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Full text of "Diccionario de Sinónimos de la lengua Castellana"

DICCIONARIO 



DE SIISONIMOS 



parís. 



IMPRENTA Y LIT. DE GARNIER HERMANOS, CALLE DES SAINTS-PERES, N° 6. 



DICCIONARIO 



DE SINÓNIMOS 



DE LA 



LENGUA CASTELLANA 



POR 



DON PEDRO MARÍA DE OLIVE 



parís 

LIBRERÍA DE GARNIER HERMANOS 

CALLE DES SAINTS-PÉRES, N° 6 



1891 



DICCIÜNAKIO DE SINÓNIMOS 



A LA LIGERA. || LIGERAMENTE.- tij/erd- 
menle, simple modificacioü del modo como las co- 
sas son ó deben ser:á la ¡it/era, deiignauiou de un 
hábito diverso ó contrario del que tienen ó consi- 
deramos deben tener. 

El adverbio indica particularidad de la cosa á 
que se atribuye la ligereza : el modo adverbial sin- 
gularidad notable en la especie y íorma de ligereza 
que la da un carácter peculiar. 

o Se vistió lí'itrumeniv, de pronto, sin cuidado ni 
esmero. Procedió ligeramente como un atolondra- 
do. D 

a Va fl /a ligera, sin ropa, ni prevencioneSj 
cuanto mas á la üyera se vista mejor irá , n obra, 
piensa, habla á la liíjera, sin reflexión ni cuidado. 
Poniendo estas expresiones una por otra variará 
mas ó menos el sentido, y asi cuando decimos de 
los coraceros, cuya armadura es pesada, que sor- 
prendidos por el enemigo, solo, tuvieron tiempo 
para armarse iúferamritie, denotamos que solo pu- 
dieron tomar parte de sus armas ; mas cuando ha- 
blando de los vrlties de los romanos ó de nuestros 
lazaiiores, decÍDios que van armados á lu ligera^ 
aseguramos cosa diferente y aun contraria á la an- 
terior : la prontitud ó aprcsuracion en el modo de 
la acción es un caáo paiticulai- y uo común, indi- 
cado por el adverbio Inierar/fulf. A la iíj/Ta es el 
Diodo habitual, constitutivo, de ordenanza de aquel 
género de tropas, que por lo mismo llamamos üge- 
Tw^, es dt^cir armadas á lu huera. 

ABAJO, II BAJO, y DEBAJO. —Las preposi- 
ciones á y de modifican al positivo bfi/o. Este es la 
contraposición de alto; aba/o, de arriba, debajo, de 
encima. Estas palabras van aumentando y eiten- 
diendo el valor de su significación; la del primero, 
se refiere uias á las cosas materiales, y asi diremos ; 
ved ahi dos extremos, en esos dos hombres, el uno 
muy alto, el otro muy bajo ; pero á veces se usa en 
sentido mas ó menos traslaticio, y así el Granada 
dice. « Si la bajeza de aquellos eutendimieutos al- 
canzara á entender la alteza de esta probanza, etc.* 

¿Dónde está tu criado? Abajo en la cueva, y no 
estarla bien dicho: debajo en la cueva.— Debaio de 
la cruz está el diablo, y no abajo.—El soldado mi- 
lita bajo las banderas austríacas, y no debajo. Bajo 
mis órdenes, mi amparo, y no debajo. Esta palabra 
supone siempre una cosa que está encima, domina, 
dirige, oprime á otra. .1 bajo la que ocupa un lugar, 
una clase, una consideración infeiior á la que la 
supera. Ahajo es eipresiün que se refiere á la altura 
mayor ó menor en que un cuerpo se halla sin rela- 
ción con nin§;un otro : todo lo contrario indica de- 
bajo. 

ABANDONAR. || DESAMPARAR. - La pa- 
labra desampara?- se forma de amparo, y de la pre- 
posición privativa des, con lo (lue nos da su signi- 
ficado que es quitar, privar dol amparo que se daba 
ó concedia, pues para desuaiparar ^ova. es menester 
haber amparado antes. Mi padre, mi familia, mis 
amigos, que tienen obligación de amp:irarme, me 
desamparan ahora que mas los necesito. 

Como el desamparar es faltar á una obligación, no 
puede verificarse por lo común sin culpa en el que 
de-samiiara, mas no la habrá eii el df&ampnrado, y 
si desgracia : una criatura inocente, que ha perdido 
á sus padres y deudos, y que no tiene quien la favo- 
rezca, se llama desamparada. 

El que nos desampma nos priva de un bien; el 
que nos abandona, de su auxilio y favor contra una 
desgracia ó mal que nos amenaza. 

Tenemos que abandonar lo que no podemos de- 
íeader : nos abandona quien no nos quiere defender. 



El abandono puede nacer tiel mismo abandonado, 
y en este sentido el verbo es recíproco, y así se dice: 
Ese es un hombre abandonado ; se abandonó á los 
fücios; pero el verbo desamparar nunca es reci- 
proco. 

Del diferente uso de las dos palabras abandonar 
y desamparar resulta la propiedad con que se dice 
Colegio de los Desamparados y no de los abando- 
nados , pues este último titulo seria como oiensivo 
y de vilipendio. 

ABATIMIENTO. 1| LANGUIDEZ. || DES- 
ALIi;rVTO. il POSTRACIÓN. || ENFLA<,>UECI- 
MltlVTO. II EXTENUACIÓN. || AiXIQUILA- 
MIENTO. — Guando se habla materialmente del 
cuerpo, abatimiento supone diminución de las fuer- 
zas que naturalmente se tienen ; langa de:^ debili- 
dad de las fibras. El que sufie abatimiento por ha- 
ber salido de una enfermedad, no ha recobrado aun 
las fuerzas que tenia en estado de salud, y si está 
amenazado de recaer, se siente abatido, y es como 
el preludio de recaída. El que padece languidez su- 
fre un decaimiento general en tales términos , que 
no puede hacer ningún trabajo ni ejercicio, pues 
parecen haber perdido su acción los músculos. 

Si tratamos del alnia. el abatimiento supone el 
paso repentino de un deseo vehemente, de una pa- 
sión violenta, de una vida feliz en su misma activi- 
dad, á un estado de sosiego ; pero i^enoso por no es» 
taracos'umbrado áély sercoutrarioálaactividad de 
su alma. La taniiuidez proviene de la persuasión en 
que está uno de no tener ya ni medios ni esperanza 
de satisfacer sus pasiones y de recobrarla dicha que 
perdió. De muchas causas puede provenir e! abati- 
miento, como son la desesperación, la sorpresa y el 
dolor. Solo una hay para la languidez, que es la 
imposibilidad de obtener lo que se desea, ó de re- 
cobrar lo que se ha perdido El abatimiento es un 
estado accidental : la languidez habitual. Si dura 
mucho el abulimieníose convierte en languidez: en 
esta siempre hay abatimiento y en este no hay lan- 
guidez 

El desaliento nos priva del ánimo necesario para 
resistir á la desgracia, y aun también de la espe- 
ranza de lograrlo , lo ijue no sucede con el abati- 
miento. En este se considera el alma demasiado dé- 
bil para lograr lo que pretende, o sufrir los males 
que la oprimen; pero en la postración ya está ren- 
dida liajo su peso. 

Considerando las palabras abatimiento, postración, 
extenuación, enflaquecimiento y animilamienlo, haio 
el aspecto médico, veremos que designan un estado 
eu el cual las fuerzas vitales han perdido su ener- 
gía y aquel buen equilibrio de ellas en el que con- 
siste el estado de salud. 

La primera indica que han decaído ; la segunda 
(jTie están oprimidas; la tercera que se agotó la 
luente de donde nacen ; la cuarta que se han per- 
dido, y la última que ya no existen. 

Se d,ice que las fuerzas están abatidas; que nos 
postra ó rinde la necesidad de dormir, que las 
abundantes evacuaciones nos ertenü>in; que el tm- 
fermo enflaquece, y que sus fuerzas se han aniqui- 
ladü : sígnese la muerte, completa aniíuilacion. 

ABDICACIÓN. II RENUNCIACIÓN. || RE- 
SIGNACIÓN. II DIMISIÓN.— Diferentes nombres, 
según las circunstancias, tiene la acción de deja,- 
uno lo que le pertenece, ó el empleo ó comisión 
que esta á su cargo. 

Abd'cacion es el desistimiento ó renuncia volun- 
taria de la dignidad superior que las leyes dtl país 
le conceden, y la renunciación este mismo desisti- 
miento de dignidades ó cargos inferiores, y también 



de bienes, derechos o acciones , y asi se dice renun- 
ciar un beneficio, una herencia, y en sentido espi- 
ritual renunciar al mundo, por desprenderse de 
todo lo teiiporal, por atender solo á lo eterno. Dio- 
cleciano abdicó el imperio, Sila la dictadura, y ur 
empleado, aunque sea muy subalterno, renuncia su 
deslino. 

También hay diferencia entre abdicaciony resig- 
nación, pues aquella se hace sin condición alguna, 
y esta á favor de otra persona. Carlos V mas bien 
que abdicar diremos que resiynó en favor de su 
hijo y de su hermano. Se llama resignación á la 
dimisión de un beneficio eclesiástico, y se dice resig- 
nado con su suerte y resignarse , por conformarse 
con la voluntad de Dios. 

La dimisión supone un empleo, cargo ó dignidad 
conferidos por una autoridad superior, ó en virtud 
de reglamentos civiles ó administrativos. Según lo 
que llevamos dicho, nacieudo el poder del que ab- 
dica de la ley ó de la fuerza, no se puede entregar 
á nadie, pues solo la ley ó la fuerza disponilrá de 
aquella autoridad; mas cuando uno hace la dimisión 
eu manos dp aquel de quien había recibido su em- 
pleo ó cargo, este puede conferirlo á otro. 

AKISMO. 11 SIMA. II PRECIPICIO. II SUMI- 
DERO. II UEMOLINO.-Nos presenta la idea del 
abismo una profundidad sin fondo é insondable; la 
sima , de una concavidad prolnnda y oscura ; el 
sumidero^ de una profundidad que arrastra hacia si 
á los cuerpos, y como que los sorbe, cuando están 
cerca de él ; el precipicio una profundidad que se 
encuentra en parajes elevados y muy escarpados, 
donde corre uno peligro de caer y del que es casi 
imposible escapar cuando se halla en él. 

Todas estas palabras tienen mucho uso en sen- 
tido figurado : se da el titulo de abismo al infierno : 
la confusión de ideas, de negocios, de personas, de 
enredos se dice también que es un abismo ; y 
cuando se tienen muchas dudas é incertidumbres se 
usa la frase de, es un abismo de confusiones. Ha- 
blando de un sngeto gastador, dilapidador y des- 
pilfarrado, se pregunta en qué abismo echa ó cae sa 
dinero : el juego es un abismo de las riquezas de 
muchos jugadorrs. 

La profundidad del abÍS7no no es apai'eute, pues á 
veces se halla cubierto de agua, piedras ó malezas 
que se hace peligroso para los que no tienen cono- 
cimiento de aquellos parajes : la profundidad del 
precipicio se presenta á nuestra vista horrorizada 
del peligro con que amenaza. Un navio que nau- 
fraga perece en los abismos del mar, y basta con 
tropezar en im camino estrecho que se' hace entre 
dos precipicios para caer y perecer. La profundidad 
de un volcan es un abismo , insondable, y la de los 
montes escarpados de los Alpes, precipicio. 

El movimiento circular de las aguas en ríos y 
mares, forma remolinos donde se sumen ellas mis- 
mas y los cuerpos que arrastran en sus corrientes, 
y á estos fenóiuenos algunos aficionados á latinizar 
en castellano han solido llamar vorágines, cuya pa- 
labra adopta el Diccionario de la lengua, que la 
define abertura profunda en mar ó ríos, donde se 
hunden las aguas, é igualmente el adjetivo voragi- 
noso. También usa el de vortiginoso, mas no rórtice, 
que debe ser su radical. 

ABJURAR. II RENUNCIAR. 11 RENEG.'VR. 
11 APOSTATAR. — Inconstantes los hombres ea 
sus ideas y en sus intereses, mudan á cada instante 
de conducta, desaprobando hoy lo que aprobaron 
ayer, convirtiendo en frialdad el celo, y el amor ea 
odio : estas variaciones se expresan con diferentes 
nombres, que indican sus grados y circunstancias. 

I 



s 



ABO 



ABS 



ABS 



Abjurar, que viene de la unioa de la partícula al> 
COQ el verbo jurar, siguifica desdecirse o retractarse 
con jxiraiiieuto del error ó eqaivocacion que el 
hombre cree haber padecido; de lo que resulta que 
lo que á los ojos de este es reuuaciar 1 errcr, á los 
ojos de los otros es abjurar de la verdad. Por e^ta 
razoD la palabra abjurar es de uso bastante co- 
mún en los asuntos religiosos. 

Abjurar^ se diferencia de renunciar en que aquel 
tiene mas fuerza y supone ciertas formalidades so- 
lemnes, pues se retracta el juramento y á veces 
con otro contrario, mas renunciar no indica tanta 
formalidad^ ni tanta importancia. Abjura un hombre 
de su religión y también de grandes y perjudiciales 
errores y se manifiesta horrorizado de io que antes 
respete y veneró. Se renuncia por cualquier moti- 
vo, aunque sea ligero , de relaciones de amor , de 
amistad, de intereses : ha renunciado al amur de 
una mujer porque es locuela, a la amistad de un 
hombre porque le es molesta, á los intereses de 
otro porque le perjudican. La renuncia se entiende 
por hacer dejación voluntaria de las cosas, dere- 
chos í acciones que á uno corresponden y también 
por no aceptar lo que se le presenta ó propone, y 
uno renuncia á lo que se le dice cuando no le aco- 
moda : y también toma este verbo significación de 
reciproco cuandc se dice renunciarse á sí mismo , 
del que hace como dejación hasta de su propia vo- 
luntad. 

De fuerte expresión es la palabra renegar, com- 
puesta igualmente del verbo negar y de la parficula 
reduplicativa re, que indica negar con instancia, 
obstinación y resolución, detestar y abominar una 
cosa que antes se estimaha. Por lo mismo se dice 
renegar cuando uno prorumpe, eo sn cólera ó do- 
lor, en paltbras injuriosas de desesperación. Mas 
comunmente se usa en sentido religioso, pues se 
aplica á negar solemnemente la religión que antes 
se profesaba, y así se llama renegido, por lo común, 
al que deja la verdíidera religión de Jesucristo por 
la secta de Mahooia, palabra muy usada en nuestra 
lengua, porque esta especie de abjuración se veri- 
ficaba regularmente en Espaüa por los que por 
interés ó miedo se pasaban a la religión mahome- 
tana, que dominaba en parte del pais. También se 
llama renegado á on hombre de malas costumbres 
que con sus acciones y palabras de todo parece 
renegar. 

"Viene á pertenecer solo á los asuntos de religiítn la 
palabra apostatar^ que tiene la misma significación 
que la anterior, trasladándose únicamente por ana- 
logía á las órdenes religiosas, donde se llama após- 
tata al individuo de ellas que deserta ó abandona 
públicamente el instituto que juro guardar. 

ABÜLIU. II AltnOGAU. || ANIQUILAR. || 
EXTiNGlUU. — Estos verbos siguitican destruc- 
ción de una cosa, ya sea en sentido material, ya 
en el figurado. 

Abolir, significa quitar el uso ó memoria de una 
cosa, remisión ó indulto de delitos, supresión de 
una religión ó instituto : la abolición se verifica por 
medio del tiempo y del uso : se considera abolida 
lina ley cuando pasado /iiucbo tie.npo se halla sin 
vigor y esta olvidada; y abraiada cunudo otra ley 
lo na mandado así, y esta no puede tener electo al- 
guno, ñas sí la ley abolida, pues 'i^^ Q^ ^stá de- 
rogada. Consecuencia de la aoolic-on viene á ser el 
ani'iuilamiento que signitica completa abolición : se 
extingue una cosa cuando cesan enteramente aque- 
llos principios que la daban movimiento. y vida. Lo 
que está abolido, ya no tiene ni vigor, ni actividad : 
lo ani'iuiiado no puede producir efecto alguno : lo 
(jtintjuido carece de principio de acción. 

ABOMllMABLE. || DETESTABLE. \\ EXE- 
CRABLE. — La etimología de estas tres palabras 
puede darnos idea de su sinonimia. — Abominación 
viene de la preposición ab (contral y de la voz ornen 
agüero, presagio, pronóstico, y ue la temtiuacion 
bilis (able), lo cual valdrá tanto como decir que es 
contra agüero ó contra el hado, y asi toca a cosa 
sagrada ; por lo que en algunas religiones habia 
cosas y personas abominables , contrarias á los pre- 
sagios que iudiciban la suerte por lo comim mala, 
y así los pastores eran tenidos en abominación por 
ios egipcios; y los hebreos sacrificaban en bl de- 
sierto las que llamaban abominaciones de los egip- 
cios, esto es, sus animales sagrados, y tambiea 
daban el nombre de abominación al cuito de los 
íd'dos. 

I'.n este sentido, abominable tiene cierta sinoni- 
mia con sacrilegio, y asi diremos de un hombre 
irreligioso é inmoral, que es abominable eu sus 
opiniones y en sus acciones. 

lie la preposición negativa de, y del verlo tes- 
tari (Lestiíicar) deribaiemos la palabra detestable, 
si¿uificaudo lo no testable^ lo que uo se debe testi- 



ficar, le que da un testimonio contrario. Esta pala- 
bra corresponde mas bien al gusto, á la inclinación 
y á veces al capricho ; por lo que puede variar se- 
gún los tiempos, naciones y personas , pues en un 
pueblo podra ser detestable y de coasi.;uiente abor- 
recible, lo que en otro testable y agradable. 

También corresponde á cosa sagrada el adjetivo 
execrable formadu de la preposición exclusiva ex 
y de la pahtbra saoer sagrado, y aun esta sola in- 
dica lo abominable físicamente hablando, como en 
el morbus sacer que llaujaroa los latinos á la gota 
coral, y á otras dolencias. 

Un hombre que del eiceso de una mal entendida 
y supersticiosa devoción pasa á encenagarse eu los 
vicios mas asquerosos, será un hombre abomnable 
y al que por lo tanto no podremos menos de exe- 
crar ; pero este mismo hombre no será en modo 
alguno dt'íeslalde á los ojos de un codicioso, ó á 
los de un pegote ó gorrón, si posee grandes rique- 
zas de las que participa ensalzándole como muy 
amable y fino. 

ABORRECIMIENTO. || ODIO. || RENCOR.— 
Estas tres palabras sirven para indicar el aumento 
gradual en intensidad y duración de una misma 
pasión, que consiste en el seutimiento de malque- 
rencia ó aversión, que eu lo íntimo de nuestro 
corazón se engendra contra cualquier objeto físico 
ó iiioral que uos causa, ó creeuios causar algún 
daño. Odio será pues una pasión mas fuerte y du- 
radera que aborrecimiento ; y rencor, que odio. 

El aborrecimienio suele limitarse a un tiempo 
corto, á una circunstancia particular, á una cuali- 
dad de ligera importancia; cesando estas causas 
cesa el ai'oirtcimnnio, y aun puede convertirse en 
agrado ó amor. Aborrecemos al pecado á los malos, 
viles y bajos procederes; por loque esta pasión 
puede ser noble según lo sea el concepto que for- 
memos del objeto aborrecido. Un boiunre honrado 
aborrece la mala ¡iccion, mas no al que la ejecuta, 
por lo común te compadece y aun olvida su injuria : 
un buen cristiano perdona al ladrón, al calum- 
niador, al asesino, porque la religión le prohibe 
el odio , y la bondaa de su corazón no le da cabida 
en él. 

El odio es pasión baja, indigna de un alma hon- 
rada y generosa; se ceba uias bien en las personas 
que en las co>as, y se extiende á todo el objeto. 

Odiamos al que ofende niieítro amor propio, al 
c[ue excita nuestra envidia, al que contraria nuestras 
inclinaciones y nuestras pasiones. Mayor permanen- 
cia, obstinación y fuerza tiene por lo "común el odio 
que el ahorrícimifnlo, y por lo tanto es mas impla- 
calile aquel que este. 

El (»í/ííí en su duración crece y se arraiga hasta 
convertirse en rencor, abraza á muchas generaciones, 

Ísfc hace como eterno entre varias naciones, no aca- 
ando á veces hasta la destrucción de una de 
ellas. 

iJefmese al rencor, enemistad antigua ira enveje- 
cida; y asi en latín una misma palabra viene á de- 
notar rendir y rancio ó añejo, 

ABSCESO. II APOSTEMA. || TUMOR. || HI^Í- 
Cll \ZO.\. II ENTUMBCKNCIA. II DEPOSITO. 
— Todoj estos son términos propiamente del arte de 
curai-, que se diferencian mas 6 menos en su signiü- 
caciou : la que mas abraza es la de lunckazon, pues 
se da este nofiihre á toda elevación de la piel por 
cualquiera causa no natural que sea. 

El fumar es la misma eminencia ó elevación de 
cie:tü tamaño, limitada á cuab^uiera parte del cuer- 
po; el ii/i\cr.so un tumor iüílamatorio, que termina 
regularmente por supuración : esta palabra es mas 
usada en términos facultativos que en los couiunes, 
pues en estos se llaiuau ¡iposiema ó con mas fre- 
cuencia postema. Sin embargo hay una diferencia que 
no deja de ser de importancia, y consiste en que si 
el nlisceso solo termina por supuración, la apostema 
termina ademas por supuracitm, por resolución, por 
enlarecímieuto, ó por corrupción. 

También es término facultativo v P''CO usado el de 
entinncccnriü que es im aumento ae volumen y una 
dureza producida por una gran plenitud de huuiores 
que dilata los tegumentos impidiendo la natural 
circulación de estos humores. 

Euteademos por í/t'/)(ís¡/o aquellos tumores que el 

fuis ó las materias virulentas formadas en la masa de 
a sangre, de resultas de alguna fiebre, producen 
ín.staiiiáneauíeQte. 

AltSOLUTO. II IMPERIOSO. || ARBITRARIO 
|l DliSI'OTICO. — Ü'iieie el hombre mandar y no 
oliedecer; libertarse de la autoridad ile los otros, y 
que estos sean esclavos de su voluntad, de sus opi- 
niones, de su razón ó de sn capiicho. Estas dos 
contrarias iuclinaciones tienen por principio el amor 
propio, y lo es asi de las mas heroicas como délas 



mas abominables acciones: los pueblos que enten- 
dieron gozar mayor libertad en su gobierno interior, 
eran los mas despóticos con los otros pueblos á 
quienes dominaban. 

Hablemos, pues, de las palabras que representan 
estas ideas de mando y superioridad. El hombre dd 
genio absoluto, ó al que aplicamos esta cualidad- 
quiere que se le obedezca ciegamente, sin sufrir él 
ni oposición, ni resistencia; el hombre iminrioso 
quiere serlo con sumisión. El primero manifiesta fir- 
meza de carácter, pues no sufre que se le dispute su 
autoridad; el segundo demuestra vanidad y orgullo, 
pretendiendo solo mantener la suya. Bien puede su- 
ceder que el hombre /wi/íer/oso no sea realmente ab' 
solufo^ pues se contenta á veces con que aquellos á 
quienes manda se le muestren sumisos, dando se- 
ñales exteriores de respeto y consideración. También 
fiuede no parecer í//í/ífrit).vo el hombre al'xotufo, pues 
e basta con que puntualmente se le obedezca. Pre- 
ciso nos es algunas veces tomar un tono absoluto 
coa cierta clase de gentes, pero jamas el impe- 
rioso. 

No reconociendo en su conducta el hombre abso- 
luto suijerioridad alguna, es muy común que pase á 
querer ejercer un poder mayor, cual esel urbiirario^ 
el cual consiste en desentenderse no solo de todo 
respeto y razón y de toda ley, sino en obrar capri- 
chosamente. 

Creciendo de mas en mas el ansia de mandar ea 
los hombres, llega al extremo de no reconocer limi- 
tes, precipitándose en la mas cruel y loca tiranta. 
De lo arbitrario se pasa á lo dcspólieo, pues este po- 
der ya no respeta ui distingue lo justo de lo injusto, 
siendo lo justo para él y sus miserables esclavos 
cuanto se le antoja : todo se aplaude, todo se res- 
peta, todo se obedece : la razón es solo la voluntad 
del señor* 

El que ejerce el poder absoluto puede obedecer, 
coiüo móvil de su autoridad, á las leyes, á la reli- 
gión, á la razón, á la política, y no ser arbitrario 
ea modo alguno, ni mucho menos lies/ió/ico. Si el 
soberano es sabio y virtuoso, sus vasallos podrán 
ser felices bajo su absntnío mando; pero ni seguri- 
dad, ni tranquilidad puede haber bajo el poder íír- 
btfrano ; ni virtud, ni honor puede sufrirse bajo el 
poder drspólico, 

ABSTENERSE. || PRIVARSE. — Lo que It 
religión prescribe y manda, aconseja y persuade la 
buena bii»sofia, que no es otra cosa que la recta ra- 
zón; llanjáronla los antiguos í'/Aíia y nosotros fint- 
ea ó gentílica, poniue era la de sus sabios, que se 
dedicaban al estudio de la moral natural. La máxi- 
ma de ellos, nadn de mas, al mismo tiempo que es 
un excelente precepto moral, lo es también higiéni- 
co. La 'i/isliiieitcia y aun la privación son virtudes 
en muchos casos y circunstancias, la templanza en 
todos, y la religión cristiana la cuenta entre las car- 
dinales. 

ia palabra abstenerse expresa la acción sin refe- 
rirla al sentimiento que puede acompañarla ; pri- 
varse supone apego á aquella cosa v pena de no po- 
derla ejecutar ya, ó gozar de ellas. iPacil nos es abs- 
tener nos de lo que no ccmocemos, ni amamos, ni 
deseamos ó nos es indiferente; pero no nos podemos 
privar sino de las cosas que conocemos, que gozamos 
ó queiemos gozar: pudiendo el beodo neber, raro 
caso es que se prive del vino ; pero el hombre de 
razón se ahxíiene de él si daQa a su salud ó á sus 
intereses. La abslineiuiíi comprende todo aquello 
de que podemos gozar; pero se entiende principal- 
mente de comida y de bebida. En plural absiinen- 
cias tiene mas riguroso sentido, pues no es pasivOj 
sino activo, que consiste en morliticaciones o peni- 
tencias voluntarias. La abstinencia con respecto á la 
religión es el precepto de abstenerse de carnes en 
ciertos días y circunstancias. 
Vemos que la abstinencia supone que podemos 

f:ozar de una cosa, y así se entiende ser voluntaría: 
a privación es por lo común forzosa, pues que tene- 
mos que desasirnos de lo que nos prn timos, y sen- 
timos disgusto y aun pena de ello. Para el que pre- 
fiere su salud á sus placeres, la abstinencia no es en 
realidad privacimí; pero para el que prefiere sus 
placeres a su salud, la ai's'inencia es también pri- 
i'icion. La temptunzaes la moderación que noscon- 
tiene y templa en el uso de las cosas, apartándonos 
de todo exceso : por la ahsdncmiu se probibe el uso 
y se priva enteramente hasta lo (]ue es agradable y 
permitido ; pero como todo exceso es vicioso, la 
wmplonz'i y moderación constituye en todos los ca- 
sos una estrecba obligación tal, que caeria;nos en la 
intemperancia si faltásemos á ella. La ahstinencia 
viene á ser una obligación imperfecta, pues que de- 
pende de las circunstancias, y varía tanto, que en 
machos casos puede llegar á ser vicio. 



ABS 



ACÁ 



ACC 



ABSTRACCIÓN. || DISTRACCIÓN, — La pa- 

f*b[a. ahsi-^acíivn vifuc de la latina (tb^lrakere^i^wñ 
••^i^niíica separar ó arraucar nna cosa del paraje eu 
'/tie se halla, ó la supoueuios estai"; correspüiide al 
lenguaje lüetaiisico, y deáigiia la operaciou del eu- 
teüdimieuto, por medio de la cuaí desuuiuios cosas 
^ne eu la realidad son ¡nsepai-at.des, i)ara poderlas 
considerar cada una particuCirmente sin dependen- 
cia ni relación cou las otras, tíj;iüduuos en ella ei- 
clusivamenle de todas las demás. Una iinaginacion 
ab^lraida solo á su propia idea atiende como si no 
hubiese otras. 

En ei caudal de las lenguas cultas ocupan un lu- 
gar preferente las palabras que representan ideas 
u/'siruclay, y siendo el objeto de las ciencias mas 
sublimes como las iiiatein¡iticas, la luetatisica y la 
filosotia, llaman tanto la atención de los que las es- 
tudian, que al'.síraidüs en ellas, son indiferentes y 
como insensibles á los ohjetos exteriores. La ubsirac- 
L'ioiij pues, es como un enajenamiento del hombre 
concentrado eu aquel objeto interior que le saca co- 
mo de si mismo. 

La palabra absíracto se usa cuando la aplicamos 
á las cosas . y abstraído cuando la referimos á las 
personas: decimos hacer uh^ti aici«n de una cosa, 
por prescindir de ella y de sus circunstancias. Ha- 
blamos eu ahslTa lo cuando lo hacemos con separa- 
ción de cualquiera otra ; y se dice ah^lnierse cuan- 
do nos enajenamos de los objetos sensibles para en- 
tregarnos á los intelectuales. Dase el dictado de abs- 
íraiiío al que se aparta del trato y comunicacioa de 
las gentes, ocupándose, por decirlo asi, en con\er- 
sacion consigo mismo y en la consideración de sus 
abslraccioneó. 

Quieren algunos que disfraccim sea diversión del 

fiensamiento de todo objeto exterior para atender á 
os interiores: de cuya definicioo resuítará que haya 
muy poca diferencia entre las dos palabras, sirvién- 
dose de una por otra, y por lo común de distraiao 
por absiraidii; se dice de nn hombre (jiie está í/iv- 
irniilo en el juego, en amore>, en vicios, por con- 
centrarse y por decirlo asi a/'.straerse en ello, dis- 
trayéndose de sus obligaciones. 

Pero según nuestro sentir hay verdadera y. nota- 
ble distinción entre ellas, pues la ab^íniccio» se 
ejerce de fuera adentro, y la dixli necio» al contra- 
no, de dentro afuera. Una pal.ibra casual nos lleva 
sin sentir de un otjeto e.\teiiorá otro interior ab't- 
trayentioitos enteramente en él; mas cuando halLm- 
douos en lo mas profundo de esta (ibfiracaou hiere 
ref)entina y profundamente nuestros sentidos cual- 
quier objeto exterior, nos i/istrue. Si estamos engol- 
fados en nuestro estudio solitario y de repente entra 
una persona 6 se hace un ruido fuerte, diremos que 
nos ha Ut^lranln y no que nos ha abs/ntnlo, pues 
seria lo contrario. En fiu, miramos á la ah-'^íraccion 
como una cosa habitual, como una ocupación conti- 
nua, como el resultado de un carácter particular, y 
así decimos, ese hombre está siempre aOsiraiiio en 
sus estudios ó meditaciones. La distracción es mo- 
mentánea y como pasajera, separándonos de la abs- 
tracción, á la que procuramos volver bien pronto. 

ABSTRIISO. II ABSTRACTO. —Una cosa nbs- 
trusa es difícil de comprender, porque depende 
de una serie de razonamientos, cuya relación nonos 
es posible descubrir ni seguii', y mucho nienos la 
totalidad que de ellos resulta, á pesar del esfuerzo 
extraordinario que nuestra inteligencia haga para 
lograrlo. 

Una cosa ahslracta es difícil de entender, porque 
dista macho de las ideas sensibles y comunes. Un 
tratado sobre el fntendimiento humano precisamente 
debe ser a/'sínicio. y ohslruaa diremos que es la 
ciencia de la geometría trascendental. 

Esta palabra abstrttifa no es muy común, pero sí 
castellana, y no hallamos otra que pueda susti- 
tuirla. 

ABSURDO. [I DESRAZONABLE. —Errores y 
extravagancias de la inteligencia humana significan 
estas y otras palabras semejantes. 

Lo que es absurdo es contrario al juicio, á la ra- 
zón y basta á la natural y común inteligencia. 

La palabra dr-srnzonuble por su misma fortnacion 
con la partícula privativa (/cv indica que la idea ó 
acción lejos de ser conforme á la razón, la es con- 
traria. Con esta tienen inmediata relación las dos 
palabras despiopósifo y dcMiltn", pnes este es una 
falta de tino ó acierto en las cosas que se ejecutan 
ó dicen, y aquel no hacerlo ó decirlo cuando con- 
viene. 

Absurdo se dice de las cosas y no de las personas, 
pues estas no pueden ser un ob^nrdo, como no se 
llamase asi el error en la creación de monstruos de 
la naturaleza : las demás palabras se usan hablando 
tauto de las cosas como de las oersonas. 



ABUNDANCIA. || COl'IA. || RK^UbZA. H 
FEltni.IUAD. II rtCUNDlDAD. — Algunos 
euiutdogistas dicen que ub^iidunciu viene de la par- 
tícula latina al/ y de la palaiira «»(/", porque los 
bjeues paiece que concui-reu á un punto como las 
olas del mar; pero e^to sería tal vez tom;u' el efecto 
por la causa, pues las olas en este caso concurren 
con iibiiudaiicia. 

La abundancia es la cu;tlid3d de una cosa que da 

fran cantidad de lo que i^u si contiene, por lo que 
ecimos la ubundaiuia de una fuente, de una mina, 
de una cantera, de unos frulo>, etc. 

Ci'iiia ó ' o¡ io\i'ladj como se decia en lo antiguo, 
se distingue de la abuudunciii en que esta cories- 
poiide á todos los estilos ó modos de habUir, y copia, 
no tan usado, al estilo familiar. La abaudancia in- 
dica relación á una cansa ó priucipio productor, y 
la cojia se refiei-e en especial al consumo. Abnn- 
d'ittU' y no copiosamcnU produce una tierra sus 
frut'js; Cí>/ííO*/í y no aban-ianlemniíe come y bebe 
una persona. También diremos que eladverbio uliiui- 
dnniniunle se aplica cou preferencia á objetos ma- 
yores, como laA cosechas ; y copioAami-nl <• solo se 
dice de los menores, ó mas bien de los considerados 
en pequeño, como lo que se ha consumido en una 
comida; y asidii'emos. « de tu viña te ha resultado 
grande ahundancía de vino, y con él regalas cnpio- 
soincnte á tus amigos, o CopiO'^umtvle es una pala- 
bra casi técnica en ciertos casos, cuando se trata de 
las funciones animales, y asi decimos que un enfer- 
mo se ha curado por medio de una copiosa evacua- 
ción de bilis. 

La ffcuiididad y la fertilidad son cualidades de 
una cosa que puede producir en gran cantidad; y 
asi diiemos; la f'ertHidail de una tierra y la f'Cun- 
didad de una hembra ; refiérese, pues.estaá laclase 
animal, y la otra á las co^as inanimadas, y no po- 
diiaiiios osar de la una por la otra, diciendo la y^- 
cnutiiilad de un cauípo y la^fcnUidad de una mujer. 
Como consecuencia y efecto de estas dos cualidades, 
tendremos á la abnudaiicia; la l'eríiiiduU de una 
tierra es la causa de una ubundunie cosecha. 

Refiriéndose la alntndancia á los medios de satis- 
facer nuestras necesidades, y suponiendo para ello 
una cantidad excesiva de cosas, veremos que se 
aplica principalmente á las de alimento y consumo, 
como los granos, el vino y las frutas. La rt/ucza se 
refiere á la piisesion de estas producciones, y supone 
lujo y superiluidades, y se aplica á otro género de 
bienes. La ub-'ndaiicia de una mina consiste en la 
cantidad de metal (¡ue sacamos de ella con relación 
á lÉuestras necesidades, y su riqueza en el conside- 
rable valor del metal que produce. El dinero metá- 
lico, las casas, las rentas y los demás muelles é in- 
muebles constituyen la li'iut-zaáe una persona ; y 
liabiijiditiicia, la fertilidad de la tierra, la industria 
y el trabajo de los hombres. La abundancia produce 
la riqueza', cuando se agota agüella, se acaba esta, 
pues qne la lifueza solo consiste en la abundancia 
de las producciones que consumimos. 

ACÁ. II Aí,)tl. — Estos dos adverbios de lugar 
uo pueden usarse indistintamente el uuo por el otro 
en la mayor parte de los casos. Si se habla del lu- 
g:ir de un modo absolmo, determinado, sin refe- 
rencia á ninjxun otro, entonces debemos usar del 
adverbio ii'jiit: acá tii^ne mayor extensión, pues ex- 
cluye á otro lugar determinado. 

Áq i vivo, aniti he vivido, aquí acudo indefecti- 
blemente; y en estos casos lijamos el lugar, lo te- 
nemos presente ó suponemos teuerlo y á veces po- 
seerlo, como cuando decimos : aquí tengo mis rique- 
zas, mi placer. 

¿ Dónde tienes el dinero? Aqui en este bolsillo. 
En ninguno de estos casos podría sustituirse el 
adverbio acá. 

Indistintamente se usa de ambos para indicar el 
lugar en donde se halla la persona que habla ; y 
debemos advertir que hay la misma proporción en- 
tre aqt y acá que en los doí.ad^erbiosopuestosqne 
! denotan lejanía de lugar, como ani y ullá. 

Guando al adverbio n ti preceden las preposiciones 
¡Ir, dr.\de, después, denotamos el tiempo presente, y 
decimos de ai/ir acá. 

Y usamos también del adverlio aqui cuando que- 
remos llamar la atención particakir hacia una cosa, 
y á veces hacer relación a lo sucedido ó dicho. De 
aíftii ha salido en este instante : de it'iui nacen to- 
das sus desgracias : a(i'<i te cojo, uqu't te mato : hé 
flí/íjí, por ve o/ííi, y en ninguno de estos casos se 
puede usar de acá. 

ACABAR. [1 CONCLUIR. — Acabar viene á 
significar que bien ó mal ha terminado una ope- 
ración por lo común de corta duración : acabó el tra- 
bajo de hoy, y seguirá mañana hasta que se ei'iiciuya 
enteraiuente la obra: por lo tanto el verbo Ci'rt(7zí¿r 
y el nombre concinstoa tienen mayor extensión en 



bii ñiguüicado que el de acabar : concluii y i,onciU' 
stim se usan para denotar que la obra emprendida 
sü ha terminado, completado y períeccionado del 
todo. Se co ni i litio el palacio, quiere decii que ae ha 
hecho enteramente con todas las obras pariiculaies 
que comprende; pues si no se pudie^e cuncluii- por 
cüal<|uiera causa, se díria no que se había conclui- 
do, sino que se habia parado, interrumpido. En el 
sentido, pues, de terminar del todo, dijü h. Quijote: 

o paga de luego sino por el Dios que nos rig^e, 

que os concluya y aniquile eu este punto. » 

Aunque uo sea muy perceptible en muchos casos 
la diierencía de los dos verbos, sin embargo en al- 
gunos lo es notable, no pudiendo usarse el uno por 
el otro. A'o acaba de lio er, no acaba dt llorar . 
concluiré mañana la obra que no pude acabar en la 
tarea de ayer : acaba de salir de casa, de volver, 
de entrar. 

En estos y otros casos no se hablaría con toda 
propiedad ufando del verbo concluir. 

ACCESIÓN. II CONSENTIMIENTO. — Con 
la palabra consentimiento indicamos, que nos parece 
Cunveniente el que se haga una cosa y por medio 
de la accesión no solo convenimos en ello, sino que 
nos adherimos á un contrato ñ obligación para to- 
mar parte eu sus ventajas ó desventajas. Un padre 
da su consentimiento para que su hijo se case, y este 
acto precede al de los esponsales : dos soberanos 
füiman un tratado de paz y otro tercero accede á él. 
El consentimiento ni supone ni excluye la partici- 
pación á las condiciones del tratado ; pero si la 
accesión, 

ACCIÓN. II ACTO. — La vida consiste eu el 
muvimieuto : efecto de ambas cosas es la acc:on : 
rcsuitalo de esta el acto : la acción es medio, el 
aclo fiu. Muchos y diversos grados admite la acción, 
pues ya es viva, ya lenta, ya vehemente, ya pau- 
sada; por lo tanto decimos, el calor, la frialdad, la 
tlojidad de la acción. Los actos pueden variarse, 
multiplicarse^ repetirse. 

Para especificar el acto decimos de qué cansa, 
principio 6 impulso provieue, como actos de virtud, 
de generosidad, o de equidad : por si misma se ca- 
lifica la acción uniéndola los adjetivos de virtuosa, 
generosa, magnánima; y añadimos qué la acción 
virtuosa tiene esta ó la otra cualidad ; asi como que 
el acto de viitud depende de esta o de la otra causa. 
La acción es apropiada para distinguir el género 
de la cosa que tiene el poder de hacer que se eje- 
cute : la masticación es la acción de maacar, y la 
natación ó nadadura la de nadar. El acto es la eje- 
cución actual de este ó del otro género de acc on. 
Pues que la acción especifica propiamente la cosa, 
también expresa la idea ó intención de hacerla; pero 
cumo el acto no enuncia mas que el movimiento 
físico, no lleva en si mas idea que la de oluar. Ha- 
blando con propiedad, diremos que nuestras accio- 
nes son solo nuestras obras ; y nuestros actos ope- 
raciones de nuestras lacultades. Mejurqne la palabra 
acto recibe la de acción, el designio, la intención y 
todas las calificaciones morales ; hacemos actos de 
íe, esperanza y caridad, y estos actos no son mas 
que emisiones, declaraciones de nuestros sentimien- 
tos y no positivas accioiiis Pecamos de pensamiento, 
palabra y obra : el pensamiento es un acto y la ac- 
ción una obra ; considerada esti como tal, la vienen 
á constituir diierentes actos ya sucesivos ya simul- 
táneos. Por lo tanto, una acción diamálica se divide 
en muchos actos : nn combate, que resulta de mu- 
chos actos hostiles, se llama una acción : en estilo 
judicial un acto no es mas que una notificación, 
una providencia; pero una acción es todo el litigio. 
No llamaremos al último acto de la vida, acción; 
pero sí el complemento de la acción vital. 

ACCIÓN. II BATALLA. \\ COMBATE.— Si 
la guerra no es propiamente el estado natural del 
hombre, porque uo podremos llamai' tal al que con 
mas ó menos extensión y fuerza propende á su des- 
trucción; por cierto, es su estado habitual y perma- 
nente, pues siempre hay guerras en el mundo, ya en 
unas ya en otras naciones, y á veces en casi todas, y 
mas son ios añi>s de guerra que los de paz, compo- 
niéndose la historia casi pxcíusivamente de los he- 
chos de armas, juzgándose por ellos del honor, 
grandeza y podeiio de los pueblos. 

Blas á estas sangrientas luchas se las dan dife- 
rentes nombres, seguí su importancia y los modos 
de veriücarse. 

Atendiendo al sentido y orden material de las 
palabras, diremos que la batalla es un combate casi 
siempre decisivo entre dos poderosos ejércitos, eje- 
cutado con varias evohfcioues. en que se manifiesta 
el talento del general, la inteligencia en el arte de 
la guerra, de los oticiales que se mueven á sus ór- 
denes, y el valor y disciplina de las tropas. La ba~ 
talla de Farsalia decidió la suerte de Roma; la d? 



AGE 



AGE 



AGO 



Guaáalele , de Kíipañaj la, de Hasling, de Ingia 
Ierra ; mas clasiticando los sinonimistas estas pala- 
bras, dicen que acción es género ; y Oa'alla y cóm- 
bale especies 

El combate es una acción particular ;í veces ni 
prevista ni dispuesta ; la batalla , se reíieie á las 
disposiciones y preparativos^ y combate á la accinu 
material de la lucua, y asi se dice : orden df ba- 
talla y ardor del comba'e. 

la palabra batalla no admite el sentido figurado^ 
mas SI el combate; por lo que no deciuios batalla 
de nuestras pasiones, ác nuestras inclinaciones, de 
nuestras ideas, sino combate : no tenemos ba'alla 
sino combate ó lucha interior de nuestros diversos 
afectos. 

ACCIONES. II HtCllOS. — La acción se refiere 
al actor, el hecho á la cosa ejecutada ; la primera 
palalira nos indica los deseos de aquel, á vec-^s los 
medios de que se vale, y por lo común si es único, 
si tiene poca ó mucha paite en ella, ó es el todo. 

Las acciones son por si buenas, malas, dudosas ó 
iudiferentes; observadas atentamente por el escru- 
tador juicioso be descubre si son francas y sinceras, 
ó disimuladas y falsas. Los hechos son verdaderos, 
verosímiles, dudosos ó fingidos. El tratar de las ac- 
ciones ^ pertenece á la moral : de los hechos, á la 
historia: cuando estos no son bien probados, se 
hallan alterados por el vulgo , trastornados según 
el interés del historiador, que intenta lisonjear, 
complacerj agradar al lector, no cuidándose de la 
verdad, m de la piobidad, son rigurosamente juz- 
gados por la severa critica. La moral inexorable, 
decide de las acciones hum.mas. las clasifica según 
sus grados de bondad ó maldad; impide su ejecu- 
ción; ejecutadas, si malas, las castiga; si buenas, 
las premia. 

ACCLEUAR. li APIlESUItAR. — Moviéndose 
los cuerpt's de diferentes modos, tíiTie que haber 
verbos que llamaremos de movimiento, que los in- 
diquen : á esta clase pertenecen acelerar, apresu- 
rar : ambos manifiestan actividad en la acción; 
pero no ejercida de un mismo modo. 

Acelerar, supone seguridad de lograr por su me- 
dio el íia : apresurar duda, incertidumbre, temor 
de errarlo. Si te aceleras le alcanzas, no va lejos; 

Íicro no te apresures, porque si te llegas á atrope- 
lar caer-is y todo Id ñas perdido. La aceleración 
suele ser dictada por la prudencia, la apresuracion 
es hija del airojo y aun de la temeridad : esta. el 
eiceso, corno el atropellamiento el fatal extremo. 

Dos generales persiguen á otro enemigo : el uno 
es valiente, pero ni precave ni reüeiiona; se atre- 
pella, se precipita; violenta sus marchas, fatiga y 
cansa su desordpnado ejército : neciamente contado 
cuenta vencer sin niníjuu auxilio ni apoyo ; quiere 
llevarse solo la gloria de la \ictoria. Llega cerca 
del contrario, apresura las operaciones, como apre- 
suró las marchas, y presenta batalla. 

El enemigo prudente y sagiz la acepta y aun le 
ha provocado a ella : el general que se apresuró en 
acometer, es completa y vergonzosamente vencido : 
todo lo pierde : se de^iiandan sus tropas. 

Su prudente compañero venia ya á marchas for- 
zadas, en buena or-fenanza de ^erra, previéndolo, 
calculándolo todo; hálldndose a cortas jomadas en- 
cuentra ¿ las fugitivas huestes^ las reúne, las re- 
anitna, restablece el orden, y juntándolas con las 
suyas, inspira á todas noble emulación : sin atro- 
peílíítse en nada , arriesgándose poco , acelerando 
sus movimientos, observando siempre al enemigo, 
admite el combate y vence. 

El Festina-lente de Horacio da la verdadera idea 
de la aceleración. Acelerarse con calma : no atre- 
pellarse apresurándose. 

La inteligencia, la prudencia, la actividad, el 
buen ojo militar hace todo en la guerra. Carlos V, 
de Alemania, unas veces procedía con lentitud, 
con calma; otras con rapidez acelerando sus ope- 
raciones : cou tan politicas y militares artes fué 
casi siempre vencedor, y fundó un poderoso y du- 
radero imperio. 

También venció á grandes enemigos Carlos XII 
de Suecia, y logró admirables triunfos; pero fué 
solo una exhalación, un rayo; sus arrojados hechos 
le perdieron; apresuró y foizó sus empresas, y mu- 
rió, aunque héroe, victima de sus enemigos. Car- 
los V fue sabio y prudente general : Carlos XII fre- 
nético y temerario héroe. 

ACEPCIÜ^i. H SIGMEICACION. || SEN- 
TIDO. — Para conocer el verdadero valor de las 
palabras es imÜ^pensable hacer escrupuloso análisis 
de ellas, consideearlas bajn todos sus aspectos, y 
atender á las ideas accesorias que las modificau : 
de este modo se podrá dar al lenguaje la exactitud 
gramatic.ll que le es indispensable para representar 
con exactitud y propiedad las ideas. 



Son muy varias las acepciones que cada uno da 
á las miomas palabras y las que se usan y admiten 
en cada ciencia. Si pudiera llegarse á hacer que 
cada palabra tuviese una y po^ltiva acepción , ce- 
sirian los principales motivos de disputa entre los 
hombres, que consisten en qne los unos no toman 
las mismas palabras en las mismas acepciones qne 
los otros ; pero para esto seria preciso que las len- 
guas no l.ts hubiese formado la necesidad, el capri- 
cho, la analogía y sobre todo la potencia imagina- 
tiva, sino la razón y el juicio; y seria menester 
también que los intereses y las pasiones humanas 
no impulsasen al hoiubre á dar a las palabras las 
acepciones que mas le acomodan y convienen. Esto 
no be verificará nunca, y las palabras continuarán 
teniendo mil acepciones^ que son otras tantas figu- 
ras que trastornan, confunden y contradicen el sen- 
tido natural y recto de ellas. 

Según estos principios diremos que muy á me- 
nudo tomamos las palabras, haciendo abstracción 
del objeto que representan, para considerarlas solo 
en los materiales elementos de que se componen ó 
para referirlas á la clase á que perteu'^cen. Sí ha- 
blando, V. g., de un libro elemental , decimos qne 
su objeto es establecer los principios de la ciencia 
á que pertenece, ecodéndolos con ínteligen-jia, 
disponiéndolos con orden y explicándolos con cla- 
ridad, daremos á conocerla primitiva y fundamen- 
tal idea de la palabia; pero si decimos que una 
palabra consta de tantas silabas, ó que un nombre 
es de este ó del otro género, tomaremos entonces 
la palabra como abstrayéndola de toda significación 
determinada, aunque no se la pueda considerar 
como tal palabra sm atribuirle una. 

Estos dos diferentes modos de considerar la sig- 
nificación priniíLíva de una palabra son acepciones 
diferentes ; porque la palabra se toma ó por sí 
misma, ó por la idea que representa. Si la primi- 
tiva signilicacion de la palabra es considerada di- 
recta y determinadamente, llamaremos formal á la 
acepción; pero si esta significación p.imitiva no es 
considerada asi. siuo que sea supuesta, que se haira 
abstracción de ella, fijándo-e solo Li atención en la 
materialidad de la voz, entonces se la toma en una 
acepción tnaíerial. En cuanto á los diferentes sen- 
tidas que se pueden dar á una palabra, la signifi- 
cación primitiva será mas bien el fundamento que 
el objeLu, á no ser gue la palabra se euiplee para 
signitic.'ir la causa o motivo porque la admitió el 
uso en cualquiera de las acepciones que tiene, y 
entonces diremos que se emplea la palabra en el 
sentido propio, como cuando decimos que el fuego 
quema y la luz alumbra; pues todas estas palabras 
conservan su significación primitiva sin sufrir alte- 
ración alguna, y por esta razón se hallan en su 
sentido propio. 

Pero si tomamos la palabra en otro sentido, la re- 
preselilamos bajo una figura que no la es natural, 
sino como prestada, y entonces decimos que está 
en un sentido figurado, sea cual se fuese el nombre 
que diésemos luego á esta figura particular, como 
cuandd decimos el fue >i o de ¡a expresión, la frial- 
dad de un discurso , los encantos de la hermosura. 
La correlación que se halla entre las ideas acceso- 
rias ó que se refieren unas á otras, es el funda- 
mento de los diversos sentidos figurados que se dan 
á las palabras. 

Los objetos que hieren nuestros sentidos, vienen 
casi siempre acompañados de diferentes circunstan- 
cias, por medio de las cuales designamos á los ob- 
jetos mismos, á quienes no hacen mas que acompa- 
ñar por decirlo así, ó á aquellos que estas circuns- 
tancias nos recuerdan ; por lo que sucede que las 
ideas accesorias designan á los objetos con mas 
circun--tanc¡as que las designarian ios nombres pro- 
pios de estos mismos objetos, representándonoslos 
con mayor eneigia o de un modo mas grato, como 
cuaudo su toma al signo por la cosa significada: á 
la causa por el efecto ; á la parte por el todo y los 
demás tropos. 

Como cualquiera de estas ideas no puede ser re- 
presentada sm recordar la otra, resulta que la ex- 
¡iresmu figurada es tan fácil de entender, como si 
nos valiésemos de la palabra propia, y auu por lo 
regulai es mas expresiva y agradable cuando se 
emplea de un modo conveniente, porque recuerda 
muchas imágenes, fija ó entretiene la imaginación, 
y deja conocer fácilmente su sentido. 

No hay casi palabra oTifc no se tome en algún sen- 
tid., figurado, distante Je su propia v primitiva sig- 
nificacmu, y precisamente las palabras mas comu- 
nes y u^uales son las que mas frecuentemente to- 
mamos en sentido figurado como cuerpo, alma, 
cielo, etc. 

Aunque cada palabra tenga por lo común en 
todo discurso uua aiguiiicaciou fija y una acepción 



determinada , puede no obstante tener un sentido 
indeterminado, pues que puede producir en nues- 
tra mente alguna incertidumbre sobre la precisa é 
individual determinación de los sugetos de que se 
habla y de los objetos que se designan. 

Se emplea una palabra en sentido actvo cuando 
mira al sugeto á que se refiere como principio de 
la acción indicada con esta palabra; y se emplea 
en sentido pasivo cuando al sugeto á quien se re- 
fiere se le considera como término de la impresión 
producida por la acción. Las palabras auxilio y so- 
corra se toman en sentido activo cuando se dice 
< mi auxilio ó tui socorro os ha sido útil; > perc 
estas mismas paLJ)ras tendrán sentido pasiio si se 
dice : c venid á mí auxilio, acudid á mi socorro, > 
pues entonces yo soy el término y no el principio 
de la acción. Diremos, pues, que Idi significación es 
la idea total representada como signo primitivo por 
una palabra, según la decisión unánime del uso : 
la acepción el modo particular con que considera- 
mos la significación primitiva en cualquiera frase : 
el sentido otra significación diferente de la primi- 
tiva enlazada con esta primera , siéndola análoga ó 
accesoria, é indicada no tanto por la palabra mis- 
ma, cuanto pT su construcción con las otras q^ue 
componen las frases, por lo que igualmente se dice 
el sentido de una palabra ó el sentido de una 
frase ; mas no podremos decir del mismo modo la 
significación ó la acepción de una frase. 

Por último, diremos que por acepción de palabras 
solemos dar ó entender el preferir su mejor sentido 
ó escoger las mas propias para el objeto, y por 
acepción de personas el preferir unas á otras. En- 
tendemos por sentido la inteligencia y perfecta sig- 
nitii_-acion de cualquiera [)roposÍciou, y por sentido 
común la luz natural de cualquier sugeto. 

ACOMODADO. II RICO. — El hombre acomo- 
dado tiene lo suficiente no solo para proporcionarse 
los medios de satisfacer las necesidades de la vida, 
sino también las comodidades y placeres modera- 
dos : vive con desahogo, se presenta con decencia, 
foza de diversiones moderadas : si no sobresale y 
rilla, jamas hace un papel desairado ú oscuro ; 
nadie le humilla , y su ostentaciou á nadie ofende. 

El hombre rico tiene medios de gastar en capri- 
chos, en cosas inútiles y superfinas j en lujo, en 
desórdenes, llegando á veces á arrumarse por su 
desarreglo. 

El hombre acomodado es econi'imico, y como no 
caiece de facultades, acomoda á ellas sus gastos, de 
modo que siempre le sobra y nunca le falta. No 
todos los hombres ricos son despilfarrados, pups 
aunque gasten con esplendor y opulencia, suelen 
saber taiubien acomodar sus gastos á sus medios, 
teniendo juntamente con su esplendor moderación 
y juicio. 

ACOMODAMIENTO. II ABUEGLO. || CON- 
CILIACIOIV. II COMPOSICIÓN. — La palabra 
acornó 'amiento poco usada en castellano en sentido 
recto se refiere á las cosas, como á un pleito, una 
disputa, un negocio; y supone tal equilitirio entre 
las ventajas y desventajas, que todos los que están 
desaveníaos hallan igual Deneficio, sin motivo de 
queja, en el acomo'lamiento. 

El arreijlo se entiende principalmente con las 

fiersonas, pues se supone que por ambas partes de 
os que disputan hay igual disposición á convenirse 
en sus opiniones ó acceder en sus pretensiones, ro,- 
sultando por efecto de esta recíproca disposición un 
estado de paz y de concordi.i, que excluye por en- 
tonces toda contestación. Se logra arreglar á dos 
personas que pl-itean, ó se evita el que entren en 
litigio. Se arregla un deudor con sus acreedores 
cuando estos consienten por su parte en no exigir 
rigurosamente la totalidad de sus créditos, ó le 
conceden plazos para ir pagando , y el deudor por 
su parte se obliga á nuevas condiciones. 

La conciliación es á un mismo tiempo la acción y 
el efecto de avenir voluntades y pareceres distintos, 
y se dirige por lo tanto á producir un acomoda- 
miento ó un arreglo, y supone por lo común la 
concurrencia de una t(?rcera persona que llamamos 
conciliador, que trabaja por avenir las partes, ma- 
nifestándoles las ventajas que ellos mismos no co- 
nocían, ó disminuyendo de su idea los beneficios 
que creiau deberles resultar. 

La composición es un arreglo ó un tratado por 
medio del cual una de las partes ó todas ellas de- 
sisten del todo ó parte de sus pretensiones. Tanto 
viene á valer composición como arreglo cuando se 
habla de deudores y acreedores; pero la primera 
palabra expresa mas particularmente la reciproca 
renuncia a las diferentes pretensiones, y la segunda 
la conveniencia ó concordancia que resulta de u^ ,. 
rea uncía. 



ACU 



ADA 



ADH 



La palahra composición es mas usada subre todo 
en asuntos judiciales, y asi decimos : juez arbitro 
ó componedor, amigable componedor, y usamos como 
un proverbio la frase deque muchos componedores 
descomponen un negocio. 

ACOPI All. II AMONTONAR. || ACUMUI.AII. 
— Acopiamos para subvenir á nuestras necesidades 
y podernos servir de lo acopiado ; y acumulamos lo 
que no nos hace falta por el pronto y queremos 
guardar. Adquirimos riquezas para gozar y vivir 
con conveuiencia, y las acumulamos para _ guar- 
darlas, temerosos de que nos falten. Nos utilizamos 
de lo que hemos acopiado, y guardamos en paraje 
conveniente lo que hemos acumulado. Cuando ha 
acopiado uno bastantes bienes, cuenta de seguro 
para tener con que vivir : cuando ha acumulado 
riquezas, puede emplearlas en cosas superiluas y de 
capricho. El acopio supone inteligencia, orden v 
economía: el acumularntento codicia, avaricia y á 
veces locura. 

Cuanto mas se tiene, mas se quiere acopiar y 
acumular. Lentamente adquiere el que acopia, y 
rápidamente y en excesivas cantidades el que acu- 
mula. 

Amontonar, según la misma palabra indica, es 
poner en cualquiera parte lo que se adquiere, sin 
orden ni concierto, formando una especie de montón 
en donde todo se halla confnndido. Se acopian los 
materiales para construir un edificio, y se acumulan 
allí cerca ; se amontonan las gavillas en las eras para 

aue no se desperramen, y se pueda hacer luego la 
ebida separación de los granos y frutos. 
ACOUTAK.II ACHICAR.— Términos que indi- 
can disminuir cualquier cuerpo. En sentido recto 
se dice acortar al disii]inuir la longitud ó la altura ; 
en sentido extensivo, abreviar todo lo que es dituso, 
como una oración, un discurso ó una conversación; 
y en reciproco acortarse ó mengxiar los dias y las 
noches. Se dice acortemos de razones cuando se 
quiere evitar una molesta ó inoportuna discusión. 
Achicar se dice de los cuerpos que tratamos de 
hacer mas pequeños en todas sus dimensiones y 
corresponde á apocar, disminuir ó encoger una 
cosa. Decimos también achcar cuando haMamos de 
cuerpos que nos parecen mas pequeuus cuanto mas 
nos alejamos de ellos. 

Decimos que los dias se acortan y no que se 
achican, que son cortos y no pequeños. 

ACKIMOINIA. II ACllITLD.— Estas dos pala- 
bras son propiamente cienliflcas, y vienen á desig- 
nar ambas una cualidad activa y mordicante. La 
primera solo se usa cuando se trata de los humores 
qne circulan en el cuerpo animado, y cuya presencia 
se conoce mas bien por los efectos que produce en 
las partes á que aflige que por ninguna otra dis- 
tinta sensación. . 
Mas usada es la palabra acritud, y se extiende a 
muchas mas cosas, pues es no solo una cualidad 
punzante, y por lo tanto principio activo de altera- 
ción en las partes vivas del cuerpo animal, sino 
que significa un sabor acerbo y agudo que el pala- 
dar distingue de los demás por la propia y parti- 
cular sensación que le causa la cosa acre. 

Ambas palabras suelen usarse, aunque pocas 
veces, tratando de cosas y efectos morales; y 
entonces mas de acritud qñe de acrimonia, pues 
e-ta casi siempre se emplea en sentido físico. 

ACTIVO. 11 EFICAZ. — El que ejecuta las 
cosas prouta y aceriadamente es activo ; merece el 
dictado de efica:-, si lo hace con inteligencia, pron- 
titud y desembarazo, celo y calor. Un oficial de 
ejército es activo cuando ejecuta sus marchas con la 
rapidez y orden que se le prescribe ; eficaz , 
cuando conduce sus tropas al enemigo y lucha con 
denuedo : el dependiente es actiio : el amante 
efica: : en el foro, en la tribuna, en el senado la 
actividad convence, admira; la eficacia domina y 
manda. 

Para lograr un fln no siempre basta con proceder 
aetii amenté, es menester afiadir al interés la efi- 
cacia. , , . . 

La actividad es pronta, la eficacia poderosa, 
fuerte y ardiente. 

ACUÁTIL. II ACUÁTICO. — El primer adje- 
tivo se aplica cuando se trata de las plantas qne 
están enteramente sumergidas en las aguas ó que 
vagan en su superficie. 

Acuático se dice, en la historia natural, hablando 
de las plantas y animales que buscan los parajes 
húmedos y pantanosos, en donde y en las aguas 
suelen habitar por lo común, porque en ellas 
hallan su natural elemento, el que les ís acomo- 
dado á su modo de vida. 

ACUltlULACIOlV. II AMONTONAMIENTO. Jl 
ACOPIO. — Amontonamiento iudica la acción de 
hacinar y poner muchas diosas unas sobre otras. 



estrechándolas para que ocupen menos espacio : a 
veces las cosas se amontonan, y el sentido de la 
palabra lo indica, sin orden ni arreglo alguno, 
< todo está confusamente amontonado, » se dice; y 
cuando las ideas acuden en gran número y por lo 
tanto se confunden, se suele decir se le amontonó, 
por se le confundió, la cabeza. 

La acumulación añade á la idea de amontima- 
miento la de plenitud y abundancia, que suele ir 
en aumento. 

El acopio supone talento, prudencia, previsión, 
y modelación : la hormiga, el castor y otios ani- 
males acopian en el verano para mantenerse en el 
invierno; y entre los hombies el precavido acopia 
en la mocedad, cuando puede trabajar, para mante- 
nerse cuando le pone inhábil la vejez. La acumu- 
lación supone por lo común incansable avaricia, 
pues por acumular ó atesorar se priva ;1 veces el 
hombre hasta de lo mas necesario, viviendo pobre 
por morir rico. Decimos acumular riquezas y aco- 
piar frutos : se hacen acopios para el tiempo de 
carestía, se acumulan riquezas tal vez para mal- 

tastarlas, y se amontonan géneros y efectos para 
eshacerse prontamente de ellos. 

ACUSAR. II DENUNCIAR. || DELATAR. || 
INCULPAR. — Ocupados muchos hombres por sa \ 
interés y sus desordenadas pasiones mas comun- 
mente en hacer daño que provecho á sus semejantes, 
no hay género de crimen que no sean capaces de 
cometer, y á veces los claros y manifiestos no son 
los mas temibles, sino los solapados y encubiertos 
con máscara de niodei-acion é indiferencia, si no ya 
de virtud. Á esta clase de malvados pertenecen por 
lo común las palabras de que vamos á tratar. 

La acusación puede ser á veces un acto bueno ; 
otras, y sontas mas comunes, de malevolencia; 
cuando la acusación es justa, fundada j; noble, el 
acusador acusa abierta y públicamente á los jueces 
inteutando una acción criminal de robo, asesi- 
nato, etc. De cualquier modo el dictado de acusa- 
dor no es lisonjero, ni se puede usar, sin precaución 
y ciertos circunloquios, en lenguaje delicado, 
puesto que pueda presentarse y realmente ser inte- 
resado en su propia seguridad, ó celoso de que se 
conserven los buenos principios que mantienen á la 
sociedad : entonces presenta pruebas evidentes e 
imparciales del crimen y persigue al acusado, como 
enemigo de la justicia, para que se le castigue y 
se eviten los daños que puede causar. Peio ¡cuántos 



acusadores h;iy que lo hacen con la dañada 

fida intención, no ' 

sino de dañar á un inoceute 



flda intención, no de evitar ó castigar 



aüa y 
un ai 



elíto, 



También puede ser celoso del bien público el 
denunciador, del cual en cuanto á opinión debe- 
remos decir lo mismo que del anterior. 

El denunciador manifiesta á los jueces un delito 
oculto sin presentar las pruebas, dejando este cargo 
á las partes interesadas , para que hagan lo que 
entienden les conviene ya para asegurarse de la 
verdad de la denunciación, ó para que eviten ó 
remedien el mal que se va á causar. La delación y 
la imputación siempre son acciones malas que 
deshonran á los que las ejecutan. Al delator solo le 
mueve la lualevolencia, la malvada intención de 
dañar ó el atractivo de una vil ganancia; nunca el 
bien público : el delator procede con disfraz y 
ocultándose entre tinieblas, < es un vil delator > 
es la frase con que se le designa : no puede decirse 
asi en general del acusador ni del denunciador. 

El imputador procede regularmente con malicia 
y con mala intención, aunque no tanta com() el 
delator. La imputación supone por lo menos lige- 
reza en el imputador, a veces equivocación ó 
engaño culpable é inculpable : la imputación supone 
que no hay verdad ni certidumbre : se imputa un 
crimen que no se ha cometido, ó unas circunstan- 
cias que no han concurrido. 

Comparando la acusación con la imputación vere- 
mos que aquella es un acto formal, una acción cri- 
minal, y esta solo una alegación ó una queja; la 
inmutación como que provoca, la acusacionpersigue: 
de aquella nos disculpamos, de la acusación tenemos 
qne justificaruos. La imputación puede recaer sobre 
¡altas, sobre cosas ligeras y ser una censura, una 
como reprensión ; pero en la acusación se trata 
de materias mas graves, de un vicio, de un crimen, 
de un defecto muy esencial. La acusación es clara, 
positiva, firme : la imputación puede ser arbi- 
traria, dudosa y por solo conjeturas ó sospechas. 

ADAGIO. II PROVEHIíIO. II SENTENCIA. — 
Atento siempre el hombre no solo á su conserva- 
ción sino á su conveniencia y bienestar, valién- 
dose de las luces de la inteligencia y de la razón, 
corroboradas con la observación y la experiencia, 
ha establecido ciertos principios de conducta y 
modo de vida tanto física como moral, que le son 



absolutamente necesarios de observar y sama- 
mente útiles, y que desde los mas remotos tiempos 
y en todas las naciones, aun las no muy civiliza- 
das, forman una como lengua uni\ersal, pues que 
se hallan en lodos los idiomas. Según su lenguaje 
y estilo, espíritu y objeto, toman estos principios 
los nombres de anaijios 6 refranes, proi erbios, 
sentencias, máximas, apotegmas. 

Escalígero deriva la palabra adagio de la prepo- 
sición sí y de agor, como que se dirige á signi- 
ficar cosa dilerente de la que se expresa, y en efecto 
en los adagios, nna es la que se dice y otia 
la que se quiere dar á entender; pues suel» 
aquella aparecer tan l'alsa cuanto esta es ver- 
dadera. En lansuaje común y usual se llama á 
los adagio» refranes: sin embargo parece que el 
adagio use de expresiones mas cultas y elevadas 
,iue el refrán, que se explica siempre con palabras 
comunes y aun bajas y groseras, propias solas del 
vulgo i^ue es quien mas las usa. 

Mucha analogía tiene cou el adagio el proverbio, 
nombre qne se deriva del griego paraemia, que 
víbue á ser, y aun en sentido de las sagradas 
letras, donde la voz y la cosa es muy usada, una 
sei'tencia común y trivial : otras muchas signifi- 
caciones, que poca analogía guardan con esta, 
tiene en ellas, como la de camión, sentencia os- 
cura, enigma , ó discurso figurado que eiicul re la 
verdaá, y también significa burla ó escarnio. 

Algunos autores definen al proierbio, diciendo 
que es un discurso conciso, juicioso é ingenioso, 
fundado sobre una larga experiencia que contiene 
por lo común algún consejo importante y útil, 
como son las máximas de los siete sabios de Grecia 
y los proi erbios de Salomón : la Sagrada Escri- 
tura está llena de estos adagios y proi erbios. 

La palabra sentencia sisnificaba en el latin anti- 
guo, cuanto teuenios en el aloia, cuanto pensamos; 
en cuyo sentido se empleaba también la palabra 
sensa, pues la de sensus se usaba solo tratando de 
los objetos corporales : después se extendió á las 
concepciones mentales. Diremos pues qne las sen- 
tencias son unos pensamientos ingeniosos y bri- 
llantes, que se ponen á menudo y no sin afectación 
á veces, al fin del periodo ; y así decimos pensa- 
mientos sentenciosos, estilo sentencioso y por lo 
tanto cortado, cual es el de Séneca, defecto notable 
en su repetición qne se advierte en algunos escri- 
tores def dia y tanto mas si estas sentencias son 
comunes, triviales y tal vez falsas. Muy semejante 
á la sentencia en su significación es el apotegma, 
dicho corto, enérgico é instructivo, de persona au- 
torizada por su profundo saber, tales son, entre 
otros, los apvtegmas de Plutarco. Sabido es que 
por relación ó coincidencia, pasa esta palabra íeii- 
tencia á toda resolución ó decisión de autoridad 
judicial ó política. . , 

Lo que en las ciencias y artes llamos principios 
como reglas ó fundamentos de ellas, se llaman 
máximas en política y en moral, pues vienen á ser 
preceptos de buena y sana doctrina, para condu- 
cirnos en las acciones de la vida de un modo justo 
y conveniente; y así decimos : sigo constante- 
mente tal ó cual máxima en todas mis acciones y 
procederes. 

La diferencia principal entre la máxima y el 
adagio cousiste en que aquella es una regla general 
para nuestras acciones, y el adagio una regla par- 
ticular. El adagio es una corta advertencia que 
nos puede guiar en algunas círcustancias ; y la 
máxima un precepto importante, que siempre debe 
servirnos de guia. Las máximas pueden ser falsas, 
pues que á menudo varían, cual las opiniones de 
los hombres; mas no asi los adaiiios. 

ADHEIIENTE. || ADICTO. || ANEXO.— Estas 
tres palabras pertenecen mas bien al languaje 
cíenlíñco, cortesano ó culto que al común : en 
este se le pueden sustituir muchas, pero en espe- 
cial unión, apego, inclinación, dependencia. Tra- 
taremos de las principales para poderlas conocer 
mejor y distinguirlas en su vario uso. 

La Adhesión física es la unión tuerte que la na- 
turaleza ha producido entre dos cuerpos ; la hiedra 
■idhiere al olmo, el muérdago á la encina, dira el 
botánico; porque estas plantas llamadas parásitas 
se adhieren, pegan y unen á la principal tan estre- 
cha é íntimamente, que vienen á formar como un 
tejido y continuación de ella, viviendo de chu- 
parla la savia hasta destruirla; muchas adhesiones 
hay de estas en el sentido moral, y icnánto no nos 
daña el demasiado apego de algunos falsos amigos I 
También decimos que las excrecencias o super- 
fluidades que se forman en las partes de los cner- 
P"S organizados son mas ó menos adherentes a 
ellos, según la naturaleza de estas partes y lo que 



profundizan sus rarces. 



6 



ADO 



ADU 



ADV 



En el sentido metafórico, y siguiendo la ana- 
Tona, se dice ailherirse 6 unirse a una secta, par- 
tiao, opinión, familia ó persona; y si la adhsion 
es intima la llamaremos ape<,o. 

Entendemos, pues, pur anherentes á los allegados 
T secuaces de ün bauto ó de una parcialidad. 
También se^W^iuAu a .kerentes, en lenguaje cumun, 
á los instrumentos ó cosas que se uectíaitau us;ir y 
añadir para lúruiar un iodo asi'adahie y perfecto. 
En estilo del Inro, de la dipluinacia, de la política 
se dice adherirse a na trat ido, á una liga, á una 
alianza, á una protesta, á uua sentencia, ó á una 
resolución. A veces la adherencia se toma por 
enlace ó relaciones de parentesco. 

La palabra ad/clo, aunque no deja de ser caste- 
llana, no eatá muy en uso entre los que se precian 
de puristas : los que estos llaman agrcjados á las 
embajadas, á los e-tados mayores, etc., suelen su- 
blimarlos los cultos con el dictado de adidos. I)e 
cualquier modo la siguificacioii de la palatjia 
adido, aunque cercana á la de adherente, diüere 
de tila. Para ser adicto, ó lo que vale tanto muy 
inclinado, aficionado, dedicado, entregado y fiel á 
una persona ó partido, no es absolutamente preciso 
adherirse á él : muchas causas pueden impedirlo. 
Adido no tiene sentido físico y ¿i solo figurado. 
Mas usada es y conocida en castellano la palabra 
anejo, que ^ígnIica una cosa unida, agregada, per- 
teneciente á otra, pero cuu dependencia de ella. 
También es moral la ^¡guificacIun de esta palabra, 
pues esta especie de agregación resulta ó de las ius- 
titnciones le^'ales, ó de la voluntad y de las conven- 
ciones particulaies. 

Se dice que por ley tal heredad está aneja á tal 
otra, ó á tal empleo ó cargo ; que por la in>titu- 
cion testamentaria de F., á tal mayorazgo están 
anejos estos ó los otros beneficios, estas ó las otras 
servidumbres. 

Por esta razón se llaman anejos ciertas parro- 
quias que están unidas ó dependientes de otra 
principal. 

ADMkTIR |¡ RLCIBIR.— AdMi///r iudica un 
acto de urbauidad por el que se franquea la puerta 
de la casa al que de un modo decoroso se presenta 
en ella : se admite al i^uai con agrado, al iufi^rior 
con lienevolencia; la admisión suele ser solicitada 
por parte del admitido, y concedida sin sujeción á 
correspondencia alguna. Unisugeto de elevada clase 
admite á su mesa, á su sociedad á uu interior de 
decoroso porte y estado, ai que nunca corresponde 
ni visita. El recibimiento es mas ceremonioso : 
supone cierta igualdad, consideración y correspon- 
dencia. Se recibe á uno en una corporación, en 
un cuerpo ilustre, en la corte; á la recepción pre- 
cede por lo común la admisión. La semana pasada 
se admitió á F. en la academia, mañana se verifica 
el acto de recepción. Estoy convidado eu casa de la 
duquesa para recibir á los nuvios. Se dice recibir y 
no admitir el grado de doctor. Para ser admitido 
basta ttiiier libre la entrada : h;iy casas donde uu 
traje de moda, uu tren magnifico son los mejores 
títulos para ser admitido, los dueños no se iniur- 
man de mas; siempre es un favor dispensado por 
éstos al rango, á la riijueza, á las gracias y iianí- 
lidades, y á veces al talento. 

El rt-cíbimiento es la completa posesión del 
puesto ó clase que debéis ocupar por el derecho 
que habéis adquirido con la admisión,, ya nazca 
este de privilegio de familia, estadq ó ciase, ya de 
gracia, ya de elección. 

Se admite con libertad al que nos agrada; no 
somos tan lihies en recibir, pues recibimos al que 
nos presentan nuestros amigos, y mas ^i son per- 
sonas á quienes debemos consiileracion y respeto. Por 
lo tanto sucede á menudo que á los que adndtimos 
tratemos con familiaridad, intimdad yconfiaza;á 
los que recibimos con ceremoniosa etiqueta. 

Los principes a'lmiten á su audiencia á los mi- 
nistros extranjeros, y reciben en su corte á los 
gramles señores de otras. 

El que qnieie disfrutar en su casa de una re- 
unión agradable y escogida, solo admite en ella 
geat«s afables, de chistosa y amena conversación; que 
para todo sirven y pai-a nada estorban, alejando con 
maña á los genios turbulentos, iracunilos, disputa- 
dores. Para ser uno recibido en lo que llamaríamos 
la alta ó superior sociedad no basta con haberse 
aiiquirido e.-timacion por su honradez y ciencia; 
se necesita ademas habilidades que admiren, gra- 
ciatí que encanten, y soltre todo riiiuezas y honores. 

Se rncibe lo que se ñus da, se admite lo que nos 
aoimoda; este acto es pues mas libre que aipiel. 
Admitió el empleo, recibió la orden, la paga. No 
pueden usarse una por otra estas eiprei^iones. 

Ano\i>R. ij i>o:vDi-:.- nonie pnr sí soln sin nin- 
guna preposición explica el lugar en abstracto : 



con ella adquiere exactitud, determinando su signi- 
ficación. 

Se dice : ¿ dónde estás? cuando se trata de un 
paraje positivo y como fijo. — Y vienen bien las 
respuestas. «Aquí en la sala; paseando en el jardín; 
sentado á la mesa.> 

Pero hablando de un lugar en movimiento, ó 
considerado eu él, qued;ir¡a ¡ludoso sin una partí- 
cula que lo determinase. <.¿Dúnde las? u — Podría 
responderse bien.— < En un coche. >— Añadiéndole 
¿Adonde? — Á palacio. — ¿Con quién?— Con un 
amigo. — ¿ Pur dónde '/ — Por la calle Mayor. 

¿De dónde vienes? — Uel prado. — En dónde 
vives ? — En la calle de Atocha. — Por dón^ie iré 
mas pronto.^— Por aquí. 

ADORAR, it UOARAR. || VENERAR. (| 
REVtUEACIAR. — Estas palabras representm, 
principalmente en su sentido mas propio, respeto y 
sumisión á Dios, los santos y las cosas santas, y el 
culto y obseijuío que se les tributi : eu sentido mas 
eitenso y menos propio, alcanza á personas eminen- 
tes en todo genero. 

Adoramos^ según el respectivo y debido culto, á 
Dios, á los santos, á sus imágeues, á sus reliquias, 
y también las honramos, veneramos y reverencia- 
mos; mas en rigor el sentido de adorar debe limi- 
tarse á la Divinidad : el de venerar y reierenciar 
se eitiende á cosas inferiores, aunque muy eleva- 
das en sí : veneramos á los soberanos por lo tanto, 
y á cuantos sobresalen en virtud, en ciencia y en 
poder : la veneración es un obsequio á la superio- 
lidid y al mérito : la referencia un acatamiento 
debido á estas mismas personas en todos los actos 
púlilicos y aun en el trato particular. De aquí los 
títulos anejos á las dignidades, como venerable, 
reverendo, reverendísimo, etc. 

Diremos, pues, que adoramos á Dios, honramos á 
los hombres de bien y rer erenciamos á las perso- 
nas ilustres. Manifestamos la arforuciOH por los sig- 
nos exteriores de la religión , honramos con las 
atenciones y miramientos, y reverenciamos con pa- 
labras y obras de grande eítimacíon y considera- 
ción. Los poetas, abu^ando de la palabra adorar en 
la exaltación de su fantasía, todo lo divinizan y 
adoran, en especial á las damas que elogian en sus 
versos; pero para que sean dignas de su lantástica 
adivinación, es preciso que estén ó se las suponga 
estar adornadas de toda.s las gracias y períeccioues. 
Con todo esto el m<iralista no puede aprobar tal 
exaltación de poético culto, porgue la sinrazón y el 
capricho suelen ser la inseparaide compañía de la 
hermosura. 

Merece ser honrada, venerada y reverenciada la 
virtud; pero ¿dónde se halla? aunque en todas 
partes debia encontrarse ; ¿quién la conoce? ¿quién 
la estima? ¿quiéu la respeta, v quién la defiende? 
ADULADOR. ¡I hlÜO\3Éno. — E\ adulador 
es bajo, vil . grosero : ndente con desvergüenza y 
descaro : dijéramos que tira oportuna ó inoportuna- 
mente al rosiro de quien adula sus serviles com- 
placencias. 

Mas fino, inteligente y delicado es el lisonjero, á 
veces verioico, nunca franco, pocas iugenuo. 

La adutficiones torpe y aun estúpida ; nace de un 
alma por lo común corrompida, malévola, mal in- 
tencionada : su objeto es convertir al enemigo en 
amigo, al amo en esclavo, á todos eu victimas de 
las mas detestables pasiones : tiene el rostro del 
asno, á veces el mirar de la vulpeja, siempre el 
corazón del tigre. 

Á las personas de delicada educación, de finos 
modales, de trato y conocimiento de mundo, fasti- 
dia y empalaga el adulador, y aun les es aborreci- 
ble ; le desprecian, se mofan de sus bajezas, huyen 
de su encuentro. Para ellos no es temible, pero sí 
para las personas de cortos alcances y mucha vani- 
dad, de grosero trato que presumen de tinos, de 
ningún conocimiento de hombres, creyendo tenerle 
grande; estos forman la herencia de los aihiia lores. 
El necio orgulloso es esclavo hasta deltouto picaro. 
No asi en la lisonja; i veces se lisonjea con la 
verdad y al que por nobles respetos merece elogios: 
por lo común se adula cou la mentira, y aí que 
solo merece vituperio; se lisonjea por complacer, pM 
agradar, á vecea por hacer bien : se adula pur en- 
gañ.ir, por dañar : se Isonjea al sabio de mérito; 
se iidula al tonto poderoso : se lisomea cnn palalu-as 
y mejur con obras, tamliien se anula; [lero eí adO' 
¡ador es avaro, al par que el diestro lisonjero, por 
su interés, generoso. Muchas veces tanto vale usar 
de la palabra Usan, a, como de adulucon, otras no; 
al que nos persuade y convence llámanos Hsomero, 
Qú adulador : lo ijue complace nue-^tras pasiuues, 
excita nuestros deseos, satisface nuestros gustos, 
alimenta nuestras felices esperaniaa. d«cÍmos que 
DOS lisonjea» 



I No, que nos adulamos, sino que nos lisonjeamos, 
decimos cuando afirmamos que haremos ó somos 
I capaces de hacer tal cosa, alcanzarla, lograrla, aun- 
que redunde en nursti a alabanza. 

ARVEUSARIÜ. lllilVAL. II EMULO. || A!V- 
TA(ioM,->TA. II 4¡ALMIG0, — Mas común es 
entre los hombres la opüaiciou y contrariedad de 
los unos con los otros, ^jue la conformidad y amis- 
tad entre todos; porque son infinitos y encoutradus 
sus intereses, y sus miserables pasiones pugnan 
unas contra otras. Siguiendo los grados de aum-nto 
en las palabras que indican estas contrariedades, 
hablaremos de ellas. 

La palabra adiersario se compone de la prepo- 
sición latina ad, cerca, y da lersus participio de 
lerto, vuelto, mudado, pues el adversario es en 
efecto aquel que se ha vuelto coutra nosotros, ya 
sea siguiendo diferente opinión ó partido, ó pug- 
nando por intereses que nos dañan. 

Aunque el ínteres, el amor propio y el orgullo 
suelen ser por lo común las causas de que muchos 
se hagan adiersartos nuestros, pueden ser estos, y 
por lo común lo son, amigos bajo de otros respetos, 
o indiferentes y aun nobles, generosos v delicados; 
mas no es asi el enemiyo. Aquel puede favorecernos 
en todo aquello que no pi rteaece á la disputa, ni a la 
contradicción; mas no así el enemigo, A cual siempre 
daña, pues por eso y para eso lo es : el enemiyo supona 
, odio; el adversario no. Por analogía llámanos ad- 
: lersa suerte á la que nos es contraria, y suceso 
I ad ersu di que nos daña y conduce á ia desdicha y 
al inf rtunio ; y de aquí vienen las palabras d6 
' ad ersidad, ad ersameníe, y las anti^-uas de adver- 
sador, adi ersado y adversar que indican no menos 
esta oposición. 

Hit al, siguiendo la gradación de fuerza en ia 
oposición, hallaremos que es mayor en el mal que 
en el adversario. La rii alidad supone mayor y mas 
tenaz opocision que la adi ersatidad , si se nos pu- 
diestí suü'ir decirlo así : no hay propiamente riva- 
lidad en las opiniones é ideas, mas sí eu las doc- 
trinas y partidos, intereses é inclinaciones, en el 
tulento, en el mérito, en las riquezas, en el lujo, 
en el esplendor y sobre todo en los empleos, hono- 
res y gracias; hay muchos riíales eu amor, y tam- 
bién se rivaliza en acciones viituosas cumo en la 
generosidad, en el valor y en el heroísmo : aun 
podemos hallar cierta rii alidad en los animales, 
pues que se les advierte emulación. Esta consiste 
en imitar y aun exceder las acciones de otros, va- 
liéndose ya de bu'-nos, ya de malos medius. 

Entre los antiguos ia palabra grie^ja aníagonises, 
ó antagonista en latín y en las lenguas que de él 
se derivan, significaba un enemigo armado y ea 
acto de batalla j pues antanonises se compone de la 
preposición an//, contra,y agonizomay, yocomlato; 
mas posteriormente fué limitándose á combates mas 
nobles y menos sangrientos como los literarios, los 
de juegos y ejercicios, y los partidos que no salen 
de la línea de la nobleza, gallardía, generosidad y 
ana heroísmo : es una riíaiidad mas distinguida y 
elevada : decimos, v. g., que los newtoníanos soft 
antagonistas de los cartesianos en sus sistemas, 
los ingleses y los franceses en sus adelanUimientos 
cientíbcosé industríales; los soberanusen sugrandeza 
y esplendor ; los amantes en obseijuios á una dama» 

Vemos, pues, que todas las palabras anteriores 
lejos de excluir las ideas de nobleza y urbani- 
dad, las suponen : solo los hombres de mérito 
tienen adiersuños, y las almas gr.indes rivales y 
antaijonistas : el vulgo no conoce mas que enemigos. 

La enemistad es por lo común una pasión si no 
siempre baja, á lo menos rencorosa, tenaz, repren- 
sible, sobre todo, en sus excesos: supone graves 
injufias recibidas, si es fundada; pero iie cuiuquiíir 
modo hace que siempre recelemos del enemigo, aun 
después de reconciliados con él, porque suele ser 
traidor; la enemistad conduce á las mas crueles 
acciones y á los mas bajos y viles procederes. 

Esta palabra tiene mucha extensión en sus signi- 
ficados, pues abraza á las personas, á las acciones 
y á todas las cosas que nos pueden desagradar, con- 
trariar, dañar. Somos enemigos de ciertos maniaj'es, 
de ciertos placeres, de cieñas costumbres : lo s<i- 
mos unas veces por nuestras naturales inclinacio- 
nes, por motivos fundados, por razón y también por 
caprichos y preocupaciones : se extiende la enemis- 
tad eu su signitícacion motafórica á todos los 
seres organizados y sensibles, á los anímales, 
á las plantas. En lo antiguo se usaban muchas 
mas palabras que en lo moderno para indicar 
las cualidades y circunstancias de la enemistad, 
como eran las de enem-nablc, enemigublemente, ene- 
fíiii/adero, por el hombre propenso á discordias, 
enemigar, enemigarse, que rigurosamente no e» lo 
misuio que lo que ahora se dice enemistar. 



AFA 

ADVERSATIVAS. || DISYUNTIVAS. - 

Estas dos palabras que consideramos, coiiipuestas 
de las prepüsioioues oií y ilis y de los radica,^ ler- 
tátil y junio forman dos partículas á las que da- 
mos el nombre de udiersaliías y disyuíUÍ! as. 

La primera significa oposición, cualrariedad a 
una cosa, y la segunda desunión, disyunción, sepa- 
ración de otra. 

La diferencia entre ellas consiste en que en las 
aáiersLitii as puede subsistir su primer sentido siu 
el segundo, que se lo opone , mas eu las disyunti- 
tas, la mente considera juntos á los dos miembros 
de la frise; y después los divide piesenlando su 
alternativa, separándolos y distinguiéndolos. 

En esta frase "la tortuna puede privarme de mis 
bienes, mas no de la virtud> el primer miembro 
puede subsistir sin el segundo : en estas otras 
frases < i vamos arrib a ó abajo? ¿ aquel es Pedro ó 
Juan? ¿es bueno ó malo aquel sugeto? > el pri- 
mero de estos miembros no puede subsistir sin el 
segundo, pues el hacerlo seria trastornar entera- 
mente la proposición : de consiguiente diremos que 
la adversatiia limita ó contradice, y la itistfimUia 
separa ó divide. 

ADVERTENCIA. || OPINIÓN. || CONSEJO. 
— Estas tres palabras se toman por lo general en 
buen sentido, pues significan procederes beuéücos 
de una persona con otra. 

Un aüiigo nos adiierle de cualiiniera cosa ó cir- 
cunstancia que nos puede ser útil conocerla ó sa- 
berla, ó llama nuestra atención hacia cualquier 
objeto, en el que no h.diiamos reparado. 

La opinión es manifestu- nuestro modo de pensar 
en un negocio para ilustrar la inteligencia ó indi- 
car el modo como creemos que un sugeto deba 
condurcirse. 

Aumiue el consejo coincide con la opinión, tiene 
mas fuerza, pues parece llevar en si la idea del 
precepto ó mando 

Con poco que hayamos tratado á una persona y 
la estimemos, podemos y aun debemos hacerla 
adierlencia, que le ha de ser útil : un trato mas 
intimo y de mayor interés nos permite mani:estar 
nuestra opinión, .i un amigo que amamos de veras; 
á un hijo ó dependiente nuestro tenemos obliga- 
ción de darle un consejo prudente y que le evite 
cual'iiiier daño. Supone pues el consejo idea de 
superioridad ya sea en talento ó ya en clase. 

Se hacen ndiertenciiis paia qiie se lije la aten- 
ción; se manifiesta la opinión con el objeto de que 
se siga, y se dan cons¡jOS para mover y obligar á 
gue se proceda según entendemos es conveniente. 
tos padres dan coiiscjas i sus hijos ; los autores 
ponen adieríencias al trente de sus obras. Sin 
embargo las ad' ertencias yaeita ser inútiles ó su- 
pcrfluas, las opiniones falsas, infundadas ó dañosas, 
y los consejos interesados. Se hacen iidrerteneias 
hasta á los superiores : entre ¡guales, en tribunales, 
en juntas, en reuniones cada uno presenta su vpi- 
nion ; al soberano mismo le dan consejos sus mi- 
nistros y los consejeros creados para esto mismo. 

AVERTENCIA. |1 PREVENCIÓN.— £1 sujeto 
inferior en clase ó mérito expone con respeto y 
sumisión al superior, aiuello que le conviene saber 
ó hacer cuando i este le es de sumo interés. 

El igual á nosotros, que nos estima, nos ainierte 
de nuestros defectos, faltas, errores; lo que en- 
tiende debemo.s ó no hacer, evitar ó buscar ; nos 
aconseja aunijue nos mortifiípe. 

El superior manda y en términos suaves y deli- 
cados preriene á los interiores lo que deben hacer. 
Señor, dice el criado al amo, no puedo menos 
de tomarme la libertad de manifestar á Vd. que si 
hace-tai ó cual cosa le será muy perjudicial; y le 
da las razones poderosas que tiene. 

Cuanto mas amigos, mas claros, dice uno á otro 
Igual; tus defectos son muy notalles y perjudicia- 
les, y porque te estimo, no puedo menos de adver- 
arle que si no los corriges, tu perdición es inevi- 
table. 

El jefe de la oficina llama aparte a! oficial de la 
mesa y le dice : por bondad y evitar á Vd. bochor- 
nos ó daños, he disimulado sus graves y repetidas 
faltas, contentándome con ligeras indicaciones para 
que Vd. me entendiese y se enmenda-e, pero ya 
ni puedo, ni debo sufrir mas, y asiprevfnjo á Vd. 
qoe si no muda de conducta me veré precisado á 
dar cuenta á la superioridad. 

AFABILIDAD. |1 ATENCIÓN. || URBANI- 
DAD. II AGAS.AJO.— Todas estas eipresiones in- 
dican pensamientos y acciones de bondad y agrado 
con nuestros semejantes, dictadas por la natm-aleza 
V debidas en gran parte á la educación y i los pro- 
gresos de la civilización que perfeccionan nuestras 
buenas cualidades, disminuyen ó disfrazan nues- 
tros vicios y defectos. 



AFE 



Un hombre afaUe lo es con todas las personas, 
maniteslando su afabilidad no solo con palabras 
dulces y cariñosas, sino con acciones que com]. lacen 
y di'jan contentos á cuantos trata. La afiibilidiid se 
ostenta principalmente con los iguales y mas aun 
con los inferiores. 

La atención es debida á todos ; pero debe acomo- 
darse á las clases y jerarquías y a las circunstan- 
cias de tiempo y lugar, pues lo que es atención con 
un inferior, podría ser indiferencia ó frialdad con 
un igual y grosería con un superior; la atención no 
nos permite hacer ni decir nada que pueda des- 
agradar á los demás; al contrario, nos obliga á com- 
placerlos. 

La urbanidad consiste en observar v guai-dar 
ciertas reglas de convención social acomodadas á los 
tiempos y parajes y á la condición y clase de las 
personas, que indiquen las consideraciones que con 
ellas debemos tener : es un cuidado minucioso eu 
cumplir con estas reglas para proceder y eipres;irse 
de un modo que no demos motivo de queja, sino 
al contrario de alabanza por nuestra exactitud y 
delicadeza en cumplirlas. 

La afabilidad y la arbanidad se manifiestan en 
actos exteriores y positivos nacidos de los senti- 
mientos interiores que tenemos ó fingimos tener.^ 
La afaliiliddüeae por objeto captarse la esti- 
mación y confianza , y adquirirse partidarios por 
medio de una esperanza mas ó menos fundada. La 
urbanidad se dirige á complacer con los modales, 
palabras y atenciones que guardamos con los demás 
para tenerlos contentos. 

El aaasajo consiste no solo en los modales finos, 
y en llis palabras lisonjeras; sino también en las 
acciones con que procuramos obsequiar á aquellos 
cuya amistid y gratitud nos conviene adquirir. 
Recibimos con afabilidad á nuestros inferiores que 
solicitan cualquier favor nuestro : ayasujanios á 
nuestros iguales para estrechar nuestras relaciones 
con ellos, y á nuestros superiores para tenerlos 
propicios en todo aquello en que nos pueden 
servir. 

AFECTACIÓN. || PRESUNCIÓN. — Estos dos 
sustantivos indican un modo de ser y mas aun de 
obrar contrario al de la naturaleza : es una ficción, 
un engaño para aparecer lo que no somos, ni tal 
vez podemos ser. Afeclacion viene de una palabra 
latina (affectare) iiue significa buscar una cosa minu- 
ciosa y cuidadosamente, y se entiende por el cuidado 
y esmero que ponemos en hallar eipresiones,tonos y 
modales, que no son nuestros, sino de personas que 
consideramos notables ó superiores , para de este 
modo diferenciarnos y ensalzarnos sobre el común 
de las gentes. 

En todo puede hallarse y se halla la afectación, 
pues es mviy general, y pocos hayiine mas ó luénos 
no incurran en este defecto. Siendo pobres affcia- 
mos riquezas por nuestro ínteres ó vanidad ; débiles, 
fuerzas; ignorantes, talento: hállase la aficiacim 
en el lenguaje, en el estilo, en las ideas, y sobre 
todo en la conversación; pocas veces la naturalidad 
y sencillez, eu las que está el mérito. 

La ufectaciiin viene á ser un término relativo y 
comparativo, pues lo que es afi'tiacion en una per- 
sona respecto á su carácter y modo de vida, no lo 
es en otra diferente ó contraria; y así vemos con 
frecuencia que la amabilidad es afectada ó fingida 
en un colérico, asi como la prodigalidad en un 
avaro. 

El modo de andar y presentarse de un pisaverde 
ó de un maestro de baile suele ser enteramente nf r- 
lailo, porque se diferencia de un modo notatde 
del común de las gentes, y por lo tanto nos parece 
estudiado y ejecutado con cierto amaneramiento y 
esmero ridículo, aunque por el largo hábito que 
estas personas han contraído les sea ya natural y 
común. 

Discursos elevados y filosóficos son afectados en 
aquellos que bajos aduladores con los grandes, la 
echan muy de líló. otos con sus iguales. 

Los hombres ceremoniosos son por lo común 
afeclaios, sobre todo cuando sus cumplimientos se 
emplean en personas de mediana clase, pues no es 
probable que tengan los buenos y delicados pensa- 
mientos, que expresan con sus palabras y modales, 
ademas de que fas señales exteriores de su rostro 
están desmintiendo sus palabras, por lo que no ha- 
rían mal en ponerse una máscara cuando hablan. 

La presiini-ioa tiene bastante parentesco con la 
aíi'rtacion, y poiiríamos decir que esta consiste en 
las ¡deas, en los sentimientos y en la delicadeza de 
gusto que se finge, y que aquella se muestra mas 
en los modales y en las ligeras gracias con que se 
procura agradar". Se deduce que la affi-iacinn es 
contraria a la sencillez, pues que propende á enga- 
ñar, y aun cuando fuese natural siempre nos des- 



AFE 7 

agradaría por el cuidado que pone la gente afectada 
eu osteutiir las ventajas que sobre los demás entiende 
tener. 

Li p esiinrion siempre es contraria á la naturali- 
dad, y aunque se disimula mas en las mujeres que 
eu los hombres, de>a2rada en especial á las perso- 
nas sencillas y naturales. Por bella y graciosa que 
sea una mujer presumida siempre nos ía^tidiará su 
necia uresutuiun, aunque coa maña procure disi- 
mularía. 

ül que se violenta por parecer ingenioso y chis- 
toso cae en la nfi^ií ación, así como en \3. presunción 
el que hace gala de delicado , de fino y cortesano, 
pretendiendo serlo. 

Las personas de corazón y trato franco no es fácil 
cai.^an ea estos dos defectos, asi como los que los 
tieiien casi nunca los pierden. Se liacen notables lo 
raro y lo afectado, con esta diferencia, que la tifec- 
íaciiin siempre es adquirida y la rareza muchas ve- 
ces natural, pues es un resultado del genio y ca- 
rácter con que nacemos. 

Los jóvenes á la moda en todos tiempos son afeC' 
íiiiios, asi como prcMimnlas las damas que entien- 
den de lo que elía.s llaman el lono ó la í>o iediid. 

Las z:ilaiiicrías, las modas, los melindres, los den- 
gues y remilgos son los campaneros inseparables ile 
li. pr¿uiniivn, como las gracias lo eran de Vémis; 
pues mal sostendría siu ellas su papel uua jóvea 
presumida. 

AFtXTO. II APEGO. II IXCLI\ACION. 1| 
ArASIOXAMIli.MTO. H UEl\DIMIE\TO. jj SA- 
CRIFICIO. — Considerada la naturaleza por de- 
cirlo asi con relación á nuestros sociales intereses, 
ha puesto el bien al lado del mal para disminuiré! 
daño de nuestras malas inclinaciones y los ímpetus 
de nuestra ferocidad ; ha dotado al mismo tiempo 
al corazón humano de compasión^ de ternura, de 
benevolencia, nacidas todas estas útiles cualidades, 
sea de la debilidad y flaqueza -«iel alma, como soste- 
nían los estoicos, ó del natural afecto á nuestros se- 
mejantes. 

Éstas benéficas disposiciones se designan con di- 
ferentes nombres que indican sus vanos grados y 
su mayor ó menor intensidad. 

La i'tdinaiion es la disposición que tenemos en 
el corazón á tomar afición á cosas o personas, que 
nos agradan ^or ciertas cualidades que hallamos en 
ellas: si continúa la inclinucion liega bien pronto a 
ser affcfo ; de lo que se ve que este es uua inclina^ 
cion continuada, y que se hace como permanente y 
aun necesaria, pues todo esto abraza la palabra 
iifectv. La iniiiiificion limitada á si misma es solo 
una disposición al a[ecío que haciéndose conti- 
nuado llega á ser un apego muy fuerte. 

Trasladada esta palabra afecto al lenguaje médico 
significa adolecer de alguna incomodidad ó enferme- 
dad, á la que somos propensos por nuestra organi- 
zación, y que por lo mismo se suele hacer continua 
y aun incurable, como los 'ijevlos de pecho, de es- 
corbuto, de melancolía, etc. 

Llamarnos afreto á una cosa cuando con ardor y 
eficacia nos dedicamos á ella; cuando nos interesa- 
mos por una persona decimos que somos aficfos i 
ella, y cualquiera eipresion de cariño la denomina- 
mos afecto- querer afeclüOMniunte, así como aficiO' 
iiaiíamenle cuando nos inclinamos á un placer. 
Afecliio.'íO equivale á amoroso, cariñoso. 

En su sentido recto ternura ó terneza es la cali- 
dad de los cuerpos nuevos ó jóvenes, que les da 
blandura, flexibilidad, delicadeza. 

En el sentido figurado lo extendemos á los que 
parecen gozar de estas cualidades y entonces com- 
prende la palabra cariño, y se une con la de afecto 
y de amor, y decimos tener afecto tierno, amar tier- 
namente. La t' niura es pues un sentimiento pro- 
fundo y duradero, que tiene su origen en nuestro 
CL'Tazon. 

La afición que solo es un sentimiento ligero y á 
^eces fugaz, que proviene del gusto, del capricho ó 
de las circimstaucias, se diferencia de la amistad 
que de ella puede resultar, en que esta es una ín- 
Liiniicion de nuestro corazón, un apego vivo y du- 
radero formado por el conocimiento que adquirimos 
de la índole y efe las buenas circiinstanciai de las 
personas, á quienes nos hemos aficionado. 

Cuando nos allegamos, aplicamos y como que nos 
asimos á ciertas personas y partidos, y nos dejamos 
domiuar de ciertas pasiones ; decimos que tenemos 
adhesión, ufjcqo á ellas. 

En virtud del afectónos apegamos alas personas 
ó a las cosas; pues no puede haber mas o menos 
apeoo sin que naya afecto; pero aquel expresa ua 
sentimiento mas fuerte en el corazón . tenemos afecto 
i una persona qne vemos á menudo y nos agrada ; 
pero no contraemos con ella relaciones ó compro 
misos íntimos, pues entonces ya es apego quo 



AFL 



AFO 



AGA 



veces miele hacerse invencible. En virtud de nues- 
tro amor estamos intimamente apegados i nuestra 
mujer y á nuestros hijos; tenemos grande apeyo al 
estudio, al cumplimiento de nuestras obligacioaes, 
y muy comunmente á nuestros placeres, que con el 
tiempo han llegado á convertirse en hábitos inven- 
cibles. 

Estas inclinaciones nos conducen á otraí mayores 
que llegan enteramente á dominarnos y esclavizar- 
nos, tales son el afa-'ionam/t'nto ó vasiun, y t\reit- 
tíimienío: en virtud de ellas nos dedicamos al obse- 
quio y servicio de otra persona, nos consagramos á 
ella hasta darla culto ó especie de tal, á entregarla 
nuestra voluntad, á emplear en su servicio nuestras 
acciones, llegando á sacrificar hasta nuestra propia 
vida. Asi decimos consagrarse al servicio de Dios, 
del soberano, de la patria, y sacrificar la vida en 
sn obsequio y beneficio : apasionarse al estudio : 
rendirse .'í la amistad, al amor. 

AFINIDAD. II CO^SA^GIJII^JIDAD. ¡I AGRE- 
GACIÓN. II ALIANZA. 11 RELACIÓN. || 
ATRACCIÓN. — Tanto en lo fisico como en lo 
moral tienen los cuerpos conexión mas ó menos 
inmediata entre sí : no hay ninguno enteramente ais- 
lado : en la escala de los seres forman todos una 
como cadena, cuyos eslabones van desde lo mas 
ínfimo hasta lo mas superior, desde el polvo mas 
despreciable hasta la mas admirable y sublime cria- 
tura, cual es el hombre. Por medio de este enlace se 
mantiene el orden del universo, y limitándonos á 
la especie humana y sus relaciones, que es ahora 
nuestro objeto, recorremos su mayor ó menor inti- 
midad en estas palabras. 

Afinidad significa la composición de un cuerpo 
nuevo, que consta de las partes constituyentes de 
dos ó mas que difieren entre si: en lenguaje quí- 
mico, la fuerza con que las moléculas de los cuer- 
pos se atraen unas á otras. 

En sentido figurado la afinidad indica la analogía 
6 semejanza t|ue unas cosas tienen con otras. En 
las relaciones de familia, se W&m^ afinidad ;i sm pro- 
ximidad ó parentesco , y le llamamos de afinidad 
cnando viene á contraerse por el matrimonio entre el 
Taron y los parientes de la mujer; á diferencia de 
la consanguininad que trae origen de las relaciones 
que llamamos de sangre, por resultar de la natural 
nniou y parentesco de varias personas que descien- 
den de una misma raiz ó tronco. 

La agrefiacinti ó mas bien incorporación, es la 
unión de muchas partes semeiantPs de un cuerpo, 
sin descomponerle; por lo cual llamamos á e^las 
partes integrantes^ y así llamamos eu sentido recto, 
agregación á muchos montones de trigo, que se 
juntan en uno. A toda reunión de cosas ó personas 
la llamamos agregación ó congregación, como á las 
reuniones de familias y de sugetos, que tienen unos 
mismos intereses ó unas mismas inclinaciones. 

A la referencia, respeto, semejanza, conformidad, 
dependencia de unas cosas con otras, la llamaremos 
relación por la que tienen entre sí mas ó menos 
íntima; pero la afinidad es siempre cercana. Cuando 
comparamos á todas las criaturas, hallamos relacio- 
nes mayores ó menores entre ellas ; pero la a/imdad 
las tiene tan estrechas que las cosas capaces de ella 
llegan á unirse y confundirse en una. Los padres y 
los hijos tienen relaciones ; el hierro y el imán afi- 
nidades. 

Guando estas relaciones se estrechan y hacen mas 
importantes las llamamos alianza, la que regular- 
mente se entiende entre soberanos y naciones, y 
entre partidos y grandes corporaciones, y entre fami- 
lias de la mas superior jerarijuia • uniones todas que 
interasan sobreiuanera á los pueblos, y que pueden 
decidir de su suerte. Así decimos la alianza entre 
Francia y España, entre el senado y el pueblo, entre 
la familia de los Laras y de los Haros. Las conexio- 
nes de sangre y parentesco se llaman también en 
sentido noble y elevado alianzas por lo que gran- 
demente importan. 

Atendiendo á estas relaciones de familia y com- 
parando las dos palabras afinidad y alian zn, vere- 
mos que esta solo se usa cuando hablamos de las 
relaciones entre parientes cercanos, y afinidad la de 
los remotos. Se verifica 'lianza entre padre y 
madre, entre tios y tías; las relaciones entre pri- 
mos serán afinidades. 

La atracción es la mas ó menos fuerte adheren- 
cia de las moléculas de los cuerpos, y los químicos 
la dan el nombre de nfinidad. Esta solo se ejerce 
entre las moléculas de los cuerpos, y es como nula 
entre sus masas, pues la ley que propende á reunir 
estas se llama atracción. 

AFLICCIÓN. II IRISTEZA. 1| PENA. || EN- 
FADO. — La ímíí^'ü es duradera, la a/liccion 
pasajera; aquella puede nacer de nuestro tempera- 
mento, y aumentarse ó disminuirse por las circum- 



tancias; esta proviene solo de nuestros mfortunios, 
con ellos empieza y con ellos acaba, y sino el 
tiempo la debilita y disipa. La tristeza, que nos es 
natural, diticihnente se cura, y mas si nuestro 
genero de vida ó nuestras desgracias, como es muy 
común, la sostienen ó aumentan : entonces insen- 
siblemente caemos en la melancolía, que nace de 
la debilidad del ánimo, y es apetitosa, como dice 
Montagne: la melancolía pasa á ser demencia; de 
esta se cae en la desesperación , y por último el 
hombre irreligioso se precipita en el suicido. 

El hombre alegre puede padecer aflicción y mu- 
cha, no solo si la causa es grande, sino aunque sea 
ligera ; porque su viva imaginación le hace sentir 
con fuerza tanto el placer como el dolor; si su des- 
gracia se convierte en dicha, goza de tanta alegría, 
cuanta aflicción sufría antes. 

Muy semejanie es \:.ipena á la aflicción, aunque 
suele ser mas profunda y duradera : supone á veces 
una causa interior, formada por trabajos sucesivos 
ó desgracias continuadas : las penas acaban lenta- 
mente con el que las padece y no las puede reme- 
diar. 

El enfado es momentáneo, rápido como el rayo; 
ni necesita muchas veces de causa ni motivo; suele 
nacer de un genio vivo y arrebatado. 

La tristeza nos domina, la aflicción nos abate, la 
pena nos entristece, el enfado nos hace disputadores 
e insoportables. 

Nos aüige y á veces nos produce tristeza conti- 
nua la muerte de un hijo; nos ás-pena la desgra- 
cia de un amigo, y nos causa enfado y desazón 
cualquiera pérdida que suframos. 

An.lGIDO. II ENFADADO. || ENTUISTE- 
CII>0. II CONTUISTADO. || MORTIFICADO.— 
Las desgracias tanto nuestras como ajenas, particu- 
lares ó generales nos causan por la constitución 
particular de nuestra naturaleza afectos dolorosos, 
pena y sentimiento en mayor ó menor grado, segiin 
las circunstancias y nuestras mayores ó menores 
relaciones con las demás personas y con nosotros 
mismos. Estos sentimientos son muchos en número, 
pero hablaremos solo de los principales, y esto 
Ijrevemente. 

La palabra afligido supone mayor grado de senti- 
miento, mayor amor á nuestros semejantes, y un 
mal mas superior (jiie el que produce el enfado. 

La drtcadencia de nuestras riquezas, la ¡jéidida de 
la persona amada, una enfermedad peligrosa nos 
aflige -. nos causa enfado cualquiera contrariedad, 
una pérdida en los intereses, como no sea conside- 
rable. Se perturba y á veces se pierde del todo 
nuestra felicidad con la causa que produce la aflic- 
ción ; pero solo nos enfada lo que perturba ligera- 
mente nuestra satisfacción, nuestros gustos y nues- 
tros caprichos. 

El entristecimiento es mas profundo y duradero 
que el enfado, y á veces tiene relación con nuestro 
temperamento; sin embargo, cuando no (jiedomina 
demasiado, suele pasarse pronto, y mas si la causa 
(jue lo produce es ligera o se desvanece. Nos afliiie 
la muerte de un amigo, y siempre nos entristece 
cualquiera desgracia que a nuestra vista sucede á 
una persona aunque nos sea indiferente : el primer 
sentimiento es mas duradero ; el segundo suele 
desvanecerse bien pronto. 

El estar uno contristado supone que otros están 
afligidos ó entristados. Guando decimos que esta- 
mos afligidos de una pública calamidad, solo nos 
referimos al dolor que nos causa, pero cuando aña- 
dimos que estamos contristados, damos á entender 
que tomamos parte eu el sentimiento de aquellos 
que sufren ó temen sufrir de ella. 

Así como afligido indica uu mal que nace fuera 
de nosotros , y manifiesta el dolor que nos causa 
mayor ó menor según nuestra disposición sensitiva; 
asi también la mortificación supone un desagrado 
producido por las faltas que hemos cometido, ó por 
eJ desprecio y burla de los deiuas, ó por la prefe- 
rencia que se da á otros, humillando nuestro amor 
firopio, que es la regla, en nuestra delicadeza, de 
a mayor ó menor mortificación que sufrimos. 

AFORISMO. II AXIOMA. || APOTEGMA. || 
MÁXIMA. II SENTENCIA. — El aforismo es en 
su verdadera significación una sentencia breve y 
doctrinal; pero su aplicación mas común es á la 
medicina y á la ciencia del derecho. Fúndase la 
verdad de' esta sentencia, tanto en la experiencia, 
cuanto en la reflexión , y encierra en breves pala- 
bras un principio inconcuso de doctrina. 

Dicese axioma cuando se aplica á todas las cien- 
cias, en las cuales viene á ser una proposición, una 
verdad tan evidente, que nadie la pone en duda. 

El aforismo iustrtiye, por(]ue es el resultado de 
la ciencia; y porque es antorcha de nsta, el aeionia, 

üieguu la doctrina de Uipócrates uo los remedios 



sino la naturaleza es la que cura, consistiendo la 
virtud de aquellos solo en ayudar a esta : ved aquí 
un aforismo, resultado de la experiencia y doctrina 
de Hipócrates. Los cuerpos no pueden ocupar á un 
tiempo el mismo espacio : este es un axioma, una 
verdad evidente, que por si misma se presenta al 
que procura adquirir la ciencia. 

El apotegma debe todo su mérito á sí mismo y 
á la persona que le ha inventado , si es de tanta 
ciencia que merezca ser citada como autoridad. Es 
un dicho agudo, i^rofuudo, notable por sí mismo, y 
cuya idea es original y útil para todos. < Pregun- 
taban á Leónidas por qué los valientes pretieren el 
honor á la vida; y él contestó : porque la vida la 
deben al acaso, y el honor á la virtud, > Este es un 
apotegma. 

La sentencia es el resultado de muchas verdades 
que se derivan de una sola , y que aprovecha en 
muchos casos. < El principal maestro de los hom- 
bres en las acciones de la vida es el infortunio. > 
Esta es una sentencia* 

La máxima nos presenta una regla segura para 
obrar en las diferentes circunstancias de la vida. 
< En los casos dudosos sigue el partido mas justo.» 
Esta es una máxima. 

AFRENTA. || ULTRAJE. || INSULTO. 1| BO- 
CHORNO. — Las expresiones y acciones que ofen- 
den á nuestro amor propio nos humillan, aver- 
güenzan y abaten, tienen diferentes nombres que 
indican el grado y las circunstancias de la injuria 
recibida. Tales son las siguientes : 

Afrenta : supone esta una intención decidida de 
zaherir, mortificar, humillar y avergonzar á una 
persona con palabras , y también se afrenta con 
obras y muy gravemente. 

El ultraje es mas violento que la afrenta, pues 
supone intención decidida de envilecer á un sujeto. 
Afrenta el que reprende, delante de gentes, de 
cualquiera falta; y ultraja el que desmiente y aun 
llega á dar de golpes. 

El insulto supone intención de despreciar y pro- 
vocar. 

El ¿ücAonio resulta del sentimiento y humillación 
por las faltas que hemos cometido delante de gentes, 
o que han llegado á su conocimiento, obligándolos 
á reprendernos ó á acusarnos de ellas. 

Por lo común el insulto consiste en las expre- 
siones que indican la ligereza é indiscreción del 
que insulta : la afrenta en las palabras y obras y 
en el desprecio : el miraje en la acciou ó en las 
palabras violentas y arrebatadas. 

Considerando un desacierto que hemos cometido, 
relativamente á la bumillicion que sufre nuestro 
amor propio, nos abochornamos ; pero si le consi- 
deramos bajo el aspecto de lo que perdemos en el 
concepto de los demás, sufrimos uua afrenta : ocul- 
tamos como podemos el boeh'>mo: pnro por decirlo 
asi, tenemos que tragar y sufrir la afrenta. 

AGAClIARSE.il] AGAZAPARSE. || ACUR- 
RUCARSE, — Todas estas palabras que pertene- 
cen al estiló familiar, y sou muy propias, indican 
la acción de esconderse ó la de reconcentrarse en si 
mismo. Agazaparse es como tomar una postura 
cual la del gazapo Ó conejo, que se enrosca en si 
mismo, y asi se dice : < ese hombre se agazapó > 
por se escondió, ú ocultó en algún rincón ú hoyo 
como el gazapo en su madriguera : se agazapa por 
se escurre, se escapa y pierde de la vista de los que 
le buscan. 

La palabra agacharse significa propiamente in- 
clinar cuanto se puede el cuerpo hacia ia tierra. 
Se agachó, por inclinó, para pasar por un paraje 
estrecho ó embarazoso : se agacha uno para entrar 
por un pequeño agujero. En sentido figurado aga- 
charse es doblarse, plegarse, ceder al mal tiempo, 
á la desgracia, á la fuerza superior. 

Acurrucarse es ponerse como en cuclillas, reco- 
gerse, encogerse, enroscarse en sí mismo. Ar/a- 
charse, agazaparse nos presentan la idea de ocul- 
tarse, de esconderse : se agazapó en el matorral, 
en el rincón, en el escondite, en el agujero para no 
ser visto ni hallado : se agachó para que al pasar 
no le viesen. 

Acurrucarse significa envolverse ó doblarse en s\ 
misiuo : y así decimos de un muchacho que se 
acurrucó en su cama, cuando se hizo una bola y 
arrimó mucho la ropa al cuerpo para guarecerse 
del frío, sin que en esto haya intención alguna de 
ocultarse, 

AGARRADO(H0MRRE¡. 11 AVARO. || INTE- 
RESADO. — La idea general de estas tri'S palabras 
es la de apego al dinero. Llamamos íIí/ííttíiííí) á aquel 
hombre que huye de todo gasto, porque su objeto 
es ahorrar. El avaro fija su complacencia en poseer 
el dinero sin atreverse á hacer uso de él : ef hom- 
bre interesado anhela por las ganancias, y nada 



AGR 



AGR 



AGB 



9 



hace SIDO por el beneficio que le resulta. Hoye el 
hombre agarrado de cuanto halla caro : el ai aro se 
priva de cuanto cuesta dinero, y el interesado des- 
orecia lo que nada pruduce. 

El hombre agarrado pierde á veces la fortuna 
por su apego al diaero, asi como otros se arruinan 
gastándolo sin órdeu ni concierto. El üíaro no se 
atreve ni a dar ni á gastar ; pero por su misma 
necesidad á veces se deja íonsacar astutamente el 
diaero. Muchas personas hay pródiyas al misrno 
tiempo que interesadas, pues gastaa desordenada- 
mente en sus placeres lo qíie el ansia de ganar las 
ha hecho adquirir. 

ÁGIL. II LIGERO. 11 VELOZ. |] ALEKTO. — 
La palabra á¡iil indica la actividad y la facilidad de 
la acción con la facultad de obrar, y por lo tanto 
se dice solo de los seres animados ; liyero supone 
1-tcultad de obrar, diciéndose entonces de las cosas 
qae ó tienen relación con los entes animados, ó con 
estos mismos entes; ó bien se dice de la rapidez de 
ciertas cosas, las que sin que los entes animados 
las exciten, se mueven por una consecuencia de la 
naturaleza de las materias que la componen. Se 
dice que un hombre ó un animal es ágil, para 
indicar que ejecuta sus movimientos con facilidad 
y soltura : se diré que son liyeros cuando conside- 
ramos á esta facilidad como resultado de la natu- 
raleza y di>posÍcion de las partes de su cuerpo, las 
que como que no forman una masa considera!) le, no 
oponen á la acción del movimiento mas que una 
ligera resistencia, y parecen ser como la principal 
causa de él. Es igual decir, hablando de pies y 
manos y de otras cosas, áyd ó libero: porqne estos 
movimientos de pies y manos pueden ser conside- 
rados, ó como efecto de la facultad gue obra, ó 
como el resultado natural de la coníormacion ó 
disposición de las partes de que se compone. Ha- 
blando de uu hombre ó de un corzo diremos que es 
ágil ó ligero, según el aspecto liajo el que lo consi- 
deremos; pero jamas diremos el curso ágil de las 
aguas; porque no son entes animados los que le 
producen, ni tampoco y pi-r la misma razón la caída 
ágil de la lluvia. Los vientos ligeros no son 
ágiles, pues que solo deben su movimiento á la 
naturaleza de las partes que los agitan. Guando la 
perdiz levanta su vuelo puede ser ágil; pero no 
ligera como la mariposa. 

La agilidad solo mo.üiñest:A la facultad de hacer ú 
obrar con soltura, y esta facultad puede ó no ponerse 
en actividad, ó ponerse rara vez y con poco vigor : por 
lo tanto puede ser un hombre; ííjo sin ser ágil; porque 
puede ejecutaise una acción con viveza, sin que la 
facultad acína la sostenga. Un anciano impedido 
puede ser vivo mas no ágil, porque entorpecidas sus 
facultades, no las puede ejercer con facilidad. 

El hombre veloz y pronto á ejercitar sus facul- 
tades, siente en sí esta disposición con toda su ex-Í 
tensión y energía, y no tiene temor de que se debi- 
lite ó destruya. En virtud de esta facultad los niños 
son mas ó menos avispados, ó pesados ó prudentes. 

Las palabras pronto, dispuesto ó preparado con- 
tienen en SI no solo la idea de la integridad de las 
facultades, sino también la habitual disposición á 
ponerlas en ejercicio. 

Asi como llamamos agilidad á la facilidad con 
que las cosas se mueven, diremos alerto á la pron- 
titud con que se van á ejecutar ó se ejecutan. El 
hombre ágtl es, pues, el que ejecuta con facilidad, 
conoce el instante oportuuo para obrar, y está 
pronto y dispuesto para aprovecharle. La agilidad 
solo se retiere á la acción en si misma y al medio 
como se ejecuta ; alerto en seutido adverbial de 
cuidadosa, vigilantemente, se refiere al interés, al 
deseo V á la pasión del que ejecuta la acción. 

Un nombre alerto no pierde un instante, ni deja 
de aprovechar lo que puede serle útil aun cuando 
resulte en daño de los demás. 

AGRADO. II GRACIA. — Son mas bien natu- 
rales que adquiridas las gracias ; muchas personas 
son agraciadas por su suave genio, su apacible con- 
dición, su bondadoso trato y su aaiabiUdad con 
todos; á estos dotes de la naturaleza poco tiene 
que añadir el arte. Al revés sucede con las per- 
sonas iracundas, arrebatadas, de áspera condición, 
de trato altanero, de genio rencoroso ; por mucho 
que se esmere la educación, poco ó nada podrá 
vencer, ó á lo menos disfrazar tan malas inclina- 
ciones; nunca serán ni graciosas, ni agraciadas, 
ni agradables. 

El aiirado, al contrario que las gracias, mas que 
á la naturaleza se debe á la educación, al arte; 
muchas personas llenas de vicios y defectos en su 
interior suelen ser agradables en su exterior á 
fuerza de reflexión, de estudio, de disimulo. Tam- 
bién las gracias consisten en el tono y en los mo- 
dales; el agrado en el talento y el genio. 



Buscamos la compaOia de un hombre gracioso 
porque nos divierte , procuramos tratar de con- 
tinuo con un hombre a^r-íZ/ií/r' porque nos lisonjea 
y complace. Los genios aírf/re^ son por lo común 
graciosos ; los sugetos de fina educación, que han 
visio y leido mucho, tienen la conversación agra- 
dable. 

En la sociedad se recibe con gracia y se trata 
con agrado : aquella cualidad pertenece principal- 
mente á las mujeres; de esta pai-ticipan los hom- 
bres. Tiene gracia para nosotros cuanto lisonjea 
nuestro amor prupioy nuestros sentidos ; nos agrada 
lo que nos instruye y ocupa nuestras potencias 
intelectuales. También las gracias pueden sedu- 
cimos y dañarnos, asi como el agrado, siendo fin- 
gido, perdernos. 

AGRAVIO, ti AFRENTA. — Todo el que 
ofende ó causa un daño agraria; mas no todo el 
que agraria, a¡renía. ^i afrailo es un electo na- 
tural del daño recibido : la afrenta una ignominia 
y un deshonor : el agravio se repara, la afrenta 
aificihnente, y según las rigurosas leyes caballe- 
rescas, sin sangre casi nunca. Puede agruaar á 
veces el que no puede ser auraiiado .-pero no al ren- 
tar el que no puede ser afrentado. Afiruvia un 
hombre á otro por casualidad, por inadvertencia, 
por descuido, sin mala iutencion ; pero se supone 
lal en el que afrenta. Las personas dlebiles, mujeres, 
niüos, ancianos que no pueden sostener la injuria 
hecha, difícil es que puedan ufrentar y aun tal 
vez ni ser afrentados, porque ni pueden defen- 
derse, ni sostener la ofensa, 

Cuaodo muchos hombres armados acometen á un 
indeteoso y le maltratan, le agravian, mas no le 
afrtntan. El que hiere por detras cobardemente y 
huye, el herido es agraiiatlo, y el agresor queda 
afrentado. El que iujuiia y maltrata á otro y caba- 
Llerüsa y valientemente se dispone á sostener la in- 
juria, á un mismo tiempo agraria y afrenta. 

AGItAVIO. II OFENSA. — El agravio se 
causa cuando no se atiende á nuestra razón, jus- 
ticia ó derecho. La ofensa añade á la sinrazón la 
injuria. Aquel á quien corresponde una cosa, si no 
se la da quien debe, le a<]ra>ia;ú añade el sos- 
tener quo no es digno de ella, le ofende. 

Sin injusticia, en rigor, no puede haber agra- 
vio ; mas puede haber con justicia ofensa cuando 
se injuria ó desprecia. No agravia el que nos echa 
en cara nuestros defectos , en especial corporales, 
que nosotros mismos conocemos, pero nos ofende 
porque hiere nuestio amor propio ; por io tanto, 
mas suele perdonarse el agramo que la ofensa. Por 
esta razón a nadie se le uombra por su ocupación, 
destino ó clase baja en la opinión social, y se le 
procura designar con expresiones ó títulos que le 
eleven ó disimulen la bajeza. De la mujer fea de- 
cimos que es pasadera ; del cobarde que es mirado 
ó prudente; del tonto que no es muy avisado; del 
corcovado que es un poco cargado de espaldas, 
aunque llegue á besar el suelo. 

Cuando el mérito es reconocido, la envidia puede 
morderle, mas no ugraiiarle ni ofenderle» 

En sentido metafórico puede decirse que las cosas 
inanimadas nos ofenden, mas no que nos agravian : 
en el agrario debe haber intención. 
AGIIEMON. y ATAQUE. — EsUs dos palabras, 
aunque no muy castellana la última, usándose mas 
comunmente la de acometimiento, embestida y 
aviincCf según los casos, indican la acción del que 
acomete ; pero la agresión añade la idea del aco- 
metimiento repentiuo é inesperado, y de provocar 
á un sugeto á la disputa ó combate; por lo común 
el ataque es previsto y producido por causas ya 
sabidas. Hablando de tropas que se acometen unas 
á otras, mas bien que ataque decimos embestida; 
y si es á nna plaza sitiada avance. En sentido 
íigiif lo decimos ataque al medio que buscamos 
para tantear y sondear el ánimo é intenciones de 
cualquiera, y también se dice atacar á un sugeto 
cuando con pullas é indirectas se le mortifica y 
reprende de cualquier defecto ó vicio. También 
llamamos ataques ó insultos cuando repentina- 
mente nos acometen las enfermedades, y asi deci- 
mos, un ataque de bilis, de apoplejía, aunque en 
esta mas propiamente se usa de la palabra insulto. 

Guando dos soberanos se hallan en paz y el uno 
acomete repentinamente al otro sin anterior decla- 
iieiüu de guerra, verifica una verdadera agresión^ 
mas cuando dos ejércitos se dirigen el uno contra 
el otro, aquel que acomete al primero es el qne 
ataca. 

AGRESTE. II CAMPESINO. 1| RUSTICO. — 
Estas palabras pertenecen á las costumbres, usos, 
ideas, y modo de expresarse de las gentes del 
campo, también á los objetos de este y los que con 
ellos tienen relación. 



Las palabras latinas ager, rus y eampus vienen i 
ser las radicales de las castellanas ae que aquí 
vamos á tratar : agreste tiene mas extensión, y á 
veces diferente significación que en latin, pues 
agreste nmchis veces es como sinónimo de salvaje 
v significa la naturaleza en sí misma, sin que le 
haya tocado el hombre por medio de cultivo, y así 
decimos : un campo, un sitio agreste que uo pisó 
la planta del hombre; mas en latín significaba por 
lo común campo cultivado. Cuando uno se expresa 
con grosería, dureza, y cierta ferocidad, decimos 
que sus costumbres, modales y lenguaje son 
agrestes : esta expresión es por lo comum inju- 
riosa y se toma en mal sentido. 

Mas suave es la de rustico que viene de la latina 
rus, y significa hombre tosco y grosero, opuesto á 
urbano. Se llaman rústicas las cosas que perte- 
necen á los trabajos y costumbres del campo : 
decimos proceder y hablar rfislicumente por hacerlo 
sin cultura y con tosquedad. 

Tratando de trabajos y ocupaciones no decimos 
agrestes porque este adjetivo se opone á toda idea 
de trabajo y arte; mas sí usamos del de rústicos 
que lleva en sí la idea de labranza o cultivo del 
campo : las costumbres agrestes son ásperas y sal- 
vajes ; las rusticas naturales, sencillas, descuidadas, 
contraidas en la ocupación habitual de las tareas 
del campo, y en el roce con los que las ejecutan, 
y llámaselas rústicas ó groseras en contraposición 
de las delicadas y finas de los habitantes de la 
ciudad. 

La palabra campesino ó campestre es opuesta á la 
de agreste, pues esta excluye toda idea de cultivo 
y de placer, y la campestre al contrario, la de 
cultivo y beneficio, y la del agrado, que del campo 
puede resultar. 

Un sitio ó pareje agreste solo presenta estériles 
rocas, árboles silvestres, tierras incultas, que causan 
horror, tristeza, y melancolía. 

Un sitio campestre ofrece vistas agradables , ri- 
sueñas, plantas fértiles, pastos abundosos, donde se 
ven reoaños de animales casi domesticados, útiles 
para el alimento y abrigo del hombre, prados es- 
maltados de flores, árboles cargados de frutos : por 
todas partes se ocupan los cauípesinos en trabajos 
útiles : la inocencia, la alegría, y la dicha, allí 
tienen su morada, y cuando la labranza es prote- 
gida y defendida, reina en la aldea la abundancia 
Í' el bienestar. iNo conocemos placeres que puedan 
lamarse agrestes; pero ¿cuan deliciosos, sencillos 
y naturales no son los ca/npesíres? Campesino es 
ig^ual á campestre, mas esta palabra es mas expre- 
siva y delicada; sin embargo, la otra nada tiene 
de b.fja, ni despreciable; sin ofenderá un labrador 
ó aldeano se le puede decir que es campesino, y 
aun á veces que es rústico como no se aluda á sus 
procederes y uiodales. 

AGRICULTOR. || LABRADOR. || CULTI- 
VADOR. 11 COLONO. — El verbo latino colere 
es el radical de estas palabras. Su sentido propio 
es cultivar la tierra ; pero tiene muchos traslati- 
cios ó metafóricos de los cuales algunos se alejan 
tanto de su primitiva significación que parecen des- 
conocerla. 

Agricultor ó agrícola son palabras propiamente 
latinas, poco ó nada usadas en castellano; en su 
lugar decimos labrador y no solo al que material- 
mente labra ó cultiva la tierra, sino al dueño de 
la heredad y aun al que habita el pueblo ó la 
aldea, si vive al uso de los labradores. 

La palabra agricultura y otras que de ella se 
derivan se usa uo solo en sentido del ejercicio de 
la latiranza, sino en el de conocimiento oientiíico ó 
teórico de ella, en las denominaciones de estudios, 
obras, experiencias y observaciones, y así decimos : 
tratados, diccionarios, anales, cátedras de agricul- 
tura, puesto que la sencillez de muestres antiguos 
no empleasen comunmente esta voz. 

Y viniendo ahora al sentido traslaticio de las 
palabras colere cultivar y [cultor] cultor también 
en castellano antiguo, y ahora cultivador, como asi 
bien á las de labrar [agros colere) veremos que lo 
tienen muy extenso tanto en latin como en caste- 
llano 

Se cultivan las ciencias, las artes, la amistad, el 
trato, las relaciones de las personas, y es clara la 
analogía; porque asi como el labrador vuelve y 
revuelve la tierra, la beneficia y emplea en ella su 
talento y sus afanes para que le corresponda con 
abundantes frutos; asi el hombre aplicado y estu- 
dioso, cultivando las ciencias procura adquirir la 
inteligencia, el placer, los honores, y riijuezas que 
suelen proporcionar : y el que cultiva buenas amis- 
tades, se propone la idea ae hacer fortuna valién- 
dose de sus favorecedores. 

Mu distante es, sin alejane de la analogía, el úa 



10 



AGU 



AGU 



ALA 



dar culto á Dios, á los santos : lo consideramos 
como ua obseiiuio qrie le es debido, no solo para 
manilestar nuestro aojradeciniiento, sino para cul- 
tíiar s•^ amiátad, su benevolencia y su protección. 

lieciuios no méuos dar i uU>> cuando demostramos 
veneración, y hacemos ftííno?' alas personas eminentes 
en virtud, eu ciencia, en diíjniuad y en poder. 

Siguiendo la ilación llamamos culto al lenguaje 
y al estilo puro y correcto y al que lo usa; mas 
desde que comenzaron á adulterarse y viciarse 
ambas cosas, por uu abuso de la metáfora, se suele 
dar. en sentido irónico, este dictado á los quo usan 
palabras exóticas y pedantescas y un estilo afectado, 
oscuro y ridiculamente remontado. 

La palabra colono es la que mas dista del radical 
eolere. Guando en las repúnlicas antiguas era muy 
numerosa y turbulfuta la población, la enviaban 
á habitaf otros países, que les pertenecían ó que 
conquistaban, sujetándola á ciertas leyes j condi- 
ciones ijue la mantuviesen unida ó dependiente de 
la madre patria. Áesta nueva población se llamaba 
cotonlif de eolere, que también tiene la significa- 
ción de habitar, y colonos á los individuos que la 
compouiau, á los habitantes. 

Tal vez porqiie la principal ocupación de estas 
colonias fuese la labranza, se ha eitenUdo la de- 
nominación áQ colonos á los que cultivan heredades 
ajenas bajo ciertas condiciones de arrendamiento, 
censo, canon, parceria 

El Sr. de Gienfuegos, digno de la fama que dis- 
fruta como buen poeta, dice en su breve ensayo 
sobre los sinónimos, qiie la palabra colono desigua 
también al que está atado, por decirlo asi, a la 
tierra, el morador de ella. iVos permitiremos ob- 
ser\ ar que en el sentido de atado á la íhrra no es 
conocida la deni>minacion de colono : morador'.'S 
de la tierra lo somoi todos : esta palabra es tra- 
ducción demasiado material, de la expr'-siou fran- 
cesa serf altacht' a la glcbe, sien o sii¡eto^ apeg ido 
ó la heredad , á su suelo y contado como parte de 
ella, circunstancia que pertenece al régimen feu- 
dal : nosotros que también teníamos estas especies 
de siervos, no carecíamos de nombre propio^ como 
los franceses, para designarlos, y los llamábamos 
collazos f signiucaciou que no se alcanza porqué la 
Academia la da por anticuada, cuando no tenemos 
oti"a que la sustituya, y conviene tan bien con la 
ínJole de nuestro idioma. Mas pertenece al coiere 
(cultivo ó labranza) esta palabra en el sentido usual 
de mozo del cauípo á quien el amo en parte de sol- 
dada le da alguuas tierras que labra paia si. 

AGUAIU»AU.{| ESPEIlAn.— La literal signi- 
ficación de esperar es ver delante, ver lo futuro, y 
poruuarestricctou usual prevercualquiera cosa leliz. 

Aguardar, signiíica estar con attocion, dedicar 
los sentidos y la mente hacia lo que debe suceder. 
Por lo tanto esperar, indica primitivamente uu acto 
de previsión ; y aguardar una continuación de 
atención. Esliéramos , nos complacemos, en creer> 
que sucederá una cosa ; se aguarda lo que debe 
suceder, y eu ello nos ocupamos y pensamos. 

Se tspera pues el éxito, se ayuarda el suceso. Lo 
que se espera siempre es feliz, lo que se ai/ttdrrfa, 
puede serlo ó no. líu acusado espera un juicio fa- 
vorable y aiiuarda su sentencia. 

Aun contra toda esperanza podremos decir que 
se espera , pues no es absolutamente necesario el 
que esperar designe una confianza fundada en al- 

tun m tivo. Se aguarda lo que tenemos motivos 
e creer que sucederá, pues la expectación viene 
acompañada de la coufiíiuza, ó mas bien diremos 
que se funda en la confianza misma. Esperamos lo 
que deseamos ; ai/uardamos lo que creemos. Se trí- 
para ganar en la lotería, y con impaciencia se 
agü'irdi á que salga. Esferas que alguna persina 
te hará un lavor ó servicio, mas lo aijU'irdas de un 
amigo. 

No es preciso que lo que se espera sea gracia ó 
favor, pues que se esperi uu beneficio incierto : y 
se aguarda una cosa que es ó necesaria ó uiuy pro- 
bable que suceda. 

AGLIEIIO. II pntSAGIO. 1| PROXOSTICO.— 
El arte de engañar á los hombres es tan antiguo 
como la ignorancia, el temor y la superitícion ; eu 
dos clases podiíamos dividir él género humano, la 
de engañadores y la de engañados', aquellos no 
pueden ser muchos, estos lo son casi todos, y pocos 
se libran de ser alternativaiiienle uno y otro; los 
primeros, guiados por la cmlicia y la amliicion, han 
erigido sus snpercEsriasen cieuc"ia no menos inútil 
y dificil qiie ot¡it., y ellos se han drnominado sa- 
bios, sin duda, por su destn-za eu alucinar, aterrar 
y dominar á los pueblos. 

Las religiones han venido S ser el instnlmento 
prÍDcipa) de estos engaños. Menos una todas eran 



absurdas, extravagantes, ridiculas, y se fundaban 
en supersticiosas ceremonias y en sangrientos y fe- | 
roces sacrificios. Las naciones mas ilustradas no i 
eran pnr esto menos crédulas ijue las l)árbaras y | 
casi salvajes, porque parece que en general la 
suerte del pueblo sea vivir ea la ignorancia y el ; 
error. 

Los romanos, si bien excedían á los demás en la 
ciencia del gobierno y eu el arte de la guerra , no 
menos tamLien en la superstición religiosa, cuyas 
ceremonias y actos constituían una ciencia que po- 
cos poseían bien, y que formaba parte de la sagaz 
y profunda política del senado, confundiéndose con 
ella : á los que la ejercían elevaba á los eminentes 
é importantes destinos de la república, pues sus 
ministros y los de la religión venían á ser unos 
mismos, desempeñándolos de consuno ó alternati- 
vamente. 

Estos ministros ó sacerdotes eran los llamados 
iiu;;ures, cuyo nombre parece traer su origen de 
aiium ijarriUi, canto ó gorjeo de las aves, porque 
sacaban sus agüeros de este y del vuelo, y del moilo 
de comer de ellas. Los jóvenes que iban á estudiar 
esta ciencia, pertenecían á las mas ilustres fami- 
lias de Roma, que eran las únicas q^ue ejercían es- 
tos ministerios; y sus escuelas principales se halla- 
ban en la Etruria, de donde los romanos tomaron 
la ciencia y los fundamentos y ceremonias de su 
religión; guardaban c^n el mayor secreto el de sus 
misterios, y fácil es de conocer que auyuraban se- 
gún sus intereses y los del Estado, pues no solo 
celebraban las ceremonias augnrales cuando todo 
estaha dispuesto para sus designios, sino que tam- 
bién preparaban los ánimos por el terror y la es- 
peranza, para que de este modo se pudiesen verí- 
licar los lavorables ó adversos agüeros. No méuos 
importante y falso era el arte de los adivinos que 
sacaban sus vaticinios, examinando y observando 
las entrañas de las victimas. La importancia y dis- 
tinción de los adivinos la podemos deducir de la 
palabra misma con que se les denomina en latín, 
que es la de dirimís, ^í como su arte diiinatlif 
que es hacerles partícipes de la misma divinidad. 

