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)i 



DICCIONARIO 

DE 



PERUANISMOS 



ENSAYO FILOLÓGICO. 



POR 



JUAN DE ARONA. 



I » I 



/ 

/ 



/ 



LIBRERÍA FRANCESA CIENTÍFICA, J. GALLAND 

CALLE DE PALACIO NOS. 34 y 36. 

LIMA 



607031 



Profisdad RB&BAVaDA. 



I- 

I" 



DICCIONARIO DE PERUANISMOS. 



h-' 



**Y cierto qae es bien qae oaando el nombre 
-ee sonante 7 asado de los nuestros en alf^unas 
paites, que todos nos aprovechemos de él, si- 
quiera porque nuestra lengua se enriqnesca de 
estos Yooabloe peregrinos, que ser& señid si en 
otro tiempo nuestro señor determina hacer 
otra cosa, que Monarquia estuvo en Bspaña, y 
qae tuvo sAlorío en aquellas gentes, de quien 
tomó aquellos tales vocablos. 

Juan de Guznian. 

"Notaciones sobre la primera Geórgica.'* — 
Año de 1586/* 



"No por eso aconsejaría jo á ningún español 
njLB usase eu España los modismoe peculiares 
de los nuevos Estados hispano americanos, pre- 
firiéndolos & los nuestros; pero 4 todos nocotros 
los de acá, seria útilísimo conocer las variacio- 
nes del lenguaje de allá, para entendernos me- 
jor con nuestros hermanos ultramarino^. Por 
e¿x> hubiera celebrado mucho que tuviese Ud. 
impreso ya su "Diccionario de peruanismos),** 
pues aunque no pudiese aprender ya de él, por 
el estado de mi memoria, pudiera consultarlo 
á lo menos las veces que lo necesitara.'' 

Don Joan Eugenio Hartzenbaselí, ea carta 
particular al autor, de Madrid, Mayo 1.^ 
de 1872. 



/ 



5?RÓL0G0 

9 




^^. 



A|f CASO una de las primeras obras que sobre este 
i^ingrato tema de provincialismos se idearon en 
^^^ Hispano-América fué la presente, y és,. por lo 
menos, la tercera 6 cuarta que sale á luz. 

Su autor la empezó en Londres por los años de 1860, 
cuando aunados los recuerdos de la patria y la vivacidad 
de sentimientos de los veinte años, buscaban en todo for- "^ ^^ 
ma para manifestarse. Publicó las primeras muestras de 
SbS trabajos en periódicos de Lima á fines de 1871 y prin- 
cipios del 72, y por último, viene á coleccionarlos en libro 
y á darles forma definitiva en 1883. 

Cualquiera diría que las líneas que preceden tienen por 
objeto demostrar que el ensayo que tan tardíamente se 
publica es el mejor de todos, por su más largo periodo de 
incubación, que es nada menos que de veintidós años; 
paes no hay nada de eso; maldito lo que el autor se acor- -^í^ 

dó de sus Peruanismos^ de 1860 á 1871, que fué tanto, co- 
mo de 1871 á la fecha. El autor no ha incubado en su 
obra sino transitoriamente, y de decenio en decenio como 
acaba de verse. 

El lector notará con sorpresa que los trabajos posterio- 
res, quizá menos madurados, de los señores Cuervo y Ro- 
drigaez (Zorobabel) son, aún en el peor de los casos, mu* 
cho más completos que el que ha durado tantos años. 



VI 

Pocos libros por otra parte paedeo pedir indnigencia al 
público con menos hipocresía que los de este género: 
/quién no es voto en materia de vocablos mayormente si 
son la vulgaridad que se llama provincialismos? La soli- 
cita pues el autor del Diccionario de Peruanismos^ en parti- 
cular, para ¡as uniisiones (ciertas ó antojadizas) que no 
podrá evitar, y en general para las equivocaciones en que 
acaso incurra, dando como peruanismos lo que á la lar- 
ga venga á descubrirse que no es más que hispanismo 
recóndito. 

La solicita asimismo para el trop de zele como dicen los 
diplomáticos, en que invariablemente ha viste y vé escollar 
á todos los provincialógrafos y hablistas en ico de la Amé- 
rica española. Asi como no hay celo ñlial mas impertinen- 
te que el del hijo natural ó espurio, desde la fábula, apó- 
logo ó simbolo de Faetón, que se abrasó por querer probar 
que era hijo del Sol, asi no hay peores cancerberos de la 
lengua castellana que los Faetontes de esta América. Más 
papistas que el Papa, como vulgarmente se dice, estamos 
ciertos de que el desvario de su trop de zele excitará con 
fiecuencia una sonrisa de ironía y estrañeza aun en los 
labios de los mismos Académicos de Madrid. 

Parece broma; pero lo que menos va á hallarse en las 
páginas que siguen son />írníííníswos en el sentido egoís- 
ta y arbitrario que se está queriendo dar á esta palabra. 
El lector no hallará filimiliehupisti, inguinfingalfa, circw 
maristanflcíutico y otras insensateces que constituyen pe- 
ruanismos^ para algunos, y á que dio cierta boga el Teatro, 
por lo demás tan respetable, de Don Manuel Ascencio 
Segura, 

Así como en lo político se finjen por medrar bajos sen- 
timientos populares que no se poseen, así en lo literario 
•3ne cundiendo desde Méjico hasta Chile un prurito por 
;ar neologismos, ya líricos, ya chuscos, que se cree ame- 




vil 

rícanísmos, y que las más de las veces ni se entienden ni 
se aprecian; y sólo se aceptan creyendo hallar fácilmente 
en ellos esa originalidad literaria con que se sueña; de la 
que se está cada día mas distante; y la que, en lo general, 
no estriba en los vocablos, ni aun en las espresiones y gi- 
ros. Se puede ser muy original en muy buen castellano, 
y viceversa. 

No aspiramos á hacer desaparecer de la epidermis del 
lenguaje esas erupciones de tan fácil curación que cons- 
tituyen el vocabulario provincial; desearíamos entrar en 
la enfermedad constitucional que es la seria, aunque no 
se vé, y por eso mismo, Pero á pesar de lo que hemos 
tratado de ahondar la materia, es tan vasta y tan intrin- 
cada, que nos queda la convicción de que no hemos hecho 
mas que desflorarla. 

Por la mi¿;ma razón llaman poco nuestra atención aque- 
llos peruanismos, que son americanismos, como poncho 
canoa &c. 6 que están descritos en el Diccionario de Salva» 
ó en los que han seguido á este hábil lexicógrafo. Lo des- 
. conocido, lo recóndito es tanto, que sólo á ello hemos 
aplicado toda nuestra fuerza. Lo demás es cuestión de 
enero vocabulario, que puede ser rejistrado por cualquier 
aficionado. 



Itttttt á( MOttX 



Lima, Diciembre 31 de 1882. 



— ♦- 



bibliografía de americanismos 



Coando en 1861 concebimos y comenzamos á bosquejar en 
Londres lo que entonces titulábamos <* Galería de novedades 
filológicas; Vocabulario de Peruanismos/* ( i ) no conocía- 
mos» oi poseíamos, ni sobpechábamos mas obra sobre ame- 
ricanismos qae el Diccionario de provincialismos de la Isla de 
Cmba por Estevan Pichardo, segunda edición, Habana. 1849. 

Por lo pronto teníamos una gloria en nuestra Galería de 
Novedades fiUlógicas: la de emanciparnos del ya impropio ca- 
lificativo de provincialismos con que se seguian designando los 
modismos ó idiotismos de pueblos que habían dejado de ser 
provincias ó colonias de España. Publicados nuestro prime- 
ros ensayos en periódicos de Lima ( <* El Correo del Perú, " 
1871—1872) la palabra peruanismos ha sido aceptada por 
el escritor chileno Don Zorobabel Rodríguez, que tituló 



11)" Galada de novtdadM filológicas; Vocabulario de peruanismos 

I qne^ eon acierto unas yeoce 7 siempre con baen humor, se da la eti- 

ú orf jen prohMe y la significación de ciertas yocee 7 frases no 

ni oonocidas en Eapaña; ó, si algún tiempo lo fueron, ahora sólo 

« il Fted vijentee*'— porP. P. 7 ü.— Londres 1861. 

3 



X 

d« chilenismos el Diccionario que publicó después del núes- 
tro, y en el que nos hace el honor de citarnos repetidísimas 
veces. 

Ya desde 1867 habíamos dado al público una breve idea 
de nuestro trabajo en el tlndice alfabético de los términos 
peruanos contenidos en esta obra» que acompaña al tomo 
de tCiiadros y Episodios peruanoi y otras poesías nacionales 
y diversas! que publiqué en el año de 1867. 

Dicho índice iba precedido de estas lineas: t Entiendo por 
término peruano ó peruanismo^ no sólo aquellas voces que 
realmente lo son, por ser derivadas del quichua, 6 corrompi- 
das del español, ó inventadas por los criollos con el auxilio 
de la lengua castellana; sino también aquellas que, aunque 
muy castizas, aluden á objetos ó costumbres tan generales 
entre nosotros y tan poco comunes en España, que nos las 
podemos apropiar y llamarlas f^ruanismos, como si no ésta- 
vieran en el Diccionario de la Academia Española. A esta 
clase peí ti nocen los términos que el lector hallará passim 
en este libro, de qufhnuia sauces retamas aromos^ que tienen 
para nosotros una signifícación y una importancia que no 
pueden tener en España, donde, ó no son tan abundantes co- 
mo aquí, ó se hallan oscurecidos por otros objetos de mayor 
apariencia. 

Del mismo m^xio, expresiones vulgarísimas en España por 
el uso, pt^rleneoen aquí, por falta de él, al estilo elevado j 
p^^etico , como .irwu» , aUej^ representados siempie entre 
ncvíotuv^ en la conversación y estilo familiar, por acequia 

También considero /«r^iwjrií*fw*í los nombres indtjenas topo- 
grAtiov^s Y de persv-^nas. Sobre todas estas ideas me propon, 
go hjibUr niAS Utanionte en una obra que tengo empeza. 
v)3 hAoe año^s y que verá pronto la lur públrca bajo el titulo 
de «Diccionario .le Peraanismos» EQsa3ro Ftlológico.i 

El libro del señor Rodríguez es qq grueso volúxen en 4.^ 
como de 500 piAJinASs publicado eo SaotiiMro de Chile en 
i$7^ 4 una soU colocona» á La manen del de Galicxscios de 



XI 

Baralt. El de Pichardo es á do? columnas, letra metida y 
vil edición; contiene 300 y tantas pajinas. 

Entiendo que antes que el del señor Rodríguez ó sea en- 
tre la primera publicación del mío y la de este señor apare. 
ció el otro Diccionario de americanismos, de los publicados 
en la última década; fueron los Apuntamientos sobre el dia- 
lecto bogotano por los señores Cuervo y obrita que ape- 
nas por dos veces y por cortísimos instantes hemos podido 
tener entre las manos. 

Finalmente, sólo en 1879 y hallándome en Chile supe que 
los Norte-americanos nos habian tomado la delantera á to- 
dos» con la sola excepción de la Isla de Cuba, cuyo Diccio- 
nario de provincialismos aparece publicado por la primera 
vez desde 1836 —La edición del fDiccionario de America- 
nismos» por Bartlett, que cayó en nuestras manos y que 
nos reveló la existencia de aquel, era la cuarta y llevaba la 
fecha de 1877. La primera apareció en 1848. 

Es un grueso volumen, octavo mayor, como de unas 800 
páginas, en cuya larga introducción se estudian á grandes 
rasgos y á la manera de Webster el célebre lexicógrafo, los 
oríjenes de los Americanismos, registrando aun los dialectos de 
Inglaterra que han podido motivar aquellos. 

En estas diversas obras sobre un mismo tema no predo. 
mina idéntico carácter. El dominante en la de Pichardo es el 
<le la historia natural, sea que esa fuera la afición favori- 
ta deJ autor, ó que éste sea el carácter peculiar de la Isla de 
Cuba. La de Rodríguez como la de Bartlett y como la pre- 
sente, están llevadas de una manera literaria y un tanto perio- 
dística, que recuerda la de Baralt en su Diccionario de Gali- 
císnoos. La de los señores Cuervo y es la mas cientí- 
fica de todas y la mas lingüística, tanto que su erudición en 
este ramo parece desproporcionada con lo pequeño y pobre 
del asunto. 

Pero siendo los colombianos y venezolanos de los mejores 
Bteratos 7 hablistas que tiene la América española, es natu- 
iml que traten de lucirlo en todo lo que escriben. 



XII 

Vimos también anunciado en un periódico d& Lima ahora 
tres ó cuatro años un Diccionario de BoUvianismos próximo á 
publicarse. 

Tai es hasta el presente, la bibliografía de los provincia- 
lismos en ambas Américas. 

No sería justo cerrar esta reseña sin consignar los nom- 
bres de los pequeños obreros que han contribuido con meros 
vocabularios de pocas páginas á la obra común. Hé aquí 
los que conocemos: — • Recopilación de voces alteradas por 
el uso vulgar, por Hipólito Sánchez, Arequipa, 1859, cua- 
dernito de 52 páginas. 

• Correcciones de defectos de lenguaje para el uso de las 
escuelas primarias del Perú, por Miguel Riofrio» Lima 1874 
idéntico al anterior y con 56 páginas. 

Escrito lo que precede se nos ha proporcionado la obra del 
señor Cuervo, que, como queda dicho, sólo conocíamos por 
una lijera recorrida en mano ajena. Su verdadero título es: 
• Apuntaciones críticas sobre el lenguaje bogotano, por Ru- 
fino José Cuervo»— Segunda edición, Bogotá, 1876. Al leer- 
la detenidamente no hemos hecho más que ampliar nuestro 
juicio; la obra del señor Cuervo no pertenece á la categoría 
modesta de las»que dejamos analizadas. Su verdadero pues- 
to está entre las gramáticas de Bello y Salva, y las c Cues- 
tiones filolójicas • de Don Antonio José Irisarri. 

En las • Apuntaciones,! materiem superai opus. Allí nos en- 
contramos con citas en sánscrito, en árabe, en griego, en 
alemán, con la escritura propia; y el lector que sólo ha sido 
invitado á conversar sobre el lenguaje bogotano, espenmen- 
ta la misma sorpresa y el mismo agradable disgusto, que el 
que convidado á una comida de confianza, asiste á ella de mal 
trapillo y se encuentra con un opíparo banquete y entre co- 
mensales de frac, corbata y guantes blancos. De todos mo- 
dos pues, Gratias agamus Amphitryonem nostrum. 

También Venezuela comienza á moverse en el sentido de 
los provincialismos: así lo acredita un cuaderno en folio ma- 
yor que acabamos de conseguir y en cuya portada se lee 
fCien Vocablos indíjenas, de sitios, ríos, alturas, &c. Estrac- 




XIII 

to de la obra inédita: Diccionario de vocablos indíjenas de 
tiso brecnente en Venezuelai por Arístides Rojas, — Caracas 
1882 — A jazgar por la muestra, esta obra vendrá á ser algo 
como el Diccionario de Alcedo; y quizá mas que eso, un tra- 
bajo sobre la mitolojía y etnografía indíjenas del nuevo Con- 
tinente; en lo que se diferenciará no poco de los ensayos más 
6 méoos filolójicos que dejamos analizados. 

Por último, hasta las distantes islas Filipinas cuentan ya 
coo su repertorio de provincialismos, que acaba de publi - 
car en alemán, en el fondo de la Bohemia, un profesor aus- 
triaco, bajo este título: iVocabulario de algunas expresio- 
nes 7 locuciones propias del español de las Islas Filipinas.^ 
^Leitnuntz^ 1882. 

El folleto se compone de 79 páginas, folio, sin contar el 
apéndice, que contiene una Biblioteca Filipina, 



í ^^ % 



LxiiA, Diciembre 4 1882. 



I ^ I 



- .■ . 



OBSERVACIONES GENERALES 



Gimieras gtamaiicales: preferimos el femenino, — Nombres verbales: 
ochamos su determinación ó la desfiguramos, — Número: tendencia 
éU singular en los nombres compuestos, —Plural de esptesiones indi- 
jenas— Verbos de sustantivos -- Frecuentativos en ear — Cambios de 
verbos y preposiciones. — Abuso de los vulgarismos -^ Materialismo — 
Metáforas — Nuestro purismo— Refranes — Referencias de esta obra 
Diccionarios de y Diccionarios contra la lengua — Resumen — Con» 
ciusión. 

I 



£n los géneros gramaticales parece que nos inclináramos 
más al femenino que al masculino, como se vé en la tinajera 

por el tinajero^ Iti azucarera por el azucarero^ la soítaja (para diver- 
tir á los párvulos) por el sonajero^ la melera (en las haciendas de 

tméa) por el melero^ la lora y la pantufla^ por el loro y elpantujlo! 
Hevar su meruida^ por su merecido; estar en las últimas por en los 
4Uimos. {*) 

En los nomires verbales que acaban en miento ó mento^ tn don, 
mi0y &. se nota una tendencia casi absoluta á acortarlos, 
dándoles terminaciones antojadizas que rara vez acepta 

(*) Ho faltan ezoepdoneB en wd\x9Xío\ pulguero por pulguera, desgano 



XVI 

el Diccionario. Fuera de los que el lector hallará en su sitia 
más adelante nos ocurren desfiguro por desfiguramiento, de- 
sencajo por desencajamiento, derrumbe por derrumbamiento, 
atropello por atropellamiento, azoro por azoramiento, reclamo 
por reclamación, aniego por anegación, equivoco por equivoca- 
ción, resfrio por resfriado, guiso por guisado, ttinche por trin- 
chante, ahogo (enfermedad) por ahoguío^ &. 

Nótese que estos cambios de terminación no son siempre 
inocentes, porque equívoco y guiso, por ej(!mplo, significan ade- 
más otras cosas, sobre estar fuera de la terminación que en 
rigor les corresponde. £1 Diccionario de Salva rejistra equí- 
voco por equivocación y f^s/no por resfriado; mas sólo como 
familiares. Nosotros no hacemos tal distinción y echamos 
uno y otro vulgarismos en el mejor lenguaje. 

Respecto al núfnero, nos gusta el singular en muchas pa- 
labras castellanas que por designar una pieza doble ó por otra 
razón, terminan en 5 y solo tienen plural. Asi decimos la tijera, 
la tenaza, la despobiladera, la pinza, la parihuela, la angarilla, el 
anda (por las andas) al anca, (por a las ancas ó á ancas), la en- 
trepierna por las trep ternas; el sacac, carie por caries, el alicate, la 
cacha (por las cachas del cuchillo,) el pantalón, el calzón, el calson- 
cilio, la enagua &, 

Salvo tijera y alguna que otra muy rara, en la que se pue- 
de mirar con indulgencia la propensión al singular, todas las 
palabras que preceden no pueden us'^rse, castizamente ha- 
blando, sino en plural. 

Aunen las compuestas solemos comernos esta 5 final y 
decir el cortapluma^ un pelagato &. No es pues estraño que 
con tal afición, nuestro peruanismo mataperro no lleve la 5 al 
fin sino cuando se designa á más de uno; sucediendo lo pro- 
pio en huscapique {buscapiés.) Un mataperros, y un buscapiques son 
concordancias que nunca se oyen. Adviértase que un sxm^ 
pie perricidio y el pelar un solo gato son actos que no llamarían 
la atención de nadie. Sólo la pluralización ó repetición del 
hecho podia motivar el apodo; asi es que, filosóficamente, es- 
tos nombres no pueden tener singular. 

Hubo escritor nacional, pensador profundo y original por 



XVII 

lo demás, que en letras de molde y en un periódico literario 
llevóla neglijencia hasta decir mi paragua; como si la má- 
quina esta fuera para defenderse de un vaso de agua cama, 
valesco y no de las aguas pluviales del cielo. Esto y mucho 
más es sin embargo excusable cuando no hay critica. £1 pú- 
blico indiferente se traga con igual estoicismo lo que le en- 
cajan por los oidos que lo que le administran por la boca, ya 
venga de fuera, ya de casa. Todo se adultera impunemente. 
La Higiene y la Crítica están en la infancia ó yacen en pro- 
fundo marasmo. El barbarismo qu^ dejamos apuntado se es- 
tampó hace mas de veinte años, y con seguridad que es boy 
la primera vez que se le censura de una manera oñcial. 

£1 mismo número de años hará que la industria, el comer- 
cio, la especulación de fuera y de dentro abusan cuanto quie-^ 
reo de todos nuestros sentidos corporales; sin que haya Mu- 
nicipalidad, Policía, Junta de salubridad ó de higiene que les 
diga ¡ alto ahí I 

Este pueblo, que tanto se complace en cercenar eses ñnales 
en donde tan indispensables son, goza no menos en ponerlas 
en donde no hacen falta; y muy satisfecho le oimos decir Do- 
tuñráSt VivanccSf por Donaire y Vivanco; ¡cabales! por ¡cabal! (es- 
damación) corrientes por corriente^ que equivale á está bien^ sin 
contar aquel épico de los corrientes, del hermoso estilo oñcial, 
cuando se alude á alguno de los di as del mes corriente. 

Les plurales de expresiones indijenas que terminan en^ griega, 
como amancay, pacay, cacháy &., deberian ser en ayes, siguiendo 
]a analogía castellana de los vocablos en ay, desde el \ay! pro- 
piamente dicho, hasta la voz taray, Pero el uso provincial 
constante de por acá se carga del lado de aes, como se vé en 
pacaes y atnancaes; menos cuando no nos conviene, que enton- 
ces decimos balayes \de balay.) La prosodia de las voces indí- 
_^enas es enteramente arbitraria. 

Kstas palabras forasteras habrían recibido ya el sello na- 
cional prosódico á haber nacido en la patria misma del idio- 
ma que hablamos; nosotros somos demasiado débiles como 

entidad nacional para imprimir carácter nuestro á nada; 

8 



XVIII 

lejos de eso; á excepción de la china, es rara la colonia ex- 
tra njera que en algo no nos ha impuesto el suyo impor 
tado. 



II. 



En la formación de verbos^ queremos derivarlos de casi to- 
dos los sustantivos castellanos. Ya no nos satisface uno de 
aquillos si no retiene el radical del sustantivo á que se refie- 
re. Hé aquí por qué de relación hemos sacado relacionarse^ de 
traición^ traicionar ^ de chasco, chasquearse , de hueso, ahuesarse^ y 
otros muchos que se hallarán en la parte lexicográfica de es- 
ta obra. 

Traicionar es ya antiguo; y como los advenedizos porfiados 
y que se portan bien, está acabando por salirse con la suya» 
pues ya se roza con mu:ha y muy buena gente. Presupuestar^ 
mas reciente, recuerda directamente, cosa que no hace el re. 
guiar presuponer^ á ese caro sugeto, sin el cual muy pocos han 
vivido; ubérrima Diana de Efeso, de cuyos infinitos y pin- 
gües pezones viven colgadas sociedades enteras: El Presu- 
puesto, antípoda de Saturno, que devoraba á sus hijos, mien- 
tras que aquel los amamanta. No en balde el aticismo ma- 
drileño ha formado una palabra híbrida, greco-latina, para de- 
signar á los infinitos mamones de ese Dios moderno, y ios 
llama Presupuestívoros, 

Nosotros no hemos aguzado tanto el ingenio acaso, por el 
temor de mentar la soga en casa del ahorcado, y campecha- 
namente nos hemos contentado con derivar nuestro vcr- 
bito. 

El neologismo epidemiado ha hecho tal furor desde la epide- 
mia de 1868, que quizá no se halle un periodista en la ciudad' 
que recuerde la existencia antigua del equivalente apestado » 
Junto con él nació elfiajelo, qu6 no fué mas que una exhuma, 
ción importuna del Diccionario, ó una servil traducción de la 
lengua que hoy priva {fléau). 



XIX 

Ambos nos merecieron un chispazo en sus mismos dias¿ del 
inimero dijimos: 

Si al que estájl||| la epidemia 
Lo llaman efidsmutdo. 
Que llamen academütdo 
Al que entra en una academia. 

No falta quien diga im^i^ii^af (portugués puro) por impri- 
mir; y alguna vez recuerdo haber leido en periódicos de 
mqaende, impresiiiar y progranuar. ¿Adonde iremos á parar? 
La jente del campo preñere lechar á ordeñar, que no le recuer- 
da oaia, desde que no arranca directamente del mismo sus* 
tantivo leche, 

Y el vicio parece que también cundiera en España, donde 
no faltan españoles que digan viaticar (dar el viático), verba* 
¿6n que todavia no ha ocurrido á nadie por acá y que bien 
podría motivar esta otra: pasaportear. 

Kú como es tendencia general del siglo hacer gente de to- 
^ el mundo (¿quién no es hoy el distinguido?) así también se 
quiere sacar verbo de todo sustantivo. ¿Qué será de nosotros 
cotudo sobrevenga el advenimiento de las masas, cuando to- 
do el moudo sea gente^ y todo sustantivo, verbo? 

í Fucueniativos e o^. ^Aunque no siempre se hallan en el 

{ Dicciooario de la lengua los que se bascan, que son muchos, 
'- porque también nos morimos por esta forma; aunque no ha- 

Í Hemos, verbi gracia escamotear, que en el de Salva solo fígu- 
n en «fy Qo por eso debemos desesperarnos, porque á lo me- 
jor esos mismos diccionaristas que repudian la primera forma 
€D sos artículos, la usarán en el cuerpo de alguno de ellos. 
Tal lo hace Campuzano en su tDiccionario manual de la len- 
ptt castellana! (1858); escribe escamotar en el registro alfabé- 
V^t y en el artículo cprestidigitadon dice: escamotear con ex- 
tnofdioaría liberalidad! &.^ 

En cuanto á los buenos frecuentativos en ear de la lengua 
cutellana, observaremos que los que sirven para indicar la 



XX 

predominancia de un color, que tanta hermosura dan al estilo 
y que recuerdan las lenguas griega y alemana, nunca se usan 
entre nosotros; salvo el de blanquear, que quizá no debe su 
propagación sino á referirse y|||echo práctico de encalar las 
paredes. Difícilmente leerém<^7 menos oiremos amarillear, 
negrear, verdear, purpurear, azulear, y mucho menos bermejear, ni 
aun en los escritos literarios. 

Estos y otros muchos tesoros y encantos del idioma per- 
manecen inéditos para nosotros, quién sabe si para los mis- 
mos peninsulares. Según los casos iremos diciendo ponerse 
amarillo, negro, verde, colorado <§•.», siempre con esa ten- 
dencia analítica sobre el castellano de £<;paña, que recuerda 
el de las lenguas romances sobre la latina y griega; trabajo 
sordo y tenaz, como el de los solevantamientos geológicos, y 
que al cabo se sobrepone. 

Tenemos pues, que algunos de nuestros vulgares en ear, si 
DO hallan siempre nicho ó casilla en los Diccionarios, suelen 
figurar en la redacción de los diccionaristas, y cuando no, en 
la de cualesquiera otros escritores españoles como ya se verá 
mas adelante. 

Que esto nos baste, desde que al escribir ti presente dic- 
cionario no se nos ha pasado por las mientes el ajustar á núes- 
tro pobre pueblo, ni menos á los escritores que saben tanto 
como nosotros, á loi preceptos de la Academia; cosa con la 
cual no se preocupan mucho ni los mismos españoles de Es- 
paña, inclusive tal vez los mismos académicos. 

Sólo buscamos la unidad del idioma español, y para este 
objeto enteramente humano y que encierra altas miras de 
confraternidad, nos contentamos con que cualquiera provin- 
cia ó cualquier español de España, escritor, nos acompañe ó 
haya acompañado tal cual vez en el uso de nuestros provin- 
cialismos. 

Cuando ambos mundos se entiendan á maravilla, aunque 
solo sea en jerga; cuando el disperso caudal de miles de voces 
esté registrado y unificado, otros, á qm de drioi^ se encargarán 
de fijar, limpiar y dar esplendor. De lo que hoy es montonera, 
podrá salir ejercito regular de esos ^peregrinos vocablos de 



XXI 

qne hablaba el erudito Guzman ahora trescientos años, en la 
cita que dejamos estampada al frente de esta obra. 

Verhüs y i>repo5Íciones, En machísimas locuciones cambia- 
mos el verbo que traen, por otro, que si bien equivalente, no 
es el que consigna el Diccionario MLlsnar el expedientes de- 
cimos, por cubrir^ vnandar á paseo ó á rodar,i por echar, ^poner 
el cerrojo, la llave,t por correr el primero y echar la segunda. 
•Caer a la callet (la vista de alguna ventana) por dar ó mirar; 
todo queda en casat por todo cae &.* 

Bmpero» no sabemos hasta qua punto se haya de ser es- 
crupulosos eo esta parte, en la que los escritores de mas nota 
se separan liniíin^nte de la prescripción lexigráñca, que na- 
turalmente no puede ir poniéndose en todos casos. nQuiebra la 
soga por lo mas delgado» dice el refrán, y Bretón en La bate- 
lera de Pasajes, rompe, ^Echarse al mundo,» hallamos en el dic- 
cionario, y en Larra» tFigaro dado al mundo.» 

La sustitución no llega á ser fea y reprehensible, sino 
cuando por negligencia ó ignorancia metemos un verbo que 
hace variar el significado de la locución, como en tno le arries- 
go por no le arriendo las ganancias,» tsfr de pocas por gastar 6 
*«wr malas pulgas,» incorrecciones en que incut'ren aún los 
hablistas en ico; 6 bien dice el nuevo verbo la misma cosa, 
pero con menos precisión y propiedad, como en el citado lie» 
••'' por cubrir el expediente. 

En otras loe u ció íes ó frases intercalamos una proposición 
«lA^Ó en, coitra lo que vemos en los escritos españoles y en 
el Diccionario. Sólo los muy atildados ó afectados en el ha- 
Uar 6 escribir dejarán de decir hacer de cuenta por cquitar de 
*"nedio;i ctener^n cuenta» por tener cuenta,» aunque quizá 
^ este caso no erramos sino en el verbo, porque se nos figu- 
^ Qoe lo qu'e nosotros significamos con aquella frase, equiva- 
^ al *meter ó poner en cuenta del Diccionario, que es lañadir ó 
jnntar alganas razones á lab ya conocidas,» y no al ttener cuen- 
^ del mismo, que quiere decir catender á alguna cosa 6 te- 
*^ cuidado de ella.» lEchar de menos» ipor echar menos, tiene 
■■^uera en su abono que de ambos modos está autori- 



XXII 

Otras veces suprimidos el articulo definido, como en tes- 
tar en autos» por en los unios; fcaer en cuentai por en la cuenta, 
libertades que pueden denunciar provincialismos españoles 
también, ó construcciones olvidadas allá y revividas acá, ó 
simplemente esa tendencia regularízadora que se nota en 
nuestra locución, y que suele recordar el desprendimiento 
paulatino de las lenguas romances, del tronco romano , como 
queda dicho. 

Esa misma tendencia, democrática para decirlo de una vez, 
es la que nos lleva de una manera sorprendente á preferir 
siempre la palabra vulgar á la culta, sea que la equivalga en 
todas sus partes, en cuyos casos no revelamos sino nuestro 
mal gusto, sea que no la corresponda exactamente, y entonces 
cometemos una doble lalta. 

Allá van copiosos ejemplos. 

Mucho más decimos pescado que pez, caniela que fuego, co- 
lorado que rojo, plata que dinero, pUa que fuente, barriga que 
vientre, baraja que naipe, pelo que cabello, cascara que corteza- 
fiojera que pereza, cachete que carrillo ó mejilla, palo que ma- 
dera, migajon que m\g^, pellejo que piel, tierra que polvo, animal 
que bicho ó sabandija, amarrar que atar, moverse que menear^ 
se, corazonada que presen ti mientOj/>/^i^(7 que liña, piedra que 
guijarro, china, peladilla &c. que no conocemos; patada que 
coz, patear que cocear, pelear que reñir, p$yo que alféizar, tabla 
que anaquel, anda vete por vete, que jamás usamos, prefirien- 
do lárgate; chicote^ chicotazo, chicotillo y chicotear &., por látigo y 
sus derivados; rienda por brida, afrecho por salvado, arenillero 
por salvadera, echar pata por echarle la pierna encima á alguien 
(aventajarle), &c. 



III 



Con el mismo espíritu de independencia, rebeldía y liber- 
tad que demostramos en todo, hemos sacudido también el 
yugo de otra tiranía, ortológica y prosódica; la que prescribe 



XXIII 

trocar el diptongo u¿ eno tn ciertos nombres derivados; y asi 
sacamos de buñuelo ^ buñueUro, de pañuelo pañuelón, de suerte {lote- 
Ha) suertero, de bueno, buenísimo, de pescuezo, pescuezón, de cuerpo^ 

CM^pojo (en lo de pañuelón ^ox pañolón parece que nos acompa' 
lían algunos escritores peninsulares). 

Un pueblo que se ha salido con la suya rompiendo el rígor 
de la ley en lo civil, y el de la etiqueta en lo social, se dejaría 
subyugar por la ultramarina gramática de Castilla? 

En la traducción, por decirlo así, á peruano de las locucio< 
oes, frases, dichos, refranes, voces, modismos t,tc. de España, 
rana la misma afición á bastardear, sustituyendo el verbo ó 
sustantivo de esas espresiones, ó la voz sola, por el equiva- 
lente más material ó vulgar, como si quisiéramos hablar á los 
9Íos de la cara, más que á los del intelecto. Por tocarle ó caer- 
le á uno la suerte (lotería) en un sorteo por insaculación deci- 
nos cacársela, anda vete, como para ver andar á la persona á 
quien despedimos, ó como si no concibiéramos (y no vamos 
descaminados) que no puede ine sin andar primero. Por ociar, 
<iae nada nos recuerda porque no se usan en la conversación 
al menos, ni ocio ni ocios, decimos ociosear, que se refiere al 
«ís^ á quien todos vemos; por la noble palabra expósito usa- 
mos la de botado^ imitativa, por decirlo así, del acto material 
/ de la exposición ó abandono. Decimos vivar y no vitorear, por 
<lQe oímos y damos los vivas y nunca los vitores, que eso sería 
f^uam culto para un criollo. Aún el satis/aceré por satisfaré 
se nos escapa con frecuencia por los puntos de la pluma. Por 
r qué? Porqué en su forma regular nos pinta y recuerda direc- 
t tamente al caro infinitivo. Pocos conjugan bien este difícil 
^ ▼wbo, dos veces irregular, porque el facer va dejenerando en 
I _ /w (satis/awa) y en ficer {s&tisftciera). 



r 

r- 



I 



IV, 



Todas las lenguas modernas hormiguean de metáforas, es- 
toes, de palabras y frases que ya no significan positivamen- 
te b que antes significaron. Ya no existen la bien cortada ó 



XXIV 

bien tajada pluma, por haber quitado esta excelencia la ma- 
quina que taja ó corta por igual todas las plumas de acero 
que hoy se usan. Cálamo cúrrente se sigue diciendo, cuando 
ya no hay cálamo (caha) que corra, sino pluma. Nadie al sal- 
var su voto en un asunto ó sentencia se lavará las manos ma- 
terialmente como el Gobernador de Judea ahora tantos siglos, 
ni nadie vé desde hace luengas épocas por más que se siga 
mentándolas, las palmas de la victoria, que tantas veces mano- 
seó el último liberto de Roma. 

Pero en nuestro lenguaje literario nacional todo es metáfo- 
ra, esto es, metido de fuera. £1 lector ilustrado nos perdonará 
esta traducción chusca y al pie de la letra, no solo porque 
viene muy bien en este caso, sino por que tampoco dista gran 
cosa de la verdadera. Metáfora en griego significa traslación^ 
y más literalmente todavia transferencia, y por eso se emplea 
esa voz para denotar que una palabra ó frase ha sido sacada 
ó trasportada de su significación á la traslaticia. 

Las metáforas no Fon sin duda sino un recurso de que se 
valen los idiomas para multiplicar sus espresioa^s sin salir 
del mismo vocabulario; con lo que por otra parte se consigue 
hermosear el estilo y halagar singularmente la imajinación. 
La metáfora es como una fórmula algebraica que simplifica 
la aritmética, asi como los refra'ies vienen á ser unos estados 
hbres dentro de los idiomas. 

Nuestros escritores literarios, para ser tales, necesitan en 
galanarse con multitud de recortes, ó sea modismos y expre- 
siones tomadas defuera, esto es, de cualquier escritor español. 
Y eso que para nosotros viene á ser de una elegancia conven- 
cional, letra muerta, vista, imajen, fotografía de lo que no co- 
cocemos, vive todavia, vive ahora mismo campechanamente 
y vivirá en la Península en su sentido recto. 

Los modos de decir, locuciones &, que aquellos de nuestros 
escritores que optan por el purismo (que no es sino el purismo 
externo de la frase) toman de los escritores peninsulares 
contemporáneos 6 antiguos forman un vocabulario mentiroso' 
falso, de pura convención. 

Si uoh figuramos en nuestra mente el aspecto del idioma 









XXV 



cistelUoo en la America española, nos parecerá ver el vasto 
lecho de un océano exhausto. Allí hay de todos los naufra. 
jios; riquezas completas, riquezas truncas; series de despojos 
heimosos y por acaso bien ordenados; montones de restos 
informes, heterogéneos, revueltos; lo arcaico dándose de co- 
ces con lo ñamante; resultado todo de los dos grandes nau- 
frajios, el de la civilización indíjena que desapareció hace 
tres siglos con la conquista, y el de la española que se per- 
dió al comenzar el presente con la emancipación; y délos 
pequeños naufragios poco menos que diarios, de estas nue- 
vas Repúblicas, fiscales, sociales, políticos, morales, etnográ- 
ficos, coo lo que ha acabado de perderse lo poco salvado, y 
se ha aumentado la confusión. 

No nos cansaremos de decirlo; el buen castellano de nues- 
tros puristas es, con mucha menos perfección, la frase grie- 
P y latina de los Padres de la Iglesia, cuando, muertas aque- 
llas dos hnguas madres, se empeñaban en conservarlas bajo 
«u pluma. 

Los puristas de América ladinos 
Son como aquellos pobres escolares 
Que al hacer temas griegos ó latinos, 
Se encierran con los libros auxiliares; 
Y hecho su agosto en varios calepinos, 
De frases que no entienden, singulares, 
Sueltos de huesos á escribir proceden 

(No lo que quieren, sino lo que pueden. 
¿Qaé signiñca para nosotros el amor de la lumbre? Positiva- 
jD^tenada. Para el último labriego de España la frase está 
^I^cgnada de recuerdos vivos y tradicionales. Desde luego, 
kmhCf DO es para nosotros más que un modo culto de desig- 
JBtr el fuego y la candela; y no podemos concebir su amor, 
' desde que en nuestras casas no hay más lumbre que la can- 
átk de la cocina. 

/Las largas veladas del invierno! que es otra de nuestras fín- 
dM galas literarias, tampoco son prácticamente conoci- 
m de nadie por estas tierras, que parecen desheredadas de 



I 



XXVI 

todos los encantos de la naturaleza. Salvo una nudia hora 
de diferencia, en nuestro invierno oscurece tan tarde como 
en nuestro verano, y la pretendida velada no tiene nada de 
Ltrga. Y no siendo tampoco inclemente el tal invierno, todo 
mun Jo se echa á la calle y no hay tal veJada; porque sería ri- 
dículo animar semejante nombre á las partidas de rocambor 
que así en invierno como en verano se arman én nuestras ca- 
sas; y porque de ningún modo ha sido esa la mente del escri- 
tor, dominado y enternecido falsamente por una inspiración 
de la que él mismo no tiene conciencia. 

Pasemos ahora al vulgo, al pueblo, y veamos cómo trata 
los RefrAHis que por trasmisión recibió junto con el habla cas- 
tellana. El d^seo de dar una vida propia, nuestra, á ciertas 
espresioneF animadas del idioma es tan instintivo en esa gran 
porción de la sociedad, que hay una multitud de sentencias, 
refranes, dichos A. del bu-in castellano, que no se han conser- 
vado entre nosotros, smo traduciendo la parte pintoresca de 
sus paKibras á términos locales, ya indíjenas, ya españoles 
provinciales. 

El tá falta de pan buenas son tcrtasw se ha convertido en 
•á falta de pan buenas son cemitas» (azemitas) por haber sido 
éste el pan conocido y usado por nuestra gente pobre. tBoca 
de ^jch.is^ es tboca de jo/^w,» por no tenerse aquí noción prác- 
tica de lo que son gjckxis, iMiel sobre kcjaldre^ se traduce por 

•nii^l sobre hunséelcs^* por ser eote el nombre con que se cono- 
ce en Lima esa golosina. Tampoco significa nada para un li- 
meño, fuera del valor convencional, la frase metafórica y 
(y tsimbién pfctia para un español en lo de dehesáis) «estar con 
el pelo de !a díkes.w^ y fué feliz y laudable la idea del primer 
escritor nacional que con jentil desenfado ?e arrojó á decir «el 
pelo vlel r\'''.'n\» po? ser esta la palabra provincial que exac- 
1 1 mente traduce á U otra. Aun en alguuos de nuestros refra. 
nes propios creemo:* desoubiir un original español latente: 
• Plata «^n mano, chilvato en !\imta% decimos empleando dos 
v.vres provinciales para urjír a que un negocio se haga al con* 
tado: con seguridad que este dicho ó frasí corresponde inte- 



XXV II 

|[raá otra española, en la que, eso sí, nc fígurará ni plata^ ni 
pam^ oi ehibato tal vez. 

Las sentencias abstractas gnómicas, en el sentido griego de 
esta voz, como «más da el duro que el de?nudo,i «quien con 
lobos anda, á aballar se enseña, • corren inmutables. 

Otras veces se ba trocado la palabra que no se ba enten- 
? dido por otra, que, permutando (ó no) sus letras, dá una nue. 
va expresión, la cual altera por completo en el fondo el di- 
cho popular, como lo bemos visto ya en «no le arriesgos por 
9X^0 \t arriendo la ganancia» y en ser de pocas ptdgas* por ttener á 
gastar malas pulgas. 9 

•La porña mata la casa se ba traducido por, ó más bien, 
se ha preferido la segunda forma «la porña mata el vtnado,w 
' Unto por DO tener la palabra casa entre nosotros la grande 
^ importancia, en general, que la de venado en particular, cuan- 
7 ' to porque e! instinto ba debido sugerir la bot renda anfibolo- 
gía que resultaría de esa caza pronunciada con 5, que es co- 
mo en toda la América corren por desgracia, en la pronuncia- 

p. ción, la j y la c. 
I. 

Nótase, además; en los Refranes españoles usados por acá, 

fue los hacemos más gratos al oido, poniéndolos en verso, 
ya por el consonante, ya por el asonante, ya por la cadencia 
que les damos. Puede que esta gracia^ sea también otra espa- 
ñola, y que por 00 ser esa la forma corriente ni la que vie- 
ne en las Colecciones ó Refraneros, se nos antoje gracia 
nuestra. 

Sea lo que fuere, ello es que con frecuencia mejoramos re- 
franes, locuciones, frases &c, de esta manera: Por «cuando 
el rio suena, piedras trae,* «no trae arena.w «Pan comido, amistad 
deshecha,» Comida hecha, amistad deshec¡ta,w «Alabaos coles 
que hay nabos en la olla,» Alábate coles que por la ace- 
quia corres.% Al que pierde bueyes, se le antojan cencerros.» 

*' «Arriero que pierde muía, 

Todo le suena á cencerro.» 



XXVIII 

fPadre mercader, hijo caballero, nieto pordiosero» — tPa- 
dre pulpero &c. Aquí hemos reforzado la rima y avivado la 
exprebión para nosotros, y aún para cualquiera. Mercader es 
una palabra tan noble, y hasta tan bella^ que puede engala- 
nar á la mejor literatura. , Véase el Mercader de Venecia, de 
Shakespeare, y estos brillantes versos de Zorrilla. 

•Como un miserable harapo 
Que desecha un mercader, 

¿Qué mucho? Tuvieron el honor de ser echados d«l templo 
por la misma mano de Nuestro Señor Jesucristo. Mientras 
tanto, pulpero, que aun para un español representa al humil- 
de pescador ó vendedor de pulpos, designa entre nosotros el 
más ínfimo de los comercios. (Véase Pulpero, en este Diccio* 
nario.) Gana pues, el refrán, así traducido, en energía y en 
cadencia. «Quien á buen árbol se arrima, buena sombra le cae9 
(ú otio verbo equivalente) «Quien á buen árbol se arrima^ 
buena sombra tiene encima;* y otros, aludiendo á lo peligrosa 
que es la vecindad de los grandes, buen tronco le cae encima'* 
dígalo D. Alvaro de Luna, Rodrigo Calderón y Antonio 
Pérez. 

Las metáforas y demás galas retóricas de creación pura, 
mente nacional son pocas; no las entienden ó aprecian mu- 
chos del mismo país; no están formadas con toda la pureza 
y corrección de las que nacen en la misma patria del idioma, 
trascienden desde una legua a su cuna india ó negra, lo que 
las hace menospreciables, y, hé aquí lo más dolososo, no 
contamos ni con su extensión ni con su duración* ¿ Hasta 
dónde, hasta qué fronteras serán entendidas, y hasta cuando 
gozarán de los favores de un pueblo que todos los dias se re- 
nueva , y que está llamado á ser reemplazado, andando los 
tiempos, por otro enteramente distinto? ¿Por qué han caído 
en desuso mil modismos, mil dichos ó provincialismos vi- 
gentes en nuestra niñez? Porque j/rt han desaparecido ó han 
disminuido los que les daban vida, los negros congos ó boza- 
les, y los nebros en general, que por ser esclavos entonces for- 
maban parte integrante de nuestra vida. 



XXIX 

Pronto DO se entenderá aquello de gaUinaio no canta en 
fmna^ que designaba lo mortífera que era la Sierra para los 
imacuitos ó negros. £1 mismo gallinazo, huésped familiar y 
enfadoso de nuestras calles, ¿qué es^^i para nosotros desde 
la caoalización de las acequias urbanas, más que un mero 
nombre? Este ya, que repetimos y subrayamos, marca la 
rapidez vertiginosa con que aquí van haciendo su tiempo co- 
mo dicen los franceses; ó desapareciendo hombres, razas, 
anímales, cosas« costumbres, y por ende, provincialismos y 
nombres. 

Y pues vamos hablando de una raza que se avecina á «u 
ocaso (á Dios gracias) ¿quién dentro de poco podrá gustar 
toda la picaresca sal de esta copla? 

•Gallinazo se fué al río 
Con su peine y su jabón, 

A lavarse la cabeza 

¡Pensando que era español! 

Esta constante metáfora del gallinazo designa al negro^ 
siendo lo más dolorosamente salado, que ellos mismos, los 
negroSf parecen ser los autores del tropo. 

Vaya ahora otra muestra de copla popular, que no huele 
ni á indioni á negro, y que viene á ser como un enigma, 
como una alegoría en embrión: 

«Pájaro no come maiz, 
• Huanchaco carga la fama, 

Unos hacen el colchón, 
Y otros varean la lana.» 

Quítese el provincialismo huanchaco y sustituyase con tor- 
io 6 estornino^ y nos hallaremos nada menos que con la mis- 
voM idea del sentido Sic vos non vohis de Virgilio. 

Tan enigmáticos son los dos primeros verses, que aun tra* 
dncidos á prosa castellana, habría que comentar para que 
litaran claros; tendríamos que decir: cEl pájaro llamado 



XXX 

kuanchacOf no es el que sí come el maíz déla sementera; y 
sin embargo el pobre huanclMCO es el que carga la fama. 

La copla es buena ; pero, ¿será enteramente original en el 
fondo? ¿Será conocida en muchas partes del Perú? y: ¿hasta 
cuando vivirá? ¿Quién no desprecia hoy, quién no despreció 
aun en su tiempo la jerga de Segura, el Bretón peruano, co- 
mo se le ha llamado, el Plauto peruano, como le diríamos nos 
otros, por su sal gruesa, y por la sensibilidad y espiritualis. 
mo de algunas de sus piezas, como • £1 Resignado, » que 
son las mismas cualidades del tRudens» y los tCautivos» de 
Plauto? 

Mientras tanto los españoles continúan y continuarán dan- 
do esmeradas ediciones de su popular sainetero Don Ra- 
món de la Cruz Cano Olmedilla, que con todo este endeca- 
sílabo se complace en nombrarle la vanidad ó el amor de los 
suyos. 

¿Quién nos dará á nosotros un Segura monumental, ilus- 
trado con las aguadas vírgenes de Pancho Fierro^ que es un 
Segura en imágenes, así como éste es un Pancho Fierro en 
acción? 

¡Nos contentaríamos con que la pobre y única edición he- 
cha en 1858, y agotada ó ahuesada ipso facto, se reimprimiera 
siquiera. 

£1 constante estilo metafórico ó metido de fuera aparece ne- 
cesariamente en las bellas artes también. Nuestros pintores 
nacionales lo son como nuestros escritores, en el nombre; y 
llegándoles asimismo un momento en que la razón y la con- 
veniencia les aconsejan serlo de hecho, proceden esforzando, 
se, y resulta una obra en que la expresión indígena está en 
pugna con la convicción extranjera, ó mejor dicho, en que 
aquella no cabe dentro de los lineamentos impropios que la 
contienen. Los que definitivamente sienten el amor de la lo- 
calidad incurren en otro defecto: les faltan escuela y predece- 
sores y abortan como Segura y Pancho Fierro. 

Aun nuestros pintores de paredes no sabrían concebir 
una inspiración propia, bien sentida al menos. Llámese á 



XXXI 

caal(]uiera de ellos para que pinte la divisa de un tanibo^ 

(mesón ó parador de arrieros y trashumantes de la Sierra)! 

de uno de esos tambos de los suburbios ó arrabales de Lima, 

7 trazará un bonito paisaje europeo. £1 forastero que 

llega de la Sierra ó regresa á ella, tiene que aceptar forzo« 

sámente que ese panorama es el emblema de su camino; y 

el huésped de procedencia ultramarina que va á mternarse, 

cree que le esperan paisajes alpestres, con poblaciones y 

gentes que parecen animadas y llenas de inteligencia. Es pin- 

tar cerno querer Hay tanta verdad local en ese fresco, como 

en clamor de la lumbre, las largas veladas de invierno , la campana 
di la aldea y el humo de la pobre chimenea, de nuestra literatura! 



V. 



Nuestras referencias son siempre al Diccionario de Salva, 
tanto por ser una autoridad que corre casi paralela con la 
de la Academia, cuanto porque su obra es en el fondo la de 
esta misma corporación: la parte adicionada, modiñcada ó 
ampliada por Salva lleva sus signos convencionales que des- 
lindan perfectamente ambos trabajos y dejan al lector en ap- 
titud de optar por el dictamen que quiera. Al decir pues, el 
^^^ccionario, aludimos á uno de estos dos, 6 mejor dicho, al 
^ la Academia dado por Salva. 

I 

A los Diccionarios contra y no de la lengua, no nos referi- 
»t remos, por más que alguno de ellos nos abrume con su enor- 
«» iBe Volumen, con su gran circulación, y con el nombre colée- 
la* tÍTo de este insip^ne lexicógrafo: Sociedad de literatos, que ins- 
^ • pira tanta conñanza, como las Sociedades anónimas de la espe- 
f colación moderna. ¿No pueden bajo esta razón social cobi- 
/irse una docena de picaros, y bajo aquel título una docena 
de burros? 
Así como los esplotadorcs de la incauta juventud rica 
. halagan sus pasiones y apetitos para irle sonsacando el di- 
oerot asi los diccionaristas contra la lengua acuden al pruri- 



XXXII 

ro oe Li oíAyoda* <;;2t ss cí de hibUr ceceo ée da ¡a gana. 
Lw pci3«r:?s ^ieLutiaa tocios ^ue =í;2C¿iís veces no se nc- 
cesscjLz tocay:*: los se^uadcs soc i.o5 pricsíscres de ¡a niina 
iíL iiCLCca, i¡ir-c:pÁzóccos 3ecirc'-S2>25 ^ce aún no han Ue- 
d^'^^ para pc^isL&nrar el ^bco. 

Ccjcc 5CC les '-je rcis cccdezea t !rs z:m aasaos cotstan, 
csrc« ¿cctccATcs se vecLoer roe ciJz:*zAríSw L"= penaxx> odu- 
CK^ 3C íscA cv:c:<r:c =::«:; ms oc rcsísí s: I>i.Trwa«ríir ás ¡m 
>M3bx¿iii iii L^ayacg t su r:.;^:^'^!^ I'vsTvrsat' 5£ Cariii. No <|iBe 
^.iKCxzios e^^roiar escás óc$ cótlsc r^ >-:,i cerros siás que 
CTAT ei pcMr.rc ^je res óivcca. zcc ipoáeranos de nm- 



cae ec rece r^ísrc^ «jlís cecee: slus: res;. 5;=^.= r-.rs* 




jLrMcc 2C 3íi s*i!r:i e-r:isz.'íc:oe cenioe Int ecrszer roe apenas 

A 11/ ,vu:« ic ecre :-íiirec ítíí ísc,:Lr^e:ic I>-ce:ccü.o* tr- 

te* eeií cecr-riii^; ce^rzi p^.JlCcjl se rce-ie iTrjrijrjr. j a¿«s* 
\^»eR ti!. u^'ATii.'y íl ees ejice ii. ceaerr-xicc- 

<CiS». íi ,a¿ sscí^wa: a¿ i^ -í> e^Ace^tj 
.os i¿ -i*&:^:.'cs es £;íC4:exe. ícr a¿ 

eK e:c*ccir ,í..C*a ^esí rísrsCKi x ii i£"«^!icj¿. 5 a- pn^uo» y 
ej,ütf ^a.r r^ec^r^í•ee4^ otr* í^í íi. ív:r4^.^re ¿i ? ~ 

^ ^*; •«•:; 4 e^i K .*!•< .> «JviuíL e-íi afcik- ee ct'ícea e 
*r...:;. ¿I. ^^.7ll,.^^^^J^ e^. eu.e^'2 .^ía 
,"» v,-í ¿- ív * ífO' % • <?^^ ei. X ñ ^jer-eí5;í . xir^.r*^ ¿* 

.■^;., e "4^^! e«rtsUlíív^¡■í'ev^ Csív ^ste e»í 45> roces 

, \ev ,v* , viv-iv"* ,%^nv^ ?» :» ^v>i:- ^ e\:.ve et* 





XXXIII 

Un foerte como fascinadora, que cruza por la atmósfe. 
fé úmada especialmente Git Doches de calor sofocante; per. 
diéodose al naomento en los espacios, toruando á fulgurar re- 
PffdMciíU (dos endecasílabos al hilo: ¿por qué no siguieron en 
verso?) mduroiUraf rápida como un suspiro, pero sin explosión 
i^fmte de una « otra»— Hasta aquí Den Abundio. 

^Qu6 tal tqoo y qué tal redacción para un Diccionario' de la 
W'f'» para una obra didáctica? 

"Amistadi — f£n su acepción genuina, esta palabra involu- 
cra ana idea cuja celsitud, á no mancillarla terrenal influjo, re- 
'(jaría la mente augusta de la divinidad y hubiera hecho la 
fclicidad de los mortales.» 

£sto está bueno como sermón de fray Gerundio, 

Tanto diccionario ¡oh mepgual 
L Que á ser de la lengua aspira. 

Tanto su fulgor amengua, 

Tanto en sn con.tra conspira, 
\ Que es más bien contra la lengua. 

Hagamos, para ser justos, una excepción: el Dicionario en- 
^^diféiico de la lengua castellana por Don Nemesio Fernán- 
^ Cuesta, Tcuyo autor ha tenido el talento de estampar al 
^^>te de su libro un cuadro de colaboradores. ¡El pabellón 
ci^ la mercancía! Allí figuran los mejores nombres de la 
P^Vtica y letras españolas contemporáneas, entre ellos el de 
I^ Ventura Ruiz Aguilera, que no habría sido capaz de ha- 
^^^ reo contra la lengua. 

'^^ además, un Prólogo no despreciable. 

VI. 

Como Resumen de estas Observaciones generales y de todo el 
l^sdonarío que sigue podemos decir que los peruanismos 
P'^'^^Q de varias fuentes, á saber: 

^^utUs indígenas del quichua ü otra lengua americana 

5 



XXXIV 

más 6 menos adulterados. Ellos coostituyen ( ¡es qmcknas ) 
grao parte del vocabulario de la Sierra, donde se conservan 
con toda su ortografía y prosodia indígenas. Los que pasan 
á Lima, á la costa, reciben inmediatamente la culu forma 
del idioma neo-latino; y así un español recién llegado, que 
al oir 6 leer en Arequipa rugwta 6 cáia reconocería en el acto 
la lengua indígena, se vería perplejo al <»r ó l^r en Lima 
luamjt y calato, formas que suenan ya como castellanas. 

Wxjbics enterawunte esfsiñdfs en apariencia y hasta imtínos^ y 
que aun no aparecen en ningún Diccionario ni libro español, 
ni se puede decir como los hemos formado ó de dónde los he* 
mos sacado.-^.-} iiM^V, Acá¡^tij atimgfneia Sl 

IWjblís ispan^s que significan aquí lo mismo que allá, pero 
á los que un uso exagerado ó una aplicación de importancia 
acaban por tn^primirles color provincial. Qmebrada y wtolUnds 

por ejcin¡>Io, palabras peí Jidas en las últimas capas del idio- 
ma en España, tten^^n para nosotros una alta significación 
históricvvgeogxáñca é industrial. Cm tewM»r no signiSca nada 

para un españoC: para nosotros es el tntN^ ^ türrm^ coa 

el cual hau priuc: piado las mis grandes catástrofes fisiras del 
Perú. Alhj^ tirmif. fmjníf^ paAíibv^s triviales en España, son 
aquí d^ ta m^s exquisita poesía» por ^ta de nso^desde que 
siSo decimos fmM^. jcti{%'\x^ fiU. 

l\\^jl\j'S «s/tr.'««.w:>^ que se han hecho ^rffmssmLxns^ porque sin 
llegar a la u>.vhe del p:-ovti;cialismo^ han debilitado su 
HA lar* y se ntautienea ees uaa acepciéa eqoívxxa entre 
r ja y aduUecaJa, £<:.>$ son les xas temibles de nuestros 
pcov:actalis;:uos;. pv^que r:o hay como desliadar sos coafasos 
hcui:eíj; cao cc:írus^^?^ ,ji:e Qíuchas v-'ces scío son provincia- 
líSíiK^ per t'- uaK." exiaCí: iví-^ ^ae d^? ellos se hace, cocno hemos 
vfecho en ei pdLira^.^ auteucc. y aasca cv?a el redsdn coa que 
se le* reptie. ^ Véase ei autcvilo Jovss ec el -TtkiiwBtfrw dg ^- 



Ta^i^u^ qoe sott s::r,.veiuence accüsmcs o diaJecr^sotos de 
la misímA Ká^ia. ccujc a^tf^j^. pee SMor c ,v^«r, -ae priTa 



^ 

k* 



XXXV 



tinto aquí comoen Andalucía y Austria, y como cuadra j 
f^é arcaísmos ]x>r recibimienta y faldas. 

ypcahlos españoles adulterados ó corrompidos en su ortogra- 
^ en su acento ó en ambas cosas, como arrinquín por arle- 

Traducción de lo abstracto á lo concreto, de lo noble á lo 
Mgar, de lo culto á lo trivial, de lo teórico á lo práctico, de 
loint uitivo á lo visible. Excusamos los ejemplos, porque se. 
'^Q demasiado largos para este Resumen, £1 lector los ha 
^^o más arriba en los párrafos de los vulgarismos y los se* 
goír^ viendo én los párrafos especiales del Diccionario de Pe- 

Pero hay un ejemplo, que por corresponder sólo á las fun. 

cioues del entendimiento y de ninguna manera á la locución» 

DO puede tener cabida sino aquí, y que proba lá que esta ten. 

dencia á materializar y á vulgarizar, viene desde arriba. 
^ poco que entre nosotros se encrespe la más severa dis- 

cmón verbal, sobre un principio cualquiera, ya se sabe cuál 
Bttá la solución: apostemos: vá un almuerzo: vá la cerveza^ cuando 
r^ la disputa es de menor cuantía. Esto no es sino un ejemplo 
1BÍ8» por otra parte, de la antigua, añción local á esperarlo to- 
do de la suerte. 

\. Si la discusión es sobre él hombre ó la mujer en general, el 

nodo de desenredarse es este: Luego su padre de Ud luego su 

fi^ide Ud Conque su hermana de Ud Conque su mujer... 

Estos pobres parientes que yacen descuidados ausentes, son 
Mdo8 por los cabezones para poner término forzoso con un 
vgQmento material, brutal, como el que nos hace derramar 
Mgrimas refregándonos ajos en los ojos, con un argumen- 
to «íAMmum, á una discusión hipotética superior á las fuerzas 
iSalécticas del contrincante. 






t VII 



y- 
r 



Finalmente, y en descargo de nuestra conciencia intelectual 
que DO es nuestra ciudad natal en donde peor se ha- 



XXXVI 

bla el castellano. E>os autoridades dos permiten emitir este 
juicio. Kl SeQor EV>n Zorobabel Rodríguez autor de oo Dic- 
€ÍmiMntf ir CkU^ismés^ y el Señor Don Miguel Ricfric^ que es- 
crihió Ias « Correcciones de lenguaje •, y que murió en esta 
CdipitAl sitando Ministro Plenipotenciario del Ecuador, se ex- 
presan asi en sus respectivos Prólogos. Dice el primero: « No 
hem«>s t«rnido un Barait como Venezuela, ni un Pardo como 

el Perú y basta abrir los penódicos de Méjico, de Ca- 

racas« de Bo^otA y de Lima para persuadirse de que por 
a^u^llocs^ mundos se cie.ne mucho mis respeto a las reglas de 
U Oraii^Jitioa y se ccso."^ xucho mejor que entre nosotros los 
nNxhs:u^xí de U leir^ui. } U propia y castiza significación 
de sus vwaMc*. » 

V eí ^írtíunJo ooc r/as e\t?rsÑ>c: t Estos estudios me han 
d^tvítiAxío ^ue. hjic:?r.i.> !a cocTviradv?: ie capftal i capi- 
:a\ ís íI l\r ,: ray ri-^r.^? wSrf-cros >x""¿Ta¿cos qae en oCras 
S:f^.v:^N:^f- ^í>í Su^i Ar.'^rvj. ^ue se haa rccsfcio iei qoechum 
:r^2s^s pM!xS"*$ >;;» ?r e. bV**iiof: -^tf siy aieacs galic»- 
•rx^ ^,>f SN^ ííca>A: ^.>í *oí tv:c« i^e iiccJcc ea ht a aay or 
i\i:c? ícc \» :r^*.--Víii ^«^ « rcca* y cc^f^ísa ec So» (iem4s 
Kj^A^v .:-í N.H^f V Ser. v •.« x;c''i-« rsiilairas 5e QrJRB y 
^•-5íc ■ ?Ní-v sce :4..' í.\ ^críc'.^ií 5 :-rri:cAi vJexs aieSL c«e sólo 
:.B,>ít>NNA ,* a¿ic\\v •^iil■JI•?£:^r ruíió«r Sí?r rws 



iH 



9^j: 



K 

r* 



ADVERTENCIA. 



Los refranes ó dichos españoles adalterados por el uso 
naestro serán registrados bajo el sustantivo y no bajo el ver- 
bo qae haya en ellos; y cuando concurran dos de éstos 6 de 
aquellos, bajo el primero. 

c Limar el expediente,» deberá buscarse en Expediente; hacer 
wmca^ en Vaca\ ser de ó goitar pocas pulgas^ en Pulgas; cia porfía 
mata el vetuuht» en Porfía &• 

^ Las obras y autores citados en el trascurso del Diccionario. 

\: eerán registrados al ñn por orden alfabético de una manera 

\ más prolija. 

Loe cuatro números entre paréntesis que puedan seguir á 
algunas citas, indicarán el año de la publicación aludida, pa- 
ñi qae se aquilate la antigüedad del ejemplo. Así cDiálogos 
de apacible entretenimiento» (1606) ó cHidalgo» (1606) querrá 
dedr que en eu año se publicó el texto citado. 

Con un asterisco {*) encabezamos todos aquellos vocablos 
castellanos qae no teniendo nada de peruanismos, nos sumi- 
tema para una breve disertación filológica, que tal 
del agrado de nuestros lectores. 



I m I 



^ 



INTRODUCCIÓN (^> 



Anarquía ortográfica — Empobrecimienio del idioma — Admisión d9 
americanismos por ¡os españoles — Los nombres de la Historia 
Natural — Vocablos — Terminaciones de diminutivos — Pa* 
rahlo entre el español y otras lenguas. 



I. 



Diffcil cosa es en los tiempos que alcanzamos saber á que 
atenerse en materia de ortografía, desde que dos autoridades 
igualmente poderosas se disputan la palma: estas dos autori- 
dades son la etimología y duso, siendo mucho mayor el número 
de prosélitos de este último, como que está más al alcance de 
todo el mundo» que aquel otro ramo científico cuyo estudio es 
tan descuidado y acerca del cual no hay ninguna obra espa- 
Hola qoe pueda competir, ni remotamente siquiera con alguna 
de las muchas buenas que á la materia han dedicado Alema* 
nía» Inglaterra y aún Francia, Alemania principalmente. 



(1| Betminu» aqaf bajo «eta epígrafe general la serie de artfoolos que 
m «1 titulo de cFUolojia» pabUoamoe en el ''Heraldo" j él **Beniano" 
de Agoito 4 Ootabre de 1870. 



Obras de filología españolas sólo tenemos los Orígem 
San IsiJro de Sfí/tUa, el Teioro de Covarrubius, y el Dútit 
etimelógico de don Felipe Moniau, libro demasiado elemental 
y 9Ín Ib tnenor originalidad para los que eslán algo versados 
ea la filolofaía extranjera. 

Pasamos por alto el monumenlal diccioDario de la Acade- 
mia, publicada á principtus del siglo pasado, el Fundamento y 
Vigor de Garcés, el antiquísimo Diálogo dt la lengua; los opús- 
culos de Pvigblanck; los Ccmetttarits de Cieniencin al Quijote y 
hasta las Cuestiows filológicas de Don Antonio J. liisanri, que 
es al par de Bello, el único americano que se ha deslizado eo 
estas cuestiones; porque ninguna de esas obras, aunque lle- 
nas de enseñanza, puede considerarse como especialmente 
ülológica, exceptuando eso sí, las de Irísarri y Bello. 

Volviendo á nuestro puuto de partida ortográfico, unos 
eseDcialmenle etimológicos y del todo privados de sentido 
práctico quieren que se escriba siempre subscripción y Bet- 
¡eem, ottas, modernos, irreflexivos, innovadores adelantándo- 
se noveleros á tiempos que por fortuna no han llegado toda- 
vía p&ia el Peiú, aunque sí para Chi'e y Colombia, se arro. 
jan á cambiar ]ay griega conjunción copulativa, por i lattnai 
y á suprimir el Don después del Stñor, el Don tan eminente- 
nieute español y cuya supresióu no tiene ningún objeto, sioo 
es aproKimarnos á la locución francesa, pues Señor Pedro, por 
ejemplo, no es oira cosa que Monsieu* Pierit. 

No menos mal me parece la adopción de la i latina eD 
reemplazo de la griega, porque aparte de que al escribirla 
hay que volver atrás para echarle su punto encima, mien- 
tras que la griega se puede dibujar rápidamente como quien 
tira una virgulilla ó coma larga, aparte de este tropiezo do. 
blemente penoso para las personas que escriben apuri^das, 
que son las más, la _f griega establece a la vista del lector 
como uu tabique entre palabra y palabra y entre período y 
período; ai paso que ia i latina confundida y confusa en me- 
dio de las ñlas, hace la triste 6guia de un soldado de á pié 
ó peón, entre otros de caballería. Irrisam en sus Cuntionei 



f 

I 

\ 



JlUógicas y Martínez López en su Gramática rechazan igual- 
mente la introducción de la i latina como conjunción copu. 
lativa. 

Dejémonos pues de ies latinas y de Señor Pedro^ que se pue- 
^ ser ilustrado sin esto, y mucho más sin lo de Señor Pedro, 
<)ne v¿ ganando terreno entre nuestra gente irreflexiva, y que 
solo arguye afectación y pedantería . 

En el mismo caso se halla el femenino Doña, cuya ausen- 
cia DOS place después de Señorita, porque como que parece en 
efecto que es echar demasiada carga y tocas de Dueña anti- 
gua en los hombros de una señorita, el arrimarle Doña. 

Pase pues en un sobre ó cubierta lo de Señorita Pepa etc., 
pero 00 pase lo de Señora Josefa etc. y pase también nuestra 
'Impertinencia, desde que pasa la de los que quieren introdu 
cimos sus ies y sus Señor Pedí o sin llevarnos más ventaja que 
U de venir de fuera. 

En el estado anárquico de la ortografía castellana, lo mejor 
serla lo que en todas las cosas: el término medio. Colocarse 
^^^ consirvaiores y liberales 6 sea entre etimologistas ( ó mejor 
'"^^^i pues están por la rüís ) y usuales^ ya que no nos ocur- 
re otra expresión más feliz para denotar los que se ciñen al 
■f* '• ser conservador sin fanatismo y liberal sin comunismo 
( hablamos siempre filológicamente. ) 

El etimologista conserva las buenas tradiciones de la len- 
gua; quiere que cada casa solariega recuerde siempre lo que 
Alé y ostente su escudo de armas por delante; por ejemplo que 
kiguera y hombre, fíeles á su origen, no se despojen de la vene- 
rable sombra de' su H y se precipiten á la calle en mangas de 
camisa como 1 güera y como ombre, solo por dar gusto á los al- 
borotadores, que creen que el mundo no avanza y se estanca 
cnaodo no destruye y chapoda. Nada cuesta derribar un ár- 
bol añoso; pero el proporcionárselo nuevamente, es obra mu- 
chas veces de un cuarto de siglo. Antes de dar el hachazo 
mortal, debe pues meditarse. 

No es decoroso qne las palabras salgan tan mal vestidas 

á desnudas á la calle como en el ejemplo precedente de 

6 



XLII 

i^*^j y ^-w w; p^rrc» ta-npoco es propio qae ca pleno siglo XIX 
$e prf«ntrn eníKarAZ-uias t j^stmixas con b^es ▼ /«f, con enes 
y ,\r»is, ^uí ?3i c -*/«,> s l'-erAmJS cja :>i:5sas árboles gc- 

S< $íf tejilrjir-4 Ic» pr entere. J.^cic ^;i¿cc i sa^e^ liesafora- 
io«* e-*ex,'c>:^ ií -od-i :-^bi r ie :cdr r-<reío, procto no se 
íJíN:* r: vi* ^o,-df v:no li *?=í:'=í. j s?tíi U casteliaiía nna 
l<«:i^;¿« h :>':.: 1 : *: :; : «i j- f a : j a ij^jcm.-f xtr? ec 3»iogistms. ha- 
S *xX ^::<f e>:Arvíc«r 0."$ í^^-sas. ;irA _::en.ra. q=- ama smts- 
.^¿K^'n^ ./.**XL,>tiix/'. T cera vu o* ^'' "-»b¿*¿* ^ae ¿iría smsctI' 
r.^-t .ic;».-/'-sw/ T «Cí 5*:* i ur Yíriiii'ecc c:¿c=^ filo. 

La5 «fr<"',i*5 ^vi-rc 1j.> í•r^f3;. 5«**rf* jsmus. re«r 
^■«f^': ,* i> ,":xvm:\:^<ci x ícrcc^c. í isaya eísca par k> del 

c-j^fvo?. N," íc-o.:^ «v-ííc- -^-T isf áu. cii>íír:'i-.4 V crióla, oue* 

A^^Ar í-í i» «íst-t-vx" oi «"** Cierra. ^^ di 






XLIIl 

'vocsil, cuya triple presencia recuerda á la vista lo que esas 
leoguas debieron al griego y al latin. 

El español, que está lejos de ser la más culta de las len- 
guas modernas, ha sido más irrepestuoso que el inglés y el 
francés, y hecho un verdadero republicano, ha roto con el 
pasado ahuyentando de su ortografía la /A, la ph, Isíy griega 
vocal, en las voces de origen griego, y hasta la ;i; y el trans^ 
que hoy son casi siempre s y tras* 

A pesar de ?sta osadía, la lengua, lo repetimos, no solo está 
muy distante de ser la más culta entre las modernas, sino 
qoe camina,' en Sud América al menos, á una ruina espanto- 
sa. SigQos.de ella son ya su creciente empobrecimiento entre 
nosotros, revelado de mil maneras, particularmente por el uso 
7 el abuso de las voces demostrativas esto y cosa^ 

^ En esta y en las otras repúblicas hispano-amerícanas todo 

ie designa por el esto ó la cosa; como si esa cosa y ese esto no 

f hubieran tenido y no tuvieran hoy mismo uno, dos, tres, cua- 
tey hasta cinco nombres en español. 

Pero es el caso que unos (los más) ignoran esos nombres; 
otros los conocen, pero se los guardan, como unas monedas 
antiguas, que aunque bien acuñadas y de buena ley, no pa- 
ito con la facilidad que la moneda feble, ó son aceptadas con 
veparosque desagradan y entorpecen la rapidez de las tran- 
»ctíones. 

En España hay muchas, muchísimas voces, que sin razón 
siiiguna y aun haciendo falta, han caducado y vuéltose arcás« 
cas, ignoradas por unos y desechadas por otros; pero en 
Anéiica puede decirse que ha caducado el idioma entero, ó 
que siempre sé le habló á medias; no habiéndose tomado de 
ios conquistadores más que las voces necesarias para el cam 
bío diario. 

Un mismo verbo y un mismo sustantivo pintan uniforme- 
^^ méate una variedad inmensa de situaciones, de sensaciones 
• de objetos que en España se van expresando por verbos y 
■tantivos distintos y del caso. 

A este empobrecimiento 6 estancamiento voluntario del 



XLIV 

Mininn qur* proviene, 6 de ignorancia, 6 de la indolencia en- 
démica en los paísf^s de la hamaca, hay que agregar el empo- 
brf*ciinionto, 6 más bien el vicio que padece el idioma con la 
introducción innecesaria de tantísimo vocablo extrangero, 
quo parece no Ivner más objeto que n^ndir homenaje á la ele- 
vada cultura de esas lenguas, francesa é inglesa, que ocupan 
hoy el rango que la nuestra siglos há. 

No sontos dr los (]ue proscribimos todo vocablo extran- 
gtíio; no, que el uso ó la importancia intrínseca han hecho de 
algunos preciosos recursos de la expresión; y porque remon- 
tándonos á titMnpos antiguos ó á la etimología, muchas de los 
f|uo hoy pasan por galicismos, no son sino arcaísmos ó lati- 
nismos; pero ¿quien podrá probarnos que iunch diga más ni 
v\\ meónos tiempo que las once; que tünfl sea más expresivo que 
s\K\tbx>n\ que el estúpido dehutar (:idoptado ya por muchos Dic- 
KÍ*Han\^$ df [ci'nita) h Un^ua Castellana, no obstante que su uso 

aun no rs general, lo quo prueba que ciertos lexicógrafos mal- 
h.\dav U>s sv'^n como los iívjnt'CCureHrs de la corrupción, y que 
niíis danitn que apiovechan) que el estúpido debutar sea, prefe- 
rible a esTffnjtfu, óá *j*v» íu estrena, si se trata de /aire som 

^V)'>J<.'' »quelU pod^ntesca abreviatura que encontramos to- 
v\os 1,''5 JíAS ,uin on los osoritos más vulgares, /. m. diga más 
quo dj ..í í.i'.íV o .iV ij •*.;«t.i«j cuando e:i: j. m. al aludir a las 
hoiAS* 

S: vU' 's-^s Vvv.ibk'»* [Msaniv^s a los perí.xios, estos no son ya 
vVrtOí!. s^iN* Atohíoottos Ya no recuerdan el andar de an as- 
trAVsW .;ue *^ dt'tiere Ji oaJa puso a :or/.Ar aliento, como dc- 
,.* .1 O A .^ '. ' A :* V . s*. • »^ 'os V í rs! ou!c*s de u B ■ bl u. o los tvrs<f /i 
vV.vo .* **A ;:.* >Nr?.i! c:* r!o!o4:iA 

li/\ s; eSvvV v^*,*o :''f*os xjve í^p cc'i::rrAS Tonosilibi* 

sA<. s" • :'^:* V«--.T.t 



■ • ■ . » 






I 



XLV 

Estos trozos monosilábicos son á la grandeza de la lengua, 
loque las aisladas columnas monolíticas de sus ruinas son á 
Palmira y á Tébas. 

Véase pues si jos sobra ó no razón para decir, no solo que 
el español marcha á su ruina en Hispano- América, sino que 
está amenazado de un cataclismo tan espantoso, que su futu- 
ro exhuroador tendrá que lastimarse con el arqueólogo de 
Menfis diciendo etiam peritre ruina! - Han perecido hasta las pro- 
pias mnai! 

Más borrado de nuestra superficie territorial vendrá á que- 
dar el castellano, que lo que lo están hoy el quichua 6 el chin- 
chysuyo. 



III. 



El empobrecimiento que resulta al idioma de introducirle 

vocablos extrangeros que no necesita y que no se avienen 

^vm SQ índole especial, causa menos pena, que el que resul- 

^ de no usar todos los términos que bl diccionario y el uso 

' mismo atesoran en España, y que nosotros tenemos arrínco- 

^ Bados, dando margen á esta reflexión: riquezas perdidas. 

I El desuso en Hispano América de una gran parte del vo- 

^bolario español, es debido como dije antes, á la ignorancia 

*Otts veces, al temor de no ser ampliamente comprendido 

^¡^^ y las mas, á la indolencia propia de las sibaríticas re- 

CSooes de la hamaca, cuya monótona oscilación parece el pén- 

Adodel carácter hispano-americano. 

Busquemos ahora la causa histórica si es posible, del em- 
pobrecimiento del idioma entre nosotros. Los españoles no 
iolo tuvieron que poblar la América de gente, sino también 
h casa de vajilla, de muebles, y de los mile& enseres domes- 
liooa, propios de la civilización; las cocinas, de su respectiva 
f. batería; las despensas de especias especiales (como que has- 

^ ^ boj sit dice pimienta de Castilla^ vinagre de Casti- 

(ft) de especias especiales desconocidas á una gente frugal, 
IciUa, que en lo material, como en lo moral é intelectual, 



XLVI 

f 

)iahia vivido de muy poco; las huertas de hortaliza y árbo- 
les frutales, los campos, de plantas y animales útiles, y fi- 
nalmente, el territorio todo de aparatos y maquinarías que 
vinieran á reemplazar á los hombres en las numerosas y mo- 
numentales obras, que como las del antiguo Egipto, solo ha- 
biau podido realizarse merced al sin número de brazos y á sa 
condición de siervos. 

V como no era posible que los conqui:;tadores, en tiempos 
t'n (]ue las comunicaciones eran tan difíciles y los trasportes 
ttin costosos, fueran trayendo las variedades de cada artículo. 
Je cada planta, ó de cada animal, sino sólo las más indispen- 
sables, no puJimos conocer />rcii7fV<fm^/f más que una parte 
del idioma. 

Por eso desconocemos hoy ó no sabemos aplicar bien la 
otra pane, porque como dice Horacio: 

.^s/jTutAs hritjHt attimos J^msssa /yr aurtm 

Mal pur\len ^labaise en U memoria y aplicarse con acier- 
tv> uombtes de cosas cuya representación material no se 
ácom paria. 

Kntie U>s nuevos übros ilustrados para niños que se impor- 
tan vte Kuiopa. hay algunos que p^itecen hechos coo este fin, 
pues VAU piesent4udo ix>r senes* nomenclaiuras y dibujos 
sie U vul \ dotuescis-a. xle ls>s oñcios, de la naturaleza &• 

v.ieuo:ai:íaav>s cs:s>s cuaderus^s y ieidos con detenimiento, 
h^iAu qar 1.4 tucurA ^;^;)e^a^:loa sepa du razoo de su idioma 
iwíNH 4ao n'.ucixcs de uv>sotios^ 

Aua en ei dta. a'«:unAS petsccas crecidjLS harían bien en 
cv.H:bsa;UUs>e$L \a que uuestia v:Ja co es bascante civilizada j 
vauad^ pAiA enseRAiUK>s r(act:caaxe=:e cI va^cr de tedas las 
>cvVtSk a^vleKto^ ^ '.a irptesenuc^oa n^uta>ia de la vida ex* 
tia»||^ia« a I<^ cvuiviios p:utAJv^». 

L<^ x^;e'<^'<s s;ue i^v.'^'U-os^ hx^:uv'^ ujicec a !a scccbca ó á 
H»¿^aíCN>u ie '.v.>s i.£t^Vi;a>x« ¿ve .<^ es^M^s^ie:Sv =c poüeron 
«K w«KÍK». vksaie ^4tf v^^s^.^ e« sjiNvio x cscjl a !j. viácu núes- 



^ 



XLVII 

tros progresos industriales de la conquista acá no han sido 
grandes. Esos objetos, y los del paí?, y los mismos traidos 
por los españoles, recibieron nuevos nombres, indígenas unos, 
senii-españoles otros, y dignos varios de ellos de ser incorpo- 
rados en el diccionario de la lengua castellana, tales como 
f^kOtPoHca^ chala, (ya que otros ejemplos no nos ocurren) que 
eo una palabra 3 con toda propiedad designan lo que las pe- 

rffrasis españolas punta de cigarro ^ hoja de mais, y ¿cómo 

traducirán los españoles la palabra chala? 

Court de Guebellin, en su célebre obra del Mundo Primiti- 
w, remontándose hasta el idioma primitivo que se supone 
existió anterior á la confusión de Babel, hace derivar el qui- 
chua chala del primitivo cal, que se encuentra en griego como 
^mos y en iatin calamus. Si n(m é vero é bm tróvalo. 

Mientras tanto digamos para los que no lo sepan, que chala 
es el conjunto de hojas y tallos del maiz verde que se venden 
en Kos para pasto. £1 cálamo del maiz^ esto es, su cañuto ó 
caña se llama en quichua huiro^ y los muchachos de Arequi- 
pa b chupan como caña dulce. 

Debe entenderse igualmente que panca designa la hoja ya 
*^ y no tampoco la hoja toda, sino meramente la que en- 
^nidve la mazorca. 

{Qq6 razón hay para que la Academia no acepte estas y 
tes voces americanas, necesarias ya y hasta indispensables 
il idioma? Así como traduce panca por hofa de mais^ pudo ha- 
t kv traducido la áspera 6 ingrata palabra sajona revólver^ por 
/Mf dá cilindro f ó giratoria, ó de tantos tiros, y no lo hizo; ¿por 
fué? porque cuando un pueblo está postrado y decaído, no 
tieae valor ni para examinar siquiera los contrabandos que le 
irtiodiice ona nación preponderante, y guarda todo su rigo- 
I y encono para los buenos artículos procedentes de pue- 
'tkm cuya importancia literaria es nula. La soga, ¡ha de que- 
mmpre por lo más delgado! 

Ja emdito español, Juan de Guzmán, presentía ya, desde 



XLVIil 






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XLIX 

las llamaban Las Chinchas. Este barbarismo fué acogido 
por el país entero con una carcajada, y todo el mundo lo re- 
petía, por supuesto burUscamente, 

Paes bien: hoy es raro el escritor, el periodista que en su 
mis serio lenguaje no dice Las ChincJias^ como pudiera un 

extrangero. 

Si mañana un ciudadano de la República de San 

Marino, 6 del islote de Mauricio no enseña á decir las Guana- 
p^ por las islas de Guañape y las Lobas por las de Lobos, ¿le 
seguiremos también? 

£1 orgullo nacional que casi siempre se maniñesta como 
quijotería, ¿dónde se encuentra, dónde se refunde, dónde se 
pierde, en los casos en que realmente se trata de él? 

Pero si España puede y debe recibir de nosotros un rico, 
variado y pintoresco vocabulario, superior es el que nosotros 
pudiéramos y debiéramos tomar de ella, consultando y leyen- 
do atentamente sus obras antiguas y modernas, sus actuales 
periódicos de costumbres, visitándola con la frecuencia que á 
otras Daciones de Europa, y estrechando relaciones que se 
debilitan más cada día. (i) 

Si al describir la naturaleza, por ejemplo, nos atuviéramos 
Anicamente á los nombres que la costa peruana puede sumi- 
nistrará sus moradores, nuestro caudal de voces quedaría re- 
ducido poco menos que á arena y sauces; y sólo recurriendo á 
I Utifidales medios. nos sería dado usar con la misma gallardía 
^ qw loe españoles los nombres de chopo , tejo, madroño, carrasca, 
Mnjfif, acibo, acebnche, espino, albar, cambronera, zarza y otros mil 
de árboles, plantas, flores, aves y (cuadrádedos que solo con- 
Ammente condcemos, cuando no los ignoramos del todo. 
No he mencionado á la encina, el roble, el pino, el abeto, 
^alerce, porque por su gran importancia en las construccio- 
y el uso tan general de su madera, tenemos acerca de 
nociones menos imperfectas. 



t) Tcdo eiio 86 Moríbia hace doce afios largos 



Mientras tanto, las luces, que en lo antiguo bebíamos de 
España, las bebemos hoy de todas partes excepto de nuestra 
urtigua metrópoli; y así, aunque progresemos grandemente 
en oí conocimiento de las cosas, nos atrasamos considerable- 
m-íntj en el Je los nombres propios españoles que las desig- 
naron en :odo tiempo, ó las designan ahora mismo. 

jardineros italianos y franceses nos han familianzado con 
U .i./.\ 'j de AuJalucia. tan anticua como el Betis, pero ha- 
ciéndonos c:;:er que se llama ídar/*-rJ5J ó bien nério cUan- 

Al hacernos amgos de otros exóticos individuos del reino 
vegetal, no es ya con su nombre vulgar extrant,ero, sino con 
su *.::.iÍ5::sco no'nbre botánico con el c;ue nos han familiariza- 
do, corno i^e vé en /^^'j'irhis ^Icculus. jstrjfej y otros mil 
Pías. 

:V^.:e 5:»;r'doan es: es ncn^bres: ¿Qué signiñcin todos los 
norr.btes ■:>o:a:::cos? A!i:unas de las cualidades más ocul- 
tas ,y .;.ie ::ií::os vé il vuI¿:o- ie U3 ve^etil, cuando no el 
asocio .ip^I.ii.vo del qae de;iCjbi:o o c:a<:icó la planta, cu- 
va \:>:í. va^ o ;t:er:os Jeslurnbranie. fro=i:s»i ó aromática, 
*u<>::a en la ::na¿:i-jac:o;: dtl que la cc=:íxpla cien cooibres 
:r a > i o. ::a:: v os v adecuados q ae 1 05 se r. ■ : - bar b aros qae pue • 
den d?::vi:>?e d? Haeackf, Hurr^S-^Iví:. Bou^airvilíe ó Big- 
r.oc. 

^ >J ^ . c .: . n í í ,'¿ a : a q ,ie ?; u ? i: rr í v u . ¿:ar : z¿ .es del aus. 
iraííjse íC:j:a;::e. ^vw^t.» ^oau. d oe .uucho :i:as que a^m^j/íms 

Kelíí:uen:e ea esie ca:ik\ raes;: o i*;¿eb*o, fuertí mente sor- 
pnrai:.*o ycr el oLr de :re-ie:;:"ra que desr:>l-* ei eacalrpco, 
?o ba bjiu:*^ado o-o t e! ::o:"bíe de iJ,\ri v*-, que tarabiéa dice 
oixs que ettCAtpcv.v 

La aicra^va e:^ u-oa ^ia'.va.^fa Ofiuaia no -5*» 3¿ ¿,5 Austra- 
1^& o itfí C-ibo de Sue:ta bT<>fao:a. La ^lírte ií LÍ3ia no 
podiecxio cocve:' sí^ coo uii ?o."bcv que u.íía .e r^^rueria, la 
l^ayar ,>:fr*j.\j. :.il ver r^via hioeis*» a ",u¿.oc de qae 
ie al^usjL íU-'^toii ie i\*:^a. 



É 



LI 

Si fuéramos á buscar los correspondientes españoles de 
nualiptus y astrapeas^ apuradillos nos veríamos, porque tao 
exóticos le son á España estos árboles como a nosotros mis- 
mos. La introducción del primero causaba no há mucho 
gran ruido en Madrid; pero esto no quiere decir que siempre 
Suceda lo mismo. 

Por lo pronto eucalipto y astrapea suplen bastante bien, 
el primero, porque castellanizado como lo damos es eufónico 
J bonito; y el segundo, porque un uso general y relativamen- 
te antiguo le ha dado aquella importancia de circunstancias 
que suelen tener algunos neologismos. 



IV. 



Si solicitamos de todas las profesiones y ocupaciones, de 
todos los ofíciosj artes, industrias, y de los meros vivien- 
tes de nuestro pais que nos presenten el respectivo vocabu- 
lario de su uso, notaremos que faltan en él sin razón ningu- 
oSt las más de las palabras que debiera contener. 

Nuestra gente es parca, sobria y frugal; vive de poco 

" cu materia de palabras. Cierto es que la pobreza de qoe 

i; Bos quejamos se halla débilmente compensada con alguno 

\ ^otro provincialismo que no hallaríamos en el dicciona- 

^dela lengua; que el arriero nos habla del tambo y la pas- 

^^ ya que no del parador y la posada; el labrador de la 

^^clk, el ikuatíco^ la pilca, los cacha* &, á falta de la avenida^ los 

Pero estos términos locales, sobre no reunir muchos de 

dios los requisitos necesarios para ser admitidos en el idio- 

M, no hacen más que traducir expresiones españolas tan 

propias ó mejores. Mientras tanto, la reunión de todos esos 

vocabularios pobres compone el español empobrecido que 

hablamos en América. 

Preguntad á un dependiente de mostrador con que otro 

oubre se le puede designar, ya que el de dependiente es 

A general, y no sabrá contestar hortera^ que es el equiva- 



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Lili 

Europa, que es la última coz con que el patriotismo de los 
peruanos favorece á su patria. 

Bl hortelano ni siquiera sospechará que el poyito que le 
impide ir á ver que un pozo es alto^ mirándolo desde el fon* 
do para arriba, que era como debían considerarlo los latinos 
al Ua'hiarlo alto por hondo, ni siquiera sospechará el hortícola 
I>eniano que ese poyito 6 cosa, que le impide irse de cabeza al 
fondo del antro, se llama brocal, preti &. 

Lra niña que está recostada en la ventana, creerá que se 
recuesta en el poyito 6 cosa de la ventana. — ¿Y el alféizar? 
— Se ha perdido. ¡Vaya un horror del nombre propio! La fu- 
ga del nombre^ como diría un francés. 

Nuestros conocimientos técnicos acerca de una rueda, verbi- 
gracia, puede decirse que empiezan en la rucia y acaban en 
los rayos. Todo aquello de llanta, pinas, cubo, es griego; para 
eso está ahí la cosa para designar cada pieza. 

Tan cierto es esto, que no hace muchos dias que un corres- 
poosal de lEl Comerciot en el Callao (Agosto i8) trascribien- 
do una prescripción municipal que fijaba el ancho que debía 
tenerla Uantaen cada rueda de carreta, subrayaba religiosa- 
mente esta palabra como quien emplea un vocablo extrangei 
'Oi extraño, ó importuno. 

El azotacalles y el escritor y todo Lima y todo el Perú vi- 
ve en la dulce persuasión de que la acera no es sino la vereda- 
y caá nunca se le ha llamado por su propio nombre. Hé aquí 
■ocaso de empobrecimiento innegable. 

La impropiedad es el peor defecto ie nuestro castellano de 
*cl Parece que las palabras, al atravesar las tres mil le- 
pi8 consabidas, se desvirtuaran, como las nueces, los da- 
lias» las guindas y otras golosinas, que una cosa es tomarlas 
M Isaropa, y otra en América; ó que se marearan como algu- 
SOi guantes y ciertos géneros. 
iPobres países que no tienen nada propio, salvo su na- 
que ni ellos mismos conocen bien! Cuando esto 
pie á ser mundo, ¿qué será de nosotros? Ni en ceniza 
ICfvetnos sobre la tierra, y ni en recuerdo en la memoria 



LIV 

de los pósteros, que solo verán en nosotros las ruedas, que, 
girando y no vivienda, descalabrándole y no pensando^ labraron, 
pulieron y prepa raron maquinalmenté la escena para ellos, los 
verdaderos hombres. 

¿Qué triste papel nos habrá cabido en la historia america- 
na! Es probable que esos futuros habitantes no decanten 
tanto como nosotros su libertad, sus fueros, «us derechos, 
su autonomía; y con todo, se puede apostar á que llevarán 
la frente más alta que sus raquíticos aunque entonados pro- 
genitores; que respirarán más verdadera libertad que nos- 
otros en su porte; que ostentarán una musculatura más re* 
cia y un cerebro mejor puesto; y que en fin, realizarán 
con más perfección que nosotros esta antigua pintura del 
hombre. 

«Rostro levantado y mirar al cielo. 
(Os li$minefn sublime dedit calumque tueri) 

Ovidio. 



¿Puede darse un tipo en realidad más cabizbajo, más aba- 
tido, más macilento y humillado, y más de esclavo, que el 
del actual hombre libre y autónomo poblador de Amé* 
rica? 

V. 

Pero dejémonos de cuestiones etnolójicas ó antropológicas, 
y no raspemos más el amcr propio criollo, que harto lo ha- 
cemos ya con decirle que no habla con propiedad. 

La impropiedad se nota igualmente al designar fraccionas 
6 porciones. Que estas sean de pan, de fruta, de pelo ó de 
lana, decimos pedazo ó porción^ dejando arrinconadas por 
flojera 6 por ignorancia las voces propias que son, mendrugo ó 
soquete de pan, gajo 6 cacho de fruta, cadejo de pelo» vedija 
de lana &, 

Véase, además, la siguiente lista de impropiedades de to- 



LV 

da especie: decimos ensartar por enhebrar xinsL ' SLgu'}SL\ olleta 
por chocolatera; cocinar por cocer (en casos en que aquel no vie- 
se bien), comer por escocer; y el verbo tomar y verbo agarrar, 
cargan sobre sus flacos hombres todas las acepciones suyas 
7 las de su hermano coger, que jamás se usa. 

Lo peor es que en estos casos el hombre instruido se ve 
r perplejo, porque cmplea>r una expresión falsa es repugnante, 
y emplear la propia es chocar. 

Lá alcuza ó aceitera brega (y creemos que también entre los 
pañoles) por tener un nombre que dé idea de lo que es, lo 
9tie no cumplen aquellos, desde que dicho mueble además de 
'^^t contiene también vinagre, sal y pimienta. 

No falta ya quien esté recurriendo al francés y diga etagere* 
¿*^orquénose consúltala analogía? ¿Puede darse mayor 
^^^ la que existe entre esa cosa, ya s^ divida en dos, ya en 
^^tro compartimientos, y unas angarillas de dos 6 cuatro 
^pachos? 

Creo pues que angarillas es mejor en todo caso que alcuza, 
^gere aceitera 6 convoy (este último nombre me parece el más 
edículo de todos.) En el español antiguo se encuentra sin 
^^bargo taller, que acaso sea el nombre más propio, porque 
*^ descripción que los diccionarios hacen de ese mueblecico, 
f^*cecica, ó cósica^ como diría un hablista en ico, viene pintipa- 
rada á lo que hoy llamamos alcuza. 

Vaya otro ejemplo. Cuando no queremos que las escurridu- 
'^s de una vela vayan á parar á la alfombra ó á nuestros de- 

^Os, pedimos pues, aquella cosita de cristal ó porcelana 

*l^ que y al fín creyendo nombrarla con toda propie- 

r ^Wi, aflojamos ¡la candeleja! 

Si remontándonos al buen español pidiéramos la aran- 

r '^i ¿qué sucedería? que el criado se quedaría estupefacto, 
^Ite los concurrentes se echarían á reir, y que al día siguien- 
-^ no seUeído comunicado del cComercio,i anunciaría muy séria- 
*tate la aparición de un candido más. ¡Métase Ud. á hablar 
^ propiedad y abundancia, con semejante amenaza pen- 



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", .,; o .."í -. : .■•;*." ..:..' :;::a:: b:<:;ur;ibamos con en- 

* * ■/ ;. .-..• :... - A.::: : /.r ¿ ivca i.rna podra decir: 

' *. » .*< . .% •..-.': .> r.rr t?:i. vf:¿ÍA;;qué dirá, 

'.i'.zos, que lo- 
if^ Fe:ú Í€¡ siglo 
\ \ >,"... ■ . . ;, .: : * r -r rrr.sará de esa 

' . .* ' . ..'?;.- i. .:ia*:r¿t-r:A de ia edad 

*. '^ • v" ..•*.:">>.:::: "'-li: .3.S alboradas 

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LVII 

bra tiene el honor de recordar directamente la iasse de los 
firanceses. 

De cazo hemos hecho cacito (á lo que parece) pero nadie se 
•ctierda del padre que lo engendró; así como de sera sacamos 
urón (también á lo que parece) y nunca se menciona á la ma- 
dre que lo parió. 

La gente eanastada 6 de canasta dice siempre canasta ó cuan- 
do mucho balai (peruanismo) nunca cesto ni canasto, ni cesta, ni 
ah^rta. No pretendo que todas estas voces sean sinónimas; 
pero dan variedad á la locución. 

Pasemos á los extrangerismos que han debido traducirse. 
Cuando aparecieron los wagones ^ ¿por qué no recordaron los 
españoles sus antiguos faetones? Les pasó seguramente lo que 
al no traducir fivólver pDr pistola de cilindro ó giratoria, que ere- 
jeroc que un pueblo postrado, decaido y empobrecido, no tie- 
oe derecho para hacer alarde de las riquezas que aún pueda 
conservar ocultas; porque si se arroja á hacerlo puede acae- 
cerle lo que al pobre de la copla, que cvertía perlas y no de co- 
ifVyinas como las vertía un pobre nadie se bajaba á cogerlas.! 
Aunque, con perdón, yo creo que si nadie se bajaba a coger- 
li^ no era porque las vertía un pobre, sino porque, como lo 
' confiesa su propio autor en la copla que me he atrevido á al- 
textx, lias perlas que vertía eran de cobre.i 

cSí, señor; más son de cohre.% 

y^ leído y oído constantemente. Pues si de cobre eran, por 
mifesión propia, razón había para no recogerlas. 

Probablemente el pobre de aquel entonces era tan bellacón 

como los de ahora, que aunque viertan cada perla como 

calabaza, le echan la culpa de todo á su pobreza, y ni 
pienso á la pobreza moral, intelectual y física de que son 
Irtíma. 

Lu terminaciones diminutivas en fV(7, illoyete, que tanta 

8 



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\.ii «v* ;.' vl.if. .\\ !ví.v^:rA, ro V hAn pe:a.:o al peru.inD. Mostaci' 

:. •• • . .;. .xJv^ir,^ .U- cibf.M :"e:;:ír.'.nr <rjr.ij¡./j, cascarilla^ 

* •- . :. A!;'. ::* ri-is !'.^ ^' íon :r.erAmer.:e r.oxbres propios, 



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LIX 

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traer á cuento p^ra todo a\ Pueblo^ todos los nombres que lo 

designen son poco, como para nombrar á Dios. 

Ed conclusión: Si ciertos libros* ilustrados para niños, de 
qae hablábamos antss, servirán para que estos conozcan la 
propiedad de muchas voces, el Jardín Botánico, la Exposi- 
ción en grande que se prepara, la Quinta Modelo de ag¡ricul- 
tara y otras mil obras de la actual administración, darán un 
extraordinario impulso al idioma entre la gente crecida. 

Recorriendo los cuarteles del Jardin, las Galerias de la Ex- 
posición, y los terrenos de la Quinta, aprenderán y acopiarán 
más voces los peruanos, que leyendo un diccionario, con la 
ventaja de que el vocabulario adquirido en el mismo terreno 
de la practica se les grabará mejor y no lo olvidarán nunca. 
Hoy mismo, y debido á esos nuevos planteles, comienzan á 
generalizarse entre nosotros palabras desusadas y aún desco- 
nocidas antes, como Sericicultura, invernadero, Y sl no correré- 
0308 el riesgo de que al traducir un periodista serré, nos diga 
í*^«, todo lo contrario de invernadero. 

En cambio, como en todas esas empresas tiene por fuerza 
4i>c intervenir en primera línea el elemento extrangero, pro- 

: if^remos grandemente en el conocimiento de las cosas, y nos atrasa- 
fonsen el de los nombres españoles puros que las designaron antes, ó 

^ t^feden designarlas ahora, como también decíamos. 

> Los nombres que aprendamos en esas visitas, aunque muy 
1^ Oostrativos, no serán en lo general, muy españoles; y así, dos 
\ cansas diametralmente opuestas, como son la ignorancia y la 
m. fadolencia por un lado, y la misma difusión de luces por otro, 
f ktbrán contribuido al mismo fin, á la corrupción, quizá á la 
' destrucción del idioma entre nosotros. Pero como quedará el 
^ irbitrío de consultar los libros ó á las personas doctas cuando 
á M quiera reducir los nombres introducidos á su pureza espa- 
i iohi los que en medio de estos adelantos continúen hablando 
f -defectuosamente, no merecerán disculpa, porque solo lo débe- 
te a su indolencia y á s\x flojera. 



I X 



VI 



<• r* fS;V%*>..^ ^'.1 : "U'». hechc u:: veriiierí repabiicano, con 
.-,<- :,\:.*s AS :•,*>.;< c::.v-Ar..-i5 :je 2:r*i::sbaa su origen 

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*-•'»*•'.>•."» ! -* ,- . ^ . .- ^ . . f'rrT.1 *::] 



LXI 

especial helénico llamado por nosotros acento ó espíritu rudo 6 
jSw*, y que se marca así: Ó, con una coma al revés. Dicho 
espíritu indica una pequeña aspiración en la letra á que co- 
rona, y esta aspiración es lo que las lenguas modernas excep- 
tóla italiana traducen por una h, 

¿Que español reconocería á su querido Quijote en la traduc- 
ción italiana Chisciotte? ¿No parece que se oyera silbar ó chas- 
quear el eJUs chas de los cintarazos? Pero todavía el verlo es- 
crito es peor, porque la desemejanza entre el italiano y otras 
lenguas sus hei manas no está en el sonido, sino en la escritu- 
ra, por ser esta lengua la más avanzada, y después de ella, la 
española en materia de libertades ortográñco- etimológicas. 
El español srn embargo está queriendo apropiarse la suavidad 
y dalzura del italiano, como cuando dice Setiembre por Sep-^ 
tiembret esceiente por excelente. 

Loque más choca en el italiano escrito, es la ausencia de 

* scte iniciales; y en el hablado la de eses finales. Hablado ó es- 
crito parece una lengua pelada, porque achis iniciales y eus ñ- 
otles, son como la cascara y la corteza de las palabras. £1 

r portugués lleva el amor á la dulzura fónica quizá mas lejos 

^ <IQe el italiano, y así como en alemán suelen hallarse pala- 

; bras de medio vara de largo si n una sola vocal, se encuentran 

• otras en portugués, no tan largas, es verdad, donde todo es 
;- wcal. Las primeras nie producen el efecto de ciertas frutas, 
I ckrtas paltas^ vervigracia, donde todo es hueso ó cuesco; las 

fondas me recuerdan las aceitunas deshuesadas ó sin pepi- 
tA donde todo es pulpa. 

El italiano y el español creyeron que luna era ya bastante 
tUce; el portugués se preocupó con esa ii, la echó abjo y dijo 
Am, como también ceo por cielo. Por supuesto que si ambos 
MStantivos requieren el artículo, este se apresurará á quitarse 
k consonante como quien se quita el sombrero, y dirá a lúa, 
4i»ttn vez de la luna, el cielo. 

{Caán diferente, el español ó el andaluz ó el peruano, ó de 

frieo sea la invención! Creyó que las dos vocales que con- 

en azaAar y en moAo, fastidian por ser muda la h que 



í 



LXII 

las divide, y dijo aza/ar y mojo. Y es que pensó que por dul- 
ce que sea la miel, empalaba sin la aspereza del pao; y á f 6 
que aunque vulga rotes ambos provincialismos, el segundo, 
•azajar.» como que me agrada y me sabe á miel con pan ó si 
queréis sobre hojuelas. 

El profesor italiano de Mr. Chouñeury le decía que para 
habhii este idioma, bastaba agregar no al masculino y iia al 
femenino. Si pens4Íramos como ese singular profesor diríamos 
que pura hablar portugués inmediatamente, basta suprimir 
tOila consonante entre vocales. 

Lo que mas estraño al leer ú oír hablar italiano es la s final 
[x>ique si bien cs verdad que en francés tampoco suena sino 
I aras veces, por lo menos se consuela uno, pensando que ahS 
,esta. 

l\l íji^e^v^ ATittguo y mc^dorno, es el único idioma que puede 
disjniiaíselas al espaf».^! y aún qirzi llevárselo de calles en 
e>io víe ;•.<.>■ ñnalcs. L\> verda j que en éi no siempre son signo 
v'.e p!ii:a': v v'-^/'.-.^^-. ».-.:'^.Ví. it^-s, ct^'s. jr^^m/S<irhs, significan 
siitn^-^'er.ic b4oiiit:o. el O'.impo, el vino, el asno, el dromeda- 
rio, e:^ r..":r.:;:.vf.\o SüKu.ar, 

^" •* >■ 'í^-^ ".:.\íi*!:*.o. .4 Jomas se tonta con frecuencia el aca- 
sa:*\o ol^tza! ^v: c" voii. ::,*:. vo y con sio-^r español oí decir 
• ;^ as Je u: • a \ f s :• :* 'a -.r o .i í i v. a A : o :: a s : rvs :rís ; í res ho r as, las 
: t es \ ;\',>¿ í i • .:, ^ j,n * , v' ;: .4 l'. : oí ú: ao r as^ LV paso enseñaré á 
:v< ¿-0:0; es *::!a j::a:':.::s.:r.a c«:o¿:iai ie pu^iviacioa heléni- 
.*a. y es .;;:í e s í;.*o o.;' "oiíi-.o^ajio:"! , ¿<í representa en 
j::.rs:o ;v: ou:'U* \ vov.a. ."..• a,t^¿ ,:os :::ese5. j También 
s« o%e s':^a: * > :*.'ía e:: ;:r:vocci ie víibos 00 jet -íc5 %* 






l^ltM^ ;K' í;f ;aj i>ei.\v:o ooí'oo í. ie. sL'*^*-' izr¿uc* ec el 




LXIII 

qnft se verificaba fundiéndose dos 6 más palabras en uúa, tan 
U^o, que á primera vista esa palabra parece de una sola 
pieza. 

^ El sintetismo de las lenguas modernas cuando lo tienen, es 

por el estilo de la arquitectura ciclópica, cuyo arte consistía 
en amontonar enormes pedrones, unos sobre otros, sin arga- 
\ masa ni ligadura de ninguna especie. Era un mero sistema 
\ de aposición, y este es el que me recuerdan en español las 
palabras corre-vé-y-diUt correvedile saca-corchos, destripa-terrones y 
en inglés orange iree, por ejemplo naranja-árhol (naranjo,) Estas 
p^abras son compuestas y no sintéticas, y su composición no 
tiene nada ni de ingenioso ni de muy profundo, salvo en ale- 
mán. 

No así en griego. Un ignorante de este idioma creerá por 
ejemplo que paleontología es una sola palabra, según lo bien 
qoe se entrelazan sus partes componentes. Tomemos la llana 
6 plana {badil^'o) de la fílolojía; piquemos la endurecida mez- 
cla que ha hecho un solo bloc de varias piezas y, separemos. 
Primeramente tenemos el adverbio palai que es el olitn de los 
latinos, en seguida el ontos, que es un tiempo del verbo Eimii 
^ y finalmente el sustantivo logos 6 logia, dándonos coda la 
palabra esta frase : Descripción de los que antes existieron. 

Como se ve, el desarmar una palabra de estas es mucho 
: más peliagudo que el hacerlo con orange tree ó salta bancos: lo 
qne prueba que el sintetismo de los antiguos esta ba en su es- 
l^rítn, y el de los modernos en la material construcción de las 
^. palabras. No todas las voces sintéticas del griego y del latín 
aprestan auna descomposición tan perfecta. Las hay muy 
jc ficiles: por ejemplo en el latín subscribere ¿de que se compone? 
' de la preposición sub, que significa debajo, y del verbo scribere 
• * ¿7 porque se dijo así? Porque snscribirse es escribir su nombre 
[T deb^o de las condiciones que se aceptan. En cambio si un ig- 
norante en procedimientos filológicos me pregunta porqué se 

[ flama en el mismo idioma latino aticeps al que caza pájaros, ya 
. feo discurrir por sus labios un& sonrisa desdeñosa al contes- 
r tarle yo: porque se ha tenido presente á avis, ave y á capere, co- 



i 



LIV 

ger, y haciéndose ana contracción violenta» como puño que se 
cierra, se ha formado auceps. 

Los procedimientos ñlológicos causan á los ignotantes la 
misma risa, que la nomenclatura de las ciencias naturales á 
los que no están iniciados en ellas; y nada hay más seguro ni 
más exacto que uno y otro, cuando se ha penetrado su apa- 
rente algarabía. 

Respecto á auceps^ puedo asegurar y jurar por mis copiosas 
barbas que no soy yo quien descubre ó inventa la etimología; 
pues sometiendo esta palabra y cualquiera otra á los princi- 
pios ñjos establecidos, nada más fácil que desatarlas con su 
auxilio. 

La ventaja de las lenguas modernas sobre las antiguas es 
ser analíticas. Sin dejar yo de acatar esta preciosa cualidad 
soy tan frenético por la reconcentración de las lenguas muer- 
tas, que si me llevara de mi gusto todo lo hablaría barbara- 
mente sintético. No diría San Juan dt Dios tiene dos p^aiuelas, 
sino el hi'plazuclado de San Juan de Dios; los que vivimos aquende 
el tren^ sino los ciUenaieos^ componiendo una voz parecida á la 
antigua cisalpina^ para calificar á la parte de la Galia que es- 
taba del lado del que hablaba. 

El antiguo sintetismo y el moderno análisis de nuestras ien* 
guas llamadas analíticas, pueden representarse en^español por 
Acercaos y Acerqúese Usted. Cómo era ó es más cómodo? Lo 
primero era más sintético; lo segundo es más analítico, y no 
deja duda acerca del número de personas á quien se manda 
acercarse. Acercaos podía dirigirse á una sola persona y á mu- 
':has; acerqúese usted, solo se refiere á uno, porque para dos ó 
más diríamos ustedes. Estos números del usted, singular y plu- 
ral, son según Saivá, una de sus ventajas sobre el voms y elyou 
de los franceses é ingleses que no varían en el plural- 

En el latín para echarle un piropo á la Virgen, basta de- 
ciile di?mus aure<u Casa áurea en español significaría lo mismo 
y sin embargo nos parecería mejor analizar y diríamos casa de 




LXV 

Pero el análisis no ha de llevarse hasta el extremo de aquel 
quedaba de este modo los nombres de los padres de un niño: 
•Siendo sus padres Don Fulano de tal, como padre y doña Zu- 
tana de tal, cowtomadre.9 



Ittan át Mona. 



(1870) 



DICCIONAKIO 



DE 



FE!i2/TJ^3iTISav^OS 



Abarrajarse.— Lanzarse por completo en la perdición y 
él escándalo; no conocer freno ni miramiento ninguno. £n- 
ChilCy abarrajado, dice el señor Rodríguez, es caudaz, penden - 
cieroy perdonavidas, disoluto, libertino.! Lo mismo que el 
nuestro, sin más diferencia» que no pasa de adjetivo y aquí es 
QD verbo reflexivo completo. 

Abarrotarse.— En el comercio, echarse á perder un artí. 
coló para la venta en fuerza de su excesiva abundancia. La 
' definición lexicográfica es tan distinta, que solo dice lo siguien- 
te: f Abarrotar, verbo activo. Apretar alguna cosa con barro- 
te&B Viene en seguida la acepción náutico. Abarrotarse es iduñ- 

. bien cubanismo. 

f 

^ Abarrotes. — Almaeén ó comercio de comestibles en gran- 
de J por mayor es lo que se entiende bajo estapalabra. En el 



-i." 



2 ABA 

Diccionario soló encontramos: lAbarrote: el fardo pequeño he- 
cho á proposito para llenar el vacío que dejan los grandes.» 

Abombarse. - Ponerse algún líquido fétido, hediondo- 
Quizá venga este provincialismo del hedor que suele haber 
cerca de las bombas de achicar agua, especialmente en los 
buques, poique ni se halla tal verbo en el Diccionario, ni la 
palabra bomba entre sus diversas acepciones tiene la de cosa 
bomba ó abombada, porque es sólo sustantivo, y en ningún caso 
represéntala idea de líquido corrompido cuando provincial- 
mente (Andalucía llega, á ser adjetivo. 

Pichardo en su Diccionario de Provinciales mso de la Isla de 
Cuba dice: lAbombar, verbo activo, vulgar. Causar bombera 6 
poner alguna cosa bomba. Usase también como recíproco.» Y 
en la palabra Bombo, ba: — i Adjetivo, zonzo ó soso; pero tam- 
bién se aplica al agua ú otro líquido sin gusto ó calent^^do 
apenas . ..,agua ó baño, bombo ó bombito.B Dá también á bombera 
por equivalente de zoncería y sosería. 

£n Chile abombarse es embriagarse, achisparse. Nosotros 
decimos estar en bomba, tomarse una bomba, Hé aquí pues, una 
curiosidad digna de ebtudio: tres estados hispano-americanos, 
dos de ellos limítrofes y en la costa del Pacífico, y el atro ais- 
lado en el Mar de las Antillas; aquellos separados de España 
djsd*^ hace más de medio siglo muy largo, éste haciendo toda- 
vía vida común con ella; y todos ellos conformes en crear por 
su cuenta y correctamente, un verbo provincial «¡obre la voz 
castiza bomba, que indica una máquina, para designar, el uno 
la borrachera, el otro el agua corrompida^ y el otro el agua qus- 
brantada y la zoncera, 

¡Y crea Ud. en la unidad de la especie humanal Por último 
en Bogotá, según el señor Cuervo, abombado es «bombo, atur- 
dido;»y en Andalucía como ya lo dijimos arriba, hay el provin- 
cialismos bombo, bomba, adjetivo, que equivale á «aturdido, ato- 
londrado con alguno novedad extraordinaria, o con algún do- 
lor agudo.» 

Abra car. -^Entendemos que este provincialismo es más 



ACÁ 3 

bien corrupción de abarcar que de obrazar. En ambos en- 
tran los brazos; en éste, en ca stellano; en aquel, en latín, bra- 

Abosfón. — Esta-hemnosa palabra del castellano antiguo 
tiene todavía bastante uso entre nosotros, en el sentido de su- 
perstición. Respecto á las supersticiones que agitan á nuestro 
pueblo, el lector las hallará en los artículos: Duendes, Cora (^., 
^ue deberán ser considerados, lo mismo que algunos más de 

^te diccionario, como artículos de costumbre más bien que 

^mo filológicos. 

Acacñu.- Arequipa. Exclamación de dolor y de calor. 

Ararilo* — Aqiiicilo. — Allicl to. — Difícilmente tendrán 
>d«7a en España de estos curiosos diminutivos. Como el ob- 
jeto de ellos es exagerar lo insigniñcante de una distancia* 
v^o casi siempre acompañados de no más, diciéndose aquicito 
*^ fias, aUacito no más S», 

Acápite. — ¡Qué desconsuelo experimentarán nuestros lec- 

^^«s, que embarazo, al saber que acápite^ con todo su sabor 

■^tioo y hasta greco-latino (por esa a inicial que parece priva- 

^V'a) no se encuentra en el Diccionario, que sólo trae el débil 

^^mrU, gastado por el uso de las comedias, y los consabidos 

^"frafo y parágrafo! ¿Quien no diría que entre éstos y acápite 

**y la misma relación que entre monograma y cifran siendo el 

A^gando vocablo el de casa y el primero el extraño? Nada de 

^^: con todo su aire familiar y castizo acápite es provincialis- 

'^o. ¿Y es capaz ninguna república hispano americana de acu- 

^r y circular por sí sola vocablos de este calibre? 

El señor Cuervo consigna también á acápite entre los pro' 
^neialismos de Bogotá; pero sublevada sin duda su concien- 
cia filológica lo mismo que la nuestra, no puede menos de ex- 
damar. • Acápite parece que fuera latín, y en efecto nuestro a- 
JDÍgo el señor Uricoechea nos ha indicado que pudo tomarse 
de las palabras a cápite, con las cuales se significaría que ha- 
Mi de continuar la escritura desde la cabeza del renglón y no 
tír de la mitad.» 



r^» 



4 ACE 

Sí; pudo tomarse, y también nosotros creemos hasta este 
momento que acaso venga del latín cápite y la partícula priva- 
tiva, así en griego como en latín y en castellano, a, y que acá- 
pite valga tanto como sin cabeza, materialmente traduciendo. 

Pero ¿cuál es el pueblo hispano americano volvemos á pre- 
guntar, capaz de esta hombrada? ¿de irse á tomar cindadelas 
al griego y al latín y venir con el trofeo a nuestros pies, pa- 
sando por encima de la guardia castellana? 

Si nosotros dispusiéramos de los elementos de que proba- 
blemente dispuso elyanki Bartlett al componer su Dicciona- 
rio de americanismos, empezaríamos como él por estudiar los 
dialectos de España y de ahí deduciríamos más de uno de 
nuestros provincialismos. 

Las palabras españolas derivadas de caput son infinitas: 

también en catalán cabeza es cap Con que aten ustedes ca- 

bos. 

Por lo pronto es innegable que en Cicerón la expresión acá- 
pite está siempre usada por desde el principio , y que en esta fra- 
se suya €A primo capite legis usque ad extremun,i tdesde elpri^ 
mer cápite de la ley hasta elñn,i no vemos qué pueda significar 
ese cápite, sino es párfofo 6 parágrafo^ comienzo, principio, y por 
tanto nuestro acápite, que no es más que nuevo comienzo del nue- 
vo renglón, 

A ca&erarse. — Se dice del animal doméstico (perro 6 ga- 
to) que de buenas á primeras se cuela en una casa, y velis nolis 
se acomoda en ella. En este caso acacerarse puede traducirse 
por lo que los españoles llaman encariñarse, ó más bien aque- 
rendarse. 

También se dice que se ha acaserado, del vendedor ambulan- 
te que añade una nueva casa á su clientela. 

Asechanza.— Acechanza.— Este artículo no tiene más 
objeto que explicar cuando asechanza ha de escribirse con s^ 
cuándo con c. La confusión es de las más naturales, no pre- 
cisamente por la identidad fónica de ambas palabras, cuanto 
porque, bien visto, no significan sino la misma cosa, estriban- 



ACE 5 

do toda la diferencia en que la una se refiere al acto mate- 
rial, y la otra al traslaticio, derivado indudablemente del pri- 
mero. 

Acechar con c y todos sus derivados como acechanza, acecho- 
aachador, acechón^ corresponden á las voces latinas speculare y 
^Puulatio; y en castellano arcaico y en términos corrientes en- 
tre nosotros, á aguaitar ^ aguaite &*. 

Asechar con $ y sus derivados asechanza, asechamiento, asecho^ 
^^hador, asechero, equivalen á las expresiones latinas insidiaría 
^'^^idias farare; y á las castellanas que no son más que las mis- 
'^s latinas, insidia, insidias, insidiar. 

£1 acecho 6 acechanza es la caza ó el conato de caza á aves y 
cuadrúpedos; y el asecho 6 asedianza es la caza 6 conato de ella 
*''mado á hombres y pueblos. 

El que aun no entienda la diferenci-a, diga siempre iusidias. 
^^^iar cuando el lazo 6 red se suponga encaminando á seres 
•"«"nanos. 

^cemilo. — Hemos dicho que los diminutivos en illo, illa 

L "^- no petaban al peruano: ¿no habrá sido porque nos resre- 

f ^*lHiinos esas termiiíaciones para nombres propios como acei- 

\ fj*^, mantequilla, mostacilla, frutilla, granadiiia, palillo? <S». ¿O 

¡T '''^t) porque habiendo impuesto los españoles mismos algunos 

^ esos nombres, los de frutas y plantas especialmente, hemos 

^tdo que ya la terminación esa no servía para otra cosa, 

9^ estaba tomada á perpetuidad, y que por otra parte era 

"Iteno evitar anfibologías? 

Sea como fuere, ello es que aplicamos esta desinencia para 
%níficar cosa fina, menuda 6 graciosa: y sin que nos ciegue 
- ■ costumbre y menos aun el provincialismo, casi siempre con 
lo gasto exquisito que desearíamos á los españoles. 

' No sabemos cómo llamarán nuestros hermanos de allende 
^,j|l aceite fino de perfumería que se usa en el tocador. ¿Aceite 
'fiua el pelo? Aquí le hemos dado la consabida desinencia, 
l^fte pinta por sí sola su delgadez, y la delicadeza de su com- 
¿ptmkióa y aplicación. El Diccionario no trae esta palabra, ni 



ACE 7 

r, The larger or principal one, which suplieb the smalleri 
is called Acequia Madre, or main ditch.i 

Igualmente rorre por acá lo de Acequia Madre^ como que de 

la AclquU Madre h Madre patria recibimos la denominación 
todos los que hablamos castellano en este hemisferio. Mas 
la verdadera acepción parece haberse invertido, porque se- 
gún Terreros (1786) Acequia madre es «aquella en que entran 
otras;! segán el Diccionario de la Academia de 1727, au- 
^mas madres son «las que se hacen para desaguar las tierras, 
6 hazas sembradasi (lo que aquí llamaríamos sangraderas) 
al paso que en Méjico, como acaba de verse por el articulo 
de Bartlett, y en el Perú, como pasamos a probarlo con ejem- 
plo de nuestra humilde cosecha, acequia madre es la que ali- 
menta otras pequeñas: 

•De sauces bajo plácida alameda, 

Con insensible curso sosegado, 
La acequia madre en tanto en lo alto rueia; 
Madre que vé triscar djsde el estrado 
A sus infantes en gozosa rueda.i 

PoBsíAs Peruanas, Pág, 9. 



pmeba de que acequia podría y debería ser reemplaza - 
por arreye muchas veces, y la de que con frecuencia son 
flÍBÓniínos; la hallamos en estas palabras de Gracián, escritor 
cUcico español, traduciendo á Piatarco; «Bien así como el 
qne de un gran rio saca arroyos y acequias,* Cualquiera de 
«nestros escritores se habría limitado á la última palabra. 

El padre Bernardo Torres describiendo los alrededores del 

Callao en su «Crónica peruana de San Agustim (1667) ^i^^* 

^Más adelante se ven esparcidos a trechos, quintas hermosas, 

jneoos olivares, alegres arroy^s^ fértiles sembrados que de- 

itan la vista.i 

10 



8 ACH 

Estos arroyos y estas quintas en nuestro pobre lenguaje de 
hoy habrían sido chacras y acequias. 

A estas cercenaduras del idioma, á estos refinados provin- 
cialismos es á lo que deseamos oponernos con todas nuestras 
fuerzas. 

Acomedirse. — Doble corrupción de comedirse, puesto que 
le aponemos una a que no tiene y le hacemos significar pres- 
tarse á hacer un servicio graciosamente ^ por lo que el partici- 
pio acomedido, que es de mucho uso, equivale á servicial, 
solícito; y desacomedido, que es un feo reproche, á lo contrario 

Comedirse no se usa nunca ; comedido , alguna vez en- 
tre gente culta, en el sentido de cortés, urbano, modera- 
do . — A comedimiento', oficiosidad, extemporánea muchas ve- 
ces. 

AcoDchabarse. — £1 Diccionario dice conchabarsey y con- 
chabanza por lo que nosotros llamamos corrientemente acon- 
chavamiento. 

Achaláu!— Arequipa. Exclamación de admiración por lo 
bello. 

Acriollado. — El extrangero que se apropia las costum- 
bres del país; ó lo de la misma localidad recargado de cíio- 
llismo, por lo que puede haber personas, familias, reuniones, 
&, peruanas, acriolladas aun para nosotros mismos. Es por 
consiguiente voz de reproche. 

El extrangero acriollado es, como todo imitador, an si es no 
es antipático, porque todo imitador exagera lo malo y no 
reproduce lo bueno con ingenuidad. Al acriollado en las Islas 
Filipinas lo motejan con una voz más graciosa que la nues- 
tra: aplatanado. 

Achalay.— Freno y jáquima con piezas de plata de las ne- 
gras de Cañete. 

El cabezal espléndido 
Do la plata labrada 
Y la chafalonía 



^r- 



ADE 9 

De la opulenta ama 
Para un achalay fulgíck) 
Dieron materia harta. 

PoEsus Peruanas, pág. 139. 

Achira.— Raíz dulce edible, un tanto parecida al camote, 
con la diferencia que se come cruda. — Es al camote lo que 
hptanábana á Isl chirimoya: una caricatura. — Es voz puramen- 
te fíéciba. Canua achira, canna paniculata. 

Acholarse. — Correrse, acortarse, avergonzarse, confun- 
dirse. Etimológicamente, su mejor sinónimo en buen caste- 
llano es achifuirsCy pues vale quedar hecho un chino, como nues- 
tro peruanismo, quedar hecho uu cholo. De aeholarse á empavar' 
^t casi no hay distancia, y en cuanto á este último peruanis- 
mo, de mucho más uso que el anterior, los lectores lo halla- 
^ más adelante en su lugar correspondiente. 

Achote. — Bajo el nombre de achiote. Salva lo describe co- 
^^ árbol de Nueva- España y lo compara al naranjo. El 
«ffc/í que nosotros hemos visto por la costa del Perú es una 
>B*U como la del algodón, cuyos frutos se parecen á los del 
^rdosanto, siendo un erizo lleno de simiente menuda, no 
''^a como en el cardo, siuo roja, y que se usa en la co- 
OBa para teñir de colorado el caldo del puchero. — Bixa ore* 
Aif. 

Hecho un achote: estar muy colorado. 

Achote 6 achiote ^s id^mbxéu Cubanismo.— En la Argentina 
mei. 

Adefesio* — Muy engañados están los que creen que esta 
füabra es enteramente un peruanismo ó por lo menos li- 
Beñismo; y aunque es raro el escritor que al usarla no la 
Jobraya, creyendo exonerarse ante la Academia Española, 
6 gaoar indulgencias ante el espíritu de la literatura criolla, 
ap €8 por eso menos castellana de todos ios tiempos. 
Eocuéntrasela con todo el sabor limeño en una antigua 
pi^tpOnieilia del teatro español, Lo que son mujeres, de Rojas Zor* 
lla« (Jornada I, hacia el ñn) y si los lectores quieren ejem- 



lo ADU 

pío contemporáneo, en la zarzuela de Olona, tEntre mi mu- 
jer y el negro,! en la que miss Fanny, volviéndose al negro 

que la importuna, le grita: tQuita allá adifesiol En 

otra comiedia, de Moroto, cEl parecido en la corte,! se en- 
cue^ntra también el siguiente pasaje (Jorn. I Esc. VIL) 

— tYo soy tu padre, — ¿Qué padre? 
— Es como hablar adefesios. 

En cuanto al derivado adefesiero, de tanto uso, etit sf que 
tiene todo el sello criollo, lo mismo que adefesiado, 

Goya y Munain en el prólogo de su traducción castellana 
de la Poética de Aristóteles, dice también: tel juicio adefesios 
6 á bultOB, cuyo plural coincide con lo que dice Piugblanch» 
Opúsculos^ 231, que adefesios no tiene singular en castellano» 

Adulón.— No hallamos en Salva esta forma provincial de 
adulador t ni mucho menos la otra tan expresiva de aduleUf 
con que calificamos á un aduladorzuelo de la más baja es- 
pecie. 

Estas libertades que nos tomamos por acá de formar un 
segundo adjetivo sobre el castizo, ó trayéndolo del mismo 
tronco, como adtdón por adulador, aguachento por aguancsOf 
y algunos en udo por la terminación en oso, tiene una gran 
ventaja, que de pronlo no sospecharán los españoles, y es la 
de contribuir á formar dos lenguajes como en griego, uno 
prosaico y otro poético, uno familiar ó vulgar y otro litera* 
rio ó esctito. Adulador no es para nosotros sino adjetivo¡ 
en adulón vemos un sustantivo y es aquí sinónimo de corte- 
sano . Aguachento solo nos sirve para calificar la fruta 
acuosa. 

Igual distinción se advierte cuando sobre la raiz de un 
verbo que no debe empezar sino por la preposición en ante* 
penemos la preposición «, para designar otra cosa: Véase 
alúcarse, amordaiar^ apañar y otros en los que aligeramos la ac- 
ción del verbo, anteponiéndola «sa «, que es el ad de los lati* 
nes y que denota la idea de alrededor. 



7 . • -■ ■ 



AGA n 

Aflo)Hr«^-DjS uaa manera absoluta se toma por soltar if di- 
mro; y así se oye á cada paso: no afloja; qm afloje; hay que ka* 
cerlo aflojar <S». 

Afrecho. — Provincialismo de España, y también nuestro, 
por salvado^ que aquí nadie usa. Garcilaso en sus Comenta- 
rios se sirve corrientemente de la palabra esta. 

Agalllnazado.— Color negro sin lustre, fúnebre como el 
del plumaje del galltnaxo (el turkey-hird de los ingleses); feo en 
una palabra. 

Agarrar.— De muy buen castellano es este verbo, y no 
hay de malo, sino el abuso que de él hacemos empleándolo 
constantemente por coger^ verbo que parece ng existiera para 
nosotros. 

Algunas veces, con todo, lo empleamos atinadamente, co- 
mo se vé por este verso de una comedia de Lope de Vega, en 
el que agarrar está á la limeña: 

•Mientras los dos muy valientes 
Defendían la nobleza 
De sus amos, con presteza 
Agarré los dos presentes. 

(Los Milagros del Desprecio.) 

Campoamor va más lejos, y en el canto III de los Grandes 
Problemas dice: •¥ agarrándole bien con la miradaí— Y en el 
Diccionario de la lengua lo mismo hallamos asirse de un ca- 
bello, que agarrarse de un pelo. 

Y en el Diablo cqjuelc de Guevara ty le agarraron cerca de la 
r&3ra vecina en compañía de su ninfa.i 

Por último, y como si en el abuso de nuestro agarrar hu- 
biera algo de Andalucismo, en Rodríguez Rubí, Poesias An- 
daluzas, pág. 49, hallamos estos versos: 

Bien cantao mi zeñó 

Toma esta prenda y repara 
Que es una flor con espinas 

Que punza á quien mal lagarra. 



12 AGU 

Igual uso 6 abuso parece que tuviera el agarrar aun en el 
dialecto licU, a jazgar por estos versos de un poeta asturia- 
no ccn:er»iporar.co. Don Teodoro Cuesta: 

«E: non fi: casu de naide: 
Scio íala co la r.eña 
Que va cu"jf rjjj del déu 
De la su mano derecha. • 



Ei nc hace ca>o de nadie; 

vj"«:e Vi j¿"j»».:jj zt^ ::e-0 
De la su :r-ar:> derecha. 

En cas:e".:anc -:v.sr.:j podríanse s =:uldpi:car ¡os ejemplos: 
Tf cd-.f ri.' e". ra^- va i sa!:r cmiendo. 

•Flcjun?? rz Castilla. •—(1555) 

AyilHolUMUO. — Sr,.^r:~r ie j^i-sars:. :Y á qué un sinó^ 
nmio mAS: ir.^utT-ira ur rursta c^^.:-so. Ec eso está el quU ^ 
El castizo dCMJ-v.'^'. !c ^'^^'iar.'^s nr:sc:tos para las persooms» 
j d ^y»üi.'€/%;.^ lo hf-.-r* :ieaic pvara la írrita: (duraznos* me- 
''«IKNMS %t,^; porcue íí ¿e aiverr.r, cae poruña metáfi>ri 
m á la de lc>j^v v" :^';.^J.'. llanamos a^^aflcs* al pámfk 
iiabeá nada. 

«m||MillIlll« — rrr.-^'^íyt ri i>ra arer.::p«ia para denotai 

í»a agua í^OTera .- .:? r.v,' 5:ri-. .r c=f Irs ingleses llaman 

IV ««^. E«rA ru'i>:A. i — is if «-.: a^adable sooidoi 

la venta;* de :c.:r r ír ;¿ri s.;".r v^- lo que en cas- 

y e« ÍRj^lrs arda rcr*:-: ir fi ¿ris* ?oí estas y ocras 

UML)o^a$ :ír,d:A ari¿c coe e^pexar ia Academia 



AHU 13 

española el día que determine seguir el docto consejo que le 
daba el eiudito Juan de Guzman ahora tres siglos casi cum- 
plidos, y también en nuestros días D. Vicente Salva en la pá* 
gina XII de su Iniroducción á su Nuevo Diccionario de la len* 

goa castellana. 

Agoanoso. — tLo que está lleno de agua ó demasiado hu- 
medoi dice el Diccionario. Nosotros lo aplicamos desde lue- 
go y generalmente á la fruta demasiado acuosa; y por me. 
táfora y siguiendo los ejemplos que la lengua misma nos dá 
en insulso, insípido, soso &. á las personas. Para la fruta só- 
lo teoemos el provincialismo aguachento que es bastante ex- 
presivo. 

Aguatera — Arequipa. Lo que nosotros llamamos en Li- 
™* la tinajera, y el Diccionario, el tinajero, — Aguatero por agua- 
^ es común en Arequipa y Tacna. En Lima no usamos 
^ desinencia tero; á no ser en la palabra leñatero, que así de. 

• 

cimos por leñador, vocablo que parecería pluscuam culto en bo- 
ca nuestra. 

Ahogos . — Padecer de ahogos al pecho, 6 simplemente 
^9hogos, como por acá decimos, es, según el Diccionaríot 

Ahorita. — Nos viene bien lo que dice Pichardo de este 
^verbio provincial, que no es más que un diminutivo insó- 
Vto de ahora (como el lueguito de los chilenos). Hé aquí las 
filabras del aludido Diccionarista: Ahorita.— Más de pre- 
cinte que ahora. — Ahorita mismo, aun más de momento 
fne ahorita . Pero deben desterrarse de la conversación 
CiilU.i 

Ahaesarse. — Con este verbo pasa lo que con enmonarse y 
€tro8 de composición nuestra . el Diccionario reconoce y trae 
d sustantivo mona (borrachera) y no la derivación verbal. 
Xespecto á hueso, nos dice el léxico que es lo inútil, de poco 
¡ pncio 7 mala calidad.!— En nuestro comercio vale por lo in- 
i lervíble, lo inhabilitado para el expendio por avería natural 
! 4 por caprichos de la moda, lo que no tíene salida. Semejante 
.^irtfcalo istá ó se ha ahuesado. 



Xi AYM 

Pe ihi ::a pasaio e*. pr3\:=c:al:5!nc ¿ le rgiirado y meta- 
K-rcc: :ccc iaJivíiuc zue desruts ce Irrcves c larcas llama- 
raiii, ís Iv r:i::c?, n: '.::a:. i.trriiir. c scrarr.enie en lo so- 
c:í*.. Sí ar.u'i j ec'.irsa d* rér-er:* . rs:i c Sc ha akmsado. Es- 

r^* íi-AfiAr.'cs p:.":::j. pe: ''Cr ?:.: ;¿rfz::5 :zti:c uso; lo mis- 
n-.c ^,;:í 1á> jcsjL5 :.:= i-f?;:. ¿r.r? :*^. fr su £cr porque no 

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^J^ v.Ar,f>s i:oj.*>.> V iíi- ^..- : :r:r ran-i nacen sus pi- 
t«x*:jL$^ ,■*:•. r%Ví< cj.^». . *>j^ -. .;^jív í*; -L-.j.¿Ar :í- \"éz: c: vierten 
4. i*.:f>-o :^'N": •.<». ,v>:j.i. ?i >:. .r rz ie aptausos 

% ,. ...i^Ay-^uvf,- .V. . .>ccs. .c ¿i, ri5 pcoccsio de los 

\ »:*>%; 4» oNas^ •*•..■?.> « * i .5^ r^iicrj* ¿sf .^¿rr os más 6 

\>m;ir;>. '*•*/.' => * .- ^*; :. rs :^ w2¿ . a c^sra era d 

út<^a%$* %\?" ,> *\v;, .v,v. ,* .^ «Nr. ' :. .>. Lo? -:z.'CCS indios 
<^ -V% ??^.vr • *:- «.-V .* , ^. . s;:^ ,> i* rc^ivia, ó los 



ají 15 

/^iranipo. — Arequipa. Del quichua ayrampUf planta tinto- 
rial, especie de cactus cuya bemiila da un lindísimo color de 
carmín. Con ella coloran los helados y otras confecciones. 
Cactus atrampo. 

