 
ra itas ruines, para que tomen más vi?or 
las otras». Véase Deshijar, 2." 
acep. 

Desbrote, m. Acción ó efecto de 
desbrotar. Véase el anterior. — 
Conjunto de pimpollos arrancados de 
la vid ])or inútiles ó excesivos. 

Desbuchar ó deseíibuchar, a. 
Echar ó expelerlas aves lo que tienen 
en el buche, jj fig. y fam. Decir uno 
todo cuanto sabe y tenia callado». En 
estas dos aceps. coinciden am bos verbos . 

DeSCABCLLIR-SE ó E.SCABrLLIKSE, 

r. Ninguno de los dos es a. 



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Descacarañado, da, adj. Por 

parecer formado de rascara lo confun- 
den algunos con descascarado y lo 
aplican á las paredes ó muros desron- 
chados. Véanse Descascarar y Ca- 
carañado. 

Descachar, a. Menos aceptable 
que desastar. Véase este último. 

Descaderar, a. « Hacer á uno daño 
grave en las caderas. U. t. c. r.» Así 
lo define el Dice; pero más acertado 
habría sido: «dislocar una ó ambas 
caderas». En efecto, no sería propio 
decir que una persona estaba descade- 
rada si sólo tenía una herida grave, 
pero no dislocadura en las caderas. 
Véase Descuadrilar. 

Descamador, m. Así llaman en 
las curtidurías ó tenerías chilenas al 
pelambrero español: «oficial que ape- 
lambra las pieles». Apelambrar ó ■}"'' 
lambrar es: «meter los cueros en pe- 
lambre ó en depósito de agua y cal 
viva para que pierdan el pelo». El 
chilenismo no tiene razón de ser, por- 
que ni se trata de escamas ni hay v. 
descamar sino escamar. 

Descamisar, a. No existe en 
castellano sino el adj. descamisado. 
Tratándose de brevas, higos y otras 
frutas parecidas, dígase mondará pelar, 
que son los verbos propios para esa 
acción. 

Descampar, n. ant. Escampar. — 
Descampado, da, adj. Este sí lleva d. 
«Dícese del terreno ó paraje desemba- 
razado, descubierto, libre y limpio de 
tropiezos, malezas y espesuras. U. t. o. s. 
m.» No se hable pues del descam- 
pe, que han usado en Chile algano.s 
literatos de fuste. 

Descanar, a. Entresacar las canas 
al que tiene pocas todavía. No es de 
mucho uso, pero está bien formado. 

DiisCANSAR, n. En el juego de la 
brisca, cuando es entre cuatro, descar- 



tarse uno de una carta de poco valor 
por cuanto el compañero lleva ganada 
la baza con otra carta muy superior; 
y también descartarse de alguna carta 
que está en peligro, aprovechando, 
asimismo, cuando el compañero va 
ganando la baza. Es acep. fig. muy 
usada en Chile y digna de admitirse. 
Descanso, m. Eufemismo ó modo 
suave y delicado de designar el Jugar 
común ó letrina. Más general se ha 
hecho en estos últimos años excusado. 
Véase en su lugar. — Una de las divi- 
siones que se hacen para el juego del 
infernáculo ó reina mora (véase Lll- 
che), en la cual el jugador se detiene 
un poco á descansar. — Pie alto de 
madera, generalmente de forma trian- 
gular y con un hoyo en el centro de la 
cara superioi', para (|ue descanse en él 
el cirial en las funciones de iglesia. 
Gsta acep. puede reducirse á la castiza 
que tiene descanso en el Dice: «asien- 
to sobre que se apoya, asegura ó afirma 
una cosa.» — Utensilio de mesa en que 
descansan los cubiertos por una punta 
para que no manchen los manteles. 
Otros lo llaman portacubiertos. 
— Pieza de metal donde descansa el 
eje de las ruedas en muchas máquinas. 
— La acep. que el Dice, define: «me- 
seta en que terminan los tramos de 
una escalera», debe corregirse: «meseta 
[ó rellano] en que termina cada tramo 
de una escalera». Así se usa la voz en 
todas partes y es lo que dice también 
el propio Dice, en el art. Tramo. 

Descardar, a. Escardar ó escar- 
dillar: «entresacar y arrancar los car- 
dos y otras hierbas de los Fcmbrados 
cuando están las mieses tiernas y en 
hierba». 

Descarmenar, a. Quítese la d, 
que es de los repulidos, y dígase escar- 
menar ó carmenar. Lo mismo en sus 
derivados escctrmerutdor ó carmenador. 



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y carmenadura, líscarmenadura 
no hay. 

Descarozado, m. y ú. m. en pl. 
Formado de (/ís y de carozo. Véase 
éste en el Apéndice. El descarozado 
es exactamente igual al descocado. 
Véivse mas abajo. 

Descarriar, a. y ú. t. o. r. «Se 
acentúa descarrio, r/escarria,?, descarrie, 
y en consecuencia [¡ojo!] la /se separa 
de la vocal siguiente en toda la con- 
jugación. No debe imitarse la sinéresis 
que ofrece este ejemplo de Jovellanos: 

¿Se lanzó acaso descarriado y cieg» 
En pos de alguno de su alteza indigno?». 

Así Cuervo en su Dice. Dígase pues 
descarriado, descarriar, descarrié, etc. 

Descascarar, a. «Quitar la casca- 
ra. II r. f]g. Levantarse ó caerse la super- 
ficie ó cascara de algunas cosas>. Según 
se ve por estas aceps. que le reconoce 
el Dice, podría usarse este v. tratán- 
dose de paredes ó muros, como se hace 
en Chile, en Méjico y quizás en otras 
partes; pero hay en castellano otro v. 
más propio para esto, que es desconchar: 
«quitar á una pared ó muro parte de 
su enlucido ó revestimiento. U. t. c. r.» 
Este es el que usan los buenos escri- 
tores. 

Descascaro, m. Xo aparece en 
el Dice. Aqní suele usai-se por-acción 
ó efecto de desconcharse una pared ó 
muro. El Dice, nos da á desconchado, 
va., que no es exactamente lo mismo, 
sino «parte en que una pared ó muro 
ha perdido su enlucido ó revestimien- 
to!. 

Descatolizar, a. Quitar la fe ca- 
tólica á una persona ó sociedad de 
personas. Bastante usado y bien for- 
mado, debe ya el Dice, recibirlo en sus 
columnas. Como prueba de que se usa 
también en España, vaya este pasaje 
de Cortejen: «Luego no puede enor- 



gullecerse [el adj. humanilario'] de 
haber traído la necesidad para suplir 
deficiencias del idioma, aun admitien- 
do que éste se descatoUzara y perdiese 
el carácter sobrenatural que ostentan 
no pocos de sus vocablos». (Arte de 
componer, c. VI). Véase Descristia- 
nizar. 

Descendencia, f. Falta en el Dice, 
la acep. de-conjunto ó número de 
descendientes. 

Descepador, ra, adj. Que descepa. 
Máquina descepadora. Ú. t. c. s. f. 
para nombrar esta misma máquina. — 
m. Peón ó jornalero que trabaja en 
descepar. Todo esto hace falta en el 
Dice. 

Descepar, a. «Arrancar de raíz los 
árboles ó plantas que tienen cepa». 
Así el Dice. Más exacto sería: arran- 
car las cepas de los árboles; porque 
muchas veces sucede, como en Chile, 
que se cortan los árboles hasta el suelo, 
quedando únicamente las cepas: arran- 
carlas para beneficiarlas de alguna 
manera y dejar e.'ípedito el terreno 
para el cultivo, se llama aquí descepar. 
Por eso se dice bien: Descejmr un po- 
trero (ó dehesa); y nó como dijo 
Cejador:* Desmañados podadores des- 
ceparon las más briosas de sus ra- 
mas». (Criterio del casticismo). Mal 
puede desceparse lo que no tiene cepa, 
sino apenas cejmUón. 

Dbscinchar, a. Quitar ó soltar las 
cinchas á una caballería. Deshinchar : 
quitar la hinchazón. 

Desclavar, a. «Arrancar ó quitar 
los clavos. II Quitar ó desprender una 
cosa del clavo ó clavos con que está 
asegurada. || Desenga.star las piedras 
preciosas de la guarnición del metal 
en que estiin como clavadas». — Desen- 
clavar tiene todas estas aceps. y ade- 
más est<» otra fig.: «Sacar á uno con 
violencia del sitio en que está». 



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Descocado, m. Ú. m. en pl. Poca 
gracia k-s hará á los españoles este 
vocablo en el sentido en que nosotros 
lo usamos, porque entre ellos es adj. 
y se aplica á la persona que muestra 
demasiada libertad y desen%'oltura. 
Orejón, que también se usa más en pL, 
es el «trozo delgado de melocotón, 
mondado y limpio del hueso, secado á 
la sombra». Nuestro deSCOCadO no 
sólo es trozo sino el melocotón ó du- 
razno entero, y, [lor lo general, secado 
al sol. Conforme á la índole del idio- 
ma, podríamos valemos de ¡os partici- 
pios f/f-sos«í7o y ífe7«/fs«</o (pues ambos 
verbos existen) y con cualquiera de 
ellos bautizar á nuestros descoca- 
dos, que, á decir verdad y, según su 
etimología (sin coco ó hueso) no están 
tan mal nombrados. Véanse Desca- 
rozado y Huesillo. 

Descocer, a. Digerir la comida. — 
No se confunda con escocer (percibir 
una sensación muy desagradable, pare- 
cida á la quemadura; fig., sentir en el 
ánimo una impresión desagradable), 
ni menos con descoser (soltar, cortar, 
desprender las puntadas de las cos;vs 
que estaban cosidas). Los dos primeros 
se conjugan descuezo y escuezo; el se- 
gundo, descoso. 

Descolora a ó descolorir, a. y ú. 
t. c. r. Quitar ó amortiguar el color. 

Descochollado, da, adj. Vul- 
garismo chileno. Andrajoso, roto, que 
lleva roto ó destrozado el vestido. Es 
formado de la paiiicula castellana des 
y del araucano cochofun, remendar. La 
// intercalada en los verbos suele ser 
negativa, y fun es la terminación ver- 
bal. Descochollado, formado pues del 
araucano, pero con la partícula y ter- 
minación castellanas, significa «no re- 
mendados. 

De.-coger, a. Es de lo más castizo 
por «desplegar, extender ó soltar lo que 



está plegado, arrollado ó recogido)'. En 
lo antiguo se usó también por escoger 
(tomar ó elegir una ó más cosas entre 
otras); pero ahora está anticuado en 
esta acep. Los repulidos de nuestro pue- 
blo lo usan todavía. 

DescogOtar, a. Ant. y reempla- 
zado por acogotar en estas dos aceps. : 
«matar con herida ó golpe dado en el 
cogote; fam., derribar ó vencer á una 
persona, sujetándola por el cogote ó de 
otro modo». 

Descomedido, da, adj. Descome- 
DiDAJDENTE, adv. de m. Véase Come- 
dirse en el cuerpo de la obra y en el 
Apéndice. 

Descomponer, a. y ú. t. c. r. Tra- 
tándose de cuerjjos animales, lo usamos 
aquí por dislocar y dislocarse, descon- 
certar ó desconcerkirse. — Asimismo el 
s. descompostura por dislocadura ó dis- 
tocación, desconcertadura ó desconcierto, 
luxación. Véase Componer, 2." acep. 

Descomulgar, a. Usado en lo 
antiguo por e.rcouudi/ar, merece ya la 
nota de anticuado, que todavía el Dice, 
no le ha puesto. 

Desconcepto, m. Descrédito. Sólo 
se lia admitido el v. deseo nceptufir. a. 
y li t. c. r. (Desacreditar), pero nó 
el s. 

Desconchabar, a. De la l ." acep. 
del simple conchahar-. «unir, juntar, 
asociar», se ha formado este v., que 
usamos, como en Méjico, en el mismo 
significado de descomponer. Véase más 
atrás. 

Desconforme ó disconforme, adj. 
— Desconformidad ó disconformi- 
dad, f. 

Descongelar, a. y ú. t. c. r. No apa- 
rece en el Dice, pero está bien formado 
y lo usó el Maestro Valdivielso: 

Y con amor paterno los conorta . 
üe su t«mor descongelando el hielo 

{Santuario de Toledo, 1. XX). 



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DES 



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Los que tengan escrúpulo de usarlo 
pueden quedarse con los tres siguien- 
tes: Deshelar, a. y ú. t. c. r. Liquidar 
lo que está helado. Conjúgase como el 
simple helar. Desuerar, n. : deshacerse 
ó derretirse la nieve. Conjúgase como 
el simple nei'ar. Descuajar: liquidar, 
descoagular, desunir las partes de uu 
liquido que estaban condensadas ó 
cuajadas. Ú. t. c. r. 

De.>consideraciÓn, f. Falta de con- 
sideración, de advertencia ó de a)nsejo. 
Es la falta que comete el desconside- 
rado. Merece admitirse, como lo está 
inconsideración. 

Descoxtincacióx ó discontinüa- 
cióx, f. — Descoxtinuar ó discox- 

TISUAR, a. 

DESCOXTixro, NTA, adj. Xo con- 
tinuo. — DiscoxTixro, XüA: apartado 
ó no continuado. En Matemáticas, no 
continuo. 

Descoxtrapesar, a. Xo aparece en 
el Dice, y en Chile es de uso corrien- 
te, tanto como pesar y contrapesar, y 
no podría reemplazarse siempre con des- 
equilibrar, con el cual no guarda com- 
pleta sinonimia, como contrapeso tam- 
poco la tiene entera con equilibrio. 
Descontrapesar es hacer que un peso ó 
carga pierda su centro de gravedad; ó 
que, de dos cosas que pesan igual mente, 
por ej., los tercios de una carga, una 
prepondere sobre la otra. Imposible 
sería en Chile sustituir este v. en el 
lenguaje corriente con desequilibrar; 
y, como, por otra parte, tiene fcrma 
tan castiza, mejor es admitirlo en el 
Dice. 

Descorazado, ui. y ú. m. en pl. 
Metátesis por descarozado, ó sin 
carozo. Véase Descarozado. 

Descdtak ó escotar, a. — Descote 
ó escote, m. 

Descozor, m. Escozor. 

Descremadora, f. Utensilio ó apa- 



rato para descremar. Más conforme 
con el castellano sería desnatadora, 
aunque tampoco está en el Dice. 

Descremar, a. Desnatar-. quitar 
la nata [ó crema] á la leche ó á otros 
líquidos. Arrequesonarse: torcerse la 
leche, separándose el suero de la parte 
más crasa. A pesar de estos dos sinó- 
nimos, conviene admitir el moderno 
descremar, que expresa mejor la idea. 

Descristianizar, a. Quitar á uno 
la fe cristiana, las creencias ó costum- 
bres cristianas; quitar á una cosa la 
forma cristiana. «Espero firmemente 
que, aunque hablen en francés [las 
mujeres], seguirán hablando en cris- 
tiano. En manera alguna lasaplaudo en 
lo de adulterar el castellano idioma... ; 
pero sobre todo encarecimiento las 
alabo en su empeño de no desrristiani- 
zarleí). (D. Cándido Xocedal, Discurso 
de contestación en la Ac^id. d otro de 
D. Vicente Barrantes). Es v. usado en 
todas partes y digno de admitirse, como 
tantos otros en izar. Descristianar, que 
trae el Dice, sólo significa: «quitar el 
crisma; fig. y fam., dar á uno un gran 
golpe en la cabeza»; que son también 
las dos primeras aceps. de descrismar. 
Véanse Descatolizar é Izar (Ver- 
bos ex). 

Descuabrilar, a. y ú. t. c. r. Así 
en Chile, porque el v. está formado de 
cuadril; pero el Dice, sólo admite des- 
cuadrillarse, y nó a. sino r. únicamen- 
te: «derrengarse la bestia por el cua- 
dril». Pedimos que se admita también 
la forma desnuidrilar como ra;ís con- 
forme con la etimología y usada por 
cuatro millones de personas, y que se le 
reconozca la voz activa, porque las 
bestias (mejor decir los animales, en 
general) no sólo se descuadrilan ellos 
sino que también los descuadrilan. — 
Como cuadril es también sinónimo de 
cadera, suelen en Chile confundir á 



104 



DES 



DES 



descuadrilar con descadei'ar; pero, tra- 
tándose de personas, aplican el primero 
á los hombres y el segundo á las mu- 
jeres. 

Descuajeringarse, r. Nada tie- 
ne (jue ver con ¡fringa: se deriva de 
cwijo y es dfíícwijurintjarsP: « relajarse 
las partes del cuerpo por efecto de can- 
sancio. U. sólo hiperbólicamente». No 
lo usan pues bien los que hablan de 

muebles descuajaringados. 
Desgomar ^ a. y r., y desgoznarse signi- 
fican figuradamente desencajar, des- 
quiciar, y podrían reemplazar á descua- 
jaringarse, tratándose en general de 
cuerpos animales. La definición que da 
el Tiicc.'Ádesgoznarse: "desgobernarse" 
(afectar inovimientos de miembros des- 
concertados; como en bailes y mudan- 
zas) no está conforme con el uso que 
hizo de él el Pinciano: 

De^gvzna^e al enfermo toda pieza, 
Por falta de virtud que á toda excede; 
Las cuerdas todas que los miembros atan 
De suyo se relajan y desatan. 

(El Pelayo, 1. VI). 

Descubrir, Véase Cubrir, lilt. 
acep. Damos al compuesto la acep. 
contraria, esto es: Kesponer pública- 
mente el Santísimo Sacramento á la 
adoración de los fieles» ; que es la 3.* que 
el Dice, da á manifestar. Es digna de 
aceptarse y se usa más en la forma neu- 
tra del V.: Ya descubrieron; que en la 
activa: Van á descubrir el Santísimo. 
Véase Exponer. — r. Falta en el Dice, 
esta otra acep., contraria también á la 
respectiva de cubrir y usada en todas 
partes: «quitarse el sombrero, la gorra, 
etc.» Mejor mil veces admitirla, antes 
que usar á desgorrarse, que está tan 
campante en su lugar: «quitarse la go- 
rra, el sombrero ó la montera»; ó antes 
que resucitar el ant. des/orarse, usado 
todavía en las Canarias: "descubrir la 



cabeza, quitarse el sombrero, montera 
ó gorra". 

Descuerar, a. Es el desollar ó 
despellejar castellano. (Desollar anima- 
les, sacando la piel entera, lo expresa el 
Dice, con el v. mejicano copinar, a,.)— 
fig. Murmurar de uno, desacreditarlo, 
desollarlo ó desollarlo vivo, corlarle de 
vestir, roerle los zancajos. — El v. está 
formado de des y de cjtero, sin deshacer 
el diptongo, á semejanza de amueblar, 
desamueblar, engruesar, ahuecar, en- 
huerar, en/iuerar. Imitando á otro 
compuesto de euei'o, encorar, pudo ha- 
ber sido descorar; pero ni en esta ni 
en aquella forma aparece en el Dice, ni 
se le necesita para nada, aunque lo ha- 
yan usado autores como Galdós. (Miau, 
XXII). 

Descuernar, a. Descornar. 

Descuidar, a. y n. Descuido, m. 
Véase Cuidar. 

Deschavetarse, r. Usado en 
Chile y en otras partes de América, 
pero masen el part. descltavetado, 
da. Corresponde á la fr. castiza perder 
uno la chaveta, fig. y fam.: perder el 
juicio, volverse loco; y mejor á destor- 
nillarse, fig.: desconcertarse obrando ó 
hablando sin juicio ni seso, y destor- 
niUado, da, fig.: inconsiderado, preci- 
pitado, sin seso. 

Descliepicar, a. si nuestra clié- 
pica es Va. grama castellana, la misma 
corrección hay que hacer en el v. Dí- 
gase pues desgramar, a.: arrancar ó 
quitar la grama. 

Desde, prep. Tres vicios de lenguaje 
han hecho contraer á esta prep. los 
escritores que no estudian bien el idio- 
ma: uno general, pues se ve en España 
y en todas partes; y otro, peculiar de 
América. El primero es ponerla antes 
de las locuciones latinas ccb aeterno, ab 
initit, que les viene como á un santo 
Cristo un par de pistolas. La prep. la- 



DES 



DES 



105 



tina ah ya sicjnifica desde; por coiisi- 
írniente, no hay para que repetirla, y 
es lástima que se deslizara en algunos 
clásicos. — El segundo vicio es usar 
desde que, que en castellano sólo indica 
tiempo, en el sentido causal de i/a que, 
¡lUfslo que, pues que, pues, eunndo, 
comoquiera que, wui vez que. Desde 
que til no me cumples lo prometido, 
yo tampoco te doy lo que te ofrecí». 
Es alireviacióu del complemento des- 
de el momento que, que usan 

algunos, afrancesadamente (des le mo- 
ment que), por uiui vez que y demás 
locuciones apuntadas. — El tercero es 
dar á desde que el significado de luei/o 
qiif. iisi que, apenas, en con gerundio. 
Desde que Dios Iwhla, es necesario 
creer. Aquí significa tiempo, pero con 
cierto dejo consecuencial que asemeja 
la loe. á la 2.' que analizamos. Por esto 
es inaceptable en castellano, y nó por 
lo que dice el P. Mir: «El defecto con- 
siste en dar tiempo presente á desde 
que, pues su propia acepción le pide 
pasado». Tanto como eso, nó: desde 
que, significando tiemf)0 solamente, 
puede juntarse, sin dificultad ni repug- 
nancia alguna, con el presente: DeMe 
que comienzn la misa, es necesario oírla 
con atención; Desde que llego á mi casa, 
me pongo á estudiar. El defecto de la 
fr. galicana es el dejo consecuencial 
que deja traslucir y que es inconciliable 
con el significado castellano. Por eso la 
proposición Desde que Dios habla, es 
necesario creer, puede tomarse en dos 
sentidos: francés el nno: Puesto que es, 
Dios quien habla, hemos de creer; y 
castellano el otro: Apenas, ó una vez 
que Dios habla, ó en hablando Dios, 
hemos de creer. 

Desdecir. Conjiiga.se en todo como 
el simple decir: desdigo, desdije, des- 
diré, desdiría, desdiciendo, desdicho; 
menos en la primera forma del imps- 

Dicc. de Chil. t. II. 



rativo, que es desdice, no desdi. 
Desdientar, a. Desdentar.- quitar 
ó sacar los dientes. Conjúgase desdien- 
to, desdiente, etc. Pait. desdentado, da, 

nó desdieutado. 

Desdoroso, sa, adj. iüuy usado en 
Chile; pero no aparece en el Dice. Los 
autores españoles prefieren á desdoran- 
te: «Ya no es desdorante el manual 
trabajo». (Ferrer del Río, disc. acadé- 
mico. Lo mismo en el prólogo que 
escribió para la edición académica de 
La .Araucana de Ercilla). D. Ramón 
Menéndez Pidal, en su discurso de in- 
greso en la Academia, usó desdoroso; 
así también en Colombia, según Cuer- 
vo. El vocablo es expresivo y bien for- 
mado y merece ser admitido en el Dice. 

Desdorosamente, adv. m. De ma- 
nera desdorosa. Digno de admitirse, 
como el anterior. 

Desebar, a. Desensebar: «quitar 
el sebo; fig., quitar el sabor de la gro- 
sura que se acaba de comer, tomando 
aceitunas, fruta ú otra cosa semejante». 
Tnmbiéndesbuíhar y desainar: «quitar 
el saín á un animal, ó la crasitud y 
substancia á una cosa. Ú. t. c. r.» — 
Descebar: "quitar el cebo á las armas 
de fuego". 

Desecar, a. y ü. t. c. r. «Secar, 
extraer la humedad». Xo debe confun- 
dirse con disecar: «dividir en partes el 
cadáver de un animal para el examen 
de su estructura ó de un vicio que haya 
contraído viviendo. || Preparar los ani- 
males muertos, para conservarlos con 
apariencia de vivos». La ciencia que 
trata deesto ultimóse llama tcuidermia. 
Desecar tiene por sustantivos cognados 
á desecación y desecamiento; y disecar, 
á disecación y disección. 

Desembarazar, n. No le da el Dice, 
la acep. de dar á luz, pcrrir, desembar- 
car, fig. y fam., y ant. alumbrar, 
sino las generales de «quitar el impe- 

u 



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DES 



DES 



dimento que se opone á una cosa; de- 
jarla libre y expedita; evacuar, des- 
ocupar» . Con estas aceps. y con el pudor 
natural, que impide llamar ciertas cosas 
por sus nombres, se explica el uso de 
este V. en muchas partes. En Chile es 
general; y ¿como iió, cuando nuestro 
clásico Padre Ovalle lo dejó estampado 
en su obra (1. VIII, c. XIII)? «Lla- 
maron á un Padre para que confesase 
ii una española, que, puesta en el ar- 
tículo de la muerte por un hijo que 
tenía en el vientre, ya muerto de tres 
días, pedía misericordia... Llegó el Pa- 
dre, y. . . al punto que la enferma se puso 
al cuello la reliquia [de San Ignacio], 
se desembarazó de la criatura muerta». 
Bien puede aquí alegarse que el v. está 
usado en su acep. general y que sólo 
por el complemento de la criatura y 
por el contexto se aplica á nuestro caso. 
Así es la verdad; pero así son también 
muchas de las aceps. figuradas que 
tienen las voces en todos los idiomas. 
Agregúese á esto que el s. embarazo y 
el adj. embarazada tienen la acep. co- 
rrelativa. ¿Que cosa más justa, enton- 
ces, que darla también á sus compues- 
tos desembarazar, desembarazada y 
desembarazo? Esperemos la nueva edi- 
ción del Dice. 

Desembarco y desembarque, m. 
El primero se refiere á personas, y el 
segundo á cosas (géneros, provisiones); 
lo mismo que sus simples embarro y 
embarque. 

Desejipacaese, r. Véase Empacar- 
se. 

Desempajar, a. Despajar.- apar- 
tar la paja del grano. 

Desemparvar, a. Eecoger la parva, 
formando montón. — No debe confun- 
dirse con desparvar, a.: deshacer la 
parva, esparciendo los haces, ya pai'a 
trillarlos, ya para que se sequen. 

Desempastar, a. Si hay empastar 



(encuadernar en pasta los libros), es 
natural que Laya también el v. con- 
trario, tan bien formado y que no 
carece de uso. Descuadernar y des- 
encuadernar no lo reemplazan exacta- 
mente, porque éstos en sentido estricto 
re refieren á la costura de los pliegos, 
y desempastar á las pastas ó cubiertas. 
Admítasele pues sin vacilar. 

Desempastelar, a. Empastelar es 
en Imprenta: «mezclar ó barajar las 
letras de un molde de modo que no 
formen sentido». Nosotros le damos 
principalüíente la acep. de revolver y 
confundir los tipos de una imprenta 
de suerte que no se pueda trabajar con 
ellos hasta que se desempastelen, es 
decir, hasta que vuelvan á colocarse 
ordenadamente en sus cajasy cajetines. 
Las dos aceps. contrarias á las de em- 
pastelar debe recibir pues el v. nuevo 
desempastelar que ofrecemos al Dice. 

Desempedrar, a. Conjúgase desem- 
piedro, etc., como compuesto que es de 
piedra, y nó desempedró. El Pin- 
ciano, en su poema El Pelayo (de 1 G05) 
emplea dos veces el v. despedrar, que 
no aparece en el Dice: 

Desde el áspero risco que (ícspicdra 
Arroja al enemigo espesa piedra. 

(Libr. XV). 
El príncipe andaluz prende y despiedra 
Y arroja canto al rey. 

(Libr. vX). 

Despedregar, a., significa: «limpiar de 
piedras la tierra». 

Desempertigar, a. Entre labra- 
dores, quitar del pértigo la yunta que 
tiraba de él. Tan usado en Chile como 
el simple empertigar. No les conocemos 
en castellano otros equivalentes que 
emjanrhar y desenganchar, que el Dice. 
aplica á las caballerías del tiro. Uncir 
y .Itsuncir, y los anticuados desunir 
y desyuncir se refieren al yugo y nó 
al pértigo, como los nuestros. Ojalá sean 
admitidos. 



DES 



DES 



107 



Desempozar, a. Sacar lo que está 
empozado. Falta eu el Dice. 

Como á Josef el cielo desempoza, 
Aunque empozarle la malicia intenta. 
(Valdivielso, Sagrario de Toledo, 1. XIII). 

Desencrespar, a. Deshacer lo ri- 
zado ó encrespado. Hace falta en el 
Dice, aunque exista su sinónimo des- 
rizar. El Maestro José de Valdivielso, 
hablando del Cancerbero, dice: 

Mas. desencrespa el erizado cerro, 
Mirando de loa dos las señas ciertas. 

{Sagrario de Toledo, 1. VI). 

Desenchuecar, a. Desemorrar 
(enderezar lo que está encorvado ó 
torcido); demlahear (quitar el alabeo 
á una pieza de madera); y en general, 
enderezar., destorcer. Véanse ChuecO 

y Enchuecar. 

Desenfardar ó desexfardelar, 
a. Abrir y desatar los fardos. 

Desengañado, da, adj. «Despre- 
ciable y malo», es lo único que como 
adj. significa en castellano; sin embar- 
go, no nos disgusta el significado fam. 
de-feo ó poco hermoso, que aquí y en 
otras naciones se le da. Son, éstos, eufe- 
mismos necesarios, como que son e,KÍ- 
gidos por la delicadeza de la sociedad. 

Desengarce, m. Hace falta en el 
Dice, en el cual debe figurar con el 
significado de-acción ó efecto de de.s- 
engarzar, como engarce lo es de engar- 
zar. Como autoridad, valga la de D. S. 
Estébanez Calderón: «Ella por refre- 
narle y él por desasirse, resultó al fin 
cierto desengarce del pie izquierdo». 
(D. Ojiando ó unas elecciones). 

Desengomar ó DESOOM A R, a. Quitar 
la goma á los tejidos, especialmente á 
los de seda, para que tomen mejor el 
tinte. 

Desengoznar, desgoznar ó des- 
<iONZAU,a. Quitar ó arrancar los goznes. 



Desengraso, m. Aunque existe 
el V. desengrasar, que en su última acep. 
significa (lo mismo que desensebar, 
fig.) «quitar el sabor de la grosura que 
se acaba de comer, tomando aceitunas, 
fruta ú otra cosa semejante», el s. no 
aparece, ni creemos que se haya usado 
en castellano. Nosotros solemos usarlo 
])0V pos/re, va., sobremesa ó sobrecomida, 
f . : «fruta, dulce y otras cosas que se sir- 
ven al fin de las comidas ó banquetes». 

Desenmalezar, a. Arrancar la 
maleza de un terreno. Basta con escar- 
dar ó escardillar (entresacar y arrancar 
los cardos y otras hierbas de los sembra- 
dos cuando están las mieses tiernas y 
en hievhA); desgerbar y mejoT desherbar 
(quitar ó arrancar las hierbas); des- 
brozar ó desembrozar ((juitar la bro- 
za, desembarazar, limpiar), descuajar 
(arrancar de raíz ó de cuajo las plantas, 
matorrales ó malezas, para poder cul- 
tivar la tierra), desmalar (descuajar 
las matas) y los genéricos (fcrt/'/Y«V/rt/-, 
desmontar, limpiar y mondar. 

Desenroscar, a. y ú. t. c. r. Quitar 
á una cosa la forma de i'osca; deshacer 
una serpiente la rosca ó anillos que 
había formado. Es v. admitido en varios 
diccionarios, pero nó en el académico. 
Está bien formado y tiene en su favor 
autoridades chisicas. Pedro Sánchez de 
Viana, en el 1. XV de las Metamorfosis 
de Ovidio, hablando del dios Esculapio, 
que en Epidauro era adorado en figura 
de serpiente, dice: 

Desenroscóse el dios, y le notaron 
Que sale de la nave. 

Desenterez.1, f. Pérdida de la en- 
tereza virginal. Lo usa Fr. Diego de 
Vega, autor clásico de principios 
del siglo XVII, y es digno de acep- 
tarse. 

Desentería ó desenterla, f. 
Disenteria, 



108 



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l)ií.iE.vviUDAR, 11. Salir del estado 
de viudez. Falta en el Dice. 

ÜESENYUGAE, a. Existiendo como 
existe, el simple etiijugar, («uncir y 
poner el yugo á los bueyes ó muías de 
la labranza» ó animales caballares) se 
hace necesario este compuesto. Los que 
no quieran usarlo tendrán que conten- 
tarse con /lesinirir ó los anticuados 

desy uncir y desunir. 

Desequilibrado, da, adj. y ú. m. 
c. s. m. Que padece desequilibrio en 
las facultades mentales. Modernamen- 
te se le viene dando esta acep., á la 
verdad digna de aceptarse. «No hago 
comentarios, lector pío y justiciero: 
hazlos tú, si gustas y eres de esos ya 
citados linces que se pasan la vida 
aquilatando cerebros y corazones, para 
distinguir entre cuerdos, imbéciles y 
dpsequüibrados». (Pavean, El reo (kF.) 
Si no se admite, hay en castellano: 
(Usjuh'icuío, da, (falto de juicio), des- 
lorniUado, da, (inconsiderado, precipi- 
tado, sin seso), alocado, da, (que tiene 
cosas de loco, ó parece loco), desjuicia- 
do, da, (falto de juicio), y antigua- 
mente desmeollado, da, (sin juicio, 
sin seso); tarambana, com. fam. y ú. 
t. c. adj. (persona alocada, de poco 
asiento y juicio), cabeza de cJwrlifo 
(persona de poco juicio). 

Desequilibrar, a. y ú. t. c. r., y 
Desequilibrio, m. Si se admite á 
desequilibrado, habría que admitir 
también las respectivas aceps. figuradas 
de estos dos vocablos. 

Desertar, a., n. y r. Las princi- 
pales gramáticas, inclusa la de la Aca- 
demia, lo dan como regular: deserto, 
desertas; pero Cuervo, reconociendo 
que éste es el uso corriente, agrega que 
«no faltan ejemplos de las formas dip- 
tongadas»; y cita uno de Scio y otro 
de Bretón: desiertan. Así lo hemos 
hallado también nosotros en Amat. Su 



analogía con desierto es !a (jue ha cau- 
sado esta cjafusión; pero es evidente 
que no se ha formado de esta voz, sino 
del francés déserter, y ambas del latín 
desertum. Con estos datos queda en 
claro la conjugación regular. 

Desescudar, a. y ú. t. c. r. Bien 
puede admitirse como contrario de 
escudar en las tres aceps. que éste tie- 
ne. Valga la autoridad del Pinciano, 
quien, hablando de Ferrante, que con 
su escudo defiende á Alfonso, agrega: 

Al tiempo que el varán íc tlcKencmla 
Del fiel amparo y la defensa fuerte 
Por dar á su caudillo presta ayuda... 
{El Pelayo, 1. XIX). 

Desesperada (Á la), loe. adv. 
Hace falta en el Dice. He aquí algunas 
autoridades en su favor: «Obligarlos á 
(pie obstinados se defiendan y peleen 
á la desesperada y>. (Seío, II Reg., 
XXVII, nota). «Huyendo á la deses- 
perada, anduvo durante una hora sin 
saber por dónde ni conocer á nadie». 
(Pereda, Sotileza, XIX. Y otras dos ve- 
ces más en La Puchera). "Lástima que 
tan poderosas fuerzas se hayan empe- 
ñado en luchar A la desesperada contra 
la religión». (P. García Blanco). Ad- 
mítela también Caballero en su Dice, 
de Modismos. — Ensebio Blasco, en sus 
Cuentos nuevos (La absolución), trae 
el s. f. desesp)erada, que tampoco está 
en el Dice: «La muerte de mamá con- 
cluyó con todo. Vino la desesperada, 
la venta de los primores de la juven- 
tud, la vida airada, el lujo y la melan- 
colía, que no se declara». 

Desespero, m. Desesperación. No 
es de nnicho uso, y eso entre gente 
poco culta. Así también en Álava y en 
Aragón. 

Desflg'Uro, m. Dcsfíyuración, 
desjiíjuramiento. 

Desfogar, a. y ú. t. c. r. (Jonjúgase 
desfogo, desfogue, etc., aunque por su 



DES 



DES 



109 



etimología timie rulai^ión con fuer/o. — 
El s. verbal es también desfof/ue. 

Desgana, f., ó desgano, m. Inape- 
tencia, falta de gana de comer. || Fig. 
Falta de aplicación; tedio, disgusto ó 
repugnancia á una cosa. 

Desgarrar, a. y ú. t. c. n. Mala- 
mente se usa aquí por desflemar, esputar, 
i/ari/f/Jear, expectorar, cuando en caste- 
llano sólo significa «rasgar», y como 
r. y fig.: «apartarse, separarse, huir 
uno de la compañía de otro». No debe 
olvidarse que os compuesto do garra. 

Desgarro, m. Como el anterior, se 
usa también malamente en Chile por 
rtema, esputo, expectoración, gargajo. 
Kn castellano significa: «rotura, rom- 
pimiento. II fig. Arrojo, desvergüenza, 
descaro. || Afectación de valentía, fan- 
farronada». 

Desgraciadamente, adv. m. «Sue- 
len los galicistas usar el adv. deagra- 
ciaílainente con los aditamentos para 
mí, para ti, para ellos, para todos, etc., 

en frases como éstas: Sucniió, des- 
graciadamente para mí, lo que 
voy (i cnntitr; Lo escribid, desgra- 
ciadamente para é\,sinsospecliar 
I-I infiiiiudio: Eiifenmiron muchos, 

desgraciadamente para todos, 

de cólera. Giro francés, impropio del 
romance, es el de los advs. en mente 
acompañados de régimen. Los franceses 
dicen, muy según el genio de su len- 
gua, mal/ieureusement pour moi; en 
castellano eíjuivale ;l por malos de mis 
pecad-js, por mi mal, por mi desyracia, 
por desdicha mía, pior mi infeUcidid, 
mala swirte mía, ¡qué desgracia: ¡in- 
feliz de mi! ¡desgraciado i/o! etc. Estas 
fórmulas suplen con ventaja el desgar- 
iiailo adv. y su más desgraciado ré- 
Lrimon. Aquí seria bueno advertir que 
igual acliaqilc padecen los advs. feliz- 
mente para mí ó por mí, segu- 
ramente para mí ó por mí, 



afortunadamente para ti ó por 

ti, y otros cualesquiera que traen 
arrastrando régimen: no conoce el ro- 
mance tal forma de colitas» (P. .Juan 
Mir, Pront. deHisp.y Barb.j; excepto, 
agregaremos nosotros, cuando ese ré- 
gimen es propio del adj. de que está 
formado el adv.: El hijo obró indepen- 
dientemente de su padre y diversamente 
de lo que había convenido. 

Desgraciarse, r. Tiene en Chile 
estas cuatro aceps.: suicidarse; cometer 
asesinato ó inferir heridas graves; acri- 
minarse; zurrarse uno (principalmente 
los niños) cuando está vestido, ó los 
enfermos en la cama. Las aceps. cas- 
tizas son todas muy distintas, y las 
chilenas, como se ve, llevan envuelta 
la idea de desgracia. — La verdadera 
conjugación del v. es me desgracio, te 
desgracias, etc. 

Desgranar, a. y ú. t. c. r. «Sacar 
el grano de una cosa. || r. Echarse á 
perder ó desgastarse el oído ó el gi-ano 
en las armas de fuego». No tiene en el 
Dice, la acep. fig. que aquí se le dii de 
-disgregar ó desagregar, desbandarse; 
sin embargo, la hallamos en el Pin- 
ciano, en el 1. VI de su Pelago: 

El tullido Aianxuza con la resta 
Do su cuadrilla, más feroz se arriedra 
Do esliera que ihsgrane la algarada, 
Y hacer su injuria con rigor vengada. 

La iinica diferencia es que aquí el v. 
está usado como n., uso que se aviene 
más con la forma poética. — Tampoco 
da el Dice, la acep. fig. al s.' desgrane: 
«Comenzó la época de desgarra- 
miento de los partidos, de la forma- 
ción, por división y por desgrane, 
de nuevos grupos», escribió \\n autor 

chileno. (Ese desgarramiento es 

para el Dice, desgarro ó desgarrón. El 
r. desgarrarse puede también suplir la 
acep. del v., si no se quiere seguir el 



lio 



DES 



DES 



uso del Pinciano y de Chile, pues sig- 
nifica: a apartarse, separarse, huir uno 
de la compañía de otro»). — Fig. y fam., 
vcnloseai; n. y r. 

Desgreño, m. No aparece en el 
Dice. Despeluzamiento. Véase Olias- 
ca. — En ningún caso podría decirse el 
desgreño de los muebles, como lo 
escribió un novelista chileno, por des- 
aseo, maUratamiento ó maltrato. 

Desguañangado, da, adj. Des- 
arreglado y roto en el vestir; á veces 
desarrapado ó desharrapado, despilfa- 
rrado, andrajoso. Algunos pronuncian 
desguayangado. Bien pudiera ser 
ésta la ortografía de esta voz, deriván- 
dola de desguaij: «pedazo sobrante de 
una tela, piel, chajja metálica, etc.; 
cualquier pedazo ó desperdicio de telas 
ó de piel». Desí/uay daría desguayado, 
y éste, esforzado á la araucana, dcsgua- 
i/aiii/íido. 

Desguatar, a. Véase Desmon- 
dongar. 

Deshacer, a. Conjúgase en todo 
como el simple hacer. Mal dice, por 
tanto, Sbarbi en imperativo: 

Deshácelo, y sus hebras una á una 
Pur el ojo las pasas fácilmente. 

Deshecho, cha, part. do deshacer. 
Deshecha, f.: disimulo con que se pre- 
tende ocultar una cosa ó desvanecer 
una sospecha; salida precisa de un ca- 
mino, sitio ó paraje. Hacer íino la des- 
hecha, fr. fig.: disimular. 

Deshecho, m., está admitido como 
provincialismo de Colombia y definido 
con la 5.* acep. de deshecha: «salida 
precisa de un camino, sitio ó paraje». 
En Chile también se usa, pero nó en 
este sentido, sino como sinónimo de 
atajo: «senda ó paraje por donde se 
abreviad camino». Prueba Cuervo que 
este vocablo no debe escribirse con h, 
porque no se deriva del part. deshecho, 



sino del v. desechar: lo que hace el que 
camina por un desliedlo es desechar el 
camino real ó trillado para echar por 
el atajo. — No se confunda esta palabra 
con desecho, residuo ó cosa desechada. 

Deshermaxable, adj. Aplícase al 
hermano que falta á la unión fraternal. 
Hace falta en el Dice. 

Deshijar, a. Usámoslo en Chile 
por desahijar, a.: «apartar en el gana- 
do las crías de las madres». También 
hay en castellano otros verbos pareci- 
dos, como: desiecerrar (destetar los 
becerros ó separarlos de sus madres), 
descabritar (destetar los cabritos), des- 
corderar (apartar los corderos de las 
madres, para que no mamen más) y los 
genéricos destetar, desmamar y despe- 
char. Desmadrado, da, adj., (díccse del 
animal abandonado por la madre). 
Véase Huérfaxo. Orejano, na, (dícese 
del becerro que está sin madre y sin 
hierro ó marca; adj. y ú. t. c. s.) — 
Otra acep. que malamente le damos es 
la de desmamonar ó deschuponar: 
«quitar los mamones á las vides y á 
otras plantas y árboles». Mamón ó 
cJmpón es: «vastago que arrojan los 
árboles en el tronco ó en medio de las 
ramas principales, y que les chupa el 
jugo y estorba el fruto, no llevándolo 
él por lo regular". (Véase Desbro- 
tar). En esta acep. aplicamos nuestro 
chilenismo principalmente á la planta 
del maíz, por los // ¡jos, hij uelos ó retoños 
que suele echar; y, aunque no estaría 
mal aplicado, ya que su contrario ahi- 
jar significa: "echar la planta retoños ó 
hijuelos", lo propio es adoptar los ver- 
bos especiales que ya posee el caste- 
llano. Sinónimos de dichos verbos son : 
destallar, a. (quitar los tallos inútiles y 
viciosos á los árboles, etc.) y, tratándose 
de la vid, despleguetear, a. (quitar los 
pleguetes á los sarmientos para que el 
fruto abunde. Pleguete ó tijereta es: 



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111 



«cada uno de los zarcillos que por pares 
nacen ;i trechos eu los sarmientos de 
las vides»). 

Deshilachar ó desfilachan, a. 
Sacar hilachas de una tela. U. t. c. r. 

Deshipotecar, a. Quitar, alzar 
ó suspender á una finca la hipoteca. 
Tiene algún uso en Chile, pero no está 
admitido en el Dice, 

Deshoja, f. La famosa deshoja de 
Pereda, que tiene capítulo aparte en 
El sabor de la lierrur.a, no aparece en 
el Dice, que sólo nos da á deshojadura. 
¡Dura cosa de creer! 

Deshojar, a. y ú. t. c. r. «Despojar 
de las hojas una planta ó una flor». 
Ni flor ni planta es la panoja ó mazor- 
ca del maíz y de otras plantas, y, sin 
embargo, se deshoja; lo que quiere de- 
cir que hay que alargar la definición. 
— Desojar, a.: quebrar ó romper el 
ojo de un instrumento. || r. fig. Mirar 
con mucho ahinco para ver ó hallar 
una cosa. 

Deshora, f. Á deshora ó desho- 
ras. ¡Cuidado con agregarle el com- 
plemento de la noclie, como se hace 
en Chile! Así como no puede decirse 
á destiempo de la noclie, tem- 
prano del día, tarde de la no- 
ch.e, tampoco puede usarse á des- 
hora de la noche. 

Desuorxar ó desenhornar, a. 
Sacar del horno una cosa que se liabía 
introducido en él para cocerla. 

Deshuesar ó desosar, a. Quitar 
los huesos á un animal ó á la fruta. El 
segundo se conjuga también como el 
\)\-\m&vo: deshueso, deshuese, deshuesa; 
puro nó en los demás tiempos: desosoba, 
desosé, desosaré, etc. 

Deshchedecer, a. y ú. t. c. r. De- 
secar, quitar la humedad. Esto signifi- 
ca en castellano, y ní-entibiar, que- 
brantar, como lo usan en algunas 
provincias del Sur. Agua deshu- 



medecida, como dicen por allá, es 
pues un disparate tan grande con-o el 
solecismo (pie usan cu Santiago lla- 
mando agua quitado el hielo 
al agua quebrantadu, tibia ó entibiada. 
Deshumillar, a. y r. Sacar ó salir 
de la humillación ó de una situación 
humillante. No figura en el Dice, pero 
lo usa el célebre Pinciano, en el 1. X IV 
de El Pelaijo: 

Dicho, levanta el cano la lüdilla 
Humilde que inclinara al alto hispano, 
Y luego que se eleva y ih'shuinilh, 
Prende al varón y guía de la mano. 

Deshumorado, da, adj. Mal 

humorado ó malhumorado, (pie ha 
perdido el buen humor. 

Desierto, ta, adj. En el Apéndice 
agrególe el Dice, esta acep.: «aplícase 
á la subasta, concurso ó certamen en 
que nadie toma parte». Debieron 
agregarse los nombres causa, elección 
tema y otros semejantes. «Esto signi- 
fica esa pregunta como li causa 
desierta», dice el P. Alonso de Cabrera. 
(Consid. I, miérc. después del dom. IV 
de cuaresma). 

Desigente, adj. Exigente. Vicio 
comiin á todos los repulidos del pueblo 
en España y América. 

¡Siete añ09 de relaciones, 
Y ya quies que nos casemos! 
No me seas desigente. 
Que estas cosas requien tiempo. 

(Cantar pop. tspañol) . 

Desilusión, f. No lo ha admitido 
todavía el Dice, por ser un simple 
emigrado de las Gíalias. Aunque en 
castellano hay ilusión y la partícula 
des es de las más castizas, sin embargo, 
los clásicos y buenos escritores no 
aceptaron la desilusión, sino que la 
expresaron con las voces desencanto y 
desengaño y con una multitud de fra- 
ses de que se enorgullece el idioma. 



112 



DES 



DES 



Entre los modernos va ganando mucho 
terreno la desilusión, lo que no 
consideramos tan <írave como el uso 
del V. desilusionar. «Para conso- 
larme de las desilusiones, contra- 
riedades j desengaños que acababa de 
sufrir..., estaba resuelto á casarme». 
(Valbuena, Paral/olas, La Ultrapatia- 
■im). Así también el Vocabulario de 
Luis Marty Caballero. 

Desilusionar, a. y ú. t. c. r. No 
es castizo, y, aunque lo hayan usado 
autores tan buenos como Pereda, no 
merece recomendarse. «No la desi- 
lusionaba pizca la realidad que se 
iba descubriendo». (La Monlálvez, X). 
cEl V. desilusionar, dice el P. Mir, 
pertenece de todo en todo al Dice, 
francés, puesto que el simple ilusio- 
nar nunca ha sido castellano. No le 
faltan al romance verbos como desen- 
gañar, ilustrar, esclarecer, advertir, 
enseñar, desenmascarar, escarmentar, 
desvanecer, desimaijinar, desmentir, 
desencantar, desapasionar, etc., á pro- 
pósito para exprimir el concepto de 
desilusionar, amén de las frases 
sin número que ayudarán al mismo 
intento" ( Pront. de Hisp. y Barh.) 

Desimanar ó desimantar, a. y ú. 
t. c. r. Hacer perder la imantación á 
un imán. — La misma doble forma 
tiene también el s.: desimanación y 
desimantación. 

Desimponer, a. Falta en el Dice. 
Es término de Imprenta que significa 
lo contrario de imponer ó deshacer la 
imposición, que es: «composición de 
cuadrados que separa las planas entre 
sí, para que, impresas, aparezcan con 
las márgenes correspondientes». 

Desimpresióx, f. Acto de quitar ó 
hacer cesar una impresión. «Idea viví- 
sima en ellos y de casi imposible des- 
impresión -n, escribía al Rey de España 
el Gobernador de Honduras eu 1." de 



Julio de 1798; palabras que repite 
como suyas el informante Orbaneja. 
Es voz que debe admitirse. 

Desijipresionar, a. y ú. t. c. r. 
«Desengañar, sacar á uno del error eu 
que estaba». Es la definición del Dice, 
que, como se ve, no guarda exacta re- 
lación con la del simple impresionar, 
como no la guardan engaño y error 
con impresión. Alguna vez podrá el v. 
desimpresionar ser sinónimo de desen- 
gañar en cuanto al efecto, porque la 
persona desengañada, en razón de 
estarlo, cesa en la impresión que tenía, 
se desimpresiona; pero esto no quiere 
decir que ambos verbos sean realmente 
sinónimos. He aquí un pasaje de Martí- 
nez de la Rosa, que talvez ha sido causa 
de la mala definición: «Esperaba con 
ansia el momento de hablarle á usted, 
'^^xz.desimpresionarle de las malas ideas 
que le hayan imbuido contra mí». 
(Lo que puede un empleo. I, 9.^). 

Desinfeccionar, a. Desinfectar, 
desinflcionar. Fumigar expresa una 
manera especial de desinfectar. Desa- 
pestar es «desinfectar á una persona 
ó cosa contaminada de la peste». 

Desinfectador, ra, m. y f. Perso- 
na que desinfecta. Es usado y debe 
admitirse, como lo cstii fumigador, ra. 

Desinfectorio, m. Establecimien- 
to destinado á desinfectar, ya sea 
ejecutando la operación en él, ya pro/ 
porcionando empleados y medios paya 
hacerla donde se necesite. Es voz que 
hace falta en el Dice. 

Desinfestar, a. No está en el 
Dice, aunque parece bien formado del 
simple infestar. Véase Desinfeccio- 
nar. 

Desinflajución, f. Acción ó efec- 
to de desinflamar ó desinflamarse. 
Falta en el Dice. 

Desintelig'encia, f. Desacuerdo; 
desavenencia. No está admitido ni hay 



DES 



DES 



na 



necesidad de él. Véase Entente. 

Desinteresarse, r. Perder el in- 
terés que se tenía en un asunto. Es muy 
usado por los modeinos y está bien for- 
mado; por consiguiente, puede admi- 
tirse sin pérdida ninguna para el caste- 
llano. No es exactamenteel désiníéres- 
scr francés, que es a. y significa: elimi- 
nar á uno de algo que le interesaba, 
indemnizándole el perjuicio. 

Desinteria, f. Disenteria. 

Desistencia ó desistimiento. 

Desitiah, a. Levantar ó quitar el 
sitio puesto á una plaza ó fortaleza. 
No figura en el Dice; pero lo usa el 
Maestro Valdivielso en el 1. XXII de 
su Sagrario de Toledo: 

Mira que. confiadamente sitia 
Por lo que al Moro oyó tu patria fuerte, 
Al fuego y hielo cíe Etiopia y Scitia, 
Casi en loa flacos brazos de la muerte: 
Cómo desanimado le tlesitia. 
Y que al Obispo de León advierte, 
Llamado Cebrian, San Isidoro, 
Que vencerá si no ihsiiia al Moro. 

( Dessiliar, escribe el autor, porque es 
compuesto de des y de sitiar; y es 
lástima que los gramáticos modernos 
hayan renunciado á la doble s en casos 
como éste, en que realmente se hace 
nece.saria). Admite el Dice, el v. des- 
cercar, que en su 2.'' acep. significa: 
«levantar, ó liacer levantar, de grado 
ó por fuerza, el sitio puesto á una 
plaza ó fortaleza»; jjero más claro y 
propio es des i fiar, como que se compo- 
ne de sitiar, que en esta acep. es más 
usado y conocido que cercar. El P. llir 
en su Rebusco aboga también por la 
admisión de desitiar. 

DE.S.IUAXETAR, a. Quitar ó dismi- 
nuir el juanete. Nunca lo hemos oído 
en Chile ni está en el Dice.; pei"o úsalo 
con mucha gracia Tirso de Molina e:i 
La huerta de Juan Fernániez (1, 3."): 

Dice, de Chil., t. II, 



¡Oh pie digno de un chapín!... 
Tan igual, tan ampollado, 
Tan tierno, con tanto aliño. 
Tan melindroso, tan niño, 
Y, en fin, tan desjuanetado! 

Desladrillaródesenladrillar, 
a. — Sépase que también h^y \ . desem- 
laldosar, a. : quitar ó arrancar del suelo 
las haldoxifs ó los mal llamados ladri- 
llos de composición, y í/psp^/omí-, 
a.: deshacer el enlosado, levantando las 
losas. 

Deslayado, da, adj. fig. Descarado. 
Asi el Dice; pero téngase presente que 
esta definición es para el adj. fig. y nó 
para el participio de deslavar (limpiar 
y lavar una cosa muy por encima sin 
aclararla bien; desubstanciar, quitar 
fuerza, color y vigor). Otra foima de 
este mismo v., con igual significado, es 
deslavazar. Por consiguiente, está bien 
usado deslavado ó deslavazado cuando 
se aplica á persona ó al estilo ó lenguaje 
en el significado de-sin graciaSni subs- 
tancia, descolorido, desabrido ó desabo- 
rido. 

Deslindar. Para el Dice, es a. sola- 
mente enUa acep. recta y en la fig.; 
para nosotros es n. y rara vez a. en la 
primera; en la segunda lo usamos siem- 
pre como a. Mi finca deslinda con 
la de Pedro (linda ó alinda); Vamos 
á deslindar responsabilidades. Véanse 
Colindar, Delimitar y Colin- 
dante. 

Desmalezar, a. Véase Desen- 
malezar. No ha faltado quién dé al 
primero acep. fig. «Desmalezados 
de nuestro actual régimen judicial los 
pretextos.... » Dígase desarraigados, 
descartados, removidos, alejados, etc., 
según el sentido particular en que se 
hable. 

Desmalrador, m. El que arran- 
ca ó corta el muslo de los animales. 
Véase el siguiente. 

15 



lU 



DES 



DES 



Desmalrar, a. Formado de des y 
malro, corrupción de maulo (tronco 
de lii cola de los ctiadnipedos). Basta 
con los cazuzos derrabar, a.: «cortar, 
arrancar, quitar la cola á un animal», 
y descolar, a.: «quitar ó cortar la cola». 
Dnsrabolfir ó rabotear, a., es: '(cortar 
el rabo ó cola á las crías de las ovejas». 

DBSJL\r,LAR, a. Deshacer, cortarlas 
mallas. — Df-icnmallar, a.: a\ica.v de la 
malla el pescado. 

Desmanchar, a. Quitar ó lim- 
piar las manchas de las ropas. No 
aparece en los buenos diccionarios, ni 
siquiera en la definición de quitaman- 
chas ó sacamanr/uts, com., («persona 
que tiene por oficio quitar las manchas 
de las ropas»), que era el lugar donde 
debería usarse si por olvido se hubiera 
omitido en el propio. Los poetas cas- 
tellanos anteriores al siíjlo XV usaron 
un desmancliar, pero muy distinto 
de nuestro neologismo, pues significa- 
ba: ffdesraangar, quitar el mango, 
quebrar, desbaratar, deshacer», del 
antiguo francés dpsmamjier, hacer al- 
gún daño, modernamente démancher, 
quitar el mango á algún instrumento. 
Por el uso que tiene en España y 
.'Vmérica el nuevo dcsmanclmr, y por 
su buena formación, estimamos que 
estil ya maduro ]iara el Dice. 

Desmanche, m. Acción ó efecto 
de quitar las manchas de las ropas. 
Dígase limpia, limpiadura ó limpieza. 
— Las lavanderas chilenas llaman 
desmanche el hipoclorito de cal 
inqiuro ó cloruro de cal, porque le 
cmiilean para despercudir ó desman- 
char la ropa. 

DksmaiiaSíar ó desenmahaSar, 
a. 

Dksiiaurido, da, adj. Desfallecido, 
mustio, triste y sin fuerzas. — Desmi- 
rriada ó esmirriado, da: flaco, exte- 
nuado, consumido y melancólico. 



Desmembrar, a. Como compuesto 
que es de miembro, conjúgase des- 
miembro, desmiembras. Así lo enseñan 
todas las gramáticas castellanas y lo 
practican los buenos escritores. Si en 

uno ó dos se halla desmembro, 
debe atribuírec á yerro de imprenta ó 
á cabeceo homérico. 

Desmentido, m. Mienten y re- 
mienten contra el castellano los que, 
engañados por el démenti francés, 
cpiieren variar el género de nuestros 
nombres. En español se dice: desmen- 
tida, f. (acción de desmentir) ó mentía, 
va. (voz injuriosa y denigrativa con 
que se desmiente á una persona). Dar 
un mentís. «Poniendo mano il la espa- 
da, sustentó aquellaf/f-swf/í/íV/rt». (Cer- 
vantes, PersUes, I. III, c. IX). En 
algunos casos puede expresarse también 
la idea con tapaboca, fig. y fam.: «ra- 
ziin, dicho ó acción con que á uno se 
le corta y suspende la conversación, 
obligándole á que calle, especialmente 
cuando se le convence de ser falso lo 
que dice». 

Desmiga.iar, a. y ú. t. c. r. Hacer 
migajas una cosa, dividirla y desme- 
nuzarla en partes pequeñas. — Desmi- 
gar, a.: desmigajar ó deshacer el pan 
para hacer migas. — Migar, a.: desme- 
nuzar ó partir el pan en pedazos muy 
pequeños para hacer migas ú otra cosa 
semejante. || Echar estos pedazosen un 
líquido. Migar la leche. En esta acep. 
es sinónimo de sopar, sopear ó ensopar, 
a.: hacer sopa con el pan, empapándole 
en vino ú otro licor. 

Desmochar ó mochar, a. Quitar, 
cortar, arrancar ó desgajar la parte 
superior de una cosa, dejándola mocha. 

Desmondongar, a. Aunque lo 
usó Bello en su traducción de El Or- 
lando: 

Y todo aquel »|iie osiulo se me opongii. 
Sepa que este puñal lo desmondonga; 



DES 



DES 



II; 



no se ba popularizado ui lo ha admi- 
tido el Dice. Basta con despansunar, 
a. faiu. y ú. t. c. r. (romper á uno la 
panza), cksbarri</ar, a. fain. (romper 
ó abrir el vientre) y destripar (quitar 
ó sacar las tripas). 

Desmoxetizacióx, f. Acción ó 
efecto de desmonetizar. Hace falta en 
el Dice. 

Desmonetizar, a. «Abolir el em- 
pleo de un metal para la acuñación de 
moneda». Así el Dice, en su Apéndice. 
Comoel papel-moneda ó billetes tienen 
el valor de la moneda y hay casos en 
que se les quita ó suspende ese valor, 
se dice también de ellos que bc desmo- 
netlznn; por consiguiente, debe refor- 
mai-se cueste sentido la definición del V. 

DESMORALIZAR, a. y ú. t. c. r. 
iiCurrosuper las costumbres con malos 
ejemplos ó doctrinas perniciosas». Es- 
to y nada más siguificii en castellano, 
conforme á su etimología y al uso de 
los buenos autores; y, aunque liarcía 
Icazl)aiceta lo defienda en la acep. de- 
desconccrtarse, perder la fuerza moral, 
la confianza en sí propio, la fe en el 
Ijuen éxito, no es posible extender 
tanto su siguificado. Por eso, hablando 
de una tropa, en la cual se ha introdu- 
cido el desaliento por la creencia de que 
será vencida, y que por efecto de esto 
quebranta la disciiilina y se desordena, 
no debe decirse que se desmorali- 
za, sino sencillamente quc.se desorf/a- 
niza, se dcsordi-iui , se indixrijilírta ó .sr 
insubordina. Decir que se desmo- 
raliza es faltar á la propiedad de los 
términos y confundir el efecto con la 
causa. Después de la desorganización, 
indisciplina ó insubordinación sí que 
puede venir la desmoralización, por 
cuanto, llegados ya á ese estado los 
individuos, pueden entregarse á la 
inmoralidad. Sólo por tratarse de mi- 
litares, cuyo lenguaje suele ser más 



fuerte y áspero, se explica el uso de 
este V. para este caso, pues la tenden- 
cia moderna es al eufemismo y nó á 
lo riguroso ó mal sonante. 

DesmueladO, da, adj. Desmola- 
do, da: que no tiene muelas. 

Desnacionalizar, a. y ü. m. c. 

r. Xo estando admitido el simple 
nacionalizar, menos lo estará el 
compuesto. Basta con desnaluralizar, 
a. y ú. t. c. r.: privar á uno del derecho 
de naturaleza y patria. Antiguamente 

se usó desnaturar. 

Desnalgada, f. Acción ó efecto 
de desnalgar un caballo. Véase el 
siguiente. 

Desnalgar, a. Por su etimología 
debería significar dislocar ó sacar de su 
lugar las nalgas; pero nunca lo hemos 
oído en esta acep. sino en la de-lanzar 
el jinete una caballería á escape y 
detenerla súbitamente. Sin duda se ha 
formado este v. porque el caballo se ve, 
en esta acción, con las nalgas como 
dislocadas, ó porque pueden fácilmente 
dislocársele, pues alza los cuartos 
delanteros y carga todo el cuerpo en 
los traseros, resbalándose las patas por 
algún espacio. Es ejercicio peligroso 
y de suma destreza, que se hace en 
terreno resbaladizo. El caballo que 
hace estas pruebas y otras parecidas 
se dice ser de mucha obra, y es muy 
estimado y valioso. Véanse Desa- 
rrajar, Rematar y Tirar. 

i )K.sor ASIGNAR, a. El Dice, admite 
solamente el part. desoatsioiuido, y este 
ant. El y. aparece en este pasaje de 
Tir.<o: 



Para dcfocasionaros, 
Serafina, del aprieto,... 
No hallo mejor remedio 
Que ausentarme de Jlilán. 
{Del enemigo el primer consejo, f, II). 



116 



DES 



DES 



Desolar, a. y r. Conjúgase desuelo, 
desuelas, etc. 

Desollar, a. y ú. t. c. r. Conjúga- 
se desuello, desuellas, etc. 

Desorejado, da, part. de desorejar, 
cortar las orejas. Como adj. fig. y fam. 
vale «prostituido, infame, abyecto. 
Aplícase principalmente á ciertas ma- 
las mujeres y ú. t. c. s.» Como part. 
equivale á nuestro pilón, na (véase 
eii su lugar); pero nunca á desasado, 
da, adj. (que tiene rotas ó quitadas las 
asas), como aquí se le usa. Jarro ó 
canaslo desorejado, olla ó canasta 
desorejada, sou en castellano todos 
ellos desasados, porque lo que les falta 
son las asas y nó orejas, que nunca 
han tenido ni tienen. — Suele usarse 
también en este mismo sentido el v. 
desorejar, a. y r., pero poco. 

Desortljadura, f. Acción ó efecto 
de desorlijarse. Véase el siguiente. 

Desortijarse, r. Dislocársele á 
una caballería el nudillo ó artejo de 
las patas ti'aseras. Así se usa en Chile, 
derivándolo, sin duda, del adj. desor- 
tijado, da, (relajado, dislocado), que el 
Dice, admite como término de Veteri- 
naria. Admite también el v. desortijar, 
pero sólo a. y propio de la Agricultura : 
«dar los hortelanos con el escardillo la 
primera labor á las plantas, después 
de nacidas ó trasplantadas». «Desen- 
sortijado, da, adj.: aplícase al hueso 
que está fuera de su lugar»; es otra 
voz del Dice, que tiene relación con 
nuestro chilenismo. 

Despacio, adv. de ra. y de t. Dos 
errores cometemos con esta voz: 1." 
Darle como adv. un significado que no 
tiene, haciéndolo sinónimo de bajo, 
paso, quedo, en voz baja, cuando lo que 
significa es, como adv. de t.: «por 
tiempo dilatado». Hablar despacio 
significa pues hablar lentamente, con 
calma, proimnciando Ijien las palabras, 



y nó hablar quedo ó en voz baja, ó 
bajar la voz, como aquí lo usamos. — 
2.° Usarla como s., lo cual nunca ha 
sido en castellano. Recuérdese que no 
es una sola voz sino dos: de espacio, 
lo mismo que acerca, aprisa, aparte, 
sobremanera, sobretodo. Si algunas de 
éstas han pasado á ser sustantivos, es 
en otro sentido enteramente distinto. 
Dígase pues Obrar despacio ó de espa- 
cio, pero nó con despacio, porque 
espacio por sí solo significa: "transcur- 
so de tiempo, tardanza, lentitud". 
"Comenzó á rezar maitines con muclio 
espacio, como él lo acostumbraba". 
(Sigüenza, Orón., 1. IV, c. XXII J. 
Sólo en El siglo de oro de Valbuena 
leemos: "De éstos, como mejor puedo, 
ensartando á mi despacio gran 
número en un hilo..., suelo enguirnal- 
dar mi caperuza"'. (Églog. IV). Len- 
guaje que en esta parte no debe imi- 
tarse, aunque haya en castellano 
locuciones parecidas, como á mis an- 
chas, á las claras, á sus solas. Cuervo 
no considera seguro este pasaje de 
Valbuena é insinúa que puede haber 
en él errata de imprenta. Parece claro 
que debe ser á mi espacio, como en 
este pasaje do la Crónica manuscrita 
del Gran Capitán, escrita á mediados 
del siglo XVI y publicada solamente 
en 1908: "Iba de la mar mal dispues- 
ta [la mujer del Gran Capitán] y se 
quería ir de su espacio y tomar tierra 
hasta que se sintiese mejor". ( L. XI, 
c. VII). Cuervo trae una cita de Cer- 
vantes, otra de Lope, dos de Moratín, 
una de Martínez de la Rosa y tres de 
Fernán Caballero, en que despacio 
está usado como s., pero advirtiendo 
que nunca la Academia ha aprobado 
este uso. — Despacio (ó despacito) por 
las piedras: fr. fig. que vale para nos- 
otros obrar ó proceder con cuidado, 
como uno que tenga que andar sobre 



DES 



DES 



117 



las piedras; eu castellano ¡despacio: ó 
¡despacito: ínterj. que sirve para pre- 
venir á uno que se modere en lo que 
va bablando, ó en lo que va á hacer 
con audacia, con viveza demasiada, ó 
fuera de razón. 

Despacioso, sa, adj., y des- 
paciosamente, adv. de m. ¿Qué 
raro es que nuestros delegantes de 
los campos y de las ciudades esfuercen 
estos vocablos con una d inicial falsa, 
cuando Hartzenbusch, el sesudo y 
estudiosísimo Hartzenbusch, el que se 
llamaba estudiante de por vida, el que 
había leído más de cincuenta veces el 
Quijote, incurrió también eu el mismo 
error? Así, á lo menos, aparece en el t. 
V de las Memorias de ta Academia, 
p. 41; á no ser que sea yerro de im- 
¡iivuta, de esos que suelen poner de su 
cuenta y riesgo los cajistas y los co- 
rrectores de pruebas. Hablando de 
D. Antonio Ferrer del Río, dicen las 
citadas Memorias: "De cuerpo fué 
alto, grueso, moreno, redondo de cara, 
buenos ojos, fisonomía y voz varonil, 
cabello negro, que ya le blanqueaba 
algo y faltaba en gran parte; despa- 
cioso para todo lo que no era escriijir, 
lento en el paso". El Vocaliulario de 
Correas, gran muestrario del lenguaje 
popular de España eu el siglo XVI, 
emplea á despacioSO tres veces, y 
una ;i espacioso. Sin embargo, esta 
última forma es la única correcta y 
conforme con la etimología espacio, 
que tiene las accps. relativas á lugar 
y ;i tiempo. Por eso espacioso es: "an- 
cho, dilatado, vasto; y lento, pausado, 
flemático". 

Dksi'achero, ra, m. y f. Dueño 
de uno ó más despachos, en la acep. 
de "tienda ó parte del establecimiento 
donde se venden determinados efec- 
tos". — Persona que vende en un des- 
pacho. En ambas aceps. es de uso 



corriente en Chile y creemos que debe 
admitirse. Bodegonero, ra, que pudiera 
reemplazarlo, es más bajo y sólo tiene 
relación con el iodegón. 

Despacho, m. «Tienda ó parte del 
establecimiento donde se venden de- 
terminados efectos», dice el Dice, sin 
explicar cuáles son esos efectos. El 
despacho chileno tiene algo de la aba- 
cería española (puesto ó tienda donde 
se venden comestibles), de la especería 
ó especiería (tienda en que se venden 
drogas ó especias; y especia es: «cual- 
quiera de las drogas con que se sazonan 
los manjares y guisados; como son 
clavos, pimienta, azafrán, etc. || Ciertos 
postres de la comida, que se servían 
antiguamente para beber vino, y se 
tomaban como ahora el café»), de la 
lonja, tienda ó almacén de ultramari- 
nos, (géneros ó comestibles traído.-; de 
la otra parte del mar, y más particu- 
larmente de América y Asia), y hasta 
de ciertas tiendas especiales, como 
velería, jabonería, quesería, y aun mer- 
ceria, quincallería. Como la población 
en Chile no es tan densa, mucho menos 
en los campos, las tiendas, almacenes 
ó lonjas (nombres bastante genéricos 
en español) no pueden limitarse á una 
ó dos mercaderías, sino que tienen que 
abarcar las que más necesita el lugar 
ó población á que están destinados. Por 
eso el despacho tiene por lo general 
toda clase de comestibles (menos car- 
ne) y otros objetos de uso doméstico. 
Cuando tiene algunas telas ó géneros, 
se le califica de atiendado, como si 
la voz tienda no fuera bien genérica. 
Si la mercadería es bien escogida y 
abundante, y más espacioso y elegante 
el local, sube á la categoría de almacén, 
siendo que esta voz también es genérica 
en castellano. Cuando en él se venden 
licores, se llama despacho de licores, por 
huir del nombre de taberna, que está 



118 



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desacreditado. — Bodegón, que entre 
nosotros es un despacho ordinario y 
pobre, va cayendo en desuso; asimismo 
la antigua esquina y la recora. 
Véanse Caramancliel, Oliin- 
chel y Cliingana. 

Despachukrar, a. fam. «Aplastar 
una cosa despedazándola con fuerza. 
II fig. y fam. Desconcertar ó embro- 
llar uno lo que va hablando, por su 
mala explicación. || fig. y fam. Dejar 
á uno cortado sin tener qué replicar». 
En esta última acep., que talvez es la 
única usada en Chile, lo confunden 
muchos con despatarrarse ó espata- 
rrarse (que pronuncian despatu- 
rrarse) en la fr. Dejarle á uno (ó 
quedar, ó quedarse uno) despatarrado: 
«dejarle (ó quedar ó quedarse) extre- 
madamente admirado ó confundido». 
— Hacer uno la despatarrada es: 
«afectar una enfermedad, dolor ó ac- 
cidente tendiéndose en el suelo. — 
Despatarrarse ó espatarrarse úgmfíCA: 
«abrirse excesivamente de piernas; 
caerse al suelo abierto de piernas». 

Despaletar, a. Dígase despaldar, 
despaldillar, ó despaletillar, a. y r.: 
«desconcertar ó romper la espaldilla á 
un animal». El último significa tam- 
bién: «magullará golpes las espaldas». 
Aunque paleta y pcdetilla son sinóni- 
mos en la acep. de omoplato, el v. no 
se formó del primero sino del segundo 
y de espalda y espaldilla. 

Despanzurro, m. fig. Despro- 
pósito, disparate grosero, patochada. 
En el Dice, sólo aparece el v. despan- 
zurrar, a. fam. y ii. t. c. r.: romper á 
uno la panza. 

Desparecer, n. y ú. t. c. r. Igual 
á desaparecer, según ei Dice. «La pri- 
mera forma es la más común en el 
lenguaje ordinario», dice Cuervo; y, en 
realidad, asi se halla en la prosa de los 
clásiccs. De Chile loodemos decir que la 



forma desparecer no se usa sino en verso. 
Desparpajo, m. No significa des- 
caro, desvergüenza, como lo usan al- 
gunos, sino "suma facilidad y desem- 
barazo en hablar, y también en las 
acciones". Menos aún significa desor- 
den, desbarajuste. 

Desparrajio, m. Acción ó efecto de 
desparramar en la acep. de «echar por 
el suelo una cosa, extendiéndola por 
muchas partes». Usadísimo en Chile, 
y así también en Cuba, según Pichar- 
do; y, como está bien formado y es 
necesario, creemos que debe admitirse. 
Desparramamiento, que aceptan 
algunos Dices., nó el de la Academia, 
y desparramaáura, que tiene as- 
pecto de vulgarismo, no pueden compe- 
tiren hermosura ni en facilidad de pro- 
nunciación con nuestro desparramo. — 
También solemos usarlo figuradamen- 
te como sinónimo de desorden, desba- 
rajuste, desconcierto, desbaratamiento. 

Despatillar, a. Significa en cas- 
tellano: «cortar en los maderos los 
rebajos necesarios para que puedan 
entrar en las muescas»; y nó lo que se 
oye en Chile: arrancar una ó más 
patillas á una planta. Véase Pati- 
lla. Para esta idea hay en el idioma 
desquejar, a. (formar esquejes de los 
retoños ó hijuelos que se desgajan del 
tronco de las plantas, para que pren- 
dan por trasplante) y descor/ollar (qui- 
tar los cogollos; bien entendido que 
cofjollo es «cada uno de los renuevos 
que arrojan los árboles»). 

Despastar, a. Quitar el .'pasto ó 
hierbas. Véanse -Desenmalezar y 
Desmalezar. 

Despaturrarse. 'Véase Despa- 
churrarse. 

DESí-AVESADZiiAS,§f. pl. Si despa- 
vesar es igual, á despabilar ó espabilar 
en la acep. de «quitar la pavesa ó la 
parte ya quemada del pábilo ó mecha 



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119 



á la luz artificial», desparesaderas ha 
de equivaler también á despabiladeras 
ó espabiladeras: «tijeras con que se 
despabila». Arabos nombres se usan en 
Chile, y, aunque despavesaderas no 
figura en el Dice., es tan castizo como 
su sinónimo, según lo prueba el P. Mir 
en su Rebusco. 

Despavorir, n. y r. Llenarse de 
pavor. Sólo se usa en las formas en 
que entra la letra í. — El adj. despavo- 
rido se usa también sin !a primera d: 
espavorido. 

Despechar, a. y r. Dislocar ó des- 
concertar los encuentros á una caba- 
llería; de lo cual resulta que se manca 
ó queda abierta de pechos y con un 
andar irregular. Es v. muy usado por 
nuestros hombres de campo. Como los 
enmenfros son «puntas de las espaldi- 
llas que por delante se unen al cuello», 
parece que este chilenismo equivale 
á los verbos castizos despaldar, despal- 
dillar y despaletillar que citamos en 
Despaletar. 

DespecllO, m. Aunque hay en 
castellano el v. despechar, sinónimo de 
destetar, no sucede lo mismo con los 
sustantivos. Dígase pues destete, m. 
(acción ó efecto de destetar ó destetar- 
se) y déjese á despecho para las aceps. 
de «malquerencia nacida en el ánimo 
por desengaños sufridos en la conse- 
cución de nuestros deseos ó en los era- 
peños de nuestra vanidad. || Desespe- 
ración». 

Despedida, f. Acción ó efecto de 
despedir á uno ó despedirse. Esto solo 
dice el Dice: debió haber agregado: 
en ciertas poesías y cantos populares, 
estrofa ó copla que contiene la despe- 
dida que el poeta ó cantor dan al reti- 
rarse ó al cesar en su poesía ó canto. 
Así se usa también en España. Véase 
Cogollo. — Otra forma que suele dar- 
se (nó en Chile sino en Cataluña) á 



despedida en su 1.' acep., ó despedi- 
miento, es despido. Usóla Tirso de 
Molina (La Santa Juana, III, 16''.), 
pero como voz lacayuna, pues la puso 
en boca de un lacayo, y ya se sabe 
cómo paran el castellano en este autor 
los tales personajes. 

Luis. Vete, villano cobarde, 

Que desde aqíii' te despido. 

LiLLO. Ya llegó el despido tarde, 
Que yo solo me despido. 

Despelucar, a. y r. Verbo pési- 
mamente formado, pues nada tiene que 
ver con peluca. Usanlo algunos por 
despeluzar ó despeluznar, espeluzar ó 
espeluznar, a. y r. (descomponer ó en- 
marañar el cabello), despeinar, a. y r. 
(deshacer el peinado, descomponer el 
cabello), desmelenar, a. y r. (descom- 
pouer y desordenar el cabello), desca- 
bellar, a. y r. (despeinar, desgreñar), 
des/jreñar, a. y r. (descomponer, des- 
ordenar los cabellos) y despelotar, a. 
(desgreñar, enmarañar y descomponer 
el pelo). 

Despenar, a. «Sacar á uno de pe- 
na. II fig. y fam. Matar». Esto enseña 
el Dice. En Chile, familiarmente y por 
ironía, despenar es desesperanzar ó 
desesperar, a. y r.: quitar la esperanza, 
quedarse sin ella; desahuciar: quitará 
uno toda esperanza de conseguir lo que 
desea. ¡A cuántos novios y aspirantes 
á empleos se les despena de esta ma- 
nera! Es acep. muy propia del caste- 
llano y del buen humor chileno. 

Despensaria,f. Despenseria: 
oficio ú ocupación de despensero. — 
Algunas veces se confunde en Chile 
con el dispensario. Véase en su lugar. 

Despeo, m. Despeamiento, in., y 
despeadura, f . : acción ó efecto de des- 
pearse, que significa: maltratarse los 
pies el hombre ó el animal, por haber 
caminado mucho. 



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Despepitar, a. Quitar el hueso á 
las frutas (jue lo tienen. En castellano 
se dice deshuesar ó desosar. Téngase 
presente, para la formación de este 
falso V., que pejdla no es el hueso ó 
cuesco de cualquier fruta, sino la si- 
miente pequeña, plana y larga de al- 
gunas, como del melón, pera, sandía, 
manzana. — Despepitarse, única forma 
castiza, significa: «hablar ó gritar con 
vehemencia. || fig. Arrojar sin conside- 
ración, hablando ú obrando descome- 
didamente». Es compuesto de pepita 
en la acep. de-tumorcillo que se les 
forma á las gallinas en la lengua y no 
las deja cacarear. 

Despercudir, a. «Limpiar ó lavar 
lo que está percudidos, es lo que sig- 
nifica en castellano; para entender lo 
cual téngase presente que el último 
Dice, agregó á percudir la acep. de 
«penetrar la suciedad en alguna cosa». 
Aquí se usa despercudir más c. fig. y r., 
y más aún en el participio despercudi- 
do, da, en el significado de despejarse, 
avivarse, despabilarse. ¡Qué niño tan 
despercudido: significa: ¡qué niño tan 
despejado, tan listo, avisado, despierto, 
despabilado! La metáfora está bien 
aplicada y bien puede aceptarse. 

Desperezarse, ó esperezarse, r. 
— Desperezo ó esperezo, m. 

Desperfeccionar, a. y r. Sólo 
está admitido el s. desperfecto: «leve 
deterioro; falta que desvirtúa algún 
tanto el valor ó utilidad de las cosas ó 
deslustra su buena apariencia>. El v. 
podría suplirse con deteriorar, menos- 
cabar, deslustrar, afear, mancillar, ami- 
norar, empequeñecer, menguar ó amen- 
guar, truncar, echar á perder, etc. 
«¿Puede él [el autor] tomar á Don 
Quijote en las manos sin que se des- 
perfeccione la figura más rara, 
delicada, original y graciosa que nunca 
ha imaginado ingenio humano?» (J. 



Montalvo, Capitulas que se le olvidaron 
á Cervantes, pról., c. IV J. 

Despernancar, a. y ú. t. c. r. 

Dígase despernar, a.: «cortar ó estro- 
pear las piernas». Como compuesto que 
es de pierna, conjúgase irregularmente: 
despierno, despiernas. — También se usa 
malamente por esparrancarse: abrirse 
de piernas, separarlas. Véanse Descua- 
DRiLAR y Despachurrarse. 
Despiarse, r., despiado, da, 

adj. part. Despearse, despeado. Véase 

Despeo. 

Despido, m. Véase Despedida. 

Despilarar, a. Quitar los postes ó 
pilares de mineral que se han dejado 
en una mina abandonada, para bene- 
ficiare! metal que encierran. Por errata, 
sin duda, el Dice, de la Academia y el 
de Zerolo adulteran la forma de este v., 
diciendo despilar («derribar los pi- 
lares de una mina») y calificado por 
ambos de americanismo. La voz pilar, 
que está manifestando á las claras su 
etimología, y el derivado despilaramien- 
to, que agrega Zerolo, patentizan el 
error. 

Despilfarrado, da, adj. y part. de 
despilfarrar. No significa ralo, desper- 
digado, como han creído algunos chi- 
lenos, sino desharrapado, roto, andra- 
joso; pródigo, derrochador. — Despil- 
farrador, ra, adj. y ú. t. c. s. Que 
despilfarra. Fué admitido en el último 
Dice. 

Despilonar, a. Del chilenismo 
pilón, na. Más usado en la forma 
simple pilonar. Véase esta voz y dí- 
gase en castellano desorejar: cortar las 
orejas. 

Despintar, n. En la Mineralogía 
chilena, degenerar un mineral de la ley 
ó de la calidad que presentaba, desva- 
necer ó no corresponder á la expectativa 
que se tenía. Es compuesto del castizo 
pintar, que fig. y fam. significa: «em- 



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pezar A, mostrarse la calidad buena ó 
mala de una cosa>, como formado ijue 
e; de ¡linta, que en su acep. ííí;. es 
tseñal ó muestra exterior por donde se 
conoce la calidad buena ó mala de per- 
sonas ó cosas». También la acep. chi- 
lena de este v. puede reducirse á nna 
de las geneíales que le reconoce el Dice. : 
la fig. de «desdecir, degenerar. Froilán 
no (¡espinla de su casta». — Otra acep., 
pero fara., que damos á despintar, es: 
apartar, retirar, quitar, tratándose de 
la vista, de los ojos, de las miradas. El 
hijo no le deí^pinló los ojos á su inailte 
todo el tiempo que estuvo con ella; es 
decir, no apartó de ella los ojos, no cesó 
un instante de mirarla. No nos disgus- 
ta, como fig. y fam., esta acep., aunque 
no esté en el Dice; pero probable- 
mente se halla en los antiguos autores 
castellanos, porque tiene buen sabor y 
el sello de aquellos tiempos. — En ge- 
neral, no nos parece. bien definida la 
acep. fig. que como a. le da el Dice. 
«Desfigurar y desvanecer un asunto», 
dice, cuando en realidad kc despintan 
ó m se despintan muchas cosas que no 
merecen el nombre de asunto, ünanota 
afrentosa, un castigo público, un apo- 
do ó sobi'enombre, son cosas ijue gene- 
ralmente no se despintan. Alargar pues 
la definición, porque le queda chica al 
definido. 

Despinte, m. Véase el anterior. 
Entre mineros chilenos, despinte es 
porción de mineral de baja ley, ó cuya 
ley no corresponde á la que se esperaba. 
Por eso en una misma cantidad de 
mineral puede haber nna porción rica 
y otra porción de despinte, es decir, 
de baja ley ó por lo menos inferior á 
la de la porción rica. 

Desplante, m. En castellano es 
término de Danza y de Esgrima y 
sigm'fica: «postura irregular», sin nin- 
giin agregado sin acep. más. No si le 

Dice, de Chil., t. II. 



haga pues sinónimo de desfar/ialr~, 
armi/anria, arrojo, desenvoltura, alti- 
vez, descoco, atrevimiento, osadia, y 
menos aún de insolencia, descaro, des- 
rerrpüema. Muchos modernos, en E.spa- 
ña y América, le dan esta acep. fig. 
que nunca ha tenido en castellano. 
«Hay en sus desplantes de ciiiisnio 
algo de la deficiencia de inhibición (]ue 
muchos autores señalan por caracte- 
rística de la locura», dice la señora 
Paido-Bazán, hablando del poeta Zo- 
rrilla. Aquí desplante equivale á 
arra/iqw ó alarde. En otros casos el 
complemento con desplante puede 
traducirse por desfachatado, con macha 
facha, muy soire si, etc. — Tratándose 
de árboles ó jilantas, dígase desplanta- 
ción ó desarraigo. 

Desplatado, da, adj. Sin blanca, 
sin dinero. Xo es de mucho uso. En 
castellano hay v. desphilar, a., pero 
significa: «separar la plata que se halla 
mezclada con otro metal». 

Desplayar, a. Está anticuado en 
la acep. de explayar; pero se usa to- 
davía, aunque como n., en la de «reti- 
rarse el mar de la playa, como acontece 
en las mareas». 

Desplaye ó despi,avo, m. Acción 
ó efecto de desplayar. Bien puede ad- 
mitirse, porque está bien formado y 
hace falta; pero nó en la acep. de des- 
campado, m., que algunos le dan. Véase 
Descampar. 

Desplazamiento, m. Del fran- 
cés déplacemenl. En Marínale dan dos 
aceps. : espacio que ocupa en el agua el 
casco de una nave ó otro cuerpo hasta 
su línea de flotación; y cantidad de 
agua (jue desaloja por la misma sumer- 
sión. — En Astronomía lo usan también 
[Mir-volumen que un astro ocupa en el 
espacio. — Acción ó efecto de despla- 
zar en las demás aceps. afrancesadas. 
Véase el siguiente. 

IG 



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DES 



DES 



Desplazar, a. Del francés dépla- 
cer, sacar de su lugar. En Marina, 
desalojar un buque ó un cuerpo cual- 
quiera, con su parte sumergida, un 
volumen de agua. «Este buque des- 
plaza mil toneladas». Por esa canti- 
dad de agua que desaloja ó saca de su 
lugar, se mide su tonelaje ó arqueo, es 
decir, su cabida ó capacidad. — En As- 
tronomía, r., declinar ó inriinarse. No 
faltan quienes han pretendido darle 
también las demás aceps. que tiene en 
francés, como si no tuviéramos en cas- 
tellano hermosos y variados verbos que 
valen mucho más. Así, desplazar « 
uno es, según los casos, destituirlo ó de- 
ponerlo, despedirlo, arrojarlo, lanzarlo, 
expulsarlo; si no es por autoridad, sus- 
tituirlo; si se trata de cosa, subrogarla; 
si se emplea alguna artimaña ó astucia 
para arrebatarle el puesto, suplantarlo; 
si no se trata de ocupar su puesto, sino 
solamente de hacerle caer de él, destro- 
narlo, deshancarlo (Véase Chafar). 
— En Medicina, desplazarse es dis- 
locarse, desencajarse, desriiirsp (Véanse 
Descomponer y Desconchabar); 
y desplazamiento es, según los 
casos, dislocación, desconcierto, descen- 
so, caída, desviación, etc. 

DESPiiEfiAR, a. y r. A causa del uso 
vacilante de los autores, muchos gra- 
máticos admiteu para este v. la conju- 
gación irregular y la regular: des- 
pleg'O ó despliego. Mas, para rectificar 
y encauzar el uso, que es lo que en 
estos casos conviene, nosotros estamos 
con la Gramática de la Academia, que 
no admite más conjugación que la 
irregular para este v., para el simple 
plegar y su compuesto replegar, como 
formados que son del s. pliego. Es 
inútil en este punto citar autoridades. 
Los demás compuestos del pilcare la- 
tino (plegar castellano), quedaron con 
su forma latina y son regulares: apli- 



car, complicar, centuplicar, duplicar, 
e.rj)licar, implicar, replicar, suplicar, 
midtiplicar, triplicar, cuculruplicar, 
quinluplicar, se.rtuplicar, septuplicar. 

Despí.ome ó desplomo, ra. 

Desplumador, ra, adj. fig. y ú. t. 
c. s. Que despluma. (Véase este v.) 
Merece admitirse. 

De.splumar, a. En sentido fig., 
«consumir ó sustraer á uno con arte ó 
engaño lo que tiene»; sin embargo, 
tratándose de jugadores, hay otros ver- 
bos más explícitos; como: descañonar: 
* apurar á uno el bolsillo, quitarle todo 
el dinero en el juego, ó con otro arte 
ó habilidad» ;77f/ffí'; «en el juego, ganar 
á uno todo el dinero»; cardarle á uno 
la lana: «ganarle cantidad considerable 
en el juego». Véase Desvalijar. 

Despojos, m. pl. Falta en el Dice. 
la acep. fig. de cadáver ó restos mor- 
tcdes, ó restos simplemente. (En su 
lugar probaremos que se puede omitir 
el adj. mort(des). En realidad, el ca- 
dáver es, figuradamente, el despojo, 
presa ó botín de la muerte. Aunque no 
hubiera otra autoridad para comproiiar 
esta acep., sobraría con la de Fr. Luis 
de León en su famoso epitafio de 
Carlos V: 

Aquí yacen de Carlos los ih^pojus: 
La parte principal volóse al cielo...; 

pero, si se quiere niiis, todos los días la 
usan los poetas y los oradores fúnebres. 

Despolvar ó desempolvar, a. y 
ú. t. c. r. 

Despolvorear, a. «Quitar ó sacudir 
el polvo. {{ fig. Arrojar de sí ó desvane- 
cer una cosa». Lo mismo los anticua- 
dos despolvorizar y espol- 
VOrar. — Espolcorear tiene las aceps. 
de dcspolrorcar, pero también la propia 
de «esparcir una cosa hecha polvo», 
que también lo es de despolvorisar. — 



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Polroirarópolrormtrsigmñca: 'techar, 
esparcir ó derriimar polvo ó polvos en 
una cosa". 

Despolvoreo, m. Du todos los 
verbos anteriores, el único que tiene en 
el Dice. s. correspondiente espolvorear: 
/lolroreaiiiieii/o: «acción de polvorear». 

Despostador, m. Destazador.- el 
ipic tiene por oficio liacer trozos las 
reses muertas. 

Despostar, a. Bes/azar: «hacer 
piezas ó pedazos»; dcsciutrUzar y cuar- 
tear: «dividir un cuerpo haciéndolo 
cuartos». Ciro Bayo, en su Vocalnitarw 
(le pnH'incialiíonos ari/entiiws ij hoti- 
i'ianos, aboga por la admisión de des- 
postar, ya (|ue existe en castellano 
el s. piisla, aunque de significado bien 
genérico para el caso: «tajada ó pedazo 
de carne, pescado ú otra cosa». Pero, ha- 
biendo ya en la lengua otros verbos pro- 
pios paraexpresarla mismaidea,no hay 
para qué inventar otros nuevos. Fuera 
de los enumerados, desmembrar signi- 
fica también: «dividir y apartar los 
miembros del cuerpo». 

Despotizar, a. Hay déspota, des- 
/nilisDii), (Icspolico y despóticamente, pero 
nó despotizar : basta con tiranizar, 
a.: «gobernar un tirano algún estado; 
dominar tiráuicamente». Véase Izar 
(Verbos en). 

DEsi'OTurCAR, n. fam. y ú. t. c. r. 
Xü se olvide que su linico y verdadero 
significado es: «hablar sin considera- 
ción ni reparo todo lo que á uno le 
ocurre». También suele adulterarse su 
foruia diciendo despotrinoar. Fra- 
ses siuÓQimasdesu significado legítimo 
son : Hablar tena por los codos, Soltar 
la tfiraliilla, Lii/ero-6 suelto de lenijua. 
Tener muclia leiujua. Dar liltertadá la 
letujiui, írsete á vno la boca ó la lencjiui. 
Hablar á desfajo. Tomar la taba. 

Desprender, a. y r. ¡Cómo, con el 
poco estudio de la filosofía, se va olvi- 



dando ó conculcando la del lenguaje! 
Dígalo, si nó, este v., que, significando 
«desunir, desatar lo que estaba fijo ó 
unido» (prendido J, y ñg. «apartarse ó 
desapropiarse de una cosa», ha venido 
á ser para muchos modernos sinónimo, 
en la acep. fig. y r., de deducirse, infe- 
rirse, colegirse. Pocos son los buenos 
escritores que dicen ahora que una 
consecuencia .se deduce deisus prenúsas, 
que de lo dicho se injiere, se concluye ó 
se coliye tal ó cual cosa, porque casi 
todos hablan de desprenderse. Des- 
préndanse ellos de tales usos afrance- 
sados é ilógicos y estudien un poco 
más el castellano; porque, de otra ma- 
nera y al paso que llevan, todos los 
textos de Filosofía tendrán que inti- 
tular los métodos de'dediirrión y de in- 
ducción, de desprendimiento y de 
prendimiento. Áeso nos van 
arrastrando los incorregibles prevari- 
cadores. Otros \'erbos que pueden suplir 
al falso desprenderse son: deri- 
varse, írsultar, seijuirse.Jluir, provenir, 
proceder, scdir, correr, nacer, descender, 
emanar, originarse, argüirse, fuera de 
una multitud de frases y locuciones 
que pueden verse en el Prontiutrio de 
Hispanismo ij Barbarismo del Padre 
Mir. 