El aijáero , pues, y la adií Inacioa nos hacen co- 
nocer en los que los consultan y creen sus inclina- 
ciones, sus temores y sus esperanzas, siendo por 
tanto comunuieute las almas débiles y vísíonai-ias 
las mas a .oreras. 

Presagio vieue de presaqire , penetrar en lo ve- 
nidero, y anunciarlo valiéndose de ciertos presu- 
puestos. Para el vulgo son presa<iios los fenómenos 
extraordinarios para nosotros, bien que naturales 
en si, que observamos en la tierra y en las regiones 
superiores, y han servido también para que los adi- 
vinos y agoreros se valgan de ellas para aterrar al 
pueblo. 

Se infiere, pues, que el agüero no está en el ob- 
jeto, sino en nuestra propia imaginación, al iiiismo 
tiempo que está en esta y en el objeto, tlpronóstico* 

Las palabras presagio y pronóstico no dan idea 
tan supersticiosa como las de agorero y adi ino, 
pues muchas veces por el talento, la ciencia y la 
observación se puede conjeturar lo que debe su- 
ceder. 

Los astrónomos, observando los astros, marcan, 
señalan y aseguran sus movimientos. Los meteoro- 
logistas, estuiiaudo los fenómenos del elemento en 
que vivimos, conjeturan las alteraciones del tie'opo, 

Ílo que regularmente sucederá en el vario ciu'so 
e las estaciones. Los poílticos, con el estudio de la 
historia y de los homLres , presagian la suerte de 
las naciones y de los que las gobit-rnan. 

Los médicos^ sabios en su arte, pronostican el 
cuTso y terminación de las enfermedades. Todo 
esto es natural y sencillo; y si á ello se limitase la 
ciencia, seria t ju út I á los pueblos, cuanto dañosas 
han sillo las otras dos. 

AGUlJoNEAn, II EXCITAn.n liVCITAR. || 
AXIMAll. — Las dos palabras _ae aguijonear y 
aguijar, que significan lo mismo, vienen de aiujon, 
que es la punta picante de la boca de la abeja y 
otros insectos, la de las agujas y piezas de hierro, 
y de la ahijada que usan los labradoies : su sen- 
tido recio es pues herir con mas ó menos fuerza, y 
el íignrado estimular á que se haga tal ó cual cosa. 
Aguijar supone la facultad de obrar sobre el alma, 
é indica cierta especie de supeiioridad, y asi lla- 
mamos aguijar á cuauto produce en nosotros una 
viva impresión. En sentido moral el que a-'Uiia, lo 
ejecuta hiriendo el amnr propio y la vanidad con 
expresiones que se dirijan á causar vergüenza y 
humillación al que de ningún modo quiere mo- 
verse : á prometer estimación, recompensa y honor 
al activo é inteligente : al perezoso se le a<}uiia 
para que trabaje : al pesado para que se mueva : 
al torpe y descuidado en el estudio para que avive 



sus sentidos, se afane y adelante en las ciencias ; 
así se dice que unos necesitan freno para contener 
la fogosidad de su imaginación, y otros espuela 
para acalorarla y e.icitarla, valiéndose comunuiente 
para lograrlo de advertencias, consejos, insinua- 
ciones, persuasiones y aun de instigar y como forzar 
aunque con cierta moderación. 

A veces, no alcanzando esta, es menester para 
animar ó incitar al pereaoso , al flojo y al desani- 
mado sostenerle, apoyarle y alentaile, ocultándole 
los obstáculos, disininuyénaole los peligros, exage- 
rando los medios, las esperanzas , las grandes re- 
compensas que logra el que alcanza el fin que se 
había propuesto. 

ALABAxXZA. II ELOGIO. — El necio todo 1» 
alaba bueno ó malo : el sabio alaba poco y elogia 
algo siempre con razón y fundamento. No es me- 
nester por lo común para la alabanza causa ni razón 
alguna- basta á vects el capricho. 

La alabanza tiene una siguificacion mucho mas 
extensa y general que el elogio. Alabamos cuanto 
nos agrada, grande ó pequeño, importante ó no, un 
jardín por su frescura, una mujer por su hermo- 
sura, un traje por su moda, y también lo feo por lo 
raro, lo extraordinario por su novedad, lo ridiculo 
por lo que nos recrea; al adulador por lo que nos 
complace. 

Nada de esto es ni puede ser digno de eloijio^ 
cuyo objeto es mas elevado, recae sobre el talento 
de un sabio, la elocuencia de un orador, el corazón 
animoso de un héroe, la inteligencia extensa y pro- 
funda de un general, el valor de un soldado. 

Se dice elogio fúnebre, histórico, académico y no 
alabanza. Se alaba á Dios, y se elogian sus perfec- 
ciones y sus obras. Se cantan las alabanzas, no los 
elogios. 

Todos deseamos ser alabados , pero mucho mas 
aun elogiados t porque en ambas cosas nos confir- 
mamos en la opinión que tenemos de nuestro pro- 
pío mérito, y nos lisonjeamos de la que logramos 
de los demás. 

Conviene alabar á los jóvenes en sus estudios y 
ejercicios para que se animen y adelanten ; pero 
estas alabanzas deben de ser fundadas, moderadas 
y prudentes, porque producen el efecto del vino, 
que prico vigoriza y anima , y mucho embriaga f 
debilita. El nomlire de bien, al hablar de otro, 
catUí ó disimula sus faltas, no exagera; pero a¿a//o 
lo que en el halla de bueno. 

ALAIIGAU. 1| rUOLO\GAR. H PROROGAH. 
— La palabra alargar indica aumento ó extensión 
de la cosa, darla mayor longitud, extenderla, dila- 
tarla, desviarla, alejai-je de ella, hacerla mas du- 
radera. Si á cada lado de una alameda añadimos 
varios árboles, la alargamos en el sentido de que 
aumentamos su longitud : alargamos e\ tiempo, to- 
mando uno mayor para hacer cualquiera cosa: 
alargamos el salario ó estipendio cuando lo au- 
mentamos : nos alargamos del mismo modo cuaudo 
nos extendemos en un discurso ó conversación : 
las penas y las desgracias parece que nos alargan 
el tiempo : también tiene la significación de ceder 
ó privarse de una cosa cuando decimos que le 
alarijó el arrendamiento, el empleo, ó tal o cual 
beneficio : cuando damos por una cosa mas de lo 
i|ue habíamos prometido, decimos que nos alarga- 
mos i dar tanto ó cuanto por ella : se entiende no 
menos por adelantarse ha>ta cierto paraje ó lugar, 
como « se alargó á casa de su amigo , o al pueblo 
donde reside. > Usado como recíproco significa ale- 
jarse, apartarse, desviarse. 

Prolongar indica la acción para que una cosa 
dure maj» que lo regular. Se alarga el tiempo to- 
mando uno mas extenso para ejecutar el trabajo : 
se prolonga un negocio, un litigio, descuidándonos 
en activarlo ó terminarlo, y aun oponiéndole es- 
torbos, y también decimos dar largas. 

Proroffdr supone que la co^a, de que se trata, 
permanece en el mismo estado en que s<' hallaba, 
pero que se le hace durar mas tiempo del que de- 
bía. Prorogar es conservaí- la autoridad, el ejercicio 
ó valor de ella mas allá de lo que la ley ó la cos- 
tumbre lo permiten; por eso, hablando de facul- 
tades, de licencias v empleos, se dice : le proroga- 
ron, le dieron prároga en su destino. Se alarga^ 
por se estira materialmente un vestiilo, una lela, etc.: 
se proroga una ley, uu permiso, una junta. 

AI.AKMA. II «ERATO. || TEIUtOll. JI ES- 
PANTO. II PAVOR. II SUSTO. Il MIEDO. \\ 
TEMOR. 11 APREHE^SI0X.- A/flr;«íi es voz pro- 
piamente militar, j de allí se ha trasladado al len- 
guaje común, convirtiéndose en una sola las dos al 
arma , que quiere decir acudamos á las armas qyié 
el enemigo n ^s acomete improvisamente , y es 
como se dice, fuego, fuego cuando se incendia cual- 
quier ediflcio. Los latinos, del mismo mcdo , le- 



ALC 



nian la paUbra elassieum. cuya siRuiacacion recta , 
es clarín, y deciau elassieum canere cuando con el 
cUriu ó la IromiieU se liacia señal para resistir al 
aoumetimient.' del enemigo. 

Xeneuioü laml.iea la palabra rebato mas usual y 
meaos militar, aumjiie también se usa en la tropa 
llamar r«¡/u(o al acomeiimiento repentino y enga- 
Ho^o que se hace al enemigo. Ambos modos de ha- 
blar vienen á indicar una idea seiuejante; y asi en 
el campamento ha habido una alarma, en la ciudad 
ha sido UD rebato a lo que sucede de improviso : 
se loca i rebato para convocar al pueblo : se nom- 
bra rebato á la alteración pronU en los humores, o 
i una enfermedad repentina, y á un acometimieuto 
instantáneo de una pasión ó afecto del animo. ^ 

El terror lo causa cualquier acontecimiento o te- 
nómeno que nos imaginamos ó sabemos que pre- 
cede á una grande desgracia : en este la idea del 
peligro no es tan clara como en 1. alarma, la que 
Sepínde mas que esta de la imaginación, cuyo 
efecto es aumentar y eiagerar los objetosesisientes 
ó no. Asi es que en la alarma se corre a tomar las 
armas y empreaiier la defensa ; mas el terror, a 
los que sobrecoge, les hace arrojar las armas y 
huir : los gritos y la algazara nos alarman : los 
espectáculos trágicos y sangrientos nos llenan de 
terror : la alarma parece tener su asiento en el co- 
razón, el terror en el ánimo. 

El terror y el espanto son efectos de un peligro 
muv grande ; pero el terror puede ser pánico, y el 
espanto no lo es nunca ; parece que este reside en 
nuestros órganos, y el terror en el alma. 

El terror nos sobrecoge : el espanto deja sin ac- 
ción á nuestros sentidos : la tempestad nos hiela 
de espanto : un prodigio inesperado llena de terror, 
aterra á todo un pueblo. 

Un pi-ligro repentino , pero á veces falso oesa- 
cerado , nos causa pai or . v asi sucede que si nos 
inquietamos por la suerte de otra persona, La nues- 
tra sola es la que nos hace sentir yai or. El paror 
supone un peligro mas instantáneo que el espanto, 
mas inminente que la alarma, no tan grande como 
el terror. . . , 

Me parece que el susto tiene, por decirlo asi, su 
idea particular, y que proviene de la consideración 
de las dificnlUdes que hay que vencer para lograr 
una empresa, y de los resultados terribles de su 
mal éxito. , , . ., 

Me asusta su arrojo, y temo que salga mal de él. 
Se teme al malo : se tiene miedo a una «era : 
se teme i Dios, pero no debemos tenerle miedo. 

El espanto uace de lo que se ve , el terror de lo 
que se imagina, la alarma de lo que nos amenaza, 
el temor de lo que se sabe, el susto a veces de lo 
que se sospecha, el »iie/o de la idea del peligro, y 
fa apreAeiwío" de lo que nos representa nuestra fan- 
tasía. . , 1^ 
La acometida repentina del enemigo causa la 
alarma: terror el combate: la pérdida de una ba- 
talla estiende el temor por toda, partes y llena de 
consternación hasta pueblos remolos : la vista de 
un guerrero cansa susto , y nuestra propia sombra 
nos hace á veces miedo. „.„„„.„ 

ALCANZAR. || COXSEGUm. || LOGRAU. — 
El término de nuestros deseos es lograr, sin rela- 
ción á los medios que para ello empleamos : con- 
senuir, el de nuestra solicitud, el fin a que se diri- 
«en los medios con relación á ellos : alcanzar, el 
término de nuestro ruego. Los dos primeros pue- 
den suponer justicia ; el tercero siempre gracia. Lo- 
grar fortuna, conseguir favor, alcanzar perdón 
cuando se debe este á la libre voluntad de otro ; y 
4Si no se alcanza (se logra) ganar un pleito . con- 
cluir U obra empezada ; se loara ser aiuado, respe- 
tado : á fuerza d:e industria y de paciencia conseguí 
■ver logrado mi deseo; este es el término. 

ALCANZAR. II LLEGAR.- Aícan:ar significa 
tocar al objeto ó ¿n á que se dirige el movimiento, 
ya sea por su natural constituciun , ya por los es- 
fuerzos corporales ó mentales. 

Lk'iar. estar ya en el término á que una cosa se 
dirigía. . , j- 

Alcanzar se refiere al objeto y a la dirección 
que se toma para acercarse á él. Si un niño, por su 
pequefla estatura, no puede alcanzar a un objeto 
elevado que desea tener, se sube sobre un banco y 
llega. 

Llegar se refiere á los medios y caminos que 
pueden conducir al término. 

Para alcanzar basta con ver el fin, seguir la oi- 
reccicu que se debe lomar, y poderla continuar 
hasta f I termino deseado. 

Para llegar se necesita escoser el mejor camino, 
vencer las dificultades y obstáculos que se opongan 
i que se siga hasta el fio. 
Alcanzar supone tendencia continua hacia el fin. 



ALG 

dirección conveniente al objeto, y a veces esfuenos 
para lograrlo. 

Llegar supone idea, plan , inteligencia para eje- 
cutar perseverancia en la ejecución. 

Lo que nos impide á veces ulamzar es el tener- 
nos que apartar del camino que conduce al ol'jeto, 
ó no poderlo seguir hasta acercarse á él t lo que 
impide llegar es el escoger malos medios para ello. 
el no tener destreza para valerse de los que sejiu 
mejores, ó carecer de una fuerza superior á las di- 
liciiltades y obstáculos. 

Si tanto el oljeto como la dirección que para 
acercarnos á él tomamos, se hallan en la naturaleza 
misma, y no hay obstáculos que estorben esta di- 
rección, la palabra propia de que nos valdremos, 
será la de alcanzar ; si hay obstáculos que contra- 
ríen la dirección y se evitan ó vencen, la palabra 
adecuada será la de llegar. Si un hombre t^ue 
desde su infancia sufre una enfermedad crónica 



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que deberla acortar su vida, á pesar de su enfer- 
medad, la prolonga por mucnos años, se dice , que 



no obstante sus achaques, ha llegaito a edad luuy 
avanzada, y no que ha aicmzado á ella. 

alegría. II CONTbtUTO. — Por lo común el 
contento ó contentamiento es afecto interior del 
ánimo : la alegría demostración citerior. Puede 
uno estar contento y no alegre; alegre y no conten- 
ió. El contento pertenece principalmente al juicio, 
á la relleiion; la nleiirin á la imaginación : dina- 
mos que el contentanvento es filosóhco, y la alearía 
poética : el contento es duradero y fundado ; la 
aUgrhi fugaz y caprichosa : aquel supone igualdad 
V sosiego del ánimo, tranquilidad de conciencia; 
conduce á la felicidad, y siempre la acompaña : lo 
contrario esta, es desigual , bulliciosa y aun inmo- 
derada en sus eitremos : muchas veces prescmle 
de la conciencia , ó es sorda á sus gritos , porque en 
la embriaguez del espíritu se deja arrastrar de la 
fuerza del placer : este no es la felicidad, ni con- 
duce á ella, ni la acompaña. Los hombres alegres 
no suelen ser felices : esta pasión es hija de una 
exquisita sensibilidad, que nos hace sentir con 
i"ual ó mayor vehemencia el dolor que el placer, 
la aleiiria que la pena. 

El hombre que por la mañana esta locamente 
aleqre, por la tarde suele estar profundamente triste, 
ó furiosamente desesperado. Como el contento es un 
sentimiento interior que no suele manifestarse por 
ningún signo exterior, tiene que ser natural y no 
fingido. La (ilegrli suele ser falsa, tiene la risa en 
los labios, y la saeta en el corazón. Una acción 
virtuosa, un estado próspero, satisfacciones, huno- 
res, buena fama nos causan contentamiento, y nos 
mantienen en él : los placeres aleiiria. 

Un fausto suceso que interesa á toda una nación, 
se celebra con fiesUis y regocijos, alegra al público, 
y produce contentamiento en el ánimo de los que 
fueron causa de él. La alegría se aumenta, y es 
completa comunicándose ; y asi dice bien el retran 
de Alegría secreta, candela muerta ; mas el conlea- 
lamiento es poco ó nada comunicativo. 

AL Fl\ II EN FIN. || FINALMENTE. — 
Llámase fin á la terminación material de una cosa 
y también á la consecución del objeto que nos pro- 
pusimos, ó deseábamos. 
1 Según la preposición que se le añade es mas o 
menos extensa, decisiva ó positiva su significación. 
Al fin denota que después de haberse vencido todos 
los obstáculos, logramos nuestro intento ; y asi de- 
cimos : .Después de haber gastado tanto, al cabo 
de tantas fatigas, tuvimos al fin el feliz resultado de 
salimos con la empresa. » Da mucha fuerza á la 
expresión, el reduplicar la frase cuando decimos : 
ul fin al fin nos salimos con ella. , 

Las partículas n y iJe hacen variar el sentido a la 
palabra fin , pues la primera cuando se dice dar 
fin á at'io , significa acabarlo ó concluirlo, como ilió 
fin a dinero ; y cuando decimos dar fin </e algo 
muda del todo la significación, pues denotamos 
destruirla ó consumirla. 

En fin es un modo traslaticio que designa la con- 
clusión, por lo común desea la, de un discurso, de 
una conversación, de un razonamiento ; « En fin 
cesó de hablar, terminó su discurso. » 

Mas positivo y terminante que los dos modos 
anteriores es el adjetivo finalmente que significa por 
última conclusión, definitiva , irrevocablemente. 
Los dos primeros no resuelven absolutamente, dejan 
algo que esperar, el tercero no ; por lo que nos 
atreveríamos á decir que es la conclusión de las 
conclusiones ó el fin de los fines. 

ALGUIEN. II ALGUNO. - A/fliiífn, relación 
ilimitaia á cualquier persona : aíiíimo, limitada a 
persona indeterminada de clase ó número detertni- 
nado. Se dice alguno de esos me venderá: alguien 
ine amparará. 



ALIANZA, ti UNION. || LIGA. || CONFEDE- 
RACIÓN. — Las naciones débiles procuran reunir 
sos fuerzas para resistir á las fuertes y poderosas , 
y esto lo ejecutau por varios medios que vamos á 
indicar. 

Aííiin;o : la que se verifica entre soberanos, exige 
tratados muv legales y formales, pues han de con- 
vertirse en leyes ó reglas de derecho pul lico , que 
obliguen á las potencias contratantes ; por lo común 
en e"tas estipulaciones ó alianzas, no se lija termi- 
no alguno, esperando, ó suponiendo que no habrá 
motivo de alterarlas. 

Las ligas suelen ser de corta duración y no su- 
ponen tanta formalidad : también es unión de in- 
tenciones y fuerzas, pues se conviene en ellas de un 
objeto, del plan para veriücarlo y de las fuerzas 
con que cada uno debe coiicurrLr. A veces solo se 
sostienen estas ligas en convenciones particulares, 
y aun en tratados secretos fundados mas bien en la 
buena fe reciproca que en la validez de los títulos 
que se pudiesen presentar. 

Alianza se dice de las personas y de las cosas; 
liga solo de las personas : la palabra altanza no 
tiene mal significado, ni indica si es legitima o ile- 
gitima; pero por lo comua es malo el sentido moral 
de liga , que suele denotar cabala y aun conspira- 
ción. ., 

Decimos la alianza de Dios con su pueblo y no 
la liga pues como veníamos diciendo, da idea de 
mala intención, de malos medios, de artificio, de- 
sorden, trastornos y daños. La alianza supone un 
contrato revestido de las mas solemnes fórmulas ; no 
es asi la liga : y se dice tratados de alianz-a, mis 
no de liga : la santa liga, la liga de los tjnsoncs, 
que es un género de gobierno federativo la de los 
Aqueos que venia á ser lo mismo entre los Urie- 



La confederación supone mayor formalidad y 
mejor y mas sano intento : es unión de ínteres -s y 
de mutuo auxilio, que por medio de convenios 
particulares se contrae entre corporaciones, parti- 
dos pueblos, principes, soberanos menores y esta- 
dos' reducidos, para hacer una causa común, ol.te- 
ner reparo de injurias sufridas, defender derechos 
ó la causa púbUca. La alians<t exige que se celebren 
tratados con todas las formas legales : la coiifeiK;- 
racion se verifica por medio de pactos y de parti- 
culares arreglos, firmes y seguros segus su objeto 
y las circunstancias ; es por decirlo asi un|derecho 
privado que las partes contratantes establecen unas 
con otras, consistiendo su principal fuerza en sus 
mutuos intereses. _ ...„„„ 

ALMACÉN. II TIENDA. \\ TALLEH. || ARSE- 
N'IL. — Á los nai-ajes en que trabajan los artistas 
y los artesanos, a aquellos en que se venden mer- 
cancías y comestibles de todo género y a veces se 
reúnen ambas industrias fabril y mercantil, se les 
dan diferentes nombres que debemos distinguir 
por su particular objeto. Tanto el laikr como el 
ohailory la tienla vienen á ser aquellos parajes 
en que trabajan los operarios juntos 6 separados; 
pero llámanos mllcr al obrador de los pintores, 
escultores, tundidores, y algunos otros artistas : 
obrailor al taller de los carpinteros , ebanistas j 
otros artefactos, y tienda donde se vende, aunque 
también allí se trabaje, como en las de zapatero \ 
otros oBcios. El taller es por lo oonun mas espa- 
cioso que la tiemla : ambos están cubiertos ; mas 
el obrador no siempre ni en su totalidad : el aima- 
cen suele formar parte de un grande edificio en las 
fábricas en que se verifican muchas operaciones: otras 
veces está destinado para la conservación y guarda 
de una sola mercancía : la fabricación se hace en 
los lall.res y en las tiendas, se encierran los ma- 
teriales en los aim.onea y quedan en el obrador 
hasta que se venden ó se emplean en las manufac- 
turas o en la fabricación. 

El arsenal que también llamamos astillero y ata- 
razana es un grande edificio con otros muchos 
adyacentes situado cerca del mar, donde se lahri- 
cau reparan y conservan las embiroacioues y se 
"ua'rdan pertrechos y todo género de efectos ; asi 
Sues abrázalos o'irntores, los lalleres, los iilnwce- 
nes y los corra mies ó patios para tener maderas y 
otra, materias propias para esta inmensa fabrica-^ 
clon, que no soíen nada de la intemperie y que a 
v-ces les aprovecha. 

ALTERCAMO. || CONTESTACIÓN. || DE- 
BITE 11 DISPUTA. II DIFERENCIA. || DES- 
AVENENCIA. II UINA. II QUIMERA.- Seguire- 
mos el orden de ina5or á oienor, en el examen de 
las palabras que indican los varios géneros de con- 
tiendas que muy de continuo turban la paz entre 
los hombres. 

Alterca I" se verifica por lo común éntrenos per- 
sonas ¡guales, que se dicen palabras contrarias con 



12 



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qnella libertad y soltura hijas de la Iranqneza j 
lamiliaridad, que produce el vivir juntas; á veces 
f4as palabras suelen ser algo picantes. El marido 
tiene allerctidos con su mujer, y el amigo cou el 
ajüigo, sin por eso dejarse de estimar, aun en el 
mismo instante del aUercatla. Alten-an entre si los 
criados, y las gentes del vulgo suelen vivir en un 
continuo altercado :i veces demasiado agrio. _ _ 

La disiMtu consiste por lo común en la oposición 
de opinioni s y en la razón o argumento con que 
liada uno deüende la suya : suele convertirse la 
disputa eu uítei cnio cuando se acalora, y los que la 
sostienen lo verifican con obstinación y palabras a 
veces duras, terminándose por lo general el alter- 
cado con lidtí^piitti. 

Mucha relación tiene con esta el debate y la di- 
ferencia : esta parece limitarse á la oposición de 
opiniones, de conducta y aun de genio. Por esto 
los que la sostienen, lo hacen de continuo, y si bien 
pueden tratarse con bueuos modales . no con fran- 
queza, amistad y frecuencia. El debate supone mas 
duración y tenacidad y se verifica no entre pocas 
personas como el alltrcado ; sino entre muchas y 
aot asuntos de la mayor importancia, como son los 
iebates en los consejos de estado, en las cortes, y 
en las demás asambleas políticas. 

En el altercado se trata por lo común ae un 
determinado negocio decidido tal vez ya por 
la opinión general y sostenido por el amor 
propio de los altercantes, pues hay algunos a 
los que se les llama comunmente altercadores, 
tan propensos á alterar j porfiar que parecen te- 
nerlo de oficio. 

En el debate se ventilan asuntos que no están 
ni aclarados, ni decididos, y se trata para esto de 
eiamiuarlos mas y de pesar los argumentos eu pro 
y en contra, para la acertada decisión. En el aller- 
cado se suelen limitar las personas que altercan, a 
un si ó un no y charlan mucho, las mas veces por 
orgullo, por salirse con la suya. En el debate el 
uno entiende, ó finge entender una cosa de un 
modo y el otro del contrario, esforzándose no tanto 
en tener razón, cuanto eu lograr el triunfo de su 
tiartido. 

La contestación ó contienda tiene mayor impor- 
tancia que el altercado, y asi signiüca muchas veces 
pleito o disputa formal y agria. « Hemos tenido 
contestaciones muy serias y desagradables, que 
han venido á parar en un ruidoso litigio, y en per- 
secuciones y enemistades tenaces : » las coiUesta- 
dones de soberanos con soberanos suelea terminar 
eu guerra abierta. 

Estas controversias y disputas acaban por des- 
avenir los ánimos con mayor ó menor encono, du- 
rando estas desavenencias mucho tiempo y á veces 
la vida entera. 

La mayor de las contiendas entre los hombres es 
la riiia o i/uimera i veces casual y otras producida 
por las desaienencias anteriores. La riña puede ser 
mas ó menos momenlinea ó ligera, á veces limi- 
tarse á palabras siempre ofensivas; si llegan a las 
manos los que riñen, el daño por lo común no es 
rany considerable ; mas la quimera supone formarse 
y sostenerse entre muchos ; es grave, obstinada, , 
cruel, y á veces feroz, consistiendo e« acciones mas 
que en palabras y produciendo fatales resultados. 
Tenemos la palabra iiuerella ; pero esta se limita 
í quejas judiciales y asi decimos « le puso, le in- 
tentó una querella. > 

ALTIVO. II ALTANEBO. — Expresiones que 
indican la manía y locura de los hombres por ele- 
varse sobre los demás, dominarlos, humillarlos y 
abatirlos, manifestándolo en todas las acciones y de 
todos los modos posibles. La idea principal es la de 
alto y de ella como accesorias se derivan las dos, 
de úlíiio y de altaiieío. 

La allaueria nace de un natural orgullo, o diga- 
mos alio, pues altanero, en sentido material, signi- 
fica muí/ alio, altísimo, donde predomina una bien 
manifiesta a//«ríj 6 alliza como decían en lo anti- 
guo. Por traslación vendrá i significar arrogancia y 
orgullo, así como la attirez dominación é imperio. 
A/(aiiiTii se dice con mas propiedad de las personas 
que de las cosas, aunque á veces en poesía suele 
aplicarse i estas en sentido metafórico; altivo se 



AMB 

ridículos. El aire altivo acobarda al débil, al apo- 
cado, al esclavo; irrita á los hombres independien- 
tes, excita á que estos se reúnan contra él; despierta 
el iufleiible é indomable horror de la tiranía aun 
cuando esta alnvez provenga de buenas causas, 
como la razón , la justicia y la legitima autoridad. 
AMAI\SAB. 11 DOMESTICAU. — Díslingucnse 
comunmente los animales por las sustancias de que 
se nutren en he-rbivoros y carnívoros) porque aque- 
llos se alimentan de yerbas y estos de carnes . los 
primeros son de natural manso y no dañino : ios 
segundos feroces y perseguidores lie los demás, so- 
bre todo de aquellos que les sirven de alimento : 
sin duda á la naturaleza de la sangre , que este 
produce, se deben tan opuestas cualidades. El 
nouibre, en la parte animal, es á un mismo tiempo, 
herbívoro y carnívoro , y mas esto que aquello. 

Con su inteligencia, su paciencia, su destreza, 
no solo sujeta y vence á todos estos anímales, sino 
que les muda su misma indo 
a los bravios, y domesticando á los mas feroces. ; 
Desde los primeros pasos que díó la sociedad, ob- 1 
servaron los hombres que habia muchos animales, 
que podría convertir en fieles criados suyos , de 
los que sacase grandes utilidades : ocupóse en 
amansarlos , porque no eran feroces y sí solo bra- 
vos, y tuvo por criados al perro, el mas fiel y útil 
de todos, al buey, al caballo, al asno, al camello y 
á otros. La libertad del perro se ha olvidado, y 
desde los mas remotos siglos nace doméstico en las 
casas, sin que recuerde en iiada su estado silvestre. 
Para nuestro propósito debemos distinguir los 
anímales domeslicos , los dvmeslicados, los mansos 
ó amansados, habiendo de convenir que sujetos to- 
dos á la superioridad del hombre, no hay ninguno, 
aun el mas feroz, á quien no se pueda amansar, 
domesticar y dominar y convertirle en el mas su- 
miso y tímido esclavo, pues que se ve á menudo a 
los lobos, á las hienas, á los leones y á los tigres, 
que el hombre los trata cual á miserables y dóciles 
mstrumentos de sus caprichos y j)laoeres_. 

Todo lo amansa el hombre menos á sí mismo ; 
y así dijo un poeta nuestro (D. Agustín de Tejada) 
a este propósito. 

• Tú íolo ves la gloria de la nombre 

• Aunque rorlana ruede, 
. Que el mayor mal nue al hombre le sucede 

• No es de las fieras, no, sino de otro hombre, 



AMN 

misma cosa ; sin embargo , el ingenio del hombre, 
su imaginativa, el capricho, la moda, el amor a la 
originalidad y novedad suelen convertir estos de- 
fectos en cierto género de bellezas. 

La ttmlihjíiedad presenta un sentido general, que 
admite diferentes interpretaciones, de modo que 
cuesta trabajo el descubrir ó adivinar el pensa- 
miento del autor, siendo á veces imposible el 



dice particularmente de las personas; pero por ana- ' ^^ j^ ' ^^ ^^ ¡¿^^ ^^ palabra ainanle, pues mu- 
■ --.■_ — I. .„K„„,. „„ «.tu „nhl» V elévalo a ^^^^ se declaran tales, sin estar enamorados. 

AMBIGÜEDAD. |1 ANFIBOLOGÍA. || EQUI 
VOCO. — Para explicar y enteuder clara y agrá. 



logia suele aplicarse en estilo noble y elevado a 
las cosas. A veces se toma en buen sentido la pala- 
bra altivo, sobre todo cuando corresponde á la su- 
blime elevación de las ideas. Altanero nunca tiene 
buen sentido como no sea hablando metafóricamente 
de las cosas. . 

El hombre allanero os abate, el altivo intenta 
esclavizaros ; los modales altane 
y rencor á los que tienen que sufrirlos 



lograrlo. Es, pues, la aml'ii/üedad duda, confusión 
é incertídnmbre en el lenguaje é ideas. 

La palabra anfibología viene de la griega amli- 
bolia, compuesta de la raíz amji preposición , que 
significa cerca, y balo echar, á la que después se 
añadió logas palabra ; y se comete esta falta cuando 
se construye una frase de modo que pueda recibir 
dos diferentes interpretaciones : se refiere mas 
bien al giro de la frase ó colocación de las pala- 
bras, que á los términos equívocos de estas; al 

uo»^.M„..v,.., .. . contrario de la ambigüedad, que se halla solo en 

u misma índole , haciendo mansos | los términos, y asi se dice una palabra ambigua, y 
una frase anfibológica. 

El eqúioco regularmente tiene dos sentidos, 
uno natural é inmediato, que es el que parece se 
quiere dar á entender, y otro artificial ó fingido, 
desviado ó apartado, que solo le comprende la 
persona que habla, y tan disfrazado, qne ni aun 
siquiera lo entienden los demás. La ambigüedad es 
parto de un limitado talento, ó de los que se 
quiereu esconder en la oscuridad, como sucede 
con los charlatanes é impostores : indigno es de un 
hombre tranco y honrado el intentar el engaño, y 
tal es el objeto del cinivoco. 

AMISTAD. 11 INCLIIVACIOIN. || TERNURA. 
II AMOK. — Palabras que demuestran benevo- 
lencia hacia nuestros semejantes, que convertidas 
en benéficas acciones, poderosamente contribuyen ñ 
la dicha y felicidad que puede resultar de las relt.. 
ciones sociales. 

La amistad supone natural bondad, quese mant 
fiesta en el particular apego que una á otra se 
tienen dos personas. 

Se diferencia la ami'tad de la inclinación en que 
aquella es un afecto fuerte, sólido y duradero ; 
mas la inclinación es solo una disposición á estimar 
y querer, nacida de cualquier circunstancia ó cali- 
dad que nos agrada en el objeto á que tomamos 
inelinneion por el placer que nos causa ó la conve- 
niencia que en el hallamos. La amistad es un 
sentimiento duradero, la im liaacton una líger» 
impresión, que se desvanece casi en el instante qite 
se quita de nuestra presencia el objeto : puede 
llegar á ser amistad ó amor, si la persona á quien 
nos iuclimmos tiene tanto mérito, ó vamos descu- 
briendo en ella tales perfecciones, que nos con- 
duzcan insensiblemente á estas dos pasiones. 

Sí la amistad es un sentimiento sumamente 
activo que se fija en un solo objeto, la ternura es 
un estado del corazón que resulta de la amistad ó 
del amor; y es mas ó menos viva, conforme el 
grado de sensibilidad de cada corazón particular; 
así como la amistad es mas ó menos iutima, según 
las cualidades de la persona amada, motivos ó 
causas que la hacen amable. 

Mas duradera, aunque menos viva que el amor, 
es la amistad, pues que el tiempo y la costumbre 
la van formando y consolidando, en lugar de que 
el amor es un afecto ínstanláneo, que se produce á 
veces con una sola mirada. 

El objeto que se propone la amistad, se halla en 
el placer y agrado de la vida por medio de un 
trato y comunicación estable, en una confianza 
ilimitada, v en un seguro recurso y apoyo en nues- 
tras necesidades y de consuelo en nuestras aflic- 
ciones; mas el amor, suele ser una ilusión, que 
vive de lisonjeras esperanzas, de una satisfacción 
completa y de un inefable placer de nuestros sen- 
tidos. 

Y si comparamos ahora el amor a nuestros seme- 
jantes, que viene á ser una amistad general con el 
género humano, veremos que este es una disposi- 
ción que la naturaleza puso en nuestros corazones 
para compadeceruos ae toda desgracia, y desear 
evitarla -o remediarla ; pero como el género hu- 
mano es tan numeroso que no podamos ni cono- 
cerlo en particular ni remediar sus males, tiene 
que limitarse este amor i un corto número de indi 
viduos de los que conocemos ,_ sintiendo no poder 
extender nuestra beneficencia á todos. 

— Habiendo Trají- 



. Que la fiera se amansa 
• Y el hombre en daño de otro no descansa. » 
Llamaremos animales domésticos i los que nacen 
en la domesiicUad, en nuestras casas y posesiones; 
damesiicailos á los que habiendo nacido libres, ó 
gozando de cierta libertad, los acostumbramos a 
vivir con nosotros en estado de domeslique: ; aman- 
sados i los que siendo aun mas libres y ddiles .le 
sufrir nuestro yugo, los vamos con arte, paciencia 
y maña acostumt,rando á él : estos no pasan de 
cierto grado de domesllcidad, y siempre conservan 
ciertos resabios de su bravura y ferocidad, contra 
los qne debemos estar prevenidos. 

AMANTE. II ENAMORADO. — Enamorado es 
el que ama siendo ó no correspondido ; su amor 
reside en el corazón, por lo común oculto, y tanto 
mas cuanto mayor es la pasión, pues naturalmente 
son tímidos los verdaderos amadores. Por eso nues- 
tro Calderón, que tanto conocia y tan bien sabia 
pintar el amor, dice en su comedia de JVí amor se 
libra de amor, que el amor, para ser perfecto, debe 
tener cuatro eses, que son : sabio, solo, solicito y 
setreío. 

Diferente es el amante : puede no amar; pero 
siempre debe manifestar pasión con obsequios, 
atenciones y servicios ; y cuanto menos sienta, mas 
delie fingir que siente. Si no halla correspondencia, 
pronto suele desistir de su pasión ; si la halla j se 
.admiten sus obsequios, los aumenta y ostenta su 
dicha. Á nadie se puede impedir estar enamorada 
cuando se disfraza y oculta bien ; mas se le puede 
estorbar haga alarde de ser amante, y mas de per- 
sona determinada ; por cierto que si son pocos los 
verdaderos enamorados, son muchos los fingidos 
amantes. , , , j 

Añadiremos, por fin, que la palabra enamorado 
designa también una cualidad relativa al tempera- 
mento, inclinación y genio de la persona que ama. 



amnistía. II PERDÓN. . 

bulo vencido á los treinta tiranos que esclavizaban 
dablemente "las'ideas, se dictaron las reglas grama- 1 á su patria Atenas, hizo decretar una ley que s« 



\^r:^£, r fif ™r: T^'^r^^:^:^ \ '"¿^i^ rí^r;;^r.s han de venir á seruoa I tiranos , los deceuviros. 



AMO 



A.MO 



AMO 



13 



Ce esta ley y su nombre viene la palabra nmnis- 
tia; pues en efeclo, aijuella es la primera de que 
nos h,ibla la kistoria. Se ve, pues, que la iimiiistuí 
íe dirige al olvido y perdón de los delitos políticos 
que por lo común suelen solo considerarse tales 
durante los disturbios públicos ó intestinos, y 
pasan acabados estos, siendo las personas que los 
cometen, por otra parte, sumamente apreciables é 
incapaces de ningún crimen deshonroso, y consti- 
tuyendo el crimen mas bien la suerte adversa del 
vencido, que la naturaleza de la acción. 

üu soberano bondadoso y politico si vence, suele 
perdonar las injurias que se han hecho á su sobe- 
ranía, y los males que ha causado la guerra de 
partidos : se reconcilia con el pueblo, y promulga 
una {imnistiii mas ó menos noble, generosa y 
eitensa ; tal fue el actj df oliido que publicó en 
Inglaterra Carlos II cuando fué restablecido en el 
li-ono de su desgraciado padre. 

Asi como la umnisliu no supone, rigorosamente 
hablando, delito civil ó común que irrogue infamia, 
y puede recibirse y acogerse uno á ella sin deshonor 
ni ignominia ; no se verifica esto en el perdón ge- 
neral ó particular, pues este supone siempre un 
delito, y por lo común feo. 

AMUDORRAR. |1 ADORMECER. 11 DORMIR. 
— Dirigense estos verbos á indicar las diferentes 
acciones, que producen un sueño mas ó menos pro- 
fundo y el sueüo mismo. 

Amodorrar, es causar aquel entorpecimiento de 
las facultades, tanto corporales como mentales, que 
insensiblemente nos hace caer en trn completo 
sueño. 1 ■ ^ 

Adormecerse indica que de prouto se ha caído 
en el sueño, sin que se pueda distinguir el tiempo 
que media entre el amodorramienlo y el sueño 
verdadero. 

No está completamente dormida la persona amo- 
dorruda . pero si en uu estado de poderse dormir ó 
despertar de pronto, según las circunstancias exte- 
riores ; porque aun no na caído en un sueño pro- 
fundo. , 1 . i 

Son muchas las acepciones figuradas de estas dos 
palabras, que corresponden, segiin los casos, i 
entorpecer, apagar, amortiguar-, calmar, aletargar, 
embotar y también en cierto sentido á embelesar, 
distraer, acallar y entretener. 

El significado de todas ellas es disminuir la 
acción, apagar el ardor é impedir los resultados 
que pudiesen dar. 

Nos adormece la lectura de una obra fastidiosa 
y tambiíu el cansancio de un largo paseo ó viaje : 
nos amodorran los vapores del vino, cuando caemos 
en la borrachera. 

Hablando de una obra pesada y fastidiosa, deci- 
mos que es soporifica, porque poco á poco nos 
adormece. Asi, un autor, hablando de otro bas- 
tante pesado y no poco tonto, decia : « que en hojas 
de adormideras escribía con pluma de ploiiio. > Se 
dice adormecer, por calmar, los odios, las disputas, 
las sediciones : se adormecen los dolores con los 
remedios : se adormece á un niño meciéndole : se 
ttdonnecen los hombres en los placeres, en la ocio- 
sidad : se adormece al enemigo manifestándose el 
coutrariii descuidado, que no se ocupa en nada, 
cuando sagazmente está preparando los medios de 
sorprenderle y vencerle. A Jorínfcemoí con palabras 
y acciones lisonjeras á los que queremos ganar ó 
engañar. 

La debilidad, el entorpecimiento, el amodorra- 
nüenlo conducen insensildemente al sueño las mas 
de las veces, siendo como el principio de él, y á 
esto llamamos algunas veces dormitar. 

El sueño podemos decir, generalmente hablando, 
que es el estado de todo ser organizado y princi- 
palmente del animal, en el que se han entorpecido 
enteramente las facultades corporales ó mentales, 
gozando de uu completo sosiego en el que olvida 
sus penas y recobra sus fuerzas. 

'ElamodoTrumienlo, no es muy pesado, pues basta 
á veces cualquier ruido para salir de él ; pero el 
íiifHO, en algunas personas y casos, llega a ser muy 
profundo y se suelen necesitar grandes esfuerzos 
citeriores para arrancar al dormido de él, y asi po- 
dremos decir que un amndorramienlo muy profundo 
es el sueño, y que el amodorramiento es un sueño 
muy ligero. Pero el amí^dorramiento en el estado 
de salud, nunca llega á ser sueño, pues constituyen 
estas dos cosas dos estados diferentes ; el último es 
como el complemento del primero. 

El iueñ' comienza por lo común por el amodor- 
ramiento, siendo á veces este tan corto, que parece 
confundirse con a.juel ; sin embargo, siempre son 
distintos, y podemos salir del amodorramiento, sin 
que este llegue á terminaren sntño. 
Debemos advertir, que aquí tomamos la palabra 



amodorramiento en el sentido natural de un cuerpo 
sano, cuyas facultades se van debilitando y entor- 
peciendo y no en el estado de enfermedad, como 
sucede muchas veces, en el que el amodorramiento 
ó modorra se hace habitual y es como signo ó pre- 
cursor de varios males. 

AMOR A LA P.ATRIA. |1 PATRIOTISMO. 
— Tai vez hubiera sido mas propio dtcir amor al 
vais : pero como la idea de patria airaza á esta y 
la da mas eitension y energía se prefiere esta de- 
nominación. 

Amamos á la patiin , porciue nos amamos a nos- 
otros mismos, en lo que entra no poco amor propio, 
vanidad, y orgullo, viniendo á ser con esto uu de- 
fecto, un vicio en sus efectos ; en su causa es un 
efecto natural casi invencible, pues que la patria, 
como que forma parte de nuestra eiistencia, es una 
necesidad física y moral. Física porque respirando 
el mismo aire, nutriéndonos con los mismos ali- 
mentos, cuando llegamos á la edad madura, el se- 
guir viviendo en nuestra patria es un hábito, una 
segunda naturaleza. Moral es una necesidad aun 
mas fuerte, pues que nos hemos connaturalizado 
con las cosas de que recibimos las primeras impre- 
sione: 



amor mas nace de ilusión que de realidad; es el en- 
gaño de nuestras pasiones, por eso le pintan ciego : en 
sus extremos conduce á la demencia, al furor, á la 
desesperación, y entonces suele hacerse digno del sen- 
timental y moderno coturno : sus delicias son el 
abrazo de una divinidad aérea y fantástica, y sn rea- 
lidad el azote de las furias. 

La ijalanteria tiene siempre los ojos abiertos, no 
se ciega, ve claro, la astucia la alimenta y dirige : 
asi sulre poco y goza mucho, porque es mas volup- 
tuosa que delicada. 

Las mujeri s sagaces y entendidas temen á los que 
galantean, y pretieren á los que ainan : las sensibles 
é inocentes son por lo común victimas de los obse- 
(Tuiosos amadores; porque es bien cierto que entre 
dos amantes siempre es sacrificado el que con mayor 
ingenuidad y vehemencia ama. 

Todo amaute es celoso, aunque sea prudente y 
disimulado; pero solo llamamos ce/ovji.s a los que 
lo manifiestan con sus arrebatos, nacidos resular- 
mcnte en el corazón de las personas orguUosas, 
desconfiadas y de poco mérito. Este es, pues, uno 
de los excesos y escollos del amar que Uegaá hacer 
perder el seso a los que atormenta esta pasión. El 



sioues las'qne nunca' s'e borran, y aun por efecto de ; exceso de la galantería es la disolución que hace 
la privación se hacen mas vehementes ; y asi los que perder al que la profesa la reputación, la salud y 
están lejos de su patria, ansian por ella, sienten su a veces el honor, 
ausencia, tienen sumo gozo en recordarse de ella, y 
se hacen grata ilusión, persuadiéndose que podrían 
ir i acabar sus dias allí mismo donde los comenza- 
ron. Todo lo que hallamos en nuestra patria, lo mi- 
ramos como parte de nuestro ser moral, nuestros pa- 
dres, nuestros deudos, nuestra lengua, nuestros usos 
y costumbres, nuestras opiniones y creencias. 

El patriotismo es una virtud que llega á elevarse 
al heroísmo, produciendo las mas nobles, desintere- 
sadas y sublimes acciones. Consiste en nn ardiente 
deseo de servir á la patria, de engrandecerla, de 
prosperarla, de defenderla, sacrificándose, si es pre- 
ciso, por su bien : esta virtud solo se halla por lo 
común en los pueblos libres, y cnanto mas lo son, 
tanto mas general y heroica se hace. 

¡Muchos creen tener palrioti^mo, y solo tienen 
amiir á la patria, ó mas bien amor propio, envane- 
ciéndose con sus glorias, como si á ellos exclusiva- 
mente perteneciesen. 

Estos patriotas de farsa solo lo son por el provecho 
que sacan ó pretenden sacar de su falso patriotismo. 
(Jueden para los necios que trabajan ¡( callan los sa- 
crificios ; sean para aquellos los beneficios. 

AMOR. II GALANTERÍA. — El amor es mu- 
chas veces una pasión que de improviso asalta al 



corazón, le sorprende y domina sin poderse adivinar 
la causa ó motivo. Los obstáculos, las dificultades 
lo irritan y aumentan : cuando el trato no es contra- 
riado, suele enfriarse y disiparse del todo, por.)ue 
descubre las imperfecciones, las falacias y engaños 
del objeto amado: si se advierten en él prendas 
apreciables, ó que nos parecen tales, crece con len- 
titud y se arraiga ; entonces tiene mas de raion que 
de pasión ciega é impetuosa, y no es el amor ni de 
los dioses, ni de los poetas, ni de las novelas. 

La oalanteria es mas reflexiva, mas sensual y me- 
nos poética ; mas atiende á la realidad que á la ilu- 
sión : el galán mas se ama á si que á su dama, mas 
solicita su placer que el Ínteres de su querida ; es 
un verdadero amor propio, un amor fingido. 

El amor está mas en la naturaleza que en el arti- 
ficio : en la galantería casi todo es arte y engaño. 
Pocas veces se ama, y de veras por lo común, una 
sola, y pocos hay que amen y sepan amar ; esto es 
aun mas difícil que lo primero, y tiene parte de ga- 
tanlcria. El amor es exclusivo, se ama á una persona 
sola; diríamos que la galantería es electiva, porque 
excluye poco y elige mucho; no se fija, y cual la 
mariposa quiere vagar de flor en flor. 

El amor, aunque se entibia, se fija con la posesión; 
entonces el amante se convierte en amigo, pasión 
mas ilustrada y feliz. Las desgracias suelen causar 
la ruina ó muerte del amador, y dichoso si se limi- 
tan á producirle arrepentimiento : aquello es mas 
común, esto mas raro; porque siendo el amor vida 
del corazón, solo con este muere. 

La galantería mas feliz en sus engaños, mas avi- 
sada eu sus intereses, varia siempre, y tanto mas, 
cuanto mas sagaz se h.ice. El amor es la pasiou de 
los jóvenes ; en las personas de edad madura ó an- 
cianas se convierte en ridiculo: \3. (jalanttna perte- 
nece á casi todas las edades, y nunca es ridicula ni 
despreciable; las mujeres siempre desean ser obse- 
quiadas. La ga'.an!e:ia se entibia y arredra con los 
obstáculos; porque nada tiene de heroico, aunque 
suele aparentarlo; mas siempre prefiere lo pronto y 
fácil á lo lento y difícil. 

El amor es uu tirano, la galantería nn traidor ; 
esta daña á la persona amada, aquella al amador. El 



El amor es mas dañoso á las mujeres que á los 
hombres. En las jóvenes solteras se disimula y aun 
se mira como cosa natural : si las hace desgr.acia- 
das, se las compadece ; mas se las desprecia y aun 
aborrece si se precipitan en el galanteo, pues este 
supone insensibilidad, mal corazón y mas picardía 
que la que se puede sufrir en su estado y edad. 

Al contrario sucede en las casadas ; en ellas, sea 
cual se fuere la causa, el amor es una deshonra, 
una ignominia, un crimen: pero se las sufre un 
poco de galantería, no excediéndose de los términos 
de la decencia, y limitándose á los del agrado. 

Con la galantería se pueden conservar y aun au- 
mentar las buenas prendas del corazón ; con el 
amor se pierden : una mujer de galanteos suele dar 
pruebas de amor verdadero á su marido y de esti- 
mación á sus amigos : una mujer ciega en la pasión 
del {imor. aborrece á su marido, y la fatigan y es- 
torban sus amigos. 

AMORTIGUAR. 11 APAGAR. |1 APLACAR. 
II TEMI'LAR. ||MODE!lAll.-ílmorí'(7¡iar signi- 
fica debilitar una cosa, disminuir su actividad, su 
ardor y su violencia : se usa esta palatua tanto en 
el sentido propio como en el figurado, hablando no 
solo de la viveza ó fuerza de una acción, sino tam- 
bién del lustre v brillo de algunas cosas, como co- 
lores y sonidos. Se amor/i'íua un fuego muy fuerte, 
echándole agua ó un cuerpo que lo sofoque : se 
amortigua la fuerza de algunos colores , disminu- 
yendo su resplandor : se "amortiguan las pasiones 
sujetándolas. 

Cuando i fuerza de amortiguar una cosa llega- 
mos á destruir la viveza y vigor de un cuerpo, lo 
apaiamos, es decir, extinguimos aquellas cualida- 
des^ Apaíiamo^ el fuego, la llama y aun el color : 
en sentido figurado apajamos la colera, la ira , la 
veUijanza : apáganos ó sosegamos una disputa, una 
discusión, un alboroto, un motín; y también deci- 
mos apagamos, ó mas bien extinguimos ó borramos 
la memoria de una persona ó cosa 

Lo que amortiguamos di-minuve en fuerza y en 
actividad ; mas no se destruye, como sucede cuando 
apagamos, pues que el cuerpo desaparece entera- 
mente. tJn fuego apagado es un fuego muerto; 
pero fuego sigue siendo cuando se le amortigua, 
pneí que no se ha hecho mas que debilitarlo : su- 
cede lo mismo con los colores; metiendo nn hierro 
hecho ascua en el agua, se apaga su brillo; pero 
solo se amortiijua su calor, pues permanece mucho 
tiempo después de haberse opigado el fuego. 
Cuando se procura apagar un incendio, se amorli- 
guan las llamas, y no nos servimos en este caso de 
la palabra apigar, que es lo que deseamos, esto es 
aeaaar, exiinqmr y no amortiguar el incendio : 
decimos umor/ííiiar el fuego, y no apagarlo, cuando 
solo intentamos que sea menos ardiente. 

El amoriigunmimto se verifica por lo común su- 
cesivamente y en un tiempo mas o menos largo : el 
upiqamiento en un instante, pues, es el ultimo 
grado del amortiguamiento, el paso del estado mas 
débil al de la nada. La luz de una lámpara se va 
amortiguando poco á poco antes de apagarse del 
todo. 

Siempre que nos valemos de las palabras apagar 
ó e.rtinguir para significar una acción que necesita 
cierto espacio de tiempo para ejecuUrse, nos refe- 
rimos á la intención ó mira que tenemos de destruir 
enteramente la acción, que está en actividad, lo 
que supone un trabajo, que aunque nos conduce a 



14 



ANC 



ANG 



ANI 



la acción de apagar, no es en modo al^nno la ac- 
cioü misma : no se na extmnu'd) realiueute nn iu- 
Cfcudio, sino h.ista que se ha destroido del lodu la 
actividad del fuego que le mantiene , y esta des- 
trucción, que es el tía de los •¡mnrtiyu.amteiUOH su- 
cesivos, se verifica en un instante. 

La templiinza ó atcnperúncia se refiere mas par- 
ticularuiente á los efectos de la actividad, que el 
amoTtitiunimen'O dismiuuia por la acción iume liata 
que venia ejerciendo sobre la causa ó priucipio de 
esta actividad. l)estruyeudo lo que sii-ve de aliciente 
á una pasión, se la luniTínjua -. ¿e la uplucii, aquieta 
ó apacigua s.itisfaciéndola : se utn-iríiiiuan las dis- 
cusiones desviando ó quitando las ca;isas que las 
producen, y se las opina ó apaci:^ua reuniendo las 
Tolontades de los que las causan. Se amaríq/U" el 
hamlire tomando algún alimento, y se la tipiaca 
comiendo todo lo que se quiere. 

AAIPARO. II AUXILIO. || SOCORRO.— Se 
apipara ;il que de todo carece, se aocorre al que no 
tiene lo suficiente para sus indispensables gallos, ó 
sus grandes urgencias, se aüj-iliu al que teniéndolo 
necesita mas para sus empresas. 

Se auxilia al rico , al pode/oso para que lo sea 
mas : se socorre al necesitado para sacarle de sus 
ahogos, ó al que está en peligro para qne se liberte 
de él : se amparu al infeliz, al drsvalido para que 
no perezca. 

El socorro es generoso, el auxilio benéfico, ei 
arnp iru compasivo. 

AIMALI8I8. II DESCOMPOSICIOIV. — Para 
conocer mejor un cuerpo fínico ó moral, necesita- 
mos separar las parte- que lo componen, y eiaminar 
cada vud de ellas, deduciendo de esta operación la 
coulunuidad ó diferencia que guardan entre si, y 
el mudo como estíín reauiíis, y formando un todo. 
Kl termino cientiíJco de esta separdcion es lo q^ue 
llamamos nniilisis: si se verifica en un cuerpo fisioo 
sin separar sus moléculas ó mas bien sus últimos 
elementos, el uuáiisis ser;i fisico ó material ; pero si 
penetramos en estos elementos, y por medio de 
reactivos, le descomponemos en tocio sa interior, el 
anüliAis ser;i químico, que es el sentido mas coman 
que se d,i á la palabra. 

La descompo^icun no es mas ijne la separación 
material de las partes de los cueipos, sin detenerse 
eu el cientiJico examen de eJ'as, ni en las relaciones 
que tengan entre si. 

DeSiOmpO'.emos un cuerpo cuando destniirnos la 
cohesión de sns partes; y en >entido figurado un 
negocio cuando le imposibilitamos de que pueda 
seguir y completarse- Es muy usada la palabra 
análisis en ^euttdo figurado, sobre todo hablando 
de materias científicas y literarias; y también lla- 
mamos análists á la reducción de fun discurso ú 
obra á sus paj-tes principales, para de este modo 
conocer uiejor el orden que guardan, y distinguir 
los pensamientos fundamentales de los accesorios. 

ANCIANO. II VIEJO, p ANTIGUO. || ANTI- 
GUALLA. — Estas palabras son comparativas y 
oposiliías de otras, pues á lo unclmo se opone lo 
joven, á lo viejo lo nuevo, á lo tintiijuo lo moder- 
no ; y tienen su uso diferente, no pudiendo servir 
unas por otras. Anchino se dice de un hombre muy 
avanzado en edad, y solo se usa de la palabra viejo 
en estilo de desprecio, burla ó por un modo des- 
cortés ; mas tratando de animales, plantas , ideas y 
cosas morales, se dicen viejas y no ancianas : á las 
ideas y expresiones, para desautorizarlas y despre- 
ciarlas mas, se las suelen llamar ranc-ias y añejan. 
La palabra aní/;/uo, opuesia á lo moderno, nuevo 
y aun reciente, se usa hablando de trajes, muebles 
y modas. Se dice también sistema, método, plan, 
estudio, lenguaje y estilo aní/ijun. En opocision á 
los pueblos modernos, se llaman antniuoa los grie- 
gos, romanos, etc., y solo se titulaban ancianos los 
que gobernaban al pueblo de Israel. La palabra 
anti'uo se refiere principalmente á las cosas, á los 
pueblos, y á sus oliras v no á las personas. 

Entendemos por aníigfudad á la prioridad de 
tiempo, de época y de edades, y colectivamente á 
los que vivieron en las mas remotas, y también á 
la piioridad de empleos, cargos y acciones; y llá- 
manos antiguar y anticuar al adguiíir antitjüednd 
en estos destinos. 

La palabra antigualla es de uso científico en la 
numismática y en la arqueología; signiüca y com- 
prende todos los monumentos de cnabiuier clase 
que sean que nos quedan de los puetilos antiguos ¡ 
en sentiilo de desprecio se llaman también antigua- 
llas á las noticias y ra('nnmeutos de poca importan- 
cia ó ridiculos. 

La anc/aniílad corresponde á las personas y fa- 
mili.is, y para designar el remoto origen de estas, 
decimos qne son rancias. La aiiii;¡í"''ffii! [lerleuece 
á los documentos. La vejes cae en la ti'crepitad, la 



antigüedad llega á lo inmemorial. La vejes dismi- 

ULiye las fuerzas corporales, y suele aumentar las 
mentales : la antiiiiiedaii da autoridad á los docu- 
mentos y títulos oficiales; pero caando una moda 
es antiuuii, se hace despreciable y ridicula. 

ANÉCDOTAS. || ANALES, || CRÓNICAS. || 
COMENTARIOS. || FASTOS. |J Ml-MUICIAS. l| 
RELACIONES. — Da:uos el titulo de historia á 
la narración de los sucesos, hecba con estilo sen- 
cillo ; pero con salúduria y prolundidad en los pen- 
samientos : su objeto es darnos á entender la ver- 
dad de los hechos, y el deducir máiimas y ejem- 
plos que nos sirvan de regla para conducirnos en 
las diversas circunstancias de la vida, y que conoz- 
camos á los hombres, á las naciones y á lus impe- 
rios. 

Los fastos son como tablas ó mas bien calenda- 
rios, que nos presentan en muy breve espacio, por 
dias y meses las fiestas y diversiones solemnes, das 
alteraciones auténticamente probadas, que se ban 
Terifioado en el orden pú' lico, los actos, los nuevos 
establecimientos, los orígenes importantes de los 
sucesos y las noticias de las personas ilustres, que 
mas merecen ser conocidas de la posteridad. Tales 
son los fastos consulares, que tanta luz dan á la 
historia romana. 

La crónica, según la derivación de su nombre, es 
la historia de los tiempos, dividida por el orden de 
las épocas, y á esta clase pertenecen las gacetas y 
los periódicos que se llaman políticos. 

Los anales son historias cronológicas divididas 
f or años, como los periódicos por dias, y se limitan 
a manifestar los hechos sin ornato alguno eu la 
naiTiciou, en lugar de que la historia razona y re- 
llexioua sobre estos mismos hechos, procurando in- 
dagar las causas y motivos secretos que han me- 
diado paia producirlos. 

Solo como materiales de la historia miraremos á 
las memorias, cuyo estilo debe ser libre y desemba- 
razado; eu ellas se puedeu desenvolver y discutir 
los hechos, y entrar en mucbos pormenores impro- 
pios de la historia. 

Los comentarios no pasan de ser un bosquejo de 
historia, ó una breve memoria de alguna paite de 
ella. 

La riiacion es una detenida y minuciosa descrip- 
ción de cualquier empresa, conjuración, tratado, 
revolución, fiesta ó viaje, y su mérito consiste prin- 
cipalmente en la eia^titud, elección y utilidad de 
los pormenores, y en que el colorido que se da al 
estilo sea natural y propio. 

Atendiendo al origen griego de las palabras 
anet dotas ó anécdotas diremos que significa la rela- 
ción de cosas no publicadas antes; pero se ha en- 
tendido y eutiende por obras en que se descubren 
hechos secretos , particularidades curiosas , que 
aclaran los arcanos y misterios de la política, y los 
ocultos manejos que han producido grandes acaeci- 
mientos y revoluciones. Él objeto de estas anécdo- 
tas parece ser el de manifestar las causas y los 
móviles no sabidos, á veces pequeños, frivolos y i 
aun ridiculos, que han causado estos grandes tras- ! 
tornos, y dictado las mas importantes resoluciones: i 
los antiguos, que escrÍliÍe-rou con mas libertad é 
imparcialidad que nosotros sus historias, tuvieron 
meiios obras de este género, no siéndonos conocidas 
como tales mas que las anécdotas de Procopio sobre 
Jiistiniauo y Teodora, que mas bien que historia 
sou uua sátira atroz y un libelo infamatorio. 

La maledicencia y ana maligna curiosidad hacen 
que en el dia se publiquen, busquen, aplaudan y 
crean muchas de estas anicdotas y memorias se- 
cretas. 

Las vidas 6 biografías forman la historia del | 
hombre en todos los instantes y circunstancias de su 
vida, considerándole cual es en sí, desnudo de todo 
aparato exterior, en lo retirado de su casa, en su 
familiaridad y franqueza con su familia, sus ami- 
gos, y á veces hasta en lo interior de si mismo. La 
historia nos presenta al hombre como aparece ser y 
no como es; al hombre público y no al privado; 
al sabio, al joolítico, al goerrero, no al hombre que 
escribe, gobierna y combate. 

ÁNGEL. II ESPÍRITU. || DEMONIO. — El 
nombre general de espirita conviene á todos los 
seri'S pni-amente cspiritnates é intelectuales, que 
sin tener relación alguna con la materia , gozan la 
facultad de manifestarse á los hombres y hablarles; 
tales son los ámieles, los demonios , los espectros o 
los que comuDuieute se llaman aparecidos. Según 
la palabra griega ai/i/e/os, lasigniticaciou verdadera 
de ángel es la de vicnsajero ó enviado de Dio^ : se 
distinguen en dos es[)ecies : los l>ufnofiy los malos. 

Cuando los queremos distinL;iiir jior su natura- 
leza y residencia, los llamamos espirUua. Se dice 



los espíritus celestiales habitan en el cielo, y los 
infernales en los infiernos. Los ángel s malos son 
espíritus malignos : se dice de los bienaventurados, 
espíritus. 

Xa palabra ángel, sin epíteto alguno, indica el 
¿n.i/d üueno, el que mora en el cielo, el ministro 
del Altísimo. 

Demonio denota un ángel malo, que habita en los 
infiernos, ó sube al mundo para atormenUir á los 
hombres ó inducu-los al mal : se asemejan los bue- 
nos y los malos ánijeles en que son sustancias in- 
corpóreas; pero solo en esto, pues se dilerencian 
notablemeute en sus inclinaciones y en los efectos 
que producen; los unos se dirigen al bien v los 
otros al mal. Para designar á un demonio, nn basta 
simplemente la voz ángel, ijue siempre se toma eo 
buen sentido; y así es menester añ;tdir al^un epí- 
teto que la distinga, diciendo ánnel de tinieblas, 
ángel malo, llamarle demonio ó también diablo. 

ANGUSTIAS. II CONGOJAS. || ZOZORltAS. 

¡I AN^IAS. — Palabras sou estas que mdic.iu sen- 
timientas incómodus y dolorosos , tanto mayores, 
cuanto mayor es la sensibilidad de los que los pa- 
decen. 

Las angustias constituyen un estado de pena, 
aflicción y dolor, que oprime al alma en tales tér- 
minos, que sufre la irre:iistible impresión del mal, 
sin vislumbrar por parte alguna un ra\o de espe- 
ranza que la consuele. 

Las conuojas son un estado de violento temor, 
que hiela las facultades del alma^ como el frío las 
del cuerpo. 

En la angustia el alma se halla oprimida por el 
dolor, la mortificación y el tormento : el miedo se 
apodera en tales términos de ella, que embota sus 
acciones, apaga su actividad, la entorpece v la 
hiela, siendo su carácter principal el temor. Ef en- 
fermo, que se halla en las an :ustia-i de la muerte, 
siente que el dolor que sufre le oprime y debe con- 
ducirle al fin de su vida : esta es su única sensa- 
ción : no tanto siente el dolor que le atormenta, 
cuanto el temor de morir, que ^e le representa y 
mira con horror. 

La zozobra es una afárcion del ánimo, que no 
deja sosegar al que la padece, sea por el riesgo que 
le amenaza, ó el mal que ya comienza á sufrir. 

El ansia, ^ue se asemeja mucho á la angustiaj 
oprime como ella y fatiga, causando inquietud o 
movimientos violentos; pero anuque el alma en 
este estado se halle abatida por la consideración 
del mal, no lo mira como absolutamente irreme- 
diable. En las anyuslias de muerte el enfermo la 
cree inevitable; pero si solo siente unsuis, se per- 
suade que puede tener remedio; venciendo euel el 
temor de que suceda lo contrario, siente una opre- 
sión que se asemeja mucho á la anynsliu. 

ANIMAL. 11 BESTIA. |1 BRUTO. —Hallamos 
aquí una reciproca diferencia en la extensión del 
signilicado; asi como en uua parte o clase del len- 
guaje el primer nombre de estos es superior al 
segundo, en otia lo es est^- á aquel, con lo que 
Vienen á ser ambos alternativamente género y es- 
pecie. 

tu lenguaje, que llamamos didáctico, la palabra 
animal índica género, y la á*^ Oesiiii especie. 

Pero como en el lenguaje vulgar la palabra 
animal se contiene eu limites mas estrechos, no 
viene á aplicarse mas que á una parte de la cosa 
que se comprende bajo el nombre de be^iia; es 
decir, aquellas que son de cierta magnitud, y no á 
las pequeñas y aun pequeñísimas : diremos del 
leou que es un feroz animal, y del ratón uua muy 
incómoda bestiezuela. Usada-, estas denominaciones 
en seutido figurado, forman expresiones ofensivas : 
la de animal ÁG usa para tachar los modales grose- 
ros ó inopoi timos; la de hestia para denigrar al 
falto de inti ligeaciaé instrucción : en cieitos casos 
la palabra bestia se usa en contraposición á la da 
hombre. 

Bruto es expresión de desprecio y vilipendio, y 
siempre de mal sentido : decimos se abandona ásus 
malas inclinaciones, á sus pasiones, á sus íorpezap 
como un bruto. 

Animal es un término genérico que abraza á 
todos los seres que tienen órganos, vida y movi- 
miento : el uniíitai vive, obra y se mueve por si 
mismo. 

Si consideramos al animal como un ente que 
goza de voluntad, de acción, de pensamiento, de 
relleiion en el nías superior grado, se limitará su 
significación á la especie humana; mas si le consi- 
deramos como mas o menos inferior eu las iiiucio- 
nes que indican alguna inteligencia y volunt^id, y 
que parecen serle cumunes con la esp'cie bumana, 
le denominaremos benita : si se considera á esta eó 



ANO 



ANU 



APA 



15 



|tt Último grado de estupidez, y como privada de 
lodo instioto y coDocimieüto la llamaremos bruto. 
Por injuria ó denuesto se aplican estas tres deno- 
luinaciooes al hombre : se le llama animal para 
echarle en cara los defectos ó imperfecciones de los 
anmaies, y sobre todo la grosería, la rustiquez y 
las brutale» acciones : besúa cuando se le acusa de 
incapacidad, de irracionalidad, de dejadez, de tor- 
peza, de imbecilidad ; bruto cuando se quiere ma- 
DÍfestaí su absoluta falta de razón, su completa es- 
tupidez, y mas aun cuando se denota su ciega brur 
taiidad, su feroz impetuosidad» el desenfreno de sus 
iucl i naciones y de sus costuiubres. 

AI>iOrACIOXtS. II NOTAS. II COMENTA- 
RIOS. II INIEUIRETACIONES. II EXPLICA- 
CIONES, ti APOSTILLAS. — Las fl/io/flCítí/itíí y 
las nota» se emplean para aclarar ó ilustiar ^o^~ 
nos pasajes de una obra j pero rigurosamente ha- 
blando, las notas son cortas, y no dicen nada que 
no sea absolutamente necesario para la aclaración 
de la obra : sirven psja ilustrar muchos pasajes de 
los autores antiguos, pues sin ellas á causa de la 
alteración de sos osos y costumbres, no podían ser 
enteudidos en muchos pasajes. También suelen 
11 -uñarse notas los reparos y tachas que se ponen á 
al,?unos escritos. Mas extensión que las nola.s admi- 
ten las anoiaeioneSy que vienen á ser como breves 
comentarios de las obras. 

Se circttnscrilieu las notas á aclarar ó eipUcar un 
texto en sus palabras^ alusiones y pasajes oscuros. 
En todas estas eiplicaoiones se detienen mas las 
anotaciones, las cuales á veces se hacen pesadas, y 
seeiceden de los limites que la razón establece, y 
aun se extienden á sacar consecuencias ó induccio- 
nes, que aunque puedan ser útiles en si uiismas y 
en casos diferentes, no en el deque se trata, por 
no tener relación directa con él. 

Es completa la nota cuando se eiplica la palabra 
ó frase con la claridad y extensión Lonvenienles; 
pero cuando de esta explicación resulta una verdad 
ae diferente género, y se explica y demuestra á los 
lectores, viene á formarse con la nota una verda- 
dera anotación : puede, pues, haber notas sin ano- 
taciones, mas no anoiaciones sin notas; porine 
aquellas se fundan sobre estas, como el todo sobre 
las partes que le componen. 

En lenguaje exacto los comentarios son detenidas 
y eruditas explicaciones de un texto. Si bien es 
cierto que las anoíai iones ^ á las que llamábamos 
breve-'* comentarios, sirven como estos para explicar 
ó interpretar el texto ; también dijimos que no se 
limitan á este objeto, y se extienden á otros qu« no 
guardan mucha conexión con él : al contrario, el 
comentario, por difuso que sea, se dirige á inter- 
pretar, y lo hace sin necesidad de apartarse preci- 
samente del texto, por lo que se le suele llamar 
gtosa. 

También llamamos comentarios á las historias es- 
critas con concisión y brevedad, ceñidas á un solo 
asunto, ensiles son como ejemplo y modelo, los Co~ 
mentarioa de Cesir. 

Asi como el objeto de las anoticiones es explicar 
con exactitud las frases y palabras, fijando su ver- 
dadero sentido, conocido solo de algunos eruditos, 
ó un sentido oculto ú oscuro que se aclara con au- 
toridades y razonamientos claros y positivos; la in- 
terpretación, por su parte, supone ambi^edad, y 
no busca precisamente una cosa que la aclare, dán- 
dola sentido, sino gue este sea el verdidero : así es 
que la anotación instruye, y la iníerpretacon se 
ciñe á presentar las razones en pro y en contra. La 
anotación, bien hecha, extiende una luz que á todos 
alumbra : por ingeniosa que sea la interpretación, 
siempre nos deja en duda, porque cada lector halla 
en si razones para defender el sentido en que en- 
tiende la cosa, siendo no menos por su parte otro 
intérprete. 

También se entiende por la palabra interpretar 
el verter ó traducir de una leugua á otra, y asi es 
que hay traducciones interpretativas, y que expli- 
can una cosa, frase ó palat-ra que debe resultaros- 
cura en la lengua en que se traduce, por no tener 
el lector bastante conocimiento é inteligencia , ya 
en las costumbres y usos de la nación que emplea 
la lengua original, ya en los sucesos y circunstan- 
cias de su historia. 

Llamamos interprete al que de palabra ó por es- 
crito traslada á otra leno;ua, v explica lo que el au- 
tor ó persona que habla, dice ó quiere decir : 
igualmente al que traslada los pensamientos y sen- 
timientos de una persona á otra , y asi decimos es 
el intérprete de mis opiniones, de mis ideas y hasta 
de mis pasiones : ha interpretud'-* el enigma, se 
dice cuando uno ha logrado descubrir lo oculto, la 
disfrazado en palabras misteriosas , en anagramas, 
en pinturas y representacioaes alegóricas. 



Mas extensas que las anotaciones son las explica- ' 
donci, pues como aquellas no se limitan á aclarar 
el sentido de la frase ó palabra, sino que se ex- 
tienden á facilitar la inteligencia de las cosas, que 
los que no son eruditos uo pueden comprender, ni 
de consiguiente hallar las verdaderas relaciones de 
unas palabras con otras. 

Las ayostiUas son notas ó glosas breves que se 
suelen poner á las márgenes de las obras para aña- 
dir alguna expresión que falla al texto, ó para ilos- 
trarle é interpretarle con una sola palabra , p'T lo 
que se ve que la üpnstlh es una brevísima nota. 

ANTECESOR. || PREDECESOR. — AmbOS 
nombres indican sucesión de cosas ó personas : 
p.íra que una cosa esté delante, preciso es que otra. 
e té detras; son pues, correlativos. Praieceso' in- 
dica sugeto ó clase elevada, y corresponde mas al 
ceremonial, á los privilegios, á las dignidades : 
Antecesor al orden material de sucederse las cosas 
y personas unas á otras. El rey, el m;irques, el ge- 
neral predecesores suyos : el que me precedió en la 
dignidad : mi antecesor en el cargo, en el empleo, 
en la casa, en la posesión de un taller, de una 
lonja, de una heredad. 

Un labriego hablarla en culto si dijese mi prede- 
cesor en la labranza : aun seria demasiado fino, en 
su tosco lenguaje, si dijese antecesor, 

ANTIDOTO. II CONTRAVENENO.— Antidoto 
viene del griego íi'¡/iy lüd-mi dar, y comprende en 
su sentido general á todos los remedios que se em- 
plean para disminuir los efectos de las enfermeda- 
des, destruyendo sus principios ó causas, como 
cuando decimos que la quina es un antidoto contra 
la fiebre. 

Llámanse contravenenos i aquellos remedios aco- 
modados para impedir los progresos , ó destruir el 
efecto de un veneno que se haya tomado . por lo 
que vemos que el antidoto tiene macha mas exten- 
sión en su significado que el contraveneno; pues 
aquel se extiende á todas las enfermedades y do- 
lencias de cualquiera naturaleza que sean , y este 
se Umita á solo las cosas venenosas : también an- 
tídoto tiene un sentido figurado ó moral, pues lla- 
mamos antiJoios í los discursos ú obras morales 
que se publican como preservativo de malas doc- 
trinas. 

antipatía. II ODIO, n AVERSIÓN. Í| RE- 
FUGXANCIA.— De las dos palabras griegas an/i 
que significa contra , y pathos pasión, que diremos 
nteralmente contra pasión, se forma la latina y de 
las lenguas romances antipatli, que es una oposi- 
ción ó enemistad natural ó irresistible de los seres 
y cosas unas con otras : su causa es enteramente 
desconocida, y por lo tanto se ha delirado mucho 
sobre ella : sus efectos son prodigiosos y admira- 
bles, frecuentemente exagerados y á veces fabu- 
losos. 

La aversión taníbien tiene algo de desconocida 
en su causa í menudo moral ; no es tan invencible 
ni tan poderosa como la antipatía, y aun lo es me- 
nos la repminancia : ambas suelen convertirse en 
afecto y aun amor, pues tienen mucho de capri- 
chosas estas cualidades ó modos de ser que debe- 
remos llamar accidentales. 

El odio á veces suele nacer de poderosas y fun- 
dadas causas por graves injurias recibí las, otras de 
mera voluntad, de ligeros motivos y aun de capri- 
cho : de cualquier modo sus efectos son crueles 
y terribles, se aumenta su encono, y se hace inex- 
tinguible. La aversión y la anlipaiia se ejercen in- 
distintamente en las personas y eu las cosas : el 
odi > mas en acuellas qhe en estas: la repugnancia 
en las acciones. 

Odiamos á los viciosos ; tenemos aversión a sus 
acciones : desde el instante mismo que vemos á una 
persona, sentimos antipatía contra ella : muchas 
cosas hacemos con suma repugnancia. El odíO todo 
lo hace horrible y espantoso; la a-csioi obliga á 
huir del trato de algunas personas. La antipatía 
nos fuerza á no poderlas sufrir. La repugnancia i 
que huyamos de unitarias. 

ANULAR. II REVOCAR. |t ABROGAR. — Se 
a':ula lo que otro ha hecho por si ó ai;ompañado : 
se annla una ley antigua, una reciproca promesa, 
un contrato entre partes. 

Se rfpi'ca lo que uno ha hecho, lo que ha dado, 
lo que ha dispuesto por si mií.mo, lo que otro 
hizo anteriormente, lo que se ha mandado por una 
autoridad inferior. Miéntr;is el hombre vive, puede 
revocar el testamento ó legado que antes hizo : 
muerto este, los tribuniles a/iu/cB el testamento si 
no está hecho conforme á ley. 

Se rttoca on poder, una orden, un permiso por 
el mismo que lo ha dado : un superior amia la 
providencia qae un inferior habia tomado sin jus- 



ticia ni ley; pero no se dirí anular sino retocar, sí 
la providencia hubiese sido suva. 

í»os valemos t^or lo común de la palabra retocar 
cuando se trata de gracias, favores, beneficios y 
actos de confianza; y anular cuando se habla de 
actos que obligan y sujetan. 

Anular supone que hemos pensado ó bailado cosa 
mejor que la anteriormente dispuesta; y reveear 
que hemos mudado de opinión, y que no nos ba- 
ñamos en las mismas aisp.siciónes que cuando 
mandátamos lo que ahora r rocamoSé 

ho que se anula, según indica !a misma palabra, 
se tiene por nulo en todas sus parles , y no puede 
surtir efecto; pero lo que se rev<ca en cuanto á 
una persona , puede concederse á otra. Se r^í pcü 
un poder dado á un procurador, y se coniia eu se- 

tuida á otro : lo mismo diremos de una herencia, 
e un le^do ó de cualquiera otra cosa de que po- 
demos disponer. 

El que anula manifiesta la voluntad de no re^- 
blecer lo anulado; pero el que retoca, no se obliga 
á dejar de conceder ó volver á dar lo que reí ocó. 

Abrogar comprende la idea de una autoridad su- 
perior : se anula una providencia solo con la inten- 
ción de impedir sus malos efectos, y se abroga lo 
que es contrario á lo que la ley dispone. 

AÑADIR. II AUMENTAR. — Para que se ve- 
rifique aumento es preciso que preceda adición ; aña- 
diendo partes á partes, se aumenta el t'xlo : añadir 
es, pues, un medio; aumentar un resultado. Ana- 
ciendo varias tierras que he comprado, he logrado 
aumentar considerablemente mi cortijo : seria im- 
propio, y ni aun formarla sentido, el poner aquí 
aumentar por añadir. Se dice que una poldacion, 
un ejercito, un caudal han tenido aumento y no adi~ 
cion^ aunque sin esta no puede verin.arse aquel. 

AP.-IRECER. II PARECER.— Parecer significa 
presentarse á la vista, dejarse ver, mostrarse. Para 
aparecer es menester tener cuerpo ó algunas cuali- 
dades que puedan herir nuestros sentidos, pues solo 
puedeparecer lo que tiene existencia real y verdadera. 
Aparecer es hacerse visible una cosa que no lo 
es en si , ó manifestarse inopinadamente xm objeto 
que estaba antes ignorado ú oculto; por lo tanto 
se usa muy comunmente cuando se baila de obje- 
tos, que sií-ndo naturalmente invisibles, se presen- 
tan repentinamente á la vista bajo formas sensibles 
á los sentidos ; y asi habíanlo de fantismas , espi- 
ritus y de muertos, los llamamos apareciilcs y no 
pa'-eadosfjáecimoiapariciany aparecimiento cnsnáo 
tratamos ae este acto, como la aparición de Jesu- 
cristo, de los ángeles, de los santos, etc. Parece lo 
míe existe, y estal.a perdido : y aparece lo que no 
tiene cuerpo, y lo toma para auar cerse. 

También se 'dice aparecerse hablando de las co- 
sas que solo muy rara vez y de largo en largo 
tiempo parecen sm que se las espere ni se las 
pueifa prever, circunstancia por la cual se distin- 
gue también parecer de aparecer. 

Decimos esta noche ha aparecdi) y no parecido 
un globo de fuego en los aires. De largo eu lar^o 
tiempo y de tirJe ea tarde aparecen en el mundo 
hombres raros que lo trastornan, causando grandes 
revoluciones. ¿ De dónde se aparece ahora este ? 
Siempre se aparece cuando no se le aguarda, se 
suele decir. Se avarece en la escena, en la calle, 
en la sociedad cuando hace mucho tiempo que no 
se le ve, y se le cree ausente, perdido ó muerto. 

Son mas extensos los significados de la palabra 
pnrtcer que los de aparecer, y en especial en sen- 
tido traslaticio v aun muy traslaticio. Se dice : 
tiene buen parecer por bue'n aspecto, buen rostro : 
no \id. parecido por acá, por no ha venido, larecerse 
por semejarse á una cosa otra diferente. Por último, 
tiene el sentido de dictamen ú opinión , pues se 
dice este ó el otro es mi parecer. 

APARICIÓN. II VISION. — Estas dos pala- 
bras, y principalmente la última , se usan mas en 
sentido místico que en natural. 

Aparecerse una persona ó cosa es prensentai^e 
de súbito, sin que se la espere por considerarla le- 
jos, no haber antecedentes ni probabilidad de que 
ven-'a, manifestarse un objeto (jue estaba oculto, ó 
no se sabia de él, ó hacerse visible aquello que no 
lo es por su propia natxiraleza. aotique esto ya viene 
á tocar con el sentido místico . en el cual corres- 
ponde á lo prodigioso y milagroso, pues que tiene 
fas cualidades ó circunstancias de aparición, ya sea 
benéfica 6 maléfica, falsa ó verdadera. Llamamos 
apareamiento i las cosas que el Ser Supremo dejí 
ver en sueños, en éxtasis, y en espíritu. 

También los poetas, en especial épicos, usan 
mucho como adorno principal en sus poemas , las 
pinturas y descripciones de aparecimientos , en es- 
pecial eu sneños* 



16 



APA 



APL 



APL 



U Vision es un acto de la potencia visiva, objeto ¡ y ser sensible a la virtud y al ejercic.o ¿e cuanto 
de la yUU ya claro y positivo, ya oscuro, incierto pertenece á la ieneficencia con nuestros semejantes; 
T aun engañoso. En este caso pertenece í la clase pero no hay un monstruo mayor que el que por 
L f,„.,.S,=. »s„»rfrns V snn.hras tan creídas del , este lado manihesta xnsemibüidai. \ Cuantos hom- 
bres hay que insensibles a su ínteres personal lo 



de fantasmas, espectros y sombras tan creídas del 
vulgo, por el espanto que le causan en su timidez 
y credufiJad; pues cuanto en los crepúsculos o la 
incertidumbre entre la luz y las tinieljlas, el ador- 
mecimiento y los entresueños , se le» presenta , en 
el Riigaüo ó ilusión óptica, lo creen una verdadera 
y sobrenatural visión. - i u i 

üdas este mismo vulgo, tan propenso a la burla 
r.omo á la credulidad , llama lision a toda persona 
y aun cosa muy fea y eitravagante. Llamamos vi- 
sionario no solo ai que siempre cree tener delante 
estas visiones , sino al que las inventa y cree alia 
en su loca fantasía. Diremos también para distin- 
guir la Vision de la aparición que esta supone un 
objeto que está fuera de nosotros mismos , y la vi- 
sión un objeto de nuestro interior, creado y soste- 
nido por nuestra imaginativa. 

APARIENCIA. II EXTERIOR. — Mas engaños 
que realidades , ya físicas , y mucho mas morales, 
hay en el muado : los sentidos engañan ; la socie- 
dad vive de ilusiones; una cosa aparece y otra es : 
el exlerior suele ser opuesto al interiar. 

La ai-ariencia es el efecto que produce la vista 
de una cosa, y la idea que de ella nos resulta, por 
lo que á veces es engañosa. 

El exIeriiiT ó la exterioriitad es lo que se ve de 
una cosa. La iipiiriemia presenta una idea mas vaga 
y menos positiva, que depende del modo como ve- 
íaos las cosas, y que por lo mismo está muy sujeta 
' las variacioues y engaños que puede producir la 
rariando la realidad de las cosas. Por 



ilusión, contrariando 

eso es muy común decir : c Tiene buena ¡niarienciít 
y mal interior, ó malas acciones. > La palabra ei- 
terior indica idea mas positiva, y como que hace 
parte de la cosa misma ; sin embargo, también 
suele ser engañoso. 

Cuando se habla de personas se usa de la palabra 
exterior, ya reüriéndonos á las formas, ya á los há- 
bitos, ya á los actos que indican nuestras costum- 
bres. Se dice de un hombre de bello exterior : tiene 
un exterior modesto, honrado. 

El exterior produce la apariencia : es lo que se 
ve; y la oparienthi es el efecto que produce esta 
vista : de lejos puede aparecer muy herniosa una 
cosa; pero cuando nos acercamos? la consideramos 
despacio, vemos que solo tiene de bueno el ixteriur. 
Cuaudo hablamos de personas se dice exterior, re- 
fiíiéndonos á sus modales; y apariencia cuando 
atendemos á sus acciones y modo de pottarse. 

APARTAR. II SEPARAR. — ti cuerpn que 
está mezclado, conluadido, íntimamente unido á 
otros, con mas ó menos diBcultad se .\epara de 
ellos : el cirujano separa con destreza las partes 
de un cadáver para hacer su anatomía : el químico, 
valiéndose de los reactivos , las moléculas de los 
cuerpos para hacer su análisis. 

Para que haya apartamiento no se necesita que 
preceda unión ni mezcla : basta con que haya cer- 
canía, proiimidad, vecindad, contigüidad. 

Se separa el trigo de la zízafla, el agua del fuego, 
el marido de la mujer, el ejército de sus cuarteles, 
el alma del cuerpo en el últiuio instante de la vida : 
se separa la amistad, el trato, la compaflia. 

Se aporta uno de un lugar, de una persona, de 
una cosa, aunque sea á corta distancia , por breve 
tiempo, por ligero motivo ó causa. 
Separar dice mucho mas que apartar. 
APATÍA. II INSENSIBILIDAD. (| INDIFE 
RENCIA. — Apatía es palabra griega formada de 
á privativo y patkos pasión , viniendo á siguiBcar 
privación de toda pasión, carencia de ella : la apa- 
íta es por lo común natural y resultado del tempe- 
rai:<ento y de la organización; de consiguiente, esta 
palabra comprende por lo regular todas las propie- 
dades del alma, pues es imposible que el ente apá- 
tico pueda tener pasión ó inclinación á ningún ob- 
jeto, sea cual se fuere su naturaleza. INo diremos 
que se tiene apatía i una cosa sino á todas; porque 
siempre es indiferente á todo género de pasión, 
pues en ella el alma carece de voluntad y de esti- 
mulo para atender á los ohjetos citeriores. 

La palabra instnsibilidMÍ no supone ni tanta ex- 
tensión, ni tanta indiferencia, ni depende tanto de 
la naturaleza del ente, como la de apatía; pues 
puede uno ser insensible á una cosa , y no serlo a 
jtra. Raro es que la insensibilidad sea general y ab- 
soluta : un hombre puede ser insensilile al amor 
por su temperamento ó caiácter, y no serlo al ho- 
nor. En la ai alia el alma se halla inactiva, carece 
de acción y de estimulo : en la iasensibdidad está 
como impasible. 

Un hombre virtuoso y honrado puede ser insen- 
sil/ie i los placeres, á todo lo que conduce al vicio ; 



sacrilican por cumplir con sus obligaciones, por 
contribuir en cuanto sus fuerzas alcancen á la di- 
cha de sus amigos, al amparo y socorro de los des- 
graciados : Asi como la apatía, no cuida de nin- 
gún objeto, ni se apega á él, pues para todos es in- 
sensible , y como SI no existiesen y nada \aliesen; 
la indiferencia i ninguno busca, ni de ninguno 
huye, y tanto le vale gozar, como privarse del pla- 
cer. La apatía no conoce la razón, obediente siem- 
pre á la inacción ni obra ni piensa. 

La iadiferencia no siempre es inactiva, porque el 
estado del alma en esta indiferencia es la calma, el 
sosiego, mas no por eso se niega á la razón. INo te- 
niendo ínteres ni inclinación a ninguna cosa, sigue 
el indiferente, por lo común , el impulso que otros 
le dan, y por medio de este se ocupa en cosas cuyo 
éxito le es en si muy indiferente. Un hombre ente- 
ramente indiferente al ínteres y dicha de sus hijos, 
de su esposa, de sus amigos, de su patria, es un 
verdadero monstruo; peio si esta indiferencia es la 
del sabio, del estoico que se limita á serlo consigo 
mismo, sufriendo cou la misma resignación é igual- 
dad de ánimo la dicha ó la desgracia que le sucede; 
no siendo en modo alguno indiferente á las reglas 
y consejos de la razón, al bien y dicha de sus se- 
meiantes, esta indiferencia mevece ser alabada. 

APETITO. II HAMBRE. || INCLINACIÓN. — 
La inclinación es la aücion que tenemos á una per- 
sona ó cosa, y el apetito una pasión ó movimiento 
vehemente del ánimo que nos mue\e á desear la 
cosa ; y se diferencian en que los apetitos provienen 
de una inclinación natuj'al^ en todos los homi res á 
desear cosas pertenecientes á nuestra propia conser- 
vación , pues el apetito á comer y beber, que es á 
lo que mas generalmente se aplica esta palabra, nos 
lo inspira la naturaleza para buscar y adquirir el 
alimento, que nos es necesario, y lo mismo diremos 
de otros apetitos naturales, en los que nada influye 
la parte racional ni los efectos de la imaginación 
humana; pues vienen á hacérsenos comunes cou 
los de los animales. En lo que si se diferencian es 
en que la imaginación les da mucha mayor exten- 
sión, creándolos, excitándolos y aun eiageiándolos, 
no pudiéndose distinguir si son natuialcs ó creados 
pnr nosotros mismos, y así para excitarlos solemos 
decir : esto es muy apetitoso, apetecible; mas ape- 
tencia, puede ser una necesidad y buena disposi- 
ción de salud, como cuando se dice, el enfermo ya 
tiene apetito y grande apetencia. Decimos también 
malos, desordenados, culpables apetitos i los exce- 
sos y desordenes de todas nuestras pasiones. 

Una necesidad excesiva . y el último extremo de 
los naturales apetitos constituyen el hambre, en la 
cual ningún influjo tiene la imaginación , pues es 
verdadera y urgente necesidad , importuna sensa- 
ción que nos solicita, nos impele y fuerza á que 
busquemos y tomemos alimento, y cesa cuando la 
causa que la excitaba se halla satisfecha. 

Comparando estas tres sensaciones entre si, ve- 
remos que la inclinación es mas débil y limitada 
que las otras dos; qne conduce, continuada, al 
apetito, el cual muchas veces se refiere mas al pla- 
cer que á la necesidad de comer ó de satisfacer 
cualquier otro deseo , y que el hambre es urgente, 
tenaz, poco delicada, pues se contenta con cualquier 
alimento : no asi el apetito, que exige el que los 
platos sean delicados, y sino, se suele desvanecer ó 
cesar. El hambre no tiene espera, cou ansia se ar- 
roja al primer alimento que se presenta á su vista, 
siendo asi que el apetito es muy sosegado, escrupu- 
loso, y aun caprícnoso. 

APLACAR. II CALMAR, || PACIFICAR. - 
Todo está compensado en la naturaleza, todo es ar- 
monía, orden, concierto ; todo es lo mejor posible, 
dicen los optimistas en su sistema ó mas bien no- 
vela de la perfectibilidad : al lado de la guerra co- 
locan la paz; del dolor el placer; del vicio la vir- 
tud : lo que el uno destruye, el otro repara: no hay 
cosa mas grata ni mas bien imaginada, lástima es 
que sea una ilusión y no una realidad. Tal vez se 
acercaría mas á esta , el cuailro mirado al revés : 
resultaría feo, espantable y no risueño ni hermoso 
como lo diseñan , colorean é iluminan estas espe- 
cies de filoaofos, que por lo que tienen de fantás- 
ticos, llaiiiariauíos poetas en prosa, porque como 
estos se alimentan cíe ficciones. 

Dejándoles nosotros gozar de su tan dulce sueño, 
no contradiremos su sistema, y seguiremos ocupán- 
donos, según es nuestro instituto, del estudio de 
aquellas palabras que pueden acercarse á Un ape- 
tecible equilibrio, como son las de aplacar, apaci- 



guar, sosegar, aquietar, calmar, tranquilizar, sere- 
nar, pacificar, q\i& sí bien pertenecen á uno délos 
dos extremos del ópliino sislcma , cual es el bien, 
suponen por su misma denominación el otro, cual 
es el mal, y rompen la feliz armonía, pues no ha- 
bría pacificación , aplacamiento , apaciguamiento, ^ 
calma, si antes no hubiese habido borrasca, distur- 
bio, turbación, guerra. 

El sentido recto de la palabra aplacar es vol- 
vernos á la paz, restableciéndola, y se dice de 
cuanto índica oposición, división, esfuerzos, que se 
hacen contra las personas ó las cosas. 

Se aplacan, el furor del enemigo, las sediciones, 
los alborotos populares : se aplacan las riñas, las 
enemistades, los odios, la envidia, los celos, la có- 
lera y los propósitos de venganza , cosas todas que 
suponen oposición, contradicción y procederes da- 
ñosos contra las personas ó las cosas. 

Calmar significa restablecer la calma, hacer que 
una persona ó cosa conmovida y agitada vuelva á 
su natural y anterior estado : se calma la turba- 
ción de un espíritu agitado, la violencia de las pa- 
siones, los extravíos de la imaginación, los arreba- 
tos de cualquiera reunión de hombres. 

En muchos casos lo mismo vale decu- calmar que 
aplacar ; pero en otros es menester distinguirlos, 
según el aspecto bajo el cual consideremos la cosa 
Se aplacan los vientos y las olas cuando no com- 
baten entre sí con violenta lucha, ni atormentan á 
los objetos contra los que antes estaban embraveci- 
dos; y se calman cuando los consideramos bajo su 
diminución, volviendo á su anterior estado de se- 
renidad, qne en cuanto al mar llamamos bonanza, 
y en sentido figurado calma, cuando se trata de es- 
píritu, de ánimo, de acciones. 

El mar se aplaca cuando no combate con furor 
los navios que destrozaba y atormentaba, exponién- 
dolos al naufragio; y se calma cuaudo va volviendo 
á su tranquilidad por disminuirse su ímpetu. 

El arrepentimiento, la humiUacicm y el propósito 
de enmienda aplacan la colera de un padre; y se 
la ca/»ji/ enteramente cuando los hijos mudan de 
conducta. 

Se calman los temores , las imiuietudes, las sos- 
pechas, los escrúpulos y cuanto produce en el alma 
conmoción y turbación : los médicos usan remedios 
calmantes para dísmiuuir el sentimiento de los do- 
lores. 

Se aplaca el odio, la venganza , el rencor y 
cuanto constituye al alma en un estado de oposi- 
ción y guerra : los malvados hacen inútiles esfuer- 
zos para afilacar y aquietar los remordimientos da 
su conciencia. 

Aplacar presenta la idea de reunir , reconciliar, 
poner de acuerdo á personas desavenidas antes; 
pero como la calina índica solo agitación, ninguna 
idea aumenta á la de restablecer la cosa á su natu- 
ral y anterior sosiego. 

Aplacar indica un efecto particular para vencer 
ó destruir la causa que excitaba la división y opo- 
sición ; calmar se limita á considerai" la turbación 
en si misma, sin relación alguna con la causa y 
medios de destruirla. 

Aplacar produce un efecto mayor, mas completo 
y duradero por su misma naturaleza, cual es el es- 
tado de paz y un constante y general sosiego. La 
calma no expresa positivamente mas que la acción 
de disminuir, debilitar las turbaciones, y restable- 
cer una calma que suele ser momentánea, pues 
por lo común no gozamos mas que breves instantes 
de calma, i los que siguen luego nuevas turbu- 
lencias. . 

Aplacar se aplica principalmente a la turbación 
ó á la causa que produce la desavenencia y discor- 
dia entre diferentes personas y objetos. 

Calmar se dice meramente de la cosa que está 
conturbada, ó de la misma turbación sin ninguna 
otra relación. 

Se aplacan las riñas de los enemigos, las des- 
avenencias entre las familias, las sediciones, los mo- 
tines : se calman las personas irritadas y sus aca- 
loramientos, las pasiones, el dolor, la causa, el mo- 
ti\o y el efecto de la agitación en si misma. Dire- 
mos en pocas palabras que se aplaca lo que daña, 
lo que puede dañar, ó se dispone á hacerlo , y se 
calma lo que está agitado, lo que agita, ó la agita- 
ción en si misma. 

La causa que produce el desorden se aplaca, 
porque es activa . la que sufre el desorden se 
calma porque es pasiva : se aplaca i una persona 
reparando el daño que se la ha caus.ido, dándola 
satisfacción de sus quejas, suplicándola ó humillán- 
dose á ella; ó al contrario, valiéndose de la fuerza 
para contenerla, para vencer su resistencia, condu- 
ciéndola con maña á contrarios sentimientos , des- 
armando su cólera , ganando su voluntad : se 



APL 



APO 



APO 



17 



e€lma á una persona con cariño, afecto, beneficios, 
consejos ó con medios capaces de consolarla^ tran- 
quilizarla y volverla á mas suaves ideas, á mas 
tranquilos propósitos. 

hd palabra miáma pacificar indica la idea de res- 
tablecer la paz, tiaugtiilizar, aquietar personas y 
cosas, y asi Uauíauíos mar pacifico al que no sién- 
dolo en realidad, se le ha supuesto siempre en 
calma, t-acift' ar í,e usa mucho aun hablando de 
las cosas insf-nsiblea, turbadas ó alteradas, como 

{ pacificar los vientos, las tem^jestades, etc. Algunos 
o dicen hablando de los animales; mas para esto 
hay otras palabras mas propias y usuales. 

la diferencia que advertimos entre aplacar y pa- 
cificar consiste en que la pacifn ación nace de una 
tercera perdona que Ihmamos pací fit ador y y es como 
un mediador, negociador, reconcí lador, en virtud 
de títulos, poderes, eu casos de disturbios y guerra 
entre dos potencias, en las intestinas divisiones de 
nn estado, en las enconosas enemistades de fami- 
lias, resultando convenciones, tratados, arreglos re- 
ciprocos que aprueban luego ambas paites. Por esta 
razón los antiguos Hamacan ;)üci/"íroí á esta especie 
de negociadores ó portadores de paz ; de lo que se 
ve que la pacijitacion se dirige á negocios mas 
graves é impurtautes que el aplacamienlo que se ve- 
rifica hasta eu las cosas de méuos importaucia. 

APLAtDIH.Ü ELUGIAIt. II APIlOBAIl. — 
Los dos verbos aplaudir y liog/i/r significan ruani- 
testar apribacion de la co?a hecha ; pero nplaudir 
indica que esta aprobaiion se hace en público con 
señales manifiestas de ello, como gestos, acciones y 
voces, lo que sucede en los teatros y reuniones pú- 
blicas donde los aplanaos suelen ser estrepitosos y 
extremados. Es claro que el aplauso es un senti- 
miento repentino y vivo, no reflexionado, y á veces 
forzado por el ejemplo y aun el impuLo de los de- 
mas concurrentes. 

La ayrw ación supone juicio, reflexión, medita- 
ción, calma y absoluta independencia. Aplaudo por- 
gue los demás aplauden, por no hacerme notable y 
adquirir enemigos : otros aplauden porque los ar- 
rebata y entusiasma, sin razón ni criterio, todo lo 
nuevo, todo lo que les han dicho que es bueno y ex- 
celente : con su entusiasmo y sus extremados aplau- 
sos entienden cubrir su ignormcia y pasar por sa- 
bios : suelen convenirse esi os boudires con su acalo- 
ramiento y audacia en cabezas ó jefes de parciali- 
dades. 

De aquí es que los aplausos se suelen adquirir 
con amaños y m ilas artes, engañando con falacias, 
formando pandillas, atem< trizando á los contrarios 
y aun hasta á los juiciosos criticts, lisonjeando los 
caprichos, las extravagancias de un público, al que 
ilfos mismos ya han viciado. Estos aplausos son 
desiireciables, y no los busca el sabio, mas si los 
de las personas inteligentes, imparcialeá. Los a^/iíu- 
80S de la posteridad, que no gozará, los de aquellas 
personas que viven eu parajes distantes, que nin- 
gunas r''laciones tienen con aquel en que se tribu- 
tan los aplausos, son los mas justos, imparciales y 
seguros. Estos mas tocau con la aprohacoi que 
con los aplausos ; hnya el hombre de juicio de es- 
tos, y diríjase en >us obras ;i merecer aquellos. El 
primero que suele aplaudir la obra es el autor 
en su crasa ignorancia y en su vanagloria se aplaude 
á si mismo descomedidamente, se alaba, se ensalza 
siu pudor ni decencia alguna : incita por cuantos 
medios están á su alcance, hasta los mas bajos, 
para lograr su intento. 

La alabanza suele ser falsa y fingida, hija de la 
lisonj I y de la adulación. 

También nos alabamos, por nos contentamos, de 
ios buenos procederes de algunas perdonas con nos- 
otros, y proviene sin duda de que creemos mere- 
cerlos. 

Las alabanzas se dirigen mas bien á las personas 
que á las cosas; al revés de los aplausos. Cuando ¡ 
se dice que se ha aplaudido une tragedia, se habla 
materialmente de esta, aunque lleve en si una re- I 
ferencia al autnr; p ro cuando se dice que es ge- 
neralmente ala'ada. parece que estas ala/'an:as re- 
caigan mas paitii ularraente sobre e! autor que so- 
bre la obra. También se dice aplaulir á un < por j 
darle la enh^raljuena del buen éxito que han te- 
nido los medios que ha empleado para verificar 
cualquier trab jo o empresa, y se aplaude una cosa 
por testificar y asegurar que nos partee justa, ra- 
zonable y digna de e'O'i'O. 

Este supone una aprobación mas detenida, mas 
estudiada, mas fundada, y aun exasera-da y ador- 
nadi con todas las ¡zalas de la elocuencia. 

La ai'TO' ac Olí puede ser momentánea superficial, 
nrifida de buena crianza, de respetos y relaciones 
sociales. Se apruel-a la conducta de uno por no des- 
agradarlo, desaprobándola : se hace elogio de un 

ül.N. 



hotubrs celebre, distinguido por su sabiduría, su 
moral, sus hazañas, sus beneficios, en las concur- 
rencias QÚblícas y de ceremonia, en las academias, 
en los ifceos, en las reuniones de sabios. Se apinude 
en los teatros, en las concurrencias de placer y fes- 
tejo, en las solemnidades públicas, en las entradas 
de los soberanos y de los grandes hombres. Los eo- 
¡/í(íí ortf/ondv, cuando están bien y elucuenteinente 
desempeñados, merecen los apausos de los que los 
oyen, y la aprobación de los que los leen y juzgan. 

APLICACIOX. II MEDITAClOiM. — Cuando 
queremos conocer bien las cosas , menester es que 
nos detengamos en ellas, que las observemos, que 
nos penetremos de su espíritu meditando continua- 
mente para juzgarlas y aprobarlas, si eutenilemos 
que lo merecen. Esto, si cuesta un intenso trabajo, 
también produce sumo placer, como son todos los 
intelectuales que sobrepujan en grado inmenso á 
los corporales ó materiales. Para llegar á este co- 
nocimiento, debemos empezar por la aplicación, 
que es fijarse el alma con atención y cuidado en 
cualquier asunto, y pensar mucho tiempo en él. 

La meditación es una acción de la mente mucho 
mas detenida y extensa que la anterior, pues que 
considera ei sugeto bajo todos sus aspectos, apli- 
cándose hasta llegarse á abstraer de cualquier otro, 
para conocerlo á loudo y penetrarse de todo su es- 
píritu. La meditación suele convertirse en hábito y 
pasión, y asi decirnos : ese hombre esiá enterainente 
entrt'.atío á la meiitai ion : ese es meditainndOy con- 
temp ativo : en lenguaje ascético estar ea menita- 
cion es estar en oración uieutal. 

El buen resultado de la aplicación depende de la 
inteligencia, y el de la medí ación del hábito de 
ju/gar con sana lógica y de razonar en tudo con 
exactitud. 

La mediíacion es superior á la atención en inten- 
sidad, y puede llegar á tal fuerza en au aplicación, 
que saque al honjbrc como de si mismo, enajenán- 
dole en su objeto, y haciéndole inútil y nulo en 
todos los demás. Muchos hombres á fuerza de me- 
ditar se hacen ¡lusos, maniáticos y aun locos. 

APUCniFO. II SUPttSTO. —Apócrifo viene 
del verbo griego apokrufos, y significa cosa secreta, 
no conocida ni descubierta antes. 

Estas y otras palabras de que vamos tratando , 
de origen griego ó de las lenguas sabias, no son 
propiamente castellanas, ni de uso general ó co- 
mún; pero es preciso adoptarlas en el lenguaje 
cientitico, tanto porque no suele haber utras que 
las sustituyan, cuanto porque no expresan las ideas 
con la misma propiedad^ exactitud y claridad, ni 
dan al lenguaj'- la elevación y majestad que le cor- 
responde. Pero debemos ser sumamente escrupulo- 
sos y parcos en su uso, no sacándolas de la ciencia 
á que pertenecen, ni trasladándolas al idioma usual 

Í común, cuando este las tiene propias ó modos de 
ablar equivalentes, pues el hacer lo contrario mas 
es ostentar pedantería, que manifestar ciencia. 

Los anale> de Egipto y de Tiro depositados ex 
clusivanienie en poder de los sacerdotes; y los de 
las Sibias en Koma en el de los decenviros, eran 
verdaderamente apócrifos , según la derivación 
griega, porque se lenian secetos, y no era permi- 
tido leerlos á los que se miraban como profanos. 

Pero después, y sobre todo entre los cristianos, 
se ha entendidii por apócrifo todo libro dudoso, de 
autor incierto y de poca ó ninguna fe, ya en su to- 
talidad, ya en alguna de sus partes. También suelen 
llamarse apócrifas noticias ó relaciones , que care- 
ciendo de fundamento y aun de verosimilitud, no 
merecen crédito alguno. 

Llámase supuesta una cosa falsa que se intenta 
pase piir verdadera ; como una acta, un testamento 
supuesto. 

En el sentido que vamos dando á la palabra 
apó rifo, vemos que siempre manifiesta duda ; no se 
conviene en la autenticidad de la cosa apóciifa^ ni 
tampoco se puede probir que seA supuesta . y por lo 
mismo, en sentido contrario, que sea auténtica. Si 
de esta se encontrasen pruebas evidentes, ya deja- 
ría de ser apócrifa, sobre todo para aquellos á 
quienes llegasen á convencer estas pruebas • si las 
de la suf-os'C'Ou se hacen evidentes, la cosa ya no 
será apócrifa, esto es, dudosa, sino fabulosa, falsa, 
fini/i a. sui'U'Sta. 

apología. |1 JtSTlFICACIOX. — La apo- 
logía significa cualquiera obra ó discurso escrito 
para la defensa de un sistema, opinión, partido, 
nación ó persona. 

Estas defensas se hacen para desvanecer las acu- 
sacione-- con que se agravia á las clases anteriores. 
1.a acusacinu puede ser va^a y consistir en defectos 
ó tachas izenerales; o positiva de algunas faltas 
particulares : pueden estas acusaciones no hacerle 
ante los magistrados, sino extenderlas en público 



para dañar mas notablemente á las personas aco- 
sadas; y á medida que esta acusación va tomando 
cuerpo y vigor, se hacen mas autorizadas , diri- 
giéndose con muy dañada intención A que ya se les 
tenga á los acusados en los tribunales mismos por 
públicamente reos y ^e les persiga. 

El verdadero caso de la apo oyia es este; pues 
se ocupa en defender á los acusa lOs, en desengañar 
al público y á los magistrados mismos, probando 
que son falsos a,uellos crímenes, y que las perso- 
nas á quienes se les atribuyen , son enteramente 
inocentes de ellos. 

lie este modo perseguidos y calumniados los pri- 
meros cristianos, les fué forzoso presentar á los em- 
peradores, al senado y á los magistradns apolo ítas en 
defensa ae la religión cristiana, para rechazar las 
falsedades con que procuraban los gentites hacerlos 
odiosos, couio enemigos de los dioses y de todas las 
potestades y trastornadores del orden público. 

Los apo ogisías solo discutian en sus apo Oi/ias he- 
chos generales, refutando los odiosos crímenes que 
les atribuían los idólatras, de que degollaban á los 
niños, comian carne humana y cometían mil abomi- 
naciones. Cuando la defensa se dirigía á favor de 
un particular, acusado ante los tribunales, no se pre- 
sentaban en ellos los apolOfíislas, sino que dirigían 
sus defensas á los emperadores y á los magistrados, 
y las hacían públicas ; pues en aquel caso no habrían 
sido aj ologuiías, sino abogados ó defensores. 

Le este modo debemos considerar aun en el dia 
los apotgi'- as. Puede hacerse la apotO'/ta de un 
hombre públicamente acusado, de una nación, de 
una reunión de gentes, de un sistema, de una facul- 
tad, de un partido ; pero cuando un particular es 
puesto ante los tribunales, la defensa que se hace 
de él por escrito, no es propiamente amloyia^ sino 
memoria justificativa 6 papel en derecho. 

Muy extenso es el campo que puede recorrer la 
apología, pues comprende los razonamientos, las 
deducciones, los hechos, aun los mas remotos que 
pueden servir para la defensa del acusado, apoyar 
o confirmar los principales puntos de ella. 

La ju\tifh a' ion consiste sido en las pruebas que 
se deducen del examen de testigos, de los doinimen- 
los auténticos, y sirven para manifestar la inocencia 
del acusado. 

La aphoíiia es un medio ákjuslificacii'ny también 
su objeto ; pero no es \i j'i.\ii/icaci'H en sí, es solo 
la defensa del acusado, y constituye í,\i justificación 
la maniíe-tacion de su inocencia. 

APÓLOGO. II FÁBULA. Jl ALEGORÍA.— El 
apólogo es una historieta fabulosa, que bajo el velo 
de la alegoría nos presenta una verdad : \a fábula 
una relación fabulosa, bajo cuyo \elo se nos hace 
agradable la verdad : se diferencian en que \a. fábula 
solo presenta por interlocutores á los animales, y 
cosas inanimadas, y el análogo, que es mas extenso, 
hace hablar á los animales, i los dioses, á los hom- 
bres, á las cosas insensibles, y aun á los seres abs- 
tractos y metafisicos : así pues miiaremosal íipdi'^o 
como género y á la fábula como especie, mas en 
lenguaje común se usan alternativainente estas pala- 
bras una por otra; aunque la de ujiótogo es mas 
erudita. 

Tanto en la !ábula como en el apólogo vemos que 
su esencia consiste en la ficción ; pero esta debe 
verificarse seguo la condición, ó naturaleza conocida 
ó supuesta de aquellos seres, esto es según la ver- 
dad relativa, ó la verosimilitud ; por lo que consi- 
deraremos siempre como un defecto el alejarse de 
este principio haciendo : v. g. que los animales fe- 
roces se unan y acompañen pacínca y amistosamente 
con los mansos y débiles. 

La alr-'Oria no necesita explicar la verdad que 
en sí encierra, pues la exactitud de sus relaciones 
con ella, se manifiesta á cada paso, distinguiéndose 
en esto del apólouo; cuyo mérto es ocultar el sen- 
tido moral hasta el instante mismo de la conclusión 
que se llama moralidad ó alíabulatio. 

Por su misma sencillez debe el - «tí 0(/o parecerse 
á un cuento pueril para de este modo producir mas 
admiración cuando se leve concluir por darnos uua 
importante y aun sublime lección, consistiendo su 
artificio en disfrazar sus miras, y en presentarnos 
iitiles verdades con el aliciente de una frivola y 
placentera mentira. 

Con menos sagacidad, la alegoría se propone 
embellecer y no disfrazar la verdad, haciéndola mas 
clara y sensible. 

Convienen al apólogo ciertos rodeos y frases, en 
las que siu perder de vista su objeto, parece que se 
entretiene y desvía de su camino y a veces como 
que finge e'ntrar formalmente en pomenores que 
ninguna relación tienen con el sentido moral que 
intenta presentarnos : no asi la al ',í)rni,pu'S siem- 
pre atiende á hacer sensible su objeto, desviando 

2 



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de él cuanto puede alterar la exactitud de la alusión 
y de sus relaciones. 

Algüoas veces la exactitud de estas relaciones es 
tan apreciable en el apólogo como en la ac-t/oñn; 
pero cuando esto hace aijuel, se sep-ua de su ver^ia- 
dero carácter, que consiste en presentar couiu ua 
iugiie'.e una lección de s.iliidiiría 

ArOYO. II SUSri:iMMIE\TO. ¡1 COLUMNA. 
— EstO;. tres verbos sirven para manifestar la acción 
y el modo con que un cuerpo avuda á otro, amaman- 
tando su fuerza, su resistencia y su solidez. Los 
tres tienen ademas de su sentido material, otro ma- 
tafórico de mayor ó menor eiteusion. 

ApOi^ar, vale tanto como asegurar una cosa para 
que se mantenga firme. Cuando un cuerpo carga sobre 
el que le sirve de apoyo, decimos e\t- i har en él; y 
cuando á este apoyo se le da la posición diagonal, le 
llamamos punlal, y decimos poner un puntal á una 
pared que se está cayendrí, y en lenguaje de minería 
al apuntalar la mina se llama indvaT. 

Eq sentido traslaticio apoij-ir y apoiio correspon- 
den á protección, amparo y favor. Se dice apoi/ar 
cualquier sistema ó doctrina, cuando se la couürtna 
con autoridades, y se piueba y sostiene con iaziines 
y argumentos. El opoi/o corresponde á la fuerza 
que se aplica á un cuerpo violentamente combatido y 
empujado por otro. < Mi amigo me prestó su apoijO 
para resií-tir los pmbites de misci'ütrarios. > 

Scsíennniento in-iica por su piopio nombre íOv- 
iener, que la tuerza que sostiene está debajo del 
cuerpo sostenido, y que es como el fundamento de 
este j y asi le llamamos sostenimte, soslm, sostene- 
dor, y en lenguaje común ninchou, que es el pilar 
que sostiene la fábrica por alguna parte principal 
de ella, y también esfrif/o, cuando es construido de 
fábrica solida ó cantería, y adhiere á las paredes 
para contrarestar A empuje que hacen los cuerpi-'S 
contenidos dentro del ediücio. Por lo tanto asi como 
elapoijo se coloca al lado, el Kostenimiinlo está por 
lo común debajo, en especial en los cuerpos y ma- 
deros que son muy largos y necesitan ua pilar que 
los sostenga. 

En sentido figurado equivale á afirmar, asegurar, 
maulener, defender, afianzar, patrocinar, sustentar. 
Llámase sustentante en las Universidades y colegios 
ai que deíiende algunas conclusiones. 

Del verbo tener radical de sostener, dedujeron 
los antiguos castellanos en el lengnaje de la caba- 
llería, las i'alabras manlenednr y manteniente que 
propiamente es el que tiene con mano firipe una 
cosa, y daban estos nombres á los que en los tiTnPos 
mantenian la plaza contra los combatientes, jjjian- 
tenencia era la acción y efecto de mantener y sos- 
tener. 

'E.iiQvetho sostener es reciproco en estilo figurado, 
y así decimos nos sostenemos contra los caprichos 
de la fortuna enemiga 

Siguiendo siempre la ilación se llama en lenguaje 
heráldico soportes á las figuras de esclavos, salvajes, 
Ó animales que sostienen el escudo de armas. 

La palabra columna solo viene á diferenciarse de 
la de poste ó pilar, por sus adornos y proporciones 
arquitectónicas, pues por Ío demás sirven para sos- 
tener del modo y forma qne estos. La cOiUmna se 
apoya sobre el pedestal y el edificio sobie ella. Asi 
pues necesita íip n.oXo que sufre un violento empuje i 
.\ostiñimifnto^\o que está muy cargado, y lo que 
es muy largo ó ancho, pitar ó columna. 

En sentido figurado apo^o hace referencia a la 
fuerza y á la autoridad; sosten á la opinión y á la 
destreza; y columna al afecto y á la amistad, AjíO- 
yat/ios á nuestros amigos en sus pretensiones, los 
so'-trnemos en la desgracia , y los soportamos en 
sus defectos y m'il gf-nio. 

APUECIO. II AVALUACIÓN, jj ESTIMA- 
CIÓN. 11 TASACIOX. — Aprmo significa estima- 
ción del precio de las cosas, y solo se dice tratando 
de mercancía, y de Idenes muebles, estimación de 
todos los demás objetos: el aprecio corresponde en 
sentido figurado á las personas; la tasación, aco- 
sas muebles, y se hace judicialmente por medio de 
peritos. La avaluación se hace de aquellas cosas, 
gue consisten en peso, número y medida, pues es 
darlas el justo precio. Aprecio parece corres¡iondeá 
cosa cierta, fundada en datos seguros j pero la ava- 
luación ó avalúo parece depender de calculoso con- 
jeturas y del modo de ver las cosas, el que puede 
ser erróneo. El apreciador juzga del precio corriente 
de las cosas en su compia y venta; y el estimador 
de su verdadero ó intrínseco valor, habiendo esta 
esencial diferencia entre el valor y el precio, que 
el primero se funda sobre la utilidad, y el segundo 
soiue las relaciones del valor de las cosas entre si. 
La palabra apreciar indica juzgar de lo que una 
cosa vale romparada con el valor de otra. Cuando 
decimos que la fanega de trigo está á 40 rs., q^uere- 



mos decir que el valor de esta fanega guarda rela- 
ción con el valor de una suma de 40 reales y á esto 
llamamos juzgar del precio ó apretar. 
El valor real ó intrínseco de una cosa se juzga 

Eor la necesidad que de ella tenemos, el uso que 
acemos y la abundancia ó escasez verdadera ó su- 
puesta de la cosa. E lando á la orilla de un rio ó 
itiente, bien poco ó nada vale un vaso de agua 
porque allí abunla esta con exceso . al contrario 
en un desierto árido y seco, tiene sumo valor y ^e 
le gradúa pnr la dificultad ó casi inposibilidad de 
tenerla Varisüdo pues la abundancia y la escasez á 
cada instacLe no puede iiiéuos de variar del misno 
modo el real é intrínseco valor de la cosa, y corno 
el pr-^cio de esto no es mas que el resultado de los 
valores comparados, necesariamente deben variar es- 
tos. Piir lo tanto apreciar nna cosa será juzgar de 
su valor comparado con el de otra ; y estimar una 
cosa, será juzgar de su utilidad mayor ó menor en 
el tietiipo misiioen que se hace la estimación. 

Tómanse también estas dos palabras en sentido 
moral y figurado, y asi cuando decimos apredar á 
una persona, viene á valer tanto comojuzgar de su 
utilidad comparada con otras. Hay en una fábrica 
dos ó tres oficiales que trabajan mucho mas que los 
demás, y el amo los aprecia, es decir qne tiene en 
mas el trabajo de estos y les da mas precio que á 
los otros. Aprecio lo que hacéis por mí : significa 
que conozco cuan mucho ma^ útiles me son ios ser- 
vicios que me prestáis, que los que me prestan los 
demás, y les doy uu valor proporcionado á la mayor 
utilidad que de ellos saco. 

Estimar á las personas es juzgar de su verdadero é 
intrínseco valor, estimarlas por su propio méiito, 
por las excelentes y raras cualidades que las ador- 
nan : solo deben ser estioiadi's los humbres á pro- 
porción de la utilidad que traen á la sociedad, ó del 
bien que resulta de sus buenas prendas, ya sea á 
toda la sociedad, ó aparte de ella. 

Vemos, pues, que apreciar es juzgar del precio; 
y tasar ponerlo a las cosas que van á ser vendidas 
en pública almoneda, ó hacer de ellas partición. 

Cuando se aprecia se intenta fijar el precio verda- 
dero de las co>as : cuando se /avfl se pone por lo 
común un precio mas bajo para llamar compradores 
á la almoneda. Todo esto pertenece al lenguaje 
judicial. 

APRENDER. || ESTUDIAH. |I INSTRUIRSE. 
— El hoiiibre nace el mas débil, torpe é ignorante 
de los animales, y llega á ser el mas fuerte, ma- 
ñoso y sabio de todos; y en cuanto á esta última 
cualidad sobresale tanto, que toda comparación cou 
ellos, por elevada que fuese, parei.;eria degralarU 
Esta superioridad, no tan solo la debe á susnaturjí- 
les disposiciones, sino también á su aplicación, ai 
estudio y á su ansia por in-truLrse. 

Esta instrucción la adíjuiere regularmente poi 
medio de los maestros, ya veces por si mismo y su 
tenaz aplicación; y estos sugetos que á sí mismos 
vienen á instruirse, tienen los ingenios mas origi- 
nales y vigoroscs. 

Pero pLir grande que sea la Instrucción que el 
hombre pueda adquirir per si solo, sietnpre, á lo 
menos en alijuuas ciencias, acortará mucho su estu- 
dio, allanará el camino de su instrucción, oyendo 
Y consultando á los maestros i|ue conocen los me- 
dios mas claros y fáciles de adquirir la ciencia. 

Aprender es adquirir de cualquier modo que sea 
algún conocimiento que antes no se tenia; y esto 
se verifica, ó por la lectura de los libros, sobre todo 
elementales, ó por la viva voz del maestro, ó por 
la meditación propia del discípulo; los tres medios 
reunidos forman el mejor sistema de educación. 

Instruirse, no solo es adquirir nuevos conoci- 
mientos, sino aclarar los ya adquiridos, entrar en 
todos sus pormenores, alejar las preocupaciones y 
los errores ; enseñar el método de emplearlos del 
modo mas útil posilde. 

Mas todas estas cosas pueden aprenderse tanto de 
un maestro, cuanto del estudio : así podemos decir 
qne nos hemos instruido asistiendo á las leciones 
de un maestro, lo mismo que estudiando privada- 
mente, experimentando y observando. 

Toda la diferencia que hallamos entre aprender 
5 instruirse, consiste en que aprender se dice de 
los ccaocimieiitos en sí mismos, é instruirse de 
los pormenores de estos conocimientos, de sus pro- 
piedades, de sus cualidades, y de las demás cir- 
cunstancias que en ellos concurren ; cosas todas que 
con mas ó menos facilidad, tanto se pueden apren- 
der de un maestro, cuanto de la reilexion ó de la 
aplicación al estudio. A 'rende uno de un profesor 
de historia los principales sucesos que contiene; 
pero haciéndole muchas preguntas, y aplicándose 
uno mismo á serias y profundas reflexiones, se ínjf- 
irtifje en muchas particularidades coiiosas que no 



hubiera conocido, si no hubiese seguido este mé- 
todo. 

Estudiar es aplicarse al estudio para adquirir co- 
nocimientos en cualquiera ciencia, asi como apren~ 
der es el acto de adquirirlos. Se eitud/a para aptett- 
dcTy y á Euer/a A^e-^tudiAr se aprende : cuanto mas 
se a:>reiide, mas se sabe, y menos á veces cuanto 
mas se estudia. 

El que r A tndia se aplica á adquirir conocimientos : 
el que aprende ilustra su ingenio con nuevos cono- 
mienios. 
APUESTO. II PREPARATIVO. ¡1 APARATO. 
II APAREJO. — Cuando se reúnen, disponen y 
arregían diversos materiales ó cosas para la ejecu- 
ción de cualquiera obra, decimos que se hacen 
preparativos o pret'enciotes, así como á la reunión 
de todas ellas se las llama apresto ó apareíos. Di- 
cese, pues, los preparativos de una función ó de un 
banquete, los p-eparaliio^ de una guerra, de un 
asedio. A las prevenciones de paños y ungüentos 
para curar unas llagas se les llama aparatos, y lo 
mismo á todos los prepuratiios farmacéuticos : á 
las disposiciones para cualquiera rica y ceremoniosa 
festividad se las da el nombre de aparatos, pues 
que la significación de esta palabra se extiende á 
todo lo que se ejecuta con ponq>a y ostentación, y 
asi en lo antiguo se llamaba aparatoso i lo que 
tiene mucho abarato, y aparatado á lo que está 
preparado. 

Las significaciones de las palabras aparejo, apare- 
jar soa nmcho mas extensas que las anteriores, pues 
no solo las comprenden todas, sino que abrazan las 
instrumentos, operaciones, materiales, disposiciones 
para todo ejercicio, trabajo ú otira desde el mas 
elevado al uias íntimo : se extiende desde la cien- 
cia y las maniobras náuticas y el ejercicio del arte de 
de la pintura, hasta el mas despreciable y bajo ofi- 
cio : ifámanse, por lo tanto, muy comunmente a/'fl- 
rejos á los arreos necesiirios para montar ó cargar 
las caballerías , y se daba y aun dan algunos el 
nombre de aparejos á los cabos y adornos menores 
de cualquier ropa de uso. 

Ta II] bien es bastante extenso el sentido figurado 
de esta voz, como cuando decimos: estoy aparejado 
á todo, por dispuesto, prevenid". 

APROPIARSE. II AliROGARSE. || ATRI- 
BLIRSE. - Estas tres palabras s'igniñüín atribuirse 
uno de su propia autoridad cualquier derecho, po- 
sesión ó prupiedad que pertenece ó puede pertene- 
cer á otro. 

Aprontarse indica hacerse propio, convertir en 
propiedad nuestr;i, tomar como tal lo que no nos 
.•iitenece. .4 rn-.t/ar^í exigir con altanería, pretender 
'y^u insolencia, at'il/unse hasta con menosprecio de 
otro cosas qne no nos son debidas, ni de conceder, 
Ainbuirse pretender una cosa, adjudicársela, apode- 
rarse de ella pi-r su propia autoridad. 

El codicioso se apropia una cosa, el vano se arro- 
ga, el envidioso se atnbwje. Se apropia una cosa 
pur ínteres, se arroga por audacia, se atribuye por 
duior propio. El que se apropia lo hace con daño 
ajeno ; el que se arr, ga con vilipendio de otro, y 
el ijue se atrib lye con la exclusión de alguno. 

Muy lentamente se fueron a/jro^/ia/irfo losMédícis 
el mando y señorío de Florencia : con la níayor 
altanería se airiguron los romanos el derecho de 
dictar leyes á los pueblos que pedían su media- 
ción, ó que sin pedirla, se la daban ellos: por mu- 
cho tiempo se atribuyeron los cartagineses el imperio 
del mar. 

Particularmente mos apropianwí lo que pos sirve ó 
puede servirnos y de consigo ¡ente todo objeto de uti- 
lidad : nos arrogamos lo que nos envanece, v nos 
atribuimos los objetos de consideración que lison- 
jean nuestro amor propio. 

Se atribuye una acción honorífica, una obra sabia, 
una invención útil : se arroga títulos, prerogativas, 
preeminencias : se apropia alhajas, muebles, here- 
dades. 

Por lo común la mayor parte de la gente se halla 
propensa á apropiarse cualtjuiera cosa que encuen- 
tra, cuando no sabe de quien es: ¿arrogarse como 
verdadero derecho los servicios ó respetos, que 
voluntariamente se les prestan: á at'ibnurse el 
buen resultado de cualq;iiera trabajo ó empresa, á 
la que poco o nada se haya contribuido, y á veces 
bastando solo para ello con haberlo presenciado. 

Mas, bien podrá suceder que se reclame ó dis- 
pute la propiedad de lo que uno se "tribuye; quo 
se le niegue ó rehuse lo que se arroga; que se re- 
clame lo que se aprop'ii. 

El qne se apropia adquiere un título, ó se dirige 
á adquirirlo por medio de la posesión : el que se 
arro;ia se forma un título de su propio arrojo : el 
que se atrtbuiie debe tener algún titulo para justi- 
ficar su pretensión. Los hombres sagaces, para evi- 



ÁRD 



ARI 



ÁRR 



19 



lar las oposiciones, so van apropiando insensible- , toda la sustancia del oueipo, del miMuo modo qne 
mente las cosas : para alej.irlas, se las arrogan con cuando solo era a'dienle. .,.,,, 

■ Considerado el cator en SI y hacioudo abstracción 

de la acciüu iiue ejerce en los deiuas cuerpos, di- 



: para „ . . 
alt.iaeria y amenazas : pai'a huir de ellas, se las 
atrtbii'ten ocultamente. ' 

AITI TDD. II ÜISPOSICÍOIV. — La natura- 
le/a parece baber formadu caila cosa para su obj<^to 
preferente y particular; y el hombre estudiándola, ob- 
serva este msmo ohjt'to. las relaciones, la conexión 
ú oposición que tiene con otrui para sacar de todos 
ellos la> utilidades que le pueden prestar. Esta na- 
tural disposición se llaiiia aplUiid. Un objeto es 
jpto, ¿ propósito, adecuado, el üuico oportuuo á 
veces para una cosa, el otro para otra : niuí;uuo 
hay i|ue no lo sea para al,^o ; cosa enterami^nte 
inútil no la h i producido jamas la naturaleza. La 
ciencia del hombre consiste en conocerla y aprove- 
charla, y quien mas debf dedicarse á este estudio, 
es el naturalista, el politice y el hombre ocupado 
en la enseñanza de los demás. 

Por medio de este estudio ven estas personas sa- 
bias las dhiiosiciiinis que la naturaleza dio á los 
objetos ó á las personas para el servicio i|ue de ellas 
se pulida y quiera sacar. Bien conocidas estas dis- 
po^ldimes. deducen al instante su "/<íí/uii, es d,ecir, 
su disposi'iiii , para que sieudo traba.adas y em- 
pleadas las cosas, se losre iorinar el compuesto que 
se desea, ó darlas la perfección que se apetece para 
su brillo, esplendor ó luayor utilidad. Mas si se 
trata de los hombres, se halla que dándoles la edu- 
cación é instrucción convenientes y por el método 
adecuado, se lo^ra formarlos sabios, diestros, ma- 
ñosos y de mucho provecho en las ciencias y en las 
artes. La educación pública es la principal ciencia 
del gobierno. 

Siendo las disposiciones ciertas cualidades que 
indican la apíitiil de las cosas á lo que convenga 
aplicarlas, claro es que la aptilud demuestra que 
en electo la cosa goza de aquella propiedad, y que 
aplicada á lo que sea conveniente, se logrará el 
provecho. Por lo tanto es visto que las d^sposirimen 
solo sirven para darnos esperanzas, y asi signiücan 
menos que tipliluil. Á veces nos equivocamos en 
juzgar de las disposiciones, mirando como tales 
ligeras inclinaciones, gustos caprichosos y momen- 
táneos, que no tienen fundamento alguno en la 
natural disposi ion. Puede suceder que una [)ersona 
tenga disposiriones y no apliluJ, y al contrario 
esta y no aquellas. 

Un joven desea ser sabio, y para lograrlo trabaja 
asiduamente por instruirse : este podremos decir 
que tiene ilisposni"nes para el estudio, mas carece 
enteramente de apliiiid por ser de entendimiento 
limitado y oscuro, de juici^i naturalmente erróneo 
por su absoluta falta de ingenio y comprensión; 
pues por muy buenas que sean sus dispoúciones^ y 
por mvicbo trabajo y esmero qxie se ponga para cul- 
tivarlas, jamas se podrá lograr el fin. 

Á veces sin saberlo uno, ni tener disposiciones, 
tiene en su lugar aptitud para una cosa : los -ine 
manifieslan ó descubreu esta aptitud, la dan á co- 
nocer, y como que producen las di posiciones : apli- 
cante á la cosa para i|ne se hallan aptos, y loaran 
su fin. Con disposiciones puede uno hacerse á pro- 
pósito para la cosa, y con la iplitud es naturalmente 
propio para ella. 

Ayi ll-OM. II BOUF.AS. || CIEnZO. — Tres 
nombres que se dan, según los casos, á los vientos 
del iN'orte, usándose mas comunmente los dos pri- 
meros en lenguaje poéiico : el tercero es por si mas 
bien prosaico. Los poetas d' signan á los vientos 
borrascosos con loí nombre» de uiuHon y bór as, y 
los personifican : la palabra Cf' r.o solo se aplica al 
viento del Norte que es Irio, seco, desagradable y 
dañoso. 

ARDIBXTE. II OUEMANTE. || CALIEIVTE. 
II AURASADll. |¡ INFLAMADO. — El|jlican 
estas palabras los diferentes grados por los cuales 
puede pasar un cuerpo combustible desde el ins- 
tante mismo en que comienza á sentir la acción del 
fuego. Mientras que es suave y moderada en tér- 
minos que se haga grata á los sentidos y principal- 
mente al tacto, no sale de la clase á que llamamos 
calor en mavor ó menor intensidad. Pero cuando 
crece la fuerza de la acción y comienza á hacerse 
incómoda y aun insufrible, en especial al tacto y 
cuando causa dolor, ya se llama a eila acción ar- 
dí' ntr, qneinnnfe, abr>tsadora. 

Es ardieme cuando habiendo penetrado el fuego 
eu el cuerpo en que se halla, se manifiesta á la 
simple vista uu color rojizo en él; y se dice ¡mea- 
liado ó inllamado, cuando la superficie de este 
cuerpo arroja ó rechaza de si el fuego que le pene- 
tra, en teroiinos de alejarse mas ó uu'uos de su su- 
perficie ; V está abrasado cuando )a no resalta el 
luego, ni"se hace notable á la vista mas allá de su 



remos que es la cualidad de todos los cuerpos cj- 
Uiiiies. El ailcr es una cualidad activa y ardienii 
que se dirige á coiuunicarse á los demás cuerpos • 
se dice el calor de una barra de hierro para indicar 
la sensación que causa ó hace sufrir á todos los 
entes sensibles, que á ella se acercan; y no decim s 
el ordor de una barra de hierro hasta que está ar- 
dh nte y puede producir la combustión en los cuer- 
pos cercanos. 

Siendo el calor el estado de un cuerpo caliente y 
elari/orla actindad de un cuerpo a'dieme, halla- 
remos que lo-s cuerpos caliintes, no siempre serán 
ardientes: pero los a dente-i tienen que ser al 
mismo tiempo calientf^ ; pues no podríamos decir, 
hablando de un cuerpo meramente callente, que es 
ardiente. Se dirá, que es lo uno ó lo otro, según la 
cualidad que en él consideremos; y según esto, de- 
cimos unas veces el calor, otras id aidor del sol, de 
la lumbre, eti. 

Refiérese, pues, la palabra calor i la cualidad de 
la cosa, y ardor i su mayor ó menor actividad ; to- 
dos ellos sou grados de la cualidad del calor. 

Todos los cuer|ios que gozan de órganos son na- 
turalmente calientes, pues sin el caior no podria 
sidjsistir su organización, ni de consiguiente su 
vida. 

Muchas son las acepciones de estas palabras en el 
sentido figurado, guardando en general las inisoias 
relaciones entre si y con las circunstancias en que 
se hallan, que cuando se toma en su sentido físico 
y natural, lieciinos • tomar un negocio ó cosa con 
calor, con ardor, » según la mayor ó mencu- fuerza 
con que obramos ó procedemos : tenemos pasiones, 
calenturas ardientes . nos abrasa el deseo, el ansia, 
la pasión, por nos consume ó deshace : abrasado ó 
iiireiidiado un edificio, y en sentido figurado una 
familia, nn pueblo, uña nación : se abrasa una 
ciudad en guerras intestinas : los grandes desór- 
denes ponen en combustión toda una ciudad : se 
encienden, se enardecen, se i'ifluman los ánimos, 
los corazones, los rencores, las venganzas : urden 
muchos en amor, y abrasa la envidia á otros : se 
acaloran en una disputa dos, y se dice que se 
enardC' ieron, se inflamaron. 

Muchos poetas no se olvidan de llenar sus versos 
de todo género de calores, ardores, in/lamacinnes, 
incendios, ubrasnmientos, encendimientos y otros 
mil epítetos en sentido figurado, sin que por eso 
lleguen á ser ni mas ni menos calientes j porque su 
verdadero calor no está en esos ardores, sino en lo 
que se llama estro. 

El amor, como sinónimo de ardor, forma, con 
todos sus estravios, el almacén de estas tan traque- 
teadas comparaciones. 

Alir.UnEMO. II ItAZONAMIENTO. — Dos 
diferentes nio los de disputar ó discutir las cosas : 
en el argunicnt'i, de dos, ó tres proposiciones, se 
deduce una consecuencia : el ia:onamiento tiene 
mas extensión, pues es como seguida de juicios y 
reUexiones enlazadas unas con otras, pira ,ue pue- 
dan servir de apoyo y demostración á la proposi- 
ciou que se quiere defender, probar ó apoyar. 

AUIDO. II SI'XO. — Llamamos cou propiedad 
árido i aquel cuerpo, que por su naturaleza, y por 
la de las partes que le componen se baila privado 
del todo de las cualidades nece-saiias para que re- 
sulte la vegetación, y no precisamente i los que 
carecen de humedad, pues las cimas de las monta- 
ñas, auniue frecuentemente las cubren y riegan 
las lluvias y las nieves, y solemos hallar en ellas 
hasta depósitos de aguas, no por eso dejan de ser 
áridas, puesto que de ellas también se derramen 
de continuo arroyos y á veces rios, ó se SJtren por 
las hendiduras de sus peñas muchas aguas que 
rompiendo á los pies ó vertientes de estas montañas, 
forman manantiales y fuentes, que corren por las 
vegas, y estieuden en ellas la fertilidad. Por lo 
tanto solo Uaii.amos áridas i las tierras, arenas y 
rocas, cuando carecen de las cualidades necesarias 
para la vegetación. 

Sico sii;nifica el cuerpo que tiene poca ó ninguna 
humedad. Árido, tanto en su sentido propio, couio 
en el figurado, es lo opuesto de lo fecundo y no de 
lo húmedo; pues de este lo es lo seco. 

Una montaña árida es la que nada produce, y la 
tierra que produce se llama mas ó menos fecunda. 
Un ingenio úi i/oes el que en su misma natiirale/a 
ningún priiii:¡[iio de producción halla; y un es|jiritu 
fecundo, el que de su propio fondo saca muchos. El 
humano en general solo pide instrucción 



íuperficie misma, pareciendo que ha penetrado en *"»*ue carezca árido al principio de sus estudios, 



Ja acción continuada de los sentidos pronto le hfce 
fecundo. 

Ya dijimos que lo seco es lo opuesto á lo bu- 
medo, y que un terreno seco es el que carece do 
agua ; asi cono árid' es aquel á quien le faltan to- 
das las sustancias propias para la vegetación : [ or 
lo tanto, en rigurosa propiedad de leii-uiao:, y si 
solo por una especie de exageración, no podreiijOi 
decir que un campo es áridti, cuando solo i^\. 
dejado de pioducir por faltarle la liiiinelad, y hiv 
blaremoscon mas propiedad diciendo que la sei¡n - 
dad lo lia hecho esléril. 