£n las llanuras del ñorido campo 
Cuando el sol en las tardes se deploma, 
Y conflagrado el horizonte toma 
Majicos tintes de carmin y atrampo. 

Poesías Peruanas. 

A|í. — Planta y especia tan común en el Perú, como en to- 
da la América, si no nos engañamos, y en la que es indígena 
ú exótica según los pareceres. En las lenguas europeas corre 
con el nombre de pimienta española. 

El tamaño, la forira, el color y el grado de picante son in- 
finitos en nuestro ají\ los hay rojos, morados, amarillo de oro, 
7 verdes; los unos tan largos ó más, y tan puntiagudos como 
noa zanahoria, los otros, pequeños y redondos como una ce- 
reza. Ya se muelen, y aderezados con aceite de comer ú otro 
ingrediente, componen una masa ó pasta que servida en un 
platito ó maie según lis mesas, hace las veces de mostaza in- 
glesa y francesa. Uno solo, de los grandes, viene como de 
adorno en el centro de toda fuente de comida, que aromati- 
tti y que pasa después al plato del mas aricionado, el cual 
k) revienta y esprime, sazonando y condimentando á su ma- 
Aeía lo que va a comer, que haria ver estrellas á todo ei que 

bese criollo ó acriollado. £1 menos picanee de nuestros 
tfia creemos que deje atrás á la mas brava de las pimientas 
iltramarinas. Un distinguido escritor italiano el Señor Pero- 

hri Malmignati en su libro sobre el Perú dice que la prime- 
n vez.que comió un picante (plato especial en que predomina 
dá^^'í) le pareció que se habia metido en la boca un puñado 
de ascuas. La comparación es de las mas exactas. 

Ají seco es el que se deja madurar en la mata como la uva 

le ie quiere hacer pasa, Es un ají largo que se expende 

11 



i6 ají 

como menestra en los mercados, y cuyo color especial, mora- 
do rojizo, sirve para designar el plumaje Je ciertos gallos de 
pelea, llamados por esta razón ajiseco, como se dice de otrrs 
el giro S», 

Molido y pulverizado se envasa en tnatecitos de la localidad 
conocidos con el nombre de potitos de ají^ que se pueden ex- 
portar á todos los lugares de la tierra. El ají en esta forma, 
es quizá el mas agradable de todos, y se usa y se sirve con 
la punta del cuchillo lo mismo (\\i*t la pimienta ñna, á la que 
aventaja inmensamente por su aroma que es delicioso, lo 
mismo que por su sabor. El nombre procede de las islas de 
Barlovento (Antillas). 

-^7 i>íi/.— Sementara de ají , 

El tapiz de sus orillas 
El encendido ajizal^ 
Cuyos pendientes de fuego 
Eu la verde mata están, 
A la escarlata y la púrpura 
Pareciendo desafiar. 

Poesías Peruanas, pág. 167. 




Es justo, lo repito, 

¡Cuánto allí (]ue halagara el apetito! 

La blanca leche allí, no adulterada. 

El blando queso que en delgadas hebras 

En la dormida superficie nada; ^ 

De pescar acabado, 

A mar sabiendo aún fresco pescado, 

Y el ají y el tomate 

Émulos del carbunclo y el granate. 

Poesías Peruanas, 54. 

AJinco. — Guisado nacional qu3 tiene por base el ají y la 
papa, y que, en lo general, es de un picante soportable y 






ALC 17 

hsista insensible á veces, por lo que puede comerlo cualquie- 
ra extrangero, aunque no es plato fino. 

Los señores Rodríguez y Pichardo describen también co- 
mo guisado nácionarl de Chile y Guba un ajiaco tan distinto 
del nuestro, que podemos llegar á esta desconsoladora con- 
clusión: ¡Cada pueblo tiene su ¡ajiaco! 

Alalaü. — Arequipa. Exclamación de frío 

Albazo. — Ruido estrepitoso, discordante, bárbaro, de co- 
hetes, camaretas, gritería, música militar y otras lindezas con 
que al rayar el alba se va á despertar á un individuo ó fun- 
cionario, so pretexto de de fest ¿jarlo , porque ¡es su 

santo! 

Generalmente el individuo está despierto y no se sorpren- 
de, porque ya sospechaba la sorpresa, estoes si no te- 
nía aviso, en su carácter oficial, si lo inviste. 

El albazo, que es como una serenata antelucana, viene des- 
crito en Terreros en la palabra alborada, en una de sus acep- 
ciones: La salutación que se hace con música al rayar el 
alba» dice aquel padre jesuíta. Albazo y alborada en lo anti- 
guo significaban ataque militar matutino. En lo moderno (Sal- 
va) sólo alborada tiene esta acepción, y también, en cuarto 
término, la de tmúsica que se dá al rayor el día.» 

Los pavos caseros 
De mi vecindad 
Desde muy temprano 
¡Oh cuadro rural! 
Inflan sus gargüeros 
Y albazo me dan 
Con la greguería 
De su gregoriar. 

Rimas del Rimác. 

Alcuza. — Así llamamos á la pieza de mesa, generalmente 
t boj, que contiene cuatro vasija*» con aceite, vinagre, Tsal 
pimienta. A veces los compartimentos son mas numerosos 



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AMA 19 

chas veces; lo segundo es la cita á plazo ñjo. Teniendo pre- 
sente estos dos distintos ofícios del a y del tn hemos dicho, 
áiocarse^ apañar^ atnordazar para quitar la permanencia, pleni- 
tud y duración que parece haber en enloquecerse, empanar y en- 
mordazar. ¿A qué no debemos aparedar por emparedar? Porque 
sabemos que en este castigo ó suplicio no hay termino me- 
dio. 

Altos. — Los altos llamamos en Lima al primer piso de las 

casas, que es el único» porque no se ediñcan varios como en 
ottas partes. Los bajos ó piso del suelo son lo que los france- 
ses denominan rez de chaussée; los ingleses ground-floor y los 
italianos pian terreno. 

As! pues se dice vivir en altos, vivir en bajos; estar buscando 
MMOS olios, unos bajos (para vivir) &c. 

""Ama. — Todas las lenguas europeas han formado su pala- 
bra para designar al ama de cria sobre la raiz del verbo nu- 
trir; y así vemos en inglés nurse, en francés nourrice^ en ita- 
liano nutrice (fuera de balia) en castellano nodriza &c. 

Mas nosotros y los alemanes nos hemos dado el lujo de 
traer nuestro sustantivo directamente de otro sustantivo grie- 
go 7 latino mamma, de donde se ha formado ama en caste- 
llano y amnu en alemán. Así el más común de nuestros dos 
sinónimos, ama, es indisputablemente más noble que no- 
iñxa. 

Amancay. — Flor abundante en los cerros de las cerca- 
nías de Lima que constituyen el paseo denominado de Aman- 
£s una especie de narciso amarillo. Ismene hamancae. 

Las fraganciosas aromas, 

£1 coTonsíáo palillo, 

Y el amancay, amarillo 

Naiciso de nuestras lomas. 

Narciso infeliz que llora. 
Pues retirado lo copio, 

Mas que el amor de si propio, 

La soledad en que mora. 

Poesías Peruanas, pág. 176. 




20 AMA 

En cuanto al plural, debía ser en ayes, como lo vemos en 
taray (que es otra planta) que en todos los antiguos poetas 
españoles lo forma tarayes, lo mismo que todas las palabras 
de esta terminación, y 

La en acSj que sin duda es mas suave, ha prevalecido entre 
nosotros, como se vé en pacay ^ cachai achalai y algunas mas 
que hacen su plural como amancay. 

Que si lo que me traes 
Ni son ni floripondios ni amancaes. 
Se enlaza por lo menos y se apiña 
Como el vistoso fruto de la viña» 

(Poesías Peruanas, pág. 44.) 

Hay también el amancay de los rastrojos, que salta en ellos 
apenas se riegan y que es el precursor de la nueva ceraen1:e- 
ra. Fioi enteramente solitaria brota de trecho en crecho en 
los surcos sobre un erguido y verde tallo en cuyo vértice 
abre los (estrellados y anaranjados pótalos de su campánula, 
que doblega inmediatamente como si quisiera apropiarse la 
imájen de la flor tronchada por el arado, que Virgilio aplica 
al joven Eurialo, cuando cae herido de muerte er uno de los 
combates de la Eneida. 

Nace de un bulbo ó cebolla, y esta es probablemente la 
flor que el señor Raimondi designa con los nombres de aman- 
cay de antibo, amarylis áurea. 

Y nuestros incultos campos 
Do ostentan color igual 
La siáticay la retama 

Y el cabizbajo amancay. 

Poesías Peruanas, 170. 

En color y forma este amancay es enteramente distinto del 
que d' jamos descrito arriba/ cuya ancha corola es de un co- 
lor de oro estriado de verde. 



s 



AMA 21 

Amarironado. — Hecho un maricón, ó manca como diría 
UD español. 

Amarrar. — Manera llana y /ulgar de expresarnos en mu- 
chos casos en que bastarla atar, como nos sucede con agarrar 
por un simple tomar ó cojer; botar por echar &, 

La literatura cast(.'llana está, no obstante, llena de estos 
agarrares: Romancero de Rivadeneyra I. 551. 

•Considerad vuestras hijas 
Amarradas á dos robles.» 

Aquí puede explicarse con la brutalidad del acto que va 
narrando el romance; pero, y en este monumental y clásico 
endecasílabo: 

En la concha de Venus amarrado? 

Con razón pregunta Quintana si no se trata de algún galeo- 
te. Idéntica pregunta podria hacerse por acá en donde el atar 
solo figura en los compuestos, especialmente en arrebiatar, 
que, por vulgar sin duda, hace las delicias de los criollos; ó 
en locuciones invariables como ate U. cabos] ó en la dicción de 
los hablistas en ico, que hasta con impropiedad lo usarán por 
amerengar una frase. 

Amarrar se usa en lo figurado de una manera mas orijinal 
todavía. Tener ó estar con la cara amarrada es tenerla ó traer- 
la ceñula, írunculsí,— Amarrarse la corbata por atársela. Figu- 
rado: amarrarse los pantalones: prepararse con toda enerjia para 
una gran empresa. 

Ama seca. — La que sustituye á la de leche (ama) tan 
pronto como el niño ha sido destetado: Niñera^ rollona en Es- 
paña. También en portugués se dice ama seca. Los dicciona- 
rios castellanos no traen este nombre. 

Amasi(jado.~El bonito color trigueño. Esta palabra es 
de mucho uso, y mis lectcres me perdonarán que no me aven- 
ture á buscarle la etimología porque temo desvariar. 

En cuba se dice almacigado para denotar cierto color, y se- 
gún el Señor Pichardo viene esta palabra del árbol indígena 
«Almacigo» que tiene su corteza de ese color. 



22 AME 

Amanta —En tiempo de los Incas, hombre sabio, docto, 
consejero de Estado; algo como los Ulemas de Cocstantinopla 
ó como nuestros Doctores (abogados) por el prestijio cúasi-sa- 
cerdotal de que están rodeados. 

Y de haravicos y amáuias 
Ya por los campos apenas 
Se oirán resonar las quenas, 
Nuestras indígenas nautas. 

Poesías Peruamas. 

Ambareado. — Se dice del pelo que es entre rubio y ne- 
gro, ó sea castaño. Tal vez sea una corrupción del antiguo 
ambarar, «dar ó tener el color de ámbar i Este término es tan 
usado como el de amasigado, y uno y otro pertenecen por de- 
cirlo así, al dialecto de la limeña. 

Americanismos. — De tal manera se han salido con la 
suya losyankisáe que por América no se entienda sino Esta- 
dos Unidos y por Atnericanos ellos, que ya hasta en el lengua- 
je lexicográfico, después del Diccionario de Bartlei^ solo pueden 
ser americanismos los de la América anglo-sajona. Así es que 
si mañana un nuevo filólogo de los nuestros emprende un tra- 
bajo comprensivo sobre los monográficos de los señores Pi- 
chardo. Cuervo, Rodríguez y el presente ¿de qué título echa- 
rá mano? Tendrá que decir Diccionario de Hispano- A meri- 

canismos, 6 para abreviar, •Provincialismos de Hispano-Amé- 
rica.» 

A pesar de toda su pujanza los yankis no han sabido darse 
nombre nacional; los Estados Unidos sod unos estados que se 
han unido y nada más, americanos son tanto los de allá como 
los de Patagonia. Han contado sin la huéspeda; tarde ó tem- 
prano la América española se repoblará, que es todo lo que 
le f?.lta para hacerse jente; y cuando ella también sea Améri- 
ca y nosotros también Americanos^ ¿cómo evitará la ambigüe- 
dad los que prematuramente tomaron posesión absoluta del 
nombre? 

Cuando nosotros viajábamos por el Oriente y otros pan- 



AME 23 

^^^ lejanos de Europa y advertíamos que éramos amefican&s 

QO« objetaban con la mayor naturalidad que no teníamos acento 

^"Vte. Es que somos Sud- Americanos^ replicábamos.— Es que 

^^mbiéa los Americanos del Su^ hablan inglés, volvían á decir- 

^'^^y aludiendo á \os Americanos dd Sur áe\os Estados IJni- 

^<^* —Somos kispam-americanos — ¡Ahlespáñc 1! -Tuvimos que 

''diUDciar á tener patria. 

Ciñéndonos al sentido lexicográñco de la palabra que mo- 
'' v-^ este articulo diremos, que entre los Americanismos de los 

is se han introducido, por el intermedio de Méjico, mu- 
de los nuestros españoles. Hé aqui una buena lista: 

n la sola letra i4 —tienen acequia, adobies (adobes), aguar- 
^^^^^té, álamo, alfalfa, arrastra (para moler metales), arriero, a- 
, asajo (recua). En la B --barbecue (barbacao), barranca, bo- 
a, bossal (bozal) bunga (bongo, especie de canoa — En la C 
heros (cabestro) calaboose y to calaboose (encarcelar) cañada, 
M (angostura entre cerros), carbonado, to, (no b declara 
^rtlelt; pero es sin duda áe carbonada), castañas, cavallardy 
^^<^dlada (::aballada) chaparral, chirimoya, chicha, chinclUs. ciéne- 
^'^9 €orral, corral to, (verbo, encorralar) — En la F — fandango^ 
^^^^^Mn, frijoles, fuste (de silla). — En la G — gange, to (del espa- 
»^c>l gancho dice Barllelt) — En la ^—yaía/ (español, hacal, del 
Jicano xacalli, choza depaja, dice Bartlelt) jáquima, jornada, 
^ la L - lariat, (corrupción de la reata) lariat, to, {reatar, sim- 
^^^ixienre aiar,\ iasso (lazo), lasso, to, (tirar el lazo) llano, -En 
^^ -^^mahala (nombre vulgar de cierta clase de indias en Ca- 
Y^rnia, del español mujer dice Bartlelt;) manada, métice y mí- 
^J9 mestee, mustuy metis (mestizo), mecate (del mejicano, cuerda 
^Jibra de maguey: agave) mesa, mesilla (meseta, altiplanicie) 
^**^it o musheet (mesquite, algarrobilla) monte (juego) mulada^ 
^"^^iaito, mustang, {mesteno, caballo salvaje.) 

£n la O --ojo {manantial en el desierto; debe ser algo como 
^^^siTo jaguay.) 

Bn la P—peón, peonaje, pertauger (corrupción al decir de Bar- 
*^t, de piragua) picacho, pinión, (piftón) piñoU, (nuestra máchi- 
^)^,/Ai«y (lavadero de ovo) plantain (plátano, aunque tam- 
"^Q con la generalidad dicen los yankis banane) to placer (vivir 

12 



i 



24 AME 

marital mente sin matrimonio) playa^ plaza, presidio ^ propios (te- 
rrenos municipales.) 

En la Q—quadroon ^cuarterón y también quarteroon, ) 
En la, R — rancho, ranchero f ranchería f (fuera délas desinen- 
cias inglesas que han agregado al mismo radical, como ron* 
cher, ranchman &.) rastra (en mm^x'ya) ratoons (retoño) reaia^ rí- 
hozo (rebozo) rodeo, zambo (zambo) serapé (nuestro poncho), sw- 
rra^ sitio, stampede (de estampida ó estampido como acá deci- 
mos, y no de estampado como dice Bartiet: partir de pronto) 
stampede to, (los yankis no sólo han tomado estampida, sino que 
han hecho el verbo que á nosotros nos falta, como si dijéra- 
mos estampiar. 

En la T— tinaja, tomate (del mejicano tomatl) tortilla diminu. 
tívo de iorta; probablemente la misma de Chile) tuna. En la 
V — vamose, to (del español vatnos. Este verbo to vamosc es una 
curiosa corrupción gramatical como una razón dice Bartiet. 
Es como si dijéramos vamosear, ó como cuando chuscamente 
decimos andiámini aplicando desinencia de deponente latino 
Si nuestro andar, Pero para los Yankis to vamose no es vamos, 
sino haberse ido ya, irse, largarse, ficher le camp, como se vé me- 
jor todavia por la locución to vamose the ranch cLos Caman- 
ches vinieron hasta una legua de nosotros, pero vamésed the 
f ancho cuando supieron que los ventores estaban aqui»— ^Vm- 
plo de Bartlett.) 

Si el frecuente uso de vamos llamó la atención de los Yan- 
kis ¿qué habrian dicho si hubieran oido esta redondilla en 
que el vamos cuatro veces repetido unifórmente con un ge- 
rundio puede hacer la historia de una vida entera? 

t Vamos entrando 
Vamos bebiendo, 
Vamos pagando. 
Vamos saliendo » 

Vaquero vara En la Z —zanja, zanjero &. 
No hemos considerado las innumerables veces indígenas, 
como canoa, caimán, mahucy^ guaba cS*, porque estas han podi* 



AMO 25 

I- 

de ser tomadas por los Yankis lo mismo que por nosotros, 
del fondo común de Jas lenguas americanas. Si hemos hecho 
excepción á favor de piragua^ tomate^ mecate y otras semejan* 
tes es, 6 porque son tomadas esclusivamente del mejicano, 6 
porqtxe como piragíía\ han recibido de los Yanquis una forma 
. enteramente original, que ni es piragua como en español, ni 
^ pmgu como en francés, ni pireja womo en italiano. Puede 
decirse que los norte-americanos han agotado las paronoma- 
sias al rededor de esta palabra, como puede verse en Webs- 
ter; en cuyo Diccionario se admiten hasta casi diez formas 
distintas de la voz piragua. 

Tampoco consignamos en la lista que precede ciertos- amé- 
ríco-yankismos porque pertenecen ya desde hacp juaciio líeui- 
po al inglés mismo y otras lengu is europea-** Tales son alli- 

gaioT'Pear^ pera ahuécate (de cuya palaKr,* es corrupción alliga' 

tor, según Bartlelt) barrack, bar^^^^a Sl 

Araohir. -- £s indudable qae lo empleamos en su bue- 
na acepción española cuando tomamos, que es siempre* 
por cargar 6 molesta^. Lo único notable es que digamos 
así constantemente, mientras los españoles dicen moler, con 
la misma constancia: dando tama importancia a este verbo y 
al horroi que les inspira su signiñcado, que han 6ngido que 
uno de los mandamientos de la ley Dios manda no moler. 

Antigua debe ser en español esta acepción de moler por 
fastidiar ó amelar, pues aun en el antiquísimo Diálogo de la Len- 
^^^^^ (i '533) hallamos esta frase — •Pues aunque no hago pro- 
fesión de soldado, pues tampoco soy hombre de haldas, pen- 
sad que,iio os tengo de consentir me moláis aquí, preguntán- 
dome ¿inerlas de la lengua.t 

cNo olvide U. los versos y no amuele. 
Un amigo def otro J. L. 

J. de A. — Artículos Diversos, 
Para probar lo que decíamos al principiar^ este artículo, 



i6 AMO 

véase ahora ta acepCTtSn ea que Moratín usó el verlM 
en una de sus cartas «EpistoUrío español! 

• Leisela (á los c6tnic4s una Je sus comedias) y i 
despatarrados; la estudlatnn con ansia; tos atñoli á eaiJ 
saqué de ellos todo el partido que sacarse puede,* 

Algún desconfiado súlil podria observar que tal ^ 
está allí metafóricamente por los aguel, afiU 6 ndtlgaí 
za de ensayos; y la ob&ervacion serta atendible si i 
Darío entre las acepciones de ano/ar no trajera la fafl 

• molestar, fastidiar, incomoiar.» 



L,as Cien carretas, 
L.as del camal. 




Rihtfl 



Amordazar— Parece que al redondear un'» 
un sustantivo creyéramos mejor pintada !a acetó* 
tiva con la preposición á que con la preposición!- 
que preferimos decir afanar por empanar, alocarsíJ 
veces) por M/oíaí«r«. y finalmente amtrdaíar por ^« 
Aquí la cosa es más grave, porque nuestro amorda^arM 
traer en el Diccionario el calificativo de antin^ad^, resull 
aun de este rrodo solo quería decir mordtr 6 maldecir. ' 

Estas pequeñas y finas distinciones, sutilmente desliza 
■Bl* Uama del idioma, son las que en realidad componeifl 
'*""" ^*fel castellano en América: y son como es de ' 
"le menos advierten nuestros seudo purist; 
"■'" Ipados con la corrección externa de la fr 



ANA 27 

!á, de preíerenda, en los arcaísmos; género tan só- 
:omo el m&ntir dé las estrdfas, porque ninguno ha de 
guarió en el castellano antiguo. Amerdazar^ como 
ocarse y otras formas provinciales, parece que alige- 
:i6n del verbo. En empanar y enmordazar hay al^o de 
ncnte: y en enloquecer^ respecto á alocarse le hay tan- 
puede verse en n uestro artículo alocarse. 
lervación q\ie aquí hacemos resalta en los verbos 
38 formados sobre el sustantivo plazo que son aplazar 
r: de ningún aplazamiento hay memoria histórica de 
zado, Don Fernando ^el) se acuerdan y se acorda- 
idades. 

liferencias marcadas por una ú otra preposición ini- 
tepuesta, son las que nosotros establecemos quizá 
frecuencia de lo que permite la índole de la lengua. 
O. — Manto de las indias de la Sierra; quichua anacu, 

ara. — Arequipa. £1 tout á l'heure de los franceses, 
adámente el señor Sánchez al corregir este pro- 
no incurre en otro, muy común también por estos 
neno!; excusable, porque es la adulteración de sen- 
nna voz castellana: enmienda anakara con Recién. 
1 este Diccionario.) 

hora por lo menos hay novedad, eufonía, y, aunque 
lipeños no sepan lo que han dicho, se le podría le- 
neologismo el falso testimonio de que está compues- 
entemente, por que ana^ privativo en griego, en latín 
tellano, querría decir ahí sin kora^ tout á Vheure: el vo- 
tle á sabio.... por casualidad. 
os que nacen así pasan después á la Academia! 

Ay* — Arequipa. Ay! de abatimiento y enfermedad, 
cuencia del sonido en ay y el de la // mofada 6 líqui- 
la lengua quichua una gran expresión de ternura, 
Hra parte parece reflejar la eterna sumisión de ca. 
a eterna sujeción social de la raza que la ha hablado. 
j necesidad de entender el quichua siquiera para 
toda la fuerza de lamentación que hay en estas ex- 



28 ANC 

clamaciones de la célebre tragedia cuzqueña de Ollanta; \ay 
hustallayl \ay mamállayl ¡Ay mi priocesa! ¡ay madre roía! que 
recuerdan el patetismo de La Celestina española en alguna de 
sus escenas ñnales. 

Esto de poner el ¡ay! sollozante por delante y por detrás 
del nombre invocado, creo que no se le ha ocurrido á nadie 
más que á los quechuas^ pueblo gemebundo por excelencia. 

Anca (al).— i4/ anca decimos siempre, y no á ancas ó á las 
ancas como creemos que debe decirse en español. Ya en las 
Observaciones generales que preceden á este Diccionario hemos 
señalado nuestra irresistible propensión á cercenar la 5 ñnal 
en palabras que, por ser compuestas ó por su naturaleza, no 
tienen mas número que el plural. 

Anca.— Arequipa. £1 maíz tostado que en Lima llama- 
mos cancha. 

Ancana, — El tiesto que sirve para hacer anca 6 anca. 

Ancoso, — Vasito de chicha con que en las chicherías se ale- 
gra al comprador. — Afica viene del quichua hancu^ y acaso 
nuestra cancha no sea más que corrupción eufónica de anca. 
Con todo, véase Cancha. Hancu es genérico, y vale medio 
crudo, medio cocido, no maduro: luüh roh, halb gekocht, unreif^ 
Tschudi. 

Anearse. — Hé aquí otro verbo provincial que nos gusta- 
ría ver adoptado por los diccionarios castellanos. 

Anearse es montarse al anca ó á las ancas con otro, y es 
verbo que conjugamos en todos sus tiempos. 

AlK'Osa. — Arequipa. Brindar: verbo puramente quichua. 

Anchar. — Aunque conocemos muy bien y hasta usamos 
el verbo derivado de ancho que es ensanchar, no cabe duda que 
quien priva con nosotros es anchar; y que el otro sólo se asa 
en lo moral, como ensanchar el ánimo. En lo de anchar somos 
consecuentes con hornear por enlwrnar (la fruta). Ya lo hemos 
dicho; nuestra tarea sobre la lengua castellana, la tarea de 
nuestro pueblo, es vulgarizarla, cargándola de palabras tan 
naturalmente derivadas, que para nada se respetan las leyes 
de derivación, composición, analogía etc. 






V 



i 



AND 29 

' Aun las vecrs que formamos un verbo aponiendo una pre* 
pbsición al sustantivo escojemos la a. por ser un precedimien* 
to más fácil componer apañar^ amordazar, alocarse y otros que 
registra este diccionario, que empanar , enmordazar , enloquecer» 
u Sl que es como trae el de la lengua. 

Ancrlieta. — Con esta voz sucede lo que con abarrote, que 
figura en el Diccionario con una acepción más ó menos náu- 
tica de que acá no tenemos idea. Para nosotros ancheta e^ 
simplemente ganga, y así se dice por cualquier ¡que ancheta;! 
es ancheta &. kn la segunda acepción lexigráfíca Salva la 
describe como un Cubanismo; pero en la edición de Pichardo 
que nosotros poseemob, que es la de 1849, no figura tal pa- 
labra. 

Anchi. — Arequipa. El afrecho de lijara, esto es, del maíz, 
germinado ex-profeso ó malta, que ha servido para preparar 
la chicha. En Lima, anche se dice por cualquier sedimento 
farináceo en general. 

Auda. — El anda. Dígase andas 6 las andas^ como debe de. 
cirse á ancas, á las ancas y no al anca. 

• Niña, ¿que quiere quien anda' 
Del balcón á la baranda 
Y la baranda al balcón, 
Como si fuese alguna anda 
Que llevan en procesión? 

Arnaldo Márquez. 



Aun Diez en su Diccionario etimológico de las lenguas ro- 
manas dice al hablar de andas, nur im plur solamente en el 
plural. 

Añila, andavete..— Pleonástica forma provincial la se- 
gruida del imperativo vete. Ya hemos dicho que un pueblo 
^■e como el nuestro está en la infancia de la cultura social, 
facesita al hablar pintarse las cosas y] las ideas á los ojos de 



30 ANU 

la cara. i'i vit4, irregulaitsinoa üenipos d« iV oo oos tiaen 
tan pronto ai mat'^füt mente la Ímagt;i] del moviinieiito Ambu- 
lativo como amda y aHdaveU, y hé aquf el porqué det pleonas- 
mo eo un CASO, y el de ia vulguridati en mío y olro. 

Ud dísliaguido escritor venezolana á poco de hallarae entre 
nosotros dJÓ al leatto una comedia de preirndidas costum- 
bres nacionales. Entre las muclus impropiedades locsiesque 
por fuerza había de haber en ella, venU ésta: una señora que 
manda al criitdo á la PiUptrla de la esquina, le dice: 

• vi al veiUorriHo ■ 



■)do su casticismo, debió dejar per> 

y no menos falso, si menos visible, 

irncopelada de nuesttas mtHagirn 

• anda á la fuiptria.t 

provincialismos 
cnando son españoles y no indígenas (verbigracia: el eaiají, 
que noes m«ü que el íi/j a*f) puede tener sus rafees tu los 
aicaistno?, vul^aiismos 4 dialectismo de la misma España. 
El andaveie figuia mas de una vez ea la antigua poesía po- 
pular de la península Romaniirtí de Bivadentyra, I. 6i. 



Lode V 
piejo al público de L.ima; 
era lo del u¿i puts la más 
00 podía decir de 

mayor parte de nueslrc 



* Andavett, el moro perro, 
Anda y vuélvele á Granada. 

Y nsimismo en su literatura clásica; Hidalgo, «Diálogo de 
apacible enlrelcnímientO> (l6o6)> — Anda vett y no hagas bo- 
lla El modo como aquí está escrito el pleonasmo, casi lo 
hace racional, por que equivale á Anda (ponte en movimien- 
to; y en <:eguida): Viít. 

Andeneria. — Desde los primeros tiempos de l.i Conquis- 
la aplicaron los españoles el castizo nombre de attdeñts i U 
gradería compuesta de lerreplenes ó bancales con que los in- 
cas circunvalaban los cerros ó cubrían las laderas, a ün de 
que Di esa potcion de icireno escapara á las cecesidade* 



AM 




p 

f 



AND 3X 

A ht agricultura. Garcilaso describe minuciosamente cómo 
estaban hechos, y el sistema dt todos ellos juntos ha hecho 
necesario este nombre colectivo provincial de andemría. Sus- 
. titoída la agricultura con las revoluciones, y la sumisión pa- 
triarcal con el desafuero democrático, y la sujeción de las ma. 
^ con el total abandono de ellas, hoy nadie piensa en tales 
^tilezas, y no sé cultiva y labra sino muy en llano y con muy 
"06009 riegos. Así pues de los tales andenes y andeneria sólo 
floedan la tradición y las ruinas, que recuerdan á lo vivo los 
*^trazados anfiteatros de la Europa clásica; menos el mate- 
^i que aquí es piedra sin labrar y tierra, y que yace derruí- 

* y revuelto. 



Y rota la andeneria 
No verá el csrro su falda 
Con la pompa de esmeralda 
Que un tiempo arrastrar solía. 

Poesías Peruanas. 

^^rkham en su Diccionario quichlia-inglés comete el gra- 
y^^í^ror dé incluir la palabra andén entre los vocablos quichuas. 
E* nombre indígena era pata-pata (véase) Andén en buen cas- 
*»*ano significa vasar (repisa para poner vasos) anaquel^ que es 
^ola de estante &. y en secundarias acepciones terraplén ó 
••Peinada delante de los embarcaderos. En este último senti- 
rse usa hoy mucho en Madrid aludiendo á aquella ante la 
coa] paran los trenes en las estaciones ferrocarrileras. 

Los andenes peruanos que en sus días florecientes debían 

"^^ordar los pensiles colgantes de Babilonia, inspiran hoy es- 

^ tristes palabras á un viajero inglés: cOnce they were co- 

^^^rt with sveet creeping flowers and sown with maize and 

Vinca, producing á lovely eífect, but now they are left to 

MOf and overgrown with cactuses and heliotrope.» Markham 

^co and Lima, 

13 



32 



hyn 



Aniego. — Debe decirse anfgp, y acaso mejor autgaciÓK, qn 
es la sola (orma que trae el Díccionarío. Si prapoaemos la 
primera también, es porque á pesar de todo, tenemos idea de 
haberla encontrado ea buenos escritores penrnsulares. 

Animal. — Dando demasiada latitud á esta palabra la usa- 
mos muchas veces como sinónimo de bicho o iohandija (en fran- 
cés virmint) y decimos animaks. 

Ante. — Bebida refrigerante que en sus respectivos vasilos 
se vendía y pregonaba por las calles de Lima al sóa de - 
¡Ante con Anlt! Se componía de vino y alraibar, almendra y 
canela y un surtido de luquetes ó lodajitas de cuanta fruta ee 
tenia á mano. 

En castellano íiní(fuiii/0, ante, signíñcaba el plato ó princi- 
pio con que se empegaba la comida ó cena; no sabemos mas. 

Antlcut^liú — Serie de trocitos de carne, que asada ó frita 
en la parrilla ó saitén, y en las mismas barbas de loe lian* 
seuntes, se ensariíin en palitos ó broquetas coma en UQ asa- 
dor, que es la operación previa, y se expenden en las esquinas 
y plazuelas de los barrios apartados. El nombre, veoga de 
donde viniere, está acunado con maestría, y casi sorprende 
Dú encontrarlo en el Diccionario. 

Anildiluviaiio. — Si los bablislas en ico se remontaran al 
origen y raíz de los idiomas, y no se anduvieran por las ramas 
buscando una corrección de mera apariencia, no lardarían en 
advertir <¡ue en latin y en castellano, una cosa es aitti y otra 
cosa aHÍi. Lo primero es frniiterisn, enctntraáo, opuesto, uni conin 
olro como anti-hola (de donde Anlillas) 6 bien contrario 6 rou/rit 
como Anti-Lucrccio que literalmente sería contra Lucrecio. Lo 
segundo vale simplemente par antes, anterior. Así pues al es- 
cribirse y decir» como tan general se ha hecho por desgracia 
auti-dduviano por antí-díluviano, significamos lo contrario de lo 
que queremos decir, ó sea posl-diluviano, posterior al diluvio 

El Diccionario de la Saciedad de animales trae nnii-diliunéiu) 

muy suelto de huesos, y hé aquí porque no nojs cansamos do 
llamarlo contra la lengua ó anti-castellano. 






APA 



33 



t 



Antinatoral. — Lo que fw es natural; Salva no trae el vo- 
cablo» pero sí el de ant i-nacional (como neolojismo) en el cual 
00 se peca absolutamente menos contra las reglas de forma- 
ron si es que puede haber algún pecado que en el de anti-na- 
^ural- Se diría que la expresión hace falta, desde que Larra se 
vio apurado y tuvo que decir innatural; mas puesto que el lé- 
. xíco trae contranatural ¿á que nos vamos hasta el griega á bus- 
^r el equivalente de contra que es antP ¿O será este un razgo 
Olas de esa precoz pedantería que nos induce á preferir el vo- 
^blo griego al latino, ó el latino al castellano castizo, como 
cuando decimos panóptico por penitenciaría, y óbito por defunción 
y festinarse por apurarse? 

La pedantería será en todo caso de los que inventan ó pro. 
P^lan estas especies: nosotros, que en lo general no sabemos 
°^ griego ni latín, ni aun castellano, no hacemos más que acep- 
**rlas con la misma frivolidad con que nos dejamos impone"^ 
^^as mil novedades, aun los cambios de nuestras propias ex- 
presiones locales. 

Aüaz. — Pequeño cuadrúpedo llamado también zorrillo, zo- 



^iw, y que acaso venga 
Quichua. Tschudi la escr, 
P^ies de mefitis, zorrilloi 

i 

Apacheta. — Moutón j 

*^e que marca el puntQ 
^era, y que se va formi 
^ piedra que á manera d^ 
fadb cuando al llegar allí 

7 aspira, y da gracias á lá 
íe. Es la cruz de los canií 
qoichaa y no corre en Lil 
■^ enceriado en esta so! 
^os gracias y ofrézcame 

08 dándonos fuerzas y V 
í^s como ésta.» > 

r 

Apachurrar.— Acasoi 

t^o á aquellos cuyo prid 
te palote es echar en cal 



""^^ ó raposa. Es v/^- 

ae pende el 
:a palabra, 
a la interpo- 
^ue tan mal 

as ó tretas 
n /, más que 
i argüir un 

le entre nos- 

"-stá palatdo escepcio- 

^'^>»w<»^^ Je todas par- 

^ord is 4Hé aquí una 

8 Pack sao inás caito 



; 



V 



34 APA 

se le ha ocurrido que decir apachurrar^ como lo dicen ellos a 
toda hora es no saber castellano, porque el verdadero verbo 
es despachurrar. 

Apañar.* Es empanar y debemos decir costilla empanada y 
no apañada; en cambio ¡oh rareza de las lenguas! ¿que razón 
hay para que no se pueda decir en castellano, por ejemplOf 
cuando un papel de empapelar participa de los caracteres de 
la pana, que ese papel es apañado? 

Aparejo. — Este nombre demasiado genérico en castellá- 
al designar montura^ signifíca en nuestra costa privativamente 
montura de mujer del pueblo en las chacras y campos. £1 apa- 
rejo en esos lugares es á la hembra exactamente lo que el avío 
al macho. 

El aparejo se compone de cuatro cojinetes de lana cosidos y 
Separados por tiras de lienzo, y de los que dos caen á un lado 
y dos al otro del lomo de la cabalgadura. Suelen ir forrados 
en damasGO labrado y con colgajos y adornos de lo mismo, se- 
gún el gusto y comodidades de su dueña. 

Dos éramos ayer, y hoy, aparejo^ 
Sola llorando á par de ti me quejo.i 

Poesías Peruanas, pág, 219 



¿Sentada en tu aparejo 
Que adornan alitrancas 
Y pretal y colgajos 
De color de escarlata? 

Poesías Peruanas, pág. 138. 

Esta palabra ha pasado al inglés de los yankis. Bartlett, 
Diccionario de Americanismos: 9^ Aparejo, (Spanish) A pack saddle* 
The word is employed in the countries acquired frora México 
where pack saddlcs are used.i 



ARE 35 

apearse. — Muy común hasta hace poco, y quizá hasta 

*^» por A^s^«/tf>jf, alojarse. ¿fDónde se hi apeadoPt era la 

P'^nacra pregunta del hospitalario limeño al oír hablar de al- 

^^^^ recién llegado. Probablemente se tenía ó se tiene presen- 

^« l«l bajada material del coche ó de la muía, de todo el que 



-^pinnViCfkW^s.^ Azof acalles. Todos son síntomas del em' 
P^brccimiento del idioma. ¿Porqué no se dice azotacalles? Por 
*i**^ no se sospecha que azotar pueda significar otra cosa que 
'^"'^^^'^ar ó vapular á un delincuente con un azote. 

^ probar; — Vulgarismo que aun se suele deslizar en la 
'^'Versación familiar por probar, tanto en el sentido de pro- 
'*•'» (gustar) como de probarse algo. 

-^plltodes — Pretenden algunos españoles que aptitud no 
«^l>t2 usarse jamás en el plural, como lo hacemos á diestro y 
^'^i^stro acá los peruanos. 

¿ Y cómo es que el purísimo don José Joaquín de Mora di- 
^fitiiudes^ y nada menos que en su prólogo á los Ensayos Li- 
'^9^iosy Críticos de don Alberto Lista, en cuyo prólogo aboga 
precisamente por la pureza de la lengua castellana? 
^ putmscvkT.— Apañuscar. 

Arción. — Arequipa, Por ación, la correa de que pende el 
^^ribo. Tampoco en Lima se pronuncia bien esta palabra. 
^s indudable que la eufonía está pidiendo á gritos la interpo- 
lación de una letra adecuada entre esa a y esa c que tan mal 
suenan en ación, 

Ardiloso. — Por ardidoso, lleno de ardides, mañas ó tretas 

Escusado parece advertir que el cambio de la d en /, más que 

'§^orancia ó descuido en la pronunciación, debe argüir un 

*Qtimiento de la eufonía. 

Esta palabra es mucho más usada en Chile que entre nos- 
otros. 

Arenillero. — Así decimos ^ox salvadera cuando escepcio- 
'^^mcnte se usa este utensilio de escritorio casi de todas par- 
^ desterrado por el papel secante ó de secar. Hé aquí una 
pí^ieba mas de nuestra inclinación á traducir lo más caito 



i& 



ARE 



por lu más llano, y lo incomprensible por lo cvii'ente. En aré- 
ttülert, todos vemos la artniUa; en salvadera, hsy que buscarla 
en el sábulo de los latinos. 

A reqaipeñlsnius.— Loa propiamente tales y que van es- 
parcidos por este libio se reducen á alguaos centenares de 
vocablos quichuas, tomados en su ni:tyor parte por razón de 
coniiguedad, porque si la antigua lengua de los Incas no se 
habla intramuros en Arequipa, se estropea lo bastante en al- 
gunos de sus suburbios. 

Esos vocablos pululan en el lenguaje español de la ciudad 
con lodo su pelo y su laoa: no es posible someterlos al torao 
del puhmento y á la asimilación castellana, estando altt viva, 
velando por la integridad prosódica de sus voces, la lengua 
que los ha piopoicionado. 

En Lima, la única palabra quizá de este origen que se ha 
quedado cu toda su rusticidad, es la de guagua, debida £Ín du- 
da, á que, como algunas otras, es culta de oacimiento y pue- 
de pasar las fronteras sin que se le ímpongiin formalidades. 

En los vocablos indígenas que son comunes á ambas ciu- 
dades, del fíintac y del M¡sti, se puede apreciar al primer ^ol- 
pe de vista (ó de oido) las dos influencias, cis-andína y tras- 
andina, á que están sujetas Lima y Arequipa; (a más bien 
justiaiiáina, porque esta y no aquella es la verdadera posición 
topográfica de la segunda ciudad.) 

Así por ejemplo, en Lima decimos liííuma, en Arequipa 
riigina; aquí calato, alia, ceala, voces igualmente quichuas. 

A esto se reducen los verdaderos Art^aipehismos; los demás 
estrib;in en defectos de pronunciación, cuya corrección sólo 
interesa á la localidad, tarca que ya ha desempeñado don Hi- 
pólito Sánchez, de una manera lan restriñía, que no coasigna 
uno solo de los provincidiísmos indígenas. 

Nosotros por el contrario, únicamente registraremos estos 
y los cometidos con palabras castellanas ó de íormaciÓD Ul, 
desde fjuc escribimos para ua público mayor y con propósi- 
sitos TrADcamente filológicos. 

Uao de loa provtadalismgs mis originales y atendibles da 



ARE 37 

Arequipa, también de naturaleza quichua, y de que nos ocu- 
puemos aquí mismo porque sería difícil darle colocación le- 
xicofipráfica independiente, es el que se practica arrimando un 
sufijo 0y, ayy ey^ (precedidos á veces de una /, por eufonía) ¿i 
los nombres propios ó tratamientos de macho ó hembra, para 
sostitair el posesivo mi^ que puesto por delante en estos casos 
expresa cordialidad y afecto. 

Vxiay^ vidalay, viditay, con que se regalan dos señoras are- 
quipeñas, equivalen simplemente á mi vida, mi vidita, Pedroy, 
Manudoy, Dotorlay, comadrey, quieren decir mi Pedro, mi Mantul, 
*« Doctor, (sóplate esa) y comadre mia ó más elegantemente co. 
^riia, £1 mamay (mama míaj lo hallamos en gallego, en 
donde es familiar por madre. 

Recomendamos á los ñlólogos europeos estos procedimien- 
tos que no carecen de elegancia. 

Entre los vicios de pronunciación de los arequipeños hay 
uno que debe merecernos una excepción y que pasamos á se- 
ñalar. En Arequipa, como en Lima y quizá como en muchas 
partes, suele desaparecer en la rapidez de la conversación fa- 
miliar la d de la preposición de, en los casos de genitivo ó ha- 

* blativo; por lo que es muy común oir: ivengo e casat; bota ^ 
cueroi; abreviaturas de la misma especie del sal pa juera (sal 
para afuera) ¿pa quiso eso? (para que hizo eso) y otras no me- 
'^ vulgares que han debido ocurrir en todas las lenguas y 
apocas; como una prueba de que todos sentimos que el tiem- 
po vale dinero, é instintivamente y sin darnos cuenta trata- 

4 nws de ahorrarlo y de aprovechar los instantes de una vida 

- Qoe se nos escapa. 

^ Pero es el caso, que esa preposición que aq uí se reduce á e 
w Arequipa, sin duda por nuevas influencias del quechuismo 
"genera en t; por lo que se dice ccaicto i llama (hilo de pelo de 
llama) queso i paria &, 

! En Londres, tierra al ñn del times is mojiey. la afición á abre- 
''^íarlas palabras, aunque no en la forma que queda enuncia- 
O0i es tan grande, que se dice the bus (el bus) por the ómnibus 
^* aid O, Company por Peninsular and Oriental Company, j^ com' 
Ptñía Peninsular y Oriental. 



ti 



38 ARR 

Arei<3' — Ya hemos dicho el horror nuestro á todo diminuti- 
vo en i7/#, ico, ueh, ete &, con lo que voluntariamente y torpe- 
pemente nos hemos cerrado la puerta á mucho;; donaires. 
Donde el extrangero vea pues una terminación de éstas de- 
be estar seguro de que se trata de un nombre propio. Eslo 
arete, en efecto del arillo de oro ú otro metal que las mujereg 
se cuelgan en la oreja como dice el diccionario en esta pala- 
bra, no en la de arete, que sólo legistra como cubanismo. Es 
también chilenismo. La mayor impropiedad del peruanismo a- 
retes consiste en que coc él designamos los pendientes, zarci. 
líos, arracadas y caravanas en general, sin perjuicio de usar 
aquellos vocablos cuando se trata de precisar. 

Arnancho.—i4y»«Vo pequeño muy ^\Q^n\.^,Capiscum frutes- 
cens. Es voz quichua. 

Arrancado.— 5^r un arrancado ó estar arrancado equivale á 
ser ó estar pobre. 

A rranchar. — Tan usado como agarrar, con la diferencia 
que es un verbo que no hay por donde disculparlo, porque 
ninguna de las definiciones que de él da el diccionario, cuadra 
ni remotamente siquiera con la que acá tiene, qué es arreba. 
tar alguna cosa con viveza, empleándose hasta en lo figurado co. 
mo se vé en arrancharse las palabras. 

En la Isla de Cuba (Pichardo, •Diccionario Provincial de 
voces cubanas») arranchar significa buscar, perseguir y atacar 
á los negros cimarrones eu sus ranchos ó guaridas.» En este sen- 
tido de arrancar á un prófugo del tugurio á que está asido, 
discrepa mucho menos de nuestro arranchar, 

Arrebiatar. — No es provincial mas que la forma puesto 
que el Diccionario trae rabiatar que srgnifica ni más ni menos 
o mismo, atar por el rabo. Metafóricamente y en forma refle- 
xiva entre nosotios arrebtutarse es adherirse á la opinión de otro; 
ó atracarse como fa miliarmcnte se suele decir también. 

Arreslur. — Casi ha caido en desuso este curioso provin- 
cialismo, valía reprender, amonestar; y más que de restar, ó del 
mismo arrestar, debia ser corrupción de rclar, que corre en 
castellano también con esta acepción. 



, 1 



ARR ' 39 

Si no arrestas al chino delincuente, 
Ni espoleas al flojo dependiente, 
Recordando que vá del uno al otro 
Lo que del rucio al potro. 

Poesías Peruanas. 

'^■•revesado. — Revesado y aún enrevesado dicen el Diccio- 
'^^^^o y uso general; pero no faltan buenos ejemplos de núes- 
wo provincialismo. Lo advertimos á los timoratos. 

A.l"rlail<>, lia. — Mal dicho por arreado, con cuyo adjetivo, 
^nibién de nuestra invención, aunque muy bien dtjrivado del 
**Celente verbo arrear^ queremos s\^n\?ici\x Jioj o, pesado, remolón, 
^^o^ aludiendo generalmente á los criados. El diccionario de 
Salva trae arriado como anticuado por arreado, ¿Lo mismo que 
****^Qtro3? esclamará con júbilo el Lctor liaiefu, con la viva- 
ociad que la mayor parte de las veCííS solo le sirve para es- 
ti^viarlo. Lo mismo, sí: sin más diferencia que para el léxico 
•^<aí/o es cavisado, veloz, suelto.» 

Todo depende del punto de mira. Para nosotros un pozo 

^ hondo porque nos ^í^uramos verlo desde arriba; para los la- 

■ tinos era alio porque tenian el mal gusto de suponerse en el 

Al decir arriado (arreado) nosotros, cometemos esta elipsis: 

^^^fiojo que hay que arrearlo para que ande, como á mu- 

* üe recua;» ó bien; tno anda sino de puro arreado. Los espa- 

Wesse van al término de la operación y suponen: tanto lo 

^^itreadOf que la indirecta surte sus efectos y al fin vá vivo^ 

Arrimado. — Término de cocina; arrimado de coles^ de cái- 

fe;l**&. No vemos razón para que no sea castizo, si se tienen 

ícaeota todas las acepciones de arrimar. 

Arrlnqmi.— Usado en masculino y en femenino, arptnquin 

^^^^Haquina, Como etimología, es indudablemente una co- 

ipción de arlequín; y como significado, tiene mucha semejan- 

000 el chisgaravis de los españoles. En la Isla de Cuba dan 

14 



40 ASO 

el nombre de arriuquin á tía bestia delantera que dirige 6 
guia la recua»! Nosotros aplicamos nuestro provincialismo á 
^a persona que sigue á ctra de una manera servil, como su 
quita-motás ó quita-pelillos, hecho un títere sin idea propia. 

En Arequipa el provincialismo no esti todavía, por decirlo 
así, sino á medio camino de su descomposición, puesto que 
aun se dice arlenquin, arleiiqnina. 

Arrollar. — Así por arrullar en Arequipa y también en 
Bogotá; no á Dios gracias por acá; lejos de eso, el apego á 
ese rUj que compone la raíz del verbo eminentemente imitati- 
vo, es tanto, que muchas \ » ces cuando las nodrizas aluden al 
^ la ro, ro, ro, que es el e<5tribillo de cierta canción cunera, se 
resbalan y dicen; tHázle (cántale) itA la rn, ru, ru.t 

Ya por tí una madre 
Llena de inquietud, 
Arrulla la cuna 
Do no estás aún 
Con imaginarios 
A la ru, rUf ru. 

Rimas del Rimac. 

\vvn{\i\. —Hacer una artuga^ es estafar ó pegar un petardo* 
Asomarse. — Arequipa. Acercarse. «El verbo asomarse no 
tiene la acepción de acercarse que le dá el vulgo, como cuando 
se dice: asómate un poco, en lugar de acércate un poco.»— (H. 
Sánchez.) 

¿De adonde viene este provincialismo, que cisi raya en bru- 
tismo? Supongo que de una especie de asociación de ideas; el 
que se acerca, asoma <!n el horizonte; y el que asema 6 se asoma^ 
se acerca á nuestra vista. En la disparatada copla: 

t A somate á esa vergüenza 
Cara de poca ventana, 
Échame un jarro de sed 
Que me estoy muriendo de agua. 



• -4 



\ 



AST 41 

biec pudo habeise dicho: ^acércate á esa venta na. • Estos vo- 
cablos, que en un momento dado operan su conjunción de sig- 
oiñcado, están espuestos á quedarse identificados en la men- 
te de ciertos puebles en que hay eclipse de cultura. 

El avenir de faire une choseí de los franceses, que es para 
nosotros tacabat de hacer una cosai. jno tiene un momento 
ese v€nir en que opera su conjunción de significado con el 
nuestro y dice lo mismo? — «Esta vegetación comparada á la 
del Istmo que yo venía de ver.t dice un viajero peruano des- 
cribiéndonos la campiña de Southampton á Londres. Ese ve- 
nir de ver es litoralmente^V venáis de voir, y no hay gaüciismo 
porque alude á la procedencia. Pero un momento después 
ambos venires, se separan y van á girar en su órbita pro- 
pia. 

En asomarse por acercarse, el quichua, que es el nervio del 
lenguaje arequipeño, influye desfaverablemente, bien que^e 
*ina manera indirecta, así como en aguallita presta sus recur- 
sos de lengua flexible y primitiva, y coadyuva directamente 
ala formación de una palabra híbrida, pero interesante. 

Asoror.híirse. — Cojer el soroche dA pasar ciertos puntos de 
^Cordillera 6 al llegar sin estar aclim itaJo á algunas pobla. 

Clones de la Sierra. Es el mareo de tierra peruana. Veáse 

Soroche. 

Aslrapea. — Femenino. Árbol de ornato, exótico, oriundo 
"® Australia ó del sur de África, introducido en Lima y pro- 
Pagado por la costa con admirable éxito desde hace cosa de 
veinte años. Es una gran malvácea que por c'erto no se hace 
derogar para su propagación: basta arrancarle un palo cual- 
quiera y clavarlo en el suelo, para qu j á los pocos días comien. 
zea brotar y nacer. Desde muy temprano se le vé formar su 
copa, que es constantemente una cúpula, á la que los largos 
J flexibles pedúnculos de sus traposas hojas verdineg^ras dan 
ODa estrecha y tupida armazón, que compone una sombra de- 
liciosa, apenas el arboHto cuenta dos ó tres años de edad. 

Sus flores son de un morado blanquizco y apiñadas en pa- 
Bojas, embalsaman el aire con un olor enteramente agreste. 



42 AST 

Las pi imeras plantadlas quizá, y sin disputa las mas luci- 
das eran las deiyardin de los Descalzos, que corrían paralelas 
á la Virja por el lado exterior, Era una verdadera novedad 
para los limeños ver árboles tan elevados y señores, que de- 
jaban airas á los nías viejos pal/os. Ese paseo de los Descal- 
zos que con los cenic:ientos y desgarrados cetros que le for- 
man marco, y con sus tres monasterios del Patrocinio^ Santa 
Liberata y Los Descalzos^ que adrede parecen tan simétrica- 
mente colocados; ese romántico paseo que podiía haberse 
tomailo por un sitio cin^^gético consagrado a San Huberto por 
la devoción de los cazailonís, se presenta hoy expuesto á to- 
do sol y cubierto impunemente de ese ingrato polvo, tan pol- 
vo, que constituye el carácter dominante de los alrededores 
de Lima. 

La parte f^comctrica del paseo, la verja de fundido fierro y 
las inexpresivas estatuas zodiacales, ahí están; pero faltan los 
árboles seudo-seculares. 

¿Que se hicieron? 

Los cortaron. 

¿Por qué? 

Porque se descubrió ( p-^ra estas simplezas somos aqu* 
linces ), que las raíces pasando por debnjo de la importante ver- 
ja, la suspendían, y Va jorohahju y la corcolahan. Además, esas 
necias Horecitas vle la importación europea, que á nada hue- 
len, y (|ue limaban los cuadios interiores, no podían prospe- 
rar por la sombra de las malditas astrapeas 

Hoy el que atiaviesa la tstnpada alameda, se divierte con 
el sol y el polvo 

¿Ouo cuenta da: á ala p)steridad esta gfeneración política 
de medio sii;lo, ([ue nada i^uardo, conservó ó respetó? que to- 
do lo disperso, desde la ricjueza íiscal hasta las cbras públicas 
y los vit-jv^s albo!; s? 

Cuando se d:o verj.i de herró también al jardín de Chorri- 
llos, eciiaron .dv-io K)S oo;iv>sos álamos que se habían logrado 
á su aliedctl M V que prestaban i^ra') orno Idad a los pasean- 
tes libiandolos del Sel. 





ATI 43 

Es de advertir que ese árbol, despreciable en otras partes, 
«igualmente exótico aquí, y debía considerarse como una 
aiquisición su lucido desarrollo 

Pues también fueron sacrificados a la verja. 

Atarraya. — Salva lo dá por anticuado y lo sustituye con 
esparavel, Pichardo dice que en Cuba ni lo es ni se conoce es' 
te otro; idcm por acá. 

1 Y mártir fué, pero glorioso Olaya 

Y ciñéndose espinas y laureles, 

Dio gran lustre á la gente de atarraya, 

* Rimas del Rimac 

Pichardo escribe atarralla. 

Atarjea. — Así se suele llamar también á veces á la Caja 
» ^^«a (véase esta expresión) que abastece á la ciudad. Pe- 
ro parece que el nombre estrictamente propio en españoles 
^^^^ de agua, ^uesio qwe atarjea solo significa lexicográfica- 
mente, caja de ladrillo con que se visten las cañerías para su 
wfensa. También se llama así el conducto ó encanado por 
^OBát las aguas de las casns van al sumidero. La relación ó 
*sociación d* ideas, aunque estricta, no equivale precisamen- 
te á reservoir. 

AlalíMi! — Arequipa. Exclamación de horror y asco. 

Alaiigeiira.— Provincialismo culto, usado en el mejor es- 
tlloycon el respectivo acompañamiento de afectación en el 
^oe lo prefiere, que, en ese momento, no se cambial ía por el 
, aiismo Cervantes ni aceptaría ninguna otra exprebión, ale- 
pndo que no era tan pura, tan castiza^ de tan buett castellano co- 
■ola presente. 

Mientras tanto la tal atingencia no se encuentra en ningún 
■ficrionario de la lengua. Se me figura que ha de venir este 
iDtivo del veibo latino attingcre, que es atañer, incumbir. 

Wcrnir, tocar. ó cosa parecida. Pero ¿podrá cabernos en 

iOlbeza que nurstro pueblo que hasta hoy no ha podido 



44 



ATR 



sacar trativia de tramway, y que barbariza entre tranvoy^ irán- 
voya y tranvaya, sea capaz de un salto atrás, de remontarse al 
latín y formar un derivado culto, como en acápite, haciendo 
caso omiso del cast-^liano que es nuestro órgano de comunica- 
ción con esa lengua muerta? Estos derivados directos de una 
lengua sabia, que tales lo parecen, como ya lo hemos visto en 
acápite y lo veremos en grasar y otros, nos ponen perplejos. 
Aun en el mismo español son contadísimos los vocablos to- 
mados directamente del griego, siendo el más típico de ellos 
artesa^ del griego arctan, pan, que en latín es pan 6 pañis. De 
cualquier modo que nos haya venido este singular vocablo, 
parece derivado del latin attingo, como lo sería en pnro caste- 
llano atahencia de atañer, ^ 

Atingir. — Oprimir, tiranizar, particularmente á los niños, 
por lo que el participio atingido^ que era el usual entre las fa- 
milias, traía siempre á la memoria la idea de una de esas 
plantas que los franceses llaman étioUes, ñgurada por un niño 
endeble y macilento. 

Dice el señor Riofrío: íA mi ver viene del antiquísimo ver- 
bo adstríngir, que después se suavizó escribiéndose astaingir^ 
y que aún con esta renovación se ha anticuado para todos, 
excepto para Lima, que lo ha suavizado á su vez con la su- 
presión de la í y de la r Astringir significa apretar^ estreñir. 
En el mismo sentido, pero con mas cultura se usa en Lima 
el Atingir, tNo te atinjas» vale por no te abstengas, no te prives ^ 
no te con'iternes, no te contrinjas.t 

Atorarse. — Los señores Pichardo y Rodríguez parecen 
descubrir un tanto de provincialismo en este verbo cuando 
lo usamos, que es siempre en el sentido de atragantarse. Si» 
guiéndole la pista por el Diccionaiio lesulta que atorarse es 
atascarse, y que atascarse el bocado significa ** r.o poderlo pa- 
sar ó tragar " ¿Donde está pues el provincialismo rigurosa- 
mente hablando? 

WtkWfkYS^.— Atracarse á la opinión de algunos es faniiliar» 
mente hablando, adherirse á ella. Es sin duda imagen torna- 
da los muelles ó embarcaderos donde los botes atracan.— 



AVA 45 

^trocarse al hablar, es hablar con dificultad, ó esperimentar 
^^Kún momentáneo entorpecimiento de U lengua. 

- * Atreverse. -Es curioso que solo dos lenguas europeas, 
^* castellano y el portugnés, tengan esta palabra y sus ele- 
firantes derivados atrevido y atrevimiento. Las demás lo han for- 
'^^ado sobre la raíz latina ardir ó auder\ y ^así vemos hardi^ 
^nrdüsse y enhardir en francés, hardiness y enharden en inglés; 
^^dito en italiano y ardido en el mismo castellano antiguo. El 
^•^nian tiene una palabra propia como de costumbre. 

Pero lo mas curioso todavía es que nuestro tercer acam- 
pa nante en la derivación de esta voz sea un pobre dialecto, el 
•Siciliano, y que no poseyéndola el italiano, la encontremos en 
^«i dialecto de Italia. 

Como ios habitantes de esa Isla uo han de haberla toma- 
^^^ tlel griego 6 del latín, sin el intermedio del italiano, debe- 
^^s atribuir la presencia de attrivimentUt altrívírise y attri- 
^^^u en el dialecto siciliano, á restos de la dominación espa- 

En cuanto á la etimología, Covarrubias la deduce del ver- 
g^riego tremOj temblar, temer, y la privativa a, otros de 
^^^^s—vehere^ que es como excederse, y Diez en sn Diccionario 
^^'rnológico de las lenguas romanas (Etimologischen Worterbueh 
^'' romanicken sprachen) de sibi attribuere, attribuere sibi, atribuirse 
^^Jfe es como si dijéramos arrogarse^ porque el que se atreve, se 
^oga facultades é ínfulas con demasía. 
Aluna. — Arequipa. Espátula para remover el maiz. 
\n\ os, — Estar en autos decimos por acá; estar en los autos, en- 
MUramos en el Diccionario. 

\v»lHfic*lia. — Galicismo puro; en castellano se dice alud, 
palabra que nunca hemos visto usar á nuestros escritores de- 
^^didoi por la primera. En verso, en douda buscamos las pa- 
labras onomatópicas ó sonoras, es desgraciadamente una ne- 
cesidad esta palabra. El que haya oído derrumbarse una ava- 
^ncka en los Alpes 6 la reiación de una de ellas en los sitios 
**iÍ8mos de la catástrofe, difícilmente podrá contentarse con el 
almibarado vocablo nuestro, que para su mayor desgracia sue- 
*»como un land descompuesto. 



46 AVA 

Otro tanto sucede con glacicr^ que es igualmente curiosidad 
física de Suiza- En presencia de ellos, viendo que lo terrible 
y lo niagníhco es el hicloy el hiolo acumulado, c lúleo, petrifi- 
cado como granito, y resquebrajado por piofundas y anch>is 
grietas de perpendiculares paredes de luminoso cristal, ante 
ese mar óe f;/íiie ó glacicr ¿qué placer podra producir nuestro 
sibilante ventisquero allí donde cabalmente el vicnlo calla y do- 
mina un silencio desoladoi ? 

Deseando nosotros conciliario todo en cuanto á avalancha^ 
titulamos Kl Alid unos versos que publicamos ha poco, re- 
servándonos el derecho de usar la voz. mas llena y ononia tó- 
pica aunque galicana, en la poesía misma; y habiendo cum- 
plido con nuestra conciencia literaria y con los puristas, pudi- 
mos decir después del título: 

«El piogreso, la luz, la justicia, 

Pedidos ron ansia, 
Sobre el mísero pueblo descienden 

Como una aviúaucha. 

Las palabras nacen ó mueren con el objeto que les da vi- 
da. ¿Quién oye, quien vé hoy desprenderse un alud} Nadie, 
ó los menos. La iiviüuncJuí nos es familiar; basta ir á veranear 
a Suiza, y la veremos con nucsiros oj-^s, ó la oiremos con 
nuestros oidos, mientras durmamos en el Hospicio (tambo) in- 
mediato: en último caso, veremos el teatro de sus recientes 
estragos y oiremos la relación palpit.inte de actualidad. Hé 
aquí porque», galicismo y tolo, cr..íú;;.'.-/'.\í amenaza tragarse á 
iiiud. El alud hii miurio, v'aw h: j:\iLi:uJ¡,iI 

-advertiremos antes de concluir, que el abolengo de lurte no 
se pierde en la noche de los tiempos: el clái.ico Diccionario 
de la Academia di* 1727 no lo trae, tampoco el de Terreros, 
dft lines del siglo pas-nlo Los modernos lexicones lo registran 
como provincialismo de Aragón, y el de la Scdedjd Literaria^ 
que como ya hemos con v:- nido, es contra la ú-:^:i,i. casi lo tra- 
ta á este infeliz como ú un advencdiz.^ porque después de ex- 



tr» 



pi 



^ • 



AZA 47 

extasiarse en el artículo Avalancha, agrega despreciativa- 
mente: ctambién se le llama lurte.* 

Esto nae-recuerda un pasaje. Había un pobre huérfano 
que no sabiendo quién era eUa^ decía siempre con el mayor 
desprecio: esa tal por cual. Un oyente á quien ya cargaban 
tales menosprecios, no pudo contenerse un día y díjole: — 
Pues haz de saber que esa tal per cual es, nada menos que 
tu madre. 

Señores literatos (¿?) de la Sociedad: esa á quien lia. 

man lurte^ es nada menos que la lengua madre. 

Avinagrarse. — Aunque avinagrarse sea lo mismo que ace- 
darse (algún alimeiHo en el estómago) no estará demás ad- 
vertir que entre nosotros sólo se usa exclusivamente el pri- 
mer verbo, no siendo acedarse más que un término médico 
por decirlo así. 

Avf rica. — Zapallito pequeño, más fino y estimado que el 
grande. En ningún diccionario hemos hallado esta pala- 
bra. Acaso sea corrupción de alguna voz quichua ó ay ma- 
rá que diga ahuinca. Pertenece al género femenino. Pero 
si el nombre procede de Eten, como se asegura, pudiera de- 
rivarse del dialecto peculiar y «persistente entre los natu- 
rales de ese pueblo costanero del Perú, que de poco tiempo 
acá ha empezado á llamar la atención de los filólogos, 

Avio.— Suélese dar este nombre, el avío á los arreos de 
montar, siu-duda por la idea colectiva que esta palabra en- 
pierra. 

Azarearse. — Llenarse de azar; de sobresalto; desconcer- 
tarse, desazonarse, inquietarse, desasosegarse, escamarse. 
Tal vez sea este último verbo el que más se le acerque, y es- 
camonearse. 

El azareo es producido en el individuo, ya por las estra- 
ñezas, voluntarias ó involuntarias, de alguna persona; ya por 
las fatales apariencias dq las circunstancias. 

Si todos los que usan este verbo y este sustantivo llegaran 
á convenencerse de un golpe de que no están en el Dicciona- 
rio, y que era necesario renunciar á ellos, habría un cata- 
clismo mental. Y es que con azarearse sucede lo mismo 

15 



' -,>^n^ 



48 ASA 

que con empavarse^ que corresponde á una vehementísima 
necesidad, real ó ficticia, de nuestro modo de sentir. 

Tfincr azar es buen castellano; 

imas habiéndose mudado 

Pe la casa á otro día 

Por el azar que dice que i$nta 

Con eUsí;., (Calderón, No hay cosa como callar,) 

Los señores Cuervo y Rodríguez hacen una lamentable y 
arbitraria confusión entre este provincialismo y el castizo 
azorarse] aunque tal vez se limitan á exprefcr fielmente lo que 
ven practicar á sus compatriotas, Entre nosotros ni & la 
(nfima plebe se le ha podido ocurrir tal cosa. EUa se cifte 
siempre (sin saberlo por supuesto) á los dos radicales que 
son azar y azor; y con toda corrección dice azorado por asuS'» 
tadOf y azareado por lleno de azar. El señor Cuervo nos en» 
seña además que la forma bogotana es azarar, m6noB mala 
que la del Perú y Chile, porque al menos así lo trae Salvi 
aunque con el sólo sentido de hacer desgraciado 6 funesto. 

Es decir que el azarar del Diccionario castellano» caliñca< 
tivo allí mismo de caprichoso, significa lo que nuestro ojear ó 
ha€er mal de ojo, porter malhenr en francés y la célebre /y^^- 
ttara de los italianos; al paso que en Bogotá, por io que di« 
ce el señor Cuervo, azarar es ni más ni menos el azarear de 
por acá. 

El ilustrado autor del Diccionario de Chilenismos no dudo 
que azarearse es una corrupción de azorarse y hasta pone 
un ejemplo de Cervantes en que sé figura que este verbo 
equivale á azarearse. También el autor de las Apuntaciones 
insinúa algo parecido al decir que si los muchachos dicen 
que se azaran al mostrarles el maestro la palmeta, es porque 
quieren significar que se azoran. 

En mi concepto estos falsos testimonios que se levantan 
al azararse y al azarearse no provienen sino de que ambos 
verbos, distintos en su etimología y en su significado se con« 
funden en sus efectos exteriores, porque tan desconcerta- 



AZU 49 

•" ^F^arece el que se azora^ porque tiene susto, como el que 
•^ ^^area por que tiene azar. 



ft>s veces, que nosotros hemos usado el vetbo azorarsi9 
CQtre otras en estos verros: 



Las tortolitas de amarillo píco« 
Las cuculíes de azorado vuelo 

"^ sido teniendo siempre mny presente la idea del áZórd- 
^i^niú 6 perturbación del ánimo. El vuelo de la cuculí^ co- 
"^o que al fin es tímida paloma» es glacialmente asustado 
^**ando atraviesa el aire sola, materialmente azorada como 
^"^ la persiguiera el azor ó milano» El mismo sentimiento de 
^^te verbo creo que tienen todos entre nosotros. 

Aún el señor Riofrío en sus tCorrecciones de lenguajes 
^x\\Qazarear con azorar, ¿Si seré yo el equivocado? Qui- 
el indicado autor oyó ó entendió mal, como el señor Ro"* 
'^^íguez en el pasaje de Cervantes que cita, más como 
^X) los flErrores de pronunciación! que inserta la Crónica del 
^^^legio de la Unión de Quito» volvemos á hallar la misma 
^crrección, tenemos que convenir en que los colombianos, 
ecuatorianos y chilenos hacen de azarearse y atorarse una 
Confusión, que jamás se nos ha ocurrido por acái 

Ak^oro — Azotamiento. — Véase pág. XVI. 

Azúcar. -Esta palabra es invariablemente femenina en el 

■ *€rü, y no ambigua como en otras partes, habiendo sin em- 

1>argo la flagrante contradicción de que al anteponerle el ar- 

*fcoIo, la hacemos masculina y decimos el aziuar, Y no se 

'^gaque ^r eufonía, porque la regla del caso sólo se refie- 

í^á disílabos, comoíiw {el ave) 6 á trisílabos esdrújulos, co- 

^ águila {el águila.) Tranquilícense empero los que así pro- 

fiícuan, porque más que provincialismo ó vulgarismo pue- 

'Tfedepotar esto un arcaismo recordando la constante afición 

!^lo8cl4sicos españoles á aplicar este artículo el aún á pa^ 



50 • AZÜ 

labras de tres y cuatro sílabas, y no esdrújulas, sólo porque 
empezaban por a. 



El aspereza de mis males quiero. 

Garcilaso. 

Fuera de el altura y otros ejemplos más. 

Azucarera. — Al decir la azucarera por el azucarero (vaso 
para poner azúcar en la mesa) mostramos una vez más cierta 
tendencia al género femenino como se vé en la tinajera^ por el 
tinajero (mueble y no persona) la sonaja (juguete de niño) por 
el sonajero &. 




F 



-:» 



SUPLEMENTO Á LA A . 



Abarrotarse. — En la acepción que aquí le damos debe 
venir del portugués en cuya lengua significa fhenchir hasta 
los barrotes, hasta la boca, atestar. Y abarrotado fileno del to« 
do, empachado.! 

Acequia- — De la palabra árabe sákia (noria). Para la des- 
cripción de este aparato de riego de las orillas del Nilo, véa- 
se Memorias de un Viajero peruano por Juan de Arona Capítulo 
XXVÍ. 

Acnsete.— Entre colegiales el muchacho que se ocupa en 
Uevar chismes á los maestros y en delatar á sus compañeros. 

Sophncillo, con la diferencia que esta voz puede haber cari- 
k y benevolencia; mientras que en la de acusete como en la 
^ fukkU solo hay reproche amargo. 

A.chalay. — Sin duda del quechua achallay que se relaciona 

^ todo lo bonito, vistoso &. 

Achancharse. — Ponerse una persona pesada, sedentaria 
^^0 un chancho cebado. 

Asimismo se usa en lo moral, para significar persona que 
P^ los trabajos, edad ú otra depresión cualquiera ha perdido 
«^ bríos, y cuyo espíritu por decirlo así, se ha sentado. 

Achote. — También es conocido en Filipinas: t Achiote, El, 
^ ^^flmize ( una planta ). Bixa Orellana dice Blumentritt. 



52 AYM 

Alionado. — Rehogado (cocina) 

Pela sus yucas al lado 
De la ennegrecida olla; 
O hace cuartos lít cebolla, 
Y dando tiempo al ahogado.. 

s 

Poesías Peruanas. 

Almacigo. — Covarróbias ^1676) que solo trae la forma fe- 
menina, lo describe así: tíos hortelanos llaman almácigas 
unos tarros grandes ó ciertas ericas pequeñas cercadas, don- 
de crian de pepitas las plantas.» 

De paso recomendamos á los hablistas en ico ese lindísimo 
y genial diminutivo de ¿i^a, para que lo luzcan en los días de 
fiesta. 

Animal. — «Como chinches, cucarachas, ratones y otras 

sabamiijas semejantes» dice Don Eugenio de Salazar, escritor 

español del siglo XVI, donde Cualquiera de nosotros habría 
concluido con: otros ammales semejantes. 

A y mará. —La ortografía de esta palabra como la de ai* 
vampo y otras por el estilo e« arbitraria. Unos la escriben con 
y ^•''^gfi» otros con i latina. Lo cierto es que los quichuas no 

tuvieron alfabeto escrito, y que las letras con que hoy se es- 
criben por nosotros sus palabras son las q\i'.\ fij irou guiándo- 
Fe por el oído, con más ó menos discernimitinto, los españo. 
les del siglo XVI. Sabido es que eu caá época la linguísti* 
ca como otras ciencias natmales, y mucho más que ellas 
estaba por nacer, en groF.í^ro embrión, y el mismo Covarrú- 
bias, dfjl siglo XVII, es una iimcstra grotesca de los puntes 
que entonces calzaba uní ciencia cuya filo-^ofía data a lo su- 
mo de fines del siglo pasado. 

En cuíinto á la lengua aymard, oigamos lo que de ella dice 
en bU gramática Quechua el viajtiro markam: « El aymará 
6e habla al rededor de las orillas del lago Titicaca, desde e^ 




\ 



I - 



I- . 



f 



AYM 33 



pueblo de Paucar-colla, doce millas al norte de Puoo, hasta 
la parte sur de la moderna República de Bolivia. El ayma* 
rd es ciertamente muy distinto del quechua en sonido, y mu« 
chas d^ las palabras son diferentes; pero una gran parte 
es la misma, y la estructura gramatical de ambas lenguas 
es idéntica. 

Sobre esta lengua no hay acaso más libros que los del pa<r 
dre Bertonio, publicados, ya gramática, ya diccionario, en 
los primeros días del siglo XVII, unos en Roma, otros en 
América, y cuyos ejemplares se han hecho tan raros, que 
Acaso puedan contarse los que quedan en el mundo. 



B 



Babador. — En España dicen babero, y tannbién babador en 
ale:unas provincias (en las más). Babadero, babero y babador 
son formas admitidas; hay pues, donde escoger. 

Bachos. — Embustes, cuentos, invenciones, bolas. Ea es« 
pañol antiguo y también moderno, bernardinas. El que decía 
muchos bachos era bachero. Ambas palabras se oyen ya muy 
poco, y puede asegurarse que han caido en desuso. Bacho^ Ba- 
cha: familiar por Sebastian, Sebastiana. 

Radilejo.— Instrumento primordial del albañil; /a //jMa: bé 

aquí su verdadero nombre. Nuestro provincialismo ha sido 

derivado sin duda de la palabra española badil, que es una 

cuchara ó pala de ñerro para remover la lumbre en la chi- 
menea. 

Bagazo. — Por antonomasia el de la caña, y bagacera él si- 
tio donde está acumulado. El diccionario no conoce esta 
última palabra; los portugueses sí: bagaceira. 

Balay. — Este provincialismo no tiene^ada que ver con el 
bahi de los franceses; es por el contrario una gran canasta 
de carrizo, lo que emplean las lavanderas para traer la ropa 
limpia. Suponemos que sea una de esas voces de las Isla^ 
de Barlovento 6 Antillas que los mismos conquistadores es- 
pañole3 diseminaron después por el Con'^inente. En la isla 



BAQ 55 

de Cuba balai es « el plato de madera á modo de bateíta en 
que se avienta el arroz &.» £1 balai de los Cubanos es pues 
de la familia de las liorteras de los españoles, y de las jattes 
df> los franceses. Para nosotros es algo como cesta ó espuerta. 
St hace ó más bien se tcg^e de listus de carrizo verde, que 
reemplaza en Lima en todos sus usos, al mimbre de los es- 
pañoles, así como la totora al junco ó enea. 

Balbucear.— Ni ¿«/¿«f^íir ni balbucir sq encuentran en el 
Diccionario; y sí solamente balbucencia y balbuciente. Pero 
no se debe vivir solo del Diccionario, ni mucho menos acep- 
tar las absolutas de nuestros croniqíuros cuando sueltan la 
fi'ase sacramental de: •¡eso no es castellano!» por que no está 
en el diccionario. Consulten nuestros lectores el uso hispano 
y americano, anticuo y moderno, y la opinión expresa de 
nuestros mejores hahlistfis y gramáticos, y verán que balbu- 
:ear y biilbucir existc'n y viven, y que se altern^in en la con- 
jugación sej^ún lo pide la eufonía. 

Los portugueses tienen en su Diccionario el verbo balbu- 
:iar, 

HuIooiknIIo. — Se dá este nombre en la Sierra á un camino 
de montan i h-;cho de barbacoa y volado sobre un precipicio 
á manvrra de halcón, o como el portalón de un buque. Se 
llama también barbacoa. 

Balero. — Dice el Diccionario que es como una tenaza de 
tres bocas para agarrar la bala caldeada. Nosotros creíamos 
que el balero era la tenaza de. una sola boca, que cerada, 
presentaba un orificio para echar el plomo derretido y hacer 
las balas. ¿Cómo se llama pues el pequeño molde en qu^ 
se funde (se fundí.i) la bala de escopeta? — Turquesa? 

Terreros, en el prólogo de su Diccionario dice: «no se fun- 
dieron todos los idiomas en una turquesa misma. • 

kl%mi(^{H. — Carrera de baqueta se dice dtl mal rato que se 
pasa al atravesar en tal cual fecha, por entre filas de gen- 
te ociosa y reparona. No está mala la traducion del cas- 
tijjo militar á que se alude en la frase; pero es el caso que 

con nuestra maldita propensión á quitar la s final á toda 

16 



56 BAQ 

palabra que inmediatamente no vá precedida del artículo 
plural, decimos carrera de baqueta^ cuando lo castizo es ba- 
queias, y también lo racional, porque el soldado penado así, 
corre por entre sus compañeros alineados y armados de ba- 
qiutasy todas ¿as cuales deben llover sobre su cuerpo. Por 
supuesto que en la tierra de la mazamorra y la impunidad, 
no se conoce ni aun se sospecha quizá tal castigo, que los 
duros y crueles españoles se llevaron consigo. 

Daqní»no. — Es el práctico de tierra; el piloto de una loca- 
lidad, que abre y descubre sendas, trochas y vericuetos por 
entre un dédado de cerros ó matorrales. Es el mismo que 
condujo á los dkz mil de la célebre Retirada hasta la cúspi- 
de del monte en que los exhaustos espedicionarios pudieron 
exclamar: • \Thálassa\ » (el mai!) descubrienio de pronto el 
Ponto Euxino ó Mar Negro. 

Al baquiano han debido su salvación después de una de- 
rrota muchos do esos caudillos revolucionarios, que por se- 
senta años han fatigado la tierra de los Incay, y cuyos bríos 
y tenacidad brillaron por su ausencia tan pronto como nos 
la hubimos con el implacable enemigo extrangero. 

No falta quien crea que baquiano viene de vaquero, por lo 
prácticos en andurriales que son los vaqueros ó sea ganade- 
ros ó torneros, 

Pero no es así; viene de baquía que en español significa 
dcstre.?a\ aunque Salva lo registra como provincialismo ar- 
gentino, y hé aquí porque se escribe con b larga y con í, y 
no con e como usan algunos. Aún esdrújulo debería ser, 
baquiano, si en realidad proced¡<;ra de baquía. Con b larga 
lo trae Salva, el señor Cuervo, Don Z. Rodríguez, todas las 
r\utoridades. 

El inca Garcilaso, que escribía hace tres siglos largos, di- 
ce también como nosotros brquiano, que en su estilo vale al- 
go como aclimatado, por que lo aplica á los prácticos en la 
tierra en oposición á los bisónos recien Ih^gados de España, 

Pero el erudito español Juan de Guzmán, que publicaba 
en 1586 su traducción dj las Geórgicas, en sus Notaciones 
tí la primera Geórgica (not:i 28) lo Cücribe con t', y también 



BAR 57 

como americanismo, lo mismo que Salva, y dándole la ex- 

'^''anísima significación de «cosa antiguat; salvo que por ahí 

*^níendamos (por aquello de que mas sabe el diablo por viejo 

^^^ por diablo) komhre sage, ducho; porque lo es y muy de ve- 

'"^s. ese barqu'?ro de tierra di nuestros campos, á quien los 

^^^ar?s mal traídos de las revoluciones de por acá, fían su 

'^^^^4p2a, mientras que aquel les entretiene y aligera el cami- 

'^^ tle que es guía, con la narración de humorísticos (y á ve- 

^*^s edificantes) cuentos locales. 

'^«iraja. — Indubidamente usamos á cada paso esta palabra 
P^^^ ftaipe. Desde luego llamamos iuego de baraja á todos los 
'i*^*^ el bueu lenguaje conoce: coiuo juegos de naipes. Este es 
"*^ Vulgarismo gemelo con el de candela por fuego, palo por 
*'^ **cit:ra, pescado por pez y otros mil. 

'^í* rajo.— Interjección ó mejor dicho, forma con que algu- 

^*^s suavizan la conocida y vigorosa española, que Don Qui- 

J*^^^ «itríojaba como teñid de costumbre» según Cervantes; 

^^nquí: al díícir de los inteligentes, el simple cambio de C. en 

• la modifica tanto, que casi la iguala con ¡caramba! 

, -^ sí debía creerlo el coplero ciiollo que en una leLiilla pu- 
'^^'^iiUT por «El Comercio» de Lima (24 de Noviembre de 
^^S ) estampaba la siguiente reJcndilla. 

fProgramas, mucho palique 
Y di.^cursos á destajo, 
NM un los tiempos de Echenique 
Sfí habló más goido ¡barajo! 

íiar:iilílsi,-- Es mejor barandilla, 

llaraf.'i. — Único modo de designar la cucaracha en Chil ;. 

"*^-*' L'ma la voz ésta ni se usa ni se conoce, y sólo la regis- 

^^^mos aquí para rectificar el pequeño error en que incurre 

*^* Señor Rodiígu(;z. Barata no es chilenismo, sino simple- 

^»int!- corrupción natural del nombre latino blaia. Es más 

^■<rn lusitanismo; véase el Novísimo Diccionario crítico é eti- 

^^iclógico da lingua poriugueza por Francisco Solano Constan- 



58 BAR 

cío, y se hallará • Barata, 5. f- (lat blattii), carocha ^ insect 
semelhante ao escaravdho .* 

l^arbacOH. — CrtWrts bravas unidas entre sí por dos cabes 
tros terminales. La barbacoa es una f sprci»» de sar20. Ten 
di da sobre cuatro horquetas ú horquillas, ó sobie dos monto 
nes de adobes, sirve df-* cama á la sfente pobre, ó sobre cua 
tro horcones elevados, de repisa para airear la menestra ex 
tendida en ella, asím'smo en Ins casas de pjente pobre, ei 
los pueblos y en las chacras. 

Sirve además la barbacoa de puerta, un tanto td^scuaja 
rir.gada» ^desvencijada) en los ranchos de la gente campesi 
Da ó poblana no acomodada . 

La barbacoa como la esfera de totora y otros objetos pe 
culiares al país, tiene una gran importancia entre cierta 
clases y en la agricultura menor. La voz procede de Cubs 
y Haití. Ji^ricnez de la Espada, describe así la barbacoa 
iBastidor ó tarima de carrizo.» 

Barbiquejo. — Aunque así se ha dicho siempre por acá, n< 
faltó quien enmendara barboquejo y la nueva lección co 
mienza á ganar prosélitos. Más hé aquí que el Diccionario 
que en nuestros apuros acostumbra no decirnos nada, trae 
las dos voces y con sus dos buenas definiciones en el presen* 
te caso. 

«Barbiquejo, provincialismo peruano y argentino. Pañuelitc 
blanco con que se cubren parte de la cabeza y cara, anu- 
dándolo bajo la barba, las mujeres pobres habitualmente, - 
las acomodadas, cuando van de trapillo.» 

Barboquejo. — La cinta con que se sujeta por debajo di 
la barba el sombrero ó morrión para que no se lo lleve el aire 

Barbillfra, (anticuado) la cinta con que se sujeta la bocr 
de los difuntos.» 

La definición de barboquejo corresponde á lo que n < 
sotros llamamos barbada, tomando la voz de prestado, cf 
la cadenilla ó hierro corvo del freno, que pasa bajo la b^ 
ba de las bestias de silla; barbilUra, es voz desconocí <^ 
entre nosotros, por más que también tengamos la pi ¡ 
dosa costumbre de corregir coa una cinta la tenaz pT* 




BAR 59 

^nsión de los cadáveres á abrir la boca, verdadero sar- 
casmo. 

Para nosotros el barbiquejo es el pañuelo que pasando por 

tlebajodela barba vá á juntar y atar sus dos puntas por 

tncinia de la cabeza ó por un lado de la cara; y no arguye 

^^<^^s^ ni coquetería ni el menor sentimiento de estética. To- 

"<^ lo contrario, anuncia infaliblemente fluxión á la cara, 

°*^íor de muelas, paparas y aún quizá algo de dejadez, co- 

Tio que aún no hace muchos años había un tipo de criollo 

ciayos arreos externos ó amittus casi de enero á enero 

consistían en una capa mugrienta embozada, un sombrero 

^^ fieltro mugriento también y enteramente calado, y un 

^'^'^^zquejo no más limpio. Parecía que habiéndoselo puesto 

** '^ día por enfermedad, no hubiera vuelto á acordarse de 

^*^ 3tá.rselo después. Los arreos internos ó el fwitt^ws solían 

^^*" Una guitarra ó un gallo bajo el brazo. 

Si algunas de nuestras cholas ó sambas viniendo á caballo 
*^* Campo se atan el sombrero con un pañuelo para que no 
^ les vuele, llamaremos á eso barbiquejo por analogía sola- 

•Aunque nuestro provincialismo no sea sino una visible 
í'upción de barboquejo^ como ya viene á significar otra co- 
* nos parece racional que le retengamos dejando el segun- 
^ para cuando se trate de lo que impropiamente llamamos 

El señor Cuervo no trae esta palabra (barboquejo) sino co- 

^<^ corrompida en barbuquejo, sin decirnos en que sentido. 

^ro en la página 416 de su obra, hablando de la indiada 

^^e vuelve de la feria usa la palabra que Salva califica de 

: *^*'Ovincialismo americano como lo acabamos de ver, sin 

^^^se por entendido. Dice: tEllas y lo? hombres llevan ase- 

I ^^rados los sombreros con sus pañuelos colorados que les 

I ^"irven de baibiquejo.» 

I Si el señor Cuervo conviene en que es barboquejo y no barbi- 

B ^uejOf ¿por qué escribe barbiquejo? y al adoptarlo ¿por qué no lo 

S ^^braya, y porque no lo registra en el índice de su copioso, 

M ^&bio y excelente libro, en donde se puede apostar que no falta 



■> 



6o BAR 

nada? ;Ha sido inadvertencia ó alguna razón secreta del 
terrible crítico bogotano? Puede que algán día lo sepa- 
mos. 

Terralla en su tLirna por dentro y fuera» dice barbiquejo 
al hablar del de las limeñas. Como sinónimo de barbique- 
jo y barboquejo téngase presente el barbicacho de los Diccio- 
narios castellanos, de los cuales el que mejor describe nues- 
tro barbiquejo es Terreros: Dice el inteligente jesuita tPa. 
ñuelo que usan en América para ponerle en la barba, abri- 
garse y embozarse.! 

Barri(|a. — Vientre; palabra que sólo se usa entre los mé- 
dicos 6 al referirse al materno. Los españoles dicen doloc ó 
ma^ de vientre ó de tripas^ y nosotros uniformemente dolor de 
barriga. Tan fuerte es en los españoles la aíición á decir vi- 
entre por barriga^ que uno de los epigramas de Baltazar de 
Alcázar se titula: lA uno muy gordo de vientre* 

Kari'O. — Sería bueno qne dejáramos descansar un poco es- 
ta palabra y que recordáramos qne también hay lodo. Para 
nosotros es literaria, culta, elegante casi la palabra lodo, y 
hé aquí una sustitución ó usurpación más que el lector puede 
agregar á la lista que damos en la página XXII al tratar de 
nuestra preferencia por los vulgarismos. Más no porque 
barro suene grosero y burdo lo es más lodo: todo lo con- 
trario. El puede ser la noble arcilla; la base de ios in- 
finitos artefictos de la aifareria, la gloria de Bernardo de 
Palissy. Los españoles, principalmente los del siglo XVII 
llamaban de una manera absoluta y antonomástica y toman- 
do la materia por la cosa, barro, á lo que nosotros cacharro, 

«Agua que serenó barro de Andújar» 

denominación tan nueva para nosotros, como la de panes á 
los trigos ó trigales, que es tan vieja como la lengua. La im- 
portancia de los barros como vasijas de agua es tan grande 
para los españoles, que hay un mueble especial para guar- 
darlos, que tomando de ellos su nombre, se llama barrera^ 



BAT 6i 

especie de alhacena ó rinconera. Las comedias de Lope, Cal- 
derón & están llenas de estos barros. 

Tratemos pues de decir lodo al referirnos al que se for'^* 
en nuestras calles, ya por que llueve naturalmente del cielo, 
ya por que llueve artificialmente de la manguera que tiene en 
mano un panfilo^ el cual, grande ó chico, decente ó plebeyo, 
sigue tan embebido y fascinado el cristalino chorro, que no 
advierte que está encharcando la calle. Es el único trabajo 
en que un sirviente criollo pone cara de desear que no se 
acabe nunca. 

Luego y este es muy frecuente, 

Pasa á caballo un zamarro 

Corriendo ímprud intérnente, 
Y desde el pié hasta la frente 
Nos deja envueltos en barro. 

El intrigante castigado 

Aquí debíamos haber dicho lodo, si hubiéramos tenido la 
sufícíente reñexión cuando escribíamos esa comedia. 

Vulgaricemos pues la palabra lodo^ que indebidamente en- 
noblecemos con el desuso, recordando que de ella nada se 
hace: tal es de despreciable. El barro.,, es hermano del limOy 
raafería prima del género humano. 

Batea. — Hé aquí cómo describe Salva esta pieza; — tEspe- 
cie de bandeja ó azafate de diferentes hechuras y tamaños, 
que Viene de Indias, hecha Je madera pintada, ó con pajas 

sentadas sobre la madera Artesilla ó barreño hondo 

que sirve para varios usos.» Lo que en Lima entendemos por 
tafea es una pieza de madera circular alta como una artesa, 
obra de toneleiía hecha de duelas y aros de fierro y que sir- 
ve exclusivamente para el lavado de la ropa sucia; por lo 
qu« dar á la batea, echar á la batea, equivale á entregar la 
ropa á la lavandf^ra. Es igualmente voz de !a isla de Cuba, y 
por esto, / poi llamarla Salva de Indias, nos inclinamos á 



62 BAC 

creer que sea una de esas veces que los escritores de la 
Conquista denominan de las ishs dt Barlovento. En el Brasil 
la batea es como la nuestra, con el mism^j nombre, y se UFa 
en los lavaderos de oro. Terreros en su Diccionario castella- 
no la describe lo mismo que el Diccionario portugués ó bra- 
silero. Calandrelli la trae del 

Batirolsi. — No lo encontramos en el Diccionario de Salva; 
pero en Terreros leemos. tBaticoL llaman en las Montañas a 
la gurupera {grupera se dice hoy,) 

Bebestibles- — Precioso neologismo, no sé si inventado ó 
popularizado solamente por nuestro periodistas, en oposición 
á comestibles. 

Bemba. — //í?aro, vulgar y hasta groseramente hablando. 
Esta palabra y algunas pocas más, parece que nos hubieran 
sido importadas directamente de Guinea por los primeros 
negros esclavos que hicieron venir los conquistadores espa- 
ñoles. 

Bemba designa especialmente el labio inferior caído- BW- 
foy jeta, befo, bezo^ abundan los equivalentes en español; aun- 
que alguno de esos, befo, sea tal vez adjetivo y mas que á 
bemba, equivalga á nuestro bembón, que en castellano es be- 
zudo, <^. 

Bicho. — Despecho. Por bicho, de bi^lw de ó por despecho', y 
aún '.creo haber oído bichiento por envidioso. ¡Tener un bicho 
es tener un entripado! 

fDespués lo he visto otras veces, 
Y como nada le he dicho, 
Habla contra mí, de bicho. 
Quinientas mil candideces. 

Segura — Comedias . 

¿Cuál puede ser el- de esta locución? 

¿Se querrá significar que el despechado lleva dentro de sí 
un bicho^ esto es un animalejo que lo corroe y lo punza? 



BLO 63 

Billele. — En España y en el Diccionario signiñca muchas 
cosas; entre nosotros nada mas que el de Banco, porque aug 
su acepción de esqueiita (billet douxj casi se ha anticuado. 
Para los españoles todo lo que nosotros llamamos boleto, es 
billete, ujo, mucho ojo con estos provincialismos solapados 
que son los que en realidad minan la unidad internacional 

del idioma. 

El Diccionario portugués está conforme con el castellano 
en las acepciones de billete. No tiene pues disculpa la sustitu- 
¿kóü que le hacemos con boleto. Véase Boleto. 

Biriquí.— 5/r¿/^ttí, instrunrento ó herramienta de carpin- 
tero; barreno grande. En esta como en otras adulteraciones 
ó corrupciones de voces españolas ó europeas nos dejan atrás 
algunos de nuestros hermanos de Hispano-América: los bo- 
gotanos dicen villatnarquin. Oigamos al Señor Cuervo: • El 
primero que trajo berbiquíes hubo de ignorar el nombre, y vul- 
garizó el villebrequin que rezarían las facturas francesas, y hé 
aquí que nos nació villamarquin. 

¡ Quien lo hubiera ahogado al nacer 1 • 

BlaiKluzro.— Decimos siempre así provincialmente en 
lugar de blandujo y blanducho que es como debe decirse. 

Blanquillos. — Los melocotones blancos; los amarillos 
corren con el nombre castizo de durazno. 

Bloqueó— Sitio.— Una guerra general no solo dispersa y 
hace andar de mano en mano los mas íntimos objetos de la 
vida privada; las piezas mas escogidas del hogar y del ajuar; 
no solo desparrama ganados, animales, hombres, que lleva de 
un lado á otro: también pone en circulación y al alcance de 
todo el mundo ideas y nociones que antes yacían ocultas en 
los libros ó en la mente de unos pocos. Por esto pues, en los 
primeros meses de la última guerra, que por mucho tiempo 
solo fué marítima, las palabras bloqueo ^ captura, presa, y otras 
muchas del Derecho marítimo internacional andaban en bo- 
ca aun de los incultos. Con tal motivo se suscitó la cuestión 
siguiente: c ¿ cuál es la diferencia entre bloqueo y sitio ? » y se 
convino unánimemente ^en que bloqueo era el sitio por mar, y 

silio el asedio por tierra. 

17 



64 BOC 

Error lastimoso que es deber nuestro desvanecer. Bloqueo 
no es mas que sitio desde lejos, ya en un elemento, ya en otro. 

En aquel se toman solo las avenidas que conducen á 

En éste, les sitios, y por consiguiente es más estrecho. Si 
bloqueo prevalece para el asedio por mar, es porque desde es- 
te elemento el cerco tiene por fuerza que ponerse á distancia. 
Pero mejor que nuestras triviales explicaciones lo demostra- 
rán los siguientes ejemplos: Capefigüe « España y Francia 
en sus Relaciones diplomáticas»; — página iig. t El ejército 
acantonado en el campo de San Roque, al pié de la inmensa 
i'oca, había convertido el sitio en bloqueo • página 120: « De- 
fendieron los ingleses á Gibraltar con la mayor valentía, 
y los españoles admirados de tanta resistencia, se apresura- 
ron á convertir el sitio en bloqueo, que permitiera echar la sies- 
ta. » &*. 

Monlau, vida del r'adre Isla ( Biblioteca Rivadeynerá: ) 
« Dióse principio á las hostilidades; cerrando ó infestando el 
puerto recíprocamente los dos partidos, y estrechando los 
corsos la ciudad por la parte de tierra con un bloqueo, que mu- 
chas veces se convertía en sitio formal. • 

Lista, t Historia de España: > c Esta plaza ( Gerona ) tenía 
muy poca defensa Sitiada desde primeros de junio re- 
chazó todos los asaltos del enemigo hasta que los france- 
ses convirtieron el sitio en bloqoeo, » 

f El nuevo Gobierno aunque bloqueado por tierra por el cuer- 
po del mariscal Victor, estaba en un sitio seguro ( Cádiz ) 
pues la Inglaterra su aliada era dueña de la mar. » 

€ Examinólas el mariscal francés ( las líneas de Torres Ye- 
dras; ) vio imposible el ataque; contentóse con bloquearlas, • 

« El ejército aliado después de lanzado Masena de Portu- 
gal, bloqueó á Almeida. » 

Toreno, € Levantamiento de España.» Escarmentados los 
franceses con lección tan rigorosa, desistieron de repetir los 
asaltos convirtiendo el sido en bloqueo. » 

Boca de sopas. — Según el Diccionario boca de' gachas. 
Con la tendencia constante á vul^rizar ó á democratizar el 
idioma sustituimos en este como en otros muchos casos la pa- 



BOL 65 

labra más general á la privativa ó especial que es 2omo decir, 
dejamos los títulos por lo plebeyo. 

Esta propensión se nota así mismo en las desinencias, y 
flexiones como podrá verse en el trascurso de este Dicciona- 
rio, y por lo pronto en estas palabras en que se consulta la 
desinencia* ó flexión mas natural y se huye ó reniega del abo- 
lengo; á saber: huertero por hortelane, lechar por ordeñar y otras 
que irán pareciendo en su sitio. 

La relajación de la etiqueta, de las ceremonias, y de todo 
lo que es peculiar á los estados monárquicos tiene entre no. 
sotros una exageración fatigante, y es ella la que sin propó- 
sito determinado tal vez inñuye en nuestro lenguaje. Lo que 
más sorprende en un madrileño cualquiera que aporta por 
estas tierras es la elegancia natural de su expresión: y quizá 
ha estudiado el castellano menos bien que muchos de noso- 
tros; pero ha tenido la escuela práctica que encarrila y forma, 
sin sospecharlo y acaso sin desearlo uno misme. 

Lo dicho no se impute precisamente á la frase que moti- 
va este articulejo, una de las más inocentes, desde que la pa- 
Ubra gachas no nos es familiar como la de sopas. 

Borhinche. — cMotin, asonada,! dice Salva; y Bochinche. 
Ro «alborotador sedicioso, bullanguero, provincialismo de la 
América Meridionali — Estamos conformes. Estos peruanis- 
mos, que ya son americanismos que quizá corren en los Dic- 
cionarios, como el presente, y poncho y chacra, y coca, y otros 
tantos, lo diremos con franqueza, se nos hace pesado in- 
cluirlos aquí aumentando sin objeto nuestro ya ímprobo tra- 
bajo. Sirva de escusa á algunas omisiones lo dicho. 

Boje. — Dice Salva en su Diccionario que Bofe es un pro- 
vincialismo del Perú que vale por ctonto, necio'i Le agrade, 
cemos la noticia; no había llegado á la nuestra. 

liolero. — El juguete que nuestros muchachos (y aun gen- 
te grande solitaria y aburrida) conocen con este nombre es el 
que viene descrito en el Diccionario bajo la palabra Boliche. 
Ambos vienen de vola, que constituye la mitad, y por decirlo 
así, la hembra del juguete. Pero nuestro derivado nos pa- 
rece más propio, porque la Bola del bolero no es tan boliche 



66 BOL 

(bolita) que merezca este nombre diminutivo; mas bolero en 
castellano signíñca otras cosas, y habría ambigüedad. 

Boleto.— £1 Diccionario no trae esta palabra de tantísimo 
uso entre nosotros: en él solo hallamos boleta:* cedulilla que 
se dá para poder entrar sin embarazo en alguna parte.» 

El boletero y la boletería qne nos recuerdan los teatros, las 
estaciones de ferro-carriles, la Plaza de Toros; el tranvía &. 
tampoco existen; porque es como si no existiera allí la pala- 
bra boletero desde que no trae mas que esta para nosotros ex- 
trañísima significación: «El individuo de una partida, compa- 
ñía, batallón &, en marcha, que se adelanta para preparerle 
alojamiento y reparte á los oficiales las boletas de las casas 
que se les han destinado.» 

Todo lo que aquí llamamos boleto corre en España con el 
nombre de billete. Aun la voz boleta no tiene entre nosotros 
mas que un restringidísimo uso de escribanía. Este provin- 
cialismo {boleto por billete) metido por decirlo así entre cuero y 

carne en nuestra locución, empotrado en lo más interno de la 
expresión, como la triquina entre las fibras de la carne, como 
los microscópicos animálculos de un trozo de hielo, este y 
otros análogos son los que deben llamar seriamente nuestra 
atención y hacei nuestra desesperación. 

¿Qué limeño habrá sospechado nunca todo lo que queda 
descubierto de boleto? ¿Y qué limeño podría hacerse de nuevo 
para poder sustituir á boleto en sus latísimas acepciones pro- 
vinciales, por billete que para nosotros es exclusivamente el 
de Banco? Salva trae asimismo boletín con una acepción 
idéntica á la de "nuestro boleto. Aun en portugués tiene esta 
últm^a palabra la misma acepción que en castellano boleta^ 
con lo que perdemos el pleito en segunda instancia. — Véase 
Billete. 

Bolito. — Árbol indígena, hermosísimo, que aun por ador- 
no podría propagarse en ciertos vecindarios, si entre noso- 
tros hubiera alguien capaz de ocuparse y preocuparse con los 
verdaderos intereses de la sociedad y el pueblo — Sapindu^ 

saponaria. 

Este árbol pues, crece silvestre donde quiere ó puede, se- 



"> 



BOM 67 

ña&ándose por su tnagestuoso porte y por la multitud de fru- 
'.itos redondos, de corteza rojiza y oscura que alfombran su 
pié, desprendiéndose fácilmente de las ramas. Echados en 
agua levantan espuma como el jabón, por lo que también se 
le llama árbol del jaboncillo. Desaparecido el zurroncito co- 
rreoso de que hemos hablado, queda lisa limpa y reuegrida 
como una cuenta de rosario, la bolita 6 cuesco interior que dá 
nombre al árbol. 

Cuando les Dioses de Roma eran de harro^ estas humildes boli- 
tas vejetales servían á nuestros niños para los juegos del tiri- 
tOy choclón (hoyuelo) &, lo mismo que los cocos (coquitos) com. 
prados en la pulpería. Hoj/ suplen las bolas; es decir las (tam- 
bién bolitas) magníficas, de cristal ó piedra matizadas de colo- 
res, importadas de Europa. 

Bomba.— La campana de cristal opaca 6 trasparente, que 
rodea cada una de las luces de una araña, ó cada luz sola de 
gas. En Chile, aludiendo sin duda á la forma, llama globo á 
esta pieza, y en Cuba, bomba también. 

Estay en bomha^ estar borracho, sin duda de la voz española 
/bomba! con que reclama la atención el que vá á echar un brin- 
dis — Véase Abombarse 

Bomhficho. — F^Lnia^lones boinbackos, solemos decir por pan- 
talones holgados y mas que anchos. La palabra no está en 
il Diccionario, no obstante lo cual la hallamos hace muchos 
años en un Académico de námero (hoy) de la Española, el 
Señor Don Emilio Castelar, en una de las correspondencias 
que mandaba cEl Nacional^ de Lima; en la que describiendo 
no sé que Exposición europea hablaba de los turcos y sus 
pantalones bombachos. 

Un colaborador del tSeminario Pintoresco Españoh en el 
artículo titulado: cLos Montañeses de Leon;B lo usa también, 
y por último, en portugués anticuado •bovibachasn significa 
^calzas anchas*. Esto nos basta como ya lo hemos dicho. La 
única aspiración del presente Diccionario consiste en unificar 
el español de aquí con el de allá. Los que quieran perfeccio- 
narse en el puro castellano acudan á la Academia que debe 
bastarse y sobrarse para ese objeto. 



68 BOT 

Por supuesto que los Diccionarios contra la lengua no traen 
bombacho: estos apañan cuanto deliiio puede pasar por la men- 
te de un solo individuo; pero aquellos vocablos que andan en 
boca de todos, lo que prueba su necesidad, y que podrían ha- 
llar en esos bodrios lexigráfícos una antesala laica para pasar 
después á la Academia, no la encuentran hasta que esta mis- 
ma, menos terrible que los laicos, los acoje en su seno. 

Boquilla. — Mechero en España y en Chile, quemador, E\ 
tubíto por donde sale el gas combustible ó de alumbrado. 

Borregas.— Díir borregas y en los departamentos del Sur, 
dar gallo j equivale á dar serenata, ó murga como popularmen- 
te llaman en Madrid á ciertas músicas ambulantes. 

¿Vendrá este nombre de la antigua danza española llama- 
da borrega! No lo sé. En lo de dar gallo se vé más claro, por 

que como la escena pasa en altas horas de la noche, parece 
como que se va á hacer las veces de aquel clarín de plumas 
y de pies. 

Bolar. — Este verbo tiene entre nosotros todas las acep- 
ciones ie ^c-/ííir (pasando las de éste, según Terrerros, de 119): 
aún las figuras, como cududo decimos que el suertero X botó 
la de á tantos, para dar á entender que el número agra- 
ciado ái esa suerte ó lotería sobreentendida, fué el que ven- 
dió dicho suertero. 

Botado (y también huacho, que es quichua) quiere decir ex. 
pósito, hijo de la piedra en español. 

¿Qué es botar en nuestra lengua madre? «Arrojar ó echar 
fuera con violencia.» Hay pues, al usar este verbo por echar^ 
\a misma exageración que al sustituir temar ó coger con agar- 
rar^ y atar con amarraí, y subir con trepar^ y hay quizá tam- 
bién portuguesismo, puesto que en este idioma el verbo botar 
desempeña todos los oficios de echar que los portugueses no 
tienen; por lo que se ven obligados á decir botar á perder un 
negocio; bctar á perder un niño Icidr les bofes, frases que aun 
para nosotros tan boÍJ.,.raic5 serían monstruosas. 

Solo nos parece feliz nuestro provincialismo en la acep- 
ción mHtofcrica de derrochar una fortuna porque pinta biea 



BRI 69 

la violeDcia con que la tira á la calle el que en español mis- 
mo se Uamarie un bota,..rsLte, 

También, en Andalucia corre botar por echar; y en Galicia, á 
cuyo dialecto en este caso le pasa lo que al portugués, que 
carece de ¿ckar; y en Cuba donde el b$tar corre con las mis- 
mas acepciones que por acá. Estamos pues, bien acompa- 
ñados. 

Bracete* — Ir de bracete ó ir del brazo como se ha dicho des- 
pués, corresponde en buen español á de bracero, 

Brnzos.— En nuestra constante propensión á buscar los 
derivados mas fáciles y á alejarnos lo menos posible del ori- 
gen conocido ó visible décimo? simplemente brazos en la acep- 
ción de braceros, como se dice en castellano (y braceíros en por- 
tugués) cuando se quiere significar jornaleros, peones, y no- 
sotros, colonos ó inmigrantes. Lo menos malo á que podemos 
dar lugar con esta impropiedad de expresión es a que nos 
apliquen y acomoden este calembotirg: — ¿En qué se parece la 
agricultura del Perú ala Venus de Milo? — Erque carece 
de brazos. 

í»reque. — Es brete, y entiéndase no solo del dicho estar en 
un breque, mas también del aparato que enfrena el movimien- 
to de los trenes, que llamamos breque, y que tan familiar nos 
tís, sin duda por la animación que recibe de su timonel ó bre- 
quero, cuyo trágico fin llama tantas veces nuestra atención 

sobre él; porque asi como el soldado es carne de cañón, as* 
el brequero es carne de ferro-carril, porque tarde ó temprano 
muere entre las ruedas. 

Brin.— En Cuba como entre nosotros se entiende por 
Mn una ttela ordinaria de hilo y tejido grueso. Pichardo, de 
quien tomamos la definición, agrega que es parecido á la 
rusia y de uso preferente para pintar al óleo, y que es cono- 
cido también de los marinos con el nombre de vitre» — En 
Salva, brin significa simplemente da brizna ó fibras del az^' 
frán»— Nuestro provincialismo viene del francés y corre tam- 
bién en portugués, en cuya lengua significa {brim): cgenero 
de cáñamo ó lino grueso para velas de navio. • Igualmente 



70 BUL 

lo encontramos en el Diccionario castellano de Terreros: «te* 
la útil para tiendas de Campaña &>. 

Briscan. — £1 juego de Isí brisca, palabra que* por acá no 
usamos. 

Buenastardes.— Florecita que conserva sus pétalos reco^ 
jidos todo el día, abriéndolos solamente al caer la tarde. 

Los franceses la llaman tviohtte dn Pérou.w tmerveille du Pé- 
Your^ y los españoles f Den Diego de noche. — Mirabilis ja- 
lapa. 

Buen Vi«|e. — Los antiguos negros esclavos de Cañete 
llamaban así la ñesta campestre que celebraban en el mismo 
sitio y día en que terminaba Isl plantada ó siembra anual de 
la caña de azúcar. De allí partian á la casa grande, ó casa ka- 
bitacióny como dicen en Cuba, ó las casas, (que es también un 
modo de signifícar casa grande por medio del plural) como se 
dice en Chile. Partian pues á la casa del fundo con las yun- 
tas coronadas de flores y entonando las coplas de ritual, cu- 
yo estribillo iba siendo: 

Buen Viaje.,. Buen Viaje... 
Biun Viaje se acabó, 

Al llegar enderezaban al amo algunas coplas saturadas de 
incienso , no sabemos si composición de algún mesiro del 
galpón ó si aplicación de coplas ajenas. Recordamos una de 
ellas que decia: 

Si mi amo Don Pedro sale 
A pasearse al corredor, 
Hasta el sol se le retira 
Por no darle el resplandor. 

Era la amb-arvalia (al rededor de los campos) de los Romanos, 
y la errJfest (fiosta de la cosecha) de los alemanes, 

Bulla — No dudamos que biiUa sea ruido, y el mismo 
Diccionario entre las primeras acepciones de aquella voz 
dice: *Griteria ó ruido q\ifi hace una ó mas personas.» Pero 



"^ 



BUS 71 

es evidente que nosotros abusamos de esta palabra, como de 
candela por fuego, barro por lodo y otras infinitas que consti- 
tuyen la verdadera base de nuestros provincialismos, que tas 
mas de las veces podrían calificarse de vulgarismos. 

Muchos de los casos en que decimos bulla, el término cas- 
tizo seria ruido. 

Ningún marino 
Lobo maulla, 
£1 mar vecino 
Duerme sin bulla. 



Los MÉDANOS. 

Bullero, uUera, el que mete ruido, particularmente los ni- 
ños. No está en el Diccionario, ni bullanguero en el sentido 
que aquí tiene, que es mas ó menos el de bullero, £n bullan- 
gas sí estamos en lo correcto, desde que esa voz (ó bullaje) 
puede aludir á las de mal carácter. £1 Diccionario trae bu- 
llanga y bullaje, 

£n Hidalgo, « Diálogos de apacible entretenimiento > can- 
da, vete y no metas buUa% y en los cDuendes» de Don An. 
dres Bello, la palabra bulla está usada á la limeña. 

Riiscapic|iie. — No se usa de otra palabra, salvo muy ra- 
ras escepciones, para designar uno de aquellos cohetes tan 
comunes en nuestros fuegos artificiales, y cuyo verdadero 
nombre es buscapiés. 

La razón de esta traducción, de este cambio de pies en 
pique, es obvia. Los vichos llamados piques {pulex penetrans) y 
en otras partes de América niguas, se introducen en el pié, 
del cual hacen su asiento; y al llamar buscapique al buscapiés^ 
tomamos al contenido por el continente; como cuando entre 
la plebe se amenaza á los piojos queriendo significar la cabeza 
del que los lleva, ó como cuando castizamente se dice cascarle 
las liendres (á alguno.) 

18 



72 BUS 

Habrá fuegos, 
Buscapiqtées 

Y repiques. 
De agua juegos 

Y de manos &. 

(Poesías Peruanas, pdg. 248. 

Antes de concluir advertiré, que debe decirse huscapiques 
y DO huscapique^ como es mas propio decir tcortaplumas,» cte- 
nazaSy» tdespaviladeras,! cpelagatos,! «mataperros,» «Scc, aun 
cuando solo se trate de cosa ó persona en singular. 

La tendencia á suprimir esta s es tan grande entre noso. 
tros, que aun los escritores que se jactan de tsaber castellano,i 
ros hablan ruda y bárbarament»» de su para f^ua, como si el 
mueble este sirviera solo para defenderse de un vaso de agua^ 
y no de las aguas que á cataratas caen del cielo. 

Kiisrapleílo. — En español, picapleitos y pleitista, cuya úl- 
tima voz también se usa entre nosotros; aunque lo mismo 
que husCiipleito, mas que otra cosa en el sentido de camorrista, 
discólo. Por lo demás hiscapleito es la vulgarización por <ie- 
cirlo asi, át^ picapleitos: de dos m.'ineíaí:: 1 * traduciendo picar 
por Puscar\ como acetar por apim-ir en apLiKacalles; y 2.* supri- 
nilriidü ciuifüime á iiu^Siia ifialtcrctbl^* ir.Miía esa i fínal, tnn 
lÓK:ica, poique al busca i un solo p!» ito no incurriiíamos en el 
calificativo. Per-i^ aquí s:^ dice qut* un individuo es huscaplei- 
to (pendenciero^ comr f:* dice de otro qu'^ es muy matapetro: 
siiMUDre en singular, y sin alusión fortnse como en el castizo 
pic.i^Uitcs, 

H 1 1 < c] 11 i 1 1 . ■ 5ri VI uy busqu il.v: fra se d e b • s t a n t e uso r n 
Lima paia si^nifiv'-ar lo que en ca<tr]!ano rno^ír-rno se deno- 
mina /'tt.V.IC-í f.l5. 

Tenida n .rucho cu'-í ».^/» n:i-^sir«w 1-ctores, r-^^que dejándo- 
nos llevar nosotros cíei^ »'iv nte de* 1 1 drMÍv íc*ó:i etimológica 
en este como en otrosí vocablos. ve'bi::r.tci.i i\\ero (boliche) 
r-a\'to ^luiquesa) no a Ivcrtimos ]\ie, pé>-* á la etimología, 



BÜT 73 

esos vocablos están ya tomados de antemaDO por la lengua pa- 
ra expresar cosas mas ó menos diferentes. Ramera^ por ejem- 
plo, es simplemente la que lleva un ramo y ¿quién se atrevería 
á usar la voz en tan natural é inocente derivación si el uso 
no lo quiere? 

Algo semejante, aunque no pecaminoso, ocurre con busqui- 
ilo: etimológicamente vale: el que Busca; y lexigráñcamente 
gozquecillo, gozque, perrillo, 

.atifarra.— Pan rajado de arriba abajo hasta por la mi- 
tad, y embutido de una lonja de carne de puerco, una hoja 

de lechuga, una tira de ají, alguna aceituna, queso etc. y que 
se vende en las chinganas, en las corridas de toros, á veces 
por las calles &. También se prepara en las comidas cam- 
pestres y es bocado criollo. — Butifarrero, El que pregona bu- 
tifarras en las corridas de toros. — En España butifarra es; 
«especie de longaniza.» 



SUPLEMENTO A LA B 



Bolils^s. — El f rato del Bolita, ya descrito. Aprovechando 
su dureza leñosa y el bonito efecto que produce su color ne- 
gro y lustroso, los fabricantes de jaulitas de sacuara y tirillas 
de caña brava, las emplean perforándolas con un alambre ca- 
liente, como botones, nudos, cabezas de clavo y adorno ge- 
neral de su artefacto. Los muchachos y la gf^nte del pueblo 
las llaman generalmente bolUhes y también choloques. 

Bomba. — Hemos dicho (pág 67) que Us frases ^5^<ii' en 
bomha^ estar con una bomba, alusivas á borracho y borrachera, de- 
bían provenir del uso de esta voz en las comidas para anun- 
ciar un brindis, como lo enseña el Diccionario castellano^ 

Allá van ejemplos: — tbomba\ gritó el sacristán calló todo 

el mundo al anuncio del brindisi — Bomba! gritó de pronto 
uno de los bromistas de la concurrencia. Brindo por este cú- 
ralo todo.n — Fernán Caballero. — La Gaviota. 

Bufanda. — Paño de pescuezo (como oíamos decir en nuestra 
niñez) de lana, algodón, merino ú otro gentío cualquiera pa- 
ra embozarse el cuello y la parte inferior de la cara al salir 
á la calle de noche. Es ni mas ni menos el cachenez de los fran- 
ceses. Salva en su Diccionario castellano (1857) "^ ^^ trae! 
pero sí en el francés-español que publicó un año mas tarde 

también en Paris. Entendemos que bufanda es un mero neo- 
logismo, directamente traído del verbo bufar ó resollar, como 
que la parte principalmente abrigada en la bufanda es la na- 
riz. 



c. 



^«aballo :m|iiíIíII:i. —Es un caballo de una artaine allure, 
como dicen los franceses, ó sea de un paso vivo, menudo ágil; 
talvez se derive de esta última palabra, y no de águila como 
á primera vista parece la expresión agiéililla; etimología que 
es más visible, cuando por escepción se dice aguilillo^ que es 
como decir agilillo, 

m 

Caballo mascarilla es el que tiene sobre la frente y casi cu- 
briéndole los ojos una mancha blanca á manera de «mascari- 
lla». También suele usarse en masculino este adjetivo y de- 
cirse, prescindiendo de su significación, «caballo mascarillo»* 
Los españoles dicen «caballo frontino». 

«Pararse el caballo en dos pies» es en castellano «enarmo- 
narse ó suspenderse» el caballo, nuestro alcanzarze ó sea pi. 
sarse al andar los cascos delanteros con los traseros, es «ta- 
parse:» este es el mas peligroso de cuantos defectos puede te- 
ner un caballo. 

Caballo pajarero^ es el que de todo se asusta, asombra ó es- 
panta. Este último verbo y la expresión espantadizo nos sirven 
para significar un caballo «pajarero». En español antiguo se 
decia asombrarse y asombradizo. 

Pajarero en español significa «de colores vivos, gayos y 
vistosos». Entre nosotros solo es aplicable al caballo arisco 
y espantadizo; y cuando maliciosamente lo acomodamos á 



76 CAB 

un individuo, es poi reconocer en él las propc nsicnes chus- 
cas y el aire avispado de un caballo pajarero. 

Maestro Eustaquio el mnsiqueio 
En sus movimientos brusco, 
Es un hombrecito chusco, 
Avispado y pajarero. 

Rimas del Rímac. 

Finalmente los españoles llaman pedrés á lo que nosotros 
caballo moro ó de color de cenizi, y rodado á lo que nosotros 
tordillo quemado c^. 

Cabaílito d** siele rolores— Insf cto sumain»-nie parecí 
do á la cantárida, aunqu'^* mas corto y grueso Se le vé en los 
terrenos húmedos y recien regados discurrir con precipita- 
ción y como aturdido por los surcos y camellones. La bri' 
Ilantcz de sus colores recuerda a las mariposas y á los pica- 
llores. Cogido en la mano, muuide con tenacidad, sin que su 
mordedura sea desagradable ni cause daño, aunque deja la 
mano impregnada de una fuerte fragancia por el estilo de la 
jel almizcle. Megaaphála chílcnsis. 

Caballitos. — Los cahallHo^, Así llamaban en el paseo de 
la Exposición la gran diversión de niños propia de esta clase 
de paseos en Europa, en donde es conocida con el nombre de 
Cñrroussel, que designa el aparato todo. Pudiera creerse qu« 
en España, familiarmente al menos se le llama Tio Vivo^ á 
juzgar por lo3 versos de Don P. A. de Alarcon que empie- 
zan: 

Tengo en el corazón un Tio Vivo, 
De cuya colosal devanadera 

GaballilOs. — S* dá también este nombre á unas pequeñas 
balsas de cuero, compuestas de dos odres unidos fuertemen- 
te entre sí en cuyo centro vá remando de rodillas un solo 



CAC 77 

hombre. Estos caballitos tienen el privilegio de poder hacer- 
se á la mar, cuando ninguna otra embarcación nó, en los dias 
de braveza, tan frecuentes por desgracia en nuestros puertos. 
Nada mas peregrino qqf el contraste que forma este tipo del 
Primer Navegante, por decirlo así, deslizándose y singlando 
impávidamente por el dédalo de vapores de alto bordo, á 
quienes con toda su grandeza y fuerza tiene incomunicados 
con tierra la inclemencia del otro elemento. — Chinchorro? 

Cabuya. — Soga de esparto ó cáñamo que se vende en las 
pulperías. 

Cacai'nñas — Los hoyos ó señales que la viruela deja en 
la cara, y cacarañado el que las lleva. También se dice quinas 
y quinado (Véase Quinar.) En español no conocemas mas 
que picoso, hoyoso y picado de viruelas. En Bogotá se dice 
tuso; y si tusa es coronta en otras partes de América, la metá- 
fora colombiana no puede ser mas feliz, porque la mazorca 
desgranada presenta realmente el aspecto de una cara, picosa. 
Lo que decimos más adelante en el artículo Grasar, encaja 
aquí perfectamente. Cacarañar es uno de esos términos que 
repudiados ó desconocidos por los españoles, representantes 
legítimos d^•l idioma común, son conservados con cariño por 
estas jóvenes Repúblicas que hací:n el papel de los hijos na- 
turales, fanáticos por las prendas de sus mayores por lo mis- 
mo que son ellos menos reconocidos. Ningún Diccionario 
b'jeno lo trae, y aun los que son contra la lengua y que como 
tales aceptan todo, se apresuran á advertir desdeñosamente 
provincialismo de América, 

Pues no hay tal cosa, señores embusteros; es provincialis- 
mo de España, y de una de sus mas históricas provin- 
cias, y con dialecto propio, Galicia; tal lo comprueban los si- 
l^uieotes versos con que empieza un epigrama gallego de Dou 
José Pérez de Ballesteros: 

cDas boas cacarañado 
Saléu onte d'o espitaU &. 

que literalmente quieren decir: 

•De las viruelas cacarañado 
Salió ayer del hospital. • 



78 BAR 



^ 



También el Diccieuario Gallego de Cuveiro Pinol dice: Ca- 
carañado: hoyoso de viruelas, el que llama la atención por 
su fealdad.» 

Cacharpari. — Fiesta nocturna, jurana ó festejo que se 
dá en obsequio de alguno que parte al dia siguiente, cuando 
no es el mismo próximo viajero el que hace de Anfítrion. Es- 
ta costumbre como el nombre lo indica nos viene de la sie- 
rra, en donds es mucho mas corriente que entre nosotros. 

La ternura preside á esta diversión, que tiene cierto sabor 
griego y romano, corriendo tanto en ella la chicha como las 

lágrimas. 

No sé si es por la idea que vá anexa á esta palabra; pero 
me parece de un sonido patético, ó lo que es lo mismo, una 
voz onomatópica. 

D. Manuel A. Segura, autor de tantas comedias limeñas, 
tiene una titulada cEl Cacharpari». 

Cacharpas.— Voz indígena; algo como petates en la frase 
metafórica de liar los petates, 

Cachay. — Y en plural cachayes, termino de agricultura. 
Los surcos y camellones con declive inverso ó cruzados que 
se van labrando trasversalmente en la falda de un cerro. Ca- 
da camellón ó surco, y también todo el terreno así labrado, 
es un cachay. La serie es cachayes ó cachaes, según el gusto 
del que habla. 

Cachete. — Es tan instintivo nuestro horror á toda frase ó 
expresión que se aleja un tanto de lo trivial, vulgar ó co- 
mún, que en lo general no nos atrevemos á decir carrillo ó 
tHeiilld, temerosos de pasar por afectados, pulcros y hasta 
por poéticos. No deja de dar el Diccionario á cachete como 
igual á carrillo ó mejilla; pero nunca hemos visto usar ese 
término tan feo á ios españoles, salvo por excepción y venir 
al caso. 

Siendo tal nuestra preferencia por la palabra ésta es na- 
tuial que CiUheiaiias (provincialismo puro) prive mucho mas 
que bofetada. Las mujeres sobre todo, no usan otra palabra: 
« le daré de cacheta Jas > ( á hombre ó mujer : ) amenaza 
que no debe sorprender á los de fuera: la pujanza individua' 



CAC 79 

es tan poderosa entre nosotros, que se extiende íntegra has- 
ta á los seres más débiles, sean mujeres ó el último niño ó 
mataperros^ ó el último mono de la escala social. En Fran- 
cia^Luis XIV, sólo era el Estado; aquí cada quisque, grande 
ó chico, macho ó hembra, es el Estado; y hé aquí porqué no 
hay Estado propiamente dicho. El Perú es un árbol vigo- 
roso que nadie ha podado, y por eso todo se le vá en aven, 
tajados chupones y mamones válidos, bien nutridos, que ro- 
bándose solos el jugo, dejan reducido el árbol á una arma- 
zón informe y viciosa. 

El Perú en realidad es una de las más vastas federaciones 
que se hayan vistu^ porque no la constituyen estados, provin- 
cias, ni departamentos, sino individuahdades. 

Cachimba. — Pipa de fumar los negros, que según enten- 
demos ha dejado de usarse ya. La usaban particularmente 

los negros bozabs, y era sumamente corta y ordinaria. Ca- 
chimbo: asi se apodaba en Lima ahora muchos años a cier- 
tos malos tipos de cierta Guardia nacional, y por extensión 
á cualquier militar ridículo. Son igualmente voces cubanas. 
Cariio. — Es en español pedazo de cualquiera cusa, par- 
ticularmente de fruta ó pan, ó bien corrupción del adjetivo 
gacho. En Lima solo se usa como equivalente de cuerno, aun 
eD lo figurado, pues que se dice: ¡Vaya Ud. á un cachol «irse 
á un cacho» isalir por un cachoi (uno mismo) por ¡Vaya Ud. 
á an cuerno! cirse á un cuerno,i fsalir por un cuerno». Véase 
ésta última palabra. 

Dispense usté el dicharacho, 
Todo viejo es hablador, 
Sali, digo, por un cacho 

Porque otro obtuvo el favor. 

Segura. — Las tres, viudas. 

El llamar cachos á los cuernos como tan corriente es aquí, 

j en Chile y en Bogotá puede provenir de lo siguiente: 

19 



8o CAC 

De llamarse cachas y ser de cuerno las pi¿zas que guarne- 
cen el cabo de las navajas; ó sea ds trasportar el efecto á la 
causa. 

De decirse en portugués cacho do touro por el pescuezo, 
cogote, cerviguillo del toro; como se vé por este verso: 

O cacho doma do robusto touro 

que literalmente quiere decir: iLa cerviz doma del robusto 
toroi, y DO precisamente: tel cuerno doma del robusfo Coro,t 
aun cuando allí vá á parar, porque como dice Anacreonte: 

Physis hcrata tauroüj 

La naturaleza dio cuernos al toro (para su defensa) y no hay 
domarlo sin por el cuerno doblegarlo; por lo que más prátic- 
co dijo el español: Al buey por el asta. 

O finalmente de ser cacJws lo mismo que gachos^ agachados^ 
encorvados, y presentar esta forma los cuernos, las mis de las 
veces. Viene en apoyo de esta última hipótesis lo que dice 
'Salva en la palabra Gacho: tEl buey ó vaca que tiene los 
cuernos inclinados hacia abajoi — tEl cuerno retorcido hacia 
abajoi. Terreros trae algo por el estilo. 

Si pues una clase de cuerno, el mas corriente, ó aún cuan- 
do sea el menos, el retorcido hacia abajo, se llama en español 
gacho, y cacho es lo cabishajo y agachado y por tanto sinóni- 
mo de gacho, bien hemos podido generalizar y vulgarizar co- 
mo acostumbramos los hispano-amerrcanos, y decir cachos por 
cuernos. 

Cachua. — Baile ó canto de los indios de la Sierra. Aun- 
que por ser baile debería ser cosa alegre, aun en él, en su ca- 
dencia y en sus compases parece notarse esa manía geme- 
bunda del indio autóctono peruano que se reñcja con ras- 
gos mas ó menos fuertes en su instrumento de música mas 
célebre, la quena, en sn yaraví, en los inñnitos ayes de .su 
lefigliBi y hasta en la estolidez de su baile principal la C¿- 
cAiM» Cuando se agitan en esta danza monótona, cogidos 



CAJ 8i 

de las manos de dos en dos, parece que se quieren caer á 
pedazos, y de su boca entreabierta y de sus ojos ñjos se des- 
prende la expresión de un abatimiento estólido y también la 
de una borrachera tierna. 

C^ály un. — Ultima expresión de las calabazas, ó sea de las 
cucubitáceas, especie indígena del Perú — Mormódica pedata. 
Pequeña y retorcida como un cuerno, fofa, porque está va- 
cía y solo contiene alguna que otra simiente, la cáigua no 
ofrece mas que su cascara carnosa y refrigerante como el 
pimiento español y otras legumbres, ya para algún arrima- 
^0 como el de coles, ya para rellenarla ó embutirla de carne 
picada ú otro comestible. Esta es su principal aplicación, 
y así preparada constituye ' el plato llamado albóndigas. 
Aunque crece en el suelo como planta rastrera, es tan bo- 
nita, de un verde tan puro, de hojas tan desflecadas y vo- 
lubles, y de tan lindas amarillas ñores, que con frecuencia 
se planta como la mejor enredadera al pié de ciertas venta- 
nas. 

Debe ser palabra quichua, aunque no la hallamos en 
Tschudi: Markham dice: •CaihiM-caikua. Diantera multiflora^ 
Ruiz y Pavón. Hojas comibles, raices usadas para limpiar 
los dientesi y el autor de los tCien vocablos indígenas de Vene- 
nula: Caigua, voz cumanagota (lengua primitiva de Vene- 
zuela) nombre que lleva un caracol de la costa. 

Aunque tal como la hemos descrito nuestra cáigua no deja 
de asemejarse á un retorcido caracolejo, será mejor no ir á 
buscarle la etimología tan lejos. 

Caigiilna. —Arequipa. £1 palo con que se remueve la chi- 
cha. Caigüir: remover la chicha. 

4Ia|u de agua. — No sabemos si será enteramente propio 
denominar así el gran depósito artiñcial que sirve para abas- 
tecer á la ciudad. (En Santiago Las Cajitas de agua). Entre 
las acepciones lexicográñcas de Caja no hallamos la de Ca- 
ja i/tf a^iia, que está registrada bajo la palabra Arca, — Véase 
Atarcea. 

Esta denominación de Arca de agua y otras muchas 
.voces cabtizAS , que nuestros padres oyeron, han debido 



82 caí 

desaparecer junte con la dominación española . Después 
de la independencia los peninsulares han sido los menos nu- 
merosos entre los extrangeros de Lima; y hombres exclusi- 
vamente de trabajo, no han ejercido influencia ninguna eu 
nuestra locución. Todavía á fines del siglo pasado, en plena 
dominación española debia decirse corrientemente la Arca de 
Agua en vez de la Caja: me lo hace creer así un artículo del 
cMercurio Peruanoi en que describiéndose la Fuente (pila) de 
nuestra plaza mayor, solo se hace uso de aquella denomina- 
ción. 

Gáfela. — Diminutivo de caja. Aplicarlo á la ie rapé, au- 
tonomásticamente, es una majadería, pudiendo decirse taba - 
quera, 

Ca|elllla« — Por este natural y castizo diminutivo de cafeta 
solo se entiende la cajilla, funda ó estuche de papel de co- 
lor ó de colores con figuras, impresiones, & dentro de la 
cual vienen los cigarrillos de papel. La voz procede de Cuba. 

Ca|<>n. — Casi siempre se ha denominado así la Caja mor- 
tuoria 6 ataúd, no habiéndose quizá conocido aquella palabra 
hasta la introducción y propagación de los establecimientos 
de cajas mortuorias, verdaderos emporios que hoy estorban 
en las calles mas centrales, barajándose torpemente con los 
artículos de primera necesidad, cuando las tales cajas á duras 
penas lo son de última. 

Sus letreros y sus avisos han forzosamente palanqueado 
al viejo provincialismo que comienza á tambalear y á caer en 
el osario del desuso. 

A pesar de todo continua diciéndose el cajon^ y usándose 
la comparación familiar de cajón de muerto puta dar idea de 
un hombre alto y flaco. 

— Sigue mala; ¿qué medida 
Tomaré?— cLa del cajon,% 
Dijo la de aquí en seguida 
Por toda contestación. 

J. DE A.^Articnios Diversos, 



CAL 83 



Andes que son grandes 
En todo laúd; 
Forzada epíteto 
Que por lo común, 
De cajón se ha hecho, 
Y hasta de ataúd. 



Rimas del Ríiíac. 



dilato. — Desnudo, en cueros. Es voz quichua, mucho 
mas usada en el interior que en Lima. 

f^alilln. — La m^Aa que el Diccionario de la lengua des- 
cribe en la palabra cala. Ser d¿ calilla es ser de remate. 

Callnna.— Del quichua ccallana (Torres Rubio) tiesto. Esta 
palabra, como lampa^ tambo, pascana, pucho, puquio, y aun la 
que antecede, calato, deberían llamarse traidoras, por lo bien 
que se confunden con cualesquiera otras voces españolas. 
Lampa recuerda la nobilísima etimología griega de relámpa- 
go, lampo, palabra usada en castellano nada mas que en poe- 
sía para significar un resplandor pasagero. Todas las demás 
y otras que omitimos como pampa, butaca, encubren igualmen- 
te su origen americano* 

í^allao. — Muchos se preguntan ^y entre ellos nosotros) 
porque se llama el Callao el primer puerto de la República. 
Sin la menor pretensión de resolver la duda etimológica, va- 
mos á dar algunos datos que acaso la esclarezcan. Callao, 
aunque no se encuentra en|el Diccionario de Salva ni en el de 
la Academia, lo trae el de Fernandez Cuesta en la acepción 
de «guija, peladilla de rioi; y también en Ik de tahorra que 
quiere decir lastre. «Guija, peladilla y lastre,» son todas pa- 
labras del litoral. Hay mas: en un elegante escritor del 
tiempo de Felipe IL, Don Eugenio de Salazar, autor de 
unas muy entretenidas cartas hallamos lo siguiente: (Car- 
ta I) «y como no todo el edificio puede ser de buena can- 
tería de piedras crecidas, fuertes y bien labradas sino que con 
ellas se ha de mezclar mucho cascajo, guijarro y callao.^ Y 



84 CAM 

en el Glosario que acompaña á las mismas cartas, callao está 
descrito como fia mezcla de chinarro y cal que sirve para re- 
llenar los intersticios ó huecos de la mamposteria. — 

No nos metemos por esto á asegurar que Callao viene de 
callao; pero esponemos la coincidencia de forma y relación á 
la sagacidad y mayores conocimientos de nuestros lectores. 
Después de dar todas las deñni cienes que preceden el Diccio- 
nario de Fernandez Cuesta agrega todavia, que en términos 
de marina callao quiere decir: fUna de las calidades áe fondo 
y de playa* acepción que parece decisiva en favor de nuestra 
etimologia. £s igualmente voz portuguesa, calhao^ que va- 
le guijarro grueso, y no falta quien derive callao de la voz grie- 
ga, xálix, que significa piedra calcárea, cimiento &. lapiüus, 
calx, xileXf cántente. 