Despreocupación, f. No significa 
descuido, negligencia, como creen los 
afrancesados, sino «estado del ánimo 
cuando nada hay en él que le impida 
juzgar recta ó imparcialmente de las 
cosas». Véase Despreocupado. 

Despreocupadamente, adv. 

m. No está en el Dice, ni hace falta, 
según se verá por el siguiente. 

Despreocupado, da, adj. part. de 
despreocuparse. «Salir ó librarse de una 
preocupación», es la definición que da 
del V. el Dice. A su tiempo estudiare- 
mos los galicismos que se cometen con 
los \oeíib\o%i)reocupación y preocupar-, 



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DES 



DES 



poi ahora veamos solamente los dos 
que en mala hora ha introclncklo el 
compuesto despreocupado. El 1." es 
hacerlo sinónimo de descuidadú, nc'/li- 
ijcnte en cualijuier orden de cosas, como 
el vestir, el andar, el hablar, los nego- 
cios, etc. Si el tal despreocupado estaba 
antes preocupado con estas cosas (á la 
castellana, se entiende, nó simplemen- 
te desvelado, afanado, inquieto, como 
lo usan los galiparlistas), entonces es- 
tará bien usado el compuesto, porque 
la persona sale ó se libra de la preo- 
cupación que la tenia dominada; pero, 
si no ha habido tal cosa, sino que 
siempre ha sido ella así, dígase que es 
omisa, poco ó nada ddiíjcnlc, nci/Hijen- 
te, descuidada, pero despreocupa- 
da, jamás.— El otro despreocupa- 
do galicano (aunque en rigor podría 
reducirse al anterior) es sinónimo de 
itulifcrente en materia de ideas ó prác- 
ticas religiosas. Véanse las dos aceps. 
de ■preocupación que hacen al caso; 
«juicio ó primera impresión (¡ue hace 
una cosa en el ánimo de uno, de modo 
que no le permite admitir otras espe- 
cies ó asentir á ellas», y «ofuscación 
del entendimiento causada ¡jor pasión, 
por error de los sentidos, por educación 
ó por el ejemplo de aquellos con quie- 
nes tratamos». Ninguna de estas aceps. 
cuadra á la verdad religiosa, ponjue 
ni es simple impresión, ni menos 
ofuscación del entendimiento; por 
tanto, el que la desecha, no es sola- 
mente despreocupado, sino Itereje 
ó apóstata, según el caso, indiferente, 
librepensador, racionalista, ateo, incré- 
dulo, etc. Llamemos las cosas y perso- 
nas por sus nombres y dejémonos de 
tiquismiquis. 

Despresar, a. Usase en Chile por 
-destroza!' ó partir un ave, j.iresa por 
presa, y generalmente después de asada 
ó cocida. Como presa tiene en caste- 



llano, i>ara este caso, un signilicado 
bien genérico («tajada, pedazo ó por- 
ción pequeña de una cosa comestible»), 
no hay por qué darle tanta importan- 
cia al chilenismo que de él hemos 
formado, ni mucho menos reputarlo 
necesario. Para reemplazarlo sería mu- 
cho mejor, fuera de los genéricos des- 
pedazar ó apedazar, trozar ó destrozar, 
partir, cortar, el v. desmembrar, porque 
lo que se hace con el ave es partirla 
miembro por miembro. Tratándose del 
ave servida en la mesa y en punto de 
comerse, el v. propio es trinchar: «par- 
tir en trozos la vianda, para repartirla 
á los que la han de comer». Los que no 
se conformen con nuestra doctrina, 
apelen al Arte cisoria del Marqués de 
Villena. 

Desprestigiar, a. «Quitar el pres- 
tigio. U. t. c. r.)i Muy usados son por 
los modernos todos los vocablos deri- 
vados de prest'i'/io en la acep. de «as- 
cendiente, influencia, autoridad'!, que 
le da el Dice. El P. Mir prueba hasta 
la evidencia, en su Fronlwrio de Hisp. 
!j Barb., que esta acep. es puramente 
francesa y contraria á las que en latín 
y castellano ha tenido la voz prestigio; 
por eso no acepta á desprestigiar, des- 
prestigia), prestigiar, prestigiador, pres- 
tigiante, prestigioso en cuanto se rela- 
cionan con dicha acep. En realidad, 
tiene el Padre sobrada razón, porque 
las únicas aceps. castizas de prestigio 
son éstas dos: «fascinación que se atri- 
buye á la magia ó es causada por medio 
de un sortilegio; engaño, ilusión ó apa- 
riencia con que los prestigiadores em- 
boban ó embaucan al pueblo». Ahora, 
cómo de estas aceps. tan distintas ha 
pasado el vocablo á significar: «ascen- 
diente, influencia, autoridad», nadie lo 
podrá explicar sino abriendo el Dice. 
francés; y, ya que á los galiparleros se 
les fueron los ojos tras de esta pere- 



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DES 



125 



grina acep., adóptenla para aplicarla, 
á lo sumo, á los prestigiadores, cubi- 
leteros y (k'in;is eiubaueadores del 
pueblo. Ellos si que podrán, con sus 
presHgios ó juegos de manos, tener as- 
cendiente, influencia ó autoridad entre 
el mismo pueblo, pero nó las personas 
serias que nunca se valen de tales re- 
cursos. Por eso, decir que un Ministro 
de Estado ó que el Oobierno está des- 
/¡lestújkulo, que el Obispo tal va ganan- 
do mucho prestiijio, que conviene 
preslüjiar á la autoridad, que hay que 
recarrir á hombres ;)r(».s-//V/w.5o.v, esapar- 
taree del legítimo castellano y parlar á 
la francesa; es, hablando claramente, 
poner en ridículo á tales pereonas, 
porque se las equipara con los embau- 
cadores. Dígase pues, en vez de dpx- 
¡irestiijiar: deshonrar, desacreditar, de- 
nigrar, desopinar, desautorisar, afren- 
ttir, deprimir; y en vez de despres/iffio: 
deshonra, descrédito, denigración, des- 
honor, desautorización, desreputación, 
fani. Véase Prestigiar. 

Despretinar, a. Véase Desapre- 
TiNAR, que es mucho más usado. 

Despropiar, a. Expropiar.- 
'(desposeer á uno de su propiedad. Co- 
munmente se dice así cuando la expro- 
piación es legal y por motivos de 
utilidad pública». — Desapropiarse, r.; 
«desposeerse, enajenarse uno del do- 
minio de lo propio». 

Después de todo, m. adv. Es el 
íiprcs loui francés, que en aquella len- 
gua significa: ai fin, comoquiera, al 
cabo g á la postre, sea como fuere, iodo 
bien consiílerado, visto bien iodo; y 
también: no obstante, con todo, aun asi 
g todo. Defendiólo Baralt en la 1.-' 
acep.; pero de las razones que dio, 
ninguna es valedera, y menos la que 
fundó en la autoridad del Dice, porque 
éste en las ediciones posteriores retiró 
cartii y se corrigió. — Sólo es castellano 



este modismo en su signiñcado literal, 
es decir, cuando sigue á una enumera- 
ción y equivale á tras esto, después de 
todo lo dicho. 

Despulgar, a. y r. Espulgar; y 
asi mismo sus derivados: espidgadero, 
espulgador. espulgo. Nótese que todos 
se escriben con s, nó con .;■, porque son 
formados del castellano y nó del 
latín. 

Despumar ó espumar, a. y n. De 
los derivados, sólo despumación es con 
d; los demás no la llevan: espumadera, 
espumajear, es/mmador, espumajo ó 
espumarajo, espumajoso ó espúmeo, es- 
pumante, espumero, espumilla, espu- 
millón. 

Despuntar, a., r. y n. Despuntar 
el vicio, es fr. fig. y fam. que en Chile 
significa gustar ó beber una cosa en pe- 
queña cantidad, chupar el fumador 
unas pocas veces el cigarro, hacer el 
jugador un;is pocas jugadas; y, en ge- 
neral, ejecutar por breve tiempo una 
acción el que tiene afición á ella. Si el 
V. significa «gastar ó quitar la punta", 
figuradamente desputita también el vi- 
cio, le gasta ó quita una punta, el que 
hace alguna de las cosas enumeradas. 
Parece pues que puede admitirse nues- 
tra fr. 

Despunte, m. Ramaje y puntas 
de madera que no alcanzan á dar tabla. 
Puede reemplazarse con desmocho: 
"conjunto de las partes qne se quitan 
ó cortan de una cosa; como de los ár- 
boles al podarlos, etc." El pedazo de 
madera corto y grueso (pie queda so- 
brante al labrar ó utilizar un madero, 
se llama zoquete. 

Desquebrajar, a. y r. Esquebra- 
jar ó resquebrajar: "hender ligeramente 
la superficie de algunos cuerpos duros, 
señaladamente de la madera, la loza, 
el yeso, etc." 

Desquijarrar, a. y r. Desqui- 



120 



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jarar: «rasgar la boca dislocando las 
(jnijadas» 

Desquilibrar , a. y r. Desquili- 

brio, m. Desequilibrar y desequilHirio. 

Desreglar, ó desarreglar, a. y r. 

Desrielamiento, m. Descarrila- 
dura ó descarriíamieiilo : accióu ó efec- 
to de descarrilar. 

Desrielar, a. y r. Descarrilar, n. 
y nó r. : salir fuera del carril. Aunque 
existe el s. riel, no se ha formado de él 
el V. sino de carril. 

Desriscarse, r. Caer rodando por 
los riscos ó peñas. Bien puede quitár- 
sele la nota de anticuado que le pone el 
Dice, porque todavía tiene algún uso. 

Desronchar, a. Quitar la roncha 
ó las ronchas, llejor formado es dcs- 
enroncliar, que tampoco aparece en el 
Dice. 

Desrumbar, Véase Derrumbar. 

Dessert, m. Postre. Véase Des- 
engraso. Quédese el dessert en 
su propia lengua, el francés, y no ven- 
ga á manchar el castellano. 

Destabar, a. y r. Dislocar la taba 
ó el tuljillo. Para el nso lig. basta con 
despearse (maltratarse los pies el hom- 
bre ó el animal, por haber caminado) 
y deszocar, a. y r. (herir, maltratar el 
pie, de modo que quede impedido su 
uso). Conjúgase deszueco, etc. 

Destajero, ra, m. y f., ó desta- 
jista, com. Persona que hace nna cosa 
;l destajo por cuenta de otra. 

Destajo (A). Dos aceps. tiene este 
modismo: 1." «Por un tanto. Dícese 
cuando se toma ó da una obra ajusta- 
da en cierta cantidad»; 2." íig. «Con 
empeño, sin descanso y aprisa, para 
concluir pronto». No se confunda pues, 
como lo hacen algunos en Chile, con 
estos otros: á bullo (por i^iayor, sin 
exannnar bien las cosas), á monlones 
(abundantemente, sobrada y excesiva- 
mente), á ojo (sin peso, sin medida; á 



bulto), á ojo de buen cubero (para ex- 
plicar las cosas que se hacen ó venden 
sin medida, sin peso y á bulto). 

Destara, f. Basta con el v. desla- 
var, a.: «rebajar la tara de lo que se 
ha pesado con ella». Tara es: «parte 
de' peso que se rebaja en los géneros ó 
mercancías por razón de la vasija, caja, 
saco ó cosa semejante en (pie están 
incluidos ó cerrados». 

Destemplar, a. y r. Destem- 
plársele á uno los dientes. 
Véase Diexte. — Este v. es i'cgnlar en 
su conjugación, lo mismo que el sim- 
ple templar: deslemplo, deslemplas, etc. 
Así lo reconocen todas las gramáticas 
y el uso de los buenos autores, y así lo 
confirman también los res|iectivos 
sustantivos destemple y temple. Si al- 
guna vez se hallan las formas des- 
tiemplo y tiemplo en algún autor 
(no hablemos del pueblo), deben atri- 
buirse á descuido ó al influjo de las 

antiguas destiempra, destiem- 
prede los siglos XV y XIV. 

Desternerar, a. üíg.vse desbece- 
rrar. Véase Deshijar, l." acep. 

De.>tiladera, f. Significa, en ge- 
neral, «instrumento para destilar»; 
pero nosotros lo usamos en vez de 
destilador, m., que es: «vaso grande 
de piedra ó barro poroso, que sirve 
para purificar el agua por medio de la 
filtración. Tiene un recipiente debajo, 
y todo el aparato suele estar encerrado 
en una caja de madera». 

Destilar. Véase Estilar. 

Destilería, f. En castellano es 
destilatorio, m.: «paraje i'i oficina en 
que se hacen las deptiiaciones». 

Destinatario, ría, m. y f. «Per- 
sona á quien va dirigida ó destinada 
alguna cosa». Admitido como término 
de Comercio. Mejor sei'ía quitarle esta 
nota, porque se usa ya en todas jiai'tes 
en el lenguaje corriente. 



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127 



Destituido, da, adj. pait. ('oii ra- 
zón censura Ortúzar las frases desti- 
tuido de razón, de sentido, de 
fundamento. Sólo le faltó dar la 
razón de su censura y distinguir el uso 
ilegítimo del legitimo, .\plicado á cosa, 
como argumento, raciocinio, alet/aio, 
pnieba, razón, es evidente que no debe 
emplearse el participio deslHuido, por- 
<jue el V. dcstiluií significa: «privar á 
uno de alguna cosa» ; por consiguiente, 
supone un agente que quita algo á 
otro o lo priva de alguna cosa (|ue 
antes tenía. Nada de esto sucede en 
las roms que se dicen destituidas 

de razón, de sentido, etc., sino 
que solamente están fídtas ó despro- 
ris/ds (/c dio, son infundadas ó sin 
fundamento, sin valor ó inválidas, ca- 
recen di' razón ó no ¡icnen sentido, ó 
son ininfeli¡jibles. Mas, tratándose de 
seres animados, entonces si que puede 
y debe decirse que eslán desfiluidos de 
razón ó de sentido, cuando en realidad 
han [terdido la una ó el otro. Así mis- 
mo hablan los clásicos de personas 
dest Huidas de arrimo y apoyo, de juicio, 
de socorro, auxilio ó favor, de toda es- 
peranza, de fuerzas. Un personaje 
destituido de cualidades bri- 
llantes, que dice Ilartzenbusch (La 
risionaria, II, 2.^^), no nos parece 
propio del castellano. En esta otra cita 
de Fr. Luis de León: 

De tu piadoso celo 
Tenemos tantos bienes recibidos; 

Porque el bárbaro suelo, 

Viéndonos oprimidos. 
No diga: Esliin de Dios tiestiliiiilos... 

el participio significa desamparado, 
abandonado, y el complemento de Dios 
es el ablativo agente, no régimen con 
de, como creyó Cuervo. El v., tal como 
está en este caso, es un latinismo de 
gusto y digno de aceptarse. 



Destornillar, a. y r. Véase Des- 
atornillar. — Suele confundirse en 
España y América con destei'niltarse: 
«romperse las ternillas». Ú. ui. cuando 
se habla de la risa. 
Destornudar, n., destornudo, 

lu. Eslornuilar, estornudo (del latín 
stcrnutare). 

Destrancar, a. .\sí lo usamos en 
C'liile, porque el simple es trancar ó 
atrancar; pero el Dice, sólo acepta el 
compuesto del segundo, desatrancar: 
«quitar á la puerta la tranca ú otra 
cosa que impida abrirla. || fig. Desa- 
trampar un pozo, una fuente, etc.» — 
Cliil. vulgar: evacuar el que está estíp- 
tico ó padece de estreñimiento. 

Destrastar, a. Sacar de una ha- 
bitación ó pieza los trastos. Basta con 
los castizos desamoblar ó desamueblar, 
desocupar, descdojar, evacuar, vaciar. 

Destripador, ra, m. y f. Hace 
falta en el Dice, este derivado de des- 
tripar. scUn destripador de antaño», 
intituló un cuento ó novela corta la 
señora Pardo-Bazán. 

Destripadura, f., ó destripa- 
miento, m. También merece figurar 
en el Dice. 

Destroncar, a. De la acep. fig. 
que tiene en castellano: «cortar ó des- 
coyuntar el cuerpo ó parte de él», ha 
procedido la r. que se usa en Chile: 
perder una caballería la agilidad en 
los nudillos de las pata,s delanteras 
manos, y por consiguiente, inutilizar- 
se. La forma r. se explica porque en 
el destroncamiento no interviene un 
agente inmediato, sino que es la misma 
caballería la que con el uso, con el 
trabajo ó con la edad se destronca. U. 
m. en el part. destroncado, da, que en 
lenguaje fam. se aplica también al 
hombre viejo ó mujer vieja que han 
perdido la agilidad. Vista la accp. 
castellana, no hay por qué reprobar el 



128 



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uso chileno. Cervantes, eu El Labe- 
rinto de amor (jorn. 111), dijo: 

Ciegúele San Autiín, quémele un brazo; 
Destr&nfjuele un tobillo: nunca acierte 
Á venir lí este sitio. 

Como el V. significa «descoyuntar el 
cuerpo ó parte de él», lo usó bien 
Cervantes al aplicarlo á un tobillo, y lo 
usamos bien nosotros aplicándolo á to- 
do el cuerpo. Este pasaje de Granada 
es más conforme aún con el uso nues- 
tro: «Antes de la venida del Hijo de 
Dios generalmente mancaba [el dia- 
blo] los hombres de pies y de manos, 
destroncándolos y inhabilitándolos para 
servir á Dios, cortándoles las manos 
para no hacer bien, y los pies para no 
desearloí. (Guia de pee, 1. I, c. XIX, 
§ III). 

Por las palmas los brazos destroncados, 
Dagón delante della [el arca de la alianza]. 
(¡VI. Valdivielso, El Sagr. de Toledo, 1. XIV). 

Destronque, m. Acción ó efecto 
de «cortar ó derribar un árbol por el 
tronco» (1." acep. de destroncar). En 
castellano se dice descuajo ó descuaje. 

Destróyer, m. Vocablo inglés, 
que en aquella lengua significa des- 
fructor ó destruidor, destrozador, de- 
vastador. El nombre completo fué al 
principio « torjiedo - boat - destróyer » , 
destructor de torpederos. Por eso han 
traducido muy bien los que dicen en 
castellano cazatorpederos. Esta voz no 
figura todavía en el Dice, pero ojalá 
entre pronto, antes que se generalice 

más el anglicismo destróyer. 

Destructible, adj. Destruible 
(que puede destruirse). El compuesto 
esindestruclilile. Bien pueden admitir- 
se destrurtibilidad y su contrario in- 
destructibilidad, que no aparecen en el 
Dice. 



Destungar (y raro deston- 
grar), a. Quebrar el tungO (Véase 
esta voz). Desnucar, a. y r.: sacar de 
su lugar el hueso de la nuca; descervi- 
gar, a.: torcer la cerviz; acogotar y 
ant. descogrotar: matar con herida 
ó golpe dado en el cogote. 

Destustuzar, a. Mal formado de 
testuz. Significa lo mismo que el ante- 
rior, pero se usa menos. 

Destutanar, a. Sacar el tuétano 
ó médula de los huesos. «Una olla 
grande para destutanar », pide 
D. P. Fernández Niño en su Cartilla de 
campo, para los encargados de los fon- 
dos. En castellano hay el v. desmeollar, 
a. : sacar el meollo ó tuétano. Véase 
Tutano (coiTupción de tui'tano). — 
En Colombia, destutanarse vale 
«maltratarse gravemente, romperse la 
crisma», según Cuervo; lo cual no es 
más que el sentido fig. y esforzado del 
significado etimológico. En (Juba, se- 
giin Pichardo, significa otra cosa muy 
distinta. 

Desvalij.\r, a. (Así se escribe 
ahora y nó desbalijar). «Sacar lo 
que hay en una valija ú otra cosa. || 
Robar al caminante lo que lleva en la 
valija, maleta, etc.» Estas son las 
únicas aceps. que le da el Dice. Indu- 
dablemente falta una fig. y general, 
que diga, poco m;ís ó menos: quitar ó 
sustraer á uno el dinero que lleva, sin 
que se hable de valija ni de caminan- 
te: lo mismo que limpiar, mondar, 
desplumar, desollar, descañonar. Así 
se usa en todas partes, y sólo así puede 
entenderse este pasaje de Tirso: 

Aiicionííseme luego. 
Y, desvalijado al juego, 
Como se tardó la paga. 
Me halló la necesidad 
Faltillo de ropa blanca. 
[Dtl enemigo el primer consejo, J, 6). 



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129 



Desvalorar, a. Quitar ó dismi- 
nuir el valor á una cosa ó el mérito ;i 
una persona. «Hubo por ahí un D. 
Valentín Foronda, un D. Agustín 
Montiano, un Isidro Perales ó D. Blas 
Nasarre, que tomaron sobre sí el 
desvalorar á, Cervantes». (J. Mon- 
talvo, Capilidos que se le olvidaron á 
Cerv., pról.y c. V ). Aunque existe el 
simple valorar ó valorear, no ha ad- 
mitido el Dice, al compuesto; ni se le 
necesita, pues para eso están desesti- 
mar, desacreditar, desautorizar, reba- 
jar, etc. Véase Desprestigiar. 

Desvalorización, f. Acción ó 
efecto de 

Desvalorizar, a. Disminuir ó 
quitar el valor ó precio á una cosa. 
Dígase depreciar: «disminuir ó rebajar 
el valor ó precio de una cosa». Inva- 
lidar es hacerla inválida, nula ó de 
ningiin valor y efecto. Xo estando 
admitido el simple valorizar, mal 
podía estarlo el compuesto desva- 
lorizar. 

Dbstáx, m. «Parte más alta de la 
casa, que tiene por cubierta el tejado». 
Igual á sobrado, en Chile soberado. 
No se confunda con diván en su acep. 
más usada: <baaco con brazos, y por 
lo común sin respaldo, guarnecido con 
almohadones sueltosn. 

Desvanecer, a. Ú. en algunas par- 
tes de Chile en la misma acep. que repro- 
bamos pira deshumedecer: que- 
brantar, templar, temperar ó atemperar. 
La castiza es: «evaporarse, exhalarse, 
perderse la parte espirituosa de una co- 
sa. Desvanecerse el vinos). For eso se des- 
vanecen los licores, la sal y otras cosas 
fuertes; pero el agua no tiene nada de 
espirituoso. Y nótese que el v. en esta 
acep. es r., y nó a., como lo hacen los 
que quieren casarlo con el agua. — En 
la acep. de «flaquear la cabeza por un 
vahído; turbarse el sentido», en que el 

Dice, de Chil.. t. II. 



Dice, lo admite solamente como r., lo 
usa el P. Sigüenza como a. «Poned los 
ojos en la ribera deste río por donde 
vais atravesando á vuestra gloria, para 
que no os desvanezcan las ondas». 
(Orón.. 1. IV, c. XLVI). 

Desvaneo, m. Devaneo: «delirio, 
desatino, desconcierto. || Ocupación 
vana». 

Desvastar, a. Devastar: «destruir 
un territorio, arrasando sus edificios ó 
asolando sus campos; fig., destruir». 
No se confunda con desbastar, a.: 
«quitar las partes más bastas á una 
cosa que se haya de labrar; gastar, 
disminuir, debilitar; fig., quitar lo bas- 
to, encogido y grosero que tienen las 
personas rústicas por falta de educa- 
ción. Ú. t. c. r.» (Sinónimo de desas- 
nar, en esta acep.) — ^La misma diferen- 
cia de v y b hay entre los derivados de 
ambos verbos: devastación, devastador; 
desbastador, dcsbastadura, desbaste. 

Desveido, da, adj. M así, que 
es como pronuncia el pueblo, ni des- 
veído, como dicen algunos pseudo- 
cultos, sino desvaido: «dícese del color 
bajo y como disipado; aplícase á la 
persona alta y desairada». — Pocho, 
cha, significa también: «descolorido, 
quebrado de color». 

Desvengar, a. Devengar. 

Desvextajo.saiiexte, adv. m. De 
manera desventajosa. Falta en el Dice. 

Desvestir, a. Desnudar. U. t. c. r. 
Así lo admitió el último Dice, en su 
Apéndice, y muy bien que hizo. 

Desvincular, a. Muy usado en 
Chile; y, aunque está bien formado de 
vincular (sujetar ó gravar los bienes ó 
vínculos para perpetuarlos en una fa- 
milia), no lo admite el Dice, porque 
nos da para esto á desamortizar: crde- 
jar libres los bienes amortizados». 
Amortizar, en esta acep., es sinónimo 
de vincular. 



130 



DET 



DET 



Desvío, m. Agregado que se hace 
á las vías férreas, desviado hacia un 
lado, para que esperen en él la loco- 
motora ó el tranvía (]ue van en una 
dirección opuesta. Aunque liien forma- 
da y de uso corriente en Chile, no 
aparece esta voz en el Dice. Si no se 
la admite, podría expresarse la misma 
idea con (iparímlcro: (dugar que sirve 
en los caminos y canales para que, 
apartándose las personas, las caballe- 
rías, los carruajes ó los barcos, quede 
libre el paso». Paradero, puiüo ilc pa- 
rada ó de espera, expresan también la 
misma idea. 

Desvirgar, n. (Otros emplean 
desenvirg'ar). En la lotería do- 
méstica, hacer todos los virg'OS de 
un cartón, es decir, apuntar un núme- 
ro en cada una de las líneas ó filas del 
cartón ó cartones que tiene un jugador. 
— En castellano significa solamente 
este V.: «quitar la vii'ginidad á una 
doncella». 

Desyug"ar, a. Aunque admitido 
por algunos Dices., nó por el de la 
Academia, preferimos á deseni/ugar, 
porque tiene el uso de todo Chile y 
está mejor formado para la idea que 
expresa. Véase en su lugar. 

Detalladamente, adv. m. Admi- 
tido ya por el Dice, el v. detallar (tra- 
tar, refeiir una cosa por menor, por 
partes, circunstanciadamente), por más 
que lo han repugnado y repugnan to- 
davía algunos por ser tomado del 
francés y reputarlo iniítil para el 
castellano, hay que dar cabida también 
al adv., que es formación legítima del 
participio. 

Detective, m. (Prominciase dc- 
tédiv). Vocablo inglés que significa: 
agente de policía secreta; polizonte, 
espía, informante asalariado para des- 
cubrir un crimen ó un hecho secreto; 
ó más claro, descubridor, según la 



etimología latina, que es el v. deléijere, 
■ri, ftum, descubrir. Como se ve, no hay 
necesidad de él en castellano y no 
tienen por qué usarlo tanto los diarios. 
Si no les placen los equivalentes ajmn- 
tados, digan más bien pesquisidor, 
inquisidor ó inquiridor, mvestiyador, 
indagador, husmeador, que sigue la pis- 
ta, y en lenguaje jocoso ó fam., sahueso. 
Detenida, f. Acción ó efecto de 
detener ó detenerse. El Dice, sólo ad- 
mite á detención y delenimienlo, y de- 
tenencia, ant.; pero detenida merece 
también admitirse, á lo menos como 
fam. «Llegando [el tiran Capitán] á 
Capua, la ciudad le invió á suplicar se 
detuviese en Aversa, hasta que la ciu- 
dad le hiciese saber cuándo entraría. 
El Gran Capitán invió un caballero 
de su casa á saber la causa de su deten i- 
dav. (ürónica manuscrita, 1. X, c. I). 

Amigos míos, mirad 

Que aquella gente 
Es del varón excelente 
San Francisco tan sin par 
Que venimos á bxiscar. 
El es, verdaderamente. 
Pues lleguemos brevemente 
Sin detenida. 
{Anífi de Son Franchco, en la Colección de 
Rouanet, t. II). 

Detente, m. (Así llamado por la 
inscripción que lleva: «¡Detente! el 
Corazón de Jesús está conmigo»). Es- 
pecie de estandarte pequeño ó mitad 
de un escapulario común, en que se 
pinta ó borda un Corazón de Jesús. 
En una novelita española se le da el 
nombre de tSagrado Corazón; pero la 
señora Pardo-Bazán, en Un destripa- 
dor de antaño, lo llama lo mismo que 
nosotros: «Recortar corazones de fra- 
nela colorada para hacor deten tesv. Ya 
que en España y en Chile (no nos 
consta de otras naciones americanas) 
se le da este nombre, bien puede entrar 
en el Dice. 



DEU 



DEV 



131 



Detestando, da, adj. Siguifica lo 
mismo que detex/able. Úsalo Sánchez 
Viana hasta cuatro veces en su traduc- 
ción de las Metamorfosis de Ovidio, en 
donde habla de ira deteslanda, yerro, 
convite y vicio detestando. Iguales á 
este eu su formación y uso figuran ya 
en el Dice: admirando, execrando, 
memorando, nefando, venerando, vitan- 
do, colendo, estupendo, horrendo, tre- 
mendo, ])udendo, reverendo, etc. 

Deterjiixisjio, m. Sistema filosó- 
fico que niega la libertad humana y 
enseña que la voluntad es forzosamen- 
te determinada por ciertas causas. Debe 
ya incluirse en el Dice. 

Detfumixista, adj. Partidario del 
determinismo. Ú. t. c. s. com. || Rela- 
tivo ó perteneciente al determinismo. 
Teorías deterministas. Usado por D. 
Juan Valera y otros, merece admitirse. 

Detrás, adv. do 1. ^Muchos lo co- 
rrompen aquí en de atrás, diciendo, 
por ej.: Sigúelo de atrás, Vente de 
atrás. Dígase detrás, detrás de, tras 
ó tras de, en jMs ó en pos de, en segui- 
mienlo. «Le haré que ande tras mi 
com-) caballerizo de grande. Pues, 
;;cóino sabes tú, preguntó Don Quijo- 
te, (pie los grandes Uevati detrás de si 
á sus caballerizos?» (Quijote, p. I, 
c. XXI). 

Detritus, m. En castellano es de- 
trito: oresnltado de la descomposición 
de una masa sólida en partículas. U. 
mucho en Geología y en Medicina». 

Deuda, f. Véase Dai"dá. 

Deudo, da, m. y f. Así, como m. y 
f., se ha usado y se usa en castellano, 
como puede comprobarse con todos los 
clásicos y los escritores modernos. En 
Chile se figuran todos que este nombre 
es común, como mártir y testigo, y nadie 
se atreve ádecir, tratándose de mujeres, 
lleuda, deudas. ;.Será por el horror que 
88 tiene á las detidas de dinero, cuyo 



nombre no quiere oírse, y menos entre 
parientes? Pues, pelillos á la mar, y 
hablemos el castellano tal como es. 

De US EX iiÁCHiXA (pronuncíese 
máquina). Expr. latina que, traducida 
literalmente, significa: un dios salido 
de la máquina teatral ó tramoya. Es 
de uso general en Literatura para pon- 
derar el desenlace de una situación 
trágica ó difícil mediante la aparición 
ó intervención inesperada de un per- 
sonaje poderoso; como si saliera de la 
tramoya un dios á arreglar el asunto. 
Aunque en castellano han dicho algu- 
nos en este mismo sentido el héroe de 
la fábula, creemos que debe admitirse 
la expr. latina como más usada y ex- 
presiva, agregándole la abreviatura de: 
ú. t. c. m. 

. Déuterocaxóxico, ca, adj. (Del 
griego Ss'jTcsoí, segundo, y xavov.x.óí, 
canónico). Aplícase á ciertos libros de 
la Sagrada Escritura cuya canon icidad 
ha sido objetada por algunos. Debe 
admitirse cuanto antes, como también 
su contrario protocanónico, ra. 

Devanador, ra, adj. y s. «Que 
devana. || m. Alma ó fundamento sobre 
que se hace el ovillo; que suele ser de 
papel, naipe, cartón ó madera», [hueso 
de fruta, pedrezuela, cacho de teja, 
ladrillo ó de cualquiera otra cosa]. — 
Xo se confunda esta voz con devana- 
dera, que es el conocido instrumento ó 
aparato para devanar. 

Develar, a. Grosero galicismo con 
que se regodean los chicos de la prensa. 
Han visto en francés el v. dcvoiler, (jue 
significa quitar ó arrancar el velo que 
cubre una cosa, y fig., descubrir, re- 
velar; y lo han traducido develar, 
sin reparar que el acento agudo ijue 
lleva en francés la primera e está indi- 
cando que en la formación del v. se su- 
primió una letra, la .<; por lo cual la tra- 
ducción debería ser desvelar, como 



132 



DEV 



DEV 



todos los compuestos de des. Este des- 
velar, quitar el velo ó descubrir, no lo 
admitió el Dice, talvez por no con- 
fundirlo con el otro desvelar compuesto 
de vela, quitar ó impedir el sueño, estar 
eu vela. Por más que se perezcan por 
él los ¡jeriodistas, que no saben acomo- 
dárselas sino con las voces que les saben 
á francés, ojalá nunca lo acepte la Aca- 
demia. Téngase presente, al leer loa 
clásicos, que algunos usaronuní/esre?»;- 
queá primera vista parece confundirse 
con el galioismo que venimos repro- 
bando. Según Cuervo, la partícula des 
es negativa en este caso (nó intensiva, 
como en la acep. general), pues el v. 
significa quitar la vigilancia, acercán- 
dose en el sentido á descuidar, distraer, 
ocidtar, burlando la atención ó el cui- 
dado. He aquí algunos ejemplos: «Hice 
con grandísimo gusto y llaneza cuantas 
cosas me mandaba, malas ó buenas, 
procurando de desvelallo del cuidado 
con que vivía». (Espinel, Escudero, 
p. II, c. X). 

Por thívelar al criado, 
Por las dos le pregunte. 
(Calderón, Mañüna'será otro día, III, 4.*) 

¡Oh aleve, uh falso, oh traidor! 
¿Con cautela me has tratado, 
Por desvelar mi cuidado? 
¿Ansí se engaña un amor? 

(Tirso, Averigüelo Vargas, II, 14.') 

Seis años ha que la celas 

Y la encubres con cautelas 
Que ya no pueden durar; 

Y agora por desvelar 
Esta verdad te desvelas. 

(Cervantes, La Gran Sidtana.jorn. I). 

Esta acep. no consta en el Dice, aca- 
démico; pero, como se ve, no puede 
estar más autorizada, y es enteramente 
contraria al develar francés, pues 
éste significa descubrir, y el castellano 
ocultar, por lo menos en algunos casos. 
— Más grosero que éste es el error de 
los escritorzuelos que confunden el feo 



de velar francés con el castizo debelar, 
de nobilísimo origen latino y que, como 
formado de beJlum, guerra, significa: 
(£ rendir á fuerza de armas al enemigo». 
¡Qué habría dicho Virgilio, que hacía 
consistir la gloria del pueblo romano en 

Parcere subjectis et debeUare superbos, 

si hubiera oído interpretar tan mal su 
hermoso debeUare! ¡Chica hazaña, por 
cierto, para un pueblo guerrero y con- 
quistador (R(ima)ws, rerum dóminos! ), 
quitar el velo, desenmascarar ó descu- 
brir á los soberbios! Véase Debelar. 

De visu. Expr. latina que significa 
de vista: testigo de vista. No hay nece- 
sidad de ella en castellano, y dígase á 
la vista, á vista de ojos, vistazo, dar un 
vistazo, al ojo, abrir uno el ojo, á ojos 
vistas, abrir uno los ojos, avivctr uno 
los ojos, ¡mucho ojo! y otras mil frases 
y expresiones que ofrece nuestra rica 
lengua. 

Devoción por. Véanse Amor y 
Por. En castellano se dice: devoción á, 
de, con, para con ó un dativo prono- 
minal (le tengo devoción). Con en es 
muy raro y puede darse ya por anti- 
cuado. Con hacia no lo hemos hallado 
en los buenos autores. — Hacer sus (ó 
las) devociones. Desde que el Padre 
Isla incluyó en su Fray Gerundio una 
sátira de un amigo contra los galicis- 
mos entonces reinantes, y en la cual se 
ponía en la picota esta fr. 

(Ya hice mis devociones, 
Por ya cumplí con ellas, ¡que' expresiones 

Tan cultas y elegantes! 
Y no decir como decían antes: 
Ya recr, frase baja, voz casera, 
Sufrible sólo en una cocinera)..., 

desde entonces habían creído algunos 
que tenia razón el amigo del fingido 
Lobón de Salazar; mas el Padre Mir, 
en su Prontmrio, ha probado con au- 



DEV 



DEV 



133 



toridadt'schisicasiiueesfr. bien castiza. 
«Comencé á hacer devociones de misas y 
y cosas muy aprobadas de oracioDes, 
que nunca fui amiga á^ devociones que 
hacen algunas personas, en especial 
mujeres, con ceremonias que yo no 
podía sufrir, y á el las hacían devoción ». 
(Sta. Teresa). Así también Lope de 
Rueda, que en su Comedia de los enga- 
ñados (esc. 2.") escribió: «Yo y mi 
]irima y otras monjas hacemos ciertas 
r/c/w/íi«fs». TCovarrubias, definiendo 
cu su Tesoro las Novexas, dice: «las 
devociones qus se hacen por espacio de 
nueve días». 

Devolverse, n Xo es r., ni menos 
significa regresar, tornar, volver, como 
se usa en Chile, en Méjico, en Colom- 
bia, en Venezuela, y probablemente en 
otros Estados de la Anicrica Latina. 
«Este liso de devolverse, dice Cuer- 
vo, es igual al francés se rendre y al 
latín reddere se. En nuestro uso común 
no podemos explicar por qué nos sabe 
á vulgaridad, mientras que en poesía 
es uotablementc elegante: 

Eu apacible y sosegfttio vuelo 
El bello arcángel se devuelve al cielo. 
{Larmig. Lns mujeres ilel Eeang., Marín). 

Aquí parece resucitar ó remozarse la 
metáfora latina». La suavísima armo- 
nía de los dos versos fué, sin duda, la 
que hizo calificar al sabio Cuervo de 
«notablemente elegante» este vulgaris- 
mo americano, que para nosotros pro- 
cede del uso arcaico de anteponer la 
prep. de á muchos verbos. (Véanse De, 
1." acep.. Deber y Dejatarse). En 
estos versos del académico Don Feruiin 
de la Puente y Apezechea ( Eclesiastés, 
lILi'l): 

rlQuien ha visto 6Í al cielo se devuelven 
De los hijos de Adán las almas puras. 
Ó las del bruto abajo se resuelven? 



el devolverse no suena tan poético, 
y se e.xplica por el nacimiento del au- 
tor, que fué mejicano de origen. La 
parte más indocta del pueblo dice en 
Chile revolverse, del castizo revol- 
ver (volver á andar lo andado). — De- 
volver, en castellano es a. y sólo signi- 
fica: «volver una cosa al estado que 
tenía; restituirla á la persona que la 
poseía». 

Devorar, a. Hay necesidad de am- 
pliar la acep. fig. «Consumir, destruir», 
dice solamente el Dice, cuando hay 
tantas cosas que se devoran sin consu- 
mirlas ni destruirlas; como un libro 
que se lee rápidamente, una carta que 
se esperaba con ansiedad, una persona 
á quien se mira con ojos devnradores, 
una distancia que se recorre con toda 
velocidad. — -En Chile suele usarse el 
participio devorado, da, en la acep. 
de-gastado, inutilizado ó medio des- 
truido por el uso, el tiempo, la polilla, 
etc., y siempre aplicado á cosa material. 

Devoro, m. Acción ó efecto de 
devorar. Dígase daíio, perjuicio, des- 
trucción, destrozo, ruina. 

Devoto, ta, adj. y ú. t. c. s. Sig- 
nifica: «dedicado con fervor á obras 
de piedad y religión. {| Aplícase á la 
imagen, templo ó lugar que mueve á 
devoción. || Afecto, aficionado á una 
personas. — Algunos chilenos, trastor- 
nando las ideas, llaman devoto al santo 
á quien tienen ellos devoción, no por- 
que su imagen mueva á ella, como lo 
dice la 2." acep. copiada, sino porque, 
por otros motivos, le profesan un amor 
grande. El Corazón de Jesús es mi 
devoto; es decir, el objeto de toda mi 
devoción. «Deseando... que se establez- 
ca con la misma permanencia y per- 
petuidad la fiesta anual de su devoto 
San Antonio de Padua...», dice una 
escritura de fundación pía de 1836. 
Esta acep. pasiva del vocablo se expli- 



134 



DEV 



día 



ca fácilmeutc, porque muchos de los 
que sou expresivos de afectos tienen, 
por lo general, ambos sentidos. Así, 
a mor, signiñcíi el que tiene una persona 
á otra, y también el que la otra le 
tiene á ella; piadoso es el que practica 
la piedad, y también el objeto que la 
jívüduce en otros: lo mismo que en las 
aceps. castizas de devoto. Es éste uno 
de los hispanismos que enriquecen el 
castellano, á semejanza de los verbos 
deponentes latinos, que sobreviven 
para nosotros principalmente en algu- 
nos participios : leído, bebido, entendido, 
sabido. Probablemente esta acep. de 
devoto no es original de Chile, sino que 
vendría de España, como se ve por 
esta octava del poema Sagrario de 
Toledo (1. VIH), del M. Valdivielso: 

Entre tanto la Reina, cuidadosa 
De hacer algún favor á su privado, 
Mientras se borda la casulla hermosa 
Con que ha de ser gloriosamente honrado, 
Llama lí Leocadia, virgen generosa 
Que de la Reina siempre asiste al lado. 
A quien sirve Ilefonso por flcrota. 
Porque fue' y ha de ser su compatriota. 

Devota está aquí en la misma acep. que 
le damos nosotros: Santa Leocadia es 
la devota de Ildefonso, es decir, el 
objeto ó santa de su devoción. El 
mismo sentido parece hacer, en len- 
guaje festivo, en este pasaje del Quijo- 
te (p. II, c. XII i): «Es ían devota mía 
la bota, y quiérela tanto, que pocos 
ratos pasan sin que la dé mil besos y 
mil abrazos». Es claro que para el ca- 
ballero del bosque, que es el que habla 
así, la devoción no procedía de la bota 
hacia él, sino de él hacia la bota: ésta 
era para él objeto ó santa de su devo- 
ción, esto es, de sus repetidos trinquis. 
Con la misma claridad aparece esta 
acep. en este pasaje de la Instrucción 
para enseñar la virtud á los princi- 
piantes (1. III, c. XIX), del P. Fr. 



Diego Murillo, publicada en 1598: 
«Acuéstese [el religioso] sosegada- 
mente, encomendándose á Dios, á la 
Virgen, á su ángel custodio y á los 
santos sus devotos, para que tomen el 
sueño debajo de su protección». Vea 
pues el Dice, si hace suya esta acep.; 
por nuestra parte nos parece entera- 
mente castiza y digna de figurar 
en el lé.xico oficial.— De VOtO por: 
dígase devoto de, ó con dativo (le soy 
devoto); con á puede considerarse co- 
mo anticuado. Véase PoR. 

Día, m. La expr. día critico sólo 
significa: «aquel de que pende la deci- 
sión de una enfermedad ó negocios; 
así que, los designados de esta manera 
por los almanaques, ó se buscan otro 
nombre, ó consiguen que el Dice, les 
alargue su protección. — Tratándose del 
cumpleaños, debe usarse en pL, como 
expresamente enseña el Dice: hoy 
son los dias de Eugenio. Este es, 
por decirlo así, el nombre técnico; 
porque también se puede decir: el día 
del santo ó del nombre, ó dia ono- 
mástico (Dice, arl. Oxomástico), ó 
el santo solamente (art. Santo), ó dia 
del nctcimiento (arts. Natal y Nata- 
licio), del cumpleaTios. González Car- 
vajal, en sus notas á su traducción de 
Job (c. I, V. 1), dice: «Y sus hijos 
iban y celebraban convites por casa, 
cada uno en su dia..., esto es, en el 
dia nalalicio de cada uno, como ade- 
lante veremos que se dice: Maldijo Job 
su dia, y el dia que maldijo fué el de 
su nacimi-ento». — Muy digna de no- 
tarse nos parece la acep. de dia, no 
incluida en el Dice, que da Fr. Alon- 
so de Cabrera en el siguiente pasaje: 
«Llama el Señor su día al de su pasión, 
de la manera que los hombres llaman 
su dia aquel en que señaladamente 
muestran su valor. El capitán^cuando 
se aventaja y extrema en las armas. 



día 



día 



135 



dic3: éste es mi día. El letrado, cuan- 
do hace una grande ostentación de sus 
letras dice: éste es mi día. Pues Cristo 
nunca tanta demostración hizo de su 
valor, de su fortaleza y sabiduría, como 
en su pasión y muerte, y pov eso le 
llama su dia-». ( Domiiujo de Riónos, 
cons.I). Del mismo modo Covarrubias, 
que se expresa así : (uSu dia, en el qü'e 
alguno nació ó le sucede alguna gran 
prosperidad y contentor. — Día á 
día: dígase diaria ó cuiidianamenfc, 
(también cuolidianamenie), ó cada dia. 
fk' dia á dia, df. dia en dia y ant. día 
en día, significan otra cosa. — Dia 
por dia, que significa «diariamente», 
lo da por ant. el Dice. En Chile es de 
uso corriente. — Día por medio es 
en castellano un dia si y airo no, cada 
dos dias, en dias alternos. Los afrance- 
sados dicen: de cada dos días uno. 
— «Los que en diciendo el dia entien- 
den el dia de /to//, ni calan el francés, 
ni penetran el castellano... Las expre- 
.siones en el dia, del dia representan en 
el dia propio de hoij. Conviene á saber, 
la voz dia hace sentido dia presente, 
dia de veiniicuafro horas, y nó el tiem- 
po presente, la estación ó época aciual, 
el siijlo que ahora co/t?... Fuerza será 
decir en el dia de hoy, luiy en dia, hoy 
dia, ya que la palabra hoy se toma 
vulgarmente por?/ tiempo que corre... 
Aun los franceses dicen aujourd^ hui, 
en el dia de hoy, y nó au jour, en el 
dia; por manera que nuestros galicis- 
tas ni hablan francés ni castellano 
cuando usan el modismo en el dia». 
(P. llir). El Dice, dice también: <íel 
dia de hoy: en el día presente, en esta 
época». Condénense pues como gali- 
Cíxnas frases como las siguientes, aun- 
que usadas por escritores nada despre- 
ciables: Estudios hechos hasta el 
día; Los filósofos del día; Hasta 
el día no se luí desfuhierlo ningún 



animal que hablase; Este pleonasmo es 
de poco uso en el día; Las oirás ds 
Feijoo han perdido en el día yran 
parle de su mérito. — Bueu día: 
buenos dias: «expr. que se emplea como 
salutación familiar durante el día». — 
Un buen día: complemento de 
tiempo que usan mucho los afrancesa- 
dos en el mismo sentido que el latino 
quodam ó quadam dif, cierto día, y el 
francés un heau jour, también cierto 
día. Xunca lo hemos visto en los bueno." 
autores y no nos suena como castizo. El 
bueno castellano, aplicado al tiempo, 
significa favorable, sereno, apacible, y 
en otros casos es sinónimo de ■sencillo: 
buen .Juan, buen hombre, Juan de buen 
alma; pero nunca es tan incoloro y des- 
leído como en la expresión afrancesada, 
en la cual, á la verdad, nada significa. 
Sólo en las interrogaciones castellanas 
,A dónde bueno.^ ¿de dónde bueno? etc., 
hay algo de parecido. (Véase Buexo). 
« Un dia dijo á la buena viuda», escri- 
bió Cervantes en el Quijote; un dia de 
éstos, uno de estos dias, el otro dia, 
decimos los que no estamos tan conta- 
giados con el francés. — Orden del dia: 
«determinación de lo que en el día de 
que se trate deba ser objeto de las 
discusiones ó tareas de una asamblea 
ó corporación. En Milicia, lo que 
diariamente se da á los cuerpos de un 
ejército ó guarnición señalando 
[¡hola con el gerundio] el servicio que 
han de prestar las tropas». Estas dos 
aceps. le reconoce el último Dice, y 
nada más. Xo vengan los galiparlistas 
á hablarnos de Estar á la orden 
del día, Poner á la orden del 
día una cosa. Lo que quieren decir 
es: estar en boya, andar al uso, tener 
crédito, estar en auye, estilarse, estar 
de moda una cosa, ser moda ó de 
moda. 

Diabetis ó diabete, m. y f. 



136 



día 



día 



Duiletes, f., y nada más que f. ;Cómo 
explicar la tendencia de algunos chile- 
nos á hacer masculinos ciertos nombres 
de enfermedades? /;Por qné dicen im 

bronquitis, el diabetis, un pe- 
ritonitis, cuando todos éstos son 
femeninos? 

Diablillo ó diablito, m. Juego 
de muchachos que consiste en tirar con 
monedas, bolitas, botones ó cosas pa- 
recidas á un cuadro como el tres en 
raya, cuyas divisiones están numeradas. 
El director del juego gana para sí to- 
dos los tantos que caen fuera del cua- 
dro ó que quedan tocando alguna raya, 
y paga al tirador un número igual al 
de la casilla ó división en que éste 
apnnta.^DiablitO llaman también 
algunas hijas de Eva el rizo que se 
envuelve en papel (papiUofe francés) 
para que cobre consistencia y no- se 
deshaga. 

Diablismo, m. Falso sistema de 
teología mística, algo parecido al mo- 
linosismo, y que consiste en atribuir 
al diablo demasiada intervención en 
las acciones humanas. Merece figurar 
en el Dice, lo mismo que el siguiente. 

DiABLiSTA, adj. Partidario del dia- 
blismo. Ú. t. c. s. c. — Kelativo ó 
perteneciente al diablismo. 

Diablo, m. Falta á esta voz la 
acepción de: por antonomasia, prínci- 
pe de los ángeles rebeldes, ó sea Lucifer 
ó Satanás. — También llamamos aquí 
diailo el instrumento en forma de 
rastrillo y con lomo ad hoc, que se 
emplea en el juego del billar para 
colocar el taco, cuando éste no puede 
manejarse de la manera natural. Según 
hemos oído, este mismo nombre tiene 
dondequiera que se habla castellano; 
pero el Dice, lo ha pasado por alto. 
Por semejanza llaman diablo en la Li- 
tera, según Coll y Altabas, «una espe- 
cie de trillo, consistente en tres ó 



cuatro rodillos hechos de planchas de 
hierro dentadas, y que giran estando 
colocados en un bastidor». Tienen al- 
guna relación con nuestro diablo de 
billar las voces á)ií/el y mediana, que 
significan, la primera: «En el juego de 
los trucos, cierta ventaja ó condición, 
que consiste en poder subir sobre la 
mesa para jugar las bolas que no se 
alcanzan desde fuera con la punta del 
taco. Dar, tuina}' ó llevar ángel;y> y la 
segunda: ccEn el juego del billar, taco 
algo mayor que los comunes, que sirve 
para jugar las liólas distantes de las 
barandas». — Otro diablo, que usan los 
agricultores chilenos es un aparato para 
transportar troncos y maderos grandes, 
tirado por bueyes. Consiste en un pérti- 
go, montado por uno de sus extremos 
en un eje de dos ruedas; los maderos 
van paralelos con el pértigo. Estas dos 
aceps. están imitadas del francés. — 
Diablo llamamos también un instru- 
mento en forma de ban-eta y con una 
punta abierta como una V ó como la 
tienen los martillos, para extraer clavos. 
Este se llama en castellano desclavador: 
«cincel de boca ancha, recta y poco afi- 
lada, que se usa para desclavar». — El 
último diablo conocido en Chile (ha- 
blamos de diablos materiales, no espiri- 
tuales ni humanos) es el juego italiano 
dlavolo, que estuvo de moda por algún 
tiempo. He aquí lo que dijo de su origen 
la prensa diaria: «Mucho se ha escrito 
sobre este juego, y aun se ha dicho 
que ñoreció hace algunos siglos cu 
China; pero se ignoi-a talvez que los 
salvajes del centro de África conocen 
desde tiempo inmemorial el diavoU. 
En efecto, en el capítulo XXIV de su 
obra ^4 través del África, el Conde de 
Cameron refiere que en Diciembre de 
1874, encontrándose en pleno centro 
de África, al Xorte de Batanga, alo- 
jado en el villorrio del Jefe de Easso- 



día 



día 



137 



nago, uu esclavo negro le entretenía 
algunas veces con sus pruebas de des- 
treza. Con dos palitos de un pie de 
largo, imprimía á un pedazo de madera 
tallado en forma de reloj de arena, un 
movimiento de rotación rápida, ha- 
ciéndolo correr hacia adelante, hacia 
atrás, lanzándolo más alto que una 
bola de crikef, recibiéndola sobre la 
cuerda y continuaba en seguida ha- 
ciéndola rodar». — Usamos, finalmen- 
te, la palabra diahJo como puro adj. y 
no nos disuena. Hombre diablo; ¡qué 
mujer tan diabla! 

Una vela se consume 
Ardiendo en un candelabro; 
Así se consume el hombre 
Cuando anda de mozo diablo. 

{Cantar popular). 

Verdad más grande que un templo y 
digna de meditarse por todos los tunos, 
calaveras, tenorios ó mozo.'i diablos. 
En el Dice, sólo lo hallamos como fr. : 
Xo ser uno (jran (ó muy) diablo: «no 
ser muy advertido ó sobresaliente en 
una línea»; y como s. fig.: «perso- 
na astuta, sagaz, que tiene sutileza y 
maña aun en las cosas buenas». Así 
se adjetivan también hombre, galli- 
na, (jallo, señora, etc. «Bien me dijo 
á mí mi huésped que era diabólica 
la (jenie desta ciudad», escribió Lo- 
pe de Rueda en su Comedia de los 
engaTiados (escena VI); y en otra: 
« Diabrólico eres », « Pardiez ques- 
te mochacho es diabrólico» (diabó- 
lico). — Hay también otro uso de 
diablo que no está bien estudiado, y 
es cuando tiene el valor de interjec- 
ción y va acompañado de otras pala- 
bras. El Dice, sólo admite ¡diablo! 
(interj. fam. con que se denota extra- 
ñeza, sorpresa, admiración ó disgusto), 
¿cómo diablos! y ¿qué diablos! (locu- 
ciones que se juntan frecuentemente 
Dice, de Chil., t. II. 



á las expresiones de impaciencia ó de 
admiración); pero en los autores y en 
la conversación se hallan muchas otras 
parecidas: ¿Quién diablos? ¿qué diablo 
de venganza? ¿qué diablos de ciudad ó 
fortaleza? todas de Cervantes y que 
prueban que la interj. puede usarse en 
singular ó en pl. ¿A qué ó para qué ó 
por qué diablos te metiste en ese ne- 
gocio?¿Co/í qué diablos me has pegado, 
que me ha dolido tanto? ¿En qué dia- 
blo ó diablos de barranca me he caído? 
¿Cuándo diablos llegará este mucha- 
cho? ¿Dónde diablos me esconderé para 
que no me hallen? Y así también con 
otras preposiciones, advs., interjs., 
etc. Según esto debe el Dice, ampliar 
mucho más la acep. de interj. que da 
á esta voz, diciendo que sola se usa en 
singular y en pl., y lo mismo cuando 
va acompañada de otras voces, tales 
como... Aunque á nadie aconsejemos 
este lenguaje tan poco cristiano, hemos 
tenido que estudiarlo, porque así se 
usa. — Asi paga el diablo a quien bien 
le sirve: adagio ó sentencia muy usado 
en Chile y que hallamos en Caballero 
en el mismo sentido. «Frase muy vul- 
gar, y por desgracia frecuente, que se 
usa después de haber recibido un dolo- 
roso desengaño de algún amigo ó pa- 
riente á quien hemos servido en la 
medida de nuestras fuerzas». Merece 
figurar en el Dice. — Donde el diablo 
perdió el poncho, f r. fig. y fam., usadísi- 
ma en Chile y equivalente á la castella- 
na Donde Cristo dio las tres voces (en 
lugar muy distante ó extraviado). 
Puede ser que se derive de la francesa 
Étre au diable (estar excesivamente 
lejos). Véase en Diego, Por lo tío 
Diegro; aunque no hay entera sino- 
nimia, porque esta última fr. se refiere 
á la incongruencia, divagación ó ex- 
travío en el di.scurso ó raciocinio, y la 
primera sólo se refiere á la distancia ó 

18 



138 



día 



día 



lejanía material. — Prender (encender, 
poner, ofrecer) ■una vela á Dios (ó á 
San Miguel) y otra al diablo. Trae ori- 
gen esta fr. fig. y fam., que usamos en 
Chile, de lo que se cuenta de un igno- 
rante, que, compadecido de ver al 
diablo pisoteado y oprimido por San 
Miguel (tal como se le representa en 
la iconografía cristiana), resolvió pren- 
derle vela también á él, como lo hacía 
con el Arcángel. Generalizada la fr., 
ha venido á significar: dar gusto ó 
contentar á dos personas contrarias, 
servir á dos señores opuestos. Es digna 
de figurar en el Dice. En su lugar 
probaremos que el v. prender está bien 
usado en esta acep. — Uña del diablo: 
instrumento recio en forma de pinzas 
ó de tornillo, con que se extiende el 
alambre que se emplea para cercas ó 
cierros. El nombre tiene gracia, y, si 
no hay otro para dicho instrumento, 
bien podría aceptarse. 

Diablofuerte, m. Pa)ui: «tela 
gruesa de algodón parecida en el tejido 
al terciopelo». Es chilenismo bien 
popular, que probablemente se formó 
por el mal olor que tiene dicha tela. 
Es natural que, al sentirle el olor, diga 
uno: iqid diablo tan fuerte! porque 
fuerte es en Chile sinónimo de hediondo. 
I Diablofuerte» intituló el Pbo. D. 
José Luis Fermandoiz una hermosí- 
sima novel ita suya, de costumbres 
chilenas, digna de la pluma de Pereda. 

DlACONADO ó DIACONATO, m. 

DiACOXAE, n. Ministrar de diácono 
en las funciones de iglesia. Bien puede 
admitirse, porque se usa ya en muchas 
partes y está bien formado. 

¡Diach.0! interj. /Dianche.' ¡dian- 
irel ¡demonio', ¡diablo! ¡mengue! 

Diagnosticar, a. Determinar el 
carácter de una enfermedad mediante 
el examen de sus signos. Admitido en 
el Apéndice del último Dice. 



Diagonal, m. Lo mismo que en 
Colombia, género ó tela cuyos hilos en 
el tejido no se cruzan en ángulos rec- 
tos sino diagonalmente, y de ahí el 
nombre. Más debe considerarse como 
denominación común de todas las telas 
que están tejidas de esta manera, que 
de una en particular. 

Dialectal, adj. Propio de un dia- 
lecto, ó relativo á él. Es voz usada por 
todos en Filología y en Lingüística y 
debe entrar cuanto antes en el Dice. 

Dialectología, f. Parte de la Fi- 
lología que trata de los dialectos. Es 
voz digna de admitirse por el uso que se 
hace de ella y por su buena forma- 
ción. 

Diana, n. pr. f. Hija de Júpiter y 
de Latona y hermana de Apolo, según 
la Mitología. Era la triforme diosa, 
que en el cielo se llamaba Luna, en la 
tierra y principalmente en los bosques 
Diana, y en los infiernos Hécate ó 
Proserpina. Como Diana, se la repre- 
sentaba con traje y con armas de 
cazadora y acompañada de varias 
ninfas. Como hay en la literatura es- 
pañola algunas obras que llevan el 
titulo de aDiana» y á esta diosa hacen 
continua alusión los poetas y novelis- 
tas y, en general, todos los literatos, 
es de necesidad incluir este nombre en 
el Dice. Véase Astrea. — El toque mi- 
litar al romper el día, para que la 
tropa se levante, llamado diana, deriva, 
según el Dice, de la voz dia y nó del 
nombre de la diosa. 

Diapasón, m. Bajar el diapasón, 
fr. fig. que significa: bajar la voz ó el 
tono; humillar, abatir. — Subir el dia- 
pasón: alzar la voz ó el tono; elevar ó 
exaltar. Ambas frases deben entrar en 
el Dice, á lo menos como familiares, 
por el mucho uso que se hace de ellas 
y lo bien formadas que están. Xo 
importa que haya otras equivalentes á 



día 



DIB 



139 



ellas en el significado. Caballero recor- 
dó solamente la primera. 

Diariero ó diarero, m. Vende- 
dor de periódicos ó diarios. U. m. en 
este mismo significado suplemen- 
tero y véase en su lugar. La forma 
f. diariera, aunque ya muchas mu- 
jeres ejercitan el oficio, nunca la hemos 
oído. 

Diario, m. «Valor ó gasto corres- 
pondiente á lo que es menester para 
mantener la casa en un día, y lo que 
se gasta y come cada día». De esta 
acep., que es la última que tiene en el 
Dice, ha procedido otra muy seme- 
jante, y es: cantidad de dinero que se 
da á un jornalero para su alimento 
diario. Es la ración castellana (porción 
que en especie ó dinero se da á cada 
soldado, marinero, criado, etc., para 
su alimento diario). En Chile \a,ración 
es en especie, y el dúfrío en dinero. 
D. J. M. Sbarbi lo usa por salario ó 
jornal: «Yo recuerdo haber oído decir 
en Sevilla. ..que, buscando [el gober- 
nador] labradores para sus tierras, y 
ofreciéndoles un diario de hasta 12 
reales, no pudo hallarlos». (I71 ¿lio 
témpore, apénd. III). La fr. castellana 
Estar á compango abraza las dos cosas: 
«recibir el criado de labor su manu- 
tención en dinero, y en trigo la ración 
de pan que le corresponde percibir 
según contrato». — Otra acep. que aquí 
le damos es-uso diario. Eopa, traje ó 
terno para el diario. «Me vienen bien 
esos veinticinco reales para comprarme 
una saya de todos los di/is, que ando 
hecha un estropajo»; escribió Valbue- 
na en Rebojos, art. «Cobranza». Sin 
embargo, no parece que lo usamos mal 
nosotros, pues viene á ser un simple 
adj. sustantivado. — A diario: tras- 
lado al P. Mir: « Los periodistas 
presentes dicen á diario. Mañana 
dirán á semanario, á quince- 



nario, á mensual, á anual, á 

secular, y no faltará quien nos 

desayune con á miniitario, á ho- 
rario, á seg-undario, á noctur- 
no, y con otras rarezas del mismo 
tenor, groseras, bárbaras, extravagan- 
tes. Pero, señor, ¿en qué libros, en qué 
gramáticas, en qué autores han estu- 
diado los que tal hablan? Cierto, no en 
los que constituyen autoridad en ma- 
teria de lenguaje». (Frases de los au- 
tores clásicos, art. Llorar). Dígase 
cada dia, diariamente, cd día, según los 
casos. — De diario, m. adv.: diaria- 
mente, cada dia. Tan vicioso como el 
anterior. — Pesos diarios. Véase 
Anual. 

Diarismo, m. Aunque está admi- 
tido diarista (persona que compone ó 
publica un diario), no así diarismo, 
que tiene su equivalente en periodismo: 
ejercicio ó profesión de periodista. 

¡Diasque! interj. Véase ¡Dia- 
clio!— En general, ú. t. c. s. m. en 
vez de diablo. Así también en Méjico, 
según Ramos Duarte. 

Oibilidad, dibilitarse. Vul- 
garismos de todas las naciones en que 
se habla el castellano; sin embargo, en 
ninguna corrompen el simple débil en 
díbil. Sólo á un huaso chileno se le 
ocurrió excusar en confesión sn fragi- 
lidad alegando que era muy frí- 

gil. 

Dibujo al natural. Dilmjn del 
natural: «el que se hace copiando el 
modelo desnudo». Así el Dice. En el 
art. Natural enseña que el m. adv. 
al natural significa: «sin arte, compo- 
sición, pulimento ó variación»; y en 
Blasón ó Heráldica: «dícese de las flo- 
res y animales que están con sus colo- 
res propios, y nó con los esmaltes or- 
dinarios del blasón». Ahí mismo pone 
también la fr. Copiar del natural 
(copiar el modelo vivo) y ejemplos 



140 



DIO 



DIOH 



como éstos : copiar del natural las ropas, 
pintar un])ais dd natural. 

Diccionarista, com. Es voz mo- 
derna usada por Puigblanch, Hartzen- 
busch, Cuervo, Sbarbi y demás autores 
contemporáneos. Aunque existe para 
espresar la misma idea el vocablo 
leiicógrafo, m., creemos que también 
conviene admitir el neologismo para 
que corra parejas con su primitivo 
diccionario. 

Díceres, m. pl. «Con respecto á 
la voz díceres, por rumores ó habli- 
llas, escribe Cuervo, se nos ocurrió 
primeramente que podía ser un plural 
formado de decir, á la manera que 
víveres lo parece de vivir; pero, consi- 
derándolo mejor, creemos ser plural de 
dicen, sustantivándose esta inflexión 
verbal y recibiendo ese número, lo 
mismo que el equivalente francés on 
dit, cuyo plural es des on dit-¡>. Aunque 
á nosotros nos parece más natural que 
se derive del (fe castellano pluralizado 
en díceres, por una falsa analogía 
con víveres, formado de vivir; ó mejor 
del antiguo infinitivo dicer ó diser; sin 
embargo, no discutiremos el origen de 
este raro vocablo; pero si haremos 
constar que el Dice, de Autoridades 
admitió en su lugar á decires: «Usado 
en plural. Significa murmuraciones ú 
detracciones. Tiene raro uso». Raro 
sería en aquel tiempo, pero siquiera se 
usaba en su verdadera forma, la cual 
debemos ahora defender á toda costa, 
ya que, ti'aído á nueva vida, se le quiere 
dar otra verdaderamente monstruosa. 
Mil veces mejor decir como en tiempo 
del cronista Pero Niño: «Dixo...que, 
pues ellos punaban por la justicia é por 
la verdad, que non debían avcr cuida- 
do de los decires*..., que no escribir y 
pronunciar como ahora díceres. El 
último Dice, no registra esta acep. de 
decir, m., entre varias que le da, y en 



dicho nos da la expr. dicho de las gen- 
tes: «murmuración ó censura pública». 
Creemos que el pl. decires debe ya 
admitirse con el mismo significado de 
rumor ó runrún: «voz que corre entre 
el público». — Algunas veces se usa 
también el sing. dícer. 

DiCTAiriXAR, n. Dar dictamen. 
Admitido en el Apéndice del último 
Dice. La admisión de este v. es buena 
prueba de la condescendencia y mag- 
nanimidad de la Academia; porque, no 
siendo usado dictaminar sino en Amé- 
rica y habiendo sido excomulgado 
nominalmente y por dos veces en la 
Gramática oficial, entra ahora á ocupar 
lugar propio en el Dice. — El derivado 
dictaminador, ra, que echan menos 
algunos, no es tan usado como el v. ni 
vale lo que su sinónimo informante. 

Dicha, f. Del araucano dichón ó 
diichon: ensartar como con chuzo ó 
lanza, dar estocada; porque la diclia 
pincha con las puntas de las hojas. 
Philippi describe así el suborden á que 
pertenece la, dicha: tPentacaena ramo- 
sissima: tallo dividido desde su base 
en muchísimos ramos del largo de cua- 
tro á nueve centímetros, cubiertos casi 
enteramente por las estípulas, y las 
hojas lineares, tiesas, terminadas por 
un aguijoncillo transparente. Es muy 
común en los terrenos secos de las pro- 
vincias centrales y del Norteí. En otra 
parte la describe en particular: iSoliva 
sessilis: planta anual muy pequeña, 
con hojas pinatifidas, lóbulos triaquin- 
quelobulados, lacinias lineares, con 
cabezuelas axilares sésiles, lluy común 
en Chile. Es singular, porque su estilo 
es persistente y se vuelve leñoso y 
punzante. No tiene vilano». Realmen- 
te, es muy común en Chile esta hierba, 
y hasta una subdelegación rural del 
departamento de Casablanca lleva el 
nombre de «Las-Dichas», fuera de 



DICTH 



DIE 



Ul 



otros lugarejcs menos importantes. 
Rosales le reconoce á la dicha cualida- 
des medicinales «para estancar cámaras 
de sangre» (disentería). Su nombre 
puede ya figurar en el Dice. 

DiCHiLLO, m. Así describe Philippi 
este suborden de las umbelíferas: 
tMulinum Pers.: subarbustos de hojas 
tiesas, partidiis en tres ó cinco divisio- 
nes, casi siempre espinosas; flores 
amarillas con el limbo del cáliz per- 
sistente, quinquedentado; fruto con 
cuatro alas. Todas las seis ó siete es- 
pecies de este género son chilenas y se 
conocen con los nombres de yerha ne- 
gra ó dichillo». El nombre es diminu- 
tivo del anterior y, como él, merece 
también entrar en el Dice. 

Dichoso, sa, adj. Escribió de él el 
Dice, de Autoridades: «Se usa en 
nuestro castellano con cierto tonillo; y 
así tiene una significación sumamente 
expresiva, según la materia y el sujeto 
á que se aplica, la cual no es fácil ex- 
plicar con otro término: y algunas 
veces suele ser ironía». El Dice, noví- 
simo no hizo caso de esta acep., que es 
enteramente castiza y usada en España 
y América, como ya lo probó García 
Icazbalceta ; en cambio nos da una f ani. 
que nosotros no conocemos: «enfadoso, 
molesto», y muy distinta de la otra. 
La voz «ironía» con que termina el de 
Autoridades da la clave de aquella 
acep., muy parecida á la que también 
echamos menos en Bendito; por eso, 
mejor definida quedaría diciendo: «in- 
feliz, desgraciado, desventurado, mala- 
venturado»; y, aplicado á persona, 
dícese de la que es demasiadamente 
sencilla ó candida, que es la acep. 
irónica que el üicc. da á Bienaven- 
turado. «El dichoso papel de conde 
Otavio es dificilillo, y al más leve 
tropiezo pudieraunocaer y estrellarse». 
(Tamayo y Baus, Un drama nuevo, 



I, 2^) (í/Dichoso padre, que no sabe 
lo que hacen sus hijos!» decimos en 
Chile. 

DiECIXUEV E, DIECIOCHO, DIECISÉIS, 

DIECISIETE, adjs. y susts. Mucho se va 
generalizando la práctica de escribir 
en una sola voz todos estos numerales; 
y con mucha razón, porque lo piden 
la lógica y el simple buen sentido. El 
Dice, y la Gramática de la Academia 
guardan silencio en este punto, á pesar 
de que, tratándose de los otros deriva- 
dos, escriben dieciochavo, dieciseisavo, 
etc., y, tratándose de veinte, dicen: 
veintiuno, veintidós, veintitrés, veinti- 
cuatro, veinticinco, veintiséis, veintisie- 
te, veintiocho y veintinueve. 

Dieciocho, m. El 18 de Septiembre, 
aniversario del día en que se reunió en 
Chile la primera Junta Nacional de 
gobierno independiente. Junto con el 
día que le antecede y el que le sigue 
es de fiestas cívicas y muy celebrado 
en todo Chile. — Dieciochito ó diecio- 
cho chico, es el domingo anterior al 18 
de Septiembre, y en el cual se ensayan 
en el Campo de Marte (antigua Pam- 
pa ) los ejercicios militares que se 
preparan para el 18. 

Diego, n. pr. m. Diego, dondiego ó 
dondiego de noche, nó de la noclie; 
por otro nombre dompedro y donjuán. 
Hasta en esta planta se han juntado 
los tres nombres que siempre suelen 
andar juntos: Pedro, Juan y Diego. 
— Dondiego de dia, nó del día. — 
Donde digo Digo, no digo Digo, sino 
que digo Digo. Error que se cuenta de 
un rústico llamado Diego, que, al fir- 
mar, omitió en su nombre una e; quiso 
salvar el error, y lo volvió á cometer. 
Peor que Lucas Gómez. — Pedro, Juan 
y Diego. (Véase Pedeo). — Por lo 
tío Diego, fr. popular en Ch'úo: ]>or 
los cerros de Ubeda: «por sitio ó lugar 
muy remoto y fuera de camino. Con 



142 



DIEN 



DIES 



esta loe. se da á entender que lo que se 
dice es incongruente ó fuera de propó- 
sito, ó que uno divaga ó se extravía en 
el raciocinio ó discurso. U. con el adv. 
de comparación como y con los verbos 
echar, ir, ó irse, etc.» Véase Donde el 
diablo perdió el poncho, en el art. Dia- 
blo. — Demos la etimología del n. pr. 
Diego, que no carece de curiosidad. El 
latín Jacohus, que en francés dio Jac- 
ques, en italiano O^deomo, en inglés 
James, en catalán Jaehme, en caste- 
llano antiguo dio lar/o ó Yago (que, 
unido con San/\ apócope de Sanio, 
formó Santiago). Pues bien, del cas- 
tellano Tago, ó de Tiago, aféresis de 
Santiago, procedió Diago, y por in- 
fluencia dialectal Diego. Así, un solo 
nombre hebreo, Jacob, ha producido 
en castellano Jacob ó Jacobo, Santiago, 
Jaime y Diego. 

Diente, m. Diente á caballo 
es en castellano sobrediente: «diente 
que nace encima de otro». Sin embar- 
go, la expresión no carece de gracia y 
la hallamos en Tirso de Molina: 

Buenos labios, malos díenUs. 
Porque, aunque era su tez blanca. 
Á caballo unos sobre otros 
Tanti cuanti moriscaban. 

(Amar por seüas. ¡I. JO). 

—Destemplársele á uno los 
dientes se expresa eu castellano con 
el s. dentera: «sensación desagradable 
que se experimenta en los dientes y 
encías al comer substancias agrias ó 
acerbas, oír ciertos ruidos desapacibles, 
tocar determinados cuerpos y aun con 
sólo el recuerdo de estas cosas». A los 
cien membrillos se me destempló 

un diente, dice por gracia y donaire 
el que, después de muchas jugadas 
perdidas, al fin acierta ó gana una.— 
Meterle el diente á una cosa, es fr. ñg. 
y fam. que entre nosotros vale dar 



principio á un estudio ó asunto de 
difícil inteligencia. Xo se corresponde 
con la castellana Hincar uno el diente, 
que significa: «apropiarse algo de la 
hacienda ajena que maneja; murmurar 
de otro, desacreditarle». — No ser uno 
pariente de otro ni por los dientes: no 
haber ningún parentesco. Bien pueden 
admitirse ambas frases. — Ratoncito, 
toma este dientecito y dame otro nueve- 
cito : así dice el niño, arrojando el diente 
que se ha sacado ó se le ha caído, 
convencido, por la superstición en que 
lo imbuyen, que, si no ofrece su diente 
al ratón, no le sale el nuevo. En Espa- 
ña, según Gonzalo Correas, dicen: 
<í Milano, toma este diente y dame otro 
sano. Dicen'esto los muchachos, arro- 
jando el diente que mudan sobre un 
tejado; y acomódase á otras cosas que 
truecan por mejores». En Castilla, 
según el Folk-lore Gallego, tiran el 
diente al tejado y dicen: «Tejadito 
nuevo, toma este diente viejo y tráeme 
otro nuevo», — A regañadientes, m. 
adv. fig.: con repugnancia, mostrando 
disgusto, á más no poder. En el Dice, 
lo escribe la Academia en tres palabras; 
pero en la Gram. en dos, así como lo 
hemos puesto aquí: preferimos esta 
forma. 

Dientón, na, ó dientudo, da, 
adj. y ú. t. c. s. Dentón, na, ó dentudo, 
da: que tiene dientes desproporciona- 
dos; por otro nombre, dientes de ajo: 
los muy grandes y mal configurados; 
persona que los tiene así. 

DÍES lEAE, m. (prominciese iré) 
Prosa ó secuencia que se reza ó canta 
en las misas de réquiem. Esta expresión, 
única con que todo el mundo conoce 
la grandiosa poesía que principia con 
estas mismas palabras, debe figurar en 
el Dice, como otras semejantes que 
ya se han incluido: De profundis. 
Tedeum (mejor sería Te Déum), Stábat 



DIET 



DIEZ 



i4r, 



ó Stábaí Máter, Tántum ergo, Magní- 
ficat, Miserere, etc. 

DiESTRÍsiMO, MA, adj., superlativo 
de diestro. «En el sup. se dice indife- 
rentemente diestrisimo ó destrísimo; 
acaso el último tenga algún reraus- 
gnillo de afectación, por ser forma más 
erudita». (Cuervo). En los autores 
aljunda más la primera forma. 

Dieta, f. Significa: «régimen que 
se manda observar á los enfermos ó 
convalecientes en el comer y beber; y 
fam., privación completa de comer». 
Por eso se dice muy bien: estar á die- 
ta, guardar dieta; pero llamar también 
dieta el caldo especial que se hace 
para los enfermos que están d dieta, 
parece que ya no se usa en España, 
pues el Dice, da esta acep. solamente 
ú, ¡nicJiero de enfermo: «cocido que se 
hace en el puchero, sin verdura ni otra 
cosa que pueda hacer mal á los que 
padecen una dolencia». Sin embargo, 
Covarrubias asegura en su Tesoro que 
dieta «vulgarmente en castellano vale 
la comida üisada que el médico ordena 
al enfermo». La dieta que usamos en 
Chile es una cazuela sencilla de ave, 
sin verduras ni aliños, con una que 
otra presa ó sin ella, según el estado 
del enfermo. Algo se parece al pisto 
español, que es: «jugo ó substancia 
que, raachacilndola ó aprensándola, se 
saca del ave, especialmente de la galli- 
na ó perdiz, el cual se suministra ca- 
liente al enfermo que no puede tragar 
cosa que no sea líquida, para que se 
alimente y cobre fuerzas». Pues bien, 
esta acep., que Covarrubias califica 
de vulgar, es general y corriente en 
Chile en todas las clases sociales. Lo 
que no nos parece mal, porque es sola- 
mente usar el signo por la cosa signifi- 
cada ó el nombre concreto por el 
abstracto: metonimia se llama esta 
figura. Innumerables son las voces que 



en castellano han recibido otra acep. 
por el mismo procedimiento que dieta. 
Dieta en abstracto es el régimen que 
en la comida debe observar un enfer- 
mo, y en concreto es la comida ó guiso 
en que se ha observado ese régimen. 
Así también medicina es el arte de 
curar, y una medicina es un medica- 
mento ó remedio en que se ha obser- 
vado ese arte. Apliqúese este mismo 
raciocinio á poesía, retórica, músim, 
escultura, pin tura, fotografía, economía, 
disciplina, etc., y dígannos si tenemos 
razón ó nó. También los judíos, ha- 
blando de su pascua, decían: inmolar, 
asar y comer la pascua, como todavía 
puede verse en la Biblia, á pesar de 
que pascua significa originariamente 
tránsito ó paso. Y decían bien, porque 
el tránsito ó paso del ángel extermina- 
dor era recordado por el cordero pas- 
cual ó víctima de la pascua. Volvien- 
do á dieta, no se crea que la acep. 
recogida por Covarrubias fué tan 
nueva para su tiempo, pues el castella- 
no la recibió del latín de la Edad- Me- 
dia, como lo prueba el Qlosai'ío de 
Du-Cange, que la define: «pastus, 
refectio», y como la 1.^ de la voz 
diaefa. En seguida la comprueba con 
estas autoridades: 

Et modo nobiscum qui possea cingere discum, 
Ut decet athletaní sumens cum rege diaetatn. 

«Unde quotidianam tna anima, diaetam 
sumens». «Pro cujus animae remedio 
quaedam sancto Martyri contulit prae- 
dia, unde hodieque Fratribus minis- 
tratur díaeta*. Con estos datos creemos 
que el futuro Dice, restituirá al caste- 
llano esta buena acep. de dieta. 

Diez, apellido. Diez, escriben este 
apellido español Contó é Isaza; pero 
los españoles que lo llevan, lo escriben 
y pronuncian lo mismo que el cardinal 
diez. Lenz dice que no tiene la menor 



144 



DIF 



DIF 



relación con el alemán Diez, inmorta- 
lizado por el filólogo Federico Diez. 
Este se pronuncia DUs, con i larga, 
según él. 

Diez, m. Moneda de plata, que es 
la décima parte de nuestro peso y vale 
diez centavos. El nombre no puede 
estar mejor puesto, y así lo lleva ella 
de realce en el centro del reverso: diez 
CENTAVOS. Debe pues admitirse sin 
duda alguna. En Álava dicf Baráibar 
que es «cantidad de bebida cuyo precio 
es diez céntimos. Déme usted un diez 
de vino y otro di£z de aguardiente». 
Con seguridad que se usará también 
para todos los demás artículos del 
comercio: un diez de pan, de azúcar, 
etc., como aquí. — Las diez de ultima. 
Fr. fig. y fam. tomada del juego de la 
brisca: exceso sobre trabajos ó adver- 
sidades que se vienen padeciendo. Otros 
dicen: las diez y últimas. 

DieziOCllO ó DIEZ Y OCHO. Véase 
Dieciocho. 

Difamar ó disfamar, a. (Des- 
famar está ant.) La misma doble 
forma tienen los compuestos difama- 
ción, difamador y difamatorio. 

Difariar, n. Corrupción vulgar 
de desvariar. 

Difarío, m. Corrupción vulgar de 
d es r a rio. 

Diferenciar, a., n. y r. Sigue la 
acentuación del s. diferencia: diferen- 
cie, diferencie, etc., j nó diferenceo. 

Diferiencia, f. Diferencia. Injus- 
tamente condenó Baralt en esta voz el 
significado de «pleito, riña, litigio», 
tomándolo por galicano; pero la Aca- 
demia, desde la 1." edición del Dice, 
ha mantenido la acep. de «controversia, 
contrariedad ú oposición de dos ó más 
personas entre sí». Esta definición y 
el uso de los clásicos prueban suficien- 
temente que diferencia es sinónimo de 
debate, controversia, disputa, desave- 



nencia, pleito, litigio, altercado, discor- 
dancia, contienda, conforme en esto 
más con el latín que con el francés. 
Por consiguiente, nada tienen de cen- 
surable los tres ejemplos que alegó 
Baralt: «Apaciguar una diferencia; 
Ser causa de una diferencia entre 
amigos; Llevar una diferencia ante el 
juez». 

Difícil, adj. Oigamos primero al 
P. Mir: «Muy aprisa resolvió Baralt 
que la palabra difícil, cuando se usa 
por malcontentadizo, descontentadizo, 
escrupuloso, delicado, quisquilloso, etc., 
es un galicismo tan grosero como re- 
pugnante; v. gr.: es un hombre muy 
dificil; no he visto persona de trato más 
difícil. En las equivalencias apuntadas 
por Baralt hay su más y su menos que 
conviene discernir. Dos sentidos dan 
los franceses á la palabra dificil, apli- 
cada á personas, á saber: mal acondi- 
cionado y descontentadizo. De estos dos 
sentidos, el primero es castellano, el 
segundo galicano. El hombre de mal 
genio, de natural bronco, de tempera- 
mento áspero y recio de sufrir, recibe 
en castellano el nombre de difícil, por- 
que es su trato penoso y molesto. Mas, 
si el adj. difídl denota querelloso, fasti- 
dioso, descontentadizo, delicado, empa- 
lagoso, quisquUloso, melindrcso, enton- 
ces entra en el ramo de galicismo, 
porque no hay dificultad verdadera 
en semejante melindrería. Entendiólo 
Cuervo, confesando que este sentido 
de difícil es aplicación imitada del 
francés más bien que del latín. He 
aquí las sentencias de Moratín: 

Más difíciles somos y atrevidos 
Que nuestros padres, más innovadores, 
Pero mejores uó. 

«Juventud ociosa y alegre, y poco di- 
fícilcn materias de gusto». «En ningún 
autor clásico (prosigue el P. Mir) se 



DIF 



DIF 



Uó 



halla el uso de difícil por desconfenia- 
dizo, como le empleó lloratín. La fr. 
Es un Dii hombre í/í/íVí7, reprobada por 
Baralt, sufre doblado sentido, á saber: 
esle ¡lombre es de natural intratable^ 
este hombre es descontentadizo: en el 
primer sentido es frase castellana, en 
el segundo galicismo». Razonemos un 
poco, á ver si desenredamos esta ma- 
raña. DificU, del latín difficilis, es 
compuesto Ae fácil, que significa hace- 
dero, porque se deriva de faceré, hacer; 
por consiguiente, difícil es no hacedero, 
no fácil de hacer ó de ejecutar, y en 
general y por extensión, todo lo que 
presenta dificultad para su fin. Una 
lección es difícil, porque no es fácil de 
aprender; un problema es dificil, por- 
que no es fácil de resolver; una tesis 
es difkil, porque no es fácil de explicar 
ó de defender. «Cosa difícil has pedi- 
do», le contestó Elias á Eliseo: rem 
difficilem postulasli (IV Eeg., II, 10), 
es decir, difícil de conceder ó cumplir; 
«Cosas difíciles de entender», dice 
San Pedro qne hay en las cartas de 
San Pablo: diffírilid intellectu. «liemos 
andado cam'uwsí difíciles*, dice el libro 
de la Sabiduría (V, 7), es decir, difí- 
ciles de andar ó recorrer. Demos ahora 
un paseo por los clásicos latinos, para 
que no se achaque á los franceses lo que 
fué ol>ra de romanos. Virgilio dijo en 
las Geórgicas (II, 179): 

Difficilet primtim teirae collesque lualigni: 

esto es, tierras difiriles de cultivar. En 
la Eneida (V, 8G4-.-)): 

Jamque adeo scopnlos Sirenum ailvecta 
Difficiles qaondaiu; [subibat, 

escollos difíciles, de navegar ó pasar, 
se entiende. Al fin del libro IV califica 
de dificil la muerte de Dido (dijfícdei 
obitiis), esto es, de realizarse; como se 

Dice, (le Chil., t. II. 



dice también en castellano enfermedad 
difícil (de curar), parlo difícil (de 
efectuaree). Veamos ;i Horacio, sobrio 
y preciso en los epítetos como ningu- 
no. En la oda XIII del 1. I dice: 

Meum 
Fervens d'tfficili bile tuiuet jécur: 

arde y se hincha mi hígado con la 
dificil bilis; difícil de salir, ó al contra- 
rio, de ahogar ó reprimir. 

Kt te saepe vocanti 
Duram tll^eilis mane. 
(1. Illod.. VII). 
y mantente severa. 
Aunque á veces te llame esquiva y fiera. 

Así tradujo Burgos lo que literalmen- 
te es: mantente dificil, es decir, de 
conquistar, inexorable, inconquistable. 
En la oda X del mismo 1. III: 

Non te Penelopen dij/icilem proeis 
Tyrrhenus genuit parenB. 

El mismo sentido de la anterior: difí- 
cil de conquistar; por eso Burgos tra- 
dujo: «esquiva y fiera». En la sátira 
Vdtl i. II: 

DiJfícíUm et uiorosum offenoes garrulus. 

Habla del hombre dificil y moroso, y 
bien puede ser el difícil de contentar ó 
descontentadizo. Burgos traduce en 
general: «viejo impertinente». Más 
conocido es el pasaje del Arte poética 
(v. 172-;5),en (¡ue habla del anciano: 

Dilator, spe lóngus. iners. avidusque f uturi 
A/^ci7i>,-querulns, laudator temporis acti 
Se puero. 

Aquí sí que difficilis puede ser difícil 
de contentar ó descontentadizo, y así 
lo tradujo Burgos: 

Di cuntcntar difícil, quejumbroso: 



Ufi 



DIF 



DIF 



Triarte: 

Siempre gi'Uñe ó se queja; 

Raiiiinndo ilu ^^lijíuel: 

importuno; 

iliirtinez <lc la Rosa: 

Regañó::, itttrdtable, impertiuentc. 

En César liallamos: xller angustum 
etdiffirile... Teinpm aimi dijfi>-illímumy>. 
rtCuál es el camino difícil, si'io el difí- 
cil de andar ó recorrer? ¿Cuál es el 
tiempo di/icilisimo del año, sino el más 
dijicil de soportar? Cornelio Nepote 
habla de un hombre de naturaleza 
dificilísima ( difficillima natura), es 
decir, muy difícil de sufrir ó soportar; 
y Pliiiio llama venfer difficilis al estre- 
ñido ó difícil de evacuar. Más explíci- 
to, si cabe, es para nuestro objeto el 
príncipe de la elocuencia y elocución 
latina. Cicerón. En el 1. del Orador 
(n. 29) dice: «Ut usque eo difliciles ac 
morosi simus, ut nobis non satisfaciat 
ipse Demostlienes». Aquí sí, que suena 
desconieníf'dizp, al pie de la letra. En 
BU hermosísimo diálogo De senectute 
(n.° 3): c(Moderati, et nec difficiles, 
nec inhuman i senes, tolerabilem agunt 
senecLUtem». El anotadorde la edición 
Lemaire interpreta así este difficiles: 
a Difficiles sunt, qui niliil concedunt 
gratiae»; los que no dejan pasar nin- 
guna, diriamos en castellano familiar, 
ó que son difíciles de contentar. 

Parentem habere avarum. illepidum, in 
Difficilem, [liberes 

dice en unos versos que cita en su obra 
De natura deorum (1. II 1, n. 29): pa,- 
dre difícil para con sus hijos, es decir, 
difícil de soportar para ellos, ó que 
nunca está de ellos contento; ambos 
sentidos puede tener. «IntelÜLTü quam 
scopuloso difficilique in loco verser», 



escribió en el opúsculo In Q. Caealium 
divinatio, n." 11: bien entiendo cuan 
peligroso y difícil es el lugar en que 
me hallo, esto es, Iw/ar de difícil esca- 
pada. Y punto y final, para no cansar 
al lector con tantas citas latinas. De 
ellas se deduce que difícil tiene un 
significado harto genérico, como que 
se presta para expresar todo lo que 
contiene alguna dificultad, y por eso 
es sinónimo de dificultoso, (jue procede 
de la misma raíz. Como, tratándose de 
las personas con quienes vivimos, lo 
primero que observamos en ellas es su 
carácter ó genio, por eso, cuando su 
carácter no nos gusta, decimos que son 
difíciles, así á secas, ó sea, difíciles de 
tratar, intratables, y también difíciles 
de contentar, lo cual no deja de tener 
su dificultad para el pobre prójimo que 
vive con ellas, por más que el P. Mir 
diga «que no hay dificultad verdadera 
en semejante melindrería». Xo así se 
las den todas al buen religioso. Xo 
queremos decir con esto que siempre 
deba ó pueda omitirse el complemento 
gramatical de difícil, porque muchas 
veces puede significar cosas bien di- 
versas, como que este adj. se acomoda, 
por medio de la prep. de, á todos los 
infinitivos: fiambre difícil de gobernar, 
de admitir, de querer, odiar, etc. Lo 
que decimos es: que, siendo ya cosa 
bien entendida en el lenguaje corrien- 
te llamar difícil á secas al hombre 
intratable y al descontentadizo, porque 
todo el mundo subentiende los respec- 
tivos infinitivos, no debemos tener 
escrúpulo en reconocer al adj. estas 
dos acep-í. Así se ha hecho con él 
cuando lo aplicamos á cosa: ciencia y 
lección difícil (de aprender), misterio 
difícil (de explicar ó comprender), .sí- 
luación difícil (de salvar), Irabajo di- 
fícil (de ejecutar), guerra difícil (de 



DIF 



DIG 



147 



hacer), etc., etc. Esta es la lógica del 
lenguaje no sólo con verbos, frases y 
locuciones, á los cuales se les suprimen, 
por ser bien comprensibles, comple- 
mentos y palabras, sino también con 
muchos adjs. Vayan como ejemplo: 
iiPffti(/o (incapaz ó totalmente inepto 
para una cosa), obtuxo (torpe, tardo de 
comprensión), romo y rhafo^ zurdo, 
tl/erfo, qufhrado, roio, rorlo. Todos 
éstos tienen un significado bien gene- 
ral, y sólo porque va subentendido un 
complemento con de, reciben la acep. 
(¡ue de ordinario se les da: npi/ado de 
infelif/enda, obtuso de mollera, romo ó 
chillo de nariz, zurdo de una mano, 
tuerto de un ojo, quebrado de vientre, 
roto de vestido ó en el vestido, corlo de 
fienio, y también de talento ó palabras. 
Así usiimos también en Chile acerra- 
do, tapado y tupido, subenten- 
diendo de mollera; asi se usa taml.)icn 
en todas partes Irastornmlo (de juicio), 
tomado (del moho ú orín) y difunto, 
que aun en latín lleva subentendido 
el al)lativo (defumias vita), al revés 
de lo que hizo el castellano con men- 
tecato (mente captus), en el cual unió 
el coinplemento á, un participio de 
significado generalísimo. Volviendo á 
difiril, creemos que el Dice, debe am- 
pliarle las aceps., pues ahora sólo le 
leconoce la de: «que no se logra, eje- 
cuta ó entiende sin mucho trabajo», 
aplicable solamente á cosa. Debe agre- 
garle otra, aplicada á persona, semejan- 
te á la de ocasionado, que Covai'rubias 
definía: «el hombre que tiene tan mala 
condición, que por ella da ocasión á 
otros para descomponerse »>. 

Diforme, adj. Véase Defoumk. 

Difraz, m., difrazar, a. y r. 
Iji^fniz y disfrazar. 

Difrutar. Disfrutar. El Dice, lo 
da como a. solamente en todas sus 
aceps.; pero la Grani. de la .\cadeniia, 



la de Salva y el Dice, de Cuervo lo 
dan también como n. con régimen con 
de: disfrutar de buena renta. 

Difrute, m. Disfrute. 

DiFUXTO, TA, m. y f. Falta en el 
Dice, la fr. fig. y fam. El difunto (ó 
la difunta) era más grande, ó mayor, 
ó más chico, pequeTio, menor, con (jua 
se da á entender que una prenda de 
vestir le viene grande ó corta á una 
persona por no haberle pertenecido á 
ella y como si la hubiera heredado de 
otro. Ú. en todas partes, y aun en 
Kspaña, como se ve por este pasaje de 
Pérez Galdós: «Vestía la hija de Doña 
Paca una bata de franela..., revelán- 
dose en todo, como prenda adquirida 
de lance, que á su dueña le venía un 
poco ancha, por aquello de que la di- 
funta era mayor*. (Misericordia, .XV). 