Como estas dos palabras tienen bastantes aplict- 
cioiies en el sentido figurado, se dice en literatura, 
hablando de uu asunto que no presta ni da moliv.i 
á ninguna idea, que es un asunto ár<d'' •■ del misino 
m'ido que cuando hablando de una roca, que no 
presenta ningún asomo de vegetación, decimos que 
6= árida. 

Dicese que es seco un discurso cuando carece de 
aquella gracia, de aquella fluidez, que dan viveza 
y esplendor al discurso, penetrando en nuestros 
ánimos cual un suave roció hace frescas y lozanas á 
las plantas. 

AltUDIXS. II PEKFUMES. — /I roma, propia- 
mente hablando, es el cuerpo que despide de si 
olor fuerte v agradable; y el iierfiime este mismo 
olor. La palabra ar >ma se limita siempre al sentido 
que la acabamos de dar, y por lo tanto no debe 
usarse en lugar de per/iime; mas este bien puede 
tomarse en sentido de ar nía, cu especial cuando 
se habla de \os perfumes de Oriente. Por lo tanto en 
algunos casos, una misma sustancia puede ser lla- 
mada alternati amenté ari'iita ó perfume : lo pri- 
mero, cuando se la considera como producción 
vegetal, de la que se saca un pertume, y esto cuando 
se la emplea para dar olor agradable. 

.\1 olor misino ó al vapor, que lo extiende, no le 
debemos llamar oroma ; y asi hablando con piopie- 
dad no diremos que la rosa exhala un aroma, sino 
un p-ifume agradable, aunque bien podremos decir 
que ella en si es un aroma agradaide. Todo oroma 
es ó puede ser peí fume cuando se le usa para que 
extienda un olor agradable, pero todo perjiíme no 
es aruma. 

Parece que el aruma pertenezca solo al reino ve- 
getal; mas de todos los diferentes reinos se sacan 
piifntnn. Las raices de los vegetales como el ;eii- 
giiire, el lirio de Florencia; las maderas, como el 
ébano, el aloe, el salsafras; las cortezas como la 
canela, el macis, ó cort.-za interior de la nuez mos- 
cada, la cidra; las yerbas y hojas como el espliego, 
el tomillo, la albahaca; las flores como la violeta, 
el jazinin, la rosa, el lirio, el clavel; las frutas y 
semillas como el coodno, el clavo, la baya del lau- 
rel; las gomas ó resinas, como el estoraque, el 
beojiii, el incienso y la mirra : todas estas cosas 
son .1 nn mismo tiempo aromax y iiertitmes : el 
alüiizcle, la algalia y el ámbar gris son perfumes y 
no animas. 

El moma solo es perfume cuando se emplea en 
sacar de el un olor agradable y sirve tanto en los 
condimentos como en las pcrfomerias y en las bo- 
ticas. El perlime solo hace referencia al ollato V el 
aroma tanto al olfato como al paladar. Los wimis 
sirven para la composición de diferentes remedios, 
y los iierfiiines se administran á veces para curar 
ciertos males. 

¡So tanto es el aroma un perfume, cnanto una 
producción vegetal de la que se saca este : se cogen 
los aromas- para hacer de edos p,Tjiim:i : el pcr/u- 
mista vende;) rlumes y el drosiuista aromas. 

AR11A\CAII. II AltllEBATAR. — El verbo 
arrancar indica la acción de sacar con fuerza, vio- 
lencia y Irabajo un objeto material, que, ó se de- 
fiende él á si mismo, ó esUi adherido fuertemente á 
otro que aumenta su resistencia : se arrunca de 
raiz uua planta cuando se tira fnertemenie de ella 
para separarla del todo de la tierra á que esta 
pegada. , , - ,. - 

Arrebatir, que tiene mucha relación con robar o 
sacar á uno lo que posee, significa de consiguiente 
quitar por medio de violencia ó maña cualquier 
objeto que no puede defenderse, ó que no esta bieii 
delendido. Asi, decimos que se arrancó un árbol 
de un jardín, un clavo de una pared, y que se arre- 
bataron á una persona bienes que no tenia bien 
guardados : que se arrebató una presa. 

La acción de arrancar es mas lenta, y se necesita 
valerse de fuerza y violencia, pues que el objeto 
que se va á urnincir, resiste con toda la tenacidad 
posible : la acción de arrebatar supone á veces mas 
maña que fuerza, y como cierta sorpresa por parte 
del que arreza/a. 
Estas dos palabras tienen muchos sentidos ügo- 



20 



ARR 



rados, j en ellos conservan períectamentó la misma 
analogía que en su idea propia. ' 

Se dice arrancar á uno alguna cosa que se pre- 
tende, cuando se consig-iie con iustancias, importu- 
naciones y cierta violeucia el que la conceda. 

Dicese arrancar .< cirrtr cuando con esluerzo y 

grande velociaad se parte, corriendo á al^un camino . 

En lo antiguo á toda partida ó salida violentase 

Uamaha arrancada, y decíase de arrancada, por de 

vencida. 

Mayores son los sentidos figurados de arrebatar, 
pnes signiSca muy comunmente encantar los sen- 
tidos, captar las voluntades, enamorar : decimos 
arrebutiir los aplauss, los votos, los corazones, 
todo io que depende de la voluntad, y puede ser 
ganado por atraciivo, astucia, seducción y engaño: 
significa maravilloso, pasmoso, gracioso, cosa que 
atrae : llamamos arreOai amiento al arrobamiento, 
al rapto, en íentido ascético, al pasmo, al alliorozo. 
Al rapto ó robo de una mujer se llama (¡rrri>aia- 
miento; porque en efecto se la sacó con violencia ó 
engaño. Á los excesos del furor se llama iirreba- 
íu'se, y de aqui nace la palabra rthalo ó arrebato, 
como se decia en lo antiguo, usándose entonces 
también del sustantivo arrebutaili:-i>. para indicar 
al hombre precipitado é inconsiderado, y arreba- 
toso al que tenia la cualidad ó defecto de un genio 
pronto, repentino eu el enfado y urrehutado. 

Comparando ahora en su uso á los dos verbos, 
diremos que se arrancan las malas yerbas de una 
heredad : encargareiuos á algunas personas cuiden 
que hombres mañosos, enredadores é incapaces no 
arrebuten los honores, empleos y beneficios á los 
que son merecfdores de ellos. 

En los furortís de la guerra, el feroz soldado 
arranca á la hija de los brazos de su madre para 
arrebatarla y roldarla su honor. Se arranca del co- 
razón la saeta amorosa que le atormenta : se arre- 
batan á veces á una mujer, mas bien que se arran- 
can, los favores que rehusa : un esciibano sagaz 
arrebata con sorpresa á un reo la confesión de su 
crimen : auxilios suficientes arrancan á un luise- 
rahle de los brazos de la muerte, y un seductor 
arríbala su inocencia á una persona sencilla, ün 
sugeto de car;icter dél'il se deja arrancar su se- 
creto, y el hombre retleiivo se a'imira luego de 
que se lo han arrebatado. Un orador elocuente me 
arranca lágrimas : un orador suilime arrebata mi 
admiración. Eu vano la muerte nos arrebata todas 
las cosas que nos son gratas y necesarias, pues se- 
guimos amando la vida, y es ¡reci o que acabe por 
arrancárnosla. El vicio itrr,iata los aplausos de- 
bidos á la virtud, y la virtud ü/tü ;■ a al vicio los 
respetos que á ella sola pertenecen. Necesitamos á 
menuilo arrancarnos del mundo para conocernos á 
nosotros mÍ-.mos, y es meuestpr como arrebatarnos 
del seno de los pbceres para gozar con mas eqpno- 
mia y delicad-^za Se ellos. 

ARKl'lGLO. Il CO^CILIACI0^. — Estas dos 
palabras se usan hablaudo de personas que están 
divididas entre si, ó son opuestas unas á otras. El 
arreglo es la acción de hacer que desaparezca la 
oposición, combinando y compensando diestramente 
las ventajas y los daños de ambas partes. La tonci- 
liacioH es la acción de avenir los ánimos de modo 
que estén acordes. El atregio se refiere á las cosa>, 
y la conciliación á las personas* 

Anl\OGA^TE. II ORGIXLOSO. 1| HÜRAiVO. 
II DESl)E^üSO. II rntSUSüDO.- El hombre or- 
güUoso, lleno de la alta idea de sí mismo y de las 
eicelenles prendas y cualidades que posee ó entien- 
de poseer, se eleva tanto sobre sus semejantes, que 
los con.-idera como infinitamente inferiores á él, y 
que no merecen ni su atención, ni su consideración, 
ni su estimación. 

El arroiianír e^tá también tan penetrado de sus 
emmentis prendas, que se peisuadt que los demás 
tieniín obligación de cenocerlas y re.^peUirle por 
ellas : por lo tanto hace continuos esfuerzos con sus 
acciones, palairas, modales y tono para sostener y 
defender esta superioridad. 

Las cualidades que producen el oruullo, son por 
lo común reales y verdaderas, con.vistiendo el vicio 
sob eu el alto desprecio gue el oryuHo^o hace de 
ic- demás : las cosas que inspiran nrroguticia, por 
lo <4)mun .'■on imaginarias, consistiendo el vicio 
soio ec la opinión que el anoijanti' tiene de ^i 
mismo. Por lo tanto, cuando el o:gii ¡o no lleva 
consigo, como es muy coiiun, el desprecio.de los 
demás, no ofende, ni se mira como mala cualidad; 
pero no sucede asi c-n la urroguncia , porque su 
onpcu mismo es vicioso. 

Eúndase el orindiv en las riquezas, en bs em- 
pleos, en los honores, en la alta dignidad de si 
lüismo, de su familia, de sus enlaces, de sus arais- 



ARR 

tades, y principalmente en su propio mérito, eu su 
talento, en sus eicelentes prendas, y este es el mas | 
ferdadero y noble urgullo, porijue está en la per- , 
sona misma, porque se lo debe á si, porque consti- 
luye una veidadera superioridad, que es difícil que 
QO la conozca el mismo que la posee, y mucho mas 
difícil atm , que no lo manifieste de un modo tan 
violento y duro, que deje de mortiicar, herir 5 
ofender el amor propio de los demás. 

Oayi.l Osa esta una mujer hermosa de esta tan 
apreciable cualidad, que arrebata las adoraciones 
de todos ; y es generalmente alabada y estimada si 
tiene el arte de ocultar que lo sabe, y de manifes- 
tar aprecio, en lugar de desprecio, á las demás 
mujeres de cualquier mérito que sean, ó aunque 
no tengan ninguno, y atenta indiferencia á los elo- 
gios \ adoraciones de los hombres. 

Créese el h mlire otijuIo^o superior á los demás, 
y en esta opinión se aferra y sostiene, seguro á su 
parecer de que nadie se atreverá á disputárselo : 
no tiene tanta confianza el arrogante en su supe- 
rioridad , y por lo tanto de continuo se ocupa en 
sostt-uerla, defenderla y ostentarla. 

El iirguUo^o tiene un aire elevado, sentado, si- 
lencioso, naturalmente despreeiador : mas bien 
huye de las personas que las busca; no se digna 
hablar ni aun contestar , y como que se ofende de 
que se le haJile. El hombre arroganle es violento, 
arrebatado, alborotado, profusO de expresiones alta- 
neras : no huye de ti ; al contairio , con ansia te 
buíca, con descaro te acomete y habla; porque an- 
hela por hallar ocasiones de ostentar su superiori- 
dad. £1 hou.bre orgulloso humilla á los demás; el 
atráigame irrita. 

Como un exceso grosero y fastidioso de estos dos 
caracteres, miraremos al houibre que comunmente 
se llama tturafw. Su mérito suele ser poco ó nin- 
guno : la idea de sí mismo muy elevada, sin mas 
fundamento á veces que su ignorancia y grosería : 
su genio es adusto, taciturno, regañón, despreeia- 
dor : sus palabras y acciones no tanto altaneras, 
cuanto ásperas, desabridas, ofensivas : no despre- 
cia, pero siempre maltrata. El hombre arrogante es 
altanero é imperioso ; el huraño taciturno y rega- 
ñón : el primero, como que provoca á los demás 
hombres con sus necias arrogancias: el huraño i 
nadie parece amar, á nadie sufre, á nadie escucha, 
todos le ofeuden, á todos rechaza con sus groserías. 
El hombre arrogante quiere sujetarle y esclavi- 
zarte á la superioridad que afecta, manifestándolo 
en sus discursos y en su tono altanero ; el desde- 
ñoso ningún caso hace de ti ; y este absoluto des- 
precio lo descubre en sus dichos y acciones : el 
vruulloso tiene en si mucha parte de este vicio. 

El del arroijanie tiede relación con su iirgullo : 
el del ¡iresurñiáo con la satisfacción y contenta- 
miento en que vive de si mismo, el prenmido tiene 
muy encumbrada opinión de su talento y sensatez, 
cuando comunmente de ambas cosas carece ; con la 
mayor seguridad decide de todo á diestro y á si- 
niestro. El arrogantr se burla de la opinión de los 
demás : el pres nluoso no se digna tenerla en algo, 
ni aun saber cuál es, pues le basta la suya propia, 
que mira conio infalible. 

AIIRÜJO. II ATllEVIMIENTO. 1| OSADI.*.— 
Para el atrnimiein o se i.ecesita valor y resolución: 
el orrojo supone intrepidez y poco juicio; la osailía 
Ímpetu ciego y como desesperado. El hombre atre- 
vido conoce la dificultad, el riesgo; pero confia con 
razón en qae tiene fuerzas y medios para salvar 
este y vencer aquella. El arro ado nada consulta, 
3;da' prevé, en nada se detiene ; es nn caballo 
desbocado, sin freno. El osado neciamente confía 
contando con las fuerzas y medios que se imagina 
tener uuiy superiores á los obstáculos y peligros, 
que cuenta como de ningún valor para su giande 
esfuerzo. 

La inteligencia, el valor, la fortuna, dan atrevi- 
miento y confianza á nn general ; pero si es ilimi- 
tada esta confianza, si le desvanece la idea de su 
feliz snerte y emprende una acción arriesgada, será 
osado : si por su necia asadla la pierde, y deseoso 
de recobrar su crédito, de reparar su daño, deven- 
gar su afrenta, loca y teuierariaü-ente, sin probabi- 
lidad de la victoria, vuelve á la lid, será un des- 
pechado, y por lo regular victima infeliz de su des- 
esperación y OTO o. 

AUHOSrliAK. II DESPRECIAn. 1| BllA- 
VEAH. — Expresiones todas de valentía, denue- 
do y decisión que demuestian un ánimo esforzado, 
que ni huye el peligro, ni leme la muerte. 

El contexto de la palabia a rosliar indica bien 
claramente que es presentar el rostro, la cara al 
enemigo, hacerle frente. Alronla' supone una lucha 
entre personas, y los riesgos á que nos exponemos, 
pero coa arrojo j valor : arrostramos al enemigo 



ASA 

caando le acometemos y batallamos con él cara á cari. 
Brarear indica que tenemos grande confianza en 
nuestro esfuerzo, superioridad decidida sobre e' 
enemigo, á ijuien despreciamos, insuUamos y aui. 
ajamos; por lo que le echamos plantas, hacemos 
fieros, V prorumpimos en hraiatas, íjue es el sen- 
tido déla palabra bra eur : en lo antiguo llamaiao 
por esto bra' ato y no bruViador como ahora al ba- 
ladro", y bra' tria áZa bi atura; asi como biatíza 
al valor y esfuerzo : ahora solo se usa cuando se 
trata del ímpetu y fuerza de los elementos. 

El b^aiead.'r desafia, insulta y desprecia al ene- 
migo. Se desprecia y aun bravea al tirano, al per- 
seguidor, al amenazador; pero no se le arrostra 
porque esta palaíira se dirige solo á la acción : mas 
sí se arrostra i la muerte cuando nos exponemos 
al peligro de ella; y se la deiprecia cuando la su- 
frimos con ánimo firme ó cou indiferencia. 

AUTICULAII. II PllOFEIlIR. |1 l'RONUN- 
CIAR. II HABLAR. — l'ioffriT es pronunciar pa- 
labras en voz alta. Articular, pronunciar clara y 
distintamente las silabas al juntarlas, fronunciar, 
expresarse o darse á entender por medio de la voz. 
El hombre es el único animal que profure pala- 
bras, porque es el único que goza del don de ha- 
blar para expresar sus ideas. Hay aves que articu- 
lan perfectamente sílabas v palabras enteras. La di- 
ferencia de climas y de" costumbres hace que los 
habitantes de una región no puedan fmnmiciar lo 
que otros pronuncian con la mayor facilidad. 

Una persona de pronunciación torpe y embara- 
zosa, no podrá pT,>(erir palabras, harto hará con 
tartamudearlas. Cuando el conduelo nasal esti obs- 
truido por nn resfriado, no es posible artkular 
bien las palabras; y se dice que una persona habla 
gangosa cuando la voz sonora no pasa por las na- 
rices. Las naciones que hablan el mismo idioma, 
no lo pronuncian todas del mismo modo, y por esto 
se dice que cida provincia tiene su accnio. 

Gramaticalmcnre bal lando, ar/ici./ar solo se toma 
en sentido físico para expresar la acción del instru- 
mento vocal. pri'f.rir no presenta otra idea fisica 
mas que la de haNa^ en términos que uno sea oído 
y comprendido ; pero coa una idea moral de inten- 
ción, y de atención. Pronunciir se usa en diferen- 
tes sentidos, pero con diver.'ías relaciones, ya físi- 
cas ó ya morales. Hay arlifuiac'oiis fuertes, y las 
hay suaves; las hay linguales, labiales, etc.: no 
basla con ,irtic«lar clara y distintamente, es me- 
nester fiTonunciai bien, es decir, hacer sonar las 
palabras como lo hacen las personas regulares y de 
buena educación. Distinguense también la pronun- 
cia ion oratoria y la faüiilíar. Se puede, hal/lando 
alto, proni.n iar alto ó bajo. Se dice proferir blas- 
femias, denuestos, etc.. segnn se quiere designar la 
fuerza ó valor que se intenta dar á las palabras ó 
la armonía de las voces. 

Decimos pronunciar un discurso, pronunciar una 
sentencia para demostrar la soleainidad del acto ó 
la autoridad de una persona. 

Hablar, es decir palab as de un idioma, y en 
este sentido se dice que hablan algunas aves a las 
que se enseña á ):ronuncinr palabras, ün papagayo 
que hal'ia : enseñar á l:ali!tt'- á una urraca. Tam- 
bién se dice que estas aves articulan. 

Habla'-, tomado en sentido mas estricto, significa 
manifestar sns ideas por medio de la palabra, y en 
este sentido no diremos ya que las aves Aa* mi; 
porque no expresan sus ideas con las palabras que 
pioniincian. Articular ¡( nsa también en este senti- 
do, y significa pr'nunciar distintamente las pala- 
bras que juntas forman ó expresan una idea. 

ARRUINAR. II DESTRUIR.— Estos dos verbos 
signiücan igualmente el acto de derribar, ó de ve- 
nir abajo un edificio ó cualquiera otra cosa mate- 
rial; pero destruir dice mas y con mas fuerza que 
arrumar. La ruina puede ser mayor ó menor ; la 
d ■■•I- uccion es por lo común grande y á veces total 
ó completa : quedan restos, ruinas de lo arruinado; 
ni rastro á veces de lo destruido; y así es que 
aquello puede ser reparado y esto es menester 
renovarlo. ,-, j 

El arruinar puede ser efecto de la casualidad, 
de un accidente, del tiempo; « el rerremoto arrui- 
nó la ciudad : los años y el poco cuidado causaroi. 
la ruma del edificio. > , 

El iitstrwr supone conocimiento, voluntad, in- 
tenciou : « lo< enemigos dí.^lruiierim los palacios, 
los jardines, los bosques : Umbicn </fS(ri-l/tTim las 
riquezas de la ciudad, dejando arrui a ios á sus ve- 
cinos. > Por lo tanto se dice que una cosa auienaza 
mina y no d^trucci n, 

.'VSALTAIi. II ACOMETER. - Lanzarse sobre 
al'-'una persoua ó cosa para hacerla daño, es la idea 
que presenta la sinonimia de estas dos palabras. 
Asfl//ar significa arrojarse atropellada y repeuti- 



ASE 



ASI 



ASP 



21 



ñámente, y acometer hacerlo abiertamente y sin 
sorpresa alguna. 

AI que es acomctidí^, parece que no debe cogerle 
de sorpresa, y de consiguiente que ha de estar pre- 
parado para la deft^nsa : el que se ve asaltado, se 
halla en cierto modo sorpiendido ya sea por el ins- 
tante del asalto, que él no habia previsto, ja por la 
impetuosidad ó por el número de lus que le asal- 
tan. 

■ Asaltar supone que el enemigo está ó se cree 
fistar seguro : se analta un campo atrincherado ó 

a fortaleza. 

Comumiiente hablando, no se necesita el ser mu- 
hos para asaltar, pues basta con acometer iiupe- 
tuosamente y de improviso á la persona ó cosa. Un 
caminante es asaltado por un lailron, el cual al 
ÍDstanie le intimida, sujet:i y roba : el ladrón le 
acoJ/ifíe, si le sale al encuentro y le pide la bolsa ó 
la vida. La tempestad analta, porque sobreviene 
súbitamente y sin esperarla. 

También en sentido figurado se difprencian estas 
dos palabras. Te acomete un acreedor que te per- 
sigue judicialuieute : te asatan muchos acreedores, 
que parece haberse puesto de acuerdo para perse- 
guirte á un tiempo, lo cual no tenias motivo de 
ten.er. Mil movimientos contrarios me asaltaron i 
la vez. 

Las cosas asaltan y no acometen : solamente los 
hombres y los animales a om ten. Se ve uno a al- 
tamía y no acoiiitlido por la tempestad ; es uno 
abultado por una granizada. 

ASCE\DltME. II IMPI RIO. 1| INFLIJO. — 
Indican estas palabras superioridad sobre la inteli- 
gencia de los demás. 

Ascendiente se usa, en sentido figurado, para in- 
dicar la superiojidad que una persona tiene sobre 
otra, sin que se pueda decir á veces la causa en 
que se funda; pero si que la domina y gobierna 
con mayor ó menor imiieri... Dicese, por lo tinto, 
que un íiombre tiene mucho asctnd/euíe s.ohre otro, 
para indicar que iníluye en sus opiniones é ideas, y 
le conduce á hacer aquello que él desea. 

Mirado el asci'ndiiite con respecto al que lo 
ejerce, es un habitual dominio que le sirve para 
dirigir á su gusto la voluntad de otro: mirándole 
con relación a aquel sobre quien s*^ ejerce, es un 
inconsiderado hábito en este de ceder á los estí- 
mulos é impulsos de otro, sea por la confusa opi- 
nión que tenga del talento y mérito de este , sea 
por temor, pusilanimidad ó cualquiera otra causa, 
a veces inesplicable. 

El preiiominw ó imperio es el ascendiente consi- 
derado en su mayor fuerza, que nace de la facul- 
tad que algunos gozan de apoierarie del ánnno 
ajeno, de conocer sus debilidades y errores y de 
aprovecharlas para trastornarle , haciéndole esclavo 
de su voluntad. V;ilese el imperioso, para adquirir y 
sostener su predominio, del engaño y de la al'ecta- 
cion á veces; pero pocas de la humildad : otros 
cun mas frecuencia, de la destreza; pero por lo 
general del tono absoluto, amenazador para suje- 
tarnos á su imperio. 

Mantiénese el asi endiente por medio de la ilu- 
sión, el imperio, lisonjeando, haciéndose necesario, 
inspirando temor. La persona solare la que se ejerce 
el asceiid'C' te, carece de fuerzas para resistir á el : 
el que está sujeto á nuestro imperio, no tiene valor 
para sacudir su yugo. 

JVingnu dominio directo ejerce sobre nosotros la 
influencia^ ni tampoco nos arreiata como el ascen- 
diente: ningún efecto determina, pero ayuda á pro- 
ducirlo. El que ejerce ascendiente sobre alguna 
fiersona, está seguro de que la determinará á hacer 
o que quiere : el que solo tiene inpujo en ella, 
espera contribuir á que se veriüque esta determi- 
nación. 

ASEGURAR II AFIRMAR. || CONFIRMAR. 
— Mucho vigor reciben los radicales cuando á 
ellos se les unen ciertas preposicionos como suc^■'de 
aquí en la unión de las de fl y con, pues de ¡irme 
y seijuro formamos los verbos asennrar, afirmar, 
confirmar. 

AsCQurar es como constituirse fiador de ^le una 
co^a es cierta ó deberá suceder, ya consista esta 
responsabilidad ó apoyo en el valor de la palabra 
del sugeto que apoya, ó en el compromiso que con- 
trae de que la cosa será asi, sujetándose al daño ó 
riesgo que de no serlo podría result ir ; como cuando 
decimos que una persona^ á la que llamaremos asi- 
',i'rad>r, 6 una cornpafiia, asegura una casa, un 
"edificio, ó un navio, ó cualquiera otra cosa. 

También usamos de este verbo en sentido reci- 
proco refiriéndose entonces el seguro á nosotros 
mismos, como cuando decimos asegurarse uno de 
U'ia cosa, que equivale á certificarse y á persua- 
dirse de ella. Por la misma razón se dice, por 



prender 6 echar mano de un delincuente, asegu' 
rarle. 

Lo opuesto á negar es afirmar, es decir, dar por 
firme, valedera y subsistente cualquiera cosa ó su- 
ceso, y asi en estilo legal, al ratiticar una declara- 
ción se llama a/ír///ar, es decir, que da por firme lo 
qiie ya se dijo. Cuando un ediiício no tiene bas- 
tante firmeza por si mismo para sostenerse, necesi- 
tando el apoyo de cualquier otro cuerpo, decimos 
C[ue se afiíma en él, que es lo mismo que eurtbar 

asegurar e. 

El nombre firme con la preposición con forma el 
vevho con fi> mar que expresa mayor firmeza ó fuerza, 
es probar de nuevo, revalidar, comprobar, corrobo- 
rar la certeza o probabilidad de une cosa y presen- 
tar nuevas pruebas de ella. Llámase por lo tanto 
auto confirmatorio al que aprueba otro anterior, y 
confirtiianon á aquel Sacramento por el cual el 
bautizado se ratifica y confirma en la fe del Bau- 
tismo. 

Según estos principios diremos qiie en general se 
afirma por medio del juramento, se confirma con 
pruebas, y se a\r(¡ura con la autoridad de la per- 
sona y tono positivo con que dice las cosas. El que 
a-'igma cuanto dice, toma un tono y aire magistral: 
nos inspira desconfianzaelque todo lo a^rma y fasti- 
dio el que todo lo confirina. Como el vulgo de nada 
duda, todo lo aegura : creen los embusteros que 
con afirmar una cosa logran ser creidos : losgrandes 
habladores no desaprovechan ocasión alguna para 

1 on firmar cuanto ellos ú otros dicen. 

L'ebemos dar crédito al hombre honrado y formal 
que asenura una cosa, pues perderla su reputación 
si afirma'^ e sin fundamento, ni tampoco se atrevería 
á contar cosas eitraordinarias sin confirmarías con 
pruebas y argumentos convincentes. 

AStSINO. 11 3IATAD0R. || HOMICIDA. — 
Estas tres palabras, en sentido general, sipinifican 
el que inaía i un hombre ó á varios; consistiendo 
la ilifpiencia solo en el modo de ejecutarlo. 

Entenderemos por matador á aquella criatura 
racional ó irracional, que de cualquier modo que 
sea, con culpa o sín ella, mata ó priva de la vida 
á otra : es, pues, voz genérica ; pero circunscri- 
biéndonos al hombre y a un hecho crimina!, dire- 
mos que es mutad'U el que con premeditación mala 
á otro, sin que haya mediado riña, ni duelo alguno. 

Al que ha muerto ó pensado niaiar á traición y 
con ventaja, á uno que estuviese indefenso ó á otro 
mas débil i]ue él, le llamamos asesino. 

Homicida es el que ha hecho una muerte invo- 
luntariamente ó en el caso de natural defensa 

El asesino es un cobarde, que tiene miedo de 
hacer armas contra su enemigo : el matador un fu- 
rioso que mata solo por el bárbaro placer de via- 
ttir, ó tal vez por estar pagado para hacerlo. El 
homicida involuntario, un desgraciado, que merece 
compasión. 

El asesino se oculta y pone al paso del que 
quiere tisesinnr , ó hace apostar gente para consu- 
mar su crimen. El mutudor procede con mas auda- 
cia pues que embiste á cara descubierta; general- 
mente se reúne con otros, para estar mas seguro 
de verificar su crimen. 

Aunque un juez sentencie á muerte, ejerciendo 
su ministerio, un militar la dé en una acción de 
guerra, ó el verdugo quite la vida en cumplimiento 
de sus respectivos cargos, no se les llamará hmi- 
lidas, porque sus acciones nacen de la ley, y de la 
disposición de las autoridades legitimas. 

ASILO. II REF» GIO.— Cuando nos \emos ame- 
nazados de un peligro inminente y no nos halla- 
mos con fuerzas, ni medios para evitarlo, nos am- 
paramos de cualquiera persona ó cosa, que pueda 
prestarnos favor. Entre otras palabras para expresar 
este acto, tenemos como principales las de tisHo j 
refugio, que aunque semejantes en la idea genera 
que representan, no lo son en los accidentes de 
ella. 

Busca asilo el desgraciado donde cree que se lo 
pueden ó deben dar : refmjio en el primer paraje 
que se le ocurre, ó en la primera persona que se 
presenta; de donde se ve que el riesgo contra que 
buscamos asilo, no es tan instantáneo como en el 
caso de refugio y aun da lugar á la reflexión. 

El iisilo es solicitado por el que lo necesita, con- 
cedido y á veces ofrecido por el que lo da : el /e- 
¡ngio, como su causa ó motivo, suele ser casual, de 
instinto mas que de reflexión en quien lo toma 
de precisión ó inevitable á veces, en el que lo con' 
cede. 

Uu hombre indefenso á quien persigue otro para 
matarle, se refxvtiti de pronto donde puede, ó se 
iimpiira de un hombre fuerte que lleve armas : 1; 
nave combatida por ía tempestad serefuf/ia al pri 
mer puerto ó resguardo que se le ofrece á la vista 



Un soberano á quien es a.lversa la guerra y 
acosa el enemigo, pide y obtiene asilo en los esta- 
dos de otro principe sn amigo ó neutral en la con- 
tienda. Se Qice derecho, privilegio de asilo, no de 
refuiiio: la iglesia es el o'-ilo de los reos, el hospi- 
tal, el ufuyio de los pobres enfermos. Se dice la 
casa del Hefuijio y no del asilo, aiiuella en que se 
ampara, sirve y socorre á los infelices y á los des- 
validos. 

ASIR. [| AGARRAR.— Los radicales de estos 
dos verbos indican su difereute significación : de 
asa viene o^ír; de (jorra agarrar. Basta con que 
aunque ligeramente cojamos ó toquemos una cosa, 
para que digamos que la hemos a-.ido, aunque no 
podamos contenerla y se nos escape : oü^arrúr supone 
fuerza y esfuerzos para sostener lo agarrado firme- 
mente. Le t>$ió de la ropa, y se le escapó : le agar- 
ró del pescuezo, y no le dejó escapar, 

ASOCIADO. II INCORPORADO.— La unión 
hace la tuerza : el hombre solo es débil y misera- 
ble : junto con otros dichoso, acomodado, valiente : 
vence y domina á todos los animales, y como des 
pota reina sobre la redondez del globo y cuanto 
en él se contiene : al instinto de asociación que le 
es mas natural que á los animales sociables, se de- 
ben todos los aaelantamientos en las ciencias y en 
las artes; y la grandeza y perfección de las nacio- 
nes, nace de la peiieccion social. 

La significación de las palabras asociado, agre- 
gado y mas bien incorporado corrobora por su parte 
esta verdad. La palabra a ociar es la que da mas 
extensa y positiva idea de esta reunión de inteli- 
gencia y fuerza. Movidos muchos sugetos, que po- 
seen estas dos cualidades ó cualjuiera de ellas, del 
deseo de aumentar sus riquezas ó de emprender y 
concluir grandes obras, se juntan en compaüia, y 
forman una asociac-on para lograrlo. 

Entendemos, pues, por sotidiad una junta de 
personas que han forraaoo un convenio, reuniendo 
sus talentos . su inteligencia y el todo ó parte de 
sus bienes para alguna especulación mercantil, 
obra ó empresa de cualquier género que sea, par- 
ticipando de los beneficios ó pérdidas conforme á 
los fondos con que hau concurrido, ó á la impor- 
tancia de sus servicios , según el reglamento de la 
fi' ciedla. La agrigacion ó incorporacun es unirse 
varias personas á una sociedud ó compañía ya for- 
mada, la que conviene en recibirlos en su corpora- 
ción como individuos de ella, y sujetos á las condi- 
ciones ya establecidas. 

Los a-^ociados son los que verdaderamente cons- 
tituyen la socii dad, los que han formado ya sus 
reglamentos : por lo cual aunque lo.^ agregados 
pertenecen á la asociación , no vienen á formar 
parte integrante de ella : al contrario, se consti- 
tuyen en una especie de dependencia de la svcie- 
dad principal, la cual como que les concede un fa- 
vor, admitiéndolos como agre-Mdos» Se nsoci-m las 
personas para aumentar el número de los indivi- 
duos , y se mcorpcan otros para dar á la asoria- 
cion mas firmeza, importancia y extensión en sus 
relaciones. 

ASPECTO. II VISTA. — La vista no es mas 
que la acción material de los ojos sobre un objeto; 
el aspeí to supone en el objeto diversos modos de 
ser mirado. 

Se puede ver una cosa de frente, por detras, de 
lado, de bajo á alto, de alto á bajo; siempre es la 
misma cosa la que se ve, aunque áe diferentes 
modos, los cuales se llaman asiecos. Para juzgar 
bien las cosas, deben mirarse bajo todos aspados* 

Vista no supone ninguna variación en la per- 
sona que ve. Si yo veo un objeto bajo diferentes 
ospictos, siempre es igual el modo de V' r : la mu- 
danza no se efectúa mas que en el objeto, el cual 
varia según los diversos modos con que se pre- 
senta. 

El arpéelo supone, pues^ en el objeto una mu- 
danza que hace tal ó cual impresión en el que lo 
ve : mientras no haya en este objeto una modifica- 
ción particular, que haga imprpsion en el alma, no 
se tendrá mas que la usía del objeto. 

Un jardin presentará solo un aspecto agradable, 
si el agrade que en él se halla resulta de la im- 
presión que han hecho en nuestros órganos las 
diferentes partes de que se compone. 

Podemos decir de un hombre que con serenidad 
camina al cadalso, que su ri.'ita no le espanta, es 
decir, que no causa impresión alguna en él, y en- 
tonces el verdadero término nue debemos emplear 
es el de ri\l'i, porque no resulta impresión alguna 
del objeto sobre el sui:eto: p'^ro hablando de otro 
hombre, diremos que al aspecío delGidaíso se des- 
mayó, porque el ol-jeto hizo una fucrts impresión 
\ en el sugetu. 



22 



AST 



AST 



Veo i mi padre que de nada tiene que acnsarme, 
ni intenta hacerlo, y esta vjMa no me inqn.eU, 
pirpie no causa en mí una i.upres.on eitraord lu- 
?U ; pero si se que uú padre esta enfadado oonmgo, 
est. enfado será una círai.istanoia que H^'Saimp.e- 
sion eu mi, y entóuces diré con razón que al asyeclo 
de mi padre me tiirlié. 

, A - "' 

eitr 



' ini nadre me turne. . . , 

'.aS;/'í<. expresa algnna ^osarepentrna mop>nada, 
.traÍMinaria, .lue^uo .odie, a paUb^a >.J«. 



Cniído filia este accesorio, puede ponerse nsla 
enl ünr de «sp<'C¿.. porque la mía contmuada 
m , e'haier e fel alma la\nisma i„nH-es.on que el 
alwrircuandu esta proviene del objeto m'^mo ; y 
asf d du'os une al caSo l>i^o i'"P^f;^'°'' ^" *" , ° J 
law.íttdel de»2.aciado; pues emouces el objeto 
hace imuAsiun sobre el sugeto, y esta impresión es 
fa unica*^ que puede dar la misma s.gnihcacmn a 
'^y^¡M^rírírÍEN»-^«. -Estas dos pa- 
labr' ¡udicau los esfuerzos que se haceu para lie- 
par una cosa para obtenerla. La primera designa 
mie estos esfuerzos se hallan sosien.dos en uu vé- 
ceme, e deseo, y la segunda que se apoyan real o 
quilnerLimente en los'derecbos, méritos o jnstmia ¡ 

''"L;;™".lLi^'nransiosa solicitud de una cosa 
aue íeuen e de los hon.bres o de la suerte : p«- 
a^; supone ju.,ticia une entendemos deba hacer- 
senos ó nremio que deba dársenos 

Uu'hou^íbre que as,,ira i tener lionores hace es- 
fuerzos proporcionados i sus deseos; V elqneP'e- 
tenie honores, es porque se cree acreedor a elos^ 

lil iue aspira á cualquiera cosa, se vale para 
loor, ría de iS astucia, del artiBc.o y a veces de la 
fm..7a V de cuantos medios le sugieren sus violen- 
tos deseos • el que ynUnde maniñesta francaiuente 
sus derechos slan? no certos, y procura hacerlos 

^'EÍane asiúra se aflige y abate cuando no logra 
nada y e? qne ^-reíul' queda descontento, y se 
aueií de la injusticia que entiende se le hace. 
' A¿THO. II WniEI-l-A.- Asíro es una pala- 
bra general que designa á todos los cuerpos celestes, 
es decir al sol, á la luna, á los planetas a las es- 
trellas V a' los ¿ometas. La palabra estrella designa 
los caeros celestes que son luminosos, esto es, 
nue eu sí mismos tienen luz. , i, -„„ 

^Imaginaron los astiólogos que los astros te, n 
infliiio en el genio, temperamento, conducta, incli- 
naciones y aun snerte de los hombres, y anu en el 
dia en el lenguaje poético y en la creencia vulgar, 
se conserva la misma opinión. . • ■ j 

Muchas veces estrella viene á ser sinónima de 
de! ino ó snerte. Algunos autores "een que iodo 
teueiuo>nna estnlli ,|ue nos guia o domina, sin 
me á podamos resistir Se dice nna buena, una 
Siaia una feliz, una desgraciada eí!rf/í«. Pero 

em¿r¿ qne se trila de un iullnjo, debemos eumlear 
llpTabra astro, asi como la de estrella cuando se 

""ilt^te^nr los "íeíí^^S una mujer hermosa, la 

"^];'Sn"oí"0G;Af1í' Al.TnONOM.A^ - Todos 
son extremos y contradicciones en e hombre : es 
un enigma que ningún tllósofo ha padidodesclrar 
MlbinS en^él mezcladas, conlun lulas, a veces en 
uu mismo individuo, las mas sublimes ideas y los 
mas bajos pensamientos; las verdades mas pos ti- 
vat mis elevadas, mas claras, mas ntiles y los 
Irrares mas crasos, mas absurdos y mas perjulxua- 
les ■ cuanto mas opuestos son a la recta razón, tanto 
mas lo cree, los ama, los adopta, los dehende y 
tan pertinazmente, que llega i veces hasU sacriñ- 
caí- la vida por ellos, , . ^ , 

La necesiSad obliga al hombre á entrar entre 
otros estudios, en el de los astros que esmaltan a 
bóveda celeste, pues tal aparece a su vista material: 
ve el influjo de alguno de ellos en las cosas terres- 
tres en los climas, en las temperaturas, en las va- 
riaciones atmosféricas, -y los que exclusivau.ente se 
han dedicado á la ciencia de los astros le dicen . 
. Esa bóveda celeste es nn libro : el dedo del Criador, 
con signoi indeleble-, oscuros pero positivos, grabo 
en él la snerte futnra de todos y cada uno de los 
mortales: acudid á ini, yo lo leeré, osdire los ma- 
les ano os cercan, los riesgos que os anianazan : 
ñor medio de mi sobrenatural y oculta cencía, yere 
si el hado es ó no ineiorable, si se puede evitar, 
aoaitar moderar, y asi lo haré si sois acreedores a 
ello- póriiue vuestra suerte está en mi inteligencia 
V en mi brazo. » Todos le creen, le respetm, le 
temen : subyuga al ánimo timido y apocado : con 
sn varilla mágica, cual nn cetro, do nina y esclaviza 
?, todos los hombres, desde los mas bajos y misera- 
W^ basta los mas encumbrados y felices, como los 
l.iitnuijüs, lus principís, los omperadores. Tales 



la espantosa y terrible ciencia de la aslrologia que i 
desde los mas remotos tiempos hasta casi nuestros 
dias, ha dominado v hecho iufelices, ya mas, ya me- 
nos, á todas la^ naciones, ya luesen rudas, ya cultas. 

La palabra astroloíjia es griega, y se couipone de | 
aser aftio, y lo.os discuuo, esto es, discurso o 
ciencia de los nstros : tal es su signihcacmu recta y 
natural, la que tuvo en sn origen, la que la cons- 
tituye una ciencia tan verdadera cuanto nlil ; pero 
bien pronto uianeíada por iierfidos impostores y por 
audaces charlatanes, cambió su objeto en el que 
acabamos de indicar. 

Asi se ha ido considerando hasta el día. y ya en- 
tendemos por a-íro/o.vii al fingido arte de predecir 
los futuros acontecimientos, valiéndose para ello 
del aspecto, posición é inilujo de los cuerpos celestes. 
El astrólogo pronostica los sucesos, levanta ho- 
róscopos, y con mil signos y fignr is extravagantes y 
ridiculas, si no fuesen horrorosas, intenta dirigir la 
suelte de los mortales. 

Dividen por lo común los autores la astrolngia 
en los partes : la una natural, y la oln juiliciana. 
La astiologia natural es el arle de predecir los 
efectos naturales, como las mudanzas de tiempo, 
los vientos, las tempestades, los huracanes, las inun- 
daciones, los terremiitos. 

La a.nologia judiciana. que es a la que propia- 
menie se da el nombre de astrolngia, es el supuesto 
arte de pronosticar los sucesos morales autes de que 
acaezcan; y entendemos por sucesos morales los 
que dependen de la voluntad y de la acción libre 
del hom. re, , , , 

Ma^ la verdadera ciencia es la aslronomia, pala- 
bra también griega, compuesta de aser astro, y no- 
mos regla ó ley. Jis, pnes, el estndio y conocimiento 
del cielo y de los fenómenos celestes, pues el as- 
trónomo estudia y conoce el curso y movimiento de 
los astros, observa el estado del cielo, hja el orden 
de los tiempos y las revoluciones qne provienen de 
la> leyes establecidas por el Criador, priiuer móvil 
de la naturaleza en el inmenso numero de glolos 
que contiene el universo : sns cálculos son exactos, 
V en ellos no se equivoca. , . . 

El astrónomo nos dice lo que sabe, ypor lo tanto 
merece el aprecio de los sabios ; el astrOinjo cuenta 
lo que se imagina, busca y halla el aplauso del ue; 
cm vulgo. El ansia de sabei mueve al hombre a 
la astronomía : la ini|uietud, acerca de lo venidero, 
hace caer eu los ern res de la astral gul. 

ASrilCIA.l|SUllLEZA.l|Altl)ll).ll ARTI.- 
nlA II PlillFlUlA. — Eu sentido rectoy mal.enal 
se llama Sil/i/ nn cnerpo delgado, delicado y tenue, 
y de consiguiente la siíldeza »era la degalgadez o 
tenuidad de este cnerpo damos el epíteto de .sult- 
le:a i la finura y delicadeza de alguna obra mate- 

"eu sentido metafórico llamamos, por analogía, 
sagaz, sutil al hombre agudo, ingenio-o ; a penj,a- 
mnintos ó dichos mas agudos que solidos los lla- 
mamos .-útiles; como también decimos -aWe;a,por 
perspicacia de ingenio, y entendemos también esta 
s¡"nilicacion cuando se liabla del instinto de algo- 
nos animales, que son muy sagaces y astutos, y de- 
cimos s,Uili:ar cuando se discurre ingenmsamente 
y con profundidad sobre un asunto. 
' Deüniremos, pues, á la mlile:u, en sentido mo- 
ral diciendo qne es la cualidad de nn talento des- 
pejado y perspicaz, el cual examinando meniida- 
menle las cosas, observando las dilerentes partes 
nue las componen, las relaciones de estas partes nna 
con otras, ó con el todo, ó con las circunstancias y 
óblelos exteriores, llega á conocer estas cosas de un 
modo mas claro, positivo y exacto que aquellos que 
no gozan de estas cualidades; teniendo sobre eilos 
este ingenio sutil la ventaja de poderse dirigir me- 
ior en todos sus pensamientos y acciones. 
•' Deduciremos, pues, .jue la sutile:a en si, es una 
cualidad útil y apreciable, no solo para el que la po- 
see, sino para los demás, en los negocios en que la 
emplea, cuando esto se dirige a buenhn que es el 
mú dedde de la bondad o maldad de la mlile:a. 
Guando e.ta se emplea en conocer las ocultas y si- 
niestras intenciones del malvado, para descubrirlas, 
contrariarlas v deslrnirlas, la í«íí/t.a sera loable, 
como detestable, si se emplea en sentido con r;irio. 
En este caso, siendo la intención de la sutile.a, 
ó mas bien del M/¡(¡ aiinr. la de dañar, la llamare- 
mos a.tucta, la cual viene á ser una siilik:» em- 
Dleala en hacer nial ó eu intentarlo. 

Deberemos alabar la suli e:a de un hombre be- 
néfico, ,|ne por medio de ella llega a descubrir la 
desgraciada suerte de un hombre de bien, modesto 
honrado y pundonoroso, y que por I», '¿af, »■=""* 
su estado'á los ojos de (os demás ; y el hombre be- 
néfico le busca, le obliga á descubru: sn verdadero 
estado y le avuda á salir de él, con sus útiles con- 



ATE 

seios, con su auxilio y socorro ; y en lo que por es- 
tos medios no alcanza, le consuela y defiende. 

Pero al mismo tiempo no podremos menos ae 
detestar la astucia úe nnmalva'lo, que solo empea 
su sagacidad y .sutitr:a en conocer y descubrir las 
acciones y pensamientos, aun los roas ocultos, na 
una persona para hacer publicas sus faltas, su; 
errores y susdefeeio,,desopiuándola ante las gentes, 
v á veces denunciándola á la execración publica. 

Asi como la o<íuew es una .vu/ü, :a empleada en 
hacer daiio; el ardid ó urteria lo es eu desliin.brar 
y engañar: aquella directamente »e ilirige a hacet 
daño; esta á cubrir con fingidas apariencias el mal 
que quiere hacer. La astucia oculta sus intenciones, 
el ardid, sns pasos y sus medios: la astucia ade- 
lania, soneniendose en la <u//ie:«; la «•(.«■w, en 
el artificio y mentira : el hombre astuto, cuando 
está scuro de qne te conduce á tu daño, finge q-je 
te guia á tu bien: el aríero, lo hace por sendas 
oblicuas, que te son desconocidas y en ellas te 
tiende lazos y te prepara enbosc.idas 

La prñ.lia participa a un mismo tiempo de las 
malas cualidades de la a.í.«a y de la flrta-J 
las aumenia snbremanera, pnes excede a la a lucia, 
en cuanto se dirige á causar mayores males y a la 
arteria, en que no se limita á emplear este o el 
otro medio particdar para sus engaños, sino que 
se vale hasta de los mas eficaces, ocultos y reproba- 
dos. La perfidia es una falsedad tenebrosa y pro- 
funda, la que para mejor engañar se sirve de tonas 
las apariencias de fidelidad, lealtad y iranqneza. 

El hombre artero os conduce a sus fines, ocul- 
tando sus medios : el pérfido i los suy^, des'"''"- 
bri ndoos con las apariencias opuestas. El art, n. le 
hace creer, como verdadera, una cosa ialsa; porque 
corresponde al plan que ha formado para ensa- 
ñarte : el perfid,, falta á su P^'^bra a su leaUad 
fingiendo al mismo tiempo una probidad y fidelidad 
inviolables. . . , , , ■ 

El qne es victima de la a.ílueia o de la arteria, 
no confia enteramente en los que tratan de enga- 
ñarle Y de consiguiente á veces cae en sospechas de 
ellos; pero al qne es victima de la lerfi.lia, con 
tanta mas facilidad se engaña y tanto mas lalal es 
sn en»ano, cuanto que tiene en el engañador nna 
completa contianz.a sostenida en la fe ile sus jura- 
mentos, en las obligaciones mas sagradas, en las 
seguridades que le da el pérfido, de ijue esta ente- 
ramente comprometido con él y, en las coutiniias 
pruebas que le presenta de fidelidad, probidad y 
tr.imiueza. , 

La a.s;ucia y la arteria no se emplean, por lo 
común, en casos particul ires y no siempre combaten 
directamente los fundamento» de la felicidad ajena : 
á esto se dirige la per/ídia, pues emponzoña los 
sentimientos del corazón, rompe lo.s amistosos y 
■ratos vínculos qne unían á su victima con otras 
Personas : la causa heridas casi incurables. 

Una esposa infiel que prodiga sus caricias, sns 
protestas de amor y fidelidad á su esposo, qne pa- 
íece buscar todas las ocasiones de darle fingidas 
Biuebasde su juicio, de sn esmero en cumplir con 
sus obligaciones y de aborrecer el vicio en que ya 
está encenagada, es una esposa, ademas de inhel, 
vérihia ■ al contrario de la que, cometiendo las 
mismas faltas, no se ha valido de los misinos me- 
dios para engañar á su esposo, pues esta sera m/teí, 
mas no pérfida. 

La a.s/iicía y la arteria se usan con todo genero 
de personas; pero solo se emplea la ;ifr^./-« con 
aquellas que tienen confianza en nosotros, con las 
qne tenemos estrechas v sagradas relaciones y obli- 
gaciones, pues cnanto mayor es la confianza y mas 
estrechos los vínculos que nos unen, tanto mas 
atroz es la perfidia. -,.^,, •■•, 

ATENCIÓN. II EXACTITUD. || VIGILAN- 
CIA — Cuando nuestra alma se ocupa en el estu- 
dio de cualquiera cuerpo para conocerle ya en su 
totalidad, ya en las partes que le constituyen, eje- 
cuta operaeíones que aunque son idénticas en 
cnanto al objeto, no lo son en los modos como se 
verifican : estos vienen á reducirse a tres : que son 
atención, craetilud, y vigilancia. 

Atención es el cuidado qne ponemos en las ideas, 
en la oliervacinn y en la ejecución : cractiiud la 
puntualidad y fidelidad en la ejecución y acción ; y 
la riiiUaiicia, la actividad y esmero en evitar una 
sorpresa, un engaño, nna equivocación. En sentido 
figurado decimos qne el hombre estudioso y apli- 
cado pone mucha ale cion para entender y retener 
lo qne estudia, v si aprovechando su instrucción 
coinpone algnna obra, atiende mucho a lo que es- 
cribe va en lo sustancial, ya en lo formal. Por 
traslación se llama atención á toda cortesanía j 
urbanidad; y se dice con este respecto que un 
hombre es muv atento, equivalente entonces á Sno. 



ATE 

Si se tieueo présenles los servicios di ana personi. 



ATH 



ATK 



23 



de-;.ü-cosa-s¿> Manía «,,;■. y 50. U.Uo.„^ ^ ^íá^ 

mos de uu sugeio pesido que nos vueíir,;» a, de un 
negooio que nos molesta gravemente, nos cansa y 
falT^a, decimos que nos muí'e, asi como «n imi- 
cha?ii ó UQ maihacoa al que poríia é insiste pesida 
V obstinadamente en una cosa. Macl'aiar es iiiate- 
nalMienta desmenuzar .. golpes, y al inslnimento 
con que esto se ejecuta, se le llama mirliae^.d ra, 
y de aqui macka'iuiTii i la pesade» de un necio. 

La opeíaoioa de majar se ejecuta comunmente en 
un mortero, y al instruruento con que se iniiia, en 
su primera acepción, le dieron los antiguos el 
noniDre de mu/u uro, que ahora decimos mano de 
mortero : el nombre maadera ya no se usa en su 
sentido recto sino en el figurado, para denotar á un 
necio impfj-tinente, que nos mu.lf, tmja y con- 
tunde con su dispiratada y pesada conversación, o 
con sus tontas eipresiones. 

La última operación para dividir un cuerpo, es 



sedice, en<.«.»c«m d^^li^riíos; sí le concede tal j ^¡^^^ ^¡^^^.^^J^^S.^'^lnl^^^os 
'Ti'homFrrpíu uTySet^dó en la ejecución ' Sr'sríílV^tnUdó a.eUfor¡2o al que se 
e una ola se*^ le aJa íS« y por traslación al , da bastante extensión. Gomo para d.vtdir un cue, 
oobradorTe üib ,t;s!^obre todo' s'í-los exige con se principia por 'o c.>muu por quebrantarlo, dec 
demasiado rigor, ó mas de lo que se le debe le 
llamamos «u, ¡i^r, sin duda por el celo con que 
desempeña sn cargo, 

l'ara que el negocio deque un hombre se ocupa, 
se verifique favorablemente, //(/¡'a con el mayor 
esmero al efecto, y esta palabra tiene bastante 
extensión en su sentido fl:;urado, y asi llamamos 
t'inilaiile al que tiene el cargo de estar alerta mi- 
rando y escuchando por todas partes para evitar una 
sorpresa. El que vigila no duerme, y asi da.iios el 
nombre de viqília i la tarea de la noche en las 
personas estudiosas, y riiiilia y vigUar equivalen a 
las ocupaciones literarias. Llamamos sigilar al velar 
sobre cualquiera cosa : y extendiendo mas su signi- 
ficación decimos eslar en 1 i«/ia, hib r oasado la 
noiltr en miilia, cuando por una eniermedad, pesa- 
dumbre ó cualquiera otra cosa no hemos podido to- 
mar el sueño. 

Como las personas devotas su»len pasar las vis- 
peras de cuabiniera íestividad de la Iglesia contem- 
plando y uielitaudo sobre ellas, se llaman cinMas 
a a ¡uellas vísperas. 

Deducireraos pues qiie nada se escapa a la aten- 
ción, que nada oinile la er.icl'tud y que nada hay 
seguro sin la vigilancia. Para conocer bien un olyeto 
es menester mirarle con suma alencioa. Para ejecu- 
tir una cosa es preciso ser muy erado, y para con- 
servarla y defenderla muy rig laule 

La alncion supone presencia de ánimo; la f.rac- 
titnd. memoria; la fig laucia. desconUanza y temor. 
A todo y aun á las cosas mas menudas debe aí>ii ¡er 
el juez. El embajador es menester qne sea muy 
exa to, y el jefe de la milicia muy iviilante. De- 
bemos aleiiilir mucho á los disciusos de las pereo- 
nas que razonan con nosotros ■ es menes:er mucha 
exaelil.d para el dese.upefio de nuestios encargos; 
V mucha vig lanía, cuando el peligro se acerca. 
Coaviene escuchir con aíeiicíoii ; cumplir lo pro- 
metid. con e.ra tilid. vigilar en la delensa y con- 
servación de lo que se pone á nuestro cuidado. 

ATEM»i;H. 11 ESCUCIIAIl. — El acto natural 
y á veces involuntario de oír excita feguUrmenta 
en nosotros curiosidad ó interés, y entonces estu- 
chamos ó ateidnnns, mas no del mismo modo, 
pues no todo lo que oímos, escuiUamas; qi a todo 
\aim¡íe^eii hamos, aUideatas. _ 

AiC'id.r demuestra el inavor grado de ínteres qne 
tomamos en las palabras que oinios. Escuchar es un 
acto material : la ai nioa supone cuidado, rellesion. 
El qne desea oir bien lo que se dice, eM»rta;el 
que procura enterarse de ello y comprenderlo, 
ulicade. . , , • 

El que está lejos díl orador, para oírle bien 
escucha: el que cerca aíi.-uiíi; para comprender el 
discurso y penetrarse de él. ^ , ,. 

Huimos del ruido para escuchar, de la distracción 
para atender. 



A las primeras operaciones materiales para divi- del contenlamieuto en que nos .''•■''1'™'',^;!» '!"''''';'' 
■*.'" pi ■"'>='■>= i-, ,__ ,_^_ „„„K,.oi .lo .i.vnr I modo de ser ; mas el iitramliario se baila hauítiíai- 

raeule en un estado de congoja é inquietnd que de 
nada le deía gozar, y tolo le causa hastio y aun 
horror. La tristeza del hombre melancólico le iiace 
sombrío y silencioso : la del alraí/iliiirio feroz y 
como desesperado. 

Complácese el meliuróli o en ejercer sus facul- 
tades mentales en la coutemplacion y medilaciou 
de Las cosas, la cual le hace hallar cierto placer y 
agrado en la soledad y en el recogimiento dentro 
de si mismo, para gozar, por decirlo asi, del suave 
sentimiento de su existencia, huyendo de la turbu- 
lencia de las pasiones y de los placeres bulliciosos, 
que ventlrian á perturbar el dulce sueño en qiie 
parece vivir : por lo tanto dijo un filósofo que la 
melanrolia era apetitosa, y asi es quí cuesta sumo 
trabajo el arrancar al melanciiico de sus solitarias 
meditaciones. 

Nada agrada al atrahiHario ; ni en compañía, ni 
aun solo consigo mismo puede vivir : aborrece 
hasta su propia vida. No huye de los placeres el 
melanclí/iiK, solo los quiere moderados y suaves : 
no desprecia las ilusiones del amor, antes bien se 
halla cfispuesto á ellas porque esta pasión se «ne 



Wrt ';^:±^^:^VZ::^r!TZ^!!> i;^;rc;7ír-qí,e l^domin^pero^el^^a*,.»^. 



ATüNTADO 11 Cr.IMEIV. — Llamamos cri- 
men á la grave violación de las reglas de la buena 
moral ó de las leyes 1 ositivas : y atentado a cual- 
quier delito ó exceso grave, que ofende á las cosas 
mas sagradas y respetables pertenecientes al orden 
socijl.'Un robo, una traición son crimeucs : oprimir 
á sus conciudadanos, cometer un asesinato, quitar 
á nn marido su mujer, ó nn hijo á su padre, son 
grandes alentados contra 1 is mas sigradis dere- 
chos de la naturaleza y de la sociedad. No toilos 
los c'imeiies son aléala los: porque no todos Bí«t- 
tan i los derechos sociales ; pero todos los alea- 
Í81/OS sou crímenes, porque conmueven la sociedad 
en sus principios fundamentales. El hacer traioioa 
í nn amigo es irimen, el darle uiuerie aieiilada, y 
asi este será un crimen atroz y el mas contrario al 
orden público. 

ATliXUAH. 11 MACIIACAU. |1 PlLVtíIlI- 
Z.\U. — Las operaciones qne se ejecutan para di- 
vi lir nn cuerpo hasta en sus mas pequeñas y 
iiililes moléculas, tienen diferentes nomtu-es, aunque 
co.iv ngan en su operación principal. . 

' No se puede divi llr un cuerpo sin disminuirle 
mas ó mén'S del tamaño qne tenia, o minorar el 
espacio que ocupaba, parque su coherencia y soli- 
dez le hacia mas pequeño respectivamente. 

A esta operación se da el nombre de aleuuar, y 
Sí dice mas comunmente de los fluidos coiidensados 
ó coagulados : consecuencia de ate'uar es enfla- 
quecer, porque se disminuye la cantidad y cohe- 
rencia del cuerpo nífniíaiin. y asi en medicina se 
llaman remedios atenmates i los que disminuyen ó 
debilitan los humores. 



metafórico. Deberemos advertir que las pal.ibras 
ma hacar y pidn rizar se aplican solo á los cuerpos 
sólidos : que machacar indica la acción, y pulr:- 
ri:ar el efecto, v qae este no puede verificarse sin 
que preceda aquella; asi como para ateimar es me- 
nester fundir y disolver antes. 

ATICISnO. II UUBAMDAD. — Llamaban 
los antiguos aticismo á la delicadeza y buen gusto 
en el lenguaje, cualidad que hacia sobresalir a los 
atenienses entre los demás griegos : en el mismo 
sentido lo entendemos aun, si se habla en estilo 
culto ó esmerado. . 

También hemos conservado de los antiguos la 
palabra iirliannlad, i|ue indica el esméralo len- 
guaje de las gentes de la ciudad. Quiíitiliano dice 
que la itTl'aniíia I consiste en que las cosas que de- 
cimos lo sean en tales términos, que no haya en 
ellas nada que disuene, ni que sea gro-ero, bajo o 
trivial, ni que toque con palabras, frases, pronun- 
ciación y tono de algunas provincias. 

Es mas extensa la significación de aticismo, pues 
comprende todas las gracias de nn estilo ligero y 
conecto; sin embargo, el «/ici.vnio se limita solo al 
lenguaje, y la uil-iinilad se extiende ademas a las 
accKines y modales. En rigor solo se podrá usar de 
la palabra urbaaiiUid cuando se hahla de los anti- 
guos romanos. , 

.\TOM0. II TARTICULA. — Los aímíOí y las 
parliCMlas son las partes mas pequeñas del cuerpo, 
que ¡untas le componen. l/nui<« se llaman aquellas 
ihiriicnias qne suponemos no pueden ser ya dividi- 
d is ; v por ]tarticiilas se entienden comunmente las 
parles mas pe^iueñas de los cuerpos, consideradas 
como abslraivlas de esta propiedad. 

A TU \ima Aino. 11 Miii.A^coLir.o.-Esias 

dos paUdiras pertenecen en rigor al lenguaje me- 
dico, en especial si consideramos á la medicina 
estndiando v observando la diferente organización 
y los varios lemperamentos del cuerpo huniano, 
para deducir las enfermedades tanto físicas como 
morales, asi como lis genios, condiciones, gustos, 
inclinaciones, hábitos y aun costumbres; pues mas 
ó menos, en mayor ó menor gr.ado, todo viene á 
depender en último resultado de esta misma orga- 
nización V temperamento, modificado empero por 
la educación y las diversas circunstancias de la 
vida. ,.,. , . .. 

Las dos palabras melancólico v atrabiliario indi- 
can una persona triste y fastidiosa naturalmente, 
cualidades físicas que provienen de un huii;or que 
se forma en el hi-'ado, ó sea una bilis negra y 
tenaz adherente á las visceras, pues de las palabras 
nenrn (ó airu) v ¡>i/ií se forma la de alrahliario : 
también tienen por origen estas dos cualidades, o a 
lo menos contribuyen a aumentarlas, las continuas 
penas y desgracias que atormentan á los hombres. 
La meiinco'ia viene á ser una snma y perma- 
nente tristeza, qne resulta de las cansas anteriores, 
por las cuales el mel iiicóliro vive en un desagrado 
y fastidio continuo De cualquier modo, esta pal 



como qne se espanta á la vista del placer, que para 
él es un tormento, pues su corazón esUi o endiu-e- 
cido ó ulcerado. Sensible y agradecido el nieiiucó- 
¡110 al Ínteres que por él tomáis^ á la amistad de 
que le dais pruebas, es muv propio para coriespon- 
der á ella, siente v se compadece de las desgracias 
humanas : el ,itraUiiari«, enomigo de todos y ana 
de si mismo, en su negra bilis solo podría tener 
complacencia viendo v contemplando personas que 
fuesen mas desgraciadas que él. Lentamente acaba 
sus dias el mrluucólico cansado de sufrir el nlra- 
biiiiiriii á veces se qnita la vida. La enfernied.ad 
del alraiiiliai 10 viene i ser la milancolia, que ha 
llegado á sn mavor extremo. 

ÁrnACTIVO. II l-.MllPI.ESO. II GRACIA. 
— Para conocer bien las diferenios ;• delicadas 
acepciones que distinguen á las palabras en su sen- 
tido gramatical, debemos atender no menos a su 
diferencia y significación moral : entre muchos 
ejemplos que hallaremos en este tratado, en tantas 
palabras que representan ideas abstractas, morales 
y metafísicas, podremos contar el de este articulo. 
Todo aquello que nos agrada fuertemente, inclina 
con vehemencia, y como que nos atrae por una 
tuerza física y material, se llama a'ructw porque 
en él reside esta cualidad. Un cuerpo utrae, por 
una fuerza inherente á él, á otro cuerpo asi como 
i veces lo rechaza. Trasladando esta signiflcicion al 
sentido moral, diremos que un hombre tiene mucho 
aira tiro en su conversación, en su trato, y en sus 
modales; pero el utracnio parece que se halla mas 
particnbirmente en las mujeres por su hermosura, 
su agrado, y sn porte, y á veces es tan grande en 
ellas, qne .se hace irresistible. 

üo ¡líenos sino mavor poder tienen las gracias 
que >ason naturales, ya estudiadas, y por lo común 
uno V otro. 

HaV muchas cosas que nos aqradm y a/rae» y a 
las qne danos, por esUs cnalidades. diferentes 
nombres, que indican su variedad v su mayor o 
menor fuerza, aunque nunca igual a la del nombre 
iiracii'S que las reúne todas. 

Esta palabra tiene mucha relación y parentesco 
con las de heciiizo v eiirauío, usándose alternativa- 
mente unas por oirás, pues en efecto en sentido 
mitológico y alegórico las ii'ocias por los efectos 
que en nosotros 'causan, ¿no son propiamente lla- 
madas eu-antts v li'ihi 0. como que de estos me- 
dios parece se valen para sujetarnos a sn voluntad, 
á su capricho, y á su tiranía?* Que esa mujer le ha 
encantado, le ha hechizado. > decimos comunmente 
cuando á nn hombre le hace victima de sus orgu- 
Uosos caprichos. iUe agrada , me emanta este jar- 
din, este cuadro, esta composición poética. Me en- 
canta, me enamora ese garbo, esa gallardía, ese 
despejo, ese donaire, esas iiranan naturales. _ 

De aquí proviene el que llamemos gnicinble a lo 

que no, hace gracia, y en lenguaje que se quiere 

■auu sea anlicuado, gran.ido i lo qne halla gracia en 

ala- nosotros. Llannmos también gracrsidad a la ber- 



ra no presenta una idea tan fuerte y exagerada 
como la de aira i'niTia, pues hay muchos grados de 
melincolia, (íe los cuales alguno es tan débil, que 
nada desagradable ó dañoso prénsenla ; mas la 
utrahilis siempre es una terrible y perjudicial do- 
lencia. 

El hombre melaiiClUica se halla por lo común en 
nn estado de languidez y desasosiego, que solo 
viene á diferenciarse á veces del estado ordinario 
de la vida, por carecer de aquella alegría qne nace 



mosiu-a v á la perfección, y el .adjetivo ,r,«-,o,o, que 
tantas acepciones tiene, no trae otro origen. 

Las mujeres, cuyo objeto preferente en la socie- 
dad parece sea el de agradar y por su medio domi- 
nar o á lo menos brillar, al don natural de las iir.i- 
cias, añaden todos los artiflciot con que se nuedc 
aumentar el poder de la hermosura y del talento, 
¡y quién resiste á tanto a/<a.íH<i como ellas procu- 
ran reunir! , 

De auni nace el que las gracias produzcan ea 



24 



ATR 



nosotros el embeleso, con el que se completa la in- 
clinación natural y el arte en las mujeres de llamar 
la atención y conquistar el amor de los hombres. 
El emhe'eso viene á ser un pasmo, suspensión y 
arrebatamiento de los sentidos á la vista de las per- 
sonas nijnufaOleit y uraciosax, y este nombre se da 
igualmente al objeto ú objetos que lo causan. 

Buscamos y seguimos el alrucliio. somos agrada- 
bleiuente violentados y encadenados por las ura- 
eias. Los defectos que notamos en las personas, 
disminuyen su iilrnciivo hacia nosotros: cuando las 
gracias son artificiosas, falsas, y fingidas se desva- 
necen de nuestra idea : el niiheleso deja de serlo 
con el continuo trato y goce de lo que nos lo cau- 
saba, y aun suele convertirse en indiferencia, frial- 
dad y fastidio. Solo el atractiio, la gracia y el 
embeleso que causan las ciencias, las artes y las 
acciones virtuosas, son duraderos y se aumentan con 
el tiempo. En las almas débiles las riquezas y los 
honores ejercen un tan poderoso iitraitivo que las 
hacen caer en el vicio de la codicia y de la ambi- 
ción. La filosofía mas rigida se vuelve condescen- 
diente y cómplice á \eces del deleite y del placer. 

Se dice que una mujer tiene mucho airaciivo, 
gracia irresistible y embeleso con el que nos ador- 
mece en sus lazos. 

ATUBBLIR. II I>iri]TAU. — Estas dos pala- 
bras expresan la acción de aplicar á alguno una 
cosa, dándole por autor de ella. Atribuir es acha- 
cársela á una persona, solo con asegurarlo, creerlo 
asi y considerar á esta cosa como que es propia de 
aquel á quien se le achaca, ó que es efecto y resul- 
tado ú obra inmediata suya : imputársela es acha- 
cársela como una falta ó tal vez como un mérito, y 
se le achaca á veces por meras sospechas, conjetu- 
ras, suposiciones ó presunciones. Por lo común se 
dice atribuir hablando de las cosas mismas, é im- 
pumr del mérito de estas. 

Se atribuye una obra al que se cree autor de 
ella : se impata un hecho á aquel que creemos ser 
cau^a mas o menos remota , directa ó indirecta de 
él. Se otribhye una falta al que, segnn nuestros 
antecedentes fundados ó infundados, creemos ha- 
berla cometido : se impuia una acción mala al que 
sospechamos ó suponemos ha sido causa principal 
de ella. Al que por su influjo , consejos , instiga- 
ciones ha venido á producir una cosa, se le imputa : 
al que por su acción directa y decisiva ha produ- 
cido ó hecho una cosa, se le atribuye» 

Se atiibuije la ruina de los imperios á los con- 
quistadores, porque la llegan á completar : y debe 
impu'árseles á los malos gobiernos, porque fueron 
la causa principal. Se atrihuyen muchas veces las 
desgracias á la mala suerte : imputa uno sus faltas 
á cualquier otro. 

Los legisladores antigaos atribulan sus leyes á 
sus dioses, con los que fingian estar e:: couiunica- 
cion. La mayor parte de los defectos de los hijos, 
se pueden imputar á los padres , por no saberles 
dar buena educación. 

La acción complicada de imputar, por la natura- 
leza y variedad ae mus operaciones admite, mas que 
la acción simple de atribuir modificaciones y cali- 
ficaciones que demuestran un juicio mas arbitrario 
y expuesto á error, que hace que sea mas arriesgado 
y sospechoso el acto, y que se tome la cosa en 
mal sentido. 

Si algunas veces atribuimos las cosas con ligereza; 
otras las imputamos arbitraria y caprichosamente. 
Para atribuir basta con que la cosa sea probaMe ; 
para imputar se necesitan pruebas. La opinión atri- 
buye y la parcialidad imputa. Se atribiiue á una 
persona uias bien que a otra; y para defender á 
uno, se imputa á otro : unos atribuyen á un autor 
lo que otros á otro. La imputación supone preocu- 
pación y oposición. Unos os imputan á delito, lo 
que otros a elogio. 

Se os atribuye lo que es real y existente, ó se 
cree serlo : se os imputa una cosa que no hay ó que 
no habéis hecho. 

Se os (¡tribuye una conversación que en efecto se 
ha tenido, ó una íxpresion que se ha dicho , pero 
no por vosotros : para imputaros aquello en que 
jamas pensasteis , se trastorna ó altera el sentido 
de vuestras palabras. El que atri/mye, cree 6 finge 
creer ; el que imputa mas bien quiere hacer creer, 
que cree. 

Pronta está siempre la malicia á atribuirnos lo 
que nos puede dañar : si la maldad no puede ca- 
lumniar vuestras acciones, os imputa inteiicionos, 
pensami''ntos, planes malévolos. El uno quiere que 
se os declare culpado ; el otro se afana y trabaja 
para haceros parecer tal y que se os castigue. Se 
uirihuyi' un hecho positivo : se imputan cosas vagas 
i, iui'ii'rtas. 
iíe estas observaciones resulta que atribuir se 



AUü 

toma indiferentemente tanto en bueno como en mal 
sentido; mas siempre en malo, imputar. Tanto se 
atribuye una accinn buena como una mala, una vir- 
tud como un vicio, mas bien se impulan crímenes 
que virtudes. 

Aplicase también la palabra atrihuir tanto á lo 
físico como á lo moral : y se atribuye un efecto á 
cualquiera causa, como una acción á cualquiera per- 
sona. Se atribuye el flujo y reflujo del mar á la ac- 
ción combinada de la luna y del sol. La palabra 
imputar solo se emplea en sentido moral, pnes co- 
munmente solo se imputa á las personas 6 las cosas 
personificadas y á las causas animadas. 

ATU<)Z. II BAKDAUO. IjClUJEL. — Tres pa- 
labras que designan los sentimientos que conducen 
al crimen. 

Un hombre cruel es duro, inhumano, insensible, 
que se complace en ver sufrir á sus semejantes y 
aun en atormentarlos. Asi como la naturaleza forma 
tigres, asi también homares, que naturalmente se 
íes semejan ; pero por fortuna, estos caracteres fe- 
roces é indomables no son comunes, y la crueldad 
en el hombre, regularmente se forma parte por las 
disposiciones natur.iles del corazón, parte por la 
educación y circunstancias de la vida. 

Un hombre bárbaro es aquel en el que la cruel- 
dad nace de su misma ignorancia y de la falta ab- 
soluta de cultura y civilidad. 

El hombre airo: es de corazón tan protervo que 
halla la mayor complacencia en cometer los mas 
espantosos cHuienes que ofenden á las mas sagradas 
leyes de la naturaleza y de la humanidad. 

El hombre bárbaro obra por un torpe y ciego 
sentimiento, que no tendría si tuviese educación é 
instrucción competentes. Abandónase el hombre 
cruel á la horrible pasión , que le hace agradables 
los tormentos y angustias de sus semejantes. Un 
frenético furor arrastra al hombre atroz al sangui- 
nario placer de excederse en los mayores y mas 
inauditos crímenes 

Bárbaro y cruel es el hombre atroz que exagera 
estos dos tan perjudiciables vicios, que no le per- 
miten contenerse en ningún límite de justicia y hu- 
manidad, ni dejar de uiofarse , en la atrocidad de 
sus crímenes, de las cosas mas sagradas y respeta- 
bles. 

Se dice de un animal que es crud porque obra 
en consecuencia de la natural inclinación que le 
hace complacerse en derramar sangre y alimentarse 
de ella ; pero no podemos decir que sea bárlaro u¡ 
atroz : porque bárbaro supone un vicio que el jui- 
cio y la razón pueden corregir, y el animal no es 
capaz de ninguna de estas cosas : tampoco puede 
ser atroz porque la atrocidad supone conocimiento 
de las leyes divinas y humanas que se violan, y el 
animal carece enteramente de este conocimiento. 

Se dice un alma, un corazón atroz y bárbaro, 
cruel, 

AUDACIA. II ARROJO. || DESCARO.— Estas 
expresiones y las que de ellas se derivan, ó las que 
con ellas tienen semejanza, es mas común tomarlas 
en malo que en buen sentido. Todas se refieren á 
la naturaleza de una acción, al ánimo del que la 
ejecuta y al modo como lo veritíca. 

Tomada la audacia en significación de aliento, 
esfuerzo, ánimo, espíritu, valentía, denuedo é in 
trepidez, su sentido es por lo común bueno; mas 
es lo contrarío cuando se la da el de temerario, 
osado y atrevido. 

El sentido de la palabra arrojo es malo en ge- 
neral, pues corresponde á avilantez, atrevimiento, 
picardía con resolución; el sentido figurado 
tampoco es bueno cuando se dice de una proijosi- 
cion que es atrevida, lo que equivale á arriesgada 
en doctrina; mas tiene buena significación cuando 
hablando de algunas obras de las nohles artes, se 
dice que son atreví las , por lo arrogante y osado 
de su construcción v forma. El verbo arrojar, que 
significa echar de sf, lanzar con ímpetu y fuerza al- 
guna cosa, se extiende en sentido figurado al brotar 
las plantas y á las erupciones de las enfermedades 
cutáneas, al exhalar fragancia las flores y luz los 
cuerpos luminosos. 

Aun mas mala idea nos presenta la palabra des- 
caro, pues nunca se toma en buena parte sino ya 
en pésima y detestable, equivalente á desuello, des- 
vergüenza, avilantez, impudencia, petulancia y ab- 
soluta falta de respeto con todo el mundo y aun 
con las personas de muy superior clase. Tanto por 
su construcción como por su signiticacion, se infiere 
que la palabra de>-caro se foroia de la preposición 
negativa nfs, y del sustantivo cara, asi como mu- 
chos han dado en decir desfa'liatez. 

Comparando estas tres palabras entre si, podre- 
mos decir que el arrojo supone valor y segundad, 
la audacia elevación de ideas, y el descaro falta de 



AUT 

moralidad. Tenemos arrojo en el peligro, audacia 
en las acciones, y en las palabras descaro, en lo 
que mas deberíamos tener comedimiento y reserva. 

Descaro dice mucho mas que audma y andana 
á veces mas que arrojo : el hombre descarado no 
tiene moralidad alguna : el audaz carece de respeto' 
y de reflexión, asi como el ii7To,ado de temor ó 
miedo. El arrojo y atrevimiento con que á veces te- 
nemos que decir la verdad, jamas debe degenerar 
en a'idacia , y mucho menos en descaro ó desver- 
güenza. 

AUWQUE. II SIN EMBARGO. || BIEX QLIE.- 
l'^stos adverbios ó modos adverbiales sirven para li- 
mitar, modprar, debilitar la fuerza de la proposi- 
ción ó frase á que van unidos, contraponiéndose á 
ella á veces : esto lo ejecutan de diferentes maneras. 

Aunque , manitiesta oiiosicion firme , decidida, 
tenaz resolución irrevocable. < No haré paces con 
mi enemigo, aunque me cueste la vida. • 

Menos absoluta es la oposición que demuestra sin 
embargo, no obstante, no embarr/aníe, ^ne& se limi- 
tan á excluir simplemente la resistencia, el estorbo, 
ó la dificultad. 

€ El tiempo se pone malo y sin embanjo creo 
emprenderé mi viaje, porque voy bien abrigado. > 

Aun mas débil es la oposición que índica el ad- 
verbial bnn que y pues que solo sirve para limitar 
ó mudificar la fuerza de la primera idea. < iMuy 
útil seria á la couipañia la empresa que se propone, 
b/en que seria menester circunstanciarla mas para 
llevarla á efecto. > 

AUáTUlÜ. II SEVERO. ¡I RIGUROSO. — La 
austeridad consiste en sujetarse á realas rígidas en 
la conducta de la vida, observándolas estrecha- 
mente y sin separarse nunca de ellas. Aunque la 
austeridad se toma generalmente en sentido ae as- 
pereza y de rigurosa virtud, como así bien de mor- 
tificación y penitencia; sin embargo, como depende 
muchas veces del temperamento y del género de 
vida que muchos no han podido menos de llevar, 
acaece que hombres que no hacen profesión de vir- 
tud y que son malvados , tienen costumbres muy 
rígidas y austera^. 

La austeridad mas bien se sefiere á nuestra con- 
ducta con nosotros mismos, que con los demás ; sin 
embaí go un genio austero y rígido, también suele 
serlo con todos y mas con los que de él dependen. 
La Bruyere dice, que un filósofo austero y de genio 
áspero espanta á todos y hace como aborrecible á 
la virtud. 

La severidad se ejerce por lo común antes con 
los demás que con noso'ros mismos; bien que los 
hombres severos suelen ser muy puntuales y exac- 
tos en el cumplimiento de sus obligaciones. El 
h imbre severo no manifiesta condescendencia al- 
guna : si aplicamos esta palabra á los principios ó 
causas indica cierto carácter virtuoso, y si lo 
aplicamos á las acciones indica extremaaa rigi- 
dez, poco conforme á veces con la equidad. Mu- 
chos hombres sin ser severos con los demás, son 
austeros consigo mismos; en otros sucede al con- 
trarío : no podemos menos de admirar al hombre 
austero, ni de temer al severo. La austeridad se 
Ue^a á convertir en hábito y laseveridal lo es por 
carácter y principios. 

En la disciplina militar se necesita severidad y 
el amor la apaga Muchas veces se tiene al hombre 
severo por virtuoso, por lo cual algunos se cubren 
con esta máscara. 

El hombre nuuroso todo lo eiagera y nada con- 
tenta á su extremado rigor : asi es que el hombre 
severo lernas se aparta de sus principios; al mismo 
tiempo que el riguroso los lleva a un extremo per- 
judicial por lo común; por lo tanto el primero 
ofende y el segundo mata. 

Gomo la austeridad se dirige al mismo hombre 
au-^terOy puede no ser incómoda á los demás: 
siendo la severidad regularmente tanto obra de la 
virtud como del vicio. ííempre se la teme, y todos 
se convierten contra el rigor por los eicesos á que 
suele arrastrar 

AUiOlt. II ESCRITOR. — Llámase autor al 
que publica una obra literaria^ que ha compuesto, 
pues esta palabra se refiere únicamente á la pro- 
ducción ó composición de un escrito Solo hablandc 
del estilo se dice un escritor. Hay autores buenos 
y malos, y lo mismo escritores. En el primer ejem- 
plo solo se atiende al mérito de la obra, dándose á 
entender que el fondo de ella es bueno ó nialo ; en 
el segundo, solo se considera el modo cimio la 
obra está escrita, y en esce mentido se dice que es 
buena ó mala. 

l)e aquí resulta que un mismo sugeto puede ser 
buen escritor y mal autor; esto es, escribir con 
corrección, con elegancia, con gracia, v decir cosas 
superficiales y de poco ó ningún mérito. Al coa* 



BA] 



BAJ 



BAJ 



25 



trario, [inede uno ser buen aular y no buen escri- 
tOTj esto es, haber compuesto una ubra llena de 
útiles investigaciones y de raionamienlos sólidos; 
pero escrita con estilo oscuro, sin orden ni método 
y llena de faltas gramaticales. 

AUTUUIDAU. II PüDEIl. || POTESTAD.— 
Todas estas palabras indican el ascendiente del su- 
perior sobre el iuierior; de modo que aquel tenga 
a este en su dependencia. 

Toda autor, i.il vieue de Dios, y esta es ilimitada 
como su poder. La naturaleza y las leyes han dado 
al patlre autor/tlad, en algunas' naciones, casi ili- 
mitada, sobre sus hijos : un soberano, según las 
constiLucioiieí de los d.fereiites pueblos, tiene mayor 
ó menor autonáad sobre su» subditos, empero 
siempre limiíada por la religión, las leyes y las 
costiuubies, aun eu los gobiernos mas despóticos. 
Hay tamb.en una autor dad monU y es la que 
ejerce el hombre virtuoso y honrado sobre los de- 
más; el hombre benéfico, sobre los que Lavorece y 
colma de beueacios. La tutO'viad del talento, de 
la razón y del juicio, tienen ascendiente sobre 
nuestro entendimiento ; la au/o/ida-í de las pruebas 
y de los te>timonios decide de las cansas o de los 
pleitos en juicio; v la de los monumentos, de los 
autores, y sobre todo de la razón, en las materias 
de critica. 

Toda auttridal supone nn snpenor que manda 
ó iullu\e, y uno ó muchos inferiores que obedecen. 
Cesa la'aa'T'i/a/ cuai do ce,-a la sumisión y Li obe- 
diencia si no tiene el apoyo de la fuerza. Si los 
subditos se rebelan, acabó la aUardd del sobe- 
rano si con la fuerza no la puede sostener; será si 
se ouiere una autoridad de derecho mas no de 
kech». 

El poder resulta de la combinación de tuerzas 
físicas y morales, por medio de las cuales una per- 
sona se hace superior i otra ü otras, influyendo en 
sus acciones y en su voluntad que dirige, según le 
¡ilaoe y con iene, hasta el punto qne pueden lle- 
gar sus fuerzas. 

El amor de los pueblos y la confianza que tienen 
en su justicia y rectitud es el mayor apoyo de la 
ttulorid d de los soberanos y de cuantos mandan. 
Cuando hav que recurrir j la fuerza paj-a sostener 
el po ler, este se halla tanto mas en peligro cnanto 
que ei odio crece á medida que se ejerce aquel, 
pues todo poiler tiene sus limites, de los que no 
puede pasar sin destruirse á si mismo. 

La iiuloridad paternal, sobre todo en las naciones 
modernas, viene á acaiarse cuaodo los hijos han 



llegado á edad de poder hacer uso de su libertad, 
y entonces ya los padres no pueden valerse de su 
potestad para sujetarlos. 

Debilitase la aulondid de la razón, cuando se 
generalizan las preocupaciones, ó se aumenta el 
poder arbitrario v caprichoso. 

La poiesl-d nace de un poder legal que la sos- 
tiene, pues no piiede haber potest ni sin poder : ni 
la po e'tal ui la aul ndad pueden dividirse , pues 
se debilitan y desvanecen. 

El podir tanto en el sentido de autoridad cuanto 
en el de potest d tiene particular relación cou el 
acto, y supone una idea de eficacia en él para que 
se verifique ó ejecute. 

Siendo el y der que los pa Ires tienen sobre sus 
hijos de derecho natural, hallaremos en él un sen- 
tido análogo al de uuloridad. Todo el pod,r de la 
inteligenoía humana no alcanza á concebir la pro- 
fundidad de los misterios de la fe; esu es la idea 
del porfff. Lo primero que se exige de los embaja- 
dores es qne presenten sus poJeres ó credencLiles : 
este es el p"ier delegado; y el acto de esU dele- 
gación se llama pod r : nn ministro tiene gran ;io- 
iier sobre la voluntad del principe : esta es tam- 
bién la idea de la uutondad qne consiste en el as- 
cendiente del talento y del carácter, una persona 
menor de edad no tiene pnrf*TÓ facultad de testar : 
esta es la idea de una püesiad que no está libre, 
pues que no puede reducirse á acto. 

La tíu'orid'd consiste en la dominación : la pn- 
te tai en la legalidad . el poder en todo género de 
tuerzas. 

La autoridad manda, pues qne domina ; la potes- 
tai la sostiene : sin fnena para eligir la nbedien- 
oa, i de qíé valdría el derecho de mandar? La po- 
testad gobierna empleando la auturtdnd y exigiendo 
la obediencia con la fuerza del poiier. La autoridad 
es única, porque lo que es superior como ella no 
tiene igual, y seria imposible verificar la obe«lien- 
cia entre dos mandos contrarios. También es úui'-a 
la p< test id, pues si no. seria fuerza contri fuerza, 
pole-t'jd contra autor dud que acarrearla gnerra. 
Asi pues uniéndose la a ■torna i y la putíSt d se 
reiinen en uno todos los poderes. 

El despotismo no es autoridad, pues que no está 
sujeto á lev alguna, yes contrallo á las leyes cons- 
titutivas de la sociedad; pero no puede negarse 
?ue es un poder y una potestad sostenida por la 
uerza. 

AV.iniENTO. II CODICIOSO. — La jiancia 
es propiamente el ansia de guardar, de atesorar, y 



para esto como medio mas fácil y seguro, nada ó 
poco gasta el avaro : es pues bueno para conservar 
riquezas, mas no para adquirirlas, mucho menos 
para aumentarlas, pues teme disminuirlas si las 
arriesga, aunque sea poco o en corta cantidad : mas 
su avaricia misma suele perderle; pues su sórdido 
interés, sus continuos recelos, sus necias precaucií>- 
nes, le exponen á los gol[>es de la suerte y á las 
asechanzas del codic oso, del que suele ser presa ya 
por la violencia, ya por el engaño. Todos son ene- 
migos del que de nadie menos quede! tesoro es amigo. 
También es enemigo de si mismo el aparo, pues se 
sujeta i dura y miserable vida por la falsa idea de 
que es rico, no siendo mas que guardador de ri- 
anezas. 

" Lo opuesto del ai'iro es el ctdicioso que desea 
adquirir lo que el otro ya posee, y para ello siem- 
pre está arriesgando lo que siempre esta adquiriendo 
y aumentando. Ambos vicios nacen infelices á loa 
que doninan v tiranizan. La hidi-opesia de riquezas 
atormenta noche y dia al erdido o, y en medio de 
su abundancia le hace morir rabiando de sed de 
ellas : nada es !o 'lue tiene, porque mucho y mu- 
cho mas puede tener- 

El uwa ve y cuenta Ins r!quez.as que no. dis- 
fruta : vive en continuo sobresalto mis' rabilisima 
vida, V espira sobre el intacto tesoro con el dolor 
de qué lo dilapidarán sus herederos. Por libertarse 
de esta cruel pena, suelen los avans. si pueden, 
dejar sus bienes á oíros, que lo son tanto ó mas que 
ellos. _ ,. ■ j 

La avaricia es vicio de los viejos, la oo'lioa de 
los hombres formados, asi como la prodigalidad de 
los ióvenes. 

El avuro es inútil y aun daSoso á la sociedad, 
porque separa las riquezas de la circulación ; poi 
la razO! contraria la suele ser útil el cO'Ucioso. 

AVKIUGUAR. II lEBinCAR.— Veri/icares 
valei-se de los medios necesarios para convencerse 
de üue una cosa es verdadera ó exacta. Se me ase- 
eura aoe un honihre, que estaba fuera de la po- 
blación, ha vuelto áelli ; paso al instante á su casa, 
le veo eu ella, y verifico el hecho. Me hacen una 
descripción d" cualquier paraje, paso á él, lo exa- 
mino detenidamente y rerilíio la exactitud. Se ve- 
rtfi< a O comprueba una firma, compai-ándola con 
otras de la misma persona. 

Averfuar es pr¡>bar, demostrar de un modo 
convincente, que una cosa es verdadera Cuando la 
habéis veri/icado, estáis seguro que es tal como se 
i dice, y la cosa se halla a!¿ri¡(ua«a. 



B 



BABIA. II GOLFO. || ENSENADA. — Estas I 
ties palabras signilican aquella mayor ó menor ex- 
tensión de mar, que se forma cuando este penetra 
en las tierras. 

La mayor de todas es el golfo, pues forma nn 
brazo de mar que se introduce muy adentro de la 
tierra, quedando cerrado todo alrededor, menos por 
el lado del embocadero. Hay <;o//'^ * tangrandesque 
se les titula mares, como el mar Bálttc ', el Medi- 
terráne», el mar de Mármara, etc. Los gol os natu- 
rales esUin separados del Ücceaoo por limites que 
les son propios y sin mas comunicación con el mar 
á que pert'-necen. sino por algún estrecho, esto es, 
por una ó varias aberturas mas angostas que lo in- 
terior del golfo. Asi sucede cou el Mediterráneo que 
no tiene comunicación con el Ücuéauo sino por el es- 
trecho de GibralUr; y el mar ¡iojo ó Hennejo, que 
•comunica con el Occéano por el estrecho de Babel- 
mandel. Damos también . aunque impropiamente, 
el nombre de golfas .i aquellas extensiones de mar 
de muy aucha y abierta entrada, que por lo tanto 
forman parte v'continuacion de él, cnmo el golfo 
de Gascuña y" el de León, ambos en Francia, y el 
de Sto, Tomas en África. 

La bahia es menor que el golfo : en el centro es 
mavor su eiten.sion <iue á la entrada; tal es la ftcJ- 
¿iade Hud>on en la América setentrioual 

La ensenada es aun mas pequeña que la bahia. 

En los golfos y Oahias se navega: la ensenada, 
sirve solo para guarecerse de los vientos y de las 
tempestaies. 

BAJO. II VIL. — Palabras que presentan la 
idea de desprecio , aunaue con diferentes aspectos. 



Segnn U opinioa comtin, la palabra vil ó envileci- 

mientn t indica !a oscuridad 6 menosprecio en que 
las circunstancias nos han hecho nacer y vivir, ó 
por nuestri conducta, ó nuestro oficio, lo cual es 
causa de que todos nos humillen, desprecien y no 
se dignen tratarnos ni hacernos caso. También la 
palabra bajo se dirige al nacimieuto, á la clase, al 
deslino v aun á veces á los procederes : todo esto no 
nos envilece, pero si nos humilla y abate. 

A los OJOS del verdadero tíló'Ofo,estas eipresioues 
no tienen el verdadero y sólido fuudamenlo que 
exige Id recta razón. Solo el vicio es realmente 
despreciable, pues la aaturaleza nada produce ba/o 
ni vil en sí: el uso y las circunstancias causan es- 
tas ignominiosas diferencias. El envilecimiento de- 
pende mas bien á v«rfes de los demás, qne de nos- 
otros misiiios ; nada es bajO^ entendida esta palabra 
en sentido moral: los hombres son los que, en sus 
instituciones, han declarado bajos á ciertos ejerci- 
cios: cuando las circuüstancias y no la elección han 
constituido á un hombre en aquel estado, la baieza 
no está en él, sino en su suerte, y aun p r su hon- 
rada V buena conducta podrá como encubrir la ba- 
jeza de su oficio. 

El hijo de un labrador y el de iin rey, tan des- 
preciables son el uní' como el otro al nacer, pero 
ambos ó uno de ellos, podrín hacerse tales por sus 
vicios ó mala conducta. No era hajo aquel rumano, 
qne dejaba el arado para ponerse ai frente de los 
ej'írcit is y defender su patria ; pero si lo era y vil y 
desprec able con loda la nobleza de su prosapia y 
ia grandeza de su dignidad imperial Keroo por sus 
torpes vicios y sos locos y crueles procederes. 



Cnanto mas elevada es la dignidad de una per- 
sona, tanto mas baa y despreciable se hace, si no 
la sabe sostener : pues al hombre solo se le puede 
considerar grande por sus propias acciones. Ii es 
son los honores cuando se venden ó prostilujen; 
pues el valor de estos nace verdaderamente del 
mérito que acompaña á aquel á quien se con- 
ceden. 

Haio es el hombre que abate su dignidad, y vil 
el que pierde la estimación de los demás y aun la 
suva propia. 

Llamamos oficios bajos á aquellos que solo los 
ejercen la gente miserable y aJ)andonada, como al- 
guuas ocupaciones mecánicas, que no eii^gen mas 
que un trabajo material yninguu talento, ni ningu- 
na instrucción, v qne por lo mismo todos tienen en 
menos y desprecian; v llámase vü el ejercicio qne 
se tiene por desprecia'ble, en razón á lo sucio, feroi 
V brutal de su ejecución, enti-egada por lo comnn á 
gentes tenidas por infames en sus procederes. 

El hombre que piensa y obra con juicio y decoro, 
cuando la contraria suerte le obliga á ejercer nn 
oficio l>aji\ da á entender con su modestia v hunu- 
lidad. que conoce muy bien su estado, manifestando 
con estos honrados sentiu.ientos, qne no merec* 
aquel grado de abatimiento. 

Pero si su desíracia es tal que le ha conducido 
hasta á un ejercici-fí/. entonces con su stifrimi uto, 
su paciencia y su buen comp'Ttamieiilo manifestará 
que todavía conserva en si las ideas de honor, las 
qne de cualquier modo que sea no se separan de 
laá de virtud. 

Piingun grande hombre tiene sentimientos bajot 



26 



BAL 



BAN 



Blq'-im hombre, de honor abriga sentimientos viles I á la ejeouoiOu; aquí üUbeáii, os 
° luciou. 

La duda y la ¡ncertiduiubre os hace maaemr, 



en su corazón. 
Unjo es el que por cabardia sufre injurias de otro; 

V nuiv vil el qne las sufre conteuto, por su interés 

V porI|iie cree que por medios tan indecorosos puede 
labrar su fortuna. 

El descarado adulador, que ni aun ánimo tiene 
para saber callar, es liajo : y el mas ril de los hoin- 
bres ei que vende sn honor y su conciencia para 
adquirir dignidades y riquezas. 

1 odo vicio es liajo y despreciable ; pero llamamos 
narticularmente liajns i aquellos que no suponen 
vigor ni euersia, como v. g. la avaricia. Son parll- 
ciilannente f i/t'i los que deshonran é infaman, con- 
virtiendo al hombre en una hestia malevoLi, feroz 
y estúpida, como suele suceder en la borrachera. 

B \.ȟ. II INFEIllOll. II THIVl AL. || D1!SI UE- 
CIAliLE. - Los dos adjetivos l/ajo é mlcrior in- 
dican una cosa que esta abajo ; pcjo el primero 
parece rpferirse a la altura y á la elevación, y el 
semmdo al orden. El cuarto tajo es el menos alto ó 
elevado de la casa, y el cuarto iiiferwr es propia- 
mente el que tiene uno ó muchos encima. Por lo 
tanto el cuarto segundo es iiifer.or al tercero ó con 
respecto á él; pero no por eso podemos decir qne 
es el cuarto baio de la casa. La región baja del aire 
es la menos elevada de todas, y la resion inferior, 
aunque sea la mitraa, solo se la considera como que 
tiene otras encima. 

La palabra bajo aplicada al precio de cualqniera 
mercancía corresponde con la de vil, aunque con la 
difereucia que vamos á indicar. Se dice que una 
cosa es de ba¡o precio cuando cuesta mucho menos 
de lo que costaba antes, y que está en vil precio 
cuando nadie la quiere, todos la desprecian y tiene 
que darse casi por nada. 

Aplicadas las palahrás bajo y Iriviat á la litera- 
tura, se dice de aquellas composiciones rastreras y 
vulgares que carecen de elevación y noldeza. Lla- 
mamos ideas iia;ii,v á las que la opinión y la costum- 
bre hacen tener por tales ; de lo qne resulta que 
uua idea puede ser baja en una nación ó tiempo y 
no serlo en otro. Cnando se ve á los héroes de la 
Üdi-.>ea ocupados en ejercicios cnmnnes y aun ba ov 
como la hija de Alcinoo lavando, decimos ahora 
que la idea'es ba.a; mas no lo era en modo alguno 
entre I05 griegos de aquella época. Son triviales to- 
dos los pensamientos y fraíes comunes y vulgares 
que fastidian de puro repetidas. 

Es ba/a una idea cnando en lugar de presentarse 
noble y elevada, solo se refiere i objetos tües, des- 
preciables, ó que portales son tenidos; y ñi trivial 
cuando se ha repetido muchisiinas veces y hasta con 
machaquería haciéndose comunes en el lenguaje de 
todas las clases del pueblo. Puede ser una idea 
baia sin ser trliia' y al contrario. 

La frase ó expresión baja se verifica cuando re- 
cuerda ideas contrarias al decoro, á la decencia, á 
las buenas costumbres, ó á cosas opuestas á nn 
lenguaje fino y esmerado, siendo ellas por si des- 
preci;ibles y repugnantes; y llamamos trivial i una 
frase cnando solo la usa la plebe, ó la clase mas 
inferior del pueblo. 

Hay eipresioups que son bajas en poesia y no en 
prosa, y tobre todo en discursos sencillos y familia- 
res; pero la eipresion Iritiul guarda su carácter en 
todos los estilos. 

De la palabra latina abjeclus derivaron nuestros 
antiguos autores, la de abijecto, gue significa cosa 
de poco valor, despreciable por si, por las circuns- 
tancias ó por el estado en que se halla; un hombre 
abiieelo es nn hombre despreciable, abatido y hu- 
millado por todos 

BAI.A\CEAn. II TITUBEAR.— Balancear, 
en su sentido propio, es ocuparse en igualar y equi- 
librar los pesos de dos cosas, poniéndolas para ello 
en una balanza ; y en el figurado eianiinar con 
madurez las razones en pro y en contra y los efectos 
buenos ó malos que de verificarse una cosa pueden 
resultar, y para ello es menester contrapesar, com- 
prnsar, equiparar, cotejar. El balancrar supone duda 
hasta qne se llega ;i la definitiva resolución. 

Tiiiibear ó V'.cilar es estar suspenso, perplejo yén- 
dose ya á una parte, ya á otra, sin atreverse á tomar 
resolución, ni aun á moverse en nada. 

Cuando hay razones ó motivos que pesar, baliin- 
ceá s, porque estáis inciertos, inclinándoos ya á nn 
iado ya á otro. Cuando hay olistáculos y dificultades 
que vencer titubeáis, estáis suspensos, irresolutos : 
cuando queréis adelantar, miráis atias: cuando ba- 
lanceáis no salléis que hacer : cuando Wii/'Ciii- nada 
os atrevéis á hacer. Mientras liulnnc. ais, nada os 
saca de vuestra perplejidal ; cuando titubeám, al- 
giiua cosa os contiene ó intimida. 
Ya no balanceáis, ni ludáis; habéis tomado 



porque no veis un objeto, una razón bastante pode- 
'a vuestra elección : el temor, [a en- 



rosa que decida 

bardia os hacen titaiiear, pues no os halláis coa 

tuerzas para vencer los eslorbOi que os detienen. 

Cuando estáis persuadidos á que un partido ven- 
cerá i otro, ya no bahiiiciáis; y cnando el deseo de 
hacer una cosa es superior al trabajo que causa ó al 



BAR 



falta ánimo, teso- de la que nacen todos los vicios, se mantiene cod 
I malas artes y modos, estafando, haciendo fiillerias, 
siendo ratero y reliando ha^ta llegar al eitremo de 
hacerlo abiertamente y con violencia. 

Ka palabra libertino, que viene del latín, en su 
' liuiitiva acepción se aplicaba al esclavo , á quien 
los romanos daban libeilal, al cual en castellmo 
se llama horro : pero ahora se entiende por / ber- 
t'UO principalmente al ([ue falta al debiilo respeto 
á la religiiin y entonces corresponde á impio; al 



obstáculo que se opiJue á ello, ya 110 titubeáis. Las j qne no conoce freno alguno en sus obras, ni pala- 
personas tímidas bu aiicean por mucho tiempo, y ; bras; al qne aborrece toda sujeción; al licencioso, 
las pusilánimes tilul/ian. 1 desmandado y relajado , pues todos estos vimos 

Las personas de talento, de prudencia, de juicio y • comprende la palab.a. 
circunspección, baiancenn, dudan : los perezosos, 1 Entre estos malvados el que mas principalmente 
dejados Uojos cobardes, desconfiados, titubean. I daña á las buenas costumbres, es el libertino, cuyo 



Tai 



ilíien'se íí/«'j(íi por prudencia, cuando no se 
esado bien las dilicultades, los inoonvenien- 



han pt - - , - 

tes, ios beneficios y las facilidades que hay para ipie 
se verifiquen las cosas. Mirado uu ulijeto de lejos 
parece puco difícil y penoso y no se duda ó ba on- 
ceo; mas mirado de cerca, se halla qne el peligro 
es grave y entonces se titubea. 

El ignorante en nada bulaneea, porque de nada 
duda; el temerario en nada iitubea, porque nada 
teme. 

Cuando atiende uno mas á sus esperanzas qne a 
sus razones poco lialancea : cuando considera el fin 
mas bien que los medios no tituben. 

BALBUCENCIA. || TAKT VMUDEAR. |1 
FAIIFLLLAR. — Á la dificultad que los niños 
hallan, cnando comienzan á aprender á hablar, en 
pronunciar ciertas silabas por la debilidad de sus 
órganos, teniendo qne supliilas con otras, que ya 
les son fáciles , llamaban nuestros autores antiguos 
balbucencia, que ya casi no es de uso y se suple con 
la de t.irlamuáear, ó tartajear que como vamos á 
ver no es lo misino. 

Tartamuiiear es propio de ciertas personas ya for- 
madas, qne sea por mala conformación de sus oréa- 
nos ó como, mncnas veces sucede, por malos hábi- 
tos, hablan con di I cuitad, detención yá veces atro- 
pellainiento^ empujándose las palabras unas á otras, 
no pronunciando o pioniinciando mal las demás. 

Farjiíllur es hablar precipitada y confusamente, 
sin articular con la debida claridad y distinción, 
confundiendo el farfulla unas con otras las palabras 
en términos á veces que no se le puede entender. 
Son baliiiiii nt s los niños, porque aun no se lian 
fortificado bien los órganos de la voz ; y los ancia- 
nos, porque los tienen ya muy debilitados y con 
tan poca fuerza como los de la misma niñez. 

Diriamos, si se nos sufriese decir, que balbucean 
los niños cuando solo pronuncian algunas sílabas á 
las que no se las puede dar sentido al::uno. Uespnes 
suelen tartam.de ir, porque encuentran ciertas le- 
tras ó sílabas que no pueden pronunciar ó les cuesta 
mucho trabajo el hacerlo; si pronuncian bien todas 
las demás letras y silabas, aunque tartamudeen, no 
baliucian. 

l,h I ai fullería es un vicio difícil de corregir, pues 
que suele provenir en parte de los órganos mismos, 
que no se prestan fácilmente á la clara pronuncia- 
ción de algunas sílabas ; mas por lo coiiiun nace de 
la precipitación con que algunos se han acostumbrado 
á hablar : es pues un vicio ó defecto como el del 
tartamiid¡i o tartajoso. 

llAiVDinO. II VAGAMDMÍQ. || HBERTI^'0. 
II HCLINCIOsO. — La ocupación del bandido y 
del /liiírmies una misma, la de robar ; pero llama- 
inos >a ron al que de cnalquíer modo que sea, solo 
ó en compaiiia, con engaño ó ahiertamente, con vio- 
lencia ó sin ella, roba; y bandulo ó salteador, al 
que, por lo coniuu en compañía, sale i robar á los 
caminos, valiéndose de amenazas y violencias para 
verificarlo. 

La palabra misma, sn origen y relaciones con otras, 
indica que el bandido roba en compañía, pues viene, 
comoladeíiiííi/iiíeni.dei.ni/o, pai-tido, parcialidad, 
facción; y asi sollama lanieri:o,y en lo amíguo se 
llamó bandera al que seguía un b.inilo: bundusidail 
á la parcialidad misma; iam/íTi.ar al formar un 
bando ; abauderi:ar.ie al rennirse á él y bandcriza- 
damenle al que obra al uso de sn bando ó parciali- 

Llamóse también banJir al publicar un b.indo la 
justicia contra un reo de muerte fuga lo ó auseiit'-, y 
por lo tanto también hundido al inis:iio reo fugado. 

Mas algunos limitan el sentido de la ¡lalabra 

bandido á la gente vag iniimda, que no teniendo de 

al rolio y á toda mala maña. 



trato, siendo él hombre de cierta clase, calidad y 
fortuna, no se rehusa generalmente, cnando sus 
vicios están cubiertos cíín cierto velo de decoro y 
decencia; mas por lo mismo son mayores los daños 
que el libertino cansa. 

Por baja qne sea la clase de una persona, si no 
es enteramente abandonada y corrompida, huirá de 
toda couiunicacion con el vanaiiiundo, pues su ca- 
rácter altanero, sn cínica libertad y sus viles pro- 
cederes le hacen despreciable y aborrecible á todos. 
Como el tiandolero habita por lo común en pa- 
r.ijes desiertos y desconocidos, mas bien se le ¡ler- 
siijue, que no se siime su bando ó compaüia. El 
daño que puede causar es menor que el de los 
otros dos. 

U VUBARIE. II CRUELBA». II FEROCín AI). 
— La barbarie es una crueldad que proviene de la 
ignorancia, de la estupidez, del error, de la su- 
perstición, de las preocupaciones ; en una palabra, 
de falta de educación, instrucción y talento. 

La cruildiid es uua inclinación natural, que in- 
duce á derramar sangre , á despedazar todo géuero 
de animales. 

La f rondad es una cualidad de las bestias fieras 
que se aliuientan de carne , que acometen á otras 
bestias para devorarlas, y une parecen gozarse en 
verlas padecer, mientras ellas se sacian devorán- 
dolas. 

Bnrbirie se dice únicamente cnando se trata de 
los hombres y de sus acciones, no de los animales; 
porque como no se les puede atribuir propiamente 
ni ignorancia, ni error, ni superstición, ni preocu- 
paciones, ni educación, ni instrucción, tampoco se 
las podrá achacar un delecto nacido solo de la falta 
de todas estas cosas y circunstancias. 

La crue d d es mas propia de los anímales : di- 
cese tamliien de los homtres cuando por disposi- 
ción natural son inclinados á derramar sangre como 
los animales mas crueles. 

La feíochliid comprende á los hombres y a los 
animales, pues es el exceso de la crueilad . especie 
de furor que fuerza á los aníuiales á que acometan 
á los de otra especie y aun al hombre mismo para 
embriagarse, por decirlo asi, en beber su sangre ; 
cosa que viene á suceder también en el hombre ca- 
zador, que busca, acomete, atormenta y mata á todo 
género de bestias para también devorarlas. 

Por lo tanto se dice que el hombre es el mas feroz 
de todos los animales. 

El hombre iiáriiaro ultraja á las buemas cos- 
tumbres, y se abandona ciegamente á su funesta 
inilinaciou; el hombre cruel carece de todo senti- 
miento (le humanidad y de compasinn ; el hombre 
fero: se deja arrastrar por el indómito deseo de 
hacer sufrir á las demás criaturas , sean las que se 
fuesen. 

BAIIBARISMO. II SOLECISMO. — Estas dos 
palabras significan en general faltas del lenguaje, 
con la diferencia de que el barbarisino es una lo- 
cución viciosa, corrompida, propia del vulgo que 
todo lo adultera, como cuando se dice diferiencia 
por diferencia, baina por haya, foijo por pollo , jO- 
venlud por juventud : y el snlecismo es un delecto 
en la construcción de la oracioo, el que puede pro- 
venir ó de ignorancia, ó de descuido, o de inad- 
vertencia, como cuando se equivocan los géneros ó 
los números de los nombres ó se falta á las reglas 
de la sint;isis, ó se forman construcciones, que so- 
lemos llamar vizcaínas. 

RAIlllAltos. II SALVAJES. — Se dan estos 

nombres á aquellas que no han adelantado mucho 

en lo qne llamamos civilización, ni conocen por lo 

tanto sus leies y precepto., ni se sujetan á ellos, _ 

Los pueblos 4a va/, s son pequeñas naciones , si 

tal nombre se las puede dar, separadas unas de 

otras, dispersas en los bosques y desiertos, que 

'rándobas como 

nen bajo 



Ya no tmlaíiceais, ni auiiais; uaueis lomauo la vagauí-in, a la u.j.h«'.""'-"«, "; i-" - — p- 
luestra resolución; estáis determinados ; pasemos y andorreando por todas partes, vive en la oc 



que vivir, se eiitre,ía 

riiuíimi.)! /o es pues el que no tiene ni oficio, , • ,■ , . - ■.■„,,, 

renta, ni ocupación alguna, ni vecindad, ni quien 1 huyen de toda reunión con otras, muandc 
Dor él responda, y de consiguiente el que se da á 1 enemigas : las naciones barbar is se u 
la vagancia, á lá Llsazaneiia, al que zanganeando leyes groseras, muy diterentes de las nuestras. 
, JdoSdo por todas partes, vive en la ociosidad, ' La libertad natural es el i.nico objeto de la 1.- 



B.4S 



eislacion de los salvajes : con este modo de liber- 
ud. solo la natnraleza y el clima influyen y vienen 
á iliimioar en ellos. 

Cazadores ó p¡L>lores, tienen poca, ridicula y ne- 
cia relision, si tal nombre puede darse á sus cortas 
V supersticiosas ceremonias de culto. Hay varias 
baeioues sa vajes en América, las cuales, dispersas 
en ios bosques y en las montañas, cunservan su li- 
berad, pues que alli encueiitian frutos coa abun- 
dancia para mantenerse, cultivando algunas plantas 
ccrtales junto i sus chozas, cazando y pescando para 
completar su alimento. 

Por lo coroun los pueblos salvajes son cazadores, 
T pastores los bárbi'Os. Biilloa dice que toda na- 
ción en donde no hay, ni soberano, m leyes, m pre- 
cepto, ni regla aisnua ni habitual reunión o so- 
cie.lad, es mas bien que nación, una reunión tu- 
multuosa de hombres bárbaros é independientes, 
que desconocen el corana interés y solo obedecen 
al ciem inipulso de sus propias pasiones. 

Bar a os ó silvajes son todos los pueblos que 
carecen de civilización y de leye>. 

BASTANTE. II StFlCIElMTEMENTE.— Estos 

dos adveri ios sirven Í2ualujente para indicar una 
cantidad : con esta diferencia, que el primero es 
mas vago é ilimitado y tiene mas relación con la 
cantidad que querem'os adquirir, v el segundo, 
con la que queremos emplear. Bástanle supone qiie 
hav coa abundancia v sin mezquindad alguna , lo 
que se quiere ó necesita, y sunien e se contrae y 
eiñe i indicar lo que precisamente alcanza ó puede 
alcanzar á cubrir lo necesario para el caso. 

Jamas tiene ^oslante el avaro . pues cuanto mas 
tiene , mas anhela tener . por lo que siempre e>U 
deseando y atesorando. Hablando de una persona 
abundante en bienes, se dice que es lias anle rico, 
T e-la palabra admite un sentido ilimitado; mas si 
ños referimos á los gastos y obligaciones á que debe 
atender , decimos que es suficenl mente rico para 
cubrirlas todas. Vemos al mismo tiempo, en sentido 
contrario, que el hombre pródigo jamas tiene lo sa- 
ficienle, pues sn ansia de gastar y despilfarrar no 
tiene limites. 

Se dice bula cuando ya no se quiere mas; y 
tengo lo sufici ule cuando se ha reunido lo que se 
necesita para el objeto. 

En cuanto á las cosai que se consumen, bastante 
parece indicar ma\or cantidad que suficiente, pues 
cuando se dice hav bastante, viene á m.milesUrse 
que lo que hubiere Je mas seña demasiado é inútil; 
pero cuando se dice hay lo suficiente se indica, 
que lo que hubiese de mas seria abundancia y no 
demasía ó ciceso de la cosa. Habl.imlose de nn 
caudal corto ó una mediana renta, se dice que se 
ti»ne lo siífieiente, mas no por eso lo hastante. 

En la signiticacion de ba tanle hallamos, por lo 
tanto mas generalidad, pues eiteadiéndose á mayor 
orove'cho ó uso en las cosas . hace mas común la 
acepción de esta palabra; al mismo tiempo que 
conteniendo la palabra suficientemente xmi idea mas 
limitada al uso de las cosas, la da un carácter mas 
particular, pues circunscribe sn uso á nn corlo nu- 
mero de ocasiones. 

Cuando hablamos de una población, solemos 
decir que hav en ella casas bástanle grandes, para 
in'di ar la absoluta é indeterminada magnilud de 
aqitellas casas ; pero no por eso serán suliaenlemente 
grandes con respecto á las gentes que en ellas de- 
ben habitar v al objeto para qne se as de^tlna. 

DASl AUDE \lt. II ALTEilAK 11 "E^^^.^T^IJ- 
IV ALlZAIt. II DI GENI.U AR. || ULPRAVAR. || 
COUHOMPtR. — Todas estas palabras signihcan 
alterar el estado natural de las cosas. 

Des jitur<ili:ar es propiamente hablando mudar 
la naturaleza de una cosa. Los árboles producen 
naturalmente frutos, nnos de una especie y otros 
de otra: si al que produce naturalmente una es- 
necie de fruto, le obligamos por medio del arte a 
Sue produzca otra diferente, habremos alterado su 
¿aturaleza, y de consiguiente le habremos áesnalu- 
rali-ado ; resulla de esto qne por lo común los des- 
%alurali:amos para perfeccionarlos y no para adnl- 
terarlos v disminuir su mérito. 

Baslafiear supone siempre qne adulteramos y 
tmpeoramos la naturaleza de la cosa, pues /«/War- 
íear indica qne alejamos del cuerpo sus primitivas 
y esenciales cualidades, y de consÍL'iiien:e que le 
■ ' ' ■ -I mal o lo 



B.\S 

mas si pudiésemos hacer que el árbol se oouvir- . 

tiese en piedra ó en metal, seria entonces en rigor 
¡teittatiiraliza'lo. j j - i. 

Asi pues, en el sentido que vamos dando a la 
palabra desnaturan ar será solo mudar la dirección 
ordinaria de la naturaleza en otra, que ella mrma 
ha hecho posible, y de coa>iguientc , pie no se aleja 
de ella. Como e-ta operación no altera ni destruye 
el carácter comim, resulta que es dilerente del ba<- 
tiiidear, que se dirige siempre .i alejar al cu-rpo 
de e»te carácter; v asi es que á fuerza de liaslar 
dC'irse una cosa se llegar á hacer desconocida y al- 
térenle de lo que era en su origen : de este modo 
se bast.irileutt tanto las plantas que de cultivadas y 
perfeccionadas, se vuelven naturales y agrestes, 
perdiendo las cualidades que las haoian aprecia- 
bles : asi se baslarlean los animales, y en los hom- 
bi-es tanto se la lurdeun las cualidades físicas y 
morales de las familias, de las castas, y aun de las 
naciones, que se hacen diferentes y aun contrarias 
á lo que fueron en su origen. , 

Metaíóricamenle hablando llamamos bastardo a 
todo lo qne se separa de la pureza, nobleza y lustre 
de su origen , como al hijo de ilegitimu trato , y 
bastar. la a toda baja y villana acción impropia de 
un noble modo de pensar. 

La naturaleza ha formado el coraion humano 
capaz del bien y del mal, y si mudamos su du-ec- 
ciou primitiva en otra nueva, ya sea buena, ya 
mala, lo ¡lesivitiirali^umus. Licurgo desna iirali:6 
el corazón del hombre, porque dirigió sos íacnltades 
hacia nuevos y eitraordinarios objetos ; pero no le 
OastarJeó. porque no lo alejó de su primitivo on- 
"eu, sino ai contrario aumentó su vigor y su nobleza. 
" liaslardear v depraiar mudan las cosas de bien 
á mal; pero el primero lo veiitica debilitando los 



BE.\ 



27 



principios que constituven la especie, y el segundo 
parundo las lacnllades de la regla y del orden 



rondamos de bien en mal o lo deicrioranios. 

No damos á entender cuando decimos desnatiira- 
¡i-ar nna cosa, que podemos mudar enteramente su 
jaturaleza; pero si que podemos mudar en modih- 
%aciones p.rlicularcs las generales, que la natura- 
leza comprende en ella. La naturaleza ha destinado 
los árboles á producir frutos y no será propiamente 
h;dilando desnaturalizarlos cuando les hagamos 
producir nna especie de frutos en lugar de otros; 



natural para dirigiilas á un fin desarreglado y fle. 
ordenado. Se bas ar.ieu i un animal privaudole de 
los medios de ejercer las funciones y de producir I 
los efectos á qué p.r su constitución primitiva esta 
destinado: y se le deprav.i mudando de bien en | 
mal sus inclinaciones y sus deseos. 

Bastardear se refiere siempre á las cualidades 
esenciales de la especie, y aeiirivir i la facultad de 
un individuo, el que en Ules términos se cambia 
qne se debilita, decae, se desarregla, desordena y 
obra en contra de su propia naturaleza. Una especie 
Itastirdtt solo produce individuos eniebles, sin 
fuerza, sin vigor, sin energia ; un individuo depra- 
vado conserva sus íacultade.s: pero como el princi- 
pio que las mueve se ha mudado de bien en nial, 
obra sin r^gla y sin orden, alejándose del tin de la 
naturaleza, ya sea por dejadez, ya por deuiaiaJa 
actividad, ya distrayéndose a objetos eitraiios al que 
le es propio. Por lo tanto decimos que se ba depra- 
lad.i. ó estragado el apetito, cuando propiamente lo 
hemos venido á perder, ó se ha aumentado ó disiiii- 
nuido eicesivameute, o sentimos repugnancia á los 
alimentos comunes. i 

Deprá' ase la inteligencia, cuando, ya sea por ep 
ror, ya por nn cieso apego á principios falsos, se la I 
acostumbra á apartarse de las reglas comunes d- la 
razón v del juicio. Llega á depravarse en tales tér- 
minos 'el gusto en los alimentos, que se escogen los 
que mas repugnan á los demás hombres, y se de- 
prava el buen gusto en las artes, cuando se nos ha- 
cen agradables los objetos que mas contrarios son 
á las reglas del aite, y á las justas proporciones y 
relaciones que se derivan de la naturaleza misiiia: 
entonces se prefiere lo chocarrero á lo noble, lo afec- 
tado y natural á lo sencillo y propio. Llamaremos a 
esto enfermedad moral, que deiuasiado á menudo, 
cual una epidemia, corrompe á las naciones que han 
llegado al mayor grado de cultura. 

La palabra alt¡ rar solo eipresa la mudanza acci- 
dental y parcial de una cosa sin qne llegue a ha- 
cerla enteramenie desconocida y capaz de nueva 
denominación. Si se lias árdea el estuerzo o valor 
ya no es ni lo uno ni lo otro; sino torpeza y cobar- 
dia ; pero el valor alterado es solo aquel, cuyo es- 
fuerzo se ha disminuido por cualquiera cansa acciden- 
tal; mas siempre es Vilor. aunque menos arrojado, 
en aquelbis circunslanc as en que se advierte la 
alleraeiott. También hay alteracones que consisten 
eu adquirir ó perder ciertas cualidades, que no son 
esenciales á la naturaleza de la cosa. Se a tera un 
iolor dándole mavor ó menor viveza; pero no por 
esto llega á perder 'el nombre qne tenia, pues no se ha 
separado de su tipo primordial. Se altera el carácter 
o »enio de una persona oponiéndole obstáculos en 
su^ franca y natural acción, y se le bastar learia si 
se pudiese llegar á mudar enteramente su n *>''3- 
leza. Asi se dice que se alteran ó mas bien adulte- 
ran las monedas cuando ne disminuye sn valor le- 



gal, quitando alguna parte de! metal de qaese com- 
ponen; pero permanece siendo la misma la esencia 
de estas materias, por lo que no se las da dilerente 
no ubre. , . . , j 

lío siempre se alteran las cosas mudándolas ae 
bien en mal, pues á veces sucede lo contrario, pues 
si mezclamos muchos metales, necesario es que los 
alteremos ; pero de esta alteración, puede resultar 
un beneficio, cuando el compuesto es mas útil que 
cada uno de los componentes en particular, y en- 
tonces la mudanza se habrá verificado de mal ea 
bien. , , , j 

(.i.rrompí"- es mudar las cualidades de una produc- 
ción natural en tales términos que ya no formen un 
to.lo que pertenezca á la especie, y por lo tanto 
eipresa mucho mas esta palabra que la de bastar ttar . 
que indica solo debilitir y no llegar a destruir las 
relaciones que unen al individuo con la especie ; 
mas la curupeion las rompe del todo. Una planta 
bastarda puede producir otr.s que participen ya 
mas va ménosde la.ífgra/.idon de las cualidades 
de la' especie primitiva; .aias una planta corrompía 
ya nada puede producir de la misma especie. Asi 
pues la palabra bu- tantear debe referirse a la espe- 
cie y la de corromper solo al individuo. 

Todas estas palabras se usan en seniido fi^gurado, 
pues decimos bastardear una especi-, cuando suce- 
sivamente se la priva de alguna de sus cuali l.ades 
primitivas, y es enteramente bastarla cuando han 
llegado á desaparecer del todo. Se corrompe cuando 
se procura que desaperezcan las cualidades del in- 
dividuo. Se baslarJian las naciones cuando van 
desapareciendo sus virtudes; y se coriOjni/i>i, cuan- 
do caen enteramente en la ociosidad, en los place- 
res y en los vicios. 

Todos estos verbos se usan como recíprocos, sonre 
todo en sentido moral. 
I Deoenerar es recibir formas, atributos, colores j 
otras cualidades diferentes délas que corresponden 2 
su primitiva y original naturaleza. La iíe¡;euenicm 
I se verifica de individuo á individuo por medio de la 
reproJucci .n. Una planta bastar leaia vale menos de 
loquevaliaáutes,y<Í9fneni o desmerece de aqueila 
' de donde trae su origen. Ciertos animales trasporta- 
dos de un pais á otro se liaslantean, y las bestias 
salv:ijes d g ncran cnando se las reduce a estado de 
domesticidad. Uastardéanse los individuos y de¡e- 

BCian las especies. „ „ 

BAtSAsT. II BOn<». II AECIO. || TO\TO. - 
Llámanse ba.ii.an .v aquellos ocioso» que a cada paso 
se detienen en lis calles, amonionandose unos con 
otros para ver nn objeto solo porque otros lo miran 
ó porque les causa novedad v admiración. Es defecto 
del vul»o, y aun en las grandes poblaciones de las 
personas qiie se desdeñan de pertenecer a el. 

El bobo es de entendimiento tan corto y de un 
genio tan dócil v confiado, que no se atreve ni a 
pensar ni á obr.ar por si mismo, cediendo siempre 
al impulso que le dan los demás, pues todo lo cree, 
á todos sigue y á todos obedece. . 

El //iia,víin se detiene ó por curiosidad o por ad- 
miración delante de cuanto ve como si nada hubiese 
visto en el mundo, siendo para el todo nuevo. 
Mira fijamente, abre la Loca y clava los ojos en el 
objeto con estúpida curiosidad. Bastan para dete- 
nerle, admirarle y sorprenderle los juguetes de un 
ch.arlaun, la quimera de dosmujeies, una cal aliena, 
ó nn carro que cavó en tierra, un papagayo que 
charla á un balcon,'ó un mono qne hace gestos. 

Al bobo todo le parece Lneno, excelente : cnanto 
le dicen cree y cuanto se le manda hace : es una 
bestia que ó no puede, ó no quiere juzgar por si 
mismo. Todos se entretienen eu engañar al bob'i.y 
los liawa'iis se burlan unos de otros, como si cala 
uno de ellos no lo fuese. 
I Siendo también el bit/íi incapaz de pensar y obrar 
I por si mismo, busca en el ejemplo de los demás lo 
i hue debe hacer ó decir: careciendo de eipenencia y 
' de instrucción vive en inquieta incertidumbre. que 
se manifiesU en sn rostro, en sus gestos, en su tono 
V en sus palabras : es torpe e inoportunamente 
franco, y cree y dice á cada instante cosas di.erentes 
y opuestas. El necio todo lo hace al revés y cuando 
menos viene al caso. ... .1. 

El lontc es enteramenie negado: todo y nada le 
interesa ; no se cuida de lo qiie debe decir o hacer, 
ni de lo que dicen y hacen los demás. Todo le es 
indiferente, como no sean las baratijas, las frusle- 
rías, las paparruchas, las necedades, cosas que úni- 
camente llaman su limiuda atención. 

BEXTITID. II DIIIIA || FEI.ICIDATÍ. || 
PRUSPElllDAn. II PLACEll.- Estas palabras 
significan nn estado agradable y afortunado. 

Considerada la dicha como estado en que se halia 
el alma, veremos qne por lo común no consiste en 
las riquezas. Muchas person.as que habitan sun- 



£S 



BEL 



BEN 



6EN 



tuosos palacios, qite gozan de comodidades, lujo y 
placeres, y que son en extremo ricas, no por eso 
goza su aíma de pste estado de tranquilidad y 
a¿;rado, si su cuerpo sul're los loriiientos de la gota, 
ó de cualquiera otra fínlermedüd cróuica con cuiiti- 
nuos dolores, sí su ániuio e=tá siempre inquieto y 
agit;ido con crueles pensamieuLos y cou continuos 
temores y sobresaltos. La dicha consiste pues en 
una situación apacible y sosegada de la cual nunca 
queriia salir. 

La felicidad es una dicha mas viva y activa, pues 
fin ella el alma goza los mas deliciosos placeres, 
sin que sea inquietada con nuevos deseos. Tero, 
¡cuan raro y fugaz es este estado que llamamos de 
felicidad! jy quién podi-á asegurar que to goza! 

Aplicados e>tos principios á los de la moral 
cristiana, veremos que cuando el alma tiene h fe- 
licidmt de estar iiitimauíente unida al Criador, goza 
de una dicha y feUcidaif, q^ue se llarua blnavenlu- 
ranza ó bealihui, y es propiamente la de los sanios 
en el cielo. J£n nuestro le.uguaje antiguo bealiiud 
era sinónimo de felicidad. 

Consiste la iiicha en la moderación de los deseos 
y en estar uno contento con lo que disfruta; y la 
felicidad en la moment.infa exaltación de los pla- 
ceres que gozamos y en ia siempre engañosa idea 
de que jamas se debilitaníu. Guando el púljlico nos 

Í'iizí;a dicfiosos, y por la tanto nos pnvíilia, solo ve 
irillar lo qnecrop que la dicha puede darnos y que 
por lo común no nos da; mas la felicidad y la (/ cha 
solo nosotros podemos sentirla y juzgarla, pues 
siendo un estado de sosiego y satisfacción del alma» 
la vista del público no puede alcanzar á penetrarlo. 
Un autor dijo que solo los locos pueden dislrutar 
de felicidad y los sabios de uicha. 

La causa de la dicha viene p^-r lo común de fuera 
de nosoiros, y asi se dice hemos tenido una dicha : 
tuve la dicha de encontrar á un amigo, de obtener 
un empleo : fui dnhnso en mi empresa : ese es el 
hijo de la di'iía, por afortunado en todo. 

Es pues la dica un acontecimiento, una casua- 
lidad, un suceso feliz, que á veces se repite y cous- 
lituye lo que se llama un hombre dichoso. Decimos 
dichosa vida, virtud, soledad, Ptc, cuando nos hace 
pasar en perpetuo agrado sin disturbio, ni trastorno 
alguno. Solemos decir, nos vino la duha^ tuvimos 
una dicha, mas uo, nos vino una feíinidaiIjUivmwi 
una felicidad. Puede tener uno una dicha sin por 
eso ser dichoso. Un hombre tiene la dicha de esca- 
par de un lazo que se le ha armado, y no por eso 
deja de ser tan desgraciado couio lo era antes- por 
uu tanto no podi-emos decir que ha disfrutaao de 
(e lie I dad. 

Alguna diferencia hallaremos también entre la 
expresión de una dicha y la dicha sola. Una dicha es 
un acontecimiento feliz : y la dicha tomada indefi- 
nidamente, significa la seguida ó repetición de estos 
acontecimientos. 

El placer es un sentimiento fugaz y agradable. 
Considerada la dichc como sentimiento, será una 
repetición de placeres: la prosperidail, de sucesns 
afortunados; y la felicidad, el goce completo de la 
prosperidad. 

liELlCOSO. II GÜEnilERO. |J MILITAH. |1 
MAItCI/\L. — Estos cuatro adjetivos se refieren á 
cosas de gmTra. 

Ll:ímase belt oso al que tiene inclinación á la 
guerra y se ocupa en ella; mas por lo común solo 
se usa de esta palabra hablando de los pueblos y 
naciones antij'uas, cuyo único ejercicio era la 
guerra, nopudiendo acoslumlirarse á vi\ir en paz. 

Guerrero indica lo que es propio para la guerra, 
la persona que está habituada á hacerla, y todo lo 
que tiene relación con ella. Los antiguos Germa- 
nos, que invadieron parte del imperio romano, for- 
maban una mition belicosa ; los Alemanes, que les 
han sucedido, son uua nación imerrera. Los prime- 
ros por inclinación se ocupaban continuamente en 
la guerra; los segundos solo cuando la creen nece- 
saria. 

Llimase también belicoso á un príncipe que afi- 
cionado á la guerra, es esta su principal ocupación. 

Es guerrero un principe (\\\t conoce bien el arte 
de la "guerra, y combate al frente de sus ejércitos. 

Puede uno ser b licoí.o sin ser guerrero; y lo 
mismo al contrario. Carlos XII, rey de Suecia, fué 
un principe belicn-so: Federico II, rey de Prusia, 
guerrero. Las naciones modernas son mas bien 
ga'ircTiiN que belicosas. 

Todo lo que concierne á la ciencia de la guerra, 
lo que es necesario ¡jara hacerla bien, lo que tiene 
relación con la administración de un ejercito, es 
fíii itar. El arte mililar^ la disciplina militar, ejer- 
cicios mililares. 

Se dice hazañas, empresas militares y no guer- 
reras; poique estas dos palabras suponen grandes 



designios y grandes combinaciones, todo lo cnal 
pertenece rigurosamerte al arte militar. 

Suélese decir virtud yuerrera y también virtud 
mi liar : la priuiera será, pues, la que se ejerza en 
el cauíj/O de batalla, y la segunda tauto en el campo, 
cuanto en los ejercicios miUiurcK. iior medio de la 
exactiiud, la subordinación, el amor á la buena 
disciplina y poi la escrupulosa observancia de las 
leyes, ordenanzas y reglamentos. 

No se dice talentos gueneros, pero sí mililares; 
porque la palabra talento se refiere aquí al arte, á 
la ciencia. 

Valor guerrero es el que se desplega en la acción 
misma, y por medio de ella en el instante del peli- 

fro, y que coa él cesa. El valor mililar es un valor 
abitual que proviene del mismo ejercicio de la mi- 
licia foraiando su principal calidad. 

Marcal se deriva de Marte, dios de la guerra. 
Decimos aire marcial para signiticar aquel tono ó 
porte que demuestra el noble sentimiento de la su- 

Serioridad de sus propias fuerzas, de su firmeza y 
e su valor, como podría suponérsele al mismo dios 
Marte. 

Marcial y militar no se usan hablando de perso- 
nas. Se dice una nación ó uo principe belicosos, 
uua nación y un principe fiuerreros; pero no una 
nación u¡ un principe marciales, ni una uacion ni 
un principe militares. 

Como -substantivo, militar indica aquel que per- 
tenece á esta clase ó estado. 

ItKNDKCIU. II IltlNDITO. || BIE\'AVEtV- 
TUIlAlíO. — El radical de estas y otras palabras 
que de ellas se derivan, ó con ellas tienen relación, 
es el verbo latino henedico, benedicere, que en su 
sentido recto significa decir, hablar bien v también 
bendecir en cabtellano, é igualmente alabar y en- 
salzar á una persona ó cosa ; y asi en lo antiguo 
llamábase bendecidor al que decia ó hablaba bien y 
con fundamento. 

Por traslación ha pasado á designar, y este es su 
uso común, todo aquello que con religiosas cere- 
monias se dedica y consagra al culto y cosas per- 
tenecientes á él : la bi'iiiiiciim es un acto religioso 
por el que se ponen personas ó cosas bajo la pro- 
tección del cielo y se las santifica. 

Se bendicen los campos, las banderas de las tro- 
pas, las campanas, las iglesias : las personas santi- 
ficadas, religiosas, superiores en dignidad eclesiás- 
tica echan la bendición á las inferiores, á las 
criaturas inocentes, á todo aquello que deseamos 
sea aniparado por el poder celestial : los padres 
timoratas echan la bdidicinn á sus hijos buenos con 
catulicas ceremonias, y el Papa bendice á todo el 
orbe cristiano. 

iieud>cimos i las personas y cosas que nos hacen 
bien, y hasta la misma suerte cuando nos es favo- 
rable. Nos valeiuos de la frase « es una bendición b 
ó < es la bendición de Dios > para ponderar li abun- 
dancia de una cosa : est.in los campos, decimos, 
que Hs una bendición de Dios : es una bendición 
la cosecha que ha tenido : es una bendiiion su 
suerte. 

¡Nos valemos de los participios pasivos, bendito y 
bemecido p.ira denotar una cosa que se entiende 
haber recibido ya la bendición; y asi decimos, pan 
bendito, reliquia bemlitu, imagen bniditii. En mu- 
chas cosas, a veces fuera del sentido religioso, la 
empleamos como especie de alabanza, como cuando 
decimos beiidiiii seas, bondita sea tu vida, bentilo 
sea tu pensamiento ; para ponderar el agradable 
efecto que nos causa una persona hermosa, btnda- 
dosa y de mucho mérito, eiclamamos : hcndifn sea 
tu alma, y bendecimos lo que mas sobresale ó ala- 
bamos en ella : benditos sean tus ojos, tus ma- 
nos, etc. Dios te bendiga, decimos al que deseamos 
bien ó estamos agradecidos. 

Usase de esta palabra (bendito) á veces en sen- 
tido irónico y aun ofensivo para denotar á una 
persona de cortos alcances y aun tonta; como 
cuando decimos, ese hombre es un bendit'*, cree 
cuanto se le dice, se bace de él lo que se quiere, 
no tiene voluntad propia : todavía es mas otensiva 
la expresión usual, ese marido es un bendito. 

También suele ser irónica y como sinónima de la 
anterior la palabra bienarent lirado^ aunque su sen- 
tido recto es el de glorioso, celestial, santo. 

1ÍI,\EFICE\C1A. II BEIVKVOLEIVCIA. || 
CAItlÜAD. II MKRCED. || FAVÜII. || SEll 
VICIO. II FI.\EZA. — Como seguida del arti- 
culo B nignidad y como mayor corroboración de los 
principios que allí sentamos, deberemos mirar este 
otro articulo. 

Las palabras beneficencia y benevolencia son to- 
madas del latiu y significan esta querer, desear el 
bien : benevolencia, bene voló quiero, deseo el 
bien, como male voto quiero el mal; de aquí bené- 



voló y malévolo . aquella ó beneficencia, hacer ét 
bien : bene fació, hago el bien ; de aquí bienhechor, 
benéfico, bfuafucior en lo antiguo. 

Estas dos palabras nacen del amor á nuestros 
semejantes; pero por le común la una no corres- 
ponde siempre á la otra, ya ponjue el que desea el 
bieu de los demás no lo puede verifii-ar á veces, 
ya porque su benevolencia se limita á una estéril é 
inútil bondad, que no llega á incomodarst, ni á ha- 
cer sacrifio alguno, cual lo e"ige- la ben- fic^ncia : 
mas esta siempre supone la behevolencia. 

De la palabra bene/icencia s6 Jerivan la de hene' 
ficiador, que es el que bene/ici.i ü bace el beneficio^ 
y bencficiacion que es la acción y el electo de bene- 
ficiar. 

En sentido figurado se dice beneftftar^ hablando 
de las cosas que perfeccionamos y las hacemos tener 
mavor valor, como beneficiar las tiei.as, por culti- 
varlas y mejorarlas : llamau^os beneficioso á todo lo 
que nos es provechoso y útil. 

La palabra caridad, también latina, se entiende 
por lo común en sentido moral y se dice del acto 
de socorrer á los pobres, no solo por el movimiento 
natural de compasión hacia ellos; sino lambien por 
cumplir con el precepto divino de amar al prójimo 
como á nosotros mismos. Distingüese pues la cari' 
dad del bnieficio en que aquella obra por principios 
de religión y esta sob» por los de humanidad. 

El ben fi'cio es una acción libre en el que la 
ejerce, aunque aquel con quien la ejecuta, uo sea 
acreedor á su compasión. Se dirige el beneficio á 
mejorar la suerte del que es ó creemos ser desgra- 
ciado, y recibimos un beneficio del que de ningún 
modo podria ser tachado de rehusárnoslo, pues el 
beni ficto es enteramente gratuito. 

También es gratuita la merced ó gracia y su 
nombre mismo lo indica, pues consiste en que 
aquel a quien se dispen-a, no tiene ni motivo, ni 
razón, ni derecho alguno para obtenerla, y así se 
dice : me hizo gacia ó ttití/ced de darme tal ó cual 
cosa, de concederme un destino, de perdonarme 
una deuda, de indultarme de tal ó cual pena. 

Dispensamos fav ¡r cuando empleamos nuestra 
mediación, nuestras buenas relaciones y lodos nues- 
tros medios en beiuficio de otro paia que prospere, 
valga y logre cualquiera ventaja. Hay ¡avorcs, que 
no se nos pueden menos de dispensar por ciertas 
personas con quienes estamos unidos por los vín- 
culos del parentesco, de la amistad y otras rela- 
ciones, y que las seria bochornoso y aun reprensible 
el no hacerlo, aunque á ello no les pudamos obligar 

Srecisamente. Es propiedad del favor el manifestar 
e un modo afectuoso el interés que uno toma por 
otro, cual si en esto se cumpliese con una obliga- 
ción. 