Todas las acepciones de callao que dejamos rejistradas 
concurren en esta descripción de el Callao de una Crónica 
Agustina publicada en Lima en 1667, la del padre Bernardo 
Torres; dice: iSu playa limpia y pedregosa muy útil para las- 
trar las naves que entran y salen de 61 continuamente.» Más 
se perdió en la ruina del Callao. 

Callapo. — Arequipa. Parihuela. 

Camal. — Según el Diccionario lel cabestro de cáñamo ó el 
cabezón con que se ata la bestia». Para nosotros el camal es 
^[matadero, que es la palabra española, y que asimismo se usa 
corrientemente por acá. 

Camalero: el que negocia abasteciendo de reses el camal ó 
matadero público. 

Camareta. — Especie de bomba explosiva con que se ale- 
gra las fiestas religiosas cuando están recargadas de criolliS' 
tno. Es una jarra de bronce como de un pié de alto, con dos 

asas y un oido ó chimenea por donde se comunica el fuego. 
Una vez atacada, con la pólvora mas gruesa y grosera, se po- 
ne en el suelo y se extiende un reguero mas ó menos largo 
de la misma pólvora, que vá á terminar al oido. La explo- 
sión se llama camareiaio, 

CettHoriia en el Diccionario es pequeña alcova, y entre las 
acepciones de cámara bailamos: cEn las armas de fuego, el 



CAM 85 

espacio que ocupa la cebaí cosa que también sabemos por 
acá, aunque preferimos decir fecámara, que es mas propio. 
Antiguo debe ser el provincialismo, puesto que en Cavie- 
des poeta limeño de ahora dos siglos y medio y que estudió 
en Madrid, se lee: 

•Y venga lo que viniere: 
Que aparejado me encuentra 
Para reventar, lo mismo 
Que cargada caíKareta.w 

Cninnronero. — £1 pájaro llamado camaronero en nuestros 
campos lleva los nombies de fmartin pécheuri en francés 
de cmartin pescador» y también de flspida», en español, de 
carbela» en portugués, y el de iMartin zabuUidor» en la Isla 
de Cuba. 

Es UD pájaro solitario, pequeño de cuerpo y con el lomo 
verde y cerúleo. En el pecho tiene una mancha bermeja se. 
mejante á un escapulario. Sus alas son también cerúleas, el 
pico es grueso y corto y vuela rasando el agua, como las go- 
londrinas. 

Permanece apostado sobre el palo mas saliente en los lu- 
gares donde confluyen muchas aguas, atisbando al pececillo 
transeúnte; y al divisarlo culebreando bajo el agua, se arroja, 
sobre él, pico en ristre, lo ensarta, lo engulle y vuelve á su 
puesto. 

Sus bellísimos colores le han valido en algunas provincias 
de España el nombre de tave del paraíso,» sobre los que ya 
tiene tmartinete», • Martin del rio» y los que hemos apuntado 
arriba. 

El canto del imartinete» es un chirrido agrio y agudo, y 
pertenece este pájaro á la poética familia de los c alciones.» 

Cambalachero. — No es en castellano sino el que hace 
cambalache 6 trueca unos artículos por otros comerciando en 
pequeño y á su modo. 

Ed Lima vulgarmente sa apcda cambalachero al camor- 
Ttfta y trapalón. 



86 



CAM 



Cnmblnr.- Como el mudar no recuerda los objetos j 
camdio 6 mudanza de una maneía tan material como el vetbo ^ 
que aquí nos sitve de tema, hé aquí porque laslimosamrnte 
sustituimos cambiar y cambiafst á mudar y mudarte y otros ver- 
bos roas propios que aquel. Aun para vesi irnos decimos: < 
hiar de ropai 6 tcauíbiar ropa; siendo inconsecuentes, potqoej 
lo que DOS trae la lavandera ea una muda y no un cambie, a 
bemos mudarnos y no cambiarnos. Igualmente se oye cambtar 
de parecer 6 de conversación, ó bien variar, que amo materia- 
liza como i:ii»t¿(a)',^<n«rii/i>ii, ya hemos diclio que el prurito 
constante de nuestro pueblo es á materia!i;£ar y generalis 
con lo que se liace mucho mas daño al idioma que c 
teile anualmente un aluvión de neologismos: lo advertlmot 
los escrupulosos. De los neologismos como de los inmigra' 
tes, se puede sacar algún dia masa nacional como lo vemos 
en los Estados Unidos, eu donde las oleadas de alemanes e 
irlandeses van á aumentar la riqueza de la población, sabia- 
mente absorbidos por ella. Materializar y generalizar el idio- 
ma, es irlo matando poco á poco, como sucede con esas po. 
bres sociedades, que por no aprovechar y estrechar todos sus 
elementos, y por reducirse á cuatro especialidades y á cuatro 
especialistas acaban por quedar reducidas & meros puüados 
de gente- En ios primeros de nuestra Independencia ním a' 
cambie (como hoy se dice) Gabinete, se le llamaba mud^nsa de 
Ministerio. 

En cuanto al mudarse sicológico de la lengua castellana: 
idejar el modo de vida ó el afecto que antes se tenia, trocán- 
dolo en otro* seria tan griego, tan hebraico para nuestro pue- 
blo, que traduciendo matdrtalmente el tttulo de la célebre co- 
media antigua Mudarse por mejorarse, diría: iMudarsv.-.^or m»- 
¡orar de cata.» 

iTambien este mudaru se trueca en cambiarse: iFulano está 
muy cambiado»; iZulana está muy cambiada; ya DO es U de an- 
tea, i &. 

Mandarse cambiar y aun maHdarsi mudar es largarse, tomar tt 
foríanlt, raspar soUia.fichtr ¡e camp. Quizá este cambiar ts mti 
verbo del porvenir; quizá lo que acá cometemos, mas que un 



CAM 87 

provincialismos sea un neologismo. No asquearlo pues, mu* 
cho» que en los tiempos que corren, los advenedizos de hoy, 
son los personajes de mañana. 

Tal vez, el mandarse cambiar 6 mudar que tanto nos censuran 
tenga C0190 otros provincialismos de por acá sus raices en 
el mismo castellano Eitre las acepciones lexigráficas de mu- 
dar hallamos la familiar de cirse del lugar, sitio ó conversa- 
ción en que se esUibi;» y asi lo conñr^nan estos ejemplos de 
Fernán Caballero (Clemencia:) •¡Múdaii pelgarU (Lárgate pe- 
lagallos!) — fAhora tia destronada, dijo Don Martin, ponga 
Ud. de proa sus narices hacia la puerta, escúrrase con vi«n- 
to eo popa y múdese liberal (largúese pronto). 

l)ainbiito« la. —Pequeño, rechoncho, corto, grueso, y has- 
ta con su diminutivo camhutito^ ta. Puede tomarse en buena 
parte y equivaler á oval ú ovalado. Aun de las agujas de coser 
suelen las mujeres decir que son cambutas. También se aplica 
á las personas y á toda clase de tamaños y portes.. ¿Tendrá 
este provincialismo alguna relación con camba^ cambas^ comba^ 
combado j otras formas que en español designan algo arquea- 
do, convexo, combo? 

Combado en dialecto gallefKO signiñca nacambado, 6 compues- 
to con cambas ó piezas de madera en semicirculo» También 
decimos congo, conguito^ á los que se puede atribuir la misma 
etimología que á cambuio. En la isla de Cuba, cambute es nom- 
bie de una planta y flor. 

Camote.— «Patata dulce ó de Málagai (donde no es rara) 
en España, y «swcet potatoi que significa lo mismo, en In- 
glaterra. De cuatro colores es el camote: amarillo de oro, el 
mas general; blanco, un poco mas raro, y el morado y el ye- 
n:a de huevo, que llaman los negros camote ccamborai», y 
que son sin disputa los mas ricos de la familia. 

El camote espuesto al sol toma el nombre de «asoleado.! 
Con este procedimiento se recuece tanto, que al asarlo al res- 
coldo, se resquebraja y chorrea miel por todos lados, volvién- 
dose empalagoso de puro dulce. 

El dulce toma los nombres de «camote con dulcei forma 

20 



88 CAN 

plebeya) fcamotiJlo» (forma de clnse media) y tpapilla y cabe- 
Hitos de ángel» (forma de alta aristocracia.) 

•Tener un camote ó estar encamotado» es muy corriente 
por festar enamorado.» 

Cancha. — £1 máiz tostado. Cuando por la acción de! fue- 
go, y ser un iiiaiz especial, el grano ha reventado completa, 
mente hasta volverpe del revés y tomar un color blanro albo 
y una forma esponjada, se le denomina tcancha blanca,» y en 
España tpalomitas» nombre mucho mas poético y siguiñcati- 

vo. En Egipto hemos visto á los naturales, usar U cancha 
blanca con el nombre de do urah. 

También se da el nombre de cancha á los luchares destina- 
dos á reñir gallos y correr caballos, proviniendo la doble acep- 
ción de que como dice muy bien Garcilaso «háse de pronun- 
cir con m en el primer caso, porque con la n signifíca barrio 
de la vecindad ó un gran cercado.» Ambas son voces qui- 
chuas. 

Viva la chicha que ensancha 

Los ánimos apocados, 

Y viva la chomba ancha, 

Y viva también la cancha 
Que es pan comido á puñados. 



La cancha que deleita y que embelesa, 
Que el Inca vio con soberano agrado, 
El grano de oro del maiz tostado, 
Único dado que rodó en su mesa. 

Poesías Peruanas. 



Arqueada y ancha 
Su planta brilla 
Cual la cuchilla 
De gallo en cancha. 

Los Médanos. 



CAN 89 

C»andela — Así decimos siempre por fuego^ lumbre^ llama &. 
palabras demasiado cultas para la provincia y para la llane- 
za democrática, por lo que Andalucía y Cuba corren lo mis- 
mo que aquí. Por la misma llaneza democrática ó lo que fue- 
re preferimos ^5¿;m¿^(7 á cuello, palo á madera (arcaismo) /^« - 
jo á piel, cachete á carrillo y aun quizá quemazón á incendio. 

Candilada', iprovinciilismoi pero no de adonde, dice Salva. 
Es lo asimismo en Cuba, y en nuestros campos en donde de- 
signa la que levanta la quema nocturna de los rastrojos: 

Ya mas ó menos rara 

Alguna candelada fugitiva 

La noche por intervalos aclara 



O bien si nos abruma 

La noche ya con su tiniebla suma, 

Diré las misteriosas candiladas 

Que despuntando apenas tras el monte, 

Clarean vagamente al horizonte 

Como las matutinas alboradas. 

Poesías Peruanas. 

En boca de los andaluces puede llamarse candelada auc la 
que se levanta de un hogar ó chimenea bien alimentada, co- 
mo lo vemos por este pasaje de LaFarisea de Fernán Caba- 
llero: — fVillareza recostado en la tarima y calentándose los 
pies en la hermosa candelada 1 

Candelaria. — Yerba ó ñor de la candelaria. Enredadera 
comunísima y hasta yerba mala de nuestros campos. Arroja 
una flor amarilla como yema de huevo, de una fragancia de- 
liciosa aunque agreste. Esta planta tiene cierta analogía 



90 CAN 

con la madreselva. Su nombre botánico si no me engaño, es 
fsenecio volubilis.i 

Cnndel* |a. — Pieza de cristal ó porcelana, de un color ú 
otro, redonda y agujereada por el centro, que se pone debajo 
de la vela, sobre la boca del cañón del c.indelero, para reci- 
bir las escurriduras. 

£1 nombre propio español, aunque por desgracia desusado 
y desconocido entre nosotros, es arandela. 

Candileja^ en buen castellano, no puede s*^r otra cosa que 
una candela despreciable ó pequeña. 

Menos descaminados van los que dicen fandileja, que por 
lómenos significa el depósito de aceite de una lámpara. — 
Véase Candelejón. 

Candelefon. — Aumentativo irregular de candido, del que 
probablemente es un derivado. No contento el limeño con el 
abuso del calificativo de candido, ni con el de sus aumentati. 
vos en an y axo, ni con el irregular en elejon, ha derivado toda- 
vía de este último, ha ideado el término de nn candeleja! In- 
dudablemente hay algo en la atmósfera del especta. 

dor, ó en la del espectáculo. 

Canielejonada: dicho 6 hecho propio ds un candelejón. 

Candideces. — Convienen todos en que, tomada esta pala- 
bra en el sentido de necedades, simplezas, tonteras, es de- 
cir, en el que constantemente tiene entre nosotros, no es muy 
propia. 

Sin embargo, en la comedia de Rojas Zorrilla, Lo que san 
Mujeres; Jor. I, se encuentra usada esta palabra en una acep- 
ción enteramente limeña y también en algunas otras obras 
españolas antiguas y modernas, lo que prueba que es muy 
diffcil conocer donde empieza el provincialismo en palabras 
que sin dejar de ser castellanas, se han desvirtuado ó han de- 
generado entre nosotros. 

H6 aquf el pasaje de Rojas Zorrilla: 

c¿No hay algunas que se afeitan? 
¿Otras DO hay que hablan fruncido? 



CAN 91 

Otras no hacen reverencias 
De saltillo? ¿No hay algunas 
Que hablan culto? ¿no hay doncellas 
Que la noche de San Juan 
Escuchan lo que es vergüenza? 
¿Hago yo estas candideces? 

De paso diré que de esta comedia, parece que hubiera 
T^acmdo Larra hijo su tan aplaudida fOros, copas, espadas y 
bastos.! 

Veamos ahora cómo puede ocurrir candideces an escritores 
"Con temporáneos, á la limeña, con intención ó sin ella. Fernán 

Caballero, Clemencia <¡Qué candidez de niña bien cria- 

dital La clase de libertad á que aludo, hija mia, es la de po- 
der hacer lo que te dé la gana. La tencas cuando casada mi 
«lnria?t— •¿Son MM^ii^^s repuso Clemencia: ¡cuánto me ale- 
gro! La candideM es hermana de la inocenciai - iTenemos 
que descender á los pormenores mas s-^ncillos, mas candidos 
j Sí se quiere mns triviales de la vida comum -(C7» Servi- 
lón (S-.) 

Por (íltimo, t\ mismo Fernán acaba por notar la adultera- 
ción cuando dice: fLa candidei que se creía perdida, no lo es- 
tá; ha mudado de domicilio. No se halla ya en los corazones, 
pero se encuentra toda vía. .....en muchas inteligencias. Qué 

lastima! antes estaba mejor alojada.!— (ilfai honor que honores). 
Quiere decir pues, que asf como los franceses tienen romadi- 
xü dá pecho y romadiio de caheia, nosotros tenemos candideces de 
poiMne y de cerveau, 

CS&ndido.^'Hé aquí uno de eso3 provincialismos crepus- 
culares que se pierden entre dos luces; lo son y no lo son. La 
acepción española y la nuestra en estos casos se confunden 
. mas de una vez (Véase Candi dbcb^ y cuando se separan es 
justificándose siempre. ¿Qué dipe de candido el Diccionario? 
cSeocillo, sin malicia ni doblez, simple, poco advertido.» 

Nosotros no hemos hecho mas que cargar un poco la ma- 
no j poner á candido en una luz equívoca, haciéndolo sinóni- 
mo de tonto, necio, mentecato , sandio, imbécil, estólido, 



92 CAN 

cuanto hay: es el chivo emisario que carga con todo en Li- 
ma. 

Solo en dos casos constituye provincialismo neto, á todas 
luces: cuando equivale á presumido ó afectado, y cuando 
lleva la forma aumentativa de candidon y candidato. Nuestro 
candido es el Uso de Chile, y nuestros candideces las leseras, 

£s tanto lo que se usa y se abusa de esta palabra, que se- 
ria imposible hallar un ejemplo eminentemente sintético. El 
siguiente soneto, aunqne parece comprender todos los casos» 
le faltan muchos todavía. 

Llaman candido en Lima al que es poeta, 
Cándido al militar y al diplomático, 

Cándido al santurrón que vive estático^ 
Cándido al matasanos que receta. 

Llaman candido al hombre de paleta, 
Cándido al que es juicioso y al lunático, 
Cándido al vivo, candido al apático. 
Cándido al firme, candido al veleta. 

Cándido es el visitante asiduo, 
£1 excéntrico carga igual apodo, 
Y aquí es candido al ñn todo individuo. 

Cándidos ver y candidcjz en todo 
Es tanta candidez, que al ñn demuestra 
Que es candida en verdad la gente nuestra. 

Rimas del Rímac. 



O somos todos realmente candidos y esto explica la causa 
de nuestras desgracias, 6 hay una lesión orgánica en la vi- 
sual interior del limeño que le hace ver todo patas arriba. 

Hemos visto llegar aquí las más sólidas reputaciones eu- 
ropeas ó americanas: á los quince dias de su arribo ya esta- 
ban clarificadas: ienian paniorrilla; eran unos can- 

didos. Esos astros comenzaban á opacarse, á vulgarizarse, 



'r^^•■ 



I _ 



CAN 93 

liasta que aburridos, volvían á su centro en donde nadie ni 
antes ni después les sospechó tal candidét, ¡Este descubri- 
miento estaba reservado para los linces del Rimad 

CaDOfi. — Palabra americana que todo el mundo conoce 
por lo que solo vamos á ocuparnos de la significación res- 
tringida que, por analogía sin duda, tiene en la agricultura 

de por acá. 

Es un cause aéreo hecho de palos de sauce y champa^ en 
cuyo caso se llama canoa, no cuando es de cal y ladrillo, cau- 
ce que mas parece lecho ó cuna y que tendido al través de 
una acequia ó sangradera ancha, sirve para que un curso de 

a^ua ó riego pase por encima de otra 

Manza, fugaz canoa. 
Grata te sea mi entusiasta loa, 

Y ¡ojalá que por siempre entre dos luces 
La avasallada sangradera cruces; 

Y que en mitad del aire 

Siempre suspensa con igual donaire, 
Entre sus aguas y las tuyas pueda 
Zumbar y discurrir la brisa leda! 

Poesías Peruanas. 

También en Cuba y en Chile vale por canal. 

C^n ñopa. —Una de las muchas voces de la lengua qui- 
chua, que parecen griegas, por lo admirablemente que se 
aclimatan en las lenguas europeas. Cualquiera al encontrar 
can0fy 6 canof>a en inglés ó alemán cree que es allí alguna pa- 
fabra autóctona ó importada de las lenguas sabias. 

Canopa en quichua designaba un pequero dios familiar, un 
L#ar, un Pénate, y por extensión equivale á ídolo ó huaco, sea 
de piedra ó metal. Hoy solo circula entre anticuarios, y ar- 
queólogos y no pertenece al lenguaje común. 

flanialeta. — CalifícándoU de anticuada el Diccionario 
describe así esta palabra: tRuido y confusión de voces é ins- 



94 CAN 

trunientos con que se burlaban de alguna persona. Chasca» 
vaya, zumba. Usase mas comunmente en la frase: Dar cam- 
taleta.9 

ConK) se vé, esto nv> es lo que nosotros significamos. Par.t 
nosotros cantaleta es lo que cansa, loque fastidia, la cansó- 
la, la odiosidad de una persona temosa, una canturria mo- 
nótona. 



El metro es rara^ 
Yo mal poeta» 
Aquí, pues, paro- 
Mi cantaleta. 

Los Médanos. 



Canturria. — Para nosotros es término depreciativo; algo 
como un canto malo, fastidioso; por lo que tiene mas analo- 
gia con el canturriar^ que con la canturía del Diccionario, cu- 
ya última palabra no se toma allí en mala parte como l:-k 
nuestra, q.ue igualmente solemos emplear por sinónimo d?- 
cantaleta^ que es .otro pro\'incialismo yj registrado. Ambos 
pueden expresarse en castellano por canticio^ cuya desinencia 
d:¿sgraciadamente no parece corresponder á la intención d'j 
la palabra. 

Gaña. — Por antonomasia entendemos únicamente la de 
azúcar 6 caña dulce. Ala que sirve para objetos iniustrix! :s 
la llamamos caña brava (gynerium sagittatum). La que los espa- 
ñoles designan de la misma manera absoluta que nosotros iv» 
comprendemos cuál sea. No puede ser la de azúcar ó dulce, 
desde que lleva siempre uno de estos dos caliñcativos en es- 
pañol; ni la brava que viene descrita en el Diccionario baj ) 
el epígrafe de caña brava, come madera negra y dura del D i- 
rien; ni el cafriio, que para la misma autoridad corresponde á 
una especie de caña ó cañavera. 

mbien solemos llamar caña hueca al mismo carrizo 



CAP 95 

con el objeto de distinguirlo de las otras dos que son sólidas 
y compactas» 

Caña di Guayaquil es el bambú, que para las construcciones 
se importa en grande escala de ese puerto, y que en la costa 
c^el Perú solo se cultiva por curysidad. Su nombre america- 
no es guadua. 

Por cañaveral se entiende exclusivamente el de caña de azú- 
car; el de carrizo es carrizal, el de caña brava, monii. 

Caño. — Vá desapareciendo de la conversación esta casti- 
za palabra castellana, en obsequio á la mas sabionda de tubo', 
como tramo (de escalera) por sección y gajo ó cacho por segmen- 
to, y hasta cáfila, sarta y andanadas por serie, "La, sabiduría acá' 
ba'-á por dejarnos sin lenguaje llano y familiar. 

Capit alero. — £1 hombre de las elecciones populares, el 
que dispone de la gente (cuadrillas y turbas) y de los cubi- 
letes para sacar avante á un candidato á la diputación ó á la 
presidencia de la República. 

El capitulero es unas veces de segundo orden, y entonces 
como tipo social gira entre los galleros y mozos crudos* Otras 
veces es de mejor alcurnia, y una vocación irresistible 6 re- 
veces de fortuna lo arrastran á esa especulación, porque bien 
visto no es más. Y así como el actor á fuerza de interpretar 
al autor se hace 61 mismo autor dramático; asi como el boti- 
cario de tanto manosear recetas se lanza á espedirlas y se 
convierte en médico, y asi como es raro el cajista que no de- 
genera en periodista, llega un día en que el capitulero se dice 
OMcV io sonó político; y como toda la enciclopedia y carrera 
universitaria qué se necesita para figurar en este ramo es 
kabUidad práctica^ el capitulero no tarda en ser uno de nues- 
tros prostígiosos. 

Capul i.— -Fruta ó mas bien baya conocida en botánica con 
el nombre defrunus capulinus. Nace de una mata coposa y 
sn gasto es agridulce, empleándose mas que como fruta, 
como ingrediente de mistura. Es del porte de una fresa pe- 
queña; tiene la forma oval y la piel enteramente lisa y ama- 
nilla. Se halla encerrada en esqueleto dentro de unas hojas 

21 



96 



\>«»_ 



amarillas y secas (cuando ha madurado) que parecen las nu. 
jas, disecadas de un naturalista. 

Estas hojas nacen de la raiz de la fruta; y después de dar 
una especie de caída, se enderezan y van á reunirse arriba 
en punta formando una especie de pirámide 6 flámula. 

Capulí cimarrón: de la misma familia, pero no comible, y 
de que son muy voraces los jilgueros y aun las cuculíes. Da 
una flor blanquizco-morada algo parecida á la del chamico. — 
Phisalis angulata, — Captdi $h palito se dice de un hombrecillo 
ílacucho y muy entallado. 

En otras partes de América el nombre de capulí lo lleva un 
árbol corpulento. 

Cara. — Nombre que se dá en los departamentos del Sur 
á un menjurje ó polvo infernal con el que se obtiene la par- 
acular venganza de mancharle la cara á un individuo. La 
superstición llega hasta el extremo de creer que la mancha 
puede ser el color que se quiera, según que se alimente con 
maiz blanco, morado ó amarillo al sapo destinado á produ* 
cir los polvos, que se sacan del estiércol de dicho animal. 

La fórmula de esta venganza es la amenazante frase: pomr 
cara. La mancha resultante se llama caracha, y el que la lle- 
va carachoso, palabras que en Lima y en otras partes signifi- 
can satna, sarnoso. — Son etimologías distintas: en quichua, 
caracha es sarna, y cara, piel, cuero, & por lo que al manchado 
se le suele decir caroso. 

Así como el arte del dibujo, según la tradición, fué inven- 
tado por una mujer apasionada, así podríamos conjetara' 
que la diabólica invención de foner cara debió su origen á una 
arpía celosa. 

Caracha. — Enfermedad cutánea, especie de sarna, y cara^ 
choso el que la lleva, muy común en los negros. Quichua m- 

racha: ttoda clase de enfermedad de la piel principalmente las 

que vienen acompañadas de caspa. — Tschudi. 

¡Caracha! Interjección de serpresa y alegría, muy vulgar 

equivalente á ¡caramba! 

Y donde un castellano 
Dicho habría {«por vida de mi suegrot! 



CAR 97 



El aflojó un ¡ncarashaU 

Regocijado el negro, 

Y una sandía presentó en la mano &. 



Poesías Pbruanas. 



Ci-araiiln.— Arequipa. El ó la que no tiene cejas. 

Con esta doble CC imitamos la aspiración seca formad» 
con la parte alta del paladar, que la presente y otras voces 
quichuas análogas tienen en boca de los Arequipeftos. Esta 
aspiración se produce como quien vá á gargajear, 6 como la 
de los Florentinos al. decir el ginto^ \sl jantonata, por el quinto 
y IsLjanianata. Las pocas de estas, voces que han pasado á la 
costa, verbigracia, coronta, calato, pierden por completo la as- 
piración y se españolizan. 

CarapQlca.— Guisote criollo, un poco (y hasta dos mu- 
chos) ordinario. Se hace de papa seca molida, carne cocida, 
su punta de ají &c. Como otras muchas voces quichuas tiene 
esta el privilejio de parecer castellana, y 4 hasta latina, cara 
pUlchra. Y no es solamente lo curioso que sea vocablo indíje- 
na, sino que en la lengua peruana designe una confección tan 
distinta, cual es la que en los grandes pickntcks 6 jiras se pre* 
para con el nombre de pachamanca (también quichua). 

Callapurca: carne cocida dentro de un pozo abierto en tier- 
ra y tapado con piedras calentadas; esto es, pachamanca. 

Carátula.— Nuestros lectores están de pésame; ya no po- 
dran seguir llamando asi á la portada, fachada, frontis ó fron 
tispicio de algún libro, porque el Diccionario y el uso penin- 
sular de todo tiempo no quieren que carátula signifique más; 
que lo que tiene relación con careta, máscara ó con las farsas 
escénicas. 

Caray! ^Interjección un si es no es, grosera, como que 
viene á ser intermediaria entre el inofensivo caramba] y la otra. 

Según el señorf Cuervo \caray\ se usa también en España: 

según Pichardo viene del catalán; y según nosotros pudiera 



98 CAR 

venir del quichua, por la rara coincidencia de haber en esa 
lengua una interjección arayl que vale lo mismo que carayl 

Cardosanto. — Planta silvestre, amiga de los rastrojos, 
Índice saltante de la aridez y el abandono. Por su presencia y 
por su cantidad puede juzgarse de la incuria de un campo, y 
de los años que lleva en ese estado. 

Da una flor amarilla lívida, algo parecida á la amapola, 6 
más bien á la del nopal ó tunal; y como todas las plantas que 
llevan el epíteto de santo, está rodeada de un no sé qué 
fatídico. 

Es planta espinosa; sus hojas recuerdan algo las de la al- 
cachofa; y dá un erizo semejante al del achote, que, una vez 
seco^ se entreabre por sí solo como una nube de procesión, y 
espele una muchedumbre de semillitas negras como las de la 
mostaza. 

Las cuculíes son muy adictas á esta simiente, y los cazado- 
res la encuentran siempre en el buche y aun en el pico de la 

que acaban de matar. — Argemone mexicana. 

Reclinado en la grama 

Yo te seguía con la vista en tanto 

Y te veia correr tras la retama 

Y tras el amarillo cardo sanio. 

Ruinas. 

£1 diccionario de Salva trae esta palabra. 

Carga la burra. — Juego de naipes, tan zonzo, tan mono- 
tomo, que solo se juega entre niños ó gente muy alma de 
Dios. Nos parece que es ti mismo que Salva describe bajo 
la palabra Burro. 

Cargador: — Mozo de cuerda ó de cordel, esportillero, 
ganapán, costalero. 

La vida pública de nuestros cargadores no se diferencia 
mucho de la de los portefaix de París y mozos ne cordel de 
Madrid, porque como ellos, yacen apostados en las esquinas. 



CAR 99 

charlando, fumando, 6 en la pulpitia vecina haciendo sendas 
libaciones á Baco. 

Sus armas son un costal y un cordel. 

Caroso. — Arequipa. — Rubio desteñido, sin duda del qui- 
chua cara^ que significa pid cuero &. 

Carpa. — Se dice mucho entre toda clase de personas por 
toldo, pabellón militar, tienda d¿ campaña; pero no está en 
«1 diccionario. 

Lo curioso es que esta palabra, que parecería del estilo 
profesional; que cualquiera creería importada por los inge- 
nieros; que se confunde con las castizas voces del mas puro 
castellano, carpa (pez) y carpc^ y con el carpo y müacarpo de 
los anatómicos y el carpo (fruto) de los griegos, no es mas 
que una pobre palabra quichua, 

¿O el brazo aquel |vade redro! 
Que asoma tras de la carpñ 
Muestra ¡gran Dios! con su zarpa 
Que vuelve otra vez Don Pedro? 

Rimas dbl Rímac. 



Carpintero.— Pájaro que se ocupa de continuo en tala- 
drar los árboles para cuya operación posee un excelente pico. 

Se llama en español pico^ pito y picamaderos, Escusado pa- 
rece decir que el último nombre es el mas recomendable. 

Cartucho. — El diccionario y el uso no reconocen mas 
CMTtucko en castellano que el del 5:oIdado. Nuestros cartuchos 
de dulces, el de onzas (in illo tempore), aquel por lo menos* 
no tiene otro nombre que el de cucurucho; y hacemos esta sal' 
redad, porque siendo el cucurucho en forma de embudo, pu- 
diera no convenir el nombre al de onzas de oro, que no es 
maa que nn rollo como el cartucho del soldado, si bien con 
mayor diámetro; pero Salva en cucurucho dice que sirve para 
poner dinero, dulces y otras cosas, lo que prueba que el nom- 



loo CAR 

bre como antes otros es genérico, y que en el uso ha perdido 
la referencia á su forma. 

Carroza.— Solo signiñea entre nosctros el corto fúnAr$^ 
que en Chile llaman el carro» 



No es la ley telaraña, pues se advierte 
Que la rompe un corpúsculo menguado* 
Mientras se queda en ella el rico honrado 
Que no arrastra carroza sino en muerte. 

Rimas del Rxmac. 

• 

Cascara. —Ya hemos notado en las Observaciones generales 
la propensión criolla á tomar siempre de dos voces castella- 
nas, la mas vulgar, baja, general ó inticuada. A veces nues- 
tros provincialismos tienen todavía una explicación mas cu- 
riosa: son dialectismos de España, (Asturias, Galicia, Anda. 

lucia) &. 

Consecuentes con este principio decimos uniformemente 
c(l%cara en los infínitos casos en que un español diría corteza. 
Cuando la parte exterior de una fruta ú otro comestible, es 
coriácea, la cascara de IsLpiña (ananas) por ejemplo, deberíamos 
decir la corteza. Así lo prescribe el diccionario, poniendo por 
ejemplos la costra de la cidra, limón, queso, pan &. . 

En cuanto á lo antiguo, vaya este ejemplo del Lazáritlo de 
TórmeSf (Tratado II) fLuego buscó prestada una ratonera» 
y con cortezas de quesoí &. 

Y con cascaras de qutw habría dicho el mejor de nuestros 
escritores, salvo los hablistas en ico^ los cuales de puro afec- 
tados y amanerados aciertan á veces (las menos). 

No solamente cortezas^ aun cascos suelen decir los españoles: 
Diálagos de apacible entretenimiento III 4.® fAh! señor vecino, 

¿quiere que le envíe una naranja para cortar esa cóleraPt 

cRespondió Colmenares! Envíe vuestra merced el agrio, y 

guarde los cascos,^ Garcilaso de la Vega en sus Comentarios 
ReaUi de los Incas^ precisamente al describir nuestras frutas» 



CAS loi 

ofrece preciosos ejemplos de la diferencia jeptre cascara^ corte- 
za y kolUío: •Decimos que son redondas {Jas guayabas) del ta- 
maño de manzanas medianas, j como ejla's con hollijo y sin 
c&rtixa.9 Nosotros solo usamos la palabra hcílejo al designar 
la película que envuelve la uva. — fCriase (el fií^tAno, vuelve 

á decir el autor citado) dentro de una cascara^ qúeiii es holU- 
fo ni corteza. 

Casería. — Su oasma dice todo vendedor ambulaQt¿.'de la 
casa donde 'habitualmente se le compra, con prefefenciii á 
cualquier otro. 

Casero' — Parroquiano. En la isla de Cuba tiene la misníKi 
acepción qu? entre nosotros. En la acepción de cdueño de 
casa que la alquila á otro», tan corriente en Madrid, casero no 
es conocido en Lima, y con ambigüedad ó por lo menos va- 
guedad decimos: el dueño, el patrón &. 

Casimba. — Especie de cisterna á que apelan los indus- 
triosos Piuranos para aprovechar del agua de su rio que muy 
pronto deja d6 correr. Son unas escavaciones abiertas en el 
cauce mismo, lecho, madre ó álveo del rio. 

También corre la voz en Cuba con el mismo sentido, y 
Pichiardo la cree de origen africano. 

Castilla. — Son tantas las cosas que se han llamado, y que 
se llaman quiza todavia de Castilla, que hemos creído con- 
veniente registrarlas bajo este epígrafe general. Como por 
muchos siglos Europa estuvo cerrada para nuestro comercio, 
Castilla, es decir, España era para nosotros si punto de pro- 
cedencia de toda espacie europea de importación; y asi se de- 
cia pimienta de Castilla^ bayeta de Castilla^ ciruela de Castilla', vi- 
nagre de Castiüa^ pluma de Castilla^ conejo de Castilla, paloma de 
CastiUa: cosa muy natural que hubiera que traerlo todo de 
fuera, desde que los Incas no nos habían dejado hasta cierto 
punto mas que maíz y llamas. 

La abundancia indígena de otras plantas, árboles ó anima- 
les» era como la abundancia de ciertas palabras de la len- 
gua quichua: muy notable, muy curiosa, muy rica, pero que 
no es la que sirve para las exigencias principales de la vida. 






• • • 



102 CAT 

£] nombre de la procedeDcia llegó de tal manera á tomarse 
como nombre pVpgio, que no hace mucho [que un buen s;eñor 
ya entrado ejCano^, nos comunicó su sorpresa al imponerse 
t^rdísuntuie» {Jfi'que pluma de Castilla ersL simplemente pluma 
de ave; y'pqhma de Castilla, nada mas que paloma. 

£n¿1¡g^unos casos nos explicamos la persistencia del defec- 
tuosa Hombre primitivo, ó mejor dicho del caliñcativo, por- 
qü¿'q$cepcionalmente, hay que evitar la confusión con otro 
¿bj/sto indígena: tal puede ser en comjo y en Paloma para dis- 
tinguirlos del conejo y paloma de por acá llamados cuy y cu- 
','culí. 

En otros casos debe ser obra de la costumbre y la tradi- 
ción. 

Catny. — Espresión demostrativa, contracción de la anti- 
gua frase española cataahi. Catay no es pues mas que un ar- 
caísmo, y no ur. limeñismo como creen muchos muy equivoca- 
damente. 

cY cata ahi porque en el pueblo le pusieron por apo.io Don 
José Primero,* — %Cata ahi mi pena, respondió ellat — Fernan- 
do Caballero, Mas honor que honores, 

Cntatai*. — Arequipa. Fascinar, hechizar. Una copla are- 
quipeña termina así: 

Me catataste t bien mió, 
Me quifiste con rigor. • 

Cntita. — Y por excepción Cata: familiar por Catalina, y 
título {Ña Catita) de la mas clásica entre las comedias crio- 
llas de Segura. 

Culón. — Libro para aprender á leer, y la doctrina, y que 
sigue á la cartilla. Este nombre de tan buen sonido griego 
y de tan proverbiales recuerdos romanos no se encuentra en 
el diccionario; lo que no obsta para que un escritor español 
diga con la mayor naturalidad: cAun en el dia damos el nom- 
bre de Catón á uno de los primeros libros que ponemos 
en manos de la juventud, porque contiene una colección de 
máximas y sentencias fundadas en la mas sana moral. Y la 



CER 103 

prueba de que le viene de ahí y de que no es su nombre pro- 
pio ese la tenemos en el constante caliñcativo que acompaña 
al título en el frontis de ese librillo, en el cual se lee siempre 
Catón cristiano, como llaman MitridoUs los alemanes al libro 
que trata de varías lenguas, aludiendo á las muchas que ha- 
bló ese personaje griego. 

Catre de viento. — Asi llamamos al de tijera. 

Candlllaie. — Los españoles no han sentido la necesidad 
de laa voces caudiltaje. coloniaj$ ni esclavatura, porque nunca 

han tenido en casa en fornia especial 6 histórica, ni un siste- 
ma de gobierno colonial que dura tres siglos, ni una ración 
ó dotación ó encomienda de negros esclavos que sirva á un 
amo en las faenas rústicas ó domésticas, ni por último una 
plaga de caudillos ó caudillejos que disputándose y dividién- 
dose el gobierno en virtiginosa alternabilidad constituyan la 
historia única de un continente entero. 

H6 aquí porque nosotros hemos tenido que acunar estas 
tres palabras, como pudieran los españoles la de vandalaje 6 
vandalismo, como único medio de compendiar todas las fecho- 
rías de los Vándalos. — Y 00 decimos más. 

Cansa. — Plato criollo muy popular en Lima. Trujillo y 
otros puntos de la costa. Se come frío y es un puré de papas 
aderezado con lechugas, queso fresco, aceitunas, choclo 
aji &. 

La cansera: la mujer que suele pregonarla por la calle. 

Aunque causa es voz castellana debe venir en este caso del 
quichua causay que signifíca la vida, la subsistencia, las nece- 
sidades de la vida &. 

Caznela. — Guisado chileno, muy alimenticio y muy po- 
pular en Chile, donde tiene tanta importancia y uso, ó acaso 
más que el chupe y el asado de papas entre nosotros. La pala- 
bra cazuela es española y la chilena equivale á nuestro pebre. 

Cernldero. — El Diccionario trae cernadero y cernedero. 

Ninguna de las cosas que describe con estos nombres nos 

es conocida. Nosotros decimos donde y cuando queremos 

que es un cernidero de polvo, de cualquiera cosa que lo deja 

caer paulatinamente. 

sa 



104 cíe 

Ciálicn.— Flor de deliciosa vista y fragancia en la mata 6 
arbusto que la produce. — Cervera peruviana. 

En otras partes del Perú la' llaman maichiÜ, Es una cam- 
panilla color de oro, aunque se queda solo á medio abrir, j 
es de las flores que gotean un licor acre y blanco como leche, 
al ser cortadas del tallo, lo que acredita sus propiedades ve- 
nenosas, y las de su semilla, que es una especie de breva pe- 
queña y redonda que contiene nuez vómica. La coposa mata 
ó arbusto, según la dirección que se le dá, en que nace, está 
poblada de infinitas hojas largas, de un verde cristalino y es- 
trechas como cintas, por lo que no aposentan polvo y au- 
mentan su verdor y brillo, haciendo resaltar á las lindísimas 
campanillas medio encubiertas entre sus menudas hojas. 



Hoy dado s\l peruviano sauce, al huairo, 
Al blanco suche y ciática de oro. 



Y nuestros incultos campos 
Do ostentan color igual 
La ciática, la retama, 

Y el cabizbajo amancay. 

Poesías Peruanas. 

Nos mueve á escribir esta palabra con C, la idea 6 creen* 
cia de que su infusión alcohólica aplicada en fricciones cura 
la ciática^ tanto es que aún se dice ciática con ciáticm. Sin 
duda de esta convicción le viene el nombre, porque de otra 
manf^ra conservaría el suyo indíjena que es el más propio. 

Cleiitopié. — {Cuál será la irresistible propensión de nues- 
tro pueblo á rebajar la s final en vocablos de forzosa signifi- 
cación plural, cuando h<ista.en el presente, que lleva por de- 
lante en tamaño guarismo, por decirlo así, indicado el núme- 
ro de pies que contiene, suele incurrir en el mismo provincia'- 
Usmo, y decir cientopiél 



CAT 105 

Después de esto ¿qué extraño que diga rm paragua? , , 
Otro nombre máis sonoro y i:otuQ4o que éste lleva en caste- 
llano el insecto que nos ocupa. — Escolopendra. 

C»lyarrerM. — La pieza ó estuche de paja, cuero» carej á 
otra materia cualquiera que sirve para cargar cigarros en el 
bolsillo. 

Los españoles la llaman petaca^ que así puede siguí ficar 
cigamraf como baúl ó arca. Asi como cigarrera entre noso* 
tros, tanto puede significar /«/o^, como la mujer que hace ó 
vende cigarros. 

En España llaman á esta última estanquira^ de estanco que 
es el nombre que dan á lo que nosotros llamamos cigamria. 
El Diccionario admite también cigarrera por la que hace 6 
vende cigairos. 

La cigarrera nacional, célebre hasta en Europa, es hecha 
de una paja ó pita finísima que á poco más compite con la 
misma seda. Unas veces es toda de un color, blanca; otras, 
está cruzada de fajas azules, verdes, coloradas, ad libitum, E 1 
color blanco se reserva en lo general para las muy finas, y 
los colorines charros para las ordinarias. 

El pueblo ie Chilca en la costa, á 15 leguas al sur de Li- 
ma, es uno de los más afamados por sus cigarreras. Las hay 
desde un peso hasta 25 y aun más. 

En el dia, la introducción copiosa de porte-cigares de toda 
especie traídos de Europa, más bonitos y más baratos que 
nuestras cigarreras, han empezado á desterrar á estas; así co- 
mo los fósforos de aire y ínecheros sencillos de una hojuela de 
oro han ahuyentado á aquellos de oro maciso y pesado, usa- 
dos por nuestros padres, y cuyo precio no apeaba de 60 pesos. 
El lujo incaico y atáhualpico se hace cada dia menos común 
en el Perú, no tanto porque disminuye la riqueza, cuanto por- 
que mejora el gusto. 

De la misma paja (aunque no tan fina) de las cigarreras, 

y en el mismo tejido, se hacen sonajas (sonajeros) para los ni . 
ños, y también sombreros. 

Cigarrería. — La tienda donde se hacen y venden ó veo- 



xo6 CIM 

den solamente cigarros. Por su etimologia 7 brevedad es pre- 
ferible esta palabra al estanco d$ tabacos de los españoles. 

Cimarrón-cimarronearse. — Este peruanismo, como 
el de /ii//#ro, jarana y otros que por el momento no recorda- 
mos, y que en general son americanismos, deberían llamarse 
fundadores, porque tienen el alto honor de haber sido intro- 
ducidos por los primeros españoles mismos, quienes sintieron 
U necesidad de términos nuevos para cosas nuevas; y echan- 
do mano de sus recuerdos provinciales 6 dialécticos, 6 de la 
simple analogía castellana, los acomodaron. 

La voz que nos ocupa, las que enumeramos, y algunas 
más, como rancho^ chicha^ chafeton, poncho, zambo &. merecerían 
ser denominadas Hispanismos di Amerita^ porque solo tie- 
nen toda su importancia entre nosotros. Dudamos que nin- 
guna de ellas ocurra tanto ni con tanta fuerza de expresión 
en el lenguaje de España, como en el de sus hijos ultrama- 
Tinos. 

Cimarrón en el Perú, durante la esslavatnra, era el negro 
prófugo; después se ha aplicado á los chinos, y por extensión 
y figuradamente se dice que se ha cimarroneado de todo el que 
desaparece clandestina ó impensadamente. 

Y cuando Napoleón I abandonó sigilosameute á su ejercí* 
to de ocupación en Ejipto enib:írcándose por Damieta, s- 
hubiera hallado entre limeños, de seguro que se le califica de 
cimarrón^ como á uno de nuestros Presidentes en la última 
guerra. 

Pero la acepción permanente y más pintoresca del vocablo 
ea la que tiene como adjetivo equivalente á silvestre^ agresU^ 
montaras (en francés sauvage) y con razón etimológica á pri- 
mera vista, desde que parece refctrirse á lo peculiar 6 pro- 
pio délas cimsis. .\sí todo fruto, flor, yert^.i, p*anta, parecido 
sin ser el mismo, al que se cultiva en huerto 6 jardin, y que 
pulula en el campo, lleva el mismo nombre que aquel más 
con este calificativo: como se vé en cebolla rimjiroiia, capu- 
W cimarrón^ (Phvsalis angu.'ata) k. 



CIM 107 



Ninguna de ellas, hermano, 
Irá á hacerte compañia, 
Ninguna de ellas ¡oh penal 
Ni el capulí de las cimas^ 
Ni el cabizbajo amancay, 
|Ni aun la común higuerilla! 

Poesías Pbruanas. 



Metafóricamente se dice de los platos mal guisados ó poco 
reposados al fuego, como chupe cimarrón &.; y aún del niño ó 
criado que gruñe; ó refunfuña entre dientes cuando se le re* 
prende, se dice que $stá rezando credo cimarrón. 

El diccionario de la lengua trae como cosa propia cimar- 
rón; más no el verbo derivado por nosotros cimarroftearse; caso 
idéntico al de mona {bonachera) hiuso y otras que son voces 
lexigráficas admitidas y que no dan hasta aquí las formas 
verbales reflexivas tan usadas por acá. Y hemos dicho has- 
ta aquij porque la propensión á sacar verbos de sustantivos 
y á dar á aquellos la forma reflexiva ó recíproca es tan 
grande en español, que tarde ó temprano les llegará su dia 
de ser incorporados á todos los verbo, y feflexivos, que nues- 
tra mayor ociosidad, ó actividad, ó independencia nos hace 
inventar diariamente. 

Vamos á la etimología. Pichardo en su Diccionario cuba- 
no deriva á cimarrón de cis-marron^ falto^ faltón, marrón de la 
parte de acá. Pero probablemente no viene ni de ahí ni de 
cima como tan natural parece, sino de este otro origen que 
le atribuyen los yankis; tMaroon (marún) dice Bartlett es el 
nombre que se dá á los negros rebeldes en las Indias oc- 
cidentales y en algunas partes de Sud- América. Se supone 
derivado de Marony^ rio que bepara las Guayana s holandesa, y 
francesa, y en donde residían grandes partidas de estos fuji- 
tívos. Cuando Jamaica fué conquistado por los ingleses en 
1655, como mil quinientos esclavos se retiraron á las montañas 

j se les llamó Maroons. Siguieron molestando á la Isla hasta ue 



io8 CIM 

á ñnes del siglo pasado se les redujo por medio da perros sa- 
buesos. 

— •Enciclopedia Americana,» 

•Maroomr^ continua el mismo Diccionafistr^; un esclavo pió- 
fago, un inaroon\% é ilustra la deñniciói con esta cita: «Se nos 
dijo que en South Shore (en Virginia) vivia un marroner, que 
modeste» mente se llamaba ermitañoi - Marooning qn^ podría- 
mos traducir por cimarroneó, da origen á la fras-: metafórica 

to go marooningt cimarronearse á una partid.i de campo que du- 
ra muchos dias, y no uno solo como el picnic (gira ó parran- 
da). También entre nosotros, como queda notado cuando un 
individuo acostumbra perderse ó desapar^^cerse ó remontarse 
decimos humorísticamente que se ha cimarroneado; y también 
suele suceder que ha estado engolfado en una serie de fran- 
cábelas. 

De las etimologías que preceden, parece la más satisfacto- 
ria la histórica de Marony. Webster implícitamente recono- 
ce la castellana y la histórica al decir — tMa-roon ^también se 
escribe marroon). (Del francés marrón abreviado del español 
cimarrón^ salvaje indómito, negro desertor que vive - en los 
montes). Un esclavo fugitivo que vive en los montes, en las 
Indias occidentales y en U Gunyana.» 

Si se atiende á la lengua que usó primero la palabra, el 
origen de la voz es castellano, porque ya d'ísde 1560, que fué 
el año en que Gircilaso pirtíó del Perú se decia cimarrón; al 
paso que para los anglo-sajones el origen más antiguo de 
maroons es el del año de 1655, como se vé por la cita de 
Bartlett. 

Garcilaso dice qutí es término de las Islas de Barlovento, 
y habla de negros esclavos cimarrones con motivo de la llega- 
da á Tierra Firme del Marqués de Cañete, que fué virrey del 
Perú. 

Acaso tengamos dos etimologías; una Marony, de donde 
han tomado los yankis; y otra, cima^ de la que quizá deriva- 
ron los primeros españolas. El verbo marrar en castellano 
significa /¿i//iir,/j//czr, errar; como se ve por el refrán «haz- 
me ciento, márrame una, y no me has hecho ningaaa;» por 



CAS 109 

lo que marren es falten, y hacer marros, hacer vaca 6 nevilies 
Jos escolares. Pero me choca que se hubiera ocirrido á un 
procedimiento tan sutil como aponerle esa partícula compo- 
sitiva cuási-hipotética áicis, meramente geográfica 6 histó- 
rica, y que se hubiera dicho cis-marron falto de taparte d$ acá, 
Ed alemán no nos chocaría porque allí es un procedimiento 
vulgar crear nuevos nombres 6 modificarlos por medio de una 
muchedumbre de afijos, sufijos y partículas que se anteponen 
posponen 6 interponen haciendo un papel análogo á nuestras 
desinencias. El castellano acostumbrado á derivados tan cam- 
pechanos como aquende y allende, de acá y allá, es poco amif^o 
de cises yjuxtas. 

Illmlenlivi'omano.— fEspecie de zulaque que viene de 
afuera y que muchos llaman cal hidráulica.* dice Pichardo en 
Su Diccionario Cubano. Entre nosotros igualmente se hace 
un uso considerable de esa mezcla de importación dándole 
de preferencia el primer nombre como en Cuba. 

Cálmela — Dos clases de ciruelas tenemos en la costa de' 
Perú, que suponemos variedades indígenas de las especies 
rorrientes en Europa. La una es la que llamamos agria 6 d^ 
Castilla^ lo que parece delatar procedencia ultramarina: Spen- 
áias purpúrea; y la otra la que lleva el nombre de ciruela de frai- 
/#: Bunchena armeniaca. La primera es una terehintácea, y la se- 
gunda una malpighidcea. Esta última viene descrita en Sal- 
va con este mismo nombre de ciruela de fraile, más la defi- 
nición no se adapta á la que nosotros denominamos así. 

La ciruela agria, que se cree tercianienta, es del porte de un 
huevecito de paloma ó mayor; su hollejo finísimo, es color 
de púrpura ó azafrán, siendo este último el de la pulpa que 
ís muy jugosa y fraganciosa y que se deshace enteramente 
en la boca. El hueso ó pepita presenta el mismo color aza- 
f^ranado. 

El ftrbol que la produce es hermosísimo, y dilata sus ra- 
mas rigorosas á bastante distancia, siendo las hojas de un 
lindo verde, y un tanto semejantes en esto y en el modo co- 
mo están sentadas, á las de la acacia ó robinea. 



coc 

Y el ramoso ciruelo 
Que con su fruta roja 

Y abanicada hoja 

A la brisa menor alfombra el suelo; 

Y al paso del invinroo se acongoja, 
Seosible en grai^o sumo 

Lo mismo que el fatídico tutumo. 

Merece primer premio 

Entre el horizontal ombroso gremio. 

POBSÍAS PtRUANAS. 



La nVwU dtfraiU es mucho más grande que la anterior, 
asi como mucho menos bonita 7 agradable. Su pulpa de un 
color oscuro, morada, parece á la vista, al gusto y al licto 
una pócima de botica. 

Cocn.— La gran yerba masticable de los indios del Perú 
ErtlronyleK Coca. £1 nombre viene del aymará Kkoha. Lo 
indios la mascan continuamente como los marineros ingleses 
el ehtwitig tobácea, sobre todo en sus largas jornadas á pió, en 
las que esta planta tes sirve de alimento casi único. Es como 
el beta de los orientales. 

Mucho se ha escrito snhíe la célebre coca, y uua de Ifts me. 
monas ó monografías clásicas es laque publicó el Dt. ~ 
Hipólito Unánue á ñnes del siglo pasada y de la que vtmi 
una traducción italiana en Milán hace ya mucho tiempo. 

Couacbo. — Tan usado por {oscerron, cama Ptriccít por ra- 



ton. 



i 



COC ni 

ra, hasta de heráldica ó blnson» porque no podríamos referir- 
nos á los losanges ó rombos de un escudo de armas sin des- 
cribirlos con la palabra cocaditas. 

Porque es el caso que 1ü tal pastilla, como de una sesma 
de largo, se labra constantemente desde tiempo inmemorial 
en forma de rombo perfecto ó losange. Asi al hablar de un 
enrejado de cañas, de jardin ó gallinero, ó de un enjaretado 
decimos que está hecho á cocaditas; y io van siendo también 
las pinturas de un zócalo, las molduras de un friso, y hasta 
el dibujo que los muchachos hacen instantáneamente con un 
hilo pasado entre los dedos de ambas manos separadas, y a 
cuyo juego, muy de colegio, llaman iacar cocada, 

Webster en su Diccionario inglés en la palabra lozenge^ des- 
pués de las acepciones técnicas, consigna la de ccierto dulce 
medicinal á veces». Un diccionario inglés-francés traduce 
por losange y pastüle; y otro inglés-español, por losanje y pasti' 
la de boca. Tenemos pues que aunen la gran Bretaña se 
labran pastillas en la forma romboidal de nuestra cocada^ cosa 
que, per cierto no tiene nada de inter'3sante ni sorprendente. 
Pero si e? curioso observar ios grados de cultura tan opues- 
tos que en la operación metafórica revelan aquel pueblo y el 
nuestro, y que son forzosamente los que á cada uno de ellos 
corresponden. Mientras el inglés lleva la palabra técnica ó 
geométrica hasta la cocadita, nosotros llevamos la palabra vul- 
gar hasta el rombo. 

Nos hemos esployado tan escepcionalmente en un lime^is- 
mo que tan poco promete, porque como la figura de losanje 
ocurre á cada paso, es urgente hallar un modo de expresarla 
mas general y menos eventual que el de cocada, que á lo me- 
jor se presenta llenando una fuente de bote en bote y desa- 
parece la forma y la figura. 

La palabra rombo es enfadosa de puro geométrica; la de 
losang4f que es tan española como francesa é inglesa, podría 
servirnos y podríamos d^cir en figura ó á manera de loiange 
en lugar de en figura ó á manera de cocaditas. 

Desgraciadamente hay palabras como hay tipos que se re. 

sisten k la vulgarización, y ésta será uaa de ellas, mientras 

23 



112 coc 

la práctica general de las ciencias y las artes industriales no 
nos permita echarla escaleras abajo. La palabra sirii, lia de- 
"^ido ser seria en su origen, y hoy está tan peí vertida, que 
corre como equivalente de tracalada y cáfila^ que es el mayor 
plebeyismo que se puede dar. 

Nada más trivial para un francés que la vo2 latino-f ranee- 
sa-españula de quinconce* que designa una alameda en la que 
los árboles están plantados en cuadro con uno en el centro, 
al iresBoUUot enteramente como las quinas de un dado para 
nosotros serta griego. 
Por qué? 

Porque no habiendo aquí quien se preocupe con plantar 
alamedas, harto hace el que siquiera planta una docina de 
sauces, y demasiado si siquiera los pone á cordel. 

En el interior del Perú se llama una cocada al trozo de ca- 
mino que el indio carguero puede recorrer sostenido por la 
acción de la yerba coca que lleva en la boca, como el marine- 
ro europeo su tabaco de mascar. Se calcula que el acullico 6 
bodoque que se introduce comienza á producir su efecto vi- 
gorosamente á los ocho minutos y que dura de treinta á cua- 
renta, á cuyo término hay que renovar el acullico. Cocada 
pves, vieoe á ser en esas regiones una especie de medida iti- 
neraria, 

OoHnar. — Dice todo el mundo por cocer Este último ver- 
bo no se usa entre nosotros sino en el participio cocido^ por 
oposición á hervido ó asado. 

Cocinar es guisar, aderezar en cocina. Cocer es solo modifí * 
car una cosa por la acción del fu^go. Cuando no se pueda 
■étcir.c^í^r porqjue aludamos á la sazón ó gusto de la comida, 
dígsLSCírguisar: «inés, muchos plaftos había, pero todos ^iíúiii#5 
con m^ntecsi. — Fernán Caballero. 

COi'O. — La fruta de este nombre, pecular á una parte de 

la América, no se produce en la costa del Perú, en donde la 

llamunos coco de Panamá y la conocemos únicamente por la^ 

importaciones de los- vapores del Norte. 

■ Loque nos es más familiar auncj^xe también inf^portado^ 

i9on«f^l np.nxbre .^'.e /i\v5, qu ' í^e eijc penden en las pulpería^ en 



v 



COC 113 

pandes cantidades al lado de las nueces y otras frutas Seéasf, 
para juegos ó golosinas de muchachos ó para aderezar cier* 
tos dulces, son los coquitos de Chile, fruto de una palmera in-* 
dígena de esa República. — Jfubta spectMlii, 

Sin duda por la falta de comparación inmediata y conti* 
Dua con los verdaderos cocos^ les damos este nombre} pero la 
raciona], visto su tamaño, seria llamarlos coquitos. 

Sirven como lo hemos dicho para diversas clases de juegoei 
de muchachos, como el del chochn^ (hoyuelo) el del tirito^ el 
del triángulo^ pares ó nones &. Y aun las cascaras 6 cascos, re~ 
doodeadas y alisadas en una amoladera sirven en número de 
cuatro para el juego de la cascarita entre la gente plebe. Se 
sacuden en la mano cerrada y se tiran dando á ésta una vuel- 
ta casi completa, como cuando se muñequea en el ñorete; y 
salen pares blancos^ pares prietos^ pares pintos^ ó nones, según que 
]as cascaritas, perfectamente pulidas y bonitas, caen sobre el 
suelo todas boca arriba (pares blancos) ó boca abajo (pares 
prietos) ó alternadas (pares pintos) 6 bien todas, menos una, 
por el revés ó por el derecho, en cuyo caso son nonos y se 
pierde. 

Los primeros juegos 6 sea los de los muchachos, se hacen 
hoy con las bolas (que asimismo deberían llamarse bolitas) de 
cristal ó piedra con que el menudo comercio estrangero ha 

surtido mercerias, jugueterías y aun pulperías: y los ¡;egun« 
dos, con los dados. Progresamos. 

Coco. — Cierto género de algodón muy común y usado en- 
tre las mujeres, madapolán^ grano de oro &. Por lo visto es 
igualmente voz de Andalucía, porque se encuentra con fre. 
cuencia en Fernán Caballero, quien la traduce en una nota 
por percala» 

< l<irlia. — Espacio grande y llanOi pampa, aplicándose aun 
á las mis reducidas superficies como una era pequeña &. 

Cocha en quichua significa estrictamente hablando, laguna, 
estanque, mar, y ésta es su acepción principal y verdadera 
en la lengua original . Cuando designa el mar los qui- 
chuas modernos suelen darle el grado superlativo antepo- 
niéndole el adjetivo hatun, y dicen hatum cocha que equiva- 



114 COC 

le á la gran laguna. No así los Egipcios que aplican al 
océano el mismísimo nombre que dan á su rio, á su caro Ní- 
lo, como si tuvieran de éste una idea oceánica: el Bajr (pro- 
nunciando la jota á la española) es el nombre común á ara- 
bos. 

Cocha en el día, como tambo^ pampa^ marca y algunos otros 
disílabos quichuas, hace un gran papel en la composición de 
antiguos nombres topográfícos que parecen pregonar reli- 
quias de antiguas grandezas. En el que nos anuncia un tam- 
bo en su desinencia, es decir, un caravanserail, un gran espa- 
cio techado y abriga do, solo solemos hallar el desierto ó el 
4>áiamo. El que refresca la imaginación con la idea de una 
verde llanura ó sábana de maiz {Sara-pampa) es un muerto, 
pesado, é interminable arenal, que abruma á la cabalgadura 
y al ginete. En el que nos promete una laguna por terminar 
en cocha, no hay con frecuencia más que árida tierra. El 
tiempo ha esterilizado sementeras, ha secado considerables 
hoyas, y se ha llerado generaciones laboriosas y sumisas 
para sustituirlas con ralos puñados de turbulentos, inútiles 
y charlatanes. 

Los nombres topográficos indígenas del Perú y de la Amé- 
rica meridional tienen una rotundidad fónica y unas raices ó 
radicales tan sabios en apariencia, que parecen gemelos de 
los de la Grecia clásica ¿A qué oído no sorprenden y encan- 
tan Paucartamho^ Tauripampa* Tunguragua, Antofagasta, Cuniur^ 
canqui, Cundinamarca, Parinacochas y otros mil, tanto más be- 
llos y notables si los comparamos con los de la América del 
Norte, incluido Méjico? En Lauricocha, que no hemos citado, 
es imposible no recordar el Laurium^ el célebre mineral de 
los griegos de antaño. Suena como voz híbrida lo mismo 
que Tduripampa^ en cuya composición se admira un elemen- 
to latino, taurus, (el toro y el monte Taurus) y el indígena. En 
Antofagasta hay una raíz griega Ant. {anti) y otra en fag {phagy 
phageifiy roer, devorar.) 

Desvirtuada ó generalizada como toda voz al pasar de una 
lengua á otra, cocha expresa ademas en nuestra locución cas- 
tellana relación de superficie más ó menos grande, y aun de- 



COD 115 

signa una pequeña era como puede verse por el siguiente 
<*jtrmplo del ■Mercurio Peruano,» tomo III página 192, tCar- 
la dirigida desde el valle de Cañete por el capellán de la ha- 
cienda de Hualcará sobre el cMétOvio de sembrar y trasplan- 
tar cedros:» £n tierra negra de huerta suficientemente hú- 
meda, suelta, y si estuviera apelmazada ó fria, abonada con 
un poco de estiércol viejo de vacas, y en paraje reservado 
de] sol se formará una era 6 cocha á proporción de la cantidad 
que quiera sembrarse.» cPorque las cochas del suelo tienen 
sus riesgos é incomodidades, y más en tierras infestadas de 
malas yeibas, he acostumbrado yo hacer el almacigo en ma- 
cetas.» 

Aqaí cocha queda muy lejos de su primitiva y líquida acep- 
ción; no así cuando se aplica á los estanques artificiales ó 
depósitos de agua de Tarapacá, que igualmente llevan este 
nombre, en cuya acepción hallamos cocha aun en Salva, co- 
mo palabra española. Pero Terreros, del siglo pasado, al 
darla igualmente en este sentido advierte que es voz de In- 
dias. Por últimt) no ha de confundirse la cocha que analiza- 
mos, de origen quichua, con la otra de origen español (co- 
chura) qué se usa al hablar de pailadas de miel, mosteras &; 
y que implica ideas de cocción, hervor, fermento &. 

C^ochayuyo. — Voz enteramente quichua, compuesta de 
cocha, laguna ó mar, y. de ynyu^ yerba, hortaliza, berza, lo que 

Kiaut en alemán. Es una alga marina, culinaria, por lo que 
se vende en nuestros mercados y recobas. 

En una tonada muy popular viene esta copla: 

Quien dice que no conoce 
La yerba del cockayuyo} 
¡Qué mal me tratas 

ingrata! 

Codeadora.— P#if^w#ña, como se vé por este lindísimo 
epigrama de Villergas: 

— iAquí descansa una bella 
I —Bella! ¡y acaso doncella! 



) 



ii6 COL 

— Fué gallarda y dadivosa. 
— Oh!, si se alzara esta losa! 

— Y pedigüeña también 

— Requíescan in pace anun. 

Como de costumbre hemos buscado la voz que expresa la 
idea de una manera tosca y matetial; porque aceptada la su- 
posición de que á los avaros hay que darles en el codo para que 
aflojen^ nadie puede repetir más estos golpecitos que una fedi- 
guiña. Puede asimismo suponerse que la figura se refiere á 
los apremiantes codazos, r.o nada delicados, que una dama 
ayuna va arrimando á su rehacio galán para persuadirlo á 
que la entre á refrescar á alguna parte. 

Kn pedigüeña h2Ly algo de rehiimáOf de diplomático: noso- 
tros que queremos agarraflo todo, amarrarlo^ arrancharlo^ botarlo^ 

que estamos por las expresiones fuertes, pintorescas, de bul- 
to, que hablen á los ojos de la cara, necesitábanlos idear este 
provincialismo. 

£1 verbo codear se conjuga en todos sus tiempos; el mascu- 
lino codeador^ es mucho menos usado, sea porque el tipo en 
este género ocurra escasamente, sea por la ninguna gracia 
que, hace un macho barbado codeador por lo que con más se- 
veridad se le llama petardista. 

El tipo de la codeadora^ muy criollo, ha casi desaparecido 
con el gas y otras ilustraciones, 

O^lchico. — Si este medicamento, que tan general se ha 
hecho últimamente en d Recetario limense trae su nombre, 
como parece fuera de duda, del antiguo pais Coicos^ por haber 
abundado allí la yerba que lo produce, lo correcto seria es- 
. cribir y decir cólquico y no cólchico que es un puro galicis- 
mo; tanto más cuanto que uno de los modos de nombrar á 
Cáleos en español moderno es La Cólquide, que en francés se 
ftdace por La Colchide. Los clásicos españoles decian siem- 
boleos. Es verdad que la yerba en cuestión viene descrita 
vólekicc en el Suplemento técuico y científico que acom- 



COL 117 

paña al Diccionario de S>]vá; pero también leemos allí La 
CólqHids^ j sobrt todo, falta sat>er si ese apéndice fué obra 
del gramático valenciano, muerto hace muchos años, 6 cebo 
para el espendio ingerido por sus caritativos editores. 

El país de la geografía antigua que ha dado nombre al me- 
dicamento, es célebre y clásico en la literatura de todos los 
tiempos por la espedición de los Argonautas y por las obras 

maestras óe Euripiden, Racine, Voltaire, Calderón de la Bar- 
ca y mil más. Y aunque nuestros boticarios no dejarán de 
expenderlo, ni nuestros médicos de recetarlo, ni nuestros en- 
fermos de usarlo porque se escriba cólchico^ hemos creido que 
siempre seria agradable para todos ellos conocer su verdade- 
ra ortografía. 

Colega. — Imperdonable por colega. 

Cf'Olonrhl. — Arequipa. Sin ofejas. 

Coloniale. — ^Todo el período de la dominación española 
en América; las tres centurias de que hablan nuestras canciones 
nacionales. Un orden de cosas ó ideas extraordinario por su 
extensión ó intensidad requiere un nombre especial que lo de- 
fina á él solo, y que lójicamente se toma del nombre genéri- 
co más inmediato. Un sistema de dotaciones de esclavos 
africanos que prevaleció tanto tiempo como las tres centu- 
rias de marras, era algo menos noble, nr.ás abyecto que la es- 
clavitud en general. De aquí la necesidad de acuñar el perua- 

QÍsmo esclavatura. 

Un caballero tan importante como el Presupuesto ^ que en 
España misma ha engendrado la chistosa palabra híbrida de 
Pwnupuestívoros^ necesitaba su verbo propio, su carruaje par- 
ticular que lo condujera á él solo al través de la historia. De 
aquí presupuestar. 

¿Por qué los españoles no han necesitado fabricar el neo' 
logismo caudillaje y nosotros sí? Porque la vida de un Conti' 
nente entero, ^el nuestro, durante más de sesenta años no ha 
«ido otra cosa que la aparición y la desaparición de la som- 
bra chinesca del caudillo. 

Todo esto nob trae á Coloniaje, Una dominación tan vas- 
tai tan duradera, tan trascendental para la humanidad toda 



ii8 COM 

necesitaba un nombre típico, como con no menos razón lo 
necesitó Europa para deñuir los siglos del Feudalismo. De 
aquí Coloniaje. 

La Colonia seria una expresión tan pobre, que se confun. 
diría con el último puñado de emigrantes irlandeses ó alenda- 

nes, y que sin mucho alambicar habría cabido eo un 

frasco de Agua de Colonia. La época colonial^ el período^ el siste- 
ma colonial, son una frase y no un nombre, como el de aque- 
llos buenos estados unidos que aun no acaban de decirnos cómo 
se llaman; ó como él de aquellos territorios- de cuyos buenos 
aipes estamos ya suñcientemente enterados, sin que aun sepa- 
mos cómo se llaman. 

Los grandes períodos históricos como las grandes naciones 
necesitan ante todo un nombre propio. 

Véase: Esclavatura y Caudillaje, 

TiColllr. — Arequipa. Asar cualquiera cosa envolviéndola 
en un paño mojatlo. 

(acollóla. — Arequipa. — Falto del dedo meñique. 

Coilierlia. — Es tan fácil confundir al contenido con el con. 
tinente, que por mucho tiempo se dijo entre nosotros La Co- 
pnedia por l1 teatro mismo: si es que no habia algo de galicis- 
mo, puesto que la Comedie frangaise en París significa simple- 
mente £//M/r(?/yíi«¿rás. Entre nosotros debía contribuir mu- 
cho a esta especie de metonimia el que hasta los últimos 
dias del Coloniaje solo se representaban comedias en nuestro 
viejo coliseo. Hoy misn;o, una de las calles adyacentes con- 
serva todavia su antiguo nombre de calle de la Comedia^ que 
está puesto ahí buenamente por calle del Teatro: como que la 
t^ue corre por delante del ediñcio ha tomado posteriormente 
el último nombre, cual para lectifícar el provincialismo ó ga- 
licismo que se cometía á la vuelta. 

Esa calle de la Comedia ó de la Comedia vieja como dicen 
otros se ilustró 6 se deslustio en 1857 con el asesinato perpe- 
trado en ella, mientras cenaba, en la persona del Encargado 
de Negocios de la Gran Bretaña, señor Enrique Estéfano 
SAUvan; quien después de haberlo sido en Chile el año 51 
o una parte odiosa en la revolución que terminó en 



CON 119 

Longomilla, intervino asimismo en una forma idéntica, en 
la que desgarraba el Perú el año en que él fué asesinado. 
A pesar de lo cual su muerte se atribuyó una venganza par- 
ticular, que desde Italia venia siguiendo la pista al travieso 
diplomático. 

Con la variedad de representaciones el teatro ha recupera- 
do su nombre colectivo ó comprensivo, y creemos que en el 
dia solo la gente muy inculta será capaz de decir La Comedia 
por el Teairo. 

Comerse. — (á alguno) V^éase guindarse y mamarse. 

¿Cómo estls? — Reticencia con que se amuela á un palan- 
gana saludándole allí mismo y haciéndole venia irrisoria, co- 
mo si ya estuviera presante, á la cosa de que el pobre diablo 
se jacta sin contar con la huéspeda de la malicia ajena. 

Supongamos qut dice: Seré diputado, tengo la diputación en el 
bolsillo. — Diputado, ¿Cómo estis? se le contesta. 

¡Cómo note! — Espresión de increJulidad sarcástica, que 
no es más que una prolongación de ¡cómo no! (con la misma 
intención) y á la vez una abreviatura de la oración completa 
¡cómo no ti lloraré! Nos preguntará el lector ¿qué idiotismos 
son esos? le contestaremos que todo lo que entendemos es, 
que ellos equivalen á^A,^'^?; si si\ mucho de eso\ alíalo veré- 
dis. 

Coocuasfir. — Avenirse ó no avenirse una cosa con otra; 
concuasa, n0 concuasa etc. Este vetbo según el Diccionario es 
Anticuado por quebrantar, y como ninguna de sus acepciones 
ni rectas, ni figuradas puede convenir ni remotamente con la 
que aquí damos á concuasar, debemos suponer que este pro- 
vincialismo tan espresivo á primera vista, y tan torpe si se 
escudriña su etimologia, no debe ser más que una corrupción 
d« €oncasar, que vale compajinar, esto es, convenir dos cosas en- 
tre sí 6 hacerlas que convengan. 

floncbo. — Tan perfectamente acaserada se halla en nues- 
tro lenguaje español esta palabra, que es del todo quichua, 
sin haberle cambiado nada, que pocos de nuestros lectores se 
coDCormarán con el descubrimiento. Concho significa sedi- 

24 



I20 CON 

ntintOf heces, zurrapas, y en francés marc ó lie\ y es la sola voz 
de las que quedan apuntadas, que entre nosotros corre, aun 
en las frases familiares, como heher hasta el concho, color concho 
t vino (concho de vino) el conchito , ó sobras de una bebida, que 
piden los niños &. 

¡Cuanto varón que de placer rechoncho 
Era flor, nata, espuma y excelencia. 
Cubre hoy su desnudez con un mal poncho! 
¡Yace sin dignidad y en la indigencia 
Porque se hundió la paja y subió el conchol 

Poesías Peruanas. 

Condenar. — Es muy usado 'este verbo en el sentido de 
tapiar ó tabicar una puerta 6 comunicación cualquiera. Está 
condenada, se dice, como si se quisiera significar está conde- 
nada al desuso ó á permanecer cerrada. El Diccionario trae 
tabicar. Muy poco usada ha debido ser en España la palabra 
favorita entre nosotros, cuando al emplearla un personaje de 
Ruiz de Alarcon (dramático del siglo XVII) se apresura el 
interlocutor á preguntarle: «¿Qué es condenar?! — no hay mal 
que Por bien no venga. Acto I, Escena 14:. 

— ¿Pues hay más qne condenar 
Lo que viniere á caer 
Sobre tu vivienda? 

— Di; 

¿Qué es condenarlo! — Tenello, 
Para no servirse de ello, 
Cerrpdo, se llama así. 

Aor. — Cuestión no solo peruana, sino hispano-ameri- 
^'do muchas veces el averiguar si ha de pronunciarse 



CON 121 

cóndor ó cóndor. Vamos á resolver la gran diñcultad sin nin- 
gún gran trabajo. 

Candar viene de la palabra quichua cúntur; por consiguien- 
te todos aquellos pueblos para quienes la antigua lengua 
peruana continúa siendo lengua viva, aún cuando solo lo 
sea indirectamente (como en todo el litDral peruano) no po- 
drán prescindir de la fuerza del ejemplo vivo, que les hará 
olvidar las muertas reglas de la analogía castellana. Por el 
contrario: los individuos para quienes fondor sea letra muer- 
ta, le aplicarán inmediatamente las reglas de derivación co- 
nocidas y dirán: pues si el amor y el color latino se vuelven 
amor y color ^ el córidor^ cuyo origen se ignora, deberá pronun- 
ciarse cóndor. 

H6 aquí por qué la parte de Hipano-América que está al 
alcance del quichua hace la palabra grave, y la otra, que no 
!o está, aguda. Los peruanos de la costa nada sabemos del 
quichua^ ni queremos saberlo; pero estamos familiarizados 
con el histórico nombre de Condorcanquí; y por éste y otros 
medios más ó menos indirectos se nos ha ido imprimiendo la 
acentuación que aquí damos. 

En las altas regiones de la puna 
Do el albo cúniur silencioso reina, 
De estos hilos de plata está la cuna. 

Poesías Peruanas. 

Y ya á espiar se apresta 

£1 cóndor, agarrado á una alta cresta, 

Esa especie de sombra 

Cuya audacia le asombra. 

Rimas dbl Rímac. 



Además, las reglas de derivación histórica que pudiera 
«ducirsft á favor de cóndor están sujetas á mil escepciones: 



122 CON 

vemos que se dice cráttr, y- no er^tir; y aun cQandn : 
nombres propios, ///(íof. Ñistos, Cáftor {y Pélux) etc. ¿Par 
que la palabra moderna espRñoln cftter, se acenlüa así y na 
es aguda? Porque está viva é inme<líat« la lengi.i;i de fjm* se 
ha tomado (la inglesa) y hay que respetarle d acento da I 
milia hasta mejores tiempos. Oiro Unto pasa 6 acoatec«J 
cóndor. 

¿Por qué nuestro caucho es canchil para los españal^ 
Porque ellos lo han aprendido de los franceses que pronutn 
cisD asi. 

Conlll*. — Nuestra frase ai partir dt «n con/¡U para sígDÍfi- 
car la intimidad en que andan dos 6 vario?, viene en el Dic- 
cionario como morder en un confite. Para hallur nuestra frase 
familiar con el verbo partir, tenemos que buscar en PiSoN, 
y allf hallaremos ustar dos d fartir un Piñoír,* y también en 
Peinan Caballero 

No por esto aconsejaremos á nadie que salg.i con s<;'n'']nn- 
te majadería; para la idea ú objpto, lo mismo es una golosi- 
na que otra, como es lo mismo mitl sóbrt himuths que sebrt Ao> 
jalare; tanto más, cuanto que para nosotros no hay mas/*il«^ 
Hts que los purgantes, y aún estos, los más, solo log conocí 
IDOS de oidas. Véase PiSon. 

Consolltlado. — Peruanismo histórico- políiíco-fiscal; tuvo 
su ¿poca y ya pasó, y aquí no figura sino come una curiosi- 
dad histórica. Se llamaba consotidade ahora treinta y tantos 
años y se siguió llnmandc así por algun cic-mpa, á todos los 
personajes políticos ó militares ó de cualquier especie, que 
amparándose con la ley de consolidación de la deuda interna, 
aparejaban, fraguaban espedientes descarados por los que 
aparecían grandemente perjudicados en la época á que se re- 
i. esa deuda, que fué la de la guerra de iudepeadencia, y 
pi acreedores del ñsco. 

. reconocida cuando se dio la ley por el 

% d« cinco millones y pico de pesos; pero se ad< 

i^ra montar hasta á diez largos; al veriñcarw 

p peruano resultó gravado en la enorm 



CON 123 

^uma de más de veintitrés millones de fuertes! Doce millones 

1 JIROS s^ h'ibím .repartido. Algo análogo debia repetirse 

cD los decenios del 60 y ^^1 J^t y también con el pretesto de 
ñlf^iina ley, la de obras públicas ó ferro-carriles y la de expro- 
piación de salitreras. 

Los fraudes y escándalos de la consolidación trajeron una 
revolución sangrienta que ba hecbo época en el Perú; y de 
lo mucbo que en esos dias se escribió contra aquella, escoje- 
r.ios los siguientes chuscos versos, que tienen el triple mérito 
de estar inéditos, de ser escritos en la época y de pertenecer 
á un hombre eminente por sus talentos en las ciencias y las 
letras nuestro malogrado tio el Dr. D. Mateo Paz Soldán, 
astrónomo, matemático, humanista, lingüista y poeta aficio- 
nade. 

Helos aquí: 



CONSOLIDACIÓN DE ÜN EXPEDIENTE EN CALIFORNIA, 



Cuento entretenido^ 



I. 



Jamás antes ambición 
Ni amor tuve de dinero, 

Y aún muerto hubiera primero 
Que enviciar mi corazón. 

Más como uno enriqueció 
De la noche á la mañana, 
Excitóseme la gana 
De enriquecer también yo. 

Compré pues con este ñn, 
Empleando mil amaños. 
Un expediente de daños 
Que hizo en Jauja San Martin. 

Costóme seis mil duretes 

Y en dinero muy sonante, 



124 CON 



Porque pensé que sobrante 
Me quedara para cohetes. 

Más, ay! qué caro costó 
Esta temeraria empresa, 
Casi pierdo la cabeza 
Y aún no sé do me hallo yo. 

Y á fin de que un gran faisante 
No me crean ó que miento, 
La cuenta del documento 
Os voy á hacer al instante. 



11. 



Cuatro mil á Juanucho de Vergara 
Porque la firma á San Martin forjara; 
Tres mil k los testigos que dijeron 
Ser muy ciertos los daños que se hicieron» 
Pues que solo el sarjento Pablo Lúcar 
Veinte mil panes se llevó de azúcar; 

Y á más mil negros y diez mil borricos. 
Cien mil sacos de arroz y algunos picos; 
Dos mil á los peritos que tasaron 

Los daños que las tropas me causaron, 
Ah! dije para mí, sin ser borrico, 
Cómo he de dudar yo que ya soy rico! 
Pues no, señor, muy engañado se halla 
Quien piensa así tratando con canalla, 
Sin recordar que el Tribunal de Cuentas. 
Hila muy delgadito y muy á tientas, 

Y que en él no hay tu tia ni turrones 
Sino ablandan la mano patacones. 
«Ved, en efecto, díjome un señor. 
Esto que tengo escrito en borrador:! 

«Escandaliza altamente 
Cómo Sfi pide por copas 



s^- 



\r 



CON 125 



Los perjuicios que las tropas 
Hicierou al recurrente. 

¿Cómo reclamar señor, 
Estando sanos los sesos, 
Doscientos cinco mil pesos 
Por cargos de este tenor? 

Y por tanto el Tribunal 

Informa y debe pedir 

Que no se puede admitir 
Un cargo tan ilegal. ■ 

«Eso sería, díjele, indignado. 

Ir por lana y volverse trasquilado. • 

«V^cd entonces, me dijo, este otro informe, 

Y mirad sin con él estáis conforme: 

tCotejando este expediente 
Con un cuidado especial. 
Lo reputa el Tribunal 
Por legal, justo y corriente. 

• Escoj ^1, me dijeron, y ved vos 

Cuál informe os conviene de los dos.i 

Sin duda que el segundo que leí 

Por serme favorable preferí. 

•Pues éste, repusieron, se pondrá. 

Más sabed que mil onzas costará.» 

¿Qué hacer? díjeme entonces á mi mismo 

Y acepté por salir del embolismo. 
•Vista al señor Fiscali dijo el Gobierno; 

Y yo dentro de mí: Vista al infierno. 

•Señor: espuso el Fiscal, 
«Es preciso no se admita 
Esta tan injusta dita 
Que casi teca en lo ideal. 



126 CON 

Y como es crimen bestial 
Inventar un espediente, 
Es preciso al recurrente 
Seguir causa criminal.» 

III. 

Mohíno asaz recojo mi proceso 
Casi sin juicio y trastornado el seso, 
Cuando hete aquí un hombre que me topa 

Y me dice tocándome la ropa: 

•Hermano no os aflijáis. 
Pues tiene todo remedio 
Si partimos medio á medio 
La plata que reclamáis.» 

Mal mi grado repuse: convenido; 
Habló luego al físcal muy al oido, 

Y en su Vista pintó con energía 
Aun más derecho del que yo pedia. 

£n este estado ¡zas! ¡cosa más raraf 
Sin derecho el Gobierno me declara. 

¡Oh chasco sin parí 
Triste desengaño! 
¡Cómo tanto daño 
Sufrir y callar! 

Así diciendo pálido salia 

De Palacio en aquel funesto día 

Cuando un gancho me para en mi camino 

ufreciendo aliviar mi cruel destino. 

Y ¿cómo, cómo dije en mi despecho, 
Podrás cambiar en bueno mi derecho? 

ilmente, me dijo, diez mil pesos 



CON 127 



De malos vuelven buenos diez procesos.! 
Con voz entonces díjele indignada 
flTenedlos, pues al ñn peor es nada.i 



IV. 



Logróse as! calmar tanto rigor • 

Y que obrara el Gobierno en mi favor, 

Y aunque en verdad saqué por resultado 
Menos quizá de lo que habia gastado. 

Contar un cuento. — £1 estimable autor arequipeño D. 
Hipólito Sánchez es quizá víctima del Atop de zéU por la len- 
gua castellana que se apodera de todos los que en la Améri* 
ca española abogan por ella, cuando reseñando los pleonas- 
mos admitidos agrega: ipero no debe considerarse como per- 
tenecientes á estos usados modismos de nuestro idioma las 
frases vulgares de Voy á contarte un cuentos etc. 

¿Por qué no ha de usarse contar un cuento , si equivale á reía' 
iar un pasajel Lo que es en francés, no disuena contet un conté, 
ni en castellano. Gonzales Pedroso en la carta que dirije á 
Sélgas, y que este pone al frente de sus versos i£l Estiot di- 
ce: tno ha de necesitar nadie que yo le cuente un cuento de Cer- 
vantes.!— Y Trueba en La Buenaventura •Voy á contarte un 
cuento;* y otros mil. 

Coutra. — Llevar la contra: frase usadísima en Lima por 
contradecir. No la hallamos descrita en el Diccionario ni en 
Contra, ni en Contrario, ni en Llevar; pero en los auto- 
res españoles antiguos y modernos es muy corriente la frase 
¡levar la contraria, 

Loulraeción. — Ni Contracción ni contraerse tienen en los 
Diccionarios castellanos la acepción que aquí les damos, de 
aplicación y aplicado, dedicación y dedicado^ al estudio, traba- 
jo etc. No lo olviden los padres de familia, que con tanto 
embeleso hablan de la contracción de sus hijos, de lo contrai- 
des que son, porque podría entenderse estrictamente algo de 

25 



128 COR 

titanos. Con todo, ojalá siempre nuestrds errores fueran como 
el presente! Contraer es tfacr conjuntamente^ algo como tusamen- 
tragen en alemán, todos los esfuerzos, medios y elementos á 
un fin único; como sucede en convertir y otros de idéntica com- 
posición, y en los que llevan syn, procedentes del griego, ver- 
bigracia sintetizar y mil más. Y el que se aplica 6 dedica á al- 
guna cosa, s^ contrae á ella. Pero no basta que las espresiones 
sean lójicas; hay que averiguar si le petan al uso y á lo que 
se llama la índole de la lengua. Lo cual no quita, que aún 
los mismos escritores peninsulares usen este verbo controirse^ 
tanto como nosotros. 

CoDtraseña. — Pieza de metal (acuñada muchas veces 
por el mismo que la emitía) que les pulperos devolvian á gui- 
sa de vuelta en los tiempos en que, aun no establecido el sis- 
tema decimal, eran escasas entre nosotros las monedas me- 
nudas. 

Cualquiera persona medianamente instruida sabe el signi- 
ficado sigiloso y militar de esta palabra en su verdadera acep- 
ción. En la que tiene entre nosotros, creo que equivalga á la 
^ar/'a de los españoles. 

<rOraDCho. — Y otros caf ancho y calancho; especie de buho; 
y así como se dice en castellano cada mochuelo á su olivo^ he- 
mos oido por acá cada corancho \en su rancho; aun cuando lo 
que este refrán indígena significa es, cada gallo canta en su cor- 
ral {en su muladar, dice e\ Diccionaiio) llevándole la venta- 
ja al oido, ya que no al concepto, dt i insólito consonante á 
rancho, 

•Nosotios que no queremos pleito con la vecindad, y so- 
mos de opinión que cada corancho en su rancho,* {El Comercio 
de Lima, Diciembre i.® i863,)^Aquí parece dar á entender 
cada, cual en su casa y Dios en la de todos. 

En castellano capacho es nombre de un ave nocturna seme- 
jante á la lechuza: ¿nos atr^í veremos a ver en calancho una 
corrupción de capacho, ó le buscaremos el origen en alguna de 
las infinitas lenguas americanas? 

V.OTHS.-- Arequipa. Las yerbecitas menudas é inútiles que 



■^ 



COR 129 

se apoderan de la maceta, poza, almacigo 6 superficie cual- 
quiera en que se ha sembrado. T^in preciosa palabra no tie- 
ne un equivalente en español, pues yerba 6 yerba fnala, es de- 
masiado general. — Corar, por cuspar y escardar hallamos en las 
Ordenanzas. Virey Toledo (1570). 

CovHZOííRdxi»— Presentimiento, Aquí, ó nos hemos ido á la 
fuente buscando algo menos metafísico que presentimiento, 
6 hemos teijlversado la acepción genuina de corazonada, que 
es la de arrojo en buen castellano, científico; no en este empí- 
rico ó pueril de por acá, en que con la candidez de un niño 
sacamos de quetnar, quemazón, de avinagrarse (algo en el estó- 
mago) vinagrera, y de buscavida, busquillo que quiere decir perrol 
£d corazonada no hemos precisamente democratizado, porque 
no es un provincialismo innoble; pero como de costumbre 
hemos tendido á la relajación, á la vulgarización ó, por lo 
menos á la mayor llaneza del idioma, que viene á ser siempre 
la misma democracia; aunque, en el caso presente, decorosa, 
casi cristiana. 

C'Orbatoii. — Nombre popular de los cigarrillos que no son 
de papel de Alcoy, y hechos con un tabaco digno de ser fu- 
mado en cachimba. La palabra no fué inventada ad Jioc para 
designarlos, sino que se tomó de utro peruanismo ya existen- 
te. Por mucho tiempo se llamó cuatros corbatones á unas mo- 
nedas de plata, generalmente febles, del valor de cuatro rea- 
les» en las que el busto de Bolívar estaba representado con 
un alzacuello desmesurado y una corbata proporcional. Des- 
pués pasó el nombre, por apodo, á los celadores de las esqui- 
nas, y por último y sin que sepamos por qué, á ios menciona- 
dos cigarrillos. 

£1 fuego al hocico arrima, 
Y con frecuente pitada 
Logra al fin que el corbaton 
Bajo sus bigotes arda. 

Poesías Peruanas. 



130 



COR 



(!orcoba. — La corceba es Is yapa 6 adehala ó P'ol99| 
de una ñesta a] dia siguiente. Es espiesíóa ramiluc Je 
chfsimo aso lo mismo que la cosa en s!. La g'rnte ítioiU piül 
cipaltnente, á qaieD el cui^ipo le pide baile más dejo prt 
so, DO se conforma con do úat la rorcoba ai dia siguieote^ 
teiminada una fiesta; y si el anñtrión bueojmeDte no se apj 
suca i darla, ya había de sobra quien se la pida. 

Gore&r. — En Arequipa arrancar las eorat 6 ferbas malas; 
escardar, cuspar, desyerbar, que en su mejor equivalente en 
buen castellano, y también aparar. 

Coronta. — La mazorca del maiz cuando ha sldodesgia- 
nada. Según Salva en otras partes de Améiica La llaman (h- 
sa, y en castellano, quizá por analogía inash, por daslgoarse 
con este nombre e! tronco de la cola de los caballos. Vieae 
del quichua tcoronta, que Torres Rubio traduct por maríe del. „ 
maiz: supongo que por decir el maslo. La útica aplicación qti«i 
hemos visto dar á este despreciabilísimo des'icho del hkij, t 
la de tapones, Iroiándolo, para los porongoí y botellas de rot^ 
miel ó agua, de la gente del campo ó de los Ciashumanles A 
alforjas. 

OorptñO. — Nuestias paisanitas, que serin las más y aca- 
so las únicas interesadas en el asunto, saben mejor que no- 
sotros lo que se llama un corpino. Pero lo que ignoran proba- 
blemente es que el Diccionario de Salva levanta un falso tes. 
timonio a esta palabra al darla ónicamenie como provincia- 
lismo del Perú, Fernán Caballero, escritor andaluz, que mi- 
da tuvo que hacer con nosotros, y que por más de un pasaje 
de sus obras se muestra mal informado y peor dispuesto res' 
pecto á la América española, dice en una de sus obras: fL» 
Fariseo). iLo que no le hace favor es no tener bajo 
cbo y emballenado corpino un corazón que sienta.* 

Y como no es racional que Andalncía ni nlngliaa otra prOK]^ 
vincia de España tome provincialismos del Perfi, de quien 
para nada se ocupan, debemos deducir que a¿n cuando este 
y otros provincialismos de petL'cto carácter neo latino ha 



c*^ 



COR 131 

ysin echado aquí todas sos raices» todas sus ramas y todas 
s 13 hoj'ts, la semilla ha debido veuir volando al través del 
Atlántico, desde alguna provincia 6 rincón de España. Ya lo 
hemos visto en cacarañado y lo vamos á ver pronto hasta en 
discunjaringado^ que parecia ultra-criollo.— Corregidor V. 

Chauc. 

t.orrelt».— Diminutivo natutal de rorr#a, tan natural, co- 
mo todos los diminutivos, aumentativos ó derivados cuale - 
quiera, que los de por acá nos permitimos inventar; salvo 
cuando hechos unos maestros de la lengua nos lanzamos en 
una irregularidad, y de nuestra palabra favorita, muletilla del 
limeño, cándidú^ sacamos el aumentativo irregular candelejón. 
No habiendo podido por otra parte aclimatarse entre nosotros 
los diminutivos en tulo, tilo, ico y efe, si no es por una empala- 
gosa afectación, nada más natural ni más lógico que digamos 
correita en vez de correhuela^ como trae el Diccionario, En la 
Uüm de provincialismos de la ccrónica del Colegio de la Unión 
de Quitoi se corrige igualmente correita, pero con correguetat 
lo qoe suponemos errata por corregüela» Más si Salva y por 
consiguiente la Acad'^.nia, no admiten otro (diminutivo de 
correa, que correhuela, el buen Terreros diccionarista del siglo 
pasado, es más hospitalario, y dá cabida á ambas determina- 
Clones en hnela y en ita. Lo que prueba nuevamente que todo 
provincia-lismo nuestro, no indigena, corresponde siempre, 
-sefi^n se descubre á la larga ó á la corta, á alguna provincia, 
á algún rincón, por lo menos á algún hombre de España. 

Corrido. — Dice el señor Rodríguez que en Chile se dá és* 
te nombre á cierta clase de romances que corren entre el bajo 
pueblo; y que habiendo creido por mucho tiempo que era un 
chilenismo éste, descubrió más tarde que en Andalucia se lla- 
maban de igual modo los romances que la gente de campo 
conserva por tradición. La deñnición de Salva no discrepa 
tampoco; y por último en las Islas Filipinas se usa igualmen- 
te de esta espresión, como lo vemos en el Vocahulario de Blu- 
mentrítt que dice: «Los Corrí dos:í romances populares, epo^ 
peyas \Epen) y leyendas que corren entre los indios.! 

Solo por acá no hf.'mo3 tenido la dicha de conocer corridos... 



132 CRE 

Corriente. — El all right de los criollos, quienes, ademán, 
con tendencia que ya hemos notado en las Observaciones gene- 
rales, en las palabra? Cabales, Donayres y Vivanccs, deslizan 
también una 5 ñnal en corriente como si quisieran con ella au. 
mentar las facilidades que esa palabra promete en la conver- 
sación familiar, y dicen corrientes; aunque no todos incurren 
en el vulgarismo este. 

Cortapapel.— Pobre y tosco modo de designar la plegade- 
ra porque así entendemos que se llama en castellano la pieza 
destinada á abrir las hojas de un libro, y que tiene la forma 
de un cuchillo. Nuestros encuadernadores sí usan la buena 
palabra, llamando con este nombre el cortapapel (porque no es 
otra cosa) que les sirve en su ofício. 

Costeo, Costeatlvo, Costeante. — Variantes de eos 
iear la diversión, inventadas y propaladas solo en los últimos 
años por los muchachos colejiales. Todo individuo ó cosa que 
se presta á la buila, es un costeo, y lo que con 61 ó ella tiene 
conexión es costeativo y costeante. 

Coto. — Esta palabra no tiene nada que ver con lo que en 
el Diccionario castellano arrastra un buen número de incpor- 
tantes acepciones. Es una voz indigena, del quichua ccoiíh 
según el Diccionario de Markham, y es el nombre de una car- 
nosidad, á veces horriblemente desarrollada, á veces en es- 
tado rudimental, que suelen traer bajo la barba algunos ha- 
bitantes de la cerrani.'i del Perú, á cuyo clima es peculiar 
esta repugnante enfermedad. Los habitantes del cantón del 
Valais en Suiza, como le pudimos ver por nuestros propios 
ojos, ostentan igualmente la papada que los franceses llaman 
goitre y que allí es el indicio del cretinisme ó idiotismo; el 
coto de por acá es más inocente, sin que sea precisamente 
papera como dice Salva. Entendemos que la papera pasa, ei 
coto no. 

Crecedera. — Arequipa. La vasija ó poza donde sejorifica 
(permítaseme este neolojismo) el maiz, esto es, donde se le 
hace jerminar para convertirlo en jora. 

Esta palabra es muy espresiva y feliz, y en lo ñgnrado po- 



CRÜ 13-3 

drf a prctlucir tan buen efecto como almacigo, semillero plan 
I el y seminal io. 

Criftliaiio. — Al decir el arequipeño señor Sánchez tEs 
también un vicio vulgar emplear la voz cristiano^ en lugar de 
^a de hombre^ como cuando dicen: no hay cristiano qtu vivt^ cien 
años» etc olvidaba sin duda el buen señor este epigrama de' 
clásico Moratin. 



—Cayó á silbidos mi fFilomena» 
— Horrible tunda llevaste ayer, 
—Cuando se imprima verán si es buena 
— ¿Y qué cristiano la ha de leer? 



Croniqnero. — Familiar y burlesco por cronista^ que es co- 
mo entre nosotros se llama al gacetilUro, debido á que su sec 
ción en el periódico lleva por epígrafe Crónica. Por escep' 
ción algunos diarios la han titulado gacetilla^ á la usanza Ma* 
<]rileña. 

Crficf*ln. — Lo que el Diccionario describe así en una de 
las acepciones de molinete: lEl torno en forma de cruz hori- 
zontal que se pone en las entradas de los paseos públicos, ca- 
lles de arboles etc. para impedir el paso á las caballerías y 
dejarlo libre á la gente de á' pié»— Nosotros, como los niños» 
buscamos siempre el nombre ó derivado más natural y fácil, 
y hé aquí por qué decimos cruceta; y arenillero por salvadera, y 
¡tuértelo por horteiano, y limpiadientes por mondadientes. 

Las crucetas las usamos en los corredores de nuestras cha- 
cras; porque eso de paseos públicos y cnlks de árboles no se co- 
noce por acá, y si alguna vez se hace, no se le pone barrera 
dí cruceta ninguna, porque eso seria un ataque á la democra- 
cia. En el antiguo camino del Callao^ que hoy es pésimo, pero 
que se llama carretera!, las entradas de las calles laterales es- 
taban poco menos que tapadas; apesar de lo cual más de 
un záño á caballo se metia por ellas, en los dias de la Re' 
púbnca, se entiecde. 



Í34 CÜA 

El molinete ó cruceta es el tourmqiéet de los franceses, eu don- 
de la cruz está formada por cuatro aspas de hierro que solo 
permiten la entrada de uno en uno en los lugares de mucha 
concurrencia. 

CQadra.*-La sala principal de recibo» y en España el^. 
sebre. De aquí se ha deducido que cuadra, tal como la em- 
pleamos, no es buen castellano. Abrase cualquiera libro an- 
tiguo de comedias españolas, y se hallara cuadra á cada paso, 
en el mismo sentido que hoy tiene entre nosotros. 

Vaya por lo pronto este ejemplo de una de las cartas de D 
Eujenio de Salazar, escritor español de hace tres siglos: «En 
las dichas casas i3o hay sala ni cuadra ni retrete ( Car. 
ta F.) 

Cuadra. — iLIaman en el Perú á cualquiera longuitud de 
una calle,! dice el Padre Terreros en su muy apreciable Dio* 
cionario castellano del siglo pasado. Y Salva en el suyo: pro' 
vincialismo de Cuba, El frente que ocupa una manzana de ca- 
sas. «Y Pichardo en su Diccionario provincial de voces cu- 
banas: «La estensión de la calle de esquina á esquina com- 
prendiendo una y otra acera.» Todas estas definiciones son 
buenas, y muy prudente la de Terreros, porque si una cuadr^ 
de la ciudad de Lima tiene por lo general una longitud de 
cien metros, á veces sueldan las dos manzanas que la consti- 
tuyen y empalmando una cuadra con otra hacen una cuadra 
doble, que no por eso deja de llamarse simplemente una cua- 
dfa; de la misma manera que cuando solo hace frente á una 
media manzana. 

Cada una de estas cuadras lleva su nombre propio de ca- 
lle habiendo por consiguiente tantos nombres do calles, 
cuantas cuadras hay en la ciudad de Lima, que no es poco 
decir, A fin de simplificar la ncnunclatura se ideó ahora c«- 
sa de veinticinco años dar un solo nombre á cada serie de 
cuadras, subdividiéndolas numéricamente en cuadra primera^ 
cuadra, segunda etc. Para esto se trasplantó ó se implantó 
bajo los techos de la ciudad todo el mapa de la República; y 
tuvimos (tenemos) Calle de Arequipa, cuadra Primera etc.» 



CUA 135 

CalU del Callao, cuadra primera, cuadra segunda etc., sucesiva- 
mente repetidas en la placa azul de cada esquina. A pesar de 
la facilidad que esta nomenclatura ofrece, nuestro pueblo, 
acostumbrado á rejirse por su dichoso empirismo, no ha que- 
rido entrar en el cartabón, y sigue saboreando sus calles de 
las Albaquitas, del A romitOf del LimonciUo^ de la Peña horadada^ 
de Ya parió de Siete jeringas, no viéndose la nomenclatura sa- 
bia sino en las referencias comerciales ó en las tarjetas; y aún 
allí acompañada entie paréntesis de la antigua, como aclara- 
ción indispensable. 

Andarse hasta diez cuadras en verano 

Para oir: el Señor salió temprano 

Y echarse á andar diez cuadras otra vuelta. 



A media cuadra de Melchor Malo 

Y frente al Banco ¡pues! del Perú 
Se hallaron Lúeas y Don Gonzalo 

Y así empozaron á tú por tú. 

Rimas del Rimac. 

CiiAdriila. — El conocido y aristocrático baile de este 
nombre no ñgura con él en Salva. Librenos Dios de pedir su 
proscripción. Todo lo que hacemos es un memento para que 
no se olvide que en ninguna de sus acepciones lexicográficas 
tiene esta clásica palabra española la de baile de salón 
Ni los Cuervo, ni los Rodriguez, ni los Baralt, ni los Solar 
y Paulsen se han acordado de ella. Sin duda la han mirado 
como un mero y transitorio galicismo. £1 nombre castizo es 
rigodón. 

Cualidad, Calidad.— ¿De cual de los dos modos ha de 
decirse? se preguntan algunos viendo bailar promiscuamente á 

26 



136 CUA 

ambos vocablos en todo estilo, así hablado como escrito. ¿Si 
serán sinónimos? ¿Si habtá entre ellos algún matiz de dife- 
rencia? se dicen los cavilosos. Pues no hay nada de eso, sino 
que la majadería neológica ó novelera quiere que el primee o 
sea anticuado y que se sustituya con el segundo. 

Siendo idénticos, nosotros estaríamos siempre, no por cali- 
dady que nada nos recuerda y que nos desorienta haciéndonos 
tropezar con ese maldito radical, rj/, sino por cualidad^ que 
designa el propio de cada cual: salvo casos que indica el buen 
gusto natural 6 el sentido común ó que están irremisiblemen* 
te designados por el uso general. 

Cuarta. — El señor Rodiiguez registra como chilenismo 
la frase estar á la cuarta para significar que no se anda desaho- 
gado. La frase es perfectamente española, y solo la supresión 
de la voz complementaria, que es todo lo que puede consti- 
tuir el chilenismo, ha podido ind'icir en error al ilustrado pro- 
vincialógrafo. Dice el Diccionario: t Estar á la cuarta pregunta: 
frase familiar con que se dá á entrnder que alguno está esca- 
so de dinero ó no tiene ninguno.t Y Truebí en su cuento Los 
tres consejos: tComo le tirah.i la iglesia, se hizo sacristán del 
pueblo; pero debe andar A la cuarta prefruntá^ porque, como di- 
ce el adagio, el dinero del sacristán cantando se viene y can- 
tando se vá.i 

Todo esto salvo mcliora; pero, satisfecho lo principal, que 

ora el que cuatro estados hispano-americanos tuvieran una 
compilación de sus provincialismos, va siendo ya necesario, 
como lo hacemos nosotros, cotejarlos entre sí é ir f>chando in- 
directamente las bases de nn futuro Diccionario Hispano Afne- 
ricano] sin imitar el desdeñoso esclusivismo con que el provin- 
cialógrafo Boj;otan-) se encima dentro de sí s.«lo y aparenta 
ignorar á sus predecf^snre-: porque siendo la segunda edición 
de sus Apuntamientos de 1876, bien podia ya tener noticia del 
Diccionario de Chilenismos publicado desde el año anterior, y del 
de Peruanismos que ocupó las columnas del «Correo del Perút 
por algún tiempo, en 1S71 y 72 de Setiembre á Enero, alcan- 
zándose á publicar hasta 216 voces. 

Y aunque de la ignorancia literaria en que estas Repübli- 






cuc 137 

cas viven unas de otras (\^he esperarse todo, cuando se aco- 
mete una obra especial hay la obligación de ser lince de in- 
vestigación y paciencia bibliográficas. Eb verdad que la sufi" 
ciencia metóJicn y dídácrica del lingüista y filólogo de Bogo' 
tá se halla á tal altura, que es escusable si desde las nubes 
en qne tiene su trono no ha podido divisar á las hormigas que 
explotamos el mismo filón en las bajuras periodistico-litera- 
rias de por acá. 

Ciiculi. — Paloma silvestre del tamaño ^e la doméstica, 
aunque más esbelta y aristocrática en su corte. Es de color 

ceniza y al rededor del ojo lleva una bellísima órbita azul su- 
bido. Como todos los nombres onomatópicos en la primera 
etapa de su formación, cuculí imita directamente el canto del 
ave, sin sílaba de más ó de menos de esas que la eufonía ó la 
analogía gramatical van añadiendo ó cercenando á las pala- 
bras de este origen, á medida que se labran con el trascurso 
del tiempo. Columba meloda. 

El canto de esta paloma es tan lleno y tan rotundo, los gol- 
pes de su pecho tan acompasados, que es muy solicitada pa- 
ra la jaula, donde se cria perfectamente, no obstante lo aris- 
co y soberbio de su carácter. Se paga á muy buenos precios, 
según el número de sus golpes^ dándose este nombre á las re- 
peticiones de su canto. 

La ronca cuculí cuya garganta 
Rompe con sus arrullos la espesura 
Cuando el sol reverbera 
En la mitad de la desierta esfera. 



Cuando de esta manera el sol fulgura, 
Cuando las cuculíes á porfía 
Rompen con sus arrullos la espesura 
Del guarangal bajo la sombra oscura. 

Poesías Peruanas. 



138 CUC 

Madrugadora, Columba fringilla » Segundo término por dixir- 
lo asi de la cuculí. Menos voluminosa, menos cenicienta en 
SM color, menos arisca y soberbia, como que en su vuelo hay 
algo de azorado; y en cuanto á su canto, es el de la cuctdí^ co- 
mo una canturria de chinos puede recordar la ópera italiana.' 
Más que destemplado, es desabrido. 

Tortolita, Ultimo término en la clase de nuestras aves sil- 
vestres no acuáticas. Difícil nos parece que nuestra tortolita 
que á lo más tendrá una sesma de largo, sea lo que los espa- 
ñoles llaman tórtola. El rasgo caracteristico de la nuestra son 
dos excrecencias amarillas que tienen sobre el pico y que pa- 
recen dos granos de maiz allí pegados. Su canto se redu- 
ce á un graniz® 6 chirrido bajo, no desagradable. 

Cuculíes, madrugadoras y tortolitas, constituyen una sola fami- 
lia, sin más diferencia que el tamaño y el color, que van dis- 
minuyendo gradualmente de unas á otras. Siguen los mismos 
derroteros y caminos por el aire y por las sementeras, j la 
presencia de las unas anuncia á las otras. 

Su carne es esquisita, y estos pobres é inocentes animales 
constituyen teda la caza de los alrededores de Lima y aún dt: 
toda la costa; y son ellos los llamados á fati{;ar á nuestros 
bravos cazadores de botas hasta la ingle y aire formidable. 

Garcilaso de la Vega, Comentarios reales de los lucas: tHay 
tórtolas, ni mas ni menos que las de España, si ya en el ta- 
maño no son algo mayores, llamadas cocohuay, tomadas las 
dos primeras sílabas del canto de ellas, y pronunciadas en lo 
interior de la garganta, poique se asemeje más el nombre con 
el cantoi (1560). 

Aréstegui, «El Padre Horan, Escenas de la vida del Cuz- 
co» — «Entre los objítos que roile^iban á Angélica se hallaban 
sus canastas de costura, y en otra más pequeña la cuctdí que 
le habia obsequiado su hermanito, amarrada de los pies con 
una cinta carmesí.»— «Angélica no habia reparado en ellos, 
porque absorbia toda su atención la cuculí, que no cesaba.de 
dar vueltas sobre la baranda.» 

Gurtiara. — En todo ha de meter su cuchara. Está muy bien; 
pero resbálense Uds. una nadita más, así como si dijéramos 



^-■ 



CUJ 139 

hasta cucharada, y hablarán mejor. Tal lo prescribe el Diccio. 
nació y también el uso aun en los más antiguos escritores. 
«Porque si las obras que hacen fueren pagadas no anda- 
rían tan comunes que el romancista las vendiese por suyas, 
y e\ idiota las pusiera censura, y la mujer ocupada en hilar 
metiese en ellas su cucharada.* Prólogo del ^Florando de Castillas 
1^88.) — tColoca el pollo delante del Sr. D. Silvestre, y no 
vuelvas á meter tu cucharada en nadat — F. Caballero, 

í-nirhl.— Nombre común y familiar del cochino en Arequi- 
pa, indeclinable, común á hembra y mucho, como todos los 
de su especie. ¡Curioso seria que esta voz quechua, no fuera 
más que una voz castellana quechmficada\ Oigamos á Garcila- 
so: tA los puercos llaman los indios cuchis y han introducido 
esta palabra en su lenguaje para decir puerco, porque oyeron 
decir á los españoles coche, coche, cuando les hablaban.! El 
provincialismo nos es común con la Argentina, lo que prueba 
que los infinitos quechuismos de esta República fueron dados 
por los españoles aquellos de los dias de la conquista y no 
Dor los Quichuas los mismos que no avanzaron al oriente. 

Cliiobilla. >Muy común entre mucha gente por cortaplumas^ 
los españoles dicen siempre navaja. 

Cacho. — Familiar por Agustín. 

Cueriza. — La zurra de látigos que lleva alguno. 

C^.neriio. — Echar ó mandar á un cuerno es echar á paseo. Salir 
par un cuerno ó irse ^uno mismo) á un cuerno (no puede darse 
mayor abnegación) es salir tristemente en una pretensión 
cualquiera. 

En guapo mozo se fija. 

Con razón me mandó á un cuerno. 

Segura. 
Véase Cacho. 

Cuja.— Cuando éramos niños oíamos dar este nombre á 
no catre d¿ madera siniestro, tétrico, rodeado de una atmósfe- 



I40 CUY 

^a glacial, que se veia siempre en las adyacencias de las ígcíe- 
sias lugareñas. Sus dos largueros se prolongaban fuera de la 
cabecera y de los pies, como para que pudieran acomodarse 
dentro de ellos dos ó cuatro ganapanes y alzarlo en peso. Eq 
esas andas se llevaban á brazo al cementerio los cuerpos de 
los difuntos, porque solo en las ciudades hay carrozas (ca- 
rro fúnebre.) De grandes, hemos oido llamar cnja^ para dife- 
renciarlo del de metal, al rico catre de riquísima madera que 
compete á un matrimonio ó á una señora principal. En es- 
te último sentido lo trae Salva, pero como provincialismo 
del Perú y Venezuela. Terreros, que en su Diccionario de 
ñnesdel siglo pasado aclara siempre, sin intentarlo, estas con- 
fusiones y rf^vierte indirectamente sobre España los preten- 
didos provincialismos de por acá, dice en la palabra cuja: tLa 
armadura de la cami, y según otro?;, U catiia misma.^ Igual 
significación tiene cuja en Chile y Colombia; solo en la apli- 
cación fúnebre estamos solos nosotros; y entendemos qu^ es. 
ta cuja ha de llamarse en Espiiña huerco, á juzgar por lo que 
de esta palabra dicen l')s D ccionarios, y en general, fér:tro. 
En cuanto á la etimología de cuja hallamos como siempre 
discreta la hipótrsis del Señor Cuervo: • Dí*1 francés cauche; 
ch = x • Qne r/í, cuando suena sh, es igual á ,r, no necesita 
demostración, agregaremos por nuestra parte. El cheik <\e los 
árabes, que en francés se conserva cheik, se hace en castella- 
no xeque. El juego árabe, achchitrendj, se vuelve en francé® 
echecs y en español axedrez. Bien ha podido pues cottche (cush) 
dar lugar á cuxa. Aun en boca de g diegos y catalanes la x 
suena como sh. 

iliirís, — Tarma. Tomar el agua de Cúris, Establecerse y ca- 
sarse en el pu'jblo. Cúris es v\ nombre de una quebrada ve- 
cina á cuya agua se atribuya la virtud át atraer á loj» foras- 
teros. 

Cuy. — Voz enteramente quichua; y también coy, porque 
como dice Torres Rubio poniendo por ejemplo Cuzco y Cozco, 
los quichuas no hacian diferencia al pronunciar entre o y u\ 
ni tampoco entre » y #; y hé aquí porque aun la propia len- 



r^^ — 



fc , 



CUZ 141 

gua, ya se escribe quichua, ya quécHua, El rwy es un pequeño 
conejo, indijena del Peiú, y doméstico como el que llama- 
mos de Castilla, del que £olo se diferencia en el tamaño, 
siendo mucho más pequeño. Es una verd;»dera rata, salvo el 
color, que con frecuencia tira kfulvo ó aleonado. Así como no- 
sotros á todo lo de Europa durante el Coloniaje lo llamaba- 
\r\os' de Castilla ^ nuestros padres los españoles denominan 
hasta hoy mismo de Indias todo lo que de esta América pro- 
cede; por lo que el cuy es conejo de Indias; la cáigua, cohombro 

de Indias etc. Tschudi traduce cuy por Meerschweinchen^ que 
literalmente quiere decir cochinillo de mar. Cavia cohaya de 
Lineo: y en francés cohaye Alcedo en su Diccionario de Amé- 
rica lo clasifica como Mu sporcellus, que es como decir raia co- 
chinillo 

Con que antes que nos ensarte 

Como cuy en asador, 
Largarnos será mejor 
Con la música á otra parte. 

Segura, El Resignado^ Act, II, 

En Arequipa, en sus interesantes alrededores y campiña, 
en Socavaya principalmente, el 'cuy con ají un plato favorito, 
Garcilaso, Cotn R. tHay conejos caseros y campestres, dife- 
rentes los unos de los otros en calor y sabor. Llámanles coy^ 
también se diferencian de los de España.» 

CiiZ(*úz. - Cañete. Nombre que dan los negros á la lechuza 

Ni grazna cuzcuz horrible, 

Ni el mar retumba en la playa. 

Ni incendios del horizonte 

■Se divisan candeladas • • 

Poesías Peruanas. 



SUPLEMENTO A LA C 



Cabales! — Esta regocijada interjección que con tanta fre- 
cuencia se oye en la conversación de gente vulgar, de aque- 
lla misma que dice Donayres y Vivancos^ no debe ser entera- 
mente provincialismo nutstro ó peruanismo, puesto que la 
hallamos en una de las novelitas de Fernán Caballero, {•Con 
mal ó con bien d los tuyos tí ten,*) —Jesús, señor, que me está 
Ud. poniendo entie la espada y la pared — ¡Cabales! — Así 

cscojed.i 

<^»i(|iia. - Coh.^mhro Je Indias^ dice uno de los antiguos 

QuUhu<\Oi;os, Torres Rabio, traduciéndolo al quichua por 
<if/;o¿v/:j; y en la palabra Achc^:h.2 traduce por Cáigua {y grie- 
ga por i latina, véase Aym.uu pág. 52.) Tschudi describe 
la Achc¿:h.\ \\:x escribimos con ^ para dar idea de la pronun» 
ciación indigona) como un poiage especial hecho de ocas\ y 
agrega en seguida: — tEn la mayor parte de los lugares del 
Feíú Central se llama á osle piato Cj\v:;<.i.t En la segunda 
acepción <\c A:''ic.^:':.i ^veibo) dict: iCojer las rñices (ocas) 
adecu.íd?s para pieparar la .mij:;w.i Y al describir este últi 
mo VvV..b!o lo iiaco casi en ios nvsmos términos que Mar- 
aham, i;ue í;e:r..s v:<:o airiba. D«ce: tCiykud, cdyhuai uom. 
bre .?e ur.as pla::ta> vie !a familia de las Dicliptéreas, cuyas 
^-:ces s:iven p/.ia /".í^v,!- ios die:Ucs, y las hoj^s para sazo- 
n;ir ti loci. .• Pe lo e\pu: s:o rtsul:a que en la sierra se hace 
una coufusio:: ei:::e .?. *:,¿v*j y .j.^-j, Fara nosotros en Lima 






CAR 143 

00 hay mas caigua^ que la que ya hemos descrito y que real- 
mente es parecida al cohombro. 

Caporal. — Caporal y caiaiáí vienen igualmente de ca^ut 
que en latin es cabexa^ pero conviene advertir que al hombre 
que preside al peonaje en las labores del campo se le designa 
entre nosotros con el primer nombre siempre» y en España y 
sus colonias de América con el segundo, que es el más pro- 
pio, porque solo significa esto 6 algo muy parecido; al paso 
que caporal recuerda al de los franceses, y aun en castellano 
suele correr por cabo de escuadra. Capataz entre nosotros puede 
decirse que se echa á mala parce, porque solo suena al refe- 
rirse á capaiai de ladrones, bandoleros, malhechores etc. 



Si tu ganado semanal no cuentas, 
Si de tu caporal únicamente 
Blanco 6 negro te fias, 
Y á la pampa no vas todos los días. 

POBSÍAS PiaUANAS lia?. 

Carie. — En la propensión de que ya hemos hablado en la 
página XVI y otras de este Diccionario á inmolar la s final 
de toda palabra que no sea plural, decimos únicamente la 
cáfié de los dientes y nunca la cárUs^ como lo encontramos en 
los Diccionarios antiguos y modernos. 

En el fondo de todo una barbarle, 
Que es del hueso social la sorda cario. 

Rimas dbl Rímac. 



S7 



144 CAS 

Cartucho. — Por más qu^* los Diccionarios castellanos es- 
tén todos conformes en que no es cartucho sino cucurucho^ sal- 
vo en lo militar; y por más que solo consignen aquel cnando 
val? por este, con el desdeñoso, conocido y las más de las ve- 
ces falso calificativo dr provincialismos de América; puede qu^ 
cartwko por cucurucho se deslice alguna vez en la literatura 
española contemporánea; lo que prueba que el provincialis- 
mo es originario de España; ó si ha sido importación ame- 
ricana (por el intermedio de Cuba ó Puerto Rico), á mucho 
honor. 

No vemos qué otra cosa que cariuchos^ en el sentido nues- 
tro, puedan significar estos cariuchos de Fernán Caballero en 
su novela •Lágrimas* — iDejese Ud. para su hijo de tribunas, 
diputaciones, y de artículos políticos que solo sirven á los al- 
maceneros para cartuchos: ha;to de vaciedades y de patrañas 
que maldito si llenan los bolsillos, y si la cabeza de vien- 
to, i 

< Casquete. — Es impropio llamar así á la peluca, como lo 

hace la generalidad, quizá la totalidad, salvo los que hablan 

con estudio, poique aunque lo que el Diccionario describe 

bajo esta palabra y la de cairel, guarda estrechísima relación 

con el significado de peluca, eso no quita que la voz propia 

en principio y en práctica sea esta, isn casquete (entre otras 

acepciones) dice el Diccionario: tCubierta cóncava que se 

hace de lienzo, cuero, seda 6 papel paia cubrir el casco de la 

cabeza. t Y en cairel: •Cerco de cabellera postiza que imita al 

pelo natural y suple por el.» — Y en peluca: iLa cabdUra posti- 
za que cubre la caheza.% Aparece pues, que el casquete viene á 

ser como una media p;^Iuca como acá entendemos. 



Doña Pacomia Palomar y Castro 
Que en Enero cumplió sesenta y siete, 
Apesar de su adorno y su casquete 
Es la señora tal un avucastro. 

Ruinas, pág. 22. 



CAS 145 

Eramos un niño cuando eso cscribiamos, sírvanos de dis- 
culpa. Podríamos levantar á casquete el falso testinnonio de 
que es igualmente Andalucismo, si en este pasaje de Fernán 
Caballero no debiera más bien tomarse por cairel: «El solté- 
rito de cuarenta años, el petimetre á régimen confortativOi 
arreglando delante de un espejo el casquete que adornaba su 
cráneo calvo y vacío. • — (Con mal ó con bien, A los tuyos te ten) 
V. Peluca. 

Los que se preguntan y nos preguntan, lastimados en su 
fcmor propio nacional ¿«cómo puede el Diccionario de Pe- 
ruanismos ocupar tanto? Usten inventará,! tengan presente 
este y otros peruanismos, españoles, para nuestra mayor de- 
sesperación. No se quedaría despatarrado un peruano que 
oyera á un español d«cir «encima se vela un enorme velón de 
ocho mecheros^ que brillaba como el oro?B para nosotros ve- 
le» es vela gorda, y mechero un utensilio de fumador. Donde 
cualquiera de los nuestros hablando español diría «Me saqué 
la suerte sin haberla ecliado^^ un peninsular habria dicho •Sa- 
qué ala lotería sin éíiuer puesto,^ Nosotros compramos núme- 
ros de la suerte, los espc^ñoles, billetes de lotería. Con otroS 
ejemplos mas interesantes que meduaearémos en artículos 
siguientes, acabaremos de prob ir, que con todas sus cuatro- 
cientas páginas y sus ochocientas v<^ctis, en el Diccionario de 
Peruanismos ni son todos los que están ni están todos los que 
son . 

Clasl a filíelas. — £1 Diccionario de Salva corrige esta pa- 
labra (castañuela) con castañeta, y así en efecto, lo encontra- 
mos en hbros españoles, aún en ios antiguos, como se vé por 
estos pasajes de Tirso de Molina en «Los Tres Maridos bur- 
lados! (1,624): «Hecho esto, trujo una caterva de amigos 
que vivian cerca de allí, con sus mugeres, dos mastines gru. 
ñ> dores, guitarras y castañetas^ — «Se acostaron, cansados los 
pies de bailes, las manos dir castañetas, % 

Tal vez los españoles han querido reservarse la palabra 
castañuela para designar la planta de este nombre, que viene 
á ser, por sus aplicaciones, como nuestra totora. Empero, 
Terreros, preñere castañuela, acaso por guardar la otra voz 



146 CCA 

para su acepción principal, que es la de iruído producido ha- 
ciendo sonar los dedos pulgar y de en medioi; para ambas 
acepciones Covarrubias (1,610) solo trae castañeta. 

En Lima cunea se ha oido otra palabra que la de casta- 
ñuilas, al aludir á los crótalos de esta especie. Las castañetas 
dadas con los dedos vienen á ser las castañuelas naturales, por 
que con ellas se acompañan ios que no tienen otras para 
bailar. 

La forma nuestra proviene al parecer de Andalucía, como 
se vé por este pasaje de Fernán Caballero en La Gavieta; 
cSus graciosos movimientos se ejecutaban casi sin mudar de 
sitio, como un elegante balanceo de cuerpo, y marcando el 
compás con el alegre repicoteo de las castañuelas .9 

Catre de viento. —Parece que en este nombre provincial 
M catre de tijera hubiera, como en casi todos los peruanismos 

que no son indígenas, algo de castizo en el fondo, 6 siquiera 
alguna razón de ser. £1 Inca Garcilaso de la Vega, que es- 
cribía sus Comentarios Reales (2.^ Parte) hace trescientos años, 
dice al escribir las hamacas americanas: cA estas camas^ que 
las podemos llamar de viento, llaman hamacaí — La onda 6 
seno que forma la hamaca, es la misma que hace el lienzo 
6 lona estirado entre los dos largueros del catre de tijera. 
Por consiguiente, si aquella es una especie de cama de viento , 
como lo sugiere el escritor español, es lo así mismo el suso- 
dicho catre. 

Cc&llo. — En Arequipa, hilo, principalmente el que se ha< 
ce de pelo de llama, que por esto corre con el estropeado nom- 
bre de ccaito y llama. Recuerda á lo vivo el que del pelo de^ 
camello tuercen los beduinos árabes de Egipto, y con el cual 
se atan la cofia alrededor de la cabeza. 

Ccala. — En quichna 6 por lo menos en Arequipeño, desnU' 
do, en cueros, siendo el adjetivo indeclinable y común á am- 
bos géneros como todos los que proceden de esa lengua. Al 
españolizar esta voz en la costa, no solo lo hacemos en cuan- 
to á la forma, suavizándola en calato, sino que le damos las 
dos terminaciones de igual de los adjetivos castellanos, que 






COL 147 

solo tienen las excepciones conocidas de cabal, g^til, filiz y 
otros varios. De ccéUa pues, decimos 6 podemos decir, calato 
j célaia; y si la segunda espresión no se oye, es porque se 
refiere i. cosa más rara y difícil que ver á un hombre en 
caeros. 

Coica. — Nombre eon que en las chacras se designa la gran 
sala donde se depositan y airean ios granos, particularmente 
el maíz. 

Cuando entre nosotros haya una verdadera poesía nacio- 
nal y á su sombra nazca la poesía rural, no dudo que los fu- 
turos poetas preferirán decir la coica, á la i>ojc, el gramro S», 

El sonido de coica es análogo al de cloqueo y clueca; por con- 
siguiente está bien conexionado con la naturaleza campestre 
de lo que representa. — Cólica (quichua) trox, grande. 



Cirx. 



Cliacque. --Arequipa. Chupe de papilas pequeñas machu- 
cadas. 

Chacquena. — Arequipa. La olla en que se hace el chacqui, 
<lhacra — Lo que los ingleses llaman /arm y los franceses 
jtfmt. Toda propiedad rústica pequeña. Cuando es grande, 
toma inniediatamente el nombre de hacienda. Los equiva- 
lentes españoles de chacra son: alquería, granja etc. 

A esto que decíamos en 1871, en la primera publicación 
que de una parte de este Ensayo hicimos en el tCorreo del 
Perú,! agregaremos ahora que chacra viene del quichua, se- 
gún se vé por la siguiente defínición del Diccionario de 
Tschudi, que es bastante completa. tUna propiedad rural, 
una pequeña hacienda, una casa en un campo, posesión* 
tierras,! 

Dentro del alzacuella 
Baila del pobre zambo' el largo cuello. 
Que ayer no más era entre lacra y lacra 
Porongo de huarapo en una chacra, 

Juan de Arona, El coche particular. 



F-T'- 



CHA , 149 

latencionalmeate hemos subrayado todo el último verso 
para que ei lector extranjero vea cómo no siendo los perua- 
tiisuios indígenas más que una mínima parte imperceptible 
d« nuestra locución, puede llegar un momento fatal eo que 

se amontonen, y haciendo un buen endccasilat;>o castellano 
por su sonido, sea este sin embargo completamente, incom- 
prensible á primera vista para uno de nuestros hermanos pe- 
ninsulares. Otro tanto puede suceder á veces con períodos 
enteros de escritos de españoles leidos por lectores de por acá* 
Ya pondremos algunos ejemplos curiosos, principalmente en 
la voz Ranclio, y ya los hemos puesto eu casquete. 

Chacarear. Trabajar «n la chacta, y en genera!, en el cam- 
pOy rusiiquear. 



Entonces, sí, que el chacarear agrada; 

No el pique entonces en tu pié se hospeda, 

Ni el sol te punza con su flecha airada. 

Rimas del Rimac. 



Chacarero, £1 que sigue la agricultura en fundo propio ó 
ajeno. 

Chala. — El pasto 6 forraje denominado chala, es toda la 
planta del maíz reunida en líos, después de la cosecha, y ven- 
dida de esta manera. 

A este pasto todo se le va en jugo, y cuando al ñn de una 
larga jornada lo toman las fatigadas bestias, más que de ali- 
mento, les sirve de refrescante y emoliente. 

Court de Gebelin en su Monde frimttif, deriva chala nada 
menos que del primitivo cal, de donde se formaron halamos 
«o griego y caHamus en latin, que sigaiñcan en ambas lenguas 
canato 6 tubo. 



Sin itnoe tac arriba, chaU viene t!el quichua ekaüa. 

Ganado mis e.stuUo 

Si sus hechos consulto, 

Qiie el que suelto en el ompo ae regala 

Con Iresca alfalfa ó emoliente chala. 

Rimas del Riuac. 



£i3 contra de lo que en Lima entendemos por ckaU, qae es 
el nsaiz en yeiba, distinción an&loga & lo que hacen los espa- 
ñoles entre alcacer y cibada, están el quichua y el uso de la 
Siena, que dicen; chala, ahojas de maíz secas» — •£! costado 
derecho de la casa era un pajar, en el que se veían todavik 
algunos restos de chala (hojas secas de inaiz.i} 

Atésteguí, El Padie Hetan; Efcenas de la Vida del Ciue». 
Véase Panca. 



Chalaco, ca.— El 6 la natural del Callat. 

Y una chataca parodiando á Dido, 

Poseída ó poseída 

De no st qué recuerdo de la Eneida. 

Poesías Firuanas. 336. 



^lequipa, y chapaüat en Lima: Ambos V 
I í ehapaiaiear y giunthafut, (~ 



CHA 151 

Chapalear lo mismo que challar^ significa azotar el agup con 
pies, manos, vara ó cualquiera otra cosa. 

Es evidente que el challar arequipeño procede del quichua 
c halla f verbo, que vale rociar, salpicar etc. y el chapalear nues- 
tro, de chapatalear sincopado. Fernán Caballero dice chapale- 
tear, 

Chamberi- — Chamberí lo mismo que chamherinada, y 
sus sinónimos pinganilla y pinganillada, tan caros al anti- 
guo limeñismo, han sido barridos de nuestra conversación 
por el chic y otras palabras más ó menos tontas de los fran- 
ceses. 

Chamberí era el elegante, y su elegancia, chamberinada. 
Muy feliz anduvo D. Felipe Pardo al comparar ñ\ pinganilla 
de Lima, que era lo mismo que el chamberí, con el lechuguino 
de Madrid. 

Cualquiera diría que chamberí no es español, pues no se ha- 
lla en ningún diccionario; pero véanse estas paU.bras del pa- 
dre Isla en su tDia grande de Navarras: preguntándose ¿qué 
estilo habrá de usar? dice: •¿Será blondo, petimetre, almido- 
cado y 4 la chamberi? 't 

Esto probará que no se puede vivir solo del Diccionario. 

Chamelii'os. — Lo mismo que cachivaches, pudiendo como 
éste usarse en singular. Ha caido en desuso. Quichua cho» 
millcu alia peqtuña, comida ordinaria, — Tschudi; y Torres Ru- 
bio, puchero: (no olvidar que los españoles entienden por pu- 
duro cualquiera olla, prefiriendo el nombre de el cocido ú olla, 
al aludir ai puchero nuestro.) 

Chamico. — Planta silvestre, comunísima en nuestros 
campos, de la familia de los floripondios^ por lo que es llama- 
da en botánica DaUna siramonium. Su ílor es un floripondio 
pequeño, sin olor, y matizado de unas listas de un morado 
subido. Cuando forma monte, la mata se confunde con el 
capulí cimarrón. Da por fruto una especie de bellota oval ar- 
mada de púas como la del cardo santo y el achote (bixa orella. 
M.) Vista de cerca se asemeja á la planta de la bereQ- 



152 CHA 

£1 chamico está rodeado de misterios y supersticiones se 
cree que engendra la locura. Lo que hay de positivo es, quer 
como el floripondio, la adelfa, y otras plantas funestas en me- 
dio de su galanura, encierra propiedades narcóticas y vene- 
nosas; más también la excelente de aliviar el asma adminis- 
trando su simiente en cigarrillos de papel. 

En los Estados Unidos la llaman Afple of Perú, Jatuestoufn 
wecd 8c. Bartlett, Diccienario de Americanismos^ después de re- 
gistrarla con sus dos nombres y de califícarla de Datura st a- 
montum^ agrega: tSus nombres en el Norte son semilla hedion- 
da y manzana del Perú Parece que fué introducida de la Amé- 
rica tropical, y que apareció primero en Jamestown, en Vir- 
ginia, de donde se propagó con el lastre y morralla que traían 
los barcos.! — Viene en seguida este ejemplo: lEl Jamestown 
weed es uno de los mayores refrigerantes del mundo. Estan- 
do la planta tierna fue rccojida por algunos de los soldados 
para hacer una ensalada cocida que ayudara la digestión del 
tocino; algunos comieron en abundancia, de lo que resultó 
una graciosa comedia, porque naturalmente se volvieron lo- 
cos por varios dias.i 

Beveily. Hisi, de Virginia Lib, //. 

Champa.— Voz quichua de mucho uso, Tro^o dé tierra, 
generalmente pantanosa y ligosa, con raices y yerbas adheri- 
das. Por estensión, cualquiera cosa informe y grotesca. 

La voz castellana que admirablemente le corresponde es 
la de tepe, como se vé por la dsfínición lexicográfica que dice: 
Pedazo de tierra muy trabado con las raices de la grama, que 
se corta en forma de adobe y sirve para hacer murallas, aco- 
modándolos unos sobre otrosí — ¿No parece estar viendo 
nuestra champa y á uno de nuestros peones del campo hen- 
diendo con la afilada lampa {azada\ la reblandecida tierra y 
sacando un trozo a.r.oldado á la forma de la pala, que va 
asentando por hiladas para hacer un muro de retención? 

Pero falta sr^ber si ffpr es palabra viva 6 solamente un tér- 
mino de convención, técnico, científico, estilo de fortifica- 
"ción. No se halla en este caso césped, voz viva y usual; y 






CHA 153 

como tepe no puede ser mas que corrupci6:i d U , acooseja- 
mos á ouestros lectores que la empleen. Hé aquí un exce- 
lente ejemplo de Trueba tuGahanyla Chaqueta: «Entrete- 
níase Jesús conforme platicaban, en golpear con su báculo 
un ribazo que daba sobre la fuente, cuando desprendiéndose 

un gran césped* 

Cuándo la champa está reseca y tierrosa equivale á terrón 
^Uba, en castellano, y moite en francés. Los jornaleros de Ca. 
ñete la desbaratan á mano al limpiar los barbechos, golpeán- 
dola como se parte un trozo de azúcar ó cualquiera otro, con 
un garrotejo rústico que al efecto llevan, y que llaman sim- 
plemente garrote, con esa antipatia que acá parecemos tener 
por los diminutivos. 



Armados unos de luciente lampa, 
Otros de aquel garrote 
Que disuelve la champa. 

Poesías Peruanas. 



Champuz. — Especie de mazamorra del antiguo Lin\a, 
cuyo valimiento era tanta^ que junto con aquella se prepara- 
ba y se servia en la misma plaza mayor, en las fresquerúis al 
aire libre que ccriian á lo largo de uno de los Portales. Divi- 
díase en champiiz de leche y champuz de agrio, haciéndose am- 
bos de harina de maiz preparada especialmente, y siend'^ su 
más típico ingrediente el moite. Tal vez le venia el nombre 
de su forma de champa. En cuanto á su ortografía, le damos 2 
y no 5 al fin, sin razón ninguna especial. Estos provincialis- 
mos semi-castellanos, como amasigado, picacena, y aún el pre- 
sente, se oyen y no se leen, se hablan y no se escriben; 6 si 
alguna vez pasan al papel, es por mano desautorizada, ó por 
gente que, como nosotros, no tiene por donde saber su orto- 
grafia. 



