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Full text of "Diccionario de voces aragonesas precedido de una introducción filológico-histórica"

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> 




r I 



^ Ci o. 



I 



IKlAlDElESmCfllSiS 

DE nsl IHtBODUCClAK TILOLÓGICA HISTÓBICA 

POR LA EXCHA. DIPUTACIÓN PKCVINCIAL 

OB ZARAGOZA. 



uiiiñ cii un Apéodicu i'nra cnri'jucCrr «I Vuruliultiria jiiiblkaJo en lUTiU 

j' U<s uiliuitnii:» a lu tolruiliii^Flóu ipio iivuxuki liaccr.^vu ID írt'""''" 

i'iliviún lie itU ciltr». 



ZARAGOZA 

frl'IiKMA l'LL H'n'PTCi''! }•!!■ 
1S84 



P I^ o L o G o . 



HOMENAJE A ARAGÓN. 



U\i:t: ya ulgimod »Íio^, i;\L-lamauu un una Kuloiuniditcl auíi- 
íjóniicií el más grivc y perauasivo de loa oradores y juriscon- 
siiltos modernos, — honra y pre?, del íoro, de Ina ciencias, do las 
IftrsiB y (le las artes en España:— tdoj gracias ú Píos de Iwber 
j'uosto uii cuna á la aombra de aquellos no.ronjos y bajo la bú- 
vi'ila cs|)Iúiidída de aqui.'l cido.'^ Acordábase, ni pronunciar 
i.-A^ palubras, el cantor ins¡<,'nc del héroe do lai> ^rai^ntas 
(!ramút¡cai< do Honceevallcs, del a/ahar que <lá deleite al sen- 
tido ea las ermitas cordobesas ó cu los cercanías del monte do 
la Novia y jicríuma los collados en que fabrican panales oloro- 
tii-B. abejas de la familia de bis que rodeaban la cuna del Kpico 
dil Imperio, ávidas do ruco^'er la miel (¡lie destiUban los lá- 
líiua del niño, entreabiertos jior líi angelical sonrisa de la ino- 
(■•:!iciii. Acordábase de lo-s auroras y ocanos que ton puro roai- 
i'ltr y cambiantes tan bellos ofrecen en los nevados picos de 
Veleta y Mulhaccn; de la ¡«mjsíu singular sentida en el Patio 
<lc los Ix»nes, en esas noches do Slayo en qnc el asti'o predi- 
lecto del ruiseñor irradia su luz suave y melancólica, en me- 
dio de miríadas de estrellas, que relucen un el azul más limpio 



22715 



IV 

y bollo do loH celestes; dol liecbizo incomparable de un ama- 
necer en las riberaa descritas por Becquer y cantadas por Ar- 
guijo ó de una caida de la tarde entro los laureles rosa del Je- 
noralife, de cuyos troncos, si colgásemos paisajes del Poussin, 
resultaría el arte dando una lección á la naturaleza, á cambio 
de las muchas que á la naturaleza tiene dadas, el Pintor de los 
árboles. Pensaba el Sr. Pacheco, sin duda, en el sol que llameó 
un día en las granadas de oro y plata del alminar de Abderrha- 
máu y en el que resplandeciendo sobre tejas— de oro y plata 
también — después de esparcir todos los encantos de la belleza, 
en las espléndidas vistas de la azotea do la quinta palacio de 
Medina Az Zahra, penetraba en el Salón del Califato; daba á 
beber luz á la perla que en él tcstiiicaba la pompa de Bizanciu, 
y que pendía del esmaltado teclio sobre un cisne de la labor 
más exquisita; cegaba los ojos al reflejar sus rayos en los ias- 
})es, en los metales riquísimos de las paredes ó de las columnas 
taracíiadas de piedras preciosas, en el cristal y iwrfidos de los 
pilares de la célebre arquería polígona trazada por ocho arcos 
de herradura, y en las joyas que aumentaban el mérito de la.s 
l)uertas d<í marfil y ébano que sobre estos pilares dcscansa- 
hm; en el trono del Sultán, al parecer tallado, en un astro de 
más l)rilU» que el (jue nace, en la fresca alborada, en un cielo df. 
rosa y se júerde en golfos de líquida púrpura en el poniente; on 
los brocados, en los rubíes, de los escudos, espadas y cimita- 
rras que se lucían en ceremonias tan solemnes, como la jur^ 
<l«i Alhaken, la recepción de ürduño IV de Galicia ó la del 

enviado de Constantino vi); estancia mágica, en la que 

co usaba vértigos el estanque de azogue al moverse ; encanta- 
ban el oido los arpegios de las aves encerradas en redes de seda. 



(1; Al Makkari ha descrito ú maravilla csia ombajaila. Ik-n Hayyaii diro 
que la carta imiXTÍal tenía un sello do oro con la eflgfíe del Mesías de uu 
lado y las ile Constantino y su hijo en otro; estaba escrita en vitela azul 
celeste cun letras de oro, acom ¡lañándola una lista de los regalos en rarac- 
t«ros de plata; iba encerrada, metida en una bolsa de hilo de plata, dentro 
de una caja de oro, que entre otros primores ostentaba un retrato del Kni- 
perador en e>multe: totlo est^ lo contenía un wberbio «stuche ron íundx 
de s*^da. 



nit toA vecÍDoa boscngM de laurel } almendros, lo» niiiloH miatp- 
rioMB lie la Miramaiia. (jiie acá y acullá proyectaba ¡rratns Hom- 
brts. y IcHí argentinos ilel agua que bnjaiMlo ih- In Hierra por 
arlíalii^iíi acueilui^tofl, orn ilüslizábnne. pntre matate de adclíoH, 
tommniUi pfttanqiira rodeados de un neto de arrayan ó de fi- 
nados i]ne r-xEuuialian el suave contorno de las múrgenna cou 
BUS hojifl y con eus flores de carbunclo y topncio, ora derra- 
mándose por cannleH de blanco mármol, empinábase después 
on corimboH y juef^ofl que. con frecuencia, aparecían contó teñi- 
dos de loa mutice-t del iris, einbeleBando cou ous cnmbinntcR. 
el xQnrmullo del aire, al atravesar las arboledas del cerro que 
wrvifl lie fondo al cuadro, los lx>equecillo8 de rosales do Cliipif 
y Damaftco y las arcadas que formaban los plátanos y palnias. 
i> al i-ozar en las |<itas. al mover los sicómoros, y todo el \ eiile 
oc^ao, nn An, que rodeaba la ciudad-flor; y recn-abnn el olfalu 
perfumen que las liuríes hubiesen recoirido en sus cajas de mi- 
nr, vn Ins lioniR en que las extrellaa se refle)abnn en loa In^ciH 
» U» janlinesy simulidtan un pensil de maií^ritasdc luz; 
« MI hi onda pura la vía láctea; aroma de ámbar ombalna- 
« la bríaa, que agitando los mirtosy los cálices, sorprendin 
m flecwt*» líe las eorolaa para difundirlos por do quier; y al- 
lí ftdufe sonando en los hadados pabellones 6 nlgiin lamí en 
ilpoóticaccnailor ó en la deliciosa umbría, í^iioiiInliRu el «IInv 
• de los ^nioK de la Arabia, del ^do tutrLnr de la mnrnvl- 
lia de la arquitectura morisca, del monumento, en que. eoii 
mayor riqueza, nunca se ha transformado el üricnte. 

Rn frase que no ha de vivir lo que la del Quintíliaiio <lel pe- 
ñodianio patrio, doy gracias á Dios de haber nacido en este 
psú; >niB<lo de quien dé culto á las ideas y sentimientoB que 
"tiiwWnccn la vida, temido de las tiranfae é invociido en todos 
]~- ■■ ''-TticsmartirioB; que no en balde, ya se le vé, on los 
N'^ dulas más viejas crÚQÍCBs, teniendo por caracte- 
i rntusiasmo, el valor, la (cenerosídad, la lealtad, in 
ia en los ataques á su derecho, la fidelidad á la pn- 
s etupeüada, la honrada confianza que naco de la fé. las 
la todas de un períccto carácter. No busquéis aquí, i'l cs- 
«■ en el cielo, la dulzura e» las notas del bosque, ni on las 



VI 

ftorestas Ins esencias que en el paL8 donde, á la luz de los as- 
tros, al son de la cuerda triste y de amorosas canciones, danxu 
la (Batana bajo la parra, y la poesía es tan espontánea, tan na- 
tural, como las adelfas y nopales que nacen entre los peñascos 
de los torrentes, como la numerosa familia de aquella Eva de 
las palmeras transplan tada por Abderrhaman, tan rica en sus 
adornos como el interior de los edificios árabes,... como lo fue- 
sen, la sala de Almunia y la alcoba del Califa, en la que ver- 
tían agua sobre una taza verde de imponderable valor, un león, 
una gacela, un águila, \\n elefante, una serpiente, una paloma, 
un halcón, un pavo real, un cocodrilo, un gallo, una gallina y 
un buitre de oro; no busquéis aquí en el ingenio, la amable poni- 
]ia, la armonía, que en la atmósfera de átomos de topacio en que 
todo estimula á la vida, y los acentos elegiacos tienen el sonido 
de un cántico de sirena, escapado de un sepulcro de hojas de ro* 
sa, y los atavíos de la musa recuerdan más que el ceñidor de Ve- 
nus el collar de Tarub; no busquéis aquí en fin, los (Grutierre de 
Cetina y Murillos de la patria del madrigal, de la oda, del cuen- 
to y del romance morisco, — primorosa muestra éste do la savia 
oriental que circula por el árbol de nuestra literatura;... tal vez 
desde el fastuoso Séneca!, tal vez desde el volcánico genio que 
el Dante coloca en la magnífica constelación en que se hallan 
Ovidio, Horacio y el viejo Homero! Lo que encontraréis, sí, la 
originalidad primitiva de la naturaleza, los contrastes mayores: 
jardines que serían la delicia de un DeliUe ó de un Selgas, y 
las más agrestes espesuras; grandes desfiladeros y prados quo 
traen á la memoria las garcilasescas églogas; barrancos en los 
que entretéjense el espino, la ortiga, la alcachofera puntiagu- 
da^ planicies pedregosas que apenas si humedece el rocío de la 
noche, y vergeles sin número, collados en los que ostentan sus 
gracias las familias privilegiadas de la fiora silvestre y mesetas 
en las que nacen, entre juncos, riachuelos de purísima vena, 
que regalan á nuestros labradores los tesoros y encantos de las 
cuatro estaciones, en los climas más pródigos en beneficios , la 
animación más alegre y la soledad más melancólica; ciudades de 
venerable aspecto y aldeas agrícolas, albergue de la paz de Díoh; 
en aquel escombro, el canlo que cubre las ruinas de C()rdoba la 



^^ rosmo 



por Díaz de Ríms y Ambrosio Momlea ó el )n- 
aecc en el despedazado anfileateo de ItAlica; en e-x- 
faiedm que en^^lana los viejos muros de los unti- 
«atOB: aci. la perpétun, indicando que una Rombrn 
attpi)rtn realza el suelo ó el paraje; allá el lirio aziil llorando 
«usencias tnn dignas de la elegía, cual las ausencias reeordndan 
por el ríprés de Yiiste; en el Norte, montañas verdea en bu bU 
nnibroHis más arriija, pobladna de árboles, coronadas Af. 
BUR cumbrex, que simulnn rotos obelÍRCOs, pirúmidpR, 
I. sepamdas ¡wr grandes liendiduras, y en el r^ur, iibuii- 
dutisirnaa en bólsamos ó cubiertas de jflmlcs que en priinnvf- 
n paroccn nevadas: en este punto, sierras, en bis que enlrelii- 
UB BUS ramas el chaparro, el nogal y la higruoni salvajes, y en 
a^uíl, otm», desnudas, qtie ora empinándose brusentncnte. for- 
, coa lantástica aspereza, desiaocbndns torres, oru al/ándo- 
oaa blandas lineas, ofrecen uiarcadii vnriedad de cóntornus. 
que encontraréis W\ . valles abundan tisimas en peacn ú eu 
frutos, en, una repidn. regados por fríos riaobuelos 6 iiupenc- 
trablca ú la lux ó engañadores con sus ecos, en otra; éstos, ú 
propósito para aalislacer los deseos ele un !ierborÍ7^or , Iuh ile 
Im comarca más lejana, capaces de enloquecer á un artista, con 
el concierto cud que en él saludan ó despiden al día luíi pinntaij. 
Los animales r los torrentes, que ya mueven lni4 ruedas de sono- 
ro» moUiiOB, ya ofrecen orillas, de imponderable amenidad, ul 
rador que detiénesc á mirarlas, desde loe rústicos puente- 
volteados sobre los planos incliitados por los que el agua 
despeña. Ijo que enrontraréis. m, cataratnH tan dignas de lott 
lionoms del pincel, como la catarata de la Sibila y abismos <U: 
la «atilimidud del tnjo de liondü ; ;rrandiosns decoi-acionea ün 
ncgnwy lantftsticns rocas, que parecen una trndueciíin, eu 
imágenes vivas, de un canto dantesco y decoraciones do idí- 
licas rocas, íeetoneadas do tomillo y romero, on lasquese-i- 
ttnn las abejas paní producir su dorada Dxúcar; picachos sólo 
acceaibles al águila y á la cabra silvestre, y lagos vírgenes y 
puros, cuyo cristal nunca desñomron ni una lioja de violeta, ni 
un ganado; bosques agrestes li lo que riá singubir interés la 
lieru que los puebla, bosiiues ricos en /rutos. l)osi¡ues de linyas, 



iviL'ícK^ l\ttes« ¡naos, enciuas, ricos cu caza, v dehesas en las que 
M*^ aUutotiaui« |iastan ó triscan, el toro j la muía, la oveja v In 
xhatu. v^uo animan y entonan nuestros paisajes montañeses, so- 
Ivrlüos, cual los de las zonas destinadas á guerrear por la inde- 
(H'uUouoia^ á crt^r el carácter de un pncblo, á fundar la nacio- 
udüda\i; v si lo dudáis, recorred las cordilleras que arrancan del 
lNruu\> \ el Pirineo mismo, cuja poesía conservan la matra- 
ctüla Y la pastorada, tan propias de él, como de la Campana 
aulijfUH la xauípoüa de Virp^ilio j de los encantados espacios 
y\tí la Suiza, la cítara de Gesner, el Teócrito y Anacreonte de 

Um .VliHí8 ; recorred las estribaciones del Moncayo y el Mon- 

i*\vo uiisiiuo, que imitando una frase de KcLegaray, más que 
uu monte, es un globo roto caído de la inmensidad, en el que 
un i\>lo8al Miguel Ángel esbozó los primeros delineamientos 
dv la cúpula de un grandioso templo subterráneo. 

Ia» que encontraréis, sí, liorizontes iin cálidos, cual en la 
ri'gión extendida entre los peñascos del Rojo y el Eufrates, en- 
tro la Siria, célebre por sus palomas y la playa de incienso del 
Vomeu, — en cuya región la arena tiene el color del fuego, la 
ntmoMÍora asfixia y sólo en raros sitios, en los que deshílase un 
\*sHS> ile agua, crece yerba ó algún arbusto balsámico, — hori- 
/.outen que dan una idea aproximada de lo que es el desierto, 
cuando los rayos del mediodía pintan mágicas y leves imáge- 
UM cu el aire, ó cuando en poética noche, resplandecen vertical- 
ukouto \\ka pléyades y brilla con su hermosa luz rubí la estrella 
do i'aaopo, ó cuando abruma la calma de un tiempo abrasador, 
o cuando las nubes se apiñan y se deshacen en lluvia, ó cuando 
el hui^acán, tan temido de las gacelas, troncha las palmas y 
)vurre loa montes, ó cuando el silencio es tal que sólo se oye la 
lasada del camello, el relincho del corcel, quizás las risas de 
algún árabe que bajo la tienda distráese en dulces juegos 
ivu hechicera muchacha, quizás la patética canturía, en que 
iniM un largo día de sol, la carabana recuerda á su familia en 
tíl oasiii o Unulice á Dios, por haber colocado junto al fresco 
)H*zo, espigan do azucarados dátiles. Y si descendéis por la iu- 
uiensti escalinata de rocas que comunica la cordillera pirenaica 
inm ol máa lunjestuoso de nuestros ríos, y paseáis por las ribc- 



s añuenfaja que btindui earamadas, que traen á la idp- 
inoría ■i|iiPllnF: (le ProTeiiza, en Insqii? vp Ia fniitaáia, U pné' 
ttira II)tnn, ilr- rristro jiiTeníl y bollo, de al^ún trovndor. qiip en 
mctitod H'KHtitíaima, atavimlo con liizurro truje, el kud ^ 
msrttl rn d prrho, d piiüal de pinteen el ciotú. nni Kioa^n 
tu TÍoleU do oro i^.n loa juego» flomleB. como cantaba el amoi' 
T Is friona al piti del torroún de los caRtilloBl Y si trocaÍB el 
vAficacta por eaas campiñas que os ofrecen, en el harranco la 
zana cantada por la poesía bucólica; en las laderas el olmo 
atui^ de la tórtola, el eRplIeiro, el árnim, el acüQÍto, y otrnR 
plantas meiün nales; on el altozano, la vid; la colmena y la 
amapola en la majad»; la caña al borda de las fuentes; en el 
vaUe, fertilizado por anchas acuquina, el olivo, la liigiiora, el 
nlmendra, el pcrnl, lodos los úrbolr^a que producen sabrosos 

Irutre el melocotonero, tan frondoso como la madreselva 

qoc cubro la tapia de las heredades, el cerezo dando envidia con 
so eonl á Ish BoreciilaH silvestres que te rodean: y en loa pun- 
tas es que «mpieza á tomarse áspero el suelo, norias que vier- 
te* á B^ua en abundancia!.... Se^id el curso del Rbro, n] rio 
de kM gloriosísimas anales de Arn^n y Catnlufia, que des- 
pota de rccortlamos nuestras libertades, nuestra vieja bandera, 
la RntK de .Sobrarbe. ¡lerida por los rayos del sol. i>n los mis 
AgüctM combates, entra en el mar de las teorías, do Citheres. 
•1« las nirpuos, del gondolero: en el mar cuyas brisas rozaron 
laa licnnéricas cuerdas, cuyos reflejos esparcieron la magia so- 
bre iM cuadros de Apeles, cuyas azules y trasparentes olas 
¡irestnron fondo al teatro ^ego, y en cuyos doradas riberas 
rnseú» fil gran Poeta de la Filosofía la unidad de Dios y Pitá- 
íToru la t-ipucia de los orbes; en el mar de la Oditea, de la égloga 
de Teócrito, de la Eneida, de los Apóstoles, de San Juan, de los 
ciudades egipcias que unieron el alma de los antiguos pueblos. 
d« los Cruzados, del Romanticismo, del trovador proveninl. 
ilel TaBso. de Sannúyaro; en el roar, que consoló á Petrarca en 
su ausencia do Laura, y en sus linrizontos presentó al más su - 
hltme de los amadores, el rostro ideal de Beatriz, virgen-madre 
rn el arte, de la raadona del .Sanzio; eti el mar de las colonias, 
drlaa f)iaiides expediciones, de las batallas mus solemnes de la 



X 

historia, sin el que serían desconocidos entre sí, el mundo occi- 
dental, el África y la venerable Asia; en el mar de la paleta y de 
la lira en suma, tanto en el admirable intercolumnio de las islas 
<M Archipiélago como en el amoroso Adriático, en el Tirreno ó 
enlas playas de Sicilia, en las que, cual en los versos del cantor 
de Mantua, se mezclan, el grito de la gaviota, la voz dulce de 
la alondra y el gorgeo del ruiseñor, el chirrido de la cigarra, el 
arrullo de la paloma y el choque del remo, las algas y los mir- 
tos, las emanaciones salinas y el perfume de las florestas: se- 
guid el curso del bravio Cinca, que si no es un Eurotas, el 
do los melodiosos cisnes, ni un Arno, el de Psíquis bautiza- 
da, ni un Ilhin, el de las leyendas, ni un Ródano, el de la 
fé y el amor, ni un Turia, el de las ñores , copia temblando 
orillas no jiocas veces poéticas: seguid la marcha <lel Flumen, 
del Alcanadre y la corriente que conduce al lugar en que don 
Gauírido Rocaberti y sus camaradas fundaron monasterio, y 
en el que hay cataratas como la Cola de Caballo^ digna de es- 
tar en las Alpes, grutas que no desdeñaría Escocia, trozos de 
vejetación espléndida y salvaje: y artísticos muros, augustas 
ruinas, os testificariin el carácter, eminentemente aristocnltico, 
de este país, en el que hubo antes que cetro, código; no existió 
abolengo más antiguo que el de la ley y fué el monarca el pri- 
mero entre los iguales, un caudillo que sólo tenía en el botín 
más parte, sí liabia sido el mejor en la batalla; de este país, en el 
<[ue la soberanía real procedía de un pacto y todos los derechos 
<ie una constitución primitiva; de este ¡mis, que nos presenta 
t'U sus más antiguos monumentos jurídicos, el vasallaje de Jos 
reyes al precepto legal, el Justicia, las Cortas, la lil>ertad que, 
viva en las costumbres, aspiró á ser lo que logró en el Pricilegio 
f/eneral de Pedro III, porque, cuando de cosa tan santa se trata- 
ba, no había en Aragón separación de clases,.... la libertad! 
q\ic de tal modo era aquí la vida, que la corona, la nobleza y el 
pueblo formaban una serie armónica de libertades. 

Soguid por otra parte el curso del Jalón, comparable al Nilo 
l>or sus virtudes, y veréis realidades tan bellas como el Onadro 
del Vado; salidas y puestas de sol que declararía incopiables 
el Lorenés, el mejor traductor de la naturaleza ú la lengua de 



i, el creador del Miti-íiso, la niaravilln mfis exquisita 
áel [KBcd, el autor de In iVaSana, ti Mediodía, la T'nr^í .v la 
íioekt, que Bon las Oeórgieat de la pintura, las Oeórgieoi pin- 
UidRa porVir^íiliomiíiino que. Kuaciendo. trueca In trompa por 
la paleta; v escenas campestres bullicioBfts ó mudas, ú las que 
pr«í«tan singular hecliÍ7.o, cuando no un carro, uua cabana; los 
iniikM que ajudan al lu)^areño en bus IncnaH de k siega ó de In 
vendimia v et pacient« Wriquíllo que va al ulereado; ol sprc- 
Isilo relmñu que basca balando, entre una nulie de llorado pol- 
vo, Ircsrn eonilim y lus ajieros de la labranza, lo^ iitcnsiliOK qut^ 
nisrteriain loa lien/os on qut Bnssano reprodujo embellecí dan 
lae fírtíles comarciis dpl Vicetitino, en las benignas y pinlores- 
esB nárgf-Dcs del Brenla. 

Oh! qa« bupIo tan vario, el suelo aragonés y el piusajc! 

ENvcTBOB clicQas, diversas ¡ibintas. diversas tlores, In monta- 
ña 5 el U«nü. el valle ,v el erial, el pedregal \* la selTO, lodo cu- 
to tenéis, en los riscos en que nUlaron su hierro los que ayuda- 
ron al liéroe do C'ovadongn y á Femnn GoQKlllez ó tu miar lu 
fndtpenilencin espaSola; en el hermoso Kloneayo; en Ins »icmi^ 
i|tie tnuau el nnCteatro que rodea en ancho coreo la i<lanie!e 
lie In rindnd iiscense; en InB soledades de Teruel; en el Aragón 
euva flüODomín csprcsnnos con tal verdad la jota; brusca, enér- 
gica. apaRÍonO'ln, como loa pueblos indómitos y vnlientea. 

Y la mitmia Tnriednd existe, en las joyas arquitectónicas que 
poeettuüs. Dentro de Zran^ovsi, ]iñ{.'inns mn^'i>ificas do toilna 
luiépociui del arte, que conservan la huella de nis{;roR sublimes' 
■le in^titueionea venerandas, de maravillosas conquistas, de sn- 
re«Q8y dcraclios que acrcdiliui nnestm ^rrandezn; en estn fal- 
lía ei Vcrueia inmortalizado por Becquor; en aquella altura 
á Ju&ii; en un cstrilxt de la cordiUera pircnii ica, los vcncrablea 
« de la fabrica que fué la apoteosis de piedra. la tmns- 
ltí6n monumental de nuestra liistorin, aquel Monte-Ara- 
(i salir i pelear vnlerosos intrinKOues cnpitflneados 
iH nmndos reyes, que dio sepultura á muchos caudillos 
y que vid combatir en Aleoraz. con el aMor de los cel- 
libnm. con el heroísmo de los fnaloa y ron La fé de los márli- 
■ca erísiiaD"^. 11I moldado de la Uru/; frentf^, ou la poblnciún fi 



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' - : - . -. • ,. :¿í -:- Ti . _Tnai?z:i. ..1 



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iu lui Küiíuieu da l»& varías züuae del pIuuetB y de loa 
Svoenis arijuiteclúuicoa, tenomoB otro de todoB los lieraismoa. 
til géttio lie Aníbal i'cti&co en el Batallador inctmsablQ, cuja 
lumtM duLiiera estar t:n v\ Torreúnde Azuda ó en los altos picos 
tle íiiem- Murena ; el de Scipióu en el compañe™ de aruinH 
üe AUoDsu VIH eu laü NuvHti¡ el de Filipo ea L>. Pedro IV; el 
do AlcjaDdrü j Leónidas i un tiempo, en el vencedor do! Pontí- 
fice, de Italia y Fiiucia, en el bécoe del sangriouto Collado de lus 
Puiixajii el du Peñule^j, á la vez que el de Plaliiu y ul de Marco 
TuUio, eu el prisionero de Milán, en el cautivo de Ponza, cjue 
nis)Hró su iuiuorbil ennedUta al MaripiéB de Suutilluuu, en el 
bticsped de los Mcdicis, dueño de cinco corouníi y ú la voz príu- 
ü\n iKudid, ([uc ordena ceso a(;rndable OJÚsíca por escuchar la 
luctara Oe un autor clásico, que distrae sus ocios traduciendo 
i Séneca, 4ue cum de i^ravo dolencia escuchando páginas de 
QnÍBki Curcio, que suspende un combate y tírma poces por ha- 
berle iBiuiduido su advi^rsario un códice de lito Líviu,y que te- 
uiesiio por favoritos en su corta á t'ilcUo y Lorcnío Valla, al ci- 
«BKxiiiuiti I'icolomini, ú Jorge do Trebizonda el restaurador de 
1d9 telina nristntúUcos, al l'og^io, traductor de la GiroptÜa, 
- ■■- '- '■•■"¡■iituniB y esculpe su nombi-e y el nombre de >^- 
: niam vi liosísima del It en acimiento; y el de Cé' 
I . dotado de la ambición de lo uiaravilloao que 
,_ iij'li;s almas*, guiado siempre por altísimas ideas. 
iLvidudu Wiuiii' iHirtu en la vida univertsal de las naoiont», du 
iuqasbnDlublu voluntad, magnánimo, brioso, sufrido, avisado, 
liscinail-íi-, L-on todiw las virtudes del héroe; educado entre el 
' ■-. -.•A-mra, acostumbrado á lii mulla y á la victoria 
'ii<|uietadoT de cetros con la espada y de corazo- 
iiUluiu, temido del moro y úrbitro obligado en las 
...s^.-^.^- .,^iles, prudentísimo conaejero del Papay potestad 
afcu^jida ¡lastn por el Kan tártaro y el sultán de Babilonia, 
que tiene tiempo ¡mni conversar con Ioí; trovadores y s&bioií 
quelfií'odeau. para fundar estudios y universidades en Lérida, 
UontpeUícr. Valoncia, l'almay Perpiñáii, para escribir su 9cu- 
rilla y encantadora Cráaieay fA Libre d« la Sa6irsa¡ para diíj- 
tatit en Idb Parlamentos á cu los Concilios, pura conversar 



XIV 

coa los mercaderes, á íiu de asociarlos á la empresa de asegu- 
rar á BU patria la posesión del Mediterráneo, apoderándose 
de Mallorca, ó á la de colocar para siempre la enseña del Gól- 
gota en las torres en que momentáneamente ondearon los pen- 
dones del Cid, i)ara reformar é instituir sobre indestructibles 
bases el Consejo de Ciento^ para crear la lengua que usó en sus 
escritos, en sus tratados; y que, audaz en la pelea, sereno en 
el peligro, prudente en el triunfo, el mejor soldado y el mejor 
«afínete de su hueste, tan hábil al formar un plan como al eje - 
rutarlo, justo, galán, dadivoso, es un excelente cronista, un 
excelente legislador, un gran capitán, un clásico, el hombre 
más digno de ocupar un trono que jamás ha existido, un ser 
extraordinario, al cual no llamare invicto, porque lo único quo 
no pudo domeñar fueron sus pasiones, que sólo siendo suyas 
era posible que rindiesen á tan portentosísimo coloso (^ . Ah! 
nunca, jamás, ha habido reyes como los reyes de Aragón. 

Ninguno de los que vistieron la púrpura, durante tres siglos, 
aventajó en prendas á los que la honraron en el país que baña 
el Ebro; lo cual débese sin duda, á la primacía de la ley, sobre 
la corona, en nuestro suelo; al pacto solemne, con altivez re- 
cordado siempre á los monarcas por nosotros, en las lides por 
la libertad y el derecho; á que el cetro era aquí la insignia de 
un soberano de soberanos y el sucesor al solio real, gobernador 
del reino; disposición sapientísima qile acostumbraba, desde su 
<Hlad más temprana, á los llamados á heredar las riendas del Ks- 
tado, á las ditícultades del mando, á estimar las instituciones, 
á somet<?rse á la ley, á conocer y amar ai pueblo encomendado 
á su custodia. Y no solamente fué ninguno más grande; nin- 
guno ol)tuvo las adoraciones que ellos. Al pueblo y á los mo- 
narcas aragoneses unió siempre la amistad más sincera, por lo 
([uc jamás han templado aceros regicidas las aguas de nuestros 

,1, I>. Viclor llíjl.'i;,''uci' en su oración flcadtmica acerca de In LHcrctura 
f.'.iiaiana y t'l Sr. C'astclnr en su admirable discurso, cont^-stando rn la 
Academia KMpañola, el pronunciado por el ilustre historiador de los Trova- 
dores sobre las Litcraturiis rpí,' ion ales, cuyos trabajos tenido á la vista, re- 
trataron de mano maestra k D. Jaime 1 y U. Alfonso V, rcsprctivamcutc. 
Cúmj^lcmc consigrnarlo así. 



i; quu □» h*y npoyo mis ñxmc, ai más .sc^itni dcfc^asu, ((ue 
la libert)»!. Bica lo sabían nuestros monurcns conquistadores 
rujocUo^utroit, (|u(! pnkiigos do su propia «lugre cou la pa- 
trio, temei'arloA en ci polif^ro. mJIo colMnli^s pnra üeaobedecer ül 
rucro. «on-ian, no ú iHfUfundur cotubnte^, HÍno il acnndillnr cjér- 
fiiloe, á uicirlr con honra; íjue los revñs. en niíttt tierra clásica 
>1« 1m Tírtmics civictu:. llorabiui escrito en un corona, con pie- 
ilraa prpciusos, (|uc cmn loa prínioros cu los honores, en la ho- 
)« <te «u r»pndn, con camctcrc» He sangro, ([uu sabían í<er !ob 
prítoen» en el pel¡)fro. y por cuto, seutailn & la ?riiprt de su 
tMtd dn batalla, velase la seguridad de In \w£ inioriur dvl rui- 
ao> pucH (Inlmii (jourdia ilc liuuor ú ú^tu, en presenciaren 
«UMUcia do nqncUos, Lne libei'lndcü lyopularcg. Y áa esta suerte 
iiLcetiítaba aer el trono, pues niicstr:t nristocrncin, In más ilus- 
trada v herúicu de tudas las nriatocnioioB, no encontraba más 
ii)Cidiu<l« atajar b autoridad repin tjue tocando i rebato la 
lile Ins rebeliones, kí como dice un historiador olo- 
'la Ic.v había de siistitaír ú In. arbitrariedad. lu 
il dumclin kI derecho de la íuerita, el tribunal, las C'or- 
^campo do batalla, y ú una organización asentada en uic- 
b (leBoacadenadoB huracanes, una organizaciün ciuentadii 
Kjpnaecpto legal, sin más amparo «¡uc la custodia de la II- 
d'V Ib é^nda protectora de la justicia. « 
M necwtitaha ser el monarca en eí<lii tierra, vostdlo d<: 
t libertades nrngonesaa, «1 primero del roino y el 
btBmbiÚD en acotar y defender les levos y coBtumbros 
¡ÉEr hacer gruardar, por cuya sentía ilcn:<íae li la perfocciún 
(Ib a^nel Kstado, en que nadie ei^taha al arbitrio del poder. I»" 
ca(tfna en i¡ue éste giraba distinguíanse- de un modo admirable 
f H rc<;ion.sabtH(iad acuinpañaba il todo acto, cual la sombra al 
■ li necesitaba ser por liltimo. sí no había de roni- 
. lu eomo frágil cnñii, Jada lii ¡iidolo do esto pueblo 
■'ii[Hf! por un Benttiniouto vivo en su comnín, ensc- 
_.. . .. -11 conciencia, por el miitiín divino de su sacro- 
-^uU liWrtni], custodiada por 61 con tal cariño (juc apresuróse 
■ Y^^iitarla cuando la vio amenai'Ada, y du nqni que cu cada 
tnsformación no pudicee menos de salir más luminoea, porque 




XVI 

¡ay de la maao que hubiese intentado el evitai*lül Dijo muy 
bien el Sr. liomero Ortriz, en el nobilísimo Gimnasio de k 
historia patria: — «los anales de las prosperidades de Aragón son 
los de la monarquía aragonesa; los de la monarquía do cuyas 
glorias nos hablan, la nieve de Jaca y la brecha de la murulL-i 
mallorquína, las armaduras rotas por los marinos de Lauria, 
la lava del Etna y del Vesubio, y los bronceados peüascos del 
Pirineo en los que esculpiéronse leyes antes de ser coronados 
los héroes; los de la monarquía que no bien nace, baja del risco 
al llano, de Sobrarbe ú Huesca, clava en Zaragoza el estandar- 
te cristiano y hazarla tras hazaña, trueca cu la vega de Grana- 
da el tosco sayal del labriego montañés por los brocados y ar- 
miños del rey político, símbolos del dote de i)oderío aportado 
por Aragón en sus nupcias con Castilla; los de la monarquía 
que unida á Cataluña formó nacionalidad tan admirable, y en- 
vió á Alfonso II al sitio de Cuenca, fué á las Navas, luchó por 
el derecho ultrajado en Muret, castigó á los aventureros Anjou, 
sojuzgó el Bosforo, grabó las bancas en la cima del Olimpo y eu 
la Acrópolis de Atenas, abrió de un golpe con el pomo de su 
espada las hieráticas puertas de la madre Asia y obedeció la 
orden secreta de Dios que escribe el Ebro en su curso, con la 
fidelidad que siguió Castilla el plan de campaña que le trazase 
el Altísimo con líneas que se llaman Duero, Tajo y Guadiana. 
Fuerte Aragón con sus monarcas y sus libertades, pudo con- 
servar la feliz tranquilidad en el interior, ensanchar los límites 
del territorio, obedecer las inspiraciones del espíritu de civili- 
zación palpitante en su seno y producir do quiera milagros y 
maravillas;— en el Bosforo y en Palermo, en la cumbre del Tau- 
ro y á la sombra de los africanos nopales, en el valle en que 
tejió Proserpina primorosas guirnaldas y en el golfo de la sirena 
Partenope. Suyo es el mérito de haber comprendido, que la ley 
que preside á la historia preceptúa á la tierra del Romancero, 
el llevar la libertad y la salud á las razas encadenadas en el 
Caucase terrible del fatalisimo; el infundir las ideas derecho, 
humanidad y justicia, en el abrasado cerebro del África. 

Nuestro carácter emprendedor y audaz, que nace del predo- 
minio ejercido en el español por la fantasía, la sensibilidad, la 



ición del peDsamiuntO, el espíritu asimilador, liis notas tu- 
das quo tíos distinguen, el sitio mismo que ocupamus ea el pia- 
BtiA, hílennos, loa más ajitog para educar y cmiltceer ú iid ptie- 
Wo inculto: para convertirlo en trabajiidor en la mnguu tibrn 
de tfl civilización univeranl; para ir á las orillas del rio que en 
d Bupa (le Ib UistorJa divide loe tiempos primitivos y los clá- 
i; para cntmr on el continente «que une las premisas de bt 
kciún asiática con las conclusiones de I» europea,* á lln- 
a vida, al liumbrc del desierto. 
ñ neceiddad de sembrar lu semilU del bien en las solcdt- 
B Libin, sintiriU Aragón antes que nadie, y dio con su 
i Ib Kspnüti uristiann, liermosisima ensoñauis. A]h^iuis 
fltador inmortal de /jiragiozn. siento en su rostro, allú 
s cumlircs, lati auiivea brisas de las dulces plavna 
antbluaBS. apones abre \n cruz sus bri)20í< en los muros de Vii- 
I«iici& j' ae liquida la media luna Bobre el perfumado mar lic 
Mallon-n, ntruijonea al má» bravo de los batalladores, al más 
;¡TMiiS*t de Ion Pedros y td más niaífuánimo de los AlfonsoK, lii 
«nbtciiin misma que al liéroe cantado por Hovrcra. tí. Pernnndii. 
ti dw en quo bebió el caballo de ésti: las aguas del Guadalqui- 
vir en In ribera do Sevilla, y que ni vencedor en el Salado, des- 
imante tiiu maruTilloso encuentro; la noble ambición que dic- 
tanonnilc Ins el áusulus téstame ntunaü de Isabel I; laque llevó 
■i ilrñn al uiá» cspHñol du los eRimüoIcs. üisneros, .v al Kmperu- 
dur i Túnex; la que aconsejó la ex pedición afortunada de Keli- 
|«) V y Iti dcsgnieiadÍHinia del tercero de los Carlos. V.B justo, 
itff mano, patriútieo. providenci:il; ea cumplir ima levgeográtlcu 
■ ' " 1 > uno de riucBtros destinos, el procurar que sea un 
!i .'lubre el ¡itiifi, pratilccto do la Iglesia do Cristo, 
: ' i.i lu Urccia que manaba la fuente de su oiviliw»- 
ii> Alejandro la ciudad que debía ser anillo y tála- 
.^ del Ürieoto r Kuropa; el ¡mis euja lux inspiró 
i'o nacional niodornu sus Laiaiadat, obni que dus- 
:■ liiH de Ariosto, el Tasso y Balbucnn, sobro la (ria 
//c.riu.í; \ los poemas rudos y Mrbaros. el Cid, los Nifbe- 
iMytw y los cantos do Gesta. * porque contiene el espíritu, el 
, los recuerdos, la gloria y liis eHpcrniisns de un pue- 



XVIII 

blo;* el paÍ8 en (|ue el infante D. Enrit[uc v los marinus de Sa- 
gres descubrieron un cielo hermosísimo y cristalizaron en rea- 
lidad preciosa las estrellas dantescas, soñadas por una prívi- 
legiada fantasía en un poético arrobo; el país en cuyos arenales 
j)erdió la vida y su ejército el romancesco D. Sebastián, con- 
vertido después en otro rey Arturo, i)or un melancólico amor 
de la patria; el país en suma, en el que está, según dice un 
sabio publicista, el principio del imperio que deben llevar y 
dilatar hasta más allá del Atlas, los descendientes de los ven- 
cidos por Tarik y Muza. Y hé a([uí á Aragón adelantándose 
á las revelaciones de los siglos, entreviendo ó intentando lo 
que lioy es una exigencia de la verdad enseñoreada del ánimo 
de todos, con la genialidad que intentó el Dante y entrevieron 
Virgilio y el filósofo que habló en lenguaje digno de los dioses 
en el jardín de Academus , lo que había de hacer más tarde 

el divino Rafael; á Aragón!, al que corresponde parte 

principal en el mejor lauro de la Edad Media, la KetTonquistu 
y en el último y más admirable poema caballeresco, la gue- 
rra granadina; á Aragón I, que tantos rasgos propios ha llevado 
á nuestra historia; el más laborioso obrero en el cumplimiento 
de los 'dtos fines de la Providencia. A él cupo en suerte la 
tarea de comunicarnos con Europa y la de asegurar la tran- 
quilidad del Mediterráneo; con los florines de su Tesoro, con los 
florines adelantados por Luis Santanjel aparejáronse hi S'infa 
María, la Pinta y la Niñ^y que salieron con Colón del puerto do 
Palos; sus príncipes, dando materia con sus hazañas y virtudes á 
(pie varones clarísimos las escribiesen, prestaron inapreciables 
servicios á las buenas letras; y sus juegos florples, el cultivo de 
X'AÜaufi ciencia fomentado y protegido por nuestros reyes, tuvie- 
ron superior influjo en la civilización de España. Es verdad (|ue 
la aparición de un nuevo pueblo llamado, en un porvenir próxi- 
mo, á conmover el mundo, con sus sabios, sus liéroes, sus na- 
vegantes y sus artist'is, se lialla, en el Poeini del Cid y en el 
Libro de los Jueces, en las Querellas y en las Parlidas, en los 
rudos versos del Arcipreste de Hita y en las páginas del coro- 
nista Ayala, en Juan Ix)renzo Seguní de Astorga y en los es- 
critos de Gonzalo de Berceo, cuyo carácter iguala, como diría 



-. al cmidor ile loa Plorecillaii de San FrancUeo, «á la 
iaoceacM de una pintiirn do Cimnbne, al dibtiju du una viüeta 
«le bnmrio. al eoo de una selmodía gTt'itoriana. al SíabiU Mar 
Li no aprendida aenciUez.» pero lo es así mismo, que no 
■ vie|<M monumentOB y bí, í Angón ne debe, el lisber in- 
rido Ut culttira y p1 gusto en ias costumbres y en las le- 
la U Poninsitln . en ciclo ruyo contorno no se descubre, 
af«ini recogiendo In vista, al volver In cabeza para mirar el 
pnoulo. lí» imponderable, observa un cfistízo eacritor, (" «el 
Mrneü) 'juc los Itcycs trovUilores I). Pedro II y ]). Pedro III, 
el AMadnr líe la gentileza y D. Martin, liieíeroQ á los ailelun- 
taaiimtciB iiitclcctuali\<t de lit l-Jipaña, con In protcceión iliiiltt 
por clUw á los intfenioR do su éitocn y con el estimulo yenoiwii 
que las torneas Oe la ]«cs¡ii «uBCÍtaron:t y In influencia do bi 
eM*i(rltuul corto del hijo de 11, Kornando do Antequers en el • 
Ucaaciinimitu cspuiiol, In inihiencin di^ iiijuet rey magnánimo 
irtnpnrcntjido con ^1 de Navarra, conpl Príncipe de Viana, con 
f4 ^m sabedor du URstilIn. V es muy ilustrado el impulso que 
t« lilentturacspañolnrccibióonatincl periodo, del descendiente 
ár. los iDonbifieaca i^uc bajaron corriendo los riscoa de Sobrar- 
be, laoTando al árabe con su empuje á bt parte oriental, y que 
•leM|iuc£ de hal)er aniapido al podur del moro en el Africji; 
■M-Dtartín la dominnciitn iboricn en liis urmuniostiN pliivas é i»- 
ielalluliu; pasearon las rojas b»rms por el Asia pruducicn- 
ft universal asmnbro. 






ílrñlii I 



legionarios del Rhin^ y á Maquiavelo, la muerle de Jalidii de 
Médicis. Si el idioma so perfeccionó de superior modo, en 
las delicadas manos de Cervantes y Rioja, del Cisne de Sevilla 
Y del soldado más gentil de Carlos I: si llegó á ser el del Qwt- 
jote y el de Noche seretia el en que se lamentó Salicio, habló 
Sigiienza y fueron cantadas la arrebolera y la rosa; si lució un 
dia en que confundiéndose el arte erudito y la poesía popular 
abriéronse las magníficas puertas de un siglo de oro, á tan fe- 
liz cima, en la que los laureles forman espesura, llegóse por 
el camino de Aragón; y si á progresos tan rápidos y fecundos 
contribuyeron en primer término, nuestros grandes humanis- 
tas y latinos; si Antonio de liebrija y Luis Vives, inaugu- 
raron la áurea edad del habla patrio, Antonio Agustín, Blan- 
cas, Zurita, <rliistoriador insigne entre los mejores (i)», su- 
biéronlo á su zenit, no menos que Ambrosio Morales, ilus- 
tre sobrino del Maestro Pérez de Oliva C-^', traductor de /« 
Tabla del filósofo de Tebas, Cebes, discípulo de Sócrates, y 

' 1 , Fernández y González. 

■'¿) (irun observador de la sociedad y del corazón humano, hombre d» 
pensamiento é hijo del autor de Imayen del mundos obra que á pesar 
de no haberse dado á la estampa comiuistó á su autor un nombre envi- 
«liable. Pérez de Oliva estudió las artes lil>erales en la Florencia dd Uena- 
ciniiento es¡)ariol, perfeccionósn en el latín en Alcahi y en la antigua Ltuecio, 
rontinuó sus estudios dp Filosofía y Letras humanas en Koma, obtuvo 
honroso puesto al lado de I^eón X, <|ue renunció por satisfacer su sed de 
s!il)itluría, trasladóse á París donde instruyóseeu nuevas materias, y resli- 
luido íi su jMítTia filé nombnulo, sucesivamente, catedrático de la l'ui ver- 
si dad <le Salamanca, Rector de ésta y Maestro de P. Felipe 11, cntoncrs 
nino. cuyo cargo no pudo desemjM'har ponjue le arrebató la niuortr. poro 
t¡emi)0 después de su elección. La lengua castellana le bend¡<'e jior su an- 
helo generoso en darle vigor, nobleza y energía y el tesoro de la república 
de his letras le debe riquezas, como las representadas por sus obras moraUs 
y políticas. Ks autor de un diálogo interesantísimo en elogio de la Aritméti- 
ca, escrito para ser colocado al frente de la de Silíceo, más tarde instnKior 
«le Felipe II y Arzobis])o de Toledo; de refundiciones afortunadas dn unü 
comedia de Planto, d<' una trajedia de ►Sófocles y de una traducción lihre \ 
¡■oco feliz de la /ít'Vft'xi Trntte. Llevan su nombre varios trabajos bn\es, 
en los que se relleja un juicio el más recto, talento profundísimo y un eru- 
dito de escogida lectura. Su mejor página c» el lUfilvijo de la di'juidnti d^' 
JIoh'hrc. sobria y discrrta en el pensamiento, grave y culta en el cstih», na- 
da \ arlada en los giros y lafi*ase. Pocos moralistas, dice muy bien el srfior 
Feniándcz Espino, han dosentraüado mejor las causa» del mal y del bivn y 



utur del mus cradulo de Iob croiiietua, el s 
Klorían de Ocampo; r¡ue el Brocease, gnu filúlo^^o. saljiu 
otra loa sshios, lütbil restaurador de tus estitilioa ciánicos, 
poeta anticuo y moderno, el mejor crítico de sus días, al 
nae luucbo. muchol, debe el Tyliro del Tajo; y que nqiiel noble. 
vinuowi y doclo hijo de Fregenal de la Sierra, ol de la Biblia Pu- 
ligUitii, laureado en Alcalá, ariete contra la herejía en Flandcs 
é Inglaterní, pasmo de Treiito, CapellAu y Oonfeeor de bu ami- 
^ Felipe II, Prior del Capitulo de Su ot laxistas, autor de 
UAgnas obru de Teología, que renunció mitras de jnugue renln 
porocupanie eu interpretar las Sagradas EBCríturas y coinplu- 
e«r su Riodefitin en el dulce retiro de la Peña de Aracena, tajuda 
pMr ta nntiir«leza cu altÍBima y Bolitnría cumbre, en la que el 
luirmuso cuadro de las huertas de Atajar conatituiuu el hones- 
to rocrvOi del que Incieueia diviun, Ine Humnnidadesyine Un- 
as coiuiderao coma nu Denjnmin querido. Siempre influyeron, 
Mcmpre!, en In liiatorin de Ks|)afia los ingenios insípriies del 
Kbro. Ciertamente! La riquo/A y armonía de La lengua espiiño- 
1a Megúi su apogeo en elsi^loxvi, tau lértil pnralas Ictms y 
Im artes, y en cuya eenturiu encontramos, numen vl^ro- 
«o; tmlicioiies inspimdorns, de tan rito contenido de belle- 
za, como la sociedad ¡le entonees, cuyo aire da familia con 
b de lüs tiempos inedias eu visible, por la índole de sut 
virtiMlw; las llores más preciosas y los más exquisitos frU' 
tan del ingenio; wnn nación <|ne por y/itffo dir ingenva ei- 
Hiidtí, por gérmea de pfotligÍ030« keehoi 'D nos ofrece, In 



iiiniud (1(1 hoinbrf |>cir rnmiriu Inii iegütn para lailrtmljl» 

-<itiiu<|UH Iiujiuv >lHs]iii1rT0i)i'l"'<li>Hl'i l^nnitisrlnitlmlniloH 

lie! 'itaér {ni rif u«.-ni. BBCrlbl6 tBmbléualiTUIiU«|iorBÍni<>I>' 

1^1 ohn iiniMlradr nitrnosd halwr rautrlliuidí) & Ibnnur 

.1 <i iilea, i|Uf jiublicú Ins pruilucf ionrs de agiiél, aDRiUvnclii 

-■•■ mh» Bíuutos momlrs, Sp^an e\ flltlnio, bu lliielr* liui-*- 

. iMi tratado Bolm la jili^ni Imin, «n el que pnrere ilüBCubrlú 
< I >..-:tB, la r>ra[)ii>dit(l áe fnHi-T cumiiiik-nr h Htm aiisenitm. Nd 

' ir->»'nl & ¡mbllcitrae. 

" ''onlfüunr híh ili^Unir, quf mu hIivmi iIi DOrl» >n mlus is- 
. .« i-FCogliIiui na Inui'iledrHili'ljnalntfniIiiyfmJnrlllIaillia Pru- 

í-jiiTi. df ri.ul» Cennli-jn' j m Iw libru» ir mi mii'-in' jirfill- 



fé j el heroísmo , y que «¡entese acicateada i>or la f^alantería 
caballoreBca que había dulcificado sus coKtuml)res, en época 

pasada, una nación, en la que ♦contribuvendo á labrar su 

poderío y caminando á loprrar los inisnios fines cada cual en 
su esfera v auxiliándose las clases ilcl Kstado.» con actividad 
para mover y convertir en bulliciosos dos mundos, armada de 
.w triple égida^ grabó su sello en la frente de la«» pueblos todos 
con sus Gonzalos y sus Leivaa, con los conquistadores de im- 
perios desconocidos; con Pizarro y Nuñez de Balboa, con Alma- 
frro y el gran guerrero y político de Medellin que repitió en laa 
aguas de remoto océano, el liecho de Agatocles en África, de 
los muladies de Córdoba en Creta, de los almogjí vares eu Ga- 
lipoli. I^ Historia, dice el Duque de Frias, es una parte muy 
esencial de las buenas letras, de las artes; y las artes, loa 
buenas letras, llegaron á ser por la causa apuntada, plantas 
es])ontáneas en nuestro suelo, que formaron el más liermo- 
so de los verjeles , porque preparada ya la tierra con la la- 
bor de los siglos xiri, xiv y xv, recibió el abono de los 
despojos de la erudición del Renacimiento, que excavando las 
Pompeyas espirituales, buscaba en la enterrada antigüedad 
clásica, enseñanzas y modelos. Fuentes de inspimción nbun- 
tlantísimas brotaron; muchos de sus caudales perdiéronse, 
«por causa del ligero valor de las teorías críticas aparecidas 
en el campo litemrio, encaminadas á gobernar y servir de guía 
al numen ; de la escasa autoridad para hacer amable el pre- 
cepto en los que lo defendían; por no ser suficientes aquéllas 
á evitar extravíos; por no estar preparados los ánimos á reci- 
birlas: y los que aprovecháronse debióse á lo que endoctri- 
nó el ejemplo;* el ejemplo! que hizo prodigios. En efecto; el 
l)etrarquismo, que tiinto significa , como la venida de la poesía 
subjetiva á la Edad Moderna, y que extendido por Europa, 
al modo de las ideas emancipadoras del estado llano, cerrando 
las gestas feudales, había cruzado en España sus armas con 



Iccto I). Francisco Fcrnámlez yOonzúlpz, cnlcdrátiro inHíí^nc entre los me- 
joros que haya tenido Espafla, mi consojoro y ami}?o cariñoso. Complúzi-o- 
mern tributará rst«, mi adniirnolón y ú la inrinorin de aqu/^l. m\ n>ÉSj»etü. 



icií'co Iin|)erial, UntjÍHí<i3 cnacñovendo il<' In córt« li- 
tei«riad«> D. Juan II y entrado üd Iob romanceros por aftalto. 
innñte al IaiIo Jk! trono ile CorloH V un npiíetol dulcmimo, que 
n sn feuio g e» la verdad de tus xentiiaUnlos, sin olro 
t n propia rmociñn, diií al aire fnt etperanzaa 6 tus 
» poemas cnya tspoHtannidad o&tdecla & lis rof>diuÍo*rt 
jáar del liire ei^dmfn , y con los que creó la Unen; 1U>- 

t trcroalar sus v>jtanilarteít (liria en la Torre de lii 

Vela (In la lili^ratnra ni Cantillcjo Imbiesc sido un Boabdíl! F^tOH 
HUndnrt«a nunca ]jan sido arnincndos <tc fiu lugar de florín, 
ai ({uirr la creacíiín artística del tierno y delicado cantor xu en- 
oerraae con él. en la tumba de la toledana iglesia de San Pedro 
Uártir. Ahora bien, el ejemplo extiendo por nuestra patria 
lea poetas ítalo -españolcK, de hermosa entonación clásica v co- 
lorido [Mítrerquista; construye el atrio del ijan Pedro del ai'tn 
tmcioanl, de la basílica edificada por Lope en una cncantado- 
n confltipncin. y piir él coronada wn (^i^'jinteeca ciipiiln en lu 
t|Ue domina la inspiniciiiíi í la forma: — el ejemplo llena do 
dsueael (iuadHltiuivíry produce cánticos, cuyas notns revelan 
Itrna en las r^uo liay cabellos de la antigua musa y áureos cahe~ 
lliM lie I^nm por cuerdas; riquísima fnntasia 6 idealidad nrtís- 
tirtt: — el ejemplo pone ol harpa coronada de hiedra y laurel, en 
lu manos de fray Luis,... el de Belmotite!, el más lírico de su 
siglo después de Garcilaao! ,.... en loa manos del vute «cuy» 
primor eran sos aficiones á la vida del unmpo:* y el ejemplo 
eonsaem sacerdotes de Apolo ó dos .aragoneses ilnatrea cnrac- 
tvrizados por su clasicismo, mus latino que gríiigo, y por sus 
;..n,!,-r,<-¡..; tilosóBcns, para que prestofleu íi In historia scñala- 

." l.'iirlOH V en Vusté y en el sepulcro más larde, 
lio el genio nacional y enconado por los luchas con 
loH liiliTiiiios, y el luteranismo.t renació In exaltación lipieu de 
Itm (lina del Itomaucero, de loíi días en que los conquistadores 
cinvabau lanxaa en los muros de Murcia y de (iranada; penetró 
«n el teatro y en la poesía el espíritu de S. Fernando, de Don 
Jaime, del Cid. de l'elayo; creyóse el pueblo, destinndn li em- 
fNOi sujieríor ú la df.l indómito de lii Uccniii|itistn: y los líricos 



del siglo XVI, excepto algunos relígi.^os, pulaaron el barpa^ al 
moco de los hebraicos, de loé de Grecia y de los de Roma, in- 
fluidos por el renacimiento t por la duda de la propia inspira- 
ción • . La lírica en la centuria décima sexta j en las dos que 
le siguen, preséntanos una rica variedad; mas en ella el sentí- 
liiiento V el concepto, observa un escritor ilustre, «quedan, co- 
mo queda la personalidad humana bajo los tristes días de los 
Felipes V los primeros de la Casa de Borbon»; apareciendo más 
tarde* en la décima nona, que es la de las revoluciones , co- 
mo fruta Suva; v es frase del malogrado Re villa. Sería impo- 
srible el que nuestra lírica resultara en línea recta con la del 
herido glorioso de Frejus. sin un período intermedio, sin las 
sátiras de los Argensolas, que nuevos Moisés, allanando las di- 
íicultades de la peregrínación. voltearon el puentecillo que une 
la ribera en que cimbréase el sauce de un ideal en su ocaso y La 
ribera en que florece el árbol de un ideal naciente, con su gra- 
vedad tilosóflca. su moral apacible, su depurado gusto; y con 
sus f'Oesías coustruyeron el arca salvadora de grandes destinas 
T tradiciones literarias. 

Iji ponzoña que germinaba bajo la púrpura de nuestras gran- 
dezas inficionó la atmósfera; presentimientos, cual K^ que en- 
tristecieron á Luciano, á Tácito, á Plutarco, y al I\>eta de 
Córdúl*a y al Poeta de Aquino y al Poeta de Venusa, empeza- 
ran á expresar los espíritus superíores. — un Rodríiro C^ro, eu 
las RutM:is de //li.'tVtf. un Quirós en el más célebre de sus sone- 
tos, cada una de cuyas letras es una lágrima: — decayó entre 
nosotros todo, armas, política, ciencia. ¡H>blaciun, industria; las 
astillis ive las lanzas de nuestras gloriosas milicias municipales 
sirvieron (ara atizar las hc^ueras en que fueron quemados hom- 
bres V mauuscntos; hundióse nuestro ^vderío; tomóse calaiísti- 
ca, conceptuosa, la sencilla literatura del IMtriMív^ del Qnijofe^ 
de la £sírf^¡ú df Sfrui^M^ en rebuscada \ aguiia la elocuencia de 
Avila y del P. Uraua^la;» juguete de los cimcept^]^ y n^truécanos 
la lengua, la virgen de los siglos \:u \ x:\\ la adulta que 
con tanto cariño e^hu*«ra eí siglo v\\ la r.v*a y ci:!tis::ui nía- 



troini del sijílo xvi, íino á aiicumbir, despojada de su he- 
Uca. impum y profantida, bajo la repugnanU drgradncióii 
r ei rilipendio de aquéllos tiempos miscrablost (D , on loit que 
ftleanuron franquía, sólo las artes, que nos dieron nuestro pri- 
mer |>intor. VdSzqueí. al comentar el eclipse de la centuriii 
üMiDO Míptima y nuestro primer poeta, Calderón do la Car- 
ea, que vivió hasta los primeros años de! Hechizado; pues lis- 
poSa, su raza, hahínn sido tan auhlimes, que al escapárBc- 
les la vida j reconcentrarse ésta en nn punto, tenía que lan- 
ar folgorcs tan loagnlflcos. como ese ndmiralile poemndcl 
Wrror. qne el más perfecto de los realistas nos legase, en su 
Oritía y esos poemns de la muerte que se llaman, La Dfro- 
ñóm 4t la Cru: , Bl Médico de m honra. Bl PurpaloHo de 
S. Patricio, La Vida e» Snrño. Estragado el gusto; perdida 
la amMtria del estilo; el arafionés salvó la liermosa tradición 
Utvnría española; mostró In liuena senda á la extraviada 
¿poca; conservó á Castilla su liermosa habla , enviando á clin 
con hi Gram&tica debajo el brazo al xesudo Beetordu Villii- 
hennoaa y ¿ I.upereio, tan 1 1 esnaturalizad o con sus obras 
como el Cisne de Mantua para con su Rneida; — Horacios nni- 
Um de las letras que fcharou la simiente de imw critica rtan- 
naáitfteria, apartada de (as voíunlañedades y caprichos del tKl- 
yi», y cuyos esfuerzos detuvieron el mal, si quior^o lo evitaran, 
puw apesar de eUos , npcsnr de las trabajos críticos y traduc- 
done* df Aristóteles en qne entendiesen iiu día, el Príncipe de 
Viíwi», Lcbrija, Luis Vives, l^epúlveda, Pérez de Castro y el 
Broceiwc; npesar del libro de tincíano !ü) y de las Tablas do 
Cnsnlc»; spesar de las páginas retóricas en seuttdo elüsicn, del 
MOlitario lio A.lajár y de Matamoros; opesar de la tmalnción ens- 
tellana de la /¡pistola d los Pisones por I-\iis Zapata y la fie! 
fondeñu Espinel, autor do la más hermosa novela del genero 
picaresco y del cuadro Jil incendio y Rebato de Onnada, que re- 
cuérdanos por sil energía, la pintura en que Rafael perpetúa los 
itattroiuM de las llamas en el liorgo; apegar del ensayu de ver- 



xxvni 

Jei-únimo de Zurita, «que couocedor del mundo, perspicaz en 
los negocios de Estado, sereno, reflexivo, exento dé todo apa- 
hionado espíritu nacional, busca la verdad y la halla, anima 
los hechos con sagaz inteligencia, los explica con nimiedad» 
decide después de haber pesado imparcialmente las razo- 
neR,« U);... á Jerónimo de Zurita!, que de haber engalanado 
sus nobles prendas con el primor de Mariana, merecería el 
epíteto de Tito Livio de Zarag(»za. 

Delicias de la hitloria le llamaran, los que conozcan nuestros 
esmaltes, y las joyas que salieron del taller de los escultores 
en esta patria de TudcliUa; la sillería de coro de la catedral de 
Tarragona de Gomar ó el S. B»*%no de la Cartuja de Aula Dei de 
Gregorio de Mesa, el Cristo muerto de Prado ó el S. Pedro Ar- 
haés de Ramírez; nombres tan ilustres como el del autor de los 
pulpitos de Santiago '^) y el del rejero que tan admirable parece 
en la Basílica del Pilar: y delicias de la historia apellidaran , ú 
la tierra que amamantó en los días de D. Ramiro el Monje á 
Jordán y produjo el mejor arquitecto de comienzos de este 
siglo, D. Silvestre Pérez, quienes lean los anales de la ar- 
quitectura escritos en suntuosos templos y sul)erbios edificios 
))úblicos« \'\\ primorosas torres y belUsimos cimborrios, en mi- 
ñas cual la de Dnroon« en acueductos cual el de Teruel, en obras 
de hidráulica cual la de Griséu que os la i^rimera de Euro- 
|ui, en VH>rtadas cual la do Sta. Engracia, en la Casa-Lonja 
y la Alja feria; — los que conozcan las glorias lie la imprenta, 
«tionde funcionarían las prensas de Mateo Flandero y las glo- 
ria» del piuivU donde UuK> maoKtn^s \a en el siglo xiv j tiene 
su jmw naIaU o« el \i\, ol arte nunlorno. Porvjue aragonés fué 
\|H^nle, el pintor do l>. Juan U y anig\u)o«sk« fueron Cu e\*a:!K. 
que a\udo a IS^l^^griu ou »ui« trnKn.u^ do la sacristía de la cate- 
%|i^l \\iKVUm^ \ l\t:|H'\ota q«o lUuwuu^ hbn^ de coro á maravilla; 
anM^MU^ Jor\M\uiu\ do MiM>rt, quo Iwoo on sus bU^oct^ la pal^ 
ta^ el laúd \ \a *v!tjv*da. \s\\\\\\ V\w\\ kXx^^x^xúcí do Sáachoü Coello, 
eaiuaradu \\<^ U\xiV^^>luobxvk \ r;^\iM», i^u ow^*r!;»K- tve Cervau- 

,0^ IVU«.A 



tes, DitHrraz j Lo]ie, y ai-iígouéfi fiiiucisf-u Pbmo, tiintor itl 
temple de 1& talk, segiín Palomino, de los Colonna ,v Mitclli 
que Veluzqiiez encontró en Bolonia; uniones José Leonardo, cí 
íulce José Leonardo, el autor de las Llaeet de Breda y la Toma 
«por D, Gúiuex Suároz de Fi^erua, ara^^onés Jiucpe 
l, que Á semejanza de Vinci v Vagnri, ciñe los laureles 
ir y los del artíata, amgonéx Cabeza do Vaca, paje 
« D. Juan de Austria, aragonés Joscf LwA&n, ara(^iiés Bavcti 
; ara^nés Ooya,— la qninU cstrellft del cíelo espiritual de En- 
|>a£a. se^'in nii iusi^'nc y malogrado lunigo Suiircz Iilunoíi. el 
ik'uiolriJnr ilustre ijuc burlóse ilol faiíalisiuo relitriuso, eon lii 
rituí ile Uooterio y extendió In imUdei eailavérieii soliro el roo- 
Ito de i (ittti tildones Irarrídus ¡mr los vendábales iuvoIucÍodh- 
rioH, el .V]ielc8 de tas ideas de su é[)oca, el liijo do la SncicU- 
pedia, el Precursor del Uonianticismo, un genio original, 
aniversul, el mas esinñol de loa capuñúles, amar¡^. escéptlcu, 
múltiple, <|tiG tuvo In naturaleza (lor nutdru, la sociedad por 
soñador y rcnlisto, |)nrecÍ<lo á Velázquen: y á 
randt á un tiempo, una faceta príncipalisiiua del pasado 
i, el sitnlwlo más jicrlecto del advenimiento del pueblo á 
pida «Kteiol, la n^ioteosis de nuestra brusca indepundoncin. 

IDtor de nuestru-i lierutosos liofizoutes. 
reí (jue «c detenga á conaidcriir cae arte nobilísimo, que es 
Bprcnta de la Pintura, gracias ni que, son conoeidoa on el 
«tes Paecat 6 Itis Sibilas de Miguel Ángel y las PÍosa¿ Úe 
Itubuns, el Baile dt los AmorcillvH y la Beaírii do Ary Sehe- 
Ifer, el Düueio. y lu media uiiniuja de lii lÍHcucla dü Bellas Ar- 
ti» de nelnroctrc. la travesura de .liif^wn uiiio y la alegría del 
jilguero un su dulee ]irÍBtón, que beeliizu tan singular ponen en 
dos Sacra-Fainiliiu de IlaTael; pueden adornar las paredes de 
iM palacius, Ina paredes de loa muíieos, y las jiarodes más bu- 
~ 1, ta Psijuis de Julio y In Aurora i!o llcni. Ins C'OHCepcia- 
"llo y lii Ceiía ile Leonardo de Vinci, el ÁvaCrai 
y el Ágaadorile SceiUu; lian llegado á las mÚH 
16 l'i5 KibttUoa úa ^'eííi^quL-z \ le es posible al 
> «1 col^>ur el ex -yuto de una artística estampa d'.' 
i del Pt:, en el nni de la ermita de la costa, que 



XXX 

cou la luz de su lámi>ara de bronce, eu negra noelie do iem« 
pestad, inspiróle una invocación ú la (¿uc es estrella de los 
mares! {Olí! y qué recuerdos se ai^^itarán en su memoria en esta 
ciudad, donde grabó D. Juan de Austria curiosa lámina! Se 
ngitarán los recuerdos de una época i[\ie merece ser envidiada 
por la misma Italia de los Médicis. Qué días aquellos! El noble 
arte de Guttenbcrg (}'a queda indicado} rajaba á prodigiosa 
. altura. Son llevadas á las prensas de la ciudad cesárea y augus- 
ta la obra decretada ú Zurita por las Cortes de Monzón en 1547 
y la del Doctor Juan Francisco Andrés de Uztarroz, y encár- 
ganse de cjíícutor las i>ortadas, el Maestro Diego,-que embelle- 
ció aquel monumento clásico con un pórtico admirable, con 
una tan magistral como la dibujada por Salas para el Ensaco 
sobre el Teatro expaüol de Líitre, — J use pe Martínez y el grabador 
Valles, el mismo (jue puso un jirimor al frente del Bartolomié 
Argensola; escribe el P. Pablo Albiñana Las Lágrimas de Zara» 
goia^ c ilústrala con tres estampas tan notables, cumo losiuas- 
caroncillos y figuras de Vinglez en su Orlogrqfia práclicax tni- 
tan de publicar, Lastanosa su libro sobre la moneda jttquesa^ 
Zayas sus Anales, el Conde de Sástago su Hisioria del Canal 
Imperial y Fr. L. Benito Hartón la suya del subterráneo san- 
laario del Real Monasterio de Sin. Kngracia^ y encuentran, el 
buril (lo Artiga, — autor del agua fuerte de la fachada de la ca- 
tedral de Huesca,— el de llenedo, el de Dorbal, que peri)etuó 
litó severas facciones de Pignatelli, el de Mateo González - á 
quien se debe el sello de nuestra Soci(!dad Económica de Ami- 
gos del Paití, y el de Fr. Ángel , á la vez que el lápiz de lla- 
V i ella. 

V no son sólo estos, los triunfos que nos ufanan; puesto quo 
podemos también recordar, quo un Üolivar honró á su patria en 
París, lo ([ue hoy honni á la suya Pradilla , en la ciudad de los 
Pontítíccs; ([uc un Briova cantó, sí, pues un poema forman sus 
estampas del combate de Tolón, -asunto no menos épico que v\ 
incendio de las naves de Cortés y las hazañas de Gonzalo do 
(córdoba en Ceriíiola, en a(piel día en que los ribadoquines- 
'liwsqaeies de Diego de Vera adquirieron celebridad mayor 
que loH truenos y bombardas de que nos hablan los escritores 




, Ift Cróiiiundc PcUro IV, (¡uu loa eer&alaiuu \iu Jo- 

m, que k Artillf^riii du Biiilún ^L' y ¿qué muclioí el ililiuju 

.' U Uiiiiiia (^11 que no expiden los diplomas Uc la liuoaóin¡L-a 
rfe ,\m¡g08 (luí l'ais tuatiHean liasta qué punto ee ha vivido cu 
"ÍMh y coa c! ortí', un estu antiguo n-iito, en ol que traljajnrou 
■i M furumrou los Morlnnt», los Formeiit, los Suliuf j otros qtio 
<<Hi]u8ticÍD 80 Imllnn en los nuj^uatoB Arooim^e du l« iumoi'- 
tdídaü. 