Llámanse servicios todos aquellos socorros ó auxi- 
lios, que tanto por nosotros mismos, cuanto por 
medio de otros, dispensamos á todos aquellos que 
creemos acreedores a ello, ó con los que estamos 
obligados á hacerlo. Estos servicios no pueden ser 
siempre completos, sino medios mayores ó menores 
para que se lo^re el bien que se apetece. 

La^HC.'u es regalo ó expresión delicada, que ha- 
cemos en ocasión oportuna á ciertas personas á las 
que necesitamos agradecer, complacer, tenerlas 
gratas y favorables, ó manilestarlas nuestro afecto, 
respeto é interés; y asi decimos me dio ó envió 
uua fineza. También son finezas los ligeros favores 
que hacemos á las personas que estimamos, ó las 
palabras y frases lisonjeras que les decimos. Son 
continuos los casos en que nos es oportuno y ana 
debido dar estas muestras de amistad y buena cor- 
respondencia. 

Diremos pues que la beneficincia es pródiga en 
beneficios, la benevolencia en buenos deseos; que 
el favor distribuye gracias, la caridad limosnas, que 
el celo por el bien "de oíros presta sen icios, y que 
la buena educación y uu genio complaciente hace 
conlinuas fine:as. 

líEIV'í FICIO. II VEIVTAJA. || PROVECHO. 
1] iiTIMl>AD. — La palabra beneficio tiene una 
significación general v forma como el género de las 
que se la semejan. Entendemos por ella todos los 
electos útiles ó agradables que pueden resultar á 
alguna persona de la posesión, uso y goce de una 
cosa, ó de las relaciones que esta puede tener con 
él, ó con lo que le pertenece. 

Provecho y utilil'ni son especies de este género : 
el provecho es el benelicio que nos resulta de las 
ganancias que producen estas cosas, y la ulilidad e 
que nace del servicio que nos prestan. 

Advertiremos en la palabra beneficio qne ea 
cierto sentido se confunde con la de rentnju, con la 
particularidad de que á su idea principal va unida 
otra accesoria de oposición y de compaiaciou, ya 
con los efectos contrarios á los que expresa, ya por 



BEN 



BL4 



BOT 



29 



a falta ó privación de estos últimos. Decimos, cada 
coM tiene sus ventajas y sus inconveninites : es «na 
lenUija de la que uo disfruta su amigo : este de¿- 
tÍDo rae procura grandes beneficios que sin él no 
tei'dria. Las leniai a de la hermosa figura, de la 
mocedad, son opuestas á los inconvenientes de la 
fealdad y de la vejez. 

Provecho y nttlhhul uo comprenden en sí esta 
idea accesoria, pues cuando se la queremos dar es 
menester afiadír ó pouer en su lugar la palabra 
ventaja. Guando digo, esta heredad me da mucho 
pp.iiecho; me es de mucha utilidad este criado; las 
dos palabras se toman ei. sentido absoluto : pero 
cuando añado este provecho me trae grandes ¡enla- 
jas: es mucha veat;ija para mi el tener e>te criado 
tan útil; pougo como en oposición el provecho y la 
utii'dad con los inconvenientes que resultarían para 
mi si carecie-e de ellos. 

BEM4íi\II>AD. 11 BOXDAD. |i PIERAD. || 
DULCEDlMIiRE. H Ut'MAMDAD. H MAI\- 
SEDUMBKE. — Aunque como hemos indicado en 
otros artículos, la natuialeza suele producir por sí 
misma corazones crueles, feroces, inhumanos; po- 
dremos mirar estas tau dañosas cualidades como 
errores ó extravíos, pues por si uo produce regular- 
mente mas que cualidades indeterminadas, dis- 
puestas mas ó menos al mal ó al bien, según la 
educación y las diferentes circunstancias de la 
vida. 

Debemos considerar aun. que produce buenas 
mas bien que malas cualidades, sea por debilidad ó 
por innata disposición del hombre a compadecerse 
de las desgracias de sus semejantes, como recuerdo 
ó semejanza de las suyas propias : por lo tanto po- 
dremos repetir aquella eipresion de Terencio que 
t;into agradó al pueblo romano, que no era por 
cierto el mas débil y compasivo : < soy hojubre y 
na^la de cuauto á la humanidad pertenece me es 
extraño, n {Homo siim : humani nihil á me alienum 
puto). Dedúcese pues que el hombre es naturalmente 
compasivo y amigo de sus semejantes. 

Las mucha> palabras y expresiones que demues- 
tran estas beuéücas cualidades, y vamos á eiamiuar 
ahora, corrobor;m esta verdad ó principio. 

Llamamos bondad (bonitas) á la natural inclina, 
cion 3 hacer bien y no causar daño á nuestros semej 
jantes, como haríamos coa nosotros mismos por el 
interés que nos inspír.in siendo nuestra ím.ígeQ ó 
reflejo : ¿qué sucederá á otros que no nos haya su- 
cedido, suceda o pueda suceder? y así Vir^lio, 
oportuna y entendidamente, pone en boca de Dido 
esta sentenciosa expresión : c Habiendo experimen 
tado las desgracias, he aprendido á conipadecerme 
de los infelices, y por lo tanto á favorecerlos. [Son 
ignara mali, miserts sucurrere disco.) > Lo -lue allá 
nuestro Hern;indez de Velasco traduce á su modo 
diciendo : 

m Y como he íisto casos lanceDlables, 
Teogu uso de apiadar lo» miserables. ■ 

Mas esta bondad en algunos se extiende tanto que 
abraza á todas las criaturas sensibles^ y asi hay 
personas que uo pueden hacer daño ni verlo hacer 
A niii„'ua animal, ¿riera esto debilidad ó reílexioa? 
Sea lo que se fuere, siempre es bondad y benefi^ /o. 

Siendo pues la bondid una cualidad natural del 
hombre, mas ó menos perleccinuada por la educa- 
ción, viene á equivaler á blundiira y suavidad de 
genio. De aquí se derivan los adjetivos hondadoso 
y bondoso. Llámase también bonazo al que está do- 
tado de un naiural bueno y pacíüco, al que es ama- 
ble en demasía y al que todo lo cree; por lo que 
lleva envuelta en sí esta palabra cierta especie de 
ironía v burla . v así decimos < ese hombre es uu 
bona:o''> que equivale á decir que todo b tolera, 
lo sufre, lo toma en buena parte y cree hasta lo 
mas increíble: el aumentativo bonachón siempre se 
loma en sentido de desprecio y como indicio de 
tontería. 

La benig'ñdad corresponde también como especie 
á la bondad, que miraremos como género; y llama- 
remos beni.nidad á la t>on ad misma cuando la 
acompañan la ireuerosidad, la tolerancia, la indul- 
gencia, la dulzura y la amabilidad: esta cualidad 
fts particularmente propia de las perso;ias superiores 
on cualquiera género ó materia, cerca de las qse 
ias son inferiores. 

Tomada la benignidad en sentido figurado cor- 
responde á templanza, suavidad del aire, del cielo, 
de las estaciones. 

Lap'd'/afi es como la bondad aumentada, llevada 
al mayor extremo, pues es magnánima y como ina- 
gotable, hace el bien generosa y desinieresadameute. 
y aun á aquellos que nos causan mal y quede con- 
siguiente deberíamos mirar como enemi¿;08. La pa- 
labra pUéad se asa muy comunmente er-' titido 



moral y religioso cuando se dirige al amor y respeto 
á las cosas santas. 

La dulcedíiml're ó dulzura, que es otra especie de 
hond'id, viene de la paiahra duce que en sentido 
propio sigaitíca todo aquello que es suave, blando 
á liis sentidos, espodalmeate ai tacto, al olfato y al 
paladar, y signíiica en sentido moral aquella cuali- 
dad que nos hace apacible y grata en su trato á la 
persona que la posee. También se toma cu sentido 
irónico cuando se habla de ciertas personas zalame- 
ras, empalagosamente halagüeñas, llamándolas me- 
ülluas, azucaradas, almil'aradas. 

La humanidad es el amor decidido y á veces ex- 
tremado, que tenemos á todos nuestros semejantes 
sin distincioa de personas, clases y circunstancias. 
Basta con une otro sufra para que suframos con él, 
nos compadezcamos de sus desgracias, y procuremos 
por cuantos medios estén á nuestro alcance, favore- 
cerle y socorrerle, sin cuidarnos de averiguar quién 
es el que sufre y por qué cansa. 

La mansedumbre es uua constante igualdad del 
alma sostenida en inalterable l-onüad y acompañada 
de ina^íttalde aulsuru, que en ¡guales términos que 
hace el bien, su Iré el mal. 

Ya hemos indicado que la bondad es benéfica, in- 
dulgente , obsequiosa ; la dulcedumbre condescendien- 
te, complaciente, compasiva: mas la munsed mOre 
á las dos anteriores virtudes añade la idea de 
constancia, de fuerza, y de tal liruie^a, que no pue- 
den perturbarla ni conmoverla los impulsos de la 
colera ni ningún género de embate. 

Límites tienen la bondad y la dulzura, mas no 
los conoce la mansedumbre, cuyas sublimes cualida- 
des la constituyen una virtud propiamente cristiana, 
pueiio que se*pueda y convenga usarla en el len- 
guaje común. 

Diremos en fin que lo opuesto á !a benignidad es 
la malignidad, á la bondal la maldad, á U piedad 
la impiedad, á la dulzura la aspereza, á la humant- 
lia I la insensibilidad, ó el egoísmo, y á la manse- 
dumbre la ira. 

BESTIA. II ESTÚPIDO. |l IDIOTA. — Son es- 
tas tre- palatiras términos injuriosos, por los que se 
demuestra la falta de entendimiento. 

Se dice que un hombre es un bestia para signifi- 
car que no tiene inteligencia, penetración ni discer- 
nimiento; queeiiil ota para iudicar que es incapaz 
de combinar las ideas que le excitan sus sentid s; 
y que es estúpido pití manifestar que carece de todo 
sentimiento. 

El hombre betítia nada comprende ; el idtoia na- 
da conciba; ü estúpido nada conmueve. 

BL.4\DU. II TIEltNO. — Llámase blando lo que 
cede fácíliuenle á cualquiera impresión extraña, á 
cualquiera fuerza por débil que sea, y asi es lo 
opuesto á lo duro : la humedad favorece á la blan- 
dura^ asi como la sequedad á la dureza. 

Corresponde, en sentido mas ó tuecos figurado, 
lo blan ¡o á lo suave, á lo delicadOj y se eitien !e á 
todo lo que es recalo y deleite : vive vida biamta y 
regalada, se dice de uu hombre muelle y afeminado: 
decimos que un honibre es bin-do de condición, 
cuando es dócil á los consejos, dulce y afable - n el 
trato ; y ILmamos palabras blandas á las amorosas 
y halagüeñas. Usamos de las expresiones bton-o 
de genio y de condición, hablando de los que f;icíl- 
menle ceden á nuestras insinuaciones./* íin.íO de áni- 
mo al que poco tiene para cualquier cosa; de cora- 
zón al que se rehusa á hacer daño; de manos á aquel 
cuyos golpes poco dañan. 

Siguiendo la mísuia anologia decimos que el 
tiempo es // ando, cuando es templado y no hace ni frío, 
ni calor : y blandura, q ue es la cualidad de lo b an- 
do, cuando comieuzaná ceder los fríos y los hielos. 
Tterno significa lo que es nuevo, acabado de na- 
cer ó hacer, y también lo fresco ó reciente, lo que 
tiene poca coherencia, y de consiguiente que con 
facilidad se separa, curta y rompe. 

Á la niñez corresponde física y aun moralmente, 
la lerttina. Llamamos tiernas á las carnes de aní- 
malos jóvenes y aun á las de los que se acaban de 
matar ; á las frutas frescas y en su perfecta madurez; 
á lar. plantas nuevas y jóvenes; tierno al pan aca- 
bado de salir del horno. 

Es tierno todo lo afuectoso, cariñoso y amable, y 
llamamos tierno de ojos al ^ue coa facilidad llora, 
ya sea por su constitución física, ya por la ternura 
de su corazón. 

BLASFEMIA. || S ACniLEGIO. — Se diferen- 
cia < lasfemia de sacrilegio en que lo primero se 
dice de las palabras, y lo seguna<-. de las acciones. 
Se dirá de uno que haya tomado el nombre de Dios 
en vano, ó que en un arrebato de coler , haya ju- 
rado por su santo nombre, que ha proferido una 
bíasfeviia] pero no que ha cometido uu sacritefl^: 



el sacrilego reniega del Evangelio, roba las cosas 
sagradas, derriba los altares, ó derrama la sangre 
de los sacerdotes, etc. 

BOItUASCA II lOBMEKTA. || HURACÁN. 
¡I Tt.nrESrAD. — Siendo la tempestad el tras- 
torno y desorden que ocasiona el choque de los ele- 
mentos, y comprendiendo en sí las deuias denomi- 
uaciones, miraremos á esta palabra como género y 
á las deiuas c-imo especies. 

La tempestai es, pues, una fuerte agitación del 
aire, ya con lluvia, ^raniro, piedra, truenos, relám- 
pagos y rayos, ya sin alguna de estis cosas; pero 
siempre con im|)etu y violencia, causando estragos 
sobre todo en el mar. 

La tormenta es también agitación violenta del 
aire, acompañada siempre de lluvia, relámpagos, 
truenos, rayos y algunas veces de granizo. 

Borrasca se llama en el mar, á lo que huracán en 
tierra, así como por lo común á la tempestad en 
tierra, tormenta en el mar. 

Puede haber tenipeslal ^\n tormenta^ lo que su- 
cede cuando las nubes no traen ni truenos, ni re- 
lámpagos; pero no hay torminta sin tempestad, por- 
que la tonti'Ufa siempre es una agitación del aire. 
Puede añadirse que hay torm utas tan ligeras, que 
no vienen aaompañadas de agitación tan violenta 
del aire, que merezcan ser llamadas tempestades. 
La borrasca y el huracán no pasan á menudo de 
ráfagas ó ventoleras mas ó mecos fuertes ó violentas; 
pero siempre de corta duración. Todas estas palabras 
admiten ya mas, ya menos, el sentido figurado y 
metafórico. 

Usamos de tormenta y tempestai hablando de 
pasiüues y afectos; decimos las tonnentis >it la vi- 
da; los descontentos excitan tempestades en el Es- 
tado; le dijo mWtemp'. átales, por mil denuestos ó 
injurias. Decimos pasar, padecer, sufrir temp stides 
por oposición ó peligro en cualquier negocio ó caso, 
y taiiiüicü damos el dictado de tempestad á toda in- 
lelicidad. desgracia ó infortunio. 

liorrasc-i se dice hablando de movimientos fuer- 
tes, violentos, impetuosos, arrebatados, pasajeros 
de una persona colérica que desahoga su ira y furor 
con fieros y con terribles amenazas. No se levantó 
mala borrasca, suele decirse. Huracán solo se usa 
en sentido propio. 

BO 11^.11 l'UESA. II SAQUEO. II DESPOJOS, 
— Laralabra/Tíí'/ designa propiamente todo aquello 
que los animales carnívoros cazan y devorau, y por 
eilensiou cuanto se arrebata ó coge con violencia ó 
engaño, quitándoselo al que le pertenecía ó estaba 
en posesión de ello : es pues una rapiña ó robo. 

Pur lo tanto }iresa será el género , y las especies 
las foruiaráu los diferentes modos de ejecutar este 
robo, ó las circunstancias en que se verifica. 

< No has hecho mala prtsa, se dice al que ha lo- 
grado apoderarse de una cosa buena de cualquiera 
naturaleza ó género que sea, 

¡iotin desigua lo que se quita en la guerra en es- 
pecial al enemigo. 

Dase á estas dos palabras un sentido bastante ex- 
tenso; se usa de la de ure-ia hablando de toda> las co- 
sas que habiéndose deseado con vehemencia, bus- 
cado y solicitadocon tesón, caen en poder de los que 
las persiguen para luego repartirlas por lo común, 
gastarlas, destruirlas yá veces voherlasá perder. 
Á los soldados, que esto ejecutan, separánilo^e del 
cuerpo principal del ejército, o de su compañía, &e 
les llama en castellano -/<' la pr-cona y meri'dra.io- 
res, porque fíie'Odear y peco'car es robar á escon- 
didas, por sorpresa y como de asalte. 

En sentido figurado se suele decir hablando de 
los imperios, p'-r ejemplo del Romano, que fué 
pr<sa de los barnaios del Norte, y cuando se trata de 
alguna persona qixe ha muerto sin hijos, también 
decimos que su rica herencia fué pre^a de sus mu- 
chos parientes. 

Esta palabra i>res-a designa siempre avaricia, vo- 
racidad, ardiente deseo de riquezas, destiuccion y 
despilfarro. 

La palabra ¿o/m supone rapacidad y pillaje, y por 
lo común no consiste en cosas que se quieren devo- 
rar y destruir, simí en otras mas úti es, que desea- 
mos tener para aprovecharnos de ellas. 

Un fuerte apetito incita á buscar la presa : lí 
codicia á buscar el botin. El animal carnivoio per- 
sigue su presa para despedazarla y comérsela : el 
cazador anhela por traer una buena presa : el 
merodeador ansia por hai-er un buen botín. 

tüpresa designa una cosa mas fija y determinada; 
botin una mas vagae incierta. Sabe bien el cazador 
la presa que persigue, \ desea hacer; pero el sol- 
dado ignora el bolín que podrá lograr, aun en el 
instante mismo en que lo busca, y lo debe por lo 
común á la victoria, á las circunstancias, á la casua- 
lidad. 



50 



BRE 



BUE 



Se dice ^or analogía que un edificio fué presa de , 
las liamas: porque entonces se compara á estas cou 
aü haiuljrienlo íinimal qne todo lo devora. 

Eli los pueblos antropófagos, el prisionero de 
gu(T/a es preaa del venceiW, pues i|nese lo come; 
en otros pueblos no Un bárbaros lonua parte del 
lotiK, poniiie el vencedor le baoe e:scla\o para ser- 
virse de él, ó le vende para tener esta utilidad. 

El liolin es contrario .i la buena disciplina, A las 
leyes y ordenanzas militares, pnes que par.i ello 
tienen que desniaudari-e los soldados y ocultarse, 
exponiéndose al castigo del preboste. Si á veces se 
disimula ó tolera, será por evitar mayores m;iles; 
pero es desgraciado, por lo común, en sus empresas 
el ejército donde abundan los merodeadores. 

En e^to se ddereucian el botín del ífl/wt), pues no 
soloes tolerado este^ sino autorizado y aun mandado 
por el jele en castigo ó venganza de la resistencia 
y obstinación del puelilo á quien se acomete, y asi 
suelen concederse ciertas horasyaun diasde «tfiyaeo, 
si ya no se lleva todo a saco. 

Los dexpojos, aunque son como una cnnspcnencia 
fatal de la guerra, no deben mirarse como verdadp- 
ros delitos en el soldado, pues que consisten en apo- 
derarse dt! lo que ya no es de nadie, de loque dejó el 
enemigo vencido en el campo de batalla, ó de lo que 
se halla en las ropas y epuipajes de los muertos. 

líítAVATA. ti FAHFAMOM:itIA. - La¿ra- 
vata consiste en acciones y palabras con que se des- 
precia v piovoca al contrario, se le amenaza y aun se 
le desafia: la /ar/^aH/trntírítí solo consiste enpaUbras. 
El que ecba hraiatax es por lo común imprudente 
y alocado; pero puede ser valiente : el farffínUmes 
un embustero, bocón, que se jacta de pendencias 
que no ha tenido y de velentias que no ha hecho ; 
es pues valiente de boca, cobarde y aun collón de 
obras. 

BUliVE. II COUTO. II SIÍCIIVTO.— Llámause 
írí/Cí las cosas que en pocoiierapo seejeciitan, como 
cuando decimos en un breve instante se hizo ia cosa; 
mas advertiremos que la bretedad tiene relación, 
no tanto con la duración material del tiempo en 
que una cosa sucede ó pasa, cuanto con nuestra 
imaginación ó la situación en que nos hallamos, y 
entonces Oreie denota mas el efecto, la intensidad 
de nuestra sensación, que no el tiempo en sí mis- 
mo. Eternas se hacen las noches al pLifci mo ator- 
mentado de agudos dolores, que no mied? dormir; 
eternos son los ai\os al que ama cuando se halla se- 
parado del objeto ai-ado; eternos, al infeliz que 
suli-e el prolongado mai tirio de cruel prisión, y al 
que espera siempre su libertad y nunca la logra; 
por eso dijo un antiguo : 

Vita misero loriga, felici brevis. 
Larga la vida para el miserable, breve para el feliz. 
Lo breve, o lo Lu-go dtd tiempo no debe pues 
contarse por su material duración, sino por las co- 
sas que en él suceden. En /^reve tiempo se perdió la 
batalla de Guadaiete, y largos y largos siglos dura- 
ron sus fatales con^ecuei.cias. 

Aplicada la palabra heve á la prosodia, decimos 
que nay letras y silabas un.is breres y otras larcas, 
y entonces nos referimos mas bien á las silabas 
mismas que al tiempo, pues este será corlo y no 
breve • li silaba /'revé es propiamente la que se 
pronuncia en mas corto tieuqto que la larga. 

Cuando tememos que una perdona sea larga y 
pesada en su diicursn, la decimos que sea hrcve; 
es decir que emplee poco tiempo en el. Táuibiea se 
suele llamar hreie á lo pequeño y diminuto y se 
empica conjo dictado, que lo fué de Pipino, funda- 
dor de la estirpe Carluvingia en Francia, y í,e le 
titula el breie, por lo muy diminuto de su talla. 

Usamos del adjetivo corto cuando nos referimos 
á la duración y extensión principalmente en longi- 
tud. Una cosa es corla cuando es de poca longitud. 
Llamamos corto al tiempo yá lodas las cosas que no 
parecen tener grande eitension en su longitud, 
respecto á otras con las que las comparamos, y asi 
decimos :Ci'r/o tiempo y cor/o camino. Wos valemos 
de la palabra corto nablando de. lo í}ue vale poco, 
de lo que es escaso y de poca duración. En sentido 
metafórico se aplica á los de poco talento é instrnc- 
jion, á los escjbos de palabras para explicarse, á los 
tímidos y apocados; se dice es muy corlo de senio, 
es corto en palabras. Corto corresponde también á 
poco, como corto caudal, cortas fuerzas, cortos me- 
dios, cortos recursos. 

Sucinto solo se refiere, á la expresión, y se aplica 
á aquello que se exp'osa del modo mas conciso y 
laciMiico que es posible, sin omitir por eso nada que 
sea esencial. 

;, l'odrá venir esta palabr;i en su sentido recto 
de la latini succintus, en castellano #ann/o, que 
ii£uitica lo que está recogido ó ceñido por abajo? 



Diremos pues (roe largo es lo opuesto á breve y 
eono : asi como difuso, á sucinto, 
BltlLLAlNTCZ. 11 llESPLANDOIt. (I LÜSTItE. 

— E^tiis tres palabras en su sentido prjpio se relie- 
reo á ios colores, sirven para ind.car los q-ce cea 
mavor ó menor fuerza hieren al sentido de la vista. 

Úsase de la palabra resplandor cuando se trata 
de cuerpos ú objetos de luajor magnitiul, que tie- 
nen coinres avivados; dice mas que/'íi7/aíi/í;-- : esta 
corresponde á cuerdos menores y á colores claros, y 
expresa mas que iuníre : este pertenece á objetos 
nuevos y á cnlores recientes. 

La llama resplandece, el diamante brilla y látela 
nueva tiene su lustre : hablando del diainauíe le 
llamamos lirütinte cuando por estar labrado á face- 
tas despide mayor brillo. 

iie^piandecen mas los colores vivos que los pálidos 
ó apagados : bis colores claros brillan mas que los 
oscuros ó pardos : los colores acabados de dar son 
mas lustrosos que los ya usados y gastados. 

Parece, pues, q\ie resplandor corresponde al fuego, 
brillantez á la luz, y el lustre á las cosas tersas ó 
bruñidas. 

Estas palabras tienen bastantes significaciones en 
sentido figurado, pues deciiuos que hrlüa al que 
sobresale en cualquier género de mérito y en espe- 
cial en talento : alirmaiuosque hrd ó mucho la tiesta, 
que en la función todo se hizo can brílant z, que 
un sugeto brila, en cualquiera parte donde se 
halle, sobre los que con él concurren. 

liesplamlcccn los hombres con su mérito, su opi- 
nión o su gloria ; resp antece la hermosura, la gra- 
cia, el donaire, la liqucza, el lujo, la destreja, la 
habilidad. 

GoQ el talento, con la maña, contfl arte, con la 
pública opinión, se da lustre á una persona, á una 
cosa, á una acción. Da lustre á una tamilia, á un 
pueblo, á una nación el sobresaliente mérito de una 
persona en las armas, en las letras, en la ciencia 
del gobierno. 

illJKíMO. II MALO. — Trataremos aquí de estos 
dos adjetivos solo en su aplicación á la literatura y 
á las artes. 

En este sentido llamaremos bueno ó buenos me- 
dios á todos los que son apropiados y convenientes 
para lograr los fines que en estas cosas nos propo- 
nemos, pues podrán ser buenos ó mul's según 
nuestras inclinaciones, intereses y caprichos. 

La bondad ó la cualidad de lo bueno bajo el res- 

Secto que vamos hablando, vendrá á ser la facultad 
e producir el efecto que se desea, y una causa será 
mas ó menos generalmente bue"a, según que el 
efecto que produce es mas generalmente deseado. 
El mismo viento que es l'Ueno para los que nave- 
gan de Levante á Poniente será ma o para los que 
hacen contrario rumbo ; pero un aire sano y puro 
es b.eno para todos. Habrá pues una bomad abso- 
luta que no tenga relación alguna con nuestros in- 
tereses, nuestras conveniencias y nuestros capri- 
chos, una bonilla en si. 

Cuabjuier ser solo es bueno para sí en cuanto lo 
es en sus relaciones consigo mismo, según lo exige 
su dicha ó bienestar; por manera que si no tiene 
la facultad de conocerlo y de gozar ó sufrir de su 
propia existencia, no sera en si mismo ni bueno, 
ni malo : nada será. Por la misma razón si entre 
las partes de un todo, las unas están dotadas de in- 
teligencia y de sensibilidad, y las otras no : estas 
solo serán b.enas ó 7?iaa^ en sus relaciones con 
aquellas. Muchos h;m dicho, h.ibfaudo de las artes, 
que es biuno en ellas cuanto contribuye al agrado : 
según lo que acabamos de ver, esto será verdadero 
en un sentido lato, en el cual, v. g., todos los man- 
jares tanto los groseros cuanto los delicados serán 
Igualmente buenos, según los diferentes paladares. 

Pero en un sentido mas limitado diremos que 
solo es bueno lo que produce un placer !iu>cente, ó 
el que llamaremos saliitilero, en las personas de 
exquisita y bien dirigida sensibilidad, y digo placer 
salutífero ó inocente, porque físicamente baldando, 
puede ser malo para la salud, lo que es hueno para 
el paladar ; así como en moral lo que es bueno para 
la mente puede ser nialo para el corazón. 

En la naturaleza puede ser mna cosa ina'a en su 
efecto inmediato y excelente en su efecto poste- 
rior ó distante, como sucede con una belóda amarga 
ó con una amputación dolorosa. No sucede lo mismo 
en las artes qu- llamaremos de agrado, pues su 
mas esencial efecto consiste en complacer ó recrear, 
y por este medio se las considera útiles fundán- 
dose todo su poder en el atractivo y gracia que 
tienen. 

El objeto inmedia'-o de las artes es un goce 
agradable, ó por las couiodidades de la vida que 
procuran, ó por las impresiones que hacen en nues- 
tros sentidos, ó por los placeres del alma, y esta es 



BUF 



la especie de bondad que caracteriza á ¡as nobles 
artes. 

B11F0\. II TllUH VN. II BUni.OX. U Jü- 

giii;to\. II UIÍTOZ.C1A. II cllAl^<;Eno. II 

CHISTOSO. II GU AClüSO. || JOCO.SO. ¡J 

TAUAUlllA. II pi:riJl.Ai\TK. — Entre el iia- 
nieuao número ai- palabras que tiene nuestra len- 
gua para dejiígnar las cosas placenteras, í&itivas, 
risueñas y aun risibles, haieiuos njeiiciou de las 
del titulo, que anüÉjue varias de ellas sean bas- 
tante semejantes unas á otras en su signiticado, se 
dilVreiiciaa, sin embargo, en algunas ligeras cir- 
cunstaur.ias. 

El biifO') es por lo comnn nn hombre despreciable 
6 de |ioc.i valer por su conducta y lenguaje, y sus 
l'iifonaila^ no solo consisten en palabras, sino tam- 
bién en obras, ambas ri'gularmente groseras, recar- 
gadas y pesadas. El liiifiin no tiene moderación 
alguna, ni naturalidad ; ni hay verdad, ni aun ve- 
rosindliiuden lo que dice, mucho menos decencia, 
ni decoro, pues su objeto es solo eicitar con sus 
chocarrerias y necedades una risa inmoderada en 
los circunstantes, por lo común tan poco unos y 
delicados como él : pira esto no repara en engallar 
y chasquear i las gentes sencillas con tal que logre 
su objeto. 

El jociisa de las personas unas es el bufón de la 
plebe ; por lo tanto esU palabra viene á ser deni- 
grativa V de desprecio. , . , 

Decir á uno es Vd. un bufón, es casi una liyuna, 
pues pocas ó ningunas veces se toma esta palabra 
en buen sentido. 

Peor lo tiene aun la palabra Iriilian al que po- 
demos mirar no solo como un biifo" exagerado y 
estremadoen sus patrañas, embustes, enredos, cho- 
carrerias; sino como un haragán, vagamundo, en- 
gañador y estafador á veces, trapaliata y capaz de 
las mayores b.ajezas. 

Li palabra burlón se entiende mas bien hablando 
del que chasquea ó engaña, del que á titulo de 
chanza mortifica pesada y neciamente á otro ú otros 
con sus acciones y gestos del que los remeda ó ri- 
diculiza, que del que hace mota ó escarnio solo con 
sus palabras y discursos. 

Para que se puedan tolerar las burlas es menester 
que estas sean linas, delicadas, disimuladas y sobre 
t do ligeras ; pero pocas veces sucede asi, pues re- 
gularmente el bafaa, el truhun y el Imrlim. anima- 
dos con los aplausos que reciben de la gente ma- 
ligna, convierten .su habilidad ó mas bien descaro, 
desvergüenza y arrojo, casi en permanente o'icio, 
muy arriesgado por cierto, pues las tales triihd'ia- 
í/o-, burlas y biifunadas, suelen acabar por volverse 
veras, serias, pesadas y auu trágicas. 

Gústase en general de las h (iminlas y á veces 
agradan las burlns, cuando se dirigen á otros; pero 
se huye del bufón y del burlan como de gentes per- 
judiciales : se les aplaude p' r sus ocurrencias y ori- 
ginalidades; pero nadie se acompaña con ellos, ni 
los ampara y defiende en cualquiera de los malos 
lances, que ellos mismos se acarrean. 

Á muy diferente género pertenece el hombre 
jocoso, designando mas bien este adjetivo un elogio 
que un vituperio. La per.sona jarosa puede ser y lo 
es reguhrment'% fina, delicada, de buena educa- 
ción : sus jocasiilaies, por lo común disfrazadas 
con la máscara del agrado, elogio ó lisonja son bien 
recibidas, todos las aplauden y aun á veces el 
mismo contra quien se dirigen. Cuando el hombre 
JOCOSO guarda templanza y decoro en sus finas chan- 
zas, todos le buscan y complacen, pues que en el 
fondo no se dirige á ofender, sino solo á excitar, 
con sus sales y agudezas, una ligera y placentera 
sonrisa. 

El hombre ;ocflvo es regularmente alegre, rego- 
cijado, gozoso, festivo. Nuestros antiguos llamaron 
iociimlidad á la alegría del alma y á la apacibilidad 
del genio y trato, y jocaiiáa al hombre plácido y 
agradable; y no se me alcanza el porqué á estas y 
otras palabras tan propias y tan conformes S la ín- 
dole de nuestro idioma, se las ha declarado poi 
anticuadas; yo por tales no las tendré nunca 
mientras quede algún rastro del buen lenguaje 
castellano. 

La palihra ;"COso (jocosos) tiene bastante relación 
con las otras latinas facelus y faceüa; y nuestros 
antiguos llamaban facecias, faceio y fuciesoso al 
joia^o. . . 

El gracioso se acerca al jnraso, aunque su signi- 
ficaeio'n no is tan delicada y lina como la de este. 
El /ocaso lo es solo en las palabras, y el aranoso en 
estas y muchas veces en obras ■. al gracioso le po- 
dríamos mirar como nn medio entre el ¡ocu-a y el 
burt m, y aun el bufan y el truhán. Cuaudo el gra- 
cioso hace consistir su mérito en solo el gracfja se 
acerca mas al ¡ocaso; pero cuando procura, como á 



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31 



menudo sucede, eicitar y aumentar la risa coa sus 
palochadas, ó con sus gestos y contorsiones, eu- 
lónces i.e asemeja mas al bufn y al burlón, hasta 
llegarse á coafiuidir con ellos. El gracioso de nues- 
tras comedias pocas veces es jíoooav». la j cusi :ai en 
ell.is se halla por lo coimiu en [leisnuas de otra ca- 
tegoría ; y el (/racioso es soto uu f'ufon y á veces un 
tfu an ridicn'lo v chocarrero. 

El cftinitcro, tien asi como el cfi'Stiw^ se limita 
en sus gracias á solo las palübras; pero se diferen- 
cian estos dos adjetivos en que las c't4iN:as cd.~ 
si>ten en ciertos chiscos, enredos, y en espresiones 
de dos ó mas sentidos para burlarse de las perso- 
nas : cuando se hai;pn fina y liger.nnente , las 
llamaremos chanzoiieía^ , y con e\ceso clinn:as, 
barias pexada^ que los buenos sentimientos del co- 
razón y la hueua educación prohiben se gasten con 
nadie. 

Es menester cierta familiaridad v aun superi-iri- 
dad con las personas para atreverse uno á paitar 
cAflH.a.v con ellas. Es impolilica y aun osadíi el 
chanceaise con los superiores : siendo las < h'in:<is 
finas se permiten y aun aplauden entre iguales : 
es abatir y humillar á nuestros inferiores el mor- 
tificarlos y abochoruarlos con ( hanzas pesadas y ma- 
jaderas. 

Hay sugetos tan serios, tan formales y aun tan 
satisfechos de sí mismos, que de nadie sufren 
citan as, aunque sean las mis finas y ligeras, y á 
estos es menester ó no tratarlos, ó hacerlo con sumo 
miramiento por no herir su genio quisquilloso y 
exponerse á un mal lance. 

El carácter y mérito del chistoso consiste en 
ciertas sales, agudezas, originates ocurrencias, fes- 
tivas alusiones, oportiin;is comparaciouts, imágenes 
natural' s y animadas pinturas : por lo común no se 
dirigen los c''tste^ á persona ó personas det«-rm¡ua- 
das, sino en general a todas, á las cosas, á las ocur- 
rencias y circunstancias del momento. El il^isloso 
merece y logra aplausos, si tiene ingenio y chispa, 
como se dice en estilo común : el chancero pocas 
veces, á menudo sufre desprecios : por lo que esta 
expresión no se acostumbra usar como elogio. 

El hombre petulanle es entrometido, bullicioso, 
alocado, descarado, atrevido y aun desvergonzado, 
y esta palabra jamas se toma en buen sentido, y 
solo recibe alguna modificación menos ofensiva 
cuando se acerca su significado al del que llamamos 
tararira. 

Es este un sugeto de poco seso y formalidad; 
todo en él es atolontiramiento y locura, inquietud, 
bullicio y alboroto. En todo se mt-te, sin que le lla- 
men, ni sea oportuna su venida y aunque se huya 
de él, pues alh cae como llovido : de nada entiehr 
de, en todas las co>as procede sin juicio, ni tiuo. 
Le gustan las reuniones de gentes, y á ellas acude 
como por encanto ; porque su elemento es la bulla, 
la al^azai-a, las estrepitosas carc-ijadas, la grosera 
aleona , las pesadas chanzas , la bulliciosa cha- 
cota. 

El tararira es mas ridiculo y despreciable que 
temible y dañoso; mas necio y coito de alcances 
que maligno : no asi el peldan'e, pues pn este hay 
arrojo y mala iutencion, y á veces infames proce- 
deres. 

Mucha analogía hay entre el juguetear y el reto- 
zar ; pero Li semejanza de las dos palabras no es 
Cíimpleta. 

Hay una edad en que el junuetear es natural, 
propio y gracioso : tal es la niñez. El niño jiiijucton 
es candoroso, vivaraclio, franco; goza salud y ro- 
kttstAz : la sangre le hierre en las veuas^ dícese 



comunmente cuando no puede estar sosegado n» 
quieto eu p;trte alguna; esti contento y gotoso : es 
feliz, porque sus padrea y maestros le conceden la 
libertad y ensanche correspondiente á sus años; ce- 
lebran sus inocentes juegos y aplauden sus gra- 
cias. 

El diminutivo lugueíon illo dice menos que ju- 
guetón : este puede ser y por lo recular es dem.i- 
siado vivo, enredador, tiaviesoe incómodo : aquel 
mas moderado, pacihco y dócil; sus juegos no sou 
ni muy frecuentes, ni largos, por lo comnn lige- 
ros; apenas manitie>ta viveza, mucho menos ato- 
londramiento : ambos prueban inocencia y sen- 
cillez. 

Hablando de jóvenes ó mancebos ya formados, en 
algur.os casos la palabra yíí;/ut'/y«n7V() indica cierta 
aiallcia y picardía. El &er juj/n-iun es una cualidad 
natural tanto eu los niños cnanto en los animales 
jóvenes; en estos lo retozón se confunde con lo ;«- 
yu ¡«tt. 

El juguetear es pues propio de la primera edad ; 
conforme se va pasando esta y se crece en años ya 
se hace cosa impropia, inoportuna, fastidiosa y 
desagradable. 

El hombre formado puede tugar i veces; pero 
poco ó nada >«;/nt7'ar. Un anciano yttf^wíoa sena 
ridículo y casi chocho. 

H€to:vn dice mas que juguetón: el juguetear es 
cosa ligera, é infantil: consiste en brincar, correr, 
saltar por lo común de gozo y alegría. El retazo, 
á todo eoto añade juegos de manos, empujones y á 
veces golpes, llevando en esto casi siempre cierta 
malicia y aun malignidad y á veces segunda iu- 
tencion. 

Las personas jóvenes y de buena educación sue- 
len >'ív«f/e/ir, pero jamas retoza'-, pues esto y sobre 
todo convertido en h.ibito, es propiedad de gente 
baja, grosera, poco mirada y de malos modales. El 
ser retoz'xi es un defecto fastidioso en un hombre, 
é indecoroso en utia mujer. 

BIJERIA. II liAHVriJA. H BAGATELA. 
II >ll iMJÜKXCIA. II FIKSLEItlA. |l l>AT\- 
IIATA. — Lí palabra ¿/íytTírt viene de boj y signi- 
fica juguete de niños, ya sea de metal, ya de Ma- 
dera, ó cualquiera otra cosa de poco valor, para 
entretenerlos. Llámase buieta á una caja de malera, 
que por lo común es de lipj, donde se guardan 
alhajas pequeñas, de mas ó menos valor; pero qud 
no salen de la clase de bagatelas, para lüorno de 
las mujeres y entretenimiento de los muchachos. 

Las hágatelas son igualiiente cosas de poca ó 
ninguna utilidad, que no deben fijar la atención de 
las personas razonables. Una bujería ó l/anitija 
viene á ser solo na juguete de chiquillos; y una 
joya que se usa solo por vauidad, es una ba, alela. 

Pero no siempre designan ambas palabras cosas 
de poco valor, pues hay b'jerias y sohre todo baga- 
t las muy caras. Diriamos que las baiateías son 
las i'Ujer'ias de los niños, que no por tener bastante 
edad dejan de serlo. En nada emplean las bu,e'ia< 
y harattjas los que dejan de ser materialmenre ni- 
ños, pues ya para nada les sirven; mas aunque las 
bagatelas sean tamldeu cosas frivolas y superfinas, 
siempre ocupan, coa mayor ó menor interés, á las 
personas de edad y aun de respeto y sobre tolo á 
las mujeres; mas poco ó nada á las personas verda- 
deramente sensatas. 

Se compran baratijas para entretener á los niños; 
y á veces es preciso adquirir hágatelas para con- 
tentar la vanidad de una mujer, y aun hay hom- 
bres que pasan toda su vida muy ocupados ea 
grandes bagatelas no solo fisícaS| sino morales. 



Se dice, esto no ha costado mas que una banatelit 
porque h.i costado poco, ó lo era para la riiiueza 
del que lo compró. Cuando un hombre se drtiene 
V toma ínteres formal en bagatelas, se usa de la 
írase pararse en pj Hilos, En semíd.i también figu- 
rado, cuando se dicen cosas frivolas de p 'ca ó nin- 
guna iiiilidad. nos valemos de la frase de contar o 
referir baílatelas. 

Las me M'ientias ó miutcosidades significan tam- 
bién cosas de poca entidad, y de las cuales puilicra 
y aun debiera muchas veces prescíndirse, pues que 
poca ó ninguna relación suelen leu'T con aquello 
de que se traía, y por lo tanto forman oposición 
con los negocios ó asuntos de importancia. Los 
buenos autores huyen siempre de entrar ea wícíuí- 
di'ncia'i, dedicándose á las generalidades. 

Pero hay muchos que por faíta de criterio toman 
por cosas importantes las 'lenuiicHcm^i y al revcs, 
trastornándolo todo. Resultan mas iacouveaienles 
en toiiiar una cosa importante por una memuienciay 
que una mC'f/id'H' ia por una cosa importante; pues 
en el primer caso, la obra resulta luuy imperfecta, 
y en el segundo atendiendo tanto á las men lien- 
das, la obra será pesada y fastidiosa, mas no por 
eso pr^-cisameote dañosa. 

Hay casos, negocios y obras en qne es indispen- 
sable entrar hasta en las mas pequeñas nienuiten- 
aas^ pues que en eso consiste su esencia, su mé- 
rito y perfección; tales sou muchas obras didácticas 
y de erudición; y en los negocios cuando los mi- 
ramos con exactitud, esmero y escrupulosidad, ne- 
cesario nos es reconocer las cosas hasta en lo mas 
menudo y leve de ellas. 

Las fms-'e'ia'í son también cosas pequeñas, que 
no producen utilidad alguna, sirviendo muchas 
veces solo á embarazar, eatorpeoer y aun trastornai' 
lo que se dice ó hace; y asi llamaremos fruslerías 
á muchas obras que no contienen mas que peque- 
neces é i.iipertiuencias, ó nos dicen, eu tono ma- 
gistral, cosas que todo el mundo está h,u'to de 
saíier. Aun son mas despreciables é inútiles lasque 
llamamos pataratas, pues son ó excesos en aten- 
ciones y cumplimientos, ó ridiculas y afectadas de- 
mostraciones de ciertos sentimientos y afect-is. 

BULLA. II R» IDO. — La concurrencia de 
mucha gente forma por lo menos uiurmulio; pero 
cuando es excesiva é inquieta, bi.tla, c-iusando con- 
fuso ruido, oscura vocería, hablando y grítmdo 
todos á un tiempo sin casi poderse entender, «lue 
es lo que se llama meter bulla ó meter á bulla, y 
buílaie á esta desord> nada reunión, que es lo que 
ahora ha dado eu explicarse con la nueva voz de 
Imttang't, cuando se dirige al fin de causar alborotos 
y trastornos. 

Se ve, pues, que para formar hulla es necesaria 
la reunión de mucha trente inquieta y animada. No 
es asi el rutilo, el cual lo puede causar una persona 
ó cosa sola. El rtti>io es el efecto que prouuce en 
el sentido del oído, la repentina expansión del aire, 
que ha estado fuertemente comprimid , ó choca 
con uu cuerpo duro ó se le impele con suma vehe- 
mencia : de este modo hace mucho ruido una cam- 
pana, un cañonazo, una súbita detonación. 

En sentido figurado se llama ruido á cualquiera 
disputa, discordia, alboroto, tumulto, y se dice de 
uuo ó nuiclios hombres, que quieren ó buscan 
ruidos cuando se manifiestan propensos á las dis- 
putas V alborotos. 

Tauíbien se llama ruido á cualquier rumor ó ao- 
vedad cél' bre, como cuando se díce corre un ruido 
sordo de este ó del otro suceso ; ruge un ruido, ad- 
verso yor lo común, pocas veces favorable. 



CABALA. II TRAMA. || MAQUINACIOX. || 

CO\SPIRAOIOX. II COAJUIlACIOiV. — No nos 

debemos proponer aquí tratar de. la caf-ala, como 
cosa perteneciente á las nialerías filosóficas y reli- 
giosas, sino solo á las gramaticales. 

Según las primeras ideas la palabra ca''aí(/ digni- 
fica dipiella tiadicion oral, cuyo origen creían hallar 
ios judíos en el monte ^íuai. donde fué comuni- 
ca la á Moisés ai mismo tiempo une la ley escrita, 
y que muerto él pasó á los profetas, á los sabios 
yá ios elegíd'js del Señor, los que la comunicaron 



unos á otros por una especie de sustitución. Es 
pues esta la doctrina mística y la fi'osofia oca la de 
IOS judíos ea las materias metafísicas. So re ellase 
han dicho y escrito gran numero de errores, ex- 
travagancias y absurdos jue h.icen perjudicial, ridí- 
culo y despreciable, como ya io es sn el día, todo 
el sistema cabalístico. 

Gramaticalmente hablando la caha'aes el enredo 
ó majaña de un partido ó facción qne se propone 
por objeto el trabajar secretamente, para que se di- 
rijan los sucesos según los intereses del partido. 



Parece que la raíz de este nombre sea cap ó eab, 
qae indica lo que renue, coutiene, encierra ócnbi-e; 
siendo la idea natural y dominante de ca'a a la di 
tomar y amont<ioar, y la de reunir los .iuímos para 
formar un partido procediendo con secreto y aaiu- 
cia en ello. 

Tiene por objeto la caha'a apoderarse del favor, 
del crédito, del ascendiente, de la dominación, de 
disponer de las gracias, de los empleos, de los car- 

fos, de las recompensas, de las opiniones, del éxito 
e los negocios, para abatir ó ensalzar á los que ^ 



32 



CAB 



ella convienen. Trabaja en el palacio para qu:tar y 
poner ministros, generales, ejubajadores y cuantos 
ocupan los primeros pnestos del Estaúo. Eu la re- 
piüjlica de las letras dirige sus artiücios á.'isr 
luéilto al autor, que no lo tiene en si, ó á quitár- 
selo al que le conesponde : en las corporaciones 
lucha contra la razón y la justicia : en Un, en todas 
las cosas tjuiere disponer y mandar según su inte- 
rés o capricho. 

En todas paj-tes se halla ; en todo se mete ; con- 
tra todo lucha ; todo lo perturba, los estados, los 
gobiernos, las corporaciones, las familias, y tanto 
combate á los grandes como á los pequcfios. Tiiun- 
faute en la corte por haber causado la caída de un 
ministro, no se desdeña de enredar en una casa 
particular para que se despida á un lacayo. Los me- 
dios de que la cabalu se vale por lo común, son el 
artiflcio, la mentira y la calumnia ; su fuerza con- 
sista en ' las muchas personas que la componen, la 
amparan y sostienen y en el secreto de sus opera- 
cioii»s. Cuando es corto el núineio de las personas 
que la forman, se la sofoca por medio de la opinión 
o del interés contrario : si se la llega í descubrir, 
se la debilita y destruye. 

Se tocan y sufren los efectos de la cahala, sin 
que por eso se lleguen á conocer y á veces ni aun 
a sospechar los ocultos resortes ó manejos que la 
mueven ; porque si es pública en cuanto á sus re- 
sollados, 15 también tan secreta, que se hace muy 
difícil el acertar con el foco 6 centro de sus opera- 
ciones. 

Mucha relación tiene con la cai'ala, la Irania. 
Llámase asi en su natural significado á la hebra que 
pasa de un lado á ulro de la urdimbre, para formar 
cualquier tejido, y por traslación á todo aquello 
que con ardid se dispone y concierta en daño de 
lina tercera persona; y sin duda se la da este nombre 
por la analogía que se entiende hallar entre el hilo, 
que con sus dilerentes enlaces, forma la tela y el 
que llauíainosde los enredos en la tela de la maldad. 
Semejase mucho la (rama á la cal/ala ; pero regu- 
larmente se entiende aquella, cuando se la diferen- 
cia de esta, por cualquier concierto formado para 
pequeños enredos y cosas de poco interés. 

Sin embaigo. es tal la extensión que muchas veces 
se da á esta palabra, que la podremos mirar como 
el género, asi como á las otras como especies. Todo 
es tramar, en grande ó en pequeño ; en todo entra 
la trama, nada se hace sin ella, es el elemento 
principal ; se trama la cabala, la conspiración, la 
conjuración. 

La maquinación parece venir, como el nombre lo 
indica, de máquina, que en su sentido recto signi- 
fica cualquier artiflcio para facilitar el movimiento, 
la acción de un cue. po sobre otro : todo lo que no 
se hace por medios naturales y tiene que emplearse 
el arte, es máquina. 

Asi pues en sentido figurado se entiende por 
rfía'}uin<icion á toda traza ó proyecto de pura imagi- 
nación, y adelantando aun mas, á toda secreta y 
artificiosa asechanza, que regularmente se dirige á 
nn mal fin, cual es el de abatir, destruir al contra- 
rio con golpes eficaces y repentinos. 

Domina en la nia'juinacion la idea de una empresa 
complicada, oculia, tramada con el mayor silencio 
y disimulo contra una ó muchas personas. 

Exige la calíala, para ser tal. que omcurran á 
ella tantas personas que constituyan nn partido ó 
facción, pues cuanto mas numerosa es, mas fuerte 
se liací'. Basta para que haya maiuinacion con una 
sola persona : hay por lo coinun dos ó tres; mas no 
pnede admitir muchas, pues cuauto mas comunica 
el plan, mas se daña á si misma. Siempre son cul- 
pables las miras de la maquinación, pues su inten- 
ción es dañar. 

Un hombre solo maquina, seguro del secreto, con- 
tra uno ó muchos. Los malhechores ó bandoleros 
maijiiman ó forman sus má<iumas y artiücios para 
asesinar á los caminantes y robarlos : los delatores, 
para jcusar á un hombre honrado, y obtener por 
este medio gracias de un gobierno crédulo y rece- 
io^o : los traidores, para facilitar la entrada de una 
ciudad al enemigo, a fin de que este les recompense 
su concertada traición : los ambiciosos, calumnian 
y desacreditan á un ministro, para ocupar su puesto. 
Astarbe envenena á Pigmalion para coronar á su 
amante : basta con que se reúnan dos malvados para 
que no podamos considerar á cubierto de una ma- 
qunaciott á ninguna persona, derecbri,ni autoridad. 
La conspiración es el acto de unirse secretamente 
personas que piensan de nn mismo modo, y tienen 
los mismos intereses, para derribar por medios 
fuertes y atrevidos al soberano, á los grandes em- 
pleados y á veces para destruir la constitiicinn mis- 
ma del Estado, trastornarlo todo y apoderarse ellas 
de 1» dirección y manejo de los negocios públicos. 



CAB 

La conspiración supone grandes miras, muchos me- 
dios, sumo valor y añojo; lo contrario seria uoa ri- 
dicula trama. 

Tiene p-ies la conspiración por objeto producir nn 
trastorno mas liien malo que bueno en sus resulta- 
dos, mas en los negocios públicos que en los parti- 
culares, mas en las perdonas. i[ue en las cisas, mas 
en el eatado actual de la cansa pública, que en ella 
misma ó en su constitución. No siempre se toma 
en mal sentido, como la 7na'¡iíinacton. Los republi- 
canos de Roma ensalzaban la < onspiracion de Bruto 
contra César á favor de la libertad de su patria, 
porque sus antiguas leyes autorizaban semejante 
acciou. En este sentido la cons¡ñraciun solo es un 
convenio ó á lo mas una intlnencia de diferentes 
causas, que conspiran al bien ó mal de las personas, 
á la gloria ó ruina del Estado. 

Á veces la conspiración se dirige contra algunas 
personas particulares, y es lo que esencialmente la 
aiblingue de la conjuración : por lo tanto se halda 
comumerite délas eünspiracmnes en favor ó encen- 
tra de un autor, de un actor, ó de cualquiera otro 
sugeto; aunque mas propio seria valerse de la pa- 
labra maquinación. Regularmente la conspiración 
se dirige contra las personas ó con el fin de trastor- 
nar el estado actual de cosas. Alberoni formó una 
conspiración contra el regente de Francia para que 
la autoridad qne ejercía pasase á otras manos. Los 
cortesanos, los principes, la reina, el misuio rey 
formaron muchas contra Richelieu para sacudir ei 
yugo que les imponía su duro y absolut > mando. 
Regularmente se conspira para mudar la perdona 
que reina, las que ejercen mando, las que gobier- 
nan, las que tienen intlujo en Ioí negocios públicos, 
anteponiéndose á lo que, sin la conspiración, baria 
luego el tiempo. 

fuera de esto toda trama de esta naturaleza mas 
es conjuración que consjiracon, asicouio sí no in- 
terviniese fuerte liga y groseros é infames crímenes 
solo seria una ma ,uinacioii. Sin embargo hay á ve- 
ces conspiraciones que se dirigen al mismo fin qne 
las cojnracfonest como se vio en la que los gran- 
des de Castilla formaron contra Enrique IV llamado 
el ¡fíipoten'e por ios mal contentos al principio, y 
luego por la historia, y contra su hija la iiellraneja; 
pero entonces se forma de otro modo, con otros 
medios y con notables diferencias, ya en cuanto á las 
personas, ya en cuanto á la empresa misma. 

Dicese también por analogía conspirar cuando se 
habla de cosas, palabras ó escritos que concurren á 
sostener, probar y demostrar cualquiera proposi- 
ción. El fin entonces es indiferente ó bueno; esta 
palabra corresponde á la latina conC'rrerc. 

Muy sagrado y respetable era entre los antiguos 
romanos el juramento, pues el que se hallaba com- 
prometido por él, se consideraba sujeto á los vín- 
culos mas indisolubles : lo es también entre los 
cristianos, y aun fuera de toda religión se ba mirado 
siempre en la sociedad el juramento como la mayor 
luerza lue se puede añadir á la simple palabra ó 
promesa del hombre. 

La conjuración viene pues del conjuro latino, con- 
jtiraíio, juro con, es decir con otros ó en manos de 
otros, ó en la asociación de otroSj á la que me agre- 
go, y á cuyas leyes, penas y castigos me sujeto. A 
este acto llamaban nuestros antiguos ro'jiírawíe/í/ar, 
conjuramentarse y conjura á la conj ración misma. 
La trama y la ma-/ inacion se forman entre dos ó 
Docas personas. La cabala exige una reunión de 
bastante importancia, de manera que pueda firmar 
partido. Por la naturaleza misma de su empresa 
exige la conspiración una li^ra de muchas gentes, 
hu\endo siempre de la tumultuosa reunión de la 
cabala, que la debilitaría y destruiria. 

Contenida al principio la conjuración, como mera 
conspiración, en un corto númem de conjurados, 
tiene que valerse luego y comunicar su secrelo á 
muchos, que necesita para su grande y peligrosa 
empresa ; y temerosa por lo tanto de ser descubierta, 
no puede menos de valerse de los medios que con- 
sidera mas seguros, fuertes y terribles para que 
ningún conjurado falte al secreto. Se nace peli- 
grosa al Estado la conjuración por el gran número 
lie personas que entran en ella ; pero por lo mismo 
tiene que temer mas para si misma, resultando de 
esto que se llegan á descubrir la mayor parle de las 
conjuraciones. 

Tiene i>ues por objeto la conjurac'um el mudar 
enteramente las leyes fundamentiles de un Estado, 
ó el Estado mismo, ya derribando la persona del so- 
berano, \a destruyendo los invioLibles derechos de 
la autoridad, va Tas antiguas y naturales formas de 
gobierne. Catilina se propuso en su C0"jiiracti>n es- 
clavizar á su patria, y si no lo lograba, 'destruirla y 
aniquilar hasta el último de los romanos : la con- 
juración de Bedmar preparó la ruina de la república 



CAB 

de Venecia : valiéndose de una conjuración quis*» 
Rienzi restablecer el tribunado y la antigua libertad 
de Roma, derribando el gobierno que entonces la 
regia. En las verdadrras co jur aciones halbi yo 
siempre casi los mismos caracteres y relaciones muy 
semejantes entre sí. 

Los ánimos inquietos, turbulentos, enredadoies, 
ambicio-os, celosos y orgullosos, forman cabalas. 
La maldad, la malignidad, la infauíia piensan siem- 
pre en 7/iaquinacioiies. Los perversos, mal intencio- 
nados, descontentos, malhechores y los subditos 
rebeldes forman conspiraciones. Los desórdenes pú- 
blicos, el desmedido amor á la dominación ó a la 
independencia, el fanatismo de la libertad y otros, 
el temor á las leyes ó á su abuso, todo lo que puede 
causar alborotos, inclinan á las (O'juraciones. 

La cabala camina por sendas toituosas y por em- 
boscadas : la maqu'naciim por tenebrosas y encu- 
biertas ; la I onj/'íVüC'On por profundas y horrorosas : 
la conjuración por desconocidas y execrables. 

Hay que valerse en la cabala de artiücios; en la 
maquinación de arrojo; en la con^pii acion de pru- 
dencia; en \^ conjuí ación de mucha cabeza y cora- 
zón. 

La cabala suponeun enredo bien urdido : la muquí- 
nación un golpe de mano oportuno . la conspiración 
un éxito bien preparado : lacnjiira. ¡o» una grande 
empresa, á la qne es menester dirigirse venciendo 
grandes obstáculos. 

La historia del Bajo Imperio no fué por mucho 
tiempo mas que una maraña de cabulas, maquina- 
ciones y iOnspiracione^ : 'abalas, que conmovían 
un trono débil, para derribar a! César que lo ocu- 
paba : m<ii[ui'iaC'0nes, que ponían á sus coronadas 
victimas en el inminente riesgo de ser envenenadas 
ó asesinadas: con piraciones, á las que precedían ó 
seguían otras, que servían de castigo ó venganza 
de las anteriores. No se veían entonces verdaderas 
cmj'iraciones, porque el imperio no dependía del 
emperador, mas este si de la cabala ; porque la ley 
carecía de fuerza ó esta de ley ; por(|ue bastaba para 
formar una revolncínn con hia<iuinar en tales tér- 
minos que la con piraaon venia á producir un des- 
tronamiento ó una elección que se miraba como 
legitima. 

Semejase, aunque de lejos, la calíala á la conjU' 
ración ; mas de cerca la maquinación á la conspi- 
rad n. La coi'Sp'rai ion y la maquinación son, por 
decirlo asi, un trueno repentino; en lo imprevisto y 
secreto consiste su fuerza : la cabala y la conjura- 
ción tienen una seguida, y al fin no necesitan de 
secreto alguno. 

De la ca'iala se pasa á la maquinación^ de esta á 
]a conspiración ; de la conspiíacfnn ala cnfijiracion, 
y de la cnujifncion á una general revolución. 

Sí tenéis consideración con la cabala concedién- 
dola algo de lo que pretende, todos los asuntos so 
dirigirán por ella ; si no contenéis desde el princi- 
pio las maquinnc/ones seréis su promovedor, su 
cómplice y en fin su victiu.a : si las compiracionci 
os hacen temer, contemplar, ceder, seréis su vil es- 
clavo. Si perdonnáis las cO'iju- aciones por bondad 
ó prudencia, hacedlo de modo que los conjúralos 
conozcan que tenéis suficiente ánimo y fuerzas para 
castigarlos ; haced como Luis XII, que teniendo 
levantada su vengadora espada sobre los genoveses, 
ciertos y temerosos del castigo, los í)erdonó, porque 
los vio arrepentidos, sumisos v atatidos á sus piés, 
CABO. II PLWT A. II EXTÚLMIDAD. || FIÍM.— 
Significan estas palabras en general la última par- 
te de las que componen un todo ó cuerpo; pero 
tienen algunas diferencias en su uso y aplicación, 
A cualquiera de los extremos de un cuerpo lla- 
mamos cabo, y en esta palabra no atendemos mas 
qne á su posición con respecto á las demás partes, 
pues después del cabo nada hay. 

La diferencia mas esencial que hallaremos entre 
cabo y punta, es que en el caho nada se atiende á 
la figura y si solo al lugar que ocupa : no asi en la 
pííi/ía,pues esta debe ser la parte mas delgada, 
aguda y sutil en que remata el cuerpo. Decimos, 
pues, la punía de la a'-'uja, del cuchillo, de la es- 
pada, etc. : el caho de la vela, de la cuerda, de la 
lela. Cuando en algún cuerpo como el cuchillo, 
oponemos ¡a' o á punta, esta es la parte aguda en 
que termina la hoja : y el cabo corresponde á man- 
go, que forma el otro extremo. Cuando caho y punto 
se refieren solo al lugar, se suele usar el uno por el 
otro, aunque no sieinpre. Decimos, no la punta, sino 
el cabo de la calle, del camino, del paseo, de la ala- 
meda, etc.; p' ro será indiferente decir, se sentó á 
la p ¡n a ó al ca/'O de la mesa, para denotar que s« 
situó en la parte inferior ó última de ella. Deci 
ir al ca'o del mundo, estoy al labo de la jora 
y entonces esta palabra es sinónima de fin 
punta. 



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CAL 



33 



La extremidad es la parte de cualquier cuerpo, 
úliima y mas distante dt;I centro, y en la cual el 
cuerpo termina ó coocluye : como l;i erlreuiKlaii de 
nn remo, de una provincia, de un pu^'b[o. Decimos 
de extremo á exlremo, de un er>remoÁ otro. 

El /í« "Supone acción, seguida, orden, consuma- 
ción, remate de una cosa, pues se mira como última 
parte de un todo. Ó de nn hecho. Decimos dar ¡in á 
alguna cosa, por concluirla; dar fin de ella por des- 
truirla : ¡in de una obra : fm de la vida, al morirse : 
pnal lo que remata, cierra ó perfecciona cualquier 
cosa. 

Un fnho corresponde á oiiocaho como una;3"n/a 
á otra punta: el ej. tremo al centro, el fin al piia- 
cipio. 

Se recorre una cosa, se anda un camino de uno a 
otro cab» -. se penetra desde la extremidad al cen- 
tro : y se trab;<j:i desde el principio ai A/i de la obra. 
Todas estjs eipreMones se diferencian también 
en sentido lig-uado: t-e dice d.ir cabo por concluir 
ó lograr una cosa, por aclararla, ^or hablar luedios 
de lograrla, por perleccionarla. be toma también 
por cabeza ó Irenle de ciiali|nier cuerpo, de cual- 
quiera reunión, sobre todo pequeña : íflío de en- 
cuadra, de üla, de K-nda, etc. 

Hacer p-uta sipniticaser el primero que se separa 
de la reuniou, que ^e rebela contra ella, ya sea con 
sus acciones o cuu sus palabras. Se dice tener mal 
fin al que lo tiene desgraciado : va con mal^H, por 
intención. 

CACOOLiniIO. 11 VALETUDINAUIO. || 
ACHACOSO. II EiXFlJtMIZO. — La palabra i a- 
cí)9/í»Híaesgnega,y .^e foriua decflpií inaloy de'/'t/- 
níOijngo. humor; y así taíOiuma será ii plenitud o 
repleción y corrupción de los humores del cuerpo 
humano. Corresponde á esta ualabra la de ca>iitejia, 
anibas usadas por los AA. latinos y qu(^ vienen á 
signiticar lo nnsmo; úsase poco enca-.tellano y por 
lo regular solo en lenguaje médico. El caco'juiínio 
es trisie, melancólico, descontento y de tan mal hu- 
mor moral como físico. 

La palabra vatetudinario viene de la latina vate- 
(iido : no es tan triste el e.>tado del hombre nileín- 
dinario como el del ru O'/h/íííío, pues que solo cor- 
responde su signitícacion á la de una salud delicada, 
propensa ó próxima al estado de enfermedad, ea el 
que con demasiada frecuencia cae. 

Por esta parte se acerca su significado al del 
homlire achuii'so, que es a(|uel que tiene en su 
constitución física un principio particular y activo 
de cual.|uiera enfermedad, que llamaremos crónica, 
y la cual le repite á menudo. 

El enfermizo es aquel «lue sufre habitualmente 
una ó ii.uchas enfermedades, no tan graves que le 
causeo la mneile de [rento; pero si que le hagan 
sufrir, mas bien aue pasar, iiiia vida amarga y do- 
lorosa, sosteniéndola apénjs coa contimiai medi- 
cinas y un régimen riguroso. Á esta clase y á la 
anterinr pndreinus agregar al que comunmente lla- 
mamos enclenque, pues que también carece de com- 
pleta salud y %ive siempre ni eimizo. 

Todos estos males que afligen al hombre, ^neden 
provruir ó de sn natural y primitiva orpnizacion 
O del género de vida que haya llevado, o como co- 
munmeuie sucede, de los vicios y desórdenes de su 
mocedad. 

El cacqnimio y el enfermizo pertenecen mas á 
la primera clase, esto es á los que naturalmente 
son mil compleiiiinados. 

Diremos, pues, que la salud del rali t" diñarlo es 
vacilante y poco segura : que el achac so ebtl muy 
expuesto a la enfermedad : que los órganos del e»- 
feniñzo padecen cierto desaireglo que le atormenta 
con cpntinnas dulencia^, y que el cacoquimio está 
lleno de malos liumores. 

Por la Constitución natural de su sexo, las mu- 
jeres son ñas la elud narn.s que los hombres : las 
personas de mala salud sun por precisión en erm.- 
zas : lo son tan. bien los ancian is por la oatnral 
decadencia de sus órganos ; hay muchos niAos caro- 
qu'mios por el vicio ó mala constitución de sus 
padies. ó por su lactancia y el alimento de sus 
primeros aí^Oi. 

CAI)L\>liKZ. II DECRF.PITUD. — Estas dos 
palal ras son latinas : la primera tiene su raiz en el 
verbo cado c er, decaer, estar en decadencia, en 
ruina : la se'.:unda, en el verbo cr.'/'O, rechinar, 
romper, tropezar, dar- su último resplandor ó sus- 
piro. 

La lalucidad maniBesta decadencia Ó próiima 
ruina : la tecr.p/lud, de&trncciou, últimos efectos 
de una b'uta é insensible disolución. 

La ileoepili-d se dice, ¡¡ropiamense hablando, del 
hombre y uo de los d^mas seres animados : la ca- 
duquez Q caducidad se dice algunas reces, en sen- 

sm. 



tido metafórico, de todo aquello que ptr lo viejo y 
gastado se ácana ó amenaza ruina, como un edifi- 
cio, etc. : y también hablando de bienes, por pere- 
c deros y tran->itorios y de los derechos y leyes, que 
decimos comunmeme que han cad c^do. 

Tómase la cd cidad por cosa frgil, endeble, 
que solo la queda un corto tiempo, que camina á 
su fin. Decimos salud calucu, esto es endetile, 
¡aci'd'ile ; pero no dcctriita, porque la ilecrei'itd 
es una terrible enfermedad, que se descubre en 
todas las acciones y h.ibiios del cuerpo dccr.pito. 

Con acierto se vale el uso coman de estos térmi- 
nos para distinguir dos edades ó dos periodos en 
la vejez. Hay una vpji'z que vulgarmente llauíamos 
avellanada, otra caduca, otra dccr pita. La caduci- 
dad es uut vejez prematura y achacosa, que con- 
duce á la decrepitud, y e.^ta una veiez ya en su 
extremo y por decirlo asi agonizante, que conduce 
á la mmTte. 

Los fisiologistas diferencian los dos estados con 
los caiactéres siguientes : En el anciano caduco se 
encorva el cuerpo, se desordena el estomago : la 
extenuación hace mas hondas las arrugas de la 
piel : se vuelve cascarrona la voz ; de mas en mas 
se acorta la vista ; se entorpecen todos los sentidos : 
se pierde la memoria . todas l.is funciones del 
cuerpo se ejercen lenta y penosamente. 

Aun mas decae lodo en el iiec éjito : el cuerpo 
no piíede sosteneríC : falta enteramente el apetito 
y también la memoria : la lengua tartamudea, y 
apenas puede pronunciar : está gastado el juego de 
los óiganos corporales : se pierde hastt el uso de 
los sentidos: es excesivamente lenta la circulación 
de la sangre y la respiración : se enüaquece en 
extremo el cuerpo : todo se disuelve : diremos 
[jues tiwe el anci.mo caduco acaba de vivir, asi como 
el d-t/épiío de morir. 

Es común opinión que los ancianos aman mas la 
vida que los jóvenes; será asi, porque ya tienen 
poca tuerza en sus facultades fi icas y uiOrales para 
mirar coa valor este último trance y separarse de 
una vida, á la que, por lo larga, e^tahan mas a()e- 
gados y que cnian como eterna; porque en los con- 
tratiempos, desgracias j enfermedades hablan tenido 
la dicha de polerla conservar. Pero algunos cr- en 
que prescindiendo de ciertas considei aciones mo- 
rales, mas es á la salud que á ía vida á la que están 
apegados los viejos. 

Esto no nos parece bastante exacto, pues por lo 
que llevamos dicho y en lo que todos convienen, 
no es una verdadera salud la que se disfruta en la 
vejez : por sana que la queramos considerar, siem- 
pre es mas ó menos achacosa é incierta : ademas 
Lay algunos ancianos ó de basiante edad, que por 
su constitución lisica eran enfermizos, y bolo á 
fuerza de un riguro-o ré„'imen han podulo \ivir 
mucho; pero ¿pu>'de llamaise esto verdadera y ro- 
busta salud, cuando en \erdad no la han gozado 
nunca? 

Siguiendo la doctrina de estos AA. diremos que 
el anciano < aduco á spuiejanza de un enfermo, solo 
piensa en la salud, que lodos los dias va perdiendo, 
y sin esperanza. Pero en rigor, ¿cuándo la pierde 
el hombre? n¡ aunen la misma agonía, si conserva 
el uso de la memoria. El anciano denépiío si aun 
siente, sulo siente el dolor y ¿se acostumbra el 
hombre al dolor? Si, diremos, si este dolor es dé- 
bil, como por nreoisioa tiene que serlo ea la edad 
de que vanos uabliudo. 

Un e.ieniplo presentan los que sostienen esta opi- 
nión, que argiije en contra de ella misma. 

El famoso veneciano Goruaro, dicen, nació con 
complexión muy endeb'e, y á la edad de cuarenta 
años ya estaba (üí/jíc-i ; sin embargo, sujetándose 
al frugal régimen de doce onzas de alimento sólido, 
y de cuatro de bebida no solo logró hallarse exento 
de la decrepitud, ^ino también contener {^cuduqnrz 
en tales términos, que logró vivir mas de cíen 
años. 

Este y otros ejemplos pueden alentar a toda esta 
multilua de enfeimos y enfermizos, de dec'rpito\ y 
de cadu'Os de que hemos hablado, para creer que 
llegarán á ser casi eternos, pues que el almannnca 
envejece, asi como las ilusiones de nuestra imagi- 
nación num-:a se [¡ierden. 

CALA>1M»\D. II nRSGRACIA. || DKSDT- 
Cll \. II lAFOIirilMO. II AZOTIÍ || PLAGA. 
— Entre las muchas penalidades y miserias que 
sufre el hombre, deberemos contar, como princi- 
pabs, las que se comprenden bajo de estos títulos. 
La infelicidad ó desjiatia denota un suceso des- 
agr:idahle, dañoso y perjudicial. Si esta desgr cia 
es grande y se extiende á infinito número de per- 
scn.ts y á países dlalados, se la llama ca am dad, 
que es propiamente un iní.irlin'o público y gene- 
ral, tal como la guerra, la peste, las malas cose- 



chas, las erupiones de los volcanes, los terremotos 
y otras muchas desdi' ha- que aíligen á las naciones 
y á veces casi al mundo entero. 

En plural se puede usar de esta palabra haldandc 
de una persona sola ó de pocas, pues se dice ese 
sngeto sufre ii.nchas lalamnl^nies -. y no solo pode^ 
mos usar del adjp.-tivo lalamiloso hablando de los 
tiempos, tanto en sentido material, como moral; 
sino de las personas, y asi decimos ese sngeto tiene 
una suerte claní tosa ó vive caia/niiisamente. 

El in'iOrtunio viene á ser una se^uiíia ó cadena 
de desgracias, que no provienen del hombre, pues 
que no ha dado motivo á ellas por su conducta ó 
falta de prudencia ; no por esto, sino por su mala 
suerte cae en el nifiTiimi». 

Inseparables son de la triste condición humana 
las desgracias : destruyen y aun aniquilan á un 
pais las til inidadiSj y cmam d des son para un 
negociante v. g, los naufragios ó las quiebras, 
cuando enteramente le anuinan, sia dejarle medio 
alguno de poderse reponer. 

Las ioami alis causan grandes desgracias. h.s 
desgra xas continuadas ríe diclias é in',oriuhios. 

Llámanse tairdñen á veces desdichas é in¡ort¡inios 
i los casos desg miados : pero entonces tienen la 
significación de sucesos, que forman parte de las 
disgrac-a f que producen estos uiales. Nueva des- 
gracia supone otras anteriores ; pero que no han 
llegado á producir /"/"or/HZ/ií» : nn nuevo in(orh<nii) 
supone nueva desgracia, que contribuye á comple- 
tar la ruina de la persona. 

La ciilamid id solo es un mal positivo cuando se 
refiere á la masa dol pmblo ó de las naciones : á 
todos amenaza; pe. o no á lodos hiere. La ties rac'a 
es el mal presente, el infortunio el que se siente. 

La / alamidal es la cosa en si misu.a, la de^^g acta 
el golpe con que se nos hiere, y el in;oríuüÍo el 
electo que produce en nosotros. 

Como desyru ia é ¿fortuno son causa y ef cút. 
témanse á veces, por sinécdoiue, el uno por el 
oír >, y asi viene á ser igual decir le oprime fa des- 
gracia ó el hiJ'-HuniiK ha sufrido una nueva des- 
grana ó un nuevo inforlun'-. 

Comparando las dos voces desgracia y desdicha 
diremos que aquella viene á denotar el mal en si, 
y esta ademas su efecto el lio nlre llega á .>er des- 
dichado á fuerza de sufrir dsi/racias. Estas pueden 
ser graves ó leves, duraderas, ó como es lo co¡uun 
pasajeras; las desdtclias son graves, fuertes, dura- 
deras, á veces permanentes. Se tiene la de, gracia 
de perder en un negocio, de llegar tarde para lograr 
un empleo; se dice sucedió una dcsgr-cia, no una 
deUicha. Tuvieron los hijos la d s,iacia de perder 
á sus i)adres , con lo que cayeron en la desdicha de 
la que no se levantarán. 

Lo que llimamos regularmente nzote no es mas 
que la cal imidüd, con solo la diferencia de que las 
ca atnií'.a es son las desgracias c,insideiadas en si 
mismas, y el itZ'>te considerado como efecto de la 
Providencia ó del castigo del cielo. 

ha pía. a es muy semejante á la ca'amilal, como 
esta con>^iste en un grave daño que atormenta á na 
pais ó nación entera, como suceuió, por castigo del 
cielo, en las ii/iu/ns de Egipto; pero como la pila- 
bra phni" contiene en si la idea ademas de copia ó 
abundancia de cosas nocivas, se dilereni^ia en esto 
de la calami ad, y asi diremos / Inga de animales, 
de insectos, como langostas i|ue devastan y asuelan 
todo un pais, y en este sentido es en el que mas 
comunmente se entiende, dando ademas la id^ a de 
cosa sucia, asquerosa, corrompida. Se dice ¡H ga de 
moscas, de pulgas, de chinclies. de ijiojos, de lla- 
gas y de todo género de males, y á ninginade 
estas cosas se puede aplicar la calami ad, que es 
mas bien un resultado de esias p'mins, y asi no po- 
demos decir ffl/ííwi/flí/ de chinches, et'. Ld, plaga 
seiá pues la causa y la calamidad el efecto. 

Advertiremos por último que los radicales de 
desgraci't, desdicha é infortunio significan cosa feliz, 
así como iiij< tiz con las preposiciones privativas 
des é in pues 'a' es su oficio, 

CAIXI I.AIt. II COMPUTAn. || CONTAR. 

, — El cálculo es propiamente el medio de que nos 

j valemos para proceder á un resultado : el cómV'lo 

ó suputación, la aplicación de este medio á las 

! cosas, cuyos resultados se buscan. 

i La ciiena ó numcia ion, el estado de las cosas 

que tenemos que computar ó el resultado mismo 

del cálculo, 

Ciilcti'ar es ejecutar operaciones aritméticas ó 

harer aplicaciones particulares de la ciencia de los 

números, paia llegar á un conocimiento, á una 

\ pruei'a, á una demostración. Comiiutar es reunir, 

combinar, adicionar los numtros dados, para coao- 

¡ cer el ttal ó resultado. Contar es hacer uumera- 

' ciones y suputaciones, sacar cálculos ó estados, {ov 

3 



34 



CAL 



CAL 



mar memorias, etc. 

como término vago y genérico. 



cara conocer una cantidad, , observaciones astronómicas y pronósticos sobre las 
«enérico diversas tempí ratnris del aire, el bueno o mal 

Cuando numeriis; íontáisi'los niños j las viejas tiempo y las nmtjciones_ meteorológicas, y también 
cnenun por los ded¿s y no llegan i comUar hasta se añade el juicio del ano, y en tiempos no le anos 
me pueílen decir uno y dos°forman t'r.s, uno y de general ignoranna_ y error se incluían juicios 
.\„ ;_....„ . .„„ „„..-i,„ ■„,« i.ntivn .lircmos oue ! deducidosde las patrañas a.strologicas. 

Hay, sobre todo en las naciones mas cultas, at- 



estan ana muy distantes de poder calcular por 
medio de divisiones, multiplicaciones y sustrac- 
ciones. 

Cuando decimos qne los romanos contaban con 
piedrezuelas, no debemos deducir de esto, que no 
tuviesen conocimiento del verdadero cálcu'o. 1 
cuando se a.egura que á cada nuevo coiisnlado, 
clavaban un clavo en una pared del Capitolio, tam- 
poco dehemos creer que estuviesen cuatro o cinco 
siglos sin poder i ompular los tiempos para formar 
EU calendaiio, pues que tcnian entonces muchas 
prácticas establecidas que no podian menos de ían- 
oarse en el cáicuio. 

El cái. II ti es una verdadera ciencia formada de 
muchíis métodos muy sabios : el astrónomo calrula 
la vuelta de los planetas : el geómetra lo infinito : 
decimos (á/ í./.m astronómicos, algebraicos, etc.; 
eál. tilo diferencial, integral, infinitesimal. 

La cueiila la miraremos como negocio que podre- 
mos llamar económico, esto es, relativo á los asun- 
tos de intereses, de adminisiracion, de rentas o 
bienes, de comercio y aun de la hacienda del 
Estaco : se c«eiila la entrada y la salida o los 
gastos : se dice las cuentas de un mercader, de un 
adminisirador, de un tesorero ó cajero. 

Ül cómputo se comprende en el i ácido y en la 
cuenta, pues es una operación determinada y limi- 
tada á cal, ulo. Asi es que el cronologista compula 
los tiempos, partiendo de términos conucidos para 
Uepar a uno incierto, y él astrónomo rómpala 
sobre tablas de su ciencia, para lijar el tiempo y 
el instante mismo de la repetición de un feuó- 
ffi(Bo. Se, Cimiiiulaii los tiempos, los gastos, para 
lograr un re-nltado. 

Todos los hombres tienen necesidad de contar, 
y hasta cierto punto de calrutar. El buen calcula- 
dor ó ¡aiiiilistii, en los negocios de la hacienda del 
Esiado, no debe ocuparse en C'Vipiilar aritrnética- 
mente el producto del impuesto ^^or la medida de 
la imposición : pnes sabe muy bien, que en este 
sentido dos y dos no hacen cuatro ni tres, y á 
veces ni uno. En los negocios de la vida no basta 
con calcular, es menester ademas contar consigo 
mismo. 

Mr. de Buffon en su Aritmltica moral, ha calcu 
lado ciertas tablas para que puedan servirnos de 
guias en las diversas circunstancias de la vida, en 
las que solo puede dirigirnos la dudosa luz de 1: 
probabilidades: debemos mirará estas tablas como 
cuentas ya formadas, sumamente útiles para la eco 
nomia de la vida humana. Según ellas ya no tenéis 
que hací r mas que computar cuánto os 'lebe costar 
precisamente el juego mas igual, cnanto habéis 
perdido, antes de jugar, en la mas favorable lote- 
ría : cuánto os lisonjea la esperanza, cuánto os en- 
gaña la codicia, cuánto os dañan vuestros hábitos 
y costumbres, sin necesidad de \alerse para esto 
ni de Geoinetna, ni de Algebra. 

En el calculó el buen resultado depende del buen 
método y de su exacta aplicación : en la computa- 
ción de' la verdad ó de la certidumbre de los datos 
y de la eiactitiid del cálculo : en las cuentas eco- 
nómicas de solo la exactitud del cálculo, de la de 
los diferentes artículos que comprende j por lo co- 
mún de observar ciertas reglas. 

Solo nos valemos de la palabra coriijutur en sen- 
tido propio ; pero varias veces nos servimos de la 
de ca'culur, en lugar de combinar, razonar reducir 
una cosa á la forma del cálculo. También significa 
contar, creer, proponer, estimar y reputar. 

CALE^D.íVU!U. II AL«ANA(JUE. — Según 



manaqnes para los labradores, y también otros 
para la curiosidad y entretenimiento de diferentes 
personas aficionadas á las arles de reci eo ó que solo 
buscan la diversión ó distraccí-m en la lectura. 

El almimaiiue corresponde á lo que los romanos 
llamaban i asios, y era entre ellos tau antiguo el 
calendario como la misma Roma, pues que lo esta- 
bleció Kóuiulo. Fué sufriendo muchas y muy nota- 
bles alteraciones, según los progiesos de la Astro- 
nomía : las mas importantes fueron las que contiene 
la corrección de Juliu César, que con ligeras va- 
riaciones continuó hasta la corrección que mandó 
hacer el Papa Gregorio XUI, que es la que en el 
dia se signe en todos los Estados católicos romanos 
V aun en algunos protestantes. 

CALMA. II BOMAMZA || APLACAMIENTO. 
|1 TIIAIV(JII!LIDAD II !>Ellt.\ll>AI>. || SO- 
SIEGO. II ASIEN lO II IIEPOSO. II DESCANSO. 
— En sentido recio ca ma significa falla , carencia 
absoluta de viento : se dice hace una completa 
taima, el mar está en calma, el buque no se 
mueve. La calma suele seguir á la agitación , al 
coinliate de los elementos : tras la tempestad viene 
la I alma. 

Cuando no es completa y que nn viento suave y 
favorable agita blandamente las olas, se llama bo- 
niinza, y se dice vamos en bo anza; tiempo hoiian- 
cilile, al tranqnilo y sereno en el mar, pues que 
solo en este sentido se usa en el recto. 

En el figurado ó metafórico calma, es cesación ó 
suspensión de cualquiera cosa, como cabiuir nego- 
cios, pasiones, ruido, agitaciones de cnabjniera na- 
turaleza que sean ; en medicina se llaman ca muntes 
los remedio- que mitigan los dolores. Por mas re- 
mota analogía, se llama calmo al terreno «rial,^ sin 
duda por la caliiiJ ó descanso en que se deja á las 
tierras. 

Se deduce de aquí que la calma presente, supone 
la agitación anterior, sea en las cosas, sea en las 
personas. 

Muy semejante á la calma es el aflacaminto, 
mas se diferencian en que este se verifica en todo 
aquello que proviene de fuerza y violencia , y la 
calma de lo que nace de turbación ó imiuietud. La 
sumisión nos apaca, una vislumbre de esperanza 
nos calma. Literalmente tip actir significa volver á 
la paz; calmar restablecer la cttlina, Despaes de 
haber apluca,¡o la cólera de un celóse), aun quedan 
por ctlmir sus recelos. Aplacar significa restablecer 
enteramente una paz duradera, una completa calma; 
mas esta puede ser solo ligera é incierta, cuando la 
expresamos con el verbo calmar : la ca!ma suele 
ser solo un descanso para volver á la agitación, 
puede ser fingida , y si verdadera , solo momentá- 
nea. Aplacar significa detenei*, fijar, calmar, debi- 
litar, disminuir. Una tempestad, un incendio, nn 
huracán se caimtn ó moderan á veces pai-a le/an- 
tarse á poco con mayor furia ; cuando comienzan á 
aplacarsf ó se aplacan , se v'an calmando cada vez 
mas y mas. Las negociaciones cnlm ,b los ánimos, 
los convenios los aplacan : palabras suaves y cari- 
ñosas calman al hombre irritado; pero una satis- 
facción completa le uilaca. 

La lran,uilidtid expresa pura y simplemente el 
estado de ala. a y iipacguandenta en que se hallan 
las cosas ó las personas, sea constantemente y por 
su misma naturaleza, lo cual es raro, ó por conse- 
cuencia del cansancio, que la agitación anterior ha 
producido : se dice , se ha logrado sosegar, apaci- 
guar, trauíui izar los ánimos. Llámase «n hombre 



os mejores etimologistas, la palabra almona ue se tranquilo aquel que por lo común esta quieto, pa- 

deriva 'de las dos árabes «I y m,m',h, que significan cibco y sosegado, aun cuando procuren conmoverlo 

la cuenta: mas otros quieren venga del griego y y alterarlo. ..... , ... , 

aun hay quien la trae del antiguo sajón. 1 En sentido recto la serenidad indica claridad, 6 

Ci.audo de tan lejos se deducen las etimologías falta de nulies y nieblas que o.scnrezcan el sol, tnr- 
se hacen f stas muy inciertas, dudosas y aun ridicn- ben ó alteren el aire. Lo mismo que de la iran- 
ias, llegándose á caer en la manía de algunos, qne ¡¡uilidad, diremos aquí, que la seré ilad en las 
■í-een hallar los origenes de todas las palaliras y personas puede provenir o de su natural ó de su 
cosas, en las lenguas del Bajo Bretón y del país de rellexion y fuer/a para contener sus pasiones hasta 
Giles, y sobre todo en el vascuence. Mas cercana á el punto de dominarlas, logrando gozar de un 
nosotros, mas natnral y de cnnsiguienle mas cierta ánimo sereno; y así decimos serenidad de conden- 
es la derivación de calen lorio que es de calindas, ó cía, .v. reni ail en los peligros, en las desgracias, y 
(Wimer dia del mes entre los romanos. llamamos tiempo ser no cnando el cielo está des- 

El calendario contiene los días y los meses coló- pejado de nubes y no se agitan los vientos. La «r- 

Mdos por orden nuineral y en el curso de la se- renitlad también supone turbación anterior ya sea 

ana por sus nombres y signos planetarios, con física, ya moral, 

fes indicaciones de las fiestas y festividades del rito La serenidad es mas propia del hombre de edad 

iclísiislico. adelantada, que ha sufrido desgracias, contratiem- 

M ttimatiaqut m mu eitenso, pnes qne abraza pos, que ha estado en grandes peligros, que ha ex» 



CAL 



perimentado y reflexionado mucho, de aquel á qa'PTi 
sus muchos años han enlriado y aun caaí helado la 
sanare, calmándose el vifíor de sus pasiones, que 
del jóvea acalorado, arrebatado, ¡üeiperto. 

Supone igualmente la palabra SQS'tyo, agitación 
auterior : y por consecuencia consiste en el aplaca- . 
micní')^ y el descanso de grandes agitaciones qiifl 
precedieron; pues es propiedad de las pasiones qne 
cuanto mas violentas y furiosas son, tanto méiiOS 
duren y tanto mas pronto se pasten y rindan. 

El verbo asentar en su sentido recto, es poner ó 
ponerse uno en un asiento : en el figura fo tiene 
muchas acepciones; pero la que hace i nuestro pro- 
pósito es la de cordura, pruiieacia. madurez, y asi 
decimos es hombre de asiento habl.mdn de uuo 
que es prudeu'e y udrado. Tainbifu significa «íííI- 
íar. presuponer, afirmar, hacer cualqui-^r convenio, 
íío menos que los auteiiores siipoue el repodo, 
agitación, moviiuií^-nto, acción anterior. El reposo 
indica tranquila situación del ánimo y excluve tola 
acción. Se reposa permaneciendo en quietud; pero 
no es necesario qne haya precedido gr nde cansan- 
cio; basta con que h:iya sido pequeño ó casi nin- 
guno) pues hay hombres, que por su natural pereza 
y dejadez, están siempre icio a-uio ,.sin casi ha- 
berse causado, y se llama reposado al de genio 
ñojo y cachazudo. Cuando el hombre de convenien- 
cias goza de ULí ligero sueño, no se dice que está 
durmiendo, sino que está r posando. 

Muy semejante al d scü'iso el leíoso, se diferea- 
cian en que aquel supone grande cansancio, fatiga 
inmediata, suuia nece:.idad de reparar las fuerzas 
perdidas, y este no, pues á veces se repimi de un 
ligero consancio, por mira comodidad y molicie. El 
rico poltrón >epi'sa blandamente sobre colchones 
de pluma; el pobre jornalero des ait>-a sobre el 
duro suelo. Después de haber andado una grande 
jornada, es preciso el desruns • : después á<: bien 
comido es muy grato el rej'os '. Con este, el tiempo 
y la paciencia se alivian y aun curan n uchos nales. 
Compajando la tranqumdad con la calma , el 
asie-ito y el s-sieiio. diremos niiC aquella consiste 
en no tener imiuiefcud alguna; la calma en casi ca- 
recer de pasiones : el m siego en no tomarse prísa 
por nada : y el asi en o en no sufrir agitación al- 
guna. 

La situación de las cosas 6 negocios, hace que el 
hombre esté tranquilo : la disposición del ánimo, 
que conserve su entina -. el car.icter natural y mé- 
todo constante de vida, que permanezca en su so- 
sieijo : la edad y el juicio que tenga asienlo ó viva 
con asunto. 

El hombre que llamamos de asiento liene sangre 
fria, y procede tamo en sus juicios, como en sus 
acciones, con la mayor reflexión : el sose<;ado nada 
hace con ligereza, sino con el mayor fundamento y 
solidez : el trauqudo goza de una razón clara y des- 
pejada y de un ánimo libre de turbaciones : vulgar- 
mente se llama cal'noso al q^ue disfruta de tal ífi- 
nn dad y sosiego , que difícilmente se le mueve ó 
conmueve 

Los temores y las penas turban la tr'inqu'vidai : 
la alegría y la esperanza nos hacen perder la 
C Ima ; una ligera agitación perturl'a nuestro «o- 
sicgo, nos saca de nuestro asiento y reposo cual- 
quier movimiento muy vivo ó violento. 

La traiifUil dad, que nace de natural compleiion, 
consiste en una especie de indiferencia sobre cuanto 
sucede , sin sentir, ni tomar interés al^nno en fa- 
vor, ni en contra. Goza de cima aquel que t.eue 
bastante imperio sobre si mismo, qne permanece 
inmóvil á pesar de que todo cuanto le rodea se 
agite. El hombre sosegado es de un te ■ peramento 
tan frió y pesado que puede apoyarse en todo, sin 
que nada le arrastre, arrebate o domine : por lo re- 
gular para estar uno osC'iodn es menester haber 
pasado por anteriores lurb.iciones, haber cedido _á 
cuaUjuier movimiento, volviendo luego á su habi- 
tual estado de s^sf go. 

Cuaudo se ve al sabio permanecer en calma e 
medio de los mismos tormentos que alligen á su 
cuerpo sin conmover su animo, no dir.mos que 
está tranquilo. Un hombre a quien dejan morir 
iran'iutio en su cama, no diremos que está so e- 
gitdn si le agitan con violencia los terrores de la 
muerte. 

Cuando uno está seguro del favorable éxito de su 
pleito, permanece Hunfuito por la sentencia: y !a 
espera con lütrnu cuando se ha resignado á some- 
terse á ella tal cual luese. Sin apresurarse va el 
hombre .srse ado á averiguar en qué estado se halU 
el pleito: y el que se ha impacientado por su per 
di-la eiamiiia después con sos>eqo de qué me-Iioi 
se valdrá para apelar de la sentencia. 

En todo se manifiesta por sus eiteriores procede- 
res el carácter del hombre sosegado y basta coa 



CAiN 



CAN 



CAN 



35 



ühi libera mirada para distinguir el hombre de . 
ésiento, del qtie üinguoo tieoe. El que sabe domi- 
aar.se á si misino, ¡juedfí cubrir con eiterior sos€- 
galo, un inimo que de niu^-ma tranqinl'dai goza. 

Un general, que se miDtieüe con eaima eo me- ' 
dio de la halalla, auoqus su ánimo, por la inoerti- , 
dumbre del éiit •, en nudo ali;uno esté iriKi^mh, 
couserva bien despejado el juicio y en todas sus 
accioues mauiliesti la mftyor coiifianza y soeijo. 

La iiioileracion pueie proilucir la Iranquiíid'id : 
la religión la Cihun de '■spiritu, en cualiuiera si- 
tuación que uno se halle. Con el tieuipp puede lle- 
garse á un estado de verdadero sosíejo. El aire 
está en cama cuando u.ida le agita : se dice que 
está SfUtíiio un ¡an cnanto tuas tiempo hace que se 
le coció y ha ailquiri-lo mayor consistencia. 

Cuando las pafalras lafma, tran/uililad y /as se 
aplican á las Oijeraoiones íel alma, ; los negocios 
de Estado, al iuleres de líts naciones, á las corpora- 
ciones particulares, expresan todas una situación li- 
bre de turbación y agitación. I'ero la trn'qutl d d 
se refiere esactameute solo á la situación en si 
misma y en el tiempo presente sin atender á nin- 
guna otra relación : la paz, á esta siluacion con re- 
lación á las cosas exieiiores y á los enemigos que 
pudiesen causar alborotos y turbaciones : y la en nía 
se considera en cuanto á los sucesos pasados ó fu- 
turos, de manera que se designa como qne sigue ó 
precede á una situación agitaila. 

La tran(üil dúd la debemos tener en nuestix) co- 
raron, con nosotros mis <-os : la p>ii con los demás, 
y la ciiina después de la tormenta. 

Los hombres inquietos y revoltosos no gozan de 
tran¡U'lidiiií eu sus casas : los pendencieros nunca 
están en u s con sus vecinos : cuanto mas tempes- 
tuosas y turbulentas han sido las pasiones, con 
tanto mas gusto se disfruta de la cilni". 

Para mantener '.a !ranf'<itdad del Estado se debe 
«mplear la autoridad, 5in abusar del poder para 
conservar la paz es preciso hallarse en estado de 
sostener la líuerra : y no siempre se logra, proce- 
diendo con blandura, el restablecer la calma en un 
pueblo auiotinaJo, 

CALI H\l\. II IMPOSTURA. — Engiño, ar- 
tificio, apariencia de verdad para provecho propio 
ó ajeno daño, signitican estas dos palabras. 

La imp'Slura puede referirse solo al propio be- 
neficio ó conveniencia; la caíurnnia siempre es en 
daño ajeno. 

El hombre, qne para adquirir bienes, honores y 
estimación, siendo ma o, se íinje bueno y aparenta 
virtud, es un impostnr, pues para lograr su in- 
tento, le basia con mentir y engañar. 

El hnt} síor es un hipócrita. Á veces puede ex- 
tenderse su impostura á atribuir á otro, o por falta 
de refleiion ó por maldad , lo que no ha dicho ú 
hecho, ya sea un crimen, ya una falta ligera, ya 
una inadvertencia en el hablar. 

La (tilumñia significa mucho mas qne la impos- 
tura, pues es una acusaLJon falsa, de estretuada 
malicia, de dañaJa intención para destruir á aquel 
contra quien se dirige : no se calumnia por lo co- 
mún pnr defectos libreros, sino por cosas graves. El 
caiatniUador ademas de hipócrita consultado, es un 
pérfido delator, que se vale de la mas lina astucia, 
de suma sn[ieroheria, empleando para lograr s't fin 
las nlayo^e^ infamias y picardías. Válese el ca um- 
nitiiior de la lisonja v adulación para preparar el 
camino de su malévola intención : luego miente, 
engaña y por úiliuio delata. Por lo mismo cuando 
las calumniosas delution-s se intentan por luedio 
de los trilumales, han pr^^venido sabiamente las 
leyes que el calamwa or afiance de cat-mnia, esto 
es que .se sujete al castigo gue disponen para el 
caso en que la delación saka lalsa. El edlummi-diT 
por su oficio y sus malos hábitos siempre es vil, 
despreciable, aborrecible. En latin se llama syco- 
phanta, palabra lomada de la griega si) ofaute-', que 
en su origen y en su literal sentido significaba al 
que delataba á los extractores de higos del Áli*;a, 
fo que Colaba prohibido y se forma esta voz de sy- 
con higo y ¡ainOj que significa, indico, muesti'O, 
pongo en claro. 

Aun ¡ue la d lac/on pueda ser verdadera, ningún 
hombre de bonor y de bneuos sentiaientos querrá 
ocupa se en ella. En todos tiempos y nacion-s se ha 
mirado cmuo deshonrado y vil el oficio de delator. 
En las épocas de tiraoiía se ha favoi-ecido y pre- 
miado á los delatores; pero nunca se le> ha podido 
ennoldeci-r y honrar, pues el honor depende de la 
opinión púldica que sicupre les es contraria. 

Es uní iiiin síura tachar de avaro, de iracundo, 
le descuidaiio al que no lo es, y es una calumnia 
el acusarle de traidor, de asesino, de ladrón. 

CAWM.A. IJ CIÍl;SMA || GAItÜtLA. |I 
GE.MUALLA. [j TOrULACHO. || VULGA- 



CHO. — Recorriendo los esta los y tablas estadís- 
ticas, que tanta perfección han recibido en las na- 
cii^nes cultas, no puede méuos de entrar el hniubre 
retleiívo en serias y tristes consideraciones, al con- 
templar por un lado el rápido progreso de las ar- 
tes, de la iudnstria y del comercio : la ingeniosa 
invención de tantas máquinas para fabricar y tías- 
portar fácilmente y á larcas distancias las uiercan- 
cias ; la inmensidad de riquezas que se acuumlau 
en muchos hombres, ó industriosos y entendidos, ó 
sagaces, artificiosos, astutos, engañosos y osados ; 
el aumento progresivo en estoo estados de la po- 
blación; el como se extiende y generaliza el lujo, 
descendiendo hasta las mas Ínfimas clases, gastán- 
dose por lo común mas de lo que se tiene : y por 
otro lado y como oposición ó reverso de este tan 
brillante y lisonjero cna Iro, el desagradable, es- 
pantoso y ann asqueros;* de ia general miseria, que 
en estas mismas naciones, aparece en la masa de la 
población, miseria que crece i;n proporción espan- 
tosa, que amenaza invadirlo, trastornarlo, derri- 
barlo tod'i, pues que socava los fundamentos de la 
sociedad, haciendo que pierda esta su asiento, que 
titubee, vacile y tiemble, pnes que la amenaza 
completa ruina y destrucción. 

Y como fenómeno extraño y contradictorio para 
el que no profundiza en las causas y en los efectos, 
en las ventajas y desventajas del progieso mismo, 
notará que e-.tos dos extie.nos tan contrarios, se ' 
mauifiesiaii principalmente en las naciones mas ade- 
lantadas en la civilización, eu las mas ricas y po- 
derosas. 

En ellas la masa de las riquezas es g^3nd^', la de , 
la miseria much • mayor. Los ricos a3t>:an ser opu- | 
lentos. los pobres ricos, y los tan miserables que ¡ 
nada tienen para subsistir, tener algo, pi.es que , 
con razón creen qne les asíate natural derecho á 
ello. El pobre opriuiido de la fa.iga de su penoso 
trabajo, q e no basta con la ganancia qne produce 
á satisfacer sus precisas necesidades, desea tener 
riquezas para guzar y holgar, que harto dice ha 
tratiaiado. Los si'ibditos oprimidos y revoltosos , 
mandar y no obedecer; porque el mando lisonjea 
sn orgullo y la obedleacia es servil y aun baja, tí- 
mida y cobarde. De este choque de opuestos inte- 
reses sostenidos con mas ó menos razón por ambos 
lados, nacen las revoluciones , que mucho tieiripo 
hace están conmoviendo á toda la Europa culta, 
extendiéndose ademas á casi toda la redondez del 
globo. 

Kecorriendo este articulo y las diferentes clases 
humildes y aun bajas, despreciables y viles, cuyos 
nombres le componen; se verá cuánto hay qye te- 
mer de ellas y de I.: pobrera, de la que príucipal- 
roenle proce ien, si como venimos <UoÍendo siguen 
en aumento y crecen en osadia y arrojo, guiadas 
ó mas bien extraviadas por el talento de hombres 
elocuentes, ardientes, malévolos y deseufrenada- 
uietiLe airbiciosos. 

Dividida la población, tanto en las naciones anti- 
guas couio en las mo lernas , en las repúblicas 
como en las monarquías, en diferentes clases mas 
ó menos privilegiadas unas que otras ; hallaremos 
siempre que hay una inferior, méuos considerada 
y distinguida, en la que se coiuprende la masa ge- 
neral de la población, á la que los romanos y nos- 
otros con ellos, llamaran pehe. Mas esta, en su 
Sarte mas escogida , compuesta de honrados labra- 
ores y artesanos, qne viven de su trabajo é indus- 
tria , forma la firme base de la sociedad, denoiin- 
nándnse eu nuestra lengua con el titulo de estado 
llano, que no es en manera alguna despreciable; 
sino que al contrario uierece y debe merecer la 
consideración del gobierno y de las personas sen- 
satas. 

En esta clase, las partes mas bajas é ínfi'-^as van 
designándose con títulos mas y mas liumildes. des- 
honrosos, igno 1 iuiosos, correspondientes á su n^al 
género de \ ida; tales son los de plelesu la , del 
latín plebetula : los de populac' o iu'(,o y vulgacho. 
Todas estas clases dañan bastade y aprovechan 
poco, en las bien ordenadas repúblicas. 

Llámase popahtcho á la úliíua clase, sí tal nom- 
bre merece, Je la sociedad, ci^mpuesta del pueblo 
bajo, que no lik-ne ni verdadera representación, ni 
bienes algunos, ni oficio, ni ejercicio, mas que el 
material, corporal y prei-ario : sin embargo, entre 
esia miserable g-'ule se hallan algunos y no pocos, 
verdaderamente honrados y mas i|ue otros de sr.ptí; 
riores clases, que no son acreedores á ningún tituló 
denigrativo ; sino mas bien á que se tenga conside- 
ración y miramiento con ellos, pues es bien cierto 
que la pobreza en si y aun los modales groseros no 
se oponen á la buena fe. á la fianijueza y aun á la 
generosidad y otras virtudes sociales. 
Snieademos por vulgo al conjunto la gente 



popular ó de la ;j/t'¿c ; pero parece que á esto debe 
añardíi-se la idea de ignorancia, de errtir, de tor- 
peza y grosería, y asi decinms preocupaciones, ne- 
cedades del vulgo, y Ilamamns val aridades á los 
dichos mas comunes, torpes y extravagantes: deci- 
mos que un h mbre se iiílg:)ri:a, cuando le vemos 
imitar los modales, el trato, el lenguaje del vulgo. 

La palabra vulgacho es aun de mas desprecio. 
_ Las de que vaiims á tratar designan, sin correc- 
tivo alguno, la parte mas baja, vil, despreciable y 
perjudicial d-^ la sociedad, pues que es su verdadera 
polilla y carcoma 

La ca'ialfa designa la gente ruin, de bajo proceder 
y de crimisal conducta : deciile á uno eres un ca- 
nalla es hacerle gra^e iiñuria ; porque á esta pala- 
bra se la puede dar inucba extensión y siempre eu 
mal sentido. Un cana a tiene los mas bajos y viles 
sentimientos : sn corazón á nada tiene verdadero 
apejo. pnes no conoce ni compasión, ni honor, ni 
delicadeza : todo lo sacrífia á s;i codicia y ansia de 
tener ; vende sus votos, sus opiniones, si algunas 
tiene, su conciencia misma . carece de lealtad, de 
probidad, de honor, de humanidad. 

Esta palabra no pertenece solo á clases ínfimas, 
sino también á veces, con grave desdoro de ellas, 
á las superiores , pues que en todos los estados y 
condiciones de la sociedad se encuentran cana las; 
y tanto lo pueden ser los qne bajo brillantes, finas 
y aun nobles apariencias ocultan un corazón per- 
verso, cuanto los hombres groseros que ni saien, 
ni quieren ocultar su maldad. La expresión cana- 
Iluza denota mayor grado de iiidominia y desprecio. 

Llamamos c'usina al conjunto de gentes soeces 
y despreciables, á los galeotes y presidiarios, á los 
rateros y ladronzuelos, desigüando aquellas gentes 
del populacho que á sus bajas y viles inclinaciones 
y á sus desarregladas costumbres reúnen una com- 
pleta miseria nacida de su holgazanería y de sus 
torpes vicios, que los hace capaces de todos los de- 
litos, Y que stenpre se sospeche qne los han come- 
tido. La chusma se complace en no tener pudor, 
ni decencia; en ejecutar acciones bajas y desenvuel- 
tas ; porque nada la averañenza ni abate : gusta do 
una ausoluia y brutal iudepeudencia, y prefiere se- 
guir en su ancha, míserablp y arrastrada vida, en 
la mendiguez y en la rapiña, á lo que es muy in- 
clinada, que no dedicaise al Uabajo. 

También son injuriosas las expresiones de ge^- 
luana y ga^u la ^ aunque amella solo significa un 
desordenado conjunto de geníes y esta lo mas des- 
preciable de la plebe; mas no llevan «ii si rígnro- 
semente la positiva designación de grandes críme- 
nes como las anteriores; sín embargo, la i^e-tual a 
está dispuesta á lü la acción vil. y la garuHa mas 
principalmente á todo alboroto ó motin, y en gene- 
ral arabas ,á venderse á b;ijo precio para cualquiera 
maldad. 

CWDOn. II NATlftAIJDAO. |Í l\GE- 
NUIOAD. II SU\CKIi.D.AI>. H SE\CILLr:Z. || 
Flt.'\^(^^UIiZA. — En sn seutido recto la palabra 
can or tomada del latin, signinca suma blancura; 
en el día se dice candidez^ así como á veces se lla- 
ma Cándido á lo blanco 

En el sentido uieíatñrico, -tue es el mas usual, 
denota inocencia^ sencillez, sinceridad y piueza da 
ánimo, poca malicia, ningún trato de mundo. 

El hombre can ido ó , ii>.don¡so llevado por el 
amor á la verdad é ignorando el abuso, que so 

fmede hacer de ella y de las expresiones de los qni 
a profesan, se manifiesta cual es en si sin disfraz, 
sin recelo, sin temor de que le engañen. 

No hay cosa que demuestre mas ia mireza del 
alma y el auior á la verdad, que el c •nao'-f queso 
de-cuiíre en todas las palabras y acciones ael can- 
doroso y aun en su mismo silencio. Tomado el 
candor en toda la extensión de 5U sentido, solo so 
halla en la niñez, que es cá dida, porque no conoco 
ni la falacia, ni el peligro; pero á medida quo 
adelanta en años el hombre, la experiencia y el 
trato de las gentes le hacen conocer, por lo común 
bien á sn cosía, que si el candor es una excelento 
cualidad en teoría, es muy airiesgada y poco prove- 
chosa en la práctica. 

Un prudente disín.ulo i lo menos, es necesario 
para vivir entre las gentes del mundo, pues de lo 
contrarío el hombre candoroso se semejaría mu/ 
bien á la o\iV^ entre los lobos, 6 á la paloma eutio 
las aves de rapiña. 

La ii'iluiali'lid es una disposición del alma para 
decir libremente lo que se piensa y lo que siento 
el corazón, sin atender á los daños que pueden re- 
snlt;ir : es el homlire considerado en toda la sen- 
cillez de la uaturaleza, sín ninguno de los artificios 
que hace necesarios la sociedad y el tra'o de las 
gentes. Por lo tanto la gente cauíiiesína manifiesta 
ea su trato mucha naturaAdai^ y la cortesana mu- 



3C 



CAP 



caí' 



CAP 



cha apariencia, no poca malicia y á veces extremada 

doblez. 

La palabra ingcnidid viene de la latina i'igenui- 
tus, que eñ su sentido recto significa libertad, el 
estado y coudicioD del que nació y penuanece libre, 
del inuehU'i. Por traslación se enliende e^te P'-T li- 
berad y sincero. 

Es pues propio de la iiigenuniad, la realidad en 
todj lo que se hace y dice, la buena fe, U inocen- 
cia, el no saberse disfrazar, ni aun contener, en 
manifestar francamente cual es su modo de pensar; 
porque nada cree puede precisarla al disimulo. 

La sencillez [siiupiiciías) es la cualidad que cons- 
tituye las cosas delgadas y de poco cuerpo, y lla- 
mamos .^e'-C'l o á lo que no tiene mezcla alguna, a 
lo opuesto á doble. 

De aquí el sentido traslaticio, en el qxie significa 
el bombre que carece de malicia y doblez, cree lo 
que le dicen; es mov llano en su trato; ni miente. 
Di eng ña, pero fácilmente se deja eniíañar, por lo 
que se suele coniandir con el que llamamos simple 
y aun tonto. 

Muy semejante á este es el hombre -sincero, pues 
que también carece de doblez, de astucia, y es puro 
en sus pensamientos y en sus palabras y seiuilo 
en su trato. 

La sinceridad impide hablar de diferente modo 
del que se piensa; porque huye de engafiar á na- 
die ; aá es que esta cualidad se mira como una 
virtud, un mérito que todos estiman y aprecian, 
aunque pocos imitan. 

La fia}ique:a nos conduce á hablar como pensa- 
mos ; porque nace de la nuluralidad, y el hombre 
¡raneo no sabe disimular, ni mentir. 

La primera prueba de una esceleute alma se halla 
en el candor : la nattiral/d d puede no ser mas que 
ignorancia completa del trato del mundo. Cuando 
la ingenu da I no proviene de falta de experiencia, 
puede nacer de sobra de necedad; porque el hombre 
tnget'uo nada acierta á ocultar, y asi muuhas veces 
carece de prudencia, y con su nigenullnd inoportuna 
causa graves males, sobre todo á si niismo- 

La uutnraliiad nace á veces de falta de reflexión, 
y tan notable que llega á desentenderse de las con- 
sideraciones y respetos que los hombres se deben 
unos á otros, y por lo tanto los agravia y ofende. 
Aplicando la palabra iiaía-a iiaa a la literatura, 
veremos qut; es una de las mas excelentes cualida- 
des de ella. Nace del asunto mismo y se produce 
sin ningún esfuerzo de meditación, pues que es lo 
opuesto ii la reflexión, y solo el sentimiento parece 
C3mo inspirarlo á los hombres de talento y buen 
gusto. Diria^e .,ue los pensamientos y expresiones 
i.alnra es íou tan f.iciles, que habrían de ocurrir 
ú todos, pues parece que se presentan por sí mismos 
á la imaginación, y que nacen mas bien de la ma- 
teria que del ingeiLÍo del escritor. 

La iiiiíiira/ida I consiste en un pensamiento, en un 
rasgo de imaginación que parece que á pesar nues- 
tro se nos escapa : es la expiesion de la viveza, de 
la ligereza, de la igr orancia, de la imprudencia y á 
veces de todas estas co^as juntas. 

Consiste la nalur.lidad en cierto aire ingenuo y 
sencillo al par que juicioso é ingenioso, cual suele 
í,er el de uu campesino de inteligencia despejada y 
de recta" razón , ó el de un niño muy vivo de 
imaginación y muy feliz en sus originales ocur- 
rencias. 

CAPAZ. II APTO. Ij lIAItlL. 11 DIESIRO.— 
Aplicanse los dos adjetivos capaz y lábil en gene- 
raí á las accionas de los hombres. Un hombre capaz 
de hacer cualquiera cosa es el que reúne en tí to- 
das las facultades y circunstancias necesarias para 
polerla hacer. 

Mas extensión que la palabra rapaz tiene la de 
há>"(, pues esta no solo designa las anteriores cua- 
lidade>, sino ademas la facilidail que tiene para ha- 
cerlo, y de la que ha dado repelidas pruebas. Puede 
un literato haber leido cuanto se ha escrito sobre 
la guerra y aun haber formado excelentes plaues de 
ella y no tener haidlidat ni destreza para ejecu- 
tarla con ventaja, pues en efecto .--Uá e.->critos y sus 
conocimientos no sop mas que una teon.i, y la ba- 
talla es un hecho y la guerra una verdadera prác- 
tica. 

Un juez puede saber todas las leyes, sin ser hábi' 
en su ap'icacion : un sabio puede no ser háb ¡ ni 
en escriliir, ni en en-eñ.ir; pero en su estilo llano 
y aun desaliñado, manifestarnos y demostrarnos 
grandes verdades. 

Hombre /iií/'i/esaqnel que |Tac*^".ca mucho lo que 
íabe. El hombre c •{ az puede hacer mas : el hombre 
hábil es diestro en ejecutar con perfección. 

La paaljra cupacidid sfi refiere mas al conoci- 
miento de los preceptos y la de habilidad á su apli- 
cación : aquella se adquiere con el estudio, esta 



con la práctica. El que tiene capacidades i propó- 
sito para emprender : el que tiene habilidad para 
lograr lo que se quiere. Para mandar es necesaria 
la capacidad, y para obrar á propósito \dh"b/l'dad. 
La Cüyjíicií/üi/p'ertenece á la meditación, la habilidad 
á la ejecución : aquella es mas propia de las cien- 
cias, esta de las artes. 

El adjetivo iiá'-il no parece convenir á las artes 
de pura imaginación, pues no se dice comunmente 
un poeta há il, un orador háil, pues si á veces se 
díte de este es cuando ha tenido destreza para salir 
airoso de un asunto ó cuestión delicada y enredosa. 
Cuando se habla de un historiador que ha tomado 
^us nolicias de las mejores fuentes; que ha compa- 
r do las diferentes memorias; que ha jnzgrdo con 
buen criterio; que ha trabajado mucho pnr averi- 
guar la \eidad y lo ha logrado, se dice de él que 
es un histOiiador Itáhil. Pero si ademas de esto, 
reúne el raio mérito de tener un buen estilo y una 
elocuente narración, será ademas de Adií/un exce- 
lente historiador. 

Mas pertenece lo háhil i las artes que á un mis- 
mo tiempo dependen de la imaginación y de la eje- 
cución, que tienen mucho de inteligencia y no me- 
nos de práctica como la pintura, la escultura, etc. : 
decimos un pintor, un escultor hábil, porque eslas 
artea exigen aprendizaje, al mismo tieiiÉpu (]ue los 
poetas como que nacen formados y ano los oradores 
mismos, pueden serlo sin haber estudiado mucho 
con tal que hayan meditado, observado y tengan 
buenas disposiciones para la elocuencia. 

Se Considera á la aptitud como una idoneidad pa- 
siva, al misuio tiempo que activa á la capacidad. 
Esta es pues una disposición pata todo, ya sea bue- 
no ó malo, y asi decimos que el hombre es lopaz 1 
de grandes virtudes y de grandes crin. enes : la ap- 
titud se entiende por lo regular para lo bueno, asi 
comü \d. destreza puede serlo paralo uno y lo otro. 
Is'o se dirá de una persona upti, para robar, para 
asesinar, para cnabjuiera maldad que exija inteli- 
gencia, picardía, astucia, maña; pero si decimos es 
diestro en robar, dió una puñalada con la mayor 
destreza : fué diestro en ejecutar, en disimular, en 
ocultar el crimen y en .*lejar de sí toda sospecha. 

CAPi-lOSO. II l\MDiUSO. — ííus valemos de 
estas dos pilabras para expresar en general los me- 
dios que se emplean para sorprender, engañar y 
abusar de la sencillez ó poca inteligencia de las 
personas. 

La voz cai'cioso es tomada de la latina captiosusi, 
de Cüp/iy que tiene, en la buena latinidad, las acep- 
ciones de fraude^ artiBcio, trampa, falacia, sofisma, 
paralogismo, sutileza de la dialéctica, ambigüedad, 
equivoco y juegnec.Uos de palabras, y quieren al- 
gunos que el radical se halle en el verbo capto, 
que significa tomar, coger, agarrar. 

En nuestro lenguaje antiguo se decía en efecto 
capción por captura, y capcionar por prender. 

¡supuestos estos varios significados fácil nos es 
deducir las sinonimias. 

Lo capcioso parece dirigirse á sorprender la inte- 
ligencia y la razón, alucinando á ajuella con fal 
sas apariencias de verdad , y oscureciendo á esta 
con falsas deducciones. El adjetivo capcioso se 
aplica á los discursos, razonamientos, c lestíones y 
co^as semejantes. Es ca.C'OSi un discurso cuando 
por un sagaz encadenamiento ó enlace, ó por una 
sutil conibiuacion, se conduce al que se quiere en- 
gañar á consecuencias que al principio no podía ni 
sospechar, ni prever. Es capcoso un argumento, 
cuanlú apoyándose en principios, que aparecen co- 
mo verdaileros, se detíucen de ellos falsas conse- 
cuencias. Se hacen cuestiones capciosas con la ín- 
t' ncion de lograr que aquellos á qnienesse diri.'en, 
convengan en cosas, cuyas consecuencias no pueden 
menos de ser contrarias' á las opiniones que defien- 
den. 

También es palabra tomada del latín, la de insi- 
dioso, que designa el que poney arma asechanzas, 
como asi bien prepara celaiías, emboscadas, trampas 
donde caiga el contrario. El Diccionario de la Aca- 
demia admite las palabras insidiador, insidiado, 
insidiar, insidioso, ínsidiosanieme; y quiere, no se 
sabe por qué, que sea anticuada la ue insidia, sinó- 
nimo de asechanza. 

Parece que lo insidoso se dirige á interesar y do- 
minar al amor propio, á la vanidad y á nuestras 
naturales inclinaciones : todo esto es tender lazos 
al ^ugeto á ijnien se acecha. 

Ya se insinúa el insidioso con agrado, ya halaga 
con apariencias de afecto, ya lisonjea con alabanzas, 
ya atrae con sutiles sr.gestiones, ó con delicadas 
finezas y aun con retíalos. Los medios capeo os se 
dirigen á que uno caiga en el error : los tnsidiosox 
á atraer insensiblemente á un lazo bien armado. 
El que teniendo poca malicia conviene en un 



principio, que conduce a una falsa consecuencia, 3ra 
cayó en el lazo ; porque no puede menos de admi- 
tir esta consecuencia. 

El que se deja seducir por medios insidiosoSj 
camina sin conocerlo á su perdición, y se halla co- 
gido en la red cuando menos lu pensaba. . 

El que se deja en^ iñar por medio^ C'¡i ci sos, pa 
rece que consiente el mismo en el error que ha 
adoptado, y en el que llega á obstinarse. El que 
cayo en el lazo por medios ins d-us 's conoce al fin 
su error, querría salir de él; pero ya no puede. 

Deslumhran los medios capciosos; seducen y ar- 
rastran los insidiosos. 

Para lograr lo que se quiere por medios capciosos, 
se necesita mucha sutileza, asi como maña , artifi- 
cio y faL-edadparaalcanzarlü por medios /ni íiofov. 
El galanteo es una mentira nisidinsa en asuntos 
de amor; la modestia y las expresiones mas capcio- 
sa ., en los de la vanidad. 

Lo que no han podido hacer los mas capciosos 
argumentos , lo logra una caricia insidiosa. 

Son insidioso^ los regalos de personas interesadas, 
y el amor propio es el mas capciosa de todos ios 
sofistas. Temed á la serpiente, que se esi;onde bajo 
la verde yerba; huid del melodioso canto de las 
sirenas. 

CAPUICHOSO.il ANTOJADIZO. || RAPO. |1 
EXTIIA\'AGAME. I] TEMOSO. || ltEGA\Ol\. 
— Las cualidades que designau esto^ nombres, son 
contrarías al buen trato social y al común modo de 
I obrar y pensar de los hombres, y significan en ge- 
neral la expresión y el efecto de una inclinación 
particular y poco conforme á razou. 

Cuando un hombre, sin fundamento, ni antece- 
dente alguno, concibe una idea ó ejecuta una cosa 
diferente ú opuesta á las reglas generales de con- 
ducta, se dice qui' es ífl/>r/' Ao-o extendiéndose este 
adjetivo á significar un extraño j repentino fastidio 
ó disgusto de lo que antes estimaba, ó con razón 
debe estimarse. 

En las arles tiene esta palabra significación bue- 
na, pues en las de ingenio ó imaginación, como la 
pintura, la música, la poesía, se dice de todo aquello 
que se ejecuta mas por la fuerza del ingenio, o de 
una ocurrencia original, nuepor las reglas del arte; 
y así decimus los lap'tchvs de Goya ó los de Le 
Brun, especies de ctirii aturas, ó enigmas, que á ve- 
ces cuesta trabajo entender y descifrar 

Todo aquello, que es poco común, extraño y sin- 
gular es del gusto del hombre que llamamos raro, 
y lo es en su genio y en sus procederes Basta con 
que los demás busquen y estimen una co a, para 
que él la huya y desprecie, su objeto es distinguirse 
y llamar la atención, viviendo al re\esde las demás 
gentes: aborrece lo antiguo y ya establecido : su 
placer consiste en lo nuevo, desconocido: luego que 
por la inconstancia de la m.>da se van generali- 
zando eitas cosas, ya las aborrece y busca otras. De- 
cir un hombre raro, una rareza, es indicjr una 
cosa diferente y aun contraria á todas las demás. 

El ejtr.ivagante es mas raro : este puede tener 
razón ; aquel nunca ; las rarezas pueden ser funda- 
das, las extravagancias jamas, al contiario huyen 
de todo fundamento, razón y juicio: diríamos que el 
extremo de la e.i tmt auauña es la locura. 

Cuando las modas de un país ó de una época son 
feas y ridiculas, las costumbres incómodas, dañosas, 
torpes, las opiniones infundadas, perjudiciales, con- 
trarias á la buena moral y al buen orden social , 
será por precisión raro el que piense y obre segux 
la recta rozen; porque en el país de los locos, el 
hombre de juicio ocupa el lugar del demente. 

En su elemento se hallará allí el ext a'agante^ 
porque huye de toilo orden, razón y concierto, y solo 
dirigirá sus esfuerzos á sobresalir por sus e.ttr,.va- 
ya'ici'is y locuras. 

El hombre, que se deja llevar fácilmente de la 
momentánea inclinación á cual |UÍera cosa sea la 
que se fuese, que se gobierna por su capricho, que 
desea con vehemencia >atisfacer pronto aquel gusto, 
aunijue particular y extraño, se llama uto/a iizo. 

El hombre temoso es tenaz, terco, obstinado en 
todas sus opiniones; nadie le puede convencer, ni 
separar de ellas. Al Innoxo las contradicciones, las 
reílexíones, las razones, lejos de apartarle de su 
lema, le hacen mas obstinado y contumaz en ella: 
al mismo tiempo que nadie le puede convencer, él 
se oh.ylinn en convencer á los demás : su razón está 
en perpetua oposición con la de todos : esta cuali- 
dad es una especie de manía ó desvarío cuando se 
hace extremada. 

Como el temoso es naturalmente disputador, las 
mas veces se viene á confnndií con el que llamamos 
rijoso del latin rixo\us. que es el que está siempre 
dispuesto y preparado á disputar y reñir. Estas dos 
cualidades íependen en parte de la organización j 



CAR 



CAR 



CAR 



37 



3el carácter particular de las personas ; y en parte 1 

de la educación. ] 

El hombre regañón lo es también de su natural; 

Sero mas principalmente de la cnaaza y del modo 
e vida que ha tenido. El regañón suele reunir en 
si la it.a\or parte de las malas cualidades de que 
vamos hatd;iiido; pero se dislinirue y sobresale por 
su genio adusto, fastidioso é incómodo : mmca está 
contento, siempre tiene una cara que llaman de 
vinagre; asi como á él se le llama avinagrado. A 
todos recibe mal, á todos rebaña, á nadie complace : 
todos le Luyen, todos le aborrecen, y parece que 
solo él se ama á si mismo; y tanto mas, cnanto mas 
regaña y fastidia á lodo el mundo. Parece que en 
sus regaños y aun arrebatos cifra su extraño placer 
y su necia complacencia. 

La rureza da i lea de inconsecuem'ia y mal gusto, 
lo que no expresa precisamente el capricho. La 
mujer pitimetra y veleidosa tiene ca¡irichos ; \.\ que 
esta embarazada ai.tojos: el hombre hipocondriaco 
e.rtnirag<in uis. La nueza se refiere á lo que se 
ama : el capricho i lo que se desprecia : la e.i ira- 
vagaiiria á lo que se ejecuta. El nipicho y la rii7e:a 
se refieren mas al c.'ir;icter natural del hombre; la 
estravajancia a circunstancias á veces momentá- 
neas. 

Diremos que es raro el que se separa de las ideas 
comunes; porque cree tener mas delicadeza, inte- 
ligencia ó razón que los demás : que es <x(rava- 
ganle por originalidad inoportuna; cojiruhoso por 
inconstancia y veleidad; /imo\o por naturaleza y 
malos hábitos; terco y r^aañon por genio, descui- 
dad. i educaciñn y groseras costumores. 

CAItACTKU. II Ctt%>TAINi.lA. || ElVTE- 
REZA. II FOlt'IAl EZA. — Todas estas cuali- 
dades ennoblecen y engrandecen á los que las 
poseen. 

El carácter es, en su sentido propio, aquella 
cualidad, «pie distingue ;í las cosas y á la^ personas 
nnas de otras, y asi'llamainns hombre de carácter 
al que permanece constante en la opinión ó idea 
que f.rmó una vez, en el partido que adoptó, en 
la resolución que lomó : cualiiiad la mas excelente 
de todas en el hombre, |uies que supone y com- 
prende las de ánimo, valor, sufrimiento, firuu'za, 
vigor y fuerza. Hay pocos hombres de carácter 
firme, constante, tanto en la próspera, cuanto en 
la adversa suerte. La ma\or parte varia, se muda 
y contradice al tenor de las circunstancia^ y desús 
propios intereses, y esto se llama no tener carácter : 
inconstantes en amor, en amistad, en opinión y en 
partido; para nada se puede contar con ellos, todo 
lo abandonan, menos sus intereses, á los que todo 
lo sacrifican. 

El carácter supone ronsl"n i", que es perseverar 
en aquello misnio que desde el principio se pro- 
puso uno : corresponde á la (on^taucia el no variar, 
a pesar de las contradicciones que halle, ó de lus 
trabajos y desgracias que le puedan sobrevenir. 

Decimos civsitiht' en amor, en amistad : con.t- 
íati'e en los trabajos al que permanece firme é 
inmutable en ellos. 

La (onslaucia se toma en buen sentido; pues en 
malo se llama obstinación, terquedad y aun lenaci- 
dad. aunque esta alguna \ezse tiene en lo bueno. 
No hacemos por cicito elogio de un hombre, di- 
ciendo que es obstinado, terco y tenaz. 

La entereza consiste en ser firme, ínlegro, ya 
fisica, ya moralmente, constante, recto y exacto en 
la observancia de las reglas ó preceptos á que se 
sujetó uno, Y a^í hablando de un juez integro y 
recto en la administración de justicia, á quien no 
pueden doblegar ni las súplicas, ni las seduc- 
ciones, ni el interés, ni el miedo, ni el temor, de- 
cimos que tiene grande entereza. Se llama e tcreza 
en el soldado á la observancia exacta y severa de 
la disciplina militar; \ á la pureza en las solteras, 
entereza virginal : así pues es siempre bueno y 
excelente el sentido de la palabra entereza, y me- 
jor aun que el de constancia. 

Vota eza viene de fuerza, y supone vigor y me- 
dios de resistir á todo lo que puede combatirla, y 
así en sentido recto 5^ común significa cualquier 
casa ó castillo fuí'rte, ó sitio defendido por todos 
los medios que tiene el arte de la guerra : y forti- 
ficar ponerle en estado de defensa. También so 
llama frfahz'i al empleo deciO-ido de grandes 
fuerzas corporales. 

Trasladado este sentido de lo material á lo mo- 
ral, ll.imaremos forta eccr al dar ánimo é infundir 
valor y fuerza. 

Asi "entienden unos á la ¡ortafeza por grandeza 
de alma; otros por serenidad en los mayores peli- 
gros y desgracias; algunos por resignarse á todos 
los males que puedan sobrevenir áiites que f.iUar 
á la ley, á la justicia, á la razón y á h'S rigurosos 



preceptos de la moral; y varios por solo temeral 1 
crimen, uada á la desgracia, sea cual se fuese, y 
tolerar con valor los mayores tormentos Tal es el 
varón fuerte de Horacio. 

La diferencia utas nianifiesta que se advierte entre 
la fuerza material y la iiTta eza ó firmeza de ánimo 
se indica en e>tos versos auliguos : 

Fuerza se llama mas no fortaleza, 
La i|i'e á los niien bros ila valenlia. 
La giau fúrlateza en el alina s-e cria 
Que viíltí loa cuerijos de rica nobleza. 

CAítACIElt O índole. || ATTITllD O 
DISPOílClOIV DE IUFEIII NI ES NACIONES. 

— Entendemos por cará> ler ó ind" í, que es mas 
usado, aquella inclinación que debeujos á la na- 
turaleza, y según la cual dirigimos nuestras ac- 
ciones. Aplicada esta voz á las naciones en parti- 
cular, veremos que sobresale en ellas, por lo gene- 
ral, una particular indo e ó carácter, que las hace 
tener un genio o modo de pensar y proceder, que 
las diferencia unas de otras, y forma lo que llama- 
mos carácier nacional. 

Se caracteriza á los franceses por gente ligera, 
alegre, amiga de trato y comniiiíacion, de todo gé- 
nero de placeles, prontos, arrebatados é iiicons- 
tanLes en cualquiera pasión. Hablando de ellos 
nuestro Saavedra, en sus empresas, dice : n Los 
franceses son corteses, afables y belicosos. Con la 
misma facilidad que se encienden los primeros ím- 
petus, se apagan. Ai saben contenerse en ---u pais, 
ni mantenerse en el ajeno : impacientes y ligeros, 
A los OJOS son amables, al trato insuftibles. » 

Se tiene á los ingleses por meditabundos, pro- 
fundos, serios, taciturnos, constantes, melancólicos 
y no muy tratablps 

El averiguar las causas de estas diferencias, no 
es de nuestro propósito. 

Ll.imareros aptitud de una nación á su disposi- 
ción natural y habitual para el preferente cultivo 
de cualquiera ejercicio, arte ó ciencia : como la de 
los italianos ;i las nobles artes y en especial ;i la 
música y á la pintura : la de los ingleses á la filo- 
sofía y a las ciencias exactas : la de los franceseh á 
la literatura y á todas las cosas que pertenecen al 
buen gu-to. 

CAliEAU. ti CONFRONTAR. —Atendiendo 
en estas dos palabras á su material formación, dire- 
mos que son sinónimas, pues tanto vale poner ifl'a 
á cura, como frente á frente á las personas : ti-a- 
tando de cosas equivale (enfrontar á cotejar. 

Pero buscando escrupulosamente las diferencias 
veremos que por carear, sobre todo en procesos 
criminales, se entiende poner un acusado ó reo de- 
lante de otro, que se supone compañero ó cómplice 
suyo, para que atendiendo á sus cargos y descargos 
se pueda deducir la verdad. Tambieu se carean los 
reos con los testigos, y estos unos con otros; pero 
no se carean las pruebas, ni los documentos, sino 
que se confrontan ó cotejan. 

carestía. II ESCA>EZ. — Carestía viene 
de caro que significa subida ó aumento del precio 
que regularmente tienen las cosas comparadas unas 
con otras; pues que en unas partes y circunstancias 
puede ser caro lo que en otras tenerse por barato. 

Como la caristin tiene relación precisa cou la 
abundancia ó escasez del género, de aquí resulta 
que se hacen sinónimas á ambas palabras, no sién- 
dolo en realidad ; y que se llame cuTe^tia .i la falta 
dtí manten'uiientos, y por antonomasia del trigo, 
que viene á ser como el nivelador de las cosas co- 
merciables. 

Atendiendo pues al origen y verdadero signi- 
ficado de estas palabras, diremos que carestía es lo 
caí o de una cosa; y escasez el no ser la cosa sufi- 
ciente para el consumo y uso que de ella se hace ó 
tiene que hacer 

La escasez trae como consecuencia la carestía. 
Hay rsia^ez de granos, y de eonsio;uiente se van 
poniendo muy ¡aros y difíciles de adquirir. 

Llámase también escasez en sentido mas ó menos 
traslaticio, á la parsimonia, mezquindad y cortedad 
con que se da, hace, habla ó promete cualquiera 
cosa. Se dice comida escasa, escases de vino, de 
agua, criando hay poca; de dinero, de medios de 
subsistencia, cuando una persona está reducida, ó 
por su situación, ó por su genio roñoso, á ser pobre 
ó vivir polTemente. También se llama esca o de 
palabras, de luces, de conocimientos al ta-iturno, 
al poco ó nada instruido, al necio, al indocto. 

En ninguno de estos casos podría usarse en su 
luear de la palabra carestía, y decirse hubo ca- 
rL'slia en la mesa, [lor e ca.\ez; ni vivir con ere'" 
thf, por con escasez, pobrezi ó miseria ; ni se dice 
ca/e-'-tia por esca o de entendimiento ó escasez de 
' luces, de palabras, aunque si carecer de ellas. 



GAniDAD. II JUSTICIA. || AMISTAD. — 

Consideraila la palabra jw^ícii como un término 
general, diremos que es la virtud, que nos ha:e 
dar á Dios, á nosotros mrsmos y á los demás hom- 
bres, lo que á cada uno es debido; y por lo tanto 
comprende en si todas nuestas obligaciones; y en 
este sentido el ser insto equivale a ser virtuoso, 
pues la palabra just cia abraza las cualidades que 
constituyen al hombre jjueno ; cuales son la razón, 
el derecno y la equidad, y en este sentido decimos 
pedir justcia, hacer jus't.c a; v al magi.-trado ó 
juez qne la administra i m parcial y rectamente, se- 
gún ley. le llamamos ;íw/o. 

Como la primera y mas importante necesidad del 
hombre es el huir del mal y buscar el bien, 
nuestra primera obligación deberá ser no dañar á 
nadie, principalmente en lo que mas interesa á to- 
dos, cual es la vida, el honor y los bienes, pues lo 
contrario seria faltar á los derechos de la car/dad y 
de la justicia, que son los que sostienen el orden 
social. 

Pero ¿en qué consiste la diferencia de estas dos 
virtudes, pues que convenimos en que líCdridud y 
la jKs'i' /a provienen del principio de no Jañar, 
antes bien de favorecer al prójimo? Ateniéndonos 
á él diremos que la raridad es justicia y la justicia 
caridad : sin embargo, en la común inteligencia 
que se da á estas palabras, vemos, qne aunque no 
se puede faltar á la justicia, sin faltar al mismo 
tiempo á la caridad, hay casos en que se falta á la 
caridad, sin faltar á la ¡it.siicia, como v. g, cuando 
pudiendo, no damos limosna á un pobre necesi- 
tado; pues en este caso no f,)ltaremos precisamente 
á la justicia, pero sí á la raridad ; mas si no pa- 
gamos las deudas legitiinamente contraidas y mas 
si el acreedor se halla upcesitido, faltaremos á un 
mismo tiempo á las obligaciones de jisUcia y á las 
de caridad. Por eso Ciierou. bajo el nombre de cari- 
dad, comprende las ideas de amor, benevolencia, 
ternura, celo y amistad. 

Esta palabra, bien asi como la de caridad, corres- 
ponde al trato con los demás hombres, el cual 
puede pertenecer ó á la parte intelectual, ó á las 
inclinaciones del corazón. Al puro trato intelectual 
le llamaremos conocimiento, y al del corazón amis- 
tad. 

Diferenciaremos esta de la caridad, en que se 
limita á aquellas personas con quienes tenemos fre- 
cuente trato y lelaciones, y la car dad está dis- 
puesta á hacer bien á todos. 

La nm sfad supone siempre la caridad, á lo me- 
nos natural, y añade á ella el apego y amor que 
tomamos á las perdonas con quienes continuamente 
tratamos, y que tantos beneficios y complacencias 
nos proporcionan. 

CARNIV'OHO. 11 CARNICERO. — Estas dos 
calificaciones perten* cen á los animales que se nu- 
tren de earne. Se llama carnicero al que mata á 
otros para alimentarse de ellos y come mucha 
carne; metafóricamente al hombre cruel, sangui- 
nario é inhumano : larniroo al que se ceba en la 
carne cruda, hallando todo su pl.icer en desped.izar 
v devorar los sangrientos y palpitantes miembros 
de sJi presa. 

El primero indica el hecho • el segundo el natu- 
ral apetito, la costumbre y el hábito. 

Cuando los natiiralislas oponen estas dos palabras 
entre si, advierten qne se llama propiamente car- 
niiero aquel animal á quien su naturaleza obli,i;a á 
alimentarse de carne, pues no conoce ni puede 
sufrir ningún otro alimento, al paso que el canii- 
voro, aunque come carne y se cómplice y ceba en 
ella, no es este su único y exclusivo alimento, pues 
que también puede hacer uso y lo hace de los ve- 
getales. 

El tigre, el león, el lobo, son propiamente ha- 
blando animales carniceros : y el hombre, el perro 
y el gato cmiivoros. 

Feroz matanza y grande destrucción constituyen 
la inclinación natural de los animales carmceíos, y, 
la caza la de los carnívoros. 

Un sanguinario instinto, un hábito de furor ca 
racteriza á las bestias rarninras, á las cuales la 
naturaleza ha armado de agudos colmillos, de 
fuertes dientes, de firmes y cortantes garras y de 
grandes fuerzas para acometer, perseguir y vencer 
á su victima; ó de extremada sagacidad, astucia y 
falacia para engañarla , sorprenderla é impedir 
pueda defenderle ó huir. No son tan terribles las 
armas de los animales 1 arnvi'ros, ni tan crueles 
sus inclinaciones, y asi tienen á un mismo tiempo la 
ferocidad de los primeros y la mansedumbre de ios 
frugívoros. 