154 CHA 

¿En qué tierra quieres 
Buscar tu salud, 

En la del chaMpaña 
O en la del champuz? 
— Señor, le diría; 
Conforme y según, 
Si rico, en Europa; 
Si pobre, en Perú. 

Rimas del Rímac. 

Chamuchina.— Voz de grandísimo uso en Lima para 
significar plebe, populacho, pópulo bárbaro y gente ruin y 
soez. Probablemente (no puede tener otro origen) es corrup- 
ción de chamusquina^ que en castellano significa trina, penden- 
cia. • 

El negro, el chino, el cholo, el zambo, el blanco, 

Y toda la revuelta chamuchina 
Puede trcDar al sol de un solo tranco 

Y dictar reglamentos de cocina. 

tViva Caitiyait dice el negro franco 
Cuando rob:i, ó strupa ó asesina, 

Y al vjue intente a su furia oponer dique 
Lo aterrará con «Muera Chinique», 

Poesías Peruanas, pág. 4. 



Chnn». — Familiar por Juana — L: misco es Chana qm J na- 

r.:, refrán local rn todo idéntico al español oüvc c aceituno todo 

fS .NT.". 

Chailt'ara, — L? azúcar de la gente pobre, por decirlo así. 
Es un bollo prieto de figura hemisférica y como del tamaño 
de un peque u.-^ plato sopero. v¡u-: se hace, ó en las pequeñas 



CHA 155 

haciendas de azúcar que no están montadas en grande, ó en 
estas mismas de una manera secundaria y accesoria. Para 
la exportación se casa una con otra y se lian con hebras de 
Mora hasta dejar el atado perfectamente envuelto ó enchipado. 
Cada una de sus piezas toma entonces el nombre de tapa^ 
es decir que dos tapas componen un atado. Se labran en 
unas tablas largas con escavaciones circulares y someras 
abiertas paralelamente de dos en dos en toda la superficie, 
y que constituyen el molde. Después de mojarlas con agua 
para que el melado no se pegue, se va vertiendo éste ea las 
dichas escavaciones. Tal es la forma más general de la ihan- 
caca. 

Chancaquitas. — Las que 'poi gusto 6 golosina se hacen de 
azúcar blanca acompañándolas de leche, y en todo lo demás 
como en las anteriores. La hacienda de Villa en la contigüi- 
dad de Chorrillos, tuvo, en nuestros años felices, esta intere- 
sante especialidad. 

Se labran igualmente chancaquitas prietas, de forma irregu- 
lar, embutidas de nueces, maní, cancha etc. y se pregonan por 
las calles por medio de la chancaquera, 

Chnncbarreta. — Voz chusca, formada sin duda por un 
sentimiento de armonia imitativa, puesto que designa el za- 
pato enchancletado, esto es, con el talón metido para den- 
tro, como suelen usarlo en su recámara hombres y mugeres 
de cierta clase ó carácter y aun en la calle, la gente plebe. 
Al andar con las chinelas asf, en chancleta, se produce un 
ruido, que por cierto no es el de las choquezuelas del Rey 
Don Pedro, y que casi casi parece ir repitiendo cháncharras 
máncharras. Con frecuencia es término de desprecio por 
quien las lleva: la chancharrita, las chancharretas se dice según 
os casos. 

Del arrastre de cháncharras máncharras de las chanchar- 
retas ha debido pues venir el jocoso provincialismo, así co- 
mo de éste ha salido muy naturalmente el onomatópoco ver- 
bo ekancharretear f que es ir arrastrando las chancharretas. 
Empero, recordaremos escrupulosamente que hay dos pro- 



156 CHA 

vincialismos colombianos chanchiras ( andrajos, harapos) y 
chanchiriento ( andrajoso^ deshirrapado ), en los que no se 
consulta ninguna onomatopeya y con los que pudiera tener 
relación nuestro vocablo Pero ¿quién ha tomado de quién? 
Si los colombianos de noS'Stros , la armonía imitativa ha 
desaparecido junto con la acepción que ha pasado á ser 
genérica, si nosotros de ellos, la voz se La vuelto onomató- 
pica al localizar su signifícación, si unos y otros, de algún 
viejo vulgarismo español, chanchiras por and^iijos y chanchar- 
retíar por arrastre de chancletas^ corresponden bien ambos á 
su objeto, puesto que solo en el segundo había ruido que 
imitar. 

CllunirltO. cha. —Nombre corriente y natural del cochino, 
puerco 6 marrano, siendo lo más curioso que en el Dicciona- 
rio solo figura como provincialismo de América, y digo curio- 
so, porque sabido que el nombre de este animal en quichua 
es cuchis parece que no habia más que averiguar, y que todas 
las otras denominaciones del cerdo corrian de cuenta de nues- 
tra lengua madre. 

fihapu. — Entre las varias acepciones de esta palabra que 
traen los diccionarios, no viene nada, parecido siquiera, á cer- 
radura', y es lástima, porque en el uso limeño están tan iden- 
tificadas, que pocos podrán desacostumbraise. iLste es uno 
de «sos infinitos vulgaiismos que acreditan nuestra negli- 
gencia é incuria; vimos que toda cerradura estaba cubierta 
resguardada por una chapa ó lamina, y nos echamos á darle 
este nombre, porque la chaf>a era lo que saltaba á la vista; 
y no averiguamos ó no recordamos, ó no aceptamos que te- 
niendo arte tvdo y por diUinte una chapa^ pudiera ya convenirle 
otro nombre, relativamente más remoto. Para que se vea la 
contigüidad de idaes entre chapa y cerradura, trasciibiremos 
el ejemplo de Cervantes que trae Cuervo y que repite Rodri. 
guez: tLuis probó sus fuerzas, y casi üin poner alguna se ha- 
^^6 rompidos los clavos y con la chapa de la cerradura en las 

08.1 

lBa»^Fasta de yuca y chancaca tan ordinaria como 



CHA 157 

insípida, que se come y vende fria y envuelta en puncas co- 
mo la humUa, con la que tiene semejanza, aunque solo en 
apariencia. 

Mordaz cual parroquiano de chingana, 
Más para serio cual Quevedo, inválido; 
Grotesco y frió, y aspirando á cálido, 
Grotesto y frió cual vulgar se chapana. 



Rimas del Rimac. 



Cimpas. — iMancha encarnada que suele salir á las mejí- 
liasi dice Salva en la palabra chapa. Nosotros llamamos cha- 
fas á los buenos colores y es usadísima la expresión, no obs- 
tante ser los buenos colores una de las cosas más raras en- 
tre los hijos de Lima, así como la más corriente en los serra- 
nos de ambos sexos, que indefectiblemente son muy chapados; 
cuyo adjetivo y el de chaposo, enteramente provinciales, se 
oyen á cada paso. 

Clhapelon. — Sobrenombre que los mismos españoles de- 
bieron darse desde los primeros dias de la conquista, porque 
ya en Garcilaso lo hallamos usado con la mayor naturalidad 

para distinguir al español recien llegado, que se mareaba (asoro- 
ckaba) al pasar la cordillera, del platico y baquiano en la tierra. 
No debe pues considerarse ofensivo el apodo. También á no' 
sotros se nos llamaba (ó llema) peruleros. 

tiharraUíies. — Dice todo el mundo por chafarrinadas. 

Chasca. — En Arequipa, el lucero de la mañana. — Chasca 
en quichua significa greña, vedija, por consiguiente dar este 
nombre al planeta Venus, es una atrevida metáfora, que equi- 
vale á llamarlo por excelencia el pestañoso, 6 más bien el cri- 
nado, como de Apolo decian los poetas antiguos. 

De chasca se ha formado chascoso, que significa f^elo revuel- 
ic y desgreñado, aplicándose por tanto al incfividuo; y también 
ckaseMakiia^ irreemplazable en castellano, pues significa ojos 
sombreados Pof luengas pestañas. 



158 CHA 

Chasque. — Correo de á pié, y no porque hubiera otro de 
á caballo, sino porque no teniendo los Incas más cabalgadu- 
ra que la llama^ señorita delicada y melindrosa á quien todo 
se le va en pasear su alta cab cita de un lado á otro; que lo 
más que anda cada dia son cuatro leguas y lo más que car- 
ga unas dos arrobas, no podian tener otra cosa los antiguos 
emperadores del Perú, que correos de á pié. De estos velocí- 
pedos, ó alípedes, ó céleres, ó Mercurios andinos se cuentan 
maravillas en las antiguas crónicas; y aún hoy mismo, los 
lugares en que todavia se sirven de ellos como correos 6 pos- 
tillones ordinarios, que son las serranias del Perú y provincias 
Arjentinas, parece que están tan bien servidos como mismos. 
Quichua chasqui. 

Chasqueara» . — En el Diccionario no es reflexivo este 
verbo y solo signihca cdar chasco ó zumba. • Entre nosotros 
es llevarse ó sufrir un chasco más ó menos serio ó grave, to- 
mándose por fortuna la palabra chasco en su buena acepción 
castellana, que es la tercera del Diccionario de Salva: tei su- 
ceso contrario á lo que se esperaba.! 

Es peruanismo chasquearse (uno mismo;) más no chasquear 
(á otro) ni menos chasco; y aun el peruanismo, ¿hasta qué pun- 
to y hasta cuándo lo será? De estos reflexivos sale una hor- 
nada cada año, donde quiera que se hable español, inclusive 
España; como que el chasquearse me parece que medio se des- 
liza en este pasaje de Fernán Caballero: — •¿Sabe Ud. señor 
mió que hace mal en eso? Pues si acierta chasquea Ud. al 
narrador, y si no acierta se chasquea Ud. á sí mismot— (£{ Tio 
en América,) 

Cháuco. — Es también conocido este pájaro con los nom- 
bres de zana y cofregidor, particularmente con este último, 
sin que ninguno le cuadre tan bien como el de chanco, que 
repits la primera y más constante silaba de su canto que es 
chau. 

Su plumaje és gris y feo como el de una lechuza, y su ñ- 
inra desproporcionada en la cola, patas y pico. 

^4 UB pájaro antipático, muy grato al oido, no á la vista, 
iy solicitado para las jaulas .— ilf«wj«5 Longicaudains» 



CHI 159 

f 

Y de huesos muy suelto 

¡Ckau! ¡chau! diciendo impávido y esbelto. 

Con más cola que cuerpo el feo chauco.n 



Poesías Peruanas 147. 



€he|»fta. — Dominativo de Chepa^ familiar por Josefa, ad- 
virtiéndose qua el primitivo, como el otro de Cata, solo son 
nominales, porque nadie los usan sino en diminutivo, y seria 
dar prueba de mal gusto y hasta de descortesia, el servirse 
de ellos. Lo propio pasa con Chepe, que solamente lo hemos 
oido entre la gente plebe. 

No así Chepita^ á quien la constante buena aplicación ha 
dado un tinte distinguido y aristocrático. 

Chirote.— £1 diccionario describe así esta voz, en la par- 
te que puede interesarnos: ^Náutica, Cualquier extremo, re- 
mate ó punta de cuerda ó cualquier pedazo pequeño separa- 
do.! Y la voz látigo: c£l azote de cuero ó cuerda con que se 
castiga y aviva á los caballos y otras bestiaS.i Las equiva- 
lencias latinas que da á ambas voces son funi nautici extrem» 
tas (cabo de cuerda náutica) flagellum, flajelo ó azote. Es pues 
una gran majadería usar chicote como sinónimo de azote y lá' 
tigOf usanza inveterada en la Ciudad de los Reyes; y de- 
rivar de ese provincialismo el aumentaiivo chicotazo y el ver- 
bo chicotear; y hasta un nombre propio especial, porque al de- 
cir chicotillo no signihcamos sino el latiguillo que para monta 
á ceballo usan las señoras, y también los hombres cuan- 
do cabalgan á la inglesa. Es verdad que chicotear no lo- 
empleamos precisamente por latiguear^ porque en tales ca- 
sos decimos dar de chicotazos, sico figuradamente por sobar, zu- 
rrar S*. 

Da paso y aunque no ¿ea de la incumbencia de este Dic- 
cionario, notemos en el chicote castellano un diminutivo más 
de esos que lo son con forma ó terminación aumentativa, 

como ratón diminutivo de rata, y piñonf que es la simiente del 

29 



i6o 



CHI 



pino y la semilla ó grano de lu fiut» de este átbol, i 
damos, porque nuestros lectores limeños no entieiidea ( 
piia sino anana {brúmilia). 

Ckicett podria ser calificado Je diminutivo atmuntaliv 
que ora se aplique á un chifp (muchacho) A á un cabo de 
cuerda, siempre implica la idea de lo coito y grueso. A lai 
personas de estas condicioues y cal.bie las solemos calificar 
nosotros de chcocas, chico.-as. 

Chicha. — Bebida esencial aientn peruana desde el tiempo 
de los Incas eo que se empleaba hasta para las libaciones 
sagradas y lu^traciones, derramándose abundantemente en 
ciertas festividades, en los acueductos, alcantarillas y otros 
lugares análogos, como por atraer i los riegos la protección 
divina. 

Se hace la chicha de maíz, de cuyo grano es propiamente 
una cerveza; y asi comO para obtener esta bebid* europea se 
prepara primero la rebada poniéndola en el estado que los 
franceses llaman malte, así para la chicha se empieza por re 
ducir el maiz á/oM, lo que se consigue haciéndolo germinar, 
y á cuyo acto podríiimos dar el nombre dejoriJicaciÓK. 

Jaripeado el maiz, se hace uso de él ó se guarda para más . 
tarde como base chichíftra. Esta chicha, la más coman y v^~^ 
comenda, se llama AcjoTa; pero también se hace de mmi, • 
quÍHua, chicha morada, y otras más, que aunque mém 
son mas agradables al paladar ó á la vista, como \a ckieí 
Moraáa. 



CHI i6t 

chicheriab hay, y la importancia de la cerveza en Londres» 
La chicha de Arequipa es más amarga, tónica y clásica 

que la de Lima, y diré también más cotidiana, pues allí se 

bebe como agua y á todo pasto. 



Viva la chicha que ensancha 
Los ánimos apocados, 

Y viva la chomba ancha 

Y viva también la cancha 
Que es pan comido á pujados. 

Poesías Peruanas. 231 



Aunque la chicha es indígena del Perü y la América, el 
nombre es español y aparece impuesto por los primeros con- 
quistadores desde los primeros dias, como sucede con tan- 
tos otros nombres propios que podríamos llamar hispanis- 
mos de América. En castellano más 6 menos antiguo chicha 
quiere decir «carne, sustancia, alimento;i de donde la origi- 
nalidad que la chicha indígena y el chichi de los niños cune- 
ros tengan la misma etimología. Tan general es en Español 
ésta signiñcación, que aún por las carnes de Iss personas s^ 
suele decir chichas, como se vé por esta frase familiar: tener 
pacas chíchaSf por tener pocas carnes 6 fuerzas- y por este ejem- 
plo: «El hijo de mi alma no tiene chichas para el servicio 
del Rey; es endeblitoi — Fernán Caballero , Clemencia, — 
De chicha, carne en castellano, han venido salchicha y sal- 
chichón. 

La palabra quichua para chicha es acca^ según Markham; 
Tschudi escribe aka; la divergencia ortográfica no obedece á 
más causa, que al diverso modo personal de apreciar la aspi- 
ración. Siendo pues la chicha una bebida esencialmente in- 
caica, 00 corre sin embargo en la tierra de los Incas sino con 
et nombre español. También la llaman áshua los indios, pa- 
labra que se encuentra ya en Zárato (azua) lo mismo que 




CRl 

ckieka {1555) ó vino di mah 6 brtbajt, que son t^rmino^ i 
ríeates en lo9 historiadores primitivos de Indias. 

Cb\rbe-—E\ chiche 6 chichi y también ¡achicha, son vo( 
que empleun las nodrizas y madres para s'gDÍ6cAr el prcho 
que dan á mamar al niño. Podtía creerse que es una de esas 
expresiones de capricho, rudimentales, inventadas como pa- 
ra hacerse entender de un párvulo; empero, no es. más qu' 
ligera corrupción del vocablo español chicha, que significaba 
catm 6 alimento en lo antiguo, y en lu moderno y íarniliar, 
según Salva, «carne comestible hablando con leí niños-.i y se- 
gún Terreros, «en lengua de los niños, es toda especie de car- 
ne menuda ó hecha pedacitos.i 

Ch\fíon.— Aire colado Nuestro precioso peruanismo, de 
uso ilimitado, lleva indudablemente ventaja á la frase espa- 
ñola, I." porque es una sola palabra 6 nombre proprio y no 
una frase, 3.° porque recuerda de un modo singularmente imi> 
tativQ la clase de aire que designa, y 3." porque no cabe duda 
en que hace su onomatopeya 6 armonía imitativa con muy 
buenos elementos españoles, como vamos á verlo: 

Chijla, chifiaáera, chiflato, chifle, chito, ckiflríf, y ñnalmenie 
e¡ aumentativo chiflón, designan todo& un silbato 6 pile, 6 ins- 
trumento para silbar. Chiftido es un sonido especial que re- 
sulta de tocar un chifle 6 chiflón, sonido ó zumbido muy seme- 
jante al murmullo del aire cuando se encañona 6 encallejona 
por^nna estrechura ó ahertura, desde la que forman dos pa. 
redes, hasta la que media en la cerradura de una pueitn. 

Lo único deseable en mi concepto seria que se dijera 
io y no chiflón. 



Allejon 
'iionía.t 



CHI 163 



Viene un chifltdo 
De pulmonía. 



Chihuaiico.— Arequipa. Especie de tordo, del quichua 
chihuaco. 



Ya se acercan los instantes 
En que nace el paraguay 
Y lo saluda el chihuanco 
Con su doliente ay, ay, ay. 

Mateo Paz-Soldan 



C*hfllai'se. — Poner el grito en el cielo, protestar de una 
injusticia. Peor que esta acepción y que esta forma reflexi- 
va es la que se da al verbo chillar en Audalucia, á juzgar por 
las novelas de Fernán Caballero, en donde viene siempre por 
mimar ^ consentir á los niños. Nuestro chillarse^ que no es más 
qii^ quejarse á grito herido por. decirlo así, podrá llegar al- 
gún día á ser de uso general; chillar^ en la acepción andule- 
za, creo que hallará siempre una barrera en la índole de la 
lengua. 

V\\\\\0.-- Arequipa, ílX color negro subido. Esta palabra 
tiene indudablemente parentesco con chivillo^ nombre que da- 
mos en el departamento de Lima á una especie de tordo ó 
ff /tf W M W, cuyo rasgo más característico es su plumaje negro 
brillante con visos de azul aterciopelado. 

Cblmiiycba.— Tarma. Especie de yaraví á cuyo son bal. 
bn k» indiou. 

Ghlmbll.^La mftrgen opuesta del rio. El rodeo que hay 
.qnediurpara poner en castellano esta palabra, prueba su im- 
bUBdti así como la de sus derivados chimbar y chimbador^ 
16 menos puede traducirse p»r vadear y vadeador 



CHI 

Chinrh»ysuyii — Ungtan dtareae, qup, comn las t 



guas quichua y aynnrá, sb hul.Ul>a en el Peí 



I losdÍMd'é^ 



U conquista. Algunos <k los provincia lifimos ÍadÍ|;enaG <1'.- 
esle Diccionario, que il'^ ^''"i <l''l quirhua 6 iiyruiaiá, pcticne- 
ccD al dialecto que nos ücupa, Ules como mdeika. thtaiicc. 
¡¡angut, k que algunos lexkúgcafos Hñaden pila, cancha hmaran- 
ge, lampa, que para otros sotí ¡[uíchuas. En !u antiguo eta 
una de las cuatro divísionrrs di:l irnpeiiu de [ct& Incas. 



Chingan». —No hay ule 
mediaciones de lus ciudades l< 
algún regocija público,» com 
pulpería ínfima, que nuncu 



•bailes que se dan en las in- 
i 1)1 ^ fi^sttvus 6 con motivo de 
dice Salva, ckínganí '■■' "ina 
como aquella, nt 



pertenece i un italiano, sino á un Ke, htjodel país ódeatgu 
na otra tepública hispano-ameticana. Un italiano n» se ha 
bria quedado estacionario tan ubaja. Hl í*u>Uo (en loda la la 
titud de la palabta] una vrz que fie ha rodeado en su inmun 
da cAtn^'dna {ventorrillo) de cuatro ó seis comestibles y htbti 
tibies de primera necesidad y de peor clase, y de unos cuaU' 
tos tercios de alfalfa para vendei al menudea, una vez que 
tiene para ganar «I dia, ya no aspira i más. 

<;hÍrímOyu.— La gian fi uta del Perú en cuyo elogio se 
hao desatado casi tudos los viajeros europeos, como TscliuJij^ 
Marckam, Hacnck» ¿i, llamándola fruta incomparable el J ' 
miuo, y este último una obra inac5;ra de natura. 

— i,„.< Tíchudi es Anpna IrSpi 

■■■■'lia. Los equivalentes 
o^iés. (¡uiártl appli, mam 
' it boetff Añone, Coteuat i 




i65 



Miel nos ofidcc y eterna 

En una verde itdaprisionatta. 



Porfías Peruanas, 



í-hliíMí*-— Pájaro comunísimo en tciiJus los polrera Je la 
i^osta, de n:iiy agrp.datile ratitfi, por lo que se le busca par* 
tas jaulas, y engalanado de una (;ran mancha roja que le cu- 
bre peclio y vientre. 

I ndisiin tórnente l<j llaman pUhi, htianchaco y ckirete; aunijue 
rJgunos pretenden que son tres variedades. De estos trcf 
i^ombres el más propio es el de chirote porque ccni^ulti la orc- 
'natopeya incluyendo la silaba inicial y más frecuente de' 
canto del pajaro que es ckir. —Sluruas militaris. 

Los pickis ó chireles. 

Plaga de los maizales y canioít-e 

Poesías Peruanas. 



Chlüpn- —Achispado. AsímÍt:uo dv.im'íS ah^}c<t (estar) quí 
para el diccionario es solo un Fustnutivo absiraoto, equiva- 
laate á una de rsas alegrías fugaces con qLie 1?. vida se burla 
de niMotTos & cada paso. Pero si no sabemos prácticamente 
, por acá loquees un alegrón, nos es muy familiar el ccUrím: co- 
' mo que á cada rato se oye tetur 6 liar un colfiiiu; de la n'.isma 
nwDen que, ajenos í los regalos ocios t!e! europeo, que sote 
I literarjainente, sufrimos la mortificación da la <•■•>■ 
I Tal ha sido nuestro lote sn los destinos bum.ii'.os. 

-Pájaro que liare juego con el chirote, lo mtsfrr: 
Miua, siendo muy hti.scados los iré? para la jau. 
Im por M agradable y fuerte canto, y muya:iii^:i; .léanla' 
■ •n cooipaRíü talando las semenlcr.-. 



i66 CHO 

Tiene el chivillo como una cesma de largo; y un corte muy 
elegante y aristoct ático; peí o su principal gala es su plumaje 
negro subido con visos de azul aterciopelado. Algunos lo lla- 
man tordito. Es una especie de estornino. Cassicns peUliattK, 
Tschudi. 

El chanco como una pascua 
De puro contento; el brillo 
Del negro y azul chivillo, 
Y el pichibilin hecho ascua. 

Poesías Peruanas. 

El nombre viene probablemente del canto: chi — vio-^hui\ 
por lo que debiéramos escribir chivío. 

Choclo. — El maiz tierno y verde, no maduro todavia, ew 
leche. El choclo es como la breva del maiz; cómese cocido 

acompafiándolo de queso fresco, y es muy agradable por su 
esquisito gusto Ifchoso. Aunque plato ó bocado eseucialmen- 
te rústico, figura con honor y por extraordinario eu las mejo- 
res mesas, donde se le acoge con grandes aclamaciones. 
El choclo asado ai rescoldo es muy inferior al cocida. 

«Desde la alforja con menestras viles, 

Desde el cJwclo y la yuca, hasta el talego 

En que acarrta el hacendado miles, 

Todo sirve de blanco al ardor ciego, 

Al indistinto anhélito del robo 

Que cunde aquí comeen maleza el fuego. t 

Rimas del Rimac. 

í Jioclon (ol)— Juego de muchachos, exactamente el que 
Salva describe en la palabra Boche. Este provincialismo 
obedece á una razón de onomatopeya, porque el mido que 
los coquitos ó bolitas tirados con violencia contra el hoyuelo 



CHO 167 

produce al meterse en el, es análogo al que en el juego de 
ia argolla hace la bola al entrar de golpe por las barras, y 
cuyo acto se llama en castellano choclón^ sin duda por imita- 
ción del ruido. 

íihnco.*-P/rw choco 6 simplemente choco, es un perro sim. 
plemente muy feo, casi tanto, aunque no tan contrahecho, 
como el que los franceses llaman chün basset, perro hajct*, 
romo aquellos bípedos que andan sentados ó cáidos sobre 
las corvas. £1 perro choco se distingue por su pelo ensor- 
tijado, corto y apretado como las pasas de un negro, y que 
en él es totalmente blanco; y por la colorada punta de su pro- 
longado hocico. Se parece á aquellos de nuestros blancones 
á quienes el vulgo maligno apoda sacalagua, y que son zam- 
^5 rubios, porque tienen las gruesas facciones de los zam- 
bos, y los cabos rubios, pero lanudos como pasa. La seme- 
janza es mayor cuaado para refrescar al perro choco se le 
trasquila todo el tren posterior, y entonces queda con su 
montón de pasas por delante, y el resto del cuerpo hacien- 
do visos sonrosados la piel bajo el caso vello que se le ha 
dejado. No sabemos de donde venga este nombre de choco 
acaso de chono, con que según Cieza de León ^1555) se de- 
signaba en Indias á una especie de perro. El choco, que es 
an perro de aguas, corresponde al caniche ó harbet de los fran- 
ceses, á que nunca habiamos hallado equivalente en es- 
pañol. 

i\YíOC.u\i\ieí,— Sacar chocolate, — Frase mny usada entre co- 
legiales y muchachos por sacar sangre de las narices en uo 
trompis. La correspondiente española es muy diversa: ha- 
cer la mostaia. 

Chochar, C2horhera. — Estar chochando con alguna per- 
sona (ó hijo); ser ella nuestra chochera, quiere decir en buen 
castellano estar privando con ella. El Diccionario no trae cho- 
€kar sino chochear ^ y no admite chochera pues remite á cho- 
cket. Por aquel verbo da ccaducar, debilitarse el juicio y U 
memoria por la mucha edad; y por el segundo sustanCivo 

80 



i68 CHO 

todo lo que tiene relación con esa misma deñnición. Estamos 
conformes. 

Pero entre la? acepciones de chocho hallamos la de fíelo de 
de cariño,» y de allí hemos derivado directamente nuestro ver- 
bo provincia], como en relacionar^ hornear {enJwrnar la fruta) 
cimarronearse, enmonarse &. 

Su chochera, mi chocJiera, por su favorita, mi predilecta, es lo 
que en alemán se llamaría liehling. 

Cihogñi.— Arequipa. Legañoso, para ambos géneros. 

Cholo. — Una de las muchas castas que infestan el Perú» 
es el resultado del cruzamiento entre el blanco y el indio. 
£1 choh es tan peculiar á la costa, como el indio á la sierra; 
y aunque uno y otro se suelen encontrar en una y otra, no 
están allí más que de paso, suspirando por alzar el vuelo; el 
indio por volverse á sus punas y á su llama, y el cholo por ba- 
jar á la costa, á ser diputado, magistrado ó presidente de la 
República; porque, sin duda por exageración democrática, 
los primeros puestos de nuestro escenario político han esta- 
do ocupados con frecuencia por cholazos de tomo y lomo. 
Es pues un grandísimo eiror creer que con decir cholo está 
designado el pueblo peruano, como lo están en Méjico y Chi. 
le cuando se dice el lépero y el roto. El cholo aquí no es más 
que un individuo del pueblo, ó de la sociedad, ó de la po- 
lítica. 

El negro, el chino, el zambo, el cholo, el blanco, 

Y toda la revuelta chamuchina 
Puede trepar al sol de un solo tranco 

Y dictar reglamentos ¡de cocina! 



Si de ello te pavoneas. 
Descaminado no vas 
Oh cholo! porque amarillo 
Es el color nacional. 



PoLsiAS Peruanas, 



CHO X69 



¿Qué diré en ñn de las enormes colas 
De cada largo femenino traje 
Con que las negras y las sucias cholas 
Tres varas desalojan ellas solas, 
Y no pagan derecho de celaje? 



J. DE A. (fLas Acerasi). 

Garciiaso. Cem. R. tA los hijos de los mulatos llaman cko- 
ios^ es vocablo de las Islas de Barlovento, quiere decir perro, 
no de los castizos, sino de los muy bellacos gozones: y los es- 
pañoles usan del por infamia y vituperio » 

En el Diccionario Aymará del Padre Bertonio hallamos 
ckulu por mestizo^ pero chusco, lo que podría destruir la histó- 
rica etimologia que precede. Pero el citado padre publicaba 
sa obra casi un siglo después de la conquista, cuando los Ay- 
maraes y los Quichuas habían tenido más del tiempo preci- 
so para injerir en sus lenguas ya dominadas, los vocablos 
traidos por el invasor, tanto los de España, cnanto los que 
venian arrastrando de las Islas de Barlovento y Tierra Fir- 
me. Ni podia Garciiaso, hijo y vecino del Cuzco, atribuir tan 
remoto y exótico origen á la voz cholo , si esta hubiera perte- 
necido á una de las dos grandes lenguas del imperio de los 
Incas. 

El mismo Bertonio reconoce que «Los indios usan ya de 
muchos vocablos tomados de la lengua española, ó porque no 
las hay en la suya, ó porque se les han pegado con el trato 
de los españoles.! Y en efecto, en el trascurso del Dicciona- 
rio nos hallamos con la palabra amicu compuesta con pala- 
bras aymaraes para significar algo de amigo ó amistad. Los 
historiadores de Indias denuncian la corrupción del quichua 
desde los primeros dias de la Conquista. 

Por su parte los Quichuólogos, que son españoles, hablan 
en la parte castellana de sus Vocabularios, de pallares, chúcarct 
cáigua, chamelicos 9 sin advertir que nada, de eso es caste' 



170 CHO 

llano; bien podian asimismo no advertir qixe chuln no era pro- 
piamente aymará, aunque admitido. 

Agustín de Zarate que l!eg6 al Perú á los muy pocos ano ^ 
de la conquista y que publicó su historia en 1555* nota ya 
esta rápida é irreflexiva adopción por parte de l«>s peruanos, 
de los vocablos extranjeros que sus coQquista^^lres les traían 
del Norte de la América meridional. 

Hé aquí sus palabras. 

t£n todas las provincias del Perú habla señores princi* 
pales que llamaban en su lengua curacas, que es lo mismo 
que en las Islas solian llamar casiques , porque los españo- 
les que fueron á conquistar el Perú, como en todas Jas pa- 
labras y cosas generales y más comunes, iban amostrados 
de los nombres en que las llamaban de las Islfis de Santo 
Domingo y San Juan, y Cuba, y Tierra Firme dónde ha- 
blan vivido, y ellos no sabian los nombres en ia iengu i de! 
Perú, nombrábanlas con los vocablos que de las tales cobas 
traiaü aprendidos, y esto se ha conservado de tal maneía, 
que los mismos indios del Perú, cuando hablan con los cris- 
tianos nombran estas cosas generales por los vocablos que 
han oido de ellos, como al cacique que ellos llaman curaca, nun- 
ca le nombran sino caciqua, y aquel su pan de que está dicho, 
le llama maiz, con nombrarse en su lengua zara\ y al brevaje 
llaman chicha, y en su lengua ázua\ y así de otras muchas 
cosas. • 

Gholo(|ii<)s. — Las bolitas del Bolita {Sapindus ^ponaria). 
Véase Bolito y Bolitas. 

Collqiii. — Arequipa. Arrugado como una manzana seca. 

Chombn. — Arequipa. Vasija grande de barro cocido, es 
pecie de botija que sirve particularmente para hacerla chicha. 
Es la antigua dolióla de los romanos. 

Chombo.— Y Chomba, y en diminutivo Chombita^ familiar 
por Gerónimo y Gerónima, 

La Historia de la Edad Media 
Leyó el apacible Chombo, 



CHU 171 



Y quedó muy disgustado 
De la injusticia de á folio 
Que hace al hablar le los Hunos 
Sin mencionar á los otros. 

PoKsiAS Peruanas. 



Chonta.— Durísima madera d.¡ las Montañas del Perúj 

aunque vidriosa y astillosa. Los infieles hacen mucho usO 
de ella para el hierro de sus flechas. Es de color negro y jas- 
peado como la semilla de la higuerilla {ricinus comunii) ó pi- 
ñones. A Lima se trae por gala para hacer bastones. Tam- 
bién la hemos visto supliendo al ñetro en balaustres de ba- 
randillas. La pro lucen vjiri.is clases de palmas.-— GMi/Z^/ma 
SpiCio>a, — Ruiz y Pavón. — Qaichua chunta, 

f «llúraro (ra). -El potro, burro ó muía antes de ser er- 
frenados, ó meramente domados. Es df? muchísimo uso, y no 
ie veo estricto equivalente tn español, porque indómito, bravio, 
montarais cerril, salvaje &., parecen decir más de lo preciso. 
;No tendrá chucaro alguna relación con cMcra ó chácara como 
dicen algunos? 

C^hil**lliitii«^ro. — Zanduiiguero, currutaco. En la termi- 
nación femenina, la palabra pierde su inocencia y es poco me- 
nos que ramera. 

Según Pichard (Dice, de Piov. de la isla de Cuba) chuchu- 
wuco es corrupción de chichimeca, nombre de una raza india de 
America. 

Ciill|*i. — Arequipa. Grano (maiz) dulce. 

C huitín. — Arsquipa. Desabrido soso. Los arequipeños pre- 
tenden que ni estas ni ninguna palabra española dan idea de 
lo que es ihuma; pero tales pretensiones no pasan de ilusiones 
provinciales. 

Ghuinpi. — Arequipa. Color patdo. 

Gbnnco — Arequipa. Expresión de cariño, mi vida &. 



172 CHU 

Oliunctio — Flor amarilla como azafrán, ordinaria, tan 
ingrata por su a<^pecto como p )r su olor, á pesar de lo cu 1 1 
ha figurado entre la gente, y tiene su signiñcado propio en el 
simbólico Lenguaje de las Flores; y aun recuerdo haberla 
visto cuando niño entre las barreduras de las sacristías ha- 
ciendo su papel en las ofrendas del culto. Viene sin duda del 
quichua suncho: mata de flor amarilla. 

También la llaman castizamente 7?¿?r de muirio, como los es- 
pañoles á la calénditla, que es más ó menos nuestro chun- 
che, 

Y aun las castas esposas. 
Aun las esposas castas! 
(Preparando tal vez futuras asta;;) 
Tendieron, por pillarlos venamente 
Atarrayas de chunches y de rosas. 

Poesías Peruanas. 

Les chunchos: Indios salvajes de la Montaña del Perú: 
•Vense los chunches de elevados penachos y mortífera flecha 
dando gritos y saltos salvajes.! Aréstegui, £1 Ángel salvador. 

Este nombre debe ser la consecuencia del amarillo que pre- 
domina, no solo *in las plumas del salvaje nuestro; más tam- 
bién, y sobretodo, en sus pintarrajos, por ser lodos ellcs obia 
del amaiillento achcie, Y tan es así^ que cuando en la costa 
se representan salvajes por medio de muñecos de trapo, vie- 
nen estos indefectiblemente forrados de pié á cabeza en tra- 
po amarillo. 

Chuño.— En la Sierra se da este nombre á una cierta pa- 
pa curada 6 pasada al sol y al hielo, lo que la hace apta para 
la exportación 6 para durar mucho tiempo, como los alimen- 
tQieA conserva, pudiendo en cualquier momento de e&ca- 
oapa fresca, en la Sierra misma, hacerse con ella un 
■Hies una papa de tránsito para piedra. Del quíchu|^ 
*% dice Tschudi. Los historiadores primitivo^ 



CHU 173 

de Indias la españolizan siempre coa n llamando la atención 
sobre la añción de los antiguos peruanos á hacer raices pasas, 
como lo hacen los europeos con varias frutas; y comparando 
á la papa en general con las turmas ó criadillas de tierra; co- 
mo comparaban el maiz al panizo, la quinua al arroz etc. Gar- 
cilazo describe así la chtthificación que hace la papa menes- 
tra.— «Para preservarla de corrupción (la papa) la echan en 
el suelo, sobre paja, que la hay en aquellos campos muy bue 
na; déjarJa muclias noches al hielo, '^que en todo el año h:? 
U en aquella provincia (por el Cuzco) rigorosamente; y de? 
pues que el hielo la tiene pasada, como si la cocieran, la cu 
bren con paja y la pisan con tiento y blandura, para que des 
piche la acuosidad, que de suyo tiene la papa, y* la que e^ 
hielo le ha causado; y después ie haberla bien esprimido, la 
ponen ai sol, y la guardan al sereno, hasta que está del tod) 
erjutn. De esta manera prí^parada se conserva la papa mu" 
cho tiempo y trueca su nombre y se llama chuñóte Y Cieza 
de Lf:ün: «Y llaman á esta papa, después de estar seca d\ 
sol, chuño, y entre ellos es estimada y tenida en gran pre~ 
cío y muchos españoles enriquecieron y fueron á Es- 
paña prósperos cou solamente llevar á vender este chuno á 
las minas de Potosí^ — Vaya ahora un ejemplo contemporá' 
neo de como se come : — « Leandra sirvió á su esposo 
y a sus hijos una cena compuesta de papas, chuño y maiz 
con pedazos de carne de puerco» — lAréstegui, El F. Horan, 
Escenas de la vida del Cuzcos. 

t«liapar. — Dd todo el que lleva una tunda ó zurra de azo. 
tes, ó una paliza, ó sale derrotado en una refriega, se dice 
que chupó* Chupar para cuerdas, es ir ó quedar escarmentado. 

Chup<^ — El mas popular de los guisados nacionales des- 
pués del sancochado. Tiene alguna analogía con la cazuela 

chilena y con el pebre. Se hace simplemente de papas en 

calió, eo cuyo estado no pasa de chupe cimarrón, ó con pes- 

ca<lo para que constituya el de viernes, 6 con carne, llaman" 

dose entonces asado de papas, 6 finalmente con camarones, 

lech?^, queso, huevos, pescado, ají, tomate, y algún otro in- 



174 CHU 

grediente más. Aderezado de la última manera compoiic rl 
más complejo, el más historiado, el ni&s aria tocia tico, el más 
monumental de los chupes; y cotí tamaño copetp, abigarrado 
de mil colores, preséniaae euhs grandes y memorables cst^a 
inilonas. 



Es natural y justo 

Ese espontaneo gusto, 

Ese unánime grito 

Coa que del plato ansiado la llegada 

lOh mullltud famélica celebrasl 

Cs justa, lo repito; 

(Cuanto alli i]ue halagara el apetito! 

La blanca leche allí do adulterada. 

El blando qiK'so que en delgadas hebras 

Ed la dormida superficie nada: 

De pescar acabado, 

A m2r sabiendo alio, fresco pescado, 

Y el aji y el tomate 

Émulos del carbancio y el granate.» 

PoBSÍAS PKRUANAS pag. 53. 



f^biiftliMlIx*"^* ~ Neolojismo chusco, híbrido (t^spaño) cAx- 
/iw. ingles AffiHí) muy lecieiilemerte inventado y propalado 
por los jóvenes de buen humor cu vista de la multiplicación 
de la cosa. Los belitdetos públicos ó tabernas que bajo c) 
epígrafe de Cirvtta y Lunch invadían desde unos diez años 
fttra« los principales centros de Lima, hicicroD explosión par 
» Bsf, después de Ih cuida de la ciudad. Los que fueron 
ICB destinados al lujo, al aite, á los objetos dcfanta- 
" a \óa cuuvitilenda de uuo en uno en chufÍMg-lMuet, 
I de vitualla y comestibles' 

■ saber qué explicación sicológiCB tiene este 
X. por qué, tau pronto como el hado advüT- 



CHU 175 

so corló el columpio que por sesenta años sehabia estado me- 
ciendo entre dos postes, que eran dos números unos (1821, 
1881) y que tomaron el nombre de Protectores {San Martin 
Pierola), por qué inmediatamente los columpistas que se vi- 
nieron de bruces, se echaron á comer; ¿qué digo? á devorar. 
No que yo lo vea; pero cuando la vigilante y certera indus. 
tria no cesa de improvisar emporios de comestibles, es claro 
que obedece á una demanda extraordinaria. Ltpna come, po- 
drá decirse algún dia por todo resumen de la historia moral 
de la ocupación. Le Roi s'amuse. Come y hele, ó más bien, bebe 
y come. 

Volviendo para concluir á los Chupinghaus, que son el úni- 
co tópico de este articulejo, agregaremos su otro nombre, más 
salado todavia. Los negros, que hacen sus libaciones á Ba- 
co en las pulperías^ viendo de reojo los curiosos bebederos 
que describimos, los llaman sarcásticamente la pulpería de los 
blancos! 

Chupo. — Grano, divieso ó tumor cualquiera. Tal fuerza 
tiene el uso general de esta palabra, que se duda que no sea 
española, pero tras de no hallarse en los diccionarios, salta 
á la vista que es corrupción de la palabra indígena Chupu, 



Y luego al caer me cupo 
Tan rara fatalidad. 
Que con gran casualidad 
Se me ha reventado el chupo. 

El Intrigante Castigado. 



Ch^üñCO*^ Perro chusco, £1 atravesado ó cruzado, que no 
es de casta^ que no es ñno. 

Chiupa.-* Arequipa. Bolsita en que los indios déla Sierra 
cargan la provisión de coca. 

Ctanylla.^Arequipa. Choza. 

81 



SUPLEMENTO Á LA CH. 



Chalona. — Carne de carnero seca, curada al hielo, hecha 
cecina y que es una especialidad de la Sierra únicamente, no 
de la costa. Salva al deñnir esta voz como tcarne de oveja 
infecunda,! en la primera acepción, y en la segunda dicien- 
do: t£n el Perú llaman así á la carne de carnero y oveja se- 
ca y curada al hielo, y lo mismo á la de cordero sin sal,» no 
advierte que es provincialismo de América; pero no trayén. 
dola Terreros, dudamos que sea palabra española. Yo nada 
sé acerca de ella, ni si es indígena ni si es americana. 

Charque.— Preparación ó confección por el estilo de la 
anterior, y producto exclusivo asimismo de la*^ Sierra, desde 
los más antiguos tiempos. Del quichua charqiíí; se hace de 
carne de vaca. £1 charque y la chalona, carnes curadas á la in 
temperie ó tasajos; el chuño y la papa-sica^ y otras ralees in- 
dígenas sometidas al mismo procedimiento, desde que los 
nrimeros españoles pudieron darnos noticias, acreditan en 

K^ueblo inca, 6 una gran añción á menestras y conservas, 
Tan previsión. De todo habia un poco, á juagar por 






. CHA 177 

los escritores de la época de la conquista La papa secáf el 
chuño &., eran provisiones para cuando escaseara la papa 
fresca, ó abastecimiento junto con los tasajos, de los tambos 
sembrados por todo el imperio para atender á las necesida- 
des del Inca en viaje, ó en tiempos de guerra. £1 charque 
viene descrito en Garcilaso con su propio nombre, de esta 
manera: tLa gente plebeya en general era pobre de gana- 
do vacuno. Para socorrer esta general necesidad mandaba 
el Inca hacer aquellas cacerías y repartir la carne en toda 
la gente común; dé la cual hacian tasajos que llamaban char- 
qui^ que les duraba todo el año, porque los indios fueron 
muy escasos en su comer, y muy avaros en guardar los tasa- 
jos.! En otras partes insiste el autor en que los peruano^ 
eran pobres de carnes, y matar un cuy doméstico era darse 
una gran ñesta. 

La añción á hacer tasajos y la facilidad de conservarlos 
por la inclemencia y rigor del clima, llama asimismo la aten- 
ción de los conquistadores y los trae á hacer el parangón con 
el clima caliente de los Reyes (Lima) en donde por ser aquel 
cálido y húmedo, no es carne fresca sino la del dia. «La ciu- 
dad de los Reyes es tierra muy caliente, húmeda, y por ende 
muy corrosiva, particularmente de carnes que no se pueden 
guardar de un dia para otro.i (Garcilaso.) 

«El tasajo que los indios hacen en todas las tierras frias lo 
hacen solamente con poner la carne al aire, hasta que ha per- 
dido toda la humedad que tenia, y no le echan sal ni otro 
preservativo, y así seca la guardan todo el tiempo que quie- 
ren, Y de esta manera se hacia todo el carnaje en tiempo de 
los incas para bastimento de la gecte de guerra,! (ídem.) 

También bajo la atmósfera de Londres se puede admirar 
la conservación de la carne. El domingo, junto con la ropa 
limpia, se estrena el gran plato de asado ó rosbif monumen- 
tal, que debe desfilar en la mesa por toda la semana. Ca- 
da dia vá apareciendo más diminuto, pero entero en lo que 
hace á conservación; hasta que al llegar el sábado, ya solo 
se emprende la disección del hueso. {Ha durado toda la se- 
mana! 



178 



CHU 



Chlcllii.— Pu«dc no obstante que efrtcDombfe pTuccw 
las Islas de Barlovento (Aniillas) más bien qae de EBpl 
puesto que así lo insinúan dos AutorJdudes. una anligl 
Otra moderna: Zarate, ¡¡ñi. dt¡ Fcrú: lEste brevaje se U 
comanmeate ckuha ea Ititguaje óe /<tí /jíiu, porque en leí 
del Perú se llama áiua.» Y picliardo dice: iVot MJlgtH 
Panamá.* 

ChlrtllioyH.— Del quichua chiri, frto, y moya, fruta. G«r- 
cilaso, que todavía no acierta ó que no acepta este su verda- 
dero nombre, la describe con el de .manjar blanct, al par d« 
otros de sus colegas, y diré: •Tambieo se da en los Andes 
otra fruta que los españoles llaman manjar blanco; porque par- 
tida por medio parecen dos escudillas! (Jos lajas como acá 
dillamos) de manjar blanco en el color y en el sabot: tieoe 
dentro unas pe;iitas negras, como pequeñas almendras, no 
son de comer. Esta fruta es del tamaño de un melón peque" 
ño, tieae una corteza dura como una calabaza seca, y Las_ 
de aquel grueso; dentro de día se cria la médula tan estima 
da, es dulce, y toca en tantito de agrio, que la hace más go- 
losa 6 golosina.! 

Las pepitas, lijos de ser de comer, sirven para matar chin- 
ches, piojos y otros bichos, [machacándolas con alcohol y 
aplicando la masa que resulta á la purte invadida. 

Chisro. — Otro, y también xoña, de ios varios nombres con 
que se designa al corrtjühr, que hemos descrita bajo la palCI 
bra chauco. A pesar de Iodo es indudable que el mis usuáí" 
antiguo de estos apelativos, es el inás desgraciado de ellj 
cerrtjUor. Garcilaso ú otro historiador piimitivo, (El padtl 
Calancha) explics el p^r qué de tan impropio dictado para 
un pajarraco saltón y de lindo canto; y como debe Eupaner> 
iUndrt =" '' -=■■.■■- In conseja de un cierto Corrtjidot (do 
freros.) Era ilusi6a satírica d« los 

rucólo de botica que no és más que U | 
" i de la papa, llamada en otras [ 
tsrA el sa(-áz lector, eite ' 



con 

m 



CAU X79 

es una mera corrupción de chuño que queda rejistrado arriba, 
7 un nombre mal aplicado, porque aunque todo es papa, hay 
gran diferencia de la harina blanquísima oficinal que se da 
como dieta á los enfermos y se importa de Europa, á la pa- 
pa negra, (también hay blanca) dura, casi petrificada, pro- 
ducto inconsciente por decirlo así, de la incunable industria d^ 
la Sierra Andina. 



m 

í _ _ 



D. 



Dalia. — Flor originaria de Méjico y bautizada así por Ca- 
vanílUs que creó el género Dahalia en obsequio del botánico 
dinamarqués DahL Se introdujo en Europa en 1790, y en 
Francia en 1802. Hay dalias sencillas y dobles ó rellenas; su 
color es morado blanquizco ó caña, y es flor enteramente 
inodora. 

Deiiiro.— Palabra ordinaria y grosera, usada por los ne- 
gros y nadie más, para los cuales no hay otro «naturalmente» 
otro «porsupuesto,! otro «sin dudaí que el dejuro, que tiene 
entre ellos la signiñcación equivalente. 

Dijim es un ablativo latino que signiñca «por derecho,t 
•por ley,i «según, conforme al derecho [y por consiguiente 
«porsupuestoi «¿quién lo duda?t naturalmente! etc. Así co- 
mo de mon, en el mismo caso y en la misma lengua, significa 
■conforme á la costumbre,! «según el rito 6 la usanza.» 

Totidemque mactaa di mort bidentes.» 

*9 que no están en autos, de juro que se preguntarán. 
O cAmo es eso?i 

(«Ln Marema^i Diciembre 12 d€ z868.) 



DES i6z 

Vaya ahorfl Uil ejemplo español: Fernán Caballero» El 
Quinto: «Desde que las Indias son ludias ¿no han ido y ve. 
sido allí los españoles 3omo yo voy al cortijo? Pero de jur^ 
que se ha de ahogar Benito! te se m«tió en la cabeza.»— La 
palabra, en su origen, es noble. 

Depreciar. — Ni este verbo ni sus naturales derivados 
depteciaciótt, depreciativo, etc. se encuentran en el Diccionario 

de Salva, k pesar de lo cual lo creemos un neolojismo que 

no solo aquí se usará. Entre nosotros ha contribuido mucho 
á su propalación la plaga del billete de banco depreciado, que 
empezó á abrumarnos desde 1876; desde que el Gobierno 
tuvo la temeridad ó la debilidad de autorizar á los Bancos 
emisores para su incocversión. El neolojismo está peifecta- 
mente formado, sin duda porque se encargaron de compo- 
nerlo los franceses, y nosotros no hemos hecho más que 
calcar. 

Precisamente porque hay muchos modos de espresar esta 
idea en español, es preciso el vocablo. Lo que se expresa de 
muchas maneras, eh como si no se espresara de ninguna. En 
castellano puede decirse desestimación descrédito; desapreciar, re- 
bajar^ hermosas palabras todas, moralmente hablando; pero 
¿de cual echaremos mano para designar un artículo cualquie- 
ra que pierde un precio material? 

Derrumbe. — Así dice todo el mundo y aun los mejores 
escritores, por derrubio, que no es usado, como no lo es decli. 
vio por declive, pese al diccionario, que en este caso como en 
otros muchos, predica en desierto. 

Descascamrse. — Una pared No está mal dicho; pero 
más propio y preciso es desconcharse. Así lo sugiere el Diccio- 
oario y este pasaje de Trueba (El Gabán y la chaqueta Cap^ 
V.): lY sus paredes estaban desconchadas y sucias.» — 

Descole. — El del traje de las señoras. Descotarse, traje 
disdescotado^ ir descolada. Está demás la d primera, el verbe es 
gotarsi. 

Descuajaringado (da).^Desarmado, descuadernado, 
hablando de un individuo negligente en su traje y ademanes; 



i8s 



DES 



'spnñolas 



desvaido, desgarbado, desmalla I a do. Cuantío se reñereá p 
ta 6 cosa parecida, ps propiamente dtsvtnñjada. 

DtsnuijmiHgarst, parece proceder de tas voces espnñolas 
dntnajaf y desciajami/uto. Fácil es suponer cómo qiiedaí^ 
desmazalado un cuerpo al que se le quita cl eiia}t>. - 
{hado. En alguna ncveta de Fernán Caballero tenfo ii 
haber hallado este provincialii^ino. 

Desella par.— Doble provincialismo (y lo que es peor, pe-' 
ruanismo solo) i." porque ni se encuentra ni se encontrará 
quizá nunca eu los Diccionarios Castellanos; y 2", porque si 
un dia apareciera, signjRcaria simpiemenle quila' la chapa, 
plancha 6 lámina metálica í alguna cosa. Para nosotros es un 
verbo terrible: deschapar quiere decir. ..temblad lectores! ayr«n- 
car, saltar, de la puerta de una habitación, la cerradura, mala* 
mente llamada por nosotros la chapa. 

La última guerra, as! como un gran naufrajio siembra la 
playa de inñnitos despojos, ha sacado á lu:. para no dejamos 
mentir, una multitud de chapas usadas, que se exhiben en los 
Fi4rros viejos, que delatan otras tantas raterías y que han deja- 
do otros tantos huecos escuetos en las puertas del vecindario. 

Deschapar, pues, denota en Lima, un asalto de ladrones; 
una visita solemne de la policía al cuarto de un suicida 6 
muerto repentino; y ea el más inocente de los casos, una últi- 
ma ratio regum: la presencia del cerrajero armado de sus te- 
nazas para anancar la cerradura cuya llave se ha tenido la' 
desgracia de perder. 

Ea lo de chapa por cerradura nos acompañan Chile ] 
tombía; en lo de deschapar, sclus eris. 

B. — Estar con desgano, ó con un desgano, y e 

t, es lo qu« los españoles llaman unifonnem 

tndo el femenino al n^asculioo, como i 

.—Fernán Caballero. *No Irant 

a de tres meses á esta parte no notas sb4 

—El malogrado novelisti» gallego I 

?^^1-"-^T:, diceií«^fl«9, masculino, en su i 



Ocftvivirse por alguna cosa 6 perú 



DES 183 

Evidente parece que este verbo se ha formado sobre la raíz, 
arrrr^t ó Je morirse (por algo), más no está autorizado. Este 
prcjviocialismo significa en Cuba treirse ó llorar con esceso 
eri términos de turbarse la respiración.! 

Eíespaclo.—Este adverbio mide el tiempo, pero no el so- 
nido; es adverbio de tiempo, pero no de modo, por consiguien- 
te es un refinado provincialismo aquello tan corriente de /w- 
hlá^9^ despacio por hablar hajo^ en voz baja, y ao añadimos ca- 
Ua9tdito^ porque ya esto seria demasiado culto y nos conver- 
tiría en hablistas en ico. Estas son las verdaderas y profun- 
das alteraciones del castellano en América, estas las que 
tienden á desvirtuarlo y á formar un dialecto separado, con 
la misma máscara de la lengua de Castilla; estas y otras infi- 
nitas, metidas en la trama del idioma, en la masa de la san- 
^''^i en lo más recóndito de nuestro ser; y no esa pobre y ca- 
lumniada lista de voces indígenas que, en Lima al menos, 
cons ponen la menor parte y la menos grave de nuestros pro- 
vincialismos. 

£1:1 todo idioma hay un segundo idioma latente, que el vul- 
go ó las provincias lejanas van sacando afuera insensible- 
fl*^nte, extraviados por asociaciones de ideas. 

^© aquí despacio por en voz baja; asomarse por acercarse^ chapa 
P^^ cerradura; pareja por tronco de caballos; donde por en casa de; 
vcred^t, por acera &. 

^a. parte de su lengua que los latinos llamaban rñstica, era 
y ^C3 la lengua culta ó de los libros, la qu« encerraba ocultos 
tXí Su seno los futuros idiomas neo-latinos. 

f^^spancar.— Significativo verbo que designa uno de los 
pnacipales y primeros actos de la cosecha del maiz, que es 

^^ de tapanca la mazorca, é irlas separando, en la pampa 

"*»stna, para que así peladas sean conducidas á la coica. Es 

^'^'bo tan bien formado, como el desyerbar de los españoles. 

De8i»apocho.^/)/5/a/<?. 

— Pero ¿qué hablar de esta unión? 
Quinientos mil despapuchos, 

Segura, Lastres Viudas, 

S2 



IR4 



DES 



l)«8|tcriiniictirse.— Aterirse de piernas áét 
mente; conjagamos este verbo en lodos sus tiempoB; ] 
Salva ni en Terreros lo encontramos, sino esparrancamM 
signiñca lo iniamo en lodas sus acepciones; y aparra 
desptmancirdo. Como de costumbre nosotros liemos lomado d 
forn^ado el verbo del mismo sustantivo, /^üfiiti, repudiando ó 
desconocientlo tspartttiuarst que nada nos racuerda, Para la 
mayoría de nuestro pueblo los orígenes de la lengua esl&n en 
las poquísimas palabras que habla, y no ve más allá. 

Este deseo de ver reproducido direclamente el sustantivo 
en el verbo es el que nos ha llevado ya á usar como cosa muy 
corriente el iikucinr por caUar, y aun el distanciar (galícisrno 
puro) por separar, como que pugna igualmente por abrirse 



El siltiuiar, en las triviales relaciones de nuestros periódi- 
cos, produce un efecto ridículo, porque contrasta la pobreza 
del fondo con el énfasis que resalta en todo vocablo flaman- 
le que comienza á servir en el uso común. Por supuesto que 
el silenciar es el distintivo del estilo de todo pobre diablo, qae 
aburrido de no ser nada y contando con la democracia, se im- 
provisa escritor ú orador. 

De¡per nanearse es igualmente provincialismo de Cuba. 
Destfinr.— Lo que en Lima se llama etemnmetite etgna 
destilada, es simplemente agua pasada por un filtro de piedra. 
De estos nitros los más afamados s^in los que vienen de 
Paita. 

La destiladera es una piedra horadada de la forma y tatnnño 

D pau de azúcar, un mortero. Descansa empotrada sobre 

unas angarillas ó aguaderas firmes y filtra gota á gota, ó i¿rj. 

iftel ftg^a flobre una gran vasija de barro llamada tinaja (t 

V nmbas piezas van encerradas en una 

: <in ñeiro, llamada por su contenido la 



, niis impórtenle;: de nuestra vida do' 
, por ^filtrar y filtro, como fqutvetú \ 



DIC 185 

e<luívocttción ó equivocado ^ vereda por aceni^ pelear por reñir ^ tomar 
ó agarrar^ por coger y otros provincialismos que hemos regis- 
trado y registraremos, componen los legítimos y formidables 
peruanismos. Empero, destilar ^ox filtrar en este caso, no está 
enteramente mal dicho; porque si bien es verdad que Salva 
en el artículo tinajero llama telfilifo del aguai á nuestra />i^- 
(ira de destilar ^ no es menos cierto que entre las acepciones de 
este último verbo trae lo siguiente: «Pasar el agua por el mor- 
tero de piedra para que se adelgace.» 



Y no más que al ruido 
Imperceptible, leve, interrumpido 
De la destiladera, 
Su corazón se altera. 

Ruinas, pág. 355. 



Diamela.— Florecita completamente blanca, término me- 
dio entre el jazmin y el azahar, y tan pequeña y sencilla, y 
de olor tan delicioso, que si no hubiera violetas podria ser el 
emblema de la modestia, como parece serlo ya de la castidad 
Es uno de los principales ingredientes de la mistursi'- lámela. 
Jisminum sambac. 

Del jazmin y el azahar, 

Y de la dianula en ñn, 

Que aquellas dos blancas ñores 

Ofrece juntas sn sí. 



Poesías Peruanas, pag. 119 



Díceres. — Hé aquí otro provincialismo de la laya de acá- 
pite y sus semejantes; cuesta trabajo persuadirse de que no 



1 86 



DIC 



es castellano. Dkeres, palabra ueadCsímti enlrr nosotn»,^ 
niñea rumares, vocts, murmaracionts, kabladurias, hablillas C 
Es corrupción indudable, á no engañaime, del anttcuAdod 
(e*es que valia lo mismo; y más «Diícuado todavía, co el sigltr' 
XV, todo lo contrario, ó sea dichos nobles por exceJencía. 
desde que por díceres, se entendía versos, canciones, obras dt m/e- 
HÍo; y por decir, petrificar, poetizar, 6 cantar como dice boy cual- 
quier poetastro moderno, aunque grazne. 

El Márquez tie Santillana, PraeMio al condeetable de Por- 
tugal (siglo XV) dice: ime rogó que los áicercs é rancioses 
mias enviare á la vuestra magniñcencia.i — >En este reino de 
Castilla dijo el rey don Alonso el Sabio é yó vi quien vió 
deciris suyos.! •Femiant Sancliez Calvera compuso asaz hac- 
aos decires.» 

Es verdad que en ese mismo siglo XV, y en un eminente 
contemporáneo dtl citado maiqués, el celebre Villena, baila- 
mos también nuestro decires, esto es, Iof dtcítes en el sentido 
de díceres, en los Trabajos de Hércules, capitulo 8, dice el Mar- 
qués de Villena: «Empero, si el menestral virtuoso, que ha 
buen propósito continúa e no deja buena vida, vence los tales 

íiífíWS.» 

El Diccionario de la Academia de 1727 traduce dtciret por 
murmuraciones, detracciones! y agrega: «tiene raro uso.» 

Tan lejos llevan algunos el provincialismo» que lo usan 
hasta en singular, diciendo torpemente un dicere, que repaga» 
al oido y al sentido común tanto, como un paragua. 

Diceselo,— El verbo decir no tiene más forma de impera- 
tivo que la irregular iÍí: no se halla en el caso de sus com- 
puestos ¿■ím/tct»' y maldecir que lo hacen ¿írtiiVí y maldice. Es 
pues imperdonable la propensión tan general á deslizar ese 
i)do basta y sobra diseto, que expresa 
^ tonto dígaselo — 'Dístlo í tu padre, 
i Teresa dÍse¡o para que ea míen- 



K Un Verano en Bonos. 



DOM 187 

Disfuerzo. — Hé aquí un peruanismo formidable, y tan le- 
gitimo, que hasta hoy no hemos tenido el gusto de encontrar- 
lo, ni en Diccionario ^ libro de España, ni en los provincia- 
lógrafos. Aparentemente es una magniñca palabra castella' 
na como refuerzo^ esfuerzo', y no sé cómo se introdujo ó formó 
por acá; ello es que corre mucho, y que es tan signiñcativa, 
que DO s6 porqué falte en España. Se usa generalmente en 
plural, y equivale á descoco, desenvoltura, falta de compostura^ 

monadas, fieros. El xtñe\\\o disforzarse, no menos importante, 
significa extremarse, excederse en sus manifestaciones ó senti- 
mientos, exagerarlos. El único equivalente que hasta aquí he- 
mos hallado á disfuerzos, es la expresión francesa des manié' 
res, porque cuando un pisaverde de Paris le dice á su ami- 
ga'. As iu fini tes vtanieres? es exactamente nuestro ya vienes 
con tus disfturzos. 

Disparejo. — Tenemos el sentimiento de participar á nues- 
tros lectores, que este adjetivo, que tanto usamos no 

Se encuentra en el Diccionario. Allí solo figura desparejo, y 
todavía con esta desdeñosa despedida:! adjetivo anticuado: 
desigual.» 

Estamos pues, en pecado mortal. 

Doioíilico.- Padre ó hábito dominico. En España parece 
que la palabra es grave, como se vé por este ejemplo de Er- 
cillai Araucana, canto XIII. 

Teólogos de honesta y santa vida, 
Franciscos, dominicos ^ mercenarios,* 

Salva trae también dominico, grave, aunque corrigiéndolo 
con dominicano^ que es lo mas racional, ücepta asimismo 
dominico^ esdrújulo, más como anticuado y con el solo signi- 
ficativo de lio perteneciente al señor ó amo.i Esta sutil dife- 
reacia nos parece de muy buen gusto, porque viene bien do- 
mínico como adjetivo de dominio, Pero ¿quien se atrevería 
entre nosotros á usarlo en tal sentido? ;Quién tiene aquí el 



i88 DON 

coraje de llamarse (íueFto ó amo de nada, ni de sus más pro- 
pias cosas? Aquí todos somos dueños y amos de todo, délo 
creado y de lo increado; y salir con tan impertinente distin- 
ción domíitica, seria un ataque á los derechos de la comuni- 
dad, á la divina democracia, que no le permite á nadie lla- 
marse amo ni señor, y últimamente ya ni notable. Cuando es 
inevitable el reconocimiento de uno de aquellos dos títulos 

se dice el patroiú Y aún el dominio eminente del derecho de 

gentes no pasa por acá de letra muerta. 

Don y Dona. — Satirizando Cadahalso en sus Cartas Mar- 
ruecas hace más de un siglo la afición de los españoles á abu- 
sar de este tratamiento dice: «Don es el amo de una casa; 
Don, cada uno de sus hijos; Don, el domine que enseña gra- 
mática al mayor; Don, el que enseña á leer al chico; Don, el 
mayordomo; Don, el ayuda de cámara, Doña, la ama de Ila^ 
ves. Doña, la lavandera... así son más los Dones de cualquíe. 
ra casa, que los cbl E^spíritu Santo.» Y más abajo, conti- 
nuando su filípica contra lo que el califica allí mismo de Do- 
nomaniay añade: «No hay duda que es estravagante el núme- 
ro de los que se usurpan el tratamiento de Don; abuso gene- 
ral en estos años, introducido en el siglo pasado y prohibido 
expresamente en los anteriores.» 

Los fastos del servicio doméstico de Lima están de pocos 
años acá tan llenos, tan empedrados de este engorroso tra- 
tamiento, que producen una verdadera dificultad en las rela- 
ciones diarias de amos y criados; tan verdadera, como la que 
orijinan los mismos Doues y Doñas de nuevo cuyo, con el tra- 
je de cola y los botines rechinantes que se empeñan en gas- 
tar para su trajin cofdiano drntro de la casa. 

Los fámulos de color, más ó menos incultos é ineptos de la 
servidumbre de por acá, desaparecen bajo el tratamiento que 
impropiamente stí dan c.üos mismos, como un piojo tras de 
una piedra: no so les distiní^iif, ni st; cae en la cuenta de quién 
sea ese Don ó Doña: ¿es alj^'una peisona cjue ha estado ó que 
entra de visita, ó simplínifnt'í el pinchf* de la cocina ó la Ma- 
ritornes del lavadero? 



DOR 189 

Por decontado que estn tío es más que una de las tantas y 
fecundas adquisiciones de nuestra gloriosa Democracia (¿ ?) 
cuya misericordia desgraciadamente solo es de arriba para 
abajo y no de abajo para arriba; por lo que, tan pronto como 
una distinguida señora viene á menos y baja de su rango, los 
grotescos Dones y Doñas que quedan descritos, se apresuran 
á apearle el tratamiento y á llamarla ña Fulana. ¿Cosas? ¡Co- 
ees de la Democracia! 

Concluiremos con el epigrama de Quevedo citando por 
Cadahalso: 



Don Turuleque me llaman; 
Pero pienso que es adrede, 
Porque no sienta muy bien 
El Don con el Turuleque, 



Donde. — Doude fulano ó de donde fidano es el único modo 
de significar entre nosotros á casa de fulano ó de casa de fula- 
no. Los españoles dicen como queda corregido, y con mucha 
frecuencia en casa de {ir) y aun en cas^ lo que ya frisa con el 
comodísimo chez de los franceses. Teniamos la idea de que 
este provincialismo era solo nuestro; después ha resultado 
americanismo, y por último Baralt refiere que se oye en Casti- 
lla. No hay más que decrr. El advenimiento de este sugeto 

está próximo. £s un Designado de Colombia; un cardenal in 
pectore del Papa. Pronto lo veremos tomar posesión del cape- 
lo y del mando y llenar la vacante causada por la falta ie 
chcz. 

Dormilonas. — Pendientes, zarcillos &. Provincialismo 
corriente aquí y en Chile, particularmente en la clase media 
de la sociedad. En cuanto al origen del nombre, aceptaremos 
por lo pronto, la chuscada de Don Z, Rodriguez: «Tal vez 
el bautizarse así á los tales pendientes provino de que por su 
forma y valor podia dormirse con ellos sin peligro de la cara 
y del bolsillo.! 

Don Ladislao Grana, escritor español avecindado etr« 



igo DUE 

nosotros, sigue el provincialismo en su novelita tSé bueno y 
serás feliz,9 y dice: «Prendedores, cadenas y dormiiofias fue- 
ron asimismo reconocidas.» Lu dormiloia se distinguía del 
pendiente y aan del zarcillo, en que no pendía ¿e la oreja» 
yendo solamente abrazada al pulpejo de aquella, como un 
intermedio entre el pendiente y lo que ahora se llama tor- 
nillo. 

Dos por tres.— (En un) En un santiamén, en un abrir 
y cerrar de ojos, ó graciosamente, como se lee en Fernán Ca. 
nan Caballero, en un pereqwte. Los Diccionarios Castellanos 
solo traen A dos por trcsy que no signiñca exactamente lo 
mismo. 

Aunque yo trazo mis cuadros 
Más propiamerte en un seis^ 
Por trazarlos, como suelen 
Decir, en un dos por tres. 



PoLsiAS Peruanas. 



A pesar de no hallarse en el Diccionario, puede que en ia 
frase española ocurra igualmente este modo de decir. 

Droga. — Y drogas, por deuda y deudas. De esta palabra se 
ha formado también un verbo, endrogado; que ^equivale á en- 
redado y envuelto en deudas. 

En Fernán Caballero hallamos droga, como inteijección: — 
tiDrogal Compadre, y este es el apuroPí (Lágrimas,) 

DrogueríK— Tramposo. 

'"Duendes. — El artículo sii^uionte constituye un perua- 
nismo bajo el punto de vista de las costumbres, no bajo el de 
la iilologia. En igual caso se halla el articulejo dedicado al 
chupe, y otros que lector ha visto y verá. El non erat his lo- 
cus de Horacio falla en el escritor peruano, porque como 

casi todo está por saberse ó describirse entre nosotrcSy de- 
bemos los escritores nacionales encajar nuestras enseñanzas 



DUE 191 

en todo lugar, vengan ó no al caso; por cuya lazon disculpo á 
un autor de iCtogiaña del Pcrúi que diserte ^obte yaravíes, 
y á otro que trazó maiítimamente el «Derrotero de la costa 
del Perúi que se interne en valles y pueblos costaneros y nos 
hable de agricultuia, coni< rcio y costumbres; y disculpóme a 
mí mismo con mayor razón los artículos pintorescos, y los so- 
bre costumbres, platos y bebidas, con*. o Duendes, Chupe y Chi- 
cha, en una obra que á primera vista solo promete secas cues- 
tiones lexicográfícas. 

Los indios del interior creen de un modo serio y respe- 
tuoso en la ctistencia de los duendes y juran verlos y en- 
contrarlos á cada paso y bajo diferentes formas. Según 
ellos, los duendes pertenecen á la formidable falange debe- 
lada por San Miguel y acaudillada por Luzbel, que anda 
dispersa por el mundo tentando á los humanos. Un vene- 
rable indio de Conchucos, avecindado largo tiempo en Lima, 
me contaba los dt)s encuentros que tuvo un dia con ellos en 
una de sus correrías. Iba de Jauja á Tarma. El cielo que 
estaba sereno, comenzó de repente á armarse^ (es decir, á po- 
nerse en facha de tempestad) y no tardaron en desenca- 
denarse la lluvia y los truenos. Nuestro hombre trató de ir 
á guarecerse en una especie de choza que divisó; y al acer- 
carse se encontró frente á frente de un gran cuadrúpedo 
apocalíptico de color pardo, y con tamaños ojos, lucientes 
como brasas, fijos en él . Alejóse amedrentado nuestro 
pusilánime viajero, que al fin halló hospedage en una ca- 
sucha de mala traza. Acababa de acurrucarse en un rincón 
de la vivienda, después de haber , arreglado la cena de su 
muía, cuando hé aquí que se presenta en el dintel de la puer- 
ta un hombrecito de la cria del general Tom Pouce, pues á 
lo sumo tendria veinte pulgadas de alto, y que desaparecía 
bajt) la tendida falda de un inmenso y grotesco huarapón. 
El Conchucano iba pertrechado de su Magníficat, que es el 
gran antídoto contra los espíritus malignos, y empezó á exor- 
cizallo lleno de fé, pensando que con su Magníficat y su tí- 
tul'í It! cristiano nada tenia que temer; á pesar de lo cual 

perdió el sentido, cayó privado, permaneciendo así hasta el 

3S 



192 



DUE 



dJü siguiant?. Todo esto me Ío relató con una gravedad i 
perturbable. 

DueAn.— Los (¡ue afectadamente dicen la áiuiu por U dnt- 
ñet, que por desgracia no son pocos, se relamen los labios y 
uiiran al soslayo con saiisfncción, creyendo que se OStáo ex- 
presando con una gran puceza y no es así. Diuha es t^n na- 
tural femenino de dueño, como domina Je dómino en latrn; y 
ai en el antiguo era ei nombre escluslvamenle común dd dos 
en masculino, aún en los clásicos del siglo XVII se e&capa 
con frecuencia la dueña por U ÍHtño. Hoy que no hay tiiubi- 
guedad que temer, por haber desaparecida \A%dutñaíqwnlaño- 
n«, que vivían cutre AUa y Huita, no hay porque rehuir la 
terminación femenina. 

Los saíneles de Don Ramón de la Cruz, que representan 
el lenguaje de las clises populares nada menos que de Cis 
tilla (Madrid) en el siglo pasado, traen ya In terminación que 
defendemos: 

— <Yo había de atreverme á usar 
Las alhajas de mi dueño! {*l nmo) 

— Permitiéndolo /d i^M^ña, [ti ama) 
No queda escrúpulo;) 



E¡ qtu habla i* la ('tra, tu tt la lina,) n 



SUPLEMENTO Á LA D. 



Desbarrancarse. — Por despeñatse, tiene un uso general 
•ntre nosotros. En los diccionarios castellanos podemos ha- 
llar abarrancarse j embarrancarse que no quieren decir despeñar- 
$€• Salv& es el único que en este sentido trae nuestro verbo, 
y solo para correjtrlo con el que dejamos apuntado. En los 
deaaás léxicos, inclusive los contra la lengua, no lo hallamos, 
lo que prueba que es muy contrario á la índole del idioma. 
Pudiera creerse que se ha formado por lo frecuente que es en 
nuestra topograña el accidente de \osharrancos, como que po- 
blaciones enteras llevan este nombre (El Barranco^ La Bar- 
rmaea &,.) y que en España priva el otro verbo, por ser allí 
los precipicios de peñasquería; y hasta hay un punto que to- 
ma el nonibre de Despehaperros, Si en la otra parte del Perú 
qoe no es la costa, hay despeñaderos que ponen el credo en la 
boca, allí no hay poblaciones, ni actividad mental de ningu- 
na especie, ni una comunicación activa que haga nacer deno- 
mbiaciones técnicas, y tienen que aceptar indiscriminada- 
mente cnanto va de este lado de los Andes. 



194 DES 

ncscai'hulandiMniienlo — Chiciayo. £sta palabra ex- 
traordinaria en la que podrían d'iscubrirs'? y separarse hasta 
cuatro elementos compositivos, des, cacha (cachaxa) landre y la 
terminación de los verbales en miento^ se usa en el sentido de 
negligencia^ dejadez, cachaza, y podemos suponerla adulteración 

d3 una palabra castellana hipotética, puesto que hay descalan- 
drajado, la cual vendría á ser descalandraja miento. 

Los Chiclayanos, convecnidos sin duda con los ejemplos 
de los telégrafos, ferro-carriles y vaporea, de que es un cri- 
men en nuestros dias andar tan d-spacio como se necesita pa- 
ra pronunciar veces tan desmesuradas, comicszan á desusar- 
la en lo que hacen muy bien. 



^l^fyD ^b^-' ■•^>- 



E. 



Krilángaiio. —Dan este nombre en la provincia de Ca- 
ñete á una mata espinosa y tupida, algo parecida al algodón, 
pero más rústica, por lo cual sin duda la emplean los indios 
para formar la cerca ó seto vivo de su heredad. 

Eíeuíetíio. — Ser ó estar hecho un elemento ^ qu'iert átch ser 
un autómata, un babieca, un alma de Dios, estar alelado, idiotizado, 
etc. Entre las acepciones lexigráficas de elemento (Salva) no 
hallamos ni rastro de la que aquí tiene. 

Empacarse. —Salva describe perfectamente este provin- 
cialismo. Empacón es el caballo que se empaca; más en buen 
español, un caballo que tiene est¿ resabio ó picardía, se lla- 
ma harón ó repropio. Empacarse el caballo es pues, según el 
Dicdonárío, haronear. En lo figurado, y por gracia, empacarse 
un orador parlamentario, es entorpecerse al hablar. 

Empacar en castellano signiñca empaquetar ó encajonar. 

Empnmparse.— Perderse (hasta perecer las más veces) 
en las pampas arenosas y desiertas de la costa del Perú, á cau- 
sa de la multitud de cerrillos de arena, que improvisados re - 



196 EMP 

pentinamente por el viento y que se llaman Médanos, borran 
por completo el camino. 



Entre dos luces, 
Perdido el vado, 
Cal de bruces, 
Morí empampado. 

Álzame cruces. 
Llora mi hado 
Si el pié conduces 
Por este lado. 



Los Médanos. 



• Por esos misinos lugares pereció algunos años mas tarde, 
igualmente emp^impado^ el joven Don Lúeas Allende, cuyo 
cadáver fué hallado poco tiempo después roído por los bai- 
tres.t {Ídem). 

Kinpa aturrarle. —Arrellanarse, engolfarse, abismarse 
CM1 una poltrona. No fé de que palabra española pueda ser 
conupciüii la presente. 

Significa asimismo en su sentido recto hartar ó hartarse^ 
empjlj<:ar o empalagarse, empachar ó empacharse, en cuya acep- 
ción el provinci.'.lisnio es más comprensible, porque estando 
visible el pan en el, se comprende mejor el resultado. 

Si aun empick,^ cuando es de esiomagc», tiene por etimología 
^ifi...;por qut? no la tendría igualmente empanturrado? 

Con todo, si le comparamos con el fi anees empaturtr, qae 
en Español equivale i pasturan 6 llevar el ganado á la pasturm 
ó pasto, tendremos que la más piobable etimología de impon- 
hmmr ts pastu^ét que también siiznifíca alimento, por lo que 

"^iMitro provincialismo podría valer tanto como harto, rephto^ 
li, Mu de posiura, repastada ó ret^n como dicen los fran- 



EMP 197 

La acepción metafórica se comprende sin diñcultad: un 
hombre arrellanado, embutido ¿n un sillón ó en uaa montura 
criclia, ¿no parece abotagado? 

Desnuda hasta la rodilla 
Casposa pierna de brea 
Huérfana de pantorrilla, 
Ninguno de ellos campea 

Empanturrado en su silla. 

PoBsiAS Peruanas. 



Empaque. —Entre nosotros se toma por aplomo, descaro, 
desfachatez, 6 como dicen otros, desplante. En Andalucía (Sal- 
va) caiadura^ aire, semblante, continente. 

Empaquelarse.— Ponerse paquete. (Véase esta palabra.) 

Rniparar.— Vulgarismo, por recibir en las manos cual - 
quiera cosa arrojadiza, como la pelota etc. Es voz muy usa- 
da por los muchachos y la gente común, y no debe ser más 
que corrupción de aparar. El provincialismo me parece más 
expresivo, porque se recibe en, en plena mano, y no á 6 a\ 
soslayo; ni es lo mismo «^n latín la ¿ireposición ad que la pre- 
posición im, ni enseñar que a-signar, viniendo todo de sig- 



Empastar. - Hé aquí uno de esos peruanismos (tal vez 
americanismo) inapreciable ¿Cómo no ha de decir más em- 
^«slor que enataiemar'i Si yo cojo media docena de cuaderni- 
llos de papel y coso, ya están encuadernados,, desde que los he 
puesto en forma de cuaderno. 

Luego iHCuademar no da idea de un libro puesto en pasta. 
Adema!'», no aceptan los españoles pasta como tapa% del li- 
bro ? 

Luego empastar por encuadernar, y empastador por encuader- 

es un provincialismo no solo necesario, sino tam- 



igS EMP 

bien inocrnte. Salva en el prólogo de su Diccionario reco- 
mienda algunos am'jncct:i¡í5mos, como dictaminar por dar dic- 
tamen, editorial por artículo de fondo, y íiuu cito que empastar 
por encuadernar. 

Kmpavar -Hacer lu pava á alguno^ esto as, tomarU el pelo 
comü dicen los lísp.i fióles. DifíJl, mas que difícil, imposi- 
ble seria d^struar de nuestra conversación este peruanis- 
ii:o, lan inhoreut'i á nuestro modo de SíUlir. No se oye otra 
cosa, por donde quiera que se vaya, que lo empavaron; me em- 
pavé, se empavó^ <?>•, por lo corrieron, we corría se corrió, como 
constantenient'í se dice en buen español. 

Cuando es reílt xivo, empavarse tiene más equivalentes, y 
son acortarse, avergonzarse, confundirse, achinarse (que pa- 
rearnos nosotros traducir cuando decimos acholarse)^ atufar- 
se, amoscarse, amr.stazarse, airarse, etc. 

Indudablemente empavarse equivale á quedar hecho un pavo ^ 
más siendo dicho animal el emblema de la hinchazón y 
de la soberbia, no comprendo cómo queda hecho un pa- 
vo el que se atoftola, el que se amilana, reduciéndose al es- 
tado de dos tímidos animalt-s como el milano y la tórtola; el 
que se apoca y empequeñece y achica y anonada; el que se 
corre, coaio un ojo con corrimiento, ó como vela que batida por 

el viento se derrite. No lo comprendo. Seguramente omprn- 
varse ha degenerado de la primitiva acepción; aun cuando en 
buen español, amoscarse, que en su sentirlo recto es quedar 
como una inofensiva mosca, significa todo lo contrario, asumir 
una actitud bélica-, pues se dice que se amosca del que se 
enfada. 

Emp;'io, no olvidtmos que en sus acepciones metafórica^ 
pava quiere decir «muj-r sosa y falta de gracia» pavo thoni. 
bre desgarbado,! y qu^ en galirgo/flfta es chanzoneta, y pahtro^ 
chancero 6 hazmereir, todo lo cuáI ha podido contribuir á aues- 
tro provincialismo. 

En C\ihíí coíner paho, es no bailar por falta de pareja^ En 
Montevideo llaman planchadoras á las señoras que por este 
motivo se quedan sentadas en un baile. — Véase Pava. 



EMP 199 

Emperrechinarse. — No hay más de malo ó provincial 
eM este vsrbo» que su adulteración pirque por le demás, en 
buen castellano se dice desde los tiempos más antiguos empe- 
trincharse. 

Empetatar. — Ni más ni menos lo que esterar en Madrid 
puesto que aquí llamamos petate á lo que allá estera. Pero 
no se entienda que el empetatar es temporal como el esterar, 
ni una señal de verano como las golondrinas, que es lo que 
pasa en la capital de España. Aquí se empetata una vivienda 
y una casa entera, una vez por todas, cuando n» hay sufi- 
cientes medios para alfombrada; 6 cuando es una recámara 

ú otra pieza interior que no requiera tanto lujo. 

Empilar.— Acercarse un esbirro á un hombre, trincarlo 
bonitamente con un cordel y llevárselo á la policía. 

Así como en huscapiqtus hemos traducido pies por piques, por 
ser estos los huéspedes de aquellos, así en empitar por empio- 
lar, traducimos piola por pita, como por un sentimiento de 
americanismo, porque aunque conocida y hasta CMltivaba en 
España la planta de la pita, no deja por esto de ser un pro- 
ducto nuestro Piola, empiolar y apiolarj figuran en el Diccio- 
nario, y el segundo y tercero significan nada menos, que 
aprisionar, sujetar, prender á alguno. Nuestro provincialismo 
DO es pues sino traducción de metáfora. Puigblanch, Op. I 
pág. XXXVIII «Chcverria y Zavaleta eran hombres de dis- 
posición para mandar, que sería un incitativo para que los 
apiolase Mina.i 

Emplumar. — Alzar el vuelo, remontarse (figuradamente) 
hacerse humo, desaparecer. Entiendo que también corre en 
las otras Repúblicas esta metáfora provincial, que no puede 
ser otra cosa, porque, admitido que se diga voló del que de- 
saparece repentinamente, bien puede variarse la expresión 
y decirse hixo uso de la pluma ó la puso en juego, que es 
lo que parece darse á entender con emplumar, annque en 
rigor tal veibo solo deberia significar vestir ó vestirse de plu- 
mas, á alguno, ó los polluelos de las aves. (Emplumecer, esto 

último.) 

34 



aoo ENC 

Emponrliado. — No signifíca únicari:ente emboxaáo en el 
poncho, sino que sr toma en mala parte, diciéndose un empow 
chado, unos emponchados, por un sospechoso, unos hombres sosfecho' 

sos, 

Kmpolla. — Tan general por ampolla, como infundía por 
erjundia. No son mas que errores 6 vicios de pronunciacióxit 
aunque muy censurables; y el primero, reñido con todas las 
reglas de etim^lo^ía y derivación, pues viene del latino am/M- 
lla {ampolla, en el sentido de redoma ó de lo que aquí llamamos 
^i'w^faj y sus varios derivados son ampolleta cariampollar^ que 
en Lima solemos descomponer en cara empolladita; ampuloso* 
que viene directamente del latin, puesto qne también en él 
ampulosui significa estilo ampuloso &. 

Para no<;otros empolla (ampolla) no es sino la del cutis, e« 
latín pústula ó vessiciíla; para el Diccionario es además una 
cierta botella, que por la definición es nuestra limeta. 

Enaijua.— Véase Fustán. 

Fliioiiiiar. — Nuí'stros provincialismos, como ya se ha vis- 
to, son ó indigenas ó espítfioli.s, el presente pertenece á la 
segunda categoría, y aunque no parezca bien explicar un pro- 
vincialismo ron otro, encimar es yapar, pujar algo más so' 
bre In rstipulatlv?. En buen castellano, y hapta etimológi- 
camente, encivuir solo equivale á encumbrar , enaltecer, subli- 
msr etc. 

Rncoiiiienda, l«'ii(*oin#'nf1íMi:i , £nroine:ulero. — 

Almacén, lo s» gundo, ti- coii-.c-^tibits en grande y por menor; 
algo más activo y más al'nu nudeo que rl almacén de Abarro- 
tes. Las formas de enccmenLvnitnto, encomendar y encomendero, 
únicas que registra «1 Diccioiíaiic, no tienen nada que ver 
con la nuestra. — Encnmendero, cniíe nosotros es poco menos 
que pulpero, el qu« tiene alnvtc?n de encomendería^ ó simple- 
mente una enccmcnderiA, —Etwoniifytda: el bulto pequeño que 
se manda con alijua jMsajoro o por f^l correo. El Dic- 
cionario en esta aci»pc'ón nor r» mite á Encargo- Ehco- 
undita: apodo de un céI"!>ro C^ií/c/rAr ó ratero que tuvi- 
mos por acá. 



ENF 20I 

niironchado. — Sustautivadamente se llaman así ciertos 
tnuebles del antiguo Lima, en lo general armarios ó alhace- 
nas, totalmente t:mbutidos ó taraceados de concha de perla ó 
nácar, y que gozan de gran aprecio. Conste que el Diccio- 
nario castellano no admite ni aún el inñnitivo enconchár. Es- 
ta clase de piezas asi labradas, se conocen en español con ei 
nombre de embutidos cusílesquiera, que sean la materia y elco. 

lor que hayan servido para la taracea. 

Enchipar.— En las haciendas del valle de Cañete Fe de- 
signa con este verbo español-peruano formado sobre la voz 
quichua chipa, el acto de cubrir y forrar con paja para la ex- 
portación, el pan de azúcar. Concluido el envoltorio, se ata 
trasversalmente coa las huasquillas ó trenzas de totora tejidas 
en la misma hacienda por las mujeres. Esta operación es la 
que se conoce con el exclusivo noiubre de cnchipar. 

Chipa en quichua quiere decir lio, fardo^ envoltorio, se^n 
Tschudi; según Markham, alicates) gag, que en inglés equivale 
á mordaxa, y según Torres Rubio, la mordaza ó tornillo pafa 
apretar. 

La paja que se emplea para enchipar no es sino la misma 
que queda en la pampa (en el campo) después de cortada {re- 
colectada) la caña; y así esta planta eminentemente noble, da 
sa jugo sacarino á las oñcinas de cristalización, su bagazo a 
los hornos como combustible, su cogollo ó punta, que por se^. 
enteramente acuoso casi no contieac azúcar, á los animale^ 
c«mo pasto, y por último su paja, no solo como combustible 
también, alternada con el bagazo, sino como vestido ó traje 
para el paa que ella misma ha producido. 

Knfaginar — Calentar la cabeza á una persona, inducirla 
á que se precipite, seducirla &. Viene sin duda de la frase 
fHeter fagina que sig niñea algo parecido, ó mejor dicho, que 
puede conducir al mismo resultado que nuestro enfaginar, 

¿Para qué pues la acrimina? 
¿Por qué á mi madre enf agina 
A que la odie y arme escándalo? 

Segura. — Las tres viudas. 



202 ENM 

Engreír, se —De las tres a^^pciones castellaaas qoe c 
verbo tiene en el Diccionario, sola corre «ntre Dosotros la d 
íHsobtrbteeru {eHgreirse). En lo demás, siempre se asa ptovid^ 
cialmenie par mimaf, especialmeate á los niños ó á algún anl 
Tpal favorito. Un niño muy (tigttiHo, quiete decir muy MOttilt^ 
do; y titHgreido de una casa, es el mimado, el comtntidt, el w¿« 
Ion como dicen en Chile. 

En Andalucía, si no mienten las novelas de Fernán Caba- 
llero, se usa del p^ovin[^ialísmo cliiUür para todos estos ca< 
sos. Tal aplicación, como la del engreír por ací, y como la 
del regalón de los chilemos, parece que estuviera delatando 
pobreza del idioma en este caso ó iosufictüDcia de cxpre* 
sión ea la palabra mimar: aunque no veo qué más puf<]aq,^ 
decir «M^nii^ ó regalen, que mimadc, ni chillar ó sugrm, qn^^ 



Hay más: tngrtirse, es también encariñarié ác una 
absoluta, el niño con su ama, con su hermana grandt etc 
Esla persona al hablar de su niño engreído dice que es ih ekfi- 
c/ura; 6 dicen otros que estdn chochando (ella coa él y él con 
ella). Véase Chochar. 

EnmoiiRi'se. — rowm-i*; como acá decimos, coger 6 pitia,» 
uua wona como tal vez diilá un español. Mona significa bor- 
rachera en buen caetellauo, y no hay más provincialismo de 
nuestra parte que la formación de un verbo reflexivo sobre 
esa voe; como lo hemos hecho cun ahuunrse. de htuco etc. 

Hidalgo en sus Diálogos de apacible enltelenimieníé (i6o6) 
diserta larga y jocosamente sobre la causa de esta metáfora 
(jue deberta estar principiando á usarse 6 á Eenerallzarse, 
pacato que aún no se d'?cia temarse una ni atar eoH una, stio 

^t htiho Hna ruerna; frase que marcaba el principio de una 
I metáfora, así como nuestro roflexivo provincial 
■nio de ella. 



Jiqnf las pilnbrHs de Hidalgo. iSnpuesto que un '■ 

i IHD torpe como le vemos, y una mona tan dili^ii^ 
, Jporqiiíal lue está birracho le diceu qui 



ENT 203 

Los interlocutores aducen varias razones, siendo la mejor 
la siguiente: lY al borracho que está en este estadoi {aso- 
maio^ como dice el mismo autor) fie dicen propiamente que 
está hecho una mima\ porque todos aquellos meneos y desgaires 
que hace, toda aquella chacota y ruido que mete, y también 
toda aquella alegría y placer que trae consigo es muy propio 
de las monas.* 

Ensartar. — Ensar/íir la aguja decimos por acá, y no enh$' 
brar ó enhilar^ que son los términos propios, como parecen ha 
berlo entendido en Chile en donde se emplea siempre el pri 
mer verbo, al aludir al acto de pasar el hilo por el ojo ú hon 
don de la aguja No se crea que en ensartar hay disparate^ ni 
mucho menos que ]€so no es castellancl como diría enfadado al 
gun Croniquero después de haber hecho milagrosamente e 
descubrimiento al abrir un Diccionario de la lengua, por la 
primera vez de su vida quizá. 

En usar un verbo ó sustantivo por otro, puede haber im- 
propiedad, provincialismo, más no disparate^ ni menos falta 
contra las reglas de la gramática ó el Diccionario, como con tan* 
ta ligereza se lo imputan unos á otios nuestros periodistas, 
ec casos como el presente. 

Por lo pronto el provincialismo ensartar por enhebrar 6 en- 
hilar está autorizado por un insigne novelista español, Fernán 
Caballero, que trae este proverbio: lEso me place, hija; la 
agitjita ensartada hace á la niña juiciada»— ^C(75a cumplida solo 
§n la otra vida ) 

EiilMblar.— Y entablón, y entablonada, y entable. Hé aquí 
una serie de palabras, un verbo y varios sustantivos, de que 
no hay idea en el Diccionario, en donde entablar y entable, 
que son las únicas formas que trae, solo se refieren á aque- 
llo en que entra tabla; fuera de la acepción metafórica de 
entablar por disponer 6 preparar algo. Es esta, pero con una 
intención viciosa, la ací^pción que entre nosotros tiene. En- 
tablar 6 hacer entable una cosa por estas tierras, es familiar- 
mente hablando, sentar una corruptela. La entablonada es la 
corruptela misma, y el entablón, un gran bribón, un bellaco. 



204 



ENT 



la GD- 



un martajo que tntabla y sosticoe una pretensión absdn 
de )a que el mismo ínleriormente ec rie, conlando con la 
inercia agena. El tntabten gana tiempo, y se sale con la GD- 
ya, iiasia que viene un poifiado en quien encueoUik 
tloicna de su zapalg , y todas tnlablmadas se vienei 
suelo. 

Kiilero, ra.— Por idéntico, idtvlUa es un prov 
cuiioso; porque, en efecto, ¿cómo puede haber nada calera- 
mente idéntico, sino es tnUrc y completo en todas sa& partes? 
De esta asociación de ideas confusa uace sin duda el ptovin- 
ciblismo, que no aconsejamos usar á nadie; porque ti se fue- 
ra á alambicar de esta manera & reducir la lengua á su sim- 
ple materia, casi tudas las palabms estarían de más. 

Enterilo á su papá: enierUa á su mamá etc. vivo rttralo etc. 
KiiHemi.— En nuostra gran llaneza para formar pala- 
bras proviiiciates, en nuestra añción á los términos más de- 
mocráticos, por decirla asi, liemos hallado más de nuestro 
gusto decir hallarse km entierro, que hallarse un tesoro. Des- 
graciadamente, y á pesar de que como muy bien dice Terre- 
ros, es también entierro el enterrar cualquiera cosa, ningún 
Diccionario ni libio español trae entierro por letoro; y mucho 
meaos tapado, como con mayor proviuciaüsmo todavía sue- 
len decir otros. Y cuenta que los Hisloiiadoies primitivos 
de Indias al describir los inñnitos tesoros que en e%os días 
desenterraban los españoles, tenian una excelente oportuni- 
dad para incurrir en el piovincialismo, cuyo üescubrireÍeD> 
to sin embargo, estaba reservado á sus descendiesles crio- 
llos. 
Entie oíros pasajes, véase el siguiente de Carcilaso {Com. 
' R. SiguuJa parte:) .Volviendo á lo que Gomara dica de los 
■b españolea hallaron ctitcrradoa en el Cuzco jr 

5 hallaban Tesoros dentro y fuera de aque- 

Un una casa real trayendo un caballero en e] 

■ It hundió al caballo un pié en un ho- 

Ipes no lo Uabia. Cuando fueron á ver 

"ra alguua madre vieja que pasaba 



ENT 205 

por la casa, hallaron que era la boca de un cántaro de oro.t 

iHernando de Segovia, boticario que yo coaocí, halló 

acaso sacando unos cimientos, un tesoro • 

Nuestros entierros de hoy son: 6 sacados exprofeso de lat 
huacas, ei>Ias escavaciones que algunos practican con este 
objeto, 6 hallados al demoler una casa, ó por la pisada falsa 
de vn caballo en un campo, ni más ni menos como los que 
describe el buen Inca. 

Los primeros son piezas de oro 6 plata, del tiempo de los 
Indios; los segundos onzas de oro españolas, probablemente 

enterradas en el largo y agitado período de la guerra de la 
Indepennencia, y contenidas las más de las veces en tinajones 
de barro. 

Aun el escritor francés don P. F. Chalón que acaba de pu- 
blicar entre nosotros su interesante monografía sobre El arte 
de construir de los antiguos peruanos, adopta el provincialismo, no 
obstante lo familiar que es á lo franceses la palabra trésor co- 
mo equivalente de entierro, • Estos cuartos, dice, constituyen 
el piso subterráneo de una huaca sin concluir y que debia re- 
cibir cadáveres y entierros • 

t 

Entusiasta -Mucho de lo que aquí se llama entusiasta, 

no es más que borracho. La misericordia democrática, ó á 
mucho conceder, un sentimiento del eufemismo, nos hace 
eon frecuencia paliar 6 dorar l»s vicios ocultos, echar un ve- 
lo delicado sobre infiuitas faltas políticas ó sociales y con- 
tribuir al engaño de la posteridad, y á los futuros errores de 
iS historia. 

A esto es á lo que nosotros, ya en una forma, ya en otra, 
nos opoaemos tenajifcientc hace ya más de pocos años. Es 
necesario, urjente exponer la verdad en toda su desnudez, no 
por interés de los contemporáneos, sino de los pósteros. 

Conste pues que entusiasta, y sobretodo la consagrada fra- 
se jóvenes entusiastas, filosóficamente rectificada solo quiere 
decir jóvenes chispos (achispados). El entusiasmo en su genuina 
acepción es tan puro, que Platón en su Dialogo Ion dice 
(más ó menos). 



2o6 EMP 



Qutt cada vez que entusiasta 
Lo agita la inspiración 
No es otra cosa el poeta 
Que el interprete de !>ios. 



Envetarse. —Tarma. Comenzar á asfíxiarse ó a^^^^^Aíiri^ 
en los caminos, por efecto de las emanaciones de las vetas. 
También se dice ser agatrado por la veta. 

"^Epaté. — El epaté ÚG los franceses, que tan pintoresco é 
intraducibie creen los que han vivido en Paris, se espresa 
perfectamente en castellano con quedar despatarrado. Lo pro. 
pió diremos del renversant: despatarrante. 

Equilibrioso, sa. — Vidrioso, suceptible, de un carácter 
trabaj )so ó dijícil, como dicen los franceses. Andar con equili- 
brios: poner diñcultades para todo; ser nimio, exajerado. 

Equivoco. ^Hé aquí uno de los formidables provincialis- 
mos de que he hablado y tendré que hablar. ¿Quién es el 
que, conversando ó escribiendo, no dice muy desenfadada- 
mente. tEsta U. equivoco* por está U. equivocado; cEse es un 
equívoco*, por tesa es una equivocación? 

Nunca dá mas risa este provincialismo y los de su laya 
que cuando aparece atravesado en los escritos de aquellos 
que pretenden conocer muy bien la lengua, porque exhuman 
de los diccionarios algunas palabras extravagantes ó rancias. 

EquívücOf en buen español, es el equivoque de los francesesi ^ 
es lo ambiguo es t\ juego de palabras, y también, según Salvái 
familiar por equivocación. « 

Escamotear. — En vano el Diccionario solo irae escémo» 
tar: á lo mejor un Diccionarista (Campuzano, Diccionario ma* 
nual de la lengua castellana) el mismo que así ha escrito la pa- 
labra, dirá en el artículo Prestid ¿jitador uscamotear con ex- 
traordinaria habilidad. t Ya lo hicimos notar en la página 
XIX. 

Esta propensión a poner una e en los frecuentativoSi co- 



ESC 207 

mo lo hacemos igualmente en pitear por pitar j es más irresisti* 
ble de lo que parece; y los mismos españoles se dejan arras- 
trar insensiblemente hasta que se sanciona la desinencia. Nos 
admira que ratonar no se haya hecho ya ratonear. 

Escarapelarse.— Espeluznarse de miedo. El muchacho 
6 el patán que cuentan que tuvieron una aparición, por fuer- 
za agregan que se les escarapeló el cuerpo. 

En castellano escarapelar ó escarapelarse^ es simplemente re- 
ñir entre dos arañándose y tirándose de los cabellos. Sin duda 
por analogía de sensaciones hemos aplicado este verbo ex- 
clusivamente á los efectos del miedo. Es una descomposi- 
ción ó corrupción por el estilo de chamuchina por chamusquina. 
En los siguientes versos de Calderón á% la Barca el escarape» 
lar tiene aparentemente el significado que entre nosotros: 



Vino, erizando la fíente. 

Escarapelando el cuello 

La melena, que del pende. 

Los Tres mayores prodijios^ Loa, 



Y como aquí se trata de un león que viene bravo, parece 

que el verbo éste se prestara tanto á ponderar los efectos del 
furor, como los del miedo. Igualmente de chamusquina, que 
denota gresca entre gente soez, hemos sacado chamuchina pa- 
ra designar á esa misma gente. Dice Terreros que escarapelar 
{reñir) viene de escarapela^ porque esta era la insignia con que 
se entraba al torneo ó batalla, por lo cual quizá es para no- 
sotros en forma reflexiva, el calofrió que corre por el cuerpo 
á la vista de un peligro. Pero la Academia en su Diccionario 
de 1827 lojiace venir de cara y pelo; y Federico Diez del ita- 
liano scarpellare. 

Estos provincialismos, como extrañar por echar menos, fijarse 

por advertir^ reparar, notar, observar, engreír y engreírse por 

36 



lo8 



ESC 



mimar y eHcanñaríe, son casi de impasible Jeslindp, por lo'eñ 
poiradoG qus str cocuentraH fu !a acirpcióii grnoina y cafttJi 
Asi no hacemos as&s que apuntarlos y someteflos «1 e^m 
de nuestros lectores. 

También » mes tteataptla e\ cuerpo por cualquiera &eDsa> 
ciÓD desagradable. Coa este Mforo^í/ar» sucede lo que coo 
fu htr» por tul rar, que por otia palíeselo sigaiñca encallar ■*' J 
barco, y pata nosotros ademáf, arrojar el mar á la playa n 
despojo cualquiera, en cuya acepción lo usamos acltvi 
se Vak*r. 

Esclavnt iirii- ~ Con esta desmeocia provincial sucede í< 
que con la de Coloniajt por C«¡Mia, que DOS siive para defínlf 
UD modo de ser secular y continental, que no es precisamente 
la esclavitud ni menos el cautiverio A&i más ó méno^. lo hemos 
dicho ya en los artículos Coloniaje y CattiiHaje. 

La esclavatura era «1 conjunto, la dolacifiíi de negeos afri- 
canos bozales esclavos ccrn que coutaba cada hacienda du- 
rante el Coloniaje, y aun por vatios años después de la In»-, 
dependencia husta el de 1855. Estos esclavos fueron traidí 
al Pnrú casi desde los primeros días de la Conquista, y 1 
cian con n^specto á sus amos, en lo butnoy en lo malo, a«i' 
papel muy parecido al de los siervos roRia dos. E! episodic 
de Macedonio asesinado por uno de los suyos, de que habla 
Plinio el Joven en unn de sus epístolas, recuerda casos aoi- 
logos ocurridos entre nosotros, aunque muy de larde en ur- 
de, porque mucho más comunes fueron los '>jem píos áf: de- 
vouemeKt 



■ esdai-atura 

■ mbre rebla, 

■ y ios ttatiiijns, 
lis miidtugadfis. 
, y el azote; 

. «n fin ac¡.iga 
■'' con el añi^. 



ESE 209 



Cincuenta y cuatro eo La Palma. 

En donde dos adalides 

Ley abolieron tan bárbara, 

Más por el bien de ellos mismos, 

Que por el bien de la patria. 

El narrador se enternece 

Y aun se le escapan las lágrimas, 

Que el hombre por lo pasado 

Tiene decisión tan rara, 

Que hasta las penas adora 

Si las mira á la distancia. 



Poesías Peruanas. 



Un poco larga es la cita, y hasta un demasiado para ser de 
propia cosecha, pero resume toda la historia de la esclavatura 
en el Perú, y por eso no nos hemos ido á la mano. 

Escobilla. —Así llamamos á lo que los españoles cepillo 
(de dientes ó de ropa); salvo los que hablan con estudio, que 
por oirlo á los peninsulares, creen que es infalible, y que ^• 

cobiUa no es castellanol Yo recuerdo haber encontrado 

esa palabra nada menos que en Calderón de la Barca, co- 
mo una prueba más de que casi todos nuestros provincia- 
lismos, DO indígenas, son simplemente arcaismos y vulga- 
rismos. 

Ksnoblllar. — Limpiar la ropa con la escobilla ó cepillo, y 
por consiguiente acepillarla, ya que nuestro verbo provincial 
no figura en el Diccionario. 

Elsconclldos.— El juego de los escondidos que llaman los 
muchachos, formando la frase con toda la naturalidad y lla- 
neza primitiva que acostumbramos en nuestros provincialis- 
mos, es lo que el Diccionario describe en la forma más culta 
de il escondite. 

Los españoles hablan buen castellano sin sospecharlo, y 
O080tr0S| maloi aún escuchándonos. 



ESP 

EsenclH de rosa. — Es una tic las flores de jarílin del a 
tiguo Lima, que como la mari»uiña, la ambarina, la mutifier y 
aún la díamela, comienzan á desaparecer sin r]ue se sepa por 
qué; por lo ménan eo t] nombre: f]uizá subsistan con el tioin- 
bre botánico del cultivo ilaliano y francés, que desde hace 
unos veinte años se ha apoderado casi por completo de !a hor> 
ticultura y floricultuia de Lima. La eseneia á( rosa es una es' 
pecie de geranio. — Ptlargonium roseum; y corre en Cuba con elj 
sombre que acá. 

El que aun quiera gozar de estas antif^uallas y ranvenceiT^ 
ie de que realmente ha vivido, vayase por los interesantes 
barrios altos de la ciudad, y se verá á lo vivo, en pleno pa> 
sado. 

• Esta tunda de rosa dijo Angélica, exhala un olor muy 
agradable. Al contraria la marimona; pero es más vistosa. 
( ^RBSTEGUi, El P. Horan, Escenas de ¡a vtda del Ctuco ) 

Espanto.— £)ar «n espanto el caballo es npantarsi, asombr 
st 6 asuslarse: Los españoles, antiguos y modernos, muestn 
una gran predilección por el segundo verbo; y pov el adjetltn 
aiombradiso {nosotros siempre espantadizo .) 

Dar un espanto parece enteramente provincial: la pnlsbra d 
espresión castiza es Reparada, puesto que viene deñnída asf 
en el Diccionario: «Movimiento extraordinario que ha:e el ca. 
bailo apartando de pronto el cuerpo, porque se tspauta 6 por 
picardía,! 

LoH españoles nplican el asombradizo aún á las personas, 
yKÍaxambres (Antonio de Tiueba, «^,tnft>i] aún á lo que por 
^ mc& lUmamr.í P/.ni .•; .■1M*ici«nts. Véase Pensa. 

■I pegó á aquella nina tímida y aioM- 

'•-spondió este, esos miedos necios y 

: li's poiro'i ios aiombros, con látigo y 

• I ACXERD, Lágrimas.) 



ESP 211 



Siempre que el uno del otro 
Se espanta sin son ni ton. 

Ella al sentirlo levanta 
El vuelo con ruido tanto, 
Que bi ella por él se espanta, 
El se espanta ]de su espanto! 



PoLsiAS Peruanas, 



Para nosotros asombro no es más que sorpresa. 
Especería. — Casi nadie dice especia, y el nombre del con- 
junto y el del local en que se vende aquella es aplicado á la 
drcga misma, diriéndose «que la comida tiene especería* por 
«que tiene especia,^ 

Entiéndase, pues, ijue especería no es sino el conjunto de 
especias 6 la tienda en qu9 se despachan. 

Allá van dos ejemplos, uno del provincialismo, y otro del 
buen uso español. 

Tú que activo te declaras 
Porque tus potreros aras, 
O porque pasas los dias 
Vendiendo el oían por varas, 
O pesando especerías, 
O fabricando mamparas. 

Rimas del Rimac. 



■Estimulantes que graduaba doña Amparo tan necesarios 
en loa buenos matrimonios, como el de l?s espctias finas en 
sos amasijos.! (F. Caballero. La Estrella de Vandalia.) 



2ia ESP 

M.iria, no te se pivide (jue á Cl.iia □□ le gustan ni te siei 
un bien Us tsfucias, - ídum, Etia. 

Kspedioerro»-— (A ) Salir á espelaptrros; saíir amo un 
condenado, como alma qiu lleva Judas, fcsses que tampoco s¿ si 
serán castizas, y i\u» son cotrientiis por acá. Equivalen 
raspar la bola, toniar soleta, ó tomar cJ portanU Gsitcpilosamente^ 
como corrido, un individuo cuaiquít^ra. 

Y Cómo un condenado; & espetaperros, 
Ecbé acorrer por llanos y por cerros. 

Poesías PbbdanAS. 

!■;• piche. -Del inglés i^wíA. Echar un espickt ó echar 5 
espiclie, por echar un discurso ó itrenga, se ha hecho muy co- 
mún en el lenguaje frtmiliar. 



¿Queréis que mi Musa cante 
O por lo mÉnos decante 
En un oportuno espiche. 
Las delicias del picante 
Y del peruano seviclie? 

PoasÍAS Peruanas. 



Kspií'ilii iiúliIk'O.— Jocosamente se suele llamar así al 



jucido p' I 



IDS tifiute I 
aa n] vnriA 



EST 213 

— Esputa Doña Anacleta? 
El médico preguntó. 
Y la criada contestó: 
— No señor; es alca 

Ksirirte:». • El acto de proceder estrictamente. A pesar 
de lo natural que parece la palabra Estrictez, no la trae Sal- 
va: en él solo hallamos Estricto. 

Kufrates. — Difícilmente habrá uno de nuestros lectores 
que sospeche que este nombre es grave en todos los clásicos 
españoles y nunca esdrújulo. — Pues así lo he oido pronunciar 
toda mi vida! dirá alguno— Esta que parece una graa razón, 
se desvanece bi se medita, que toda su vida la ha pasado U. 
entre nosotros, le contestaremos. 

Empero, nuestro erior debe tener algún precedente en la 
lengua patria, 6 no ser del todo extraño á su índole, puesto 
que Ercilla, diciendo Eufrates, lo mismo que todos los clási- 
cos antiguos y modernos, en la octava 14 del canto 27 de la 
Araucanía. 

fMira á Tígtis y Eufrates que poniendo» 

ha dicho nada méncs que ocho estrofas más arriba ó sea en 
la octava 6, 

«Y la corriente de Eufrates famoso.» 

El ritmo, la medida, el consonante nos dirá el vulgo, á quien 
nadie quita de la cabeza que poetas y versiñcadores de cierto 
fuste, han de verse enredados también coma los versistas de 
tr«s al cuarto, en esas diñcnltades, que no les sirven muchas 
veces sino para lucirse más y mejor. 

Cuando poetas y versificadores como Ercilla se toman 
ciertas licencias es porque saben que son lícitas, que no son 
imposibles ni absurdas. Digamos pues Eufrates, pero no ad- 



214 EXT 

mitamos con la intolerancia del señor Cuervo, que los que di- 
cen Eufrates tdesaLinan.i 

Lope de Vega, Circe, III. dice asimismo Eufrates. 



Y que la blanca plata le recibe 
De los peces del Eufrates^ en tanto 
Que te detiene con su dulce canto. 



Exculpar. — Es lástima que trayendo Salva inculpar^ oo 
registre 6 admita este otro verbo, que aunque suplido por iis- 
culpar^ no estaría dem^s en nuestra locución. No hay que de- 
sesperar; ya le llegará su día. 

Expodiente. — Llenar el expediente por salvar las aparien- 
cias ó cumplir con las fórmulas: la frase correcta es cúbrw el 
expediente. 

Extralimitarse.— Irse más allá del limite de sus ins- 
trucciones ó derechos, excederse^ propasarse: no puede darse un 
provincialismo mejor acuñado, por lo que lo llamaremos mo. 
logismo, 

Y es en todo tan sublime, 

Y tan extralimitada. 
Que en la botica seria 
Sublimado de ventaja; 

Y si la echara de bestia 
Mediría siete cuartas. 

Poesías Peruanas. 



Extrañar. — Vanamente hemos buscado en el Diccionario 
y en los escritores españoles algún ejemplo de este Vierbo en 
ia acepción extraordinaria que acá le damos, de echar de 
ffiénos, deplcfar, el regreter de los franceses. 



EXT 215 



{Cuánto extraño mi barrio de Belén 
£n esta soledad de Barrabás! 
¡La civilizadora luz del gas, 
£1 pito del sereno y el del tren! 



Artículos Diversos. 



Si ya la pompa y el brillo 
Te aburre de nuestras cañas, 
Y harto por fín de amarillo 
£1 verde tal vez estraüas. 



Poesías Peruanas. 



86 



SUPLEMENTO Á LA E. 



Empavón, na.— ICl que se empava ó carga fácilmente; 
corto de genio etc 

Estar con — Estar con d pccho^ con la barriga^ con la muela 
etc. qwe hasta en este arrastrado modo d« hablar se trasluce 
la secular pereza y el bostezante carácter de la gente del pais 
del •¿Para qué sirve eso?» quiere decir en estilo casero estar 
con el acluhjne del pecho ó constipado, con el dolor de tripas ó de 
barriga y con el do le y de muelas. 



F. 



V&^—Estay de fá ó haber un gran fá, es un neologismo muy 
recientemente inventado por los mozos de buen humor y quie- 
re decir estar de ó haber un gran baile, reunión etc. Frase sa- 
peramente caprichosa, innecesaria y sin condiciones de vida 
filológica, durará poco, porque no es más que uno de los tan- 
tos bostezos de la desocupada juventud. 

Fachendoso» su. — Vanidoso, ostentoso (un tanto grotes. 

co); 6 usands de otro peruanismo, pintor, £1 Diccionario trae 

fachenda eu el mismosentido que nosotros, más no fachendoso^ 

adjetivo que igualmente hallamos por vanidoso^ en portugués 

y en dialecto gallego. 

Falsa regla.— Pfl/í/íi para escribir renglones derechos. Es 
) una mera hoja de papel con sus líneas rectas estampadas en 

I negro grueso para que se trasluzca por el papel de escribir 

bajo el cual se pone. El Diccionario la llama falsía. Los chi- 
lenos le dan el nombre de sombra, ¡Lástima de delicadtza pa- 
ra tan poca cosa! 



FIE' 

Felpudo.—El Diccionario prefierA rutA*. En iVndatoi 
dabea estai como nosotros pot filfittde á juzgar por algunos p 

sajftsde Fernán Caballero lY qué cartal qué aula! « 

tapiz, uoa alfombra, un tapete, an filpHiUi.* (Lágrimtis.) '. 
este otro pasdje viene usado como adjetivo, lo que hice i 
cordal su origen tLa sala era espaciosa, su surIo esiatia ^ 
bierto d« esteras y redondeles felpitdüs.t [La famüia Ahmn 
Aquí tedoniicies, elimológicamcote, hace las veces d» ríuáv. 

Fierro- ~ El fietro se dice en lascAwras y hadendaa ; 
la marca eco que sa estampan en la piel de los gaaadoG I 
iniciales 6 contraseña del dueño del tundo; y la operación n 
ma, se llama eckar fierro. 

Fierro al ganado aha 

O pesa de tus ¿ranus la cosecha. 

Las Geórgicas, /Mrf. de Juan de Arena, 



Lo corriente en español es la marca, y con ella tradw 
Ochoa el citado pasaje de las G^^órgicas. Fernán Caballé^ 
usa igualmente la espresidn, j á veces la nuestra. 

■ El borrico... Mitrcaí^ con la m^rca pertt^neciente i. las yog^ 
das de la casat— «Que pregunte en la feria de Mairena, dof 
un potro con ir.i tnarín se paga en lo.ooo reales.i— {E/id)— «fl 
peor condición qun los animales de buena casta que Il«i 
en el kittyn su procedeicís.* (Más honor que kenoris.) 



Si c«DBullaiii 



1^ de ambos modos puede i 

'kCtibir í/rm y aÚi. l-; 



FIJ 219 

como entre cualidad y calidad, no valen nada: son voces idénti- 
cas, con la sola diferencia, que la una {fierro y cualidad) pugna 
por desasirse de la ortografía latina, ferrum y quálitsa) y la 
otra, hierro y calidad, lo han conseguido ya sin que veamos 
que utilidad hayan reportado de esto. 

Fijarse. — Desde hace mucho tiempo nos atormenta esta 
duda: ¿es ó no provincialismo ^'«k5í en el sentido de advertir^ 
reparar, notar, una cosa? Aun en la forma reflexiva el Dic- 
cionario no da más alcance á esta voz, que el de fijarse un 
dolor ó idea en la respectiva parte, cos»a que ya sabemos por 
acá. 

Nuestra conversación está llena átfijate bien; no me fijé 
no se fijó, por observar bien, no advertí, no reparó. ¿Será este uno 
de esos provincialismos pérfidos á que tanta atención presta- 
mos en este Diccionario? Ellos son los que establecen la ver- 
dadera diferencia, el verdadero abismo entre nuestra locución 
y la de España; y na esos pobres vocablos provinciales, que 
se pueden raspar con un cuchillo y sustituirse con otros cas. 
tizos, sin que la frase sufra ni se resiente la inteligencia del 
que los ha producido. 

El tener que renunciar á ciertos modismos como el que 
analizamos, ante nn tardío descubrimiento, produciría un ver- 
dadero trastorno en la dialéctica de toda nuestra vida. 

La fama de hablista y de que maneja muy bien la lengua, 
la obtiene rápidamente entre nosotros todo el que reclama 
sus escritos de frases castizas y sobre todo arcaicas; tarea 
fácil y agradable, y que basta para encubrir con el relum- 
brón á los ojos del vulgo, lo burdo y provincial de la cos- 
tura. 

Búsquese la mejor sintaxis, que es lo más difícil é impor- 
tante de todo; la propiedad etimológica ó usual de los térmi- 
nos; no se emphen palabras raras, sino cuando broten espon- 
táneamente de lo íntimo de nuestro ser, y seremos un exce- 
lente escritor, aunque la superficie del' discurso esté espolvo- 
reada de provincialismos. 

— Por que tú eres la empeñada en este asunto. |Qué día- 



220 FIL 

hlo! Ni me hMa Jijado yo rn eso— Tú no eres capaz do fijarU 
í.-n nada.i — Arestegii, Ií¿ P. lloran; Escenas de la vida del 
Cuzco. 

Pero mucho mas que esta acepción peruana, me choca la 
• ]ue constantemente le da Fernán Caballero en sus novelas, 
y í]ue parece un provinciaüámo de los inadmisibles. En ellas 
>e encuentran frases como esta, extrañísimas á nuestro oído: 
— «Y mi hijo, á í¡ui(ín ptítrificaba el aso.nbro, vio asomarse 
la cabeza horrorosa del mendij^'o, el que miró con despacio 
el cuarto, /¿/ó la cami y ap^í^ó U luz de un soplo » — {Una en 
otra )— •¡Fijábame con bus ojos tan parados, y no me mira- 
ba!i— {L(ígyimas) — •Qui'iU hubiese parado su atención (aquí 
habriamoa dicho nosotros (jnien se hiibicra fijado) «en un foras- 
tero, habría notado qu.í aju^il hombre ñjaba sin cesar á 
Manolitoi {El día de Reyes,) 

Si este modo de construir el vcrboyí/tí/es castellano, apún- 
tenlo mis p.iisanos, qu-^ de seguro nunca lo han entendido 
iisí. lisie fijar andalaz recuerda el líiettre en jotic, poney e^* 
¡cejilla de lus franceses, y que quiere decir apuntar (para ha- 
ctr fuego.) 

Fijo.- -Con la preposición d»!, etiuivale á de seguro^ lo cua- 
, s correcto castellano; suelto en la oración es una expresión 
do asentimient® como el justo de los españolas, y no sabe- 
mos hasta qué punto sea permitido. 



— Apostaría 
Que fué á esperarla á la puerta, 
Ya sabrá su casa, fijo. 

Segura, Las tres viudas. 

Filología— Lingüística. — Si en Europa mismo se hace 

confusión voluntaria ó involuntaria entre estas voces, más 

imtural que entre nosotros, donde solo ha encpezado a sonar 

mera de muy poco tiempo acá, suceda igual cosa. Y 



FIL 221 

iiaáa más distinto que una y otra, ni más fácil de pr«batse 
-que dicha distinción. 

Linguísfica viene de huL^uat (jue no es más que el instru- 
mento coa que se habla ó la misma cosa que se habla. En 
ñhhfjia, como en lantos otros términos de origen griego, an- 
da la palabra io£^os, ¿qué significa lengua? No por cieito. Lo- 
jg.'S. en griego antiguo y inoilerno, en compofición ó suelto, 

pu-de equivaler Á discurso, disertación^ elocuencia^ hcllus letras etc. 
y í n estilo bíblico y en teología, es nada menos que la voz 
que traduce la ch. Vob*} diviw'', como lo podemos ver en el 
£vanjelio de San Juan, que en latin empieza: 

//: frincif'io eraf ViíRj:rM 

< 3 grit-go: 

En aychs ¿n r* l.-ííOs: 

Pa«;fmos á lo n.odorno, ú lo práctico y vivo. Cuando en 
ni'^s viajes por el (.)rÍ!*nie cíe» ICuropa H(\í;ué é la ciudad de Ate- 
nas, rae tonjü nir.y •!•.: nuev* la iV»íCU'P.cia dfl calificativo de 
jilcló^ico con qi:»- i>v ador.iabaii ¡os diarios d« la moderna ciu- 
dad, después de ¡i'S de; filitico, cimeviiiil ttc. A los pucos dias 
fui á visitar EUuzis (huy LcfJna), y lus aldi anos del lugar (;ue 
me acosaban á preguntas sobre mi profesión, con esa curiosi- 
dad inceloctual qi¡e iccomitnda á lo? gri< gos modernos, des- 
pués de decirme ¿te^niíí^P (hombre (ic ciencia) y verme me- 
near la cabeza, agregaban ///<J/'j¿'05.' 

Yo que no entendía por ti último vocablo más que el es- 
tudio comparativo de las lenguas, no me explicaba cómo el 
estudio éste, que aún para la Europa culta no ha sido cor- 
riente hasta muy poco há, como qu? solo era especialidad 
de Alemania, podia tf-ner tanta im.portancia en la atrasada 
capital de la HíladJ, 

Ocurrí al fin á mi diccionario de griego moderno, el de 
Byzanim, y allí me encontré con (jue /U¿ilogia,Jilológ¡co y /- 



222 FIL 

ií)logo, no eran más que literatura, literario y liUrato. No me 
estrañó, puesto que el mismo idioma clásico tiene un signifi- 
cado análogo* 

¿Cómo podrá pues confundirse /Zo/ogía con lingüistica? Sin 

duda por que todo filólogo tiene algo de de lingüista, y todo 
lingüista algo de filólogo, ó más claro; porque no cabe lo pri- 
mero sin alguna versación general en las lenguas principa- 
les, ni lo segundo, sin cierta cultura literaria. 

El hábil profesor alemán á quien se encomendó en nuestra 
Universidad la cátedra de Filología^ que acababa de ser crea- 
da, enseñó ó dictó el primer año una especie de curse de 
Arqueología, y uuo de los examinandos presentó una tesis 
tan minuciosa sobre cada una de las partes arquitectónicas 
del Parteson , que no habrían hecho más Pausanias 6 
Vitruvio. 

En los años siguientes explicó clásicos ingleses y aun creo 
que alemanes. ¿Y la filología propiamente dicha? le pregun- 
tamos un día. ^Cómo quiere Ud. que la enseñe, nos csntes- 
tó á alumnos que no saben una palabra de griego ni de litin? 

Mientras tanto era un hecho que cabian en la asignatura 
de Filología, materias propias de las letras humanas, y que 
no podrían haberse explicado ni tocado quizá en un curso de 
Lingüistica. 

Las Cartas Filológicas del Liconciado Francisco Cas- 
cales publicadas en España á mediados del siglo pasado, 
tjstán llenas de erudición greco-latina y de crítica, aunque 

no fina, sin que en ellas se trate para nada de lenguas, ni 
íiun de una sola en particular. Llamar linguist? á Cáscales 
por sus Cartas^ sería c®mc llamar filólogo á nuestro compa* 
triota Pacheco Zegarra por su Alfabeto fonético di la Ungva 
quechua. 

Esta definición europea es bastante completa: iLa lin- 
güistica es una ciencia natural, lafilologia une ciencia his- 
tórica! Por último, Schlcicher en su obra Dit deutscke spra- 
che (la lengua alemana) resuelve la dificultad dc&pues de 
unk clara disertación, por medio de estas felices compara. 



FIS 22^ 

cionesr tEl lingüista es un naturalista que estudia las len- 
guas como el botánico las plantas. £1 botánico debe abrazar 
con su mirada él conjunto de las organismos vej«tales; bus- 
car las leyes de su estructura y de su desaroUo, sin pres 
tar ]a mas mínima atención al mayor ó menor valor de las 
plantas, á sus aplicaciones más ó menos preciosas ni á lo más 
"6 menos agradable que pueden ser. Para él cualquiera ma~ 
la yerba puede tener un precio muy distinto del de las me- 
jores rosas, ó del máb raro de los lirios. 

t£l objeto del ñlólogo es enteramente diverso: no se ase. 
meja al botánico sino al horticultor, que sol« se dedica a es- 
pecies dadas, que gozan de un favor particular- -Lo que él 
busca es la belleza de la forma, la coloración, el pt:rfume 
Una planta inútil carece de valor á sus ojos, indiferente co. 
mo es á las leyes de la estructura y del desarrollo; y el vege- 
tal de mas importancia bajo este aspecto, puede muy bi«n 
no ser otra cosa para él, que un mal retoño vulgar.» 

Mucho mas chocante, como también ocurre entre nosotros, 
es dar el nombre á&filólogOy y aún de lingüista á meros gra- 
máiicos ó hablistas. Un individuo que en estas Repúblicas 
se señala por su pasión, casi por su manía, por la lengua ó 
hablar castellano, podrá ser un hablista, pero nada mas; así 
como un ñlólogo completo, puede muy bien no ser un modelo 

al escribir su propia lengua. 

Como la palabra filologia comienza á generalizarse por es- 
tos mundos, nos ha parecido conveniente ñjar su sentido, 
tanto mas cuanto que la ignorancia y la pedantería enamo- 
rándose de ésta com^ de toda palabra nueva, la traen por 
los cabellos y le dan aplicaciones disparatadas, como aquel 
que . oyendo por primera vez decir estatua ecuestre^ siguió 
llamando eciustre á todo lo que le pa recia sobresaliente, 

Fisf|iii% Fisgón. — Nuevos provincialismos crepusculares 
Según el Diccionario signiñcan tburlarse de alguno diestra 
y disimuladamente, hacer ñsga;» y •«! que tiene por cos- 
tumbre fisgar ó hacer burla.» Según nuestro uso fisgar es 

andar atibando cou nimia impt^iciuencia las más insignifi- 

37 



B24 



FLO 




cantes accianes de Otro de donde proviene esta natural eK- 
clamadán de tas mujeres: ¡Qué hombre tan fi'goif Es muy 

El Diccionario, después de dar de esta voz la dF^ñolcíón 
que precede, nñade Husmhador. Si ñsgOD puede ser sinánl- 
m > de Huimtador, no hemos dicho nada, porque en este sen*, 
tido corre cntie nosocros la \qz fisgón, como que indistinta- 
meate se dice: que hombre tan fisgiml y \c\ut humbra tao 

Ebta última palabra, de muy buen castellano, marca lo 
misma que la de fisgón, el caiácter prominente de ta localitwd. 
El día que aplicáramos á cosas más sé'i^s Ó siquiera á la 
obsenarión proptamenle dicha, el tiempo y U tuiv^a que ta%\ 
g-istamos en el/jfCMO y tn ser r^paroms. ese dU podi 
ser un pueblo rnás vinl 

FlelHr.— Muy común «s el uso metafórico de este 
en el sentido áe apelar: como; _/íí/iir una desvergüenza etc. 

Fleleri».~El cochero del agua, por decido asi, el g^oa- 
pan qui* m mangas d-^ cHmisa rueda por el muelle atiabando 
un pat^agcro á quien ofrecer su bote para Ikvitrlo ¿ bordo. 
El Diccionario tr»e fielador, lo cual calza mayotcs punios co. 
mo ya se supondrá, que el meio patrón de un bote. El 
Dombre propio pairee spr haUltro ó barqutro, que para noso- 
tros por desgracia es exclusivamente poético, lo mismo que 
arroyo aldta, fiutte (por p'lii) etc. Silva trac holm por ■ el 
que nnineja un bote de tráfico dentro del pu-^rto, ■ pero tal* 
ta saber si esa es la voz usual de España, y no baltltrc ó bar- 
futto. 

Corpancho titulab^t su ensaya dramáiico nacional iarqm- 
fojr el Virrty, con la conciencia sin duda de que aquella no era 
la voz corriente. A Olaya, como á los demás indios 
fes de Chorrillos, no los llamamos Jtttttos, es verdad. 
ttvapocobargufros. ^ino pescadota . 

Flo|erii, F1i>|o. — Por^íWírt y'J>triioso, qnc esloqui »id 
pre se oye á los Españoles, son muy usuales entre uosotroá™ 
6 mejor dicho, son las únicas voces que usamos, dejando 



FLU 



225 



q^^STa el esti1«cultoy el^gaoU, y nún ssí. El 
:ciunatÍO eD flcjtra nos lemile ijhjcáad, que solutn su acep. 
I) fiecun.laiia vÍL-a>- á sígniñcii pertm. Asi mismo JÍ^'o. no es 
tiliima También lineemos ti uuirentati- 
^JUjtnato siempie con rsa UircJencia lelajado'a que en nues- 
h concepio do «s sino una const^cuencia más d»-! i spíiitu de 
Rllgar democracia de que estamos imbuidos, y que, sin ()are. 
cerlo. iiifluytf ^n todo, desde DUe&tros sentimientos, basta 
Duestia elocución y maneías, 

I Es verfirtd que este y otios provincialismos, más Fon ar- 
Ismos qoi" aíin viven en las antiguas colonias di- España, 
■da más comnn en sus proaadoxs de los siglos XVI y XVII, 
xeftojo pOf ptTtxoso, fíalo par mnáera. prU(o por ntgro: hoy pñt- 
\ea Lima, solo se oye á la plebe. 
•O le azotaban los brazos y piernas con varas de mimbre, 
(t holgazán y finjo, que entre ellos fué muy vitaperadoi — 
Garci laso de l* Vega. 

Como vocablo vivo, le hallamos en inünítos pasajes de 
Fernán Caballero: «Hazme el favor de ir á cuidar de eso, por 

que las JIojas de mis hijas {Climencia). lA esos ^ojonato^ 

costillones les viene la casaca como ei aceite á las espina. 
caGí ¡Flejonato mi Bernardol si es más vivoy más dis- 
puesto que un ajo.* (Ídem), 

Pero si Andalucía nos acompaña en la mayor parte de nue». 
tros provincialismos, no por eso deja de usar los equivalentes 
castizos, pues tambicn sabrán decir por allá coje» por tomar 
6 agarrar, nuntar por ntot-er, lumbre 6 fuego por ca»iila, y nOEO- 
tros nó. 

^Agarró el bastón, to agarró por la pata; agarró á medio po_ 
lto> leemos en Fernán Caballr^to. Igualmente figura mucho 
t\ agarrar en los saínetes madrileños de don Ramón de la 
Cruz; y este es sin embargo el provincialismo nuestro que 
más choca ¿ los españoles recien llegados. 

Flux. — En un antiguo jutgo de naipes imí á_/íií* era ten. 
der su.t cartas por habdise tiecUo todas del mismo palo> 
De aht la frase metafónca irtt á flux por perderse 6 amiiHOr- 



226 



FOR 



u. Cnmif-tiZR á anticuarse, y es muy sensible, porque S 
ser Icicuciín expresiva, leoia abolengo <Je los más limpios. Bl 
Otccionario le da las mismas acepciones que aquí nene. Jé 
hacer banearrota, fffdir sucnuJnl; y en CHanlo al origen, es tan 
li>áb'go y tan vivo, que todo el limipo que el aiitot Je este !i. 
bro p^imaneció en el Cairo, oyó constan temen te decir á los 
muchachos boritqueros <ma ñsh fiúx,^ literalmente, no ttngo 
Jinero. 



Huanlferas islas 
Que lian de irse á Jlúx: 
¿Por cuál te decides? 
jEn qué latitud 
Quieres que te atioje 
P. P. S. y U? 



Rimas del Riuac. 




forro.— Echar un ferro. Frase figurada, ^.«lui/ííiiráo, 
en buen español. Echar un forra como dar mate tikogailo, qnr es 
poner en angustias á alguno, es una deesas muchas filse^ 
provinciales, que nacen uadie sabe cóm», qus echan cada día 
más raices y cuyo peor defecto es, que constando de palíibraB 
españolas, y estando construidas como tales, es difícil demos- 
trar hasta que punto son locuciones impuras. 

For/f'Si» — (HActR la) Dice el señor Rodríguez en sa 
DiccionaiTQ que esta frase es un chilenismo; también por acá 
\» usamos, pero »o puede darse nada iriás castellano, como 
r la siguiente definición de Salva: iForzosa.» Pre- 
b Que se pone á alguno para que ejercite to que no 
iBBpODieado las cosas de suerte que no se pueda 
nitios C.-150S se usa con e! verbo Hacbr, dicien" 
V tnmbien con los verbos £síiw, W4- 
■ tiual significado, como esljr etc. 
uido aqu! el Diccionarista los signoj 



FRE 327 

<|Ée «céstombra, debemos eotender que la defínicióa dada es 
la de la Academia. 

FnQitnr'ie.— Por fntstrarse 6 aguarse eL\go, lo hemos oído 
una que otra vez, y nosotros mismos eD Is irreflexiÓQ de los 
veinte años, incurrimos mis de una en semejante despropó- 
sito. 

Y echar quiere también una guaragua; 
Pero oMd6 que cabalgaba en muía 

Y su intento se fragua- 

El plan del que la hundid burla y \o fragua; 
Se escurre, suige y triunfa sobre el agua. 



Ijingana de las dos acepciones que el Diccionarío de Sal- 
v& dá este verbo corresponde con la nuestra. Quieá venga e) 
•beutdo de una confusión de sonido entr? aguars* y (fr.) 
ttgmarít, j caite fruitraf se y (fr.) aguarse, como ocurre codo 
}c arnesga por no le arritndo las ganancias.! 

En !a biografía del poeta español clásico don Esteva» de 
Villegas por don Vicente de los Rios, hay un páirafo de car- 
la del poeta á doa Lorenzo Ramírez en que se lee: lEn cnan- 
to i lo que US. me promete de la imptesióo de estos mis bor- 
rODfiS, acepto para alf^uii tiempo, si en el Ínterin no se fragua 
U» (rato que tengo hecho en Tolosa.t 

A primera vista podría parecer nuestro se /r/igim {se frustra) 
i tí Untido de la frase no indicara allí se ajusta, se consolida, 
■ una de las acepciones ác fraguarse en estilo de abantte- 

Preflur.— Hé aquí otro americanismo. Fregarla toda la 
lestrasiÓn de la palabra no '■s sino el moler de los españoles, 
■alvo ciian:i'3 se dice lo fregaron 6 lo fregó, que solo equivale á 
Ipeider á alfjuno. 



228 



FRE 



Que Sí friígue. es lo mismo que docir que sit/nt, (\a^ f^itUi 
La Frtgtidnra e& e\ daño que sobreviene, el conlratieinp) 
compromiso, h «trích^a, ¿qué sé yo? Uo volúmt-n cotí 
tendiia que escribii si quisieca agotar todas las accpciont^ftfl 
át fregar y de sus inftnitos daiivados. 