Dignidad. Significando la persona 
que posee en una catedral uno de los 
beneficios ó prebendas que se llaman 
dignidades, ¿es m. ó f.? No lo resuelve 
el Dice, ó mejor dicho, no trata ex 
profeso el caso, contentándose con 
asignar á Dignidad el género f. par'a 
todas sus aceps. Lo mismo hace el de 
Autoridades; pero en el art. Preben- 
dado dice expresamente éste: t-FA 
Dignidad, Canónigo ó Eacionero de 
las Iglesias Catedrales ó Colegiales»; 
y en Primicerio dice también: «Usa- 
do como substantivo, se llama al 
Dignidad que en algunas Iglesias 
Catedrales...» En Capa de coro dice 
dios dignidades. ..1) Todo esto está in- 
dicando que el punto no es tan fácil 
de resolver y que la práctica no es 
uniforme. Lo mismo se observa en los 
autores. En Chile dicen: ^/ Señor 
Dignidad de Deán, de Arcediano, etc. 
Es evidente que, precedido del m. se- 
ñor, necesariamente debe concordar 
con él; pero, estando solo, únicamente 
por silepsis podrá usarse como ra., 



148 



DIJ 



DIL 



porque su género propio es el f . ; lo cual 
es mucho conceder, porque los demás 
tratamientos castellanos que por sí son 
femeninos, siempre se usan como tales, 
tomando el m. solamente para el pre- 
dicado: Alteza, Beatitud, Eminencia, 
Excelencia, Ilustrisima, Majestad, Mer- 
ced, Paternidad, Reverencia, Santidad, 
Señoría, Usía, Vuecelencia, Vuecencia. 
Vuestra Eminencia es Justo; Su Ma- 
jestad está enfermo; á no ser que la 
persona sea del sexo f., en el cual caso 
desaparece la silepsis y queda la simple 
concordancia gramatical de s. con adj. 
¿Está enferma Vuestra Reverencia' 
tratándose de una monja. ¿Esta indis- 
puesta Su Majestad? tratándose de 
una reina. Véase Cabeza. 

Dig-no (No ser). Fr. neg. que 
usa luiestro pueblo en lugar del v. 
dignarse. Llegó su mismo padre, y Pe- 
dro no fué digriO de sahuiarle: no 
se dignó saludarle. 

Digresionar, n. Hacer ó meter 
digresión. Verbo que sólo ha ocurrido 
á Uuamuno. Ya casi no hay s. en ion 
que los modernos bárbaros del caste- 
llano no transformen en v. 

Dihueñe ó dihueñi, m. Del 

araucano dihueñ, orcompañero, y la 
fruta de los robles». (Febrés). En la 
1." acep. ya no se usa; en la 2." si, y 
es general en Chile. Es el hongo que 
nace en las ramas de las hayas, llama- 
das robles en algunas provincias; es 
comestible y los indios hacen también 
de él una chicha. En algunas partes 
pronuncian lihueñe. 

Dije, adj. Vocabuliilo sumamente 
usado en Chile, especialmente por las 
mujeres. Significa todo lo bueno que 
se puede decir de una persona: simpá- 
tico, amable, agraciado, fino, pulido, 
cumplido, mono, cuco, gracioso, chis- 
toso. Por eso el mayor elogio que ellas 
suelen hacer de un sujeto, es decir de 



él que es muy dije. Si la voz se 
emplea como s., porque esto solamente 
es en castellano, está bien empleada, 
como que tiene estas ti-es aceps. figu- 
radas y familiares: «persona de rele- 
vantes cualidades físicas ó morales; 
persona muy compuesta; persona muy 
útil para hacer muchas cosa-s»; aceps. 
todas derivadas de la recta ó propia, 
que es: «cualquier adorno de los que 
se ponían á los niños al cuello ó pen- 
dientes de la cintura; cada una de las 
joyas, relicarios y otras alhajas peque- 
ñas, que suelen llevar por adorno las 
mujeres y aun los hombres». (Véase 
Chiclie). Dígase pues que una per- 
sona es dije ó un dije, cuando tiene las 
condiciones de cualquiera de las tres 
aceps. figuradas; perú jamás se le diga 
que es muy dije, porque este s. no 
se adjetiva como algunos de seres ani- 
mados: hombre, mujer, caballero, in- 
flo, señor, gallina, gallo, animal, pe- 
rro, etc. 

Dilatar, a. Han censurado algunos 
el uso de este v. como r. en la misma 
acep. de tardar; v. gr.: ¿Por qué te 
fias dilatado tanto? No me dilató sino 
lo necesario. A juzgar por las defini- 
ciones del Dice, debería este uso con- 
denarse como impropio, pues sólo 
tratándose de cosas tiene cabida este 
V. en tal significado. Véanse mejor las 
definiciones mismas: < Extender, alar- 
gar y hacer mayor una cosa, ó que 
ocupe más lugar ó tiempo. U. t. c. r.»; 
«diferir, retardar. Ú. t. c. r.»; «r., ex- 
tenderse mucho en un discurso ó es- 
crito». Esto está conforme con el uso 
general de los clásicos. Así leemos en 
ellos: «Perdóname porque tanto dilaté 
volverme á Ti». (Granada). «Mira, 
Señor, que han crecido mucho mis 
llagas: no dilates más el remediarlas». 
(La Puente). 



DIL 



DIL 



149 



La fiesta íc liilatñ, 
Aunque á todos ha pesado. 
— ^;La fiesta se h<í dilatado? 
—¿Que no es el mic'rcoles? — Nó. 

(Lope de Vega). 

Liis aceps. como esta última las ¡lama 
el Dice, reflexivas, cuando en realidad 
son jiasivas: la fiesta no se dilató á sí 
misma, ni podía hacerlo, sino qne fnó 
dilatada, diferida ó retardada por los 
(jue la habían dispuesto. Así usado el 
V. como pasivo, se halla con frecuencia 
en los clásicos en la misma acep. de 
/iin/iiisc: ((No se dilaió pues mucho la 
misericordia del Señoni. (Granada). 
«No sabían cuánto esta ^•enida [del 
Espíritu Santo] se había ele dilatary>. 
(Id.) «.Si no os ha enviado, tornadlo 
á pedir, que el os enviará, (jue os quie- 
re mucho por entender en los pobres; 
y si nó, el Señor ha de [n-oveer, aunque 
.se (lilate [el recado ó au.xilio del duque 
de Sesa]». (Beato Avila). Otras veces 
usan á dilatar con un complemento 
con en ó con de, y más parecido aún 
á tardar: 

Si es esto, yo te perdono 
Todo el tiempo que dilatas 
En mostrar á tu AlcVtín 
De su bien y mal la causa. 

(Góngora). 

«Xo dil/itti, sabiendo su venida, en 
venir la abadesa». (Céspedes y Mene- 
ses). «También da algunas veces en 
fin de la oración lo que al principio 
dilató de darii. (Granada). Por estas 
pocas citas se puede ver cuan corto y 
fácil era para el pueblo el tránsito de 
este verbo, tal como lo hallamos em- 
pleado, á la acep. reflexiva propiamen- 
te dicha que le damos en América, 
desde ]\réjico para el Sur. Si todas las 
cosas se pueden dilatar, si las personas 
mismas se dilatan en los discursos y 
escritos, si otras ddatan en mnatrar ó 



en venir, es muy explicable (juc tam- 
bién se dilaten, como hay muchos (¡ue 
se enferman, se entrañan de lo que 
ven, se turnan. También se explica 
este uso por la omisión del comple- 
mento, el cual, no pudiendo desapare- 
cer del todo, porque el significado del 
V. lo reclama, viene á convertirse en 
los acusativos personales me, te, .ie. Por 
eso muchos no fijan ya la atención, la 
mente ó la vista, sino que se AJan; 
otros no hincan una ó ambas rodillas, 
sino que se hincan; otros no se lo lle- 
van escribiendo ó leijendo, ó se llri'an 
el día ó la noche en lo mismo, sino (jue 
se llevan escribiendo ó leyendo, sin 
darle á. llevare] complemento de tiem- 
po que exige. Véase Encarnarse. 
En Chile es bastante antiguo el uso de 
dilatar.-- e r. y así lo hallamos en la 
1." edición del Dice. Araucano de Pe- 
bres (1765); pero actualmente vades- 
apareciendo entre la gente culta, aun- 
que se oye mucho en el puelilo. 

Dilettante, m. Voz italiana, iiiie 
significa: aficionado á un arte cual- 
quiera, pero sin profesarla. Es sinónimo 
del francés amateur, que pusimos en 
el Apéndice, y, lu mismo que éste, no 
debe admitirse en castellano: basta 
con ajíciiinudo, aprendiz, apasionado- 

Dilettantismo, m. Afición á un 
arte cualquiera, pasión que se siente 
hacia ella. Véase el anterior. 

DiLt'CiDAE, a. «Declarar ó exiilicar 
un asunto, una proposición ó una obra 
de ingenio». Es sinónimo de rlueidtir, 
a.: poner en claro, dilucidar. — Asimis- 
mo los respectivos derivados: diluci 
dación y elucidación., dilucidario (escrito 
con que se dilucida ó ilustra una obra) 
y elucidario (libro que esclarece ó ex- 
plica cosas obscuras ó difíciles de 
entender). 

Diluir, a. Conjúgase dilui/o, dilu- 
yes, dUuija, etc., y nó dilÚO, como lo 



150 



DIM 



DIM 



olmos ii 11 n viejo profesor de castellano. 
El piirt. activo no puede ser diluen- 
te, como aparece en el Dice, y por 
más que lo haya usado así algún quí- 
mico extranjero ó poco entendido en 
luiiTjnaje. Todos los verbos en ir hacen 
este part. en ienfe, y con más razón 
los terminados en uír. Dígase pues 
diluijenie, como ronsíUuye-nte, conlri- 
hui/pnfe. Es cierto (jue en uno que otro 
ha prevalecido la forma latina por 
usarse más como sustantivos ó corno 
térininos técnicos que como participios 
adjs. Así tenemos ii ti tiente, confluente 
y refluente. Influir aparece en el Dice, 
con doble forma: influente é influyente. 
Diminuir ó disminuír, a. y ú. t. 
c. 11. y r., como su contrario aumentar. 

DiMINUCIÓX ó DISMINUCIÓX. — El USO 

del V. como n. es reprobado por Baralt 
y el P. Mir; pero el Dicí. io admite y 
Cuervo reconoce que fué practicado 
por los españoles en los siglos XV y 
XVI. 

Diminutivos. Muchos errores se 
cometen en Chile en la formación de 
los diminutivos, y por eso conviene 
recordar las reglas principales. En el 
ait. BuioY hablain;)s de los monosíla- 
bos, y á los allí enumerados sólo tene- 
mos que agregar olialcito y plan- 
Cito, mal formados de chai y ¡ilan. — ■ 
En el art. CuerpltO citamos la regla 
¡lara lo.s bisílabos cuya primera sílaba 
es diptongo de ei, ie, ue. Estos forman 
su diminutivo en ecito, ecillo, ecico, 
chuela, ichuelo, achuelo, nunca en ito. 
Contra esta regla se falta frecuente- 
mente en un sinnúmero de vocablos. 
Véanse algunos: cuerito, puebli- 
to, fueguito, plieg'uito, vieji- 
to, cieguito, h uevito, nue vito, 
liuesito, cuesquito, tiestito, 
Guelguita, cielito, huequito, 
siembrita, cuevita, cuequita, 
huei'tito, etc., etc. Para conocer lo 



impropio y disonante de estas formas, 
pues el oído, acostumbrado ya por el 
uso, no lo percibe fácilmente, examí- 
nense estos otros vocablos análogos, á 
, los cuales damos el verdadero diminu- 
tivo: fuerto, puerta, fiebre, dieta, hier- 
ba, rueda, ruedo, piedra, siesta, fuente, 
cuenta, diente, viento, sueño, flesta, 
fuerte, suerte, nieto, f/rueso, sttetto, 
vuelta, cuello, peine, pieza, etc., etc. — 
De la misma manera que éstos hacen 
el diminutivo los bisílabos cuya segun- 
da sílaba es diptongo de ia, io, ua. Sólo 
se exceptúan rubita, agüita, pascuiia. 
Nosotros decimos rubiecito, tci; en lo 
cual parece que no faltamos, pues se- 
guimos la regla general; lo mismo que 
en tagüita, por su semejanza con agüi- 
ta; faltamos sí en decir lengiüta 
(por lengiiecita ó lengüeta ¡, yeg'üita 
(por gegüecita). En los nombres pi'o- 
pios comprendidos en estas dos reglas, 
parece que debe haber excepción, aun- 
que nada dice la Gramática de la 
Academiii. En Chile decimos Dieguito, 
Julilo y Julita, Celila, y creemos decir 
bien. — Otros diminutivos muy irregu- 
lares de nombres propios y comunes 
irán apareciendo en su lugar. Aquí 
terminaremos aconsejando:.]." Que, 
ya que es tan rico el castellano en for- 
mas diminutivas, no lo empobrezcamos 
prodigando el adj. pequeño, traducción 
del petit francés. Personas hay tan 
afrancesadas en esto, que no saben de- 
cir unas cuatro frases sin apuntalar 
cada sustantivo con esta especie de 
muletilla. — 2.° Que, cuando se use la 
forma diminutiva, no se agregue un 
adj. que tenga también el significado 
de diminutivo: así, mesita chica, pe- 
i/ueña casita,, cosita poca, son albarila 
sobre albarda. 

Dimisionario, ría, adj. y ú. t. c. 
s. Que hace dimisión. Admitiólo el 
último Dice, en su Apéndice. — Dmi- 



DIN 



DIO 



151 



TENTE, adj. y s., significa también lo 
mismo: que dimite. 

Dimisoria, f. Sólo se usa el pl. 
ifiíiiisoriíis. 

Dinamitero, adj. y ú. t. c. s. Díce- 
se de quien sistemáticamente destruye 
ó trata de destruir personas ó cosas 
por medio de la dinamita. Admitido 
en el Apéndice del último Dice. 

Dinamitazo, m. Explosión ó tiro 
de dinamita. Merece admitirse. «Aho- 
ra sus discursos [de los anarquistas] 
reivindicatoríos han adoptado un nue- 
vo esquema: enmendar á dinamitazon 
las culpas de la sociedad», (.fosé In- 
genieros, art. de revisla). 

Dinamo, m. Dinamo, admitido 
en el vil timo Dice: «máquina donde 
se obtiene electricidad, empleando una 
fuerza que haga girar rápidamente, y 
en condiciones especiales, una serie de 
electroimanes». Con razón se ha hecho 
esdrújula á esta voz, porque procede 
de la griega Súvay.i;, fuerza, también 
esdrújula. Esta es su etimología, y nó 
el adj. dinámico, que cita el Dice. 

Dinero, m. De dineros y bondades, 
la mitad de las mitades, refrán muy 
usado en Chile para enseñar que, 
cuando so habla de las riquezas ó vir- 
tudes de una persona, se deben rebajar 
en la mitad ó más aún, por la propen- 
sión general que hay á exagerar estas 
cosas. El Dice, trae, en este mismo 
sentido: De dineros y bondad, quita 
siempre la mitad, y este otro: De dine- 
ro y calidad, la mitad de la mitad. — 
Poderoso caballero es don dinero, estri- 
billo de una letrilla de Quevedo que 
ha pasado ya á ser adagio usado en 
todas partes. Bien puede admitirlo el 
Dice, casi en el mismo significado de 
Oros son triunfos. 

DiNTEí/, m. Preciosas son las con- 
fesiones de Hartzenbuscli y de Cuervo 
por el mal uso de este vocablo. Dice el 



primero: nDintel por umbral lo usé 
hasta que, ya algo tarde, conocí el 
despropósito»; y el segundo: «Casi 
lágrimas nos ha costado este pecado; 
s()lo nos consolamos con ver reos de lo 
mismo á varios académicos que á sí 
mismos se condenan con no dar cabida 
en el Dice, á semejante acep.» No se 
confiesan con tanta sinceridad ni se 
arrepienten con tanto dolor los vulga- 
res prevaricadores del buen lenguaje; 
sin embargo, para su enmienda en este 
punto hay que repetirles que dintel ó 
lintel es: la «parte superior de las 
puertas y ventanas que carga sobre las 
jambas»; por eso se llama también 
caryadero; y umbral es lo contrario: 
«parte inferior ó escalón, por lo común 
de piedra y contrapuesto al dintel, en 
la puerta ó entrada de una casa». «La 
constante posición del dintel con res- 
pecto al umbral, dice Cuervo, permite 
que en realidad sea lo mismo, para 
designar la puerta ó entrada, acercarse 
al umbral que al dintel, y de ahí la 
confusión». Nosotros creemos más 
probable que la confusión provenga de 
que en francés y en inglés los vocablos 
linteau y lintel significan dintel y um- 
bral, así como el castellano umbral, 
que, además de significar lo que hemos 
dicho, significa también el "madero 
que se atraviesa en lo alto de un vano, 
para sostener el muro que hay encima" 
(el umbralado chileno y colombia- 
no). Esto explica mejor la confusión 
que suelen hacer los que no estudian 
el idioma. 

Diócesi ó Diócesis, f. 

Dioclesiano, n. pr. m. Diodecia- 
/w, porcpie se deriva del griego Aio- 
/CAvjTtavó:, en latín Diocletianus. 

DiODORO, n. pr. m. Así, grave, y nó 
Diódoro. En griego es AióSojpo;, 
esdrújulo en el nominativis mas, como 
al trasladar al castellano los nombres 



152 



DIO 



DIO 



griegos deben pasar primero por la 
alquitara de la prosodia latina, y en 
ést;i Dmlórus es grave por la omega 
que tiene en griego, por eso nosotros 
debemos decir Diodoro. 

DiOMEDES, n. pr. ra. Nó Dióme- 
des, porque en griego es Aiojxv-Sv;;, 
grave, lo mismo que en latín. No así 
Diógenes, porque la primera e en grie- 
go y en latín es breve. 

Dionicio, Cia, n. pr. m. y f. 
Dionisio, s'ia. 

Dionisiaco, ca, Dionisiaco, co- 
rrige el Dice. : perteneciente ó relativo 
á Baco, llamado también Dioniso ó 
Dionisio. 

Dios, m. ;A Dios! Así, con signo 
de admiración, está escrito en el art. 
Dios; pero en Adiós, en donde está 
citailo, no se le puso nada: es indis- 
pensable igualarlos. Convendría tam- 
bién explicar más la ortografía de esta 
VOZ; lo que liai'íamos nosotros de esta 
manera: Cuando es interjección se es- 
cribe \adiós\ ó ¡á Dios! Pero, si sigue 
otra fr. en que se nombre á Dios, no 
podrá escribirse del primer modo sino 
del segundo. Por ej.: "¡A Dios, ami- 
go!" y el saludado contesta: "El te 
guíe". La razón de esta distinción es 
evidente. Usado como s., debe escribir- 
se siempre en una sola palabra: el adiós 
ó los adiases de la partida. — Dios 
Hombre, Jesucristo, Nuestro Señor, 
dice el Dice, y omitió la e.xpr. Hombre 
Dios, que también se usa y es confor- 
me á la Teología. — Dios Padre, tam- 
bién está admitido; pero faltan Dios 
Hijo y Dios Espirilu Santo. — Niño 
Dios. Véase Niño. — A nadie le falta 
Dios, fr. con que uno en sus descon- 
suelos ó privaciones manifiesta su 
confianza en la divina Providencia. 
Muy usada en Chile y digna de figurar 
en el Dice. — Dios (¡uarde á Ud. (ó 
r. .S'. ó cualciuier otro tratamiento 



que corresponda). Fórmula de despe- 
dida usada en las notas y oficios, tanto 
en lo civil como en lo eclesiástico, en 
todas las niiciones de habla española. 
Así se usa también en Chile, y la u.sa- 
ba también el Gobierno chileno hasta 
hace pocos años, en que á un Ministro 
de lo Interior, radical por supuesto, se 
le ocurrió que hasta en esto debía per- 
seguir el nombre de Dios y que era 
mejor sustituir la cristiana y antigua 
fórmula por esta otra, tan fría como 
su propia alma: "Saluda á Ud. N. N." 
Desde entonces anda Dios desterrado 
de las notas y comunicaciones oficiales 
del Palacio de la Moneda. Peor para 
sus autores. Creemos que esta fórmula 
debe entrar á figurar como fr. en el 
Dice, advirtiendo que también se le 
agrega "muchos años" ó "por muchos 
años", y escribiendo guarde en abre- 
viatura:. í/we (con tilde ó rasgo encima 
ó debajo) ó g.^e , como enseña la tabla 
de abreviaturas del mismo Dice. — 
Dios se lo ¡lague: otra fr. cristianísima 
que también se echa menos en el léxico 
oficial y que vale muchísimo mils que 
la fría expresión ;gracias! que figura 
en él y que todas las otras que se usan: 
muchas, muchisimas, tantas, mil gra- 
cias, un mUlón de gracias, etc. — Dios 
sabe lo que hace, fr. con que se mues- 
tra la fe y confianza en Dios cuando 
se ven adversidades ó sucesos que hu- 
manamente no se explican. Lo mismo 
que la anterior. — La cara de Dios, ex- 
presión fig. con que se designa algunas 
veces el pan, por alusión á la divina 
Eucaristía. Usada en Chile y en Espa- 
ña y digna de entrar en el Dice. — 
Mems averigiM Dios y perdona, f r. ñg. 
con que se reprende la curiosidad de 
los preguntones. Muy usada en Chile 
y digna también del Dice. — Ver á 
Dios, burla que se hace á los niños 
pequeños tomándoles con ambas manos 



DIP 



DIP 



153 



las quijadas y levantándolos en vilo. 
La acción se ejecuta precedida de la 
pref;uiita: ¿ijuieres ver á Dios? Tam- 
bién es fr. usadísima en Chile y digna 
de que la acoja el Dice. 

Diploma, m. Pronunciación con- 
temporánea de telegrama, mén- 
digo, sincero y bandido, <iue 
por suerte ya va desapareciendo y sólo 
se oye en algunos Matusalenes antedi- 
luvianos. Es cierto que en griego la 
voz es esdrújula ((^ÍTTAoaa); pero el uso, 
que por lo general tiende á la llaneza, 
la quiso grave: diploma; y así la pro- 
nunciamos todos. Tal vez en esto influ- 
yó también el francés diplome. 

Diplomar, a. Agregar á uno á 
una universidad, facultad, corporacitin 
ó sociedad literaria, concediéndole el 
respectivo diploma. Mucho se va ex- 
tendiendo este neologismo, que, en 
realidad, no está mal formado, pero 
que tampoco es necesario, porque su 
significado se expresa perfectamente 
y según los casos por (¡rMliutr, titular, 
recibir y recibirse, y, tratándose de 
doctores y licenciados, por doctorar y 
licenciar. Con la misma lógica que este 
V. usan también algunos becar é 
indulgenciar: alumno becado, 
oración indulgenciada. 

Dii'TONiios. Una palabra sobre los 
diptongos latinos ae y oe. Ya que tan- 
ta va decayendo en muchas partes el 
estudio del latín, con gran desmedro 
para el ca.'ítellano, convendría que el 
Dice, advirtiera, cada vez que emplee 
estas combinaciones, que se leen sim- 
plemente como e; V. gr. ab aeterno. 
Creemos preferible esto á insinuar si- 
quiera la idea de escribir ab eterno. — 
Aquí queremos también advertir que 
es menester distinguir de alguna ma- 
nera en la escritura el diptongo ni de 
las dos sílabas u-i; v. gr. : ruido, ruina, 
fuixte, y diluido, huir. No (luerenios 

Dice, de Chil., t. II. 



aumentar los signos ortográficos aña- 
diendo otros nuevos, como lo hizo 
Benot con el subpunto de su inven- 
ción, ó sea, un punto debajo de la pri- 
mera vocal, y Don Felipe Robles Dé- 
gano con su azeuxis, ó sea, una 
tilde como la de la ñ encima de la 
débil átona seguida de otra vocal acen- 
tuada. Preferimos conformarnos con 
el acento que todos conocen, y que se 
colocaría con forme á esta sencilla regla : 
Cuando la combinación mí forma dip- 
tongo, no lleva ningún acento; pero, 
si el diptongo se deshace, cargando la 
pronunciación en la u ó en la i, se 
acentuará la vocal que corresponda. 
Ejemplos de esto último: fluido (s. 
trisílabo, distinto del adj. y participio 
fluido), circuito (aunque por su etimo- 
logía debería ser circuito, como introito 
y coito), Jesuifa y todos los verbos en 
uir con sus respectivos participios. 
Esto nos parece más sencillo que la 
crema ó diéresis, porque este signo sólo 
indica que no existe diptongo, pero no 
señala cuál vocal debe acentuarse. 
Confesamos que en la práctica tendrá 
esto alguna dificultad, porque hay 
muchos vocablos, como ///'ff/i/íVo, juicio, 
argüir, que se pronuncian de las dos 
maneras: con diptongo y sin él; pero 
á lo menos tendríamos un medio claro 
y seguro para dar á conocer y divulgar 
la verdadera pronunciación en las vo- 
ces no discutidas. Una regla como ésta 
sería el complemento de la otra que 
hace pocos años y con tanto acierto 
viene practicando la Academia, aun- 
que no la da con toda claridad en el res- 
pectivo lugar de su Gramática y Dice; 
y es ésta: Cuando en las voces llanas 
ó graves ocurre una combinación de 
llena y débil y el acento carga en la 
débil, debe pintársele: leido, poseído, 
reúno, transeúnte, paraixo. Así se evitó 
que el pueblo ¡giioraiite y el extranjc- 

2(1 



154 



DIR 



DIR 



ro, dando más itnportancia ¡i la llena 
que il la débil, como parece natural, 

lean paráiso, poseído, léido, 
etc., como realmente lo hacen en mu- 
chas do estas voces. Una sola cosa 
habría que corregir en la Gramática 
y en el Dice, de la Academia, sí llegai'a 
á promulgarse esta regla, y es: supri- 
mir los ejemplos Espeiuij y Tiíij de la 
regla que principia: «Las voces llanas 
terminadas en dos vocales». Según esta 
regla aparecen acentuadas esas dos 
voces (lo cual debería también hacerse 
con muy, ley, hoy, convoy, etc., si estos 
ejemplos estuvieran bien aplicados), 
cuando poco antes advierte la Gramá- 
tica que «la y final, aunque suena como 
vocal, se considera como consonante 
para los efectos de la acentuación >. 

DiiTTAUA, f. No es la mujer del 
diputado, cosa que á nadie todavía se 
le ha ocurrido, sino la mujer nombra- 
da por una corporación ó por un pue- 
blo para que los represente en algún 
congreso. Mientras subsista el feminis- 
mo, ó por lo menos mientras haya 
mujeres que puedan ser nombradas 
para tales reuniones, tendrá que acep- 
tarse el nombre de diputada. Otros 
pueden preferir el de delegada, que 
tiene el mismo significado. — En algu- 
nas constituciones de religiosas se 
llama también diputada la religiosa ó 
hermana que es elegida por una casa 
para que la represente en un capítulo 
provincial ó general. Ambas aceps. 
deben enti'ar en el Dice. 

Dirección, f. < Dirección dicen ya 
muchos, y me parece muy bien>, escri- 
bía Baralt, refiriéndose á la voz fran- 
cesa atlresse y confesando que «no 
tenemos en castellano un vocablo equi- 
valente y que evite circunlocuciones 
penosas». Por eso el último Dice, le 
agregó la acep. de «señas escritas sobre 
una carta, fardo, caja ó cualquier otro 



bulto para indicar dónde y á quién se 
envía». Paso bien dado fué éste, en 
cuanto significa un adelanto ó adqui- 
sición; pero todavía se queda corto, 
porque no se define la acep. que más 
se usa, tomada del inglés y del francés 
direction, y es: indicación ó señas del 
domicilio ó residencia de una persona. 
Déme Ud. su dirección, es decir, indí- 
qucme Ud. el rumbo y señas para dar 
con su casa, ó déme la calle y el núme- 
ro de ella, si está en alguna ciudad 
cuyas calles tienen nombre y numera- 
ción. Todavía protestarán escandaliza- 
dos contra esto algunos puristas, ale- 
gando que los hablistas españoles han 
dicho siempre xeflas, y nada más que 
■leñas, como en dos pasajes de sus 
Opúsculos se lo echó en cara Puig- 
blanch á D. .1. L. de Villanueva; pero, 
careando los dos vocablos, tan genérico 
en su significado es el uno como el 
otro, por lo cual el Dice, no le ha re- 
conocido ;i senas esta acep. especial. 
Dirección tiene la Ventaja de indicar 
por su significado el rumbo del domi- 
cilio ó hal)itaci()n que se va á indicar. 

Directorio, m. Diósele la acep. que 
no tenía, de «junta directiva de ciertas 
asociaciones». Con lo cual viene á ser 
sinónimo de dirección en la acep. de 
«conjunto de personas encargadas de 
dirigir una compañía ó sociedad». — 
¿No convendría también, ya que es tan 
conocido en la Historia, definir el 
Directorio que gobernó á Francia por 
algunos años en la época de la gran 
revolución? 

Dirigente, adj. Personas dirigen- 
tes, clases diriíjentes, y hasta ideas y 
o¡»n iones dirigentes, se ven á cada paso 
en los periódicos. Bien puede el Dice, 
acoger esta voz, ya que hay tantas otras 
de igual factura, y porque no si(?mpre 
puede reemplazarse con director, la, y 
directivo, va. 



DIR 



DIS 



155 



Dirigible, m. Aeróstato en forma 
de lili gran cigarro puro. Los aeronau- 
tas, sus inventores, trabajan todavía 
para descubrir los medios de darle di- 
rección fija y segura, y por eso se llama 
i/irii/ible. El nombre ya puede admi- 
tirse, como también los otros pertene- 
cientes á la navegación aórea: áeropla- 
rw, (aeronave lo pusimos en su lugar), 
((fiador, aviación. 

Dirigir, a. <Nunca habían dicho 
los españoles dirigirse á, para significar 
encaminarse n, acudir a, enderezarse á; 
y, porque nunca lo habían usado, el 
Dice, de Autoridades no pudo hacer 
memoria, como no la hizo, del reflexivo 
dirigrirse. Mas, no bien comenzó á, 
despuntar la aurora infausta del gali- 
parlismo, atestáronse las páginas con 
locuciones de dirigirse, que tiónennos 
ya llenos ojos y oídos con su incesable 
retintín. ...Si quisiéramos dar cabal 
concepto de la fr. incorrecta yo me 
dirijo á la ciudad, bastaría en- 
tender que la ])alabra yo me dirijo no 
significa sino ijo tnnw ¡wr mi la direc- 
ción, pues una cosa es dar dirección 
(diriyir), otra tomar dirección (diri- 
ijirse). ¿Qué es lomar la dirección.' El 
maestro en su cátedra loma por si la 
dirección de sus discípulos; el rector de 
un colegio íoma por si la dirección, de 
los colegiales; el maestro de obra prima 
toma por si la dirección de su oficio; la 
madre de familia lu/na por si la direc- 
ción de sus hijos: todas estas personas 
se dirigen, sin moverse de sus asientos, 
sin salir de casa, sin ir á ninguna par- 
te. ÍAiego dirigirse no es caminar á, 
no es dar pasos haria. Más: dirijome 
(i la ciudad, ])0(lré con verdad castiza 
decirlo, cuando, puesto de cara hacia 
la ciudad, tiendo á ella la vista; enton- 
ces 1/0 me dirijo á la ciitdad, tjo dirijo 
mi persona á la ciudad, como el timo- 
nel diriffe la proa ú la orilla. Mas esa 



acción llagóla yo con sólo tomar la 
dirección, sin poner en la calle los pies, 
desde mi azotea, sin intento de seguir 
á pata peón el rumbo de la ciudad. 
Por manera que diriijirme i/o á la ciu- 
dad no es caminar a la ciiulad, no es 
ir (i la ciudad, puesto que en dirigirse 
no entra indicio alguno de movimiento, 
sino sola dirección y rumbo>. (Padre 
Mir). El Dice, da la razón al sabio 
jesuíta, pues hasta ahora no ha reco- 
nocido á dirigir la acep. r. tomada del 
francés. Podría sí admitirse la de- 
acudir, recurrir, en la cual no significa 
el v. partir, caminar, andar, marchar, 
largarse, sino guía y dirección. Diríjase 
Ud. á quien corresponde, significa: acu- 
da Ud. con su petición oral ó escrita :l 
quien corresponde, enderécela áél, en- 
víela ó póngale dirección para él. 

Discernimiento, m. Apliqúese 
á su acep. forense y á la que de ella se 
ha contagiado, todo lo que de ambas 
decimos en el v. discernir. En lo jurí- 
dico, discernimiento vale decreto 
por el cual se nombra, nombramiento,- 
y, tratándose de premios ó recompensas, 
ailjudicarión, otorgamiento, concesión, 
Atmquu en la 1.* acep. está admitido 
en el Dice, y se usa en la legislación 
española y americana, sería obra de 
buen sentido y justa reparación á las 
lenguas latina, castellana y francesa 
(á estas tres por lo menos) relegarlo 
enteramente al olvido ó matarlo por 
falsario y ladr()ii, pues se ha robado 
una acep. (jue en manera alguna le 
peitenece. 

Discernir, a. De la acep. forense 
"encargar de oficio á uno el juez la tu- 
tela de un menor li otro cargo" se ha 
cometido el grande error en casi toda 
la América I^atina de dar á este v. la 
de-decretar, otorgar, conceder, dar, tri- 
butar, tratándose de premios, recom- 
pensas, honores. Aun en lo jurídico 



156 



DIS 



DIS 



fué ésta una aberración superior á todo 
calificativo, porque nnció de la igno- 
rancia, de confundir los verbos latinos 
discérnere y (hcérnere, que, aunque com- 
puestos ambos de cerneré, difieren in- 
mensamente por sus partículas compo- 
nentes: el primero vale distinguir una 
cosa de otra, el verdadero discernir 
castellano, porque cerneré significa ver, 
mirar, y dis denota separación; el se- 
gundo significa mirar desde lo alto, y 
fig. decretar. "Es de creer, dice Cuervo, 
que los primeros juristas que lo usaron 
en castellano dirían decernir la tutela 
[y así pone en nota una cita en que se 
dice que Su Alteza dscierne la adminis- 
tración de los reinos]; los abogados 
romancistas, que acaso no conocerían 
sino el otro v. discernir, atribuyeron á 
éste los dos sentidos, y así dura hasta 
hoy, aceptado por todo el mundo. Los 
franceses conservan los dos verbos con 
la debida distinciónen décerner y discer- 
mr, que traductores intonsos igualan 
diciendo para ambos discernir. En Co- 
lombia sería tenido en nuestros días por 
un pobrete el que no prefiera discer- 
nir un premio, una distinción, ii adju- 
dicar, conceder, conferir, otorgar". Y lo 
mismo en Chile, para desgracia de la 
lengua. No nos explicamos cómo Don 
Andrés Bello, tan conocedor del latín, 
pasó por este absurdo en la redacción de 
nuestro Código Civil, máxime cuando 
el Digesto (26. 4. 5) dice claramente: 
"Andererni tutela possit", y Gregorio 
López, en la glosa á la ley 2, tít. 16, 
part. 6, n. 2 : ^'■decernere tutelam". Por 
donde se ve, más claro que la luz del 
gol, que la fr. forense debió ser decretar, 
y nó discernir, la tutela. Ahora, 
tratándose de premios, véase cómo dis- 
tinguió también ambos verbos San 
Ambrosio. En el 1. II, c. II, de sus 
Comentarios sobre San Lucas, dice: 
"Ecce et Simeón prophetat in ruinam 



et resurrectionem plurimorum venisse 
Dominum .Jesum Christum: ut justo- 
rum iniquorumque merita discernat, et 
pro nostrorum qualitate factorum, ju- 
dex verus et justus aut supplicia decer- 
lud aut praemia": para que discierna 
los méritos de justos y malos, y. según 
sean ellos, decrete castigos ó premios. 
Esto se llama hablar con conocimien- 
to del lenguaje. Dejemos pues á los 
juristas seguir, si quieren, en sus ab- 
surdos discernimientos y corrija- 
monos nosotros cuando hablemos de 
premios, recompensas, honores. No 
imitemos á los que, dándola de pulcros 
y elegantes, se paladean con el erróneo 
discernir, aunque el sayo le venga 
áalgún académico, como á Don Fermín 
de la Puente y Apezechea, que, contes- 
tando al discurso de ingreso de Don 
León Galindo y de Vera, dijo: "Fué 
vuestro laurel discernido Uim- 

bién con asentimiento unánime". Dos 
excusas tuvo el Sr. de la Puente para 
su error: su profesión de abogado y el 
haber nacido en América. — En cuanto 
á su conjugación, sigue este v. las irrc- 
gularidadesdertf«V«r,según la Acade- 
mia, Bello y Cuervo; por consiguiente, 
el gerundio es discerniendo, y nó dis- 
cirniendo, como sería si le creyéra- 
mos á Salva, que le da como patrón de 
conjugación á advertir. El infinitivo 
discerner, que se usó antiguamente, 
está hoy anticuado. 

Discordar, n. Irregular lo declaran 
todos lüs gramáticos, inclusa la Aca- 
demia, porque diptonga la o en lu en 
los presentes de indicativo y de sub- 
juntivo y en el imjíerativo. Sin embar- 
go, no es raro hallarlo regular en los 
clásicos, y hasta en el último Dice, en 
el art. Armonizar (discorden), 
imitando la forma del adj. discorde; 
mas, esa conjugación debe daree ya por 
anticuada. Véase Concordar. 



DIS 



DIS 



157 



Discorde, adj. Véase Desacorde. 

Discursear, n. Di^cursar. Activo 
dice el Dice, que es este v.; pero cree- 
mos que será una simple equivocación. 
Significando "discurrir sobre una ma- 
teria", no puede ser a. 

Discursero, ra, m. y f. Discur- 
sista, com.: "persona que sobre todo 
forma discursos por cavilosidad y ocio, 
ó por pretender que se luce con ellos". 
Discursante: "que discursa". 

Disecar. Véase Desecar. 

Disenteria ó disinteria, f. 
Disenteria. Tampoco es desenteria 

ni desenteria. 

Disforme. Véase Deforme. 

Disfrutar, a. Véase Difrutar. 
En algunas partes de Chile se le da la 
acep. de-desmejorar, padecer desme- 
dro, arruinar, tratándose de árboles y 
plantas. "Si le sacan las hojas á este 
árbol, se disfruta". "No subas con 
zapatos al nogal, porque se disfru- 
ta". Esta acep. proviene de la etimo- 
lógica: quitar ó coger el fruto, y de esta 
otra que le reconoce el Dice: "esquil- 
mar y gozar una cosa sin cuidar de su 
conservación ni mejora". — De esta 
liltima proviene también esta otra que 
se usa en Minería chilena: beneficiar 
los últimos restos de una mina, como 
puentes, pilares y otros sostenes que 
son necesarios para que se conserve la 
obra de excavación. Por eso una mina 
iJisfrafada no puede trabajarse sin pe- 
ligro (le que sus operarios, en el mo- 
mento menos pensado, queden aplas- 
tados iwr algún derrumbe ó atierre, ó 
por hundimiento de la parte superior. 
Flsta acep. es general en Chile y pue- 
de admitirse en el Dice. — La misma 
habría que extender también al s. 
ílisfrule. 

DisgresiÓn, f. Digresión.- "efecto 
de romper el hilo del discurso y de ha- 
blar en él de cosas que no tengan co- 



nexión ó intimo enlace con aquello de 
que se está tratando". No se confunda 
con disyreíjación: acción ó efecto de 
disgregar ó disgregarse: "sepai-ar, des- 
unir, apartar lo que estaba unido"; 
distinto también de desagregación, que 
es acción ó efecto de desagregar ó des- 
agregarse, estoes, "separar, apartar una 
cosa de otra". Disgregar es separar lo 
(jue estaba unido, trabado ó compacto; 
desagregar, separar lo que estaba sim- 
plemente agregado. Digresión procede 
del latín digressio, que á su vez viene 
del v. digredior, al cual nadie confunde 
con disgrego. 

Disimulada (Á la), loe. adv. El 
Dice, admite solamente A lo disimida- 
do (con disimulo y artificio) y Hacer 
uno la disimulada (afectar y manifes- 
tar ignorancia de una cosa, ó no darse 
por entendido de una expresión dirigi- 
da á hacerle contestar); pero en Pereda 
(El Inieg suelto, XVII) leemos: «Ge- 
deón cuida de que Adonis no se mueva 
ni Merto le provoque, aunque no alcan- 
za á impedir (|ue el uno gruña y el otro, 
d la disimulada, le haga una mueca». 
Lo mismo en el cap. XIII de Sutileza. 
En Chile es muy usada esta loe. y qui- 
zás es más castiza que A lo disimtilado, 
pues la hallamos en el Maestro Correas 
(«Ir « la disimulada, á la disimulan- 
dera»), y no así la otra. El adv. disi- 
muladamente no tiene la gracia, aunque 
sí el significíxdo, de nuestra loe. 

Disminutivo, disminuto. Di- 
minutivo, diminuto. Sólo disminuir y 
disminucién admiten esta doble forma. 

Disparada, f. Dígase disparo, m.: 
acción ó efecto dedisparar ó dispararse. 
También puede expresarse la idea con 
el ad\'. disparadomente: con gran pre- 
cipitación y violencia. 

Disparadero, m. Poner á ww eíi 
el (uó en un) disparadero, ó en el dis- 
parador,ea la fr. correcta. 



158 



DIS 



DIS 



Disparar, a., n. y r. Dice el Dice, 
que en la acep. de «partir ó correr sin 
dirección y precipitadamente lo que 
tiene movimiento natural ó artificial», 
es r., sin agregar que también se usa 
com n. Por copiarlo á ciegas se equi- 
vocó Ortúzar al decir: «Erradamente 
se usa como neutro ; v. gr. : Disparara)! 
los caballos r>. Basta abrir el Dice, de 
Cuervo para ver las citas de Antonio 
Pérez, Calderón, Granada, Espinel, 
Quevedo, Cervantes y Fray Luis de 
León, que lo usaron como n. en esta 
mismísima acep. — En la última acep. 
del Dice. « dirigirse precipitadamen- 
te hacia un objeto», está mal empleado 
el V. dirigirse, según lo que dijimos en 
su lugar. 

Disparateador, ra, adj. y ú. t. 
c. s. Disparatador, ra: que disparata. 
Disjmratadt), da, adj.: dícese de! (juc 
disparata. 

Disparatear, n. Lispara/nr, n.: 
«decir ó hacer una cosa fuera de razón 
y regla». Disparar, n. fig.: «decir ó 
hacer despropósitos». «Si las más veces 
los mozos en sus accionesí//s/)a;Yí«, mu- 
chas aciertan». (Cervantes, Persiles, 
I. rn, c. XXI). «Solamente disparaba 
en tocándole en la caballería, y en los 
demás discursos mostraba tener claro 
y desenfadado entendimiento». (Id., 
Quijote, p. II, c. XLIII). Desbarrar, 
n.: «discurrir fuera de razón; erraren 
lo que se dice ó hace». 

Disparatero, ra, adj. y ú. t. c. s. 
Véase Disparateador. 

DiSPARK.U), .lA, adj. Usadísimo en 
Chile y, según parece, en toda la Amé- 
rica Latina. Significa: no parejo ó 
desigual. Entre nosotros se usa mucho 
más la forma disparejo, y así lo hemos 
visto también en la señora Pardo Ba- 
zán; sólo algunas personas del pueblo 
dicen desparejo, que, según Salva, 
es de uso antiguo. 



¡Bien haya h) disparejo 
Del camino que he andado! 
Me ha dado tanto trabajo 
Por no haberlo emparejado. 

Estrofa popular que se repite aquí 
cuando sucede alguna caída, tropezón 
ó algo semejante. La voz disparejo me- 
rece ya figurar en el Dice. 

Disparo, m. Por más que lo haya 
censurado Orellana cuando, tratándose 
de armas, se usa en la misma acep. de 
tiro, se ve que hay entre ambos verda- 
dera sinonimia, aunque no igualdad: 
el disparo es el acto de arrojar ó des- 
pedir la bala ó cuerpo arrojadizo, y el 
tiro es también el mismo disparo, pero 
más generalmente el efecto del disparo, 
es decir, el golpe, el estampido, la he- 
rida causada, y hasta la bala misma. 
Por eso muchas veces tienen que con- 
fundirse ambas voces en el uso, em- 
pleándose la una por la otra. 

Dispensa, f. Privilegio, excepción 
graciosa de lo ordenado por las leyes 
generales; instrumento ó escrito que 
contiene la dispensa. — ¡Cuántos igno- 
rantes pronuncian también dispensa la 
despensa: Sabidoesque ésta esel «lugar 
ó sitio de la casa, en el cual se guardan 
las cosas comestibles». Sólo en autores 
rezagados del siglo XVI para atrás 
suele hallarse esta confusión. — Dis- 
pensas está anticuado en la acep. de 
expensas: gastos, costas. 

Dispensar, a. «Dar, conceder, otor- 
gar, distribuir. Dispensar mercedes, 
elogios». Así define el Dice, la 1.* acep. 
de este v. Como por su origen significa 
distribuir, repartir, está muy en razón 
lo que á este propósito dice el P. Mir: 
«No dejaremos de advertir el abuso de 
los que le aplican á cosas que no son 
repartibles, contra la índole del v. 
Dispensar apoyo, dispensar 
compasión, dispensar benevo- 
lencia, dispensar ag-asaj o, dis- 



DIS 



DIS 



159 



pensar aprobación, dispensar 
ayuda, dispensar protección, 
dispensar acogida, y otros á este 
estilo, son ilispenaares impropios, por 
no corresponder á distribuir, repartir, 
que es la acep. más recta del verdadero 
dispensar; de arte que, dondequiera 
que el dispensar no equivale á repartir, 
tampoco estará legítimamente emplea- 
do. Asi el apoyo, la compasión, la bene- 
volencia, la aprobación, el agasajo, la 
ayuda, la protección, la acogida, no son 
cosas repartibles, ni capaces de distri- 
buirse, sino que se conceden, se otorgan, 
se dan, se aplican; por eso anda en tales 
casos el v. dispensar contra su natural 
propensión, con desdoro de los que así 
la violentan». «Del v. dispensar, dice 
en otro párrafo del mismo artículo, se 
podrá hacer aplicación á mercedes, elo- 
gios, honores, dignidcules, como previene 
con razonable motivo la Real Academia. 
Mas siempre convendrá tener cuenta 
con la propiedad de la frase, evitada la 
anfibología que de ella podría nacer. La 
loe. dispensar atenciones, tan manosea- 
da hoy en día, se tiene por anfibológica, 
porque el pl. atenciones suena ocupa- 
ciones, negocios, conforme lo define el 
Dice, de la .\cademia. En Uú caso, dis- 
pensar atenciones significaría eximir 
ocupaciones y distribuir ocupaciones, 
mas de ninguna manera hacer obsequio, 
mostrar cortesiav. — Para la 3.° acep. de 
este V. («absolver de falta leve, ya co- 
metida, ó de lo se quiere considerar 
como tal»), escribió también el mismo 
autor este otro atinado párrafo: «Caso 
de incorrección será cuando el dispen- 
sarse, en vez de significar eximirse, 
denote omitir, dejar de, apartarse, abs- 
tenerse, pasar de largo. Acep. nueva 
sería ésa, nacida del dispensarse francés, 
impropio del Ciistellano. Asísedicehoy: 
Me dispenso de molestar á uslml; 

no me dispensaré de luicerle dos 



preguntas; no pufdo dispensarme 

de advertiros vuestra obligación. Este 

jaez de no puedo dispensarme de 
molestar significa no me abstendré de 
molestar, no dejaré de molestar, rw pue- 
do mems de molestar, no puedo no mo- 
lestar, no puedo omitir el molestar, no 
puedo acabar conmigo al dejar de mo- 
lestar. Claramente se descubre aquí la 
impropiedad del dispensarse, por más 
que Cuervo patrocine á los galicistas 
que usan el dispensarse por omitir. 
Abuso de lenguaje es despojar á nues- 
tro reflexivo de su especial prerrogati- 
va: donde no hay obligación que cum- 
plir, el dispensarse no tiene tampoco 
lugar; sería galicismo palpable, como- 
quiera que los franceses admiten el 
dispensarse en esa acep., contraria al 
uso de los clásicos españoles». La fr. 
Dispense Ud., en francés Fardan, mon- 
sieur, ha sido siempre castiza. 

Dispensaría, f. Ú. en el mismo 
significado del siguiente, pero menos. 
No se confunda con despenseria: oficio 
li ocupación de despensero. 

Dispensario, m. Botica sencilla en 
que se distribuyen gratuitamente re- 
medios á los pobres. Úsase mucho en 
Chile; y en realidad, aunque proceda del 
francés dispen.vtire, que significa esto 
mismo, es aceptable, jwrque ya tiene 
antecedentes en el castellano : dispensar, 
que significa: «dar, conceder, otorgar, 
distribuir»; y dispensador, ra: «que 
franquea ó distribuye». Ya que la obra 
de caridad de dar remedios á los pobres 
se ha hecho ahora más general, organi- 
zándose y reglamentándose mejor, con- 
viene que tenga también un nombre 
nuevo; por eso recomendamos á dispen- 
sario. En tiempo del P. Sigüenza, en 
(pie la obra no era tan conocida, se decía 
solamente botica: «Otras veces ayudan 
algún rato en la botica (baila en muchas 
ciisas de la orden, ó casi en todas poca 



160 



DIS 



DIS 



ó mucha), de donde se hace harta limos- 
na á pobres». (Orón., I, II, c. XXIX). 

DlSPEHTADOR, DISPERTAR y DIS- 

PIERTO. Son para el Dice, formas tan 
correctas como despertador, despertar j 
despierto. 

Disponer, a. r. y u. Falta euel Dice, 
una que podría llamarse subacepción 
de ésta: «obrar uno libremente en el 
destino ó enajenación de sus bienes por 
donación, venta, renuncia, etc.,» y que 
Cuervo explica asi: «por encarecimien- 
to, se dice de las personas, para denotar 
la fjronta voluntad que tienen de servir 
ú obedecer á otra»; y la autoriza con 
dos citas del Quijote y una de Jáuregui. 
Es muy usada también como fórmula 
de desjxídida en las cartas. « I>wpoiu/a 
Ud.de..... 

Disponibilidad, f. «Tomado del 
francés disponihilité, y usado tan sólo 
en lenguaje militar para expresar la 
situación del oficial que pertenece al 
cuadro constitutivo del ejército, y se 
halla momentáneamente sin empleo; 
V. gr.: Eatar en disponibilidad; 
oficial ó jefe en disponibilidad. Es 
un galicismo tan chocante como todos 
los que constan de nombres abstractos 
terminados en dad, muy frecuentes en 
en la lengua de nuestros vecinos é in- 
soportables en la nuestra». En pie está 
todavía esta censura de Baralt para el 
Dice, y para todos los buenos escritores, 
pues no han aceptado el galicismo. Fa- 
miliarmente y por eufemismo palian 
algunos la destitución y la cesantía ó el 
estar desocupada una persona, con la 
disponibilidad francesa. — El adj. 
disponible sí que aparece en el Dice, 
porque siempre ha sido castizo y signi- 
fica: «que está en aptitud de usarse ó 
utilizarse». 

Disposición, f. Muchos chilenos, 
sobre todo del sexo femenino, llaman 
así á la deposición ó evacuación de vien- 



tre. Esas personas no son capaces de ver 
la distancia <jue hay de dis á de. 

Distancia, f. De la acep. fig.: «di- 
ferencia, desemejanza notable entre 
unas cosas y otras», ha venido áhacerse 
para muchos, por imitar el francés, 
sinónimo de antipatia, repwjnancia, 
aversión; y así dicen : Le tencfo á Fulano 
mucha distancia; Le he tomado dis- 
tancia" este empleo. Hasta Don Zoro- 
babel Rodríguez, tan mirado en su 
lenguaje, llegó á decir: <íLa distan- 
cia con que la miramos [á la voz ma- 
»íít] los descendientes de españoles...» 
Semejantes giros no pueden ser casti- 
zos, porque faltan á las reglas del len- 
guaje fig., el cual, al sacar los términos 
de su significado propio pai'a transla- 
darlos al tropológlco, debe conservar la 
misma analogía en cnanto al régimen. 
Si distancia, en sentido propio rige las 
preposiciones de, á y entre, con las mis- 
mas debe pasar también al fig. Por eso 
está bien dicho: 

Del decir al hacer, hay gran distancia 
(Lope*: 

«;Cuál es mayor distancia, /«que hay 
entre el rey y su esclavo, ó la que hay 
entre Dios y el hombre?» (Granada). 
Vuélvase á leer la definición del Dice. 
y nótense bien las voces diferencia, 
desemejanza, para que no livs confunda- 
mos con antipatia y repugnancia. El 
concepto de distancia no entraña en sí 
nada de esto, sino que dice solamente 
lejanía, intervalo que media entre dos 
personas ó cosas. Por eso un amo que 
quiera llamar al orden á un criado qne 
se toma con él demasiada confianza, 
podrá decirle: Guarda la debida dis- 
tancia que hay entre los dos, respeta 
esta distancia; pero no podría decirle: 
¡Qué distancia te tenyo: Te )lp toma- 
do t/ran distancia; Te miro con dis- 



DIS 



DIS 



101 



tanoia. Ni el mismo Juez Supremo, 
cuamlo el día del juicio les diga á los 
reprobos: «¡Alejaos de Mi, malditos!» 
por más que la distancia á que van á 
quedar de Él es inmensa, no podrá 
agregarles: Os lengo suma distancia, 
porque esta voz no significa eso, así 
como su contraria cercanía no significa 
amor, cariño, simpatía. Distancia se 
deriva de ilis, que indica separación, y 
stare, estar en pie. 

Distanciación, f. Acción ó efec- 
to de distanciar. Aunque lo haya 
usado Doña Emilia Pardo BazAn, no 
puede aceptarse en castellano. Véase el 
siguiente. 

Distanciar, a. y ú. m. c. r. Her- 
mano por padrey madre de los bárbaros 
presupuestar, influenciar, 
anexionar y demás de la moderna 
y francesa lechigada. Nacido de la falsa 
acep. fig. de distancia que acabamos de 
estudiar, no puede el castellano en nin- 
gún sentido transigir con él y sólo 
podrán usarle los que no tengan pizca 
de pudor lingüístico. Para expresar la 
¡dea de separarse una persona de otra 
pordisgusto ó antipatía, tieneel idioma 
una cantidad de verbos ; por ej . : alejarse, 
separarse; enemistarse, repuntarse; des- 
avenirse, desconcertarse; encontrarse; 
disgustarse, entiMarse ó enfriarse; estar 
reñido, estar ó andar torcido ron, tener 
aversión á, etc. — Otra acep. que le dan, 
no fig., como ésta, sino en sentido recto 
y tomada directamente del francés, es, 
tratándose de carreras de caballos, 
aventajar uno á otro en distancia con- 
siderable, dejarlo muy atrás: «.Mira- 
flores ganó por más de dos cuerp3S;-en 
segundo lugar llegó Porte-lionheur, y 
Coralia distanciada». En ambas 
aceps. ú. m. en el participio. Véase el 
anterior. 

Di.sTAR, n.RepruebaCuervo la cons- 
trucción «Distar uno de otro en saber», 

Dice, de Chil., t. 11. 



que trae Salva, porque, según él, «no 
casa (dicha construcción) con las que 
admite el v. en sentido propio». A nos- 
otros nos parece que casa bien, porque 
distar en este caso equivale á diferen- 
ciarse, ser desemejante, que rigen eir. 
No tenemos á la mano una cita en que 
figure el v. distar con este régimen, 
pero sí la tenemos del adj. distante, que 
es lo mismo para el caso: «Tan pare- 
cidos en los nombres, y tan distantes en 
las acciones». (Quijote). El P. Mir 
reprueba también en sus Frases la de 
Salva y la corrige aventajar, pero sin 
dar ninguna razón. 

Distender, a. y ú. t. c. r. Causar 
una tensión violenta en los tejidos, 
membranas, etc. Término de Medicina 
admitido en el Apéndice del último 
Dice. 

Distensión, f. Acción ó efecto de 
distender ó distenderse. También ad- 
mitido por primera vez en el Apéndice. 

Distinción, f. Aunque usado por 
muchos, es galicismo en la acep. de- no- 
bleza, elegancia, brillo, lustre, esplen- 
dor. «Tenía gustos que eran indicio de 
gran distinción intelectual». «Po- 
nía en todo un sello de pulcritud y 
señoril distinción». (Menéndez y 
Pelayo). El Dice, así como admite al 
V. distinguirse en esta misma acep., 
admite también al s.; pero esperamos 
que después de lo que ha dicho el P. 
llir se corrija para la próxima edición. 
Véase Distinguirse. — Voto de dis- 
tinción, ó distinción solamente, se lla- 
ma en muchos colegios de Chile lo 
que en España soOrescdientc. (Falta 
esta acep. en el cuerpo del Dice, y 
sólo aparece en la tabla de abrevia- 
turas). Se llama de distinción porque 
consiste en la letra D, que es una de 
las tres (D, A, R) que se emplean para 
votar. En los dem;is colegios se usan 
balotas ó bolillas coloradas, blancas y 



1C2 



DIS 



DIS 



negras, y por eso se dice en ellos: Sacar 
vna, dos ó tres coloradas. 

Distingo, m. (Del latín dis/iin/uo). 
Distinción lógica que se hace de una 
proposición. Usado ya por Don Juan 
Valora y otros, merece admitirse. «No 
le creo [al progreso humano] tan orde- 
nado y simétrico, tan por igual en todo, 
que no admita excepciones y distingos 
en no pocos puntos y momentos». 
(Valera, Discurso pronunciado en la 
Academia Española el 28 de Nov. de 
1869). En otra obrita posterior vuelve 
A usarlo también el mismo autor, y 
asimismo en las Cartas Americanas. 
«Es triste., que en nuestras leyes pe- 
nales, para hacer justicia en casos de 
tanta gravedad como éste, haya dis- 
timjos, tan peligrosos en su aplicación». 
(Pereda, Por lo que valga). Así mismo 
Pérez Galdós y todos los modernos en 
España y América. 

Distingüendo, adj. Aplícase al s. 
que tiene dos ó más significados, con 
género m. pai-a uno y f. para otro; por 
ej.: armazón, orden. Aunque la voz 
está bien formada del v. latino distin- 
guere y se usa desde antiguo en Chile, 
no es de absoluta necesidad, pues su 
significado se expresa con homónimo, 
ma, adj. y s.: «dícese de dos ó más per- 
sonas ó cosas que llevan un mismo 
nombre, y de tas palabras que, siendo 
iguales por su forma, tienen distinta sig- 
nificación í>. Hablando de este vocablo, 
nos endereza Ciro Bayo la siguiente 
rociada: «Los chilenos, que, con el ar- 
gentino Sarmiento á la cabeza, tienen 
el privilegio de haber disparatado en 
gramática más que ningún otro pueblo 
de origen hispano, tienen y han acli- 
matado en estas repúblicas un séptimo 
género gramatical, denominado dis- 
tingüendo, calificativo que ni cas- 
tellano es». No sabemos si este casti- 
císimo señorserá boliviano óargentino, 



pues su obrilla, publicada en un nú- 
mero de la Berue Hispan iqiw, se inti- 
tula «Vocabulario de provincialismos 
argentinos y bolivianos»; pero, á cual- 
quiera de las dos naciones que perte- 
nezca, desde ninguna de ellas puede 
lanzarnos la primera piedra por delitos 
de leso castelleno, so pena de ponerse 
sencillamente en ridículo. Y no le di- 
remos más por... falta de tiempo. 

Distinguido, da, adj. y part. de 
distinguir. nFukmo es de familia dis- 
tinguida; mengano tiene maneras 
distinguidas; zutano es jjersonaje 
distinguido; citano posee nombre 
distinguido ; perengano recibió á\8- 
WngyxiáOS, honores; estas y semejan- 
tes locuciones andan hoy día en boga; 
tanto, que apenas se publica descrip- 
ción de persona ilustre, donde no campee 
el adj. distinguido en significación de 
eximid, expectable, opinado, afamado, 
prestante, claro, principal, aventajado, 
descollado, escogido, acreditado, califi- 
cado, noble, honrado, urbano, cortesano, 
insigne, Ínclito, lustroso, esclarecido, 
preclaro,fino, elegante, famoso, decoroso, 
honroso, generoso, hidalgo, digno, exce- 
lente, eminente, ilustre, conspicuo, glo- 
rioso, como si la distinción bastase por 
sí para expresar honra, favor, nobleza, 
excelencia, dignidad. Núñez: El dis- 
tintivo único de su dignidad es el 
magisterio. Piuciano: Es tena noticia 
distintiva de lo útil y dañoso. En estos 
autores clásicos se notará cómo no dan 
á las voces distintivo, distintiva, con- 
cepto honroso si no es juntándolas con 
palabras que se califiquen. Así que,/c!- 
milia distinguida tanto puede aplicarse 
á gente granada y de copete, como á 
casa vil y abyecta, con tal que tenga 
por dónde diferenciarse de otras cua- 
lesquiera familias, porque al cabo la 
distinción no es señal de hidalguía, ni 
prerrogativa honorable, ni excepción 



DIS 



DIS 



168 



favorable, ni titulo condecoroso, á me- 
nos que reciba un adj. que todo eso 
exprese, como le pasa al nombre dis- 
tintivo, que se dice de nobleza, de infa- 
mia,dehidalguia,de militar, dereligión, 
etc., porque de suyo no califica el ho- 
nor de ningún sujeto. El deciv familia 
distinguida, caballero distin- 
guido, distinguidos modales, tra- 
je distinguido, distinguida 
recepción, y otras tales locuciones, 
frecuentes hoy, no es propiedad del ro- 
mance castizo, sino particularidad del 
idioma francés, que no sabe cómo es- 
presar la excelencia sino acudiendo al 

bordón de distinguir y distingui- 
do». (Padre Mir). Con áurea pluma 
y férrea lógica está escrito el presente 
artículo, y ojalá aproveche á todos los 
escritores distinguidos y á nuestros 
distinguidos amigos. ¡Cuánto da 
quejiensar esta pobreza del francés, tan 
contagiosa y avasalladora ! Con una sola 
palabra de significado bien general 
absorbe y mata una multitud de voces 
particulares apropiadas á las distintas 
aceps. y subaceps. que se necesitan para 
la precisa expresión de las ideas. Y, 
como éste es un sistema bien fácil, 
porque ahorra todo eíif uerzo de memoria 
y de inteligencia, por eso el galicismo 
cunde, erguido y lozano, por esos tri- 
gos del idioma como la galena, la zarza 
y la chépica (grama) de nuestros 
agricultores. Recuérdese lo que dijimos 
en Desplazar. Al reprobar esta 
afrancesada acep. de distinguido 
por egregio, noble, ilustre, insigne, Ín- 
clito, no retiramos una palabra de lo 
que dijimos en Difícil, pues alguien 
pudiera creer que incurríamos en con- 
tradicción, porque el raciocinio que 
empleamos allá pudiera también apli- 
carse aquí. Nó: la defensa que hicimos 
de dij'icil fué por su origen latino, título 
de nobleza más que suficiente; mientras 



que á distinguido lo reprobamos 
por francés y por incoloro para el sig- 
nificado que le quieren dar. — En exa- 
men, sobresaliente. Pedro salió distin- 
guido, salió con tin voto de distinción ó 
con una D, ó salió distinguido por 
unanimidad en Gramática. En esta 
acep. bien puede admitirse. 

Distinguirse, r. Volvamos á co- 
piar al P. Mir, pues no sería posible 
expresarse con más lógica ni con más 
claridad en cuanto al mal uso de este 
V. ^Distinguir está destinado á notar 
la diferencia de las cosas, de arte que 
no-se puedan confundir entre sí : cuan- 
do se advierte que la una no es la otra, 
sino que cada cual guarda el orden y 
lugar correspondiente á su categoría, 
entonces decimos que se distinguen, sin 
que para verificar el sentido sea menes- 
ter hacer de la cosa ó persona estima 
particular con honrosa preferencia, 
porque semejante concepto pertenece, 
nó á distinguirse, sino á campear, lo- 
zanear, gallardear, bizarrear, lucir, 
gallear, superar, exceder, sobrepujar, 
sobresalir, resplandecer, extremarse, 
brillar, adelantarse, remontarse, acre- 
ditarse, aventajarse, señalarse, etc.; 
verbos que presuponen el distinguirse, 
como la luz del naciente día presupone 
las tinieblas de la noche. Cuando des- 
pliega sus rayos el sol á cielo abierto, 
alegrando con su hermosa claridad las 
cosas, no decimos que se distingue, 
sino que resplandecs con su rozagante 
manto de luz; se distinguirá cuando, 
puestas delante de su luminosa faz las 
pardas nubes, comience á taladrarlas 
con algún foquillo de rayo; al distin- 
guirse seguiráse luego el campear, el 
hacer gala de su pomposa majestiid, 
hiista que, asomando la noche con su 
negra capa, no deje que se distinga en 
el cielo rastro de luz solar. Tal es el 
valor del castizo distinguirse. En cuya 



164 



DIS 



DIS 



virtud decimos, Yo me distingo de H; 
te distingues de los demás en ser tozu- 
do; nos distinguimos los espartóles de los 
franceses; no se distingue el oro bueno 
del falso. Ningún indicio de excelencia 
dan de sí estas locuciones. Dirán acaso: 
en el mismo distinguir se encierra la 
nota característica de excelencia ó ven- 
taja. No es verdad: antes, tal podía ser 
la marca distintiva, que más sirviese 
de afrenta que de honra. El v. distin- 
guir no dice sino diferenciar, poner 
diferencia, apartando las cosas de modo 
que se vea no ser la una como la otra. 
La calidad de excelencia ó superiori- 
dad, de otro verbo ha de sacarse, pues 
no está embebida en el mismo distin- 
guir. Luego tampoco lo está en el dis- 
tinguirse, que es el pasivo de distinguir. 
Cuando fuera r., significaría poseer la 
cosa ó persona tales prendas, que la 
separan de las demás, sin que pueda 
confundirse con ellas. Así diremos: Yo 
me distingo en ser de ojos azules; tú te 
distingues en los cabellos rubios; él se 
distingue por sus pies de pato; ella se 
distingue en ser nariguda. Distinciones 
que ni hacen ni deshacen para el con- 
cepto de superioridad, sino sólo para el 
de separación ó diferencia». Con tan 
sólidas y atinadas observaciones es de 
esperar que se suprima en las futuras 
ediciones la última acep. que da el Dice, 
á distinguir: «v., descollar, sobresalir 
entre otros«. 

Distraído, da, adj., participio de 
distraer. Todavía en estos páises de 
América, donde algunas rálces echó 
la pronunciación vizcáina, suele oír- 
se entre la gente educada distraído 
por distraído; distracción de lengua, nó 
de voluntad ni de entendimiento. El 
pueblo scraiculto dice también dis- 
traído; pero el más ignorante, dis- 
treido, y ambos con el significado 
especial de-mal vestido, desaseado, po- 



bre, zaparrastroso ó zarrapastroso. «No 
fui á misa, padrecito, porque estaba 
muy distreído». ¡Ojo, el confesor 
extranjero! No vaya á creer que el que 
tal acusa se quedó sin misa por estar 
distraído en algún asunto ó negocio. 
Esta acep. chilena (y también mejica- 
na) se deriva, como efecto de su causa, 
de la primera que este vocablo tiene en 
castellano: «entregado ala vida licen- 
ciosa y desordenadas. Claro es que el 
sujeto que vive de esta manera, aunque 
sea un Creso, tiene que parar en mal 
vestido y desaseado. Distraído del de- 
ber de cristiano, tiene que convertirse 
en distraído en el traje. 

Distribución, f. De la acep. que 
tiene en castellano: «división del tiem- 
po, destinando sus partes á varios fines 
y operaciones», ha venido á significar 
modernamente cada uno de los actos ó 
funciones piadosas en que se divide 
una serie de ejercicios, como un retiro 
espiritual, una misión, una novena, un 
mes del Corazón de Jesús, etc. Cada 
función piadosa, como una plática, una 
lectura, el rezo del rosario, la exposición 
del SSmo. Sacramento, que son partes 
de toda la serie ó de la distribución ge- 
neral del día, de la semana, del mes, se 
llama también y en particular distri- 
bución. « ¿ A qué hora es la distribución? 
Ya tocaron para la distribuciónií. Este 
ti'áusito de lo general á lo particular es 
ley qus rige para la formación de las 
aceps. en todos los idiomas; v. gr.: 
dislinción, en particular, es: prerroga- 
tiva ú honor concedido á una persona 
y por el cual se distingue de las demás; 
formación es la reunión ordenada de un 
cuerpo de tropas; condecoración no sólo 
es la acción de condecorar, sino tam- 
bién la insignia misma con que se con- 
decora. Y así de otros innumerables 
sustantivos. Distribución se usa en Es- 
paña, en la acep. que hemos explicado. 



DIT 



DIT 



IfiS 



porlo menos desde el siglo XVIII, co- 
mo se puede probar con las obras del 
B. Diego de Cádiz; en Chile es de uso 
general, y probablemente también en 
las dem;is repúblicas americanas. Por 
eso no vacilamos en recomendarlo pa- 
ra el futuro Dice. — Falta también la 
acep. que tiene en Derecho Canónico, 
de-dinero que se da á cada canónigo 
por la asistencia á una función de co- 
ro. Ú. m. en pl. y con el adj. cmtidiano: 
distribuciones cuotidianas ó cotidianas. 

Distributor, ra, m. y f. Igual 
á distribuidor, ra, adj. y s. Asi aparece 
en el Dice. Con perdón suyo creemos 
que debe desaparecer de sus columnas, 
porque es forma puramente latina (tes- 
tigo la oración de San Luis Gonzaga: 
distributor Deus), y, si algún moderno 
la ha usado una ve/,, habrá sido una 
rareza. Y decimos moderno, porque 
nada tendría de particular que se ha- 
llara usada del siglo XVI para atrás, 
cuando el castellano montaba todavía 
los zancos latinos. 

Disvariar, dis varío. Des- 
variar, desvario. 

Dita, f. «Persona ó efecto que se 
señala como fianza de un pago». Esta 
es la definición del Dice, y conforme á 
ella han usado esta voz los clásicos; 
pero en Chile, sobre todo en el pueblo, 
dita significa deuda, adeudo, y por eso 
ha formado éste el v. enditarse : 
adeudarse ó endeudarse. Fácil es expli- 
car esta variación de aceps., porque es 
un simple tránsito de lo concreto á lo 
abstracto, del objeto ó efecto que res- 
]X)nde de una deuda á la deuda misma. 
Y seguramente no debe de ser desco- 
nocida en España esta acep., pues el 
Dice, de arcjot espaüot, de Luis Besses, 
trae como provincialismo la loe. á dita 
y la traduce: «al fiado». Lo mismo el 
Padre Coloma, hoy académico: «Venía 
á ver si me emprestaba siete onzas, 



auncjue fuese á ditaT. (Lecturas entre- 
tenidas). (Emprestar, véase en su 
lugar). En las Costumlires populares 
andaluzas, de D. Luis Montoto, halla- 
mos el personaje la ditera, mujer que 
da á dita ó presta dinero al fiado, sin 
garantía de prenda, pero con buen in- 
terés. 

Ditar, n. (Los más ignorantes 
pronuncian itar). Forma estropeada 
de dictar. No se contentan los chilenos 
incultos y semicultos, que son los que 
tal dicen, con estropear este v., sino que 
también lo hacen n., cuando en caste- 
llano esa. en todas sus aceps. La última 
de éstas es: «fig., inspirar, sugerirr ; por 
eso está muy bien dicho: «Mi concien- 
cia no me dicta tal acción; Mi honor 
me dicta proceder de otra manera». 
Mas, decir, como se oye en Chile, nEstO 
no me dita; Me dita irme á la 
yuerra-», es hacer n. é impersonal un v. 
á todas luces a. Mejor lo hizo Sancho 
Panza en el Quijote, porque, aunque 
estropeó también este v., no le adul- 
teró su régimen, que es cosa más deli- 
cada: «Dice que su conciencia le lita 
que persuada á V. m. á salir vez tercera 
por ese mundo». (P. II, c. VIL En 
este mismo capítulo hay varios de los 
voíjuiblcs (juc acostumbralta el famoso 
escudero: relucida por reducida, fó- 

cil por dócil, gata por rata, revol- 
car por revocar, desde el emprin- 
Cipio). Otros chilenos, sintiendo 
cierto remordimiento por el uso de 
ditar, suelen corrigerlo con instar, 
que hace otro sentido enteramente dis- 
tinto, pues significa: «apretar ó urgir 
la pronta ejecución de una cosa». Este 
sí que es n. en esta acep. (Véase Tin- 
car). La ¡dea que se quiere expresar 
con el falso ditar se expresaría mejor 
con inclincer, atraer, sentir inclinación, 
seducir, tirar, fig. Cométese también 
este abuso en Colombia, según Uribc, 



166 



DIU 



DIV 



En cuanto á la supresión de la c en 
este V., recuérdese la pronunciación de 
conduta, dotor, dotrina, Otu- 
bre. Véase C. 

Diuca, f. Nombre araucano, que 
Febrés traduce: «pajaritx) conocido, co- 
mo gorrión». Es el pajarillo que los 
naturalistas llaman fringilla diuca y 
que Gay describe de esta manera: «To- 
da de color gris apizaiTado, inclinán- 
dose al bruno oscuro en las remigias y 
las rectrices, que están rayadas de biii- 
no más claro; barba y garganta blan- 
cas, una lista longitudinal también 
blanca domina por medio del \ientre, 
desde lo bajo del estómago hasta las 
cubiertas inferiores de la cola, las que 
son blancas, llameadas de bermejo; las 
cuatro rectrices laterales estiin bordea- 
das de blanco: las dos externas en el 
primer tercio de las barbas exteriores, 
é interiormente en la última mitad de 
las barbas internas; y las otras, de una 
simple mancha redonda del mismo 
color en lo bajo de dichas barbas; la 
mandíbula superior es bruna, y la in- 
ferior plateada: patas morenas; lo bajo 
de las piernas es blanco flavo. La hem- 
bra es enteramente gris flava; sus re- 
migias y rectrices brun-s, listadas de 
flavo, y lo blanco de la garganta y del 
vientre es más sucio que en el macho. 
Longitud total: 7 pulgadas y 3 líneas. 
La dium es muy común en todo Chile 
y se halla hasta el estrecho de Maga- 
llanes: es muy familiar, frecuenta los 
puelilos y cercanías de las casas, y des- 
de muy temprano da un grito como si 
pronunciase: cheu-chi-trrri, y otras 
veces : yo-yo-fh tu - ch ir o - di ir i -chiu. 
Las gentes del campo la miran como el 
pájaro m;is madrugador». Hemos co- 
piado toda esta prolija descripción para 
que la Academia se forme idea cabal 
de este pajarillo y admita su nombre 
cu el Dice. Bello mismo no se desdeñó 



de hacerlo figurar en una de sus poesías 
líricas, en laque escribió «Al Dieciocho 
de Setiembre»: 

¡Día feliz! cuando asomó la aurora 
Sobre la agigantada 
Cabeza de los Andes, y la diuca 
Te cantó la alborada. 

— Fig. fam., el alumno predilecto ó 
preferido de sus superiores. Por con- 
vertii-se á veces en acusón, cuentista ó 
soplón, se atrae el odio y desconfianza 
de sus compañeros. Algunos usan á 
diuca en esta acep. como m.: el diu- 
ca, los diucas, un diuca.— Men- 
tira. En esta acep. parece ser cornipción 
de mencliuca, que es el dim. fam. 
de mentira. — Como wui. diuca, como 
diuca, mojado como diuca. Véase 
Chipipe. — El canto de las diucas, al 
¡rriiiier canto de las diucas, al primer 
diucazo: la alborada, el despuntar ó 
romper de la aurora. 

DiccÓN, m. Pajarillo un poco más 
grande que la diuca, con la circuns- 
tancia de tener los ojos colorados. 
TaenivpferajjyrojJelo llaman los orni- 
tólogos. También debe figurar en el 
Dice. 

Diva, f. Está admitido como tér- 
mino poético y sinónimo de diosa. Así 
puede sufrirse, pero nó como lo usan 
algunos por dama ó primera dama en 
el lenguaje de teatros. 

Divergir, n. Así, de esta sola ma- 
nera, y nó como convergir, que es tam- 
bién converger. 

DiVEBSIÓJf ó DIVERTIMIEXTO. 

Divertido, da, adj. part. de diver- 
tir. Achispado, apuntado. Así se usa 
en Chile; y no nos parece mal, porque 
el ebrio, en el primer período de la em- 
briaguez, es generalmente divertido, 
chistoso, gracioso. En caitellauo tiene 
un significado m;is fuerte en las frases 



DIV 



DOB 



107 



Andar uno divertido. Andar ó estar 
mal divertido. 

DiviDEXDO, m. Fuera del dividendo 
conocido en Aritmética y en Algebra, 
y del dividendo activo y el pasivo, co- 
nocidosen el comercio, usamos eu Chile 
otro que no está en el Dice, y es sinó- 
nimo de mota, porción ó parte. Así 
decimos de una deuda que se paga á 
plazo, que se paga en tantos ó cuantos 
dividendos; lo mismo de un arrenda- 
miento, de un alquiler. 

Divinización, f. Aunque significa 
lo mismo que apoteosis en su acep. fig.: 
«ensalzamiento de una persona con 
grandes honores ó alabanzas», debe 
admitirse en el Dice, porque es entera- 
mente castizo. A endiosamiento, sinó- 
nimo de ambos, le falta esta acep. 

DiviNiZADOR, RA, adj. Que diviniza 
ó endiosa. Falta también eu el Dice. 
Divisionario, ria, adj. Dígase 
divisorio, ria, divisional ó divisivo, va, 
que son los adjs. castellanos correspon- 
dientes á este afrancesado. Tratándose 
de la moneda, no se diga moneda di- 
visionaria ni divisional: la pri- 
mera es francesa; la segunda significa 
en castellano: "la que tiene legalmen- 
te un valor convencional superior al 
efectivo, como la de cobre y muchas 
veces la de plata». Dígase moneda me- 
7ivda, ó suelta, ó en particular, de co- 
bre, de plata. Véase Sencillo. 

Divorciar, a. y r. Conjúgase divor- 
cio, divorcias, y nó como lo hace el 
pueblo: divorceo. — La acep. fig.: 
«separar, apartar cosas que estaban 
juntas», creemos que debe extenderse 
también á personas que rompen su 
amistad ó buenas relaciones. 

Sin pleito, sin disguato, 
La muerte nos divorcia, 

dijo Lope de Vega en su Barquilla; 
esto es, nos separa á unos de otros. 



Aunque esta acep. la posea también el 
francés, no debemos quitársela á nues- 
tro divorciar. 

Divorcio, m. Conviene que se le 
reconozca expresamente la acep. fig. 
correspondiente á la de divorciar y con 
el aditamento que acabamos de hacer. 
«A la larga, el divorcio entre los eru- 
ditos y las clases inferiores de la socie- 
dad... tenía que matar la poesía épica». 
(M. Menéndez y Pelayo, Antología de 
p. lir. cast., f. XI, n.° I). 

DivÓRTirM AQUÁRUM. (Pronún- 
ciese divórcium). Expresión latina de 
uso universal, que falta en el Dice. Sig- 
nifica linea divisoria, ó divisoria sim- 
plemente, que es aquella «desde la cual 
las aguas corrientes mai'chan con direc- 
ciones opuestas». 

Do DE pecho, loe. fam. La nota más 
alta que con la vo.-^ natural puede dar 
un tenor; y se llama d« pecho, porque 
la voz sale del pecho, á diferencia de 
la nasal y de la voz de caheza ó fal- 
set'?, que se produce haciendo vibrar 
las cuerdas superiores de la laringe y 
con la cual pueden darse notas más altas 
aún que el do. U. t. c. expresión fig. y 
fam., aunque no está en el Dice, para 
indicar el grado más alto de perfección 
á que se puede llegar en algunas accio- 
nes, ó el esfuerzo que hay que emplear 
en otras. Un orador da el do de pecho 
cuando pronuncia un discurso muy elo- 
cuente y que se reputa como insupera- 
ble; se hace dar el do de 'pecho á una 
persona á quien con dificultad se le 
arranca el consentimiento para un con- 
trato ó negocio. Esta expresión es to- 
mada del lenguaje de la Música; pero, 
habiendo pa-' lo ya al fam., bien puede 
admitirse en 1 Dice. 

Dobla, f. Entre mineros chilenos, 
beneficio que el dueño de una mina 
concede á otro durante un día para que 
saque todo el metal que pueda. Como 



168 



DOB 



DOB 



el plazo es corto, el agi-aciado busca el 
mayor número posible de trabajadores 
y así consigue dollar (de aquí el nom- 
bre), y aun triplicar, ó más, el producto 
ordinario de un día. Por eso se dice 
regalar, dar ó conceder una dobla. «Le 
dio una doila en la mina Descubridora, 
que le produjo 14. 000 pesos». (Jota- 
beche, Costuinlres chilenas, art. VII). 
La etimología puede ser también el s. 
dúa («cuadrilla de operarios que se em- 
plea en ciertos trabajos de minas»), que 
en forma castellana tiene que ser dolía. 
— Familiarmente y por extensión, par- 
ticipación de un extraño en una comida 
ó beneficio en que él no ha escotado 
nada. Creemos que este vocablo debe 
admitirse por lo menos en la 1." acep., 
porque expresa un concepto que no 
tiene otro nombre en castellano. 

Dobladillado, m. Acción ó efec- 
to de repulgar. Basta con los sustan- 
tivos doUadillo y repulgo. Véase el 
siguiente. 

Dobladillar, a. Hacer dobla- 
dillos á una pieza de ropa. Usado entre 
nosotros por toda clase de personas y 
así mismo en Méjico. Dígase repulgar, 
a.: hacer repulgos. Repulgo en su 1,' 
acep. es dobladillo. 

DoBLADiTA,f. Dobladilla, dice el 
Dice: «juego antiguo de naipes que 
principalmente consistía en ir doblan- 
do la parada á cada suerte. — ^4. lu do- 
bladilla, m. adv.: al doble ó repetida- 
mente, haciendo cdusión al juego de 
este nombre. — Jugar á la dobla: jugar 
doblando sucesivamente la puesta». 

DoBLADOR, EA, m. y f. Sólo aparece 
en el Dice, un doblador anticuado: «el 
que dobla». En Chile se llama dobla- 
dor el oficial que en las imprentas dobla 
los pliegos impresos; y dobladura, si es 
mujer. — Dobladora se llama también 
la máquina que hace esta misma ope- 
ración. El Dice, parece preferir para 



estos nombres el v. plegar, pues á éste 
y nó á doblar le da esta acep. particu- 
lar: «doblar é igualar con la debida 
proporción los pliegos de que se com- 
pone un libro que se ha de encuader- 
nar». Y plegador, ra, adj. y ú. t. c. s.: 
«que pliega; m., instrumento con que 
se pliega una cosa». 

DoBLADrRA, f. Significa: «parte por 
donde se ha doblado ó plegado una 
cosa; señal que queda por donde se 
dobló. II Ant., duplicación de una co- 
sa». Mas en ningún caso significa: 
acción ó efecto de doblar ó doblarse. 
Esto se expresa con doblamienfo, ple- 
gado, plegadura. 

Doblar, a., n. y r. Dijo Orellana 
que (ídoblar la cabeza, la frente, por 
bajar ó iiulinar la cabeza, ó simple- 
mente imlinarse, es una atrocidad». 
Así lo estimó dicho señor; pero, antes 
de expresarse de esa manera, es menes- 
ter estudiar el idioma. '(.Doblar -uno la 
cabeza, fr. fig. y fam.: bajar la cabeza», 
dice el Dice, en el art. Cabeza. Y en 
Doblar reconoce como una de sus 
aceps. «torcer ó encorvar una cosa»; 
no importa que la torcedura ó encor- 
vamiento sean solamente aparentes, 
como sucede con las rodillas, el cuello, 
la cabeza, la frente: la verdad es, que á, 
la simple vista aparecen como doblados, 
y por eso hasta los clásicos han usado 
de este v. con estos sustantivos; asi- 
mismo los latinos, que decían genu, 
capul fleclere. — Merece ampliarse más 
la siguiente acep. y que se le suprima 
la restricción de término de Marina: 
«tratándose de un cabo, promontorio, 
punta, tic, pasar la embarcación por 
delante y ponerse al otro lado»; porque 
no sólo en el mar, sino también en tierra 
se doblan montes, riscos, caminos, etc., 
y no sólo hacen esto las embarcaciones, 
sino todo ser viviente que anda y cual- 
quier objeto que tenga parecido moví- 



DOB 



DOB 



1G9 



miento. Por eso á cada paso se habla 
de doblar raUen, esquinas, lineas, etc. 
Asi no habría necesidad de admitir 
como frases especiales doblar la palle, 
doblar la esquina, como lo hace ahora 
el Dice, porque en realidad no merecen 
el nombre de tales, comoquiera que 
están comprendidas en esta acep. del v. 
(Véase Esquina). También debe agre- 
garse á esta misma acep. que el v. se 
usa, además, c. n., con el significado de 
torcer ó variar de rumbo: Dobla á la 
derecha; Doblé A la izquierda. 

Como esta calle hace esquina, 
A esotra calle doblaron. 
( J. R. de Alarcón, La ctiem de Salamanca, F). 

— Doblar la página, doblemos esta pá- 
gina. Aunque más exacto es usar hoja 
en vez de página, porque aquélla y no 
ésta es lo que en realidad se vuelve ó 
dobla; sin embargo, tomando una parte 
por el todo, creemos que también se 
puede usar página, que es una de las 
dos caras, planas ó haces que tiene la 
hoja. Así escribió D. Ricardo Palma: 
«Fray Gómez arrancó una página de 
un libro viejo..., cogió con delicadeza 
la sabandija, la envolvió en el papel». 
(Tradiciones peruanas, VII serie. El 
alacrán de Fr. Gómez). Aquí se habla 
en sentido recto, y con más razón podría 
usarse página en el fig. El Dice, ad- 
mite solamente doblar la hoja, fr. fig.: 
fdejar el negocio que se trata, para 
proseguirlo después; y ordinariamente 
se dice cuando se hace una digresión 
en el discurso»; «ó cuando se quiere 
pasar por alto ó en silencio un asunto 
(jue no se qjiicrc tratar», pudo agre- 
garse. Desdoblar la Iwja (volver al dis- 
curso que de intento se había inte- 
rrumpido) es la fr. contrariti — Po- 
último, falta en el Dice, la acep. litur- 

Dicc. de Chil., t. II. 



gica de-repetii-, tratándose de antí- 
fonas. Doblar xma anlifona es decirla 
entera antes de su salmo ó cántico y 
repetirla también entera después de él ; 
lo cual se hace en todos los oficios de 
las fiestas dobles. Un resto de esta acep. 
se ve en la loe. l((s doce palabras redo- 
bladas, que llamamos nosotros, porque 
se van repitiendo ó doblando. Véase 
Palabra. — El valor le sobra y las 
piernas se le doblan, refrán con que 
censuramos á los fanfarrones, que son 
valientes de palabra y nó de obra. 

Doble, m. Medida de capacidad 
equivalente á dos litros. Es simple 
abreviación de doble litro y ú. en todo 
Chile. Bien puede admitirse. — Estar á 
tres dobles y un repique, fr. fig. y fam., 
muy usada en Chile: estar alcanzado 
de dinero, muy pobre. Ú. t. en el Perú 
y he acjuí cómo explica su origen el 
autor de las Tradiciones peruanas, 
D. Eicardo Palma: «Hizo firmar [un 
cura al sacristán recién entrado al ofi- 
cio] un contrato, con arreglo al cual 
el párroco le pagaría semanalmente seis 
reales vellón por cada repique, pero en 
cambio el campanero pagaría al cura 
dos reales vellón por cada doble». Al 
ajustar cuentas la primera semana, re- 
sultó que el sacristán había tocado tres 
dobles y un solo repique, con lo cual 
salía patas y no ganaba nada; por eso, 
cuando llegó el caso de dar dinero para 
sus gastos de casa, hubo de contestar: 
¿qué puedo dar, cuando estoy á tres 
dobles y un repique? La fr. tiene gracia 
y es digna de aceptarse. 

Doble, adj. Doble ele, llaman 
malamente algunos á la letra elle (II). 
La letra sí es doble, porque consta de 
dos signos, y Ciida uno de éstos es una 
ele; poro, como en castellano tiene un 
sonido muy distinto de esta letra, no 

22 



170 



DOB 



DOB 



puede dársele aquel nombre. En latín 
y en italiano sí, porque en estas lenguas 
se pronuncia como doldeele: viUa,stdla, 
procella. — Doble ve ó doble u. Así 
llaman muchos la letra w. La Academia 
en su Dice, la llama v doble, agregan- 
do que no es comprendida en el abece- 
dario castellano por no ser necesaria en 
él. — Doble cero, doble dos, doble tres, 
etc. Véase Chancho, 8.* acep. — El 
doble, loe. que en Chile no siempre 
usamos bien y que ha desterrado á la 
clásica al doble, modo adverbial que 
significa «en cantidad dupla». Veamos 
cómo diferenciarlas. Por su estructura 
se ve que la primera no puede usarse 
sino cuando haga el oficio de sujeto ó 
el de complemento directo, y la segun- 
da como complemento ordinario de 
cantidad. Ejemplos: «El precio fué el 
doble de lo que en realidad valía la 
prenda; Trajo el doble de lo que acos- 
tumbraba traer». De la segunda cita- 
remos autoridades clásicas, para que se 
nos crea: «Con cada obra que hacía [la 
Virgen María] redoblaba las fuerzas 
que tenía y aumentaba al doble la ca- 
ridad con que amaba». (P. Luis de la 
Puente, Meditaciones). 

Fuenterrabía, más famosa ai doble 
Donde la ninfa de He'rcules, Pirene, 
El límite español en brazos tiene. 

(Lope, An^flica, 10). 

No es ultraje 
La pobrera, cuando es noble, 
Antes resplandece al doble, 
(Tirso, La mllana de la Sa<^ra, I, 3). 

«Aumentar una cosa otro tanto ó al 
dable de lo que antes era». (Dice, art. 
RedobTjAr). y así todos los clásicos 
uniformemente. Una que otra vez di- 
cen, como Fray Luis de León, al doblo; 
n doblado más caudaloso», como el P. 



Ovalle; ó dobladamente, doblemente; 
pero nunca el doble, como nosotros; 
y, si alguna rarísima vez aparece esta 
forma en ediciones modernas de clá- 
sicos, téngasela por yerro de imprenta. 
Los advs. dMadamente y doblemente 
pueden servirnos de regla práctica para 
el recto uso de ambas locuciones; regla 
que formularíamos así: Cuando la loe. 
se puede sustituir con estos advs., úsese 
al doble, que también es adv.; cuando 
no admite esta sustitución, üsese el 
doble. Sólo con los verbos indicativos 
de precio ó cantidad (costar, valer, pa- 
gar, pesar, cargar) puede haber alguna 
duda, por cuauto en ellos suele confun- 
dirse el complemento directo con el 
ordinario de precio ó cantidad. Véase 
cuál de ellos es el que prevalece en la 
mente del que habla ó escribe, y según 
eso se dirá el doble ó al doble. Bretón 
de los Herreros se fué por la tangente 
en este verso de su poema La Desver- 
güenza: 

Doble nos cuesta de lo que costaba antaño; 

es decir, doble precio ó dinero. — M^or 
pagarla sencilla, que nó pagarla doble, 
fr. fig. y fam. que usamos para signi- 
ficar que conviene más pagar una deu- 
da, un gasto, una pérdida, etc., al 
principio, para no pagarlos después 
más caros con costas, intereses ó per- 
juicios. Está bien formada y merece 
admitirse, advirtiendo que pueden va- 
riarse algunas de sus palabras con tal 
de conservar las tres esenciales: senci- 
lla, pagar y doble. 

Doblez. Masculino, cuando signi- 
fica: parte que se dobla ó pliega en 
alguna cosa, ó señal que queda en la 
parte por donde se dobló; y ambiguo 
en la acepción de: simulación conque 



DOC 



DOC 



171 



UQOobra, dando á entender lo contrario 
de lo que siente. 

DoCA, f. Planta chilena de la familia 
de las mesembriantémeas. He aquí la 
descripción de Philippi: «hojas opues- 
tas, unidas en su base, triangulares, 
prismáticas, de cuatro á siete centí- 
metros de largo, y flores grandes rosa- 
das. Planta muy común en las costas, 
sobre todo en los arenales, desde Co- 
quimbo hasta el Río-Bueno. Sus frutos 
se comen, como los de varias especies 
africanas; tomados en exceso, son pur- 
gantes». — Fruto de esta planta. Algu- 
nos llaman á la planta y al fruto 
«frutilla de mar». El nombre dora pa- 
rece gallego. Vean los naturalistas si la 
planta es la misma que describe el Dice, 
gallego de Cuveiro con el nombre de 
dioica. Si no es la misma, por lo menos 
es muy parecida. 

DocEAVO, VA, adj. Véase Avo. 

DocfTA, com. y ú. m. en pl. Indi- 
viduo perteneciente á una secta de los 
primeros siglos de la Iglesia, que ense- 
ñaba que la humanidad de N. S. Jesu- 
cristo no era real y verdadera sino 
solamente aparente ó fantástica. lia voz 
procede del v. griego Sox-sco, creer, 
figurarse; se usa en Historia Eclesiás- 
tica, Patrología, Teología, etc., y debe 
admitirse en ol Dice. 

D0CÍeilt0S,tas, adj. pl. A.sí lo es- 
cribe el Dice, y también dondenios y 
ducientOS. De estas tres formas, la 
única correcta es la segunda (doscien- 
tos) y es la que debe mantenerse. Do- 
CientOS tiene una s menos, y du- 
Cien.t03 debe darse por anticuado. — 
Con trescientos comete también el Dice, 
el error de escribirlo con dobleforma: 
Irescieníos y trecientos; lo cual no 
hace con seiscientos, que aparece con 
esta sola. 