AIi! Uiiin grnti'lc es ln ticrm no que los KnlBuovua ejurcie- 

mu iii|iii>1lit inügístrAtiiEii ingijriio. que lus nrnjKincscs jnimiH 

-' n-^;-n'iroii H quo cetnvieso vticuntc ni unii hoiii, ulloi;! l'iii 

-, ú M!l' Bill iuqiiietinicB, VllCIO d trono; nqUBÜll 

: i'ini <|uu iior su iiuturnleza. tiutoiidail e iuinuuida- 

1 oxcciidüwal de mi iurisdiccióu, iulurv oiiidu \mr un 

i&ÜBo Coosiíjo que |io(lift [K-occsar li cató inntriHlrítdo v 

goisrio A fiifrir una [«na, ]ior su maguífira v cjcmpliir 

, deflcudla sobre nuestras institucioLe» más vcnemii- 

■ ■qneUn luii^trntnra en fin «celebrada, oripinsl, nucatni, 

• nuwtnt.y do tun coaspicuu signilicacióu que constitu\u 

kmiim an.i forma peculiar de gobieruoU Cuáii graudr, la 

R de Ins franqii icine, y leyes excelsísimas, en la que estuvo 

~ 3 ÜBDipoia (.'onstiluciún eucaranda en las ueeesidados y 

B medios que (pniamoB f^ra romediarlus; los íuei-os en los 

idi^ de lo» nmmcip¡(iij-\ en las uostumbreK.-L-iidigo de 

%-j Ihu libertades, base y luadauíunto de la L'ooatitudón, 

y lie la costumbre, eran diirtícljos faoultativos;... bt tic- 

A U que tw^ú con su puünl el eélcbrc Pneil/gw, un mo- 

íimcundo, cidcuhilcir fiu mu (xVwi y en sus entnHÍBíiino!«. 

O A Fornaudo ol Católica por ol t»lonto, & I.uia \T por 

~ , y un Uboral Alfonso escfil)i(i en los girones del 

r|>roí(u)ado. olta-dt auttiro reif ti cnmpU» lo jiactado y 



■ l'wr^il.l.ai'icfei'A.liJJu'l'lceiflirr U. lEuiaSn lU lat'rut. VOaíii' 

iViiiii ]iiii>iirMila en r1 UemcrlBl i1<- Ai-iillrrfa p«r el ra|iíUiii 

<i<iiii4uoBUiáiiluiilniduH<lrl Cutrpo b >|U* pi-rlr- 

' iirityiiiíiiila, Kl ür. AntplPKui cxMílur ilcnuüj 

i'i ArtlUeriu sn Ion «l^lotí xiv y xv, tiuf tepcrmí 

' i'ii'iso*, vtriiuhlieMlv*. 



XX XI I 

• 

s¿ uo, AOi y el seré vueslro rejf en ¿auto cuanto cttmpU lo pac- 
lado y si MO, uoj ya que podréis alzar uueco rey eníonccs^ iomÓH- 
dolo ctuU queráis y de donde queráis. Más grande nos lo pare- 
ciese aún, si poseyésemos los archivos y códices destruidos por 
las llamas y por la ira del Ceremonioso;' j si la bruma que en- 
vuelve el alba de la dominación musulmana no hubiérase he- 
cho más densa, á medida que han aumentado las modernas 
investigaciones. Por lo ([ue de ella conocemos, es un poema 
caballeresco, pues la verdad resulta poesía; es una página de los 
anales de la humanidad, parecida á la de la Ciudad de los Cósa- 
i'cs, pues si en la Ciudad de los Césares las ideas todas contlu- 
yen cu el majestuoso rio que recoge los caudales de la antigüe- 
dad y so llama Derecho itouiano^ cu Aragón los caudales de su vi- 
da confuyen en el Derecho\ aquí tan amado que jamas se toleró 
su mengua; de lo cual procede el poder de nuestras instHucio- 
ncs lUiciouales, ^acimentadas en el respeto de los ciudadanos y 
sobrepuestas á la tornadiza voluntad de los hombres;....') aquí 
tan amado!, que si un día lega su corona al Temple, el hé- 
roe cuyo espectro vé la imaginación en los memorables cam- 
])0S de Fraga, el nieto de los que tuvieron cuna de poüa 
en las írogosidadcs de Uruel, protesta contra la voluntad 
de D. Alfonso y rescátase á si mismo; y si Pedro II, dá en feu- 
do al Puntífícc su rciuo, el reino dice á Homa que no es él un 
patrimonio del monarca y que los aragoneses se deben auto to- 
do y sobre todo, á sus íiacmtísimas leyes. Ai*ugón posee un es- 
píritu recto y justiciero; está dotado de bondadosísima tolemn- 
ciu; es el \A\íá de la disc acción y la agudeza, de las colectivida- 
des robustas; sus hijos saben obedecer, son dignos en su mo- 
destia, y abnegados siempre; de todo lo que procede su aptitud 
pHi*a la Jurisprudencia, lil objetivó su vida, en las creaciones 
jurídicas más originales, en máximas consuetudinanas ampa- 
radas por una coclilicacion tutelar y espansiva X cuyo criterio 
es el síonduM est charU y cuyos principios capitales constitu- 
yen el ideal de hoy; y por esto la en que vivimos, es la tierm do 
¡u libcrtítd civil y de la costumbre formulada en iircceptos. Nos 

il; Cc-lu. 



XUCItl 

^^n muchitB ciencias, Salamanca, la ciudad del Rena- 
CÍQÜento español, Córdoba que, eu la época teocrática, ooa k* 
veló la nuimícn y el aristotelísmo, y Alcalá, nombre ao menos 
insigDe que el de Oxford; non aventajan en el arle, la ribera en 
que nncioron Hurtado do Mendoita y Alonso Cano y aquella i 
Uquo OBCnpárouse, atraídos por sua maravillas, ios áogclea 
que Bartolomé devolvió al empíroo , eneurcelodos en aus pin- 
tara»: — nadie nos supero jamás en el Derecho, ni ejecutó obra 
ñe acatido superior A la de D. Vidal de Canellaa. Nunca, un 
pa«bto Inc mis contmrio í los pleitos que el aragonés, ni más 
entusiasta de! Act6 de coucílinción, del Juicio de Amigables 
Componedores y del t'onsejo de familia. Kl Registro do lu 
Vnpicdad, lo encontrareis, yn desde el síg'lo xv, cu la zona en 
qoeéldereeljoiiopular tiene aii órganocne!c(WiWtf«íe''o, nose 
conocen las piilabrae ejtfirojiiiKitía y con.tscatióK, y no hubo ni 
baj lu&B fuentes juridicns que la ckarla, el fuero, las coBtuin- 
trrea yin equidad: en la zona en que cada familia es legisladora, 
«ircutom ó Intérprete de las leyes que la rigen, y juxga en vir- 
tad lie ellas; y en que todos los individuos son libres en el ho- 
gar doméstico, sin que la amorosa unidad do los sores que el 
ttfitimieutu lia reunido "bujo el mismo techo, esté perturbada. 
¥ en lo que se rcliere á su Constitución política! Estudiad loa 
|iroecptos do nuestro código; eom|i»rtid el Estado aquí y fue- 
ra de aqui. entonces; y deduciréis un gran contraste, entre el 
atraso de las instituciones vigentes eu los demás países y la su- 
perioridad de las qucentrenosotros contenían princiiiios tan sa- 
bios, cual los que tiene por mejores la ciencia novísima. «Antes 
que nadie, escribe uu notable publicista, antes que luglaterní, 
antes que Castilla, aníes que Tranei», el aragonés completó sus 
CdrtCB con la entrada del brazo popular:— con el equilibrio y 
ponderaeión da sus poderes públicos, se anticipó á las teorías 
coRKtttuciooalcs de hoy:— la conducta liberal, sensata y patríó- 
tica de sus Estamentos es un ideal para la España moderna: 
— BU asamblea de Caspo fué una originalided en la historia:— 
y otra orifrinalidad, que la eíoncia del derecho no ha acortado 
todavía ñ dcñnir. el justiciazgo.» que pasó inadvertido hasta la 
Mcoaquista de Zaragoza, en 1115, y que no se ejeruió plena y 



XT.XÍV 

libreiuoüte, sino á imrtir de aquel día de sol rojizo, de sol de 
color de sangre, en que fué enterrado en los campos de Epila el 
poder de los ricohoYites, Kn parte alguna ha sido un magistrado 
tan digno de llamarse , como la más bella de las virtudes! Los 
anales del singular, vitalicio é inamovible ministerio del Justi- 
cia, en todas sus páginas, preséntannos ejemplos de imparciali- 
dad y viril independencia: — en una,lu firma de derecho expedi- 
da por el juez popular, á causade los célebres tributos impuesto» 
por Alonso V para casar dos hijas suyas ilegítimas, — en otra el 
fallo de Jiménez de Cerdán, con motivo de la exoneración del 
primogénito del vencedor cu Epiln ; en é.sta , el que anulo el 
nom])ramientü del Conde de Prades puní el vireinato, — en aque- 
lla el tlictado i)ür Salanova, que (•oiidcuó á los oligarcas y salvó 
á .laime II. Así servía el justiciazgo á la corona, pues mejor 
se la sirve «conteniéndola con energía, dentro de los límites de 
su autoridad legal, que estimulándola á la perpetración de abu- 
sos y demasías: — en el primer caso se vela por el prestigio de 
la dignidad regia y en el segundo se labra su descrédito.^ (1) Y 
por si no parecieren bastantes las altas cualidades políticas del 
ai-agonés, recuérdese que aceptó el Jurado y no el tormento; 
consagró el principio de la inviolabilidad del liogar; escribió 
rl fuero do la Manifestación, «ley general hoy, en las de enjui- 
ciamiento y en las constituciones délas democracias:» juzgan- 
do tan esenciales á la cualidad de ciudadano, los boneücio;i 
que garanti/jibaii la persona y los bienes, que so reputaban 
aquellos aat<TÍores y superiores á la voluntad; ala voluntad!, 
que no podía renunciarlos. 9 Parécose Aragón al pueblo inglés (é 
igual semejan/a tienen entre sí, Aragón, el ])ueblo inglés y el 
romano^... paníccse Aragón al pueblo inglés, en lo dados que 
fueron uno y otro ú ungir con el óleo del tiempo sus derechos 
novísimos, v en su amor á las formas de la lev. Paróccnse, 
en que sus i)ersonali(iades en letras y ciencias son contadas, y 
pminentísimas en alt » grado, numerosas, las de cierto géneríi. 
— Inglaterra no ha tejido las coronas de laurel y encina que 
Grecia, Italia y lOspaña; mas sus héroes lian sido, el Prínci^K; 

(1) Romero Ort.i 7. 



xxxv 

b y Nnlfion ; eue anticuarios y bub químicos Cumpden j 
Huolj'Ury-Davj'; san «ábios Bacou y Newton, que arrancó al 
Otaivcrao los secretos que cou más eolicitud éste guardaba para 
b CKKnpteccDcia de bu amor propio; Wat, VV. Seott, I>ik«iis, 
HeynotiJs, 'n'Ükie, Hogartk, se han Ibmado sus inTcatOfl. 
«xs plumas y sus pincclca, su^ onidoruB l''ox y O'ConneU, y sus 
* Chaucor, que thIg un líauio. Millón, el Bublime Milton, 
n rival ShnkLlipairi;, j B) ron. cuyo nombre recuérdaae cu 
^, co loa jardints del Alcázar, cu la cúpula de Sauta Solia, 
A'lagi]de<Jíai.'bm j' en Miüuolouj^'hi tan uatu raimen te. coino 
"í del pliítjiuü prúsimo ú Uujugdore y del tejo de la Motte 
Kenílly y del Imyti Jti Hinfield y de la yedra de Feuillancourt, 
«I de Oadvfredu, el ríe la esposa desventunulii de Cétiar Bor^iu. 
B Pítpc, y el de Roitscjeau. 

■mbiü los hombros du ?>stado son más abundantes que 
iriÓD allana, en la grau patria de llaciiulsy, pues hijos de 

n luB cancilleres iluBtres de los Tudor j I'^tuardos; el 

'lUuígtu StADope; Uftusfield que duerme el enuño etomo en un 
npakro dibujado \kt Flnxmuu: L'liutbam. el orador lírico; i'itt, 
dincomparalilo Pitt, cuya titánica mano empujó enorme roen al 
Ntoo bemiaterio y de elU liízo la ish de tinnta ELena; Grattau, 
jCftDJtin^y Roberto l'cely Slieridan, que pudioudo tener »u 
«■tabla entre la de esto» giersoonjcs. ha preteridu descansar. 
wmtvm del mármol de Guillermo, en la Abnilía do WeBlmiiitcr. 
Kn Aragtíuasí mismo, ios sacerdotes de Minerva y los sa- 
ccnMts de Apolo üou menos que eo otrns comorcaa de üapaña, 
<H«IllÍer hayamos dado cuna á loa mejoruo vates didácticos y 
'^tÓieOB de loa ticnipos; y exceptuando á Goya, no tenemos 
INI piator, cnnl los qno respiraron en k utmúsferu dulce, do- 
bmU, eiqiléndida de tievílla; en U m¿r),'en feliz que produce 
RMas par» la pa]«tu üe sus Murillus y en lu que recibieron los 
efluvios de lu iospiniciúii la Uulduna y Moubiúés; lloró Uodrlgo 
Curo; concibió Zurljiírán su otim más acubada; Cervantes lo:> 
tnco[itabU:s tipos do sus Noüelat r/emplartt; y ti¡aif\&roa At- 
Btüjo y Jáutogui las cuurdiis de plata de sus liras, talladas en 
doe limpios topacios. La colectividad arn;;oneaa en cambio, está 
adornada de las cualidades que colectividad alj^una; el aenti' 




»»»\ ^s^ul^*s^ #» ^.N .íl* *rtr**^.^v% nr^^Ur U vid* civil y modelo la 

^hm,itv»i X *M» :».,'iisssnvi/;t,>#s3*»*''?c<\leacompar*r8e,á aquel 

, f, • H • , s « r «N s»» .vsr*»?<«>'» »iv X ^ ttBi^ «a X' acias célebres, — oriculo 

1 1 ?.'» t vín:»«*»»,*v \ ,*i Wv ;»<'ic»íi8»^ ^i ?fattbolo de la edid en que 

,. *.«♦♦,». ,«sviv^it« «v^ '» »4W%c«4uo njplejrdse en el Dercdio, 

.. (..%, «.«.««.^^xivH )k .'oüjuuciüu de que son obra, los 

.\'i»...^ '» »..v»;«a*wk * JuiiéLpcudeucia quiere, con cari- 

.. /m,n , H \ sk\ * .*%)«« iK^i-que allí trasíormóse al salir del 

s w <*. ..v.««« ;u«^'«rtiiiorad del I'lgeo, porque alli, tro- 

..v.u va >1 ¿;rave Licurgo ó liízose humana 

s » .\'.H**^' üüí. Culi Numa y Servio TuUio, unió 

, % \\.\. iH» [H'uinsulas de Alejandro y César: 

..(O «iu suci alcH;:ares las Parlidíu; mas juzga 

>. ..v»aamcut08 legales aragoneses; piedras mi- 

. .«i'iLiiu» ilu Ih humanidad conducen á los tiem- 

■ *•. ii'. tiiock)!, y enlace de espíritus y genios di- 

'■<«.. v¿uo ci»cribicndo un ideal de paz y de justicia, 

Uibuual ésta; anularon el feudalismo entre 

« . u. a: oa <ü estado llano para la libertad; aquí tan 

:s>. «'\ccdo de solicitud, cual si llevaran en sí un 

i .1 i^:u'llu, jamás nos deslumhraron las conquistas; 

U ' >*\ ; .4 r , : i'dpccto á la que era una la colunlad de iodos^ 

.■ ".v ciCcicüCy se acabase el reino y unánime parc- 

^ / muncsio i)or defenderla, ¿fr^cAai»^/i/tf^^ yr/aá 

» . ■ '.* 'jiorÍA co» los santos. Dice muy bien el eru- 

• I \ \mUí.' «como un desastre, debe ser contada la 

n ii i.^uvl K&tado,» — cuyas instituciones, consti- 

V !\\(.. i'moo^ou como modelo las repúblicas; cuyas 

\ .titihviiui^i son tan renombrados; cuyas empresas 

> M» .1 . ^t.^.uuH.! ^'u crónicas militares, y cuya cultura será 

. .u- I lapivHVUidible memoria;... la anulación de aquel 

t lo . -\ik iIhvmiouuu (« la misma, si lo miráis desde el atrio 

.. .'. nu«* til .^vlv lu ciudad que trocó en reyes sus condes- 

.« . .t(' lii ^sipillu ou ([uc coronáronse tantos monarcas 

X' .»•.*. ivs, vlc Ih:» artes, oticios, industria, comercio, insti- 

..i^'uíaN'mvIo i.*utahiña, en los puertos donde encontró 

u.iUk \K\\ \\\{\^\> marítimo único en el orbe; ora se lo con- 



xxxvu 

temple en el Compromiso de Oaspe, ora en la lengua que como 
literaria cultivaTon, varones esclarecidos y en la literatura 
qae creció en esplendor, sobre todo, en los días del guerrero ca- 
balleresco, amador de las hermosuras, que descuella sobre los 
que le precedieron en el trono y le heredaron éste, como diz que 
sobresasalia su talla sobre la de sus contemporáneos; y eso que 
entre los que le precedieron hubo un Alfonso el Batallador y en- 
tre los que le heredaron un Pedro 111, que venció á los angevinos, 
y conquistó á Sicilia; que aliado de Bizancio, temido en el mar, 
temido en tierra, por el Papa y por la Europa, hizo el collado 
de las Panizas tan dramático, cual dramáticos serán siempre, 
los desfiladeros de las Termopilas y de Roncesválles. Como 
un desastre repito, sirviéndome de las hermosas frases de aquel 
admirable publicista debemos tener, la anulación de aquella 
«cátedra permanente de política liberal y previsora que se 
consumó en el siglo xvii;^ en el que, oh! dolor!, suenan, la 
hom hipócrita, en que Felipe II jura guardar nuestros vene- 
randos fueros, con el mal disimulado propósito de abolirías, y la 
hora nefanda, en que, del enlutado cadalso dé la plaza del 
Itfercado, cae, como espiga al corte de la hoz del segador, la 
juvenil cabeza de Lanuza; muere la libertad ; es atropellada 
toda ley; la abyección se encumbra ; é inaugúrase un lúgubre 
periodo, en el que despuéblase España; son destruidos nues- 
tros ejércitos; despréndense de la monarquía de los Austrias, 
Portugal y Flandes; cubren el océano las pavesas de nuestras 
escuadras invencibles; engéndrase en las colonias la revolu- 
ción que las emancipará; á un tonto melancólico sucede un 
fatuo y á un fatuo un imbécil; el regio alcázar conviértese en 
el primer centro de mendicidad del país; y en calles y plazas, 
sólo se ven , rostros macilentos, pobres que no pueden pedir 
limosna, pues no hay á quien demandarla: periodo aquel!, en el 
que la ruina avanza por todas partes, haciéndose más avasalla- 
dora cada día; el municipio muere; se eclipsa el genio nacional; 
degrádanse las Córtesque habían asistido al Rey, con la moneda 
del pechero, desde el sitio de Cuenca, hasta la mañana en que, 
al ver, en una de las torres del palacio-fortaleza de encaje, la his- 
tórica cruz de plata, relumbrando herida por el sol naciente, el 




xwvni 

ejército acampado en lo» llanos de la Armilla, sur capiÍAfies, los 
MonarcaR caudillos, caen de hinojos y entonando un Tt Deum^ 
al Dios de Simancas y de las Navas, al Dios que entregó á 
Santiago un caballo blanco para que corriese á pelear junto 
á los cristianos, y á cuyo caballo subió el guerrero celeste, 
siempre que el redoble del atambor árabe turbóle el sueño, en 
su sepulcro de Galicia. Oh! desdicha! descendimos desde la paz 
de Cambray al Congreso de Verona; desde Pescara cuyo rostro 
tan bellas y honradas cicatrices agraciaban, desde Urfoieta que 
parece un héroe homérico, desde Antonio de Leiva, hasta las 
liumiUaciones de Valencev. 

Cuttlos pudieron haber sido los resultados de tan admirable 
escuela, dedúcese de la página de historia de España que se 
refiere, al período de renacimiento político en que vivimos. En 
18^3, Aragón acreditó, que era digno de lo que concederse debe 
á los pueblos libres; y en 1808 enseñó á salvar la patria en Ifts 
tapias de tierra de Zaragoza; allí donde se declaró la Virgen del 
Pilar capitana de nuestras tropas, ante un trofeo formado con 
el sombrero de Palafox y la faja de Cuadros, con la canana del 
tio Cerezo y la mecha de Agustina, con fusiles oxidados y 
escopetas de chispa, con el crucifijo del monje y las vendas de 
la ínclita Bureta. Y como dice un escritor contemporúnf^o, 
mientras la guerra civil ardió en Cataluña y en los montes 
vascongados, y las comarcas del mediodía gimieron bajo la 
granizada de las bombas de una desenfrenada demagogia, 
nuestro país natal hizo milagros de prudencia ; colocó en sus 
carros la crui roja: convirtióse eu hospital y en campo de 
Marte; dio soldados para combatir tres insurrecciones: ofreció 
ejemplo de sacrificios no menos heroicos* aunque estériles, qae 
los estériles sacrificios de Tapso, en d .»fensa de una demoonieia 
que tuvo sus venlugos, en los insensatos que desoyeron los con- 
sojas de la razóu; é impidió que viviésemos incomunicados 
con Europa* por el sitio que dá nombre á una halagadisima es- 
peninza* que no taalaremos en ver convertida en realidad feliz, 
porque su boudíui V\ dtííemíe, |>orque naco de un sontími»^nto 
*'SiH>ntHueo, j>orqUf» l;i ptlnuteríi lie lu ju'ítioi't rs virtu«l tan 
ímucc-^i como ospauoín. 




Ls^tria t]«I-'eiieliin^ lapiítñiide CurvuoteB, — unidoB aiein- 
pn par los viuculos del cDríüo,— do han de interrumpir In anti- 
gm y ^L-ird» costumbre de ciuubiar entre bi. coq fceciioncia, 
preodu Oe nmor. Porque la espndn (te Fmncisco 1 que poscimoe 
j k eopin (le la nuttnlicnfiuegUKrdainos. recuerda sólo Ins lo- 
as trtnturufl iMiLnllerewBfl de un rev; lit columna de Alninnsu, 
udttKkslialmblBdoquc do la ambición deapóticn de LuisXlV, 
— mnel s6tiro coa púrpum, al que tantas razonen tenemos pnrn 
Mecflurl;^ el Obelisco del Pos de Mayo, lo dice todo eontm 

JílpoleÓD; en la protesta do un pueblo contra un tirano; la 

jmtesta de un putblo que dofendiú au lionm, bautizando sus 
dMeM... no lie de esi-ribir cómo!; porque se enrojecería de ver- 
efianta «ttn piigiua. 

iasiunistAdes de nulioít puíhch no pueden desmentirlas, uí 
■41WI Bcuro ai eátüK sUloref), porque perpetuadna estúneamo- 
muDSQlois. en los quo ge vea naciónos y no liombren. Si; el Cid 
M bi figura jiredilei^tii del tentra fraDcOs: — éste nos re^'nlú 
la íitCKíía d( /os .Variiloi y nosotroB le regnlainoa Za Vei-dad 
Supttkoia: ou loa ril>eras poétieas del Oaroon reciben hospita- 
lidad 1» ci-iLÍa^ui del Alíeles de Fuendetoilos, 3* eii Repnñn liú- 
llanw) «u ul < iKtrJa aaiKlorttm de nuustro Musco los paittajes vir. 
fiUanosdnl l^ircnea j el PuflHÍuo: Martines déla Rosa debe ú 
Rocine y ñ la Poética de Boiloau su --Edipo y mucho id Mennu- 
dro de Kmncis, el Moratiu autor de Ina cinco cnmediiiH 

do luK tan pura, 
. . de jmeiitud tan fresca j tan lü/.auít. I 

iiutt vivirán, cuanto en In edad lutuiii 
lira la liermoaa lengua castellana; ^'^ 
aosotrOA tenomoa que sf^radecer ú David, el habernoa cnae- 
ñwlo U eienciu del dibujo, y á nprecinr el mcrilu de lus 
gnuniea marstros espaüoles; el haber abierto los horixuntus 
Muido», desde la hora en que recibió un desjutn, jior la vo- 
lanlad de uit iiabécil, el cetro en que linllñbnse ciignnadn 
rica ¡ii-cla;.... tenemos que ayi'ftdccnr ni líolrea- 
■ Napoleón ile In Pinluní, el ilccoro recupirado [lor 



mtnn 'tt la \ f i 



XL 

los pinceles patrios; el que renaciese el sobrio y severo natura'* 
lismo de Velazquez; nuestros vecinos tienen que agradecemos 
Orfílasy Aragos, los favores dispensados á ComeiUe, Moliere, 
Dumas y Scribe por el Ctsñe del modesto Mamanaret^ con el que 
Victor Hugo tiene deudas tan grandes, como con el Romancero^ 
el Rico-Home y García del CasUñar: el cielo azul y purísimo de 
nuestra literatura es la mitad de la dulce Provenza: v la otra 
mitad, de las regiones regadas por el Ebro ; por el Tajo, por el 
Guadalquivir; por las aguas que, cerca de las ruinas que perpe* 
túan la fama del lieroismo saguntino y la crueldad de Aníbal, 
refrescan los bosques de naranjos, tachonados de azahar j po- 
mas de oro, que sombrean la poética barraca donde hila el gu- 
sano de seda su capullo (i) , y en los que tan incopiable es la 
fina clarídad de la aurora, como la majestad del sol; y por las 
que reflejan en el Genil, paisajes más bellos, que los que retra- 
tan la apacible ría de Pontevedra y las lagunas de Holanda; j 
¡qué mucho! si en el siglo xv tremoláronse los estandartes 
santísimos de la cruz en la Alhambra, fué porque Pelajo 
salió con la bandera de la Reconquista de la gruta de Covadon- 
ga, y al otro lado del Pirineo hubo picas y mazas, cual las de 
Carlos Martel, en uu día más terrible que el terrible día de 
los Campos Catalaúnicos. 

Hago votos, por qué el sueño dorado, que, de antiguo, acaricia 
tan noble tierra se cumpla: por qué muy luego, Francia y Es- 
paña puedan comunicarse por una puerta digna de ambos alcá- 
zares de la historia: por qué en breve, veamos dibujada en el 
granito pirenaico, la curva del tiuiel que ha de permitir á la 
locomotora saludar los riscos de donde bajaron nuestros padres, 
con el ímpetu de los ríos aragoneses, á formar en el llano nues- 
tra nacionalidad.... á saludarlos!, con el respeto que en Egip- 
to saluda, los alminares del Cairo y las pirámides de los Fa- 
raones. Y llago votos, que han de verse cumplidos, porque 
nunca fué vencida la justicia en esths nobles batallas de la ci- 
vilización; y la justicia está de nuestra parte en la actual; en la 
que se ha probado al mundo, que los hijos de aquel puelüo li- 

^l; Murquc-s de MoliuA. 



bre, tinvo pornatuntleíR, amnntÍBÍmo liasta el delirio áe eiis 
ÍBCKM, ccDocedúr de los instituciones en que estribaba bu 
luWM, muéyense por una idea, aiempre, 

tíof la autoaomfa de Aragón, su nacionalidad, están nmalgii- 
maiaa COD la autonomía y nacionalidad de Castilla; pero aquel 
a^yt eonserva las bennosas páginas de bus augustos anales, 
Éaa que lai ha duplicado. Cifra su majestad ea loa Berengue- 
IW ; en Sancho IV, que reclbiú en el sitio de Huesca muerte 
tn hertStea, como lüpaminondaa en Mantinea; v en Pelado, en 
dCfdi en Feruan-Oonzftlez: igualmente S. l'eilro de (.'ordeña 
qneMonte-Arn^ón, lfl3Huelg«Br|ueS. Millán, sonloBSantoH 
Logares de su historia: se jactn de bus trovadorcG, de su I.u- 
pereio 6 de su Bartolomé; y de Gamlaso, de los Luises, de He- 
rrera: tnda orgulloso de su Jaime el Conquistador; v también 
de S, Fernando, de Alfonso el de Toledo, de los fuertes reyes 
de Navarra t de los bravos leoneses : junio á las épicas naves 
de Rog«r pone ha atrevidas de D. Juan Továr; Lízaua al lado 
de Pedro Niño y del Marqués de Santa Cruz: cree que la aman- 
tiaima y espiritual Segura coronada de una inmortalidad tau 
b«llR, cnal la bella inmortalidad de Beatriz, es uno de sus sim- 
Ix^OBi y, ^ue lo son de igual suerle, I^eonor de Castilla y María 
Coronel: honra á sus ínclitas reinas, á bus heroinaB ilustres, 
é, 6U8 mujeres nobles por la inteligencia, á la madre de San 
l,aÍB.Tá la gran Bcrenguela, fi la Koldan.á la Latina, á la B«- 
dajox , á la Mcdrano, á la Duquesa de Béjar, y á la santa, sabia 
y poetisa, autora de libros que por su perfume, parecen escri- 
tos en iietaios de azucena: le envanece el que rivalizaran con 
la monda del protector de Virgilio, b de los VíUahermoeae, la 
fie loa Duques de AJba, la de los Baztmes y Vélaseos; y siente la 
«legria mayor recordando loa méritos del magn&nima Alonso, 
fjue «irí nos Aa dtsperiat i mosírat comí de aprfndrf sabré é 
cmueynir itint de y y ireior ffpeciahaeuí d' arl ora loria ¿poesía, 
\m» esenelas de Oaga-cíencla que bubo en la margen del Kbro 
«n l^ue TÍTÍinoe, loa laudes que sonaron en la Aljnferíu, la fleata 
t'Me certas Cervantes, y la cu que lucio Argensolu: salta de 
'^ al pensar en que Avila y Zúñiga en Plasencia, loií Silvas 
Tuitmgo, en Denia los Snuilovales, los Belti'aii de lu Cueva 



en Caéllar, los Pimcn teles enBenavcüte, el Secretario Cobos ea 
Ubeda, emularon el fausto arlUUco y el esple^tidor de lo* MédicU^ 
Orsinis y Colonnas; y en que superáronlos los Ribera en su Casa 
de Pilólos; construcción peregrina que debemos á una fantasía 
semioriental!; construcción fascinadora, por su extraño y pinto- 
resco consorcio de tres estilos, y en cuyos jardines ^ perfumados 
por los limoneros, arrayanes y adelfas, — ^grato asilo ú los ruise- 
ñores, — ^las estatuas sonríen plácidas al dulce murmullo de las 
fuentes;» como en su interior, el anciano maestro Luis Fernán- 
de:í y el erudito Pacheco, el sabio panegirista de Herrera y del 
Teócrito del Tajo (í\ y el autor del CiMdro de U Calabaza (2), el 
adolescente Zurbarán y el insigne Rioja, el casi niño Salinas y 
el casi senil Arguijo, encontraron cuanto puede dar deleite al 
pintor, al escultor, al arquitecto, al numismático, al poeta; — 
pinturas al temple, del primor , de la fábula de Dédalo é Icaro. 
los clásicos todos conocidos desde el ciego sublime, de nevada 
barba y arrugado rostro, ({ue cantó la ira del representante en 
su perfectísima hermosura, del heroísmo juvenil de la Gre- 
cia. Y es que á partir de la fecha memorable en que Fer- 
nando II conviértese , en la toma de Baza, en la de Málaga, y 
en la de Granada, en Fernando Y de España; de España son las 
conquistas de los Cortés y los Pizarros, las jornadas de Pavía y 
San Quintín y el combate naval que impidió se extinguiese, en 
el Mediterráneo, la civilización cristiana y trocúrase San Pedro 
en Santa Sofía; el teatro de Lope es nuestro teatro; los cuadros 
rafaélícos de Juanes, nos pertenecen como Los Caprichos^ La 
Tauromaquia y Los Desastres de la Guerra del genio de Fuen- 
detodos; y de la nación entera son la gloria de nuestros gran- 
des teólogos tridentinos, los laureles de Bailen y los laureles de 
esta Zaragoza insigne, que, ara de sacrificio y altar de triunfo, 
MU nombre, épico, como el de Numancia, santísimo, como el 

(1 ) Kl maestro Francisco de Medina, célebre huinaniRta doSt'Villft, nuf íi- 
h\o Tjoúl.i casloUano y latino, escribió un notable prólogo, en las anotaciu- 
ues ú las obra<í de Oarcilaso y Herrera; en cuyo prólopo lucu hu erudición, 
Ku buen (rusto y la maestría con que expone. Es autor de una composición 
xnag'níficu en elog-¡o de estos ¿rrandes poetas. 

;<¿, Nombre vulgar del cuadro l'I agua de la Pina del Cléri^fo Hctlay. 



kKoBia. t^flyrudo, como el do Jcnisniem, ¡nyot^lininlo lus opri- 
TDÍdofl itnt re los hielos del Norte y sobre el scjmlcro de Leú- 
llidltia. 

Pero 8Í totlo ente es verdad, lo es nsi mismo, que rueron uoa 
ileügmcia irivpnralilo Íoa Hucenos acaecidos en la últimn mnüa- 
na. dfil Justiciazgo; cuyos sucesos aerún bicii conocidoe, el din 
ea que la ilustre Academia de In Historia publique los inlere- 
NBnUsinioB documL'nliis que posee: sntisfaciendo usí. la ncceBi- 
ila(i de que nae linbUn Martiucz de la Hosa, Olózagn y Romero 
Orlií, en mfltrnttlcos diacursos. Constitución nlpuua linlc- 
QÍdo preceptos máa sabios que la niicstm. «lín ninguna jiarle, 
■iíce OD escritor, como od la monarquía de l'cdro ul (Iran- 
ile, eittabnn las prerrogativas de la Corona tnii previsors- 
mente liroítadoii, ni con tal ñrmezn garactidas las libertnde» 
públiüís: ningún otro pueblo intervenía, con igual etlcncia. los 
nclosde todos los poderes: y asi, ejerciendo paciUcu, ordenada y 
constan temen te esos amplios y tradicionales dereclioK, se formó 
el cftticter aragonés; en el que la lealtad es proverbial, y el 
valor raya tan alto, que no bastando para enerviirle dos nidios 
de servidumbre.» Zaragoza,bizo en la Guerra de la Independen- 
r«, ante los liéroes de !¡i8 Pirámides, de Arcóle, de Uivoli, del 
Bonsina,. ..(repetiré lo escrito enotra parte "j)... lo que sisele- 
ytr% en la Iliada, parecería una bipérbole del mendigo de Smír- 
ua. Yo bendigo la unión de las dos coronns, en las sienes de los 
RcfcaCatolicos, verificada merced á un conjunto de circunstan- 
tanciu dichosas, dispuestas por Dios; pero me duele que tn 
uoblo trepana no cosechase las prosperidades que pudo, dadas 
«os condiciones. Porque es indudable; si oí mismo Fernando 
V. si el Emperador, sí el sombrío Felipe, liubiesen llevado 
á los nitios en que In victoria coronó de laurel sus tercios, el 
hermoso y regenerador espiritu de las Ubres instituciones ara- 
gonesas, ostit pAtria, conEUTvnndo su preponderancia diplomá- 
tica, según dice un autor moderno, y dirigiendo el movimiento 
intcleclual que agitaba el mundo, hubiera sido In mils coneide- 
nda «ntrp tas grandes jiotctifinN; no linbrin pfisndo pnr la ver- 



^, iDIarji..!!. 



JtLlV 

güenza del reinado de Carlos II y del tiempo de Godoj j Ma- 
ría Luisa; en el que, sin Daoiz, Velarde, Mina, el alcalde de 
Montellano, j otros héroes, hubiérase juzgado muerto el in- 
domable espíritu que llevó á los almogávares al Bosforo y 
lanzó sobre el puente de barcas del Guadalquivir, á los sitia- 
dores de Sevilla. 

Aunque en un mismo blasón las barras y los castillos, la 
encina sagrada y los leones; no está perdida nuestra historia; 
no está perdida nuestra fisonomía; no está perdido nuestro ca- 
rácter. Hoy como antes, no es el suelo aragonés fértil en per- 
sonalidades insignes, por razones parecidas á las que han pri- 
vado á España de t«ner una civilización propia, tan fecunda, 
tan acabada, tan inñuyente en el resto del linaje humano, cual 
la capitolina ó la griega. España no lia producido una civiliza- 
ción de la elegancia que nos cautiva en la artística patria de 
Hesiodo y Fidias, por la intolerancia nativa de su raza; 
causa de «un fanatismo religioso ardentísimo, que aguijado por 
nuestro genio, en extremo nivelador y democrático, apenas ha 
consentido que nadie salga del camino trillado, ni que se le- 
vanten enérgicas individualidades y una aristocracia libre en 
las esferas del saber.» (i) Los Almansur v los Cisneros, el cruel 
almoravide y el inquisidor sin entrañas, halagaron esta propen- 
sión; y encerrado el pensamiento en celdas más espantables, 
que las espantables celdas de la panóptica imaginada por 
Benthan, vino á caer en el er gotismo y en los más pueriles dis- 
creteos. 

Dice con verdad, el mejor de nuestros prosistas: — «dado que 
en nuestra historia no abundan los Haken II y los Alfonso X, 
es una maravilla que el árbol de la civilización no esté aquí caí- 
do.» Agradezcámoslo, <<iá que es natural en nuestro suelo y en el 
tiene tan hondas raices, que aunque se corte, retoña y reverde- 
ce.» Ahora bien, en nuestro país natal, hay una razón más po- 
derosa que en otro alguno, que impide el desarrollo de las eleva- 
das personalidades, en abundancia ; si quier en él sea el inge- 
nio, aunque algo tardo, digno del mayor elogio, y el aparejo y 

(1) Vnlcra. 



£B[)(MtcÍonoB de sus moradores para aveatajarae en las letras; 
en lu artes, cual teaülican, Marcos Zuiíata, que os un Zorrilla 
eolalejoads; Ouceta, que piata el uabiillu, con ciarte que lian 
pintado, Tru.vóu el toro, Greuzc lapaluma, U. Boulicuriacubm; 
Montañés, que en Badajoz, va el ííÍ}í;Io xvi, linbriasc ganado la 
voluntml do Morales; Olleta, que haciéndonos creer en la rcsu- 
reccidii de Palcstrina, con bu admirable Miserere^ dá á las bóve- 
das de nuestras iglesias la maf^oitud del San Pedro de Roma; 
J fradilla que Lonra á su patria, cerca del sepulcro de Bnruel, 
lufjue Iludía honró ú la auj-a el líüpuñolcto Ribera; aquel F.spa- 
ñolctu Ribera!, imendiBoy opulento, libertino;' \iituuso, ena- 
morado jr escóptico, que lo intentó, y avasallo todo; In crudeza 
(lela suorlc. loa luihgos de la fortuna, la penalidad de los via- 
jes, los tirus do la envidia, la variedad de los estudios, los te- 
soro» de la naturaleza; y que tierno como el Corregió, áspero 
como (^ravntjio, anatómico como Miguel Aa^'el, idealista como 
tiuuio, recordando una» veces al didce Murülo v otras á Rú- 
beos», I ■) contaba entre bus tinibi-ea, su eiUa en lu Academia 
lie San I.úcas; ol liábito de Cristo cou que lo diatiognicHe el 
Papa; ; la amistad del triunfador é juveneíble que inmortaUzó 
¿ sus auii^OB, á XoA ¡irínuipea, cortesana y magnates con quie- 
nes convergabn; ú los bufones cuyas gracias reía; el torno de 
la bílandeni y los caimitos y lebreles que mós le a[iaaionnban 
en los ojeos del l'anlo; la munificencia de su regio padrino, 
invada con usura; la bondad do Spíaolu;.- y que rey del arte 
tuvo por dinastía, ul Tixiano, que Uartos V trataba como 
camarada, y ol AriuBto lionrd en su inmortal poema; al Greco 
lo, qno pertenecen a loa tiempos del tétrico sucesor del 

itio de Yustc, y al honrado y piadoso Tristáu, cuya paleta 

iOya de la éiwea de Felipe 111. 

Ánzdo más poderosa consiste, en que nuestro génío es el 

mocrático y nivelador de Li I'<\nínsu]a, y tal cin 
i, unida al individualismo engendrado por nuestra carac- 
a altivez, y otras causas, hacen que las pcrsoaaliüades 

ines en ciencias, en letras, en gobierno, no abunden 

E.'Sl Uarqué* de Uolla»- 



XLVI 

lo quo 611 otras partes; que no tengamos el número deartistati, 
de poetas, de oradores, que la patria en (]ue nacieron, el Duque 
de Rivas. el cantor de las Cortes de Córdoba y Burgos; García 
Gutiérrez, el inimitable G. Gutiérrez, Villegas, el autor del 
Bautizo; y Castelar, la figura más grande de la historia uni- 
versal de la palabra. Esta naturaleza, no es la amenísima na* 
turaleza que sonríe y embalsama el céfiro apacible, llenando el 
corazón de sentimientos, en las orillas en que Zuibwrin poetisa 
d dolor p la rtsignacióH (i^ ; ó en que nació el arte agraciada y 
pura de Juanes; ó en que se cultivó la seda para los ornamen- 
tos de la antigua basílica de Recarcdo; ó en que GarcilaHO re* 
mcdó en su lira de cristal y oro, los modos del Poeta do Ve- 
nusa y del Poeta de Mantua: este sol, no es aquel brillantísimo, 
que quiebra sus rayos en mil suertes de luces, en las olas que 
se rompen, contra el adusto, aterrador y estéril peñasco^ desen- 
ffOHzado de tu tierra Jirme^ entre el Medüerráueoy et Atláníi- 
fo C*^): el mundo que nos es visible, no escita la imaginación j 
pone en los labios, el copioso raudal de poesía, que la aérea, 
dclicala, y fascinadora Alhambra; — bellísimo recuerdo de los 
que, primeramente, propagaron en Europa la astronomía, la al- 
([uímia, la pólvora, la artillería, la brújula, el péndulo, el pa. 
pcl y los números: de los rivales de Bizancio, Persia, Damasco 
y la India, en la tapicería, en la argentería, en los alfanjes y 
telas de algodón; de los que hicieron suyas las obras de Ptolo- 
meo y Euclides, de Galeno é Hipócrates, del jefe de la Acade- 
mia y de Aristóteles el Stagiristu; de los f/ue erigiendo nnida^O' 
sos escuelas, acreditaron que los progresos humanos les eran covi- 
qvAsta más preciada, qae la de los países sometidos á sudominio; 
de los que apasionados de lo grande y suntuoso, sin renunciar á 
su genio inventor, liiciéronse, con el auxilio de éste, los imita- 
dores modelo, en la historiado la humanidad J^) La riscosa mon- 
taña aragonesa y la grave melancolía de este cielo, estimúlan- 
nos á meditar, á ser reflexivos; el apego á la idea de autorí- 



vl . Cio¿lan. 

i2, Du^ue de RivaF. 

.M; 0/'ví??v»?írfad de la AffricHltrra á»v'6f, por D. Francibco Enriquei. 



t induce £ In ímituciim litemnn; y sobriit r iiústor& la 
i& do Marcinl y de los Horncios ospJifioleB, oatas virtudes i 
■n, qu3 TJVQ siempre bajü la (rondn dol ArtioltlcGucroica ite | 
kUlnsluní: hsjo el Arbo! do lou fueros d<?l btien pusto- 

SI Ü^aio ibórieo. en toda épocn, lin prcaontado lod lai&raos 
matefes; j «i queráis convenceros, Icod ú Coltimclny á Gíoja; 
h p la tera dol bosque dniidico mtirMcUús y la dn la camptfit 
di'Florencia de Cnslclar: al cuadro de loa Alpna, 6 ol do los 
itomtriaB-áel AfricHpurStlioUúUcoylasdQscripdoResdf Val- 
(neiui; !& Seíaíla ifí Lt^aiit'' A-A l'iiidni'o nndnlÚK y b Batalla. 
i» OmdvUte do lúipraneedii. Y Ac i^'u»! iDudo, los iuíhihus vn- 
iMtaKSroBplaudccen en ol ingenio nriígonés, iii In wrtfl ilc Ivn 
MémttK. on la de lo» Felipes, y i-n U ednd niodcniu ; pues tanto 
yoMm lluDar li Marcial, Luporcio dol Imperio y á Lupei-cio. 
Mutíal del siplo wii, como á Ooya, Mnrcial y Lujiercio do la 
Matan: y... más nÚDt;3Íob8ervaÍB el colurhlaueo. en los lienzos 
AAmatifM ci/nitía de Iví romírlis^ú colui- blanco en el lica- 
M4e la Loca, ofeerejs que la paleta que lioy ompuña el inmgr- 
M Ujo de Villanue^n de tiáUego. ea la que culgu la muerto, en 
bhlupitalaña tumba de los UoÍcoecli«,ir<. Si; loe mixtnoe ca- 
iKltoreti adornan d ingómo de Aragón cu lúe tiempoB que eo- 
rrm, ^oerulosque rodaron, cual hcijaeuca. á Ion ubismo^ del 
]<tskd0. 

ba tío la Mil i rica uoBdieÜDgue: — uciuella vocnciíJn espucinl 
|iara In J iiTÍ<(pnidcu<!Ín ; aqud eentidu iurldieo de nuestro an- 
tiíB» t'HiWovivcnuti, 'Umde acabu do celebrarec un Congro- 
•0, 1)09 iiicri!ce iiiMi páy''"» orlado . tn la liiatoria do las Aaam- 
Ums cíen tíficas: doudo Be escriba «obi'« el Derecho, cual tienen 
acraditftda jumeoDiiuItoH re^potabltis '.l , y bay liumbreH de fom 
(pispucd'^n (¡uiitantci entre loet buenos i]e tCspoñaCil: fuimos el 

<!] HfrrdtroH mu.v dlh'nos d« )■ tutrt V <1> ■> plumR át t^a VlItolU, I«- 
'c«u«lrs, Nau'iK-iiy LorliAs, non, loa uaorrsTuí Xk-tgtty franco, los qui 

rwjor cumu-fii aín liud» "I OfiwAw Araffcm'» pn is Jiíb ínsula; los «íior»* 
UarlAn. Itmlmi y Kii|>on<]>1)uru iiiis cun tal Juitlrl.i hin alcunudo mu im. 
(hlUktilf r(|itiUciun. y porqué na coularlr rii rl número, i|>fmr ir eu [wr. 
IldadaluLUtluno!. «líír. BÜcoBun, (jue u eucueotrai iHillurkds auspf- 



XLviir 

país de loB poetas didácticos, preceptistas, historiadores j crí- 
ticos insignes; y Andreu, Lagasca, Lera; como el Conde de 
Quinto y Lasala, á quienes deben las antigüedades de Aragón 
no menos que á Baggia y á la dramática pluma del primer Mar- 
qués do Pidal; como Príncipe, que forma con Samaniego é 
Iríarte, la trinidad de los LAÍontaine españoles; como Julio 
Monreal que cultiva con fruto la sátira urbana, la sátira de los 
Argensola; como Olivan , uno de los espíritus analíticos más 
precisos y claros de su época; como D. Mariano Nougués Se- 
cali, el erudito portentoso, que contó entre sus timbres la aten- 
ción con que le escuchaba, el que mejor conoce las jornadas 
do nuestras artes, las estatuas y los cuadros que poseemos, 
el que por la novedad de sus ideas, por el encanto singu- 
larísimo de su culto y atildado estilo, de natural elegancia, 
ocu|)a un lugar do honor, entre los que han dado más prez á la 
literatura moderna 0): como D. Valentín Carderera, el autor 
de la Iconografía^ el coleccionista de primorosas estampas, el 
biógrafo de Jusepc Martínez, el anotador de los Difcursas 
practicables'^ como Lafuente, el narrador de las glorías de la 
Iglesia pátría; como Codera, digno de figurar entre los arabis- 
tas Moreno Nieto, Alcántara, Fernández y Gronzález , Simonet, 
Guillen Robles; como Costa, testimonio vivo de que es posible 
en la juventud, la más sólida universalidad deconociioientos; y 
como otros mil que no nombro, i>ara no hacer más enojoso de lo 
que ya es imposible evitar este trabajo, en el que, — valiéndome 
de una frase del Cardenal de Luca, resulta pagado en cobre lo 
que debía haber dado en plata, — prueban que no están descas- 
tadas las razas ni perdidas his cepas de proceres del ingenio, de 
otros días. 

ICntre los que más brillo han dado con su pluma á las le- 
tras, en la ciudad en que enseñaron Pedro S. Abril y Malón de 
Cluiide, y más honra con su nombre á la tierra en que vivimos, 
sobresale un personaje que lo fué todo, en la Orden sagrada de 
las letras y vivió para el goce espiritual de las grandes crea- 
ciones poéticas; pues jamás tuvo devoto más apasionado la 

;1) Don Pedro Madr&zo, á quien envío un salado de admiración. 




pkicxía, la Uiviiin [hil-síu; üubliuii; ilu lo 6tihUiau!, (loade uiiuiud- 
|iHc de la materia, el aliua; la palabra, os piueel, liuril, y día- 
ptSÚD, V eepintualizáDdosi;, bb urmoni/a con la idea; y están 
cwgrogailait, bajo d tinpcirio de Ins Musas y ea Ui plunitud do 
su liermofiíiru, toda» lus nrtes, constituyeudo un bienaventura- 
ib aaivemo estético. De ia naturalexn y el espacio uccesJtau las 
libtn «a que la vida ea uiiifanno; el l'erteo Ao Benvenuto, la 
AnaJnade Danaeckor, el Cristo de la Liti, uiiniatura de lu al- 
iña* wrdoboáa, Us maravilloaiaiuias i^tedrales. cuyas tia- 
wt aüoruuu las banderas ganadas cu los combates ¡lor la te 
.' <in coyas slIkríuB de coro, un Be minuete ó un Kiloe cscul- 
¡ilwüo jiasaieB de la Biblia (j egiisodios de la guerra de CimaS' 
(l>: del tiempo y de la sumisión del penaamiento a la cadencia 
Ducasitau, iasarmonl&8do Beetlioveu, lauíÚBÍcadu Donnizetti, 
de Majerbeer. de Ctiupin, del Cisne de Pésaro, «que habla etn 
lugiu, piuta sin colorea y llora sia lagrimas*: es plástico el 
>8c<liwcrcd. laa Napcias de Alejaiidm rm Jloaam'Xi, y al 
^l^ilbemoB, la amable majestad divina del Saleailor de Jua- 
^^^Htt Orana« de Eubens, la OMiscn da Ingies. el Novillo 
^^^^Kja de Potter,... el arte ^ue «mbetledó ios claustros del 
HmEá ™i ^'^ imaginativa del Carducho y con lu de Peregrin, 
lá>bíblioteca eu i|Ue í.e gunrdan eúdicea, como las Cdatigat 
* ct Apocítlíjixit: — la poesía, reproduce el mundo ex.ter¡or y 
d mundo moral; eseulpe lo que pensamos; míralo todo en su 
MeoÚlid'i'U «abrasa ks leyesgencraleií de la creación, de ia 
tdsttvia y del espíritu, enalteciéndolo totalmente;» sube bnstn 
Dioa; y allí, arrobada, extaeíase, en la a^ul ó infinita planicie 
da loa cielos. 

Innaturales tiene ku ai-queologia, en le» ¡iniBajeB liistórico- 
monumentaleii do Pusino, que, mientras i^e conserven, liabni 
:ra griega y romana, aunque se pierdan los restus 
[uitttctura griega y romana que ¡lOíieemos: tiene su 
los cuadros del quo apoderóse do las dudosas tintas 

1* iSjpetiioM cnadib aleeárico ili'l jualor dr Coü, lo ha dtecrito ilc- 

'i, LncisDii.Tvnleaiiaá la vlsla 1a dvicripeiún de éiU.inUnta- 

Lq Kabicl y olroa nurslros, igulciivs bubíproo du dcalaiir de 



cou que baña la tierra el sol, cuando nace; de la claridad del 
mediodía y de los matices de una serena y apacible calda de 
la tarde: tiene su novela, en las obras de Berghem; su li- 
rismo, en las de Ruysdael; su poesía subjetivo -objetiva, en 
las de Salvador Rosa; su poesía venatoria, en alguna de Veláz- 
quez: y tiene su arqueología, su poema, su novela, su lirismo, 
su poesía subjctivo-objetiva, su poesía venatoria, en Hesiodo y 
Lucrecio, en las Geórgicas y las Luüiadas, en la Diana de Gü 
Polo y en las Églogas del cantor de Elisa, en Moratin y el 
Tasso. Comparad- los rebaños , los campos , los bosques de 
aquéllos, ó los pastos do Dujardin, los Kemiesses de Teniers, los 
efectos de luna do Vander Necr , In» csraias romdiUicas que reci- 
bieron vida de la violácea paletíi ele Villa-amil, la Siega (kl he- 
no de Rosa Bonhcur v la Mañana de otoño de Gastan, con las 
sencillas descripciones del Tytiro de Toledo y las magnas del 
pintor del Océano, el Épico de la raza ibera, el desgraciado su- 
blime, en cuyos versos se vé á Dios más grande, que en el men- 
digo de Smirna; y eso que en el mendigo de Smirna, se ve á Dios 
más grande, que en el astro de los astros , según Victor-Hugo! 
— Acercaos al molino de la galería Doria:... respiraréis el aire 
plácido y oiréis el fragor de la cascada, que el lorenés trasladó 
á su lienzo; al Arco-iris de Rubens, que mueve á envidia al na- 
tural; á los Bueyes qiu; mnrghan á la labor de Troyon, página 
de poesía pastoril de las más bellas debidas al numen del hom- 
bro y que con su cielo y sol tan hermosos, su diáfana brisa y 
sus plantas, esmaltadas de rocío, dá la lección más acabada á 
la realidad... y sólo encontrareis expresada, uua idea, un ins- 
tante: como encontraréis sólo, una idea inalterable, un instante 
perenne, en esas odíis místicas, pintadas por un seratin, con un 
rayo de estrella, en un retazo del tisú celeste, en las Vírgenes 
del que saludó Jovcllauos diciendo : — yo he creído en tus obras 
los milagros del arte; yo he visto en ellas la atmósfera, los áto- 
mos, el aire, el polvo, el vapor de las aguas y hasta el trémulo 
resplandor de la luz del alba. 

«La Arquitectura simboliza un beneficio á la humanidad; la 
lístatuaria recuerda una hazaña; y la Pintura habla á la imagi- 
nación, á los sentidos y al entusiasmo»: la poesía, cuyo campo 




srSe lo bello y aa fouilu lii verUiul; <]ua. aia proponérselo, 
iDoniiza é instruye y convierte, cu crtencina y sentinuontoa 
eraonles, loa priacípioa cientíücos que ol sabio formuln, úch- 
pmidiélidose de loe IiccUob; que espiritualiza la mataria y dá 
cuta carne ni espíritu,- que reproduce embellecido el mundo 
tcd, ; conserva en bu» creaciones, el carácter nntivo de ellas. 
1^ que pierdan la universalidad; la poesía! no puede presentnr- 
tuB un conjunto de objetos, |Jor yuxtupoaición. en el espacio. 
ijos impresionen, d la tck. mas sí, una riqueza de ponocooi'cs. 
•|Ue htgti percibir al nlma, la uDÍdad del todo: recorro e.L ticm- 
[fl; describe el movimiento; invade los dominios de !a músi- 
n; BÍrveHc de la armonía imitativa; y orn simula el ruido do 
U tima y el rastrillD; ora nos hace visible la Innzn. estremcciéU' 
ilunc al clnvarsc en el caballo de Troja y produciendo en cl 
vientre de dato metílica resonancia; ora nos recrea con Ion 
wordes de 1« cítara *!c Apolo. Gros ok representará á Boiia- 
parte, en el campo triatíBímo de livlnii, en determinado ins- 
tante y en determinado instante del Pnso del Gránico ddela 
oatnda en Babilonia, I^ebrun ú Alcjnnrlro. Un poeta os descri- 
birá do tal modo, cl conflicto do Murst, que veréis la llanura 
Une reluce cual si luewc de cristal, cubierta de yelmosycspndae; 
yal ObÍHpoFolquet beadieíendo á los suyos; y oireis las levan- 
tadas tnscs. en que el bcroe de Iom Navas, dá la señal de com- 
baUJ i sus soldados y la arenga de Monfort, al desplegar al 
aim su bnudcra; veréis al Conde de Fots, á la cabeza de la 
van^tmrilia; al de Tolosa, ú la i-alwzn de la retaguardia; y 
al Tty, anloroso y temerario, transflgnro'Jo y fascinador, re- 
lampagueando la mirada, contraído o! rostro, agitados sus 
músculos tndoB, en el centro de la Unen, después de haber 
Runblado sus armas, para que no le reconoeieBon; picando es- 
poelmásu corcel, eu dirección al sitio cnqneKoney y tlcVillo 
uestan terribles golpea ¡fobrc cl que creen sea D. Pedro; derri- 
liafidod«un golpedomaxa turca, al primor gincte francés, ({ue 
se le opone al paso, y ojcoutando prodigios de valor, en lo más 
erado de la b&talh; la terrible embestida del ilustre padre 
é« O. Jaime; ñ los cruiados cejando, reanimándose luego, arro- 
Ihodo da«pué9, a los bravos que se hartan de acuchillar, ¡unto 



LII 

ú BU señor; y oiréis las auimosas pulubras que salen de los labios 
de éste; el ¿rutural acento con que grita Aragón! Aragón!: ve- 
réis la prisa que se dá el más cariñoso de los Mecenas, en herir, 
en matar, acá, allá, acullá, en todas partes; el aturdimiento de 
los enemigos; la bizarría con que el trovailor coronado opónesc 
al reflujo de la derrota y pelea solo contra un ejército, pues todos 
sus caballeros están heridos ó son cadáveres; y oiréis también, 
el reto del mejor entre los valientes, á mí!, yo soy el inonarca; la 
gritería de la desbandada, en la (^uc los unos perecen al tilo de 
los aceros, los otros al cruzar el rio, y el choque del cuerpo real, 
al cuer, bañado en sangre propia y ajena, sobre aquel suelo 
maldecido, en el que, liel á la divibu de su linaje, supo mo- 
rir si no vencer, el católico, el noble, el liberal hijo de Al- 
fonso 11, á cuyo sepulcro dan guardia de honor, el de los in- 
fanzones y caudillos, enterrados en la orilla del Alcanadre, \0 
cu la forma que quedaron tendidos, en los campos de la 
Provenza. 

^las, hablemos, que ya es hora, del autor insigue de este 
Diccionario^ del catedrático eminente; del i>oeta que cantó, con 
entusiasmo, el Aragón c^ue mi laureado amigo V. Marín ha 
saludado, en estos versos: 

Justicia fuerun tus leyes. 
Siervos de la ley tus reyes, 
lísclava tuya la gloria. 

(1) 'Jionm su srj)uh'r() vii ol Moiuistriiu de Sij^cna, á lu vez que D. Po- 
dro II, D, Aznnr y 1>. IVdro Pardo, D. Mi^ruol d'» Lufíiro, D. Migurl de llii- 
da,l>. üóraoz de Lun.'i. D. lUasco do Araí,''ón y 1). Uodri^^o di- Liz;.na. 



^'JKRÚNIHO BORAO T CLEMENTE. 



Atinquodi>]ii9 miispos de In liistoria desapareciesen la» eiiiiiiH 
de BTO de BUS idolatrados Benjntninei?, sobríanios, puesto dírínn 
■US obme, la patria de los Andrés dol Sarto y Calderón do 
Ift Barca; r aunqao la testigo de loa tiempos, callase el car^f tcr 
de hs edades conoddaíiiJ el orif^n de loe pueblos, que mát lian 
Íaflnidi> en In huroniiidad, conoccríamoa el carActer^ el ori^ftii, 
coiWFr?iínd.0Bc Ln Cndnd üf Dio» y la Sumina, d Derechi 
Romano y los Partidas, ^¡{ Decamn-fJn y el Quijolt, ln I>m- 
mi Comer/ia y el Anlar; 6 estsüdo en pi¿. Ins crcncionea nrtis- 
ttcaa i}ne admiramos en Atenas y en Egipto: nlli donde InR 
KfQia del Amo cofitan temblando, i cniíita de en asombro, lu 
aérea rotonda do líriinelloschi y en laa márgenes del líliin, que 
da un Niñ^mm a Ruropn r tiene islas cncnntndoras, pobladas d^ 
recuerdos de Scbiller y los Xi/fMuvifen; decoraciones como ifi 
de las si«tc montañas: paisnjcs de hermosa gradncifin de téi-- 
ninoe. <jiie poetizan, solilnrios castillos, desnudos tí acari- 
dailos por la yedra, ermitas, abndíns, arruinadas torres, vi- 
fiedos eín nñmero, Arboles de espeso foUsíe, y entonan, el 
■ve que juguetea, acaneiandu con el aln ln corriente: el bar- 
qaichoelo qoe se adormece ni suave columpio do éatn; ol eoe- 
dorilJo que mama: la cabra que roo el pám|iano de las vides; pI 
perro que custodia con gravedad el rebaño: el rayo de lux ijuu 
se pierde en las soledades ilc la selva; el aire que finje entre Ins 
Iiojas, risas, besos y llores: del Rliiu, riiio acá, muéatranoa la 
sombra do Cesar; allí la de Hoche: allá la de Deelliovcn; más 
allá la de Gustavo Adolfo vigilada por la de Spiuola ó la de los 
bravos vencedores de Napoledn; y en su sutierlieie, la estela ile 
Ift barca en que Durero Iiie copiando, un din, lo que tan n^radit- 
ble naturaleza hablaba á su espíritu: del Itbin , que en un sitio 
recuérdanos ú Sontliey y cu otro las doncellas convertidas en ro- 
cftfl, en castigo de su friu ínsenEÍliilidad , 6 la ondina que atrae 
OOtí BU cántico, al remolino de Gwir: del Uhin de madame Stael. 



I.IV 

en una palabra, al que debe lord Bvron, las íantasíaR que ¿ 
Constant inopia j á Venecia. Es innegable! La pompa de Lu- 
cano, la delicada ternura de Gutierre de Cetina, las silvas 
del Petrarca de la rosa, la poesía de Arguijo, veinticuatro 
del Sevilla y Apolo según Rodrigo Caro... (Adonis diría yo) do 
los vates de su época, el colorido del Racionero pintor, escul- 
tor, arquitecto y espadachín, enséñannos, que tan claros varo- 
nes nacieron, en las alegres campiñas del país de sonrosada 
atmósfera, en que Granada, — la de las mil torres, erguidos al- 
minares y soberbios palacios, emporio un tiempo de los comer- 
ciantes de todo el mundo,— díó al árabe el encantado cielo de 
Damasco, el suave clima de la Arabia Feliz, los frutos del He- 
jiaz, las esencias de la India, las minas del Catay; asombró al 
conquistador cristiano con sus aliceres, sus telares y su alcai- 
cería ; y en que Córdoba, encanta, con su mihra, en el que* 
envuelto en un paño de seda, sobre una silla de aloe, se guar- 
daba el Musliaf (l) de oro y piedras preciosas, alumbrado por 
una lámpara de la labor más exquisita. 

Las vegas de Mantua, reprodúcense embellecidas en las églo- 
gas virgilianas y el terror de Roma de los días en que naciesen 
Horacio, Ovidio y Tibulo, expresado está, en la tristeza que 
caracteriza el genio del cantor de la vid, del Desterrado en To- 
bos, y del noble, sencillo y dulce protegido de Mésala: — es im- 
posible mirarlas estalactitas de un techo morisco, ola suave 
claridad que penetra, en los editicios árabes, por los calados 
atauriqucs, teñidos de azul, púrpura y oro, que prestan á los 
rayos los cambiantes del iris, ó la Alhambra, apoteosis la más 
bella de la tienda; sin acordarse de las cuevas y grutas del Ye- 
men, del fresco pozo y racimos de dátiles del oasis, del mar de 
bronce del templo salomónico, de la sublime melancob'a de los 
monumentos que retratan las aguas del Nilo y de los espectros 
solares de la India; ni los haces de columnas, que cual la don- 
cella de Beocia sostienen ccstillas de flores, sin volver los ojos 
á los sauces del Eufrates y á las palmeras que entrelazan sus 
ramas, en Palestina: Grecia que con su armoniosísima costa, su 



(1) CúdicA eacrito por Otman, wgün Maccari. 



) inspirndor, sus montes perfumados, j bus bruñidos 
miimolM, noB dice, que fué el taller y la vivienda en que el 
BnoBUToti, el Milton y Mozart del Universo, pensó é hizo una 
abnde nxte más eubliiae. que las artes migmas, — pues Ins es- 
iroltunis, los templos, los cuadros, Ins danzas, el paisaje, toa 
VKlles, de la pcninauia, en (^ue el ruiseñor coloneo puede cnotnr 
ualaiulelíade Apolo y arrullan en el olivo de Uinerva, Isshijn^ 
do las palomas que llevaban la ambrosia al dueño del Olimpo. 
son bocetos de las maravillas que en la naturaleza han deja- 
üo el biini _v los pinceles de üios, lie la orquesta sublime del rs- 
pttcio, (-U la que son notas tas estrellas, de tas melodíiis iln 
Itt !uí, entre las que es el alba ia más pura, — Grecia!, esti'i 
tivii (TR los vcraos del Poeta Natural, on la ocia cío Pindnro, 
AhI lu estarla, sin Ins impiedades de los siglos, en la IVniu 
del amables VelázquM! do Cos, en la Hehua de Zenxts y en la 
Mifuena del Homero y Hesiodo del cincel, cuyo Júpiter ins- 
pirúá Séneca, wo» etWí Phidias }'i>ctoi, ftcit lamen veliu lo- 
«oniíM. y el Ramayana, Biblia [loétíca oriental, tesoro do la 
tiui|iinuú(in religiosa y heroica de Vulmild, código de la bo- 
Uemen In litcrnlura sánscrita, epopeya narrativa, al lado ile lii 
cual pareren la YHíula y ia Eneid-i, lo quo una estatuilla de l'rn- 
dfcr Jauto ni Daeii/, convence, de quo fué creada en un mnn- 
•lo de continentes tan vastos, que pcrderlase en ellos la palriii 
tfe Aquiles «como la boja en el bosqne;> en el inundo de ln.s 
'anea «que reducen ala proporción de un juo(>o infantil 
8 occidentales,» y de la lengua quo, «rota en rail 
t, tul dado origen á las que enorgullece!! ú los pobladores 
■ lUtima Tlinle del orbe;» on el mundo de una muciie- 
rede razas, entre la que podrían marchar, sin ser i«rci- 
, ol ejército que triunfó en Ifsso y el que venció en 
H en el mundo de loa misterios, de las pagodas, do Ins 
I, de los snccrdotcs, sabios, nstrólogoa y guerreros que 
sus nombres, los más viejos anales; en ol mundo, 
I, de los ríos sagrados y de los árboles contemporáneos del 
, l^ua tiene en sus playas, el nardo y el incíeuso; en sus 
I, Ib perla y la concha nacarada; el canelero on bub jardines; 
I «a interior, un cielo, sembrado de astros, pues pedazos 



LVI 

(le cielo y de sol, son los zúfíros y diaTnantcs, encontrados en 
8U8 entrañas. 

K igual puede decirse del libro que las razas del desierto re- 
conocieron asombradas, como revelación divina y cuyas máxi- 
mas sabía de memoria el muslin. desde su niñez; del libro que 
las tribus tenían por un dechado de elocuencia y que si no 
transformó, inñuyó muy mucho en las letras arábigas, y so- 
brepujó á las Muallakat; del libro en fin, que, pobre en su pen- 
samiento, deslumhró con sus imágenes, encantó y arrebató á 
una parte del linaje humano con la magia de su retórica; y que, 
clarín bélico, el más electrizador, que ha sonado nuaca, base 
de una civilización célebre, fué llevado por el árabe, en la pica 
do su lanza, á todas las regiones que el azahar perfuma: — al 
Corán aludo. Leed las páginas, en que Mahoma describe, un 
paraíso, cuyo suelo cubre un tapiz de alazor y musgo; embelle- 
cen bosques por los que circulan céfiros embalsamados y alegran 
fuentecülas y ríos del cristal más puro: ó las que contienen el 
cuadro del tremendo día, en que estremecida la tierra; deshe- 
chas en polvo las cumbres; disipado el mar en llamas; rotos los 
peñascos; arrollados los cielos; temblorosos los ángeles; sin 
aliento los hombres, en su ansia por convertirse; encanecidas 
las cabelleras infantiles; ábrese el libro del destino; suenan las 
trompetas espantables y los enemigos de Dios caen encade- 
nados, en un abismo de fuego: — ó las en que represéntasenos 
al justo, adornado con ricos brazaletes y ropas de seda, 
sobro almohadones de brocado, en las praderas de la bien- 
aventuranza; donde el plátano frondoso y el loto sin espi- 
nas le regalan plácida sombra perenne, y deliciosa fruta, 
árboles de cuyas raices brotan arroyicos de blanca leche y 
dulce miel; y le recrean la vista, palacios que resplandecen 
con el oro y la plata de sus muros; y en tiendas de púrpura, 
bordadas de pedrería, inmortales mancebos le escancian vi- 
nos, que hacen perlas, en copas cinceladas en hermosos dia- 
mantes, á la vez que vírgenes de negros ojos le ofrecen en- 
loquecedoras gracias, dulces sonrisas y miradas de amor! 

¿Verdad que no pudo ser otra la creencia, del que tuvo, templos 
como el de la Kaaba, próximo al pozo de Zenzen; edificios como 



loe de MfsdÍDs: diques como el de Marcb (!); quintas de loceo 
coiiioel JcDerallfc, ciiidndea como la Meca y como U construida 
por las hadas, cerca del lugar que eombrr^ó el pUtano de César, 
celebnulo por Valerio: del que iiizo fértiles naestras vegas; me- 
joró ia vía romana; construyó acueductos, puentes, aljibes, 
castillos, [Hdacios, y atalayas como la de Alcalá la Rc'td; dio 
i la Eap&úa de la Cra-i quienes le fabricasen tcliis, joyos, por- 
«Uosfl. objetos do marfil y de maderas ricas; del que in- 
tuyó d« tal suerte en las costumbres, usos, tmjes, artes y 
Óeoetas del cristiano, que éste ncuptó el idioma y la escrí- 
tiu d«l invasor alarbe, en sus contratos con él: del que prestó 
i sus eoeuiigoa, artíHces, para que les (nbricasen fortaloms, es- 
padas, monasterios y bssilicas; y escantil^ODea y plaotillKS, pnrft 
quo kbnsen In torre del Carpió, las Salas de In Galeni, de las 
J>WÍH, del Solio y de los Sq/es en Servia, la Cartuja del Pau- 
iH^lft monda del Justicicro-Oruel en la que es visible el molde 
lltyeeerinadelaCasa Reñido Granada, las sinagogas, boy igle- 
. Uarfa la Blanca y el Transito de Toledo, en cuyos 
8 la inscripción hebrea alternaba con otros de caracteres 
' aun CÚGcoa aribí^os: del que sabio ayer, vive hoy 
if barbarie y sólo congerra de Andalucía una tradición 
CMfusa, por la que, en el desierto, traamitense. de padrea & h\- 
joB, Las Uovea de sus antigruas moradas í^) , para cuando en las ni- 
Bftoasboñadaccon amortiguado fulgor por la estrella deSoheil, 
a se levanta sobre las espumas del mar en el mediodía i'ii, 
ubole aegiinda vez, el estandarte que. defendido por sol- 
e llevaban la malla eu el pecho, el arco á la espalda, el 
iste á la cabeza, el alfanje al cinto y en la mano descomu- 
jtnl lanza, asustaron al Au^ústulo visigodo? Sí, las líricas im- 
provlEociones del Profeta , únicamente poReyó la magia de 

u rompimkuto cavsü la lUslrucclún tic uaa tribu. 
7, d« Sclinek. 