No olvidemos, empero, el fugado y el muy fríf^aáv, qae f 
tantivadamente significan el hombre de genio furrtc, dtscola 
trabajoso &. Repito lo de arriba y añado: que así como hay 
en cada pais plantas por excelencia que dan paf« toiiu como 
'a palma en Oriente, y el pláiaoo (baDano), el maijt, y »»" 
)b cana dulce de que hablaba hace poco, en América, a^thay 
palabras sintéticas, de uso inñnilo, qae donde n>eDOe se pica*_ 
se les v6 reaparecer con un nuevo matiz. 

Por supuesto que absorbidos loe americanos coo U s 
cación rneufútica ó c^piícliosa que dan á este verbOi casíl^ 
ae acuerdan de la üiiica que realmente tiene en español, qfl 
ea Ib de limpiar píalos, tanto que puede decirse que la/ 
gana do existe para nosotros sino en la novela de Carn 
lea. 

Fresco. — Nombre colectivo de toda bebida emoliente, i 
tiflogistica, como suero, miz de altea, agua de malva, etc. I 
ae sirve también tibia tñ el consumidor lo exije, de doode pn 
viene el letrero aparentemente absurdo de Fttsixi tibios que te 
lee en algunas frtajmrias. 

PresiiiiertH.-Es la Herchateria de Madrid. Por mw 
tiempo campeó al aire libre en nuestra plaza nvayor miHilj 
meóte comjjuesia de un toldo de campaña, unas bancas y u 
mesas. 

Hoy se ha refugiado en cecheras tan pequeñas y de tan gran* 
da puerta, que parece que el cuarto se escapa por ella. 

Como Kntre nosotros se mete á escritor público cualquiera, 
particuUnuente á escritor político, para cuyo oñci 
necesita saber nada, dia lle^'ó en que pudimos dar idea dou 
escritor mloisterial y del ministro á quien deíeodfa, 
términos: 



Sülió el periodista maulü 
Que ikñenUe i Useñoiía 
De tos bancos. ..DQ tiu una aula, 
íiino de una frtiqutfM. 



LFrl)AI.— l.« voj genera] ea España, según parece, al de- 
Jgtur esta legumbre es ¡uibichueia. Judia y aún alubia. Ftijil sa 
Bnüdcra piovíucial, particulrtrmente de Andalucía; y ^alvá 
^ IkaiU « e»:ii)»r: iFrijol: ptovincialisnio de A.Tiérica, ju> 
i Perú tos liisioriadotes primitivos de Indias, «íríící-w «- 
hlíidJ^ (Id siglo XVI, y hoy clásicos, no solo por que pesan 
[bbte sus obras Ites siglos de cosscanle y crecieute respeto, 
íno poryíie )» Academia los ha adoptado entre su^ Aulorida- 
. dicen cornentemenit/í'yóí: sin más diferencia que escri- 
bió jra con s, ya con x, frísol frixól, como hacían con otras 
El voc'-s análogas que hoy se esciibcn invariablemente con 
F Cajamafca, Jauja, Juli, son en los conquistadores (hajo su 
■huía} Caxamurca & Casamarca, Xull 6 SM ele. Decían ade- 
& ftñÜ porque «staban más cerca que nosotros del latino 



I jSc quiere una autoridad mis clásica todavía, más ajena á 

1 inftnencia indiana, más acatada pot los españoles? An- 

) d« Nebrija, en su Diccionario latino español (edición 

1545) dice: .Phasiolus Uunmen Ídem ab hhp. diatur PRlso- 

st—pkasieliu legumbre Mimada por los españoUs friiolis.* 

izcelenle tapaboca para Salva coa su sempiterno provincia- 

iisma 4eA mírica} 

Después alguien, y hasta alguien*!, ha salido entre nosotros 
i qae no es frifSl sino fréjol ó fréjol. ¡Vaya un gusto de 
plittsarl Lo que es nosotros, fuertes con los ejemplos que 
Kedrn diremos siempre /riyíi; aunque más no fuera que por 
■er ocaaión de conservar el excelente derivado /rí/u/íi»', que 
pigna la setnentera de esta legumbre y que no sabemoscó 
e Saque de judia, Mahichufla 6 alubia. 






pots.^s P.W""»- 




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FUS 231 

Solo en la edición de 1869 hallamos este vocablo en el 
Diccionario de la Academia, y aún así hay que buscarlo en 
la palabra /(?ffi>Vo. Tampoco lo trae Salva, pero el autor de 
los Apuntamientos sobre el lenguaje bogotano dice que desde el 
siglo pasado se encuentra usado fondillos por un escritor es- 
pañol don Cristoval Alizarina. He aquí por qué nuestra 
fórmula constante es: no se encuentra en el Diccionario (el de 
Sulvá, que el mismo de Va Acade nía) y nu: no es castellano^ 
aseveración temeraria, que poco cuesta soltarla, y que á lo 
mejor recibe un terrible desmentido con el descubrimiento 
de algún pasaje clásico pertinente. Y<i lo hicimos ver en 

Bombacho. 
También en Fernán CabiHcro hallamos /ó«í¿i7/c»; **Rema 

animal anñbio; ¿oyes, fondillo embreado?" (Una en otra). 

Pastan. — Muy rara vrz se dice entre nosotros enagua, y 
mucho menos enaguas, porque c jmo ya lo hemos hecho notar 
tantas veces, aquí, parece que hubiera horror á toda s final 
qiieno marca un plural evidente. Fustán, según el Dicciona- 
rio, es cierta pieza de género, y probtblemente de la parte he- 
mos sacado el nombre del todo. Como equivalente de enaguas^ 
viene en Salva; más con su respectiva salvedad de provincia^ 
lísmo del Perú, Pichardo y Cuervo no lo traen, y por lo visto 
solo es provincialismo del Perú y Chile. 

Pongamos ahora un ejemplo que es doble, puesto que por él 
se vft, tanto que usamos fustán por enaguas, cuanto que al nom. 
bre propio le quitamos la s de plurai. 

Ello es que el lecho abandonó en camisa. 
Sin pensar en la enagua ni e\ fustán, 
¡Quién pensará en la enagua 
Cuando está el corazón hecho una fragual 

Ruinas, pág. 352. 

Pero me consuelo con que Trueba en su cuento El camino 

torcido, dice también enagua (en singular.} 

88 



SUPLEMENTO Á LA F 



Fajar. — Una de las acepciones de éste verbo en el Dic- 
cionario es (neutro familiar): acometer^ atrepellar, como fajar con 
alguno — Cargar; verbigracia fajó con toda la ropa. 

De aquí sin duda el peruanismo áefajarU á alguno^ por 
pegarle, sobarlo &». 



^^yQ ^re^-^ 



Las palabras que no se encuentren bajo esta letra, bús- 
queose en la H. Los quichuas no usaron la G; pero ella va 
sustituysndo de dia en día álá H inicial, ó medial, como se 
yé en guagua por huahua, y á la í dura en medio de dicción, 
come se v6 fn MuMnaH^a por Huamanca, isangaí pot naneas, y 
lún alganiís veces inga por inca. 

Gnliera. ~ El maltle p^ra liacer tapias en las haciendas y 
tkacras. No comprendemos de donde pueda veaii gabera-, y 
Duestios lectores no nos tomen al pié de la letra (jue ha de 
■ei con ¿larga. Estos provincialismos que uo son ioJfge— 
Das, y que por esto y por su Iraza debeu ser españoles, y 
que aolo conocemos de oidas ó escritos por personas desau- 
torizadas, nos ponen perplejos al tratar de establecer fiU 
Ottogiafia hoy por primera ves en este Diccionario. Por 
Kitalogías máft ó menuíi remotas decidiremos escribir picace- 
m COI) c. Miiutoit y ritoaJi-ar coa x. Pero ¿cómo lo hace* 



itfi^ 



234 GAL 

mos con gabera ^ amasigado y otros tantos? Llevarán ¿ y 5, ó 

V y c? 

Ha de lomar, aunque preven un riesgo, 
Por el camino sesgo; 
Ha el hombre ds tomar por el atajo, 
Aunque ruede ó se caiga boca abajo. 

Y por él solo, que siguió adelante, 
Sin ct'sar anda la gavera errante, 
¡Nunca en la hacienda le faltó trabajo! 



Poesías Peruanas 



<í:iI|i/mi.— El conjunto de casas de ^/«;/r//íi en donde vi- 
vían les negros esclavos de las haciendas, y en donde si- 
guen viviendo hoy, libertos, junto con sus familias y demás 
peones. 

Estn conjunto dr casas solía tener su plaza central perfec- 
tamente r««í;ii.iT, déla que partían cuatro calles rectas más 
6 menos '-ir^as. Sfgun la esclavatura de la hacienda, y compo- 
niendo un veidadero pueblecito. Otros estaban cercados de 
altas paredes, que remataban en una gran portada de elegan- 
te fachada. 

Esto en lo moderno. En lo antiguo, pocas palabras ameri- 
canas hay más usadas que ésta para designar un espacio 
cuídqui^'ra cercado, del tiempo de los Incas. Garcilaso la re- 
pitr á cada paso, suceílitndo con esta voz lo que con la de 
tamho, (ijue es quecliua) que ha restrinjido y limitado consi- 
íl". abísmente fu significación piímitiva, y hasta envilecidola; 
ceno que no ha faltarlo escritor nacional que sustituya con 
rl fclo del gcdpon^ la conocida frase española de pelo de la 
dehesa. 

Los ingleses traducen galpón por negro-quárters^ slave bar* 
racJis. 



GAL 235 

Garcilaso de la Vega los llama salas que servían de plaza y 
}os rlescribr así: «En muchas casas de las del Inca habia 
galpones muy grandes de á doscientos pasos de lar^o, y de 
cincuenta y sesenta de ancho, todo de una pieza, qu" servian 
de plaza; en los cuales hacian sus fi^'Stas y baiU?s, cuando ^ í 
tií-mpo con aguas no les permitía estar en la plaza al descu- 
bierto. En la ciudad del Cuzco alcancé á ver cuatro galpones 

de estos, que aún estaban e» pié en mi niñez El mayor 

era el de Casanb, (jue era capaz de tres mil personas: cosa 
increíble q-in; hubiese madera que alcanzase á cubrir tan gran- 
des oiezas.» 

Como se vé, los galpones de los Incas venían á ser los coy 

rales de la antigua España, y los mismos teatros y anfiteatros 

de la Grecia clásica. Lo estraño es que el Inca no nos (í'pa 

en tantas veces cuál era el nombre quichua de una c<»sn t^rn 

quichua ó peruana. Así sucede con caciquey voz de barlovento 

(Antilías; que ahoga por completo el nombre indígena d»- cu 
raca, copao chicha el de acca. 

l>»1Hna70. — Feo pajarraco, típico de las callrs deí Lima 
antes de la canalización de las ac-^quias; especie de buitre 
que los ingleses llaman tHrkey-hiizzard y en el que setjun Alce- 
do en su Diccionario de América es apodado por lo toi ijr- y 
leído, el asno de la frente alada. El mismo lo califica d*^- vultur 
aureum. En otro tiempo invadían de firme nuestras calUs. ya 
apostados en impasibles hileras en los techos que dom^ní.br.n 
las acequias centrales; ya bañándose dentro de éstas cf n 
gran algazara, á la pesca de quanta piltrafa inmund.í les triiia 
e! agua; y al disputarse la cual encarnizadamente, Io'í ti; n- 
seuntes oían el agrio crujido de sus aleteos y de sus g»'-^" - 
dos, y aún solía alcanzarles á la cara alguna tociada del fé- 
tido líquido, cuando no una porción de la misma pres? il-s- 
putada. 

Tapadas las acequias, los gallinazos han desaparecidc^ por 
completo de la ciudad, y solo se les vé revoletear en pesadas 
bandadas por los suburbios y muladares. 



236 GAL 

Gallinazos f oidf Si en cada calle 

Se os cierra el porvenir tapando acequias» 

Aun quedan muladares por el valk. 

Rimas del Rimac» 



¿O acaso son sus envidiosos émulos 
Que bajo vil disfraz de gallinazos^ 
Contemplándolo mueito, á picotazos 
Le intentan su talento airebatar? 

m 

Ruinas. (Roicr upadas,) 

El plumaje del gallinazo es negro sin lustre, fúnebre como 
caja mortuoria de gente pobre; sus polluelos itiacen bUncosl 
por lo que se apoda pichón lU gallinazo á ciertos blancos sucios. 
Su cabeza, pelona y prieta, salvo el gillinazo caiHjrofuro que 
la tiene colorada, y sobre todo esto, es animal hediondo é in- 
mundo. De noche se congregan á dormir en U copa de los 
más altos arboles. 

O bien debajo el alto 

Membrudo, recio, corpulento palto, 

Que al gallinazo en su alca copa asila. 

Poesías Peruanas. 



I gallinazo tiene un momento snbüinf: cuindo des- 
lezquíndades de la tierra remonta el vu^lo a una 
llura, se confunde con las nub^^s, y alii se ni .\n tic- 
lose sereno y majestuoso; siendo este el uni- 
cista elevado que la pobre naturaleza pe 



FIS 



237 
iecido ha' 



I 



(vnaaii de U costa ofrece á los ojos üe su e 
bttadte— GarciUso lo desrnbr ítsí: iHay otras aves gran- 
des negtaq, que los indios llaman suyunlu, y los españoles 
galliMiitii: soD muy tragonas de carne, y tan golosas, que, 
sí hatlao alguna bestia muerta en el campo, comen tanto de 
ella, que aunque Bon muy líjeras, no pueden levantarse a' 
vuelo por el peso de la que han comido. Entonces cuiindo 
sienten que rá gente á ellds, van huyendo á vuela pié, vo~ 
vomitando la comida por descargarse pata tomar vuelo. No 
son de comer, ni de otro provecho alguno, sído d^ limpiar 
Us calles de la« inmu<idicJ«s que en ellas echan. No son de 
rapiña, y el padre Acosla tiene para sí que son de género 
de cuervos— Cieza de León habla de «gallinaüas hedion. 
das Ó por otro nombre aurast nombre que el autor repite al- 
gunas veces diciendo qne los condores son M linaje de éstas; 
y que no hallamos en los Quíchuógrafiís. — Heiteía dice: «Luj 
•arot ó gallinazas son de géneio de cuervos— hacen noche en 
d campo, yá las mañanas van alas cíudadis, y desde los 
más altos edificios atalayan para hacer presa. ■ Es punto por 
punid el gaüinato de hoy. Este nombre aura, americano, es el 
que parece haber seivido para el nombre ornitológico vuliur 



Gnnancln.— No le arriesgo la guimnem poi no le arriendo, 
■ dice casi Irxlo el nrundo. y muy principalmente los enamo- 
grados hablistas /n i{», cuyo puríto y afán, desde que hacen 
J primer garabato, es que nadie sabe casielUmo. 

fíHnchn. — Artículo de tocador. Buscando siempre el nom- 
l>reReo¿iico por el especial, se designa así generalmente el 
t de dos puntas, usado por las señoras en número con- 
rable psia p^^Bde^se el cabello, y cuyo nombre léxico- 
tiáfico, y lan'h'én el usual en Madrid, es el mucho más pul- 

y preciso de korquilla. 

J Tmr gamho una muger, como tanto decimos por Fcá, es 

1 castelIsDo, desde los tiempos más clásicos del idioma. 
V f arábalo, esto es, atractivo, garbo, — iLas viudas tcne- 

ngarabaliUo particular.! - Fernaij Cauallero, Onnnt- 



^1 



23» GAR 

cia. — tEl garabatíllo délas viudas es mucho más atractivo 
que el de los quince abriles. i (Ídem.) 

<i:iihIí«1o, <ia. — Habriento» tragarote. Es muj singular 
que este provincialismo, como el de //w, nos venga la Espa- 
ña, no de) idioma nacional, sino de aquella jerga gitanesca 
.llamada Gftmaníay en la que representan la niisina idea, sien- 
do en elia gandido equivalente de necesitado^ y liso^ de desvergoña 
Zitdo. A ni> ser que gandido venga del anticuado español andi^ 
d», qii ; V illa cpisado de flaqueza, estenuado » 

También entre nosotros gandido casi ha caido en desjso. 
En el Diccionario de 1727, andido solo s'igulñca pasado, suce- 
dido. 

Más sij^niñoativa todavía para nosotros es la etimología 
gallega: Gandir, comer. 

(■araiiUr. — Este verbo, como dueño por dueftaAtieuf: una 
gran veniaja; y es que marca al instante la afectación, la pe- 
dantería y la ignorancia hermanas en una persona. 

Todo individuo que jamás ha saludado una gramática, ni 
un diccionario, ni un libro cualquiera de la buena dicción 
castellana, que al mismo tiempo pretende hablar bien, entre- 
ga iuei^o la carra con el uso const inte y afectado de garantir 
y lí.íí'ii- por ditzt'ia. 

Primero se dcjirian ahorcar algunos que óeór garantizar, y 
la durna de casa, .\r i;/.-»";.? del álbum. Lo mas chistoso es, que 
en '.os mismos escritos en que empalagosamente se espresaD 
así, nos hablan bárbaramente de la realizahiiidad de una rifa, 
de la operación de l(n:gni:ar un clima, y de los educacionadorós- 
por los e.;:iv.:.i". »:í o maestros. 

K.ia*a\:::.ir es tan bueno como ^M»j;r.>, pues ha sido ideado 
conío dice UclU^ para suplir los lie;npos que faltan á éste en 
\\ cjnjuj:aci©;i. 

Los parlid.\rios de /.i i:i.'»:.^ y de garantir me citarán, no 
hay ilud.i, m.is de un diccionario; y ¿qué vale esto cuando uq 
torróme de óptimos escritores españ jies, entie ellos D. Jlfp- 
éUst(9 LafuíHie^ dice g.uiifs:i:ar a roso y velloso, y cuando des- 



G.\R 



239 
vislumbraba la raciona- 



de los tiempos de Tirso de Molina s 
lidnil de decir la dueña de casa? 

pKlirmente casi todos los escritores españoles cODteoipO- 
rftoeos lo ban comprendido así, y probables mente los que por 
allá perEi&lea en el uso amanerado de la ¿ueño, pertenecen á 
la misma escaeJa de los seudohablistas de por acá. 

Gnrüa. — Llovizna menuda, ó como decían nuestros es- 
critores del siglo pasado, moí/iinn (sin duda del lalin whV/ij, 
hlnudc, jiutie); tocio, que puede caer sn cualquiera parte y que 
caosrilaye la única iiuvia del litoral peruano, estensiÓQ como 
de quinientas leguas de arenales desiertos, con risueños valles 
interpuestos. Desde los primeros días de la conquista, los 
historiadores primitivos de Indias denuncian esta peculiari- 
dad y procuran explicarla físicamente á su manera, sin usar 
más palabia que In dte rocíe, y comparándolo, éste, ya á laa 
DÍebtas de Valladolid, ya á las de Escocia (el traductor in- 
gles de Alcedo). El americanismo garúa es uno de esos pro- 
vincia lis tti os sin suerte, que tardan en aparecer, como ya lo 
nos notado en otros de la laya; y lo llamamos itrntriíanit- 
, porque no lo creemos, ni peruanismo ni hüpanismo dt 
\ Amíñí*. 

Veamos bs descripciones de los liisloriadores citados Cié. 

' sa de León; Crónica ¿el Pt*i (1355): 'Antes que pase ade- 

lanlCí me pareció declarar aquí lo que toca al no llover... 

...Eo las sieiiits comienza el verano por abril y dura hasta 

I ietlembie Más en estos llanos junto á la mar del Sur 

l-ual coDirario de todo lo susodicho, porque cuando en la 

rnnaiifa es verano, es en ellos invierno V verdadcramen- 

le es cosa extraña considerar esta diferencia tan grande, 
siendo dentro en una tierra y en un reino; y lo que es más 
de notar, que por algunas partes pueden con las capas de 
«gua •(hoy son los /vncliti impermeables)) abajar á los lla- 
001 sis las traer enjutas; y para lo decir mas claro, pacten 
por U mañana de tierra donde llueve, y antes de vísperas 
W bailan en otra donde jamás se cree que llovia. •(Hoy coo 
. ti fenocarril de la Orcya ó trasandino el contraste es mtl- 
i. dumis violtnlo, y aún podrá lltgai á ser algún día tras- 



240 GAR 

cendental para la salud misma) «No Iluove en todos los 

llanos, sino es un tan pequeño rocío, que apenas en algunas 
partes mata el polvo.» 



El nos da el agua cernida, 
Tú con escasa medida, 
Y es por espita ó iamiz 

Que el elemento matriz 
Nos escanciáis de la vida. 

Poesías Peruanas 



«Y por esta cau?a los naturales viven todos de riego, y 
no labran más tierra de la que los rios pueden regar *{rscasa 
medida,)^ En toda la más (ti?rra), por parte de su esterili- 
dad, no se cria yeiba, sino todo es arenales y pediegales se- 
quísimos, y lo que en ellos nace son arboles de poca hoja y 
sin fruto ninguno; también nacen muchos géneros de cardo« 
nes y espinos, y á partes ninguna cosa de estas, sino arena so- 
lamente.» 



Yermos que angustian el alma, 

Que aun cuando su estéril calma 

Ostenta Líbico Sfllo, 

No los abrevia el camello 

Ni los refresca la palma. 

Poesías Peruanas, 



•El llamar invierno en los llanos no es más de ver unas 

nieblas muy espesas, que parece que andan preñadas para 

"' *ver mucho, y destilan, como tengo dicho, una lluvia tan 

que apenas moja el polvo; y es cosa extraña que» 



árdela tati cargado á-¡ nublados en ei tiempo qus 
digd, no llueve más en los eeia meses ya iJichos, que estos ro- 
clos pequeños por estos llanos, • 

Nuestro cielo, {cielo extrañol 
Ea grande porriún del año, 
Con atmósfera sombría 
Nos cobija, como un paño 
Empapado en agua fría. 

La atmósfera se encapota, 
Y sobre nosolras Sota 
Niebla indecisa y lenaz, 
De («solverse incapaz, 
Siao es ea menuda gola. 

PoEsi*s Pkruanas. 

•V se pasan algunos dias que el sol, escondido entie la es- 



pcsuta de tos oablados, no es visto. 



Y en cuyo rostro, al sucumbir inulto, 
Brilld. saliendo de la niebla espesa, 
£1 sol, que estaba tanto tiempo oculto. 

Rimas dbl Rimac, 



•Y como la ucrania es tan alta y los llanos y costa tan 
baja, parece que atrae á sí los nublados sin los dejar parar 

«a las tierras bajas También bay otra cosa aolable. 

que es haber un vienta solo pot csla costa, que es el sur; 
el Ctul, aunque en otras rejioaes sea húmedo y atrie lluvias 
ñn esti no lo es: y como no halle contrarío, reina i la conti 
na por aquella costa hasta cerca de Tumbez; y de allí ade- 



242 GAR 

laDte. como hay otros vientos, saliendo de aquella constela- 
ción de cielo, llueve y viene ventando con grandes aguaceros* 
Razón natural de lo susodicho no se Fabe, más de que ve- 
mos claro que de cuatro grados de la línea á la parte del 
sur hasta pasar del trópico de Capicornio va estéril esta le- 

• 

Jión.» 

Las dos descripciones que preceden, la escrita hace tres 
siglos y medio y la escrita ayer, la de prosa y la de verso 
interpolada, corren iguales sin discrepancia; á pesar de la 
distancia del siglo XVI al XIX y de la presa al veiso; lo 
que prueba que lo que se observa bien y con sus propios ojos 
es cierto y verdad toda la vida, sea en verso ó en prosa. 

Con razón dice un proverbio moral: 

Las verdades se conciertan 
Unas con otras do quiera, 
Dichas de cjualquier manera 
En todos tiempos aciertan. 



Agustin de Zarate en su Historia del Perú (1555) se ex- 
presa así: lEn pasando de Túmbez acia el medio dia, en es- 
pacio de quinientas leguas por luengo de costa, ni en diez le- 
guas la tierra adentro, no Hueve ni truena jamás, ni cae rayo^ 
caso que pasadas las diez leguas ó algo más ó menos, cerno la 
Sierra dista de la mar, llueve y truena, y hay invierno y ve- 
rano á los tiempos, y de la minera que en Castilla EstCg 

llanos son muy secos y de muy grandes arenales, porque no 
llueve jamás cu ellos, no se halla fuente, ni pozo ni ningún 
otro manantial 

tCon razón podrian dudar los que leyeren esta historia 
de la causa porque no llueve en todos los llanos en el Perú, 
como ai liba está dicho, habiendo razones de que en ellos hu- 
biese de haber i^randos lluvias, pues tienen tan cerca, de al 
una parte la mar, que comunmente engendra, humedades j 



GAR 



243 



lapónif 7 i« \» otra las altas Sitrras de que hemos hecho 
kílaclÓn, donde nanea fultin nieves y aguas; y la raz^n na- 
Htoral qoe hallan lo* que con diHgencta lo han ioqiiirido, es, 
BiqDR en tocios e$tas llanos y costa de mar corre todo el año un 
I aolo Tiento, i]ue los niarínecos Ilanian Sudueste, que viene 
IpfoJMigando la cosía tan impetuosa, que no deja patai ni le- 
Ivantai las nuves ó vapores de la tierra, ni de la mar, á que 
flegaen i congelaree á la legión del aire.i 



El sol representa al cabo. 

Con tal brio y arrogancia. 

Que trae el mejor sin duda 

Bucéfalo de su cuadra, 

O la parqa mejor 

Si en vez de PnsiÜar engancha. 

Y k.B dispersos vapores, 
Los aventureros miasmas 
tJue por el haz de la tierra 
Discurrian y vacaban. 
Del doslembrador caudillo 
Atendiendo ala llamada. 
Solícitamente acoden 
Como al Creador las almas. 
Pero estos al elevarse 

Lo hacen con torpeza tanta, 
Qna ni suben á su trono 
Ni tampoco al suelo bajan, 

Y entre la tierra y el cielo 
Torpes, indecisos vagan. 
Sin fijeza, como una 
Chusma desmoralizada. 
Empañan la luz del día 

Y la decoración cambia, 
Poes al panorama azul 
Otro túrbido reemplaza 



De eerr&KÓD y neblina, 
De cnulejia y dcstemplai 



•Y de las alias Sierras, que exceden estos vapore^ 6 I 
bes, prosigue /tárate, se ven abajo, que paitce que son Otti 
cielo, y sobre ellos esta muy cUro y sin ningún nublado.! 

£ste es el magníñco espectáculo que los viajeros veroLM 
iieantea en Suiza van á admimr desde el Rlgi Kulm * 
amanecer, en que esiáii las nubes á los pies del espectadl 
como si el cielo se hubiera descolgado, y el qae acaso luíl 
presente el poeta nacional Don Atnaldo Márquez al cscnbi 
estos bellísimos versos alegóricos sobre la edad raadara } I 
juventud: 

"Mira la tempestad de las pasiones 
Que por esa regiÓB fulgura y truena. 
Mientras encima le región serena 
Coa inmutable luz se vé brillar." 

La poética comparación de Zarate, i¡ue parece ^u* 50M «#ni 
cicla, prueba una vez más que los Historiadores primitivos <3 
indias, cronistas y prosaicos, eran más poetaSi que I03 qd 
escribian poemas, llámense Castellanos, del Barco Centenei 
y hasta Hrcilla; 

Zarate es el que compara nuestro recio (garúa) conlaí n 
V^adolUi, agregando; "Salva que no es dañoso para la salujj 
..nnedíid de cabeza !a ¡lavan con e 
- aer alguoíi nbuiión que ha desapa^ 
; reducción iu){it:Ba del Diccionario d " 
1. tétmino del Perü que si^ 



GAR 



245 



VtAca peqiif ña lluvia, y stniejanle al locío («ti'íJ) Je Escocía, 
del (jDo 00 resulta ítafto ninguno." 

La lec»!a moderna del no llover t^n toda esta costa, puede 
coosideraiEC la del señor liainiondi en sus Af'unles sobre la pn- 
vitKia literal di LoTtto, que van incorfoiados á la Geogiafía 
del Pf[ú de Do» Maleo Taz Sclilíin. El naturalista italiano 
Bdtnite implícitamente las que prpcedcn; pero advirlicndo 
que rn loe liioiaies al rorte y si tur dfl nuestro llueve copJo- 
fismente, deJuce una sfgiirda liipdusis, que es la coustito- 
ctón arenosa da nuestro sudo, no solo en la misma oiilla del 
mar, sino á las veces aún por los distantes cerrtllo'i que ItmJ- 
lan iil Oliente, los valles de I» costa. En el de Tcujiilo, desd« 
la ciudxd misma, admiramos mas de una vcz esta extraña de- 
coTscióo al respaldo de una llanada feraz como lo es toda 
aquella. 

\>K este exeeleote conductor del caler (la arena} dice el se- 
&úr Raytnondi, se despiende uoa columna ascendente de ca- 
lórico que impide la condensAción de los vapores acuosos que 
pasan. Asimismo en iiiviemo, enfriada la supeificie arenosa 
man I i ene esas persistentes Deblinastan cacaclerísttcas de la 
I costa en la citada estación. 

CaKuax.— Lloviznar lénuemeole. — 

--Hace fresco 

-Pero en la sata. - 

—Si; afuera 
(Paiéteine que estuviera 
Tomando á San Juan de Ulúa). 

J. V. Camacho, Busca» Irts piií al gai6. 



No se cstiañe la deaproportionada estensión que hemos 
I dedicado A tópico tan mínimo, que en Píchardo, D¡Gciona> 
da Voces Cubanas, apenas ocupará renglón y medio, Pa* 



ra ncrsotios la garúa es la Costa; y la Costa es medio Perú; 
tal vez el Perú entero, porque es aquf donde est&D los feno- 
carríles, vapores, telégrafos y demás elementos ilel progreso; 
aqu(, los fxtrangeros, qat representaa la cuasi totalidad de 
aquél; y squí, por último, dooJe se habla for letht una de las 
glandes lenguas de Europa. 

Gimnasia.— Ancicuadamente podria decirse gñinijiv. Hoy 
la palabra es ginimiiticit; á menos que se trace del plantel eo 
que ee eoseña la gimnásticu, como el Gimnasio Triat ea París^ 
6 figurada y admitidamente, de un pUuiel de educación. El 
ejercicio mismo y el arte que lo ensena se llama gimn&siiea, 
y seria curioso averiguar de donde fuimos á sacar nucslrx pa- 
labra gimnasia. 

Por lo demás la etimología griega ee gynmos, que quería 
átcn desnudo, m cuerpo, porque así bajaban alas luchas de 
Ib palestra los antiguos púgiles cantados por Pmdofa. Loa 
derivados de esta rica palabra, como los que ptevietien de 
j«iw, ocupan sendas columnas ea los léxicos griegos. AUf 
el lugar del exeicicio se llama gymnastirta, lotmx que imsq- 
ttos hemos adoptado en otras voces, como ítmenttric', moHOS- 
Itrio etc., y no eo esta que tiadacimos por gimnaeio. El ar- 
te ó ciencia se llama £ g>'»in')sl£¿c t}í gimnástica) y el inae*- 
tio gymHiutis, poi lo que seria muy elegante si dijéramos jfTM> 



1 No queremos considerar la esgrima sino como mer» 
ejercicio, como una variedad de \a nimnástica, más delicada 
sin ser menos vigorosa. * —Juan DE Arona, ^ Cité deA»- 

* Dedicábase al mismo tiempo con ardor á la gimnasia j 
á la aritmética. Con la priinera castigaba el cuerpo, cotrejiá 
la carne, enfrenaba los desmesurados vuelos de su espirj— 

(U ?í la Aritmílica la llamaba su décima Musa • 

limM, ¿05 Amorti di Crispido MorDJrnti.— En las publicacio- 
nes españolas se suele hallar gimnasia. 

Gloriado.— El ponche de los antiguos cnollosi la.» seucl' 



GRA 247 

lio, que se reducía á agua caliente con ron y azúcar. Era 
bebida de las madrugadas entre los caminos. 



Y mientras cada cual así remedia 
Activo la flaqueza que lo asedia, 
Pues nunca falta cuando se madruga; 

Y que aquel apechuga 

Con un tazón de tónico gloriado 

Y este con un bocado. 



Poesías Peruanas. 



Gradas.— £1 señor Rodríguez en su Diccionario de Chile- 
nismos dice ique las gradas de los templos, como la Catedral 1 
Santo Domingo, San Ignacio etc, deberian llamarse átri§s,9 

Como entre nosotros hay la misma costumbre de llamar 
gradas, por lo menos al atrio de la Catedral, bueno será que 

advirtamos que aquel nombre puede ser más castizo y más 
antiguo de lo que parece, á juzgar por este ejemplo de Gmjt- 
man de Alfarache ^ página 191, edición de Rivadeneira: 
•Aconteció que como los mercaderes hacian lonja para sus 
contrataciones en las gradas de la iglesia mayor, que era un 
andén ó paseo hecho á la redonda de ella, por la parte de 
afuera, tan alto como á los pechos.i 

Esta descripción viene pintiparada al atrio que circunvala 
nuestro metropolitana y que llaman gradas^ acaso por las que 
tiene delante de su fachada. 

Grajo. —Hedor chotuno más ó menos fuerte ó insoporta. 

ble que despiden los negros, y que no es más que la sobaquina 

de los españoles. ^Grajiento: el que padece de este achaque, 

aún sin ser negro. Salva trae el adjetivo como cubanismo, 

no el sustantivo; pero en Pichardo no hallamos ni uno ni 

otro, 

40 



GRA 

O á maoo tierra montaraz destripan, 

Y eacorvados jadeaD, sudan, hipan, 
En to más fufiíte del rural trabajo, 

Y ocupa la extensión aura de grajo. 



P0BS113 Peruanas, 139 



iNodejala más fina 

Pe oler por la mañana á ¡obaguini 



IMcenn poeta español. 



Gramatnie. — 'Ls yerba deGuinta de la isla 
célente forraje de nuestros campos, que reemplaza á la a 
fa en las nescs de seca. Stevenson en sus Twenly ytan I 
díHce in Sauth Amirka dice: iLa yerba de Guinea íué plantl 
da cerca de la ciudad (Lima) por Don Pedro Abadía; pero no 
prosperó; ignor» si el fiasco provino del cüma ó de ignoraD- 
da en el procedimiento; aunque me inclino á creer que d 
segundo.) El nombre dado por acá es uo mero autnentafl 
áe grama. 

GranndiUa.— Passi/oraligularis. Fruta del tat 
ma de un huevo de pava, un poco mayor, j 1 
á anaranjado cuando está madura. Su ñor eajj 
y la planta que la produce es de taL« 

□O se le arma una enramada esp4 

que más á mano halla y vá & e 

altas ramas, como podría i~ 

millero de pepitas de i 

las en un glúteo y 

siendo su s 

da;aui 

iKMtP 



GRA 

£1 ciprés mustio que sus yertos brazos 
LcvaaU es pAs del estrellado coro, 
La granadiUa, que en flexibles lazos 
Cuelga «□ las tamaa sus fanales de oro. 

POBSIAS PKRU ANAS, XVI 

Nectareos globos y franjadas Borés. 

Bbllo. 



Recordando circulirmente la cascara que sirve de urna ft 
la fruta, y por el cootorno del pedúnculo 6 palillo de que pea- 
día en la mata obtienen los muchachas lo que allús Itamao 
ItíniífítiM, que se eatrelieaen en bailar torcieodo el palito con 
los dedos medial y pulgar, y que más que trompo, viene 4 
Kr una perinola 6 peonza. 

Salvi, que tantos americanismos insígnificaBtes trae en e| 
DiceioDario, algunos dudosos, se limita al hablar de la gra- 
nadilla á decir que es\A JIorde ¡a yerba pasionaria. Terreros, 
más completo, después de desciibirU en esta acepcióu, agre- 
ga: iGkanjDilla fructífera, planta de América, cuyo fruto, 
qtM también se Uam» granatiiHa, es «valado, mayor que un 
huevo, con una cascara fuerte y amarilla, la cual se separa 
del resto, y queda una camisita blanca, que encierra un fiuto 
jugoso, sabroso y sano.i 

Es decir que nuestra granadilla fué llamada así por loi 
primeros españoles, no por comparación directa con la^4- 
nada, sino porque ya llevaba este nombre otra pasiflora, sil- 
vestre poi dcdrlo así, que no llegaba á dar más que un ru- 
dimento de fruta, una baya ó granadita, irtcomibUf como de- 
cimos por acá, y que motivó el nombre positivo. En qui- 
chua, si no miente Torres Rubio, es lintin, en chinchaysu- 
yo, puTU'Pur» y en Aymará afinceya. Tschadí en aquella voz 



250 ^ GRA 

dice: tdie Frucht dcr Passionshlnme^ {el fruto de la flor de la Pa* 
si6n)\ granadilla fruta,% 

Granadilla pues, viene á ser un hispanismo de América^ esto 
es, un nombre español que solo entre nosotros toma todo su 
desarrollo, pues los peninsulares le preñeren el pasionaria ó 
ñor de la pasión. Barco Centenera en su poema La Argenti- 
na escrito á ñnes del siglo XVI y publicado en 1602, la des- 
cribe así: 



tLa ñor de la granada ó granadilla 

De Indias, y misterios encerados, 

A quien no causará gran maravilla, 

Figuranse los doce consagrados; 

De una color verde y amarilla 

La corona, y los clavos tres morados, 

Tan natural están, y casi al vivo, 

Que yo me admiro ahora que lo escribo.^ 

£1 símbolo de flor de lá pasión ha sido adoptado por todas 
las lenguas de Europa, pues aun en la Grecia moderna, en 
Atenas, la oimos nombrar I patitos tou Xristu {la pasión de Cris- 
to: los griegos modernos pronuncian la éta com» iota; y hé 
aquí por qué I patitos y no E patitos). 

Crasnr.— Cundir, propagarse una epidemia. Don Miguel 
Riofrio en sus correcciones de lenguaje dice que pudiera ve- 
nir grasar del latino gradior (avanzar, marchar) 6 del verbo 
inglés to graze (pastar) según se lo sugiere el presbítero don 
Santiago Clarke. 

Con todo nos conformaremos menos con aceptar que nues- 
tro pueblo sea capaz de formar derivados cultos de lenguas 
muertas, por si solo, sin que se los proporcione directamente 
la lengua madre, ó indirectamente alguna de las extrangeras 
con que estamos familiarizados. (Véase Atingencia), 

Hé aquí por qué ni mencionamos siquiera la otra hipó* 
tesis de Clarke, que grasar puede venir de un verbo gfUgo 



GRI 251 

(y todavía poético y poco usado) grao, que significa coniey, roer. 
Nuestros escritores ilustrados y de talento podrán, si les vie- 
ne en gana, acuñar una voz artificialmente con elementos 
grisgos ó latinos, cuando sepan estos idiomas; más el pueblo 
sobre todo el que habla una lengua de segunda mano y con- 
serva los resabios de la suya indígena, es incapaz de seme- 
jante tarea. 

Hay que admitir pues, que grasar^ atingencia, acápite y otros 
de la laya, son para nosotros legados de alguna tribu, de al- 
guna provincia (Véase Cacarañado), de alguna época española; 
legados que nosotros retenemos, como aquellas prendas de fa- 
milia que suelen ser mejor guardadas por los hijos naturales 
que por los legítimos. 



Huyendo de la epidemia 

Que en nuestras campiñas grasa 

Desde que Pinzote fizo 

En las Islas su fazaña. 

Huyendo va de la leva 

Ese que veis par de maulas. 



Poesías Peruanas, pág. 204. 



Gringo*— Todo lo que dice Salva en esta palabra es, res- 
pecto á nuestro uso, una sarta de disparates. Oid limeños y 
reíd.» •Gringo, masculino, vulgar. Apodo que se da al que 

habla una Itngua estraña. En !a América meridional llama 
asi la plebe á todos los extrangeros, señaladameute á los ita- 
lianos. — Hablar en gringo: hablar en griego, % 

Para nosotros gringo y gringa, con sus dob terminaciones, 

y aún por cariño gringo y gringuita, no es mas que inglés é íw- 

glesa^ como llamamos hachiches á los italianes, chapetones á los 

españoles, y como nos apodan á nosotros mismos peruleros en 

, España. 



Es DÍ menos ni más como sí un gñng* 

Me quisiera probar dándome risa, 

Que el Domingo ile Ramos dicen misa ¡ 

Por los Jiautof y no poi el L>omiDgo. 

Artículos Divbksoc 



Si no persigues con afán y eGtnero 
Al iclu y á la jierba del camtn, 
Y fi otras plantas patásilas j extrañas. 
Con el ahinco del in^Ui severo 
Que CDite nosotros popular se h:«o 
Po( U ninua MnpieZK de sus utñis. 



Pero a rujrar el alba del domingo 
De todo se olvidaba mi bucogni^. 

PoesUb PeedanU;. 

TamÍMÉD Tachudi en sus Viajes es de los qne pretendeo 
que este calificativo ciioUo abraza á todos los europeos, y que 
viene de ^ugo, por haber siempre servido eiita paUbfa en es- 
pañol para denotar lo indecifrable, puede <)ue lo primero Íuk> 
ra dcrto en los dias peruanos de Tschudi, ahora cuarenta y 
tantos anos; hoy gringa, es privativo de inglis. como ya lo he- 
mos dicliO' 

La detinicián de Gringo dada por Terreras hace mis d« 
cien años es la que mejor cuadra á nuestro propósito. Ese há- 
bil lexicógrafo dice que en Málaga apodan asi k los extrange- 
109 que hablan con acento, y UHa¡aá.nHeHtt k loi itUmdtstt, 



GUA 



253 



no srgundo, dadamoa mucho que Bea c«rnip- 
ci¿o de griigc; y más bien creerianios que lo fuera de alguna 
de las voces que mis f uede oItrc i un inglés, como drink, do 
^nde hemos hecho el trniy familiar, y chusco verbo de trinmr 
^thA*r, y de donde sale tguaimi:nte ¡a original iol^rpela- 
Ctán de trinkis forth} con <iue nuestro pueblo suele abordar 
i letgñngot de su calaña, cotuo creyendo halagarles su afi- 
ción bvorlta á Mir/uerti. 

Respecto á Ib etimología de B*chichi, oigamos al scAor Pe- 

roIarí-Malmiguati (El Perft 8í)~Bachiíhts llama la plebe pe- 

\ nians a los italianos, estiañando la frecuencia con que ocurre 

I «ntre ellos el nombre de BacUcia que, como saben ustedes. 

I «gnffica GiaminUista b Battúta.t 

Gtl4I — iDtetjección que eti sí misma no «ignifica nada, ni 
dice mis que ¿Ai! ú otra iaterjeccióu cualquiera, pero qae se 
ha becbo de grao celebridad entre los extrangeios, por la 
frecuencia y gracia con que la usan las limeñas, y también 
lus hombres, siendo una muktilla general, casi siempre segui- 
da de palabras especiales, igMá. qu¿ Usura.' ¡guá ¿qni cosa? y 
í veces ghá,gui, gtiá, quá. guá\ como si se dijera ¿cima, có- 
mo, oórno? al oir relatar algo que pasma etc. 

Esta exclamación tan graciosa en las mugeres, de quienes 
I «S peculiar y en quienes constituye un dengue y una mona- 
í <!a, pudiendo por lo mismo creerse importación andaluza 6 
tiróle genuino del más salado criollismo. Y no es asi. sino 
que proviene ]det quichua', salvo que la casualidad haya que- 
rido que cíisia el guM en esa lengua muerta ó envilecida, é 
ÍRdepeudientemeote tnaibieo en Ib nuestra, j Qué chasco 
para una limeña descubrir que desde que nace está man- 
chando su boquita con una voz de los indios serranas! Hé 
•quf c6mo traen esta interjecci¿n los quichuólogos. Tschudí; 
«Akit: interjección de quien se admira». Torres Subió (1754) 
• HuaI Amiy!— .'admiración, afecto de lástima.* Ya en otra 
ioterjección (Cakav) hemos podido notar una coincidencia 
idéntica .á esta.— iGraciasI balbució AnjÉlica manifístando 
su disgusto al seulaise otra vez— ;C«4! Gk4\ ¿Est&s loca^ 



«54 



GUA 



dijo su mafJre.— Arestbgui, El Pain lloran; Esemas ¡U I» v 
del Chico. — Torres Rubio eu su/4Wc (Gramática) diceademd 
*Huaa\ del que se admira ó cspanu de cosa rara ó ci 
vista. »■ 

(itiagut). — Arequipa j toda la Sierra: KÍño, del quichua 
huahua que signiñca esto y tambieo tacliorro de animal e(c> 
Ahora muchos años no corria en Lima esta voz, aunque SQ. 
conoda; después se ha generalizado bastaole sin duda por 
frecuentes y fáciles comuaicaciones con Arequipa; pero hi 
se halla casi desteriada con la introducción de btbt, importa< 
da por las muchas familias limeñas que emigiail á Europa y 
que vuelven después de algunos años con costumbres y hastA 
con locucioiies nuevas. Ninguna de las dos palabras vafe 
gran cosa; la Hua parece ladrido de perro, y la otra balido de 
oveja; pero ¿qué más puede exijirse en voces tomadas proba- 
blemente de los mismos sonidos ioaniculadosquc se oye pro- 
ferir á los niños? 

GuAGuoN; — Un inglés podría sorprenderse agrada ble ment 
creyendo reconocer su vmgon, sn este aumentativo caprichos» 
de gxdg'iM, que suele u9ars<; alguna vez, para desiganresos 
abultados muñecones en camisa que sirven para distraer &. 
los niños. — íluahua, dice Wedell, coincide con el griego f'foi, 
hijo, y con el primitivo Hou. Voa, que significa fmio. Esta ta- 
milia es muy extensa en peruano' (quichua). V«y%gi a» nord 
de la BíHvit. 

Guapo. --Este vocablo do ae usa entre nosotros sino 
|a primera acepción que le da el Oiccionario de •animoso, 
D y resuelto, que desprecia los peligros y los acomtte'i 
BOtra acepción que tanto priva en Madrid, de hUn /<>• 
, etc., no corre entre nosotros sino cuando se 
ÜlDSate. Parere que en Andalucía se dice gtMp» 
X por acá. Feruan Caballero, Clemeneiai 'Ea 
I h) que tú has hecho, no lo hacen sino los 
D pecho. • — • Tf en cuanto á gvape, lo és 
tnlan de ¿1 hechos que admiran y KSOni> 




1» *t 



GUA 255 

Pero on Andalacia no está proscrito guapo en el sentido 
de apuesto, como no lo están muchos otros vocablos del am- 
plio lenguaje castellano, que alternan con sus provincialis- 
mos y conservan vivo el idioma lodo. Nosotros nos aferra- 
mos á unas pocas acepciones j de ahí nadie nos saca, con 
lo que reducimos el Diccionario á Vocahulario. 

Guarango* — Acacia pmict ata. — Especie de aromo silvestre 
menos ñno, menos elegante en todo, mas rústico, j en la 
costa del norte, hasta corpulento. Por lo demás da la misma 
mota amarilla como flor, mas grande también que la del 
aromo. Quichua hnarancu, á thorny tree^ Markliain. Torres 
Rabio lo trae en el dialecto chincha¡/suyOf dándülc por tra- 
ducción ahj'irroboj que es otro árbol espinoso y nmclio 
mayor, peculiar á la costa norte del Perú y do la misma 
familia que el guarango y el aromo — fPt'oS'tpis dulcis.j 

De las alturas igualmente amigo. 
Del pedregoso y erial paraje, 
Kl guarango también nos presta abrigo 
Boaj su extenso horizontal ramaje. 



Aquí guarangos y aromos 
Extienden con vaguedad. 
Formando mesetas verdes, 
El ramaje horizontal. 

Poesías Peruanas. 

CaardacaballOi — Feo páiaro, del género Croto/aga, de 
oolor enteramente negro sin lustre, y como do una cuar- 
ta de largo, ^nda constantemente en comunidad con tres 
6 caatro de su especie, siguiendo las pisadas de los animales 
emloB potreros. Con frecuencia dejan el suolo y se encaraman 
al lomo do los cuadrúpedos á quo acompañan, escarbándo- 

41 



les con q1 pico el pelo ó las mntadnras, parn tjttraerlea loá| 
insectos y los gusanos. 

Sin duda por nna confusión con «1 beneficio que prestan 
á los animales, ó por nna rapídísimn elipsis, se les llama eo 
otros puntos de la costa matacabiUo, que es como si qa¡- 
BÍera decirse mala la gusanera del caballo. 

Expele BU feo graznido con tal fuerza, como sí aalíera ¿ 
un comprimido resorte, y esto, y su modo da nndar & s 
tos, y sus patas de uzafate ea lo que mas lo caracteriza. 

En donde los ganados 

Vacunos y lanares 

Del fiel yuardacaballo acompalladoa 

Despuntan los nacientes alfalfares. 

Poesías Peruanas. 



Y soltacdo con júbilo su fallo. 
Plagio! Plagio! el estúpido diria 
Con saltos de epiléptica alegría, 
Lo mismo que los de un gua^-daeaballo. 

Las Geoboicas, 

Trad. de Jaiu de Aron». 

Caasaqnill.— -Di? guasaqm'ú es todo lo esencialmente li-J 
meBo ó criollo, pur savij. u Manoogo ea uno de esos lima- 
Bos tle guasaquiú y de leugungo popular, que hablan ese 
castellano ajergado y especial del vulgo." Rojas y Cafias, 
Museo de LímcTiada». 

Guayaba» — Sobro la fruta americana de este nombre 

Beria inútil decir algo por ser universaliueute conocida y 

venir descrita en autores y diccionarios castellanos desde los 

no3 de lo conquista. Eo acepción figurada y familiar 

ho por embuste, bola, el canard de loa franceses, 

I da los dias de Lope de Vega y el bacho limeño 



GUI 257 

de ahora veinte ó mas años. ¡ Qué guayaba ! ¡ Esa es gua-- 
yaba! (que recuerda el esa es grilla de los Madrileños). Las 
loas de las veces se usa en plural. 

Cier€406<|lie* — Pájaro por el estilo del zarapico, célebre 
por sus largas piernas, y cuyo grito temblón y friolento 
parece haberse imitado en el nombre provincial, tan exacta- 
mente, que no hay mas queoir. Los ingleses lo llaman stone 
flover — Oedichmus supercüiaris — Himantopus mexicanus. 

Es ave muy domesticable, y se tiene suelta en algunas 
casas en donde]desempeña el importante oficio de acabar con 
las sabandijas y demás bichos. En Chile qxiellregüe, en Bue- 
noB Aires, tero. 

El americanista madrileño D. Marcos Jiménez de la Es- 
pada, en una de las notas que pone á la Relación del Perú 
de Salazar de Yillasante, escrita en el siglo XYI, dice ha- 
bbndo de cierta especie de azores : '' En la actualidad toda- 
rák se cazan con ella en la América del Sur perdices y quil- 
íréhueSf 6 ave-frias de aquel país (Vanellus cayennensis), n 

u Piernas de güerequeque " se dice al que las tiene largas 
y flacas. 

fiaiadarse* — Guindarse á alguno, y mas vulgarmente 
mamárselo^ comérselo, meret^árselo, soplárselo y hasta lim- 
piárselo^ con verdadera gula antropófiiga se dice por u/¿t- 
mar á alguno, ó para adoptar el familiar español, despacharlo. 

Es curiosa la profunda análoga que hay entro esta acep- 
ción provincial de guindarse^ y las que trae el Diccionario. 
Segnn este docto libro, es ahorcar á alguno, 6 birlarle ó ar« 
rebatarle el empleo que pretendia. 

Nosotros mismos en una traducción de Planto fEl müitar 
fmsifarronj hemos seguido el peruanismo: 

—De esos temores tu ánimo prescinda 
-«En Capadocia á poco mas tu espada 
Quinientos hombres de nn revés se guinda. 
I O tendrá alguna relación nuestro provincialismo con el 
fmdaTf a arrojar ó echar al suelo n de los gallegos ? 



Gñlro. — ^Arequipa. El tallo 6 espida del maíz verde, qna d 
por ser tierno, jugoso y nn tnnto dulce, se chupa por loi 
mucljaelios do Arequipa tanto como la caña dulce en 1 
costa, á la qne, como debe suponerse, no iguala ni con n 
cho en propiedades sacarinaa. 
Quichua mVií. 

Guisur. — Este verbo solo cerré en Lima al designarse 
una carne aderezada de un cierto modo: carne guisada g 
dice por distinción do eanie osnda, etc., y no de uua man»— I 
ra general, como pudiera entenderse en Espaila, por earna^ 
preparada en la cocíni ó soa no cruda ; porque ea bneno ad- 
vertir que en castellano antiguo y moderno se usa tanto del 
verbo guisar, cuanto nosotros del cocinar. Y aunque el Dic- 
cionario diga ou este ultimo aJerezai- las viandas, disponer- 
las en la eoi:í7ia, repetiremos que los eapaHolea están por el 
primero, y que ellos recomendarán á un cocincr.i diciendo 
que 'juisa bien, y no que eoñna bien como nosotros todos. 
Et loca Garcilaso de la Vega que eacribia hace tres siglos 
sus Comentarios Reales ile los lucas no usa de otro verbo: 

(íVírjenes escogidas, raugores del Sol gu tsahan iod& 

la demás vianda de aquella fíesta y por tanto gu{sa~ 

han las Yírjenes como mugerea que eran del Sol. .-j — Para 
la demás gente común amtisaban el pan y guisaban la co- 
mida otra infinidad de mugeres- » 

Y porque no se diga que son nrcaiamos, allá va un ejem- 
plo de Fernán Caballero, escritor contemporáneo y andaluz: i 
tiLa comida está ¡/uísaiia cuanto há, y se va á pegar.^ fMag 
honor que honores). 

CdíSO. — Es muy común en el uso familiar decir guiso por 
guisado, como trinche por trinchante, lapis por lapicero, ete. 
Quito es la salsa ó condimento coa que se prepara el guisa- 
do. Guiso es el sustantivo, guisado, el participio de guisar 6 
el adjetivo sustantivado. 

Guisgul. — Arequipa. Sucio. 



SUPLEMENTO A LA Q-. 



Gabera* — Tapial en español. ¿No será galera corrup- 
ción de adobera ? 

Gallinazo* — En Méjico zopilote; en Chile jote; en el 
Brasil urubú ; en el Paraguay iribus^ según Azara, en su 
Viaje á la América meridional. 

Gemelos* — Los dos pares 6 el par de botones de los 
puños de la camisa. En Chille, colleras. El señor Cuervo 
propone mancuernas 



H 



La mayor parte, si no todas, de las polabrtiB que signen, 
oríginnriaa del qntcliuft, so escriben ya con G, y bajo esta 
letra deberiín bnscarae las que nqní no pnrezcnn- Algunas 
operaron 6 sufrieron la metamorfosis de sn inicial íi medüU 
desde los mismos días de In Conquisti, otras despnós y las 
restantes en los últimos tiempos- El por qué es el mismo 
qne sustituye los prefijos latinos ó pHrtícalas w, iraní, dtV, 
etc., por es, tras, tii, en unos casos, y en otros se lunntieno 
tenas y porfiado. El preSjo ilis do entra, con todo, en la 
cuenta, porque la eliminación de la t obedece en lo genera 
& raxones do eufonía 6 de composición. 

Yolriendo & las voces quichuas 6 americanas asimiladog, 
Qurii/ui¡uil y Moqu-ijiui, por ejemplo, se escribes con g tiem- 
po h& ; mientras qne Htiavra, Huánueo, hnaea, etc., retienen 
Orgullosamante su h; es decir, la h qne los primeros qui— 

a¿lof^ é Historiadores de Indiss dieron á ciertas voces 
'eoita. imitando se^iirAmeute la pronunciación que oiaa 
orales, puesto que alfnbeto escrito primitivo no hubo, 
ihos de los peruanismos que van á leerse, no he« 




HAT 261 

xnos tenido mas razón para la conservación de la H, qne nn 
respeto invencible por la etimología. 
Salad á la Majestad próxima á caer. 

HabilidosOf sat — Acaso este provincialismo nos sea comnn 
con Andalacia, paes dos veces lo hallamos repetido en 
el caento de Pernan Caballero titulado u Las Animas : f9 
u La vieja abrió tanto oido, y á los pocos dias le dijo que 
hallaría lo que buscaba en su sobrina, que era una prenda, 
un grano de oro, y tan habUídosjt que juntaba los pájaros 
en el aire. ^ 

* HaylIL — Garcilaso de la Vega en sus Com, Reales de los 
Incas al enumerar las ceremonias y fiestas con que esos ex- 
celentes monarcas honraban ciertas faces de la labranza, 
dice : u Los cantares que decian en loor del Sol y sus reyes, 
todos eran compuestos sobre la significación de esta pala- 
bra Haylli^ que en la lengua general del Perú quiere decir 
Triunfo, como que triunfaban de la tierra barbechándola y 
desentrañándola para que diese fruto. '* — '* Y así el retrué- 
cano de todas sus coplas era la palabra Haylli repetida mu- 
chas veces. " 

Ni la palabra ni la fiesta subsisten, hasta donde alcanzan 
mis noticias, á menos que queramos ver vestijios de la se- 
gunda en el Buen Viaje quo hemos descrito mas arriba. 
Pero la interesante coincidencia que llama mi atención ea, 
qne ocurra en esos rudimentos literarios Incaicos precisa- 
mente la misma palabra que en aquellos otros, salvados 
como única reliquia, do los dias prehistóricos de la literatura 
latina. Sabido es quo allá por los cuatrocientos ó trescientos 
años antes do la era cristiana, cuando ya la literatura griega 
cansada de haber florecido, como que empezaba á entrar en 
sa edad de plata, la literatura de los bastos romanos no ha- 
bía dado mas va j idos quo estos : algunas inscripciones lapi- 
darías, entre ellas la del apud vos^ de Cornelio Scipion Bar- 
liado, en que quiere dibujarse una cierta elegancia y cultura 
do estilo, y los informes cantos de los sacerdotes Arvales én 



262 HIG 

las fiestas del laboreo, todos los cuales iban nniform emente 
terminando por este eetribillo 

Triumphe ! 
Véase Jüaluía 

Hendya. — Tan bueno como rendija ; pero por no chocar 
aconsejaremos quo se use este último que se ha hecho mas 
corriente. 

HigadiUli — Por la higadilla 6 higadillo de la gallina. Hé 
aquí una prueba más de esa fatal é infundada antipatía 
nuestra por los diminutivos en tí/o, ico, c¿c, lielo y (jo. En 
vano nuestros hablistas en ico los menudean ; los poquísimos 
prosélitos que se captan, adolecen siempre del mismo carao* 
ter de afectación. Y como por otra parte solo hablan de oí- 
das, suelen equivocarse lastimosamente como los que escri- 
ben en una lengua muerta. 

No faltó esci'itor que dijera, aludiendo á las ^paladas (este 
era el término) de tierra que los empedradores de una calle 
solian lanzar sobre los transeúntes, *' que se permitian arro- 
jarnos algunas palillas de tierra. " 

Aparte de la orijinalidad que esas infinitas terminaciones 
diminutivas dan al idioma, aumentan considerablemente su 
riqueza, y es lástima que no sea posible habilitarlas entre 
nosotros. 

Hi^erillat — ^Arbusto silvestre enteramente común en los 
alrededores de Lima y otros valles de la costa. Su cor- 
teza es rojiza, el verde de sus hojas de un claro antipático, 
y sus frutos son los piñones que nosotros conocemos y qae 
contienen propiedades purgantes. Se producen en racimos 
de pequeños erizos dentro de los cuales está la semilla 6 fro- 
to propiamente dicho, que es una especie de frijol grande j 
ovalado de color perla con vetas pardas, repelente como el 
arbusto todo, y á que el vulgo da el nombre de pivjo8 del 
diablo^ lo qne prueba que no vé con buenos ojos al Bi$inus 
eomunis : tal es su nombre botánico. 



HIS 263 

Los pichís ó chirotes, 
Plaga de los maizales y camotes, 
Gran pájaro cantor, pecho de fuego, 
Y el jaspeado revés, de la higuerilla 
Copiando la semilla. 

Poesías Pbruanas, pág. 147. 

En los paseos públicos de Buenos Aires la higuerilla fi- 
gura con honor. El pueblo la llama tártaro y la cree ve- 
nenosa. 

Hispanismos de América*— No nos habria sido posible es- 
cribir con desembarazo este iJiccionario sin crear ciertos 
nombres que denotaran agrupaciones, y que nos evitaran en 
cada referencia hacer una larga retahila, aun asi no comple- 
ta, de autores, 6 volver á repetir definiciones ya dadas. 

De aquí provincialógrafos para incluir á los señores Cuer- 
vo, Pichardo, Bojas, Rodriguez y cuantos han tratado de 
provincialismos hispano americanos, 6 puedan tratar en lo 
sucesivo; quichuografos 6 quichuólogos para aludir á los 
Torres Rubio, Holguin, Mossi, Tschudi, Markham y otros 
tantos, y por último, la denominación que encabeza este 
artículo. 

Tenemos provincialismos que no son indígenas del Perú 
ni de la América, ni tampoco voces de España, aunque espa- 
ñolas, sino nombres inventados, ideados 6 acomodados por 
españoles para el uso de la América, y por lo tanto hispa- 
nismos de América, clasificación que habria sido ociosa, sino 
hubiese habido mas provincialismos que esos ; pero nos es- 
peraban las falanjes vocabulares traidas del quichua, ayma- 
rá, chiuchaysuyo, guaraní, chibcha, lenguas de las Antillas 
y Méjico, y los mismos provincialismos españoles formados 
posteriormente por los criollos. 

En otros artículos comparamos á estos hispanismos de 
América con los individuos llamados en España indianos^ 



264 



HOL 



qne no son roas que etpañoles que se h^in heclio gente en 1 
lodias; y tambiea coa el sigai&cado déla paUbr^ criollo, 
qoe designa lo americatio, pero do puro origen europeo. 
Véase loa ardculoa Criollu, (en el Suplemento general) 
Cimarrón, Chapetón etc. 

El mismo Diccionario de la Academia da 1727 parece au- 
torizar directamente nuestra denominación cuando dice en 
la palabra Criollo. "Es voz inventada de los espaSolea 
conquistadores de las lodiaa y comamcadn por ellos en 
España." — 

No nos ha llevado el prurito de aumentar ni menos de 
enriquecer la lengua al inventar e»tos neologismos, en los 
que el lector, si quiere, puL'de uo ver mas que meros signos 
convencionales par:i facilitar nuestro trabajo, y el suyo, co- 
mo lector. 

Hocico- — Echar 6 gaear hocico es en espaBol estar de hocico, 
exactamente el bonder de los franceses, quienes derivan uq 
sustantivo que nosutrcs uo poseemos : boiideur, que es el qne 
está de hocico. 

Vulgar y mas qne vulgar, groseramente, se dice taml 
sacar la bemba. ( Véase eata palabra. ) 
Bocicon : parece mejor hocicudo. 
Hociqucrtli — Palabra induditblemente mas expresiva que 
musérola ó bozal, con qne se designa la mordaza que se pone, 
en la boca á los perros para que no muerdan, y á los bi 
de alfalfa para que no acometan ul pasto. 

Uolálli — El maa barato y popular entre loa géneros pate 
trajes de seBora, conocido en otros puntos del Perii y Amé- 
rica con loa nombres de quimón y zaraza. 

En cnanto á knlan, ni esti en loa Diccionarios, ni sabré 
decir á Uds. de donde viene ni por qué se escribe con h. 

Caballero lo trne con a. Lágrimas, Cap. XIX 
la tan delgada, que sus huesos pnrecian querer 
y blanco cutis que los cubría con un oían. " 



I qne . 



HOE 265 

Ese con debería ser comu ; y asi parece entenderlo el tra- 
dactor alemán de esta novela, qae dice : ** welche sie gleieh 
einer battistenen hülle bedeckten ;** sastitnyendo ademas el 
prosaico» y quizá impropio olan^ con el mas adecuado fto- 
tiiia. Nunca deben materializarse tanto las comparaciones : 
nno de nuestros hombres de Estado bailando quizá dema^ 
nado poético las barreras del pensamiento, decia las comn 
puertas. Con estas materíalizaciones lejos de aclarar y 
precisar las comparaciones, las hacemos dudosas. * A veces 
lo mas poético es lo mas exacto. 

Nada mas poético que Yia láctea y el adjetivo incunable 
( en cuna. ) Pues la astronomía y la bibliografía, dos cien- 
cias muy exactas, no han encontrado en tantos siglos nada 
mas apropiado que ese par de términos. 

H^raa* — En las haciendas del valle de Cafiete se conooo 
con este nombre el molde de barro cocido en que se labra 
el pan de azúcar. Es una gran campana 6 cono hecha ea 
la misma hacienda, por un alfarero especial que lleva el 
nombre de hormero^ y en la oficina 6 dependencia de alfa- 
rería propia de toda hacienda, que llaman La hormeria. Se 
cuecen en seguida al fuego en los grandes hornos de cal ( do 
quemar piedra de cal ) y después de curadas en agua ca- 
liente pasan á la casa de paylas á llenar su objeto, puestas 
de punta en las canales que han de recibir la miel destilada 
por el orificio en que rematan, y que se oblitura con un ta- 
pón de panca hasta que el melado cuaje ó cristalice, y pueda 
comenzar la purga. 

Las hormas viejas se prestan admirablemente á servir de 
en los jardines y huertas de las mismas haciendas. 

El árbol tierno trasplantado en su horma 
JDonde creció en la huerta. 
No solamente al cambio se conforma 
Cuando una vez despierta, &. 

BiMAS DEL BÍMAO. 



266 HUA 

Uornear — Activar, precipitar la madarez de una fruta 
enhornáwlolii, esto es, metiéndola al horno, lo que particu- 
larmente so hace con los ehiñmoyag, costumbre tan perni- 
ciosa, y ánn criminal, agre ganamos, como el adulterar la 
leche y la mantequilla con sebo ú otras porquenas, 

En nuestra constante tendencia reguladora eolemos 
mar los verbos directameute de los sastantivos sin Hgrej 
las la proposiciou en 6 a, como lo pide la analogía castellana, 
y que en estos casos incluye ta idea de alrededor. Asi 
tftmbien decimos mohooearsc pur enmohecerse, y por último 
íiOmeaT por enhornar. 

Duaca. — Los significndos de esta palabra en quichua y sua 
aplicaciones eu tiempos de los lucas eran infinitos; nobles 
todos, puesto que designaba templo, santuario, ídolo, Itoslia, 
OTatürío, guayadero, linnulo, cerra, eminencia (aun la cordi- 
llera de los Andes) y fínatmente todo lo extraordinario, 
inclusive un parto de mellizos. Garcilaso dedica sendas co- 
lumnas á esta rica palabra, iucrepando á sus compatriotas 
por lo mal que la interpretan. 

El quichuografo Tschudi emplea excepción al mente una 
página entera en bu descripción. 

Nada de esto en nuestros dins, y nada mas usual que la 
palabra ni mas couiuu quo la cosa, en una sola de sus acep- 
ciones, topográfica por decirlo a»í, porque indica uno de esos 
cerritos ó cerros, ó promontorios, artificiales ó naturales, ea 
qae los antiguos peruanos se enterrubaii con sus riquezas, 
y que hoy se ven esparcidos por todas partes en el campo, 
tomando los potreros ó terrenos cercados, ya de través, ya 
á lo largo, ya por la cabecera, ya por el pió, y embarazando 
bastante & la agricultura. Algunos chacareros los desba- 
ratan & mano cuando no son muy grandes, por medio de la 
rufa ú otra máquina aparente, y emparejando el terreno, 
facilitan el rieg", la labranza y gauan por natural accesión 
esa superficie mas. 

Cubren las mas de las veces estas huaeas, derrnidoa 



arní- 

>g«^^ 
lana. I 



HÜA 267 

redones hechos de adobones^ como aqaí se les llama, y mul- 
titad de canillas y calaveras, sobre todo lo cual deben pesar 
muy baenos años. 

Son montecillos incultos 
Do del sol á los reflejos 
Vemos blanquear á lo lejos 
Huesos de gente insepultos. 

Poesías Peruanas. 

Tan pronto como los conquistadores advirtieron las rique- 
zas que habia enterradas en las huacas, se dieron á las esca- 
vaciónos ; afición y mania que, ya en grande, ya en pequeña 
escala dura hasta hoy, con resultado vario ; pues si unos 
han descubierto tesoros positivos, ó cuando menos grandes 
obras de arte, otros no han hallado nada, salvo tiestos ó 
cachos de vasijas de barro, hilachas, andrajos, cañas apeli- 
lladas etc. 

Algunas de estas huacaa se han hecho célebres por las 
riquezas que han dado, como el llamado, por esta razón. 
Cerro loro ( cerro del oro) en Cañete, que es un verdadero é 
inmenso cerro, por otro nombre de loa Sepulturas^ y que 
marca el sitio donde fué El Huarco y hoy Pueblo viejo ; las 
ruinas de Chanchan en Trnjillo que ocupan una inmensa ex- 
tensión de huacas naturales, con restos de construcciones y 
poblaciones etc. 

La Huaca Juliana en las cercanias de Lima, es un mero 
promontorio, donde probablemente no se habrá hallado 
nunca ni buscado tesoro al^^uno. 

Cuando las huaquitas se presentan aisladas, como en la 
mayor parte de los casos, representan túmulos de forma có- 
nica, hechos á mano para servir de panteones á los gentiles. 

De sangre fué vasto lago 
La campiña floreciente ; 



268 HUA 



Y, pregonera elocuente, 
Náufraga de tanto estrago. 

Hoy dormida y salobre 
La amarilla frente saca 
Más de una ruinosa huaca^ 
Cantando un terreno pobre. 



Poesías Peruanas. 

Se cree entre los agricultores que toda tierra de hnaca es 
mala para la labranza, puesto que primitivamente fué oseo- 
jida como material de construcción. 

Tü, lloramtierto cobarde, 
Que en los pamjes desiertos*, 
Hfices, al sol de los mnertos. 
Tu aparición en la tarde. 

Y sin ser can visto ni sentido. 
Batiendo apenas tus glaciales alas. 
Con vuelo circular y sin ruido 
La amarillenta Auoca circunvalas. 

PoBsiAs Peruanas. 

Los chacareros, yanaconas y hacendados suelen escojer la 
haaca que cae en sus linderos para alasar sa rancho 6 casa» 
desde donde se alcanzan muy lindas vistas. 

Las buacas constituyen el rasgo mas constante y melan* 
cólico del paisaje peruano. 

La huaea antigua que en sileticio ahora 
Corona humilde rancho de totora ; 
Y en término postrero» 



HUA 269 

r 

A occidente el marítimo lindero, 
La faja azul bordada de alba espuma 
Qae desde el alto y estrellado coro 
Becama el sol con lentejuelas de oro. 

Poesías Pbbuanas. 

La Huaca^ la Huaca grande^ la Huaquilla etc. son asi- 
mismo nombres propios de fundos, barrios, sitios etc. 

Huaeo: ídolo de barro 6 metal sacado de las hnacas, y que 
las mas de las veces es una vasija para beber, como si aque- 
llos buenos indios hubieran querido mezclar lo útil á lo 
agrudable. 

Véase Entierro. 

Hiacttty* — Tagetei minuta, — ^Yerbabuena indígena por 
decirlo ad, porque suple á esta como condimento, aventa- 
jándola en fragancia, que es superior á toda ponderación. 
Se usa pues, como condimento^ particularmente en el ehvpe. 
Ijbl pequeña mata de huacatay^ aunque no muy alta, es lin- 
dísima á la vista, por sus menudas y casi invisibles hojas 
amarillentas, que parecen plumas, y por sus florecitas. Em- 
balsama el ambiente ; y como el tomillo en ciertos cerros 
agremies de Europa, se apresura á llamar la atención del dis- 
traído pasajero con su penetrante aroma. 

Bespecto á su ortografié, es una de esas palabras qui- 
dkuas que todavía retienen la 7i, y que tardan en sustituirla 
con la g, como es la tendencia general. Otro tanto sucede 
con loB itans y los ex latino españoles; algunos se sacudie- 
loa desde los primeros dias de la n y trocaron la x en sua- 
Ye $; otros se resisten todavia, por lo cual los felicitamos, á 
aiia majadería novadora. ¿Quién aguantará la lengua espa- 
lóla A dia que sea cosa corríente decir eeelentef Será un 
italkno.-.im las compensaciones de éste ; 6 lo que es lo mis- 
SMH l0ri nn italiano que no dará óperas Úricas. 



270 HUA 

Hudcatay^ según Marckham^ del qaichaa, Huaccatay : ** a 
Bweet tagt^ten used to flavoar dishes, " un a-gradahle tagetes 
para sazonar las viandas. 

Si falta el tomillo en ellos, 
O es por lo menos escaso, 
Soplen su ausencia abundantes, 
Sin remilgos ni reparos, 
El páico y el huacatay 
Que huelen hasta el enfado. 

Poesías Peruanas. 



HuachOy cha — Expósito, Ai/o de la piedra^ quichua huageho. 

HuairOt — Árbol indígena, mas propio de la Sierra 6 de 
las cabeceras de ella, que de la costa, en donde apenas he- 
mos visto uno que otro, y apenas también oido su nombre. 

Los negros de Cañete lo llaman pí¿o, y tenemos idea de 
que son asimismo huairos los tres árboles particulares 
que marcan la entrada del convento de los Descalzos en la 
Alameda de este nombre en Lima. — Ery trina corallodsf^ 
dron ? 

El huairo seria un árbol pasi feo, á no ser por la esplen- 
didez de sus flores y semillas escarlata, que describimos mas 
abajo (Imairuro ) porque todo se le va en ramas y varas 
entrecruzadas como palos de jugar trucos, en cuyas estremi- 
dades se vé pintar muy de trecho en trecho, aislada y sola, 6 
mas bien en panojf^s, una pequeña hoja redonda. 

Mas ya cambió mi suerte, 

Y hoy dado al peruviano sauce, al huairo^ 

Al blanco suche y ciática de oro, 

Queda ; oh pino ! con Dios, hasta que vuelvas 

De nuevo á verme en tus fragosas selvas, 



HUA 271 

QaeJíi, quo como á tí, t luibieii ilesjúro 
Al plátano orieutal y iil bicomoro 
A cuja sombra medité en el Cairo. 

Poesías Pr:R canas. 
Qaichna htiayru*! 

Huairuro — La lindísima semilla del hutijro. Es un fiijo- 
lito de color escarlata que se produce dentro do una vainiila 
igualmente roja, la cual forma parto de la flor, que es una 
elegante panoja toda del color iudicado. Ul huairuro esmalta 
8U belleza con una niauclia negra que lo cubre cusi por mi- 
tad, amanera de un antifaz do raso rojo j negro. Algunas 
veces lo hemos visto u>ar como tantos^ en I03 juegos de 
naipes, lo que r?cuerda su etimología histórico, porque 
entre los antiguos indios peruanos huai/ru ó huairuro sig- 
nificaba ana especie de dado para jugar, y también dije de 
adorno 6 chaquira. Pacheco Zegarra en su libro Ollantay 
habla del guairuro como de una pepita estimada por lo 
preciosa. 

Y bajo el huairo con placer me acojo 
Ya al Sn vestido de guairuro rojo, 
Vestido del guairuro colorado 
Que atormenta al granado, 
Al ver que árbol diverso 
En el postrer rincón del universo. 
Le disputa por fin la primacía, 
La gala que en su púrpura tenia. 

P0ESIA8 Pjbkuanas. 

El huayruro que aquí describimos, 7 quo mas tiene forma 
de garbanzo quo de frijol, aunque menos redondo, es «el de 
la Sierra ó Monttiña. Li mancha negra aterciopelada lo ca- 
bré por el filo ó lomo, y toda la simiente tiene tal lustre que 

43 



272 HÜA 

parece barnizada. No en balde los indios lo estimaban al 
igual del coral, y lo emplean hoy mismo eu collares, botones 
de camisa etc. Rnni en qaichua vale fruta, simiente^ pepita ^ 
hiteiio etc. El de la costa, como puede verse en los Descalzos^ 
se halla encerrado on vainitas, y no es mas que un frijolito, 
por el estilo del Panamitoy y sin la pinta negra. 

üliairona* — Femenino. Horno para quemar la piedra de 
cal. Del quichua hitaymcachiiia ó huayracuiia qae quiera 
decir hornitlo de fitndicion. Las inGnitas voces quichuas va- 
riantes de la presente y que no han pasido al español. Tienen 
todas del radical huaijra que significa aire, viento. 

La voz moderna 6 peruanismo solo se aplica al horno de 
cal, y no tampoco en todas partes. — El Mercurio Peruano 
(1791) L 79 dice: 

*^IIuayra 6 huayruna. Horno de fundición de los antígaos 
indios, hasta hoy en uso en Potosí, en que el aire p')r la co- 
municación de varias abertura?, corre con impulso grande, 
y produce el mismo efecto que si fuera impelido con faellea**. 

Huanaogat — La piedra de Haamanga es una preciosa 
piedra ó alabastro que se encuentra en varias partes del 
Perú, como Puno y Recuay, (pueblo cercano á Huaraz) que 
poseen la de mejor calidad, que es un alabastro ágata. 

Pero la de Ayacucho 6 antiguo Haanianga^ aunque in€a-« 
rior á las otras, es la que ha dado el nombre por ser ese el 
único punto donde los naturales se dignan esplotarla em- 
pleándola en varias obritas de tan admirable escultura, que 
gozan de fama en Lima. 

Generalmente se inspiran esos indígenas escultores en la 
Sagrada Escritura ; única enciclopedia de nuestros pueblos 
d^l interior, de ese Perú "cuyo alto pié de civilización;? es 
nn gusto oirlo decantar á nuestros periodistas y tribunos, 
qae mienten y engañan al pueblo 6 por necedad 6 por bella- 
quería. (1) 



I— Publicado en el **CoReo del Perú*", Didembie 9 de 1871. 



HUA 273 

L«i escena del Calvario, la mas dramática, es la que gene- 
ralmeute presta asunto á los rústicos ciaceles guarnan* 
guiños. 

Otras veces es una mesa de tinteros con todas sus piezas, 
inclusive la campanilla que no da sonido metálico por su* 
puesto, y Varias fíguras al rededor representando indios em- 
plumados. 

Alcedo ó Ru traductor Thompson, dice que la picira de 
Huamanga es concreción de una agua tan blanca como el 
alabastro j )'iuy trasparente. 

Esbelta jarra de alabastro blanca, 
Trasparente jarrón ; candida hechura 
Del ágata mejor de Huamantanca. 

Rimas del Rímao. 

Unanábana. — También de la familia de las anonasy aun 
cuando os á bi chirimoya lo que la caricatura al retrato, y lo 
que la parodia á la obra. Es una gran chirimoya agria, dis- 
forme, de piel lustrosa y fea hasta en su aspecto. 

Ilaanchaco. — Véase Cuibote. 

Gran pájaro cantor, pecho de fuego, 

Y el jaspeado revés, de la higuerilla 
Copiando la semilla. 

Poesías Peruanas. 

Pájaro no come máiz, 
Haanchaco carga la fama. 
Unos hacen el colchón 

Y otros vai'ean la lana. 

Copla Popular. 



El mismo pensnmitnto do este refrán espaBol : *'UiM]( 
tienen ln fiíraii, y otros canina la lana" — Véiise págion XXL 
y XXX de esto Diccionnrio. 

UuauOi — Del quichua Imami qne EÍgníficn enUér-of; caaañA.M 
es (lu nájuroa, se le agrega la palubni (jue ú tislQ nombre 
corresponde y ae dice eii qmclina jiíchíti-huanu. Ec nuestro 
lengmijo cspuñol llnmuiiios Imano indisttiilameute al de los 
CGtablus, corrales, cnballerizns, etc. y al qui' á manera de 
CnÍBÍtBoy rubio polvo cubre en fnbulosna cautidudes desdo 
tiempo iiiuiemorial, vnrios puntos del litoral pernano, y que 
ea exclusivo prodccto de los pájaros marinos. Sii olor es 
penetrante como el almizcle y se sietite desde naa gran 
distancia, y su aspecto tan difercato da todo lo qne corre 
con los DombrOB de egilércol, eseretnenlo etc., quo milchaB 
veces se le Im creído alguna materia fódil; y asimismo Be 
Bupone qne anda mezclado con muchos despojos pntverizados 
j dtti-UuB do los mismos pájarosque lo producen. 

Aunqu; en todo tiempo sirvió pora abonar las tierra^! 
como lo comprueban, no solólos historiadores primitivos 1 
de Indios onánimeiuente ; mas también diver^RS locucioaE» 
de la lengua quichua equivalentes (con este mismo radicnl 
huanu) ó. estercolar (abonar) á chacra bien eglercolad-t eto. 
huanucha, huatiucama chacra yhüanitrta cotiipaya, eetereolm 
mucho. 

Y hasta el cuadro piutoresco, animado, del barco hiiantri 
de nuestros dins, en que este aboLo tomó un inciemento 
universal, parece divisarse en algún pasaje de Herrera, cuya 
monnmental historia do las Indias de occidente llega hasta 
1531. Helo aqtii: — "Kn algunas islas de la costa del Pera 
se ven unos cerros blancos quo parecen de nieve. . . .mon- 
tones do estiércol de los pojaros marinos. . . .y allá van loa 
barcos á cargar de ello para estercolar la tierm, de que 
sienten grnn provecho ». Aquella operneion, so llamó en loe 
últimos tiempos contemporáucos el carguío ilfl hiiann, frase 
de gi-ato labor fiscal, porque el hwmo empezó á coQítituir t 



HÜA 275 

desde hace cosa de cnarenta años, la grande j sui-generit 
riqaeza fiscal del Perú, llamada á fertilizar y fecundar las 
tierras del universo, y á esterilizar y quemar la raiz de todo 
progreso solo en la tierra que lo esportaba. Estos tesoros, 
acumulados casi siempre fuera del territorio firme 6 propia- 
mente dicho, parecian indicar hasta con esto, que esta- 
ban llamados á huirnos. Puede decirse que se han ido sin 
que los hayamos visto y sin que hayamos conocido á los que 
se los llevaban. 

Los barcos que llegaban después de nna larga navegación, 
se arrimaban ó atracaban á la isla 6 islote ó lo que fuera, 
cuando les llegaba el turno, tras de estadías mas 6 menos 
largas, (que también esto era materia de especulación) y se 
procedía á la tnsaculacioiij única industria que la ex- 
plotación de tan efímera riqueza desarrollaba allí mismo y 
en el cortinente. Y aun los braceros ocupados en tan tmpor^ 
tante industria eran chinos traidos del Asia, ¡lo único que 
debia quedarnos cuando huano^ barcos, cargadores, consiga 
notarios y los mil millones de fuertes producidos por aquel, 
hubieran desaparecido! 

Los chinos y eso es todavía lo menos malo entre laa 

muchas plebes de por acá ; circunstancia que recuerda lo 
que con tanta amargura decía Manuel del Palacio de Puerto 
Bico: 

{Pues lo mejor que tiene son los negros! 

El chino sostiene la agpricnltura extensiva é intensiva ; la 
cocina de los vecindarios pobres, y ha creado ó revivido 
multitud de pequeñas industrias que no podian dosempefiar 
Ofl Súber. • . .asnos multicolores, ocupados en ejercer la So- 
beranía Nacional, como Sancho Panza en gobernar Bara* 
t&ría. 

Como sí la suerte del Perú hubiera sido siempre la de Tán- 
talo, hé aquí lo que decía Grarcílaso de la Vega desde haoe 
tres siglos y medio : ''Y con ser la tierra tan rica y aban- 



276 HÜA 

dante de oro y plata y piedras preciosas, como todo el mando 
babe, los oatu rales do ella son la geute mas pobre y mísera 
que hay en el universo". 

Y es que la riqueza del Perú, nación, ha sido la del hom- 
bre jugador, que deslumhra á la familia y no le trae un 
verdadero bienestar. 

Mientras de trabajar le llega el turno, 
Nadie, nadie atormente á mi peruano, 
Dejadlo Obtarse mano sobre mano. 

Mientras dura el reinado de Saturno 

£s decir, el reinado del Dios Ruano. 

Poesías Peruanas, 1867. 

En estos cuarenta años el huano ha desarrollado hasta 
una especie de literatura, cuyo mas acabado producto ha 
8Ído un libro inglés publicado hace muy poco en Inglaterra 
bajo el título de ''El Perú en la Edad del Uuanoy^^ libro lleno 
de hiél y mordacidad, y en el que á cada paso resplandece 
la verdad. 

Pero volvamos á los dias patriarcales del abono de Ohin-' 
cha^ como por antonomasia se le llamó posteriormente, por 
haber sido su mayor emporio las Islas de este nombre, fren- 
te al puerto de Pisco, unas treint;^ leguas marítimas al Sur 
de Lima. Cieza de León (1555) lo describe así: **Ma8 ade- 
lante están los ricos valles de Tarapacá. Cerca de la mar, en 
la comarca de estos valles, hay algunas islas bien pobladas 
de lobos marinos. Los naturales van á ellas en balsas, j de 
las rocas que están en sus altos traen gran cantidad de es- 
tiércol de las aves para sembrar sus maizales y mantentmiea- 
tos; y hállanlo tan provechoso, que la tierra se para oon 
ello muy gruesa y fructífera, siendo en la parte que lo siem- 
bran estéril ; porque si dejan de echar de este estiérool, 
cogen poco maiz, y no podrían sastentarse si las aves, pasán- 
dose en aquellas rocas de laa islas sosodichas no dejasen lo 



HUA 277 

qae despaes de cogido se tiene por estimado, y como tal con- 
tratan con ello, como cosa preciada, unos con otros.** — 

Garcilaso se estiende mas todavia :— -'*£n la costa de la 
mar, desde mas abajo de Arequipa hasta Tarapacá, que son 
mas de doscientas leguas de costa, no echan otro estiércol, 
sino el de los pájaros marinos, que los hay en toda la costa 
del Pera, graudos y chicos, y andan en bandas tan grandes, 
que son increibles si no se ven. Crian en unos islotes despo- 
blados, que hay por aquella costa ; y es tanto el estiércol 
que en ellos dejan, que también es increíble. De lejos pare- 
cen los montones de estiércol puntas de alguna Sierra Ne- 
vada. En tiempo de los reyes incas habia tanta vigilancia 
en guardar aquellas ave^, que al tiempo de la cria, á nadie 
era licito entrar en las islas, so pena de la vida ; porque no 
los asombrasen y echaran de sus nidos. Tampoco era lícito 
matarlos en ningún tiempo, dentro ni fuera de las islas, so 
la misma pena". 

Análogas providencias se dictaron en tiempo de la Repú- 
blica, y aun so recuerda el candor de uua de las disposicio- 
nes referente al que fuese sorprendido con el pájaro rauerto 
ó los huevos en la mano. 

Continúa Grarcilaso : *'Cada isla estaba por orden del Inca 
«efialada para tal ó tal provincia, y si la Isla era grande, la 
daban á dos ó tres provincias. Poníanles mojones porque los 
de ana provincia no se entrasen en el distrito de la otra ; y 
repartiéndola mas en particular, daban con el mismo límite 
á cada paeblo su parte, y á cada vecino la suya tanteando 
laoantidad de estiércol, que habia menester : y so pena de 
muerte, no podia el vecino de un pueblo tomar estiércol del 
término ajeno ; porque era hurto, ni de su mismo término 
podia sacar mas de la cantidad que le estaba tasada, conf or- 
Bie 4 sus tierras, que le era bastante, y la demasía, le casti- 
gaban por el desacato. Ahora en estos tiempos se gasta de 
<Áx% manera. Es aquel estiércol de los pájaros de mucha 
fartaídad.** 



27S 



H0A 



Hnsta fiqiií no parece totliivia Ia píkliibra hwino, i 
corriente hoy entre nosotros. Yn líennos notndo en otrít par- 
to lo (¡lia tardaron en hacer sunpai'irion ciertos provincinhs- 
inos iodigenas, al reved de otros, que ee itupoueii desde loa 



Tal ha sido el huano, semejante id carbón de piedra, qae 
habiendo existido siempre en grandes masnay con an oso 
restringido, solo debin venir Á sor el espíritu del bÍ;?1o ea el 
siglo XIX. Así nuestro abono ha sido v\ e.spíritu dol Perú 
independiente ; y si hasta lia deanrroll:ido, como ilecinmoa 
arriba, una especie de literatura, con mayor rnzon hiihrlí fa^ 
meditado una bibliotera cutera en los ramos de finanzt 
econotiiia, parlamentario, política y diplomacia. Las 
ruidosas ciic^tioues iuternacioiíales del IVrú, su m 
portancia quizá, no lian sidu mus que hu'ivu. 

Abundoniido ¿sí solo, el pueblo peruano, sin indastr 
cunsiderahlea, sin uua gran fuerza pura el trabajo, 

PudUo quena trahiija y come huano 

como decia don Felipe Purdo ahora muchísimos aüos, ain 
esta piedra de escándalo, interno y cxteruo, el pueblo pe- 
ruano, poco ruido habría hecho en kI muudu. Las que pu- 
dieran reviiLdicar pura ni solos una parte de esaiiuportaDcia 
exterior, sou moros individuos; constituyen una Koeíe,l-idf 
mus DO un fiiiubtu. Y no so enojen, que lo que aquí y en 
otnta parte» del Diccionario se dice, va euciimíuaudg Á L 
uuisa y no á cada uno de eUus en particular. 

So cree que los pájaros marinos que seUaliiilamente pr* 
jdfipea el huano, suit Ídií llamados h'Litnues, pujaromñat j 
filcairoeev y imiUujuiicoh. 

j Pon Toumtíitu! ^Usted alas ¡slas? ¿Un ] 

I bft vatlto usted loco? ¿Quiero usted, i 

I niollora pura que le produzca buom 

iglo ep de vak-a y huano! Todo ■ 

'ion de los poetas. Ahí j 



HÜA 279 

cnigo. Lo Tnanclan á Yd. para que ponga en verso las cuen- 
tas del carguío? Oh! en ninguna parte del globo terrá- 
queo hay mas corduia y acierto que en el Perú para confe- 
rir destinos.^ — Juan delosHéros. Lastres rivales (1854). 

üfluear* — Por abonar y estercolar, lo hallamos eu un 
colaborador del Mercurio Peruano [ 1792 ]. Hoy decimos 
enliuar*ar^ aunque con poco uso. 

noaraca* — Honda, y ffuareaqueart agitar la honda.— 
Quichua, hiMraea, 

Hoaraliaa* — Zandunga, y a guaragiiero ^, zandunguero. 
No comprando qué radical indígena es éste^ huara^ que pue- 
de formar palabras tan dii^tintas en su significación como sa 

vé en huara ra, que es honda^ en huara hun^ 

que es za^idungat en httara po, que es el caldo de 

la cafia cocido y puesto á fermentar mezclado con agua, 
y en Auaraz^po/i, que designa un gavión ó sombrero ten* 
dido de falda. 

En castellano tenemos varias de estas singularidades 
aparentas, que quedan esplicadas cuando se distinguen los 
elementos etimológicos. Así por ejemplo, el radical latino 
fik/í, entra en lo mas sólido y corpulento que es mtieZ/e, 
en lo mas flexible que es un resorte \^muelle']j y en lo 
mas blando que es la vida de molicie ó muelle. 

Pero es el caso que la primera palabra viene de ftioleSf 
que 68 mole^ y las otras dos probablemente del adjetivo mo- 
UÍ8 que designa todo lo blando y muelle. 

Otro tanto puede suceder con el oscuro radical indígena 
qoe nos ocupa. 

Probablemente son diversos radicales de diversas len- 
irnas ameríoanas. Lo que es en Quichua, huara^ es radical 
ds mochas voces distintas, y significa^ pañetes^ ealaones. Da 
•Ui pndo salir huarahua^ que es el movimiento zaudungnero 
de la cintura, y aun quizá huaraca por el paño ó seno que 
forma la honda ; pero huarapo y huarapón ¿ de donde ? El 



280 HUE 

huarapo^ dice Wedel, recuorda ciertas cidras ; en caanto á 
la etimología, segan el señor Rojas en sas Cien vocablos in— 
dígenas de Venez^iela^ '* viene del Camanagoto huarapu que 
quiere decir tasa. " 

Huarapo* — Véase el artícalo anterior. 

üaarapoil* — Sombrero de paja de grandes alas. 

A este concurso mixto y variado, 

Con natural agrado, 

La bondad retratada y la alegría 

En la físonomía, 

Radiosa como Júpiter olímpico, 

Radiosa unn figura presidia. 

Radiosa á lo que pienso. 

Por el de paja huarapón inmenso 

Y por el largo poncho colorado. 

Poesías Peruanas. 

Ilaasca* — Esta palabra en Quichua significa cadeua. Pura 
nosotros vale so(ja^ y en general creo que no la usamos en 
Lima sino en la frase dar htuisca^ azotar. 

HoaSfUilla* — En el valle de Cañete dan este nombre ¿ 
unas soguillas de totoi'a ó enea torcida, que tiene mucho oso 
en la operación de enchipar azúcar, sirviendo para sujetar la 
paja al rededor del pan. Viuieudo esta paiabra de huasca^ 
es natural que la hayamos interpretado por soguilla. 

iluaylUía» — Tarma. Tonada especial con que se baila. 

Véase HaylU y Jualijía. 

iluérflUIOS» — Uoa precoz pedantería nos está llevando á 
designar con hombres sabiondos, establecimientos 6 oosai 
vulgares. Ya por casa de locos se dice ínauicomio^ por pe- 
nitenciaria pauóplico^ por defunción óüitoy monojrama por 
cifra. 

¿ No seria mejor qae empezáramos por dar el clásico nom* 



HU3I 281 

bre castellano á cosas 6 personas que solo llevan el indígena, 
ú otro qae no es sino una oración entera ? 

¿ Por qué no diremos ¡la Inclusa en vez de la Onsa de 
Huérfanos^ que es hasta nombre impropio, porque no implica 
la idea de expósitos ? 

Y sin embargo nuestra Casa de huérfanos no os sino la 
Iry:lusaf porque allí se exponen niños. En Méjico la llaman 
la casa d^ la cuna, con toda poesía. La nuestra se fundó 
desde el siglo XVI ; y el Mercurio Peruano [ 1790 ] al re- 
señar sn historia, la llama de expósitos, j también de huér- 
fanos. 

HOf rtero* — Salvo los extrangeros que llegan trayendo su 
castellano aprendido en otra parte 6 en libros, nadie entre 
nosotros dice hortelano^ á no ser eu el estilo escrito ; lo cual 
crea para los criollos una pequeña ventaja de que carecen 
nuestros hermanos de España : la de establecer dos idiomas : 
ano vulgar y otro literario ; adulón decimos, y adulador es- 
cribimos en lenguaje poético ; sucediendo lo mismo con liuer^ 
taro y hortelano ^ comible y edihle, y hasta con impávido^ que 
lo empleamos por fresco^ descarado^ en el estilo corriente, y 
en el elevado y poético, en sn significación castiza que es 
la de sin temor, sin miedo. 

Hanita* — Del quichua huminta, pasta dulce hecha de ha- 
rina de maíz aderezada con pasas, y que se suele vender, lo 
mismo que la chapana, envuelta en panea 6 sea en hoja seca 
de maíz. El maíz y el plátano [ banano ] son de aquellas no- 
ble¿5 plantas quo sintetizan h\ vida de un continente. Después 
de servir de mil modos para la alimentación y aun para la te- 
rapéutica con su fruto, prestan en sus despojos tala para mu- 
chos usos, cuya descripción minuciosa reservamos para los 
artículos respectivos. 

La humita es tan gustosa, quo el general Pezuela, hijo de 
uno de nuestros últimos vi royes y trasladado de su natal 
ciudad á la península á la edad de siete años, decia en Ma- 



282 



HUM 



drídánnadenuestraacaiiipatriotas: " Cuando est^ Dst¿<le 
Limn y comn hnmilaí, acuérdese de mi. " 

El seDor don Fernando Paulaen on sns " Reparos de Ra- 
paros " dice qae " Escaso criterio filológico doionestra el es- 
cribir humila con h, y qus los que primero lo ticíeron aú, 
se dejaron llevar sin duda do la semejanzfi de hiimita coa et 
diminutivo de humo. " ¿Qué entenderá este si'flor por cri- 
ieri'o y qnÉ por filológico ? Lis primeros qiio hicieron eso 
debieron ser los ospnfiolea recien llegados «I IVrú. que acaso 
creyeron percibir en la pronunciación de los indíg'enia al- 
guna ligera aspiración ante la tt con que empieza humila, 
iispiracion que aquelloj espresaron como se acostumbra en 
estos casos, anteponiendo una h . ¿ Por qué los nombres grie- 
gos <\e Húmero, Hí«io¡Ío, In'mno etc. se tradujeron al latía 
con It inicial cuando en el orjjinal se escriben con sola vocal ? 
Porque en griego esa O, esa E, y esa Y fiipgilonj llevan pin- 
tado el acLTito rudo qne es una coma al revea ; y no existiendo 
en latió ni ese signo ni ese sonido ea tales letras, lo traJnje- 
ron por h. Por la misma razón Horacio pasando al griego 
Berta Orado, pero con su fxpirilu nulo sobro la O. 

La H, mas que letra, es unü aspiración, y representó pri- 
mitivAmente lo! dos acentos griegos, qne se marcaban con 
doseomn*, ona contó la nuestra, y otra escrita de derecha & 
izquierdo, y las cuales se ideó unir por un guton, de donde 
ref^ultó el principio de la U majúsculs. 

Hasta el mas reciente i¡nÍc}mó<jfafo de que tenemos no- 
ticia que es el Padre Moisi, autor de nn dicionnrio quichua 
castellano y viceversa, publicado eu Sucre [ I S60] escriba 
butnita y /iiimtnfirii', qne traduce por " boUitos de maíz, » J 
o) verbo, por " hacer bolÜcos de maíz, n 



I 



Ichita* — Tarina. Familiar por Jesás^ nombre do mujer 

Icfef • — Yerba, paja ó gramínea característica de laa de- 
soladas mesetas de los Andes» mencionada por los autores 
desde los días de la conquista. — Stipa ícho. sirve do for- 
raje y de combustible. 

En la región donde pura 
Y eterna la nieve dura. 
Do el icho [césped ó grama] 
Nutre á la apacible llama^ 
Señorita de la altura. 

Poesías Pi^buanas. 



Los negros de Cafiete dan el mismo nombre, supongo que 
con impropiedad, á nna yerba mala que hay que estirpar de 
los cafiaveralos. 

Si no persignes con afán y esmero 

Al ieho y á la yerba del camero^ 

Y á otras plantas parásitas y eztrafias. 

FoKsiAS Peruanas. 



-G;ircilnso.C.in. R. " En t 



Qiiielnvi. iV/iií, pijt, heii» - 
do ©I Pi'iú ^e criii una piijv largiv, antiv^ j 
ínilioi lliimaT iehii, con que cubren siií chsíís. Fj-i que so 
cria en wl Colino [ hoy Puno ] es mas aventBJudn, y muy buoD 
posto pnra el gnaudo, de la caal liacon ios c^llns cnaastas y 
cestillaa. " — 

lliaaiiC*.— Avenida 6 crccidv del río, Es voa oliinchiysnya . 

Inpártile. d>. — Cod la mnyor naturalidad llaranmos aá 
& todo aquel que es fre*eo, ilfiécara'lQ, sea hombre ó mujer, 6 
impavi'lez á la fregeitra ó ili'tearo. 

La acepción etimológica y lexigrúfica de no páviJo ó sea 
intrépitio, no existe para nosotros, salvo en poesía ; da tal 
ntnuem, que EÍD la innuor contradicción podríamos lla mar 
itnijúvüto al menos biaatro de nuestros miiitnrea. 



— Insolente ! ya verás 
Dentro de poco quien soy. 

— Doo AtanHsio ! 

— Csnallas I 
Impdviiioñ, sin pudor ! 
No tienen ellos la culpa. 




SkiJURA, ZÍÍ lieslynado, j4íí. I. 



Voomns ahora un ejemplo espaRol. Eu este paíafje Sé^ 
Fernán Cubaüeio ( La Gaviota ) en que nn torero tiende 
BU capa en ol suelo para qne pase la bailarina de quien estA 
preudmlo : " jilaría pasó tan impávi'la y desdeñosa como 
siempre ", el primer cali&cntivo parece puesto por un escritor 
limeSo; y dificilmonte el novelista espaüol aceptaría eo 
mncipio que Ñít/xítuVi pueda equivaler á riiiícíi, desv^jon- 
Y no otra co^a sigoiSca allí, porque micd» propia nien- 
1 tener á un acto de reudíniíento de uno de 



no podía 
adores. 



INC 285 

Hay pues provinciftlipmos crepuscularcp, de luz dudosa, 
ambigun, Uispaniavnos de América, como ya igunlineijtd lo he- 
mos visto OQ el articulo Candido. 

Estos vocablos son como cuerpos astronómicos que giran 
en órbita distinta, y que á lo mejor verifican su conjunción 
de significado mas ó menos durable. 

ArestkqüI, — El P. Horan, Escenas de la vicia del Guz- 
co. — " ¿ Quería regalártela ? — Sí, yo le dirijí un\ mirada 
terrible, y me salí. / Impávido ! Se empezó á reir. " 

Inponerse. — Si hay algo mayor que nuestra afición á 
derivar verbos de sustantivos, achaque muy común en todas 
partes, es la que nos iudnco á hacer reflexivos ó recíprocos 
de nn gran número de verbos castellanos activos ó neutros 
ImponeTy iictivo en el diccionario, vale por instruir, enseñar 
algo á alguien. Nosotros pretendemos que un mismo indi* 
yiduo se imponga á sí mismo ; esto es, que se entere; con ca- 
yo verbo lo permite el diccionario, no por desgracia coa aquel 
otro, y poroso dice : " Enterar : informar, instruir á alguno 
do algún negocio " ; y aQade : se usa timhien como recí-- 
proco. 

Se nos preguntará : si imponer y enterar significan igual 
cosa, ¿ por qué el uno puede resbalarse á reflexivo y el otro 

no ? Eso pueden ustedes preguntárselo á su abuela ; 

la cnal les dirá que también la arbitrariedad, el capricho y 
la corruptela, ejercen influencia, aunque subalterna, en la 
formación de los idiomas. 

Incaico. — El adjetivo natural de Inca, en concepto nues- 
tro. Asi hemos tratado de probarlo por la prensa mil veces, 
pero ¡ quiá ! Hubo un torpe que salió con v\cásicOy como si 
el sustantivo fuera incas en singular, y los carneros de Pa^ 
nurgo, se precipitaron en montón por el ancho portillo. Cul- 
tísimos presidentes de la República, miembros correspon- 
dientes de la academia española por añadidura ; decanos de 
la Facultad de Letras, y eruditos, historiadores de los Incas 
precisamente, todos nos han dicho, nos dicen y nos diráa 



28G INC 

groseramente ñicáxKO, como 8Í se tratara de algana materia 
caseosa. Prc*£erible habría sido cometer an anglicanismo j 
decir ineario ó siqaiera incano. 

Si los del incásico faenin consecuentes, deberían decir Ma^ 
sásico por MosiicOfja lá<íco p)r ja laico, hdnrmi'.o por he* 
braico; y hasta del sustantivo griego híog que significa t;ii/(/o, 
y que aun en singular termina en s^ deb-jriau deducir lásiej 
y no laico, á ver si los e^^comulgab.-i el Papa. La mal en tea- 
dida democracia lleva la peor parte en este libro, porque á 
ella, y con razón, hacemos responsable do nnestros vulgaris- 
mos, mas que provincia lismo.^. En el artículo N(N0 proba- 
mos que también babemos dar al Cc^ar lo que es del César. 
Otro tanto haremos en el prec>eute, declarando que ni el vulgo 
ni los vulgaristas tienen nada que ver con el barbarísmo de 
incásico, inventado, propalado y sostenido por la arístocracio 
del saber y del talento. T lo peor es que el brulísmo parej- 
ee haber corrido por toda la América. ¡ Qué t d andará el 
sentimiento del idioma por estos mundos ! Últimamente he- 
mos hallado incásico hasta en el general Mitre, el Je- 
nofonte argentino. Ei estimable americani:át:i madrileño 
Doa Marcos Jiménez do la Espada usa inqueño, inqueña. 

lacaiS* — L J3 soberanos, q*ie como emporailoros, reyes 6 
monarcas gobernaban el Pera hista la llegada de los españo- 
les» se llamaban Iiwas colectiva móntente ó en plaral, y en 
singular. Inca ; como se dice Faraón y Faraones, Uu uvom 
y la uca, diferencia que nadie ha querido tener presente en 
la América española al formar el estúpido adjetivo incásico 
[Véase] 

Con gracia y elegancia puede emplarse el mismo snstan- 
tivo inca como adjetivo en algaaos casos : 

4 Qué goces tan sublimes me destinas 

Cuando del ínea imperio 

Haelle las tristes majestaosas ruinas ! 

Clkmkntb Althaus. 



INC 287 

El nombre propio 6 dinástico venia sin dada de la voz 
quichua Inii, que quoria dacir el sol, porque de este astro 
pretendían descender los incas ; y la fórmula testamentaria, 
por decirlo así, de todos ellos al morir era que los I' amaba 
el sol 8u padre; palabras llenas de simplicidad y grandeza, 
y que recaerdan las de la pagana Fedra, también de raza 
holiaca, cuando vé cercana su muerte : 

Soleü, je viens te voir pour la deitilére fois, 

( Hacine ^J 

Sol, vengo á verte por la vez postrera. 
O bien : 

A verte vengo, sol, por vez postrera. 

Garcilaso de la Vega y los demás historiadores primitivos 
de Indias, lo mismo que los modernos de todas las naciones 
hablan maravillados de la sabiduría administrativa y politi* 
ca de esos insignes monarcas, cuyo origen, y por consiguien- 
te, cuya escuela, serán para siempre un misterio impe- 
netrable. 

Los europeos, y con ellos la civilización, llorarán eterna- 
mente que la imprenta hubiera venido tan tarde á salvar los 
manascrítos de la antigüedad. ¿ Qué diremos los peruanos 
para quien tan tarde vino aún la mora escritura de la niano^ 
á realizar el imposible de ñjar las perdidas tradiciones ora- 
les de más de cuatro ó sois siglos de vida prehistórica ? 

El tardío descubrimiento de la impronta, y, agregaremos 
también, el de la fotografía, destinados á conservar el facsí- 
mil de la palabra y la vera ofijie de la fisonomía, parece que 
tuvieran algo de providencial. 

¿Qaé habría sido de la inmensa actívidid intelectual de 
Europa, si no hubiera tañido que reconstituir la antigüedad 
mannscríta, vasta tarea, que, por decirlo asi, ha sido hasta 
hoy mismo quizá, todo el campo de acción de la civilización 



42 



388 ING 

cristiaGa, deaJe Macrobio y Petrarca hasta los alemanes 
modernos ? 

Si todo hubier* venido hecho por la imprenta y la foto- 
grafía, desde los diaa de Platón ó eíqniera de Aristóteles, 6 
no habría habido á qaé aplicar la actividad humana, 6 se 
habrían adelantado tiempos y descubrimientos, lo qae tal 
vez no convenía á las miras de la adorabJe Providencia, 
cuyos débiles 6 inconcientes instrumentos, y nada más, so- 
mos los hombres en esta vida. 

Pero volviendo á nuestros Incas, hé «quí entre otros 
machos testimonios i. su favor, el de Garcílaso : " Por lo 
coal sea regla general que en toda la gentilidad no ha liabi- 
do gente mas varonil, que tanto se haya preciado de cosas 
de hombros, como los locas, ni que tanto aborreciesen las 
cosas majeriles ¡ porque cierto todos ellos fueron ^neral- 
mente magoáuimos, y aspiraron d las cosas mas altas de laa 
que manejaron ; porque se preciaban de hijos del Sol , y esta 
blasón les levantaba á ser heroicos. " Dice asimismo este 
autor " que el sobrenombre de iitgd ( g por c, véase la letra 
G ) era de todos esos reyes, como ¡os emperadores romanos 
se llamaban Augustos. " 

Los peruanos de hoy, qne más 6 menos directamente re- 
cibimos educación europea, y que por la sangre, el idioma y 
loa nombres de familia nos sentimos atraídos al viejo mando 
y nos amamantamos en el amor de Grecia y Boma, mirando 
coa indiferencia, con frialdad y hasta oon desden la civilizi^ 
cion incaica, que en realidad no es mas que ana tradición, 
debemos advertir qae así como á los negros racionales lea 
ofetuif rl colar, asi e-^a civilización que hoy menospreciamos 
DO tuvo mas baldón qae el haber carecido de " letras hama- 
naSi-T como diría Garcdaso. 

" Yo con erudición, ; cuánto sabría '.n 

f Etpivncfda.J 

To, i sabor escribir, ; coánto diría ! 



IND 289 

podría contestar hoy la dinastía inca si resucitara. Es- 
presado por escrito por ellos mismos lo que practicaron 6 
dijeron de viva voz, quizá palidecerían las Pandectas de 
Jastiniano y los Pensamientos de Marco- Aurelio ! 

Cieza de Leen, Clónica del Perú, cap. LXI : " Porque 
yerdaderamente pocas naciones hubo en el mundo, á mi ver, 
qae tovieran mejor gobierno que los ingas. Salido del go- 
bierno yo no apruebo cosa alguna, antes lloro las estorsioues 
y malos tratamientos y violentas muertes que los españoles 
han hecho en estos indios, obradas por su crueldad, sin 
mirar su nobleza y la virtud tan grande de la nación ; pues 
todos los mas de estos valles están ya casi desiertos, ha- 
biendo sido en lo pasado tan poblados como muchos saben.*' 

Iicásico — ^Ydase Incaico. 

llC^Bikto — ^Lo que no es comible, 6 correctamente ha- 
blando, lo que no es de comer, lo que no es comestible. 

Véase Comible en el Suplemento general. 

**Solo para dedicarla á semilla ( la yerba del gramalote) 
debe dejarse madurar, pues nna vez seca, es incomible por 
los ganados." — Alfaro y Larriva, Agricultura. 

Ildiscrillinado — Alguna vez se suele nsar entre nosotros, 
pero mocho mas en Colombia, este elegante adjetivo, que 
por desgracia huele á inglés puro, por lo que nos parece 
profiftno en nuestra lengua, en la que lo mas que se halla 
■obre BU radical es discrimen, diferencia ¡ así que valdría 
tanto indiscriminado, como indistinto. 

En nna de las últimas Memorias de Relaciones Exteriores 
de Colombia, en que el señor Ministro quiere limitar cierta 
corroptela, como ya se habia hecho acá antes por nuestro 
Ministro T. Pacheco, se habla ** del uso indiscriminado de 
bandera. ** Pero mas natural seria que reivindicáramos á 
los ingleses este verbo indiscriminar, que es enteramente 
latino con todos sus consiguientes adjetivos, sustantivos y 
luurta adverbio de modo, indiscriminatím, que valdría indis^ 



290 ING 

criminal! a hiente. Tan material es en latín el significado de 
partir, soparar, difcrrnciar, que tiene discriminare, que liasta 
la raya ó crencha del caballo toma el nombre de discrimen. 

InfllICUCiar — Desde las primeras pajinas de este Diccio- 
nario yeuiuios hablan do de la perniciosa afición á sacar 
verbo de todo sustantivo ó adjetivo, como lo vemos en od- 
j untar de adjunto^ y wjre-ilr de ar/resor; 6 si el verbo existe 
ya en el idioma conteniendo solo la raiz del sustantivo, á 
formar uno nuevo en que entre todo este de una pieza. No 
viendo pues en infiair mas que el injl. de influencia^ hemos 
optado por influenciar en que cabe toda aquella palabra. 
Por la misma razmno viendo en presiifi.oner mas que el 
presvp de prempiiesfoy decimos presupuestar : siu que falte 
quien diga fitipreditar y no predar, cuando se trata de flw- 
préstlto. En la República Argentina es ya cosa corriente 
exteriorizarse (un hecho, por hacerse manifiesiOy) responsnhir- 
tizarse ( alguno, por ser responsable, ) intensificar^ niodernu' 
zar, ohdacuUzar, Estos que hoy nos parecen barbarismos 
¿ no serán la enseña del porvenir ? 

Infundia — Debe decirse enjundia. 

InS^uio — En la isla de Cuba dan este nombre á las Ao- 
ciendas de caña. Nosotros también lo aplicábamos en lo 
antiguo, mas solamente al trapiche en que se molía la cafia 
de azúcar, cuando era trapiche de agua, esto es, movido por 
este motor ; no cuando era de bueyes. T ann la acequia 
que llevaba el agua con aquel objeto, recibía de los negros 
el nombre de acequia del injénio; nombre que algunas 
veces debió hacerse ostensivo al fundo entero, pues solo asi 
se esplica que haya hoy tal cual hacienda que se llame del 
Injénio, sin mas nombre propio que ese. 

La palabra ha caido en completo desaso, no oyéndose ya 
más que trapiche ó máquina de agua^ de vapor, y aún á va^ 
poTi como para probar qae estamos familiarizados con la 
índole de la lengna francesa, y que ya no nos pasma nn tía- 



INT 291 

piche hasta el punto de que arrobados ante él, murmuremos 
con recogimiento: jRl ingenio ! 

La ambigüedad del vocablo' ha dado márjen mas de una 
vez á los ingenios espafiolos ají jugar del vocablo ; y así ha- 
llamos en Bretón cuando exhibejá un rico indiano^ " que es 
hombre de ingenio^ 6 gue tiene un ingenio , . , .de azúcar. " 

Pudiera agregarse el presente provincialismo á los que 
hemos clasificado de hispanismos de Améríca, desde que 
siendo aquel un término español que se empezó á usar ape- 
nas se consumó la conquista, no lo traen los escritos de la 
época, hechos para España, sin el correspondiente comen- 
tario como si se tratara de v(»z indígena. 

El virey marqués de Montes Claros dice así en la Memo^ 
ria al sucesor ( 1615 ) : " Ingenios son ciertas máquinas de 
madera cuyas ruedas llevadas del golpe del agua levantan 
unos mazos grandes, que por su orden vuelven á caer sobre 
el metal, y le muelen hasta hacerle polvo. " 

Garcilaso, sin esplicar la denominación, trae este curioso 
dato histórico : ( 1560. ) El primer ingenio de azúcar que 
en el Ferá se hizo, fué en tierras de Huánuco, fué de un 

caballero que yo conocí después acá, los ingenios 

que hay son muchos. " 

La definición de Salva es " cualquiera máquina en la 
mecánica. " 

Intemerata — Tener la intemerata de decir ó hacer una 
cosa, es tener la avilantez, la osadía ó el descaro de ella. No 
la trae el Diccionario, y es voz enteramente latina que no sé 
o6mo hemos formado ni de donde hemos tomado, sin el in- 
termedio ó vehículo natural del idioma patrio. 

Es verdad que en latin el adverbio de modo intemeraie 
y el adjetivo intemeratas no representan sino la idea de inte- 
gridad y pureza. Y como nosotros al decir intemerata te- 
jemos sin duda presente la idea de temeHdad, hay que 
admitir que hemos hecho un latinajo macarrónico ó capri- 
c^OBO (ó lo han hecho otros). 




292 

InTCrua CIs) — Voz de nmcMaimo oao entre onestros agí 
oalbores, denota el pasto especial doude ana ó mas bestias 
eetáa reponiéndose; y nai se dice: editar ea la inverna^ 
mandar á la inverna, sin qU9 la idea de invíiírno entre precí- 
sámente pnra nada, Bino solo la de engordadero ó ceba. 

Es indudablemente apócope Ó abreviación de la voz castiza 
invernadero, que significa lo mismo, y que aquí se suele apli- 
car malamente á loa invernáculos 6 contervalorios de plan- 
tos, serrechaudes de los franceses. 

" Loa fundos dedicados & la yerbntería y qna prodacen 
poco mnicillo, asi como loa de inverna, qne en las épocas del 
verano se ven desnudos de toda ayuda, soa los que Buetea 
darle un lugar preferente en sqb culturas" ( al gramalote J. 
Alfaro y LarRIVA, Agricultura. 

Invernadero — Véase Inverna. 

IritO — Turma. Familiar por Eduvigl^, nombre de mujer. 

Isangias — Utensilios de pescar. Sou unas canastas angos- 
tas por b^u ba^e y que vau ensancliaudo hacia la boca, como 
□n pan de azúcar. La boca está rodeada de un grueeo ^- 
llete 6 rodete hecho de ramas de sauce ; y colocadas ea hi- 
lera contra la corriente de los rÍo3 sirven las isangas para 
atrapar camnrones, y aúu alguna vez para pescar á nn dea- 
graciado nadador. 

En cierta ocasión atravesaba á nado el río de Mages y 
por apuesta, una pareja de jóvenes. El ano de ellos, que era 
un marino nacional, tuvo la desgracia de meter las piernas 
eo nna isanga, y preso en esa espacie da cepo de medio 
cuerpo, no pudo salir más sino cadáver; porque su cabeza 
azotada por la corriente contra los golletes de las otras ixan- 
gat, fué lastimosaments destrozada. 

Quichua ííaifca, espuerta. A este aparato correspondo 
sin i1k<: L '< . I ' i I '. deacribe en la putabra canal. 

" 1'. Lilto camaronero, y el servicio 



proEt 

qnfl '■- 



-} d^índole din 



> Mm 






I 



Jtkft — AmerícBnismo del género femenino ; es nna eape- 
oie de arpillem hecha de palos sarmentosos y reciamente 
entretejidos, de forma cúbica, como de nna vara en coadro* 
7 en la qae con el respectivo relleno de p^ja qoe cubre loa 
anchoa intersticios, viene perfectamente blindada toda I& 
loza qne se introduce en esta plaza. Anaque el artícolo 
esto no pnede proceder sino de Enropa, la palabra /a¿a es, & 
no dadarlo, Cabana, como se vé por la detenida descripción 
qne tate en Picbardo. 

Segnn este aator, se teje del yaréi 6 guano, y las hay ¿p 
todos tamaSos y clases, y deben ser allí mny asaalea pnesto 
quedan lagar á frases adverbiales ; al paso qne entre no- 
BOtroa es una voz del todo exótica, qae solo tiene relación 
con la loza. Con ¡goal sentido corre en Chile. 

Jabencille — En baen eepaBol aeria simplemente dimina- 
tivo de jabón ; para nosotros no es mas qne nn nombre 
propio, por el estila de aceitillo, mantequilla, estampilla, 
noelacilta, etc. ( Véanse en el Diccionario, y Estampilla 
al SupUmeiito iJeneral,) y repetiremos lo qne hemos 
dicho en esos artículos, qne nos pete el provincialismo, por- 
qae hallamos mas racional nn nombre propio, al parecer 
bien traído, qno los incómodos circnnloquioa de tello da cor- 
reo», aceite para el pelo, maateca de vaca y jahon de olor, 
como Buponomos que tal vez se denomine en la'Penínanla 
'i oorre oon el ánico nombre de jaboncillo. 



294 JAG 

Jagnar — Pretenden algunos que la etimolojía de este 
nombre, que designa al tigre de Hispano América y que 
equivale á la onza do los europeos, os quichua, de la voz 
yáhuar que en esa lengua quiere decir sangre ; pero ningu- 
no de los quichuografos la trae en tal acepción, porque 
tanto ellos como los viajeros convienen en que el nombre 
quichua de nuestro tigre ú onza es uturuncu. 

Si jaguar viniera do yáhuar^ tendríamos que observar una 
inconsecuencia prosódica ú ortológica : ¿ por qué si de cún- 
tur sacamos cóndor con toda regularidad, de yáhuar, grave 
como toda voz quichua, hemos formado ^a^war, agudo, con- 
forme á la índole del castellano ? Habria que esplicar la 
inconsecuencia con lo menos usual de una etimolojía que 
otra, pues si cualquiera está cansado de oir cúntur 6 sus de- 
rivados, aun sin hablar quichua, nadie habrá oido decir 
nunca yáhuarjj mucho menos aludiendo á la onza. 

Gomo mero equivalente de sangre j nada más» lo halla- 
moa en el nombre de uno de los incas, Yáhuarhuae, que se- 
gún la tradición, lloró sangre al nacer. Los aficionados á 
etímolojías^harán bien en comparar la última silaba de este 
nombre propio con Huaca, que entre bus mil acepciones 
tiene también la de guayadero que es como llorcídero. 
( Véase. ) 

** Mas cruel que cualquiera de loa felinos ya mencionados, 
dice Tschudi en sus Travels tn Perú al hablar de este ani- 
mal, es la sanguinaria 0912a. *' T luego añade en una nota : 
" El nombre indio de este animal es ehaqíiechincd. A la va- 
riedad negra Tana chinea, la llaman los españoles Tigre 6 
Yaguar. '* — Y mas adelante el mismo escribeya^ar eanj. 

** Tú tienes selvas inmensas, 
Bosques vírgenes, sombríos, 
Do al ronco son de los rios 
Hambriento ruge e\ jaguar. '* 

( Anónimo ) 



JAG 295 

Jaguay Jagüey 6 ( el ) — Aguada en el desierto, esto es, 
en la arenosa y despoblada costa del Perú. Los mejicanos 
dicen O/o, excelente palabra castellana que vale manantial 
en el desierto como pnede verse por este pasaje de Cieza de 
Leen : " Do aquí se camina al valle de Santa ; y antes de 
llegar á él se pasa un valle pequeño, por el cual no corre 
rio, salvo que se vé cierto ojo de agua buena, de que beben 
los indios y caminantes que van por aquella parte ; y esto 
86 debe causar de alguu rio que corre por las entrañas de la 
misma tierra. " 

Ea otra parte habla de ojos de alquitrán por mineros 6 
manantiales de ese líquido. 

'SneBÍTO jaguay no parece tener origen tan puro como un 
rio, y entendemos que es simple rezumadero del agua del 
mar cercano. Los que acomodan las etimolojías sin mas 
guía que el oido, pretenden que jaguay es corrupción de 
íigua Jíay ! por el grito regocijado del sediento caminante 
que la descubre. Yo me inclino á creerla una de esas voces 
de las islas de Barlovento^ mas tarde Antillas^ que los pri- 
meros españoles venían arrastrando consigo á medida tiue 
la conquista avanzaba hacia el Sur. 

Cieza de León, ( 1555 ) que es uno de los cuatro grandes 
historiadores que tienen el honor de poner manos al asunto 
casi sobre las huellas frescas de Pizarro, habla del jagüey en 
su primera jornada de Piura á Trujillo. — '* Y para andar 
estas veinte y dos leguas es menester salir por la tarde, por* 
que caminando toda la noche *' ( exactamente como en 
nuestros dias ) '' se llegue á buena hora donde están unos 
jagüeyes^ de los cuales beben los caminantes. *' Agustín de 
Zarate los desoribe así, hablando de las tierras ecuatoriales, 
y hé aquí porqué me inclino á creer que el nombre viene del 
Norte : " La tierra es muy seca, aunque llueve muy á me- 
nudo : es de pocas aguas dulces, que corren, y todos beben 
de pozos, ó de aguas rebalsadas que llaman jodiéis.** '*Es- 
tos llanos ( la costa del Perú ) son muy secos, y de muy 



396 



JAT 



grandes apénales, porqaa no Ilaeve jamás en elloa, i 
lia fuente, ni pozo, ni otro ningan manantial, sino caatro 6 
oincojagueyea, qua por estar jnnto Í la mar el agua ea juay 
aalobre. " 

También Alcedo en au Diccionario Geogrilfico de América 
trae este provicciaiiamo. A favor de los que creen qne/o— 
guay viene de agua, milita el antecedente do qne en 
tetlano anticuado jujuaií ero qniere decir desaguadero. 

En la isla de Cab% jagiiey designa é. un mosquito j & 
árbol eilvestre. 

Jarana — Palabra creada por los españoles de Indlaa 
gnu GHrcílaso ; ó mas bien tomada de alguna lengaa 
na de América, aunqne esto nos parece dudoso. Equivale 
diversión nocturna da carácter popular, y anda carca da li 
otros peruanismos lambárrío, cacharpari, aunqne ea mi 
mas usado que uno y otro. 

¿Será jaramt un nuevo lilgpanismo de América, coma 
criollo, chapetón, rímttrroii etc? Garcilaso pone la voz eQ 
boca de soldados espafloles sin dacir que sea indígena. 
Hé aquí sus palabras: "Voto á tal qne pues Madalena de la 
Crua se fué en secreto, qua nos deja hecha alguua ¿arana. 
Llamaban harana en el Perú á la trampa ó engaño que cual- 
quiera hacia para no pagar lo que había pei-dído en el 
juego. ■• 

Salva trae jarana por " bnlla, gresca, algasara, " bíq Ad- 
vertir que sea provineiaUsmo de América. 

Derivados : jarafteor, j jaranista 6 jaranero. 

Jato — Asi llaman los negros á la montara. Debe ser C(xe~ 
rupoion de la voz española halo, que tiene un significado co- 
lectivo, como ajuar etc., desde que por otro provincialismo 
también, aunque mas culto, decimos el avi'> por los arreoa 
da montar. ' 

''^'who el pellón colchón y el jato apoyo, 
'« doro aeds para llamarlo almi>hada. 

Poesías Pebüanas. 




JOC 297 

Jcb€ — El nombre mas popular de lo qne también se llama 
goma elástica j caurho ( en francés caoutchou j el árbol de 
donde se estrae, caoutchouter. ) El nombre usado por noso- 
tros es visible corrupción del botánico Hebea» En Buenos 
Aires lo mismo que en España, se dice goma ; j por consi- 
guiente se habla de sellos de goma j no de sellos de jebe. 

I Jesús, Jesús, como llueve ! 
¡ Qué barro, qué porquerías. 
No sé cómo hay quien se atreve 
A salir en estos días 
Sin zapatones áejebe. 

El intrigante castigado, 

Jf SUSa — En Lima antiguo era familiar por Jesús, nom- 
bre de mujer. Hoy creo que ha desaparecido, pero se usa 
<en España. 

JOCCU* — Los negros campesinos significan con este verbo 
•el acto de segar con la hoz ; en lo que hay dos faltas; la pri- 
mera, el pronunciar ó aspirar la h como j, propensión auto- 
TÍzada por la misma lengua en infinitos casos, como cuando 
-convierto haca en jaca ; y la segunda, presuponer un verbo 
Jiocearj que nunca hemos hallado en Diccionario ni libro 
castellano. Hozar es escarbar los puercos la tierra con el 
hocico: 

** Y aun vienen alguna noche 
Los lobos en turba hambrienta 
A hozar la tierra sangrienta 
Bogada ocho siglos há. *' 

(Zorrilla. ) 

Como en el verbo segar, que es el castizo, no se vé el ins- 
trumento que corta 6 siega, que es la hoz, nosotros debia- 
moa decir hocear 6 jocear, con el prurito regularizador que 
tantas veces llevamos delatado. 



398 



JOV 



Jorn — La jni-a no es maa quo el maiz hecho germinar] 
brotar 6 nácar, pnra qae se preste ai efucto de hacer ehieha 
por lo que el vocablo casi solo se oye en estr. Irme chich 
de jora. Del mismo modo entre los eurupoos loma 
nombre de nw/Mft cebada sometida á igaal procedimiento, 
para fabricar cerveza. Acaso en los días del coloníage se 
pronunciaba «ora, pues en libros de eeos dius y en las JVÍa- 
morias de loa Vireycs hemos loido chicha de sora. 

Garcilaso dice : " Echan la sara ( maíz ) en remojo, y 
tienen así, hasta que echa sus raices, entonces la mnelen to- 
da oomo está, y las cuocen en la miama agoa sin otras cosas, 
j colada la guardan hasta que se sazona... ... Uámaule 1»- 

napu, y en ofcro lenguaje sora. " 

Este otro lenguaje es el Aymará, en donde soraceamu 
por ejemplo, significa geco, pasado al sol. Y sora, aplicado 
al membrillo ú otra fruta, lo califica de pa»a. 

Yiñapu viene del verbo quichua uiñac que signifit 
crecer. 

JáTCn — ^No nos cansaremos de repetir que lo qne prinut- 
palmento llama nnestra atención on el trascurso de esta 
obra es el mal uso 6 abuao de algnuas paUbraa perfecta- 
mente españoliiB. La palabra jrfii a (i, por ejampto, la nplic»- 
mOB en la conversación familiar, ya directa, ya indirecta- 
mente, con una e.^pecie de sorna constante que niugaii 
fundamento tiene, pero que existe. El jo'iíwt fulano decimos, 
como significando aquél, el aiir/eto ege, aun cuando el aludi- 
do haya pasado da la juventud. Da la misma manera eu la 
interlocución se cruzan Ins frases oign vd„jói>on; no.jóveni 
¡ qué joven éflfí ! siempre con la misma chunga y sin tenar 
en cuenta la edad. 

Se podria comparar esta muletilla nuestra, este limeñié- 

mo, con el chico de los madrileños, sino hubiera la mny 

snstancial diferencia do que este tratamiento arguye siom- 

pp~ ' " aquel el usted ; fuera de la intención pícA- 

■ iQ, como ya hemos dicho, acompasa 



do 

si» ■ 



JOV 299 

siempre al uso del joven en estos casos ; mientras que el 
chico no es sino una prueba constante de íifecto ó por lo 
menos de cordialidad, como el caro de los italianos y el ca-" 
rillo de la poesía española en el siglo de oro. 

Hallándonos en España ahora muchísim«>s años recibimos 
una carta de uu joven amigo nuestro español, en la que re- 
firiéndose á otro sugeto de la misma nacionalidad y amigo 
común de ambos, nos decia : *' El joven Pardo, como usted 
dice y 7^ y mas abajo, «*he trasmitido sus recuerdos al espre^ 
sado joven. ;? Es de advertir que todos tres apenas pasába- 
mos do los veinte años. 

Ahora bien; es indudable que á este joven peninsular 
( Cordovés ) le habia causado estrañeza esta mala aplicación 
de la palabra j o t;6M, que en mis labios no era mas que un 
simple limeñismo. 

Pongamos otro ejemplo, aunque referente á otra palabra. 
Subíamos un dia esas umbrosas arboledas seculares que con- 
ducen á la Alhambra, General ¡f*3 y otras moriscas maravi- 
llas de Granada. Acompañábamos á una de las familias 
mas distinguidas de la localidad. De improviso llamó nues- 
tra atención una especie de abertura entre las breñas. ¿Qué 
boquerón es ese ? preguntamos. Nuestra espresion fué re- 
petida can hilaridad y estrañeza por las interesantes grana- 
dinas. Y sin embargo, en la palabra empleada por nosotros 
el Diccionario dice abertura grande, 

Afflmismo en los libros que los peninsulares de hoy sue- 
len dedicar á nuestras regiones hallamos religiosamente 
sidbrayados, como otros tantos provincialismos, términos quo 
los Diccionarios castellanos, antiguos y modernos, registran 
en sos columnas ; pero que probablemente no son de uso 
cemente en España. 

Pretenderemos por esto que boquerón es provincial ? No, 
per eíerto : éslo, si, joven, en la indefinible acepción que 
gqoi le damDs ; y uno y otro vocablo y otros muchos de la 
especie están probando, que en nuestro lenguaje hay 



30O 



JTJA 



desgraciad Amonta na buen número de provincialismos fnta- 
lea, porque no parejeen tales, ni lo son quizá estrictamente 
hablando; pero que disfrazan, nublan ó alteran la ncepcion 
con que corren en EspaQa; y á los que nn uso excesivo acabí 
por dar eso relumbrón qna tienen ciertiit monedas sín maB J 
razón que el haber sido muy manoseadaB. 

JnalitCtt— Danzas de Navidad que las negras de las ha- 
ciendas de CaSete bailaban delante de los nacimientos, gol- 
peando el suelo y marcando In cadencia con una cpecie da 
árbol artificial adornado do oropeles y papelitos de coloi 
qne cada una llevaba en la mano y que llamaban la uziiee 
El estribillo constante de las coplas ó villancicos que C 
taban mientras bailaban iba siendo: 
Jnalin,jíá 
Jiialijíá. 

En eabe nombro y estribillo debemos ver una castellani- 
zacioa del Saylli incaico, con que se acompaQabau ciertas 
danzas y cantos de los antiguos peruanos, y que bemoa re- 
gistrado en su sitio. Significaba el Triumplís .' da los can- 
toa Arvaleg de los romanos. La HvayUijía de loa tarmefloa 
recuerda mas directamente el RaylU- 

JuaDlIIo — Si hay palabra familiar en español que reem- 
place k esta, como deba suponerse, yo no la conozco : eolo 
tengo conocimiento del equivalente jurídico, por decirlo así, 
que ea adehala, voz muerta entra nosotros, salvo cuando fi- 
gura en algún instrumento público, en cuyos casos, por de- 
coro sin duda, se escriba adehala, finjiéndose no conocer la 
otra, que es la usual. 

El juanillo ea pues, el soborno, el aliciente con que a 
tersuade á un tenedor, á que af loge la propiedad ó derecho 
jgiie tiei lea de pagado por separado, se 



)nte onomatúpico que dan 



r 

■ n. 



JÜI 301 

los negros de Oa Hete al gorrión, el caal se diferencia del de 
Earops en tener la cabecíta coronada por nn alto peonclLo 6 
copete y no enteramente achatada, en ser deán blanco maa 
limpio por el vientre j de nn gris mas claro por el lomo, 
7 especialmente en cantar con ana limpidez y melodía in- 
comparables. 

Saelta sn canto á cnalqniera hora del dia ó de la noche, 
impáTÍdo, ja desde el fondo de ona mata, ya desde el alero 
de nn techo, canitando grata eorpresa en la oscnridad de la 
noche al caminante 6 al yaceote. Solo ea la janla se man- 
tiene rebelde sa garganta, y no canta, hasta quo muere de 
soberbia. 

lia miel con qoe el Juilipío 
\ Sn agreste canto sazona, 

Caando melodioso entona 
Juilipío, pío, pia. 

Y el juilipío escondido 
En el fondo de la mata. 
O bien del inmóvil sancu 
Entre las menndas ramas. 
Dar al olvido parece 
Qae también de noche canta. 

Poesías Pebuahas. 

A esto se rednceel canto de nnestro gorrión; ann cuando 
en algunas noches de verano en el campo, el pío, pió, qae 
ivra vez posa de dos, se snele repetir basta ccatro reces, 
prodnciendo un lindo efecto. 

En Santiago de Chile, donde también ea cantor el gor- 
rión, lo llaman e^'neol. Y como allí se cnltÍTsa grandes j 
espesos árboles, generalmente naranjos, en los mismos pa- 
~ can», snele ono gozar del canto desde la cama. 



302 JUI 

Y tal vez sobre mi techo 
ün gorrión su nido ha hecho, 

Y melodiosa y sonora 
Una cadencia á deshora 
Vendrá á encantarme en mi lecho. 

Poesías Peruanas. 

Ya desdo hace tres siglos y medio hacia jnsticia Garcilaso 
de la Vega al pajarito que nos ocupa, en los siguientes tér- 
minos : '* Hay unos pajarilios pardos, que los españoles 
llaman gorriones por la semejanza del color y del tamaño, 
aunque diferentes en el cauto, que aquellos (el autor escri- 
bía en España) cantan muy suavemente. Los indios le lla- 
man pária-pichiuj crian por los bardales de las casas, d >ixde 
quiera que hay matas en las paredes, y también crian en el 
campo. " 



K 



Ker0SÍB6 — Aqui y en otras partes de la América se desig- 
na coa este Dombre el aceite de alambrado qae, á lo qae 
entendemos, no es mas qae el petróleo ; siendo tan bnena 
una voz como otra, enteramente griega la primera, entera- 
mente latina la segunda. Pero convendría darle ya sa 
forma definitiva, qae sigaiendo una analogía invariable pa- 
rece ser Jcerostna, femenino, y no A^aro^m^, mascnlino ; (y 
son hay quien pronuncie kerosene. ) Asimismo se dice el 
guinini por la quinina. 