Doctor, m. Por suerte no ha pene- 
trado en Chile, ni Dios quiera que 
jamás se introduzca, la costumbre de 
llamar doctor á todo sacerdote, como 
lo usan en otras repúblicas de Sud- 
América. En realidad, no hay tal doc- 
torado, porque no nos hemos graduado 
(salvo rarísima excepción) en ninguna 
universidad, ni siquiera en la de Torde- 
sillas, ni es tampoco el título principal 
de un sacerdote. — En cuanto al título 
de Doctor que en la Argentina y en 
otras repúblicas sudamericanas se da á 
los abogados, saboréese este trozo de 
un discurso parlamentario de Sarmien- 
to: «Este tratamiento de dochr es ex- 
clusivo de la raza española de la Amé- 
rica del Sur, excepto en Chile, donde 
hace treinta años el Gobierno y la Uni- 
versidad cuidaron de quitar ese título, 
considerado hoy día poco decoroso en 
la tierra. ¿Si se creerá por ventura que 
Mr. Thiers, Mr. Odilón Barrot, Mr. 
Montalembert. Mr. Guizot son algunos 
literatuelos.' Son los más profuudus 
jurisconsultos que tiene la Europa. 
Pero no se llaman el Dr. Thiers, el Dr. 
Guizot, como entre nosotros. Y esta 
apelación de Dr. contribuye mucho á 
pervertir el juicio de estos jóvenes y 
separarlos de las carreras comerciales é 
industriales y tantas otras que se les 
abrirían. ¡Cómo el Dr. tal ha de tener 
alguna pulpería, pues! Y, mientras 
tanto, si no llevara ese título, un hom- 
bre decente podría tener una pulpería, 
porque con ella se gana dinero. En 
Chile hay un solo Dr. y es el Dr. Ocara- 
po. Fué con esa apelación de la Repú- 
blica Argentina; pero al Dr. Manuel 
Montt, que ha revisado todos los có- 
digos de Chile, que es uno de los pri- 
meros jurisconsultos y Presidente de 
la Corte Suprema hace treinta años, no 



172 



DOC 



DOD 



se le llama el Dr. Jlonlt. Todos estos 
vicios contribuyen á extraviarnos y ;i 
establecer una especie de desigualdad 
en la sociedad. Xo hay jovencito Dr. 
que no se crea superior ú los hombres 
que no llevan ese título, y el vulgo 
cree que hay en esas cabezas algo que 
no hay en las cabezas de los demás. 
Hay lo mismo, señor, nada más, y á 
veces no aprenden, porque tienen el 
título de Doctor-». — A nuestro juicio, 
debe el Dice, admitir los siguientes 
títulos, porque son usados por todos los 
teólogos é historiadores: Doctor angé- 
lico (Santo Tomás de Aquino), Doctor 
eximio (el P. Francisco Suárez), Doctor 
extático (San Juan de la Cruz), Doctor 
ilumiiMdo (Raimundo Lulio, Doctor 
xeráfico (San Buenaventura) y Doctor 
sutil (Juan Duns Escoto). Véase 

AfíUILA. 

Doctora, f. Admite el Dice, que así 
se llame la «mujer del doctor, la mujer 
del médico y la que blasona de sabia y 
entendida». Y la verdadera doctora, 
esto es, la mujer que ha recibido el 
doctorado, ¿cómo se llamará? Díganlo 
los compatriotas de Santa Teresa, que 
á boca llena la llaman la doctora mís- 
tica, proclamada tal por la Universidad 
de Salamauca. «Nuestra santa é inspi- 
rada doctoran, la llamó D. Severo Ca- 
talina; y Mesonero Romanos, hablando 
de una gran dama española, dice que 
« recibió el grado de doctora y maestra en 
la facultad de artes y letras humanas». 
DoCTEDCA, f. Todo el pueblo, y aun 
a gente educada, llama en Chile doc- 
rina solamente la doctrina cristiana, 
que es un compendio, con preguntas y 
respuestas, de los principales dogmas 
y verdades de nuestra religión y que se 
aprende de memoria. El Dice, dice 
doctrina cristiana: «la que debe saber 



el cristiano por razón de su profesión». 
Debe agregarse también la definición 
nuestra, porque en todas las naciones 
católicas hay un conipeudio ú opúsculo 
que se hace aprender de memoria. «Si 
podía hacer que vayan [los niños] á 
su escuela, y el maestro los lleve á oír 
misa, y idos á misa, dígaseles devota- 
mente, y antes ó después digan ellos la 
doctrina, y decláreseles algiin manda- 
miento ó articulo con algún ejemplo». 
(B. Ávila, carta á un prelado de Gra- 
nada). Véase Aetíci'LO. Entre nos- 
otros se usan ahora catecismo y caie- 
quismo; doctrina es el compendio que 
hemos definido. 

DocTRiXARio, ría, adj. «Dícese de 1 
que, siguiendo la doctrina de los filó- 
sofos eclécticos y de los publicistas 
franceses del tiempo de la Restaura- 
ción, hace radicar en la inteligencia 
humana el principio de la soberanía, y 
aplica fórmulas abstractas y á prioriá. 
la gobernación de los pueblos. U.t.c. 
s.» Así lo define el Dice, pero omite 
la acep. aplicada acosa: ideas, 2>rinci- 
pios, luchas doctrinarias, que se re- 
fieren á la doctrina ó fundamento de 
una institución, partido, etc. 

DocTEiNAEisiio, m. Teoría ó siste- 
ma de los doctrinarios. — Por extensión, 
todo sistema en que se dogmatiza á la 
manera que lo haceu los doctrinarios. 
Falta esta voz en el Dice, y es de uso 
general en España y América. 

DocrJiEXTACióx, f. Acción ó efecto 
de documentar. — Conjunto de docu- 
mentos que sirven para este fin. Admi- 
tido en el Apéndice del último Dice. 

Dodecasílabo, ba, adj. El penúl - 
timo Dice, sólo admitía diiodecasí- 
labo; piro la 13.-'' edición, con muy 
buen acuerdo, excluyó esta forma y 
admitió la primera. Lo mismo hizo con 



DOL 



DOL 



17a 



dmlei-aedro y doikah/oiiú, quitándoles 
la u qne seguía á la primera d. 

Dog-cart, m. (Se pronuncia dói/- 
car!, y vulgarmente í/íÍw/"^. Voz inglesa 
que significa un coche de dos ruedas, 
con dos asientos unidos por el respaldo. 

Dolamas, f. pl. ó dolames, m. pl. 
Significa «ajes ó enfermedades ocultas 
que suelen tener las cahalleriast . Trans- 
lado á las personas que, sin ser caballos, 
se quejan de dolamas, cuando lo que 
pidecen son simples achaques, dolen- 
cias, alifafes, ajes, ó efectos de la vejez 
ó senectud. Asi en Chile y en el Perú. 

Dolar, a. Desbastar, labrar madera 
ó piedra con la doladera ó el dolabre. 
Conjiigase este v. como contar: duelo, 
duelas, etc. Asi lo enseñan todos, in- 
clusa la Academia en su Gramática; 
sin embargo, el Dice, olvidó la lección 
y dijo dola en el art. Doladoe. 

DÓLAR, m. Del inglés dollar. Admi- 
tido en el Dice, con esta definición: 
«Moneda de plata de los Estados-Uni- 
dos, que vale cinco pesetas y cuarenta 
y dos céntimos». La duda que ahora 
puede ocurrir es para la formación del 
plural. Nos parece evidente que, estan- 
do ya la voz castellanizada, el pl. debe 
ser dólares, y nó dollars, á la inglesa. 
(Véase Club). «La bizarra resolución 
del rey del libro, adquiriendo uno á 
uno y mediante dólares sus subditos, 
esdignadelooreterno». (Pardo Bazáu, 
La vida contemporánea). Mucho más 
propio es de esta manera que como lo 
usó Balart en su poesía / Vira España.' 

Xo temas que tu hv:>nor reciba ultraje 

De esa imbécil can.illa 
Que por táctica tieue el agiotaje 
Y los dóUars por única metralla. 

Dulce far xie.ntk (Pronuncíese 
doklie). Expresión italiana que, por lo 



conocida y usada que es, merece figurar 
en el Dice, con su traducción: el dulce 
no hacer nada ó la dulce ociosidad, 
ocio, pasatiempo. Don Antonio de Solís, 
en un soneto Contra la soledad, expresó 
esta mismajdea en castellano: 

Cuando en ese hacer nada te contemplo, 
Temo, si tu retiro es- negligencia, 
Porque nadie está bien solo consigo. 

Fray Luis de Granada, en sus Medita- 
ciones muy devotas, c. III, §. /, dijo 
también: «Aquel ocio es el mayor de 
los negocios; aquel no hacer nada es, 
sobre todo, lo que se puede hacer». 

Doler, n. y r. Conjúgase duelo, 
dueles, dmla,etc. Doldré y doldría , 
que dicen algunos, se usaron en el cas- 
tellano antiguo, pero hoy son doleré, 
dolería. Los que nunca se han desas- 
nado dicen dolré, dolría. 

Doliente, adj. Que duele ó se due- 
le. — Enfermo. En esta acep. ú. t. c s. 
— Tiene también la misma acep. del s. 
dolorido, que alguien ha creído que no 
era castiza, y es ésta: «pariente del 
difunto, que hace el duelo en el entierro 
ó recibe los pésames en casa». La «reu- 
nión de parientes, amigos ó convidados 
que asisten á la casa mortuoria ó á los 
funerales», se llama duelo. 

Dolora, f. «Soy el hombre menos 
afortunado de la tierra para bautizar 
géneros literarios», decía D. Ramón 
de Campoamor, autor de las doloras. 
«Cuando publiqué las Doloras, el 
nombre pareció demasiado Tieológico. 

Salieron á luz los Pequeños poe- 
mas, y el título fué muy censurado 
por razones que nunca he comprendi- 
do. [Claro está que por afiancesado]. 
El nombre de Humoradas ¿pare- 
cerá también poco propio!' ¿Qué es 
humorada? Un rasgo intencionado. 



174 



DOL 



DOM 



Y dolora? Una humorada con- 
vertida en drama. ¿Y pequeño poe- 
ma? Una dolora amplificada». 
«Composición poética en la cual se 
llalla unida la ligereza con el senti- 
miento, y la concisión coa la impor- 
tancia filosófica; es la definición del 
Dice. Encicl. Hispano-Americano; de- 
finición que algo se desvirtúa con estas 
palabras de Manuel de la Eevilla, que 
cita el mismo: «Todavía la crítica no 
ha determinado con precisión el con- 
cepto de la dolora». Tuvo razón 
Campoamor: no fué afortunado para 
bautizar géneros literarios; sus nom- 
bres fueron mal recibidos y combatidos, 
no han tenido imitadores, y el de do- 
lora, por su semejanza con dolor, ha 
inducido en error A más de un literato 
y orador que lo han usado como sinó- 
nimo de elegía ó canto de dolor. Véase, 
si nó, este cuarteto de un soneto A las 
Llngns de S. Francisco, por Fr. J. de 
1). L.: 

¿Por qu(^ gimes, Francisco? ¿por que ll'irns, 
De rodillas postrado en monte ingente? 
(■'Por que' exhalas del pecho un ay doliente 
Y, cual cisne al mt>iir. cantas doloras? 

Si el poeta hubiera conocido las do- 
loras campoamorinas, habría visto 
que casi tod;tó son eróticas, ó á lo menos 
profanas, indignas, por tanto, del Se- 
rafín de Asís, que vivió todo abrasado 
en amor divino. Otro poeta, el Marqués 
de Molíns, hablando de una bellísima 
poesía suya, dice: «Eu todas las edi- 
ciones he llamado madrigcd esta com- 
posición, pero muchos y respetables 
críticos y coleccionistas la han califica- 
do de dolora; con lo cual se demues- 
tra que se pueden hacer doloras 
sin saberlo». Por todo lo dicho cree- 
mos que el nombre de dolora no 



debe entrar en el Dice, como en 
realidad no ha entrado, y que sólo 
lo usará por necesidad histórica la crí- 
tica literaria. 

Doma (Papa). Especie de papa de 
forma más redonda que larga, y vetea- 
da de violado. Véase Papa. Este adj. 
es derivado del araucano domo, hem- 
bra, mujer. 

Domiciliado, da, adj. part. de do- 
miciliar. Aunque bien puede usarse 
como sinónimo del s. domiciliario (el 
que tiene domicilio ó está avecindado 
en un lugar), téngase presente que es 
un puro adj. Por eso no sería bien di- 
cho Soy domiciliado de tal 
parte, sino Esloy domiciliado en tal 
parle ó Soy domiciliario de tal jiarfe. 

Domicilio (Á). Ningún autor 
de nota ha levantado á esta loe. la cen- 
sura de galicismo que le lanzó Baralt 
en ( xpresiones como Citar á domi- 
cilio, Baños á domicilio, Socorros 
á domicilio. Dígase Citar en parti- 
rular ó en casa. Baños ó socorros en 
privado ó en casa, ó bien caseros, pri- 
vados. Así como no se puede decir en 
castellano Socorros ó hailns á casa, 
tampoco se puede decir á domicilio, 
porque el complemento con á, que sig- 
nifica aquí dirección ó movimiento 
hacia, queda como en el aire, sin estar 
regido de ninguna palabra, ó si lo está, 
es de alguna qne pide en. Téngase pre- 
sente que á domicilio proviene del 
francés y del italiano, loiguas que ex- 
presan el lugar menor en donde con la 
prep. d: Je suis a Madrid, lo sonó a 
Romi: ;habría quien se atreviera á ilo- 
cir: Yo estoy á París, Yo estoy 
á Roma? // est a la chasse. Lo 
aspetlara alia stazione, deVieria tam- 
bién traducirse: Está á la caza, Lo 
esperaba á la estación.— El 



DOM 



DOM 



175 



mismo error que en la loe. á domi- 
cilio se comete cuando se dice en- 
fermedad á la vista, conges- 
tión al cerebro, dolor á los 
oídos. Tales aes no son ni pueden ser 
castellanas, porque en nuestro idioma 
exige esta prep., para ser regida de un 
s., que el s. lleve envuelto en su mismo 
significado el régimen ó complemento 
con á. Así son todos los sustantivos 
verbales que significan movimiento 
hacia: ida, partida, vuelta, regreso, su- 
bida, ascensión, bajada; los que signi- 
fican afecto interior ó exterior: amor, 
leneración, odio, homenaje, tributo, 
gloria, honor, etc., pero jamás enfer- 
medad, congestión, dolor: con éstos hay 
que decir necesariamente enfermedad 
de (ó en) la vista, congestión del (ó en 
el) cerebro, 6 cerebral, dolor de oídos ó 
en los oidos. Con ataque podría em- 
plearse á, porque en su mismo signifi- 
cado lleva envuelto cierto movimiento, 
pues en sentido recto significa «aco- 
metimiento»; por eso podría decirse 
ataque al higado, al corazón. 

DoiiiXGu SIETE. Ú. m. con el v. 
salir. Significa despropósito, desatino, 
jangada, patochada, salir uno con su 
media espada. Puede verse el origen de 
esta expresión en las Tradiciones Pe- 
ruanas de R. Palma ( VII serie. Re- 
franero, IV): Un jorobado, que no 
tenia oído para versos, al escuchar el 
canto: 

Lunes y martes, 
Mie'rcoles tres, 
Jueves y viernes, 
Sábado seis, 

lo eoucluyó de esta extraña manera: 

Domingo siete. 

La fr. es &dir uno con un (ó su) do- 
mingo siete. Como tiene el uso de dos 



naciones por lo menos y está bien for- 
mada, es digna de figurar en el Dice. 

DoMiNGCEJO, JA, m. y f. Usiimoslo 
aquí por-persona vil ó despreciable con 
puntas de entremetida y majadera: me- 
quetrefe; lo cual es muy conforme con 
el origen y el significado propio de esta 
voz. El Dice, sólo admite la forma 
dominguillo ó tentemozo (y también ma- 
tihuelo, de Matías, quiziis porque los 
tiros ó golpes que le dan son como para 
matarlo) y lo define: «muñeco de ma- 
dera ligera, ó hueco, que lleva un con- 
trapeso en la base, y que, movido en 
cualquier dirección, vuelve siempre á 
quedarderechoí. Pero en Kodrigo Caro 
leemos: «A las tales figurillas ó domin- 
guillos llamaron los romanos /ir/Wíz^w- 
la, porque los primeros que iban en el 
ejército á batallar eran los primi pilos, 
de la voz primws et pilum, que es el 
dardo ó arma arrojadiza. El llamarla 
en España dominguejos quizá fué por 
el color colorado, que era festivo y do- 
minguero antiguamente... Del domin- 
guejo ó pila habla Marcial. ..Habla 
aquí de una babada ó rinoceronte que 
arrojaba un toro por alto como si fuera 
un dominguejo de paja... Hizo admi- 
rable alusión [Sr. Baralt, ¿oye cómo 
los clásicos hacen alusiones?'] de la voz 
¡yila por la pelota y por el dominguejo-». 
( Dias geniales, dial. I, § III). Tene- 
mos pues, en un breve trozo, usada 
cuatro veces la voz dominguejo; nosotros 
dimos un paso más y le agregamos la 
acep. fig. que no puede faltar á esta 
clase de voces. Cfr. estafermo, muñeco, 
maniquí. 

DoJiíxiCA, f. En el lenguaje ecle- 
siástico es igual á domingo. Se escribe 
y pronuncia esdrújulo como en latín.— 
Recoleta Dominica, ó Dominica 
simplemente, calle de la Dominica. 



176 



DON 



DON 



Dígase Dominica, porque éste ((hmi- 
nico, ca) es el adj. que significa ])erte- 
neciente á la orden de Santo Dumin- 
go. Dominico, ca, está anticuado 
y significaba otra cosa distinta: «per- 
teneciente al dueño ó señor», lo mismo 
que en latín. — Dominiccmo, na, sinó- 
nimo de dominico, recibió ahora dos 
aceps. que le faltaban: «natural de 
Santo Domingo. Ú. t. c. s. || Pertene- 
ciente á este estado de América». 

Dominical, adj. Las definiciones 
que de esta voz y de Domínico da el 
Dice, han hecho creer á algunos que 
no es correcto llamar al Padrenuestro 
oradón dominical, sino dominica. Sin 
embargo, el mismo Dice, la llama de la 
primera manera y nó de la segunda en 
los artículos Orca-ión, Padre nuestro y 
Paternóster. 

Dominico, ca, adj. Dominico, 
dominicano. Véase Dominica. 

DÓMINUS voBÍscuM, ui. Merece fi- 
gurar en el Dice. Del memorable desa- 
fío poético de Don Javier de la Rosa y 
del indio Taboada es aquella estrofa 
que dice: 

Mi Don Javier de la Rosa, 
Yo le voy á preguntar 
Cuántos Dñminus vobiscum 
Dice un padre en el altar. 

Ricardo Palma dice también: «La ver- 
dad es que á S. Sría. 111 ma. no se le 
había ocurrido hasta ese instante ave- 
riguarcuántos Dominas votiiscum tiene 
la misa... Mi amigo el Pbo. español 
D. J. M. Sbarbi.. asegura que son ocho 
\os Dominas vohiscum-n. (Trad. perua- 
nas, Y serie, ¡Al rincón!) Ocho son 
real mente. 

Dona, f. Por don, regado, lo da como 
anticuado el Dice, y entre nosotros 
todavía lo usa el pueblo, y aun más, lo 
hace sinónimo de legado testamentario. 



Donde, adv. Estudiemos algunas de 
sus aceps. que se han omitido en el 
Dice, y otra que no está admitida como 
castiza. 1." <í¿ Dónele creerá Ud. el tra- 
bajo que esto me cuesta?» El donde 
equivale aquí á de donde, que es lo que 
significa originariamente el adv., del 
latín unde. Por eso muchos antiguos 
traducen el texto evangélico: «¿Unde 
hoc mihi, ut veniat mater Domiui mei 
ad me?» ¿Dónele á mí la dicha, que la 
madre de mi Señor venga á mi casa? 
Y por eso también es uso comunísimo 
de los clásicos principiar un período, y 
aun un aparte, con el adv. donde y 
ant. onde, en esta misma acep.: «de 
donde, de lo cual». Sin embargo, esto 
no sería permitido ahora sino en el len- 
guaje fam. y cuando el enlace del ante- 
cedente y consiguiente es bien visible. 
Por ejemplo, si, después de ponderar 
mucho lo que he leído y estudiado, di- 
go: donde tiene üd. que he llegado á 
enfermar de la vista; es evidente que 
este donde está bien usado y equivale á 
«de donde, de lo cual». Véase más claro 
aún en estos ejemplos: 

Luego en viéndome Roberto 
Se puso en pie, y animoso 
Sacó la espada; furioso 
Le arremeto descubierto; 
Donde de dos estocadas 
Midió la tierra. 
(Tirso, Siempre ai/iiila la verdad, III, 1). 

«Le quebranté once dientes del golpe, 
y quedó torcido el pescuezo; donde al 
catorceno día murió». (Lope de Rueda, 
Registro de rqiresenttíntes, paso V). 

Se dice, aunque no es cierto, que un bocado 
Le dieron de veneno en la comida; 
Donde acabó su cargo con la vida. 

(Ercilla. Aranca' a. c. II). 

«Deshizo la paz que el emperador ha- 
bía hecho con el rey de Francia, y re- 



DON 



DON 



177 



volvió la guerra que agora teueuios; 
donde por justo juicio de Dios le ha 
venido el mal que tiene». (Juan de Val- 
dés, Diálogo de Lactancia y el Arcedia- 
no). En las interrogaciones, como laque 
pusimos al principio, toma un tono 
enfático que lo hace equivaler á «có- 
mo»; pero siempre se puede analizar 
según su sentido etimológico. «^ Dónde 
sabes que el león es así como tú dices?» 
leemos en el antiguo libro de Calila é 
Dipnna; esdecir, «dedóudeócómo». — 
Así tan claro esül también en estos 
versos del Laberinto de Juan de Mena: 

Pues ¿íii'mde podría pensar la persona 
Los danos, la causa, la triste demanda? 

— 2." De esta acep. se ha formado otra, 
muy usada en Chile y que no ha sido 
estudiada por nadie, que sepamos. He 
aquí algunos ejemplos: « Donde me mo- 
je tanto, me vino una enfermedad; Pe- 
dro ha perdido lasalud,í/wírfe trasnocha- 
ba tanto; Donde se llueve tanto la casa, 
se han reblandecido las paredes». El 
sentido de estas tres proposiciones es: 
« De haberme mojado ó por haberme 
mojado, etc.; Pedro ha perdido la sa- 
lud por trasnochar tanto, ó de tanto 
trasnochar; Por lloverse ó de lloverse 
tanto la casa, etc.» ¿Es castiza esta 
acep. ? Si, lo es, porque en ella se conser- 
va el significado consecuencial que tie- 
ne el unde latino y que acabamos de ver 
en el domle castellano.' No hay otra par- 
ticularidad en los ejemplos nuestros 
que estar invertidos el antecedente y 
e! consiguiente, lo que es común en la- 
tín y en castellano: « Donde está tu teso- 
ro, allí está tu corazón». Aquí el donde 
no es consecuencia! sino adv. de lugar; 
pero la inversión de ideas es igual. 
Donde nv' ni'ijé íanto f ande), [de ahí] 
(inde) \w vino una ciifc-rMic l.i 1. V .i- 
tnos ahora una buena autoridad : 
Dice, de Chil., t. II. 



Por la grande vanagloria Xabucodonosor, 
Donde era poderoso e' de Bal)ilonia señor. 
Poco á Dios preciaba, ni había del temor. 

(Arcipreste de Hita, Libro de buen amor, copla 

305). 

Evidentemente, el sentido es el mismo 
de nosotros: Por ser poderosa Xabu- 
codonosor, por eso preciaba poco á 
Dios. Aunque el Arcipreste pertenece, 
nó al período clásico de la lengua, s¡i:o 
al anteclásico, más vale su autoridad 
para nosotros, porque prueba que e?!a 
acep. es más antigua y más coetánea 
de los conquistadores espaíioles, que 
fueron los que la dejaron en América. 
— 3." Otra acep. de donde, usadísima 
en Chile y en toda la América, y co- 
rriente en la provincia española de 
León y quizás en otras, según Hartzen- 
busch, es como preposición: á casa de 
ó en casa de, algo parecida al ajmd la- 
tino y al c/iez francés; v. gr. : Voi/ 

donde mi tía; Alojé donde mi 
hermano. Así mismo con los com- 
puestos de donde: Corrió á donde SU 

madre; ('</ para donde su pa- 
dre; Viene de donde su suegro; 
etc. No se puede negar que este uso lia 
sido y es popular en Galicia y en las 
comarcas rayanas de Portugal, y aun 
entre la gente vulgar de Castilla, según 
afirma Baralt. Fuera de España se 
conserva este uso entre los judíos es- 
pañoles de Oriente, y aun en Ñapóles, 
en algunas expresiones del lenguaje 
vulgar. Es claro que en todas estas 
partes, lo mismo que en América, lo 
han aprendido de los españoles. Pa.«an- 
do de la gente vulgar á la culta, sólo 
hemos hallado este donde en los si- 
guientesautores: el Marqués de Molíns: 
4 Como han de prodigársele iguale-s 
cuidados, y .. .conviene se aloje cerca de 
Palacio, la pondremos donde esa de 

í:í 



178 



DON 



DON 



que nsteiles nos hablan». (Carta citada 
por Mesonero Romanos en sns J/e- 
morms de un sefentón); Doña Emilia 
Pardo Bazán: «Voiiue donde lOS 
Resendes» (La ma¡joraz¡ia de Hou- 
Z(is). En La duatro fregona de Cer- 
vantes se lee: «Xinguiio de los criados 
entraban donde SU señora, y solas 
las dos dueñas y la doncella la servían». 
De todas las ediciones, la de Madrid, 
de 1655, es la única que corrige este 
pasaje agregando un estaba después 
del donde; lo que prueba que el editor 
estimó incorrecto el pasaje. Otro que 
S3 cita de las Ordenanzas de los reales 
ejércitos: «Cuando los infantes se ha- 
llasen ddnde Nos, la Reina, Principe ó 
Princesa de Asturias..., se les tocará 
solamente la llamada con armas al 
hombro*, no lo consideramos entera- 
mente concluyente, porque puede estar 
subentendido nos hallamos ó hallá- 
remos después de la palabra Asturias, 
y entonces estaría bien dicho. Tenemos 
pues, de todas estas citas: que la de 
Cervantes no puede mirarse como se- 
gura, sino como errata de imprenta ó 
cabeceo cervantesco, pues no hay otro 
caso igual en todas sus obras; lo mis- 
mo puede explicarse la cita del Marques 
de Molíns; y la de la señora Pardo 
Bazán puede disculparse por ser ga- 
llega la autora y ser en Galicia comu- 
nísimo este abuso. Y abuso lo llama- 
mos, porque lo es, y grande, convertir 
en preposición un adv., conversión que 
se hace omitiendo palabras necesarias 
para el sentido y para el régimen. 
Cuando digo: I'»// donde Melo, no 
pueden saber los oyentes si voy á la 
casa de habitación, á laoficinaó notaría 
de Melo, ó simplemente al lugar donde 
al pi'esente se halla. Vem/o de donde 
Pra: ¿de la casa, de la tienda, ó del 



lugar en que se halla Pra en este mo- 
mento? Por eso no es extraño que oi- 
gamos decir á personas del pueblo: 

«¡Tan ÍHienaque es la señora don- 
de estoy enqileado! Es muy mala pa- 
gadora la señora donde vivo», 
/j Conque, señora donde, eh? Hasta 
ahora no conocíamos más que el lugar 
á donde, en donde, de donde y por don- 
de, de las gramáticas latinas. Mas, no 
faltará quien defienda el donde-pre- 
posición por su semejanza, en cuanto 
al uso, con cuando y mientras: si se 
puede decir «cuando niño, cuando jo- 
ven, mientras la misa, mientras la fun- 
ción», haciendo preposiciones estos 
advs., ¿por qué no se ha de decir tam- 
bién «donde Pedro, á donde 
Juan, de donde Diego»? Por la 
sencilla razón, contestaremos, que al- 
gunos advs. de tiempo pueden admitir 
un s. después de ellos, pero nó los de 
lugar, como es donde. Así todos decimos 
hoy día, los españ:)les dicen ayer 

noche, ayer mañana, y más co- 
rriente aún, hoy lunes, mañana domingo. 
En los tres primeros ejemplos el s. es 
un ablativo ó complemento ordinario, 
como lo prueba la otra forma que tiene 
también esa misma locución (fioi/ en 
día) y el significado mismo de los otros 
dos: ayer noche significa ai/er en la 
noche ó de noche y ayer mañana, 
ayer en la mahana ó de niaíiana. Con 
los días de la semana, hay una simple 
aposición: hoy lunes vale: hoy, que es 
lunes. Analícese ahora de cualquier ma- 
nera el donde con un s. de persona ó 
pronombre pei'sonal y véase si es ¡josi- 
ble salvar la gramática. Fui donde 
el presidente quiere decir: fui á 
donde está, donde vire, donde despacha 
ó donde artualmenle se halla el presi- 
denlc. Por suplido el verbo, dirá cual- 



DON 



DON 



170 



quiera, j estamos del otro lado, lo 
mismo que en los ejemplos «cuando 
niño, cuando joven, mientras la misa». 
Nó, señor tentemozo: mientras Ud. no 
pruebe que los advs. de lugar, á los 
cuales pertenece í/crtrfí', pueden conver- 
tii-se en preposiciones, no le admitimos 
la comparanza. Y, si quiere estudiar 
esos advs., descuente de ellos á allende 
y aquende, que ya son poco usados, y 
que, si algunas veces se han usado co- 
mo preposiciones (allende el rio, aquen- 
de el mnnte), ha sido por evitar la 
cacofonía de de. Descuente también la 
atrevida licencia que se toman algunos 
poetas de suprimir la prep. de después 
de algunos de estos advs. como dentro, 
enfrente, delante, encima. Las musas, 
que suelen ser señoras blandas y con- 
descendientes, jiodrán absolverlos de 
semejante falta, pero nó la gramática, 
que tiene sus leyes fijas. Fuera de estos 
casos tan singulares, no conocemos otro 
en (jue los advs. de lugar se conviev- 
t;in en preposiciones; si los hay, denlos 
á conocer los que crean legitimo este 
uso de donde. Nosotros, que jamás 
lo hemos creído tal, no lo hemos usado 
ni lo usaremos nunca, y emplearemos 
el único uso correcto, que es poner el 
s. correspondiente cuando se trata de 
una persona que está en parte determi- 
nada: Vof/ á casa, á la o/lcina, á la 
tienda, al almacén, á la notaría de fu- 
lano; venf/o de cosa, etc. Si no se quiere 
expresar el lugar, sino solamente la 
persona, dii-emos: Voi/ halüar á ó con 
fulano; voy á verme ó á conversar con 
él; vengo de hablar ó conversar con él. 
«Determinó de enviarme á su herma- 
no maijor con ocasión do pedirle unos 
dineros». (Cervantes). «Se fué á Ansel- 
mo y le dijo». (Id.) «Fuese para Sala- 
dím>. (Conde Lucanor). «Le mandaba 



se fuese /;«/■« tV». (Quintana). «Dejad 
que vengan á Mi los niños». (Amat). 
«Subió al monte y llamó á Si á los que 
quiso». (C. de Valera). «Vino todo 
Egipto ante el rey Faraón, dando voces 
...Y, como el rey los enviase íÍ Josef..., 
vuelven el año siguiente á Josepi. 
(Granada). — Como adv. relativo, equi- 
vale á en que, en el que, en la que, en lo 
que, en el cucú, en la cual, en lo cual, 
en los que, en las que, en los cuales, en 
las cuales, pero siempre tratándose de 
cosa: «Casa donde nací; Campos ame- 
nos, donde todo es paz y alegría». Tra- 
tándose de persona, se usó antigua- 
mente; pero ahora ya está anticuado. 
«E magíier dice de suso que se deben 
confesar los homes á clérigo raisacan- 
tano, esto non se entiende que lo han 
de facer á otro, si non aquellos onde 
son ])arrocliianos, cada uno en su cgl'. - 
sia. E maguer se quisiesen á algún otro 
confesar, non lo pueden facer sin (otor- 
gamiento de aquél, ó de otro su Pre- 
lado mayor, donde es perrochiaiio». 
(Partida I, til. IV, lea ~1)- «Vos 
fecistes como caballeros fidalgos que 
vos quisistes apartar de villanos, como 
ficieron aquellos onde venistes...Xos 
le daremos este pecho [tributo] como 
siempre dieron aquellos donde veni- 
mos». (D. R. de Almela, Valerio de las 
historias, 1793). Véase Lo. 

Dondequiera, adv. de 1. Así, en 
una sola voz, lo trae el Dice, en su 
lugar; pero en el art. Querer lo tiae 
en dos: donde quiera. Lo mismo hace 
con doquier ó doquiera, do quier ó do 
quiera. Más propia nos parece la pri- 
mera manera, para distinguir el adv. 
compuesto de cuando forma dos voo s 
simples: «Vaya Ud. donde quieras. 
Véase Comoquiera. 

Dong'Oyo, m. Aguardiente. Goyo 



180 



DOR 



DOR 



es entre nosotros el dim. fam. de Gre- 
gorio. Probablemente hubo algún Gre- 
gorio que se hizo muy popular por su 
venta ó bebida de aguardiente, y por 
eso el pueblo tomó su nombre para 
traspasarlo á este su apetecido licor. 

Donoso, sa, adj. Que tiene donaire 
y gracia; por consiguiente, donairoso, 
agraciado; y nó hermoso, bello, lindo, 
guapo, como creen algunos chilenos. 

DonsantiagO, m. (Otros dicen 
santiago). Instrumento usado en 
los trabajos de vías férreas para arquear 
ó quelirar rieles. Ignoramos su nombre 
castellano, si es que lo tiene. 

Dorado, da, adj. y part. del v. do- 
rar. Algunos malos traductores de las 
lenguas modernas se han atrevido á 
llamar dorados (¿qué dejarán para 
los encuadernadores?) los libros de mu- 
cho mérito intrínseco, que en castellano 
se han llamado siempre de oro ó áureos. 
Ojalá que el Dice, explique esta acep. 
en estas dos últimas voces, porque has- 
ta ahora sólo registra leyenda áurea y 
libro de oro coa significado particular. 
— Juvenlud dorada, la noble ó aristo- 
crática. Expresión que puede calificarse 
de feliz y que se usa ya en España y 
América. He aquí su origen, explicado 
por Lojje Barrón en su obra Frases 
populares: «Así llamaron en Francia á 
la facción reaccionaria que se organizó 
después del 9 Termidor (1794), porque 
se componía de elegantes jóvenes esca- 
pados de la requisición y de familias 
perseguidas por los revolucionarios... 
Vj<.í2l juventud luchó valerosamente 
contra los jacobinos en las secciones, 
en los teatros y en todos los otros sitios 
■¡lúblicos, animándoles Frerón, que di- 
rigía El Orador del pueblo, hasta que 
deSHpareció vencida á maiw.s del 
Conde de Barras y de Bonaparte, 



miembros del Directorio, el 13 de 
Vendimiarlo (5 de Octubre de 1795)». 
«Émulo [Lucio Marineo Sículo] de 
Pedro Mártir de Angleria en la edu- 
cación de nuestra juventud dorada 
en tiempo de los Eeyes Católicos». 
(M. Menéridez y Pelayo, Antología 
de poetas lir. casf., t. XIII, I). Por 
analogía podríamos decir que esta 
expresión ha nacido del gens áurea de 
la conocidísima égloga IV de Virgilio : 

...ac toto surget (/e/iií áurea mundo. 

Ninguno de los traductores castellanos 
que conocemos se atrevió á dar la ver- 
sión literal y hablan de linaje nuevo, 
esclarecido, de justos. Sólo Fray Luis 
de Granada no tuvo miedo á la letra 
que mata y tradujo dorada en dos par- 
tes: «Dice que, cuando este nuevo 
hombre viniese del cielo á la tierra, se 
había de levantar una gente dorada en 
el mundo; significando por esta metá- 
fora de oro el precio y resplandor de la 
vida desta nueva gente». «Y que en el 
mundo se levantaría una gente dorada, 
que es gente purísima y santísima». 
(Símbolo de la fe, p. V, c. ATY, § //, 
g c. XVIII). Es cierto que el signifi- 
cado no es idéntico al de la expresión 
moderna, pero en ambas puede defen- 
derse el sentido metafórico: en la ex- 
presión virgiliana, tal como lo explica 
el V. Granada, por el precio y resplan- 
dor ó por las virtudes del nuevo linaje, 
y en la moderna, por la elegancia, 
brillo y nitidez que dan á la gente aris- 
tocrática la limpieza de linaje, la 
educación, la instrucción y las rique- 
zas. Acéptela pues el Dice, sin vacilar. 
— Asimis no debe dar al adj. en gene- 
ral una acep. fig. que diga, poco más 
ó menos: de mucho precio ó valor, á se- 



DOR 



DOR 



181 



mejanza del oro, que es el más precioso 
de los metales. Así quedarán justifica- 
das las expresiones de Cervantes: edad 
dorada, sifflnx dorados, que también 
han sido empleados por otros autores. 

Dormida, f. «Sueño» lo interpreta 
Salva, y así lo usa también Ulloa: 
«Recógense allí nubes muy grandes de 
patos, que. ..van allí á hacer la dormi- 
da». ( Viaje á la América Jlerid., 1. 1). 
¿No será confusión con esta acep. que 
le da el Dice: «paraje donde las reses 
y las aves silvestres acostumbran á 
pasar la noche»? Cualquiera que no lo 
conozca y que con solo el dato de Salva 
lea este pasaje del P. O valle: «La traza 
paies que tienen los indios para coger- 
las [las langostas], es observar su dor- 
midat, creería que se trataba del sueño 
ó dormicióa de estos insectos, cuando 
en realidad se habla de su dormidero. 
De intento usamos esta última voz, 
para que el Dice, no la restrinja sola- 
mente al ganado, como malamente res- 
tringió también dormida á las reses y 
aves silvestres. — Ln cuesta de la Dor- 
mida. Así se llama una que hay en la 
provincia de Valparaíso y que era muy 
andada por todos los viajeros antes que 
hubiera ferrocarril, y se llamaba así 
porque en ella pernoctaban. En senti- 
do fig. y fam. llamamos así el acto de 
acostarnos: Me voy á la cuesta de la 
Dormida. 

D0]'midera, f. Poco usado. Lar 
va encerrada y adormecida en su ca- 
pullo. Mejor le vendría el nombre de 
dormilona. — La planta se llama ador- 
midera ó dormidera. 

Dormido, da, adj. part. de dormir. 
Como adj. aplicado á persona, tiene un 
significado que no está claro en el Dice, 
y que corresponde á esta actp. fig. del 
V.: «descuidarse, obrar en un negocio 



con menos solicitud de la que se requie- 
re». Hombre dormido, mujer muij dor- 
mida, eu sentido fig., es la pereona, no 
propiamente descuidada, sino de inte- 
ligencia tardía y apagada, que no dis- 
curre ni prevé las cosas; lo contrario 
de despierto, que significa: «avisado, 
advertido, vivo». 

Dormilona, f . Lo admite el Dice, 
de Zerolo con esta definición: «arete, 
con alguna piedra preciosa por lo re- 
gular, pero sin adorno colgante». Entre 
nosotros es también corriente en e^te 
mismo sentido, como en el Perú y en 
Méjico. De esta última nación es el 
siguiente suelto de gacetilla: «Dos 
DORMILONAS DE BRILLANTES. La Seño- 
ra Concepción Cue y Várela presentó 
una ([uevella en Puebla contra el señor 
Luis Pita Lara, reclamando iinos 
dormilones de brillantes, que esti- 
ma en doscientos pesos...» (El Tiempo, 
diario de Méjico). De aquí se deduce 
que en Méjico se usa esta voz como f. 
y como m. La voz castiza que mejor 
corresponded dormilona es broque- 
lillo: «botoncillo, con colgante ó sin él, 
que, pendiente de las orejas, usan las 
mujeres como adorno». La etimología 
parece serla que insinuó D. Z. Rodrí- 
guez, aunque Arona la haya calificado 
de chuscada, esto es: se llamó dormi- 
lonas á estos aretes ó arillos porque 
puede dormirse con ellos sin peligro de 
la cara y del bolsillo. En efecto, la dor- 
milona, que es siempre pequeña, de 
figura de rosa, de corazón, de insecto, 
etc., va como acostada al i xtremo de la 
oreja y ahí está como durraiciido, á di- 
ferencia de la caravana (la arracada 
castellana), que está en continuo movi- 
miento á cansa de su forma prolongada 
y colgante. En el Dice, de ideas afines 
de Benot hallamos éntrelos sinónimos 



182 



DOX 



DRA 



de pendientes y aretes la voz demilo- 
nes, que aparece subrayada, como que 
no es castellana. A cualquier idioma 
que pertenezca, bien puede haber dado 
origen á las dormilonas. 

Dos por tres (Á un). El mo- 
dismo castizo es En un dos por tres: 
«dicese de lo que se habla, se hace ó 
sucede instantáneamente». — A dos por 
tres: «pronta y demostrativamente». 

Dosificar, a. «Poner la dosis pres- 
crita en un remedio, en un medica- 
mento». Así lo admite el Dice, de 
Zerolo como término de Medicina y 
Farmacia. Lo hemos visto usado, entre 
otros, por la señora Pardo Bazán; pero 
no es tan necesario y la Academia aun 
no lo ha admitido. 

Dote. «Cuando significa el que llé- 
vala mujer al matrimonio ó al claustro, 
es ambiguo; cuando indica las buenas 
cualidades de las personas, es f. y se 
usa comunmente en pl.; y es m. cuan- 
do alude al total de fichas que al prin- 
cipiar ciertos juegos de naipes se dan 
á cada jugador». Así la última Gramá- 
tica de la Academia, de ] 90G. Esto nos 
excusa de explicar las variaciones por 
que ha pasado este s. en todos los Dices, 
y (iramáticas. 

Doublet, m. Pronunciase dublé. 
Es voz con que en francés se designa 
un brillante falso, que se hace de dos 
trozos de cristal unidos entre sí y con 
una piececita de papel de color en el 
midió, para imitar las piedras precio- 
sas. Lo que en Chile llaman dublé ú 
oro dublé no es pues ni francés ni 
castellano; es sencillamente el oropel, 
similor ó relumbrón. 

DoxoLOGÍA, f. L'ltima estrofa de los 
himnos de la Iglesia, en que se tributa 
gloria ó alabanza á la SSma. Trinidad. 
Es palabra usada por todos los rubri- 



quistas y que el Dice, debe apresurarse 
á admitir, cuando más no sea para re- 
tractarse del eri'or que ha cometido en 
decir que el Gloria Patri se pone al fin 
de los himnos de la Iglesia. «No hay 
paridad entre la doxologia con que ter- 
minan los salmos de otros oficios y el 
Réquiem aetérnamy>. ( Revista Eclesiás- 
tica, de Valladolid). En este caso debió 
decirse Gloria Patri. La etimología es 
el griego Só^x, gloria, y ^.o-ía, tratado. 

Dracjia. Es siempre f., nunca m. 

Dragaje, m. Braijalo, m.: acción 
ó efecto de dragar, esto es: «ahondar 
y limpiar los puertos de mar, los ríos, 
etc., con la draga». Ya el Dice, nos 
dio una voz más propia que las gene- 
rales desareno, limpia, y que la fran- 
cesa drag-aje. 

Dragomán, drogmáx, truchimán, 
tru.jamán, lengua, ixtérpretr. 
Todos éstos significan: «persona que 
se ocupa en explicar á otras, en idioma 
que entiendan, lo dicho en lengua que 
les sea desconocida». Los cuatro pri- 
meros son masculinos; lengua ha sido 
usado como m. y como f. (véase en su 
lugar); intérprete es com. — Lenguaraz, 
adj. y s., que se usa también en el 
mismo sentido, es definido por el Dice: 
«hábil, inteligente en dos ó más len- 
guas». 

Dragona, f. Eu ¡\Iilicia, «especie de 
charretera», dice el Dice. En Chile la 
dragona es una cuerda ó correa, más ó 
menos adornada, corno de dos cuartas 
de largo y con perilla ó alguna c^pa 
dura en el extremo. Se lleva atada á la 
empuñadura de la espada y se enlaza 
en la mano para asegurar mejor aqué- 
lla y para golpear sin herir. Del francés 
dragonne. 

Dragona DA, f. «Nombre de laí: per- 
secuciones ejercidas por los dragonesi 



DRA 



DRO 



183 



bijo el reinado de Luis XIV de Fran- 
cia, contra los calvinistas á couse- 
c.iencia de la revocación del edicto de 
Nantes». (Zerolo). De ¡IragoncuJa, ó 
sea, persecución á mano armada, ha 
sido calificada, y con mucha razón, la 
última y reciente persecución á las 
congregaciones religiosas en Francia. 
La voz está, bien formada y es digna 
de admitirse, aun(iue provenga de! 
francés tlraí/onnudí'. Así hay en caste- 
llano algarada, asonada, alcaldada. 
Dragoneante, adj. part. activo 

del siguiente, pero ú. m. c. s. El que 
drag'Onea, 3." acep. En castellano 
tenemos: meritorio, m.: «empleado que 
trabaja sin sueldo y sólo por hacer mé- 
ritos paraentrar en plaza remunerada» ; 
y sobresaliente, com.: «persona desti- 
nada á suplir la falta ó ausencia de 
otra; como entre comediantes y tore- 
ros»; fuera de los generales suplente, 
suplefaltas, reemplazante, sustituto, as- 
pirante. 

Drag"onear, n. Tres aceps. le da 
el Dice, de Zerolo: «tener modales de 
dragón, portarse con dureza y despo- 
tismo. — En Milicia y ant., desempeñar 
las obligaciones del superior inmedia- 
to. — En Colombia y Chile, mangonear, 
darla, echarla de algo». De la 1.'' acep. 
nada sabemos; de la 2." tenemos una 
prueba en estas palabras díl peruano 
D. Ricardo Palma: «En los tiempos de 

mi mocedad dragoneaba yo de 
comisario en nuestra difunta escua- 
dra». (Tradiciones peruanas, VII 
serie. Una ceremonia de jueves santo, I); 
de la 3." advertiremos qne respscto de 
Colombia la rectitica así D. Rafael 
L^ribe: talar Jear, preciarse, dai'la de, 
echarla de, tirarla de, blasonar, jactar- 
se, presumir», agregando en nota que 
el V. mangonear, dado por Cuervo y 



copiado por Zerolo, es poco propio pai'a 
el caso, pues significa: «entremeterse 
uno en cosas que no le tocan, ostentan- 
do autoridad é inflnencia en su mane- 
jo». Respecto de Chile y de acuerdo 
con D. Zorobabel Rodríguez, decimos 
que dragonear significa: aspirar á 
un puesto ó cargo más elevado ó darse 
ínfulas de, y se construye con las preps. 
para ó de: dragonea para minis- 
tro, dragonea de jefe. Aparece 
también este v. en el Dice, de Terreros 
con esta definición: «en la milicia, es 
hacer el soldado oficio de cabo de es- 
cuadra; éste do sargento; y un oficial 
el de ayudante». E]n Chile, dentro del 
ejército y de las policías, tiene también 
esta acep., y de ésta, sin duda, ha pa- 
sado á recibir la otra más general de- 
aspirar. La 1 ."• de Zerolo, que es pura- 
mente francesa, puede reemplazarse 
con el v. castizo sargentear, fig. y fam.: 
«mandar y disponer con afectado im- 
perio en un concurso ó función». 

Dramática ó dramaturgia, f. 

Dramatizable, adj. Aplícase A lo 
que puede dramatizarse. Úsalo Me- 
néndez y Pelayo y falta en el Dice. 

Droga, f. Además de la acep. prin- 
cipal y de todos conocida, tiene en 
castellano las figs. de «embuste» y 
«trampa, ardid perjudicial». Droguista 
es también «persona embustera, tram- 
posa-i). De estas voces, indudablemente, 
ha nacido la acep. que tiene en Chile 
y en Méjico de-deuda. Un individuo 
lleno de drogas es el que está todo 
endeudado, ó en chileno vulgar enca- 
lillado. En el Perú, donde segura- 
mente se conocerán también estas 
drogas, han formado el v. endro- 
garse, á jn/.gar por estas pilabrasdc 
I). Ricardo Palma: «Se encontraron en 
quiebra y endrogados en dos mil 



184 



DUB 



DUE 



diiretes». ( Tradiciones peruanas, Vil 
xerifí. De menos hizo Dios á Giiüele, I). 
En Chile no hemos llegado íl tanto, y 
aun el s. no es muy usado. 

DliO-MUDAUIO ó DR03[EDA1>, Ul. 

Dual, adj. Malamente usan esta 
vj/5 los que la aplican á persona que 
juntamente con otra salí; elegida para 
uu puesto ó cargo sin que se sepa cuál 
de las dos ha triunfado. Diputado 
dual, senador dual. Decimos ma- 
lamente, porque (hiitJ sólo es el número 
gr^imatical que se aplica á dos perso- 
n is; y esto nó eu castellano, porque 
nuestra lengua no tiene este número. 
Á lo sumo podría admitirse elección 
(h((ü, diputación ó senaduria dual; 
porque la dualidad es la «condición de 
reunir dos caracteres distintos una 
misma persona ó cosa». Las voces cas- 
tizas son empatar, empate, salir, ser ó 
quedar pala ó patas. 

Dualidad, f. No es en chileno la 
que acabamos de ver ni la (pie se co- 
noce en Química, sino una votación 
empatada ó un empate, en el cual se 
dan poderes á dos candidatos. 

Dualismo, m. Debe ya agregársele 
la acep. que le dan muchos modernos, 
de-sistema ó doctrina fundada en dos 
esencias ó principios diversos ó con- 
trarios entre sí. «Claro es que no en 
todas las novelas, aisladamente consi- 
deradas, están vencidas con igual for- 
tuna las dificultades inherentes al 
dualismo de la concepción [el ser á la 
vez novelas liistóricas y de costum- 
bres]». (J[. Jlenóadez y Pelayo, D. B. 
Pérez Galdós considerado como nove- 
lisla). 

Dubitable ó urDAULi?, adj. Así 
mismo sus compuestos indubitable ó 
indudable, indubitablemente c induda- 
blemente. 



Dublé. Véase Doublet. 

DúrriL, adj., ductilidad, f. «Co- 
moquiera que las palabras dúctil y 
ductilidad sean de algún servicio á las 
artes y oficios de la república, cuando 
se aplican á substancias metálicas, ¿qué 
necesidad tenemos de hombre dúc- 
til, de lengua dúctil, de natu- 
raleza dúctil, de conciencia 
dúctil, de ánimo dúctil? ¿Fál- 
tanle á nuestro romance voces propias, 
Jlcrible, dócil, blando, correoso, tierno 
muelle, fácil, obediente, sumiso, sujeto, 
rendido, manso, lene, tratable, domable, 
apacible, etc., con que e.xpresar el con- 
cepto, cabal y vivísimamentc.'' Antes 
que amaneciese la edición doce tildó 
Baralt de galicismo la acep. metafórica 
de dúctil; si fuéramos á pesar en la 
justa balanza el valor de los que la in- 
trodujeron en el Dice, los hallaríamos 
tan galicistas, tan faltos de peso espa- 
ñol, como los que más». (Padre .Juan 
Mir). 

DuCHAií, a. Dar baño de ducha. Ú. 
t. c. r. Por el uso tan general que tiene 
este V. y la necesidad que hay de él, 
es indispensable que se ailuiita en el 
Dice. 

DUKLOS. El refrán los duelos con 
pan son buenos es, según el Dice, los 
duelos con pan son menos. Así lo usa 
también Cervantes en el Quijote; sin 
embargo, en La Picara Justina (1. III, 
cap. IV) leemos: «Si duelos con pan 
son buenos, con dineros son rebuenos»; 
en la lista de refranes de Don Iñigo 
López de Mendoza: «Todos los duelos 
con pan son buenos»; y asimismo en la 
de Hernán Núñez y en otra de refra- 
nes glosados que trae el Refranero de 
Sbarbi. De todo esto se deduce que el 
refrán se usa de las dos maneras, y así 
debe figurar en el Dice. 



DUL 



DUL 



185 



Dueño. El género de este s. es el m., 
aun cuando se aplica á mujer: sLuisa 
es el dileno de esta casa, y María es 
el dueño de esta otra)>; y no puede 
ni debe decirse la dueño. Como hay 
también en castellano el s. dueña, f.: 
«mujer que tiene el dominio de una 
finca ó de otra cosa», es claro que pue- 
de decirse también la dueña de esta 
casa. Este uso existe desde el tiempo 
de los clásico?, como lo prueban ios 
versos de Tirso citados por Bello : 

¿Quereisme vos declarar 
Quien sois? — No os ha de importar; 
Cna dueña de esta casa. — 
Dueña, porque la teñora 
Soit de la casa. — Eso nó. 

Entre los modernos se va generalizan- 
do este uso, con ventaja para la clari- 
dad y regularidad de la lengua. De los 
muchos autores que pudiéramos citar, 
sólo escogeremos dos. «Antiguo color 
de Castilla [el encarnado de la bandera 
española], por nación romano-guerre- 
ra, y dueña propietaria del cinabrio ó 
bermellón». (Puigblanch, Opúsculos, 
Correcciones y adic. del t. II). «Si cede 
alguna vez [la Academia] á teorías 
dudosas de alguno de sus miembros, 
pronto el tiempo, de que es dueño, lo 
subsanas. (Cuervo, Dice., inlrod.) 
Condueño (compañero de otro en el do- 
minio ó señorío de alguna cosa) es 
común, según el Dice. : el co)idueño, la 
condueño; lo cual es contrario al 
uso del simple y esperamos que se re- 
forme. — Eu los requiebros amorosos, 
debe decirse siempre dueño, m., y nun- 
ca dueño, f., ni menos dueña. 

Dulce, adj., dulzura, f. Extrac- 
temos al P. Mir, que ha tratado admi- 
rablemente de los galicismos que se co- 
meten con estos dos vocablos. 'iSacó 
Dice, de ChU., t. II. 



Baralt á la vergüenza varios dulces, 
por empalagosos, atosigados, indignos 
de ocupar la lengua española: humor 
dulce, costumbres dulces, 
cuesta dulce, carruaje dulce. 
Semejantes dulces se confeccionaron 
en dulcería francesa, porque en Espa- 
ña no los admitió el uso discreto. En 
Francia, todo lo que es afable, apaci- 
ble, humano, tratable, mansueto, urba- 
no, comedido, manso, suave, blando, 
benigno, llámase con el nombre de 
dulce. En castellano es muy diferente 
el uso de este adj. ...Conforme entien- 
den los clásicos el adj. dulce, parece 
derivan sus significaciones propias de 
la miel; por eso más aplicaciones hacen 
de él á objetos propios del paladar y 
oído, que á los propios del oler, ver y 
tocar. Un color dulce, un olor dulce, un 
paño dulce, aunque lo han dicho los 
modernos, yo no sé que lo dijeran los 
antiguos, salvo en arte de pintura, en 
metalúrgica y otros ramos. Cuaudo 
.Jovellanos usó la palabra clima dul- 
ce y templado, no dejó Iriarte de cen- 
surar por afrancesada la aplicación del 
adj. al tiempo y á cosas apartadas del 
paladar y oído. Pero bien advierte aquí 
Cuervo que entre clima dulce y 
dulce primavera va distancia de con- 
cepto; aquello no lo debió decir Jove- 
llanos, esto pudo decirlo Argensola, 
porque la primavera, por ser deleitosa 
y apacible, parece regala el paladar y 
oído con sus dulzuras. — Si pasamos al 
sentido metafórico de la voz didce, po- 
demos decir sirve para expresar con- 
ceptos en lo moral, análogos á los del 
sentido propia. Así diremos palabras 
dulces, sueño dulce, miradas dulces, 
amor dulce, lágrimas dulces, nombre 
dulce, vida dulce, conocimiento dulce, 
pena dulce, soledad dulce, compañía 

24 



186 



DUL 



DUP 



dulce, trabajo dulce, acogida dulce, car- 
ta dulce, plática dulce, coloquio dulce, y 
otras talos aplicaciones, que por eso 
están llenas de propiedad, porque la voz 
dtdce dice sabroso, melodioso, esto es, 
agradable al paladar y al oído metafó- 
ricamente. Juntemos las expresiones 
dulce hijo, dulce prenda, dtdce amigo, 
dulce esposo, dulce madre, dulce dueño, 
que, aplicadas á persona, designan no- 
table cariño y afecto de amor... Aquí 
tiene su lugar la cuestión del d-oux 
francés apropiado á manso. No posee 
la lengua francesa vocablo alguno co- 
rrespondiente á nuestro adj. manso; 
cuando ese concepto han de expresar, 
usan la voz doux... Manso equivale á 
benigno, blando, apacible, tratable; otro 
tanto significa el adj. mansueto, que es 
latino de origen; pero dtdce no dice 
aquella serenidad interior, aquel do- 
minio de sí, aquella paz inalterable á 
vista de las injurias; solamente denota 
blandura y apacibilidad exterior, me- 
losidad de palabras, suavidad de afec- 
tos, terneza de cond.ción, afabilidad de 
semblante, natural amoroso, urbano y 
cortés. Al hombre manso antes le cor- 
ten la cabeza que le descubran un rayo 
de enojo, si no es bien justificado; al 
hombre dulce pídanle caricias, cortesías, 
zalemas, arrullos, melosidades, amo- 
rosos requiebros, derretimientos de 
entrañas, de todo eso dará de sí. Salvo 
el mejor parecer, tengo para mí que 
el adj. dulce no se proporciona al 
adj. manso. Aquella sentencia del Sal- 
vador: Discite a Ale quia mitis sum et 
humilis corde, no se debe traducir, co- 
mo los franceses la traducen, Aprended 
de Mi que sog duloe g hutnilde de co- 
razón, sino Aprended de Mi que sog 
MANSO g humilde de corazón». — \n 
dicho de estos dos adjs. apliqúese á los 



sustantivos dulzura y mansedumbre. — 
ílay en el Seminario de Santiago el 
cuerpo de un niño mártir, San Julio 
Rústico, con la inscripción lüLIVS 
RVSTICVS DVLCIS. No ha faltado 
quien crea que la última voz es como 
el apellido ó cognómen latino del már- 
tir, traduciéndolo Julio Rústico Dul- 
ce. ¡ Error grande y manifiesto! Nun- 
ca el adj. didcis fué cognómen romano, 
y sí voz de cariño usadísima por todos 
los autores, paganos y cristianos, no 
sólo en sus obras, sino también y mu- 
cho más, en los epitafios ó inscripcio- 
nes sepulcrales. Basta abrir cualquier 
colección de éstas para tropezar á ca- 
da paso con el dulcis y dulcissimus. 
— Dulce de membrillo: carne de mem- 
brillo: «conserva que se hace de esta 
fruta». «Unas tajadicas subtiles de 
carne de membrillo», leemos en el Qui- 
jote (II, 47). 

DüMA, f. «En Rusia, antes de Pedro 
el Grande, asamblea de los boyardos 
que administraba el estado bajo la 
presidencia del Czar, y formaba, en las 
minoridades y en los interregnos, una 
especie de consejo de regencia». Así el 
Dice, de Larouse. Como este nombre 
se ha dado ya á conocer en todo el 
mundo por la parte que ha tomado la 
duma en el gobierno de Rusia en estos 
últimos años, conviene aceptar el nom- 
bre, escribiéndolo, por supuesto, co- 
mo suena, y nó á la francesa , dou- 
ma. 

Duplicidad, f. «Duplicidad de 
sentidos que no cabe sino cuando el 
que puede ser acusativo del infinitivo», 
dijo Bello en el n.° 378 de su Gramá- 
tica. El Dice, no reconoce esta acep. 
de duplicidad, que para él sólo signifi- 
ca: «doblez, falsjJ-i'l»; ni tampoco se 
la reconoce á doblez. No hay más re- 



DUR 



DUR 



187 



medio que variar la frase por medio del 
adj. doble. 

Durazno, m. Es lástima que en 
esta tierra, donde tanto abundan los 
pérsicos, melocotones y duraznos, no 
usemos sino esta última voz. Oigamos 
primero de un chileno la gran variedad 
que tenemos de estas frutas: «Las va- 
riedades de duraznos que se cultivan, 
son innumerables: los hay velludos, 
pelados, priscos ó abridores y los de 
Pavía, que tienen la carne pegada al 
hueso. Entre estas clases tenemos como 
mejores y más conocidos, los si- 
guientes: el zaraíjoza [de Zaragoza 
ó zaragozano'], fruto amarillo, volu- 
minoso y exquisito: madura en Eue- 
ro; el Zaragoza prisco, un tanto se- 
co y harinoso, que madura en Marzo; 
el blanquillo, no prisco, dulce y jugoso; 
el magdalena blanco, que madura en 
Febrero; los abollados; el abrileño y el 
de Mago, apreciados por lo tardíos, 
aunque tienen el defecto de ser algo 
tiesos y secos. Hay asimismo muchos 
otros pelados ó lampiños \_peladiUos']: 
los pequeños de la Virgen, que maduran 
á fines de Diciembre; los de bocado y 
porcelana, en Enero y Febrero; el m- 
comparable, excelente variedad que 
madura en Marzo [otros lo llaman 
marcino'], é infinidad de otros que nos 
es imposible mencionar. Sin embargo, 
tenemos algunas variedades más que 
apuntar, que se usan para compotas y 
dulces; como los abollados chicos; los 
de San José; los almendruzcos y los 
yemas de huevo. Los ordinarios se usan 
para secarlos, mondándolos antes que 
alcancen toda madurez: se destinan á 
ovejones, hwsillos, quesos [panes'], 
mazos y demás figuras. Entre todos 
descuellan losexcelentes descocados 
de Aconcagua.» (Ricardo Martínez 



Ortiz, Compendio de Horticultura prác- 
tica, II p.) De cuero de clianGlio 
llaman unos blancos grandes y de piel 
dura y áspera. Duraznos tomates son 
unos parecidos á esta última fruta; 
japoneses son unos de forma chata y 
semejantes á tortera; y así algunos 
otros. Veamos ahora algunas defini- 
ciones del Dice: pérsico: atiene. ..el 
fruto carnoso y con el hueso lleno de 
aiTugas asurcadas»; melocotón: «varie- 
dad del pérsico. El fruto es aromático, 
esférico, de seis á ocho centímetros de 
diámetro, con un surco poco profundo 
que ocupa media circunferencia; piel 
delgada, vellosa, de color amarillo con 
manchas encarnadas; pulpa jugosa, 
amarillenta, de sabor agradable y ad- 
herida á un hueso pardo, duro y ru- 
goso, que encierra una almendra muy 
amarga»; melocotón romano: «el muy 
grande y sabroso que tiene el hueso 
colorado»; durazno: «árbol, variedad 
de melocotón, cuyo fruto es algo más 
pequeño»; peladillo ó violeto: «varie- 
dad del pérsico, cuyo fruto tiene la piel 
lustrosa y morada, y la carne dura y 
agarrada al hueso»; (Covarrubias los 
llama también mineruelos, voz que no 
aparece en el Dice); abridero ó abri- 
dor: «árbol, variedad de pérsico, de 
fruto velloso, que se abre por medio y 
suelta el hueso con facilidad, limpio de 
carne; fruto de est« árbol » ; prisco, m., 
es para el actual Dice, igual á albér- 
chigo: «fruto del alberchiguero, de co- 
lor amarillo, rojo ó de violeta, y con la 
carne adherida al hueso» (véase Pris- 
co, donde probaremos con el Dice, de 
Autoridades que nuestro prisco es el 
prisco español de aquel tiempo); gri- 
ñón: «variedad de melocotón pequeño 
y sabroso, do piel lisa y muy colora- 
da». Con estas voces pueden corregirse 



188 



DUR 



DUR 



muchas de las que nosotros usamos. 

Durmiente, m. Como s. es m. y 
nunca f. «Madero colocado horizontal- 
mente y sobre el cual se apoyan otros, 
horizontales ó verticales». No debe 
confundirse, como lo hacen aquí algu- 
nos, con traviesa, f.: «cada uno de los 
maderos que se atraviesan en una vía 
férrea para asentar sobre ellos los 
rieles» . 

Duro, ea, adj. A duro usado como 
adv. solemos agregarle y parejo, para 
indicar que se ha de proseguir la ac- 
ción con la misma fuerza y constancia: 
Pegar, dar, escribir, trabajar duro y 
parejo. No parece mala la adición. — 
Las duras y las maduras. Muy varia- 
da es esta fr., y por eso no se la debe 
casar con solos dos verbos, como lo ha- 
ce el Dice: //• las duras con (ó por) 
las maduras y Tomar las duras con (ó 



por) las maduras. Véanse algunas au- 
toridades clásicas: «Y pues comisteis de 
las maduras, gustad de las durasD. 
(Cervantes, El jvxz de los divorcios). 

Eso sí, coma las duras 
El que come las maduras. 
(Alarcón, Todo es ventura, II, I.') 

«Pues han tremado las duras, es justo 
que coman de las madurasii. (Eugenio 
de Salazar, carta VI, de 1570, en las 
Sales españolas,de Paz y Melia, t. II). 
En Chile usamos esta f r. con el v. estar, 
tal como lo hace Pereda: «Hay que 
estar á las duras y á las madurasD. 
(La JIonfálvez, XI). «Considera que 
hay que estar á las duras y á las ma- 
duras, y que las duras de esos pasa- 
tiempos pueden ser muy graves para ti, 
sobre todo, si tratas de buscar el des- 
quites. (Sabor de la fierruca, IX). 




SS^lS 



¿■■^¿í 



^^m^^m^^^^^^'^^^^^- 




E 



E 



E. Muchos son los vocablos á los 
cuales nuestro pueblo les quita la e 
inicial, y á veces la sílaba es: Pifa- 
nio, Usebio, Ulogio, TJg-enio, 
Duvigis, Tanislao, Miterio, 
(Hermterio), tate quieto, toperol, 
taquilla, roña, vangelio, mon- 
rroy (hnmrroo), lástico, tan- 
que ó tranque, de estanque. (Otros 
mils especiales aparecerán en su res- 
pectivo lugar). Pero consolémonos, 
porque este vicio es también del caste- 
llano: así admite él naguas y enac/uas; 
norabuena, noramala, ñora tal ó en tal, 
y enhorabuena, enhoramala, letuario 
y electttario, ¡tale: por eíítatp, calofrío 
y escalofrío, etc.; petaflo y pita- 
flo, dijeron .luaii de Valdés y otros 
|)or epitafio; Uropa por Europa, y 
Ugenio por Eugenio, escribió el P¡n- 
ciano en su poema épico El Pelayo; 



namorado por enamorado, dijeron 
con Lope de Rueda algunos poetas; 
pistola y pistolero, suprimiendo 
la e inicial, dijeron los poetas del si- 
glo XV; gitano se formó de egiptano; 
y del latín eleemosyna y erraticus sa- 
lieron limosna y rátigo. Asimismo los 
nombres propios Leonor, Isabel, Méri- 
da, Millán, Manuel, Gil, provienen de 
los latinos Eleonora, Elísabeth, Eme- 
rita, ^milianus, Emmanuel, ^'yi- 
dius. Otros nombres que, por principiar 
en latín con la s llamada líquida, de- 
berían anteponer en castellano una e, 
como es de regla general, suprimieron 
la s: cienria, cetro, cisma, Cipión, de 
scientia, sceptrum, schisma, Scipio; ma- 
nuscrito, de mami scriptum, infrascri- 
to, sobrescrito, sobresdrújulo, maestres- 
cítela. — Al revés de esto, agregan los 
chilenos una e en medio á sobrado 



190 



É 



EAR 



(soberado), cuando la tendencia 
del castellano es suprimirla cuando es 
átona: sobrar, obrar, cobrar, abrir, li- 
brar, templar, bendecir, maldecir, ca- 
bra, ubre, Fadrique, Pamplona, de los 
latinos superare, operari, cuperare, ape- 
rire, liberare, temperare, benedícere, 
maledicere, cáprea, úbere, Fridericus, 
Pampelonem. Queresa j cresa se ha 
conservado con doble forma. — Por ra- 
pidez de pronunciación se convierte 
en / la e inacentuada de los verbos en 

ear: golpiar, peliaba, blan- 

quiando; lo cual no es un vicio pro- 
piamente dicho, pues se tolera en el 
verso y es fenómeno natural del idio- 
ma, como se ve en las voces esdrújulas: 
instantáneo, foráneo, linea, en que la e 
suena casi como /. Lo mismo sucede 
con muchos otros nombres en que la e 
está seguida de a ó de o: biata, rial, 
tiatro, piaña, por beata, real, tea- 
tro, peana ó peaña; lien, pion, 
pior, Tiófilo, Tiodoro, Tiodo- 
Sio, por león, peón, peor, Teófilo, 2'eo- 
doro, Teodosio. Conviene corregir este 
vicio, sobre todo en vocablos cortos y 
en algunas formas verbales: pelié, 
g'Olpié, por peleé, golpeé. — El pueblo 
chileno suprimió enteramente la e en 
las formas verbales agudas en eis: co- 
méü, amaréis, habéis, son para él co- 
mís, amarís, babís. (Véase Con- 
jugación). Así el castellano dice 
también entrambos por entre ambos, 
y el pueblo en muchas partes dice 
CUStiÓn por cuestión, mío por mie- 
do. — Por suprimir \a, d ú otra conso- 
nante resulta también entre el pueblo 
la 9 convertida en otra vocal: piazo 
por pedazo, plgüeñO por pedigüeño. 
E, conj. copulativa. En principio de 
interrogación ó admiración no debe 
usarse é, sino g, aunque la palabra si- 



guiente empiece por / ó hi: ¿ Y Igtui- 
cio? \Y Isidoro también comprometido! 
Asimismo cuando la palabra siguiente 
empieza por g ó hie: Ocaña y Tepes, 
tigre y hiena. Tal es la enseñanza del ^ 
Dice. — Mas, si la palabra siguiente 
empieza por una e que se pronuncia y, 
como sucede en algunos nombres ingle- 
ses, la copulativa castellana ¿se escri- 
birá é ó y? Parece evidente que é, 
aunque no lo diga ningún autor, que 
sepamos, porque el lenguaje hablado 
es siempre primero que el escrito. Así, 
si quiero ligar los dos apellidos Cox é 
Eastman, los escribiré de este mismo 
modo, porque el segundo se pronuncia 
Istman; así mismo Prat é Egan. 

Eae (Verbos ex). Parecen escritas 
para los chilenos estas palabras de 
Sbarbi: «Es muy propio del lenguaje 
andaluz el dar la forma ear á multi- 
tud de verbos cuyo infinitivo termina 
en ar en el suelo castellano; así sucede, 
v. gr., con regentear, forcejear, plan- 
chear, chapurrear, escamotear, y mul- 
titud de otros más. Al tratarse de este 
particular, no puedo menos de recor- 
dar el tilín que me hace cada vez que 
oigo decir que fulano lee salteado, 
y que mengano se muere por los ríño- 
nes salteados: ¡como si se tratara, 
en uno y otro caso, de acciones propias 
de bandoleros!» fin illo témpore, 
§ VI). De los verbos aquí citados, 
forcejear, chapurrear y escamotear es- 
tán ya admitidos en las mismas aceps. 
de sus correspondientes en ar; regen- 
tear, planchear y saltear son también 
castizos, pero con significado distinto 
de regentar, planchar y saltar. En Chi- 
le cometemos la misma falta, inven- 
tando una infinidad de verbos en ear 
que jamás habrán pasado por la mente 
de los castellanos: regalonear, ti- 



ECO 



ECO 



191 



ronear, tirantear, topear, tar- 
talear, lesear, etc., etc. Sólo Tir- 
so de Moliua se toma licencias como 
éstas, cuando hace hablar á sus gra- 
ciosos, lacayos y demás gente del 
pueblo. — Por esta misma propensión 
á los verbos en ear conjuga también 
el pueblo como éstos casi todos los en 
iar. Negociar, noticiar, rabiar, vaciar, 
rociar, codiciar, etc., son en sus labios: 
neg'oceo, noticeo, rabeo, va- 
ceo, roceo, codiceo. 

Ebriedad, embriaguez, borra- 
chera, BORRACHEZ, 3I0XA, TURCA. 

Son sinónimos en cuanto significan el 
estado de suspensión de sus facultades 
en que queda el ebrio. En chileno, 
curadera, rasca. 

Ebulición ó ebullición, apunta 
el Dice. El primero jamás lo hemos 
visto ni oído. 

Eccena, eccétera, Ecce- 
quías, Eccequiel. Pronunciación 
exagerada de escena, etcétera, Ezequias, 
Ezequiel. Asi llegó una vez á un Semi- 
nario una muy repulida y remilgada 
preguntando si estaba en ca-sa el señor 
recetor, pronunciando la c con tanta 
fuerza y afectación, que un alumno 
que la oyó, discípulo aprovechadisimo 
de Bretón, hubo de contestarle con 
toda seriedad: Nocc. Xo sabemos si 
se corregiría con esta lección. Ecequias 
y Ecequiel, que escriben algunos, es 
más conforme con la ortografía cas- 
tellana. 

Écloga, f. Aparece en el Dice, 
como igual á égloga. Aunque en latín 
es ectoga y en griego ¿xAo-,'v^, en caste- 
llano se ha dicho siempre égloga, más 
suave y pronunciable. La otra forma, 
si bien se usó antaño, debe darse ya 
por anticuada. 

Eco, m. Entre otras aceps. le reco- 



noce esta el Dice: «composición poéti- 
ca en que se repite dentro ó fuera del 
verso parte de un vocablo, ó un voca- 
blo entero, especialmente si es monosí- 
labo, para formar nueva palabra sig- 
nificativa y que sea como eco de la 
anterior. Este vano artificio no se 
emplea ya sino muy rara vez». Real- 
mente, es vano y pueril este artificio, 
aunque lo hayan empleado poetas co- 
mo Moreto, Lope de Vega y otros 
astros mayores de la poesía castellana 
y en toda clase de estrofas. Para que 
mejor se le conozca, citemos un soneto 
en eco: 

Xo hay en mi inmenso desconsuelo, suelo, 
Ni tiene mi mortal locura, cura; 
Porque, si tanta desventura, tura, 
Resulta en mí si me conduelo, duelo. 

No tengo al bien, por mi recelo, celo, 

Y no es mi' alma, aunque se apura, pura, 
Que culpa ha hecho su blandura, dura. 
Sin que le quede á su repelo, pelo. 

Quien busca al mal que le despene, pene; 
Pues todo sale al que es travieso, avieso, 

Y nunca el bien que le conviene, viene. 
Siento en llevar mi carne en peso, peso, 

Pues menos fe á quien le mantiene, tiene; 
Mas, por ser largo este proceso, ceso. 

( J. Valladares de Valdelomar, Caballero 
venturoso, t. II). 

De estas y otras combinaciones métri- 
cas de los antiguos poetas dijo Juan 
de la Encina: «Mas no las debemos 
usar muy á menudo, que el guisado 
con mucha miel no es bueno, sin algún 
sabor de vinagre». Gonzalo Correas, 
en su Arte grande de la lengua caste- 
llana, con distinto criterio, dice: «Una 
gracia muy elegante se ha inventado 
en las seguidillas, que es hacer eco en 
el tercer verso, sacando de la última 
dición otra menor de otra significación 
á propósito ó disparando en lo que no 
se esperaba». Y pone como ejemplos 
varias estrofas como ésta: 



192 



ECO 



ECO 



Como somos niñas, 
Somos traviesas; 
Y por eso nos guardan 

(¡Ardan!) 
Todas las dueñas. 

Después habla de otra combinación 
parecida. En Chile, por el parecido que 
tienen estos ecos con el ovillejo, se han 
confundido las voces y se ha llamado 
eco á este último. Véase cómo lo define 
el Dice: «combinación métrica que 
consiste en tres versos octosilabos; en 
tres pies quebrados, cada uno de los 
cuales subsigue á cada uno de estos 
versos y forma consonante con él; y 
en una redondilla, además, cuyo últi- 
mo verso se compone de los tres pies 
quebrados». Ejemplo: 

¿Quien menoscaba mis bienes? 
Desdenes. 

Y ¿quien aumenta mis duelos? 

Los celos. 

Y ¿qui^n prueba mi paciencia? 

Ausencia. 
De ese modo, en mi dolencia, 
Ningún remedio se alcanza, 
Pues me matan mi esperanta 
Desdenes, celos y ausencia. 

Así cantó Cárdenlo en el Quijote; y 
Cortejón, aunque excelente comenta- 
dor, no conoció esta estrofa y la con- 
fundió, como los chilenos, con el eco: 
«¿Es acaso, esta composición, una co- 
mo parodia de los ecos y semiecos, 
digámoslo así?» Nó, señor; es lo que 
la métrica antigua llamó siempre ori- 
lleo. En el eco, como lo dice la voz, se 
repite parte de un vocablo ó un voca- 
blo entero, es decir, se refleja ó reper- 
cute un sonido, y en el ovillejo, como 
lo dice también la voz, como que se 
desenvuelve ó estira un hilo y en se- 
guida se ovilla. Así se desenvuelve y 
recoge el pensamiento en esta antigua 
estrofa.— Hay otros ecos modernos, 



cuyo significado y propiedad conviene 
estudiar y aquilatar. Examinemos las 
frases y locuciones siguientes: «Me 
consumo en inútiles ecoS de poesía, 
que no pueden volverme la juventud 
perdida; Mis ecos no pueden llegar 
ya á tus oídos; Cuando por la primera 
vez te vi, tu eco me llenó el alma de 
armonía; Ecos de la prensa; Ecos de la 
fiesta tal; Ecos argentinos». Los tres 
primeros ejemplos son de Baralt: tanto 
él como el P. Mir, que los cita, conde- 
nan en ellos la voz eco como galicismo 
á matacandelas y sin apelación. No 
hay duda que en el primero y tercero 
lo es y debe traducirse por acento, son, 
sonido, verso; pero en el segundo no 
hay inconveniente para interpretarlo 
á la castellana: nllis ecos (los últimos 
acentos, los débiles sonidos de mi voz) 
no pueden llegar ya á tus oídos». 
La 2." acep. que el Dice, da á eco es: 
«sonido que se percibe débil y confu- 
samente», y con ésta cuadra perfecta- 
mente el sentido del ejemplo. Por eso 
rehabilitemos también este otro (¿ ver- 
so endecasílabo?) 

Dijüle adiós con eco moribundo, 

que el mismo P. Mir condenó en sus 
Frases de los autores clásicos. Si al- 
guien tuviera aún algúu escrúpulo, lea 
estos versos de Cervantes y compare: 

De tanta confusión, no las arenas 
Del padre Tajo oirán los tristes ecos... 
Que, puesto que en los páramos desiertos 
Los ecos roncos de mi mal inciertos 
Suenen con tu rigor tan sin segundo, 
Por privilegio de mis cortos hados. 
Serán llevados por el ancho mundo. 

{Quijote, p. I. c. AVI"). 

De la misma acep. del Dice, que he- 
mos copiado, debe proceder la fig. co- 
rrespondiente, y con ella se legitiman 



ECO 



ECO 



11)3 



las otras locuciones que apuntamos; 
porque ;qué otra cosa son los ecos de 
la prensa, figuradamente, sino los so- 
nidos que llegan u nosotros un tanto 
débiles y confusos, porque son noticias 
que recibimos extractadas y con atra- 
so? Así mismo, los ecos de cualquiera 
fiesta ó acontecimiento, son pormenores 
ó incidentes que no se refirieron el 
primer dia. ^Ecos anjentinosti fué el 
título que dio Don Juan Valera á una 
obra suya, recopilación de correspon- 
dencias que había enviado á un diario 
de la República Argentina. Es claro 
que la nueva edición había de ser un 
sonido algo débil y confuso, un eco, de 
aquellas correspondencias. Por todo 
esto no nos satisface la definición de 
la única acep. fig. que aparece en el 
Dice: «el que, ó lo que, imita ó repite 
servilmente aquello que otro dice ó se 
dice en otra parte». Estaría mejor para 
la fr. Ser uno el eco de otro, y conven- 
dría añadir otra acep. fig., correspon- 
diente á la 2." propia que aparece en 
la última edición. Así quedarían me- 
jor explicadas y definidas las frases 
Hacer eco y Tener eco una cosa y se ve- 
ría claro que el s. puede juntarse, en 
este mismo sentido, con otros verbos 
y voces: Halló eco mi petición en los 
oídos del rey; Llegue á ti el eeo de mis 
clamores; íío te hagas sordo cd eco de 
mis súplicas; ¿Xo oirás el e<-o de mis 
quejas? ¿Xo resuena todavía en tus 
oídos el eco de mis querellas? — Vulgar- 
mente llaman eco en Cbile el timbre 
ó metal de voz de los predicadores y 
demás oradores cuando es sonoro y 
claro. Así es común oír que el Padre 
Tal tiene buen eco, que el Sr. Cual 
predica con mal eco, porque al pri- 
mero se le oye y entieinl'^ bien, y no 
así al segundo. — Hacerse uno ti eco 
Dice, de ChU, t. II. 



de otro es Ser uno el eco de otro: «imi- 
tar ó repetir servilmente lo que dice». 

EconomadO, m. Véase el si- 
guiente. 

Economato, m. «Cargo del ecóno- 
mo», dice solamente el Dice, debiendo 
agregar también: oficina del mismo. 
Así, ;i lo menos, lo usamos en Chile, y 
es lo lógico. 

Economía, f. y ú. m. en pl. Xo le 
da todavía el Dice, la acep. de ahorro, 
que significa: «acción ó efecto de aho- 
rrar; lo que se ahorra». Sin embargo, 
al V. economizar lo hace sinónimo de 
ahorrar en la acep. de «cercenar y re- 
servar alguna parte del gasto ordina- 
rio. Ú. t. c. r». Según parece, no usa- 
ron los clásicos ninguno de los dos 
vocablos en esta acep. y los modernos 
la han tomado del francés, en el cual 
la tiene tanto el s. como el v. Así se 
usa también en Chile; y no nos parece 
mal este uso, porque no es sino la evo- 
lución natural del significado de las 
voces. Economía suena en griego, de 
donde se deriva, «ley de la casa»; por 
eso el Dice, la ha definido muy bien 
al decir: «admiiñstración recta y pru- 
dente de los bienes». Baja una grada 
y da como 2.^ acep.: «escasez ó mise- 
ria». He aquí la economía tomada en 
mala parte, porque la «administración 
recta y prudente» degeneró en mez- 
quindad y tacañería. Mas, si no dege- 
nera en este vicio, sino que, conser- 
vándose «recta y prudente», se limita 
A guardar ó reservar lo sobrante, ¿por 
qué no ha de ser también una economía 
tomada en buena parte? Y, tomando 
lo concreto por lo abstracto, ¿por qué 
no llamar economía ó economías ese 
mismo sobrante guardado ó reservado? 
Véase lo que dijimos en Djeta. Xo le 
agradará esto, sin duda, al P. Mir, que 

26 



194 



ECO 



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está siempre pegado á los clásicos, y 
por lo cual censura fuertemeute á la 
Academia, que dio al v. economizar la 
acep. de ahorrar; pero es ley de todos 
recibida que una k-nirua puede y debe 
desenvolver el significado de sus voces, 
con tal que sea conforme á las reglas. 
Diríamos pues sin escrúpulo: Eronomía 
(ó el acto de ahorrar ó economizar) es 
riqueza; En estos tiempos hay que vi- 
vir con economía; Pedro empleó bien 
sus economias (ó aJiorros) y Juan pu- 
so las sui/as en la Caja de ahorros. — 
En cuanto al v., no hay tampoco por 
qué condenar, como lo hace el P. Mir, 
fi-ases como éstas: « Yo economizo ropa; 
íú economizabas tiempo; él economizó 
papel; nosolros economizaremos gustos; 
vosotros habréis economizado disgustos; 
ellos economizaron idas y venidas». 
Cierto es que el Dice, uo le reconoce 
esta ac.'p. fig. («evitar ó excusar algún 
trabajo, riesgo, diliculiad ú otra co- 
sa»), que da cumo S." de idiorrar; jiero 
á economía le reconoce la de «buena 
distribución del tiempo y de otras co- 
sas inmateriales». Esperemos la 14.* 
edición, á ver si se igualan ambos vo- 
cablos cediéndose mutuamente una 
acep. Para el s. puede servir de norma 
el adj. económico, que tiene ya la acep. 
de «muy detenido en gastar». 

Ecónomo, m. Las tres aceps. que le 
reconoce el Dice, son para varones, 
siendo que también hay mujeres ecó- 
nomas, como sucede en algunas órde- 
nes y congregaciones religiosas, donde 
una monja, madre ó /lermana es la 
ecónoma del convento ó casa. Si se 
acepta el f., como es justo, podría de- 
finirse remitiendo á procuradora; «en 
las comunidades de religiosas, la que 
tiene á su cargo el gobierno económico 
del conventos. Esto es más exacto que 



provisora (en los conventos de religio- 
sas, la que cuida de la provisión de 
la casa) y que despensera (persona 
que tiene el cargo de la despensa). 

Ecuánime, adj. Aplícase á la per- 
sona que siempre tiene el ánimo igual, 
inalterado; y por consiguiente, inalte- 
rable, paciente, sufrido. Aunque trae 
su origen del latín aequanimis ó aegua- 
nimus, V aunque hay en castellano 
e.ránime., pusUánime y magnánimo (de 
igual formación), no lo lia recibido el 
Dice, ni hay necesidad de él. El s. 
ecuanimidad (igualdad y constancia 
de ánimo) si que está admitido. 

Echar, a. Tratándose de aves, este 
V. es r. y iió a. Por eso no debe decir- 
se: «Voy á eoliar dos gallinas; Ya 
eché mis gallinas»: esto significaría 
arrojarlas ó despedirlas, y nó ponerlas 
sobre los huevos. Para indicar esta 
acción debe usarse el v. echarse. En el 
participio sí que estaría bien dicho: 
«Tengo diez gallinas r'c/íw/«.>!», porque 
éste no tiene forma r. — Tratándose 
de animales, en la acep. de «juntar los 
machos á la* hembras para la genera- 
ción», es a. — Algunos dema-siado pul- 
cros tienen á menos usar este v. en las 
aceps. de «apoyarse con todo el cuerpo 
sobre una superficie horizontal», y 
«tenderse uno vestido, por un rato más 
ó menos largo», por.pie dicen que esto 
es propio de animales, que solamente 
éstos se echan, y que la gente se acuesta 
ó recuesta, ó á lo sumo se tiende. Falso 
y refalso, porque no hay clásico que 
no use á eclwrse tratándose de perso- 
nas. — Echar abajo, en tierra ó por tie- 
rra, por el suelo, etc., criticado por 
alguien, es de lo más castizo y signifi- 
ca: «derribar, arruinar, asolar». — Es 
asimismo castizo en la acep. de «apos- 
tar, competir con uno: echw á escribir, 



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195 



á sal/ar. Ú. m. c. r.» Jlas, el comple- 
mento directo, en esta acep., es lo que 
se apuesta ó se echa, y iió la persona 
á quien se hace competir con otra, ni 
el animal que se hace luchar ó compe- 
tir con otro, como malamente se usa 
en Ciiile. Te lo ecllO, dicen aquí, 
para indicar que un sujeto es capaz de 
luchar con otro; así mismo tratándose 
de animales: Le echo mi caballo 
al tuyo; es decir: apuesto ¡i que lo 
gana ó vence en la carrera, en el salto, 
á topear, ó en el ejercicio ó deporte 
de que se trate. Otras veces agrecran el 
adj. /lenlido, d(t: Te lo ecliO yierdiáo; 
quiere decir que el premio de la apues- 
ta es el mismo animal, que queda /;«•- 
diño para mí si tú ganas la apuesta. 
Esta acep. se ha confundido en Chile 
con la general del v., que es: arrojar, 
lanzar: Echarle los perros á uno; 
t Abrid esas jaulas y echadme esas bes- 
tias fuera». (Cervantes). — Es entera- 
mente castizo echar discursos^ un brin- 
dis, un bando, echar un sermón, una 
loa, etc. Lo es igualmente echar la 
bendición. 

Comience el vinillo nuevo 
Y ¿chote la bendición: 
Yo tengo por devocicSn 
De santiguar lo que bebo. 

(Baltasar de .\lcázar). 

<V. M. me eche su bendirión y me dé 
licencia, que desde aquí rae quiero 
volver». (Quijote, p. I, c. X.W). En 
sentido fig. Echar la bendición á uno 
es «renunciar á toda relación con él»; 
y Echar la benditión á una cosa: «le- 
vantar mano en algún negocio, no 
querer ya inezclar.se en él». Lo que no 
es castizo es lo que tanto usan los mo- 
dernos: Poner las bendiciones, cuan- 
do hablan de las bendiciones nupciales, 
ó sea, «ceremonias con que se celebra 



el sacramento del matrimonio». Estas 
bendiciones no se ponen ni se im- 
parten ni reparten, sino que sen- 
cillamente se dan ó se echan. Así han 
hablado sierap'-e los buenos castellanos. 
— Echar bolas á la raya, 
Echar peón. Echar una ras- 
pa. Echar roña. Véanse los 
respectivos sustantivos. — Echarse 
uno atrás ó para atrás. En sen- 
tido propio es fr. castiza, es decir, 
cuando significa retirar todo el cuerpo 
ó algún miembro hacia atrás; pero no 
lo es en sentido fig., como malamente 
la usamos en Chile. Dígase en su lugar: 
echctr el pie atrás (no mantenerse fir- 
me en el puesto que se ocupaba ó en la 
resolución que se tenía), volverse uno 
atrás (no cumplir la promesa ó la pala- 
bra, desdecirse), volver la hoja (mudar 
de parecer: faltar ;i lo prometido), llr.- 
marse uno andana (desdecirse ó desen- 
tenderse de lo que dijo ó prometió) y 
varias otras que usaron los clásicoí-', 
como revocar su propia sentencia (Iba- 
rra), revocar la determina-ción (Grana- 
da), tornar ó tornarse atrás (Sta. Te- 
resa). Pereda en Nubes de eslió (XX), 
usó, como nosotros, echarse atrás; y 
Caballero, en su Dice, de modismos, 
admite Echarse para atrás. Echar el 
cuerpo atrás, Ecliar el paso atrás. — 
Echar de menos. Admite el Dice, esta 
fr. en el mismo sentido que echar me- 
nos; pero el P. Mir, saliéndole al en- 
cuentro con la autoridad de su inmensa 
lectura, le arguye así: «En vano pre- 
sumiríamos agotar el caudal de los 
libros clásicos, por ver si en ellos tro- 
Iiezáliamos con la fr. Echar de menos: 
inútil tarea; en ninguna parte la ve- 
ríamos autorizada, porque la clásica 
antigüedad no tuvo de ella noticia... 
¿ Por qué achacan los modernos á la 



1915 



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li.'no;ua española la f r. EcJiar de menos, 
lio siendo sino bárbai'a y contraria al 
genio del idioma? ¿Es posible que 
tantos escritores como hoy la usan, 
levanten descarado testimonio á la len- 
gua, sin discrepar un punto entre sí?» 
Quizás el error de intercalar la prep. 
de ha provenido de una falsa compa- 
ración con las frases Echar de ver y 
Echar demás (demasiado), así como en 
Chile dicen casi todos estar, andar ó 
¡tasar de ocioso, por contaminación 
con la fr. Estar de batde. Esa de bien 
pronunciada es como el muro de divi- 
sión entre la pronunciación culta y la 
plebeya, y por eso la adoptan con alma 
y vida, y aunque sea el más solemne 
disparate, los que aspiran á la primera; 
])or lo cual no es raro que se haya ge- 
neralizado tanto. Volviendo á Echar 
de menos, nosotros no tenemos nada 
que alegar en favor de esa de intrusa 
y creemos, como el P. Mir, que debe 
desaparecer. Hasta en el participio, 
donde parece que hiciera más falta, la 
s iprimían los buenos escritores. «Ha 
tiempo que falto de casa y seré echada 
menosyt, escribía Castillo Solórzano 
en lfi26. (Jornadas alegres, j. III). 
Lo mismo hacían en el v. hallar, con 
el cual decían siempre (sin de) hallar 
menos: «No hallaron menos ninguna 
cosa». (Ibid.) Con otros verbos y en 
otro sentido es como se usa la loe. adv. 
de menos, que denota falta de número, 
peso ó medida: «Te han dado una pe- 
seta de menosv. (Dice.) — Según esto, 
echar de menos significaría: echar me- 
nos cantidad, peso ó medida de lo que 
se debe echar; como, al revés, echar 
el' más sería: echar más cantidad, peso 
(■) medida de lo que se debe ó con\iene. 
Aun agregando otro adv. usirou los 
clásicos la fr. fig. aiu la prep. de: « Echo 



bien menos á V. R.» nHarto menos le 
echaré acá». «Por acá le echan mucho 
nienosT). (Sta. Teresa, Cartas 76, 42 y 
S2o, ed. La Fuente). — Echar en cara. 
Xo aparece esta fr. en el Dice, sino 
solamente Echar á la cara (ó en la ca- 
ra) á uno ahjiina cosa: «decirle sus 
defectos; recordarle algún beneficio 
que se le ha hecho». Pero en el art. 
Rostro se lee: Dar en rostro á uno 
con una cosa: aecharle en cara los be- 
neficios que ha recibido ó las faltas 
que ha cometido». Véase Enrostrar. 
— Echar uno periquitos es en caste- 
llano echar pestes: proferir palabras 
de enojo ó amenaza y execración. — 
Echarlas: dígase coger ó tomar las 
de Villadiei/o (ausentarse impensada- 
mente, de ordinario por huir de un 
riesgo ó compromiso), tomar soleta, 
apretar ó picar de soleta (andar aprisa 
ó correr; huir), poner pies en polvorosa 
(huir, escapar), liarlas (huir uno, es- 
caparse con presteza). Tomarlas, dice 
Lope de Rueda en una de sus farsas, 
subentendiendo las calzas de Villadie- 
go, y es claro que la misma elipsis hay 
en nuestra fr. echarlas. Véanse 
Mandar cambiar y Mandarse 
cambiar en Mandar. — «Echarla 
de, loe. fam.: Presumir de: echarla de 
valiente, de gracioso, de poeta, de maes- 
troTt. Así el Dice, al cual contradice 
el P. Mir, diciendo: «El Dice, de Auto- 
ridades la deja en silencio, el novísimo 
de la Academia la da por asentada. 
Cúmplenos confesar que echamos rae- 
nos el dicho de un autor clásico, en 
quien descanse la legitimidad del uso 
moderno. En tanto que no parezca, 
tendremos por neoloirismo espurio la 
fr. Echarli de^. — Echar á la porra 
á U10 es en castellano Echar (ó enviar) 
á pasco á uno: «fr. fig. y fam. con (|ue 



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EDI 



197 



se manifiesta el desagrado ó la desapro- 
bación de lo que propone, dice ó hace» ; 
Vete (ó idos) á paseo; Anda (ó andad) 
á paseo. Véase Mandar cambiar 
en Mandar.— Ecliar loio un rirde 
es eu castellano Darse uno un verde: 
«fr. fig. y fam. holgarse ó divertirse 
por poco tiempo». Este mal uso de 
echar proviene de haber confundido 
esta fr. con su sinónima Echar uno una 
cana al aire (esparcirse, divertirse, con 
olvido de cuidados y negocios). La 
ca)U( sí se echa ó lanza al aire, como 
Eclutr pelos ó pelillos d la mar; pero ct 
verde (hortaliza ó pastos frescos) se lo 
(la uno ¡i sí mismo, ó se lo come. 