Ib popular rn OrlrnU', qup rl iioOírfo dt lo9 Aribes Uii obra 

ivlla Solwll 6 Cünopo, rn inotLDilenlo ho; bikcfs el Sur. Cuando 

1 lia loH tqulnocÍDS la (■slralla te pivrda pm Europa, no ho- 

KlOirabí UD montiin do ruinas, como croe el ilustre Schack. RHn 

Flendo D. Rafael Coalri>ras;y niÍFalras In rom de e9Ui úlil 

10 W mingH, tendremos Alhambru. 



Lvni 
inspirarlas , el ígneo zafiro del cielo , en que fué fundida la 
inedia luna que, en las llanuras de Sidonia, contempló ató- 
nita, una litera de marfil, llevada por dos muías blancas, en la 
que, bajo una cúpula de piedras preciosas, temblaba Rodrigo 
por su vida y sus tesoros, apesar del inmenso ejército, del 
enorme aparato de pertrechos y provisiones que le rodease; 
y entre la laguna de la Janda j Jerez, ovó la arenga célebre de 
Tarick, interrumpida por loe gritos de júbilo v entusiasmo de 
la hueste á quien se dirigía; vio primero rasgos de valor dignos 
de los tiempos de Ataúlfo, Walia v Wamba v una resistencia 
obstinadisima; después desordenada fuga, en la que, entre una 
muchedumbre de apiñados turbantes, cascos, pendoncülos, 
estandartes v banden^, flotaba la bastema que no tardó en 
desaparecer, cual nave que taladrada por el ravo, pierde el 
equilibrio v se sumerge; y más tarde un campo que resplan- 
«iecia, como si hubiera sido de rico metal, ¡tantos eran los en- 
dá veres con anillo!; por do quier /« s^emme f misfrriútM p^rrja 
éei ééí^r p ti nlemci0'; hundido en el fango del Guadakte. según 
la crónica, Ondia O' con silla de oro v rubíes: á su lado una 
sandalia de esmeraldas: t mis allá, una sombra encerrando 
en el misterio el sepulcro del último vastago de la monar- 
quia^ que, pof^vó una civilinción la más grande que habíase 
conocido, deiside la hora tremenda en que crujió d Capitolio 
T subió á su cima ol barbar» con la tv« incecdtana^ preln- 
diando un diluvio de fiíego y dip sanarte; ^dvilinciónl de la 
que $a\váivNnw nada ma^ en el naiifrairío de la F^paña ven- 
cida jvr k« t\\»tad<« hijos d<* la Arabia , la una <pie consér- 
vala fd i^í^'^ dfí^ Kecawskv, el /Vrv> Jm^tt y te^ libros de :^, Isi- 
dofv el hi^i^tMiM". 

Y <^l ambe t^ (^ata^a ap*:iQ^>«vai)a i^ K^ toar&Tilktfo: traduc- 
K« «V bi« )\i>^Mi« ^k'^ **b^r y oeí aúii>« de k artkrüoiid; 
qxw a\>i^ ^K* Vf^rwaiwir la* b^rwAítíi'pfcü fankxnkras y sasanidas 
<\>w la *í»T^wtiia^í a^fm1i<^H*í» x A>hniift. <^, faisífo tk* Rinac^ y 
la i^yvu^ww'ia i^\)iunftf at^U \ k^^xU. íjwswík^ r-l an^ óe la tierra 
doud^ ^ íK^i tíw^^ *A xNxaa X f4 ail* ^k» ia tj«>rífc óc«h3e el acc <« 



ceL^rabe que en MídÍQFi Az-znhra eclipsú Ib fama lia los 
■lifictoft de Al'Uaschid, y de los palncios de Cosroes, y que 
juzgando la suntuosidad y el lujo, la gracia de las virtu- 
du. brilió eD galanttis Üestíis. fío deslumbradoras zambras 
J «jercicios caballerescoa ; airviose lie la argeotería di> Bi- 
iasci6 para bus festines, de las telas do la ludía Jiara sus 
tieoilas, do la púrpura de Tiro, recamada de oro, para com- 
blutrla Gou sus mallas de acero, de los perfumes orientalcG para 
it la voluptuosidad de sus baños: el árabe caballeresco 
n su heroierao, delicado ó iodomable, hospitaiarig, 
tatínú lie su esclava; que juzga uu deber sacratisímo el cum- 
plir tt palabra empeñada, una iuBpiración celeste la filantropía: 
vi úmbe, cortesano ea sus victorias, que dá albergue, ea suit 
tleizares, ú una coborte de poetaa, que ja inmortalizan eu sus 
veisúe, las victorias du Ornar j Abubokor, la trajodia de los 
Omniadns, las épicas coaquistas do El-Mansur, la sabiduría de 
Aüalteio, ya cantau loe hechizos de Zahara ó las lágrimas Hora- 
das por Cinda sobre el regio tálamo nupcial de un enemigo de 
la ti de BUS padres; y que guerrero j bardo, tiene por ad- 
mirulor un pueblo y femeniles ternuras por recompensas: el 
inbs heroico y sensible, que vive para el amor, los combates 
j la gatantcrm; de íé profunda ; ciego en su entusiasmo; fri- 
T(do on sus placeres; fraude en sus empresas; magnifico en el 
modo de ejecutarlsB; y en el que ejerce la misma luscinación el 
harem que el campo do batalla, la transparente rauda que el 
tambor, el añafil y el atabal: el árabe amantÍ»imo del cuento, 
de la música; y en cujas inoradas fueron el mejor adorno 
mandolinas, tiorbas, harpas de cuerdas de plata y laudes 
cuajados de pedrería: el arabo que erigió el templo máximo 
d« Uahammad [11, el alcáüarde Said en Mála^;.... si!, está vi- 
vo!, existo!, j estarii vivoy existirá siempre, on laaljamaen que 
aún creemos oir las sentidas querellas de Abdcrrhaman, y en la 
Alhambra, que fué coostruida de las perlas y adornada con Ion 
eaca)esdelamásbelladela3hadas....;enla Albambra!, la me- 
jor Joya de la arquitectura que tuvo su zénitb, cu el siglo xiii, 
«edad viril del mundo de la Cruz» y jardiu da las Heapéridns 
de las literaturas nacionales, pues es el siglo de los NUbelmgDt 



LX 

y de los peregrinos ^e la Viola de anior, de los trovadores y 
troveras , de Juan Lorenzo Segura de Astorga y Gonzalo de 
Berceo, el Jacob de la poesía española; el siglo que abre la 
escuela de Jurisprudencia de Bolonia, las Universidades de 
Coimbra, París, Viena y Ñapóles, la que en Oxford inmortaliza 
el nombre de Alfredo el Grande y en Salamanca el de Alfonso el 
Noble; el siglo que plantea la libertad de instrucción, que crea 
una estatuaria, una pintura y la catedral, y educa á Alberto 
Magno, á Sto. Domingo, á Sto. Tomás, á S. Buenaventura y al 
generoso príncipe, conquistador de Murcia, arbitro hidalgo de 
las capitulaciones de Sevilla, que, legislador, filósofo, historia- 
dor, vate. Mecenas de los sabios, patrocinador de hebreos y mu- 
dejares y legitimador de su existencia, lleva á Toledo las acade* 
mías de Córdoba y las funde en las de los maestros y doctores de 
su Corte; establece la Era Al/onsi; recoge en su Grande et Gene- 
ral Historia las tradiciones judías y sarracenas; une con cariño- 
sos vínculos las letras y ciencias orientales y cristianas, y 
dos genios separados por antigua ojeriza. 

Oh! y con cuánta razón ha dicho uno de los hombres que más 
bellamente han sentido:^l mundo que nos rodea en la albo- 
rada de la existencia, imprime su mismo tono, su propio ser á 
nuestro espíritu y á nuestro carácter, creando en el individuo lo 
que se llama la índole y el acento nativos! Hijos somos de la 
tierra, ha escrito Lamartine: la misma vida corre en su savia 
y en nuestra sangre; y todo lo que la naturaleza siente y dice 
en sus formas, en su aspecto vario, en su fisonomía, en su 
esplendor ó en su tristeza, tiene su repercusión en nosotros. La 
rosada luz, los cambianta del horizonte, el apacible ultramar 
de las castas y sencillas tablas de Fr. Angellico, las nobles y 
elegantísimas lineas de Rafael, el claro -oscuro de l/conardo, los 
argentinos tornasoles del Corregió, el esplendor del colorido de 
Vecelli, Verones y Robusti, están en los horizontes de Italia; en 
los matices de las lagunas de Venecia; en los crepúsculos de 
hechizo indescriptible de la ribera del Arno; en la ciudad misma 
en que, al toque en el lienzo de uu pincel suave, empastadoy aca- 
riciador, brotó la Leda de plateada sombra, que en Berlín respira 
aire dorado, en una atmósfera de felicidad; y en el Apenino,.. en 



LXI 

las dudosas bellas tintas de sus albas; en la claridad de su sol en 
el alto merídiano; en sus dulces días de primavera ; en su cielo 
canicular; en la melancolía de sus ocasos; en sus serenas tardes 
de otoño; en sus efectos de luna incomparables; en sus lontanan- 
zas; en el contomo de sus cúspides vecinas de las nubes; en el 
de sus faldas, en las que álzase silenciosa la cabana: en el A peni- 
no!, donde sentis la tristeza inspirada por los valles 'j los sujos* 
como sus árboles, hablan un lenguaje encantador;; la alegría 
que causan las campiñas, v las que se descubren desde sus cres- 
tas, son las más artísticas del orbe : el reposo campestre; todon 
k» sentimientob que produce la naturaleza liajo sus diíere&tai» 
aspectos y cuvcs sentimientos se sienten mejor que se explican: 
eael Apenino!, donde tenéis los iris, las transparencias, la 
poesía, loe secretos que eoDstituTeQ el poder de la Pintura en 
Italia, que en sus cTcaciones La reunido todoi Uis géneros, 
con el singular maridaje qiie reunió en scs ár^iüZB el apólogo 
y la oda, el epigrama j la sátira, D. Pedro CaMíinóa. 

Paisaje andaldz. raisa:e aragonés v raisa-e ryyikzjj, son loe 
'Oodcs de ¡as r isnira» de Murillo, cel iíuco v ce Gova; Veiáz- 
cuez Levó á *U5 cuailr-:^ 'já azulacc^ OíMAC^rníJDZA wit. vela 
ciesdé e! ré%-io a^cáxar cocde i^istaha: Po:i¿áin los r^r.rí.¿t.'> 
ea aa decai*ia pTan-.eza, en su ¿cLíCi^ní v clásica üdaresud, en 
todo ¿a eiicanic. c.:l. dulce v ii.e¿:tah *i>ia '.xasí'ju Saa rúÍD2a 
^3aáá aaij;iaía¿ •ÍtI -ZíT^.ü, enir^ Ji» -.i* títíó: lÁ^xri, cíiadrcí» 

^iofloe La vc;«-:a-!í-:i :t A-*rj^- .:;t.?^ *!i *. :i.V:-^lor iii ^--ji a-*- 

^cr^Aráa^ ó-r x- f •:?':• «-•:••- i i¿-:nlit* - V^^v**, r: JfrA <e ^ 

lajCíi, á SrT-_a. i ^ r-Li*: :c. 7 ir^a, «:*t A ^surízj^ T>t- 
casa, ó? A3."'.*-?^. Icxc-a. rr^-r*.--- t rfc^iíw. -a J'^rwft- 
^ea óe la «Luí ir? ^ _i'a.-¿rla. . :.* ♦::*»''*ta *r:':rií í* -í -«o 
^js Lúe «ecojcrj* Jt xñ L i . ii»íi i* r:«;rT>áa- t *r.tr» **!.♦ rj> 
r:as la i¿ Iiíl^íc xx'aiii; i I>ijd V.T^sa: lerja 2«!^x::uAairiie «a ja 



LXtl 

verdad afirmada, que esta tabla ría bajo el pincel de Hobbema, 
esa inspire ideas graves, en esotra baja un idilio de perpetua 
felicidad: la serena melancolía que en los países amados del sol 
tales hechizos pone en las grandes sombras de la tarde y en el 
horízonte del mar, es la misma en el Tirreno y en Sicilia, que en 
los cantos pastoriles de Teócrito, en los madrigales de Ge- 
sualdo, en Pergolesso, en Bellini: si contempláis los mon- 
tes de Namur y Dinand, que elevan el alma á la contemplación 
do lo infinito; que con los ilimitados espacios que desde ellos se 
descubren y con sus selvas, seducen la fantasía de las razas del 
Ts'orte, dadas á lo maravilloso y á la metafísica, y que con sus 
nieves hacen interminable el invierno en sus cumbres, diréis 
que allí independizóse, el género de losHemling y De Bles: y si 
recorréis la patria do la gentileza, del amor, de los placeres, 
del servenicsio, del descarta de la precicanza^ de la letmán^ del 
planch;e\ país que ha escrito la ^>ffí^7Y/<j y la r«^^ra, en la corteza 
de los árboles de sus valles; de seguro, como el agua en peces 
y el aire en pájaros, las auroras del Ródano, los reflejos del sol 
poniente en las copas de las adelfas del Garona, las plácidas 
soledades de Aix, os mueven á pensar en la nova^ en la serena^ 
en la aJbada; en que si crecen en la Provenza tantos laureles 
es porque hacen falta sus troncos y sus ramas para Qonstruir 
laudes y hacer coronas; y confundís la música de las aves 
con la voz del trovador, en quien es tan visible el influjo de 
la primavera, como en los bandoleros y batallas de Salvator 
Rosa, las encrucijadas de las montañas próximas á Kápoles, y 
las impresiones que el de Arenella recibiese, cuando individuo 
de la Compañía de la Muerte, arrostró el plomo y el hierro de 
los soldados de Felipe IV, ó como en el Combate de los Cuatro 
días de Guillermo Van den Velde, las horas pasadas por el 
pintor del mar, en un buque de la escuadra de Holanda, mien- 
tras la pelea que ilustró el nombre de Ruyter, lo que Salamina 
el de Temístocles, lo que Trafalgar el de Nelson, lo que el Ca- 
llao el de Méndez Nuñez. 

Borao había nacido en esta ciudad, cuyo im{>erial aspecto 
realzan sus innumerables torres, sus cúpulas y sus monumen- 
tos y el tono recibido de Zaragoza, visible es en las obras de 



(hombre; produülu días, du una iiuagiuaciou de pauíuidas 
avias, como Ins iius circulaa por lua plantas del paieaje fjuc 
se descubre desde el Cabezo Cortado; de una mente claríaiiuii; 
de un espíritu de brío, pulcro y no faetuoso. Los cnracteristiciis 
del aragonús fueron laB do Borao. La cultura, la IrauquczH, la 
liberalidad, las virtudes más bellas de toda» \a.6 que ennoble- 
cen la vida, son loe nisi^'os dtstictivos de Zarngoza y eran toa 
dci sabio Maestro. 

H^debeadictóu, amigo abnii{,'ado, cariüoBÍsimo eepoeo y 
ptdn, tenia el culto do las grundes ideas y «entimíonluí:^ 
PMta, fue la justicia su númou; uriüco. üicmpre apliiudió el 
mérito con oatusiattmo y cousura lo Ceo y lo lorpo fofíiler 
Va rt naviter tu modo; tjistoríador, jamás mintió su pluma; 
litscsto. filólogo, artista, ol estudio íué para él nna puríUcu- 
Cíiíq perouDo; sofiudor, complacíase on cucarnur eii la realidad 
B¡» idea«i; carácter íntegro y bondadoso, amcao en sus cartas y 
coa versa ciooes familiares, llano en el trato, afable y dulce por 
aaturale'ZH. alma sencilla y entusiasta de su país, reunía un sti- 
^«ríor soDtido estético y un superior sentido moral. 

Borao era ua hombre de verdadera saber, que dobid á sí pro- 
lito la conquista de su envidiable fama, y uno do los espaüolus 
loi» útiles de los lustros que pasaron. Alií están, acreditándo- 
lo, «US inaumeniblcs discípulos, miicbüs du los que doctísimos 
maoslros hoy en la Holanda pacíRcn de lus letras, reconocen 
4u« deben sus tesoros intelectuales, más que al barbecho de la 
«tcación propio, ú h bondad du la semilla arrojada por el aire, 
■n k cátedra que liiio ilustre, el bijito.-iador de nuestra Uui- 

venidul. Alá sus obras! : las poóticRs en las que se ve 

un rate al modo du Lista ó de UuLlego, un vate acikdémico; las 
de enidícidu, las de bistoria, que contienfn un caudal precío- 
RO de datos y noticias; los trabajo» literarios sobre Lope y Mo- 
mtin, aobrc D. CíurisH de las Flores y el libro do Lesage, que 
pTOebao no era de los que sdlosabeu repetirantiguos juicios, 
sino de los que ofrecen novedades felices; sus producciones to- 
das, qnejustilican, en nuestros días, la ra;;tiii, con que en los de 
OarloloDii^, tan excelente cura de almas en el mundo de la belíe- 
mcomo en elmond, dijo el Fénix, que de Aragón ibiin á Casti- 



LXIV 

lia, los que mejor hablaban la lengua en la que Cervantes, amal- 
gamando, según V. Hugo la epopeya, la lírica y la dramática, 
produjo un bronce: el Quijote^ que es Iliada, oda y comedia. 

Una opinión mia voy á consignar. Borao poeta, literato, pu- 
blicista, filólogo para nada tenía ni más vocación, ni más 

aptitudes, que para la cátedra; ])ues su razón metódica, su e»- 
tilo castizo, su limpio lenguaje, su voz serena, su palabra re- 
veladora, la tranquilidad con que argüía, la facilidad con que 
dejaba en claro las tesis, ilustraban y convencían siempre; pres- 
tábanse, más que á otra elocuencia, á la enseñanza; á la que se 
consagró con íé sacerdotal, desde su primera juventud. Sí; éi 
vivió iniciando á varias generaciones en el templo de la verdad 
y en los misterios de la belleza, que sentía de superior modo, 
mejorando en cada hora su doctrina y el arte de grabarla en la 
mente de sus alumnos, que embelesados le escuchaban: y es que 
nunca olVidó que el magisterio es sacerdocio y apostolado; que 
desde la silla profesional no se enciende en los corazones el 
amor á lo bueno y á lo bello^ sin un retiro en que aprender. 
Tanto aprendió Borao en el suyo, que sus lecciones, modelo de 
dicción castellana v de oratoria didáctica , eran en un todo ori- 
giuales. En ellas oíanse, la prudente palabra de la hermosa tra- 
dición de la crítica española y los mejores preceptos de la es- 
tética é histórica; todas las peregrinas novedtfdes con que brin- 
daba el porvenir: y hallábanse fallados muchos pleitos de fami- 
lia de las letras, con tal sabiduría, que algunas sentencias cau- 
saron ejecutoria (i). Como Nuñez Arenas, Amador de los 

(1) Citaré uno de esos litifífios, como ejemplo. Laimblicación del Gil Bla^ 
de Santillana de Lcsagc i>rodujo¿<iuién lo ipnora? un gran ruido en la Espa- 
ña docta. El haber colocado la escena en nuestra patria, el haberse apropia- 
do griros y cuadros do nuestros escritores, indujo á algunos á la sospecha, 
de que el autor francés había tomado su libro de un manuscrito espai^ol. 
Hablóse de esto, más que de la orig-inalidad de El Desden con el Desden: se 
conjeturó lo más extraño, inventáronse fábulas sin número:— quién acusó 
á Lesage de haber tomado á Espinel sus más ing'eniosos pasajes y citaban, 
el de la posada de Peñatlor, el de la Sra. Camila, el del barbero con la mujer 
del médico, el del arriero de Carcabclos, el del cautiverio la Cabrera; quien 
de haberse apropiado materias de Rojas, do Hurtado do Mendoza, do Fi^ue- 
roa, de Esteban illo González del Conde Lucanor: el P. Isla, al traducirla nia- 
ffitítralmcnte, añrmó que la restituía á la lengua patria y la frase mereció 



I, Utlii y VonXatiaU, Cnmus y Fernandoz Espino contribu- 
yó á la nuova til tuaugurada ea España, en los estudios lit«- 
rarioa. Los j)i-ismii£ uctualus de la crítica; \a ley superior qne 
iHiniinó la iiocrella entre clásicos y románticos; la concepción 
liiatóncA ilel nrte, rekcíonnHa A ln^'ttr y tiempo; el enlace del 
uiilisiB fllosófíco con las aspiraciones de la literatura; toda esta 
dodhiu, qae es hoy heredad común, la popnlariüó Gomo en su 
aula coD la briUautei que en las suyas, loa que mejor lian )\it.' 
^o Gmiar amiffoi y La Verdad Soiptehiaa, á Gonzalo Fernan- 
ilex de Oviedo y Iab Voranas tiaigoda* de (iwirratar. y ti ituienes 
tnta gmtitnd debe la juvenil Eet«tica, que con claridad plan- 
te la «coación de lo sujetivo y lo objetivo; compenetra In na- 
tntrieza y el espíritu, en una armonía feliz; abraza con univer- 
nUdod los mondos existentes; y entre nosotros tiene un profe- 
nr ilastrc qnc ha comentado, corregido y mejorado á Visclxir; 
i{DC ])uede teer, ea sus respectivas lenguas, ta Biblia, las Tvs- 
niawu, el Varan y la dropfdia; determinaros e! sentido de las 
wlades. quo Kaulbach reprodujo con su pincel y deciros lue- 
^ el ndmei'o de cuerdas de plata, quo sujetaban la tienda, 
que con t)l rtíjü de su púrpura, retaba al ejército mandado por 
tn» reyes, tiue acampó on las N'avoe; y que os embelesará lo 
niHuii describiéndoos el Alcázar de Ion tieíe colores y la ffaíí' 
ÜM de S(Bi Pablo (D, quo Prudencio presentaba & los liombres 

ticprata tiemüi _^oñbia rmit/ent, 
el retrato de Santilí&na de Ing'les, el de los Iteyes Católicos do 

Ln»ni»,í. 1 iir.ili)ng»doB*pl»usOB. Boroo PD KU cúltdro J MI LID folloto de*- 
-' i'iirgO <Ir irstB «OQtleailB, il?ing>lrA ijva el (ill BlaB es en 

r'ií2d> nu>atrunnvi<lMplrMri>«Ra3y i'nT'oi'tii una Imita- 
. i.fDrtiuiaila,M)molo*HUi la candín aiabalslladaLviniD- 
i.t i'roftciadi Kr. Luli. LneacstfOneBUIcnulDadaFnDUPH- 
iíiiiii (H <inn nbra Infrcnluan, n|rrnila1)lfi A(il,ui U riiivno 
<~ 1^lll«^1ntnB^la<)¡l)osy siilrfl, Li rubesiOn f ucldail iiim 
II ii-molo rmunocf! y la críUcaPorliineetila ena uno v»rilB<l 

I iiaTftdíCpr a la diUgtiiim ile Borno, cuya perspicua uil- 
' Irispiismaa •|u»la histurla itBrlkutary la nalveraal d«l 

I I (.'«neralldad de Ina iloctus, sino rnuchna vtces, upcotot, 
>' KiuesDU Ba«p^hailo& 

.1 .11 Kuma por la devoolda rtr TaodoHio. 



LXVI 

Kiacou ó las custodias de Córdoba y Sevilla, que si os habla 
de los cristales, mármoles y mosaicos, en los que reverbera, 
con sus ascuas de oro, la lámpara en forma de cruz, con puntas 
flordelisadas , suspendida de una bola de filigrana, en San Mar- 
cos (i) . Si es tan insigne la juventud educada por Canalejas, Ca- 
talina, Castelar, Fernández y González, Salmerón, CollVehí y P. 
Castro; la juventud que educó ayer Re villa y educa hoy Menen- 
dez Pelayo; si por causa de haber entrado las ciencias estéticas 
y la ciencia de la literatura comparada en los Ateneos, los estu- 
dios crítico-literarios, «que más que otros inñuyen y labran en 
la razón y en el sentimiento;), tienen brújula y base; si el genio 
y el gusto rechazan los exclusivibuios; si el arte está en víspe- 
ras de ver reconocida su libertad puriíicadora; si borrados los 
anatemas que preocupaban la mente, y conturbaban la fantasía, 
el juicio se pronuncia, sin más inspiraciones que la belleza, que 
precede á lo bueno y marclia á la par de la fe, agradezcámoslo á 
la semilla que enterraron aquellos individuos en los surcos tra- 
zados por sus antecesores,.... por un Lista! , por un Gállegol; 
agradezcámoslo entre otros á Borao, — que sabía enseñar, hacer 
amable el libro, crcíir la pasión del estudio, á lo que debió el 
respeto con que se le escuchaba, el amor que hubieron de profe- 
sarle siempre sus discípulos, de quienes fué amigo cariñoso, 
guia y consejero, bien distinto de los Lanfranchi que acibaran 
los diíis de los Guido Reni y Zampieri, y de los Santafedes, Im- 
pcratos y Carraccinolos, que por ahí pululan, disimulnndo ma- 
lignidades, cual l?is (jue contribuyeron á afirmar á Ribera, en 
la senda de sus triunfos. Su lira, su péñola, sus trabajos histó- 
ricos y filológicos, sus merecimientos como Profesor, rodean 
de luminosísima aureola el nombre de Borao; y sus anhelos, 
devociones y esperanzas , le hacen venerable. 

Deseaba su alma, la propagación de la cultura y la felicidad 
de su país; que la soledad no acongojase al mérito; ver la ver- 
dad y la belleza en el Capitolio; y unido á los que apetecían 
lo mismo, trabajaba con ellos. A este fin, él consagró por en- 
tero su actividad incansable, á toda obra de utilidad pública: 

(1 Mi sal'io maestro, D. Francibco Fornáodcz y González. 



Niinovir; rurtúnu'iice, rii Uis rjup ¡irobarou sq brío, y fiestas 
titerarisH en Us (]uo Iticicroii ei (sarho nAturnl de su niimcti, el 
hlfll^ne v«te lie la Capilla ^r /.aituic, o\ argensolnno Monrcftl. 
«1 castizo Msrio de In Snla, el finÍBÍmo Matlieu y el i|ue. tao ñ 
deleffe d«l bnen deeir, Iw lioclio jiisticin ni lionradu historiador 
Conde Ttobres (Ih ¿1 inició en el templo de In |jaosín, ú jóvones 
del buen gusto de £>Rll[mH y de Peraiso, rctinidu ú unit ücioaii 
Túsenlo, ron enojo del epí<;framit, huliíeudo nacúdo [laní soljru- 
¡niinr i Príncipe: él fué tiin raritaüeo de la gloria del prújimí, 
romo el cnntor del Pos ilo Mnyu. Escribe Luis S. Jtmn Dalrfx 
eutahu; y apreeilrnse Borao ¿ estimularle h, U j)orae\cTttneÍii. 
Produee ZnpntB Bquel cuadro, que \tam copiarlo en ol lien- 
s>, haln-Ia qiie «ervirse de los piíicolea de Velaüqiiei y Bem- 
■•nuult; y liomo deslíMi en e! oído de! mievo snccrtlote de Apo- 
to, ttdflantr.' Llega Zorrilln al atrio rfrt Pilar, trayendo ornados 
«U iRdd y sti pandereta eon rosiis de Mújici. reüiiuina de Ro- 
ma, lirios de Florencia, tutipanes del líhin, nialisr del jar- 
illa de I.inriaraja, camelias do (Jiiitray conclias du nácar de 
la baliia de Ñapóles; y ííorao le tributa lioDores de sobura- 
ao úeX in^'euio, eu untt sesión ncn'lñmica, en la que empegó 
a crt'arsc un nombre, <•! fllúsoío distinguido que hoy resen- 
tí Ift cátedra (!c Acdtcii, en iiuestm Universidad. A. pro- 
paeerta y espensua de Olúxag^, señálase con un bronce, la 
rasa d« Qnel en que nncjeae, «el pintor de las costumbres do 
U olMe inedia y de loe camHeren featiraniente ciSraicos de su 
tpo«s,> el que Buperó á Moratin c i^runló á Quevedo en nnl y 
gneia: y Bowo, en versos tan acubados, como los de la Spíttofn 
del Capitán Quírós. celebna, que el vate contemporáneo de maa 
trenca aspo atan eidad. logi-e eu vida, i^l la lionra alcanzada por 
Citrvantíia y l>ope, dos siglos <lcspuo8 de an muerte. 
flhl al noblo msestru vivid, procncándoec ocasíonca do tradu- 

(li D. H&MonuroUpdinao, unoilc iMcrftleos uniironRtes qtu man i'<^ 
candan, j qulMW *1 'lur ioúh T»cun\lD, («-«rviridail ra la ihietrlaB Itlrri- 
rii.leiUco rnolgUBU, Ib H*iduid*d «a al culto a la (brnai, d» Uoiao. 

't3í Ka fl Dúm. 1 do la (^allf U>IM«dlo. fd lu villa de U Blu)*, ctl»b» |>ur 
d>UI0Td« «nrrfK SBli-r:— fiVlÜií.' OirírmlnV de 1106 nacM tn uta ea'ft 
fm u tie y iMpwtw ;hmM T>, Mhr"! rfmnn ft Jo» /Uvrern*. 



LXVIIl 

cir en obras sus deseos; bien dando impulsos en privado, bien 
sembrando ideas, en discursos elocuentísimos que suenan, co- 
mo una música de amor; que se parecen á ios rosales y jazmi- 
nes por la finura de sus perfumes y colores; y que en su abun* 
dante doctrina revelan, que su autor unía á un gran sentido 
estético, un gran sentido moral. 

Es Borao el escritor aragonés más respetable de nuestra 
época. El más popular también, por el cariño que siempre 
tuvo á su pais. 

Sin negar á Covadonga su importancia, ni á la Cruz de ios 
Angeles que es enseña solo comparable á la de Constantino, el 
árbol y los montes, amados en el corazón de nuestro cx)mpa- 
triota, después del árbol del Ciolgota y de los montes Olí- 
vete y Calvario eran, la encina de Sobrarbe y las cumbres, 
en cuyas rocas, en la base, escribieron nuestros padres leyes 
y en la cresta alzaron rey: reconociendo el heroísmo de Leó- 
nidas, la grandeza de César en Farsalia y de Anibal en la 
subida á los Alpes, la muerte ejemplar de Turena y la no me- 
nos ejemplar de Dessaix, que llega al teatro de una lid em- 
peñada, de rápidas maniobras, de terribles cargas de caballería 
y que ofrece un cuadro horroroso de fiebre, de dispersión, en 
el que hay contienda entre nubes que se buscan ó se cortan en 
el cíelo, humo en la atmósfera, sangre en el campo.... llega!, 
se lanza, al frente de los escuadrones que en pos de él galopan, 
sobre la Unea austríaca y la rom|)e, á la vez que el resto de los 
soldados de Bonapartc caen sobre las dos alas enemigas y las 
desbaratan, y saludado por el fragor con que iniciase la victoria 
y por los últimos cañonazos de la batalla, muere, ocultándose 
el sol por no verlo; D. Jerónimo hablaba con más calor de don 
.Jaime que del rival de Pompeyo y del demoledor de Sagunto, 
del collado de las Pan izas que de las Termopilas, del hércne 
de Muret, que del héroe de Egipto; como hablaba con más 
entusiasmo de las rutas cadenas de Marsella que de las ca- 
denas rotas en las Navas, del Cancionero de Urrca que do 
las Coplas de Jorge Manrique, del siucerísimo Conde de xVran- 
da que de Campomanes, de Asso que de Ustariz, de Lagasca 
que do Cavanilles, de José Leonardo que del Mudo; sin rebajar 



el jtedcstal en qne ee Iiallan colocados Luis Vives, P. J, 
Perpipiisn y A. Gnroia de Matamoros, el Pincífuio á quien 
M»riaeo Sicnlo tenia por mas docto que 6 l-cbrija. Foxo 
Morcillo, I.eon Hubreo, el astrónomo Altonsü de Córdova, el 
MtfWtua oepufiol Jor^e Juan, el Brúcense, y M ondea ; Siia- 
rez y ¡Saavcdra Fajardo, las preiUleoc iones del esclarecido Pro- 
iMor eran para Antonio Agustín, escritor elegantísimo v jit- 
rUconsulto de tal alteaa, que en él resucitaron, según Scoto, 
Paulo y L'l mus sabio y pitro amador de la justicia (l);Zuritn, 
hteturlador eximio, entre los inAs eximios de España; B. y h. 
da Ariraiiaolft que ciñeron los Inureles de Horacio y de Kslus- 
tiOt daUdft el uno de la Aea<lfmia de los Ociotoiy de la Poética 
iWMitna, y el otro maestro de D. Nnfio de Mendoy^, del 
HaK{DÍfl de Cerralbo, del Principe de Ksqailache;... 7 aunque 
ao participaba de sus ideas el biú^rrafo de PiguatcUi, pronun- 
eialm «MI orgullo los mMalires del sobrio, neríioao y metódico 
Hl(n»l Molinos; de Pedro Ciruelo, nutor dol primer Imlado rte 
Hit«miticas que se escribió en Espitñn, luminar de InsUntrcr- 
«iladcfl del Henares y el Senn, el más cloro y limpio do los es- 
plriliis: y del arnffon^s, por su nacimiento ó por su origen, re- 
dondo 6 cenizas, á In vm que bu libro, en \n pintoresca colina 
de Climnpel. á 1a vista del azul y gracioso lago de Ginebra. 
Borno udmiraba al Alfonso VI, en cuya época, jiod/a tina 
Ktjftutia caminar por todo ti reino, Hn peligro, Hecando fn la 
MOMO abierta iu» tesoro»; A los nobles que [loscyeron palacios 
ooiDO «1 del Gran Canciller Pero López do Ayala y como el 
que, (andado por el salvador de D. Juan I en Aljubnrrota 
eiimiK:h<l el Almirante ^ue m tenia par, engranileció el ex- 
ptrtfi eatdillo e Iik ik iliscretút y enriqueció el qno so hizo 
Duque dct lofnnlado, en la segunda bntalla de Olmedo; 
i admiraba coii mnyor delicia, al Conde W que tradu- 
t oonentó & Pompouio Mein, y escribió Ditcursm pn- 
» para la edueacim de m Principe y los Comentarios de 
I de Aragón en 1591 y 15tf2. al procer que gnnií 




IXX 

Ijíiiulera y mosquetes en San Quintín y el sobrenombre de 
Filósofo Aragonés en la morada del sombrío Felipe ó á D. Alon- 
so V , que representa el ápice político de nuestra nacionali- 
dad, con la magniticencia (lue representa el literario, el Petrar- 
ca Valentino:— él concedía coronas de luceros, á Píndaro y al 
Cisne do Mantua, á liacinc y á Shakespeare, á Herrera y á Al- 
Ücri, mas según diría Lamartine, los Benjamines da esa familia 
universal é inmortal, que uno elige, para constituirse la paren- 
tela del alma y la sociedad de los pensamientos eran, im Blan- 
cas, un Martel, un Costa, un I^tassa (¿ue vale un Plutarco, el 
P. Murillo, que escribía con el candor y sencillez sublime 
de Herodoto, el delicado Fr. Jerónimo de S. José, Liñan de 
Kiaza (¡ue manejó el romaneo á lo Góngora, López del Plano, 
tan querido del dulce Melondez, todas las personalidades insig- 
nes en suma, de la tierra que nunca ha faltado á su fidelidad á 
los fueros del buen gusto, pues si pecó Gracian, si escribió el 
Apologético de la Escuela del pernicioso cordobés y cultivó la 
prosa culterana, hay en su CriUca» párrafos que persuaden, 
de que el sabor del terruño es aquí iucomx>atible, con la perse- 
verancia en el mal. 

Nadie supo lo que Borao, de las cosas de Aragón. Conocía 
cual su propia casa los monumentos de éste, lo mismo la igle- 
sia de Alquézar y el Sepulcro de Calatayud, — ^]>lano en piedra y 
ladrillo de los lugares que más inspiraron á Chateaubriand j 
Lamartine, — (pie el palacio de Illncca y el castillo de Mesones, 
en hora 1)árbara destrozados; y hablaba con la emoción esté- 
tica que Vasari del retrato de León X , ile nuestros esmaltes y 
grabados antiguos, del altar mayor de la catedral oséense, de 
las pinturas de Claudio en el templo de la Mantería, de las de 
Goya, en la Basílica de la venerada Virgen que fué el Santiago 
aragonés, al inaugurarse el siglo. 

Cuanto redundó en pro de nuestra riqueza espiritual y ma- 
terial, obtuvo su esfuerzo. Todo adelantamiento, toda mejora 
favorable á las letras, y en especial á bis letras aragone- 
sas, mereció tenerle de su parte. Fundó el primer periódico 
literario que han dado á luz las prensas de Zaragoza, y fué 
alma y mente de sus ateneos, academia.^, y centros artísticos. 



Literato, en DomLre \á imiito ni de lii SiblioUca de Hscri- 
Ivrtí Arvffonetet, (le la que ee digna Mecenas lii Diputauíon 
proviDCial; y le (lelicmos ln& biografiasde Latass&, ['igantelli, 
KcbonR^n, (Jhssniayor y Vsnguns, escrilHS ttl moda ijue eu- 
«eSú n aiirrar la Vida de aa pereonajo. el grao Navarrel^, y 
lupttt-inn«eD quo eaculpiondo con migico buril, la efigie de 
I.OIWZ dul Plftno. convirtió en (amiliar lo ijuc urn sutes, unn cu- 
rioaiilfid erudita, lirítlco. ejecutó inibajos del valor de O. Urna 
f D. Ckntri de las Flortay El amar en el Teatro de Liq>f v los 
eatudioa sobra Ma^alin, el QiiijúCe y úCrntim Epistolario. His- 
Urímlor. produjo iinii liiatoriit ile nueatm irniversidud, ¿a Im- 
frtuU ttt ZarojioM y el A rbol <fr los Rene» y Prlncipfí arttffoofMí. 
PUólo^o. rlió n In estampa este Diccionakio, precedido de unn 
JwIndtieúiOK admirable. Voeta. noa legú un Somanceiv, no tetv 
ntinado ]>ar desgracia;' llevó á las tablua Is gran figura del mis 
ImUillador de los AUuubos; eacribió varios dramas, que son para 
ta Inetnra, luús que para la rcpreüontiicíua cBuúnicu. Esci-itor 
didáctico, euriquecid tas bibUotcciia con su Tesoro de la ¡n/an- 
cia. Vico- Proa i den te del Jurado y Proaidonto do una de las 
aeccioafa de la ExpoBÍcion Aragonean, conmgro aus vigilias á 
RttiHi-iitur U gloria alcouzadu por su país, en nquel oortúmen. 
Dh-ector dol I.iceo, lüzo de aquella ííociudad una almáciga lite- 
raria. Alumno de In Universidad de Znrtugaza. numcnló el nú- 
maro de los liijoB de bendición de In madre enplentisima de 
PtodencJo. del iluatro autor do Iod fastas del Justicia, de loa Ar- 
IKOMulas. del Dr. Andrea de llatarro». de Pignatellí: catedráti- 
co, morcciü QU Hitinl, donde ¡o Lubían tenido. Pedro el Onulor, 
iB-BiinlMdo por S. Jurónimo, Venioaa, y Sobraría», y Mnlotí 
lo, y Abril, y Juan Costa, j liortigaa y Portoiés ol 
B loerista, y Carrillo y Naearre y Guillen ci sabio y 
il Obiapo de i^aDnrlaa; Rector, elcvií la G.tciioln de que 
ano Oerbuna á la altura do las mae diatiniíuidaa de Ks- 
J narró laa ^raiidetna de la docta Casa qn» dirigió tanto 
, iumiaablo en aus alanés por onaltdcer á xu jials, auia- 
D todas las cosna por Borao. Ved lo que hace á éste po- 
■«1 quo ara!70D<!'s por su conn, lo era aai mismo por an 
;,.por »u3nlicÍone.H,porsuseatti(lioH, iioraus dotiw in- 



LXXIV 

en luz, esculpía como el mejor buril. El pudo haber producido 
una historia que, siendo una obra de arte bella, fuese admirable, 
considerada en sus regias críticas y método de investigación, 
enriqueciendo de esta suerte el joyero de la época de que somos 
hijos y que es tan gloriosa en el linaje de estudios, á que deben 
un rayo de inmortalidad, los Niebuhr, los Savigny, los Gervi- 
nus, los liumbres que han obligado á hablar á la esfinge egip* 
cia y al ladrillo caldeo; que «interpretando las raices aryas nos 
han dado á conocer al Patriarca de la Bactriana;» que en las 
márgenes del Hifano, del Granges, del Eufrates, de los cinco ríos 
que regalan sus aguas al Indo, y sobre las ruinas del templo del 
Sol de Palmira, han reconstruido el Oriente, con sus ciencias, 
sus artes, sus sacerdotes, susl sabios, sus astrólogos, sus gue- 
rreros y sus portentosas é inmensas civilizaciones. 

Si; él pudo haber escrito la liistoria de Aragón, al modo de 
un Zurita con estilo, satisfaciendo así una necesidad, más im- 
periosa, á medida que la civilización avanza, y el mundo clási- 
co, la Edad Media y la España que fué, remozan en un Jordán 
de juventud y resultan más bellas, que las que aprendimos á 
ver en las aulas. Son muchos los grandes días aragoneses, que 
no se conservan en el recuerdo humano, con la luz que doró ó 
plateó su ambiente: son muchas las figuras nuestras que resul- 
tan empequeñecidas, al lado de las castellanas: abundan por 
ahí errores tan crasos, como el que supone, en la canas- 
tilia de boda de Isabel I, las joyas con que se compró al 
Océano, el secreto do América. Hace falta que no resulte hu- 
millado por una hembra en las historias, el más grande de 
los reyes políticos y que conste lo pingüe de la dote apor- 
tada por las Barras, al escudo eu que uniéronse, á los Leones 
y Castillos. Yo bien sé (jue ea su obra , liabría sido tan vi- 
sible la pasión aragonesa, couio la de venganza cii Tucfriidcs, ¡a 
de soberbia patricia en Tácito, la de unidad italiaiía en Maquiadc» 
lo, la de portugués separatista en el au^or de La Querrá de Cata" 
luJía , mas hubiese hecho el bien inapreciable de añadir un 
peldaño á la escalinata por la que subiremos, cuando esté 
terminada, á un ideal que acariciamos. El historiador perfecto 
no ha existido aún. No lo fué Tucídides; no lo fué Salustio; no 




.Jen 



uloiaé Tito Livio; no io íuó el má& ¡/raHtle dí íus arí 
nt de kamlires, el Siinkespeave de U liÍHtona; nolo linn sido 
Uaquiavelo, Di Hiirtiulo de Mendoza, ni Muriana, ni Voltnire, 
niT hierrv. ni Mncnulny. Llcfriirá aio etnbaí^ un dí», en ijuese 
)ixpiUkittoi-ÍA por la kisloria. y Sin máá paaíon^ut la vei'tlad, 
g ia kermosara, releja y riaenniü: la tela dt la vida; y esto acou- 
Mconi. cuando termine la tarea de inveatigiacion eu i^uo ul si- 
glo xrx está empeñado. Hó aqui ol pur qué los iiorabres lu- 
voPKÍdoa por Dios consua (lonus, lieboii aumentar el número 
de toa que trabajan eu el campo, lertitiuida con sd tiúliil culti- 
vo, por lüs Mom^m j loa (íibbon. AdemÚB, nun<|ue precioesH 
Ub conquistad de esa oritica, de eae. fUolugia, eüpceie de Piedia- 
dtra de ¡a eteruiílad y de incUvaeioa tecreta gne nos nmduce i adi- 
rJMirfo^yawoe^nfUf, la historia no lia de liinitarsu 6 sortunn 
pura eaencia conservada an Uhron bíq estilo, iiL'otndA por notns 
T testimunios»; y si ha rie uonvertirae en al^ semojanta a 
atpteU» tiiufa alnoa, aérea al priuei}»» f iavwble, hija ik la tie- 
ira detpnes y de fftMiKia nuinijlftta aóto ]K>r »wi larga viirai'a 
ée vida g amor, «s preciso que, cada vez, sean inúnos mras las 
páginas, en que las virtudes puélicas estén eu el grado, que en 
la Inttatla de Ounaxa de Xeuopbonte. en tas Horcna de Caudium 
«le i.iviíi, en el naeeiunto dfi Roger de l'lor de Moneada, en el 
tOaíiae do Monjuích de Meló y en la entrada de los bárbaros en 
Boma, de Emilio Castelar. 

BoTiio podia haber sido útil colaborador, en la empresa de 
ncermmos á los tiempos en i|iie un Tácito, stiperícr á Tácito 
miatao, compoojja é interprete, los elementos dispersos de la 

^ nalidad, dando cabida a tuda la estética que admite el arte 
} de loa Herodoto j Mariana, que es superior á la olo- 
n gemrquía. Como iiabrJB descrita al Batallador en 
k & 11. Jaime en Mallorcn, á I>. Alfonso el Magnáuimo 
mi vL Puerto de Marsella, c! Compromiso do Caspc y las hazn- 
&u grabadas en el Tauro j el Bosforo, el «{ue nos retrató al al- 
aogivar, con pluma que Pnntoju Lnbria aceptado por pineell 

■ pAbl mucho, muy muclio perjudico á Borao el quebo hubic- 
Ola tiiuloria el centro único de sus afanes; y al poeta 
9 {nrefiido ú Hfírticnbiiscli, en que en ambos el ingenio y In 



LXXVI 

erudición, aventajaban al estro) el haberse empeñado en cultivar 
la lírica, la épica y la dramática; en escribir lo mismo sátiras 
que leyendas, epístolas que romances; en vivir tomando un 
día la copa de Anacreonte ornada de pámpanos y otro pulsando 
la cuerda profana ó abrazándose al salterio religioso; pues no 
era posible que tuviese todas las facultades exijidas para en- 
trar, pisando ñores, en el Alcázar de Hojeda, de Calderón, de 
Rioja y de S. Juan de la Cruz. Asi es que sus poesías, incluso 
su Romancero, que es su diamanto mas limpio, por las altas 
cualidades de historiador que á su autor adornaban, son nada 
mas, gallarda muestra de lo que Borao pudo haber sido, si hu- 
biese aspirado á merecer tan sólo, una de las tres coronas que 
constituyen, el atributo de la literatura. 

Ix> creo tirmemente. Si D. Jerónimo Borao hubiérase limi- 
tado á cruzar su pocho con la estola de oro de la didáctica, 
convencido do sus nativas aptitudes para el mas aragonés de 
los géneros literarios, habría aumentado los joyeles que testifi- 
can, que si nuestro siglo, nada ha imaginado mas bello que la 
Alhambra, ni mas sublime que la catedral de Burgos, ni 
de hermosura mas perfecta que el Apolo de Belvedere, la Vfr- 
gf% (h la Palmera y las Concepciones de Bartolomé, su lírica en 
cambio, vence á la antigua, por lo vasto de sus dominios, por 
lo delicado de la gamma de sus variedades, por la riqueza de 
su m(*trica, de su ritmo y de versiñcacion, por la superioridad 
de sus Manzonis, Leopardis y Foseólos: de sus I^amartine, 
Víctor Hugo y Mussct; de sus líspioncedas. Quintanas y 
Zorrillas; de sus Goethe, Heiue v Schiller; de sus Tenison v 
Byron. 

Y hé aquí que a Borao perjudicó muy mucho, una de sus 
mas bizarras cnalidatles. Nadie ha empleado jamás el tiem- 
po mejor, ni ha dndo menos dojicanso y paz al espíritu y á la 
péñola. Nadie le avontnjó on practicar con exactitud, el pro- 
verbio n 9^1/1 düs si'ñc li^en. que esculpió en su ]^leta, el pintor 
ilustre á quien honró Alejandro, concediéndole su esclava 
Campas]>cs por mixielo. 

Fué ol mayor enemigo que la ociosidad tuvo nunca; d tipo 
más acalvido del laborioso, del hombre útil. Más aficionado á lo 



mejor que á lo buuno, alcimíii síeiupre Ío mejor, que es el ebee- 
quio coa que Lu Procidencia demuestra su carjüo, al que tra- 
baja. 

E« mis ncceatirio este hub el genio ú loe fines providencía- 
los fie Ia histofÍA. Las imaginaciones privilegitulos comiuÍBtaa 
la iniDortüiidad en el tiempo; el trabajitdor, las paLmae de la 
etcraidad. No, no son loa siglos en que Horecen k adelfa y 
el mirto, los más lértiles en Llenes. El »\ireo de Horacio no 
salvó á Uoma; la centuria de Vela»}uez y de Quevedo ce uiiu 
canturía de decadencia: — en cambio, tmn lieclio feliz a la liumn- 
nidad. los que, k-oh t>u perseverancia , nuiijando In roca dd cns- 
tiUo. htcieron el grano de pólvora, que lialía de destruir á ésto; 
cncoatruroD en ol cristal una retina superior á, la retina del 
botabre; coustruy croónos el émbolo de la máquina de vapor, 
la retorta en que se descompone el agua y el aire, la palanque- 
ta ilol telégrafo, la prensa de Guttemberg, k lámpara de Davy, 
daada do la .Viña ó las cuerdas de la nave que dobló el Cabo 

Tormentaa;.. los que ban colocado, en 1& fachada del al- 
as su gloria, blasones que lucen en sus cuarteles, la 

escoplo, el nivel y en sti manto de armiño, lea mauclias 
LMuIor que cau du un rostro inclinado al suelo, entro las es- 
del trigo ó entro loa racimos de la viña, No son el pue- 
blo y el liombre más grandes los más sabios, si tienen dañado 
otCDiason; ni los mus lieróicoo, ni su aureola tiene color do 

, ai los más poderosos, si el puño do su eEjiada es una 

j {grosor BU imperio. 

que no exlsteu más clases, que las dcRnidas por las bue- 
obms y por la honra v que In ociosidad es vil, el puelilo y 
el hombro más grandes son los más trn bajad o res. Vivir es triL- 
bajar: no es otra caen la vida. Magnifíca es la entrada de un 
ejército vencador en una ciudad:— hojas de laurel cubren el sue- 
lo; gidlardetes y arcos triunfales sin número, se ven por todas 
partea; millurea do cabezas apiñanse en loa t)alcunes y venluiias 
ilclüsoililkios;y en las calles y plazas, un geutíoiumunsu aprié- 
tale, cndn insUinte más. Generales bermoaeadoe por bis victorias 
canwolean con su corcel, al frente de sus soldados ennegrecidos 
jor el humo du la pólvora; una lluvia do cotonas y de flores 




Lxxviri 

cae Hobrc las bniidera», acribilladas por las balas; deslumbren 
los reflejos del sol en las bayonetas j en el acero de las lanzas; 
millares de pañuelos se agitan; y casi apaga el mido que pro- 
ducen la infantería yartillería que pasan, los caballos que trotan 
ó piafan, las cornetas y músicas de los regimientos, los carros 
de la cruz roja, el estridor de las cadenas de los pontones, las 
armas ([ue chocan en las espuelas y estribos, los hurras de 
una muchedumbre, (]uo agítase, ebria de entusiasmo. An- 
te espectáculo tan deslumbrador, creéis estar en la conñueneia 
de tudoH los ríos que arrastran los caudales, en que se distribu- 
ye la oxibtencia: y sin embargo lo que veis son atributos bri- 
llantísimos do la muerte. 

Ku cambio al penetrar en una fábrica, en un día en que los 
obreros descansan, las silenciosas máquinas no despertarán 
el fn^ioHÍ en vosotros, y sin embargo allí el acero sirve al 
amor y no al odio, ]nies crea vínculos de gratitud y lazos 
fraternales, entre el i^obre que transforma el algodón y el rico 
para quien es la tela. Al pensar en esto, ¿^/ está la Tida! 
decís sin duda: como los (¡ue tenéis sensaciones rurales, al 
ver en los pueblos, la ausencia de ese fastidio, de esa me- 
lancolía, (^ue proyectan los vicios sobre las grandes ciudades, 
hl ver la \mi (|uo existe, en la choza que humea al caer la tardo ó 
(MI la casa cuyo vostibiilo adornan, trofeosde agricultura y en cu- 
yns íJHlanciaM os hieren el oido, piar úc golondrinas, arrullos de 
paloiniirt ó percibís las emanaciones de la alcazarra,olorá mosto, 
á luminoso aceite, á higoH (U^ mieles, á sabrosísimas frutas, á ya- 
ca de pezones ubérrimos, s(í os ocurre exclamar: es cierto, como 
dijo ('Ooper, ([ue Dios hizo los campos y es cierto, porque son 
los tidlores en los ([ue el trabajo, acerca la naturaleza cada día 
mas, á sor digna murada del espíritu. Los guerreros son los 
protagonistas de la historia pasada, porque la liistoria ]>asada, 
es la historia de la guerra: los trabajadores lo son de la novísima, 
porque esta es la historia del trabajo. Y en verdad que los unos 
arrebatan mas que los otros. Sublime, muy sublime es Bo- 
naparte, haciendo lo que jamos pudo el simoun del desierto, 
haciendo estremecer las Pirámides y con\irtiendo al Egipto 
monumental en adulador suyo; y sublime, cuando asusta- 



■'— '■■- -nrronea üo BU misina vietonn, empujaron un ni'ir 
¡¡odia, nraarrnroii á uiiiipcandRél. al arbitro <io las 
-i-nnradns de osle por un oi'énno, por un cielo, jior 

■ Niumllftiiela íonn tórmln, temlilnlmn como los olas 
j liiaMCii:-nlraB que guardaban al que tuvo BU Msipoen Canora 
y íU Apeles en Darid. al que niercciij qtic Ryron le- cantase, que 
BelUni le cubriese de Bíoiupre-vivas la turobn y que le admira- 
Be Manzoni, especio de Ralnul poeta, que conüeDHADdo en cuer- 
das eoaona, loa ra.vuti uiue daradns del aul meridional y lo» 
uuui dulces del sol del Narte, rci^oneilio en hub vergna, la enci- 
..-( .(r"-K-n í la liiguunilatiuii: sablime la liiuaúa trscrita pu 

;ii[iayo j eu las loin.is del Brucli, y Buhlime NelBOO 
ii iút.'tii.-a usada, rápida, terrible, conocedor de todos 

1'-^ do Ui6 aguas, en el instante en que vestido de 
¿na lifíií'.'rnie. straveaedo por un tiro del FerméabU, á la 
visto lie Inescitudm aliada en derrota j do loa buques ca- 
pAÜolcfl hundiérutOEu eu un AtlAntico de EBugrc, esclama, 
earrnndij loa) ojoa. praciax Dios mío, hf rwmp/idn rtm mi df- 
ier: Bublime Mooltko sabteodo. anten de calzarse las botas 
ileuuiutar. que Bit eorcsl rellucbíiría bajo el Arco de la Estrella, 
y aubliiuc Uendes^-NuQCz eu el Callao; BubÜme SkobeJcIf, 
cubi«rtu la blatica cafiacit con sus coudecoracionea todaa, co- 
lou qiiieu nsiifti! ¡i tin:i t;™') Hesta, Imai^ueando les BaUcanes, 
«n intrepidez 'litrrn de Anibnl, aiiaidso de convertir la me- 
<lja luna en eecurjiin de les cttbslIerÍKnB del Cmr; j subli- 
suPrim, hermoao, tmasfigurado, e^gunlc reproduce Fortu- 
DT, eaardecido por el espectáculo de las movibles tiendas, de 
)m masas de caballería, deloarelám pague de kiníant^rin. dclfuc- 
ptdelutiaterinB.por laoureriidiul de ius que avanzan, por el nLi< 
mero de loe que caen, por el valor d.-' losqueídsor beridos, eú- 
ranssMBHolodo intundinimiuoñ BUS enmaradas, por el as- 
pecto de fiure/a ¿a Iob c«d>lvei'eB, por U confiiaivn de Iob que so 
desbaadun, por el ningootÍBiuo eu lia, de aquella bora, en que 
lUaBo el liuuiD, copiuHu la sangre, lunguillcu ul peligro, ¿ lui 
tiempo BU oyen robustas vocea de m.irido. disparos da ruúleria. 
cañonaxOB, a;'^; ü? niuerte, toques de enronquecidas cernotap. 
ol raido ((ue producen los sables al rozar en las piedras, las ca- 



LXXX 

pingardas que estallan, las balas al partir los aceros» los ba^ 
tallones al calar bayoneta, valiendo él solo un ejército j nn 
caudillo, atraviesa con la rapidez del rajo un suelo sembrado de 
valientes exánimos, de armas, mochilas, cajas, instrumentos de 
música, ruedas y arcenes hechos pedazos, y espada en mano, á 
escape su tordo, penetra por el reducto en que fué gene- 
ral y soldado y donde la metralla respetó la majestad del héroe; 
porque no era cobarde, cual el plomo de la noche, en que las 
sombras envolvieron en el misterio el rostro de unos misera- 
bles asesinos, á fin de librar á la historia de la vergüenza de 
conservar en sus páginas los mas execrables, de todos los nom- 
bres criminales. 

Para mí es mas sublimo aun, el que voltea un puente, el que 
desinfecta lagunas y pantanos, el que construye la nave por 
medio de la que se cambia el nardo y las perlas de los golfos 
índicos, por el tabaco do América y el tabaco de América por 
la pasa de Málaga, llevando por do quier la comunidad del es- 
píritu; Kddison en su homo; I^sseps yendo y viniendo á to- 
das partes tan rápidamente, que no sé si él vá á ellas ó ellas 
al corrector del globo, ideando, sonando y ejecutando trabajos^, 
por los cuales le ha hecho Dios muy de prisa viejo, para no 
ver ociosas á las generaciones que han de venir, porque nada 
Iss dejaría por hacer cu verdad, si en el zénith de su juventud 
se hallase, el que ha abierto 2)uertas de bronce, en el istmo de 
África, á ñn de que entren en las aguas de la civilización las 
rojizas olas faraónicas, (¡ue |)enetraron })or las del Infierno (Ot 
para separar el Asia del pueblo arquitecto y geómetra, del país 
del símbolo. Aquéllos lucen aureola que deslumhra más; éstos 
son mas humanos y útiles. Y sin negar su importancia á un 
conquistador ilustre; á artistas de la talla de Van-Dyck ó De- 
lacroix; ú Keaumur estudiando eu los bosques, los trabajos de 
las orugas procesionarias ó á Beethovcu inspirándose en las 
melodías campestres, para escribir las Geórgicas de la música; 
nada tiene que envidiar á la del que triunfó en Waterloo> ó 
produjo el Cuadro de fas LlaceSt la gloria de aquel por quien 

(1) rucrto del liillerno si^iflcu Bab el Mandcb. 



liieiTon aiiora ea miUures Je pucíioi-os, patataa que alimenta- 
lia eeta nuche á sin númeru de tnibaÍHdores. 

?er esto, yo aplaudo el cncoutrnr ea las cumbres del Pincio, 
tü tas calinas melancólicas del P. I^chaiae, en la Abadía de 
ÍToBtminter, en los tumplüH y palacios do Venecta, los Imstos, 
lutumbae <\e los hijos mas preclaros de Italia y Francia, Je la 
pathadeiJIíakespeBre y de In ciudad de loa Dux: yo aplaudo 
i|uft nuestro siglo hnyn celebrado los ceotenarioe del epigrn- 
mítieo historindor Voltaire, de Rúbeas , Petrarca, Calderón, 
Haríllo, Sautn Tercsn y lijanzío: yo aplaudo la apoteosis de Goe • 
llie en el castillo dd Weimar, j deseo que baya un día ea Lisboa, 
aa Alcázar, en cuyas iluminadas paredes se contemple, en pin- 
Ouw al fresco, el ne«j ik D. Mimnel ct Feiít, & Ádumaslor cer- 
máidoie tobff el Ca6o, [aislaiie Venus, los pasajes mas primoro- 
nadalaobra producida por a(iuel ilustre g'loriñcaclor delamxa 
ü»n« que describió & lo Séneca el fui?^o de S. Telmo; que en 
ns ráiones del mundo y los iilnnotas parece un Dante; que 
gnecmS en el Atlas, combatió en el Rojo y en el Pérsico; y 
trino en Buena- Esperanza, soñador ea la India, visito 
casi toda In tierra; lo mismo el mundo ptolemáico y los 
países que descubrió Magallanes, que el hoy tan calumniado 
Goléete Imperio, que Ojwne el principio de unidad al federa- 
Hamo tártaro; que conociii la brújula, la imprenta, la pólvora, 
ki filosofía y leyú en los astros antes que nosotroe; que con un 
juiLso admirable ha descartado ¡o maravilloso de su credo; 
que lia dado un carácter practico á su moral y un carácter mo- 
ni & su religión; y que haciendo de la historia «un mayo- 
rugo del expiritu.» ha formado una especie de Iríbunald de 
eoncilio con sna historiadorefl, Pero si aplaudo el que Salaman- 
ca haya erigido una estatua al fraile que superó en la J'rn- 
ficla tiel Tajo la horaciana ¡le Nereo; el que Espinel en Ron- 
da, al Piítbir de /t» ÁHgflen en Sevilla, Cervantes en Madrid, 
Qauoou (luctaria, PIgnnU'lli en Znragoxa, reciban tcstimo- 
aios do cariño, cuuaígondos en íironcea y mármoles; deseo 
qnv igual acontezca li trabajadores, como Jacqunrd, DoUon y 
Ratnadcn i quienes debemos, un telar céltbre, la máquina 
divisoria y el acromatismo dclnntcDjo; como FuUon. Evans, 



UlXXII 

y el Celiini y Antonio Allcgri de la alfarería, soñador en el te- 
jar de su padre, en el taller de un vidriero y en la ig'lcsia de 
ChapcUe Biron; que aprendió solo, la geometría, el dibujo, 
la pintura y la estatuaria elementales; que en el Pirineo se hizo 
pintor y poeta, en los Ali)es naturalista, en Flandes, en el 
Kiiiu,en las comarcas privilegiadas de la Francia, extasiándose 
ante los liecliizos de los camjws, al borde de la?? fuentecillas quo 
retratan invertido el paisaje en el bosque umbroso en quo se 
oyen los mimos do las alondras, al pié del ro]»lc á cuya sombra 
descansa la oveja, ó bajo la parra que esconde el establo de la 
vaca entrelazando con las mazorcas sus racimos, convirtióse en 
teólogo, lilósoío, político y literato; ([uc Platón, Virgilio, Fidias 
y Ilubens de los obreros, un fragmento de Lúeas llobbia le reveló 
un arte sublime, merced al que nos reprodujo, la culebra dor- 
mida, el niño mamando, los juegos de Venus y los amores, 
una joven que, con el propósito de enseñarlos á las gentes, 
lleva en el delantal unos perritos quo ha sorprendido en una 
cama y que asustados sacan la cabeza, á la vez que la madre 
ituerde el vestido de la muchacha que apresúrase á tranqui- 
lizarla con una sonrisa, é innumerables vendimias de una 
sencillez encantadom ; que discípulo de la naturaleza, sa- 
bio, genio de corazón, redentor do la tierra vil, es el patriarca 
del taller, el numen del trabajo manual novísimo, el alfarero de 
la Odhco, de la Diblia y del Erfjnyrlio, ([ue luchando con su 
hambre, y con la incredulidjid e})igramática del ignorante, in- 
vencible á los obstáculos, ebrio de esperanza, con sed de gloria 
y de belleza, quema su casa en su último liorno, avasalla la 
musa de la inventiva, triunfa, y símbolo de la laboriosidad, 
inventor-tipo, mártir, rival de Kousscau en sus ('onfesioiie,^^ — 
do más precio aun que sus vasijns, — dulce, pío, virtuoso, con- 
vierte á Bernardo de Palissy en j)atronode losartesnnos y los 
libros de Bernardo de Palissy en Catecismo de la profesión que 
tiene por patriarcas á Coru*bus y Dibutades, su Jerusalem en 
la l\truria, su Atenas en la Ohina y su Florencia en la Arabia. 
Por esto, si hago votos, para que luego, nuestra Basílica guarde, 
con el cariño que S. Sebastian do Vcnccia las del Veroiies, las 
cenizas de Goya, á quien debe esta ciudad, entre mil Lencficios, 




!t tiuqne ile S. Cáitoe, Bagiindo milagro dsl arte, al 
decir de un iovea escritor ti), n toril undoso de que cu el pri- 
mero k In/ania Miryarila ilc VclaEi|UOZ, iiuc Jordán t Inma- 
\AUdoffiiui <ií líi pintara y de la que no sabíd Menp-B apqrtar 
1(c ojos: ni bendecirá el día en que reL-iban liomenaje B. Argén- 
BCdnan k Plu;ca da In Seo, Josef Lnzan en la de S. Miguel, el 
JiwtÚMUgro on la del Mercado y en el Patio do In universidad, 
Zorita; apetezco que ta |>átria por él tan amnda, toatiñque bu 
gntitod á ikinio, on un mo[iumi>nto. Sea éste el de la CQleccioa 
Ítem abnis!: ea la que carreejwaden loa sitios de honor, ¿ las 
laraonaa pronunciadas ea la cátedra por el docto innestro y que 
tltniiMí aiiiservtt manuscritns: y á una novela, no publicada 
aiLjiltisRGUQ venero de lenETunjc, Ib joya de iin gran narrador, 
itt un ftmn pintor, de un irran observador, do un escritor sin 
aaeia. capáis da cautivar á los que leen en lorqo de loa dora- 
dw velado reí», j en torno de las camillas de tosco pino l^). 
Tanto merece a^uel varan extraordinario!.... 
íi»ili(iniIiniraniilBiiiieyo li la iiimortalZnrugoía. Sus Lom- 
biM de furo y su claustra universitario son muy reepeteblcs; 
cao Im r.mctonoe pronunciadas, on In asamblea de juriaeonenl- 

'"■ =i'Hiíelprnn dialéctico Cii I lierges, podría formarse. 

:;iitntal:ensu3 Ateneos y Acndomiae, Ib juvsn- 
te^a inád trrates ú se enraya coa fortuna, en el 
inrioamor, Zorrilla yPrincijw: las redacciones de 
'luiiu-jijcl ICOS, son viveros tnn evcclünles, como cnnndo en ellas 
tltataba al escritor novel, üarraraa y Gonimlez; empeló Cavia A 
■Uatnrnoa su donaire y geniales afrudezatt; Pablo Ordas su co- 
neeiaa; y nos reveló sus aptitudes prodigioiías Arnau, orador 
ili|BlabrR ládl. i^Iaun y llorida, filúsofü pivfundo y literato Un 
dMo, quR conoce las litcmturus eslavas no inenoB bien que la 
fatria, jr nomenotibiuu que Rsnilmnd la poesía moscovita, y no 
M«noa bien que el Jlsplriíu de lax Itye» ú la Critica ile la itaton 
fW« los trabajos do Murray y Vallace sobre la nación de Podro 

I ■ ■ .. .¡i> U Via»M, POBu libroliitKlllaíohrí Ooya. 

. 1 Kia lia la txiBtfncin de ni» noirla Inédita d* Borao, i un 
-:', Villohormoaa, jicrsana iliulrndialma, cap&l de iiulla- 



LXXXIV 

el Grande, y no menos bien que las de Pérez Galdós ó Dickens, 
las novelas de Tourguenef , Pisemslky y Distoyewski, por cuyas 
páginas circula el aire frió de las márgenes del Volga, en las 
que anima el paisaje el burlaki tirando de las maromas atadas 
á las barcazas de hielo: de las imprentas do la capital han sali- 
do obras notables de medicina, de filosofía, de arqueología, de 
arte, de derecho: al lado del erudito, (i) que ha rectificado 
los errores de los analistas, sobre los orígenes de nuestro an- 
tiguo reino, encuéntrase el que mejor escribe el cuento ara- 
gonés C-í' : y próximo al banco en que á veces estudia el an- 
ciano venerable, (3) que ha hecho de su vida una profesión de 
la ciencia, veis copiando manuscritos al joven militar, (^) his- 
toriador de la Artillería española en los siglos xiv y xv. Y sin 
embargo el hueco que Borao dejó entre nosotros, de tal suerte 
no se ha llenado aun, que á semejanza del Conde de Castigliono 
á la muerte del Pintor de las Gracias^ bien podría decirse: — 
desde que está ausente del mundo el esclarecido maestro, 
ya no parece que vivimos en Zaragoza. 

Merece la frase el autor laureado de Los Fileros de la Union! 
El hombre de letras tiene ya carta de ciudadanía en tierras de 
la fama; y el nombre del Profesor será pronunciado siempre 
en nuestras aulas universitarias, con el respeto que en Pa- 
rís, el de los doctores españoles que allí enseñaron; en Sa- 
lamanca el del Brócense; el do Lebrija en Alcalá; el de Virués 
en Viena; el de Vega en Wilnia y el de Laguna en la mar- 
gen del Rhin en que se alza, una de las más hermosas mara- 
villas del siglo de San Fernando, San Luis é Inocencio III, 
el Dante, Santo Tomás y el Giotto; del siglo de las Partidas y 
de las catedrales de Toledo y Burgos, solo comparables en su- 

(1) 1). Tomás X. do Embún. autor di» los Orígenes del i'eino </í At-ajon, 
obra de un mérito indÍHCutible, que conHulUin lo8 doctos y que es una roa- 
nifestacion luminosa de la crítica moderna de los Dozy y Schack. 

(2) D. Ag-ustin IViro, quien prestaría un ^Tan servicio á la literatura, 
haciendo con los muchos y buenos cuentos arag^oneses conocidos, lo que 
hicieron los hnrmanos Grimn de los alemanes. 

(3) Moncr. 

(4) Arantogruí. 



IZXXV 

dtíAad á la aludida de Colonia, en la que nuestro Suriquti 
Olí. deáiombrado por la ilusioa de bienavea tu ronza que pro- 
dure In lu2 penetrando i>or Ins rasgudas vidrieras del termi- 
nada átietiie, encoutraba en toda bu perCeccion, el (austo aen- 
cQio jr h solidez gallarda, )a fragilidad y la firmeza, la cir- 
ratioia j la variedad, lu audacia ; el reposo. 



DICOOMAniO DE TOCES ABAGONEBAS. 