43 



L 



Cuando precede «» suele cambiarse esta letra en r» en» 
tre la gente vulgar, que dioe carzon^ sarsa^ cardo^ etc., por 
cahan^ salsa y caldo. Y como para probar la fuerza de la 
costumbre se caenta de un maestro de escuela que gritaba 
constantemente á sus discípulos : ¡ Muchachos ! sordado y 
barcón se escriben con {. 

Luipa — La azada de los españoles, herramienta primor- 
dial de la agricultura, por lo que escusamos su descripción. 
A la azada ó pala de hierro, cuya voz ni se usa ni se cono- 
ce entre nosotros, la llamamos pues lampa ; á la de naadera» 
p<Ua. Tschudi la trae del quichua Uampa^ que significa lo 
mismo, y que para Torres Rubio es voz del chinchaysnyo. 
De este sustantivo perfectamente acomodado desde tiempo 
antigno en nuestra habla española, hemos derivado el aos- 
tantivo lampero y lampera para designar en las chacras y 
haciendas á loa jornaleros que trabajan con lampa ; y acá 
mismo el verbo lampear^ que es de poco uso. Como ya lo 
hemos notado en otra parte, esta palabra indígena se mezcla 
en su sonido con todas las derivadas del nobilísimo radical 
griego lampo^ que en castellano mismo significa fulgor ^ y de 
donde vienen relámpago^ (en quichua iUapa) lámpara^ efco. 
A cuya raiz, por metáfora, podríamos referir nuestro vocablo, 
si no .fiíeBe tan conocido su origen ; porque en los trabajos 



306 LAM 

del campo las tales lampas relampagaean que es un gusto 
conforme se van desgastando con el oso cotidiano : 

Armados nncs de luciente lampa^ 
Paes con el diario frote 
Se limpia, brofie y púlese» y may lejos. 
Del sol herida manda sus reflejos. 

Poesías Peruanas. 



¿ Esa salva ? ¡ gran Dios ! pesia mi estampa ! 
No es la salva de ayer, pues cuando truena 
La obra anuncia, el orden, la faena, 
Y el acero que brilla, • • • ¡ es una lampa ! 

Rimas del BniAa 



A los numerosos derivados 6 afines de la raiz lamp. que 
trae el Diccionario, podemos todavia agregar el verbo lam^ 
par^ que se tomaría por el nuestro, que á veces emjdeamos 
por tirar lampa^ C lampear J y que encontramos en Femaa 
Caballero (** Lágrimas") sin que sepomos precisamente ea 
qué sentido : ** Codiciosos, que andan lampando por un 
cuarto ; mozalvetes sin mas ocupación que andar tnñ él peto 
duro sin saber ganarlo. t> Nada tiene que ver este lampar 
espafiol, con nuestro lampear indígena. 

¿ Quién en tal ooea te mete? 
Ponte en camino á Cafiete ; 
No hay quien sin asco te lea. 
Nos da risa hasta tu estampa. 
Si ee mejor que pluma, lampa 
Para manos de Guinea. 

DoH Fbupi Paido. 



LAP 307 

** Si esto se hftce con hombres qae tienen libertad para 
abandonar el arado 6 la lampa • • • • ¿ qné no snfrirán nnes* 
tros hijos, qne son verdaderos esclavos ?'' 

** Yo lo sacaré al campo. • • • El aire libre 7 el manejo de 
la lampa qnizá reformarán el carácter de nnestro hijo. No 
es aei, Antolin f Aréstegui, El padre Horan^ Escenas de 
la vida del Cuzco. 

Lanceros — Este párrafo es para nuestras bellas : ¡ ya era 
tiempo de pensar en ellas ! No qae la contradanza llamada 
con el nombre francés de lanceros (lanciers) no corra y 
dance con él por todo el orbe bailarín, español ó no ; pero 
no la trae el Diccionario entre las acepciones de lancero^ por- 
que el buen castellano le da otro nombre, propio, y tan bo- 
xiito, que no podemos resistir á la tentación de comunicar- 
lo á nuestras paisanitas : no para que lo usen, que seria 
jaderia y hasta pedantería; mas para que siquiera la 
pan : el nombre propio de lanceros en castellano es rigo^ 
^hn^ lo mismo que el de la cuadrilla. 

Terpsicore en sus raptos hechiceros 
Combinó en esta noche placentera 
Vals, danza y rigodón ( vulgo lanceros. ) 

Vülergas, 

I«i^— -Poco se oye la voz lapicero^ ú no es entre colegia- 
y lo sentimos porque debido á eso tropiezan tantos al 
£1 lápiz es el lápiz propiamente dicho, lo que los 
llaman la mine : es el contenido. El lapicero es el 
bínente. Por olvidar esta trivialidad ó por ignorarla, 
OOD frecuencia á un individuo que nos dice que á su 

e le ha caido el y se queda perplejo ; y después 

pujos, se repite pobremente añadiendo qus á su 
le ha eaido el lápi9 ; todo lo cual se obviaría si di- 



qaa 

I 



Lapsa — Tarma. Sustantivo femenino ; fspBcie de paa« 
diñarlo. 

Largona — Dar largona ; dar largas á algún negocio. 

LaurcNrosa — Los jardíneroa franceaes é italianos, jonto 
con esta planta nos han introducido este nombre, y también, 
los italiuuoa, el do nerio oleandro, que no dicen maa qaa 
adelfa, que es el nombre clásico y elegante de la planta eiL 
espaltol. La adelfa abunda en Andalucía y no la oMl 
BOB poetas : 

Encantadas riberas del Bétis, 
Sueros bosques de adelfni y rosaa, 
Apacibles colinas hermosas, 
Há.nu momento qne en vos me encontré. 
Ddqük de Rivas. 

En la Grecia moderna la llaman da/ni como en recuerdo 
del laurel en que fué convertida Do/ne al huir de la sedac- 
cion de Apolo. (Véase Memorias de un viajero peruano. 
Capítulo XLIL ) 

En Lima por desgracia, no corre otro nombre qn© el de 
laurel roca, con qne fué introducida la planta y con el qne 
la propagan sus introdactorea estrangeros. El laurel rosa ea 
de la misma familia fapoeináeeasj de la eiálicn y el tuche, 
flores indígenas de incomparable belleza y olor y qne ton far- 
miliares nos son. 

Semictrcnlo en fin qne engasta y calza 
La esbelta ptla que delante se alia, 
£3 el jardín, d6 ei alelí amarillo. 
Ingrediente esencial de la nuistara, 
La esbelta ddiia de color de caBa, 
La roja adelfa á nuestro suelo estrafia, 
Sorgen del sol bajo el radiante brillo. 

Poesías Pskcabab. 



LIM 309 

L^Char-^omuQ entre la plebe del campo por ordeñar ; 
«anqae mas bien se signiñca con este verbo la vaca que ac^ 
tualmente está dando leche^ esto es, lechando. 

Loffatero— Decimos todos por leñador^ qae es lo correcto, 
lo cnaly sin embargo, como lo hemos observado en adulón^ 
huertero^ viñatero y otras formas provinciales, nos propor- 
ciona dos vocabularios, nno hablado 6 vulgar, y otro poético 
6 escrito. En ol diccionario quichua del padre jesuíta espa- 
fiol Torres Rubio hallamos leñatero : lo que podría argüir 
que es arcaismo 6 provincialismo de España, sino hubiéra- 
mos observado que los americanistas espnüoles antiguos y 
modernos, tan pronto como tratan de nuestras cosas siguen 
inmediatamente nuestros provincialismos. 

Uwi— Ligera corrupción española de jRtmac, como se vé 
en Limatambo por Rimaeiampu^ y en Lunaguaná por 12u- 
nahuanac^ lúcuma por rugma^ en que igualmente la r ini- 
cial se vuelve /. 

Bimae era el nombro quichua del rio y valle en que Pi- 
sarro venia á fundar la capital del Perú. Oigamos á Gurci- 
laso de la Vega, hijo de un conquistador español del mismo 
nombre y natural del Cuzco en una india de la sangre real, 
por lo que el autor español agrega siempre á su apellido el 
distintivo de tnca, no desperdiciando ocasión de blasonar de 
so sangre indígena y de su patria peruana, aun después de 
cuarenta y tantos años de ausencia, que eran los que lleva- 
ba al publicar su Historia en España, habiendo dejado la ciu- 
dad natal á la edad de veinte, en 1560. 

Oamentarios Reales, Segunda parte : *' El Gobernador se 
quedó en el valle de Pachacamac, con el deseo de poblar una 
cíndad en la costa, por gozar del trato y comercio de la mar; 
para lo coal, habiéndolo consultado los suyos, envió hombres 
espmmentados en la mar, que fuesen á una mano y á otra 
de la Costa, á descubrir algún buen puerto, que era lo mas 
importante para su pretensión. Supo de ellos, que cuatro 



Slfl 



LIU 



legnas de PachaCBniBC, »I norte, había an muy bnen pnei 
en derecho del valle de Rtmnc. Foé all¡, y habiendo visto 
el puerto y el valle, y sus baeniia partes, determia' pasar 
allí el pueblo, que había comenzado á poblar en el valle de 
SauHga (Jauja ), treinta leguas de Rímac, la tierra adentro. 
Fundóse la ciudad dia de loa U-njeg, aSo de mil y quinieutoa 
y treinta y cuatro." Según otros autores, 18 do Enero da 
153.^. 

La idea tan generalizada de qae Lima fué fundada el dia 
de los Reyes pueda proveuir ó del nombre mismo de U 
ciudad, ó de llevar fecha C do Enero el mandamiento que 
Pizarro espidió en Pachacamac para que trea comisionados 
salieran á determinar el sitio en que habia do fundarse la 
nueva ciudad. 

La discrepancia sobre el alio y dia precisos de la fundación 
es tun antigua, como la fundación misma. Asi lo acredítaa 
las siguientes palabras deGarcilaso: 

■' Eu esto de los aüos de aquellos tiempos, andan díversoa 
loa autores, con ser años de U edad de ellos, que unos pos- 
ponen los hechos y otros loa anteponen ; y otros, annqua 
ponen loa niÍTneros mayores de los ailos, como decir mil y 
quiuientoB y treinta, dejan el número menor en blanco por 
no engañarse. Por lo cual, dejando opiniones aparta, ire- 
mos contando los años por loa hechos mas notables qaa 
acaecieron. " 

*' Y entrado el aflo de 1534, dia de los Reyes, fué la fno- 
dscion de aquella ciudad. Y por ser así tomó por blasón y 
divisa lastres coronaa de aquellos santos reyes, y la estrella 
resplandeciente qne se loa apareció. 

"Trazáronla hermosa monte, con una plaza muy grande, 
sino es tacha que lo sea tan grande ; las calles muy anchas 
y muy derechas, que cualquiera do laa oucrucijsdas se veo 
las cuHtro partea del campo. " 

Esto último seria impoaible hoy en cualquiera esquina 
que noa detuviéramos; pero aunae logra ouTrujillo, ciudad — 



LIM 311 

fondada el mismo afio 7 sobre plano idéntico. AUi parán- 
dose en las esquinas de la plaza, se vé el campo y el mar por 
las Portadas de Haaman y de Moche» de tocarse con la 
mano ; y también por la de Mansiche. 

" Tiene nn rio que pasa al norte de la ciudad, del cual 
sacan machas acequias de agua, que riegan los campos y pa- 
san por todas las casas de la ciudad. " 

Estas acequias atravesaban descubiertas casi todas las ca- 
lles de Lima hasta hace poco; y eran insufribles con su 
fea vista, hediondez, dificultad para el tráfico y plaga de ga^ 
llinazos. En ] 866 se emprendió su canalización con energía 
y rapidez, dándoles cauce de cal y ladrillo con alcantarilla, 
y forma total oval, para facilitar el curso del agua é impedir 
que se asentara ninguna materia de las arrastradas. Eu cada 
esquina y centro de calle se dejó una tapa de fierro ( rejis- 
tro ) y generalizadas las cañerías de agua y desagüe para 
cada casa, quedó Lima en unas condiciones de comodidad, 
aseo, hermosura y salubridad, de que pocas capitales euro- 
peas podrán vanagloriarse. 

** Lu ciudad mirada de lejos ( continúa Qarcilaso ) es fea 
porque no tiene tejados de teja :*' ( lo mismo censuran I09 
viajeros posteriores ) " que como aquella región ( ni en mu- 
chas leguas, á una mano y á otra ) no llueve en la Costa, 
cubren las casas con esteras de aquella buena paja que allí 
hay. Echan sobre ellas dos ó tres dedos de barro pisada 
con la misma paja, que basta para sombra que les de- 
fienda del sol. Los edificios de fuera y dentro de las casas 
son buenos ; y cada dia se van ilustrando mas y mas. Está 
dos leguas pequeñas de la mar. Dicenme, que lo que se va 
poblando, de algunos años acá, es acercándose á la mar. 
Su témpleos caliente y húmedo, poco menos que el de An- 
dalucía por el estio ; y sino lo es tanto, es porque allá no 
son los dias tan largos, ni laa noches tan cortas, como acá 
por Julio y Agosto. T lo que el sol allá deja de calentar 
con salir mas tarde y ponerse mas temprano ; y lo que la 



noche refresca con ser mas temprana é irse mas tarde, 63 1<I 
qne tiene menoa Citlor qae el sitio de Andaluc'a. Pero como™ 
aquel calor es perpetuo, y siempre de uaa mañero, loa mo- 
radores de aquella ciudad se liabitúan &, él, y Be prerieaea 
de lüs remedioa necesHrioa contra el calor, así ea los apo- 
BentoB frescoa y veatidoa, y camas de verano, como en los 
reparos para qae las moscas y mosquitos, que hay mucho» 
en aquella costa, no los molesten de noche ni do dia. " 

Gieza de León, que vino al Perú por los años de 1535 y 
qne publicó su Grónica del Pm'á en 1555, se espresa &aí; 
( después de habUr como Garcilnso, " de las e*iera» embar^- 
radas qae los eepaEoles usaban en sus casas por todo tejado^ 
y que nosotros denominamos loria de b-irroj : 

"La ciudud está asentada de tal manera, que nunca el 
Bol toma al rio de través, sino que nace á la parte da la 
ciudad ; la cual eatS tan junto al rio, que desde la pía: 
buen bracero puedo dar con una pequeña piedra en él, 
por aquella parte no ae puede alargar la ciudad para qno li 
plaza pudiera quedar en comarca; antes de necesidad ha d* 

quedar á una parte En olla hay muy buenas casas, 

y algunas muy gidanaa con ana torrea y terrados, y la plaza 
es grande y las calles anchas, y por todas las ma& de las ca- 
sas pasan acequias, que no es poco contento Por 

encima de la ciudad, á la parte de oriente, está un mny^ 
grande y alto cerro donde está puesta una cruz. " ( £í CCTTftfl 
de SanGriítábalJ 

"Fuera de la ciudad, á unn parte y á otra, hay t 
estancias y heredamientos, " fchaci-asj "donde los espnSo- 
les tienen sus ganados y palomares, y muchas viSas y buer- 
tas muy frescas y deleitosas, lionas de frutas naturales de la 
tierra, y de higuerales, platanales, granados, cañas dulces, 
melones, naranjos, limas, cidras, toronjas y las legumbres 
qne ee han traido de España; tjdu t^m bueuo y gustoso. 



la 

aa 

sas, I 



■aue falta, antes digno poi 



1 bel le! 



Dios y SeSor naestro, que lo crié. " 






dar 



gra- 




LIS 



8!S 



b 

I 
I 



Por último, teraiina Cieza con este magnífico elogio, ( qne 
Wcoerdi el apostrofe de Pliiiio á Roma, Salve, magna pa- 
ren» frugiim, magna vmim, al cerrar su historia natural ): 

*' Y cierto, par» pasar la vida humana, cesando loa escán- 
dalos jr alborotos y no habiendo gnerra. verdaderamente es 
ttnft de loa '.bnenas tierras dol mundo, piiea vemos que en 
ella no hay hambre'ni pestilencia, ni llueve, ni caen myoa 
ni relámpagos, ni se oyen trnenos, antes siempre está el cie- 
lo sereno y mny hermoso. Otras particularidades de ella se 
pudieran decir; mas pareciéudome que basta lo dicho, pa- 
Baré adelante, concluyendo con que la pobló y fundó el 
adelantado don Francisco Pizarro, gobernador y cnpitan ge- 
neral en estos reinos, en nombre de su majestad el empe- 
rador don Carlos, nuestro señor, aHo de nuestra reparación 
de 1530 aRos. " 

El nombre corrupto de Lima le disputa la primacía al 
nombre oficial de Reijet ó log Rcijeg, desde los primeros dias 
de la fnndacion; pero el segundo ocurre poifiadameuto aun 
hoy, cuando se quiere hablar con énfasis. También las 
Memorias de loa Vireyes suelea venir fechadas con este 
último nombre. 

Lingüista— Por un instinto natural que nos lleva á pre- 
ferir la voz [atina como mas nuDstra, á la voz griega, como 
mas exótica, nos inclinamos siempre ádecir/i'tj^ui'KJu, y qui- 
sa también en España, en cosos eo que la propiedad exijiria 
JUátogo. Choca oír llamar lingüitta á un hombre que tal 
TM DO sabe una sola lengnn, solo porque desplega conoci- 
mientos generales y amenos subre varias lenguas, ó, diga- 
mos, porque exorna el estudio de ellas con las galas li- 
terarias. Quien tul hace no es mas que filólogo. Véase 
FlLOLOilÍA. 

Liso, sa — Terso. bruñido, llano, aligado en su acppcion pro- 
pia ; y entre nosotros, tal vez por una especie de metáfora, 
frtito, desfachado, dftcoeado, atrevido, detvergomado, etc. 



S14 



LOB 



La limeBa qne va por la calle y se vé sorprendida por an '. 
piropo á quema ropa, soltado con la mayor llaoeza y ires^ 
cara, hnce un dengue y exclama : — ¡ Qué hombre tan ligo / 
Este uaadíbimo adjetivo tiene superlativo, y ea muy cor- 
riente decir de algún fulano que e«íií lisísimo. 

Los chilenos al Hogar & Lima experimentan una agrada-, i 
ble sorpresa creyendo eueootrarae con su leso, que priva .1 
tanto por allá, como ligo por acá ; pronto sufren nn craal 
desengnüo, porque la lisura ea la gracia llevada hasta la 
desenvoltura, y la leeer-i es la total carencia de gracia. 

Liso, sin embargo, mft3 que peruanismo, pnrece térmltio 
de germanía, puesto que en esa jerga quiero decir desver—i 
gomado. El jetnita oapaHol Turres Rubio lo trae en sn Vo~ \ 
cabulario corao equivalente de la voz quichua eeullu, qae 
traduce poríisu, desvergonzado, lo que podría indicar que es 
también un provincialismo de España, ai ya no hubíérnmoB 
notado en U voz Leñ-ttero, que ¡os americanistas españoles 
adoptan luego nuestros provincialismos, sea por inadver- 
tencia, sea por comodidad. Eu el diccionario aymará del 
padre Bertonio hallamos c/iúcaro, pernaniamoó americanis- 
mo de los mas indígenas. 

Lis Dra— Frese ara, llaneza, desenvoltnra, desvergüenza, 
deaacuto, atentado, ¿qué sayo? Con este peruanismo ao- 
cede lo que con candido y fregar ; que aua acepciones son 
inagotables y que andan en boca de todos sin excepción. 

Lobo marino — 'Viciosamente llamamos asi j quizá ooQ i 
mas frecuencia bufeo, ála/ura. 

Ningún marino 
Lobo maulla ; 
El mar vecino 
Duerme sin bulla. 

Los MÉDANOS. 

Lo que el Diccionario describe bajo este nombre, no es 
por cierto la foca, sino una clase de pez, y provincial mente 



LOO 



316 



I 



i 



hemos tergiveraado el calificatiToeneatooomoen tantos otras 
casos. O es, pues, aua mala Hplicncion la de lobo marino, 6 
es ana p-ior i nterp rotación de becerro marino, qae es casti- 
zo, como que corresponde exactamente á la idea del gea-calf 
de los ingleses. En cuanto á lo de bv/eo, no cabemos de 
donde diablos salga. Y ein embargo, loa historiadores de 
I& conquista al tratar de la costa del Perii, hablan unánt- 
mementu de sus lobos m^irínos y de sus islas de Lobos ; y 
uno de ellos, Cieza de León, menciona hasta bus bufido» 
(de donde tal vez el nombre de bufeos ) que nosotros y to- 
dos por acá habríamos llamado aullidos. Tal es el efecto 
qne producen en discordante algarabía, si aolitario oami- 
aante, cuando en la oscuridad de la noche le toca pasar por 
algunos de los puatos del litoral en donde estos cetáceos se 
congregan á aullar en seco, ochados de vientre sobra laa 
peBas. Los dervises aullmlores del pueblo de Suez en Egip- 
to na donde pssninos ana noche ahora roacbos aSos, fueron 
el único concierto (¿?) que nos recordó á lo vivo estas esce- 
nas nocturnas del litoral poruano. Véase Memorias de un 
viajvro peruano. Cap. XXIX — Hé aquí el pasage de Ciesa 
de León ; " Lobos marinos hay tantos en algunas partes, 
qae es cosa de ver los bufidos qne dan cuando estáu muchos 
juntos. Véase Hvano. " 

Lobos — En la ciudad de Tacna dan esto curioso nombre 
£ las bocas ó aberturas con su tapa qne de trecho en trecho 
tienen las acequias urbanas Ó alcantarillas, y cuyo verdadero 
nombre es registros. ¿ Si querrán aludir á la proverbial y 
cavernosa lobreguez de la boca del lobo ? 

Loconolora— En el Diccionario no hallamos sino locomo^ 
tiva. Creemos que para que prevalezca entre nosotros U 
primera forma han podido militar razones de eufonia 6 de 
gusto por ser mas grata la terminación ea ora, 6 tal vez tma 
repugnancia instintiva al sabor galicano que parece ha- 
ber OD locomotiva. 



LOH 

Siiiplrsn sin moveise por U hora 

En quo do fiu letargo) lo« despierte 

El ^ilbode veloz locoinctora, 

Si no 68 locomotion, 

Y aonque tatnbien aquella 

De loaus y de mofas eo deriva. 

La Academia cruel inia labios Bella 

Poesías Peruanas. 



Lora — Et píkjarrflco bien conocido de todo el mando, oosfl 
qne ana vieja 6 viejo célibe hace Gua delicias, 6 coa qna 
cualquier menestral vulgar se acompaSa en la tienda, para 
qne por lo meno? el graznliío o cotorreo del animal entre-^ 
tengan su árida imaginación, se llama generalmente la lort 
sin averiguar si es hembra 6 macho. 

Ya hemos señalado en ks Obnei- Daciones generalai est 
propeneion nuestra á preferir el femenino como se vé en la 
aziicaTera por el azucarero, la melerit por el melero, l<t r«W- 
ma por el reuma : salvo cuando decimos un piil.yuero por una 
pulguera, aludiendo & uun gran cantidad de pulgas. Solo 
falta que de repente esclamemos !a mujer ct morlat por el 
hombrees mortal. 

El seHor Cuervo, qne observa lo mismo que nosotros ro»- 
pecto á lora , agrega qne según Glavigero, loro trae eu orí- 
gen del quichua. En el Diccionario de Marckham solo 
encontramos ahua j urttu, traducidos por loro, papagayo, 
y parrot eninglés. 

El urilti podria ser el torito, con qne nosotros desigoan^M 
a] perico 6 periquito, a¡ solo noa lleváramos del sonido ; pero 
lortlo no es mas que el natural diminutivo do loro, asi es 
qna qnedaraoa en la misma duda en cuanto á la procedeaoü 
quichua, porque ni de urttu ni de o/tua ha podido formaroa 
loro. 

Mas probable es qne venga de loro, lora, qne antes del 
¿eacubr i miento de América eran meros ftdjetÍToa eB[ 



LOB 817 

qne daaigDaban nn color oscuro, como Be vé por esta pasaje 
del Sumario de la natural historia de laa India» de Oriedoi 
qoo escribia en 1527: "La gente de esta isla (Santo Do- 
mingo ) ea de estatura algo menor qne la de España oo- 
mnomente, y de color loros claros." Y en el glosario que 
acompafia á la magnífica edición reciente de la Historia go~ 
fiéral se lee qne coa ese adjetivo designaban & ciertos íodkta 
de color amarillo. 

No dqa de ser cnrioso estos adjetiTOS, qne como tales 
llevan nna rida oscnra en el idioma espaDol, j qne pasan 
oomo snstantivos á hacer nn gran papel en el eepaflol de 
América. Así lo podemos obserrar en zambo, poncho, san- 
eudo, loro, y en giro, qne significando hsrmoso, galán, allá 
en el fondo del Diccionario, pasa & ser en América na giUlo 
giro, sustantivo de gran significación y vida entre nneetros 
galleros, qne & tres mil aSos y legnas de distancia de tiem- 
po y de lagar, reviven la famosa afición de los habitantes 
de Tanagra en la Beooia. 

Por gallo ^r a entendemos esclnsivamente el matizado de 
Tsrios colores predominando el amarillo. 

Todos loe adjetivos enumerados son en América sustan- 
tivos de gran valor y uso ; y por eso bemos dicho en otra 
parte qne se lee puede considerar como & los indiano* del 
idioma, y llaioúraelos hispanismos da América. 

En cuanto í que prefiramos lora á loro, podria pregnn- 
tarse por qué en buen espaHol se toma á la mona y no al 
■mono en las siguientes locuciones 6 ejemplos: "Aunque 
la mona se vista de seda, mona siempre se qneda. " " Eatax 
a la mona " ( borracho ) y no con el mono. Pintamonas 
rao pinlamonos. 

Bnlñ¿ nna mona á on nogal 

Y cogiendo on» nnea verde, ele 




316 



LUM 



¿ Por qoé subió una mona y no un mono ? 

Terreros en su Diccionario espaDol det siglo pasado deri- 
va ú. loro del vnscungadü loroa. 

LúCUIBa — La fruta del h'icumo, que es un árbol elevado j 
seSor, algo semejaute al Uurel, y nu bí es no es al peumo de 
los chilenos. Viene del quichua iinjma, qae es casi como se 
pronuncia aun en Arequipa eu donde respetan las proofr- 
dencias del qnicbua, eu la prirte £ór>Íca, mucho mas que 
noBOtrofi, por tener la lengua viva, nbí, á la mano, eu los su- 
burbios. Lúcuma mummoitn. Suponemos que el c«lificatLVO 
botánico venga del latino m'immij, por la forma npezonnda 
de la fruta. £u fraucéei jaune d'oeuf, que es como decir 
yema de huevo, color propio de la médula ó carne do 1» l¿?t- 
cnma. 

Esta fruta, que tiene la fornia de an corazón, es casi c 
tantos de un melocotón, y las hay niny vulumino^is. 8a* 
hollejo 6 película, es liso y pulido, y de color verde bronce, 
cuando no está madura, color que va amarilleando graJoftl- 
mente, conforme entra la fruta eu sason, bastí convertirse 
en un amnrillo pajizo. Viene descrita j con ea nombre qai- 
chuB en Garciloao. 

Lapnlpaesfarináceayseca, y no guarda analogía con nin- 
guna otra. El comerla empanturra de véraa. La pepita 6 
cuesco tiene lo apariencia da una caetníla, y recien estrnida 
conserva como un estracto intenso y agradable del olor de 
la misma fruta. 

Una Unantablo emU oo la prímoni edíóon de eito irtlculo fn í1 " Con«o 
del Perü " ea 1871, hiio ponar al mjiíbi dolor por olor. El aeflor dün FiJelía dal 
Solar CD ttu Rípairo4 al Díeeionario éi ChiUnimaoí, nüfnpríinieDdo >l pid d« U 
l«tn, pero MMpMhaudo la anata, teprefrunla J « no qoanl decir colorí 

Pooo penpicu no* ha ponddn el njlor Fidelii. 

LulDca — Tarma. Familiar por Dolores, y como an dimi- 
nutivo del familiar de lo-^ espadóles, Lnla. 

Lana — Modera importada do Chile, de mucho oso en la 
costa y cuyo rasgo distintivo es su gran dureza. Son onoa 



LUN 31á 

palos redondos como de cuatro pulgadas de diámetro, y dos 
6 ¿res ó mas varas de largo, como el mangle. 

Se emplean particularmente en los ranchos de los pueblos, 
ya como pies derechos de los corredores, ya como cuartones 
de los techos, sirviendo para sostener las esteras de carrizo 
con BU torta de barro, que componen los techos que no son 
de madera. 

Vista la procedencia, el nombre debe ser araucano. El 
padre Febres, Diccionario araucaoo : *^ Luma, una madera 
muy dura ; lumatun^ arar á brazos con una pala de luma/' 

Lunbé — ^Tarma. Juego campestre en que hombres y mu- 
jeres alternados se toman de la mano formando una lueda. 
Es muy parecido á la penitencia de los juegos de prendas 
llamada columna de amor ; pero mas bonito. 

LUDa de aumento — Ingenua, candorosa y primitivamente 
llamamos asi al vidrio cuyo legítimo nombre es lenfe^ por su 
8emejanz:i de formas, con la legumbre lenteja. Puede que la 
ingenuidad venga de España, y que también allí se llame asi, 
en lenguaje familiar, á la luna magnificante. Mas lo que es 
los Diccionarios no traen nuestro provinciallspjo. Con el 
mismo candor llamamos piedra de candela & la de chispa ó 
pedernal^ y Jlor del sol al girasoU tornasol y helíotropo en 
griego. 

Lnna — Quedarse d la luna de Paita^ no es mas que tra- 
ducción ó localizacion de la célebre locución española que- 
darse á la luna de Valencia. 

Lunch — ^Palabra inglesa que ha desterrado por completo y 
sin motivo la española de once. ¿Qué mas dice tomar ó ha- 
cer lunchj que tomar 6 hacer las once ? Nada, absoluta- 
mente nada. Pero cuando los pueblos y las lenguas llegan 
á su apogeo, todo en ellos es bueno y hay que aceptarlo ; y 
cuando están decaídos, ninguno de sus tesoros se aprecian. 
Con una gran parte del vocabulario español sucede hoy, en 
España mismo, lo que con los grandes terrenos de un fundo 

44 



820 LUB 

abandonado ; qae están eriazos, baldíos, valiendo menos por 
consiguiente, qne la potite ferme^ pauvre^ mais bien cuUivée^ 
de allende los Pirineos. 

¿ Por qué hace mns papel don Fulano que don Zutano ? 
¿ No es éste mejor mozo, mas bien criado, mejor nacido y 
de mas talento ? Paes coii todo eso doo Fulano es el don 
Preciso y el que Vemporte sobre todos los demás. 

¿ Por qué ? 

¡ Adivínenlo ustedes ! 

LliriD — Pequeño pueblo costanero, unas siete legras al 
Sur de Lima, de quien está separado, despnes de Chorrillos, 
por un pesado y muerto arenal llamado La tablada^ nombro 
formidable en los fastos malhechores. 

Lurin está contiguo á Pachacámac^ tan célebre en la his- 
toria de la conquista, y cuyas ruinas considerables subsisten 
todavia á un lado del pueblo actual, cuyo nombre viene del 
quichua Jmrin, que quiere decir bajoy como lo vemos en Hu^ 
rinchincha^ que equivale á Ohinchahaja^ hondonada. 

Etimolo^a es esta que recuerda la de Holanda^ hoU^w 
land^ etc. 

Lurinj que siglos hace. 

Según por los autores averiguo, 

Hundió á Pachacamác el pueblo antiguo. 

Ahora por castigo el mismo yace 

Sepultado en un hoyo. 

Báñalo un rio, un aparente arroyo, 

Que en insondable cauce 

Traidoramente rueda, 

Nutriendo con su humor larga alameda 

Donde domina el peruviano sauce. 

Poesías Peruanas. 

Este peligroso rio tiene un magnífico puente colgante» 
que contrasta con la miseria circunstante, dies, veinte^ 



LUB 321 

cien, getecientas legnas á la redonda. Obras de esta espe- 
cie, aunque naturales, no se ven en el Perú ni en el seno 
de la misma metrópoli, no obstante las seculares riquezas de 
la Nación. El maldiciente consuetudinario se siente conso- 
lado. ... ¡ Siquiera se ha hecho eso ! . . • • 

Pero es el caso que ese magnífico puente, como el magni- 
fico muelle de Pisco, no corresponden á la necesidad comu- 
nal; no; no estarían alli si un hacendado de la localidad, 
encaramado & la Presidencia de la República, no los hu- 
biera mandado hacer para su uso y el del pú- 
blico. 

En tiempos osearos de nuestra historia, en los dias del 
YireinatOy Lurin era el lugar de baños en los veraneos y con- 
valecencias; después lo fué La Magdalena, contigua á 
Lima, y finalmente Chorrillos que lleva el cetro hace treinta 
6 cincuenta a&os. Hoy oimos hablar de Lurin como .... 
de Nankin ú otro punto estraño y remoto. Esta ausencia 
de vínculos materiales y comunicaciones, de comercio activo 
entre nuestros pueblos, es lo que esplica el descuaderna- 
miento político del Perú. 

El magnífico puente y el magnífico muelle caminan á su 
mina, casi sin haber servido, como mueren muchos de nues- 
tros hombres, casi sin haber vivido. Construidos por 6 para 
doB señores, han desaparecido junto con ellos. 



LL 



Esta letra t 



bien fin quichua, por lo 



f liquidan 



I proaQncia i 
s indios y loa aerrimos 
qne es un gusto. 

No asi ol hijo da Lima, qucí como el andaluz, la confunde 
con la y griega ; ó ai se mete á pronunciarla sin habersa 
aoostumbrado ¿ hacerlo donde nifio, la deletrea y hace li, 
diciendo la Uace, el cabalio, por la llave, el caballo. 

La íi en boca de cualquier f/ioío del interior brilla y reluce 
como la blanca dentadura entre los labios de unne^^o, para 
eterno deiconsuelo de los blancos, qoe las mas de Ua veces 
ni tenemos esos dientes ni sabemos pronunciar esa V. 
De esta letra tnal pronunciada resulta li, como de la ñ, ni. 
Siendo pues la // una letra tan quichua, abundan los qui- 
chnismo» en ella ; aqui solo consignamos peruanismoe, ea 
decir proviacialismos de todo origen peculiares í los perua- 
nos, y no tenemos mucho que registrar bajo ella. 

La II, repetimos, es esonciaimente quichua ; y hé aquí 
por qué QOB causan una grande estrañeza las palabras de 
doa Fernando Paulsen en los Itepj,roe de Reparos que pu- 
blica en Chile en 1876, impugnaudo con demasiada vehe- 
«^aoncia é irreflexión ios Rej'urog al Diccionario de ChUenis- 

Sa que acababa de publicar don Fidelis P. del Solar nsando 
un tono Heno de moderación. 



324 

Non 



LLAU 



B sorpresa qae ¿ cn&lqatera qae haya oído habla 
qaicliaa GÍquiern dos minutos, producirán las Bignientea 
labras á todo el qaa sepa lo que es lengua castellana. Helas 
aquí: — " T aun cunndo 8e noa puiele que los hijos del Sol 
pronunciaban la II castellana, nosotros sostenemos qne las 
palabras quichuas que la tengan, dehcn escribirle, r\ formar 
parte de la favitUa castellana con y y no con II, porqae los 
chilenos, boliTinnos y peruanos que las hemos hecho caste- 
llanas, adoptándolas en nuestra lengua, jamás pronunciamos 
pailaco sino jiayaco." Este jamás es demasiado absoluto, 
porque liay mucha gente en la Améncft Meridional qne pro- 
nuncia muy bion ¡a U. Y aun cuando no la hubiera, no seria 
esa razan para que nada menos que en obras docentes se pi- 
diera la supresión de un sonido mas en el alfabeto castellano. 
Harta desgracia es ya que no suenen la z y\& c,{ por acá ) 
ni la V en ninguna parte hispana, para que todavía rolnnta- 
riamente matemos la //. ¿Qué diría Espaíla de semejante 
proposición? En cuanto á los hijos del Sol. no solo pronun- 
ciaban y pronunciau admirablemente la U castellana, sino 
qne podrían enseñar á pronunciarla á la raza mejor hablada. 
Y aun por medios indirectos y desde iniiy lejos de aquí lle- 
garía un sagaz filólogo, si lo quisiera, á descubrirlo, con solo 
hacerse este raciocinio. ¿Por qué un peruano de la sierra, 
aun cuando sea hijo de padres andaluces, pronuncia admi- 
rablemente la //, y por que un peruano de la costa aun cuan- 
do sea hijo de castellanos la pronuncia como y, salvo 
escepciones ? Porque en el primero obrarán directa ó iodi- 
rectamonte influencias de la lengua autóctona, Y asi os en 
realidad. En quichua no habia i y !a /i hacia dos oficios con 
nn solo sonido. ¿ Qué niño de Arequipa, aun sin saber una 
palabra de quichua, no dice con fuerza la lloglla, al aludir á 
los aluviones que con frecuencia visitan la ciudad ? 

Mi padre, que era areqnipeño, pronunciaba como agrta el 
tngniente silabeo con que nos ejercitaba en la pronuociscioa 
dela/í: lia, llt, lli, Ito.llu; lloglla lluchvy. 



LLAM 



335 



Digamos para conclnir, qua la 11, bien mojaiJa, es Ift gloria, 
el alma y el espirita del quichua, y qne ella y el diptongo aij 
oonstitayen toda esta lengua, fonéticamente hablando. / Ai/ 
ñusl'iUay .' j Ay mamallay ! (Ollanta.J 

La II en boca serrana deleita tanto como la e y la c en bo- 
ca castellana. 

Llana — Femenino. Cuadrúpedo lanígero peculiar de loa 
Andes, qae preocupando grandemente á loa primeros con- 
quistadores, como era uatund, los hace divagar y tontear 
macho, autes de dar con su verdadero nombre y filiación. 
Ya lo U'^man oveja, ya camero, agreg'-vndo da la tú'rrn para 
distinguirlo del verdadero. Oigamo.'' á loa histuriudorea pri- 
mitivos da Indias ; — GoinBra, Hietoria ifeiieral de ¡ti» ludia»: 
"Tierra abandaate de ovejar, que son algo acamelladag de 
Is cruz adolante, aunque mas parL'ceu ciercoa. Llevan tres y 
cuatro arrobiiB de carga, y aun sufren hombres encima, mas 
andan muy despacio, coia contra la impaciente cólera de loa 
españolea : cansadas, vuelvea la cabeza al caballero, y échau- 
le una hedionda agua. " Todo esto ea verdad hasta h'>ij ; y 
lo de acamellada muy feliz, porque si hay rumiauta del 
viejo mundo con quieu pueda ser comparada lu llama, es el 
camello. Agustín de Zarate : " Porque entre otras pi'o- 
piedades que tienen eatas ovj^is dol Perú es una de llevar 
doB y tras arrobas de carga, como camellos con quien tienen 
mucha semejanza en el talle, sino los falta la gib^k de loa ca- 
meUoa. n Garcilaso las llama por su propio nombre, sin 
dejar de convenir en que llama sigQÍfica animal ó ganado 
generalmente bablaado ; j se maravilla do la confumou que 
haciau sua coetáueoj. "Con todo esto, dice, les llaman loa 
espaBoles, camero» y ovejas, habiendo tanta diferencia del 
nn ganado al otro, como la que hemos dicho. " Lt upacibi- 
lidad de eate dócil é interesante animal hacia juego con la 
del carácter de los primitivo? peruanos, como lo observa el 
psdre Valera. Su debilidad como bestia de carya ( trea ó 
cuatro arrobas ) y de camino ( tres ó cuatro leguas por dia } 



estsbK compeosada cod el inlinito núoiBro qoa de elUi 
bia en los priinerofi días da 1a conqaiata; y este era otro 
punto de relación coa lo3 habibantes, qne solo en faersa 
del BÚmero obraban maravillaa de arte careciendo de todos 
los elementos y requisitos, como los antigaos egipcios. 

Cieza de León reconoce la novedad y ntilidad de la llama 
en estoa términos : " Paréceme que de niugana parte del 
mnado se ha oido ni entendido que se hubiesen hallado la 

manera de ovejas como son las de estas indias que 

Dios crió en estas partes para que las gentes padieran vivir 
y sustentarse. Porque por via ninguna estos indiod, digo los 
serranos del Perú, pudieran pasar la vida si no tuvieran de 

este gateado Llaman los naturales á las ovejas ¡lamag 

y á los carneros urcas. " ( Urco en quichua es et macho de 
los animales: nosotros no hacemos la distinción, y con el 
femenino llama designamos macho y hembra. ) " Unos aon 
blancos, otros negros, otros pardos. Su talle es, que hay 
algunos carneros y oveJHS tan grandes como peqaeQos aa- 
nillos, crecidos de piernas y anchos de barriga ; tira en pefr- 
cnezo y talle á camotlo. las cabezas &ou largáis, parecen & 
la de las ovejas de EspaBa. Ea ganado muy doméstico y 
que no da ruido. " 

Los otros miembros de esta familia denominadas huanatsa, 
vicuña y ¡>ac¡i, se diferencian en ser montaraces los dos pri- 
meros, y mas peque&o que la llama y doméstico como ella, 
aunque muy lanudo y feo, el segundo. Alpaca en qnichna 
os lo mismo que paco ; y en aymará " carnero qne por otro 
nombre llaman jxico. " 

Los franceses dicen le lama, y no faltará eepaSol qoe lo 
haga masculino, cosa chocante para nosotros. ( Véaas £a 
Venganza de A la htuilpa de dou Juan Valora. Jorn./, Ese. 11.^ 
Los españolea dicen el llama ¡"le lamáj y cjouíehou, eares 
de la llama y caucho, porqne desgraciadamente están mas 
cerca de los franceses que de nosotros ; y toman do segondft 
mano lo que deberian tener de primera. 



LLOQ 827 

En la región donde pura 
Y eterna la nieve dará» 
Do el icho ( césped 6 grama ) 
Natre á la apacible llaman 
Señorita de la altara. 

Pocas sas frases son, pero oportanas ; 

Y sa rostro descaella con el brío 

Y con el no aprendido sefiorio 
De la ágil señorita de las puna$ ; 
Lo qne quiere decir qae la tal dama 
Se parece á ana llama. 

Poesías Peruanas. 

Llama es enteramente quichaa, y significa en esa lengna, 
beéHa^ fiera^ animal. 

Uaniine— Sandalia que asan los negros campesinos de 
Cañete» hecha de nn pedazo de pellejo de buey sin cnrtir, 
recortado como plantilla de zapatero y atado al pié por tres 
correas del mismo caero, una de las caales pasa por entíre 
loB dedos. Es la última y mas simple espresion de una 
Eandália. 

Del chinchaisnyo llanque. 

Lltglla— La gran voz de los areqnipefios, digo, porqae 
tmnqae la palabra es enteramente quichua, priva tanto en el 
leng^je español de la ciudad, y sus habitantes pron andan 
oon tales ganas sus dos elles^ que acaban por darle fuerza 
imitativa é imprimirle un sello especial. 

Significa simplemente avenida^ golpe de agua^ más 6 me- 
nos lo que el ihuanco de la costa. 

Ll^fne — Palo durísimo de la montaña del Perú y lleno de 
nndos. Ahora cosa de treinta años no era conocido en Lima 
mas que por los palos de los aguadores, que eran de lloque 
y que le prestaban grandísimo socorro en su oficio, aun para 



338 



LLOR 



las grandes caccñag, nombre qne daremos & las matanzas i» 
perros vagabuodoa qae ol gremio de agoadoros emprendía, 
de cuando en cuando por mandato municipat. Hoy sebaosi 
esto á lo Borgifl, coa bocados de estricnina. 

Las aberraciones de la moda j la especialidad de un caási 
ebanista Ducional han traido en nuastros días á la madera 
del Hoque á ser de uso rigoroso para los mas elegantes bas- 
tones; y DO hay datiity completo si no va armado de tin pié 
del catre de su bisabuelo ó sea de un trozo de los antiguos 
garrotes aguadoroscos ; pero, eso sí, admirablemente pali~ 
mentado, barniaado y acabado. 

La maestría con que se labran estos y otros bastonea de 
nuestras maderas de la Montaña es tanta, qne se hocen en 
gran cantidad por pedidos para el estrangero. Quichua llo- 
che. Pineda ineana — ( Hüiz Y Pavon. ) 

LloramucrlO — Los negros de Cañete dan este nombre & 
un ave vespertina, especie de cerníado ó mochuelo qno 
vé revolar fatídicamente por entre los paredones derruidos 
de las huacas solitarias, hiriendo el aire con su lúgubre 
grito. 

Tú, Uoramuerto cobarde. 

Que en los parajes desiertos 

Haces al sol de ha muertos 

Tu aparición en la tarde. 

Possus Pebdakas. 

Véase Hüaca. Por lo menos debería decirse llora miíer- 
to» ; pero ya se ha visto nuestra práctica constante de no 
aceptar la terminación plural en palabras que llüvau el a 
tículo singular el 6 u». 



os 

I 



M 



í — Apodo familiar que se suele dar á los negros. 
Hacbacar — Remojar uu barbeclio en las haciendas. En 
buen castellano parece que el yerbo propio es correntiar. 

Háchica — Cancha molida con azúcar, de lo que resulta 
nna harina dulce que se come á puñados, dejando los hoci- 
cos como los del caballo después de un pienso de afrecho. 
Viene del chinchaysuyo máchca que quiere decir harina de 
maiz ; en quichua h^icUf en Méjico, pínole^ en Tacna, pito : 
sin duda la espresion les viene de Bolivia, en cuyo caso ha 
de ser armará. 

Hadrloa — Eu el Diccionario, después de las principales 
acepciones, ** la correa ó cuerda que une dos muías 6 caba- 
llos para que vayan iguales. " Entre nosotros en términos 
de arriería, la mida madrina 6 simplemente madrina es la 
que va guiando la recua á la cabeza de ella, llevando al cue« 
Ho una sarta de cencerros hechos de cobre abollado 6 macha- 
cado y con un badajo de hueso. 

Los esquilones 
De las madrinoit 
Sus argentinas 
Bepeticiones, 



INO 

Qae no pronanci&n 
Vocea humanas, 
Pero que anuncian 
RécnsB cercanas : 



Bocas de cobre, 
Len^ans de haeso, 
De qué embeleso 
So¡9 para et pobre ! 

L03 MÉDAKOS.* 

En espaüc^ se da el nombre de eabettro á algo parecido : 
al huej manso qno con nn cencerro al cuello ra delante Ao 
loa toros y vacas y tes sirve de guia. 

" Eran los cencerros de los cabestro», que requeridos p 
el ganadero, venían á recoger al toro.?] f. OabcUlar 
*' Clemencia. " 

Madrugadora— Véase Cuculí. 

Maeslraiiza — Yerba 6 flor de la maestranza, mata silves- 
tre, que arrinconada tras de una tapia 6 en el lugar 6 rincoa 
mas inculto, embalsama el aire con su olor agreste en los 
alrededores de Lima j otros puntos de la costa. Lantana _ 



lias bojas son velludas y ásperas al tacto; la floree (¿ ñ 
Üendo gradual mente ) de tres colores, amarillo azafranado, 
rojo como almagre y blanco. El olor se halla difundido por 
hoJHs, flores y semillas, y recuerda á la yerba buena, godioIk 
semilla á los granos de pimienta. 

IjOS jardineros europeos exhiben desde hace algún tiempo 
Qoa viaettranza de ñores enteramente blancas que no s£ 
de adonde habrán sacado. En Chile donde la maestrsnxa 
no es conocida sioo artificialmente, á lo que creo, la deñg^ 
nan oon el nombre botánico de lantaua. 

Uaettratua no es sino una corrupción del mastranto qaiiú 



ciao: 

te de I 

spor I 

Ives^^^ 

4 



MAL 331 

tanlo figura en las mas elegantes poesías e^paSolas del siglo 
de oro. Mas lo que el dicoionarío describe con el nombro 
de mastramo, no ''ütí iniiy acorde con nuestra maeslrama, 
paes habla de " Surea eznles '? y la califica de mentha ro- 
tundi folia. 

Muit — Zen maíz. Tan conocida es esta planta en el Perú, 
en la América y en el orbe, que no me atrevo á describirla. 
Lb hamanidad agradecida 6. sus beneficios comienza á per- 
mitirle la entrada aun en las entalladuras de madera ó bode~ 
gonet, délos comedores, donde figura entre otros productos 
BÍmbélicos; y llegará dio en que será conocida de todo el 
mnndo li&sta por las laborea de la escultura. El rasgo poé- 
tico de D. Andrés BeUo, es felis : 

"Jefe altanero 
De la espigada tribu. " 

Países el nombre americano; loa antiguos peruanos de- 
ctan zara ó tara, palabra qne boy solo oímos en composi- 
ción, como Sarapampa ( topografía ) chidiaiara, &. 

* Blaladressc — A aquellos de. nuestros lectores versados en 
ol francés, que no ¡¡tría los menos, y qne se desesperan de 
oo bailar tradnccion á maladresse y tantos otros vocablos 
gttUcftQOB, qne las mas de las veces solo son espresivos por 
él exceso de euuso, les recom onde remos nn equivalente cus- 
tetlaoo: desmaña, que hasta etimológicamente vierte bioa 
á nuestro idioma todo el sentido de lualadregse, lo míamo 
qne dermañado el de maladroit. Aunqne un tanto anticna- 
doei vocablo, tod avia se abre paso entre los escritores penin- 
Bnlares de hoy, y Fernán Caballero lo nsa incesantemente. 
" La Gavióla: r> " El moscón, con sn indefectíblo detmaña, 
le dijo que de cuantas cantoras habia oído, solo la Gaí lo 
hacia mejor qne ella. " Esto, dicho en sus barbas á ana 
Diva constituye ona verdadera maladresse y falla de maña 
6 desmaña. 



" Olemeiieia: 7) "Apareció el fámulo . kb cuadró t 

su posición ; pero tan cerca en estremo de en BeQora, <; 
estn que se había propuesto dispeoBarle tod&a aas di 
é irle ensefiniido k 

" Pablo habí» perdido mucho de lo atado y déla 
de sus moneraa. » 

Malo — Dice aqo! mucho mas que en EspaBn, donde Bol^j 
eignitíca no egtar bueno. Aquí estar mulo es hallarse & la|' 
puertas del sepulcro. 

SlallODf Da — Y maa frecuentemente en diminutivo wiaf- 
toneito, sin duda por la instintiva siiripatía que inspira la 
edad gracilis de los mallonet, que es la adolescencia ea sua 
primeros años. Esta palabra, que parece quichua, equivale 
exactamente en femenino & lo que los escritores de Madrid 
llaman cun bastante gracia faUuiUto, y también poí/a. 

Quichua malltit, animal tierno, meiíiano de eJiíd ( Tschii- 
di ) mallia! turna, camero me'Uano ( Torrea Unbio. ) 

Slallraido — Desaliñado on su truje, negligente. El vo- 
cablo está bien formado ; con todo, matlrner lo tiene esta 
acepciou en el Uiccionario. Quizá hayamos hecho una con- 
fusión con maltrapillo, que significa andrajoso, pobreta. 

Mamarse ( a ¿LaCNO ) — Manuirge áalguno, familiarmente 
liab!audo, ea comérselo, también provincial, lo mismo que 
¡juindarso i alguno, con cuyos tres verbos aignificiimoa que 
ee le ha quitado la vida á alguien. Mamar en castellano 
equivale tatubien á comer, pero ninguno de loa dos verbos 
Ee emplea nunca, que sepamos, reflexiva y figuradameal 
por matar. En eapaüol se dice dcupacJiar 6, alguno. 

Véase Guindar. 

Haagas d« camisa— ( Es ) ,- Por qné el settor Cnei 

corrige con en cuerpo de camisa ? ¿Y por qué hace otro 

|>tuito el Eeflor Bcdríguez, siguiendo, como le suele euceder, 

a demasiada ceguedad ka huellas del filólogo bogotano, 
I BÍa duda por los lujosos coaocimientoa qaa esta 



boa 



MAN 833 

desplega ? El ilustrado provincialógrafo chileno agrega de 
su propia cosecha, 6 mas bien adace una escepcion que halla- 
mos oscura ; dice : ^' en cuerpo de camisa es como traen los 
diccionarios, esto es, andando sin chaleco ; que ai $e habla 
de quien lo lleva^ está bien en mangas de camisa* " Este 
curioso distingo es lo que no entiendo. 

Los diccionaristas no pueden ponerse en los infinitos 
casos que la misma lengua permite. No hallamos en ellos, 
verbigracia, en un dos por tres^ sino á dos por tres ; y Bre- 
tón de los Herreros, secretario perpetuo que fué de la misma 
Academia, autora del diccionario, usará aquella frase con 
toda donosura cuando se ofrezca, j el mismo académico que 
redactó el articulo DOS, la aprobaría. 

Yo tengo idea de haber hallado el en mangas de camisa en 
escritores hispanos mas de una vez; j por lo pronto alia vá 
ese ejemplo de don Juan Yalera, uno de los escritores, eru- 
ditos, y hablistas de mas nota que hoyj^tiene Espa&a. Lo 
tomamos de Pepita Jiménez^ y en él hay mangas de camisa^ 
j hasta sin chaleco, para mayor confusión del estimable se- 
fior Bodriguez. Helo aquí : *' Don Luisj'y el Conde se 
quitaron levitas y chalecos, qneiMon^enlma/ngas de camisa y 
tomaron las armas. " 

La curiDsa distinción del señor Rodríguez, no pocas del 
provincialógrafo bogotano, y las que algún crítico descubra 
mas tarde en el propio Diccionario de peruanismos, no hacen 
mas que reforzar lo que ya hemos insinuado en la parte pre- 
liminar de este ensayo : que no pudiendo^aerlo los parístas 
de América sino de una manera artificial^ ajena á toda rea- 
lidad, tenemos que desvariar & lo mejor. 

Mango — Mangífera índica* Árbol y fruta pecaliares & la 
cofita norte del Perú, como mas cálida por su mayor proxi- 
midad á la equinoxial. El árbol es muy lindo, sin ser muy 
grande, y la fruta de una fragancia casi empalagosa y de un 
lindo color de oro. Tiene forma de ooraaon, un hollejo fino 
que se desprende con facilidad, y acto continuo hay que 



3S4 



MAN 



proceder á chupar y & mamar, único medio de comerla, '. 
que la hace fastidiosa á louchii goiite é inútil para servirla 
ea aaa mean priucipal, á no ^er como vieta y adorno. A 
poco que se le lia chapado Lqjulpn, queda reducida la frata 
¿ un enorme hueao 6 cuesco cli i';o cubierto por un Inrgo fi- 
lamouto amarillo, como un c.'t¡j.i!lo de seda grande. Es 
además tan jugosa, que ae hace difícil comerla (chuparla 
sin quedar en un estado deplorable, chorreando caldo has 
los codos. Tampoco es fruta sana. 

Cuando conforme á bu elevado rango 
Baja el sol círcnndndo de esplendor, 
Y el horizonte eat:i color do mango, 
Que ea de eetüs cielos habitual color. 

Poesías Pbrdasab. 

Dice el señor Raimondi en bu Botánica que es un árbí 

originario de Asia y cultivado eu toda la zona tropical del 
antiguo y nuevo continente. 

Olauf — Arachig hypogea, yon francés j»f'síai7íe(i« terre, Ea 
como una almendra subterránea. Se come tostado y es mny 
rico. Ei nombre procede de las Antillas; en quichua incld : 
con ambos nombres lo trae Garcilaso. Eu alemán, almendra 
de tierra, erdmandel. 

Mailleca — En EspaBa se cocina 6 guita, con aceita, entr« 
nosotros con manteca : qui^á no haya mas razón que la di- 
ficultad, que lo que debió tardarse en loe primeros años de 
la conquista, en traer los oüvob, en lograrlos, en propagar- 
los, en obtener el aceite, en darlo barato, etc. Al paso que 
el seHor don Cebón ae ostentó lucio, donoso y mantecoso 
desde los primeros dias; y si nó, que lo diga Acosta, his- 
toriador de aquel tiempo : " Los cebones de maiz son niny 
gordos y sirven para m.anteca en lugar de aceite. " 

La ocabion era tentadora ; después, se habrá hecho < 
tambre . 



Garctlaso, Com. R. L 327. **W afio do 1560 valia nti 
bnen eehon en el Cozco diez pesos ; y valioran menos, sí no 

faera por la manteca quo la estiman y también por-* 

que los esp*iñoles, á falta de aceite, por no poderlo sacar» 
gtitsan de comer con ella los Viernes, y la cuaresma. *' 

Hantequiila — La manttfca do los españoles. Aanqae la 
sociedad y pueblo de estas comarcas son los qao llevan la 
ipQor parte en nuestra crítica, á veces tenemos quo darles la 
razón y que impugnar á los peninsulares. ¿ Cómo no ha de 
ser mas exacto y delicado llamar mantequilla á *' la sustan- 
cia crasa y oleosa de la leche, n y manteca á " la gordura de 
los animales, e^^pccialmente la del lechen? jy El mismo Dic- 
cionario no con coa e á manteca el sentido que le dan los es- 
pañoles sino en segundo término; y deja el primero para el 
único quo entre nosotros tiene manteca^ que 03 el de gor- 
dura ó grosura de animal ó de cochino. 

¿ Quién dice aquí lechon ? todo es cochino ! 

Mantequillera — La vasija en que se sirve la mantequilla. 

Haüoso — Entre las acepciones lexigráficas de maña, vie- 
ne la de resabio ; pero al calificar de mañoso á un caballo 6 
cabalgadura cualquiera, como tan general es en América, in- 
currimos en provincialismo según aparece de Salva. Estraño 
es; porque siendo ma«7, resabio, un cab.illo con resabios 6 
mañas, viene á ser mañoso. Pero qué hemos de hacer ! Ya 
en busquillo vimos que á veces la etimología y el derivado 
natural conducen al bprbarismo. El que lleva en la mano un 
pequeño y corto garrote, ¿ qué lleva? Un garrotillo ? In- 
f^iz de él ! No le arrendaríamos la ganancia si asi fuera ! 

Renunciemos pues á nuestros potros y machos mañosos y 

digamos, no precisamente resabiosos, que también aquí la 

etimología parece resbalarse por otro lado ; sino resabiad/^. 

*'Un pendenciero, al que le vendría la casaca de molde, como 

el freno al potro resabiado. " Esto dice Fernán Cab'illero en 

El dolor es una agonía sin muerte. Aunque no sabemos 

45 



8S6 



MAS 



hasta qué puato sea autoridad im escritor provincial, 
liQado é iDCorrccto, y por lo demás divino, al fin ea nn ea- 
critor de Eaparui. y como ya lo hemos dicho tantas vecea, 
las miras do este Dlccionnrio son mucho mas Ititas de lo qus 
pudiera creerse : españoliza, nv castellaniza. Trueba, 6. qnien 
otras vecea citamos, es mas literato y mas correcto que Fer- 
nán, ain que tampoco !e falten sus copiosoa províncíalia- 
mes bajo la infineucia da su nativo vascuenco. Sí se fuera 
& hacer una liiíta de las voces empleadas por estos dos ilna- 
trea escritores, que lio eatán eu ningiin Diccionario y qae 
casi huelen á bárbaras, nuestros meticuloaos que se al 
en si han de escribir Au&tera 6 hubiese, no obstante 6 sin 
Largo, se quediirian despatarrados. 

Vaya abura nn ejemplo do reeabiada, limeño, 6 por lo 
menos tomado dal periódico publicado en Lima "El Tri- 
buno " en 1S38, en que todavía estábamos cerca do la fuente 
viva de nuestra idioma. Ea el número 42, ea uuos versos 
pareados ee lea 




" Cariños de una resabiada 



vieja. 



Maraca — Juego de envite muy popular. 

Margara —Familiar por Margarita, nomhre da mujer. 
Loa postas españoles deben noiís savoir gré do esto úoioo 
consonante para ¡;ítr(/íira. 

Maroma — La maroma 6 las pruebas: entre los r 
gente del bajo pueblo se llama asi á la función nocturna cíe 
maromei'os ó funámbulos. Maroma como equivalente de 
cuerda 6 soga, aunque tan castizo, no lo usa nadie. 

Dlaromero — El quo voltea en la maroma 6 sea el vo/olj^il 
da los espufloles; funámbulo, etc. 

Masa aguada — ITucer la waKa aguada es hacer una jagí 
reta, jugar uuamala pasada, ou francés joiiwtnt tour. 



4 

er. 

ioo ^1 



MAS 337 

— ¿ Pero una miiger honrada ? 
— Qué honradez ni qae enemigo ! 
Si no hacemos lo que digo. 
Nos hará la masa aguad<i. r> 

Segura. 

Hasiadft — Hacer la mastada^ frase parecida á la anterior, 
aanque no significa lo mismo, ni me esplico su origen. 

Hacer la masiada es preparnr las cosas con astucia y vi- 
veza, como es necesario el disimulo para hacer la deshecJia. 
Masiada es voz de tahúres. 

Mastuerzo — Trojpelum majus. Magnífica flor, de jardín 
y silvestre, que cuanto mas agrestes se presentan los bordes 
de algunas de las acequias que riegan nuestros campos, mas 
pomposo es el tapiz de mastuerzos que los cubre. A esta 
lindísima flor no le faltaría mas que hacerse menos común 
para ser mas estimada, como dice Buffon del jilguero. Su 
hoja es la única que sobreponiéndose al infernal polvo qne 
cabré á todas las demás plantas de Lima, ostenta siempre 
verde y limpio el redondo broquel de sus erguidos tallos. 

¿ Por flores escogidas nos obsequia 
Tu mano los mastuerzos 
Qne nacen sin esfuerzos 
Orillas de la acequia? 

BiMAS DBL RlMAC. 

Su verdadero nombre es capuchina. El viajero Lafond 
(1821 ) describiendo prolijamente el entonces bellísimo ca- 
fiitno del OallaOj obra del virey 0*Higgins, observa el efecto 
qoe producen los mastuerzos y dice : *' Une donble rangée 
de sanios ar roses par un ruisseau limpide en dessme les 
oontonrs ; la ierre esfc tapissée de capucines aux vives coa- 
lears. ^ 



338 MAT 

Las campanillas de color jacinto 
Con su dorada taz las capuchinas ^ 
Todo contribaia en golpe má^fioo 
Al embelosamiento do mi vista. 

Poesías Peruanas. 

Matancero ^Eq la isla de Cuba es el nataral de Matanxas; 
entre nosotros, es el individuo que tiene por oficio matar ro- 
ses en ó para el camal ( matadero. ) 

Hataperro — El gamin de París y el pWuelo 6 granuja de 
España. Lo natural seria decir un m'itiperroi como se dice 
un pelagifos ; pero el uso nuestro no lo quiere. Por osten- 
sión se llama mata perro al arrastrado, al cochambroao* al 
mal traído y á todo ente despreciable ; y también al badula- 
que, al haragán. 

Matapenaday es la acción propia de un mataperro. 

En la primera acepción ó sea en la de pilluelo 6 gamín^ 
los yankees dicen árabe callejerOy seguu vemos por estas pa- 
labras del Diccionario do Bartlett : " Street Arabs is á term 
applied to ragamnfEin boys, or what are in Franca called 
gamins. ;? 

JHate — Un poto es una calabaza redonda y acbatada háoia 
los polos, como la tierra. Los hay desde el tamaño de una 
pequeña naranja hastjt el de un melón redondo. Abiertos 
por la boca en cuadro, sirven de taza 6 vaso para beber agua, 
y también para poner dulce de fréjoles colados, y ají en 
polvo, que es la célebre pimienta de Chincha, aunque no 
llevo este nombre. Cerrados y aforrados en brin, hacen 
veces de salvavidas atados al rededor de la cintara, y se em- 
plean con el nombre de maltes en los baños de mar. Igual 
uso tienen en Europa. Finalmente, divididos por el cen- 
tro con una sierra, suministran an par de platos soperos 
conocidos por todos los pobres labriegos coa el nombre do 
mates. 



MAY 339 

Oblongos 7 en la figura legítima de la calabaza, constitu- 
yen los porongos^ que son ni mas ni menos unas botellas en 
que se carga agua, aguardiente y miel. £1 tapón ó corcho 
de estas botellas rústicas es un trozo de coronta de maiz, ó 
un pequeño lio de totora. Con un clavo caliente se adornan 
de dibujos estos porongos cuando su dueño es persona cu^ 
rio$a. En tales casos la vasija peruana recuerda remota- 
mente el vaso etniseo. 

Porongos.» mates y potos se encuentran en abundancia en 
iodos los ranchos de los pobres chacareros^ y constituyen ¡ la 
vajilla del pobre ! 

Son voces quichuas, por lo menos mate y porongo^ y cor- 
ren tanto en la costa como en la sierra, lo mismo que los 
objetos que designan ; debiendo advertirse que el porongo 
de la sierra, es un vaso ó cántaro de barro y no un calabazo. 
*' José puso al lado de Mustafá un enorme mate lleno de 
<>hape ; pero ni comió ni calló. Cada vez aullaba mas tris- 
temente, n 

*' Algunos porongos de chicha estaban con las cabezas en 
et suelo, demostrando con esta humilde posición que nada 
oontenian. n L. Grana. 8é bueno y serás feliz. 

HatorrangO — El que no es buen ginete. 

Mftyord^flM— No pudiendo conseguir la democracia nues- 
tra la sapresion de los cHadus y sirvientes domésticos, como 
lo habría deseado en su idólatra culto por el Buey Apisy 
•doptó el temperamento de enaltecerlos con un título menos 
depresivo de la dignidad humana, (?) y los llamó mayot'* 
domos I 

Bsie es el nombre con que hoy hacen que sirven, mien- 
tras están con la cabeza dada á pájaros, los fámulos que se 
Bamtn vutyordomos. Cuando son dos, se denominan primer 
j segundo mayordomo, aunque este último no venga á ser 
aíao na lavaplatos. 

Ikm estrangeros recien llegados se miran con estrañeza 
al liaUaraa ante un faraute elevado á la mayordomía por 



340 



MED 



enenlmo áo una democracia íauninturgo. El ecnatoriai 
autor de las Gorreeeionee rfi? Lmtjuije, seflor Riofrio, se díj 
absorto : " la palabra ba descendido. " 

No, eeHor; aou ellos los que se kan ancendido. 

Medidor — La cnju que, en uq rincón cunlqoiera de la cnss. 
tiene el secreto de lo que cad>i nucbe gastamos en el alum- 
brado de gns. Dentro de ella hay ua reloj baatoy grosero 
6 simple esfera que siempre adelanta, y que ea cuosultado 
periódicH mente por ua empicado de la emprea», que, solo, 
está en el secreto ; aunque para descargo de su coucieucia 
en cada visita que nos bace, nos deja su tarjeta pergonalf 
" Estado del Medidor, " que es Doa bulet» en que acaba de 
consignar las declaraciones del feraz instrumento. 

En Snntingo de Cbile no solo bay medúior para el gas, 
sino también para el agua. Pero los ingeuiosos sanliagoi- 
nOB han conseguido adormecer al impertinente cancerbero ; 
y tienen corriendo todo el dia, á débil cbornto y sobre un 
recipiente, la llave que abastece do agua. La corriente qae 
Beestablece es tan íloja, que la delatora manecilla, sin hacer 
una revolución, permanece inmóvil en la esfera, tiesa y es- 
tirada contó un pejerey muerto. L'is pocas veces en que la 
llave se abre de golpe por un instante, bastan para dar qo 
cierto movimiento y verosimilitud á las oporaciones de la 
máquioa. Este es el catligo do la mUena : su protagonÍEta 
en la pieza de este título, inventó en su avaricia aguar el 
agua: los empresarios de Santiago inventaron en su codi- 
cia medir el agua : vino «I consumidor y los burló diciendo- 
les materialmente con el medidor que viide* teráa medido, j 

El medidor del gat, si no andamos errados, se llama f 
EspaBa contador. 

Sledio — Es muy común confundir en el plural £ i 
adjetivo, con medio, adverbio, diciendo por ejemplo ; mé^ 
tontos son él y ella ¡ la madre y la hija son media» tr&bl 
josas. Pura no incurrir en falta tan fea, no hay nece- 
sidad ni de saber distinguir un adverbio da nn adjetivo. £1 



MEM 341 

qne se vea perplejo en la aplicación plural de medio no tiene 
mas que preguntarse : ¿ 8on cosas que pueden partirse por 
la mitad 6 medio á medio, dividirse, etc? Pues entonces el 
medio concuerda con el nombro sustantivo en número, y di- 
remos medios boletos, msdios pasajes, medios temos ó mé^ 
días medias como se decia por las calcetas, etc. ¿ Son cosas 
que no lo son sino á medias 6 mediamente ( pásese el bar- 
barismo? ) pues no hay plural. " Los dos estaban media-- 
mente, á msdias perplejos'*, y por lo tanto solo estaban medio 
perplejos. 

Argumentando para si de esta manera mecánica, podrá 
cualquiera atinar siempre en el presente caso aun sin haber 
estudiado gramática. 

Tan exagerado es en los escritores peninsulares el res- 
peto por la construcción del adverbio medio, qne encontra- 
mos en Trueba, El Oaban y la. chaqueta. Cap. XII, esta 
frase: *' Manolo se acercó y saludó á Martin y Miguel jus- 
tificando con la medio finura de este saludo, que en efecto 
habia sido medio caballero.'* 

Hé aqui un caso en que aun nosotros habriamos dicho la 
miedia finura. ¿ Por qué ? Porque si Manolo' no habia sido 
mas que medio caballero y no caballero entero, solo podia 
asistirle y quedarle una media finura y no una finura entera. 
Nos parece mas estrictamente correcto en este caso la m^dia 
finura de un medio caballero, que la finura á medias ( medio 
finara ) de un medio caballero. 

Quitar do por medio ; vivir pared ^or medio, decimos siem- 
pre nosotros ; los enpañoles, á lo que entiendo, siempre con 
la preposición en. 

Heilblillete — Planta silvestre de muchos tallos y algo 
parecida en la hoja al membrillo, al manzano, y aun al ála- 
mo. En los terrenos del Imperial, en el valle de Cañete, 
la emplean para cercas vivas. Da una flor enteramente ama- 
rilla y con los pétalos muy abiertos y desplegados como el 
jazmín. 



342 MEB 

Menearse — Para nosotros significa únicamente este verbo 
movei'se lúbiica ó deshonestamente ; para los españoles, mo- 
verse en casi todas bus acepciones. Véase Moyersk en esta 
Diccionario. *' Echó Teresa un ramo de avellano en el agua 
para que ésta no se menease. '* Trueba. Cuentos populares • 

HenH — Desesperado uno de nuestros diplomáticos de no 
hallar traducción precisa á esta palabra francesa, un dia ea 
qne daba cuenta al Ministerio de un banquete habido en la 
Legación, dijo con desenfado : " Acompaño á V. S. éipron^ 
iuario de la vianda. ;? 

El menú se traduce débilmente en castellano por la lUta ; 
de hoy en adelante, ya nuestros lectores saben como han do 
decir : ¡ El prontuario de la vianda ! (?) 

Este mismo diplomático era el que comunicando el resta- 
blecimiento del orden constitucional, que como de costam- 
bre en estas Repúblicas se habia desquiciado por la milésima 
Tez, decía : " Me es grato participar á ü. S. que ha sido 
debelada la revolución, quedando estirp^do el virus de la an- 
iiconstítucionalidad. n 

Hercedario-— Asi se llama al padre de la Merced, y á la 
hermana ó monja de la misma orden, Mercedarifi ; y ooaado 
■8 trata del aventurero que vende sus servicios por una 
merced^ hacemos una muy juiciosa diferencia y decimos mer-^ 
eenario. Desgraciadamente nnnca he hallado tal forma ea 
ningún libro 6 diccionario de España, en los que constan-* 
temente se dice mercenario^ asi para la una como para I|^ 
otra cosa. 

No sé quién tenga razón ; ni me atrevo á aconsf'jar nada* 
Mientras tanto es un hecho que nadie dice entre nosotros 
mercenario en ambos casos, sino con d en el uno y con n en 
el otro, y que en España, á lo que parece, nunca se ha pen- 
sado en hacer tal distinción ; io qae es sensible, porque son 
dos ideas muy distintas, la del evangélico ó evangélica mer?* 
cedario 6 mercedaria, y la del escritor mercenario 6 suím0 ^ 
vil soldado mercenario. 



MIS 343 

YftrgAs, antigao poeta espaflol, dice : 

" Anoehe en el monumento 
Que ponen los mercenarios^ 
Cargada de escapularios 
Yide á mi due&o é tormento. * 

Y Ercilla, Araucana XIII* 

" Teólogos de honesta y santa vida, 
Franciscos, dominicos, mercenarios» " 

Jiménez de la Espada, Dedicatoria de la edición de Mon- 
tesínoii pág. XIII, dice mercedario. 

Meterse á 6 de — Difícilmente se conformarán nuestros 
lectores con que este verbo deje de ser seguido por las pre^ 
posiciones á d de cuando se junta con nombres que signi- 
fican profesión, oficio ó estado, como es la práctica castellana 
constante en lo antiguo 7 moderno, en la que se dice meterse 
fraile^ meterse soldado^ inelerse ( ó entrarse ) monja^ j no 
meterse de 6 á como diria cualquiera de nosotros. 

Hasta meterse latinas hallamos en un escritor castellano 
del siglo XYI, Gaspar Lucas Hida!go: ^ Siempre tuvieron 
pasión las viejas de meterse latinas.'* Pero en el Diccionario 
de Salva hallamos meterse á caballero. 

HfcUcft — Tarma. Familiar por Mercedes. 

Histlira — Aderezo de las mas olorosas flores, en su ma- 
yor parte indígenas, rociadas para acrecer el incentivo con 
de olor, j servidas ú ofrecidas en bandejitas en las 
I» y en frescas hojas de plátano ú otras cualesquiera, eii 
loB puestos de venta 6 en el mercado. 

8i|a ingredientes principales eran (comienza á desusarse) 
la aroma^ el suchs^ la ciática^ el jazmin, el ñorbo^ el alelí 
imuuriUo» y entre las frutitas 6 bayas, el eapulU el palillo, 
rtoétrftiHi 



Su misma compoBÍcion hacia quo también se la dononü- j 
nara puchero dejíores. 

Ea el jardÍD ; do el alalí amarillo. 
Ingrediente esencial de la mistura. 
La hermosa dáüa de coloi- de cuña, 
lift roja adelfa á naeatro clima eatroHa, 
Surgen del sol bajo el vadiaute brillo. 

Poesías Puro ANAS, pág. 216. 

lUisInrcra — La mujer de color que, en las procesiones," 

marchaba por delante de las nmlaa llevando ea la cabeza 
ana gran btudeja ó azafate, colmad»^ de fragante inirtura, 

Eütos ti po3 recordaban {\ lo vivo el de las Coé/oras ó por- 
tadoras de ofrendas, de las tragedias y do la escultura 
griega. 

HlsticiiiniO — Esta palabra que es la única que usamos e 
Lima, no ee encuentra eu el Diccionario Salva, BÍno la I 
míetica. 

Nohosearse — ^T entre el vulgo tnojocearee: cabríri 
moho una ccea. El verbo castizo es eninohecer o enmol 



Juotéyo buenas luanzunaa 
Con otrad ya enmohecida». 
No mejoré Ina podridas 
Y padriéronas las simas. 

Samanieoo. 

Pfoler — "Por antonom^isia se entiende con relaciónala 
caña en loa ingenios, y en este sentido es verbo noutro, w 
dice Pichardo, eo su Diccionario provincial de Cuba; y no 
tenemos que quitar a- qno poner, sino os sustituir íugífU 
• haeiendd que ea la voz que aquí se usa. 

pdft — "Por nntoiid'iitsia se entiende la acciona 
moler con relación á la cnlla en loa ingenio» ; ] 



MOL 345 

comprende cnalqaiera parte 6 el todo del período 6 meses 
qne se emplean cada año en esa operación diaria, " dice Pi- 
chardo, Dígc. de prov, dó Cuba. £3 ni mas ni menos lo qao 
se entiende por molienda en nuestras haciendas de caña. 

Corremos traslado de este articulo 7 del precedente fMo» 
lerj & los beñores Rodríguez y Paulsen, que estrañan, el 
primero con moderación, j el segundo con la petulancia de 
an esprit mendíonal ingerto en pedantería alemana ó vice- 
Tersa, que nosotros ha} amos dado entre nuestros perua- 
nismos voces españolas como molienda, quebrada, garantir^ 
etcétera. 

El mismo señor Rodríguez ¿por qué consigna en sus O&í- 
lentsmos la palabra perfectamente castellana de misturad 

Y entre ruido, calor y polvareda 

La molienda te muele y te arrebata 

Ni más ni menos como á Yxion su rueda 

Rimas dbl Rímao 

Hollé — Schinus m^lle. Árbol indígena, algo parecido al 
pimentero, de cuya coniza se estrae lejía. En Nueva Gra- 
nada lo llaman mnelle con la misma impropiedad con qao 
llaman cóndor al cóndor ( del quichua eúntur, ) 

" El molle enano y robusto. " 

Juan Argu£Das Prada. 

El molle aqui prosperando 
Gomo en su suelo natal. 
La crin delicada y verde 
Tiende al céfiro fugaz, 
Y los racimítos rojos 
Que parecen de coral. " 

(Poesías Pjbrüanas, pág. 168. ) 

Es un arbolíto tan lindo, que podría servir de ornato en 
innchas partes, como el pimentero en las plazas y suburbios 



MON 

ÜDdad de Atenas. Sus hojas, de un verde suVuIo, 
maotienen siempre liuiplns, y entre elltia se ven pintar maSi 
titud de racimitos de mías nvitas menudas y ooloi-adaa t 
que se h»eo clin-ha. Quicliun vntlli. 

"Tnmtiien hacen otriv bebida de una frutilla que nace CQ 
unos árboles, que llaman tnollett, aunqee no es tan preciada 
coQio la chicha." Aguetin de Zái-ate, Historia del Perú,— 
(1555.) 

" ÜiQ toda la mayor parto de lo poblado da esta tierra t 
vén unos árboles grandes y pequeños, á qaieii Unmn 
lies', estos tienen la hoja muy menudn, y en el olor ConEc 

me i hinojo Para limpiar los dientes son los rami-^ 

eos peqneños provechosos ; do una fruta muy menuda qn» * 
cria este árbol hacen vino ó brevaje muy bueno, y vinngre, 
y miel hnrto buena, con no mns de deshacer la oantídud que- 
quieren de esta fruta con ngua en alguna vasija, y puesta al 
fuego, después de ser gastada la parto perteneciente, qaeda 
convertida en vino 6 vinagre 6 en miel, srjgun en el coci- 
miento. Loa indios tienen en nincho estos árboles" ClKZ^ 
DE LiiüN, Crónica del Perú. 

Monogfrana — Una precoz pedantería nos eBt¿ llevandoil 
ndoptai' términos griegos ó latinos por nombres españuteí 
castizos que nunca hemos n^ado qnizi debidamente. Los 
crojítíías (pocetilleros) de nuestros poriódícos vacían sa 
agua siu saber ellos mismos de dou'Ie la touiau ; y &, tontas 
y á locas nos han iniíndndo de mnnicoraio», panóptiof, obi— 
Ío% y hasta do abreviiituras astronómico-náutioaa, como 
aquellas n. m. y p. m. que figuran oti .las ma* triviales rela- 
ciones, por no decir ile ^l intñ-i'ia, dt¡ In tarde. 

Reconocemos sin embargo, que os una lástima no poseer 
eo casletlauo algo familiar como el a¡ires-iniili, el nfler-noon 
V aun el dupo jnezzo giorno de franceses, ingleses é italianos, 

A nuestro ilfspueg de íi ¡<a»ado meiliudia uo traducen sino 
Jámente. 
inlroduccioD de monograniít la debemos indudiibll 



. MON 847 

mente á los mismos introductores de la cosa. La palabra 
está perfectamente formada da elementos griegos, y no 
dudo que ande en todos \oi diccionarios españoles, pero ¿qué 
mas dice que nuestro antiguo y castizo cifra ? 

Da repente vamos á dejar península por qitersoyieso^ y 
guantes por quirotecas como ya se hizo en lo antiguo. 

Cifra nos daría verbo y podríamos decir papel cifrado, 
sobres cifrados. 

Monograma ya en Buenos Aires se dice profesor 

diplomado ; esperemos pues que antes de poco se diga, si 
ya no so dice, papel mmwg ramudo. 

IHontepio — La viudedad de los españoles, con más lati- 
tud, porque esta no requiero solo procedencia físcal como 
nuestro montepio, que es la pensión que paga el Estado ; al 
paso que la viudedad es la pensión cualquiera de que vive 
una viuda. 

— "¡ Inocente señorita ! contestó Casimira sonriéndose con 
amargura. Las viudas de !os soldados no tienen montepío, n 
ArÉstkouI. 'El Padre Horan. Fernán Caballero, Clemencia : 
" No hay presupuesto que alcance á pagar las viudedades. . • 
son el pozo de Arion de las rentas del Eátado. " '* Su sue- 
gro no tuvo por conveniente dejarle nada, ni aun víw- 
dedad. " 

Montonero — Más que peruanismo, americanismo, especie 
de condottieri 6 guerrillero que hace un papel no nada des- 
preciable en todas las revueltas políticas de la América es- 
pañola. La fuerza en que se congrega toma el nombre de 
montonera, y por supuesto que en olla no hay infantería, 
desde que en sus acometidas se fia una gran parte del éxito 
á la fuga. 

Es algo como loa monfíes de los árabes de España, y el 
señor Cuervo aura beau hablarnos de tropas irregulares, 
fuerzas allegadizas, colecticias ó adventicias ; puro eufemismo 
el vil montonero no puede ser otra cosa que montonero ; hay 
que recordarle siempre que bu montón no forma mas que 



948 



HOS 



en lo^^^^ 
"olao— 

ama ^^^ 

uc£a. '^^ 



vionton y movtonnra, y no tropa, gi^nie dÍ fuerza, por mns Q 
86 le ngreguen loa rnodificativos de iiregiilar, colecticia, etc. 

Se conoce que en Co'ombirt no los han íisto ile cercí» como 
en Ins otrns Repúblicas, 7 de aqai la dííiposicioa á dalcifi— 
caries el nombre. 

Morroñnao, sa — En el Diccionario hoIo hnllamos 1h } 
bra Ilion- i'ñrt, que siguifica " Eufermedad epidémica en I 
gnnados que causa mucha inortanditd. Tristeza ó inolaa— 
eolia. Ji 

Do ella probablemente Hemos formado n 
dos terminacioaes masculina j fomenina, coa cuj^o proritlf 
cialismo deaignamoa do solo una figura múttía, sino toi 
lo que parece encogido, ruin, miserable, chétíf en francés. 

IMoscabüda — La adúcar prieta 6 ua^ propiamente nibía, 
tal como nparecia el pnu antea do recibir lApitrga, ó beno- 
ficio ilul barro. Hoy el azúcar se hace toda ea polvo y no en 
bruto, y loa procedimientüs de In pu--ija han vanada ó sa han 
aimplificado, sin que di^ju de llamarse moicabada (entre no»- 
otros azúcar es femenino) la de color oacnro. ' 

Sobre esta palitbra hay una grao discrepancia en toda 1^1 
América ¡ unos dicen como nosotros ; otros matcabada, nkui-^ 
caballa. niQscnbadi', etc. Entendemos que la palabra propia 
es el masculino mascabadir. 

Moslacilla — Para el diccionario no es aiao dlminutÍTO de 
mostaza, y munición ; para nosotros no es nada de eso, bído 
esclusivatuento unas menuditísimna cuentecillas de vidrio 
de todos colores, unas verdaderas monlaeillas taladradna, 
que ensartadas en alambre ó bilo sirven para mil laborea de 
mano. Parece que en Andalucía tuviera igual significado 
In palabra d juzgar por eatoa pasajos de Fernán Cnballapo : 
"Uu paHuelo da oldu que Leopoldo le presentaba para ss- 
tancnr una mottañUa encarnada que se hubia asomado á 
roz&dnra. " ( Un Servilón, etc.) " Una mariposa de papoL— 

ojos de vwataeilla- — (Elia.) 



MOT 349 

Hote — ^Maiz cocido qae la gente del campo come á granel 
en el plato de un mate. El mote sabe á choclo maduro y 
aan viejo, y de las tres formas que toma el grano con la 
cocción del maiz, ch clu, mote y cancha^ el mote es induda- 
blemente la menos buena. 

El choclo es la tierna y lechosa juventud del maiz, acom- 
pañado en aquel período, para mayor ilusión, de rubias y 
sedosas barbitas ; el amarillento mote es su edad madura ; la 
negruzca cancha es su decrépita vejez ; y la pulverizada má- 
chica es su estado fósil, ó mas bien su polvo. 

Quichua mutí. Véase Panca. 

8l0T6r86 — Mucho mas usado que menearse^ á cuyo verbo 
le ha pasado lo que á eoger^ que echado á mala parte desde 
quien sabe cuando, no se le puede emplear sino en su limi- 
tado y torpe sentido. No nos atreveríamos á dar como 
equivalentes moverse y menearse, y atin á nuestros lectores 
peruanos les habrá causado estrañeza, si el uso vivo de Ma- 
drid hoy mismo y el ejemplo muerto de los clásicos no nos 
autorizara á hacerlo asi : 

Los árboles menea 
Con tan manso mido. 

Dice fray Luis de León donde cualquier poeta peruano 
habría dicho mueve. Y el mismo poeta español moderno 
Carvajal, en su traducción de los Salmoa^ 



ce 



Y hoja ninguna en su árbol se movia. " 



En Madrid, al hablar de un individuo, suele decirse ** no 
aé por donde se meneaj " esto es, no sé por donde anda ó 
para. Mas claro ; nosotros para traducir el verbo francés 
bouger^ no tendríamos sino mover ; los peninsulares en ma- 
chos casos lo traducirían por m^enearsef lo mismo que el ra- 
muer. Puede que en lo de Madrid haya también su abuso 
j hasta sn provincialismo pues no tiene por qué estar ezen- 



nmc 

i ellos, desde qoe al misn-r) tiempo que del reino, 
tnmbíen cnjiitnl de In provltfia ile Cnstilla. ~ 
poeta espnñi'l don Femnndo Vilarde eu nna de laa Últiini 
obras que pablicó hace pocos nñoB, titatnda si mal uu n 
damos El Nuevo Mundo, censura dii estrnBezn ciertos pro - 
rincialtsiuoa de Madrid, coirio el dacír ¡os bot'itos por lae 
hoiita» 6 log botines. Según dou Roque Barcia eu sm Sinó- 
nimos Cnstrlljnog, vioier no es sino el luovimieDto animal, 
y menear oi inteligente. Se esprosará pues, mal, según esta 
autoridad, el e?paBol que diga nu te menee Vd. por ao se 
mueva Vd. fve bougez jins;J lo mismo que el pernauo 4 
quien oigamos: mueeo el cbooolate por menéalo. 

Menear las muñecae eu e^paSol, es andar listo lu un tra- 
bajo manual ; y en la fábula de Lt A"Í¡!lii, de Triarte, el 
Me meneo está por rehulUme, el rs'nuer de los franceses. 

MotOD — Excelente palabra del mas puro limeñismo y de 
un grtindíaimo uso. Eqoivfile á trvhan, Imfoit, Irtioioso, 
ch'ilo. En el Diccionario no hallamos nada que le correa- 
poudft, inclusive la p^UI-r.» ^h-isíi, que tanto figura entre 
ciertos gacetilleros de Madrid, y que ai no es nuestro m 
es exftctainence bu derivado mozonudu. 

Por guasa no dice mas ui meaos que jior mozonad-t, 
también ee usa en la corte decir gnason, no habrá para qi 
buscar equivalente al perunnisma que queda señalado. 

FbbnaS Cabai-LBRo, La B¿lT,}hi de Vandúlia : " El 8ü3o- 
rito es gtiason y ha comido molón que pone pesndas k las 
gentes" — Y en una nota agrega el interesante novelistas : 
" Tener guasn y aer guazon ó guasón se aplica en Andnlacia 
al qne tiene chancas p^Eadas.. ..Acaso degeneración de 
•ancuas a" 

nncaiDOi mB< — Buenos Aires, Por sirviente 6 
domésticos de mncbísimo uso. Es palabra innecesarífti 

Blncbachos — Por mucho tiempo no naamoa de otra paU^ 
bra que de ésta y de niños; haata que los hablistas en ico 



lo- I 



cíoD de 

ra pBU^^^^ 



MÜT 351 

ad7Írtieron que el equivaleate chicos era el que privaba ea 
Madrid, y se echaron ájrepetirlo sin reflexiou. La pnrte culta 
de la sociedad ha ido aceptando sin darse cuenta, y sin 
afectación, y hoy hay mucha geute que por nada diría mu- 
chachos ó niños por chicos ^ siu recordar que era de esas dos 
maneras como se espresaba ella misma hasta no ha mucho, 
antes del advenimiento de los hablistas en ico. Es un error. 
Madrid, no por ser la capital del idioma, por decirlo asi, e.^tá 
exenta ella misma de provincialismos y flaquezas dü loen- 
cion« Si hoy se abusa alli de la palabra chicot esto no quiere 
decir que en los mejores clásicos espaÜolep no encontramos 
á cada paso el equivalente muchachos, con todo el sabor li- 
meño de otros tiempos, cuando el hablar bien y mucho mas 
el escribir, exigia probanzas serias y no meros hilvancicos 
en ico. 

Allá van entre mil algunos ejempHcos : Guevara, Diablo 
Cojuelo " T el poco camino que hay de aqui á Al- 
calá era cansa de que como dicen Lts muchachos h icios j no- 
villos muy frecuentemente. " f Hiciese vara. J 

Muchacho con pronombre posesivo significa entre noso- 
tros sirviente^ criado ; y asi se oye mi muchacho^ su ma- 
diacho. 

Ha6las — Tener muelas un asunto ó cosa, es tener sus be- 
moles, presentar sus dificultades. 

flolisa — Tarma. Especie de yaraví á cuyo son se baila 
Véase chimaycha. 

Hotlflor — Nombre de una linda enredadera muy usada en 
Lima y que últimamente ha comenzado á desaparecer como 
todas las flores indígenas ó aclimatadas del antiguo Lima, 
qae van cediendo el campo á una multitud de florecillas ino- 
doras paestas de moda por el cultivo europeo. Ya es raro 
ver ú oir hablar de mAirimohaSy mutiflores, y aun la inter,e- 
aante diamela no tardará en ser arrastrada. Entiendo que 
muiifiar es una simple corrupcí jn de muWJlora con que tal 

46 



852 MÜT 

vez sea calificada alguna especie de rosa. *' Una ancha ^ja 
de Inz sabia gradualmente por la ventana, ilnminando loa 
semblantes de las jóvenes al través de la enredadera do mu^ 
aflores qae la cabria. ^ — Arestkgui, El Ángel Salvador 
( Cuzco. ) 



N 



_ Nacho» Nacba— Familiar por Narciso^ Narclsa, Yéase 
Ñato. 

Ifallco— «Tarma. Familiar por Natividad^ nombre de 
mujer. 

Hfttnrala — Con toda naturalidad sneltan algunas perso- 
nas este natnral femenino de nataral findíjena^ choloj ha- 
bitante autóctono ) y dicen una naturala por no decir una 
clujla ; puesto que al cholo, para no ofendérsele, se le suele 
llamar natural; como al negro, moreno etc. 

Algunas personas desearían poder sacar terminación fe- 
menina de todo primitivo masculino, porque les parecería 
desconcordancia decir Za natural, la racional, j como si hu- 
bieran oido que en España se dice la coronela, Zr» jenerala ; 
y aun mayorala, que creemos haber oido á los mayorales de 
diligencias al dirijirse á alguna de sus muías. 

Ni |í ni Já— Locución que va cayendo en desuso. No de^ 
cir nijí nijá era no chistar, no decir esta boca es miaf osle 
ni moste etc. Se usa igualmente en la Isla de Cuba. 

NUo — A-qni se dejó adormecer el Argos de la vigilancia 
democrática. La misma sociedad en que por no ofender no 
se puede decir un negro, un indio, sino un moreno, un natíi* 
rali y en la que hay lujo de circunloquios para evitar nn 
oalificativo mortificante á las castas coloreadas» como lo ve- 



354 NUB 

mos en color honesto, medio pelo 6 simplemente de colar 
( ¿ de cuál ? se podría preguntar ) ; en esa misma sociedad 
no se concibe que pueda haber otro niño que el blanco. ¡ T 
fíese vd. de la democracia cuando ha sido traida por los ca- 
bellos ! 

¿ Porqué el perro que va saltando por un campo y tirando 
tarascadas á diversos tallos de yerba, se abstiene de tocar 
aquellas que le harían daño ? ¿ Qué tradición oral ó escrita 
le prescribe esa abstinencia? Ese instinto es el mismo 
que nos lleva á nosotros á suspender de la conversación la 
palabra niño, cuando aludimos á los muchachos 6 mucAoc&t- 
ios de color. 

Estos infelices no tienen niñez, 6 mejor dicho, no son 
nunca niños en el estilo hablado 6 escrito. Sépalo el recién 
llegado, y precávase ó mas bien súrtase de los términos 
fnuchacho y muchachito cuando vaya á hablar de los niños 
que no tienen la cara blanca. 

«* Tú eres una niña, repuso la enfermera. Esa pobre mu- 
jer. . . .era india — Esa india es mi madre." — ^Abésxeoui, 
JEl Padre Ewán. 

Nopal— Véase Tuna. 

Es el capul! amaríllo» 
Luciendo el mismo color 
La hija del nopal en flor 
Y el coronado palillo 

Poesías Peruanas. 

Hoke-^Sabído es el papel que este aparato artificial des- 
empeña en nuestras procesiones y otras fiestas de calle, 
para desprender sobre el cortejo que desfila por debajo, ya 
flores, ya versos impresos en papelitos de colores, ya ana 
paloma de nítida blancura. En todas las acepciones de 
nube qne rejistra el diccionario de la Academia no ae en-» 
cnentra la presente, lo que haría esdamar sin vaoilacicm á 



NUM 355 

• 

nno de nuestros valientes seudo-pnristas : '' ¡ eso no es cas- 
tellano ! " Pues para hacer la descripcioQ de lo que en Lima 
se suele llamar nube^ vamos á^tomar las palabras castellanas 
de Gerónimo de Oonlreras^ escritor español del siglo XYI» 
que en su " Selva de aventuras " Libro II dice : ** Pues 
mirando Luzman al duque. ... y á la duquesa. • . . vio que 
de una nube que artificiosamente estaba hecha en lo alto do 
la sala, abriéndose por medio, bajaba una doncella, artifi- 
ciosamente vestida toda de tela de plata, con unas alas do 
maravillosas plumas " etc. 

Y mas abajo : '* Luego que acabó de decir estos versos, 
se tornó á levantar hasta donde la nube estaba, j sa entró 
dentro ". 

Las cuatro nubes 

Ya en partículas de agua me resuelvo. 
Ya empaño de algún ojo la tersura. 
Ya la» andas inundo de mistura^ 
Ya el blanco cuello de una hermosa envuelvo. 

Cuando su agaa á la tierra le devuelvo, 
Soy verr niega nube que no dura. 
Cuando á un ojo le robo su luz pura. 
Soy feo nubarrón pues lo revuelvo. 

Soy nube artificial ó falsa nube^ 
Cuando mezclo mis fiares y su aroma 
Con el incienso que de abajo sube. 

Pero al rodear un cuello de paloma 
Gloriosa nube soy, porque un querube 
Entre mis pliegues su cabeza asoma. 

<* ElMAS DEL BÍMAC. '* 

NfllMro«-ün número de la suerte llamamos á lo que en 
España, en Méjico, y probablemente en todo pueblo espa- 
ñol se da el nombre de un billete de la lotería. Para nos- 
otros billete no es mas que el de Banco, ó á lo sumo una 
esqnelita. 



356 NUM 

Un jorobado incivil 
Que en las narices me planta 
Un cartapacio, y me canta : 
—Mil soles ! — ¿ Mil soles ?— / Mil I 
— -Ann cuando sean qninientos ! 
— Pues un numerito al punto, 
Qué señas, qué nombre apunto ? 
— ¡ Esos son otros quinientos ! 

Rimas del Bímac» 

No menos inciviles y pesados que los suerteros de Lima 
son en Buenos Aires los muchachos, mocetones y hasta 
hombronazos, muchos de ellos europeos* que andan por la 
calle ofreciendo billetes de lotería, y que asaltan y acoaan 
al transeúnte con la mayor petulancia. 



N 



lald— J^oño en español es lo mismo que chocho^ por con- 
BÍgniente al decir qae *' Fulano está mny ñaño con Zatano ", 
damos á entender que está ñoño, esto es, chocho ó sea '* lelo 
de carifto. n 

Rattf ta — Asi dice todo el mundo por chato ó de nariz 
roma. Probablemente ñato no es mas que una corrupción 
de ehato^ 6 del provincialismo de Asturias riacho^ que sig- 
nifica esto mismo. Para nosotros nacho es cosa enteramente 
distinta. ( Véase. ) 

Saio ^ ñata son al mismo tiempo por acá voces del mas 
eeqnisito cariño 6 de zalamería, principalmente en Arequipa 
y otros pueblos de la sierra. 

**¿C6mo estás, ñato'i Adiós, ñata, ;? se dice como pu- 
diera decir un madrileño : ** ¿ Cómo estás chico ? n Adiós, 
chica. 

'* Un dia me encontró en la portería y tocándome la barba 
me dijo con voz de órgano : ñata^ cómo estás ? AréstegüI, 
El Ángel Salvador. **¿ Buscaban ustedes á mi padre, se- 
ñoree? La buscábamos á usted, ñatita^ contestó uno de 
ellos. " **Eh ! ella nos comprende. ¿ No es verdad, ñatita ? 
Iduí, El Padre Horán, Escenas de la vida del Ouzco. 

Saipas — Ahora ñaupas es una espresion adverbial que 
equivale á ahora tiempos^ (dans le temps^J á lo de marras j 



etcétern. Y nunqne eigaifica ex neta mente lo ir 
mosque no está de mas en nnestro vocabulario y que con- 
tribuye á varinr la coiivorsaciou, Ed el olhn latino, el palitn 
griogo y el marras fio de) espatSol, con la difarencia que 
al pasür é. nuestra locación no 89 aguanta solo y tenemoe 
que Bñadirla un ahora, como pira que el lector estrau^ero 
entienda que se las há con un adverbio de tiempo. Qaichaa 
ñaupa, que vale aidlg na mente. 

KllllSa — Kn la SÍG<rra ( en la costa no ) corríeiite por 
go; del quichiia ña'i«a qus vale lo mismo. Bueno será ad» 
vertir de paso á los lectores estranjeros que estos adjetivos 
quichuas, adoptados las mas de las veces sia necesidad en 
el leugunje español de los habitantes blancos de la Sierra, 
Bemejantes á los adjetivos ingleses 6 ¿ nuestros adverbios 
de modo, ó también á algunos de nuestros propios adjetivos 
como 'ji-aii'U, hacen con una sola terminación á ambos gé- 
neros; y ñiuxa es ciego y cieg»; eearanta, pelón dé e«jam 
hombre Ó mujer; f/iurnn, desabrido y desabrida. Cuando 
pasan á la i^¿rte ee les aplica inmediatamente la analojia 
castallnna; y asi de hwuho, huérfano y huérfana, hacemos 
h'tai-hi' y huacho; del indeclinable eeatn, perro, ptrra «m 
pelo y por extensión d'-enmlo, deennda, enlato ij calata ; 
fiun del invariable yoiiftin, no falta quien saqae guagUi 
cuando In criatura es varón. 

" La uiddi'e de José era una excelente viejecita que 
vivia más que para en hijo y su (ltiu«a " — El pobre ñaiwo no 
pudo sufrir más y mató al que maltrataba á su hijo. " 

Ladi^^LAo GKAÑá (espAol ) — Sé bueno y serás feliz, 

Ke^nc — El ñeqiie es... pues ! el límite del alcance hama- 
no, 6 por lo menos del alcance humano del linieSo. Cnaado 
un escritor ó conversador nogtiano se halla embarazado para 
completar la espresion de su pensamiento, por ignorancia 6 
imbecilidad, ó porque sus alcances no dan muoho de ú, 
apéaso diciendo con que la persona ó cosa de quien va 



)ji« 

IOS I 



ÑEQ 359 

blando tiene ñeque, con lo cual lo ha dicho todo» 

annque en rigor no ha dicho nada. También se suele agre- 
gar que la persona 6 cosa es de ** ñeque, jmlso y remezon^^ 
con cuya frase, una de las mas soberanamente tontas y va- 
cías que han podido zumbar por los oídos de la humanidad. 
Be llega al paroxismo de la gracia limeña. 

Ñeque no tiene una verdadera y clara significación sino 
cuando alude á la fuerza y al coraje 6 enei-gía de un varón 
6 de una virago. En todos los demás casos es divagar, como 
sucede con el shic de los franceses. 

El furor por esta palabra es tal, que aun se ha formado el 
feo adjetivo ñecudo, que se refiere esclusivamente á las va- 
roniles cualidades de que he hablado. 

En cuanto al origen de la palabra, quién cree que es de 
invención nuestra, quién que proviene de las Antillas. Sea 
de ello lo que fuere, el caso es que en presencia de esta pa- 
labra se siente uno poseído del respeto que inspira todo lo 
que como insignificante ó mediocre es acabado. El hombre» 
el manjar, la bebida que tienen una tendencia 6 un gusto 
pronunciado^ pueden hacer furor por mas ó menos tiempo, 
pero á la larga se eclipsan. 

Al paso que el reinado de lo insignificante, de lo medio^ 
ere y de lo insípido es eterno. ¿ A qué sabe el cigarro, & 
qué el agua, y á qué Don Fulano á quien vemos perpetuarse 
en el favor político y social desde que abrimos los ojos ? A 
nada; y hé aquí porqué son indispensables. 

Unas genialidades, un sabor picante acaban por cansar; 
¡gloria á lo insignififCanie, gloria á]p insípido, y gloria al 
ñeque, que como palabra es para todo ! ¿ Qué seria del pue- 
blo peruano sin su ñeque ? ¿ Qué seria del Estado peruano 
sin sns hombres huacos ? 

Un escritor chileno describiendo á su pueblo lo que es 
ñeque lo llama *' una especie de atropellada, indisciplinada 
y licenciosa energía;" definición que no es mala, cuando solo 
se tfata del ñeque considerado como valentia. 



860 ÑOR 

R0| fia— Abreviaciones de señor y de señora^ pero no ino- 
centes, pues con el implacable ño Fulano j ña Zutana se 
amuela á todo infeliz á qaien por sn color, pobreza 6 apo- 
camiento de espirita no se considera digno de figarar entre 
los sefiores. 

En todos los casos en qne nn español diría brevemente él 
nombre de la persona invocada 6 le agregaría el ¿ío, si era 
algnn viejo, nosotros anteponemos el ño, formando ana es- 
presión may característica. 

En Areqaipa dicen ñoi\ tratamiento qne, con razón 6 sin 
ella, recnerda inmediatamente el sieur de los franceses. 

Sorbo — Pasaiflura punctata. Una de las flores de mas 
deleitosa fragancia que tiene Lima. Una sola basta para 
embalsamar una habitación entera, ó todo nn patio, escon- 
dida en la mata enredadera que la produce. 

Hay agradables estorbos. 
Aun para personas tercas ; 
Pocos volveránse torvos 
Porque tropiecen en cercas 
De jazmines ó de ñorboe. 

Rimas dkl Rímao. 



/ 
/ 



o 



OdfOSfar-— Fastidiar, cansar, abarrir con odiosidades^ par- 
ticalarmente los niños. 

Odiosidad — Cansera, fastidio. Se usa también en pinral ; 
y éste y su verbo qne antecede, son nnos de esos tantos pro- 
Tincialismos, tan maestramente deslizados en nuestra locu- 
ción, que cuesta trabajo aceptar que no sean del mas per- 
fecto español. 

Ambas voces lo son, pero degeneran en las acepciones 
viciosas que les damos. 

Ojota — Femenino. £1 calzado de los indios de la sierra, 
pastores Ae llamas en su mayor parte. Es como la alpargata 
de los españoles, como la sandalia antigua y como lo que 
los negros campesinos de la costa usan con el nombre de 
llanquie (Yeáse). 

La ojota no es mas que un pedazo de pellejo de llama siu 
curtir, doblado hacia arriba por leparte de los dedos para 
cubrirlos, con una pequeña talonera y sus correas para su- 
jetarla sobre el empeine, asi es que participa del zapato y 
de la sandalia. 

Cieza de León, Oróniea del Perú^ cap. XLIY : '* An- 
dan vestidos de ropa de lana y de algodón, y en los pies 
traen qjotasy que son ( como tengo ya otra vez dicho ) á 
manera de albarcas. " 



862 ORO 

Muy ajeno á todo esto debía estar el literato ospaaol 
mo. Sr. D. Juan Valera cuando en su por lo demás muj 
sabroso drñviñ.^La venganza ih A tahualpa deci& fJorn I. 
Esc. II J : " Por los desSladerua horribles de la sierra, por 
las soadHB escabrosas, donde solo la hendida pezuHa del II 
ma y el pié desnuiio del indio so diria que podian sostent 
89 sin resbalar " 

El iiidio de la cierra, identificado coa sa ojota, no 
prende de ella ni aun en ios blandos y calientes arenales de 
la costa cuando de paso se encuentra en ellos. 

Ea cuanto á lo do el llani-i, que hiere tan desagradable- 
mente el oido de uu hispano-americano, como le choca lo 
del pié degnudo del indio, veAse Llama en este Diccionario. 

Opa — Tarma. Fatuo, tonto, idiota. Del quichua tipo, 
sojtzo, l'obo. sordo, mudo. ( Torres Rubio ), 

Orificar — Llenar con oro la picadura de un diente 
muela, ori/ieaeion. Los chilenos dicen lapar, que si com- 
prende más, porque no solo con oro se tapa la carie, aino 
también con platina y con pasta, es por eso mismo nua 
presión general y genérica, y no propia y técnica como 
de orificar, científicamente bien hecha, y que supongo 
mos tomado del fraucéa. 

Oroya — Nombre quo dan los indios á sus puentes oolgaa- 
tes, hechos con frecuencia de una sola soga, coma uno da 
los quo cruzan el rio de Lunahuaná. 

Los naturales pasan por esta soga ayudándose de pies y 
manos, tendidos de espaldas entre dos abismos azules, el 
rio que se arrastra por debajo con chirrido estridente, y la 
alta bóveda dol cielo que debería anonadarlos con los tor- 
rentes do su luz. 

Pero nada de esto sucede, y el Blojidin peruano continúa 
BU trayecto en una de las posturas mas graciosas y singa- 
lares en que puede concebirse á uu ser humano. 

Tienen una trabilla riistica hecha de un palo muy duro, 
que se calzan como Mercurio sus borceguíes alados, anta*. 



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ORO 363 

de lanzarse por la maroma ; y con ella se cuelgan de los 
pies, que resbalan fácilmente á cada paso que dan las ma- 
nos. A poco que descendamos en nuestra cabalgadura 
de la quebrada en donde acabamos de gozar de tan pri- 
mitiva escena, (la de Lunahuauá) ncs hallamos de mano 
á boca con los espléndidos vapores que van surcando el 
Pacífico. / Civilización y Barbarie ! como dijo el otro. 



p 



Inagotables son I03 peraanismos de esta letra, y rogamos 
á nuestros lectores que sean indulgentes si por olvido ó por 
pereza dejamos de darlos todos. 

Pícay — Fruta. Ingfi retíciUatat prosapia dulcis^ mimosa 
ingc^n y en otras partes de América guaba^ que es el nombre 
de exportación, esto es, el que sirve para designar la fruta en 
el extrangoro. Con la mayor parte ó con todos loa nombres 
indígenas sucede lo mismo, ya por estar Panamá y las An- 
tillas mas cerca de Europa y Estados Unidos, ya por ser esos 
los paises que primero se descubrieron. Hé aqui por qué 
son nombres de la exportación guaba, maíz, cacique, banano^ 
anana, anona y aun chicha, y no los correspondientes pe- 
ruanos pacay, zara, curaca, plátano, pina, chirimoya y ázua 
6 acha. Entre nosotros no falta quien iigA pacae, termina* 
cion que me parece afectada, asi como en el plural la pre- 
fiero á pacayes, como hacen algunos guiándose tal vez por 
una buena analogía, pues la palabra española taray y otros 
vocablos de esta terminación forman su plural en ayes. 

Pero repito que el plural mas corriente y mejor sonante, 
para mi oido al menos, es pacaes. 

El pacay es un árbol elevado y hermoso, silvestre en nues- 
tros campos como el guayabo y aun como el chirim^yyo, y tan 
abundante, que hay campos enteros y aun fundos rústicos 
conocidos con ol nombre de El Pacayar. 



p 



Inagotables son lo3 peraanismos de esta letra, y rogamos 
á nuestros lectores que sean indulgentes si por olvido ó por 
pereza dejamos de darlos todos. 

Pacay — Fruta. Inga reticulatai prosapis dulcisj mimosa 
inga^ y en otras partes de América guaba^ que es el nombre 
de exportación^ esto es, el que sirve para designar la fruta en 
el extrangoro. Con la mayor parte ó con todos loa nombres 
indígenas sucede lo mismo, ya por estar Panamá y las An- 
tillas mas cerca de Europa y Estados Unidos, ya por ser esos 
los paises que primero se descubrieron. Hé aqui por qué 
son nombres de la exportación guaba^ maizy cacique^ banano^ 
anana^ anona y aun chicha^ y no los correspondientes pe- 
manos pacay ^ zara^ curaca, plátano, pina, chirimoya y ázua 
6 ocha. Entre nosotros no falta quien digSL pacae, termina- 
ción que me parece afectada, asi como en el plural la pre- 
fiero á pacayes, como hacen algunos guiándose tal vez por 
nna buena analogía, pues la palabra española taray y otros 
vocablos de esta terminación forman su plural en ayes. 

Pero repito que el plural mas corriente y mejor sonante» 
para mi oido al menos, es pacaes. 

El pacay es un árbol elevado y hermoso, silvestre en nnes- 
tros campos como el guayabo y aun como el chirim^yyo, y tan 
abundante, que hay campos enteros y aun fondos rústicos 
coaocídoB con ol nombre de El Pa^cayar. 



368 



PAL 



uibiIhs eo e^te seutiJo hs pnlabras del refrsii : fi-ny jarro 
BÍgii¡Ge«rian : /riii/ ¡•nblador o charlador." Esto dice el 
octogenario a!emnu Josepb HnÜer en 1k monumental obra 
que ba empezado á publicnr en llegninhury ( 18S3 ) sobre 
loB viejos refranes españoles, f Allupnnluehe Spri'rhn-Jrt.er 
ausfteii Zelien von Cervantes, etc. ) Si á un hombro habla- 
dor se le llanta jarro, metafóricamente, bieu ha podido exa- 
gerarse un poco mas la metáfora y llamúisele palatv/aiia. 

En una de las comedia^ de Se^rura f El Cacharpari J ha- 
llamos Ixii^iiliiii, aparentemente en el sentido de palangana. 

PalangHnndll — La acción ó dicho propio del palangatta; 
faufan-oiiudn, bravato, vana jactaucia, etc. 

Palillo -Fruta y árbol. OavtpMiiatiexia eornifotia. El 
árbol es como de veinte á treinta pies de alto, y la fruta, ua 
zurroncito un poco uinyor que un tomate, redondo y ncha- 
tado, con uua pequcñu ooronita encima, y do ua color ama- 
rillo pojiao, y & reces verde, aun estando madura la fruta. 

La médula, ó como vulgarmente so dice, la comiila, 
recuerda la de la granadilla, anu cuando las pepitas aoa 
mucho mayores, y la materia viscosa 6 glútea que las en- 
vuelve es de un blanco luabe y opacr>, y iiD transparentó y 
liquido. 

Aunque el siibor del palillo es muy agradable, lo esencial, 
el todo es su embriagador aroma, tan intensamente difau- 
dido hasta por la película, que se asegura que seca éatfti 
quemada hace veces de iucienso. 

Muy maduro el palillo, se hincha y comienxa & revenl 
como la breva. Cuaudo todavía existinn costumbres críoHi 
cnando se hacia un aderezo do flores rociadas coa ricas 
esencias, llamado mistura, y del que el palillo y el capulí 
tenían el honor de formar parte, como friiliis-flor'.b; Cuan- 
do nuestras hermosas se tachonabim el negro pelo con jaz- 
mines, aromas y buenas tarde.i, y se ceñian la frente con 
una delgada vincha, solían traer en la mano uu oloroso pa- 
lillo, que volvían y revolvían entre sus dedos con voluptno- 



lifau- 



PAL 369 

sa dejadez, como si hubiera sido ese el atribato de la belleza 
y la gracia Umeñas. 

Si entre nosotros florecieran las bellas artes, el tipo he- 
chicero que dejamos descrito y que aun no ha desaparecido 
del todo, habría inspirado ya mas de una escaltara, mas de 
una pintara ideal y enteramente ajena al tipo convencional 
de las escuelas. 

Es el capulí amarillo, 
Luciendo el mismo color 
La hija del nopal en flor 
Y el coronado palillo. 

(Poesías Peruanas, pAj. 170.) 

Palo — Con demasiada frecuencia empleamos esta palabra 
por madera, lo que constituye, más que una gran vulgari* 
dad, un gran arcaismo, porque en el castellano antiguo es 
muy común este modo de hablar. El Diccionario en la pa- 
labra Palo dice '' Madera en común ". Para nosotros es 
madera en lo absoluto. 

Los malos versos igualo, 
Cuando cada verso malo 
En buena rima remata, 
A estribos viejos de paito 
Con cantoneras de plata. 

BiMAS DEL BÍMAC. 

PalOBa de Castilla — Lo que en cualquier parte se entien- 
de simplemente por paloma, esto es, la paloma doméstica. 
(Yéase Castilla). 

Patosas — Echar 6 poner palomis es una infernal costum- 
bre propia de los infiernos y por lo tanto peculiar á 

¿no lo malician mis lectores ? ¿ Cuáles son los lugares que 
mas aterran en esta vida? Un cementerio, una casa de 
locos» y ¡un colegio de muchachos ! 



370 PAL 

Faes á este último lugar pertenece la diabólica trayesura 
de echar palomas. La operación se practica con an trozo 
de aznfre encendido qne se deja gotear una 6 mas veces 
sobre el zapato del colegial que duerme, el cual no tarda en 
despertar dando saltos. 

La frase española, muy distinta de la nuestra, es echar 
candelillas, y el Diccionario de la Academia de 1727 descri- 
biendo la broma observa que es ( ojo á nuestros colegiales ) 
*' chasco de pajes y gente vagabunda. " 

Palomear — Pmece quo esto ppTnnm'sTno tuviera su raíz 
en lo mas hondo de nuestro modo de ser político-mi lit:ir. 
Es uno de los grandes recursos de nuestras malas guerras 
civiles : cazar al enemigo de uno en uno, solo, aislado, esto 
es lo que significa palomear. También vale tirar de arriba 
abajo, sobre gente ó sobre cualquiera otro animal. 

Su mayor uso es en lo figurado y para designar el fusila- 
miento en detalle. Tan pronto como la ola revolucionaria 
llega á las puertas do la capital, el Gobierno toma sus me - 
didas, siendo una de ellas recojer á los celadores de las 
esquinas y distribuirlos en patrullas á fin de qne no los pa- 
lomeen. 

Palta — La fruta del palto. Persea gratísima, conocida en 
toda la América|con el nombre deahuacate, y en las colonias 
francesas con el de avocat. 

Es oblon ga y muy parecida á la pera ; se come con sal y 
pan ; tiene un cuesco mondo, rosado y carnoso ( á la vista ) 
como el tobillo de unj^vizcaino ; no madura en el árbol siso 
puesta al abrigo^de trapos ó de huano, y su pulpa 6 comida 
ka merecido el nombro jde manteqxdlla ( 6 manteca como 
dicen los españoles ) vegetal. 

Quien dude de la aserción, pruebe á llevarse á la boca pan 
untado de mantequilla |y unos rábanos ; y si algaoa ves 
ba comido palta^ es seguro qne en el acto se acordará 
de ella. 



PAL 371 

El haeso 6 caesco sirve ademas para marcar ropa de este 
modo : se extiende sobre él el lienzo y se va picando con 
nn alfiler la marca qne se desea estampar ; y el zumo que 
se trasmite por los agajeritos no tarda en negrear como 
nna tinta. 

Elpo/toesuQ árbol elevado y de porte majestuoso que se 
enseñorea del aire, y que, pues no hay laureles entre nos- 
otros, podría reemplazar al laurel si tuviéramos cabezas 
dignas de ser ceñidas por nobles ramas. 

O bien debajo el alto 

Membrudo, recio, corpulento palto^ 

Que al gallinazo en su alta copa asila, 

Y hoja sobre hoja tan feraz apila, 

Qne hallas fáciles gradas en sus ramas 

¡ Oh tu, que en pos de paltas te encaramas ! 

(POBSIAS PERUANAS, PAG. 136.) 

*' La palta que da al pan, su compañero 
Gasto mejor que el de batida nata. " 

Fjílipb Pardo. — ^Poesías, 36. 

En el articulo Cascara hemos expuesto toda la ríquessa 
de vocablos de la lengua, que nosotros no aprovechamoB, 
usando exclusivamente aquella sola voz. Grarcilaso al des- 
cribir la paltay da á su cascara un nuevo nombre que á po- 
006 se les habría ocurrido aplicarle, aun siendo hablistas en 
ico : la llama vatna, ni más ni meaos que si se tratara de la 
fonda de las legumbres, ó á lo sumo de la de la fruta lia» 
xnada pacay y en otras partes guaba. Vaina en este caso 
es la gtjusae de los franceses. 

Ptllap ar — ^Arequipeñismo ó mas bien quechuismoy por ea- 
fñgar ( en francés glaner ) ó rastrajear ó rastrojar como 
preferiria mas de un peruano, aunque ninguna de estas dos 



372 



PAL 



formas yerbales tan naturalmente derivadas del Rustantr 
rastrojo, ae encuentre en el diccionario. 

Mi abaelo D, Mnnnel de Paz-Soldan y Castro empezaba 
oon eeta palabra un soneto acróstico en el qne se propaso 
renair el mayor número posible de nrequipeflismos. El 
acróstico rezaba Pobre chifurero, por antífrasis, porque el so- 
neto iba dirigido á nn acomodado amigo del autor, j d ecift 
sú: 

•t) aUapanda en mi chacra cierto dia 

O bservÉ qne Maria la «rpaáorit (1) 

tS irlando miscas (2) con crueldod traidora, 

&3 ellenaba laiigovijag (3) á porfia. 

tS n furor la FuiUuca (4) la decía : 

O omadi'eja de Pillo (5) asoladora, 

W ¡ja infernal del indio Catarora (6) 

>■ floja lo jitrtaJo, chincha (7) impía. " 

O oiicinyóse con baile la jarana, 

>■ I compás del eharniigo (8) y churumbela, 

S3 ompióle la Pitnittra muy ufana 

H ntonando una dulce pastorela; 

W epitió por tres veces la pavana 

O rguUnsa. bizarra, pnía fwpeín (9) 

Pallar — Especie de frijol, propio, á lo que entiendo, de 

estas tierras. Es como del tamaño de una haba y qaiz4 

mayor, casi enteramente redondo y cliato, y de un blanco 



(1) Dei'rpgr, ■ 

(2) Pnpita. tierna.. 
{3) Tolef^ ^randas. 

(4) Nombro ¡uiiígona^do la majorc!< 
(6) NombrB de nn pngo de Areqníp 



tcrroneBí la deatrípa terrón 



' Abomi 






u alborotadora qao la fulana. '. 



f ihueU peqnefla de cinco o 

ildio «n la prorincia de Uuii 

hta deundu, pata «d ol auclo. ílenne amia s(!iiB}xifa ea fulo, qn« 

M recordaría direclameDls n! caballo deniado de toda ñlla. 



PAM 373 

tan amerengado, que parece cosa de conñteria, ó nn goterón 
de vela de esp¿rma coagulado sobre una mesa — Phaseolua 
paUar. El nombre está sujeto á ciertos equívocos. En el 
Diccionario castellano encontramos, como verbo perfecta- 
mente castellano, Pallar; *' Entresacar ó escojer la parte 
mas rica ó metálica de los minerales ". En el Diccionario 
quichua de Tschudi, Pallarcaki ; '* coger muchas cosas 
juntas ". Eo el de Markham, Pallani : escoger. Solo el 
antiguo quichuólogo, Torres Bubio, nos dice, j no tampoco 
en su vocabulario quichua, sino en el chinchaisuyo^ Pallab : 
'* frijoles que acá llaman pallares ", dándonos poco mas ar- 
riba, igualmente como chinchaisoyo j asimismo significan- 
do coger, una lijera variedad del pallareari y pallani que 
acabamos de ver : Pallanini. Las voces quichuas, ayma- 
raes y del chinchaióuyo so confunden con frecuencia, como 
sucede con las de nuestras lenguas neolatinas. 

Lo que no comprendemos es, á no ser por una de tantas 
coincidencias como se notan en las palabras y en los tipos 
humanos, que haya en castellano un verbo pallar que signi- 
fique lo propio que el quichua. Garcilaso en el índice de. 
sus Oomentarios dice : ** Pallares, legumbres del Perú ^ En- 
tiendo que en Cuba se conoce el pallar con el nombre de 
chocho. 

Damos también este nombre, sin duda por semejanza, al 
pulpejo de la oreja. 

Azara hablando de los frijoles del Paraguay dice : " los 
que llaman pallares son los mejores, producen mucho y tie- 
nen colores muy diferentes ." 

El Mercurio Peruano (1792), VI 33. «'Los habitadores 
de Yca, alimentándose de pallares, tienen los músculos y 
líquidos fofos, como lo acredita su contextura, y el color 
quebrantado de su rostro "• 

PaMpa — Campo abierto, llanura, sabana, y en sentido li- 
mitado en las haciendas, el campo, por oposición á la casa 
y oficinas. 



PAH 



Si de tu caporal ú 

Blanco ¿ negro te lias, 

Y á la pampa no vas todos los diaa. 

Poesías Fbbdanas. 

Los equivalentes de píimpa en otras regiones del mando 
BOn : en Venezuela, llanos, en Estados Unidos, praíriet 6 
sabanas, y en Rusia, gteppe». 

Pampa ( convertida en bamba en tales casos ) entra en la 
composición de muchos nombres indígenas de topogra&a ; 
como Unthamba, Huancahaniha y otros mil. Los iiegí 
Boelen repetir la siguiente ingeniosa adivinanza: 

Pumpa blanca. 
Semilla negra, 
Cincu toritos 
Y una ternera. 

Esto es, papel, tmta, los cinco dedos de ¡a mano y la j>/u- 
ma. Acaso la copla sea eapaltola con la sola sustitución de 
pampa por campo. 

Estar en tv,s pampas, estar á sus anchas ó en sn elemento. 
Pampita y pampüla, graciosos diminutivos, como los equi- 
valentes españolea camplto y campillo. 

PMIC& — Del quichua ppanca. " Hojas qne cubren el cho- 
clo, " traduce Tsohudi, y por i-hocJo pone en alemán maiá- 
kolben, que literalmente quiere decir "la panoja delmaa." 

h&panca, verde ó seca, liune varias aplicaciones caseras; 
sirve paia envolver huinitu», ckitpanas, y la mantequilla 
fresca que venden por las calles de Lima las serranas am- 
bulantes. 

En el valle de Cañete la emplean ademas como tapones 



para 



las I, o: 



t 6 formas en que purga el pan do axúcar, y 



también como hisopo para lavar el mismo pau. Pero el uso 
mas noble y general de la panca y por el que es conocida y 
cara á una parte de la humanidad, es el de citfarriltt» (í« 



PAN 375 

panca^ no de tanto consumo en el Perú como en Chile, j co- 
nocidos j vendidos aun en Europa con el nombre de guate- 
maltecos* En Chile cigan-os de hoja. 

Entre los artefactos de las perfumerías comienza á figu- 
rar una linda panca artificial como envoltoiio de fantasía de 
los jabones de olor. 

Se emplea igualmente como borra, bien detestable por 
cierto, para rehenchir asientos y cojines de sofás, allá en las 
chacras ó lugares de campo ; y otro tanto debe acostum- 
brarse en Andalucía á juzgar por la novela de Fernán Ca- 
ballero, "Lágrimas," cuyo CHpítulo XII, todo, divierte 
grandemente al lector con los gruñidos, rumores y murmu- 
raciones con que las hojas de maíz del sofá de don Jeremias 
Tembleque, interrumpen á cada paso la conversación de 
este risible personaje con su compadre tan bribón como él. 

¡ Cuánto habrían ganado esas chistosas burletas á haber 
podido el escritor español usar el peruanismo panca^ en lu- 
gar de esa frase lánguida y genérica de las hojas de maü^ 

*' Yo regresaba de las verdes lomas 

De un pobre rucio escuálido en las ancas, 

Y vi que con disfuerzo y dulces bromas 

Estaban pico á pico dos palomas 

( Hembra y macho sin duda ) entre las pancas. 

Lorenzo Fraqubla. 

Quítese á este verso las pancas y queda reducido á nada. 
Tal como está es un cuadro completo de toda la costa del 
Perú : la sementera del maiz, algunas pancas por el suelo, 
señal de que ha empezado la recolección, y entre ellas las 
cuculíes escarbando para pillar algún grano. 

En cuanto al sofá á que hemos aludido, viene descrito aai 
desde el capítulo II de la citada novela. *' Un soM, cuyos 
cojines de un coco ó percal que habia sido negro y se volvía 
blanco, como le sucede á los caballos tordos, estaban relle- 
nos de hcjas ele maiz^ lo que proporcionaba la ventaja al que 



ST6 



PAN 



se sentaba en él, de recordarle el campestre gusurvo que foi 
man en las huertas movidas por la brisa. Pero como don 
Jeremías en su vida había leído un idilio, cuando sa persona 
hacia el ofício de la brisa al sentarse sobre bu sofá, se lo lle- 
vaba Barrabas." 

La fnltn del nombre propio produce oqni coiifusionas j 
hasta iinpropiudades estéticas. ¿Se trata de las hojas qae 
susurran, de las que vienen sentadas ó envasadas en la cbQ& 
del luaiz, de las propiamente tales ? No ; porque esas serinn 
inadecuadas como cualesquiera otras de su especie para 
rehenchir cojines; y uo producirían el menor ruido por 
presión, 

Se trata pnes de las que envainadas al rededor de la 
zorca misma, coQStilu3'f n su tiínica, su caucara ó cortesa; de 
la punca, de la tuxa de los cubanos ; de las eahan de los viz- 
caínos segUD Truiíba; y hojfiH de esa especie, rígidas, iniii6- 
viles, no se menean con la brisa más, qu? las de las atcachofaa- 
Eu Chile, Méjico y otros pajses americanos corre aBiraiamo 
lo de hoja por pancai sin que esto atenúe la impropiedad. 

Cuando se lee á los primeros historiadores de la conquisi 
produce un vivo interés el sentir en algunas de nns págíni 
bullir latentes los provincialismos indígenas próximos á sal- 
tar sUí mismo. Tudo el Capítulo CCXV de ta Hiiitoria 
Xas India» de Gomara, escrita como á mediados del 5Í^< 
XVI, es un ejemplo de lo que decimos. Trae uua compli 
descripción del maíz en todas sns partes y efectos, sin osar 
Ue palabras hoy indispensables de chula, patu-a, chodo, mote, 
eaneha, que sin embargo están saltando alli bujo el velo da 
estas perif rasis: 

"Maíz verde" flatkala.J "Comea coeidt la eapi^ en 
leche" (pI choeto;J "j después de íjrnnaiiit, cocida" fet 
motel J " j e\ i/raiio loslíidu" ( l-t eiineh'i;J "y para comer 
yiui, (tmásanto" (la humita.J Hé ftqaipatpableelenríqne- 
ciníento de un idioma por la conqnist^i. 

En esos mismos días la lanip-i es todavía pala, oon 



trian 

para | 

'M 




PAN S77 

nombre español ; y otros peruanismos indígena s comienzan 
á labrarse y formarse, como chogllo j cocohuay^ futuros cAo- 
do y cuculí. Beyes le disputa todayia el nombre á Rifnac y 
á lAfna^ que después prevalecen en lo absoluto ; y roeio á 
garúa ; buitre á cóndor^ camero y conqo de la tierra á Uama 
y euy, etc. 

Pancho— Y en femenino Pancha^ y en diminutivo Patir- 
¿hito y Panehita, nombres familiares de los Franciscos. 
Hasta en nuestros fastos políticos han figurado dos Panchas^ 
conocidas antonomásticamente, por Doña Panchitá, la es- 
posa del Presidente Chamarra, y por Doña Pancha, la de otro 
Presidente mas cercano á nuestros días. En los &stos so- 
ciales hemos tenido El ptxdre Panchito. 

En España, Ourro, Frascuelo, Paeo^ etc. Para loa espa- 
ñoles el pancho no es mas que el vientre, familiarmente ha- 
blando, sentido que entre nosotros rara vez tiene. 

Porque unos y otros por llenar el pancho. 
Del alma inventarán enfermedades 
O audaces tocarán á za&rrancho. 

Rimas del BíMAa 

Figura el pancho asimismo en estos versos (?) del cé- 
lebre don José Joaquín de las Muñecas, en quien lo único 
poético fué la muerte, causada por un envenenamiento invo- 
Inntario con una pócima de opio. 

" Estando comido. 
Pagado mi cuarto. 
Mi pancho harto, 

Y á nadie debido. 
Todo me es indiferente. 

El grande, el chico y el presidente; 

Y principalmente 
En estos tiempos. 
En que todo dura 
Lo que el viento, n 



S78 



PAN 



Paaegirizar — Kac^ nl^uc tiaoipo anuaciurua los periódi- 
coB de Lima que tii Academia esp^Qoia, á propaesta de uno 
de Eus correspo lidie ales eu esta ciudad, se proponía aoept&r 
en BU nuevo Di^ionario el ueologismo Pancjirisar. Sia 
duda ni el docto cuerpo ui su distiaguido corres pon dienta 
en Limn han querido recordar que, aunque no incluido ea el 
diccionario, oso verbo se hallu autoriaado desde hace mucho 
mas de un siglo por uno de los mejores liublistas modernos 
que tiene BspaBa, el Padre Isla, el cual eu su Pray Gerun- 
dio, parte segunda, capítulo IX, dice : " Ea posible qno 
las bocMS de todos estén hoy empleadas en juaneo iV /zar toa^ 
asombrosos talentos " etc. 

El sustantivo gríego de donde sacamos oste verbo, no Isn 
tiene en la lengua originaria ; y sí le bailamos §, enfon 
que hace encomíazo: deberíamos pues couteutnrnos con en— ^ 
comiar, y dejar el panegirizar, que ni hace falta ni esti a 
torizado en la lengua de su procedencia. 

PaoteOQ — Esta palabra entre nosotros se ha, por decirlo 
así, degradado ó sea democratizndo. Compuesta de las doa 
voces griegas j>uit y iheon que siguiñcan todo» tos lUoatg, ae 
aplicaba entre los pagnuos á los templos puestos bajo est& 
advocación ; y aun huy subsiste en Roma un monumento de 
esta e.specie conocido con el nombre de Panteón de Agripa. 
Después se ha aplicado el nombre privativamente al des- 
tinado á recibir los restos de los grandes hombres, coma el 
Panteón de los Inválidos en París, ó los de los reyes, como el 1 
PajUfon dfl/ Eiwríal y otros en EspaEa. 

Entre nosotros «s el panteón, el cementerio ó camposanto 
democrático de una población cualquiera, en donde b6 e 
j^tierraá todo el mundo. Y aunque son bien conocídasya 

idaa las dos espresiones propias, la que mns corre es la J 
B panteón. Cimenterio viene del verbo griego koimac qas J 

[niSca domur, por lo que equival» á dormitorio. Los ale- I 
manes lo llaman Campo de Dio», Ootlenacker ( anticuado. ) [ 



PAN 379 

En griego se dice, ademas, polyandrion , literalmente, mu- 
chos de los hombres, 

Pero nuestro panteón no es el de Agripa; 
Sino el gran pudridero y gran osario 
Do el alma que del cuerpo se emancipa, 
Arroja el sudadero y el sudario. 
No pudre alli de iodo dios la tripa ; 
Pero es alli donde por turno diario 
Ciento cincuenta mil y tantas almas 
Van libres del vivir batiendo palmas. 

Juan de Arona. — ArtIcülos diversos. 

JJn panteón puede pues caber en un cementerio, como cosa 
mas reducida, y como se vé por este ejemplo : " Este dijo 
que habia costeado á suá expensas un cementerio en su pue- 
blo que solo faltaba rematar el hermoso panteón que 

en el centro estaba concluyendo para él y su descendencia. 77 
— F. Caballkro, Clemencia. 

Paotorrilla — Neo- provincialismo que amenaza derrocar 
nada menos que al peruanismo por excelencia, candido. Te- 
ner panforrllla 6 ser i>antorr{Uudo es buenamente ser cán^ 
dido. La pantorrilla en este caso viene á ser la candidez 
oculta, que al fin es descubierta por los Colones de la ociosi- 
dad y de la fisga limeña ; cnyo grito de tierra ! es : la tiene 
huena ! ( la pantorrilla. ) 

Suponemos histórico el origen de este provincialismo, por- 
que antes de su propagación corria mucho la siguiente anéc- 
dota^ encaminada á probar que la fama de candido que se 
quiere dar al limefio, se estendia hasta Arequip.i. 

Un caballero do esa ciudad habia hospedado á otro de la 
nuestra, y estaba maravillado de no hallarlo candido. Llega 
el momento de la partida: nuestro galante arequipeñoeoom- 
pafia á su huésped hasta el patio. Al montar el limeño se le 
arremanga el pantalón y descubre una hermosa y mórbida 
pantorrilla. El arequipeño lo felicita por ella. 



390 



PAP 



— Kola! exclama al boi-ozfido el liiueño, y apeándose iamo-.l 
diatnmecte — ¿ no lo habia vd. notado ? Puea ts vd. á ver] 
que no ea postiza. 

Y suspendiendo la marcha vuelve £ la sala, so la bace to-fl 
car por su absorto amigo, le refiere que ese es un don de f 
famtiin, etc. 

— Caramba ! exclamaba desconsolado paru 8U coleto el ^ 
dneEo de caisa : está visto que no hay limeño que i 
candido; el quémenos, tiene pantorrilla. 

Pañuelon — Asi decimos siempre por pañolón, y paraca 
que no faltan escritores españoles que nos ncompaSen e 
el descuido. Por regla general diremos que el diptongoa 
ue no se convierte jamás en o entre nosotros al pasar a 
derivado ¡ y asi también decimos biienazo en el aumentativo | 
de bueno- Véase ObseriiaeioneB generales. 

Papelada — Farsa, apariencia, simulacro. Supongo que a 
alucie al papel que hace un cúmico, porque liH':0r aao la 6:J 
su pujH'lada es figurar lo que no ha pusiido. 

Paporreta — Hallar de paporreta ea hablar atropeUfida- J 
meuto, sin couciencla de lo que se dice y como de oidaa. J 
La frnso no se encneutra en el Diccionario, y no es 
sin duda que corrupción de lii espresion casteilnua hablarM 
de papo, que vale " hablar con presunción y vaiiidnd. '' Pu»*! 
de verse uu ejemplo curioso en un libro muy antiguo yl 
que nos ataile ; en ka primeras páginas de la " ConquÍsb|V 
del Perú," de Zarate, pintando el modo cómo hablaban loal 
habitantes subecuatoriales : "La gente que habita de bajoi 
de la Imea y en los faldas de ella, tienen los gestos ajudia-^ 
dos, hablan dQjxipo" etc. 

Digote pues al terminar mi cauto, 

Aunque tenga que hublar de paporreta, 

I Ah, cuánto es tu talento í ¡ Ah, cuánto ! ¡ Ah, cuánto ! 