Echona, f. En castellano, lioz, 
seyur (lilt. acep.), segadera ó falce, to- 
dos f. El dídle ó la ijuadaña sirven 
para lo mismo, pero son más grandes; 
y mayor aún es la mdcpiina segadora, 
ó la segadora simplemente. — La eti- 
mología de este chilenismo, generalísi- 
mo en Chile, no es la voz echuna que 
figura eu los diccionarios araucanos, 
sino la voz quichua i/chliuna, hoz ó se- 
gadera; voz que se compone de gchu, 
paja, y de la partícula nct, que se usa 
para significar «lo que sirve para». 
Ychhnna es pues lo que sirve para se- 
gar ó cortar la paja. En el Pei-ú pro- 
nuncian icho («yerba, paja ó gramínea 
característica de las desoladas mesetas 
de los A lides, mencionada por los auto- 
res desde los diaa de la conquista», 
dice Arona; y luego agrega esta cita 
del Inca Garcilaso: «En todo el Peni 
se cría ui;a faja larga, suave y correo- 
sa, que los indios llaman ichu, con que 
cubren sus casas. La que se cría en el 
Collao [hoy Puno] es más aventajada, 
y muy buen pasto para el ganado, da 
la cual hacen los collas canastos y ccs- 
tillus»). Las gramáticas quichuas ad- 



vierten que la / y la u tienen en aque- 
lla lengua un sonido parecido á la e y 
á la o respectivamente; por eso ichu se 
convirtió para nosotros en echo, que 
con la partícula na dio echona, que 
en una que otra parte de Chile, como 
también en Catamarca, según Lafone 
Quevedo, suena icliona. Por todo 
esto se ve claramente que es del todo 
falsa la ortografía liecliona, que 
usan casi todos los chilenos, como si 
esta voz se derivase del castellano he- 
cho, cha. Compárese nuestra etimolo- 
gía de eciiona con la de guadaña, 
que, según Cejador (El Lenguaje, 
t. IV, n." 121), viene del germáni- 
co waidhanyan, propiamente coger 
pastos. 

EdiIí, m. No hay para qué usar esta 
voz, propia de los romanos, cuando en 
castellano tenemos concejal y regidor. 
Tal á lo menos, es la doctrina del 
Dice; sin embargo, el académico P. 
Manuel Sil vela dice: «Los ediles de 
Santander debían considerar como 
cuestión de decoro provincial el sos- 
tenimiento siquiera de un ómnibus»... 
Edilid.^d, f. «Dignidad y empleo 
del edil; tiempo de su duración». Co- 
mo el castellano no reconoce otro edil 
que el de los antiguos romanos, tam- 
poco hay para él otro edilidad que la 
de aquellos. Corríjanse pues los diarios 
que escriben frases como ésta: «La 
conducta de los radicales en nuestra 
edilidad. ha entorpecido la labor 
municipal». 

Edémico, Ca, adj. Perteneciente ó 
parecido al Edén. Usado por la seño- 
ra Pardo B:izán y sin dada por otros 
más, merece admitirse, aunque exista 
para-iisiaco, que significa lo mismo. 

Edicióx, f. Faltan en el Dicc^algu- 
nas aceps. de esta voz: Fig. Persona, 



198 



EDI 



EDI 



objeto, lugar ú obra que es imitación 
de otro ü otra. A veces se le antepone 
el adj. seffunda, ó se le agrega la fr. 
f/umciifada !/ ron-pi/iila. «Entramos por 
la Plaza de his Rarricadas, en todo 
xcijuiula edictón, de París». «No hay 
cosa de que Brasi;la.s no intente hacer 
y sn' la seyuíida edición de París». 
(M. de La Fnente, Viajes de Fr. Ge- 
rundia, Bruselas). «El hijo es la se- 
(¡imda edición del padre», decimos 
todos; 1/ correr/ida ij aumentada, agrega 
algún interlocutor, en bueno ó en mal 
sentido, cuando el hijo es realmente 
superior al padre en bondad ó en mal- 
dad. Para expresar seriamente este 
concepto hay en castellano las voces 
copia («imitación ó remedo de una per- 
sona: Pedro es una copia de Jiian.t>\ de 
un lugar ó cosa: 

y tu campo de flores scnibr;iflo 
Es la copia feliz del E le'ii. 

que decimos en nuestro himno nacio- 
nal): retrato («Sg.. lo que se asemeja 
á una cosa»); y Irnsunlo («figura ó 
representación que imita con projiie- 
dad una cosa»); mas en el lenguaje 
llano y fam. tiene mucha m;ís gracia 
el vocaVilo edición, y por eso lo reco- 
mendamos. — También llamamos fig. 
y familiarmente edición el retrato (ge- 
neralmente de fotografía) que se saca 
de una persona; y así decimos: Esta es 
mi primera, mi ser/unda, ¡ni última 
edición. — Edición diamante se llama en 
todas partes la de forma pequeña y de 
caracteres muy menudos. Aunque pue- 
de equivaler en algunos casos á la edi- 
ción de bolsillo ó de faltriquera, sin 
embargo, el concepto no es igual: 
a'iuélla se refiere principalmente al 
tipo, y ésta al tamaño; la primera es 



ya un término técnico de ediDores y de 
libreros, y la segunda es un término 
genérico que sólo dice comodidad pa- 
ra el lector. — Edición Ne v.\Riéi'UR. 
Expresión que usan algunos editores 
franceses para indicar que es la defini- 
tiva, la que el autor no corregirá ni va- 
riará más. Vea la Eeal Academia si la 
considera bastante e.ttendida para ad- 
mitirla en su Dice. «En esta «&ít)rt 
definitiva y ne variétur, el cuarto verso 
de la fábula se lee así». (León Medinü, 
Frases literarias afortunadas). 

Edificació.n", f. Muy extraño es que 
grandes maestros del castellano, como 
Baralt y el P. Mir, censuren como ga- 
licismo esta voz en la siguiente propo- 
sición: «Principiaremos por hacer un 
extracto de las diferentes versiones (¡ne 
sobre el particular se han publicado, 
para edificación de nuestros lectores». 
El eri'or está en creer que edificación 
vale aquí conocimiento, noticia, cuando 
en realidad es el sentido iríinico de su 
verdadera acep. fig.: «efecto de infun- 
dir en otros con el buen ejemplo sen- 
timientos de piedad y virtud». En este 
mismo sentido hablamos de la vida y 
milagros de cualquier Caco ó Celesti- 
na, de la santidad ejemplar de cual- 
quier pillo, etc. 

Edificante, adj. «Muy temoso se 
muestra Baralt en habérselas con el 
nombre edificafivo, empeñado en pelear 
por el nombre edificante. En el art. 
Ante, en el art. Edificante y en el 
art. Participio avisa y muele inti- 
mando que ttli ficante y edificalivo son 
vocablos de distinta significación, co- 
mo que aquél se dice de las personas, 
éste de las cosas. Hasta llega á escri- 
bir: edificante es lo que edifica actual 
y efectivamente: y edificutiro lo que 
tiene propiedad de edificar, edifique ó 



EDI 



EFE 



199 



nó realmente». Asi se expresa el P. Mir; 
y eii setjuida afirma: que los clásicos 
aplicaron el adj. edificativo á persona 
y acosa, contra la distinción de Baralt; 
y que edijicante es francés á más no 
poder, formado de édifiant, adj. y nó 
participio; por tanto, lo desecha él 
como afrancesado é inútil. Dando nos- 
otros por concedido que nunca lo ha- 
yan usado los clásicos, uo tenemos el 
menor escrúpulo en usarlo y en pedir 
su admisión, como legítimo derivado 
de edificar. Si éste tiene tal acep., como 
en verdad la tiene, no hay por qué ne- 
gársela á su participio activo. Diga- 
mos pues sin temor: i-ida edifiainie, 
ixrnacionea ó cvenfos edificantes. 

EuiTAíí, a. «Publicar pnr medio de 
la imprenta una obra, periódico ó fo- 
lleto, etc.» Del latín édificm, supino de 
édere, sacar á luz. Admitido en el 
Apéndice del úlf.mo Dice, mal que 
les pese al P. Mir y otros puristas. 

Editorial, adj. «Perteneciente ó 
relativo á editores ó ediciones». No di- 
ce m¡is el Dice. Lo que en diarios y 
rt-'vistas se llama falsamente edito- 
rial es en castellano (irliculo de fundo: 
«aquel en que se trata con cierta exten- 
siiin alguna de las materias que son 
objeto principal de un periódico». 
Tampoco debe decirse artículo edi- 
torial, nota editorial, á no ser 
(como lo dice la definición del adj. 
edilorial) que tengan que ver con el 
editor ó con la edición del periódico. 
Don Z. Rodríguez estimaba como cosa 
muy hacedera, y se la aconsejaba á la 
Acadcnúa, que se admitiese el s. edi- 
torial, porque se supone escrito por 
el editor ó por encargo de el, ó por lo 
menos bajo sn responsabilidad; pero, 
habiendo ya una loe. propia en el idio- 
ma y siendo, como ea, muy remota la 



relación que hay entre el editor y el 
artículo de fondo, creemos que no ha 
lugar el consejo de nuestro estimadísi- 
mo escritor y periodista. 

Educacional y educativo, 
va, adjs. Eu castellano no hay más 
que educador, ra, adj., que se usa t. o. 
s.: que educa; y edurahle, adj.: capaz 
de educación. 

Edccacioxista, com. Aunque pue- 
de sustituirse por educador, ra, bien 
puede admitírsele por su buena for- 
mación y por lo muy usado que es. 
Sus sinónimos doririncmte, doctrinador, 
docente, euscñador, ra, no expresan el 
mismo concepto que cducaciomuta, ni 
tampoco 01/0, pe/iac/or/o, maestro, prc- 
ceptor. 

Eduviges, Eduvig-e, n. pr. f. 
Eduviyix, aunque en latín es con //. 

Efectismo, m. «Desde un prin- 
cipio [los discursos de D. Manuel Sil- 
vela en el Senado] fijaron la atención 
de la gente jwlitica, si bien se adver- 
tía en ellos, más de lo conveniente 
para la rudeza y el efectismo, un 
tanto teatral, de las lides parlamenta- 
rias, al delicado escritor de amena 
crítica». Así escribió D. Francisco 
Sil vela en las Memorias de Ja Acade- 
mia (t. VIII) en 1901. Afán de pro- 
ducir ó causar grande efecto ó de im- 
presionar vivamente, es el significado 
que le cabe ;i este vocablo. Como su 
origen está viciado (véase Efecto), 
no es posible admitirlo en castellano. 
Véase BfCOLisMO. 

Efecti.Sta, adj. y ú. t. c. s. cora. 
Aplícase al autor ó al artista que en 
sus obras busca principalmente cómo 
hacer grande efecto ó impresionar vi- 
vamente con ellas. — Aplicase tam- 
bién á cosa. Por la misma razón que 
el anterior tampoco puede admitirse. 



200 



EFE 



EFE 



Efecto, in. «La voz francesa e/^eí 
se toma á las veces por lierho, por im- 
presión extraordinaria, por sorpresa 
inesperada, por siispensión pasmosa; á 
eso tono van los galicistas propalando 
la voz efecto entre españoles... Ensé- 
ñannos los clásicos eu sus dichos que 
la palabra efecto no llega al sentido del 
effet francés, tiénele mucho más limi- 
tado; conviene á saber, sólo significa 
lo producido sencillamente por una 
causa; porque, cuando esa producción 
es notable ó extraordinaria, acógense 
nuestros autores á términos particula- 
res que le dan el punto de grandeza 
conveniente. He aquí algunas de las 
formas usadas por ellos, en lances de 
ponderación. Echeverría: «La propo- 
sición singular /(/so e.rtrañvzu^). Cairas- 
co: (cObra que grande espanto puso al 
mundos. Mendoza: «La elección daria 
niaijor sonido entre naciones aparta- 
das». Diego Vega: «Me hace admira- 
ción y novedadii. En todos estos lances 
dirían efecto los galiparlistas, porque 
presumen con una sola palabra abar- 
car cuanto saben: muy al revés de los 
nuestros, que ¡lara cada concepto te- 
nían palabras á propósiti) y elocuentes, 
propias del fecundísimo idioma espa- 
ñol, sin andarlas mendigando por fue- 
ra». (P. Mir).— Á efecto de. Loe. 
tan anticastellana como á objeto 
de: dígase para el efecto de, á Jin de, 
con el fin de, á intento de, á ó para con 
infinitivo ó con algún pronombre, se- 
gún los casos. — Con efecto ó en efecto: 
efectivamente, en realidad de verdad; 
eu conclusión, así que. — De efecto: es 
loe. castiza si la voz efecto se toma sim- 
plemente por resultado, consecuencia; 
mas, si se quiere que signifique resul- 
tado extraordinario, consecuencias es- 
puntosas, terribles, entonces es france- 



sa, según lo que acabamos de ver sobre 
el significado general de la voz efecto, 
— Hacer efecto una cosa: fr. en que de- 
be hacerse la misma distinción : si se 
toma en el sentido de producir ó surtir 
efecto («dar una medida, un remedio, 
un consejo, etc., el resultado que se 
deseaba»), es evidentemente castiza; 
pero, si se toma en el sentido francés 
de hacer imjjresión de novedad, causar 
admiración, asombro, extrañeza, es pro- 
pia de la pobreza galicana, que con 
sola una expresión general acostumbra 
declarar muchas ideas particularcF. 
Para expresar en castellano este últi- 
mo sentido, es indispensable añadir 
un adj. ó cualquiera otra voz que in- 
dique lo extraordinario ó notable del 
efecto, ó emplear cualquiera otra fr. 
castiza que tal cosa signifique. Dar 
golpe una cosa, que Baralt propuso 
para esto y que el Dice, define: «cau- 
sar sorpresa y admiración», no es ad- 
mitida, y por buenas razones, por ti 
P. Mir. — Hacer una cosa bueno ó mal 
efecto: parecer bien ó mal, cansar bue- 
na ó mala impresión, es fr. censurada 
injustamente por Baralt. — Poner en 
efecto, nó poner por efecto: poner por 
obra ó en ejecución. 

Efectu.íese, r. Olvidóse el Dice, 
de advertir que este v. se usa t. c. r., 
como lo trae él mismo en Efectua- 
ción y como aparece en su hermana la 
Gramática, cuando habla de la fr. 
Tener hu/ar, y en todos los autoras 
clásicos. 

Efeso, n. pr. de ciudad. Ifeso. 

Efeta. Cuando significa «cada uno 
de vaiios jueces que hubo antigua- 
mente en Atenas», es m. y esdrújulo 
(ifeta) y se deriva del griego. — Cuan- 
do significa «voz fam. con que se cali- 
fica la obstinación ó renuncia de algu- 



EJE 



EJE 



201 



nos, el Dice, no le da género y Ui 
escribe aguda (efetá); sin embargo, 
en latín, por no haber voces agudas, 
se pronuncia esdrújula, y así la acen- 
túan los libros eclesiásticos para el 
texto del evangelio y para las oracio- 
nes del bautismo. En este caso es de- 
rivada del hebreo y significa: ábrete. 

Effectüm videndi (A d). Véase A d. 

Egida ó érida, f., no m., como lo 
hizo Monitíii. Así, con doble fonna, 
aparece en el Dice, y así lo han usado 
también los iiutores. En la Gram. de 
la Academia aparece sol.imeiite egida, 
fjue sin duda es más conforme con la 
etimología griega xíyí;, aíyíSo;, auii- 
i|ne los poeta-i latinos lo hicieron breve. 

Egipciaco, ca, adj. Eyipciaro. 
Véase Afrodisiaco. Sinónimos en 
el significado son erjipño, efíiprkinn y 
egiptano. De este último salii) (jiiavn, 
que antiguamente valii lo mismo. 

EgiptoIíOGía, f. Ciencia que trata 
de las antigüedades de Egipto. Hace 
falta en el Dice, que sólo ha admitido 
á Eíjiftohfjo, m.: «el versado en las 
antigüedades de Egipto». 

Egira, f. Dígase i-gini (•> héifna: 
era de los mahometanos. 

Egolatría, f. Adoraci()n ó amor 
excesivo de sí mismo. Üsanlo algunos 
modernos, como Menéndez y Pelayo, 
Polo y Peirolóii. Como es más claro y 
ex¡)resivo (|ne amor pnipio (inmodera- 
da estiniiicinn de si mismo), que el ant. 
fllaÚCia y que unlolalria, acejitado 
]«ir la Knc-iclopedia de .'''eguí, roiiviene 
abrirle las columnas del Dice. 

E.ih;, m. Eje de cobre ó ndire en 
e j es es en Chile el cobre á medio pu- 
rificar. « El cobre se vende en el comer- 
cio en cinco estados: en estado mineral : 
en ejes, que se obtienen fundiendo 
los minerales; en barras, que se oblie- 
Dioc. de Chil, t. II. 



nen fundiendo los ejes; en Jingotes, 
que se obtienen reñnando las barras; 
y en /lanillas, tjue es lo que se llama 
cobre nativo». (Emilio Corvalán Z., 
Tratado de Aritniétira). — Partir d uno 
¡nr ct ele, fr. fig. que se usa en Chile 
en el significado de-frustrarle á uno 
enteramente un proyecto ó designio; 
por semejanza de lo (|iie pasa con un 
carruaje al cual se le jiarte el eje. l'hi 
Cejador (El lenguaje, I. V, ii." 1 ) lee- 
mos: «Los idiomas han corrompido la 
expresión natural, valiéndose de expre- 
siones despedazadas,7OT/7/í///Xjyrt/v/íf/i»)). 
Lo que prueba que la fr. se usa tam- 
bién en España, aunque la metáfora 
no está aplicada de la misma manera. 
E.TEcrcióx, f. Nunca ha sido cas- 
tizo en el significado de actividad y 
labor. «La actividad es un requisito 
para la e^jecución de una obra, mas no 
es la misma ejerución, porque podrá ser 
el hombre cuanloquiera activo, sin 
llevar á ejecución la empresa. La labor 
es el fruto de la ejecución, mas tampoco 
es la propia ejecución, porque, cuando 
se desvele el artífice en la ejecución, 
tal vez no acertará con la labor enco- 
mendada. Careadas entre sí las dos 
ejerwiiines, la castiza y la galicana, á 
bola vista nótase la diferencia. La eje- 
cución española no dice corresponden- 
cia con actividad ni con labor, es mero 
acto de yecutar. La ejectirión galicista 
posee en su amplitud los tres sentidos 
de la ca.stellana [acto de poner por 
obra, aprehensión del deudor, acto de 
quitar la vida por justicia piiblica] y 
los dos propios del francés [acti\ idad 
y labor]». (P. Mir). Condénense ]iu s 
como galicismos las siguientes ejecu- 
ciones: Es hombre de ejecución; 
Le falla consejo y ejecución; Es. un 
pianista de grande ejecución, ;wí- 

•2ii 



202 



EJE 



EJE 



que foca pifzas de dificil ¡sima ejecu- 
ción; La ejecución de la comedia 
fué deteslable; y tradúzcanse así al cas- 
tellano: Es hombre activo ó de activi- 
dad; Le falla consejo y actividad; Es 
un pianista sumamente hábil ó diestro, 
porque toca piezas bien dificiles ó de 
macha obra; El desempeño ó la repre- 
sentación de la comedia fué detestable. 
Téugause muy presentes, cuando se 
hable de músicos y de piezas niusica- 
les, los sustantivos primor, arte, deslre- 
Z'i, habilidad, obra («trabajo que cuesta, 
ó tiempo que requiere la ejecución de 
una cosa: Eslipieza tienemucka obray>) 
y los adjs. y advs. correspondientes. 

Ejkcutar, a. Véase el anterior. El 
galicismo más común que se comete 
con este v. es el usarlo como si signifi- 
cara, tratándose de iustiumentos mú- 
sicos, tañer ó focar. Su significado 
propio y general es: «poner por obra 
una cosa», del latín ersequulum, supi- 
no de éxsequi, consumar, cumplir. Por 
eso se ejecuta tin plano de edificio, un 
programa de fiesta, un proijecto, un 
deseo, etc., cuaudo se ponen por obra ó 
se jwnen en ejecución; pero la música 
tiene en castellano otros verbos niivs 
propios y variados. Siempre la misma 
pobreza del francés, que con una voz 
de significado genérico ahuyenta y des- 
tierra las particulares. 

Ejecutivo, m. El Dice, admite sola- 
mente poder ejecutivo: «en los gobier- 
nos representativos, el que tiene á su 
cargo gobernar el estado y hacer obser- 
var las leyes» ; pero el adj. sustantivado 
se ha generalizado tanto, conforme á 
la práctica general del idioma, que bien 
puede ya aceptársele. Véase Civil. 

Ej emplar izador , r a , ad j . Véase 

el siguiente y dígase ejemplar, edijica- 
dor ó ediñcanle. 



Ejemplarizar, a. y ú. t. c. r. No 

existe en castellano y dígase edificar: 
«infundir en otros con el buen ejemplo 
sentimientos de piedad y virtud». Las 
voces ejemplo, ejemplar y ejemplar- 
mente tienen esta acep., y ejemplificar 
la tuvo también antiguamente. 

Ejemplo (Dar el). l-.a fr. castiza 
es dar ejemplo: «excitar con las propias 
obras la imitación de los demás». 

Ejercitante. Como s. lo define el 
Dice. : «el que hace los ejercicios espi- 
rituales, retirado y recogido en un 
convento o casa religiosa»; pero decla- 
ra que es m. Asi es cuando los ejerci- 
tantes son hombres: mas, como también 
los hay del otro sexo, los cuales llaman 
n\gm\oí,ejercitLmtas, es preciso reformar 
el género ó las terminaciones: ó se le 
dan dos, en e y en a, ó se le da una 
sola en e, pero de género com. Véanse 

CONFIDENTA y AcOMPAÑAXTA. 

Ejercitar, a. y ú. t. c. r. «No es 
lo mismo yercitar que ejercer; esto sal- 
ta á la vista. Ejercitar es practicar, 
ejecutar repetidas veces uua misma 
cosa para adiestrarse en din y ¡loderla 
ejercer después con habilidad ó perfec- 
ción. Ejercer es desempeñar 1 s cargos, 
funciones ó atribuciones correspon- 
dientes á uu oficia, destino, empleo ó 
profesión; hacer uso de una facultad ó 
de un derecho, etc. Sin embargo, en 
documentos oficiales se leen cosas por 
este estilo: Las Gorfes ejercitarán 
uit arto de justicia; Tales y tales perso- 
nas podrán ejercitar el derecho elec- 
toral. Todo esto es disparatar de lo 
lindo». Así ürellana en su Cizaña del 
leni/uaje. La cosa está tan clara que la 
puede entender y grabar en la memoria 
hasta mi uene: ejercitar es la forma 
irecuentativa de ejercer, como dormitar 
lo C8 de dormir, corretear de correr; 



EL 



EL 



203 



por consiguiente, un acto aislado se 
ijerce, se ejecuta ó practica; un acto re- 
petido se ejercita. Los galicistas nos 
ejercitan la paciencia, no la ejercen, 
porque no se ejercitan eii el castellano; 
nosotros ejercemos el derecho de sacar- 
les los trapos á relucir. 

El, art. Siempre liemos protestado, 
cada y cuando hemos tenido ocasión, 
contra la injusta supresión de este ar- 
ticulo en dos de las peticiones del pa- 
drenuestro. Creyendo hacer un servicio 
al lenguaje eclesiástico, remozan algu- 
nos la oración dominical diciendo: 
«santificado sea tu nombre, venga á 
nos tu reino»..., donde nuestros clá- 
sicos y los buenos textos eclesiásticos 
hau dicho: el tu nombre, kl tu reino, 
y con expreso consentimiento de la 
Academia, que, hablando de nos, así lo 
dice en una nota de su Gramática. ¡.V 
dónde iríamos á parar si la Iglesia hu- 
biera de reformar sus oraciones según 
las exigencias y mudanzas de las len- 
guas modernas! «En nada ni por na- 
die, dice D. J. M. Sbarbi, debe ser 
alterada la forma de la Oración domi- 
nical tal cual se reza comunmente en 
castellano, por no haberlo de necesidad, 
pues, á lo correcto de su lenguaje, une 
lo venerable de su antigüedad, circuns- 
tancia que le comunica cierto aroma 
de clasicismo, por una parte, y de de- 
voción, por otra. ¿Sería justo que» 
porque las Pirámides de Egipto no 
guardan consonancia con las prescrip- 
ciones que dicta la Arquitectura en los 
tiemi»s modernos en achaque de se- 
pulcros, fueran víctimas de la piqueta 
demoledora del siglo dwinionono;-» — 
En el art. Dante dimos la regla de la 
-Vcadeinia p;ira el uso de el con los 
nombres propios itaUanos; ahora sólo 
agregaremos que algunos clásicos lo 



han antepuesto también á nombres de 
otras naciones. Así el P. Granada dice 
con frecuencia el Epicuro, Quevedo el 
Camoens, y otros el Boscán; el Colo- 
ma, el Ribadenei/ra, el Cervantes, 
dijo Garcés; Fray Luis de León el 
Tertuliano, Lope de Vega el Pünio, 
etc., etc. Todo esto es ahora inadmisi- 
ble, y en algunos de los antiguos se 
explica porque se refieren, nó al autor 
mismo, sino á sus obras, lo que es cas- 
tizo por demás. — Véase Hijo. — Cuan- 
do se toma un individuo por la especie, 
es evidente que debe espresarse el ar- 
tículo el, la: Salirle á uno el futre 
(la muda, dicen en España"). Cantar- 
le á uno el chucho ó chunclio, 
En esta quebrada bebe agiui el león. 
Más sabe el diablo por ser viejo que por 
ser diablo. — Con nombres de santos 
fué común cu España omitir el art.: 
if/lesia DE señor San José, Fiesta DE 
Seíior Santiago, Fundación de Señora 
Santa Ana. « La supresión de los ar- 
tículos no es modismo aragonés, dice 
ilenéndez y Pelayo con ocasión del 
Quijote de Avellaneda, sino costumbre 
introducida por algunos escritores de 
ñn del siglo XVI, y que otros señalan 
como defecto. Así Gálvez JIontano en 
El Factor de Filida, donde hace com- 
petir á los dos poetas Silvano y Batto: 

Descubrircte á la primera treta 
T'.í lengua sin artículos, defeto 
Digno de castigar por nueva seta... 

y Plateo Alemán eu su Oitografia Cas- 
tellana-. «Y porque dije Castilla la 
Vieja, y agora de pocos años á esta 
parte dicen los papelistas cortesanos 
Castilla Vieja: no sé qué fundamento 
hayan tenido para ello, salvo si quie- 
ren imitar á los latinos y no lo entien- 
den», f El Quijote de Avellaneda, III). 



•J()í 



ELA 



ELE 



Él, ella, proii. pers. m. y f. Muy 
usado en nucsLias pioviiicias del Sur 
por los cónyuges para nonibrai'se en 
ausencia el uno al otro. «Pregúnten- 
telo á c)la, ella dirá», habla el marido; 
y la mujer: «Lo consultaré con él, y 
según lo que él me diga, iisí contestaré)!. 
Es pnictica nacida del pudor natural 
(más común antes que ;diora) que tie- 
nen los recién casnd )S de decir respec- 
tivamente: wi mujpr, mi nuiritlo. Por 
otra parte, tiene también su funda- 
mento eu el cMsicllauo aniiguo, que ilel 
tratamiento de Vni.. \\í:\:\. ó Caridad, 
jiasai)a con tdd.i uatiiralidad al de el s 
dht. Asi lo U;ice, para \\o citar otros, 
.Santa Teresa en sus Curtas. Otro fun- 
damento de este uso es el lenguaje de 
los poetas, que, cuando dedican una 
¡mesia «A ella», todos entienden que 
se trata de la novia, de la esposa ó de 
la mujer amada. La Avellanada, para 
no ser menos, dedicó tambiéu una de sus 
poesías «A él». Por eso dice Caballero, 
en su Dice, de modismos, que ella, fam. 
y comunmente, significa: «la mujer, 
la esposa, la manceba». 

Elaboeae, a. «Preparar, trabajar 
una obra. Ú. especialmente hablando 
de los tnetides». Xo lo conoció el Dice, 
do Autoridades, y aun del adj. elabo- 
rado dijo que era de poco uso entre los 
c!;isicos. Xi por su etimología lati- 
na, que vale labrar ó trabajar con 
esmero ó fatiga, ni por el francés éla- 
horer, que es perfeccionar una obra 
librándola, puede justificarse el uso 
ni iderno de elaborar reglamen- 
tos, proyectos, programas, 

etc,; cosas todas que tioncn mas de 
intelectual que de materia!. Á lo sumo 
diremos que las abejas elaboran la cera 
y la miel, por la industrÍM y esmero 
que hay en esta obra matei ial, (|ne se 



elaboran los metales, se elabora la ma- 
dera, porqise esalgo masque labrarla; 
pei'o los regl:¡inentos, proyectos y pro- 
gramas no se elaboran ni confec- 
cionan, sino que se redactan, se 
preparan, se escriben. 

Elástico, m. En castellano es «te- 
jido que tiene elasticidad por su estruc- 
tura ó por las materias que entran en 
su formación, y se pone en algunas 
prend¡t.s de vestir para que ajusten ó 
den de sí». Por consiguiente, no es el 
hilo ó hebra de goma elástica, corno 
se llama en Chile: Dame an elástico, 
sustantivado por Jalo elástico. «Trae 
iniDS libritos ccgidos con un eltistiro... 
como mis hermanos cuando van al co- 
legio», dice Pérez Galdós en Casanclra, 
II(, :>.•> Este elástico bien puede ser el 
(|ue define ti Dice: pero también pue- 
de Ser una hebra de goma elástica más 
ó menos gruesa ó ancha. 

Elástico, Ca, adj. Tanto á éste 
como al s. elasticidad les falta en el 
Dice, la acep. fig. : aplícase á lo que .se 
puede estirar ó encoger más ó menos, 
á lo que puede recibir ó dar más ó 
menos amplitud. Unas veces equivale 
ii flexible («dícese del ánimo, genio ó 
índole que tieuen disposición á ceder 
ó acomodarse fácilmente al dictamen 
ó resolución de otro»), pero otras no 
se puede reemplazar por ningún otro 
adj., y entonces hay que usarlo necesa- 
riamente. — En esta acep. fig. debe ad- 
mitirse también el adv. modal elástica- 
mente. 

Eleazar, n. pr. m. Así se escribe es- 
te nombre, disciuto de Eleázaro, santo 
anciano que fué martirizado en tienqio 
de los Macabeos. Scío llama también á 
éste Eleazar. Contó é Isaza acentiiau 
estos nombres Eleazar y Eleázaro. 

Eleccionario, ria, adj. Mnri- 



ELE 



ELE 



¿03 



mié» /o eleccionario, contienda 
eleccionaria, dicen los aprendices 
de periodistas, en vez del adj. propio, 
que es electoral: «relativo á electoiesó 
elecciones. Demhos electorales, distrito 
electoral». 

Electricista, adj. «Perito en las 
aplicaciones científicas y mecánicas de 
la electricidad. U. t. c. s.« (agregúese 
rvn.) Así fué admitido en el último 
Dice: pero todavía le falta la acep. 
de-antor que escribe sobre electrici- 
dad. — Se admitieron también, forma- 
dos de la misma raíz, electrizador, 
electrizante, electrodinámica, t-hrlrodo, 
electroimán, eUctrolisio, electrólito, elec- 
tromagnético, electromnijaetismo, elec- 
tromotriz, elertroquimira, electrotipia: 
y en el Apéndice: electrodinámico, 
electrometría, electrométrico, electroqui- 
mifo, electrotera/m, elccfrofipicc. En el 
cuerpo del Dice, se reformaron las de- 
finiciones de electro, electro/oro, electró- 
metro y electromotor. 

Elkfascíaco, ca, adj. Véase Afro- 
disiaco. 

Elüfaxte ulanco. Es loo. tig.. in- 
ventada, según parece, en Estados- 
Unido?, comunísima en Chile y en el 
Peni (no nos consta de otros países), 
que se emplea para designar un objeto, 
una casa, una finca ó nn negocio cual- 
quiera que ú la vista son hermosos y 
lucidos, jiero valen muciio dinero, 
cuesta mucho conservarlos y producen 
poquísima ó ninguna utilidad. «El 
pacayar [casa de campo paia vera- 
neo], para su nuevo propietario, era 
una especie de elefante blanco que, en 
vez de dar algiin provecho, traía el 
g:isto ineludible de o40 duros al año». 
(R. Pahua, Trad. peruanas, VII serie. 
Los Pacaijares). El origen de esta loe. 
es la cla.se de elefantes blancos que hay 



en el reino de Siam, en donde se miran 
como animales sagrados y que sólo el 
rey puede tei:er: por eso son de gran 
precio y no se les puede utilizar como 
á los profanos. Hasta una orden civil 
llamada del elefante Mamo hay entre 
los siameses y en cuya condecoración 
se ve un elefante blanco. El color blan- 
co proviene de cierta enfermedad, 
como lepra, que ataca al animal. Se 
cuenta también que un director de 
circo en Estados-Unidos pintó de blan- 
co un elefante común y anunció (pie 
entre los animales de su compañía fi- 
guraba un elefante blanco. El púl>lico. 
sabedor de la superchería, no asistió á 
ninguna función; con lo cual arruinó 
al director. No falta quien quiera de- 
rivar de este hecho la loe. que estudia- 
mos; pero parece mejor, ra;'is fundada 
y antigua la primera explicac'iin. Con 
todos estos datos creemos pues que 
esta loe, por la gracia y el uso que 
tiene, debe entrar en el Dice, así. 
como simple loe. y nó como fr.. pues- 
to que puede juntarse con muchos 
\erbos y con otras voces: Esta compra 
me parece ó la creo un elefante blanco: 
i-s ó la llaman elefante blanco: se con- 
virtió ó vino á porar en elefante blan- 
co-, etc. 

Elegiaco, ca, adj. Xnv^ti Afro- 
disiaco. 

Elegir, a. Conjúgase en todo como 
pedir, incluso el infinitivo: ¡wr consi- 
guiente, elejir, elei/iré, elei/irla, y r.ii 

elidir, ant.. eligiré, eligiría. 

jxiripie ambos tieuqws son regulare.-. 
Asimismo eliyieni/o, eleijido, nó eli- 

gendo, eligido. — Eu cuanto al 
part. irrcg. electo, es en castellano, co- 
mo todos los de su clase, m;is bien 
simple adj. que part. Por eso no puede 
formar con el v. haber tiempos com- 



206 



ELE 



ELU 



puestos, ni aun pasivos con el v. ser. 
\o debe pues decirse: Hemos electo 
premien t«, ni FroHánfué electo (d- 
calde, sino eleíjido en ambos casos. Con 
quedar, salir, resultar, estar y otros sí 
que puede usarse electo. «¿Xo consi- 
deráis que está electo gobernador?» 
(Quijote, p. II, c. XXXII). Es cierto 
que el P. Sigüenza (Grónita, p. III, 
1. I, c. VIH) dijo: «.Fué electo y eon- 
ñnnado por general de la Ordín» (y 
así también en muchos otros p;isajes), 
y el P. Nieremberg (Diferencia, 1. III, 
c. III, n.° II): fFué cierto después de 
su deposición»; pero este uso no debe 
ya imitarse y es mejor seguir la regla 
general que tiene á estos participios 
por adjs. Sólo los poetas, upor una 
especie de latinismo ó arcaísmo, dice 
Bello, usan á veces como participios 
á apreso, expreso, exduso, y oti-os. A 1(j 
más que llegan en prosa algunos de. 
ellos, como expreso, inckmo, en/uto, es 
á constrnírse con ext,in>. Bendito, 
maldito, roto, preso, hurla, sj usan por 
todos con el v. ser. 

VA.Y.SWSTXh Ó ELEiíENTAU, adj. 

Elementarse, r. Emboban-e 
(quedarse uno suspaiiso, absorto y ad- 
Uiirado). abstraerse. V . m. en el ]iarí. 
elementado. 

Elemento, m. tíg. Persona de 
cortos alcances y sin actividad, que es 
como elemento sin vida. En castellano 
abundan los nombres para estos suje- 
tos "quorum infinitus est numerus». 
Véase Bagual. 

Elena, n. pr. f. Por su etimología 
griega debería escribirse Helena, y 
así lo hacen el latín y el francés: pero 
en castellano ha prevalecido el uso de 
quitarle la h, como á España, Enrique. 
Eduviyis. Así lo trae la Academia dos 
veces en su flramática y lo prefieren 



también Contó é Isaza. — iS'/zito Elena, 
Santa Eleiui, quien no toma se conde- 
na: refrán de los borrachos y de gente 
alegre. — Helena ha quedado reserva- 
do, por la Academia y por todos, para 
el meteoro que lleva este nombre. 

Elenco, m. «Catáligo, índice». 
Llamen así las compañías de teatro y 
de circo el catálogo de las piezas que 
pueden representar, pero nó el perso- 
nal de sus actores, porque eso sería 
convertir en piezas á las persona.s. 
¡Buenas piezas son muchas de ellas! 

Eleodoro, n. pr. Heliodoro. Asilo 
da la Acade:nia, como también Contó 
é Isaza; y ésta es la única forma que 
corresponde á su etimología griega: 
viXw;, sol, y Soíoov, don=don del sol; 
en latín Hcliodorus. 

Eliceo, n. pr. m., Eliseo. 

Elictra, f. Élitro, m.: «cada una 
de las dos piezas córneas que cubren 
las alas de los coleópteros». 

Eliézei', n. pr. m. Eliecer, segiin 
la Academia y los mejores autores. 

Elíxir ó klixik, m. A.sí el Dice; 
pero la Gram. de la Academia trae 
solamente la 2.-' forma. 

Elogioso, sa, adj. Annquc lo 
usan muchos americanos y uno que 
otro español, no lo necesita la lengua, 
que tiene ya los adjs. encomiástico y 
laudatorio, y aun panei/irito, ca, aun- 
que menos usado en esta acep. El Dice, 
ha mantenido cerradas sus columnas, 
con razón, á este inútil neologismo, o 
mejor galicismo (de elojieuj:, se). 

Eloísa, n. pr. f. Eloísa, dice la 
gente educada, siguiendo á los buenos 
autores. .\sí también Contó é Isaza. 
Eloísa, suelen decir en Chile fami- 
larmente las personas cultas, y el vuIl'o 
siempre, y los afrancesados Heloisa. 

Elucubración, f.. elucubrar, 



EMB 



EMB 



207 



a. En ambos sobra la e: dígase lucu- 
hracióii y luciihrnr, por más que ha- 
yan cometido el error autores l)¡en 
estimables. 

Ella. Véase El. 

EmanatisniO, m. Emananlismo: 
«doctrina panteística según la cual 
todas las cosas proceden de Dios por 
emanación». 

Emaus, u. pr. m. Emaús, segiin 
la práctica de la Academia (Jlemo- 
rim, 111, .">líO y de todos los buenos 
escritores. 

Embaladura, f. Embalaje, m. 

F'}.mi;an(aR!-e, r. Formarse banco ó 
bijo en los mares, ríos, acequias, la- 
gos, etc., de suerte que se eleve el fon- 
do y no puedan correr con facilidad 
las aguas. Es v. bien formado y de uso 
corriente en Ulule. Se embancó la la- 
guna; Esfe río va embancado. Xo le 
conocemos ningún equivalente que 
exprese exactamente la misma idea, y 
los que más se le acercan son: nha- 
truirse, cegarse, cubrirse (de arena, 
lodo, etc.), sedimeníarse; pero, como 
se ve, son de significado bastante ge- 
nérico. Pedimos pues la inclusión de 
este v. 

EjibandkIía.miknto, m. Acción ó 
efecto de eniliandevar. De uso general 
en Chile y digno de figurar en el Dice. 
Véase el siguiente. 

Embanderar, a. Adornar con ban- 
deras. Es V. perfectamente formado y 
que hace falta en el Dice. U. en Chile 
y seguramente en toda la América 
Latina. Respecto de España, tenemos 
el testimonio de la revista «Ija Espa- 
ña iloderna», en la cual lo hemos 
leído, y esta cita de Ercilla (La Arau- 
cana, c. XXX 1 1 í, al fin) en jiarti- 
cipio: 



Y en larga escuadra al declinar del di'a 
Entraron en la plaza emhanJeradn 
Con gran ajilauso y alardosa cntrad.n. 

Embarazado, da, adj. Le falta en 
el Dice, la terminación m., la cual 
puede recibir figuradamente y por 
burla ó donaire. «Yo estoy bien emba- 
razado, que me como un huevo blan- 
dón. (Gonz. CoiTeas). 

Embarazar, a. y ú. t. c. r. «Impe- 
dir ó retardar una cosa». Como r. se 
usa aquí poi- concebir. Empreñar, que 
también lo puede reemplazar, sólo es a. 
en el Dice, aunque Cervantes y otros 
lo usan t. c. r. Empreñarse del aire. 

Embarcar, a. y r. Significa «dar 
ingreso á personas, mercancías, etc., 
en una embarcación^); por consiguien- 
te, no se embarcan, porque el tren 
no es embarcación, los que suben á él 
ó lo toman, los que se meten ó entran 
en él, los que viajan ó andan en él; 
mucho menos los que viajan en carrua- 
jes. — La misma observación hacemos 
para los compuestos y derivados: des- 
embarcar, embarcadero, embarco y cm- 
barcjae, embarcador; aunque el Dice, 
diga todavía (jue la escalera desem- 
barca en la meseta, y aunque el de 
.\ u toridades dijo de desem harcar: « me- 
tafóricamente se usa por salir del coche 
ú otra cosa». 

Embarco, m. Acción de embarcar 
ó de embarcarse personas. — Embar- 
que, ni.: acción de embarcar géneros, 
provisiones, etc. Ojalá esta misma di- 
ferencia se hubiera establecido en 
Desembarco y Desembarque. El pri- 
mero, según el Dice, se aplica sólo .i 
personas; pero el segundo, según se 
da á entender, se aplica á jiersonas y 
cosas. 

Embaríiahii.idad, f. Forense. Cali- 
dad de embargablc. Bien puede ocep- 



208 



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tarlo el Dice, porque hace falta y esUi 
bien formado. 

Ejibargabli:, adj. Forense. Aplíca- 
se á lo que puede embargarse. Debe 
admitirse sin discusión. 

Embarrada, f. Sólo aparece en 
el Dice. emhaiTadura: acción ó efecto 
d" einban'ar ó embarrarse. Usamos á 
exabarrada principalmente en el 
leiiifuaje fig.: error grande en lo que 
se dice, ó falta grave en lo que se hace. 
— Di'shcinrir tiene en castellano des- 
barrada, ant., y ¡¡psbdiro en ple- 
no uso. 

Embarrado, m. Embanadmo: 
acción ó efecto de embarrar. En Chile 
los albañiles y maestros de obra usan 
exclusivamente el m., que no aparece 
en el Dice. 

Embarrar, a. «Untar y cubrir con 
barro. || Manchar con barro. U. t.c. r.» 
Xo le da el Dice, la acep. fig. de «man- 
char, envilecer!», p'-opia de enlodar, ni 
la de «discunñr fuera de i"azón: errar 
en lo que se dice <> Iuící^». propia de 
dpubnrrar. La embarré, la em- 
barraste, etc. Enfangarse significa 
tamiiién: «mezclarse en negocios inno- 
bles y vergonzosos; entregarse con 
e.xcesivo afán á placeres sensuales». 

Ejebavcar, a. Engañar, alucinar. 
Conjúgase embauco, embaucas, como 
lo practica el Dice, en EjtBArCADOR, 
y nó embauco, embaucas, como 

se uso antiguamente conforme á su 
forma primitiva embabucar, de baba. 
Sin embargo, Tirso de llolina, por 
boca de una aldeana, emplea la forma 
imbadiicar ( Habladme en entrando), 
ijue bien puede ser hermana de mido. 
Marida, (|ue dicen los que se meten 
á repulidos. 

Embai"Lar, a. «Meter dentro de un 
baúl ropa li otras cosas. || fig. y fam.. 



comer mucho». Siendo, como es, com- 
puesto de baúl, es claro que debe con- 
jugarse: eadiaúlo, embaálax, í-tc, y nó 
embaulo. 

EítKf-lU^RSK y EMBEBECKKSK. Son 

sinónimos en la acep. de «quedarse 
[uno] embelesado y pasmado». 

Embeleco, m. «Embuste, enga- 
ño. II fig. y fam., persona ó cosa fútil, 
molesta ó enfados;i«. Asi el Dice. Con 
la expresión «cosa fútil» est;i satisfe- 
cho el deseo de los que querían para 
esta voz la acep. propia de monería. 
Embeleco se ha usado siempre y .se usa 
en Chile por — cosa fiitil, objeto que 
sólo puede entretener á los niños y que 
no vale el dinero que en él se gasta. 
Todavía deben de recordar muchos 
chilenos aquella expresión candente y 
gráfica con que un político enérgico y 
de sanos principios motejó á sus corre- 
ligionarios de entonces, los lilxjrales 
llamándolos ;t¡1ieralvs de emlielecn.' 
porque no tenían rumbos fijos ni fir- 
meza en sus ideas. Los que recibi-.-ron 
el sayo, que se lo pongan. 

Embelequero, ra, adj. y lí. t. 
c. s. Aplícase á la persona que gasta 
de embelecos ó cosas fíitiles, que no 
hace nada serio, ó, si lo hace, lo inte- 
rrumpe, para entregarse á cualquiera 
frivolidad ó fruslería, á un antojo ó 
capricho. Tal es el embelequero 
chileno, distinto, por consiguiente, del 
embelecador, ra, castellano, <tqne em- 
beleca», es decir, que engaña con arti- 
ficios y falsas apariencias. 

Embetixar, a. Véase Betux. La 
misma diferencia que hay entre el 
BETÚN' español y el chileno hay entre 
el V. de allá y el de aquí. Xuestro 
embetunar es untar ó bañar los 
dulces de la composición llamada bien- 
mesatte ó merengue. Dar de, es la 



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209 



traducción más casti/a de este cbile- 
iiismo. 

Emboco 6 emboque, m. Boli- 
che, m.: «juguete de madera ó hueso, 
que se compone de un palo terminado 
en punta por un extremo y con una 
cazjleta en el otro, y de ui a bola tala- 
drada, sujeta por un cordón al medio 
del palo y que, lanzada al aire, se pro- 
cura recoger en la cazoleta o ensar- 
tar en la punta». Sí, boliche, es la voz 
castiza, y no la olvidéis, niños cliilenos. 

Embolinarse, r. Confundirse, 
cmbroUai-se. Véase el siguiente, con el 
cual se confunde en la falsa accp. 

ICjUíolismak, a. íig. y fani. «Meter 
chismes y enredos para indisponer los 
ánimos»; y nada más. En Chile lo 
usamos malamente por alzaprimar 
(incitar, conmover, avivar), alburolar. 
El error proviene de suponerlo com- 
puesto de bolina (fig., ruido ó bulla 
de pendencia ó desazón), cuando está 
formado de embolismo (fig., embuste, 
chisme). Este último s. significa tam- 
bién: «confusión, enredo, embarazo y 
dificultad en un negocio; mezcla y con- 
fusión de muchas cosas»; lo cual ha 
contribuido más al error. 

Ejibol.sicar, a. Meter en el bolsico. 
.\sí se as;; en Chile y con perfecto de- 
recho. El 1 'ice. sólo registra á p«í?ío/- 
sar: «guardar una co.sa en la bolsa. 
Díce-se, por lo común, del dinero». Kii 
Tirso de Jfolina (Lo que liare un 
manto rn Mailrid) hallamos embulsi- 
//«;-, aunque en distinto sentido: dar 
á uno una l)oIsillaila ó bolsillo de di- 
nero; asi cirao en otra parle eni jilea 
embilletar: dar á uno un billet<!, j)re- 
inunirlo ó defenderlo con él. Pocos 
autores de m:is ingenio y gracia para 
la invención y aplicación de pala- 
liras. 

Dice. ilpChil., t. II. 



Embombillar, a. Elnrizar ó en- 
crespar el pelo por medio de una bom- 
billa. Personas que no tienen el ins- 
trumento que se llama encrespador, 
mediacuíUt ó tenacillas, usan para esta 
operación la bombilla del mate, y de aquí 
se ha formado el v. Xo esde mucho uso. 

Embonar, a. Úsalo aquí el pue- 
blo por abonar (beneficiar la tierra 
con las materias orgánicas ó inoi'gáni- 
cas necesarias para la vegetación). 
Sinónimo suyo es p.s'/'í'/vo/rtr, a.: «echar 
estiércol en las tierras para engrosarlas 
y l)enefic¡arlasí. 

Emboquillado, m. .-Vcción ó 

efecto de 

Emboquillar, a. Formado de 
boquilla: rellenar con mezcla ú otra 
composición análoga las boquillas ó 
junturas que quedan en las obras de 
ladrillos entre un ladrillo y otro. Mu- 
chas veces se hace el relleno de tal 
manera que hus junturas formen bor- 
des; con lo cual parece la obra ra;ls 
adornada. Otras veces semeja jiared 
agramilada, porque se dcjají bien 
marcadíus ó figuradas las hiladas de 
ladrillos. No conocemos en casteüauo 
un V. (pie equivalga á este chilenismo, 
que es entre nosotros de uso corriente. 
Hetnos oído que en algunas psirtes de 
España se usa rejuntar, que tampoco 
apaiece en el Dice. 4)ficial, pero que 
estii bien formado y podría reemplazar 
á nnesini emboquillar. Véase En- 
masillar. 

Emborrachar la perdiz. Ks 
fi'. fig. y fain. (¡ue usamos en el signi- 
ficado de — distiaerá uno con una es- 
jiecie para inihiciili' á otra cosa distin- 
ta. Está tomada de lo que hace algunas 
veces el cazador de jx'rdices p:ira cazar 
estas aves: si logra avistar una, antes 
que ella dé el vuelo, r-1 cazailor liornea 



210 



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la manta ü otro objeto, y así la embo- 
rracha ó atonta y la toma sin dificul- 
tad. Puede traducirse nuestra fr. por 
fascinar, seducir, engañar, usar <le 
maíla, dar trampantojo, utc, etc. 

Emboscar, a. y ú. t. c. r. En Mili- 
cia es «poner encubierta una partida 
de gente para una operación militar»: 
y en general y c. r. : «entrarse en lo- 
espeso de un bosque». Aquí lo confun- 
den algunos con embosquecer, n.: «ha- 
cerse bosque; convertirse en bosque 
un terreno». 

Embotado, da, adj. Aplícase al 
animal cuadrápedo que, siendo de co- 
lor claro en el cuerpo, tiene las cuatro 
patas negras. El nombre está bien 
aplicado, porque ese animal aparece 
como calzado con botas. Cuando lo 
negro llega hasta la rodilla, lo llaman 
calceta: buey ó vaca calceta. En 
castellano, ccdzado, da, significa lo con- 
trario: «aplícase al animal, y especial- 
mente al caballo ó yegua, que tienen 
los pies blancos y el cuerpo de otro 
color» ; concepto que se expresa tam- 
bién con cuatralbo, ba, y en chileno, 
cuatro remos. Si los pies blancos 
son dos, se llama chsalbo, ha, y tresal- 
bo, ba, si son tres. Volviendo á em- 
botado, sépase que se traduce por 
botinero, ra: «dícese de la res vacuna 
de pelo claro que tiene negras las ex- 
tremidades». Por donde se ve que el 
lenguaje sigue la misma lógica en to- 
das partes. La bota chilena es aquí el 
botin español, así como nuestra bote- 
ría es la botinería de España. En al- 
gunas provincias el embotado se 
llama escarpín, y en otras en- 
gruantado; todo lo cual confirma el 
concepto anterior. 

Embotellar, a. «Echar el vino ú 
otrolicoren botellas», lo define el Dice. 



Desde la guerra de los ingleses contra 
los bóers se viene dando á este v., en 
España y América, á imitación del 
to hottJe inglés, la acep. fig. de — ence- 
rrar á uno sin dejarle más salida ó es- 
capatoria que un solo punto pequeño, 
donde con seguridad será cogido; es 
decir, como si realmente estuviera me- 
tido en una botella; y tanto en lo ma- 
terial como en lo moral. «Mientras la 
escuadra española estaba embotetlada 
en Santiago de Cuba», escribió el espa- 
ñol D. Andrés González Blanco; y así 
se embotella también á una persona 
cuando se le ponen obstáculos insupe- 
rables para la realización de sus planes 
ó deseos. Bien puede expresarse la idea 
con la acep. fig. de sitiar (cercar á uno 
tomándole y cerrándole todas las sali- 
das para cogerle), con la de acorralar 
(encerrar á uno dentro de estrechos 
límites, impidiéndole que pueda esca- 
par), con la expresión callejón sin sa- 
lida (negocio ó conflicto de muy difí- 
cil ó;de imposible resolución), con el 
V. escaparse, con el s. escapatoria, etc., 
etc. ; pero mejor sería reconocerle esta 
acep. á embotellar, pues está bien apli- 
cada y es de uso general. Así reclama 
el P. Mir una parecida para encestar. 
(Rebusco de voces castizas). 

Emboticar, a. Para el Dice, no 
hay más que uno anticuado y que sig- 
nificó «almacenar», l.^acep. En Chile 
es corriente entre el pueblo en el sig- 
nificado del cotizo jaro}Mr 6 jaropear, 
a. y fam.: «dar á uno muchos jaropes 
ó medicinas de boticas. Acostumbrado 
el vulgo á los remedios de hierbas y á 
otros gi'oseros menjurjes que le propi- 
nan sus curanderos, tiene horror ins- 
tintivo á los medicamentos de botica 
y dice que el médico lo embotica 
con ellos, esto es, lo harta y hastía. 



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211 



Emboza], Aií, a. Aunque no está en 
el Dice, es castizo, como lo probó el 
P. Mir en su Rebusco; mas no signi- 
fica lo que decimos en Chile, poner el 
hozo á las bestias, que aquí confundi- 
mos con el bozal, sino ponerles el úni- 
co y verdadero bozal. Véase esta voz. 

Embramar, a. Parece foimado 
de bramadero, que es el amarrade- 
ro castellano («poste, pilar ó argolla 
donde se amarra alguna cosa», y en 
América animales; nombre que no tu- 
vimos presente cuando en el Apéndice 
hablamos de bramadero). El v. 
tiene el mismo significado qne encobrar 
(véase en su lugar), pero se usa mucho 
menos y sólo en las provincias del 
Norte. 

Embrioxario, ría, adj. «Pertene- 
ciente ó relativo al embrión. Estado 
embrionarioTi. Admitido en la 13." edi- 
ción del Dice. Asimismo Embriología 
y Embriológico, ca. 

Embrollista, com. Dígase em- 
brollador, ra, ó embrollón, na: «que 
embrolla». Ambos son adjs. y usánse 
t. s. sustantivos. Embrolloso, sa. adj. 
fara., se aplica ú cosa: «que implica 
embrollo». 

Embrojuu, a. Tres son sus aceps. 
castizas: «meter broma y gresca; en- 
gañar á uno con faramalla y trapace- 
rías; usar de chanzas y bromas con 
uno, por vía de diversión», ó bromear. 
En Chile tiene, fuera de éstas, otras 
dos, bastante usadas: 1.* Tardarse, 
entreteniéndose en bromas (de aquí el 
origen) ó cosas inútiles. En esta acep. 

se usa como a. (Embromar el 
tiempo), como n. (No estés em- 
bromando) y como r. (No te 
embromes tanto). Equivale al 
castizo remolonear, n. y ú. t. c. r.: 
«rehusar moverse, detenerse en hacer 



ó admitir una cosa, por flojedad y pe- 
reza». Téngase presente que está for- 
mado del latín i-emorari, retardar, para 
que se vea más claro que el concepto 
es igual al de nuestro embromar. 
Rúncear, n., significa también: «entre- 
tener, dilatar ó retardar la ejecución 
de una cosa por hacerla de mala gana» ; 
y candonguear, n. fam.: «hacerse c 
marrajo por no trabajar». — 2." Perju 
dicar, arruinar; y por'extensión, frus- 
trarse. Ú. c. a. y r. Me metí en este 
negocio y me ¡embromé: me fué 
mal, me arruiné. Con este cambio tan 
bajo se embroman los comercian- 
tes; mejor dicho, ya están embro- 
mados. En esta acep. parece haberse 
formado de la broma marina, molusco 
que «se introduce en las maderas ba- 
ñadas por las aguas del mar y en ellas 
se desarrolla y vive hasta destruirlas 
completamente excavando galerías en 
todo sentido. Es un enemigo terrible 
para los diques, pilotajes y barcos de 
madera». — Otra acep. usamos, que 
puede mirarse como subacep. de la 3.» 
castellana, y es la de-molestar, disgus- 
tar, enfadar, porque las chanzas y 
bromas que fueron al principio por 
vía de diversión, degeneraron en ma- 
chaquería. U. ra. en el part., pero con 
significado activo. ¡Qué hombre tan 
embromado! (tan machacón). 

Embromista, com., y entre el 
vulgo, embromisto. En castellano 
sólo hay embromador, ra, adj. y ú. t. 
c. s.: «que embroma», y bromistn, adj. 
y ú. t. c. s. [com. ?] : «aficionado á 
dar bromas».— Usado en la 1." acep. 
que dimos á embromar, correspon- 
de al remolón, na, castellano: «flojo, 
pesado, y que huye del trabajo mali- 
ciosamente»; il roncero, ra: «tardo y 
pesado en ejecutar lo que se mandan; 



212 



EMI 



EMI 



ó á candonyo, ga, adj. fauí. (juc su usa 
t. c. s.: «que tiene maña para liiiír 
del trabajo». 

iÍMiursTERO, ItA, adj. Lo aplicanius 
familiarmente ;i la persona que al es- 
cribir comete muchos lapsus cnlami ó 
motes Véanse estas dos voces. 

Emendatura, f. Dígase enmen- 
dadura, enmienda ó enmendado n. VA 
Dice, da por corriente á enniendnción, 
y por anticuado á emenda, omen- 
dación, emendadura, emenda- 
miento. Para nosotrus están anticmi- 
dos todos éstos, como también emeil- 

dable, emendador j emendar, 

los cuales haceuios principiar ixtrenni. 
Sólo el vulgo se come la ii. 

Emekgbr, n. «Brotar, salir del 
agua». Así lo ha admitido por primera 
vez el Dice. Esta es la acep. etimoló- 
gica; pero hay que añadiile la poética 
y más usual: brotar ó salir de alguna 
parte. Así se dice, por ej., de los astros, 
que emergen del cielo, del vacío. 

Emeterio, n. pr. m. Hemeterio, 
según la etimología griega y latina. 
Contó é Isaza le quitan la h, pero sin 
razón. 

Eminencia, f. No le da el Dice, 
la acep. de-persona eminente, que ma- 
lamente le dan tantos escritores moder- 
nos; y ojalá nunca se la dé, porque sería 
trastornar todas las leyes del lenguaje 
fig. Eminencia, en este lenguaje, es: 
«excelencia ó sublimidad de ingenio, 
virtud ú otra dote del alma»; por con- 
siguiente, es un simple grado de las 
prendas ó dotes de una persona, y nó 
un ser ó realidad concreta. Por eso, 
personificar la eminenria en esta acep. 
es tan absurdo como lo sería hacerlo 
con sus sinónimos e.rrelenria, tii/lilimi- 
dad, altura. Las eminencias lile- 
rarias, artísticas, diplomdtiuis, etc.. 



f|Ue tanto encumbran algunos, son pues 
una de las muchas calamidades que 
(luieren regalarle al castellano. Líbre- 
nos de fila el buen sentido. Véase Ce- 
lebridad, 

Eminkn'TK, adj. Alto, elevado, ipie 
so'iresale. ¡Cuántos ignorantes lo con- 
funden con inminente: Este significa: 
« que amenaza óestá para suceder pron- 
lanienteii. Un peligro ó riesgo nunca 
serán eminentes; pero inminentes, 
muchas veces. Los escritores, estudian- 
do como deben, llegan á ser eminentes; 
pero, si no estudian, se conviei ten en 
peligro inminente para las lenguas y 
¡lara los lectores. 

Emisor, ra, adj. y ú. t. c. s. Que 
emite. Órgano emisor, parte emisora del 
sonido. En esta acep. creemos que pue- 
de aceptarse, porque esto es lo que 
significan los adjs. verbales en or. Pero 
decir que los bancos tienen facultad 
emisora, como lo dijo un notable 
jurisconsulto chileno, en el sentido de 
que la tienen para emitir tal ó cual can- 
tidad de dinero en billetes, eso no puede 
pasar, porque no es la facultad, s. abs- 
tracto, la que emite, sino que es el 
banco mismo el emisor. 

E^uTiR, a. iluy estricto anduvo el 
P. Mir con la acep. moderna que á este 
V. ha reconocido el Dice: «tratándose 
de juicios, informes, opiniones, etc., 
darlos, manifestarlos por escrito ó de 
viva voz». — Así mismo puede admitir- 
se tratándose de votos religiosos. Emitir 
los votos es hacerlos públicamente ó 
profesar. Por consiguiente, se dirá 
también emisión de votos ó profesión. 
Así lo dicen en latín los canonistas y 
teólogos modernos, y no tiene el caste- 
llano por qué renunciar á ninguna de 
estas aceps., aunque las use también e! 
francés. 



EMO 



£MP 



213 



Emma, n. i>r. f. I'use que se escri- 
ba ;tsi en los idiomas que admiten el 
grupo mili; pero nó en castellano, ijue 
hace años lo rechazó. Muchas son las 
voces latinas que pudieron imponér- 
selo; mas él luchó contra la imposición; 
y, aunque por algún tiempo se consig- 
nó en lo escrito la doble m, como no 
halló apoyo en la pronunciación, hubo 
de simplificiirse ó convertirse en iim. 
Ejemplo de lo primero: cómodo, romen- 
tario, cometer, comerrio, común, suma, 
llama, epic/rama, lema, yema; de lo se- 
gundo : conmbmr, conmilitón, conmover, 
conmemoración, inmundo, inmaculado, 
inmune, inmutar. Escribamos pues á 
la castellana £■/««, como lo hacen Contó 
é Isaza, y á lo sumo reservemos el ex- 
tranjero Emma para el nombre primi- 
tivo, la hija de Carlomagno y amante 
de Eginardo, que tan interesante ha 
resultado en la antigua poesía popular 
española. Si las Ernas modernas hu- 
bieran de cscribii-se Emmas. ten- 
dríamos que escribir también Em- 
manuel, Emmaús, Ammiano 

Marrt'Jino, el emperador romano CÓID.- 
modo; lo cual, como se ve, no es nada 
cómodo para la escritura ni p;ira la 
pronunci; ción. 

Emocionable, adj. Sensible. 
Véase el siguiente. 

Emocional, adj. Hasta la eviden- 
cia prueba el P. Mir, en su Prontuario 
de fíis/K 1/ Barh., que la voz emoción, 
aunque admitida por el Dice, con la 
definición de «agitación repentina del 
ánimo», no es latina en este sentido, 
ni castellana lo ha sido jamás. Es pu- 
ramente francesa, y en aquella lengua 
dio á luz al V. émotiwiner y n'émotion- 
ner, al íidj. e'/zio/w/í/íe/y otros hijuelos 
d-í menor valia. ^;C'ónio pues acudir al 
franctís para un adj. que tiene mil 



e(|uivalentcs en castellano, mucho más 
expresivos y sonoros? Dígase, según los 
casos, vehenientc, apasionado, conmovi- 
do, agitado, inquieto, turbado, alterado, 
perlurbado, trastornado, sobresaltado. 
aai/nsfi/iílo. conr/ojoso, etc. 

Emocionar, a. y más usado c. i-. 
Después de lo dicho en el auterioi-, no 
necesitamos agregar que jamás debe 
admitirse este v. en castellano. Ojalá 
el Dice, se mantenga, como hasta hoy, 
inflexible con él, ¡lues para nada lo ne- 
cesitamos, y aun nos repugna su origen 
espurio. — Lo mismo decimos del part. 
emocionado, da. 

E.MOLUJIKXTO, m. «(íaje. utilidad o 
propina que corresponde ;i un cargo ó 
empleo. U. rn. en pl.» Es sinónimo de 
obvención, f., y ú. m. en pl: «utilidad, 
fija ó eventual, además del sueldo que 
se disfruta»; pero no lo es, como creen 
algunos, de dereclios (asi, en pl. y nó en 
sing.): «honorarios que se cobran en 
ciertas profesiones». 

Empacarse, r. Admitido en la 1." 
edición del Dice., ha desaparecido en 
las últimas, no sabemos por qué, cuan- 
do está perfectamente formado y es de 
uso corriente en toda ó casi toda la 
América Latina. «Enojarse, tomar 
tirria li despecho», fué la definición 
que dio la Academia en su primer Dice, 
quedando con ella á gran distancia del 
verdadero significado. Empacarse sig- 
nifica en América «parai^e un animal 
en términos de que cueste mucho tra- 
bajo hacerle salir del punto en que lo 
hace», ya sea quedándose en pie, sea 
echándose al suelo, como lo hacen los 
pacos (de cuyo nombre se formó el v. , 
como emperrarse, de pen-o, encabritar- 
se, de cabrito, etc.), que «á veces se 
enojan y aburren con la carga, y échan- 
se con ella, sin remedio de hacerlos 



214 



EMP 



EMP 



levantar» (P. Acosta). Al principio se 
dijo solamente de los pacos, pero des- 
pués se extendió su uso á los deiuíls 
animales que tienen el mismo defecto 
(caballos, bueyes, muías); en lenguaje 
fig. y fam. se aplicó también á las perso- 
nas que por enojo, resabio, vergüenza ú 
otra causa se detienen en lo que están 
haciendo y no quieren continuar. Apli- 
cado á los animales, equivale á plan- 
tarse, y por eso de intento le dimos la 
definición de este v. y nó la de haro- 
near (emperezarse; andar lerdo, flojo ó 
tardo), que otros malamente le han 
dado. Con todos estos antecedentes y 
después de haberlo usado los españoles 
que escribieron de las llamadas Indias 
Occidentales, es verdaderamente raro 
que el Dice, haya despreciado este ex- 
presivo vocablo, con lo cual no pode- 
mos conformarnos los americanos, 
mayormente cuando en el mismo vemos 
á desempacarbe, su compuesto y con- 
trario, aunque mal definido, porque no 
hizo otra cosa que copiar la 1 .-'' edición : 
«aplacarse, mitigarse, desenojarse». 
Nó: esto es tomar la causa por el efec- 
to: desempacarse es: echarse á andar ó 
correr el animal después de haber esta- 
do plantado ó empacado, sea porque se 
ha desenojado, ó porque ha cesado el 
cansancio, ó porque lo han halagado y 
acariciado, como lo hacen los amerin- 
dios con el paco, ó simplemente porque 
se le antojó. Averigüe allá la causa el 
fidedigno P. Valdecebro. Hasta aquí 
habíamos escrito cuando apareció la 
edición del precioso Vocabulario de 
Gonzalo Correas, en el cual hallamos 
estas masque preciosas palabras: n-Eni- 
pacarse, ó estar empacado: lo que ente- 
ri'iarse, amularse, resistir, no se redu- 
ciendo con ruegos; es refrán de las 
Indias, que se causó de los pacos, car- 



neros rasos que sirven de carruaje, y si 
se enojan, se echan en el suelo con la 
carga, y no hay remedio de levantarlos, 
aunque los maten. El remedio que tie- 
nen los indios es sentarse junto á ellos 
dos y tres horas, y hacerles halagos 
hasta que se desenojan; de aquí se dice 
empacado el hombre que está duro con 
enojo y no reducible». Los verbos 
enterriarse y anidarse con que explica 
el Maestro nuestro empacarse, no apa- 
recen en el Dice. El primero debe de 
ser formado de tirria (entirriarse, que 
tampoco está en el Dice, pero lo usa sin 
escrúpulo Torres Naharro), y el segun- 
do es formado de muta, porque la muía 
también se empaca. Después de tan 
buenas autoridades no citaremos sino 
al P. Ovalle, que lo es también para la 
Academia: «Quise revolver el caballo, 
y, para mayor dicha [irónico; de aquí 
el adj. dichoso, que defendimos en su 
lugar], 'se me empacón. (Histór. relac.y 
1. VIH, c. XVII). Fuera de plantar- 
se, hay en castellano, para expresar 
esta idea, repropiarse (resistirse la ca- 
ballería á obedecer al que le rige), em- 
perrarse (obstinarse, empeñarse en no 
ceder ni darse á partido), recejar, que 
no aparece en el Dice, pero está bien 
formado y se usa por algunos (véase el 
Rebusco del P. Mir), y la fr. hacer po- 
rra (pararse sin poder ó querer pasar 
adelante en una cosa). Pero, como se 
ve, no valen lo que nuestro america- 
nismo, el cual pedimos que vuelva al 
Dice, mejor definido y con sus respec- 
tivos sustantivos empacamiento ó em- 
paque, m. (acción ó efecto de empa- 
carse). — Podría también agregársele 
acep. fig. cuando se trata de pcreonas 
y definirla mejor que Correas: dete- 
nerse uno obstinadamente y por capri- 
cho, sin querer proseguir, ya sea cuando 



EMP 



EMP 



215 



va caminando, ya cuando está ejecu- 
tando cualquiera acción ; parecido, pero 
lió if;ual, al encapricharle castellauo y 
al taimarse cliilcno. 

Empachar, a. y li. ni. c. r. '(Ahitar, 
causar indigestión». Es la 2." acep. 
que le da el Dice. Usárnosla también 
nosotros, pero con alguna diferencia. El 
empacllO chileno es la inflamación 
de la membrana mucosa de los intes- 
tinos (la enteritis); lo cual es causa de. 
que no se digiera nada y que se cobre 
hastío á lo que produjo esa enferme- 
dad. Por eso usamos también el v. en 
sentido fig. Me tienes empachado (har- 
to ó aburrido) con tus majaderías. 
Acep. que bien puede aceptarse. Al- 
gunas veces nuestro empacho es la 
saburra castellana: «acumulación de 
materiales en el estómago á conse- 
cuencia de malas digestiones». — De 
un hvevo comieron cien [/o], y eJ últi- 
mo se empactió, fr. fig. y fam. con que 
motejamos la escasez de un alimento ó 
bebida que se reparte entre muchas 
personas. Equivale á la fr. castiza 
Toma un huevo y hártate: burla de 
querer hartar con tan poco, que trae 
Gonzalo Correas. 

Empacho, ra. Véase el anterior. 
Úsase también en Méjico, como se ve 
por esta conclusión del IV Congreso 
católico nacional mejicano: «Cuando 
los niños comienzan á comer, deben 
darles alimento de fácil digestión y en 
cantidad moderada, para evitar lo que 
vulgarmente llaman empach.0, cau- 
sa de tanta mortalidad». — Que- 
brarle el empacho á uno. 
Medio cruel y vano que por ignoran- 
cia usan las curanderas y mujeres del 
pueblo para curar del empacho á los 
niños, y consiste en tenderlos de bru- 
ces y, pellizcándoles fuertemente y con 



ambas manos las espaldas, levantarles 
la piel de treclio en trecho. 

Ejipajab, a. Mezclar con paja. Di- 
cese generalmente del barro que se 
prepara para hacer adobes. Bien pue- 
de admitirse, porque está bien forma- 
do y tiene bastante uso. — La acep. 
«techar de paja», que le da Cuervo 
como propia de Colombia, se usa tam- 
bién en Chile; — y asimismo c. r.: echar 
mucha paja los cereales y poco ó nin- 
gún fruto; casi sinónimo de ent'¿icj/?r, ó 
prolongación de encañar. 

Empalarse, r. Tiene entre nos- 
otros tres aceps.: hablando especial- 
mente de los hombres, obstinarse, en- 
capricharse, porque generalmente se 
ponen tiesos como un palo; — tratán- 
dose del pan, no fermentar ó leudar, 
porque está duro como palo; empa- 
larse de frió, envararse, entumecerse, 
arrecirse, porque también en estos ca- 
sos está el cuerpo tieso como un palo. 
El empalar castizo es a. y sólo significa : 
«espetar á uno en un palo como se es- 
peta un ave en el asador». Evidente- 
mente lo hemos confundido con ent^a- 
rar, que se usa más c. r., como que de 
pedo á vara hay poco que andar. 

Empalicador, ra, adj. y ú. t. s. 
Véase el siguiente y dígase adulador, 
em/aifador, engatusador, enlahiador, 
la(/oíero, gitano, socaliñero, zalamero, 
candongo (todos con sus respectivas 
terminaciones femeninas), lavacaras y 
engañabobos, coin. 

Empalicar, a. Del s. palique, 
«conversación de poca importancia», 
y el cual hemos torcido nosotros en el 
sentido de-conversación adulatoria, 
hemos formado este curioso v., que ya 
es de uso general en Chile. Mas, como 
es falsa su base y hay además, tan- 
tos castizos, no podemos recomendarlo. 



216 



EMP 



EMP 



Por eso traduzcámoslo por alguno de 
éstos: encafum.r, ciicniítusar, ó enr/afu- 
scir, a. fam.: «ganar la voluntad de 
uno con halagos para conseguir de él 
alguna cosa»; enlabiar, a.: «seducir, 
encañar, atraer cotí palabras dulces y 
promesas [con labia^»; laijotear, n. 
fam., y ú. t. c. a.: «hacer halagos y 
zalamerías para conseguir una cosa»; 
fwjaifar, a. fatn: «inducir á uno con 
halagos á que haga lo que rehusitba»; 
gitanear, n. fig.: «halagar con gitane- 
ría, al modo de las gitanas, para con- 
seguir lo que se desea» ((jHanerut es: 
«caricia y halago hecho con zalamería 
y gracia, al modo de las gitanas); lia- 
cer cocos, fr. fam.: «halagar á uno con 
fiestas ó ademanes para persuadirle lo 
que se quiere»; engañar á uno con 
cuentas alegres ó galanas, que son 
«cálculos lisonjeros y poco fundados»; 
socaliñar, a.: «sacar á uno con socali- 
ña alguna cosa», y socaliña es: «ardid 
ó artificio con que se saca á uno lo que 
no está obligado á dar». Así qneda 
pues reemplazado y de sobra nuestro 
chilenismo, pues los verbos castellanos 
(expresan las distintas intenciones y los 
diferentes recursos del empalica- 
dor chileno. 

Empalidecer, n. Nada le agre- 
ga al significado del simple palidecer 
(ponerse pálido), único que acepta el 
Dice, y que siempre se ha usado. Se 
les ha deslizado el neologismo, entre 
otros, á Palacio Valdcs, Echegai'ay, 
Pardo P.azán. 

Empalizar, a. Cercar o defender 
nn sitio ó lugar con empalizada. Es v. 
formado por analogía con esta liltima 
voz y usado principalmente en las pro- 
vincias australes de Chile, donde tanto 
abunda la madera. Dígase enrejar, en- 
rerjar. 



Empalmadura, f. ó empalme, m. 
«Acción ó efecto de empalmar. || Pun- 
to en que se empalma». Esto dice el 
Dice; y íi empalmar lo define: «a. jun- 
tar por los cabos ó extremos dos ma- 
deros, sogas ú otras cosas, ingiriéndo- 
los ó entrelazándolos de modo que que- 
den á continuación el uno del otio. || n. 
Unirse un tren ó ferrocarril con otro. 
También suele decirse de las carieteras 
y de las diligencins y coches de trans- 
porte». Si iiubiera agregado que en Mi- 
nería se dice también de las vetas, filo- 
nes ó veneros, habría incluido la acep. 
chilena del v. y de los sustantivos. 

Emi'ami>aR8E, r. «Extraviarse en 
una pampa». Admitido como ameri- 
canismo en el Apéndice del último 
Dice. 

Empanada, f. La que define el Dice. 
es «cocida en el horno»; lo cual está 
bien para nuestras caldúas y pe- 
quenes, para las de pera y para las 
que piegonan los vendedores: ¡ca- 
lientitas las de horno, con ¡Msa, 
aceituna g huero.' ¿Y las fritas, que 
no se cuecen sino que se fríen en grasa 
ó manteca? 

Empangar, a. Forrar frutas fres- 
cas con hojas de pangue. Véase esta 
última voz. El v. es de poco uso. 

Empapelado, m. Si empapelar sig- 
nifica (2." acep.): «forrar de papel una 
habitación, nn baúl, etc.», y si hay 
«persona que empapela» (empapelador, 
ra), rtCÓmo dejar sin nombre á la obra 
misma, el empapelado.' Confiamos en 
que pronto remediará el Dice, esta 
omisión. Véase Adoquinado. 

Empaquetadura, f. Empa- 
que, m. Así se llama la acción ó efecto 
de empaquetar ó empacar. — Otra falsa 
empaquetadura que se conoce en 
Chile i'S el tasco ó agrainiyí, la estopa. 



EMP 



EMP 



217 



lu hilacha, que tanto uso tienen en el 
manejo de las locomotoras y otras má- 
qainas, como también para rellenar 
paquetes ó cajones, para enchufar ca- 
ñones, etc. Véase Huaipe. 

Empaquetar, a. Lo usan en 
Chile en el signiñcado de-rellenar con 
hilachas ó estopas empapadas en gra- 
sa, la caja del eje en los vagone&;-y 
también meter estopa, agramiza, hila- 
cha, etc., al ajustar las bocas de los 
cañones. También se emplea para este 
último una pasta de asbesto. Las dos 
aceps. pueden traducirse por el casti- 
zo atascar, a. : a tapar con tascos ó es- 
topones las aberturas (jue hay entre 
tabla y tabla, y las hendeduras de ellas; 
como se hace cuando se calafatea un 
buque>'. (De este tasco proviene el 
chilenismo taco, como se verá en su 
lugar). — r. Por analogía con el adj. y 
s. fani. paquete, «hombre que sigue 
rigurosamente las modas y va muy 
compuesto». Dígase acicalarse, empe- 
rejilarse, cumponerse, atusarse, aliñar- 
se, ponerse paquete ó los trapitos de 
cristianar. No tiene mucho uso en 
Chile, y el pueblo prefiere cachar- 
pearse. 

Emparentamiento, m. Acción ó 
efecto de emparentar. Falta en el Dice. 
Cejador lo usa en la acep. de parentela, 
como se deduce de estas palabras suyas: 
«Una casa ó emparentamiento, digo 
un cierto número de personas empa- 
rentadas en diversos grados». (El Len- 
guaje, t. IV, n. 115). 

Emparentar, n. y nó r. Contraer 
parentesco por vía de casamiento. Yo 
me emparentó con Fulano-, dígase: 
Yo empariento con Fulano. La conju- 
gación es irregular, porque es com- 
puesto de palie ate. 

EmpaSCUarse, r. fam. Iletiizarlu 
Uicc. de Cbil.. 1. II. 



á uno la alegría y el deseo del jolgorio 
al aproximarse la pascua, ó prolongar 
después de ella las diversiones profa- 
nas con que se celebró. No es de mu- 
cho uso, y, como se ve, no equivale 
exactamente á la fr. castiza Estar uno 
como una pascua: «estar alegre y re- 
gocijado». 

Empastada, f. «En la Aparición 
de Paine se vende una magnífica em- 
pastada de 25 cuadras, regadas v 
cerradas», anunció una vez el diario 
El Porvenir. Muy usado es por los 
chilenos este vocablo, con el cual sig- 
nifican el pasto que para alimento de 
los ganados se ha hecho crecer durante 
una temporada. í]s el /icrky'e castella- 
no (conjunto de hierbas que se crían 
en los prados y dehesas). Tomando el 
continente por el contenido, se puede 
llamar también pastizal (terreno de 
pasto abundante para caballerías), 
pradera, pradería y prado, y en gene- 
ral, hierbas, pastos. Véase Pastada. 

Empastador, m. Encuaderna- 
dor; aunque el v. empastar signifique: 
«encuadernar en pasta los libros». 

Empastadura, f. Encuadema- 
ción. Pasta: «forro de los libros que 
se hace de cartones cubiertos con pie- 
les bruñidas y, por lo común, jaspea- 
das». Tal es la que todos llamamos 
pasta española, toda de piel ó de cue- 
ro, pero las hay también todas de tela 
ó de papel, de cuero y tela ó papel, de 
tela y papel, etc., por lo cual es menes- 
ter generalizar la definición, dejando 
para los casos particulares las expre- 
siones ^w.s/rt entera, media pasta, pasta 
italiana, holandesa, inglesa, etc. 

Empastar, a. Muy usado en Chi- 
le, porque no se conoce el castizo em- 
pradizar, ñ,.: «hacer prado un terreno, 
sembrando en él hierbas propias para 

•it 



218 



EMP 



EMP 



el pasto». — En el P. Sigüenza leemos: 
«Perdieron allí el ganado, que robaron 
los moros, y no se cultivó la tierra, ni 
se pastaron las dehesas, y quedó todo 
asolado». (Crónica, p. III, 1. I, c. X). 
¿Qué significa aquí no pastarse las 
dehesas? ¿Que no fué comido por el 
ganado el pasto de ellas? Pero se opo- 
ne la calidad del v., que en esta acep. 
es n. ¿Que el ganado no fué llevado á 
pastar en ellas? Se opone también la 
calidad del v., que en esta acep. es a. 
y pide por sujeto á, ganado, lo mismo 
que pastorear. No queda pues, por esto 
y por la frase final «todo asolado», 
otro significado que el de nuestro em- 
pastar: sembrar de pasto un terreno. 
— Coincide también nuestro chilenis- 
mo con el castizo empradizar en la 
acep. reflexiva: «convertirse en prado 
un terreno criando hiei'bas de pasto». — 
Como subacepción de ésta significa, 
además, nuestro empastarse: lle- 
narse de malezas un sembrado. — Apli- 
cado á animales vacunos, hartarse de 
pasto hasta el punto de contraer en- 
fermedad; lo que sucede ordinaria- 
mente con el pasto tierno de la prima- 
vera. Para esta idea da Valbuena el v. 
entetarse, que no figura en el Dice: 
«inflarse los bueyes en la primavera 
por comer hierba verde». Otras veces 
se empastan por comer algún pas- 
to dañoso para ellos. 

Empastar, a. Compuesto de eni 
y pasta. Cubrir de pasta las paredes 
antes de pintarlas. Hay en castellano 
aparejar, emprimar ó imprimar, a.: 
«preparar con los ingredientes nece- 
sarios la superficie del lienzo, tabla, 
etc., en que se ha de pintar»; y ade- 
más, plastecer y emplastecer, más pro- 
pios para el caso. Véanse en Enma- 
sillar. 



Empastelar, a. «Impr. Mezclar ó 
barajar las letras de un molde de mo- 
do que no formen sentido». ¿Para qué 
restringir esta mezcla ó confusión á un 
molde solamente? Si ella se verifica en 
todas las cajas de una imprenta, ¿no se 
dirá también de ésta que está empas- 
telada? 

Empatar, a. Como lo dice la etimo- 
logía (salir ó quedar pata), debe este 
V. referirse á lo que puede salir pata, 
como juegos, carreras, etc., y no res- 
tringirse solamente á las votaciones, 
como lo hace el Dice. En cistellano 
hay también las frases Quedar, salir ó 
ser pata ópatas: «salir empatados ó 
iguales en una suerte ó votación» 
(¡ojo á la definición, que extiende el 
empatar á las suertes!) y Hacer ó ha- 
cerse tablas una cosa: «quedar sin de- 
cisión». Salir tablas, dicen también 
en Chile. — El P. Mir en su Rehusco 
defiende la acep. fig. de «impedir el 
curso, embarazar la acción, esturbar la 
influencia, dejar^plantado y sin efecto, 
frustrar el influjo de algún agente», 
aplicada á empatar. En Chile es común 
la fr. empatar el fiemjjo; también se 
usa en el mismo sentido, pero menos, 
empatarse: demorar ó perder el tiem- 
po. Véase Embromar. 

Empavesar, a. Apabilar, a.: 
«preparar el pábilo de las velas para 
que fácilmente se encienda». 

Empavonar, a. Admitido en la 13.* 
edición del Dice, con remisión á pavo- 
nar: «dar pavón al hierro ó al acero». 
Aquí se usa mucho empavonar, pero 
en el falso significado de-dar color 
empañado á los vidrios, principalmente 
de puertas, ventanas, etc. 

Empecinadamente, adv. de m. 
Obstinada ó porfiadamente. Merece 
admitirse. Véase Empecinarse. 



EMP 



£MP 



2IS) 



EiiPiiciNAMiENTO, lu. Obstinación, 
porfía, tenacidad. Merece admitirse, 
como el siguiente. 

Empecinarse, r. «Verbo que toma- 
mos por aferrarse, obstinarse, empe- 
ñarse, encapricharse. Sabido es cuánto 
renombre cobió en la guerra que sos- 
tuvieron los españoles contra los fran- 
ceses á principios del siglo pasado, el 
guerrillero Juan Martín Diez, llama- 
do, dice Toreno, el empcciiuido (apodo 
que dan los comarcanos á los vecinos 
de Castrillo de Duero, de donde era 
natural); la fama de su tenacidad y 
resistencia hubo de pasar los mares y 
llegar al Nuevo Mundo, donde dirían, 
p;ira ponderar lo incontrastable de al- 
guno en un empeño: Es un Empecina- 
do, como á otro propósito se usa: es un 
Cid.t) (Cuervo, Lenipiaje bogotano, n° 
S86). «¿Con qué sentidos acentos, por 
ejemplo, se quejaría de la Patria el 
Empecinado, que fué uno de los pri- 
meros que se arrojaron á defenderla, 
llevado, después de defendida y salva, 
á rastra á la horca...?» (Puigblanch, 
Opúsr., pról.) «Tanto sonó entre ellos 
[los partidarios del rey José Bonapar- 
te] su nombre, que á todos los guerri- 
lleros los solían llamar empecinados». 
(M. Lafuente, Hisf. de Españfi). Con 
estos antecedentes es bien fácil expli- 
car la formación de este v., que proba- 
blemente nació en España, y de allá, 
en alas del entusiasmo bélico, tan vivo 
en las guerras de la independencia 
americana, contemporáneas de la de 
España, volaría para acá acompañado 
de todos susderivados. (VéaseBoyco- 
tear). Por su nobleorigen yporel uso 
que se le da en toda la América La- 
lina, tiene pleno derecho á figurar en 
el Dice, por lo menos como america- 
nismo. 



Empedocles, n. pr. m. Empédo- 
cles. Así Contó é Isaza y todos los 
buenos autores. 

Empedrar, a. Conjúgase empiedro, 
empiedras, etc., porque es compuesto 
de piedra. Los que dicen apretO, 
emparentó, forzó y otras barba- 
ridades, son los ([ue dicen también 
empedró, empadras. ¿Creerán 
que es compuesto de Pedro? 

Empelotarse, r. fam. «Enredarse, 
confundirse. Dícese más comunmente 
cuando este enredo ó confusión nace 
de riñaó quimera». Nuestro empelo- 
tarse (desn udarse ó quedar en cueros), 
que se usa también en Colombia, se ha 
formado de la loe. en pelóla, como em- 
pcdar de en pala. El castizo se formó 
también depelota, porque losque luchan 
cuerpo á cuerpo forman, cuando se 
enredan ó enzarzan y ruedan por el 
suelo, unacomo^Wrtte ú ovillo. El Dice, 
no da etimología; pero es evidente que 
ésta es la verdadera; pelota, de la loe. 
en pelota, viene de piel. 

Empella, f. Anticuado lo declara el 
Dice, en la acepc. de «manteca del 
puerco, como se quita de él», que es la 
5.-' de Pella. — En Chile se llama 
empella la gordura ó grasa que se 
acumula en el redaño (por otro nombre 
entresijo ó mesen terio) de las reses. — 
Echar uno empella, fr. fig. y 
fam.: enriquecerse. Si empella en sen- 
tido recto es manteca ó gordura, la 
traslación al sentido fig. no puede estar 
mejor de lo que se ha hecho en esta fr., 
y aun el simple pella, su sinónimo en 
otra acep., significa también fig. y fam.: 
«cantidad ó suma de dinero, y más 
comunmente la que se debe ó defrau- 
da». En este mismo sentido se dice en 
castellano: Tener uno cubierto (ó bien 
cubierto) el riñon: estar rico. Cfr. 



■2-20 



EIvl? 



EMP 



Echar uno guata en el art. 
Guata. 

Empellar ó empeller, a. Euipu- 
jar, dar empellones. 

Umpeñoso, 8a, adj. Con gran asom- 
bro vemos que no fig-ura en el Dice, 
esta voz tau usada entre nosotros y tan 
bien formada del s. empeño. Una de 
las aceps. de éste es: «tesón y constan- 
cia en seguir una cosa ó un intento»; 
aíí como el v. empeñarse significa tam- 
bién: «insistir con tesón en una cosa». 
Empeñoso equivale pues á constante, 
perseverante, diligente, sin ser exacta- 
mente igual. U. t. en Méjico, según 
Ramos Duarte. Pedimos pues que entre 
cuanto antes al Dice. — En cuanto al 
adv. EMPEXosAMEXTK, que también se 
usa, pero no tanto como el adj., no es 
tan urgente admitirlo, porque se puede 
reemplazar con el m. adv. con empeño: 
«con gran deseo, ahinco y constancia: 
sin omitir diligencia alguna». 

Emperadora, f. Anticuado y dí- 
g:\se emperatriz. 

Emperifollarse, r. fam. Poner- 
se los perifollos, que son: «adornos de 
mujeres en sus trajes y peinado, y 
especialmente los que son excesivos ó 
de mal gusto». Véase Empaque- 
tarse. 

Empfrlar, a. Cubrir ó sembrar de 
perlas. Felizmente usado, y probable- 
mente inventado por Don Enrique 
Álvarez Bonilla, eminente poeta colom- 
biano, en su versión del Paraíso per- 
dido, merece entrar en el Dice, á lo 
menos con la calificación de poético. 

Empertigar, a. y n. Atar al yugo 
el pértigo de un carro ó carreta. Bien 
formado y necesario, merece ser admi- 
tido. Yéase De^eíipkktioar. 

Empetrencarse, r. Encaramar- 
se, subirse, engarabitare. Suele usar- 



se también la forma petrencar- 
se y apetrencarse. Parece (pie 
viene de petrenque (por otros nom- 
bres trenque y petrenquen), 
macho de la tenca (para el ¡meblo 
trenca), ave que anida en lo m¡is 
alto du los árboles. Más probable pare- 
ce esta etimología que la de hacerlo ve- 
nir por metátesis del castellano trepa. . 

Empiezo, m. Anticuado en el 
Dice, y también en Chile. Dígase 
com ienzn, principio. 

Empixae, a. y r. Por sí solo, como 
fig. y fam., significa «beber mucho»: 
por consiguiente, no hay necesidad de 
agregarle el complemento eJ jarro, la 
copa. La fr. castiza que significa esto 
mismo es Empinar (alzar ó levantar) 
de codo ó el codo. 

Empíngorotaüo, da, part. de em- 
pingorotar. El V. es a. y fam. y ü. t. c. r. 
y significa: «levantar una cosa ponién- 
dola sobre otra». Por consiguiente, no 
debe confundirse su participio, como 
lo hacemos nosotros, con el adj. fam. 
pingorotudo, da: «empinado, alto ó 
elevado». — Los autores españoles mo- 
dernos dan á empingorotado la acep. 
fig. de-elevado por fortuna ó linaje, 
que todavía no le reconoce el Dice, y 
que bien puede aceptarse. «Los caba- 
lleros más empingorotados que se ha- 
llaban presentes». (P. Coloma, Pegi/e 
ñwes, 1. 1, pág. Ifi8). «Familias de las 
más empingorotadas del comercio». 
(Pérez Galdós, Fortunata y Jacinta, 
t. I, pág. 86). 

Empiparse, r. Lo empleamos 
mal, porque no existe en castellano, y 
dígase apiparse: «atracarse de comida 
ó bebida»; estar lleno como pipa. Sinó- 
nimos: empaparse (compuesto Aepapn ) . 
«ahitarse, empachai'se»; embocar y 
embuchar: «tragar y comer mncbo _\ 



EMP 



EMP 



de prisa». — Con estos dos últimos pue- 
de expresarse la acep. de a. que tam- 
bién le damos: Me empipé un litro 
de vino. 

Empitonar, a. Formado de pitón: 
«cuerno que empieza á salir á los ani- 
males; como al cordero, cabrito, etc.», 
no puede significar otra cosa que-he- 
rir con el cuerno ó pitón, ensartar en 
él. Sólo lo hemos visto en la señora 
Pardo Bazán en el siguiente pasaje: 
s Bombita [un torero] empitonado 
por el muslo izquierdo, lanzado al aire 
tres veces y saliéndole el asta por las po- 
saderas». (La i'iila fontemporánea ). El 
V. está bien formado, pero su uso no 
es general. 

Emplantillado, m. líelleno y em- 
parejamiento que se Lace con bario y 
cascote ó ripio, de los cimientos de las 
paredes. Es, con toda propiedad, lo que 
sirve á éstas de plantilla, y de ahí el 
nombre de emplantillado. Si no hay en 
castellano otra palabra equivalente, 
bien podría admitirse la que usamos 
en Chile. 

Emplantillar, a. Plantillar, a: 
«echar plantillas á los zapatos ó me- 
dias». — Hacer la obra del emplanti- 
llado. Bien puede admitirse en esta 
2." acep., si es que no hay para ella 
otro v. nnis castizo, como lo hay para 
la 1.» 

Emplástico, ca, adj. Emplástri- 
co, ca: pegajoso, glutinoso. Parece que 
pronto tendrá que aceptar el Dice, la 
forma emplástico, que es la usada por 
casi todos, así como aceptó el s. emplns- 
to, que en latín y en griego lleva r 
después de la /. Si el etimológico em- 
plastro quedó arrinconado entre los 
anticuados, la misma suerte debe co- 
rrer el adj. de él formado. 

Emplazas, a. Úsanlo algunos como 



si equivaliera al francés emplacer, co- 
locar ó poner en un lugar: éste es com- 
puesto de place, lugar, sitio, plaza, y 
el emplazar castellano es compuesto de 
plazo; por eso significa: «citar á uno 
mandándole comparecer ante el juez 
en señalado día y hora»; con otra acep. 
más que tiene en Montería. Empla- 
zaron el monumento en el sitio prepa- 
rado. ¡Qué horror y qué ignorancia del 
castellano y del francés! (Véase Des- 
plazar). Reemplazar sí que es com- 
puesto de plaza, y por eso signiñca: 
poner en lugar de una cosa otra igual 
ó equivalente, y suceder á uno en la 
plaza, empleo, cargo ó comisión rjue 
tenía. 