I). Chri»el de ¡^ Flortt, ce la obra maestra de Domo. Asf 
dicte nn ióven, á quien admira mucho, apeear de laa diferen- 
cias que de él me separan; pues en !a literatura, 

m Si e¡ ¡try de mi/acrim « mtmigo, 

^L Yú lo toy de ¡a nuga y m por eto, 

^C Dejaré de cumplirle tos oJSños 

^T Que porjatlicia y por honor le debo. !'.) 

Ko discutiré eon el Sr. Hencndez Pelajo , acerca do la exnc- 
tHud de su fraae. Ciímo? Gracias ai comprendo lo que escribe. 
d que aoB persuade con su universalidad j su rostro easi im- 
bectn:, de que no fué un privilegio otoi^do & otro siglo, la 
eviia de Pico de In Mirándola. Lo que si diré, qua este dilcio- 
NAKiO es la obra mis popular de D. Jerónimo. 

Poruña de laa muoUas bendiciones que la Divinidad lia dejado 
caeraobru nuestra G6[)ftña. ciñe eatu cinco coronas, que son el 
■tributo de su Imiierio arlístieo. Cinco son ana literaturas y 
cinco flualenguns, de las que hay recuerdos, en la literatura do 
Castilla y OD la lengua en tjue ec gritó liernt.' tierra/, en la nave 
d« Colón y Granada por loi Reyet üatilkoi, en la maa célebre to- 
rra núarita. BctnalJtcmtaraangttanseliojy viven, obedeciendo 
á nnaley de la bistoria, que no contradice In que impulsa ú la 



(I) CknAu^H. 



I XXXVI 

unidníl Iris sociedades. Ks muy útil excavar en las Pompeyas 
del pasado, en busca de las perdidas írlorias: es justo que el 
éuscaro procuro que salara del olvido su Altabiscar y el idioma 
que sirvió á Humbold i)ara investigar nuestros aborígenes y al 
i[ue estii reservado el verter luz, sobre el gran período de las 
razas hispanas, vecinas á las prehistóricas: es justa que el ga- 
llego recuerde, el habla en que el Rey Sabio cantó loores á la 
Virgen; se querelló Macins; escribió Rimbaldo de Vaqueiras; 
el habla (lue cultivaron los trovadores del Cancionero del Vah- 
cano, y la poesía, que perpetúa la inocencia infantil de la espa- 
ñola, (juo vivió de niña en aquellos robledales, donde la enre- 
dadera crece v las flores abundan v se confunden en un him- 
no, el cántico de las aves, las exclamaciones de alegría de las 
danzas, los aires de la albada, de la gaita y de la zampo - 
ña, el piar triste de las golondrinas, el arrullo de la tór- 
tola, el siMiido de la esquila del aprisco, el murmurar de 
los arn\vos, de las fuentes y de los follajes: es justo que el 
ástur ame el dialecto más á propósito, j^ara que un Melendez 
empuñe la caña jwstoril y celebre las dulzuras de la vida del 
cani^H^: es justo «jue el erudito, eu 1:ís orillas del Llobregat y 
dol Kbro, al pié dtl Miguolere. siguiendo las aliciunes de 
Osito siglo, indague el valor de sus JoriHs, Masilovelles y Ausias 
Mari'h. \ consagre sus vigi*i:ts.nl o>tiidio de la iengu'i con que el 
arv^uivloiix» duv o:i IVMet y Kiivl. >u> entusiasmos, el piadoso 
n>¿i eu ol trmplv^ do la .V v. " r .:,< , '.'íTt:*. ci artisTa pro- 
ruiujvon o*:UKvs,:ii Vo.\;o iio. ;. rt :;te v:e Fay ó en ins blancas 
ouiUv^.vs ti«i Moust'iix. dv^-.uio as'Utvv::.Si:::s en !a nií-moria la 
Iriüto.íi omauuv». Os^uk* :Ix* ;<'rv ::;>>:.. ^s o:i .:i nivrj.orin e! roman- 
00 Ui.MjMV, 'liuíx^ » U ,*'a\t sí. '.".:! t;ü.;í ,:e '.::; :«::? :irale ó bajo 
oA Uvlu^ do ,'4;o:\v. oív^r.o. u;í ::.. . 7s^ x la y :>-;._-"'.: •>/. t¿i:e peu- 
timíx iauijvíw»*» M,* j ..*:,'*. us,* ,r \ o.\\v::í. ;*r: '.t A'.h^r.:': rar... al 
v«iLtUxiU^%;o ia ',%'.•*:;;•) ,'•*. ,^;:oi-. ; .>'.o "s. v**, '. ;:*.." ^: ?.. . s cvusclle- 

^ •^•' . ' ' ■ •** ' ....,., > . , , ^ ...... ,- I r^ - 

• - ••^•■-«••..«-_,.^- .^ . ^ 





¡Ütr do Homero y de Tcóorilo, en Nájwle^. ea blikn, on 
Cou»tant.ino|iln,on liifinguna lie Almería, en Is niive de Cor- 
bern. cb las Navns. en el sitio i)b (jninitiln, en Lr;ipinto... Plíl. ea 
niuj justiil, i fin de que rücuerden la eivilizaciotí y ln HUifr- 
tiuU \o i|UH deben ú la Casa de loe ■Tniínes y do los Alfonsos. 

tíí!; luu^ juat4>,... t«n justo, como el respeto de las naciones A 

uti iKL-hii^u Ue glorín; ¿ lo que le recuerde jornadns célebres de eu 

- viivos preclnros; euee^os dignas de que el cincel se 

< UiándoloB;— ú bis nrniadurns del Cid j HornnnCor- 

"' fcil, C' & la Duraiiüal de Rolnndo y á la espada de 

Sueru de (jiiiaouQtt; ni inontanleüeOarcia Paredes; 

'f.i '^1 de Uáilcis V; a! casco ilo 11. Jaime bI Conquifi- 

< lUiiBcrito de un subía; á la ger.a paleta de nn Hoya; 

iij un MuzHrl; iiL cincel de un ('ntiova; al anteojo de 

^clsuiJ, ':\ Jiériw d(! S. Vicente y Alioukir: «I cuemo de cbí.» de 

Cftrlomognu formado de un colmillo de elidíante; á la caen 

de Ufllael eu la (Jontroéa árl Motit» (s; ; é la Peña del Amador do 

Uualrio-- tu ai Adnútico. Uassi lAlcren, el iuipirar& reconstruir 

litvrniiirt^, á i|»e ruverdejcan Tiejoa laureloB, i que retoñeare- 

mo»i>l4i. nüpiracionsH po'Jerosas un din, va una uU<p:n: pues 

ui luB uuli|.'U09 espíritUB pueden renovarao; ni el riberofio del 

Miño T ul A umUii, loe pnisauos de Ui rail vec«a inaigne Pardo 

BauQ V del eodarecido Anbau., tienen una civilizuciuu ó 

BM íttun i(n<! «xpresMr; ni la poesin brota vÍTn y animada «¡no 

li.tBsBIfna del que aíeilte. Hora .v pienan, loque siente y llnni 

blü ; pienm su si^lo; ni ne lopm lo diu^rndo por los que 

StlwJfKgonjhtvktñ ^nnnr una rosa de Jardín ó Ina tres 

r. punfraacandoii los trovadoras del n^lo xv. lamon- 

loaaetre de un pasado con el ppopüsito do roataurar- 

idose. allígUndoBu aobreun recuiírdo. — hito del almn, 

■viva de nigua aepulcri) que uaté en i-l corazón, altar 

íaneu del que «on iucien«o lua lítrrimas, — solicitattiio 

s cuicina tlu umi mueu cúiiüidn, melnncóUcn, pcusnti- 



■E M Ilamn Ui oipnila ÍA Oran Cniíltan y elrtn va las Jiirai nulva. 
i, CkkMiii Ulirmlu i'or Uuavi-nnio OHIbI pora Üirlm V. 
i , fionbra dt una osUi út L'rlilno. 



LXXXVIII 

va, hermosa en medio de su dolor, coronada de flores sil- 
vestres, como la Ofelia de Shakespeare. Porque el llanto, la 
esperanza dulce que dibuja en el labio la más apacible son- 
risa, son manantiales que fluyen la leche nutritiva y la miel 
dorada de la inspiración; pero un arte elegiaco, nada más que 
elegiaco, es imposible. La idea de lo que fué, jamás ha engen- 
drado un renacimiento: si no va unida á una gran confianza en 
lo actual, es estéril y aun perniciosa. 

Sí; jamás, jamás ha existido un arte, teniendo por única fuen- 
te de inspiración, el dolor. 

No me citéis los Trenos, páginas arrobadoras, dechados de la 
ternura y la melancolía , en su belleza completa y perfección 
absoluta! Jeremías era su pueblo transformado en hombre. No 
me arguyáis en contrario, recordándome los cantos de Hungría, 
Polonia y Bohemia, porque la cárcel en que estas gimen, guar- 
dadas por cerrojos, que son imperiales cetros y las heridas que 
les causan sus grillos y el chacal coronado, que tiene un lá- 
tigo de oro por atributo de soberanía, en las heladas márgenes 
del Neva y á la sombra de los cimborrios de topacio de Mos- 
cou, convierten en un grito de libertad, la memoria de lo que 
fueron las tres naciones esclavas, y sobre todo la que, madre 
ayer de Sobieski, llora hoy al que poetizó sus amarguras, á 
Ohopin, el músico Benjamín de los desterrados. Pero entre 
nosotros no acontece lo mismo. Ni Navarra, ni Asturias, ni 
Galicia, ni Cataluña, han sido víctimas de crímenes, cual el 
crimen de que lo es la nación Briseida,— gran maestra en el 
arte de morir, — que despedazada por las uñas de tres águilas, 
fué un día la más poderosa de la Europa Central y vio el 
estandarte blanco do Prusia, inclinado ante su bandera, en 
ceremonias, cual la conmemorada en el Homenaje de Alberto de 
Brandemburgo á Segisniu}ido (0. Y no; no se encuentran en 
el estado de la perspicaz raza judia, que influyó de un modo 
tan enérgico, en el progreso humano, el país de los Beren- 

(1) Cuadro de Matejko, premiado en la última Exposición d« Bellas Ar- 
t«s do Roma y que está en la Galería Nacional do Cracovia, al jado de La9 
Hogueras de i\'et'0)i, magnífico lienzo del {,Tan Siemiradski. 



gueres, yel que en la Kdnd Media ffué el primer Parlamento 
j 1& más alta cúspide de In libertini que habinae Imstn euton- 
ccB conociilo;»niel Bucewirde los hrnvosde l^íovndongn; ni el 
nieto del vasalto de Snnelioel fuerte, biznieto del liéroedc Ron- 
cesvallee; ni el devoto del i^ue aímboli-za la unidad capíritufLl de 
España, y dio au niHnbre, al peregrino de Compostela para que 
cristiiinizase la TÍa-kactea, á los que lucharon por el Evange- 
lio en la Reconquista, para crearles un lazo de unión j al sol- 
dado de AlíoDso YITI y Pedro 1!, & los David que derribaron 
i Almanior. ú los sitiadorefl de Murcia, Sevilla y Granada, 
para que su grito de combate fuese nn talismán, que les diese 
el privilegio del triunfo. 

Todas lua mouarqiiiHs, — peraonajes de la epopeyn que tiene 
su inicial on In Cruz de la Victoria H), — ntrnianse entre si: y 
Baoesivumentu dejaron de ser, con virtiéndose en España, en el 
altar en euyn presencia celobrüronse las nupcias de los Reyed 
Católicos, l'ara que alboree un Renacimiento, para florecer 
una pascua literariu, necosarioa son inteligencias que adivinen, 
genios dotados del don de profecíii; AtíobIob y no Petrarcns «1 
Tassos (|ue escriban pocntns á í^eipíon 7 ni África ó tallen un 
locero vespertino, como La Jrrutale'it Libfr(ai¡a. Lo que fué, «ja- 
mas despierta los afectos que vienen & ser, como los hilos miste- 
noeoa con los que se teje la urdimbre de la vida y se prepitm á 
Ik íntciacíou del progreso, las generaciones por venir.» Históri- 
carneóte hablando, las nacionalidades perdidas en la antigua 
Iberia, no son un dolor justo. Mus aun . el trabajar por recons- 
truiclae es, declararse relulde contra lu historia, pues equivale 
á desobedecer el cikligu fundnmental de esta. Si tales sentí- 
miealcs existen en alguno, enl leuda que no pueden c-onetituir 
un manantial del arto, pues el arte no es hijo de lo individual y 
si en cambio, erhemenlísima aupiynriim á la general de la aatarit- 
iaa «W komirt, ¿ lo/iUuro , á ía bienanenlitranza, j por esto sus 
sacerdotes mas legítimos eellamauGoya, mas bien que David. 



(II Lo eras romlDic* At Is RccocqulslB, fbrrutla én oro y guamcclda lie 
ptdiurtd pur Alfonso Itl ftt Magno. M guarda en el ri'l Icario ilfl la Címarn 
■anta do In etUdnil eTctmir. 



xc 

No quiero, no, el cultivo de las literaturas regionales, si los 
móviles que lo impulsan, son tendencias que ia crítica conside- 
ra bastardas, ó el vano empeño de continuar la tradición poéti- 
ca del siglo de oro, de la (jne carecen muchas de aquellas, fal- 
tándoles en su virtud el arte. La literatura catalana por ejemplo, 
palaciega, erudita y raras veces popular, antes de D. Jaime; 
con inspiración suya, mirada á través del espíritu de las 
reformas del Conquistador', sin pensanMento nacional, auu- 
que originalísima, en LuU y Muntaner; imit^idora hasta la se- 
gunda mitad del siglo xv, en (¿ue recibe los eñavios de la musa 
de Gastilla; no tiene savias, sino para producir épocas que, cual 
las de los Consistorios y el Gay Sader^ dejen tras sí máximas 
de retórica... «Los Quintilianos nunca han sido anuncio de 
grandes periodos, en la Literatura.» 

Todas las poesías regionales uniéronse; las obras escritas 
en el habla de Serveri de Gerona y Guillermo de Berga, eu 
que fueron traducidos los amadores de Laura y Beatriz, eu que 
cantaron los que obedecían las Leys de amor de Moliner, en- 
riquecieron el tesoro literario de Lüspaiía, que empezó á conside- 
rar tan hijos su\os, al que le legase el Minado de Palacio y á 
Juan de Mena, como al triste Rodríguez del Padrón, y al es- 
clarecido numen 0) Benjamín de aquel j/íozo dignisiino de rtic- 
jor fortwiia ij d^ padre nia-s ríiatiso (2); y desde el siglo xvi, el 
arte de Castilla, no expresa una particular cultura, sino la del 
pais que aprisionó al monarca mas caballeresco de su época; 
que limpió de j)initas las olas mcditermneas, eclipsando con 
este triunfo la fama del rival de César; que luchó en Mulberg; 
que fatigó los tornos, labrando fajas para sus caudillos. 

Pero si así pienso, aplaudo el que por otros motivos, se cul- 
tive la lengua de las Cantigas y sobre todo la lengua de la Co- 
rona de Aragón. Una lágrima que sonríe placentera produce 
siempre, la memoria del hogar bajo cuyas vigas resonó la voz 
de nuestros padres y hermanos: irresistible impulso induce ú 

(1) El Marques d c '^finí illana llama á Ausias March, gran trovador y ca- 
ron de esríarerirío inrjcnio. 

(2) Ei P. Mariana, reilrieudose al Príncipe de Viana. 



XCI 

las fnmilias á recordar su casa solariega, con altivez ó con la 
modestia que Quevedo, en su célebre epigrama íl-, á Ins en- 
tidades á no olvidar sus pragmáticas; a los paises á celebrar 
sus fechas memorables; á los individuos ^2) á amar la lengua de 
su niñcíí, y sobre todo si es la de los que formaron con sus 
picas, después de Guadalete, el Ararat de acero en que sal- 
vóse el arca de nuestra libertad, de las leves, culto, y lite- 
ratura cristianos, ó la del AUabiskarco cantúa^ ó la que es- 
cuchaba el peregrino en sus noches de vela, junto al sepulcro 
de Santiago. Y si á esto se añade, la justicia con que, nacio- 
nalidades enemigas de la uniformidad y de la centralización, 
buscan por el camino de oro de las letras, lo que otras corrien- 
tes no les procuran , el vivir bajo el imperio de la ley de 
unidad y de la ley de independencia, se comprenderá cuan 
nobles son los afanes del compatriota de Rosalía Castro y de 
los que, en la falda del Tibi-Dabo, se consagran á salvar el habla 
de sus abuelos, de la triste suerte, que ha cabido á muchos 
dialectos de la Edad Media. 

Pero, ni el que escribe Espinas, Follas e Frores, ni el discípu- 
lo de Aribau, alcen jendon para derogar la ley sapientísima, 
que crea ij (/estruje en procec/io de los hombres: no esj^eren re- 
surecciones que no sucederán, al borde de los sepulcros en que 
yacen sus literaturas amadas; que el restaurador, á lo sumo 
puede producir, un instante literario. Sin vida pública el cata- 
lán y el gallego, no han recibido la influencia (jue los lieclios 
generales y la martlia de la civilizaciuii ejercen en las len- 
guas, amoUlándolas á nuevas tendencias é imprimiéndoles 
novísimos caracteres. Kl escritor moderno, no luiede hablar 
como el del siglo de oro, cuyo dialecto perdióse para siem- 

(1) Ks mi casa solariega, 
má.s soiario«jra que otras, 
• ])UP.s i>or no U'woT tojado 

1«^ (la el .sol á todas hora^, • 
escribía Quevedo, rec<n' landu la suya, en el delicioso valí»' de Toranzo. 

(2) De ;-''iiia me sirve, el luajjfuí.ico iiscur.^o leido en la Academia e.^ipa- 
Tiola jior el Sr. Üala^ruer. ilustre hermanoen las leiras, de Federico Mistral. 
AjtruVí'cho e>ta coyuntura jara ofrecer ti tejátimouiude miudmiracióu cu* 
riñosa, al yran historiador y poeta. 



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: ras, i ■ i o r i lu 1 1 u , ■.' l >. i o».' .■■:.■...■ i .■ .V "x .■: , : :".i ": n ; : -i -? l - rrx'z ir:v.r\ 
t-a Ksi'tiiiii ;-::vi.i sc'-'io.vt y ".j:í,"";as .-so jlvl? V-- ^- ^L'^- 



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i' » . "' ■! .. '•- "l".". 

V . i'. is;í.-!i.i.' 'íi.i ■:'.;- 



á tí, que ea isu cieíwrrgllo no produzca lo diferenltí»; 
00 ol Üaiverao y Ja historia de líi uoidad j la 
sdsd; jr como el Cníverso y la hístona, las leoguas. La i'e 
s sulxlívidiüae on ionumoriiblea iHalectos. en la dorada 
ft de Ib perrnne juventud del alepre pais. que perfumii- 
bwi la miel del Hibln y el tomillo del Himeto: Koma no pudo 
ooRseguir la unidad nn el orlie de las letras, pues según obser- 
va nuestro TuUio. dJ Tertuliano trasciende á África, Séneca á 
cordobés y en los epigramas da Valerio, se vé un hijo de la ciu- 
dad BO^da á flor do tierra por los siglos, na el collado Bam- 
bala y un pala vi no, en el suave, honesto, y el ocii en te histo- 
riador, que escribió sus purractimcs, con leche pura y cniído- 
rosa. Dice con acierto D. Víctor Balsgucr: — ea ley natural (¡ue 
loa sociedades biiuianna est¿a somotidaB á la do unidad y á la 
de indcpcndencin; laas no se olvide qne la unidad, no evitando 
ol Scyln'de lo uniíorme, conduce á U servidiimhre liierática y 
!■ iodependencia, si no huye el peli^o de los profanaciones del 
Mho. cierra entre sus brazos. ^ 

(Ifimitt, iolorfs, /¡uerras, 
mwrUi, asolamfnlos, Jterot malta. 
Sí e«to U8 innei^ibie; y la armonía como la variedad, un pre- 
cepto necesario de vidií; si forman la personalidad Estado las 
personalidades provincias; catas desaparecen, al caer en ol seño- 
río do aquella; y liter.-iriamente, si su habla nativo es objeto de 
brue^os atentjidús en su dignidad, t'l herir la de las lenguas re- 
f^ionalea. e» nangrar la lengua putcín. i)ue será mas eximia y 
de salud mas tirmc. cuanta mas ex.imta y mas en salud estén 
aqnellns, ú scmoianT.a de lo acontecido en otras órbites, en las 
quo el poderío y el amor patrios, hállntisc cji raion directA, del 
amor local y del poderío provincial, l.o conürma La historia, 
l^spaüadió ejemplo do un delirio sublime, cuando Cataluña 
renovaba en lo» collados del Brucli la humúa de Loónidas 
inmortalizada por el Tito Livío de la Piutura Francesa, el grau 
^id; cuando Aragón eclipsaba en la» tiipijis de Zara^^za lu 



), Bmillo CtavcLar. 



XCiV 

fama de Sagunto y de Cartapro; cuando Bailen y los Ampiles 
daban su numbre á batallas tan célebres, como la de Manitho 
en los anales jjrrieiros, la de Farsalia en los de Roma, las de 
Poitiers y Simancas en la Edad Media y en días más próximos 
á nosotros, las del Garellano, Pavía y Waterloo. 

A las lenguas locales, es á donde ha de ir la oficial, en 
busca del modismo que necesite para agraciarle ó embe- 
llecerse. En mudo al¿runo á las estrañas; á las de genio 
diversu! En modo alguno á la que hablaron Boileau y Bal- 
Zíic, como es costumbre; pues si la lengua de Boileau y Balzac, 
al decir de Vultaire, es una {>obre orgullosa que lleva á mal la 
socorran con la dadiva mas humilde, tiene que ser muy ava- 
ra en las suyasl Kl ilustre Jovellanos, tiue pensaba de este 
modo, ideó el formar un Diccianario hable y aun trazó el plan 
de él, ávido de acaudalar el idioma en que escribiese, el Delin- 
cuente Honrado, el Pelafjo y el Informe sobre la Letj Agraria, Y 
con idénticos anhelos produjo Borao este libro Propúsose en él, 
dar á Castillf^quello, en i^ue Aragón la supera. Propúsose, el 
alejar de todo im[)ulso á hacerse tributaria del extranjero, al 
liabla de Lope, Tirso, Granada y Solís, obsequiándolo con voca- 
blos (jue, siendo propios, fuesen nacionales. La donación no 
podía resultíir ofensiva pues la procedencia de un agasajo, en 
nada disminuye el mérito de la grande/a que contribuye ú au- 
mentar ó á formar, como en nada di.sminuve la irraudeza de la 
corona de Francia, Inglaterra y Austria ó el cetro de Rusia, el 
(jue el MoHÍ'üa de Luz, el liefjentr, el Orlorr, la IintrcUa Polar ó 
el Gran Duque r/V Tosraua^ fuesen hallados lejos do París, del 
Támesis, del Dniéper y del Danubio. 

No, no se desdura la lengua de Cervantes, porque reciba de 
Aragón p;ilabrns (lue carecen de traducción castellana: de no 
aceptarlas, se priva de poder espresar muchos conceptos, como 
los cuutenidos en alreudar, ceprenar, esterna, eslemar y encal- 
lar^ ^ rcdoli/M^ ultranza ^¿ y zmizir »(\ 

^1; Arabuá se loen, en li.>s pyiviícijios de la C'nion. 
{'¿} Isulii nuchtru Zurita, frfcueutt'iiuntc. 

T Veansí- las Xolis del discurso de recepción, cu la AcaJeraia Esv'a?iu- 
la, del elefante historiador de los Trovadores. 



xcv 

Y no solo no se desdora, Bino que le aconsejan la aceptación 
del tributo, el sentimiento de nacionfilidad y el patriotismo, 
con tan varoniles caracteres revelados entre nosotros, pues el 
mismo móvil, la misma inspiración hay en la len|jrua del Libro 
de trotas del Rey I). Dionis, de las CtUitigos^ del Cancionero de 
Dama, de las obras del Habi 1). Santo, de las Luisiadas de Ca- 
moens, que en la de los hermosos romanceros, y de la poesía 
cortesíina y popular de Castilla. 

Xo se olvide que en la len^rua y literatura de esta influyeron 
la lengua y la literatura refrionales y sinjjrubinnente las de Ca- 
taluña y las del ])aís (jue tiene su Pelayo q\\ Alfonso Knritjuez. 

No se olvide que las producciones del donoso y travieso Ar- 
ci{)reste de Hita, las estrofas de Alfonso Aivarcz de Villasandi- 
no, los delires de alicer Francisco Inij)erial, los versos célebres 
del Condestable don Alvaro de Luna, Kl Desden con el Desden, 
y /;/ Exnmen de Maridos, ]ueflras son del Alcázar de las letras 
españolas y quo en tules monumentos^ visible es la huella del 
numen de la refrion, que fué mitro de j(d)Ho, oe prez ij de cultura. 

No se olvide (uie (-astilla adoptó por hija á la ])0psía proven- 
zal y se sirvió de las cuerdas lemosinas para levantar el espí- 
ritu púi'lico: (jue antes del libro de los Ilei/s d' Oriente suena 
en la patria del '.'id el huid venido del Kódauo, cuno laúd gozó 
de gran privanzn en Ins cortes leonesa y castellana; (jue un Tro- 
vador provocó el entusiasmo á favor del sitio de Almería y 
di() en la Pi-sninn origen al sirre;!fe.vin^ (^uo otro trovador saludó 
á Sancho JII, no bien este se hul^o sentado en el trono, votro 
lloró la rota de Alarcos y otro ])redijo el triunfo de las Navas; 
que Alfonso VIII y S. Fernando vivieron rodeados de cantores 

V el Rev Sabio tens-ionó con ellos en su habla, les llamó á sus 
consejos, les otor<:ó la mas hidalga hospitalidríd. 

No se olvide el carácter de la poesía castellana en su niñez, 
í[ue justilicanos, el que haya en el Dircionnrio de la Academia 
muchos vocablos de Provenza v niuchoscastizamente catalanes. 

Y i)or último, no se olvifle lo (jue las letras y la lengua de Cas- 
tilla deben á la < "asa de Arairon. Y si esto es así; si los ideales 
á que ie>ponde y traduce la lengua nacional son los ideales á 
que responde y traduce la eúskara ó la gallega, á la eufonía, 



XCTI 

á la propiedad del idioma conviene, el que trate de enrique- 
cerse, buscando medio de expresar con concisión, los concep^ 
tos para los que le falta palabra. ¿No las tiene, comprensivas 
áe dar en enfiteusis^ caer el rocío, recibir im golpe en la cara con 
herida? Pida á Aragón, á Galicia y á Asturias sus verbos atre%L~ 
dar, orhallar y afrellarse, de purísima fuente y de fisonomía 
castellana. 

La vida provincial favorece á la nacional, porque no es ne- 
gación del carácter denlos individuos la unidad política. Riquí- 
sima en oposiciones y diferencias, en virtud de su mismo prin- 
cipio, armonízanse éstas. 

Ahora bien, del mismo modo que la vida provincial y aun 
la municipal es de justicia disfruten de todos sus derechos, 
bajo las leyes de la armonía y dentro de la unidad en que viven, 
si hemos de tener poesía, lo es, el conservar las preciosas va- 
riedades del habla español. Mas aun; si lian de ser perennes las 
privilegiadas cualidades de este, es preciso que no pierdan las 
suyas los en que se quejó Macías y gritó detperta ferro el 
almogávar sacudiendo sus armas en las rocas al dar la señal 
del degüello, pues el gallego tan tierno, el bable tan dulce, el 
valenciano tan músico, el catalán tan vigoroso y onomato- 
péyico, el eúskaro tan primitivo, al proporcionar al idioma 
de Castilla los vocablos que le falten, le comunicará sus 
particulares virtudes, aumentando así las que á este carac- 
terizan, incluso su majestad histórica. Cuidando el ingenio 
laureado en Vigo ó en Barcelona su lengua, se favorece á la en 
que escribió Valera, Pepita Jiménez, ó el Drama tiiieto Tamayo, 
el Andrés del Sarto de los poetas del día, pues senza errori 
pudiera llamársele, y á la en que Castelar, el hombre de letras 
más grande de los modernos tiempos, pronuncia discursos en 
los que el castellano vence en flexibilidad y riqueza al Edipo 
y á los Diálogos de Platón. 

En catalán hablaba Capmany, cuando nos hizo el presente 
regio del Tealro critico y Aribau cuando fundaba la Biblioteca de 
Autores Españoles, que adornó con prólogos elegantísimos y co- 
rrectos; en gallego hablaba Pastor Diaz cuando leia sus ad- 
mirables lecciones sobre el socialismo, y en gallego habla la 




¡tora 0). que tiene onlaropúblieadelasletras, lagerart^uía 
de la Arvnai en las cieDcírm eociales; el eúskaro liabLa el au- 
Idr de páginas áe oobr de cielo ; con olor á rosa, y el bable 
Irablaron el tnnlor del Pflayn y Martínez MarÍDa y Caveda y 
D. Pedro J. Pidel; como en valenciano habló siempre Apa- 
riet, el orador dulcÍBÍmo, cuya fantaeía denunciaba qae naci- 
do era bajo UD empíreo niiís a^l que el más azul del Domi 
niquino, que es el pintor tle los enipíreoa hermosos; en la Ho- 
nsto de España, que estimula al lirismo y á la armonía; cual 
estúnuLan á la poesía espiritualista las márgenes de las la- 
gunas de Escocia ó loa canales de Holanda, y á inspirortio en 
los liecliizosde In naturaleza, ol valle delYúmuri, en el i|ue 
la tierra ea nzúcsr, la catarata del Niágara inmortalizada por 
Ileredia, los países en que brotan la flor de la píña y la 
flor del café, que han tenido en Plácido su Rioja. Decidme 
¿i quiénes dcbeu más gratitud que ú los enumerados, la sin- 
táiia y analo^^ia españolas? Al^ parecido interrogaría, sí me 
Tefirieae á Olivan, recordando su admirable discurso sobre 
el uso dfl pronombre él. ella, ello; á Carrascon, recordando su 
Laca liel ViUicaiio que vale lo que el mejor LurtHta«a\ á Ya- 

itin Gómez, recordando sus castizas pá.ginas y.... ¿porque 
itarle en el número, sí por tradicional derecho nos porto* 
I?.. . al Duque de Villahermosa, recordando bu versión <lel 
sublime de la Agricultura, las Geórgicas de Vir- 
gilio. 

Lo» cuatro so han servido en las conversaciones familiares. 
\y ved al ban prestado servicios á Ins letras) del modismo am- 
Kunéa; en el que hay la complexión y la contextura íntima de 
la madre, que en el modismo nacional; — del modismo aragonés 
puro, que en buen hora recogió Horno. 

¥ llegado es el momento de preguntar; ¿las peregrinas ori- 
ginalidades lingüisticas que D.Jerónimo reselló on el cuño 
moderno, merecen prestigio j ser erigidas en palabras españo- 
luY Vttámoslo.... 

itigoo y natural ea el deseo de conocer los orígenes de la 



XCVIII 

lengua del que esparcía los ánimos con las sales de Bretón; 
del que manejaba mazo j escoplo, á la vez que pluma de pri- 
morosísimo corte; de Echegaraj; del biógrafo de Jovellanos; 
y del orador insigne por quien ha eclipsado la fama de loe 
Rostros la tribuna de López y Olózaga. Los cerebros de centros 
y ejes más admirables, se lian afanado en su busca; y desde que 
el canónigo Aldrete dio á la estampa su notabilísima obra, nin- 
gún filólogo, ningún literato nacional ó extranjero. La dejado 
de consagrarse, á hallar las fuentes de los idiomas de este pais^ 
y sobre todo las del romance castellano, con el ardor que los 
esploradores del siglo xix trabajan por sorprender, en las ári- 
das montanas de la Luna ó en las calcinadas márgenes del Ní- 
ger, los misterios del gran geroglífíco del planeta, los miste- 
rios de la Libia. 

Este ya viejo anhelo, responde á la necesidad más imperiosa; 
pues en España, es tal el vínculo que une la lengua y la his- 
toria, que el sabio, en esas peregrinaciones por los campos 
de la investigación que se llaman estudio, en esas ascensiones 
de la mente á las cumbres de la verdad, no puede moverse, 
sin que le sirvan de Beatriz la una ó la otra. 

País hay, según observa el ilustre Fernandez Espino, en 
que el idioma salió perfecto de las manos de sus Dantes y Bo- 
caccios; más el romance, cercado en su espíritu de graves 
perturbaciones, resintióse de las contrariedades de su origen 
y tuvo muy accidentado desarrollo. 

Múltiples teorías, que contradicense entre sí, ha producido 
el indicado afán. El admirador de las fecundas é inñuyen- 
tes civilizaciones de Grecia y Roma, vio en el cast^jllano 
el sello de la lengua de Píndaro y Tito Livio; y el arabista, 
el liebraizante, vestigios orientales: quién como Huerta, Sal- 
cedo, Larramendi y el traductor de La Divina Comedia en el 
siglo XV, ciegos á la luz de la razón y de la historia, otorga- 
ron la maternidad á la vascuence; y quién á las teutónicas, 
como Munarriz y Sismondi. Ninguno de estos escritores ha 
dado en el blanco; ya porque al formar sus juicios, olvidáronse 
del carácter del latin ó del árabe, ya porque no entraron en el 
laberinto de los idiomas á que pertenecen las múltiples hue- 




RbbrímoB en el nuestro, con el hito de Ariadna 
qae Bolo es paeilile hacer, citando de comparecencia Ú los pue- 
blos propietarios de afiuéllos. Y tampoco han dado Valdós, 
HomlcB y Cobarnibias, ni el mismo Aldrete, ni ninguno de los 
qne, en lasúltimas centuria]?, buscaron las fuentes de ese Nilo 
de la ciencia filológica que se llama romance de Castilla, si c|uier 
lea debamos rayos de luz tan preciosos que parecen soles; por 
batierse olvidado tamliien. de las dificultades con que hubo de 
luclinr para formar su lengua, la nación mas hermosa del medio- 
día, y de comparar los elementos que formaron la cultura que 
lleva el nombre de ella. En los romances de Hspaüo, según creen 
mucha* celchridttdes, hay memorias de todos nuesti'os primiti- 
vos pobladores, sin qne híyase podido determinar, con exacti- 
tud matemática, que parte se debe á quién. Sígase !n opinión del 
Humliold de la antit:Uedai) ó In de Antonio Agustín, Lastnno- 
m, Pmnco, Ustarroz, Dormer. Albinno do Rojas, Huerta; la de 
los doctos, que en Ina monedas nutdnomas encontraron precio- 
9ia reTelnciones, es innegable, que en los tiempos que caen del 
lado de allá de los colonias griegiin y sírofenlcins, existían en 
el país ibero, todos los idiomas qne en él se necesitaban; 
cuyos idiomas, de índole y caracteres desconocidos, adulterá- 
ronse, al sentir la infiucncin riel de las gentes, que fueron 
llegando á nuestras playas. Cual de los primitivos prepon- 
deró, no es fácil determinarlo. Juan de Valdés, Mayans y 
Vclaziinez. fijándose en la estnictura léxica de los antiguos 
nombres <!e algunas ciudades y comarcas, ríos y cabos, dicon, 
<{ae el griego, olvidándose de que In soborania de éste, no pudo 
ser la que se supone, ni aun siendo verdad, lo (me nflnnan Ks- 
trtibon Cí y Aueonio ÍS»; porque los míleaios, zacutos y tocen- 
i. tuvieron en el interior de España, rivales poderosos que 
diflcaron con su habla, el del territorio por ellos ocupado; y 
a en el trozo del litoral, en que extendióse su domína- 



I Scjpin EatrstioD, tuvo csouelacn lo iluatrc fi 
tueuiae. Loogovo DomioioySiHiuUiao. 

(S) Sfpun ADsonio cBloblfclíronw rn Epafln miiclic 
fus diftinilt«roa por do qnleri lu ajlajonni littrtrln?. 



lelüES^Dofay 



c 
cion, ujcrció predominio la tiria, vigorizada después por la car- 
taginesa, que Tino á enriquecer el elemento oriental, ja inicia- 
do en la Península. 

Convertida en provincia latina la venerable madre de Viria- 
to, tras una luclia cuya grandeza cansaría la mano de cien Ho- 
rneros que intentasen cantarla, la religión, las costumbres, las 
leyes, las artes, las letras, pasaron á ser patrimonio de los ven- 
cidos y la magna obra que en éstos produjo Roma con su cultu- 
ra, pregónanla, las inscripciones, monedas y epitafios que hasta 
nosotros han llegado ; y además, un Porcio Latron!, maestro de 
Floro y Ovidio; un Junio Galion!, el dulce entre los cordobeses 
ilustres, al decir de Estacio; un Hyginio!, que mereció el epí- 
teto de PolikUtor{^)\ un Séneca!; un Quintilianol; hombres 
como el autor De re rústica ^ ó como el poeta de la FarsaMa. Na- 
tural parece, que se reñejase también en el habla de los mora- 
dores del país más épico de la historia, la influencia de la 
augusta ciudad del Capitolio. 

Los doctos antiguos compruébannos, las observaciones que 
arrancan de los hechos. Estrabon afirma, que cuando visitó las 
l<]spaíias, encontró en ellas las costumbres de Roma; que casi 
todos los pueblos que las formaban hablaban el latín, resistién- 
dose á darle hospedaje en sus breñas, algunos del Norte. Cé- 
sar, en una Asamblea que hubo de celebrar en Córdoba, habló y 
fué comprendido por los hijos de la Bética; cuyo aserto (2) con- 
firma Aulo Hircio Pansa (5^), el cual nos dice, que el liéroe de 
Munda, si sirvióse siempre de intérpretes, para sus arengas'!) 
do las (i alias, no los necesitaba en la Península, donde habíanse 
quebrantado conscientemente, las leyes de la Ciudad de las 
Sirio Colinasr 



{|> DÍHCí|)ulo do Cornelio Alejandrino, mereció el fiobrenomhre mismo 

^V^ Libro II. De Helio Civili, 

.\\\ Lu^rurtenionlo y continuador de César. Parte de la arcnfra de éste á 
U»M wviUanos reprendiéndoles por sus excesos, la conocemos por habér- 
ikknI» con^teTvado a(|ucl. 

^i> iVsar nos manifíesta en sus ComciUurio!^^ que no i»odía hablar sin in- 
Wi'pivti'st, en latiOalias. 



f 9i ñ estos testimonios se nSnde, el de la cnrtft de PoUíon 
i Mnroo Tnllio, el bosquejo de Amiano Marcelino do Ins cos- 
tumbres en el suelo santificado por las ceniyjis óe Numnncia 
y lo nseverndo por el Livio de Talavera eu uua de sus pá- 
{noss, crueremos por mil motivos, lo que la filosofía, la litera- 
tura, la arciueologia y la historia, alatiguan am tus rípicu/acio- 
na jr ntoititnteittoí, á saber: — ique al establecerse el Imperio, ern 
linlilada úijui por la geoeralidiid la lengua del Lacio»; — lo cual 
no dotic maravillarnos, porque según observa un escritor insig- 
ne, dsdas ian relaciones establecidas entre el Gapitolio y la Ib&- 
ría, participe ésta de los honores y derechos de aquél, llamán- 
dose ciudadano romano el hijo de Itálica desde Marco Aarolío, 
oblifrando la dominadora del orbe á sua magistrados de GapaSa 
i que nunca liablasen ni permitiesen instrumento público áino 
na latín, natural es que ee generaluuiEe éste, donde se alzan las 
columnas de Hérculesy estuvo el limite de la tierra. Sí, la len- 
gua del I.&CÍO hablábase en este pais general t no universalmen- 
te, según piensan muchos y entre ellos un sabio académico, 
pups como dice Amador de los líios, ol considerar por una par- 
to ha frecuentes alusiones que hacen, ya los poetas, ya loa tri- 
bunos, ora los historiadores, ora los Rcógrafos, á ciertos len- 
guajes do la Iberia y el reparar por otra en la imposibilidad 
de erradicar abaolatomente con la fuerxa de las armas y la 
tiranía de la políticn, los idiomas, antiguos en tan vnstns 
regiones, inducen i contradecir al docto Martínez &Iarina. 

En Sitio Itálico, ae lee, 

Misitditfs Gallfcia puiem. 

Barbara Kunc patnU ulitlaníem cariama lingmt: 
Estiiilion dice, que el turdetnno hablaba á su manera 3* que los 
«apañóles tenían la suya, aunque no todos la misma: Tácito nos 
reücre, que un rústica de la España citerior, grita en el tor- 
mento, en lengua patria, que jamás descubrirla á sus cumpli- 
ese: Plinio, al clasiBcar las piedras ricas emplendas en los ani- 
llos escribe. Súpania vocai, Hispanta apptUant; de Ennio son 
■quellns jialabras. BUpan^ Hon Romane tnemorflü loytU «te y Cór- 
doba mili poetit pingue qwddan tonantiiius aCjve peregrimn, de 



cnr 

Nieburh. Hé aquí la abuela venerable del habla del Rowumcero 
y del Alcalde de Zalamea, toda vez que ésta, según acreditan 
todos los léxicos, proceda del latin y el latin del sánscrito. Si, la 
lengua de Castilla procede de la en que se escribió la Btteida: 
ved su árbol genealógico. Es innegable la existencia del ser- 
tno rusticus y del urbanus y la del provincial y eclesiástico, los 
cuales, por diverso impulso , modificaron el idioma en que 
Lucrecio describió la Sicilia, el Herodoto patavino produjo 
páginas que destilan abundantísima leche pura y candorosa y 
Horacio, el jovial Horacio, el poeta predilecto de la vejez, rió- 
se de los vicios de los demás, con delicada gracia. Y es que el 
poderío de Roma, no pudo impedir en sus vastos dominios, los 
cambios en la pronunciación y la sintaxis. 

Que existían las clases de latin indicadas, ahí están diciéndolo 
las producciones escénicas de Planto y las palabras rústicas, ci- 
tadas por Suetonio: ahí. Cicerón, al quejarse de los muchos 
que en la Ciudad hablaban tan incorrectamente, que parecía la 
suya, diversa de la lengua docta. Es por demás sabido: el 
pueblo no siempre comprendía en Roma el latin literario. El 
Cardenal Bembo, señala á maravilla, las alteraciones de vocales 
y consonantes, en la pronunciación del campesino y provincial 
de Italia. Solo doce letras conservan el aire original en nuestro 
alfabeto, según Lebrija. En las ordenanzas dadas á Coimbra 
por Alboacem y en las Etimologías, existe la prueba de como el 
viejo y rudo sermo rusticus, iba absorbiendo al clásico. Mas, no 
adelantemos ideas. 

La latina, primitiva en el ciclo moderno, y sintética, 
es fastuosa, de una variedad de flexiones inagotable; de 
una comprensión que pasma; de un artificio en su sintaxis, 
merecedor de estudio. Su declinación, la más delicada; sus 
conjugaciones^ la envidia de las demás; y su hipérbaton mara- 
villoso, concede al escritor libertad amplia. 

A medida que sucédense las edades se trasfonna; se introdu- 
cen cambios en sus letras y la confusión en sus tiempos; se 
vulgarizan las terminaciones; — en una época, dibújanse en ella, 
al lado de los propios, los caracteres nacidos de la lucha entre 
patricios y plebeyos; on otra se la vé vivir, obedeciendo á una 



lej sa;a é inKuidn por el idioma de DemÓsteneH; eu oí Sipla de 
oro ndquiere cftnoa y en el Imperio vé descomponerse loa si^,'- 
noa representativos de las ideas, cual si fuese una verdnd, 
CMUoTirabosclii ha dicho, que en el propio aer del liabia que 
tuto aa lenith en las (ieórgiats y ol lUtimo do sus hombres en 
Sutilio. cata el (^<rmen de su decadencin. Que en Roma, donde 
la separación de clufies k determinaban üistaoc ¡as tan visibles, 
como k qui! media entre la cumbre del Capitolio y la cumbre 
<l«l Aven tino, hubo lermo nutíicut os evidente; — y cuando se lee 
& PUkBto y X Toroncio; cuando se recuerda el sir número de pa- 
labrea cattrfKíes que alojrironse en la len^a popular del TJber, 
&1 avecindarse en tas orillas de éste los veteranos, que habínnlas 
traido, cree uno ver idiomas diversos dentro de las sacras mura- 
llaa romdlea». El vencedor de Actium, en sus aspiraciones ¿ la 
unidad, á la vez que reúne á todos los dioses en el Pant^jon que 
Uiguei Ángel, levantará más tarde á los aires, convirtiéudolo 
allí, en corona del templo universal y eterno del culto de Cristo, 
apetece quetodoslc comprendan; y multiplica el uso de las par- 
tículas, convierte en más clara y jovial la lengua de tos arva- 
l«(t, preparándola á recibir el espíritu analítico de las modemae. 
Elt,,t»bia el latin rudo de la casa del plebeyo, de los campamen- 
ide la ergñsttila: en cuyo latin, la pronunciación, laeonjuga- 
]s declinación y las desinencias estaban atormentndns; 
las alteraciones que denuncian, las voces que ha con- 
MTvado Aulo Oelio. 

Vasallu aquel de la ley do la transformación, modiiicúso 
por particulares motivos, en cada uno de los paises que con- 
quisto ó colonizó Roma. Esta, al difundir por do quiera su 
cultura, según tlice muy bien liumbold, impuso lo que siem- 
pre fué. "el vehículo y el símbolo de la civilización»; y es 
frase de Borao. Mas la política indicada no se generalizó, bas- 
ta tos días del' Imperio; y el Senado ni logró siempre romper 
ta tradición lingüística en los pueblos sojuzgados, ni al apo- 
derarse de un país le arrebató su índole y aire nativos, i Lo 
i en cambio hizo fué, aumentar con dus legionarios y co- 
iUtares, las causas de corrupción de la lengua.» 
bien; por irrecusables autoridades sabemos, como re- 



a,>bi 



auíífiiu i)Hií^Ui)%íi, íiiuí \m hia^whháiium eru obj eto de pwi- 
'nmUm trnUrnn |><#r tmu woem profíneimles; que loe beriaxÍBiiioe 
gMÍi>» á ufMiiuiH movían á UiUrided; que el lengiuie culto hs- 
UéliiiáMi un tínUíáo míweru, al otro lado de loe Alpee; que á Ca- 
m««, Ui» lirói^ima á la ciudad de loa Césaree, no se le oooeedió 
al latiii , luutu tiampoa en que ^a tiritaba en el éter la amarfllen- 
U tttitruila vii«»i)ttrtiua del antiguo mundo: y no olTÍdando qoe 
üi^iittíuu u\ ibaru, ai púnioo, el galo, el celta, en laa comarcas 
ttpriaiuuadua |ior laa águilaa del Tiber, se creerá con S. Jeróni- 
mu, ((uu uu Uki Kti|tañaii, en laa Qalias, en África, la prononcia- 
(liiiu Y lu ui^pieaiuudol Lado recibían el cuño de loe hábitos y 
tnulliüuuiu* del 4uü1u quo hubieron de regar con su sangre los 
UórouM uitia «ublimea; del que sombrearon los druídicos bos* 
(|uuiá tuiudiía )Hir Ua liaohaa de César; y del de encendidas are- 
xmn léiilii'u ui que uació i^u ^Vguatin y meditó Flotino; se des- 
uubniuu, Vuuuuuiu po4* guia á Ampere y Canta, galicismos ó 
italmuiamua uu \x>3k tiuWrea de loe días imperiales; se dirá con 
C)aütuiar ^uo \uá vor«ki>a de Luoaao huelen i Abril de la sierra 
de ^'virdiil»u> W de Maroial á Calati^ud. 

Üi Itu lo^oM íouúiicuA varían del Septentrión al Mediodía, del 
puuU» l^ii^du4ul ou que uace el aol , simulando una rosa de 
Iu/m lil ^'u 4Ui> rtu \K^\0^ üimulaudo uu igneo carbunclo; si el ca- 
i'ui'ti'i' (lo )k Vik/A iuüuvo uu lae oreaciooes de los pueblos y di- 
^wuUi siiu» ('1 (h'luéiUo V líxi SifMtmgen^ los cuadros de Zurba- 
rúa N Uks ilv Tuaiortt, ol S« Itnac de Moscou y el Campanile fio- 
KMiliuu, lu:^ puortHH ilo Ciuiberti, e\ piaio del ¿e^iirto de Palissy 
w luM i .«(uiiipuH do lieuibraudt; sí la índole de la inspiración es- 
puúolu t .1 lu uiihjLuu oa todas Las edades; en la que Lucano des- 
iU^.M'nliio ol lK>aque marseilés y en la que Góngora produjo 
lu cuuriui) u S, Uetnkmegildo; en la que Marco Valerio pintó la 
iüliciiluil du lu vida con los iris de una moral consoladora y 
upiu'ihio s ou Ih 4U0 Argensola censuró los vicios de la Corte; 
en lu (|vio Col u me) a escribió su Htteriecilio y en la que Rioja in- 
uiort.Uizó lu rosu y la arrebolera en sus selvas; ¿cómo el latin 
Uü habíu de modificarse, s^on los caprichos de la lengua, ge- 
nio y ra/a del país, que dio al Imperio, el emperador más 
grande, ol retórico más insigne, el filósofo más profundo, el 



■merce 



rate m&é verdadera, el míe amargo de Job satíricos, el epiprn- 
mátioo sin par? El grado en que este cambio ae veríficij, se sa- 
brá, el día on que la crítica t^ane laconGanzado los monumea- 
tosBTijueoliJgricos; el día en que salgan de bu mudez, medallas 
qoii Eou un mÍHlerio todavía; y se conviertan en descifrados, 
indescitmbles alfabetos primitivos. 

Porque hoy, ignórase qué es, el sello que cierra esos maiuiD- 
tialja de la antigua historia; no tienen aun la categoría de doc- 
trina de (é, las investigaciones geográfico- ibéricas de Humbold; 
1<M libros de Fau riel están sometidos ú un análisis, que lia 
de decirnos, si lo que supone de los iberos y lígurios es una 
Terd&d; el viiacuence sigue siendo un enigma: la lengua y la 
UUtmtnni eúsknrns, aunque con persoiialidad on el mundo, 
merced k los lauros conquistados por sus vatea y á las táreos 
'" iJUl Moocault, de un Liichaire, de uu Hubbard. de un I,u- 
Bonaparto, do un lArramendi, no han cumplido, no han 
_^ ido cumplir á esta hora, las promesas que ncs hiciese el 
MUo P. Fita, al disertar sobre el monumento palpitante 6 in- 
destructible de la raza occidental más perfecta; más allá de 
1» influencia púnica y de la inñueDcín del noble país, en que 
csntaljan con iaímítnblo dulzura loa ruiseñoros, sobre el sepul- 
cro de Orfeo, no ae vé bañada por la luz del mediodía, toda la 
Península: las frases de los escritores citados no son tan dog- 
máticaa que excluyan la discusión; y loa estudios de los celtas. 
uuBSlrosaborfgeuQB, no han granado, ealaofitacion en que 
ancón tramos, 
llanos, pues, lente seguro para mirar el encarnizado duelo 
U lengua de Roma y las hispánicas, mientras la ciu- 
dad de los Scipiones pugnó por domeñar al país de hijos 
da hierro y entrañas de plata. Y fáltanos medio de saber la 
jVOBUDciacion, las inflexiones, la sinttíxis á que tuvo que ao- 
y que tuvo t|ue aceptar el Lacio. Lo que s¡ ae reconoce 
,Jft iofluoncia semítica, efecto sin duda de la vida que estn 
alcanzó en las üapañas según Hoeren;— influencia que 
MTiaiblo con claridad, en el territorio comprendido entre el 
Anasy el estreclio (leGades, por los estudios de Bartelemy. 
Dáteos, G ese uio, Hoppe, Bcnan, Swinton; de españolea como 



CVIIl 

Bayer, Marina y Conde; de portugueses como Sousa; los cuales 
(y lo mismo puede decirse de los Herder y los Dozy) son los 
patriarcas de la filología moderna. Lo que sí se reconoce es, la 
i anuencia helénica y basta para ello con ir de Marsella á Sa- 
gunto. Lo que sí se afirma es, que la estela púnica, no estaba 
borrada en el tercer siglo, por dos razones que dá un español 
respetable, y que arrastran el ánimo al convencimiento. Ul- 
piano (1) enumera varios actos que el hijo de África y las Gallas 
podía redactar en galo y en púnico; y que éste existía en la 
quinta centuria, en el continente de los desiertos, lo prueba un 
sermón del primer luminar de la Iglesia latina el sublime San 
Agustín. Si el púnico existía en África, en la época del Obispo 
de Hipona, no es de presumir que estuviesen borradas sus hue- 
llas, en las Españas de los siglos I, II y III. C^) 

El ¿atin eclesiástico convirtió en analítica, la lengua latina. Él 
ajó los hechizos de la prosodia y sintaxis de César; él destruyó 
el arte del Cisne de Mantua; él descastó la frase elíptica y des- 
truyó el hipérbaton maravilloso de las páginas pensadas á la 
sombra de los limoneros de Túsenlo. 

La claridad, impuesta como un deber sagrado á los Santos 
Padres, dice un escritor insigne, trocó en naturalidad la ele- 
gancia cortesana del periodo construido, al modo predilecto de 
Quintiliano; y el léxico cri stíanizóse, por las necesidades de la 
nueva religión y del nuevo culto. 

Y hé aquí, que si á la averiguación del origen del romance 
castellano no será fácil llegar, mientras con enojo de la lin- 
güística, de la historia, de la filosofía y del arte, esté caido de 
la gracia entre nosotros, el estudio del Sanscrit, no sucede lo 
mismo, respecto á la causa ])róxima de la formación de aquél, 
después de los trabajos de Sandoval , Aldrete, Sarmiento, Ve- 
lazquez, Vargas Ponce, Mayans, Pellicer, Nicolás Antonio, 
Amador de los Ríos, Monlau, Villemain, Sismondi, Puibus- 
que, Dozy, Ticknor, Fauriel, Circourt, Puymaigre y cien doc- 
tos más, que nos han dado (no juzgaré si con acierto ó sin él) la 



(1) Llh. XXXII Digesío. 
C¿) CanalejaH. 



letón üe cada uno do nuestcoH );if<is, de cada una do duob- 
Ins froEea y uua de cada utin de nuestras palabras. 

Antes que laa águilas del Tümc anulaEon en las Españas, en 
dlae cujD sol aaubln el eonrosado celaje d^ la íábulo, gentes di- 
«iwift arrilmron á la Península. Ni la venida de Tubal, en que 
oreen Floriim lie Ucarapo. Mariana, Masdeu j otros; ni la do 
Tbjsíb que supone la Bililia; ni el reinado de los Geriouee; ni los 
« de Tcarcon y Sesac; ui las hazañas de Hércules; ni la 

dioion de Nabucodonosor, pregonada, en la Edad Media 
s y rabinicos, que oreyeron bajo la fe de sii palabra á 

Utlienea.citiuloporJoeeloyE&trabou; tienen loa quilates de 
h verdail íucuestionable, en la balanza de la criticn. A. pesar 
lie 1k aatiiduriti do los Moliedanoa, los estudios acerca de les 
primeras cnloníns, no corresponden á la nobleza del afán de los 
• y etnógrafos, que se han fatigado, preguntando & 
■tilonciosos y remotos tiempos por su vidn, 

BÍ, yo por Boscho y Plinio, ya por Avieno y Eatra- 

: ya por loa (jue, como Velazquez, han arrancado de las 
antiguas medallas, alfabetos de signos desconocidas; ya por loa 
quo como MendoxA, liau ilustrado dólmenes preciosos;... sábese 
til, que á la Piminsula regada por el auríforo Tajo y el diu- 
mantino Hbro, llegaran, celtas, sármataa, aairios, zacyntíos, 
loe de Sanios, kis messaneases, los focouses, los rodios. los 
gálntas, loa curutea, los iberos oriontaloa, los persas, loa 
Uceücmonios, loa tirios y los de Cartago. Ignórase en qué co- 
marcBS se establecieron; qué ciudades fundaron; qué religión, 
qué leyes, qué lenguas eran las suyas. Sin duda no llegaron 
í ser pueblo las tales gentes, pues para constitnirlo. nece- 
saria era la unidad en lo que tan diversos aparecían; cada 
uno trajo sus creencias, sus bábitoe y costumbres y el idioma 
de BU pois natal; transparentándose, á través de las sombras 
de 1a época en que se ent^jrrd la raíz de nuestra civilÍKacion, 
dos elementos que predominaban sobre todos: — el oriental, re- 
pnwoQtado por los que hablaban «los oljpticoa dialectos do la 
lengua de Moisés y Jeremías*; y el occidental, por los que se 
expresaban en indo-scitay en el habla lastuosieima del país 
en que cimbréanse aun, en el Eurotas, las cañas de Barípídea 



ex 

y arrullan en las adelfas las palomas blancas que tiraban del 
carro de oro de Venus y llevaban la ambrosía de Júpiter/ al 
verso de Anacreonte. Sin negar el poder de la doble influencia, 
bajo la que nace nuestra cultura, en virtud de una ley racio- 
nal, como la que decretó el duelo á muerte de las dos razas 
rivales que cruzaron sus aceros en Zama, los españoles que, 
desde la época más remota, tenían distintos lenguajes y venían 
mereciendo el título de doctos, «sin abandonar su lengua ma- 
terna, guardaron las costumbres de sus padres» ; y el túrdulo, 
según Kstrabon refiere, venerando sus ritos, continuó consa- 
grado á la cría de rebaños; el morador de la Tartéside conservó 
sus sacrificios nocturnos; el lacedemonio y el lusitano j^^r/^^/ua- 
rou sus bárbaras y supersticiosas ceremcnias\ y el montañés sep- 
tentrional rechazó todo lo que proceder pudiese de aquellas 
primitivas colonias, que si proporcionáronnos la simiente que 
fructificó, en el proceso de los siglos, ni crearon la unidad, ni 
produjeron más obra que la de modificar y amansar un tanti- 
co, las costumbres de los rudos naturales de la Península. 

La transformación fué más trascendental, ya que no comple- 
ta, cuando desprendióse al abismo en el cielo de Zama, la es- 
trella de color de sangre, del primer genio estratégico que nun- 
ca ha peleado; del que abriéndose paso, por entre las nieves, los 
hielos, los torrentes, los precipicios do los Alpes, envuelto en 
densísimas nieblas que cegaban á sus ojos el dia, rodeado de 
privaciones, horrores y muertes, gana la altura, baja al llano, 
vencedor de peligros tan sin número, que á pico hubo necesidad 
de abrir veredas para que marchasen los elefantes, siega en 
Trebia, Trasimeno y Cannas la flor de los patricios, y abando- 
nado, sin otro sostén que su propia alma, rodeado de los ene- 
migos más poderosos de la tierra, vive en Italia diez y seis años 
derrotando ejércitos, y solo la abandona, cuando por salvar á 
su patria tiene que trasladarse á África, á reñir, en una hábil 
batalla, de importancia militar, por una causa enterrada ya, en 
una batalla nistórica, en los campos de Metauro, donde en la 
cabeza de Asdrúbal, quedó decapitada la esperanza del que se 
suicidó en la Bythinia, por haber sido más grande que Cartago. 

La transformación fué mas trascendental repito, cuando los 




de Japhet veaciei'on ú ios de Üea on las Españaa rono- 
d cuadro, ni que sirvieron de íondo los dramáticos 
de Trova. 
S ninguna de las lenguas de loa pobladores aludidos, ganó 
dderecho de conquista ea la Peuínsula. de todas ellas queda- 
ron palabras, frases j modismos, TÍsililes en nuestros días. 
Pori}ue las iüdigenas.es innegable «que superaron á la victoria 
de las ái^uiliis del Tibur y coexistieron siempre cou la domina- 
ciou derífndn de esta viutoría». El geógrafo más grsnde de la 
■oti^úedud Qoa (iicc, que enau tiempo, tribus enteras de Etru- 
ria se esprcsabaii en otrosco y que seis leuj;uaa se liablubitu 
on la Iberia: en oseo TepresentáTonao las farsas atelanas para 
divertimiento y solaz de los jóvenes patricios, lissta la época 
de ftquel emperador i[uc solada Rodrigo Caro con los epitetos 
dep/o./c/ieif y fWBií/i/ffor; bilingüe apellida aun pueblo de la 
Apulia, el inmortal autor de la Splstol/i ad PÍsoms y trilingües 
áloe marsellescs S. Jcrdnimo; y la historia, en muclias do 
sua pwginaB. tiene referencias á esos idiomas indígenas ó á 
lauque resultaron de las naturales alteraciones con que el 
labio rÓBtico y provincial pronunciiibn el latín;-, el latin!, 
con el que tiene aire de familia tan couoeiJo el castella- 
no, como entre sí, el válnco do lii antigua Dacia y el ha- 
bla en que escribió Bocaccio. el libro lEn gracioso como ver- 
Caátto, sp^UD una (rase poiitiíiein, en que dio sepultura 

ilft mitad teocrática de la Edad Media; el habla en que 

lizú á Laura, aquel solitario do Vallclusa que lo [ué 

amigo de los Collonnas. abad de niuclias iglesias, C'auó- 

de Sta. Unría de Avignon. y lo que vale más, primer 

Pontilice de la lírica. 

Si, iwrque interrofrnudo á la mente, después de leer á Hum- 
bold, el Prüiogo al Dicdonario de Lnrramendi, ú Erro, los catá- 
kf^de Aldrutu, lo investigado por Maynns, se deduce, que 
«D aucKtra lengua, liay palabras de todos los pueblos, que hoa- 
pedáruDsc en la Península, dominando la latina por las causas 
spontadns y por la amistad literaria y religiosa que desde el si- 
glo del autor eximio de la ciudad de Dioa, unió á los Obispos de 
-k Iglesia española con loa de África; pues ésta, que era etiton- 



^■^k nut 

^^^Boutali 

^^Tt(p> de 9 



CXII 

ce8 UD vergel frondoso de cultura, trasmitía á nuestros padres 
su amor á los Horacios y Tibulos, y de la eficacia de sus tareas 
son inmortales testimonios los nombres de los LatronianoB, 
Orosios y Dámasos; el de un Yuvenco, autor del Tenerable libro 
Historia evangéUca\ el de un Osio, el Padre de las Concilior, el 
de un Prudencio, vate tan sublime, que Yillemain le pone por 
cima de todos líricos que floreciesen, basta la centuria del 
Dante. Y como si España se romanizó, por las razones que 
Borao patrocina, v en el grado dicho, el habla de los pueblos 
conquistados no se perdió, ni quedó enterrado, cual sucediese 
al mármol de Zaocon; al ver el sermo rusHcus, el provincial y el 
cristiano, descomponiendo el idioma sintético, haciéndolo anar 
lítico y dando margen á los vulgares; señalando á la romá- 
nica española decimos, ved una hija del latin y de la lengua 
natural de los vencidos; del latin y del espíritu de raza. 
Aquél y ésta lucharon con el encarnizamiento que el numanti-' 
no y Scipion; en cuya lucha venció el pueblo y fué su idioma 
el de los grandes libertos del Imperio, un idioma cristiano. Mas 
no pisemos fuera de la senda por la que el latin llegó á ser ro- 
mance indeclinable, sin voz pasiva, necesitado del artículo, 
rudo, tosco, sin armonía. 

No ha faltado quien, olvidándose de la ley apuntada, ha su- 
puesto ([ue la razón del fenómeno está, en que las neo-latinas 
se derivan de la mezcla de la gótica y la romana, pero les des- 
miente el trozo del Evangelio traducido por Ululas que posee- 
mos, pues supera al latin, en lii|)érbaton y declinaciones. Tam- 
poco ha faltado quien suponga, que es el español rama del tron- 
co provcnzal, olvidándose de que hay quien asegura, que la 
lengua de los trovadores, no se habló hasta el siglo xrv y que 
Carlo-magno, cuaado necesitó maestros para sus escuelas, tuvo 
que buscarlos en Italia. Muchos con Muratori han creído, 
que el cambio fué obra de las irrupciones del Norte; cuya 
teoría rechazan hoy los críticos, ya porque la lengua de los 
bárbaros carecía de vigor para troquelar, ya porque la heráldi- 
ca no vé en los blasones de la civilización moderna que sea la 
encina de la Germania lo que está en el centro,. .. la encina 
de la Germania! , que por otra parte ocupa un sitio principal. 



f liíjiltbi cultura moderna, aegun 
'flléenn hombre de grande iiutorkJud, en los estudioa critico- 
lusttiricos. tIuL'orrio lits hcrmosus campiñns de la Italia ; pe- 
netró en Ronini subid ¿ lo ulto del Cnpitolio á esparcir por 
d orbe, el resplandor siniestro de su incendiaria lee; más 
tntallado por la supuríoridud espiritual y por el saber de 
loa veocidoe. abaudonó sus dioBes y sus costumbres; eoape- 
lii tiablar el Intin j alguno do ellos á escribirlo, como Jor- 
lUiidez; y de la herrumbre de su ori^cD. solo quedaros para 
uunorta, los nombres de los caudillos y los gritos guerreros 
lie la irruptiioit, conservados en la lengua viügar. Donde se 
dwpeuarou den torrentes de sangre huna, todo fué posible 
i Cailo-magno, meuos el formar una gramática teutónica; 
; etx España, el Visigodo no logró siquiera, la unidad na- 
cioul. 

Si la Iglesia fué on cielo de mil soles, recuérdeíie que tal 
UODtecid, cuando la mitra j el báculo eran hispa no-roma nos. 
Sa euobio degradóse bajo la dirección visigoda. Hénquila 
liiatoria daudo un meutis á Muratori. Y por no ser menos la 
(úacii, hace lo miamo. Cada pueblo bérbaro tenia su habla, 
luí peculiar suja, como sus tradiciones: — ¿bajo qué canon, in- 
tírroga con oportunidud un docto, había de efectuarse la tntns- 
íonuacion del latin y que lengua fué la corruptora?— Es indis- 
cntlblel; el espíritu romano destruyó la influencia germánica, 
■laide el primer instante, como In Iglesia llamó á sí Isa almas 
7 las flUnas acudieron; y la raza latina dio visceras á la civi- 
iiocioQ y á in historia modernas. Hojead y os convencereis, 
i Idscio, Amisno-Marcfilino, Casiodoro, Boecio y Gregorio Tu- 
mse. Y por otra parte, dejad á un lado ]a teoría de los que 
a en lenguas europeas intermedias; obserrad el parecido 
da familia entre el léxico de las latinas y el léxico de la de 
Boma; la semejanza de tu gramática de España con la del La- 
do; y concluiréis por decir, g»e la tradieioft UvgilUtíca comenada 
tB naetíro tuela y la ley general qiie U obliga i ¡¡a»ar de sintético 
a wutiliico, son los únicos elementos transforin adores del idio- 
M, que Iui'^Iq á salvia y á rosal de Pfestum, en las Geórgicns. 
He iüdicndo antes que el Visigodo, cnsi no dejó huella de 



CXIT 

SU domiaacion en nuestra patria. Es ley universal en la histo- 
ria, que si á un conquistador, supera en cultura el que es 
vencido, ríndele este, con las armas de su ilustración, por 
lo que el pueblo de les Suintila y I^covigildo, tenía que ser 
moral é intelectualmente subyugado, á pesar del muro de 
bronce de la ley de raza y de la ley de propiedad, consignadas 
en el código escrito á imitación del de Teodosio, en muchas de 
sus páginas, y en el que se retrata con fidelidad, la conciencia 
y el espíritu del vencedor de Vándalos, Alanos y Suevos. Ley 
de raza!; ¡ley de propiedad! En su fondo se vé una sombra; y 
es, el alfanje que ha de triturar y convertir en arena del Gua- 
dalete, la pedrería de la corona de Ataúlfo.... 

A la venida de éste, desaparecen las artes; las ciencias, 
y las musas toman asilo en sagrado; poco á poco, los oprimi- 
dos, con sus historiadores, teólogos, filósofos y literatos, asom- 
bran al triunfador, le esclarecen y suavizan el espíritu, le sedu- 
cen con su grandeza; y convirtiéndose, por su misma superio- 
ridad, en firmes columnas de la España visogoda, consiguen su 
primer triunfo en el tercer concilio toledano; en el que, 
proclamada la nueva fé, el oleo de Recaredo debilitó las 
costumbres septentrionales y convirtió en monumentos, las 
ruinas clásicas. S. Leandro, á quien pertenece la gloria de 
haber preparado la proscripción del arrianismo, proclamó la 
unidad del lenguaje de la Iglesia; S. Isidoro, fijó en éste las 
reliquias de la cultura antigua; y desde entonces, «todo tes- 
timonio público, religioso ó civil, breviarios, libros litúrgi- 
cos, dogmáticos, místicos, de polémica, códigos eclesiásticos, 
rituales, himnos, inscripciones, epitafios, leyes militare?, apa- 
rece, se formula y se redacta, en el idioma que, aunque deca- 
dente, conservaba los esmaltes de la literatura de Propercio y 
Ovidio. 

Al abjurar el visigodo la horejía de Arrio, hablaba una 
lengua, bien diversa de la hispano-latina, anatematizada en el 
concilio; y que dejó de ser escrita, porque las llamas devoraron 
todos los libros contaminados con el error, en hora tan bárba- 
ra, cual las de la intolerancia de Almansur y Cisneros y la en 
que el árabe cegó el canal del Nilo abierto por Adriano: y no 



p), ÍDCendió la biblioteca de Alejaiidrín, porque el hecho no 
tstáüetodo punto comprobado. El visigodo coQvertido, aaí c&- 
oo coneervó la domiiiHcion política, continuó b&blando 1» lan- 
gas de Ulñlss, depositarla de las Sngradns EBcrituras y de ka 

tndic iones guerreras del invasor escandinavo del UlfilasI 

que Bustituyó loa idólatras caracteres rúnicos con los de su 
sombre y que compuso el célebre alfabeto, cuyoa signos son 
psrte griegos, parto latinos, parte greco-latinos y parte orígi- 
onles. 

En In Jnnda fué, donde por s^rlo todo el monarca, desapare- 
ció un pueblo: en la Jnnda fué. donde se borró la ley de la pro- 
piedad y do la raiía: en la Janda fué, donde al perder Rodrigo 
la vida, el cetro, el caballa y la herradura de plata de éste, per- 
diÓBií una tcngua tan distinta del latin, como la letra ulfilann y 
U ÍBÍ<loriana. 