Pero los mismos naturalistas aplican á veces la 
denominación de carniceros, á animales que solo 
son carnívoros y en especial al hombre. Según 



38 



CAS 



CAS 



íllos one en esta parle signen el lenguaje comnii, 
S a¿imal c.ir.ucero es aquel que naluralmeute 
«ene que vivir de carne, [mes que forma su pnu- 

cinal V mas asrailülle siisleuto, comiéndola de con- 

tinuo y en grande caniidad. Le gusta también al del perro, etc., son de buena, de hoa, de pura, 
ci!riti!>.ri> : de ella come, se alimenta en lo general; ■ ' '- --'- ..«— « 

ñero no con la misma necesidad, lerocidad, ansia y 
apetito. La carne es uno de los alimeulos del car- 
nívoro, y el único del cirntc. ni. Lo que la natu- 
raleza inspira y permite en uno, lo eiige iorzosa- 
mente deí otro : al nao inclina, al otro íueria a 

En las mismas especies ciiriiimra.i llamamos car- 
nicero al que prefiere la carue y come mucho mas 



de ella que los demás animales de su especie, 
hombre es el ma^ carnicero de lodos los animales 
puramente caniivaros. El gato de Alga la es natu; 
raímente c:r„icno; pero la neoes.d.id le obliga a 
veces a ser- frugivoro, pues c -me frutas y raices 
cuando no encuentra animalillos que destrozar : el 
cerdo es naturalmente ¡rugiv ro: pero a veceí, si 
tiene ocasión, carnívoro, porque es glotón, dislm- 
Eue poco el saboi de los alimentos, y le gusta la 
sangre y la carne frezca. Asi es que se les lia 
Tisto comerse á algunos niDos y auu a sus prupios 

'"SsTA. II Tninu. II ADUAR. II uohda. 

II ESTIllPE. II KAZA. II IlALEA. — Todas 
estas palabras son denominaciones de mayores o 
Bíenores reuniones de gentíos, que habitan en va- 
rios países ó en uno mismo, diaiiuguiéndose ya por 
su organización, facciones y color; ya por sus cos- 
tumbres, religión y leyes. 

Hablando en cuanto á ciertos pueblos antiguos y 
gus divisiones en partidos ó clases, cuya totalidad 
formaba la nación, se usa la palabra Iribit: y asi se 
dice las írilus de Israel, división territorial y poli- 
tica, como la de nuestras provincias. 

Las repúblicas de Atenas y de Roma tenían tam- 
1 ieesus ¡riliuA para concunir, según el derecho que 
las daba la constitución, a la formación y votación 
de las leyes, ó al ejiroicio de sus dilerentes facul- 
tades legales y políticas. 

Los pueblos nómades dividen y distinguen sus 
Irililís por las relaciones de familias ó por sus par- 
ticulares coslumbres y diversos intereses. 

Estos pueblos nómades viven vida errante y va- 
gamunda, sin tener asiento ni domicilio fijo, ni 
ciudades, ni verdaderas casas , sino poblaciones mo- 
vibles compuestas de carros, tiendas de campaña, 
cabanas ó cboz.is fáciles de trasportar, de hacer y 
deshacer; pups sus únicas ocupaciones de cazar, 
robar y pastorear, les ol -iga á estar en continua 
agitación y movimiento, temiendo que ocupar alter- 
nativamente una grande esteusion de país, para po- 
der subsistir con sus familias y ganados. 

E>tas poblaciones ino^ibies, especie de rancke- 
rias, se llanjao aduares tratando de árabes y gita- 
nos, y aun por eitension podrá decirse de las na- 
ciones medio salvajes ó bárbaras, que vagan por los 
desiertos del África y de América. 

Han dado en usar mudernamente algunos autores 
franceses mas alectos i novedades qne escrupulosos 
en materia de lenguaje, de la palabra liorde qne á 
todo la aplican; mas el celebre literato La llarpe 
hizo ver que esta ] alabra no era francesa, ni la 
usaban los buenos a itores y maestros de la lengua, 
ni era necesaria, ni se hallaba en los diecionaiios : 
demostró que era liUra ó tátara, como dicen al- 
gunos que la eclan de eruditos, y que solo ha- 
blando de las costumbres de los tártaros se podría 
tolerar. 

Asi la usó un antiguo autor nuestro, en tiempo 
de la pureza de nuestro idioma, en una liistoria de 
Persia, donde estaba bien aplicada, y esti bastó 
para que el sabio tílólogo Gapmany, entusiasta de 
nuestras antiguas glorias en todo género, la prohi- 
jase traduciendo l¿ortla é incluyéndola en su dic- 
cionario, bien qne con el correctivo de que c es 
nombre que se da á las familias de los tártaros er- 
rantes > : y añade, y otros salvajes. ílas esto últi- 
mo no es tan exacto, pues en propiedad de lenguaje 
aunca se ha dicho una horda de caribes, de iroque- 
ses, de cafres ú boten toles. 

Se entiende por casia, no solo la especie 6 cali- 
dad de alguna cosa, sino la diferencia de linaje, y 
en este sentido se extiende también á los animales 



de desprecio, ignominia y vilipendio cuando se trata 
de personas, y asi decimos viene de mala raza, es 
de mala rflZeu": mas hablando de animabs, la palabra 
raza admite buen sentido, y asi decimos del caballo, 
on de buena, de fina, de pura, de 
legitima raza : mas la ralea siempre tiene mala 
aplicación. 

Las preocupaciones de los hombres en diferentes 
tiempos y lugares, ha hecho distinguir á ciertas 
gentes, de origen desconocido, oscuro y dudoso, 
de las demás, no solocon títulos ignominiosos, sino 
con costumbres y leyes sumameute duras y ofensivas, 
corno sucedía y aun sucede con los gitanos, á lo 
menos en ta opinión, que es casi indestructible, á 
pesar de cuanto intenten hacer las leyes sabias en 
contrario. 

En todos los países del mundo, en todas las reli- 
giones, en todos ios pueblos, se hallan de estas 
gentes infelices : en Asturias hay ios baiueiros, 
abonecidos, perseguidos por lodos los demás habi- 
tantes, que huyen de su trato, comunicación y en- 
lace : en Navarra, los algotes, i asía de gente de la 
que deben ó debían estar exentos los que hacen prue- 
bas de limpieza de sangre : en el liearn (!•' rancia) 
los llamados ■ agotes ó capules, á los cuales bajo las 
mas luras penas les estala prohibido el mezclarse 
con los demás habitantes ; se les obligaba á tener 
sus casas lejos de la población, á entrar en las igle- 
sias por una puerta particular y ditereote de la de 
los demás, y á ocupar un puesto separado de todos: 
en una palabra, se les trataba mas bien como ani- 
males que como hombres, y así su nombre venia á 
significar /ifrrov godos. 

Vese aquí una casta muy semejante á la de los 
parias, entre las infinitas mas ó menos distinguidas 
y despreciables en que se divide la inmensa pobla- 
ción de la India. 

Ilay en Suiza, en la comarca del Valles, una raza 
de gentes despreciable y desgraciada mas por la na- 
turaleza que por las leyes y la opinión, que al con- 
trario las ampara. Tales son los Uarnados creí nes, 
que sufren la asquerosa enfermedad de las paperas, 
teniéndolas algunos monstruosas ; manifestando 
ademas en toda su fisonomía y porte la mas com- 
pleta estupidez, pues son honíbbs de facciones y 
formas, sordos, mudos y casi insensibles á los gol- 
pes que les dan ; carectn de íileas y se abaudon.in, 
como bestias, á los mas torpes placeres sensuales. 
Las palabras rflíií'/ieríai, /ii)r,^/s. aduares se refie- 
ren masbien á las mismas poblaciones, qne llamare- 
mos ambulantes, queá los que las habitan: tdát raza 
solo á la calidad del origen ó linaje de las personas, 
ó á la naturaleza de los anímales : la de ralea ad- 
mite significación análoga, pero siempre en mal 
sentido, 

Lo tiene bueno, distinguido y elevado la de et- 
tirpe. y asi es que solo se aplica al origen y des- 
cemlencia de personas reales, de grandes y de su- 
getos de la primera nobleza, de antigua é ¡lustre 
alrurnia, significando ambas origen ó tronco de fa- 
milias y linajes. 

La división por Iribus es por lo general política y 
proviene de la constílncíon y foima de gobierno; 
la separación de unas Iri'U: de otras consiste en la 
dilVreneia de los derechos políticos de cada una, ó 
en eí modo de ejercer estos derechos. 

La división por casias es una separación en mu- 
chas clases, reuniéndose solo los individuos de cada 
una por sus antiguas preocupaciones, y alejándose 
de las demás p.ir el odio que las tienen ó el des- 
precio que de ellas hacen. 

Las casias viven en una separación completa y 
jamas se mezclan unas con otras. 

Los individuos de una Iritiu conservan relaciones 
y aun contraen parentesco con los de otras ; no así las 
i asías. Las Inljus concurren juntas al goce de algu- 
nos derechos de ciudadanos en proporción con los 
que les conceden las leyes. 

Contenida una casia en sus limites, en nada se 
comunica con las otras, pues todas sus acciones se 
dirigen á apartarse y alejarse dr' ellas. 

La esencia de las Irilius consiste en los comunes 
vínculos entre estas divisiones, y cuando se da este 



CAT 

parte material 6 corpórea ; la purifica, la obliga- 
constantemente á que eu sus incUnacionesy place- 
res respete y obedezca las regla- de la moral, ob- 
serve buen orden y guarde moderación en todos sos 
acto i. 

Ii pureza^ en su sentido rect-o, es la que maa- 
tieoe á las cosas limpias, puras, sin meseta, ni 
unión con ninguua otra que las sea extraña. En 
sftntido figurado, que es como aqui y comunmeate 
la tomamos, designa la iulegridal, la iiioceneia de 
costumbres, la carencia de pecado y de imperfeccio- 
pes, la integridad virginal, y asi llamamos puro á 
lu que no tiene mezcla, ni mancha, y es el estada 
del alma, que no ha sufrido los embales de la im- 
pureza, ó los deseos del placer carnal. 

Como en el amor, la natiiraleza inclina á que 
entre los dos sexos, el uno acometa y el otro se de- 
fiendj ; del temor que tiene este de ceder ya á sus 
propias inclinaciones, ya á los combates y eügaños 
del que acomete ; de la vergüenza de haber cedido 
por debilidad; de la inquietud de que esta sea co- 
nocida, sospecnada ó reconlada cou maliciosas alu- 
siones: resulta, por estos diferentes modos, el putior, 
que reúne en sí las ideas de vergüenza, honestidad, 
modestia y recato. 

El iiudor es al arma que dio la naturaleza á las 
mujeres para deíeuderse, y se extiende á cuanto 
puede dañar á su pureza. 

Miraremos á la pudicicia ó llámese honestidad, 
como una continuación ó si se quiere como la cvia- 
lidad que aun queda al /lu^yor vencido, conservando 
siempre con relación al cuerpo el recato y reserva 
que antes tenia también en el alma; sin embargo 
se la mira comunmente como sinónimo del pudor, 
consistiendo en abstenerse de gustos ilícitos, con- 
servando la hiinestidad en oirás y palalras. 

La cont'nencia es como el fandameaio de todas 
las virtudes de que vamos hablando, pues sin ella 
no pueden subsistir, y consiste en la ürme y tenaz, 
resolución de OjOnerse á las pasiones y afectos des- 
ordenados, á moderarlos y refrenarlos, procediendo 
en todo con sobriedad y templanza. La conlmenei-a 
es enemiga de los placeres inmoderados, sobre todo 
los carnales. 

La pureza pertenece al corazón, pues que aleja 
de sí toda idea de placer : la caslkiad a\ alma, 
pues que resiste á cuanto puede inclinar á las des- 
ordenadas pasiones ; el puilor, ¡lor natural senti- 
miento, huye de cuanto puede conducir á una fla- 
queza ó descuido; la pu/ícicia viene á ser q\ puáoT 
exterior, que pone limites al imperio del vencedor, 
conservando todavía la modestia y la bouestídad en 
todas sus expresiones y acciones. 

La conlinencia es la virtud severa que se resiste 
á la natural inclinación al placer; la domina y ven- 
ce, refrenando sin cesar los malos apetitos, soste- 
niendo contra ellos una perpetua lucha. 

CAIASTROFE. II SÍJCIíSO. jj DtSIvNLACE, 
— Un .^uceao puede ser conmn, ó raro ó extraordi- 
nario ; feliz ó desgraciado ; de macha Ó de p ca im- 
portancia. Es er^ta una expresión tan general qne 
casi nada caracteriza, pues todo lo que acaeco es ua 
Suceso; mas li cali írofe signiíica un.víJf£4ode mu- 
cha importancia que da origen á veces á grandes y 
aun generales inlortunios y á muy notables altera- 
ciones. Una ralúsírofe puede ser causa de la des- 
trucción de un reino; pues esta palabra sígnifici 
siempre un siu^e o extraordinario e infausto. 

Circunscribiéndola abora al arte dramática, donde 
con mas propiedad y generalidad se usa, diremos 
qne siguienao el sentido que la dieron los griegos 
en la voz cata^í-ofon que significa subvei-sion ó 
üostorno, salida, éxito, fin, suceso trágico, l^cafás- 
írofe es el principal y último trance con que remat» 
la tragedia. 

E\ desenlace, que también es el final de ella, des- 
ala, desenreda, desenlaza, y desaiuida el ñudo ó 
enredo del drama : asi pues eí de)fen!acede^hác.& el 
fundamento de la fábula, y la caláslr. fe expone la 
mudanza ó trastorno que se supone haber acaecido. 
El desni ace es la última parte del drama y la 
catástrofe el último .\ucfso : el dt-scHlare descubre 
el enredo y le de-hace: la caíáslmfe termina la ac- 



tenian sus leyes y costumbres particuLires. era p t- 
que se les consideraba como unidos con l;ts otras 
tribus semejantes, reconociendo todas un origen 
común y no abonecíendose ni despreciándose unas 
á otras. La distinción, la separación y á veces el 



irracionales, de los cuales cuando seles quiere per- 
feccionar se dice cruar la^ caitas y aun en la es- . , . 
pecie humana el mezclarse por el matrimonio, gen- ¡ odio forman la esencia de las castas. 
tes de difere iles naciones ó casias, Unto mejor CASTIDAD. 1| COI\TlL\E^Cl A. || PUDOn. |1 
cuanto mas ¿istanles, j)erfeccioua las generaciones PUDICICIA. |i PliKEZA. — Consideramos estas 
ó familias en sus cualiaades físicas, naturales y aun cinco palabras en su sentido moral con relación al 
morales. I uso de los placeres carnales. 

Esta significación hace común la palabra casta á I La calidad es la virtud míe directamente^ se 
las de ra>ea y raza; mas estas se toman en sentido I opone á ellos : firme y rigida domina y sujeta a la 



nombre á las de los pueblos que como los bárbaros cion. Por medio de sucesivas aclaraciones nos con^ 

■ ' .--.-- I ¿^^.g el desea ace a la caa^trufe, asi como esta le 

completa : el de en' a e tija los sucesos y la catás- 
trofe muda su aspecto en favonible ó adverso. 

El arte consiste en ^Xdfjenla ea.4como el efecto 
tií \a cutas rofe. Debe verificarse con rapidez el 
desenlace, sin que por eso sea precipitada ó airo- 
pellada la (■a/íí/ro/"e. . 

El buen dcsenla>t' debe nacer del mismo enredo 
de 1.1 tragedia n d" la maraña de la comedia, y re- 
sultar naturalmente la catá^lroje de las costumbv- 
que se han supuesto á las personas ó de la sitúa 
cion en que se las ha colocado. En el caso de qu 



CAU 

la catástrofe sea necesaria y como esperada por los 
espectadf>res. el autor Jehe procurar ijiie perinanez- 
can ocultos los medios de qua se vale para el dea- 
enluce* 

El deseiiloi'e mas perfecto parece ser aípiel en 
que la accioü se decide por medio de uua caiá irofe, 
la cual siendo iiuiy ii;ilaral y verosimil, cansa la 
mayor sorpre.>;i, como sucede eu lUeopatra, cuaudo, 
ea la tragedia de llodoguna de Üorneiñe, se resuelve 
á ser la piiuiera eu be. er la copa enveueuada, para 
obligar cüQ esto á hacer otxo tanto á Antioco y á 
Kodognna. 

CAUCIOX. II GARAXIIA. 11 0BLIGACI0\. 
Jl FIA.NZA. II .-\ltu\ii. — Cuaudo üos obligamos 
a otro de que tiarciiios e^ta ó la otia cosa á >u fa- 
vor, ó de que él la bará, decimos qut: damos caución 
á él, ó por él. 

Esta caticion se convierte en obligado i ya sea de 
palabra, ^eguD la coufiauza que esta inspire, ó ya 
por un docuiU'iiito mas ó meaos formal y legal. La 
cauciotiy (¡ue llamamos de imem ^iilud, consiste eu 
sacar á otro salvo y libre de alguüa obligación con- 
traída. Llámase tambieu cauc.oii jwaíona, la que 
bajo jurauíeatú da el pres», que no tiene ó no ba 
hallado liador, de que vulvera á la prisión cuaudo 
se le mande. Llauíaiuos también caución i la pre- 
caución que toiiiamos para no ;>alir mal en uu ne- 
gocio, ó a la cautela para prevenirnos conüa ase- 
chanzas y otrOí rití.-go5 y de consiguiente Cíiüc/OHíir 
al precaucioiKiriios o precavernos de que nos suceda 
cualquier daño ó de ^ue se pueda abusar de aues- 
ti*a buena íe, ó de la situación eu que qüs hállanos, 
por lo que se Uauíaba caucionero al que daba ó pro- 
porcionalia esta caU' im. 

I>a palabra fiador viene de fidt'Jussio, y esta se 
deriva de /idts, fe, que ademas de siguiücar en la- 
tín fidelidad y veracidad, tii'ue el sentido de prome- 
sa, empeño, aui.Iío, amparo, favor; pues á todo 
esto se dirige el fiador de una persona, como que 
se constituye en la luisma 6 mayor obligación que 
aquel por quien da la lianza, ti-niéndose entonces 
dos deudores ú obligad 's por uno. 

Asi pues la fl<in:a se da siempre por un tercero, 
en favor de otro, y viene á aumentar la seguridad 
de este en el c<mtrato : y no bOlo da fianzü por la^ 
obligaciones civiles, asegurando con bienes inmue- 
bles que se bipolecan; sino por las personas mis- 
mas, como iíJia'Za carcelera ¡KU-a que un reo salga 
de prisión, y Li de estar á derecho para pasar por 
la sentencia que prünunci»; el juez. 

Ha dado cu usarse la palabra garantid, que no es 
de nuestra lengua, ni necesita st;rlú, pues que cor- 
responde eiactimente á la de fiador ó fiama y nin- 
gún autor nuestro la usó hjsta ahora. 

Ganmtia viene de la palabra celta ó tudesca 
warrcin compuesta de war guardar, palabra que aun 
se nsa en el in;¿lés, alemán, y en otras lenguas del 
Norte, donde se llama ^.raií al que se emarga de 
guardar, maniene y asegurar la ejecucioo de cnal- 
quier acto. Capniany.á quieu debeino;.el verdail?ro 
y mas puro Diccionario francés y esp iñol y que tan 
sabio era en la correspondencia de ambas lenguas, 
dice, tratando de las voces gaant\ uaranlii y ga- 
r.íftí/r que tienen mas uso en el lenguaje diploaiá- 
tico : aun podría haber añadido que solo allí, como 
mas expresivas, por circiinsoriljirse á los tratados de 
paz y comercio. De cualquier modo las da por siaó- 
nimas de fiador, fianza, responsabilidad, sanea- 
miento, indemnización. 

El Dicción irio de la lengua en su sexta edidon 
viene á decir lo mismo, aunque parece admitirlas 
en los negocios de comercio y aun til vez en el len- 
guaje común; pero dudoso es que se halle en las 
ediciones anteriores, y que Ioj autores de ellas se 
atreviesen á daid la ¡a ía de natural za. 

Mas sujetándonos á esta autoridad y huyendo de 
cuestiones de palabras, hd^os dado al gi atU, ga- 
raiitia^ ga anUr y 'gararido algún bigar en este 
artículo y use estas voces el que quiera, por asegu- 
rar, indemnizar, responder de una cosa, haceríC res- 
ponsable de ella, y diga, sí á bien le viene, ga-a^i- 
íine por guardarse ó precaverse de algún aaüo. 

Ahono y- abo'uir^ como indica la misma palabra 
en su formación, es calificar una persona ó cosa de 
buena, dándola por tal y no menos por cierta y -e- 
gura. En e^te sentido coincide cou la fianza cuando 
se dice que se uftona á alguno, que un sogeto es 
liso, llano y ¡iboualo... Se dice nboitar una cosa 

gor enmendarla, perfeccionarla, y hacerla útil y 
uena 

Todas estas palabras se comprenden bajo la ge- 
neral de o'ti'.acon, cuya significación por lo mismo 
no puede meoo-- de ser luas extensa. Es pues la 
Olliuacioa un formal compromiso, un lazo que es- 
trecha y precisa á dar ó á hacer una cosa, ya sea 
por la formalidad, buena fe, honradez y honor del 



CAU 



que se obbga ; ya por los vínculos naturales que 
sujetan al hombre; ya por la fuerza y coacción da 
las leves. Tenemos por lo tautu o'liyaCiOiíe^ natura- 
les, civiles y uiistaa ; es obliiíaciüu del padre man- 
tener á los hijos, lo dicta la naturaleza y lo mandan 
las leyes, y cuaudo no lo hacemos asi se dice que 
faltamos á nuesiras ^ tligaciünes-j-y se llama hoiubre 
de obligaciones al que titíne mucha familia que 
mauteutT y aun también al que desempeña luucLos 
caj'gos. El que recibe favores de otro está oblig.ido 
al agradecimiento y á pagarlos con ¡guales ó mayo- 
res eu su tiempo y lugar. 

Cuando nos t-bUijamos por otros, nos hacemos co- 
mo el fiador respousaiiles ile que ellos cumplirán 
lo prometido, pactado y contratado. 

Los socios de una compañía de comercio, vienen 
á servir de caiic/on los unos por los otros, pues son 
iguales eu obligación y respuasabilidad : los reyes 
salen gar. lUes i-eciprocameutede aquellos en cuyos 
tratados intervinuen, los padrí-s están o''lig'iiio3 i 
responder de la conducta de sus hijos y tienen que 
abonadlos en todos sentidos. 

Se da caución ya por negocio de intereses, ya 
por penas pecuniarias; f/arantiiis para aseguar la 
posesión de los paises cedidos en los tratados ; y se 
abona para responder de ios daños y perjuicios. El 
que se coustitiiye como tauc/on de otro se obliga á 
responder ó pagar [Or él ; el garante á perseguir al 
quc falte al tratado; el que alfOna á resarcir daños 
y perjuicios. Por lo tanto el primero obliga su per- 
sona y bienes; el segundo interpone su autoridad 
y sus fuerz;is; el tercero su buena fe y también á 
veces sus bienes. 

Se exige . anchan i aquel a quien no se tiene por 
bastante seguro, arraigado y rico : fiaiza.^, al que 
que no tiene bastaute caudal para asegurar el cum- 
plimiento del contrato, y (¿Ijono al que por si mLimo 
uo inspira coiitiauza. 

C VISA. II H.»riVO. II SUJETO. II BAZOiV. )| 
PntTkXlo. — Itefiereüse estas palab.as á toao 
aquello que luíluye en una acción o en el paiticu- 
lar proceder de una peisona. Es cuusa de una ac 
cion lo que la produce, da origen, y sin la cual la 
cosa de que se trata nu pot.lria ser tal : es la razan 
que tunemos para hacer, decir o pensar alguna cosa. 
El Mijrio es aquello sobre lo que obra la causa 
ó lo que la pone en movimiento y acción, y por tras- 
lación entendeuios el tema de lo que se habla ó es- 
cribe, ó aquello de que se enuncia ó predica cual- 
quier cusa^ 

£1 mo'.iio es lo que mueve, impele, excita á ha- 
cer la acción : algunos cr^'en que la causa mdíca 
una ra:vn forzosa para proceder ó juzgar de un 
modo y no de otro, y que el wi^ Lvo es una razón 
en cierto modo voluataria : mas no siempre puede 
tomarse lo uuo por lo otro : decimos la ca^sa de 
suí u:ales está en sus vicios y desúrdenos ; el wo- 
livi que ha tenido para ren'.\nci:ir su empleo ha 
sido el mucho trabajo y la poca utilidad. 

La ra:o<i es el principio fundado ó infundado, 
que alegamos para juatiücar la acción que hemos 
hecho ó vamos á hacer. 

El ¡iretexlu una razón supuesta de que nos va- 
lemos para ocultar la verdadi'ra 

La ambición es la causa de la mayor parte de 
las guerras : el suje/o , ioteresiís bien meZ(|uijios y 
de poca importancia : muchas veces el odio y la 
venganza son los secretos tnoli'os de ellas, y el 
pe/ '.TÍO unas veces el hou'>r de las naciones y 
otras su prosperidad y engrandecimiento ; porque 
nadie se atreve á confesar estas secretas y verda- 
deras ra Oíi.J. 

La caus í produce la acción; la determina el íu- 
yc/d ; la da vida y actividad el motiv*: la ra:oa 
procura disculparla y el pretexto disfrazarla. 

CAiSTICo. II MOHO %Z. ||S VIIIIICÜ.— Ex- 
presan estos tres adjetivos cualidades ó disposi- 
ciones mentales que inclinan ai que naturalmente 
laa tiene, á clamar y combatir contra los victos y 
defectos de ios homhres, para corregirlos de ellos; 
o contra los hoim res mismos, no para contribuir á 
su eiiiiiienda, sino para ofenderlos, irritarlos per- 
diéndolos en su reputación y en la opinión pú- 
blica. 

En su sentido recto la palabra cáuf-tJco corres- 
ponde á todo aquello que tiene fuerza de alirasary 
quemar, y asi en la medicina se llaman cáu lie s 
aquellos luedicamentos corrosivos, que sii'ven para 
quemar y cousurair las carnes, y cauterizado á lo 
que se íia quemado cou el cauíeiio. 

En sfntido figurado es 'át^tico todo dicho, ex- 
presión ó discurso que irrita, como un hieiro hecho 
ascua, á aquel contra quien ^e dirige, causan lolt 
dülorosa impresión y aguda pena, liecimos estilo, 
discurso, oración, paUlras cmHuas , por lo que 
abrasan y hieren. 



CAU 



39 



I , La palabra míM-da,: viene del latín ffwrico que 

] siguihca, según los caios. mnrd,r, picar, criticar y 

, aun murmurar y calumniar. Llámase viodi ación a 

la picazón, ¡no di cantes a los remedio 



- , , , uiús que pican: 

mordaz a lo punzante, cortante, tajante, punti- 
agudo, a lo que es áspero y acf-rbo al pjIa.Lir- mor- 
dacidad á la acritud de los hwnores. Por trasla- 
ción, al mal hablado, al muimurador y calumnia- 
do:, pues que parece que muerde v despedaza- 

Derívase la palabra sátira del griego, y según la 
mas común opinión de que la gente rustica y la- 
bradora de Grecia, al acabar sus labores campes- 
tres y en especial la vendimia, celebraban especies 
de bacanales en los carros en que couducian las 
uvas, mofándose con gestos y palabras picautes de 
los pasajeros, dándoles brega y aun. Uaciéndosa 
unos á otros á veces burlas pesadas. Á e^tas ri lí- 
enlas farsas, especie de simetes ó entiemeses, 
llamó Aristóteles sáttr.is , tal vez por introducirse 
en aquellas pantomimas, pues que de todo tenían, 
distraces y representaciones de salí: os, como que 
eiao fiestas á Baco, Y de tan baja, rústica y ridi- 
cula diversión tuvo origen la sublime tragedia, 
cjue mas bien debería corresponder á la co.nedia 
griega sobre todo en su primera edad, pues ¿ qué- 
otra cosa vienen á ser las comedias de Aiistóíines, 
que iuiitó luego en latín Lncílio? 

Entre los romanos , la sátira no fué composición 
dramática; sino un poema corto, escrito en dife- 
rentes géneros de metros, por lo que sus mas céle- 
bres autores la miran como cosa propia, inventada 
y usada por ellos, y aun quieren también haberla 
dado nombre, que deducen de satura, 'jue significa 
plato Heno de diversos manjaies, y aplican por ex- 
tensión á la ley oscura, confusa y en la que se 
tocaban diversos puntos, á veces inconexos, y por 
último al poema en que se -zahieren las malas cos- 
tumbres. 

Aunque en rí^or la verdadera sátira debe escri- 
birse en verso, hay no obstante, en todas las len- 
guas, muchas obras sairtcas en prosa, en especial 
fábulas, novelas j cuentos, hislonas, en todo ó la 
mayor parte fingidas, como el Ra' elai\ , el Catoli- 
co'i ó Sdti'a Mempea en Francia el Jiudibras y 
ilarlin ^crib ero en Inglaterra, y ^obre tod.o el ori- 
ginal, inimitable é inmortal Quijote en España, 
que hace se iguale á Homero, en su género, su sa- 
bio y festivo autor. 

El genio saiirico. considerando la sátira cual los 
romanos y los modernos , ven Irá á ser el género 
entre las ti'cs palabras del título, asi como cáustica 
y mordaz las especies. 

Lamamos /yerno í'/íncd al que se complace ea 
burlarse de los vicios y ridiculeces de los hombres, 
va lo haga, festiva, alegi-e y ligeramente con solo 
la intención de causar diversión y pliciT, sin ofen- 
der particularmente á nadie, como Ceiváníes en 
todas las obras , que le han dado verdadera fama ; 
ó ya proceda con odio, rabia y eucaroiza uiento 
contra los vicios, haciendo horrorosas pinturas de 
ellos, lanzando expresiones picmtes, empleando 
denigrativas alusiones á diferentes personas, desig- 
nándolas á veces y distinguiéndolas de las demás: 
si ya no llega su o-sa^üa á quitarles enteraiuente el 
velo y nombrarlos claramente por sus propíos nom- 
bres.- 

A este género de sátira es sin duda al que alude 
Cervantes eu su viaje al l'arnaso. diciendo : 

Nucca voló Ii biimilde pluma mia 
Por la regiou satírica : bajt-za 
(Jua á ¡afames precios y dasgracias gnia. 

Con lo que al mismo tiempo que delicadamente 
reprendía á los que satirizaban con acritud los vi- 
cios, designando con mas ó menos claridad á los vi- 
ciosos; se defendía de los que á él atribuían, sin 
razón alguna, semejante defecto. 

Aplicaremos también en estos casos á la expre- 
sión de genio siíiric, los adjetivos de cdasl/ca y 
mordaz; el primero cuando se usen expre.'ioncj 
que abrasan, causando intenso dolor, el segundo, 
cuando el odio y la rabia parezcan como morder, 
despedazar y desgarrar materialmente Con los dien- 
tes , haciendo profundas y aun mortales beridas á 
sus viclimas. 

Se dice también un estilo cáustico , una expre- 
sión cáustica: una sátira mordaz, un epigrama 
mordaz: un discurso satírico, una frase satiriea, 
un poema > alineo. 

El genio S'iti ico aprovecha todas las ocasiones 
de reprender, vituperar y despreciar; pues estas 
cualidades constituyen A tonilo de su carácter : no 
pierde tampoco el genio cáustico la oportunidad de 
disparar agudas saetas contra las perdonas : ni el 
mordaz de descubrir su eacarnizamiento contra sus 
semejantes. 



40 



CAU 



CÁV 



CEL 



El gpnio satirtco se dirige á hacer ridículo ó 
aborrecíMe al contrario; el cáusUco á herirle, aba- 
tirle y viliíjeiidiarlc; cual rabinso perro, el viordaz 
se tira á las gentes para mnderlas y despedazarlas. 
El odio que causan los vicios de los hombres 
pnede hacer que irrit.ida y fiícaiidal izada una per- 
sona virtuosa se vuelva saiiric-i... Fañl núgnat'O 
rer.siim : pero solo Li nialí^iÉidad produce el eenio 
y el estilo láuslco, incompaiible con la bondad y 
templanza : asi como cun la modei ación y las ideas 
del honor, el nurdaz. que proviene de la maldad 
y de la \ebemenle aa^ia de dañar. 

Lo cáuslco oiende al amnr propio y humilla ; lo 
mordaz, á la buena opluiou y al honor, y desespera 
y desconsuela. Una eipre^iou cáustica hiere solo 
por (1 instante; ana saina morda: causa una llaga 
profunda y duradera. 

Horacio era aaíinio, pero no cáustico ni mordaz, 
y si á veces' nombró á las personas, estaban estas 
tan públicamente enulfcida» y desacreditadas, que 
nadie podía eilrañar no se tuviese consideración 
con ellas. 

Tachan algunos franceses á Boíleau de cáust/co 
y mordaz; pero en verdaii solo fué, nombrando, 
zahirieude y abatiendo á literatos por lo común, 
aun lue no todos, deí^acreditados entre las gentes 
de buen gusto. 

El \erQadero sulir'/co en toda la fuerza de la ex- 
presión, fué Jnvenal,que enfurecido contra los 
abominables vicios de sus tienpos, con toda la ra- 
bia de una virtud rigida, austera y como desespe- 
rada de hallar r medio, acomete sin miramiento 
ni disfraz á los vicios y á los viciosos,'des¡gnándo- 
los, nombrándolos, desenbriendo todas sus tnrpezas. 
Pero ¿ qué bumbre virtuoso, i|ue se halle con su- 
ficientes fuerzas, no acometerá sin respeto, ni temor 
alguno, á los grandes malvados de la época de 
Claudio y Mesaiina ? y¿ quién no hramará de ira y 
furor al ver la estnpidez del uno, y el desentrenado 
abandono de la otra. ? 

Pío solo la dil'erencia de genios, que depende de 
la naturaleza, sino la de las épocas, decide del c:i- 
rácter de estos satirio s. Horacio, poeta de gusto 
fino y delicado, agradalde, placentero, tolerante v 
hasta cierto punto cómplice del vicio, cortesano de 
Augusto y de iMecénas, vivió en una época de cul- 
tura, de urbanidad, de decoro, en la que los vicios 
se ocultaban en la oscuridad, ó se presentaLian 
con el disfraz de la virtud y la decencia. Asi pues 
no era extraño gue con delicadeza se acometiese á 
los que con delicadeza obraban. 

pero la abondnacion, la prostitución, el escán- 
dalo de todos los crímenes, liabian llegado al mayor 
exceso en los tiempos de Claudio y los emperadorps 
qué le precedieron y siguieron : ningún disfraz cu- 
bria al vicio : ningún freno debia contener al s lí- 
rico de sus tiempos, pues que eran tan fatales y 
corrompidos, que nada mas podía repre^entarn^s y 
exagerarnos la sátiri, que lo que íiel é imparcial- 
meiite nos refiere la historia 

CAUTIVO. II I SCLAVO. || PniSIOXEItO. — 
Estas tres palabras indican las personas que han 
perdido -su libertad. 

Las palibras cauLvri y cautividad, vienen de la 
latina capw, cogrr, tomar con la mano ó apresar. 
La. cautil' >d id designa la cualidad de canino, lo 
que ha hecho que un houilire lo sea, cayendo en 
poder de sus enemigos : es un e^tado, nn.i con li- 
ción de su infeliz suerte. Lianiamos cautivos parti- 
cularmente á aquellos cristianos, que caen en po- 
der de los corsarios berberiscos. 

Llamase prisio ero á aquel que en la guerra ha 
caido en poder del enemigo sea quien se fuese, al 
preso por cuabjniera causa ó moli\o, al que está 
detenido uiatenalmente, al qne se halla rendido y 
dominado por ai-juna pasión sobre todo amorosa ; 
se infiere de aquí qne p i lonero debe ser una pa- 
labra genérica, asi como especial la de caut'vo. 

E'C'ai'O es el que se halla privado de su libertad 
en virtud de leyes y coslnnibres báriiaras, convir- 
tiéndose en propiedad de otro hombre, el cual se 
ha hecho dueño absoluto do la vida, de los bienes 
y de la libertad de su esclavo. 

La condición de este es peor que la del Cfíut vn 
y la del ¡"is'on to, ¡jues el esclavo se entiende 
haber perdido sn libertad para siempre, si su amo 
no se la concede ó vende pero el 'autiio regular- 
mente la adquiere, pori¡ue el lorsaro solo le ha 
caul vado para i^iro porción a rse un buen rescate. En 
las naciones civilizadas cesa la pnsion, ó el estado 
de jins'oniro, cuando cesa la guerra, ó si mientras 
ella se verifica un canje. 

En algunos pueblos era permitido á un hombre 
libre vender su libertad haciéndole esclavo volun- 
tario. 
El Ci.uttvo y e\ prisionero se bailan privados dé 



su natural lihertad; pero esto con ciertos limites i 
que las leyes prescriben, y así es que conservan su 
existencia nacional y civil y el ejercicio de estos 
derechos. Mas el esclavo ha perdido lodos sus de- ! 
reclios civiles y no tiene mas existencia qne la eS' 
claviíud misma, y si conserva alguna libertad na- 
tural será la que le conceda , por humanidad ó in- 
terés, su propio amo. Tal era y es aun en algunas 
paites la dura condición de los c.'Curos negros, 
que constiluje el peor e.-^tado de los hombres que 
carecen de libertaá. Decimos sin rescate alguno se 
libertaron los cutiros : se canjearon los ;jr/ iomros 
de guerra; salieron de la e6C avil d los negros. 

Mas cuando estos se escapan de la hacienda de 
sus amos á los montes ó parajes iubahitados, á los 
cuales llamamos negros cimarronea, no dejan por 
eso de ser esclaros, pues que sus amos conservan 
sobre ellos el derecho de propiedad, si se les coge 
vuelven á ser cautivos, y si el amo los pone presos, 
ó encierra, ¡iris oucrvs. 

Se dice comprar escluvos^ hacer prisioneros, co- 
ger cü livos. 

Una mujer no retiene á su amante prisionero, 
sino cauti i>, tauliv- de amor; y si es diestra y- sa- 
gaz, pronto le convierte en sumas sumiso c-iluv». 

CAVI-.ll\A. II CLLVA. || GlU TA. — La idea 
principal án estas tres eipreaiones es la de agujeio, 
vacio, concavidad. 

La distintiva de cueva es la de esta misma con- 
cavidad formando cierta especie de arco ó bóveda; 
la mas general, la de ser artificial para el fervicio 
doméstico sobre todo en las casas de los labradores 
y artesanos, pues no se tiene i or buena aquella en 
qne falta una citiv-i, como que es una de sus mas 
principales, cómodas y auu necesarias oficinas: en 
este sentido tueva tiene buena y nada desagradable 
significación. 

Sin embargo se atrihuye la palabra cuera á mu- 
chas concavidades naturales, de aspecto exterior 
horroroso, oscuras, espaciosas y muy profundas, 
que sirven unas ile reíngio á gente de mala vida, 
que huye y se esconde; otras de guarida á las fie- 
ras, animales dañinns, aves y reptiles quq al.orre- 
ceii la luz y aman las tinieblas. 

Por lo tanto es muy común la espresion de 
cueía de ladrones : al abismo en que descendió 
D. Quijote, lleno de aves nocturnas, de sabandij.is 
y de maleza, se le llama cinvn de Montesinos : el 
célehíe ladrón Caco habitaba, según Virgilio, en 
una cu va ; también se entiende por cueva al espa- 
cioso palac o de Eolo, donde este rey de los vientos 
tenia sujetos y encadenados á sus revoltosos siib- 
ditos. dtd que dice el poeta : H/c vislo re.iE"ius 
adro : y también Polüemo se retiraba á una cueva, 
cavo Poli/phemus m antro. 

También se titula cueva á aquel palacio ó tem- 
plo subteir;aieo que fabricó Trolonio en la Levaida 
adonde acudían mnelias tímidas y crédulas per- 
sonas, que eran introducida- con espantosas y mis- 
teriosas ceremonias, á consultar los falsos oráculos, 
logrando solo, por lo comtin, perder enteramente 
el sentido y á veces la vida. 

Pero considerada la cuiva como una concavidad 
en general , parece corresponder esta palabra á la 
latina cav a . aunque tamuien se la aplica la de 
atiírum. Pudiera ser m,is exacta locución la de li- 
mitarla á la artiiicial y dejar la de aiitrum, que 
nuestros antig^uos tradujeron antro, y ahora solóse 
emplea en sentido poético, para las concavidades 
naturales que dan idea de oscuridad, horror y es- 
panto. 

Se ha trasladado por cu'va al Spehruní, Specus y 
spclíüica, que también nuestros antiguos conserva- 
ron , casttíllanizándulo . en la palabra esp luiic i , 
que aun usan algunos poetas. Esp liinca fija mas la 
idea de terror y e--panto, pues nunca es de agrado. 

Conveniente sena distinguir y limitar estas y 
otras expresiones análogas si el uso no se opusiese 
poderosamente á ello. 

Mas fija y exacta es la palabra ca' erní, que tam- 
bién derivan de cavus hueco, hoyo, cavidad, con- 
cavidad, y regularmente se entiende por un grande 
subterráneo, teneliroso, peligrnso y temeroso. Mu- 
chas de las cuevas naturales, de que hemos ha- 
blado, son verdaderas cavernas, y ofrecen á los 
hombres y á los animales refugio mas seguro por 
lo preiundo, escondido y oscuro, y por lo tortuoso 
y estrecho de sus vueltas y revueflas. 

Se da el nombre de i,ruta, que presenta por lo 
común idea mas placentera, ya á los edificios suli- 
terráneos de la antigua edad, que aun se conservan 
en Roma y otras pait'-s; ya á coticavidades formadas 
por la naturaleza, principalmente en las montañas 
y terrenos calizos, como son la célebre de Anttpa- 
rcs, la déla Sibila, que recuerda ideas misteriosas, 
y !a del Cañe, cuyos pestilenciales hálitos privan 



de la vida á los animales que en ella se intro*" 
ducen. 

Derivan los elimologistas la palabra í/ru/í/ de las 
griegas y por traslación launas, (rtji<lo y crypía, 
oculto, e condo, cubro, defi.ndo {t ijo); y de aquí 
gruí'/, cuasi crofla, y el llamarse á la^ru/u del Pau- 
silipo crypfa Niapol luna. 

También castellanizaron á e.'-ta palabra nuestros 
antiguos, aunque parece la limitaron á las bóvedas 
ó cementerios para enterrar á los muertos. 

La idea distintiva de la yrula es la de una cavi- 
dad no muy prolnnda, ni tan tem-bro-a como la ca- 
vería, pues es por lu común una reducida cuera 
que ningún espanto causa, antes bien cierto agrado 
y placer. Su propiedad relativa es la de ocultar, 
amparar y presentar un solitario refugio, un paraje 
de descanso que recrea y solaza. 

Por esta razón en los grandes jardines y bosques, 
el arte se esmera en construir gratas y cómodas 
grutas imitando lo mejor y mas risueño de la na- 
turaleza, ya en las conchas, pedreznelas y capri- 
chosos juegos de ella . con que las adorna; ya ea 
las comodidades (|ue allí reúne. 

La gruía de Calipso en el Telémaco podría servir 
por uno de los mejores modelos. 

CÉI.EBIIE. II FAMOSO. \\ ILUSTRE. I| RE- 
A'OMIÍllli. II IIEPLTACIOÍV. II CONSIDi:nA- 

CION.— Del latin cel bns se deriva el adjetivo 
célehre en castellano y nace del verbo celebrar qwo. 
significa alabar, aplaudir, encíifecer cualquiera per- 
sona ó cosa, y llámase celebroci m ai aplauso y acla- 
mación, á la grande fama y á los públicis y extra- 
ordinarios elogios. El hombre c lei'ie parece tener 
bien sentada su opinión, en todas partes, por aque- 
llos que pueden juzgar del mérito de lo que se ce- 
lebra. 

LüS sabios y los literatos son cilehres por sus 
obras. Dícese que es clebre un guerrero cuando se 
quiere denotar que la fama de sus hazañas militares 
se ha extendido por todas partes. Á todo aquello 
que es digno de ebigio por su perfección y utilidad, 
se puede aplicar el epiteto de icte''ie. Se dice una 
ciudad céebre, no materialmente por ella, sino por 
las personas de mérito que en ella nacieron, por los 
sucesos notables que alh pasaron, por los monu- 
mentos de las artes ó por sus raras producciones; 
así como puerto a lehre por su comodidad y abrigo 
y por ser muy frecuentado. 

Por extensión llamamos celebre á lo festivo y á 
lo chistoso, y decimos qne un sugeto estuvo c. kbre 
en la conveisacion, en cualquiera representación ó 
ejercicio público. 

Del latin lux (luz) que tiene las significaciones 
de alumbrar, iluminar, aclarar, resplandecer, ex- 
plicar, manifestar, descubrir, ya física, ya moral- 
mente, se derivan las voces de ilustre é /lust'ar\ 
decimos íVuv/' «ral entendimiento por darle luz-, ilus- 
trar una obra por explicarla, aclararla, esclarecerla: 
se llama ilustre á todo lo que es ó consideramos 
luciente, lumin so, brillante, resplandeciente, y de 
aquí sugeto ó persona ilustre al quees </ ebre, in- 
signe y noble, pues que siempre las familias se han 
distinguido por el mayor ó menor lustre de sus as- 
cendientes, y aun se extiende esta palabra á denotar 
la elegancia y pureza del lenguaje y estilo. 

Las oazañas hacen ilustre y esclarecido al héroe. 
Los beneficios que un soberano dispensa á sus sub- 
ditos dando esplendor, gloria y rujuezas á su na- 
ción, le hacen ilustre en la historia, ¡nisle es un 
sabio, un filósofo cuaqdoha hecho grandes beneficios 
•al género humano con sus de ciuirimientos y sus 
obras. Es tos son los hombres verdaderamente í7tíí/rfi*, 
y esta la verdadera ilusti ación y nobleza. 

.... nohilitas sola ett alque única virtua. 

La palabra i'ustre ?oIo puede aplicarse á las ppr- 
sonas y jamas á las cosas, como la de celebre y /íi- 
nioso. 

El adjetivo famoso formado de fama se aplica 
como el de celebre á toda acción ó suceso que ha 
ad^iuirido grande nombradla ya provenga esta de 
buena ó d* mala cansa Así es que un bomhre fa- 
moso no es precisamenie el que como el ¡lustre ha 
hecho cosas útiles y dignas de elogio, sino aquel de 
quien hablan mucho las gentes en bueno ó mal 
sentido. Famosos fueron Catilina, Tiberio. Nerón 
y otros por sus maldades; por lo mismo no pudie- 
ron ser il síes, ni disnos de alabanza, sino al 
contrario de envilecimiento y vituperio. 

Así pues se dice un ia>n>'S0 ladrón, un famoso 
asesino, como en contrario sentido un autor, uo 
predicador, un médico lamoso. Por eso en nuestrcs 
refranes casteJlanos, que en sus vulgares conceptos 
y en su popular estilo encierran grandes verdades 
y profundas sentencias, se suele decir : cobra bueiut 



CEL 



CEN 



CES 



41 



. . . . j j. . ^ »-.,„,« í..,.-/n ^ mviTV II rriFSTIAL II DTVlNO. — To- i earlas, dará conocer sns beUez,is y advertir SUS de- 

rama y echaU a dormir, y iuena fama M' lo en- , ^CELESTE. || CEIESTIAL. 11 u^ vi^^ ^^ ^.^^^ , g^^^^,^ ^^^^ ^^ m„dameulo y equidad; y la cen- 

C'^^^^' . r i • i„. nt-;i,„.,o co II J..,^ fívip ■ uñmne cüusidera i os. sesun núes- , sura lleva en si la i-epieusiuu, coireccion y castigo 

Mas á /a,n»M™enfó, /-anY^to"'» se les atribuye se llama cis!, porque t^^Maera o s ^ ^^^^ ^^_^lj . , . ^^ ^^,^_^ .^^ 

buena Mgu.bcau.u como ^^ f ^ ""■'""^. '«"«- , ^7^,'^,^^^ Sfp n 'las y eslre las v aU.mhrada por el verdaí, y a^i se dice cou.uumenlí cens.ras 'ecle- 
pond.eudo^al,í/»e_de los latino.. _^ ..„_,,„ ! "o?. Llanfanilís pu.s I esíos cuerpos c, V- í/< í, y de- siísticas á las penas y castigos esj,iritnales,.que 

,/(;><.■, la bóveda cí/í'/e, y al color k - i„, »> 



La palabra renombre, rfduplicativa de nombre, 
viene á corresponder á la de famosü'/mo, y asi ^e la ,„,„„,. 

considera como epíteto de gloria y (ama pír loables que aparece a nuestra vista, azul « esfl. 
y heroicas accione. : hombre reJmbrado ei el lau- Se extiende esta sign.hcacion a todo lo . 
lalZVvr.dicalu^ de los latinos. , ^ "¡el celo, tiene alguna relación con el, 

Hep lacion siguifica la lama ó crédito que el hom- 
bre se adquiere por sus distinguidas prendas y p r 
sus notables hechos, y corre-ponde al eiisima lo 
de los latinos, esto es al estimar, juzgar, lorinar 
opinión del estado ó calidad de laspersouas. Aun- 
qiie se la da por lo comiin buen sentido, puede 
tomarse también en malo, pues que hay buenas y 
malas repulaciones como buena y mala lama u opinión. 

Por lo tanto la remladon puede ser luu lada o 
infundada, insta ó fujnsla. Muchos tieueu buena 
repula' w„ que no la merecen y al contrario. 

Ilay sugelos de virtud tan rígida y austera que 
sacnucauporellahasUlapúblicarfoiií c, n, cuando 
esta, como á veces sucede, nace del capricho de las 

' I. .1 i: ^ I- FafíaTinn nilPÉieil P.nmeU- 



sacnücau por 

)mo á veces suceuK, u.n.^ m^- 
?ente~ : solo el tiempo y la refleiion pueden eamen 
Sar estis errores, y hacer justicia a esta especie de 
heroísmo pasivo. . 

La .011 wfrarion se refiere a la estimación, apre- 
cio é iiiiportancia sobre todo de las personas, y usa- 
mos del verbo considerar para indicar esta distin- 
ción respetuosa y coino veneración que tribu amos 
al nacimiento, á la clase, i la diguidad, al lastre 
virtud, inteligencia, instrucción y demás eicelentes 
prendas que bailamos ó creemos hallaren lossngelos. 
^ Si rediiié^emos la celebridad á ^u verdadero va- 
lor la privaríamos de muchos de sus apasionados. 
La mas mude y extendida rep.lacion sie.opre es 
muy limitada, ni tampoco es unnersal la íjinia. 

•Cuántos hay que u .han oído hablariamasde Ale- 
jandro, ni de lamerían, dos héroes de los mas ce- 
lebrados entre la~ gentes 



Una biiena r iiii ac"" puede adquirirse sin ei- 
traordinarios esfueizos, por la generalidad de las 
eentes, pues basta para tenerla con que los pocos 
que nos conocen e.tén persuadidos de nuestra hon- 
radez y de la verdad y firmeza de nuestras virtu- 
des; V esta rep.lariOH aunque limitada y osj:"", 
es mas cierta y sólida .ine U mavor crui 'dad y 
fama, que solo con muchos sacrificios y a veces con 
no pocl falacia y engaños, se ad luiere. Huid de 
esos brillantes dictados y contentaos con una 
repiilariim binn sentada. , . „ „.„ 

Suele lo.'rarse la ronstder.ict n o respeto no solo 
con los inferiores v losiguales, siuo conlossuperio- 
res puesno pned™ menos de tenerla generalmente 
todos con el hon.bre que la dele á su mentó ; al 
mismo tiempo que un sugeto de superior clase y 
aun (V e//iv y fa^'io-o. ni merecerla, ni obtenerla, 
por sus defectos y malas cualidades. 

De lodo lo anteriormente dicho podremos dedu- 
cir Mue la fama es como la recompensa concedida a 
los hombres de superiores talentos, de es i.erz,. y 
valentia. que han vencido grandes diaciiltades y 
hecho cosas admirables, que han llegado a fijar la 
atención y á cansar asombro á los hombres en gene- 
ral • que la r. riilac on es mucho mas Iimitaila, nace 
de otros principios y no snpone ni tanta superiori- 
dad ni tantos esfuerzos : que aquellos que con en- 
eaños y artificios han logrado una buena r-pnta-nm 
famas pueden estarseguros de conservarla, y asi que, 
la que se funda en la verdadera virtud es ademas 
de litil sciu-a, y por úllimo que todos pueden pre- 
tender V Fograr consideración en su clase y estado. 
CEIJRIBXD. II ntONTlllD. 11 VEl OCI- 
D AD II nil.lGENCIA. — Reüérense estas palabras 
aliiioviraient. y á los medios de hacerlo m.as ace- 
lerado y en este sentido diremos que la cel ridai 
corresponde al modo y la priililai a! tiempo. 
Aquella indxa un movimiento liírero y continuado: 
esta puede suponer solo nna acción. Corre con la 
mayor c Irriilad paraü-aerme con toda Upr^nli iid 
que puedas la noticia que estoy aguardando. Se pu- 
so con vronlitmi en camino y anduvo con celeridad 
para Ue-ará tiempo : conproil'i/uií se escondió; con 
celeridM foé é buscar al enemigo : celeridad, pues, 
significa aquí correr mncbo y pr.ntilitd tardar poco, 
la c leridad emplea el movimiento mas activo y 
eficaz: la vchc dadt\>^^\t se ejecuta enménostiem- 
, con presteza y agilidad : la diliaeii: i ; los me- 
dios 



cimos la esfera . > le^l-, la bóveda ceit'le, y 
nuestra vista, azul ce este, 

' ' que viene 

del cielo, tiene alguna relación con él, á lo que 
parece sol repujar a cuanto vemos en la tierra; á 
lo que despide gran resplandor, á lo que goza ei- 
traiirdinaria belleza, á lo que ostenta suma migni- 
ficencia, á todo lo que es superior á cuanto puede 
produc r la naturaleza y el arte considerándolo y 
admir. ndolo como obra de la divinidad. 

En este sentido podemos decir los espíritus celes- 
tes y la morada telesle de los justos. 

La palabra celestial se toma mas comunmente en 
sentido miélico y corresponde á la morada y corte 
del Ser Supreuio, refiriéndose determinadamente á 
las perfecciones que consliluyen la esencia divina 
y á lo que p irticipa de sus divinos atributos, y asi 
decimos las perfecciones. e/-"íio/fí,lac leslia l.ien- 
avenlnrauza, la vis'acc/eí/ía/, sabiduría y la pureza 
cel sliales, losespirituscf/ stiales. 

En sentido profano y por una especie de abuso, 
se aplica poéticaiüente el adjetivo ¡ele linl i todo 
lo que consideramos exceleule , superior y sobre- 
humano, y asi decimos de un sobresaliente cantor, 
que tiene una voz lelestial, y lo mismode una 
función en qu - hemos logrado eitraordinaiio placer. 
Ll.imase ccle^íiat i la pers.ma que tiene un genio, 
una condición, un trato muy bondadoso y agrada- 
ble, y á veces por ironía y malicia al tonto y al 
bobo. 

Dirino es lo que viene de Dios, ó se refiere a 
sus atributos. La creación no fué un acto del poder 
celestia', sino de la d v na omnipotencia, por.iue 
derivó inmediamente de la d vnta e.encia. No deci- ¡ 
mos el poder cele-^le, sino el poder dirino; ni la 
bondal tiíij/-., sino la bou.lad di ina; porque la 
bondad es uno de los esenciales atributos de la d vi- j 
nidiid. Decimos la naturaleza d vina y no la naturaleza 
fe «i..,- las leyes í/mna yno f/;-/es. porqueema- 
an inmedialainenle de la divinidad. Si se dice la 
;il na divina, es por figura retijrica. como atribu- 
yendo á la divinidad bis pasiones de los hombres. 
Del mismo modo, que por abuso ó eiageracion, 
se atribuye el aljetivo cdes ia i todo lo eicelente 
y perfecto, también lo divno: y así se suele decir 
obra divina por perfecta, y placer divino, porque 
nos enajena y arret.ata los sentidos. 

Cti\SL'llA. II CRITICA.— Censura viene de 
ce sn (census) que era entre los romanos la autén- 
tica declaración qiie los ciudadanas h ician de sus 
noiul res, residencia, familia y bienes ante los c>n- 
sire ó ten^'t'>res unos de los priiner-.s magistrados, 
cuvos muy importantes cargos eranUevarel nailron 
ó registro del pueblo, repartir las cuotas ó el tanto 
de los impuestuos, que á cado uno le corre pondia 
p igar, cuidar de la policía y sobre todo de las cos- 
tumbres públicas, adoptando los medios de refor- 
marlas, castigando á los que las pervertían con su 
desordenada conducta. 

Esta institución, tan necesaria y útil en una re- 
pública, traía su origen de en tiempo de los Reyes, 
pues se debe á Servio Tulio YI de e^los, .inieu eii- 
tre otros establecimientos importantes, dispuso di- 
vidir el puel.lo en clases, crear las centurias y esta- 
blecer los Censores. 

Tantas eran las facultades de estos, que podían 
reprender y castigar hasta á los mismos Senadores, 
priv.indolos de su dignidad ; separar del orden ecues- 
tre .1 los caballeros, quitándoles el ca! alio y armas 
que les daba la república; mudar de una tribu ele- 
vada á otra inferior á los populares y priv.irlos de 



.1' 



M mas breves v'eficaces para lograr el fin. 

La prmiii iii no sufre dilaiion, la c ítTi' ai! dimi- 



nución, la velocidad atraso, la diligencia desaliento. 
Debemos servir con fironlilii ', hacer un encargo 
con celeridad, correr con i elociddd para socorrer al 
desgraciado, y trabajar cm la mayor ¿iVw.nnc , ^«•«_.'jyj laVobi'asT'sino el de" examinarlks, jnz- 



derecho de elegir y votar ; con lo que venia a ser 
muy grande su inllujo en los negocios públicos y 
en el gobierno de la nación. ^ 

Este nombre, en el uso común, ha venido a que- 
dar reducido á la censura de las costumbres públi- 
cas y eu especial al ejámen, juicio y corrección de 
los libros, aprob.indolos, ó ^aprobándolos ; con lo 
que su cargo vb'ne á ser el de una especie de ma- 
.^istra.10 en la república literaria, como era el de 
ios antiguos en la política. 

Mucha ralacion tiene con la censura la cn/¡i-a, 
qtie es el juicio fundado que se h,ice de las obias, 
se^-un las reglas del arte y del buen gusto; y esta 
escuna de lis circunstancias que la diferencian de 
aquella, cuya siga;ficacion, como vemos, es mas 

Di^tíllí:uen=e también en tnie el objeto de la rri- 
" recisamente el de .eiisiiM'-, reprender 



[.ara perfeccionar nuestras buenas disposiciones. 



prescrib n los cañones para cierta cíase de delitos. 
La critica supone la ceiis'ira^ pues no se puede 
juzgar de una obra sin advertir y notar las faltas y 
defectos mayores ó menores, que no pueden menos 
de hallarse én ella ; peio no siempre la censura su- 
pone licrit ci, pues muchas gentes poco instruidas 
y demasiado audaces, se atreven á ceíi-Hrar sin ser 
capaces de hacer la debida . fitt a. 

CliM'KO. II Mi.UH». —Enliéndese en lenguaje 
ccmuu por centro al punto medio de una figura, 
sea Luaf se fuese, por el cual ?e puede dividir en 
dos partes iguales ; asi se dice el centro del mundo, 
de ia tierra. También se llama cenlro á lo hondo y 
profundo de cualquier cosa. co:no el cent o del abis- 
mo, del mar, de la batalla, del edificio, etc. 

En sentido mas ó menos figurado se dice el cenlro 
de la dificultad, del peligro, del mal está eu el 
cenlio d.' los placeres, ó al revés, en el de la fala- 
cia, del enagaño. 

Estar en su centro es gozar completamente de 
sus inclinaciones, de sus satisfacciones, de sus gus- 
tos y comodidades : llamamos también c ntro^ á 
aquel punto donde se reúne la fuerza: y también 
cent' o del poder. 

Pero mirando tn sn sentido recto y riguroso i 
esta palabra, solo la podremos usar aplicándola al 
punto que forma el ceiilm de un circulo, de un 
slobo de una esfera; porque se halla equidistante 
de todos lo- puntos de la círcuufereucia. 

El medio es aquello .|ue contiene la mitad de 
una cosa, la parte que ¡gualmenle dista de los dos 
eitremos de ella y se entiemle de una direccioQ en 
longitud y latitud. El medio ó la mitad de un árbol, 
que tiene treinla pies de altura, es quince pies; pero 
este no es el entro porque este punto no dista., 
iijualiuente de las eilreiuiiados de un árbol consi- 
derado en todas sus dimensiones. Todo centro es 
med o : pero todo nietin no es cnit o. 

CUKTtZA. II niüB.^lSII.ID \D. — Llamamos 
certeza ó le lidiimi-re al positivo y seguro conoci- 
miento que llegamos á teuer de cualquiera cosa; y 
n o atiilid' i á la fundada i^rágen ó apariencia de 
la verdad ó á los mayores ó menores niotivoi que 
tenemos para creeila tal, que es lo que se llama 
verisimilitud. 

De esta definición resulta que la certeza viene a 
ser indivisible en sí misma, pues si se dividiese se 
debilitaría. 

La diferencia esencial que se halla entre la pro- 
l'a'iil dad y la cert dumiire, consiste en que esta nace 
de las leyes generales, que siguen tod.js; y la otra 
del estudio que hacemos de las circunstancias, de 
los sucesos y de las intenciones que conocemos o 
sospechamos en las personas. 

La probabilidad puede crecer por aumentarse los 
motivos de ella; mas no asi la c ili lumbre que no 
admite mayor, ni menor. Tan cierto está uno en la 
fe humana de que hay un pueblo cue se llama 
Roma, coN.o si lo hubiese visto; pues en este caso 
no seria mayor la cerlesa, sino solo mudaría de na- 
turaleza, pues que seria una certidumbre física y 
material , pero no por estose la daría mayor ni me- 
nor ciédíto. 

Me presentáis muchos testigos de nn hecho y ms 
hacéis conocer el reüeiivo exáiuen á que habéis su- 
jetado a cada uno de ellos, y de esto resultara ma- 
yor ó menor f.robabili ad, según el mayor o menor 
talento que os supongo en el arte de conocer a los 
hombres. „ . , 

Es evidente que todas estas reDeiiones solo pro- 
ducen conjeturas, y por mas que examinéis la cosa, 
si no tenéis bastante dícernimientn y perspicacia para 
c.inocer y distinguir los principios y motivos que 
mueven a los hom res en sus juicios y en sus ei- 
presiones, se aumentarán las pro abil.ilades en ver- 
dad ; pero jamas llegaréis á tener una verdadera 
certtdimbre, , ,., . , 

Por lo tanto lejos de que la cerl'dumb'e pueda 
resultar de estas proíaíí /.ía /.-, tendréis qne mudar 
de medios para lograrla. Asi pues, las prolabil da- 
dei solo sirven á la ceitrza, eu cuanto son un medio 
na' a pasar de las ideas particulares a las generales. 
CKSAIl. 11 I^TEUIlli>lrlU- II FIVAl.lZAn.-- 
Estas tres palabras signific m la C'-ar on de cual- 
quiera trabajo ó a.cion, y solo se diferencian en los 
modos como consideramos este re aiwnit : 

Ce ar es un término general, que a toda suspen- 
sión de trabajo ó acción puede aplicarse, sin indicar 
diferencia alguna. Se cesa por un instante, por mu- 
cho tiempo, para siempre. La cesicion se refiere a 



42 



cíe 



cíe 



GIE 



la acción, qne se estaba verificando ; la interrupción i 
ó suspensión á la ;ontiniiacion de la acción, y el /i- | 
tidlizLr ó concluir, al objeto de ella. 

Cuaulo uno comienza á aflojar en el trabajo, ó 
hace aL'una ligera pausa en él, cesa mas ó menos. 
Cuando" enteramente lo suspende, aunque no sea 
por mucho tiem¡iO, se rompe la continuación ó se- 
guida de lo hecho, con lo que queda por hacer, y 
entóncesse dii.e ^ue .-e inU'rrumptj se suspende, se 
detiene, se difiere, se p:ira. 

Finalizase el trabiijo cuando está enteramente 
concluido, V nada queda que hacer de lo que se 
quería ó denia ejecutar : la obra est:í completa. 

Cesar indica la inacción volauíaria del trabaja- 
dor; interrumpir la intención de úescont uñarla 
para volverla a seguir; finalizar la cesación nata- 
ral del trabajo por carecer ya de objeto. 

ClCATEItO. \\ \\\}\S. — Ambas pala^ias de- 
signan á los qiie evitan todo ga*to, y si se ven 
precisados á hacerlo, es de mala gana y con soma 
miseria. 

El cicatero es nn hombre mezq^uino, qne teniendo 
que pa^ar ó dar una cosa, la escAsea y escatima 
cuanto le es posible ; disputa y porfia sobre el pre- 
cio hasta el ultimo maravedí, anda nació en soltar 
el dinero, procura hacerlo en la peor monada, y 
estipular, en cualquier contrato, las cl.uisulas que 
le son mas favorables, para pagar tarde ó mal. El 
temor de que se le disminuya el caudal á que e¿tá 
apegado, le hace rehusar tod!o gasto. 

La riundad nace de la avaricia, y es ruin todo el 
que hace gastos mezquinos y no suficientes : así 
pues añade esta idea á la de cicatera, la de el des- 
contentar á las personas á q-iienes tiene que pagar 
ó mantener; porque el jun no tiene mas objeto que 
el de amontonar dinero, lo que no puede hacer 
gastando. El ruin se priva hasta de lo necesario ; 
porque mira cmo un crimen el disminuir, por 
cualquier motivo qne sea, su caudal. 

Da á entender el cicatero que está muy apegado 
á lo que tiene y no quiere soltarlo; y el ruin, que 
su condición es enteramente contraria á la benefi- 
cencia y á la generosidad. 

La palabra li.a'cro no tiene mas significación 
que la material, por lo cual es mas eipresiva y 
cierta. La de ruin tiene muchas, así como roñoso y 
roñería sus derivados. Llamamos ruin al hombre 
pequeño, desmedrado, bajo, despreciaMe. vil ; al de 
pocas obligaciones; y ru/niiai ■> la maldad, miseria, 
cortedad, escasez. Costumbres ruines se entienden 
por malas y despreciables. 

CIELO. II PAUAIsO. — Considerando estas 
dos palabras en sentido fizurado, veremos que se 
emplean en términos morales y religiosos, cuando 
se habla de la raorala doade las almas de los jus- 
tos habitan con Dios en la vida eterna. 

La palabra rielo denota la elevación, la sublimi- 
dad, la grandeza y el divino poder. 

Paraíso presenta solo ea su origea tina idea 
física. 

Esta palabra, que viene de la hebrea ó mas bien 
caldea, paredes, la tradujeron los íriegos en la de 
paradeisQs , que liteíaluieute significa verjel plan- 
tado de árboles frutales, y esta denominación dan 
los persas-á sus jardines : Moisés llama al paaiso, 
iardm de Edén, denominación qne aun conservan 
los judíos para indicar la bienaventuranza á qne se 
creen destinados. El paraíso de los mahomeíanos 
es un paraje donde se reúnen, según su "creencia, 
los mas sensuales y tirpes placeres. 

De la idea material del paraíso terrenal proviene 
la moral ó espiritual, en que generalmente se 
toma. 

El cielo es propiamente la mansión de la gloria y 
el paraíso de la bienaventuranza. Los oradures sa- 
grados nos hablan de la "loria del cielo y de la di- 
cha de los elegidos en el paráis '. 

El cielo es el tabernáculo, el templo, el trono de 
la divinidad, donde los santos ven cara á cara á 
Dios, le contemplan, le adoran, y le glorifican. El 
paraíso es ia herencia, la patria, la ciudad de los 
bienaventurados, donde Dios derrama sobre ellos 
raudales inagotables de bienes, de inexplicables, 
espirituales, é inefables delicias. 

Dios crió ei cielo : la celestial dicha constituye al 
parai >' que se h.illa en los cielos, sublimes y emi- 
nentes obras de la divinidad. 

En los cuadros ale";óricos de la religión se repre- 
senta al c/e'o y á la gloria con los símbolos de 
conquistas, imperios, reino.';, pahuas y coronas : al 
parais-i, sus delicias y goces bajo los emblemas de 
fuentes de agua viva, de árboles y frutos de vida, 
de torrentes de místicas dulzuras, de éxtasis deli- 
ciosos y arn'bamientos. Necesario es sostener con- 
tinuas y terribles luchas contra el demonio y nues- 

ras pasiones para ganar el cielo. La corona de la 



gloria es el premio del vencedor. Para gozar el p4- 
raiso es menester vivir santamente; pues asi se 
lo^ra el premio y la recompensa de bis virtudes. 

Los celebres oradores cristianos contraponen el 
cielo á la tierra, aun considerándole como recom- 
pen-a ; y el paraíso al iutierno. 

Nos representan la belleza , la magnificencia, la 
incorruptibilidadj la inmutabilidad, la eternidad 
del vi ¡o en oposición á la oscuridad , á la bajeza , 
á la fragilidad, á la corrupción, á la instibilidad de 
la tierra : no menos contraponen la paz, la armo- 
nía, el dulce contentamiento, el sn:ive gozo, la ale- 
aría santa y las puras delicias del paraíso al espaiito, 
a la turbación, a la confusión, á los tor.uentos y á 
la desesperación del infierno. 

CIKNCIA. jl AUTE. \\ EJERCICIO. i| PRO- 
FliS'lOX. II OFíClO. — Definiremos á la cieoaa 
diciendo que es el conocimiento cla^ro y cierto de 
las oosas, fundado en principios evidentes por si 
mismos ó en demostraciones exactas y positivas. 

Á pesar de los escépticos sostendremos que hay 
verdadera C/encia, pues ijue tenemos conocimientos 
ciertos, seguros, evidentes y demostrables de algn- 
n'as cosas. 

La (7. Tiñii es la sab/dnria, pnes ambas nacen de 
un mismo principio, que es la observación, y con- | 
curren á un mismo fin que es la perfección del i 
houibre, dedicándose la c encía tanto á la parte 1 
tísica cuanto á la moral, y eitendiendo sus estndios 
á todos los conocimientos humanos, y la sabiúuTÍa 
ciñéndose principalmente á la perfección moral, 
por lo qne eí mas limitada, mas cierta, mas posi- 
tiva, mas útil y mas digna de preferente lugar. 

Lo opuesto a la saOdu ia es el error; á la ciencia 
la ¡ncertidiiinbre ó la duda ; entre estos dos extre- 
uios hallaremos como medio la "piuion. 

El arte es el que presenta reglas seguras para 
raciocinar bien en las cosas que son meramente es- 
peculativas ó para ejecutar con perfección las que 
son prácticas : yendo por lo comuu unidas unas con 
otras, esto es la especulativa ó teoiia con la prác- 
tica, resulta coofundirse hasta en las denouiina- 
ciones que se las dan, prescindiendo de que pueden 
toiuar una ü otra, según el aspecto bajo el i^ue se 
las mire, pues &i es rigurosamente especulativo le 
denominaremos cienña; y si se atiende al método, 
al orden, al sistema, será arte, y así llamamos artes 
y curso de a'ící al estudio de la lógica, física y 
matemáticas, y al apmbado en él, doctor en artes. 

Las miitemáticas puras serán ciencia , y cieiu ia 
por excelencia entre las humanas, y á las mi>tas se 
las polrá mirar como ar/c.v, pues si aiuellas con- 
sideran las propiedades del grandor ó magnitud 
de un modo abstracto ; estas, las propiedades del 
valor concreto en cuanto es mensurable ó cal 
culable. 

La medicina en sn parte especulativa y sistemá- 
tica será nna ciencia, y en cuanto estudia y aplica 
los remedios un a te (ar.s medend). 

La eloc encia mirada como el estudio terjrico de 
las pasiones humanas, de las causas que las mue- 
ven y excitan, será una ciencia muy profunda y 
filosófica; pero la óralo --a que enseña las reglas 
para conmover estas pasiones, será un arie. 

Podremos pues establecer esta distinción entre 
ciencias y artes, diciendo que si conteuiplamos un 
objeto bajo sus diferentes aspectos, la colección y 
disposición técnica de las observaciones que haga- 
mos relativas á él, constituirán la cíe' cia . así coino 
el arte, si atendemos á la ejecución de la materia 
ú objeto y á la colección y disposición técnica de 
las reiílas, segnn las cuales se ejecuta ó verifica. 

Toda arte tiene pues su especulativa y su prác- 
tica, su parte que llamaremos científica y su parte 
que llamaremos mecánica ó material. 

Admiten las arles varias denominaciones y dis- 
tinciones según !a importancia del objeto en que se 
ocupan, ó de la utilidad que de él nos resulta. 

La mas conocida es la que las divide en nebíes ó 
liberales y en mecánicas, y también podremos aña- 
dir las artes ijuirn/cas. Las artes tibral s son mas 
bien obra de la inteligencia que de las manos, y las 
me áiñcas al contrario : las químicas participan 
mucho de uno y otro. 

Es cosa muy difícil y aun casi imposible el 
adelantar mucho en la práctica de un f/rt ■ sin qtie 
preceda y acompañe una buena especulativa, y al 
contrario; pues en tolo arír- hay un gran número 
de circunstancias relat¡v;is á los inslrumentos y al 
modo de emplearlos, que solo puedf^n aprenderse 
por la práctica; que es la que hace conocer las di- 
ficultades y el modo de vencerlas, ayudada de la 
especulativa. 

La palabra profesión es nn término general que 
se aplica á los diferentes estados que componen la 
sociedad, pues abraza á todos los oficios, ejercicios^ 



destinos, carreras y ocupaciones, y al género de 
vida, ya sea bueno, ya malo : decimos prof'sion de 
abogaao, jirofes on austera; se ha destinado á una 
irojesion muy lucrativa; es muy ilustre la profe- 
si n de las armas; profesa verdad; tiene una mny 
vil rrofesion. 

Dicese profesar una ciencia al enseñarla, y de 
aquí se llama prufe-or al cateilrático de ella; se 
dice profe^'ir al que confiesa, reconoce y sigue cual- 
quiera religión o doctrina. 

Dividiremos las profi-\wnes en dos géneros con 
respecto á la e-pecie de trabajo que exigen y á la 
naturaleza de la obra en que se ocupan. Aquella 
profesión ue exige el trabajo mecánico y manual, 
refiriéndose á cierto número de operaciones mecá- 
nicas, cuyo objeto es el de una misma obra que el 
homl^re repite de continuo, se llama ofic-o, como el 
de carpintero, zapatero, sastre, etc. 

En estilo figurado, muy comua en nuestros au- 
tores, á toda pr-ifrMon ú ocupación se llama nficiOt 
aunque sean las mas liberales y noMes. como el 
oficio de las armas, de la guerra, de la abogacía; 
hacer buenos ó malos oflaosj y á todo esto se le da 
grande eitension. 

Toda pro'esion que exige un trabajo mental y en 
qae se ocupa la imaginativa y el talento, se llama 
arte como veníamos diciendo. 

Pertenece pues el íifi< io al menestral, al artesano, 
al operario u obrero : la profesión distingue entre 
si á los artistas y i los artera jos. 

No hay ofico que no exija mas Ó menos alguna 
operación mental anterior al ejercicio, para hallar 
y fijar las reglas mas adecuadas, para ejecutarlo 
con mas perfección y ventaja; y considerando de 
este modo al ofic/O, también le podremos llamar 
arle, sin que por eso merezca el nouibre de artista 
y sí solo el de a'íe 0.0, que es el que lo liace ma- 
quiualmente y por una especie de rutiua. En este 
sentido bien podremos decir el arle del panadero, 
del tallista, del sacamanchas y aun dtl sastre, 
cuando solo consideramos en estos oficios la colec- 
ción de reglas que la especulativa, la inteligencia 
V la observación han inventado para su mejor prác- 
tica. Entonces arfe no es sinónimo de ofic/n porque 
no designa un estado, un género de trabajo, de 
ocupación en que uno se emplea; sino que supone 
meras obser\ aciones sobre el mejor modo de dirigir 
este trabajo : asi es que un ho nltre sal ¡o puede es- 
tudiar el arfe del tahonero, del quitamáncnas, etc., 
reunir y perfeccionar las reglas y los métodos sin 
por esto ser ni artilla, ni 'Ti san *, porque uo eje- 
cota materialmente los preceptos que aa; pero es 
el que enseña, dirige y perfecciona al artista y al 
arf'Sani. 

Tanto este como el operario vienen á ser menes- 
trales, que ejercen mecánicamente un oficio; pero 
el o^enrio ejecuta cualquier género de obra ó tra- 
bajo que se le manda hacer, y el arte-ano precisa- 
mente un arte mecánica : eí primero pueiíe tener 
mérito en su arle: el segundo no tiene mas que 
fuerza, práctica y disposición material. Diremos que 
el artesano prof sa su. oficio, y el operario no hace 
mas que practicarlo. 

Nos servimos de la palabra operario cuando que- 
remos indicar á los que se ocupan en una obra, 
principalmente si concurren á ella muchas clases 
de trabajos; asi es que un fabricante tiene em- 
pleados en su fábi'ica inuchos géneros de opef'HiOSf 
ya artesanos como albañiles y carpinteros, ya artis^ 
las como pintores y escultores. 

En cualquier taller llamaremos propiamente arte- 
sano al maestro, y obr r.-s á sus oficiales : estos 
trabajan para él. y el artesano para el público : 
este es el que lleva y ajusta la obra y los otros son 
meros operarios de ella. 

Operario ú obeo indica el e.stado natural ó la 
necesidad de mantenerse del trabajo : artesano el 
estado civil, ó la ocupación que ejoice en la socie- 
dad. Tratándose de las clases en que esta se divide, 
los artesanos vendrán á constituir la última, y los 
npcrurios ú oficiales á comprenderse en la primera 
denominaciou de los de esta clase : el operario de- 
pende del arte ano ó maestro, este ad [uiere sus 
ganancias del público, y el oficial del salario Ó 
jornal que le da el amo. 

En e>tos tiempos en qne se confunden, trastor- 
nan y alteran el recto sentido, significación y uso 
de las palabras, por orgullo y vanidad se ha dado 
en engrandecer con pomposos títulos á oficios ú 
ocupaciones que se nan tenido por bajas y co- 
munes : un tabernero se llama mercader de vinos- 
un 7apatero quiere ser fabricante de zapatos sin 
considerar siquiera qué cosa es f.ibric:i : un ebalan 
se titula especulador y no suele especular mal : ua 
peluquero quiere ser un muy esmerado artista, y 
como tales se anuncian á cada paso loj fuDimbolos 



cíe 



cíe 



CIR 



43 



4 volatines j danzantes, y para mís condecorarse 
atrapan una palabra griega j se la aplican á su 
ejercicio, que uo es masque mecánico, ó de ilestreza, 
artiflcio y habilidad para enlrelener y bacer reir al 
piiblico. Con esto se confunden las artes mecámcas 
con las liberales : no se engrandecen aquellas y se 
deprimen estas. 

" ClEit TO. II EVlDEtVTE. — Decimos que ana 
cosa es en lenle cuando la mente percibe de pronto 
fil enlace de las ideas que la componen. No pn- 
diendo hallar la meute en el momento el enlace de 
las ideas que componen el objeto, tiene que valerse 
de un cierto número de i^lea^ intermedias para 
lograilo, y esto es estar ciirio, adquirir ceru:a de 
la cosa. Cuando decimos que el todo es mayer que 
su parte :^eIltamos una proposición e/'i-í/í/e por sí 
misma; porque nuestra inteligencia percibe de 
pronto y sin ninguna idea intermedia, la relación 
que hay entre las ideas del todo y de lo mas 
grande, con las de la parte y lo mas pequeño. Pero 
cuando sentamos esta proposición :. el cuadrado de 
la hipotenusa de un tri.ingulo rectángulo es igual 
á la suma de los cnaiirados de los dos lados, sea- 1 
tamos una proposición cierta, mas no i i'ííi ii/.' en 
si misma ; porque se necesitan muchas proposi- 
ciones intermedias y consecutivas para hallar la 
verdad. 

En las matemáticas nace siempre la ctitíduml'- e 
de la cvi'ieniUt, pues que resulta del enlace hallado 
sucesivamente entre muchas ideas consecutivas ó 
inmediatas unas á otras. 

También podriamos distinguir la evid nciii de la 
cerl:'lumlire, diciendo que aquella pertenece á las 
verdades puramente especulativas de la metafísica 
y de las matemáticas; y la lerlidumi're i los objetos 
físicos y á los feuómenos que se observan en la na- 
turaleza V cuyos coBociiiiicntos adquirimos por 
medio de 'los sentidos. Según esto es rvident- que 
el cuadrado de la hipotenusa es igual á los cuadri- 
dos de los dos lados en un triángulo rectángulo, y 
cierto que el imán atrae al hierro. 

CIERTO. II SEGUltO. || ASEGURADO. — 
Decimos que lis cosas son c/erla.i cuando de tal 
modo están conocidas, pro!iadas y veriflcadas que 
no pueden ponerse en tlnda : lo cí'T/o es una cosa 
maniSesta, clara, constante, lija, verdadera, infa- 
lible. Cuando aseguramos ijue dos y dos hacen cua- 
tro, sentamos una proposición cieña. 

Decimos tauíbiea que es cieno un hecho, y en- 
tonces la C:rliilum're se refiere no al hecho en si, 
sino á la mente que lo ha evaminado, .idiiuirien- 
dose de este modo un conocimiento evidente de 
ella. , ,.^ , 

Estar c¡. r/ 1 de una cosa es tener la cerlidumore 
de ella, y esta nace de la evideneia, la cual se di- 
vide en tres clases, que son la evidencia metafí- 
sica, la evidencia física v la evidencia moral; y 
por'lo tanto deberemos distinguir tres certidum- 
bres correspond.entes á los tres géneros de cvidiu- 

La cerUdmn'-re metafísica nace de la evidencia 
metafísica, cnal es la que un geómetra tiene de est i 
proposición, que los tres ánsnlos de un triángulo 
son iguales a dos áogiilos rectos; por ¡ne es tan 
absolutamente imposible el que e¡.to no sea asi, 
como el que el triángulo sea cuadrado. 

De la etidemia física nace la ceriidimire física, 
cual es cuando una persona tiene un ascua en las 
minos, pues que la ve y siente el dolor de la que- 
madura. , , , , ... 

La cerlidumhre moral se fonda en la evidevcia 
moral, como es la que una persona tiene de haber 
ganado ó perdido su pleito, cuando se lo dicen su 
procurador y sus amigos ó le dan copia de la sen- 
tencia, porque es moralmente imposible que tantas 
personas se reúnan para engañar á otra á quien 
estiman y á cuyo beneficio atienden; puesto que 
esto no sea absolutam-nte imposible. 

Asi pues, cuando tenemos cualquiera de estas 
tres especies de certidwiilire, podemos decir que 
estaraos mas o menos (Í.tío.s de la cosa. 



damos á enlenaer, que de tal modo se ha fijado en | rar, seguro , se refiere particularmente á la dura, 
nuestra mente el conocimieuto de ella, por conse- cion de las cosas y al testimonio de los hombres, 
cuencia de la certidumbre que hemos adquirido, , Lamamos asfi/. rar al dar firmeza á una cosa mate- 
nue tenemos una perfecta convicción, y que serian , rial, como un edificio o cualquiera otra fábrica, y 
inútiles cuantos esfuerzos se hiciesen para disua- ' '' -""■■- ■>" i""- •' "-- ' >'= ■•""- -•» ""i:-— 
airnos. Estamos ciirlos de una co^a porque hemos 
llegado á conocer que es verdadera; y como conse- 
cuencia y derivación de este conocimiento estamos 
íCyií/M.v. En el primer caso nos hemos valido del 
eiiuien que hemos heiho de la esa , y en el se- 



esfiierzos se hiciesen para disua- i al poner en lugar 'e'juro á las cosas que peligran. 
' Se a^eíjuran las cosas y las personas i aseyurainos 
una cosa cuando afirtnamos su ccrle:a. 

Por extensión se llama asegu'vr al afianzar ; se 
aseniira un navio, un cargamento : aseijurucíon es 
el acto, y a e «ra^/.i el que iiseijur^i : se dice ase- 
,„do~de la ewiíin ia como resultado de este exá- (/Jir./rír hablando del que se vale de medios para 
gjj aver¡gu,ar la cerle^ii de una cosa y también del 

Pe'ro aunque podamos decir que estamos ciertos que los busca ó emplea para estar ...í/iiro de cual- 

,'■ ^ _ 1 . „ C .. I n .,,'n., .,,*n.-.v,. Cü Alfa (n.-lii.i'. II Oltmirtl/lil tim- o,,/.,..... . 



quier riesgo. Se dice toi Luna itscgitrada, por segara : 
asegurar un hecho, vale tanto como afirmarlo. Ha- 
blar con segiirulal equivale á hablar con coniaiua, 
ánimo y resolución. 

CIEüTOS. II .'ILGÜIF.X. II .lí Clisos. II i)Vl- 
D \M. = Usamos á veces de ia pal.ibr.i cicto en 
sentólo indeterminado ó vago delante de los 
substantivos, para designarlos sin nombrarlos; y 
asi decimos c<ertif lugar, ciertos animales, üertas 
gentes, curtas personas. El adjetivo tilyuníS se 
aplica también indeterminadamente á una perscna 
ó cosa, considerándola con respecto á muchas, 
como cuando decimos a gutios me han hablado; al 
^.«a- veces me ha sucedido este lance; fl/,í,u»Oí 
tres ó cuatro vinieron; en alguna casa ó paraje 
aebe encontrarse ; y también alguien, par alguno 
llama á la puerta 

Ciertos se refieren mas á las cualidades particu- 
lares de las personas ó cosas que queremos indicar 
indeterminadamente ; y ahiunus al uiiniero. Ciertas 
personas creen, es decir [lersonas que t enen tal ó 
cualoiiinion ; ciertos perillanes me andjn rondando 
la casa, conozco su mala intención. 

Al;i ñas personas, esto es. un número indetrr- 
minádo de personas, suponen que yo soy rico, qua 
tengo influjo ó poder. 

En el mismo sentido usamos también en caste- 
llano, sobre todo en estilo familiar, cuando se ba- 
que no s'e le puede contra- ¡ bla de un sugeto indeteiminado ó que no_ nos 
• ■'^•- — ' conviene nombrar, de la pal.ibra quidam, y ssi de- 



ó seguros de una cosa, no por eso podremos afir- 
mar' que es cierta 6 que es segura en si. 

Una cosa es c er a cu.indo n.ace de cualqiiiera de 
l.is tres evi¡eC!a^ de que hemos hablado. Si es tal 
la evidencia que la cosa no pueda ser de otro modo 
que lo que es, podremos decir quB es cierta: pero 
no se iura : y asi v. g. cuando decimos c|ue dos y 
dos hacen cuatro, presentamos una propoicion 
cierta , pero no podremos decir que es segura, por- 
que es de tal evi ¡encia que no admite ni variación, 
ni excepción, ni puede ser de otro modo. 

Pero si la cosa admite algiida variación ó excep- 
ción absolutamente posible, como sucede en la c. r- 
tiium're física y sobre todo en la mo al, podremos 
decir que es derla ó que es s íui'a, sr gun que fije- 
mos la atención en su evidencia positiva, ó su opo- 
sición á las variaciones ó eicepiuoncs que pueda 
admitir. Puedo decir de un suceso que p.isó mil 
años há ó á ni:l le:;uas de donde me hallo, que es 
un hecho oiT/o, ciiamlo no atiendo mas que á la 
evidenca de las pruebas morales que lo han hecho 
admitir como tal. Pero puedo decir también, que es 
un hecho .\eg'<ru si le considero absolutamente iia- 
blando, como que puede haber sucedido ó nn, pues 
lo presento en oposición con todas las posibilidades 
que podrían causar dnda. Decir hablando de cosas 
morales, que un hecho es cierto, significa que se 
funda en una evidencia moral, y decir que un he 
cho es se.u'O signiíica que no se le puede contra 
decir con ninguna de las excepciones posibles, que 
admite una evidencia moral. 

Á veces nos valemos de la palabra seguro cuando 
hablamos de cosas ó personas de quienes podemos 
fiar ó con quienes potemos coniar en cualquier 
evento. Decimis, esta noticia es ci' ría porque la 
tengo por conduelo seguru, y en este caso segur i 
no es sinóniíio de cierto ; porque ciTlú se refiere 
si.mprc directa ó indirectamente á la eriiCttCiJ , y 
aquí seguro solo á la coiifiínza. Decimos un amigo 
seguro, un espía seguro y no un amigo ciertJ, ni 
un espía cierto. 

Nos servimos por lo común de la palabra teguro 
hablando de cosas correspondientes a la práctica, 
que nos guian y nos dirigen en nuestra conducta ; 
pero las cosas que en este sentido se llaman se u- 
ras, no pueden llamarse c ertas i no ser que ade- 
mas de su significación de dirigir nuestras acciones, 
tengan también la de ser demostrables por el ra- 
ciocinio. 

Decimos un remedio seguro , un modo de obrar 
segurwn medio íe./aní, un camino .«e. uro; porque 
estas palabras indicando especialmente una direc- 
ción hacia cierto objeto, no puede sujetárselas á la 
endeuda. Pero una máxima c erta puede ser al 
mismo tiempo una máxima Aei/iira ; porque ademas 
de su oficio de dirigirnos , ilustrarnos y conducir- 
nos al fin p»imesto, contiene en si misma una ver- 
dad que admite erideu ia. Una máxima c erta es 
aquella cuya verdad ha demostrado la evidencia, y 
una máxima s gura la que infaliblemente conduce 
á su objeto. 

Tratando de cosas futuras se usa también de las 
pal.abras cierto y seguro, y asi se dice estoy cierto 
de que lograré lo que pretendo, y estoy seguro en 
que lo lograré. En el primer caso se quiere decir 
.|ue se han eiaujínado lodos los medios que se pro- 
ponen emplear para el buen éxito, y que de este 
eximen ha resultado una especie de eridencia; y en 
"ndicar que se han quítalo 



Decimoráue estamos Sf(/Jim« de una cosa, cuando el soLjiíndo se quiere . „.,;í,¡,, 

i adquirido ó creído adquirir tal eeililnmi.re todos los obstáculos que podrían loipedlr e>te CMto. 



hemos adqiuiido ó creído adi^ 
de ella, que la opinión que lormamos la tenemos 
tomo cosa indudable y fijada sin variación en nues- 
tra mente. , j , -j 

Una cosa cierta es aquella cuya verd.ad ha srdo 
eomprobada por la evhhw ia ; y una cosa seiiura, 



__ que podrían imp' 
Por derivación tienen estas dos palabras y sobre 
todo seg-ro, muchas significaciones tjaslatlcias ujas 
ó menos análogas á la principal. 

Llamamos se:iuro i lo indubitable en noticias ó 
en hechof ; i lo infalible en creencia; a lo efectivo 
recursos; á lo firme en lo fi- 



iquélla cuya opinión se ha fijado en nuestra mente en remedios . , . . . 

de un modo firme por la fuerza de la evidencia que ' sico, como edificio se,,uro; a lo consUnte é mvaria- 
hemos adquirido. Cuando decimos estar ««-/os de ble en la conducta moral. „, ,;w , exerlo 

nna cosa lames i entender que hemos adquirido Llamamos sguro al que se ha la libre y exen lo 
nn conocimiento perfecto de ella por cualquiera de de todo riesgo, peligro o daiio; al que "o '™«¡ ;> 
los tres grados de evidencia de que acabamos de qaie esta lleno de conlianza; al que vive tranquilo 



cimos comunmente es nn ijUí am por es un sugeto 
común, vulgar y aun despreciai le, que no merece 
atención ; equivaliendo entonces á es un nadie, un 
hombre de nada. 

C(MX. II COP.V. II CUPCLA. II CUMBUE.p 
VEUTICE. — Indican estas palabras lo alto, ó la 
parte superior en que termina un cuerpo elevado. 
La cima es la parte mas alta de un cuerpo muy 
elevado, que por lo común termina en punta y 
como que parece sostenerle en los aires. Llama- 
mos cimei á lo mas alto de los montes, cerros ó 
collados; á la punta de los árboles y aun á la de 
un cuerpo piranii lal. Se llama c pa tlel árlol á las 
ramas que nacen en la paite superior de su tronco, 
y decimos de él que es eo, oso ó cojiaito. 

En sentido metafórico se suele llamar cima al 
fin ó complemento de una obra ó cosa, y suele de- 
cirse dar citna al concluirla felizmente y coa toda 
perfección. 

La I umlire es la parle superior y mas elevada ae 
nna c sa, sin atender en ella á su forma y á su 
mayor ó uiei.or elevacou. Se dice la cumbre de un 
monte, de un peñasco, de una roca : á la parte su- 
perior, eminente, extrema de la cabeza, se la llama 
corona ó coronilla en lenguaje coimín, y en cien- 
tífico vértice, pues en geome ría vértice es el punto 
superior de cualquier cnerpo ó figura. 

La cim¡ viene á ser una cumbr: en cuanto es la 
parte mas elevada de una cosa, y toma este nombre 
cuando es muy grande su elevación y viene á ter- 
minar en punta; pero la cuml/re uo esf/m« cuando 
es corta la elevación de la cosa y no viene á ter- 
minar en punta. La cuna se refiere á la elevación 
y á la fortua, y la i uiiilire á la base, y asi decimos, 
e»ta montaña tiene tanta elevación ó altiu-a con- 
tando desde su bise basta su ciim're. 

En sentido figurado se llama cumnre a aquel es- 
tallo de fortuna, favor, ciencia, ó virtud á que po 
demos llegar. 

Muchos edificios terminan en una bóveda que 
sirv e para hermosearlos y darles Inz, y á esta se 
llama a'qm a: y cupulino o linterna i. aquella parte 
de la bóveda ó media naranja, en que tei-mina en- 
teramente el edificio; y con esto viene como á cor- 
responder á la cima de los árl oles y á la cnmhre da 
los montes, pues lodos ellos siguifican lo roas ele- 
lado, el término de la elevación, la última partí) 
de aquel gran todo. . 

CIUClliNFEllliNCIA.il ClltCUITO. U OON- 
TOH\0. — En la acepción actual de las palabras, 
el contorno es la linea que se describe, ó el espacio 
que se recorre siguiendo la direcc.on curva de las 



tn"ádodedm«,ne estamos ,eía-o» de una cosa, '"Erpi;Síp.Í%CrS, que pertenece á a«,«- partes exterioi es °de un cuerpo 6 de cualquiera 



44 



cm 



CIR 



cm 



eitensioE , de modo cpie se vuelva al punto de 
donde se partió, La ciTC"nferencia es la línea curva | 
descrita ó fonijada por las partes de un cuerpo ó 
de un espacio mas distante del centro. ^ ' 

El ciiíúilo es la linea ó término adonde van á ^ 
parar y en el cual se contienan las pari.es de un 
cuerpo ó de una extensión, alejándose de la linea 
recta ó formando vueltas y revueltas y haciendo 
varios rodeos. 

Se dice las murallas rircinjen i la ciudad. No se 
dice hacer la circunferencia de un cuerpo; pero el 
cuerpo tiene su circimfer. ncia que marcan o seña- 
lan las extremidades de sus parles ú de sns radios. 

A'O hacéis el crcütin de una cosa; pero la cosa 
tiene un cinüito en el cual se contiene ó encierraj 
ó vos mismo trazáis el circii'Uo que debe foimar en 
cierto modo su cerco. Se dice (jiie se ha dado vuel- 
tas á la ciudad, cuando se han recorrido sus dife- 
rentes barrios. Orcunferenda es un término de 
geometría, y si tomado en todo su rigor este tér- 
mino corresponde al circulo; cuando se le aplica á 
figuras irn-giilares, cuya curvatura designa, no 

fiuede menos de estar sujeto al rigor geométrico de 
as relaciones que se consideran en él y á los circu- 
ios que se forman. Ijrcihío es un término separado 
de su sentido propio que es el de aUjarse de la linca 
recta, dando vueltas y rodeos. 

En lenguaje de pintores y escultores se dice los 
contornos, para indicar las lineas que terminan la 
figura ó las dilerentts partes de ella, las dibujan y 
Circunscriben. 

CIHCU.NSPECCION. II CONSIDETIACION. 
II ATEINCIO\i:S. II BllllAíllEATOS. — El 
atender con reltexion y madurez al modo como de- 
bemos proceder en el trato de gentes para contri- 
buir á veces mas bien á su satisfacción y beneücio 
que al nuestro propio, viene á ser la ¡dea general 
y común que presentan estas cuatro palabras, cuyas 
diferentes aplicaciones me parece puedan ser las 
siguientes. 

La circunspección tiene lugar principalmente en 
las palabras, conversaciones y discursos con res- 
pecto á las circunstancias actuales ó á las que pue 
dan sobrevenir, procurando expresarse con pru- 
dencia y cordura, sin verter expre>ion algnna que 
pueda desagradar, herir ó perjudicar. El temor de 
ofender á los demás ó de dañarse uno á si mismo, 
nos conduce á ser ci'cu specis, y como el hombre 
circuí pecio debe ler de pocas y meditadas palabras 
y muy mesurado hasta eu sns gestos y acciones; de 
aqui resulta, que solemos llamar tal al que es seco, 
grave y que infnnde ó quiere infundir respeto. 

La consideracnm, en su sentido recto, es pensar, 
meditar y reflexionar con todo el cuidado y aten- 
ción que nos es posible : aplicado este sentido al 
írato de las gentes, veremos que la coiisideruc on 
Lace de estas cuidadosas reflexiones sobre nuestras 
relaciones con las gentes, sobresaliendo particular- 
mente en el modo como las tratamos, manlfestán- 
colas en las oeasi<ines oportunas el caso que hace- 
mos de ellas, la distinción con que las miramos, la 
estimación y respeto que les tenemos, sea por puro 
afecto, sea por oijligacion. 

Cuando este respeto se dirige á los superiores, á 
Vas personas que miramos couio de mucho juérito en 
iodos sentidos, y á las que procuramos no desagra- 
dar en lo' mas mínimo, sea por senlíuiiento natu- 
ral, sea por efecto de buena educación; diremos 
que \^s leaemos atenciones re-'^ptl.' osa ^, 

Los miíaimeitios vienen á ser aquel cuidado que 
ponemos en flisimnlar y sufrir las taitas ajenas, ha- 
ciéndonos cargo de la edad, genio y circunstancias 
de las personas á quienes tenemos aue disimular y 
sufrir, procurando no incomodará los mismos que 
nos incomodan, evitando desazones y desavenen- 
cias, para de este modo peder sacar todas las ven- 
tajas posibles del trato social ya sea para nuestra 
conveniencia, agrado y placer, ya para nuestro ma- 
terial interés; y en esto consiste una gran parte de 
lo que se llama trato de gentes, disiuiular para que 
nos disimulen, sufrir para (jue nos sufran. 

Por estas razones y motivos, debemos ser muy 
mirados y c rcun pd tos cuando no conocemos bien 
í fondo las personas con quienes hablamos, ó tra- 
tamos; que tengamos von^id ra ii'tie^ ya con los 
que nos son supeiiores, ya con los que ñ s pueden 
danar, ó con aquellos ;i quienes no queremos causar 
desagrado; gue guardemos aleiicíin'e^ con las per- 
sonas que tipoen interés en las cosas de que se 
trata; y vñrainienlos con los que piensan de dife- 
rente modo que nosotros, ó con los que son de 
genio acedo y desapacible. 

Necesitamos ser muy el cunspectos ^n las convcr- 
sacion-'S ó discursos sobre mat>'nas de religión y de 
gobierno ; porqne son asuntos púl-licns en los 
luales no parece sea licito á las pe^sonis particu- 



lares manifestar francamente sus ideas y opiniones 
sí son contrarias á las generales del pais, ademas de 
ser muy arriesgado el ofender ó contrariar á Us 
autoridades establecidas. Poco se cuida de sus inte- 
reses el que no procura tener con\id. ración con las 
personas que necesita, y las que le pueden hacer 
mucho daño ó beneficio. Muy conforme á la buena 
educación es el tener respetuosas atenci'nfa con las 
damas, á las cuales les son debidas por su sexo, su 
clase V ^u decoro, y que ellas mismas miran como 
una oltligacion de los hombres bien criados; el 
desagradarlas seria caisarlas agravio, y mucho mas 
cuando es bien cierto que paran mas la considera- 
ción en estas, á veces pequei^ices, que en cosas de 
mayor entidad. Tratando con personas delicadas y 
sobre todo con las constituidas en alta clase, no 
están demás todos Is miramientos que con ellas 
guardemos, si hemos de seguir en su trato y fami- 
liaridad, pues todos estos son vincuíos mas ó me- 
nos fuertes que nos granjean amigos y favorece- 
dores. 

Mucha relación tiene con la prudencia la circuiis- 
pection. Las alenci nes, los mnavnenío'i, los respe- 
tos son modos muy semejantes de proceder, que 
manifiestan nuestros deseos de complacer y servir 
á las personas ya por verdadero y sincero afecto 
h.icia ellas, ya por agradecimiento á sus favores, ya 
por temor al daño que podría cansarnos, que es el 
mas común motivo. Tenemos mir miemos y no cir- 
ciinspeccion con una persona; porque aquellos se 
refieren a' otros, y la circan pC' cip'i á nosotros uiis- 
Dios. La CKii'i leraciiin proviene no solo de un sen- 
timiento de justicia, sino también de decoro, de 
delicadeza y decencia, llanto esta como la circuns- 
pecc/on nacen á menudo de nuestro propio Ínteres; 
pero siempre son apreciables estas buenas cuali- 
dades que suelen ser naturalmente desinteresadas. 
Las atenci nes y miramientos suelen provenir ó 
del agradecimiento ó de la amistad, asi como el 
celo y el esmero con que procuramos servir á los 
demás. 

Sería cosa grosera el faltar ala» atenciones; bru- 
tal el no tener miramiento alguno; inconsecuencia 
y mal proceder el no guardar íonííí/érat^/cn s. 

El trato de las gentes nos enseña el respetar á los 
demás por nuestro propio decoro y porque seamos 
también respetados. 

El conocimiento de los hombres nos conduce á 
los miramientos con que los debemos tratar; y 
nuestro talento y el amor natural á nuestros seme- 
jantes, nos inspiran las atenciones que debemos 
guardar ton ellos según la clase y circunstancias 
de cado uno. 

CIKCLNSPECTO. 1| PRIDENTE. |I AD- 
VKUTIDO. — La prudencia es una virtud que n-s 
enseña á conocer y distinguir lo justo de lo in- 
justo, lo conveniente y lo honesto de lo que les es 
opuesto; lo que se debe hacer y evitar tan*o para 
el cumplimiento de nuestras obligaciones cuanto 
para atender, sin faltar á ellas, á lodo lo que nos 
es útil y provechoso. Encierra en si esta palabra 
las idea> de cordura, discreción, templanza y mode- 
ración tanto en nuestros pensamientos cuanto en 
nuestras palabras y obras. iTudaite es el que obra 
según esios principios. 

El hombie crcunspecío procede con lentitud, 
miramiento, cautela y precaución, do atreviéndose 
á comprometerse ni a arriesgarse ya sea en sus pa- 
labras, va en sus acciones. 

El advertido ó avisado procede igualmente con 
discreción, reserva y sagacidad. Se ve que esias 
tres palabras se semejan mucho en su ^significación 
general; pero debemos indicar las circunstancias 
que las diferencian. 

El hombre ad ertido á todo atiende, el prudente 
nada descuida, el circunspecto nada arriesga. 

El advertido allende á todos los medios y cir- 
cunstancias de una cosa para poder valerse de ella 
en los casos oportunos : el pruiicUe tiene presente 
los que son adecuados para lograr el íin que se 
1 propone : el lircun^pito atiende á cuantos incou- 
' venientes pueden ocurrir y trastornar sus planes. 
La adicr encía depende de una cualidad parti- 
cular del talento ; la prudencia del carácter : 
cuando la circunsp ccion es extremada, se convierte 
en vicio. 

La persona de genio vivo y penetrante es adver- 
tida y niuv avisada; la que tiene inteligencia, 
exactitud y" rectitud en su modo de pensar, prw- 
itivte: la mesurada, callada y reservada, circnns- 
p Cta Y ^ veces timida y desconfiada. 

En el hombre adv rt.do domina la imaginación; 
en el pnuíeute la reflexión; en eí circunspecto la 
atención y cordura. 

En todos los negocios conviene mucho ser adrer- 
lido ó avisado y asi solemos llamar mal avisado al 



que obra sin deliberación ni consejo alguno, y se- 
gún el primer Ímpetu de su imaginación. La pr«- 
dencia es necesaria : la demasiada circunsp'Ccion á 
vecs dañosa. 

El ailvirtido ve ó considera cuanto hay que ha- - 
cer : el ¡iruientc hace cuanto se debe hacer : (1 
Circun^viclo, por lo común, menos de lo que puedt 
hacer. En los asuntos delicados es conveniente sei 
crcunsfccto ; en los laíices peligrosos, pru(/e/í/e ; j 
ad ertido en los coiuplícados y enredosos. 

Usamos por lo común de la palabra üilv-rtido en 
cosas de poca importancia, pues no pueden exten- 
dersp sus miras a c 'sas mayores : en estas l.i cir- 
cuiisj/eccion se limita á ligeras precauciones. Tanto 
en lo pequeño como eu lo giaude es útil la pr deu- 
da que abraza en si las otras dos cualidades, porque 
pone cada cosa en su lugar, y al mismo tieuipo que 
atiende á los negocios del mayor ínteres, no des- 
cuida los pequeños. El hombre pr, tí ntr no puede 
carecer de cÍrcuns¡ieccion, asi co-no no putde menos 
de ¡lustrarle en los ne^iocios el ser mlv nido. 

Una persona de gran talento es siempre wn.di'H/e 
en las empresas que parecen mas arriesgadas, por- 
que lo que p ra otros es casualíd-id, no lo es para 
él, pues que todo lo ha visto y previsto; mas no se 
podrá decir que sea advertido, ni mucho menos 
ci'CiiHSpeí to. 

ClllCtNSTANCl'4. 11 CASO. H COYUN- 
TirnA. II OCUmiEINLIA. II OCASIOX. — 
Llámase comunmente circunstancia á cualquier ac- 
cidente de tiempo, lugar y modo que se une á la 
sustancia de al^un dicho ó hecho; así como á la 
, calidad ó requisito de algunas C"Has : por lo tanto 
Circunsania lleva consigo la ¡dea de acompañar, ó 
1 de una cosa accesoria á otra, que es la principal; y 
asi en latín se llama aí//«nc/u//í, y tauibien circums- 
tan fia. 

Literalmente hablando circunstancia significa el 
e-íaüo de hallarse al rededor de... cerca, eircum 
slare. 

La coyuntura es el estado, ocasión, sazón, opor- 
tunidad para una cosa ó negocio, é indica la situa- 
ción que resulta de una concurrencia de suceso?, 
negocios ó intereses, y la disposición á juntarse con 
una cosa, formándose esta palabra de las dos lati- 
nas cuvt y junuere, P^^^^ co'jumuia en latín es com- 
viissura, que signinca unión de dos cosas que se 
traban entre si, y j nc/wra, juntuia ó unión. 

€ La iircunstanca se refiere á la acciou, la coyun- 
twa al momento, dice Ihderot : la primera es una 
de las particularidades de la cosa; la segunda es 
extraña á ella, y solo coincide con la acción por la 
C"nt<m¡iorane dad, si se nos sufre esta voz. Gn este 
caso las coiiuntiiras podrían llamarse las circijns an- 
das del tiempo : y las ciiciin^tancias serian las 
coy ntwas de la cosa. > 

Hasta aquí Diderot. 

Considerada la cirrují'^ tanda como una parte, ó 
una particularidad de la acción, en nada puede 
convenir con la loyuntwa extraña á la acción y i 
la que solo podiemos mirar como contemporánea 
de ella. En este caso las dos palabras no serán 
sinónimas; pero á menudo decimos las circunstan- 
cias del tiempo, del lugar, de las personas, de las 
cosas relativas á un oljeto particular, y á esto lla- 
mamos también c yunturas. Pero estas c rcunstan^ 
cas, bien asi como las coyunturas , se hallan fuera 
de la cosa u.isma, y entonces las coijimt-Tas no las 
son enteramente extrañas. Ambas palabras indican 
la disposición, el estado particular de las cosas que 
deben influir en el suceso. Cuando decimos que 
mudan las c/rcun'- tandas, que una persona se halla 
en malas circu. stancias, que una drcunstaacia im- 
pidió hacer esta ó la otra cosa, no intentamos desig- 
nar una mudanza en la cosa misma, en la persona, 
ó en la acción : esta mudanza está luerade la cosa, 
pero produce en ella cierto particular efecto. 

La coyuntura y la cir^ unstan^ ia vienen á ser á la 
cosa como dos circuios concéntricos á un punto da- 
do : la ciic nslaicia es el circulo contenido en la 
coyniituia. La coyuntura influye de lejos sobre el 
suceso : la lircn tan ia se aproxima tanto á la ac- 
ción que, por decirlo así, la toca. La coyi-nt ra es 
un orden de cosas, una disposición áedrcin^íamias 
generales, las menos cercanas, favorables ó contra- 
rias á las co-^as. Las <oyi'ntra^ anteceiien á la ac- 
ción y vienen á disponerse y arreglarse con inde- 
pendencia de la acción misma : mas láser vastan- 
da- van con ella, l'iticil cosa es que mude el siste- 
ma ó conjunto de las nymli.ras-; pero á cada paso 
acaecen alteraciones en las circunslaneias : estas 
serán pues particulaiidades de la coyuntura. 

Las co'i'ii'tu as preparan y como que presagian 
el éxito "de una guerra : pero ctríuusía'i' tus im- 
previstas hacen perder ó ganar una batalla. Ua 
hombre de talento se aprovecha de la« coyuniuras 



CIV 



CIV 



CLA 



43 



Un hombre ingenioso y sagaz saca partido de las 
C¡rct>nsiancias. ^ * 

To'io suceso ó acoulecimiento viene a sernn caso^ 
un lance, una occasioii favorable ó adversa, pi^r lo 
general fortuita ó inesperada, y nos valemos de 
esta palabra para indicar el njodo de un negocio, 
refiriéndose principalmente á la especie y paiticu- 
laridad de la cosa. 

La ocas on es la cansa ó motivo porque se hace 
una cosa ; asi como la oportunidad o comodidad 
de tiempo ó Ingar que como por acaso se nos pre- 
senta para hacer cualquiera cosa. La o a^ion puede 
ser buscada, traida, ó puede presentársenos con al- 
gún nuevo incidente, y en sentido indeterminado 
tanto por el tiempo coruo p' r el objeto. 

Mas tija es la signiBcacion de o ¡irrencia, pues solo se 
puede decir cuando sucede lo que no esperábamos, 
ni deseábamos, ni buscábamos, y su relación se fija 
al tiempo presente. 

Para las ocimii'nei son los amigos, dice el refrán, 
y en las ocasiones conocemos á los hombres. Se 
dice perder, aprovechiir la ocasión; se usa de la 
frase asirla por los ialiello<, y entonces viene á ser 
sinónima de fortuna : poner en o asion por ponerle 
á uno en cualquier rie-go, o llevarle y provocarle á 
él; se Uauía hombre ocasio ado al eipnesto á oca- 
siones y peligros, y también al provocativo, al in- 
cómodo y al de mala condición 



civil, corles y urbano ¡ pero el que solo es urbano, no 
es prec¡íamcnle;D/ií/. o : mas podrá serlo fácilmente. 
La política supone civ.lidal: pero en mayor grado. 

La liiiiiJad solo es un testimonio exterior y sen- 
sible de los ocultos é interiores sentimientos y no 
puede menos de ser apreciable, pues el aparentar 
bondad viene á ser confesar tácitameote que debe 
haberla en el corazón. La peñlica añade á la avit:- 
d:,d las expresiones de mayor afecto, estimación i 
las gentes y deseo de complacerlas. 

Las ( or/fiíiáa consiste en una especie de ceremo- 
nial o etiqueta que tiene sus reglas, que llamare- 
mos de convención. ÍJo están, digámoslo asi, e^cri- 
tas; es menester muchas veces como adivinarlas, 
pues que varian y difieien según los tiempos, luga- 
res, condiciones, y clases de las personas. En el 
fondo ó en su esencia procede de la bondad y sa- 
nidad del corazón; en sus exterioridades es una es- 
pecie de moda, lo cual no es difícil á las personas 
de buena educación. 

La poálica. dice Mr. Trublet, consiste en no hacer 
ni decir nada que pueda desagradar á los demás, 
antes bien cuanto pueda complacerlos, y e^to con 
modales y expresiones nobles, trancas, finas y deli- 
cadas. Necesario es pues estar acostumbrado á ello 
desde los primeros años y tener naturalmente cua- 
lidades adecuadas, ó poseer el difícil arte de fingir- 
las ; mucha dulzuia y bondad en el alma, mucha 



Debemos proceder según ocurren ó se presentan sagacidad y delicadeza de ingenio, buenos seiiti- 
. 1^,. . ^. 1 . _ ,.- j.,. : ..,;«.,»«. Olí D^ fíifnnn nara acertar al momento v 



los tiempos.'Resiilarmeiite las (■o,i,l¡Jlíuaí determi- 
nan en los hombres que miran por sus intereses, el 
partido que deben seguir. 

Los políticos que prefieren sus conveniencias a 
)a virtud, sostienen la máiíma errónea de que hay 
casos en que la razón prescribe desentenderse de 
las severas máximas de moral. 

La mayor parte de los hombres piensan de dis- 
tinto y aun contrario modo sobre una misma cosa, 
según las diferentes i:rcuii.\íaiicius. Aunque todas 
estas palabras se unen por lo común indiferente- 
mente con los mismos epítetos, parece que cada una 
de ellas prefiera alguno como propio, \ que se ha- 
ble con propiedad cuando se dice bella ociision, 
BcurTeniia op< rtuna, voijmt ura favorable, caso ur- 
eente, circuU'tanciu, delicada. 

CIVILIDAD. II COUltSAM.*. llrOMTICA. 
— Llaniaiuos rivit en su recto sentido á cuanto per- 
tenece á la ciudad y á sus moradores, y couio el 
trato y costumhres de estos sean mas suaves, finas 
y delicadas, que las de los que habiían en el campo, 
aldeas y cortas poblaciones, Uainamiis á estos rústi- 
cos y i aquellos hombres c/iií es. cu il. dad i inlnlo, 
civiliza ion i su educación, cii'ili:iir"- al irse acos- 
tumlrando á ella, sobre todo los pueblos. 

Esta palabra en su mismo sentido recto viene á 
ser sinónima de la de urbanidad, y ambas vienen a 
derivarse de la palabra ciiulad. 

Llamamos (•it'//'/<J(i ó urbandad á la cultura, dul- 
zura, primor y elgancia en ti lenguaje, en los mo- 
dales, en las acciones. 

Entre los habitantes de la ciudad hay algunos de 
clase mas superior, que habitan en los palacios y en 
la corte, que la frecuentan y tienen seguidas rela- 
ciones con ella : estos se llaman palaciegos y corte- 
sanos, V sus costumbres tienen que ser aun mas fi- 
nas y esmeradas, mas di.-imnladas y cubiertas con 
grata's y lisonjeras aporiencia. De aqni llauíarse cor- 
tssia y cortesai'ia á toda acción y demostración en 
que se descubre la atención, caiiñn, af.cto y respeto 
de unas personas con oirás, y al que posee completa- 
mente estas apreciablescnalidades.se le llama i orles. 
Se llama co't sa o al que aparenta brillantes mas 
bien que buenas prendas; y pa a'iego al que ac is- 
tuii bra'do i sufrir, contemplar, lisonjear y adular 
á los grandes señores, lo hace con cuantos cree pue- 
den ser\irle de algo. 
Aunque la primera idea que nos da la palabra 
oUli a es la del arte de gobernar á los hoiubres, 
también tiene las de atenciones, cortesaniasybuenos 
modales con qne las gentes se tratan unas á otras, 
y entonces el hombre /oíiíieo es sinónimo de civil, 
urbt'no y cortés. 

En francés se distinguen estas dos diferentes sig- 
nificaciones con dos diversaspalaliras corresponde 
la de p ¡ili'iue i la ciencia del ¡lobierno y a iepo- 
lilesse i la urbanidad : la de polüi, a, entre nosotros, 
abraza á ambas, de loque resulta qne las dos pala- 
bras francesas son mas propias, positivas, claras y 
expresivas qne la español.a. la cual cuando se refiere 
á urbanidad tiene que ayudarse por lo común, para 
evitar equivocaciones, de algún epíteto. 

Mr. Duelos en sus cons dera iones sobre /«>■ cos- 
tumbres, dice que las cnalidadesde que aqni vamos 
tratando, son la expresión ó la imitación de las vir- 
tudes sociales, eipiesíon, sí son verdaderas, é imi- 
tación, SI faJsas. El hombre ¡lOlilico es por precisión 



miento» en el corazón para acertar al momento y 
sin dar tiempo á la reUeiion con lo que conviene 
hacer ó decir según las circunstancias; mucha doci- 
lidatl y disposición para acomodarse á todas las opi- 
niones, á todos los genios, á todos los sentimientos, 
según lo exijan las ocasiones y los casos. 

No es incompatible hasta cieito punto una descui- 
dada y viciosa educación con la civilidad en los mo- 
dales. Á cada paso vemos hombres u-uy finos hasta 
en las mas brillantes concurrencias, que en su trato 
particular y doméstico son bastos y groseros, de mal 
nablar V proceder. 

Un hñmbre de clase común ó un lugareño pueden 
tener cierta ciniídud ó cii//i.ra tanto mas apreciable 
cuanto que será mas natural, ingenua y de corazón, 
sin consistir en vanas exterioridades; pero solo las 
personas de clase elevada, de mejor educación, de 
trato n.as general merecen los dictados de políticas 
y cortesanas. 

Es sumamente iniitil, fastidiosa y desagradable 
una cortesanía demasiado ceremoniosa y etiquetera 
que en el dia ya está como desterrada de lo que 
llaman buena sociedad, ademas de que supone fal- 
sedad y eng.iño. 

¡So adolece por lo común de este defecto la poilica, 
pues es t.nto mas amable una persona cu.into mas 
p tilica ó cortesana es; peio sucede muy á menudo 
que esta tan au,able ¡oiítica solo suele ser el arte 
de despreciarotrasvirtudes sociales, qne finge imitar. 
Los legisladores de la China, dice Mr. de Montes- 
quieu. quisieron que 'los hombres se tratasen con 
mucha consideración j respeto : que cadanno de por 
si tuviese siempre presente cnanto debíaá los demás 
y la dependencia en que tenían que vivir los unos 
con los otros, y por lo tanto dictaron infinitas reglas 
de civilidad, contenidas en un ceremonial tan com- 
plicado y difuso, que aunque sea útil, es también 
muy incomodo y fastidioso. Con esto sucede que en 
la China hasta los hombres de la clase mas común, 
y aun los mismos aldeanos, guardan entre si casi 
tantas ceremonias como los mandarínes de la clase 
mas superior. ... 

Este modo de proceder es muy apropiado á suavi- 
zar las costumbres, mant ner entre el pueblo la paz 
y el buen orden, y alejar los vicios qne provienen 
de un genio duro y áspero. En efecto sifaltamosá las 
reglasde \aurbanidaa. ¿nodescubiímos francamente 
nn'estros defectos y como que los autorizamos? En 
este punto la. r*o»;ii.ii/ se hace superior á Upulitiru, 
pues esta lisonjea los vicios de los demás, y aquella 
nos impide manifestar los nuestros, con loque viene 
á ser una especie de barrera que los hombres ponen 
entre sí para no corromperse con sus vicios. 

Eslo es una verdad hablando de esa folitica falsa 
y engañosa tan común entre la gente cortesana, y la 
cnal'solo es nna algarabía fastídi isa. unas expresio- 
nes exageradas, tan faltas de sentido como de sen- 
timiento y cordi lídad. 

La verdadera y buena joliti'a es natural, franca, 
sencilla, sin afectación alguna, sin orgullo, ni re- 
seiva, que nace de un sentimiento interior de igual- 
dad natural, propia de un alma noble, candorosa, 
que huve de humillar.de íntimidary desobreci 



estimación y los mutuos servicios. Si desde la niñez 
nos acoutombran á serhniuanosy benéficos tendre- 
mos la verdadera p'litici y i^rbaniílad. la qne cor- 
responde á un hombre de bien, y no aquella que 
consiste en palabras y modales .igradables y gracio- 
sos : no necesílaremos valemos de la ticcion para 
complacer y agradar, ni del artílicio y falacia para 
disimular y sufrir los defectos ajenos, pues nos bas- 
tará para ello con ser indulgentes y buenos. Las 
personas con quienes procedamos de este modo, ni 
tendrán motivo de envilecer.se, ni de encanecerse; 
serán agradecidas y se harán mejores. 

CLAMull. II GlilTü. — Estas dos palabras in- 
dicanpor lo generalsonidos inarticulados producidos 
con esfuerzo por los entes sensibles. 

El grito es una voz muy levantada y esforzada 
que puede ser producida tanto por una criatura hu- 
mana, cnanto por un animal, sea cual se fuese la 
cansa ó motivo; y aun también se llama grito al so 
nido material, qne resulla de un cuerpo en su cho 
que ó roce con otro, ó herido por el aire. 

Llámase (¡ritería al alboroto de muchas gentes que 
dan voces descompasadas. La gritería entonces es 
como sinónimo de alboroto : dar grita es insultar 
con p dabrasde oprobio y con mucha \ocería. Cuando 
se esfuerza cuanto es posible una voz se usa de la 
frasea grito li<rido. Cuando uno se desgañifa de puro 
gritar se llama aparse d gritos, po'.er el grito ett 
( / cielo. 

Ouiere Covarrúbias que la palabra grito venga de 
las italianas grido,g>idare,t¡ritta'itentn ;y sea como 
se fuese aXgrio se llamó eii castellano í/r/ifo, ^pií/iw 
al srrítar, y grida al gnto ó voz para llamar á los 
soldados á las ariuas. 

El tuísmo autor cita á M. Varron cuando dice : 
Qu.ritare dni ur ik, qid iiririlnm ¡i.ievi clamans,im- 
pl ral: y de aquí puede derivarse la palabra (//ídd, 
grito-, pero será solo en sentido de pedir auxílio- 

Á la idea general de grito añade la palabra ' lamor, 
la de lunchas personas quegritan muy alto, sin mo- 
deración ni compostura y comoalborotadas y tumul- 
tuadas, quejándose, pidiendo cuabiuier cosaódenios- 
iraiido sus deseos, necesidades, odio y aborrecimiento 
contra cualquier cosa ó persona. Regularmente se 
clama teniendo justicia ó creyendo tenerla, por cau- 
sas que aparecen graves. 

Llamamos clamor, ar al rogar con instancias y 
quejas; y decimos por lo tanto muchos tlainores 
ilegnn al cielo. 

En sentido recto clamar es quejarse, dar voces 
lastimosas pidiendo aviida y favor : se usa este 
verbo muchas veces hablando hasta de los seres in- 
animados como para indicar la necesidad que tienen 
de cualquiera cosa, y así se dice : la tierra está 
c amandi por agua, el delito i%\.¡, clamando castigo; 
ciaiiia venganza^ justicia al cielo. 

Atendiendo a la derivación latina, diremos que 
daii'Or ¡c amare) es llamar, publicar, intimar . si se 
la añade la preposición con Ico . clamare í será gritar, 
proclamar y á \eces aplaudir, aclamar; aunque 
esto se expresa mas propiamente con acclamatio, 
atclamare. aclamar, aclamación. 

El urito es pues la expresión de nuestros senti- 
mientos, y con él manifestamos la alegría, el dolor, 
la estimación, la admiración, el odio, el amor, el 
contento, la aprobación ó la desaprobación. 

El clamor es la pública é interesada manifesta- 
ción de un vehemente deseo justo ó injusto. El 
c'anior indica cierta idea de exageración, pues pro- 
viniendo siempre de nna pasión, es natural (¡ucasí 
suceda. Muchas veces Uaman.os clai.ores á los ridi- 
culos y exagerados gritos, y nunca se tema en 
buen sentido. Se dice el <■ amor del pueblo, de los 
enemigos, del vulgo; el cUnnor de los desgraciados; 
se I lama pidiendo justicia ó venganza. Todo lo que 
necesitamos y reclamamos es objeto de nuestros 
porfiados clamores 

CLA^Dl;SII^O. |{ SF.CHETO. — una cosa 
es seerct I cuando nadie ó pocos la saben ó conocen, 
y es el ndestin<¡ cuando se hace secretamente, fal- 
tando á la ley. ó procurando violarla, sin que nadie 
lo conozca. Llamamos casamiento sec eto cuando 
por cualquier motivo ó razón, que nos es personal, 
no lo declaramos ni confesamos y aun á veces lo 
negamos; y es clande tino cuando lo hemoa cele- 
brado en secreto sin observar las reglas que las 
leyes establecen. Secreta es nna junta cuando se- 
creí /mente se celebra, no obstante de ser permitida: 
y es c andestnia . cuando se verifica contra el 
expreso mandato de la lev. De eslo resulta que no 
todo lo secreto es clmidestino ; pero todo lo c/on- 
lífi/ínn viene áserí cret" esto es licito, aquello no. 
VISI.IMBIIB. 



á aquellos ron quienes trata. I *''"*'"'í.'*'^, JL .''X^^í^';, ii o^m i.-^nr>ii 

lÍ verdaJerAo/i/.M de los grandes debe ser la Bnil.I.O. || KI SPI.ANDO t. || Esri.h^DOR 
humanidad; la Se los inferiores,%l agradecimiento, ]| rEllSriCUIDAD. -- La /«í distuigue la d.r^^ 
cuando los grandes lo merecen ; la de los iguales la áad de la oscuridad , el día de la noche , pues nos 



46 



CLE 



hace visibles los objetos. Todas las palabras de que 
DOS serviremos aquí, indican modiacaciones de la 
luz. , , 

La vislumbre es ua reflejo, un tenue fespianaor 
de luz. Por su medio solo se ve débil y conlusa- 
mente, es un rayo de luz, un principio de claridad; 
por lo tanto la coQ^idera^JOs pasajera, de corta du- 
ración, pues es natural que lo débil y tenue se 
desvanezca, se disipe, acabe pronto. Los que llama- 
mos fuegos fatuos dan un resplandor fugaz, una 
verdadera v¡sldmlne, que apenas deja verse y pro- 
duce conf.ision v trastorno. Usase de la palabra z-íí 
lumbre en sentido metafórico, y así decimos una 
vislanibre de esperanza, cuando dura bien poco. 
Llamamos v-s'unibies á las conjeturas, sospechas, 
presunciones de una cosaj á las noticias dudosas; 
a las apariencias ó leves semejanzas; y vhluii.brar 
á formar ccnjeturas por meros indicios. 

La ca idad es la /us completa, y el efecto qne 
produce está alumbrando cualquier espacio, de 
modo que se distin^.ín bien los ubjetos. La rislum're 
es el principio de la luz, el amanecer : la t lar idad 
el dia, la luz del sol, que todo lo alumbra. 

Llama ñus la-^ cer al amanecer, y clarear cuando 
empieza á verse la luz, á salir la aurora. Cuando 
tenemos la necesaria luz ya se ve c aro. Mas asi 
como hay clarh'aí viva y aun brillante, que se 
confunde con el resplandor; también la hay pálida, 
endeble, trémnla qne se asemeja á la visiumore. 

Usase la palabra claridal en sentido traslaticio; 
y así del hombre que se explica sin confusión ni 
embarazo deciüios que halila con cla'idad. Llama- 
mos claridad de e.-tno la del autor que esciibe con 
limpieza, pureza, propiedad y exactitud, cons- 
truyendo las frases de modo que no puedan pro- 
ducir equivocación, ni auibigñedad alguna. En 
sentido ascético se llama clarhítd á uno de los 
cuatro dotes de los cuerpos gloriosos, que consiste 
en la luz y resp andor de qne e^t;^n adornados. _ 

El l'rif'O es una l.'Z ma\or que la de la ciuñdad 
ó esta en toda su fnería y plenitud. 

Consideranmos mayor abundancia de luz en la 
palabra 'csp andor, pnes es una brilianlez que llega 
como á desíuitibrar. El rf'Sp'andor suele ser dura- 
dero y aun es propio y constante de algunos cuer- 
pos, y asi decimos el resplandor del sol, del dia- 
mante, etc. 

En sentido metafórico nps valemos de esta pala- 
bra para indicar todo aquello que sobresale por su 
extremada brillantci 

El e p endor viene a denotar lo mismo en sen- 
tido rt-i:to; pero se usa mas en el figurado y signi- 
fica el hutre y brillantez de una familia ó de una 
persona; la fama que se ha adquirido su modo 
de olrary proceder; el lujo, la ostentación, la mag- 
nificencia y pompa que le acompaña y resalta en 
todas sus accinnes. En sentido poético esplendente 
es lo qne ^esplande e, y llamóse también respla.- 
de eiicia i la iuz-, que tiene en sí cnahjniera cosa, 
á la fama, opinión y gloria de una perdona. 

En sentido propio perspicuidad es la claridal, la 
traspaleen cia, la limpieza, lo terso : llamai^os pers- 
picaz al sugeto, persona que tiene !a vista muy 
aguda, penetrante, que alcanza á larga distancia ; 
pero esta voz donde mas comunuicnte se usa es en 
sentido. fi^inrado, priiicii'almente hablando de las 
buenas cualidades del estilo. 

Reasuiiiiendo diremos, que la vislumbre es una 
luz débil y ligera; la rlnr dad una luz cojipleta; el 
brillo una tia^i'lad brillante; el resplandor la 
mayor luz que pueda darse. 

La lu:- es lo opuesto á las tini-^blasj la vislumhre 
penetra por entre ellas: la ríaridad disipa la oscu- 
ridad; la bril antez ahuyenta las sombras; el res- 
plandor es un Océano de luz , y lo mismo diremos 
en sentido figurado. 

CLLMI \<:í A. II MfSrRICORDTA. | Mm- 
CEO. — B'finese coiiniameiite á la diñen i a di- 
ciendo que es una virtud que templa y modera el 
rigor de la justicia . y en este seotido la entendieron 
los latinos, extendiendo su significación á la de 
bueno, humano, suave y apacible; y llamaban c'e- 
meiiie basta al tiempo cuando era benigno. También 
en castellano tiene bastante, aunque no tanta exten- 
sión. 

La c^emenc'a no es de justicia, pues que al con- 
tarlo la debilita masó menos; por eso los estóitos 
/atenían por debilidad j flaqueza de ánimo. 

A veces exige la clemencia, para evit;ir mayores 
males, e! valerse del mismo rigor á qne se opone 
en general, y á este propósito podremos citar aquí 
ajneilos versos de Ercilla en la ATaucana, que 
4iceu : 

Clemente es, y pladeco el qaa sin nüedo 
For escapar eí l>raxo corta el dedo. 



CLI 

Semejase mucho la misericordia á la demencia; 
mas podremos hallar la distinción entre ambas, di- 
cieniK) qne la clemetua ^e refiere mas á la compa- 
sión que tenemos de las fragilidades humanas, o á 
la bondad coii qne toleramos los efectos de la ma- 
licia: y la mi encordia la nne se ejerce á favor de 
los desgraciadas y miserables. En este sentido la 
misericordia no es debilidad, sino justicia y cari- 
dad, y tiene que ser mirada como virtud hasta por 
los mas rigídos estoicos. 

En efecto se define comunmente á la misericordia 
como virtud que inclina á nuestro corazón á apia- 
darnos y lastimarnos de las desgracias, trabajos y 
miserias de nuestros semejantes y á procurar so- , 
correrlos. La com pos clon material de esta palabra 
mise^ y cor, misr.a y toazon, indica literalmente 
la sensibilidad y la humanidad, el enternemicieuto 
del alma al contemplar las desgracias del prójimo. 
Daa nuestros buenos autores un muy particular 
y lato sentido traslaticio la palabra mise'icúrd>a, 
usándola coiiio poquedad y nimiedad de un socorro; 
y asi se sirven de la expresión misericordia >íe 
ai,ua, de tino y de cualquiera cosa sobre todo li- 
quida, sin duda porque atormenta mas la sed que 
el hambre. 

Podíamos traducir esta palabra, diciendo qne no 
hubo nadie que se compadeciese de nuestra miseria 
ni aun d;!ndonos el mas tenue auxilio para salvar- 
nos la vida : y así dice Cervantes en el Quijote : 
■ sin hallar una misrr.cordia de vino. • 

Santa Ter.'sa de Jesús usa á menudo de la frase 
mi.enco:dia de cgua. Frases por cierto muy gala- 
nas, apropiadas y expresivas. 

Merced viene del latin merces. En su significa- 
ción geuuina, dice el Covarrúbias, vale galardón de 
lo que á uno se le debe por su trabajo, y así á los 
jornaleros se les llama mercenarios. En su sentido 
Iraiiaticio merced es gracia, perdón, piedad, bene- 
ficio gracioso, y asi, se llaman meTC'd<:-^ á las dádi- 
vas de los reyes y al perdón que cmceden por los 
desacatos ó injurias que hayan recibido. 

Estar á vurced de otro es estar á sus expensas, 
depender de su generosidad :' rendiise á merced es 
enlre^^arse á discreción. 

Para obtener merced ó beneficio se vale uno 
comunmente de la sumisión y humillación, implo- 
rando la generosidad de aquel á quien necesitamos 
manifest ndouos dispuestos á corresponder con liues- 
tfo agradecimiento. 

Sieipqjre se solicita la merced como gracia, y así 
es formula en los memoriales, aunque se pida jus- 
ticia, decir en loque re^ ib'rá nnrcel. 

Pídese merced tarubien en significocion de per- 
don, aunque sea por ligeras faltas; se pide miseri- 
curd a en los graves peligros para ser socorridos y 
amparados, así como cimenin en las faltas graves, 
para que sea mitigado el castigo. En las grandes 
desgracias y calamidades, se implora la mis-ncor- 
d/a de Dios ó de ios hombres, si son estos los que 
las causan. P^r ciernen ia clama el reo ante el juez, 
ó el ejecutor 'e la justicia; y el débil ante el 
fuerte; y los infelices imploran la misericordia de 
las almas compasivas. 

Estamos á merced de las olas, de los grandes 
trastornos de la naturaleza, de U suerte, de I s 
mahados, de las fieras. La mistTiconfia pertenece 
solo á los hombres, á las almas sensibles que son 
capaces le tener compasión : también suelen pre- 
seutarsr ejemplos de clemenia en los animales y 
aun en los mas feroces por su naturaleza. 

CLIMA. II iTiMPERATL'ltA. — Considerada 
la palabra </wfl no respecto á la geogralía sino mas 
bien á la fínica ó n.ediciua, diremos >¡ue clima es 
el temptramnlo particular de cada país ó el grado 
de calor que le es propio, y en e>le sentido viene 
á ser (iniia sinónimo de tmpcratura, cuya palabra 
se toma en un sentido menos lato que el de región 
ó país, y por él los médicos expresan la reunión de 
todas las causas físicas generales ó comunes, que 
pueden influir en la salud de los habitautas de cada 
país; tales ^on la naturaleza de los vientos, de las 
aguas, de los alimentos y del terreno. 

Todas estas causas se combinan por lo común 
tan confusamente con la temperatura de los diver- 
sos países, que es muy difícil hallar algunos fenó- 
menos de la economía animal que dependan única- 
mente del clima. 

I'ero no será un error el atribuirle ciertos efectos 
en los que es la causa predomiuaute, y así con bas- 
tante fundamento podremos decir que provienen 
del clima las diferencias de los puel los, en cuanto 
á ia complexión dominante ó general de cada uno 
de ellos, la estatura, robustez, vi-or, color de la 
piel y auü de los cabellos, duración de la vida, 
mayor ó menor precocidad de sus habitantes, y eu 
fin sus enfermedades propias ó endémicas. 



COL 



CODICIAR. 11 QUERER. || DESEAR. \\ 
AKSIAIt. II A\UELAIt. || StSriUAU POR... 

— yTodas las acciones que estos vertios indican se 
refieren á XdiVoluntid y deseo que tenemos de hacer 
y losrar una cosa; pero se diferencian por su mayor 
ó menor intensidad. 

La palabra g« rcr viene á ser la mas genérica de 
todis, pues abraza nneitros deseos, sean mas ó mé» 
nos fuertes; así decimos (¡uero pjseanne, quiero 
tratar con fulano ó zutano, como quiero ser rico, 
quiero un empleo, /¡uie-o hacer fortuua- 

Mas ea general qu<rfr es el acto mas débil de la 
voluntad y ca^d no da idea de pasión alguna ; hasta 
para qutrer con una ligera inclinaci''o, y muchas 
veces expresa indiferencia. ¿ {iiiterf Vd. que pa- 
seemos? Me es iudiíerente; lo que Yd, guste. 

El de-sCit es un acto mas positivo, mas decidida 
de la voluntad : por poco que se incline e.^ta al 
de^eo ya comienza á hdber pasión, y segim los adje- 
tivos con que se acompañe serán mayores ó me- 
nores, fuertes ó moderados los líe^evs. Tenso ae'CO 
Vehemente de tal cosa; en este caso ya es pasión 
manifiesta. 

Cuando el deseo es extremado se coaviertc ea 
una pasión decidida, en una necositlad imperiosa 
,ue llamaremos usvíí/r. pues que el ansia nos hace 
sufrir angusúa interior del ánano, pena y aílicülofl, 
hasta que alcanzamos lo que apt-t-cemos. 

Siendo cosa natural que piocureuios lograr lo 
que deseamos, preciso es hacer todos los esfuerzos 
posibles para ello, y á eíios esfuerzos llamamos 
auhelOy anhelar, que es trabajar eficaz y tenaimente 
por satisfacer y calmar nuestras ansias. 

Guando no creemos probable ó fácil lograr aquello 
por lo que ttnheliimox ; al mismo tiempo que crecen 
nuestros deseos, decae nuestro ánimo y se debilitan 
nuestras esperanzas, y entonces como desanimados 
susfitramrb por satisfacerlos. De todos e^los de.-eos, 
el mas culpable es siempre la a^itc a que se defii.e 
apetito desordenado de cosas no neces-irias, ilícitas 
y prohibidas. Por lo general se ei. tiende de rique- 
zas : y no reparando los co iicio^os en los medios, 
por iuicnos quesean, de lograrlas, la oáicia yiene 
a ser uno de los mayores y mas detestables vicios. 
El a/etectr, aunque es expresión. m.is fija y po- 
sitiva que la de querer y supone inclinación, deseo, 
gana de una eo=a; no es por lo común tan fuerte 
como las anteriores, y tiene mas de capricho ó de 
fugaz voluntad, que de necesidad ó pasión decidida. 
Defínese el npetilo un moviiniento natural que nos 
inclina á desear, de cualquier modo que sea, una 
cosa. Por lo común se dirige á objetos materiales 
correspondientes á nuestros placeres y mas comun- 
mente á los sensuales, en especial á la gula, y asi 
decimos que una cosa es upeiecbie, y que es apc- 
lilosa una comida cuando es gustosa y sabrosa. 
Dícese que un enfermo tiene upedto^ 'peíencia de 
esta ó le la otra cosa cuando t-a la convalecencia la 
desea y cree qne le pnede hacer provecho paia en- 
teramente reeobrar su salud. 

üucremos un objeto que está presente : el de^^eo 
excita mas y mas nuestia gana y aun uvtojo de él : 
el •querer paiece pertenezca al conocimiento y á la 
reflexión, y la ganí al sentimiento y al gusto. De- 
seam"S y tipelcctnii s cosas qne no están pi-esentes, 
que tal vez se hdllan muy distantes y son diliciles 
de adquirir ó tener. El tija ti o se acerca al unlf^o, 
pues es vago y caprichoso, al mismo tiempo qne los 
d seos son mas vehementes. Sa<fitamos por cosas 
que ente. 'demos interesan á nuestra vida ó á las 
que tenemos una íneliuacion ó pasión irresistible. _ 
Parece que el querer dependa de nuestra inteli- 
gencia; por lo mismo solo deberíamos '/lítf'cr cosas 
justas y razonables. Los dese-'S vienen á coiTespon- 
der á los sentidos, por lo mismo han de ser arre- 
glados, limitados y moderados. Los suspi'O-' parten 
del corazón, y deben dirigirse á cosas buenas, ne- 
cesarias y convenientes. 