Emplear, a. y u. t. c. n. Voij á em- 
plear, dice el chileno, cuando sale de 
su casa al comercio, allá de tarde en 
tarde y con buena suma de dinero, á 
proveerse de los géneros y demás cosas 
que necesita. No creemos que alcance 
á ser esto un chilenismo, porque una 
de las aceps. castizas de emplear es: 
«gastar el dinero en una compra, ya 
sea de cosa que ha de servir para el 
uso, ó ya para comerciar con ella». 
Lo ponemos por si algún extranjero 
extrañare este uso. 

Emplumado, m. Chercan á 
medio mojar, por lo cual se ve blanco 
á trechos, y de ahí el nombre. No es 
vocablo de mucho uso. 

Emplumar. Como a. significa: «po- 
ner plumas en una cosa», y como n.: 
«echar plumas las aves», idea que tam- 
bién se expresa con el n. emplumeier. 
— En Chile, además de estas aceps., 
le damos la de-huír, tomar soleta ó las 
de Villadiego. «Después de muchos 
trajines, se vio que el muchacho ha- 
bía emplumado con la sortija». 
Véase Echarlas. En Colombia dicen 



EMP 



EMP 



emplumarlas, que para Cuervo es 
imitiicióü de las frases castellanas 
liarlas, afufarlas, tomar las de Villa- 
dieqn. «Emplumar, concluye el mismo, 
pudo significar irse, como el ave que 
ya p»!/;/Mmó ó emplumeció»; ótauíbién, 
agregaremos nosotros, salir volando, 
como la flecha ó dardo, que precisa- 
mente se empluman para que vuelen. 
Por eso, cuando uno dice una necedad, 
decimos también: emplúmenlo; es 
decir, pónganle plumas, para que pa- 
.•ezca pavo ú otra ave despreciable. 

Empolvar, empolvo:!ar ó empol- 
vorizar, a. y r. 

Empolvillar, a. No existe eu 
castellano, y en Chile es muy raro. 
Véase Polvillo, del cual se ha for- 
mado, y coirijase enlucir. 

Empolla, f. Así llama el pueblo 
á la. ampolla, que los semisabios corri- 
gen ampoa. La forma empolla 
existió un tiempo en castellano, como 
lo vemos en Gonzalo Correas: «Hierro 
encendido, aunque negro se torna, 
alza empolla»; y en el Dice, apare- 
ce todavía como ant. el v. empo- 
llar: «criar ampolla», ó ampolliir. — 
El empollar nsual significa: «calentar 
el ave los huevos, poniéndose sobre 
ellos para sacar ¡xillos. También se di- 
ce de algunos insectos cuando se avi- 
van. U. t. c. r. II n. Producir las abe- 
jas pollo ó cría. II fig. y fam. Meditar 
ó estudiar un asunto con mucha más 
detención de la necesaria». Esta acep. 
la a;^regó el último Dice. En la !.• es 
sinónimo de incubar, n. y a., y de en- 
cobar, n. y r.: «echárselas aves y ani- 
males ovíparos sobre los huevos para 
empollarlos». 

Emporcar, a. y r. Conjúgase em- 
puerco, empuerque, etc., porque es com- 
puesto de puerco, y no emporco. 



emporcas, como falsamente se lo 
supusieron al autor de esta obra. 

Emporio, m. Xo significa tienda ó 
almacén bien surtido, sino «lugar don- 
de concurren para el comercio gentes 
de diversas naciones». — Ya es tiempo 
de que el Dice, le reconozca también 
la acep. fig. de-sitio ó ciudad en que 
florecen las ciencias, las artes, las le- 
tras, etc., que se usa en todo el mundo. 

Emposta, f. Es corrupción de 
imposta, pei'o no hay igualdad de sig- 
nificado, porque la emposta chilena 
(algunos dicen también emposta- 
do) es el palo ó larguero que, atrave- 
sado en la parte superior del marco de 
la puerta, separa ésta de las ventani- 
llas ó tragaluces. La imposta castellana 
es: «hilada de sillares algo voladiza, á 
veces con moldura, sobre la cual va 
iisentado un arco. || Faja que corre 
horizontalmente en la fachada de los 
edificios á la a'tura de los diversos 
pisos». 

Emprestar, a. Aunque usado 
por los clásicos y en algunas partes de 
España y de América por el vulgo, 
está ya anticuado para el Dice, y para 
las personas cultas, que usan en su lu- 
gar á prestar, como sus derivados ^^yp"!- 
tamista ■^préstamo. De los compuestos 
de em está en pleno uso empréstito, 
antiguamente empréstame y em- 

préstido, y para nuestro pueblo 

empréstito. 

Empretillar, a. Es forma co- 
rrupta del ant. emprestillar (an- 
dar pidiendo prestado), dim. del tam- 
bién ant. emprestar. «Xo faltará 
lector malicioso que crea que... el señor 
Rodríguez haya empretillado 
en su pieza algunas ideas del Liberal 
por fuerza de Bretón de los Herreros». 
(Jotabeche, Teatro de Copiapó). 



EN 



EN 



n:\ 



Empuñar, a. ;Cóu]o se indica el 
acto de cerrar la mano para formar ó 
presentar el puño? Aquí humos dicho 
y decimos siempre empuñar, lo que 
nos parece muy propio y exacto, dado 
el significado de pur¿o (mano cerrada) 
y de la partícula compositiva en; sin 
embargo, el Dice, pasó por alto esta 
acepción, que debería ser la primera, 
y define: aEinpui'iar, a. Asir por el 
puño una cosa (con el puño, le corrige 
Valbuena); como la espada, el bastón, 
etc.» Segunda acep.: «asir una cosa 
abarcándola estrechamente con la ma- 
no». De suerte que sólo cuando se ase 
una cosa con el puño se puede usar 
el V. empuñar y nó cuando se pone la 
mano en forma de puño. Visto esto, 
acudamos al v. apuñar; pero tampoco 
nos saca del paso, porque sólo signifi- 
ca: «a. asir ó coger algo con la mano, 
cerrándola; n. apretar la mano para 
que no se caiga lo que se lleva en ella». 
Agregúese pues á empuñar la acep. 
que le falta. 

EmityaT!, a. El Dice, sólo admite 
empujarse, y eso anticuado, «cla- 
varse con púas». Jincho mejor nos 
jKirece el a. empujpir, cubi'ir con púas, 
que emplea Figueroa en sus Mimnes 
(Je la Compañía de .Jesú», n." XXI: 
•lEmpvijait los caminos, poniendo las 
puyas [así se llamaban entonces las 
jiáas de ahora] de una tercia y mág 
de largo, en hoyos tapados y disimu- 
lados por encima con tierra y hojas. 
en que sucede pisar y pasarse el pie 
hasta el empeine». 

En, prep. Dejemos á Baralt y al P. 
Mir tratar despacio de los galicismos 
que se conieten con esta prep., y ha- 
blemos nosotros de los demás abusos. 
Lo es, y grande, anteponerla á los par- 
ticipios cuando forman cláusulas ahsn- 



lutas: «Todo quedará en nada, y en 
llegadas las elecciones, haremos lo qm- 
gusten», se le escapó áJotabeche. «En 
terminada la faena, iremos á cenar». 
Jamás ha sido castellano ese en, ni lo 
será: es solamente un mal remedo del 
que se usa con el gerundio: i-En po- 
niendo el general los pies en la playa, 
dispara la artillei'ía». (Dice.) i.En to- 
pando con la paz, no la dejes de la 
mano». (Cáceres, Salmo 33). En estos 
casos significa: «luego que, de.spués 
que», añadiendo la prep. al gerundio 
«una cierta actualidad más ejecuti- 
va», dice el P. Mir. «Los franceses, 
concluye, no podrán saborearla exjjre- 
siva de nuestra prep., pues emplean ai 
con todos los gerundios ó participios 
de presente. Razón de más para andar 
sobre aviso los traductores en el volver 
unas voces por otras».— Subsiste en Chi- 
le el uso, anticuado ya, de juntar esta 
prep. con algunos advs.: enenantes ó 

endenantes (véase Denante), en- 
fuera (véase en su lugar). Así el vulgo 
dice en otras partes entoavía, enja- 
más; y así se formaron también lus 
advs. entonces, enn'mti y el modismo eu 
pos. — En la de nó, corrupción que 
ha hecho el vulgo chileno de la ex- 
presión custizíidondenó, más vehemen- 
te y graciosa que su equivalente si nó, en 
caso de no ser así. tMandó que, si les 
mochachos se apartasen de Clemente, 
los dejasen libres; y donde nú, que los 
matasen», (Granada, Símbolo, p. II, 

r. xxn. § /[';. 

Pon tu cuello en la gamella, 
Verás cómo pongo el mío; 
Donde «í», desde aquí juio, 
Por el santo más bendito, 
De no salir de estas sierras 
Sino para capuchino. 

{Q'tijore, p. i, I-. A7). 



224 



EN 



EN 



— Orellana cciisnia, pero sin ríizón, el 
uso de en con el v. comprar, diciendo 
qne debe usarse por. Ambas preposi- 
ciones han usado los clásicos, y no es 
de nosotros enmendarles la plana. 
« Este campo compró Jacob á los hijos 
de Hemor, padre de Siquén, p/i cuatro- 
cientas onzas de plata». (Máríjuez, El 
Gobernador criafidno.p. I, c. XXXIX). 
Réj^ámen que se explica fácilmente por 
la relación que guarda este v. con ven- 
der, que también rige en. — Otros enes 
hay que se usan como complementos 
y <]ue evidentemente pecan contra el 
castellano; como el asunto en cues- 
tión (véase Cuestión), Jos partidos 
en lucha, siembras en medias 
(d medias), ri.i/r en España (por 
España), en defecto (véase Defec- 
to), en el día (véase Día), enserio 

(seriamente), en todO, denotando 
suma ó total (por iodo). Con el s. modo 
se usan indistintamente en y de: «Eso 
no consentiré yo en ninijún modo». 
(Cervantes). «Que no hiciese muda- 
miento de su casa en modo ninr/nno». 
(Id.) En ambos casos se liabria podido 
usar de, y tal es la tendencia moderna. 
— «Entabla Baralt la disputa, si se 
puede decir casa en renta, caballo en 
■venta, ó si deberá decirse Está la casa 
de venta, el caballo de renta. Mirando 
al v. poner, ciertamente podremos de- 
cir con Pero Sánchez y Aveiid;iño: 
iwner en ventn y almoneda aíjuel la per- 
sona divina; poner los dioses en almo- 
neda. Pero, si atendemos al v. estar, 
ora le veremos con de, ora con en: 
cuando lleva de, como estar de camino, 
estar de caza, estar de gobernador, estar 
de prisa, denota la propiedad y dispo- 
sición significada por el nombre; cuan- 
do rige en, demuestra la actual acción 
corie.-pnndiei.teal nombre. Pegiui esto. 



estar de renta un caballo significa ser 
idóneo para venderse; estar en venta el 
caballo, manifiesta estar ya puesto en 
venta, así como cuando decimos estar 
en misa, estar en casa, estar en público, 
usamos frases expresivas de acción y 
presencia actual. Capmany no quiso 
admitir la notable diferencia entre 
estar de venta y estar en venta, realza- 
da por Baralt con buen acuerdo>. 
(Padre Mir). *JíuJer en renta, ó p. ó 
enamorada», dijo en sus refranes el 
Comendador Griego. — Mucho usaron 
los clásicos la prep. en con el v. hablar, 
y aun con tratar y algiín otro; lo cual 
está ahora anticuado. «.Habló Don 
Quijote con tanta discreción en todas 
las materias... En el discurso de su plá- 
tica vinieron á tratar en esto que lla- 
man razón de Estado». (Cervantes). — 
No podemos resistir al deseo de trans- 
cribir el siguiente útilísimo párrafo 
del P. Mir: «La dignidad del romance 
pide nos detengamos en el uso actual 
de nuestra partícula, muy maltratada 
por los galiparleros. El estilo francés 
no se recata, ó por mejor decir, hace 
gala de emplear la prep. en seguida de 
un posesivo y luego de un s., como si 
la expresión tuviera sentido indepen- 
diente y total de por sí. La traza fran- 
cesa imitan los de la galiparla española 
que dicen: En SU afán defif/nrar, no 
reparaba en gastos; en SU dolor, se 
abstenía de come/-; en mi deseo '/« 
mando,yono sé qué hacer; en tU cala- 
midad, ^'/¿wsff/o bien; en nuestra 
desgracia, nos paseamos sin i/iisto; 
en tu felicidad envidiable, duerme 
(i buen reposo. La incorrección consiste 
en varias mancillas. La pi'imera, en 
dar á la partícula en un sentido no 
inteligible por figurado; mns de tal 
ligiirii, que, si no se presupone otra pa- 



EN 



ENA 



225 



labra omitida, nadie sabia (jué sigui- 
ficado tiene. Tja segunda es el andar 
ik'.itrabada y de por si la oración, sin 
V. ni acción que la determine. Porqne 
¿qué significan en xu dolor, ph su afán 
(le /¡gurar, en mi deseo de mando, en 
niiesíni desgracia.' No lo sabemos, ya 
que la partícula en no depende del v. 
vecino, ni podrá depender, so pena de 
hacerse aun más ininteligible. La ter- 
ceia, el v. que podia suplirse es tan 
vario en cada expresión, que no acier- 
ta el lector fácilmente á adivinarle. Así 
la expresión en ni' afán de figurar po- 
drá hacer estos sentidos: puesto en su 
afán de figurar, enijieñado en su afán 
de figurar, confirmado en su afán de 
figurar, ensayado, adiestrado, bien fun- 
dado, mal fundado, siendo novicio en 
su afiín de figurar, ocupado, variando, 
dudando, desconcertado, inquieto, tur- 
bado, vacila-ite en su afán de figurar, 
etc.; con lapu'ticular advertencia que 
cada gerundio ó participio lleva la ora- 
ción á sentido diferente. Lo cuarto, 
concedamos que el francés dans con- 
siente esa forma de construcción ; pero 
al castellano en no le es propia, ni en 
1 )•■ clásic )S se halla semejante giro. Por 
estas razones bastantísimas queda pro- 
bi la la incorrección. El romance true- 
ca la forma en su afán por afanoso; en 
su dolor, por dolorido ó sentido; en mi 
dése), por deseoso ijo; en fu calamidad, 
por á vista de tu calamidml; en nuestra 
d-'sjracia, por agobiados por la desgra- 
cii; en tu felicidad, por en medio de tu 
felicidad, ó por otras maneras que, sean 
las que se fueren, tendrán más gracia y 
propiedad que la de la en afrancesada. 
Aunque el romance no sea enemigo de 
expresiones elípticas, pero quiérelas 
ordenadas, razonables, inteligibles, 
]inntualmente construidas». 
Dice. cleCliiI.,t. II, 



Enagua, f. El Dice, y toda la 
gente ilustrada lo usan solamente en 
pl. (enaguas), aunque su etimología 
es la voz haitiana nagiia. En casi toda 
la América Latina lo usan en singular 
las personas poco ilustradas, y asimis- 
mo en Madrid, segiin Orellana: «La 
enagua, una enagua, es muy 
madrileño, pero no es castellano)). Así 
lo usaron también Calderón, Morete, 
Fernán Caballero y Valera, como pue- 
de verse en Cuervo. El vulgo iletrado 
dice en Chile nagua, como en su 
origen, y el Dice, autoriza también 
esta forma, pero en pl. (naguas), que 
usaron algunos clásicos. 

Enaguillas, f. pl. «Vestidura de 
bayeta negra, á modo de saya, de que 
usaban los hombres en los lutos mayo- 
res: como de reyes, padres, etc., y cu- 
brían desde la cintura hasta los pies. 
Las usaban también los trompeteros 
de las procesiones de semana santa)). 
Asi el Dice. — Algunos han llamado 
enaguillas lo que el mismo Dice. Wa- 
ma paítete: «enaguillas ó paño ceñido 
que ponen á las imágenes de Cristo 
desnudo en la cruzn: y otros, tonelete 
(falda corta que sólo cubre hasta las 
rodillas). Asi podrá llamarse cuando 
en realidad tenga esa forma, como 
sucede en algunas esculturas anti- 
guas. 

Enaltar, a. Véase Altar y díga- 
se enhestar ó inhestar, levantar, sul/ir, 
poner ó hacer más alta una cosa. No 
se confunda con enaltecer, que es 
igual á ensalzar. 

Enamoriscarse, r. Desde Méji- 
co para el 8ur se oye este v. como si 
fuera derivado de morisco, cuando es 
el simple diminutivo de enamorarse. 
Por consiguiente, su forma es enamo- 
ricarse y significa: «prendarse leve- 



22i; 



ENO 



ENC 



mente y siu grande empeño, de una 
persona». 

Enancado, da, adj. No existe y 
dígase d aiiciis, á las ancas, en las an- 
cas, á la grupa; pero ¡cuidado con dar 
á la frase algún giro ambiguo que 
pueda significar que la persona va en 
ancas de otra y nó de una caballería! 
En Méjico, según García Icazbalceta, 
usan también el v. enancarse, que 
no hemos oído en Chile. 

Enarbolar, a. «Levantar en alto 
estandarte, bandera ú otra cosa seme- 
jante». Es compuesto de árbol y no se 
confunda con enherbolar, compuesto 
de hierba: inficionar, poner veneno en 
una cosa. 

Encabezar, a. Xo significa hacer 
uno cabeza, acaudillar, cmAianear , sar- 
gentear, dirigir ó presidir un partido, 
bmdo ó cusa análoga, «iíalió al fin la 
procesión, haciendo cabeza de ella un 
hombre descalzo». (Pereda, Jlis re- 
cuerdos). Así se usa en Chile, Méjico, 
Colombia, Ecuador, y seguramente en 
el resto de la América Latina. La acep. 
no está mal aplicada y bien puede 
aceptarla el Dice. Por lo menos, de- 
fi^-ndala allá D. Marcelino Menéndez 
y Pehiyo, que la usó en su Antología 
da poetas líricos castellanos (t. XIII, 
pig. 382): «No es raro el caso de en- 
cabezar las revoluciones literarias, y 
aun de sacarlas triunfantes, hombres 
que distan mucho del genio». 

Encabrestar, a. y r. Encabes- 
trar, porque es compuesto de cabestro. 
En algunas provincias del Sur le dan 
el significado de encobrar. 

Encacharse, r. Inclinar la cabe- 
za el anima! vacuno para acometer. — 
Fig. y fam., especia! mente tratándose 
de los niños, amorrar o amorrarse, es 
decir: «bajar la cabeza, obstinándose 



en no liablur». 8i el chileno enca- 
charse viene de cacho, cosa que no 
tienen los niños, el castizo amorrar 
viene de morra, parte superior y re- 
donda de la cabeza. No es posible pues 
discutir sobre cuál es más propio. — 
Hay un encachar castizo y a. que sig- 
nifica: revestir de piedra ú hormigón 
el cauce de una corriente de agua en- 
tre los estribos ó las pilas de un puen- 
te ó alcantarillado; y anticuado, enca- 
jar, empotrar. 

Encajero, m. El Dice, sólo admi- 
te enc((jera, i.: «la que tiene por oficio 
hacer ó componer encajesji, pero la 
señora Pardo Bazán usa también el 
ra., que seguramente existirá en la vi- 
da real lo mismo que el modistO. 

Ex( AJONAESE, r. Lo usamos aquí 
hablando de los ríos ó arroyos que 
corren por una parte angosta. El Dice. 
de los Pseudoliteratos le da esta acep- 
ción, pero nó el de la Academia, que 
da como v. propio para esta idea aho- 
cinarse: «correr los ríos entre valles y 
sierras por angosturas ó quebradas 
estrechas y profundas». En El sabor de 
la íierrwa, de Pereda, hallamos dos 
veces á encajonarse: «Refrescaba [los 
pies] en el caudal, siempre abundante 
y cristalino, de una fuente que á su 
sombra nacía, y que el ingenio campe- 
sino había encajonado en tres grandes 
lastras», (n." I). «Todo este conjunto 
de actores y espectadores parecía em- 
bravecido torrente encajonado de pronto 
entre recios é insuperables muros». 
(n.° XXIII). En un informe de Fr. 
Fernando Espino sobre los indios Xi- 
cacjues (de Méjico) pasado al rey de 
España en 1674, también leemos: «Va 
el río encaxonado entre peñascos muy 
altos». El B. Diego de Cádiz, en carta 
de 16 de Abril de 1779, decía tnm- 



ENC 



EN"J 



biéu: a Por medio de él [un campo] á 
lo largo vuuía como enmjnnado un río 
crecidísimo». Bastan estas citas para 
convencer á cualquiera de que debe 
darse á este v., como fig., la acep. que 
estudiamos. 

Encalambrarse, r. Meuos usado 
que acalambrarse. Véase este úl- 
timo. 

Encaletar, a. 3- r. Jleter en cale- 
ta. Es de uso rarísimo. 

Encalillarse, r. Adeudarle, en- 
di-uiíirse, entramparse. Véase Cali- 
llas. 

Encalvar, n. Está anticuado y 
y reemplazado por encalvecer, n.: «per- 
der el pelo; quedar calvo». — Distinto 
de éstos es decalvar, a..-. <i rasurar á una 
persona todo el cabello en pena de un 
delito». 

ExcALLECEKSK, r. Xo le da el Dice, 
la acep. tig. que da al adj. encaUecHo, 
da: amuy habituado al vicio, á los tra- 
bajos, á la desgracia»; y en realidad, 
le viene bien y la necesita, como- 
quiera que en todas partes hay concien- 
cias y almas que se encallece?! (ó en 
forma neutra, encallecen), porque se 
endurecen en el pecado, en el vicio, etc. 
llucho mejor sería esta acep. que la 
fr. Criar, hacer ó tener callos, (¡ue apa- 
rece muy oronda en el Dice: «endu- 
recerse con la costumbre en los trabajos 
ó en los vicios». 

Encambuchar, a. Meter en 
cambucho. Véase esta última 
voz. 

Encamotarse, Enamorarse, 
amartelarse, prenderse. Véase Camo- 
te. 

Encandelillado, m. Acción ó 
cfLcio de encandelillar, l.^acep. 

Encandelillar, a. Coser á la li- 
gera la orilla de una tela para que no 



se deshilaclie. (Véase Huilcar). — 
r. Encandilarse, deslumbi'arse. 

E.\X".AXDii-AR,a.« A vi varia lumbre», 
dice el Dice; en Chile es encenderla. 
Ve á encmidilar el fueyo, significa aquí 
hacerlo ó encenderlo. 

E.N'CAXTADO (, E^'CANTAR, ENCANTO. 

«El V. encantar admite dos aceps., la 
una literal, la otra ampliada. La literal 
frisa mucho con fascinar, hechizar, 
aojar, y consiste en valerse de palaliias 
y acciones para fingir como real y ver- 
dadero lo que no lo es: esta acep. per- 
tenece á la magia, natural ó poética. 
La acep. ampliada denota lo mismo que 
embelesar, dejar pasmado, siisj'enso ó 
absorto d aUjuno. Las mismas signifi- 
caciones reciben las palabras encanta- 
dor y encanto. El vocablo encantador 
ya significa el que hace hechizos me- 
diante la magia, ya también metafó- 
ricamente el que embelesa con aparien- 
cias y engaños; pero además, cuando es 
adj., se usa en lugar de halaijüeño. La 
dicción encanto por un igual se acomo- 
da á las dos aceps. dichas: en sentido 
propio suena hechizo, efecto y obra 
ejecutada por el mágico encantador; en 
sentido fig. vale suspensión, embeleso, 
pasmo, asombro; así dícese, esto es un 
encanto, para significar la gracia, do- 
naire, hermosura de cosa ó persona que 
causa admiración. Con ser así verdad 
lo dicho, también lo es que de las voces 
encantar, encantador y encanto abusan 
los modernos exuberantemente por su 
afición á los vocablos franceses char- 
mer, charmant, charme. La razón del 
abuso está en igualar las palabras es- 
pañolas á las francesas, con ser de muy 
distinta significación. Porque las fran- 
cesas que corresponden á las españolas 
son, enchanteur, enchanter, enchanle- 
ment, las cuales no pasan entre los 



228 



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franceses por siiióniínas de chaniumf, 
charmer, charme, como las quieren ha- 
cer pasar los traductores galicistas. 
¿Quién dini que los adjs. hermosísimo, 
amenísimo, lindo, donairoso, ¡/racioso, 
bello, se pueden representar por el adj. 
encantadora Xadio, sino el mal traduc- 
tor de charmant, puesto que la lengua 
francesa da el titulo de charmant á lo 
hermoso, lindo, ameno, etc., arrebate ó 
nó, embelese ó nó, pasme ó nó al con- 
templador; mas no le da nombre de 
enrhanteur si no lleva tras sí los sen- 
tidos. Pues, como las voces encantar, 
encantador, encanto, posean una acep. 
metafórica más limitada que las fran- 
cesas charmer, charmant, charme, de 
ahí había de resultar que, yendo sobre 
falso el traducir las unas por las otras, 
no podía ser sino abusiva la traducción, 
con menoscabo y afrenta 'de las dic- 
ciones embelesar, embeleso, hechizar, 
hechizo, recrear, atraer, arrebatar, pas- 
mar, entretener, deleitar, agradar, 
halagar, contentar, deleite, delicia, atrac- 
tivo, agrado, gracia, donaire, lindeza, 
lindura, contento, y otras sin número 
que exprimen con más propiedad lo que 
charmer, charmant, charme represen- 
tan. Razón pues tuvo Baralt para 
mostrarse riguroso contra el empleo tan 
frecuente de los vocablos encantador, 
encantar, encanto, de que los galicistas 
hacen frutilla de refrescabocas para 
expresar las pasmarotadas de los ánimos 
mujeriles». (Padre Mir). Mediten esta 
liltima fr. los modernos afrancesados 
y vean si les conviene ó nó enmendarse. 

Encanutar, a. Encanutar: poner 
una cosa en figura de cañuto; meterla 
en él. 

Encapacliar, a. Meter en la ca- 
iíaclia ó fárcel, encerrar. Ilarísimo. 

Véase Capacha. 



ENCAPILLADO (Cox Lo). « Expr. fam. 
con que se da á entender que no se 
tiene ó lleva más ropa que la puesta». 
Debe suprimírsele la prep. con ó ad- 
vertir que también se usa sin ella. «No 
llevo ó no tengo más que lo emapilla- 
doi>. «Le quitaron ó le robaron todo 
lo encapillado^). 

Encarajlnarse, r. Véase Enco- 
rajinarse. 

Encarcelamiento, m. Dígase 
encarcelación: acción ó efecto de encar- 
celar. 

Encardarse, r. Llenarse ó cu- 
brirse de cardos un terreno ó sembrado. 

Encargado, m. Término proba- 
torio del juicio ejecutivo. Es voz del 
foro chileno nacida del decreto que 
empieza: uSe encargan alas partes los 
oclio días de la ley». Ya tendrá que 
pasar á las voces anticuadas, porque el 
Código vigente de procedimiento ha 
reformado esto. 

Encargar, a. «Encomendar, poner 
una cosa al cuidado de uno. Ú. t. c. r. 
II ant. Instar, estrechar, estimular». 
No dice más de este v. el Dice. A jui- 
cio nuestro debe definirse más clara- 
mente la acep. tan usada de-pedir que 
se envíe ó traiga de otro lugar una 
cosa. <r¿Qué me encargas de Europa? 
Encargué libros por el correo». — En- 
cargar ¡a conciencia (imponer la obliga- 
ción de conciencia para alguna cosa), 
figura como fr. en el art. Conciejícia. 

Encariñamiento, m. No figura 

en el Dice. y ha&ta.con ejtamoramicnto, 
amorío, cariño, amor, pasión amorosa, 
etc. 

Encarnadura, f. y encarne, m. 
No son términos de Pintura y Escul- 
tura como encarnación (color de carne 
con que se pintan los rostros de las 
figuras humanas) y encarnado, m. (co- 



ENC 



£NC 



229 



lor de carne que se da á las estatuas). 

Estarna}!. Es n. y nó r., aplicado 
al misterio de la Encarnación: k haber 
tomado carne humana milagrosamente 
el Verbo Divinoj). Como r. ts ttg. y 
significa: «mezclarse, unirse, incorpo- 
rarse una cosa con otraD. La forma 
reflexiva de la 1." acep., que una (jue 
otra vez se halla en los clásicos, se ex- 
plica, sin duda, por el origen latino, 
pues en esta lengua el v. es deponente, 
y por eso decimos en el Credo: Et in- 
cnriMlm esi, que cualquier bisoño ó 
mal avisado puede traducir: Y se 
mcanió. Véase Enfermarse. Es r. 
en la acep. tig. de «meiclarse, unirse, 
incorporarse una cosa con otra»; acep. 
que no debe confundirse con la gali- 
cana de «representar, figurar, expresar, 
producir, simbolizar», que le dan ma- 
lamente los modernos. 

EacarpadO, da, adj. Cubierto 
con carpa. Peco usado. El v. eiicaí'- 
par no lo hemos oído ni leído nuiíc.i. 

En'carpetar, a. «íGuardar papeles 
en carpetas». (Mejor sería el singular 
mrpela). — Tratándose de solicitudes ú 
otros escrit'js análogos, es preferible la 
fr. castiza Jar carpetazo: «en las secre- 
taríiis, suspender la resolución de al- 
guna solicitud, no dándole curso». 

Encarrujado, m. Véase el si- 
guiente y digase rizado: acción ó efecto 
de rizar ó rizarse. 

Encarrujarse. Es r. y nó a. y sig- 
nifica: «retorcerse, ensortijarse, como 
sucede en el hilo cuando está muy tor- 
cido, en el cabello cuando es muy 
crespo, ó en las hojas de algunas plan- 
tas y árboles, que naturalmente se 
retuercen». Xo es, como lo usamos aquí, 
sinónimo de rizar (hacer en las telas, 
pa|)el ó cosa semejante doljlece.s me- 
nudos (|ue forman diversiis figuras). 



encañonar, escarolar, alechugar; tron- 
zar (hacer por vía de adorno en las 
faldas de los vestidos de las mujeres 
cierto género de pliegues iguales y muy 
menudos), el galicano plisar que han 
inventado en Chile. Cuando el adorno 
forma celdillas como el pana!, como 
sucede en algunas tocas de monjas, 
debe usarse el adj. apanalado, da. 

Encartuchar, a. y r. Enrollar en 
forma de cucurucho. Como en Chile 
llaman cartucho al cacurucho, no es 
raro que esta confusión haya produci- 
do también un v. espurio é inadmisible, 
por más ([ue Ortúzar lo acoja con toda 
voluntad. 

Encasillado, da, adj. En caste- 
llano no hay más que el v. encasillar 
(poner en casillas) y el s. encasillado 
(conjunto de casillas). Nuestro adj. se 
traduce: jaquelado, da, (dividido en 
casas como las del ajedrez) ó ajedreza- 
do, da ((jue forma cuadros de dos 
coloi-es, como las casillas ó escaques 
del tablero de ajedrez). 

Encatrado, m. Armazón en figura 
de catie. En algunos casos equivale al 
andamio castellano, en otros al tablado, 
y en otros á una simple armazón cua- 
drangular, formada de palos hincados 
en tierra y sobre los cuales se arma con 
palos ó tablas una superficie plana. En 
Aragón llaman mcdajaña la «armazón 
de palos hincados en tierra y enlazados 
por lo alto con ramas de aliagas, que 
se emplea cu algunas partes para en- 
jambrarj». 

Excausar, a. Compuesto como es 
de causa, significa: «formar causa á 
uno; proceder contra él judicialmente». 
— Tormento de los malos cajistas es el 
parónimo encauzar, a., conqniesto de 
rawe, y que significa: «al)rir cauce; 
encenar o dar dirección por un cauce 



23U 



ENO 



ENC 



:i cnulijuiera corriente de aguas. Ú. con 
frecuencia en sentido fig.» 

Encerrada, f. Encierro, encerra- 
dura, encerramiento; fam. encerrona. 

Encielado, m. Obra cjne consiste 
en poner cielo á nna cosa que lo nece- 
sita, como templo, casa, coche. 

Encielar, a. Poner cielo á alguna 
cosa que lo necesita, como templo, ca- 
sa, coche. 

Encierra, f. Dárnosle en Chile 
tres aceps.: 1.'» acto de encerrar las 
reses en el matadero antes de matarlas, 
y cantidad de reses encerradas con este 
fin. La encierra que se hizo en el 
cuadro /í/é de cincuenta vacunos y de 
cien ovejunos. — 2." Potrero ó dehesa 
que en los fundos de secano se deja de 
reserva para el invierno. £".</« fundó 
tiene buenas, encierras. La palabra 
castiza es invernadero (nó inverna- 
da, como dicen en Chile): «paraje 
destinado para que pasten los ganados 
en el infierno». 3." Acto de encerrar 
en la era las micses que se han de 
trillar. 

Excierro, m. «Prisión muy estre- 
cha, y en parte retirada y sola de la 
cárcel, para que el reo no tenga comu- 
nicación». Así el Dice. ¿Y el encierro 
de los colegios? Así se ha llamado en 
Chile la pieza estrecha que se destina 
en los colegios para encen-ar en ella al 
estudiante reo de faltas graves, y así 
creemos que se llama también donde- 
quiera que se habla castellano. Refi- 
riéndose Pereda á este castigo, no 
emplea la voz encierro sino el v. ence- 
rrar y luego el s. calabozo, que el Dice, 
define también como término de pri- 
siones: «No era de envidiar la situación 
de! bedel, á quien se encomendaba el 
peligroso encargo de encerrar en el nú- 
mero once á los condenados á este cas- 



tigo después de la refriega ... En cambio, 
se la echaba de autoridad inexorable 
con nosotros, que marchábamos al ca- 
labozo como borregos al corral». (Es- 
cenas montañesas. Un marino). Es 
pues menester dar otra acep. á encierro 
ó ampliar la que copiamos. Véase Ca- 
pacha. 

ExcniAR, a. No es castiza la acep. 
que le damos en Chile de-ganar la 
cima, llegar ó arribar á la cima: en- 
cimar un cerro, encimar la cordi- 
llera. En castellano significa: «poner 
en alto una cosa; ponerla sobre otra. || 
r. Elevarse, levantarse una cosa á ma- 
yor altura que otra del mismo género». 
— En Colombia significa, según Cuer- 
vo, lo mismo que dar encima, dar 
además, sobre otra cosa. — Fuera de los 
castizos subir, ascender, trepar, véase 
cómo sabían aprovechar los clásicos 
las voces más comunes para espresar 
sus ideas: «Al vencer ¡a cumbre, se des- 
cubrió un ejército poderoso». Solís 
Hist. de Méj., IV, 20). 

Encimero, m. Piel adobada, y 
arreglada de manera especial, que se 
pone para blandura encima de la en- 
jalma de la caballería. Puede ser una 
sola ó varias. Encimero, ra, figura 
en el Dice, como ant.: «que está ó se 
pone encima»; significado que armo- 
niza bien con el de este chilenismo. 
Véase Debajero. 

Encingar, a. Cubrir de cinc algún 
techo.— El s. encintado se usa 
menos. 

ExciXTA, adj. Embarazada. Así 
escribe esta voz el Dice, y también en 
cinta. Esta última forma es una mala 
condescendencia con el uso de los ig- 
norantes que, no conociendo el origen 
de la voz, la confunden con cinta, con 
la cual no sólo nada tiene que ver, 



Í2NC 



ENC 



2:31 



sino que la excluye enteramente. Des- 
de San Isidoi-o de Sevilla (siglo VIII), 
que en sus Et¡molo¡jias (1. X, k'tra I, 
n." 73) dejó escrito: dlncincla, id est, 
sine cinctu: quia praecingi fortiter 
uterus non permittit»; á lo cual añadió 
en nota la edición de Madrid de 1778: 
«eaudem vocem uostri usurpante; des- 
de entonces, por lo menos, se escribió 
como una sola palabra: encinta, no ce- 
ñida; y asi la escriben también los que 
conocen su idioma. «Solicitado el au- 
xilio de su práctica lo mismo de las 
humildes encintas que se hospedaban 
en sótanos y guardillas, que por las 
ilustres damas que habitaban en sun- 
tuosos palacios», escribió D. T. Rodrí- 
guez Rubí del académico y médico D. T. 
de Corral y Oña. ( Mem. de la Acad., 
t. V, p. 10). Pon Fermín de la Puente 
y Apezechea, abogado y académico, 
traducieudü el c. XI del Eclesiastés, es- 
cribió también: 

Como ignoras por A6 viene 
El espíritu á los cuerpos, 
Y en el vientre de la eucinía 
Se compaginan los huesos... 

Y tan evidente es esta etimología, que 
de encinta formaron los antiguos el v. 
encintarse, empreñaríe, concebir. 
Encintóse, tradúcela Hibha Ferra- 
rieuse el concepii del Génesis (IV, 1), 
y encintada yo, el concepiáú libro 
II de los Reyes (XI, b), como puede 
verse en las notas de Scio. Así también 
leemos en la Anlolot/ia de poetas liriios 
es/>a ¡lotes de ileiiéudez y Felayo (t. X 1 1, 
p. 44): «A quien ninguna tradición 
acusa de haber encintado una niña 
en el camino de ¡Santiai/ov. Las últimas 
palabras parecen estar tomadas de la 
Crónica General ó de alguna otra an- 
tigua. Agregúense á esto los otros 



compuestos del cincius latino que tene- 
mos en castellano: procinto, precinta, 
precintar, precinto, recinto, sucinto, (jue 
nadie hasta ahora ha escrito en dos 
palabras. El francés dice enceinte, y el 
italiano incinta, ambos en una sola pa- 
labra, derivados también del latín 
incincta. Después de esto no queda sino 
proscribir para siempre la loe. en cin- 
ta en esta acep., dejándola solamente 
para la otra que le da el Dice: «en 
sujeción, ó con sujeción», la cual no 
hemos visto usada sino en la expr. 
Faldas (ó haldas) en cinta: «en dis- 
posición y con preparación para hacer 
una cosa». Concedemos que éste es ci 
significado fig.; pero el literal ó propio 
es: recoger las faldas en la cinta ó cin- 
tura, alzarlas ó arremangarlas, para 
que el cuerpo quede expedito para 
ciertos trabajos. Parece que el signifi- 
cado fig. de esta expr. hizo paralogi- 
zarse al eruditísimo Cejador (Dice, de 
Cerr., voz Cinta), pues afirma que la 
etimología de S. Isidoro no es buena y 
que incincta significa la dispuesta á. 
Esto sería como hacer volver los ríos 
á su origen, porque es pretender que 
las voces latiuas se interpreten por las 
aceps. que en su segunda ó tercera 
evolución han recibido en las lenguas 
modernas. Para un buen latinista, in- 
cincta no puede significar sino lo que 
dijo el santo Doctor hispalense; el 
concepto de Cejador se habría expre- 
sado mejor con ¡ormcincta ó accincta. 
Después de todo esto podemos reírnos 
do lo que escriinó Covarrubias, quien 
en achaque de etimología discurre con 
un criterio menos que infantil. « Estar 
en cinta (dice) es estar prefi;ula, 
porque tiene ceñida la criatura. Otros 
quieren que se haya de decir Estar 
descinta, en razón de que por el tiempo 



282 



ENG 



ENC 



de la preñez la mujer ha de andar floja 
en el vestido y no metida en pretina». 
En efecto, descinto es el part. irregular 
de desceñir; pero mucho mejor expresa 
la idea imiiirlus, castellanizado encinla, 
que significa no reñido. En vista de lo 
alegado y probado pedimos que repita 
el Dice, lo que dijo en su edición 11.", 
de 1869, en la cual calificó á en cin- 
ta de locución impropia, usada por 
algunos escritores en lugar del adj. en- 
cinla, y que sólo admita esta última 
voz con singular y plural, por más que 
el pl. cause, á juicio de Cuervo, «no- 
table estrañeza». Nó, señor Cuervo: 
no seamos tímidos cuando estamos en 
plena posesión de la verdad; de otra 
suerte no se reformaría ningún error. 
Ejemplo nos dan los galicistas y demás 
prevaricadores del castellano, que sin 
temor ni escrúpulo arremeten á cada 
paso contra la propiedad y el buen uso 
de las voces. Imitemos mejor al aca- 
démico, que en nombre de un medico 
habló en plena Academia de las 
«humildes enrinfasr>, y al otro, abo- 
gado y poeta, que habló de la mis- 
ma suerte. 

Encintado, m. Formado del v. 
encinfar, adornar, engalanar con cin- 
tas, significa en Chile la tarjeta, estam- 
pa ú otro objeto que se da como 
recuerdo de un bautizo, matrimonio, 
etc.; y se llama así porque lleva pen- 
diente de nna rinfa alguna moneda, 
medalla úiotro objeto parecido, ó por lo 
menos, lazos ú adornos hechos de cinta. 
' El nombre castizo es estrena, quese usa 
t. en pl. Véanse Cinco y Chiche. 

EycOBiiAR, n. Chilenismo bien ori- 
ginal, ingenioso y digno de figurar en 
el Dice. Significa; enrollar el lazo en 
un árbol, tronco, piedra, etc., para su- 
jetar con más facilidad al animal 



enlazado con el otro extremo del lazo. 
A veces no hay tiempo ó necesidad de 
enrollar el lazo y simplemente se apoya 
en un árbol, tronco, pared, etc. Vea- 
mos ahora su etimología. Según nues- 
tro ¡larecer, es la fr. castiza Ponerse 
uno en cobro: acogerse, refugiarse adon- 
de pueda estar con seguridad. Al ver 
los amos españoles que el animal enla- 
zado vencía en fuerzas y arrastraba al 
criado ó peón, era natural que le gri- 
taran: Ponte en cobro, Fulano; ó más 
breve, como es el lenguaje en esos ca- 
sos: ;En cobro, en cobro.' es decir, 
ponte en seguridad, defiéndete,sálvate; 
y el araucano ó mestizo inteligente 
comprendía en el acto que debía bus- 
car un punto de apoyo para el lazo. El 
complemento en cobro quedaba reso- 
nando cu sus oídos, se le grababa más 
por la ocasión tan peligrosa en que fué 
pronunciado y, al usarlo por segunda 
vez, lo ascendió á la dignidad de v. 
Tan en gracia le cayó y tal fué la im- 
portancia que tuvo para él. El proce- 
dimiento no puede ser más natural, 
como que en castellano tenemos mu- 
chísimos verbos formados también de 
complementos: pordiosear, persir/nar, 
prorratear, posterr/ar (del latín posf 
fergum), decorar, (aprender de coro 
ó de memoria), apropositar (usado 
por Tirso de Molina), extralimitarse, 
etc., y otros parecidos, como menos- 
preciar, i/st/frucluar, legislar, reivin- 
dicar, malparir. En confirmación de 
nuestra etimología, léase este pasaje 
del Padre Sigüenza: «Yendo por el 
campo [un religioso Jerónimo que no 
})odía ver lástimas], saltó una liebre, 
llevaban allí unos galgos, corrieron 
tras ella, en tanto estaba diciendo el 
santo: Dios te encobre, Dios teencohrej). 
(C'rón., 1. IV, c. XLl). Este v. enco- 



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23á 



brar, que no aparece en el Dice, ni 
puede confundirse con encubrir, está 
formado, indudablemente, como el 
nuestro y coincide con él en el signi- 
ficado etimológico: poner en cobro, 
en salvo. Lo único que ha hecbo el 
chileno ha sido restringir á una sola 
acción el modo de ponerse en cobro, y 
por eso, olvidando ó ignorando el va- 
lor etimológico del v., no lo ha hecho 
a. ni r., como debía, sino n. ó intran- 
sitivo. Yo encobro significa pues en 
Chile: Yo, después de enlazar un ani- 
mal, que ha de tirar cou gran fuerza 
para escaparse, enrollo ó afirmo el lazo 
en un árbol, poste, pilar, tronco, etc., 
para librarme de que me arrastre: asi 
me pongo en cobro. (Para encobrar 
bien, es decir, con firmeza y sin peli- 
gro de rebanarse los dedos, conviene 
cargar la punta del lazo sobre la la- 
zada). Tan clara y racional nos parece 
esta etimología, que no admitimos 
otras, aunque externamente parezcan 
aceptables; por ejemplo, derivar el v. 
del s. cobra (soga ó coyunda para uncir 
bueyes) ó de la serpiente llamada co- 
bra, por cuanto el lazo enrollado en un 
árbol semeja una culebra eu esa misma 
forma. Lástima que estas cobras sean 
tan desconocidas para el pueblo, que 
todavía no trae las segundas ni el úl- 
timo Dice. Cuanto á la admisión de 
nuestro encobrar, la pedimos instan- 
ler, iníttmüius et instantissime, pues 
se usa en las provincias principales 
de Chile, las del Centro, y expresii 
una idea desconocida en España que 
no podría declararse con otro v. 
Véanse Atrincar en nuestro A[)én- 
dice, Embramar y Encabrestar. 
En'COCohau, a. y \i. t. c. r. .'dignifi- 
ca: «fastidiar, molestar con exceso», 
y nó eiiijaUarxe (poneríse erguido y 

Dice. deChil.,t. II. 



arrogante), como creen algunos chile- 
nos que lo suponen compuesto de 
COCOroco, cuando lo es de cócora 
(persona molesta é impertinente en 
demasía). 

Encolado, adj. Como participio 
del V. encolar (pegar con cola una 
cosa), nada tenemos que observarle. 
En Chile se usa como adj. calificativo 
de futre, y es común oír: futre en- 
colado, á cuartUlo el atado. 8e le 
dice encolado, porque anda lustroso y 
brillante como si se hubiera untad^^ 
cou cola (el gomoSO español) y por- 
que usa colero. El agregado: á cuar- 
tillo el atado, es toda una sátira, que 
dice que el atado (de cigarros ó de 
ropa) del futre apenas vale un cuar- 
tillo. (Véase Futre). En Méjico se 
usa encolado como s. m.: «elegante 
cursi muy acicalado». (García Icaz- 
balceta). 

ExcoLiGUADü, m. Obra hecha de 
colihues unidos unos con otros en for- 
ma de zarzo, que se usa para cubrir 
interiormente los techos de los edifi- 
cios. Ya poco se usa, porque el colihue 
va escaseando en Chile y también por- 
que no ha dado buen resultado para 
este objeto. — Acción ó efecto de enco- 
liguar. Eu ambas aceps. puede admi- 
tirse. Véase Cólihuí;. 

ExcoiJGUAR, a. Cubrir un techo ó 
cosa parecida cou colihues, unidos 
unos con otros en forma de zarzo. 
Véase el anterior. 

ExcüMKNDAR, a. Por lo menos co- 
mo anticuada debería figurar en el 
Dice, la acep. de-dar indios en enco- 
mienda, tan usada en España y Améri- 
ca en tiempo de la colonia. Era lo (¡ue 
se daba á los encomenderos. — ;I)eLe 
decirse: «Me encomiendo á las oracio- 
nes de Ud. 6 en las oracii)ii('« de IM.)'!- 

:íO 



234 



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ENC 



El P. Sigüenza usa en: «Dióles gana 
de verle y encomendarse en sus ova- 
ciones ... Lo primero que hacían era 
encomendarse en sus oraciones... Aun 
viviendo se encomendaban en él los 
que se veían en algún peligro». 
(Crón., p. II, 1. IV, c. III). Asimismo 
el B. Avila, aunque una vez usa con: 
«Lo que á V. S. suplico es ...que con 
sus oraciones y sacrificios lo encomwi- 
de al Señor». (Carta á I). P. Guerre- 
ro). Santa Teresa y el B. Cádiz usan 
siempre en. El complemento con en 
significa en este caso el objeto en que 
se apoya, descansa ó confía el que se 
encomienda; como cuando dijo Cristo 
en la cruz: i.En tus manos encomiendo 
mi espíritu». Así dijo también el 
B. Avila: «La salud de éstos [los es- 
cogidos] nos encomendó El en nuestras 
manos»; es decir, puso, confió, depo- 
sitó, colocó, entregó. Omitiendo el da- 
tivo de persona (á Dios, á alaría, etc.), 
no disuena el complemento de cosa 
con á: Me encomiendo d las oraciones 
de Ud.; esto es, encargo ó recomiendo 
mi persona á las oraciones de Ud. Por 
eso el mismo B. Avila dijo también: 
«Vmd. me encomiende á su misericor- 
dia [la del Señor]». Sin embargo, en 
es la prep. más usada por los clásicos; 
y aun la usa Isabel la Católica en car- 
tas que escribió á su confesor Fray 
Hernando de Talavera: <i.EncomiÉndo- 
me en vuestras oraciones... Enconné?i- 
dome otra y muchas veces en vuestras 
oraciones». Ni la Academia ni Salva 
estudian este régimen; y, lo que es 
peor. Salva lo confunde con el uso 
del V. como r. : « Encomendarse á Dios. 
Antiguamente decían en Dios ó en sus 
oraciones, lo que aun conservan algu- 
nas provincias. Kn la oración á Diosn. 
Esto último es lo (|U(' da él como co- 



rrecto. Digamos pues así con el r. en- 
comendarse y con el a. encomendar. 

Encomienda, f. Bien que el Dice. 
le da el significado general de encargo 
y cosa encaryada, nosotros hemos abu- 
sado al hacerlo sinónimo de hulfo, pa- 
quete, etc. 

Encomioso, sa, adj. Encomiás- 
tiso, ca. Véase ElOg'iOSO. 

Encompadrar, n. fam. «Contraer 
compadrazgo, y, por extensión, fami- 
liarizarse, ser muy amigos». Así lo 
trae el Dice, como n. únicamente, y 
nó como r., cual lo usó malamente 
.lotabeche: «De consiguiente, en- 
compadrarse con ellos, se tenía 
por el gran honor de aquel entonces». 
(Quien te vio y quien te ve). No es 
conforme con la (rramática la última 
frase de la definición: «ser muy ami- 
gos», porque, faltando el sujeto, el 
predicado ctmigos queda en el aire y 
sin punto de apoyo. 

Encontrado, da, adj. part. de en- 
contrar. «Puesto en frente», lo inter- 
preta el Dice, conforme á la etimolo- 
gía en contra, pues contra significa 
también «enfrente». En lo material, 
casas encontradas, puertas encontradas, 
son las que están frente á frente; es- 
quinas encontradas, las que, como 
tales esquinas, están enfrente una de 
otra, es decir, diagonalmente. Encon- 
trado en esta acep. equivale al adj. 
frontero ó fronterizo. En lo fig., opi- 
nión encontrada, parecer ó dictamen 
encontrado, son los que discuerdan uno 
de otro ó son contrarios entre sí. «Su- 
cedió también que los franceses, nación 
tan encontrada con los españoles, dio- • 
ron un asalto». (Sigüenza, Crónica, 
p. III, 1. II, c. X). 

Encontrar, a. «Alguna disculpa 
tiene el que catalanes, valencianos y 



ENC 



ENC 



malloniuiues apeuiis den con la pro- 
piedad del V. hallar cuando hablan o 
escriben, comoquiera que los verbos 
inanosciidos por ellos en su len<rua les 
son uiits bien reclamo para el empleo 
de encontrar; pero.que los castellanos 
Lchen por alto un v. tan calificado y 
español como hallar, y digan los caste- 
llanos: Fití á encontrarle y le dije 
h que me ¡msaha; La ocasión se en- 
contró í»('y/"o«/o,- Encuentro y/'f 
esto es bueno; Encuentro l>ien que 
siffa,s la carrera de leyes; Kv encuen- 
tro palabras con que eupresarme; 

¿Cómo se encuentra usted? ¿Cómo 
encuentra usted el dia? ¿En- 
cuentra usted justo que se trate asi 
á esos infelices? Se encuentra fon 
bien conmiyo como mal con su secreta- 
rio; Encontré de menos seis pañue- 
los al reyistrar mi cofre; Le busqué y 
no le encontré; Por más diligencias 
que hice, no pude encontrar rl libro; 
que con tanta impropiedad barajen 
encontrar con hallar los castellanos y 
andaluces, cual suelen los catalanes, 
no tiene razonable excusa, es atrojie- 
llar la tradición, pisar las obligaciones 
de familia, pasar con irreverencia las 
marcas de la autoridad ... El v. hallar 
tiene cabida donde haya intención de 
buscar, ó cuando intervenga designio 
de inquirir, diligencia, examen, previ- 
sión con voluntad de dar con la per- 
sona ó cosa de que se trata. Por el 
contrario, no es liallar sino encontrar, 
el concurrir casualmente dos en un 
lugar, asunto ó dictamen, ya opinen 
diversamente, ya congenien en la con- 
dición, porque en ambos casos conser- 
va el V. encontrar su índole propia de 
fortuita concurrencia, de indeliberada 
conformidad, de no procuriido encuen- 
tro. Para más fácil inteligencia de este 



V.. malo de definir, dividamos en tres 
sus formas: encontrarse con, encontrar- 
se, encontrar. La forma encontrarse 
con ó encontrar con equivale al v. ha- 
llar. Esta significación de hallar no 
tanto se debe al v. encontrar, cuanto 
á la prep. co7i, no de otra suerte que 
dar con una cosa es Judiarla, en virtud 
de la partícula con y nó del mismo v. 
dar: caso único, en que encontrar se 
iguala con hallar, ¡xir la especial fuer- 
za contenida en la prep. Así lo quisie- 
ron ó lo entendieron los clásicos ... El 
reflexivo encontrarse parece admitir 
dos aceps.: la una, de reñir ó repuynar 
entre sí dos pereonas ó cosas; la otra, 
de verse dos sin buscarse... La tercera 
forma es encontrar. Las locuciones 
clásicas le dan el sentido genérico de 
encuentro fortuito y no deliberado: al 
revés de hallar, que presupone inten- 
ción ó diligencia en el procurar la 
cosa, siquiera con el razonable discur- 
so. El V. topar exprime bien el valor 
de encontrar, al cual va siempre vin- 
culada una acción acaecida sin volun- 
tad de nuestra parte y sin actual in- 
tención. Al pasar por la plaza he 
ENCONTRADO vnfí jrrocestón; A dos 
leyuas de Madrid encontré el parte. 
Nadie diría que halló una procesión 
ó el parte, á no querer dar á entender 
que los andaba ó iba buscando . . . Más 
bárbaro es aún el encontrar por 
juzgar, estimar, ser de parecer, porque 
estos verbos señalan lo que se fialla en 
el ánimo {X)r medio del discur.so; que 
por eso decían hallar los clásicos, al 
revés del encontrar moderno, que 
no hace sentido alguno» (el trouver 
francés). Así el P. Mir, copiado de 
la manera más compendiosa y clara. 
,:Se conseguirá alguna vez que se dis- 
tingan entre sí estos verbos y se usen 



236 



ENC 



ENC 



en su verdadero y propio significado? 
Por más que el vulgo indocto y algu- 
nas personas ilustradas los confundan, 
el escritor atildado y amante de su 
lengua debe trabajar por diferenciar- 
los. Basta mirar la etimología de en- 
eoiitrar ( en-coníra ^enfrente) y cote- 
jarlo con sus derivados enrucuíro, en- 
contrón, encontrado, encontradizo, para 
ver cuánto difiere de hnUar. Mucho 
tememos que la // de éste, que para 
tantos chilenos es y y que les hace 
confundir este v. con las formas hai/n, 
hai/as, de haber, sea un inconveniente 
para su legítimo uso; pero, antes que 
la pronunciación, está la propiedad ó 
recto significado de las voces. Por 
luiestra parte, sí alguna vez hemos 
caído en este error, engañados por la 
confusión (|ue de arabos verbos hace 
el Dice, nos retractamos y desdecimos 
y queremos que cada uno se use en 
el sentido que de justicia le corres- 
ponde. 

EscoxTiióN. Aument. bien forma- 
do de encuentro. Tanto en el sentido 
propio como en el fig. lo usamos por 
encimitro ó choque fuerte. «Me di un 
encontrón con Fulano», quiere decir 
que mi cuerpo chocó con el suyo. 
«Tuve un encontrón con Mengano»: 
dispute ó discutí acremente con él. 
Es la fr. fig. Estrellarse uno con otro: 
«contradecirle oponiéndosele abierta- 
mente y con descomedimiento». Por 
todo esto no nos agrada la definición 
áe encontrón queda el Dice: «golpe 
cjue da uno á otro con el codo ó con 
el hombro, ó el que se da una cosa con 
otra cuando van impelidas». No hay 
para qué mencionar el codo ni el 
Jiombro. 

Encopado, da, adj. Bebido, ebri/i, 
borracho, porque se ha echado al cuer- 



po muchas ropas do licor. Es chilenií-- 
mo bastante usado. El v. eilGOpar 
y encoparse poco se oye. 
Encopetado, da, adj. fig. «Que 

presumo demasiado de sí», dice el 
Dice. En Chile se usa -^ov-copetudo, 
persona ó gente de copete. 

Encorajinarse, r. Enredarse un 
negocio que iba bien; echarse á perder, 
malearse. — Encolerizarse. En castella- 
no es encorajar, compuesto de coraje; 
como a. es: «dar valor, ánimo y cora- 
je»; y como r.: «encenderse en coraje 
ó encolerizarse mucho». Algunos lo 
estropean más aún, diciendo enca- 
rajinarse. 

Encordia, f. Corrupción de in- 
cordio, m.: tumor más ó menos grande 
de ciertas glándulas, especialmente de 
las inguinales. Llámase también bubón, 
buhas, f. pl., y caballo. Adenitis es más 
genérico. 

Encorozado, m. Acción y efec- 
to de encorozar. Muy usado en 
Chile, y asimismo en Méjico, según 
García Icazbalceta, donde también di- 
cen alcorozado. Afirmáoste mismo 
autor que en Andalucía oyó llamar 
alcauta al hueco que queda en los 
extremos de las vigas: voz que tampo- 
co figura en el Dice. 

Encorozar, a. y n. Muy usado 
entre los albañiles chilenos en estas 
dos aceps.: rellenar con barro el espa- 
cio que queda entre las puntas de las 
vigas sobre la pared ó muro; engrosar 
una pared ó muro hasta igualar toda 
la superficie, ó simplemente empare- 
jarla por estar deteriorada á trechos. 
En ninguna de las dos aceps. le cono- 
cemos equivalente castizo, aunque al- 
gunos españoles nos han dado para 
la I.'' el V. entreviyar, que no aparece 
en el Dice, 



ENC 



ENÍ 



EnCOrselar, a. y ú. m. en el pavt. 
Poner ó vestir el corsé. «Ninjíiina mu- 
jer encorselada podría hacer el her- 
moso <¡;esto con (jue aparece la casta Su- 
sana en el famoso cuadro de Hanner». 
(La Unión, diario de Concepción). 
U. t. en España, como se ve en este 
pasaje: «Esas aristocráticas quintas 
de recreo que á la salida de las gran- 
des ciudades se elevan entre pulidos y, 
por decirlo así, encorselados jardi- 
nes». (Juan F. Muñoz Pabón, Cuadro 
(le Navidad). La formación de esta voz 
no es buena, porque, siendo derivada 
del francés corsí^, debería ser encor- 
setar, como rorseteria y rorselem. 
Encorselar parece que se ha conta- 
minado con el castellano corcel. 

Encostalar a. No aparece en el 
Dice, y debemos traducirlo por enco- 
rachar (meter y acomodar en la cora- 
cha el género que se ha de conducir 
en ella), ya que el costal chileno es 
la coracha castellana. También pueden 
emplearse, aunque son más genéricos, 
encorar (encerrar y meter una cosa 
dentro de un cuero) y ensacar (meter 
algo en un saco). 

Encrespado, m. No aparece en el 
Dice, el cual nos da en su lugar á ri- 
zado, enrizamienlo y encrespadura. 
Encrespamicnto es otra cosa: «efecto 
de erizarse el cabello por susto ó mie- 
do». En el clásico Malón de Chaide 
hallamos á encrespado como s., tal co- 
mo nosotros lo usamos: «Por la cinta 
de oro y piedra-s, las ceñirá con una 
soga de esparto, y por los rizos y e?i- 
crespados, y por el cabello encarrujado 
con hierros calientes, las hará calvas». 
(Convers. de la Magdalena, p. 1 1, c. X). 

Encruquillarse, r. Endurarse 
(ponerse en cuclillas), dice Valbuena; 
la Aca<leraia, acuclillarse, mucho me- 



jor formado. Hs cierta manera de sen- 
tarse de suerte (]ue las posaderas 
descansen en los calcañares; úsanla 
principalmente las mujeres. «Enseñá- 
bales [el santo Arzobispo de (¡ranada, 
Fr. Hernando de Tala vera, á los ino- 
res]... que no estuviesen en cuclillas 
arrimados á las pai'edes como mujeres, 
hábito y postura de gente miserable y 
flaca». (Sigüenza, Crónica, p. III, 
1. II, c. XXXIV). Según Covarrubias 
se dijo en cuclillas por parecerse, el 
que está en esa postura, á la gallina 
cuando empolla, que se llama clueca; 
de aquí, por desprecio, cluequilla ó 
cmiilla. 

Encuadernación, f. Fáltale en el 
Dice, la acepción de-taller ú oficina 
del encuadernador, que se le da en 
todas partes donde se habla caste- 
llano. 

Encuadrar, a. y n. Meter en cua- 
dro ó marco, tanto en sentido propio 
como fig. Casi no hay autor moderno 
que no lo use en España y América, y 
como está bien formado, no hay por 
qué desecharlo. Para que la R. Aca- 
demia lo acepte, le citaremos solamen- 
te tres autoridades de su propia casa. 
«Ceder, resistir, modificar el uso, en- 
cuadrándolo en el inflexible marco del 
espíritu del idioma». (León Galindo y 
de Vera, Disc. de recep. en la Acade- 
mia, 1870). «Relucía su atezado ros- 
tro, encuadrado entre las patillas». 
(Pereda, Sotileza, VII). «El cuadro 
es... por extremo desmesuradamente 
grande; pero también encuadra algo 
de más humano y subjetivo». (.Tulio 
Cejadoi-, Chocano y los demás poelas 
jóvenes de América). 

Encuartelar, a. y r. Acuarlelar.- 
«poner la tropa en cuarteles». Mejor 
habría sido: «en cuartel ó cuarteles». 



2;i8 



ENCH 



ENCH 



Encuentro, m. Tratándose de 
uves, lisiise inidaineiite por mu sin. La 
verdadera acep. es eu pl. (encuentros) 
y significa otra presa: «en las aves, 
})arte del ala, pegada á los pechos, des- 
de donde empieza ésta». — Téngase 
también presente esta otra acep. pl., 
(jue también adulteramos un tanto: 
«en los cuadrúpedos mayores, puntas 
de las espaldillas, que por delante se 
unen al cuello». 

Encuerar. Encorar, a.: «cubrir 
con cuero una cosa; encerrar y meter 
una cosa dentro de un cuero; hacer 
que las llagas críen cuero. || n. y r. 
Criar cuero las llagas». Conjúgase mi- 
cuero, encueras, como consolar. 

Encuevar. Encovar, a. y r.: «me- 
ter ó encerrar una cosa en una cueva 
ó hueco. II fig. Guardar,encerrar, con- 
tener. II fig. Encerrar, obligar á uno á 
ocultarse. Ü. t. c. r.» Conjúgase irre- 
gularmente como consolar. — No se 
confunda con eneohar, n. reg.: «echar- 
se las aves y animales ovíparos sobre 
los huevos para empollarlos». Es la 
forma castellana del latín inrubare, 
que modernamente se ha traducido 
por incubar, que se usa t. c. a. 

Encliapado, m. Chapería: ador- 
no hecho de muchas chapas. — Acción 
ó efecto de enchapar. 

Enchapar, a. Chapear: cubrir, 
guarnecer ó adornar con chapas. Tam- 
bién chapar significa «cubrir con 
chapas», pero el Dice, lo nota de an/. 
Enchapar es de uso corriente en Chile 
y asimismo en España. «En las [pare- 
des] de la sala había tres estampas... 
con sus marcos enchapados de caoba». 
(Pereda, SoHleza, IV); por eso haría 
bien el Dice, en admitirlo. 

Enchauchado, da, adj. Que 
tiene muchas chauchas. El adine- 



rado, da, castellano, ó dineroso, sa. 
El chilenismo no es de mucho uso y 
sólo una vez lo hemos leído en la 
jjrenso. 

Enchepicar, a. y r. Cubrir de 
chépica un suelo. No es de mucho 
uso. «Su paseo público... podrá riva- 
lizar con los mejores de Chile si con- 
serva su piso enchepicado y sus 
rosales». (Jotabeche, Vallenar ij Co- 
piapó). 

Enchicharse, r. Beber chicha 
uno hasta perder el gusto y sabor de 
ella y no distinguirla de los demás lí- 
quidos, ó hasta que el estómago, de 
puro harto, la rechaza. «No le des más, 
porque está enchichado». Se usa 
mucho entre el pueblo. 

Enchipadura, f. Acción ó efecto 
de enchipar. No es muy usado. 

Enchipar, a. Es raro su uso en 
Chile; por eso copiaremos lo que escri- 
bió Juan de Arona para el Perú, don- 
de es de uso corriente este v. «En las 
haciendas del valle de Cañete se desig- 
na con este v. español-peruano, for- 
mado sobre la voz quichua chipa, el 
acto de cubrir y forrar con paja, para 
la exportación, el pan de azúcar. Con- 
cluido el envoltorio, se ata traiisver- 
salmente con Vas, huasquiUas ó trenzas 
de totora, tejidas en la misma hacien- 
da por las mujeres. Esta operación es 
la que se conoce con el exclusivo nom- 
bre de enchipar. Chipa en quichua 
quiere decir lío, fardo, envoltorio, se- 
gún Tschudi; según Markham, alica- 
tes, gag, que en inglés equivale á 
mordaza: y según Torres Rubio, la 
mordaza ó tornillo para apretar. lia 
paja que se emplea para enchipar 
no es sino la misma que queda en la 
pampa (en el campo) después de cor- 
lada (recolectada) la caña; y así esta 



END 



END 



289 



planta, eminentemente noble, da su 
jugo sacarino á las oficinas de crista- 
lización, su bagazo á los hornos como 
combustible, su cogollo ó punta, que, 
por ser enteramente acuoso, casi no 
contiene azúcar, á los animales como 
pasto; y, por liltimo, su paja, no sólo 
como combustible también, alternada 
con el bagazo, sino como vestido ó 
traje para el pan que ella misma ha 
producido». La voz chipa se usa toda- 
vía en las provincias de Tacna y Arica 
para designar un envoltorio de totora 
ó de otras yerbas en que se llevan ma- 
riscos, frutas, etc., y aparece en los 
diccionarios quichua y aimará. Este 
último aspira la primera sílaba (chhi- 
pa), y de aquí se formó el v. chhipa?u\ 
atar cestos para cargar. 

Enchispar, a. y ü. m. c. r. For- 
mado de chispa, lo usa el pueblo en dos 
aceps. bien distintas; achispar, achis- 
parse, y encolerizarse (echar chis- 
pas). 

Enchuecar, y menos usado en- 
chullecar, a. Vulgarismos cliilenos 
formados de chueco y chulleco. 
Dígase encorvar (doblar y torcer una 
cosa poniéndola corva), torcer (doblar, 
encorvar, poner oblicua una cosa que 
está recta), empandar (torcer ó doblar 
una cosa, especialmente hacia el medio, 
dejándola panda), eniorlar, a. y r. 
(poner tuerto lo que estaba derecho), 
hornearse (torcerse la madera, hacer 
combas). Véase Achiguar. 

Ende, adv. Anticuado lo declara 
el Dice, en todas sus aceps., y aun en 
el modismo por ende (por tanto). Esto 
liltimo no es exacto, pues casi todos 
los autores modernos en España y 
América usan sin escrúpulo y con su- 
ma propiedad, mal que le pese al 
P. Mir, (|U(' condena esta voz por lati- 



na, como si el castellano casi todo en- 
tero no estuviera formado de aquella 
lengua. Siguiendo nt)Sotros, por el con- 
trario, á Clemencín y á Baralt, decla- 
raríamos benemérito de la lengua es- 
pañola al que restableciera el ende 
(inde latino), por lo menos en esta 
liltima acep. — El vulgo chileno usa un 
ende que, mils que corrupción del 
ant. dende, lo es de desde-. Ende 
qm te vi te quise; Ende aquí: desde 
aquí. Es el mismo significado del an- 
ticuado dende, como se usó en el 
siglo XVI. En la forma endey sí 
que es corrupción de dende ahi= 
ende áhi, endiay, endey. (Y 
endey? le dice lacónicamente un 
roto á otro, como pidiéndole cuenta 
de algo y preparando las manos ó el 
arma para la réplica. Quiere decir: 
«Y de ahí ¿qué?» 

Endeblar, a. y r. Poner endeble 
ó débil una cosa. Es de rarísimo uso y 
dígase debilitar. 

Endenantes, adv. de t. Anticua- 
do. Aquí lo usa todavía el pueblo sin 
la s final (endenante). Véase 
Denante. 

Endey. Véase Ende. 

Endieciocharse, r. Alegrarse y 
entusiasmarse como en las fiestas del 
dieciocho. Véase esta voz. 

Endientar, n. y a. Endentar, pero 
se conjuga endiento, endientas, siguien- 
do al s. diente. El Dice, trae este v. 
como a. solamente y con el significado 
de «encajar una cosa en otra; como los 
dientes y los piñones de las ruedas»; 
lo que en Mecánica se llama engranar. 
En Chile damos á endentar, además 
de esta acep. a., la n. de «empezar los 
niños [y también los animales] á arro- 
jar los dientes», (pie el Dice, da ;i 
endentecer y al ant. dentecer. En 



2-40 



END 



ENE 



favor de nuestro uso tenemos la gran- 
de autoridad del Maestro Correas: 
«Cuando el niño endienta, presto em- 
parienta». 

Endija, f. Asi han corregido en 
Chile muchos que se tienen por hablis- 
tas la voz rendija que usa el pueblo. 
Pues sépanse que en este caso son ellos 
los bárbaros y plebeyos, porque rendi- 
ja (síncopa de rehendija) ha sido y es 
la única palabra castiza. Endija es 
un barbarigmo procedente del anti- 
cuado hendrija, formado del V. 
hender. 

Enditarse, r. Adeudarse, endeu- 
darse, entramparse. Véanse Dita, 
Calillas y Droga. 

Endirg'ar, a. fam. Endilyar, con 
/, (encaminar, dirigir, acomodar, faci- 
litar), á pesar de que'en su origen (el 
latín dirigere) llevaba /'. 

Endolado, m. Superíicie superior 
del vano en las puertas y ventanas. 
Muy usado en Chile; y se llama asi 
porque se forma de tablas angostas y 
delgadas, parecidas á las duelas. 

ExüOMiNRADO, DA,adj. Viene reem- 
plazando entre los modernos al castizo 
dominyuero, ra-. «aplícase á la persona 
que acostumbraba componerse y diver- 
tirse los domingos ó días de fiesta so- 
lamente». Esta es la 2.^ acep. de 
dominguero; la !.■' es: «que se suele 
usar en domingo. Sayo dominguero'». 
Hemos visto :i endomingado en Pérez 
Galdós, Pardo Bazán, Pío Baroja y 
varios otros autores de menos valor, 
españoles y chilenos. «Hace poco hice 
' notar cómo un autor chileno se creía 
obligado á añadir un «como decimos 
en Chile», ;i la voz endomingado, tan 
usual y corriente en España». (Miguel 
de Unamuno, art.de revista ). «Lujosas 
damas y endomingados caballeros». 



dijo Alarcón eu El niño de la bola. En 
lealidad, por su formación expresa 
mejor la idea que dominguero y bien 
puede aceptarse. Con la misma par- 
tícula en hemos formado nosotros en- 
dieciocharse, enfiestarse, em- 
pascuarse. 

Endonar, a. Figura en el Dice, 
desde la ).-' edición, la cual reconoce 
que «es voz antigua», sinónima de dar 
ó donar. Las últimas ediciones la de- 
claran anticuada; sin embargo, aquí 
tiene todavía algún uso, pero entre 
el pueblo solamente. 

Endonde, adv. Véase Adonde. 

Endosable, adj. Que es suscepti- 
ble de endoso. Hace falta en el Dice, 
que lo usa en Corkedor de comer- 
cio. 

Endosatario, ría, m. y f. Persona 
en cuyo favor se hace un endoso. Fal- 
ta en el Dice. 

ExD0SE,'m. Es la acción ó efecto de 
endosar ó endosarse en el juego del 
tresillo. — Endoso ó endorso es la ac- 
ción ó efecto de endosar una letra de 
cambio ó documento de crédito, y 
también lo que para esto se escribe al 
dorso de la letra ó documento. 

Endrogarse, r. Enditarse. 

Enemiga, f. Falta en el Dice, la 
acep. que por ironía dan á este voca- 
blo los poetas y novelistas españoles, 
de-mujer amada algo esquiva ó des- 
deñosa. «Si la dulce mi enemigan, de- 
cía Don Quijote de su Dulcinea. «¡Oh 
bella ingrata, amada enemiga mía!" 
(Ibid., p'^ I, c. XXV). 

Me quejare de mi agravio. 
Para que puedan llevarle 
Las nuevas á mi enemiga 
Cuando uiire sus cristales. 

(Castillo Solórzano, Jonutdds nlef/res^ 
Jan}, ó.'*) 



ENE 



ENF 



241 



i 



Enemigro malo (El). El ene- 

fi;/o, fl diablo, el ilemonio, el malo. El 
lahlito, dicen también los cliilenos, 
iHTO uó el Dice. 

Enemiguísimo, ma, adj. superlativo 
lie enemigo. Aunque no han faltado 
quienes digan enemicislmo, del latín 
inimkus, preferimos la forma derivada 
del castellano. «Yo estaba entonces 
eiiemif/uisima de ser monja». (Sta. Te- 
resa, Vid», c. II). isD'íz que es enemi- 
guisima de revelaciones». (La misma 
en sus Carlas). Así también González 
Carvajal y otros. Véase Amiguísimo. 

Enenante. Véase Dexante. 

Energía, f. «Eficacia, vigor, fuerza 
de voluntad, tesón, actividad», esj la 
definición del Dice. Aunque el de Au- 
toridades y los clásicos uo le recono- 
cieron un significado tan general, sino 
únicamente el de «eficacia en el decir» 
ó «viveza en expresar conceptos», con- 
forme al uso que reconoce el Glosario 
de Du Cange, debemos admitir la defi- 
nición moderna, y aun extenderla á la 
Mecánica. Lo que no podemos admitir 
[X)r nada de esta vida, fuera de la mis- 
ma Mecfmica. es el abuso que se hace 
del pl. energías. «Puso todas sus 
energías en ejercicio á fin de lograr 
el cargo; El cerebro de este hombre ha 
¡lerdido todas sus energías; Emplear 
las energías en asunto tan baladí, 
L's perder tiempo; Mostraba las ener- 
gías de su voluntad en resistir al 
enemigo; Hombre de grandes ener- 
gías debe de ser mi amigo; Consagra 
todas sus energías al servicio de la 
política». Con estos ejemplos ha sacado 
á plaza el P. Mir el mal uso de este pl., 
imitado servilmente del francés. Es 
regla elemental de gramática que los 
nombres abstractos carecen por lo ge- 
iHTil de pl., como valor, pujanza, acli- 

Dicc. deChil.,t. II. 



ridad, lozanía; y en este número está 
comprendido energía, como se ve por la 
definición misma del Dice, que lo hace 
sinónimo de eficacia, vigor, etc. Si 
queremos plurales, digamos con m;is 
propiedad brios, fuerzas, potencia.% di- 
ligencias, y dejemos las energías 
para los que no distinguen el francés 
del castellano. 

Exervamiexto, m. Enervación 
trae solamente el Dice. Como hay en 
castellano tantos sustantivos verbales 
en miento, bien puede admitiree éste, 
que, entre nosotros á lo menos, es mu- 
cho másu.sado que enervación. 

Enfaldar, a. Subir ó trepa]- la 
falda de un monte. Así lo usan algu- 
nos en Chile, confundiéndolo con fal- 
dear, a. («caminar por la falda de un 
monte>j). — El cíistizo enfaldar signifi- 
ca: «recoger las sayas ó las faldas. Ú. 
t. c. r. II Hablando de los árboles, cor- 
tarles las ramas bajas para que crezcan 
y formen copa las superiores». 

Enfardadora, f. Máquina para 
enfardar pasto. Bien formado y usado, 
debe entrar en el Dice. 

ExfaSIS. Es ambiguo en su acep. 
general de «fuerza de expresión ó de 
entonación con que se quiere realzar la 
importancia de lo que se dice ó se lee». 
Como figura retórica dice el Dice, que 
apenas se uso ya más que en el género 
masculino. 

Enfermarse, r. Por una parte la 
anología con resfriarse, constiparse, 
estreñirse, acatarrarse, acalenturarse, 
curarse, etc., y por otra, la forma pa- 
siva que tiene en latín este mismo v. 
(infirmor, ínfirmaii), han sido la cau- 
sa para que muchos lo usen errada- 
mente como r.: Me enfermé de fiebre -. 
El niño se enfermó de muerte; Te en- 
fermarás si comes tanto. Aunque nohan 



242 



ENF 



ENP 



faltado algunos clásicos (como el ilaes- 
tro Venegas y Lope de Vega) que asi 
han usado este v., han sido estos casos 
tan aislados, que no pueden tomarse en 
cuenta para destruir el uso general que 
lo tiene solamente como n., j como a. 
cuando significa causar uua enferme- 
dad. Digamos pues siempre: i/o enfer- 
mo, iú enfermas, él enferma, y supri- 
mamos como vicioso el me, te, se, 
que nunca ha sido admitido por el 
Dice, para este v. «; Quién enferma, y 
yo no enfermo?y> traduce Scio el cono- 
cido texto de S. Pablo: «Quis infirma- 
íur, et ego non inñrmor? (II Cor. XI, 
29). Y Amat: «; Quién enferma, sin 
que yo también enferme con él?» Ya- 
lera dio al v. en este ]>asaje el signifi- 
cado de «desfallecer». 

E^TERV0RIZAR, a. y ú. t. c. r. Así 
mhvao fervorizar. Fervorar esa. sola- 
mente. Afervorar, afervorizar 
y enfervorecer están anticuados. 

Enfiestarse, r. Alegrarse y entu- 
siasmarse como en día de fiesta. Lo 
mismo en Colombia. En castellano hay 
enfestarse, pero es aut. y significa 
distinta cosa (levantarse, relielarse. 
atreverse). 

ExFLOEAE, a. 5tuy usado en Chile 
y en Méjico, y probablemente en toda 
la América del Sur, en el significado 
de florear (adornar ó guarnecer con 
flores) y del ant. enflorecer (enga- 
lanar con flores). Estando tan bien 
formado como sus similares enramar, 
enguirnaldar, encintar, debe admitirse 
sin duda alguna. He aquí tres autori- 
dades: 

Fuíme á ana fuente por lavar la cara 
Kn nn prado verde que un rosal enflora. 

(Micer Francisco Imperial, Decir li lar dé- 
te tirhiJei). 



Lope de Vega, en S. Diego de Alcalá, 
a. L escribió: 

Mayo los campos niihn-o. 

«Por dentro y fuera toda enflorada-», 
dice la señora Pardo Ba/.án que esta- 
ba una casita cantada por Zorrilla, 
citando como de él estas palabras. 
Estudiando bien el significado propio 
de enflorar y florear, se ve claro que 
no son iguales ambos verbos. Enflo- 
rar es adornar con ramilletes ó ma- 
nojos de flores, con flores en rama ó 
en floreros: florear es esparcir flores 
sueltas ó deshojadas. Se enflora una 
calle, una plaza, una casa, cuando las 
flores se colocan en las paredes, puer- 
tas, ventanas, árboles, en guirnaldas ó 
coronas; se florean estos mismos sitios 
cuando su suelo se cubre de ñores suel- 
tas. Por eso la acep. fig. de «echar ó 
decir flores, requebrar», conviene á 
floi'ear y nó á enflorar. Un sombrero de 
mujer se dirá que está enflorado: pero 
un discurso académico, una poesía ele- 
gante, se dice que están floreados, 
porque están adornados de flores ó be- 
llezas literarias. 

Exfocar, a. «Hacer que la imagen 
de un objeto producida en el foco de 
una lente coincida con un punto deter- 
minado». Admitido en el último Dice. 

Enfranje, m. «Nombre dado por 
los zapateros á la parte más estrecha 
de la suela hasta el tacón, ó bien á la 
que media entre éste y la que llaman 
planta». Así el Dice, de Zerolo, para el 
cual la voz es enfranqiie. Así la llama 
también el Enciclopédico Hispano- 
Americano en los arts. Zapatero y 
Zapato, omitiéndola en su lugar. Aquí 
dicen casi todos enfranje, y los re- 
mendones infranje. En esta forma 



ENF 



ENF 



■Jii 



era fácil derivarlo del latín ¡nfrintjo, 
iiifrpffi, ¡nfractum, (jnebrar, porque el 
pie y el zapato estáu como quebrados 
en esa parte; pero en la forma enfran- 
qiie, que es la que debe admitir el Dice, 
parece deri varee de /ra«co,- y en reali- 
dad, el adj. Siüt. franqueado, da, ifapli- 
cábase al zapato recortado y desvirado 
pulidamente»; y ahora, donde más se 
recorta y desvira el zapato, es precisa- 
mente en el enfranque. 

Enfrentar, a. y n. Formado de 
fit y fíiiüe ó del adv. enfrente, se usa 
mucho en Chile en el significado de- 
quedar frente á frente, llegar hasta el 
frente. «Será menester expropiar una 
cuartería hasta enfrentar con la 
calle de Bello», escribió el diario El 
Porvenir. «Llega la línea hasta en- 
frentar el cerro, y de ahí tuerce á... 
El ejército enfrentó al enemigo y 
acampó esa noche en la falda del mon- 
te». En el Dice, no aparece este v., ni 
tampoco enfrontar, que es el equiva- 
lente castizo y que defendemos con las 
siguientes autoridades: «;0h rey Au- 
tíoco! ¡cuánto y cuánto va del estado 
de los filósofos al estado de los capita- 
nes, de saber leer bien en la academia 
á tener ojo para enfrontar con los ene- 
migos! (Fr. Antonio de Guevara, Reloj 
de principes). 

El uno al otro se han muy bien asiilo 
Y. estando con los pechos enfrontados. 
Procuran derrocarse. 

Con todo el pecho estando reclinado, 
F.nfronto con la mía yo su frente. 
(Sánchez Viana. Las .^ít-famorfosi?: 1. VII 
y IX\ 

«Cuatro rondas y paseos por la calle, 
y cuatro despliegues y embozos al eti- 
frontar la reja». (Estébanez Calderón, 
Escenas andaluzas, Gracias y donaires 
de la capa). En el pasaje de Guevara 
tiene la acep. de «hacer frente», que 
es propia de afrontar y f|ue los colom- 



bianos, según Cuervo, dan también á 
enfrentar; pero en las otras tres 
citas, lo mismo que en otros españoles 
antiguos y modernos, enfrontar signi- 
fica lo que nuestro enfrentar: poner 
frente á frente, llegar hasta el frente- 
Jovellanos usó para esto afrontar, 
pero con nota de arcaísmo, como se lo 
echa en cara Cuervo: «Donó. ..el terre- 
no que de una parte miraba á la ancha 
calle de Benazet, y de otra á la misma 
Almudaina, y cuyo ángulo afronta- 
ba con las torres del real palacio». 
«La estampa está colocada al frente de 
mi cama, debajo déla Virgen deMengs, 
y afrontando también con la de 
Nuestra Señora de la Silla de Rafael». 
«Linda por el oeste con el término de 
Santa Ponza, y afronta con la costa 
de la Porrosa». Como el v. afrontcr se 
conjugó antiguamente afruentO, 
afruentas, y en el s. frente y adv. 
enfrente prevaleció la e, en la cual vino 
á parar el diptongo ae en que se abrió 
la o del latín frons, no es raro que el 
chileno prefiera la forma enfrentar 
á la clásica enfrontar; pero ya es tiem- 
po de corregirla y quedarnos solamente 
con Cita última, que es la única que 
guarda analogía con los otros com- 
puestos afrontar y confrontar. 

Enfuera, adv. de 1. y de t. Fuera 
de, además de, ultra de, allende. Resto 
del castellano antiguo, que todavía se 
oye en Chile entre el vulgo y la gente 
medianamente instruida, como se oía 
antes en España: 

Un fraile se llegó luego 
Hacia nuestra compañía; 
El c<ral, si yo no soy ciego, 
Corona en fuera, tenía 
Más de mil cosas de lego. 
(Antonio de Solís, Relación graciosa de un 
lüuje). 

Así quedan todavía en el Dice, ende- 



2U 



ENG 



ENG 



más y endenantes, como anticua- 
dos, y se usaron también enjamás, 
embajo ó en bajo de, empar de 

(d par de), etc. Suncho dijo también 
desde, el emprincipio, y el vulgo en 
muchas partes endespués y ento- 
davía (entuavía). 

Enfullinarse, r. Amostazarse, 
amoscarse, sulfurarse, encolerizarse. 
Emberrincharse óemben'enchinarsfíilg- 
nitíca lo mismo, pero se dice comun- 
mente de los niños. La etimología no 
puede ser otra que la partícula en y el 
s. hollín, que antiguamente se pronun- 
ciaría follín ó fullín, del latín 
fnll(/u. Enfullinarse significaría 
pues subírsele á uno el hollín, por con- 
siguiente, irritarse, enfadarse; á seme- 
janza de las frases castizas Subírsele á 
uno el humo por las narices (encoleri- 
zarse) y Subiisele A uno el humo á la 
rhimenea (embriagarse). — También lo 
usan algunos como r. y como a. en el 
significado de entusiasmar ó trastornar 
á uno, conquistarlo por medio de pro- 
mesas o proyectos. «La sirvienta se 
enfullinó ó la enfullinaron»: 
la sedujeron con promesas y es[ieran- 
zas para que mude de amos, le levan- 
taron los cascos. 

Enfuruñarse, r. Enfurruñarse, 
fam.: «ponerse enfadado y regañar». 

Engallada, f. Acción ó efecto de 
engallarse, ó sea: «ponerse erguido y 
arrogante». 

Engañifla, f. EnijañiJ'u: «engaño 
artificioso con apariencia de utilidad 
en una cosa fútil». 

Engaño, m. fig. y fam. Regalo ó 
jiresente que se da á una persona para 
ca¡)tarse su voluntad, ó más clam, para 
engañarla, ó por el interés del i-et.oi'no. 
Ú. m. en la forma diminutiva enga- 
ñito. 



Engarfiar, a. Garfear, n. (echar 
los garfios ¡jara asir con ellos una cosa). 
euíjarabatar, a. (agarrar con garabato). 

Engarzarse, r. Enzarzar, a. y r.: 
«enredar á algunos entre sí, sembran- 
do discordias y disensiones». Enijarzar 
es castizo, pero es a. solamente, nó )■., 
y significa: «trabar una cosa con otra 
ú otras, formando cadena, por medio 
de hilo de metal: rizar». 

Engavillada, f. Montón de ga- 
villas. «Poco daño producen las lluvias, 
si se paran las gavillas y se forman 
engavilladas ó montones», escri- ^ 
bió un diario de la ciudad de Concep- 
ción. En castellano sólo existe el v. 
engavillar, (pie significa lo mismo que 
aíjavillar: «hacer ó formar gavillas». 

ExGEXDRO, m. Significa en el Dice: 
«feto; criatura informe que nace sin la 
proporción debida». Le falta, por con- 
siguiente, la acep. fig. de-proyecto, 
designio ú obra intelectual disparata- 
da, que tanto se usa y no es posible 
reemplazar con otra voz. 

EngestadO, da, adj. Úsalo Doña 
Emilia Pardo Bazán por agestado, que 
es el linico que nosotros conocemos, lo 
mismo que el Dice. Don Carlos R. 
Tobar trae también á engestado 
como provincialismo del Ecuador. 

Englobar, a. «Incluir ó considerar 
reunidas varias partidas ó cosas en una 
sola». Formado del modo adv. englo- 
bo y admitido en el Apéndice del úl- 
timo Dice. Muy bien hecho, porque 
está bien formado y es de uso general 
entre los modernos. 

Engomado, da, adj. fig. y fam., 
part. de engomar. Aplícase ala persona 
(|Uf; lleva la ropa muy almidonada y 
pLincbada; en castellano, almidonado, 
da (dícese de !a persona compuesta y 
ataviada con excesiva pulcritud), peri- 



ENG 



£NG 



240 



piti-sln, la, (que se adureza y viste con 
demasiada delicadeza y afectación). 
Sin duda cjuc el gomoso español, que 
todavía no tiene lugar en el Dice, 
tiene este mismo origen: la goma ó al- 
midón que gasta en el vestido. 

Engorda, f. Usadísimo en Chile no 
tanto por la acción ó efecto de engor- 
dar animales, cuanto por la manada ó 
conjunte de animales engordados: Una 
en'jordu. Vender ]a mnonlu. — Potrero 
de engorda puede traducirse por ceha- 
dero (lugar destinado á cebar animales) 
ó por dehesa carnicera (la destinada 
para pasto de los ganados pertenecien- 
tes al abasto de un pueblo); también 
roto carnicero. El único cliisico en quien 
liemos leído la voz engorda es el P. 
Alonso Ovalle: «Las tierras y valles 
intermedios son de gran jugo, de abun- 
dantísimos pastos para la engorda de 
los ganados». (Histór. reí., 1. 1, c. VII I). 
El Dice, admite solamente el m. engor- 
de (acción ó efecto de engordar ó cebar 
al ganado, especialmente al de cerda). 
Con la autoridad del P. Ovalle y el uso 
de todo Chile pedimos la admisión de 
engorda con la acep. de engordo y la 
de-manada ó conjunto de animales 
vacunos gordos ó cebones, ó sainados, 
destinados al abasto. La ceba castellana 
no es la engorda en su 1." acep., sino la 
«alimentación abundante y esmorada 
que se da al ganado, especialmente al 
«lue siiTC para el sustento del hombre, 
á fin de que engorde». Hablando la 
Biblia (III de lo.« Reges, IV, 2:)) de 
la provisión de la mesa de Salomón, 
dice que, entre otras cosas, se consu- 
mían : I Decem boves pingues et viginti 
hoves pascuales^; frasa, esta última, 
que Scío, Amat y Valera traducen: 
Imeges de pasto; agregando Scío en no- 
ta: «Ó que se alimentaban en el campo 



en los pa&tos comunes, semejantes á los 
que se crían en los montes de la Amé- 
rica». Estos bueges pascwúes ó depasto 
son precisamente nuestros bueges de 
engorda, y si son en mmiero más con- 
siderable, forman una engorda. 

Eng"Ordero, m. Persona (jue ne- 
gocia comprando animales flacos y 
vendiéndolos después de engordarlos. 
Es muy usado en Chile y puede tradu- 
cirse por engordador ó ganadero. 

Engraxar, a. Admítelo el Dice, 
como término de Mecánica y con el 
significado de endentar; pero no le da 
la acep. fig. que quieren algunos. «En- 
granados así los poderes públicos. . . » 
Encastizo: unidos, enlazados, trabados, 
mancomunados, subordinados unos á 
fl/ro.s.-En el P. Estella lo hemos halla- 
do dos veces en la acep. de-teñir de 
grana: «El carmesí ningún color reci- 
be si no se engrana primero; y así las 
virtudes no reciben color de mérito 
eterno si no se engranan con la cari- 
dad». (Meditaciones, LXXX). Esclaro 
ijue en este caso es v. distinto, com- 
puesto de grana, y si se admite, debe 
colocarse en art. aparte. 

Engrasillar, a. Cubrir lo raspa- 
do en el papel con grasilla ó sandáraca. 
Es poco usado. 

Engreído, da, adj. part. de en- 
greírle. Engreido, da. 

Engrenaje, m. Engranaje; pero 
adviértase que sólo es término de Me- 
cánica y que no tiene la acep. fig. de- 
enJace, unión, trcúiazón. 

ExfiKiNGARSE, r. Hacerse ó tín-naisc 
uno gringo; pero entendida esta última 
voz en el sentido de inglés ó extranjero. 
Véa.se en su lugar. El v. no se ha inven- 
tado eu Chile, donde bien poco se usa, 
sino en España, como se ve por la Pro- 
clama d« un solterón, de Vargas Ponce: 



241) 



ENHI 



ENHI 



No en mis días sufi-ír la extravagancia 
De que falsa española se me engrinynn; 
Que hasta el pan y turrón quiera de Francia; 
Que con París me muela y me jeringue. 

EXGRUESAR Ó ENGROSAR, il. AmboS 

deben conjugarse engrueso, etiffruesas, 

etc. 

Enguantado, da, adj. Véase 
Embotado. 

Enharinar, a. y ú. t. c. r. «Llenar 
de harina; cubrir con ella la superficie 
de una cosa». Recordado por Ortúzar, 
fué admitido en la 1.3." edición del 
Dice. «Desata el papel lleno de harina, 
y danle por debajo, y enharmanli' la 
cara». (Quiñones de Benavente, Las 
dos Alcaldfis mcontrttdos, !.■* p.) 

Enhestar, ó inhestar, a. y r. Ije- 
vantar en alto, poner derecha y levan- 
tada una cosa. — Enaslar, a.: poner el 
mango ó asta á un arma, como lanza, 
etc. 