El INTKIUAHTB CASTIUADO, púg. 40. 



PAB 381 

Ya verás, ya verás que este poeta 
Felipe no te habló de paporreta. 

Ricardo Palma, carta epitalámica. 

Paquete — Estar ó acidar paquete 6 raaj paquete equivale 
á bien puesto^ elegante^ prendido, etc. Aunque pasa por ame- 
ricanismo, lo hallamos en Fernán Caballero, y hasta con la 
esplicacion de su origen. *' Estas remesas de vestidos en- 
viados de Londres á los currutacos de Cádiz por los paqn^ 
tes, fué lo que les valió el nombre de paquetes. " ( Oon mal 
ó con bien á los tuyos te ten. ) 

Paraguay — Arequipa. La panoja ó penacho morado que 
corona la espiga del maiz. En Lima no es usada ni conoci- 
da esta voz. 

Ta se acercan los instantes 
En que nace el paraguay, 

Y lo saluda el chihuanco. 
Con su doliente ay, ay, ay. 

Mateo Paz Soldán. 

Surgiendo á arbórea altura coronado 
Del paraguay morado. 

Poesías Peruanas. 

Quichua parhuay. La etimología del Paraguay, Bepá- 
blica, viene del Guaraní. 

En los poetas y escritores de España el paraguay da lu- 
gar á estoe circunloquios : 

Y la mazorca que agita 

Un penacho como un yelmo, 
Sus tocas pajizas abre 
Mostrando el grano bermejo. 

José Vblardk, 



382 PAR 

" El verde maiz qae se nlzn fresco y gaUardo, coi-oni 
con nn penacho de carden ag flores. » Trdeba. Eate penael 
de cárdenas flores es el paragutv, como !ng ¡a)jas de mal 
son la panea. Según el mismo Trueba, el pnragwiy eo Vi 
cneace se llnma eírria. 

Pararsf! — Aqui podemos decir como en free/nr j «mpa\ 
qae no sabenios ni por donde empezar ni p -r donde col 
cluir; tanto es el uso que so hace do e^te formidable, no 
peruanismo, flino americanismo, porque, á no estar engaBs- 
dos, corre con ic^ual favor dosde Méjico hasta Chile, sín ex- 
cluir las Antillas, con el absurdo sentido de "ponerse de 
pié, " " levantarse, " " alznr, n etc. 

¿Podrá equivocarse nn continente todo? ¿No habrá al- 
guníi razón filosófica que autorice ó que por lo menos ateaúe 
tan grosero provincialismo? VeamoB. 

Leoanlarufi es, no solo levanturse del asiento, sino taut- 
bien do la cama ; ponerse de pié ó en, pié, e^ muy largo ; no 
es un verbo, es un verbo con su adverbio, toda una oración ; 
el alce usted ! tan caro á los espa&oles, provoca á preguntar 
¿ qué cosa tengo do ahar ? ¿ mis hnesoa 6 e! bulto que est4 
á mi lado? Hay pues anfibología, mientras queeljüáfMe 
usted, solo se dirijo al hombre qne está sentado, porqae no 
á cada paso hay que dar esa voz á uno que corre, y Bsi 
ambigüedad ea remota. 

En el participio y por oposición k ¡tentado, parado me 
rece muy mal y se presta á ridículos equívocos ; aai 
ejemplo un individuo qne se hubiera retratido sentado, y 
quien se le preguntara cómo figuraba en el retrato, 
tado ó parado, podria contestar impunemente que dea) 
modos en (trio, porque como al estnr sentado no anda ni 
re, ea evidente que esti'i tentado j por lo tanto parado. 

Poro es tanta la aceptación de pirado por en pié, que ¡oh 
vergüenza ! hasta en las obras literarias de prosa y verso ae 
suele encontrar ; cuyo desatino, como el de rimar en verso 
palabras de : ye, con palabras de s, de que no s© hall 




PAR 383 

exento ni el mismo Heredia, es un verdadero baldón para 
las letras hispano-americanas. Son sin embargo y por for- 
tuna les mas \o^ que riman á la castellana. 

¿Podrá equirocarse un continente entero? ¿No habrá 
alguna razón fílosóñca que autorice ó cuando meuos atenúe 
tan grosero provincialismo ? volvemos á preguntar. 

Parece que sí, cuando hasta el castizo y excelente ver.^iñ- 
cador don José Joaquin de Mora lo \x<6 en sus '* Poesías, v) 
(La Gaza.) 

Los señores Cuervo y Bodriguez son los autores del des* 
cubrimiento ; el segundo dice resueltamente que Mora se 
contagió con el americanismo; al primero le asalta esta 
duda: ''¿Lo aprendoria en América?;? Siu duda el señor 
Cuervo recela como nosotros, que un proviucialismo tan gar- 
rafal pueda tenor ó traer 8U.s raices de España. 

Por supuesto que parado corre igualmente en cuanta 
acepción metafórica puede ocurrir : cueJht parado : el que 
no es vwillo\ ser parado ó de géuio parado ( que es el mayor 
crimen que se puede cometer en sociedad limeña ) equivale 
á ser efpetado^ tfeso, adut^to^ y también desgarbado. A veces 
se nos figura que este gran provincialiémo no es corrupción 
del pararse^ cesar de amlar^ sino del otro pararse^ ya un 
tanto anticuado, que significaba panersn ó presentarse en tal 
ó cual aclitad. porque con este puede tener alguna relación 
más que no con el otro. Quizá aun el pararse de Mi)ra se 
refiere al sentido que recordamos. Juzgue el lector : 

<< Luego tumba 
Cosme Hermida: 
¡Cuál retumba 
Su caida ! 
Y él se para 
\ Suerte rara ! 
Con la cara 
Mal herida, n 

48 



Píisnge de escritor e-pnííol nnti^iio hemos leído en el que 
liablíiníJo del modo cqtuo venUu ó se desarrollnban cierl 
plRntnü, decift e! e^critop : " nf pitfnn muy hermoi 
¡Cuántos de los nuestroB hnbrmn ureido vi»r nllí sa provií 
cialigino! En los artículos Pujar, h»pávi<1o y Sancho ñt 
este Diccionnrio ponemo» ejemplos de escritores españolea 
en los qne estos tres provÍTii:!nlisTnos «parecen superficial- 
inciíf-; con la n'.ismH significación qne ncá lea dninoü. 

Parranifa — T el VPrbo pnrmndfnr. Provmciftltsmos ex- 
chtaivninonte oolombiftnos. pquívalentoe é, Ttnea'TO jarana y 
jaranear. No son usndoa en Lima, aunque no (alta quien 
los conozca. Creemos que no ps enteramente atíniída la hi- 
p6teHÍs del señor Cuervo do que haynraos tomado esta vos 
de l"B andaluces. En nuestro concepto viene del asturiai 
k menos qne aea coman Cí ambos dialectos. 



" El mesmn non soy ya, qne parra; 
Y bailes y fogueras cimentaba. »« 



,í/af,a 



Dice un poeta aaturiaiio conté rapo raneo, doa Teodoi 
Cuesta. 

PnrranGtOS — Poco hemos oido sonar en loa últimos tiem- 
pos t-sta delicado y suculento liuienismo, con el cual se 
designaban los bocados escogidos y esquisitos, diciéndose 
comer parrunfitoá ó lie parranfitoe ; y maldito SÍ acierto & 
descubrir de qué palabra española pueda ser corrupción. 

Parmillt — La reunión do parvas 'í miesea en castellano ; 
para nosotros, exclusivamente h-indaita de pájaro». 

Pasarse— /. /oh Pise ó cularse un tacho. Los cliilenos asan 
el primer verbo qne es el propio. E! nuestro lo es tam- 
bién por analogía, porque vale "filtrarae el líquido por los 
poroa del vaso que lo contiene ó poruña superficie cualquie- 
ra. " Poro el lloverse es tan castizo, que viene autorizado 



VO K I 



por los mas antiguos ejemplos de la 



a vejez . , 



PAT 385 

vecina de la maerte, choza sin rama que se llueve por cada 
parte."— La CklE3T£Na, Acto IV. 

"I/v casa se llueve toda 
Del tejado á la bodega, " 

Romancero genei'al. 

Pasoso — El papel qne se pasa. 

Paspa — Arequipa, Cutis sucio y rajado por el frió. Eáta 
palabra, como otras de las quichuas adoptadas por los are- 
quipeños, pe convierte en español en adverbio de modo 6 
adjetivo común de dos, por lo quegüisgüi, súcío^ ccala^ des- 
nudo, y ccaranta sin cejas, lo mismo se aplican al macho qne 
ala hembra, como ya lo hemos notado. Es tamb'oa provin- 
cialismo de Buenos Aires, en donde ademas han formado el 
verbo paspar. 

Patada — Con ese vulgarismo que constituye la fuenta 
principal de nuestros provincialismos decimos patada en ca- 
sos en que cualquier español diria con seguridad coz, desde 
qne vamos hablando de la que larga 6 dispara un cuadrú- 
pedo. Coz bs para nosotros una palabra literaria ó de ele- 
gancia convencional. 

En el artículo /7a¿a/Za nos dice el Diccionario : **E1 golpe 
dado con la planta del pié ó cou lo llano de la pata del ani- 
mal, t^ y en el articulo Ooz, *' El sacudimiento violento qiiia 
hacen las bestias con el uno ó los dos pié:) hacia atrás. Tam- 
bién se llama asi el golpe que dan con este movimiento.^ 
El uso constante de los españoles en este último caso es co9, 
siendo t'xl sn afición á la ptlabra, que la aplican aun á la po- 
dada humana. ¿No habrá algo de reciprocidad de nuestra 
parte ? O mejor dicho ;, no habrá algo de consecuencia de nna 
parte y otra con la respectiva forma de gobierno? 

El español, monarquista, aristócrata, en su empuje de ar- 
riba para abajo arrastra al hombre hasta el nivel del brnto'; 
nosotros en la misericordia de nuestra democracia, ennaes- 



986 



PAV 



tro movimiento ascendente, elevamos al bnrm li-ista ©I hCH 
bre concediéndole gmcioEamento el atributo humano (¿?) de 
dar piitadns. ¿ O lo haremos por eufemismo ? 

Consecuentes al pasar al sentido traslaticio llaman loa 
españolea coz "al retroceso que hace ó golpe que da caal- 
quiara arma de fuego al dispararla," y nosotros piUada, 6 
á lo sumo zapatazo. 

Dar paos ó tirar pitíflim una bestia, es por eetoa trigos 
disparar cuetes; y pnleiir, acocear. 

Hé aqui un ejemplo, de los mas clásicos, de las cocos hn- 
manas de los espHnoles : Ordenanzas del vlrey Toledo (1575:) 
"ítem, Mando: que el indio que pusiese las manos en sa 
padre ó madre, dándole de bufetones, i-oees ú Otros malos 
tratamientos, como estoy informado que lo suelen hacer, le 
sean dado por ellos cien azotes y trasquilado. '' 

Falron — Usamos de esta palabra en lugar da la de catere, 
que por desgracia no se ha introducido entre iiosotroa, salvo 
on la acepción d-j am>i]o de entur en caga. Palroií, según el 
Diccionario, puede ter también " el dueño de Ib casa en qoe 
uno se aloja, en términos de milicia." Tal vez de aqni lo 
hemos generalizado al dueBo de la casa en que viva el íq- 
quilino. 

Patuleco, CB — La porsona que anda con los pies hacia 
afuera como un soldado cuando se cuadra, en cuyo caso la 
postura es marcial ; mes cuando so llevan asi los piés al an- 
dar y por configuración, el efecto es tan desagradable, que 
desluce el mejor t'Uante. El defecto contrario de meter para 
dentro la punta de los pies, como patas de loro, es menos 
común, y no t abremos si tendrá nombre. 

rat'dequfiaT : andar paítiíeco. Salva trae pníu/e^ud y^Mi- 
tulequvar como cubanismos, y los traduce por renco y ren- 
guear. Ni halliimoa tales voces en Pichardo, ni la traducción 
es exacta. 

PiT» — Hacer tapara. V. empavar. 



PEC 881 

PftTada—- En Buenos Aires una pavada es una necedad^ 
una monte^adn^ una lesera como dirían en Chile, una gan$<n^ 
da como dirían en Madrid. 

*' Oh ! déjense de molerme la paciencia j no me vengan 
con pavadas 9 por no decir algo peor, n 

Subidos de un Vago. 

Pechog^a— >La persona menos calta sabe que esta palabra 
en su bnena acepción castellana significa el pecho^ especial- 
mente el de las aves, 

Entre nosotros es la descarada falta de vergüenza, la au- 
sencia completa de delicadeza, la grosera satisfacción, el des- 
ahogo egoista, el yo ante todo y sobre todo que se pasea por 

la sociedad procedido de una pechuga como la de un 

pavo, como también suele decirse cuando la pechuga del pa- 
chiigon «tale de lo ordinario. 

El que gusta de comer ó leer periódicos ¿{^(/orra, el pará- 
sito, el pegote, el eatimpilla de toda congregación á que no 
ha sido invitado ; ol intruso, el escritor su'izo^ sordo al ana- 
tema público, que para eso está encorazado entre los enor- 
mes pliegos de su g^n pechuga, son pechugones j pechuga^ 
nazos de marca mayor. 

Nuestro provincialismo está lejos de ser absurdo. 

¿ Quién, quién al figurarse el tipo que dejamos descrito no 
creerá ver el rostro del sinvergüenza sentado anchamente 
sobre un mar de carnes ? 

La pechuga es pues la excrescencia, la carnosidad de! alma 
que rebosa sobre ella j ahoga todo sentimiento de pudor, 
de vergüenza, de miramiento y de consideración, con tal 
que ella coma, huelgue, lucre y vive á sus anchas. 

Como se vé, es el requisito sins qua tion para medrar en 
tierra peruana. Poseida nuestra sociedad de un estupor, 
de un» indolencia y de un marasmo que con frecuencia 
rayan on imbecilidad, llega la pechuga, generalmente de 



fuero, y liiende viento eu pop» »us olas como tns de un I 
Muerto. 

El pechugón, sin embargo, visto exteriormente, 
de las veces un individuo lan seco de carnea que no da liUt 
y que lleva ul vientre pe^do al espiando, lo quo qo debeea- 
truD»r, porque ani como una npostema interior nc 
gordar, asi la pw/ii/jn, que es el tumor del alma, roba 
jugos al cuerpo y lo mantienñ flaco. 

Ln ÚTiÁcA pechuga que di carnes es la pecliu^ social, 
que la qua hasta aquí henos bosquejado es, p.jr decirlo 
la polítici. Ese que en el teatro rebalsa sobre asiento y me- 
dio, que en las visitas so apodera del uins cómodo sitial y ea 
las ini^sas del mejor bocado; que estornuda y regüelda des 
lante de varias personas como si estuviera solo; quo fnms 
saliva eu el treu hai«ta furmar una laguna al pié du su asiat 
to; ese pechugón está obeso y lozano, y alberga eutre peí ' 
y espnlda los siete pecados cnpítale.^, meU'is li 
porque ese tiene el incoo veniente do asemejarse algo á 
dignidnil- 

Tener p''Khii ja es en España tetier etpalda, y tan 
debe ser la metáfora ó figura nuestra de pe^hugti y p0ehtt\ 
gon, que no otra idea croemos ene intrar en este CAstiso di- 
cho ó locución oíípailijlii : " Crii pecho y echarás espalda, " 
que ea como dpcir : " Sé pechuij^m y engordai-áa. " 

Pega — Juíf ir á la pcgn eu Lima, es jugar á la rnanehit en 
Buenos Aires. Uno de los muchachos la lleva y corra tras 
de los otros hasta tocar á ulguuo, que á su vez la llevi eB^ 
tonces y comienza igualmente ú perseguir á los com; 
ros hasta descargarle do ella. 

Prga-pfSa — Motas vegetales que nacen de una especie 
grama en las hut^nas y potrero», y que se pz-ga» fuerte- 
mente é- los pontalones cminc'o tniníiitnmos por entre la gra- 
ma que Ins produce. Ninguno de los nombres eepnQoles lafti 
deeignn con mas propiedad que el nuestro ; ni iipa, ni la: 








PEL 389 

pazos j ni amor de hortelano, ni mncho menos Xanthio que 
solo se encuentra en el Diccionario de la Academia de 1727. 
Aanqae la palabra pega es muy española» quizá el dupli- 
carla en el nombre que esplicamos, provenga de un modo 
de ver las cosas quichua. Parece que en esta lengua se re- 
pite dos veces la misma voz cuando significa abundancia, 
serie, repetición, etc.* Así por ejemplo los ándenos ó ;jra- 
deria que circunvalaban los cerros en el sistema incaico^ no 
86 llaman meramente pitiy sino pata-pata ; ciertas papitaa 
menudas y viles que suelea dar de yapa ( vendaj») ) en los 
mercados, muñí-mañi; unas frut¡t:is rastreras y silvestres 
muy comunes en los campos de Mirafloresy llamadas tam- 
bién granadíl/itas, por lo que se asem<íj'in al producto de la 
pasiflora, pucht-puchl, etc. 

Peg^ata — Los españoles dicen también pega, y no esclusi- 
YeLxnentQ pegata como nosotros. 

Pelear — Usamos constant(Mnente este verbo por reñir, el 
cual pudiera decirse qaa no existe para nosotros, salvo en 
su acepción primera de reprender. Ya hemos dicho que 
nuestro pueblo busca siempre la ospresion mas material, y 
por eso preferimos pelear á reñir, aun en las acepciones de 
menos fuerza. 

Pelo — No olvidar que también hay cabello, y que pelo 
puede ser el de todo el cuerpo. Con esta palabra nos pasa 
lo que con cachete, pescuezo, palo, que abusamos de ellas, y 
que á veces son un tanto impropias ó demasiado familiares. 

Con 8U pelo y su ¡ana : con el pelo de la Jeliesa, sin dea- 
bastar, en toda su rustiquez: puede que la locución sea es- 
pañola. 

Peloca — Por melena, y pelncon por mplenudo, nmy comnn; 
asi 68 que cuando se trata de una verdadera peluca, que aquí 
llamamos casquete, no falta quien diga candorosamente pa- 
htca postiza, como cuando decimos n?t«2 d^ nognl, pleonasmo 
ideado instintivamente para distinguir la nuez de nuestros 



390 PEL 

nogales ó indígena, de la de los al[n!<)C6nes, exótica 6 im-» 
portada. 

Pero como es de impenetrable nuca, 
No tu7o otra desgracia en su caída 
Que llenarse de polvo la peluca. 

. Ruinas. 

Pellejo — No olvidar que también bay piel. Véase Pelo, 
Palo, Pescufzo, Cachete y Pencado. 

Pellón — La piel que se pone sobre la montura para hacer- 
la mas blanda. En Chile y otras de est.Hs Repúblicas es siem- 
pre un pellejí) mas ó menos fino; entre nosotros es una piel 
manufacturada por decirlo aȒ, ( una de las pocas manafao- 
turas nacionales, porque aun los ponrho* vienen ya hechos 
de Europa ) cm-sistente en una tira de bayeta azul oscuro 
en la que se embuten multitud de hebras destorcidas del 
mismo color, todo lo cual hace una pieza vistosa, mas ó me- 
nos rica y costosa, mas ó menos colchada por el talabartero, 
que ademas se encarga de ponerle un fuerte bolsillo por de- 
bajo, á cada ludo. Asi es que oí jinete en los pesados ca- 
minos no tiene mas que terciarse en la silla, volver la mano 
y arremangar uno de los cantos posteriores del pellón para 
sacar la botella de agua 6 aguardiente, 6 el porongo cuando 
es un pobre diablo, ó la pistola ( hoy el rioolver. ) En lo me- 
tafórico se dice de alguien muy cabelludo, qite tiene «a p0- 
llon en la cabeza por lo espesamente felpudo que es este 
arreo de montar, que solo deja de usarse en las cabalgataa 
urbanas. 

Es curio'-a, como ya lo hemos observado, la suerte de los 
hiitpani tumos de AméHca. Peí Ion y palabra castellana, perdida 
en el maremagnuní del Diccionario de la lengna y en la lo- 
cución viva de la Península, prende en América, se desar- 
rolla con toda feracidad y se hace un sngeto importaaie» 
porque si por allá solo es el aumentativo depella^ por acá 



PEL 891 

ea el hombre á eaballo^ qao es como decir ano de los estados 
civiles del hombre de la América espaAoln. A estos voca- 
blos deberíamos llamarlos indianos^ porque no siendo nada 
en Espafia, se hacen todo acá. 

No creemos, empero, que rnestro pellón deba tomarse 
por el aumentativo de pella^ sino por un derivado ó aumen- 
tativo de pellía fpiel ) como pelliza ó pell*yo. Al apearse los 
jinetes para echar la siesta al pié de un árbol, ó en l^pas" 
cana f a^a pernoctar, el pellón puede servir de colchoatira^ 
do en el suelo. 

Hecho el pellón colchón y el jato apoyo 
Que es duro asaz pura llamarlo almohada. 
Barriga llena, corazón contento. 
Reposa cada quisque sobre un poyo. 

Poesías Peruanas. 

Y el padre del autor de este libro encarándose al llegfar á 
nna pascana al dueño del ranrho, le improvisaba ahora mu- 
chos años estas coplas, quo pintan gráficamente la condición 
de nn trashumante por el litoral peruano : 

Al amigo Carlos Arias 
Hoy dirijo mis plegarias, 
Porque dé posada fino 
A un cansado peregrino. 
Lo primero que le pido 
Con las mas fuertes razones. 
Es que para hacer mi cama 
Me preste cuatro pellones^ 
Y encartuchado un pellón 
A manera de almohadón. 

Pancho^ ya qne hablamos de pellón^ es otro de los cariosos 
hispanismos de America ó indianos. La mejor pmeba de qne 
pelfan viene de pellis es lo que dice Terreros en el primer 
Tocablo : *' manta de pellejos para la cama, n 



392 



PEP 



Penar — Puede qne entre naestros penalista'» se ase e»M 
verbo como ínherento á bq oficio. El Diccionario iganl- 
mente lo trae eo la ncepcion de " pasnr en In otra vi da la» 
penas dol purgatorio. íj Para nosotros, en lo vulgar, en lo 
familiar y en to culto, penar ó estar penando en ana ensa, 
lugar 6 biirrio misterioso, os haber en él aparecidos, vieic>- 
nes, raidos, etc. Véase mas abajo. 

PtntlS — Los revenants de los franceses. En Fernán C 
bnlleru hallamos isombroH, en Truebfl, «í/win/o»: Son I3 
aparecidos, visiones, fanta»rn'ii,t:tc., en que creen Ioh niSoT 
el vulgo y las personas siipt-rticiosas. 

Uaij pen-m, se dice al bublur de un sitio inisterioeo ; 
las penas, cuando se oye un ruido nootarito íuesplionfole. 

Fermín Cnballero. Ca//or ci» tj;</.i etc.: "E^acu* 
asombros? " Trueba, El curu nuevo, capítulo IV, erpam 
y el esp.tnUi. 

Penca — Esta palabra ea españula un el sentido de ' 
hoja de ciertas hortalizas como el cardo y In col, " y tai 
bien en el de rebenque, etc. 

Entre nosotros se aplica á las hojas de )n tuna, j ( 
Cuba, además, á la de las palmas, tn'iyuei/, ffiiaiiu», i 
penca de la tuna es ncre cunio el acíbar, y fétíd» como el 
asafétidn; y acaso por t-sto las madrea y Us nodrizas se 
antan con ella tos alrededores del pezón cuando quieren des- 
tetar á sus niHos. 

PeftiSíar— Por peUiscar. 

Pepa — No es en e^^pnilol sino el familiar de Josefa, y hn' 
blan pé.simauíeute los que la toman como sinónimo de cuesco 
ó hueso de fruta. Cuando la simiente ó semilla es peqaeBa 
como la déla uva, uielon, sandia, o como la de loe lavaderos 
de oro ( por analogía ) entonces, si, se dice pepita, pero no 
pepa. 

Has claro : hay muchas frutas que tienen pepita ; no I 
Kiooe ninguna con prpa. 



PEP 393 

PcpiHO — Curioso es lo que ocurre con cierfcos peruanis- 
mos españoles, ó sea con lo qae hemos creído poder denomi- 
nar hispanismos de América, que han venido á designar 
aquí cosas no enterameut'^ opuestas ni enteramente seme- 
jantes tampoco, como rancho, casquete, piñones, pina, poncho 
j entre otros mas, pej^ino, que es aqui como allá planta y 
frato; pero. ... el de España es el cuhr/mbro, cucumis sati^ 
vus, cornichon de los franceses, que se guisa j encurte, y el 
nuestro es la fruta que se come cruda y que no tiene nin- 
guna otra aplicación ; — es el Solanum variegatum, pariente 
muy inmediato de la heremjena, cuyo aspecto ofrece, siendo 
mayor, y solo morado á trechos, porque el fondo de su color 
es amarillo bajo ó pálido por fuera y también por dentro. 
Su pulpa y su gusto son los de un melón desabrido. Es 
fruta muy ordinaria y despreciada, y se la considera dañina, 
creyéndose de ella lo que á*¿\ plátano guineo, que acompa- 
fiado de aguardiente, es de muerte. 

El pepino de Castilla no ga conocido entre nosotros mas 
que por los frascos de encurtidos, Pickles ; y aun serán muy 
contados los que los conozcan con ese su verdadero nombre» 
por haberse hecho privativo el genérico de encurtidos. 

Esta fruta tan ordinaria y despreciada, y que aun se de- 
signa con el nombre de mata serrano, tiene un antiguo y 
clásico panegirista en Cieza de León, cronista del Perú allá 
por los años de 1530 y tantos, y uno de sus mus simpáticos 
historiadores. 

Hablando AqX pepino por dos veces dice : " Por totlos los 
valles de estos llanos hay también una de las singulares fru- 
tas que yo he visto, á la cual llaman pepinos, de muy buen 
sabor y muy olorosos algunos de ellus. " 

*'Este valle (el de Chincha) es uno de los mayores de todo 

el Perú, y es cosa hermosa de ver tus árboles y acequias y 

cuántas frutas hay por todo él, y cuan sabrosos y olorosos 

pepinos, no de la naturaleza de los de España, aunque en el 

talle les parecen algo, porque los de acá son amarillos qui- 



894 



PER 



tándolep la cáecarR, y tna ^astoene, qne cierto hn meaester 
comer muchos un hombre pam quedar Baiisfecbo. " 

Garcilaso de la Vegd loa l\uinii/rula muy buena. Ka qm 
chua, eachun. 

Perici>lc— No haj tal rila ¡fran-Vt, en el Perú &1 menofl^' 
armo lo pretende el Dicoiounrio. Para nosotros peñeoU 
BÍni plómente ratón. Biaóninio estéril, que nada propio i 
cuerda y que trae á la mamurín multitud de ideas uater^ 
mente ajenas al pequeñHÍmo cuadrúpedo, que con 
hre clásico ha fatigado á los Homero, d los Horacio, á 
Argensola y í los mns insignes fabuHstns modernos. 

Periquito — PüKiQtTTo ó perico. Loro en miointura, 
mo la tortolita es una euíuli abreviada. El que se tieai 
por gala en Iris casaH de Lima, es traido de Guayaquil; el 
indígena nuestro es mucho m ta corto que aquel, y de an 
verde mas subido; niinque inadecuado paní la vida domés- 
tica. Se le vé en los cnmpos atravesar el airo por las tar- 
des en bandikda'í de diez d quinr« lanzando un grito fuerto 
é incesante que parece decir n'gl ! ri(}< ! Perico y loro Bon 
nombres españoles formados por onoroatopeya, como el 
equivalente francís p<;rroqu^l, ea el que ae percibo mejor 
todavia el rerreo peculiar á est<w pájaros, qne al par de loa 
monos constituyen la desesperación del hombre por lo bieo 
qne lo imitan. \o menos imitativa y feliz que perroquot, 
es In otra palabra espaüoln eolurra. 

y en su r.ípido pasaje 
Kl lorito ó papagayo 
Ostentará e! verdegayo 
Tornasolado plumaje. 
Cuuudo en gárrulas bandadas, 
Al arreciar el verano, 
Dojau por el fresco Huno 
Lita Bofocantes quebradas. 

PoSaUs PKkUAHAS. 



. .1 ' 



PES 395 

El perico^ llamado tambieu por loa negros del campo, pa^ 
pagayo j sobre todo lorito^ anida en los paredones de Ins 
huaeaSj tapias derruidas &. Yeáso Lora. 

Pescado — ^La palaljra ifHz no existe en nuestra conversa- 
ción ; aqui todo es pescado^ de tal manera, que hasta loa pe- 
oecillos esos de colores que se ponen en redomas de cristal 
para adornos de las S'ilas y á los que los franceses dan el 
nombre de cyprins dores, son llamados pescaditos. La mis- 
ma re^ioma á que nos referimos y cuyo verdadero nombre 
sería la pecera, no le tiene entre nosotros, como se dice la 
canasta del pan por la panera. En cuanto á la ca^a del pes- 
codo, como podria decir un portugués, 6 acuario como ya 
se anda diciendo en ese lenguaje científico que entre noso- 
tros viene á suplir un vocabulario familiar inédito, de que 
nanea hemos querido usar, el acuario por acá, se llama. . . • 
la cosa esa, lo mismo que otras muchas cosas^ que nadie 
nombra, temeroso en su instinto democrático de que el 
nombre pueda parecer demasiado noble ó culto, como ver- 
bigracia redoma, y mucho mas pecera, que eso ya seria aris- 
tocrático y monárquico. 

Pescado, según el diccionario de Salva, es el de comer, y 
pes, el bravo ó que no vale para ese objeto. A un castella- 
no viejo, no sé si humorista ó ignorantista, le oí decir iiQ- 
perturbable que todo era pez mientras estaba en el agna, y 
pescado después de pescado. Salva dice inadvertidamente 
en otro articulo, pescado hablando de peces. 

Aqxxi, como en pelo, pescuezo, palo, pellejo^ etc., solo de- 
nnnciamos el uso abusivo de ana sola palabra, la más vul- 
gar, renunciando por completo á la otra, que es además en 
algunos casos la indispensable. Asi decimos también can^ 
déla por fuego^ flojera por pereza, animal por bicho, barriga 
por vientre, y tierra por polco, lo que ya constitaye nn 
verdadero y censurable provincialismo. 

Ann los qne meaos lo sospechamos, estamos tan impreg- 



£06 



PBT 



na<ÍOB de iiirn viil)írtr y bíiju detiiornicift, que creoiiios falti 
al cons:ibido cra-lu si usaniüs exprtBÍiínee, frises ó giros qaA 
tionnn nigo i1« ilÍHiingU)<lo. K\ Imliliir y ¿un el eaoríbir con 
propiedmi t-nlro nciaolroa, ea dificil, porqaa teuetuoa qoe 
ajmrtnriio^^ pur cdmpleto do la realidnd. 

¿Quién aentreveró á decir tilf-uero IinLlHiido del adobero, 
esto es", del que hnce ahhrg ? En este vulgnrismo hay por 
otra pnrte fiatisfaccion & In t-xi^iicin que tniiUi^ veces ho- 
moa delutiido, de vtr coh lo» ojo» ¡le la eurn. En alfarero 
solü divisariiimiB á los señores que se apellidan Alfaro; al 
pa.so que en niiobero estiiinos vietidn el tidube. 

Pescuezo — No olvidar que türubien exista ew.Uo, palabj 
quo entro nosotros puede decirse que solo es lituraria, | 
que ñ trocltituoche decimos pesnivío, ooino preferimoa c 
ehftn 6. cunUla 6 mejilla. 

Caballero apura el eufemianÉ 
diré — " Hny cocineruH qu© t 
ividuos en un santiamén "— 



Pero oreo qno Ferní 
cunndo hablando de poí/i 
ben toiMT el cwUo A sus ¡i 

Petaca— H6 nqui nn pe 
briirn aosjTeclirido, quo pe 
tal, porqne es difícil darse 



íiTiistno quicliua que pocos 1 
s ncopturán ahora misma COiil 
pnU mas esp-vüot en aparionoiaJS 
Agr6>>u<.iso ñ esto que lo9 Diccionarios, aun el antígno da ta 
Acndetnia ( 1726 ) lo traen como oo$ft propia y que hojiec- 
sámente e^ palabra culta y u^unl en Midrid, si no eo al 
sentido recto, en el trAsInticio y forzado de f.i'jirreni (hñ- 
ie lí ri'j'u-fj. Pero si desplegamos un tanto de sagacidad y 
fineza, iintai-émos, que Terreros empieza su descripción di- 
ñeiido: Bii Antéric'X... Quo la Academia ( 17^6 ) ilustra 6 
autoriza la suya cou una cita dei inca cuzqueilD Garcilaso 
de la Vttga. Quo este autor no usa la palabra sin desori* 
birla, couio ei faora cosa nu<>va para espailotes; qite en qti!- 
oltuu ^HttaC'i quiere deuir mfor itnüi>f>, y que la yelaca ea 
nn tejiólo, y por consiguiente, unido, de varios materiales» 
Oignwos al inca : ~ 



PBT 397 

En la primera parfce de loa Comentarios, hablando de 
la planta iWio, vlice: " de la cual hacen los collas. . . .lo que 
llaman patacas, que son como arcas pequeñas". 

T en la segunda : "Vieron venir an indio aurorado con 
nuñ petara, que allá hacen de pnja, de forma de arca, que 
podemos llamar baúl ". T en el capítnlo XL : " Al fin sa- 
lió, y á la puerta de la tienda lo metieron en una petaca 
(que ya en otra parte dijlinoa cómo son) en lugar de 
serón ". 

PctacODf na —Rechoncho, retaco. 

Petate — Asi llamamos constantemente lo que en Madrid 
BO se conoce sino con el nombre de estera. 

La estera nuestra es una pequeñísima pieza hecha de ¿o- 
tora ( junco ó enea ) que la gente pobre emplea ( ó emplea- 
ba, pues ya entre nosotros no hay gente pobre, y todo el 
mundo calza botin de Preville, rueda coche de plaza y duer- 
me catre ) que la gente pobre empleaba para tender delante 
de su cama y á veces por toda cama, allá en los buenos tiem- 
pos en que los dioses de Boma eran de barro ; si es que al- 
guna vez han podido serlo aqui, en donde hasta los orinales 
fueron de plata. 

Hay también esteras de carrizo que sirven esolusiva- 
mente para cubrir techos con la respectiva torta de barro. 

Hé aquí todas nuestras esteras . En cuanto á la de Ma- 
drid, ya lo hemos dicho, no es conocida en Lima con otro 
nombre que el de petate. 

Los españoles, pues, abrazan todo bajo la denominación 
de estera, porque pe^j^d solo les sirve para designar al deln^ 
días, para la acepción figurada y para el dicho liar los petates. 
Nosotros llamamos estera á la ínfima y corta, y petate al que 
viene en rollos de Europa y sirve para empetatar las habita- 
ciones, ó como dicen en Madrid, esterar. 

Conociendo nuestro pueblo instintivamente la relación de 
petate j estera, j empezando casi todos los caentos oon qae 



398 Pie 

se entretiene á los niQos con \t\ frase este era ; se dice por 
acá haciendo un gracioso retruécano : 

•* Este era y no er i 
Un petate y una eniern^ 
La estera se volvió petate 

Y el petate se volvió estera. ** 

Picante — Un fn^^^nte es un plato (y también nna comida 
entera ) guisado á la criolla y sobre la base casi absoluta del 
o/í. Se da un ficante como se da un té^ y hay fondiias 
especiales conocidas con el nombre de Picanterías t que casi 
no guisan mas que picantes. Las mas célebres en Lima son 
las del Cercado. En In afícion al picante suele haber mucho 
de afectación de criollismo. 

¿ Queréis que mi musa cante 
O por lo menos decante. 
En un oportuno eitpichc^ 
Las delicias del picante 

Y del peruano seviche ? 

Poesías Peruanas, 231* 

PicaceDa — Preciosa palabrita, inventada sin dada por el 
pueblo para evitar la anfibología de la correspondiente ea- 
pafiola pique^ que entre nosotros tenia ademas la de referen- 
cia á lanf^fia, llamada por nosotros jDf^ua. 

La construcción de picacena es con de 6 por. 

Si un mutuo afecto nos liga. 
Nada importa lo que diga 
De picacena esa candida. 

Sbqüra— 2ia# tre$ viudas. 

* Pickaiía — En la República Argentina llaman asi á la «teo- 
fto, no siendo ese el único de los muchos quechaismos qae 
rdatÍTamente, abundan mas en Buenos Aircst ciudad ( 6 lo 



PIL 



399 



qno foera enloncas ) situada qd las remotas estreinidndas dal 
imperio inca, que en el mismo Lima, que hasta eu nu nom- 
bre topográfico, corrupción de Itimac, esti revelanJo que 
Be hallaba dentro de la jurisdicción inmediata da loa quí- 



I 



Abí lo podemos notar on chucha, escalofrió ó tercianas ; 
va chagua, el hilo con que se baila el trompo ; en iarho, pag- 
pi ypaspar, en opa, pichana y eu otros varios provincialismos 
que no recordamos ahora ; queehuinnoe puros, corrientes en 
Buenos Aires ó en el interior de la República, y euteramen- 
td desconocidos en Lima &. lo largo de nuestro litoral. Véase 
Opa en este Diccionario. 

Quichua /'icAan a, escoba; y picha, verbo, Umf/iar, eseobar. 

* PicbinchS — Nombre célebre en el Pacífico, por un volcan 
del Gcuador y por una conmemoración patriótica común á 
esa Bepúbtica y á la del Perú ; y que en Buenos Airea, en 
terminación femenina y estilo jocoso significa meramente 
gan^a', 6 como decimos en Lima } Chile, una Tnamatfji. 

PJIa — Se dice constantemente por faeníe, palabra que, 
anuqua vulgarísima en Eí^paña, fK>n)o l:i de atileii y arroyo, 
no se usa en Lima, lo mismo que escás dos últimas, sino 
en el lenguaje poético. 

Mis lectores son demasiado ¡lustrados para ignorar que 
pí^ es una buena palabra espafiola ; con todo, no deja de 
ser chocante que los espaBoles casi no la emj>leen más que 
para designar la btutiamal, y que nosotros nos sirvamos de 
«lia flHclusivamente. 

La diferencia y la relación estrecha de estas dos voces 
CBstellaoas, que no pueden sor más análogas, resalta en el 
siguiente pacaje de Hidalgo, Diáloijoa de apacible enlreteni- 
rnienio ( 1606 ) : " Un mozo de nn mercader may ríco iba 
cada día con un jumento por agua á un pilón ó pila donde 
estaba la fuente; y como viese un hidalgo que el jumento 
ee iba derecho á la fuente sin que le guiasen, dijo que se 
espantaba que ua asno tuviese tanta habilidad. Respon- 



di61e nn bellacon que estaba con él que oo se maravillase, 
porqae en casa d'jl tamboritero todos son bailarioes. Pre- 
gautáadola el otro que porqué lo decía, respondió : " Por- 
qne en casa de ese mercader hasta los asnos se van por aa 
pié á la pila ". 

Como sa vé, pila, pilón, y basta pHancon como dtceu ea 
Trujillo del Peiú, son lo accesorio y lo anexo de fuente, 6 
lo secundario, é implicati la ¡dea de caña y chorro siempre. 

La fuente ea el surtidor, ó como si dijéramos el manan- 
tial artificial. También puede ser pila el recipiente muer- 
to, y por oso los españolea y también nosotros llamamos aai 
& la bautismal y á, la de agua bendita. 

La palabra fuente solo la Hsamos en la espresion metafó- 
rica hf^ber 6 saber de b>iena fuente. Y hé aqui una partícula^ 
ridad curiosa : no conocemos &. fuente sino en lo meta£árioo, 
y solo en este sentido desconocemos kpilon, tan usado y tan 
vnl^r en su acepción recta entre nosotros. 

El Diccionario trae la peregrina locución beber del pilan 
y pilonero, por inspirarse mal, por informarse en las peores 
partes. No la nsamos; y eso que en ninguna otra ciudad se 
beberá máa del pilan ni habrá más piloneros que en Lima. 

Asombra la volubiUdad con que ea las épocas aciagas 
van repitiendo todos cuanta vulgaridad oyen, aun cuando 
sea en la plaza del mercado, estimulados, es verdad, forza- 
dos casi por la demente curiosidad de ios demás. Conoci- 
mos á nno de estos que cuando ya perdía toda esperan/^ de 
arrnucarnos una nueva, nos decía con acento suplicante :— 
Pero. ■ . . ¿ ni nna bolita aiquiera ? 

El provincialismo do pila contagió á los mismos españo- 
les desde los primeros días. En loa versos que se hicieron 
en Lima alioi'a cerca de tres siglos, cuando la erección 
S ¡tila de la Plaza Mayor, se lee esta redondilla : 

" Coa esta pila de agua 
Ko dirán los de Castilla, 



PIN 401 

Paes admiran sa grandeza, 

Qae en las Indias todo es chicha *'. 

Agnstin de Zarate en su Historia del Pera, publicada en 
1555, deciaigaalmentept/a de agaa (capitalo I). Más pa- 
rista, á fines del siglo pasado, nn colaborador del **Merca- 
rio Pemano" solo emplea la palabra fuente^ precisamente 
en la descripción de la qne era llamada pita desde tres siglos 
atrás en los versos oficiales con que se celebró sa estreno. 

Por la misma época del Mercurio^ D. Ambrosio de Cer- 
dan y Landa, Simón Pontero, fancionario español de ma- 
chas campanillas, dice asimismo pila por fuente en su 
famoso Tratado de las aguan que fertilizan el valle de Lima. 

El Diccionarista español Terreros es el que mejor define 
el provincialismo que nos ocapa. **Pila^ dice, llaman en el 
reino del Perú á toda ana fuente con sus tazas. T en el 
colegio de la Compañía de la ciadad de La Paz, hay ana 
pila de estas con una especie de columna de piedra blanca, 
por cayo centro, no obstante ser cerca de vara de grueso» 
se vé sabir el agua á la taza superior, por estar casi tan 
transparente la columna, como si fuera de cristal*', 

ün regazo, testera 6 herradura, 
Media luna, anfiteatro de verdura, 
Semicírculo en fin, que engasta y calza 
La esbelta pilu que delante se alza, etc. 

Poesías Peruanas. 

PilUCOn— En Trujillo, pila. 

Pilca — Femenino. Tapia de piedi*as redondas y barro; 
moro de retención etc. Quichua pirca^ pared. Es igaal- 
mente Argentinismo. 

Ptalginilla — Esta palabra, lo mismo que la de chamberí^ 
ha desaparecido casi por completo del dialecto limeño. Pm- 
ganUla y pinganillada^ chamberí y cliamberinada^ dedase 
hasta hace algunos años por elegante y elegancia. Pingani- 
lla aolia sastantivarse y eqaivalia á un petimetre 6 á nn 



¿tfi 



PIN 



lechiíf/uino, como con mucha oportunidad lo observó D. F»i 



Upe Pardo en uno d 



i números de su "Espejo de mi 



-"inyaiii/i 



tierra?' — Véase Chamheri. 

Pan pinganilla bc llamaba (y aun creo que se llama 1iaa~ 
ta hoy dia), na pan difereuto del llamado pan frailees ea 
ser BD forma ovalada y mas afilada y eu estar mas recarga- 
do de manteca. 

1 dialecto gallego significa: "calamoco, ca- 
1 gota de aguHdilla que destila la nariz, bo dice 
de la persona á quien se le asoma por la naris la gota do 
aguadilla. La persona desmadejada, floja ú desvaida ". 
OOVEIRO PlfJOL, Diccionario. Pichardo en sus ProvincíaL 
de Ouha dice : " Pin/janilla, por tanganilla " y tanganillo 
Salva es algo como un tente 

Pínineo — Muy usado entre el vulgo por pigmeo, de ca¡ 
voz parece la presente una mera corrupción. 

PtulDOS — Hacer piníuoa los niSos. Debe decirse pinico* 
6 pinito». Los diminutivos ospafioles en ico, uelo y eíe, tan 
caractcrísticoa de la lengua, no le han petado al peruano ; 
y como decíamos en los artículos preliminares á este dic- 
cionario, que bajo el título general de "Filología" publica- 
mos en el «Peruano" y el «Heraldo" en agosto de 1870, y 
que boy hemos reunido en la Introducción, el limeño que 
hablase de "conchuelaa" y "pedrezuelas", de "templetes" y 
"panetas", y de que su "chico" estaba haciendo "pinicoa-j 
produciría sensación. 1 

Pintamonos — Pintamonas. 

Pintar — Verbo tan usado como el de palanganear, da 
cuyo sigaificado no dista mucho. Salrá consignando esta 
proviucialismo, dico que vale por "hacer zalamerías con 
aigao designio oculto". Creo que se equivoca, y que el 
mejor y único equivalente castellano de pintar, en el senti- 
do que acá le solemos dar, es fachendear, verbo que ea may 
sensible no usemos. 



m 



mf^m 



40S 

De pintar f&le pintar, como áe patangannar, palangana, 
j como de fach'-ndeaT fachenda, (ó mas bien &1 revés, por- 
qae es el sostantiro el qae crea el verbo). Por cooBÍguien- 
te la pintura do an individuo es su palungatiaila, bu 
/aeiienda. 

PUta— Frota americana, bromelta ananás. L& frnta del 
pino so llama pinea, y por corrupción pina, j comparada 
¿ lo qae nosotros designamos con esta nombre pnr anaIo~ 
^a, 68 de UD tamaño insignificante ; como quo la pina 
naestra ó anana, para designarla con su nombre indígena 
y corriente en otros paises Lia paño -amen can os. aunque no 
nace de on elevado conifero y solo tiene asiento en nna 
rastrera mata, truena desde ella y parece armada de cetro 
y diadema como lo ban querido slgauos de nnestros poetas. 

La pina de la co8t<t del Perú, en donde bu cultivo tiene 
algo do forzado, es menor que la de Guayaquil, y de nn 
gusto dulce que eetá muy lejos de rivalizar con la del Ecua- 
dor, que á lo que creo ea la reina de las pifias. 

Ea la profunda ignorancia en que pnr acá vivimos res- 
pecto á conocimiento práctico de las cosas y especies de la 
naturaleza y sus tres reinos, y de la vida rural y agrícola 
en toda su extensión, no sospechamos que piñn no os maa 
que /rufa df pino. 

Nosotros no hemos visto otro pino que el ornamental de 
Kneva Holanda, introducido hace varios aüos; y aunque 
también este da sus f ííiiris silvestres, muy degeneradas, ni 
nadie se habrá Sjado en ollas, ni nadie habrá advertido 
qae esta es la verdadera pina. 

Cnando yo viajaba como estudiante clásico y vi por pri- 
mera vez la verdadera piüa, que asada come el pueblo de 
Ñapóles, en cuyas calles se espendeu amontonadas en las 
esquinas, me quedé sorprendido como el portugués de la 
Décima en Francia, de que el pino diese pinas.' 

No carecerá de interés la descripción de esta fruta hecha 
por loa coetáneos de la conquista. 



404 



PIN 



Oviedo, Ifisíoría Nahiral (1527) "Hny una frnta ( 
llaiaaa pifia, que nace en una planta como cardo, d manera 

de las Zaviras (láhUa?) de muchas pencas y haele 

esta fruta mejor que melocotones, y toda la casa huele por 
ana ó dos de ellas, y oa tan suave fruta, que croo que ea 
nna de las mejores del mundo, y de mas lindo y suave sa- 
bor y vista, y parece en el gusto como melocotones, qae 
macho sabor ten^n de duraznos, y es carnosa como el du- 
rozno, salvo quo tiene briznas como el cardo, pero muy 
Botiles, maa es daiiOBn cuando se continúa á comer para los 
dientes, y es muy zumosa, y en algunas partes los indios 
hacen vino de oHas, fchicha/, y os bueno, y son tan sauas, 
que se dan d dolientes, y les abre mucho el apetito ¿los 
que tienen hastío y perdido la gana de comer". 

Garcilaso de ta Vega en esta misma palabra, porqne el 
proviuciaiismo indíjena anana, como los de ehirlmot/a, ba~ 
nana, garÍM, euntli y otros, es de les que tardaron en apa- 
recer, bíu que se pueda decir por qné, se espreaa asi: "Otra 
fruta que los espaBoles llaman ^iña, porta semejanza que 
en la vista y en la hechura tiene con las pulas de EspaQa, 
que llevan piñones ; poro on lo demás no tienen que ver 
las unas con las otras, porque aquellas, quitada la cascara 
con uu cuchillo, descubren una médula blanca toda de co- 
mer luoy sabrosa ¡ toca un poco y muy poco en agro, que 
la hace mas apetitosa : en el tamaño son dos tantos mayo- 
res que las pinas de acá." 

Uno de los compaSeros de Magallanes (1519), qae rió 
esto fruta en el Brasil, el italiano Pígafetta, es quizá el pri- 
mero que le dii el nombre europeo, aunque todavía por 
medio de una perífrasis, porque dice que se asemeja al amo 
itfl fino. 

rHl»B— Para nosotros no hay mas piñi>nes que loa par- 
gantes, wan de la hüjuérílUí, Bicfnvt n>mKNÍ«, llamados con 
pangrína propiedad por el vulgo piojot dd diabh, seaa de 

pjw otra euforbiacea. Cnaado tos e«paBoies hablan sa- 



PIQ 406 

boreándose de este fmfco, se refieren á los piñones 'dulces de 
pino. — Este piñón es hijo de la pina y nieto del j^íno— Fer- 
nán Caballero, Lucas Oarda : ** Abren las pinas cuando 
están en sazón, y les sacan los piñones para comérselos ". 

Fiqmt-^lnsecto^ ptdex penetranSf nigua en otras partes de 
América. Parece qae todas las plagas menudas se hubie- 
ran dado cita en nuestra costa. Las pulgas de Lima tienen 
fama y renombre hasta en Europa ; el polvo de sus calles y 
callejones se hace memorable en el ánimo de los viajeros, 
que á todo podrán allanarse, y con razón, excepto á esta 
repugnante incomodidad. 

El pique 6 nigua^ bastante raro en Lima y harto co- 
mún en las dio eras y haciendas, particularmente en las de 
ceba de cochinos, es una pulga mínima que se clava en 
cualquiera parte de los pies. Cuando apenas está entrando 
produce un vivo dolor é irritación, y si por ignorancia ó de- 
sidia deja de extraérsele, el dolor degenera en una comezón 
mas ó menos agradable, si es cierto el refrán : sarna con 
gusto no pica. Ya entonces no presenta el aspecto de una 
pnlga clavada, sino el de una perla embutida en el pellejo, 
7 ya haciéndose mayor cada dia. 

¿ Qué bollo es ese 6 tamal 
Que aunque aspira á hacer papel. 
Lego parece 6 bedel, 
O barchilón de hospital ? 
Viene envuelto eu su pellejo 
De puro lustroso lucio. 
Redondo, pálido y sucio 
Cual zurrón de pique viejo. 

Rimas del Rímao. 

Los negros esclavos en otro tiempo y los chinos hoy en 
las haciendas, son el pato de la boda dol pulex penetrans^ 
qae acaba por deformarles los dedos de los pies y por for- 



496 



PIQ 



marlea tatoneraa y rodilleras, paes la inTaaion no tarda i 
propagaras piernas arriba. 

Ya en estos casos no basta !a aguja de coser qne es el 
mejor instrumento para sacar uno ó mas piíjnet, y hay qae 
rebanar con una navaja. 

Conocimos un negro desidioso en qaien ana antigua pla- 
ga de piques degeneró en una horrible elefancía, que al fin 
lo condujo al sepulcro. 

El nombre americano de nigua lia pasado á España como 
vemos por eate ejemplo de Fernán Caballero ("Lágri- 
mas. " ) — " Te he dicho que te largues, holgazán, gríte- 
ba el avaro. ¿ Crees acaso, garrapata, nigua, eaugnijuela, qae 
estoy tan mal con mi dinero que te habia de pagar" ? etc. 
— Quichua, pi'ijiíí. Ea a\eia&a erdfoh, palya de la tierra 6 
mas propiamente, del suelo, como qae de allí no pasa el pi- 
que, sino para entrar al pif . Todos los escritores primiti^ 
vos de indias lo describen f nigua J. 

Pillllicbon — Apodo do los negros 6 chinos que se han d 
jado dominar por los piqui«, y también del que mártir ( 
callos 6 de excesiva blandura en los pies anda como qaie 
pisa huevos Ó como quien está aquejado da piques. 

PiqíilcbODrar — Andará lo piquielion. Esto verbo eamaj 
espresivo, pues hay numerosas personas que sin ser cojas ni 
rengas pisan tan mal y tan feo, como aquellos en cuyos pies 
han hecho estragos algunos centonares de piques. 

El piquichón 63 COmo un Li^nridáo Vidriera de loa ptéa 
tiembla á la idea de que se loa toquen. 

Piqutn — Galán, novio, cortejo, y en Chile «u tiemple. Tam- 
bién se dijo piquinear, j hasta se publicó uu periodiquiUo 
titulado " El Piquín.» En el dia el sustantivo y el verbo 
han caldo en desaso. 

PiquilÍDi — El piquinini, los piquininíé, se dice faraili 

mente por loe chico» £ el Meo. el ni'rio 6 los niaot. La < 

igia de esta voz es curiosa; dejemos la palabra á 



ipi- 

maj 
aa ni 
P'¿ » I 



tlett 



PIT 



40T 



Jlciionary of Amerúraniums : "PlCKASI.t5T. 
( Ea español jiequeño niño, litlle ch'dd ). Se aplica general- 
mente en los Estados del Sur á un díüo uegro 6 mulato. 
Xjos DGgTos aplican la mismn palabra á los aillos blancos. n 

Pirrarse — Desvivirse, moriría por algo ó por alguien ea 
pirrarse; tiene poco uso y parece venir del gallego, en cnyo 
dialecto Bignifícn " deshacerse en cumplidos; mortiñcaree 
por complacer ó consegnir algo". 

Pise©— Nombre genérico del aguardiente de uva que sa 
elabora en las haciendas comHrcanas á Pisco, y que se ex- 
porta por este puerto. Un pigeo ó pieqtiUo ea el botíjaelo 
de barro cocido en que viene envasado el famoso caldo. El 
aguardiente pisco es quizá uno de loa m¿a ricos de la tierra. 

Qaíchua ptscu, pájaro. 

Plscolákls — Salva, no la Academia, trae este vocablo en 
sa Diccionario y lo describe como familiar por tenía en pié. 
Tomar ó echar un piscoh'ibia es tomar ó echar un trago. El 
escritor espaSol don Julio Nombeta usa el vocablo subra- 
jándolo. La última parte, láhi», delata uno de esos tcruií- 
HOB macarrónicos ó de latia paródico, que no escascan en 
castellano, como íít puribtis, á'jiíi* mágilis ; pero ¿ y la pri- 
mera ? Pisco no puede ser mas que la palabra peruana in- 
dígena, que en general significa pájaro, y por el nombre del 
puerto que lo exporta, un afamado aguardiente : da Pisco & 
simplemente pisco. 

Lo que no comprendo es quién, cuándo ni cómo, ayuntó 
6 enmaridó una voz tan indígena con otra tan latina ( por 
la intención ) y echo á volar el compuesto híbrida por re- 
(ponea españolas. Don J. M. Doce en su Diccionario etimo- 
lógico español dice que viene de pizca y labio, imitando ea 
tono jocoso la terminación latina. 

Pltft — Planta americana descrita por los Diccionarios, y 
de la que nosotros soto conocemos la hebra fuerte ó hilo qne 
86 vende en las pulperías y que hace las veces de hilo da 



408 



aa en 



PIT 



Ni en la, descripción qae Salva le dedica ni en iM 
frase ftilo de pi'ta que se registra bajo la palabra hilo, se dios 
nada de ameiieanismo; salvo el conearvar á la planta so 
nombre botánico de ngace americana. 

La palabra tieao una multitud do acepciones espaQolas 
en el Diccionario, y quizá aludimos á algana de ellas en 
nuestra frase metafórica iiedlr pila, que vale píiííc nlájia, 
porque no hemos de suponer que pita en ese caso pueda 
nna diicopa de piedad, {piéías en latin) ni menos una hi 
de pita. 

Resnlta pnes que la cosa ea indígena y el nombre también, 
como no sucede en chicha y otros peruanismos y amoricanis- 
mos. Véase fimjHÍar. La planta que produce la p/ín se llama 
nia'jtify, que en Lima no conocemos, aunque le bay en otras 
partea del Perú. En Andalncia, á juzgar por las novelas 
de Fernsn Caballero, es común el maguey con el nombre de 
pita, que en nuestra América solo significa el hilo ó &bra 
beneficiada. — " T todo está dividido por el verde azulado 
de tas^i'íaa de los vallados". — "La tía Maria estaba hilan- 
do en el lado opuesto, y á su lado las dos nietas sentadas 
en troncos secos de pil-t, que son en verdad excelentes 
asientos, sólidos y lijeros " — Fernán Caballero, La Gavíolti^^ 
—" Un camiuo encajonado entre altos vallados de pitas " 
"El vallado alto, espeso, no interrumpido, se alzaba ¿ ai 
boB lados del camino corao una muralla vejetal, coronadic^' 
por las púas de las^ííííi»- " Clemencia — "Ecos que suenan 
en las concavidades de los aloes 6 pitas ". — Estos ejemph 
prueban la importancia considerable que con el nombre da 
pita ó aloe tiene el maguey en Andatucia. Quichua píi 
hilo delgado do cabuya." 

Piladft — Del otro provincialismo jiiíar. Cada porción 
humo que con la boca se extrae del cigarro es una pit{ 



Al fuego el hocico arrima 
T con frecuente pilada 



PIT 409 

Logra al fin qae el corbatan 
Bajo sas bigotes arda. 

Poesías Peruanas pao. 203. 

Pitar^En baen español no es sino tocar el pifco : entro 
nosotros, aanqae algo familiar, fumar. Para lo primero 
decimos pitear^ j no hay tradición de qae se haya dicho 
nunca qae un sereno pi7a, salvo para denotar qae fuma. 

Desearíamos qae este yerbo se restableciera á su buena 
acepción y qae nos dejáramos de pitar por fumar^ y pitear 
por pitar. 

Pitear — El Diccionario solo dice pitar^ y para nosotros 
pítor, familiarmente hablando, esfumar. No creo que ha* 
yamos adoptado la forma frecaentativa por evitar equivo- 
caciones con pitar (fumar) sino por nuestra manifiesta ten- 
dencia y afición á esta desinencia, que acaso mas que 
nuestra, sea de la lengua misma, vista la frecuencia con que 
infinitivos en ar^ dejeneran en ear^ como agujeí'ar en aguje^ 
rear. Y tal Diccionario que solo trae escamotar^ dejará 
que se le deslice escamotear en el articulo prestidigitador. 

Asi como no tenemos ningún interés en la conservación 
de pitar por fumar, asi desearíamos que algunas autorida- 
des españolas en materia de letras, ya que no el Dicciona- 
rio, nos acompañaran en el uso tan expresivo de pitear. 

Pero ¡ quiá ! Aun Fernán Caballero, escritor provincial, 
andaluz, desaliñado é incorrecto, juega á placer con el pi^ 
iar^ BÍn que una sola vez se le deslice la e del frecnentati- 
vd; 7 eso que es de los escritores que dicen al referirse al 
jñar de los pajaritos, los pitíos ; palabra muy imitativa, pe- 
ro insólita y bárbara. 

Oigámosle conjugar el pitar. — *' Estaba el tio Matias en- 
tretenido en hacer una pitadera ( un pito ) de alcacer ( caña 
Y«rde de cebada ) á Gabriel ** — *' Mientras, habia concluido 
d tio Matías la pitadera, y se la habia dado á Gabriel, el que 



lleno de júbilo corrió Mcia su madre pitando, y solo deju 
do de pilar, para repetir : 

/ Pila, pita, pitadera ! 

Que tu madre está en la era : 

Cuaado ae ponga amarilla 

La meteráo ea gavilla. 

La pisoráa en la trilla, 

T se la comerá la borriqailla: 

Si no pitas to ho de matar. 

(Más hoiior que honoret. J 

Pasando ahora de lo filolójíco á lo literario, ¿no es inte- 
resante esta corrección relativa en una copla popolar? AUi 
se toma rápidamente y desdo sii mas verde infancia, toda 
la breve historia de uu cereal : caQa tierna ó alcacer ; espi- 
ga amarilla y metida en cinto, esto es, en parva ó gavilla ; 
pisada después para ser titilada y desgranada, y por últi- 
ma comida por la borriquílla, cuando ya no es mas qae pa- 
ja ; cuando ya el alcacer eglá duro para pitos. 

La veloz imajínacíon del pueblo ha trazado en ocho ren- 
glones rimados, que pueden rodacirae i ocho palabras, lo 
que parabólicamente es casi la síntesis de nna vida hl|*fl 
mana entera. ^fl| 

PlanKZi) — -El golpe dado con el plano da la espada 6 stt^ 
ble. iJai' (ieji/anaaos es arrimarlos. Los españolea tienea 
la elegante palabra cintarazos, que, aunque significa lo pro- 
pio, recuerda por desgracia los golpes dados directamente 
con el cinto de la misma espada y sotisface menos- Plana- 
so no figura en ei diccionario ni ciutarazo entre nosotros, 
sino es bajo la pluma de algún hablista en ica. 

Planchado — Sin nn cuarto en el bolsillo, sin blanco, tal 
como está el chaleco cuando acaba de salir de la mano de 
la planchadora. " Mucho acatamiento te harán 8Í vas i 
planchado como ahora ! "— { R. y C. Museo de limeñtu 



PLA 411 

Plata— Asi llamamos al dinero^ usándose poco est<a pala- 
bra. Salva trae plata en la acepción nuestra con el acos- 
tumbrado P. Amer {provincialismo americano ). Con todo, 
yo juraría que en la Monóntrofe 45 de las Eróticas de Ville- 
gas, el peruanismo 6 amerícanismo está usado por el cantor 
de Nájeray que no era sino muy espaflol: 

" No hay para Amor linaje. 
Ciencia y virtud se huellan ; 
Solo ]a plata miran, 
El primero perezca 
Amante de la plata '* 

Y en Fernán Caballero ( La Gaviota ) leemos : '* El escri- 
bano. •• .descarado bribón. . .animal maléfico que solo se 
domesticaba á fuerza de plata. ** 

Tal vez en este ultimo autor el provincialismo ha trasmi- 
nado por el intermedio de la Isla de Cuba, que es el órgano 
por el cual la América suele trasmitir á Espafta sus voces 
provinciales ; salvo que la que nos ocupa sea originariamen- 
te Andalucismo y de alli nos haya venido. 

Platal— Dineral. 

De un gallo maldito 
El músico afán. 
Que á ser un canario 
Yaldria un platal. 

BiMAS DEL BiüAO. 

Plátaao— Y en gran parte de la América banano^ Musa 
paradisiaca. Lo mejor que podemos advertir á nuestros 
lectores peruanos es que el árbol llamado en Europa plá^ 
iano desde la mas remota antigüedad, el celebrado por 
todos los poetas latinos, Jamque ministrantem plaianum po^ 
iofUibits um&raa— Viro., el que hoy mismo es tradicional 
en muchas ciudades del Oriente, el que trae su etimología 
de la palabra griega plaiist que significa andiOf dilutado^ 



412 POL 

no tiene nada que ver con nuestra Muaa^ distinguida en 
Earopa con el nombre americano de bfinano (en francés 
banano y el árbol bananier). 

Una cabeza de plátanos es lo que los franceses llaman u» 
régime de bananos^ tomando la palabra, no de régimen^ sino 
de racimus. No entramos en la descripción de esta fruta 
por ser demasiado conocida. 

Playeros — Gremio matriculado de nuestros puertos» que 
se emplea en acarrear las mercaderías de las lanchas á la 
Aduana. Están divididos en cuadrillas con sus cabos» sar- 
gentos y jefes, y dependen directamente del Administra- 
dor de la Aduana. 

Piona — Por femenino de plomo (color plomo), es una 
barbaridad que se suele oir en el Perú y en Chile. Yaya 
una muestra de este último lugar que tomamos de ano de 
sus periódicos : 

"El poeta Juan de Arona 
Su espléndida leva ploma;?. 

Plomo- E\ plomo dicen nuestros albañiles por la plomada. 

Poblano — Palabra bien formada de pueblo para designar 
lo que le es propio y característico. Un español diría aMeo- 
nOj lugareño. Los gauchos argentinos dicen pueblero. 

El hijo del galpón como el poblano ; 
El discolo hacendado casquivano. 
Desconfiado, egoista, falso, artero. 

Poesías peruanas, 223. 

Foecharso— ilrejttípa. Sentarse en el suelo de golpe. 

Foitera— Los españoles dicen constantemente folda^^ 
reservando el nombru de polleras á unos oanastos largos en 
que se trasportan poZ/of. 

Pero en lo antiguo llamaban pollera á ana parte de laa 
faldas designada otras veces con los nombres de hrM 6 



PON 418 

guardapiés^ por lo que el proviacialismo no es enteramente 
absurdo. 

En las comedias españolas antiguas se halla con frecuen- 
cia la palabra pollera en este sentido : 

Rojas Zorrilla, *'De fuera vendrá quien de casa nos 
ecliará, Jornada I. 

— Vos liablais damas de tan alta esfera 
Qae la tercer palabra es la pollera^ 
Si por hombre de manos sois tenido, 
En dar pollera sois poco entendido. 
— Eso, Aguirre, es culpar la bizarría 
— ¿ Bizarría llamáis la bebería 
De desnudaros vos por darles trage f 

PODCho — Manta 6 casulla usada para montar á caballo en 
casi toda la América española, tan conocida, que omitimos 
su descripción minuciosa. En el Perú los mas valiosos y 
estimados ponchos son Io3 de lana de vicuña^ que suelen 
costar hasta cien pesos fuertes. 

Poncho^ poncha^ es un adjetivo español que significa ^/lo/o, 
perezoso^ dejado. ¿Derí varemos de alli el provincialismo 6 
del araucano pontlio? Sin vacilar preferíríamos esta eti*» 
mologia si las palabras del Padre Pebres, autor del Diccio- 
sarío araucano, se limitaran á decir : mantas^ frazadas 
gríiesa$9 burda$. Pero no es así, y en el artículo del caso 
leemos : 

**Pímtho^ poncho^ dicen ellos sus ponchos, mantas 6 fra- 
zadas gruesas y burdas**. El traductor habla de poneho$ 
como de cosa anteriormente existente, como si sdbre ese 
provincialismo se hubiera formado la araucanizacion pon^ 
ihot cosa que nada tendría de estraño, porque los Voca- 
bularios indígenas de América están llenos de palabras 
espafiolas desfiguradas, que se hallan en el quichua, en el 
aymará, en el guaran! y hasta en las lenguas«6 dialectos del 



414 



POK 



Chaco argentino y de la Fatnpa, llaniadaB LuU la ods 
Lengua Famjio. !a otra. 

En Colombia llaman ruana tX foncho ; "y á esto propó- 
sito (se dice amostazado el autor de laa Ai^Hftue.iones sobre 
el lenguaje bogotano, segunda edición) '"no damos con la 
razón qae haya para aconsejar que á nuestras ruanag las 
confirmemos con el nombre de ponchos, can que ee cono- 
cen en otras partes de América ; con igual derecho po- 
dríamos exijir nosotros (¿ todavía exijir?) que se dijese por 
allá ruana y no poncho". 

No, eeaor D. Bu£no ; do con igual derecho, porque no 
es lo mismo, cuando se trata de uniformar un idioma, el 
provincialismo de una provincia o Estado, que el que cam- 
pea en todo un continente ó poco menos. La voz poncho ha 
pasado ya hasta á loa diccionarios de la lengua castellana, y 
ruana espera todavia y esperará hasta el día del juicio en 
la antesala, porque no tiene coudiciouoa de vida cosmo- 
polita. 

En lo que dice en soguida, siempre amostazado, estamos 
enteramente acordes con el ilustrado Sr. Cuervo : "Ningona 
de laa naciones hispano-americunas lleva á laa otras tanta 
delantera en el camino de la civilización, que pueda i] 
serles sus idiotismos y variaciones dialécticas". 

Muy bien dicho ; por ahí van todas ellas en "la 
danza de energúmenos" que están bailando hace seteol 
años, como decin D. Felipe Pardo. En ellas es magnífico el 

suelo, magnífico el cielo el entresuelo eao es 

lo que deja que desear. 

El Sr. Cuervo alega que ruana ea voz castellana, en acep- 
ción algo parecida, y que aun se encuentra en Quevedo 
no lo dudamos ; mas también en nno de los sainetea di 
X). Eamon de la Cruz hay un personaje que ae llama Pt 
chito ! 

Eetar k poncho : estar i ciogaa, á OBcnraa sobre al] 
ponto ó suceso. ..■,.; 



co el ' 



POS 415 

Pongo— Paso angosto entre rocas mas ó menos altas y 
perpendicalares que se encuentra en el Amazonas y sns 
afluentes, como el Pongo de Manseriche^ el de Ohasuta j 
otros célebres por la difícaltad que la rapidez de la corrien- 
te presenta á las balsas y canoas. Del quichua puncu, jpuer^ 
ia^ portada, aunque carezca de hojas. 

Libre de pongos ya ; del de Chasuta 
Y del de Manseriche, 
Que lo estrecha, lo muele y lo ejecuta 
Mas que á la caña el moledor trapiche. 

BiMAS DEL RÍMAC. 

Porfla — La porfía mata la casa. El no pronunciarse en 
América la 2; y c, que á primera vista parece una falta in- 
significante, puede traer grandes dificultades y tropiezos 
en la conversación. Por ella no podemos decir pecera, acucí,^ 
riOf porque se entendería pesera, la caja de las pesas ; ni 
caza sin agregar cacería, para que se comprenda que no 
hablamos de la casa habitación. 

Pero en ningún caso ha sido mas lament&ble el equívoco 
qne en el presente refrán : oyendo decir la gente la porfla 
fnata la casa, se devana los sesos preguntándose cómo la 
porfía puede matar una casa, que es un edificio, sin que 
instiutivamente dejen de advertir que se trata de chi dura 
vtnce. Quizá para evitar anfibologias se ha preferido la otra 
forma del refrán : la porfía mata el venado. 

Porongo — Véase Mate. 

Poroto — Del quichua purutu, nombre con que en Chile 
y la Argentina se designa á lo que nosotros llamamos /ri/o* 
lef, y los españoles jueíí a, habichuela j fréjol. 

Porrft — Echar 6 mandar á la porra : echar á paseo. 

PosiciOllf posesión — Nada mas natural aquí y en otras 
partes que confundir estas dos voces, que apenas distan 
entre sí el grueso de una letra, y cuya etimología es tan 



so 



PRH ' 

distinta. No ínttA algún cnndoroso que aun vttj?a á ba3Cfl] 
la solacion de aii duda ea el Diccionario ds sinónimon. 

La confusión nace á veces de ignorancia, de negligencia 
y hasta de lapsus Unijute. Para que el menos advertidlo 
salga de apuros, no tiene mas qae recordar ta Mcil etimo- 
logía de ambas eapresiones. ¿Cuál ea la de posición? Pues^ 
io. ¿Y la dií poKi-Kion? Piikcct. Por consigniente : "El 

enemigo ocnpa buenos puestos laego son jmgieionea. 

Fulano va :Í entrar á posoer sos bienes, luego es posesión. 
Tal individuo tiene nn buen puesto en la sociedad, esa os 
una buena ^om'ci'on social. 

Potrero — No es en espa3ol sino el que cuida de los pntros. 
Entre nosotros, cualquier campo cerrado y no cultivado, y 
figuradamente, todo lo rústico y desaüfiado. 

Es indudable que el mejor equivalente espnSul de potrero 
en el sentido que nosotros le damos ea dehesa. La comedUi 
de Bretón, " El Pelo de la Dehesa, " en términos peru;^Q0S 
63 solo " El pelo del potrero. » 

Potril, segnn el diccionario, es " la dehesa en que aa crían 

loa potros y se nsa también como sustantivo. " Pu- 

trero es " el que cnida de los potros cuando están en la de- 
hesa. " Trae tflmbien el diccionario deli«sa de potros y d^l^aa 
de yeguas ; luego nn potrero es una dehesa. En inglés, 
zing-¡^arle. 

Prendedor — El alfiler dé corbata, como dicen en Mi 
Alabamos el gnsto de emplear cnatro palabras para lo 
puede decirse en una. Esto es, empero, lo que se llama la 
pureza de la lengua y ol casticismo. No solo al de la cor- 
bata, también ni qne asan las señores y qae suele ser mas ó 
menos \-k1Íoso, damos el nombre da prendedor, sin que por 
<i//Í/t eutendamoH otra cosa qae Vépin^, y el pin do los 
ingleses. Pre^idedor ea el Diccionario, eqaivale simplemeo- 
tn ktl f uí proide. " £n la pediera de su camisa un alfiler 
cuyos brillantes estaban medio dormidos r — F. Caballebo. 
(Aenmcia. 



dfh^aa, 

lo ípi^^^^^l 



PRE 417 



" Prendedores^ cadenas y dormiloiuta fueron asimismo 
conocidas. ^ 

Grana. Sé bueno y serás feliz. 

Prestigioso — El timbre de nuestros hombres populares, 
políticos ó militares, según el Diccionario de la Academia 
significa simplemente prestigiador^ esto es, prestidigitador^ 
palabra que aquel docto cuerpo no acepta, j es lástima, 
porque pinta materialmente la presteza de los dedos, como 
BO lo hace prestigiadar^ término abstracto por el estilo de 
ensalmador. 

Si fuera del Diccionario no hay algún escritor español 
que autorice prestigioso en el sentido de hmnbre de prestigio, 
estamos perdidos ; porque resultará que todos los prestigio-^ 
sos que nuestra prensa periódica cacarea desde hace cerca 
de medio siglo, no han sido mas que prestidigitadores y . • • 
sus equivalentes. 

Prosuf nestar — Grosero, bárbaro, rudo verbo que si no me 
engaño ha cundido ya por varios paises españoles y aun por 
la misma España. Quiérese decir presuponer^ mas como sa 
trata de recordar al importantísimo sugoto llamado Presu- 
puestot háse formado en honor suyo un verbo que lo recuera 
de mas directamente que pi-esuponer^ como aquel bárbaro 
que de educación sacaba educacionador^ como hubiera po- 
dido eonversacionador de conversación. 

El señor don Fernando Paulsen en sus " Reparos de Be- 
paros 7) dice que el participio presupuesto se ha hecho ya 
sustantivo, y que teniendo el sustantivo presupuesto^ ''¿ qué 
cosa mas natural que deducir de él el verbo presupuestar ? 
¿ No sacamos de docunieniOf documentar ?n 

¿ Y por qué de una vez no sacaremos, pregunto yo, de 
enamorado enamoradear ? Enamorado se ha hecho ya sus^ 
iantivOf como que decimos un enamorado; ¿qué cosa mas 
natural que sacar este verbo ? ¿ Y de amante, que también 
es hoy ** un respetabilísimo sustantivo, " amantear ? ¿ Y de 
MpuestOf igualmente «* ennoblecido " y lecho sustantivo. 



tiipuestar ? ¿ T de Páaleen, tuslanlivo hacendado de Qlri- 
Ilota, PauUmear ? 

Prosa — Gastar prosa, tirar prosa, echar, vsar, etc. Darse 
importancia, una importaDcia ridicula que suscita la incre- 
dulidad. Aquí prosa vieao & ser \a prosopeya que describe 
el Diccionario. 

Prosista — El que gasta, lira, echa 6 usa prosa. Este pe- 
raanistuo ea un tanto reciente, y ee repite mnclio en Ik oon- 
versaciou lo mismo que el anterior. 

PrOTisorio — A las personas meticulosas que qoieren que 
so di{^o Prí SI íí cu íe provisional y no provisoTto, les diremos 
que aunque el primer adjetivo es el castizo, la política, qao 
como todas las ciencias necesita su vocabulario técnico pro- 
jHo, ha liecho del segundo un tÉrmino precioso, por la sig- 
niñcacion qne le da uu largo uso histórico : lo qne es entre 
nosotros remonta á loa primeros diaa de la independencia, y 
aun el clérigo Larriva qne publicaba sus invectivas en esa 
época, pugna por desasirse del provisional cuando díce — 
" Pues bien. Yo te habilito, 6 Basilio Yeguas, para qne pro- 
visional 6 provinoriamente, autorices 6 puedas autorinar to- 
do lo que nos formemoa ó subrognemosj' — {El nuevo de- 
posiiaria, agosto 30, 1821 ) — Eso no quita que algunos de 
nuestros Provisorios del decenio de 1S30 á 1840, encabecen 
BUS decretos y domas actos oficiales titulándose Presidente 
Provisiona!. 

Pruebas — Las Piíiebas 6 Ln Maroma, son palabras llenas 
de encanto para los nlQos de ciertas clases sociales, porqae 
les representan la función que dan los maromeros, acróbatas 
6 funámbulos, para adoptar las dos elegantes voces griega 
y latina, ya que la castiza de volatines se ha corrompido en- 
tre nosotros, y solo designa la voltereta que se da en el aire, 
y no al mismo que la da, á quien llamamos volatinero. 

Pruebista — El que hace pmelias como volatitiero ó mari 
mei-o ( estilo popular, ) 



PUC 419 

Da volteretas, 
Equilibrista, 
O zapatetas 
Como pruebista. 

Los MÉDANOS. 

Pocho— Del qaicliua puchu. Panta, cabo, cola ó colilla de 
cigarro, largas perífrasis españolas que quedan saprimidaa 
con naestro peraanismo. Es voz de mncho uso, y también 
en sentido figurado para apocar á una persona 6 cosa. 

ün pinche de cocina á quien el favor democrático llevó á 
Mnnicipillo primero j luego á Diputado j aun á Senador» 
apostro&iba asi desde esas alturas al que habia sido sa 
amo : 

" una sonrisa 

De mi desden es mucho 

Para tí que no vales ni aun el pucho 

De nn pésimo cigarro. " 

Otras veces equivale & ardite, bledo, higa : 

Pues á mi me importa un pacho 
Que forme de mí Congreso. ^ 

Sbgura — ünjugitetet acto I. 

La gente plebe cuando se le apaga el cigarro y no quiere 
perderlo, se lo pone tras de la oreja como el escribano su 
pluma: 

Puesto de camisa en mangas. 
El chaleco del revés, 
Y el pucho tras de la oreja 
Apuntándole á la sien. 

Embozados en los ponchos. 
Baja del sombrero el ala. 



PDJ 

Y el pucho tras de la oreja, 
A paao resuelto HTsnzaa 
Dq8 hombree. 

Poesías Pbbuakas. 

PMkiada — Movimiento popular parcial, que no tleoe ma- 
yores coneecuenciaB. Vano es qae se qo3 propongan las 
baenaa palabras Cflatellanas asonada, tumulto, motín, bullan- 
ga 6 balla'je ; nosotros, como ya lo hemos inculcado mil 
veces, necesitamos'eo nuestra vida poco ó nada intelectual, 
ver con loa ojos de la cara; y solo con el precioso provincia- 
lismo veremos desfilar á nuestra vista al Pueblo en cuerpo 
y alma ; 6 mejor dicho en cuerpo solo, porque el baen So- 

ber .... asno de nuestros días ae lanza ú lo sabe 

mismo? se lanza á ejercer la loberania como una 
dante. 

En cuanto al diptong'o ue de pueblo, no convertido en o, 
pocas reglas hay mas absolutamente respetadas en EspaSa 
j mas totalmente olvidadas aquí, que la presente. En Es- 
paña aun del nombre propio Manuel derivan Manolita ; nos- 
otros Manuelllo i y si á mas no poder decimos cáiolela y 
aoletat es por haber venido hechas de EspaQa ambas voces 
como nombrea'propios ; sin lo cual habríamos tenido eazu^— 
leía y gueleta. Esto y el horror á todo diminutivo que no es 
en ito, y á toda terminación plural cuando vigible y palpa- 
blemente no se trata de dos ó mas objetos, son los rasgos 
principales de nuestros provincial i stn os no indígenas- Agre- 
guemos igualmente el prurito de sacar verbo do todo sus- 
tantivo y reflexivo de todo verbo. 

Pnjftr — Metafóricamente, despedir á alguntt con cajas des- 
templadas, rechazarlo perentoriamente, {rsnvoyer qvelq'nn,) 
sai es que "lojiujaioit, " " lo hnu piy'rtrfi), "" salió pM/arío " 
etcétera, son frasea que se oyen á cada paso asi eu la esfera 
política, como en la social y como en la del galanteo 
amor, pues tanto el empicado que es dado de baja, co: 



oo- 

'4 



PUL 421 

visitante despedido de ana casa y como el novio que lleva 
unas calabazas, todos salen igaalmente pujados 6 reciben nn 
puje. 

Un puje 6 un buen puje es dar nna lección, echar una re- 
primenda ó peluca. Pujar alguna eo$a es repelerla de an- 
temano con toda energía : 

Precipitarse es un lujo 

Sin influencia ni influjo, 

Y aunque ustedes me despidan, 

La pujo j la contrapujo 

Como dijo cierto quídam. 

PoBsiAS Peruanas, pág. 335. 

Una carnicera fué llevada al juzgado por haber dado de 
pnfialadas á uno de sus mozos. Interrogada por el juez, 
observó que ''¡ cómo no habia de hacerlo pues, cuando el 
muchacho le habia dicho que en lo cavilosa que estaba se 
oonocía que su marido la estaba ^u/aru!o /;? ( dejándola por 
otra.) 

Andar pujado : estar en desgracia ; pero en buen español 
esa misma frase significaría todo lo contrario. Fbrnan Ca- 
ballero. Pobre Dolores ! ** Porque mas que sea un buen 
trabajador que todos le quieren y siempre ar^da pujado^ 
sabe Dios cuando habria podido pagar. » Aqui se refiere á 
la pvja de las almonedas. 

PilgtS— S^0r de pocas pulgas^ corrupción de gastar malas 
pufgas. 

PalpMriA — La trae bien descrita el Diccionario como 
** Tienda de las Indias " etc. Pulpero, el que tiene jn¿Zpma. 
En castellano pulpero no significa mas que pescador de pul- 
pos. Garcilaso trae este provincialismo ( pulpero ) que como 
dfnarroni jarana^ chapetón^ criollo^ baquiano j otros, fueron 
aplicados por los primeros españoles mismos. De ahí pro- 
viene que pulpero figure también en el Diccionario en la 
acepción que aqui le damos. 



422 PÜQ 

El seilor Eojus bu sus " Cíen vocablos indígenaa " de Ve- 
nezuela, artícalu Guarapo, deriva A /)ulperia do ¡mlijuerta, 
" del vocablo pultju^, nombre niejicino dice, del licor espi 
rituoso quo so saca ea aquella región del agave Ó maguey. " 
Y agrega : " La Fulqueria mejicana equivale por lo 
á la chichería colouibiana. Ed las antiguas pulquerl 
Méjico, solo se eapcndia el pulque, y de aqui el nombre 
al ventorrillo indígena. En las antiguas pulperias de Ca- 
racas, que aa fundaron á principios del siglo i Vil, deapaes 
que comenzó á cultivarse la cafla, solo se espendia el agau^ 
diente de caSa. '' En Santiago de Chile llaman á la palpa- 
ria despacho : también en Andalucía, á estará un passge do 
Fernán Caballero en la Fitmilin. Ahareda. 

Puna — " Región inhabitable por eacesivo frío, » dica Sal- 
va. Tudo lo que tenemos que agregar es, qne entre nosotros 
esa región se encuentra en las altiplanicies de los Andes 
llamadas genéricamente íci p'ífiu, palabra quichua, que en 
Tschudi, Markham y el mas antiguo Torres Rubio, significa 
esto mismo. También en Garcilaao. 



espi- 



En laa altas regiones de la pana 
Do el albo irúnlar silencioso reina. 
De estoa hilos de plata está la cuna. 

Poesías PbbüakAs. 



Pnquio — Dei quichua púquiu, manantial. Agua de puquio, 
baños de puquio, el puquio y puqaialae son frases may 
conocidas por agua y baQos de mauautíal, el manantial j 
matiautiales. 

En esta como en otras voces indígenaa observaremos oaa— 

vameate la curiosa aunque ciisunl identidad con las correa- 

dientoa latinas. Puquial recuerda ¿ lo vivo el piitealis da 

'08, que es el adjetivo de pozo; pero nuestro puquial 

inichna, sino una castellanizacioa de paquiu 

letivo, es como un nombre colectivo. 



I 



PUT 423 

Plirisimitas — Hacer purlsimüas, locación del antígno li- 
meñismo, casi desusada hoy, como que apenas se oirá en las 
conversaciones femeninas de recámara. Eqnivalia á hacer 
prodigios de demostraciones y espresiones, á bailar el agua 
delante^ como dicen los españoles, con el objeto de obtener 
algo. 

En español hacer cocos y monadas^ y aun simplemente co-^ 
car^ como se vé en los siguientes versos de Calderón de la 
Barca, que casi conjugan por entero ese estrañísimo verbo, 
desconocido en Lima: 

— Cierta mona en estos dias 
Siempre cocándome anda 
Con gestos y con visages. 

¡ Ay, que me ahogas, Lebrel ! 
No en el pescuezo me hagas 
La presa. 

— Por mas que coques^ 
No te irás. 

— ¡ Ay, qué linda 
Monioa ! 

-^Oócala^ marta. 

( Ei Mayor encanto Amor. ) 

FlrtiUft-^Pajarito, myarcue coronatus. Es del tamaño de 
nn gorrión y tiene ( ol macho ) la cabeza, pecho y vientre de 
ocdor de &iego, y el dorso negro. En la hembra son blancas 
7 de ningnn mérito aquellas partes. 

fin algunos valles lo llaman piehibilin^ nombre entera- 
meóte onomatópico como el de cucuiU chaucOf chirote^ juili^ 
jpiOf íindio etc. ; en otros lugares ( Arequipa ) püco^ y en 
otroa, finalmente, y según el viajero Tsdiudi, eaca-turecU. 

^piehibilin se mantiene quieto en la punta de la varilla 
saas ftlta de nn arbusto 6 mata ; de tiempo en tiempo se tira 



perpendicatarmente liácifi arriba como una vara de alto, _ 
vuelve á caer como una fleclia y siempre en línea recta al 
mismo puDto, produciendo en e1 intervalo eu canto que ea 
meramente el rin-rin de un cascabel. 

El chanco como uní: psscaa 
De puro contento ; el brillo 
Del negro y azul cliivillo, 

Y el pichibitin heclio ascua. 

Ascua animada cuya vist'i quema, 
Circunvecino el aire se arrebola 

Y candente le £orma una diadema. 
De amortiguado fuego una aureola. 

Y si en la rama posado 
Ascua dcBlumbraute imita, 
Cuando en el aire se agita 
Es cascabel agitado. 

( l'oB3iA8 Peruanas. ) 

Tschudi congidera al piehibiiin como el vías distinguido 
entre los pájaros cantores de la costa, y agrega coa mucho 
fundamento: " Los limeños dan á este elegante pájaro un 
nombre muy inconveniente, que no necesito repetir aquí. " 

El canto se reducá ú lo que hemos dicho, ni mas ni mé- 
noB, y no es pájaro de jaula, en la que no podría vivir ni 
veinticuatro horas. ¿ Será pichibitin una mera onomatopoya 
6 nna ligera corrupción del víciciHn mejicano, que Gómate 
describe en el capítulo 232 de su Ofónicu de Nueva Esf 
y que en realidad corresponde al piciifior? 

En nuestra costa Norte dicen íuíujiíi/i'n, nombre que t 
Btevenaon en sus " Tweuty years residence in South i 
rica, n publicado hace sesenta años. 

En Buenos Aires cMirrinehe (?). PyTOcepItaluB pan¡ 
rottrig. 



Q 



Qaechaisnos — Ya hemos dicho que los Qaéchuas y por 
oonsigaiente los quichuólogos 6 quichuografos^ no hacen di- 
ferencia entre la i j la e, ni entre la o y la ci; por lo que 
tanto vemos escrito quichua como quéchita^ j Cuzco y cuy^ 
como Cozco y coij. Pudiendo pues optar entre ambas letras, 
escribimos aqui quechuismos por mera eufonia ; y hecha esta 
advertencia sobre la aparente inconsecuencia ortográfica que 
pudiera resaltar en el presente y otros pasajes del Dicciona- 
rio de Peruanismos, entremos en materia. 

No hablándose el quichua, ni conociéndose, ni aprecián- 
dose siquiera en la parte litoral ó cis-andina del Perú, no 
cometernos por acá quechuismos propiamente dichos ; pues 
no entran en esta denominación los vocablos indígenas in- 
troducidos en nuestra locución española casi todos ellos por 
loB mismos españoles apenas ocuparon militarmente el terri- 
torio, hace mas de tres siglos y medio. 

En cambio en la sierra notará el estrangero versado en la 
leDgoa castellana una multitud de solecismos é idiotismos 
estrafios á ésta, no menos que á la lengua indígena, direc- 
tamente considerados. Esto es lo que se llama corrupción 
de ambas lenguas por influencias reciprocas. AUi el quichua 
obra á la manera de esos nublados que no están ni cerca 
del sol ni cerca de nuestra vista, pero interpuestos lo sufi- 
ciente para empañar la visión. 



Parte de esta influeDcia indirecta se ha visto en el artí< 
lo ArequipüRismos; parte mas cariosa aun ee nota 
Ayacucbo, eu donde se alargan loa nombres aastantivoa caa- 
teltaaos sía necesidad ni objeto, y se dice caeharala, silltitOf 
simplemente por cuchara y silla. Un forastero, creyendo 
haber descubierto el secreto y que ta 6 nía le iban bien & 
todo nombre común español, ofrecia nn plato de sopa á 1& 
seílora en cuya mesa comin, díciétidola galantemente: »o- 
puta; y alargándole poco deepnea nn vaso ile c/iícAo, con 
redoblada galantería, como pnra enmendar el mislttke, le re- 
petía: ehirliHla, que eu quichua siguifica preñmla, con 
que acabó por renegar del quechtiUmo, 

QliemazoD — No tiene en ol Diccionario la acepción mol 
fórica que aquí le solemos dar, cuando se improvisa barati- 
llo eu una tienda de comercio; baratillo improvisado y qao 
solo durará pocos días, quoniLLodose prontamente como un 
castillo defaegos artifíciales, por loque necesitaba un nom- 
bre particular; y sin faltarlo mucho al respeto al idioma, bo 
ha traído Ésta de la buena acepción metafúrica de! verbo 
quemar, que es malbaratar ; siendo lo curioso, que habiendo 
inventado el sustantivo, no usemos casi el verbo, á la in- 
versa de los españoles. Fernán CHballero, " Lágri. 
"No será mucho, porque el convento y sus posesionea toa 
caestnn mas de tres milíones en papel. ¡ Es dado, eeRor, ex-A 
clamó el alcalde, es quemado .'" En Buenos Aires, es tirado. 

Quemazón por incendio ea una vulgaridad insoportable qaa 
Bolo se oye á la gente muy vulgar. 

— '' Temblor ! quemazón ! ¿ qné es lo qna 

hay? — exclamó Julián, derramando á su alrededor 

ana mirada de angustia; y aproxímáudoGe á la ventana, 

añadió : \ todo está oscuro ! ; y las campanas aparan 

Dios mió!" 

AréstkqvI — El Padre Huran. Escenas de la v. 
del Cuzco. 



r&- 



QUI 427 

Qatllka — Echar ó hacer una quimba. Frase yaigar, favo- 
rita de la plebe oseara, y que solo por excepción se usa en- 
tre la gente calta. La quimba se echa 6 se hace á caballo ó 
á pié, y viene á ser nn quite 6 regate airoso, que las mac$ de 
las veces es pura chulada. Es uno de los mil modos que 
nuestra plebe tiene de lucir la desaforada libertad y la ani- 
mal felicidad de que rebosa. El cuerpo le pide baile cons- 
tantemente. 

En una lista de provincialismos ecuatorianos publicada en 
la " Crónica del Colegio de la Union de Quito " ( 1860 ) lee- 
mos que quimb% " es una planta americana, y que hacer 
una quimba es hacer una mueca. 

Hacer 6 echar quimbas podría espresarse mas de una vez 
en castellano por hacer combas^ de donde acaso sea corrup- 
ción. 

Y haciendo una media quimba 
A la villa y sus altares 
Con sus dioses tutelares 
Que son monte y timbirimba 

BiMAS DEL BÍMAC. 

Qnlncht— -Pared popular hecha simplemente de caña bra^ 
va ( gynerium sagittatum ) y torta de barro. En los ranchos 
de gente pobre no tiene mas enlucido que éste, alisado con 
cu badilejo ( la llana. ) En las casas de los pueblos ( y en 
las del Chorrillos primitivo ) están blanqueadas ; pero ni 
eato ni el empapelado logran hacer desaparecer las combas 
y barrigas de las quinchas, defecto que parecen notar los 
mismos quichuas cuando dicen en su lengua ihichu pirca 
f pared preñada. ) 

Hecho de peruana quincha. 
Que es pared de ban*o y caña^ 
Entiéndase no la dulce. 
Sino la que llaman brava^ 



428 



QUI 



Y gynerium gngHlntiim 
Ba términos dd botiíníca, 
00 rústico rsnclio surge. 

Poesías Pkhüanas. 

Quincha y pared de qninrkit se dice indiatintamonte. 

Qninini — Asi se oye por toilaa partea : el qitxnini. Es an. I 
excelente coosoaante de Ids operistas italianos Rosini y Be- I 
Uini, y basta del violiuista Pngnuini ; 

Pero sioudo el eütracCo de la quina. 
Debería decirse la quiíiinn. 

Qufnaa — Chenopodium quiuiin. Simiente comestibla de 
la bierra del Perú, que ae vende en Lima como menestra. 
Del quícliua kénua. Los españoles de Iti conquista que lia- 1 
mnban carneros y ovejas de Iti tierra i las llamas, j lurinaajt 
de tierra á,iii8 jjapas, comparaban la qiúnua al arroz. 

La simiente que describimos es blanca y tiene forma len- 
ticulnr, aunque ea tan menuda como la mostaza, Ea plato 
que á pocaa personas les guata en Lima. 

Qutüar — Eu su sentido recto este peruanismo significa 
acribillar á puazos un trompo á otro en el juego de esta j 
nombre: Dar cachadas en espaElol. La cara de un trompo 1 
qiñña'lo es tan semejante á la de una pei-soua picada de vi— i 
metas, que da ahí lia venido !a natural metáfora de quinada I 
por picoso, que ea la vos que trae el diccionario, 

Ki quinar m qulñudura ui quÍHH ( cachada ) ni nada sa- 1 
mejüute liallamos en Salva. Pero el seRor Cuervo en siia|| 
Apuntaciones sobre el dialecto bogotano, dice que loa mo- 
chaclioa llaman i/uiít á la caehaiti, y pregunta ¿ si no serfi 
el bogotanismo " una cercenadura de sos^uin ?" Esta últi- 
ma palabra significa " el golpe que se da por un lado canta- 
losaniento ó á traición. '' 

Es curiosa la semejanza entre quÍH, sosquín y quinar, y3 
no seria estraQo que tauto los bogotanos como nosotros ha— 
biéramoa formado el sustantivo y el rerbo de sotquin, gos~ 



QUI 429 

quiñavj quinar^ etc. Véase Cacarañas. Salvo que venga 
del qaichaa kiñu, agujerar cosa quebradiza, y kiñurcari, hár' 
cer muchos agujeros. ( TscHUDl. ) 

Quipe — Del quichua képi, hato, carga ; y, verbo, cargar en 
las espaldas ( Tschudi. ) Y Torres Bubio, Quhepa, '* pos- 
trero, que va á espaldas de otro. " Voz y costumbre oor- 
riente entre las indias de la sierra : llevan á la espalda un 
lio 6 atado que á veces las encorva hasta el suelo, en el cual 
embuten al hijo pequeño, diversos cachivaches y hasta la fa- 
gina con que van á prender el fuego para el guisado. Esto 
es lo que se llama quipe, que viene á ser como un seno in- 
vertido, y que convierte á la hembra que lo lleva en un war- 
supial á la inversa, u Aun no habria andado la mitad, 
cuando tropezó en una piedra y cayó : se levantó al momen- 
to ; pero un grito horroroso nos hizo saber que el hijito se 
le habia caido del quipe. y> *' Cansada ya de esperar, tomó 
á su hija, la puso en el quipe y se encaminó á la casa de 
taita Cachi, v L. Grana. Sé bueno y serás feliz. Ni en Lima 
ni en toda la costa hay idea de esta palabra. 

QsipBS — A favor de los que creen que la antigua civili- 
zación peruana fué autóctona, originaria de aquí y no 
traida de fuera, pudiera militar el singular sistema de 
escritura incaico conocido con el nombre que queda apun- 
tado. 

Todos los alfabetos de los pueblos primitivos pueden re- 
ducirse á uno solo, estribando la diferencia en la forma de 
los caracteres, ó á lo sumo, en haber sido en algunos pue- 
blos, no escritos, sino dibujados, como los geroglíficos de 
Egipto y aun los de Méjico, escritura animada y pinto- 



Mientras tanto ¿ qué región de la historia tuvo un alfo- 
beto oonsistente en cuerdas de colores y nudos ? Solo el 
Perú. Los colores y los nudos, mas ó menos repetidos 6 
multiplicados equivaliau á las combinaciones de unas letras 
ó. figuras con otras, en los alfabetos literarios. 



Tal era el modo de escribir ó de «yinlai 
los primitivos peruanos. De esos ramales que por desgra^ 
cia oo tendrán ChampoUion, se ha desenterrado de las fiua- 
caa fragmentos mas 6 menos considerables, y han eido re- 
prodacidos por dibujos al agua fuerte en vanas obras de 
anticuar ia peruana. 

¿ De adonde pudo venir la ¡dea de tan original escritura ? 
De ninguna parte ; y hé aquí, volvemos á decir, una prueba 
mas de que la civilización peruana fué tal vez autóctona. 

Quipus como vocablo, no es mns que el quichua quipu, 
qu6 significa nu-do, y da lugar á diversos derivados que no 
han pasado á nuestra lengua, y en todos los cuates se va 
conservando la idea primitiva degenerada en Isetura ó e t- 
critura 6 interpretación de nudos. 

Torres Rubio dice contar por nudos, cuenta» por nadi 
y hé aquí porque nos hemos puesto eu el caso de que 
ran un simple ardid mnemónico, porque no faltan autores 
que pretendan que los quipuá solo sorvian pava lUvar 
cuetitas. 

El intérprete de cutos ramales se lliimabn entre ios ii 
dios quipiitamaijo, cuya última voz entro en la composicioi 
de nombres que hoy mismo en la sierra designau carj 
administrativos de iuE^peccion y vigilanct 

Hablando de los quiput dice Garcilaso que eran loB Itbrt 
anales, y agrega: "En suma decían en los versos todo lo 

que no podian poner en los Tiudos porque las letras 

Bon las que perpetúan los hechos; mas como aquellos in- 
dios no las alcanzaron, valiéronse de lo que pudieron inven- 
tar; y como si los íludos fueran letras, eligieron historil 
dores y contadores que llamaron qiiipucama ¡/u. " " A estocí' 
hilos añudados llamaban los indios quijm ( que quiere decir 
añudar y ñudo, que sirve de nombre y verbo ) por los cua- 
les se entendían en sus cuentas. » " Yo traté los quipus y 
Budos con los indios de mi padre y con otros 



le ra 



Qm 431 

do por San Jaan y Navidad veniaa á la ciudad á pagar sos 
tributos, y) 

Los capítalos VI, VII y VIII de loa Comentarios reales 
de los IneaSi tratan in extenso de esta interesante materia. 

Zarate, Historia del Perú^ Oap. V, dice : '* qae habia ca- 
ras públicas llenas de estas cuerdas, las cuales con gran 
facilidad da á entender el que las tiene á cargo, aunque 
sean de muchas edades antes de él. ^ '* Cuerdas de algo- 
don que llaman los iudios quippos. n ** Porque los natura- 
les ningún género de letras ni escritura saben ni usan, ni 
aun las pinturas que sirven en lagar de libros en la Nue- 
ya España. » ( Los geroglíficos de Méjico de que hablá- 
bamos. ) 

tíarcia en su Origen de los indios del nuevo mundo hace 
muchos elogios de la ingeniosidad de los quipus^ que según 
él, servian para todo como cualquier alfabeto, hasta para 
confesarse. Dice que igualmente los usaron los chinos, lo 
que no prueba nada respecto á nuestra oriundez, pues pocas 
cosas de los europeos han ignorado los chinos, y no por eso 
aquellos descienden de éstos. 

Memoriales 6 Registros de ramales los llama Grarcia. *' Ca- 
da quipo^ dice, era un manojo de ramales que servia de un 
libro para un género de cosas, y en cada manojo de estos 
Iiabia tantos nudos y nudicos, y hilillos atados, unos colora- 
dos, otros verdes, otros azules, otros blancos Todo 

lo cual era un género de pintura de mas ingenio que de la 
que usaban los de Nueva España, t) 

Pasó la estirpe real 
Que con medios tan agudos 
Hizo de cuerdas y nudos 
Su lenguaje escritura!. 

PoEsus Peruanas. 

Decídete Pípus^ 
No diré Pipús 



432 QUI 

Porque entonces quipus 
Le diria abúr 
A la única rima 
Qae hay en sa baúl. 

BlMAS DEL BÍMAO. 

Quite — Huir, hurtar el cuerpo con viveza, sea en nn peli- 
gro, sea jugando, es lo que llamamos hacer un quite. Bajo 
esta última palabra solo hallamos en el Diccionario la si- 
guiente trivialidad : '' La acción de quitar 6 estorbar. 39 

Buscando en otra parte del mismo libro la espresion de 
nue8tra idea, creemos hallarla en Regate^ pues vale '* el mo- 
vimiento pronto que se hace hurtando el cuerpo á una parte 
yáotra;>7 y metafóricamente, " escape ó efugio en alguna 
dificultad estudiosamente buscado. >3 Véase Quimba. 



R 



RakOBt— ^Especie de cantinera peraana, suminiBtrada ex- 
clasiyamente por la raza iadigena de la sierra, y qae podría 
compararse á la Hija del RejimientOj como au ogro á una 
gacela. 

La rabona es uoa india de raza pura, pequeña, maciza, 
caadrangular, hideuse^ que va sigaiendo abnegadamente al 
soldado peruano por los desfiladeros de la Sierra, por los 
arenales de la costa, por entre los fuegos de la batalla, y 
llevando á cuestas á sus espaldas en an enorme rebozo de 
bayeta (Véase Quipe J anudado sobre el pecho, los útiles 
de cocina, el fruto de sus entrañas, la fagina para prender 
el fuego, un hogar entero ! 

Abrumada por tan enorme poso, marcha mas encorvada 
que Atlas, jadeante, aumentado con la fatiga lo idiota de su 
fisonomía, pero llena de resignación y de valor. 

La rabona^ lo mismo que el soldado de la sierra, es bi- 
lingüe ; y alternativamente habla castellano y quichua ; y 
como cada soldado suele llevar la suya, detrás de cada cuer- 
po de ejército marcha otro de rabonas. 

Las razas de la costa 6 litoral no han producido nunca 
este tipo, que seria sublime y digno de la idealización^ sí 
80 fealdad y asquerosidad esquimales^ no lo pusieran ente- 
ramente fuera de toda especulación estética. 



ludM — Oteo A'ipTHÚmo de Anériea z es decir, otro 4 
esos t¿rniíno8 españoles geDoiDoe. pero qn» no ñeiien iob- 
tener todo sa desu^oilo y hasta so importancia árü, sino 
en América ; como se r¿ en fhieka, tambo, ptmei» ( si no es 
arancaDO ) rancho, cimarrón etc. por lo qac. como lo hamoa 
dicho en otra parte, habríamos deludo dertominarloa mu 
bien indiano» ; porque á la manara de estos hijea de EspaBa, 
que BoIo se hacen espectables trasladados al añero mandoa 
los Tocablos á qne nos referimos no han venido á enñqno- 
carse sino en América, siendo los indianQ» del len^aje. 

El rancho ea el domicilio, la morada de nna gran parte 
de U población hispa no-americana ; pero tata k manera da 
OMS, en el sentido latino j francés ( core ), ea decir* t^ 
gurioi choza, cabaBa, qne es lo qne significa raiwAo. 



Aqnt estavo el corral, allí el remanso 
Donde nadaba el ána<3e y el ganso. 

BiUAB DSL RÍUAC — " El rancho abandonad/^ 



MM^^^^I 



El rancho en sn mas simple expresión en la costa 
oa se compone de ona armazón de cañas ( earrizM 6 eañat 
bravag) envaeita en totorti. Asi corona las hnacas y hnaqoi- 
tas marcando la babitacioo del pobre t/nnaconn dneBo de la 
tem/mlera circanstaute, y aú también sirre do coarto para 
deRondarse en los lagares de baSos de mar secundarioa. K 
este origen se debe sin dada qnn las magnífíois vilat de 
Bueatro balneario Chorrillos, continnaran llaináadose ran- 
chos, cou chocante antífrasis. 

En el artículo chacra ofrecimos dar nna muestra en el 
presente, como ya lo habíamos hecho en el de Casquete, de 
laa profundas diferencias qne saelen presentarse en on mia- 
mo custelUno castizo, bajo la plama de na peninaalar y da 
un hispano americano, j Uno y otro pueden describir oosaa 
enteramente distintas con idénticos vocablos, como ya lo 
hemos risto en el velón d^ mechero» del articulo ca^iuttf y 
cossa onteramente idénticas oon vocablos distintos, Mnao lo 



BAT 



435 



varaos á ver en este paeaja de Fernán Caballero ( Un ve- 
rajw en Bórnos). Describe precisamente un canrto en un 
lugar de baños ó sea un rancJíO en estos tériuinos : 

*' Hemos empezado los baQos en el rio. Ssgan la cos- 
tumbre establecida aqui nos ban heolio una chij.-.ii anfibia, 
esto es, que se asienta en ia orilla y se prolonga en el rio. 
Ls parte acaática está sin techar, pues nos bailarnos cuando 
ya el sol ba descendido ; sus cuatro paredes de curias, cas- 
iañuelas y junco van anidas por tomiz't de píxlmn y sujetas 
á nnos postes coa jVcití de esparto forman una florida alber- 
tít de agua oorriente ". 

£1 moa atildada de nuestros escritores, que, por otra par- 
te, solo con el Diccionario babria entendido la descripción 
precedente, diría ó escribiría : " Dn rancho .... sus cuatro 
paredes de carrizo ( ó caña brava ) y totora van unidas por 
hilo á carreto, j sujetas á unos postes con . . . . ( no sé lo que 
eajieal) forman un florido estanque de agua corriente". 

Rancho se encuentra á, cada paso en los escritores espa- 
Qoles con toda la apariencia del nuestro, aunque signíScau- 
do otras cosas. 

Fernán Caballero, " El, como anciano y lisiado hallaría 
aiempre cuchara en sn ranchón. (^Más hoiíor que honorag ). 

"Tenia cuatro yuntas de bueyes, casa propia y labraba 
un rancha ú parceria con la viuda», (¿a noche da navi- 
dad). — "No habia podido estrechar los lazos que le unían 
¿ BU parcera, que no quería mas parceria qne la del rancho n. 
( £1 dia de Ileyes. ) 

El pareera de estos ejemplos, que esti aqni por tófio in- 
dualrúd, parece tener la misma derivación etimolójica qne 
la palabra correspondiente en inglés, que es parl.nell. 

E\ pueblo de Lima, que aun conserva y usa muchas voces 
fi&atizaa, que ya entre la gente se han hecho arcaicas, dice 
aparcero y aparcería por anuido y amiatad, 

Ealánia — Raíz medicinal del interior del Perú, tan as- 
tringento como el tonino ó acoso maB> Se da en una mata 



43fi REC 

rastrera, y sa palo es leñoso y sarmentoso, y rojiío como 1 
corteza de la tara. 

En las boticas so venda en su estado nataral, lo mismo 
qae en tintara ú otraa preparaciones. Uno de sas usos fa- 
miliares, en la sierra al menos, es llevar no pnlito en la bo- 
ca á manera de orozuz ó regnUz, para conservar faerto la 
dentadura — Klamerxa iriandra. Hniz y Pavón, y en qaí. 
chua Ratafia. 

• RalODH — En Bnonos Aires, el pajarito (jne nosotros 11 
mamOH pnpa-mosea. 

RfllizaciOD — ¿Qaé dirán nuestros lectores, loa mercado- 
res, y los compradores regatonea ? No se encnentm &iqai&< 
ra en el Diccionario ( en el do Salva al menos ) esta voz 
que tanto oímos y nsamos, y qne tantas veces vemos estam- 
pada entre los avisos de los diartos ó en el improvisado 

cartel de nn almacén de comercio. Realtxacion es 

realizar, nos intcrrnmpirá. nuestro amable lector. Si ; rea- 
litar; pero es el caso qne ¡ malditos Diccionarios! ninguna 
de las acepciones lexifp^ficas de ese verbo se aviene ni re- 
motamente con nuestra reaírzneíon ¿Qné ea pues renfüa- 
eitm ? Es una especie de liquidación consigo solo. El ten- 
áero, abarrido de no salir de sns especies y viendo que se 
le ahuesan rápidamente, 6 deseoso de invertir sn capital en 
otra cosa, realiza, esto es, malbarata, quema á prisa todo el 
surtido, hasta qne, completamente vacio el local, se realiaan 
también ó se traspasan los anaqueles, mostradores etc. 
realización no se diferencia de la /¡nematon, sino en que 
ta última es mas rápida, mas plebeya por decirlo así. 

RCCitlI — En Lima parecen haber olvidado qne esta pala- 
bra no tteno valor propio á no ser en composición, como 
rerien llegada, reelmn'ieldo fie. Al usarla sola habría por lo 
menos que alargarla á adverbio de modo y decir rerienle" 
mente ; y aun así no diría todo lo que pretenden los limeSos, 

a es nada m£'noa qne soto, apena», ahora y snE 

I, como se vé por los eignientcs ejemplos : " j 



la 






REF 437 

eabído ; recien ayer ha llegado >^ en cuyos casos es tan ex- 
traño el recién^ que no parece más que una reduplicación de 
cien. 

En Buenos Aires el abuso del provincialismo es mayor 
todavia. 

BefacctoB — Desde que el Perú habla castellano, ó por lo 
menos desde la Independencia acá, creo que á nadie se le 
habia ocurrido que debia decirse refección y no refacción 
por la reparación de una fábrica. 

En esto, uno de nuestros cronistas^ (gacetilleros) hojean- 
do por casualidad un Diccionario se encontró con que el ar- 
tículo Refac4:ton decia : '* V. Refección ^; y esa misma noche, 
triunfante con su hallazgo, dio una severa lección á sus con- 
trincantes de los otros periódicos ; los cuales, abierto, tam- 
bién por excepción, el Diccionario, vieron que era cierto y 
se quedaron mohines. 

Sucede con frecuencia, que entre dos palabras igualmen- 
te castellanas, el Perú ha optado por una y la Península 
por otra ; cosa que sucede en la misma España ; y asi ve- 
mos siempre en el Diccionario estas distinciones : pírov. 
Mure, prov, Arago etc. que equivalen á provincialismo de 
Murcia 6 de Aragón. El verbo obrar por ejemplo, y el sus- 
tantivo obrador^ según Sal^á, se usan en Aragón en todo 
BU rigor etimológico de hacer una obra (fábrica J y de ta- 
ller donde se obra ( trabaja J, 

No es pues extraño que donde los españoles dicen repar- 
ración^ hayamos preferido decir nosotros refacción, dejando 
aquella otra expresión para los casos morales ; asi como de- 
cimos, al revés de los peninsulares, deterioros por desperfec^ 
iost y pared cuarteada por grietada. 

En cuanto á que se escriba refección y no refacción^ son 
nimiedades, y de ningún modo barbarismos, y mucho me- 
nos barbarismos gramaticales como pretendía el cronista 
( gacetillero ) de marras. 

Ha prevalecido refacción sobre refección^ V por oler á 



438 



REL 



te la 



rfiiicin y nfectWii esta áltitaa fonnfi, 2° por tenerse preei 
te la idea clirectA que ea \& de re-hiieer, refaceré en latJit 
mÍ8T/io, y 3' porque refec'ioií Buacítn inmedíutamonta la 
idea de refectorio. 

Acón eej arlara 01, con todo, que se dijera rP¡>araeion, y 
se desterrase el vei-bo refaccionar, que nnnca Uemoi eni 
trado ni aun en los Diccionarios contra la lengua. 

D^isIroUt UA — Tan usado es este perusnísuio, como el de 
fini/án ; y la frecjeucin con quo ocurren uno y Otro en nues- 
tra conversación probará la afición loo:>l, impropia ya en 
una ciudad popnlosn, á vivir atiiibándoge unos & otros; 
porque esto, y husmear, y e»ciidriñar con impertinencia y 
ociosidad es lo que significan el registro y el reijinlron, ol 
^fisgón y el fiígir. Uno d" los grandes peros ó taclias qno 
se suelen poner á un barrio, á una casa, ú, ciertos lugurea, 
es que haii en eí/n.t timchu registro. E! Vísrbo en este 
do ea mucho menos usado quo los susttintivus que 
moa de consignar. 

¡Atrás, ioferual reijlstro. 

Atrás de mi vista pronto, 

O las quijadas apronto 

Y un nuevo colmillo enristro! 

¡ Atrás, hembras regisíroiui» ! 

Dios justo aquí j en Coquimbo, 

Os emplaza para el limbo ; 

Bueu balcou para mironas ! 

Kimas ubl Rímai 
HelaclODarse— iíe/aetotiar?i>! bien ó mol 6 simplemente re~ 
laoionarse, es tener ó adquirir buenas 6 malas relaciones de 
sociedad, y también tener relacimí una cosa con otra. 

Relacionar solo viene como activo ea el Diccionario y Dotfl 
esta única y sencilla acepción : " Hacer relación de un 1 
cho ". Puede que algunos escritores no peruanos, íncan 
Himistno en los abusos del relacionarse. 




RES 



439 



Noentro Código de Enjuiciamientos, qae no os por cierto 
un modelo de redaccioa castiza, porque entre nosotros loa 
jaríaconsaltos, lo§ políticos y iodos los hombrea quo ñga- 
mo, creen qae no catán obligados ii poseer ni aiqaíura cal- 
tura litornria; y no gq eagaQnn, porqae como decía uno de 
nuestros Miaistros de lastraccion — ¿A qué el priego? ¿á 
qné el lutin ? Yo no sé una palabra do ninguno de los dos, 
y .... ya ustedea vén ; — el Gódigo áe Enjuiciamientos en bu 
articulo 582 dice : " La demanda puede entablarse con do- 
cnme&toa ó sin ellos. Ea el primer caso deben relacionarse 
estos ". Ea decir, debe hacerse la relación de ¿atoa. 

ReiBMDD — La BÍgniGcacion principal castellana do esta 
palabra escrita con s, remesojí, es la qae viene dal verbo re- 
mesar " arrancar ó arrancarse loa cabellos ó la barba " co- 
mo podía baccilo Sancho Panza cuando se mésala las 
suyas. 

Ni esta ni las que signen en el Diccionario de la lengua, 
tienen nada que ver con la única acepción con que entre 
Doeotroa corre la voz remezón, que es la de lacudimienio ó 
caircrtuximienlo al referirse á los temblores ( de tierra ). 

Trajo un remezón ( 6 dos ) se dice : " me levanté al pri- 
mor remezón eíc."— Como nuestro remezón no paede venir 
eluo del verbo remecerse, lo natural aena escribirlo con z ; 
pero retaezon do existe £a el Diccionario) y remesón, acaba- 
mos de ver que significa otra cosa. 

Como cuando ligero terremoto 
Sacude lejos sus ctiufiadas ¿las, 
Con apagado renf^zon remoto 
Dice adiós d los t«cbos do los salas. 

POÍSUS PKKÜAMAfl, 284. 

Bennir, nasunir — Estos verbos se confunden aun en 
los mejores escritos. Parece que hubiera cierta lenidad tá- 
cita que antorizara esta incorrección tan común. Btsumir 



440 



RET 



en h&cer el resumen de una cosa, re-asumir es volver á a 
mir lo qae se había dejado. 

ün Presidente qoe vuelva á la capital re-asuma el maa- 
do ; un escritor que concluye un artículo resume lo que ha 
dicho. Sin duda U frecuente couEusioa de ambos vocablo» 
dimana de que muchas voces decimos reasumamos pof re- 
capitulemos, y como en la reca}>itulacion concurren las dos 
ideas, la de resumen y la de reasumir, hé aqui tal vea por- 
qué ee confunde un verbo con otro. 

EelobadOt Atu — Carcamán, camandulero, taimado, refi- 
riéndose de preferencia al aire del individuo, á sn modo de 
Bndar. ¿ Quién no diría que este es nna excelente voz caste- 
llana oon BU infinitivo retobar y su sustantivo retobamiento ? 
Pues de nada do eso hny ni vestigios en loa diccionarioB. 
El Bcfior Cuervo en laa voces iudigenas 6 arbitrarias dol 
dialecto bogotano dice : "Retobo (en el ganado) desedioi 
bí es buey, cotral n ; y cotral, aegnu Salva, es " el buey 
cansado y viejo que se destina á la carniceria ?). El aire 
que debemos suponer á este pobre Apis, nos parece corres- 
ponder bastante bien al tipo del retobado y retobada de Li- 
ma, provincialismo que, sin embargo, se oye ya muy poco- 
Es también Cubanismo, Piehardo lo describe así "Nombra 
adjetivo familiar. La persona 6 animal indómito, que no 
sufro ó respeta el ejercicio del poder de bu superior. Ra- 
fierese principalmente á loa criados, n Uno de los Diccio- 
narios de la lengua, el de Fernandez Cuesta, edición de 
1875, trae esta palabra ( como provincialismo americano ) 
en una acepción enteramente nueva y que nos parece muy 
verodimil. Dice que se da este nombre á los fardos ó bul- 
tos forrados en cuero como para una larga exportación. Si 
retobo, originariamente, es cotral entro nosotros, y si cotral 
es buey, origioariamonta también retobado debe ser lo qae 
tenga relación con cuero. Esta presunción so refuerza oon 
lo que el citado Diccionario dice de retobo en artículo septr* 
rudo, que ea forro de cuero. 



■ 



" ¡ T qné sacamos en limpio de la'pelotera de loa compa- 
dres ? Casimiro dica que so protector es un solemne bri- 
bón. Andrés Cruz dice que su miaistro que fué es un 
bribón reiobado." ("El Tribuno", Lima, Octubre 8, 1830. 

En Buenos Aires retobar, forrar en cuero sin curtir; y 
retobarte, "enojarse severamente". 

RMraido — Vivir muy retraído 6 ¡ en un retraimienio I sa- 
tisfacen de pronto por la buena procedencia etimolájica; 
pero no couviniendu ias descripciones lexicográficas de re- 
traer Y relraimiento con el seutido que aquí lea damoSt 
ereemot qtie tal vez seria mejorjdecir retirado y retiro. 

BeZQndrftr-^Injnriar, coiinar de improperios & una per- 
BOna, de una manera vulgar y no pocas veces cómica: lo 
rezondré duro, cuentan l.ia mujeres cada voz que han teni- 
do un desahogo de éstos. En Rontido mas suave vale asi- 
mismo hablarle á alguno con toda claridad, decirle tas ver- 
dadei del barquero ; lo rezondré bien. Estas qne rezondran 
Bon las mismas que dan de cachetada». ( V. Oarhetadn ). 

Rezondrar no puede ser mas que una corrapcion de re- 
zongar, qne significa " gruñir, refunfuñar á lo que se man- 
da, hacerlo de mala gana"; y en la alta poesia, aplicado al 
b'Oeno, es el groml-er de los franceses. 

Et la/oudre en f/rondant ro^de ilaus l'étcndue 

Beaonga el traeno dice Bello. 

Derivado 6 corrompido de rezongar, debería escribirse 
mondrar con a, lo mismo qne remezan, y que ^icacena con 
c; desgraciadamente son provincialismos estos más habla- 
dos qne escritos, ó no escritos por personas autorizadas y 
asi vacilamos á veces para 1» ortografía qne hemos de dnr- 
Im. Asimismo amaatgado, lo hemos eecrito con s, en la 
inorancia de si viene de alviácigo (nombre de un color en 
Cnba ) ó de amasijo, por el color trigueño que tiene la 
harina amasada antes de entrar al horno. De lo que si 
pueden estar seguros nuestros lectores extranjeros es, de 



U2 



BIM 



9rra, á 



qae las personaa que usan estos provincial ismoB, llegado el 
caso, lis escribiríao todos con s. 

KfHtC— Nombre qaíchua del rio y ralle en qoe Pizsiro 
vino 4 fundar la cindad de Lima, cuyo nombre no ©a roas 
que corrupción de aquel, por el sistema permanente de los 
españoles de mudar la r suave de las voces indígenas ea /; 
aunque en nuestros días lian salido algunos coa la nove- 
dad de que los autores de eata permuta eran desde el 
tiempo de los Incas, los mismos indios da ta costa, qae 
no hablaban tan bien el quichua como los de la aiorra, á 
quien les era por otra parte, connatural. 

Rimac en esa lengua y también en Grarcitaso, vale 
áor, y podría creerse qne se dio este calificativo al 
de la manera que en castellano podría decirse poctioamenl 
parlero, murmurador. Refuerza esta hipótesis el nombre 
de Apurimae, gran rio de la sierra en donde el nombre 
podría interpretarse por tni^num murmuf, 6 attUoeuenle, 
pnesto qae apu en algunas de sus acepciones equivale al 
magnum de las lenguas romances y a! eli ief de las del norte. 
Pero es el caao que la etimología que de Ápañmae da Gar- 
cilaao, aunque parece 'patraña y conseja ( " el capitau que 
habla " ) no ae ranero al murmurio graude ó pequeBo del 
río. Es, además, muy admitida la otra esplicacion de £í- 
mae, poran oráculo qae habia en bus orillas, el coal habla- 
ba, y no ae tragaba las respuestas como e! de Pachaeamae 
y otros aantoarios de^nnestroa gentiles. 

Igualmente recnerdo haber leído en un escritor de mato- 
ría peruana, del siglo pasado, que los indios se reian cuan* 
do oian qae los espaBoles interpretaban Rímao por rio qw 
habla. 

En cnanto & la acentuación, por origan y práctica ea grfr> 
ve, y solo así debe ser, por mas que la analogía caatellan» 
parezca pedir otra cosa, desde qao se pronuncia viváe j no 
vivac. Pero como lo hemos observado eu el artículo Oóiuiar^ 
ooo cnya vos ocurre igual condicto, no ea posible 



n 



der IsB leyes prosódicas de una lengna, qne, aunque indirec- 
tamente, sigue siendo vira para nosotros, cuando proceden 
de ella los proTincialiamoa que usamos. 

Aun cuando es y debe ser pues, R'imac, nuestros poetas, 
JA por et metro, ya por el coasonante ó el asonante, y, lo 
qne es mas sensible, por nna empalagosa afectación, creyen- 
do ser mas poéticos, dicen á las veces Rimáe. Y el mismo 
qne esto escribe, lia solido rendir p&rias á Bemejante ne- 
cedad. 

Debió notarlo el célebre literato espa&ol D. Juan Eugenio 
HartEenbusch, cuando en In larga carta qne nos escribió 
Iisoe mas da doce años, nos decia : " y bueao seria, seüor 
D. Pedro, que en los casos en que la pronunciación no va 
conforma con la escritura, nos hiciera vd. el favor de ex- 
presar con exactitud el sonido que se los da en la conversa- 
ción mas ó menos familiar. Dígolo porque he leido el 
nombre Rimac usado como consonante de encima y aprogri- 
ma, y supongo qne tal vez no será esta la única voz qne 
reniia circunstancias de pronunciación y escritura ya igua- 
les, ya parecidas ". 

Rimae entra igualmente en la composición de otros nom- 
bres topográficos, que del mismo modo dejeneran en Lima, 
como Limalambo de Uimaciampu. 

Rincón — En las haciendas de Cañete dan este nombre 
topográfico á las suertes de caOa formadas ezcepcional- 
mente entre cerros mas 6 menos elevados, prolongados y 
angostos. Es lo que el Diccionario trae entre las acepcio- 
nes de Rinconada ; por lo que nuestra célebre Rinconada 
de Mala está castizamente denominada. 

Estos rincones son el Vitllon» do los franceses : 

De Canchar! las alturas, 

Los ríncíHies do Florian, 

Los campos ¡ ay ! de tn hacienda 

No han de volverte á ver mas. 



¡ Oh de Florión rincones místerioaos, 
Opaestos al ocaso, 
Por cuyos vericuetos silencioaoa 
Tantas veces llevé mi errnnte paao ! 

Poesías PEnDANAS. 



Rocambor — El tresillo de loa españoles, ' 
bre. 



[juego del luf 



Si hoy de toros te arrastra una corrida, 
Lueg^o de rocambor una partida, 

Y los giiUoa mafiaaa, 

Y ¿ la noche jarana etc. 

PoBsiAa Peeüaitas. 

BolAr— i Qué ajeno estaria un espaSol, que conoce la i 
rol, de donde evidentemente hemos derivado este verbo 
provincial, de aoepechar que rolar bien ó mal, vale rozar»t 
bien ó mal, tener buenas ó malas relaciones de sociedad, 
buen 6 mal círculo ! Véase Reladonai se. 

Romper — Esta verbo hace á todo. Quebrar solo lo apli- 
camos al rompimiento da laa cosas frágiles 6 quebradizas, 
como la loza ó el cristal ; salvo en laa acepciones figarac' 
en que es muy frecuento oÍr quebró la tarde por se deseo 
puso ; tez qiiebrada por ajada ó macilenta. 

Nadie diria aqui que se quebró la soga, á no ser en el r 
fran, ni mucho meaos con Calderón : 



"Ya no admire, ja no espante 
Ver que por una maroma 
Varios volatines anden. 
Pues andamos por nn hilo 

Nosotros, y aín quebrarle. 



Loa tres mayores prodigiot. 



RUF 445 

Y en la Hya del aire : 

Bepara 
Qae te quebraré los ojos 
Si te atreves á mirarla. 

Cuatro verbos y cuatro sustantiyos, como ya lo hemos 
dicho tantas veces» hacen en la América espafiola todo el 
gasto» quedando relegado al olvido el inmenso caudal de 
nuestro idioma. 

Repero— Por guardarapa^ que nadie usa. 

Rufa — Femenino. Instrumento de agricultura usado en 
nuestras haciendas, que conducido por una yunta de bueyes 
sirve para desbaratar las protuberancias del terreno y aun 
huacas enteras. 

No se halla esta palabra en los diccionarios ; quizá venga 
del verbo arrufar^ que es arquear 6 dar curvatura á algu- 
na cosa. El nombre castizo es trahülat y viene descrito 
por la Academia desde 1727, como instrumento muy usado 
en la Huerta de Murcia. ** Cada una de nuestras huacas es 
nu semillero de fragmentos humanos ; y es raro el dia en 
que la lampa brutal de nuestros peones 6 el grotesco ins- 
trumento llamado rufa^ no destrozan el cráneo de algún 
antiguo legislador peruano " — Memorias de un viajero pe^ 
ruanot cap. XXVIII. 



s 



Como letra inicial antes de otra consonante, la 8 no pa- 
en castellano de letra muerta ó signo escrito, cual lo ve- 
mos en Scípion, Scita, Scévola y otro3 nombres por el enti- 
lo, que propenden á anteponerse una e; en las demás 
lenguas europeas es letra viva j perfectamente pronuncia- 
ble como se vé en el slcizzi de los italianos, en el strange de 
los ingleses, en el 8tyx do los francoses. 

Y no parece, con todo, incompatible para nuestra orga- 
nización el pronunciar tal letra, desde que corrieDtemente 
decimas inHÍnhíe^ instaurar, en cuyas palabras silbamos la s 
tA mas ni menos como loa extranjeros en las palabras arri- 
ba citadas; ó lo que es lo mismo, como si dijéramos slable^ 
9Íaurttr. 

StCHfsfJ^UII — Nombra de una de las inñnitisimas castas 
que pueblan la costa del Perú. El ó la sacalagua es blan- 
cbj rubio y de ojos azules ; pero viene el Argos crio- 
lie y descubre que en lo blanco hay algo de mustio y como 
ée Bveio ; en lo azul algo como de aguado, y en lo rubio 
nú atgo y hasta tres muchos de pasudo, y dice socala^ 

Algunos pretenden que, etimológicamente, quiere decit 
eato : saca el agua del bautismo y se verá que no eres sino 
mezclado : etimolbgia que recuerda la que otros dan á las 
(el hmckj haciendo consistir el nombre de esta refae- 

62 



448 SAC 

cion moritliana en /'{« once letras del agaardieute, qae ora 
en otros tiempos la base (hl lunch criollo. 

Sacr^) sacronazo — Como S'iine^ cliamherí, pinganilla^ 
paii'anfit'Sj y otras espresiones del mas puro limeñismo, «a- 
crezij sacronazo casi están en desuso hoy. Los poetas partí* 
cularmente, debemos deplorarlo porque sacre era uno de 
los pocos consonantes en acre. 

Por lo demás (y por ahí debíamos haber empezado), el 
diccionario de la lengua trae sacre en un sentido análogo 
al que se le dá por acá, y si lo hemos consignado entre loa 
peruanismos es por la frecuencia con que se usaba y por la 
intención especial y aplicación qud t^nia, que ora la de 
picaro {filou en francés), en lo que t'ilvez había ya algo de 
provincialismo, como sucede con las voces candido^ impá^ 
vidoy que á duras penas están desviadas entre nosotros de 
la acepción castiza. 

£1 poeta español clásico D. Esteban de Villegas lo usa 
en uno de sus Sáficos, creo que al caliñcar á un ave de 
rapiña : 

** Sacre pirata ". 

£1 autor ecuatoriano del cuadernito Correcciones de de^ 
fectos de lenguaje también conmdera peruanismo á Sacre. 

Sacuara — La espiga de la caña brava cuando florece. Es 
ana varita larga, casi como de dos y más metros,qae termina 
por un penacho de espesa pelusa morado blanquizca, muy 
bonita y vistosa ; la cual se desprende en átomos casi im-^ 
palpables con la mayor facilidad, que se esparcen por el 
ambiente, y á cuya introducción en los ojos se teme mucho, 
por creerse vulgarmente que hacen cegar. La saaiara 
propiamente dicho es tan delgada como el dedo meñique, 
enteramente liviana por estar llena de una médula fofa 
blanca, siendo su color por fuera como el del barquillo. 

Se usa mucho entera para la armazón de jaulitas, y cor- 
tada longitudinalmente, para la de cometas 6 pandorgas 



SAH 449 

También la llaman cerote fserote? ) Ignoramos la proce- 
dencia de la palabra, j por tanto sn ortografía. A algunos 
hemos oido pronunciar sajuara. En Cubo, por lo que dice 
Pichardo, nuestra sacttara 6 algo muy parecido, lleva el 
nombre genérico de güitij *' voz indígena que designa la 
varilla ó pendón que echan algunos vej ótales especialmente 
de la familia de las cañas, j por excelencia el que produce 
la nombrada impropiamente cañ'i de Gastilla'*... ** El 
Güín ó pendón se eleva de tres ó cuatro varas y una pulga- 
da, ó menos, de gruoso, parecido en el brillo, limpieza, color 
y figura á la can % de Indias de bastones; pero no flexible, sino 
quebradizo, bastando señalar la corteza para romper fácil- 
mente, y levísimo ; pues interiormente e«) de una sustancia 
blanda, fofa, blancuzca, mas liviana que el corcho. ..por esa 
suma levedad y demás circunstancias son muy estimados de 
los muchachos, haciendo de ellos un gran consumo y comer- 
cio para los cometones ó papalotes, jaulas etc. f ¿ Arnndo 
donnx í J " — Todo esto viene pintiparado á nuestra sacuara* 
Se emplea además el nombre como término de comparación 
{>ara designar á una persona desmesuradamente larga y 
desvaida. En España paja largí — Sacaara procede sin duda 
del guara ni tacuarí, que Montoya traduce por caña de Gas^ 
tilla. Hoy mismo en la República Argentina se da el nom- 
bre de tacuara al bambú, ó caña do Guayaquil como decimos 
en Lima. 

Sahumador — En Chile secador y en España enjugador. El 
que describe Salva es distinto del nuestro. El sahumador 
de Lima es una armazón de aros y tiras de carrizo, de la 
forma y tamaño de un gran pan de azücar ó sea cónico. Los 
mas primorosos suelen llevar en la cúspide una canastilla 6 
costa del mismo tegido, en que se ponen las prendas meno- 
res de la ropa blanca que se va á sahumar ( secar ó enju- 
gar )• Como la operación se practica siempre echando aa 
poco de alhucema ó sahumerio en el brasero, da hquí el 
nombre de sahumador*. 



450 



BAI 



Delje entenderse con todo, quo «uhiimar, etimoli 
mente, no et mas quo <htf humo, aseraejiíiidose este verbo 
en 8U compiisicioü á rmqiienuír-se, asurarse etc. y qua no 
debe tomarse de uaa mfinera absoluta por ■inc!en«o el mero 
nombre de Irt operación qae es a-thumerio, &ap cuando aea 
tambii?D por extonsiou el de la materia aromática quo se 
qnenia. Asi como inrensiirio deba el nombre á la materia 
de quo se alimenta, asi sahumerio, por el contrario, lo toma 
del acto en qtie eutrn. Dar «ii siih'imerio vendría á B©r 
como dar un liitmlto delicado, lo contrario de humaxo y de 
fumiyar. 

La iodnstria de loa sahumatlores, como todas las da car— 
rizo, se halla hoy en mnuos de los chinos. Nuestros aten- 
BÍIÍ03 de carrizo equivalen á tos de mimbre en Eí^paüa. 

Se llama también snkumador á lo que Siilvá describe bajo 
el nombre de perfumador. Ya desde bace casi tres siglos 
decia Covurrubins : " Sahumador no está en uso, Uamámos- 
le perfumador. " 

Preferiríamos nosotros pebetero, por ser el recipiente en 
que arde el pebete; pero Salva en osa palabra como en la 
de atthuinaiior nos remite á perfumador. 

Kstos ealuimadorcg de Lima fpphclerosj asados particali 
mente por las devotiía en las fíestas de Iglesia, son d< 
grana de plata y casi siempre en figura de pnvita, poP 
que también se les llama pari'íite de j>lata. 

"Cuya cunn estaba vacía, y cuya repita yacía caída y fría 
Bobre un Bahnntnttor de mimbre, sin que la mano cuidadosa 
de la madre espürcieso sobre la cepilla con brasas la inoocQ- 
te, la odoríficu y popular alhucema". — Fkrnan Caballero. 
Saine — En el antiguo Itmeilismo, regalo oscojido. de co- 
mer, qn» se mandaba & ana casa: jnaudar un. «aiW. Era 
ña duda corrupción dü una de Ins varias acepciones gusto- 
sas quo en castellano tiene la palabra tiinetu, fuera de la 
aetafórica 6 traslaticia do pelipieza, que es la ílaíca con qi 
F, utra nosotros corre. 



^ 



SAN 451 

Saínete, pritnitivamente, sigaificó '* bocadito opetitóso y 
delicado ; maujar *', etc. Hemos apocopado la palabra, por 
esa costumbre que tenemos de hacerlo j sobre la cual ya 
hemos llamado la atención en la introducción de este Dio- 
oionario, ó bien por el cuidado que parecemos poner en evi- 
tar equivocos, consultando más el análisis filosófico que la 
índole de la lengua ; ó uil vez por rehuir un diminutivo en 
ete, por esa desgraciada antipatía que tenemos á todo dimi— 
nativo que no es en ito. 