Siendo una verdad la separación BOtrc vencedores y voncidoi 
y qne al asentar aqudlos su dominación en la Península. Imbia 
CD ésta, despojos de las lenguas ín<li¿-enaB. es natural, como di- 
ce Amador de los Rius, que el latín no pudiera ser hablado por 
visii^odos y rumanos cuiil en loa diaa del Imperio. Desde la coa- 
(esion de nueva íé de Recaredo, el sacerdote católico aficiónasa 
al estudio de la aatigüedad: y atleiónaose. así mismo, un Bul- 
garano: un Sisebuto, de decir elegante, protector de las letras, 
doctisimo y que si no de la Vida ile S. DesiiüHo Mártir, segiin 
creyó Mariana y negaron Kicolás Antonio, Fabricio y Ambro- 
sio HoraI<*^, fué autor de las ocho cartas pubbcadas por Flo- 
re»; y un Chindasvinto, el primero de loa Mecenas, quien por 
la esoügida biblioteca que formase, ocupa un solio de oro en el 
Aleáüar de nuestra civilización. 

8t, el primero de loa Mecenas; i>orque si Augusto lo fué del 
Cisne de Mantua, Luis XIV de Boileau, Julio 11 de Rafael, 
Mam Teresa, de aquel Motastasio que recorrió, improvisando 
Tersos, Ins calles de Roma, á fin de ganar pan; Chindasvinto lo 
ea del m&s glorioso de los episcopados y de los que persoaiticaa 
la ciencia de la Iglesia, dcspuea del autor de las Etimologías, — 
Tajón, Eugenio y el ilustre H. Braulio. Ved loque contribuye á 
^Ofl sea taa brillante el ocaso de la lengua latina, en el que ea 



;s.": .: ;1 coatorao del antiguo españolismo y el del goticismo 

.".T :'. Mro monumental de S. Isidoro, se demuestra, 

iv. . i'M ir. Kspaña idiomas que, aún sin ser escritos, in- 

r. '-'r:r í:: la corrupción de la lengua romana, á pesar de los 

:-!*".5.'-r,T!í .::" Ii Iplcsia y de los sabios. Idólatras del sentimien- 

i: v j» l:N^rtad,y de la personalidad los conquistadores, 

-wcfw-;-. íaá» leyes de la Gramática : si en sus costumbres 

- — •" ri^or.se V con alegría de las artes escénicas consagraron, 

^ -,,-11.,-w-, la lengua del Lacio, la pureza de ésta desfloráron- 

^ ^^»,^ *1 tálamo en que había muerto, la señora de las gentes- 

"*■• . í.ffc.":,"»* lí»* tradiciones clásicas, el latin absorbió los rcs- 

.^ , -•i.,7,v<: «hablóse en los concilios y escuelas clericales 

- -•'i:»-3tói:* fué el único idioma escrito en la Península: 

\ ■. ¿wN-rsnamente en el hablado; mas si buscáis la integri- 

*. • ■' ••>: »;ue tuvo en los exámetros de la Eneida,.,, dosis- 

. . ,v:r>.vuirlo. En resumen: — poco sensibles á las clegan- 

-:e^ • V .."Tss do la cláusula ciceroniana los bárbaros, mas ló- 

- -> . iv i-t^ías?. dostruyerun el hipérbaton, en el que estriba 

', ss^'-^v ^' '•* energía que admiramos, en la más célebre de 

v^ ':'.Mir*-w V en la descripción del Incendio de Sagunh do 

- .-. \ no quedó en esto, el daño causado á la lengua 

*» \- t d? Tácito, pues suprimidas las declinaciones, 

^ ,-.-v^*:rv"onte de la preposición y el artículo, ^/roc/í'yV- 

.^.;.. .-; .*? frase ¡j sequedad rn ¡os sonidos. Poco dio en 

• s.^c*vío á los españoles: ningún timbre indeleble 

..-.^íj. -. cvi el genio de nuestra lengua. Y el Oriente? 

-. i->" on la Tabla Kedonda v en Sto. Grial, sino una 

-. - ."v. oi»''!^* ^^® ^^^^ Cosroes y do la copa de Yemsid, 

*.. ir' t debemos todo: y nada, muchos escritores de 

^.»«k< *> :^ágiu^l8 cristianas de los ciclos medios, ó Las en 

-. ^..* i.Ol.1. del rico ídolo del Profeta (|ue se guardaba 

^ * .- r.'.?«.Jí' i^^ MalioTiu^í; la canción do Rolando; las 

j^-KSmíW^ que nos pintan á Ocrbcrt, ya Silvestre II, 

"•.^«•ví^ ;^*r un conjuro, un áureo i)alacio alumbrado 

^" ••rt**íWí* l>or un carbunclo; os asombrará la larga 



ignonuacia en qae la Europa ha TÍrido, respecto ¿ la religión 7 
coatumbres del vencedor de aquella España Tisigodü. cujo faiis- 
iDna paLacios j templos pregonan, el libro de H. Isidoro j la 
Pfria i/e lat maraeilias W, Almuccari j Bnyan-Almogveb. Ebn- 
lUj'aii, y Aben-Adhari; del que entrú á saco en el Alcázar de 
Toledo; apoderóse de la vteta de Salomen, de ciento setenta coro- 
nas 7 diademas, de ua Ptalierio de Datid-, escrito en hojas de 
oro, con letras junanjes y agua de rubí disuelto; j envió al Ca- 
lila treinta carros de platay todo linaje de pedrería. La ciencia de 
U actual centuria ha prol»tdo. que la lengua castellana, hija de 
vanBBÍafluenciasydeentranquelntiQOítienedeudaB de gratitud 
con la semítica, jr que ningún sello do este nombre y sí enlaces 
iodo-germánicos se advierten en ellii, antes de los cartagineses. 

Son los semíticos, idiomas de lae ni/ns monoteístas y los 
indo-gorm¿nicos, do carácter más subjetivo aun, délos pue- 
bloa que Uenaa de lüemidades el culo, la Cierra y lo profundo, co- 
mo nquel cuyos atributos de gloria son, la vieja lira homérica, 
el pincel de Apelea.los cinceles de Fidias y los libros de Pintón 
6 de Xenophonte. 

Aquéllos tienen una sencilleí perfecta; éstos la fastuosi- 
dad, la complicación necesarias, para expresar la ri^ia de 
¡a fantasía hamana, lo más itcóndilo del espíritu, lat má» ais- 
Iraeíat ¡/ pru/andaí percepciones del eulendimiento. La influen- 
cia eemi tica apuntada, se debe al púnico, traído por C'arta- 
go; á la lengua del íiun (lió el nUabeto á la Grecia y que 
es hija de lu que, en su alefato simbólico, encerró una serie de 
ideas profundas con su principio lógico; ¿ la que en ñn contri- 
bajriS i qne la romana, no fuese universal en la Iberia. Mas, U 
CBusa formal del semitismo español, está, en que diez y eeis 
centurias fué nuestro huésped el judío; el judío!, cuya histona 
Eoctal y líteriirin, e^ por fortuna, conocida hoy. 

Si recordáis lo preceptuado en Iliberis y en Toledo, fi partir 
ÓA tercer concilio; las persecuciones decretadas por Sisebuto, 
Wunba y Figtca; el papel que los errautes hijos de Jerusalem de- 
aunpeilaron en la couqutsta musulmana; las hogueras á que se 



Jl) Iba AlTTardi. 



CXVIII 

les arrojó por nigrománticos, en 845; la inhumanidad de las le- 
yes, que en el siglo XI no consideraban crimen, el asesinato de un 
hebreo; las escenas sangrientas, inauguradas en 1108, que es- 
pantan, lo que la noche lúgubre de S. Bartolomé y las Vísperas 
Sicilianas; si recordáis que tras los días del sabio Conquistador 
de Murcia, en que lograron merecer respeto y los de Alfonso el 
del Salado y Pedro el Cruel , en que figuraron en la corte y en 
la política, vinieron las matanzas decretadas por la Casa bastar- 
da y fratricida; convendréis en que el judío , reducido á condi- 
ción servil, blanco del odio, no ejerció poder social, ni literario 
tampoco, pues no produjo creaciones popularesr^ultivó entre 
los árabes orientales y los ulemas cordobeses los estudios mis- 
náticos y talmúdicos, cuya vocación siguió manifestándose en 
las Academias de Toledo, de la centuria décimo tercia. Inmor- 
tal será siempre, sin embargo, la literatura rabino-castellana, de 
carácter científico principalmente, pues sus páginas astronómi- 
cas, teológicas y médicas son en ella las de mayor mérito: la lite- 
ratura cuyas glorias se nombran Isaaque, Maimonides ó como el 
que por su Kusari mereció una rama de encina, y por sus versos, 
que escribiese Heine, «si tuviese el Xartecio que halló Alejan- 
dro entre los despojos de Darío y donde encerró la Iliada^ no 
pondría allí la epopeya homérica, sino las perlas que Jehudabt* n 
Halevi de Toledo lloró por la destrucción de Jerusalem; per- 
las de llanto, que engarzadas en el áureo hilo de la rima , en la 
fragua sonora de la poesía, resplandecen en un hinmo:> la lite- 
ratura de Josef-ben-Abitur, Isaac-ben-Giat, Abraham y Moisés- 
ben-Esrá, Moises-ben-Na-chman y Gabirol, que es á la vez, un 
filósofo más castizo que Séneca y tan grande como Plotino; un 
sabio en quien mucho aprendieron Alejo Venegas y el Dante; 
una de las honras que más deben envanecer á la capital de 
Aragón, si lo que Mcser asegura, es cierto. 

Ali! y qué hermosa es la florescencia de la cultura rabínica 
en la Edad Medía, eusnlzada por Munk, Franck, Sachs, Gei- 
ger, Cassel y Amador de los Rios!.... Pero circunscribámonos 
á los siglos XII y XIII y sentemos, que exceptuando la de la ^^- 
trologia de Aben Hezra, están en latín, todas las traducciones 
de las obras judaicas de aquellas centurias; y que en la época de 



t 



CXIX 

X, el rabino «no prctendic! avezar & los crietianoa, á los 
giros T mnnernB orientnlea.i Volviendo los ojoa ahora & tiempos 
(^ue (iiiednn muj atrás, recoaozcamoB qtie el semitismo que 
latía Éi^jo la nnnailnra de oro y hierro romano-ffóíica, fnvorecíd 
la propagación de la leag'ua arábiga, la cual encontró dos obs- 
táculoa:^! cristiano sometido, 7 el que afilaba sus espadas, en 
las peñas de laa cumbres septentrionales. Por espacio da al^ua 
Qempo, el erudito cordobés y el que moraba en la benigna ri- 
ti^« de Sevilla, consugrúronsc al estudio de los idiomas del 
M; pero álzase el calvario , que el mozárabe tíoó de color 
iQ SU sangre j «so npnga aquella artillcial cultura.* Esto 
lado y de otro, ol odio mutuo entre el aatur .v el sarrace- 
dnsentOB indígenas, depositados en las cuevas de As- 
hacen que en las letras latí no -eclesiásticas, que en la 
entonces era capullo de la castellana ó castellana en la 
nifiez, existan muy contadas señales del influjo oriental. 

Si, porque el soldado de la Cruz, en los albores de la Ke- 
conquists, aborrecía la civilí^cion infiel, solo por serlo, pues 
ni la conocía, ní lo deseaba. Empezaron á verla los cautivos 
y rehenes, llevados a la corte de los Califas; ; ocasiones de que 
B£4VaUjC¡ese lo mismo á otnis cristianos presentáronse, cuando 
D. Sancho de León, cu 960, fué á Córdoba, en busca de mé- 
dicos, ó cuando Alfonso el Grande de Asturias, llamó á au cor- 
te, & dos sábioa muslines y les encomendó la educación de su 
hijo', todo lo cual no fué bastante, á llevar el polen de la ciencia 
del Ucdiodia al Norte, pues lo sucedido con Gobmar(l) fué una 
excepción. 

A partir do la centuria undécima, debieron estrecharse los 
relaciones entre la España del Evangelio ; la España del Co- 
ran, pues el conquistador , al convertir en templos do au fé las 
mezquitns, tMspLantaba, sin darse de ello cuenta, á su campo, 
nicos de Incultura arabigo-espnñoln. Los musulmanes que no 
huían de las ciudades desalojados por las huestes de Santiago, 
el muzárabe, doctísimo en letras urieatales, que la Cruz en- 



tiiaUirl> ilf lus rroncu», 



cxx 

contraba en los baluartes enemigos qne hacía sujos, contri* 
buyeron á extender la cultura meridional por \bb fajas fHmU^ 
rizas, teatro de las más encarnizadas luchas que sostmoieron los soU 
dados de Cristo y los soldados de Mahoma, y en la indicada tarea 
tomaron no escasa parte, los judíos, de las tierras de la media 
luna... los judíos 1 de rica vida intelectual, que poseían tana 
maravilla la lengua del Yemen, como los retores más célebres 
del Asia; que en sus escritos la preferían á su idioma; y que 
conocían á la perfección , el latín y el romance. Sin embargo, 
en general, eran guerreras en el siglo xii, las relaciones entre 
el fiel al Gólgota y su enemigo. Lo dicen, los vocablos ára- 
bes que se leen en el Poema del Cid, y en las más venerables 
y viejas páginas de la literatura española ; expresivos todos 
ellos, de armas y costumbres militares. 

Es indiscutible; la inñuencia oriental fué siempre cortesana: 
brilló en el reducido cenáculo de los sabios y eruditos. Y el mos- 
trarlo no es difícil. En Toledo, en la inmortal Toledo, el Asia 
y el Occidente diéronse la mano con cariño, por vez primera, 
poco después de aquel día, en que clavó la cruz, en los adarves 
de la ciudad de la ciencia y el arte arábigos, el muy glorioso 
Alfonso VI. Mientras el monasterio miraba con terror, desde el 
Norte, la que juzgaba capital de la nigromancia, los seres 
ávidos de conocer los secretos de la sabiduría, encerrada dentro 
de los toledanos muros, sin acordarse de que pudiera ser peca- 
minoso el ver la cara de los doctores en mágica negra, dirigié- 
ronse hacia la margen del Tajo; unos, como Gerardo de Cremo- 
na y Miguel Scotto á estudiar á Averroes, á Avicena y á Aris- 
tóteles arabizado, otros á aprender en la escuela de traductores, 
en la que sobresalían los judíos. 

La misma actividad que el Tajo presenció el Turia, donde el 
rabino ayudó, después de la reconquista, á llevar tesoros, de la 
riqueza de los toledanos (no he do decir si á Provenza), á la 
corte del gran caudillo, historiador y clásico catalán, que re- 
preséntanos Muntaner, entrando con Ampurias, por la brecha 
de Mallorca, para mesar, fiel á su juramento, las luengas bar- 
bas al rey moro. No; no fué popular la influencia del Oriente. 
Al ceñir la corona de S. Fernando su hijo, por las célebres acá- 




demiae deCúrdoba y Toledo, por las veraionea de JeliudaMoBCii, 
por tos libros de Isnaque; ya porque el palacio real convlrtioae 
en centro do ion muslineB y judíos doctos, que por ot^edecer al 
ny tntdujsrou del hebreo, del caldeoy de la lengua del Yenica, 
maclias obras de tilosolín, medicina y matemáticas; ya porque 
Ife avidet del monarca, por aprovecharse de la vida intelectual 
que circulaba por las arterias de laa ciudades predilectas del 
Omniada y AbbadÍdB,fuá ioaaciable y profundo el amor que le 
íasptmse, el establecer una escuela de árabe en Sevilla; es lo 
cierto, que en kI reinado de D. Alfonso, empiezan en Castilla & 
influir loB idiomas orientAles, cual acusan las obras del dea- 
venturado autor de las Querellas y las del procer ilustre, que 
tegsse á la novela y al teatro fuiuroa, un manantial purísimo 
de leche en su Comh Lucanar; libro peregrino, á cuya populnri- 
dacl han consogrado sus desvelos, entre otros. Argots de Uoli- 
na, Wolt. Olarus, Puibusque y D. Pascual Gayant^os. Que eu 
é|)oca que vino en pos, empezó á descender tristemente de su 
xenith la estrella de los judíos; y que hubo empeño ea que dea- 
■ptkreciese todo timbre orieolnl, después de aquella paec»a flo- 
rida de la historia, que personifica quizúa mejor que nadie, el 
gentil y í la vez cristiano Ariosto, no puede negarse. El caso 
BO es raro, pues astas oposiciones, con idénticos elementos 
aepreeentnn, ds igual manera, en la vida de la humanidad. 
Díganlo Ina ruinas de Troya , los versos de Qemba y los cua- 
dros de Hafael, que lo son respecto al Asia y A la Edad Media. 
Dedúcese de lo manifestado, que la influencia hebraico-ospa- 
3ola,'no se dejó sentir, hasta la mayor edad de nuestra lengua, 
declarada en las Partidas. V nótese que el hebreo, cuya ex celsi- 
tud intelectual conócese por los eruditos trabajos de García Blan- 
co, Amador de los Ríosy Catalina; y el árabe español, que, poeta 
narnóse Wallada, médico Avicena, el Hipócmtes de loa tiempos 
medios, botánico Ibn-Beitbar, matemático y astrónomo Omai- 
jaben Abd el Azii ben Abi '1 Saltz, gramático Abd-Alnh ben 
Malik, Blóaoíü Averroes y AvempacelD, maestro de éste, sabio 



I 




CXXII 

comentador del de Alejandro, y autor del Régimen delSolitario^ 
que tan limpios rayos de luz llevó á la escuela de Alberto el 
Grande; el árabe, que inñuyó en el escolasticismo de tal suerte, 
que no es posible escribir la historia de él, sin conocer la filosofía 
arábiga, á la que Renán ha erigido un monumento imperecede- 
ro;.... el hebreo y el arábe, no ofrecen, en su vida literaria, for- 
mas ni géneros, que puedan influir permanentemente en nues- 
tro idioma; cuyo caudal léxico engrosaron, en lo que imitóles el 
mudejar, mas sin convertir en semítico, el genio de aquél. La in- 
fluencia oriental, escribe un historiador, tiene un periodo mar- 
cado y una esfera circunscrita en la historia, pues para que una 
soberanía política y literaria dure y trascienda, hasta las últimas 
raicillas del árbpl de la nacionalidad, es preciso que aquélla se 
posesione de la inteligencia ó de las sociedades y ofrezca decha- 
dos que enamoren y se hallen siempre presentes, en la me- 
moria del pueblo y de los artistas influidos. Reconozco que las 
letras arábigas fueron conocidas del cristiano; lo cual debióse 
en gran parte al muzárabe, que cuando pulsó lira, llamóse Ib- 
ul-Margari y al judío que, familiarizado con todos los idiomas, 
ya imitaba los primores de Hariri en las fnacamas^ ya mezclaba 
con sus poesías hebraicas, versos en lengua de Castilla y en 
siete diversas, alguna vez: reconozco que no vivió en balde un 
Aurelio, tan docto en literatura muslímica; y que poseemos una 
aljamiada muy curiosa: mas reconozco también con Canalejas, 
que en nuestro arte popular, rimas, metros, géneros literarios, 
formas poéticas, todo es latino; en el juglar piadosísimo del mo- 
nasterio de S. Millan, tan parecido á Fra. Angellico, que diría 
se sacó del arpa del uno el pincel del otro y en Segura de As- 
torga; en el RonuDicero y en D. Santo de Carrion; en el Canci- 
ller Ayala, en Alfonso Alvarez de Villasandino ó eñ el Arci- 
preste de Hita, que compuso, según él, cantares de danzas y 
troteras, para las cantadoras moriscas. Quince siglos, exclama 
un orador elocuentísimo, han permanecido entre nosotros los 
judíos y como memoria de ellos solo han quedado, algunas pa- 
labras que el odio español al pueblo de que proceden, las ha 
marcado con estigma de vileza. 
No; no tiene el castellano carácter oriental. No creáis en él, 



■I obson'ar lo qae es necesario para In existeacia del bipérba- 
tOD, en Ins lenguas neo-latinas: — acordaos lie qne tiene expli- 
caeioD fácil, el fenómeno do que na haja encarnado en ésta el 
régimen directo, al destruirse la gramática del retórico greco- 
roiaano. kiacontrareis ni, concordnnciaB, y nada más que coQ- 
eonlandns. AUt es peligroso entrar por las veredas de la inda- 
gicion en estos estudioj, olTÍdándoso da su canon ció ntíGco. 
Lalcuga» todavía ;io ha tenido el Tucldides, el Mariana que 
espera; todavía no ha tenido su historiador. Y así resulta, que 
si comparáis el £ibro de Apohnio con la Eneida, la sintAxis de 
miho8 idiomae resulbm diatintas; con diferencias menos radi- 
cales si la compamcion se liuce, entre los códigosdel Rey Sabio 
y Paulo Orosio; j sin diferencia alguna, leyendo filosvicjoa 
cronistas de la Gdad Media, en pos del Lucidario ó del Conde 
Lmcanor. lis innegable: quien compare las obras de la lengua 
eminentemente literaria y erudita de Uarco Tullio, con la pro- 
sa admirable de Granada, de Cenantes y de Quevedo; el cua- 
dro de. Germánico á la vista de los cadáveres de las legior.es de 
Varo, que debemos fi Tácito y el cuadro que Hurtado Mendoza 
hace contemplar, allá en Sierra Bermeja, al tiuque de Arcos y 
á loa que le seguían al fuerte de Oalalin; las descripciones. 
veogas y retratos de Tito Liv¡o,con la conjaracion de Juan de 
Pr6cida, el Alvaro de Lnna y el discurso del condestable Vtit- 
TBiOB, de Mariana; dirá, que son idénticas las sintaxis de Caeti- 
Ba y del Lacio: como ni rastro árabe alguno encontrará en el 
habla, si penetra por las grandiosísimos puertas de concha y 
ondel Renacimiento. i^úftK^Uf ¿Angara/.... Si, distinguid sl- 
, ^MCas literarias y aun escuelas. Y distinguiendo con 
lt>ulasidad, los caudales legados i>or el judio del periodo ro- 
to y viaigodo; contando coa el elemento gótico septentrio- 
r idiomas, libres CD las asnorezas del Norte, durante se 
ibiii con sangre el gran poema, que en la viñeta do su 
1 tiene un peiinsco y una palma, en la de su letra úl- 
Q recogiendo con discreción, los estudios mozárabes y los 
k nuestra raza y á nuestro cielo debe In cultura arátigo- 
1, que BÍ no tuvo \o& caracteres de indígena y nacio- 
B In desarrollada en Persía, bajo el imperio de lu me- 



CXXIV 

día luna, fué, por causas que no son del momento; seña- 
lando lo que distingue el habla popular de la erudita y la eru- 
dita de la cancilleresca; fijando bien, en la época de Alfonso X, 
las inñuencias orientales y señalando sus efectos; mostran- 
do el influjo provenzal y el de Italia en el siglo de Juan II, el 
greco-latino en el xv y en el alba del xvi; se colocan en el ca- 
mino de la filología moderna, las piedras miliarias que nos 
conducen, á la miranda en que, libres de las preocupaciones 
del humanista, que se afana por borrar las impurezas árabes y 
pugna por transformar en sus gramáticas y diccionarios^ en sin- 
taxis y léxico -latinos, la sintaxis y léxico -castellanos; sin el 
frenesí de los enamorados de la raza que, en la Edad Me- 
dia, nos reveló la antigua filosofía y las nuevas verdades; de 
los que, en la soberbia fábrica cordobesa, toda su admiración es 
para la capilla del Zancarrón y ni dirigen una mirada á la sille- 
ría del coro ó á la lámpara de plata del noble templo cristiano; 
vemos con claridad, que es analítico, respecto al sánscrito, al 
griego y al latín, más de valor suyo y fisonomía peculiar, 
la lengua que dimos, á la vez que la Cruz de Cristo, á la vir- 
gen América. 

Después de estas afirmaciones que caen dentro de la región 
de las ideas, descendamos á los hechos. Enterrada en el barro 
de las orillas del Gundalete, una maldecida ley de castas y ve- 
rifícnda la conquista sarracena, los visigodos y romanos, uni- 
dos por la igualdad de su fé y por la comunidad del enemigo, 
formaron un pueblo, allí donde anidan las águilas; en cuyas 
alturas el amor á las costumbi*es y á La lengua de sus abuelos, 
despertado por la tiernísima idea do la perdida patria, añadió 
bríos al brazo de los que, en frente del árabe, pactaron con la 
muerte sino con la victoria, y sintieron que no les desplacían, 
las tradiciones fastuosas de la raza despojada de los tesoros 
que allegase en basílicas, atrios y aulas regias, por el soldado 
de Muza-ben-Nosayt. 

La lengua hispano- la tina, sobrevivió pues, al Imperio arrui- 
nado en las márgenes de la laguna de la Janda; y destinada á 
ser, el arca santísima de la historia de la Iglesia, fué cultivada 
por los eruditos: los monarcas astures convirtiéronla en órgano 



'la poleated real y de la piedad religiosa y la muchediinibre 
U aceptú piUD sus traosacciones. En la monan^uía de Asturias, 
el altnr dn la patria tué el trono j al lado de él, el crietiaDO li- 
bre, orgulloso de axi origen latino, erigió uu ara á la edad clási- 
M. arrojando al rostro del ioliel el nombre de bárbaro, cual lo 
labría hecho un hijo del Tíber,dcBdo el Capitolio. Comparando 
loe cronicones y los documentos cancelarios de aquella época, 
wlíierten los historindores, el germen de la fusión, que había 
de producir Iob romanen. 

Exíalian eu la Península, ademús de lüs cristianos que mili- 
Uban bajo la bandera de l'olayo, otros que, sojuzgados por el 
tílaage, vivieron en In Gspnfia islámica conservando su lé, por 
razones Itarto conocidas, sin quo tardasen mucho tiempo á 
violentados pur los Califas. Estos, es decir loa mozórnbes, 
If) el soldado de Asturíns, gunrdaron con solicitud, el ídío- 
depofiitnrio de sus tradiciones y creencias-, cuyo idioma no 
lieron menos de admitirlo loa amires, para su comercio 
tlectnalcon losvcncidoa. para bu intclít'eDcia con los re- 
yes do In EB[uiña de la Cruz, para acuEiiir las monedas que 
teatificnsen su domiiiacion, en los par;tÍ3oa españoles. Mone- 
íiB iWáitío-íaÍMiflf poseemos, que convencen do iiue, en el 
Kdo 08 de la Hegira, la lengua del cristiano sometido, era 
jteníaquoserto, respetada del vencedor. Hixen U, fué quien 
intenta proscribirla, vedando au uao; y bu célebre mándalo, pro- 
dnjo ana reacción en el sacerdocio, en la que, lu sangre de los 
mártires regó y fertilizó loa estudioa latinos, hasta el punto 
doifOQ ta lengua del Lacio, culi i vóse con más acierto, entre los 
iD(niir8l)«e, que en las comarcas librea. V sin embargo bny quo 
rocoflocor.la justicia con que el Abad Samson asaeteó h Hosto- 
gttiñ^ y que ya entrado el siglo x. el latín tué objeto del me- 
~ que Borao alude y que nos certifican la queja do 
y el hecho, de que hubiese obispos que compusieran 
ites AokV/im, referido en una traducción admirable do 
>0B. Qoe en Kapaña concurrió poderosamente el pueblo 
lo, Á la cultura del árabe quo, bnjo el inspirador ciclo de 
lucía, fué más (econdo que en otras regiones, — dice bien 
Valen, — acredítalo la rapidez con que el cristiano apren- 



CXXVI 

dio á liablar, como los hijos del Yemen. Alvaro de Córdoba, dice 
en su liidlctUú luminoso: — Muchos de mis correligionarios leen las 
poesías y cuentos de los árabes y estudian los escritos de los teólo- 
gos y filósofos mahometanos, no para refutarlos, sino para apren- 
der como han de expresarse en lengua arábiga, con más corrección 
y elegancia, ¿Dónde se hallará hoy un lego^ que sepa leer, los comen- 
tarios latinos sobre las Santas Escrituras? ¿Quién entre ellos es- 
tudia los evangelios, los profetas y los apóstoles? Ayl Todos los jó- 
venes cristianos que se hacen notables por su talento, solo saben la 
lefigua y la literatura de los árabes, leen y estudian celosamente 
libros arábigos: á costa de enor)nes sumas forman de ellos grandes 
bibliotecas y por donde quiera, proclaman en alta voz, que es digna 
de admiración esta literatura. Si se les habla de libros cristianos, 
responden con desprecio que no merecen su atención dichos libros. 
Oh/ dolor/ Los cristianos han olvidado hasta su lengua y apenas se 
encuentra uno, entre mil, que acierte á escribir á un amigo una 
carta latina pasable. En cambio son infinitos, los que saben expre- 
sarse en arábigo, del modo más elegante y hacen versos en dicho 
idioma, con mayor primor y artificio que los árabes mismos 0). 

El célebre Obispo, en presencia del cuadro que ofrecen, loa 
convertidos ala superioridad científica del hombre de la media 
luna j al atractivo de su poesía ^exclama: estiman menos los 
abundantes arroyos de la Iglesia que corren del Paraiso. 

Makkari nos ha conservado versos de un poeta de Sevilla 
del siglo XI, que persuaden de que su autor conocía bien 
la lengua y métrica arábigas ; Mariana nos dice, que el presbí- 
tero Dauicl, tradujo al árabe los antiguos cánones de la Iglesia; 
el Abad Samson, ya citado, S. Eulogio y otros doctores, en el 
siglo IX, dieron exposiciones de las Sagradas Escrituras en el 
habla de los conquistadores; y para prevenir la ignorancia de su 
clero, según el Arzobispo D. Rodrigo y también por atender á 
la necesidad religiosa y situación difícil de las tribus cristianas, 
Juan Hispalense, expuso la Biblia en el idioma del Corán. De- 
dúcese de esto que desde el siglo viii, el latín ni se hablaba, ni se 
entendía? Dozy, Keinaud y A. F. de Schack nos dicen, que solo 

(1) Traducción de Valera. 




CXXVII 

ttarMídu^a paría de In gi'ey Bometida; que siempre el latín ó 

mejor el romance, quedJen general, fomo idioma del vulgo; que 
hxhiti Piltre los Amhes. quienes lo liablnban ó entendían, sí bien 
COQ más freciiencie, por el conoc¡m.ienta de ambas lenguas, la- 
tinas y arábiga, golínn servirae los malioraetanos de los crietia- 
naa, como intérpretes y negociadorea con los Imncos. No desa- 
pareció el Ifttin; antes al contriirío cultivóse con singular esmero 
por los doctos, que consagraron sua; vigilias, á que se perpetua- 
nn, en lodos ¡os idiomas, los tesoros literarios del cristianismo. 

Lo que si aconteció ea . que empozaron á enturbiarlo pala- 
bras arábigaa. LuitpraadoBñrma.en el siglo x.quc en el octavo, 
líS lenguas que Labia en Kspiiña eran : — el espüñul ¡irimitivo; 
«1 cántnhro, el lutln, el griego, el akldeo, ol árabe. cL hebreo, el 
Ctltíhcro. el valenciano y ei ciitalun. Sin entrar á discutir la no- 
nencUtum, concíbese, cuál pmlíit ser la plasa del habla en que 
M escribiese, con lúgrimna de amorcillo y en pétnlos de roaa, 
el ppitatlo de Adonis. 1^1 uso del hebreo v del caldeo, lo abona la 
¡■resencin de los judloa en Rspaña. Kl español, el cáiitnbro y el 
celtíbero, habían sobrevivido á la conquista de Roma y confua- 
déndose con b\ latin, formaron el romance vulgar. El árabe 
invndió parte del territorio. He tomndo a Villemain estos pi- 
míos, pam llegar á la concluí<Íoa de Amador de los Itios. á sa- 
ber: — «qno do lo expuesto ae deduce, qne en la época en que 
Alrnro se quejaba y lanzaba Siimson stis caústicaa frases, de- 
hilitndo el moaámte, la lengua cultivada con cariño, por los dis- 
cípulos de Hsporaiüdeo , empezó A perder Ja salud y más enfer- 

« cada día, llegó de osta suerte al nfio 1124; en que verifícóae 
A universal destierro de aquella infeliz raza. 
Mperecida en CtSrdoba, la lengua que naciese de la mezcla 

Plutíñfelárabe, la Kspaña cristiana libre, cuyos atributos 

1^ Ib yunta del colono; la espada del guerrero, aegnn la frase 
l'^Usts, cuando se sintió fuerte, cuando creyó consolidada la 
B obra inaugurada por Pelayo , cuando los romances, si 
blhi juventud, llegiiron al menos á In adolescencia, los ro- 
«'., viros desde e! alba de la Reconquista, y de ello nos 
madeu muchos documentos diplomáticos y los cronicones; 

IBdo Be consideró más fuerte que la morisma, dio treguas á 



CXXVIII 

8u rencor y admitió al mudejar en sus villas y ciudades. 

En la inscripción de Santa Cruz de Cangas, en privilegios y 
escrituras que Borao tan perfectamente conocía, adviértese la 
huella popular, estampada en solecismos é idiotismos y que el 
habla de la muchedumbre, tenía el vigor necesario para rom- 
per la sintaxis y la forma de la dicción y para llevar á todas 
partes, el espíritu de rebeldía contra la gramática. Por cierto, 
que uno de los documentos á que aludo es, al que se refiere á 
la fundación del monasterio de Obona por Adelgastro, y en él 
es visible, que el romance procede de más antiguo que del si- 
glo VIII. En éste y en los dos sucesivos, posesiónase de la escri- 
tura oficial y de la docta, con la altivez que el guerrero cristia- 
no clava la cruz en los adarves moriscos; vence á la tradición 
clásica; y consentida y reconocida su heguemonía, el habla vul- 
gar conviértese en escrita. 

Aquellos lenguajes, indomables á la República y al Imperio 
más poderosos de la historia; que respetó el eximio Isidoro; 
que enriqueciéronse, desde el instante en que, caídas las ba- 
rreras del Danubio, el bárbaro cambió por la púrpura, la piel de 
fiera que vestía; no bien sonó en los aires , el grito inmortal 
de Covadonga, empezaron á fundirse en el molde que les diese 
la Unea fisonómica del romance. Este es el nombre de la obra, 
construida con ios materiales hacinados en tierra española, por 
espacio de siglos. Los autores principales de ella, el arquitecto, 
el Brunolleschi, son los pueblos antiguos; mas no neguéis á la 
presencia de los orientales en España, la parte que tuvo en el 
perfeccionamiento de creación tan magnífica. 

Desde la alborada de la Iglesia, moraban entre nosotros los 
hebreos, tan inteligentes, como la nación más privilegiada en- 
tre las de razn-indogermánica, en las que siempre han fiorecido 
grandes civilizaciones. Dígalo sino la península, que tuvo en 
la antigüedad una Roma y en el Renacimiento una Florencia; 
y la que fué patria de la hermosura, como destinada por Dios 
á ser la musa del arte; pues al construir el Universo su artífice 
sublime, cortó una rama en el laurel del cielo, tendióla en la 
onda más pura de los mares, la sujetó á Europa y ké aquí la 
Grecia exclamó. Industrial y comerciante en la España de 




CXXIX 

AtuUo, Recaredo y Watnba, inoteusÍTo pan el cristiano, oa 
li jpou i^ue iitaiiguní Iel Unvía de eangre del (lia de Gua- 
dilete; el judío fué &m¡y:o del leonés, del unvarro, dd liíjo de 
CmHUa, del que liicin Irh barras del Batalliidov en eus pendo- 
U« ^orreroH. Iinstn tal punto, quo los artes de aquél, hicíéron- 
n tucesariaa ea las monarquías que luchaban eon el moro, por 
llunaade la Cruz. 

La lengua lietirea, inniaGuludn en Aben Uezrns 7 eu Hai- 
loQatdea. eií el JCitutri del nümeD que Heine compara con 
Komeniv en El Manantía! Je Id viJa del profundo panteifl- 
(>■ ilue autucedid á Spinosn y tnizú veredas que enaanclió 
Jltoluiij^'o el místico Jacobo Boliemen,.... b> poética lengua 
lisdm, lie una sencillez que lia inducido á muchoB filólogos, A 
pwttidomrla como embrionaria, ya se ha indicado el favor de 
^goíase. cuando D. Alfonso X agrandó el idioma de Casti- 
II»t»l htceriu heraldo y servidor de las cieneias, Y respecto al 
anbí, tambicn se )ui munítestado qué influjo ejerció en el ro- 
"W*a, por medio de los cristianos sometidos y de la ní/'antío 
delmudüjar;del que dlti vida & uu genero arquitectónico bellí- 
•iaio, al que port«noció el Alc&zar da Scgovia y pertenecen el 
['«lacio de los Ayalaa en Toledo y el de los Mendosas en Gua- 
<U>jiua. Loa orientiles acaudalaron loe romances, cuyo te- 
somera latino en porte; j lejos de lo(:mr desnaturalÍ7ATlOB, 
soírié quebranto el judío en su idioma. Dichos romancee, 
la vsdíendo Las comarcas de In morisma, fueron entendidos y 
aun hitiladoá [lor éstn: como la del tornen lo fué por hombres 
cual d Condestable DdTalos y salpicó de voces suyas las páginas 
iM moiuircit insigne, que lo mismo lucia sabiduria en las aca- 
demias, que gentileza, cuando montaba el bravo tordo que 
canwoleó en el cent'o de un ejército sítia'lor, en la rica vega 
de Murcia. De modo que los hijos del desierto y los de la Cruz, 
utendian y liahlaban el úrulio y el romance. 

Oclsiglo VIII al X, úflicumeute, en los escritores eclesiásti- 
coé j ea ti iengitaje ehancil/ercíai, eucueutnínBe A)j dftfgvra- 
doi Jeipojog latinos. Inaugurándose tn transformación que bajo 
las intlaencias twales, crea índole y fisonomía, i los idiomas 



cxxx 

Iniciada la Reconquista, en las inexpugnables montañas 
pobladas de hombres de acero, que de seguro, no habrían 
sido acuchillados en un Guadalete, si Tarick hubiese desem* 
barcado en el Septentrión, en yez de haberlo hecho en el Me- 
diodía^ — tres son los baluartes, en que se defiende la Crux de 
Cristo. 

Cataluña, en cuyos horizontes resplandecía la densa luz 
de las escuelas isidorianas; arrebatada al Islam por un brazo 
de hierro; vecina de Provenza, donde los Condes ejercen auto- 
ridad, no bien independízase ésta; Cataluña!, únese, por es- 
trecho vínculo, á la región que tenía caracteres históricos 
análogos á los suyos; la semejanza que el íbero y el aquitano. 
En Provenza, como en el país del Belloso, las colonias griegas 
sobrcpónense á los aborígenes y fundan, allá á Marsella, acá á 
Rosas y á Ampurias: en una y otro, implántase la dominación 
de Roma, que á una y otro administra de igual manera y dá á 
sus ciudades el carácter de cultas: en una y otro hay pedazosdel 
Imperio visigodo, ya encabezado por la capitalidad de Tolasa, ó 
ya encabezado por la capitalidad de Barcelona: en una y otro, es 
poderosísima la infiuencia de la Iglesia católica, de la gente mo- 
nacal y de las conquistas carlovingias: en una y otro, el triunfo 
del estandarte del Profeta es anulado \}qv idéntico esfuerzo: 
entre una y otro existen, desde la niñez, «relaciones de nave- 
gación y de comercio, al par de las políticas, provinientes 
de las bodas entre condes soberanos y princesas provenzales, 
como la de Ramón Berenguer con Dulce d).» 

Kstas afinidades; este aire de semejanza, producido por la 
naturaleza y la historia; este consorcio del señorío de ambos 
países, en la ilustre Casa condal barcelonesa; tenían que pro- 
ducir, los mismos resultados, respecto de la cultura y de la 
lengua, en los pueblos que constituyeron una nacionalidad li- 
teraria. Sí; porque, aunque fundamental la unidad de la lengua 
en oc, diferenciase del catalán^ según han demostrado Diez, 
en su monumental Graniótica; y Milá y Fontanals en su admi- 
rable Libro de los trotadores, 

(1) ra»t4>lur. 



CXXSI 

¡stfliar. quo cnda dia es mía grande, ao la tribuna y 
tB 1m Afianiblena de guIjíob, y cuyo ca el privilegio de reprodu- 
tircmbellecidala ciencin, disert« aobre filología ó il escriba el 
Ijmguodoc en In (íuodécima centuria, alndíendo á la dietinción 
que croan entre el cátala» y el provmtal, la diatancia que ae- 
pan i loa Inalados indeiiendientes y la rica variedad , propia de 
li Edad Mudía. dice, y sus palabras, son sin tilde ó innegablea: 
— ^en U metaiaórfosis del latin al romance, toma formaa opues- 
Hs i In provenial, la lengua catalana: el BístcniB ortográfico 
«(«rtase en ambas y esta separación descubre dos centros de 
ealtnni(Íivcr80s:yeQ el verbo sustantivo, en las conjugacio- 
nes, en Lis partículas, en loa diptongos, en el cambio de las vo- 
etlas.esenciolÍBiinaa resultan las diferencias, eatre ellcmoain 
<lt allftndu r el lemosin de aquende el Pirineo. » Y tenemos ja 
tsrmado el glnriuso romance, que hnbia de oirae bajo el cielo 
fupindor de la Magna Grecia y en la cúpula de la Santa Sofía 

(t( Uonatantino 

Creada el reino pirenaico y nacido el aragonóa. al calor de la 
tradición iaidoríana, mientras los viiacos montañeses liablaboa 
tu primitivo lenguaje, aparece eu las riberas, tui romanee llfio, 
tMplin, aiUrCa, más rico quixáa que el casteUuOo, é idéntico 
B4«t<], desde la cuna, gegúo Borao. Y en virtud de una ley pa- 
reeída ü la que apuntada qucdn, de la mezcla de su agreste 
Mioma y del hablado por los fugitivos de la laguna <le la 
Juda, al borde de los despeñaderos de Asturias , brota el infilf. 
(Sitia cristiana más tarde, produce León, en sus cumbres y en 
Btiallnnuras. HQ idioma que reñeja en sí todos los elementos. 
de antiguo atesorados en el suelo ibérico: cuyo idtomn, her- 
manándose en breve con el de Castilla, grave y sonoro, ya 
eo *iu balbuceos infantiles jmsi íynjtmto fiéit, le reconoce cier- 
ta supremacía.» 

También allá lejos, en el país de liis taqaeinis y ¡•ashretoí, en 
•1 que amamantara trovadores, como Meu Rodríguez Tenorio 
^an do Lugo; en el de Ins verdes monto&ns é ínspirado- 
l&Tgenes, apatice un dialecto enfático, eleí^aco, dulce, 
1 hoy, C5 el m&8 propio para expresar los afectos 
i. H. «1 rubor con quo Ii doncella, oculta el seutimiento 



CXXXII 

de su corazón enamorado, que torna en pálidas sus frescas me- 
jillas; ó las emociones del joven, que habiéndose ausentado por 
vez primera de su hogar, vuelve á su casa, seguido de su fiel 
criado y en dócil cabalgadura, y al divisar su pueblo, des- 
de la cuesta que domina el valle, y junto á- la ermita de 
las afueras, á sus padres y hermanos que le aguardan an- 
siosos, los saluda estremecido de alegría. 

Hé aquí los capitales romances (exceptuando el éuscaro) con 
que termina la maravillosa gestación histórica, de que se ha 
liablado. Los tres tienen casi la misma edad: los tres se vigo- 
rizan desde el siglo xi, por el poder que adquieren los estados 
de la Cruz y por la conquista de Toledo , que cambia la faz de 
la política cristiana y pone en coñibus ion, fundiéndolos con oíros . 
extraños, todos los elementos de cultura ahrigaáos de antiguo en 
nttestro suelo, Y se vigorizan de tal suerte; que el uno procrea el 
mallorquín; el otro absorbe los dialectos astures, los koneses, 
el aragonés^ tan bien estudiado por Borao, el navarro, cuya fiso- 
nomía determinó En Pere Moles, en un curioso libro del siglo 

XV, y el gallego: e\ gallego!, que tuvo literatura, antea 

que el castellano; dio paternidad á la lengua del país en 
que nacerían los Camoens y Ferreira; y que había de re- 
galarnos perlas de Saa de Miranda, de Gil Vicente, de Meló, 
de Gregorio Silvestre, tan ensalzado por Baraliona de Soto 
y Lope, y de Jorje Montemayur, músico palaciego, poeta, y 
autor de la Diana ^ elogiada por Cervantes y superior por su 
naturalidad y ternura, por sus afectos é interés,á la Arcadiai'^^ 
de Jacobo Sannazaro. 

En lo más florido de su juventud estos romances, cansados 
de la patria potestad del caduco latin, empeñado en conservar 
la heguemonía antigua, luchan con él y empiezan aquéllos á 
tomar color literario, en creaciones que, por desgracia, no se 
conservan, por haberles negado hospedaje la escritura, que era 
docta; y por último logran sus aspiraciones, apesar de los obs- 
táculos políticos que les combaten, de los cambios introducidos 



-J ) La .Anarfít!, fué traducida á nuestra leng^ua en 154", por D. Diego Lo- 
¡♦oz tle Avala. 



CÍXXIlt 

«natgÍMin de 1!spaña por la curia de Roma, 7 de la desgracia 
i que ae vú candmindn la letm gótica. 

V tie winí quu liemaa llegado ul siglo x. en el i(ue no era cosa 
pert^iiin el romanL'e cnateUaao. La lengua nueva, entonces 
uní, liiLliUda, no alcaiizti la diclia de i[ub la recogiese el mo- 
namento, por falta do manos que la escribieaen; mas po- 
seemoa peregrinas páginas bilingües, que acreditánaos la Tida 
it aquélla. Una de ellas en el Fuero de Amlét. «Escrito por los 
caacülerea del Conquistador toledano, casi en la misma for- 
■Dique ho; tiene, para geutos de índole distinta y oriun- 
dia do apartados territorios, li izóse necesario Imscar una ien- 
^ que fuese de todos ellos comprendida, y ninguna como 
li sabia, podía lleaar cate cometido. » Apoyan esta opinión 
(le Bartzonbuscb , los documeotos coetáneos, de un latín 
acomodaticio, y otros anteriores, ea los que obsérvase, que 
filaras fiie tiewn forma bárbara en el Fwro, aparecían ea 
atUUauo, como ri ik ¡iropiñlo hnliiesen silfo alUraiiaj. Am- 
tu lodicociones pueden comprobarse, hojeando la Colección 
ileUuQoz, y fijándose entre otros, en el Fuero de Burgos, otor- 
gldo en 1073, y en ol de Valle, concedido en 1094 por el Con- 
dl^aimuDdú, cBpo§ode t>.' Urraca. Dedúcese de lo expresado, 
(ue elistlan entonces, una leogua ó lenguas distintas de la ea- 
nHa 7 at de tid convencen las indicadas páginas diplomáticas. 
^eúmo en e! Ftiero de Amlét de .^Itoriso VI y en el confirmado 
por el VII en 11,^, no hemos de ver el romance de Costilla 
tri unían te? 

Kn los documentos del siglo x, á roso y belloso, encon- 
trareia. palabras expresivas de las necesidades de la clase 
foflmndcl pueblo; y en los cancelarios del vtn, delixy del 
décimo ya indicado, es perceptible la influencia activa y 
directa del romance vulgar; y do igual modo, en Aragou 
y Navarru. tín la centuria novena, obsérvase un cambio 
de cñuon gramatical, en la construcción, conjugactón y 
doctinacion, na presencia délo que. diacurre CnnulejnB con 
lá^es, al decir, que las voces extrañas al léxico del Lncio 
qae esJstinn en el siglo ^iii y aun eti días más remotos, 
a lengua, viva entonces. Ducnnge Iin pro- 



CXXXIV 

bado, que la sucesora de la latina penetró en los alcáza- 
res, subió al pulpito y se llamó romana (l) , la cual fué en la 
Península, un latin informe, mezclado con ibero y púnico yffrie- 
go y hebreo; — máí ibero en el Norte, más púnico al Sur y más grie- 
go al Este, 

De modo que desde el siglo x, es el romance, una lengua 
formada, que crece j se desarrolla en el xi, teniendo su Torre 
de la Vela por decirlo así, en el reinado de D. Alfonso el de Al- 
mería y aun mejor en el de las Navas:.... Torre de la Velaben- 
dital, pues en ella, terminó la cristalización de la cultura anti- 
gua, producida por las fuerzas nuevas de la historia, en las for- 
mas propias del espíritu, generador entonces, de la Edad mo- 
derna; y tremoló sus estandartes victoriosos el habla hispano. 

Así es que fija la vista en el modismo del romance y 
en la ley gramatical de la lengua que funde á la antigua; 
comparando el Diccionario clásico con el de Ducange, que es 
un pomposo monumento elevado á la filología, interroga un 
literato español, ¿podréis negar ante estas páginas, que es ja 
añeja la energía con que el genio moderno pugna por romper 
la cárcel del idioma artístico latino, para producir voces que no 
cabían en el mundo greco-romano? Quién lo dudará! T porque 
no es posible, en el léxico de los romances vulgares, no veáis 
solo, flores brotadas del sepulcro en que se corrompió el 
latiu, sino una obra, en parte formada por novísima creación. 
Considerando pues, el número respetable de palabras castella- 
nas que encontramos, en las centurias de los monumentos bi- 
lingües; y que á pesar de la enemiga de los doctos y de las in- 
fluencias de la pasada cultura, taquellos vocablos permanecen 
intactos, aquellos solecismos, son cánones gramaticales y aquel 
continuado barbarismo es una lengua;* hay que creer, que los 
fenómenos observados en los siglos viii y ix, reconocen por 
causa, la existencia de un idioma oral, hijo del pueblo, que se 
impuso d los mismos que pnKurabjín dejarlo de sus labios. 

m 

,V DiCíín los maestroíi, viu^ el euiteto vle ^^í^^•r, aplicado á la lengua, 
ti«u<f una «i^tiitíoaotou rvtortoa ^ue s« rvi¡t<rr« al lenguaje docto de loa ea- 
critor*< de U»s >*i.:los vi. vii > vuu y v^u* .V-tyt«.> romana, en contra-po&i- 
cioa a la Uiiua, e;», 'íH^íMa /vfMí.ir. 



tÍMXT 

B de sonar un el reloj <le los tiempoa, la hora triunfal 
del tico romnQce castellano; en el que resplandece cL genio da 
la lengón latina descompuesta por las índigeuns, desde anti- 
^ednil mmota; y rcironócese, más ó menos borrado, un sello 
liebniico, iiráhígo, extranjero j de diferentea lenguaje». Kn 
Im obras escritas más Tiejas que poseemos, liállanse voces 
nelbidsa del godo, del aventurero germánico, del vascuen- 
es (de cate muj pocas) ^ del griego, ai liien la mayor par- 
te del caudal de esta eB]>ecÍe nuestro, procede de los estu- 
dios clásicos dol siglo XVI. El idioma del Lacio fuá pues, el 
núcleo principal del que, áspero, enérgico y vigoroso, como 
hablado p<ir guerreros; sencillo y vago, como hablado por gen- 
te de una candidez adorable y de una inesperiencia sin limites; 
í pesar de los desdenes, del obstinado en detener el sol de las 
letras eclesiásticas ya en su ocaso; adquiere la púrpura del arte 
y logra por fin ahuyentar aquella sombra, que en las chaoci- 
UerlaB y ontre los semidoctos, se llamaba latín, con cuyo nom- 
bre recibía un liomeraje parecido, al tributada a Inés do Castro 
después de muerta. La que Amador de los Rios llama corrom- 
pida jergii, concluyó en el reinado del santo monarca, que liixo 
aadeurel pendón de la Cruz, eu los adarves de Sevilla. S. Per- 
liando, convencido dequecreavineulosj estrecha lazos la unidad 
del idionuit .v de que sólo ésta podría coaducir á la del derecho, 
hi» oficiad la lengua del vulgo, convertida ya en literaria y 
tceptada por los cancilleres de Alfonso VI. El bárbaro lalin déla 
atrio quedó rciiervado para los documentos eclesiásticos; y para 
todo» los demás empleóse el lenguaje vulgar. Kste empezó il 
desarrollarse con la precocidad, revekda eu la traducción del 
Furo Jittgo de aquel tiempo. Alfonso X, que vino en pos del 
rápido caaquiatador de las ciudades andaluzas, continuando 
U obra lie su pudre, lo trocó en idioma culto de las ciencias 
Iteredndas de la Iglesia, aprendidas del árabe y del judío; 
y lo enriqueció con las voces y fórmulas científicas de los sa- 
" * B y nnturnliatas que le rodeaban, endereuíndolai por »í, se- 
1 dice en el libro de la Bt^kera, el monarca que tan 
lié con la lengua nacional csstclbma y tan conside- 
It la de la Kcligion, en las Parlidaí, 



cxrxvi 

Hemos llegado á la cumbre hermosa del siglo xni. Ved el 
habla de Castilla caracterizado ya, por la propiedad enérgica, 
la sencilUz, la gracia, la majestad y la fuerza (l) ; Tedie tan 
apto para la historia, como para la filosofía, para describir 
como para enseñar; j con el carácter simbólico y didáctico que 
distingue, uno de los ciclos de nuestra historia literaria. Hé 
aquí la multitud de elementos, que fueron dando vida á los 
romances y creando la lengua española; la que, constituida 
bajo seguros cánones, mereció que Marineo Sículo la saludase, 
en el siglo xv, como la más elegante y fecunda, y Hernando 
de Herrera, como la más recatada, la más casta, la más culta, 
la más admirable de las modernas. 

Raynouard, en su Gramática comparada, ha estudiado las vi- 
cisitudes del latín, en varios idiomas del mediodía y afirma, 
que habiéndose mezclado á los dialectos bárbaros, produjo una 
lengua universal, que usóse en todas las comarcns, en que 
el Lacio había dominado y que duró, hasta el año mil; que 
de improviso, sin causas visibles, debió alterarse, dividirse y 
dar vida al francés, al catalán, etc.; conservándose tan solo 
casi inmaculada en Provenza. Tan errónea doctrina, victorio- 
samente, la ha refutado Puymaigre. El P. Sarmiento calcula, 
que de cien palabras españolas, sesenta son latinas, diez grie- 
gas, diez góticas, diez árabes, y que las demás pertenecen á los 
idiomas de las Indias Orientales y Occidentales ó al dialecto de 
los Gitanos. VA cálculo no parece exacto, pues el legado de la 
árabe al castellano, fué mayor que el de la goda y también su 
inñucncia, en la formación de él. 

El autor de Antigüedad y Universalidad del Vascuence en 
EspaTia, afirma que de las 13.365 palabras radicales en nuestro 
idioma del primitivo Diccionario de la Academia ton, 555 
arábigas, 973 griegas, latinas 5.385, hebreas 90, vascongadas 
1.951, de origen desconocido 2.786, y que las demás, salvo un 
pequeño grupo, las formó por sí mismo y de sus propias raices, 
el habla inmortal de Quevedo y Saavedra Fajardo. 

El P. Burriel sostiene , que la octava parte de nuestro len- 

(1) Nebrija. 



CXXXVIt 

ginsen la Edad Uedia es arábigo y qae In influencia de esto 
Dombie duró, aon en el período docadento del miiRlim; do cu- 
.miaflaencin, son vestigios, las inscripciones de las monedas 
ilstoaAJFonBos VI j Vlli, el privilegio otoi^ado por Fernan- 
dolVilos religiosos do Toledo y escrito coa caracteres árabes, 
jb arquitectura mudejar. Renuncio á depurar el contenido 
iIb estas aseveraciones; ; Ijándome en el romanee, que sí ea 
iottiríbral latjn en palabras, frases y giros, ; por su carencia 
de vm pasiva, j menos maravilloso, por la pérdida del hipér- 
batúo, en cambio su alfabeto es más rico que el de Roma, su 
elánsuU. expresiva de las ideas abstractits, tiene una claridad 
utaiiralile, posee la g griega y una ncentnncion que pone en el 
leafwjc nnanrmonia y nnn variedad sin límites,... lijándome 
t«pito en ol romance, cuyas calidades Im apuntado Vargaa 
t'nue con gallarda pluma; adviértanse en él, sin número de ps- 
Utm que proceden de la lengua de Oiceron y Ovidio y que las 
uy ulttis, godas, algunas que quizás pertenecen á idiomas 
perdidos, aumentativos, pronombres y tiempos de conjugación 
fniuo» recuerdan el sinscrit y quién sabe si tilgo más. que 
descubrirá nuestro siglo. Las ¡ndiígaciones língülstiens ee verí- 
ficaa hoy en la esfera más amplia, con un espíritu critico y 61o- 
MGcolori más exquisitos y la razón de sor de fenómenos, miste- 
rineosanttia.aaconocida. AeieHquo, tan arqueológicas, como la 
opiajou lie que el eúskaro hablóse en la torre de Babel y que el 
celia sa unn lengua primitiva, de cuyas entrañas han salido las 
«urapaas; sujuviguin teoría <le RaynouarU y la del traductor 
del Poema del Oid Oj , que sostiene es el castellano, hijo del 
Inaeia, 

La luz lia sustituida á las tinieblas, en lu lllología: — el len- 
fWie de Castilla es oriundo del Oriente, aunque su genio no 
' M), y palabras tiene de este sabor, en no escaso nii- 
8 razones de este hecho, no hay para qué repetirlas. 

"se sin embargo, con una indicación, 
a por al cuerpo de nuestro idioma, siiugre de lu sangre 
L Ahora bien, el aanecrito trnsuitió terminaciones ul 



CXXXVIII 

latin; y son muchas las voces que, como Jmenis y moHuui, se 
derivan de aquéL Esto de un lado y de otro la estrechísima 
relación que guardan las neo -latinas con la de Yalmiki, 
inducen á lo aseverado, respecto al linaje del idioma, en 
que están escritos el Ca7Uo de Cosaco, el Rey Monje, la Ultima 
lamentación de Byron de Nuüez de Arce, los Pequeños Poemas 
de Campoamor, el San Francisco de Castelar ó las páginas en 
que Larra y Mesonero Romanos dieron á la prosa, su castiza 
hermosura. 

De este largo viaje, con rumbo á los orígenes del habla in^ 
mortal del Romancero y el Quijote, dedúcese que las palabras, 
que acopió Borao, por proceder de las fuentes que dieron 
carácter al castellano, son asimilables por él. Y son además 
propias, concisas y aun irreemplazables, si se han de tra- 
ducir ciertos conceptos. En ellas, como en las creaciones 
jurídicas de Aragón, hállase objetivado nuestro propio ser, 
tanto, que voz hay en este Diccionario, en la que es clara la 
grave vis satírica que ha caracterizado siempre, á los ingenios 
de la patria de Marcial y los Argensolas. Yo creo que de igual 
suerte, que ha amanecido ya el día de que el espansivo código 
aragonés y el castellano se abracen, al pié del árbol de la liber- 
tad civil, y de que el standum est charlee que informa el derecho 
foral entre, á guisa de triunfador, en tierras de las Partidas; yo* 
creo que de igual suerte que ha amanecido el día, de que todo lo 
que del monumento de D. Vidal de Canellas resista el troquel de 
las nuevas ideas, debe ser erigido en lej; es llegada la hora de 
que reciba el Diccionario, vocablos de la índole de los conte- 
nidos en éste. Porque ni la unidad del derecho, ni la unidad 
del lenguaje, se forman con soberbias imposiciones y sobre los 
escombros de los códigos é idiomas provinciales. 

Ni la unidad del derecho, ni la unidad del lenguaje se for- 
man, recogiendo, sin sentido de justicia, lo que agrade; ó her- 
borizando caprichosamente en la Jurisprudencia, en el Parnaso, 
en el mundo de su constitución interna, de esta y ie aquella 
comarca. — ^Y si la unidad del derecho nacional no existe hoy, 
lo propio acontece con la del idioma. La obra inaugurada 
con las nupcias de los Reyes Católicos , está sin terminar:— 



cxxxtx 
U, con que tí<do el amor pueét coronttrlii, tiene que 
ser construida, con un código y una lengun, que sean ver- 
da<!eratnente españoles. A empresa tan gallarda, consogró 
Boran I» hermosa centella do su talento y recogió un gran 
«udil de vocaljlotí; jirimores que nunca debió linher aban- 
donado Castilbi. VA insíguo uacritor, no quieo que ee per- 
dimca, como ea otro tiempo la libertad política y los vene- 
nndaB fucroa, palabras expresivas, de In índole, de la vitali- 
dad, de la originalidad, de las características aragonesas, que 
«1 el siglo XV iugcrláronse en la Índole, vitalidad, originalidad 
y nneteristicns castellauna; si quier aquella conjunción no 
e8t¿ tan acabilda, coíno In que tiene sus eimboloü, en Inma- 
dontu d« Rnfnel 6 en el Moisés de Miguel Ángel. Merece puea 
bien de la patria, el autor de este Diccionario; cuyas voces, 
todas son netamente aragonesas , por ser Aragón su psia natal 
y donde tmu estado eu uso, siempre. 

6u legitimidad acredítank, los títulos de la más docta pro- 
cedencia y los labios del pueblo; el cual, sí con su legislación 
oonsi^ada en hechos y bus costumbres, es interesante fac- 
tor, para reconstruir la vida del pasado, penetrando en lo más 
intimo de au ser, lu es para reconstruir la literatura, con sus 
poesías y leyendas no escritas y para conservar la hermosura 
j abundancia del idioma, con sus palabras plebeyas, incorrec- 
tísimas á veces; que él os el mejor maestro de lengua, según 
Platón y por haberlo creído asi Malherbe y I-ofontaine, mu- 
chos pliceiuee debe darse el habla de Balzac y I.amartine. Que 
Ibb roces de este Diccionario, pueden ser, no va adquiridas 
poralnvioo, sino reconocidas como españolas, en el do la pa- 
tria, pues no están desacordes en su carácter, con el carácter 
(le U lengua de Castilla, lo dicen las derivaciones de aquéllos. 
En sus paginas las luky, de raza helénica, v . gr. , paníaa- 
ma; y las hay como bonavero y cisterna, que no solo arran- 
nn directamente del Lacio, sino que conservan la estructura 
tatJiu. 

ir Us razones que Borao nos dá, las hay árabes; por ejem- 

Wi^frféa y almorí»: las hay catalanas, provenzales y nrago- 
i jHinia:— allí está tiipliracioves, entre otras Provenía- 



les!.... Pro venza!.... Grande entusiasmo me inspira la tierra 
do floridos CHiüpos, azules cielos, plácidos mares y esplendo- 
roHa luz, cjue Kmilio Alfaro canta en su Lira rota; ó inspírame 
grande entusiasmo, pues posee Venus , como la liechicera de 
Arles; circos como el de Nimes; trae á la memoria, en sus ciu- 
dades, escuelas rabínícas, sabios ó cortes de amor, de impere- 
cedero renombre; y recréanos la fantasía, ora con sus ciclópeas 
rocas, tan queridas del Dante, ora en el Vantur, en el que cada 
violeta recuérdanos un suspiro, del que tejió las mantillas de 
la lírica, con los hermosos cabellos de Laura. 

Sí; á mí me encanta la Pro venza con su historia, tan poética 
en el ciclo religioso ó en el carlovingio, como en el caballeresco 
y en el asiático; con su literatura, ([ue tiene su monumento mes 
vetusto en una versión de Boecio; con sus mercados, sus Puys 
y sus galantes fiestas; con sus canciones, sus serenas y sus ba- 
ladas, sus rondeles y discordes, sus sextinas, sus cuentos, sus 
pastorelas, sussirventesiosrme embelesa el paraíso, en el que, e^ 
laúd sonó en el campo de batalla, en la enramada de los laureles, 
en sitios, cual los parques enloquecedores de la Re^le y ornó las 
mágicas estancias de los castillos y las celdas de los monaste- 
rios: me atrae la comarca dichosa en que la poesía, la música y 
el canto, han vivido siempre unidos, de tal modo que ser trova- 
dor, significa en ella, el sor sacerdote de las tres art^s: y estos 
hechizos que para mí tiene la noble patria, en que el racimo de 
moscatel de Bauma endulza y refresca el labio de Mistral, obran 
con la misma simpatía, en todos los corazones aragoneses; que 
en el pais de los Pedros, es herencia forzosa el cariño al de los 
Marcabrú, desde que le dimos la vida de aquel héroe, /or de los 
reyes, grano de buena espiga^ espejo de corUsia^ esplendor y adorno 
del muíulo; en las cuerdas rotas de cuya ensangrentada harpa, 
quedaron cortadas, al serlo las suyas, las fibras de la libertad, 
donde cantaron hífé, la patria y el amor, labios que destilaban 
miel más dulce, que la miel del Hibla. 

Amador de los Ríos, en el terreno de la historia y del arte y 
dentro la órbita de la filosofía, ha probado, que no es la litera- 
tura castellana hija de la provenzal, ni menos antigua; y 
que aun reconocida la identidad de orígenes en la latino- 




CXLI 

ietíca. loB medios (ie ezprt^aioii en nmW, son diver- 
f dic« bien aquel Proleeor de lama euroj^en. La poesía. 
Ilor p^ liti árbol arraigado en loa túrreoDos de los eaetülos 
6 en lus riscos de Sobrarba y brotada al grito de libertad é in- 
Ippeiulisncia, para santificar á la vez, al triunfo de I» Cruz j 
i. ÍJí infliienein proveazaL existió en Castilla, cuaii- 
il aolio Alfonso X. rica ja nuestra cultura, pudo poseer 
B extraños, iin Mxn^HO de la Ugüimiiad de ledos iut tU- 
r eoñtlüvii pf'!r de ¡a yrmiíica poeiica catlfllatut. Si todo 
I verdad, lo es de igual modo, que la literatum do Pro- 
a tMú confundida cuu la de Cataluña, hasta ol niglo xiii; 
n éstd 7 en el inmediato, la catalana adquiere un carácter 
lo, orea las maravillas de su lírica y de su li¡st4iria ; escrí- 
l^iiiaa sublimes de filosofía j de ciencias natuniles y exac- 
« en el crepúsculo vespeitino del décimo cuarto y al ra- 
il alba del quince, lo! Consistorios barceloneses remedan á 
s; maa impüne^e Itdia, abanderada del Itonnci- 
Mto, V CQ tan liumiina obm, «que se porfioniUca en Volen- 
I, tnbajaa en las verdea márgenes del Turia, desdo Jordi de 
nJordi hasta Ausiaa Uarelí y desde Kanion Ferrer hnatn 
* VíTos», con ei empuño, que en pro de la unidad y de laa 
■ naciüiiales ha trabajado el ingenio lemosiu, en las últi- 
B centurias. 

o formado imrtc de Aragón, Cataluña y tenido ésta 

■ lileratitra de caracteres propios, ¿cómo no dejar bueila en 

H tdloina de aquél? Qímo! ai ú la tal literatura, cuya poesía 

alijetira y cunai épica tiene por nota dominnul^, la politico-so- 

Éñd. para ser gmnde bástanle cuatro nombrea: — D. Jaime el 

ittaiior, Muntaner, Arnnldo ViUnnueva y Raimundo Lu- 

¡¡ porqoe \»» bistoríns catalanas superan á todas las liiii' 

e PU época; Tirante el BIahco dio á la literatura cahalle- 

e Cataluña el matiz de la verosimilitnd que la distin- 

j el Ubro de la Savieía, merece ser colocado en un Nar- 

hTsisc consídem que, en tan privilegiada región, la 

b ostenta carácter social y un admirable acutido práctico 

e convendrá en que, la tierra que preparó el adve- 

íBto de ta lírica con Ausias March y Bascan é hizo el an- 



CXUI 

damio que utilizó Lope para colocar la rotonda del Teatro, con 
Tárrega y Ricardo del Turia, había de acaudalar los tesoros del 
idioma de Aragón. Esto, en lo que se refiere á Cataluña. En 
lo que se refiere á Provenza, el influjo de los pueblos que 
constituyen una nacionalidad literaria, á la que pertenecen lo 
mismo Riquier que Vaqueiras, Vidal de Tolosa que Raimundo 
de Jordán de la Gascuña^ fué tal, que lo portentoso es, que no 
resultase en Aragón un dialecto; y pregona aquél, el número 
de voces que hay en este Diccionario. 

La legitimidad de las propiamente aragonesas, la testifica la 
historia. Los mas antiguos documentos escritos que poseemos 
y los bilingües, de época anterior, acreditan la supremacía que 
fueron alcanzando, en remotos siglos, las nuevas lenguas, en 
Navarra, Castilla y Aragón; y respecto á los orígenes del idio- 
ma, nos persuaden de que cosa idéntica aconteció, en los tres 
reinos. Borao sostiene, de acuerdo con Escosura, nuestra su- 
perioridad sobre Castilla, en la ciencia política y en la Le- 
gislación, lo cual no niega Marina y en cambio apoyan la 
tesis, hechos innegables, citados por D. Jerónimo, cuales son: 
—que á Jaca acudía el castellano á estudiar los fueros para 
trasladarlos á su patria; que el matrimonio de los clérigos, 
la ley sálica y la representación en las Cortes del brazo de las 
Universidades, importáronse de nuestro país, en aquel otro al 
que dio leyes y en el que fundó una gran monarquía, el pri- 
mer Emperador de España, Sancho el Mayor; — figura grandio- 
sa, digna de un Plutirco. 