Enhiesto, ó inhiesto, ta, part. 
irreg. de enhestar. || adj. Derecho, le- 
vantado. Aquí se nos presenta la si- 
guiente cuestión: En la pronunciación 
de esta voz ¿debe tomarse ó nó en 
cuenta la h intermedia? (3 en otros 
términos, ¿debe pronunciarse enyes- 
to ó eniesto? Sin vacilar, creemos que 
de este último modo; y discurriremos 
en esto por cuenta propia, pues no 
hemos visto tratado por nadie este 
punto, que no carece de interés. Todos 
los gramáticos reconocen que la h, en 
el castellano moderno, no tiene ningún 
sonido, excepto ea/iegueliano, Imjuelia- 
nismo y holgorio, en que el Dice, dice 
que se aspiran; sin embargo, antes de 
diptongo reconocen también todos que 
tiene un sonido como de semiconso- 
nante, y por eso el pueblo pronuncia 
güerta, güeso, güero, y asi escri- 
bieron también durante muchos siglos 



los literatos, y aun hubo alguno (Don 
Jerónimo Huerta) que se firmaba 
Güerta. Más claro se ve esto antes 
del diptongo ie, pues todos decimos 
gerba, gedra, yelo, gerro (por gerro y 
hierro. Yelo no está autorizado por 
la .\cademia; pero debería estarlo, por- 
que, conforme á su origen, el latín 
gelii, debe escribirse con g, como gcr- 
no. gema, geso, y nó con h). Con el 
diptongo ua no hay sino las voces 
americanas huaca y hiuico, y con el dip- 
tongo ni, el V. huir y sus derivados, 
aunque para los más, que pronuncian 
hii-ir, hu-i-da, no hay tal diptongo. 
Enel chilenismo ¡huifa! si que lo hay. 
Ahora bien, si la h está como adherida 
al diptongo, de suerte que se pronun- 
cie con él en una sola silaba, la regla 
que puede deduciree es la siguiente: Si 
la h forma con el diptongo un solo so- 
nido en la voz simple, así se pronun- 
ciará también en la compuesta; pero, 
si no hay voz simple, sino que el dip- 
tongo es el resultado fonético de una 
vocal que se ha abierto, la li no debe 
pronunciarse ni tomarse en cuenta sino 
solamente para la escritura. Según 
esto, deshuesar, enhuecar, enlvuerar, 
deshielo, go deshierho, deben pronun- 
ciarse desgüeso, engiieco, enguero, cks- 
gelo, desgerbo, porque así se pronuncia 
la // en los respectivos simples. Y al 
revés, go cuViiero, enhiesto, deben pro- 
nunciarse adiero, eniesto, como si no 
existiera la h y lo mismo que mania- 
tado, peliagudo, maniobrar , puniagvt- 
do. Elpronunciaradyero y enyesto 
nos parece tan vicioso como decir 
desueso, enueco, etc. Así una 
señorita italiana, que hablaba regular- 
mente el castellano, decía una vez que 
le dolían lo SUeSOS, nó los güesos, 
como decimos todos, aun(|ue escriba- 



ENJ 



ENJ 



217 



mos /lUflso^. Y he aquí una confirma- 
ción de nuestra regla; porque, si nadie 
dice lo suevos (¡os huevos), la 
suertas (las lumias), lo sués- 
pedes (los huéspedes), pues se opone 
al enlace de la s con el diptongo la 
semiconsonante li, tampoco debe decir- 
se desielo, desierbo, porque se 

oponen los simples hielo y hierba, en que 
la /( tiene el sonido de la y consonan- 
te. Mas en adhiero y enhiesto no hay 
inconveniente para suprimir la h en la 
pronunciación, porque no hay voz sim- 
ple que la reclame; y, al contrario, 
adhesión, adherente, sus derivados, no 
la pronuncian. Respecto á enhiesto, es 
cierto que antiguamente, cuando se 
aspiraba la h, se dijo enfiesto; pero 
también en ese mismo tiempo se decía 
fermoso, fermosura, fallar, 
etc. — Necesitábamos esclarecer la pro- 
nunciación de h tie y hieon composición, 
no sólo por las voces castellanas que 
liemos analizado, sino también porque 
en los nombres geográficos chilenos 
hay muchos que acaban en hue, par- 
tícula que denota lugar donde abunda 
algo y que debe pronunciarse como si 
se escribiera ¡/üe. En Panquehiie, Ali- 
cahufi, Llanquihue, Carahue, no hay 
dificultad ninguna; pero la habría, si 
no se hubiera llamado la atención, en 
Alli.ué, Antilhue, Guacarhue, Ran- 
quilhae, RocaUme, Nilhue, Colime, 
Ninhm, Nilhue (nombre propio y co- 
mún: la cerraja castellana). TioTdhue 
(de duñiñ hue, lugar de cejas). 

Enhuevar, n. y r. Dígase huevar, 
n.: «principiar lasavesá tener huevos)). 
Aovar, u., es «poner huevos las aves y 
otros animales». 

E.VJABOKAR, a., E.V.)ABO.VADrK.\, í'. 

liO mismo i|ue jabonar y ja'ioiuuhi- 
ra. 



Enjambar, a. Es el v. francés 
enjamber, que en Métrica ó Versifica- 
ción significa: unir un verso con parte 
del siguiente para terminar el sentido. 
Así han querido los galiparlistas tras- 
ladarlo en toda su crudeza al castellano, 
sancochándole solamente la termina- 
ción, y aun han pretendido formar los 

sustantivos enjambadura ó en- 

jambamiento. Parece que poco ó 
nada han cuidado los españoles de dar 
nombre á este conocido recurso métri- 
co, que la misma naturaleza ha inspira- 
do en todos los idiomas y que es indis- 
pensable en los metros largos y en las 
composiciones de alguna extensión, 
para que el verso resulte más airoso, 
suelto y variado; por eso no tenemos 
para el caso sino dos autoridades: la de 
Caro, que emplea el v. montar: «No se 
entienda por eso que repruebo en ab- 
soluto la costumbre de montar los ver- 
sos niraenos el uso depausasy cesuras». 
(Obras de Virgilio, Estudio prelim.j; 
y el Dice, de Zerolo, que define así la 
fr. Cabalgar un verso sobre otro: «Se 
dice que un verso cabalga sobre otro 
cuando el sentido de la frase se corta 
eu el primero y se completa en el 
segundo». Tenemos pues dos verbos 
enteramente castizos, montar y cabal- 
gar, para expresar la idea mucho me- 
jor que con el francés. Iva parte que 
se toma del segundo verso viene á ser 
como el pie quebrado de los metros 
cortos. He aquí dos ejemplos: 



Aquí de Cipuín la vencedora 
Colonia fu»-'. 

(Rodrifjo Caio)^ 



Cual suele el ruisefior con tri>te canto 
Quejarse, entre las hojas escondido. 



(Garcilaso). 



248 



ENL 



ENL 



Enjuiciable, adj. Aplícase á !a 
persona ó causa que puede ser enjui- 
ciada. Falta en el Dice. 

Enjüncadoe, m. El que tiene por 
oficio cubrir con tejido de junco el 
asiento ó respaldo de los muebles que 
se hacen de esta manera. Usado en 
Chile y digno de admitirse. Véase el 
siguiente. 

Enjuncar, a. Es v. que viene fiu'u- 
rando en el Dice, desde la 1.^ edición, 
pero en aceps. propias de la Marina j 
nunca en la que es más propia y na- 
tural y que le dan aquí los fabricadores 
de sillas y muebles de junco, esto es, 
cubrir de junco el asiento ó respaldo 
de los muebles que lo llevan. Ojalá se 
le agregue esta nueva acep. — En La 
mogyjanija del gusto (novela 1."), de 
Andrés del Castillo Solórzano (1641), 
leemos: «Advirtiéndoles cuidasen par- 
ticularmente si entre lo fragoso de los 
eiijuncadüs arrayanes y zarzamoras ha- 
llaban retirada, quizá de temor, alguna 
ó algunas damas». Vean los españoles 
si merece aceptarse esta otra acep. de 
enjuncar, la cual puede confirmarse con 
estas palabras de Cejador: «El verbo 
i-tu significa enjuncarse ó cubrirse de 
juncos un terreno». (El lenguaje, i. IV, 
n.° 11). 

En.jutau, a. y ú. t. c. r. «Enjugar, 
secar la cal ú otra cosa». Asi lo define 
el Dice, pero como término de Anjui- 
tectura únicamente. En Chile lo usa- 
mosen el lenguaje corriente y ordinario: 
Enjutarse la ro¡m, el suelo, etc. 

Enlazar, a. «Coger ó juntar una 
cosa con lazos)j, es la 1." acep. que tiene 
en el Dice, y la más cercana á la que 
le damos en Chile de-coger un animal, 
persona, ú objeto con lazo. Mas, como 
este hizo ha entrado ya en el Dice, con 
esta definición: «cuerda ó trenza con 



una lazada corrediza en une de sus ex- 
tremos, que sirve para sujetar ú ciertos 
animales, como toros, caballos, etc., 
arrojándosela á los pies ó á la cabeza», 
es necesario agregar también al v. la 
acep. correspondiente. Es cierto que el 
pueblo usa aquí el v. lacear, pero la 
gente educada dice enlazar. Lacear en 
el Dice, tiene el mismo inconveniente, 
porque significa: «atar con lazos», y 
nó coger o prender con el lazo, como 
se usa en Chile. En el art. Lazo hare- 
mos notar las inexactitudes de la defi- 
nición del s. 

Enliudar, a. Dígase aleudar, leu- 
dar ó lleud(tr: «dar fermento á la masa 
con la levadura». || r. (los tres): «fer- 
mentar la masa con la levadura». 
(Véase Liudo). El P. Miren su Re- 
busn) trae la forma leldar, que deriva 
del latín levidare, hacer leve una cosa, 
y que reconoce ser corrupción de leu- 
dar; y el Dice, agrega también ludiar, 
como provincialismo de Extremadura. 

Enlozado, da, adj. y ú. t. c. s. m. 
Lo que todos hemos conocido con el 
nombre Ae. porcelana, se llama ahora en 
la jerga de los comerciantes enloza- 
do, mikulos enlozados. No re- 
flexionan estos reformadores del len- 
guaje que la voz enlOZado, que han 
inventado, es mucho más genérica que 
porcelana, porque la loza es de varias 
especies y una de ellas es la porcelana. 
Enlozado significaría pues «cubier- 
to de loza», y nó «cubierto de porce- 
lana ó de cierta pasta que la imita», 
que es lo que ellos quieren expresar. — 
Hay s. enlosado (suelo cubierto de lo- 
sas unidas y ordenadas) y v. a. enlo- 
sar (cubrir el suelo con losas unidas y 
ordenadas). 

ExLl'CiK, a. En castellano es: «po- 
ner una capa de yeso ó mezcla á las 



ENM 



ENM 



249 



Hay s. enlosado (suelo cubierto de lo- 
sas uuidas y ordenadas) y v. a. enlo- 
sar (cubrir el suelo con los;is unidas y 
ordenadas). 

Enxuciu, a. En castellano es: (qoo- 
ner una capa de yes^o ó mezcla & las 
paredes, techos ó fachadas de los edi- 
ficios». En Chile: poner á cualquiera 
tapia ó pared, después de embarrada, 
una capa de tierra menuda y suave 
(polvillo) con arena y agua. — Re- 
vocar, a., que nosotros hacemos sinó- 
nimo de embarrar, lo es de enlucir, 
pues significa en estaacep.: «enlucir ó 
pintar de nuevo las paredes exteriores 
de un edificio». Aquí revocamos y en- 
Incimos toda clase de paredes, exteriores 
c interiores, de edificios, de huertos, 
lindes, etc. — Encalar, enyesar, enjal- 
bec/ar ó jalbegar se refieren al blanqueo. 
Eiüimicar, a.: «dar dos capas de cal y 
arena gruesa á la pared de ladrillo ó 
piedra que se ha de pintar al fresco». 
ExLrTADO, m. Acto de cubrir de 
luto lugares ú objetos, en especial las 
iglesias. Hace falta en el Dice. «Decla- 
ración sobre el uso de ataúdes y enhi- 
lado de las iglesias y casa mortuoria», 
leemos en el índice de la Novisima 
Recopilación , voz Entierro, aunque el 
texto no usa la misma palabra. 

Enh'taií, a. Tratándose de los ca- 
ballos que se cubren de paño ó bayeta 
negra en demostración de luto, se usa 
como más propio el v. encubertar. Así 
el Dice, y los buenos autores. 

Enllantar, a. Guarnecer con llan- 
ta una rueda. Si no hay, como parece, 
otro v. niils propio, merece admitirse. 
Enmadejar, a. Xó, señoras chi- 
lenas; no se dice así, sino a.ymr, a.: 
«hacer madeja el hilo en el aspa». 

Ivv.MADHRACiÚN, f. Véasc el siguien- 
te, — Tjoquosc llama on (.'liilc enma- 

Üicc. deChil.,t. II. 



deración de minas es la entibación 
castellana, como enmaderador es 

entibador, y enmaderar (también 
en minas), entibar, a.: «en las minas, 
apuntalar, fortalecer con maderas y 
tablas las excavaciones que ofrecen 
riesgo de hundimiento». El enmaderar 
castizo es: «cubrir con madera los te- 
chos de las casas y otras cosas». 

Enmaderado, m. Sólo enmaderación 
y enmaderamiento aparecen en el Dice. : 
«obra hecha de madera ó cubierta con 
ella; como los techos y artesonados 
antiguos». La omisión de enmaderado, 
usado también en Chile, Colombia y 
quizás en todo el mundo español, pa- 
rece un simple olvido, pues, entreotros, 
lo usa el Marqués de Molíns, que fué 
Presidente de la Academia: «¿Dónde 
buscaremos las mil quinientas colum- 
nas de jaspe, y las tarbeas de mármol, 
y los enmaderados de alerce dorado . . . ? » 
(Bretón de los Herreros, c.45). Véase 
Adoquinado. — Madeinjc ó madera- 
men son otra cosa: «conjunto de ma- 
deras que sirven parajun edificio ú 
otros usos». 

Enmalezarse, r. Llenarse ó cu- 
brirse de maleza un terreno ó sembrado. 
No le hemos hallado equivalente exac- 
to, fuera de viciar, que es muy gené- 
rico. «El que limpia el trigo de las 
yerbas que le viciam>, escribió Zaba- 
leta. Errores celebrados, 23. 

Enmasillado, m. Acción ó efecto 
de enmasillar. 

Enmasillador, m. El que en- 
masilla. 

Enmasillar, a. Es el castellano 
plastecer, a.: «llenar, cerrar, tapareen 
plaste; y plaste es lo que aquí llamamos 
masilla. Emplastecer, a. (nuestro 
afinar): 'Ugualary llenar con el a[ia- 
rejo las dc<¡giialdadcs<l(' iiiiasuperficie, 

33 



250 



ENM 



ENR 



para poder pintar sobre ella*. Aparejar, 
emprimar ó imprimir: «preparar con 
los ingredientes necesarios la superficie 
del lienzo, tabla, etc., en que se lia de 
pintar». 

Enmendatura, f. Enmendadura 
ó emendadura, enmienda, enmendación 
ó emendación. 

Enmielar, a. Enmelar, y conjú- 
gase enmielo, enmielas, etc., porque es 
compuesto de miel. 

Enmohecer, a. y r. Véase Amo- 
g-osar. 

Enmoutañarse, r. Poco se usa, 
y basta con emboscarse. Ensotarse, si- 
nónimo, significa: «meterse, ocultarse 
en un soto»; y amontarse, r.: «huirse ó 
hacerse al monte». 

ExJiosTADO, DA, adj. Untado de 
mosto. Lo usaron: Balbuena (Sicjlo de 
oro, éijl. IX): 

El frío otoño con la espalda helada; 
En mosto envuelto, de iivaa coronado. 
La barba y cara sucia y enmontada; 

Juan Meléndez Valdés: 

El carro en triunfo á la aldea 
Lleva las uvas cogidas; 
Recíbelas la ancha troje. 
Que las macera y envía 
Do el lagarero enmoslado 
Con membrudo pie las pisa; 

y otros más, como Sánchez Viaiía en 
su versión poética de las Metamorfosis 
de Ovidio. La voz está liien formada 
y puede aceptarse. 

Ejímccírar, a. y r. Ensuciar, llenar 
ó cubrir de mugre. Está bien formado, 
y, como se usa por lo menos en Chile 
y en Colombia, bien puede admitirse. 
El pueblo chileno usa más enmu- 
grentar. a. y r., compuesto del adj. 
muip-ienlo, al cual sigue en la conju- 
gación : enmugriento, enmu- 
grientas. 



Enneasílabo, ba, adj. Preferimos 
esta forma á la admitida por el último 
Dice, eneasílabo: de nueve sílabas. 
La primera es la que usan los textos 
de métrica y la única conforme con la 
etimología griega: ¿vvsa, nueve. 

Exojóx, na, adj. Que se enoja con 
frecuencia ó fácilmente. Aunque existe 
emjadizo, que significa lo mismo, me- 
rece conservarse nuestro enojan, que 
tiene una forma más familiar y una 
acentuación más propia de su signifi- 
cado. Véase Aflijóx. Según García 
Icazbalceta, enojan se usa también en 
Méjico. 

Enorabuena, enoramala. Son 

compuestos de hora y, por tanto, deben 
escribirse enltorahuena, enhoramala, ó 
aparte: en hora hiwna, en hora mala, 
en huen hora ó en huena hora, en mal 
hora ó en mala hora, norabuena, nora- 
mcüa. 

Enque. Vulgarismo grosero por 
aunque. 

Enquiciar, a. «Poner la puerta ó 
ventana en su quicio», es la única acep. 
que le da el Dice. Bien puede agre- 
garle la fig., que con tanta gracia le 
dio Pereda: «El tiempo, cuya marcha 
fatal é inalterable borra It.s grandes 
impresiones del ánimo, apacigua las 
batallas del cerebro, caml)ia la faz de 
las cosas y enquicia el humano discur- 
so». (Sotileza,XX^'I). «Mieiitrasesto 
no e.xista, no me habléis de moverme de 
casa, en la cual espero. ..á que la socie- 
dad vuelva á enquiciarse^^ (Id., Tipos y 
paisajes. La romeritt del Carmen, V). 

Enralecer, a. y r. Enrarecer: 
«dilatar un cuerpo haciéndole mencs 
denso y que ocupe más espacio que 
antes». — Enrarecimimto: acción ó 
efecto de enrarecer ó enrarecei'se, fué 
admitido por primeni vez. 



ENR 



£NS 



>.:>! 



EXRAXCIAU ó RAXCIAU, íi. y ú. m. 
c. r. Poner rancia una cosa. Lo que en 
chileno llamamos añejar. 

Exredoso, sa, adj. kIíIcuo de en- 
redos, embarazos y dificultades»; pero 
no se aplica á personas, como lo hace- 
mos nosotros, porqne este significado 
está reservado para enreñahr, ra: chis- 
moso y embustero de costumbre. — 
Enredista, com., que suelen decir 
aliíuuos, no es castizo en ningún sen- 
tido. 

Enrieladura, f. «Hay 13 kiló- 
metros listos para proceder á su en- 
rieladura», leemos en La Unión de 
Sintiago. El s. tiene en esta cita uu 
significado que no es propio del eíi/v«/a/' 
c'iileno ni del castizo, porque quiere 
dejir colocación de los rieles ó forma- 
ción del carril. No lo hemos oído ni 
leído en ninguna otra parte ni merece 
llamar la atención. 

ExRiELAR, a. Contra toda su etimo- 
1 )gía le da el Dice, el significado de 
«hacer rieles». Nosotros lo usamos por 
enearrUar en sus dos aceps.: «meter 
en el carril ó rieles»; y fig.: «dirigir 
por el rumbo ó por los trámites que 
encaminan al acierto una pretensión ó 
expediente que iba por un camino que 
estorbaba su logro y dilataba su con- 
clusión». 

ExRiPiAR, a. Admitido en el líltimo 
Dice, con la misma definición de ri¡i¡ar: 
«cebar ó poner ripio en un hueco», y 
como termino de Albañilcría. En Chile 
damos á enripiar un significado más 
genérico: llenar ó cubrir de ripio; por 
eso enripiamos calles^ caminos, palios, 
etc. Véase Ripio. Tratándose de vías 
férreas, úsese el v. balastw, a.: «íen- 
der el balasto»; y balasto es: «capa 
de grava ó de piedra machacada, que 
se tiende fobre la explanación de los 



ferrocarriles para asentar y sujetar so- 
bre ella la vía». 

Enríqüez, apellido. Como patroní- 
mico que es de Enrique, debe escribirse 
asi, sin h, y así lo practican con la 
Academia los mejores españoles. Los 
pocos que lo escriben con h ( Henri- 
quez), es porque lo han heredado de 
padres portugueses, pues en esta len- 
gua llevan h el nombre y el apellido. 
(Véase el Dice, de nombres propios, de 
Contó é Isaza). 

Enroco, m. Enroque: acción de 
enrocar, en el juego de ajedrez. Ambas 
voces son usadas entre nosotros; pero 
el Dice, que hasta la edición 12." no 
había admitido ninguna de las dos, dio 
en la 13." preferencia á la última. — 
Admitió también por primera vez el v. 
enrocar, a.; pero á nuestro juicio debe 
ser n. CJejador lo hace r. 

Enrolar, a. y r. Del francés enróler, 
s'enróler. Aunque rol es castellano y 
significa «lista, nómina ó catálogo», 
el V. no ha sido jamás admitido en el 
Dice; y más vale asi, pues no lo nece- 
sitamos para nada. Ene/anchar, afiliar, 
alistar, inscribir, expresan mucho me- 
jor la idea. 

Enronchar, a. y r. Dígase ron- 
char, n.: «hacer ó causar ronchas». 

ExROSTRAR, a. Dar en rostro, echar 
en cara, acriminar. Está bien formado 
y es de mucho uso; por consiguiente, 
nada perdería, sino que ganarla el idio- 
ma, si este V. entrara en el Dice. 

Exsacado, da, adj. part. de ensacar 
y ú. m. c. s. m. «Meter algo en un sa- 
co», es lo que significa el v.; pero nos- 
otros debemos incluir aquí el part., tan 
usado en la.s carreras de ensacados, que 
es una de las diversiones populares más 
regocijadas. IjOS que corren de esta 
manera se ensacan hasta la cintura ó 



252 



ENS 



ENS 



hasta los hombros, y en ambos casos 
los costalazos son muchos y de lo más 
cómico, 

Ensacador, m. El qne pone los 
granos ú otras cosas en los sacos y los 
cose. Si hay v. ensarnr y existe el oficio 
de eni^amdor, es natural (jue se acepte 
también el nombre. 

Ensalada, f. «Hortaliza aderezada 
con sal, aceite y otras cosas», y nó el 
simple aderezo de sal, aceite, vinagre, 
etc., que se vende preparado para en- 
saladas. Esto será salsa, aderezo ó ali- 
ño de ensalada, pero nó ensalada. 

Ensalivar, a. y r. Llenar ó em- 
papar de saliva. Admitido en el último 
Dice. — Xo se confunda con insaUrar, 
a.: «mezclar los alimentos con la sali- 
va en la cavidad de la boca». Este 
último tiene más de término técnico. 

EnsaiibIjADO, m. Ensamble, ensam- 
bladura ó ensamblaje, dice el Dice, en 
su lugar; pero en el art. Atarugar 
aparece ensamblado, que, sin duda, es 
de más uso que los otros tres: «Ase- 
gurar el carpintero un ensamblado con 
tarugos, cuñas ó clavijas». 

EnsardinadO, m. Sardinel: obra 
hecha de ladrillos puestos de canto. 

Ensarnarse, r. Ensarnecer, n.: 
llenarse de sarna. 

Ensartar, a. Es compuesto de sar- 
ta y significa: «pasar por un hilo, 
cuerda, alambre, etc., varias cosas; 
como perlas, cuentas, anillos, etc.»; 
\)0V consiguiente, poner en sarta, hacer 
una sarta. De donde se deduce que no 

es propio ni correcto ensartar la 
carne en el asador, ensartarle á 
uno la espada ó la lanza, en- 
sartar la bola en la punta del bo- 
lir/ie (Dice.), ensartarla ag-uja. 
Este falso ensartar ha (piitado su 
lugar á clavar, espetar, traspasar, hun- 



dir, mi'ler, enrasar (introducir en el 
cuerpo de uno la espada li otra arma 
punzante), enhebrar ó enhilar. Ensar- 
tar la aguja no puede ser propio, 
aunque se le deslizó al mismísimo Co- 
varrubias, el del Tesoro de la lengua 
castellana. Si se colocan varias agujas 
en un hilo, como formando sarta, en- 
tonces sí que se dirá de ellas que se 
ensartan. 

Ensaye, m. «Prueba, examen, re- 
conocimiento de la calidad y bondad 
de las cosas. Dícese con especialidad 
de los metales; y, aunque también se 
aplica á otras cosas, lo más común, 
hablando de ellas, es decir ensaijo, y nó 
ensaijey>. En las casas de moneda se 
dice ensaijo. — Ensayo, según el Dice, 
es: «operación por la cual se averigua 
el. metal ó metales que contiene la 
mena, y la proporción en que cada 
uno está con el peso de ella. || Análisis 
de la moneda para descubrir su ley». 

Ensayista, com. Basta con ensa- 
yador, m.: «el que ensaya (en todas 
las aceps. de este v.) ; el que tiene por 
oficio ensayar los metales preciosos». 

Ensebar, a. Untar con sebo. — Pa- 
lo ensebado. Así llaman aquí la 
rucaría castellana: «palo alto y derecho, 
untado de jabón ú otra materia grasa, 
en cuya punta ó extremo hay algún 
objeto, para el que llegue á alcanzarlo 
trepando por él» [el palo, nó el obje- 
to]. II «Diversión de ver trepar por 
dicho palo». 

Enseguida, m. adv. No faltan 
quienes lo escriban así, en una sola 
]ialabra, como alrededor, enfrente, en- 
cima, aparte, aprisa, apenas, despacio, 
sobremanera, sobretodo (cuando es s.; 
como adv. se escribe aparte), etc. Pero 
la Academia y los mejores autores no 
api-ueban esta práctica, como no la 



ENS 



ENS 



253 



¡iprueban tampoco ¡¡ara atnenudo, 
apesar, sineinÍ3arg:o, noobs- 
tante. B¡ hubiera de escribirá' ense- 
guida, con la misma lógica habría 
que escribir desegUida, lo que hasta 
ahora nadie ha intentado. 

Enseñalar, a. Anticuado en el 
Dice, por señalar. En Chile lo usa to- 
davíael pueblo en esta acep. de enseñar: 
^manifestar, mostrar, indicar una cosa; 
como el camino, la calle, una alhaja». 

ExsiLLiDUiiA, f. Para el Dice, sólo 
significa: «parte en que se pone la silla 
al caballo, muía, etc.» Y la acción y 
efecto de ensillar ¿cómo se llaman? En 
Chile deciaios también ensilladura; y, 
aunque la voz tenga cierto dejo ple- 
beyo, habrá que admitirla por nece- 
sidad. 

Ensillar, a. Le falta en el Dice, la 
acep. fig. de-sobreponerse á uno, do- 
minarle, avasallarle, supeditarle, que 
se usa en todas partes. «El mismo 
Gobierno buscaba vengarse de los cons- 
titucionales de España, porque no nos 
dejamos ensillar por él y embridar á 
su gusto». (Puigblauch, Opúsculos, 
pról.) Con el V. embridar está bien 
continuada la metáfora en este pasaje; 
pero no tiene el uso general de ensillar 
para presentarse en el Dice, como fig. 

Ensimismarse, r. ¿Quién será el 
hombre tan distraído y ensimismado 
que se atreva á conjugarlo en las 1."^ 
y 2.*' personas, sin que se rebele, junto 
con el sentido comi'in, toda la gramá- 
tica? Porque es iuiposible poner en esas 
personas el pronombre se de tercera 
que lleva el v. Pase cjue se diga: me 
suicido, le suicidas, nos suicidamos, os 
suicidáis, porque en suicidarse el reflejo 
s«/ se quedó en su forma latina sin que 
la alcance á percibir el oído castellano; 
y tan cierto es esto, que, para hacer 



palpar lo reflejo del v., hubo de agre- 
gársele al fin el pronombre se. Tomen 
pues nota los gramáticos y agreguen á 
los defectivos el v. ensimismarse, di- 
ciendo que sólo puede conjugarse en 
las terceras personas y que las demás 
se suplen con su sinónimo ahslracrse. 

Ensoberbecimiento, m. Bien 
formado está, pero es muy kilométrico 
para la pronunciación ; por eso no cree- 
mos que tenga muchos patrocinadores. 

Ensombrerado, da, adj. Que trae 
sombrero puesto. Úsase especialmente 
en el lenguaje fam. «Yiéndomc pues 
encapada y ensombrerada..., se me 
puso en la cabeza salir de aldeana y 
montañesa». (Picara Justina, II p. 
del 1. II, c. I). Con esta cita tan auto- 
rizada y el uso de todos los escritores 
festivos, creemos que no vacilaiá el 
Dice, en admitir este vocablo, como ya 
admitió á encapado y otros parecidos. 
Nuestro Jotabeche pasó más ailelaiite 

y formó el v. ensombrerar : « Me 
ensombrero, me embastono y 

me planto en la calle». (Paseos por la 
larde). En otra parte inventó el v. 
embirlocbarse, como Tirso de 
j\Iolina enducar, enlacayar, en- 
duendar, embonetado, etc. En- 
luisarse (declararse cautivo y todo 
penetrado del amor á Luisa) usó Quiño- 
nes de Benavente, como también en- 
dueñarse (llenarse de dueñas), 
emperrarse (llenarse de perros), 
enmonarse Qwnerse moño), enmu- 
j orarse (casarse ó tomar mujer). 
Entre los cantares españoles hay uno 
en que se ha dado cabida al v. enza- 

ragozar. 

Zaraguza, Zaragoza. 
Zaragoza de los diablos; 
Una vez que estuve en ella 
¡Que bien me enzaragozaron! 



254 



ENS 



ENT 



No puede negarse que es éste un gra- 
ciosísimo recurso que tienen en todas 
las lenguas los que escriben para hacer 
reír. 

Ensortija!!, a. No significa meter 
en sortija, atar ó asegurar con sortija, 
sino «torcer en redondo, enrizar, en- 
crespar el cabello, hilo, etc.» Lo mismo 
significó el ant. entoi'tijar. 

Ensosar, a. y ú. m. c. r. Cubrir 
de sosa un terreno. Sosa es: «óxido de 
sodio, base saUficable, eflorescente al 
aire». Se usa principalmente en el 
Norte de Chile. 

ExsüEGRAR. No aparece en el Dice. 
Por su forma, y á semejanza de empa- 
rentar, enviudar, ennoblecer y otros 
compuestos de en, parece que, mejor 
que consuegrar, debería significar: 
«hacerse un padre ó una madre con- 
suegro ó consuegra de otro padre ó 
madre». Sólo lo hemos hallado en Tir- 
so de Slolina como a. y con un sig- 
nificado por demás gracioso (poner 
cara de suegra), como puede verlo el 
lector: 

La condesa del Casal ^ 

Por lo acedo le ha agarrado: 
Avinágrese vusi'a, 
Ensueffi-e tal vez la cara. 
{Del cticmiffo el primer consejo, /, 6). 

Aprovechamos esta ocasión para agre- 
gar que hemos hallado la forma conso- 
grar. 

Ensueño, m. Defínelo el Dice, con 
la 2.'' acep. áesueílo, esto es: «acto de 
representarse en la fantasía de uno, 
mientras duerme, sucesos ó especies». 
Conocemos los versos de Cervantes que 
dicen : 

De una de tres causas los aisuckos 
.Se causan, ó los sucñoif, que este nombre 
Les dan los que del bien hablar son dueños. 



y probablemente cu ellos .se fundó el 
Dice, para equipaiar estos vocablos. No 
parece que la autoridad de Cervantes 
pueda tomarse aquí á lo serio, pues 
resalta mucho el tono de broma; y, si 
consultamos el uso de los literatos, y 
especialmente el de los poetas, todos 
nos dirán que el ensueño no es sueño, 
sino algo parecido al sueño, un soñar 
despierto que hace abstraerse de los 
sentidos y da rienda suelta á la fan. 
tasia. 

Entabacar, a. Echarle tabaco, 
picado ó en polvo, á un licor para ha- 
cer daño ó perjuicio al que ha de 
beberlo. — Darle á beber á uno el licor 
así preparado; idea que también se es- 
presa con la fr. Darte un tabacazo. 
— r. Enviciarse el fumador en el uso 
del tabaco ó del cigarro hasta atafa- 
garse ó cobrarle repugnancia y hastío; 
enfermar á causa de él. — De estas aceps. 
rectas proceden otras tres figuradas y 
r., y son: 1." Tomar excesiva afición á 
una cosa, como quien está enviciado ó 
engolosinado en ella. Dícese también 
de persona, tratándose de enamorados: 
2." Estar en el segundo período de la 
afición ó vicio, en que la persona esti'i 
como ciega y no atiende á ninguna 
otra cosa; equivale á cegarse, ofuscar- 
se; y algunas veces, estragarse el gusto 
ó el criterio : 3.-'' Llegar al último período 
de la afición ó vicio, en que se cobra 
hastío á la cosa y se huye de ella; equi- 
vale á hastiarse. Véase Empachar. 

Entabicado, m. Acción ó efecto 
de entabicar. — Confúndenlo algu- 
nos con el entramado castellano: «ar- 
mazón de madera que sirve para hacer 
una pared, tabique ó suelo rellenando 
los huecos con fábrica ó tablazón». 

Entabicar, a. Diga.se tabicar, a. 
(cerrar con tabique una cosa; como 



ENT 



ENT 



255 



puerta, ventana, etc.) ó entramar, a. 
(hacer un entramado). 

ExTABLADOR, m. Carpintero que 
hace entablados. Úsase en Chile y hace 
falta en el Dice. 

Entapar, a. Muy usado en Chile, 
tratándose de libros ó cuadernos. Tra- 
dúzcase por enijiasfar ó encuadernar, 
si se trata de pasta; y por forrar ó 
aforrar, si se trata de uu simple forro. 
Si la p;ista consiste en simples carto- 
nes cubiertos de papel, dígase encarto- 
ncr. 

Entapizado, m. Dígase tapicería 
(obra de tapicero). El v. es entapizar 
ó lapizi'tr. 

Entaquillado, m. Trabajo hecho 
por el zapatero con estaquillas. Caso 
de admitiree la palabreja, sería esta- 
qtiilhulo. 

Entaquillador, m. Esfaquilla- 
iloí: lezna gruesa para estaquillar. 

Entaquillar, a. Estaquillar. En 
la definición de este v. hay que obser- 
varle al Dice, que no sólo los tacones 
del zapato se estaquillan, sino también 
todas las orillas de la planta, por lo 
menos en el calzado que no es de pri- 
mera clase. 

Entarugar, a. El v. castizo es 
al/ini'/iir.- '(asegurar el carpintero un 
ensamblado con tarugos, cuñas ó cla- 
vijas. II Tapar con tarugos ó tapones 
los agujeros de los pilones, pilas ó va- 
sijas, para imi^edir que se escape el 
líquido que contengan». En esta acep. 
prineipalmente se usa el cliilenisrao 
entarug-ar. 

Entarrar, a. Echar una cosa en 
turros. Es de uso rarísimo y dígase en- 
vasar: «echar en vasos ó vasijas un lí- 
quido: como vino, vinagre, aceite, etc.» 

EntecladO, m. 'IWlado: «cciijun- 
t<j de teclas del órgano ú otro instru- 



mento semejante, según su orden y 
disposición». 

Extendido. Expr. elíptica con que 
uno expresa que ha entendido todo lo 
queíse le ha dicho, y pasa á otra cosa. 
i£nl^)i(iido, entendido (se apresuró á 
replicar Sancho Vargas). Ya no hay 
más que hablar». (Pereda, liubes de 
estío, XXIV). Creemos que debe tener 
lugar aparte en el Dice, como conve- 
nido y otras. 

¿Entendiuco? Modo festivo de 
decir, equivalente á ¿entendiste? ¿me 
entendió üd? 

¿lie entendiuco? 
En mi casa tongo un nuot. 
Y el que quiera naquera, 
Vaya á verlo ciiando quiera. 

Especies de refrán que usan los con- 
sonanteros chilenos. 

Entente, f. ¿Por qué los gaceti- 
lleros de diarios y los traductores de 
telegramas extranjeros no se toman la 
molestia de abrir un diccionario fran- 
cés-español que les dé traducida esta 
voz? ¿Porqué nos dicen siempre en 
crudo francés que los soberanos tales ó 
los diplomáticos cuales celebraron una 
cordial entente? ¿Es este vocablo 
tan intraducibie que no tenga con-es- 
pondencia en castellano? Abro el 
Dice, de la Academia y hallo: «Inte- 
ligencia. ..Trato y correspondencia 
secreta de dos ó más personas entre sí». 
He aquí la famosa entente: enten- 
dez-vous, messieurs? Véase ahora el 
uso de los autores españoles: «Se supo 
que se comenzaron á tener inteligencias 
en Roma para algún beneficio y gran- 
dezadel Señor Donjuán [de Austria] ». 
(.\ntonio Pérez, Memorial. Se co- 
menzó (i feier, habrían dicho ahora 
los flamantes petlagogos germano-chi- 



256 



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leños, enmendándole la plana al clásico 
Secretario de Felipe II). «Yo 2)resumo 
que á esto ayuda un mercader que se 
dice Juan de Adursa, sa pariente, el 
cual está en Flandes y tiene con ella 
estrechas inteUgenmasy>. (Documento 
de 1514, inserto en la Crónica del rey 
Enrico octavo de Iiujalaterra). «Harto- 
comprendió Don Juan que existían 
entre ellos y Orange mutuas y secretas 
inteligencias... Supo que los conjurados 
de Bruselas tenían ya inteligencias en 
el mismo Namur para ejecutar allí sus 
perversos designios». (P. Luis Colonia, 
Jeromin, 1. IV, c. XVI). 

Enterado, da, adj. Chilenismo 
puro y de uso general. Significa orgu- 
lloso, soberbio, engreído. Parece corrup- 
cióu de estirado, que en su acep. flg. 
expresa esta misma idea: «entonado y 
orgulloso en su trato con los demás». 
Como este defecto es más viejo que la 
sarna, veamos las demás voces con que 
puede traducirse nuestro chilenismo al 
castellano: entcmado (de la acep. r. del 
V. entonar: desvanecerse, engreírse), 
e?i//oZ/efe<fo (erguido, presumido, vano), 
cuellierguido (tieso y levantado de cue- 
llo), altivo, cdtanero, lominhiesto (en- 
greído, presuntuoso), pechisacado (en- 
greído, arrogante). Parecer que uno 
come ó ha comido asadores (fr. fig. y 
fam.: andar muy tieso, sin hacer caso 
de nadie). Encambronar, r. y ant.: 
«ponerse tieso y cuellierguido, sin vol- 
ver ni bajar la cabeza á nadie». « Vióse 
el hombre en zancos y cargado de hon- 
ra», dijo Malón de Chaide; y «Subirse 
la soberbia á la cabeza, embriagarse de 
vanagloria», el satírico Quevedo. 

Enteramiento, m. Es de poco 
uso. Engreimiento, argullo, soberbia, 
'presunción. 

Enterar, a. Anticuada lo declara 



el Dice, en la acep. de «completar, dar 
integridad á una cosa». Para nosotros 
está todavía en pleno vigor y no hay 
persona educada que no lo use cada y 
cuando le viene á cuento. «¿Cuántos 
años tiene Ud.? Hoy precisamente en- 
tero treinta. ¿Le pagó Fulano lo que 
le debía? Me fué pagando\in tanto to- 
dos los meses hasta enterar toda la 
cantidad. ¿ Cómo sigue la madre de Ud. F 
Ahí va enterando (los días de vida que 
le quedan)». Usos como éstos se oyen 
y leen aquí á cada momento y sería 
difícil sustituirá enterar por integrar, 
completar ú otro sinónimo. Déjenos 
con vida la lieal Academia, siquiera 
para Chile, este antiquísimo y castizo 
V., que en su forma es enteramente 
castellano, á diferencia de integrar, que 
es latino puro. 

Entero, m. Formado á la manera 
de (dto, ancho, largo, lleno, vacio, etc., 
lo usamos por la acción ó efecto de 
completar ó enterar una cantidad. «Los 
doscientos escudos que faltaban para 
el entero de la cantidad, fueron to- 
mados del tesoro de redención de cau- 
tivos». (A. Espiñeira, Cervantes en 
Argel, nota últ.) 

Enterrar, a. fig. Mucho lo usamos 
los chilenos en la acep. de-clavar, hun- 
dir, meter, tratándose de cosas punzan- 
tes ó delgadas que se introducen á viva 
fuerza: Enterrar las esjmelas al ca- 
ballo; Enterrar á uno una lanza, 
esjmda, aguja, alfiler. Así como se dice 
terrón de azúcar, echarle tierra á uu 
asunto, así la metáfora está bien apli- 
cada en este caso, tomada de lo que 
se hace cuando se entierra en realidad 
alguna de estas cosas, es decir, cuando 
se mete ó se clara en la tierra; pero no 
hay necesidad de ella, ni la admite el 
Dice, ni la han usado los buenos au- 



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257 



tores. Además de los verbos citados, 
pueden emplearse: hincar (introducii' 
ó clavar una cosa en otra), eapetar 
(atravesar, clavar, meter {Mr un cuer- 
po un instrumento puntiagudo), enra- 
sar (introducir en el cuerpo de uno la 
espada ú otra arma punzante), encdjm- 
(nidter una cosa dentro de otra ajusta- 
ilamente), nürnr (penetrar ó introdu- 
cirse): uSe la entró [la punta de la 
daga], y escondió por más arriba de la 
islilla». (Qiiijo/e, p. I., c. XXXIV). 
Quizás sería éste el pasaje en que 
Ortúzar creyó que Cervantes había usa- 
do á fiiterrar en la acep. de «clavar», 
porque sin duda leyó enterró en vez 
lie entró, ó poriiueasi lo estampó algu- 
na mala edición de «famélico impre- 
sor». — Mucho oye el pueblo las frases 
piüierro mayor, entierro menor (mayor 
ó menor solemnidad que se da al oficio 
exequial), derechos de entierro, asistir 
cd entierro de Fidano; y, como en todos 
estos entierros lo principal es la misa 
que se aplica ¡wr el difunto, de aipii 
ha deducido (en algunas provincias 
del Norte) que enterrar significa- 
aplicar una ó másMuisas jwr un tinado: 
« Hace diez años que no entierro á 
mi padre», es decir, (jue no le mando 
aplicar misa de entierro ó de difuntos. 
Enterratorio, m. Hay (pie ma- 
tarlo y enterrarlo, antes que cunda más. 
Es feo y mal sonante y tiene tantos 
equivalentes castizos: cementerio (sitio 
descubierto, fuera del templo, desti- 
nado á enterrar cadáveres), campo 
santo (cementerio de los católicos, ben- 
decido según el rito romano), entierro 
(sepulcro ó sitio en que se ponen los di- 
funtos), sepulcro ó tundía (obra, por lo 
común de piedra, que se construye le- 
vantada del suelo, para dar en ella sepul- 
tura al cadáver de una persona y honrai' 

Uicc. de Chil., l. II. 



y hacer más duradera su memoria), 
sarcófago (significa lo mismo), tiinndo 
(sepulcro levantado de la tierra), .se- 
pultura ó hnesa (hoyo que se hace en 
tieri'a para enterrar el cadáver de una 
personn, ú hoyo en (]ue está enterrado un 
cadáver), bóveda (lugar subterráneo en 
las iglesias [agregúese: y cementerios] 
para depósito de los difuntos), mavso- 
leu (sepulcro magnifico y suntuoso), 
panteón (monumento funerario desti- 
nado á enterramiento de varias perso- 
nas), carneni (sepulcro de familia que 
suele haber en algunas iglesias, elevado 
como una vara del suelo). También 
tiene éste el significado de asarlo, que 
es el lugar en que se reúnen los huesos 
()ue se sacan de las sepulturas, á fin de 
volver á enterrar en ellas. Nicho es el 
sepulcro para un solo cadáver. Hay 
l>ues voces ca.stizas para todos los gus- 
tos y necesidades y no tenemos para 
qué acudir á neologismos impropios é 
iniitiles. 

Entierrado, da, ¡idj. Cubierto 
de tierra ó ]X)lvo; polvoriento ó polvo- 
roso, empolvado ó pidverulento. \o se 
equivocjUe cou tciroso, sa: (jue parti- 
cipa de la naturaleza y propiedades de 
la tierra; (|ue tiene mezcla de tierra. El 
V. entierrar es de rarísimo uso. 

Entierro, m. Tesoro llama nues- 
tro Código t'i vil, lo mismo (jue el Dice, 
la «cantidad de dinero, valores ú ob- 
jetos preciosos, reunida y guardada». 
Como est<i o]x;ración se ejecutaba ordi- 
nariamente debajo de la tierra, nuestro 
pueblo ha llamado siempre entierro 
al tesoro así enterrado.- vn lo cual no 
ha discurrido mal. Por le demás, la 
costumbre de ocultar y guardar así las 
ri(|uezas es bien antigua, y mucho más 
propia de aquellos tiempos en que no 
había bancos, ni cajas de fondos, ni 



258 



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odificios incoiiibustibles, ni corapañias 
de seguros. Sin ir más lejos, el mismo 
Cristo nos habla de esto en una de sus 
parábolas: '(Semejante es el reino de 
los cielos á un tesoro escondido en un 
campo; y, apenas un hombre da con 
él, lo oculta, y con el gozo que esto le 
produce, va y vende todo lo que tiene 
y compra aquel campo». En Chile fué 
común, sobre todo en las gnerras de la 
independencia y de la reconquista, 
hacer estos entierros en las casas, 
huertos, campos, etc.; porque, amena- 
zados como estaban con la muei'te ó el 
destierro los dos bandos, y no pudien- 
do asegurar de otra manera sus rique- 
zas, que eonsistían entonces en moneda 
corriente, alhajas, objetos preciosos, 
oro y plata en bruto, las confiaban al 
secreto de la madre tierra; y, como mu- 
chos de sus dueños morían ó emigraban 
de aquí sin vuelta, el lesnro quedaba 
para el primer afortunado que, como el 
hombre del Evangelio, diera con él. 
Las fábulas y supersticiones que han 
rodeado la existencia y el hallazgo de 
estos tesoros, son innumerables: diver- 
tidas y curiosas unas, ridiculas las más. 
Ya es un duende, un culebrón ú otra 
fiei'a encantada el guardián del tesoro; 
ya es el demonio mismo, que se lo da 
á cualquiera como precio del alma. 
Unas veces hay que desenterrarlo con 
una vela bendita de tal ó cual manera; 
otras veces hay que correr previamen- 
te varios riesgos; otras el tesoro está 
en figura de sapos ú otras sabandijas, 
que, apenas llegan á manos del valiente 
descubridor, se convierten en las bus- 
cadas riquezas; en fin, no hay circuns- 
tancia propia de hechicerías y encan- 
tamientos que no se haya aplicado 
también al hallazgo ó posesión del te- 
soro. Pero, para (jue se vea que la 



mentira siempre es hija de algo, léase 
lo que dice Covarrubias en el art. ]\Io- 
.lONERA de su obra llamada también 
«Tesoro de la lengua icastellana»: «Y 
quiero advertir aquí de una cosa: que 
los antiguos, cuando amojonaban tér- 
minos principales, hacían en aquel 
lugar una cuevezuela, como sepulcro, 
y dentro ponían algunas monedas de 
las corrientes, en unas ollas, y junta- 
mente carbones, porque el carbón jamás 
se corrompe ni consume. Encima po- 
nían una losa (icolunilla para cautela; 
que, aunque la piedra de encima, dicha 
término, se moviese, ó con malicia ó 
sin ella, pudiesen acudir ala mojonera, 
donde dejaron las dichas señales. Al- 
gunos codiciosos de hallar tesoros 
suelen topar con semejantes hoyas, y 
cuando ven los carbones dicen que los 
duendes han convertido en ellos el te- 
soro". Aquí tenemos el origen de al- 
gunas de las muchas patrañas que cree 
el vulgo respecto de los entierros; 
las demás nacen de cuentos de hadas 
ó de su propia fantasía, siempre fecun- 
da en esta materia. Lo que no es pa- 
traña ni cuento, son algunos efectos 
naturales que suelen verse en los en- 
tierros, como ser los fuegos fatuos, 
provenientes de huesos o de sustancias 
vegetales que se enterraron juntamen- 
te con el tesoro. ^;Qué más se quiere el 
pueblo que ver estos fuegos para fan- 
tasear de la manera más increíble? En 
cuanto á la voz entierro, aunque á 
juicio de. Cuervo es «intachable» y aun- 
que parece haberla usado Cervantes en 
el c. LIV de la II p. del Quijote, donde 
los editores antiguos pusieron encie- 
rro por errata, sin embargo, no cree- 
mos que hay necesidad de ella, pues su 
equivalente tesoro está ya extendido en 
todo el nnnidü culto v literario. 



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Entiesar, a. Dígase aliesar: poner 
tiesa una cosa. Atesar (que se conjusia 
como regular: atesó, atesasj, está aiit. 
en esta acep., pero nó en Marina, don- 
de significa: «poner tirantes los cabos 
(■) las velas del bui|ue». Entesar (regu- 
lar también, á pesar de ser compuesto 
del adj. tieso) significa: «dar mayor 
fuerza, vigor ó extensión á una cosa». 
Por las citas que trae Cuervo (Apun- 
taciones, n." 227) se ve que este v. 
significa también lo mismo que atiesar. 

Entizar, a. Como la tiza que se 
usa para los tacos del billar es un 
«compuesto de yeso y givda», no de- 
bemos usar el v. entizar, que no 
existe en castellano, aunque esté bien 
formado, sino enyesar, que es castizo 
y significa lo mismo. 

Entiznar ó tiznar, a. 

Entomoi,(3gico, ca, adj. Pertene- 
ciente ó relativo á k entomología. — 
Entomólogo, m. El que sabe ó pro- 
fesa la entomología. Admitidos en el 
último Dice. 

Entonar, a. «El atesoramiento de 
pasta de oro y plata en la casa de mo- 
neda obedece á dos propósitos: el de 
garantiry entonar los billetes fiscales 
y el de acopiar reeunsos para la con- 
versión». Así esci'ibió el correcto Don 
Zorobabel Rodríguez, incurriendo en 
estas pocas lineas en un galicismo 
(obedecer con sujeto de cosa) y en una 

incorrecciiin (entonar billetes). 

En Medicina y en Pintura tiene el v. 
entonar su acep. ñg., y se la reconoce 
el Dice, y aun creemos que debería 
tenerla general en el lenguaje corrien- 
te, pero aplicivla solamente á persona: 
dar «energía, vigor ó fuerza», que es 
lo que significa /w/w figuradamente. 
«Es necesario entonar al orador y> (ani- 
marlo, entusiasmarlo). «Los militares. 



antes de entrar en batalla, se entonan 
con un vaso de licor» (cobran fuerza 
y valor). Fuera de los colores en Pin- 
tura y del organismo en Medicina, las 
demás cosas no se entonan sino que 
simplemente se acreditan, se autorizan, 
se ase.íjuran, suben de vator, etc. Por 
esta razón no nos agrada este pasaje 
del Beato Cádiz: «Nada sabía de la 
especie del Sr. Emperador; Dios haga 
sea cierto, y (jue se vayan entonan- 
do estas cosas». (Carta de 4 de Jutio 
de 17SS). 

Entonce, adv. de t. Anticuado lo 
declara el Dice; sin embargo, se usa 
todavía y siempre se usará en Poesía, 
lo mismo que inimtra, des que, Jiora^ 
etc. 

Entontar, a. Entontecer, a.: poner 
á uno tonto; n. y r.: volverse tonto. 
Atontar, a. y r. ; aturdir ó atolondrar. 

Entorchau, a. (dignifica: «retorcer 
varias velas y formar de ellas antor- 
chas; cubrir alrededor un hilo ó cuerda 
con otro de plata, oro, etc.» No debe 
pues confundirse con empalmar: «jun- 
tar por los cabos ó extremos dos ma- 
deros, sogas liotras cusas, ingiriéndolos 
y entrelazándolos de modo que queden 
á continuación el uno del otro». 

Entoxicación, f. Envenenamien- 
1(1, intoricacliin. 

Entoxicar, a. Entosicar, ant., 

f'ntosif/ar-=atosi(/ar ó ataricar : inficio- 
nar con tósigo ó veneno, envenenar. 
Intoxicar, a. y r., es ahora la forma 
correcta. 

Entrabar, a. Muy ufano y valido 
coire por los escritos de los mejores 
literatos chilenos, (]ue sin duda creen 
ver en él un compuesto más hermoso 
y elegante que el simple trabar. Pero 
se engañan, porque ni lo usan los cas- 
tellanos, ni lo admite el Dice, ni lo 



260 



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necesita la lengua: basta y sobra con 
trabar, miorperer, impedir, e.slorbar, 
ecfiar ó poner trabas. No nos hablen 
pues de las cosas que entraban la 
marcha del progreso, de lo qne entra- 
ba la ejecución de la ley, porque todo 
eso es ponerle trabas y cuñas inútiles 
al idioma. «No te metas en dibujos, 
Sancho», les diremos con Don Quijote, 
inventando voces innecesarias ó agre- 
gando partículas á las simjjles. 

Entrada y salida (Por), fr. 

fam. Entrada p(jr salida: visita breve. 
Entrador, ra, adj. Aplícase á la 
persona que, sin ser aceptada, se intro- 
duce con cierto descaro en la casa ó en 
el ánirao'de otra. La voz está bien for- 
mada y merece figurar en el Dice. Es 
muy usada en Chile y está conforme 
con el 8. entrada en la acep. de «amis- 
tad, favor ó familiaridad en una casa 
ó con una jjersonan, y con el v. entrar: 
(tacoraeter, en sentido fig.. á una per- 
sona, ó ejercer influencia en su ánimo; 
r. meterse ó introducirse en alguna 
parte». Difícil sería hallarle en caste- 
llano un equivalente exacto á este chi- 
lenismo, y por eso lo recomendamos á 
la R. Academia. Véase mejor su sig- 
nificado en esta redondilla de un poe- 
ta chileno. Habla un ministro de 
colegio que se ve sorprendido en una 
acción indecorosa poi' el alumno cam- 
panero: 

AlumN'O. ¿X que horas k>co, señor? 
Ministro. Mañana por la maflana 

Te quitare' la campana. 

Tonto, atrevido, entrailur. 

El intruso ó entremetido que entra 
mucho en una casa sin ser llamado ni 
invitado; el que se toma demasiada 
confianza con una jjersona para pedir- 
le dinero, recomendación, servicio, etc.. 



ó pretende dominarla, es el entrador 
chileno. 

Entrar. Falta en el Dice, la acep. 
de-dar principio ó empezar algunas 
funciones religiosas que se celebran 
generalmente en un templo. «Ya entró 
la misa; Ya va á entrar el sermón; ¿k. 
que hora «i/yff/í. /o.s maitines.^» Es sinó- 
nima de la que se aplica á las estacio- 
nes y otras partes del año, y de la otra 
que se aplica á la edad, y se funda su 
significado en el movimiento que hace 
la gente para entrar al templo en que 
tales actos se celebran; por eso la 
acción contraria de salir del templo 
después de concluidos éstos, se expresa 
con el V. salir, que también carece de 
esta acep. en el Dice: «Ya salió la 
misa; Ya van á salir los maitines-». Y 
hasta en;Liturgia se llama el principio 
de la misa introito, que significa «en- 
trada", y al fin se dicen las palabras: 
//'', missa est: idos,!salid, que ya acabó 
la misa. Tratándose de procesiones ó 
romerías, en que la gente forma filas 
que andan, los verbos entrar y salir 
coü.servan su significado general y 
recto y no podrían emplearse en el fig. 
que tienen para los demás actos. — 
Copiamos con todo gusto y aprobación 
este párrafo del P. Mir: «Fácilmente 
se descubre cuan lejos estaban nuestros 
autores de atribuirle [al v. entrar'] el 
sentido de participar, entrometerse d 
examinar, admitir, abrazar, que en el 
día de hoy suelen aplicarle los galicis- 
tas. Baralt tomó el pulso á las locu- 
ciones! siguientes: Entró mai/ adelan- 
te en mis pensamientos ij afectos; "En- 
tró (montó ) en cólera; Jamás entró 
en mi rabeza qiee él entrase tan in- 
timamente en mis secretos; Entra 
siempre en el detalle de lorias las cosas. 
Podíamos añadir algunas irás: En- 



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trar en el fondo de un cisunfo: entrar 

en el seiifulo de un autor; entrar en 
el sentir de otro; entrar en los inte- 
reses de otro; entrar en las ¡mías 1/ 
aleijrias de alt/uno: entrar en las ra- 
zones del adversario. Todos estos sen- 
tidos metafóricos son peculiares del 
entrer francés. Tios autores clásicos no 
conocían más significaciones figuradas 
que las antedichas, donde no se descu- 
bren \íiíidQj¡arliri/iar, admitir, abrazar, 
meterse á examinar. Por galicanas po- 
demos condenar las frases de Baralt, 
como él las condenó, y luego las solíre- 
añadidas, pues ni unas ni otras perte- 
necen á nuestra lengua». — Son frases 
castizas: No entrarle á uno una cosa: 
«no ser de su aprobación ó dictamen; 
repugnarle, no creerla; no poder apren- 
derla ó comprenderla: A este mwiiarhn 
no le entran las malemáticas»; y No 
entrarle á tino una persona ó rosa: 
«rdesagiadarle ó serle antipática ó re- 
pnlsiva». Bien pudo el Dice, advertir 
que ambas frases .si? usan más ron ne- 
gación, pero nó restringirlas, como lo 
hizo, á solo el sentido negativo. Si se 
puede decir que á este murkarho no le 
entran las matemáticas, también se 
puede decir que d aquél, ij al otro ij al 
de más allá le entran; si puedo decir 
que á mi no me entra tal persona ó rosa, 
también puedo decir que á otro <¡ne 
tiene distinto carárler ó i/usto le entran. 
— No admite la (xraraática de la .Vca- 
deniia Entrar á la if/lesia. sino en la 
iglesia. Salva admite las dos preposi- 
ciones y nosotros estamos cansados de 
ver este dol)le uso en los clásicos, siem- 
pre que se trata de lugar á donde; sin 
embargo, si no se nos cree, véanse las 
Apuntaciones de Cuervo (;').* edición, 
n." 4:i7), donde reúne citas de los 
mejores autoies, como (íranada, Cer- 



vantes, Sta. Teresa, Lope, Calderón, 
Guevara, Ávila, Saavedra Fajardo, etc. 
Y hasta el mismo Dice., en la voz 
PoKTAL, dice: «Zaguán ó primera pie- 
za inferior de la casa, jwr donde se 
entra á las demás ...» — Aunque la prep. 
de se antejwne á los nombres de car- 
gos, dignidades, empleos y oficios con 
muchos verbos, incluso entrar, sin 
embargo, con los sustantivos monja, 
monje y fraile se suprime»: entrarse 
monja, entrarse fraile. Asimismo con 
el V. meter ó meterse. Capricho será de 
la lengua, puesto que algunos han di- 
cho entrarse de relir/iosa y la Academia 
aprueba entrar de novicio; pero la ver- 
dad es que á monja, monje y fraile to- 
dos los buenos autores suprimen la de 
con los verbos entrar y meter; y aun 
han dicho entrarse ermitaño (Juan de 
Valdés), entro ranónií/o (Villanueva), 
entrar uno cofrade (Padre Isla), entró 
colegial (Uallai-do), entró beata (Padre 
Sigiienza); loque prueba la tendencia 
á sujjrimir siempre el de con el v. en- 
trar. — Muchos gramáticos acentiían 
las inflexiones go entre y él entre, para 
diferenciarlas de la prep. entre. La 
.\cademia calla sobre esto y habla so- 
lamente de los monosílabos, como dé 
verbo y de prep.; pero á nosotros nos 
parece propio y razonable este uso y 
poi- eso lo hemos practicado y lo reco- 
mendamos, lo mismo f|ue para v. y 
para prep. — Véase Dentrar. 

Entrk. prep. La Gram. de la Aca- 
demia ha querido cortar la eterna 
disputa de los gramáticos sobre el ré- 
gimen de esta preposición. Se dudaba 
si deberían usarse en ablativo ó podrían 
usarse también en nominativo los pro- 
nombres go y tú cuando entran como 
término en un complemento precedido 
adentre; v. gr.: ENTRK Mi p.\due y 



262 



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YO; EN'TRE TU MAÜRK y TÚ. « Fo y 

tú, dice la Academia, aunque no son 
ablativos, se uaan coix la preposición 
entre, que rige tal caso v. ; gr. : kntre 
Juan y yo atrei/lr/remos la caso; 
ENTRE Paula y tú ilispondréis el con- 
vite. Decíase antes, no raras veces, 
entre ti y mi: ya no se usa; y después 
de la preposición se entienden suplidos 
en tales casos los pronombres nosotros 
y vosotros^ como si dijéramos: extre 
NOSOTROS, á saber, Juan y yo, arre- 
glaremos la casa; entre vosotros. 
esto es, Paula y tú, arreglaréis el con- 
i'iiei). Buena es esta regla, pero incom- 
pleta; por eso veamos los varios casos 
que en este punto se presentan: 
1." Cuando el complemento introdu- 
cido por entre forma el sujeto de la 
proposición. En este caso entre equi- 
vale al adv. Juntamente y no disuena 
al oído ni al sentido (jue rija el térmi- 
no en nominativo, y, ul contrario, así 
lo exige: Entre yo y tú arreglaremos la 
casa: yo y tú juntamente, entrambos ó 
entre ambos. (Fíjese la atención en la 
voz entrambos, que es un simple com- 
plemento, igual, por su formación y 
figniñcado, á entre tú y yo). Éste es el 
Tínico caso que puede considerarse com- 
prendido en la regla de la Academia, 
y para él no hay más que pedir. 
2." Cuando el complenienttí no hace de 
sujeto y entran en él los pronombres 
f/o y tú. «La amistad que entre ti y mi 
se atírma no ha menester preámbulos. 
(Celestina, I). «Hete presentado á tu 
aniantísimo Hijo y puesto entre ti y 
mi este fiel abogados. (Granada, Me- 
morial, 1. V, c. VI, or. 14). Esto, dice 
la Academia, «ya no se usa». «Esta 
construcción parece desusada hoyn, 
agrega Cucrvoenlas notasá la Gramát. 
(Je Bello. Acatamos y seguimos por 



nuestra parte esta doctrina y decimos 
como en el 1.'' caso: entre tú y yo, en- 
tre yo y tú; complementos que equi- 
valen á estos otros: entre nosotros, á 
saber, yo y tú, tú y yo. Salva se quedó 
con la doctrina antigua, que no acep- 
taba otra forma que enire mi y //, entre 
ti y mi; bien que agrega: «Entiéndase 
esto como una regla gramatical para 
lo (jue debería hacerse..., aunijuc el 
buen escritor preferirá evitar su con- 
curso [el de ambos pronombres], dan- 
do otro giro H la oraciónj. Véanse 
ahora dos ejemplos modernos, tomados 
de las obras de Don Juan Valera: «El 
cielo... ha puesto entre tú y yo obs- 
táculos casi insuperables». (Dr. Faus- 
tino). «Tienes unrival quese interpone 
entre tú y yoT>. (Genio y /¡gura), 
o." Cuando el complemento no es su- 
jeto y siguen á la prep. yo ó tú y otra 
voz en nominativo. En este caso creen 
los mejores gramáticos que el pronom- 
bre inmediato á entre debe ponerse en 
ablativo. «La desigualdad que había 
entre mi y Don Fernandos. (Quijote). 
« La diferencia que hay entre mi yellosv. 
(Id.) «Ya sabes el deudo que hay entre 
ti y Eliciai). (Celestina, VII). «Juz- 
gad vosotros, jueces, entre mi y mi 
ciña*. (Granada). «Pondré enemista- 
des entre ti y la mujerv. (Todos los 
traductores de la Biblia). Ni los más 
valientes partidarios de la (rramát. de 
la Academia se atreverían á usar en 
este caso el pronombre en nominativo. 
4.° Cuando el complemento tampoco 
es sujeto y siguen á la prep. un nomi- 
nativo y el pronombre yo ó tú. Aquí 
también están de acuerdo los gramá- 
ticos en decir que el pronombre debe 
ir en nominativo. La razón es porque 
ijuedn algo lejos de la prep. y así no 
está tan sujeto á la fuerza ó tiranía de 



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263 



régiiiieu de ésta, asi como en el o.' 
caso snceile todo lo contrario. Los 
antiguos y los clásicos usaron el pro- 
nombre unas veces en nominativo y 
otras en ablativo, aunijue más fre- 
cuente fué esto último, y por eso es 
muy conocido el ejemplo de 8ta. Te ■ 
resa: «La mucha amistad que hay en- 
tre el Padre Salazar // mh; y el de 
Cervantes: «Ha habido entre él y mi 
ciertas cuentas, dares y tomares». Por 
eso tuvo razón Bello para decir en 
su tiempo que no tenía por ilegítima, 
aunque menos usada, la construcción 
entre usted y mi, entre fulano y mi. 
Pero ahora todos ponen el pronombre 
en nominativo: 

Te pido 
Quede en adelante roto 
Entre ella y tú todo trato. 
(Gil y Zarate). 

A Favila fue' siniestro 
£1 combate entrt ¿I y yo. 

(Hartzenbusch). 

Entre tu marido y tú. 
Cual pavoroso fantasma. 
Se levantará el recuerdo 
De tu flaqueza pasada. 

(Núfiez de Arce). 

1 Entre la ¡mayen devotisima de la 
Virgen y yo se interpone» [la imagen 
de esta mujer]. (Juan Valera). — Entre 
mi, entre si. Dice la Graraát. de la 
Academia que entre «á reces equivale 
kpara: Dije entre mi, no haré tal cosa ». 
Esto esUi en contradicción con el Dice., 
que no da ¡i entre esta equivalencia, 
sino «dentro de, dentro,en lo interior». 
Y así lo reconoce también el buen sen- 
tido. — Aquellos de entre rosotrox que 
tenyan sangre en las venas... La más 
importante de entre las parlen de la 
orar ion... ^hr:\ la p;uticnla entre, dice 
el P. Mir con Baralt, porque no signi- 



fica ahí estado medio ni cosa puesta 
entre dos ó má.s, como del» significar. 
El desmañado galicista, no entendien- 
do cómo tenía que traducir el francés 
d'enfrí' roas, vertió al pie de la letra, 
mal y bárbaramente. Mejor lo acertó 
Capmany, que tradujo: Cei'j- irentre 
les romains qui.... Délos romanos, ]os 
que... — Conservando su propio y cas- 
tizo significado, rige algunas veces la 
prep. entre dos formas verbales como 
término del complemento; lo que es de 
suma gracia en castellano: Entre duer- 
me y vela: modismo adverbial que sig- 
nifica: «medio durmiendo, medio ve- 
lando». «Aunque dormía el cuerpo, el 
corazón velaba con el cuidado y pena 
de su ausencia. Sueño velador, entre 
duerme y vela». (Cabrera, Martes des- 
pués del 1." Dom. de Ciuir., cons. 1.'). 
«Elige entre morir ó thirme todo tu 
dinero, entre la vida ó la bol.iaíi. 

Mi esperanza en los brazos de la muerte, 
Ya entre eire y no rii'e agonizando... 

(Valhnena. El Bernardo. 1. VI.) 

El significado es el mismo que tiene 
en los complementes entre verde y seco. 
entre alegre y triste, entre iiyradecido y 
quejoso. Otras veces el término del com- 
plemento es una proposición: "Andaba 
entre si la vendia á los dominicos ó la 
compraban los agustinos». (R. Palma, 
Tradiciones peruanas, 8." serie, La nis- 
todia de Boqui). — En la Crónica manus- 
crita ilel Gran ('opilan, obra anónima 
de aquel tiempo, hallamos un uso muy 
especial de entre (centre tanto) que 
no hemos visto en ningún otro autor: 
u Andrea de .\quaviva le ¡persuadió no 
lo hiciese, porque entre que él desam- 
paralia ai]nellas plazas, el Oran Capit;in 
le tomaría (> :i la (^liirinola, ó ;i Rubo, 
ó á Canosa». (I. V. c. .\II). ;.Será 



264 



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simple omisión del tanto, ó acep. par- 
ticular de Piltre, ijjiial -k ínter ó Ínterin.' 
— Más especial aún es otro uso ple- 
beyo de entre que se oye en Méjico. 
Costa-Rica, Colombia, Chile, etc.. 
equivalente á mientras más (ó menos), 
/íírts. ..Entre más liehe, más sed te 
lili; Entre menos tiene, más i/fista. 

Llega el ave á lii jaula, y mira y mira, 
Y entre más mira el grano. »*«'.« se admira. 
(Luip Oanthier íí.) 

Como entre, según acabamos de ver, 
equivale á entre tanto, y entre tanto es 
sinónimo de mientras, la frase del)i() de 
ser en su origen: Entre tanto que bebe, 
más sed te da= Mientras más bebe, etc. 
También puede considerarse este entre 
como coirupción de mientras, porque 
el vulgo es muy capaz de comerse la 
m inicial y la s tina! y, recortado asi 
el vocablo por delante y por detrás, no 
le quedó más que metamorfoseai'se en 
entre ó fundirse con éste en un solo ser. 
(Véase M). La forma castiza de este 
mal uso es: Mientras más (ó menas) .... 
más. Los aragoneses (y también algu- 
nos chilenos) dicen contra más (ó 
menos)..., más: Contra más ¡lohre, 
más i/enervso. Véase Contra. — Laex- 
pr. entre nos, que como titulo de una 
sección adoptó un tiempo un diario do 
esta cajiital, es solemne disparate por 
ínter nos; pon[ue, ó se usa toda en 
castellano (entre nosotros), ó toda en 
latín (ínter nos). Pa:a decir entre 
nos tendríamos que retroceder al si- 
glo XV, al tiempo de Juan del Enzina, 
cuando el castellano estaba todavía en 
su niñez y se decía, entre otros lati- 
nismos, nos por nosotros. 

Cata, cata aquí rnti-t; no» 
Quatro altares de notar. 
Para te offrendar los dos, 
Dos para aeruir ¿ Dios. 



lu* mejor a.ssolazar 

Lo qur jjasa aquí enfre nitá 

Tomadli) por don jMistrero 

Que si cantando tnfie nos 
Caminamos con gasajo 

De contino, 
Iremos ambos a' di.s 
Sin que sintamos trabajti 
Del c-amino. 

Entrebolar, a. Sembrar de trébol 
un terreno. Xo tigui'a en el Dice. 

EntrecanOSO, sa, adj. Aunque 
lo usó Ensebio Blasco, no lo admite el 
Dice, que nos presenta á eiitreranu, 
na: «dicese del cabello ó barba medio 
negra, castaña ó rubia, y medio blan- 
ca ó cana. || Aplicase «il sujeto que 
tiene así el cabello». Nuestro rosillo, 
lia. 

Entrecerrar, a. Medio cenar ó 
cerrar á medias; entornar: «volver la 
puerta ó la ventana hacia donde se 
cierra». Existe el v. contrario, entre- 
abrir (dejar á medio abrir una puerta, 
ventana, ]Jostigo, etc.), pero nó entre- 
cerrar, que es feo é innecesario. 

ExtrkcomaI!, a. Poner entre comas 
una palabra ó coijunto de palabras. 
«En cuyo lugar apunta la indiciición 
que acabamos de entrecomar». (Sbarbi, 
Monoi/rajía de refranes). Verbo bien 
formado y litil, que merece figurar en 
el Dice. Tres vecesjusa el participio 
entrecomado D. Antonio Rodríguez 
Villa en su introducción á las ('roñicas 
del Oran ('apilan. 

Entrecostilla, f., ó entreco- 
te, m. Del francés enlre-cóte. Las 
cocineras y cocineros modernos van 
olvidándose ya del guachalomo 

chileno por imitar á los franceses. Ha- 
blen mejoren castellano y digan stdo- 
mo ó solomillo: «en los animale.s de 
matadero, capa muscular que se ex- 
tiende poi' entre las costillas y los lo- 
mos». 



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26í 



Entrecruzar, a. y r. Sólo esui 
admitido el adj. entrecruzado, da: <ídi- 
cese de los hilos, cuerdas, cañas, etc., 
que se cruzan unos con otros». Usado 
como V., basta el simple rnizar, cru- 
zarse. 

Entrechocarse, r. Del francés 
íCmirechoquer, no lo necesita para na- 
da el castellano, pues le suena mal y 
tiene rail verbos para expresar la mis- 
ma idea: c/wrar, topar, encontrarse; 
embestir, arremeter, acometer, lidiar. 

Entregar, a. y r. Todavía el vultro 
dice en Chile entriego, entriega, 
etc., como se dijo en España eu la Edad 
Media y aun en el siglo XVI, como se 
ve una que otra vez en el Quijote (p. I, 
c. XXI), en Valdivielso (Sagrario de 
Toledo, 1. XXIV), en el Tesoro de Co- 
varrubias (art. Ldipio), etc., etc. — 
Así pronuncia también el s. entrega 
(entriega). 

Entrelineas, f. pl. «Si las en- 
mendatui'as ó entrelineas que 

tuvieren las escrituras est;ln salvadas 
autes de autorizaree...» Así escribió el 
jurisconsulto chileno Don José Ber- 
nardo Lira en su Prontuario de los 
fuicios, en vez de las dos voces castizas 
enmeiuiadura y entrerrenglonadura. 
Esta última significa: «lo escrito en el 
espacio que media de un renglón á 
otrox. 

Entremedio, m. adv. Escríbese 
en dos palabras: entre medio. También 
puede decirse en medio, entremedias, 
adv. de t. y de 1. (entre uno y otro 
tiempo, espacio, lugar ó cosa), ó inter- 
medio, dia, adj. (que está entremedias 
ó en medio de los extremos de lugar ó 
tiempo). 

ExruEME.snj. adj. Perteneciente ó 
relativo al entremés. Lo usó Don Ca- 
yetano Rose] en su prólogo :i los 
Dice. deCliil..t. n. 



Entremeses de Quiñones de Beuavente, 
y esUi tan bien formado como escuderil, 
estudiantil, infantil, etc.: poi- consi- 
guiente, merece admitirse. 

Entremeterse, r. Xi el Dice, de 
Autoridades ni la 13." edición hacen 
distinción entre este v. y la forma en- 
trometerse, y al contrario, los dan como 
enteramente sinónimos; lo que nos 
parece un error, salva reverentia. En 
efecto, basta fijar la atención en la dis- 
tinta etimología de los dos, pura ver 
que no pueden significarlo mismo; y, 
si algunos escritores los han confun- 
dido, allá se lleven ellos la responsabi- 
lidad de su falta de atención. Entre- 
meterse es compuesto de entre, el Ínter 
latino, y por tanto, significa «me- 
terse entre dos ó más personas o cosas, 
iuterponei-se»; y entrometerse es com- 
puesto del infro latino, que significa 
«adentro», por lo cual antiguamente 
se dijo también intrometerse; por con- 
siguiente, significa «meterse adentro, 
introducirse», por lo general en una 
sola cosa. «El ambicioso se entromete, 
y no se entremete, en palacio. Del 
chismoso se dice con propiedad que «.sí 
entremete á turbar la paz de las fami- 
lias». De la misma manera se diría de 
un astrónomo atrevido: «y se entro- 
metió á averiguar la naturaleza de los 
cielos, sin entremeterse en si son ó nó 
fundados los sistemas conocidos, ó en 
cuál de los sistemas conocidos se acer- 
ca más á la verdad». Así Clemencín, 
de quien son estos ejemplos y el fondo 
de esta doctrina, la cual debe exten- 
derse también á los participios entre- 
metido y entrometido, más usados cunio 
adjs., y á los sustantivos entremeti- 
miento y entrometimiento. Con esto 
(juedan también refutados los puristas 
chilenos que siempre corrigen á entre- 

34 



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meterse y sus deriviidos por entrome- 
terse y los suyos. Xo alegaremos citas 
de clásicos, porque desgraciadamente 
reina en ellos una gran confusión, ú 
mejor dicho, hacen sinónimos ambos 
verbos y sus derivados. Hasta el texto 
del Catecismo Mai/or que se llama de 
Pío X, impreso en Madrid en 190G, 
dice que «la autoridad civil. ..no tiene 
poder para entremeterse en ma- 
teria de sacramentos». Para nosotros 
sería esto entrometerse, y el acto seria 
un entromet ¡miento ó intrusión. Por el 
contrario, véase con qué propiedad 
emplea Santa Teresa el v. entremeter: 
«Cómo va el Señor entremetiendo penas 
con contentos». (Carta 126 j. Ojalá 
todos graben en la memoria y practi- 
quen esta tan fácil y bien fundada 
diferencia, que es para claridad y lustre 
del idioma. 

ExTEEPiERX.is, f. pl. y ú. t. en sing. 
Parte interior de los muslos. || Piezas 
cosidas entre las hojas de los calzones 
y pantalones, á la parte interior de los 
muslos, hacia la horcajadura. Así en 
castellano. En Chile llaman algunos 
entrepiernas los calzoncillos de baño 
hechos de punto y que sólo cubren des- 
de la cintura hasta la mitad de los 
muslos, poco más ó menos, y que sólo 
usan los hombres. El nombre está bien 
elegido y bien puede aceptarse. 

ExTüETAXTo, adv. de t. Escríbese 
también entre tanto: mientras, ínterin 
ó durante algún tiempo intermedio. 
Puede decirse también en tanto y en el 
Ínter; pero nó ínter como adv., por- 
que está ant., ni en el ínterin, 
porque éste como s. significa «interi- 
nidad». — Entretanto se usa t. c. s., pre- 
cedido del art. (/; En el entretanto. 

EntretecllO, m. Parte que está 
entre el cielo y el techo de un edificio. 



Cuando es vividera ó habitable, se 
llama en castellano desván ó sobrado; 
cuando nó, desván gatero. 

Entretela, f. «Lienzo, holandilla, 
algodón, etc., que se pone entre la tela 
y el forro del vestido». — Xo hay en- 
tretelas del corazón ni del alma, que 
algunos emplean con gusto prcpio de 
costureras ó de sastres é imitándolo de 
los andaluces, que para ponderar se las 
valen como nadie. Esta acep. corres- 
ponde al simple tela, que en sentido 
recto significa la membrana ó tejido 
que rodea al corazón, y en sentido fig. 
lo íntimo de éste, como se ve en las 
frases Llegarle á uno á las telas del 
corazón (ofenderle en lo que más ama) 
y Querer una persona á otra más que 
á las telas de su corazón (quererla en- 
trañablemente). En este sentido leemos 
en el Quijote «el llagado de las telas 
del corazóny», «le quiero como á las te- 
las de mi corazón». Asi también e 
Padre Sigüenza y demás clásicos. 

Entretención, f. Lo castizo es 
entretenimiento, sinónimo de diversión, 
recreación, esparcimiento, pasatiempo. 
ExTEETEXER, a. y r. Hable en favor 
del castellano y eu contra del galicismo 
el castizo P. Mir: «Mucho importa pe- 
netrar la índole de este v., por las no- 
tables incorrecciones á que el abuso da 
ocasión. La misma hechura de entre y 
tener manifiesta que entretener no sig- 
nifica sino detener, pasar tiempo, tener 
suspensa la ocupación. De aquí nacen 
sus varias aceps. de recrear, divertir, 
jugar, hurlarse, dilatar, dar largas, 
hacer esperar... Entre tanta variedad 
de significados, reducidos á uno solo, 
esto es, ocupar el tiempo en alguna cosa, 
no campean los franceses alimentar, 
dar de comer y vestir, conservar, guar- 
dar, fomentar, cultivar, tener trato. Ni 



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2G7 



campean ni pueden campear, porque 
no son españoles. Saquen á luz los 
galicistas, umv en hora buena, las lo- 
cuciones: Entretener un ejérrlh ron 
la haciendd pública; Ud. entretiene 
sm hijos con mucJw luJo; Entreten- 
g'O el amor que me profesas: Xo en- 
tretengas la paz; Entretenían 
alianzas secretas con el enemigo; En- 
tretengamos la esperanza; Jíe 
entretuvo con sus alabanzas: En- 
tretienes la casa para que no se 
derrumbe; Yo voy entreteniendo 
el fuego de la chimenea; Xos entre- 
tienen á expensas del público. Todos 
éstos son entreteneres á la francesa; el 
español ni los conoce ni los ha menes- 
ter. Los entretenimientos franceses 
cuestan cai-os, á peso de oro; los espa- 
ñoles son cosa de aire, de mera diver- 
sión, pasatiempos de ninguna conse- 
cuencia... La Real Aciidemia no ha 
dado aún oídos á las aceps. afrancesa- 
das del V. entretener^ ni recibido por 
castiza la palabra mujer entrete- 
nida por manceba, que fuera dispa- 
rate, como Baralt le llamó». — En la 
conjugación téngase presente que con- 
serva todas las irregularidades del 
simple tener; por consiguiente el impe- 
rativo es entreten y nó entretiene: 
'(Con tu buen juicio entreten al rey y 
á Sinforosa». (Cervantes, Persiles, 

1. II, c. VIH). 

Entrevero, m. Acción ó efecto 
de entreverar ó de colocar cosas entre- 
veradas. No es de mucho uso. — El gran 
disparate es creerlo s. verbal del entre- 
ver castellano ó del entrevoir francés: 
ver confusamente una cosa. «La cues- 
tión internacional no tiene entre- 
veros de solución». Visos, se dice, 
Sr. periodista, y estudie mejor su len- 
gua. 



Entrevistar, a. Grandes son los 
apuros que p<isan los periodistas para 
expresar la idea significada por este v. 
Unos echan mano de reportear ó 
reportar por el parecido que tiene 
con reportero; otros acuden al inglés 
interriea- y escriben intervistar; 
y otros, buscando una forma más espa- 
ñola, nos quieren meter á entrevis- 
tar. Basta dar otro giro á la frase y 
usar de los ss. entrevista ó conferencia, 
ó del V. conferenciar. 

Entrometer, extrometido, ex- 
TROMETiMiENTO. Véase Entremeter. 

Entronar ó entronizar, a. El s. 
es solamente entronización. 

Entruchada, f. fam. Usárnoslo 
aquí en el significado de las frases 
Meter uno su cuchara ó su cucharada, 
Echar su cuarto á espadas, aunque en 
sentido más inofensivo, porque el que 
hace una entruciíada, no la hace 
por iutrusión, como lo indican las 
frases castellanas, sino por corregir la 
cortedad de genio ó por otro motivo 
inocente. Véase Cuchara. — También 
lo usamos en la acep. de-entrevista más 
ó menos violenta en que una persona 
hace cargos ó pide explicaciones á otra : 

«Pedro tuvo una entrucitada con 
Juan»: tuvo palabras con él, se trabó 
con él de palabras, atravesó razones 
con él, se puso á razones con él. — En 
lenguaje aun más fam. y generalmente 
en forma diminutiva, lo usamos por- 
simple conversación: cíVcn para acá y 

tengamos una entruchadita». — 
Entruchada en castellano es cosa muy 
distinta: «cosa hecha por confabula- 
ción de algunos con engaño ó malicia» ; 
asimismo el v. entruchar, a.: «atraer á 
uno con disimulo y engaño, usando 
de artificios para meterle en un ne- 
gocio». 



268 



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Pj.vuNCiADo, m. Análogo en la foi- 
inaá )te[/oci/i/io, proveído, sucedúlo, pe- 
dido y otros rauubos, puede admitirse 
con el mismo signittcado de eiiuium- 
ción. Usanlo los académicos D. Fran- 
cisco de P. Canalejas en su discurso de 
recepción: icHace pocos años, el simple 
enunciado de esta ley que rige los idio- 
mas hablados y escritos» . . . Don Fermín 
de la Puente y Apezechea, Don Ale- 
jandro Olivan, y asimismo Don Fer- 
nando Araujo Gómez en su Gramútica 
del Poema del Cid: «Fieles al enuaeifi- 
díj del tema académico y á nuestro jjro- 
grama, no hemos tenido en cuenta sino 
el aspecto puramente gramatical del fa- 
moso mamiscrito de Per Alibatií. Así 
también Cortejón y todos los modernos. 

Envacunar, a. y r. Lo usa algo 
el pueblo por riicuniir. 

Envalentar, a. y r. Envalento- 
nar. 

Envallicar, a. y r. Cizañar y en- 
cizañar, a. FA Dice, da á estos verbos el 
significado fig. de meter discordia ó 
disensión; pero no iiay porqué negar- 
les el propio y primero de-sembrar de 
cizaña u n campo ó terreno. — r. Cubrirse 
de vallico un trigal. Esta última acep. 
es muy usada en Chile. 

Envanecer, a. y r. «Causar ó in- 
fundir soberbia ó vanidad á uno». Esto 
solo dice el Dice. En Chile, además de 
esta acep., le damos esta otra como r. 
y en sentido recto: ponerse vano el 
fruto de una planta, por haberse seca- 
do ó podrido su meollo. Así se enva- 
nece el frif/o, el maíz, la.t nueceit, etc. 
Y también c. a.: La helada envaneció 
la espiga. Muy propia y aceptable nos 
parece esta acep., si es (pie no hay, 
como parece, otro v. castizo que signifi- 
que lo mismo. Esterilizar, a. y r., es pare- 
cido, pero más genérico. 



ENVARiLLAR,a. Cerrar con varillas; 
colocar varillas en alguna obra que las 
lleva. Úsalo Febrés en la voz Rucan 
y también suele oírse entre los chilenos 
de ahora. Bien puede admitirse, porque 
está correctamente formado. Véase 
Empalizar. Ténganse presentes para 
expresar la idea de envarillar ó em- 
palizar los sustantivos castizos enca- 
ñado (enrejado ó celosía de cañas que 
se pone en los jardines para enredar ó 
defender las plantas ó para luicer divi- 
siones), encañizada (atajadizo que se 
liace con cañas en las lagunas, en los 
ríos ó en el mar, para mantener algu- 
nos pescados sin (jue puedan escaparse), 
váraselo (cerramiento de enrejado de 
varas ó cañas, como los que se suelen 
poner en los jardines), verja (enrejado 
que sirve de puerta, ventana ó cerca) y 
enrejado (conjunto de rejas de un edi- 
licio y el de las que cercan, en todo ó 
en parte, un sitio cualquiera, como 
parque, jardín, patio, etc.; labor, en 
foriua de celosía, hecha por lo común 
de cañas ó varas entretejidas). 

Envasijar, a. Envasar: «echar 
en vasos ó ¿'«sí/as un líquido». 

Envegar, a. y r. Convertir en 
vega un terreno á causa de la mucha 
liumedad. No se usa mucho y puede 
reemplazarse por humedecer. Empan- 
tanar significa mucho más. Véase Ve- 

«A. 

Envelar, a. «Cubrir con velo una 
cosa», dice el Dice, dándole al mismo 
tiempo por anticuado. En Chile es muy 
usada la loe. envelarlas jior huir, 
tom'ir las de Villa/liei/o. (Véase Echar- 
las, en el art. Echar). Sin duda ha 
sido inventada y popularizada por los 
marino?, pues equivale á las frases de 
ellos Alzar ó levantar veins (salirse ó 
marcharse uno de repente del sitio en 



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2(59 



que se llalla), Dar la vela ó Dar vela, 
Hacer ó hacerse á la reía, Lnn/ar las 
velas (salir del puerto un barco de ve- 
la para navegar). — Tamuiéii lo usamos 
como u. por-partir. encaminarse, mar- 
charse. 

Enverjado, m. Aunque usado 
por Trueba, no es castizo. Véase Ex- 

VARILLAR. 

Exvestir ó ixvestir, a. '(Conferir 
una dignidad ó cargo importante. Ú. 
con las preposiciones con ó des. — No 
se confundan con embeslir: acometer, 
arremeter. Los tres se conjugan como 
vestir. 

Enviciamiento, m. Acción ó 
efecto de enviciarse. Xo aparece en el 
Dice, y puede suplirse por cojrupción, 
vicio, depravación. 

Exviciarse, r. Como r. significa: 
«aficionarse demasiadamente á una 
cosa; darse con exceso á ella». La acep. 
que aquí le damos de «echar las plan- 
tas muchas hojas, haciéndose escasas 
de fruto», es propia de la forma n. del 
V. No se diga pues que los sembrados 
ó plantíis se envician, sino sola- 
mente que envician . 

Envidia, f. El conocido refrán: Si 
la envidia f itera tiñ/i, etc., es: Si la 
envidia liña fuera, ¡qué de Uñosos h\c- 
biera.' 

Envidiar, a. Envideo, envi- 
dean, etc., lo conjuga el pueblo, en 
vez de envidio, envidias, etc., como el 
s. cnviJia. Véase Ear (Verbos en). 

Envigrado, m. Acción ó efecto de 
envidar. — Conjunto de vigas de una 
fábrica ó edificio. Esta 2.'> acep. es la 
viijueriít castellana, que trae el Dice, 
ó también el vigamento que leemos en 
La Plrxira Justina: >í Ahora me dicen 
están muy mejorados y muy ricamen- 
te adornados los dos lienzos de casa con 



ricos balcones dorados..., anchurosas 
salas, aposeutos ricos, vi/jamc/ilo pre- 
cioso, canteriay labor costosa y prima». 
(III p. de] !. II, e. I). Avigamien- 
to, traduce la Biblia Ferrariense el 
«contignatio», enmaderamiento, del 
Eclesiastés, X, 18. 

Envigar, n. y ú. t. c. a. Asentar las 
vigas de una fábrica ó edificio. Muy 
usado en Chile, pero no aparece en el 
Dice, académico, aunque lo registran 
el de Zerolo y el Enciclopédico His- 
pano-Americano. Está bien formado y 
es digno de aceptarse. Ya que estos 
Dices, no traeu ninguna autoridad, les 
ofreceremos nosotros la de Intcrián de 
Ayala: «El lugar en que .Jesucristo se 
digno nacer... vulgarmente se describe 
en la forma de un pequeño atrio de 
una casita medio arruinada, cuyo techo 
mal envigado ó no bien defendido coii 
pajas, sostienen dos postes de piedra ó 
de madera medio carcomida». (El 
Pintor cristiano, 1. III, c. I). «Los te- 
chos envigados y de una altura des- 
mesurada», escribió Mesonero Koma- 
nos en sus Escenas 3Iatritcnses. En las 
notas que pone Scío á su traducción de 
la Biblia hemos hallado la forma avi- 
ga,r. que tampoco aparece en el Dice. : 
«Para avigar las casas», traduce el 
manuscrito n." 3 el complemento «ad 
contignationem domorum» del II de 
los Paralipómenos, c. XXXIV, v. 11, 
que Scío vierte: «para enmaderar las 
casas». Y el texto «texerunt eam [por- 
tam]» del II de Esdras (III, 3), lo 
traduce el mismo manuscristo: «La 
avigaron»; «con vigas y maderas, 
o ucliándole las hojas», según agrega 
.Scío. «Qui tegis aquis superiora ejus» 
(Ps. CIII), 3): «El avigán en aguas 
sus sobrados», traduce la Ferrariense: 
«el que avigó», el manuscrito n." 3: 



270 



ENZ 



EPA 



esto es, «el que con agua hace un ar- 
tesón», según explica Scío. 

Enyerbarse, r. Llenarse de hier- 
ba ó maleza un campo, sembrado, etc. 
Véase Enmalezarse. Fuera de her- 
becer, n. (empezar á nacer la hierba), 
4ue es parecido, pero nó igual, no co- 
uocemos otro en castellano. 

EiíYERTECERSE, r. Ponerse yerto 
lia miembro ó parte del cuerpo. Tres 
veces lo usó Sánchez Viana en su tra- 
ducción de las Metamorfosis de Ovidio, 
llucho mejor e.s esta forma que la an- 
ticuada enyertar que trae el Dice, 
como a. y r. 

Enyesado, m. Enijesadura: acción 
ó efecto de enyesar. 

Enyuyarse, r. Cubrirse ó licuar- 
se de yuyo un terreno, sembrado, etc. 
El yuyo nuestro (véase esta voz) es 
el ñvaarilh jaramaffo, inmortalizado en 
Las riiiiuis de Itálica. 

Enzocalar, a. Lo mismo (|ue 
azocalar. Véase en sa lugar. 

Enzocar, a. Meter, introducir, 
encajar. <(¿ Pretenden nuestros gober- 
nantes que este pueblo se levante y 
saque á ambos mandones á puntapiés 
y los enzoque por el .Juncal y los 
tire en Uspallata á ios cuyanos co- 
mo peligrosasalimañas?» (El Linvíche, 
•2i de Febr. de 1898). Úsanlo en par- 
ticular los muchachos cuando hablan 
de la bolita que introducen en un hoyo, 
en el juego de los tres hoyitos y en el 
del choclón; y también en el boli- 
che, cuando meten la bola en la punta 
del palo. Parece que este v. se ha for- 
mado de zoco, que tiene una de las 
aceps. de zócalo; por consiguiente, sig- 
nificaría etimológicamente meter ó po- 
ner por debajo, como se pone el zócalo. 

Exzr.vCHAR, a. Asegurar y fortifi- 
car cajones ú objetos parecidos con 



zunchos. Está bien formado y puede 
admitirse, aunque exista el sinónimo 
precintar, que no es igual, así como la 
precinta no es igual al zuncho. Enzun- 
char se usa en Chile y probablemente 
en otras partes, como puede colegirse 
de este pasaje de Pereda: sAlli está 
[una gran cantidad de oro], lo juraría, 
hacia lo hondo, entre lo obscuro: parte 
en cajones bien enzunchados; lo otro 
en pilas y á granel». (La Puchera, 
XXX). 

Eolo, n. pr. m. La acentuación 
correcta, conforme al griego y al latín, 
es la esdriijula (Eolo), y así lo escriben 
Contó é Isaza y otros buenos autores. 
Salva, en el u." X de las licencias poé- 
ticas, dice expresamente: «Pueden [los 
])oetas] dislocar el acento en ciertas 

voces, diciendo Eólo, féretro, me- 
teoro. Océano, en vez de Éolo, 
/¿retro, metéoro, Océanoi). Con esta 
regla queda anulada la autoridad de 
todos los poetas que han dicho EÓlO 
y cobra más valor la de los pocos que, 
como Iriarte y Caro, han escrito Eolo. 
Si entre los prosistas se halla casi 
siempre la forma llana ó grave, es, en 
parte, por la mala costumbre de cajis- 
tas y correctores de pruebas que no 
acantilan las mayúsculas: con lo cual 
hacen pronunciar África, Aguéda, 
Ang'éla. Talvez por esto se escapó 
en el Dice. EolO en el art. Eolio. 

¡Epa! ¡épale! interjs. Ramos 
Duarte registra la 2." solamente y la 
deriva del azteca épalle, ¡hola! En 
Chile se usan las dos, no precisamente 
en el significado de ;hola.' sino de ;ea.' 
para animar, estimular ó excitar, ó de 
;upa.' para esforzar á los niños á que 
se levanten. Por eso creeríamos que 
más bien son corrupción de una de 
estas dos interjs. castellanas, como la 



EPÍ 



EQUI 



271 



otra nuestra ¡opa! lo es evidentemen- 
te de ¡upa: El sufijo le es un modismo 
bien característico, que estudiaremos 
en su lugar. (Cfr. ¡ándale! ¡có- 
rrele! ¡ópale! 

Epicarpio, m. Película ó ti-lilla 
que cubre el fruto de las plantas. Tér- 
mino de Botánica admitido ¡Mr pri- 
mera vez. Se compone del s;riego sTrí, 
sobre, y x.af ttÓc, fruto. 