(Juremos lo que puede convenirnos; í/rí-aí/rOí lo 
que nos adrada, lisonjea y merece nuestra estima' 
cion : s spiram'S por lo que nos es indispensable. 
Se dice de la voluntad (¡ue es bien ó mal dirigida, 
del deseo que es bueno ó malo. 

Los principes desdan de nn modo abs'duto : las 
mujeres, sobre todo embarazadas, tienen fuertes y 
caprichosos antojas : los perezosos se recrean con 
quiméricos deytos; á los amantes novelescos todo 
se les va en xwptrar, la mayor parte de las veces, 
por el vano y engañoso objeto de í-u amor. 

COLEIIA. l|~E\OJü."l| lltA. II AltltEBA- 
TAMlt.\TO. — En su sentido recto la cólera e3 
un humor (jue se forma en el hígado, al que tam- 
bién se llama hilis: mas en el meUiíórico, que es 
del qne aqui tratamos es una ajitacion, una impa- 
ciencia, un enfado contra cualquiera cosa ó maa 
comumnente persona, que ncs bi contiadicho.ofen- 



COL 



COL 



COM 



47 



dido, dañado, ÍDComodado, irritado. Por lo común , Je^ 
«s doradera aunque á veces disimulada y otras [ gre 
pasajera. . . manos y la lengua. > 

La injuria que entendemos haber recibido, nos 
excitii la cólera, nos trastorna, nos priva del uso de 
la razón, nos euforece. incita y airastra á la ven- 
ganza Atinuiue se entibie y aplaque el fui-or, 
siempre uos es duro y peno-sO el perdonar, y mas 
si el ofensor no se homilía y da satisfacción sufi- 
ciente. 

En las personas que llamamos biliosas, la cólera 
es el vicio dominante y la pasión mas difícil de 
contener ó sujetar. 

La ira es también una irritz :!on aunque no tan 
súbita ni tan mauifiesia como la cólerit; peí o á 
veces suele ser lu.is duradera v mas daüosa, porque 
la es mas fácil oculurse y disfrazarle y contener 
sus priuieros Ímpetus. 

La cóIltj se eialta con facilidad; pero por lo 
mismo mas prouto se aplaca. 

Les hombres um.d >^ están mas sujetos á conser- 
var el odio, el rencor, el deseo de venganza. 

Un h.iuibre vivo, delicado y pundonoroso puede 
tener un arrauque de cóUra, mas no tan fácilmente 
de ira por ser esta mas reUei'iva y contenida. 

El enOjO e= un enfado, un desagrado ¡iiayor ó me- 
nor y á veces muy ligero, contra cualquier persona : 
fácilmente suele aplacarse y convertirse en amor y 
agrado, mucho mas cuando cesa lacausaque lo pro- 
dujo. Los euoiO' S'ii poco temibles regularmente. 

Un padre, un anio. un jefe, un superior coa faci- 
lidad y por cualquiera ligera causa, se enoja con 
sus hijos. S'js domésticos, sus dependientes, sus su- 
balternos; mas tauíbien con la mas leve satisfacción, 
con el mas cono iut-rvalo, couuu poco de reÜeiion 
llega á desenojarle. Los eno/os continuados y fun- 
dados suelen convertirse ea odio, en aborrecimiento 
y en rencor, y entonces se semeja á la ira en sus 
tataies efectos. 

El ai rJ ato ó arrebatamiento es el estallido déla 
cólera, de l.i irritation, del furor. Semejase á la 
tempestad imprevista, al rej,eutino golpe del rayo 
antes sufrido que pensado. 

Éa ios borabres vivos, precipitados, inconsidera- 
dos, impetuosos, violentos, son timibles y casi ine- 
vitables estos arrebjtos, especie de imprevisto fre- 
nesí. Llamamos hombre colérico al que frecuente- 
mente se encoleriza, t acun.ío al que casi siempre 
está airado. 

Todas estas fatales posiones tienen su principal 
origen en el natural temijeramento de las personas, 
por lo que es muy dificil y casi i.uposible el conte- 
nerlas y domiuaiias, mucho mas el enteramente des- 
truirlas. Los seutimientos del corazón, la educación 
? el geuero de vida tienen mucho influjo ya en au- 
mentarlas, ya en disminuirlas, y bi no siempre, á lo 
menos bien á menudo, con la reflexión, la expe- 
riencia, y los años se suelen contener sus arrebata- 
- dos impLH::s, 

La s''nsibilid:id ó delicadeza del corazón y la vi- 
veza de la imaginación hacen que el hombre sea 
Culi rico : ei ardor de la sangre y cierto genio acre 
y altanero que sea iracuutlü. 

Estos eicesos momeiitáueos de furor indican mayor 
6 menor agitación del ánimo. El arrebato en el sú- 
bito y rápido movimiento del alma, estalla eiterior- 
mente contra cualquiera persona ó cosa que nos ha 
incomodado : la coi ra, 'jue es mas duradera, pro- 
viene df UQ alma profundamente herida ó agraviada : 
la ira mas fuerte y pertinaz aun, supone en el que 
á ella se abandona orgullo, vanidad, íjue se diri.ee 
no solo á vengarse y castigar al enemigo, sino tam- 
bién á humillarle, abatirle y aun envilecerle. 

El urrehato proviene de una sangre fogosa y de 
nna imaginación exaltada ; la tíi/t;íi de un corazón 
profundamente ukei a lo; la í a de una superioridad 
O autoridad despreciada, de iin oiguUo abatido, de 
nna vanidad bninillada. 

El arrebato demuestra mucha aspereza é inquie- 
tud; la cíl/íT'í mal genio ó condición quisquillosa; 



;3pertar el enojo á la cólera j y la i ÓUrn ; 
e del corazón, y la sangre a la ¡ra, y la 



ólero á la saa- 
ira á las 



COI.üQl lO. II CONFERENCIA. \\ DIALOGO. 

II SOLILOQUIO. 11 MONOLOGO. - El CO o ¡utO Ó 
mas propiamente con/crcncia, viene á ^er una con- 
versación franca y lamiliar, que p« I* ta.ito no 
está sujeta ¿regia alguna. Sin embargo hay col'i- 
(¡utos sobre materias muy serias y graves, que se 
verilican con mucho concierto y orden, y gran copia 
de d.'Ctrina, cuyos resultados suelen ser de mucha 
importancia. Tal fue en Francia el r o'oqiiio ó con- 
f^ri-i^cia dt; Poissy entre católicos y protestantes que 
no hizQ mas que irritar los ánimos y encruelecer la 
guerra religiosa y civil; y en esto suelen parar casi 
todos los que se celebran entre partes muy podero- 
sas, que por último no reconocen mas razón que la 
de las armas. 

En los coloquios hay siempre oposición, partido, 
disputa seria y aun acre entre personas que toman 
el mayor interés en lo que se deüende o combate. 
Pocas veces s ■ ponen de acuerdo, cediendo unos y 
otros en parte ó en el todo de la opinión ó paitido, 
que tenazmente defienden. 

Cicerón deciaqne las epístolas erancn/o/fr'oí, mas 
bien pi.'driamos decir en castellano d.á oyos, entre 
amigos que están ausentes. 

Indistintamente se ilamm coloquios ó diálogos los 
de Erasmo, 

El diálogo que por lo común se titula así el im- 
prtso, es una cvnver.actin, que se supone entre dos 
o II. as personas, sotre cuestiones ó asuntos impor- 
tantes; por lo tanto no puédemenos de estar sujeto 
á reglas, 

Üniütiliano le define nn discurso dispuesto en 
preguntas y respue>tas sobre materias de filosofía, 
de liieratnra y de política, entre personas cuyo len- 
guaje, estilo é ideas debe corresponder al carácter 
que tienen ó se les atribuye p'.'r el autor. 

Es una especie de iO'rre aü ion: pero no tan grave 
como el eol"t¡uií' o confireiic a, ni sobre materias ó 
asuntos de tanta importancia. En el co OjUio se 
atiende con preferencia al fondo de la cuestión; y 
en el d'álogff á las formas, á la composición, á la 
ejecución y al arte, pues que, como acabamos de 
decir, lo tiene propio y adecuado á los diferentes 
géneros de materias que en ellos se tratan y al di- 
verso e tilo con qiie deben expresarse. 

El d á¡ go es el modo mas natural y tal vez mas 
eficaz y propio de discutir un punto y de instruir 
con sus resultados. Siguieron este método auloies 
muy antiguos y muy sabios como Platón, qu.^ con 
este liinlo publicó la mayor parte de sus obras, 
y le imitaron los demás filósofos griegos y los mis- 
inos padres de la Iglesia en sus tratados y contro- 
versi.is. 

Entre estos autores de d álogos, sobresale Luciano 
en su <!iálO:,o de los mueríon lleno de gracia, chiste 
y agiidezajy tienen también mucho mérito los de Fe- 
aelon. 

La palabra s Vloquio veíue del latín, y es como 
una conversación que teneiiTos con nosotros mismos, 
en voz clara y elevada, cual si fuese con otro, y se 
usa de ella mas comunmente en las piezas dramá- 
ticas, en las novelas y en otras obras de imaginación. 
Se diferencia el Jí-oI/Io;u'0 del pensamiento ó medi- 
tación dentro de nosotros mismos, en que aquel es 
exterior y en voz alta, y este enteramente interior 
sin pioniinciarpalabras, vago, libre, continuo, pues 
la imaginativa ni aun casi en sueños puede estar 
ociosa. . 

La nalabra monólogo viene del griego, y se com- 
pone lie 7H0B 'ísolo j t. gos discurso : se usa en el día 
para designar cierto género de piezas dramáticas. 

Cuando el soÍiloqii:o no tiene regularidad, ni ob- 
jeto, ni correlación, ni interés, es cosa pueril, como 
cuando los niños, los locos y los que están ebrios 
sueleo hablar aUo y cual si se hallasen solos. 

El mono 0,0 es absurdo si se reduce á una narra- 
ción histórica ijue no es necesaria ni por la situación 



la ira suma altanería y orgullo Por lo común su- ! ¿^^ -^ ^.^^^^^ ^¡ corresponde con la ac- 

cede que pasados los primeros arre/'fl os se aver- | ^^^^ ^^ lepresenla. Este no es propiamente ut 
güenza uno de ellos; y se arre^ieiite de los excesos ^o„,)^,,p . y ¿i ^„io ^^ ^ctor que habla cuando de- 



u lu -At; OV.O. , ^- «w-^.-- .y -.- - monoiodo : y si soio un acior que uj 

de su cólera, y mas si han producido tatal-ís e irre- ^^^-^^ ^^^^^ . ^,^^ ^^ ^- ¡Q^truye. ni divierte á 

•rectos. Cuando se cree humillada la vam- ■ j^^ espectadores, v no hace mas qui 



parables e 

dad, no es fácil que se aplaque la ira, que se con- 
cibe, sino con la venganza, ó á fuerza de humilla- 
ciones y bajezas. 

Los a> re/mi s son como el relámpago y el trueno, 
hacen mucho ruido y producen poco efecto; la < olera 



los espectadores, j 

pobreza de ingenio del poeta. 

El si'hlo,uio es naturalmente opuesto al coloquio 
y al monóiogo. 

COLOR II COLORIDO 1| COLORAR. || CO- 



ésTemiiile y "tanto m'as cuanto'mas disiwiulada ; la ', LOlílIt. — Consideramos estas palabras solo con 
ira es siempre tenaz, san^^uinarla y desenfrenada, relación á la pintura. El color es lo que hace que 
cuando llega el momento de la venganza. se vean y distingan los cuerpos u objetos, y que se 

La progresión de estas diversas pasiones parece forme la imagen visitde en sus diferentes varie.ta- 
indicula bien Cervantes en su novela del Amani¿ des. El coiortilo es el efecto particular que resulta 
Libeial cuando dice : o Pero no tardó mucho en de la calidad y fueiza de los colores en virtud de 



so mezcla y disposición en cualquier cuadro, pres- 
cindiendo del dibujo y de la composición. 

El co'or tiene sus diferencias objetivas, que se 
dividen en especies y después en matices. ElC'/o- 
ndo solo admite diferencias que habremos de llamar 
ca ificaí ras y constan de varios grados de belleza 
ó fealdad. 

El azul, el blanco, el encarnado forman diferen- 
tes especies de co irrs. El que estos sean mas ó 
menos vivos, claros ú osemos, solo constituye ma- 
tices ó medias tintas; pero nada de esto es propia- 
mente Qltolorido, sino el conjunto, la totalidad que 
resulta por lo general de "u unión y combinación, 
causando una sensación abstracta y distinta de la 
sensación propia y esencial de los mismos co!ore'^^, 
y consiste este efecto en la disposición de los cuer- 
pos, unos con respecto á otros, que están mas ó me- 
nos cercanos en're sí, ó se les supone estax á la 
vis^a del que uiira el cuadro. 

Por la postura ó posición de un objeto entende- 
mos el modo como está colocado en el cuadro coa 
respecto á la luz. lo que par^'C- perder ó ganar del 
color que coriesponde á lo que representa, por el 
efecto q>e en el produce la a'ícíon del aire que le 
circu}e y la relleiion de los cuerpos que le rodean, 
y en fin su distancia con res ecto al ojo del obser- 
vador; porque el aire ó ambiente que media entre 
nosotros y los objetos, altera á nuestra vienta su co- 
lor á proporción de las distancias. 

Colorar es dar color á uu objeto que tiene poco 
ó ningún color El sol da co tr á las frutas y a las 
flores, pues cuando no sienten su influjo y se crian 
á la sotiibra ó en la oscuridad , se hacen pálidas y 
se ahilan. 

Co onr es término técnico de la pintura, y signi- 
fica dar á todas las partes de un cuadro los colores 
convenientes, imitando á la naturaleza y á la posi- 
ción de los unos con respecto á los otros. Puede 
decirse calorar hablando di: los colores naturales; 
mas colorir solo de bis artificiales. Se dice v. g. 
Rubens y el Ticiano tienen un excelente iO'or¿M>. 
COMARCA. II C0\rOR\O. |[ KEGIOX. I] 
PAIñ.— Estaspalabras designan divisiones maym-cs 
ó menores de la tierra. Cuando unos parajes están 
ceroauos á otros y nunca muy distantes, los llama- 
mos CiíJiítri.Oj que significa, como indica la misma 
voz, rodear, y a.-i decimos en coKto no por alrededor; 
< ese sugcto es de nuestros coutorn 5; tal ó cual 
heredad eatá en cunlonio de la mia; en todos est s 
Ci'K/orn s no se le conoce. > Para haber coi'loriio es 
preciso que haya vecindad, que la cosa esté com- 
prendida en unos mismos ámbitos ó demarcación de 
terreno; y asi contorno viene á corresponder á las 
voces latinas tanbilu.^ y vcm-i. 

alas extenso es el signiücado de comarca, pues 
diríamos que abraza muchos lont. rno^. En latín es 
fuiitimiíSy de fin, confia, limite, y vale tanto como 
Ünitimo, continuo, cercano, vecino, y también ;S 
dice conlerminus que es inmediato, fronterizo, raya 
no, etc. 

No es circunstancia indispensable el que la co 
marca sea de mayor ó menor extensión, pues sol 
la debemos considerar formando un todo homogéneo 
Puede ser uu hombre COJ/iíirctf/io de otro, aunque se 
de distinto contorno : sin embargo, se dice comarcüt 
una cosa con otra, como pueblos ó heredades, cuan 
do confinan entre sí. 

Se comprenden generalmente en una misma co- 
marca los espacios co/zí/ííoí, aunque sean muy ex- 
tensos, contenidos entre dos cordilleras de montes, 
habiudos por el mismo género de gentes y produ- 
ciendo las mismas clases de frutos. Los conloruos 
admiten poca diferencia enti-e sí ; mas las coma'C- s 
muchas. Loque produce esta o-'.arfí/.no lo produce 
la otra : una comurca es feriil. otra estéril. La gente 
de toda esta cornaca es de buenas y apacibles cos- 
tumbres : la de la couíinante de muy malas. Esta » 
comarca es muy fria : la otra, al coutraiio, suma- 
mente cálida. Lo delicioso, lo suave del clima, la 
fertilidad, lo poblado ó despoblado, forman la ver- 
dadera extensión de una comarca y la distinguen y 
separan sus naturales limites de otras. 

Llámase tamüen comarca á cierta extensión de 
país habitado por gentes que usan el mismo len- 
í^uaie, tienen fas mismas costumbres, las mismas 
mclinaciones, y se gobiernan de un mismo modo 
tratando y contratando fácilm' nte enti-e sí. Ladífe^ 
rencia del terreno, las montañas y valles, lo fácil o 
dificil de las comunicaciones, dividen ó separan laS 
comarcas. Dicese, desde lo alto de esos montes se 
descubre toda la caniarca, aunque sea tan extensa 
ó mas que una provincia, conteniendo á veces mu- 
chas. 

La extensión del país no es circunstancia esencia 
para designar y diviiUr las comarcas, pues esta ex- 
tensión será mayor ó menor según como la consl- 



48 



COM 



deremos. La eit'-níion de iioa comarca fértil, se re- i 
fiere á la misma ferlilidad, y asi cunndo ésta falla, 
ya contamos otra coiiunCü, y asi decimos : ■ esta 
comarca no es tiiiena pues que es toda arenisca e 
infructuosa. > Algunas veces pequeñas coinarcas 
formao parte de otras mucho n.ayores, cuando las 
conáideramos con respecto á sus costumbres. len- 
guaje y modo de gobierno. Se dice, < en esta pro- 
vincia'hay cooia/cüs muy fértiles: esta comarca &^ 
a mas hermosa del reino, d 

La regi n puede considerarse bajo diferentes as- 
pectos. Materialntente lulilando.siguitica una grande 
extensión de tierra poblada ó despoblada, mas o 
Diéiios importante, segiin su situación ó su tempe- 
ratura dominante, habitada á veces por muchos 
pueblos diferentes j pero que pertenecen á una niis- 
ma nación pues que u^au la misma lengua, y obe- 
tíeceH á un mi.srao gobierno : asi pues una región 
i.uy extensa puede dividirse en otras pequeñas. 

Hablando íisicamente dividiremos las regiones 
e:i tres diferentes alturas : y las llamaremos alia, 
baja V ihédia : y asi decimos la ¡¡ancha uUa y la 
iiuiicha baja. 

Los romanos dividían las regiones en C'tcriires y 
ulteriores: también las dividimos nosotros en inte- 
riores y exteriores, como cuando hablamnsdel Asia, 
pues del centro de esta decimos que es la interior ; 
porque e.-tá metida deniro de las tierras y muy dis- 
tante de las orillas del mar. Dicese también Asta 
mayor y menor, y hablando de la Tartaria y de 
algunos' otros países la dividimos en grande ó pe- 
queña. 

Atendiendo á la situación de las rí^/onej, veni- 
mos á dividiilas en cuatro, que son sttentrioual , 
meridional, oriental y occidental. 

En cuanto á la temperatura, las distinguimo'' en 
ardientes, frías y teu)pladas cuando no se las cono- 
cen mas limites que estos. 

En cuanto á la atmósfera se dividen también en 
tres que son : su|.irpma, media é ínfima. Llama- 
mos región clemenlal á la distancia que media en- 
tre la luna y el centro de la tierra; asi couio e/é ífl 
á la que suponemos haber desde la luna arriba. 

Tamlden los anatómicos di-iden el cuerpo huma- 
no, con^ideriindole como un mundo abreviado, en 
tres cavidades, que llaman rigiones y son las del 
e^^tómago, pedio y vientre. Itegional se llama al na- 
tural de una región y á todo aquello que á ella per- 
íenece. 

La división de la región en alia y baja se reTiere 
al curso de los rios mayores con respecto al mar 
donde mueren ó á las montanas donde nacen. Con 
relación á los rios. la región uUu es la parte situada 
hacia su nacimiento; en cuanto al mar, la que m;is 
se mete en las tierras ; en cnanto á las montañas la 
que peiielra mas eu ellas. 

La región baja con referencia á un rio es la parte 
situada hacia el desembocadero del mismo rio en i:'! 
mar; en cuanto á este, la mas próxima á él, la costa, 
y en cnanto á las montañas la que mas se aleja de 
ellas 

Una región, un reino, una provincia ó cualquier 
lerritorio se le puede entender bajo la denomina- 
ción general de p'ts. pues se refiere mas bien á la 
semejanza ó desemejanza del terreno ó la de sus 
habitantes que á su mayor Ó menor extensión. Deci- 
mos un iP'íis- abundante ó estéril, rico ó pobre ; mon- 
tuoso ó llano: frío ó caliente : y por lo que toca á su 
STobierno, libre, desiintico ómoderado, unmárqnico, 
aristocrático ó republicano. En cnanto á l.i religión 
y la parte moral, también admite otras -divisiones, 
como católico, prol-^stant?, etc. 

Es indiferentes decir comarca ó país fértil ó estéril, 
frío ó caliente. Llamamos ]iaií>ano al que es de un 
mismo pais, y esta denominación admite major ó 
menor extensión según aquel pata en que nos ha- 
» lÍamo>. En una provincia se llamarán paisanos dos 
de un mismo puelilo: en una nación ó reino dos de 
iXüA misma pruvincia; en Europa podran llamarse 
paisanos dos americanos, y en el centro del Asia, dos 
españoles. 

Asi pues venimos á considerar la división derí- 
gones leEriéndnnos á una temperatura común ó 
distinta; la de comarca á su constiiucion fisicaóá 
los vínculos morales de los habitantes entre sí: la 
üe país á los beneticios ó daños de que participan 
todos los habitantes. 

Aunijue sea difícil determinar positivamente la 
extensión relativa qrie desiirnan estas tres denomi- 
naciones, parece que contorno designa una extensión 
limitada; fOWürfí! mayor;/íníí admite tanto grandes 
como pequeñas d¡v¡^iones : asi es que toda España 
puede llamarse un pais, y también una provincia y 
un pueblo solo, y aun un aldeano llamará su pais 
solo al pueblo que le vio nacer. Se dice que la vista 
se extiende á toda una comarca \ que el pais es muy 



COM 

hermoso, cuando se le contempla de una altura, 
desde la cual se percibe un ancoo y delicioso valle 
regado por muchas agnas, cubierto de huertas, de 
bosques, de jardines, de casas de campo, de atqne- 
rias y de palacios Nada hay que deti/rmine su re 
lativa extensión hablando de reg/ones, pues cuando 
nos hallamos en la cumbre de una grande mon- 
taña, que ocupa cnrta extensión de jais estamos eu 
una reg/O'i opuesta á la de los v lies; cuino sucede 
frecuentemente en América, donde al píe de los , 
Andes se sufre un excesivo calor, y su!>iendo á 
poco rato á la eminencia se nos hace insoportable 
el frió. 

COMEnCIANTE. II Nr.GOCIANTE. 1] TRA- 
FICA\TE. II MEuCADEU. — Estas palabras in- 
dican las diierenles circunstancias y clases de los 
que se ocupan en comprar y vender, en trocar y 
cambiar las mercancías. Estas, de superior ó infe- 
rior precio, son la materia del comercio, y provie- 
nen o de las producciones de la tierra y su cul- 
tivo, ó de las manufacturas y artes. Por lo tanto 
los labradores, los artistas y los artesanos vienen á 
serlos primeros comircianíi'.K , pnes que son los 
primeros que cambian los géneros ó las primeras 
materias que producen sus trabajos ó su industria ; 
mas no se les da es e nombre, y si solo á los que 
se ocupan exclusivamente en el cambio y tráfico, y 
por lo tanto los economistas distiniíuen tres géneros 
de industria, que llaman agraria, fabril y comercial. 
Ocupado continuamente el Librador en los traba- 
jos campestres, y el artista y artesano en los de 
sus artes, fábricas y manufacturas, por lo regular ni 
tienen tiempo, ni proporción de vender con prove- 
cho sus producciones, ni suelen saber (rujénes las 
necesiiau, ó distan mucho del paraje de la de- 
manda, ó no pueden trasportarlas allí con bene- 
ficio. 

Entonces personas instruidas en el arte del co- 
mercio, activas en sus operaciones , animosas para 
correr los riesgos de las peni idas, ó la suerte de 
las ganancias, se encargan de hacer y multiplicar 
los cambios : calculan la abundancia y la escasez 
de unoi parajes con otros, los gastos de co ■ pra, 
trasporte y almacenaje , y los beneticios ó ganan- 
c as de comprar en un punto y vender en otro ; ve- 
rificando para esto sanias y complicadas opera- 
ciones, haciendo profundas especulaciones, poniendo 
el mayor orden en lodo, y ejecutándolo con el ar- 
reglo y economía posibles. Tal es la idea del sabio 
comeiciante. 

La palabra comercio viene de la latina ¡ontmer- 
ciuní, y síguitica literalmente < ambio de mercancías, 
Cümmi.iaiíomerc/wn, y se forma de con y merj\ mer- 
t anda. Al principio solo se hizo lo que iinpropia- 
menie llamaríamos comeicio por permutas , pues 
que no se con^cian las monedas, ni el cálculo, ni 
el cambio, ni mucho menos el giro hasta que se 
discurrió el hacer estas operaciones por v. dores 
equivalentes. De cualquier modo que sea, la pala- 
bra comen i i significa cambio, reciproca comunica- 
ción y tráfico. 

De todo lo que vamos diciendo se deducirá fácil- 
mente que miramos aqui al comercio como ciencia, 
en grande, en í.u mayor extensión y elevacíi^n, pues 
considerándole en mas pequeña escala, llamaremos 
al que le profesa merendé' de tienda abierta ó de 
lonja cerraita, por mayor ó por menor, compren- 
diéndose entonces desde esos inmens'is almacenes, 
esas riquísimas lonjas, hasta las tiendas donde se 
vende a la menuda, y cuyo dueño se contenta con 
el modesto dictado de leníero ó los hujuildes de 
merceio ó abacero, ó los mas bajos aun de l'nlto- 
uero y de re^ aton. La tienda de mercería solo está 
í surtida de cosas menudas y de poco valor, la aba- 
, ('. Tí ' de comestibles de primera necesidad, la l'U- 
honeria que el tendero ambulante lleva al hi.ml ro, 
de chucherías, baratijas y abalorios. El icaton ó 
chillan, no tiene propiamente tienda, y su industria 
mercantil se reduce a la astucia y sagacidad gue 
emplea para comprar con ventaja al labrador o al 
arriero, y con mayor aun vender al público. Las 
profundas especulaciones de todos estos tratantes y 
negociantes consisten en comprar por mayor en las 
plazas, á las puertas y en los alrededores de la 
ciudad, y vender á la menuda en sus tiendas, ar- 
riesgándose rara vez á acudir á las ferias y mer- 
cados. 

Kegocio viene de negit/um, palabra que los etí- 
mologistas dicen que se deriva de nec y otimn, 
privación de trabajo, de ocupación, que es propia- 
mente el ocio. Pero lo contrario entendemos por 
uego'io, pm s que es un genero particular de ocu- 
pación y trabajo que comprende la idea de comer- 
cio lucrativo, y asi decimos se ha hecho buen /.í- 
gocin cuando el trato h\ sido lavoiable. 
Derivan algunos la palabra tráfico de la italiana 



), sino que le sirven, y esto es mas prnpia- 
; lo que se llama hacer negocio. A esta clase 



COM 

írafJicOy pero mas bien proviene de íra/lrmm pala- 
bra déla baja latinidad, compuesta de /r/, que sig- 
nifica mas allá, fuera, lejos y de fac , hacer, tra- 
bajar, mover. 

El iráfiío es el comercio ó mas bien el tras- 
porte de un paraje á otro, sobre todo muy dis- 
tante; pero mas luen lo tomamos en la idea de 
interposición, mediación, bastante análoga á la pa-- 
laí'ra y muy adecuada para designar la acción del 
último vendedor, que se pone por decirlo asi entre 
el primero y el consumidor, para trasladar del une 
al otro una mercan Ja, como la lana, la seda, el al- 
godnn. etc. 

El banquero, el cambista ó girante son los que 
hacen el negoño de dineio, tornándolo en una 
parte y dándolo eu otra, girando letras para su co- 
bro . y asi los vocabulistas detínen al banco tráfico 
d'' dinerOy y también se puede decir de pap'd,pues 
que ahora es el ob_,eto principal del neg cii o trá- 
fico, ijue forma como una ciencia aparte harto os- 
cura, enredosa y difícil por cierto. 

El coi/ieri 10 consiste pues en el catijbio de ra- 
lores )'or la o e\ igua'es ú objetos equivaleu[es, 
que se pagan el nnp con el otro y no el cambio de 
lo superfino ó de lo necesario ; porque el que ven- 
diese lo necesario para adquirir I > snperfluo. ¿ uo 
baria un cambio de cosas venales ó vendibles? 

El ne<iOC.o es el trabajo euudeado en una parte 
del comercio, por personas dedicajas á estas em- 
presas : asi pues, no es expresión propia el decir el 
comercio para designar la corporación de estos 
agentes de negocios, los cuales no hacen todo el co- 
mercio , 
mente lo qu 

se deben agregar los curicdores Cjue proporcionan 
y facilitan todo género de permutas, cambios, ven- 
tas y negociaciones. 

El comercio es palabra general que comprende 
una completa y entera comunicación de géneros y 
valores, los cambios y modos de verificarlos, la na- 
turaleza de las cosas comerciables , como mercan- 
cías, dinero ó papel en toda la latitud de la circu- 
lación desde la mas limitada á la mas extensa. 

Vemos pues que el productor ó bien la prodttc- 
cion constituyen la lase, la materia del comercio ; 
que el lucro es el objeto primordial de este; que 
el n goc ante es un agente muy útil del comercio, 
interpuesto entre el productor y el couMimiilor; el 
trancante un agente del negocio empléalo en esta 
ó la otra especie de comercio. Á toilas estas clases 
también .se las podría llamar productoras, pues que 
.crean valores. 

El comercia admite infinitas divisiones, cuales 
son comercio interior ó exterior: activo ó pa>ivo ; 
terrestre ó marítimo ; de exportación ó importación; 
en grande ó en pequeño; por mayor ó por menor; 
de produccioues naturales ó agrícolas, ó fabri- 
les, etc. 

Él negocio se considera por lo común de un 
mo lo genérico; pero se presta también á divisiones 
nacidas de sus diferentes objetos, del modo de ve- 
riiicarlo y de sus resultados. 

En sentido mas ó menos figurado, la palabra co- 
mercio designa las relaciones , comunicaciunes , 
trato de personas, familias, pueblos y naciones en 
todos sentidos ; la reciproca correspondencia de 
pensamientos, de cartas, de sentimientos, de inteli- 
gencia . de servicios, de socorros, en que cada uno 
da. recibe, retribuye, etc., y a^i se dice comer, io 
epistolar, c>m(rci0 amistoso, comercio con saldos : 
á una persona afable, de suave trato, muy sociable, 
la llamamos comerciable. Omercio se llama el pa- 
raje adonde principalmente concurren las gentes 
en los pueblos grandes a conversar y explanarse. 
Tómase á veces esta palabra en mal sentido, como 
cuando hablando de persunas de distint.» sexo, que 
tienen trato ilícito, se dice están en comercio se- 
creto. 

La palabra n>g ^ci\ también en sentido figurado, 
signiGca la acción de manejar, tratar, conducir con 
arte y trabajo, ntgucíos públicos ó privados : se ne- 
i.oca una paz, unas treguas, una alianza, un tra- 
tado, nn casamiento. 

Tráfico se emplea á menudo para malas é intere- 
sadas prácticas, como sí solo se viese eu el tráfico 
la venalidad ó una corta imlustria dictada por el 
ínteres. Se liice tráfico de amistad, de beneficios, 
de alabanzas, de complacencias, de amor, de viitnd 
(que uo puede menos de ser lalsa), y todo esto sig- 
nifica mas que vender. Se trafica con la virtud y 
con el amor, dice La, Bruyere : todo se vende entre 
los hombres. 

cono 11 ASI COMO. II ro mi-^mo o^Jk- lo 

mismo ijue. es siempre un término de comparación, 
pero á veces como y del modo (¿uCj no lo son : j en 



COM 



COM 



rOM 



49 



atUf V6c«ft. 

£# mitmo qw!, Índica pmiihtstDUt díu cornfrars- 
doQ goe r«¿a>r <(ot>r« «I to/;d/) con qr]« U c/u «!«tá 
htekt, j la i^>drírffí<w llamar eompíifacíon de tnodí- 
HcitfjUüfj». De! mod't vv¿ , l^trfi^rja {^4rtici;^nri*rnt« 
Doi e/>my^t^\t¡a fondada «o UVmíi<U/1 de U OTta, 

tome, iodici mejor ooa comp-i ración qa« nac; de U 
calí'la.1 d« la c//». y la podrer/jot lUniax cjrnpara- 
doo d« calíffca/ríooei. Á.tí pne* diremot qne l/x 
f»pa/iole« píeruMQ c^mo la.^ 'lemajt nacíonei; p^ro 
DO procedan /o mUmo f/ue elUs. ponjTje no «r trata 
maj qcw d* un cíert/> m'^lo de p*;nftar t obrar, qne 
e* nria modificación d*:l p^uMínienifl y de lo* pro- 
cederes qtje te íiif//n«rn f-n ello», lííremw 'jne hay 
fllÓMfo« 'jne w> tiene rj qne laj» }x:itíai pientan C'w? 
V/A racionaiei, p'fr'jije Ktlo te trata d« la r';alíd.dd 
dírl penjia'díeiito, qoe íe alriboye tanto á U i>^nia 
como al hombre y no dü nín;rnna modificación ó 
iDodb de pejiMr/pnes que m paede aríadir '^ne 
annqne eit/j* ñlfríoto* CT*:*:n que íají hettia« píeojsan 
fom// Iw faofnhre», do por eso Krttíenea qrie sea del 
V'a'/no mo^ff que ello». Direm » tambír^ti qne la.í 
npre*íones «^l^ noa pervioa qne ownramente per- 
eíí*e la* cMai. jantu í*rán tan exacta* c^/mo las de 
vioK'Ujt qne Lu concíhea claramente; [xtrqae allí 
se trata de nru ti^Vahá de la expre«i 'D ó de aoa 
calificación qne te h da. Por tstti uiunm razón de- 
tíinfni, ly^mpsrando dos eitrernois <ro al;rooa de sos 
ealid;id/:i, e* íoele cw/w an león, bhncí fíwio el 
arraíTio maxi-to cmtf el cordero; y do del mtfio 
jw ó /o mttmfi i¡^, 

Decirnos atí c mo el amhídoso jamas está coo- 
teot/i; del vti$mo modo }3ui^ esti satisfecho elví- 
cÍJ»o. 

f:oMPAitAcio:v. f| sehejatíza. fl co- 
tejo. PAItA^GO:^. — Estas cnatro palabras 
sí^niflcaa aproximar dos oY/^tim dífer^-ntírs en lo 
pr.utnX f arinque anilo^o<¡ bajo ciert//» respectos, y 
sirven para aclarar mas La idea 6 ad^^rnar el dís- i 
curw r'jpre-^ntaado las reUciooes que se advier- 
ten entre ellos. 

hiriiu,f/% qne la semejanza s« halla en Las co^ajs, I 
y la comparación en los pensainienlos : aquella será i 
Éaa.* bien fuica qrie moral, y esta al contrarío. 

I^efínese cjf/iiinníenle la aentetanza diciendo qae 1 
e> la conformidad de tas r;osas en ciertas crj ^lidades j 
qne La» son propias, ó círconstaucia-; qne en ellas j 
eoncnrren. rara qne haya temeja»X'i entre do* co- 
sas ó personas no es precivj qne hava cor.-íormídad 
abAol'ita. pues entóneos ^^ha ídeaiídajd; ba^ta con 
qne haya cercanía, aproximación en algoaas dis 
ras partet, qne no díscrei>ea entr< si. 

Basta con qne noa cosa nea parecida en al^o i 
otra para qne podamos decir qne la es «'fíuUt'udi- 
narVí, y qne a'rf 6 trea v/tas ifni^^a al^nna con- 
fortaidaíl. aoO'jne sea aparente , Lara atlrmar qne 
se «fm^'fln, y semeja te llamó y Ilarna ana entre 
gente aMeaoa, á la lemej-juza, y urTfieju es el sigoo, 
sefial, II neítra ó iadíc o de coalqrjier co»-a. 

íüftü'bi evidente, annqne no exacta, La confor- 
sídad, resnitará ttmililwl ; ai como aproiímán- 
dose las particiilandades de esta cmnparae-on ; pero 
btmbas servirán p^ara designar ana ngora de pala- 
bra ó de pen'amíeoto. 

La c mparacion indiu relaciones mas intírnaj y 
Coizo^a.» entre loi objet^/s eomparad'>$ , qne las que 
tnpoat la ttmiOtwt entre los fi\i¡*:UA attmítiados. 
Cicerón dice en *uí TópUot, qne lia i ó arte de in- 
ifMUz 3r;ínmeritoí, y son L^/s titulados It'.aret no- 
ftuitM de Áj-i.»t/jtele3 : < Hay ooa rim íi u/í qne coo- 
ii.;te en aproximar las relacionen entre diversos ob- 
^t04 pira sacar nna índnccíon: y hay otra que 
eonsÍAte eo la conparo'iot de ooa cosa cou otn ó 
áe dos qne sean parecidas. » 

Se^ou el valor de U palabra, la >hniiitud solo 
fxige'qne se pareií/;an r/ia,i ó minos Ioí oí>jetos, y 
^r la misma raz*'» la e mparae-on con titnyi; ana 
tapf^'i de paridad entre elb/s. La $imili!wl vAo 
Kceriíta aparíeticias de -.enieion:'* vimproximir- 
ks: y aií llatnamos temejah^e i lo q^e e* apto, 
íipaz de aem-jame : mas h co" paraf-on, h iblando 
con rigorosa eiadítiid. necesita ciali'lades casi 
líjales para p^jd^rU? eqníKbrar. La timt'ifwJ q le 
sé dirige k>1o a dar expr^-íiorj v colorido á la fra^e. 
y qne por lo tínVi yzrUui't^ ílamar poétca. se li- 
mita á preí- ' ■ 'riciajs ó rasgos c/ranne^ á 
las eouu '. laí. I-a eomparacof^. q'^e 
llamarenuH :. videra lo mas ó Lo menos, 
ó los diíerentea ■^lisl''^^ de een.ejanza. 

Por lo tanto ^^ara que resolte verdadera compa- 
ración^ e» íodispeasable qoe haya li i^oaldaJ cor- 
p^í'.ondíente entre las co^as comparables, y qne se 
cxtíeoda i Us mas coalidades posibles ; y us lU- 
SIN 



mamo* jnício co;n|,i;aUvo jt voce!> c^^mparatívaf á 
lo qoe admite la 'f/mparac-'t" en tofias sus partes. 

ti taz 6 claridad qoe ia eimiliíud da á nn ob- 
jet/j La toma de otro ^ne es ma» bien c/^mKÍ'lo : 
adqníere rnavor precio y valor La com¡:ararirn 
cnzaáft de-ícofcre la afinidad de nn objeto con otro 
qoe sea nmy capaz 'le estirníicion y zpr^jilo. Obje- 
to* asimilaoo» nnos á otros , en 'realidad no fm 
ctfm;í' rabies 6 capaces de ser poe'-toí en paridad , 
eo Y^tz\*'\f>f en campiraciot. Con mas facilidad r 
prí-ferencia se asiutilan nhj*'t//K extraño* urj'>5 á 
oiroi ; así corno te comp'i' ' , objetos Ú'-X 

riiííffío genero ó d** lajs r j det¡. La #'- 

m'litud parece yf.ñfkArhk -iiin en est/rt 

r,;í>rrjo* l.jetr/s que se 'yj y-¡róu, [/ít decirlo así, 
sin e Tftjaraeion -. tanta es La diferencia qne se ad- 
vierte entre e'Io,, 

líajo cíen imilaréís an honabre á nn 

animal : cj'. .^roe á o'.ro héroe, ie;run 

Ru mavor ó r v el r/.éríío de sos Laza- 

rían. Í5I digo que Ajüiles e^ ecmef'iriíe á un le^/r. 
Labré hallado y pre^^ntado nna t'/ntítluí, pues que 
vjIo deti^TiO la t^p*x\t de valor y sno^aaciz que 
oi^tentó ;9Í dipo qne es <"(nno frs /^i^n y expon£ro 
todas Las cualidades en qne convienen, habré he- 
cho ua'i cor/iparac'On . pues le atribuvo Las miümas 
y en el mismo grado qoe al león. 

La tem^ja-éZa, imuíO venimos diciendo, consiste 
Br>lo en un rz^'i, en nn'i partícaLarídad; la cnn- 
paraC'On en mucha* y p;¡ncípales, es nf;a especie 
de r,\iz^tj. la » mejanza no ei. nna ri^cro^a íctb- 
pa^acioft , sino caza<i<j puede ojiívertirse en metá- 
f' ra por gallardía de estüo. ni di^o v^lamente que 
A'tuUC' »e parece á «i /íími, do ¡/Or eso me atrevo 
i ase;?urar fu^ Cf b^ /¿^n. y me atrevería á decirlo 
si 1'- futíate tal eamn un lemt, 

Annqoe la geme¡ar<za sea ana especie de cmpa- 
TOCion. como se contenta con solo tener ana rels- 
cou aparente, do retiulta tan natural, ni tan ri:.'n- 
rosa cual déte serlo ana p*'rfe*';ta ■ ompar tcion. La 
intención común de la $cme¡a<'Za e» hacer rüas 
fcen*iMe un oíjjeto por me'Jío de otro : la perfección 
de la compara- ion '-mtísUVí fo. >plic3r á oiro objeto 
la íd*;a, o por decirlo asi. la fiíonor/jía entera de 
aquel que nos sir.e para la compatation. 

Cuando >larcíai dice de urta pertona que kus 
piernas son como los caernos de la LnLa, um pre- 
senta una pnra «/mi/í/ud. pues qoe solo indica una 
icera relación de forma. 

Coando ünrique IV de Francia no qoiere tomar 
por asalto á Parí« y dice < qoe es tao verdadero 
pad/e de an pueblo virno la verdadera njadre lo 
era del díQo en el pleito de Las dos ma'ires ante 
Saloff'OD; p^irqne prereriria el no apoderare de 
a/f'jella capital, al hacer o ^rmin^^ndola. > £sta 
fra»e forma ooa eomparaciOD perfecta, pues Los átfi 
ohinUn convíeoen en todas sos relaciones. 

La comparación de Ayax coa un asriO no es rnas 
que una «/mi/r/ud, porqoe, corno dice Jlarmontel, 
la terquedad del asno solo representa á medias la 
ira y el obstinado enojo de Ayaz. 

Asi como uD agria mansa y cristalina comienza 
i enturbiarse cuando amenaza tempestad, dice un 
filósofo franr:es; atí ana limida y ca-^ta doncella se 
inqnieta y perturba coando se acerca La hora de 
rnndar de' ettado. El mismo flI6tofo dice : < el amor 
propio e* un instromento títil, r»ero peligroso, pues 
por lo común hiere La mano del que se sirve de él, 
y es muy raro el qne no ha?a muctio mal al mifmo 
tíenjpo 'lue algún bien. > En el primer ejemplo 
solo hallamos una similitud ■¿nü por lo oriirinal 
entre do* cosas l^astar.te dí-^tante^; y ea el se-ándo 
ODa comparación ó ana metííora fundada en pro- 
fundas y claras relaciones hhhh dos cosa» que son 
análogas. 

Debemos observar qne se han llamado simíi/tu' 
de* á las parábolas y otras lignras parecidas & ellas. 

Natam deicabre y reprende i David su pecado 
valiéndose de ana s-mitiiud ó pirábola : Jesucristo 
ezplicaba su doctrina i so<» díscipalos coa semejan- 
zas que son verdaderas [trabólas, i Las gae son 
mnv añcifJDvlffS tos Orienule*. 

Én este cavo la hitmliiud exige ana relación cir- 

cnn>:t-;nciada, una e^peciíjcada "xjo'i'cion de los 

h'-':f,o . de h5 vexda'lr-, ■'.': li^s \^.<--- , <\'- h-o^as, 

■ ' : - - ..,¡.-sy 

.-al y 

'■:'--.'..■ r II re- 

.:<: i;:.iar pr,r rodeos, ¿uai^i': i:.u.'ií;:¡:.J<:> y bien 

■,iUtnV-s. y.a este caso la «irni ita-i será mas in*- 



inictiva que \» romparo/ iO'i , y la < omparacmu solo 
nn breve 'íw/í. La Kitn'iíad pertenecerá principal- 
mente á la filosofía que erjseña, y la c -ñipar acr-n ;í 
la p'>esía qii'; dcscnoe y pinta. Como la ni'-.vU ra 
breve es una eipecíe dé eoinpararion: la a!'-;'oria 
será Uias bien ooa simdiÍMd tácita. La compar aoa 



[ tiene qoe hicer la apIicaci^D de La ídei de ud 
objeto á otro : U «imi //«J puede j>^nuítif qoe el 
lector La haga, lo que ejecutará oatural y fácil- 
mente. 

Pero la intención propia de la simttiud, Ytaári 
á ser siempre que ana cosa te luga mas clara é 
inteligible por n.edío de otra, aproiimand.. objetos 
que no líen^-n jjor sí mismo» relacione; e^enciaíeíi y 
que halLánd/íbe dictantes nnos de otros, solo ad- 
vertirnos eotre ellos apariencias que se parecen 
entre tú 

Siempre t*rí el verdader » objeto «le la com/ara- 
C'f'n el r*ri\z4T, fortaI<:cer, eml/ellecer su idea y su 
discarw, aproximando dr* objetos que tienen entre 
«i verdadera analogía é íntimas relaciones y que 
pneden ter j uzgados' y apreciados el uno por medio 
del otro. 

Debemos advertir qne aunque similitud y ^eTnr• 
janza sean sinónimos, se osa a^juella mncliás veces 
cofüo ejemplo y otras como ligera rmcja'Za, L'd 
>ím/V es un ejemplo que aclara' La proposición ó La 
cuestión. 

Cofejo es el ezárnea qne se hace de las cosas 
eomparáfidolas y confrontándolas para formar nn 
juicio acertado de ellas y sys relación*^, se emplea 
p-r lo común esta paLalJra hablando de cosas mas 
bien que «le personal'. Se eotfjai textos de autores, 
pasajes con pasajes, obras v artefactos ono* con 
otros. 

¡'aranfjony poco a^ado v regularmente en estilo 
oue tira a culto, es también una especie de se/fíC- 
fitiza ó cornparae tm : pero no solo hablando de 
co.a-, sino tai/jbien de personas, paes todo se paede 
ym^T en paraiyon ó pa^an lOaor. 

Ezorriaremos eíta doctrina con algunos ejemplos 
de nue tros íitien'/s atitores. 

Dice f\ Granada en su Tratado de las tra pables 
de la ora/ion y mrditacon. v Cuasi todos los pasos 
y meneos tenian olor de vjberbia y todos iban ves- 
tidos de vaní'iad. Pa*»* la ira cor/jo de una ser- 
píente : la enla coriio de an lobo tngador ; la 
pereza como de un asno flojo; la envidia mas que 
de una vílK^ra..,, *• 

A todos estos >imil^s ó atribntos los miraremos 
cjroo *aaej'/"zas; pero solo en las caaU'lades que 
se enumeran. 

Cuando este mismo autor en su Guia de Pecadores 
llama á la ^la h¡pocre>^ta del vientre, forma un 
verdadero simií. Hablando de la imaginativa hace 
una especie de compararon diciendo. < Es también 
uru p^jtencia mi:y cerrera como ana bestia salvaje 
que se anda de otero en otero. » 

En el cuento ó discorso de Qoevedo del Entre- 
metid'f, la Dn ña y el Soplón, hablando de una de 
ellas, reúne para pintarla nna porción de dictados 
qoe vienen a ser otras tantas xfT/i'janzas. Llamán- 
dola < KecoI>era de conde naf;¡ories, encañutadora 
de personas, y enflauta-Jora de miemÍT s, encoader- 
naaora de vicios, endilgadora de pecados. > 

Mateo Alemán en su '.uzman d" Aif'.ra^ke, pin- 
tando á una mujer ridicula y despreciable, nace 
varias eomf.ari cion't cfín diferentes géneros de ani- 
males, diciendo : • Es mas ne?ra que una graja, mas 
t/jrpe qne una tortuga, mas necia que una salaman- 
dra, mas fea qne un t^/po. > 

El mi*i(io autor compara al pensar con un nifto 
y a! obrar con un •■ iejo, diciendo : < Es el peni^ 
nn ígnito niño, corrierido por lo Ilauft en ño Ci- 
lallo de caña, cou nna rehilandera de papel en la 
mar.o; v el obrar nn viejo cano, calvo, manco y cojo 
que Baf>e con muletas á escalar una muralla muy 
alta V bien defendida. 

CÓMPELt.n. II OBLIGAR, fj FOItZAR. || 
VIOLEIVTAH. — Estas palabras ezpre&an ac- 
ciones qne ya mas ya menos coartan naestra li- 
bertad. 

Cuando valiéndonos de la fuerza ya sea mate- 
rial, ya la que nos presta la soueriorídad ó autori- 
dad qne tengamos sobre otros: los movemos á tiacer 
lo que ellos no quieren; se dice que los íOmf.cl€^ 

m'S, los fOrt'.ír.ñifriO'. 

C-^j eler parece converur principalmente cuando 
tratamos de coartar la lü>ertad en el tiempo mismo 
en que se está d-diberanilo sobre ella, valiéndonos 
de medios inertes de oposición, para que la persona 
á quien (ompeleitios, se resuelva contra fus propias 
ideas é íaclínacíonei, á las que ol>edeceria si no &e 
La privare de los medio* para hacerlo. 

La palabra forzar parece impedir la libertad en 
el tieii po mismo de la determinación, valiéndose el 
forzador áe tan grande fuerza, de tao poderosa au- 
tori'Lad que priva enteramente de toio medio de 
defensa para tcsleaer la propia voluntad. 

La palabn r o/cVa-- indica una especie de Incha 
CjQira la libertad en el tiempo misujo de la ejr-cu- 
cíon valiéndose para esto de contrarios esfuerzos. 



50 COM 

n.anifestados en tíottosos actos, á los cuales inútil 
es que ¡DtRDtemos nacer resistencia. 

Entre todas estas palabras la q\ie indica mayor 
esfuerzo contra la libertad, es la de iioleinar. sigue 
el forzar, á esta cmpeter, y i eoiii¡eler oUnjar. La 
Mtaaciim pues es la mas débil y a la que mas co- 
munmente se falta, la que mejor se elude y á la 
que mas bien se resiste. 

La obligaam compromete y embaraza; el cmslre- 
ñimienlo contraria y mortifica; la furza domina, 
subyuga; la viol n vo oprime, maltrata, ultraja. 

La obliga' ion entorpece la libertad ; el amslre- 
üimient,, la atormenta; la faena la impide y la 
tiioleniia la mata. . , j ;„ 

Asi pues, ob:liur es un acto del poder que im- 
pone un precepto, que es necesano cumplu- : coni- 
íelr una persecución, que mas bien arranca que 
obtiene el consentimiento : forzar, un acto de 
fuerza y poder tan eficaz que destruye enteramente 
U contraria volunUd : rinleiilar, un acto de arreba- 
tamiento, brutalidad y barbarie, que se va e del 
derecho de la fuerza, para esclaviiar una voluntad 
tenaz y rebelde. , ,. , ^ , , , 

LfiS preceptos del Evangelio obU;m a todos los 
cristianos, pero sin ñolenna; pues que los deja en 
completa libertad, con respecto á la acción misma 
de obedecerlos ó no. Á veces os compelen las im- 
portunaciones de nn hombre pesado y terco, a hacer 
lo que no queríais ; pero no os fwrza orecisamente, 
pues qne podéis ser mas tenai que él en la resis- 
tencia. Un poder invencible que se os sobrepone 
cuando seguís cualquier dirección, os fuerza a va- 
riarla; pero no os viólenla, pues natural cosa es 
que desistáis de vuestro intento cuando no lo po- 
déis seguir sin eipuneros á que se os rn/in/í. Un 
amo, un señor italcvolo y despótico, que os manda 
hacer una cosa indebida ó injusta, se valdrá de 
malos tratos para vencer la resistencia que oponéis 
y obligaros, a pesar de todos vuestros esfuerzos en 
contrario , á que cometáis el crimen a que os 
arrastra. , 

Nos obligamos i nosotros mismos cuando nos 
eomprometéiuos: nos cmiielemos, cuando hacemos 
esfuerzos para decidirnos á una cosa : mas bien nos 
esforzamos que nos forzamos, cuando sentimos na- 
tural repugnancia á hacerla. No nos vio entavios eu 
rigor, porque no es fácil querer eficazmente y hacer 
á un mismo tiempo cosas contrarias. 

Se dice el respeto me ob iga i callar; la autori- 
dad me comi'clr. El mérito o'iliga aun á las per- 
sonas mas indiferentes, á manilestarnos estimación. 
Se dice fiesta de ni igaci.n, consentimieuto (o'zaáo : 
nos rompeie la amistad, el respeto, la buena corres- 
pondencia, á asistir á una función que no nos 
gusta. Un ejército obfga al del enemigo a que se 
retire en desorden habiendo forzado sus atrinche- 
ramientos. _ „.^ 
COMPENDIO, n EPITOME. 11 SUMAItlO. 
II ESl'lRITÜ. — Cuando algún autor reduce una 
Obra grande á pequeño volumen, omitiendo cosas 
que no le parecen absolutamente necesarias, nar- 
rando con brevedad y suprimiendo descripciones, 
arengas y pormenores, forma lo qie se llama un 
commniio. qne puede producir cierta utilidad, cuan- 
do está bien hecho, como v. g. el de la Historia Ito- 
mami de Eutropio: pero ademas de que es raro que 
sea bueno, pues la mayor parte se escriben con 
descuido y mas bien se suprime que se abrevia, 
traen el grave inconveniente de hacer que se olv_i- 
den y pierdan las obras originales por lo común de 
mérito, como sucedió, según los eruditos, con la 
eicelente llist ria Homa.a de Trago fompem de 
la qne Justino hizo nn breve, puesto que eicelente, 
compendio. Por lo tanto los que quieran sacar todo 
el provecho que pueda dar una obra, deben leerla 
toda en su original, y dejarse de compendios, mas 
propios para formar charlatanes que sabios. 

lío hay este inconveniente en lo que llamamos 
eumari • ■ porque esle no es realmente una obra, 
sino como un Índice ó indicación de las principales 
materias que se contienen en ella, y asi se le coloca 
por lo común al frente de c ida capitulo, para que 
se co-iozca lo que con extensión se va a tratar en 
él, y sirva de aiiiilio á la memoria, recordando las 
principales especies. . , j 

Podríamos llamar al Epítome, por lo sncinlo de 
su contenido, compendio do compendio 6 breve 
epilogo. La palabra es grieza y solo la usan por lo 
común los lileratos, como \itiilo de algunas obras, 
qne por lo demasiado resumidas, no pueden menos 
de ser superficiales ; sirviendo á lo mas de breves 
elementos para dar á la inveutud ligeras nociones 
de las ciencias y aficionaila á ellas. 

Entre los moderaos hay muchos compendios, epi- 
tomes y sumarios, v pocas ol.ras venlade:amenle 
originales y que teágan la <!«bidi «tensión. Los 



COM 



antiguos pecaban i veces por lo demasiado deteni- 
dos y difusos; su solidez solía ser pesadez. Los 
modernos caen en el defecto contrario de ser super- 
ficiales y ligeros. Amhos extremos son malos : entre 
los dos esta el mérito. Leed á Tito Livio, a balustio 
y á Tácito, y aprenderéis el modo de ser concisos 
sin superficialidad, y sólidos sin pesadez ; de redu- 
cir i pocas palabras, muchas, muy profundas y so- 
lidas ideas. , . 

En la lengua francesa, donde la palabra esiiirila 
tiene tantas y tan extensas significaciones, que no 
admite la pureza de la nuestra, se han hecho de 
moda hace tiempo, ciertos libritos que llaman espí- 
ritus ; por lo común y no es lo pciir, se forman 
reuniendo algunos pensamientos, trozos, y pasajes 
de buenos autores; entre nosotros, según es de 
rigor, tami'ien ha cundido esta moda de alambica- 
dos espiritas, sacados á veces de obras que ningún 
espirita ó sustancia tienen y por autores poco o 
nada expirilaale^. .-j j , 

El formar el extracto, y este es el sentido del 
espíritu francés, que contenga la quinta esencia, la 
sustancia , los principales pensamientos de una 
obra, es empresa al par que difícil, de mentó para 
el autor v de utilidad para el público. 

CüMl'ILADOll. II PLAGIARIO. - El com- 
pilador reúne, con mas 6 menos inteligencia, los 
escritos y pensamientos de oUos para formar una 
colección, que si es hecha con inteligencia, buena 
elección, esmero y cuidado, trae utilidad a las cien- 
cias y hace apreciable el título de compilador. 

El plagiario copia los pensamientos de otros 
autores, ó trozos enteros de sus obras, formando 
nna especie de taracea sin la debida inteligencia, 
buena elección, concierto y armonía, aUibu\ endose 
á si propio el trabajo Y mérito de aquellos a 
quienes, sin siquiera nombrarlos, roba; pavoneán- 
dose, cual el grajo de la fábula, con galas ajenas. 
El compilador puede ser un literato apreciable y 
útil : e\ iJa-iiano es nna especie de piraa literariu, 
que desapiadada é impunemente despoja a los 
muertos y á veces á los vivos, de sus científicas 
riquezas. El vlaiñario merece la mofa y desprecio 
de los verdaderos sabios por sn arrojo y osadía. ^ 

T ; qué son muchas obras modernas sino plagios 
de la- antiguas'.' Y no confundamos aqm a aquellos 
autores que han tomado planes, argumentos, ideas 
T pensamientos de otros qne les precedieron, si los 
arreglaron, aclararon y perfeccionaron o los en- 
gastaron con fino y delicado gubto, cual preciosisi- 
Dias piedras en sus obras, dándolas con esto mas 
lustre y realce. ... 

En tan riguroso é impropio sentido, los mas emi- 
nentes autores resultarían paciarios, pues obras 
absoluta y enteramente originales hay pocas; y por 
lo general solo pueden serlo las primeras en cual- 
quiera ciencia ó arte : el mérito de estas suele 
consi^tir en la prioridad. 

COMPI.ACEXCIA.il com)esce;\dencia. 
II DEFEIIENCI.A. — De la necesidad ó precisión 
que tienen los hombres de servirse y estimarse 
unos á otros viene á tratarse en la explicación de 
estas palabras que supon.n cualidades sociales, pro- 
vechosas y útiles á nuestros semejantes. 

Del verbo latino placen que significa deleitar, 
agradar, dar gusto v placer, unido a la partícula 
con, se loriua en castellano el verbo complacer, que 
tiene la anterior significación y viene á ser la cnn- 
des. ende ria con los que desean o gustan de una 
cosa de la que podemos disponer o a la que pode- 
mos contribuir : al que ejerce estas obras se llama 
coiiiBaiieiitf; y como el verbo sea también roci- 
nroco decimos que nos complacemos cuando nos 
alebramos y gozamos de una completa satisfacción 
en el buen éxito de nn negocio ya provenga de 
nosotros mismos, ya de otros. 

La complacencia es un medio para lograr el pla- 
cer, y así el que noblemente cimpace puede lison- 
jearse de causar placer y agrado. 

También contribuye a causar placerla coná se n- 
deiicia nacida del mismo motivo qne el anterior, 
pues es un deseo y esmero en acomodarse a la vo- 
lunUd y á los gustos de otra persona, y asi los 
latinos la llamaban obsfiitanm. y la composición 
misma de la palabra en castellano, viene a signi- 
ficar ceder, convenir, asentir á ó c«n otro. 

Le deferrncia tiene bastante relación con la an- 
terior paWira, mas aumenta su fuerza, pues el que 
defiere cede siempre al deseo ó al dictamen aj^no 
sin jamas sostener el suyo, como si aquel le fuese 
propio y este no. La deferencia supone coniplela 
sumisión, ninguna contrariedad, y la condece, u- 
ilencia cierta tolerancia y como prudencia en no 
contrade ir por no desagradar ú ofender .i otro, i.1 
condes endiente calla cuando podría hablar; cede 
cuan lo podría oponerse. El deferente se adluere. 



COM 

se une esTechamente á la voluntad, al dictamen 
ajeno ; pnfiere sin violencia alguna los senti- 
mientos ajínos á los suvos propios, lliremos ademas 
qne Ucondescenlencia'ó la acción de con I scender, 
viene á ser bajar, descender de la superioridad que ■ 
uno tiene ó ejerce, para prestarse al gusto délos 
demás, desistiendo de la razón y del derecho que 
podria reclamar. 

Somos complacientes, porque así lo exige a veces 
la necesidad ó las circunstancias, y casi siempre 
por los respetos sociales, por los miramientos y las 
atenciones que dictan la buena educación y la ar- 
monía del trato, ya sea ceremonioso, ya familiar, 
ya intimo. Por lo tanto la complacencia no pu' de 
menos de sacrificar su propia volundad, sus incli- 
naciones, sus conveniencias, sus placeres y á veces 
hasta sus personales intereses. 

Las necesidades, las inclinaciones, los defectos, 
los vicios mismos de los demás reclaman muchas 
veces nuestra cond snn'lencia y nos obligan á que, 
en cuanto sea posible, depongamos nuestra severi- 
dad, ó los derechos de nuestra autoridad, de nues- 
tra superioridad y nuestra voluntad. 

Un marido es lomplacirnu con sn mujer : tm 
amigo condeictndiente con sn amigo : un depen- 
diente ó persona que necesita á otra, deferente con 
ella. Los pailres envd s ieuden á veces con los lige- 
ros caprichos de sus hijos. En sociedad debemos 
ser cnmplaeient'-s unos con otros, defirentes con 
nuestros superiores, comlesi endientes con nuestros 
inferiores. El sabio conlesiende i veces con el 
ignorante: el fuerte con el débil; mas con todo el 
mundo debemos ser lomplacienles. 

Cualidades son todas estas que manifiestan genio 
bondadoso, trato ¡niave, franco y afable. La lompla- 
cencia designa mas particularmente una afectuosa 
bondad; la ilefereiuia nn respetuoso agrado; la 
condes- endr-ncia suma indulgencia. 

El autor del libro de las tos umbre', dice que la 
compacencia es nna decorosa condes endeuCia. que 
consiste en no contrariar las inclinaciones de na- 
die, si son indiferentes en la parle moral, y aun el 
prestarse en cuanto sea posible á facilitarlas ó pre- 
venirlas asi que se las conoce. 

La complacncia se anticipa para satisfacer los 
deseos de las personas; la condeseendencia espera á 
qne se los manifiesten, opone alsinna resistencia y 
luego cede. Por comp ucencia no tenemos voluntad 
propia : por eondeacená ncia no seguimos nuestra 
opinión o ga^to. ni nos oponemos a los de los de- 
mas. La C'Tnpla eneia manifiesta mas afecto y gene- 
I rosiiiad qne la co-idracriidncia. 

D'Ablancourt dice que se tiene defere'icic con las 

personas de clase elevada ó de superior mérito; 

t^orí-Knyat, que debemos anticiparnos unos á otros 

i en las pruebas de atención y deferencia que nos 



damos ; Saint-Evremonl que el respeto y la dtf.- 
reiicia provienen de la mutua estimación qne los 
amigos se deben tener unos á otros. 

COMPLETO. II ENTERO. — Á todo Cuerpo, 
ya le consideremos fLsicameute, ya en abstracto, 
que contiene cuantas partes necesita para formar un 
todo cabal y perfecto en su linea, le consideramos 
como complet' y decimos que nada le falta, que 
está cumplidLamente; asi como cuando la cosa se 
verifica de un modo tal une esté absolutamente 
completa, usamos del li-ítrhm cnmplel.v ¡mente. 

Nos valemos de la palabra eni,ro para indicar 
aquellas cosas á las qne nada falta de las parles 
necesarias para constituir su integridad esencial. 

La palabra e'ilero tiene muchas accepcinnes me- 
tafóricas : se llama así al número que no tiene frac- 
ción, al hombre robusto y sano, al recto y justo, 
a! constante y firme, al que observa con la mayor 
severidad los preceptos o las obligaciones que ha 
admitido ó se na impuesto a sí mismo. _ 

Una cosa es entern cuando no está ni mutilada, 
ni rota, ni partida, y que todas sus partes se man- 
tienen anidas j conjuntas del modo que deben es- 
tarlo : un pan e tero es aquel á quien nada se ha 
quitado, un libro entero el que comprende todas 
las partes de que debe constar, que no le falta hoja. 
D'cimos que una cosa es completa cuando nada 
la falta y tiene cu.into la corresponde tener^ La pa- 
labra intir.i -se refiere mas á la totalidad de las 
partes, que sirven materialmente á constituir u- 
cuerpo : la de eompletn hace relación á la totalida. 
de las partes que contribuyen á la perfección acci 
dental de la cosa. 

Un volumen de una obra que consta de vanos, 
ES en sí un volumen entera, sí nada le falla de lo 
que debe contener. Una obra dividida (n muchos 
volúmene_s yá laque faltan algunos, no puede ser 
una obra completa, como lo seria si los tuviese 
todos. „ , , 

Temos pues que lo míeríi se refiar* mas a le 



COM 



COM 



CON 



51 



material, y lo completo i lo formal; aqoflllo á las 
partes ile un prao todo consiiie radas en ú, sin cor- 
relación á otras (]iie coiiiplelen un sistema general; 
y ea ciitnplelo cuando todo esto se verifica, y asi se 
dict Cví/i/r I tar una obra de cualquier naturaleza que 
sfia, cuando se ha llenado el plan anterionneuLe for- 
mado. Completo si^'uifica á menudo perfecto, bien 
acabado, nien concluido : es una obra completa por 

{i«rfecía, que llena los deseos del lector, que merece 
a aprobación y los elogios de los sabios ; un hom- 
bre cúmplelo el que no tiene faltas: una mujer com- 
pleta la que i la hermosura reúne las buenas cua- 
lidades que adornan á su seiü. La palabra entero 
ao admite estas acepciooes^morales. 

Se dice habitar una ca$a ent ra, toda ana casa, 
esto es todas las habitaciones de que se compoue : 
se llama una iiabitacioa entupí ia a la que contiene 
todo aquello de que debe constar y es necesario 
pira su perlecoiou y complemento. 

COMPLEXIÓN, li TtMPliRAMENTO. || 
C0NSTiriCIO\. II NATUItAL. — OoDsidera- 
remos aqui estas cuatro palabras con respecto á las 
cualidades del cuerpo humano y á las inlluencias 
qne pueden tener, comenzando por la del natural, 
que es como la base de tas demás, pues que consiste 
en las disposiciones que nos da naturaleza, en nues- 
tra misma organización, para lo que después podre- 
mos llegará ser física omoralmente. 

El natural es irresistible, porque no nos lo debe- 
mos, ni en nadaba dependido, ni depende de nos- 
otros : mas bien de nuestros padres y de las cir- 
cunstancias, casi siempre desconocidas, en el tiempo 
de la líeneraciou y del embarazo, hasta venir al mumfo. 
El natural es puramente físico, pues que proviene 
solo de la naturaleza, dependiendo de él las cuali- 
dades, disposiciones, inclinacmnes y gustos de la 
criatura : podrá en algunas dn sus circunstancias 
moditicaise; pero jamas vencerse. 

Nerón era naturalmente cruel y atroi, y aunque 
Séneca y Burrho, sus ayos, pudieron contenerle en 
su primera edad, cuando se vio libre y dueño de 
Sus acciones con et mando supremo, estallaron con 
toda su fuerza sus malévolas inclinaciones. 

Asi vemos que desde la primera i nfancia unos son 
vivos, prontos y arrebatados, otros apagados, lentos 
y refleiivos; y á pesar de las contradicciones de la 
educación, de las desgracias ó de las prosperidades 
ea el progreso de la vida ; mas ó menos se mantie- 
nen así, porque la naturaleza es invencible. 

Tiene con el natural cercano parentesco la tons- 
titucion, pues que también es orgánica, significando 
en lo general la esencia y calidades de las cosas que 
la constituyen tal como es en si y la diferenoiao de 
las demás. Consiste en la composición y combinación 
de los diferentes ele tientos de los cuerpos, de los 
que depende la vida del ser, su existencia, í<u modo 
propio y estable d'- ser, influyen lo poderos imente 
en esta constitariin la fnerza ó la irritaltiltdad de 
los nervios en el cuerpo. Pero esta constitución si 
no se df-struye, se debilita á lo menos con la edad 
si es buena, ó se empeora si es mala, mas conser- 
vando siempre algo de los principios de la natuial 
conformación. 

El teit'peraiiiento es un hábito Ó disposición del 
cuerpo que resulta de la combinación de los hu- 
mores, que se templan y modifican unos con otros, 
domidando uno de ellos, que es el que forma loque 
ílaiiiamos temperamento sanguíneo ó bilioso, cálido 
ó frió, ardiende ó flemático. 

El buen temperam-nlo es el que resulta del equi- 
librio de estos mismos humores, y al que llaman 
los médicos ad pondas. 

La (Ompleüoii es el temperamento ordinario y 
común del cuerpo humano, y consiste, ademas de 
las disposiciones ó inclinaciones naturales, en los 
hátdtos y resabios que se han contraído, ya nazcan 
del temperamento y de los humores, ó bien de los 
elementos constitutivos del cuerpo. Aunque la fo/n- 
pleiion dependa principalmente de la constitución 
orgánica, influye mucho en ella el género de vida, 
sobre todo en la primera infancia, pues criaturas 
que nacieron bien conformadas y de buena com- 
p'exiKUy la pierden y se hacen enfermizas por los 
alimentos que recibieron sobre todo en la lactancia 
y el modo como se las crió. Sea como se fuese, 
cuando el cuerpo está ya formado le vienen á cons- 
tituir todas estas cosas sano ó achacoso, robusto ó 
delicado. 

El natural resulta pues de la reunión de las cua- 
lidades naturales : el lempernmento de la mezcla Ó 
combinación de los humores : la consti/uci'n del 
sisteiiía entero de las p;utesconstitutivas del cuerpo : 
la eomplerion de los hábitos dominantes que este 
ha contraído. 

El natural constituye el fondo del caiácter : el 
íempcr(imeiUo,el humordominante: \i c(m\íiÍucion 



el primer principio de la salud : la complexión la 
disposición lialiitual del cuerpo. 

COMPLICADO. II IMPLICADO. — Cuando se 
unen, mezclan y confunden cosas diversas, concur- 
ren en nuo ó vienen á encontrarse, deciums que se 
complican, que hay comp icaci>m, y por derivación 
y figura llamamos C()//í;'/Ií'' al que concurre con otro 
o contritmye á que se verifique un crimen, y al 
acto se le llama complicidad. 

Implicar es, en su recto sentido, la acción de en- 
volver, enredar un cuerpo á otro y por extensión 
obstar, impedir, estorbar, usándose mas comunmente 
con aiivernios de negar. Se dice implicarse en una 
cosa por comprometerse en ella, y regularmente en 
mal sentido, y nos valemos del adjetivo implicuto- 
no para expresar lo que envuelve ó encierra en si 
compitciicioii ó implti ación. 

Esta palabra se deriva de los verbos latinos pli- 
ciire y phctere que vienen á significar ¡legar, hacer 
dobleces ó pliegues, y entrelazar, enroscar, entrete- 
jer, y también ecibiollar, confundir, enredar; y asi 
al hombre embrollador le llamaban impl/calor. 

Nos implicamos tomando parte en negocios ó ac- 
ciones, con lo que damos motivo para que se nos 
sospeche y actise á veces; por lo que se dice : < F. 
esta /mplíca'lo en la causa. > 

Sec(j'«/í//('anlos negocios olas cosas, mezclándose 
unas con otras ó dependiendo unas de otras. 

Las personas se miu ¡cun en los negocios y accio- 
nes cuando concurren á ellas en el todo Ó parte. 
Las cosas muy complicadas se hacen oscuras á 
aquellos que no alcanzan con sus cortos talentos á 
aclar;irlas. Cuando nos hallamos en cotnpanía de 
jóvenes alocados, estamos expuestos á imp.icarnos 
en algún mal lance. 

Los negocios mas compUrados se hacen sencillos 
y fáciles de entender cuando los maneja un hombre 
dieslro ysagaz. Es peligroso hallarse uno implicad'^, 
aun |ue sea sin culpa, en asuntos que se versan en- 
tre personas de alta jerarijuia, pues siempre sale 
perdieu<lo con ellas, en razón de qne se les suele dar 
poco el sacrificar los intereses de los inferiores con 
tal que ellas salven los suyos. 

La complicación de enfermedades, cuyos remedios 
SOQ contrarios unos á otros, pone á prueba la cien- 
cia de los médicos. 

COMPÍIEXÜER. II COIVCEBin. |l ENTEX- 
DEIC. — Estas Ires palabras corresponaen á la in- 
telK'^encia y conocimiento mas ó menos exacto que 
adquirimos de las cosas. 

Él sentido recto de la palabra fomprfnrfír es el 
de contener en si cualquiera cosa, ceñirla, abrazarla; 
rodearla por todas partes : y el metafórico, el de 
entender, alcanzar y penetrar; y asi llamamos com- 
prensibilidad á la capacidad que tienen las cosas 
para ser entendidas ó comprendidas, y comprensible 
a lo que puede comprenderse, correspondiendo de 
este modo el sentido figurado con el recto, pues 
consideramos á la inteligencia como un cuerpo ma- 
terial que comprende ó encierra en si á otro. 

C'ncel'ir en su sentido recto es hacerse preñada 
la hembra : porque recibe, encierra en sí el feto : y 
en el metafórico cuando encerramos, por decirlo asi, 
en nuestra mente los conceptos ó ideas que forma- 
mos de las cosas. 

Del coger, por decirlo asi, con la inteligencia las 
ideas, deduciremos la palabra ("n/índer, que es tener 
la inteligencia ó idea mas clara de los objetos ya 
sean físicos, ya abstractos. Todas las acepciones de 
esta palabra tienen la misma derivación ó analogía, 
y asi se dice enlender, cuando perfectamente se sa- 
be ó conoce una cosa, cuando penetramos en su 
esencia, y no menos llamamos entender al pensar y 
juzgar sobre lo mas conveniente que pueda ó deba 
nacerse. 

Diremos, según algunos autores, que el entend r 
indica conformidad referente al valor de los térmi- 
nos de que nos valemos para explicar nuestras ideas : 
comprender manifiesta conformidad lue directamente 
corresponde á la naturaleza de las cosas que expli- 
camos : y la que expresa la palabra concebir, se di- 
rige mas particularmente al orden y designio de lo 
que nos proponemos. 

El entenderse aplica acertada -ente á las circuns- 
tancias de un discurso, al tono con que lo pronun- 
ciamos, al giro de la frase y á la elegancia de las 
expresiones El comprender parece convenir mejor, 
cuando se trata de print_'ipios, de conocimientos es- 
peculativos, de explicaciones en la enseñanza. 

El co rel'i'se emplea oportunamente cuando se 
traía de las formas, de los planes y de las ideas, en 
fin, de cuanto depende de la imaginación. 

Se entienden las lenguas; se t'ow/irenrfeíi las cien- 
cias; se concibni las producciones del ai le. 

Se hace difícil de Citcder lo que es oscuro y 
como enigmático ¡ de comprender lo que es abstráete^ 



de concebir lo que es confuso. La facilidad de en- 
tender indica ingenio vivu y sutil ; la de comprender 
talento penetrante ; la de conceb& un juicio claro 
y melódico. 

Los cnrlesanos enfiniden muy bien el lenguaje de 
las pasiones : los sabios c ■luprtuden las cuestiones 
meiafisicas : l'S artistas conciben el plan y ordenanza 
de sus obras. 

La mayor parte de las gentes no entienden lo que es 
ingenioso y ^vwú^ no comprenden lo que es sublime, 
no con- iben lo que es profundo y grandioso. 

A ios que no enti-ndcn por indirectas, es menester 
hablar claro; á los que no pueden comvrender las 
ideas sublimes, solo se les debe hablar ae las cosas 
materiales y comunes, y en cuanto la conversación 
ó el discurso lo permitan es indispensable expli- 
carse con el mayor orden y método para qne de este 
modo se ayude o facilite á las ideas de los demás 
el poder concebir las nuestras. 

CONi EDEIl. II DAIl.ll CEDER. — El sentido 
general de estas tres palabras es el de trasmitir á 
otro aquello que nos pertenece ó de lo que pode- 
mos disponer libremente. 

La palabra comidi r ú otorgar^ supone que ha ha- 
bido demanda, petición y que podemos acceder á 
ella Concedemos, otorgamos lo ijue se nos pide, 
cuando para hacerlo tenemos voluntad, poder y de- 
recho. 

Dar ó donar es trasladar á otro la propiedad de 
una cosa, que pertenece al donador. 

Heder es dejar, abandonar á cualquiera, bajo cier- 
tas condiciones ó sin ellas, una cosa á la que enten- 
demos, ó siipouemos tener derecho. 

La lOnC'sion supone superioridad del que concde 
sobre el que solícita ó jireteude : es una gracia, una 
merced, un favor giatuíto, generoso : se > 0"Cede un 
empleo, un beneficio, una espera, nn perdón. 

Aunque por lo común es graciosa la donación^ 
también suele ser interesada, y bien á jaeuudo co- 
mo pago ó recompensa de servicios hechos ó de fa- 
vores recibidos. 

Mas interesada aun es la C'Sion, sobre todo la 
contlicional, pues se cedi- una cosa para adquirir 
otra meinr. 

CdlVCEUNIR. II COnnESPOiNDEn. II PER- 
TCIVECER. 1[ TOCAR.— Aunque sean muy se- 
mejantes las significaciones de esla> palabras, se ad- 
vierten no obstante algunas delicadas diferencias 
que guardan cierto orden de progresión las unas 
sobre las otras. 

Nos corresponde una cosa cuando tomamos ó te- 
nemiis p.^rte en ella, aunque sea corta ó ligera; nos 
concierne cuando es mayor esía parte, y si en ella 
se cifra nuestra fortuna o nuestros afectos, decimos 
que nos pcrtcnive, y cuando el ínteres es mayor y 
como que se confunde con nuestro mismo ser, que 
nos /ora. Nos valemos mas comunmente de la pala- 
bra corrí sp >nd<r cuando se trata de cosas á las que 
entendemos tener derecho, ó por las que pleitea- 
mos ; se emplea con mas propiedad el verbo concer- 
nir refiriéndonos á lo que se ha puesto á nuestro 
cargo; de pertenecer, cuando atendemos á nuestros 
cordiales alectos, á nuestro houl'r ó á nuestra for- 
tuna; de /orar, cuando nos es conjunta. 

Nos (•' rrcsponde una cosa ó negocio cuando nos- 
otros mismns somos los qne la hacemos, perfeccio- 
namos, dirigimos y cuidamos, ya proceda esto de 
sus naturales relaciones con nosotros ó ya del de- 
recho ó autoridad que sobre ello tensamos. Ci-rrcs- 
Donde á los padres el cuidar de la educación de sus 
nijos; á nn amo el vigilar para que sus criados 
cumplan con su obligación 

Derívase esta paLabra lO-iremir de la latina coii' 
cerneré, que signílica discernir, ver clara y distin* 
tameute a un mismo tiempo varios objetos, y dis 
tíngiiir uno solo entre muchos i lo que nos conciernt 
parece estar contenido dentro del circulo de las co- 
sas que debemos ver juntas. 

Diremos que una cosa nos correspmde si se trata 
de hacerla ó tenerla exclusivamente sin que ningún 
otro ten^a derecho ni facultad para mezclarse ó 
intervenir en ella. Una cosa nos concierne, cuando 
la consideramos formando parte de aquello de que 
debemos cuidar, por el Ínteres mismo que nos re- 
sulta. Un hijo de familia ha cometido una grave 
falta y por ella debe ser castigado : al padre correS' 
poude hacerlo 6Í la falta es doméstica, y si pública 
á la jiisiicia. 

Cuando uno dice á otro, tengo que hablaros de un 
negocio qne os cunc'eme. da á entender que es de 
una cosa qne debe interesarle, y que tiene n^lacioa 
con su misma persona ó con sus bienes. 

Si me harén algunas advertencias sobre cosas que 
me corresponden, al instante debo apresurarme 4 
aprovecharme de ellas, haciendo loque se me acon- 
seja. Si se me hacen prevenciones sobre asuntos qu9 



52 



CON 



CON 



CON 



me concieriicn, es oportuno el considerar si debo o 
puedo tomar interés en ellos ó si yerdaderainente 
corresponden á mi cargo, obrando según el resul- 
tado de mis refieiiones. CrresponJen los negocios 
del gobierno i la ministros, que están obligados a 
disponerlos, dirigirlos y llevarlos á efecto hasta su 
perfecta conclusión : para la ejecución de todo esto 
tiene el ministerio dependientes cada uno en su 
diferente ramo, el cual diremos que es el que le 
cottcerne. 

Correspinie una herencia á una personna aunque 
renuncie á ella. La mas niiniuia alteración cu Eu- 
ropa concierne i todas las naciones, puis esiinposiblc 
que se mentenga ninguna mucho tiempo en com- 
pleU neutralidad, cuando las demás guerrean. 

Nos f'Tienece una cosa cuando se reBere a nues- 
tros mayores intereses ó á lo que mas estimamos y 
queremos. , 

roca muy de cerca á un mando la buena conducta 
de su mujer para que pueda descuidarse en vigilar 
sobre ella, aunque tampoco debe excederse en este 
punto. ,, 

Se me calumnia en público, y como en ello 
media mi honor, me toca el defenderlo. 

Cuando una persona quiere mezclarse en asnntos 
que no le importan y á lo cual no tiene derecho al- 
guno, decimos que nada le tocan \ y cuando se ha- 
bla de un empleado, que quiere intervenir en cosas 
que no rarr, í/ ondfn i sus atribuciones, se dice, que 
aquello no le concierne, y en fin cuando se trata 
de asuntos en que va nuestra propia vida, ó nuestros 
bienes, decimos, que este asunto nos toca muy de 
cerca. 

CONCIENCIA. II ESCnUPULO. — La ciencia 
ó conocimiento interior que por nuestros naturales 
sentimientos, por la inteligencia y el estudio adqui- 
rimos del bien y del mal,'de lojnstoy délo injusto, 
de lo bueno que debemos hacer ó de lo malo de 
que debemos huir; constituye lo que en general se 
flau.a conciencia. Para fortalecerla y consolidarla 
contribuyen poderosamente los hábitos que hemos 
contraído. 

Dirígese esta pahibra por lo común a lo que per- 
tenece á la religión, y con respecto á ella, se dice 
F. es un hombre de conciencia : bien que de tod.a 
obra material ejecutada á buena ley, sin fraude, ni 
engaño, con solidez y perfección, también se dice 
hecha á loiiciencia. 

Dicese acusar ó argüir la cuncicneia a alguno, 
por inquietarle este sentimiento interior con la idea 
de si obró ó no rectamente ; también se dice escar- 
bar la conciencia cuando se teme que uno no ha 
procedido rectamente. Esta palabra cuando va sola 
significa siempre buena eoncien ia, pues cuando 
mala, debe acompañarla un adjetivo ú otra palabra 
que la modifique; y as! se dice mala conáenaa. 
ancho de conciencia, cargar la cmciencia. 

Llámase cmciencia rrtóma i la que nroviene de 
la ignorancia vencible ó invencible de la bondad o 
maldad de las cosas, ó que nace de la torpeza inte- 
lectual del individuo, cuando es tal qne no puede 
distinguir bien lo justo de lo injusto, asemeján- 
dose a las bestias, que carecen de r.izon y de con- 
«isuieutt de cmciencia. Se dice no tener conciencia. 
del que por su malva i a educación no parece sentir 
su aguijón; y tratándose úe una persona muy 
adherida á so opinión, terco y pertinaz en ella, se 
dice que se ajnsta con ,iu concienciar asi como 
iinrho de conciencia del qne en nada escrupuliza, 
ni repara. . 

Llamamos escriimlús i las dudas, recelos e in- 
quietudes que aftitan á la conciencia y la tienen en 
continua duda é inquietud. Cuando estos es ripnloi 
son fútiles y ridiculos, se suele usar por lo común 
de la palabra vulgar cscnipu'os de Marisargajo. 

Según es el carácter, condición, educación y cos- 
tumbres de las personas, tienen estas candencia 
aias ó menos ajustada, severa y rígida ; y cuando 
es de esta naturaleza se llama al hombre conaen- 
índo, lo que tanto vale como dirigido y ajustado 
íienipre por los moviinientns de su propia conc-en- 
ciii, y la costumbre que ha adquirido de llenar 
sus obligaciones con la mayor regularidad y ciac- 
titud. 

Suélese tomar á veces en sentido de desprecio y 
acusación, el titulo de co«ciea:itdo, cuando se le 
añade algún epíteto que lo haga ridiculo, como 
cuando se dice c ese hombre es demasiado ¡o icicu- 
snd", > aunque entonces mas se usa del adjetivo 
es rnptilnso , pues este y el sustantivo indican , en 
el uso común, minucioso extremo en cuanto perte- 
nece á la ciincirncia, por lo que algunos sinoni- 
niistas le llaman la mania ó extravagancia de la 
conciencia. 

El hombre concienzudo se dirige enteramente y 
con conlianza á cumplir sus obligaciones con la 



mavor exactitiid : el escrvpiilosc con minucioso I dad, en pleitos y en asuntos judiciales y se com- 

"jjjjjjd ponen y arreglan, se dice que se celebro una ciin- 

El eicrumilono, i pesar de cuanto le ilustra su con/.a, y ci)>.cori//a es también cuando no habiendo 

nCíViiCítt vane no halle razón alguna de la bondad habido desavenencias, se convienen vanos en el ■ 

' ^ ■ ■ ... 1 jjjj,j(, j. furma ¿g llevar á electo cualquiera cm- 



roHCídíCííí y que 

ó maldad de una acción, anda siempre agitado con 
dudas, sospechas é iiicertiduinbres nacidas de su 
imaginación demasiado viva y perturbada, ó ae una 
irreflexiva timidez. 

No descansará el hombre cimcienzudo hasta que 
logre reparar el daño que involuntariamente haya 
cansado. 

El escrupnloso se puede decir qne no está bien 
dirigido por las luces de su conciencia y que á veces 
cierra los ojos por no verlas, buscando por otro> 
lados impropios, motivos ó razones para hacer ó no 
hacer una cosa. 

Este hombre se persuadirá que todo está perdido, 
si entonces mismo que procede justamente ha te- 
nido algún sentimiento ó idea extraña ó contraria 
á la justicia, y hasta llegará á acusarse del gozo 
que ha\a sentido dando i^azon á un amigo, porque 
en efecto la tenia. El hombre coneimzmo.íi su 
enemigo mismo tiene razón, se contentará con 
dársela. . 

El -hombre concienzuio oye la voz de su concien- 
cia: mas el escruimloso ne se fia en ella : el pn- 
mero arregla su conducta natural y confiadamente 
á los preceptos que le dieta su coucienca ■■ y el se- 
gundo, atormentándose siempre, olvida lo que ella 
le dicta por atender á lo que él la pide, que no es 
mas que aferrarse en la duda y contusión en que 
siempre vive. Mientras el coxieiizudo se ocupa en 
cumplir sus obligaciones; el escrupuloso no hace 
mas que exagerarlas, con lo que se priva de los 
medios de atender á ellas 

La senda que sigue el hombre concienzudo es se- 
gura, y por ella camina firme y resuelto, procurando 
que la razón y la religión le guie : el escrupulomi 
va por una via enredosa y oscura y con descon- 
fianza : de lodo recela y aun de la razón misma, 

El hombre concienzudo, cumpliendo con sus obli- 
gaciones, qne ha estudiado con inteligencia v juicio, 
goza de paz interior ; siempre está agitado, inquieto 
y sobresaltado el escrupultisn ; porque no acierta a 
conocer bien y cumplir exactamente sus obliga- 
ciones. En donde no hay mal. se le figura verlo : 
se atormenta, se hace insufrible á todos y aun á si 
mi-nio. 

Podemos fiarnos mas en el hombre cmcienzndii 
que en el eicrupiilo^o. pues sus escrúiiulos nacen o 
de poquedad de alma o de timidez, ó de cortedad 
de talento, y muchas veces de que su concimeiii no 
esté tan pura que no le haga caer en fundados 
escrúpulos qne quiere acallar con devotas eiteriori- 

VoNClUAU. II HECONCILIAR. II CON- 
COIIDAB. II CONVENIR. |l AJU.STAR. — 

Conciliar supone diversidad de pareceres ó desvio 
en las inclinaciones y tratos; concordar disputas ó 
anteriores contestaciones. ^ 

líeconiiliar es volver á conciliar los ánimos y 
hacer nuevamente las amistades que se habían roto. 
Se reconcilian aquellas personas qne antes eran 
enemigas por injurias ó agravios qne entendían 
haber recibido. 

Regularmente en la conciliación media una ter- 
cera persona que hace este servicio á otras dos. 

(.'on!)«iír es venir en uno, ponerse de acuerdo para 
ejecutar una cosa, ser de un mismo dictamen : con- 
vinieron en vivir juntos, convienen en ideas. 

Aiuslaise es arreglarse ó componerse, después 
de haber altercado mucho, principalmente en ne- 
gocios de intereses, acabando por ponerse de acuer- 
do los contendientes en cuanto al objeto o materia 
de la contestación. 

Todas estas palabras se usan en diferentes casos 
y sentidos. . c- j 1 

Se coiicilian las opiniones diversas, fijando el 
sentido de las palabras; se cancilian los ánimos 
cuando se aplaca el enfado ó cesa su causa ; se 
ciiucilian los pasjjes y textos de diferentes autores, 
explicándolos y aclarándolos. Usado como reciproco 
concilmr es ganar las voluntades y á veces per- 
derlas, dejarlas, hacérselas contrarias : se concilio 
el aborrecimiento, el odio de los habitantes. 

Cinveiúr índica que las personas que se con- 
vienen, coinciden en nna misma opinión y la si- 
guen, ó que llegan á concordar en ella : dicese 
'convenir en un paraje al juntarse en él algunas 
personas. Se llama cavvenia al ajuste ó convención 
que se celebra entre diferentes siigetos para lograr 
un fin ; estos convenios ó convenciones cuando se 
celebran entre naciones y gobiernos se venfican 
con solemnes tnrrauhis y pactos Es conveniente uua 
cosa cuaudo coincide ó se c.nlorn.a con otra. 
Cuando hay una avenencia en negocios de enti. 



presa, y asi se llama concerdaio i las.transacciones 
con la corte de Roma en asnntos de disciplna ecle- 
siástica. 

La poca exactitud en las ideas es comunmente 
cansa de que muchos literatos no roncuerden en el 
objeto de sus disputas; pero se coniilian cuando se 
tiene un conocimiento exacto del valor y propiedad 
de cada palabra en los diferentes sentidos que pue- 
de tener. , . 
Canea dar indica estrecha unión, relaciones inti- 
mas, conformidad particular, correspondencia, con- 
sentimiento, unanimidad. 

Cciiciliacwn solo expresa meras relaciones, com- 
patibilidad, congruencia de nna cosa con otra, dis- 
posición favorable. Se concinan dos pasajes cuando 
se prueba que no se contradicen; pero para can- 
cordar dos opiniones es menester qne la una venga 
como á contenerse en la otra, de modo que las dos 
parezcan nacer de uu mismo principio, ó dirigirse 
á deducir las mismas consecuencias. 

Dos cosas que cmicuerdan entre si, se enlazan 
bien, corresponden la una á la otra y como que se 
confunden en una sola. Dos cosas que se concilinu 
no vienen á hacer mas que estar juntas; no se re- 
chaza la una á la otra, se aproximan, se conforman 
por diferentes medios, ó á lo menos guardan cierta 
correlación. . . 

La canrordia excluye toda oposición y produce 
cierta armonía y concierto : la canciliaciim rechaza 
la contradicción ó incompatibílid.ad y conduce, por 
medios suaves y eficaces, á la concardia. Si queréis 
que las opiniones de diferentes partidos concucrden 
en sus deliberaciones, comenzad por conciliarias. 

Con palabras lisonjeras, con modales cariñosos 
se pueden cmciliar los ánimos, asi como los pone 
acortes y hace que concucrden la uuifonuidid de opi- 
niones y sentimientos : en el primer caso no se 
adiierte mas que una disposición favorable, en el 
segundo nna estrecha 'unión. 

El sentido recto de la palabra «justar es el de 
igualar materialmente una cosa con otra, de modo 
que no haya discrepancia, ni desigualdad entre 
ellas, acomodar la nna á la otra para que se llene 
un vacio formando con su encaje como un solo 
cuerpo Asi se dice ajuilar la ropa al cuerpo; vie- 
ne justa; viene bien : llámase ajiislad-r al justillo, 
jubón ó armador que ciñe al cuerpo, porque se 
ajnslo á él. 

En sentido metafórico se dice que nna persona 
es muy ajusta la. porque es muy recta y justa. 

Decimos ajislar, a uslarse cuando queremos in- 
dicar que se ha verificado un concierto ó capitula- 
ción en cualquier asunto en que median ó pueden 
mediar considerables intereses : se ajustaron los 
pleitos, los casamientos ; se ajuiló la paz : se ajus- 
tan los precios, los salarios, los premios, las recom- 
pensas. 

El recoarilialor para lograr que terminen las 
disputas y contestaciones, debe emplear las ideas 
de dulzura, justicia v equidad, valerse de argumen- 
tos y razones que calmen los .inimos irritados, pon- 
derar los males que resultan de los odios y rencores, 
y los beneficios que producen la paz, la unión y la 
sincera amistad. 

Aunque los hombres mas atienden á su interés 
qne á la verdad; sin embargo en las desavenencias 
que nacen de intereses maieriales, es mas fácil que 
se verifique una coneiliocion que en las que pro- 
vienen de opiniones y puntos de doctrina. La razón 
es bien sencilla ; estas desavenencias traen su 
origen del amor propio, que es la pasión mas tuerte 
é invencible de todas. 

Dos personas que están muy irritadas nna contra 
otra no pueden reconciliarse hasta que haya pasado 
el primer ímpetu de la cOhra 

La reconciliación mas dílícil de todas es la que 
debe verificarse entre personas que antes se amaron 
mucho, y cuya unión fué muy intima ya por el 
trato, ya por el parentesco, /¡ara est concordia 
fratrum. . 

Reasumiendo estas ideas, podremos decir coni- 
liar voluntades opuestas, reconciliar ánimos irri- 
tados, concordar doctrinas diferentes, convenir en 
linos mismos principios ó en unos mismos intereses, 
V aiuslar paces ó negocios. 

CONCISO. II SUCtlNTO. || PRECISO. = 
LACÓNICO. — Estas cuatro palabras correspon- 
den á la brevedad y exactitud del lengu.ije. 

Cuando expresamos nuestras ideas con el menor 
número de palabras posible, decimos que somos 
concisos, que hablamos concisamente. Ea cierto 



CON 



CON 



CON 



53 



género de obras y de discusiones es menester ser 
concisos; así como en otras se puede y aun debe 
ser difusos ; aias osonro y pesado , nuuca. A^i 
pues la palabra cnnciso corresponde principalmente 
al modo de expresar las ideas. El hombre cí^ih iso 
evita las palabras superfluas y ociosas, las inútiles 
circunlocuciones, y solo emplea los términos mas 
propios y expresivos. 

Corresponde á exacto, ajustado y distinto la pre- 
cisión, que exije adeiuas determinación de una cosa, 
igualdad, puntualidad, concisión, ciüéndofe rigu- 
rosamente al discurso y Uuyendo de toda super- 
fluidad de palabras. Uu lenguaje preciso es un len- 
guaje ajustado exactamente i la materia, del que 
nada se puede quitar, y al que nada se debe afia- 
dir : hablar con presión es hablar con exactitud; 
ninguna palabra huelga, ni deja de expresar una 
idea. Cuando se sigue este precepto tanto en la 
precisión cuanto en la coac/sion. resulta claridad; 
pero es ujuy difi<¡l no caer en Ici oscuridad y en 
la se luedad del lenguaje j del estilo. 

Lo prolijo es opuesto á lo p-eriso: lo extenso i 
lo suctnto ; lo difuso á lo c^mciso. De estas dos pa- 
labras polriamos repetir lo que decia Quintiliauo 
hablando de Demóiteiies y de Cicerón : ■ iNada se 
puede quitar al primero, ni nada se puede añadir 
al segundo. > Si suprimimos algo de lo sucinto, 
caemos en lo oscuro ; si añadimos á lo preí iso, en 
lo prolijo : al contrario, si añadimos á lo sucinta' 

flecamos por lo extenso; y si quitamos á la preciso 
o convertimos eu sucinto. Pero nada se puede 
quitar ni añadir á lo iOmiso; pues si le quitamos 
nos hacemos osciuos y pesador ^ y si le añadimos, 
difusos y fastidiosos. Brevis csse laboro, ubstu- 
rus fio. 

Diremos que el laconismo consiste en encerrar 
ana idea, por mucha extensión que tenga, en pocas 
palabras y ;í veces en una sola. El taconnm:i es 
una expresión que responde á muchas, es lo con- 
trario del aticismo. Después que un ateniense ha 
hecho una larga, detenida y florida arenga ; con 
una breve expresión, á veces con un monosílabo, 
responde im espartano. El ¡aonismo pertenece á la 
austeridad fllosólica : el aticismo á la pompa de la 
elocuencia. 

Comparando el laconismo con la concisión, dire- 
mos que aquel supone pocas palabras; conciso solo 
las necesarias. Una obra puede ser al mismo tiempo 
larga y coiui'a, cuando trata compendiosa y ceñi- 
damente muchis materias y articulos ; pero nunca 
será lacónica, porque este adjetivo no puede apli- 
carse á ninguna obra y sí solo á una Irase ó expre- 
sión, y asi se dice acertadamente, carta /.ifilnioi, res- 
puesta lacó.ica y no concisa : este adjetivo pertenece 
mas bien ;i obras y discursos de regular extensión: 
aunque piicde decirse estilo lactinico, mas propio es 
conciso. El lacon-smu es por lo común uu delecto, 

Sues que viene á ser una afectación y aun falta de 
e criauía; y asi solemos decir: « nos ha dado una 
respuesta seca y lacónica : > pero cuando isoimos 
un discorso bien cnnciso. hacemos un tlogio. 

CONCLUIII. II INFERlIl. |1 DEDUCIR. )| IN- 
DUCIIt. — Estas palabras indican la acción de sa- 
car consecuencias de |iroposiciones sentadas .-intes. 
Cmielmr es terminar un razonamiento, nna argu- 
mentación, una discusión, una prueba en virtud de 
relaciones necesarias ó deinnstradas con las pro^o- 
sit-onís anteriores. La conclusión es pues un hn, 
una teruiinacion de cualquier cosa, correspondiendo 
al recto significado de concluir, que es finalizar ó 
terminar una cosa ; y así llamamos conclusión á la 
proposición que se deduce de otra*, y decimos diósus 
coniltisioi'es, sacó esta ó la otra c^nclusinn, sentó 
sus conc'usio'iis, y se llama conclusmn á la resolu- 
ción tomada después de una larga controversia. En 
co'íclusion se dice por finalmente : y cuando un hom- 
bre se mantiene oístinado en su opinión sin dejarse 
convencer por razón alguna, decimos que se sentó 
CT laconcusion. 

El que concluiie se apoya en principios demostra- 
dos ó que por tales tiene' y cuyo enlace conlacoii- 
secucnc a es ó parece ser necesario. 

La palabra inJucir eususeiitid>i recto es instigar, 
persuadir, mover á alguno á liaceruna cosa, por lo 
regular mala ; me indujo al crimen ; me indujo en 
error : en el figurado es conducir ó llevar á una 
idea por las relaciones O la verdad de las proposi- 
ciones deducidas que á ella conducen. Se induce por 
una serie de proposiciones y de consecuencias que | 
natural y prosiresivamenle llevan la mente á la ver- 
dad, á que se la quiere conducir, y asi á la induc- 
ción se la define diciendo, que es un argumenio por 
el que se deduce, de la enumeración de las parti- 
culares, la proposición que se intenta probar, y llá- 
mase inductivo á aquello mismo que nos induce. \ 
Como sinónima de esta palabra miraremos á lai/e 



deducir pues viene á significar lo mismo, con la di- , él conduce con sus preceptos y consejos al enfermo 

teieiici.á de que en aquella h primera idea que se p;ira que recobre la salud. ^ 

presenta es llevar inclinar, como arrastrar á otro a La razón nos guia y conduce : lo primero dictan- 

liacer una cosa, y'li secundaria la que acabamos de donos lo que debemos hacer, y lo segundo, obli- 
expouer; y en deducir sncede lo contrario, por lo 



que es mas usada la expresión 

Dedíice^f de un principio, una consecuencia ; ae 
nna cosa otra ; de la fisonomía deducen muclios el 
genio ó CíU-ácter de las pirsouas; del rostro la sa- 
lud; de las formas orgánicas la robustez y las fuer- 
zas. . . 

El que induce sigue el hilo de las proposiciones 
que se derivan unas de otras y le llevan por su 
misma ilación i aquella que tiene en la idea. Por 
lo tanto no dfja ninguna que podamos llamar in- 
termedia, ni saca consecuencia que no esté natural- 
mente unida á la proposición que antecede. 

El que infiere no sigue este rigiu-oso orden, pues 
nove mas que los dos extremos; desprecia los in- 
termedios vsaca una consecuencia que vade la pri- 
mera proposición á la última, fumiindose en rela- 
ciones unas veces imaginarias, otras verdaderas O 
que supone tales, á veces sin haberlas sujetado 3 
un escrupuloso examen. Así pues inferir in.lica la 
acción de llevar, trasladar la mente á otro objeto. 
De un principio ó de un razonamiento, se puede 
inferir una consecuencia muy remota, que no está 
ni prevista, ni indicada, siendo preciso después expla- 
nar y demostrar las relaciones que la unen con la 
tesis ó con la verdad sentada. 

No se le pueden pedir pruebas al que hace una 
exacta inducción , pues en sí misma las lleva ; 
pero preciso es pedír-elas al que se contenta «on 
inlerir. para que de este modo se le obligue a sacar 
una íiulucc'on. 

El que couilmie, se apoya en principi05_ demos- 
trados ó que cree tales y cuyo enlace es ó parece 
ser necesario. 

Cu.\DllCIR.||GlI!An.||LLEVAH. --La pa- 
labra co'ducir viene á derivarse de la latina íuco 
con la partícula ion , conduzco , y significa literal- 
mente . oiiducir, trasportar, y por extensión acom- 
pañar á alguna persona por atención, civilidad, 
obligación cuando es superi'ir: dirigirla y á veces 
gobernarla, cuando es inferior ó dependiente. Tie- 
ne también la sigiiiBcicion de dirigir á uno por un 
camino, ponerse al frente de otros para conducir- 
los con inteligeneia y acierto; dirigir las operacio- 
nes de otros para un buen éxito. 

El que conduce supone mayor inteligencia y co- 
nocimientos que los que son conducidos: carecien- 
do de \ista el ciego tiene que ser conducido por 
un lazarillo, ó gomecillo, que tenga vista clara y 
perspicaz. El que sabe y puede, conduce con acier- 
to al que ignora ó carece de posibilidad para la 
acción. 

Se conduce á otro ú otros por medio de la auto- 
ridad, de la instrucción acompañándolos para diri- 
girlos. Todo esto supone superioridad. 

Guiar índica hacer que una cosa se vea, enseñar 
el camino, ya sea material para ir á una parte , ja 
formal para lograr un objeto, sea de ínteres, sea 
de instrucción. Esta es su propia y esclusíva 
idea. 

Comparando las dos palabras entre si, parece 
que nuiar se refiera directamente á los medios de 
lograr un fin , y á este la palabra conducir. Guiar 
no indica precisamente voluntad de parte del yu,a- 
dor, mas si el r:>nilucir de la del coM/iicfr. 

Se nuia i un caminante, al que estudia, al que 
aprende cualquier ciencia ú oficio, manifestándole 
el camino que debe seguir, ó el modo como debe 
lograr en su instrucción. 

Se dice que un camino conduce á este ó el otro 
paraje cuando tenemos en la idea la dirección en 
el espacio que se debe recorrer para llegar allí. Cíw- 
ducir supone llevar por caminos conocidos ó que 
muchos conocen; y gutir por los que son poco co- 
nocidos ó difíciles de encentrar. El que guia va 
por lo común delante; sirve de nuin i los demás : 
el guión i estandarte guia i las gentes de armas ya 
eu las marchas, ya en el combate: el que conuuce 
puede ir al lado o detras ; su inteligencia y sus co- 
nocimientos nos conducen. 

El miar puede ser un acto involuntario, mate- 
rial , que ninguna relación tenga con aquellos á 
quienes nuia. El conducir supone inteligencia, vo- 
luntad y regularmente mando. Las estrellas iiuian 
al navegante y al campesino. Muchas otras cosas 
animadas ó inanimadas sirven á estos de iinias-, 
pero siempre nos conduce una persona racional que 
tiene inttres de amistad ó cualquier otro para con- 
ducirnos. 

La inteligencia en su arte , la observación de los 
síntomas y de muchas circunstancias, gman al 
médico eu • 1 couociinieiito de la enfermedad; pero 



Lindónos, forzándonos ,i que uagamos lo que ella 
cree conveníenle, y así dijo un poeta que la razón 
nos condu ia y la sabiduría uos ilustraba. 

Lleva' , significa trasportar nna cosa de nna par- 
te á otra, y por extensión hacerse acompañar de 
un criado o un amigo pira mayor seguridad ó pla- 
cer. « Fué al campo llevando un amigo para diver- 
tirse y un criado para servirse de él. >< Temeroso 
de los ladrones //e/ (!*(/ buena escolta. > 

Llevar indica también dirigir, mandar, dominar 
á uno ó á mnclios, ser dueño de su ánimo y volun- 
tad , y así se dice ; < los lliva por donde quiere.» 
Igualmente entretener y engañar con buenas pala- 
bras al hombre crédulo, y en este sentido corres- 
ponde á inducir y persuadir. 

Podemos decir que la cabeza del hombre es la 
que le c nduce, el ojo el que le guia y los pies los 
que le llevan. 

Se conduce un negocio, se guia á un caminante, 
se lleva de la mano á un niño ó un anciano. 

La brújula gu a al navegante : el postillou al cor- 
reo : il piloto I onduce la nave : los vientos la 
¡leían. 

Esias palabras tienen varios sentidos traslaticios, 
y así se dice que una cosa conduce para lograr un 
efecto; y se llama 1 onduclo, no solo el material por 
donde pasan las aguas ó el medio por donde s 
I eva ó Cundace cualquiera cosa, sino también la 
persona que nos sirve de medio para lograr un ob- 
jeto que deseamos. Tiene muy buen conducto para 
el ministro, pai'a alcanzar el destino, para ganar el 
afecto de la persona que necesita. 

Bien nos nuia el que nos muestray enseíía el ca- 
miuo de la virtud conducicndonos á él con su ejem- 
plo y su doctrina. La vida de los santos guio coa 
su ejemplo al cielo á las personas inclinadas á la 
virtud. 

La Guia de Pecad<rei de Fr. Luis de Granad? 
en^eña la virtud y conduce á ella con su eiceleuie 
doctrina; lleva suave é ínsensüilemente á la vida 
devota con su persuasiva elocuencia, con sus tier- 
nas y amorosas frases. 

COi\EXI0X. II CONEXIDAD.— Al enlace, ata- 
dura , trabazón , concatenación material de las co- 
sas unas con otras, se llama conexión, y en el mis- 
mo sentido se entienden el enlace, la relación y la 
dependencia intelectual de los objetos en que se 
ocupa nuestra imaginación. 

La coueiidad que se mira como exactamente si- 
nónima de coueiion , examinada escrupulosamente 
nos presenta algunas diferencias de aquella ; á lo 
menos las deberemos suponer para la mayor exac- 
titud de las ideas. 

Podremos decir analizando las palabras y sus 
terminaciones que la de ion indica la acción de 
enlazar las cosas entre si, y la de dad la calidatl de 
las cosas propias ó capaces de enlazarse entre si. 

La palabra 1 onexion designa la trabazón intelec- 
tual de los objetos de nuestra meditación ; la de co- 
nexidad la trabazón, que las calidades que se hallan 
en los objetos constitnyen entre ellos mismos, sin 
dependencia ni relación alguna con nuestras refle- 
xiones: así pues hallamos conexión entre las cosas 
abstractas y coneiidad entre las concretas : de ma- 
nera que las cualidades y relaciones que forman la 
conexidad vendrán á ser el fundamento ó base de 
la coni xiO'i , pues de otro modo nuestra inteligen- 
cia supondría en las cosas lo que no hay. 

Bajo dos aspectos consideraremos á la conexión ó 
formada por la naturaleza de las cosas, y entóuces 
será material; ó formada por la mente que une in- 
timamente las relacioni'S, y entonces es intelectual. 
Hay una conexi' n nalui-al y necesaria enti e las 
ideas, que no depende de ninguna operación de 
nuestra mente y á laque llaniaremoi re/a/H a; tal es 
la que se halla entre lis ideas de padre é hijo , de 
esposo y esposa , de amo y criado . de deudor y 
acreedor; pues no podemos concebir que haya lo 
uno sin lo otro, pues criado supone amo, e hijo 
padre. 

Podremos decir que conexión y cn/icriiía/ se apli- 
can igualmente á toda aquella clase de objetos en- 
tre los cuales hay relaciones particulares, sea cual 
fuese la naturaleza de estas relaciones y obje- 
tos. Diremos también que la conexión no con- 
siste en estas meras relaciones y que puede haber 
conexidad sin ellas: por último, que la conexión que 
muchas veces depende de nuestras operaciones in- 
telectuales, otras es independiente de ellas _ y que 
proviene entonces de una especie de intimidad na- 
tural entre las cosas, ó del natural estado de ellas. 
La conexidad es pues la calidad ó la propiedad 



54 



CON 



CON 



CON 



natural en virtud de la cual se verifica ó puede ve- 
rificarse la eonerion. 

Por lo tanto, la conexhiad no indica mas que 
una mera relaciou que se halla en las cosas y eo su 
mibuia naturaleza, y la Conexon manifiesta un en- 
lace natural entre las cosas fundado en estas rela- 
ciones. 

La c 'Kíí/dafi indica ijue las cosis han sido for- 
madas para unirse, y la conexi-ni que eu efecto se 
han unido: la cone.iidad presenta los vincules de 
la unión ; la con xión la verifica. 

Dos ideas tienen c-niex/dad; su < one.J ¡otí forma un 
juicio: por medio del raciocinio verificiis la cone- 
xión entre dos proposiciones jue solo tenian cone- 
xidad. Un principio tiene conexidad con otro: el 
antecedente conexión con el consecuente, ó el co- 
rolario coa la proposición ya demostrada. Entre dos 
verdades, que por medio de su c-niex'dad se relacio- 
nan la una cuu la otra, la verdad intermedia for- 
mará su con X'On. La coiexulad de cierto número 
de verdades eiige que .su conexión forme como la 
cadena de los conocimientos humanos, que llama- 
mos ciencia. 

Entre la geometría y la física hay conexidad, y 
la conexión de ambas la hallaremos en las matemá- 
ticas mist s. 

Se deinuBátra la conexidad de la astronomía con 
la naveg^acion por la conex-on comprobada ya, v. g. 
entre el conocimieuto qne tenemos de los satélites 
de Júpiter, y la determinación de las loniíitudes. 

CO.NFIAUSt: [| Fl AltSL. — Estas dos expresio- 
nes se reüereu á la co'/iauza que nos inspira la se- 
guridad que tenemos en alguna persona ó cosa , la 
esperanza fundada que nos da esta misma firmeza y 
seguiidad de lograr una cosa, de sostenerla ó de- 
fenderla. La confia'iza indica un fugaz sentimiento 
del alma relativamente á las circunstancias; y Jia'se 
un sentimiento absoluto, independiente de cual- 
quiera circunstancia. 

Confiar puede ser £» ó á^ y esta libera partícula 
varia enteramente la significación del verbo. 

Confiarse >n, significa descausar en cualquiera 
persona , á veces con mas seguridad que en uno 
mismo, en todo lo concerniente á nuestras ideas, 
necesidades é intereses; nace esta confianza de la 
buena opinión que lienjos formado de la inalterable 
honradez, reserva y fidelidad de nuestro con/hieníe. 
Asi se dice : < confio en mi amigo que no me ven- 
derá , no me descubrirá.» 

La verdadera y segura c mñanza solo puede te- 
nerla en IHos el no. ubre experimentado en el mun- 
do. € Confio en Dios, dice el desengañado de las 
mundanas ilusiones , y en su divina providencia 

fiara remedio de mis necesidades, o < Confi < en el ta- 
ento de un abogado para ganar el pleito: en la 
bondad de mi jefe que lue disimulará esta falta d 

Con/¡ar á, es cosa diferente. Confiarse á ali:uno 
significa descnbrirle un secreto por seguridad que 
entiende puede tener en su discreción y reserva. 
Confiamos á una persona la dirección y cuidado de 
cosas (¡ue nos interesan. 

Confiarse in, designa cosa mas general que con- 
fiarse á, piip> expresa la confianza en todos los ca- 
sos y circuQstaucias , al mismo Lieiupo i|ue confiar- 
se áj solo indica una confianza relativa á un ca^o 
particular. Con^M uno en I>ios porgue se tiene una 
confianza relativa á su infinita e invariable bondad; 
pero no se confia á Dios , porque nada tiene que 
conftart'', pues que todo lo sabe y nada sé le puede 
descubrir á i^uien nada le es desconocido. 

Fiar, significa mas conocimiento, inteligencia y 
precaución que confiar, y parece derivarse de fe. 

Nos cO"/ia"i'S á muchas personas, en las cuales 
en realidad no nos fiamos ; porque la confhínza ó 
confidencia no es una prueba de que aquel á quien 
se la har.etiios sea digno de ella ; sino que nos ve- 
mos forzados por las circun>tancias á hacerlo. 

Nos ftiim is en la probidad de un sujeto, mas solo 
confiamos en su discreción y prudencia. Entre gen- 
te cortesana sucede á cada paso, que se confian y 
jamas se ¡iaiu Confia uno en la sabiduría de su 
abogado para que le aconseje acerca de su pleito. 
y no se fia en su acertado manejo. Los jóvenes se 
confian unes á otros sus amorios y picaidigñelas, 
uiu estimarse en modo alguno ni menos /ane unos 
en otros, porque fiar indica siempre estimación y 
seguridad. 

Si ^e pudiese hablar con franqueza á un hombre 
cuya probidad nos es dudosa, se le podría decirr 
Como tu interés te oljligará á callar auni¡ue no me 
po en ti , te haré esta confianza , que equivaldría 
á decir, aunque no tengo en ti confianza alguna, 
voy á hacerte esta co'ifldenci'i. 

En sentido traslaticio confansa significa también 
ánimo, aliento, vigor, fuerza, seguridad que tiene 
uno en si propio, y dar confianza por dar esperanza 



á alguno de que saldrá mejor de lo que piensa «n 
cualquiera negocio ó peligro. 

CO\FOnMACIO\. 11 FIGURA. H FOKMA. || 

IliXUUUA. —Consideraremos á la palabra forma 
como la radical y la base principal de las demás 
que con ella vaiuos á analizar. 

La forma es lo que da ser á cualquiera cosa, y 
por decirlo asi, la hechura eiteriitr de ella: compo- 
ne y organiza los cuerpos, y trabajando en la ma- 
teria, constituye, varia y distingue todas las cosas 
que tienen material existencia. 

Unid i con las preposiciones íi, dis, con, re, au- 
menta, disminuye, varia su primitiva significación. 

Confomc significa lo que se ajusta, conviene, 
concuerda con cualquiera otra cosa en la forma si 
es material y en la voluntad si es moral, y asi 
conformar es hacer que una cosa se afuste y con- 
cuerde con otra : conforme se entiende por lo que 
es igual, proporcionado y correspondiente á otra 
cosa; I on! uTinidad, por semejanza, relación, unión, 
adhesión intima de cosas y mas aun de personas, 
L-ácinform'daí exige tolerancia y sufrimiento, y asi 
se dice vonformar-^e uno con otro, cuando convie- 
nen en una misma opinión y en tener una igual 
conducta. Conformarse c-n su suerte ; conformarse 
con la voluntad de Dios ; conformarse con la sen- 
tencia ó disposición, sufrir la pena ó el castigo, la 
dominación ó el mando. En todas estas cosas sea 
en sentido propio, sea en sentido figurado, hay ose 
entiende hauer igualdad de formas. 

Llámase conf rmacion á la colocación y distribu- 
cioii de los miembros ó partes que constituyen bien 
ó mal, con mayor ó menor perfección cualquier 
cuerpo, en lo cual se ve que la preposición con am- 
plifica, aumenta, fija y da mayor valor á la de 
¡orma. 

Lo contrario sucede con la partícula in, pues in- 
forme es lo que carece de forma, la materia bruta, 
lo que está por formar. 

Disforme es lo que trastorna, pervierte y afea la 
forma, pues significa las parles o miembros de un 
cuerpo que entre si no guardan proporción, y asi á 
un houibre ó cosa que espanta ó asusta por su hor- 
rible fealdad, por su extraordinaria magnitud, por 
su excesiva gordura, lo llamamos í//í/or;/ie, porque se 
separa, se sale de las formas comunes. 

Muy distinto sentido tienen las palabras ro/^orma, 
TCfuimac/on, y reformar. Üeformur es reducir á 
formii la cosa que no la tenia, y principalmente 
restablecerla en lo que fué antes : la re¡ormacion 
se aleja aun mas de su primitivo sentido, como que 
indica reducción y corrección de cualquier exceso. 
Se reiormu un escrito ó cualquiera obia, cuando se 
la corrige y muda esencialmente : se llama lefor- 
macion y reforma en las órdenes religiosas, cuando 
se las restablece en el rigor de su primitivo insti- 
tuto. 

Siendo la forma la que da ser ú organización á 
la materia, admite mucha extensión su significado 
como el de modelo, molde, horma, donde se vacian 
y amoldan los cuerpns, según su naturaleza. 

La palabra fic/uru vieue del verbo latino fingo, y 
significa la forma y disposicioo de las partes de 
una cosa por uiedio de la cual se diferencia de las 
demás. La yiííHra representa un original de la natu- 
raleza, y escomo la imagen ó soml^ra de las formis 
existentes, equivaliendo á copia, diseño, estampa, 
traza, planta de un edilicío, una pintura, una escul- 
tura. 

Es muy usada en sentido de buena ó mala forma- 
ción del cuerpo humano, de su talle y continente; 
y así se dice bella, gallarda figura ; gentil conti- 
nente; y no menos en el de parecer ó semejanza 
por aquello del romance antiguo que dice; 

Ed figura de Romero 
No la conozca Ga.Tan, 

Figurar, hacer figiva, pertenece al que presume 
ser sugeto de importancia, y anhela por hacer papel 
en el mundo. 

La preposición deSj según es su común propiedad, 
signitica aplicada á fguri perderé privarse de ella, 
y asi decimos, c se ha desfigurado tanto que no es 
conocido, s 

'í ras/i gurarse es mudar enteramente la figura y 
tomar otra. La ¡rasfignrocion puede tener buen 
sentido como la del Señor, que es una de las prin- 
cipales fiestas de la Iglesia : y también malo como 
cuando se pice que el diablo se trasfiyuró en án- 
gel. 

Al dar foniia rj figura á los cuerpos lo indicare- 
mos con la voz general de hechura cpie se deriva 
del latín lacere, hicer, hace-. La hechura es el tra- 
bajo, la obra d<-l artista, del artesano, del operario 
que se emplea eu la materia. 

I^ forma viene á ser como el dibujo de la cosa y 



el resultado de sus contornos redondos, cuadrados, 
triangulares, etc. 

La figura es la apariencia particular que resulta 
de la foima,y i veces esta ó la hechura suele valer , 
mucho mas que la materia en que se emplea. Coa 
un lienzo y colores comunes y de muy poco precio, 
puede hacer un pintor uu cuadro de inmenso valor» 

Se dice de la hechura que es buena ó mala, que 
la figura agrada ó desagrada, que la forma es co- 
mún ó extraordiuaria, que la conformación es per- 
fecta ó imperfecta. 

La hechuro, sobretodo en lo que pertenece á tra- 
jes y adornos ó á la moda, es incom-tante y decide 
c-iprichisamentc del mérito ; asi como la vista y el 
buen gusto del de la fl tura. 

La especie ó naturaleza de la cosa decide de la 
formo que debe tener y la proporción artística de 
la con O'-mawn. 

COXFOUME. II SEGUÍA. — El sentido de estas 
dos palabras es el de la relación ó congruencia que 
hay de una cosa con otra; pero conforme, da una 
idea mas precisa, necesaria y exacta : no tanto la 
de seyun. 

Se dice : « Conforme son las cosas, así deben ser 
las explicaciones : » c conforme me han dado la 
alhaja te la entrego; > esto es, exacta, precisa y es- 
crupulosamente. Conforme es el amo. tal es el 
criado : conlurme me tratan, obro : conforme me lo 
contaron, te lo repito. 

La palalira se un es pues una preposición rela- 
tiva y condicional de otra cosa á que s*' refiere, la 
que es conforme á ella ó tomo ella. ■ Yo procedo 
según se me antoja : > a seomt va el tiempo, tea- 
diemos buena cosecha. > 

Estas dos palabras no siempre pueden emplearse 
la una por la otra. Conforme indica solo una exac- 
tita 1 en la semejanza, una absoluta relación entre 
dos cosas ; no asi sfgun. 

Dicese < senun se ruge por ahi, ha sucedido una 

f;ran desgracia. > Aquí solo hay probabilidad y re- 
acion. < Scfiun pienso llegará íioy, no lo aseguro : 
esto es solo posible, probable y condicional con 
respecto á las causas que pudieran retrasar ó ¡m- 
pedir la llegada. > 

< Es couformr lo han contado, ni mas ni menos. » 
Esta proposición asegura, nada deja en duda, como 
la de segun. Por lo tanto no podremos decir « con- 
forme creo, por sewm creo; > » ni habría teuipestad 
conforme dicen, sino seqnn dicen. » 

CONFUSO. II l»ESCO\Ci;UT\D0 || TUR- 
BADO. II Pi£UrUltBADO. II aOllKl'.COGlDO. 
— Todas estas palaliras uidicau trastorno, desor- 
den en la mente, impresiones fuertes en ella ya 
provengan de la naturaleza, ya de la educ-acion, ya 
de circunstancias particulares. 

Siempre qne las cosas materiales se mezclan ¿ 
incojporan unas con otras, ó las paites de un cuerpo 
entre si, ó bien se desordenan; resulta perturba- 
ción, equivocación y de consiguiente co'ifusion, que 
se verifica en igual modo, en la inteligencia, en el 
ánimo, y en las manifestaciojies de estos senti- 
mientos. 

Á una inteligencia limitada la causa confusión 
todo lo que es sublime, poco perceptible, difícil de 
distinguir y dudosO en su comprensión. Podríamos 
llamar en este sentido á la coufu>i"H , oscuridad 
d'' la mente ; la lus no penetra en ella. Entendi- 
mientos confitso''' sou aquellos que no pueden coor- 
dinar, fijar y aclarar las ideas. 

Usase también de la palabra co'if"Sion cuando se 
nos convence de la verdad de uu hecho, por lo co- 
mún poco delicado, o de la certeza de un razona- 
miento que no habíamos comprendido bien , j 
entonces decimos me han dejado confuso, qae equi- 
valdrá á abochornado, humillado, abaiido ; y como 
efecto de esta humillación, el qne se humilla dice, 
que se confunde ante el sugeto á quien dañó su 
error. Dejar á uno cunfuniliilo en mi altercado ó 
disputa, es haberle con\eiicido ó concluido. Se con- 
funde uno en si mismo cuando do tal modo se 
turba en sus ideas que no halla palabras ni frases 
para explicarlas. El ignorante de buena fa se coa- 
funde aiite el sabio : el hombre en su pequenez se 

I confunde y anonada ante la Omnipotencia : la mi- 

' seiable inteligencia humana ante la sabiduría di- 

I vina, 

I La c^nfiis'on depende no solo de nuestros cortos 
alcances, sino y mas comunmeute, de las mismas 
cosas difíciles de entender por su propia oscuri- 
dad y desorden. Buscando la inteligencia y la cla- 
ridad en ua libro demasiado abstracto, y en el que 
las palabras no corresponden exactamente á las 
ideas; que carece de orden y de método [«asando 
repentinamente de unos pensatuientos á otros sia 

I el debido enlace : por mas inteligencia que tenga- 
mos y cuidado que pongamos en comprenderlo, nos 



CON 



CON 



CON 



55 



será siempre confuso, porque lo es en si, porque el 
aiuor misino tal vez uo piulo cimipreiulerlo, pues 
como dijo Doileaii, lo ijue l/ien se CDncii.e, bien se 

Cuando la confiis:on se loma en sentido de la 
veiKüen/a que nos cansa el error ó falla cometida, 
parece si-r como confesión de nnestra inferioridad, 
y por eso conociendo su falla ■ 1 lioinbre couluiuinto, 
la coiiBesa y procura dar buenas ó malas satisfao- 
",!Ones de ella. . 

Consistiendo el concierlo en la armonía acertada 
y buena disposición de las cosas entre si, cuando le 
preceda la preposición iles será lo contr.irio. 

Desconcertar si-ímflca por lo tanto descomponer, 
perturbar, desbaratar cualquiera cosa en sus inti- 
mas partes ; destruir la arniouia que guardan unas 
con otras. Se d sco^cierla im cuerpo cuando se le 
desbarata y se separan las concert'idjs partes que 
le couiponpn. , 

En sentido moral se ilisconc erta un plan, cuando 
se frustra ; se descongela una amistad, un trato, 
una relación, un convenio : se ilesconaerla a uno 
cuando se le confmde y convence, y siguiendo la 
misma analogía, se llama í/«íCO ce'/ud" al que uo 
guarda orden, ni consecuencia en sus ideas o ac- 
ciones! al que tiene mala conducta; al que no sabe 
gobernar su casa : en las ideas j palabras descm- 
cerlalo es el iiue hace y dice las cosas, sin mira- 
mií'iiío, ni reflexión alguna. 

La ¡ierl¡i:hiicam pertenece también al desorden, 
pues que turba, inmuta todo lo que esuba bien 
concertado. , 

La palabra sobrecoger indica que uno no estaba 
pi.eparado para un suceso, v asi le coge de repente, 
de susto, le turba, confunde y le deja cortado sin 
saber qué hará ó qué dirá. Al so'.riCOíii'HWUo le 
podiiamos mirar como un accidente repentino que 
desvanece, para, suspende y hace nula la inteli- 
gencia. . . . ■ . 

La conliision puede obrar oculta e interiomente, 
auu|ue por lo común se descubre en la turbación 
del rostro y en el mismo silencio. 

£1 dec'iicierln y la turbación son signos exte- 
riores, que no tanto nacen del estado en que se 
queda el alma cuanto de las maniüestas señales de 
la tiirliaciin. 

Una peisona muy satisfecha de si misma, se 
queda (ííCO'Cer/ /tía cuando la ofende alguna pa- 
labra y uo halla al instante respuesta adecuada que 
dar, sea por timidez ó por cortedad, y á veces por 
su mismo orgulli) y presunción. Todos aquellos que 
no tienen bastante viveza y arrojo para satisfacer 
de pronto, están muy eipue»tos á quedar descon- 
cerítt los. 

Cuando el hombre confuso conoce su error, pro- 
cura enmendarlo : el desconcertado ni busca, ni 
halla enmienda: el soiirecogidn calla y teme. 

Dilicil es c níundir i un necio, desconcertar ^\ 
osado, snkrecii¡/er al prevenido, animoso y de 
sangre Iria. 

Se confunde el hombre que no tiene solidez y nr- 
meza en sus ideas y sentimientos, pues no sabe 
qué hacerse careciendo de pensamientos y opiniones 
3jas ■ se de cnneierla i un sugeto cuando se le 
saca, por decirlo asi, del circulo de sus ideas y no 
se le deja buscar medios de volver a ellas. Al que 
se le sobreco'ie, se le corU el hilo de sus ideas de 
modo .iiie no le pueda volver á aiiudar. 

El ho ..Im confuso baja los ojos avergonzado: el 
de^concertailo los vuelve á uno y ouo lado, como 
buscando el camino que perdió : el sohrecoyido 
queda con la vista fija en el espacio. 

Se- dice vuestros beneficios me confunden: me 
de^c.onci- rían vu^tras quejas; me sobreco¡¡en vues- 
tras acusaciones. 

COXJEILIIA. II PRESUNCIÓN. - La pa- 
labra cimittura viene de con.kere, con.ectare, que 
¡ií^nitican literalmente echar, arrojar, y por eiten- 
sion üdvinar, sospechar y juzgar de las personas, 
antícedentes, señales o in- 



realidad pues que las cosas en que se sostiene son , 
verdaderas. La co«j- tura es vasa, incierta, dudosa, 
pues que no tiene mas fundamento que señales 
equivocas, dudosas, nacidas mas bien de nuestra 
imaginación y malicia que de antecedentes cjmpro- 
bados. . , 

La presunción nace de las cosas mismas ; la cun- 
leura de nuestra imaginación : la pres.ncion se 
funda en hechos ciertos, en ver lades conocidas, en 
principios de pruebas : la conjetura es ideal y se 
deduce de razonamientos, interpretaciones y supo- 
siciones. ., . , 

La ¡ire'uncion se dirige a la certidumbre : la con- 
jetura á hallarla. La presunción se verifica en he- 
chos positivos, tanto cu los negocios civiles, cuanto 
en las acciones morales, sobre las que tenemos que 
formar un juicio : por lo tanto se valen de ella los 
abogados y los jueces. La conielura se ocupa prin- 
cipalmente ™ cosas ocultas, en verdades descono- 
cidas, en principios remotos que se intenta descu- 
brir; por lo oue la emplean mucho los filósofos y 
los sabios. No es suficiente el que se presuma una 
cosa para jnza:ir de ella, pues es indispensable que 
á la pre-uneion acompai'ie la probanza : uo ba^ta 
con que se conjeture una verdad, sino que es ne- 
cesario bailarla. Por lo tanto es menester que la 
iresunc'on llegue á ser convicción, y la coiysíu'a 
realidad. La presunción constituye un peso que 
inclina la balanza, pero no la vuelca : la conjeura 
es un camino abierto vara por él imscar la verdad. 
CON.lllsEltAClON. 11 COMPASIÓN. |1 LAS- 
TIM.\. — La iúr,linia es el lesullado de la corres- 
pondencia general que se encuentra en la constitu- 
ción y organización de los seres sensibles, en virtud 
de la cual el sentimiento de dolor que suire uno 
de ellos, produce el de los demás por una especie 
de conmoción que se trasmite , por decirlo asi , a 
las fibras de los que ven sufrir : por lo tanto es una 
verdadera y natural sensación de pena y desagrado 
causado por la idea del caso lastimoso o la presen- 
cia del que su're. 

Tenemos lástima, nos lastimamos, nos dolemos 
del mal ajeno: poique esta eicelent" y natural dis- 
posición del animo nos conduce i considerar, con 



ñera sospecha, á 



;osa> ó sucesos por 

iicaciones que en ellas obsertamos, 

La preunc'on suele ser una niL„ _ 
veces maliciosa, un recelo no siempre fundado, un 
"iTor, una preocupación adquirida y arraigada por 
causas ante: ¡ores; estos son los motivos de la que 
nos cumple llamar «re /li'/ii'i'f. ... 

La conjetura es cierta dirección del raciocinio 
hacia la ver.lad, fundándose cu meras apariencia^. 
La I resunción se conduce por razones mas tuertes 
•lue la conielnra, pues esta es solo como un pronós- 
tico y aquella una deducción bastante fundada en 
necho' positivos. Se imsumr- que uno ha hecho una 
50sa qui- se le atribuye, cuando se sabe que es in- 
•linado á hacerla, que la ba becho muchas veces : 
je presumir es y con razón que la hará otra y 
Jiras : y asi diremos que la presunción tiene cierta 



mayor ó menor pena, los males y las miseiias de 
los infelices. 

Esta calidad es mas ó menos viva y activa según 
los diferentes casos y circunstancias, pues nos lasti- 
mamos por motivos leves, bien así como por mo- 
tivos graves : < es lástima que haya muerto tan de 
repente, dejando á su numerosa familia sumida en 
la miseria : > < es lástima que siendo tan bonita no 
sea tan discreta. » 

Hay una ásiima enterauíente estéril y que casi 
podriaraos llamar bárbara : esta es propiamente de- 
bilidad y flaqueza de ánimo, que por un impensado 
movimiento, nos hace apartar la visi-a de aquellos 
mismos desgiaciados á quienes podiiamos socorrer : 
mas bien es burla ó n ofa que lástima, y con ella 
en cierto modo humillamos á nuestros semejantes, 
pues los miramos con altanera indiferencia. Pero 
al mismo tiempo hay una verdadera /(ií/imí/ activa, 
afanosa, que á la vista de los males ajenos uo puede 
contenerse y corre á remediarlos. 

Podríamos llamar á la cooipasion el ejercicio, la 
ejecución, el acto de la lástima, pues es el resul- 
tailo y el complemento de ella. La coiiifa^ion, pa- 
labra formada de con y paioi. indica pasión, 
inclinación, movimiento Inerte y decidido á ampa- 
rar y favorecer á aquellos de quienes nos lastima- 
mos. El que tiene compasión de un infeliz á quien 
socorre ó querría poder socorrer, participa de sus 
penas, sufre con él, y cuando sigue este noble senti- 
miento y verifica su beueflcencia, goza del placer de 
haber hecho una buena obra. 

En el sentido de estas palabras, no solo tenemos 
lástima de una desamparada familia, sino que acti- 
vamente nos compaileceiiios de ella, y uo poilremos 
tener confasion, sino solo lástima del facineroso 
que lle\anal suplicio. 

Cuanto mas desgraciado ha sido uno, tanto mas 
dispuesto se halla á la cmpasiou, y lejos de huir 
de los objetos que pueden eicitarla, los busca ; por- 
que quiere tener siempre este sentimiento y ponerlo 
de continuo en ejercicio. 

La conmiseración es un sentimiento mas vivo que 
la lástima y no tan ac ivo como la compasión, y 
proviene del frecuente uso de esta última. 

Acostumbrada el alma á ver y aliviar las des- 
gracias, se la hace n itiu-al este afectuoso senti- 
miento de bineficeiicia con los infelices en general, 
V se halla siempre dispuesta á ejercer su c:iridad 
con ellos; y á este sentimiento es al que llamamos 
conmieracion, como lo indica la palabra formada 
,le la latina miser y la preposición con, que vale 
ta.'ito como con misericordia. 



La lástima no siempre es activa y benéfica ; mas 
la compasión si, y la cnmiserticion querría serlo da 
continuo. 

COi^N.\TUU.AI.IZ.AnSE. 1| ACOSTUM- 
nit.AltSE. — El verbo connaturalizar se usa por 
lo com ;n en sentido reciproco, y su primitiva 
sigoilicaciou viene á ser la de hacer ó hacerse á la 
naturaleza de una cosa, acostumbrarse á ella, sin 
sufrir daño por la alteración ó mudanza de la que 
antes te;iia o á la que estaba hecho, y se entiende 
principalmente al h,ibituarsa al clima, al temple, á 
los ilimentos, al método de vida. 

Fijándcse en la idea del clima, sin duda, se ha 
dado en usar del nuevo verbo actima ar, a lima- 
Inrse, tomándose esta voz del francés por los que 
inventando ó adoptando palabras nuevas, creen 
enriquecer la lengua, no haciendo mas que viciarla, 
osciuecerla y empobrecerla. M.is por fortuna , no 
la han adoptado ni el Diccionario de la Academia, 
lii el de Capmany. ni aun el de Nuñez Tabeada, y 
no se atreven á usarla los que en el dia pasan por 
buenos autores : de los antiguos, y del buen tiempo 
no liay que decir, pues que en ninguno de ellos se 
halla. 

La palabra no es castellana ni hay necesidad de 
admitirla, ni aun en la Botánica, donde mejor po- 
dría pa-ar y donde parece comenzó á usarse. 

Auu'iue nos ha sido trasportada, como otras mu- 
chas lindezas, del trances, tampoco tiene verdadera 
carta de natura e:a en aquella lengua. Los autores 
de su buen tiempo ni la usaron ni la conocieron, 
ni se halla en los diccionarios de su lengna y ni 
aun se hizo mención de ella en el primer dicciona- 
rio de la Enciclop'dia. Guizot, ministro que fué, y 
uno de los mas sabios autores de Francia, en su 
Dicrionario uiiitiersal de Sinónimos que publicó 
en 1S33, tampoco la dio lugar. 

En buena propiedad, a limalar no puede ser sino 
nimo de con aturalizar, pues en e»ta palabra debe- 
rla comprenderse aquella. El significado de conna- 
turalizar es muchos mas eitcnso que el que podría- 
mos ó se quiere dar, á aclimatar. ( onnaiuralisar 
abraza todu la naturaleza : es hacerse, de cualquier 
modo que sea, á ella. Se connaturaliza cualquiera 
cosa ó persona con el clima, modo de vida, cos- 
tumbres, ideas, con cuanto constituye el ser ó la 
existencia : ac imatar, será solo acostumbrarse al 
clima y se verifica, en caso de usarse esta palabra, 
en los animales y en las plantas; mas siempre será 
connaturalizar'e : hay muchas que de ningún modo 
pueden aclimatarse, por serles contrario el clima, 
el temple y la naturaleza del terreno ; y no pocas 
que se conn tura i an mal, debilitándose, per- 
diendo sus excelentes y buenas cualidades, y aun 
convirtiéndose en lualas : Sec vero terriz firre 
omnts oiunia poisunt. 

Aeostumbrur'e tiene mucha mas extensión jue 
conualuraliiarse, pues si este significa hacerse a la 
naturaleza, aquel se dirige propiamente á las cos- 
tumbres; aunque por extensión abraza al otro, pues 
no solo se hace uno á los usos y hábitos de un país, 
de un pueblo, y aun de una clase, sociedad, o 
reunión de gentes ; sino también dícese por exten- 
sión al c/í»ia. temperamento, etc. 

De esto lesulta que hablando con propiedad solo 
se puede decir connaturalizarse en sentido fisico; 
mas acostumbrare tanto en moral como en físico. 
CONsiniR ACIONES |1 CONTEMPLACIO- 
NES. II ÜBSKIWACIO.MES. i| ntFLIXIÜNES. 
II KOTAS. II PENSAMIi;ntoS. — Estudiare- 
mos estos artículos con relación á las materias lite- 
rarias ó á los títulos que suelen ponei-se á algunas 
obras, que por ellos y por su contenido se diferen- 
cian en ciertas circunstancias. 

De la palabra latina circumspieere que literal- 
mente significa mirar en torno y á todas parles, 
derivaremos la castellana de consi'leraiion que 
tiene los sentidos de advertir, examinar, pensar, 
meditar, reflexionar con cuidado y atención. La 
lonsideracon es pues el acto y efecto de considerar, 
por lo que á muchas obras espirituales se las titula 
consí lera iones, atendiendo a su contenido ó á la 
materia sobre la que se ha de meditar. 