Y afirma algo más Borao. Cree que la superioridad de Ara- 
gón alcanzó al idioma, á lo que asiente Monlau, sin duda, por- 
que hubo para esta, las causas que determinaron las otras 
superioridades. El romance , hermano cariñoso del castellano 
en el suelo de los Jaimes, conserva desde la cuna el acento 
de sus antiguas tradiciones y el sabor de los caudales que con- 
fluyesen para enriquecerlo. Pasó ya á ser arqueológica, tan ar- 
queológica como la hipótesis de Newton acerca del lumínico y 
el sistema de Ptolomeo en Astronomía, la creencia de los que 
con Villemain defienden, que en Aragón y Navarra, fué na- 
tivo el catalán ó provenzal. Los críticos han probado que el 



lomance. nacida á In Hombrtí de Ihs Barros Rojas, independieii- 
' ' maMle de CnEtilla, perfeccionado con lentitud j con alguna 
rendÓD de ésta, aunque con mejores elementos, derrocha- 
n part«, ofrece idéntico desarrollo al que preséntanos en 
' '^«tari&s, en la tierra leonesa y en la '¿ue fué monarcinia de Sao 
Vernando; y que existid antes de la épocn de D.' Petronila. Ij) 
acreditaD, La última voluntad de Ramiro I, expresada en 1061, 
ladeU.* tíauctia de Rueda (le 1225 j varios documentos, de 
tndoli! privada, qtie pertenecieron al monasterio de Monte-Ara- 
irOD y al de Santa Cristina de Jaca, escritos en la época de la 
Cas de Barcelona ,v en los que medió gente de ekrezla. Bstae 
pA(,'ÍQas bilingües, de los días en tj'. e fué declarada oficia! y 
cnuceluriu la lengua de Castilla, aplicada á documentos piíbli- 
cos. nos enseñan que el aragonés al escribir, vacilaba entre si 
■iH-)itar el habla vul¡,*nr ó el cortesano;— irresolución que se 
insinúa, ni pasar ¿ loa Condes el solio del Batalindor y que 
nrmigó, ni servirse D. Jaime del catalán, en f>u Chróntca. Inte- 
rmante libro ésto!; regular, adorable por su vigoroaa sencillez; 
B ti que la narración tiene un aire de verdad, qoe agrada 
~to, la frase es propia y selecta, el lenguaje pintoresco é 
ftaao y el aroma poético tan delicado, cual en las páginas 
A que Miintaner uoa reproduce, ú 11. Pedro recogiendo el 
note de Ooradino ó la emboscada de Besalú. 
*'B1 Con^iuitaiiir nos convence con su historia, de que era 
istro en el idioma de Castilla, usual en un buen número de 
B sfibditos; y si os fijiüs en las palabras que el rey escribe le 
roa loa moros latinados de Poñíscola, al rendirse la villa 
doSatillo, cuyas )>alabras recuérdanaos la antiquisima le- 
núeApohhh (i), vertida del latineen libertad y buen ^s- 
t; si 08 fijáis en lo que habla la flor y nata de Teruel, al ser 
a & la reconquista de Murcia, y en la índole de las fra- 
1, qu« 1). Jaime atribuye á otras ciudades aragonesas, con- 

mÚfí ¡'ni tMiila ru gTitgn pTimHiviimenU y lite¡-a vitrlida al Uitin, cu- 
P^^bUIn tacontKi Matcos Vallero en Augsburga. Díc«m qu* el original 
~ [OUti«nConstiuitinop1a;que su titulo «S Ti^il* Apolonieil» Tlana 
BU uuior FllOHimlo. Figum ea Confiiiio amaniii He Gewcr 
^M nnt eokcclon. conocido iior ol lituLo ilc Outa Rantannrim. 



CXLVI 

influjo del país de las cortes de amor, áió al habla de nuestros 
antepasados timbre provenzal; ([ue sobre todo esto conservóse 
un lenguaje aragonés, que no necesitó uniformarse, ni al ad- 
venimiento de D. Fernando de Antequera, ni al recibir el Rey 
Católico la blanca mano de D.* Isabel; y que este dialecto, casi 
castellano, debió su semblante al carácter y al vigoroso espíri- 
tu de la tierra de las Barras, á las reminiscencias de la en qne 
quedó tendido, entre laudes rotos, el «uerpo ensangrentado 
del más liberal de los antiguos monarcas, y al roce con aquellos 
hijos del Yemen, cuya dominación dejó en la Península, la es- 
tela que forman, el alicatado revestido de aljófares del palacio 
morisco, las albercas rodeadas de arrayanes, en las que suena 
el surtidor como líquida guzla, loa encajes, alliaracas, crestería 
y bordados que creéis de hilo de oro y piedras preciosas, en el 
mirha cordobés. Sí; Aragón tuvo lengua, poesía y rima, desde 
el siglo VIII ; una lengua que contribuyó á dar á la de Castilla 
los esmaltes de culta; una lengua en la que escribiéronse pere- 
grinas páginas. Y demuéstranos con documentos, que por ser 
innecesario, ni enumero, ni analizo, que el lenguaje español 
fué, desde antigüedad muy remota, el hablado en este país. 

De mano maestra traza Borao, el cuadro de la formación y 
progreso del idioma aragonés; lujo de pruebas documentales 
nos ofrece en apoyo de su tesis, sacadas del arsenal de los 
siglos ; y tan persuasivas todas ellas , como por ejemplo, las 
célebres cartas de Juan II y Jiménez de Cerdan, la jtraposicion 
y jiiraintiilo de Fernando I, las páginas del traductor del Iso- 
j}c(e hütoryado (i) y las obras del Príncipe de Viana, al que cod 
buen acuerdo, naturaliza D. Jerónimo, en Aragón. El Principe 
de Viana! Qué gran figura! Tiene la alteza que en la república 
del saber y del arte, un Pero López de Ayala, un Marqués de 
Santillana, un Villena; la alteza que el autor del ZaberiiUo ó 
que Prudencio, cuyos himnos son, el incienso, el oro y la mi- 
rra de la poesía religiosa. 

De afable condición; hermoso y gentil; dado al estudio; 
vencedor en lides poéticas y morales; tan amigo de Alfou- 

(1) El infanta D. Enrique de Arag'ou. 



HT, como de Alíiiiiso la Torre, el de la Vüioa ¡íeleitaiiU; 
tan honrulor lie Aubíhb Mnrcli y de Mossen Junn Itoiz, como 
dt Jufto t'octü, el infurtuundo hijo de un prej^onero Hh dnn- 
ndor garbo§o; trovmJoi* ingenioeinimo; gmn diiiléctico; afi- 
eiomulo á los libros ulaaicos, sin «Jesdeñar los de Itniia; de- 
toU de las L^etrns Snj^i-ndas, A fuer de cristiano, de Us Iic- 
cime« cHbHllereecaM. á fuir de caballero, de la Historia y las 
UjTM. k fuer de príncipe de elevnda» miniH-, I>. Carlos de 
Tiuii vivió, stilric&do, leyendo y escribiendo libros importan- 
tw; •■(qanlnx ijuc producían agudas disputas eu los injjetiios 
Jimiercuombre:á loe que trataba con iiitientiidiidyseucillez. 
BoMMi canrioueB que cantaba al son del laúd o la viliuela. 
' Sh poesías tuvieron suerte desventurada. Él tradujo las Blki- 
fnia Ariütútulcs de U-oniirdo ArexüO, acreditándose de fiel 
lattrpKte del gniD ob^ervadur, de portcatoHO erndlto, de mo- 
>dÍRt«, áit euteudido filosoru, de ronoccdor del latín y del ro- 
BUDK, iJc cultivador esmerado de la frnsc de éste: — por cierto 
que si 00 diú cima á lu ardua empresa de limpiar de errores la 
nu^na obra del niaeHtra de Alejandro, fué, por las amarguras 
ceaque afligió al Príncipe, «u pudre. R I estudió ti Eueebio, 
Ontio, Lenndro, Isidoro de íícvilla, Ildefonso, al Pacense, á 
flulpício de ComposteU, á D. Rodrigo, li Lucas de Tuy, á Vi- 
tenia Bauvaia; consultólos escritos de Fr. Gnrciade Engui, 
sUspO lie Bayona, laa crónicas todas de Castilla, Arag'on y 
Pnocia: penotni en loa Archivos; y fivido de lavar en laa 
críatalíoaa aguas de las verdaduras fucntea hietóricas, las 
aarntciones de la Rdnd Media; bujo el iiifltijo de Italia; es- 
Bfíbfó au célebre Criiiiifu; notjtbie por ct método, la clari- 
dad y la pasión por lu exactitud, que en ella resplandecen; 
|Kir wr entre sus libros, el de estilo mAs natund y leng\iaje 
■las suelto. Hl en Ho, fué autor de Epislofas y ¿amenCacionM, 
qiMviviián siempre: y poeta, filósofo, orncíor y cronista, nu- 
trieado su espíritu con In doctrina de otras épocas y litcratu- 
m^ mereció la palma de oro de la inmortalidad. Pues bien, 
Ielp6 de Viana puede ser natundi^ado en este pnfa, con 



CXl.VIII 

mas justicia que ou España, Doria ó Alejandro Farne8Ío,y que 
eu Italia el í^rau Ribera; DO^a i)or el interés que en Aragón des- 
pertaron las desgracias de D. Carlos; por la solicitud con que 
aquél las socorrió; por el parentesco que á éste unía con el 
héroe de Aversn; por haber sido el hijo infelice de D.* Blanca 
primogénito y heredero del solio tallado en el tronco de la en- 
cina de Sobnirbe; sino porque el traductor de las Ethicat^ apar- 
tóse de los que pugnaban por latinizar nuestra sintaxis; aso- 
cióse al movimiento literario de los ingenios catalanes y ara- 
goneses y escribió en romance navarro, a maravilla:... . en ro- 
mance navarro!, interesantísimo ])ani nosotros, por las grandes 
analogías históricas y jurídicas que entre sí tienen, el reino de 
D. redro II y el de Sancho el Fuf^rO^; por las níinidades que en 
ambos creó la gcografín; por su comunidad de origen monár- 
quico y de reyes en tiempos; por todas las sólidas razones en 
lin que Borao alega en su lulroditcciou; de las que dedúcese la 
conformidad acabada del lenguaje, en las regiones aludidas. Es 
verdad que el vascuence hablóse en muchas villas j aldeas de 
Navarní; mas el Arcliivo de la Cámara de Coniptos y el de 
la Diputación, nada contienen, en contra de haber sido el cas- 
tellano lengua oticial, en la monarquía cuyos hijos fueron 
nuestros cümi)aüeros de armas en las Navas. Lo fué, un dege- 
nerado latin, hasta (|ue lograron omnímodo triunfo las hablas 
vulgares, i^-ijo el ([uo g(*rminó el iuniancr nataé-ro; del mLsmo 
tronco y de la init?mti raíz, (¿ue ci ue la España Central y aná- 
logo cu las circuu-tancias políticas y sociales, que determina- 
ron su aparición. 

1mi los fueros, otorgados i)ormanü aragonesa, á importantes 
l»oltlacioncs del i»aís (io l^^ancho el Tnnbloso, hay voces, giros 
y cláusulas en ([ue, bajo el tosco ropaje de un latin bárbaro, 
escóndese, en estado de crisálida, una lengua nacional. 

Si examináis los «locumeuíos diplomáticos, que en muy 
(loi'to sitio m; giiai-dan y en los que resultan interesados, ya el 
:J>.*id V lüonjes lio Fitero, va el Prior do S. Kstcban ó el de 
.h'>a, os convencereis do que existió eu Navarra uu romance, 
pa.'X'ido al leonés y al castellano. Navarra ^sintió la influencia 
arn;-(. :u su siemjiro. Los fr.rros Miüiiripaka, coleccionados por 





i, eonreDcen de que nioguti documento, qitc no eea Inli- 

1 aquella, lingta la tarde del siglo xii, en qiio el ro- 

ro. poepsiónnae (l« la dianclllenn. Siiiicho d Snbio. 

n-io ileíliclia centiifiü, otm-gfi d Fit^ro i/e Ar- 

, ijUQ em .vn el habla de tn mucliedaratrc; 

el lítgl» xiii el Fuero general, itn leugunjc 

_ O y con brioB paw ncnlmr de vencor, los obstáculos 

tt «O lo oponinn. 

fe »ridenlí que el habla naciocnl en Navarra, lo fué. cotno 

n tengnn)G parecido ni leonés v al de Oaatilla; si 

Navarra, cual en el de Aragón, adviértanse ma- 

miíjan ttsouomías particulares. Con vencen nos 

I /.lairaultáneoy genornl, enla Penlnsula.elpre- 

1:1: ido sobre el latín cnncilleresco. {wr tos ¡diouins 

íHigutc»; «^uln uno de los que rcfiejtihn elementos de cultura, 

Eb mí idíürio cridcnt«, que en Ina doiinc.ioncs, privilegios y 
ilemáfi t'.-ci-i-.uras de Navarra, hnbo analogía con 4 las précticas 
<:? Arnfron, lia^a en Irs rúlirícas ctirialcs,» lo cuuL 
: <? merindades prúsimas á itOBotros j en las que 
le Fmncinódel risco vnHCongndo; que la len- 
¡¿i,- '.v,.M....i. idéntica en los aludidos reinos, en a mbce estuvo 
BOKta por intimo parentesco, con el castellano. Si; idéntica 
jr de no menor fuerza vital, que todas las hablas vulgares. 
Poique 8Í el catnlan propagóse 4 Mallorc» y Valencia, merced 
k Un tuum&ns que relntó D. Jaime, con candor auhlimev en fra- 
ses tnn dalccH, como el piar do In golondrino que anidase en la 
tiuldn de ctimpHñn del ilustro guerrero, en el sitio do In ciudad 
del Turía: el romance aragonés se enseñoreo de las poblaciones 
■rranend»^ ]'út el Cou^uisttiríor al moro, en las comarcas dej 
med'O'iin; in que c) nznhnr [terTuniQ In atmósfera y la palma 
,,,,,.,_,,-.« ,(p dátiles; el limonero con su fruto da oro V 
1 1 ^H flor de púrpura, prostnn hechizos indeflni- 

ea aquello» deliciosos campos , en los que ni 

: < . cuyo color verdi-negro destncn la nieve de In 
j:a1í.>mn' f~t" "^ mirto, que es el úrhol del sepulcro de los niños, 
á 1* higrucra que. por linber ocnltn<lo A Jesús y María , tugiti- 
v«» «lo Herodes, da tres veces un fruto que destila miel; y en 



( L 

que las florestas vierten perfumes más suaves, que los jai- 
mineros de Alejandría, que los bosí^uecillos de rosales de Chi- 
pre y de Damasco. 

Resulta pues, que la historia enseña, que en Aragón y Na- 
varra, tuvo la lengua española las mismas vicisitudes que ea 
Castilla, á la que superó aquél bajo más de un aspecto; sin que 
jamás hayan existido, sino diferencias naturales, y modismos, 
en los que se conserva lo tradicional del carácter, en el Nor- 
te, y en los eliseos de Andalucía. T>e aquí, los vocablos pro- 
pios y maneras de decir de que nos habla, el célebre Juan de 
Valdés. 

Y con lo dicho basta para demostrar, como las palabras con- 
tenidas en esta magníñca obra, pueden naturalizarse en el Dic- 
cionario de la Academia. Más aun; deben naturalizarse en él, 
las bellezas provinciales, recogidas por el docto profesor, en el 
honrado hogar de este libro. Haciéndolo, ganará mucho la sin- 
taxis española. Vocablos y desinencias hay en estas páginas, 
que aumentarían la gracia de la lengua de Quevedo y perfec- 
cionarían el sentido de ciertas voces, imprimiéndoles más 
propiedad: los hay, más conformes que sus respectivos, con la 
etimología y con el genio del idioma que rebosa sales y donai- 
res, en Cervantes y Góngora: los hay , más concretos y claros, 
que muchos que tienen la calidad de castizos. 

El Vocabulario de Borao, contiene pues, dádivas, cuya acep- 
tación interesa al fausto, al número, á la poesía, del habla de 
los Luises y de Argensola; del habla que, ante la Virgen de 
Bartolomé, oir creemos en los laí)ios de los hermosos ángeles 
niños, que ostentan vastagos de oliva, palma, rosas y azuce- 
nas, en torno de la Madre de Dios. 

D. Jerónimo Borao prestó un gran servicio á su patria, con 
esta obra. Quizás no se encuentren en ella, todas las palabras 
que tienen derecho á ücupnr un lugar parecido al de las aco- 
piadas: tal voz brillen i>or su nusiMicia, frases propias de este 
país, alguna de las que conozco por un ilustrado y querido 
amigo !■ y encierra la inocente hermosura del Pirineo y del 

(1) Kl Sr D. Antr»ni(iOarcín Oii. 



' — ' - ínhnbita. Yo nodudo, qiie leyendo con cuidado ú 

i''<res, ú ¡08 páginHS de nueatroa jurísconsultoB y 
!<'rKdio consuutudiuiirio eu boca del pueblo; ^o 
'li^viuido In critica ú nuestrn liistorio, á sus fuen- 
t'^u ui-oiiru l'nruikSQ popular, ul leni;uit)c de k aldea, álasjo- 
tu Ulcninnn j cientiticus ijue i>o3eenio8, encontrarinmoB oro de 
le;, como d recogido por Horno. En (nena tan úrdua sor- 
pniBÜk) In muerto ni tluetre ontor, según pregóos el Apéndice 
qiu tMQ logase pnra eariquccor la segunda edición da su Dic- 
tnoKAiUo; j quico Boljo §i preptrando los materiales, para reu- 
nir (.1 un libro, las frasea y refranes aragoneses. Es riquisimo, 
onntro tesoro de Irase&l V el de relraiies! Poseemos muchos, 
0117 aatiguoH. «u loe que esta» rupreaontadoa el carácter, la 
Inlole J iH leudcDCia del pueblo que gnibó la» burrns en el cie- 
lo (le Itxlla y do tiícíLin, sobre liis puurtRs del Oriente y sobro 
tM jitat«ndiis escaiuns de los peces del M edite rrrtneo. üoo)' re- 
tétvux i fneuas ngrícolas, á circuDslnncias do los oücJos ítt- 
briles ; otros á la vida dol pueblo, ú li liia ocupaciones del pas- 
tor. Diios reiipirun la sencillez iiispirttda por ul surco ú la mon- 
tBán;utru6 íe religiosn y sngucidiid: ubuudauluB elegiacos: no 
btlaa )o« csproeivos de ideas iiudnees; ni los en que se ensul- 
isa noble» mogos del alma ó se perpetúan los nombres de día- 
tfnffciidañ; iwrsLintdidudes. LiOs mejores son, los que encierran 
no peaMnueuto. JF» agudo, y& grave y fotogruCiau el espíritu 
de Ib patria de los grandes tuitiricos. Lástima que Borao des- 
'MípQ'f'H' al valle de las tumban, sin logarnos In colección ape- 
twidnl Y nins nun que la Parca se opresuraae á cortarle el hilo 
' '- ".■--.'i!i, on la época en quo mas hábiles trabajos pudo 
::i en su DitcíosAlilül 

]). Jerónimo ocupa en la Holanda zaragozana 
■ -ni ti tilia auu vacío. No se rae alcoom quién entre 
(wauUw la-^gii empuje prim desenipeñrir los oficios de suceeor 
80^. Que cuando alguna uazcii cou ellos, (.rociire continuar la 
olin inaugurada, qmi n fuer de grande, necesita del eefuerxo 
flUonivo de varios bombresl Loa magnos libros parécensc mu- 
cba, ¿ latt magnas 01*6.10101108 de la aniuitectura. Sin concluir 
Bttáo aun, las catedrales de Bevüla j Colonia: el historiador de 



CI.II 

las Navas puso la primera piedra de la toledana, que se comen- 
zó bajo el amparo de San Fernando; se consagró en los días de 
Alfonso VI; debe mucho al VIII; tiene por adornos el sepulcro 
de Mendoza y el de D. Alvaro, el de D. Enrique el Bastardo 
y D. Juan I, las escultums del genial Berruguete y del ciá- 
uico Borgoña: y del esfuerzo de muchos príncipes necesitóse, 
para construir, la mezquita cordobesa; selva sagrada de toobu:^ 
de mármol; encantado laberinto que si con sus lámparas simu- 
laba un sistema solar, alguno de sus alminares, amortiguaba 
con el brillo de sus granadas de plata y oro, el resplandor purí- 
simo del sol andaluz. Pocos Palacios del Té fueron ideados, de- 
lineados, construidos y pintados por un solo genio, cual la ma- 
ravillosa quinta de los Duques de Mantua en que resplandece, 
el numen creador, poderoso, inarmónico de Julio; que mis 
inclinado á los conflictos terrenales , que á ejecutar con ca- 
riño una Sacra Familia; más amante de la idea de fuerza, 
que de la sencillez y naturalidad majestuosas; sin la idealidad, 
sin la gracia, sin los sentimientos castos, sin el bello lápiz y la 
suave paleta, sin la tranquila armonía, la profunda calma, la 
serenidad celeste y la perfección de su melodioso maestro; des- 
enfadado, atrevido, sensual; Ovidio del pincel; dio nombre á 
maravillas sublimes y cometió pecados, cual el de la gata y el 
enano que colocase , en una Virgen rafaelesca y en la batalla 
de Constantino y Maxencio. Eu cambio, desde la Eneida á 
acá, son muchas las obras que están sin concluir: mas lo 
que de ellas existe constituye un monumento. Kegadme que 
lo sean, el Diablo Mwido y el Alcázar de Carlos el Emperador, 
en Granada. 

Juzgúese terminado ó sin terminar este Dicción abio, es un 
diamante. Por tal se le tiene, en libro de la importaacin y se- 
veridad de la Historia crítica de h Literatura española; como 
tal ha sido saludado, en discursos admirables de Balaguer y 
en artículos del insigne Milá y Fontanals. Convenimos, escribe 
éste, efectivamente, en casi todas las opiniones^ manifestadas en 
su obra, 2)or el Sr. Borao y de que habíamos ya antes formado Jui- 
cio, al paso que nada tenemos que oponer, antes lo tenemos por mnif 
aceptable, á todo aquello de que i^or primara vez nos instruye. 



r 4€ eoiuwlifraciimes prdimiwt'si sobre la it[/titenría de 
'eim la tfn^wi y lo» Árabft en loa coitwnires, trata en 
kmAn^a y bien trabaj'nia Inthobl'CCiok, de la época del «ad- 
ludí la tengua caiUUana, gue con al'jiiua retena ínmifimda- 
B ^tMt n verdad Auio tná» Men conUnucí Irans/ormticioiies gue 
¡lo), comiente cnq^ese atnbaija al iiffh vui. Citalot 
wret dúcwmfnto» catiel/imot, que coi-reeponden al siglo iii, 
tdidot líe otrús de lat tret anterioret fteuturiut, en pie entre el 
■ Uricro y canvcnaional de las escrituras, van asomando pa- 
iscatletlaiias, aní come nfh larde sf o/receñ otras, donde el 
I0 eaittllana se halla alterado por reiabio» latinos; lucia de los 
n i>. propio de las escrifttras. que tolo indireciamenie pitdie- 
m i»^tir, en el ^a formado lenguaje dtl pneblo. Entre los últivios 
a citados, lo* hag ya aragoneaes, es decir, escritos en Ara- 
, en ¡a ¡etigua gue ya enUmees les era conuu ó poco menos con 
y con Castilla, á pesar de que la lengua sabia y cortesana 
H eiertot nuos diplomilica, Je^se desde lo. imou con Ca- 
la, la yw después ka recibido el nombre impropio de lemoftna, 
é pasar de qw- el aragonés Jítese, romo es todavía , más catalaní- 
>, mientras agitnas de las primeras muestras q>te como de ver- 
•O CMtellaso nos presentan, eoitservan formas asíarianai ó 
I. Que los aragoneses hablaron desde el oriíjen de su reino, 
h fM despuer se ha llamado eantetlaito, ya lo eri'lencia el keelio de 
il deide mwAos siglos lo etlét kabttindo, sin que hubiese mediado 
o kisUrieo, á bien qw los documento» no don Ivgar á 
ida oposición. Bl extracto de intfresanles documentos arago- 
', empelando por km de 1178, oeupa. como ee debido, nn buen 
a de pági-iias del trabajo que examinamos y cuya primera 
s la kietoria, termina con una iiporíma excursión al 
10 de Na/tarra. La segunda parle de la Introducción, más es- 
ente deeiinada al examen del Dicci'wahiú ¡i de los mndiS' 
« aragoneses, nos muestra el tiento y la im/iarriaUdail eim que 
b jtrocedido el Sr. Borao en la lulmúfion de toces, «úi que esto 
I obstado para que *u Vocubliabio, segtn adríerle en el 
m, confnga l(n5 artiealos tiweoí, sobre '81 indicados por 
^Aeademia y í»H) recogidos por Peralta. 
'ú o^ra det Sr. Borao, ka exigido vn paciente trabaje g estih 



CLIV 

dioi lúiglUsticos^ cient{/icos y forenses; y se recomienda ademas, 
por un cierto perfume literario^ que no siempre despiden las obras 
especiales. Citaremos para concluir , como puntos de lectura curio- 
sa é instructiva, el pasaje sobre el dimin^tito en ico de la Intho- 
DUCCiON y la Nota relativa á los aragonesismos, del poco comedido 
rival de Cervantes. 

La pluma se cae de las manos, por ser imposible una crítica 
más sana, acerca del Vocabulario de Borao y de su IiUroduc- 
don magistral, que escrita en 18t')9, está, en la generalidad 
de sus conceptos, á la altura de la última palabra de la his- 
toria, que ha progresado lo que es sabido, desde aquella fe- 
cha. ¡Loor, pues, á tan grande hombre, por quien podemos 
decir al orbe literario, que las razas del genio que tanto brillo 
diéronnos en otros dias, no se han descastado en Aragón; que 
ésta es aun la tierra de los preceptistas é historiadores sesa* 
dos, de los poetas didácticos inimitables, de los satíricos mo- 
delol 

Cuando los siglos comparezcan en el juicio universal de la 
historia, una vez terminadas las providenciales tareas de la 
humanidad, allí estarán: el que con la lira de sus vates, enseñó 
el castellano á Castilla; los (jue asombraron al mundo, con reyes 
que así manejabm la espada como la {)éúola; los (¡ue endulza- 
ron los pinceles de José Leonardo; los que dieron cuna á Anto- 
nio Agustín ó á Zurita ó ú Jusepc Martinez ó á Luzan; los que 
con sus prensas Guttenberg, con el cincel de sus estatuarios, 
con el yunque de sus rejeros, con los libros de sus jurisconsul- 
tos, maestros entre los maestros de derecho; aumentaron la 
resonancia del nombre de Aragón , por los ámbitos del pla- 
neta. 

La centuria décimo nona , encarándose á las aludidas, podrá 
exclamar, ciño laureles tan inmarcesibles, como los vuestros, 
pues mÍ8 Goyas han pintaiiu el hérue con canana, escopeta 
de chispa, calzón, faja y pañuelo, el héroe ¡)opular y mis 
Prad illas el cuadro histórico con el jnncel de Velazquez y de 
Claudio de Lorcna; mis histoiiadorcs Lasala y Quinto fue- 
ron honra <Ie la patria ; mis .jurisconsultos conservaron las 
tradiciones de los que, en pasadas edades, conquistaron im- 




ñ (sma (1); nii fabulistn Príacipe, cultivando el géna- 

TD que üuBlniron Snmaniego é Iriarte, nTentnjiíae lo i)ue la 

Uotbe en Francia , Ruberti y Berlola en UrIíh j iuiíb que Ga,v 

n Iiiglitterra; y mis preceptistas hnn escrita, han 

^do 7 hRtí enaeñndo, Ron la sabiduría de Borao, cuutor de 

a de este país, cu;o cetro fné de Sgata pirenilicH. pRl- 

t granadina y oro del mundo, qne Dios colocase o nire las 

m de cristal tuáa puro y más finas pcflas de loe mares, en el 

i late ana alma doacella, que será madre de la civilización 

m. Id cual recauíicese. mirando sn naturalejia privilegiada, 

en la imagen de Vírf^ilio, reconúcíuse en el majestuoso 

, la divinidad de In diusn. 

«oespues.dit^nodcl respeto que ncompañnit su memoria, 
1 inteligencia radiante y porque consagró su vida i La edu- 
iciondelajuventud, ala cultura de ia patria, al bien de todos. 
' esto entre sus timbres, cuenta loe muy envidiables 
1 liombre benéfico. Si; los muy envidiables, porque si las 
a deshojan palmas y Qoree sobre In Bendn de los go- 
I, sobre la senda de lo3 seres benéficos, Ins desbojan los an- 
ís de Dios- V si mucbo arrebata Napoleón á caballo, al de- 
4 por 61, la victoria en Avist^rlitz; Byron soñando o 
m ds Venecia; Russíní ó Oarcia Gutiérrez enloqueciendo 
A públicos; Víctor Hugo, despidiendo por ios cr&teres de si 

1(1) Alrebrirtataloa jurlscooBullos ai> nuestra tiialorla, no [lurdo inc- 
todalMOar votcM, porquialgunu iLe laU imisanus, Anlcmlitliis üu la mn- 
it aaqna de la pcnumtfm ea que se Imlian, las nm^aítlciia obrns que 
■Utayta Iüb tcsorus Ar lo rienda juriitkn nragoncra. Me coobU qno 
If SjHvrMhadan viglllaB ha cunsagnulQ Aru ratsdtotlSr. Ü.SaaKaKO 
UH araguacsiii caat«in|Hii'Auíos mas iDaleBlOH j de mAi aié- 
o y ¡¡lie D. Joiu)Uín Marton, bonn drl furo, m ocu|tn en la 
n traTiajD,aneI(|U(>|)rcpOn(>aci)Qpu1ariEar, liln-Ds'que no ca- 
li luilo <'1 que drwa puBPorlos. El nuTablr jurfüconaullo liara 
jtf pm 1)1*D 1 la rullun Kpnr-Hl; y lin donrar cu <|ut si ¡lulilli'lHla qua 
~ ~l$7ainn«cl<lu (^lurdun en 1» cmiircBu A que con *! 8r. SuvnU •liaat ci- 
IgW ««tterile da iiun uullguuN liríuK; que cuufle A U jilutua al pucarga da 
Ib muchu i|ua aahf rl H.T D. Luis Kranco, jllrlsconaulto da 
ft'UUadalosanlJiniOi.trnin HalHdnr dalas roiai arag'onasaa; )' <|u» lia 
aneafn ¡>. JoM Kedaleu gran talento y el suyo clariil- 
Wtiar.ÓJlBrrgwL 



(I.VI 

numen, la Java revolucionaria de su siglo; Castelar en la tribu- 
na ó Fortunv firmándola ÍK^r/Vz; despiertan ideas más dul- 
ces, el nombre del que descubrió la vacuna, del que im- 
portó la patata en l*]uropa, del «[ue nos trajo el gusano de 
seda, del que armó el telar de Jacquart, y dio al minero la 
lámpara de Davv;... un Pignatelli sangrando el Ebro; ó un José 
de Calasanz, jfíguní de las más bellas de la historia!, ensenan- 
do á deletrear al niño pobre y desheredado y dotándole de la 
riqueza de la cultura y de la virtud. 



Faustino Sancho y Gil. 



Zaragoza, Diciembre, 1884. 



ADVERTE rea.. 



En 1669, encabezaba D. J. Borao la primera edicioa de eate 

DiCCIOKARIO: 

Deciilido Amigado la inalrucciun priniiiriu,á ijuien iiir ILtou^odr liabrr 
]irr!!lailii más de un dtil sityícIo, he lomado imrtf Isl cual vez, rn loe perió- 
dicas i\ae le cMíd dedicndos (n ErpbíUi. Hícelo, en 1856, r^ra tratar \igt- 
nm'ale ds losdiminutiYoHy iirlDci)ialnieiil> del terminado ra ico; y íyin- 
zaiidu e\ eiámen de utraa maurras aruíruni'Kuii de drcir, t>Bra ul^fuuut artí- 
culos iirtliinoH. ■■■ífTi f ncariftanno !i tal puntocim la vqhIitIíi, y fiiorun 
rxti'Ddiéndosp ilo t«l auert* mis estudie», que al cabo ¡irmlujc r- n ol Dicein- 
.¡/•rio mrngo>f>ty\jí Intrixl anión sintética, <|Uc lioj- síimi'tip ul juicio del 
l'iiblicoy rcroiDicnJo A hu íd Juih'i-ncla . 

Parcclúiui; muj' diflitil, ul i>rincliiÍo, In url{.'inalidad. ¡n ]ior el iíi^kd uú- 
mvmde Tori'S arat^uFíns, i|Ui-ra ealidnd de tnlen, deflaín ron su acoRtnm- 
bradu acierto la Academia, ya ¡utr lim nuevas que iacliiia eu bu Ivniíiiía ifi 
Hii Iiircionarlo at-ayaae^ctutetlano (Zarafc-Oia. lro]i. real. 1S30, tfl yiílíi- 
iias8.^) i>l iliKtiD<ruid() aliojradu cutbiicrf, lii.y lUgiiiFliuo ma(;iKtrailo, 
I). Mariano -l'erolta, cuya lur{;n realdcu'Ju en el alto Arngon, le pecmilla 
dejar miij' ¡«co usuntu li sus aucnHires, ú i-egur de la mmlpElla con iiue IH 
tiiló rtu niii,v apnriablP trnlinjo, '[Uc yo lie rcPiirlado con eitremo: ¡wro oh- 
fervandolno dl.<eiil[>ahlCH omisinneii de ambón DiivfaiiAr''i*,decidfmsáii]e- 
jorarluiten cuanto puilieM. «obre la liaxe lue^ilable iiurclluu meufYccian. 

^i lu Uacr.narí.'uidoúnainl dllii,'euvin, el iiúbliru es i^uien bu de resol- 
vrrlii, lenlen loi'O rúenla la variedad lie riítudios, nsi linirQialtCOH como 
eientítieos y foreuseti, iiue mi ubrii lin i'xIítÍiIo: la )<nrleiitp ex|>cctacion qun 
lia ni|ueriJo, euinu i[uleni que ht La ngieliulo al ).ueb)o mi^mo, par* sur- 
Vreildirle t'U Irn^'Uitje: y, rn fln, el crecido uúnicro de vocablos nuevos que 
t." ei,n<!riniido alleíMr, i:u:indo parecía CMsi apiituda lo matrriii,aunr|ue ad- 
virtiendo ijue, sobre los vuceti que hayan ]iijilldu esi'a|^r á ini euidado, M 
reliaran de meuod nlKuuaK iiuramcule lucalm. ínirriiuidasdcpri'iiO^itUjiiur 
H]i»ruriieen cierln niutio, del liabla cumiiii am<^ucKi¡. 

1.a Acs>lemia, b\ no liay error cu el cómputo que be iiracticado, incluye 
i/iiinitntat ¡liaeiila y una vucei?, como provinciales de :VrB(ran y oehtMa ¡i 
i'>-u, cuma irovlnciales en penernl, ¡hto Ri<(;uraincute de uío orairunés: t'e- 
mita unas 'mí'i'riiliitnurvaHSobrii las ita<'-ii!iU"t aratn>ncsas. ri'amrfu.v 
ri'iicu pnivinclalrs y ciViihi rvoiviiln y rfiM lastrlliiuu^. i|ue tuina de la'Acu- 
di'inin: el l)i(:CI()\Al)luiiUe urmcoabciiu al públicii contiene, sobre las 'ISl 
de !n .Vadeinin y Ins 3 dr Peraltii, llj— uuev.is, ciue constituyen un lotnl 
dr ajeo vi*uR,*»lnMi5¡l'»' mus quelu Academiay acnotnáHiiue el l'uía^ii- 
/•lí-ío de Peralta. 

.\iliplladBS, concorJudus y iiiod i lleudas á vece^.las deflDícioaes de ambos 
/íiV'ii'..i.i.-''iw. lie rrcido del caso sin imlMirgo, eoní;i'¡vnr la proidedad A di- 



CLVIII 

gfamoSf pertenencia de cada palahra, para mejor conocimiento del lector: y 
á este ñn he designado con uua ir, las voces castellanas que Peralta (indu. 
dablemente con buenos fundamentus^ incluyó como aragonesas en su £"'»- 
«rt^o, con una p las provinciales, con una a las amjfonesas de la Academia? 
con una d las exclusivas de Peralta, y con una u las que en su totalidad 
me pertenecen. Esto be preferido, para carg'o y descargo de mi responsa- 
bilidad, y no las indicaciones ¿rramaticales que doy por conocidas, y que 
no me parecen propias de un trabajo especial como este, sobre el oual ha de 
suponerse el conocimiento de otros Dicrionftrio9. 

Ia obra del eminente catedrático fué recibida por los doctos, 
con el cariño que se recibe una buena nueva; fatigóse en su 
elogio la prensa de España; y Borao que no era de los que se 
sientan á la sombra de los laureles, si no el tiempo preciso para 
refrescar la frente abnisada |)or el pensamiento, continuó traba- 
jando en su heredad literaria, á fin de mejorar su obra, á seme- 
janza del Lábil jardinero que después de producir un hennoso 
vástogo, sigue cultivándolo. 

La muerte privó en Aragón á las letras, de su delicia más 
grata, cuando el docto Profesor proyectaba dar á la estampa el 
resultado de sus nuevas tareas, según se desprencfe de estas 
palabras, escritas, para colocarlas á continuación, de las que 

encabezaron la edición primera del Diccionario: 

El éxito literario que tu\o la obra, fué lisonjero por todo extremo; ¡lero 
no seré yo quien indique si»j[uiei*a las nun.erusus pruebas que de ello tengo 
en mi poder. En cuanto al éxito mercantil, qup con frecuencia está en ra- 
zón inversa, est* fué como mío: Ntrchul es. que ni lo iberio de la obra, espe- 
rialmcnie la Inírndurcion. ni rl pais m tjue se \ ublicaba, ni mi ninguna 
nitiniubra eii cumerciurli.. eran o ■ndicii.'ues paní i\\i€ sacara de ella 
alj-uua rocomi-en'ia: lio Mierte tjue I<>s íra*íl"s de mis viajes científicos y 
los de la rai'desta edición (juc liice, no fueron comp«nsados ni aun aproxi- 
madameutr. Pero, ai'ustumhra.lo o^imo escritor á \ivir en pleno patriotis- 
luu. m«" "i I cr" owntento conque lu t-bra corrieni, muy bien recibida, por 
España y Francia, C(»nque antes d»» su ajaririon tuviera en Zaragoza un 
núnuTo muy s^'leoto de sus''rit<>res \ con que cada día, me bayan solicita- 
do ejen)}l*iri > j ersonas distinguidísimas, á quienes en mí era punto de 
honra, el r^- jalarles un libro que honraban con desearlo. 

IV esta muñera, y al cabo de catorce años, la edición se halla afrotada. 
Ku lu previsión de este ca>v . \ llevudode mi impenitencia pues yo parece 
quo me he juradlo á mí nii<m(í no desertar de mi j-ucsto literario, aunque 
vep.;_'an sobremí. totias l:is contrariexiades. que bastíiaquí se han inventado) 
había ido haciendo lento acopio de nuevos datos: y hoy, sacudida la pereza 
y en un intervalo de rejrular 8;ilud, he procedido á ordenarlos, para que 
j.uedr.n iníercalar5í*\ en esta nueva edición. Las ventajas que en ella ofirez- 



CLIX 

co, faen, de la mejor ira presión, son: 1.*, algunos pasajes importantes y 
documentoB inéditos, para enriquecer más la Introducción; 2.*. colocación 
dentro del texto, de lo que por ocurrirme á última hora, hube de poner en 
el Apéndice; 3/. más de ochenta ampliaciones á las palabras, ya incluidas 
cnla primera edición; y 4 *, bastante más de ochocientas voces, absoluta- 
mente nuevas, que contribuyen á formar un total de cuatro mil, superan- 
do ahora en tres mil á la Academia y al Ensayo de Peralta. 

Expuestos los datos materiales que abonan esta edición, yo no sé conti- 
nuar el panegpírico y me entrego con ánimo igual á la protección ó á la 
frialdad de mis paisanos. 

Pocos años después de 1873, en que escribiéronse estas pala- 
bras, salió por la Puerta del Duque para el Cementerio, su es- 
clarecido autor, acompañado del claustro universitario y de 
todo lo notable que Zaragoza encierra. 

Con llanto en los ojos vieron las letras cerrarse el sepulcro de 
Borao; honores tributáronse á la memoria del escritor insigne; 
la Diputación reservó para este instante el rendirle el home- 
naje debido, á loa que triunfan y ensanchan los dominios de la 
cultura general. 

Y ninguno le ha parecido mejor, que el de entregar á las 
prensas este libro. 

Flore&á su tumbal; ¿á qué arrojarlas, si en ella crecen tan- 
tas, espontáneamente? 

S. y G. 



Panticosa 29 de Agosto de 1884. 



J 



INTRODUCCIÓN 



I. 



Extendida la dominación romana por toda la penín- 
sula española, muy pronto se difundió entre nosotros 
su cultura, entonces poderosa, é inevitablemente hu- 
bimos de recibir los vencidos el idioma del Lacio; que 
siempre fué la lengua el vehículo y el símbolo de la ci- 
vilización. Mas cuando ya era usual hasta en el pueblo 
el latín de aquellos tiempos, sobrevino una irrupción no 
menos enérgica, que, si no pudo desarraigar de pronto 
ni las costumbres ni el habla romana, todavía impri- 
mió un semblante nuevo al idioma, híbrido conjunto 
de voces latinas y maneras godas, que por ventura ha 
prevalecido hasta el presente, puesto que modificado 
por las muchas avenidas extranjeras que sucesiva- 
mente contribuyeron á enriquecer á aquel sin par idio- 
ma, en que habían de causar admiración á la Europa 
los Cervantes, Calderones y Quevedos. 

Nuevas zozobras, nuevo espanto, nueva y más fun- 
damental reforma que otra alguna vino á amenazar- 

1 



2 

nos con la invasión árabe, á la cual justo es decir que 
debemos la mayor parte de nuestra adelantada ilustra- 
ción en los siglos medios , asi como el desarrollo de 
todas las cualidades caballerescas que constituyeron un 
día nuestro carácter, y que todavía se conservan, aun- 
que nuiy atenuadas, entre nosotros, como se conserva 
el aire de familia, ó como se distingue el tipo especial 
en el rostro de cada nación y aun de cada territorio. 
De la misma manera que el idioma latino, el cual 
por su difusión vino á llamarse, á poco de la invasión 
árabe, la lengua de los cristianos, esto es, la lengua 
nacional, la lengua en que estaba escrita la legislación 
ó el Fontm Judicum, de la misma manera, decimos se 
generalizó entre nosotros el árabe, al cual (como dice el 
sabio Marina) hubieron de trasladarse hasta los libros 
santos, que ni aun los sacerdotes entendían, siendo 
cierto que en el siglo IX no había sino imo para cada 
mil que comprendiese el idioma latino, cuando el 
caldeo era en muchos puntos de España del todo 
familiar. ^^' 



(1. Alvaro, amiírí» y bió;iTafü ilr S. Kulo^rio. sr líimonta vn au Ltdictf' 
lo l%nni,}oso do quo los latinos dojascn por ol úralx» s\\ propia leug*ua. Eso 
irri'hatiblp texto, aducido por Aldrote en ol cap. 3. P. I. do «u Oriffen i/ prin- 
cipio rfí» la lengua rastel hn^a (Roma KJOtí y a]>oyado dospués (P. 11, c^p. 14) 
con muchos autores de ¡rran nota, demuestra «luo ambos idiomas, ol latín y 
ol árabe nos fueron del todo vulfe'ares y i)rinci])almente el primero. Citan- 
do ol erudito arabista Sr. Oayanpros al morisco uraf^onés Mohamad Raba- 
dán, natural de Rueda de Jalón y autor do un poema aljamiado en honor 
del o>iovi Muhahtaii^ el cual se incluyo i)or primera voz on los apéndices á 
la Historia de lo LiU'ratvra española del sabio an^^i'lo-amoricano Ticknory 
dice (ie su cuenta que *en Arayón, sobre todo, donde i>or causas lócalos co- 
menzó autos la amal}rama y fusión de las dos lení?uas ^erpañoln y árabej^ 
liubo i)ueblos on que se hablaba y escribía una jcrya casi inintelig'ible 
para los no versados en la leuírua nrábif^a.» 



No en todos sin embargo. Los alentados españoles 
que, lejos de someter su cerviz al yugo musulmán, 
fueron á refugiarse en lo más arriscado de las montañas 
para preparar desde allí la más obstinada y vencedora 
defensa que han presenciado los tiempos, salvaron con 
nuestra nacionalidad nuestro lenguaje. Y no fueron sólo 
las invencibles huestes de Pelayo las que conservaron 
el depósito del idioma : también los aragoneses, reu- 
nidos en las asperezas pirenaicas bajo la conducta de 
Garci-Giménez, (^) preservaron el latín gótico de la des- 
trucción completa que le hubiera cabido si como en las 
ciudades florecientes y aun en comarcas enteras de Es- 
paña, llegara á hacerse general el idioma de los árabes. 

Cuál fuera aquel tosco lenguaje, ó qué grado de 
perfección alcanzara, no es fácil decidirlo; pero convie- 
nen los doctos en algunos puntos que nosotros agru- 
paremos brevemente. Parece que los godos no fueron 
poderosos á imponer ni aun á conservar su idioma pro- 
pio, y tomaron por el contrario la lengua latina, aunque 
en el estado mísero en que ya se hallaba, como que ya 
venia decayendo desde su mismo Siglo de oro. ^^^ Las 



(1) Hecordamos habor visto indicada esta idea, por lo demás muy obvia 
en el fiímoso y muy aprcciable Diálogo de las Lenguas , obra del Siglo de 
oro que se atribuye al protestante Juan de Valdés y que fué publicada por 
Mayans en unión de sus Orígenes de la lengua española, 

(2) Había, en efecto, un lengruajc que llamaban los romanos militar y 
que ya prescindía digo de la declinación: Cornelio Tácito se conduele do 
las pérdido-s que había sufrido la buena latinidad, S. Jerónimo alude algu- 
na vez el decaimiento de la lengua latina, y S. Isidoro llama latín mixto al 
idioma corrupto originado por las conquistas: en cuanto á 4a universalidad 
de esto latín en España, la demuestra Berganza de acuerdo (como ya lo he- 
mos dicho) con Aldrcte, aduciendo algunas razones y documentos atendi- 
bles, y probando que h asta las mujeres, y por consiguiente el pueblo, oíaa 
y entendían las escrituras latinas. 



4 

pérdidas que diariamente sufría el idioma del Lacio 
permitían que se infiltrase sin obstáculo tal cual in- 
fluencia gótica, y de ese mutuo decaimiento, favoreci- 
do después por elementos arábigos, rabinicos y francos» 
resultó una verdadera é informe fusión, en que sin 
embargo prevaleció el elemento latino; (^) por donde 
los idiomas de él engendrados se llamaron romanos 6 
romances, ocasionando entre otros el castellano, que 
bajo este aspecto bien pudo haber nacido en el siglo viii, 
si puede llamarse idioma nuevo el que debió de ha- 
blarse en aquella época, de lo cual disentimos nosotros 
francamente, por más que lo hayan sostenido, pero 
sin documentos ni razones de algún peso, los eruditos 
Aldrete, Terreros y Andrés. ^2) De todas suertes y aun- 
que fuese idioma vulgar , y aun cortesano al decir de 
Terreros, no lé vemos hasta el siglo xii como lengua- 
je escrito, y por consiguiente no podemos deducir de él 
sino lo que de éste se desprende. Cónstanos, sí, de su 
existencia, como quiera que la demuestran las mejores 
inducciones filológicas, la declaran los mismos docu- 
mentos latinos que repetidas veces se refieren al idio- 



(1) Así como ol Irngruajc actual i)rocotlo iU»l latín españolizado, así tam> 
hién hubo lpn;rnaje bárbaro que era español latinizado, como lo comprueba 
un documento de regruLir latín que Berpanzíi vio traducido mar^inalmcn- 
te 6 otra especie do latín macarrónico en (¡uc se decía bracaret por amplfo 
teretw, niaiaret por ocridet'ct^ a;¡(xt usu<(fe lege }>or .««< usus tt l&r. 

(2) Terreros en su Prt/eoí/»v7/«rt, atribuida al P. Hurriel, divide nuestra 
lengfua en épocas 6 temporadas^ y en la sejrunda, que corre del sij^-lo v al 
VIII, supone su nacimiento, así como en la si^uient* hasta el siglo xi su 
cultura: Aldrete asienta que de la corrui)ción latina nació el idioma vulgar 
hasta que los Árabes vinieron á modificarlo, si bien más adelante establece 
al cap. V de la P.I. que los godos estrafraron la lengua romana aunque sin 
introducir la suya: el abate Andrés, ya que no concede al siglo viii los ver- 
sos comjíuestos en alabanza de unas caballeros gallegos que vencieron con 



■ Ilamaii vulgar (ó rústico como D. Alonso el 
latallador), y sobre todo la arguiriao con su midmu 
&CCÍÓI1 relativa los primeros monumento-s venlade- 
leote castellanos. 
Pero antes de fijar la época ¿ que éstos se refieren, 
Dvieiie anticijjar dos observacioneá diplomáticas, á 
taber: In falibilidad de muchos documentos en orden 
I su lenguaje y fecba, y la abundancia de documentos 
[atÍDOi^ y absoluta carencia de castellanos hasta los 
■tiempos críticos ¿ que nosotros referimoci el nao del cas- 
tellano escrito. 

Eo cuanto & la primera de estas dos ideas, diremos 

que ba habido muchas piezas, latinas en su origen pero 

"vertidas más ó meuo.'i prouto al castellano, lo cual pue- 

! indocir á fácil, error por la aparente conformidad 

) verdadera disonancia entre la fecba y el idioma, 

e lo cual (entre muchísimas) pueden ser ejemplo los 

hero^f de Sepúlveda y de Ai-ffufdaa, 1076 y 1092: hay 

tnbi^n privilegios, cuyas confirmaciones se conocen 

3 DO sus instituciones, habiéndose redactado aqu¿- 

B en idioma castellano sobre original latino: ba ha- 



1* de hlgtunid los tnoiu» 11111' tulimliaii olftuitodclBB clru iIodccIIq!', 
III CQ oetavM A la pñ-dida d/ Eipaíia i|u< c[t6 Furia rn ms CO- 
■t enmonas, mi pone >1«1 bIitId xi los poemas del Cid y At FantAn 
C igualmcnle loa vtRws del cnplUin portugués OonialD Hfmii- 
a dlrig'idos a su cnposa OuroaOD, conuí tomliiéD la cuUura de nuestni 
10 ■Ig'Io VI y altad» lijTiO rcBero D. Planuda Jaiur el prl- 
«T documenta calAlan.y áOitfsdel^ rrflcrtfln Academia de Buenoí Le- 
uda Barveluna lus prjmrruB iustrumenlos latíaos coa cláusulas en ro- 
"" J»ner, recorrlpudonlguoos documfntoK franecsea, cita 

ntre Carlos el Calvo )' su Hicnaana Luis cuDlra Lotaria 
ti fpitaHodd Conde Bernardo en SH.aüttdf que los eontllloB da 
le Ari™ en BIS y tCI mandaron ijUe los obispos tnulnjesea tas iio- 
lenlrngua rústica TuLgarromann y en tudesca. 



6 
"bido también privilegios y fueros que sucesivamente se 
han copiado, y modernizado á cada copia, considerán- 
dose vigente la última de éstas, entre la cual y la fe- 
cha, que es de suyo inalterable, resultaba un desacuer- 
do filológico no siempre preceptible: ha habido, en fin, 
alteraciones interesadas y por consiguiente lingüisticas 
en algunos pasajes, lo cual ya denunció D. Alonso el 
Sabio en aquellas palabras «aun aquellos libros raien 
et escribien lo que les semejaba á pro de ellos e a danno 
de los pueblos.* 

El segundo extremo se comprueba con los muchos 
fueros municipales redactados en idioma latino durante 
el siglo XI, y aun con los muy numerosos que se otor- 
garon en el mismo idioma por toda la primera mitad 
del siglo XII, como lo demuestran, sin salir de los rei- 
nos de Aragón y Navarra, los de Alonso el Batallador 
de 1117, 1122, 1124 y 1129, concedidos á Tudela, 
Sangüesa, Cabanillas, San Cemi y otros pueblos, 
y lo que es más, los concedidos por Sancho el Sabio de 
Navarra desde 1150 á 1193, cuyo rey (ni ningún otro 
que sepamos) no se sirvió del castellano sino en el fue- 
ro de Arguedas, año de 1171. 

Resulta, pues, que los primeros documentos castella- 
nos corresponden al siglo xii, pues aunque se habla de 
documentos de 950, (^^ de una escritura de 1066, ^^ de 



(1) Los eruditos anotadores de Ticknor SS. Gayangfos y Vedia, apuntan 
dos piezas del año ^30, pero lo hacen con mucha reserva, diciendo que son 
documentos curiosos, si no están romanceados en época wis modema, lo 
cual nos parece á nosotros incuestionable. 

(2) Es la restitución á Dios de un monasterio benedictino; pero aunque 
el autor de la Declamación contra las abusos introducidos en el castellano lo 
cita como el documento más antigfuo que ha llegado 6 su noticia, ¿quién 



7 

una anécdota de 1095, í^) de un privilegio de 1101, ''-^^ y 
de algún otro documento á este tenor, la verdad es 
que el primero que cita Marina es de 1 140, el primero 
de que habla Gayangos de 1 145, el primero que vio 
Sarmiento de 1150, el primero que parece que han dis- 
frutado Risco y Ticknor de 1 155 , ^■•*> el primero que 
menciona Yanguas de 1171, y el primero que copia 
Berganza de 1173, advirtiendo nosotros de paso que 
ni en el archivo de Comptos de Navarra ni en el de 
la Corona de Aragón, no existe documento anterior 
á aquellas fechas. También debemos exponer respecto 
al P. Merino que ni alcanzó otra cosa que lo exhibido 
en sus Antigüedades por Fr, Francisco Berganza, ni 
anduvo á nuestro parecer muy cuerdo en la calificación 
de un romance del Cid que aquél encontró en el monas- 
terio de Cárdena y que estotro supuso anterior en algu- 
nos años á Berceo y en un siglo á D. Alonso el Sabio, 
siendo así que su estructura revela muy posteriores 
tiempos, y que Berganza, á quien se debe su hallaz- 



que conozca la formación de nncfltro idioma )K>drá convenir ni un mompn* 
tocón esa opinión ni conceder á esa escritura mayor antigüedad que la del 
Rl^lo xi\? Hable por nosotros el signilente fragmento: «ofrecemos á Dios 
e«te monasterio, e la su piedad no desdeñe este doneclUo ofrecido de las 
nuestras manos (mag^üer pequeüuelo) ansí como recibió los dineros de la 
viuda del Evang:elio, é sobre esto hacemos promisión que gre la damos con 
todas sus pertenencias.» Compárese este trozo con cualquiera pasaje del 
Futro Juzgo, obra bien conocida y cuya traducción se mandó hacer dos 
siglos después en 1241.— El m. s. más ant do Esp.' 8^5 segi!in Paluzzio, ])ero 
¿dice^n qué lengua? 

(1) Citado, pero refutado jwr Ticknor. 

(2) Citado por Marina, pero con las vehementes sospechas de ser una 
traducción del siglo xiv. 

O) La confirmación de la carta-puebla de Aviles que Guerra y Orbe ha 
probado ser Dalsificada en el siglo xiii, aunque esta opinión ha tenido con- 
Iradic torea av ilesas. 



8 

go, no tíe atrevió á fijarle antigüedad, limitándose á co- 
ronar su obra con esos (que dice él) versos antiguos.:^ 
Los monumentos primitivos de que hablamos, supo- 
nen realmente lo que ya hemos dicho, la existencia de 
un idioma vulgar, el cual hemos de confesar que toda- 
vía se revela en documentos muy anteriores. El erudi- 
to I). Tomás Muíioz incluye tres latinos en su aprecia- 
bilísima Colecciú)i de fueros y Car tas -pueblas^ que 
correspondientes á los anos 804, 824 y 857 contienen 
las voces carrera^ carniceriaSj calciata, foz, defesis, 
ffanatOf o^ies de villa, pradum, po^*querura, tempore ve- 
rani. Ule como articulo y no como pronombre, y otras 
indicaciones análogas de lo que había de ser, andando 
el tiempo, el idioma espauol. í^- Lafuente, en el to- 
mo III de su Historia de España^ cita para prueba de 
esto mismo, la escritura de fundación del monasterio 
de Obona, 780, en que se hallan las palabras vacas^ 
tocino, muía, rio y peJla; una donación de Alfonso el 
Católico que comprende duas campanas de/erro y tres 
casvUas de syrgo; y un documento de Orduno I con 
la.s voces verano, iberno, ¡j añado, carnicerías, caballo, 
etc. Briz Martínez, en su Historia de S, Juan de la 
Pena, lib. II, cap. XXXMII, inserta á la letra el testa- 
mento de Ramiro I de Aragón, 1061, en el cual se leen 
estas j)alal)ras: «de meas aiitem armas qui ad varo7ies, 
et canalleros pertinent, sella.'i de argento, et frenos et 



n Con estos misinos docunn'ntos, y ron otros tan pod»»rosas razónos, 
muy (ii;ruos <lc su acreditada ilustración, impugnaron los Sres. Duran y 
Hartzcnbusch, en carta i>articular quo hemos tenido el gusto de ver, la /w- 
trodt'cn'ón al Poema del Cid que acababa de publicar en París Mr. Dumas 
Hinard, libro (|ue hoy es ya más conocido por los tralxijos periodísticoH 
en ({ue más tarde ha sido impugfnado. 



r.$hinm, et espatos, et adiircas, i:\geliiioa. et testhiius, 
t^einclorios. ct sporas, et crtuallos, et mulos, et eyi/iw 
et vacos et oaos diniitto ad Saiictium... et vassos de 
aoro et de argento, et de girca, et cristalo, et macano, 
rt meos restitos, et añilaras, et collectras, et ahnuceUan 
et seniilivm de mea loeusíi, totiim pfííía/ cum corpore 
meo ad Sanctum Joannem... et ülos vassos qiiús Sanc- 
titis films meuri comparauerit et reiliyxm'rit: peso per j'eso 
dtpUtn, aut lie Cazeni, illos jirendat... et in eastellos 
íé /foitícras (le .Vaitroi t^ni svnt pro Jace-i-e;ii> cuyo 
contenido, aunque m traducción íiem arta dificultad 
por alffunos lérmlnos incógnitos, romancea de este 
modo Rríz Martiuez: Otro si ordeno que inw armas 
pertenecientes á varones y caualleros, como son sillas 
; frenos de plata, espadas, adargras, yelmos, cauallos, 
mulos, yeguas, vacas y ovejas, todo sea y lo Lerede 
mi hijo D.Sancho... que todos mis bienes muebles 
como son vasos de oro y de plata, de alabastro, de 
cristal y de macano, mis vestidos y acitaras 6 canias 
colectoa y alnmzas con todo el seruicío de mi mesa, 
todo se Jleue y entregue, juntamente con mi cuerpo, al 
monasterio de S, Juan... que todos los vasos que mi 
hijo quisiere redimir y comprar, aquellos redima peso 
por (icso por otra tanta plata Ó cazeno... [y lodo se dé) 
para obras de castillos que estiin en las fronteras do 
moros y no acabados de concluir, "■ 

Kn los primeros tiempos documentales no es mucho 
que se advierta esto mismo con toda la claridad posible. 



10 

y así en una escritura de 1157 á favor del monasterio 
de Veruela se lee: «nuUus homo sit ausus casas uestras 
uel gn'aiigrí^ ucl cabanas... violente intrare;* en la de 
fundación del monasterio de Aza «do etiam prsefeto 
monasterio... centum caphices (caices vulgo dicimus) 
quincuaginta tritici; en el fuero de Valformoso 1189 
se dice de tribus arriba y muUeren putaw; en el de 
Santander non vendat a deíal. Los documentos arago- 
neses ofrecen igual comprobación y dan además á en« 
tender desde su cuna su totaridentidad con la forma- 
ción del castellano, y asi en una escritura de 1152 (Bi- 
blioteca Salazar) se dan «500 solidos et III kauallos... 
et illas kassas que forunt de sennior Ennego Sanz... 
et CCC solidos et una muía;» en otra de 1155, que 
también hemos visto original, se lee: «et recipianteum 
sano et infirmo et donant illos fratres in caritate ad sua 
mulier de D. Julián que ad suos filios XX morabetinos, 
per tale que illos no clamen magis de ista hereditate... 
et fuit factum hoc donatiuum in presentía de magíster 
1). Freol;» en otra de 1 162: «Hec est carta de una vinéa 

quam comparauit Petro Tizón magist. de Nouellis 

jmguto pretio et aliala;» en otra de 1173: «Dono uobis 
íidanzas de saluetate affuer de térra... alihala paccata;» 
<»n otra de 1202: «Hec est carta de compara quam com- 
jiarauorunt fratres milicie Templi Salomonis;» en otra 
d(í 1223: «suos domos videlieet et corrallos de coelo 
UHque in abissum.» 

Obsérvase al golpe que los primeros documentos, 
Hujiuesto el desarrollo del embrión Uam&do romance, 
ílurante tres siglos á lo menos, nada tienen todavía de 
ji^rf'rctos; y á la verdad, sobre sus frases totalmente 





s que eran <le ri'ibrica entre los notarios de aquel 

mpo como en los de hoy mismo, hay documentos, 

pya de los primeros sino del siglo xiii, que son mez- 

i de latiu y romance; y áuu los que se llaman 
castellanos ó escritos en el idioma vulgar, tienen el 
corte que va á verse, y son tales que permiten hacer 
fácilmeate, no la operación que liemos ahora practica- 
do, sino la contraria ile entresacar las voces y giros 
latinos de entre el vulgar informe que les es predomi- 
uaattf. Eu ima donación hecha á favor del monasterio 
de Cárdena, se lee al fin: Quiquier que de nostro liun- 
ge O do otra cualquier aqueste nostro fecho et aquesta 
'^nostra donación quisiere quebrantar, toda ó pai-te de 
»ella, priineramientre aya la ira de Dios, et con Judas 
»el traidor, et con Datan, et Ahiron que vivos la ten-a 
»lo8 sorbió, en Enfemo sea atormentado. Amen. Et 
»5obre esto peche al Rey de la tírra mille mrs. et al 
«Slonesterio et al Hospital sobredichos la heredad do- 
«blada.u En otra escritura relativa al mismo Monaste- 
rio, y la más antigua qu en él se conseiraba, año 1180, 
ee dice: E judgo Don Lop: que ninguno de loa non 
>fnesse lascar en aquellas defessas menos del otro que 
»ftl£8e en la villa y qualquequiere que fuesse pescar, 
»que diesse las cinco partes al abbat, y las tres ¿ los In- 
«foozones. Hoc judiciimí fuit datum iu era ¡iiccxviii reg- 
añante rege Allefonso cum nxoi-e sua Alionore.» En 
otra de 1193 se lee: «Notuní sit presentibus et sciant 
j,.p08t«ri: quia ego Guisabel Garciaz tija de Garci-Iliiiz 
x-catando pro de mi ánima hi entendiendo qiie sea á 
•servicio de Dics, do et otorgo á vos Don Martin sier- 
*vo de Dios et abbat del monasterio de Sant Pedro de 



12 

»Cardeila, et al conviento del mismo logar in perpe- 
»tuum las mis casas propias que yo hé en Burgos. ^^^ 

Y para que se vea todavía más clara la lucha laten- 
te entre los idiomas latino y castellano, para que se vea 
cuan laborioso fué aquel parto de donde había de resul- 
tar que la lengua latina diese á luz los idiomas geme- 
los que se denominan neo-latinos, véase el siguiente 
trozo castellano del fuero de Cáceres, en 1229, en don- 
de predominan ú su turno ambos idiomas: «Mulier que 
viduetatevi voluerit ¿enere accipiat unam casam (latín) 
C071 XII cabriadas et una tierra de dos caffices sembra- 
dura (castellano' ubicnmque volaerit (latin)... et una 
bestia asnar et nna víora ó nn moro (castellano) et hoc 
accipiat de aver dambos (latín y castellano);» y el si- 
guiente latino de Tafalla, confirmado en 1157, en 1255 
y en 1355: «Si dúo homines habuerint pleito inter se 
et se alzaren ad regem, ambos pasen Aragón si ad am- 
bos placuit, et si non placuerit uno non debet eum se- 
guir usque rex passe Aragón,» 

De intento nos hemos detenido en dar á conocer la 
antigüedad y lenguaje de los primeros documentos 
castellanos, para que í<e vea que ha de renunciarse á 
citar cjom])los aiitmores al siglo xi, y para que resul- 
te conocida la estructura del primitivo lenguaje espa- 
ñol, con el cual podrá ya contrastarse el que se usó en 
los documentos públicos del reino de Aragón, de que 
más tarde hablaremos. Por ahora adelantaremos que 

<1, EstOH dorunn'ulos í'stáu tomados del ubundantísirao Apéndice k las 
.A/*//v"<f''<»rfcjt de Derí^anza, en pI cual se copian doscientas y una cscritu- 
rn}4, diez Cronicones, y en diez y ocho capítulos multitud de formularios 
ri'lntivüs ni ritual y ceremonias de la Ig'lesia. 




|ón ostentó á veces cierta su]Jcríoi-i(la(l sobre (.'ns- 
tflla «1 In esfera política, en la legal y áiin en la liii- 
g-fllstica, verdad que ya confesó el ¡n-ofiindo Marina en 
«u notabilisimo Ensayo, exponiendo «cnanto inflnye- 
ron los usos y costnmbres de Aragón y Navarra en los 
de Oflítilla.» i^ Sancho el Mayor dió en efecto ü t-fse 
reino at^tmas leyes navarro -aragonesas: se sabe de los 
castellanos, que iban á Jaca á estudiar aquellos ct'delires 
fueros para trasladarlos & su pais: también es notorio 
que el matrimonio de los clérijj;os, asi como la famosa 
ley sálica ¿ igualmente la representación en Cortes del 
brazo délas Universidades, fueron impoitndos de Ara- 
gón en Castilla; y en cuanto al lenguaje, como que hu- 
bo, Bobre todas éstas, las mismas rausas determinantes, 
no puede dudarse que se habló en Aragvin un idioma 
del todo conforme cuando no más rico que el castella- 
no, pudiendo '" asegurarse, como despnós veremos, 
que, sobre ser un error filológico, es muy gratuita la 
suposición de que los aragoneses usasen el romance Ic- 
mosin hasta que recibieron el castellano al advenimien- 
to de D. Fernando de Antequora, á quien, con más ra- 
xones de conveniencia que de justicia, declaró monarca 
de Aragón el Parlamento de Caspe. 
P 1(0 que sí Imho es un comercio recíproco de voces y 



I Ia eoiiiatituflAn arotroni-xa (inei< íl Sr. E^osaní Hnvla en au £H'n- 
jeMtroijVudaXfniejruámoJar iiOFlo i!aKUIliinii,]a.'ri>coniiu1«la müR ■si\- 
plda y ordonadi, tu rrslnurBclftu &t las iioliljit-loues ion móH mediuB y liujo 
lMlor»s»US|ikioii,I(ir(pfH:(VíiJniJfi>Wi-Joii(«iiy /■«<( miU iwrfoí. y liíslri 
lNR3r«mnieoi»wBfii*roaniSPtiiTnilnupBrlurpa,y en taa Corlm, la n<j- 
lUnUiul brazo )Ki[ii]l[iri|Ui- mi InsCortPíür CssliUn.» 
Ibi), vn BU ncivnbi D'v-eiotviviii eHmaHÍ¡¡¡eo, dice ocrrluilDmi'ii! n 
kÜniptn. conlrlliuy" í pulir ol roiiiunce cnatcllnnií. 



u 

giros entre aragoneses y catalanes, luego de unirse am- 
bos estados, aceptándose en Aragón algunos vocablos, 
algunas desinencias, y sobre todo una gran parte de 
la literatura catalana ó provenzal, que en cierto modo 
emn un solo idioma y una misma poesía, desde que los 
Berengueres poseyeron la Provenza y exaltaron su cul- 
tura. Mas no sólo había entonces desdoro en este géne- 
ro de imitaciones, como quiera que á ellas se ha debi- 
do en todas partes la formación de los idiomas; no sólo 
no era vergonzoso entonces, como ahora lo seria, el 
admitir voces extrañas, sobre todo cuando el idioma 
era en todas partes informe, balbuciente, necesitado é 
inconstituido , sino que el idioma lemosin 6 provenzal 
era á la sazón el instrumento de la más bella poesía, y 
extendía su influencia, no va sólo á la corona de Ara- 
gón, pero aun á la Francia toda, y, lo que es más, á la 
misma Italia, sin que por eso pretendamos, como al- 
gunos, que el Petrarca nos imitase ó nos copiase. 

El idioma lemosin, que algunos, con poca verosimi- 
litud, suponen nacido del francés antiguo combinado 
con el lenguaje que llevaron á la Provenza los españo- 
les allí refugiados á la invasión árabe; ese idioma que 
otros suponen (coetáneo del catalán) formado en el 
siglo X por el borgoíiés y el latín corrupto, modificado 
por la casa aragonesa en el siglo xn, decaído y trans- 
figurado en el xiii ; no hay duda que se difundió por 
casi toda la corona aragonesa casi al mismo tiempo en 
que nacía verdaderamente el castellano, viniendo á 
formar en cierto modo los dialectos ó romances catalán 
y valenciano; entre los cuales y el provenzal y lemosin, 
de quienes dice D, Tomás Antonio Sánchez que fueron 



15 
lina sola lengua, establecen alg'unas diferencias los 
filólogos, pero conviniendo generalmente en que el le- 
mosin. puro fué modificado por el catalán, cuyo nombre 
tomó en la corona de Aragón, en que el valenciano 
procede del catalán, y ambos del lemosin, habiéndose 
castellanizado el primero y afrancesado el segundo an- 
dando el tiempo, y en que el catalán tuvo cierto aire 
castellano (sin duda influido por Aragón) que le dife- 
renciaba lo bastante del lemosin puro, el cual procedia 
del latín y el francés primitivo. Ese idioma, y más bien 
que él su gusto y poesía, pasaron rápidamente los Piri- 
neos desde que, en el decurso de pocos anos, los Beren- 
gueres reinaron en Provenza y Aragón, á la primera 
mitad del siglo xii; fueron también llevados á Sicilia 
por Federico y á Ñapóles por Carlos de Anjou, C^) y 
después influyeron hasta en la poesía castellana duran- 
te el siglo XIII con Alfonso XI, si bien ésta modificó 
á su vez el genio provenzal desde la coronación de don 
Femando el de Antequera. 

Algunos reyes de Aragón, prescindiendo de que sus 
conquistas sobre las Baleares, Sicilia y Ñapóles, y aun 
sus empresas, primero sobre la misma Valencia, des- 
pués sobre el S. del Mediterráneo, unas veces por 
cuenta propia, otras en combinación con Castilla, les 
hiciesen más conveniente su residencia en los pueblos 
marítimos; preciso es confesar que por muy otras razo- 

(1) Hay, no obstante, quien atribuye á Alonso V de Arag-ón y á Fer- 
nando el Católico la influencia castellana sobre Kápolcs que lleg-ó (dicen) 
hasta el punto de hacer allí vulgar la lengua castellana: más tarde ya sa- 
rjemos que otro hombre ilustre de raza aragonesa, Antonio Pérez, hizo fa- 
miliar el idioma español entre las personas cultas de la Corte de Francia 
íiyn provecho de aquella literatura. 



16 
nes tuvieron hacia Barcelona y Valencia una predilec- 
ción que negaron constantemente á Zaragoza, tal vez 
porque en esta capital, cabeza natural del reino, se 
conservaban más puras las lil>ertades de Sobrarbe, que 
con frecuencia humillaban á los más altivos monarcas, 
haciéndoles duro de soportar el freno con que se repri- 
mían sus demasias 6 sus naturales ímpetus de mando. 
Rey hubo, y á la verdad no de los que menos trabaja- 
ron en pro de las libertades públicas, si bien después 
que las Cortes le destruyeron el privilegio de la Unión, 
que salió hacia Cataluña, 7naldiciendo la tierra de Aror 
gón. y «era ésta (como dice Zurita) general afición de 
los reyes, porque desde que sucedieron al conde de 
Barcelona, siempre tuvieron i)or su naturaleza y anti- 
quísima patria á Cataluña, y en todo conformaron con 
sus leyes y costumbres, y la lengua de que usaban era 
la catalana, y della fué toda la cortesanía de que se 
preciaban en aquellos tiempos.» 