Epidermis. Como en el significado 
se parece á cutis, que es ambiguo, y 
más usado como m., así quieren hacer 
algunos á epidennia. íilas sepan que 
es siempre y exclusivamente f., como 
su simple iknnis. 

Epifanes, n. pr. m. Epifimes, co- 
rrigen Contó ó Isaza. 

Epícrafe, m. No significa íiluio ni 
rótulo ó rotídata, como han creído 
algunos chilenos, sino «resumen que 
suele preceder á cada uno de los ca- 
pítulos, ó divisiones de otra clase, de 
una obra científica ó literaria, ó á un 
discurso ó escrito que no tenga tales 
divisiones»; y también acita ó senten- 
cia que suele ponerse á la cabeza de 
una obra científica ó literaria ó de ca- 
da uno de sus capítulos ó divisioues de 
otra clase». Quizás el mismo Dice, ha 
dado margen á esta confusión, pues en 
el art. Rúbrica, 3.* acep., equipara á 
epígrafe con rótulo. 

Epigrafista, com. «Persona versa- 
da en epigrafía», es todo lo que dice 
de esta palabra el Dice.; y, como la 
epigrafía es solamente para conocer ó 
interpretar las inscripciones, según el 
mismo Dice, los autores de inscrip- 
ciones quedan sin nombre ó innomi- 
nados en castellano. Deben pues exten- 
derse más las definiciones. 

Epigrama, m. Así decían nues- 
tros abuelos, como decían también di- 



ploma, telegrama, méndigo; 

pero los nietos se han enmendado y ya 
todos dicen epigrama, como enseñan el 
Dice, Bello. Cuervo y todos los buenos 
autores, fundados en el -zjuvi.y. etimo- 
lógico. 

Epigramatizar, n. Escribir ó 
improvisar uno ó más epigramas. Ver- 
bo inventado por Bretón de los He- 
rreros, pero que nohasido generalizado 
por el uso. «Este sirvió de padrino 
al agi'aciado como Presidente..., cir- 
cunstancia singular que el agraciado 
no echó en saco roto, epigramati- 
zando con ingenua satisfacción sobre 
la fusión fraternal del escoplo y el 
toisón». (El Marqués de Molíns, Bre- 
tón de los Herreros, c. XXXV). 

EpilepSiS, f. Epilepsia, y ant. 

epilencia. 

Epíteto, n. pr. m. Epictefo. — El 
término de Literatura es epíteto, por 
más que algún descuidado haya dicho 
en prosa epíteto y asimismo algunos 
poetas por licencia. 

Epodo, m. Así, grave, trae esta 
palabra el Dice, en su propio lugar y 
en Anti.strofa y Estrofa: sin em- 
bargo, con los antiguos, con Menéndez 
Pelayo y otras autoridades, creemos 
que debe ser esdrújula (epodo), aun- 
que en latín y en griego es larga la 
primera o. (ionzález Carvajal y otros 
dicen épodon, forma que no debe 
imitarse y que es tomada del genitivo 
plural griego á semejanza de cronicón, 

léricon. paralipómenon. 

Eptágono, na, adj. En esta for- 
ma y también heptágono, lo registra el 
Dice, de la Academia, mientras la 
Gramát. lo acepta solamente con h. 
Creemos que ésta es la única forma 
correcta, conforme al f-rá griego. 

Equidiferencia, f. En Materna- 



272 



EQUI 



ERE 



ticas, igualdad de dos razones por di- 
ferencia. Admitido por primera vez, 
lo mismo que el siguiente. 

Equidistancia, f. Igualdad de dis- 
tancia entre varios puntos ü objetos. 

Equilibrista, com. y ú. t. c. s. 
Diestro en hacer equilibrios. Admitido 
en el Apéndice del último Dice. 

Eqopa.je, m. «Conjunto de cosas 
que se llevan en los viajes, y el de las 
que tiene cada uno para su uso». — 
Equipaje 6 carro-equipaje: 

dígase coche, cariuaje ó vayóii de equi- 
pajes. — Xo se confunda á equipaje con 
equipo: acción ó efecto de equipar 
(«proveer á uno de todo lo necesario, 
y particularmente en punto á ropa)". 

Equiphobabilismo, m. Sistema de 
Teología Moral segiin el cual no es 
lícito seguir la opinión menos segura 
sino cuando es igualmente probable 
que la opuesta. Es voz que hace falta 
en el Dice. 

Equiprobabilista, adj. Aplícase á 
la persona que sigue el equiprobabilis- 
mo y á todo lo perteneciente á este 
sistema. Ü. t. c. s. cora. Debe admitir- 
se en el Dice. 

Equisetáceo, a, adj. y ú. t. c. s. 
Aplícase á plantas parecidas ;i la cola 
de oiballo. || f. pl. Familia de estas 
plantas. Término de Botánica incluido 
por primera vez en el Dice. 

Equitador, ra, adj. y ú. t. c. s. 
Lo echa menos en el Dice, oficial 
D. Ricardo Palma: nosotros nos con- 
tentamos con cal)ahjadoi\ ra, caballis- 
ta, m., y, sobre todo, jinete: «el que 
es diestro en la equitación». 

Equitativa:mexte, adv. de m. De 
manera equitativa. Admitido en la IS.'' 
edición del Dice. 

Equívoco, m. Xo anda tan equi- 
vocado nuestro pueblo al usar todavía 



este nombre en el mismo sentido que 
equivocación, pues para ello le facul- 
taba nada menos que el Dice, de Auto- 
ridades, que, hablando de equivoco, 
dice: «Vale también lo mismo que 
equivocación». Las últimas ediciones 
del Dice, sólo le han dejado las aceps. 
de: «palabra cuya significación con- 
viene á diferentes cosas; figura que se 
comete empleando adrede en el discur- 
so palabras homónimas ó una equívoca 
en dos ó más acepciones distintas»; y 
como adj. de dos terminaciones: «que 
se puede entender ó interpretar en 
varios sentidos, ó dar ocasiones á jui- 
cios diversos». 

EracliO, n. pr. ui. HeracUo. 

EráclitO, n. pr. m. Heráctlto. 

Erario público. Sobra el adj., 
porque va envuelto en la definición: 
«tesoro público de una nación; lugar 
donde se guarda». Cfr. Abismo sin 
fondo, Niño Bambino, negro cu- 
riche, hemorragia de sangre. 

Ercilia, n. pr. f. «Aunque algu- 
nos escriben Hei'cilia y otros Er- 
cilia, preferimos la forma Hersilia 
(MaiToquin, Dice, ort., p. ] 51), por- 
que es la etimológica, como se ve en 
Tito Livio». Así Contó é Isaza. A 
esto agregaremos que Ovidio escribió 
también Hersilia, nmjer de Rómulo, 
en el 1. XIV de sus Metamorfosis y en 
la misma forma lo tradujo Sánchez 
Viana. 

Erebo, m. Según la Mitología grie- 
ga y romana, es el infierno; y, aunque 
menos usado que sus sinónimos Avenw, 
Orco, Tártaro, que gozan ya de lugar 
propio en el Dice, Erebo (nó Erebo, 
aunque lo digan Contó é Isaza y auu- 
que por hcencia lo haya escrito así 
algún poeta), debe tambiéu admitirse. 
San Isidoro lo definió así: «inferorum 



ERI 



ERI 



273 



profuuditas, atque rccessns». (Elimo- 
logias, 1. XIV, c. IX, ü. G). 

ErgáSTULO, m. Cárcel destinada á 
esclavos. De! latín ergáshiJum. Admi- 
tido por primera vez. 

Ergo, conj. ilativa. Es el ergo lati- 
no, tan usado en los silogismos, que 
significa «luego» y que en castellano 
ha dado origen á las voces ergolismo, 
ergoiisla, ergotizar. Estamos cansados 
de verlo en todos los autores moder- 
nos, como Valera, Pereda, Sbarbi, 
cuando escriben en tono algo familiar. 
Prescindiendo de varias citas de todos 
ellos, que tenemos anotadas, pondre- 
mos solamente dos de otros más anti- 
guos, t Horacio compuso buenas odas; 
ergo hubiera compuesto excelentes 
tragedias». (Iriarte, Ej>isf. crilico-pa- 
renélim). (^Ergo escribía el autor en 
la corte». (Gallardo, BíMioleca, art. 
Ruiz de Montoga P. Antonio J. Por su 
origen y por el uso que tiene, debe 
esta voz entrar en el Dice, cuanto an- 
tes y sin discusión alguna. 

Ergi'iu, a. Téngase presente que, 
significando «rlevantar y poner derecha 
una cosa», como el cuello, la cabeza, 
sólo es a. y nó r. ; por consiguiente, no 
debe decíi-se: Irgrámonos para de- 
fender la lUertad de la patria. Usado 
c. r., significa: «engreírse, ensoberbe- 
cerse». — En su conjugación es irre- 
gular en los tiempos siguientes: irgo ó 
gergo, irgms ó gergucs, irgue ó gergue, 
irgtten ó yerguen; irguió, irguieron; 
irgue, ó yergue I A; irgn ó ijerga, irgas 
ó gergaa, irga ó yerga, irgamos ó ger- 
gamos, irgái.i ó gergáis, irgan ó gergan- 
irguiera, etc., todo el tiempo, y asi- 
mismo irguiere ó irguicse; irguimdo. 
Los demás tiempos y personas son 
regulares: erguia, erguí, erguirc, etc. 

Erial, adj. y ú. m. c. s. m. Eriazo, 

Dice, de Chil., t. II. 



ZA, adj. y ú. t. c. s. m. Aplícase á la 
tierra () campo sin cultivar ni labrar. 
Erigirse, r. Xo existe en caste- 
llano el r. erigirse, sino sólo el a. 
erigir, y éste en sentido recto única- 
mente: «fundar, instituir ó levantar. 
Erigir un templo, una estatua». Oiga- 
mos al P. Mir: «Contra la fr. Erigir- 
se en desenvainó Baralt la espada 
crítica, porque la reputó galicismo 
afrentoso. Gala hizo de ella Salva, 
aplaudiendo las locuciones erigirse 
en juez, erigirse en crítico, 
erigirse amo y dueño, erigir- 
se absoluto en el mando... La 
R. Academia no quiso autorizar el uso 
de Salva. El inconveniente estaría de 
parte del r., nó de parte de la construc- 
ción, pues va dicho ya cómo la par- 
tícula en se pone á veces en lugar de 
por ó de para, principalmente cuando 
acompaña á los verbos elegir, consagrar, 
erigir, etc.... Del r. erigirse no hay 
memoria en la clásica literatura, por 
lo que nuestra experiencia alcanza». 
Acatamos la autoridad de Baralt, Mir 
y la Academia; pero, si hemos de ha- 
blar con sinceridad y si no hemos de 
ser simples copistas de los clásicos, di- 
gamos que, francamente, no nos repug- 
na la fr. Erigirse en, y nos funda- 
mos en las siguientes razones: I.'' Si 
admite el P. Mir que puede decirse en 
activa erigir en (Le erigieron en juez), 
¿qué más da el reflexivo Se erigió él en 
juez? ¿Por qué, si lo pueden erigir los 
demás, no puede erigirse él? 2." El 
significado propio de erigir es levantar, 
alzar, poner recto, del latín erigere, lo 
mismo que erguir; y si á erguir, que 
tiene la misma etimología, se le hace 
r. en la acep. fig., ¿por qué no hacer 
también á erigir, que es derivado más 
dh'ecto del latín, donde se dice con to- 

.95 



274 



ERO 



ERO 



da corrección eriyere se? Los qac no se 
convenzan con estas razones y quieran 
seguir á los clásicos, en vez de eri- 
g"irse en, pueden decir: constituirse 
juez, hacerse juez, arrogarse, tomar para 
si ó asumir ta autoridad de, obrar co- 
mo, levantarse ó alzarse con la judica- 
tura ó con el cargo de, usurpar el ojício 
ó cargo de, etc. — En cuanto á la con- 
jugación, evítense las formas viciosas 
eregir, eregiré, eregirás, etc., 
eregido, erigendo,y dígase erigir, 
erigiré, erigirás, erigido, erigiendo. 

Erisipelatoso, sa, adj. «Que par- 
ticipa de la erisipela ó de las condicio- 
nes de ésta». (¿No seria mejor decir: 
'(ó de sus condiciones»?) Voz admiti- 
da por primera vez y que á la legua 
descubre el mal gusto de los que la 
formaron. 

Eritroxíleo, a, adj. y ú. t. c. s. f. 
Del griego spij8pó;, rOJOj y ^úXov, ma- 
dera. Dícese de árboles y arbustos... 
como el arabo y la coca del Perú. || f. 
pl. Familia de estas plantas. Término 
de Botánica admitido por vez primera 
en el Dice. 

Ermelinda, u. ¡jr. f. Hennelinda. 

Ermelino, na, n. pr. m. y f. 
Hermelino, na. 

Ermete, n. pr. m. Hei-mes. Véase 

XOJIBRES PROPIOS. 

Erminio, nia, n. pr. m. y f. 
Herminio, nia. 

Ermitaño, eeeiiita ó solitario. 
Los tres son sinónimos y pai-a el Dice. 
masculinos; creemos que el primero de- 
be admitirse t. c. f. — Los dos primeros 
deben escribirse sin h, porque se deri- 
van del latín erenius, el yermo. Esta 
voz con su g fué la causa de la h que se 
ve en antiguas ediciones de clásicos. 

Ero. era. ^luy abundantes son en 
castellano las palabras derivadas ter- 



minadas en ero, era; pero prescindimos 
áijuí de las que se aplican á cosas (co- 
mo azucarero, cafetera, tetera, colo- 
rera) y sólo queremos fijar la atención 
en las que se refieren ;i personas. Estas 
voces pueden ser de tres clases, según 
designen el oficio vi ocupación de una 
persona (misionero, camarero), la fa- 
bricación, construcción ó hechura de 
algunas cosas {^panadero, talahartero , 
zapatero) y, por liltimo, la venta de 
algunos artículos, objetos, etc. (librero, 
verdulero). En esta materia es algo 
deficiente el Dice, y tiene que serlo, 
porque es imposible que pueda incluir 
todas las voces de esta clase que se 
usan en el comercio menudo y propio 
de cada país. Sin embargo, el pueblo, 
que en todas partes tiene un instinto 
lingüístico maravilloso, sabrá siempre 
formar estas palabras, y los sabios, en 
la generalidad de los casos, no tendrán 
pero que ponerles. En Chile se usan: 
ajicero, ciruelero, despachero, durazne- 
ro, empanadero, frutillero, hierbcttero, 
mielero (melero), manzanero, plu- 
iiierero,perero, parolero, sandialero 
(que cuida un sandiar), sandillero 
(que vende sandías), tortillera, 1, .la- 
dera, papero (vendedor de papas é 
inventor de paparruchas ó papas), 
hormera, chamantera (vendedor de 
chamantos) y chamantera (mujer que 
los hace), mistelero, chichero, peque- 
nero, picaronero (buñolero), mo- 
tero (que vende mote; queechamotes) 
y algunos otros que irán apareciendo 
en su lugar. Así como en el Dice, 
figuran aceitero, carbonero, carnicero, 
cerero, mondonguera, naranjera, pesca- 
dero (en Chile, pescador, malamente 
usado), uvero y muchos otros, así con 
el tiempo tendrá que crecer y multi- 
plicarse esta familia. 



ERO 



ERE 



EiíOGAR, a. «Disti'ibuíc, repartii- 
bienes ó caudales», es el único signifi- 
cado que le da el Dice; por consi- 
guiente, expresa algo más de lo que 
dice el uso moderno. Ahora, de cual- 
quiera que da una limosna, ó se sus- 
cribe con una amtidad para una obra 
buena, ó contribuye con algún dinero 
para una función religiosa, etc., se 
dice que erog'a tanto ó cuanto; su li- 
mosna, dádiva ó donación se llama 
erogación y á él se le coloca en la lista 
de los erog'antes. ¡Pura exageración 
y farsa de la hinchada galiparla ipic 
reina ahora en todos los países do ha- 
lóla española! Si esos individuos distri- 
buyeran ó repartieran algunos ó todos 
sus bienes en esas obras, entonces se 
diría correcta y exactamente que ero- 
fjaban, el acto de hacerlo (nó la canti- 
dad donada) se llamaría erogación y 
ellos serían erogantes. En la generali- 
dad de los casos son puros donantes ó 
donadores, smcriptores, limosneros; y 
si se quiere calificarlos con adjs., son 
generosos, dadivosos, caritativos, bien- 
hechores, benefactores (para los 
arcaicos y para los pedantes), /í/á/t/'/'o- 
pos (para los mundanos que uo alcan- 
zan á la altura de la virtud). Véase el 
buen uso que hizo Bello de este v.: 
«Y téngase presente que para su cons- 
trucción [de los edificios públicos de 
América] s? erogaron con liberalidad 
las rentas de la Corona». (Caro, Fen- 
samientos escogidos de Bello). La for- 
mación misma de erogar, del latín 
erogare, está diciendo claramente su 
significado: dar con cierta dilatación 
ó extensión (que es lo que expresa aquí 
la partícula e) á los que ruegan ó pi- 
den; por eso, distribuir una gran can- 
tidad ó todo, del erario ó de lo propio. 
.\sí lo usaron los latinos, y aun la 



Vulgata; y en la Edad Media se usó 
el s. roga, que valía donativo, hono- 
rario que los emperadores solían erogar 
á los proceres, á los magistrados, y 
también al pueblo, y los Sumos Pontí- 
fices al clero, generalmente en el día 
de su.investidura ó en otras ocasiones 
solemnes. Así el Glosario de Du Cange. 
— Lo que se llama malamente erog'a- 
Ción ú erogaciones, es en caste- 
llano cnesta ó cuestación (petición ó 
demanda de limosnas para un objeto 
piadoso), colecta, (recaudación de los 
donativos voluntarios de los concu- 
rrentes á una reunión, especialmente 
si es con objeto piadoso ó caritativo), 
subscripción (acción ó efecto de subs- 
cribirse, ó sea, obligarse nao á contri- 
buir en compañía de otros al pago de 
una cantidad para cualquier obra ó 
empresa). Téngase también presante 
la voz escote: «parte ó cuota que cabe 
á cada uno por razón del gasto hecho 
de común acuerdo entre varias perso- 
nas». 

Erosióx, f. «Depresión ó rebaja- 
miento producido en la superficie de un 
cuerpo por el roce de otro». Admitido 
en el Apéndice del último Dice. 

Eróstrato, n. pr. m. Así lo acen- 
túan Contó é Lsaza, la Academia, 
Clemencín y los mejores autores; y así 
es también en su lengua original, el 
griego: lIpócxpaTo;. La A correspon- 
diente á la aspiración griega se hu j)pr- 
dido por el uso. 

Errar, a. y n. Obrar con error; 
andar vagando de una parte á otra. 
Conjúgase gerro, yerras, etc. Es dis- 
tinto do herrar (poner herraduras; 
marcar con hierro; guarnecer de hierro 
un artefacto), que se conjuga hierro, 
hierras, etc., siguiendo al s. hierro, del 
cual í'c deriva. 



276 



ESG 



ESC 



Ekeoiía, f. (cSuerte en que no acier- 
ta el jugador». Anticuado, según el 
Dice; pero entre nosotros todavía se 
usa, sobre todo en el juego de los ma- 
tes. Muchos lo estropean diciendo 
roña.— Echar errona órona, fr. 
dg. y fam.: errar, equivocarse, come- 
ter un desacierto. 

Eerok de caja, de imprenta, 
TIPOGRÁFICO. Más propio es errata, f., 
ó yerro de imprenta: «equivocación 
material cometida en lo impreso ó lo 
manuscrito». Xo creemos que las otras 
locuciones alcancen á constituir un 
vicio ó defecto. 

Erutar, n. Admitido por el Dice, 
lo mismo que eructar. «Erutar, San- 
cho, quiere decir regoldar». Así, con 
termino más culto corrigió á su escu- 
dero el ilustre Manchego. En Chile 
todos dicen erutar, y sólo los literatos 
couocen á re</oldar. 

Eruto, m., y erutación, f. Admi- 
tidos al igual de ennio y ref/iieldo. 

EsaGto,esactamente, esacti- 
tul. Pronunciación hermana de esi- 
gencia, estraño, ecepción, 
esento, Feliz, etc., que se oye en 
muchas personas refracterias á la r. 

Esbeltez ó esbelteza, f. 

Esbozar, a. Xo esüi admitido el v., 
sino solamente el s. esbozo. El castizo 
bosquejar tiene todas las aceps. que 
pueden daree al neologismo; pero, por 
lo bien formado que está éste y por la 
autoridad de las personas que lo usan, 
creemos que pronto será admitido. 

Escabeche, m. «Salsa ó adobo con 
vino ó vinagre, hojas de laurel y otros 
ingredientes, para conservar y hacer 
sabros is los pescados y otros manjares» ; 
y también, «pescado escabechado». 
Estas dos aceps., y no más, tiene en 
castellano. Entendemos que en la 2." 



lo usó Blasco cuando escribió: «Teo- 
doro ha comenzado en la magnifica 
cocina tortillas de patatas, de jamón, 
de espárragos, de cebolla, de esaibeche, 
de chorizo, de hierbas, de queso». 
(Cuentos nuevos. La tortilla). Esas 
tortillas de escabeche no pueden ser sino 
de pescado escabechado. En Chile con- 
funden esta voz con eiwurtido, m.: 
fruta ó legumbre que se ha encurtido. 
Ú. frecuentemente en pl. Y encurtir, 
a., es: hacer que ciertos frutos ó legum- 
b:'es tomen el sabor del vinagre y se 
conserven mucho tiempo teniéndolos 
en este líquido. — La fr. fig. Quedar, 
permanecer ó estar uno en escabeche, 
tenerlo ó dejarlo en escabeche, significa 
entre nosotios estar una persona dete- 
nida ó asegurada mientras liega el 
momento de aplicarle un castigo; y 
también, quedarse uno de solterón. En 
sentido propio, echar ó poner en esca- 
beche se puede espresar por el v. esca- 
bechar. — Xótese también el adj. castizo 
escabechado, da, que conviene sea co- 
nocido: «dícese de la persona que se 
tiñe las canas ó se pinta el rostro». 

Escabecliera, f. Vasija de una ú 
otra materia y figura, en que se sirven 
los encurtidos. Como lo que se llama 
eu Chile escabeclie es el encurtido 
castellano, no podemos aceptar el deri- 
vado escabecliera. El nombre pro- 
pio del olijeto debería ser encurtidera. 

EsCAFASDEO, m. Del griego (r/.áo-/¡, 
barco, y áw-p, ávSpó?, hombre. «Apa- 
rato compuesto de una vestidura im- 
permeable y un casco de bronce perfec- 
tamente [mejor enteramente! cerrado, 
con un cristal frente á la cara y orifi- 
cios y tubos para renovar el aire, y que 
sirve para permanecer y trabajar có- 
modamente debajo del agua». Es el 
aparato que usa el buzo y cuyo nombre 



ESC 



ESC 



277 



por primera vez figura eii el Dice. 
Corríjanse pues los que lo han hecho f. 

(escafandra). 

Escala, f. Confundimos en Chile 
la escala con la escalera, como lo ha 
hecho también en España uno que otro 
autor. En castellano escala es: «esca- 
lera de mauo, hecha de madera, de 
cuerda ó de ambas cosas»; y escalera: 
«serie de escalones que sirve para subir 
y bajar y para poner en comunicación 
los pisos de un edificio». La escalera es 
pues obra fija y de construcción; y la 
escala es obra de carpintería, de he- 
rrería ó de fábrica de jarcias, y además, 
portátil. La confusión ha nacido de la 
misma definición de e.'<cala: sescalera 
de })ianoi>...y de esta misma loe. que, 
abreviada, quedó convertida en simple 
escalera. En Germauia se llama 
también escala á la escalera. Xo i mi- 
temos pues el lenguaje de estos bellacos, 
y, trocando los frenos, llamemos, para 
hablar correctamente, escalera á la 
que está construida en los edificios, 
y escala, á la hechiza y portátil. — 
Escalera de caracol, ó simplemente 
caracol: la que es seguida y sin des- 
canso, hecha eu poco terreno y en 
forma- espiral. — En grande, en 
pequeña, en mayor, en menor 

escala. Galicismo condenado por to- 
dos los entendidos en la materia. Escala 
nunca ha tenido ni puede tener en cas- 
tellano la acep. fig. de grado, calidad, 
cantidad, espacio; por eso digamos 
por mayor, por grueso, tn grueso, por 
junto, á bulto, de montón, en montón, 
en grande, por menor, en poca cantidad, 
etc. 

Escaldar ó RESCALDAU, a. Ni nga DO 
de los dos tiene la acep. fig. del adj 
escaldado, da: escarmentado, receloso. 
La 1." de los verbos es: «bañar con 



agua hirviendo una cosa»; por eso en 
la fr. Gato escaldado, del agua fría hu 
miedo ó huye, escaldado está usado en 
su sentido recto; pero en el significado 
general de la fr. tiene el sentido fig. 
Escamar, a. y ú. m. c. r., y escamo- 
nearse, r., son los verbos que significan : 
«hacer que uno entre en cuidado, re- 
celo ó desconfianza». 

Escalero. m. Carpintero que hace 
escalas. Hemos leído esta voz en los 
anuncios de los diarios, pero no es de 
uso corriente. 

Escalo, m. «Trabajo de zapa ó ta- 
ladro, practicado para salir de un lugar 
cen-ado ó penetrar en él». Admitido 
por primera vez y derivado de la 2.* 
acep. de escalar: «entrar subrepticia ó 
voluntariamente en alguna parte, ó 
salir de ella, rompiendo una pared, un 
tejado, etc.» Jamás se nos habría ocu- 
rrido á los chilenos inventar una voz 
como ésta, que tiene por origen la 
escala, que envuelve la ¡dea de subir, 
cuando tenemos y usamos tanto la 
clásica y antiquísima /o/y«/(), que, aun- 
que el Dice, dé por anticuada y la tra- 
duzca malamente agujero, es el horado 
moderuo, mucho más propio para ex- 
presar la idea que el tal escalo. 

Escalofrío y calofrío, m. y úsan- 
se ra. en pl. En el primero se siente 
calor y frío á un tiempo; en el segun- 
do, alternativamente. Esta es la dife- 
rencia que pone el Dice. 

Escalpelo ó escarpelo, m. Jlás 
usado el primero, y es el único confor- 
me con la etimología sealpellum, dim. 
de scalprum. 

Escamotar ó escamotear, a. 

Escandecencia, escandecer. 
Ambos sun ccn x: excandecencia, excan- 
decer. 

EscAi'K (Á todo). Dígase simple- 



27f 



ESC 



ESO 



inuntc (i escape: á todo correr, ;l toda 
prisa. 

ESCAIÍAMUCEAK Ó ESCARAMUZAR, n. 
E.SCARBADIBNTES Ó MONDADIENTES, 

in. 

EscarbutO, m. Escorbuto. 

E.-íCARioso, SA, adj. Aplícase á los 
órganos de los vegetales que tienen el 
color y la consistencia de hoja seca. 
Término do Botánica formado del s. 
cíimra y admitido por primera vez en 
el Dice. 

Escarlofrío, m. Emdofrlo. 

Escatimador, ra, adj. Que escati- 
ma. No hay por qué desecharlo. 

EscATOLOGÍA, f. Del adj. griego 
ZGyciiToc, V), ov, el último, el que está 
más lejos ó al extremo, y del s. "kó-o^, 
doctrina. Es voz con que los teólogos 
modernos llaman ahora el tratado de 
los novísimos ó postrimerías. Como se 
ve, el significado es igual; pero, como 
la voz está bien derivada y tiene forma 
más científica que las otras dos, con- 
viene admitirla. 

EscATOLü&ico,';CA,-adj. Pertene- 
ciente ó relativo á la escatología. Me- 
rece entrar en el Dice. 

Escavanar, a. (^;No osería ¡ mejor 
excavanar?) Término de Agricultura 
admitido en la última edición del Dice, 
con esta definición: «entrecavar los 
sembrados, con escarda ó azadilla, 
cuando ya tienen bastantes raíces, para 
(¡ue la tierra se ahueque y se meteorice 
mejor, y para quitar liis malas hierbas». 

Escición, f. Escmón (del latín 
scissio). rompimiento, desavenencia. 

EsciLA, n. pr. A lo que dijimos en 
el art. Caribdis, añadiremos lo si- 
guiente resipecto de Escila: que casi 
todos, poetas y prosistas, lo han hecho 
f., como que la terminación en u se 
presta más á recibir este géaero. Sólo 



en Fr. Alonso de Cabrera (Martes des- 
pués del Domin¡io II de Cuaresma) lo 
hemos hallado m. una vez: «El paso 
más peligroso, el Scila y Caribdis de 
este mar lleno de tormentas, es la so- 
berbia». Aunqueen otra parte (Sm'mán 
II en el II Domingo de Adv.') lo hace 
f.: «Libradme destas rocas, desta Scila 
y Caribdis». Puigblanch dijo también: 
«Dio en la Escila de la costa, y en ella 
quedó varado». Sirvan estas tres citas 
para confirmar la 2." acep. de-escollo, 
peñasco ó paso peligroso de mar, que 
reclamamos para estos dos nombres, 
porque el Dice, sólo admite la expr. 
fig. Enlre Escita // Caribdis. — En 
cuanto á la pronunciación y escritura, 
nos parece mejor la del Dice. (Escila), 
que es también la más general y razo- 
nable, aunque algunos hayan dicho, 
como el P. Cabrera y como ITojeda en 
su Cristiada: 

Eu huec;is Scilas, en C.nilidis !iun(l;is. 

Escitación, f. No hay tal, sino 
excitación, verbal de e.rcitar, y hesitación 
(del latín hacsilatio), duda, vacilación, 
indecisión, perplej idad. 

Escitar, a. Ni en la antigua Esci- 
tia se escribiría así este v. Los de raza 
latina lo escribimos excitar. 

Esclavatura, f. Esclavitud. 

Esclavina, f. Define el Dice, la 
que usan los romeros, la de los ecle- 
siásticos, la de las mujeres y la que 
forma parte de la capa; pero nó la 
que usan los cofrades ó esclavos del 
Santísimo para la adoración y para las 
procesiones, y asimismo los sacrista- 
nes en las exposiciones solemnes. Esta 
se hace por lo general de lama de phi- 
ta ó de oro y se emplea á lo menos en 
todo Chile. 



ESC 



ESO 



279 



Esclavócrata, adj. y li. t. c. s. 
cora. Por el ruido de las nueces hablan 
los que han inventado y los que usan 
esta voz en el significado de esclavisfa 
(partidario de la esclavitud). Escla- 
VÓcrata significaría, según su for- 
mación, partidario de que gobiernen 
los esclavos. No es nada lo del ojo. 

Esclavonía, f. ant., pero nó entre 
nosotros. Esclavitud: hermandad ó 
congregación en que se alistan y con- 
curren varias personas á ejercitarse en 
ciertos actos de devoción. La cofradía 
dedicada á dar culto al Sacramento del 
altar, es, según el Dice, sacramen/al, 
f.: entre nosotros esclavonía; y esclavo, 
va, el cofrade de ella. 

Escluír, esclusión. Excluir, 
crclusión. 

Escoba, f. Escoba nueva, loe. fig. 
Persona recién entrada en un cargo ú 
oficio y que lo desempeña con exacti- 
tud y estrictez. Dícese especialmente 
de los superiores. De aquí la fr. tam- 
bicn fig. Escoba nueva barre bien. — 
Escoba vieja: lo contrario de la an- 
terior: persona que, por estar causada 
en el cargo ú oficio, es descuidada y 
negligente. Esta loe. hace recordar la 
fábula de Iriarte: 

Cierta criada la casa barría 
Con una escoba muy puerca y muy oiya. 
Reniego yo de la escoba, decía. 
Con su basura y pedazos que deja: 

Por donde pasa, 
Aun más ensucia que limpia la casa. 

]jas dos locuciones y la fr. son dignas 
de admitirse. — La fr. fig. y fam. que 
tanto usamos en Chile, Llegando ij cor- 
tundo escobas, no aparece tampoco en 
el Dice. Significa: proceder uno á una 
cosa inmediatamente, sin prevenir ios 
ánimos, y eqniva'c á las castellanas 
Sin decir uijua va, hiciondo y hacien- 
do, Sin nuil acá ni más allá. Sin más 



ni más. De pronto; sin embargo, es tan 
expresiva y bien formada, que merecí; 
admitirse. También suele usarse en in ■ 
finitivo: Llegar y cortear escobas. 

Escobazo, m. «Golpe dado con una 
escoba». — Escobada: acada uno de los 
movimientos que se hacen con la esco- 
ba para barrer; barredura ligera». No 
confundamos pues los dos vocablos, 
como lo hacen algunos. 

EscoBERÍA, f. Fábrica de escobas. 
Así lo hemos visto en los anuncios de 
los diarios chilenos. La voz está bien 
formada y hace falta. 

Escobilla de dientes. Ni en Es- 
cobilla ni en Cepillo aparece aceji. 
especial para este instrumento; por oso 
quedamos en libertad para llamarlo 
excobilla ó cepillo de dientes. 

Escobillar, a. Por su nuicliü u.so 
y buena formación merece ya figurar 
en el Dice, en las dos aceps. de «lim- 
piar, quitar polvo con cepillo de cerda, 
esparto, etc.», (que es la acep. que da 
el Dice, á cepillar y la 2.'' de acepillar); 
y en la fig. de-batir ligeramente el 
suelo en el baile ó danza, uó golpean- 
do ni zapateando sino como ejecutan- 
do con el pie la acción de cepillar. En 
Aragón está en pleno uso este v., según 
lo afirma una colección de voces de 
aquella región premiada en público 
certamen. En caso de admitirse, cree- 
mos que déte ser en la forma escobdlar^ 
que es la (jue usa la gente educada, y 
nó en la plebeya escobillear. « VA 
y ella zapatearon y escobillaron con 
muchísimo primor», escribió el perua- 
no Ricardo Palma. (Tradiciones pe- 
ruanas, .5." serie, fíaz bien sin mirar 
á quién). 

Escobilleo, m. Acción ó efecto de 
escobillar, última acep. íüen pinilc 
admitirse. 



280 



ESC 



ESC 



EscoBiLLERA, f. -Mueble ó aparato 
para colocar escobillas. Otros lo llaman 
crpillera. Los dos estáu bien formados 
y son necesarios. Algunos comercian- 
ti'S chilenos dicsn poriacepillos, que 
también está bien formado. 

Escocés, m. Género de lana ó de 
algodón de cuadros grandes y en mu- 
chos colores. Así lo llaman los tenderos 
chilenos y sus clientes; no sabemos si 
tiene nombre especial en castellano. 

Escollar, n. fig. No aparece en el 
Dice, sino un escollar ant., sinó- 
nimo de desollar. Aquí se usa en el 
significado de-fracasar ó frustrarse 
algo por haber tropezado con algún 
inconveniente, ó, hablando figurada- 
mente, por haber dado ó tropezado en 
un escollo. «En trabajos donde artistas 
occidentales escollarían, el japonés 
emplea años enteros». Así un diario 
chileno. 

Escombrar ó descojibrar, a. Des- 
embarazar de escombros: quitar lo que 
impide y ocasiona estorbo para dejar 
un lugar llano, patente y despejado. 

Escomulg-ar, escomunión. 
E.ei'omulr/ar, excomunión. 

Esconder, a. En las provincias del 
Sur la gente ignorante conjuga este v. 
escuendo, escuenda, etc., como 

si se compusiera de ruenda. 

Escondidas (Á las). Juego de, 
juijar á las escondidas, dicen en 
Chile. El nombre castizo del juego es 
el esconñ¡t4!, el dormirlas. Hay m. adv. 
.-1 esrondid'is (ocultamente, escondida- 
mente), nó á escondidas mías, tu- 
yas, suyas, nuestras, vues- 
tras, como dicen aquí algunos. — A 
escondidillas: ocultamente; con cuida- 
do y reserva para no ser visto. — En 
escondido: escondidamente. 

Escopeta, f. Aqui le quiero ver, 



escopeta mal cargada. Así alarga- 
mos nosotros la fr. castiza Aqui le 
quiero, escopeta, «que da á entender ser 
llegado el caso apurado de vencer una 
dificultad, ó salir de un lance arduo 
que ya se temía». — A p-opósito de es- 
copeta, expr. chilena con que se zahiere 
al que habla de algo que no viene al 
caso ó que no tiene conexión con lo 
que se está tratando; parecida á la 
castiza Por los cerros de Ubeda y á la 
fr. Traer una cosa por los cabellos. — 
Musiú, ¿vende la escopetú? 
Frase con que en Chile se burlan de 
los que hablan mal el francés, castella- 
nizándolo demasiado. Es fama que 
pronunció por primera vez la fr. un 
chileno del pueblo, que quiso realmen- 
te comprarle la escopeta á un francés. 

Escopladora, f. Máquina para 
escoplear. No aparece en el Dice. Si se 
ha de admitir, como es justo, preferi- 
mos escopleadora, conforme con el v. 
y con el s. escopleadura. 

EscOTiLtiA, f. «Cada una délas aber- 
turas que hay en las diversas cubiertas, 
para el servicio del buque». Así se usa 
en Marina y lo reconoce el Dice; mas, 
tratándose de casas y otros edificios, 
el vocablo propio no es escotilla, 
como decimos en Chile, sino brochal, 
bien que para el Dice, no es el hueco 
ó abertura, sino el «madero atravesado 
entre otros dos de un suelo y ensam- 
blado en ellos, con objeto de recibir los 
intermedios, que para dejar un hueco 
no han de llegar hasta el muro». 

Escrebir, a. Así se dijo en el an- 
tiguo castellano, y así dice todavía el 
vulgo en Chile y en otras partes. Es- 
cribir. 

Escribanía, f. Asi como el anti- 
guo escribano se llama ahora no- 
tiirio, así también su oficina ó antiu'ui 



ESC 



ESC 



281 



escribanía se denomina ahora iio- 
laiia. — En la acep. en que no está aíiú- 
ca&doescribania y qae, a] contrarío, de- 
be publicai-se á los cuatro vientos entre 
nosotros, es en la de «recado de escri- 
bir, generalmente compuesto de tintero, 
salbadera y otras piezas, y colocado en 
un pie ó platillo)^ Esto es lo que ma- 
lamente llaman en Chile tintero, 
siendo que f infero es solamente el fras- 
co que contiene la tinta. Conste pues 
que el aparato más ó menos lujoso en 
que se contiene el tinfero j demás re- 
cado de escribir, se llama en todas 
partes escribanía y uó tintero. En 
España distinguen estos dos objetos 
hasta las personas del pueblo, á juzgar 
por la Farsa del fordo, de Lope de 
Rueda : 

Galas. Vee si traes tinta y papel. 
Paje. Sí. señor, y e.'aihatiio. 

En Chile le ha pasado á /infero lo mis- 
mo que á alcuza, escuadra, pila (en 
vez Aefuenfe), etc., que. siendo partes 
de un todo, han tomado el nombre de 
éste. 

Escribano, m. óyese todavía en- 
tre el pueblo por escribiente ó copisfa; 
mas no se la crea invención chilena: 
es antigua acep. castellana de este vo- 
cablo, como puede verse en el Tesoro 
de Covarrubias: irE.scEiBA>;o en ge- 
neral compete á diferentes personas: 
primero, á todo hombre de cuenta y 
razón, fuera del villano que no sabe 
leer ni escribir; después á los que fie- 
tien oficio que ganan de comer por la 
pluma, dichos escribientes y copistas, 
oficiales de escritorios». Así también 
Lope de Rueda, Cervantes, Mateo 
.alemán y muchos otros. El P. Riva- 
deneira dice de San Ignacio ile Leyóla, 
en su Vida, que era «muy buen escri- 
Dicc. deChiL.t. 11. 



hano^), es decir, calígrafo ó pendolista; 
y el P. Sigüenza llega aiin á aplicarla 
á mujer: lEchó la carta en una arqui- 
lla que tenía. Volvió la /«.«rí-íteHff [ha- 
bla de una monja que escribía por 
otra] otro día para trasladarla». (Cró- 
nica, p. IIL 1. n, c. XLV). La voz 
está ahora anticuada para esta acep. 
en el Dice, y en todas partes. — Tam- 
bién lo está en Chile en la acep. de (¡el 
que por oficio publico está autorizado 
para dar fe de las escrituras y demás 
actos que pasan ante él». Este se lla- 
ma ahora nofario, tanto en Chile como 
en España: mas el escribano ha desapa- 
recido de aquí, y allá sólo «le queda 
reservada la fe pública en las actua- 
ciones judiciales», según el Dice. 

Escribidor, m. Anticuado en la 
acep. de escritor, pero corriente, según 
el último Dice, en la de «mal escritor». 
Y, realmente, ésta es la diferencia que 
hacen todos entre el bueno y el mal 
escritor: este último es como un sim- 
ple escribiente, y por eso se le dice 
escribidor. 

Escrita, L y ú. m. en pl. Escriii- 
llas, dice el Dice, y sólo en pl.: «cria- 
dillas de carnero». Es evidente que 
debe admitirse también en singular, 
con la nota de: ú. m. en pl. 

Escrito, ta, part. irreg. de escribir. 
Melón escrito: «el que tiene la corteza 
llena de señales ó rayas á manera de 
letras». — El part. escribido sólo se usa, 
y con significación activa, en la loe. 
fam. Leído y escribido. 

Escritura, f. Muy escrupuloso se 
mostró Salva al decir que el castellano 
admite solamente Sagrada Escrifura, 
Sagradas Escrituras y Sanias Escri- 
turas, cuando no hay inconveniente 
alguno para decir también Escritura 
Sania, como lo dijo Cervantes en el 

3í: 



282 



ESO 



ESC 



Quijote, el P. Sigüenza en su Orónica, 
el P. Estella en su Vida de S. Juan 
Evangelista j el Dice, en el art. Vía, y 
Escritura Sagrada, como dice también 
el Dice, en Letras y han dicho tan- 
tos otros autores. Escrituras San- 
tas no suena bien, y no creemos que lo 
haya usado ningún autor castizo. San- 
ta Escritura sí que es de uso general. 
Tanto el adj. sagrado como el santo 
deben escribirse en estos casos con 
mayúscula, porque entran en el título 
de la obra y son apellidos inseparables 
del nombre. El Dice, no ha guardado 
uniformidad, porque unas veces los 
escribe con mayúscula y otras con mi- 
núscula. Otros nombres con que se 
designa en castellano la Sagrada Escri- 
tura, son: Sagradas Letras, Libros 
¡Santos, Divinos Libres ó Libros Divi- 
nos, Texto Sagrado ó Sagrado Texto, 
Divinas ó Sagradas Páginas, Santas 
Letras (P. Estella), Divina Escritura 
(P. Isla), que no aparecen en el Dice. 
Fuera ie'Escritura con sus adjs., sólo 
nos da éste Biblia, Letras Sagradas y 
Letras Divinas. Mucho más usado es 
Sagradas Letras y Divinas Letras. 

ESCEITCRAR ó ESCRIPTURAR, a. 

«Asegurar y afianzar con escritura 
pública y legal un contrato ú obliga- 
ción». Tomen nota del último comple- 
mento los que hablan de escriturar 
un sitio, terreno, casa, etc. 

Lo que se escritura es el contrato ú 
obligación y nó lo que es objeto ma- 
terial de éstos. 

Escriturario, ría, adj. «Pertene- 
ciente á la escritura pública. Acreedor 
escriturario, obligación escriturariuii. 
Esto solo y en el lenguaje forense sig- 
nifica esta voz como adj. Mal la usó 
pues D. Antonio Cáuovas del Castillo 
cuando en nii discurso académico (Me- 



morias, t. III, 312) dijo: «Ni los 

estudios lingüísticos, ni los escritu- 
rarios, ni las matemáticas... dejaron 
de florecer». Bíblicos debió decir en 
este caso. — Como s. m. significa escri- 
turario: «el que hace profesión de 
declarar y enseñar la Sagrada Escri- 
tura, y ha adquirido grande inteligen- 
cia de ellav. («De la Biblias, dice el 
Dice.: lo que hace ambigua la defini- 
ción, porque parece que la Bibüa fue- 
ra obra distinta de la Sagrada Escri- 
tura). 

Escrúpulos. Xo aparecen en el 
Dice, los del Padre Gargajo, quien los 
tenía para escupir en la sacristía, pero 
nó para hacerlo desde el altar. Fácil- 
mente se comprende el significado iró- 
nico y ñg. de la frase, que, á decir 
verdad, no es chilena sino; española. 
Entre otros autores, úsala Iriarte en 
su diálogo Dondf las dan las toman. 
En el Dice, sólo aparece Escrúpulo de 
Jíari-gargajo: el ridiculo, infundado, 
extravagante y ajeno de razón. 

Escuadra, f. Muchos llaman es- 
cuadra á nuestra armada nacional, 
y van en ello muy errados, pues aqué- 
lla es simple parte de ésta. 

Escuajeringarse, r. fam. Des- 
cuajaringarse.- relajarse h's partes del 
cuerpo por efecto de cansancio. L'. sólo 
hiperbólicamente. 

Escubilla, escubillar. Escobi- 
lla, escobillar. 

Escuelero, ra, m. y f. Maestro 
de escuela (el que enseña á leer, escri- 
bir y contar, la doctrina cristiana y 
rudimentos de otras materias), precep- 
tor (maestro, el que enseña). Xo se 
confunda con el profesor, que es: el 
que enseña una ciencia ó arte. — Para 
el f. dígase maestra ó maestra de 
escuela ó de primeras letras (mujer 



ESC 



ESC 



283 



que enseña á las niñas en una escuela 
ó cx)legio), maestra de primera ense- 
ñanza (la que tiene titulo oficial para 
enseñar en escuela de primeras letras 
las materias señaladas en la ley, aunque 
no ejerza). Escuelero es plebeyo y 
despectivo y debe desterrarse del buen 
lenguaje. Ú. t. en Méjico. 

EscrpiDERA, f. «Pequeño recipien- 
t3 de loza, metal, madera, etc., que se 
pone en las habitaciones para escupir 
en éb. Esto significa en castellano y 
nó lo que dicen en Chile, donde la usan 
en vez de bacín, bailado, vaso, servicio, 
y también en vez de orinal. Véanse 
Bacenica y Cantora. La escupi- 
dera castellana la están llamando ahora 
algunos pulcros salivadera, sin 
necesidad alguna. Hay que saber los 
nombres propios de las cosas, porque, 
si nó, tendremos que hablar como el 
guaso del cuento. Viendo éste que el 
dueño de casa le acercaba la escupidera, 
para que no siguiera manchándole el 
piso ó alfombra, como lo estaba ha- 
ciendo, le dijo, algo fastidiado: «Quite, 
señor, ese irasiecito, porque, si nó, se 
lo escupo». 

Escupir, n. j a. Escupir uno al 
cielo, fr. fig.: «decir ó hacer cosas ilí- 
citas que se vuelven en su daño». Así 
únicamente trae esta f r. el Dice, cuan- 
do su forma completa es: Quien al 
cielo escupe, en la cara le cae. — Es- 
cupir uno 'corfifo, fr. fig. y fam. con 
que indicamos que queda uno tan 
corrido y chafado en una conversa- 
ción ó disputa, como el que, por tener 
la boca seca, apenas puede escupir. 
Tal quedó Sancho con los argumentos 
y concejos del fingido escudero, pues 
dice puntualmente el historiador: «Es- 
cupía Sancho á menudo al parecer un 
cierto número de saliva pegajosa y al- 



go seca». (P. II, c. XIII). Véase 

CORTITO. 

Escupitina, f. fam. Defínelo el 
Dice, con la 1." acep. de escupidura: 
«saliva, sangre ó flema escupida». Por 
su terminación ina, significativa de 
abundancia ó frecuencia, como se ve 
en azotaina (zurra de azotes), cachetina 
(riña á cachetes), sopapina (riña á so- 
papos: falta en el Dice), silbatina 
(en Chile, rechifla general), neblina, 
ventolina; degollina (mortandad de per- 
sonas ejecutada en una batalla, asalto, 
etc.), y aun versaina (despectivo 
chileno: serie ó tirada de versos), tri- 
pulina (en Chile, enredo ó revoltillo 
de muchas personas ó cosas), arre- 
batiña ó rebatiña (nuestra chuña) , 
parece que debe definirse: abundancia 
de escupos; ó de alguna manera pareci- 
da. Así se deduce de este pasaje de la 
Biblia Ferrariense: «Mi cuerpo di á hi- 
rientes, mis quixadas á peladores, mis 
faces no encubrí de infamia y escopeli- 
nay>; frase, esta última, que corresponde 
á esta otra latina: «faciem meam non 
averti ab increpantibus et conspuenti- 
bus in me». (Isaías, L, 6). Como eran 
muchos los que escupían á la vez, por 
eso la Ferrariense tradujo muy bien 
escopetina, hoy escupitina. 

Escupo, m. Usadísimo en todo Chile 
por toda clase de personas. Y para que 
se vea que tenemos más razón que los 
que nos corrigen esta voz por esputo, 
apelemos al Padre Mir. a Extraña cosa 
parecerá, dice en su Rebusco, que el 
nombre escupo no se deje ver en el 
Dice, cuando las voces escupidera, 
escupidero, escupidor, escupidura, escu- 
pitina, escupitajo, escupir, ¿de dónde 
salieron sino de escupo, substantivo 
fundamental,padrede toda la familia?» 
En sesruida trae esta cita de Fr. Aii- 



284 



ESC 



ESE 



touio Álvarez, du lóÜO: ^Dios trazó la 
lanza cruel, Dios las espinas y los 
azotes, los escupos, los baldones y de- 
nuestos» (Silva esjÁrituul, Quincua- 
gésima, cons. I, § 2); y concluye: 
«Yalira pues por esputo el nombre 
escupo, castizo y clásico, digno de eter- 
na memoria, mucbo más que esputo, 
porque al fin, latino es el esputo, y 
escupo nó«. ¿Qué dirán después de esto 
nuestros pseudoclásicos? Recordamos 
también baber leído escupo eu vez de 
esputo en la Crónica del P. Sigüenza, 
aunque no tenemos la cita á mano. 

Escurana, f. Voz anticuada en 
España, pero corriente en Chile y otros 
países de América. Los cultos la han 
'luerido convertir en oscurana ú 
obscurana, como los demás com- 
puestos de oscuro ú obscuro; pero el 
Dice, no remite sino á eSGUridad y 
oscuridad: error, porque el equivalente 
castizo de escurana es cerrazón: 
«obscuridad grande que suele preceder 
á las tempestades, cubriéndose el cielo 
de nubes muy negras)>. Xi Cuervo ni 
Uribe, que apuntan el arcaísmo como 
usado en Colombia, conocieron la 
cerrazón. 

Escurcar, a. Del auD. esculcar: 
«espiar, inquirir, averiguar con dili- 
gencia y cuidadoii. En gallego se usa 
todavía, y también en Chile; pero aquí 
en la forma corrupta que hemos apun- 
tado. En Colombia dicen esculcar, 
registrar algo como los Iwlsillo-;: lo 
mismo en Méjico. 

Escurcón, na, adj. y ú. t. c. s. 
j)l1 ant. esculca, f. : «espía ó explo- 
rador», que todavía se usa eu gallego. 

Escurecer, escuridad, escu- 
ro. As! decía e! antiguo castellano y 
lo dice todavía el vulgo chileno, en vez 
de oscurecer, oscuridad y oscuro. La h 



que algunos escrilxíu después de la o es 
únicamente pjr respeto á la etimología 
(el latín obscurus), porque en el len- 
guaje hablado no se pronuncia. 

EsDRUJCLiZAR, a. Haccr esdrújula 
una voz. — n. Usar en demasía voces 
esdrújulas. Usado por Rivodó, nos 
parece útil y aceptable. Véase Izar 
(Verbos ex). 

Ese, sa, so, pron. dem. Es muy 
común en el lenguaje epistolar sustan- 
tivar el demostrativo ésa para signifi- 
car la ciudad cu que está la persona á 
quien se escribe, y ésla para designar 
la ciudad de donde se escribe. «Cuén- 
tame cómo se pasa en ésa,- lo que es en 
ésta, se lleva la vida más aburrida que 
puede darse». Como este uso es general 
á todos los que hablan castellano, debe 
ya el Dice, acogerlo como acep. espe- 
cial del pronombre. — Muy afrancesado 
es el empleo de ese, este y aquel en 
ciertos casos de aposición. «Las pirá- 
mides de Egipto, esos monumentos 
que han resistido á la acción destruc- 
tora de los siglos». «¿Quién no conoce 
á Balmes, este gran filósofo, honra 
de su nación y de su época?» «Cicerón, 
aquel grande orador romano...» La 
lengua castellana, ó prescinde de tales 
demostrativos, que, en vez de añadirle, 
le quitan vigor y elegancia, ó los 
reemplaza por adjetivos ó epítetos más 
propios y expresivos. ¡Qué compasión 
inspiran y cuánta pobreza manifiestan 
los escritores y oradores que han lle- 
gado á familiarizarse con esta esterili- 
dad del francés! Estos tales no son 
capaces de admirar la rotundidad del 
período cervantino, ni de gustar la 
majestad y dulzura de Granada y de- 
más místicos y ascéticos españoles, y 
mucho menos de correr y entusiasmar- 
se con la concisión de un Saavedra 



ESF 



ESG 



285 



Fajardo. — Véase Co\ KSO. — Faltan 
también en el Dice, las locuciones Y 
eso que, T esto que, que se emplean en 
sentido general para reforzar lo dicho 
anteriormente. — Véase Aquel. 

Esención, esento, esimir. 
Exención, e.vcn/o, ejimir; de las voces 
latinas exemptio, ccemph's, eximere. 

Eseniano, na, adj. y ú. t. 

o. s. Así tradujo Capmany el francés 
essenien; por eso no es raro que caigan 
en el mismo error otros que valen infi- 
nitamente menos que él. En castellano 
se ha dicho siempre esenio, nia, del 
griego iirrr^'iíc, y del latín essenius, y 
así lo trae también el Dice. 

Y al Cí'f/íío anacoreta 
Y á todo el pueblo judaico. 
(Lioi>e, Xachniciito <!e uncílio .S. J. C.) 

Esepticismo, eséptico. E--'iff- 

I ¡cismo, e-iccp/iiO, del griego t/.í-t'./.ó:. 
cincho menos debe escribirse excep- 
ticismo, excéptico, porque no 
vienen del latín exce^^fus. 

Esfera, f. Dióle el último Dice, la 
acep. de icírculo en que giran las ma- 
necillas del reloj », que no le daba la 
1 2.-'' edición. Es lo mismo que muestra: 
«en los relojes, círcnlo donde están 
numeradas las horas y sus divisiones)). 
— Xo es cai'tiza la acep. fig. de-alturas, 
que aquí se le da en pl. «;Qué se dice 
en las esferas de gobierno, ó en las 
esferas de la Moneda.'» Dígase 
alturas, palacio de la Moneda ó simple- 
mente palacio ó goliierno. — La esfera 
de acción, de que tanto se habla tam- 
bién en el lenguaje moderno, se llama 
en castellano campo de acción, porque 
campo, figuradamente, es: «extensión 
ó espacio real ó imaginario en (|ue cabe 
ó por donde corre ó se dilata alguna 
co.sa material ó inmaterial. El campo 



de la erudición, de la imaginación, de 
la memoria-»; pero, admitiendo el Dice. 
esjera de actividad («espacio á que se 
extiende ó alcan/.a la virtud de cual- 
quier agente»), autoriza para decir 
también esfera de acción, de su minis- 
terio, de su celo, esfera de trabajo, etc. 
EsFDíGE, f. «Animal fabuloso, con 
la cabeza, cuello y pecho de mujer, el 
cuerpo y pies de león, y alas». Xo se 

diga pues el esfinge, ni la efige, 

ni se confunda con efigie, f. : «imagen, 
figura que representa una cosa real y 
verdadera-». La esfinge viene del griego 
'joí-c, y la efigie, del latín effigies. 

Esfumarse, r. Admítelo el Dice- 
solamente como a. y como término de 
Pintura: «estender el lápiz estregando 
el papel con el esfumino para dar em- 
paste á las sombras de un dibujo». Los 
poetas modernos dicen á cada paso que 
las nubes se esfuman en el ciflo, es 
decir, se extienden, cubriendo ú oscu- 
reciendo el cielo, como se extiende el 
lápiz en un dibujo. Como la metáfora 
estii bien aplicada y es de uso ge- 
neral, nos parece que puede ya el 
Dice, dar á esfumar esta acep. fig. con 
la advertencia de «ú. m. c. r.» — Los 
que usan el v. en el significado de eva- 
porarse, diluirse, no e;;tán en la verdad. 

Esgarrar, a. y n., y Esgarro, 
m. Véanse Desgarrar y Desgarro. 
Olvidamos decir allá que la acep. vi- 
ciosa de estos vocablos parece provenir 
del gallego esgarro, gargajo. 

EsGRAKiADO, m. Acción ó efecto de 
esgrafiar; obra hecha con el grafio. 
Hace falta en el Dice. 

EsGRiJiisTA, com. Diestro en la 
esgrima. Es más usado que esgrimidor, 
m. (el que sabe esgi imir), único que 
trae el Dice. Si se admite esgrimista^ 
como lo esperamos, del)e llevar tam- 



286 



ESP 



ESP 



bien la acep. de-tratadista de esgrima. 

Esigencia, esigente, esigir. 

Todos con u\ conforme al latín cxigere. 

Esmirriado, da, ó desmirriado, 
DA, adj. fam. Flaco, extenuado, consu- 
mido y melancólico. 

Espabilar ó despabilar, a. 

Espaciado, m. Acción ó efecto de 
espaciar. Termino de Imprenta que 
hace falta en el Dice. Ya que tienen la 
acep. correspondiente el v. espadar y 
el s. espacio, hay que completar el gru- 
po con espaciado. 

Espaciar, a. y r. Conjúgase espacio, 
espacias, etc., porque es formado del s. 
espacio. Así uniformemente todos los 
autores; sólo los repulidos dicen espa- 
cio, y el vulgo espaceo. 

Espada, f. Todos sabemos que este 
nombre es f.; sin embargo, cuando por 
metonimia significa «torero que hace 
profesión de matar los toros con espa- 
da», se usa t. c. m. Así lo advierte el 
Dice, y así también lo usa él en Vola- 
pié. — Espada (h Ddmocles. Fr. fig. que 
hace falta en el Dice, con esta ó pare- 
cida definición: peligro grande é inmi- 
nente que amenaza á uno, á semejanza 
de la espada que Dionisio, tirano de 
Siracusa, hizo colgar, pendiente de una 
cerda de caballo, sobre la cabeza del 
adulador Dámocles, en un banquete. 
Usanla todos los autores castellanos, 
clásicos y no cliísicos. El nombre Dá- 
mocles, para algunos, como Contó é 
Isaza, Sbarbi, Dices. Encicl. de Zerolo 
ó Hispano-Americano, es grave; para 
otros, que lo toman del latín, es esdrú- 
julo, y asi lo preferimos nosotros. En 
griego es agudo, lo mismo que Temis- 
toclés, Empedoclés, Eteoclés. — Lle- 
var por la espada. Meter á 
espada y Pasar á espada son 

frases anticuadas que se traducen ahora 



por Pasar á cuchillo: «dar la muerte. 
Se usa ordinariamente de esta fr. 
cuando se habla de una plaza tomada 
por asalto». — Peje espada es en 
español pez espada. 

Espaditas, f. pl. Juego de mucha- 
chos, en que dos, presentando el dorso 
ó reverso de una mano, tiran á ara- 
ñarse mutuamente en él. Si en español 
no tiene otro nombre, bien puede ad- 
mitirse el chileno. 

Espalda, f. Ecliarse uno á la 
espalda á otro. Fr. fig. chilena, 
menos usada que Echárselo al hombro. 
Véase ésta en el art. Hombro. — A^o 
da lo mismo (ó no es lo mismo) por 
atrás que por las espaldas: fr. fig. y 
fam. que significa para nosotros: con- 
fundir los términos en algún asunto ó 
cuestión. — Espcddas vueltas, memorias 
muertas: cuando uno se va, olvida los 
beneficios recibidos ó las promesas que 
ha hecho. Es adagio usado en Chile y 
digno de figurar en el Dice. 

Espaldar, respaldar ó respal- 
do. Son iguales en la acep. de «parte 
de la silla ó banco, en que descansan 
las espaldas». El último Dice, equivo- 
có la cita, porque en Espaldar remite 
á la última acep. de Respaldo, de- 
biendo ser á la 1.» En la 12.* edición 
estaban en ese orden las"aceps. 

Espaldear, a. y r. En castellano 
no hay más que el a. espcddear, término 
de Marina que significa: «romper las 
olas con demasiado ímpetu contra la 
popa de la embarcación b. — En Chile 
usamos un falso espaldear que co- 
rresponde á la fr. castiza Hace)- espal- 
das á uno: «resguardarle, encubrirle, 
protegerle para que salga bien de un 
empeño ó peligro». Como r., corres- 
ponde á la otra fr. Hacer uno espaldas: 
«guardarlas, para evitaruna sorpresa». 



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ESP 



287 



Guardar uno las espaldas tiene los dos 
sentidos, pues significa: «resguardarse, 
ó resguardar á otro, mirando por sí ó 
por él, para no ser ofendido». El v. 
respaldar, que en el mismo sentido de 
nuestro espaldear usó Don Rafael 
Niíñez, Presidente que fué de Colom- 
bia y escritor bastante correcto, no 
tiene en castellano esta acep. He aquí 
el pasaje: «Estoy persuadido de que la 
constitución y las leyes de nada sirven, 
si no están respaldadas por reli- 
giosas costumbres». El respaldar cas- 
tizo sólo significa: «sentar, notar ó 
apuntar algo en el respaldo de un es- 
crito. II r. Inclinarse de espaldas ó 
arrimarse al respaldo de la silla ó ban- 
C5. II En Veterinaria, despaldarse una 
caballería». 

EsPALiUR ó DESPALMAR, a. 

Espandir, a. Véase Expandir. 
Espansión, espansivo. Er- 

pansión, expansivo, del latín expansio. 
EsPANTAPÁ-JAROS, m. Está bien for- 
mado y se asa también en España, 
como se ve por el Dice, de Ideas afines, 
de Benot. Es el espantajo ó muñeco 
que se coloca en los sembrados y en los 
árboles para ahuyentar á los pájaros. 
El Dice, oficial trae solamente la voz 
espanlajo, que es más genérica y que 
fué mejor definida para nuestro caso 
por Covarrubias: «el trapo ó figura de 
trapos que ponen en los árboles [faltó 
agregarle : «y en los sembrados » , nues- 
tro mono de Oliacra] para espan- 
tar los pájaros». Don Ramón de la 
Cruz usó también la voz espantajo: 

Nunca el pájaro grande retroceile 
Por ver los espantajos en la higuera. 
{La Dmlu). 

Así como hay en castellano espanta- 
lobos (un arbusto), fispanlamihlados y 



espantavdlanos, nos parece que puede 
admitirse también á espantapájaros, 
por ser más claro y preciso que espan- 
tajo y muñeco. 

Espantarse, r. «Admirarse, mara- 
villarse», dice solamente el Dice, de la 
acep. r. de este v. Según esto, tendrían 
razón los que no se atreven á usarlo 
tratándose de caballos, muías y demás 
animales que se espantan. Mas, alora- 
mos el Quijote y leamos: «Era la muía 
asombradiza, y al tomarla del freno, 
se espantó de manera que, alzándose en 
los pies, dio con su dueño por las ancas 
en el suelo», (p. I, c. XIX). «Se deter- 
minó de hacerla [la batalla] á pie, 
temiendo que Rocinante se espantaría 
con la vista de los leones», (p. II, 
c. XVII). Después de esto ^;para qué 
más autoridades? — Tratándose de per- 
sonas, debe también el Dice, ampliar 
la acep. r., porque las más de las veces 
el que se espanta, no es porque se ad- 
mire ó se maraville, sino porque ve ii 
oye algo que le causa espanto, que le 
da susto ó le infunde miedo. Testigo 
otra vez el primer autor español, Cer- 
vantes: «Llega una desmandada bala, 
disparada de quien quizá huyó y se 
espantó del resplandor que hizo el 
fuego al disparar de la maldita má- 
quina», (p. I, c. XXXVIII). Sigamos 
pues en tan buena compañía diciendo 
que los caballos y muías se espantan y 
que hay muchos de ellos que son es- 
pantadizos; y asimismo digamos que 
las personas se espantan de miedo 
susto cuando tienen motivos para ello. 

Espanto, m. «Terror, asombro, 
consternación». Bien puede conside- 
rarse incluídaenesta l.»y general acep. 
la de-enfermedad causada por el terror 
ó consternación, que tan usada es en el 
pueblo. «Este niño está enfermo de 



288 



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efipan/o; A este otro también le ha dado 
espanloy». «Desde allí á'poco murió mi 
esposo de un cierto espanto que tuvo», 
lecontabaá Don Quijote la dueña Doña 
Rodríguez, (p. II, c. XLVIII). Sin 
embargo, mejor sería registrarla como 
como acep. aparte. 
España (Hacer castillos 

en), fr. fig. Es traducción literal de 
la francesa Fairc des cháteaiLv en Es- 
peuine, de la cual se ríen con buen hu- 
mor los españoles. «Á punto estaba yo 
de creer que la torre era castillo en 
España, como dicen los franceses». (El 
Marqués de Molins, hablando de una 
torre que servía de calabozo y de cuya 
existencia han algunos dudado). 

Y, haáentlo j/d cait'dlos en el (lire, 
O. como dicen ellos, en España, 
La referí, no se' ei con donaire, 
Cuentos de Homero y de Mari-Castaña. 
(Campoamor, El tren expreso, canto It. n. IV). 

La fr. castiza es la que usó el vate 
murciano: Hacer uno castillos en el 
aire, ó Hacer un castillo en el aire: 
alienarse de lisonjeras esperanzas sin 
fundamento alguno», formar proyectos 
en el aire, alimentarse de quimeras, etc. 

Españolada, f. Acción ó dicho 
propios de españoles. Es voz admisible, 
idéntica en su formación á amlalu- 
zada, (jallegada. «... Y, sacando el lápiz, 
dejé allí escrita, para que la leyera otro 
curioso, la siguiente españolada-» [cua- 
tro versos satíricos], f La Fuente, Viajes 
de Fr. Gerundio, t. I, pág. 175). 

Españolería, f. Astucia propia de 
español, parece ser el significado de 
esta voz, que no aparece en el Dice, 
pero que usó Cervantes en el Persiles 
(1. IV, c. VII): «Mira lo que haces, 
Hipólita, respondió Pirro, que, á lo 
que se me trasluce, este peregi'ino es 
español, y soltar él de su mano, sin 



haber tocado la tuya, esta cadena qu 
debe de valer cien escudos, gran cosa 
me parece y mil temores me sobresal- 
tan. Llévate tú, oh Pirro, la cadena, 
dijo ella, y déjame á mí el cargo de 
sustentarla y de no volverla, á pesar de 
todas sus españolerittsy>. 

Españoleta, f. Falleba han lla- 
mado siempre los españoles la «varilla 
de hierro, acodillada en sus dos extre- 
mos, sujeta en varios anillos y que 
puede girar por medio de un manubrio, 
para cerrar las ventanas ó puertas de 
dos hojas, asegurando una con otra, y 
ambas al marco, donde se encajan las 
puntas de los codillos». Los españoles 
fueron los inventores de este aparato, 
ó quizás los árabes de España, pues el 
nombre de falleba es derivado del árabe 
Jaleba (tarabilla) según el Dice, ó 
de jallaba (aldaba, taravilla para 
puertas), .según Eguílaz y Yanguas. 
(En ambas partes está escrito tara- 
villa, y en su propio lugar lo escribe 
el Dice, tarabilla, del latín trabicula. 
Ya\ la Gramática de 1906 aparece ta- 
ravilla. ¿k qué letra nos quedamos?) 
Lo cierto fué que los franceses reci- 
bieron este objeto de los españoles y 
por eso lo llamaron espagnolette; y 
nosotros, que en tantas cosas también 
nos hemos afrancesado, damos en la 
flor de decir españoleta. El día 
menos pensado vamos á llamar cutó 
al ci'rhillo, sólo porque lo compramos 
en una cuchillería francesa. •. 

Esparramar, a. y r. Desparra- 
mar. 

EspARTAca, n. pr. m. Aunque en 
latín es esdrújulo (iSpártariis) y a.sí lo 
traen también Contó é Isaza y el Dice, 
de Zerolo, creemos que es másgenend 
la práctica de hacerlo grave ó lliinu: 
Espartare. Fué un esclavo y gladiaifM' 



ESP 



ESP 



289 



de la antigua Roma, autor de una se- 
dición que sofocó !Marco Craso. 

Espaturrado, da, adj. Lo regis- 
tra el Dice, gallego de Cuveiro Pinol 
y lo traduce: «idespatanado, caído». — 
Asimismo el v. espaturrar, que 
traduce «despachurrar». Tal es el ori- 
gen de las formas despaturrar y 
espaturrar que se usan en Chile. 

Espaviento ó aspaviento, m. 
Véase Aspamiento. 

Espavorido ó despavorido, da. — 
El V. sólo admite la forma despavorir. 

Espeadura, espeamiento, 
aspearse. Todos llevan d inicial. El 
V. siguifíca: «maltratarse los pies el 
hombre ó el animal, por haber camina- 
do muchoB; y los sustantivos: «acción 
ó efecto de despearse». Ojo á la defini- 
ción, para que salgan los chilenos del 
error en que están, pues creen que sólo 
los animales se despean, cuando tam- 
bién puede ello sncederle aun á la da- 
ma más delicada. 

Especería ó especiería, f. Tien- 
da en que se venden drogas ó especias. 
II Conjunto de especias. 

Especial, adv. de m. Así se usó 
antes, en vez de especialmente, en es- 
pecial. «Pareció ser éste [libro] uno de 
los que Quintiliano encomienda para 
levantar los ánimos de los mancebos 
nobles y los instituir en todo género 
de virtud, especial la militar y po- 
lítica». (El Felai/o del Pinciano, pról. 
de un amigo del autor, 1605). Así 
también el Quijote y la Celestina. Aquí 
suele oírse todavía este uso de espe- 
cial; pero es bueno corregirlo, porque 
tiene cierto sabor plebeyo y el Dice, lo 
declara anticuado. Véase Mente 
(Adverbios en). 

Especialidad, f. «Particularidad, 
singularidad, caso particular». Esto 

Dice. deCliiI.,t. II. 



solo significa y nó especialista ó perso- 
na esperialisla. Véanse Celebridad 
y Eminencia. 

Especializar, a. y r. Basta con 
particularizar: «Expresar una cosa 
con todas sus circunstancias y parti- 
cularidades. 11 Hacer distinción espe- 
cial de una persona en el afecto, aten- 
ción ó correspondencia. || r. Distin- 
guirse, singularizarse en una cosa». — 
También existe especificar, a.: «expli- 
car, declarar con individualidad una 
cosa». 

Especie, f. En especie: loe. que se 
emplea en contraposición á en dinero. 
«Xo me pague Ud. en dinero sino en 
especien); es decir, en los artículos ó 
efectos de comercio, en los productos, 
ó en los objetos que Ud. tiene: los cua- 
les varían según la persona con quien 
se habla. Generalmente son artículos 
comestibles ó géneros de tienda. Este 
uso, que también es español, está au- 
torizado por nuestro Código Civil, que 
emplea la voz especie como sinónima 
de cosa individual ó singular, y contra- 
puesta á género; por eso habla repeti- 
das veces de asignación ó legado de 
especie, de la especie legada, etc. «El 
legado de especie que no es del testador 
...es nulo». (Art. 1107). «Si al legar 
una especie se designa el lugar en que 
está guardada y no se encuentra allí, 
pero se encuentra en otra parte, se de- 
berá la especie». (Art. 1111). «El 
comodato ó préstamo de uso es un 
contrato en que la una de las partes 
entrega á la otra gratuitamente una 
especie, mueble ó raíz, para que haga 
uso de ella, y con cargo de restituir la 
misma especiey>. (Art. 2174). En el 
Código Civil Español leemos: «IjOS 
legados en dinero deberán ser pagados 
en esta especie, aunque no lo haya en 

37 



290 



ESP 



ESP 



la herencia». (Art. 886). El art. 882 
usa la expresión rosa especifica: «Cuan- 
do el legado es de cosa especifica y de- 
terminada, propia del testador», etc. 
Nuestra ley sobre impuesto de papel 
sellado, timbres y estampillas, pro- 
mulgada el 7 de Sept.de 1909, dice tam- 
bién: «Kecibos ó vales de depósitos de 
especies estimadas en dinero [pagarán] 
cuarenta centavos. Recibos ó vales de 
especies inestimadas, cuarenta centa- 
vos». De todo esto se deduce que debe 
el Dice, dar á especie la acep. de-cosa 
específica, individual ó determinada, 
y admitir también la loe. e?i especie. — 
Especies sacramentales: «accidentes de 
olor, color y sabor, que quedan en el 
Sacramento después de convertida la 
substancia de pan y vino en el cuerpo 
y sangre de Cristo». Así el Dice. Más 
propio es definir la voz especie en sin- 
gular, como término de Teología, pues 
se usa no sólo en la loe. especies sacra- 
mentales, sino también de otras ma- 
neras: «Comulgar bajo una sola espe- 
cie; Comunión en ambas especies; Las 
sagradas ó divinas especies^. Por eso 
dijo muy bien Santo Tomás en su 
magnífica secuencia Lauda Sion: 

Caro cibus, sanguís potus; 
Manet tamen Christus totns 
Suh utraquc specie. 

Para la recta definición teológica tén- 
gase presente la diferencia que entre 
especie y accidente señala el Cardenal 
Franzelin : «Quamvis eadem res dicatur 
species, quae est acciílens, non tamen 
Ídem formalis conceptus exprimitur 
utroque nomine; species exprimit rem 
cum relatione ad nostram perceptio- 
nera, accidens dicit rem eandem cura 
relatione inhaerentiae in substantia. 
Quare cuní serino est de accidentibns 



non actu inhaerentibus subjecto, et 
cum fides confirraanda, quod, licet 
nihil sit mutatum quoad perceptionem 
sensuum, tamen substantia non am- 
plius subesse credi debet, aptius dice- 
tur species quae conspieilur, quam 
accidens quod hic et nunc nidli siibs- 
tantiae accidit.y> (Tract. de SS. Eiuha- 
ristiae sacramento, thesis XVI). Más 
claro: especie es lo que aparece á la 
simple vista (del latín specio, mirar); 
y accidente, lo que se une á la sustan- 
cia. — En especie de, debajo de espe- 
cie de, que usó uno que otro clásico, 
es un latinismo que debemos mirar 
ahora como anticuado y traducirlo: en 
figura de, bajo la forma de ó en forma 
de. «Vio al Espíritu Santo en especie 
de paloma. . . En la tercera señal, debajo 
de especie de los ángeles que tañían 
trompetas...», leemos en la Vida de S. 
Juan El'., de Fr. Diego de Estella. 
Sin embargo, creemos que debe darse 
á especie la acep. de-cosa ú objeto pa- 
recido á otro, que-todos usamos y que 
el mismo Dice, emplea, sobre todo en 
las definiciones: «Especie de...»; es 
decir, cosa ú objeto parecido ó seme- 
jante á, y nó estrictamente especie de 
un género; ó en otros términos, «un 
como...», «una como...» 

EspÉciJiEX, m. Admitido en la 1.* 
edición del Dice, y usado en estos 
tiempos mucho más sin duda que en 
aquéllos, no sabemos por qué ha desapa- 
recido en las últimas ediciones. ¿Será 
por la dificultad para formarle el pl.? 
Pues allá se las avengan los gramáticos, 
y entre tanto cumpla el Dice, con su 
obligación de registrar y definir todas 
las voces castellanas corrientes y bien 
formadas. Mejor no lo puede estar ésta , 
como que es el mismo specimen latino, 
que significa « muestra, modelo, señal o. 



ESP 



ESP 



231 



sin necesidad de que sea «de lo mejor 
en cada líneas, como malamente le 
agregó el Dice, de Autoridades. En 
cnanto al pl.. ya que sería muy feo 
c inusitado especímenes, nos pa- 
rece sencillamente que debe negár- 
sele, tanto porque el uso no se lo 
reconoce, cuanto por su difícil for- 
mación ; por lo cual no lo tienen tam- 
poco los demás esdrújulos que para 
formarlo tendrían que agregar una 
sílaba más; excepto solamente régimen, 
que hace ret/inienes, j al cual, sin em- 
bargo, algunos gramáticos se lo niegan. 
En cuanto al uso de esta voz, sépase 
que viene desde antiguo, a El espécimen 
de Letras y modestia dieron en dos 
oraciones latinas...», dice una obra 
manuscritadel siglo XVII. (Biblioteca 
de Gallardo, t. I Y, art. Santiháñez). 
«Número espécimen j>, llaman también 
casi todas las publicaciones periódicas 
al primero que publican como muestra 
con que acreditarse ante el público. 

Espectable, adj. Está anticuado 
en el Dice, y reemplazado por exjiec- 
iable: «digno de la consideración ó 
estimación pública; muy conspicuo ó 
notable». — No se confunda con erjiec- 
lanle: «que espera observando ó está á 
la mira de una cosa. Actitud, medicina 
expectante-!). 

ESPECTÁCXXO, ESPECTADOR, RA. 

Así deben escribirse, con s, porque se 
derivan del latín spectacidum y spec- 
tator; pero expectación, expectante y 
expectativa se escriben con i, porque 
también la llevan en su etimología la- 
tina: exspectatio, exspertare. 

Espediente, espedir, espe- 
dito, espeler, espender. Todos 
éstos y sus derivados son con x, con- 
forme á su etimología latina. 

Espelucar. Tra^^' Despelucar. 



Esperanto, m. Xombre del idioma 
internacional que inventó el filólogo y 
médico Luis Zamenhof, de Varsovia, 
y que sigue propagándose por todo el 
mundo. El nombre proviene del seu- 
dónimo que usó al principio el autor 
( Dolioro Esperanto, Doctor que es- 
pera) y creemos que debe ya figurar 
en el Dice, lo mismo que su derivado 
esperantista. 

Esperar. Mallo usamos al decir: 
«Esperemos que suene la hora; ¿Por 
qué no esperas que llegue tu padre?» 
En arabos casos falta la prep. á, que 
es la que rige este v. cuando significa 
«aguardars. Así lo enseñan las Gra- 
máticas de la Academia y de Salva y 
así lo praticaron los clásicos: «Algu- 
nas veces, y quizá las más, esperaban 
[los otros caballeros andantes] á que 
sus escuderos fuesen viejos». (Quijote, 
p. I, c. YII). «Como bien criado y 
mancebo cnerdo y humilde, esperó á 
que San Pedro hablase, pues era más 
viejo ... Cuando fueron al sepulcro, au u- 
que llegó primero San Juan, esperó á 
que primero entrase San Pedro». (Es- 
tella, Vida de S. Juan Ev., c. II, art. 
YII). Cuando el v. significa tener es- 
peranza ó confianza de algo, no rige á, 
á no ser para el acusativo ó comple- 
mento directo. Por eso tienen muy 
distinto significado «Espero que ven- 
gas» y «Espero d que vengas». 

Esperezarse ó desperezarse, r. 
Esperezo ó desperezo, m. 

Esperidión, n. pr. m. Espiridión, 
del latín Spiridio, dicen Contó é Isaza 
y el Padre Isla en su Fr. Gerundio. 
En Chile dicen Esperidión, quizás 
por contaminación con el v. esperar y 
sus derivados y por disimilación de las 
tres Íes. 

Esperiencia. esperimentar. 



292 



ESP 



ESP 



esperimento. Todos con v, confor- 
me á la etimología latina: ej-pcrior, etc. 
Esi>ERMA, f. La que se emplea para 
hacer velas y en algunos medicamen- 
tos, manda el Dice, (juc se llame esper- 
ma (nó espelma) ¡h- haUma. Véase 
Esterina. 

Espernancar. Véase Desper- 
nancav. Valbuenada como legítimas 
las formas espernancarse y es- 
pernancado, y como corruptas 
esparrancarse y esparrancado, al revés 
de lo que enseña el Dice. No aduce él 
ninguna autoridad, ni la tenemos tam- 
poco nosotros, y sólo hacemos constar 
que en Chile se usan espernancar 
y despernancar y que Ruiz de 
ilontoya (Dice, guaraní) usó el ge- 
rundio (lespernancán(lof=e. Puede ser 
(|uc Valbnena y los chilenos tengamos 
i'azón, porque el v. parece formado de 
pierna y alterado en su final por con- 
taminación con anca. 

Esperpento, m. Usado en España, 
en IMéjico, en Chile y quizás en toda 
hi AméricaLatinapor-obra intelectual 
ó literaria mal pergeñada ó extrava- 
gante; persona ó cosa que de fea causa 
espanto. En esta 2.-' acep. lo usó Don 
Juan Valera en sn carta Currita Al- 
bornoz al P. Coloma: «En las últimas 
páginas de PequeTieces me presenta Vd. 
ya tan ajada y marchita, que parezco 
un esperpentoT). 

Espeta perros (Á). Loe. adverbial 
fig., muy usada en España y América, 
y que significa á encape (á todo correr, 
á toda prisa), tomar uno el tole (par- 
tir aceleradamente), apretar ó lei'aniar 
uno los talones (echar á correr por 
algún caso imprevisto ó con mucha 
d¡ligenc:a), como alma qtie líeiKi el diu- 
lilo (con extraordinaria ligereza ó velo- 
cidad y grande agitación ó perturba- 



ción deláuirao). Las locuciones castizas 
Como perro con cencerro, con cueiiw, 
con maza ó con vejiga, «con que se ex- 
plica que uno se ausentó sentido de 
una especie, con precipitación, sonrojo 
y prisa», no corresponden exactamente 
á la que analizamos, poríjue ésta expre- 
sa solamente la idea de huir ó salir á 
toda prisa, y las otras añaden la idea 
de'que el fugitivo ó saliente va «sen- 
tido de una especie». «La fr. primitiva, 
dice Cuervo, parece ser á espeta perro: 
así está en una carta escrita en 1701) 
por el Conde de Fernán Núñez, que 
cita el Sr. Morel-Fatio, y en este lugar 
de Somoza: 

Si yo, dijo entre si', f ueva valiente, 
Con el chuzo en que el báculo remata 
Le pudiera esperar tras de lina mata 
Y envainársele tudo « espeta perro. 
(El calmnniado)" . 

Esta Última cita prueba que la loe. es 
para el poeta á espeta perro, pero nó 
que el significado sea el mismo que le 
damos nosotros, porque el tercer verso 
habla de un mastín, y el decir que se 
le podría envainar ó espetar el chuzo á 
espeta perro, parece más bien un juego 
de palabras que el uso general de la 
loe. Galdós usó como nosotros, en pl.: 
«Salió á espeta perros de nuestra ofici- 
na, y no ha vuelto á parecer». (Mimí). 
Difícil es decidir si la última voz debe 
ir en singular ó en pl., porque de am- 
bas maneras se han formado en caste- 
llano locuciones análogas: á mata 
caballo, á maclut martillo, á uña de 
caliallo, á qué quieres loca, á pedir de 
lioca; á regañadientes, á revienta cin- 
chas, á cierra ojos, á mata candelas. 
Examinando cada una de éstas, se ve el 
porque del sing. y del pl.; y así pode- 
mos examinar también á espeta perro. 



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293 



La loe. se ha formado, sin duda, de la 
costumbre que tienen los muchachos 
de jugar con los perros, sobre todo en 
carnestolendas, ya manteándolos, ya 
iwnióndoles en la cola algún palo, hue- 
so, cuerno, cencerro, vejiga, etc., con 
lo que huyen á escape y asustados. En 
algunas partes talvez les espelan alguna 
cosa delgada, y de ahí el huir con toda 
velocidad, como perro espetado, ó d 
espela perro. Más natural nos parece 
esta explicación, teniendo en vista el 
significado de la loe, que la de tomar por 
base al muchacho ó sujeto que espeta 
á los perros. Por esta razón preferimos 
decir en sing. á espeta perro, y ojalá 
así admita la loe. el Dice. Cuervo la 
explica «como saldría un cocinero con 
el espetón tras el perro que se lleva 
algo». Pero ésta no es una costumbre 
general, que haya podido dar origen á 
la loe, ni guarda relación con las es- 
pañolas que citamos al principio. 

Espía, com. Espión, m., significa lo 
mismo. 

EsPUR, a. «Observar, reconocer y 
notar lo que pasa, con gran disimulo 
y secreto, para comunicarlo al que lo 
ha encargado». Es derivado del latín 
speculari; por eso se escribe con s y no 
debe confundirse con expiar, que viene 
del latín ej piare, y significa: borrar 
una culpa, sufrir una pena, purificar 
una cosa profanada. 

Espiar, espiado. Despear, des- 
peado. 

Espichar, a. «Pinchar», dice el 
Dice; y n. fam., «morir». — En Chile 
se usa por espitar (poner espita á una 
cuba, tinaja ú otra vasija), cometien- 
do así el mismo error que con espirhe. 

EspjcHE, ra. «Arma ó instrumento 
puntiagudo; como espada ó asador», 
significa cu c;u5tdlano, y uódisrarsillo, 



alocución, perorata, como el ingles 
specch, de donde se ha tomado para esta 
significación. — En Marina, «estaquilla 
que sirve para cerrar un agujero»; y 
por eso algunos chilenos llaman tam- 
bién espiclie al «cañuto que se mete 
eu el agujero de la cuba para que salga 
por él el licor que contiene»; lo que en 
español se llama espita. Véase Calador 
en el Apéndice. 

Espiga, f . Así llaman aquí el pezón 
castellano: «palo de unos cuarenta cen- 
tímetros de largo por cinco de grueso, 
que se encaja pei-pendicularmente en 
el extremo del pértigo y en el cual se 
ata el yugo». No hay para qué descri- 
birlo tan matemáticamente, porque esa 
medida no es necesaria y en muchos 
casos falla: agregúese siquiera: «poco 
más ó menos». — También hay que 
agregar algo á la 3." acep. que da el 
Dice, á la voz espiga: «extremo de un 
madero cuyo espesor se ha disminuido, 
ordinariamente en dos terceras partes, 
para que encaje en el hueco de otro ma- 
dero, donde se ha de ensamblar». Y, si 
encaja la espiga en el hueco de una 
piedra ó basa, como sucede en los pi- 
lares de madera, /alejará por eso de ser 
espiga? Y si el pilar no es de madera, 
sino de hierro, de mármol ó de otra 
cosa, pero tiene un extremo muy dis- 
minuido para encajarlo en un hueco ad 
hoc, ese extremo ;dejará de llamarse 
espiga? Hay que dar pues mucha más 
amplitud á esta acep. 

Espinal, m. Espinar: sitio pobla- 
do de espinos. 

EspiXAZO,m. La presa delave que en 
Chile llamamosí'.«/w'»«2o, la llaman algu- 
nos caparazón, ni.: «esqueleto del ave, 
quitadosel pescuezo, los alonesy las pa- 
tas». Pero, como se ve en la defi- 
nición, el caparazón comprende tam- 



294 



ESP 



ESP 



bien \íi pechuga j\a. rabadilla; mientras 
que el espinazo es estrictamente lo que 
en Historia Natural lleva este mismo 
nombre. 

Espinilla, f. Muy usado en todo 
Chile en vez del castizo barro: acada 
uno de los granillos que tiran á rojos 
y salen al rostro, particularmente á los 
que empiezan á tener barbas. || Cada 
uno de los tumorcillos que salen al 
ganado lanar y vacnno». Enla 1." acep. 
se llama tambión barrillo. El nombre 
técnico de la espinilla americana 
(pues se usa también en Méjico, en 
Colombia y en otras partes) es acné 
pundata. Parece que el nombre vulgar 
no es desconocido en España, pues lo 
usaron Ruiz de Montoya y Febrés en 
sus respectivos Diccionarios y lo trae 
Beuot en el suyo de ideas añnes, junto 
con barrillo y padrastros. 

Espinillento, ta, a<lj. Véase el 
siguiente. 

Espinilludo, da, adj. Que tiene 
espinillas. Barroso, sa. 

EspiNosiSTA, adj. y ú. t. c. s. com. 
Partidario del espinosismo ó del filó- 
sofo Espinosa. — Adj. Relativo ó perte- 
neciente á las ideas sustentadas por él. 
Véase Espíritu, donde D. Adolfo de 
Castro usa la voz esjjinosisfa, la cual 
debe entrar en el Dice, como ya entró 
espinosismo. 

Espinoza, apellido. Espinosa. 
Así Contó é Isaza, el Dice, y los 
mejores autores españoles. Sólo los 
extranjeros, al hablar del filósofo Ba- 
ruc ó Benito de Espinosa, escribieron 
algunas veces por error Espinoza, 
Spinoza, Despinoza, y á éstos 
han querido imitar los que no en- 
tienden de ortografía. El apellido fué 
en su origen de Espinosa, nombre de 
varias villas y pueblos de España, 



que sin duda abundaban en espinos ó 
espinas. 

Espinudo, da, adj. Que tiene mu- 
chas espinas. Véase Coludo. Bien 
puede admitirse con el mismo signifi- 
cado de espinoso, sa: que tiene espinas; 
fig., arduo, difícil, intrincado. 

Espionar, a. Dígase espiar. Sólo 
el s. abstracto espionaje (acción de es- 
piar) se deriva de espión. El v. se de- 
riva de espia. 

Espirar, a. y n. Formado del latín 
spirare, soplar, no debe confundirse 
con expirar: morir; acabarse ó fenecer 
una cosa. Este se formó del latín exs- 
pirare, compuesto de spirare. 

Espiritoso ó espirituoso, sa, adj. 

Espíritu, m. [Para penetrar mejor 
el significado de la voz francesa esjrrit, 
con la cual se cometen en castellano 
tantos galicismos, leamos el hermoso 
artículo que escribió sobre ella Don 
Adolfo de Castro en sus Estudios pirác- 
ticos de buen decir. Es un elogio á la 
voz esprit, puesto en boca de un ita- 
liano, y dice así: «Esta palabra en 
francés expresa todo lo que spirito ó 
spirto (poéticamente) en italiano y 
espíritu en español y portugués. Ex- 
presa más: no tiene el idioma francés 
la voz ánimo, común á todas las len- 
guas neolatinas. Inspiró Dios en Adán : 
dióle un alma y espíritu, nó como el 
que dio á todos los animales que se 
produjeron en la tierra, sino de un ser 
mucho más levantado, porque en aqué- 
llos no creó más de un 'alma de vida, 
como dice el original X'ephes Hhaiah, 
ánima viviente; mas á esta criatura le 
dio otra vida, no producida ni formada 
con el mismo cuerpo, sino inspirada é 
infundida por aquellas ventanas de su 
rostro, á quien su mismo autor llamó 
y dio su propio nombre Xesemah 



ESP 



ESP 



295 



Hgaijni, que suena como si dijésemos 
espíritu de dos vidas: ú los otros llamó 
nephes, un espíritu y vida que no pasa 
ni se extiende más del apetito de las 
cosas sensibles, que comunmente la 
lengua latina llamó anima, de quien 
propísiraamente dice David: animam 
inanem et esurientem satiabit bonis 
(Ps. 106, 9), que no sólo se entiende 
del hombre, sino de todos los animales, 
^las, á este espíritu de dos vidas llaman 
los que saben la fuerza y propiedad de 
la lengua latina uó animo sino animus, 
como el que, distinguiendo estas voces 
con propiedad, dijo: iUis tantion ani- 
mas, 7iobis AXIMUM quoque; y de la 
palabra Mesenah, trastrocando las le- 
tras, creo dijeron los latinos manes, 
significando las ánimas de losliombres 
difuntos, y nó como piensan los crí- 
ticos de nuestros tiempos, del v. maneo, 
que es muy común y frío significado 
para tanto misterio; de suerte que este 
espíritu de vida que infundió Dios en 
aquella fábrica admirable de barro, es 
al que se da nombre de ser á imagen 
de Dios, no verdadera y legítima con 
naturaleza de divinidad. Pues bien, los 
franceses usan también y únicamente 
la voz esprit, en vez de ánimo y de alma 
(ame). I;a voz esprii no La sido ajena 
del todo á los españoles; que antigua- 
mente debió ser usada. El gran poeta 
dramático y actor andaluz Lope de 
Rueda da testimonio de ello en el he- 
cho de introducirla en su comedia 
Eufemia, llamando 2Jobre espiritUlo á 
uno, dim. de esprilo. Pero la signifi- 
cación privilegiada ó preferida de los 
franceses en la voz esprit es la que más 
descubre el gusto ó el carácter de la 
nación. Esprit es la delicadeza del ge- 
nio, esprit es la aguda intención en el 
pensamiento, esjjrit es su volubilidad 



caprichosa, esprit es al propio tiempo 
ingenio é ingeniosidad, esprit es la más 
preciosa elegancia al tratarse de la ex- 
presión, esprit es la esplendente vida 
de las obras del arte; esprit encierra, en 
fin, riquísimas significaciones, todas en 
relación con la hermosura, la penetra- 
ción del talento, la ligereza y la opor- 
tunidad, y todo sorprendente, porque 
lleva consigo la coquetería, palabra 
también francesa, que lleva consigo 
igualmente el deseo de obtener amor y 
más amor. Los franceses, en el uso de 
las varias significaciones de esta voz, 
han inventado el esprit fort, el esprit 
de observation, la presente cFesprit, el 
Esprit des loix, libro en que Montes- 
quieu con la movilidad de su genio es 
espinosista, pardidario de Hobbes, y 
juntamente filósofo cristiano. Los filó- 
sofos alemanes han censurado de afec- 
tación de esprit á muchos franceses que 
en todo tiempo han querido emplearlo; 
han dicho que el esprit daña al juicio 
y paraliza la sabiduría, que el esprit 
está en lucha con el buen sentido, y 
que el esprit sin juicio no produce otra 
cosa que locuras. ¡Combate singular! 
El esprit considera al buen sentido co- 
mo un juez superficial y falto de deli- 
cadeza, que toma á veces la realidad 
por las apariencias; y el buen sentido 
al esprit como á aquel que por medio 
de simplezas toma en ocasiones las 
apariencias por realidades. Se abusa 
ciertamente del esprit cuando éste, 
para acreditarse, quiere hallar en todo 
una parte ridicula. En cambio los fran- 
ceses, con el empleo de lo que llaman 
bel esprit y de lo que se conoce por b«n 
esprit, han conseguido no sólo descu - 
brir mucho en las ciencias, siuo tam- 
bién perfeccionar mucho. .Jiizguese 
c&