Siempre que se medita en alguna cosa y se de- 
tiene en ella la mente, decimos parar, aplicar la 
tonsiáeravion : y llamamos considerado al que en 
todas sus acciones es mirado y detenido, asi como 
ciiisidcativas las materias sobre que se considera. 
La ' onsiileraciou pue^ tiene mucha extensión en sus 
aplicaciones, siendo la general la de pararse en los 
objetos, y detenerse á observarlos bajo todos los 
aspectos poibles. Por lo tanto las eonsideracionet 
deben ser extensas v profundas, ocuparse en objetos 
y materias de suiiio interés, adecuadas para ser 
consideraiai y dignas de cons'deraciou según la 
natural relación que estas palabras tienen entre si. 



56 



CON 



CON 



CON 



La palabra contempiaeion coincide naturalmente 
con la de consideración y supone ademas abantos 
de mayor im^iortancia, reflexiones mas formales y 
detenidas, dirigiéndose por la coiuuu á las cues- 
tiones metafisicas, á ideas abstractas, meLlÍtacioiie.s 
espirituales sobre la divinidad, sus atributos, sus 
obras, y las materias religiosas. Cuando una persona 
devota se abstrae en si misma ya para eiaíuinar su 
couciencia, ya para ocuparse en meditaciones sobre 
la virtud, se dice que es uu aliiia coníemplaliVii, 
que está en conlemjdacion, que se ocupa coníempla- 
Uvamenle. 

Asi como se emplea la palabra contemplación ba- 
blaiido de obras ascéticas, se usa la de ionsidera- 
éiont's tratando de las literarias, y así decimos que 
la mejor obra de Moutesijuieu es la de sus Consi- 
deradones soOre la\- causas de la (¡ra"deza y dcífl- 
dencia de-los rojtiuH'is ; y que\as Coi-sníeractouts de 
M. Duelos acerca de las costumbres del sii/lo, serán 
siempre estimadas por su importancia moral. 

Cuando un autor ó un critico dirige su atención 
á estudiar tanto las composici nes piiiímente de in- 
genio cuanto á examinar y observar las ocasiones 
de los hombres, lorman las que se llaman observa- 
ciones^ las que en la literatura son criticas, y en 
las ciencias consecuencias, que deduce de los expe- 
rimentos que ha hecho y de la comparación que ha 
veriticado entre unos y otros para sacar consecuen- 
cias que apoyen ó combatan cualquier sistema. 

Las re/lesiones expresan por lo común algunas 
ideas, pensamientos ó frasesque se añaden á las del 
autor principal ; ocupándose en lo perteneciente á 
las costumbres y á las ocupaciones de la vida. Las 
re/lciioties de Tácito son muy profundas y filosóli- 
cas : las de algunos historiadores politicos presentan 
á veces mas ingenio que solidez: las de lUaijuiabelo 
descubren mucho ingenio y no poca malignidad- 
su política pertenece á los malvados y en especial 
á ios tiranos, que regularmente ni las leen, ni las 
necesitan; pues podríamos decir que sus lecciones 
las tienen escritas en el libro de su corazón y en su 
malévolo carácter. 

Las uoías deben ser breves, concisas, convenien- 
tes y oportunas, y si sou detenidas se hacen proli- 
1*as y pesadas: y si solire cosas que no son de abso- 
uta necesidad para aclarar un texto, fútiles y ridi- 
culas; defecto en que cayeron muchos eruditos del 
siglo XVI, que por hacer alarde de su inmensa y 
á veces farragosa instrucción , oscurecieron y ofus- 
caron obras de los autores clásicos, con pesadas é 
inoportunas anotaciones ; los anotadores modernos 
suelen caer en el extierao opuesto. 

Juvenal se haría dudoso, oscuro y á veces inin- 
teligible si en la traducción que Dusault nos dio de 
este poeta satírico, no hubiera aclarado el texto con 
sabias notas. 

Entre nosotros el erudito crítico Cerda en las 
correctasreimpresionesque hizo de muchas de nues- 
tras antiguas obras en especial poéticas, las explanó 
é ilustro con importantes ñolas dignas de sumo 
aprecio, sobre todo las que acompañan al canto del 
Tuna en la Di(i"a enam<vada de Gil Polo. 

El inmortal D. Quijote tras de sus caballerescos 
lances, tuvo que sufrir el pesado aporreo de un es- 
cuadrón tíe anotadores que á manera de vestiglos 
cayeron sobre él. no se sabe sí para aturdiile, con- 
fundirle y acabarle de desatinar, ó para robarle al- 
gún triste jirón de sus gloiiosas h;izañas. Innume- 
rables son las ediciones que se han ^)ublicado con 
sus correspondientes notas, otiservaciones y deuias 
pegotes con que le embadurnan ; hasta tres ingleses 
de no despreciable talento, acudieron á anotar ó 
mas bien enloquecer al mal parado mauchego. 

No es decir que no haya entre estos anotadores 
algunos de tüérito é impoitancia. Son apreciaLles las 
notas de Pellicer, pues contienen útiles y curiosas 
noticias, puesto que otras son fútiles, minuciosas y 
aun ridiculas. Pero alcanza la palma entre todas, 
las que en nuestros días ha publicado el sabio eru- 
dito I). Diego Clemencin, pues son tales que mere- 
cerían formar nna obra aparte, única en España, con 
el titulo de Historia de la caballería andante ú otro 
seuiejante. 

Permítasenos también hacer distinguida mención 
de la> a"Otaciones con qxie el doctor Laguna escla- 
reció la acertada traducción que del griego al cas- 
tellano hizo de las obras de Dioscórides. En ellas 
se hallan muchos términos de'botánica, medicina y 
ciencias naturales que ahora, sin necesidad alguna, se 
andan mendiganio del francés, que es nuestra ge- 
neral panacea. 

Y volviendo de esta sin duda inoportuna digre- 
sión, al asunto principal de que venimos hablando, 
añadiremos, que los que se titulan pcnsarnienius 
Tienen á ser como la quinta esencia ó sustancia de 
UDras por lo común muy extentías, loscuales, cuando 



son bien entresacados de ellas, se hacen mas útiles 
que la misma obra original, pues en efecto si de 
tantos y tan pesadosvolúmenes >e tratase de extraer, 
como por alambique, la sustancia, ó no darían 
ninguna ó vendría á quedar en un ligero escrúpulo. 
Pudieía ser que de una inmensa biblioteca, uu rí- 
gido y filosóiico crítico, no dedujese mas que un 
breve volumen de pruaamieiitos. 

Bajo de este títub> se comprenden también los que 
el autor mismo deiluce de sus largas y sabias obser- 
\ aciones sobre los hombres en sociedad y sus diver- 
sas costumbres. Aunque nos parezcan á priiuera 
vista algo superficiales los l'ensamiintos de la 
Rocbefoucauld, pues como dice un celebre- autor, 
uo presentan mas que una verdad expuesta bajo mil 
diferentes formas ; meditándolos bien se hallan ob- 
servaciones umy profundas. No lo son menos los de 
Pascal, aunque demasiado acres, rigidosy escrupu- 
losos, y no tan agradables como los anteiiores. 

Atendiendo ahora al modo como han de ser escri- 
tas estas obras para utilidad del lector, advertire- 
mos que las notas deben ser necesarias, las adver- 
te'Cias útiles, las obaervaciohcs profundas, las 
reflcx/O'its oportunas. 

Se pueden hacer buenas alrertcirias tanto á las 
obras antiguas cuanto á las moiernas : aclaran mu- 
cbo el conociuiiento de la antigüedad las observa- 
ciones históricas : á veces las refle.vio ¡es hacen que 
se olvide el primer pensamiento á que se dirigen. 

El oficio principal de las hiiíav es explicar ó acla- 
rar uu texto; el de las aüverteiici'is llamar la aten- 
ción sobre una obra o materia; el de las observa- 
cíO'iCs descubrir por medio de un detenido examen 
cosas nuevas y dirigir con sus eiplinacíones á resul- 
tados mas seguros que los anteriores : el de las coii- 
■•^ideracíoues extender y explanar una importante 
materia en sus diferentes relaciones y aspectos ; el 
de las refleiinnes ahondar en las ideas ó deducir 
nuevos pensamientos del fondo mismo de las cosas. 

Las jwtas han de ser claras y breves, empleán- 
dose solo en explicar palalras, frases y alusiones, 
y en disipar algunas oscuridades, pues si fuesen 
extensas ya deberían llamarse cmnentarivs. 

Las ailve/íeiicias tienen que presentar originali- 
dad, critica y utilidad, pues seria una necedad hacer 
adrertencias que á todos ocurren ó que por su inu- 
tilidad nadie quiere leer. 

Cumple á las n^Acr/afínnes el ser curiosas, sabias 
y luminosas, pues se dirigen á llamar la atención 
sobre las expresiones mas sutiles y delicadas, á des- 
cifrar loque parece eniiímático,á descubrir lo oculto, 
á explanar lo que se dijo lacónicamente* é interesa 
saber con extensión, á estudiar con cuidado las co- 
sas, á ejercitar con constancia la erudición y la 
critica. 

Corresponde á lis consideraciones la extensión y 
la profundidad, pues propiamente solo se ocupan en 
objetos dignos de consideración. 

Las re/le.rio .es deben ser naturales sin trivialidad, 
expresarse con gracia y novedad ; mas bien juiciosas 
y sólidas que ingeniosas y sutiles, porque han de 
deri\arse del asunto mismo, gravarse en la imagi- 
nación y producir sólida instrucción. 

COiV^IDEKAR. II AIIRAR. — Entre las varias 
acepciones de la palabra Cfnsi'lerar atenderemos 
abora al :íCto material de la vista que se dirige á 
fijarla cuidadosamente en un objeto. 

M:rar indica solamente poner la vista, dirigirlos 
ojos á un objeto: y considerar es mirarle por mu- 
clio tiempo, fijarse en él y poner su atención para, 
bien consideíado, conocerlo y distinguirlo de los 
deinas. tíe puede wir'írá muchas partes sin reflexión 
alguna ; á muchosobjetos á un tiempo^ sin fijarse en 
ninguno ; pero cuando se considera a uno solo, es 
con la intención de estudiarlo y conocerlo bien, 

CO\>ISTEKClA. II COXTIWLIDAD. — La 

fon-^isteiicia es aquel estado del cuerpo en el cual 
sus partes componentes de tal modo están trabadas 
entre si, que no pueden menos de ofrecer mayor ó 
menor resistencia cuando se intenta sepirar unas 
de otras, y por lo tanto esta pal.ibra viene á ser si- 
nónima de existencia, duración, estabilidad, firmeza 
y solidez. 

Usase de esta voz particularmente cuando se trata 
de los cuerpos considerados como mas blandos ó 
duros, mas líquidos ó secos unos que otros, y así 
algunos la deiiuen el estado de las cosas liquidas 
cuando se coagulan y toman cuerpo; pero esta de- 
finición no es exacta. 

Llamamos C"iisistenies á los cuerpos cuando se 
bailan en uu e.^tad'| de complemento tal, que siendo 
capaces de aumento ó de diniinucion, permanecen 
por algún tiempo sin variarse en sí mismos, esto 
es, sin aumentarse ni disminuirse, lo cual se nota 
mas particularmente en los árboles por la larga du- 
ración de su vida, pues por bastantes y aun muchos 



años subsisten sm crecer, ni decrecer ó dismiuulr, 
sin adelantar, ni declinar, como por ejemplo la en- 
cina que permanece en este estadode cousi^te"CÍa^ 
según los naturalistas desde los cin*:uenla á los 
ciento sesenta años. 

La continuidad es la unión natural, la cohesión 
inmediata de las parles de un mismo todo ó cuerpo, 
que llamaremos conlt uo ; así como codinua á su 
duración : y cuando interrumpimos y corlanios por 
medio de un cueipo mas duro esta coherencia y 
unión, la' llamamos .sulaciot de Cfinli-iuidad; couti- 
mío á todo aquello que dura, obra ó se hace sin in- 
termisión, y á todo compuesto de partes enlazadas 
entre si. 

Se diferencia la continuidad de \2. consistencia tn. 
que esta supone dificultad ó resistencia délas partes 
continuas á suirir cualquiera separación ; lo que 
no sucede en la cominnidid, pues la idea de esta 
es solo la de contigüidad de sus partes. 

CONSPIRARA. 11 COiNSPIRAK PARA. || 
CO\SPIitAK CONTRA.— Tomada la palabra 
conspirar en sentido activo, lo tiene siempre malo, 
y se retiere á la intrncion d*í los conspiradores ; y 
AÚ se dice conspi'an para prenderme, /jara destruir- 
me, conspiraron mi muerte. 

Conspirar á, se usa hablando tanto de las cosas, co- 
mo de las personas, puesserefiere á la unión de mu- 
chas personas á un mismo fin, á veces favorable, ó 
á la tendencia que natiu'almente tienen varias cosas 
á aprovechar ó dañar á otras; de consiguiente ad- 
mite esta frase tanto un bueno como un mal senti- 
do, y tiene regularmente el de concurrir ó contri- 
buir á un objeto. Todo conspira á mi beneficio ó á 
mi daño, es decir, se dirige, contribuye áello, Cotis- 
piran estos argumentos á descubrir la verdad ; cons- 
pira á mi favor. 

Conpirar pora, indica los comunes esfuerzos de 
muchos ó el concorso de varias causas para ejecutar 
una cosa próspera ó adversa. Hasta las ca>ualidades 
conspiraron [)^a mí feliz navegación : todo conspira 
para el buen éxito de mis empresas. 

Conspi'ar contra, indica liien claramente, que es 
un obst'ícnlo, una oposición casual ó meditada en 
daño líe una peisona ; jamas en provecho de ella. 

CONSTA^CIA. II FIDELIDAD. - La lOtlSian- 
cía no supone compromiso alguno, mas sí la fide- 
lidad. Se dice de una persona que es constante en 
sus alectos y fiel á sus palabras ; por lo mismo es 
frase común decir que una persona es (lel en amor 
y tonstante en amistad; porque el amor parece ser 
un vinculo mas vivo y fuerte que el de la pura 
amistad. Se dice también un amante dichoso y fiel; 
un amante con tante y desL'raciado. Al primero le 
consideramos como obligado y al otro no. Parece 
que la (¡del dad pertenezca mas á la acción y la 
constancia á los sentimientos. Puede ser constante 
un auíante, sin ser por eáofrel; lo que se \eriücará 
si continuando en amar á una misina daina. por li- 
gereza ó capricho solicita el aprecio de otra; al 
mismo tiempo que puede ser fiel sin ser constarde^ 
si deja de amar á su querida, sin por eso dirigirse 
á ninguna otra. 

hd ¡id' l'dad supone dependencia : se dice un cria- 
do fiel, un perro fiel. La constnncia supone valor y 
tesón : constant'' en el traliajo, en las desgracias. 
hd. fidelidad A& los mártires á la verdadera religión, 
dio origen á su con^^ta-cia en los toripientos, 

l'idelidad viene de //f/av, el que guarda su fe ; 
con-' tañí', de con^tans, el que permanece en su pri- 
mera voluntad. 

COMSTANCIA. || FIRMEZA. || ESTADILI- 
DAD. — Estas expresiones se refieren á la perseve- 
rancia del alma en sus pasiones, inclinaciones j 
gustos. , 

Llamaremos firmeza al ejercicio de un ánimo va- 
leroso : supone en el que la tiene inteligencia jiara 
coiuprender lo que debe ó le conviene nacer y re- 
solución para ejecutarlo : se diferencia de la teíque- 
dad en que esta sosiiene con tesón un error ó nna 
necedad, sin que jamas logre comprender las razo- 
nes que lo demuestran. 

La coi.sínncia es una virtud que nos conduce y 
guia para insistir en todo aquello que creemos tir- 
memente y con buenas razones deliemos tener por 
verdadero, acertado, justo y decoroso. 

El que tiene firmezn sigue animosamente y sin 
titubear aquello que se propuso, ofrece tenaz resis- 
tencia á todo fuerza extraña, á todo engaño y fala- 
cia, á las seducciuiies de su propio corazón : es 
inalterable, inmutable. 

El hombre constante, cuando una vez se ha deci- 
dido por una cosa, fundándose en poderosos moti- 
vos, no se separa de ello : de consiguiente es im- 
posible en este el variar de gustos y de inclinacio- 
nes : lo que una vez pensó é hizo, pensará y hará 
siempre. 



CON 



CON 



CON 



57 



fa 



En las diScultades y obstáculos, el valor soslienfl 
al hombre tirme, su razón le guia y se dirige siu 
detenerse, ni torcer el camino, al fin que desde el 
principio se propuso : el corazón es la guia del hom- 
bre C0'ist<'nle, y siempre procede del misiuo raodo; 
porque siempre tiene la misma necesidad ú oiiliga- 
cion de proceder asi. 

La constancia consiste pues en no variar; la fir- 
meza en no ceder, iil constante sp mantiene por 
deciilo así pacifico y seguro en su puesto : el prme 
lucha animoso para que no le saquen de él. La 
constancia puede nacer del carácter natural de la 
persMua, de los hábitos contraidos, de dejadez, de 
debilidad, tal vez de falla de ánimo, de resolución; 
pero la firmeza supone acción tuerte, decidida, te- 
naz. 

La estabiliiai impide variar y sostiene nuestro 
ánimo contra Ihs naturales movimientos de ligereza 

curiosidad, que eicitan en nuestra iiuasinacioa 
„ diversidad de objetos : corresponde la estabilulad 
i la preferencia que proviene de una elección acer- 
tada. 

Para tener constancia no se necesiU estar dotado 
de inteligencia, ni de sumo valor, pues personas pu- 
silánimes y de medianas luces son á menudo ■ oas- 
tantes; poro la firme:a solo puede hallarse en uii 
ánimo decidido y fuerte, en una razón ilustrada y 
en la not'leza y grandiosidad de las ideas. Lo opuesto 
i la constancia es la veleidad; i li firmeza, la de- 
bilidad. 

Aplicando estis consideraciones al amor, veremos 
que la constancia, impidiendo la variedad, ofrece 
S corazón remedios contra el fastidio y disgusto, 
míe no puede menos de causar el dirigirse siempre 
I un mismo objeto : corresponde pues á la perseve- 
rancia y hace que luzca el apego á la cosa amada. 

La finteza impide ceder y da al corazón grandes 
fuerzas contra los embates con que se le asalta : 
corresponde á la resistencia y hace gloriosa la vic- 
toria. Si el amor y los coaipromisos que las mujeres 
suelen contraer, ¿o son perpetuos, no tanto proviene 
de la inconstancia de que se las acusa, cuanto de 
faltarlas firme:n para resistirse á aquellos que 
anhelan por merecer su corazón. 

CONSTAN lE II DUIIADEHO. — Lo que es 
duradero jaioas cesa; su solidez le da firmeza : lo 
que es emulante jamas muda ; su resolución le hace 
lirme. No hay amistad duradera entre los hombres, 
sino cuando se funda en el mérito y en la virtud. 
Entre todas las pasiones humanas, la del amor es la 
que mas se jacU de ser constante y la que menos lo 
cumple. „ „ 

CONSTANTE. II FIRME. II INFLEXIBLE. H 
IN.*LrEIl.4BI,E. — Estas palabras designan en 

teneral las calidades de uii alma á la cual no pue- 
e conmover ninguno de los sucesos que ocorran 
por fuertes y terribles que sean. Las tres últimas 
ailaden á la anterior una idea de ánimo y valor se- 
gún estos diferentes sentidos. Fine designa un 
Talor que por nada se deja abatir ; inalterable ua 
valor que resiste á todos los obstáculos : inflexible 
un valor que nada conmueve ni doblega. 

El hombre de honradis y nobles sentimientos es 
emulante en su amistad; firme en las desgracias y 
en negocios de justicia; inalterable i pesar de las 
amenazas, é infieiibte contra las súplicas y ruegos. 

Todas estas ideas se contienen en las que nos 
representa Horacio del varón justo y fuerte, cuando 
dice (Oda 3 >, libro S.o) : 

Si fraclus illabaliir orbis, 
Impavidutn ferienl ruiDX. 

lo cual, con suma elegancia poética, tradujo eipla- 
náudoló nuestro Garcilaso, diciendo : 

Mas sí toda la niáqmn.i del cíelo 
Con eípaLtab:e son yioD ruido, 
Heclia pe aii'S ^e viniera al --uelo. 

Debe .er aterr.ido y oi nmido 
tlel gra7e pe;o j de la gran ruina 

Primero qi e erpanUdo y coamovido. 

CONSIEUNACION. 11 SOnPUESA. H ADMI- 
RAC10:\. 11 ASOMIÍUO. - E^ta3 palabras expre- 
san diversos raovimieuios del alma producidos por 
imprevistos casos. 

La admiración es la impresión qne el alma re- 
cibe al ver, bater, ú observar uoacosa extraña, ex- 
traordinaria, inesperada. 

Esta impresión, pasado el primer ímpetu y co- 
menzando la reflexión, puede ^er agradable y pla- 
centera, si es grato el objeto , provechosa la obser- 
yaciou y feliz la noticia, y vice versa. Por lo tanlo 
este movimiento por si, no es mas que una grande 
conmoción nerviosa, que lo mismo puede caus;ir 
extraordinario placer gue agudo dolor. 

lloa grande revolución tanto física como moral. 



que ha causado un completo trastorno en la natu- 
raleza ó en el orden social, produce asomhrOy no 
solo en las generaciones que la presencian, sino 
también en las que por mucho tiempo se la siguen, 
quedando eterna memoria en la historia ds los si- 
glos adulterada las nías veces con fabulosas tradi- 
ciones , oscurecida con opuestas narraciones y exa- 
gerada con los portentos y maravillas que inventa 
la mitología mezclada y confundida con la his- 
toria. 

La admiración suspende el ánimo ; el asombro le 
abate, le aterra : aquella nace de falta de inteli- 
gencia, de conocimientos, de noticias, de reflexión, 
de criterio : esta de falta de ánimo, valor y forta- 
leza. La admiración obra en lo exterior : el asoni- 
'm mas en lo interior ; cesa este con el peligro, el 
daño, la seguridad; a¡uella con el conocimiento de 
la cosa ó de su causa. La adnniac on nace de la 
novedad y cesa con el hábito ó costumbre de la 
cosa 

La palabra latina umbra es el radical de asom- 
bro, pues que idemas de sombr" significa fantasma, 
espectro : junta con las preposiciones tn ú oi> for- 
ma los verb.ts inumbrart\ o^iumbrarr', que significan 
hacer sombra, oscurecer, cubrir con ella, sombrear : 
y en castellano con la partícula á tiene igual pri- 
mitivo sentido de hacer sombra un cuerpo á otro, 
y por extensión cancar espanto y terror, que tiene 
analogía con la otra idea de espectro y fantasma; 
mas en latin corresponde á íerrere y pavere. 

A^otnbriido es el qne eslá á la scmbra ? también 
el que se ba espai.tado ; mas asomhr ador, asom- 
broso y asiijnbro solo se refieren á terror. 

Asombradizo el qne es pronto en asombrarse y 
corresponde á c ptntadizo. 

Á la idea de asombro añade la sorpr'-sa la de la 
novedad del objeto ó las razones que en su criterio 
creía tener para pe; sar que aquello no debía ó no 
podía verificarse, y así liartlieleniy en su \iaje de 
Anac;iríis dice : < cnanto yo veia, cnanto oia, era 
> tan nuevo para mi que á cada instante se au- 
» mentaba mi interés junto con mi soriiresa, > 
< Creia segura la paz y me causó grande sorpresa 
la noticia de la guerra. > 

El mayor y último grado del espanto causado 
por la repentina pr-'seiicia ó el riesgo de algnna 
grande desgracia, que no concibe uno le sea posi- 
ble evitar o remediar, produce la consternación. 
Amenazada una nación con graves males, sin me- 
dios de coütrarestarlos, ni de evitarlos, cae en ge- 
neral consternad un q-ie proviene de un estado de 
desaliento, de una especie de desesperación. 

El eitiaordinario valor de un héroe, nos admira 
y a^ombia. 

Lo «lue sorprende i un ignorante, en nada altera 
á un sabio, pues lo mira como cosa natural y sen- 
cilla. 

La sorpresa supone razones para creer que una 
c«si nn podia ó no debia suceder; el asombrit ó 
aiimiraci"n solo supone lo extraño del suceso para 
aquel que recibe esta impresión. 

Si la adm/rac'on y la soiresa vienen de objetos 
que conspiran á nuestra dicha, prduceu conteiila- 
miento y gozo ; si de nuestra desgracia, consíerna- 
cicn. 

La consternación es un estado del alma oprimida 
por males que la abaten con toda la inerza de su 
peso sin tener medio alguno de levantarse contra 
los que actualmente sufre, ni de alejar ó evitar los 
que le amenazan. 

Enirc todos los movimientos, que indican estas 
palabras, el menos fatal es el de la admirad, n, el 
mas terrible el del asombro, el mas fuerte el de la 
consternación^ y el que mas trastorna el de la sor- 
presa. 

La tuerza del asombro y de la alvúracion esta en 
razón de la naturaleza de los objetos t^ue los cau- 
san : la fuerza de la preocupación o del error 
hace que la sorpresa sea mayor ó menor. 

El asombro y la sorpresa pueden cansar tan 
pronto el bien como el mal; pero la consternación 
sol" este. 

Solo las cosas presentes pueden producir udmi- 
tac on ó orpnsa : pero la consternación se extiende 
también á lo venidero. 

CONTAGIO. II EPIDEMIA. — El contagio es 
una enfermedad que se comunica ya por el con- 
tacto inmediato, ya p^r las ropas, muebles y cual- 
quier otro cuerpo infestado, y ya en fin por meiio 
d 1 aire, que puede llevar consigo ciertas miasmas 
mnibiticos, aunque este caso es raro y no está bien 
demustrado : llamamos pues enfermedades conta- 
gi.isas á la sarna, á la lepra, á los males venéreos 
y á la rabia, aunque no todas estas enfermedades 
se comuniquen de cu mismo modo, y las mas solo 
por el contacto. 



Llámase epidemia 6 enfermedades epidémicas , 
las qne provienen de la infección del aire, exten- 
diéndose á provincias y leiuos enteros, y recorá 
riendo a veces casi toda la extensión del glubo- 
Tales son ciertos catarros, la peste de levante , la 
fiebre amarilla v el cólera. 

COIN rEi\ TAMIIM O. H SATISFACCIOX. — 
El coiitni o es uua acción, el contentamiento una 
posesión, un estado : así deciüi-'S : Hoy estoy con- 
tento; gozo de dulce conten tam enlo siempre. 

Tomadas estas palabras en su sentido general 
corresponden al sosiego, tranquilidad y complacen- 
cia del alma , en cuanto pertenece al objeto de sus 
ideas. 

El contentamiento parece ser un aumento, un 
comi-demer.to del contento, con mayor duración. 

El contentamiento pertenece al corazón : la sa- 
tl^farcton á las paciones. Logrado el primer deseo, 
el alma queda en sosiego, en tranquilidad, en 
calma : la satisfacción es nn acá. cimiento que á 
veces perturba al alma , aun cuando haya cebado 
en ella la inquietud que tenia acerca de lo que 
deseaba. 

Jamas queda saVsfecho el a. aro ó el ambicioso; 
ni conlení.i el [jusilánime y receloso. 

Un autor sibio que ama la vt^rdadera gloria, por 
mas que se esmere en su trabajo, nunca queda sa- 
tisjecho de él en la corrección, aunque esté con- 
tento de la composición en general. Muchas veces 
sucede que un artista escrupuloso y mirado t-n 
cuanto hace, aunque esté contento del aprecio que 
merece á los inteligentes, no queda satis; echo f^n 
su interior, porque desearía hacer mejor, y advierte 
faltas donde nadie las halla, y por lo tanlo querría 
poder enmendarlas. La obra en la idea siempre es 
mas perfecta que en la ejecución; no es dado, aun 
á los mas eiielentes artistas , el expresarse con la 
fuerza y viveza que conciben. La idea es rápida y 
luminosa cual el relámpago; la frase lenta, fría, 
como muerta; por mucho vigor qne proi'uremos, 
darla, siempre tendremos que quejarnos de la po- 
breza del idioma por mas rico que sea , de falta 
de claridad , de exactitud , de fuerza en las pala- 
bras por expresivas y adecuadas que se hallasen. 
Siempre resultarían inferiores á la ¡dea. 

Estarnos contemos cuando no deseamos mas, aun- 
que no siempre \aíisfichos cuando hemos obtenido 
lo que deseánamos. 

Es una verdad provechosa en moral la de qne á 
menudo nos sucede el no quedar conteutfs después 
de haber quedado sat s'ec os. Pocas veces acaece 
el que después de haber logrado la mas completa 
satisfacción de una injuria recibida, quedemos en- 
teramente contento^. 

Deseamos adquirir una finca , lo logramos; esta- 
mos saltsf'Cfios, mas no co lentos. Dichcjsos hubié- 
semos sido sucedí' ndo lo contrario . pues en rigor 
mas vale ser pobres y vivir cont n/O' , que ricos y 
no disfrutar conientamiento, ni aun .^aí's;aicion al- 
go un. 

La .sati^; acción es el complemento de los deseos; 
el conleiilami' nfo un gozo moderado nacido de ha- 
llarse sa isfecho.s nuestros deseos ó dp cualquiera 
otro agradable suceso El liomlire ^at sfecho es el 
qne tiene lo qne deseaba; logrado esto rebulla la 
sati^laccion : el hombre co'iteno es el que no de- 
sea mas : su rontentumiento consiste en disfrutar y 
gozar del objeto. 

La .s'tt'sfacc'on supone deseos: el contentamient» 
solo el placer de la posesión. Estáis sat sfeclios de 
haber logiado lo que pretendíais . lo que desea- 
bais .■ estáis contentos de conservar lo que teníais, 
sea porque satisface vuestras necesidades y guatos, 
sea porque estáis acostumbrados á carecer de ellos. 
El contentamiento pertenece á la filosofía y con 
ella fácil es lograrlo : la sati-facci'-n, á las pasiones; 
difícil es complacerlas. Pocos son los co'-ti'tos en 
el mundo, menos aun los íü/mAc/jOv . porque la 
verdadera filosofía es rara y penosa, y sin ella nada 
nos puede satis acer. 

La satis! nc ion consiste en obtener ó haber obte- 
nido: el coutentiimieiito en gozar; pero con mode- 
ración y i- mpLuiza. 

La Sil siaccio' conduce al cm ten/aimen'o; pero 
este debe producirlo el objeto mismo: » sláís vh/m- 
lecbos, cuando se os da lo que queiéis . y conten- 
tos, cuando el objeto os produce el placer que os 
proponiai-- lograr. 

El comentamiento añade á la >aiisfaccion de los 
deseos otra blanda satisfacción, tjue se deriva del 
poseer. No deseo á nadie que esté s t'S echo . pero 
si que esté contento. Satisfechos todos vuestros de- 
seos aun os falta el estar c-idenios ; eí.te es el com- 
plemento de la verdadera dicha. 

Para estar satisfechos solo se necesita tener bas- 
tante con respecto a las necesidades y deseos; cuan- 



58 



CON 



CON 



CON 



do sabemos limitar estos, coa poco podemos estar I 
cojilenl-is. 

Las riquezas dan muchas satiafaccwne.t; pero por 
lo comuu bieQ poco contentamiento. La dicha sesti- 
flieja á la salud, solo se halla ea la medianía, en la 
sobriedad, eu la temperancia. 

K.icil Cá contentar al pueblo; imposible satisfii- 
Cer á los poderosos : todo lo emprend' mos para lo- 
grar í-atis' acciones; nada para disfrutar felu ccn- 
tenliimieiUo. 

Es una verdad que el contentamiento pertenece 
principalmente al corazón, pues que es un senti- 
miento agradable ; y la sittisíaccioa á las pasiones, 
Dues que corresponde á lus deseos. 

Placer se halla en la snísfaccioi ; pero el placer 
no constituye el gozo verdadero y puro, que solo se 
encuentra en el conien'amieiito, el cual llegaría á 
ser dicha., sí esta pudiese ser duradera. 

El que nada tiene que desear goza mucha satis- 
facción y poco cOfitnU'minttO. 

COXTEi\TO. IISATISFIÍCIIO. —Guando uno 
ha logrado lo que deseí queda sit/sfecliO: y con- 
tení', cuando no apetece mas. Bien á menudo su- 
cede que queda uno satisfecho mas no contento, 
porque la salisfaccou es la que le resulta de que 
se han cumplido sus solicitudes, y el contento de 
que se han llenado sus deseos, á veces inmodera- 
dos. Hay sujetos que jamas están contento^ , por- 
que no es dado estarlo en lo vago y caprichoso; 
mas no pueden menos de decir que están .\at'Sfe' 
clios. La A-atis¡ acción es pues exterior , de conven- 
ción y aun de ley, sobre todo en las cosas que 
perlenecen á la púolica opinión; pero el contento 
es mas bien interior y pertenece á la voluntad. 

Bebemos quedar satisfechos siempre que posea- 
mos la cosa que anhelábamos; pero solo puede de- 
jarnos cántenlos el gusto y placer que nos cause 
esta posesión. La satisfacción es mas duradera, só- 
lida y formal, que el comento, que es ligero y 
fug.iz. 

CO\TI\E!VTE. II TATUANTE. — El sentido 
recto de la palalira cmitineoí' es el de un cuer^jo 

?ue con teñe en si á otro; de consiguiente abraza 
a expresión de calúda ó capacidad , esto^ es, la 
disposición del cuerpo para dar entrada á otro y 
encerrarle ó contenerle en sí. 

Pero el sentido eu que aquí nos cumple t*iniarlo 
es en el de representar la idea de la disposición 
corporal de una persona , ya provenga de su natu- 
ral formación , ya de los bábit'is adquiridos ó de la 
educación recibi.la. Todo esto se manifiesta en el 
semblante, en el aspecto y en el gesto del rostro, 
en la planta y postura de todo el cuerpo , y se 
comprende en el sentido de la palabra confínente 
nmy castellana, frecuentemente usada en lo ami- 
guo. sobretodo en los libros caballerescos, aun no 
anticuada, aunque no muy usada en el día , por 
lo que para hacerse bien entender, distinguir y 
fijar, tieue que avud;irse de algún adjetivo que la 
modifique ó de ^ilgun símil que la aclare. 

La naturaleza ha dotado á los animales, sobre lodo 
jóvenes, de cierta gracia, ya en su perfecta forma- 
ción , ya en sus movimientos airosos y gallardos, 
nacida de la viva y rá|i¡da circulación de la sangre, 
que los irtiva á presentarse, moverse, jugar, brin- 
car y retozar de una manera que tija nuestra aten- 
ción y nos causa agradj y placer, á veces hasta en 
las bestias mas torpes, por pie ¿quién no admira 
la natural gallai-día de uu caballo que corre, se en- 
cabrita , trota, galopea, vuela y hace como pica- 
dero en campo íibie? ¿A quién no comiilacen los 
inocenles jueguecillos y las amistosas lucuas de los 
tiernos cordernelos? Gallardo al par que feroz y 
ensoberbecido aparece el toro enamorando á la vaca 
y atei raudo á sus poderosos rivales. No bay ningu- 
no que en la edad de las gracias y (\e los placeres 
ito nos parezca ágil , suelto y despejado en sus mo- 
viudenlüs siempre aÍiuM)s, sin arle alguna, agra- 
dando al hombre sin pretenderlo agradar. 

Pudiéramos decir iiue en esta parte es e! hombre 
por su naturaleza el mas torpe y rudo de todos; y 
ti no, párese la vista en el salvaje que solo nos 
presenta estupidez y torpeza: mas gracias á su su- 
perior inleli-^'encia, si poco debe á la naturaleza, 
mucho ó casi todo se lo presta el arte: hijo de este, 
en sentido niPtafórico, le podríamos llamar: pues, 
como dijo un tílósoio , en el hombre hasta la natu- 
raleza es arle, ta! es la fuerza y predominio de 
este, siendo difícil y aun casi imposible distinguir 
f deslindar lo que debe al uno de lo que debe al 
otro. 

Su admirable gallardía , la gracia con que nos 
embelesa, provienen de la esmerarla eilucacion, la 
nal dedicándose á conocer y distinguir lo mas he- 
lo y grato en tolos los movimientos y acciones , le 
-a enseñando insensiblemente, desde sus primeros 



años, el arte de agradar y complacer con sa moli- 
cie y vigor, ligereza y soltura en el baile, que tan- 
to perfecciona el modo de andar y el de finamente 
pie^entarse ; las posturas que delte tomar, no solo 
para fijar la atención, sino para manifestar con tono 
correspondiente y decoroso su amabilidad con sus 
iguales; su autoridad bondadosa sobre sus inferió- 
les; su respeto, sin bajeza ní torpeza , á sus supe- 
riores. Todo esto pertenece á las palabras conti- 
n n e Y talante. Veremos ahora cuáles son sus di- 
terencias. "^ 

El talante es el aspecto exterior del cuerpo cuan- 
do DOS hallamos delante de otras personas presen- 
tándonos y procediendo de manera que las mjui- 
feslemos la estimación, el respeto, la atención y la 
coasideracion que las es debido; y para esto nos 
conviene estudiar e^tos diferentes modales que cjr- 
responden á todas las partes del cuerpo, al semblan- 
te , al aspecto , al gesto y sobre todo á las miradas 
que descubren aun involuntariamente las mas hun- 
das inLerioridades del alma y son las que mas nos 
ofenden ó al contrario las que mas nos agradan. 
Perteneciendo el talante á los sign-^s exteriores, se 
extiende su significado al estado ó calidad aparente 
de las cosas que es propiamente su aspec'.o ; al de- 
seo de ellas; á la voluntad que las tenemos ; al gus- 
to que nos causan. El talailü de las personas %aria 
según su genio , condición y estado, pues uno es 
naturalmente el del houibre, altanero o iracundo; 
otro el del humilde, manso y modesto; uno el gra- 
ve , serio y severo; otro el risueño, apacible y ca- 
riñoso. También íe suele entender por talante á la 
severidad y á la presencia de ánimo. • 

Govarrúbias quiere signifique voluntad , y para 
probarlo cita estos versos de un romance del Cid : 

Bien <>ibeis que iniD'a os tuve 
Talante (^aguisado 

Guando estas exterioridades llevan por objeto el 
persuadir á las gentes que abrigamos en el alma 
las cualidades virtuosas que indican, como de can- 
dor, modestia, fortaleza y valo.' , nos servimos de 
la palabra continente. Este es cierto, positivo, ver- 
dadero, cuando el interior está perlectamente de 
acuerdo con el exterior; cuando al contrario, fin- 
gido. Esta idea de relación entre el exterior y el 
interior nos conduce á la del continente con el con- 
tenido , y nos hace sospechar que de ella puede 
provenir este otro sentido que se da á la palabra. 

Limitándonos á las exterioridades, podemos por 
lo general aplicar los mismos epítetos tanto á ta- 
lante cuanto á contÍue«te. pues tanto vale decir 
gentil lalan'C-, como (¡entil contin n(e» 

Sin embarL'O puede uno tener talante y no con- 
/'HeníSfUiodesto, porque aquel solo consiste en el 
hábito actual del cuerpo , que se dirige á hacer 
creer (jue en efecto tenemos aquel interior senti- 
miento; esto es, que nuestro interior y nuestro ex- 
terior van de acuerdo. 

El continente sirve para lisonjear y aun casi en- 
gañar á los demás hombres , y según las ocasiones 
será bueno cuando indique aquello mismo que 
debe indicar. Conviene á un eclesiástico presentar 
un C0''í'7iC«/c grave, modesto y recogido; al ma- 
gistrado, seno y grave, al militar, decidido y va- 
liente. El cxtitin nte solo aparece en la acción, en 
el movimiento; pero el látante en todo. 

Este corresponde al trato social, y por lo tanto 
ha de ser igual en todos tiemprts, cual una moneda 
corriente que se da y recibe por el valor que indica 
su cuño. 

No es fácil, ó por mejor dicho, no puede engañar 
el t'daute, pues que solo intenta presentar vagas y 
momeutáneas apariencias; mas el continente á me- 
nudo engaña, como que aparenta sentimientos inte- 
riores y constantes que tal vez no nene. 

Un talante decoroso indica i'uena educación y 
recto modo de pensar: mas también suele descubrir 
vicios y defectos interiores ; por loque no debemos 
fiarnos mucho en las buenas cualidades que ostenta, 
pues á veces suelen ser pruebas de mal y no de bien. 

El talante varia según la calidad de las personas 
á quienes tratamos, pues no debe ser el mismo de- 
lante de los iguales que de los superiores ó de los 
inferiores : el contineme no varía ;pero las circuns- 
tancias suelen desvanecerlo. Una persona acusada 
de un delito se presenta con el ontmente de la ino- 
cencia ante los jueces; pero pierde este firme con- 
tinente cuando ve que se han descubierto sus deli- 
tos; porque serian vanos é inútiles los esfuerzos 
que hiciese para persuadir de >u inocencia. 

Se recibe con agrado y aun cariño en la sociedad, 
al que se presenta con talante decente, honesto y 
atento: se le dispensa favor y se le manifiesta in- 
terés, sin detenerse nadie á escudriñar si en efecto 
tiene las buenas prendas que muestra, como que 



solo se le jazga por la primera impresión y según 
las circunstancias del momento. Por la misma razón 
nos declarimos contra aquel cuyo talante aparece 
íeroz, presumido y grosero. 

Nos indigna el hombre desacreditado, por ser 
públicamente conocido por bribón, cuando quiere 
tomar el continente de un hombre de bien; compara- 
mos su exterior aspecto coa sus acciones y tocamos 
el desengaño. 

y viniendo al uso de ambas palabras, resaltará 
mas su diferencia, pues decimos nos recibió con mal 
talante, con desagrado, con enfado : salió de mal 
talante, regañando á todos ; se fué de mal talante: 
mal lalantf lleva : de mal talante anda, y eu nin- 
guno de estos casos es propia la palabra continente; 
de lo que se deduce que talante se emplea para de- 
notar con signos exteriores las disposiciones, afectos 
y sentí nientos de nuestra alma. Como el la'aníe 
descubre el humor que nos domina, cuando este es 
bneiio, apacible y placentero, llamamos talantoso al 
que lo tiene, 

CO\TI\UAC10\. |¡ CüXTlKllinAD. — La 
coiUinaiilad es la material unión que tienen entra 
sí las parie-s del continuo. Comparando las dos pa- 
labras hallaremos, que la continuación pertenece á 
la duración, y conli'-uid d á la exteu'ion. Se dice, 
la I oatmuacion de un trabajo ó de una acción; la 
continuidad de un espacio ó de una magnitud : la 
continuación de actos, y is. continuidad de una obra, 
que se une á otra. 

CO\TI.\UAMIiIVTE. II SIEMPRE. — Lo que 
siivipre se hace, se verifica en tolo tiempo, ¡ugar 
y oclísíou ; lo que continuamente se hace, se veriiica 
sin descanso ni internipcion .ilguua. 

^inapre debemos dejar nuestros pliceres y con- 
veniencias por atender á nuestras obligaciones. Es 
co-a muy diiicil el ocuparse continuamente en el 
trabajo, pues el cansancio nos ha de obligar á de- 
jarlo por mas ó menos tiempo. 

Para que complazca una persona es menester que 
siempre hable bienj pero no que sei continuamente, 
pues esto no es fácil. 

CO^TIXljAlt. [| PERSEVEItAn. II PERSIS- 
TIR. II INSISTIR. — Estos cuatro verbos mani- 
fiestan permanencia en el modo de hacer las cosas. 
El primero no ind.ca ninguna otra idea; mas los 
otros contienen algunas accesorias que los diferen- 
cian del primero y ellos entre si. 

Continuar nada mas signilica (]_ue seguir proce- 
diendo ú obrando, como se procedía ú obraba antes, 
Perst'reriír, mantenerse constante en la prosecución 
de lo ya comenzado, sin intención ni disposición 
alguna á variar : persistir, permanecer, ó estar firme, 
constante y tenaz en una cosa : insistir, instar de 
todos modos, porfiada y ahincadamente, en hacer Ó 
lograr una cosa que nos hemo-- piopuesto : se in- 
siste en una cosa ó contra alguna cosa, cuanta mas 
resistencia opone ó mayores dificultades presenta. 

Por lo tanto, /«j/A//r, tiene signiticauion mas fuerte 
que /jer.í/*/í>, este ({wq i erseverar, y perseverar mas 
que Cimtinuir, 

l'.onliiiiiamo^ por hábito; per.sevtrimos por re- 
tleiioues ; per ''i ^ tunos por apego; insistitnos por ter- 
quedad y obstinación. 

Aquella persona, que después de haber contraído 
el feliz bál'ito de la virtud, cnt'náa pr icticándola, 
no es precisamente la mas digna de estimación, en 
cuanto lo bace solo por costumbre; pues puede va- 
riar ó engañado por falsos argumentos, ó movido 
por malos ejemplos, ó distiaido del camino recto 
por fuertes y violentas pasiones. 

Mas confi.inza nos puede inspirar aquel que per- 
suadido íntimamente de los fundamentos de la vir- 
tud y de sus heaéñcios, persevera constante en ella; 
mas mérito alcanza el que vershste en la virtud iii- 
chando con el ímpetu de sus pasiones, sufriendo 
las persecuciones que le suscitan los inalos y defen- 
diéndose contra sus malignos emliates. 

El mayor mérito está en el que insiste en obrar 
bien, sin que le conmuevan la- mayores contradic- 
ciones, pues parece iiue á medida que se aumentan 
estas, crece su tenaz n si-^íenca. 

CüNTlNrAn. |] PROSEGUIR. — Continuar 
es llevar adelante lo que ya se tenia empezado, es 
hacer sin interrupcínn una cosa que se hacia ántej 
ó prolongar una obra comenzada, ya sea que sa 
tome ó no descanso en ella. Una persona que, sin 
interrupción alguna, trabga eu una obra ya empe* 
zada, U continúa y también cuando ha dejsdc el 
trabajo para descansar y vuelve á él ; la continúa 
no menos aunque el descanso ó la iutrnipcion 
haya sido de mucho tienipo. Con respecto á la obra 
es indiferente que la continué h misua persona qufl 
la comenzó ú otra; siempre será continuada, con tal 
que la obra sea la ndsma sin variación esencial ei 
su plan, idea 6 traía. 



CON 



CON 



CON 



59 



Proseguir e» segnir hasta el fin en los mismos 

lérminus y disposición que se comenzó el trabajo; 
esta paljbra indica mas exactitud en la obra que la 
otra : para que resulte un todo completo en sus 
parles uo solo se debe seguir el [irirner plan, sino 

?;ue es indispensable que sea la misma mano que 
a comeuzf la que la prodiga, pues uinsuno otro 
que el mismo operario podria «jecutarUde uu modo 
Igual, sin que se notase la viriaeion. 

La ililereucia que advenimos entre (OUliniiar y 
frosefuir consiste pues en que la primera palabra 
se refiere i la obra ja hecha de cualquier moiiu que 
lea, y firoe^iuir i la que se nene que hacer hasta 
tu conclusión, siguiendo eiactamente la misma idea 
y el mismo modo de ejecución. 

Se couliaúa una obra iiue no se quiere dejar como 
u baila, y se pro^iiiue la que se desea cuntimar-] 
concluir según el anterior plan v iiiélodo 

Cuando se ha com.'uzado cualquier discurso, si 
por algún motivo se interrumpe, ya provenga esto 
del mismo orador ó de cualquiera circimslaucia ex- 
traña y que haya sido demasiado larga esta inter- 
rnpcion, luego que ha resido vuelve á su discurso. 
le cont niia. Pero si la interrupción es corta, iiio- 
mentacea, y no proviene d.d orador mismo, prosi- 
gue, poniue eutóuces la inlerruicion es como nula 
con respecto al orador, quien á pesar de ella se di- 
rige á su lin 

Después de haberse detenido uno en cualquier 
pueblo, emlniía su viaje y lo pm^igue no obelante 
el mal tiempo y lámala disposición de los caminos: 
la pros, caaoit se venfiica sin atender á los obstá- 
culos. 

No decimos inntiiuiar sino prO'egmr un plan, una 
empresa, pues los medios de pjo^eg'ir solo pueden 
hallarse eu aquel mismo que concibió la primera 
idea y la ha venido ejecuLmdo. 

Preciso e» cii'i ixu^r lo comanzado camo eu haya 
causas poderosas que lo impidan, pues de otro modo 
seríamos iuconstaates y veleidosos ; cuando se ha 
enmendado bien u la cosa, debemos proseguir eu 
ella para no perder los benelicios que de su ejecu- 
ción nos propusimos sacar. 

CüNTíIVUO. n COiVTlNUADO. — Sc diferen- 
cian estas dos palabras en que cns'/nHi indica una 
cosa que por su naturaleza es sieorpre la misma, 
obra, dura ó se hace sin interrupción, ni intervalo 
alguno. Llámase también Cimliuao i todo cuerpo 
compuesto de parles unidas entre si; alsugeto que 
es ordinario y perseverante en un acto. 

Continuado es una cosa que puede ser interrum- 
pida por algunos intervalos; pero que pasados es- 
tos, cont'i'üa ('brando del misuio modo. 

Un iiioviiuiento coiili>¡iio es aquel que mientras 
dura no suire inierrupcion y si la sufre cesa del to- 
do. Un movimiento c<>iiíí"uado es un movimiento 
dividido por intervalos, pasados los cuales sigue del 
mismo modo que antes. 

El movimiento es r(i«/'»iii) por su conlinuidail, 
esto es, por su intimo eulace con las demás parles de 
movimiento que le han precedido Un movimiento 
es conltiiimilo porsu c'o«/'««(ia ■n,eslo es, porque se 
renueva después de la interrupción. El ruido de uu 
molino cuyas ruedas se mue>eu, es«ii«/j««ni/<), por- 
que se renueva pasado nada instantedemiieliid que 
le inlerriimpe : seria ra v/¡««o si no hubiese seme- 
jante interrupción. Conli'iua lo indica lo largo ó breve 
del tiempo que dora la cosa. Son pues ambas ei- 
presiones sinónimas eu cuanto significan acciones 
que se siguen unas á otras. 

Lo couínmo no se divide ; lo cim'inuad'^ no se in- 
terrumpe : por lo tanto una cosa es coal.ma por la 
permanencia de su constitución misma y cO'Ui/iuada 
por la de su duración. 

COiN I li\UO. II PEItPETUO. {| ETRRXO. |1 IN- 
Müll I Al.. II SEMPITEUNO. — Aplicado el adje- 
tivo perpetuo al tiempo y á la duración, desigua 
propiamente la acción de atravesar por decirlo asi 
toda la eitension del tiempo, moverse siemi-re y nn 
concluir nunca ; por eso se le considera sinónimo 
de perdurable, lo que siempre dura, lo que no tiene 
fin, y asi llamamos vida pe duatile á la eterna.^ 

Couliniio indica la acción lue se hace con seguida 
y constancia, sin descanso, ni interrupción en la obra 
comenzada y la que no se puede ó quiere dejar en 
mucho tiempo. 

Eterna de nuestra el estado, la calidad de lo (fue 
es de todos los tiempos y en todos los tiempos; lo 
que dura por los siglos de los siglos ; aunque esta 
frase no sea eiactamente propia, pues donde no hay 
principio ni flu, no puede haber medida de tiempo, 
ni aun tiempo, pues que no podemos considerar, en 
nuestra liouladi inteligencia, sucesión de actos en 
los que no comenzaron ni concluirán. 

Todo e.sto pertenece á la creación, obra del Eter- 
no, que principió eu el tiempo y con el tiempo. 



Ma« la expresión Eterno solo pnede aplicarse con 
propiedad á Ser por esencia, al que «v ánles y des- 
pués de los tiempos, al que no comenzó a ser, ni 
dejará de í.r, sin mudanza, sin alter.icion, sin va- 
riación alguua, siempre el mismo, inmutable, único 
Eterno, y en quien reside la eternidad* 

Se llama iamnrlalidad á la calidad de lo que 
siempre vive, de lo que nunca muere, de lo que no 
está sujeto á la disolución i tuvo principio y no ten- 
drá fin. Indica claramente la palabra '«morí lí, com- 
puesta asi en castellano, como en latin, de la radical 
mortal y de la privativa "/, que carece de iiiorlali- 
dai, que es imposible deje de existir, que uo ad- 
mite desunión, destrucción, y esto no puede atri- 
buirse á ninguna cosa corpórea, que consta de partes 
divisibles, separables, y si solo á las cosas espiri- 
tuales, á los espiritus. 

Áemp tema califica lo que siempre es, lo que siem- 
pre existe, lo que nunca acabará; siempre eteiiK 
Perpetuo designa pues el curso y duración de una 
cosa que va y vuelve siempre; contimo el curso ó 
la duración prolongada de una cosac|ue no se para, 
o una larga seguida de cosas que rápidamente pro- 
ceden unas después de otras : cte no ia duración 
de un ser que uo tiene ni principio, ni fin : iniít' r- 
/;(/ la duración del qne no se mueve, 6 nunca se 
páia : ^empiiemo la duración de una cosa que siem- 
pre existe, ó lo que es lo mismo que nunca pere- 
cerá. 

Atendiendo al verdadero valor de los términos, 
veremos que perpetuo y ciiiíinuo expresan una ac- 
ción ó un curso de cosas; con esta diferencia que 
perp liío excluye todo limile í la duración en lo 
venidero v queCTn'íi'UO designa una cosa comenzada 
y seguida,' sin determinar nada eu cuanto á su fu- 
tura duración. Eterno, inmurtul, sempiterno demues- 
tran nn estado permanente é ilimitado en su dura- 
ción; mas eiero expresa literalmente la duración 
del tiempo, imiior al la de la vida, semplerno la de 
la existencia. Eíetno excluye todo principio y Un ; 
inmortal y sempilerno no tacen relación al prin- 
cipio. 

La palabra perp-luo ni excluye ni exige la rigu- 
rosa y absoluta continuación sin inierrupcion, ni 
intermisión; y así decimos si un inovimienlo nunca 
cesa, que es prpetuí; y perpetuas llámanos las 
rentas, si solo se cobran á ciertos plazos determi- 
nados. 

La palabra cunlinuo no sufre interrupción y si 
solo uní r/ipida sucesión, sin accesorio alguno. En 
ciertas estaciones del año son largas y contiguas las 
lluvias; pero al fin lleu'an á cesar. Si sien. me dura- 
sen, sin descanso alguno, los coníi/moí males, llega- 
rían á convertirse en prrprtuo^.^ 

La palabra eterno reúne en sí á un mismo tiempo 
las ideas de cotitinuidad y de perpe'iiidad de un 
modo mas ó menos asombroso; pero siempre grave, 
ó por mejor decir, la idea de toda conlitiuHad y 
perpetdidrid del tiempo, en cuyo sentido solo Dios 
es f'e no. En otro diferente, que es como se aplica 
la palabra e/e'» ' á todas las obras de la creación, 
son et'r«a< las penas del infierno; porque si tuvie- 
ron principio, no tienen fin. ni inti.'rrupcion alguna, 
es decir, reúnen la rontinuidud y la ;* r/" íudad. 

Aplicando por metáfora la palabra rterno á los 
seres criados, á los eutes personificados ó á cual- 
quiera objeto á quien se atribuye vida, diremos que 
en cierto modo son eternos, haciendo asi esta pala- 
bra sinónima de inmortal. Llamamos inmortal á la 
gloria p-T su lar;>a duración v porque parece debe 
\ivir siempre eu la memoria de los hombres. 

La palabra sempiterno indica una especie de 
eíern dad sucesiva, que como por grados recorre 
toda la seguida de los tiempos, dia por día, para 
nunca acabar. Este adjetivo se usa muy comun- 
mente en los libros devotos, hablando de la divi- 
nidad, y en el uso común parece como un aumen- 
tativo de la palabra eterno. 

En este sentido propio se usan estas voces cuando 
es preciso fijar con exactitud los términos, y mas 
regularmente se emplean en el hiperbólico hablan- 
do de una duración ó de un tiempo muy largo y 
que nos parece no tendrá fin : por lo tanto cuando 
se trata de una dignidad, ó de un cargo 



demos tolerar, ni sufrir, lo llamamos eterno: porque 
entonces melimos el tiempo no por lo que mate- 
rialmente dura, sino por la violencia é intensidad 
de las sensaciones dolorosas que por poco que 
duren se nos hacen eieruas ,- y por eso dijo un an- 
tiguo: 

Vita misero íouga, fetici brevis. 
A lo que merece larga y gloriosa memoria se le 
llama inmortal, como asi bien al anciano que pro- 
longa su vida mas allá del orden r-gular de ella. 
Forma uu notable contraste el considerar que el 
hombre, ente tan frágil y perecedero, de tan corta 
é incierta vida, con poco que se exalte su imagina- 
ción todo lo hace elrnoi iiimnríjl. 

COiNTRA. 11 A DESPECHO DE.... J ATE- 
SAR I>B.... II IXU OllSIANTE. — Estas tres 
proposiciones indican relaciones entre el sugeto y 
su complemento, así como oposiciones diferente- 
mente clasificada». 

Catira, manifiesta una formal oposición o contra- 
dicción ya sea en cuanto á la opinión, sin atender 
á los efectos y al valor de esta oposición, ya en 
cuanto al modo de obrar. El hombre de bien jamas 
habla en co'nrn de la verdad, niel prudente y mi- 
rado en amlra de las opiniones recibidas. Auuqiic 
una acción no proceda abiertamente lontra la ley, 
no por eso d. jará de ser pecaminosa si se obra con- 
írij los sentimientos de la conciencia. 

A despecho de, expresa, bien asi como á pe.^ar de, 
una oposición de resistencia sostenida por via de 
hecho ó por cuales>|uieia otros medios; pero sin 
que produzca electo alguno de parte del que se 



le llama 
er/ietiio, si es por toda la vida del que lo desem- 



peña : se dice "director, secretario inrinl o, etc. 
cuando en rigor solo deberla decirse vita'icio : se 
ericen monumentos perp tnO' porque han de durar 
mucho, aunque por cualquier evento ó trastorno 
suelen ser pronlameute derribados. ¡Cuántos mo- 
numentos no hemos visto levantarse en nuestros 
dias para perpetuar ó la adulación, ó una gloria 
vana, de los cuales ni aun rastros quedan ya 1 

Llamamos coutiinias á las frecuente» y largas 
qnejas. Lo qne dura mucho ó excesivamente, loque 
nos causa intenso dolor ó agudas penas, que no po- 



opoue. 

El hombre cede siempre á su destino á p'Sar de 
cuantas precauciones tome, ó de los medios qne 
busque para evitarlo. Libre se mantiene siempre 
el iuUeiible ánimo del filósofo, á de pedio de la 
oposición de sus enemigos, y le alumbra la razón 
á pesar de las tinieblas con que procura ofuscarle 
la preocupación. 

.Vri iili'tanle, solo demuestra una ligera oposición 
de" parte del complemento, y tan ligera que no pa- 
rece hacerse caso de ella. « Ao ohstanle cuantas 
protestas puedan hacer l.is naciones débiles, las 
poderosas fundarán sus derechos sobre ellas en la 
fuerza. El uialvado ni aun los templos respeta, jr 
aun allí mismo se atreverá á cometer sus crímenes, 
no o'i'iaiile la santidad del lugar. » 

€ Uaré mi viaje no, oh s ame los consejos que me 
dan : > es decir no haré caso de ellos, mudando de 
intención. 

« Se procede contra la voluntad ó contrn la ley 
á pesar de a oiiosicion que para ello se haga. » 

El buen crisii.mo uad.i hace contra su concien- 
cia : el malvado comete el crimen á ii-sir del cas- 
tigo que le ameiia/.a : el vicioso se abandona á sus 
pasiones, no ulixtante los consejos que se le dan 
para apartarle de su mala vida. 

Siempre debe defenderse la verdad cmíra los 
capciosos sofismas con ijue procuia disfrazarse la 
mentira, á pe^ar de las persecuciones que sufre y no 
o'istimte el mal ejemplo de los demás. 

CO\rnAU\^DO. II FRAUDE. || CONTRA- 
VE^CIO.\'. — El sentido recto y natural de la 
palabra cont o han lo es ir, obrar y proceder cnnlra 
lo que la ley, el precepto ó el hmda previenen : es 
fallar á lo mandado, y por extensión el comiTcio 
ilícito que se hace de mercancías ó géneros prohi- 
bidos por las leyes de cada estado particular; y lla- 
mase también así á todo lo que es ilícito ó indebido 
en cnalquir sentido, ó aparece tal, aunque en 
realidad no lo sea. Venir de ronlrat) indo es venir 
uno de tapadillo, ocultamente, cuando no se le 
espera : llevar un conlra'anlo es llevar una cosa 
oculta que aunque no prohibida, no se quiere que 
se sepa. Te cogí en el contrubaadii, te sorprendí en 
alzuua üicardihuela. 

Pero el mas prínciiial senfdo es el de comercio 
ilícito de señeros, que se verifica con riesgo de ser 
descubiertos y castii;ados los que lo ejercen valién- 
dose del engaño, de la astucia y las mas veces de 
la fuerza, pues el lontui' anlista suele ir armado y 
en cuadrilla para defenderse de la tropa ó resguar- 
do que le acecha y persigue. El conti-nbind < es pues 
un crimen, y á veces e b'S mas graves por las 
circunstancias qne le suelen acompañar. 

El fraiid'- se dirige también á violar la ley; pero 
de un rondo astuto, sagaz, encubierto, reservadlo, 
valiéndose de disfraces, apariencias y diestros arti- 
ficios, vendo por sendas cxlraviadas, cainiuando eí 
la oscuridad de la noche. El contrallan lo se em- 
plea por lo cmiun en señeros proliibidos, y el 
fr.ii.de solo sc dirige á no pagir los derechos, y asi 
también es criminal, aunque uo tanto. 

veces la conlrarciu ion, y puede 



No lo es mucha: 
verificarse de buena 



fe por ignorancia 6 error, en 



60 



CON 



CON 



CON 



cuanta á las leyes fiscales; cometiéndose solo por 
faltar á las regias prescritas por los reglamentos 
de Hacienda piihlica. 

coisriiADiCToiao. || coi^trahio. || 

OPUtsro. — Contradecir vale tanto como drC/r 
contra. Uno alirma nna cosa, otro la niega; de aguí 
resuUa conliadiccinn entre ambos, los cuales son 
contradictores respectivamente el uno del otro : las 
proposiciones que sienten, serán viintrudic lorian. 

Estas palabras se aplican en cieito sentido no 
¿olo á la^ personas, sino también ¡í las cosas : una 
es contraibctoria de otra, porque es opuesta á dUa, 
y asi el frió será contradi ctorii) del calor. Todo lo 

2ue se obra, dice ó está en contra de otro, es contra- 
ict'tno. 

Llámanse en sentido lógico proposiciones contra- 
dictorias aquellas que envuelven ó implican con- 
trudicc/otiy expresando ideas ó juicios que unos á 
otros sé contrarían ó destruyen. Cuanilo decimos, 
hace frió, bace calor, sentamos dos proposiciones 
que envuelven positiva contradicción : lo mismo 
que si y lio. 

Cintradle torio se refiere en rigor á lo que se dice, 
se disputa ó sostiene y es contrario i la naturaleza 
de las cosas. El que en un mismo instante dijese 
que hace calor y frió se contradiría; pero conside- 
rados el calor y el l'rio en si misinos, veremos que 
son dos cosas contrarias la una á la otra. 

Contrario es pues li opuesto ó repugnante á otra 
cosa : lo que e^tá colocado al revés, ó de un modo 
opuesto : lo que daña ó perjudica á cualquiera 
cosa : la enemistad ü oposición de las personas ó 
cosas entre bi. 

Oponer es colocar ó situar una oosa de modo que 
ofrezca un estoibo ó impedimento á otra : y oiio-i- 
cion la disposición de las cosas cuando están colo- 
cadas unas eu frente de otras, asi como la rontraric- 
dad y repugnancia que unas cosas tienen á otras. 
Son opuestas las personas cuando contradicen ó re- 
sisten á lo que otro dice ó hace. 

Resulta la oposición de hallarse las cosas mate- 
riales en diferente posición ó dirección, y en este 
sentido la longitud es opuesta á la latitud ; el prin- 
cipio al fin y viceversa. Cuando dos ejércitos se 
sitúan el uno frente al otro para entrar en batalla, 
se dice que están opuestos y en efecto es asi, no 
solo por su material posición sino por sus contrarios 
partidos. 

Siguiendo el mismo sentido Y por la misma ana- 
logia, cuando se propone cualquiera razón ó dis- 
curso contra otro se llama oponer : y Oj^oneme á 
una cosa, cuando nos valemos de los medios sufi- 
cientes para solicitarla en c-mtra de otro que la 
pretende, como sucede con el concnrso de preten- 
dientes á cualquiera destino ó cargo, que exige 
conocimientos cientiücos, en los que debeD hacer 
muestra y alarde de ellos, para que demostrada su 
superior inteligencia, se le dé al que parezca me- 
recerlo mas. 

CO\TltAHACi;n. II COPIAR. II IMIT\R. 
— El sentido recto de la palabra coniraimcer es 
ejecutar una cosa tan parecida a cualquiera otra, 
que no sea fácil distinguirlas. Por eitcnsion sÍL'ni- 
nca remedar el aire, gestos, modales y aun halila 
de las personas; vicio muy couiun sobre todo en 
aquellos que teniendo ellos mismos defectos corpo- 
rales, como para vengarse de la general burla y 
desprecio que sufren, se hacen rualignos y remeda- 
dores. Las personas mas aficionadas á" remedar, 
suelen ser por lo común feas, contrahechas ó des- 
graciadas de cuerpo. 

£1 que copia intenta representar lo mas idéntica- 
mente que le es posible el original que se ha pro- 
puesto, ya sea la acción de un ente animado, ya, y 
es lo mas connm, cualquiera imá^jen de pintura ó 
escultura. Hay copias tan bien hechas que se equj- 
"vocan aun por los mismos inteligentes con los 
originales : y alguna vez sucede que le sobrepujan 
en mérito, aumentando sus bellezas y evitando sus 
defectos. 

La imitación supone un modelo y el deseo tam- 
bién de mejorarlo, de perfeccionarlo. 

La acción de copiar supone -iependencia, amane- 
ramiento y como cierto servil y material tralajo, 
mucha paciencia y estudio, poca inteligencia, me- 
nos ingenio y ninguna originalidad. La de imitar, 
muestra libertad, desembarazo, reüeiiou y buen 
gusto : entre los autores se dice, el que no imita. 
no será imitado. El contrahacer ó remedar prueba 
mala intención, malignidad, desprecio de la gente. 
Es ocupación de farsantes, mimos, truhanes y gente 
balad i 

COVTR A VENCIÓN. |I DKSOBEDIEISCTA. 
II l\OBEnni:\CIA. — Designan generalmente 
hablando estas dos palabras la acción de separarse, 
da ir contra de lo gue está mandado. 



La contravención es la acción ú omisión contraria 
á las disposiciones da una ley, de un reglamento, 
de una ordenanza, de un tratado, de una obligación 
contraída ó impuesta de hacer ú observar cual- 
quiera cosa. 

La desobediencia consiste en rehusarse, resistirse 
al que tiene derecho ó poder de mandar. La wn- 
travencton se refiere á la ley; la desobe-iiencia i 
las personas : se contraviene á una ley, dtsohede- 
cienlo i una autoridad. 

La inobediencia significa falta de obediencia, y 
aunque sinónima, por lo regular, de des brdiencia, 
podremos diferenciarla en que la desobediencia se 
refiere á la acción, y la iuotn di encía no la supone. 
Inof'ntiei'ie será el que sin resistencia alguna deja 
de obedecer, no se mueve á hacer lo que se le 
manda : es lo contrario á la acción : el de.sobedienfe 
se opone á ella con otra contraria, 

CONTRAVEMIt. II QUEBIIANTAR. |1 TRAS- 

GUCDIR. 11 VIOLAR. - Literalmente, contra- 
venir significa venir ó ¡r contra, hacer una cosa con- 
traria á lo mandado ó no hacer lo que se manda ú 
ordena : se contraviene á una orden, cuando no se 
la ejecuta. 

Quebrantar corresponde al infringere latino, que 
algunos dicen uifrni¡/ir en castellano ¡ pero que 
otros no lo usan, siguiendo el ejemplo de la Aca- 
demia y de los puristas, no obstante que admiten 
infracción é infractor. 

Su significación recta es rotura, quiebra de al- 

f;una cosa y por extensión infracción, violación de 
as leyes, obligaciones y convenios y de cuanto 
ciñe y sujeta fínica y moralmente. Se contraviene á 
una ley cuando no se ejecuta lo que manda, y se 
quebranta cuando se hace lo que prohibe, pues 
entonces se rompen las trabas que pone á nuestra 
voluntad. 

Tra^-gredir, palabra, aunque castellana, ya des- 
usada, viene de las dos latinas trans que significa de 
la otra parte, del otro lado, mas allá, y gradi andar, 
ó ir de una parte á otra, y hs dos juntas, pasar del 
otro lado ó atiavesar, saliise de los limites impufs- 
tos. Si ya no se usa el verbo, no asi sus derivados 
íi asijresion, que vale quebrantamiento, inobser- 
vancia de lo mandado, y íTasgnsor que corres- 
ponde á quehr.intador. 

Vh'lar viene del latin vÍola>e, y este de vi, 
fuerza, violencia, violentar, ultrajar, injuriar, co- 
meter grandes excesos. 

Por lo tanto, hablando con propiedad, diremos 
que se contraviene á la ley, cuando nos dirigimos 

fior lo opuesto al camino o ruta que nos ha seña- 
ado, ó faltamos al precepto que nos ha impuesto. 
Se infrini/e ó quebran'a cuando se rompe aquel lazo 
con que nos tenia sujetos, cuando nos salimos de 
los justos limites, y se rióla cuando se pierde toda 
la consideración y veneración que debemos tener á 
las cosas mas respetables y sagradas. 

La contrav ncion corresponde especialmente al 
orden positivo, al reglamento, á la disciplina. Se 
con raiirní' á una sentencia o disposición cuando 
no se la ejecuta ó no se llenan todas las condi- 
ciones que exige : la iafracciin pertenece piopia- 
mente al orden público ó privado, en el cual está 
comprometida nuestra buena fe ; á los tratados entre 
los soberanos; á las convenciones entre los particu- 
lares; á los recíprocos deberes entre soberano y 
subditos : el principe que socorre á los enemigos 
de su aliado, ijuei'ranta, in'ringe el tratado de 
alianza: un subdito las leyes del reino; un rey los 
fueros de aquellas provincias que los tii-nen. 

La trasyre-'ion se verifica en el óiden moral y 
particularmente en el religioso, cuando se quebran- 
tan los mandamientos de la ley de Dios ó los pre- 
ceptos de la Iglesia. 

La !7o/ac/íítt atropella atrevidamente, en el orden 
esencial de la naturaleza, cuanto pertenece á las 
buenas costumbres, al orden público, á la religión, 
á cuanto es inocente, puro, sagrado v venerable. 
La brutalidad viola el pudor j la barbarie basta los 
mas sagrados y respetables asilos, y aun los mismos 
sepulcros; la perfidia el secreto del amigo; la obs- 
cenidad, la pureza conyugal. 

Se contraviene por falta de arreglo y orden : 
se infringe por intídelidad : se viola por grandes 
excesos. 

La cni'ra' encinn es un delito : la infracción, falta 
de probidad y traición : la trasgresion, desobedien- 
cia, crimen ; la vio ación horrenda maldad. 

COlSTUIBUCION. 11 niPUI'STO. [| IBIBU- 
TO. II TAI-LA. II PíCIIOS. || DERRAIIAS. 
II GABELAS. II SL'BSIOIOS. H DONATIVOS. 

— Forzosa cosa es i|ue los que disfrutan de los 
beneticios de la sociedad contrihiíi,an á las cargas y 
gastos que necesiten hacerse para el gobierno y de- 



fensa del país, así como para el fomento de la ri- 
queza pública. 

Tal es 1 1 origen y motivo de las contribuciones 
sin las cuales uo pueden formarse y sostenerse las . 
naciones. 

Materia ardua y difícil de tratar es la naturaleza 
del impuesto, las bases en ',ue se apoya y la equidad 
con que debe ser repartido, eu razón alas riquezas 
de los contribuyentes, y al mayor ó menor beneficio 
que reportan de la sociedad misma. 

La naturaleza del impuesto, tiene íntima relación 
con las diversas formas de gobierno, con id legisla- 
ción y con las costumbres de los siglos; y según 
ellas han variado estos impuestos, su forma y modo 
de exacción, los nombres y distinciones de ellos, y 
la igualdad ó desigualdad entre los contribuyentes, 
6 la excepción de algunas clases, de este ó del otro 
género de impuestos, contribuyendo por otro lado á 
las c?rgas del Estado, 

Viniendo á las ideas en general, sobre los im 
puestos^ á los mas conocidos y á la diferencia entre 
unos y otros; deberemos examinar estas y sus 
significados, (|ue es nuestro principal objeto. 

La contribución es un nombre genérico que 
abraza todo aquello con que, de cualquier modo que 
sea, se acude á la defensa y sosteuin.ieuto del 
Estado, pues ademas de la contribución necuniaria 
ó de valores, hay también la que llaman de sangre, 
por la que el ciudadano tiene que acudir á la de- 
fensa de la patria. 

Se define generalmente la contribución, diciendo 
que es la cuota que cada uno de los contribuyentes 

fiaga, según las reglas establecidas, para atender á 
os gastos que la comunidad, sea general ó particu- 
lar, pública ó privada, tiene que nacer para lograr 
el fin que se haya propuesto. Algunos quieren que 
sea una imposición extraordinaria para atender á 
un gasto público, principalmente en tiempo de 
guerra; mas este no puede ser su primitivo y ge- 
nérico sentido, pues toda contribución debe ser ge- 
neral, ordinaria y permanente entre los asociados. 

Gomo los llamados ecOHOWí^íd* quisieron reducir 
las contribuciones á una sola, tomando por base las 
producciones de la tierra ó la riqueza agraria, se 
aplaudió y adoptó esta idea mirándola como la mas 
sencilla, natural y equitativa, y se formaron cál- 
culos, planes y catastros para establecerla con el 
titulo de única C(m/ri¿'.c/o»; pero bien pronto la 
experiencia demostró el error, y así en el dia no 
hay nación alguna que no este sujeta á muchos, 
desiguales y diferentes impuestos, y á veces tanto 
mayores y gravosos son cuanto maior es la libertad 
que se entiende gozar el pueblo que contribuye. 

Con la palabra cmlrihncion coincide la de wí- 
puesto : viene del latin impositum, que significa 
puesto encima ó sobre alguna cosa. Imposición es 
el acto de imponer, y el impuesto, considerado con 
relación á este acto, vieiie á ser también término 
genérico que expre.'ia la totalidad de las cargas que 
forman las rentas del Estado, y así se dice : estamos 
cargados de impueshs , comprendiendo de este 
modo á todas las contribuciohes. 

Trit'Uío viene de tn'utum, y esta palabra, se?ua 
Govarrúbias, se deriva del impuesto que pagaban 
en Roma las diferentes tribus que formaban la 
reunión de los ciudadanos romanos. Se definen ge- 
neralmente los tributos diciendo que es la cantidad 
que paga el vaíalloal sei^or en reconocimiento del 
dominio de este, y llamamos iribuíarioy tributante 
al que pai^a ó tributa. 

Se considera igualmente al tributo como un de- 
recho concedido al soberano sobre todos aquellos 
que están sujetos á su obediencia según las leyes, 
convenios, tratados y reglas particulai es correspon- 
dientes á las diversas circunstancias, ya sea de los 
vasallos, ya de los subditos, va de los ciudadanos 
según la naturaleza de los gobiernos. 

Govarrúbias deriva la palabra talla del toscano 
tagliando. porque de cada uno de los vasallos se 
talla y tarja un poco; pero mas propiamente viene 
del latin titea por corrupción la/la, q\ie significa 
teja ó plancha de madera, pues en los tiempos b;i^ 
baros en que vino á establecerse este impuesto ^ loi 
cobradores de él, llevaban unas tarjas en las qus 
hacían señales que indicaban lo que se iba pagando 
por los contribuyentes á cuenta del impuesto. 

La t'illü, pues, es el tributo que antiguamente sa 
repartía por cabezas á la gente plebeya, por lo que 
en algunas partes se Wumó capnacion; bien que 
solia haber nos especies de taUa, una personal que 
es propriamente la capitucion. y otra r,at, que re- 
cala sobre todo género de propiedades. 

En Eípuña se llamó en algún tiempo tuda al /r¿- 
buto que el colono pagaba al señor por extraordi- 
nario, para ayudarle y socorrerle en sus necesida- 
des. De este tributo estaban exentos todos los que 



CON 



CON 



CON 



61 



oprleneciaii á la clase de la nobleza, <jae era en- , timiento que interiormente nos acjueja 

^HSfSr^S: ^^:^, abora se Ii7= ^t=Sr:= ¡^. .ere. 
usa nuco, e.s un ¡nMo an.Uogo al anter.or que el por^decirlo as, , nue.tras^emra«as, 
vasallo pagaba al señor terntori.il en razón lie sus 



bienes o hacie.idas; al que lo pagaba se le llamaba 
pechero y venia á ser lo opuesto á noble, como 
plebeyo; y se llamaba ¡laheña al padrón ó regis- 
tro que se llevaba para este impuesto, y pechado al 
que tenia que pagar el pecho. 

Covarrúbia» dice que el ptcho fué al principio la 
pena pecuniaria establecida por cualquier delito, 
entonces que estos se redimían con dineio segnn la 
tarifa c]ne las leves señalalian para el caso, y asi en 
las de fi.rtidiis'y otras se dice : el que hiciere tal 
delito peche tanto ó cnanto. 

Aun menos usada es la palabra derrama muy 
conocida en lo antiguo, y cuyo sentido en el día 
viene á ser el de un impuesto ó ejecución eventual, 
por lo común arbitrarla, desigual y aun violenta, 
regularmente eligida por el enemigo ó conquista- 
dor en tiempo de guerra, y asi se decia son tantas 
las de'rama< que se han echado sobre el país que 
han llegado ;i empobrecerlo. 

(i.iíe/a viene, según unos, del latin corrompi- 
do giibella, gablum , gabulitm. ga'dum, y según 
otros del hebreo guk, gul/eloik del verbo (;a*u/ une 
signiüca limitar, poner dn; siendo lo mas probable 
que se derive de la lengua sajona en la que ijubel 
significa tríbulo. 

En su origen , tanto en Francia como en Jis- 
paña, se dio este nombre á an Iril'Ulo establecido 
sobre las haciendas y mercancías ; mas en el dia, 
solo signijca en Francia el impuesto sobre la sal 
y no sobre ninguna otra cosa. Muy oneroso debía 
ser este iuipuesto, puesto que los Irancesfo siempre 
se queiaban de él : entre nosotros viene á signiticar 
cualquiera carga que nos oprime demasiado , y asi 
se dice no es esta mala ¡/abela, es una gabela pesa- 
da é insoportable. 

Siíbsidio , del latin subs'dinm que significa re- 
fuerzo, ayuda, socürro , auxilio, vieue á ser nom- 
bre de un impuesto , pues realmente lo es tempo- 
ral y extraordinario ; el cual aunque parezca vo- 
luntarin es forzoso, pues que se exige en virtud de 
ana ley en los casos extraordinarios, en que es me- 
nester recnrrir á todos los arbitrios para cubrir los 
gastos . y asi se dice subsidio de comercio, ¡.uisidio 
eclesiástico , etc. 

Aun deberemos llamar contribución a la even- 
tual que por su nombre mismo debe ser voluntaria, 
y es la de los donalirou pues cuando no alcanzan 
los gratuitos y generosos con que acude cada uno 
según sus facultados y voluntad , se viene á parar 
en hacer los obligatorios con el titulo de donativo 
^or;OM),bien que regularmente prometen, sino 
cumplen . los gobiernos , resarcirlos en mas felices 
tiempos que por desgracia raras veces suelen llegar. 
CONTRICIllN. II PESAK. II AltllEPEINTI- 
MltlN'TO. 11 KKMÜUUIMIENTOS. — Todas es- 
tas palabras expresan el dolor que sentimos de 
haber procedido mal. 

La palabra contrición es propiamente religiosa, y 
consiste en el profundo y voluntario dolor que cau- 
sa á nuestro corazón el haber ofendido á Dios, 
solo por ser quien es , v porque le debemos amar y 
amamos sobre todas las cosas , y asi Santa Teresa de 
Jesús, muy sabia en espirituales y místicos amores, 
concluye su famoso soneto que comienza: 
Wo me muere, mi Dios, para quererte, de este modo : 

Miiéveme en fin lu fimor de tal manera 
Que aiinijue no hubieía ciel-. Jo te amara, 
y aunque no liubiera infierno, te temiera. 



Es pues el i'emoi dimieiilo la acusación secretado 
la conciencia, que sin que lo podamos aplacar ni 
acallar nos atormenta v despedaza el alma cuando 
bemos delinquido. Vemos pues que arrepeiitmiemo 
expresa mas que pesar, y reinordimuuto mas que 
arre¡ entiiniemo. ... , 

La contrición se refiere al pecado, y la inspira el 
amor que tenemos á Dios y el horror que nos causa 
el vicio, que son los mas elevados motivos de la 
religión . 

Él arrepeiitimienlo corresponde á toda especie de 
mal ó á toda acción mirada como mala y ab rreci- 
ble, y nos lo sugiere tanto la experiencia, cuanto 
nuestras propias reflexiones. 

La imagen del crimen que de continuo se nos 
aparece, atormenta y espanta, sobre todo en la so- 
ledad V en la conversación con nosotros mismos; 
produce los inevitables remord míenlos; pues la con- 
ciencia venga á la divina justicia , persiguiéndonos 
y acusándonos. 

El tieii.po puede debilitar y destruir el pesar, la 
reparación del daño causado calmar el arrepenti- 
•••lento. Jamas sucederá asi con los remor,iimi utos, 

' malvado. 



F. 



El pesar es un penoso recuerdo , una pena , un 
sentimiento interior, causado por la falta que se 
ha cometido en lo que se ha hecho , dicho o desea- 
do y este pesar puede ser mayor o menor según 
las circunstancias . delicadeza , conciencia o escru- 
ulos del que se halla pesaroso. Siempre molesta y 
.■ati''a al ánimo y á veces tanto , que puede produ- 
cir el mayor trastorno, ya físico , ya moral, eii la 
mente ó en la salud, según que sea grave la lalta 
6 estrecha la conciencia del que la cometió, y mas 
si han resultado fatales consecuencias. 

El arrepeiitiiiiirulo es la amarga pena que senti- 
mos de haber cometido un delito ó error, deseando 
al mismo tiempo con la mayor eficacia enmendarlo, 
repararlo, satisfacerlo en cuanto nos sea posible. 

nemord miento viene de remord'r, .|ue vale tan- 
to , en sentido recto , como volver á morder 6 mo- 
derse uno á sí mismo , y en figurado o metalorico, 
y mas siendo recíproco, inquietarse, alterarse, desa- 
sosegarse interiormente por alguna cosa; punzara 
nno cualquier escrúpulo de haber obrado mal ; y 
tuando manifestamos con señales exteriores el sen- 



pues hasta al sepulcro mismo perseguirán al m 

La contrición reside en el corazón ; el pesar y el 
arrepentimiento en el alma; los remordimientos en 
la conciencia. 

La co^ilricion y el urrepenllmiemo nos restituyen 
al camino de la virtud : los remordimicnros nos lo 
muestran ; pero casi siempre con la desesperación 
de no poderlo tomar. 

Sin embargo , porque nadie debe desesperar de 
la enmienda, vemos á veces que los remordimien- 
tos dirigen i ella al culpado , y verifican en el 
cristiano una verdadera co tricion. 

El arrcpentimientii suele nacer de motivos huma- 
nos y terrenales; mas la ronlncion solo de los so- 
brenaturales: tal es la eficacia de la fe. Algunas 
veces los hombres interesados que carecen de sóli- 
da virtud se arrepienten de haber obrado bien pur 
los daños que les han resultado de ello; pero jamas 
les queda por ese recto modo de proceder remordi- 
tiiiento alguno. En realidad de verdad , si el hom- 
bre practicase las buenas obras solo por su conve- 
niencia y beneficio, ni esta seria verdadera virtud, 
ni casi nunca la seguirla el hombre , pues común 
co=a es pagar mal por bien : y la virtud bien acen- 
drida exige grandes sacrificios y sumo desprendi- 
miento y desinterés. 

Para tener idea exacta de la contrición debemtjs 
atender, en el Evangelio, á las historias del Publi- 
cano , de la Samaritana y de la Magdalena. En la 
pintura qne Estralon hace de las f„rias , se halla- 
rá la verdadera imagen de los remonlimientcs; asi 
como del nrrepentimienio en aquella matrona que 
Luciano nos representa toda enlutada, volviendo 
su vergonzoso, dolorido y lacrimoso rostro hacia la 
virtud. 

CONVENCER. II PERSUADIR.— Cuando que- 
remos que una persona mude de conducta ú opi- 
nión , nos procuramos valer de razones poderosas 
que la precisen ó fuercen á hacer lo que la propo- 
nemos , y á esto llamamos conre/icer, palabra com- 
puesta del verbo vencer y la preposición con ; deri- 
vada de la latina vmcere y privince-e que siguiflcan 
vencer, superar, conseguir á viva fuerza, hacer, ver 
y probar una cosa. 

Supone pues fuerza, principalmente de razones, 
de parte del que intenta c^nun er, demostrando la 
bondad ó utilidad de alguna cosa, para llevar á la 
persona á que la ejecute ó que en ella convenga. 
Se ve pues que la acción del convencedor se diri- 
ge principalmente á la inteligencia; asi como la del 
uersuasor á los sentimientos del corazón. 

Muy semejante al convencimiento es la persuasión, 
pues el peiswidir se define generalmente, la acción 
dirigida á mover, excitar, obligar á uno á que eje- 
cute lo que se propone , valiéndose de razones y 
discursos , no solo que venzan su razón , sino mas 
bien aun que conmuevan su corazón. Usase mucho 
la palabra persuadir en mal sentido, cuando setra; 
ta de inclinar á nno con eficacia y vehemencia a 
que ejecute cosas nada conformes a la razón. 

Se dice que el orador debe no solo convenrer , es 
decir, probar las proposiciones que sienta; sino 
también persuadir, esto es, conmover y ganar el 
corazón. , „ , - 

La (■oiiii/ccíOtí supone pruebas. <Yo no podría creer 
>tal cosa, se suele decir; pero me ba presentado 
nprutbas tan concluyentes que n:e ha conveneido.y 
INo siempre exige prueb.as \í persuasión. «La buena 
«opinión que tengo de tí me es suficiente para ver- 



decimos I ysitndirme que de ningún modo eres capaz le en- 
«ganarme. > 

Fácilmente nos persuiidimos de aquello q'Je de- 
seamos , pues en ello se interesan nuestros afectos 
y aficiones: las mas veces sentimos que nos conven- 
zan de lo que contraria nuestros .^eutimieutos y 
nuestras inclinaciones, pues no querríamos que se 
nos presentasen motivos para separarnos de ellas. 
Se per^uiide á uno á que haga una cosa y se'OM- 
vcnre á otro del delito que cometió, y en este c:iso 
se toma convencer en mal sentido. Se lia connnrido 
al asesino del delito que le habian persnahdo á 
eji'Cutar los malévolos que eran sus falsos amigos. 
Se ve pues demostrado lo que veníamos diciendo, 
que el convencimieuio habla á la razón, y la per- 
suasión al sentimiento. 

Decimos que una demostración matemática con- 
vence, mas no diremos que persuade; así como el 
amor persuade, sin de ningún modo convencer. 

Llámase en castellano conrencedor al que con 
vence, así como persuadidor y /lers-oíor al que 
pr sitad ■. La Academia da por anticuado al primer 
sustantivo y no á los dos segundos, sin que se al- 
cance el motivo de la diferencia. 

Dicese hablando de un sujeto que tiene mucha 
copia de razones , que las sabe exponer con elo- 
cuencia, con gracia, con ínteres, convenciendo la 
razón v conmoviendo al ánimo, que tiene mucha 



peí siinsiva. 

CONVERSAR. II PI.ATICAR. II PARLAR. 1 
PICOTEAlt.|lG,4llLAR. H CHACHAREAR. |1 
CUCIIICUEAR. — La conversación es una plática 
tamiliar y amistosa entre dos ó mas personas , so- 
bre asuntos varios, indiferentes o de algún ínteres. 
Se cni.versd para recrearse, instruirse, divertirse. 

Plnticar es conrersir y conferir mas principal- ■ 
mente , tratando de cualquiera materia o negocio 
importante, y asi se dice aniar m f Uticos poi 
ocupar-e en tratos ó negocios de importancia, y llá- 
manse también p'nticas espirituales los discursos 
morales y de religión que hacen los predicadores, 
.-isí pues p'.ilica significa mas que conversación: 
e-ta puede ser festiva , alegre, variada y superfi- 
cial: \3 plática supone formalidad, seriedad, im- 
portancia é interés. 

Cuando se conrersa ó platicn con soltura, des- 
embarazo y facilidad se llama parlar , y asi se dice 
comunmente ese sujeto tiene buena parla. Esta ex- 
presión indica muchas veces exceso en el hablar, 
locuacidad, y lo que algunos llaman garruliiad, del 
latín garr,,litas.\ como por este exceso de hablar, 
que llamamos /laWeria, se escap.in al parladora 
hablador muchas espresiones inoportunas é inconsi- 
deradas , en las que se descubreu á veces secretos y 
cosas que no deberían saberse, se le da á la pala- 
bra paría esta sienificacion ; como Uinbien y por la 
misma razón la de chismes y cuentecillos; deriván- 
dose de aqní las palabras parhron , que indica el 
que habla mucho, y las de parlerito, parlernelo y 
firinn hin i los que adolecen de la comezón de 
hablar á diestro y siniestro, que también se llaman 
lara< illas. 

Por analogía tratando de las aves que gorjean j 
cantan mucho se las llama parleras. 

Parleta se dice de cualquiera conversación sobre 
asuntos festivos y variados. 

La palabra parola, que es derivada Arparla, 
significa conversación insustancial y Lirga , asi 
como grande facilidad en el decir: < gasta mucha 
parola esa persona : todo es parola. > 

En sentido recto picotear es golpear, herir las 
aves con el pico, y en el uietafórico charlar, y por 
eso cuando las mujeres riñen y se dicen malas ex- 
presiones , decimos que se pii otean. 

La misma significación vienen á íener las voces 
chaehariar y gailar, que son onomatoneyas , pues 
que imitan la acción y ruido en el hablar de las 
personas y el que hacen con sus gorjeos, cantos, 
cacareos y graznidos las aves. 

Las expresiones cháehara, chacharero, ¡larlador, 
garlóme y otras indican muy bien estas sinonimias 
y vienen a derivarse de las latinas ijarrirc y gurrulus. 
Cuando se habla delante de personas que no se 
quiere que sepan lo que se dice , se hace al oído y 
entre dientes lo que se llama cucliicheo, cuekichear, 
secretear. 

Con su volubilidad de lengua nos confunde y 
aturde el hablador y purlaate ; con su ruido y per- 
petuas repeticiones, nos fa.st¡dia y muele el clia- 
eharero y challante. Se acusa generalmente á las 
mujeres de ser hab adoras. En la habtadu ia y par- 
íiiio sobresale la indiscreción ; en la chachara y 
charla la vanidad y el prurito de lucir. El ijarlan- 
te habla de todo sin saber nada , y pronto pasa a 
ser chacharero, atormenUndo á cuantos le oyen con 
su charla. 



G2 



COP 



COR 



COR 



Jas mujeres, gue no son prudentes y bien edu- 
cadas , están sujetas al vicio de secrdea'' y rurbi- 
ctitar eutie sí . >a pur ociosidad , ya p r vauiílid y 
las mas veces por iiialipnidad. El furor de coiitar 
lo que satien o no s.í!ien, de desdilirir uu secreto, 
de murniurar, las hace hablar siu retención alguna 
y siü prever las malas consecuencias, que de 
aquellos cuchcheos pueden seguirse. Cuando las 
solteritas se fastidian de la conversación de sus 
madres y perdonas mayores, en las cuales no se las 
deja tomar partí . se retiran á un Jado para cuchi- 
chiar. Todo se vuphe cuc>iii'heo-i en ellas , cuando 
están juntas, y U burla y la murmuración son el 
tema priucipaf de su cnnversacina. 

co.wuLsiüK. II i:piM:rsiA. ¡I espas- 
mo. — La delicadeza del sisieuia nervioso en los 
animales y piincipalíu-'nte en el hombre hace que 
sean infinitas las enfermedades á que está sujeto. 
Todas ellas pueden reducirse á la palaira genérica 
de convulsión, la cual es una agitación, un movi- 
miento fuerte, no natural, que se explica en lo 
citerior, ja por contraerse, ya por ensancharse y 
estirarse uno ó muchos miembros del cuerpo von- 
pulso. 

Pero considerando la romu'sion como enfermedad 
particular y no couio síntomas . que á todas las de 
esta naturaleza acompañan , advertiremos qne en la 
ei'itvulsion no se inmuta y trastorna el uso de ios 
sentidos, como resuiarmente sucede en las otras. 

La nalabia epHe^sta viene del íiriego epUefists y 
esta íie epílam' anelay , que significa sorprender. 

Sor lo repentinamente que acoui.te esta convulsión, 
laban los latinos muchos nombres á e^te malj 
pero el mas general y común eia. como aun lo es 
entre nosotros, el de morbus ca:ucus, vial caduio. 
i ca endo; porque á los que acomete suele derrivar 
en tierra. 

Terificase este tan terrible accidente unas veces 
en tndas las partes del cuerpo, otras solo en algu- 
nas ó nada mas que en una: sus ataques ya son 
periódicos, ya irres-nlares, y mientras duran el 
enfermo sufre notable privatiou ó diminución en el 
ejercicio de sus sentidos y en el de sus movimien- 
tos voluntarios. 

Son inünitas las clases de epVeps'as, y muy ex- 
traños, admirables, portentosos y como sobrenatu- 
rales los síutoffias que pres'-ntan, según sean las di- 
versas contracciones muscnlan-s* 

El espasmo le distinguen algunos de la cort'ul- 
tiin dicien lo que este consiste en la mayor dispo- 
sición que tienen las partes ó miembros del cuerpo 
á la conmocioQ 6 c-'^vuls on ; esto es , á un epa>- 
mo mas fuerte y sensible. En castellano se le en- 
tiende en lenguaje común por panto, bien que sue- 
le darse este nombre á un resfriado, cuaiido le 
acompaña alguna conmoción ó temblor. 

Se distingue la epilepsia en general del espasmo, 
en que este y todas sus e-pecies, consiste en una 
constante y tenaz contraccmn de los músculos, sien- 
do asi que en la epiep^ia no es continua, pues 
solo se verifica de tieuipo en tiempo, ya por perio- 
dos reculares, ya por irregulares; pero siempre es 
tin accidente repentino. 

Diferéucianse tamo la epilepsia cnanto el espas- 
mo de I?, ton- lils'on en que '-n esti , como ya 
hemos indicado, no se advierte alteración en el uso 
de los sentidos, y en aquella casi siempre haya un 
mis:DO tiempo tesi- n de las funciones del movi- 
miento y las del sentimiento. 

COPIAII. II TIIASLADAR. || THASt IVTAR. 
— Trasfalar significa literalmente escribir ^egunda 
vez. llevar pnr decirlo así un escrito de un papel, 
un libro á otro, y se llama Iruslarion al acto de 
mudar una cosa de un lugar á otro, á la traduc- 
ción de una obra de una a otra lengua. 

Copiar es repetir, multiplicar lacnsa. sacar de 
ella uno ó muclios ejemplares para qne abunden, y 
en este sentido no se usa de la palabra ta^ladar^ 
sino de la de copiar^ y se llama copia y no frasla- 
d'ij guardándose esta misma relación en las acep- 
ciones figuradas. Una impresión , una edición es 
una verdadera y exacta copia. 

Traxtaáis un original de «n libro á otro, po- 
niéndolo en limpio, en regla, como debe estar. 
Se dice trasladad ese borrador al libro maestro, 
sacad muchas copias de e^e original, de ese trasla- 
lado. Jral d.r indica eiatUí y literal conformidad: 
y I Oi'in á veces mayor ó menor semejanza con el 
original. 

¿& copian no solo papeles, sino dibujos, cua- 
dros, etc., todo lo qne nien ó mal se imita; mas 
no se dirá que .-e tr.i lala. 

7rasa«lar participa de la (rashicon y de la co- 
pia. Trasunto se dice, ya en sentido material, ya 
en moral, cuando se habla de cualquiera repre- 
sentacioa que con U mayor propiedad uu:> ofrece Ii 



imagen y figura de una cosa ; y es muy común su 
uso tratando 'le obras de pintura ó escultura, y de 
acciones ó sentimientos morales. 

COlsntCClOi\. || KXACTI TUD. — Dirígense 
estas palabras á manifestar lo que contribuye a que 
una oLra salga todo lo perfecta que sea posible, y 
enleutlereiuos aqui por lorreccon no precisamente 
la acción material de corregirla, sino la cualidad 
de una obra correcta, en la que se han observado 
exactamente las reglas y preceptos correspondientes 
á su buena ejecución, sin que se note descuido ó 
falta al^runa. 

Por la palabra ex'^cfitud entenderemos la rigu- 
rosa conformidad de la representación ó copia con 
el original que se representa. 

La lorreccioi consiste en la fiel observancia de 
las reglas : la eiartilud en exponer puntualmente 
las ideas que deben coutriL uir al fin que nos hemos 
propuesto. 

Se aplican estas palabras con especialidad al arte 
de hablar y de escribir y á las ari*ís del diseño : se 
dice, los cuadios de Halael son admirables por su 
dibujo suuiameníe lO recto. Cuando en un cuadro 
puso un excelente pintor un pasaje de la Uistoria 
Sagrada y representó al suiuo sacerdote de los ju- 
díos con anteojos j aunque la figura era muy cor- 
recta en su dibujo, falto en ella enteramente á la 
exdcí'tud, pues entonces ni macho tiempo después 
se conocieron los anteojos. 

Ed cuanto al lenguaje y al estilo, consiste la 
ci'rreccion en observar escrupulosaruente las reglas 
gramiiicales y el recto uso de la lengua : mas la 
eiactitud corresponde á los hechos y á las cosas 
mismas. 

En una obra histórica bien escrita en todas sus 
partes, adíiiirauíos su corrección; pero cuando se 
oiuiteri en ella importantes sucesos, ó e>tán equi- 
vocadas las fechas, ó no se aplican á los que verda- 
deramente los ejecutaron, diremos que carece de 
exactitud. 

CüIlllECCIOX. II REFOnMA. i| EX3IIE\DA. 
— Según las ideas oue mauifestaicos en otros artí- 
culos, que tienen relación con este, vemos que cor- 
ree ion indica aqiiellas acciones que se dirigen á 
quitar deformidades ó evitar faltas, volviendo al 
camino de la regularidad y el orden, del que se 
habia separado, á la persona ó cosa; á hacer justi- 
fic-ido y recto al que carece de estas cualidades. 

La ennñeniiii nos muestra qu-^ se ha veritii^ado la 
corrección mudándose la disposición y estado de la 
cosa ó persona de mal á bien, ó pasando de bien á 
mejor. 

La corrección se dirige á hacer que desaparezcan 
las faltas, delectos ó irr gnlaridadí-s de una Djsa, ó 
que se eviten las falsas direcciones ó los resabios 
que toman tinto las personas cuanto las cosas. 

La enmienda supone corre- cion: la completa, la 
vigoriza, la da estabilidad y permanencia ; es pues 
mas importante y fuerte. Se corriye lo desarreglado, 
se enmi. nda lo vicioso. 

Una composición literaria, en la que se han hecho 
todas las debidas correcciones en las ideas, len- 
guaje y estilo, será una obra corregida: pero no se 
dirá precisamente que esté enmendada, pues si bien 
desaparecieron las faltas y errores materiales de 
que adolecia, no se ha vanado el plan que era de- 
tectuoso, no se ha dado claridad á los pensamientos 
oscuros, viveza y brillantez al pálido colorido de 
las descripciones y pinturas : cosas todas que perte- 
necen al ingenio, dote natural al qne no puede 
alcanzar la corra cion, y á las que principalmente 
debe dirigirse la enmi'tida en cuanto sea posible. 

filas no saliendo de la a¡jIicacion de estas dos pa- 
labras al ingenio y ai buen gusto literario, viene á 
decir Huerta en su Ensayo, que la corrección con- 
siste en la mejor elección de voces, en la mayor 
claridad de las ideas, en la mayor fuerza de las 
razones; y la enmienda en las mudanzas materiales 
que se hacen en el papel, borrando ó añadiendo, y 
así que al ver un escrito rnitientiado decimos qne 
está corregido. Tan torregido estará como enmen- 
dado : de ambos modos creo pueda decirle. Esta 
distinción parece material, minuciosa y aun arbi- 
traria. To querría darla mas importancia y funda- 
mi uto, diciendo que la eorrecci-m pertenece á lo 
material de la ejecución, aí buen gusto; l^enntien- 
dit á lo esenciiil, al ingenio. 

Uu jó^en inclinado al mal y que por los buenos 
consejos i¡ue ha recibido empieza á conteuerse 6 
SP ha contenido del todo, haciéndose bueno, se 
enmienda ó ha enmendado : el principio activo, que 
le impelía á obrar tau desaceria. lamente, ha sufrido 
una mudanza en bien ó en mejor; pero no por eso 
se ha apartado el principio, j á e^to es á lo que se 
dirige la corrección, á destruir tan viciosa propen- 
sión, y las faltas que de ellaprovleneu. 



Se enmiendan ciertas disposiciones naturales q;ne 
estaban como adormecidas y eud'otadas. restaole- 
cieudo su actividad, su energía, su fuerza; pero no 
por eso se las desliuye del todo. 

La corriTCiou recae sobre una cosa mala, sobre un 
verdadero defecto, que conviene desarraigar : la 
en^iendi sobre nua cualidad buena, viciada, pei^ 
veri ida ó debilitada, á la cual es indispensable res- 
tablecer en todo su esplendor. 

Unieren algunos que la corrección se refiera á los 
errores del entendimiento, y la enmenia á los de 
la voluntad. iVo dan la razón, ni \o la hallo, y mas 
bien me adheriré á ios que establecen la siguiente 
distinción. 

Corree ion de estilo; corrección de abusos. £n» 
mienda de costumbres, inmienda de un plan, de 
una disposición, de un estado. 

Se corrige el hombre sabio y prudente : se en~ 
m end'i el malvado 

La rearma es la acción de variar la forma de una 
cosa : restablecerla en bien cuando se ha vuelto 
mala : darla mejor disposición cuando era defec- 
tuosa la que tenia. 

Enmienua y reforma se dirigen igualmente al 
bien; pero la triorma lo verifica aumentando y 
vigorizando el principio que lo produce. La enm/en- 
í¡a de las costumbres camina directamente á mejo- 
rarlas ; la reforma á destruir las malas y restóblecer 
las buenas. 

La e. mienda no expresa idea tan positiva y firnie 
con. o la reform', pues solo emplea medios lentos y 
suaves : la reforma se vale por lo común de los 
activos, prontos y violentas; por lo lamo S' n rápi- 
dos sus efectos, como no se presenten obstáculus de 
lodo punto insuperables. 

El ejemplo de la rectitud y justificación en las 
autoridades superiores produce saludables enmien- 
das en las costumbres públicas. Para la reforma 
completa de una nación se necesita mucha inteli- 
gencia y suma prudencia, pues ofrecen poderosos 
estorbos las antiguas costumbres cuando son inve- 
teradas. Mucho trabajo costó á Pedro í de Rusia el 
refrmar los malos hábitos de ios boyardos de su 
iuiperio. 

La enmienda puede verificarse no menos en los 
casos particulares que en los generales : se enmien' 
dan las faltas, los defectos, las culpas : se -nnren- 
Oan los errores de un ministro con los aciertos de 
otro. 

La reforma corresponde siempre á un pensa- 
miento, á un plan completo que propende á corre- 
gir abu>os generales de un gobierno, de una na- 
ción, de una corporación numeíosa. Se refontian 
los códigos, ia administración de justicia, el sisteme 
de la liacienda pública. 

La enmienda depende regularmente de la volun- 
tad del mismo ^ue debe enmendarse : sin ella nada 
se logra : habrá castigo, rigor, corrfccion, mas no 
enmienda^ y aun temible es que se empeore y per* 
vieíOa aquel á quien intentamos eumf'udar^ hacién- 
dose obstinado, tenaz, re\oltoso, ó por lo contrario 
hipócrita, falso y aun tal vez traidor. 

La rí/'on/jfl proviene de la voluntad del reform 
ma'ior. Poco á poco se mejoran las cosas con la 
enmienda y á veces se mudan enteramente con U 
reforma. 

Coando nos aplicamos á corregir nuestros defectos 
ó los de los demás, resulta una enmienda que puede 
llevarnos á la verdaiera rí, orwa. Ocupáuilose cons- 
tantemente en corregir los abusos, se logra aliviar 
y mejorar la situación del pueblo, alcanzando de 
este modo la r^fort/.a tota! del Estado. 

La cor eccion puede ser ya completa, va insufi- 
ciente, tal vez inúiil, según que la acción ha pr^ 
ducido mayor ó menor efecto, ó ninguno : puede 
ser completa, ó incompleta la inmiiuda según la 
inrportancia que en sí tenga la cosa qiie se quiere 
enmendar -. mas la reforma lleva en si la idea posi- 
tiva de ser total ó completa. 

Puede haberse aplicado una fuerte corrección i 
un niño sin que por eso se Unja compidn, pues 
como ya hemos dicho es un acto que depende de la 
voluntad. Un joven vicioso puede haberse turnen* 
dado en algo, siu por eso na terse üecho mejor j 
pues su enmienda no ha sido completa, ni en* las 
cosas esenciales j peio cuando se dice que se ha rí- 
f ormino, se indica que se ha mudado del todo. 

Cuando aplicamos la palabra eerrec-ion á laa 
co.-ias, venimos á cníocidir con la idea de reforma; 
porque siendo las cosas meramente pa.slvas, deben 
a la acíioü misma todo el efecto que pueden pro- 
ducir. Asi pues el pasaje de un libro en el que se 
ha hecho ana acertada y oportuna c rrecciOit, será 
realmente un pastaje corregnlo. En este caso el 
indispensable resultado de la acción viene á con- 
fundirse con la acción míuna, extendiéndose al 



COK 



COR 



COB 



63 



bjeto i que se aplica. Por lo tanto coando qnere- , 
30S expresar la cualidad de un estilo enmendado, 
íuTe^ido, limado, decimos la corrrccO'i de estilo, 
^s decir que se ha hechoen él toda la corrección 'ine 
ijiode admitir. En el sentido natural de ía palabra 
' eforwa solo deli^ria aplicarse al objeto ó cosa en la 
que í-e ha restablecido el orden, se le lia dido una 
forma mas regular y conveniente; pero por exten- 
sión se aplica á todos los objetos que por el nuevo 
orden de cosas establecido se han separado de ai|uel 
en que estaban colocados antes, y en este senlido 
)a reforma de los criados solu vendrá á constituir 
parte de la efectuada en el gobierno y administra- 
ción de toda la casa. 

Si aplicamos estas palabras á las personas solo 
nos valdremos de la de corrección, hablando de de- 
fectos ; de enmrenda en lodo lo que pertenece á la 
moral, y de re'.orma en lo que toca al genio y á los 
modos de proceder. 

COltltEGin. I! REPRENDER. |1 ¡IVCREPAR. 
I| REMIt.— Dirigense estas palabras á la acción 
de Ufvar, conducir, guiar al hambre al camino de 
la recta razón y ;i la observancia de las reglas del 
bien obrar, reariéndose por lo tanto á las faltas co- 
metidas y á las personas que las cometen. 

Corregir indica la enmienda que se hace de aquello 
que está errad»; la advertencia, la amonestación 
acerca del error, manifestando el modo de remediar- 
lo. También por analogía indica la coreccion, di- 
minución, templanza, luoderacion de la actividad de 
Una cosa. La C'rreccion manifiesta el mediM devol- 
Ter á la regla y orden de que ñus hemos separado, 
Y se llama corregible á lo jne se puede enmtndar 
o arreglar, y cürrti/ib'iidal á la buena y dócil dis- 
posición de la persona ó cosa que ha de admitir ó 
ceder á la corrección, de aqui proviene la palabra 
corre II id T, que es el que por ley coiruje, enmienda 
y castiga las faltas de sus subordinados. 

La reprensión denota condenación, i orreccion de 
nn dicüo no conforme á razón. Esta Tfprens»in 

Suede verificarse con mayor ó menor intensidad, 
etencion, blandura ó rigor, pues á veces, solo se 
reprende advirtiendo ó ligeramente indicando la 
falta; sin embargo, por lo común se entiende como 
acto de autoridad y severidad, y pocas veces se 
contiene en una ligera amoneatacion ó reprimenda, 
como vulgarmente se dice. 

Nace esta palabra de la latina repr henderé, y e>ta 
de prehendere que literalmente significa cnger, asir, 
pillar y metafóricamente alcanzar, aprender, repren- 
der, pues en efecto, la reprensión es un acto que 
supone fuerza y dominio sobre aquel á quien se re- 
prende. 

Aunque algunos quieren que la palabra increi'a- 
cion signifique solo suave nprina/on, no es así el 
recto y común sentido en que se tüma; sino al con- 
trario en el de reprensión autorizada, severa y 
dura. 

La palabra latina increpare^ de donde proviene la 
castellana, tiene la significación recta de sonar, ha- 
cer ruido, y figurada de acusar, reprender, reñir. 

filas esta última, indica la mayor autoridad, la 
mayor fuerza y poder del que riñe, pues con rigor, 
con fieros, con amenazas y á veces con desentono 
reprende agriamente las taitas ó delitos verdade- 
ros ó falsos. 

Corregimos á los que amamos, á los que deseamos 
que se enmienden, que se instruyan en sus obliga- 
ciones, que sean buenos y si cabe perfectos : Hepren- 
demos i los que no tanto amamos , cuanto que 
deseamos mortificarlos, humillarlos, á veces p.tr 
cumplir con nuestro cargo úoijligacion Increpamos 
á aquellos sobre los que tenemos autoridad decisiva 

ÍCOüio" absoluta ; cuando nuestra razón es muy 
undada y convincente, y nos hallamos con la obli- 
gación y derecho de oponernos y resisiirnos á sus 
falacias ó á sus maldades; cuanao el increjiado no 
puede contrarestar nuestras razones y fundamentos, 
ni tiene el menor poder para resistirnos. 

El reñr no supone tanta razón cuanto autorilad, 
fuerza, poder : muchas veces se riñe sin motivo fun- 
dado, ni razón poderosa ; por lo que el reñidor de- 
beria ser reñido. 

La corrección se dirige á cualquier faUa del gé- 
nero que sea, ya provenga de las facultades inte- 
lectuales, ya de los descuidos literarios, ya de las 
co-tumbres. La increpacon y la riña pertenecen mas 
á estas, qne á la parte literaria. 

Para corrii/ir, preciso es que el corrector sepa mas 
en la materia que el corregido : para reprender, 
que el repreas r í^a mys diestro, instruido y per- 
fecto qne el rprendilo, y que tenga mayor autori- 
dad, pues solo pueden reprender los que son ó se 
consiileran ser superiores á los reprenatdns. El in- 
crepador no solo debe tener mayor poder que el 
increpado, sino ademas razón m.17 manifief4a e irre- 



sistible sobre él : así como el reñidor decidida aTi- , 
toridad sobre el reñido. 

Hay pocas personas tan .prudentes y sabias que 
puedan y sepan corregí'-. A todo el mundo se le 
antnia reprender por el prurito de dominar de cual- 
qnier modo ó en cualquier sentido que sea , y hay 
muchos que se atreven á mcretar y reñir sin tener 
suficiente poder y razou para ello. 

Se debe corregir con inteligencia y razón; re- 
p?ír«//er con dulzura, en cuanto lo permitan los 
casos ; mcei-ar con fuerza y fundamento, manifes- 
tando al mismo tiempo franqueza, ingenuidad y 
justicia; reñir sin aspereza, desentono y arrebata- 
miento , usando de bondad en cuanto lo permita el 
caso, sin por eso omitir la justa severidad que la 
lev y la ra^on exijan. 
COUREIt. 11 RODAR. |1 RESBALAR. I| DESO- 
ZAIt.— Consideraremos estas palabras como .digni- 
ficados dilerentes de un moviudento mas ó menos 
rápido de sucesiva y continua traslación, y debe- 
remos detenernos en advertir las cualidades que 
los diferencian unos de otros. 

El recto sentido de correr es el de moverse con 
velocidad de un punto á otro: este movimiento 
puede provenir del natural é interior impulso del 
cuerpo que se mueve por sí mismo, ó del que re- 
cibe cualquier otro extraño. 

Toda cosa animada se mueve por su propia vo- 
luntad y porque sus órganos están dispuestos para 
ello: mas los inanimados ó inorgánicos necesitan 
para moverse de impulso exterior. 

De este movimiento es del que aquí tratamos, y 
en los cuerpos que con mas facilidad^e verifica, 
es en los fluidos y en los li luidos, pues al menor 
cho ¡ue ó empuje qne recibpn de otros, se mueven 
y regnlar^ienle con tal velocidad que se dice cor- 
rer. Corren los aires, corren las aguas movidas por 
aquellos, aunque muy blandamente sea: estando 
sobre un plano exactamente horizontal ó \^\i:ú , el 
movimiento será solo entre ellas, sin adelantar, 
sin ganar terreno, qne es lo que se llama estm- 
ca se. Para el movimiento de progresión se nece- 
sita desnivel , declive , desigualdad del terreno, y 
cuanto mayor sea esta, tanto mas se aumentará la 
velocidad ó rapidez de la c rricnte. 

Y no solo Curren los cuernos naturalmente liqui- 
dos. sino también los solíaos reducidos á sutilísi- 
mo y casi impalpable polvo, divididas y separadas 
sus mas tenues y menudas moléculas, por lo que 
algunos los llaman fluidas, pues en efecto gozan de 
cierta especie de flwdez. 

Llámase manar al instante en que el liquido co- 
mienza á corer brotando ó saliendo del cuerpo en 
que estaba contenido : man inte i lo que man'i; ma- 
nantiiii al paraje de donde el líquido comienza su 
movimiento. 

Guardando analogía el sentido fig:urado con el 
recto, se dice manar al provenir una cosa de otra, 
á abundar una cosa , como en la frase manar en 
riqueías. 

Cuando un cuerpo mas ó menos redondo, se 
mueve sobre la tierra Ó cualquiera plano, dando 
vueltas por su natural conformación al rededor de 
su propio eje ó centro, ó cae de cualquiera altura, 
decimos rodar, que rueda. 

iiesbaiír ó deslizar es moverse manteniéndose 
sobre la misma superficie, pero escurriéndose, ca- 
yéndose, mudando de posición el cuerpo, y regu- 
larmente sucede esto cuando á uno se le van los 
pies, andando ó corriendo por una superficie de- 
ma>iado lisa, tersa y húmeaa, que llamamos res- 
/ alosa ó resba'atiza: resbalón al acto de rtsba- 
larse ; y resbalador al que resbala. 

Al sentido recto de estas palabras corresponde 
eiactanieiite el metafórico. 

Corre el tiempo, la vida, el sueldo, el término, 
el plazo. Corre el tiempo, se dice, para indicar 
por medio de una comparación, cuan de cerca se 
siguen las partes en que se divide y rápidamenlj 
desaparecen para no volver mas. Corre uno co:i 
este ó el i>tro negocio por estar á su cargo, por ser 
de su incumbencia: conen las noticias cuando van 
por decirlo así en alas de la fama anunciadora 
tanto de la verdad, puesto que por lo común exa- 
gerada y adulterada , cuanto del embuste y men- 
tira. Hicese c-rnenlf á lo cierto^, seguro, que está 
constauLe y generalmente admitido. 

Cuando queremos dar á entender que un perío- 
do, una frase, unos versos tienen soltura . facili- 
dad , naturalidad; decimos que son fluidos , qne 
corren de fácil vena. Semejanse los versos que fla- 
manios /luidos á las aijuas de un arroyo qne co'- 
len natural y placenteramente sobre terreno poco 
desigual y de suave vertiente. 

Cuando graves é importantes ideas vagan en la 
imaginación , se suele decir que ruedan en U ca- 



beza grandes pensamientos, de dice : ■vino, trajo ^£^ 
dada la conversación; vino rodado el lance; anda 
roda'ido, por vagueando poi ^se mundo: andar ro- 
ditntfn por los suelos, por s«r ana cosí menospre- 
ciada, vilipendiada, no solo por serlo en sí, sino 
también por ignorarse su valor, su mérito, su uti- 
lidad y á veces por exageración de su grande abun- 
dancia, aunque sea muy preciosa como dinero ó 
alhajas. Es frase también muy counm la de ruede 
la ttol'i , alusión sin duda á la rueda de la fortuna 
que loca y caprichisamente se mueve. 

lies' a ar sirve para indicar lo que ligeramente, 
sin insistencia, se hace, lo que se toca de paso, coc 
destreza y como por casualidad ó incidencia. 

Se debe cuidar mucho de que no se vayan desÜ- 
Z'indo entre la gente popular opiniones erróneas Ü 
sediciosas. 

Dicese no menos en el senlido metafórico de que 
vamos hablando, resbalar cuando^ se falta á la 
obligación, cuanao por ignorancia, inadvertencia ó 
descuido se comete una falta , culpa ó delito. Dio 
un re^baon por delinquió inconsideradamente eS 
un terreno ó camino, por materia, asunto, cues- 
tión, muy resbaloso ó resbaladizo, que tanto vale 
como arriesgado, expuesto, delicado en la parte 
moral. 

Usamos mas comunmente del verbo deslizar tra- 
tando de proposiciones que irreflexiva ó indelibera- 
damente se sientan; de palabras qne inadvertida- 
mente se escapan en la viveza y calor de la con- 
versación. Tuvo un desti: , indica cometió una fal- 
ta, al parecer ligera, de descuido, de inadverten- 
cia ; pero por lo común grave que se quiere cubrir 
con el delicado velo de la frase. Esa señorita tuvo 
un desliz, indica una Üaqueza, c<3metió uda culpa 
á veces de muy fatales consecuencias, que deciden 
de la suerte de su vida. 

Los derivados de destizar como des'izable, des- 
lizadero, deslizadizo, deslzaiitr , deslizamiinto, no 
se usan tanto como los de rsi>aiiir, que vienen á 
decirlo mismo. Solo deliz tiene un uso muy fre- 
cuente en sentido moral. 

COUllESPOXDIEME. |1 ADECUADO.— Tan- 
to vale correspondí ent-' como decir que una cosa 
responde á otra , ó que guarda congruencia ó pro- 
porción con ella ; asi como adecuado, que es igual 
con otra de la misma condición, e.stado ó naturale- 
za. Ambas pueden aplicaise tanro á las cosas, cuan- 
to á lis personas. Se dice , aquí corresyonde una 
puerta, un gabinete, un jardín: este cuadro es 
adecuado para aquella galería: es na ejemplo ade- 
cuado al caso. 

Hablando de personas, el empleo es corre^pm- 
diC'ite, conveniente á su aptitud y conocimientos: 
corresponde la clase, riqueza y buenas cualidades 
de la novia á las del novio , y este casamiento será 
muv adecuado á los intereses é ideas de las dos fa- 
milias. 

CORROMPER.)! PERVERTIR.— Las palabras 
de qne en este y los artículos sucesivos vamos á 
á tratar, se refieren al mal moral y á los medios 
que los bombres malvados emplean para conducir 
á otros á que coadyuven á sus inicuos planes. 

De la palabra latina rumpere que significa rom- 
per, dividir, quebrar, quebrantar, violar, anular, 
se forma la de cornimpere que indica alteración, 
desunión, descomposición, depravación, falsea- 
miento, vicio, y de cousiguienle corrupción de las 
parles de un cuerpo. 

Corrupción es el término genérico de todas las 
cosas, ya físicas, ya morales , que trastornan ó vi- 
cian un compuesto: los demás que nos pioponemos 
tratar, vienen á ser especies. 

Fisicnmente hablando, la lenta destrucción de 
un cuerpo, la desunión y separación progresiva de 
las parles que le componen, no solo sólidas sino 
también liquidas y aun aeriformes . es lo que cau- 
sa la con up ion que continuada conduce al comple- 
to y total aniquilamiento de aquel cuerpo ; volvién- 
dose á reunir las partes y eb-menlos de que cons- 
taba, á los de su misma naturaleza para formar 
nuevas combinaciones ó cuerpos. Tal es el orden 



sucesivo de la naturaleza en la for lacion y de 
truccion de los seres, qne es propiamente ía vida 
y la muerte de estos : crear y destruir es su per- 
manente ocupación. 

Aplicando'estas ideas ala parte moral, veremos 
que un hombre corrompido es aquel que tiene cos- 
tumbres pervertidas j á la manera de las sustancias 
que se alteran, se vician y caminan á la podredum- 
bre: tan extraña y dañosa es esta moral corruprion 
á las personas de inocentes y puras costumlires, 
cual las sustancias materiales y los vapores gue de 
ellas se exhalan, á losquetiene'n sentidos delicados, 

Pervertir viene de verteré, que significa volver, 
tornar, arruinar, turbar ó perturbar, destruir, des- 



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COR 



COR 



COR 



baratar, y tnmbien apartar á uno del recto y verda- 
deio camino. 

Por lo tanto, segim la derivacioü latina ptTvesíi 
fiigiiitica literalmente inverso, trocado, trastornado, 
torcido; y en sentido fignrado, como generahiu-nLe 
se enliende, hombre de depravadas y corr^nnpi las 
costumbres, con lo que ea el orden general de la 
Bociedad, las pervierte, estraga, vicia é iiiüciona. 

Corunnper es la acción de mudar de bien á mal, 
los principios, las inclinaciones, los sentimientos y 
la conducta de cualquiera perdona: v ¡eriertir, 
hacer malo y perverso á uno, \alerse de todos los 
medios , ya de m ila doctrina, ya de pésimos ejem- 
plos á que se falte á la fe , á la virlud y á las bue- 
nas costumbres para conducir y arrastrar á uno, 
que antes au.aba y profesaba el buen orden y la 
virtud, al camino del desorden y del vicio. 

Se ha cnrroiiipido á un jóv-'U inocente, cuando se 
ha logrado inspirarle dudas acerca de la realidad 
de la virtud, de los verdaderos bienes que de su 
práctica resultan, y hacer tjue desconozca las sagra- 
das obligaciones que impone : luego que los cor- 
ruptores han podido hacer que penetren en su co- 
razón tan malas doctrinas, ya se le ha pervertí to, 
esto es, ae le ha apartado del camino de la virtud, 
se le ha puesto en el estado de que ya, sin recato, 
ni decencia alguna, haga gala de sus misnios vicios. 

Corromper se reliere mas á los principios, a las 
máximas, á las ideas morales, y penertir a las 
acciones, á los hábitos malévolos, al constante es- 
tado de un alma enemiga del bien. Se corrimpe la 
inocencia con la persuasión , los halagos y el enga- 
ño : se fiervierte, atrayendo al vicio, mudando una 
conducta arreglada y juiciosa en otra desordenada 
y viciosa. 

No siempre el hombre cOTromiido llega á ser 
pervirtiilo, pues diremos que son dos grados en la 
escala de la maldad, y que el mayor es la perver- 
f,Í<)ii - el hombre corrompnio no siempre llega á ser 
perícr/ído, pues aun puede conservar cierta apa- 
riencia de decoro y virtud; pero a.\ perrer.itlo no le 
queda ya ningún sentimiento de bondad; no se 
contiene, es en extremo malo, depravado, ha toca- 
do al ápice de la corrupción del corazón y de las 
ideas. 

connoiirER. H seduciu. h soboiuvar,— 

La idea que nos presentan estas tres palabras es la 
de ir llevando á una persona á que haga cosas con- 
trarias á su obligación , á su honor, á su justitiea- 
cion , á su lealtad, á su fidelidad y á la virtud. 

Según la significación que damos á la palabra 
corr-n/iper, la seduce o n y el sof'Omo vienen á ser 
modos particul.ues de la idea genérica de corrom- 
per , que á todas especies de maldades corresp mde. 

De la palabra latina ilucce que s'e-a.fica en sen- 
tido recto conducir, guiar, llevar, traer; y en el 
metatórico, pensar, creer, juzgar, junto con la 
partícula se sin, fuera, apirte, se forma la de se- 
ducere que viene á comprender, ademas de los an- 
teriores sentidos , los de llamar aparte , dividir, 
separar y engañar. 

La seauciion es un engaño, un artificio; es va- 
lerse ademas de todo género de intereses para 
apartar al seducdo de que haga aquello mismo que 
entiende es conforme á razón. 

So' orn^r se deriva también de otro verbo latino 
compuesto del simijle orí ar.\, que significa adornar, 
arreglar, disponer^ y sobornare preparar y disponer 
secretamente los ánimos, prepararlos y adiestrarlos 
para que hagan aquello que acomoda al soborna- 
dor. Siih vale tanto como debajo, de un modo ocul- 
to, secretamente. La idea propia de soborna' es la 
de cohechar ó corromper con diidivas; asediar, ator- 
mentar el ánimo de una prisona; atraerla pur me- 
dios sórdidos: valerse de sutiles artificios para que 
adopte los intereses del sobornador y contiibuya á 
Eus inicuos fines. 

Sedti ir y sol'ornar, por lo común, solo se usan 
en sentido figurado : seducir j se dai* dr? lo perte- 
neciente á la inteligencia, á la razuii , al juicio y 
de consiguiente á las opiniones^ pn-ticnpaciones y 
errores : soburiiar corresponde a las acciones mo- 
rales. 

Por lo tanto ambas palabras solo se aplican con 
propiedad á las personas, y ya hemos inaicado que 
el sentido recto de corromper es referente á las co- 
sas y por extensión á las personas. 

Se corrcHi/'í'íi las oostuiiibrL-s y las leyes; pero 
m s^' las seliLce, ni se las s<>bonia; mas si puede 
sobornarse á los que las han de Iiacer ó ejecutar. 
El hombre cirroinp'ulo , por cualquier modo que 
sea, se ha separado de la senda de la virtud. De 
ella se ha ido apjirlando también y de un modo 
insensible el seducidlo engañado por el sedi-ctor, 
Que le armo oculto lazo, y en él le hizo caer iuad- 
verlidamente, conociendo, romo ^.n^inzineute cono- 



cía, la timidez, la poauedad, la flaqueza de su | 
victima. Ilébilmente adherido estaba a la virttul el 
que ha cedido al sob\i:no , pues que la codicia ha 
[jodido en él mas que la razón y la justicia. 

Se si-'iucc á la inocencia, á la justificación , á la 
buena fe, á las mujeres, á las [ler.-iOHdS jóvenes y 
sencillas, que no tienen ba-tante experiencia para 
precaucionarse contra el engaño y la maldad , y á 
las cuales no es difícil alucinar con falsas aparien- 
cias . con el atractivo del placer, con embustes y 
con ilusiones. 

Se soborna á los tímidos, apocados, débiles, írios 
en la virtud, á los malévolos , á testigos codicio- 
sos, á criados infieles, á jueces venales, á los que 
se dejan dominar por bajas pasiones, á los que fá- 
cilmente se ganan con adulaciones, lisonjas, mag- 
nificas promesas, amenazas y baladronadas y sobre 
todo por el vil intere?. 

Á la persona á quien se quiere selucir se la en- 
cubre diestramente el malévolo intento, presen- 
tando la cosa como inocente ó indiferente pira que 
nada sospeche ó pueda conocer: tal vez evitaría la 
seducción ó se defendería de ella, si tuviese talen- 
to para preverla. 

Pero no hay necesidad de ijue el sobornador en- 
gañe en nada al sohornado , pues le habla franca- 
mente y le propone la maldad como un trato de 
mutuo beneficio ; sise le soborna es porque ha con- 
sentido en d'-jarse sobornar, con lo que es á un 
mismo tiempo instrumento y cómplice de la mal- 
dad; mas por lo común de ainlios medios se valen 
los malvados, uniéndolos y manejándolos con maña 
y delicadeza. 

Sucede muchas veces que la persona srducitla, 
luego que se ha verificado la seducción, conociendo 
el abismo eu que ha caido, se arrepiente, y enton- 
ces se irrita co;itra el se<luc(or, y mucho mas si llega 
á conocer los graves daños que ha causado. Pero 
el sol'ornadi} sabe bien el delito que va á cometer 
y consiente en él: de nada puede acusar al sobor- 
iiiidor, mas de todo á si mismo ; con lo que viene á 
ser mas culpado que aquel. 

Las mujeres son las que mejor entienden el arte 
de seducir -. las personas opulentas, las que se valen 
por lo común del soborno : los hombres que re- 
unen el talento con la iistucia.que saben dar al vi- 
cio la apariencia de virtud , son los que mas prac- 
tican y extienden la corrupción. 

COnitUMPIDO. II Dl.niAVADO. II VICIO- 
SO. II PKIIVEUSO.— La palabra licar tiene mu- 
cha relación, por su generalidad, con la de corrotn- 
pi'v, tanto eu el sentido físico cuanto en el moral, 
pues en aquel significa f;ilsear, adulterar cualquier 
género, mercancía ó cosa, destruyendo su homo- 
geneidad, de lo que resulta en la cosa viciada un 
daño fínico, un defecto, que la hace de mala cali- 
dad. En sentido moral es igualmente falta de pu- 
reza en el h«blar y en el obrar, un hábito malo, 
directamente opuesto á la virtud. 

Tiene esta palabra muchos sentidos metafóricos 
que guardan analogía con su primitivo, aunque pa- 
rezcan alejarse de el. Á los defectos y faltas que se 
notan constantemente en algunas personas, fami- 
lias, pueblos y naciones, ya sean físicos, y prin- 
cipalmente morales, se llaman í/c/oa', que suelen 
ser objeto de la critica, de la burla y escarnio de 
los extraños y contrarios á ellas. 

Llámase vicio, en sentido metafórico, al apetito 
desordenado y continuo uso de cualquiera cosa, 
principalmente sí es indiferente Ó mala: y a^i se 
dice de los que tienen estos hiibitos, i¡ue obran de 
viiio: como 'jue luihian de licio á los que hablan 
con descaro y sin reflexión cuanto se le^ ocurre: y 
(jue/arse de vicio al que lo hace de muy delicado y 
mimado. 

Es muy común hacer á la palabra vicioso sinóni- 
ma de vigoroso y fuerte en su producción y creci- 
miento; por lo que se dice de un caballo lozano, 
vigoroso é inquieto, que está vicioso, y no menos 
de las plantas cuando crecen con demasiada fuerza 
y lozanía. 

Á lo disforme, malo, vicioso, maligno, desor- 
denado y desarreglado se llama pravas en latín^ 
praiií,is á la falta de conformidad con la regla u 
orden; provedali la malignidad é improbidad: 
pra o al perverso y de dañadas costumbres, siendo 
así sinónimo de improbo {ímprobos). 

De aquí el verbo deprara'e, depravar, desfigurar, 
entender, explicar, interpretar torcidamente cual- 
quiera cosa, -^depravación al corromperla, viciarla, 
adulterarla. 

Hombre vicioso es el que está abandonado á uno 
ó muchos \ icios, encenagado en ellos: dt'pruradii, 
aquel cuyas facultades morales de tal modo se han 
pervertido y alejado del orden natural, que no 
solo nn siente atractivo ninguno hacia la virtud. 



sino que la aborrece, huye de ella y la ofende (on 
ciencia cierta. 

El perí'íT.vo en tales térininf'S se ha dtpraalo, 
que no solóle repugna la virlud, sino también 
muestra luauiliesta é irresistible tendencia hícia lo 
malo. La palabra pernrso viene de per y verto, 
penw'to: es decir vueho en contrario. 

El vicioso es arrastrado al vicio por su inclina- 
ción á las malas acciones; el drpraiado prefiere es- 
tas á las buenas ; el ptrvtrso solo quiere ejecutar 
aquellas. 

Un hombre vici'So puede complacerse en hacer 
bien cuando este no contraría á sus vicios : si lo 
hace el ihprariiilo será por casualidad, sin afición, 
sin inclinación alguna: y cuando el perverso ejecu- 
ta alguna obra buena, siempre es con traidora y 
dañada intención. 

El viciosa está muy lejos de buscar las personas 
virtuosas, porque eso seria dirigirse hacía la vir- 
tud, y como huir del vicio: el uepravaio huye de 
ellas: el lorrnmpido se burla: el pervertido, cuan- 
do le es posible, las persigue. 

Se dice costumbres viciosas: gusto depravado; 
corazón corrompido: alma perrersa. 

Las malas inclinaciones hacen al hombre ricioso\ 
la corrupción de los naturales sentimientos, depra- 
vado; la falta ó carencia de tolo sentimiento hon- 
rado y de todo principio de moral , corromi-ido ; un 
movimiento activo y eficaz de maldad, perverso. 

La Bruyere dice: c O Teagenes, si naciste vicioso , 
>lástima te tengo: si te has hecho tal por tu fla- 
njueza de ánimo y de inteligencia, por apego que 
>tienes á los interesados en hacerte tal y que pare- 
>C'' haberse conjurado entre si parape^verti^te,Jac- 
lttándose luego de su triunfo, sufre mis desprecios.» 

Huirnos del hombre vicioso, nos enf.ida y esto- 
maga el depravii'ío; puede ser temible el corrompí' 
do y odioso el pcri erso. 

En la tnigedia del Hri'á'iici\ Nerón no es mas 
que licioso; Narciso roTumpido ilepruiada es Gleo- 
patra, pues que parece haberse despoj;ido de los mas 
íntimos sentimientos de la naturaleza. Mathan es 
perverso. 

Se dice que un raciocinio es vicioso cuando peca 
por su mismo principio; que un gusto es dcurara' 
do cuando proviene de haber contraído malos há- 
bitos, prefiriendo lo malo á lo bneuo: imaginación 
corrompida es la que nada ofrece ni bueno ni ho- 
nesto: moral priersa laque se dirige á destruir 
toda máxima de virtud. 

Comparando la depraracion con la corrupción. 
vereruos que designando ambas el paso del bien al 
mal, la depravaí ion manifiesta físicamente fuerte 
alteración de fonuas , de caracteres , de natur.ilesó 
regulares proporciones de las cosas; y la corrup- 
ción grande alteración de los principios, d',; los 
elementos, de las partes, de la sustancia de las cosas. 

Al que tiene el gusto depravado le repugnan los 
alimentos comunes y aun los delicados, apetecien- 
do los malos , extraños y dañosos. La corrupción 
física produce considerablemente alteración en la 
sustancia de las cosas, y camina á la putrefacción 
como de aquí á la destrucción. El sentido uioral de 
estas palabras sigue el mismo orden que el íisico. 

La depravación da á las cosas una dirección con- 
traria á la que deben llevar: la corrupción trabaja 
por destruir las cualidades esenciales que deben tener. 

La depravación es el efecto de un vicio que por 
su maligna energía desordena, pervierte, destruye 
las necesarias relaciones de las cosas unas con otras. 
La corrupción resulta de un vicio que con su ira- 
puro veneno manch.i, infesta, disuelve los principios 
vivificantes de las cosas. Lo que se deprava pierde 
su modo propio de ser y de obrar. Lo que se lOr- 
ronipe, su virtud y su sustancia. 

El esfuerzo de las inclinaciones desordenadas, 
produce la corrupción de costumlres; la inmoderada 
energía de las pasiones y errores la lorrupcion. 'Ht- 
cesario es enmendar lo (if/;riJi'íi(/o, y purificar lo cor^ 
rompido. La depravación expresa principalmente los 
excesivos y manifiestos desarreglos, y la Corrujicion 
los vicios ocultos y los principios de disolución. 

Colocando las palabras en un orden natural, apli- 
caremos la depraracion á los objetos á que se 
unen por lo común los epítetos y calificaciones 
de recto, arreglado, regular, bien coordinado, bello 
y perfecto; y la de cor'Upcioii á los que se juntan 
las calificaciones de sano, puro, inocente, integro, 
bueno, sanio y otras semejantes. 

Por lo tanto decimos depravación de la mente y 
corrupCionáfX corazón; ponjue decimos inteligencia 
recta, bien dirigida, y corazón puro é inocente. 

La carriipcioii del corazón, dice Abbadía, produce 
la iucreduÜdad, y esta es, propiamente hablando, 
depravación de la inteligencia. La corrupción de lo* 
sentimientos produce la depravación de los pnocí- 



CRE 



CRI 



CUA 



65 



pios; así como vice versa, la de estos, la corrupción 
Se aquellos. Tecimüs la corrupción de la sangre y 
de la carne ; porque acostumbramos decir carne 
sana y sangre / ura, y no diremos depravación de la 
carne y de la sangre; porque no podemos decir carne 
recta y sangre justa, puesto i^ue aqui no tratamos 
de su coníorinacion y regulaiidad.liecin)OSí/í)C/n?ia 
cofTOrtíp/rfa, en contraposición áíf ciriiiasana Cuan- 
do tratamos de las artes y de las buenas letras acos- 
tumbramos decir ya depravación, ya corrupción del 
gtisto, pues que este tiene sus reglas y tjue es ó ñoco n- 
torme al óraen natural, arredado ó desarreglado, 
y porque al mismo tiempo se dice gusto aauo, huno, 
puro. etc. 

COSMOGOMA. II cosmografía. H COS- 
MOLOGÍA. — Estas tres diferentes ciencias se di- 
rigen al estudio de la creación ó formación del mii- 
verso y principalmente del globo terráqueo. 

La raíz de ellas se halla en la palabra griega 
cosmos, mundo. 

La de iOmogonia se forma añadiendo al radical, 
gonos que pioviene de gen mat qne significa gene- 
ración, >o nazco; y asi cosmogoma significará la 
generación, la ciencia ó sistema acerca de la forma- 
ción del universo. 

La cosnw!,Ta[iti resulta de la unión del radical 
con la palabra yrafo, describo, y es la ciencia que 
se dirige á estudiar la estructura, forma, disposición 
y relaciones que guardan entre si las diferentes 
partes del universo. 

Añadido al radical lofios, discurso, sacamos el 
nomlTC de cosmolo ia , que literalmente designa 
discurso ó tratado sobre el mundo ó ciencia de las 
leyes generales que lo gobiernan : es pues una física 
gener.il y motivada que sin detenerse en menudos 
y circunstanciados hechos, examina metafi.sicamen(e 
sus resultados, demostrando la relación y analogía 
qiae guardan entre sí, p.ira de este modo descubrir 
parte de estas le\es. 

La cosmoiionia discurre sobre el estado variable 
del mundo al tiempo de su formación : la c^ smo- 
^rafi'i expone en todas sus partes y en sus rel.icio- 
nes, el estado actual del universo; vía csmolgia 
razona sobre este esiado, considerándolo ya fijo y 
permanente. La primera ciencia es conjetural, la se- 
gunda meramente histórica, la tercera experimental. 
Aunque la co nio raCia comprenda en su defini- 
ción cuanto es objeto de la física; por lo couuin se 
ciñe á designar aijuella parte qiie solo se ocupa del 
sistema general del mundo; y en este sentido se 
divide en otras dos que son \d.aslrondmi a que nos 
da á conocer la estructura de los cielos y la dispo- 
sición de los asiros; y la yeográfLa, cuyo objeto es 
la descripción de la tierra. 

Sean cuales se fuesen los sistemas que se imagi- 
nen para manifestar cómo pudo ser formado el 
mundo; siempre deberemos sujetarnos, sin desvia- 
ción alguna, a dos principios inconcusos. 