Los monarcas, pues, no hay que negarlo, usaban 
con frecuencia en lo que á ellos tocaba , el idioma le- 
mosín ó catalán. ' ') Este lenguaje palatino, que por imi- 



(1) Estr nos parecí» el luj/ar oiiurfiino jiara citur un breve pero aprociable 
trabajo «pie no hemos leMo sino después de jjfeparado el nuestro i>ara la 
impresión. Nos referimos al TJitcurxo jío'^iv el origen^ uso y cultura de la 
Unyna cupalo:» cn Aragón^ impreso en el Memo%'ial literario de Febrero y 
Marzo de n88, en el cual se desorrollan en f,'eneml las propias ideas que en 
esta /*</>o</*írri{í/i, aduciéndose tal cual vez argumentos Idénticos, como 
fl (lue más adelant«* ]>res('ntamos acerca de los vocablos aragfoneses decla- 
rados por Blancas. Kuuncia, comunmente sin correctivo, las ideas de Maa- 
tleu que. considera á los idiomas catalán y valenciano como padres del jto- 
venzal y castellano, de Hast<?ro (|\ic tiene á la poesía vulgar por hija di? la 
literatura provenzal, de Nasnrrc <iue .supone la inmigración de ésta en Cas- 
tilla, y de Terreros «lue atribuye ¡jor el contrario á la influencia castellana 
de los liompos de Fernando el Mag-no la entrada del idioma g-eneral en Ara- 



ííu'ióii lialíbiriaii taiubirii lu.> rork'^aiir>.<. como liov r-c 
liuMa ol francés en al^^imas Cortes de Europa, en don- 
de eS; para exj Jicamos á la moderna, lenguaje oficial; 
era el que nuestros monarcas empleaban, aunciue no 
►siempre, como escritores, como ordenadores de su casa, 
como príncii>es y aun como particulares; ú lo cual 
contribuía, según ya hemos insinuado, el vigor con 
que florecía la poesía provenzal y el constante ai)o- 
yo que recibió de nuestros reyes el arte de bien decir; 
en el cual fueron algunos extremados, y otros muy 
dignos de mención, como se prueba con los nombres 
de líamón Berenguer V, Alfonso II, Pedro II, Jaime I, 
Pedro III, Pedro I\', y el infante D. Fadrique que rei- 
nó en Sicilia. 

Todavía pudiéramos añadir que no sólo en aíjuello á 
que llegaba, para expresarnos así, la acción ])rivada 
del Rey, sino aun en las escrituras de fundación, en 
algunas cartas-pueblas, en libros de cuenta y razón, '' 
en los procesos, '^ y en los actos del reino, se usó por 
algún tiemi)0 el idioma lemosín, en prueba de lo cual 
nos cita el Sr. Torres Amat los fueros de D. Jaime el 



;rún: píTo supone «jup n(» existen di)cumcnlos (.aslrlliinos anteriores ul si- 
írlo Mil ( ontra lo <iue llevamos deinostrado. explica la colección leg-islativa 
i\i'\ ol)¡spo Canellas como pruelm de (|uc el catalán era una de tantas len- 
guas como en Arajrón se usaban, y ascfrura, en lín, ({uv de los instru- 
mentos consta lia>>cr hablado siemjTe el español los reyes arag^oneses, <iue 
es lo i|ue en el texto á ijuc se refiere esta nota no nos atrevemos á asejnirar 
l»or nuestra parte. 

1.. lín Ift^lH se publicó, con otros documentos sobre la se{jrunda ex¡>edi- 
rión de Alonso V en l-lítí, un «Libre ordinarí de dates, fetes \h't en Hernat 
.^ir\cnt tesorer ffenoral desde maifr de 11^2 lins lodcrrerdie de decrmbre 
npres si';;"uent.> 

2 Sirva de ejcmido el «|ue se formó para ju'^titicar en l'.Ji'^l la mu«'rli' 
del iufaiiU" 1). FernandOi Iiermuno de IVdro el C*eremoni«»s«». 



18 

Couquistador, las proposicionetí ó discursos de la Coro- 
na en la apertura de las Cortes, las Ordenanzas y otros 
documentos oficiales. Aquel idioma (digámoslo de paso) 
es el que algunos designan con el nombre de romanee^ 
aunque en la común inteligencia sea éste el verdadero 
idioma castellano; y es que, derivados del latin todos 
los idiomas y dialectos neo-latinos , en cuyo número 
hay que contar al provenzal y sus derivados, llamá- 
ronse todos romaiis ó romances^ esto es, hijos del roma- 
no, siendo más natural esta etimología que la árabe 
de al-romij enunciada aunque no apoyada por Ma- 
rina. 

Y ya que hemos hablado de los fueros y del idioma 
en que parece haber sido algunos redactados, no será 
inoportuno el indicar que mucha parte de ellos, y des- 
de luego los de D. Jaime I, fueron sucesivamente tra- 
ducidos del romam en latiiiy como lo afirma el Justicia 
mosón Juan Giménez Cerdán en su célebre carta á 
Diez d- Aux, ])or los famosos letrados Jiménez Pérez 
de Salanova; Galacián de Tarba y Juan López de S(\s- 
sé. En la colección general que de ellos corre impresa 
nota.sc que hasta los primeros aiios del siglo xv, esto 
es, hasta los decretados en las Cortes de 1414, todos se 
hallan redactados en idioma latino, ■') empezando á 

1) IVro csi' latín rrn on muchoH fueros tan imiuiro romo lo fué jrrncral- 
mcntc en la Edad modia: y porqne de él mismo se puede fúcilmontir deducir 
el que en Amí]^ón había de usarse romo vul^far, coi>iaremo8 un trozo co- 
rres]»ündiontc ¡i I2n. q\ío dice: «Villana debet habere i>er suas dotes unaiti 
domum coopertam in qua sinl dnodecim b¡jr«c et unam arenzalam vinea- 
rumrtunum campiim in quo i)ossit seminare unam arrobam tritlci in 
vore linaris, ct suas vestes int^'^'-ré et suas joyas et unum iectuní bené jm- 
ratum de moliuribus pannis (^ui sint in domo ct duas meliores bestias de 
domoa]>tas ad lubornndum cun ómnibus suisapparamentis.» 



leerse en castellano los de las Cortes de Maella de 
1-^3, asi como los de Alfonso III, ¡nduí;os en los de 
Pedro III que los dio en 1283, pero que desde Iueg:o 
tienen un lengTiaje míin moderno que el de su tiempo. 
Volviendo A insistir sobre la introducción del idioma 
provcnisaf . quií-n más contribuyó A ella, después de los 
, |irímero3 condes catalanes de la l'rovenza, fíié D. Jai- 
-me el Conquistador, el cual, hasta donde esto es posi- 
' • ble, declaró lenpua de corte el lemosin , que merced k 
[ irarias causas llegó á hacerse pripnlar, aunque no, co- 
fvio se ha sujmesto, en lodo el reino. Pero debe, sin 
embararo. notarse ijue al caljo de un pí¡[í1o decajó la 
purexa de la nne%-a habla y la nueva literatnra, pues 
si bien hacia el fin del siglo xiv (1390) se fundó en 
^BBrcelona, y luego en Zaragoza, un Consistorio de hi 
X Ciencia A imitación del que años antes (1334^ se 
ifcbia fundado en Tolosa, ya es punto bastante averi- 
;uajto en la Historia de las letras y las artes, que las 
Academias suelen fundarse para detener la decaden- 
ia. pero sin poder atajarla por completo si otras eau- 
^»W8 no comunican nuevo impulso al ingenio, de suyo 
f libru y aventurero. También contribuyó á esa decaden- 
cia el elemento castellano, gradualmente introducido 
en la Corona de Aragún, ya por el advenimiento de 
Femando 1 en 1414, '" yapor el ejemplo del Marqués 
de Villena qne á un tiempo insinuaba el gusto arago- 
• nés en Castilla y el idioma castellano en Aragim. 



111 II colrliritlo i'ii VHlrn 

Ihr cnslennnw: MílA (llcr 
rn jineWa jKipu/nv riue'loR himiini 



ni sus <'uriiwfiÉinii<^ 
in cnatDUanoB 9i> lii- 



De entre los escritores que jirefirieroii el idioma le- 
niosín, son muchos y muy ilustres los que pueden c¡- 
tnrsi», pero nosotros nos contentaremos con recordar á 
Alfonso II que fué el primer ti'ovador conocido, y flo- 
reció hasta el fin del siglo xii; Pedro II, cuyas trovas 
se conservaron en una colección de ciento veinte trova- 
dores; Jaime I, que escribió una Crónica lemosina *^' 
anterior á la de Alfonso el Sabio é impresa en 1557 
v en 1848, además de otras obras, como Lo libre de la 
saviesa) Pedro III, conocido como trovador; el infante 
D. Pedro que en la coronación de su hermano Alfon- 
so IV, ocurrida en 1328, lució sus dotes poéticas, siendo 
los cantores ó juglares de sus poemas los afamados 
Romaset y Novellet; Juan Francés, que describió aque- 
lla coronación en idioma lemosín; Pedro Lastanosa que 
floreció en 1348; Pedro IV, autor de una Historia de su 
reinado, de un Libro de los Oficios de su casa, y de 
algunas poesías; Juan I, conocido como i)oeta; Fray 
Juan Monzón, que floreció en la primera mitad del si- 
glo xv; ^Mosén Pedro Navarro, líodrigo Diez, Juan 
Dueíius, Santa Fé y Martín García, todos cinco poetas 
lemosines de la misma época; y Juan Torres, que lo fué 
también y floreció hacia el fin del siglo xv. 

Estos, sin otros que cita Latassa en su Biblioteca 
antigua, en donde por lo demás abundan en mayor 
número los escritores en latin (por no decir latinos;, 
})rueban de un modo evidente que en Aragón '^ se hizo 

{1 , Al;.'uno.s ponon ru duda la autmtícúlad do «'i^a Crónica. 
'¿ Va\ lo «inp ronlinonto w» llama Arap>n qiir os rl olijoto i>rjn('i|al do 
niu'>tra larojí, .sobro lodo dostlo esto párrafo. |>uos por lo domas va sa1)cmos 
»iuc la Corona arníronosa üc ha uo^5¡¿,'nado mucha;> \cces con el nonilire ro- 



citó uso del idiomn leraosín pam la Poesía, la Histo- 
ria y la LegrLslacit'm . y de cao mismo ilau testimonio 
aíjaellas jialahraíi del Marqués de Santillana en su fn- 
moso Proemio: «los catalaues, valencianos, y algunos 
I del reino de Aragón, fuerou 6 son grandes oficiales de 
k tete arte,» esto es, de la de trovar, llamada Gaya cien- 
l-iáa. Compniébalo también la noticia que dan muchos 
t Bistoriadorcs sobre liaberíie abierto en Zaragoza un 
r Consistorio del pny saber al modelo del que ee liabíii 
( fbndado en Bai-celoua con maestros ó mantenedores de 
■ Tolosa; y también nos lo acredita, entre otros antores 
I de buena nota, el diligente Zurita, el cual pinta en cstJi 
L el reinado de Juan I, que floreció en el aijflo 
Ljav: «y en lugur de las anuas y ejercicios de guerra. 
|:^[Qe eran los onlinarios pasatiempos de los principes 
1 'pasadoSf sucedieron Ia« trovas y poesía vnlg-ar y el arte 
I m ella que llamaban la gaya ciencia, de la cual se co- 
I iaenz&ron á instituir escuela» píiblicas; y lo que en 
I 'fiempos pasados había sido un muy honesto ejercicio, 
r que era alivio de los trabajos de la guerra, en que 
e antig^io se señalaron en la leng-ua lemosina muclios 
irenioft muy excelentes de caballeros de RosellÓn y del 
Dipunláu qne imitaron las trovas de los provenzales, 
[no i envilecerse en tanto grado ([uc todos parecían 
¡fiares.» 
s lo expuesto hasta aquí habriV quien jmeda verosi- 



íl auilran illrn |iur .Vrng* 



22 

milmente inferir, y tampoco no le faltarán autoridades 
en que apoyarse, que Aragón se sirvió hasta el siglo 
XIV inclusive del idioma latino y del provenzal y no de 
ningún otro, cuya opinión robustecen los fueros de 
Jaca escritos en lemosin y conservados en un códice . 
del Escorial; una Crónica manuscrita de los revés de 
Aragón escrita en catalán y citada en el libro de las 
Coronaciones de Blancas; una colección de fueros, que 
fué la primera compilación y se hizo en catalán, har 
hiendo sido disfrutada por Diego Morlanes; el home- 
naje rendido en catalán á Pedro el Grande por Jaime II 
de Mallorca, que corre con algunas piezas latinas^ al 
fin de la crónica de D. Pedro el Ceremonioso, publicada 
en nuestros días; y muchos otros documentos que com- 
probarían el uso general de ese idioma en nuestro reino, 
habiéndose de contar entre ellos algunos libros que se 
dicen escritos en romance, pero entendiéndose que son 
en provenzal, el cual se denominaba también con aquel 
nombre. 

Mas, aun concediendo nosotros que el idioma lemo- 
sin ó el catalán fueran el lenguaje de la poesía, el de 
la casa real y el de cierto género de documentos oficia- 
les que no se redactaran en latín, nunca deduciríamos 
la absoluta de que aquél fuera el idioma literario, cuan- 
do á eso se oponen, no ya algunos escritores imparcii^ 
les como Terreros y Aldrete, sino los importantes do- 
cumentos que se nos ofrecen, siglo por siglo, desde el 
primero documental que es el duodécimo; ni mucho 
menos incurriríamos en el manifiesto error de suponer 
que aquella leiigua sabia hubiera sido el idioma del 
pueblo como lo afirma Viardot, á cuya autoridad ha 



c«dido un laborioso escritop nragonés , '" asi como 
tampoco lio podemos convenir con Maynna para quien 
«la anti{rua lengona aragonesa se coiifonnaba más con 
■ Ja valenciana, 6 por mejor decir era lemosina.t 

Creemos nosotros, muy al revés, que en Aragón Im- 
ho antes de la conquista árabe una criáis lingüística to- 
talmente igual á la rjue ¡ladeció el resto de Espaíla; que 
en las moutaüas de Sobrarbe se conservó y pulió en lo 
posible el nuevo idioma como en las de Asturias; que 
una vez desttbogiidos los cristianos, y pudiendo dea- 
cender ya á las llanuras, extendieron su idioma como 
8U4reconquista; que los árabes con su tolerancia y su 
['.cultura, no menos que con sus victorias y alianzas, bi- 
deron triunfar sobre nuestro infantil idionuí un crecido 
níimero de palabras todavía conservadas eu gran parte; 
que en adelante la unión de la corona real aragonesa 
con la condal de Barcelona, y sobre todo la inflnenciii 
que nos vino de la Provenza cuando entraron á gober- 
narla los Berenguerea, se dejó sentir muy |>erceptible- 
mCQte en el idioma aragonés, dándole un tint« lemo- 
Ltiíl ¿ ¡DTadiendo casi por completo la poesía, el palacio 
[ttdo nuestros reyes y en algún modo las transacciones 
[ Jbrenses; que sobre todo esto se mantuvo bastante viva 
[•desde los siglos xiii y \iv la comunicación entre arngo- 
I y rastellanoH protegiendo la conservación de 
«uel idioma casi común, el cuiil no necesitó unifor- 



) It.UariftDo Xoii^uí-arn su nbi's liii>t¿rifn aohre lu Ajyu/Vrin, i>n 
■ HapMhusM i|UD luya iunul.la ol ncurrJo t[<it liaeg rl rImIc Audri^H 
"r. dílnUiíTOí, tol(ctordill(toiilfl tltinwsiiiHprovriiiolfH, áquim unn 
totnnecnnntljfus. hilo dnluulr ante l>iAi:*i1i'intB (t* Iimcrliiflonra y 
MUt>M>|iM \oB mMIhom y Bra^onracn hahliiTan In t^ufcuii itc Oo. 



24 

marse con la elección de un prínciix» castellano jmra el 
trono aragonés, ni menos ix)ster¡onnente con la re- 
unión definitiva de ambas coronas; y en una palabra, 
que el roce con los árabes, las reminiscencias de la épo- 
ca provenzal '^^^ y el carácter i)articular del pais, unido 
al espíritu fuertemente provincial que todavía se deja 
sentir en algunas de España, han conservado un cierto 
semblante al dialecto aragonés (si asi puede llamarse) 
que es el que le diferencia, aunque en poco, del habla 
castellana, según que en breve procuraremos demos- 
trarlo. 

Hé ahí muy en resumen la opinión que hemos ar- 
mado en esa difícil cuestión de los origenes del idioma 
aragonés; y para ello, si no tuviéramos mejores y más 
indestructibles pruebas que pronto aduciremos, nos apo- 
yaríamos en las palabras mismas de Mayans, el cual, 
no sólo emite su parecer de la manera muy dudosa que 
se ha visto, sino aun confiesa alli mismo la antigüedad 
de un lenguaje aragonés independiente de los que en 
adelante le afectaron: y si después asevera la identidad 
del aragonés y lemosín, lo hace con tan mala jirueba, 
que no aduce sino el breve catálogo de vocablos ara- 
gonesi^s declarados por Blancas en sus Coronaciones. 
catálogo que sólo contiene unas doscientas, de éntrelas 
cuales la mitad son de purísimo castellano antiguo, *' 



.1) Cuyo idioma, ho^ún (lici> Latussa, eslaba influido aquí «dr mucbcHs 
otros qiir entonces ^<e usuban segi[\n la mezcla df las naciones quf po Us 
ordinarias giierras contra moros concurrían de ^rascones, brrtone», nava- 
rros, narbonenses, proenzul<>s y otros g-eutes.» 

'i Adoci,' \toT traer, ayenoilarse iK)r arrodillarse, afeitado por aderezólo. 
roblado por lado, cqjines ]>or almohadones, eu gtasa por á manera de, an to*'^ 
no |M)r iiln'dc(lí>r. ectrañu^ i>or extranjeros. /tl.'ot ]>or hijo;*. Aokk |Kir hombre 



A totalmente latinas, lewto es, rastellanas tarabiéni. y 
loa rt-stantcfl, ya pociia en niiniL'ro, son tomadas pii ^v- 
iii'val (Ir (lofiimeiitos antifiuop. los cuales no eran al 
cabo el linhln del pueblo, «obre que nosotros ya liemos 
couceilido haberse redactado con frecuencia el lengua- 
Je palaciano. 

En cambio de las vacilaciones con que luulió Ma- 
yans. y de la afirmación de Terreros en cuyo concepto 
recibió Araffón el idioma castí'llano deMle los tiempos 
de Fernando el AIag:no liastn el siglo xii, hay otros que 
confícsan la influencia aragonesa aun sobre el mismo 
idioma de Castilla, entre los cuales nos ÜDiitarcmoa á 
citar al P. Merino, Este dilit^ente investigador, que no 
tlt'ht? ser aospeclioso de parcialidad, cuando por el con- 
trario afecta despreciar todo lo que no acá Castilla, 
omite hablar de documentos aragoneses, atribuye en 
cierto modo & la Coronilla el desmejoro de la caligrafía, 
y no tiene ¡lor eei'daderos reyes de /íspañn sino á Ioh 
de ('astilla; se \b forzado á conceder que el Aragón 
Invo sus TUüas ó su poesía propia (aunque no dice si 
castellana) desde el siglo vni, y ú confesar que el vul- 
(ro, H quien atribuye exclusivamente la fonnación del 
lenguaje, ' mejoró sn idioma con el trato de loa ara- 
goneses y otras gentes, é bÍzo culta su lengua de suerte 
que ya pudo andar en las escrituras; opinión que en 



N yaw nO) friuOir púr lomar, li-w-ot- por hWlor, Mjoda» por vecrs y ve- 
■ «l«}if. yio sen caiitrltoiius 6 (wr lo nwnos uu lo Iwn slito' 
•llaeliini,<lln'-,li'DuiDbruiicun vUlpouillo la vjlplcltr. «1 lenoranU 
re liini if jiuFiUn trillar eomo (luirran qu« al cobo e\ vultro Im il' 
Mfftm*l>»<>7uay «li|u*BrraKU«á1oailwt(«y Ion «uviiclvu i>n 
jtt.^ (I vulgu Im ndiijn fi Imlilur bArharam^nu y Ira hlm nilrnt- 



26 

nuestros dias ha reproducido Monlau en su Dieeioiunio 
etimológico. 

También comprobarían nuestro parecer varios escri- 
tores biografiados por Latassa, el cual con respecto i 
ellos no dice, como expresamente de otros^ que eseri- 
bieronen lemosin sino en romance vulgar; y sobretodo, 
no debieron escribir sino en aragonés, tal como él fueran 
pero seguramente de otro modo que el lemorin, los 
AtióniiKOS del siglo xiv á quienes da cabida en su Bi-^ 
blioteea antigua j fundado en que deberian ser aragojíe" 
ses á juzgar por el dialecto, observación que repite en 
el siglo XV hablando de Fr. Bernardo Boyl, traductor 
del libro intitulado Imc de Reliffionej cuya versión dice 
que se halla escrita en lengua aragonesay añadiendo 
que deduce que el autor lo era por la calidad del idio^ 
ma aragonés en que hizo la citada versión, (i) 

Los SS. Flotáis y BofaruU, editores de la Crónica 
del rey D. Jaime, dicen por otra parte que la lengua 
lemosina es la que «estaba en tal tiempo más en boga 
en la corte de Aragón, y que se hablaba en casi todos 

1 1; Ka la fW'cción de mss. de la Biblioteca nacional existia, segfún el ín- 
dice que formaron lo8 Iriartes, una Crónica de los reyes de Arafrón en It»»- 
tfua affí{jo*ieM, y el reciente decreto de Archivos y Bibliotecas (1" de Julio 
de 185H) disiione que ne reúnan en ediñcio cercano á la Corte losarchívos de 
UiM Ordenes militares e/i auj» í/o* lenguas de CastiJla y Ai-iigón, pero induda- 
blemente que se refiere, sin bastante propiedad, á la lengua de la Corona de 
Aragón.— Actualmente rn la baronía de .\renoso, en algunos pueblos del 
río Mijares, como Víllahermosa, se habla el espaHokquc allí llaman el ara- 
yonétj seg^ún lo indica el dilig^ente escritor D. Branlio Foz en el tomo V de 
«u Jlistoria d€ Aragón, Por lo demás en Arag'ón hay tal anarquía en el idio- 
ma, que existen pueblos muy próximos entre sí pero muy apartados de len- 
íTiuiJe, ]M)r ejemplo, Castelserás, Valdealgorfa y Codofiera, en la provincia 
(W* Teruel, ¡jartido de Alcaüiz: en los dos primeros se habla castellano, en el 
último cierta informe mezcla de modismos aragoneses, catalanes y A'alen- 
ciauos. 



27 

sus dominios» á excepción déla parte que correspondía 
al primitivo reino de este nombrey}> con lo cual mani- 
fiestan que el lemosin estaba en boga y no más, se en* 
tiende que entre cortesanos y poetas, y que era lengua 
vulgar, en Cataluña y las Baleares por ejemplo, pero 
no en el Aragón anterior á Doña Petronila, esto es, no 
en el Aragón verdadero. 

Transportando ahora la cuestión del terreivo de las auto- 
ridades al mucho más firme de los documentos, no es posi-- 
l)le resistir á tanta prueba como ofrecen los más antiguos 
<le nuestros fueros, cuyo lenguaje, cuando no bastaran 
3o3 indicios de su verdadera fecha, pondría de manifiesto 
«1 más incrédulo la verdad de lo que estamos sustentando. 

En la detenida Historia que publicó el abad Briz 
Jáartinez sobre el monasterio de S. Juan de la Peña y 
Á un mismo tiempo sobre los orígenes del reino arago- 
nés, ingiere con motivo de la coronación de nuestros 
Teyes alguna parte de las venerandas leyes de Sobrar- 
1)6 en su propio lenguaje antiguo que conviene dar á 
conocer: «Que oya su Missa en la iglesia e que ofrezca 
^porpora et dé su moneda, e que después comulgue. 
»Que al levantar suba sobre su escudo, teniéndolo los 
»ricos oms et clamando todos tres vezes Real, Eeal, 
»Real. Estonz se panda su moneda sobre las gens 
»entra á cien sueldos. Que por entender que ningún 
»otro Rey terrenal no aya poder sobre eyll, clngase 
^eyll mismo su espada, que es á semblante de Cruz.» 

Los códices del fuero de Sobrarbe, que á la verdad 
nunca han escaseado, ^^^ por más que sean muy pocas 

(1) Latasf» enumera ocho diversos códices, 8in los que existían fuera de 
EspaBa. 



las ImoUas que de su conocimiento nos hayan dejado 
los historiadores araffoneses del Siglo de oro, son aho- 
ra hastante numerosos y sobre todo mejor estudiados, 
no en verdad del público para quien permanecen iné- 
ditos, pero á lo menos de las personas diligentes que 
toilavia aspiran con gusto el polvo de nuestros archi- 
vos y bibliotecas. Quien más y mejores noticias ha 
j>roducido, (j^ie nosotros sepamos, sobre aquellos pre- 
cioso n\^tos de la Historia y la Legislación, ha sido el 
Sr. D. Javier de Quinto en su magistral discurso ó 
tratado sobre el juramento político de nuestros re- 
vés, y sobre todo en su posterior obra en refutación de 
cierto Opúsculo jwlémico del Sr. iíorales Santistéban. 
I>e entn^ los varios códices que cita, cuatro de ellos per- 
tenet^entes i\ la Academia de la Historia (por cada dia 
nu\s rica en excelentes manuscritos; , uno al Sr. Gayan- 
j*\K*í y tU^ al mismo Sr. Quinto, tomaremos una cláusu- 
la en cvnuprv>baoión de nuestro. aserto y la presentait*- 
mos con las dos versiones que tiene en el más antiguo 
iHulice de la Academia v en el muv antiouo también 
del anotndor iusiirne de Ticknor. «Que si i)or aventura 
vuuiere el que n^gna sin tijos de leal coniugio. que he- 
•'ivtle v\ ri*gno el mayor dellos hermanos que fuere de 

'leal coniugio et si muere el rrey sen creaturas, ho 

vsin ht^rmauos de i^ireylla de jhirein dice un códice de 
vi^hniíto', delnni levant;ir }K>r rrey los rrichos ornes et 
'K)s vutYanzones, oavavlleros, et el pueblo de la tierra» 
< Kt si jK)r ventura nnien^ el quv* regna sines fiUos de 
^'leal coniugio, que hert\le el rt^gno el maor de los her- 

/inanos ijue tuert» de leal coniugio et si muere el 

vrey >en cr^^aturas, o sen hermanos de |4ireylla, deven 




»lcvautar Itey los ricoe omei-, y et los iiifanzoue.s, ca- 
»%-aIieroíí, et el jiueblo de la tierra,» 

Pudioramos rcproíliicir ít ene t«iior algunos imi.s frag- 
nieutoK del fuero de Sobcarbe. ¡lerd baÑÍaiido ya á 
mieslrojii-o])ós¡to,citíLreiiioa ahora la l'reí'iicióii eon (|iit', 
tít'tfíui I'elHcer Bjwyado jior Larripu, le encabezó en el 
íiig'lo XI el rey U. Sandio Ramírez eiiando dio luerohii 
los infanzones ác Sobrarbe: «Quaiido Moros coiHjUÍrie- 
uron á Kspaila snb era DCC!, ovo liy prant iimtun'^tit de 
■ »LTÍjsl¡anos; e estonce perdióse España de mar á mar 
»pntPO á lospuertoa; sino en Caliza, et las Astnria^, el 
»(laea Alara et Vizcaya, dotra jmrt Bastan, et la Ife- 
MTuesa, et Deyerri: et en Anso, el en sobre Vaqua, et 
«en cara eii Roncal, et en Sarazaz, ct en Sobre Arbe, 
ntct et] Ainsa. Kt en estas iiiontanyas ^e akarou mtiy 
spocas gy;uteei, ct dieronse ¿ pie. ficiendo esvalgadaa; 
«et prisieronsG cavallos et partien los bieiies A los plns 
Aesforzados etc.» 

Los anteriorfá textos, y la noticia de ([uc eí fuero de 
Sobrarbe se mandó ti-aducir á la lengua esimñola en 
1011 por el mismo I). .Sancho liamirez, ipie floreció 
muy antc-s qne el anlor del Pornia del Cid, iino de lo.< 
¡irlinerop monumentos castellanos y 'ít la verdad harto 
I convencen de que el leug-uaje español era dee- 
ílBuy antiguo el que se usaba por los aragoneses, '• 

t RilPrtiirilw d'' ViDua. ix.rlmirinilaiuji'tailcniucbaí IfLras. riiciw 
1dM) M b mitrnu. rjUijiíitaoii iMiuri jwsaj* <!■> su n'ViiFllaCranl[''nru 
MflMi'lO Injorniuln lie Alcurst'ineni. ciisnUijiiE li la grupa lie Son 
' tftiui MlMlleri) nlemHn A la hatitUii, "c j^ir cntnli) cnUnilia gm- 
nnlMictlíraiilí nltfiíiiasi,^ tubtitroDlFru loUn.» lu cual [iruhorln, itu 
te ¡lUí liuMpw tiil oabnllrro «Irmíin. lur eslo yn n» lu crrj'O f.v- 
iiealFriacl|cdii ViuiaHuiHiniíi rarupIlaUnycimiiUitlroinnu- 



30 

supuesto era el de su legislación, la cual, indinada en 
los primeros tiempos á servirse del idioma latino, sólo 
se trasladó al vulgar cuando éste habla alcanzado cier- 
ta robustez, como sucedió á la publicación de las Parti- 
das, y un poco antes con la traducción del Fuero Juz* 
go, posterior sin embargo á la codificación del rey San- 
cho Ramírez. Y por si se alegaran razones contra la 
autenticidad de los códices á que nos hemos referido, 
esto es, por si se dudara de que el lenguaje en que 
aparecen escritos correspondiese de hecho ni á la época 
de su formación (que esto tampoco no lo pretendemos) , 
ni á la de D. Sancho Ramírez, ni aún á las posteriores 
hasta el gran codificador Jaime I; por si se insistiera 
en la opinión que algunos profesan de que el Prefacio 
atribuido á D. Sancho Ramírez es obra de Teobaldo 
de Navarra en el afío de 1237; por si, confrontados 
los textos de los varios códices que existen, se dedu- 
jera la imposibilidad de fijar su verdadera importan- 
cia; por si se hiciera caudal con la respectiva moder- 
nidad paleográfica que todos ellos tienen comparados 
con la época en ((ue decimos haberse redactado; to- 
davía podríamos oponer á esos reparos algimas con- 
sideraciones que nos parecen concluyentes, cuales son 
la corta discrepancia que entre sí tienen los códices co- 
nocidos, según puede inferirse del trozo que más Sitrns 
hemos copiado; la antigüedad que trescientos y más 
anos hace, concedieron al texto y al habla de esos fue- 
ros cuantos autores aragoneses ó extraños los hubieron 
á las manos; ^-^'^ la estructura de su mismo lenguaje 

.1; Uriz Martíuez ya hemos visto (juf traslada lof» fueros en sn propio 



cout 



puede corresijouder sino A los primitivos tieni- 
ídioma; las coutesfes noticias de los más graves 

iríadores que han usado cou toda confianzn y con- 
sentido eu toda la antigüedad ■]UG nosotros coucedemos 
al lenguaje de los fueros de SobrarLe: y finalmente la 
casi imposibilidad de que ínera otro que el espaflol, toda 
vez que ni debió ser el latín, de donde ae sabe que fue- 
ron trasladados eii muy remola época y al cual por el 
coutrarío ae vertieron en adelante mochos otros fueros 

¡gaos, ' ni menos el leniosin, cuya inEuencia no 

cntoQceg ni bnbia de ser en muchos años conocida. 
y á la verdad en el supuesto, casi imposible de ne- 
¿rar, de que los aragoneses no hablasen el idioma lati- 
no en pleno siglo xii, la discusión anterior, casi inútil 
bajo el as])ecto polémico, debe trasladarse ú los poslc- 
riori's tiempos en que, por el entronque de las casas 
amprowsn y catalana y las otras cansas que ya hemos 
jitílalado, pudo modificarse el lenguaje liispano-arago- 

hastü el punto de desnaturalizarse y extinguirse. 

ero contra esta sospecha, ijue para algunos ha pa- 
' conjetura inductiva á verdadera eridencía, no 



oiiU-iiio; UirrljiB w reflurr ron Prllli^iT íi iimniisi^rlIiiN df ^ranil' 
Allí UarlancsiticF iiiiBcleMice qua pouin rra copio ile un libm 
¡üun; QuídIo, rriHilvicnito en v'mto modela oucsUán, suniiuii 
lalwdf pr(i|i6iijln, rilc?iiurliiiiliy»ile SobrarlN eompUiutits por 
lo y cortes dp Jacit ru r\ kI^Io xt m hicicnin in la ltiifft¡a ttpaiiobi 

' I T Mnarrvumliii jwrc itrio, klictinus iinlaliri» espaiialaa. como amlíiai 

■[ua tleue U Inulucrtún il« Skianova. Aitodamos aquí, ¡wr 

iiilWon srarUiig-nrrauy nportuno.ijurileBliruulH! jiaUíhrB", ni |miit- 

w iiitlín ríi^UmiMiti' el iisodi^l Itng-inijn raiMhol. rnmu m 

te rifRprruiIrdi' mueliim intiguoij apellidos, pur et'mp'o, Mh» iIf 

a, U«Bl«Ilfiuclu, l'cdru Mrdulln. y los muchíninKis mAa qne svría iui- 



•72 

hay que oi)oncr sino dos observaciones, que, prescin- 
diendo de las i)ruebas documentales en que todavia in- 
sistiremos, resuelven á nuestro parecer de un modo 
victorioso esta cuestión. La primera se funda en el he- 
cho indestructible de que la organización aragonesa se 
mantuvo j)ertectamente intacta y sin que en nada la 
afectase la reunión de ambas coronas: y si la estructu- 
ra i)olitica no padeció influencia alguna, siendo de su- 
yo tan ocasionada y fácil á los cambios repentinos, cal- 
cúlese cómo habia de padecerla el idioma, que de suyo 
es rebelde y lento en sus transformación^. La segun- 
da estriba en el principio filológico-histórico de que el 
idioma no se altera á voluntad de nadie, no se pierde 
ni aun con un largo número de anos, no se cambia 
como las dinastías por un pacto de familia ni \x>t la in- 
fluencia de nuevas costumbres, v diremos más, ni aun 
al impulso de las revoluciones por grandes que ellas 
sean: es preciso que sobrevenga una transformación 
completa en la sociedad, una irrupción avasalladora, 
una de esas grandes crisis (jue alteran profundamente 
los imperios; y aún entonces ha de acompañar á todo 
esto una especie de parálisis en les miembros todos de la 
sociedad vencida y, despnrs de todo, aún sucederá que 
el idioma antiguo se irá i)erdien(lo lentamente, que el 
nuevo irá triunfando por grados y sin estréjúto, (pie 
ambos, en fin, conservarán y jjcrderán mucho de su 
naturaleza. 

Y como todo eso ha va estado muy distante de suce- 
der en la época del predominio lemosín, la verdad es 
que éste no cansó más novedad en el lenguaje arago- 
nés que la impresión producida en general por el con- 



) ü cotitiaste frecuente de don lenguas afínes, cuyo 
tico ejemplo nos ofrecen las lenguas española y 
,, como puede verse eu el reciente y curioso 
ICcioQario de galicismos cou que el Sr. Barait acaba 
e euntjuecer nuestra filología. 
Pasando ahora á la ]ii-ueba documental que hcnioíí 
ofrecido continuar, concurren agimͻmo eu favor de 
nuestro propósito las noticias que snniinislra la clónica 
autentica del rey D. Jaime, en la cual, si bien los diá- 
foa y las contestaciones suelen reducirse al idioma 
mosin en ijue estii escrita, pero á veces se conservan 
EXtnales según se pronunciaron, ya en boca de un sa- 
mo de PeSiscola: «Ssítor, qucreslo iu axif é nos lo 
tremos é ms/aremos eii (u, he tionarle hemos I» cax- 
9 «A £s tmféiti ya eu boca ilo uno de los i-ejJi'esea- 
tates ó comiaiouados de Teruel: nDecimtkSBos r/ue eos 
tsíarevios tres mil cargas de pan, e mil de trigo, 
s mil dordio, e aeinle mil caritefos, e dos mil m- 
W: B si qiurcdes más, jjrciidel de nos.» — Sin salir de 
B crónicas lemoisinas, la de Pedro IV nos proporciona 
3 tcálimouio con las curtas que incluye, de las cua- 
1, abandonando el orden cronolófjrico, trasladaremos 
B trozo para que sirva al paso como una muestra del 
ruaje de su si^flo. La carta está escrita al rey de 
Ifitillapor 1>. Pedro el Ceremonioso en 1356, y dice: 
S sabedes bien que cuando vos ¡lor vuestra cuenta 
8 cmbiostes rogar que quisiésemos prender a nuea- 
ft mano todo lo que han en nuestros rcgiios et te- 
, non lo quiziemoa fer, iKtrquc si ellos ho vos por 
|}los nos dcmandades más de razón, no somos serui- 
B de ferio. A las otras cosas que nos fey tes saber eu 



84 
Muestra carta, en que es feyta mención de las paces 
»que eran entre Nos et vos, sabe Dios, qui está en 
»meo de Nos et de vos et vee tota la verdad, que siem- 
)>pre aquellas paces, las cuales enti-c nos y vos son fir- 
»niadas con jura et homenatge, vos habernos compli- 
»dament tenidas, assi por buena amor como por postii- 
»ras. E si alguna cosa vos feziestes saber, siempre en 
^aquella compliemos lo que cumplir haviamos et era- 
»mos tenidos.» A la misma época corresponde la notar 
ble respuesta que dio ú los unidos de Valencia D. Pe- 
dro de Exerica, debiendo notarse que los jurados de 
aquella ciudad se le liabian dirigido en lenguaje lemo- 
sin, contestándoles él entre otras cosas, según nos lo 
ha dado á conocer por vez primera el erudito Sr. Quin- 
to, lo siguiente: «A la qual letra bien entendida vos res- 
»pondo que me semexa que es bueno que requirades al 
»Sr. Rey c supliquedes que vos serve fueros, e privile- 
»gios, e libertades, e buenos usos, e que si alguna co- 
»sa ha fcitto contra aquéllos, que lo quiera tomar á 
»testamento devido, assí como aquestas cosas se deven 
»demandar e requerir á Señor más no por manera de 
»unión.» Más castellana es todavía la respuesta que en 
1385 dio á los jurados de Zaragoza el rey Juan I y 
que ya ha citado antes que nosotros otro laborioso es- 
critor para combatir la idea del marqués de Mondejar 
de que el castellano fué importado en Aragón por Fer- 
nando I: «Ornes buenos, bien creemos que habedes so- 
»pido como en el principado de Cataluña no hay aque- 
»lla abundancia de pan que sería menester.» 

líetrocediendo ahora al punto de donde nos han sejm- 
rado las crónicas de Jaime I y Pedro IV, y sin disimu- 



pATUC 



Iiuparcjaletí, laa no muy (fraves alteracioued 
que de copia en copia han podido ])iilir y mejorar p1 
fuero de Sobrarlic, enijirendepeinos de nuevo la docu- 
mentación rasteliana de Arag:ón, Kn una escrituia de 
pArticióii de un cainiw, fechada en 1148, leemos la sl- 

Jeate cláutinta ktino-liispana; « Veiiit uobis in vohip- 
et rendimuti vohia Donua Ponza, mulier qui fiíit- 
'Don Bonet de Barhastro. uno nostro L-anijio, ([iii est 
término de CocoIIata (suponemos qnc Cojrullada mi 
vías cercamos dfí Zií)'iij"íjfiJ ctestscininatura Ügiiap- 
ebUa de trigo; et sunt afrontacioncs, de Oriente campo 
»do DoOb PonzB de votñs, et de Occidente campo de 
«nobis TenfUtóribuf, et ¡¡er capiid illo brazal: sic isfas 
Aafrontaeioncs includunt, sic veudimuií vobís cum esÜs 
»ct regrcBsibufi f'iiis et in facie de vicinoa in Íl!o rau- 

•wirran te de Damut; vobiri fidanzas de salvetate 

9ad foro de Saracoza Don Martin Calvo corrector ct 
»Dod Román Cavalcatoi", et est preciiim placabile ínter 
*Dos et vos V solidos moneta jnccenmg de IIII dinero», 
wl dedistiiTi iUos nobis seniper ad manum. Ego Domin- 
"pn germano de Zabalmedina et usor mea Boneta. Sn- 
cmus testes venditores Arnal do Liizan jrcriiiauo de Üo- 
ifiaPonna mulier de Ronct í-íto üniiraricrito camiio.-Tes- 
»lea aunt visores ct aiid¡tore.s Uou Domingo AzaroUe et 
>Don Pedro de Barhastro el Exemeno Cormano de do- 
J-Sa Boneta.» 

Otro documento nos ¡mroce del caso producir ante el 
lector, y es la fiindacJftn de una Iglesia consagrada á 
San Esteban y la adscripción de unos terreuos circnns- 
tanti.-!;, acto que tuvo lugar en ílñS ante Roncio, obisjio 
de Dai-bastro y cjuc se halla copiado en unoaincomple- 



36 

tos A7iale$ del Condado de Ribagorza que, escritos por 
D. Martín Duque de Villaliermosa y por su archivero 
Juan Mongay, posee mss. la Biblioteca universitaria y 
provincial de Zaragoza. Este instrumento se halla ex- 
tendido en un latín sumamente aceptable; pero, al lle- 
gar á lo relativo a lindes ó confrontaciones, se traspa- 
renta el idioma vulgar y asoman los solecismos, todo 
con el objeto sin duda de sostener la claridad mayor en 
lo principal de esa escritura. Véase cómo están marca- 
dos los límites: «Scilicet in caput turboni á la fonte Ro- 
»ga, et á cohornillo al rivio de la Murria, et á la por- 
^tella de Gfabas et á la font de Aví, et á la croz de Sant 
^Salvador de Avi, et á la porcina et obaga de la corta 
»de Lert, et á la Val de Xenices en la garoua al turmo 
»molar et ¿cerbui? al coU del fora, et perpesadias al 
»turmo del Castellar et per la Serra deis jubianz de la 
»serra del Castcl de exin, et ¿apinxe? cabidiosa en ca- 
»put de la Sierra de Merli de Lena, et al prodo cabrero 
»et al pax Bailarín, et á la espada del Castillelo de Al- 
»vi, et al cuello de lo turnio logrero apart, de mesnc 
»et á la croz del caput de serra estaca, et al prado ba- 
»chcz de caput serra estaca et á la pedra pica, é torna 
ȇ la font Roga sicut predictis locis ambiunt, inclu- 
»dunt dictam ecclesiam.» 

También llamamos la atención hacia el fuero de Ca- 
latayud, que ya no podemos trasladar (pero se halla 
impreso), en el cual se lee: «Gracia Dei Ego quidem 
>;Alfonsus Rox fació hanc cartam donationi et confir- 
»mationi ad vos tolos populatores de Calatayubio qui 
»ii¿ es tis popúlalo et in antea retieritis populare.... et 
»donent citarlo ad Eclesia de pane vino et corderos et 



i alia cwsx {com) noiidoneut cuarto:» y en electo 
ae continuó pagando por diezmo 6 la ciiartación Begún 
p. Vicente Laftiente. 

^Coa gusto traslatlaríamos también la Carta-PneWa 
I Alcaiiiz, otorgada en 1157, y la donación de esta 
a A la orden de Calatrava en 1 179; pero, en primer 
lugar, puede leerlos cualquiera en la interesaute, y k 
veces erudita y critica. Descripción que de aquella ciu- 
._¿ad ha publicado en 1860 D, Nicolás Sancho, y en 
~:niuIo, ambos son documentos latinos, aunque en 
B transpire fuertemente el aragonés. Sin embargo, 
IDpre es curioso ver en un instrumento que se precia 
! latino frases multil ¡ligues como esta: «e/ quomodo 
\Íit illa serra. in cap de vico de las (niiías,» que en 
liiieu castellano se traduce: «y si}íuiendo aquella sierra 
desde el nacimiento del rio de las Truchas,» pero que 
en aragonés vulgar todavía se ciile más al original, 
]>uesaqui diriamos; «y conforme marcha lasierrajetc.» 
Traaladarenios, de entre los muchos y muy curiosos 
documentos qne hemos estudiado en el copioso archi- 
vo " de la Academia de la Historia, el siguiente qne es 
de los partidos por A B C y corresponde al año 1178. 
«Jiotuui sit ómnibus hoiuinibus tam [iresentibua quam 
iuris quod cíto frai Pedro dono á García de Lecadin 
kpezaper cambi, en / (término?). Moiana de sobre el 
ido, per aquello, que auie García en Poio arredondo, 
t frontaciones ex parte horiente la petza do Ber- 
i fornero, ex parte acBilone la peza D' Urraca Ala- 
t parte meridiane la zezia, ex parte hoccidente 

Utonpcirccunicalc irrvldo por «1 Itiit^lrado palíAgrulb j fllAlogo 



la peza de Ramón de Ponzan : todas istas frontaciones 
mcludimt instam pezam.» Si no se concede que esto sea 
español, con el dejo latino imprescindible en aquella 
época y sobre todo en aquellos documentos, ha de con- 
fesarse que de esa mezcla estaba próximo á nacer el 
idioma de Castilla; que estaba ya rompiendo la envol- 
tura de esa crisálida latina el romance vulgar que hoy 
conocemos. 

Aun no corrido medio siglo, vemos otra escritura per- 
teneciente como la anterior á la Biblioteca de Saiazar. 
en la cual el idioma aparece mucho más formado. «Es- 
»ta es carta de destin que fago yo D.' Sancha de Rue- 
»da, estando en mi seso e en mi memoria. Primeramien- 
»tre lexo por mi alma el orto, quen sea tenuda lampada 
»de noit e a las horas deuant el altar de Sancta María 
»de Piluet por todos tiempos.... que sean cantadas to- 
»dos los años XXX misas por mi alma, e todo esto le- 
»xo-ÍD en poder de mi filio D. Martin, que él que lo 
»cumpla en sos dias, e después sos dias que lo lexe n 
»qui el querrá que sea del linnage e que cumpala esto... 
»e lexo á mi filia D.' Toda e á D. Garcia so marido el 
»campo de la carrera de Tudela en paga de XVI cafi- 
»ces de trigo que me emprestaron, e lo al que finen 
»quiten miá debdas e pártanlo mis fiUos. Esto fue feito 
»en presencia de D.' Sancha Tarín e D. Seutan el ca- 
»pellan e de otros buenos omnies, e fueron cabezaleros 
»D. Johan de la Tienda é D. Fortnino Navarro.» 

Después de este bien trabajado documento, fechado 
en 1225, encontramos otro muy poco más moderno, 
que si no nos permitimos incluir en el cuerpo de este 
discurso, por parecemos en sus dimensiones despropor- 



«(lo & nuestro objeto, tampoco no queremos omitíi-- 

» porque iiiuestra bien el progreso lento del idioma y 
lAii ofrece algún interés en su contenido '■': pertenece 

mbiéu este doeiiinento á la Academia de la Historia 
f procede de iiu Cartoral del Monaaterio de Beruela, i'j 

B «Libro clamado la Privilegia donde están insertos 
y contintiados los privilegio» papales y reales y otros 
actos y scripluras fazientes por el monasterio y contien- 
lo df ntra. fienj'ora de Beruela.» 

Nuestras investigaciones Mobre las bibÍiote<^as y ar- 
cliivos de la capital de Aragón nos Itan manifestado 

iBibianciite la poca importancia, en goiicral, de estos 



•>iuini<9 II III! Bgom Min r los quir nn ilt uraiv qup nulua 
Ins mollina <\e Rnrola i- ion ouniFa de Transmuní 
rrtlUnninoile BoruclaodDTi'iigmoni. Ond toa iQoíltifs ilr Bcrob ki^- 
MoonttfinJBr aobrr(r''DDdiiHfiirmBqiiclcit AiiIfii auim«B iln Tm»- 
m lo podkroD «tfrlrí oiilrron sauírmourarilutinorRefii^nlaviinoi- 
'ililu Lu nmcum <1>- los mous'». uundA A T). rMln) Canirl 
ti II. Pnlro Péreí ■oJngUciu(]u>ulnli>un anlKíN á Vtrnrln 
insobrr [[urcrati (istnit renciirosqueauÍBU loamoneM da Ion 
ndaStTBKinoT, e uldna Uxlaa las raiuneHiln eailii 11111», ijih^ ilicaíen ti 
lasoadrdUn.BtD.l'nlrDCoriiflé In juatltlB D. Peilro fttvt lii- 
taduuliuto iltl R«y an Bvnitlii 1^ nlli^ por amoT qua mu drtl- 
Oillmrncat ptrytodctcrroinnr, emblarou por el Biapc é nos 
n d> Tonuona, scilictt por D. J. fénx justicia úp Taruxonn 
uliUo t In uilla úe *rrB8ii]ai c pnc U, Xemcn Piírx 4« Tarun* 
J. Martín Píreí BU frmnnofl por D. Hmlrigorrmnnodí lujuatifin 
« onniFa iiuptioii. Eflicron de las moofrna na uquFl lofrní prrBxtitcK 
K •( pitot t1i> Brrui-ln D, Pvrranili) d« Tnrninuii é 'I cfUinr umiar 
~ "líniftni" r f>. J. Milm p D. Smiií ile Tuilelfl miia^m dn BítoIi « 
''■Ctmipaii. B da lúa vacluoit ile Trasinaiiz rurrun n. Marlfn do 
iiuui«ro I' D. Lop al cuprllnn, dn loa lauradarcí D. Untru don 
Irs a I> piaaca Uoraua. ¡i dn los moni» Mnliomal Lomtmcbd '' 
^ IdaPuafUi.QgQytagoirog.qjquicrfi dn loa monBnii de Ilarala ai 
R d« lúa i^mmes ''■TrasiDgaí E todoi Fasnublo pleeodos, D. PFdroCor- 
"•oparpxliiji-ticia dcmninliiroii í ios mongua d» Brrolo nulos 
MdrTnunnonK á 1h U^, |¡ |q gun parte «iaubn i^nrtas nlgonan A al- 
N tiwrruinrtiti)» di 'lM,,.„,|„g,[,|,,nto di. >|upitio» llorín I DOC. Kn «lo 



40 

4Írfp65íitoíí de nuestras antigüedades. Y en efecto: la Bi- 
hliot^<oa de la Universidad no contiene riqueza alguna 
A nnoslro objeto ni otros ms. de verdadero valor lite- 
miño í^íno un Cancionero lemosin con solo seis poesías 
<ii.stoHanas de Pedro Torrellas y algún otro, y aun esas 
|K)r lo modernas (siglo xv) inútiles A nuestro objeto, 
otij'O Cancionero han descrito imperfecta y no muy 
firfmente los anotadores de Ticknor: la del Seminario 
«ttcerdotal, cerrada al público y á los curiosos, no «on- 
Horva al parecer ni aun códice que poseyó de los fueros 
de Sobrarbe: el archivo de la Diputación, que contuvo 
raras curiosidades, no guarda papeles anteriores al si- 



respondicron los mongres é los ommes de Trasmoz é díxieron que non, é 
assi lo trobaron en pesquisa por uordat que ni los ommes de Trasmonz ni 
los monges no tenían recapdo nenguno do destermlnamiento. Ond D. Pe- 
dro Cornel é la justicia D. Pedro Pérez odiendo esto e trobandolo en berdat 
que ni los monges ni los ommes do Trasmoz no tenian recapdo nengino 
ouieron so consello con el Bispe D. Qarcia Frontín e con los otros bueüos 
ommes que de susso son escriptos; e andando los términos todos en semble 
e uidiondo daron por termino á Bera dol camino que va de Beruela á Tara- 
zona enta juso todo. Et dol camino que os dito enta suso daron por término 
& Trasmonz. Salvas las heredadoHquo á y Boruela. Etasi desterminado^ loa 
términos de Bera e de Trasmonz daron sos droytos á cada uno plazit^ido ni 
sonnor Roy. Esto todo acabado, demandaron de cabo D. Pedro Com-'l é don 
Podro Pérez la justicia en presencia de todos loa que de suso son n^mnados 
demandaron é pesquisieron si auicu nengfun dosterminamiento nuncha 
feyto entro Beruela o Trasmonz o trobaron que si, e ellos demandaron en 
uordat que qui lo aauio esto; o fue aduyto un onimo de Trasmonz poí nom- 
no D. Eiiogro Nauarro que auiabion C nnnos en testimonio é dixo lUe él era 
estado en dosterminamiento de Beruela o de Trasmonz, é maridáronle de 
parte dol Roy o coniuraron lo sobro poriíjlo do so alma que -^ ^l"** dixiere 
vordat. E rospuso ol o dixo: «jo digro á Dios uordat o á IokQuc aqni sodoK 
por mandamiento dol Rojf mi sonnor que io fu en dcter'^°^™*<ínto de Be- 
ruela o de Trasmonz. E pudiomosnos iVdolorminarsu'^ ^^ *1 cerro sobre 
laostancha do D. Matbon allí oso jwirto ol término**' Trasmonz e de Ley- 
taí,^oeuiniomosporol corro ú suso e alli quomo^*^^^^ vierten enta Tras- 
monz diomos ú Transmonz i>or término. E al)'^^o™o aquas vierten enta 
Boroladiomosú Beruela por término é achn ^^°^^ ^"^iitíou diomoa todo el 



4t 

g-lo XV en lo que permitía aer examinado cuando nos- 
otros lo intentamos; el de la Catedral de Seo tiene muy 
poco de accesible y aún menos de conocido. 

Pero en el del Pilar, perfectamente organizado y re- 
gistrado, sobre estar servido con aptitud y cortesía por 
el Sr, D. Diego Chinestra, después de haber visto con 
^sto algunas de sus numerosas escrituras en perga- 
mino, y con admiracióu el ejemplar de los Afórales de 
S, Gregorio mandado escribir en vitela é, gran folio por 
el obispo Tajón, liemos acertado á encontrar una pieza 
(legran valor, códice incompleto pero estimable, marca- 
do coa las indicaciones Al. 2, cix. 3, lig. 2, sub. núme- 
ro 28. — Consta de ocho Iiojas en pergamino y caracte- 




eatwMxU Otunua ftDcrals.i Rt (|UBndo esto Duloron oído, D. Vrára Comiil ■ 
n. fhlrn Vim U Justicia mandaron por parUu drlBpyquciuMiquamo 
Irolndom prsqulni ten urTdnt ¡íoh asul fucsn trnudo por slnnpi'c 
I dwlmniDDiniíinti) d* Biruda n ile TrawnoDz. Esto lodo a)>a«i»lo 
damMBtrBCriiiUia iilazliulmtti drumbas las luirtlitoií, mandaron 
n. PrriruConid ( n, Ptdro PfrczU Jntlicla coD coaselto dil Blajio 
>!• IdAo* lo* oíros liónos ommn qut on tllo^rmn qutaí bestlaró 
iI*la«iDaair>>s entra» en el rpgndio del tírmlnodeloadeTrairooiiz, 
ijiulManiindc Traimons podisHn iirodrar ft loa roong» por ¡a cnlonlo 
iuaii(UoiQoes fnirodetifrraíloBomini'ii de Tminio« d« nu dnlcnalna- 
mlrnto iiu* Al tvyUttatran jiatfndoa los unox j los oíros am1>as las partidas 
K fOm/n iv eMon Awunuinanilunüís tsatiniuniaseDcuya precmtla roerán 
h>f IM U Clnrcia Pronllii hlai» de Tnrimona e D. Oloacbo l'érgí ú U. Uartiu 
?<T<3 • o OarelB X imcnei mía U. Xcmca Pérez cutoaícus e D. QullUn Ab- 
bat dt Fino * D. Uomlnso Ann prior del dito lopir e D. Lop Ollarer de 
nu. Elle luacouall'roH i> d> los bonos ommca de Taraiuna D. Juan Virtt 
J^Meta d> T«nuoDa p U. XHinen íiwt e D. Marlin Vitti so trnuino « don 
~ ' ' ' ! U. Juau P«r«i justicia da Tanuona. Esto fo testo en t\ 

Ssiiimbra t>rldiii KalenUas OctoDrla tra MCCLXXiUI. Nos D. Jni- 
~ gracia de Peus Rey dlirai;wi ( de mayurchas o de Vnlentiu coiuIf 
de Urgol e aennor de Montjif sler olorgsmoa la presenl carta 
lU por nnoe =£lgnuiD'¡-Jncobi Del gratla Regia Arag (t majori' 
nel* commes Baceb et L'rgel tt dux montlsp. — Raymundus na- 
IcoaiiljuriitusTlraaonpnerPptudominiregisscripsit per »!• 
«Tlalt. 



42 

res góticos, con las rúbricas de vermellón, buenas már- 
genes, leti*a al parecer del siglo xiv, encabezamiento 
más moderno que dice: Qnademo de libro de fueros an- 
tiguos, y un contenido de cerca de veinte distintos fue- 
ros, los cuales se hallan encadenados después de cada 
rúbrica con la conjuntiva ítem, y tratan de fianzas, 
compra de cosa hurtada, construcción de castillos, 
adulterio, homicidio, salario de los sirvientes, prescrip- 
ción, prenda, posesión, testamento, retracto, hijos na- 
turales, prole de los clérigos y otros puntos de interés. 
No podemos pensar otra cosa de ese códice sino que 
es copia de los fueros del rey D. Jaime, tales cuales se 
redactaron en 1247, esto es, en castellano, y original 
por consiguiente (no el ms. sino el lenguaje) del texto 
latino á que en 1352 se redujeron muchos de ellos, se- 
gún aparecen en la colección cinco veces impresa de 
nuestros fueros. Muévenos á esta opinión, antes que 
todo, la conformidad absoluta entre el texto del códice 
y el latino de los fueros impresos; y para que pueda 
juzgarse de ella y del códice mismo, confrontaremos 
dos trozos, que son los siguientes: 



B OUB QÜR TÍETÍK E P0< 
WX POR XX\ ANNÜS 1!T 
I AHSO BT US DÍA. DE PH^SCniPTIONlBUS. 



m. Qualqiie Infanzón 
%tro orne que teman al- 
;uiift lieredat jiov X\X 
laetuuannoetun día, 
ido aquest término ct 
a otro orne veri'ft <i\ie- 
, meter mala voz eu 
l^ueUa lieredat, »Í aqel 
' qili la posseder podi-á pro- 
var quo »í\c\ qn¡ la demaii 
da eutrava et exiva en 
» villa oiit es la lie- 
lat, aqel qui la demanda 
uon la puede conseguir 
|Kjr neng'una razón por 
fuero üaragón. Enpei-o si 
el possedidor jiodríi mona- 
trar su nctoritat por acrip- 
^tttra valedora et quod ei 
(ufücere et abundare sibi 
sit i5e<runt el fuero..., 



Qoictimque Infantio vel 
alius tenuerit aliquam hc- 
reditatein pacifice per tri- 
giuta annos etuuumdiem, 
et post transactum istuní 
ferminimi alius Iionio q»i- 
cnmqnesit miserit in JUam 
ntalam vocem, dotnaiidan- 
do illam lieredi ta teni , s¡ ¡He 
quipoasidetpoteritprobare 
snffieienter, quod ille (pii 
eaui demandat ingredie- 
batur et egrediebatur ¡n 
villa illa ubi est bereditaí^ 
antedicta, qui eam deman- 
dat non potest nec debct 
eam consequi ratione qua- 
liqumqiie secunduní Fo- 
ruraAragonium. Si tamen 
possesBor jjoterit probare 
aut inonstrare suam aui'- 
toritateiu per scripturaní 
sibi valiturara et quod ei 
suñicere ¡mssit secnndum 
forum salvo anno et dio 
in suis casibus sicut couii- 
netur in foro anni et diei. 



44 

DB TOT SIRVIENT QUE DE- 
MANDA SO SOLDADA BT BL 
SENNOR NEGARÁ, QUOMO 
DBVE SEDER. 



DE MERCENARIIS. 



ítem. Tot orne servient 
qui será á servicio dalcum 
orne et demandara la sol- 
dada qual convinie con él 
por el servicio quel avra 
feito, et el sennor negara 
quel nol deve tanto quan- 
to demanda; el sirvient ju- 
rando sobre libro et cruz, 
el señor devel dar entre 
gament toda su soldada. 



Serviens conductitius 
qui non completo servitio 
petit á domino salarium; 
si dominus tantum se de- 
beré negaverit quantum 
petit, jurante servo super 
librum et crucem quanti- 
tatem salarii quee reman- 
sit, solvet ei dominus sa- 
larium remanens que quod 
j)etivit. 



Otro de nuestros fundamentos es la grande analogía 
entre el lenguaje del referido códice y el que se usaba 
individualmente, no ya en tiempo del rey D. Jaime, 
sino aun por el mismo redactor de los fueros de Hues- 
ca, el obispo Canellas, de quien cita un diligentísi- 
mo jurisconsulto í^) estas palabras: «donques al rey 
conviene ordenar alcaldes y lusticias, et revocar quan- 
to á eyll ploguiere, et poner á eyllos perdurablement, 
ó aquillos entre los qoalls alcaldes siempre es establido 
un Justicia principal en el Regno, el qual pues que 



(1) D. Luis Exea y Talayero en su muy erudito Discurso histórtco-juri' 
dico sobre la instauración de la Santa Iglesia cesaraugustana en el tewplo 
máximo de San Salvador, 1&14, nota 442, en la cual incluyo también tex- 
tuales do8 trozos del fuero antigruo de Sobrarbe. 



■ere estallido ima veg;ada del seyñor no es acos- 
Ptombrado de tovller tal lusticia sin razÓD ó sin gran 



Pareciéudoiios de grau i>eso ambas razones, y no 
Ppudicndo sujioner que sean lotf fueros de dicho códice 
lí una inexplicable traducción sobre el texto latino, 
alando sn lenguaje denota major antigüedad que la 
1 tiempo de Pérez Salaiiova y 1/ipez de Sessé {aiglo 
Tlv). ni un Manual trabajado por algún curioso, aun- 
que éste no dañaría á nuestro objeto filológico; deduci- 
11)08 que bien pudo ser aquél el texto primitivo de los 
íberos célebres de Huesca, y bajo cate aspecto lo he- 
los presentado como muestra del lenguaje aragonés 
a la primera mitad del siglo xiii. 
- Al mismo intento trasladíiramos, si nuestra diligen- 
& noa los hubiese procurado, los muy antiguos ro- 
mances aragoneses con í^ue parece que piensa enriqnr- 
T BU monumental Historia de la. Literatura espaitola 
j profundo literato D. José Amador de loa Ríos: pero 
a lilibertos alcanzado porque no hemos querido ape- 
r ¿ los vínculos del comprofesorado y la amistad que 
D aquél nos unen, y eso por no usurparle la primaciu 
B examen ni privar al público de la superioridad de su 
ritica; nos parece que, aunque más remotos seini 
iqoellos restos de nuestra antigua poesía, nunca han 
B fierlo tanto como el códice que acabamos de citar. 
? ea qne, A nuestro parecer, esistió, en efecto, una au- 
¡jljqtltfiitna poesía popular anterior ciertamente al Poe~ 
I Cid, y tal vez, como otro» dicen, (aunque nos- 
8 lo dudamos) historia poética de que hubo de ser- 
e el autor de la Crónica general de Jispaüa; pero 



48 

^Sefior Rey demandar en su tiempo é en su lugar.» 

En lo que hemos, sí, de detenernos, no sólo por lo 
que hace á nuestro intento, pero aun por la importan- 
cia historial y política de su contenido y sobre todo de 
su hallazgo, es en los Privilegios de la Unión, que 
otorgados por Alonso III en las cortes de Zaragoza el 
aflo 1287 y conservados dichosamente en el antiguo 
monasterio de Poblet, pasaron de él á la Biblioteca na- 
cional y después á la de Cortes y fueros del Congreso, 
habiendo entrado por fin, va para unos seis años, en el 
dominio de la Academia de la Historia. 

Dichos Privilegios existen, con otros documentos 
relativos al mismo asunto, en un códice en folio menor, 
letra del siglo xiii, sobre papel inconsistente y grueso 
con anchas márgenes escritas á trechos por Zurita, ro- 
tulado exteriormente: Escrituras de los reyes de Ara- 
gón D. Pedro III y D. Alonso III y de las Uniones 
de Aragón y Valencia y señalado con T. CL. M. 139; 
habiendo venido afortunadamente en comprobación de 
su siempre apreciable texto los Comentarios autógrafos 
de Blancas, escritos según el primer pensamiento del 
autor y bajo del primitivo título: In fastos de Jiisti- 
ciis Araffonum Coínmentarius. — Porque es de advertir 
que, entre el autógrafo y la edición que conocemos 
impresa, existen algunas curiosas variantes, ó mejor, 
algunas diferencias nacidas de la poca libertad con que 
pudo proceder el autor á la publicación de su trabajo; 
siendo uno de los pasajes suprimidos el que corre por 
las márgenes del manuscrito, relativo á la fórmula del 
juramento de nuestros reyes, el cual nos fué dado á 
conocer la vez primera por el Sr. Lasala en su impug- 



tación ú la citada obra de Quiuto ■> y fué después apro- 
Techado ¡lor el Sr. Foz en bu Ooiiena y fueros de 
Araffóii (1850); y siendo otro ul que se refiere á los 
PrivilegioB de la Unión, de los cuales dice en la obra 
iiujjre^n i[ue se cousevvabau en la biblioteca del Arzo- 
biapo {D. Femando), pero que él no inaiste en exjwner- 
los, toda vez que nuestros mayores decretaron única- 
mente el que no se biciora inns memoria de ellos, no ya 
como leyes del reino, noit ex patrio ¡noreat^ue institu- 
tis solam, siuo aun como obra literaria, sed ex pTÍcatíe 
eliam Hlhrarum vtomimenlis delendam. lo cual no ie 
retrajo ^iu embargo de trasladarlos cuidadosamente ú 
HLi manuscrito, comunicados que le fueron yov Zurita. 

Kl códice contiene todo el texto integro de cuantos 
documentos oficiales se extendieron y cuantas diligen- 
cias se practicaron en el asunto de tan famoso ¡irivile- 
gio; y bajo este aspecto parece una acta, proceso ó 
protocolo contemporáneo, aunque sin autorización de 
tintut, rúbrica, sello ni signo alguno; pero con la í>e- 
vcridiid de foruiüs, la igualdad de lenguaje, la testua- 
de documentos, el enlace completamente curial 
cada uno de éstos, y la imparcial, fria y monóto- 

inarclia de un registro oficial, y no de una relación 
literaria verificada con presencia de la documentación. 

Coufiándouos h la indulgencia del lector, que no 
jiuede faltarnos cuandi. se traía de darle á conocer un 
importantísimo códice basta boy inédito, vamos á per- 
aiitirnos un extracto algún tanto detenido, que ponga 

manifiesto toda la traiiütución de este ruidoso acón- 



50 
tecimiento, asi como el lenguaje usado en aquella épo- 
ca, el cual, por pertenecer á tiempos demasiado pro- 
venzales, adolece de algunos resabios de este idioma y 
puede servir para dar á entender toda la influencia ca- 
talana sobre la lengua de Aragón. 

Ábrese el códice con el extracto de las cortes de Ta- 
razona en que se dijo al rey que tratase con ellas de la 
guerra de Francia y demás asuntos de Estado, á lo 
cual contestó desenfadadamente en 1/de Setiembre 
de 1283 que entro ai aquella ora por si auiaJHto síís 
faciendaSy e qiie agora iw hi qneria ni hi auia mesíer 
Itir coiiseillo: i'eplicáronle que les confirmase sus pri- 
vilegios, y les satisfizo diciendo que no era tiempo de 
facer tal devianda^ que ell entendía dar balailla a los 
franceses, e, passado aqnelfeyto, que ell quefaria lo 
que deuiese contra ellos, y estos, entendientes et vidien- 
tes el gran per iff lo al que el sobredito senyor Rey que- 
ría sponer assi (á sí) e d ellos, vedientes e encara en- 
tendientes que todos, grandes e chicos, sedian con ere- 
bantíulos corazones, e vídíeníes que omme senes fuero e 
desafurado non fuede auer bon corazón de sernir aquell 
senyor, et considerantes las non contables opresiones e 
desa/foramientos que rccchidos anian c que recihien 
cada dia por el dito senyor rey c por sus officiales ju- 
díos ejudgues dotras lenguas e naciones, e atendioido 
que rey al piadanza endrczasse c millorasse las sobre- 
ditas cosas rnalfeylas cada dia peor atcan e nenian de 
malenpcior absorciendo la sagne e la substancia de 
las gentes, parzíendo tan poco al mayor como al menor; 
considerantes que f airan muy gran crneldat si piedal 
non auian de ssi mismos gracia despiriin sánelo 




10 SB&re los aailes ficeos-ommes e sobre todos los oíros 

unt ditos e eiiflmmlñs lodos los eomzons en 1 hoYn 

^9^ ImotuoU qiic todos eHseritikji'yaseti demaudassea 

s maatttHíeseH fueros, cosíumpnes, usos, priuile~ 

t, franqueza.i , libertades é cartas de donaciones e de 

mios. aquellas que avian anidas con sk padre el 

fc". r#^ don Japve e cu.t los oíros svs antecessorex f 

' fffl «Kíi; f. todos ensemble jitrAroiise en h/urma qve 

tottore , — Kn cí>ta jura ee dice t\w el traidor ¿ la Unión 

t deutniido cu üu cuerpo y bienes, saina la fe de sci- 

r reí/, e de todos sus dreylos, e de (odas sus reffn- 

w: que si jior esta jnm í-l procede sin juiao contra 

uno le defiendan todos: rjue si manda ])rpnderlü ó 

tatarlo »n .■4ent«iieia del Justicin, los de la jura no ]'< 

lü'Bii por rey, llamen h su hiju Alonso, el el dito don 

ik^bfito con ellos en-^cmble encalcen egeten de /« tierra 

itobredilo rey. 