Los españoles, que cuenta con su antiguo y copioso ma* 
nejo práctico del idioma, están familiarizados aun sin esta- 
dio previo, con las raices, y ven instantáneamente la bifur^ 
cacion de una misma palabra. Ellos saben cuándo saínete 
80 refiere al saín 6 grosura, cuando al teatro. 

Quizá también formamos directamente saine de éaín^ 
agregándole una e eufónica que evitara uno de esos raono-^ 
silabes que pronunciados á la francesa recuerdan el gruñido 
de los marranos. 

Salamanqoeja— iS>a{amangite^a. 

Era la gentil persona. 
Era la hechicera mona 
Que aqui mi pluma bosqueja. 
Flexible, ardiente y meneona 
Como una salamanqueja. 

Rimas del Rímac. 

Sango — ^Del quichua sancuy ** masa do maíz espesa*' 
fTsehudt'J, En el día en Lima se llama sango á una mazamor- 
ra grosera, que se hace de harina de maiz 6 de yuca rallada 
f sango de yucaj, ya con azúcar {ch'%ncaca) ya con sal, en 
nnos grandes peroles ó cacitos, y sazonándola con pasas á 
granel. Es un plato postre de los mas populares ; y no hace 
muchos años que los negros bozales, montados á bnrro y 
con sendos capachos á los lados, lo pregonaban por las callea 



452 SAN 

de Lima gritando : '* / sanguito con dnlce con tanta 
]>aaa. • . ea! **. 

Y cuanto al algarrobo 
Cede el pájarohoboj 

Y al aromo el guarango, 

Y al manjar blanco el nango j 
Tanto á tí cantor diestro, 

Te cede Amintas en concepto nuestro. 

Poesías Peruanas, 188. 

La palabra sango figura también en una copla secular, 
que la tradición ha hecho celebérrima. Se cuenta que ea 
los dias que precedieron á la horrible catástrofe de 1746, en 
que Lima desapareció por la acción de un terremoto, j él 
Callao por la salida del mar, cantaba la gente alegre de es- 
te puerto la siguiente tonada, que servía de acompa&amien- 
to á un baile lascivo : 

" Que se quema el sango^ 
No se quemará. 
Que vendrá el mar 
Y lo apagará. " 

Todo el tiempo que se está haciendo el sango se le me*' 
nea con una pala ó espátula de madera para que no se qtie^ 
me 6 pegue ; de aqui el retruécano de la copla. 

El mar vino pues, y apagó el 8a7igo j la vida de los habi- 
tantes realizándose admirablemente la copla de Jorge Man- 
rique: 

*• ¡ Oh juicio divinal, 
Guando más ardía el fuego. 
Echaste el agua ! » 

Sangradera — Término de nuestra agricultura y que equi- 
vale al drainage de los europeos. La sangradera es ana 
zanja mas ó menos larga, ancha y profunda que se abre 



SAN 453 

por el centro 6 inmediaciones de un terreno anegadizo par» 
desecarlo. Cuando ha llenatlo 8u objeto se lo ciega, y en el 
valle de Cañete, antes de echar la tierra se hace por todo el 
plano del canee á lo largo una cama compuesta de fragmen- 
tos de líormas viejas (las formas de barro cocido en que se 
labra el pan de azúc&r), piedras grandes j ramas de sauce, 
para que en todo tiempo siga filtrando por debajo el agua 
de las venas subterráneas. 

Y útil hasta en su muerte guele alguno 
Caer de bruces en la orilla opuesta 
De su auchuiosa sanymdtraf y presta 
En aislado lugar puente oportuno 
Al cazador, al holgazán yjal tuno. 

Poesías Peruanas. 

Sangre — Ser de sangre ligera, ó muy ligera ó tenerla, es 
nn limeñismo para significar que alguien, hombre ó mujer, 
es simpático, no pesado etc. 

Es todo lo contrr.rio de chinchoso. 

Santarosita* — Ta hemos dicho mil veces que nosotros 
queremos siempre que el nombre nos hable á los ojos de la 

cara. Golondrina es una espresion poética, literaria^ 

de que tenemos noticias por el refrán n)ia golondrina no 
hace verano y últimamente por los célebres versos de Bec- 
quer: 

** Volverán las viajeras golondrinas *\ 

Mientras tanto el animalejo á que nos referimos, tan 
poetizado en nno de los capítulos del Rafael de Lamartine, 
y como rondineUa en alguna poesía italiana, anda vestido ó 
paliado como diria nn botanista, todo de negro por la es- 
palda, todo de blanco por delante, esto os, con el mismísimo 
hábito de nuestra insigue Santa Rosa. De aquí el nombre 
la Santarosita. 



El mórbido poeta nficioial Doa Carlos A. Snlaveiry, 
re&ere ú olla en aa soneto entero, sin nombrarla, como 
Delille, cuanilo. aogun Mussot, se vale da caatro perífpBaia 
para signilicor el al/ilcí: 

A Rosita, 

NoiubrEí te hK dado tu riviil hermoBa, 
Y eres al preludiar ift luz primera, 
ÁvrrAlla fugnx de jiriimiver't 
Que amó la Santo, inmnculadn Boaa. 

Plegué al cíelo que alegra y venturos», 
De la estación do flores mensajera. 
Sea tu vida una etomnl pradera 
Sin nube que la empnñj tempestuosa! 

Mas si en el mundo en que tu pié camina. 
Hondo cáliz te brinda lanmnrgura, 
Ciñe & tu frente raligioso velo ; 

Qne entonces, como aérea tjolovdrina, 
Venlida, de azabni-Iie y nieun pura. 
Tendrás tu nídven la mansión del cielo. 

C. A. SiLAVERRr. 

Sebo — Padrino geho ! Hé aquí el grito con que al salir do 
la parroquia vuelven loco los muchichos ni individuo que 
acaba do sacar á un niilo de las pilas bautismales. El pa- 
drino se va librando do la nube de mtdaperros que lo asedia, 
tirándoles algunos pui5ados do monedas menudas. 

Debemos suponer que el salió qne aquí se pide, no es ol de 
la veift ú otro compuesto por el estilo ; sino el caudal 6 ha- 
cienda, quo es tambion una de las acepoiones lexigráficaa da 
tebo. Puedo asimismo s«*r catu, que es alimento ó comida, 
del latino cUmm. 

Ignoramos cómo se pida sebo en Espada, sí es que hay 
allá tan ma'n costumbre. En Andalucía, á estar á i 
vela de Fernán Caballero, es pedir el pelo». ¿O será e 



SEB 45S 

aqaí pedímos el sebo qae antes qae todo cabello, cabré la 
cabeza del peloncito recién bautizado ? 

La hipótcísis se robustece si aducimos el equivalente fran- 
cés / á la crasse ! ¡grasa! que es el grito con que los mu- 
cbachos persiguen al padrino en ks provincias de Francia. 

En otra novela de Fernán Caballero ('* Lágrimas, " capi- 
tulo XI ) hallamos : " Deja que venga, repuso Reina, te 
aseguro que reúno á los criados con cacerolas y almii'oces, y 
lleva una cenceu^ada por padrino pelan. " Pero aquí nos 
asalta una duda : ¿ se trata de padniío sebo ! ó de padrino 
tacaño ? 

La traducción alemana de ** Lágrimas " en este pasage 
parece confirmar la segunda suposición, porque dice : *' um 
dem filzigen Fatheit eine Icdzemnusik zu bríhgen^ " que lite- 
ralmente significa : '* Para traer ( dar ) una cencerrada al 
padrino tacan), tj f Pathen filzigen. J 

Tampoco debemos olvidar que crasse en francés es asi- 
mismo mezqnlndad f cochinada, como decimos en Lima); 
todo lo cual podria destruir nuestra suposición sobre la grasa 
y el sebo del pelón. 

He aquí un tercer pasaje de Fernán Caballero : — **Mi mas 
fué anoche á la iglesia y me llevó ; ¡ muchito ! — ¿Habia bau- 
tizo? ¿Kobo pelan ?}y f El sochantre de lugar J. 

£q Méjico el grito es : ¡ padrino el bolo ! y en Chile, como 
en Lima. £n Buenos Aires, ¡ padrino jpe/aJo / 

*'E8 ya tienpo de que la Policía se ocupe de limpiar de mu- 
chachos mal criados los atrios de las iglesias en las noches 
de bautismo. Nada mas molesto ni mas impropio que esas 
turbas de pilluelos que dr.n vivas al padrino, si este se pro- 
Duocia con una buena marchanta, y lo apostrofan si no lea 
da dinero, gritando á voz en cuello. — ¡ Padrino pelao ! ¡ Pa- 
drino pelao ! ¡ Qué no tiene medio pa bacalao ! 

El vigilante de la esquina inmediata al templo despejaría 
el atrio fácilmente en tales ocasiones, y si asi se hiciese 
siempre, sin contemporizar nunca con el escándalo, pron- 



456 



SÍN 



to desnpnrecerlFi este por completo, y con el on verg;oníi<M 
resabio del pasado. 

{"£a Nacim' de Buenos Aires, Mayo 6 de 188" 

SenlidOt da — El estado de muy neitlido óiituij geniida e^ 
Lima ea tan frecnento, que casi constituye uu cstudo mor- 
boso ó patológico, por lo quo el presente articulo mas qua 
de filología, será de clíiiicn. El »etitíree es una ei^fermodad 
endéiuk-H, 6 mas bieu uua quejumbre local, una especie da 
nostalgia del cielo, porque solo aliase podrá vivir sin moti- 
vos da Beiíliinieiilo. 

Sentirse, do donde sale nuestro íen/iiío, es seguu el Díc- 
cioiiurio de la lengua, " formar queja ó tener eeutimiento da 
alguna cosa, esplicándolo de algún modo, n 

Muy bien. 

Poro es el cvso que mientras este heclio solo determiJ 
en obrna partes casos esporádicos, aquí engendra epideiIM 
y establece, por decirlo asi, la constitución do nuestro cliía 
social. 

No se oye otra cosa que viuij nenlidji y muy aantídOt 
para libnirse del ochaquc, activo ó pasivo, no vemos moa r 
medio que éste, bien disociador por cierto: 

Para evitar neiilimienfos, huir tmtos. 

Pero ¿de qué diablos se girnlen ? nos preguntará 

el lector estrangero. Eso no lo eabemoB nosotros, y 

& duras penas lo saben los mismos interesados. A?i como 
el negro de Lima echa qiiimhns de puro gusto, asi nuestras 

familias, suHoms, y aun meros hombres, se si'entñti 

de puro mimadoB. Es una susceptibilidad, una delicadesa. 
una aensibleria ( galicismo que parece iuventado para Lima ) 
qne uos trae reventando á todos. 

Solo en un caso es tangible la cansa del ientimi'ento, yai 
en él, hflCB llorar de risa. Es el siguiente : 

Don Fulano, d'Qa Fulaiia ó la familia tal, acaban de saUÉQ 
por una de esas peripecias políticas de todos los dias; 



SIL 457 

Porque no hay un país donde hacer pueda, 
De la fortuna la voltaria rueda, 
Tantas revoluciones por segundo, 
Como en este rincón del nuevo mundo. 

Yo, ( supongo ) que soy independiente ó soberbio, 6 que 
no necesito del tnl gobierno, me alejo de la casa. Y él 6 
ella se sienten ? me dirá el inocente lector estrangero. Nada 
de eso, y aun quizá se alegran. Mañana caen, y continúo 
en mi alejamiouto, tanto por costumbre, cuanto porque nada 
les merecí ; pues entonces es cuando viene el sentimiento y 
unos torcimientos, ( véuso Torcer ) que me harian temblar, 
sino conociera tanto las uvas de mi majuelo. El sentirse es, 
pues, asumir uoa actitud teatral. 

Veamos ahora á un smtido en español, ( Biblioteca de Ri- 
vadeneira, Epistolario, tomo II, pág. 335. ) " El embajador 
de Francia se dio por tan S'nti lo del caso, que no lo hacia 
(al cardenal de Saboya) cuando se topaban, las cortesías 
qae se suelen hacer á los cardenales. " 

Ni mas ni menos como por acá ; pero, lo repito, allá os 
esporádico, y pur estos trigos, epidémico. 

Silleía— No siendo más silleta que diminutivo de sillar 
¿por qué esta tendencia provincial á usar aquella palabra al 
nombrar el asiento ordinario de cualquiera habitación ? Lo 
propio os pedir ú ofrecer una silla. 

Ejemplo español: 

— Don Pedro Segura, seáis bienvenido 
— Y vos don Martin Garcés de Marsilla 
Seáis bien hallado— Tomad una silla; 
Dejad vuestra espada — Con pena he sabido 
La grave dolencia que habéis padecido. 

Hartzembuscu — Los amantes de Teruel. 



458 SIN 

Ejemplos peruanos ( podrían ponerse infinitos. ) 

*' Yedln, sentada en una silleta de espaldar tallado, dea- 
cansa el brazo izquierdo sobre la luciente tabla de la mesa 
de su dormitorio n. 

— " Entonces, debes estar fatigado : siéntate. En lugar 
de hacerlo en una silleta, Pepe so estiró horizon talmente so- 
bre la cama de Enrique. " — Aréstequi. El Ángel Salvador. 

Lo peor es que en los Diccionarios españoles silleta no 
tiene mas acepción qne la de cierto mueble que los france- 
ses llaman le siége. 

Roterúp rodando al buelo 
Cae con silleta y todo ; 
Recibe un golpe en el codo; 
Da un grito que llega al cielo ; 
Se alza con furicso modo, etc! 

Ruinas — ( Rolei-upaclas. ) 

Silleta de esterilla : en España generalmente se dice de 
rejilla. *'Las sillas de paja habian sido reemplazadas por 
otras de rejilla, pintadas y charoladas de negro y oro imi- 
tando el maqué chino*'. 

F. Caballero, Olemenoia. 

Silluta — Ayacucho, por silla — Véase Quechuismos. 

Simpa — En Moquogua (costa sur del Perú) trenza. Del 
quichua simpa, crezneja, trenza, maroma. Lo mismo en 
Buenos Aires. 

Sinyergüenccria — Entendemos que un sinvergüenza es 
sustantivo castellano. Si asi no lo fuese, lo sentiremos infi- 
nito, porque nos resultaran dos provincialismos, el de sin 
vergüenza y el que queda estampado arriba. Contrayendo- 
nos sólo á ésto sobro el cual no abrigamos pizca de duda, 
diremos que la sinvergüencei^ia es mas pasiva quo el desea" 



SOF 459 

TO^ muclio mas que la desvergüenza ; es simplemente la /aZ- 
ta de vergümiza^ la abyección, el abatimiento. 

La palabra es larga, para escribirla al menos ; fea á la 
vista porque no so suoldii con \.\ preposición que la antece* 
de; 7 es lástima, siendo como es, espresiva y necesaria. 
Nanea hubiéramos podido sospechar que este provincialis- 
mo llegara basta Madrid (ó que nos viniera de allá) y hasta 
el pulpito ; asi se desprende de la carta de Hartzembusch 
á Cuervo, pág. XXXI de las "Apuntaciones;?. Dice: 
•* poco há que falleció un predicador celebérrimo que tal 
cual vez usó en el pulpito el sustantivo sinvergonceria n. 

Fernán Caballero, Lúeas García: *' Rufianas sinvergonzO" 
ñas ". Lo de nn sinvergüenza de que hablábamos al princi- 
piar este artículo, no parece enteramente ajeno á la lengua 
castellana, si nos atenemos á este antiguo ejemplo del Proe'- 
wo á la Crónica de D. Pelro Niho^ que tomamos de las 
" apuntaciones** de Cuervo : *'El avía visto ya que por fuir 
los cobardes é los medrosos é los sinvergüenza, avian seido 
loB buenos vencidos **. 

Sobre — La cubierta de la carta ; la sobrecarta, ó, como di- 
cen los chilenos muy impropiamente el cierro. Entre noso- 
tros la única palabra que corre y á la que el Diccionario no 
da tnl sentido, es la que encabeza este párrafo. 

No está sobre en el Diccionario como equivalente de cw- 
biei'ta ; pero lo encontramos en Ochoa, Trueba, Fernán Ca- 
Ixillero y otros escritores notables de la Península ; y aun 
padiera decirse que en todos. 

Mfero — Adjetivo que casi siempre precede para encare* 
oer, á los sustantivos golpe, pisotón, etc. ¡ Se ha dado aa 

golpe sofero /" dicea las madres ; un pisotón sofero ! 

£io femenino, sofera, casi no se oye, porque hay pooos sus- 
tantivos de este género que den idea de un golpe recio. 

Ni en diccionario ni en Ubro espa&ol hemos hallado niinca 
eato vocablo, ni podremos decir si ha de escribirse con « 6 
oon sr. 



4«0 



SOS^ 



Soga— Gi'nérico por m'tromn. ó ruerJn. Ln primera 
estiis dns píilnbrua es compleUmeiito desusada, siilvo como 
BquivtkleiJte (le funcimds acróbatas (/a maromu)', Ift bs- 
gundn na usa luaLhísimo m^nos que soga. Puedo decirse 
qua ctterda entro nosotros no significa sino la de lositubrí 
mentos da cuerda ó la del r¡?loj. Hemoí consignado aqni 
palabra unga, como una pruebn mas de eae constante tu!; 
ri^mo que nos induce Eieiiipre & tomar la espacie por 

gí»«ro- • 

Pichnrdo en su Diccionnrio de provincialismos de la iell 
de Cubü observa lo mismo que nosotros, qae "cüm geuei 
mente se nsa la palabra sog-t y nunca cwfla, cnando sa 
bla de la gruesa; exceptunmlo la do los Volatines (man 
ron) que se divide en evrdu tusa y erirrda Jt-ja». Idéol 
distiucion hacemos tsmbiun por ncá. 

Es indudable que lo qne ha degenera lo en valgarísi 
tieuB profundas raices en el idioma antiguo- Loa refranes, 
qne pur cierto no son do ayer, están liónos de la palabra qae 
aqui priva por cuerda : " mentar la sirga eu cnsa del ahoro»- 
do, " " echar la soga tras el caldero ", " si te dipscn la 
qnilla, correrás por la soguilla, " y otros qne el Dicciont 
trae en la palabra iiog-t ; friera de "perder t"'/ri y cabí 
que aunque no registrado nili, no nos parece tocuoion 
vincial nuestra. 

Por lítlimo, hasta ea la poesía castelluna de lince días 
seiscientos ailos hallamos esta palabra goiia, y toda 
sentido figurado, que os la vida inmortal de las palabras; el 
sentido recto es solo &a vida mortal, cuduca, perecedera. 
De-lirm; en su aigtiificado ninterinl ile «adrao del surco, dey& 
de vivir tantos siglos hú, úuontos corrieron desde quo el 
latín pasó á lengua muerta ; como metáfora, por éalivte del 
sarco lie la nisoit, lleva de vida iomartal tanto, cnanto da 
ejcistencla laa lenir:''» romanas ó romHDces. 

líic" país; si d- n uouzalo de Ueroc^ en sn poema sol 
Santo Dniüitigo dúo. l^s, escrito en 1220 y tantos aüos,- 



la BS- 

)ciraa ■ 

■>or d I 

la i el» I 

franes, I 
i qae 

i 



SOB 461 

finaba soga por retahila, historia, etc., es claro que la pala- 
bra material, era mas ó menos antigua que el mismo don 
Gonzalo. 

Estrofa 33 del referido poema : 

" Ante vos lo dixiemos ( si bien vos remembrados ) 
Que serie luenga soga decir las sus bondades, pf 

Que podríamos refundir así : 

Ante vos lo dijimos, si bien lo recordades. 
Que f ueT*a luenga sog'i hablar de sus bo.ndades. 

Sol de los muertos. — Ropetiremos aquí la definición que 
dimos hace muchos nños do este provincialismo en la paji- 
na 178 de las *^ Poesías Peruanas " ( nota ) publicadas en 
1867. 

" Llaman sol do los muertos, sol de ¡os g fútiles, sol de 
ayanque, á una luz repentina y como azafranada ó anaran- 
jada que arroja el sol cuando ya parecia haberse puesto. Ea 
de corta duración ; es una especií^de crepúsculo ; es el úl- 
timo bostezo del dia soñoliento cayendo en brazos de la 
noche". 

Los Diccionarios no traen ningan'\ de estas locuciones, y 
Trueba consigna la primera (sol de lo^ muertos) en el ífZo- 
sario que pone á sus Cuentos color de rosa. 

Solucionar-- Y también solucionarse, verbo formado de 
solución con toda naturalidad, como relacionar y relacionarse 
de relación. Ya lo hemos dicho ; llegará dia en que no haya 
sustantivo que no dé su verbo. 

Sombrero de pelo — Asi hemos llamado siempre al de copa^ 
y por apodo vulgar tarro de unta ó simplemente tarro. El 
provincialismo en Madrid es chistera. 

Soroche — Nombre de un metal argentífero de que hablan 
las Memoinas de los Vireijesy el Mercurio Peruano, y de que 
no nos ocnpariamos sino fuera por el derivado asorochar^ 
w, y por el mismo soroclis, accidente, guardando perfecto 



«* 



&Tra 



parnleüíiTio estos nombres CJti loa de ivíx y eiioelam, > 
la crofocin euporsticiosa y sin fiinfUioento de quo el mivr^ 
qae ee experi manta eu \ns ulturns iiDdinns, y iie que j 
se esenpau, no oataiidi> acümtitados, proriene de los enj 
naciones de alguna vetu tnotnlífera subterránea fó noroeh-J. 
El n. •roche es un aecidente de los maa incómodos, y qiiízá 
dejn atrás al ini.reo, luinquo dura raéiios. tíiircilaso de la 
Vega habla de 6! empleando cándidnmotite el verbo marear' 
se. El Mercitrio P-niitu-o lo CHlÍ6ca de d^^nfn! lea mentó i 
el artículo sobre la reía. 

"El lo hizo como ae lo mimdó, aunque aegim CrU 
Ae Sotelo y otros, deciiin hiciera mi;j'ir eu dar butiUit á id 
Pizarrir^tas qucí be marearon en la íiíerra : cá es ordinarioj 
lo3 eapuElolea que de nuevo, 6 recieu salidos du los calarm 
llanos, suben ó. las uovndas sieri-as, murearM ". Garc. Coi 
S. 2' l'tc. 

Soba — En Buenos Aires, en estUo cotnercÍAl, Ut eulia i 
el alza de los valores bursátiles, el alza eu general. 

SDCUCbo — Chiriritil, zaquizamí, cuui-bo que parece esccn 
drijo ele. Quichua ciíc/hí? ftingulo esqninitj. 

Suche — Pliimi'íia. Uno de lúa tipos mas lindos da I 
flora limoFia, y de la misma familia do la elátka quo boma 
descrito ya (apocináceas aiubiks). El «'(r/te es un arbolitC 
que cou la propensión ú tender sus rumas siempre horizoiM 
talmente, aciba pLir torcersi* lo mismo que el aromo, y \ 
ÍDcliiiado se le vé gcueralmeute en los JHrdine^í. Sus tallen 
Bcn redondos, lustrosos, do uu verde bronce, leilosos y Idü 
cbosos. Las Lojna largas y pantiaguda», como las qoe loi 
botánicos llaman lanceotndas, tienen mucha semejnuzn en sil 
color y lustre, y aun forma, con la del /i ■«» el/igliea, dw tnd| 
pocittnto introducción en Lima, Crecen apiilidas y a 
junto cou las flores, en la punta de las horizontales rarnaa^l 
dejando descubiertos los miembros det arbusto, que recuerl 
cUa la piel d4 uu paquidermo, y que ofrecen el cua 1ro gs* 



SUC 463 

neral de una ruina, abrillantado en las extremidades con la 
reunión de las blancas flores. 

La forma de éstas es la de uno de esos trompitos de cas- 
cara de granadilla que recortan los muchachos; 6 para 
adoptar un símil de mas fácil intiligencia, la de un jazmín 
del cabo por ejemplo ( Gardenia florida J. Las hojas ó péta- 
los tienen por debajo unas listas encarnadas que recuer* 
dan las del jazmin [corriente, y por el centro 6 cáliz un 
tinte de oro lindamente difundido. 

El primer endecasilabo de la célebre Silva de Francis- 
co de Bioja Al Jazmin^ no vendria mal al suche : 



ce 



¡ Oh en pura nieve y púrpura bañado " ! 



El suche es venenoso como toda apocinacea, y el nombre 
procede á no dudarlo de Méjico, porque en lengua azteca, 
Xóchitl es el nombre genérico de toda flor, como lo son en 
árabe de toda flor y do todo caballo as-sahr y el-hozan^ que 
al pasar al castellano se hacen privativos de una flor y de 
un caballo, azahar y alazán. 

Arroniz en su Manual del Viajero en Méjico trae la des- 
cripción de varias flores, en cuyos nombres todos entra el 
radical que dejamos citado, como se vé en cempasuchü^ y en 
eaealoxochitl^ cuya descripción es exactamente la de nuestro 
suehsy '* y pertenece á la familia de las apocináceas " dice el 
autor, con lo que se confirma la paridad. 

En Cuba lo llaman /irto, y en algunos puntos de la is- 
la, súchel. Bajo la primera palabra y el calificativo genéri- 
co botánico de Plumería^ vienen largamente descritos en 
Pichardo, el blanco, el amarillo, todas las variedades. 

Los franceses lo llaman /rancAéspanter. 

Ramillete galano 

El suche en el jardin sobre pié breve 
Desplega extenso su follaje cano, 
Porque émula su flor es de la nieve; 



464 SUE 

Flor que de aroma lleno, 

Y espolvoreado de oro tiene el seno* 

Y cuando de sa tjJlo se le arranca. 
Lágrima llora caal la leche blanca. 

Poesías Pkruanas. 

Por sa vista y fragancia era asimismo otro de los in- 
gredientes de la mistura del antiguo Lima. 

En la laguna de Puno el suche es un pescado de fanui. 

Su^hchu en quichua, según Tschudi, significa mata is flor 
amarilla ; pero no creemos que este radical haya dado lagar 
á suche, sino á chunclvo que es otra flor. ( Véase ). 

Soerte^La suerte es la lotería ; y saciarse una suerte es 
caerle á uno la lotería ; ó bien, como hallamos en Fernán Ca- 
ballero, sacar la 6 sacar á la loteria. ''El se los pagará í 
su mercé con puntualidad en cuantito saque la loteria tí» 
( Clemencia ). '* Cuando saqtie á la loteria, haré un camino 
de hierro w. ( Un verano en Bórnos ). " Me han dicho que 
has sacado á la loteria. " ( Dirha y Suerte. ) " Toma esos 
cinco reales, éclialos á la loteria, y si saca^ libertarás á San* 
tiago". ( Cosa cumplida solo en la otra vida). Aqoi ha* 
briamos dicho : '' toma esos cinco reales, echa una suerte^ j 

si te la sacas " " Un dia que pasaba yo por la loteria 

con una vecina, instóme ésta á que echase con ella ". ( La 
Estrella ds Vandalia). '* Al cinco, compadre?" (colocar 
un capital al cinco por ciento;) eso es sacar á la loteria V* 
( Lágrimas ). Nosotros : eso es sacarse una suerte. 

Nuestra suerte se pregona á gritos por las calles por 
vejancones y vejetes, y también por mocetones que, ha- 
chos unos sinvergüenzas, ganan la vida en este oficio de 
holgazanes con el nombre de suerteros, que ha sido siempre 
un tipo de risa entre los tipos criollos. Van aiíanciando á 
grito herido la de á mil I la de á cuatro mil ! cinco mil^ diez 
mily veinte mil, cincuenta, cien, y hasta de quinientos mil 
( soles ) tomando el tipo mas alio de las varias que van á ja- 



SUE 465 

garse. Venden los números ( bületes ) al primero qne los 
para, tomando el asiento en plena calle en un cartapaoio 
largo, negro y mngriento qne llevan bajo el brazo, j cnyoa 
garabatos harían sudar al mas insigne paleógrafo. La suerée 
sale nna ó dos veces por semana, j se jnega en un tabladillo 
que se improvisa en la plaza mayor. 

Se dice qne botó la de á tantos^ del svsrtero que tiene 
la snerte de ver salir premiado uno de los números que 
vendió. 

Llevándote por postre los sucesos 
A qne vestido en traje que dé grima. 
Yayas á pregonar \la de á mil pesos ! 
Por las calles de Lima. 

Poesías Peruanas, {Fortunas cañetanas. ) 

Este provincialismo de suerte y suertero es muy antiguo. 
En el Mercurio peruano ( 1790 ) tomo I, pág. 113, hallamos 
usadas con toda naturalidad las palabras suerte, suertero y 
números por billetes. Pero Larri va que escribía en 1821 
( El nuevo depositario ) no usa mas que las buenas palabras 
castellanas de lotería, billete, etc. 

Echar una suerte en vaca, echar una vaca, ir en vaca : to- 
mar nn billete «^ntre dos. El Mere. Per. ( 1791 ) tomo I, 
pág. 163 : " Y al mismo tiempo hunde la casa á gritos si 
yo me atrevo á echar una suerte en vaca. '* ídem idem, pá- 
gina 96. '* Solo el ramo de suertes que antes era un juego 
pobre y limitado^ y ahora es un remedo de las grandes lote* 
rías de Europa, hace circular todas las semanas dos ó tres 
mil pesos. >y El sorteo llamamos en Lima á lo que en Bue<» 
nos Aires el extracto, esto es, á la verificación del juego 
mismo ó sea extracción de los números. 

Saertero — El que pregona y vende por las calles núm^os 
de Id suerte. Ya que ha sido necesario formar esta palabra, 
no han debido olvidarse las reglas de derivación del dipton- 
go u#, que indicaban decir sortero. Pero nosotros ó nuestro 



466 SUE 

paeblo, queremos nn reflojo vivo, nn fac-símil de la voz pri- 
mitiva, por lo que hay muchos, quizá todos, que gustan mas 
de decir huertero que hortelano. Además, el horror á este 
cambio del diptongo ue en o, como á los diminutivos en üloy 
ico, uelo j ete en una palabra, á todo el que no es en tio, es 
por desgracia, una regla sin excepción entre nosotros. 

El doctor Smith (" Perú as it t>, " 1835 ) dice que el ofi- 
cio del suertero ( lottery man ) era uno de los mas lucrativos 
de la Capital. 

Quizá el provincialismo no era tan corriente á fines del 
siglo pasado, cuando el Mercurio Peruano lo designa ( tomo 
I, pág. 113 ) por asentador de suertes. 

Ya es un suerteron fornido 
Que con su voz de estampido 

Suertes I brama; 
Ya es un chino desabrido 
Que temblequea á mi oido 

Uva zama ! 

BiMáS DKL BÍMAC. 

Los suerteros de Buenos Aires, que por supuesto no Uevaa 
tal nombre, son unos mocetones en toda la fuerza de la 
edad, 6 unos niños, generalmente italianos, que anuncian 
sos biUetes con mas 6 menos gritos, aunque muy distintos 
fie los de Lima, y que persiguen á los transeúntes con inso- 
portable tenacidad. Los billetes se venden sin tomar asiento 
ninguno, y corre de cuenta del comprador averiguiar si le 
]ia caido 6 no la lotería. En Lima el suertero va á dar aviso 
de ^la [&usta nueva á las señas que tomó, y es de derecho 
consuetudinario que se le paguen las albricias. 



T 



Taco — Por tacón es nn valgarismo insoportable, y tan 
corriente, que forma parte de nuestra conversación, y hasta 
de nuestros escritos, literarios, dramáticos, etc. 

Y al rostro de Aniceta que salia 

Despachóla con tanta puntería 

De parte del bellaco. 

Que yendo á dar el taco 

Del mismo cielo en la mitad, estruja. 

Magulla, pulveriza y desbarata 

Una nariz, ya antes del golpe chata. 

PoKSiAS Peruanas. 

'* La artista redobló sus pasos ; y no sintió los tacos de 
Enrique cerca de ella, sino al desembocar en la plaza de 
Santa Clara. " Narciso Arestbgui, El Ángel Salvador. 

I Y todavia en diminutivo ! " Retiró el servicio de la mesa 
sin mirar á su madre ; y cuando sintió sobre las baldo- 
sas del claustro los taquitos de madera de Magdalena, etc. " 
— Idbm. 

ün señor de voladas patillitas. 

Cara de perro chino y de macaco, 

Hazmereir de muchas señoritas. 

Que ha estado en Chile y que ha inventado el taco..» 

J. DB A. — Artículos diversos., 



4S8 



TAM 



Tacho - 



> paila 



Cáotnro, generalmente de i 

voz, aunque creo que si se a 

tur de nuestra Capital. 

En la isla de Cuba se da el nombre de lacho á 
en las haciendas de caña. ( Pichnrdo. ) 

También es chilenismo y argentinismo, y siempre con¡ 
propensión á vasija metáliea. 

Talle — Kn los clásicos espaSoles es muy^ usual esta pala- 
bra, ó precedida del adjetivo tu^n, para significar buena 
pregenriu, airoso, tjallardo, etc. También equivale á porte, 
y loa hiatorindores primitivos de Indias al describir nues- 
tras frutas y compararlas con las conocidas de España, dícjen 

siempre del talle tle De la palta dice Garcilaso qi 

es del talle de una pera. 

Para nosotros talle es solamente la cintura formada 
el vestido, y asi decimos talle corlo y talle largo ', j en buen- 
sentido y acompañado de los calificativos lindo ó bonito solo 
io aplicamos á la de la muger, cuando es fina, delgada y ele- 
gante ; la famosa cintura de guépe de los franceses. 

Taiial— Del mejicíLao tenamaxtl. Esta palabra viene en 
casi todos los diccionarios y poco le falta para hacerse espa- 
ñola, comoj'ícarií, que tiene el mismo origen. 

El tamal de Lima, celebérrimo en los fastos criollos, es 
tma pasta, masa ó bollo de harina de maiz aderezada coq 
manteca de puerco, carne de lo mismo, su punta de a;'í, al- 
mendras y otros varios ingredientes qne hacen de él una 
golosina pesada asaz. 

Se vende por pregoneros especiales que salen por In ma- 
Bana á burro y que hasta hace poco eran negros bozales, 6 
en las metilai de Xoclie buena en la plaza mayor; sirviendo 
en el primer caso para loa almuerzos dominicales y en el se- 
gundo para opíparas cenas qne suelen conducir & la eter- 
nidad. 

£b de rigor que el tamal vaya envuelto en hojas de p 



Li la I 



31 



TAM 469 

iano 7 liado el envoltorio informe que resalta, aunque tira 
á cuadrado, con tiritas de totora. 

Por estension, cualquier bulto informe ; y en lo figurado, 
pastel j cuando se dice : 

Tiró el diablo de la manta 
Y se descubrió el pastel. 

Tamalito de uva. El envoltorio de hojas de plátano que 
hacen los fruteros de toda la uva que se desgrana y que 
anuncian á gritos por la calle y venden á ínfimo precio. 

¿ Qué bollo es ese ó tamal 
Que aunque aspira á hacer papel, 
Lego parece ó bedel, 
O barchilón de hospital ? 

Rimas dbl Bímac. 

En Venezuela parece que el tamal es hay acá. 

TMialero — El vendedor ambulante ( generalmente un 
negro bozal montado á burro ) de tamales. 

Este tipo se hizo célebre en los primeros años de nuestra 
independencia por una letrilla alegó rico-satírico política de 
don Felipe Pardo, en la que imitando la jerga de aquellos 
pregoneros aludía á las revoluciones que ponen en circula- 
ciom lios, envoltorios y pasteles de toda clase de elementos 
bastardos. 

" La revolución fabrica 
En mi tierra estos tamales ". 

TftMbárria — Una tambarria es una jarana, un jaleo bnr^ 
do ; pero mucho mas ordinaria, como que viene probable- 
mente de tambo. Lo curioso es que en España hay un lugar 
qne se llama asi ( provincia de Lugo. ) 

TuiAo — Algo como el mesón y venta de los españoles. 
En los despoblados y en los caminos recuerda admirablemen- 
te por lo que es en si y por el servicio que presta, á los co- 
ravanserails 6 serrallos de caravanas de la Siria. 



T dol lejfino tambo. 

Se oye sonar el yaraví Amoroso, 

Gentil, vivftz, arisco, 

Nuestro homlire, que era un zambo, 

Encnmioóse al tambo. 

Pidió un trago da jiiteo, 

PuEsiAS Pbhuanas. 



Esta hermosa y Doble palabra del qiiíchiia tampu, tiene 
gran analogía con el serail 6 terrallo de tos árabes y COd el 
hall de los ingleses y hnUe de los alemanes, porque, Boloi 
pnede representar ana mera aunque espaciosa sala, y ea 
composiciou, grandes y ariatocrático3 palacios (en Ío aQti- 
gno). 

Nuestra topografía está llena de nombres en tambo, eomo 
Paneartambo, Limai^mbo j otros, que probablemente repre- 
sentan, como estos, reliquias de antiguas grandezas. 

En nuestros días solo significa posada, mesón, parador da 
arrieros, trashumantes y traficantes. En los arrabales de 
las ciudades suele haber nno solo conocido del bajo pueblo 
y únicamente frecuentado de gente da polaina, poncho y *al- 
mofrez. 

En los pneblecitos de la costa ha degenerado este que-~ 
chuimno hasta el estremo de darlo por nombre á la chingaita 
6 ventorrillo de donde se abast-eceu tos habitantes. ¡ Caáa 
diferente en lo antiguo ! Gomara, Historia de tas Indias: 
"Y tienen para sus jornadas y trechos de tierra nnos gran- 
des palacios, que llaman tatnbot. donde se albergan la corta 
y ejército de los ingas, m En Buenos Aires y Montevideo la 
palabra tambo es de muchísimo mas uso qus en Lima, por 
designarse con ella á las lecherías que ocnpan grandes esp »- 
cios en el centro mi^mo de la ciudad. 



TAB 471 

Tantas MneFas» trejo^ ternejo— Tres palabras idénticas en 
Lima, siendo la mas usada la primera, sin dada por mas 
pintoresca. Designan á un guapetón. 

En Cuba se dice ternejal por valentón. Lo trae Salva, 
pero no Pichardo. En cuanto á trejo lo hemos tomado ó nos 
le han traido, según toda apariencia, del anticuado español 
destrejar que vale " luchar, combatir ". 

Zarpó al fin del Callao 

Del español la veleidosa nao, 

La veleidosa por sus muchas velas 

Pues la Resolución es tantas muelas, 

PoBsiAS Peruanas. 

** Los habria arrojado por la ventana con espadas 7 todo : 

j me quedo corto ¡ Yaya ! es un señor muy ternejo 

y de unos pulsos de gigante ". 

Arésteoüi, El P. Eorán. 

Tapa— Arequipa. Femenino, nido. Voz enteramente qui- 
chua, y como ñausay opa y tantas otras, enteramente inútil, 
porque no dicen mas que nido^ ciego y tonto. Es un home- 
naje á la lengua que vive al lado, como cuando los españoles 
dejaban oleo por aceite^ vocablo arábigo. 

Tarro de nnto — Grosero apodo, que por fortuna va desa- 
pareciendo, del sombrero de copa ó de pelo^ como acá se 
dice. En Madrid también se le apoda, pero con la mas 
culta palabra de chistera^ cuyo recto significativo es *' una 
costilla mas angosta por la boca que por abajo. ** De chis- 
tera á tarro de unto hay lo que de la sal ática á la sal 
gruesa. 

El tan'Oj familiarmente hablando, es el sombrero que 
acabamos de desciibir. 

¿ Por qué asunto ? 
Po r el tarro de unto. 



472 



TAS 



Solia aer o! grito de guerra con quo los mauperros 
naestmí calles anunciabnn que ibnD á dar nn apaballo a al- 
gnn descuidado y poco liemible transeúnte. 

Tarsana— FemBuibo. Corteza de uo árbol qae echada 
en el agua deonrrolla gran espuma, por lo que se le emplea 
mucho para ciertos lavados y especial monte para lavarse el 
pelo tas iDugeres. En el sar del Perú, y con mayor razoQ 
en Chile, solo se dice Quillay, por venir la voz de la lengua 
araucana (quiHay). 

También en la lengua ó dialecto pampa, quo es el Tniamo 
araucano hablado por loa indios pimpat de Buenos Aires, 
hallamos quillaij pura designar el jabón. ¿Será nuestra 
íarsaitd 6 q'iilluy lo mi&D>o que en Mendoza llaman tupé 

Tártago — Nombre de la higiicrilla en la República 

Trscs — La sierra tipoe sn torocke ; la costa sa etnpam¡ 
miento; cuando elegimos la civilizada via manliuia para 

librarnos de todos esos engorros dos espera. ía títtea. 

Esfinge de nuestros puertos. ¿ Qaé es la lusca ? Ea ud 
embrollo de olas bravas y de corrientes encontradas, que s« 
dan cita, no siquiera en la boca del puerto, sino delnute da 
la playa. Ante ella se detiene la pesada laucha, que cargada 
de pasageros y efectos, viene desda el costado del vapor 
fondeado á prudeutújima distancia. La tierra firme nos 
recibe menos hospitalariamente que la misma alta mar. 

Y asi como los nos tienen sus vadeadores y las barras es- 
paQolas sus prácticos, nuestro Scila y Caríbdis cuenta coa 
ana tatquerot, pelotón de indios y de negros, que con su 
piel de lustros y Qexible aanguijnela avanzan por entre las 
olas en cueros vivos y con el agua al pecho, á auxiliar á la 
detenida embarcación. 

La palabra no se encuentra en el Diccionario ni loqns da 
como tatijiteni tiene nada que hacer con lo quo describimos. 
Suponemos que fasraeca un derivado do aíufcar; ^)^ coma. 
oliMCo 6 alaaeoilero. 



stra 

péíi 

M 

oara ' 



TAT 47* 

O bí ustedes qoieren algo mas humorístico, es una sin- 
copa de tarascüj porque amenaza tragarse á cuantos se le 
acercan. 

'^Tatuarse — Todas las lenguas cultas de Europa han adap- 
tado á su índole este verbo de origen indio, y asimismo el 
BOstantiTo tatuage. Ambos indican la pintura especial que 
los indios salvages suelen hacerse en diversas partes del 
cuerpo. 

En español no hemos visto todavia ni tentativas por in- 
troducir esta voz india, porque siendo el movimiento co- 
mercial 7 viagero con las remotas regiones del globo, menos 
activo, y también, fuerza es confesarlo, menos inteligente, 
entre los que hablamos este idioma, que entre otros pueblos 
•xtrangeros, no hemos sentido aun la necesidad del neolo- 
gismo ni allende ni aquende el Atlántico. 

Pero nuestros padres los españoles del siglo XVI, que se 
hallaban en contacto con loa indios de América, acuñaron 
luego el vocablo ; y ya en las Ordenanzas del virey Toledo 
promulgadas en ese siglo hallamos embijarse^ verbo forma- 
do sobre bija, que era el nombre indígena de la sustancia 
vegetal con que los naturales se teñian. 

Bija es hoy una palabra asegurada para la civilización 
mediante el tecnicismo de la botánica, que la ha tomado 
para la clasificación de hixa orellanoj que para nosotros y 
otros pueblos de América es el achote. (Véase esta palabra.) 

Muchas veces hemos pensado que este embijarse podri^i 
traducir á se tatouer^ si la hija ó achote no fuera de un solo 
ccdor, rojo amarillo ; al paso que el tatuage se refiere á pin- 
tara de todos colores, inclusive el azul y el hsnna ( rojo 
earmin ) con que las egipcias se tiñen las uñas y se pintan 
la cara. 

El miniarse tampoco estaria mal, si no recordara las deli- 
cadezas de la minúi fura. Propondremos por último j!)*i<¿ar- 
rajarse y abigarrarse. 



474 



TBM 



" Mor^tto tenia taluadoa en el brazo derecho doa cftSones 
en cruz con iin uúniero 2 encima de éstos. " (" La KbcÍod" 
de Buenos Aires, Julio 11 de ISSl.) 

Tecle — Picante importado de la sierra á la costa. So baca 
de oj'i y queso fresca. Quichua tecH, chicha cocida, espeta, 
sin duda porqaa el plato ese la provoca. Los AreqaipeBos 
pronuncian tegte, lo miamo que rajmj an ruerna. 

Temblor- -Solo asi se designa el de tierra, tanto en aÍD^a- 
lar como en plural, diciéndose la época da los temblare», & ; 
pasó el temblor, hubo temblor, tno pareció temblor, &. Pira- 
mos aqiii lo que en Ksclitvatura y Colowaje, que la impor- 
tancia del asunto ó la fi^cuencia con que ocurre, facrzan al 
espíritu á crear uua medía palabra, que sin ser enteramente 
ta propia ni enteramente nueva, lo defina de ana manera ab- 
soluta é inequívoca. 

No nos causaremos de repetir que los verdaderos provía- 
cialismos alarmantes para loa escritores ansiosos de escribir 
en bueu castellano, debeu ser loe de esta especie, verdade- 
ros moles secretos inoculados en la masa de nuestra sangre, 
y de los que, no solo no nos damos cuenta, sino que al des- 
cubrirlos, sabríamos allí mismo, ipío fado, que sin ellos no 
podríamos vivir. Mas aun : tenemos giros, constrncciones, 
{roses, que uparen te me uta están en ca&telUno, y que en el 
fondo deben ser incompreusibles ó cuando menos estraSasá 
lectores espiSoies ; porque sintiendo y pensando de otro 
modo, ta midma herramienta, manejada por nuestra mano, 
lleva díatiuto aire. 

Munca olvidaremos lo quenos di-cia Hartzembusch en noa 
carta de Madrid en 1372, refiriéudose á nuestro tomo de 
poesías nacionales. (" Cuadros ; episodios peruanos: ") 
" Objetos y estilo, originales y deacripciou, naturaleza y ca- 
racteres, costumbres y lenguaje, todo es para mí altamente 
1 &p las poesías de ui>tod. Bíeu me hago el carj 
í no es Castilla la nueva. " 




TEM 475 

Se nos dirá que las condiciones excepcionales de ese libro 
y de BU aator no tienen por qué servir de regla general ; 
pero aan admitiendo la observación como muy justa, hay 
que convenir en que, cual mas cual menos, todos los escri- 
tores hispano-americanos se hallan en el mismo caso : salvo 
los que tratan materia didáctica ó sacrificando toda sugeii- 
vidad, se lanzan á escribir en estricto castellano, como pu- 
dieran hacerlo en latin ó cualquiera otra lengua muerta. 

Estos son pues, los formidables peruanismos ; los bellos 
arbustos, que sin perder su forma ultramarina, han adqui- 
rido por acá propiedades letales. Los otros, aquellos voca- 
blos indígenas de que algunos hacen prolijas listas, son tan 
fáciles de retirar de la superficie de nuestra locución, como 
la pelusa de un vestido, ó como el estirpar una erupción 
cutánea. 

Templado — Enamorado, y su temple, el cortejo de una 
dama. Comienzan á caer en desuso y casi no se oyen. En 
Chile dicen tíemplej con la maldita y original propensión 
que tienen á meter una i donde quiera que sigue e ; como 
86 vé en gieiite, mujieTj quteso (queso) quié*í fqué? pre- 
gunta.) 

Lo de mujier, por lo menos, es un remoto arcaismo del 
castellano naciente, cuando aun estaba la lengua desen- 
redándose de los pañales latinos, y mujier muy cerca de 
fnulier. 

El autor del Diccionario de chilenismos se inclina á creer 
que templado es provincialismo andaluz, por este verso que 
cita: 

'* Asina te quiero perla 

Mu corriente y mu templa, n 

Y alentado con tan plausible descubrimiento agrega : *'en 
cuyo caso debería creerse lo mismo de tiemple. " 

No sabemos si su temple, en el sentido de cortejo^ amante^ 
mutrnorado^ etc., corra en Andalucía u otra parte ; lo que si 



podi 



lernos 



•necia 



ispechar 



qii8 



Irt fea 



pror 



3 de h'em 



I los 



' lo trae Terreros en t 
mque corrige con tvmpla) 



Dicoionnrio del siglo 
T cita versos de Lope 
el verbo viene usado á la 



tener sus rnicea como In da mujier, 
tiempos m:tí< remotos de la lengua. 

En HTia de las ediciones de La Oelettina, obra del siglo 
XVI como es sabido, en el acto I hallamos " TUnipla'e," 
no en el sentido do enamórate, ea verdad ; uas si escrit} 
con esa i viciosa. 

Asimii 
pasado, i 

de Vega y Juan Rufo i 
cliilena. 

Tendal — Un tendal en castellano es lo que se tieii'I«, por 
arriba ó por abajo, para cubrir 6 abrigar, Ó para recibir. 
Pnri> nosotros es como una tendida de cosas, un tendal d» 
ropa, por ejemplo; por un tendedera. 

En Buenos Aires como lemldl j en Chile como tendtiloilit 
nos volvemos á hallar con nuestro provincialismo. 

TírcianieDlOf ta — Los españoles no conocon estas fonuaa 
y dicen tercianario, ierelunaria. Animismo croemos qna 
usan la termiuacion femenina mucho menos que no^otrost 
por falta de ocasiones. Nosotros tenemos /cuiuí tercianien- 
tas, aguas terrianií-ntas, hahilaciunrs tercianienta» etc., por 
ser mucho mas propensos á la terciana estos climas qn« 
aqubiios. Tan sabido io tienen los módicos lóenles, qne al 
empezar el tratamiento da cualquiera enfermedad piñncipiaD 
por despejar la incógnita coa una dosis de quinina, purqne 
casi no se concibe dolencia en Lima que no revista! la forma 
predilecta que es la intermitencia. 

Tamhitu notaremos que los españoles gustan mas que 
nosotros de la forma plural y casi siempre dicen tercianat, 

Ternejo.lrrjo— Véase Tantas muelas. En la República 
Argentina tenie¡al. 

*Ter«— Y con mas frecuencia tero-tero, terutero, nombre 
en la Repúblicn Arjjeutina de nuestro (/üerequequs, ( Yé ^ 

».) 



TIM 477 

Tero parece voz guaraní. En Bogotá tere es llorón, y 
acaFo tenga la misma procedencia porque en las raices gua- 
raníes hallamos la idea de voz desentonada, ronca^ llorar tror' 
ha jo» etc. El guaraní como es sabido se habló en toda la 
vertiente oriental de los Andes al Atlántico, desde el Para- 
guay hasta el Orinoco. 

Kara es la casa de Buenos Aires que no tiene suelto y do- 
mesticado en su jardin uno ó mas de estos animales, que 
limpian el suelo de sabandijas, y con su frecuente vigilan- 
te grito parecen prestar el servicio de las ocas del Oapir- 
toUo. 

Tierra — For polvo y polvareda. ¡ Qué de tierra ! ¡ Qué 
tierra se ha levantado ! Hay mucha tierra etc. 

Tilica — Tarma. Familiar por Teresa. 

Timbiriinba — Juego de envite popular. 

Y haciendo una media quimba 
A la villa y sus altares, 
Con sus dioses tutelares 
Que son Monte y Timbirimba^ 
Díjole adiós á Chorrillos etc. 

Rimas dkl Bímao. 

Timbre — El de la voz, el buen ó mal timbre de ella, y aun 
la voz misma como se vé al decir bonito timbre por bonita 
voz. ¿ De dónde ha podido salir esta metáfora ? Sin duda 
del francés timbre, pae¿to que en castellano, sogun la pe- 
rentoria definición del Diccionario ( hablamos del bueno. 
Salva ó la Academia ) timbre no tiene nada que ver con el 
sonido. La metáfora castiza, tratándose del sonido de la 
vos, es metal. 

El secreto de nuestros provincialismos hasta hace treinta 
ó cuarenta afios estaba en el fondo mismo de la lengua es- 
pañola, en sus arcaismos y en sus jergas andalu/a, gitanes- 
ca etc. Hoy hay que buscarlo en el francés 6 en el inglés. 



" J'allaU me metlre á ¡n nují^, lorsqiie ¡c timbre 'U la e 
de ¡a marquisa arriva jiisqa'á, moi" — Giiftave Dfoz. 

E! gorrioa ó meloso juilipío. 

Que el de Europa uiojoi*, pues le competo 

Dulce limbre de voz y alto copete. 

Poesías Peruanas. 

Timpusca — Femenino. Especie de eliupe desabrido en 
que pieilominnn las coles, importado d Lima do Arequipa. 

Quk'hua limpu, kirvi': 

Tindío — Ave acuútica por el estilo y del aspecto d© la 
gaviota ; aada jeoeraimonte en bandadas, y tai caal vez 
sola como deBcarriada, por Ins playas, los pnntonos y I03 
terrenos miiehacados o corrontiados. Al levantar el vuelo 
suelta un grito qne parece decir lÍ-tio, ti-Üo, de donde inda- 
dablemente le ha venido el nombre. 

Quejumbroso ol iindío 
Siempre entumido cual si hubiera frío. 
Por la falda del árido collado 
Discurriendo voloa ó acurrucado. 

El friolero tindío. 
Quejumbroso parroquiano 
De la playa y el pautano. 
Del charco y del regadío. 

Poesías Peruanas. 

TintíriilO— Provincialismo poco mcuos que continental y 
de loa mas expresivos, para designar á un abogadillo de tres 
&I cuarto, á un tipejo de leguleyo. También Salva lo con- 
signa como provincialismo de América meridional y lo tra- 
duce por " abogado de guardilla ó de chicha y nabo " pero 
no por rábula, ui registra esta palabra, no obstante ser 
elU la propia eegua los proeincialógrafos que han i 




TIN 479 

do deepaes que nosotros, Sres. Ca^nro j Rodríguez. Otro 
aficionado, el Sr. Paalsen, nos comanica qae la ha encon- 
trado en la undécima edición del Diccionario de la Acade- 
mia. Solo don Fidelis P. del Solar se maestra indulgente 
con el provincialismo, los demás están por rábula j leguló-^ 
yo en cuyo loor se deshacen. 

El que propongan leguleyo no nos admira, porque siendo 
un derivado despreciativo de ley^ es tan oportuno como 
nuestro tinterillo ; y si desde luego no pedimos su adopción, 
es porque todavia no nos satisface ni satisfará á nadie que 
examine los materiales etimolójicos de ambos vocablos. El 
leguleyo, bien que mal, sabe ó aplica la ley ; el animal que 
en los pueblos ó aldeas y eu los Juzgados de Paz de Lima, 
con los apodos de Bizcocho frío y otros no menos pintores- 
cos, se dedica á defender indígenas y á otros mas animales 
que él, lleva por todo atributo de Témis, por todo emblema 
de su personería jurídica, un tintero, ó mejor, un tinterillo 
que es el que le conviene por mas portátil, que al fin nadie 
sabe cómo, cuándo, ni dónde tendrá que extender sus escri- 
tos. Llamar leguleyo á un tinterillo nuestro seria hacerle 
tanto honor, como sería chocante y desgraciado calificar da 
tinterillo á un leguleyo. Si este es un término despreciati- 
vo, el otro es despreciativo de despreciativo. 

Si esto decimos de leguleyo ¿qué diremos de rábula? 
Hay palabras que no tienen mas malicia, ni mas gracia que 
la que les da un amplio uso. Fuera de ahí, consideradas 
en sí mismas, nada son. ¿ Qué nos recuerdan ese rab ni ese 
ula ? Lo primero no es mas que una raiz cualquiera y no 
un objeto material como tintero ; lo segundo no nos pinta 
la desinencia despreciativa que estamos acostumbrados á 
ver en illo. 

Bespecto á este y otros provincialismos y sus equivalen- 
tes castizos, el caso debe determinar la opción. ¿ Estamos 
hablando entre estranjeros ó escribiendo un artículo pura- 
m^ite literario ó didáctico ? Digamos rábula y leguleyo. 




1^ basta V 



480 

£d la courersncion fnmilinr y en un articulo do costnoild 

chcM;aria rábula, y leguUyo no seria enleramenta propioüia 

¿ Qiiin es el yueta 8Íu estadio ? 

Claudio, 
n tintrillo sin fé ? 
Ohsé. 

i empezaba su orillejo un inglés acriollado, y 

& vei'sos en castellano sb atrevin á hacer, rimando 
o con fsluilio y pronunciando Olisé por José, y iin~ 
tritio, con lo que hacia mas exqaisíta la palabra pro- 
vincial. 

El tinterillo en su pequo&a esfera de acción ha sido tan 
pernicioso ala sociedad, como el caudillo militar en la saya. 
T ei no se ha inventado la palabra tlnterillnje como la de 
caudillaje, que es americanismo, proviene simplemente de 
que los daSos y perversión causados por la falanje de tinte- 
rillo» no son tan trascendentales ni tan vastos ni tan palpa- 
bles, sin que por esto deje de caberles su muy buena p arte 
en nuestra general relajacii 



pwt^J 



*' El tinterillo audaz que se interpone 
Entro la sociedad y el arbitrista " 
{ Zl'KRAS, E/ -Iferciirío de Lima, Setiembre 1863 ). 

Tocnyo — Salva, Terreros, Alcedo y domas diccionaristas 
definen esta palabra como tela ordinaria de algotlon qfie te 
teje en América,. Nos interesa uhora saber de donde viene, 
COSA que, por desgracia, no siempre podemos enseflar Á 
nuestros lectores. 

Tocuyo se ha formado sin duda sobre el verbo qoídma 
cut/u que signilica torcer hilo con las manon ; y ann liay es- 
critor del Mercurio Peruano ( 1795 ) que emplea repetidas 
veces la misma palabra acjo para designar ropa de indios 
(ropa de lienzo). Tomo XII páj. 131 y siguientes : "Ro- 
pa de la tierra llamada cuyo ".,,." Este vestuario se les da 



H 



TOM 481 

dos reces al afio, no de la bayeta qae ellos mismos fabrican* 
fiino de la titalada cuyo que dista muy poco ".•••" Lo co- 
mún de los indios es vestirse de bayeta* euyo^ y muy raro 
de paño de Quito que vale tres pesos vara, y la bayeta dos 
reales y medio, de la que también usa camisas uno y otro 
eezo, algunos se las ponen de tucuyo^ el cual se teje en los 
pueblos del partido. " 

Si el cuyo no era precisamente el tocuyo^ es indudable 
que ambos tienen la misma etimología. 

* Tolderías — Palabra de muchísimo uso en la República 
Argentina ; designa los ranchos 6 tiendas errantes que los 
indios pampas alzan en el desierto y que vienen á ser como 
los aduares de los árabes. 

Tomado— Por bebido ( que también se dice ) ; borracho ; 
lo que prueba que no sin razón observamos en el infinitivo, 
que con frecuencia tomábamos á tomar en el sentido de ¿6- 
ber. Chupado f estar J : lo mismo que tomado ó bebida. 

Tomar — Coger. Se puede hablar como los españoles y 
Iiablar muy mal español ; y se puede hablar en muy buen 
español y causar la extrañeza y hasta la risa de los españo- 
les. Decimos esto por ciertos escritores, que para sus pre- 
tensiosas proposiciones castizas no tienen mas fundamento 
que habérselo oido á un español, 6 leidolo en un librejo aca- 
bado de llegar de Madrid. No todo lo que nos parece pro- 
yincialismo y que lo es en la opinión de cualquier español á 
quien se lo preguntemos, se halla realmente en ese caso. A 
las veces no es sino arcaismo, y rebuscando, puede hallarse 
en las fuentes mas puras y venerables del idioma, de donde 
resnltaria el escritor da por acá muy mas castizo que el de 
por allá. 

Es indudable que en nuestros dias nn español dice coger 
en todoK los casos en que un peruano diría tomar. Pero 
¿ ha de deducirse de ahí que tomar es provincialismo y que 
eatíl mal dicho ? Aun el diccionario de la Academia dice 



j 



482 



TOR 



coger en m«'iio, por lo que un paraano h&bria Uai 
mar en medio '*. Mientras tanto dd espaBol del »g1o JtVI, 
Gerónimo de Contreras, en su Setiia de aventuras. Lab. V, 
dice : " ¡ Oh vosotros abíetnos, abrios ; tragadme ; loa moa- 
tes y las tierras, cuando yo pur ellas fuere, se junten tomán- 
dome en medio ! " ¡ Cómo se hubiera amoatnzado nn aeudo 
purinta nuestro al hallarse con ese tomámhme en nn escrito 
de por acá ! Abusamos igualmente de lomar por beber — 
" Ha dudo en touiar "; ha da()o en beber. Véase Tonuido. 

Topo — Del (Quichua tn¡'U, medült de chileras, palabra da 
grandísimo uso en Arequipa, en donde, por la agricultura 
intensiva, la propiedad territorial está tan subdiridtda, que 
casi todo chulo es terrateniente, siendo tan usada la palabra 
topo, como faifgada en la costa. 

Ud lopo de tierra es un espacio como la plasa major da 
Lima ó sea como ana mauxaua de ciudad, n un poco 
menos. 

Eu otras lenguas americanas, la cumana<rota ( Teaeiae- 
1» ) 7 la araucana ( Chile ) esta misma palabra aparece coa 
una eigniñcacion muy análoga. 

Eu ia primera, segUD el Sr. D. Aríatides Rojas, topo es 
" nombre de labranza, j es voz cumanugota que equivale á 
piedra, china. De lo^o, topito, diminativo espaBol, nombro 
de sitio. " — En el Diccionario araucano del Padre Febres 
hallamos : " Tiipu : las leguas de ellos sin medir, y 6, Ta- 
ces nua equivale á tres ó ctuco. Quine tupuy, una Ivgua 
hay ; epii lupiii/, dos leguas hf^y. " 

En cuanto al otro fopo, alfiler, con que deisde el tiempo da 
los incas se prendían la manta las parunnas, lieoo la misma 
ettmologia quichua y se encudutra igiialmeate en el citado 
Diccionario. La invasión de los quichuas hasta Arauco es 
el siglo XVI, dejó según el abate M>}lina, cumu unas veinto 
voces de la lengua peruana en la región invadido. 

Torcer — Torcer á una persona (torcerle la vista), y mas 
expresivamente darla uti torcido, ea mirarla m&l. Ei la gran 



TOR 483 

arma j el gran desahogo de las limefias, que se quedan más 
tranqnilas después que han logrado torcei' ó dar un torcido á 
ana fulana 6 á un fulano. 

No falta alguno que otro raro marica que se jacte igual- 
mente de esta satisfacción tan general. 

Que se rían, que se mofen. 
Que vnQJalen^ que me tiren, 
Que me tuerzan^ que me miren. " 

Segura j Las tres viudas. 

La &mosa mirada de Dido á Eneas en los infiernos debió 
ser nn torcido de limeña. 

Torcer cigarros : el oficio de enrollar 6 labrar cigarros.— 
Torcer un cigarro ( de papel ) entre amigos, es en francés 
rauJer une cigarette ; y en madrileño liar un cigarro. 

Torito—Especie de escarabajo con un cuernecito en la 
fronte, á lo que acaso debe el nombre. Lo mismo en la 
Argentina. 

Toro— -il toro muerto gran lanzada. Entendemos que es 
á moro muerto gran lanzada, por ser esto lo que debió inte- 
resar í los españoles en los largos siglos que llevaban de 
guerrear con los muros á lanza j de todos modos ; y no el 
matar toros, cosa secundaria y que se efectúa con espada. 
Pero nosotros traducimos siempre que podemos de abstrac- 
to á concreto, de teórico á práctico, de estrangero á nacio- 
nal, y de lo invisible á lo visible. 

Don Martin del Barco en su poema hispano-americano 
" La Argentina ** escrito ahora tres siglos trae esta lindísi- 
ma octava, en la que mencionando la palabra toroy usa sin 
embargo el refrán como debe ser. 

'' Y como aquel mancebo que ha cogido 
Ei toro furibundo entre sus manos, 
Que siendo de la muerte escabullido. 
Huyendo á pura pata por los llanos. 



TOT 

BlüBotiA de In maSa qne ha teuido 

Y hace en talEitigtiera fieros vanos. 
Nú menos nuestraa gentes aquí estaban, 

Y al Moro nrnerto gran lanzada daban. " 

Canto SIII. 

Hecomeiidainos á nuestros pnri^taa ese chistoso d pura 
pata. — " E un ñdalgo Ilamadu Becerra halló a) alférez del 
Maestre en tierra coa la baD(I<;r& en la mano, c& le habían 
muerto el caballo los moros, e día uicv hínzada á un mero 
que lo perseguía, é lo mató. " — Oibilareal ( 1425 ). 

Torta — La capa de barro con que se cobre la armazón de 
palos y cañas que componen las paredes de nuestros edifi- 
cios, y también sua techos de madera, capa perfectamente 
permeable al ngnacero, tan pronto como nrrecín 6 se pro- 
longa nn poco; por lo que es raro el invierno en que no «« 
^asan 6 se llueven nno ó mas techos, aun cuando solo sea 
muy parcialmente. Garcilaso de la Vega. Cieza de Leoo, 
y aun Solórzano en eaPoUtlea indiana, hablan, sin darle es- 
to nombre, de la capa de barro con que los naturales cubrí 
BUS casas. Véase Lima. 

Torlolila — Véase Cuculí. 

Totora — Del quichua lulura ó totora; e\ junco, enea ó M¡ 
daña do los españoles, tres palabras desconocidas entre nos- 
otros Ó por lo menos nunca usadas ; aunque alguno de loa 
historiadoroa primitivos de la conquista pretende que 
indios llamaban balsas do enea á las da totora. 
La hnaca antigua que en silencio ahora 
Corona humilde rancho de totora. 



pren.^^ 



De playas sobre todo moradora 
Pues pueblan su desnuda superficie 
Anidada tal vez en la molicie 
X>e sus ralos mechones de totora. 

PoraiAS Peucaxas. 



TRA 485 

Wedell en sa Viaje por el Norte de Solivia dice : " la 
totora se parece hasta equivocarse á nuestro Scirpua lacué" 
tris'' (Francia). 

Garcilaso de la Yega, Gom. B. de los Incas : *' A laa 
naciones Muyna, Haarac Ghillqai, mandó qae tragesen ore- 
jeras hechas del janeo coman qae los indios llaman tutura** 
" Las orejeras mandó qae faesen de janeo tutura^ porqae 
asemejaban mas á las del inca. " 

Tracalada — Sarta, cantidad, cáfila, etc., como se vé en 
tra>4yilada de disparates, tracalada de desvergüenzas. No 
se halla en el Diccionario ; pero aprovechamos dul desea- 
brimiento del señor Caervo, qae en el párrafo 591 de sus 
" Apantaciones ** dice : " Hemos llegado á sospechar qae 
nuestra tracalada ( muchedumbre, cáfila ) es, cercenada la 
primera sílaba, el matracalada de qae usa Quevedo en el 
lugar siguiente y que no hallamos en ningún diccionario : 

Mas de los treinta mil son viñaderos. 

Con hondas en lugar de cenojiles ; 

Seis mil con porras, nueve mil con trancas, 

Los demás con trapajos y palancas. 

Solo para vencer á Cario Magno 

Con tal matracalada á Paris baja. >9 

( Quevedo, Necedades de Orlando^ canto I ). 

También en Buenos Aires. 

Trailflicra — En las chacras y haciendas, puerta rústica 
en medio del campo, que interrampe la continuidad de las 
tapias. Es de una ó dos hojas, y se labra de maderos trans- 
versales y verticales girando la ó las hojas en dos pilares 
cuadrados de adobe ó jambas, que sobresalen á una y media 
6 dos varas de la tapia y que rematan en un capitel, capa- 
cete ó media naranja por adorno ó gracia. En la campiña 
de Tmjillo acostumbran blanquear estos pilares, con lo 
que producen un singular efecto & lo largo de las tapias 



486 TEA 

tierrosas 7 en el centro de nna vegetación baja de arbastos 
y matas. Parecen los mausoleos de un cementerio de lag&r. 
Es ignalmente voz cubana 7 argentina. En Chile la lla- 
man tranqvero. 

Al abrir de nna tranquera 
Y sobre nna encrucijada, 
Donde se juntan tres vias, 
Donde el agua no es escasa. 

Si no acosas de muerte al negro indigno 
Que tus cañaverales atrepella ; 

Y pese á la tranquera 7 su candado, 

Y pese al cuadrilátero vallado. 
Todo lo salva su furor maligno 

Y do quier lleva su ruinosa huella. 

¿ Qué tapia, qué sangradera, 
Qué tranqvrera se resiste 
A la irresistible maña 
De dos bestias tan insignes ? 

Poesías Peruanas. 

Transar — Transigir, ni mas ni menos. ¿ Y á qué, enton- 
ces, se nos dirá ? ¡ Toma ! para tener el gusto de ver con los 
cjales de la cara la transactionj la cual en transigir^ como 
que desaparece absorbida por las alambicadas reglas gra- 
maticales de derivación 6 formación de verbos. Al paso que 
transar, respira regularidad. 

También se usa en Colombia ; 7 en Cuba es traBar^ se- 
gún Salva ; pero en Pichardo no ha7 tal trasar ni siquiera 
transar. 

Tranvía — Algunos de esos puristas nimios, que lo son 
solamente por andar á caza de estas pequeneces, pretenden 
que tranvía es femenino, porque asi viene en el Diodona- 



TEA, 487 

rio de la Academia ( 1869. ) Pero lo quo alli se describe 
bajo este género es elf&rro-can'il del tranvía^ lo qae nos 
parece tan natural como laferrovía en italiano. No sé si al 
hablar de los carros mismos 6 coches diría la Academia las 
tranvías. 

En Chile el nombre qne mas corre es el carrito ; en Bae- 
nos Aires, el tramway ; en Lima indistintamente iramway 
y tranvía ( masculino ) y entre la gente plebe tranvay y 
hasta tranvaya. 

Traslabillar — Entendemos que en su sentido recto este 
provincialismo solo se usa para pintar el paso de un caballo 
que 80 traba cuando va andando precipitadamente, y que tal 
vez ha sido formado por armonía imitativa. 

En lo figurado equivale á enredarse al hablar ; y si tanto 
en este caso como en aquel no obedece á la razón indicada, 
tal vez sea una corrupción bastante desfigurada por cierto, 
del vocablo castellano tartalear^ que significa exactamente 
lo qne el nuestro : " Moverse sin orden ó con movimientos 
trémulos, precipitados y poco compuestos. Turbarse de 
modo que no se acierta á hablar, jj 

Pero ¿ adonde vamos, por Dios ? Trastabillar como caca- 
rañado y gandidoy pobres provincialismos de estos pobres 
países, es mas español que muchos españoles ; así como aque- 
llos son gallegos, este es un vocablo bable 6 asturiano, pia- 
dosamente conservado y casi no adulterado por los últimos 
bastardos críoUos de don Pelayo. En ese dialecto es trasta^ 
beUar. Véanse estos versos del diálogo entre dos rústicos 
escrito por el poeta astur Gronzalez Reguera ahora mas de 
dos siglos ( van hablando del rey :) 

*' Solo pronunciar su nombre 
En casa, en campo, en corral, 
Al home mas entendidu 
Y fará trastábeUar. 



En TÍstft do este abolengo TraníavUlar debería escribirsa 
con b larga. 

Trastrs — Los trastes : loa muebles de uaa caati ; provia- 
cialistiiO pur loB trastos. 

Trepar — Ya hemos insÍDuado en las primeras págioas de 
eate dicciouario, quo en lo de agarrar por coger no hay tanta 
impropiedad ni menos taato absurdo de parte nnestra como 
lo pretenden algunos señores espaQoles. 

Bien visto no hay sino un poco de exageración. 

Lo propio diremos cuando se unstitaye trepar & subir, 
falta que no es muy frecueotey que solo constituye otra hi- 
pérbole como ai quisiéramos convertir en ascensión traba- 
josa una f:lcil subida. El ejemplo deben ser las plantas que 
llaman Irejiadora» y hasta i/itleadoras, y nunca subidarat, aai 
como en francés son ijrinpuntes y no laonlanteg. 

Tres — íídííii- altrea; estar atento, andar vivo, listo, es- 
perando una coyuntura. Pretenden algunos que esta espre- 
siva locución viene de un juego de sociedad que se usa en 
Arequipa, eu el que se van cisando aefiorea y señoras, de- 
biendo quedar suelto Ó de non, uno de aquellos, que atiaba 
el primer descuido de alguno de los varones para sustitoirao 
eu BU lugar. 

De este individuo descabalado ó sin pareja, se van gaar> 
dando todos, y están por consiguiente ojo al Irea. 

Trtsle — El nombre espmlol del yaraví, por lo qna M 
dice locar ó cnniar un trirte. Es curioso que el título de ano 
de loa libros de Ovidio reciva con idéntico sentido entre Ift 
gente quichua de las serranias del Perú. 

Los tristes, como los yaravíes, son tonadas y coplas oro- 
tico -elegiacas, perteneciendo por lo tanto & la escuela del 
poeta latino que acabamos de citar; á la de Mimnermo de 
Esmirna, á la de Garcilaso, Peniaudo de Herrera, etc. En 
cnanto il su mérito artístico, oso ya es otra cosa. Son ge- 
neralmente unas coplas pésimas, cuyo principal distintivo es 
una melancolía que casi raya en estólida. 



isüntivoes j 



TRO 489 



^*¿ Cuándo en mi patria estaréeeee ? . . . . 
¿ Con quién me consolaréeee ? • . . • 
Como mi Juancho no habráoaa . . • • 
Otro ninguno ¿ por quéeeee ?. . . • 

Todo OBto remachado por el siguiente tropel gemebundo 
de Bollozos : 

''¡A ya, ya, yay ; ayayayay !n 

El mismo nombre de tristes se usa en la Argentina y Ve- 
nezuela. ( Ycase Cachua. ) 

Tríiaifo(El) — Cuando éramos muy niños oíamos hablar 
de bailar el triunfo y habia en efecto un baile que se llama- 
ba El Triunfo. Por mucho tiempo creimos que nombre y 
cosa fueran una reliquia española; mas después hemos sos- 
pechado que tal vez sea cosa peruana y traducción de nom- 
bre peruano. En tiempo de los incas se bailaba y cantaba 
en las grandes fiestas de Raymi, en honor del Sol, padre 
de esos monarcas, al s6n de unas coplas que terminaban uni- 
formemente con la palabra Hayllí, que significaba triunfo. 
¿No seria una reminiscencia de ese baile el nuestro del 
Triunfo ? 

La palabra misma, JiayUi, parece haberse conservado en 
Jualijía ( Hualli-jía ) que es danza y villancicos de Navi- 
dad. Véase HaylU, Huaylijía y Jutilijía. 

TrtBpate^PnñaeZa, palabra que nadie usa, á no ser en 
él estilo literario convencional. Darse de trompadas es en 
buen español andar á puñadns. 

** I Sí !— exclamó el idiota sonriéndose, y murmuró : — 
Qué cariñoso ha vuelto ! Ya no me dará de trompadas. ** 
MÉSlEQXJlf El P. lloran^ Escenas de la vida del Cuzco. 

Tnapcar — Dar de trompadas (puñadas), á algnno, y 

>mpearse, darse de puñadas entre dos. Fernandez Cuesta 

su Diccionario Enciclopédico los dá por provincialismo 



490 



TRO 



de Méjico y Canariiis, pero enteailemos qae lo es de todi 
la Amérícn española. 

"Su reputación abarcaba todos los terrenos, lo mismo Bd 
reia dt> una viejn como enamoraba á uaa j6veo, y lo mismo 
EB batía con un hombre formal como se trompeaba con na 
jóveu de su edad", (El FUjnro de Buenos Aires). 

TroDI]«)ll— Aumentativo de Irompada. Dar un trompón, 
dar un puñetazo. 

I'roucba — En el Dicciouario do hay mas qns íroncAo, q^ 
correspündu ul tronco grueso y rechoncho da las bortalist 
De allí hemos sacido nuestra troncha, para llevarla hasta laa 
Dubes, ni mas ní menos oomo ai^nelios muchachitos qne 
plantaron una col, que creció y creció hasta quo pudo llovar- 
loB al cielo. 

¡ Si supiera mi huertero de Valencia 6 Murcia todo lo q 
comprende la troncha en el Perú ! Es la pitanza, la pre-^ 
benda, el suculento bocado físcal á que aspira todo títere 
con cabezn. En la silla presidencial, en la poltrona minia- 
teritil 6 municipal, en la curul legislativa, en las comisiones 
fiscales y aun militaros al extrangero, no se ha buscado mas, 
al decir de laa víalas lenguas, quo la troncha. 

Los escritoro.i satirico-políticos se han cansado de tronar 
contra ella y los tronchislaa, llegando uno de aquellos hasta 
6Btn sabia fórnmla, que por varias veces se estnrapó en ta- 
maflfls letras de molde en el "Comercio" de Lima ahora 
treinta y tantos atios : " La Patria e» ¡a Tronelia. v 

Tronehista viene á corresponder 5. la muy espresiva y cllí- 
fiica esprosion espailola de punziata. La palabra tronchiita, 
etimológicamente, no vale nada, y aun ea antifrástica : sn 
alto mérito, pnra mí ol menos, está en la armonia imitativa, 
porque es imponible prononciarla sin Bgurarse una alma de 
're, un cerebro de lo mismo, que se ha identificado con 
el troncho y el tronr.koni con todo lo doforma, 
Tosero. 



)on, i 

aa«^^^ 

qne 
ovar- ^^^ 

oqn^^l 
pre-^^ 



TÜN 491 

Ya no es el que vegeta sin provecho, 
Ni el qne lanzando desvergüenzas yace, 
Ni el que elevado á personage gruñe 
Por mas que troncha suculenta empuñe. 

BiMAS DEL BÍMAC. 

¿Qué seria del tronchista^ qué Beria de una gran parte de 
los peruanos si se les quitara el Perú ? Tendrían que vege- 
tar en el oxtrangero como unos parias de la indigencia, si 
eran pobres, ó como unos parias de la inteligencia sí se lla- 
maban doctores ; ó como los vimos vagar por las calles de 
Lima durante la ocupación extrangera : como los cómicos 
en cuaresma. 

* Taco — República Argentina. Especie de luciérnaga 6 
cocuyo. 

Tana — Cactus opvntia — Fruta americana, desde Méjico 
hasta. . . .el Porú por lo menos ; aunque igualmente recuer- 
do haberlo visto como planta silvestre en las costas de la 
Isla de Sicilia, en donde se la designa con el nombre eu- 
ropeo de higo de in'lias ( En España h\gó chumbo. ) Her- 
rera en su monumental obra sobro las indias de Occiden- 
te dice que la palabra viene de la Isla de Cuba. Oviedo 
en el sumario de la historia natural de estas regiones, la 
describe asimismo bajo esta palabra. El nombre de fwpal^ 
mucho mas elegante y que algunos podrán creer castizo, es 
simplemente una voz mejicana, ün escritor inglés, creo 
que Hartwig en su Tropical Worldj compara la tuna al hom- 
bre áspero y de buen fondo, porque su exquisita y jugosa 
pulpa solo se disfruta después de haber vencido la aspereza 
y terribles espinillas, invisibles, propias de la mata y del 
hollejo de la fruta. La planta se denomina penca^ y los 
historiadores primitivos de Indias la llaman cardo^ por ana* 
logia, agregando Gomara, *' y pues en Espaft v los hay, no 
hay que decir. *' 



492 TUR 

Es un singular conjunto de espátulas verdes y carnosas 
qae van naciendo de punta nnas en otras, y que se emplea 
como cerca viva en muchas parles. 

He aquí como la describe el citado Oviedo : " Hay unas 
plantas salvajes que se nacen por los campos, y yo no las 
he visto sino en la Isla Española, aunque en otras islas y 
partes de las Indias las hay. Llámanse tunas^ y nacen de 
unos cardos muy espinosos y echan esta frota que llaman 
tunas, que parecen brevas 6 higos de los largos, y tienen 
unas coronillas como las níspolas, y de dentro son muy co- 
loradas, y tienen granillos de la manera que los higos, y son 
do buen gusto y hay los campos llenos en muchas partes. " 
( 1527 ) — La tuna colorada casi no se conoce en Lima; y el 
emporio de todas ellas en general es la ciudad de Ayacucho, 
en la sierra, en donde se dice que nacen hasta por encima 
de los techos y sus comisas. 

La tuna á quien tranquilas posesiones 
No bastan en los campos dilatados, 
E invade las ruidosas poblaciones 
Para arraigarse en torres y tejados. 

Don Felipe Pardo. 

Ciega deidad que sin clemencia alguna 
De espinas al nacer me circuíste. 
Cual fuente clara cuya margen viste 
Maguey silvestre y punzadora tuna. 

PlAcido. 

Tortft-— Borrachera. El Diccionario trae la palabra, y ai 
la repetimos aquí, es para hacer ver una curiosidad chisto- 
fia : esta turca no tiene nada que ver con las turcas de Tur- 
quia, no siendo mas, á lo que parece, que un derivado de 
turcOf que en gitano quiere decir vino. 



TUK 493 

Tlte — ^Antiguo juego de naipes en qne se deleitaban nnes- 
tras abuelas. 

Tvtiplen — A tutiplén : A roso y velloso^ sin reflexión^ en 
abundancia, íl porrillo. No viene en los Diccionarios, mas 
86 halla en las Escenas Andaluzas del Solitario. 

TotOflia— La fruta del tutumo, creseentia cujete. Es una 
calabacita del tamaño y forma de un pepino ( fruta ) de 
cascara leñosa como la de su congéaere el mate, y que seca, 
parece madera por lo dura. Asi es que vaciada de su se- 
millero de pepitas puedo, lo mismo que aquel, entrar á ha- 
cer algún papel, aunque muy secuadario, en la vajilla del 
pobre. Su color cuando ha madurado, es morado-negruzco, 
y su contenido ó pulpa, una masa negra revuelta con pepi- 
tas como el tamarindo oficinal, de aspecto y olor ingrato. 
Los negros de Cañete la consideran remedio para arrojar 
apostemas. 

Pobre Bartolo ! fué víctima 
* Al fin de su muía chucara^ 

El rudo trajín del propio 
Tuvo al fin malas resultas ; 
Declaróse una postema^ 
No hizo efecto la tutuma etc. 

Poesías Peruanas, 126. 

El tutumo es un árbol sarmentoso, tan apiñado de hojas 
como de ramas, y con un no sé qué de fatídico que aleja 
de él. 

Y al paso del invierno se acongoja, 
Sensible en grado sumo 
Lo mismo que el fatídico tutumo. 
De cuyas hojas el siniestro verde 
Hace que el tejo y el ciprés recuerde. 

Poesías Peruanas, 182. 



494 TUT 

La tutuma se dice familiarmente por la cabeza. Solo nos 
resta decir que tutuma parece corrupción de tutum^ voz de 
origen Caribe según el señor Rojas, y que es muy cariosa 
la semejanza de esta voz con la latina cucumis^ qae designa 
fruto análogo. 



u 



Vinca— >Eq la República Arjentina llaman aú á lo qae en 
Lima achote (voz mejicana) 7 en otras partes de América 
bija. Urucú viene del guaraní^ j Baiz de Montoya lo tra- 
duce en los siguientes términos u Bermellón. Es un arbo- 
lillo que da una fruta en pepitas coloradas, de que en Méjico 
hacen (?) achiote n 



i 



V 



Taca— j5(?c^ vaca los machachoa es faltar á la escaela 6 
colegio. Siempre hemos creido qae esta vaca se refiera, no 
al animal, sino á la vaca del verbo vacar. Y aanqae la frase 
correspondiente española hacer noüillos parezca venir en 
apoyo de la primera idea, puede que ella no sea sino on 
jnego del ambiguo vocablo, como cuando entre nosotros se 
dice que alguien no solo es medio tonto, sino hasta real j 
mediOf saltando del medio^ adverbio, al medioy fracción mo- 
netaria. En francés, hacer la escuela buissonniére. Va» 
quero : el muchacho colegial que hace vacas ; en español, 
novillero. En Vizcaya, según Trueba, hacer el cucOf hacer 
rabona. En Buenos Aires, hacer la rabona ; y verbo rábo^ 
neat, y sustantivo rabonero. 

Yalorizar — Se ha generalizado mucho este neologismo por 
valorar 6 avalorar, y le damos aquel calificativo y no el de 
provincialismo, porque entendemos que no somos los perua- 
nos ios únicos que lo usamos. 

Tararse— Creemos que en buen castellano es simplemen- 
te varar. El barco va^ó, jjxo: se varó, como diria cualquiera 
de nosotros. La tendencia nuestra á convertir todo verbo 
en reflexivo es infinita, como se vé en regresarse por regre» 
sar ( volver de alguna parte. ) 

Varar tiene además entre nosotros la acepción de barco ú 
otra cosa cualquiera arrojada á la playa por las olas, sin 



duda por la identidad de BÍtuacion entre el bprco qae T 
eer echado al agua por medio de varalet ( de donde varar ) 
y el que por el contrari O ha sido echado á tierra por el agna. 
• Varados serian para nosotros todos los objetos comprendi 
ea la palabra francesa ¿paven. 

El niHo como náufrago varatlo 
Por las iras del piélago salado. 
Desnudo é indigente ea tierra yace, 
Cnnndo natura nfloja 
Loij lazos quu á la niidii lo sujetan 
Y á las orillas de la luz lo arroja. 

JUAK PK AroNa, Irad. de Lucrecio. 
TtlM — Para nosotros no es sino anoientaüvo de velrt, y 
dábamos este nombre á unos gordos velvues de sebo quo se 
usaban antaflo. Hoy nivelados todos por la importada vi^la 
estearina, la palabra y la cosa han desaparecido; á míaos 
que hayan ido á refugiarse en el bajo pueblo, que es el fundo 
del océano humano adonde van á parar todas las antiguallas 
de palabras y ropa, que nuestra inconstancia va abanduQan- 

do. En espafiol asombraos, lectores liraefios, veltrn 

quiere decir candil. " Detrás de este grnpo habia nua mesa 
pequefia y bsj^i, en la que ardia riit velan de caitíro •»■ ••keroa." 
Ferhan CabaLLüRO, L-t Gnüola. "Un veloa de Jmja de 
iata bastante bien conservado " Idkh, Lá-jrimat, 

Recordamos ostos ejemplos á ios quo sneKan que no I 

B provincialismos que loa quechuismos. 

Tendft — Siempre propensos á geoeraüsar y & hnír i 

nombre propio, preciso ó oístizo, hemos traido el nombre 4 

los verieiieto» formados al acaso por una montaDa, & loa fl 

B enlosados, nüneadoa y guarnecidos de sardineles ( 

a ciudad, que en virtud do tantas conspicuas difereoMM 

a tomado nombre propio y se denominan aceras. 

LlamerlaB pues, verreJas, como lo hace todo títere viviente 

j aun eecríbiente, es como ei llamáramos mulae á las loco- 



4 



VIN 499 

motaras. Nosotros tavimos la fortuna de advertir el pro- 
vincialismo desde que éramos casi niños ; y la última ves 
que DOS atrevimos á estampar vereda por acera fué en 1859. 

¡ Ay del incauto que se detiene, 
No por supuesto con mala fé. 
En la vei-eda por donde viene 
Sacando chispas veloz mi pié. 

RoiNAS, pág. 203. 

Versada — Con toda naturalidad é indiferencia, sin nin- 
gún propósito calificador usamos esta palabra para designar 
simplemente una composición en verso mas ó menos larga. 
Este provincialismo llena un vacio, porque sin él no sabe- 
mos como se traduciría hi tirade de los franceses, que se 
aplica aun á los mejores trozos de su literatura. Abran 
pues el ojo nuestros hermanos en Apolo y en sangre, nues- 
tros hermanos de la Peninsnla. 

Ahora ante ti ¡ oh sexo femenino ! 
Con humilde expresión y faz turbada. 
De esta larga versada 
El largo autor se inclina. 

Boinas, 132. 

Lo que quiere decir que colorada 
Tengo siempre la cara — lo que indica. 
Dirá un lector con Ínfulas de médico. 
Que es sanguíneo el autor de esta versaéla. 

BüiNAS, 227. 

. Flliagrira— Muy usado por acedía^ que nunca se oye. 
Téngase gran cuidado con este provincialismo tan corrien- 
te en la conversación, porque para un espaftol y para el Dio- 
cionario, vinagrera no es ni puede ser mas que la vasija en 
que se deposita el vinagre. Estos son los verdaderos, los 
feos provincialismos. 



500 VIV 

FUatero — El diccionario dice viñador. Véase Leñatero. 

Antes ¡ oh viñatero ! antes qne sabas, 

Y de hollejo y pepita despojado 

El racimo cortado, 

Cominee á fermentar dentro las cabás. 

Poesías Peruanas. 

Yista — Para nuestros buenos limeños la vista no es mas 
que la vista ; y tienen razón desde que la primera y las pri- 
meras acepciones lexigráfícas de visfa solo versan sobre esa 
significación. Yo también pues lo creía asi. • . .hasta que fat 
á Madrid, en donde me encontré con la novedad de qne por 
vista se entendia también los ojos. Así cualquiera de los 
nuestros que vaya á jactarse por allá de su buena vista^ alu- 
diendo al alcance ó resistencia de ella, podrá dar que reir 
con su ingenuidad ; así como se sorprendería él mismo al oir 
celebrar la buena vista (buenos ojos) de alguna joven madri- 
leña miope. 

El español de España está lleno de modismos que ni si- 
quiera sospechamos por acá, y que son los que abren la verda- 
dera y grande diferencia entre una y otra locución ; no los 
mezquinos vocablos indígenas que cargan la fama con el 
nombre de provincialismos, y que lejos de pervertir el idio- 
ma podrán llegar un dia á hermosearlo y enriquecerlo, 
conforme el uso y la Academia les vayan dando carta de 
ciudadanía. ' 

Por lo demás, vista por ojos está igualmente autorizado 
por el Diccionario. 

¥lTir— JDar vivas. No decimos vitorear^ porque nunca 
hemos oido los vítores. La palabra / viva ! aunque sea de 
muy buen español, no puede tener en España el uso que 
por acá, y por eso no ha originado verbo como entre nos- 
otros ; .ni hay por allá mas Vivar que Rodrigo de Vivar, 
Aqui ¡ viva ! es de un significado estupendo; es. . • .aZ grito 



VIZ 501 

de los 'pueblos ! k cnyo BÓn se han desbaratado Gobiernos 
como si fueran de baraja. Viva Fulano I no se ha necesi- 
tado de mas Programa ó Plan^ como se decia en los prime- 
ros años de la Independencia Americana, para poner en 
combustión á las turbas ociosas é ineptas, que no han teni- 
do mas industria desde que son libres que gritar Viva I y 
Muera ! 

Vivaty como decíamos, no lo hemos encontrado nunca en 
castellano, sino vitorear : " £1 pueblo gritó que queria ver á 
su venerado pastor, y éste se presentó en el balcón bendi- 
ciendo á su juez que lo victoreaba con entusiasmo." F. Ca- 
BALLBROy Deudas pagadas. 

Para que halláramos victorear por vivar como cosa cor- 
riente entre escritores peruanos, tendríamos que ir á rebus- 
car en los dias del coloniaje, en que siendo todavía el Perú 
provincia de España y no teniendo contacto con extrange- 
ros, era mas castizo que hoy. £1 clérigo Larriva, de prin- 
cipios de este siglo, dice todavía victorear. Pero en el 
** Peruano *' periódico oficial de la República ( Diciembre 5, 
1856 ) hallamos en una correspondencia al Ministerio ** Ha- 
biéndose defeccionado la fuerza que guarnecia las islas hna- 
neras de Chincha, y algunos presidarios, vivando al General 
Vivanco " . . . . 

Vivo — Ser vivoj ser muy viro, en España listo. Pasarse 
da listo seria por acá pasarse de vivo. 

Fizcacha — Del quichua uiscacha^ ** un animal de la cor- 
dillera parecido á nuestro conejo " dice Tschudi en su Dic- 
cionario quichua alemán. Lagidium peruvianum. 

Este es uno de esos provincialismos indígenas que tienen 
la fortuna de imponerse á los conquistadores desde los pri- 
meros dias, ahorrándoles perífrasis españolas mas 6 menos 
largas y sobre todo impropias. 

En las Relaciones geográficas de Indias que se escribían 
en el siglo XVI y que acaban de ser publicadas por el Mi- 
nisterio de Fomento de Empuña, bnjo la inspección del muy 



5M 



V(»l, 



IOS 

m o I 



npreciabla nuiericHiiistn Jimentz de la EspaJa 6e euou< 
tm á cada paso esto nombre : " Críanse «ntre las peBas uooa 
como conejos pardos que se llamnii iinfutk-ix, j sort buenos 
de comer " — " Aaítnates que llaman víieach-iit, qae son como 
cotiejoa y ea baana carne ". 

Propias de la nierra, do se conocen en Lima ; mas si 
la República Argentina. 

OrrjiK de vhcieha decimos á lo3 orejones. 

Voltnie — Nombre fnmilíar del /raí-, d qnien también ee 
ha dado en llamar rnjn/'piv" por las fnnciories á que asiste. 

Tolinlnso — Los españoles, á qaienes do pronto potJria 
chocar e^te prorinLÍalismo, lo hallarán qni»& apreciable 
cuando sepan su historia. 

Lle^ nn día en qne el ¡lohrt: ih levll'i lo ha perdido todo, 
absolutamente todo. De su pasada i^randezn no le queda 
mas qoe nn frac f volante J ¿ Qué hacer ? es necesario ves- 
tirse y al mismo tiempo conservar la dignidad. Pues vea- 
ga el frac al diario, j esa casaca que en mejores dias lacia, 
porque no se abasaba de ella, y porque iba bien acompaH»- 
da, hoy qne ein ton ni son se exhibe á todas horas y por 
todas partes, sobre las espaldas do su dueño, raida, y ha- 
ciendo juego con una corbata deshilachada y un sombrero 
de copa mantecoso, hoy compone un tipo irrisorio, un espec- 
tro de tas grandezas humanas que hiere la imaginación po- 
pular. De aquí el apodo de volanluxo qae ee ha hecho ge- 
nérico, y el estribillo con que los muchachos soliao denostar 
á todo volante mM llevado : 

Melocotón con pelusa, 
¡ Quítate ese votante qne ya no Fe nsa 
Algo de epta rechifla y de este tipejo creemos descubrir' 
en las siguientes líneas del " Gnbsn y la Chaqueta" 
Traeba : " Cuando & mí pe mo reían las botas ó los codos 
de U levita, tenia que irme escondiendo, porque basta loft . 
i^iOM tns serian tirándome tronchos y gritándome : 



ibrií^H 



VOL 503 

*' ¡ Sefiorito de pan pringao 
Mete las manos en el guisao ! " 

Tolatiñ— La vuelta ó voltereta que da en el aire el vola^ 
tinero (Véase esta palabra), ó bl muchacho que hace 
una prueba^ ó cualquiera que se va de cabeza. £1 volvüur 
in eaptit de Palinuro en la Eneida seria traducido por nos- 
otros con dio un volatin. 

Aunque en castellano parece que no se llama volatín sino 
al volatífiero nuestro, podría entenderse que aquel nombre 
designa asimismo el lugar en que trabajan los funámbulos ; 
al menos en Bilbao conocimos un paseo denominado " El 
campo de volatín : ** 

*' Tres cosas tiene Bilbao 
Que no las tiene Madrid, 
Acharí, Bilbao la vieja, 
Y el campo de volatín '*. 

Basgo de provincialismo que recuerda el de los Marsella- 
tes : ** Si Paria tuviera una Gannebiere^ París seria un pe- 
qaefio Marsella *\ Véase Yolatinbro, Pruebista^ Pruebas» 
Maroma &. 

Folfttinaro— *' La persona que con habilidad y arte anda 
y voltoa por el aire en una maroma ". Hé aqui lo que el 

Diocionarío describe bajo la palabra volatín. Tenemos 

pues que lo que nosotros .llamamos volatínero^ en Espafia lo 
68 sin el ero. También le designamos con el nombre de 
maromero^ sin sospechar que eso proviene de que anda por 
ana maroma^ palabra muerta para nosotros que solo deci- 
mos Boga; ó sublimándonos mucho eusrda; y con el de 
pruebista por la pi'ueba que hace al voltear en el aire. Vé a- 
se Maroma. 

Volatínero 

Del aire orínndo, 



504 VOL 

Qae al retortero 
Traes & nn mundo. 

Los MÉDANOS. 

Yoltear'—Asi como lo de agarrar por ccjer y trepar por 
Bubir puede mirarse con algona lenidad, como que no 
de exageración de lenguaje, lo de voltear por volver es 
tolerable y parece revelar en nosotros al verdadero extran* 
gerOy esto es, al que ha aprendido la lengua por importa- 
ción, á tres mil leguas de su asiento, y solo lleva de práctica 
tres siglos largos,; que para amaestrar á una nación en una 
lengua importada son como tres años para un individuo que 
la aprende en su casa. 

El voltear la espalda ó la hoja del libro que se lee, por 
volver^ revela falta de gusto y de conocimiento del idioma ; 
es tan absurdo, como si en francés, en vez de toumez le dos^ 
toumez la page^ dijéramos renversez. 

Voltear es dar una vuelta entera, es poner sena dessus de^ 
seoue^ esto es, patas arriba, boca abajo. Pollice vereo^ pulgar 
volteado^ decian los romanos por el ademan que suspendía 
la ultimación del gladiador caido. Volver es tomar. Aun 
lo del pollice vereo quizá no sea sino pulgar vuelto^ y esto 
probará á nuestros lectores cuánto se necesita para poder 
emplear el verbo voltear. 

Tal vez en rigor no voltea sino el que voltea^ esto es, el 
volatin ( ó maromero conio decimos nosotros ) que da tmef— 
toe en el aire. 



Y 



I T f . • . • Hé aqa! el mas menudo de cuantos provincialis- 
mos puedan darse. Sin duda por ser tan chiquito este pe- 
ruaniemo nadie hasta ahora ha tropezado con él ; porque no 
recordamos corrector de defectos de lenguaje, ni dicciona- 
rista alguno que haya reparado en este duende trarieso que 
con gentil vivacidad discurre por nuestra conversación y 
aun por nuestro lenguaje escrito. Ni el diccionario de Sal- 
va, en la media docena larga de los usos menudos que asig- 
na á esta letra, pudo incluir el que tiene orillas de) Rímao, 
cuando reducida á su mas simple expresión, no envuelve 
otro significado, que el que le prestan dos signos interro- 
gativos marcados, y unos puntos suspensivos sobrentendi- 
dos. 

¿Y? para nosotros equivale á ¿Y pues? ¿En qué 

quedamos? ¿Conque? ¿£n qué paró aquello? 

Dos amigos han convenido en un asunto ; se separan ; 
vuelven á encontrarse do acera á acera : lo primero que el 
más vivo dice al otro es — ¿ Y ? 

Con esto y uua mirada 
De inteligencia á su modo. 
Con esto se han dicho todo 
Sin haberse dicho nada* 



S06 



YAN 



¥» — Las personas que entre nosotros cultivnn co 
el castellano, que no son pocas, bregan do piilabray obrft 
por restablecer como lo dusuiiriatiios también nneotroH, el 
sigDÍficadu que eijte ailvei-bio da tiempo tenia en lo antiguo 
y que era mny pocurridu en el estilo literario j en poesía. 
Nuestro poeta clásico D. Clemente Althaua ha asado el ya 
mucliaa veces en esta acepción absoluta de lo que uciirrió «tt 
otro tiempo; como sucede con el ¡fía de los italianos. 

Des graciada mea te el pueblo que habla español se ha des- 
acostumbrado da tal manera» á ealn aoepcion, que solo co- 
mo licencia pcética lo podría tolerar ea los escritores. Las 
personas irreSexívas, pero que estén familiarizada» con el 
inglés y el frunués, comprenderán la importancia del punto 
que defendemos si advierten que ya vendría á reemplazar 
los boy irreemplazables aiice y jadU. 

Pongamos un ejemplo: "a once happy people ¡ " *' qq 
pcaple joilts heureuz ", quedarían lindamente traducÍdo9 
con " un pueblo yi feliz ". 

Ya está )/a ; yrt vino ya ele. Locución curiosa quu nsa 
mucha gente, sea con esos, sea con cualesquiera otros 
verbos. 

Tanaconft — Masculino. Lo mismo que otras muchas vo- 
ces quichuas históricas, la presente tiene dos valores: uno 
antigno, administrativo, civil, que fué; ot>'o moderno, adul- 
terado ó degenerado, que es. Ku los días de les Vireyes 
se llnmaban Yanaaoitae log iiuliua dentinadog al eervicw ( del 
quichua ynna ó yanacona ) ; hoy damoe este nombre en las 
haciendas de la costa á los indios serranos que se acomodan 
en ellas de acuerdo con el dueño, para cultivar una parte 
del terreno bnjo ciertas estipulaciones. 



No se hnbrá visto estafeta 
De los yanacoiíat indios 



TATl roí 

Que vaya con mus presteza 
Deade Chucona & Tampico. 

Lope db Veua, ( El Boho del OoUjto. J 



I 



Ttpa — Lo que graciofwmento ee pide p.rlra, por deciHo 
asi, 6 O'imo ndefaaln, al indivúiuo Í quien se »c»\n de com- 
prar un artículo cualquiera, 6 lo que él misino volnninriu- 
iDent« se presta k dar. 

Yapa j su verbo yapnr Ron muy usados en lag Tentas 
menudas del Mercado, desde donde han tomado sa vuelo 
hasta invadir la conversación y el estilo figurado la prime- 
ra, como cuando se dice de Jjnpa, esto es, por añadúlura, 
par desgiu U marrhé. 

Algunos pretenden que esta pnUbra no 69 ni '¡uíehvi ni 
provincial sino mera corrupción de llapa, voz qne trae el 
DíccíodaHo en idéntico tentido aunque solo como término 
de minería. Empero, las razones que militau ¿ favor nues- 
tro parecen decisivas. VeámoBlas: 

Don Zorobabel R-xIriguez en su Diccionario de Chileuis- 
noB dice : " Del quichua yopina, añadidura" ; y D, Mi- 
guel Riofrio en sus ■' Correcciones de lenguaje ". " Lm 
indígenas del Ecuador que nunca confunden en la pronun- 
ciación la II con [a y, llaman yipa lo que se da á mas de lo 

sstipulado, en las compras y cambios la palabra es 

quichua, debe escribirse yipa y no Unpa. " Por último, Ts- 
cfaudi en su Diccionario quichua, palabra Yapa : " Lo que 
en nna venta se da sobre la medida 6 pesos estipulados." 
^Bn lo literario, de ycjxi, equivale á de añadidura : True- 
ba, " Los Tres Consejos " : — "Pues mira, tudn-ia te falta 
otro (concejo) para ir completamente aviado — Ta pedia 
vd. dármele ^e añadidura — Lo que daré de añadidura..,, 
aera una D07.a de oro ". 

Varsvf — Canción triste, indígena, cseÍ siempre erótica, 
tradicional de los indios del Perií, de quienes ha pasado & 
oríollos, princi palme ate los de la B>«rrs, qne compo- 



508 YAR 

nen ó cantan yaravíes como cosa propia. Corrupción del 
qnichaa harahui que significa esto misino. Algunos escrito- 
res comparan los yaravíes peruanos á las baladas populares 
de Escandinavia. Yo no las he oido, ni conozco práctica- 
mente por el estilo otra cosa que el ranz de vaohes de los 
montañeses Suizos. 

Como letra, nada mas tonto y vacío de toda originalidad 
que los tales yaravíes. En ellos, como en ciertos dalcas 
en que el todo es la almíbar, la música es lo intoreaaiiiei en 
cuyo caso ae hallan la mayor parte de las canciones. Lob 
indios de las serranías los cantan en quichua y se acompa* 
ñan de la flauta indígena llamada quena. Los criollos, en 
español, rasgueando una guitarra, punteando una bandurria 
6 al piano. 

Y en tanto ¡ ay Dios ! en tanto 

Que ella ignoraba nuestro dulce canto, 

Y que la triste nota le era agena 
Del yaraví y la qusnA. 

Rimas dbl Eímac. 

Los escritores nacionales dicen del yaraví lo que quieren, 
extasiándose al hablar del y levantándole mil falsos tes- 
timonios. Un colaborador del antiguo Mercurio Peruano 
le dedica una pajina entera. Aréstegui, en El Anrjel 8al^ 
vadorj le atribuye todo esto : " La cadente originalidad del 
yaraví, extraña mezcla de amargara sin decepciones (¿? ), 
de placer triste y de ayes sin dolor, ( ¿? ) interesa tan viva- 
mente el corazón, como el sentido grito del alma que en 
vano busca un consuelo que está lejos de alcanzar ". 

Qué extraño? Otro tanto hacia Jules Janin con las Ope- 
ras en sus folletines musicales del Journal des Débaos. La 
raúaica es tan sublime, que no admite descripción ; y si 
tanto se escribe sobre ella, es porque al ñn es uno de esos 



YEB 509 

filones explotables que con gran trabajo encuentra hoy la 
exhausta literatura, agotada hace siglos. 

Yo del yaraví solo sé decir que es una música pobre en 
su monotonía y uniformidad ; y que es sumamente triste y 
agradable. Las exageraciones de los escritores nacionales 
provienen de que, sin parecerlo, esos sones están identifi- 
cados, como tantos otros, con los recuerdos de su infancia ; 
por lo que pueden decirles lo que Clemente Althans á la 
música en general : 

De mi niñez ( las dichas pasageras ) 

Y altas ilusiones infinitas 

En mi alma desolada resucitas. 

Otras veces se ha oido un yaraví de repente, al doblar 
ana peña, en una serranía agreste, llena de anfractuosidades 
y saliendo como por encanto de una cavernosa quena. De 
aquí el efecto, producido en gran parte por la mise en eeene 
6 sea por el acompañamiento adecuado de la naturaleza y el 
coreo de la soledad. 

El plural único es yaravíes ; pero por la analogía con 
maravedí j podríamos darle tres plurales ; yaravíes^ yaraví'^ 
ees y yaravís. Véase TrióTB. 

Terbanala — Asi como compuesto de yerba y btiena hay 
un nombre propio en español de yerbabuena^ asi de yerba y 
mala hemos hecho nosotros otro nombre 6 palabra de ^er— 
bamalat para designar en conjunto lo contrario que la voz 
castiza. Y hemos creído conveniente notarlo aquí, porque 
aunque hay refranes españoles que dicen ** la mala yerba 
mucho crece **, ** crecer como la mala yerba *', nunca hemos 
encontrado ni en diccionarío ni en libros ni en refranes es- 
pañoles la palabra yerbamala^ en una palabra sola, en opo- 
sición á yerbabuena. 

La yerbabuena olorosa 
Delicias de chupe y caldo, 



510 TES 

Crece como ytrbamnlii 

Ea naeetros iucultoa campos. 

POKSIAS PsaUANiS. 

" Fui á l&s bibliotecas ¡ cabriaias el potro ! Fui á los cam- 
pos ; cubríalos la i/nrha itíila ! Fui á las coDcieaoías \ co- 
bríalas b1 vicio ! Fui á los cuerpos ! y y&cíau eaCorpocidos 
por la pereza ! \ llágame vd. patria cod estos alementoB ! 
J. DK A. Diario dr un pensador ( 1871. ) " 

Ttrkalcro— Auoqne derivado uatarat da yerba, ea Eaps- 
na no deben tener idea de et^te peruanismo, purqae todo lo 
que Salva nos dice es lo sii^uiente : " Yerbatero. Llaman 
loa indios de la América Meridional al qae nsa de yerbas 
ponsoflozas en las armas eutre los enemigas." — En Lim« 
no se entiende mas por ¡lerhalfiro. qa£ el peón qne atrarie- 
Ba las calles de la ciudad arreando una media docena de 
burros que desaparecen bajo uua enorme carga de alfal^ 
titiaia ú otro forraje, que ee va dejando á las cafería* ó i 
todo el qae quiere comprar. 

Luego en fatalidad 
Le hace encontrar por acaso 
A un yerbatero ¡ oh maldad 1 
Que con gran barbaridad 
Lo cruza de un latigazo. 

lÍDiNAS C Bolerupadat. J 

Tesquero— Utensilio de fumador en tiempo de nuestros 
abuelos, y hoy raro aun en la plebe del campo, por habar 
sido sustituido con el mechero. Era ni tubtto de azófar 
amarillo labrado, y en la gente acomodada, de plata, con 
mi tapita y cadenilla, y que se cebaba con yesca de mfr- 
^dia £ calceta quemada, prendiéndose con eslabón y pedei 

1, llamado siempre por nosotros piedra Je candela. 



YUC 511 

■ t • 
En castellano yesquero no e¿) mas qud el qnc^ vende yescaí 

** Jnan Lanas era descondadillo, por lo cual advirtió al ya«* 
quero que no le engañara en el peso, advertencia qué le su- 
po al yesquero á rejalgar de lo fino" ^Trübba — LaTEeeea. 

Qne en nn viaje como ese 

¿ Qué fumador viajero 

No lleva su eslabón, ^piedra y yesquero ? 

POBSIAS PrRUANAS. 

El yesquero aqai descrito era el importado, hecho sin du- 
da ad hoc para el consumo nuestro en las fábricas oxtran- 
geras, como los magníficos narguilées qae hoy se hacen en 
Austria y Alemania para el uso do los Orieiit.'iles, qae solo 
saben labrarlos del casco de un coco pouiéndoln por tubos 
dos carrizos. Do la misma manera los yesqueros de la in- 
dustria criolla se hacían de diferentes materias, entre ellas 
del casquillo de la nuez llamada de nogal, que se prestaba 
por lo leñoso y duro. 

''Los dientes del lagarto sirven con frecuencia para ha- 
cer yesqueros^ pequeñas cajas de yesca ( tiyider-box ) qne ge- 
neralmente se traen en el bolsillo para encender cigarros " 
— Stevenson^ Tweiüy years residence in South America. 

Yelnzquez en su diccionario inglés español trae yesquero ; 
también Salva ; en Terreros lo hallamos con esta extraña 
definición : '' La bolsa que llevan los arrieros y caminantes 
en el cinto para guardar el dinero. También le llaman 
cartera '\ 

Taca — De la raiz odible de este nombre nada tenemos 
que decir ; viene descrita en cualquier léxico español. La 
voz índica, parece proceder de Gen bro- América, puesto qne 
por allá encontramos Yucatán ( península ) y yucayo, nom- 
bre del dialecto primitivo de la Isla de Cuba. 

Echarle una yuca á alguno es tender acia él el brozo iz- 
quierdo, golpeándoselo en seguida por la parte do la sangría 

M 






1 In paluin de la ii 



> deruoha, 



lala. 



quo e 



I ecliArlo I 



El hacerlo, y áuu ü1 decirlo, ei tirn ordinario 7 grosero, 
qae no co asigna riamos aqai la expreíioD, si no tariera un 
perfecto y castizo equivalauto en español desde loá tii 
pos mas antiguos, y si u} ci^tuviera aut'^rlzado con él 
un incidente bistórico qus no^i toot muy do cerca. 

Hae«r la higa ó hwi hígn en cistellaiio, auuqne sea dicko 
de tan obsceno origen como nue^tm yiía, se encuentra en 
loa mejores escritores de EspaQa, como ae ve por este pasa- 
je de Santa Teresa : — " Y una hig'i para todos lus deuio- 
aÍ03, que ellos me temerán & iní " — Uní yisa, habría dicho 
el escritor de por acá, si á taatn se hubiera atrevido. Con 
froonencia se observa en ios espüiloles de América ó criollos 
un eufemismo, uua pulcritud y una \-erecuudia de expre- 
sión, que ni remotamente están en la índole de la lengua 
que hublan. 

Siempre recordaremos lo que oímos a una aldeana de 
Trnjillo (nna chola J en el momento en quo montada en su 
barra, seguia con la muchedumbre la procesión que iba á 
Hunnchnco. Habiéndose detaiii Jo riípouti ñame uto, le pre- 
guntii'oii Illa cornpaíieras porqué no seguía. — E-ííoy espe- 
rando, conlostÓ, ú que mi borrica ncube de orinar-— De se- 
guro que ül mas culto espaSol castellano habría empleado 
9I otro verbo. 

La palabra ^'oi^itaiítt, aun en sus aplicaciones mas tém 
es reemplnzada por et pueblo cspriflol, por un disílabo 
aquí solo se usa al echar á paseo á alguien. 

Veugitmos ya al incidente histórico peruano de la higa, 
que cuenta nnos tres siglos y medio de fecia. 

En los dias de la discordia entre los Piznrristas y loa del 
bando de Almagro, hijo, que traía escandalizada y alarma- 
da á la ciudad de los Reyes, se le ocurrió al secretario de 
Pizarro, Antonio Picado, salir á provocar ¡í Almagro y los 
suyos con UD traje hecho adrede en el que se habían bor- 



deró, 

1 un I 

licho I 



lado 



YUT 518 

dado varias higas^ y ana ea la gorra con este mote : Para 
los de Ohile^ qae era como se apodaba á los de Almagro. 
*' De lo cual se afrentaron é índigoaron tanto aqnellos bra- 
vos soldados, qne determinaron ejecntar la muerte del mar- 
qués *' ( Pízarro ) dice Gkurcilaso, y no es el solo historiador 
que lo refiere. 

Un Picado de nuestros días, en lugar de higa^ se habría 
hecho poner una yuca. 

Tncal — Plantación de y tica, la que presenta un lindo as- 
pecto. 

Yo cantaré con metro diferente 

La verde alfombra del maiz naciente, 

Y del yucal dormido 

El vago 7 apacible colorido. 

PoBsiAS Peruanas. 

Los tallos del yucal^ aunque mucho mas sólidos, robustos 
y ostensibles que los del cáñamo ó lino, presentan en con- 
junto mucha semejan aa con estos, tales como se vén en el 
valle de Chamunix en Suiza ( Savoya ). 

De cada coronilla parece que va á desprenderse esa lu- 
minosa j^aíoma ó mariposa de luces que se suelta en los 
castillos pirotécnicos. 

Yayos — Yerbas perfectamente guisables y comestibles» 
culinarias, especie de berza, Kraut en alemán, y que dan un 
plato tan insulso, que constituye uno de los guisados de 
viernes en cuaresma. 

Fignradamente, yiiyon^ yuyonazo 6 simplemente yuyos^ 
se le dice al simplón qae careciendo de toda gracia, quie- 
re darla de salado. 

Ahora años escribimos el siguiente epigrama contra el 
insulso '* Corresponsal '* de uno de nuestros diarios : 

Para ser " Corresponsal " 
Ni lo que corre* te basta, 



514 YUY 

Porque tú eres de la casta 
De los que corren sin sal. 

Y al ver los escritos tajos 
Grita la voz general : 
Puesto que carrea, p6n sal, 
No seas " Corresponyuyos " ! 

El apreciable americanista D. Marcos Jiménez de la Es- 
pada, en una de sus notas á las Relaciones geográficas de 
Indias dice : ** Yvyos, y^'yvs 6 Ihllvs es toda clase de 
yerbas tiernas y comestibles, como por ejemplo, entre nos- 
otros los cardillos lecheros, las achicorias, borrajas, colle- 
jas" &. 

En Buenos Aires el quechuismo corre en toda su latitud 
originaria porque se aplica d cualquiera yerba, aun á la 
mala. 



Zacuarft — Siendo su etimologia taciuira, deberá escri- 
birse con Z. — Véase Sacuara. 

Zafio 9 fia-— E a castellano ''To.4co, inculto, ignorante 6 
fiílto de doctrina *'. Entre nosotros significa mucho mas 
que eso : desalmado, perdido^ facineroso. Es un zá/io ! so 
dice cuando ya no queda caliñcativo para un malvado. Es- 
toa son los verdaderos provincialismos. 

Cada militarote rudo y zafio 
Hará que se deseo su epitafio. 

Roías del Rímac. 

Záfiro — Hay muchas personas, aun educadas, que se em- 
peñan en pronunciar esta palabra con ese maldito acento en 
la á, haciéndola esdrújula y sin que quieran aceptar que es 
zafiro y zafir. Allá van tres excelentos ejemplos. D. An- 
drés Bello " Fantasmas " : 

Albo seno que palpita 
Con inocentes suspiros. 
Ojos que el jubilo agita 
Azules como zafiros. 

Bulle carmin viviente en tus nopales, 
Que afrenta fuera al múrice do Tiro, 
Y de tu añil la tinta generosa 
Emula es de la lumbre del zafiro. 

ídem La Zona Tórrida. 



516 ZAN 

Y el célebre poeta espfífiol D. Este van Villegas, 

Por qnien discarren Tenas 

Sí no de plata, de zafiros llenas. 

Zucilde— Cierta especie de mosquitos, zumbadores y 
picadores, y qne por tener las zancas largas han recibido 
este calificativo, que sustantivándose por completo, se ha 
hecho el nombre propio, de tal manera, qne pocas personas 
al usarlo advertiráu que es un mero adjetivo. 

Parece que el calificativo hubiera sido impuesto por los 
mismos espafioles de la Conquista, pues ya en Garcilaso de 
la Vega (1560) ex\coniT&mo& mosquitos zancudos. — Comenta- 
tartos Beales, II parte, página 85 : 

•• En aquella tierra ( la Costa del Perú ) en los valles 
muy calieutes, hay mosquitos diurnos y nocturnos. Los 
nocturnos son como los de por acá, zancudos^ y del mismo 
talle y color, sino que son n^ucho mayores. Los españoles 
por encarecer el mucho y muy bravo picar de estos, dicen 
que pasarán unas botas de cordován ". 

Mosquitos llamamos á los pequeñitos, que pican y no 
zumban, que es lo mas desesperante que tienen los otros, y 
que solo acometen formando nubecillas, en los campos, 
huertas, corredores de las chacras^ pero nunca en los apo- 
sentos. 

Cual los p>apelitos esos. 
Se descarga en ti un enjambre 
De insectos rabiosos de hambre. 
En nubarrones espesos. 

BiMAS DEL BÍMAC. 

A mas del fiero zumbador zancudo^ 

Y del mosquito que acomete mudo, 

Y de la odiosa petulante mosca &. 

Poesías Peruanas. 



ZAP 517 

La descripción qne del mosquito hace el misino Garcila- 
80 es felicísima y parece de nuestros días. *' Los mosqui- 
tos diurnos son pequeños ni más ni menos que los que acá 
se crian en las bodegas de vino ; salvo que son amarillos 
como una gualda, tan golosos de sangre, que han certifica- 
do que han visto reventar algunos chupándola, que no so 
contentan con hartarse. Por experimentar esto me dejé 
picar algunos hasta que reventasen ; los cuales, después de 
muy hartos, no podian levantarse, y se dejaban rodar para 
irse. Las picaduras de estos mosquitos menores, son en 
alguna manera ponzoñosas, particularmente en los que son 
de mala carnadura, que se les hacen Uaguillas, aunque son 
de poco momento **. 

Nuestra distinción, pnes, de zatiriulos y mosquitos^ es muy 
juiciosa y viénese preparando, como se ha visto desde los 
dias de Garcilaso. Aun en castellano castizo muchos de los 
nombres de frutas no son mas que el adjetivo 6 calificativo 
latino, que se ha desprendido del genérico. Oranada^ na^ 
ranja^ durazno ^ y aun quizá alberchigo, con sus ínfulas ará- 
bigas, no son nías que corrupción de mabim granatum^ 
malum aurantíum^ malum duracinum, vialum pérsicum^ 
manzana granada^ manzana aurancia (de oro ) manzana 
dnrazna ( de carne dura, consistente ) manzana pérsica. En 
melocotón el adjetivo se suelda con el sustantivo al corrom- 
perse, y de malum cotoneum resulta esta perfecta palabra : 
melocotón. 

Mosquito zancudo dice también Salazar de Villasante en 
su Relación del Ptrú escrita á mediados del siglo XVI. 

Zapallo — Nada tenemos que agregar á lo que dice Sal- 
va, á no ser que del zapallo, planta indígena sud-amenca- 
na, se hace en Lima la carbonada y el locro^ nombres que 
acaso no muy lejos do aqui designan otra clase de gui- 
sados. 

Sembrar zapallo — Caerse del caballo. — Zapallón^ na^ per- 



518 ZAR 

80Da t<^sca, pesada, — Quichua aapallu^ sapayu^ calabaza de 
comer. 

Zaragate — Término de desprecio, de mucho uso en Li- 
ma: Es U7i zaragate : es uu chisgaravis, un quídam. PlCHAR* 
DO, Diccionario de provincialismos de Oaba : ** La persona 
zalamera que procura conseguir adulando. En cierto modo 
es sinónimo del provincial andaluz zarabutero*'. Fernan- 
dez Cuesta en su Diccionario enciclopédico do la lengua lo 
da como provincialismo de Méjico por " pillo, picaro "• 

Zarrapastroso — Zaparrastroso, 



CLASIFICACIÓN 

De las Yoces contenidas en el Diccionario de peruanismos 

Provincialismos quichuas 164 

Id Del aymará 6 del chinchaisuyo 4 

Id De otras lenguas americanas 23 

Provincialismos impuestos por los conquistado- 
res ó sea Hispanismos de América 14 

Provincialismos criollos.. • • 331 

Voces adulteradas por los criollos, en el senti- 
do ó la ortografía 220 

Arcaismos, provincialismos ó neolojismos de la 

misma España 85 

Voces exóticas, técnicas, científicas 8 

Sin origen conocido, caprichosas, onomato- 

peicaa • 72 

Ajenas al objeto principal de esta obra 53 

Total de voces 974 



El cnadro que antecede, como la mayor parte de los de sa 
especie, como toda sinopsis estadística, no es mas que aproxi- 
mativo. 

Advertiremos desde luego, que aunque los provincialismos 
quichuas no pasan en él de 164, incluyendo los peruanismos 
pacay^ paco y palta^ y quizá algún otro, cuyo origen quichtM 
olvidamos indicar en el artículo correspondiente, se habría 
triplicado el guarismo tal vez si hubiéramos podido rejistrar 



520 

todos Io8 provincial iamoa ilo ente origen que se iifnn en 
interior del Peiú. 

Los pcrunniíiinos traídos del injmará ó del rhiiicliaiguyo «o». 
llanque, jora, lampa y otroa itiás, miicIiOH d» los cnales se 
hallan disputados por la hvgun general de los Tnrat, y hay 
cierta ron fas ion. 

Pertanecou á laa lenguas amei-ieanus, de loa vocabloa que 
aqni figuran, tómale, tamal, achate [Méjico] ; á la de las An- 
tillaa, harhacuit, maiz ; (i luaimaH'iyutu [Venezuela] huurapo, 
tulum-a; al araucano, Ivma, tal vezponcho; al guarani, a:a- 
cuara ; al ÍEgléa provincial de Estados Unidos, piquinini. 

Consideramos HispanignwK de América y como loa maa 
venerables entre nuestros provindali»mof, á loa qne (aeroQ 
ivipuetlos por los primerea conquhtadorex acabados dellej 
de España y ajenos todavía á la influBncia local : tali 
criollo, que designó lo originario de la PenínanU reprodudclo 
en el Nuevo Mundo; hombre, planta, animal, etc., Cimanon, 
chapetón, baquiano, jarana, chicha [?] maturrango [?]. 

Si criollo viene de criar como lo quiere Tschudi, podñamos 
comparar este Hitpanismo de América con el nourrlgson de 
loa francesee. 

Con mayor latitud hemos dado igualmente en el cuerpo del 
Diccionario el calificativo de Higpanismns de Amériet íl eaoa 
vocablos, que, muertos ó poco menos en Espafln, n'viven, se 
desarrollan, modificando su primera acepción, y toman gran- 
des proporciones en América á manera de indianos ; como 
rancho, zambo, pellón, giro [Véase Lora] ; saneado, chicha- 
Pero en la OUtsiJieacion que precede hemos incluido esoa ITÍ»- 
piiniemot de América en el grupo de ProvijtcialigmoB crlolloa. 

Estos Provincialismos criollos son tos infinitos que hemos 
formado sin salir de la ¿rbita del mismo idioma espuÜol y 
con sus mismas raices y reglas de derivación más ó 
bien observadas ; á lo que han debido acaso algunos do ell 
el poear á formar parte aun del lenguaje literario de Espolti 
Talea aon, traicionar, y dictamittnr y empastar, coya adop- 



521 

ciou propone Salva en el prólogo de bu Diccionario ; huertero^ 
remezón^ yerbatero^ aceitillo^ jahoncillo^ mantequülay mechero^ 
cigarrera^ adulan^ y el mas típico de todos, pararse por po^ 
nerse de pié. Asimismo incorporamos á este gmpo las for- 
mas españolas qoe hemos sacado de las Yoces qníchuas ya 
adoptadas desde los dias de la conquista, como cuando deci- 
mos pe/acon de petaba j puquial de puquio^ lanífero de lampa. 
El americanismo pararse^qae es el que mas absurdo halla- 
mos propios y estraño8,'6 está torpemente tomado depararse 
(detenerse) 6 con no tanta torpeza de la otra acepción : po- 
nerse en cierta actitud y como cuando se dice " la niña se paró 
colorada " por " se piuso colorada" (ejemplo del Diccionario 
de Barcia) ; 6 como se vé en este pasaje de Cieza de León, 
Crónica del Perú : *' y batíanlo tan provechoso (el abono del 
huano) que la tierra se para con ello muy gi'Uesa, y fructí- 
fera " ; y como en ningún otro, en este antiguo ejemplo del 
Somancero español [edición Bivadeneira, t. I. pág. 80] : 

*' La dama que descuidada 
Estaba de tal novela. 
Por un pequeño postigo 
Se paró por ver quién era ** 

Un provincialismo continental como éste, que casi equi- 
vale á una creación aparte y que constituye un criollismo en 
toda la estension de la palabra, no podia ni debia clasificarse 
entre las 

Voces adulteradas, que son : en su ortografía, chamuchina t 
rezondrar; en su sentido, albazo, camxireta^ pila, etc. 

Los Arcaismos, provincialismos 6 neolíjjismos de la misma 
España son : cuadra, pollera, paquete, cacarañado, trastabi- 
llar, presupuestar, etc. 

Voces exóticas ^técnicas, cieittíf¡4UJs, las de plantas, árboles, 
flores y objetos de industria ó de capricho introducidos por 
los europeos en los últimos veinte 6 treinta años, verbigmcia: 
astrapca, laurel rosa, bugainvilia, (del botánico Bougainville, 



eiirOi1iL(l>-ni du r^iie hnbluiiios i<ii In pái;iim LII. v ilpnomiindw 
en Buenos Aii-es, A li> quu cr^uuMa. Sant'í Wt'i) ; luoiiotfi-n-é 
ma, etc. 

Sin oríjaacowldo etc., chú^aní, tó/ero. chnnrlio, iiriípíta^ 
antimcho, gmaar, y aun giirúa, qno si por designar i 
propift de la costa del Perú, pudiera creerse voz quichua, n 
la KemoB hallado nunca eu los diccionarios de e^a leuguoi 
ni procedente da ella, parece que hubieru podido llegar has- 
ta Cuba, entre cuyos provincialismos In trae Pichardo. 
verdad que también figura allí el tacho de Arequipa. Además 
los escritores arp^entinos que se hun dedicado á esta clase de 
estudios, convienen unánimes eu qae gnrú'i es quichua. Vo* 
ce» eaprtchonag: Fá, eapiriin público, chnpiughaiut. OnomattH 
plicas: lindio, pirhibilin, jtiUipio, chanco. 

Aje-nag al principal objeto de esta obra: las de las otra 
Bepúbücas, como parranda, de Bogotá; mncbiis argentina^ 
j como los vocablos estranjeros y espaíloles mismoa, que noi 
han tentado á alguna disquisición filológica. 

Por último, liis diez aubdivisioues do la Olasijicaeior» ^ 
drian muy bien redncirao k tres grandes categorías, reauienJ 
do bajo el epígrafe da ProvÍneÍalÍ»mos Áineiíeanos loa do Inc 
lenguas indíjenaa ; bajo el de Provineiaiismos españoUs, loi 
que les siguen, y bajo el de Vores diversas, las sin origen co-iS 
nocido, exóticas 6 ajenas al carácter fundamentid de la obra, 1 
en esta forma : 

Pro in'ii cía ímiio» ameñcatios 191 

Provincialismos españoles , 650 

Voces diversas 133 

Total 974 

El elemento corruptor criollo es el que figura en niiiyoí 
proporción, y no el elemento indíjena como pudiera creerse; 
sírvanos de consuelo, porque al fio evolucionar dentro del 
mismo idioma es tnl vea evolucionar al porvenir. 



bibliografía 

Se las o1)i as menos conocidas qne se citan en este Uooionarío 
7 qne no han sido registradas en la página IX 

Raimondi, Antonio — Elementos de Botánica^ seganda 
parte [aplicada al Perú] Lima. 

Mateo Paz-Soldan — Versos inéditos. 

Aréstegui, Nakciso — Coronel y escritor peruano, hijo 
del Cazco. Desempeñó varias Prefecturas, y hallábase al 
frente de la de Paño cuando pereció ahogado en la laguna 
de este nombre al dar un paseo en bote. Dejó tres novelas. 
El Padre Horán, Escenas de la vida del Guzro ; El Anqel 
Salvador y Faiistina. La primera se publicó en el folletin 
del " Comercio '* de Lima hace mas de treinta y cuatro años 
[ y después en una vil edición de varios tomitos ] y las dos 
últimas, postumas, en el folletin de *' La Patria, " el año 72 
mas ó menos, por la solicitud del distinguido y malogrado 
artista don Federico Térrico. 

El Padre Harán hizo furor, ya por estar basado en un 
suceso histórico, ya por ser una feliz y primera localizacion 
de la escuela de Eugenio Sué. 

Yo que solo la he leido posteriormente puedo decir que 
á pesar de que el argumento principal casi no (^^ más que 
un episodio estraño á la obra, que apenas sobreviene en 
BUS últimos capítulos, y á pesar de que el autor no cuidado 
hacer interesante á su protagonista, á quien exhibe como á 
un fraile vulgar y estúpido, cuando tan fácil le era ideali- 
zarlo un poco, á pesar de estos defectos capitales, de sus 
incorrecciones y do estar vaciada en el molde de las francesas. 



S34 

la del Pudre lloran es utm novela escrita con tul eiiícmn i 
nrraBtre y con tal fondo de olor locnl, qne se lee con un iii- ~ 
teres irresistible, 

Se(iüra, MíNuel a. — Coronel peruano y autor dramá- 
tico aficionado, esoluaivatnente criollo. Su Tad.tm pnblicado 
en 1858 por don Lorenzo García contiene unas ocho come- 
diiis. Después don Ricardo Pnlma dio á luz una nueva co- 
lección con dos 6 tres máa en un acto ; y por último yo poseo 
inúditas, aunque representadas en 1860, Laf treg i-huiaa y 
Percuncei óp tm Remitido. Segura murió poco después de 
1870. Tomó por modelos á Moratin y á Broten, aunqne eu 
g¿nio era mas bien el de Plauto; y hombre de pocos estu- 
dios, niodusto y sin pretensiones, creó no obstante con bq 
tnli-nto natural un verdadero teatro propio, dando á su paJ 
tría ettta gloria que aun no ha podido alcanzar ninguna C 
las otra^ repúblicas hiapino-americanns. 

Ladislao GraSa — Sé hiieno ¡j terá* feliz. Escritor enp»"! 
Sol avecindndo en el Perú. Una enfermedad de pecho loa 
llevó ¿ Jauja eu donde murió. Allí escribió la pequeDÍaiis 
novelita que hemos citado y que fué publicada por la B^vím 
ta de Lima [1850-63.] 

Alvaro 7 Itk&mWA, Ágrieidiura; obra nacional, aunqo^ 
impresa en Paría. 

Haller, Jo&kph — Álttpanische Sprtchworier aus dea ZoM 
ten von Gervtintei. Iteijeneloiirij, 1883. Un tomo, folio tuayoril 
G52 páginas á dos columnas. 

El octogeunrio autor de esta monumental obra apenns ha- | 
bia publicado hasta Enero de 1883 el primer tomo que no 
pasa de la letra A. Sobre la baso del Rr^frantro espaQol 
dado á luz en Salamancn en la luítiid del «iglo XYI ha bco* 
piado naller todos los refranes equivalentes, tanto en laa 
lenguas clásicas como en las vivas, incluso el flamenco y 
otras lenguas del norte, y quo vienen trascritos en so idio- 
ma propio. 



525 

Rojas y Caídas, Ramón — Museo de Limeñadas. ün to- 
mito de articalos de costambres pablicado en Lima haca 
cosa de treiota afio3, con algunos grabados en madera may 
imperfectos. 

Su autor, que por algún tiempo fué el mas célebre de 
nuestros gacetilleros, acaba de morir jÓYen todavía. 

Larmva, José Joaquín — Clérigo. Célebre poeta satírico 
y hnmorista, precursor y émulo de don Felipe Pardo; hom- 
bre docto, erudito y orador. Sus diversas obras se encuen- 
tran en los Documentos literarios de Odriozola [Lima.] 



OBRAS CONSULTADAS 

BuiNDi, GlCJSBPPK — Vocabolario Siciliano-italiano &. Pa- 
lermo, 1866. 

CiHAR, A. DE — Dictionwiire d'etymologie D xco^Romane* 
Francfort. 

Chkrubíni, Francesco — Vocabolario Mantovano-^taliano. 
Milano, 1827. 

DozY ET Engelmann — Qlossaire des mots espagnols et por^ 
tugáis derives de Tarabe. Leyde, 1869. 
Catafaqo. — Arabio Dictionary. London. 
BoürnoüP, Emilb — Dietioiinaire Sanscrit. París. 



índice 



Pajina 

Prólogo ^ V 

Bibliografía de americanismos IX 

Observaciones generales XV 

Advertencia XXXVII 

Introducción XXXIX 



DICCIDNAÜU) DE PERl'AXISMOS 

Diccionario 1 

Clasificación de las voces contenidas en el Diccionario de perua- 
nismos 519 

Bibliografía 523 



índice 



P¿ji 



PtóIo^jo »..«—( — V 

Bíblic^xafía de Bincricamcmos »^..~... LX 

ObaerracioDet genendea ^^ ».... XV 

Adreitencia XXXVll 

Introdaccion XXXIX 



IdCClnXAKIO ÜE I'ERIAXISMUS 

Diccionaño ^ 1 

Clasificación de las roces cootenidas en el Diccionario de penu- 

nismos 51«> 

Bibliografía 525 



OBRAS DEL MISMO AUTOR 



RUINAS.— Ensayos PoÉrrcos.— Paríft, 1863; empastado. 

CUADROS Y EPISODIOS PERUA OS, y otras poesías nacionales y di- 
versas. — Litografías y viñeta. . — Lii 1867. 

LAS GEÓRGICAS DE VIRGILIO, traducción en verso castellano del Ubio 
primero. Dos \iiletaB. Lima, 1867. 

EL INTRIGANTE CASTIGADO, comedia le costaiubres criollas cu dos actos 
y en verso. — Lima, 1867. 

LA MATRONA DE EFESO.— Lima, 1872. 

31AS, M ENOS Y NI MAS NI MENOS. —Juguete cómico en un acto y en ver- 
so. — Lima, 1870. 

POESÍA LATINA — Traducciones en verso castellano do Lucrecio, Virgilio, 
Planto, etc., etc. — Lima, 1883. 

LOS MEDAÑOS. — Poemita pentasílabo, alegórico do3Ci-iptiv(.. Seguuda edi- 
ción. — Lima, 1883. 

PASADA PESADA EN POSADA— Retruécano cómico.— Lima, 1883. 

¡ VIVIR ES DEFENDERSE!— DiFicui.TAUES de Basilio al trwes de la 
vida limeña y DIARIO DE UN PENSADOR. Lima, 18W 

DICCIONARIO DE PERUANISMOS.— Buenos Aires, 1831 — 1 1, de más de 
000 páj. 

POR PUBLICARSE 

MEMORIAS DE UN VIAJERO PERUANO— Apuntes y recukb nos. 
LA EMIGRACIÓN ATRUJILLO V LA CAÍDA DE LIMA— Análisis quí- 
mico I)K LA sociedad DE MI TIEMIH). 

PAGINAS DIPLOMÁTICAS DEL PERÚ. 

RIMAS DELRJMAC. 

ARTI CULOS DIVERSOS-2 t 



•PF'-.., 



'CUUTE '^'P^ 



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