El primero el de li creación ; pues cosa clara es 
que no siendo posible que la materia se dé á símis- 
ma la existencia por fueiza la ha de recibir de otro. 
El segundo el de una inteligencia superior que 
uo solo creó el mnndo con su palabra, sino también 
arregló las partes de la materia que acababa le crear. 
Establecidos estos dos principios, se pueden for- 
mar las conjeturas filosóficas que parezcan mas pro- 
Lables, cuidando empero en cualquiera sistema 
cosmogónico que se imagine, de_ no apartarse del 
que nos dice el Génesis siguió Dtos. 

Siendo la cosm logl' la ciencia del universo con- 
siderado en general^ en cuanto es un cuerpo com- 
puesto al mismo tiempo que simple por la unión y 
armonía de sus partes ■ ue forman un todo; vere- 
mos q«e le goliierna una inteligencia superior que 
combina sus difoientes elementos, los pone en ac- 
ción y lo? modifica. 

El principal provecho que debemos sacar de la 
CPSinil' gia es el de elevarnos, por las b-yes gene- 
rales de la naturaleza, al conocimiento de su autor, 
de cuya sabiduría emanan estas leyes, dejándonos 
ver y conocer solo las que convienen para nuestra 
utilidad ó p.ira nuestra complacencia, ocultándonos 
las demás, como no necesarias y tal vez dañosas, 
castigando así nuestra orgullosa ciencia humana y 
enseñ. ndonos á dudar de ella. 

CRÉDITO. II FAVOR. — De la palabra latina 
crederr. creer que significa prestar, fiar, entregar 
una cosa á la fe y confianza a-^ otro se deriva h de 
crédito (credituin) qne tiene varias signiticaciones, 
siendo la mas usual é inmediata la de cualquiera 
deuda á nuestro íav'T, por lo que se llama acreedor 
al dueño de este C''<dit'-. 

Por extensión se llama también crédito á aquella 
confianza que leñemos en la correspondecia, fideli- 
dad y lealtad de otros, la que haciéndose general 
produce su buena fama y reputación; y el asenso ó 

SIN. 



creencia qne se da á cuanto dicen y aseguran. Son 
frases muy usuales las de dar á crcdito, por dar al 
ti. ido ; dar cé'tilo^or creer: tener ^XcrédUo senta- 
do, por bal er merecido constante y buena opinión. 
El créUtii' es la superioridad de talento o poder 
que ejercemos para hacer quelái.ilmente y sin repug- 
nancia alguna se decida la voluntad de uno ó mu- 
chos, según nuestros deseos. Es un ascendiente que 
ahanzaraos, una confianza que se nos dispensa. 

El favo' consiste en la facilidad y buena disposi- 
ción que hallamos en una persona para hacer cuanto 
nos sea grato por la amistad que nos profesa, por la 
inclinación que nos tiene, á veces por su propia de- 
bilidad, que le obliga á ceder á la fuerza y violen- 
cia de nuestro genio, á la superioridad de nuestro 
talento, ó á la necesidad que entiende tener de 
nuestros superinres medios. 

Siendo el crrdifo fuerza, dominio, poder nuestro 
sobre otn^s, es claro que de nosotros dimana, que 
de nosotros principaltnecte depende, pues que con 
nuestras acciones lo llegamos ;i adquirir. 

El faror es un sentimiento, una inclinación, una 
flaqueza del que á nosotros viene como á entregarse, 
sujetando á nue>tia voluntad la »uya, y de consi- 
guiente hasta sus acciones. Esta abnegación de sí 
mismo que el ¡avoiecedor viene á hacer en manos 
del favorito, parte de su corazón ; y no tanto se 
debe á su talento cuanto á la ca ualidad y circuns- 
tancias; no tanto á la fuerza del favorito cuanto á 
la debilidad del favorecí dor. 

Según estas ideas >e dice que uno ha logrado el 
favor del principe, del poderoso, del público, mas 
no se dirá el creilío ; porque el laior es la bene- 
volencia de los favorecedores dirigida hacia los fa- 
vorecidos, y el crédito el ascendiente que natural- 
mente tiene sobre las personas el que lo disfruta y 
del que se vale cuando lo juzga oportuno. 

Por lo tanto se adquiere el crulio y se gana el 
favor ; mas á veces sucede lo contrario, que se ad- 
quiere el favor y se gana el crédito, que tanto vale 
como que se compra, lo que sucede en tiempos de 
corrupción, en que por decirlo así, hasta la vli-tud 
se vende. 

El natural ingenio, la buena y sólida instrucción, 
los eminentes servicios y las heroicas virtudes pro- 
curan el endito en felices tiempos, por la buena 
opinión, la estimación, la consideración y la con- 
fianxa que estas buenas prendas granjean. 

La condescendencia, la adulación, la humilde 
servidumbre, la bajeza conquistan el favor que nace 
á veces de cierta especie de gratitud^ de buena cor- 
respondencia, de aftcto, de apego o de hábito casi 
invencible. Tal vino á ser el favor de D. Beltian 
de la Cueva. 

Un uiinistro inteligente y leal adquiere crédito 
con un rey prudentp y justo; un cortesano diestro 
en conocer las debilidades de un principe y con- 
tribuir á que se aumenten, gana completamente su 
favi'T. Lisonjeando las pasiones del pueblo, adulán- 
dolas y aun escitindolas, se adquiere su f í'^r. 
Ante juecps inteligentes y rectos se logra cr-dto. 
Parece que para este se necesite tener mérito, y 
aunque el fa or no lo excluye, tampoco lo eii^e. 

Como la fortuna es ciega y ca¡ richosa concede su 
faro' sin mas razón que su propio capricho; pero 
la fortuna no da verdadero i rédito 

No se debe al favor el crédito ; pero á veces sabe 
conquistarlo. 

Cisnérosno gozaba el faro>-áe\ rey católico; pero 
tenia C'''(liío y poder cerca de él : mascón la reina 
Isabel disfrutaba ambas cosas. 

CRIMIÍ\.|| FALTA. II PECXDO. || DELITO. 
II MALI>AI>. II Rt li\DAD. || FFXHURIA.— Es- 
tas palabras designan acciones contrarias á la bue- 
na moral y á las leyes. El nombre genérico de todas 
ellas, pues que á todas abraza, es el de lal a, ad- 
virtiéiidose fue por sí solo es el demás débil siguí 
ficacíon : mas tinibien puede tenerla mayor segi.n 
el epíteto que se la añaila, pues hay faltas graves y 
leves, que admiten ó no perdón, j las hay hasta 
horrorosas. 

Llamamos /"d/ía en sentido recto á toda privación 
ó defecto de la cosa ; así decimos fuUa de medios, 
de dinero, de salud, de lluvias, de entendimiento, 
di- juicio, de memoria, de previsión. Hablando de 
un mal que se ha causado ó de un bien que se ha 
dejado de hacer, se dice se ha cometido una falla. 
Caer fíi /a//fi €s no cumplir con la obligación ócim 
la buena correspondencia : sin /fl/M, equivale á de 
seguro : sac r ¡a las á descubrir delecto* ajenos 
sobretodo corporales y poner apodos acerca de ellos, 
pues se llama fallo al qne es defectuoso Ó necesita 
?c y al esciio, mezquino y apocado, por lo que en 
lo antiguo se decía fa toso. 

El crimen es una falta, pero grave : es un delito, 
una culj'a, que merece wstigo, que está sujeto á 



las leyes y á la opinión, ya privada, ya pública. El 
ci'tmtií perturba siempre el orden social ; por lo 
tanto no puede ser leve como \á¡alti. 

El delito por lo coniun nace d.; la desobediencia 
ó de la rebelión contra la autoridad legitima : es 
una viol ci^ u de la ley civil y se usa de esta pala- 
bra mas comunmente en los m-gocios judiciales. 

La maldad fija mas la intensidad del crimen y del 
delito, pues proviene de una completa conupcíoa 
del corazi'U, y por lo tanto es contraria á sus bue- 
nos sentimientos, á la fe pútdica, á la que falta, v 
á la tranquilidad de la ciudad que conmueve. 

Llamamosía'íi/a/á ciialquÍ<Ta acción indecorosa, 
infame, vil : es pnes una ma dad, oero baja y rastrera. 
Fechoría se deriva de las palaDra> antiguas /"ficír, 
(echo, que significan cualquiera acción, hecho ó ha- 
zaña Hazaña]. Hizo una fechoría equivale á hizo 
una calavera-la, una locura, sin reÜeiion, ni pre- 
meditación alguna. 

El ;í carfíJ puede ser leve, grave, muy grave y i 
veces horrendo. Esta palabra tomada en sentido 
recto pertenece á la religión, pues que el pecador 
falta a las leyes de una buena conciencia. Mas tiene 
muchas acepciones en sentido figurado, pues abraza 
á cuanto se aparta de lo recto y justo, ya sea por 
exceso, ya por defecto. Llamamos yecaJor i veces 
en sentido metafórico al ignorante ó poco sabio : 
decimos pecar para indicar cualquiera Inerte incli- 
nación, aiini|ue sea inocente y buena : pec^' de puro 
bueno, es decir se excede en bondad ; peca en franco 
el que por su franqueza sufre males y sp daña á sí 
propio : peca de pródigo el derrochador : peca en 
aficionado el que tiene manía en comprar libros, 
cuadros, ele. 

En medicina se llama pecar de humores cuando 
alguno de ellos predomina ó excede sobre los de- 
mas ; de cuyo equilibrio depende la salud y á este 
humor le suelen llamar humor pecante. 

Bajo el nombre de itelitos se comprenden todas 
las especies de cri/ne"es ya sean graves, ya leves; 
y aun el daño que uno causa á otro, ya sea volun- 
taria, ya involuntariamente ó por casualidad, se 
suele llamar del'ío, bien que con impropiedad. 

Un liiícro arrebato de colera es una ¡alta : la 
calumnia y el asesinato son crímenes : la mentira 
y los iuiciii'S temerarios, pecados : el desafio y el 
contrabando del. tos ; el envenenamiento y los in- 
cendios atroces vald des. 

Se perdonan las altas, se castiga el crimen, sa 
escudriña la naturaleza del delito y se mira con 
horror á la manaiJ. 

Falta, crimeny mu dad expresan una mala acción 
con respecto á la intención : ia ¡alta no es cosa tan 
grave como el C' imen, ni el crimt-n como la maldad. 
Una f Ita giave es crimen : y l-I ma^or de estos la 
tnal ad. 

Para ciertas faltas no han pndido imponer castigo 
las leyes ; mas si la opinión pública cuando se di- 
rigen contra ella ó en cosas que entiende. Pero estas 
mismas leyes han impuesto penas á todos [os críme- 
nes mayores ó menores, y los hay tan horrorosos 
que parece seria necesario inventar otros nuevos 
modos de castigo para ellos. 

El peca -o y el delito indican una mala acción re- 
lativamente a las diferentes leyes á que se ba fal- 
tado y á la persona ofendida. Ofende á Dios el ne- 
cador, porque falta á la ley divina; á la sociedad 
el delincuente porque falta a las leyes civiles Dios 
ha dado á la Iglesia el poder de absolver los peca- 
dos, y á las autoridades civiles el derecho de juzgar 
y castigar los deU os. 

Según el mayor ó menor grado de maldad puede 
llamarse r\ pecado y al d litii,falta^ ó c hitenes. y undi 
misma acción ■í&'í ¡ecado por un lado v delito por otro, 
CUALIDAD. II CALIDAD. —"El buen uso y 
no la etimología, es el qne debe decidir sobre la 
acepción de ias voces. Aunque calidad no ya sido 
al principio mas que una variación de la voz cuali- 
dad, sin embargo, nos parece que hoy día tienen un 
sentido muy diferente. 

Cual'dad es una de aquellas modificaciones por 
las cuales nercibimos los cuerpos, como la extensión, 
el colni-, etc Cuttdades una clase de cosas que con- 
vienen en cieitas caa'dades. 

Se halla de varías c t dades de trigo, y de las 
bellas cual dades que distinguen á un sujeto. El 
género de peor calidud suele tener la cualidad a^ve- 
ciablede ser barato. 

Por esto calificar no es responder á la pregunta 
C al. ó señalar un individuo, fino líniíaniente de- 
terminar á qué cla-^e corresponoe ; y se culifca com- 
pletamente m\ sugeto llamándole bueno n malo, sin 
que lealmeutese nombre ningut:a de snsfí/d idades. 
Por esto se llama también sngeto de ca i ad y 
no de cualidad, al que está comprendido en cierta 
clase privilegiada. 



66 



CUE 



CUM 



CUALIDAD. II TALENTO. — Las cualidades 
forman el carácter déla persona, los /fl/eíi/05 forman 
sa adorno. Las primeras liacea al hombre bueno ó 
malo, é influyen en sus costanibres ; los segundos 
le hacen útil para sos semejantes, ó consolador en 
sus desgracias. 

La palabra cualidad se puede tomar en mal y en 
bien ; no se toma mas que en buen sentido la pala- 
bra talento. 

El borabre es ana mezcla de malas y de buenas 
cualidades: unas veces timido, degcnt^ra en cobarde; 
otras veces valiente, degenera en temerario. 

Las cuat¡dtil€sáe\ corazón son las mas es 'nciales; 
las del enlendidiiento son las mas brillantes. Los 
tálenlos ijue se emplean en las necesidades, son los 
mas necesarios ; los que se emplein en los placeres y 
en divertir á I os demás, son los mejor recoinpen:>ados. 
Uno se hace amor ó aborrecer pos sus ciia'iíades; 
uno se hace buscar y dese:ir p r sus talentos. 

Las cualidades excelentes unidas á los raros ta- 
lentos, forman td mérito perfecto del individuo que 
las posee. (Jonama.) 
CUliMTO. I! FAIÍIÍLA, || iVOVFXA.— El CUt'nto 
es la narración de un suceso ungido en el todo ó 
en parte, por lo regular verosimil. cuyo original 
viene á tomacse de los sucesos de la vida privada. 
La fá^'U'aes un suceso falso que se extiende en 
el público, cuyo origen suele ser desconocido, aun- 
<nie por lo común nace de la malignidad y la envi- 
dia, y por eso se llaman láhúas a las hablillas y 
chismes del pueplo, bien que también corresponde 
este nombre á l.is artificiosas ficciones con que se 
disfraza cualquiera provechosa verdad, y en e¿te 
sentido es en el que mas comunmente se entiende, 
sobre todo cuando se le aplica á la literatura, y así 
decimos las fábulas de Esopo, de Fedro, de La 
Fontaine ; aunque en realidad mas corresponde á 
lo que se llama apóiígo, cuya utilidad es general- 
mente reconocida. 

Una «OiWa es la relación fingida de diversos, ra- 
ros Y extraordiniirios sucesos, por lo común com- 
Ílicados y enredados t-ntre si, no siempre verosími- 
es. Se puede contar este género como uno de los 
mas difíciles y de mayor mérito en la literatura. 
Una novela bien escrita puede dar mucho renombre 
á su autor; pero \ cuan pocas son estas! El Telé- 
niac > entre los franceses; las novelasde Fiudding y 
Richarsou entre los ingleses; el Guzman de Alfara- 
che, el Gil Blas y sobre t<)do el Quijote entre nos- 
otros, son novelas apieciables. 

Se usa con mas propiedad el título de cuento 
cuando solo se aplica á un suceso, por lo co:iuin 
satírico, de la vid,H. privada ; y así se dice el cuento 
de la matrona de Éfeso : el de fáhula corresponde 
mejor cuando se trata de un suceso que pertenece 
á la vida pública En este sentido muchas historias 
no vienen as^r mas que fábulas inverosímiles aveces, 
ó cuentos inventados por el interés de algunos necios 
cronistas y admitidos por la credulidad del vulgo. 
La palabra novela aunque tiene mucha eIten^lon 
pertenece en especialidad á la relación de extraor- 
dinarios y memorables acaecimientos de personas 
de elevada clase. 

En los cuentos debe brillar la narración : en las 
fábulas la feliz invención . las novelas reúnen el 
mérito de la invención, el feliz enlace y desenlace, 
las descripciones, las pinturas y las demás bellezas 
que resppcti. amenté se admiran hasta en el mismo 
poe na épico. 

Un cuento bien narrado, agrada á los que le es- 
cuchan y birve de honesto entreieniraiento basta á 
las personas mas finas é inteligentes. Las fábulas 
forman el placer del vulgo, que las cree como ver- 
dades apur das : las novela'' vician el buen gusto y 
aun corrompen las costumbres de las personas jó- 
venes, que son las mas alicionadas á ellas; pues 
pre;ieren todo lo que es maravilloso á la seicülezy 
naturalidad de lo verdadero ; así como lo que li- 
sonjea, incita y exalta las pasiones, á lo que las re- 
prende, refrena y castiga, 

CUEUNÜ. Jl ASIA II PALAZrtN. — El Dic- 
C'onariode laAcademíi esi'añofa, en su sexta edición, 
define asi al cu rao, iliciendo : c Es una excrecencia 
prolongada y por lo común curva, que tienen al- 
gunos animdes en la cabeza, d 
_ Parece qne pudiera darse mas extensión y exac- 
titud á esta definición, diciendo qué especie de 
excrecencia es esta, pues las híiy carnosas como en 
las demás partes del cuerpo, y eí cuerna es una 
excrecencia dura y sólida, que tiene analogía con 
la sustancia de la uQas, y nace en la cabeza de 
algunos cuadrúpedos; y este es el sentido recto de 
la palabra, pues si se llaman también cneris i las 
punta'! carnosas y como gelatinosas, que algunos 
insectos tienen sobre la cabeza, es solo por la seme- 
janza de figura y no por la sustancia de que se 
componen, ni por el uso á que los destinó natura- 



leza, formando una especie de telescopio ú órgano 
particular de la visla y un modo de ver áe esta 
especie de animales; ni es una excrecencia, sino 
parte constitutiva de su organización. 

El cuerm de los animales cuadrúpedos sirve para 
su defensa, teniendo allí su mayor fuerza, como 
otros animales en su-, uñas, dientes, colmillos, 
trompa, hocico ó Jeta y otras partes del cuerpo : 
también los peces tienen estas especies de excrecen- 
cias huesosas, como el pez espada y el sierra ó priste. 

Los cuernos del toro, carnero, macho cabrío, 
rinoceronte ó unicornio, son de la misma natura- 
leza, y no se desprenden naturalmente. 

Mejor deSnicion dan del i nenio algunos autores 
de zoología, pues dicen que es una excrecencia 
recta ó curva que toma diterentes figuras y direc- 
ciones, y cuya superficie ya es lisa, ya estriada : es 
hueca en su base y está colocada sobre una po- 
minencia del hueso frontal, haciendo como parte de él. 

Según la Academia el asta deberá ser sinónimo 
exacto de cuerno, y así ambas denominaciones se 
usan; la una en tino y delicado estilo, la otra 
en común y aun bajo. Las artes sacan mucha utili- 
dad en varias elaboraciones de las dífer.-utes espe- 
cies de flví'/í. 

En sentido figurado se advierte la misma dife- 
rencia. Los cuernos ó astas de ciertos cuadrúpedos 
silvestres y montaraces, como los ciervos y los 
venados son de una sustancia diferente de la del 
i'uenio, pues es un tronco ramojo, cubierto de una 
como corteza mientras crece, enteramente sólido, 
semejante en todo á cualquiera otra producción ve- 
getal; por lo que los franceses lo distinguen bien 
del cue'jii llamándolo b "S, y en efecto crece, cae 
y se renueva como el árbol. 

El venado, el danta, el rengífero ó reno, tienen 
calazones: el toro, el búfalo, el carnero cuenios. 
Tamliíen tiene cáenos el camello pardal ó jirafa, 
el animal mas hermoso de África ; pero son lisos y 
sólidos como los paiazone^, por lo que parecen 
formar la unión de las dos especies de excrecencias. 

Dase el nombre de asta al tronco principal de la 
ramosa pala ó cuerno del venado y demás especies 
de animales montaraces y selváticos, que según 
nuestros autores de historia natural se comprenden 
bajo de este nombre que hacen g'-nérico, y así lla- 
man venador al montero ó cazador de montería, y 
al acto de cazar, ve' ación, lo cual en el día pasaría 
por galicismo, aunque en realidad solo es latinismo. 

Capmany á quien miramos como autoridad res- 
petable en cuanto á lenguaje, llama pal iz^m. deri- 
vativo sin duda de i-aii. á las astas -le los venados. 
Valbuena en su Siglo de oro , en la Égloga 4.^ dice 
o un ligero ciervo con las aspis no menos crecidas 
y bellas que dos secos alcornoques. > Uefinicion 
exacta de la naturaleza de estas vegetales excrecen- 
cias y buena aplicación de la palalira a^ias. 

Si pudiera mudarse el uso, caprichoso á veces, á 
gusto de la razón y de la analogía, podríamos 
hallarla en este caso para dejar el nonibre de a^^fa 
y en especial cuerno al lenguaje coinun, y adoptir 
los áei'alaypalaZ'iii y a^pa^ para el esmerado y culto. 

Pero todas las lenguas tienen sus caprichosas y 
arbitrarias expresiones de decencia, delicadeza ó 
bajeza ; en nuestro mismo idioma usamos en bueno 
y aun poético estilo hablando de la cornucofia, la 
palabra de cucrm^ de la a''undancia, aludiendo á la 
figura con que se la representa; y cuertio de Anión 
á una petrificación de cierta especie de concha uni- 
vatba, y ta ibien á las extremidades de cosas, que 
rematan en punta; y nuestros autignos autores del 
arte militar, á imitación de los latinos, llamaban 
cuernos á las que ahora alas de un ejército, y no 
suena mal eu buena poesía la de cornígero. 

CUMPLIR. II OCSEUVAR. || GUARDAU.— 

Consideradas estas pal ibras en el sentido de ejecu- 
tar una ley, un mandato, ó lo que prescriben las 
reglas de cualquier instituto, vienen á ser sinónimas. 

El sentido propio de la pala'~ra ohsevar es tener 
á la vista, atender á una cosa el de i.uardar tener 
en su guarda, custodia y ¿mparo. sin aban lonarlo 
jamas, un objeto; defenderlo, resguardarlo, cui- 
darlo : el de cuvip'.ir. Henar, completar, consumar 
y concluir. 

Cuando ejecutáis lo que la ley manda, la ob^'cr- 
váis^ cuando cuidáis de no violarla, ó vigiláis para 
que no la violen otros, la ima-dái^ : y cuando sois 
exactos y escrupulosos en llenar entera y comple- 
tamente las obligaciones prescritas, la cumplís 

La observancia denota propiamente ser fiel á los 
preceptos: wHa'í/a'-, perseverancia y continuación : 
cuynplir, perfecdon ó consumación de la obra. 

Ol'ser á'S el precepto, que como el del ayuno, 
solo obliga en ciertas acciones y casos : guardáis la 
obligación á que siempre estáis sujetos y que á 
cada inatante podéis violarj cual es la fe conyugal ; 



CHI 

eump'is la obra que debéis concluir ó termina., 
como la penitencia que os fué impuesta. 

Por extensión se dice guard t la ley, la palabra, 
el secreto; guardar buena correspondencia, amistad, 
consecuencia : guaríais coniinencia; también se 
(¡uarda rencor, y hablando del hombre vengativo, 
que verifica su venganza, u In tuvo yuarduda se 
dice, y cuando se quiere impedir que uno haga 
una cosa, se le dice, en tono de amenaza, guárdate 
de hacer esto ó lo otro. 

CIIAIILATAIV. II PEDANTE. — Chü'-latan 
viene de charlar, charla, f en su sentido recto y 
usual, significa el saltiuibauco y curandero, que eu 
plazas y iabladillos pondera sus drogas, medicinas 
y secretos; y en el figurado el embaidor qie con 
grande aparato de palibras y frases, de popular 
elocuencia, con desvergüenza y descaro engaña, 
sobre todo á la gente vulgar y de cortos alcances. 

En todo ejercicio y oi^npacion hay mas charli- 
lañes que sabios, y sobre todo en las ciencias, en 
la literatura y en las profesiones, que ma^ interesan 
al hombre. Todo el que pondera y exagera,, está 
muy cerca de la c'iarltita'eñ', sí ya m es. un ver- 
dadero charlatán. Por tal debemos tener al que con 
ligeros conocimientos en la literatura, censura y 
critica á toda obraqiie cae en sus manos : lo es en 
política el que con leer cuatro párrafos de Gacota, 
intenta gobernar el mundo cuando nada menos; el 
médico novel que cura todas las en'ermedades y 
mata á todos los enfermos. Y en este siglo de oropel 
y de intereses positivos, como dicen, en que se 
trata de ganar, aparentando y deslumhrando, y no 
de estudiar y de sal>er sólidamente ¡ cuántos son 
los charlatanes, atrevidos y locuaces y cuan pocos 
los verdaderos sabios! la apariencia y la ilusión son 
los atributos de estos que llaman felices tiempos. 

La palabra p('(/rtH/e sinónima en su origen de la 
de pel'igogo. significa en griego, de donde nacen 
ambas, el esclavo ó liberto á quien se de^inaba 
para servir de ayo y maestro á los niños de la casa, 
y asi ha solido titularse al que generalniente se 
llama domine, maestro ó profesor de gramática. T 
como ranchos de estos afectan mas erudición y 
conocimí'mtos de los que tienen y se env.iuecen de 
ellos, ostentando fastidiosa é inoportuna erudición, 
les cuadra muy bien el epíteto desp'eciable de pe- 
dantes, en el seuti-lo que se le da en el dia. 

La diferencia que &e advierte entre el cha- latan 
y el pedanle, consiste eu que aquel conoce lo poco 
que valen sus ponderaciones; y el pedante ensalza 
pequeneces, fruslerías y nonadas que muy grave y 
seriamente mira como cosas admirables y de suma 
importancia para él y los deaias; por lo tanto el 
pedante es por lo común tonto, necio y presumido, 
y el ciia'latitn embelecador sagaz y picaro : el pe- 
danle se engaña á sí mismo y le engañan también 
las apariencias; mas el charliian i si no se engaña; 
pero sí á la gente que le escucha y admira. 

CHICO. II PEQUEÑO. — Lo opuesto á estas 
dos palabras es lo ¡irande : pero aunque ambas pare- 
cen significar lo mismo, tienen alguna diferencia. 

La palabra chico presenta una idea por lo general 
absoluta, y la de pequeño relativa : chi o indica 
siempre un corto volur.en ó extensión ^in relación con 
ningún otro cuerpo. Á un hombre de corta eUatura 
siempre se le llamará chico : hay animales natural- 
mente c'iicos, así comootros naturalmente i^randes.Vn 
aposento es chico cuando en él caben pocas cosas. 

Lo peijnnio hace relación á lo grande, que es lo 
opuesto. Por grande que sea un cuerpo re iiltará 
pequeño cuando se le compare con otro mucho 
mayor; y entonces chico no podrá ser sinónimo de 
pe'ineño- La luna es pequeña comparada ccn la 
tierra ; la tierra con el sol : todo el sistema solar 
con la inmensidad de las estrellas fijas. Nada hay 
pues gran'.e ó p queño en si : la ¡dea es relativa : y 
por lo tanto en física solo se conoce la ptu¡tieñez 
respectiva ó específica y no la ab oliita. 

Llamamos figuradamente cluC' á un niño, ó á un 
muchacho, porque lo es en sí, y cuando decimos 
pei'ieño es con respecto á su corta .edad, ó á lo 
poco que ha crecido, y entonces se compara su 
estatura con la regular delbombie. 

Poilemos usar índistintamentp: de los adjetivos 
chico 6 pefufilo, hablando de la corpulencia mate- 
rial de un hombre ó de las partes que le consti- 
tuyen ; así tanto valdrá decir nombre pequeño como 
hombre rhico : nariz ch'ca ó pe nena. 

Chico se aplica por lo común solí á las cosas 
fisicas; pe iieño á estas y ó las morales No decimos 
una dificultad, un apego, un talento ckiau sino 
pequeño : diremos chico pleito, mas bien que pe- 
queño pleito. 

Peiueño se usa á menudo en sentido figurado, 
significando una cosa baja, humilde, abatida, con- 
traponiéndola al poder, al orgullo s á la soberbia. 



DAN 



DAN 



DAR 



6-3 



D 



DANZA. I| BAILE. 1| SARAO. — El halle es 
tan natural al hombre como el saltar y el brincar, 
movimipntos todos nacid s de su actividad, de su 
aleijria y regocijo; mas el baile consiste eü hacer 
estos movimiemos coa arte, con compa^. y de un 
modo agradable, con las posturas y gestos de 
rostro, brazos y piernas, y la dirección del cuerpo, 
expresando con la mayor viveza y gallardía las pa- 
siüne.--, et placer y el deleite. 

Se puede Oai'ar solo, con otro y aun con mu- 
chos, pues el baile significa el primer efecto del 
brincar con arte, y siempre que esto suceda será 
baile. Por lo tanto comprende tanto á los movi- 
mientos rústicos y groseros, cuanto á los mas finos 
y delicados. En todas las naciones, aun las mas 
salvajes, se ha hallado el baUe correspondiente 
s)em[ire á su carácter y al grado de civilización en 
que se hallen. 

La da'Za expresa mas que el baile, ó indica mas 
artific-o. complicación, cultura, delicadeza, riqueza 
y lujn. Siempre se verifica entre mayor número de 
personas y se hace acompañada y animada con la 
música, lo cual no es absolutamente preciso en el 
baile. 

La (lanza es una composición estudiada, prepa- 
rada, dispuesta, donde hay un objeto, nu plan, una 
acción expr-^sada y representada mudamente solo 
con los gestas, los movimientos y las posturas. Re- 
gularineiite se verifican en púlilico, en fiestas y en 
grandes y solemnes funciones por sucesos faustos, 
teniendo esta especie de drama mímico analogía 
con el objeto y fin de ia festividad. 

En el uso cotnun suelen confundirse muchas 
veces ambas palabras y llamarse bail: i las que 
son propiamente dnzas, bien que se valgan con 
preffrencia de la palabra ba"e cuando solo se tj^ta 
de ios caseros y familiares que no eiigen aparato 
alguno, como las seguidillas, el fandaugo, entre la 

tente couiun ; el minué, las contradanzas y el rigo- 
on entr»- las mas finas : y así se dice baile de can- 
dil, l'a le de boion gorJo, etc. 

Entre los antiguos se distinguían muy bien las 
da'izas de los l>"iles. Aquellas eran los bailes 
graves y autorizados como la pavana, el caballero, 
el rey D. Alonso el Bueno ; y los //ailes los popu- 
lares y trahane^cos como la cíiacona, la gorrona, el 
villano, el pollo, etc.; y tomábanse los nombres de 
la mú,sic^i y de las canciones que se cantaban ea 
ellos y d.ban el compás. 

En la comedia de Calderón titulada el Maestro 
de danzar, dice Leonor : 

Corrí" en la corle, senOFj 
Se usnn tno poco las daJitas, 
No apreadi Osa agdidad, 

Don Liego, hablando coa el maestro dice: 

D. Diego. ¿Y q"é os la primera lición? 

D. Enriq.^tíT soüa el alia ; pero 

No es danza que ya e lé ea oso. 

Leonor. Ni 1 1 baja á lo t|ue L-nliendo. 

Enrique. Y ai .-■on los ciuco pasos 

Los que doy y los que pierdo, 
Por la Gallarda empezaoiJo ! 

Chacón dice luego; 

Ella dansa la Gallarda, 
Y él el pté-gibao. 

El sarao es como el complemento y perfección 
del ba' e, pues consiste en la ceremoniosa y prepa- 
rada reunión de personas ricas y de alta jerarquia 
paia miituaiiieiite olísequiarse y festejarse de todos 
modos con música, la t >, canto y refrescos. 

D\ÑÜ. II DETUniKXTO. || MENOSCABO. 
II PErJllICtU. II I^J(]RIA. ll AGRAVIO. |¡ 

li\JL SUCIA. — Hefiérense estas palabras al mal 
que se puede causar á cualquiera persona ó que se 
s':!ro de otros eu bienes, riqueza, inte^e^es h'>nra 
y auu en la seguridad personal, y asi se llama 
dañar al maltratar Ó estro[iear, ó ÍDUtilizar cu:il- 
quiera co>a : daüo el perjuicio que á la cosa se 
cauia : daña or al que lo irroga : 'darla''! • á lo gra- 
▼oso, perjudicial, que merece ser condenado, y de 



aqoi dañafos i los que lo están al infierno; porque 
en efecto ya sufren las penas que corresponden á 
las culpas que cometieron y á los daños que con 
ellas catisaroD. 

Llámanse dañinos aquellos anímales qné parece 
que la naturaleza solo los crió para hacer dañ->. 

Esta palabra la podemos mirar como genérica, 
pues que comprende á todas las demás, ae la que 
son ■espf'cies. 

í>fl/7(» se dice de toda especie de pérdida, lesión, 
trastorno en la fortuna, en la opinión, en las inten- 
cionis, en los designios, en las empresas ; por lo 
que unos á otros se causan en ellas, ó también por 
los (¡ue provienen de cualijuiera otra causa sea ma 
terial ó inmaterial. 

El men <^cab < es la diminución ó deterioramiento 
de cualquiera cosa que la priva de su valor; lo cual 
es un verdadero d-ñ<} para el dueño de ella; y asi 
meno^ca ar es en su sentido recto, reducir la cosa 
á menos, aco;taila, quitarla, deterioraila, deslus- 
trarla, privarla de parte de su lucimiento, dismi- 
nuyendo la estimación que antes se hacia de ella. 

El ¡jerjuic o es el daño que resulta de las rela- 
ciones contrarias de una cosa con respecto á otra. 

El deliimeni'i el que proviene de una cosa que 
deteriora á otra y parece dirigirse á destruirla, Ó en 
electo la destruye, y así á todo lo duíioso lo Uama- 
I mos perjudicial. 

Una tienda nueva perjüdic á las otras de su 
especie; porque las priva de la venta con los gé- 
neros nuevos, mas baratos y a;2radables que en ella 
se venden. 

Causan di'üo á los campos los ganados que en 
ellos se meten a pastar. 

Si derribáis una Cp'rca, perju'Ucái^ al huerto de 
vuestro vecino. Yo pretendía ese destino, y en per- 
jU'Cio mío lo ha logrado otro, con lo que se han 
desvanecido mis esperanzas. 

A'iraiia es todo dicho ó hecho que ofende la 
fama ú honra de una persona, y usado como reci- 
proco agí aviarse es ofenderse uno, darse por sen- 
tido de una ríijuria que se entiende haber recibido; 
y así se dice destiacer aqr avíos cuandü se trata de 
tomar satisfacción de ellos. 

injusticia es todo aquello que se hace fuera de 
ley, lo cual produce verdadera injji'iu, y á veces 
es" U!i exceso, una iniquidad. Esta palabra se usa 
en oposición á derecho, según se entiende en los 
tribunales. La iniusliaa ofende al derecUo de aquel 
contra quien se comete. 

_ Se puede causar perjuicio á una persona, sin 
cometer contra ella injuátici'i, esto es, sin ofender 
á su derecho, si el que poseía la cosa de que se la 
priva no lo tenia en rigor. Edifico una casa delante 
de la vuestra : es verdad que os causo un gra.a per- 
juicio: pero no cometo injusticia alguna, porque 
no h;iy ley que me lo prohiba. 

El perju cío daña á los intereses de aquel á quien 
se hace : el i/ienoscabo causa una pérdida al que lo 
sufre; el deínmenlo deteriora ó destruye la cosa 
del que lo recibe : la mjusticiiit la injiiri ¡ proceden 
contra ley. 

La acción tnjusla causa por sí misma verdadero 
daño : la pernidi ial por sus consecuencias: la ofen- 
siva lleva en :i el meuo cabo : la acción maligna 
produce en cierto modo , como por rechazo ó por 
sus influencias^ el delriiU' nlo. 

La acción mjusla se dirige al propio bien del 
que la comete, y al daño ajeno ó á la venganza de 
in,uría recibida; el que causa un perjuicio le hace 
por su propio beneficio , y si daña á otro es como 
resultado o cnnsecuencia de la acción. 

El que inenoscal'a una cosa siempre la daña; 
pero no siempre con provecho propio. 

Se causa un daño ; se hace un perjuicio : tales 
son sus efectos propios ó inmediatos, directos y 
naturales. Se dice hacer una cosa con perjuiC'O, 
con (/ trimento de otro, y esta expresión solo in- 
dica un efecto ulterior ma^ ó menos distante , que 
resuiti de la acción misma, v así se dice que una 
cosa se hi vuelto . se ha hecho, se ha dirigido en 
perjuicio ó detrimento de otro. 

La injW't C'ü ofende al derecho de aquel contra 
ouien se comete: el perjuicio daña á los interese 
ael quf3 lo recibe : el menoscabó causa pérdida al 



qae lo sufre: e! detrimento deteriora la cwa del 
que lo rtícibe. 

La injuna se dirige propiamente á las cual dades 
personales, atribuyendo defectos, ^l perjuicio taña: 
la injuria ofende. Á veces el imprudente ce o dá 
•in amigo nos causa mas daño que el odio c'e un 
enemigo. La mayor injuria que se puede h? :er á 
un homl're honrado es el de desconfiar de sl pro- 
bidad y buena fe. 

Dice Huerta : daño es un mal que directai^enta 
se hdce; perjuicio el que indirectamente se causa 
iuipidiendo un bien. El granizo hace uiucho daño 
al labrador: el bajo precio del grano le perj-dica. 
Una joven honrada puede dar motivo á que recaí- 
pan sospechas sobre su conducta. Esto daña á su 
buena opinión y la perj dica para que se la pro- 
porcione un buen casamiento. 

DAR. II PRESENTAU. || OFRECER 1| EIV- 
TRiGAR. — La idea de dar es el fundamento 
esencial y común, nue en muchas ocasiones hace 
sinónimas estas palabras; pero la de dar es mas 
familiai', /j'-e* níur sieuipre mas respetuosa, ofrecer 
tiene muchas veces relación religiosa. Damos á los 
criados, á los inferiores, á los ni^cesilados: pre- 
sentamos i los superiores, á los de alta jerarquía : 
ofre<emos á Dios y á los santos, oraciones, volos, 
actos meritorios y de supererogación , y no uiénos 
lo que les dedicamos ó consagrimos. De aquí 
ofrenda, que se entienden los dones que se les de- 
dican implorando sus gracias , su auxilio y protec- 
ción , y se dice ofriuda ü ofertorio -le la misa, por 
los difuntos y en los entierros. Llámase ofrendar 
no solo al contribuir con cOías de valor para cual- 
quier objeto ; sino también el prometer dones y 
sacrificios á Dios. 

Se da á una persona para que reciba la dádiva: 
se la presenta para queda admita con agrado: se 
la ofrece para que la acepte. 

Solo podemos dar realmente lo que es nuestro; 
ofrecer lo que está en nuestro poder ; pero á veces 
presentimos lo que ni es nuestro, ni de ello pode- 
mos disponer. 

/'flr indica mas positivamente el acto de la vo- 
luntad que en el instante mismo traslada la propie- 
dad de la cosa. I'resentar designa pro.iauíente la 
acción exterior de la mano ó del gesto para entre- 
gar la cosa cuya propiedad ó uso se quiere tras- 
udar: ofrecer expresa particularmente el impulso 
del corazón hacia esta tiaslacion. Por lo tanto el 
valor de las dos últimas palabras se retíer- mas á 
los primeros movimientos ael don; y el de dar i 
los que constituyen este acto plenamente verificado. 
Por lo tanto se puede decir muy bien que se pre- 
sentí cuando se da y que se ofrece para dar: pero 
no conviene alterar el orden de estos diferentes sig- 
nificados. 

Se dan bienes, todo género de valores ya física, 
ya moralmente: la dáltva guarda relación con la 
estimación, el afecto y el ínteres. Se da el alma, 
el corazón , la vida por un extremo de amistad, de 
amor. Se presentan memoriales, solicitudes, con- 
sultas ,- propuestas de los consejos á los reyes. Se 
ofecen personales servicios. 
' No siempre se da por generosidad y desprendi- 
miento ; á veces es por interés. Á menudo se 
agradecen mas los buenos modales en el pre entar 
que la coia misma que se presenta. Es muy fre- 
cuente ofrecer mas bien por política y cortesanía, 
que por verdadero impulso del corazón. 

Ofrecer es un de-eo verdadero ó tiu^ido, uua 
voluntad á veces moment In^-a de hacer o dar una 
cosa, lo que puede ó no verificarse, que produce 
mayor ó m-nor obligación . mas no supone cnm- 
pliiLiiento, pues comuuuiente el que mas ofrece 
suele ser el que menos cumple. 

La material entrega completa el acto de la dá- 
diva, de! p-'sene, de la ofe'ta, termina b ac- 
ción que hasta entonces solo estaba en la id¡a, eu 
la intención : por lo tanto el que entrega no nece- 
sita ¿er el dueño de la cosa, ni el que la pro- 
metió. Uuo(/íi, otro entrega. A veces ambos actos 
suelen ser simultáneos. 

D\R AVISO. IJIIVCER ADVERTEXCIAS. 
y INFORMAR. II ACO\SEJAR.-Esta¿ palabras 
sindican dar conocimientos á uti persona de cosai 



fl8 



DAR 



DEB 



que debe de &aber ó sobre las cuales conviene Ua- 
Biar su atención y manifestarle el modo cómo ha 
de proceder. 

Advertir, viene del latín advertere , que signi- 
fica volver, dirigir, encaminar hacia alguna parte, 
atender , poner cuidado, pues que en efecto parece 
indicar cualquiera cosa esencial á la persona a quien 
se hace la ad ertencia. De informnre , dar forma a 
nna cosa, que comprende en si la idea del com- 
plemento añadido á los conocimientos de la per- 
sona á quien se iiifurnia, sobre el objeto ó mate- 
ria de que se la intenta hablar, proviene U pala- 
bra i formar que es comuuicar estos conocimientos 
¿ noticias. 

Dar aviso expresa conociiuieutos que sirven para 
suplir á lo que se ve, á la efectiva iiiteucionde la 
cosa, por lo que supone hallarse lejos de la per- 
sona a quien se da el aviso, bien que algunas ve- 
ces se hace personalmente ; pero por lo regular poi 
escrito. 

Advenido César por mil extraordinarias circuns- 
tancias de la conspiración que se tramaba contra 
su vida, y aun informado de todos sus pormeno- 
res, se acarreó él mismo su desgracia, no dando 
crédito á los leales aiisos que recibió de uno de 
los mismos conjurados. i - - - , i u - 

Se dice audar sobre aviso , por vivir con cautela dan, y las alvertexca^ a^los que las hacen; pero 
cuando nos amenazan peligros. Llámase avisador 
al que nos advierte de él; alisado al hombre sa- 



tertencias que se le han hecho acerca del modo 
como ha de desempeñar el encargo que se le ha 
confiado. Un amigo da aviso á otro de cuanto le 
pueda ser útil ó agradable. El hombre prudente y 
mirado procede con mucha reserva en dar un con- 
sejo , pues espera á que se lo pidan , y á veces por 
mas que le insten , se excusa á darlo ; por ¡ue puede 
desagradar, producir enemistades ó desprecios en 
lugar de estimación y agrado. Ün buen cou.^ejo 
despreciado hiere el amor propio del que lo da, 
quedándole solo el necio , pero natural consuelo de 
alegrarse de los daños que por el desprecio se le 
hayan seguido al interesado, t Me alegro» despreció 
mi c>:nsejo, y así ha salido ello 

Se ac'íiseja que se liaga una co-a, se avii>a que 
se ha hecho, se udvuríe q;ue se hará. 

Toma uno á veces co/íí'ijo de si mismo, y suele 
ser el mejor: se recibe una carta de aviso -. se obe- 
dece una adi>e< tei'Cia que tiene visos de mandato. 
Se os acO'i^eja que evitéis una emboscada: se os 
av/sa donde está armada : se os adviene que cami- 
néis con cautela. 

Se dice cons jo de amigo ; constjo sano : aviso 
interesado; aviiO al público : advertencia de una 
obra. 

Bien á menudo interesan los avisos i los que los 



gaz*; vial avisado al que se ha aconsejado mal á si 
mismo, al que ha seguido mal camino en el curso 
de sus negocios. 

Se escuchan las advertencias , se toman informa- 
ciones , no se hace caso de falsos ó fingidos av sos. 

Ño solo miraremos como av sos á los que se nos 
dan verbalmente y por escrito . sino á muchos an- 
tecedentes que nos indican el peligro eu que nos 
hallamos ; y en este sentido , hasta las cosas inani- 
madas V cienos sucesos que parecen casuales, nos 
pueden'y deben servir de aviso; oías los m formes 
y las advertencias solo las podemos recibir de las 
personas mismas, 



el concejo solo al aconsejado. 

DEBATIU. II DISCLTIR.— Guando estudiamos 
y examinamos con la mavor particularidad y aten- 
ción cualquiera asunto , haciendo detenidas obser- 
vaciones sobre las circnustancias que eu él concur- 
ren, nos valemos para expresar esta idea de la pa- 
labra ilncuiir. Aunque el discurso ó discusioi po- 
demos tenerla dentro de nosoTOS mismos, por lo 
común se versa con otra ú otras personas , para ma- 
yor exámea y conocimiento de la verdad que bus- 
ca luos. 

Diremos pues que Xa.- discusión se dirige al exa- 
men de cualquier asunto importante , ya sea de 
particular interés, ya de política, de ciencias ó li- 
teratura , con el objeto siempre de desvanecer cual 



Sírvate de uri.so este lance para vivir con cui- gimiera duda, de disipar cualquier oscuridad, para 
dado y cautela. Aviso df D os se llama a cualquier ^^^ resulte claro y seguro , v que se venzan toda= 
i-uceso casual, que ha estado cerca de ser funesto, j^^ dilicultades que en él puedan ocurrir; v no solo 
del que por milagro se ha escapado, pues que se ^^ discuhn las materias teóricas, sino tauíbien las 
le mira como advertencias del Altísimo. i prácticas, los hechos positivos. 

La adv rt ncia supone intención v reilexion en el , f)¿|,^,llJ■ es aliercar y disputar vanas personas ale- 
que la hace; el que informa ó da el '-í'íso no hace g^^^^o \.^^ razones que cada uno cree tener á favor 
mas que referir lo que ha visto u oído; si se ade- gg j^ opinión que sostiene. Se entiende haber de- 
lanta á mas será adi ertencia. ¡¡¡¡i,. ^ cuando se verifica entre muchas personas de 

Se dice tiel y exacto av/so , buenos informes, pru- ; ¿¡fereute partido ú opinión, que con caior se ei- 



dente y oportuna advertencia. 

El objeto de esta es precisamente informar de 
una cosa y llamar la atención" hacia ella, pues que 
conviene la sepamos y que no despreciemos la no- 
ticia que se los da, ni las refiesiones que se nos 
hacen. 

También se dirigen los a-isos y los con >¿ej os a 
enterarno.:. de cualquier suceso , pero ciñéndose al 
modo cómo debemos proceder. 

El av'so uj contiene en su significacíen ninguna 
idea accesoria de superioridad, sea de clase, sea 
de talento; uias el consejo lleva consigo una de es- 
tas cualidades por lo menos, y muy comunmente 
ambas. 

Los autores al frente de sus obras ponon adver- 
tencias que conceptúan necesarias ú oportunas. Los 
espías dan ansos exactos de cuanto pasa concer- 
niente á su encargo: el negociante aguarda a>iso 
de su corresponsal para pagar la letra. Los padres 
dan con^sCjOs á sus hijos para que conozcan el 
mundo y procedan con prudencia y cautela. El que 
tiene uu pleito, toma consejo de un abogado hábil. 
Siendo el objeto de la nd/e íe-cia el disipar du- 
das y oscuridadi's , conviene que sea clara y posi- 
tiva: dirigiéndose el ar/'.o á contribuir á una re- 
solución , debe ser proLto y secreto : y como el con- 
sejo ha de servirnos de guia en nuestra conducta, 
preciso es darlo con franqueza, sabídnria y pru- 
dencia. 

Nos faltan algunos a' i os que nos seria conve- 
niente tpuer para aprovecharnos de ellos en la oca- 
sión ; y recibimos otros que lejos de ilustrarnos nos 
oscurecen: por lo tanto es menester iateligencia, 
actividad y exactitud para dar uu bueno y opor- 
tuno av'SO. 

Los ancianos gustan mucho de dar consejos; pero 

los jóvenes por lo común se rehusan á seguirlos. 

Con prudencia se del e hacer una advertencia, con 

rontitud dar un ari-^o , con dulzura y bondad un 

consejo, perqué nadie hace caso de las inoportunas 

advertencuis j ningún provecho traen los tardíos 

avisos, V la vajilad y el orgullo se ofenden d la 

superioridad y tono magistral del consejo. 

Una persona juiciosa jamas se separa de las ad- 



presan para defender, ya sean sus respectivas opí' 
nioues . ya sus particulares derechos. 

El d'l>aii' supone calor, viveza, pasión , preocu- 
pación de una ó dn otra parte : la ais^usion, calma, 
sangre fria, moderación y buena fe. 

En los d bat'ü cada partido procura vencer al 
contrario: por lo tanto tiene mucha parte en él el 
amor propio , el ínteres de la victoria: mas en las 
díAfiis/oíi, 5 parece que solo se trate de buscar la 
verdad. 

Los debates se verifican principal nente en las 

eran les reuniones, en las que regularmente pro- 

ucen acaloramiento, alboroto y aun tumulto. En 



DEB 

do en que nos hemos constituido, y así decimoi 
cumplir con nuestro di'b>r ó hacer nuestro deber. 

La palabra ofioo que viene de la latina officium, 
y que tiene muoba relación con los deberes, es la , 
obra que cada uno dede hacer, y en la que está 
empleado , según el puesto que ocupa en la socie- 
dad , y la clase á que pertenece. 

Entendemos también por oficios aquellos servi- 
cios que prestamos por obligación ó inclinación en 
noii.bre ó en beneficio de cujlquiera persona. De- 
cimos hacer oftcios en favor de un sugeto , para in- 
dicar las diligencias que practicamos en su prove- 
cho. Hizo muy buenos oficios por su amí¿o, hizo 
cun él ofi'i'jü de padre. 

Estas'dos palabras se comprenden bajo la gene- 
ral de I bl gaciones, que vienen á ser los lazos (jue 
nos unen , fuerzan y estrechan á ejecutar cualquiera 
acción j y proviene esta obligacon, ya de lo que 
directa y positiv imente prescriben las leyes gene- 
rales , ya de los pactos y convenciones que se de- 
rivan y se sostienen en ellas. 

El libro de los 0/íCiOv que compuso Cicerón, 
forma el mejor có tigo de nuestras ibl/gmion^s so- 
ciales, y de cuanto estamos obligados á hacer con 
respecta á la divinidad , á la sociedad y á nosotros 
mismos. Según el abate Girard, el i'bi-r tiene ma- 
yor fuerza gue la obliga ion, en cuanto perten ce á 
la conciencia, pues es como una ley que la virtud 
nos impone , y á la que poderosamente uos impele. 
La obligación indica co^a mas absoluta en la 
práctica, y pertenece al uso que tanto la opinión 
como el decoro exigen qu-j no> sujetemos á él. 

Es un deher en el empleado el asistir á su ofi- 
cina para cumplir con su ol> igacion; y obliga 'ion 
de un magistrado el presentarse eu los actos de ce- 
remonia con su toga. Lo:> finos cortesanos sienten 
menos faltar á sus deb res que á sus obligaciones. 
Hay deberéis de atención, de decoro, de socie- 
dad; asi como obliga ion^'y legales y morales. 

La ley nos impone la obliíai-h n, y la ob.ujacion 
el diber. Nos compele la ob igacon . y ella á un 
deber. La obligación indica la autoridad'que sujeta, 
y el deber el que ésiá sujeto á ella. Heb r supone 
obligación : tenemos obl/gacon de hacer una cosa, 
y es de nuestro deber el hacerla. 

Barbeyrac establece por principio de la obliía- 
ci n rigurosamente tal, la voluntad de uu supe- 
rior á quien se le reconoce y i.>bed''ce. 

Biirlamaquí observa que la razón debe aprobar 
y reconocer el diber, pues sín esto no sena mas 
que violencia. 

La obligacon no puede extenderse mas allá de la 
autoridad del superior que manda; ni el deber 
de los medios y tuerzas del inferior que obedece. 
No hav obliiia'ion si la cosa no ha podido ser 
mandada ; ni deber si no puede ser ejecutada. 

Nuestras obl'g ¡cion s nacen de nuestra misma 
naturaleza; nuestros debfrt-s de nuestros propíos 
derechos. Dice muy bien Mmtesquieu , que las le- 
yes son las relaciones de las cosas entre sí ; y por 
lo tanto las ob igacio le.s , que son deferraíhadas 
por estas relaciones, solo se dirigen á aclararlas, 
sostenerlas, conciliarias y perfeccionarlas por el 
in teres propio y común de las cosas mismas ; por lo 
cual tanto nuestros deb res cuanto nuestro^ dere- 



uuL.tu a^aiujaiuicuw, -. — . — j ■ — - — chos , solo veudríau á ser la aplicación de estas re- 
las reuniones poco numerosas, compuestas de gen- ia^.Jones por nuestro ínteres propio, el cual pro- 
tes mas bien sabías que apasionadas, se dis wen ¿^^.^ ^j ^^^^^,,„ ^ y ,ij.g ^^j.^^ este á aquel, 
las materias sosegadamente. , , En lo perteneciente a la moral, las oblinacíones 

Eu los itebans por lo común cada uno de los | ^^^^^ ¿ ¿^ ,^^ relaciones de los hombres con Dios, 
que disputan puede "i/^i'/^arf _c^°_^^f_.^^'^¡;^yjf^^ | ó de las facultades de su alma, ó de sus relaciones 



opinión sín que alcance á poder presentar razones 
poderosas v convincentes, ni á refutar con funda- 
mento y solidez las contrarias ; pero en las discu- 
s ones es preciso que cada uno de los que discuten 
funde su opiniou y de=truya la de los contrarios. 

Es de mas uso la palabra debatir cnanáo se trata 
de intereses personales : y la de dicutir tratando 
de cosas generales. 

Cuando se habla de las contiendas entre nacio- 
nes ó gentes armadas, que combat-a y guerrean 
por sostener su partido ó razón, no^ valemos de la 
palabra de'a e, y no conven<lria en modo alguno 
la í\e discusión , pues esta diria poco: asi es que 
üe5rt/e supone acaloramiento, y discusión pacifica 
contienda; el debate apela á la fuerza, la discu in 
á la raron. 

De'-at n los enemigos, discuten los amigos: la 
fuejza es la razón de aquellos; la razón la fuerza 
de estos. 

DEBEÍIES. ]I OFICIOS. H 0BUG.4CI0\ES.— 
Refiéreiise e.stas palal ras al principio de que pro- 
vienen las acciones morales de los hombres. 

Definiremos á los dib res la oblipcion que nos 
iüipone respectivamente nuestro hnnor, nuestra 
conciencia y el cumplimiento del cargo ó del esta- 



cón los demás hombres. 

De aqui se derivan tr^'S especies de obig aciones: 
la primera que forma el vínculo entre Dios y los 
h'uibres : la segunda el del hombre consigo mismo, 
y la tercera el ae este con sus semejantes. 

Pero estas diferentes relaciones, estas diversas 
obligiiC'Ones, no son estériles ni están ociosas, pues 
se dirigen á diversos objetos y fines, que la razón 
deduce de la misma naturaleza, indicando el cami- 
no que el hombre debe seguir para lograrlo. Este 
camino, que la razón nos franquea, y al que la 
obligad- n nos conduce, viene a parar al cumpli- 
miento de nuestros respectivos deberé^ y oficios. 

Asi pues la obligación viene á ser la cadena que 
enlaza á un objeto con otro objeto para dirigirlos á 
uu fin. El deber consiste en la conducta que ha de 
tener el hombre como resultado de esta o' ligación. 

Habiendo Dios criado al hombre , tiene e^te un 
vínculo necesario v natura] con el Criador, y está 
sujeto á su ley : esta es su obl gaci n. De esta obli- 
gación deduce la razón la regla ile las acciones del 
homl're con relación á la divinidad; y en esta re- 
cia se contienen los deberes del hombre con su 
Criador. 

De esta primera relación ú obligación se derivíti 



DEB 

naturalmente los deberes, que la ley natural impone 
con respecto á Dios, v es lo que se entiende conuiu- 
meute por religión natural, que no viene a ser mas 
que un puro deísmo. . , 

La segunda relación u oWíffacíOn nos da a conocer 
con el auiilio de la razón todos los del'eres que se 
refieren á nosotros mismos, y que podemos alriluir 
al amor que tenemos á nuestra propia conservación. 

En su infinita bondad y sabiduría, el Orador se 
propuso, dotándonos de ciertas facultades, tanto cor- 
porales como meutalis, un fin igualmente disnode 
el Y conveniente i nuestra propia felicidad. Quiere 
pnes que hagamos de estas facnludes un uso ade- 
cuado á su natural destino; y de aquí proviene el 



deber de trabajar en nuestra propia conservación^ 
y ei de cultivar y perfeccionar las * - "••■ '" 

dirigen á este fin. 



La etrcera relación ú obligación es el principio de 
los deberes de la ley natural, que se refieren a los 
demás houiLres. Cuando considero que Dios ha po- 
blado el mundo de criaturas semejantes a mi, que 
á todos nos ha hecho iguales, que á todos nos ha 
dotado de una fuerte inclinación á vivir en socie- 
dad, y que de tal modo ha dispuesto las cosas, que 
nn hombre no puede ni conservarse, ni subsistir sin 
el auiilio de sus semejantes; infiero de aquí que 
Dios, Criador nuestro y Padre común, quiere que 
cada uno de nosotros cumpla con cnanto es necesa- 
rio para conservar esta sociedad, y hacerla igual- 
mente útil á todos. Así es como nuestra propia razón 
deduce de estas relaciones todos los deben s sociales. 
Tenemos pues ol-l gacioiies con Dios, con nosotros 
mismos, y con los demás hombres; y de estas otili- 
gaciones dimanan las reglas ó leyes que fijan nues- 
tros diberes respecto de cada una de ellas. 

Tanto vale decir faltar á sus o'-A-jacioiu» como a 
sus deberrs ; pero la primera frase se refiere al prin- 
cipio y la segunda á la consecuencia. Se dice rom- 
per sus obUiiacione^, porque las o''lÍ!;acioiirs vienen 
a ser un lazo ó vinculo; y no se dice romper, sino 
faltar á sus del'eres, porque el deber es como una 
línea que no se rompe; pero sí de la que podemos 
apartarnos. 

Kesnltanlas obüiiacionrs de nuestra natural cons- 
titución ; y de ellas se deducen los deneres. 

Llámanse ob igaaones también todas las conven- 
ciones ó pactos por medio de los cuales nos compro- 
metemos los hombres unos con otros para ejecutar 
cualquiera cosa ó negocio particuKir, o para prestar 
aloiuios servicios, y en este sentido la o''l'g''CioH 
suele ser reciproca, como resultado del vinculo o 
convenio, y el deber será lo que debemos hacer en 
vii-lud de este convenio. 

Donde hay deberes hay obligaciones, y donde hay 
obligaciones hay rfe/>erf»; pero la obligación siempre 
es el principio del deber. Así pues la obligación es 
el vínculo que une á un houibie con otro; y el 
deber la conducta que debe tener como consecuencia 
de esta obligacim. El que se obliga á alguna cosa 
con otro contrae una oliUaacion ; el que la ha con- 
traído se ha sujetado á un deber. , 

DEBE SEIt. II DEBE DE SER. —El dicciona- 
rio de la Academia ejplicando el uso del verbo de- 
ber, dice se usa con la partícula de para denotar 
que quizá ha sucedido, sucede ó sucederá alguna 
cosa, como i debe de hacer frió. » 

Sin embargo se emplea alternativamente con o 
sin esta partícula, y conviene examinar la razón que 
para ello pueda haber. 

Don Gregorio Garcés en su muy apreciable obra 
titul.ida Díl fír or y elegancia de 'a Inigua casldlan :, 
tratando en la parte segunda del libro primero, del 
verbo social deber, dice que suele tomar o dejar la 
partícula de, sin mas razón que cumplir asi al lle- 
no y armonía de la dicción; y asi es que en los 
ejemplos que presenta se advierte esta diferencia, 
como el del Granada, en que dice : < No hay duda 
sino que esta alejacion ilebe ser de gran precio de- 
lante del Señor.; En el Quijote diceCervaiites < el 
eclesiástico cayó en la cuenta de que aquel debía 
de ser don Quijote de la Mancha. > 

Mas Huerta en su Examen cree hallar nna verda- 
dera razón, diciendo : 

< Debe ser afirma que es debido, justo o conve- 
niente que la cosa exista. Debe de ser supone que es 
probable la existencia de una cosa, qxie por si mis- 
ma parece ilndosa é increíble. La primera equivale 
á es preciso que >ea : las circunstancias, la oblig.i- 
cíon. la necesidad lo exigen. La segunda equivale 
á parece ';«■■ es asi, las circunstancias, las conjetu- 
ras, las apariencias inclinan á creerlo. > 

La cxplicacioo que da la Academia viene a coin- 
cidir con esta razón. El uso vario de los buenos 
autores conviene con lo que dice Garcés. Es muy 
respetable la autoiid.id y fundamento de este autor 



DEC 



y frases, nos rnclinaremos á la que nos presenta 
IJuerta. 

DECADENCIA. 1| DECfJMACION. || DIMI- 
Nl'CIOIM. II DECHE.WENTO. II IIUINA. — Del 

crf. re y el labies latino, de los cuales el primero 
significa caer, fenecer, morir, y el segundo caída, , 
rmiia, perdición, daño, corrupción, etc., vendreuios 
.¡ derivar la palabra necah ncia, si ya con algunos 
etiiiiologistas no queremos buscar su origen en la 
céltica 1 atl. 

De cualquier modo la decadencin es el estado de 
aquella cosa ó persona que se va disminuyendo, 
ya sea física , ja moralmente ; es pues un principio 
de ruina. 

Decne una cosa, cuando se menoscaba: aecaf» 
las tuerzas físicas, el vigor, tanto en el cuerpo 
como en el ánimo: decaen las fortunas ,_ las letras, 
los imperios , todas las cosas expuestas á variedad, 
á vicisitudes y á ruina. Y en lo humano, ¿ qué no 
lo e^tá ? El hombre y todas las cosas creadas en 
nada están parados: todo se mueve, todo principia, 
todo se muda , todo acaba. La continua mutación 
es esencia de las cosas humanas. 

Decl nación parece indicar mas que d cadencia, 
pues fija la idea de descenso, diclive , caída. Llá- 
mase d'Clinanle lo que d.c'ina: declinar es incli- 
narse i nna parte mas que á otra; es menguar, 
acabarse ó llegará lo último. Se dice \3. declinando 
el sol, el día; declina la edad, la enfermed,id: 
declinan las cosas que solo tienen cierta y limitada 
duración , y que se dirigen á su total aniquila- 
miento. 

Iieclina una cosa , cuando se pierde su uso y 
ejercicio hasta tocar al extremo contrario. De la 
virtud se décima al vicio; del vigor á la debilidad. 
Cuando la declinación es materiil , se dice declive, 
como cualquiera inclinación de terreno , pendiente 
ó cuesta. Todo esto dtclma enteramente basta des- 



DEC 



69 



aparecer. 

Mucha relación tiene en su sentido la diminu- 
ción con la declnaciiiii, aunque no siempre se usen 
ni puedan usarse en los mismos casos. Dinunnciiii 
es ir faltando la cosa y las parles de que la com- 
ponen , ir^e mermando ó menoscabando ya física. 



a moralmente. Se usa mas á menudo de esta pa- 
labra que de la de declinación cuando se quiere 
manifestar que una cosa se va perdiendo , y así se 
dice qut se disminnije , mas no que dec'in^i, el cau- 
dal , el crédito , la opinión de la cusa ó persona; 
porque d sminuir es faltar materialmente, y deciiir 
tiene uu sentido moral. 

Decremento es un caimiento , un desfalleciraieuto 
ya lísioo , ya moral. 

Ruina es extinción total de una cosa; caer, der- 
ribar , destruir viene del latín niiT¿ , que es caer 
precipitadameate. 

La lleca lenciii hace que las cosas pierdan su ele- 
vación , su masnitnd , su consistencia ; la d ctina- 
cion que se debiliten sus tuerzas, su brillantez, su 
lustre : el de remeneo que se desvanezca su apa 
rienda: la diminución que se vaya acabando su ví- 
gnr, su enorgia, su influjo. 

L.i decadencia conduce á la caída, y aun á ve- 
ces ;í la ri.ina : la deeliiiacion al fin : el decremtnlo 
hace que la cosa destallezca y concluya el término 
de su carrera. 

Así como la elevación puede ser rápida, también 
la iiecadenciii ■■ la dec ¿nación es mas ó menos no- 
table el dicrem'iilo mayor ó menor, como ti au- 
mento ó progreso. 

Usase mucho la palabra decadencia en sentido 
figurado, no tanto en el propio: al contrario la 
rana. Se dice la decudincia de los íiiiperios : la 
runa de los edificios y de las cosas materiales. 

Hallando con propiedad, solo puede llamarse 
ruina i la destrucción de una cosa; pero la deca- 
dencia se verifica solo con que principie la acción 
de menoscab.irse. 

Á la decadencia puede seguir la ruina; pero no 
es el forznso resultado de ella. Muchas cosas hace 
larTO tiempo qne dec ijeron . y aun no se han 
omííua (o. La (í ffliíecií del imperio romano cn- 
uienzó muchos siglos antes que se verifiaase su 
ruina. Su elevación fué lenta ; pero mucho mas su 
total destrucción. 

Se dice que las artes de~aen : también decaijer.m 
antes . pero ni aun en los tiempos de la mayor bar- 
barie llegaron á arruinarse del todo. 

DECAnllENTO. || DESALIENTO. || ABATI- 
MIE\TO. II rosTU \l lo^. II oruESiON.— To- 
das estas expresiones coriespoiiden . ya en sentido 
físico , ya en moral , á la debilidad, decadencia, 
rendimiento , falta de fuerza y vigor. 

El diiaimienlo ó descaecimiento corporal provie- 
ne regularmente del cansancio ó de una enferme- 



ó de las penas que nos atormentan y abruman, 
pues descaicer es irse deteriorindo el estado de 
salud , fuerza y vigor en que antes se hallaban el 
cuerpo ó la mente. 

Este estado es un menoscabo , una degradación, 
un principio de ruina que maiiifie-ta la debilidad 
y miseria humana ; pues bien considerado no hay 
casos ni circunstancias, por fatales que sean, que 
no tengan remedio y no puedan mantener la espe- 
ranza de mudar de suerte, cambiándose en dicha 
lo que ahora es desgracia. 

Y aun suponiendo que esto no fuese , seria una 
flaqueza en el varón fuerte el afligirse y abatirse 
por cosas que no tienen remedio , ó sí lo tienen, 
el iibatimienlo lejos de remediarlas, las empeora- 
rla y aun imposibilitaria el buscarlo y aplicarlo. 

Á formar esta fortaleza de alma se dirigían las 
máximas y lecciones de los estoicos entre los genti- 
les, y con mas sublime objeto y oportunidad los 
consejos de la moral cristiana. 

El desiil'Cnto es una languidez que el alma sufre 
al considerar el mal que la acomete , produciendo 
la timidez, el apocamiento, la cobardía y el abati- 
miento. 

La postración es la acción y efecto de postrar ó 
postrarse ; el resultado , el fin á que nos conducen 
en su intensidad y duración , el descaecimiento j 
el (/o a iinto. 

Tanto se usa la palabra postración en sentido 
físico cuanto en moral. En aquel , postrar una cosa 
elevada, es derribarla, alatirla, echarla al suelo. 
Nos piistra el trabajo , el cansancio , la fatiga ; la 
fuerza de la fiebre nos /lostra en el lecho. Todo 
lo que mas ó menos debilita , enflaquece , priva de 
fuerza y vigor , ¡io Ira. 

La potr.icion es el resultado de una fuerza ma- 
yor que supedita á la que oponemos ó podemos 
oponer. 

En sentido moral cuando nos bajamos, nos hu- 
millamos, nos arrodillamos ante cualquiera perso- 
na que se halla en puesto superior , decimos qi* 
nos poitr irnos: se postró i los pies del trono, del 
juez , de su padre . de su dama , del agraviado 
para'desagraviarle , del ofendido para implorar su 
perdón. 

En sentido recto desalentar e; embarazar, hacer 
perder el aliento, hacerlo dificultoso.^ por cual- 
quiera causa física. En sentido moral viene á coin- 
cidir con decaimiento del ánimo. 

El desalíenlo nos obliga á ceder á los obstáculos 
y dificultades con que luchamos, habiendo agotado 
nuestras fuerzas, por lo que mirando como impo- 
sible va la resistencia, la abandonamos y cedemos. 
Amia bien cerca de la palabra dcsalealar la de 
descora:i'nar, aunque esta es de poco uso. Ambas 
son figuradas y tanto vale estar privado ó haber 
perdido el aliento, como el corazón, el ánimo, el 
valor. La significación recta de descoriisunar, es^ 
quitar, sacar, arrancar el corazón. 

Oprimir significa abatir por fuerza ó violencia 
una cosa, apretarla, comprimirla, no dejarla hicer 
uso de su fuerza, de su acción, y se llama - presión 
materialmente aquel estado del cuerpo en que no 
puede nno, por la enfermedad ó incomodidad, 
hacer libre uso de sus facultades; y así se dice 
t'pr.sion de pecho, de garganta, cuando no puede 
uno resollar, ni aun bailar, y sufre grande fatiga, 
desaliento, anhélito. 
En sentido moral opresión signi6ca cualquiera 



pero como 



aautoi d.id y Inndaiiiento ae esie auiur; ue irgu.ai. .^y... v.^ w,.--....,.^. j" f , "íair, mentil 
debemos buicar la razón de las palabras dad: el del alma de la fuerza del trabajo mental 



sujeción que uno padezca, y así llamamos opresor 
al que sulii uga, tiraniza y esclaviza á los demás, y 
oirimi-lo ú'opriso al que se ve sujeto á este estado 
de opresión. . i . , ■ 

El Ojinsor se vale, para lograr sus intentos, del 
engaño, de la fuerza, de la violencia. 

£1 fuerte opiime al débil. Un pueblo agobiado de 
impuestos suire la opresión del que lo manda. 

Tanto nos abroman y postran las personas cuanto 
las cosas, pues abrumar es aterrar, echar por 
tierrar, dejar caer á alguno, ponerle y cogerle de- 
bajo Nos abruman, nos sobrecogen la tristeza, el 
dolor, los males, los cuidados, los negocios. 

Cuando decimos me i);ri»ie el dolor, venimos í 
personificarlo, y es como si dijésemos, me sofoca, 
me ahoga, me impide la respiración, y en efecto 
produce' cuando es violento, este efecto tísico. 

Cuando descaecimiento expresa solo una acciott 
física, la cansa parece ser visible y clira. Una per- 
sona oprimida lo es sin qwe la causa de sn ii/i eví; » 
sea manifiesta y visible ; oprime el a.-ma; pero no 
se la ve, y solo se la conoce por sus efectos. 

En sentido figurado nos oprime el trabajo, U 
suerte, el infortunio, la desgracia. 

Lo que abate comprime las fuerzas : lo qu» 
oprime, las ahoga y destruye. _ . . 

Por grande que sea la desgracia ofrmiri; pero 



70 



DEC 



DEC 



no ahaiirá á los crne tienen ánimo y corazón firmes. 
La opresión envilece á los débiles; el abatimiento 
li sico se hace sentir en todos los miembros corpo- 
rales : la o¡ir(Sion física solo en el pecho y en el 
diafragma. 

Puede hallarse uno físicamente a^'atido, sin que 
nadie haya contribuido á ello, ni haya motivo ma- 
nifiesto, pues basta con las penas imaginarias; pero 
solü pueden opriin'r'ivs las causas verdaderas. De- 
bemos distraer al hombre á quien la melancolía 
abate, y tomar la defensa del oprimlio. 

Deíaimienío corresponde tanto al cuerpo como al 
alma. En é) se rinde uno bajo el peso de sus penas; 
desfaliec-^n las fuerzas. En el 'lesoUeiilo se cede 
enteramente al peso de las penas ó se acobarda ó 
amilana uno tanto, que no se atreve á emplear las 
pocas fuerzas que le quedan. Hay dcca iiuento 
cuando cesa la resistencia; disallento cuando se 
cree que. ya no se puede re-istir. \ 

DECENCIA. 11 MüDIÍSTIA. || PUDOR. H 
RESERVA. 11 RECATO. - Estas palahras se 
refieren al modo de proceder y de expresarse ante 
las gentes, y de consiguiente pertenecen á la de- 
cencia esierior. 

Consiste esta en el aseo, compostura y adorno de 
las personas según su clase y circunstancias ; mas 
la verdadera decencia viene del interior, y consiste 
en los Íntimos sentimientos de honestidad y mo- 
destia, en la conformidad de las acciones exteriores, 
ya con las leyes positivas, ya con las que impone 
la opinión general. 

La modetia es el cuidado que ponemos en no 
hacer ni decir nada que pueda dar motivo á que se 
nos atribuya orgullo, presunción, alta idea de 
nuestras cualidades ya interiores, ya exteriores, 
despreciando y humillando á los demás. El hombre 
modesto piensa moderadamente de sí, no se nom- 
bra, nunca se antepone; al contrario, por lo común 
se pospone. 

Hay otra molcsVa que pertenece mas bien á las 
mujeres tfue á los hombres, conveniente á sus mo- 
dales, trajes y expresiones, formando por lo tanto 
parte de la deceno a. 

El pudor es un sentimiento natural y activo de 
honestidad y niod-Uia, que sin que lo podamos 
evitar nos causa sonrojo y nos conduce á huir de 
cuanto pueda motivarle. 

La res rva nos hace proceder prudente y conte- 
nidamente en palabras y acciones, mientras no nos 
son bien conocidas las personas con quienes trata- 
mos ó las circunstancias en que nos hallanms. 

El recato supone reserva, y cautela temeroso del 
peligro; por lo lanto honestidad para evitar mur- 
muraciones, y modestia para no excitar la envidia, 
ni oft'udi.'r al am.ir propio. Con esto la persona re- 
catada llega á adquirir tal dominio sobre si misma, 
que nada se permite hacer ni decir contrario á lo 
que prescriben la prudencia, la moderación y la 
discreción. 

La re eria nos es provechosa para contenernos 
en nuestras acciones y palabras, y la moíesíia para 
no desculTÍrnos; el recato para proceder de tal 
modo qu'í nadie pueda tener fundadas sospechas 
de nosotros : la líec nci<i se aver^onzaria do hallarse 
en una situación que no correspondiese a! se\o, 
estado y'circnn^tancias de la persona. Tan delicado 
es el p~ d r, ^\\^ aun en elinsiante mismo en que 
se oculta, teme y se avergüenza. 

Teme la niot^sf-a llamar la atención : la rrserva 
que se la quiera descubrir : el recato toda fami- 
liaridad extraña : la d' ceiicia, que se la sorprenda 
en cualquier acto de los que solo se ejecutan á solas 
con uno mismo. 

La \ergüenza que sobresale en el pudor es irre- 
flexiva, involuntaria, y nace de la naturaleza 
misma : la que resalta en la dce n&ia, corresponde 
al miramiento que debemos tener con las gentes y 
con nuestra propia conciencia, y proviene de la 
educación : el rera'o resulta de la reflexión que 
nos prescribe reprimamos nuestros movimientos, y 
de la moderación que nos presenta metlios para 
ello. La }]{0:¡etia trae su origen de la desconfianza 
qae tenemos de nosotros mismos, y se reliere á 
nuestro mismo carácter : en la resé' va, la descon- 
fianza solo se dirige contra los demás, según sean 
los casos y circunstancias. La dicencia es cuida- 
dosa : la reserva circunspecta : el recato moderado : 
la modestia tímida . el ih'lor receloso. 

La reserva puede enlazarse muy bien coa el 
noble orgullo y brilla en el recato : la modes'ia ser 
noble : la d cene a respetuosa : el pxulor como que 
implora gracia y amparo. 

La nii''iest/a es una virtud que exige decencia en 
las mujeres ; y cualidades son suyas la rrsena y 
el re(aio\ grato es, y de subido punto amable, el 
VJidor, 



ütil es la modestia á los que al modesto tratan, 
porque les lisonjea su amor propio, y así es que á 
todos place ; en el trato de las gentes debida v con- 
veniente es la decencia, y diremos que cuando no 
viene á ser la que liamarenios viodstia de la vir- 
tud, es como el pudor del vicio. 

Yálense muchos del símil de una completa arma- 
dura, tratando de la nsena de las mujeres; pues 
que con elU atienden á su defensa, en tal suerte 
que si se la llega á quitar alguna pieza, expónense 
á ser por allí mismo ueridas. 

Si bien solo á si mismo aprovecha el pudor : cierto 
es que á todos place y embelesa. 

En cumto á los hombres, la decencia es un pre- 
cepto de educación moral ; Xd^resena obligación de 
circunstancias : la modestia mérito generalmente 
apreciado : el pudor, natural movimiento de ver- 
güenza al llamar demasiado la atención por cual- 
quier motivo aun siendo honesto y bueno. 

En las mujeres la ri serta es una precaución que 
exige su propia seguridad, pues por naturaleza son 
tímidas y recelan de cuanto puede ofender su vir- 
tud. En el peligro sirve de advertencia al pudor y 
de escudo a la d cencía, á lo que no sieii;pre al- 
canza la misma honestidad. 

En la mujer la decencia forma un hábito al que 
no podría faltar sin agraviarse á sí propia y atraerse 
el público desprecio ; el recato un como saciiliem 
á la franqueza exigido por su sexo, y tan de natural 
y de costumbre las es, que siempre se las acusa de 
disimuladas : el pu.!or como una rehuída de la mo- 
destia ofendida, ó déla inocenca sobresaltada, sin 
que se acierte positivamente el motivo; pues que 
no tanto depende de alguna cosa mala, aunque sea 
le* e, que se luga, cuanto de la vergüenza que causa 
el ser materialmente mirado, pues hasta la simple 
vista le ofende. Si se sorprende á una mujer en el 
mismo instiute en que está haciendo una acción, 
aunque indiferente y aun buena, naturalmente se 
sonroja, aunque solo sea por la misma sorpresa: y 
tal es el putlor que no por eso aleja la ingenuidad. 
La reseña de la mujer consiste en callar ó hablar 
poco, con precaución y conteninñento, éirecatotu 
su porte y modales: la moiesia en sus conversa- 
ciones, en sus preguntas y en sus respuestas : la 
decencia en sus trajes, y en cuanto la pertenece y 
corresponde á su ornato y al de su casa : el pudor 
en sus oculios sentimientos y en todo aquello que 
entiende debe ocultar. 

La resiTva es precaucionada : el recato regla sus 
movimientos : la modestia parece que se desconoce : 
la decei'Cia se conoce y se juzga : el ¡nidor se oculta 
y se avergüenza aun cuando no se le ve, pues para 
inquietarle basta con el pensamiento. 

No hay cosí ni mas apreciable ni mas perfecta en 
la tierra que una mujer virtuosa y m/K/esífl, franca 
y reserratn, rccntada sin saber por qué, ni tener 
motivo alguno ; decente sin ficción; pundonorosa é 
ingenua a un tieinpo. 

La grande diferencia que se .advierte entre un 
hombre y una mujer que poseen estas prendas, con- 
siste en que un hombre modelo, decente, revenado 
y recatado sabe que lo es, y que cumple con una 
obligación, y la muger lo ignora, pues es su natu- 
ral instinto, su disposición, su hábito. Todo esto 
la naturaleza se lo inspira aun antes de ijue ella 
misma llegue á entender que la es una obligación; 
de manera que lo bello de lo uno se viene á unir 
con lo sólido de lo otro. 

DECISIOIV. II RESOLUCIÓN. |1 JUICIO. 1| 
DETERMIIVACIOIV. — Preciso es que toda dis- 
cusión termine mas tarde ó temprano, y pues que 
es una controversia entre lo verdadero y lo fabo, 
entre lo justo y lo injusto, ó lo que por tal se tiene, 
debe resultar una deasii'n ó resolución que termine 
el debate. 

La rfiíí/.sífln supone duda anteiiory una seutencia 
que la resnelva v fije lo que se debe pensar, juzgar 
o hacer. Por eso ía corresponde la palabra latina 
stat'ie>e que es enderezar, exigir, estimar, juzgar, 
establecer, fijar : llamamos decisivo á todo aquello 
que resuelve, como la razón, el decreto, la provi- 
dencia decisiva: y decisión á la misma determina- 
ción, ó á la sentencia cuando es en negocios 
judiciales : y de aquí discernir al distinguir una 
cosa de otra. 

Decisión es también resolver la indiferencia de 
una cosa contrayéndola á especie determin:id3, y 
también señalarla ó fijarla para cualquier efecto, 
como cuando se dice se decidió que la fiesta se cele- 
brase en tal dia y en tal paraje y de tal modo. 

Verificase la decisión cuando habiéndose exami- 
nado con inteligencia una cosa dudosa ó disputable 
se pronuncia atirmativamente sobre ella. 

La resoíi cion es el plan que se forma, ó el par- 
tido que se quiere adoptar; asi pues la decisión 



DEC 



pertenece á la inteligencia, y supone discusión j 
esamen: la resolución es acto de la voluntad y su-^ 
pone deliberación. 

La primera destruye la duda y hace que uno se 
declare : la segunda combate la incertidumbre, y . 
hace que uno se determine. 

Para evitar el arrepentimiento es menester (jue 
las d cis'ones sean justas; y para impedir las ve- 
leidades, quesean firmes las re^onic ones. 

La dici^itin recae sobre la cosa dudosa; la resO' 
lücioii determina la voluntad. 

La dec'siott es un modo de \er lo dudoso : la re- 
sclu ion acto de la voluntad que prefiere un partido 
á otro ú otros. 

Por medio de la decisión se sale de lo indeciso; 
por la reso'ucion de lo irresolu'o. 

No hay cosa mas desagradable á uno mismo y 
aun á los demás que el hallarse indiciso en los ne- 
gocios é irresoluto en el obrar. 

Mas delicadeza y cuidado causa el decidir sobre 
negocios de etitjueta y de vanidad, que sobre ver- 
daderos é importantes intereses. 

El pecador y el enfermo toman resoluciones 
cuando se confiesa el uno y cuando está á la muerte 
el otro. Por lo común ¡cuan débiles y miserables 
son! pues acometido el pecador por fuerte tenta- 
ción, y recobrada la salud por el doliente, ambos 
vuelven á sus antiguos vicios. 

Parece que la re^oluion lleva consigo la deci- 
sión, y que esta puede bailarse algunas veces sin la 
otra; pues que á menudo sucede que nada se ha 
resuelto sobre el emprender ó no un negocio que 
ya está decidido : mas el temor ó cualquier otro 
motivo >e oponen á su ejecución. 

Regularmente la imajíinacion y el corazón son el 
fundamento de las decisiones que toman las mu- 
jeres. ¿Qué importa que los hombres tomen re^^O' 
luC'Ones, si sus costumbres y su inclinación triunfan 
siempre de la razón? 

En negocios científicos se dice la decisión de una 
cuestión y la resdiicion de una dificultad. Por lo 
común lo que mas se decide es lo que menos se 
prueba. 

Aunque en las academias y en las demás reunio- 
nes científicas se da salida a todas las dificultades, 
bien pocas son las que de positivo se re^Lriv. n. 

Se detennina consultando á la voluntad : se re- 
snel'C examinando la razón : se decide pesando dos 
ó mas razones opuestas : el juicio siempre d<c de. 

DECISIVO. II PEREÍXTORSO. 1| TEUMí- 
tVAINTE. — Pertenecen estas tres palabras al modo 
como se decide, C'^ncluy y termina cualquier asunto, 
negocio, discusión ó disputa. 
Hesuélvense con razones las cosas dudosas ó dís- 
; potables, y tan claras á veces g^ue hacen que en un 
instante termine la duda ó la mcertidombie; ó coa 
argumentos tan fuertes que necesariamente traían 
consigo la dec'sii'n ; ó con otros que afiíman la ver- 
dad por un lado, destruyendo cuanto poi el otro se 
pudiese oponer. En el primer caso e.4os argumentos 
o medios serán tcnninaiiles ó C'nciuyenle-'^, en el 
segundo deC'sÍvo\, en el tercero pered»rtos. 

La palabra terminant- claramente se entiende 
significar la eficacia del medio y lo pronto de su 
efecto: la de dec siv> indica la discusión y los me- 
dios apropiados para terminarla; la de perentorio 
la oposición y el medio que puede destruirla. Ea- 
tendeuios por perentorio aquello último que en 
cualquiera género que sea se concede ó determina; 
y íLsi se llama término perentO'io^ sobre todo en, 
estilo juiicial, aauel que excluye todo otro. 

Terminante es lo que vence todas lis dificultades, 
derriba toilos los estorbos, y quita todos los obstá- 
culos. Decisivo es lo que ya no deja duda alguna, 
y de consiguiente subyu^ja el juicio ajeno^ peren- 
/- f'O lo que ni sufre oposición ni admite replica. 

Con respecto á las personas se diferencia lo íer- 
minaute de lo deci iro en lo siguiente. El que da 
una respuesta terminant'- no halla dificultad alguna 
en que el negocio concluya según su voluntad, y el 
que decide no halla duda' en la cosa; pero se equi- 
vocan á veces ambos, pues no suelen lograr su 
intento. Confían en su fuerza ó razón; pero el 
hombre que toma una resolución, ó dicta una pro- 
videncia terminante, manifiesta por lo común mas 
arrogancia y presunción, que ven'adera fuerza, y 
parece como que quiera iutimidaj ios, asi como el 
de genio ó carácter dec^iro autor lad de razón. El 
primeio se expresa como muy an'orizado y levan- 
tado; el segundo se vale de frases >ecas y magis- 
trales : el que toma una resolución fe minante no 
oye razones, y por lo tanto debemos huir de entrar 
en contestaciones; con él. Ni es tampoco cosa fácil 
sostener una disensión con el decsivo. pues para 
ello seria preciso vencer antes su extraordinario 
amor propio. 



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71 



DECLAHAR. li DESCUBUIR. II MANIFES- 
TAR II REVELAÍt.||lHVLLGAU. || PLIÍLI- 
UAR- — Todas estas palabras sigüifican en gene- 
ral Jar á conocer lo que estaba igQorado; pero 
quede veriücar.se esto de diferentes modos que ia- 
iican cada una de estas palabras. 

Hablando literaímeute, descubrir es, como en 
otra parte índicaíiios, quitar la cubierta, lo que 
oculta una cosa, destapar, abrir, registrar, alcanzar 
i ver. J/anz/'d^/ar, poner las cosas co;uo á >a mano, 
m Dstrarlas, presentarlas, hacerlas patentes. 

Declarar poner ea claro, y viene del latín cl.iiuSj 
aclarar, eiplícar, interpretar lo que e.-tá o-curo o 
no se entiende bien. Heielar, quitar, levantar el 
velo. Diiulijar, publicar, extender; dar á conocer 
á todos una cusa, propagándola tauto que llegue á 
6er generalmente sabida, ^ hasta del misiuo vulgo. 
Publc-r, bacer patenie o notoria una cosa por 
cuantos medios baya. Su uso mas general fs en 
materias que á toJos conviene é interesa saber, 
como son las leyes, órdenes, decretos y reglamen- 
tos; y para ello se vale el gobierno de pregone-, 
proclamas, bandos, cíixalares y anuncios en los pa- 
peles públicos. 

Lo que estaba oculto á los demás se les descubre 
dándoles noticia de ello : se les mai.ifiesla lo que 
estaba escondido, llegándolos al para.e ó indicán- 
doles el sitio en que se esconde la cosa, y si esta es 
simulada, se aclara con expresiones positivas y tt-r- 
minantes : se divulga lo que no era sabido de la 
gener.iüdad de las gentes, ci:eudiendo la relación 
ó noticia por todas partes; y se publira lo que no 
era notorio, UaciéndoTo de un modo auténtico y for- 
lu^l, para que nadie alegue ignorancia. 

Toaos los dias se ne-cu/ren cosas nuevas, y la 
vanidad y el ansia de enterar de ellas á los demás 
y parte ae amor propio, hace qne se vayan de Cii- 
briemio á todos. Ocúltase un hombre de las gentes 
por tener motivo de ello, y coa la mala intención 
de dañaile, se le descubre, 

Beielar supone una violación de juramento ó de 
estrecha oblijacion, ó penoso esiuerzo para publicar 
lo muy reservadamente sabido ú hondamente oculto, 
resultando de esta revelación ó grandes beneficios 
ó graves daños, como cuando se reiela una extensa 
é infernal conspiración, ó un secreto de Kstado, ó 
unaconl'esion, que es el mas sacrilego crimen. 

El sórdido interés, ó el amor al orden público, á 
la justicia, á la virtud, son respectivamente la causa 
y motivo de estas reí elaciones. 

Se re¡ ela un secreto por no poderse contener en 
callarlo, y mucho mas si de esto resulta gloria. 

Voluntaria, clara y positivamente se í/m larun las 
intencii'ues, los deseos, las acciones, que no eran 
conocidas, ó sulo, á lo mas, de un modo incierto. 
Estáis equivocados, se dice, en cuanto á mi modo 
de pensar . claramente oslo declararé. 

Aquellas personas que tienen conocimiento de 
un secreto, y que deben guardarlo, lo revelan ó 
por malicia o por debilidad, ó por interés y preci- 
samente á veces á aquellos mismos que no deberían 
saberlo. 

Miraremos como una especie de velo, qne solo 
pueden descorrer las personas complicadas cu una 
oculta conjuración, á los juramentos que hacen de 
guardar secreto : á estos laltan los que lo levelan. 

Parece que la naturaleza ha echado un velo mas 
ó menos tuerte é impenetrable sobre cosas que 
quiere ocultar á nuestra vista, ó_ bien que solo lo- 
gremos conocerlas á costa de inmensos trabajos, 
observaciones y estudios. 

Revela Dios á los hombres, cuando le place, lo 
que por sola la razón no pueden conocer ni alcan- 
zar. Por eso la palabra rei-ilaciot se usa principal- 
mente Jtara expresar la idea del conocimiento qae 
se nos da de cosas sobrenaturales ó divinas. Son 
muchas y muy notables las reielaciones que constan 
en los libros sagrados y en las vidas de los santos, 
y que reconoce como auténticas la Iglesia. Mas tra- 
tando de esta palabra Covarrúbias dice ; < Revelar. 
algunas veces significa la merced que Dios hace á 
alguno de sus siervos dándoles á entender algún 
secreto misterioso, y estas me aciones i veces sue- 
len ser ilusiones del demonio, ó flaqueza de cabeza 
de algunas beatas, que forman en la fantasía mil 
disparates. > 

Siendo la revelación el acto material de descorra r 
un velo, puede esto dirigirse á la generalidad de 
las gentes, o á una persona sola ; pero el que re- 
vela al magistrado una conspiración, la palabra no 
indica publicidad, sino al contrario secreto y re- 
serva, ¡ieve/ar supone pues viohcion del jura- 
mento, de la obligación, penoso esfuerzo para sacar 
á la vista de todos lo que estaba honda y cuidado- 
samente escondido. 
Declaran casi siempre los reos á sus cómplices; 



sfi declara la inocencia de uno calamniosaraente 
acusado ; declaran los testigos; se declara la guerra 
al enemigo; se decara uno á un amigo de con- 
fianza, en negocio grave. El uso mas general de 
lis palabras diC arar, decluracwn, es judicial; to- 
mar nec aractones, auto declaratorio^ carta decla- 
ratoria, etc. 

Según ia derivación de esta palabra indica una 
demostración clara, una acción importante, una 
voluntad resuelta y firme. 

La idea propia de dcsc'>brir es precisamente la 
de mostrar; porque cuando se mue.-tra á uno lo que 
no veia ó no sabia, se le descubre, aunque en ver- 
dad no estaba oculto. Asi pues desC''br,r supone 
obitáculos que estorbaban se viese la cosa, y que se 
han quitado de delante. 

Manfe'^tar no es s lo expresar coa signos exte- 
riores nuestros internos seutimientos, pues en e;te 
sentido tam bien es descubr, rlos^ dec arar, os. Si 
disimulo parte de mis pena-, claro es que no las 
maniüesto todas. Cuando Dios se manifestará en 
toda su gloria, es evidente qut; en esta espresion no 
se trata de interiores sentimit^ntos. 

DECOR Alt. II EXOR\AR. |t CONDECORAR. 
II EXGALAAAlt. || UERMOSEAR. — Mucho 
corresponde á la decencia y decoro de las pírsona- 
el ornato exterior con que se presentan ante las 
gentes, bien asi como el de cuanto les rodea en ia 
casa, en los parajes públicos y en el trato social, y 
bajo de este aspecto nos cumple considerar ahora 
la palabra decorar, que significa dar tanto á las 
personas cuanto á las cosas, los adornos conve- 
nientes, necesarios, decentes, propios á la clase de 
a inellas, y en estas al uso que se quiere hacer de 
ellas. 

En sentido recto llámase drcoraciO'i al mismo 
adorno y en el metafórico al lustre que resulta por 
estas señales exteriores, que tanto respeto causan en 
el público. 

Modernamente se ha introducido la palabra deco- 
raci"n, hablando de la mutación de escena y sus 
adornos en los teatros y demás espectáculos. 

Deci^ro se llama en arquitectura á aquella parte 
del arte que enseña á dar á lo exterior de los edifi- 
cios el aspecto y propiedad que les corresponde. 

Se decoran todas las cosas, en especial en su 
parte aparente, que se quiere agraden á la vista, á 
cuyo sentido corresponde la decoración. Se d. coran 
los magníticos salones, las fachadas de las casas, los 
templos, los teatros, y cuanto se quiere luzca y 
sobresalga. 

La dvcorac'on por lo recular no es permanente, y 
solo se verifica en casos de festividad : pocas veces 
se usa hablando de aquello que permanece, que 
forma parte esencial del edificio, pues entonces nos 
valemos mas de la palabra trnato. 

Guando decorar se toma en sentido metafórico 
como significando la hermosura y gracia que se da 
al discurso, realzándolo con tropos y figuras retó- 
ricas, se emplea mas propia y comunmente la pala- 
bra exornar, que es hermosear, adornar grande- 
mente con las galas de la elocución. Solo en este 
sentido figurado se usa en el día esta palabra, mas 
en lo antiguo significó también materialmente ador- 
nar y hermosear. 

Unida la partícula con, al verbo decorar, co de- 
corar, le hace torcer el sentido á significar, distin- 
guir, ennoblecer, ilustrar, relevar á una peisona 
con honores, cruces, medallas, bandas, placas y 
otras insignias de grandeza y poderlo, que en reali- 
dad todo es decotar la im.igen de- nuestra vanidad 
y orgullo bien ó mal fundado. 

AH'rnar es aüadír á uua cosa sencilla y como 
desnuda, limitada á solo lo preciso para el uso qne 
se ha de hacer de ella, otras accesorias que sin 
formar parte de aqiiel cuerpo, ni serle indispen- 
sable, están trabajadas con sumo arte y esmero para 
darla mayor lustre y brillantez ; por lo tanto estos 
adornos, considerados en sí, no corresponden á la 
esencia de la cosa, por lo cual sin dañarla, bien 
que desluciéndola, se pueden quitar-ó mudar. Llá- 
manse órnalos i estos adornos, y consisten ea las 
columnas, moldaras, arabescos, trepados, estatuas, 
cuüdros que visteft, decoran y emb'dlecen las igle- 
sias, palacios y edificios públicos. El ornato es pues 
accidental, puede ser poco duradero ó solo por 
cierto tiempo, como las colgaduras, florones, jar- 
dines artificiales, arcos, estituas aparentes, etc- 

La palabra vriiam ntos parece destinada solo á 
las vestiduras sagradas y á los alornos- de los 
altares. Se llama adonut 'or, adonml , al que 
ad rna : no son muy usuales estos títulos ; mas sí 
el de ado nisla, aunque en rigor solo se entiende 
del que adorna con pinturas de gasto y capricho 
las salas, muebles, etc. ; y las otras dos denoinina- 
cioaes abraxaa todo género de adornos por gran- 



diosos y magníficos que sean. Llam;íbase en lo anti- 
guo adornación y udom amiento á lo que ahora 
adorno, puesto qne aquellas palabras correspondan 
mas bien á a ¡•ccion de alomar que al adurno j4 
verificado y como permanente. 

Las palabras ornamenta' , omadamente. ornar, 
crnato son sinónimas á las de adorno, adnrnar^ j 
solo se diferenciarán ea el buen gusto y oportuni- 
dad con que se usen. 

Cuandj los adO'nos se hallan distribuidos en 
todas las partes de la cosa adornalu Ó se refieren á 
ella, enlazándose unos con otros y viniendo á for- 
mar un todo completo de órnalo, entonces parece 
que cada parte d'ba conservar este mismo nombre. 
Pero la reunión, el efecto, el resultado toial for- 
mará una decor don perfecta, á la cual bien po- 
dríamos atribuir el nombre antiguo de alorn'icionf 
para distinguirla de aquella que parece destinada á 
cosa teati-ai. 

En sentido metafórico, ornato v adorno se re- 
fieren á las prendas y buenas cualidades de virtud 
y de sabiduría que concurren en una persona y la 
nacen digna de estimación y aprecio. Se ndoma la 
verdad con las galas de la elocuencia. Un buen 
lenguaje y estilo adora^ es el irnao del discurso : 
sin esto pierde mucho de su mérito intrínseco. No 
hay pensamiento por co^nun que sea que no lo 
realce el oruat< de la elocución ; ni idea sublime 
que no parezca baja y trivial expresada con frases 
vulgares y cliavacauas ; el lenguaje es todo. 

La verdadera hsnwsura debe hallarse en la na- 
turaleza, y consiste en la justa y bella proporción 
de las partes entre sí y con el todo ó cuerpo que 
vienen a formar. Es rara uña hermosura natural, 
perfecta tal cual la concibe nuestra imaginación, 
estudiando las cualidades que en abstiacto la de- 
ben constituir tal; mas á esta hermosura ó belleza, 
que llamaremos ideal, la da ser el arte escogiendo 
lo mejor de cada parte, y reuniéndolo en un todo 
que perfecciona cuanto es dado al ingenio hu- 
mano. 

Con respecto á nuestros sentidos, el tipo de la 
hermosura se halla en el desnudo del cuerpo hu- 
mano; ¡pero cuan raros son los perfectos moJelos! 
Las imperfecciones, los defectos, las fealdades son 
comunes^ las bellezas de algunas partes sin grave 
disonancia de sus relaciones entre sí, no se hallan 
frecuentementp ; cosa extraordiutria es, y por lo 
mismo admirable, una hermosura perfecta, si es 
caso que la hay cual la cone.bimos. 

Amando todos la litrnu'Siira, y gozando pocos de 
ella, tratan de adquirirla á lo menos en la aparien- 
cia, cubriendo las partes defectuosas, descubriendo 
y realzando las bellas, valiéndose para ello de los 
afeites, artificios, ilusiones y engaños, y á esto lla- 
maremos h rmiisear, ocupación que sé ha conver- 
tido en arte, que se estudia y cultiva con el mayor 
esmero, en especial por las mujeres, cuyo principal 
objeto pai-ece ser el de agradar. 

A uellas damas que en la hermosura hacen con- 
sistir todo su mérito, siempre se han de ocupar en 
este para ellas tan importante asunto. Si son her- 
mosas se esmeran ea parecerlo mas; sí feas, her- 
mosas. Por lo tanto en las visitas, en la calle, en la 
casa, en su cámara ó retrete, en el lecho, en el 
mismo traje descuidado ó de traj'i lo, no solo han 
de parecer aseadas como es dí-bi lo, sino he mosea- 
das, ataviadas, adornada^. Hasta la naturali lad es 
en ellas artificio : el trabajo del tocador comienza 
en el lecho. 

Se ve pues que hermosear significa en su sentido 
recto, hacer mas bella, mas agradable, dar mas 
atractivo y valor por todos los medios posibles, á 
cualquiera persona ó cosa, y bajo de este respecto 
será genérica esta palabra, y vendrá á co:npreader 
las demás de que aquí vamos hablando, pues qne 
todas se dirigen á hermosear, aunque por dife- 
rentes modos. Á este sentido corresponde, exac- 
tamente ea sus aplicaciones, que son varias, el me- 
tafórico. 

Dase el nombre de gala i lo mas rico.^ delicado 
y esmerado de una cosa, y de consiguiente son 
fíalas las ropas costosas, nuevas, de esplendor y 
lucimiento. Dícese verstirS'- de gal-ij estar de (¡ala, 
cuando con motivo de cualquiera festividad, fun- 
ción ó caso de ceremonia se poní uno Ifi» ropas 
mas ricas, las alhajas mas preciosas, los uniformes, 
insignias y trajes de etiqueta rigurosa. 

Por extensión se llama g dan al hombre fino en 
modales y palabras, buen mozo, que se presenta 
con gracia y se porta con garbo y bizarría, acom- 
pañándole el lujo y el buen gusto en adornos y 
gala. 

A este modo de vestir se llama engabanarse, lo 
cual snpone un traje extraordinario, sibresalieute. 
Aunque una señora opulenta use diariamente (U 



72 



DEF 



DEF 



DEL 



ricos atavíos: en ocasiones de grandes funciones y 
Cestas afiade trajes nuevos, exquisitos, esplen- 
dentes, rancha pedieiia de inmenso ralor- ,„ ,, 
DlXOlVO. II DIGNIDAD. H GRAVEDAD. 1| 
CIRCU^SriiCClON, — Expresan estas palabras 
¡deas de superioridad maniíestadas y sostenidas 
por el superior con sus palabras, acciones y mo- 
dales, reconocidas, acatadas y respetadas por el 



Tin estado oeaueño, eu tiempo de guerra, se , lustre, tersara, m igualdad, que es lo que const 
halla ¿ffn*rfr?brtámente ó .«/« secr'eta- , tuve su género de hermosu^; y en la blanca el st 



en tiemiJO de paz se I muy pálida ó tener manchado el rostro. 

' Mucho interesa al alma, dice Cicemn, el hallarse 



' lil decoro consiste de parte de aquel en el pro- 
ceder con la mayor reüeiion y miramiento en cuanto 
hace y dice, de tal modo, que lejos de disminuirse 
se aiimeute su autoridad y su cousideraciou. _ 

El inferior corre>ponde al decoro del superior, 
manifestando el que también pertenece a su clase, 
con su obediencia, sumisión y condescendencia con 
cuantos se hallan constituidos en cualquier grado o 
dignidad superior á la suya. 

La digai ai es la calidad que constituye digna 
nna cosa ; el empb o, la condecoración, e cargo que 
da excelencia y realce á la persona que la ocupa, y 
llamamos dignación i las condescendencias del 
superior con el inferior en sus deseos y solicitudes. 
Cuando la diquidad recae en persona merecedora 
de ella por sus dignos procederes, es solida, apre- 
ciada, respetada por cuantos conocen el mentó; 
pero se envilece ella misma y aun envilece al que 
la ocupa, cuando recae en persona indigna, siendo 
mas bien objeto de desprecio y mota que acata- 
miento al que la disfruta. 

1 la modestia y compostura con que un sugeto 
sostiene el eminente puesto en que debidamente se 
halla colocado llamamos gravedad, que no es ri;li- 
cula afectación del correspondiente decoro, sino 
sostener la superioridad que debe ejercer. La ver- 
dadera iiraveJad nace de la importancia y del i/.- 
coro; es bondadosa sin degradación; afable sin 
altanería; estimación propia sin desprecio ajeno; 
seriedad sin orgullo ni afectación. Esta noble y de- 
corosa lira' edaí se atrae naturalmente el respeto y 
veneración de los interiores, sin excluir por eso su 
amor y su benevolencia. 

Llamamos estilo grave cuando se usan palabras 
serias y majestuosas ; negocio grave al arduo y di- 
fícil. Es giave todo lo peligroso y que exige cui- 
dado, ateuciou, diligencia é inteligencia : es grave 
una enfermedad cuando pone al paciente en grande 
peligro : es urave todo lo pesado, que coincide con 
el sentido recto de la palabra ; grave es la cnlpa, el 
mal, el riesgo, y grave lo molesto y enfadoso, fira- 
Kdosn llamaban en lo antiguo al hombre circuns- 
pecto y serio con afectación : esta es la parte ridi- 
cula de la qravedad. 

La gravedad exige circunspección, la cual consiste 
en la' cordura y prudencia con que en todo se pro 
cede, en la atención y miramiento con que se obra, 
y principalmente en los actos exteriores que indi- 
can y sostienen estas cualidades : así pues el hom- 
bre circmispeclo aparece siempre serio, grave y 
respetable- 

Diferéncianse estas expresiones en que el a coro 
se dirige á manifestar el respeto á la opinión pú- 
blica; la dignidad i los miramientos que se deben 
tener con el raugo ó cargo que se desempeña; y la 
gravedad tanto a esto como á uno mismo. 

DEFENDER. || JUSTIFICAR. — Ambas pa- 
labras indican el cuidado y esmero que se pone en 
asegurar y sostener ya la inocencia, ya los derechos 
de alguna per>oua. 

Se diferencian en qne justificar supone un de- 
recho claro y reconocido como tal y defender solo el 
deseo de favorecer á uno. Cicerón dfíendió a iUilon, 
pero no le fué posible jiisí'/ieaile. La virtud no 
necesita por lo comnn qne la defiendan; pues casi 
siempre el tiempo viene i jiislificarla. 

dÍfEKDER. I) SOSTENER. || PROTEGER. 
— Generalmente hablando significan estas tres pa-. 
labras precaver ó liliertar á una persona ó cosa del 
mal que se la hace ó se la intenta hacer. 

Se defiende al que es acometido ; se sostiene al 
que puede serlo ó se teme lo sea; se protege al que 
necesita se le dé ánimo, confianza, amparo. 

Un principe, al par que poderoso, sabio, debe 
pro'eaer las artes y el comercio en sus estados; 
sostenerlas contra sus rivales; defenderlas de sus 
contiaríos. 

Se dice defender una causa, sostener una em- 
presa, prf'teiier las ciencias. 

La protección supone superioridad : mas uno 
puede ser también d ¡elidido y sostenido por sus 
Iguales, sus inferiores, y aun en algunas circuns- 
tancias sost.nrse y defenderse i sí mismo. 

Frotener supone poder, y para ello no se nece- 
sita precisamente valerse de acto alguno ; pero si 
para noslener y defender, y es mas activo este que 
aquel. 



'"'llirfZTV.'S.k 'loTsosteiierle ' " I Mucho interesa al alma, aice i.icernn, ei naiiar« 

"°dIf nÍc A D. SCRircíoX. - Cuando en un cuerpo organizado de este 6 del otro modo^ 

ULnixiiuiwn. II procuramos ' MaUi cara, malos heclws, decían los antiguos, y 

aunque no sea precisamente una regla constante, no 
deja de atenderse mucho á la hermosura ó feallai 
del rostro para juzgar de la del alma, pues sabios 
físicos y filósofos no pueden persuadirse a que en un 
cuerpo feo hava una alma hermosa. 

Sócrates era feo, y los fisonomistas decían que 
debía tener un alma perversa : convenia en ello el 
filósofo , y decia que le habia costado mucho tra- 
bajo corregir sus iü.alas inclinaciones naturales. 

kas hablando de esta fealdid fisonóiuica. la de- 
bemos entender de la esencial , de la orgánica, no 
de la accidental , de la exterior, qne es de ¡a que 
aquí vamos hablando , y mucho menos de la ca- 
sual producida por cualquiera enfermedad, ó un 
gran golpe recibido, qne no altérala primitiva or- 
ganización , sobretodo de la cabeza, y por lo tanto 
mas parece acercarse á la deformidad, que á la feal- 
dad eiterior. 

Tanto vale decir deformidad como fealdad, ha- 
blando en sentido moral ; pero atendiendo siempre 
á las dilerencias que e.-tablece el físico. Se dice 
mas bien deformiilal que no fealdal del vicio; 
porque los hábitos viciosos destrujen la propor- 
ción que debe hallarse entre nuestras inclinaciones 
y los principi is morales; y siendo la virtud parte 
esencial del hombre moral, su falta no puede me- 
nos de producir la fealdad del alma. Pero dicese 
mas bien la fealdid que la deformi.iad del pecado; 
porque estos defectos vienen á ser como manchas 
accidentales en el alma, que se pue leu borrar por 
medio de la penitencia , y no suponen una depra- 
vación tan esencial coro la del vicio. 

DELIBERAR. II OPINAR. 11 VOTAR.— !)<■/!- 
berar es examinar por todos lados y de todos mo- 
dos cualquier negocio ó cuestión que se haya pro- 
r..,ní-trt <? cAViro iri í.i\n\ id li-iv.1 oonsultado. nesan- 



DEFINlCH»i\ 

tratamos de dar á conocer una cosa, 
distinguirla de las demás por circunst.incias y cua- 
lidades que la son propias y la diferencian de las 
demás. Si entre estas circunstancias hay una que , 
viene como á abrazar á todas, y es una seBal dis; 
tintiva y única, la Uamareinos definrini. que sera 
una breve y positiva cualidad que la diferencie e 
impida confundirlas con las demás. La delinicinn 
ha de ser una clara, exacta y positiva indicación de 
la naturaleza de la cosa. Por lo tanto es muy diucil 
dar nna buena definición, y mas ó menos tiene qne 
tocar con la descripción, de la que viene á ser como 
breve parte Cuando decimos que el hombre es un 
animal racional damos de él una verdadera y exacta 
definición, pues él es el único que goza de esta 
cualidad. , , , . . . 

Mas fácil es \i deicnfciin que la defunción pues 
que se extiende á representar la cosa con todas las 
ciicunstancias y cualidades que la constituyen : es 
como un retrato de ella. 

La de Inicion da á conocer la cosa por medio de 
calidades que la son esenciales; y la descripción 
la manifiesta cual se representa á nuestros sentidos. 
La descripción viene á ser una definición imper- 
fecta y poco exacta, en la cual se procura dar a 
conocerla cosa enumerando nienudamente las pro- 
piedades y circunst;incias qué la son propias y par- 
ticulares. La di-fin'icinn es una breve indicación de 
las principales ideas simples, de las que se forma 
una ¡dea couipuesta. 

La iltfiíiciiin corresponde á^ la inteligencia y al 
raciocinio, y de consiguiente á la filosofía. La ds- 
cripcinn i la ¡mag¡nac¡on, y de consigmente á la 
poesía y á la oratoria. 

DEFOIIMIDAO. |1 FEALDAD. — Estas dos 
palabras son s¡nóu¡mas, en cuanto significan oposi- 
c¡on ó contrar¡edad á la idea de hermosura apli- 
cada á la figura humana. 

La deformidad es ó la falta de nna o muchas partes 
que concurren á constituir una hermosa forma, 
nitnral al objeto; ó un defecto de proporción eu 
nna ó muchas de sus partes. Es driorm.dal no 
tener ni brazos ni piernas, ó tener una cabeza des- 
comunal ó un brazo sumamente largo con un cuerpo 
sumamente diminuto. 

La fed'liid es el desagradable aspecto de un 
objeto, cuya vista repugna como contraria á las 
ideas que tenemos de la belleza. 

Dicese deformidad también, tratándose de edifi- 
cios, de jardines, de toda cosa material que debe 
guardar las proporciones que entendemos corres- 
ponden á su naturaleza. 

La fealdad consiste mas principalmente en las 
cosas exteriores que son objeto de la vista, en 
menudencias, en ligeros defectos, que pueden re- 
mediarse, disimularse, disfr.izar.e y ocultarse a 
veces como el color, algun,as facciones ó las faltas y 
defectos en partes interiores de! cuerpo que se 
cubren con el ropaje y varios artificios. Mas nada 
de esto corresponde esencialmente á la disonancia 
de formas. . . , . 

Un libero descuido, por decirlo asi, de la natura- 
leza, produce la fealdad. Una nariz un poco mas 
lar"a hubiera hecho hermosa á una mujer muy 
chala ; las viruelas, un descuido en la niñez han 
hecho fea y á veces horriblemente fea a la que na- 
ció bien conformada y en extremo bella. 

Hablando de las personas, diremos que puede 
haber iielormidad sin que haya fea'dad, sobre todo 
cuando la deformidad no es muy extraordinaria y 
esnantosa. , , ,, , , 

Solo degenera en fealdad la deformidad cuando 
se advierte en partes esenciales i la bella propor- 
ción que constituye la hermosura. 

Se dice de una persona monstruosa, qne tiene 
dos cabezas ó que consta de dos cuerpos pegados 
entre si, que es deforme. Pero si e-tos dos cuerpos 
están bien proporcionados en sus demás |iartes y 
gozan de hermosura, no se podrá decir que sean 
feos: y de esto ya ha presentado algunos ejemplos, 
aunque muy raros, la naturaleza, tal como el de 
que nos habla Eulfon, y otro del que últimamente 
han hablado los periódicos. 

La defornii'iad indica co:a real y positiva : la 
fea dad, cuando no es efecto de la misma deformi- 
dail, cosa arbitraria, variable, dependiente de las 
ideas generales, de los gustos, de las preocupa- 
ciones. Una ne;ra ó una mujer blanca que tiene 
unas piernas rouv gruesas y un cuerpo muy delgado 
es realmente dffoTinr: pero será también una leni- 
dad en la negra el jue el negro de su piel no tenga 



puesto, o sobre la cual se haya consultado, pesan- 
do las razones en pro y en contra. 

Para la delilieracion se necesita disensión , aun- 
que sea con uno mismo, premeditación, conside- 
ración y discurso que nos conduzca al mejor 
acierto. 

Muchas veces significa la resolución y la_ deter- 
minación , y así cuando uno está decidido i hacer 
una cosa, decimos que tiene ánimo ilelibeíado, 
que lo hace delibera lamente , y llámase hombre 
delibera lo al desahogado y resuelto en sus acciones, 
p.ir lo misino , asi como género de iberatiro se re- 
fiere á discusoa, voz delibciativa viene á pertene- 
cer á decisión. 

La palabra opinar se limita á discurrir con ma- 
yor o menor prob.abil¡dad sobre cualquiera cosa: se 
dice opinable i lo que merece discusión; y se pue- 
de sostener de uno ú otro lado. 

Opinar, solo significa una idea , un pensamientOj 
un modo de ver las cosas, un seulimiento mas ó 
menos fundado , y excluye toda decisión , aunque 
conduce á ella, y así se dice andar en o:iniones, 
por ser dudosa una cosa de la cual unos juzgan de 
un modo y otros de otro : al tenaz en la disputa se 
llama casado con sus opiniones, aferrado eu ellas: 
de aquel cuyos pareceres son mas fundados y con- 
vincentes, se dice que hace opinión, oinnativo se 
llama al hombre extravagante que siempre pre- 
senta opiniones raras , queriéndose distinguir poi 
este medio. 

En el orden de toda discusión se principia pd 
opinar, se signe por delib rar y se termina por vo- 
tar, pues cuando ya se han alegado por una y otra 
parte las razones que cada uno de los o, inantcs 
tiem- para sostener su dictamen y nada hay qua 
añadir, se pasa á la votación, á dar cada uno su 
voto, qne debe reducirse aun i ó nn no , concedo 
ó niego. Llámase volant' al que tiene derecho de 
rotar y rotada al acto de la votación . al resultado 
de ella: la frase, perdió la votada, equivale á que 
la votación le fué contraria. 

Dicese tener mz y rota hablando del que gozi 
los tres derechos de opinar, drliberar y rolar. 
Este último se suele dividir eu varias clases, qiie 
indican su mayor ó menor extensión , el motivo de 
darlo y la materia sobre que se da. Se llama rola 
consumió al qne solo lo tiene de opinar y no de 
decidir; de calidad al que en caso de empate de- 
cide , ilecsiio al que lo tiene para resolver por si 
sin consultir al superior. En estilo familiar se dice 
voto de amen, de reala, al que no tiene mas razón 
ni motivo de darlo que el qne lo dan los demás o 
el partido á que se ha agregado , pues el jamas es 
dueño de su voluntad , ni la tiene propia. 
Eq cuanto á la materia, si es de nombramient»! 



DEL 



DEL 



DEL 



73 



á cargos 6 destinos , roto activo el del que nombra 
J puede ser uombrado , y pasivo solo este. 

Se disctile para examinar ima cuestión: se opina 
para iar cuenta del modo como se la considera y 
las razones que sostienen el dictamen; se rola 
para decidir á pluralidad. 

La dcl'bcraaon es un antecedente indispensable 
para ilustrar el enteudiuiiento de los que deben 
decidir, y para ello se necesita cuidado, inleligtü- 
cia y reÜeiion. Las opiniO'us son como resultado 
que cada un» ha sacado de la deliberación , de las 
razones alegadas, del juicio foimado; para lo cual 
se necesita criterio, imparcialidad é ins!ruccion en 
el negocio. En fin, \d. lutacion pieseuta la deci- 
sión, que concluye y autoriza lo resuelto, y para 
esto es preciso tener rectitud, equidad y justicia. 

Se atiende á las <l el b> radones , se pesan las vpi- 
niojíes , se cuentan los V' ios. 

DELICAOÜ. II FlIVO. || StTIÍ..— Llámase deli- 
cada una ubra cuyas parles se han trabajado con 
habilidad, priuior, esmero y cuidado. 

Extiénd' se la significación de delicado á lo del- 
gado, á lo trágil , á lo endeble, á lo flaco y á 
cuanto supone falta de fuerza y vigor. Delicadeza 
corresponde en muchos casos á nimiedad, á ^enio 
quisquilloso, que de la mas ligera f;ilta se pica y 
se ofende, y asi se dice tiene una condición muy 
delicada, y esta d<Uc<^deza tanto se suele entender 
en el darse por ofendido , cuanto en el ofender. 
Su tralo es muy delicado , por mirado : procede pon 
delicadeza, por consideración, atención , mira- 
miento. 

Entendemos por fino á lo delgado, menudo, pe- 
queño; escrupulosa, detenida, es;iierada y admi- 
rablemente trabajado y coticluido. Una filigrana es 
^Híí, un bajo relieve de Berruguete , delicado. 

Por analogía se dice delicado cuando se trata de 
cosas que peitececen al aluia, al ingenio, á la 
razón. 

Es delicado un pensamiento, cuando las ¡deas se 
enlazan entre sí con relaciones poco comunes , que 
no se advierten al principio, aunque se torjuen de 
cerca ; que causan admir^ible sorpresa ; que dies- 
tramente recuerdan ideas accesorias y secrelas de 
virtud, de honradez, de bene\olenoia, de placer, 
de voluptnosiilad , y que indirectamente indican á 
los demás la buena opinión que de ellos ó de nos- 
otros inisiiiOS tenemos. 

Entendeii.os por hombre delicado aquel que sien- 
do muy perspicaz, sabe distinguir lo mas decente, 
agradable, noble y generoso, en todas las circuns- 
tancias de la vida , y que por su buena Índole se 
adhiere á ello, deduciendo de aquí una regla ó 
método de vida que escrupulosamente observa en 
todas sus acciones. 

Una frase ó expresión finí no se advierte al ins- 
tante, y por lo mismo suele ser necesario repetír- 
sela y aun explicársela al que no es capaz de com- 
pre:iatrla por si pero si la d<' icadeza de nn dis- 
curso no se entiende bien al principio, de creer es 
que jamas se entienda. 

Se usa mas comnnniente de la palabra fino q\\e 
de la de delicad--, y esto tanto en bueno, como 
en mal sentido. Se dice pensamientos finos, ex- 
presiones finas, modales fino^- , educación (iiia^ 
fina correspondencia, fino aiutr. 

Esto en buen sentido , mas en malo corresponde 
fino á sagaz, astuto, taimado; como fino enf^aña- 
dor, Jim político, fino ratero, fino tahúr, fino la- 
drón. 

Siguiendo la an logia se llama persona fina á la 
que es de talle y facciones bien proporcionadas y 
delicadas. 

Líi d'licodza es mas rara que la finura y áe 
mayor mérito, y no se acompaña con la maldad: 
lo a< tic do es gracioso, complace y lisonjea: se 
dice elogio rf licatlo , sátira fina. 

Se llama sutil á lo muy tenue, delgado ,_ agudo, 
delicado , y por traslación á las persouas ingenio- 
sas y perspicaces, S'Jiles: se dice sutileza Je in- 
genio por agudeza : á los pensamientos mas bri- 
llantes que sólidos se los llaman S"t'l€s: sutilezas 
de escuela á los sofismas falsos y artificiosos argu- 
mentos con los que procuran sostener sus opinio- 
nes en los certámenes los contrincantes. 

Al admirable in^^tinto de algunos animales se 
llama también S't/leza. 

Es muy común el que esta palabra lleve ensí 
ulgun mal sentido, cnmo engañar, robar con suti- 
leza, y se dice sutileza de manos al robar con 
destreza , casi á ojos vistas , como por un juego de 
tubiletes. 

La sutileza es el arte de hallar verdades que to- 
ios no conocen ni sospechan. La daLcaaeza el 
pronto y habitual sentimiento de las relaciones 
nue no todos perciben. 



Un ingenio sutil se dirige á descubrir la verdad, i 
Un ingenio delicado á descubrir lo que es decente ' 
y adecuado. _ ! 

La sutileza pertenece á la parte imaginativa; la 
delicadeza á la intelectiva : se piensa con delicaJe- \ 
za , se analiza con suiíleza. Esta parece buscar en 
los objetos lo que puede excitar la curiosidad: 
aquella solo se une con lo que despierta y atrae el 
sentimiento. La .ví(/í t'c-fl discierne: la dclicad:a 
escoge. Vauvenargues dijo: < los grandes pensa- 
mientos vienen del corazón :> también pooiemos 
decir lo mismo de los delicds. 

La suiíleza pertenece á lo que se propone el in- 
genio: la (/(' icadeza á los que llamaremos sentidos 
del alma, que corresponden al tacto, al olfato y 
al gusto, y los cuales, como sus órganos, penetran 
mas íntimamente en los oljetos, y dan á conocer 
su mas oculta organización. 

Se dice un tacto fi'O, un gusto fino; mas en- 
tonces consideramos al tacto , al paladar y al ol- 
fato como distinguiendo las cualidades de estos 
cuerpos, mas bien para delinirlos que para sentir- 
los. Pero cuando queremos mas bien manifestar la 
imprcíion que recibe el alma que la nainraleza del 
objeto que la causa, se dice un tacto delicado , un 
paladar tíeicado, un olor delicaíO. 

Las personas (/e/fí'íii/'.'S , dice LaFont:une, son 
desgraciadas, y la razón es que los malos olores y 
los malos manjares, hieren á las personas que 
tieuen muy delicado el olfato y el paladar. 

No tiene este inconveniente la bU ileza; porque 
los objetos de li vista como no sean muy espanto- 
sos, no nos producen sensaciones tan desagrada- 
bles y tan penetrantes como el gusto y el olfato. 

La sut/le:a tiene sus ilusiones. Muchas veces 
abraza la sombra por el cuerpo : otras confunde y 
ofusca las ideas, queriendo distinguirlas con de- 
masiada exactitud. La dtlicadeza tiene sus preocu- 
paciones, pues exagera los objetos y sus propias 
impresiones. Mas fácilmente se saca de su error á 
la sutileza engañada , que á la delicadeza preocu- 
pada. 

La sutileza consiste en la acción: la delicadeza 
en las impresiones recibidaí. Para ejercer la una es 
menester obrar; mas en la otra el alma es casi pa- 
siva y no hace mas que seguir el impulso que se 
la da. La delicadeza y la sutileza son dos cualida- 
des muy diferentes en las obras que suelen lla- 
marse de ingenio ; porque á esta facultad pertene- 
cen principalmente. 

0\idio es mas sutil que delicado : Tíbulo mas 
delicailo que sutil, y lo mismo podremos decir 
comparando á Horacio con Amicreonte en sus odas; 
pues el primero es mas sutil , el segundo mas de- 
licado. 

(Juevedo, Góngora , Iglesias, son mas bien suti- 
les é ingeniosos, que delicados: al contrario Gar- 
cilaso, Fr. Luis de León y Herrera mas delicados 
que ^u'il'S é ingeniosos. 

En lo cómico, Moliere es mas fino que delica-lo, 
y Terencio nías delicado qve fino: nuestro Moratin 
participa de ambos. Con mas delicadeza y fuerza 
nos repiesenta Calderón las grandes pasiones de los 
hombres que Moretoj pero e^te es mas ingenioso y 
sttiti en lo cómico. 

En el trato social la sutileza consiste en verlo 
y penetrarlo todo : la delicadeza en sentirlo. La 
primera dice cuanto hay que decir; la segunda 
solo lo que es indispensable decir. 

Debemos distinguir la alabanza delicada, de la 
alabanza fina, pues que no son la misma cosa. Po- 
cas gentes merecen esta, y pocos hay que puedan 
distinguir y conocer el verdadero valor de la otra. 
La primera viene á ser un suave' incienso , cuyo 
olor solo se percibe cuando arde, y que se exhala 
en li::ero vapor: la segunda el aroma, que despi- 
den las» flores que alfombran la pradera. En cierto 
modo la sutileza y la d licadeza de ingenio son 
contrarias; result indo de aquí que el que tiene 
mucha sutileza tenga menos d^lica.leza. 

La s itile:a y finura tanto en las obras de ima- 
ginación, cuanto en la conversación consisten en 
el arte de no expresar directamente el pensamiento; 
sino de presentarlo en términos que fácilmente se 
adivine : es un enigma con el que al instante acier- 
t:in las personas entendidas. 

La sutile:a se extiende tanto á las cosas agudas 
y agradables, al elogio y al vituperio; cuanto á 
las no muy decentes y delicadas con tal que las 
culua un velo fácil de traslucir. Con la mayor fi- 
nura se dicen claridades. La de'icudeza expresa 
sentimientos dulces, y agradables y finos elogios.^ 

Por lo tanto la sutile:a es mas propia del epi- 
grama; asi como la delicadeza del madrigal. Las 
celosas quejas entre amantes tienen mucho de deli- 
cadas j bien poco de finas^ 



La sulileza de ingenio es una cualidad por me- 
dio de la cual el hombre obstinado en una opinión 
halla medios falsos ó verdaderos para defenderla, 
ateudiendo no tauto á la franca y .-íincera defensa 
de la verdad, cuanto á obligar a su contrario á 
que ceda de cualquier modo á su opinión, y esto es 
lo que sucede comunmente en las disputas que lla- 
mamos de escuela, L'n escolástico, gran disputador, 
tiene sulileza; porque tiene ingenio y habilidad ea 
hallar argumentas . ^nque sean sofísticos, para 
defender su opinión; y es muy saijaz en disfrazar 
la verdad bajo diferentes y engañosas formas. 

La suli!e:a cae á veces en la extravagancia, pues 
solo anhela por la victoria ; pero la iielicadeza si- 
gue constante la recta razón y el sano juicio, pues 
que solo busca la verdad. 

Nada se cuida de ella el ■'iutil disputador, pues 
qnie se jacta de defender hasta lo mismo que él 
tiene por falso: en lucir es en lo que únicamente 
emplea su ingenio. Un filósofo que tiene dflicaileza 
esta pronto á ceder cuando se le convence de su 
error; mas nunca un sutil argumentista. 

Un pensamiento ddicutlo se contiene por lo co- 
mún en pocas palabras, aunque su sentido no sea 
ni muy claro, ni muy positivo. Parece que el que 
lo expresa lo cubre de un ligero velo, con la in- 
tención de que se le adivine^ ó á lo menos que solo 
le deja traslucir para proporcionarnos el placer de 
que lo descubramos del todo, teniendo el corref- 
pondienie talento para ello ; porque asi como ade- 
mas de tener buena vista, necesitamos ayudarnos 
d ,i arte con los anteojos y microscopios para ver 
bien ciertos prodigios de la naturaleza; del mismo 
modo solo las personas que reúnan á la inteligen- 
cia la instrucción , pueden penetrar completamente 
todo el sentido de un pensamiento dil'cado. Este 
como libero misterio viene á ser el alma de los 
pensamientos delicados; de tal modo, que á los 
que carezcan de él, sea en el fondo, sea en la for- 
ma, es decir, que con sola la expresión, y sin 
esfuerzo alguno, se entiendan cuál son en si, no 
los podremos llamar propiamente di licados , sin 
que por eso dejen de ser !}iqni-r>.\os. 

DELICIA. 11 PLACÉIS. 1| DELEITE. — Toda '^ 
estas palabras se dirigen á manifestar la agradabl " 
sensación que recüdmos tanto de los objetos exte- 
riores cuanto de nuestras interiores ideas y { eusa - 
míenlos, y sean cuales fuesen las causas que pro- 
duzcan estas sensaciones, solo deberemos examinar 
aquí la ¡dea que cada una de ellas nos representa, 
conm así bien su mavor ó menor intensidad. 

Miraremos á la palabra plai er como genérica y 
á las otras dos como sus especies. 

l'lacir es todo aquello que excita nuestra com- 
placencia, contentamiento. satÍsfacc:on, recreo, sin 
que lo turbe ningún desagrado ni disgusto , pues 
de lo contrario el plac'V no seria ni puro, ni 
verdadero, sino una falsa imagen de él. Por lo 
tanto su significación es la mas extensa de todas, 
pues abraza á cnanto es agradable. 

Hay placer s espirituales y placeres sensuales. A 
la primera clase corresponden los que producen la 
inteligencia, la instrucción , los senliniientos del 
corazón, como el amor, la amistad, la beneficencia 
y el ejercicio de la virtud: á la segunda todos los 
que nos proporcionan la salud, la edad, y sobre 
lodo las riquezas y una vida por todos lados dicho- 
sa, pues sin dicha no hay placer , ni tampoco sin 
serenidad de ánimo, que nos permita ocuparnos 
tranquila y enteramente en los objetos que nos 
causan grata satisfacción. 

Las frases estoy á pl cer, r.\í/ á placer, apoyan 
esta verdad, y hacen ver r¡ue la idea predominante 
en placer es la de comodidad , satisfacción, dicha. 
Dicese por lo tanto dar un pláreme por una enho- 
rabuena; pues nos congratulamos apaciblemente 
del bien ajeno. 

Llamamos placentero ai nombre que con su ale- 
gre y regocijado genio, con su apacible trato, con 
su hablar sna\e y cariñoso, nos proporciona este 
cómodo y sosegado placer. 

La delicia significa un mayor grado de placer, 
nn sentimiento' mas fuerte ; pero n.as limitado en 
cnanto á su objeto , pues propiamente solo viene á 
alrifzar la miiérial sensación. La idea de delicia 
iudica cosa mas voluptuosa, mas durade^ra, mas 
fija en el material placer: se adhiere por lo común 
á un solo objeto y permanece mas tiempo en él. 

Gramaticalmente hablando, la palanra deliña 
pertenece al órgano del paladar, pues cuando este 
recibe el mayor agrado posible, deLÍmos ileldoso 
considerándole como el extremo á que puede llegar 
la sensación ; pero se ha generalizado su significa- 
ción, extendiéndola á cuanto supone gnnde ij/acer, 
y así llamamos país delicioso cuando todos los 
objetos que ea él se nos presentan nos excitan las 



74 



DEL 



mas agradables sensaciones y las mas lisonjeras 
ideas» ■ , . , j ■ ■ 

Decimos pues manjar deliciosa, hedida deliciosa, 
rato delicioso, toJo se refiere á los sentidos, hí re- 
poso es también deluioso cuando se sigue a uaa 
gran fatiga y se goza con toda comodidad y mo- 

uña completa delicia solo la disfruta aquel cuyos 
órganos son muy delicados, que debe a la natuia- 
leza un corazón sensible, que goza de perlecta 
lalud, que se baila en la flor de su edad, a quien 
ninguna irjbe oscurece en sus sensaciones e ideaí, 
cuya alma no es agitada por fuertes couinocioues; 
qrie pasa ¿} una ligera y suave fatiga a uu placido 
aescanso, del cual goza con tan perfecta igualdad 
en todas las partes de su cuerpo, que en ninguna 
discrepa lí sobresale. , , ,. ■ i 

En este momento de agradable deliquio no le 
qneda ni- memoria de lo pasado, ni desto de lo 
venidero, ni inquietud por lo presente. Parece que 
para él no se mueve el tiempo; porque esta como 
reCiinceutrado en si mismo y no uude la seguida 
de los sucesos, pues vienen á serle como eiacta 
repetición de uno n.ismo. Ni se debilita el senti- 
miento de su dicha, sino con el de su existencia. 
Su sueño solo le presenta ó euajenacion couipleta 
ó risueñas imágenes; su vigilia, las dulzuras de su 
eiistcncia, pasando imperceptiblemente de un uiodo 
á otro modo de ser. Goza de un placer enteramente 
pasivo sin apegarse i él, sin alegrarse, sin re- 
flexionar, pues todo es puro sentimiento y senti- 
mientü itelicioso. 

Si se pudiese Bjar esta situación en la que todas 
las facultades tanto mentales como corporales, go- 
zan de vida, sin acción, por decirlo asi, y unir á 
esta especie Je dilic oa i/uiílud la idea de inmuta- 
bilidad, la tendríamos completa de la mayor y mas 
pura dicha que nos es dado imaginar. 
Decimos vive con el mayor ¡liacer por comodidad; 

toza de todos los ¡il ceres por comodidades, agra- 
os y gustos, lo que supone que no viene á aguar- 
los ningún contratiempo ni disgusto : p/íicfr delicioso 
cuando es tan grande que toca ya en la linea de la 
detii'iii. 

Placer corresponde á accion y se une bien con 
ella : ileücia i la cosa, á lo qn^- produce el senti- 
miento, como se verifica en país, jardín, luii- 
cion, etc., pues decimos que son una delicia, deli- 
ciosos y no placenteros. 

Aunque se llamen á veces placeres los que pro- 
ducen Tos vicios y desórdenes , es impropia ó inde- 
bidamente, pues como llevamos dicho uo hay ver- 
dadero placer sin comodidad, sosiem y agrado ; y 
no lo son los que producen las desordenadas y 
tumultuosas pasiones, se gozan con inquietudes y 
sobresaltos, dando por cierto bien amargos frutos. 
Asi como delicia indica mayor grado de placer ■ 
o, del 



DEL 

los placeres de una vida tranquila, cómoda, apa- 
cible, y hasta cierto punto voluptuosa, exenta de 
inquietudes y remordimientos. Y estas serán las 
puras, inocentes y verdaderas delicias. 

La palabra pliiCircs tieue mas relación con el 
pailicular modo de vida de cada uno, con sus cos- 
tumbres, con sus eniretenimieutos y con sus pasa- 
tiempos, como el juego, los banquetes, los espectá- 
culos y los galanteos. La de líetelas con las que 
hallamos en la naturaleza, en el arte, en la opu- 
lencia, como los ricos salones, las grandes conve- 
niencias, el fino y delicado trato. La de del ile 
designa propiamente los excesos de la molicie, del 
libertinaje, de la enabriaguez y otros \ icios aun 
mas SUCIOS buscados por raras y torpes inclina- 
ciones, excitados por la extravagancia y la ocio.-i- 
dad; prepaiados con excesivos gastos, como nos 
podemos imaginar los torpes deleites de Tiberio en 
la isla de Capri. 

Asi es que comunmente miramos al deleite como 



DEL 

chor y el deüncitente consiste en que malhechor es 
el que comete la accion que en si misma es mala; 
y delincuente el que iufringe la ley ó el mándalo 
que la hace mala. De consiguiente él m'ili.echiirlo 
es realmente; porque obra mal, comete una falta 
que en todos tiempos es culpa ó delito : el segundo 
lo es por los tiempos y circunstancias; no por li 
acción en si, sino por la infracción del mandato. El 
que hoy es delincaeiUe mañana puede ser héroe, y 
vice versa. 

El malhechor se opone á los constantes preceptos 
de la moral : el delineueiiíe solo falta á la ley del 
momento. 

Todo malhechor es delincum'e: pero lodo delin- 
ea ne no es malhechor. Bruto fue delincuente, mas 
no ?)ia hedior. 

UtLIiiIU. II DESVAHIO. — El verbo latino 
/ir. re significa, en su recto sentido, arar, hacer 
surcos; y añadiéndole la privati\a tie, delirare, sa- 
lirse del surco, de su línea, que es la tierra, que 



un defe.-tó un vicio que la buena moral reprueba. ' se levanta entre los dos surcos, á la que llamamos 
un abu~o d'e los placeres sensuales, uu abandono á . lobas ó lomos. En sentido traslaticio ó por ejteusion, 
violentas y torpes pasiones, una inquietud y des- | delirutio denota toda declinación ó separación del 
asosiego del ánimo, al que ningún goce por nuevo i camino recto, ya en lo lisico, ja en lo mora . 
V exquisito que sea, satisface. 1 castellano solonsamos la palabra deUrin en el si 



deleite, de delicia, placer llevado al extremo, d( 
que ya uo se puede pasar, til delei e parece d¡r¡ 
girse priucipalmeiite a lo sensual, y aun contener 
en si esta idea, puesto iiue metafóricamente se 
aplique á veces á cosas espirituales, pues tan bien 
dicho estará deleites como plaicres, delicias celes- 
tiales. 

Deiivause de la radical delicia, delic oso, d li- 
etosameii'te; de la de deleite, de e lar, ileleitiible, 
delectación. Esas las admití? como usuales la Aca- 
demia, mas las de delectatile, de ecialdrminte las 
da por anticuadas; mas si la de <ieiectiic on no lo 
es, i por qué lo han de ser sos derivadas, y mas 
viniendo todas del latín? Tiene por usual á delei- 
tarse, que es gozar- delecte; mas por anticuado á 
del¡ear-e. 

Hábil ndo diferencia, según llevamos sentado, 
entre de ida y deleite, deberá haber dos diferentes 
verbos para expresar estos dos diversos modos de 
accion, V pues conservamos deleitar para iicteite, 
i por que desechar ó tachar deiicmr para dlicia, y 
mas conviniendo tan bien auibas con ia índole de 
nuestra lengua ? 

Cunnto acabamos de decir solo pertenece a estas 
palabras, en cuanto indican un sentimiento ó ima 
situación agradable del alaia; pero tienen ademas, 
cobre todo en el número plural, otro sentido, según 
el cual expresan el objeto ó la causa de e^te senti- 
miento, como cuando decimos, baldando de una 
persona que se ha abandonado enteramente á los 
p'aceres. entendiéndose entonces los sensuales; que 
goza de las ilel'Cias de la vida caiL-pestre : que está 
encenagado en los 'leleiles. 

Considerada la delu ia en buena si-jnificacion mo- 
ral, la referiremos al cultivo del entendimiento, al 
estudio, á los adelantamientos que en él hacemos, 
á las verd;rlesque por su medio descubrimos, á la 
superioridad que adquirimos sobre los ignorantes, 
a fl (<ma, leaombre y estimación que logram.-s, i 



y exquisito (¿ne sea, - 

DEl^lCIUáO. II DEI.EirAItLE. — En el 

libro 4. " de las liisciilai.as define Cicerón á la 
deleclacon, diciendo que es un deleite derramado 
en el alma por la penetrante unción de uu dulce y 
suave sentimiento. La liquidación de un cuerpo 
suave y untuoso, que corre, se derrama, se pega, 
llena, se insinúa, es la flguia bajo la cual el filo- 
sofo latino nos presenta este género de deleite,, y 
así decimos inundar, embriagar en delicias. 

Con este motivo advertiremos aquí que la conso- 
nante I sirve especialmente á designar los fluidos, 
por lo que la llamamos liquida. De aquí las pala- 
bras IjiiO, leche, pues la leche y la miel indican 
los mas suaves goces ó los otgetos deliciosos, y así 
el verbo laclare significa ademas de atetar, dar la 
teta, atraer con halagos, lisonjear, y entretener con 
Quices y l