PpefiAntanse en las cortes de Xaragoica varias 'ini'jnH, 

M8 de los nolilrf despojados de sus dererhos (en trein- 

Fta capituloa entre ellos el de las corte.-* anniiles), otras 

yov jarte de los jurada? y iirocuradoref! de la ciudad de 

Zaraíjozn, otras por los de Huesca. Jaca. Alrafiiz, etc. ; 

í ei) vista d'' ellas el dito sensor reí/ ron ¡/raut pic- 

qua-iendo contornar su cara contra su poblé r 

dir Ittx sus jitslas e diffnas pi'effarias e demandas, 

nnfi fueros, usos y costumlires y espidió el Príví- 

»io {general, el cual va seguido del otori^ado á W 

¡ncia (ciudad (¡uc cuando fué ganada, se mantuvo al- 

pin tiempo A fuero de Aragón) y de los de Bibagoi-za 

y 'IVnie!. 

Rcmiidoti todos en In lirlesia de San .Salvador fcale- 



52 
dral de Zaragoza) innovarouse en Octubre las juras he- 
chas en Tarazona, diéronse algunos castillos en rehe- 
uesi eligiéronse conservadores que mantuviesen la tie- 
rra en buen estado, é hizose un ordenamiento de la 
Unión que fué reformado en 8 de Diciembre; después 
de lo cual se mandaron al rey dos embajadas, á las 
cuales contestó por escrito desde Barcelona y Lérida 
ofreciéndose á venir pasada la Pascua á Zaragoza; mas, 
como no lo ejecutara, remitiósele una lista de peticio- 
nes, mientras se enviaba á Roma una embajada com- 
puesta, entre otras personas, de dos jurisconsultos. 

Después de algunas peticiones y de la confirmación 
del fuero general, rogó y mandó el rey á los unidos 
que concurriesen para el día de San Juan de 1284 á 
Tarazona, y porque el rey no habla cumplido con lo 
que les tenía ofrecido, ni restituido las spoliaciones fe¡/- 
taSy í^^ ellos expusieron por escrito su negativa (á la 
cual contestó el rey) y se reunieron en San Salvador el 
31 de Enero de 1285, pasando en Marzo á Huesca y 
después á Zuera, en donde , por contumascia del dito 
senyor rey, dio el Justicia sentencia sobre las querellas 
presentadas, y esto fué á 3 de Abril de 1285. Y dióla 
también sobre las que en adelante se fueron ])resentan- 
do, que fueron muchas, ya de ciudades ya de particu- 
lares, algunas hasta para averar infanzonías. 

k}) La fuerza i\v esa palubni nos rccueitla una anécdotu relativa alcclo- 
lirc diccionarista fnuicés Mr. Boiste. Ei-a hombre inofcusivo y laborioso, 
y, no obstante, fué conducido ú una prisión en dondo pasó alj.''ún tiempo 
hinque adivinase los motivos: cuando 8US anii$ifos se interesaron por él. 
pudoul lin averig'uarsc que había llamado exi»oliudorá NaiKdcón: acudióse 
al cuerpo del delito, ciue era su ¿rran Diccionario, en donde se vio que de- 
cía SPOLIATKUR, noxAPARTF. ;Boistc no hacía sino declarar á Bona- 
I»artr el inventor de esa palabrn! 



Murió el rey á la aaztJu, miiíiitraa su hijo Atfouso se 
liuilaba en la couquista de Mallorca, y baliiéndose sa- 
bido que éste se titulaba rey, y hacia como tal dona- 
ionea y otras cosas, se reunieron cortes eu Zaragoza 
I día de San Valero de 1286 (ya las hubo antes en Di- 
mbre, pero sólo trataron de contener á los ladrones 
r malliecliores que molestaban el reino), y acordaron 
í^íacirle que viniese d jurar ti Zaragoza, y pava esto en- 
TÍaroa mandaderos que se lo expusieran de palabra., y 
non leuassen caria ek criencia ni otra caria ho escripto 
en qut eUfaese damtdo por el regiio reg ni iiifant: e! 
rey contestó que el arzobispo de Tarragona y los no- 
bles de Cntaluiía le llamaban rey en sus cartas, e jyues 
ellos clainawan. á él reí/, non seiiieyllaba que él sf- 
áeuies clamar Mey In/anl. ¡wro ofreció jurar en 
:a y lo hizo en un domingo á 15 de Abril. Kl 
Rígiiiente día, para evitar los muyíos desorilenamien- 
s de la casa del rey, e al pro suyo e del reffno ca- 
, solicitóse la reforma de ella, á lo cual negóse d 
^ y se partió para Alag-ón. En vano fué que se le re- 
fej^riera para que volviese k Zaragoza y enmendase lo- 
" 9 los dailos causados á los fueros y á las jiersonas, 
1 vano que expidieran tras él las cortes de Zaragusa 
. 171) los consejeros que hubieran de seguir al rey 
uta que' concediera las demandas; todo lo que ae ade- 
itó después de dos mandaderías ó embajadas, fué 
,e desde \*alemña eitaseá cortes para Huesca, después 
I lo cual todavía se repitieron cuatro niandaderíaB ' 
ID& de ellas sobre las vistas que I). Alfonso habia 



54 

tenido fuera del reino con el rey de Inglaterra: y, por 
fin, temiendo la mala Toliintad del de Aragón, envia- 
ron embajadas para demandar alianza á la EglttUL de 
Xamaf al rev de Francia, al de Castilla v aun á los 
moros i^fol. 95); pero el rey se dirigió á Ta razona en Se- 
tiembre de 1287, prendió á unos, ahorcó á otros y mo* 
vio una guerra desastrosa, qne por su mismo mal ca- 
rácter excitó á unos y otros la avenencia. El rey 
deputó al Prior de la orden de predicadores en el con- 
vento de Zaragoza para tratar con los unida<^ que esta- 
ban convocados en el fosal de Santa María y le dio una 
credencial en que decia que siempre quiso el quiere paz 
fe) concordia entre si e sos gen (es sobre todas las cosas 
del mundo, pero que los nobles ^ficieronle muytas de^ 
mandas e pidiéronle muy tos donos, los quales si el otor^ 
//ado los ouiesse sería muyt gran danyo e minguamieU" 
to del regno (fol . 98) . Asi empezaron los tratos, y los 
unidos nombraron i)ersonas que pidieron enmienda de 
los castigos de Tarazona y de los males de la guerra 
que el rey moiiio á sii cuelpa e d su torto, que reclama- 
sen la restitución de su vispado al de Zaragoza, el pago 
de atrasos A los mesuaderos v la admisión en su conse~ 
jo de las personas nombraijas por la Unión, y que le 
hiciesen entender, que si procedía contra alguno de la 
jura, de aquella ora adelan no ¡o liengan ni lo ayanpor 
rey ni por senyor.,, ¿puedan fer otro rey esenyor cual 
que)*ran sines bla-^mo e sines mala faina. 

Con todo esto condescendió el rev. v entonces fué 
cuando otorgó el famoso privilegio de la Unión, cuyo 
texto es á la letra el siguiente ^fol. 101 v.^"): 

«Sepan todos que nos U. Alfonso, por la gracia de 



Ha 
i rijy (le Araji-oii. dt: Mavorchas, do Valencia, 
FtCúmijtu de Uurceloüa, poruose pornuoálrossucessores 
l«Qitu por tiempo rfg'oaraa eu Araron, damo» e otorgtt- 
mos á uos uolileü D. FortuDyiio por aquella mis- 
1 (rraoia vispe de Zaragoza, D. Pedro Seyíinor d 
Aycrbe tío nuestro, D, Exeme d Urreya, D. Blasco de 
Ua^n, D. Pedro Jurdan de Penna seynnor de Are- 
JlJfBoao, D. Amor Dionis, D. Q. de Alcalá de Quinto, 
liü). Pedro Ladrón de Vidaure. D. Pedro Kerriz de Se- 
(é, Fortun de V'eryua Sr. de Penna, ü. Gil de Vi- 
JjKlaure, D. C'orliaran Dannes, U, Oaliriel Dionis, Pero 
S^Ferrandez de Vergua sennyor de Pueyo, D. Xcmen 
jtPiíreB de Pina. 1). üartin lioiz de Foees, Forum de 
IjfcVcrffua de Osseni e A los otros niesuadcroa, cauallero:-. 
iWfanzones de los Regns de Aragón e de Valencia e de 
tiUig'Orza a^ora ajustados en la ciudad do Zaragoza, 
F*6 á los procuradorcü e a toda la Universidad de la di- 
lata ciudad de Zaragoza, as»i & los clérigos como á los 
gos, presentes e nuenidore», — Que noa ni los núes, 
lijritros sucesores que eu el dito reguo de Aragón por 
Atñmpo regnnran, ni otrl por mandamiento uneutroü 
^luatemoü ni estemos fdebe decir esleiitemos), ni matar 
CteBtemar mandemos ni fagamos, ni preso ó presos ¡-o- 
f "jhbre fianza de dreyto detengamos ni detener fagamos, 
liMigoraiii on algüu tiempo, (ü) alguno ú algunos de no.'j 
iobreditos rico» ornes, me^iiBdero¡>, cauallei-os, infan- 
rMons, procuradores e universídat déla dita ciudad de 
■tftZaragoza, sgí clérigos como legos, presentes e aiiini- 
¡Esderos: ni encara alguno <¡ algunoet de los otros ricos 
tomines, mes,-, ca,, inf. del regno de Aragón, del reg- 
a da Valencia, e de Ribagorza, ni de sus aucesaores, 



»sines de sentencia dada por la justicia de Aragón den* 
;»tro en la ciudad de Zaragoza, con conseyllo e atorga- 
:»miento de la cort d Aragón ó de la mayor partida da- 
»mada e ajustada en la dita ciudad de Zaragoza.— ítem 
»damos e otorgamos á los ommes de las otras ciutades, 
)> villas, e villeros, e logares de los ditos regnos de Ara- 
»goii e de Ribagorza, e a sus successores, que non aian 
;)muertos, ni estemados, ni detenidos sobre fianza de 
»dreyto sines sentencia dada por los justicias de aque- 
»llos logares por que deuan seer jutgados segunt fuero 
;>si doñeas no será ladrón ó ropador manifiesto qui será 
)^trobado con fuerto e con roparia, ó traidor manifiesto. 
;»Si por auentura algún justicia ó offiicial contra aquea- ' 
}»to &ra, sia del feyta justicia corporal. Et a obseruar, 
»tener, complir e seguir el present priuilegio, e todos 
»los sobreditos capitoles ó articlos, e cada uno dellos, 
»e todas las cosas, c cada una en ella e end cada 
»uno dellos contenidos, e non contrauenre por nos 
»ni por otri por nuestro mandamiento, en todo ó en 
»partida, agora ni algún tiempo; obligamos e pona- 
»mos en tenencia e en raheuas á uos e a los vues- 
»tros sucessorcs aquestos castiellos que se siguen fson 
»diez y sieU^ entre ellos Uncasiilloj Malouy Xi^dUy 
»Daroca, Hícesca y Morella), jus tal condition que si 
)>nos ó los nuestros sucessores que por tiempo regnarán 
»en Aragón faremos ho veniremos en todo ó en partida 
»contra el dito priuilegio e contra los sobreditos capito- 
)>les ó articlos e las cosas en ellos e en cada uno dellos 
» contenidas, que daquella hora adelant nos e los nues- 
»tros ayamos perdudo por a todos tiempos todos los di- 
»tos castiellos, de los quales castiellos uos e los uues- 



«íKHpodades fucer e Tag-ades j'i todas luieatms propias 
» voluntades assi como <le uiiestra propia cosa, e dar e 
«Hurar aquelloá castiellos si querredes á otro rey e se- 
jtynnor, por esto, por que si, lo que Dieus non quiera, 
sBOs ó los nuestros sucessores confirajnmiessemos A 
»1bs cosa^ sobreditas en todo ó en partida, queremos e 
«otorgamos e expresaanieut de certa sciencia asi la om 
Mcomo ancora consentimos que daquella ora a nos ni i'i 
»lo3sticesfíores ni fe») el dito líeg-node Aragón non ten- 
«gades L¡ ayades por Rejos ni por seynnores en algún 
•tiem|JO, ante sines alguTi blasmo de fe e de leyaldat 
«podades facer e fagadea otro Rey e Seynnor qual que- 
«rredes e don querredes, e dar e liurarle los ditos castie- 
»Uose a uo» mismos en uaí<allos suyos, etnos ni los nues- 
•tpoa sucessores nunca en algún tiempo á vos ni á los 
Asocefisorca demanda ni question alguna nos en fagam . 
sni ñicer fagamos, ni end podamos forzar, ante luego 
«de [ireswnt por nos e por nuestros sucessores soldamos 
»(Uffin¡cIament e quanta a vos e ú nuestros sucessores 
üide fe, de jura, de naturaleza, de fieldat, de seynnorio, 
»dc v>issaIlerÍo e de todo otro cualquiere deudo de Tas- 
ffsayllo ó natural deiie, e y ea tenido á seynnor en qual- 
»qniem manera o razón. E^todos íoa soLreditos articlos 
»ó capitules, e cada uuo dellos, todas las cosas ecada 
itanaeu ellos c en el dito priuilegio contenidos, atender, 
»e complir, e seguir e obseruar á todos tiempos e en al- 
•gimo no contrauenir ]}or nos e los nuestros sucessores 
sjuranios á nos por DÍoa e la cruz e los sanctoa euan- 
«gelios delante nos puestos e corporalment tocados.— 
«Actum est Cesaraugusta V Kal, jan, anno domini 
l£CC!LXXXseptimo.=Signimi Alfonsidei gracia reg. 



58 
)^Aragouum, Mayoric. et Valenc. ac Comes Barchin.-* 
^TeBteH 8uut Artal Kogerii Comes Palljaríensis, P. 
)>Fcr(linandí dominas de Ixar patruus predicti domini 
>RegfÍMy O. de Anglaría, Br. de Podio viridi, Petras 
x>SeHHe.—- Signum Jacobi de Cabannis scríptoris da, do- 
//miiú Regís, et de mandato ipsius hoc scribit, fecit 
»i't dauAÍt loco, die et anno preí¡xis.x> 

Del otro Privilegio que también se otorgó, conforme 
tíou el anterior en su lenguaje y en casi todo su conte- 
nido formulario, y por lo demás extractado también en 
tíl cap. U7 del libro IV de los Anales de Zurita, sólo 
copiaremos ol principio porque en él se dan á conocer 
las libertades que alli se consignaron «...Que daqui 
j»iideluut nos e los sucessores nuestros ¿ todos tiempos 
jk»clumemoH o fagamos ajustar en la dita ciudad de Zara- 
^^om una uegada en cada un ano en la fiesta de todos 
jftsanctüs del mes de noviembre cort general de aragone- 
vHCH, 4* a(|uelloH que á la dita cort se ajustaran ayan po- 
)><ler (lo eslej-r, dar et assignar, e eslian, den e assig^en 
^fouHeylleros a nos e a los nuestros sucessores, et nos 
/>(! los nuestro sucessores ayamos e recibamos por con- 
»seylleros a(|uellos (jue la dita cort, o la part della con- 
»cordHnt a acjuesto, con los jurados ó procuradores de la 
»dita ciudad esleyran, darán e asignarán a nos e a los 
»nucstros secessores, con cuyo consevllo nos e los núes- 
»tros succesores gouernemos e aministremos los regnos 
»de Aragón, de Valencia e de Ribagorza... los quales 
»conseylleros sian camiados todos o partida de ellos 
»quando a la cort uisto será o a aquella part de la cort 
»con la qual acordarán los procuradores o los jurados de 
»Zaragoza . ítem damos, queremos e otorgamos a nos 



sque nos ni los nuestros siicessores, ni otri j)or nuebtro 
'.maiHlamiento, non detengamos prisos, embargados ni 
•empai-mlos sobre fianza do ilreyto lieredamientos ni 
MjOBlegqtiiere otros Ijicncs de vos sobre ditos iioble.t 
xetc, , sines de senU-ncia dada por la Justicia de Aragón 
adentro en la ciudat de Zaragoza, con consejllo exprea- 
»so ú otorgamiento de la cort de Aragón rlnmnda e 
Mtjustsda eu la dita ciudat de Zaragoza.» 
£1 códice continúa documentando la entrega del 
icipe de Salevno, i'omo en rehenes, mientras se Íta- 
la de los castillos: la entrega de estos; la obligación 
lie los rellenes; la embajada que se dirigió al rey (por 
lio haber concurrido para el día de S. Matías de 1288) 
diciéndote que, ui no venia para el de Ramo», aiirúiu 
r e cerguar conse¡/l(o e ajuda de qui quiera 
fitalfuüra mmiera rjiie untes e majUtyr trobar lo 
!»... la qual cosa si an de/ucer les pesara inulto 
de coraioii, porque twit querñan,, si Seus e el Semior 
rcjf quissies, tens}' ni seguir olra carrera qve la sui/a; 
las coi-ItfS (|ue celebraron los unidos en Zaragoza eu 
1289 y la maudaderiu que de ellas resultó; el ordena- 
miento (juc hicieron, en tuerza de no haber cumplido 
rey con lo jjoctado, juramentándose para entregar 
dutilloij á otro señor ó seüores, jiero reservándose 
Atrecho de volver á la obediencia del rey, si éste se- 
ffñtnt ¡a forma del pritilegiu enmendara e compliru 
todas las snh'editas cosas que por él fallecidas son, tt 
fiítÁ todfí aquello qun a facer; las quejas dadas al rey en 
la iglesia de íiían Salvador; el juramento que prestó; los 
roniiojcToa y oficiales de su casa que le aefialaron y 
deliberaciones que tuvo su coneejo: con lo cualj 



62 

sobre el conipromis de D. Juan Fernández de Heredia 
(1368), cuyos documentos se hallan en el archivo de la 
Audiencia de Zaragoza, escaso en general de los ante- 
riores al siglo xv; la nota escrita al frente de un libro 
compuesto antes de 1382 por D. Juan Pérez de Mugre- 
ta y copiada por Latassa en el tomo II de su Bibloteca 
antigua] las palabras que de D. Juan I nos traslada 
Blancas en sus Comentarios v el discurso de la corona 
pronunciado por D. Martín en 1398. 

Entrado el siglo xv, ya el punto que debatimos ofre- 
cería toda la evidencia imaginable, y á la verdad ni 
aun lo traeríamos á cuento sino fuera por continuar la 
materia hasta la definitiva reunión de las coronas; puess 
])oi' lo demás, es ya muy poco lo que hacen á nuestro 
intento, así la proposición y el juramento de Feman- 
do I que se conservan íntegros, como la hermosa carta 
de Juan II escrita en la víspera de su muerte á su hijo 
D. Fernando el Católico, como la mucho más famosa 
del Justicia Giménez Cerdán, como las obras del Infante 
D. Enrique de Araj^ón, autor ó digamos traductor del 
Isnpele hfisíoriado. como la< del i)ríncipc de Viana á 
quien debemos naturalizar en Aragón para nuestro ob- 
jeto, como las del i)oeta Podro Torrellas y el famoso 
Pedro Marcuello, de cuyo prosaico, pero muy curioso 
])oeta, so conserva el ejemplar manuscrito de un libro 
de devociones, todo en coplas de arte menor, que de- 
dicó y entregó á los líeyes Católicos en 1182 '^\ ' 

íl; Hrinos tenido el íí^sto de h:il)crle á las munos y mrrccp, como obm 
artística, los eloírios i^ue lo tributa I*atat<sa: está escrito en vitela y letni 
erótica y tiene muchísimas y muy bellas miniaturas, pero en su texto hay 
harto menos que admirar, y á veces se entremezclan en las devociones los 
intereses i'irticulares del autor. |K)r ejemjdo el de mejorar de alcaydia. 



Para terminar ésta, qiip es la iirímei-a parte de !a.s dos 
en i(uc dividimos uuestro trabajo, ifo será inútil aHadir 
alg^uiias lineas acerca úiA reino de Navarra, cuyas ann- 
kigiiu con t'l de Aiagv'm so» bajo ui¿m de uri aspecto 
reparables. Los origines de la reconquista fueron á la 
verdad ídéntícoá en ambos coiiiarcns, liabiendu lidiado 
I- unos y otros en las niontaiiat<, que los árabes llamaban 
f indistintamente tierra de Atranc, y habiendo contribui- 
[ do de consuno á la creRciún de la nueva nionaniuía fon 
lias liioitnciones que yason de Iodos conocidas. Viniendo 
lA más dnroí tiempos, se sabe que Alonso el Balfl- 
rllador dio fueros arag:oneses á un íj;ran número de pnc- 
l/blos de Navarra, concediendo á Tudela el privileg;io aa- 
I ra^üauo de Tortumper (ortitiii, que consistía en la fa- 
\ eultadde desagraviarse cada uno asi propio, y otorgando 
á la mi¿ma villa y á. todo lo que Iioy es su meríndad 
; el fuero de Sobrarbe que más tarde m convirtió en fiíem 
ral de Navarra. También es cierto que annque esti- 
llo pcrtene:u.-n i^ii su lenguaje á la ¿¡>oca de I). Ramiro, 
ÍLipiic» alfíiinos refieren su confección, fué por lo aie- 
luos arreglado t-n c^istídlano para los navarros en el r-i- 
■irlo \iii. copiado pura la reina el nilo 1346 con loi< de 
F Jaca y Külrlla f/i ííííohíií de Xavarra, coníinriado re- 
' {lotidais veces á alyunos pueblos «un cu el sifrlo x\ i. 
, impreiio en ICK6 y 1S15, con supresión de ciertas 
púIíaE y ]>rnebas deuiasiado btirbarus ó indecentes, 
y observado en luuclm parte ^■^^ basta nuestros días, 
I Mendo todavía frecuente cu los escríbanos el extcn- 



6i 

dar loü cou tratos matríinoniales á fuero de Sobrarte ^ . 
[(fualmentc se dio á algxmos pueblos, pero en latin. el 
fauosisimo de Jaca, coocediéndose va en 1 129 á los 
francos que poblasen el Burgo de San Saturnino en 
Pamplona y todaTia en 1497 á Santistéban de Lerin. 

Y sí á todo esto agregamos las afinidades que habian 
de imprimir entre alto-aragoneses y navarros sus mis- 
mais montanas al norte y su misma ribera al mediodía: 
sus hermandades establecidas en los siglos xiu. xiv y 
xv; su casi idéntica legislación; sus iguales condiciones 
¿ intereses durante la reconquista; su común origen 
monárquico, cuando no 'como aconteció también; sus 
mismos reyes; su compañerismo en las más notables 
empresas, como en las batallas de las Navas y Alcoraz, 
y finalmente su mutuo comercio, en que se sabe que 
Zaragoza surtia á Navarra como consta de documentos 
Iiertenecientes al siglo xiv) de artífices, físicos, medica- 
mentos v aun toreadores: fácilmente se convendrá en 
la perfecta conformidad de su lenguaje* respecto et 
cual ¡lodrian ser comunes todas las observaciones que 
llevamos hechas, debiendo auadir solamente que, a}>e- 
sar de hablarse el vascuence en muchos pueblos, el 
lenguaje oficial fué sin embargo el castellano, sin que 
de a^juel idioma primitivo exista un solo monumento 
lii en el archivo de la Cámara de Comptos ni en el de 
la Diputación de Navarra. 

Pues bien: .si se concede á este reino la analogía f^ue 

Lft Síibr'irhe n.z T"*^^!*^. coüio dice áitMDpre Vaii;^as. ú -luien se 'It*:*- 
rn píAi'le U prinif:r<i C'^pia i\\it los nuvaircs han tenido de el, pues íes ha :>i- 
<lo desconocido much«.'S si¿j'l».« hasta que en l*<Üse sacó un tnuslado para ei 
urchivo de Pamplona fíor el académico, hoy obÍ!>po en Palma. P. Mig'Ui'i 
i^.ilv.i. ; . rru de "-«ta p*>r D J'.'-:ó Vangrua* para el de TudeU. 



dfl hecBo tíene con el de Aragón >'J , y si partiendo de 
alii son licitas latí ¡triicbas que de él emanen para con- 
firmar las que llevamos expuestas, entonces podemos 
asegurar que, aparte los obras i^oéticas del g-iigto ¿ 
idioma lemosin ■*>, en lo demás todo conduce ú demos- 
trar que Navarra siutió la influencia arag:onesa y i\ue 
bUí no se uiiiirou los idiomas latino, temoijiu, francés 
ni vascuence, sino sólo el castellano desde que tuvo 
nacimiento. Cuantos documentos hemos examinado nos 
han conducido á esa misma conclusión: liemos obser- 
vado que liasta la uiitad del siglo xn no hay un solo 
documento que no sea lutiuo; que desde entonces se ha 
usado con preferencia al latín y con exclusión de otros 
el romance puro; que el fiíero general de Navarra, el 
cusí tiene pasajes tomados á la letra del de Sobrarte, 
entre ellos el prólogo y el articulo I sobre la elección 
de rey, ofrece una muestra del lenguaje \a bastante 
formado que se U!<aba cu la primera mitad del si^Io 
xni; que en las donaciones, privilegios y demáü instru- 
mentos públicos hay absoluta analogía con las prácli- 
cas y el lenguaje de Aragón hasta en las fórmulas ó 



I IJ Kd 1« Mni'orla loArt ti fciuliiUiina iiiir. (irciiiiulii |Kir lü Aciulrmlo il<' 
la Blet«rla< lia Hido imbllcaitii tn I806 por nu autor D. Antonio dt \a Kiro- 
•nra 7 Hctíb, bv onUenda ¡«ic Coronilla 4* ATugin Ib reuniOn di KnvniTt, 
An^6n. CBtaliibu 7 Vnlraein, y rFKiweto da Un úcm primiiroi reinas srdicr 
nruíf tiíii <[«' fti uiiu mliuiu rl arigea y '■■usa de «nban nwnwrquiw, íI- 
niBllátuvini Avwrrollo |H>iÍtko,M^itUoaHU ligiKiaclÚn iiivll,)r bu iimereoo 
y nurctu «ocUt ile uii iuIkiou iwrkUir euii jioco iwiitilhIMilIffreafbu. [¡<L- 
elnas W y 40.^ 

W Bu IKl*: irahIlcA 11. I'ahlo dn numaiii un pounm lemusín «obn la 
Ouim cItH ña l*aii>|'lnQa '.slg. xiiij eumpütito por sl ri'BDMs tluUkmiu 
Antlltr*: «>no eomu mi ve nu t» literatura navarra, pero u cita pcnquo tu 

rl prfllogo coatienr Dlsiinm uUservscloncs, conibruics con las uueetisii, re- 

""" ■ --- „^ vulgar, dd litloiau Irmon'n. 



66 

rúbricas curiales; que esto no se verifica sólo en los 
pueblos comarcanos al reino de Arag-ón, como Tudela, 
Cascante ^^^ y otros de esa merindad, sipo aun en los 
más avecindados al Pirineo, y por consiguiente más 
sometidos á la influencia francesa ó vascongada; que 
es finalmente en casi todos ellos tan idéntico con el de 
Aragón el dialecto familiar, como que apenas hay pa- 
*labra ó frase que no les sea perfectamente común, ob- 
servación que liemos hecho prácticamente recorriendo 
el reino de Navarra antes y después de formar nuestro 
Vocabulario, pero que no puede hacerse sobre el Dic- 
cionario de las palabras anticuadas que contienen los 
documentos de Navarra (por D. José Yangüas 1854), 
en donde, si bien se hallan explicadas cerca de rail qui- 
nientas voces, son simplemente anticuadas á nuestro 
entender (esto es, corrientes en los documentos de Cas- 
tilla) muy cerca de mil de ellas, siendo curiosas y dia- 
nas de estudio ( algunas por su origen francés) unas 
cuatrocientas, y no llegando á cuarenta ^^ las que, co- 



cí) Véasr una muestra de l(;n^ajc, que suponemos inédita, tomada tic 
un documento que, con otros varios dol sig"lo xiv, hemos visto en el archi- 
vo municipal de aquella ciudad. Es un Ordenamiento sobre distribución 
de a^uas, su fecha 1254: «Memoria sea para todo tiempo ad in perpetuuiu 

como auemos las agruas de Tarazona los de Tudela todos los doce meses 

del anuyo en cada mes.... e deuen ir el alamin cristiano e el alaniin moro 
con lures cauaccquias guardas, ct deuen ir á Tarazona el XXI del mes, por 
la almoceda e deuen citar á los zabacequias del rio mayor de Magallon ct a 
todos los otros zabacequias de los otros rios do Tarazona, e a otro dia de la 
manyana, que es XXII dias, que sean todos en la presa de Ma^llon al foI 
salido, etc.» 

(2) Tales son adala. a.trebttdo.v (alrcudar), ntiirar, calonia, cena, román- 
<í«, ctíf Iré, líoMccfs (d micas), du I o, enraizar (ensalzar), efnjiaranza, encaro, 
csnoliar, ganancia (hijos de) goaitar (aguaitar), greu (g-reuffel, honor, juhr- 
ro^ lecxa (leja), lezda, mala-vos, meitadetico, parar, prtreilhj rabal, vistrncr, 
zabazeqw'a y zalmedina. 



67 
teranieutc nrag«ne»aii, liahiainotí iuclmdo ya 
nosotroi? eu uucütro Vvcalmlario. 

IJueila pues rieiiiostrndo con la historia de Aragón, 
y comprobado con la do Navnrra. tjiie en estes reiuos 
tnvo el idioma ci^paíiol las uiisnias vicii^itiidtííi y éjiocas 
quu en Castilla, ú quien venció bujo más de un aapcc- 
te, sin r|ue nimeit bayna existido iii existan hoy mismo 
sino aquellas direreucias natnrules entre ¡irovincias que 
cultivaron diversas relaciones, que mantuvieron entre 

: si por más 6 menos tiempo eierto forzado nidamiento. 

I y que en al^ún modo uouservaron su curáeter tradicio- 
nal y con él alg-unos resabios y modismos; pues, couio 
dice el anónimo antor del Biáloi/o de lus Ifuz/nas, «ru- 
da ¡iroviucia tiene sus vocablos [¡rojííon y sus uiaucra-s 
jiropias de decir , y es asi que el arugoná» tiene unos 
■vocablos projñoa y unaa maneras propias de decir y el 

' audaluz tiene otros y otras.» 

i I'cro sólo hablando con impropiedad se puede t;onei- 

I dcrar á 1» firaj^nesa t;omo tal lengua, por más que un 
nutor moderno diga (jue «hasta la misma Andalucía y 

Íel AtHgún no se hun emancipado aím completamente de 
atl8 primilieos idiomas, » y por más que eu k comedia 
I Tuoi'ina de Jaime Huete se dit^a; (tj)ero, si por ser aii 
[ natural lengua arafroncsa, no fuese por muy cendrados 
f tórminos, cuanto « esto merece jicrdon,» Otra cosa e« 
t que cu l'>s autores aragoneses se note tal cual locueiiin 
I A inodÍHino pi-ovinciu), como los notó en Zurita, aunque 
, eu ¿1 «nn rarífiimos, el critico .Sepi'ilveda, ó como se vi?:- 
'. liimhran en Avellaneda en qiUeii á posterhri han ¡)odÍ- 
do advertirse desde que Cervantes, que debió de cono- 
6 ar.igoiu'^s en vario¡* jias;ijes del Qttijok. 



68 

Esto es lo que nosotros creemos, pero no que el ara- 
gonés fuera lemosin ni tampoco que formara un idioma 
aparte, como ya hemos dicho que algrinos lo han creído: 
no quieren decir más, aunque parece que lo dicen, los 
que, como Z urita, Hartón y otros, se refieren á un 
leng'uajc aragonés con honores de idioma. 

Zurita, en una de sus muv razonadas cartas al sabio 
arzobispo D. Antonio Agustín, á quien combate con 
una solapada ironía que no todos han notado, dice las 
siguientes palabras: «En las oraciones (arengas) que se 
»pudieran poner, yo confio muy poco de mi retórica, y, 
»demas dcsto, soy muy enemigo dellas y me desagra- 
»dan en estremo las de üuichardino, aunque sean muy 
»elegantes, y las de Hernando del Pulgar; y nosotros 
>>los aragoneses en esta parte, Señor limo, tenemos 
»algun reparo y voces propias de nuestra tierra.» — 
El P. León Benito Martón dice á su tumo: 

«Uso de algunos términos de Aragón rigurosos, 
»aunque parezcan diferenciarse de los de la corte ó 
»modo de hablar español que juzgan mas elocuente: 
>>Deinó.stoncs y Platón escribieron en lengua ática, 
»Hij)6crates oii jónica, Teócrito en dórica y en cólica 

»Safo, Alceo y otros autores hasta persuadirse era 

»el de sus ciudades el propio y mejor ó mas limado de 
>>la lengua griega: lo mismo les sucede á las regiones 
»de España, al creer varios pueblos es su estilo el mas 
»espanol, entre los cuales no sobresale poco Zarago- 
»za». — Mucho antes I). Gerónimo de Urrea, en su DUi- 
logo de la verdadera honra miliíarj hacía decir á uno 
sus inti^rlocutores, «Huélgome de ver cómo voy hacien- 
do fruto en vos,» y el otro contestaba: «Gracias á mi 



(30 
IBÍento y no & vuestro romance aragonés retóri- 
co y g^rosero.» En nuestros dias ha publicado el erudi- 
to Sr. Gayangos iaa Con'iolacio'ies del Autíiiapa Luna, 
traducidas (dice) por él ó algi'm arag-onés, «como lo 
muestran claramente el g-iro de la frase y el estilo, « cuya 
obra dA al público para ejemiJlo del estilo y lenguaje 
castellano usado en Ara^n en el úg\o xv; pero ese esti- 
lo y lenguaje discrepan tan poco de lo que se usaba en 
Costilla, que no sal)eiaos como citar alguna cosa que se 
rezca á ar8gt)nesa, á no ser que se tengan por tales 
tjuel muy tifr/io llorante en tiempo de /rio: ■■■. «en Dios 
was consolticion;» «oye á San Gregorio A li conse- 
hílfe;» wJob derechero, é teniente A Dios, ¿partiente del 
tí, et\ el cielo lo coliraras perpetual: t- «muchas de te- 
^» «parqiit non hayades fatlgacion en nuetlras cora- 
tt;í> «lio» será dada corona de ff loria sima al pe~ 
líe lejilimamenle:» m las ánimas espinan:') «non 
Pl tnfíiesíer mucha sal/idnría de cocineros nin de arte 
'« cocinar.^ 

^ En el Musco Unieersal se publicó una poesía cat>a- 

ft que decia ser imitación de h poesía y leugna- 

farttffonés de principio del siglo xiii, y no liay nada 

b tal cosa, por más que su autor (D. Ratael Boíra^ 

feWeee nacido en Aragón y aun, segi'in hemos oído, 

Itteae inédito un pequeño diccionario arag-onéa y por 

siguiente debiese saber lo que decia en este punto; 

5 nosotros no acertamos á encontrar niós arago- 

mos que los del verso: 'lEl laúd vioxen Luesias 

" apresta et iidovn.y Y, para concluir esto, en el Siglo de 

oro de la ¡«esla aragonesa liaciau tanto alarde de es- 

mñoliiono nuestros poetas, y sobre todo nuestros cri- 



'70 

ticos, que á uno ele aquéllos se privó de premio en 
un certamen, porque en vez de haz habla escrito /ry o. 

Sobre el fingido Avellaneda, á quien hemos citado 
no ha mucho, y cuyo lenguaje se ha examinado muy 
l)oco, nos permitiremos una ligera digresión, por lo 
que tiene de interesante á nuestro objeto y por la cele- 
bridad que alcanza todo lo que se roza con el Príncipe 
de nuestros ingenios. 

Cervantes publicó en 1605 y después en 1608, las 
cuatro Partes de D. Quijote, que después quiso que se 
llamaran una sola y primera Parte, A la cual dio cima 
con el encantamiento del héroe manchego, razonable- 
mente maltratado por el cabrero y los disciplinan- 
tes y restituido con aquella industria á su aldea, en 
donde el autor le dejó tan finado, como que habló de 
lo poco que la tradición conservaba acerca de sus pos- 
teriores arenturas en Zaragoza y concluyó con los ver- 
sos que á su muerte se escribieron, pero dejando, no 
obstante, al lector co» esperanza de la tercera saU4n 
de D, Quijote. Al cabo de algunos años, y cuando ya 
Cervantes tenia adelantada la nueva parte de su inmor- 
tal novela hasta el capitulo IJX. que es donde empieza 
i\ ocui>arse de Avellaneda, publicó éste en Tarragona 
el aik) ICM una continuación, que Lesage tradujo al 
cabo de \u> siglo, on 1704, y que después se ha reim- 
pn^so on 17%h?, ou 180o y jH>r Rivadeneira en nuestros 
dias, hnbienvlo uu^rxvidv^ a tocios en general fuertes 
dicterios, {H^n^ habiondo sido calificada por Montiano y 
Klns Najiarr^^ como sufH^ior a la del mismo Cervantes 
Saavedra, 

Ihiouo os quo tv^tt^ wmosiara, en el suvo delicadisi- 



71 

as, ftl tofiíc prólogo de Avelluuctla; butnio vs que con- 
IJQUartt »u Qiiijole con la decencia y e! donaire que 
tantas vecea liuhieron de faltar á su coniiJetidor; bueno 
ps inio pusiera !n inimitaiile segruuda parte siiya muy 
jior encima (que lo está nuicUo eu efecto) de la del 
atreviilo in^nio tonlesillesco: bueno es que le hiciera 
los i"ei)etidn3 y chispeaiites alusiones que ae leen en va- 
rios lugares, que le motejara por haber altandonado 
como ingrata á Dulcinea del ToboHO, que lo deseara 
quemado i/ hecho 2>ohos por imperthieiité, y aunque 
trajera Iiaeia (.'1 fin de la historia lí, D. Alonso Tai-fe, 
eandidinio amigo del otro jDon Qiñjole, para que se 
Ka testimonio ])or ante un Alcalde y un Escribano 
e la autenticidad del vcnladero hidalgo de la Man- 
; pero no anduvo tau cuerdo el gran Cervantes en 
íl juego de peloteai" los diablos ante Altisidora ron 
jlibro de Avellaueda, ni eu inquietarse porque éste 
Umara comilón á Sancho, ni eu jirivar á ¿arugoza did 
honor que en recibir á Don Quijote le había dado ya la 
tnidicióu (en d último capitulo de la primera parle); ni 
tn tener por cosas dignas de reprcheitsioti.... qveel Ifíir 
gvajt es aragonés , porque tal vez escribe sia aríicw- 
/«... y que yerra y se désela de la verdad en la mas 
principal de la hisloria, porgue aquí dice que la mujer 
de Á. Pansa mi escudero se ¿lama JIiiri~Oulie)Tez y 
no se llama tal sino Teresa Panza (cap. 59). 

Dejando esto último como menos inijiortante, si bien 
[iroobu una vez más la distracción con que Cervantes 
escribía, cuando no recordó aquellas sus palabras de] 
cap. \'\\, aunque lloDÍese diez reinos sobre la tierra, 
-M^URO asentarla bien so6iv Iti caleza de Mari- 



'72 

Outiei*rei; vengamos á lo del lenguaje aragonés. 

Que el autor tuviera esa patria no es para nosotros 
dudoso desde que Cervantes, que le habría muy bien 
conocido, nos lo auguró varias veces, ya no con aire 
de sospecha, sino con toda la resolución de quien ha- 
blaba sobre seguro: que el tal aragonés fuera inquisidor 
está punto menos que resuelto, si como creemos se ha 
interpretado bien una frase de Cervantes: que fuera 
además religioso de la Orden de Predicadores se tiene 
hoy por muy probable, aunque más lo dudara Clemen- 
cin, fundado en los cuadros y expresiones lúbricas é in- 
decentes del segundo D. Qnijotef pero olvidando un 
momento la mayor procacidad con que, respecto á nues- 
tros tiempos, en aquellos dorados se escribía: que ñie^- 
ra, en fin, el inquisidor general Fr. Luis de Aliaga, ó 
el dominico Joaquín Blanco de Paz con quien se ene- 
mistó Cervantes en Argel, ó un autor de comedias cri- 
ticadas en la primera parte del Quijotej como afirma re- 
sueltamente D. Vicente de los Rios, es una cuestión li- 
teraria que permanece todavía subjndice. En favor de 
la primera opinión ha ad acido tan buenas conjeturas el 
laborioso y perspicaz escritor D. Cayetano Rosell que á 
muchos ya ha rendido á su opinión, no porque el epi- 
sodio de los Felices Anhantes revele un tan gran cono- 
cimiento de los conventos de religiosas que no lo pu- 
diera tener quien no los hubiera menudamente visita- 
do, sino por las analogías de estilo entre el Quijote 
de Avellaneda y la Ve)iganza de la lengua española de 
Aliaga, y por la coincidencia de haber denostado á 
Aliaga el Conde de Villamediana, en una décima satí- 
rica, con el nombre de Sancho Panza^ mientras se de* 



signaba con el mismo á Avellaneda en un vejamen de 
Zara^za; no alendo por otra parte mny descaminada, 
aunque desde luego gratuita, la sospecha que ha ex- 
puesto Rosell de que, conocido Aliag-a en In Corte con 
el nombre de Sancho Panza, tomara Cervantes eso 
apodo para popularizarlo en su simple escudero, de 
que resultara la venganza literaria dfl supuesto Ave- 
llaneda. 

Para nosotros es todo ello indiferente sino la patria 
de este autor, y ese es por otra parte el único dato 
averiguado; pero lo dificil de concebir es, cómo encon- 
tró Cervantes digno de repre/ienstóri el lenguaje arago- 
nés, que sólo conoció porque tal vez escriÓe sin aríícii- 
/(tf.- Lo ligero y límie de esta indicación, que luego 
declararemos ser también poco justa, prueba á lo menoH 
la ninguna diferencia que Imbía entre el lenguaje ara- 
gonés V el castellano: y, aunque nuestro Diccionario, 
en que hemos llegado á reunir un uñmero bastante 
considerable de voces, parece que estii probando lo 
líontrario, convéngase en que el lenguaje no ea en si 
deeemejante y que el de los escritores es absolutamen- 
te común cuaudo no idéntico. 

Hemos leido con algún cuidado la obra de Avella- 
neda, cuyo lenguaje han elogiado aun sus impugnado- 
res; y, deseando que suminístrase alguna materia á 
nuestro Vocabulario, ya que no la hemos obtenido 
de otros escritores positivament* aragoneses, pero siem- 
pre escritores en muy buen castellano, no ha podido 
logrársenos el deseo pino en un reducidisimo número 
de voces y locuciones. Las única;* palabras que hemos 
wipreudido son larriar, repapo, mahasía, reposlO' 



74 

w^, mala-ga^ia y luen^*ecado. de cuyas cuatro prime- 
ras (quizá lio todas aragonesas) ya hemos dado cuenta 
en nuestro DiccionariOj habiendo de decir de las otras 
que la una se halla en el capítulo XXXI en aquel pa* 
saje «á quien, por aguardar que convaleciese de una 
y^mala-gana que le había sobrevenido en Zaragoza, no 
vquiso dejar D. Carlos,» y la otra en el XXXV: — «Mal 
»se puede cerrar, replicó D. Carlos, carta sin firma, y 
;^asi decid de qué suerte soléis firmar. \Bm^% recado se 
»tiene! respondió Sancho: sepa que no es Mari-Gutie- 
»rrez amiga de tantas retóricas. )> 

También leemos en los capítulos XXVI y XXIX 
«echemos pelillos en la mar y con esto tan amigos 

como ¿^ antes dése por las entrañas de Dios por 

vencido, como mi amo le suplica, y tan amigo como 
de antes;» en el XXVII «la primera cosa que hizo en 
despertar,» locución que Rosell corrige con las de al 
despertar ó en despertando; y en el XVII y otros mu- 
chos (porque ésta es en él manera de decir muy de su 
gusto)» á la que lleg-ó (cuando llego) delante de ella, 
se hincó de rodillas.» 

Pellicer, diligente escritor aragonés y uno de los que 
mejor han biografiado á Cervantes y comentado y co- 
rregido el Quijote, dice de Avellaneda: «aunque en 
Aragón se habla generalmente la lengua Castellana y 
algunos aragoneses son maestros consumados de ella, 
pero este autor no supo evitar ciertas voces y modis- 
mos propios de a(]uel reino, asi como otros lo son de 
otras provincias de Castilla,» y luego aíiade que Cer- 
vantes podía haber alegado otras pruebas de aragone- 
sía no menos convincentes y copiosas que la de escri- 




oir siii aptíciiloá, como son las locuciones en saíir. <i 
la que Kohió, el seílal, la escudilla, en las Itramx, 
hincar, carteles, le pecaré, ineiiiido 6 montlongo. 'ma- 
lagana, 7iihf. oiffa, ele; pero Pellicer, que escrilim esto 
en 1 71)7, debía eaber qnc sesenta años antes ja esta- 
ban definidas como españolas alg'unas de estas pala- 
bras, T.g-. esendilla, menudo y pc//ar, y que 1» locntión 
iiniiersonal de mire, perdone etc., siempre se tuvo como 
esencialmente frailesca y no ni-afe'oucsa, aunqne para 
DORütros era totalmente espartóla. 

No anotamos sorrinloptios por eircnfiloptios por- 
(jne en boca de Sancho Panza no puede ser eso sino 
un barbftmnio dispuesto graciosamente y de propósito; 
ni Aeiido cruel prnitendií por haciendo, porque iio« 
I del mismo carsicter, aiinqne hay pueblos en 
ron que dicen v/non por TÍHÍerrin, Ivron por lutie- 
mas respecto de omisiones, lodo lo que he- 
mos advertido ha sido haberse callado por dos veces k 
preposición de, lo cual se verifica en aquellas locucJo- 
oea de los capítulos XVII y SIX scerca [de) los muros 
1 Ciadüd de las buenas de KspaEla.,, pero lle- 
udo ¿ pasar por delante [de) su monasterio,» las 
s son á uso latino y de uso catali'in; y haberse su- 
mido otras tantas el articulo en el capitulo VII en 
e dice «ello es verdad que no todas {lan) veces nos 
íad las aventuras como nosotros queríanlos... y con 
s faacltt toda [la) resistencia que i)0dia para soltar- 
I k cuyas dos frases no es licito alegar aquella 
«í falta de colcha no es mala [la] manta.» 
h ahí pues A qué pi^oporciones queda reducido el 
»ro de Cervantes, aún mis diminutó para el que re- 



76 

cuerde aquel pasaje de P. de Mejía en su Coloquio del 
porfiado: «porque en invierno no es menester fresco, y 
en verano no lo hay todas veces, » 6 aquel de Queve- 
do en Casa de locos de amor: «no podian ejecutar las 
temas de sus locuras todas veces. y> 

Por todo lo expuesto, insistimos en que no hay tal 
idioma, pero si una perceptible desviación ; una si se 
quiere más energía; una conservación más tenaz del 
arcaismo común , y de ahí el ser acá tan frecuentes 
agora j niesmo, trujo, dendej y muchos otros vocablos 
de que ya no hacen gala sino los poetas; y, en fin, un 
cierto caudal de voces que dan amplia materia á algún 
estudio. 



II. 



A este examen vamos á dedicar el resto de nuestra ta- 
rea, procurando señalar la procedencia de algunas pa- 
labras, legitimando en lo posible su uso, probando que 
á su invención ha pi'ecedido instintivamente el me- 
jor juicio y manifestando que no son barbarismos de 
gente inculta, sino á veces primores que el idioma cas- 
tellano debiera prohijar (^) 6 no haber abandonado. En- 
tiéndase que para la formación de este discurso, así 
como para la del Diccionario que le sigue, hemos de 
servirnos, en cuanto nos sea dable, de escritores ara- 
goneses, de anuncios é inscripciones oficiales, de avi- 
sos impresos, de la conversación de personas cultas, y 

i.l) «Yo en coso de haber formado olgún vocablo nuevo, dice Mayans en 
8U8 Oriyenes, antes le tomaría de las provincias de España que de las ex- 
trañosj antes de la lengua latina, como más conocida, que de otra muerta.» 



tbnde lodo esto no alcance, del habla común 
de los aragioneses. No abultaremos, pues, el Vocabula- 
rio iti lu critica cou palabras de las que frecueutemeDte 
se iu)]rrovÍ$an pero no ae extienden ui se hacen penna- 
ueutes: tampoco no lo haremos con las locucionps lati- 
nas, usadas por n iiestpos foristiía, como, iicpendeale ape- 
llatioiie, articulo de f-oU/orciam, senlencia de lile peii- 
dtiUe, newlram y otras, pues auni]ue sabeiuog que la 
Academia incluye algunas locuciones latinas, de anti- 
guo castellnui^cadmi. no lo Imce, y esto con su habitual 
prudencia, sino cuando sou del dominio genera! y no 
del tecnicismo tle «na ciencia; ni tenemos por verdade- 
ramente arag-oucsas, aunque de uso i)ai-tiiular de nues- 
tros escritores, alg-unas libertades derivadas del idioma 
castellano, como tierra haja para deuotjir cierta comar- 
ca de la derecha del Rbro y alto Aragón para denotar 
la de la izquierda, turbaiUe en sentido del que turba, 
comisante i>or el que comisa y adíHtniculado de admi- 
nicular, voces usadas por Larripa; adreacr que dice 
ülanu'us: catedrero que cousif^iian Ins Gestis de la 
Universidad de Zara^^o^a; consimile por semejante; 
refarme ]ior reforma y Usiqnez por tisis, que hemos lei- 
4o en otra parte; caminos ch'CKiíxtantex que también 
mos visto usado: acolitar d laudes y azulejar elpavi- 
Wfo que dice Mart^m; condipiitado que escribe Sayas; 
h-aaáceo que dice no nial, en lugar de membrauo- 
1 racionero Lfttassa; comisarios ^'*, cerceiiadores, 
r ¿eximles y otros cargos que no puede cspecifi- 
1 Diccionario de la lengua y que sin embargo son 



coiTieiites eii los tratados de legislación arag'oiiesa. 

Procedemos en este i)unto con tal cautela y tan des- 
apasionadamente, que ni damos cabida á algunas pa- 
labras -^ ' i)or el solo hecho de hallarse en nuestros auto- 
res V no en el Diccionario de la Academia; ni incluí- 
mes otras que son explicadas como aragonesas por 
algunos escritores, i)ero que en el Diccionario oficial 
figuran como castellanas, tales son universidades, gra- 
mallii, 2^^dreiíal y otras varias; ni acrecemos mucho 
nuestro VocihiUario con otras cuya definición acadé- 
mica no tiene el alcance de los textos aragoneses como 
en aquellas hermosas palabras de la Union «porque 
non querrian, si Deus e el seynor rey quissies, tener 
ni seguir otra carrera que la suya;» ni aún reputamos 
como aragonesa la palabra dosel usada en las Corona- 
ciones de Blancas v calificada como esencialmente ara- 
gonesa por ól y su comentador el cronista Andrés, el 
cual para su mejor inteligencia se refiere, bien inoportu- 
namente por cierto, al Tesoro de Covarrubias y al Cfo- 
mciiío del Pollfeuio. escrito p.or (Jarcia Coronel, cuyos 
autores no le dejan inny íuroso con sus declaraciones. 

Lo mismo hemos ]u*acticti(lo con algunas palabras 
pnramenU» loniosinas ó Ccitalanas como m^Ucix, rcSy 
t(f.iilos'ly ffprcs, oincf/t, mui/to^ dcsiremjer (acosar^, los 
adverbios en 'niCii' 6 micnirc. v con nuicha más ratión 
cercar por buscar qiKí usa el Códice de los Privileg-ios 
de la riiión y caTÍro)wr \.ox cercar que dijo el rey don 
"Martín en la famosa oración con que abrió bus (/ortes 

1 1 CVuno /'tti'^Iavo y on'in.<iorhivo <jur \\<'a Cufiira. ]('ro «iur" proccclen di- 
rectamciitc ild latín y .so hullan íuloi)tadus i)ür los frain'osi»s y aun rasloll:!- 
niiíJilns v\\ :'l;rniios (lirciorifrios :!/• ambas Irnjrtias. 



ám 130*1. Hemos taiiibif'ii oiuititlo bIíjiiiioií de l^ri mn- 
<'lio> tributort 6 jxíclias que en docunientou Ulinos apa- 
rt-'wn. )K?ro ijiie no creemos dol todo aragonehi's, coinu 
/lUtHlálictim 'jiit' .Sí! jiaguliu j'or ectiur el ancla , platea' 
ficum \niv pasar las plazas, /JOí'Cff^^iiíírt poi" Ion cerdoa. 
salinaiieuoi por la sfJ, poríulaticum y tañldíiatm por 
los naves, etc.; y también algunos de lo8 oficios de la 
casa real, coino subbotellcrius. xub/ornarivs, sobraeoch 
(jefe de la cocina; yotroa varios, si bien con esta ooiisiíin 
omimcravL'tiios los que se liallftn discuriiidos cu las Or- 
dimcio]m de ?a Jieal C'im (le Aragón, compiladH» por 
^Cedro IV cu idiania leiuosin el año I3J4, tradiicidaB 
3;castc]lano en 1562 por el protonario D. Miguel Cli- 
bente de 6rdeii del priuclpe D. Carlos y dadas á la cn- 
lampa en Zaragoza año de 1853 por ü. Manuel Laaii- 
la, cnyoíi oficios (que decíamos) son, dejando á im lado 
s de «so y nombi-e más conocidos, los de botilleros 
layoros y comunes, aguador de la botilleria, pitíiade- 
t mayores y comunes, escuderos trinchautts, argen- 
^terios 6 ayudantes de cocina, meaacier 6 repartidor, 
exenderos que traen los manjares, comprador, cazado- 
res ^perreros, solireacemlcro y solactmilei'o, lañedon/;, 
escuderos ¡f ayudantes da cámara, gum-dn de las lien- 
das, costnrera y su ayudante, espf^ciero, barrendero // 
i«ifador Je la plata, Aombrcs del oficio del alguacil, 
etidox á íl para »\\n:\\t\vr friminnsos J mensajeros 
I «rra <> nerffncroí, cxcalenfador de la cera jiara los 
Míos jwin'ieiites. sf.llaríoi'es de la escribanía, promn- 
yres, enderezadores de la ruiu-iencia, soíaporteroa, 
Hdor de la limosna y euribano de ración que era á 
B de contador ó teneder de libros. 



80 

Con igual economía hemos obrado al examinar el 
hhdice donde se declaran algunos vocadlos aragoneses 
antiguos, el cual, aunque trabajado por el insigne 
Blancas, si bien contiene doscientas nueve voces, pero 
trae muy pocas rigurosamente aragonesas; y aun por 
eso no hemos incluido de entre ellas sino diez, habien- 
do despreciado las que nos han parecido castellanas 
antiguas, que son las más, y habiendo renunciado no 
sin pena á algunas otras que no dejan de tener sem- 
blante aragonés, como son aconsegüexca alcance, bellos 
ricos, boticayx bofetada, camisol alba, caxo mejilla, 
deseo nexenza ingratitud, esguarl cnenta, guardu-^cw^ps 
sayo, líts oras, entonce;?, límense apártense, meyancera 
medianía, ont por esto, perlesca parta ó tome, pertaHa 
toma, rengas riendas, sUies sin, vaxiellos vasos, um- 
plie llenó, izca salga. 

Algunas más palabras se lian omitido en el Vocabu- 
lario', unas porque, si bien se encuentran en documen- 
tos aragoneses, se hallan también en otros castellanos 
de la Edad media, escritos cu el mal latín de aquellos 
tiempo.^; otros porque no tienen para nosotros un valor 
conocido. Sean ejenii>lo alyala 6 alíala, esto es «jarees- 
latió quíB pro investidura et latcdemiis/iüidi alicujics 
receñís comparati duiur, scilicet dúo morahatini el sep- 
tem denarii,y> cuyo pago solia expresarse en las escri- 
turas con la frase aliala paccata; apacon, cuya voz he- 
mos oido sin que conozcamos á punto fijo su significíi- 
do; bruuias, que ya hemos trasladado á un documento 
citado por Briz Martínez; cazeno, que puede ser roble ó 
encina, pero que no hemos visto en ningún Diccionario, 
auníjue Briz en el citado documento lo escribe, como 



i matieru y ñ'm L>x]iliuacÍóu alf^iiua '' ; 
macano, (\Kie su encuentra (?ii el uiiamo caf^o y que 
escrito con cedilUí jnnütTtt ser iiiauzaim, leyéndose jior 
lo demás en im tlocunieiito Imitaiio citado por Ducuti- 
ge; I»»»!» eopaiti deavratam iií Macmús ct circa 6ibi- 
íoriwmei cii'cnpede/in'- marcisacioii, iiuc se hoh liw 
comunicado coiuo ¡wluUra alfjrunu vuü luida, ¡tero que 
tiwiotrotí uo iiciiioa alcanzado á i^ouoccr cu iiiii^ini 
itocuiucuUt, ui |>0(Udo por coii»i^iiicut>; íutergn-etarlii; 
masarccAas, qiit- licuiou vitíto iii^tdo cu (.'¡ícrituraíi ura- 
gonvaait diu i>uteudei'Ío, auuquc de jiereouu docticiiina 
ibuuioK que íjtrnifiüalju vu la Edad Mtfdia uua esjif cic 
» copa traída de E^W]ito. 

' £sa niiiíma {jurtíiuiouiii, pero uiucUb uiúit fuiulrtdii. 
tius ha guiado en cunuto á lai- pulabra» c&Hteilftuuíj que 
Jhtcauffe detíiie un su O'losni'io •-• apoyado cu doeii- 
iucu(oi4 arujfüni'Heií, cuulees «on entre otras: acéatila, al- 
burda, alodial, timd-a. lamador, aicoM, l/mtdosidad, 
cabeiaUro, cakh, corredur, escombrar, espera, Jincar, 
jvrisla, iitfllaiía., i,ialeía, ma¡/orai, laeidarse, parral. 



le pov Uoij I. 



a M ¡.ulilluA *l lilUHiriu Ov Ut 
IBíüt. J »lli "<• si'Si*cli» i]Hp n 
nr\A ár nttníto y litxmul. 



',li l'w>t«i<inDraiii t 
[«tnuiüu, imiillBilo tnii 
~ h tílJAri mutol 

I Wdllic ií In/ttiur lattnfíatit. pite Oírlo* nnfrraní, scnur 

«, auoi»iiüulu (iiír los ii<mu{;cii if San UtaMo > por Cirjiculiti', 

Itt coiígrfS'mlíin d« B. Mauro.— Xiw liimoK hcitIiIo ilo la i'diciíii 

K tUHO y algrulniítMi}, qii* fs ni «fIb vollinirniw y cunlinK> un rr*IU- 

tfftudr, otniílDUiKliaieiltrtiDO)!, turo uiiuuui'tnnlíi;(uii:uiino(iI:u 

■luiio sohre la vldadHUucangaínifTwlffa, uaniúvn MSiOy muríA 

• dH]iué« il« bubcr honnulD como fttiufnulo »1 (uroile F»risi¡uii 

UCarpdotlcr, Uiiulrtt uRiaimúinil'Utii'ni'nliiGODtiDUucion diJ 

ATtauTudcCartiu, j'Crrcadodicty brUmlli^olumntutiklrctura 

lia qw K* df'llni'n con ahnn'lnnlr! ouiurúlsdi'i Ins |Ttlibni<i i|v» 



82 

perdida, perdidosOf qmlaie, qaUaciáiiy mslro, reaka- 
¡jQj reneffadOy saca, salva, ses tuero, sobreseimiento, sol- 
dada, sollo, tapial, laza, iinil^re, íoríUidizoy trepado'^ , 

Latj lej-es de la crítica sou muy estrechas, y la» le- 
yes del gu.sto, aunque mucho más ampliar, tieneu tam- 
bién su órbita que no han de traspasar. Nuestra con- 
ciencia literaria es algún tanto severa., aunque no te- 
mática, y nos obliga á excluir de nuestro Vocabvlario 
híista palabras que le abultarían y darían más valor y 
que á nosotros no nos costarían más trabajo. Hay quie- 
nes nos han facilitado listas de voí*es que reputaban 
aragonesas, y la máxima })arte eran españolas; hay 
(quienes han echado de menos otras en nuestro Diccio- 
nario, Y casi todas habían sido va examinadas y, con 
l>ucnas razones, rechazadas por nosotros; hay quienes 
creen (¿ue el barbarismo ó solecismo constituyen siem- 
i)re (cuando solamente lo constituvcn en muv dados 
casos; i»alabra nueva; hay quienes, si en una tilde dis- 
crej)an la voz corriente y pura y la que ven usada 
en Aragón, tienen á ést<i por sujeta á la legislación 
provincial. No.-otros no podemos conceder con todo es- 
to, y en general tenemos (jue rechazai'lo todo; y, >i 
algo se saha de esta común exclusión, es i>ür la via 
estrecha de liis excepciones: el por qué de cada una do 
éstas va ])njo nuestro criterio y responsabilidad. 

No aludimos en estas censuras á los Sres. Savall v 



I T;nninM-<» li«iiiox «mcriilo traducir, j'.ini iiieor|»ordrlH.> rn iiui\síro 
Jpf'it ionario^ '.\\'¿\\\\\i> yíúíihr.iA no ca^teDaiKis > toniaiiiis ilc docuimnlos 
arí);rüiir?<i'.'>, como cvnUribHsln-i>'s ju-duTO, rí//>í/(;,"fV preilio T\xaiico,timfiO''.t 
cal»all«'n'a de carica, chranimi i?uliasta, «•/?/'/Yf«7ir.N<'r»'t' líaror franco ó Mhvf d»- 
]ia¿,-o, //r/7 ,',•)•'// jiaijadiría. yt/r<''íí* ¡iri)i>n ]>\'.'hoyn y jo-^auti' di« i^icriltaii". 
ifótifi'f .••rnii'dtira lara la calM-za. 



, cuya» períoiias y obrae apreciaiiias, y ft qiiic- 
ne» en el Vocnbuhño nos referimos en al^nnos oca- 
sionen; pei'o respetando el sistema por dtoa seguido en 
el Glosario con (jiie ilnstraron la edición de los Fueros' 
y Ohtenancias de Aragón, nosotios no jKxiemoa se- 
guir el enyo por la diferencia misma que hay entre su 
objeto y el nuestro, 6 entre su plan y el iiueatro, y va- 
raos A decir lo fpie ellos incinyen y iiOBOtroü exeluinio». 
Pbpo antes debemos notar la incoiií*ecuencia en rjne 
caen, pues en la» advertencia!* con que encabezan el 
OloSeirh se deeinran muy restrictivos (en lo cual anda- 
moB con clloH de aciteiilol, y ofrecen omitir muclias »e- 
rie:s de palabras, entre ellas las iucltiidaa como espafin- 
las por la Academia, las aporopailns comn/nerl, las de 
* litjuida como seieiicíei, las terinÍDadns en -vcrr, las de 
letiii doble como at/ender, las de alferación de nnn le- 
tra como objeetOs lasdesviadas ligírninente por causa de 
Itt ortogrrafia 6 pronunciación como Irehndo. las de sig:- 
u¡ti<»ic¡ón clara, los adjetivos verbales en ero como es- 
(iim4fí'o, los partÍci¡HOíi activos como an-andanle. los 
verbos compuestos como sohrexe^fí', las voces qne tie- 
nen en BU composición la U autíg'ua (> la n^ como auyt) 
y las (jne llamasen agregadas ramo doliaacen: mas, al 
Ucgnr lueg-o al Glosario, dan cabida li mncbus de estas 
misnias voces, en cuyo camino ya no les 5^uÍmo8. Nos- 
otros no podemos incluir en nuestro catálofro ])al&bras 
romo las sig:uientes, que ponemos para ejemplo, 

l'iias no tienen sitio cambios ortográficof, v.g., abi- 
to, dsreclto, heuero. acaballo. enlk, lítíí-Bí, vaxUirdelo, 
vcstin, tomlh, darzímes (de arzones), latirar (labrar), 



84 

Otra.s .son puramente latinas?, de e&as que no i^uedan 
en el fondo del idioma: j)oss¿de, mofietu, psalmo^ geno- 
liarse, fv^Uy fulla, alieno ^ closo (cerrado), exiliar^ fa^ 
cay allio ,aJ0/, lieto, filio ^ computo (presencia), deciso, 
fnúi\ dcMjjlü (íjuitado), expremir, exeludir , concepto^ 
(concebido), exida^ deshilar. 

(Jtratí son extranjeras corruptas, principalmente pro- 
venzales; y no naturalizadas tampoco: adcpant adelau- 
t<í, aícr negocio, ara ora, argeni plata, aUm tan, 
atant adelante, blat trig-o, blau azul, ¿r^ií breve, bue- 
t/to vacio, biieijlar, vaciar, cendra ceniza, clatff clavo, 
combxlrá combatirá, combra comerá, cumtra contra, 
cHC¡/lo cocido, cvykllaria cuchilleria, dejus y dius de- 
bajo y bajo, dereyio derecho, dir decir, dit diclio, es- 
giuirte miramiento, fer hacer, fexlo hecho, fil hilo, fim 
hasta, fortihage ciueao, frommles {jmnos, ge se, guaüar 
granar, giiey hoy, gmglo y huegto ocho, Inr y lures su- 
yo y í>uyos, medgc m¿áico ^provegio provecho, deposar 
dejxjáitar, crcrar quebrantar, composar componer. 

Otras padecen una .sin)i)lo alteración fundada en la 
jueferencia d(» ciertas letras sobre otras, como la u so- 
bre la y, la h sobre Xxip, la I sobre la rf á la catalana, 
lu c ¿obre la / y vico-versa, la /por la ;¿, evolución tan 
esj);inohi conio ara^'-onesa; por ejemplo: «¿^//rt abeja. 
ffparrllado aparejado, o. rallar abajar. bennello\}Qm\e}o. 
canela cuwh, 6'o;¿vcf//o consejo, í:oyi^//o conejo, allos 
ajor. crrralla cerraja, ¿liada lujada, mivalla nn,\HJsXj 
ndlirr nií'jor, iraballo trabajo, arcebisbe arzobispo, ra- 
boso rai'O.^o. cahozo capa/.o, sabicsc supiese, ¿¿¿es/ abad, 
almffÍH\ií¡íu]. rf,\¿ff,íia¿ acostumbrado, ccr^HiUa ciruclu, 
desíi'irfo 'ü.-írií >. luríif^ \\\\\.\\^.. {dcen-'i inciensf», idlregn 



Mirtwgo. nljhudef/R nlfóniUffü. mimt(er itihiiilir. rnxfla 
itajila, vveytre buitre, uvada cebadn, dUlnl íi^Aú, fpi- 
/iimia epidemm, pior jieor, reciario refectorio, Uche^'a 
lerliprn. alftñ't nllipñii, mfíz cnliiz.yfíPc.T liores, _;%;v/t- 
ihtra lioiratlurn, ¡¡lícMUera (.'itcliülero , cante conde, es- 
pilal hospital, ffleda greda, ptper papel, acercan nzer- 
con 6 minio. caTiifíHola cafinfisttila. conoxer conocer. 
rtiniíasíí.í calabazas, axada iizadn, exa eso, ffa^í asi, 
rtí(íeííí7o antedicho. Ant/lafrmí Ing-Iaterra, ck^jí copn. 
fíuraiu corazn. eitgvUa anguila, ¡jafíar gnnar, jndio 
judio, rneiay pocior, /lerten rtai-ti'-n, teTialltií it^wivíav; 
tiseras tijeras, manteca umntecn, in.ifcitldT injiaciiliir, 
preTtiáJica pragmática. ' 

Otras, poco difímiles de las admitidas como de buen 
mño, orre<*en la leve diferencia de aliaba ó letra adic- 
cionada al principio, al medio ú al fin, por ¡irólesis, 
cpénleais y paríigogw, 6 áUHfraida por aféreisia, sincope 
y apócope: acontar (contar), dtstoybo, adjutgar, adve- 
nidero, alcanyela {canela', altnárrega, abollar (bollar 
6 sA\B.r); aniello, taxiella, caHiella, ortichno lort^g:R- 
no), cérreffa (carg-a), viega, caytr, enfcavelHes, aickie- 
¡h, iirfajhcion, see,; seido:... roz (arroz\. toba ¡arroba), 
, examinado, espadar; amhres (ámbares), defal- 
hÍt, dncientos, Míame (estambre), realgm- 
\^aT),alcrehit, archín, raünmas, Inifon (buhorezo', 
', eomproviis.ma'luz, tafeta. indi (Índigo 6añ¡V. 
i se desemejan por diferenlc:* concejjtos, y salta 

El TÍsta qtie no pueden considerarse nomo verdaderos 
*T«goneftÍEmos; tales son: compesar, contumaciar, adi- 
íacion, de eoníimen (iu contiuenti), corrompieuf, dfxti- 
fisiit, hardisa (barda), alchnh (algibel. iltera [g-leral, 



mielca (mielga), nrmo (olmo), desamitanza, encreedor, 
exhiiexe, fraix (fresno, como en catalán), cAiva (giba), 
des oasa liarse, ganda (gualda), craha (cabra), exposar, 
premitir, pretitiida, subtn^nacion, probé, y ciertas ono- 
luHtopoyas como tita, misino, chucho, etc., y desde lue- 
^0 todos los barbarismos de tn viendo, hieiendo, indo 
(yt»ndo), habiese, dase, sallirá. eslió (estuvo), habie-- 
ron, ele. 

Otras, en fin, tienen lo mejor de las excepciones, 
la do ser ospailolas, definidas por la Academia: adju^ 
ueio, arer monedado, calendas, de gran maflana, dende, 
fifm\L ^m^jues, iome, á escusa (con disimulo), sacra- 
m^nt^ st$H^oso, sempiterno, ampiar (mendigar), toron- 
J<4^ adiH'ir, cullidor, alcotón, mingrana, verdete, tesue- 
ti^^/'usttt, :a^víero^ encresta, sanio, tnta (bácia y has- 
ta\ (^^^/v Y escudilla. 

W^x Cv^i^flolas mías, por extranjeras otras, por bár- 
l^4iu^ otms. por indecisas otras, ninguna de las citadas 
puv^lo iv^iier campo en nuestro Diccionario; á pesar de 
vjuo, Ui\ cuhI voz nos ha bastado una simple aliteración 
[^iii4 oonsiilerar transformada la ])alabra, como se lo ha 
í»¿i.^ta^U> ú la Academia, la cual incluye (por ejemplo) 
i-eijiíéear y recatear, rastrojo y restrojo, caray y carey 
y otras jíarocidas, en lo cual habrá procedido muy cuer- 
damente, pero no muy á nuestro gusto. 

Otras palabras hemos también desdeñado que tal vez 
una critica más benig-na se liubiera complacido en acej)- 
íar, si(|uiera por venir de un autor y de un libro en 
general desconocidos. Persona muy entendida y de 
toda nuestra confianza, el arabista D. Francisco Co- 
dera, catedrático de esa lengua, nos ha comunica- 



do un breve catálofío <le voceü tomadarí de Ebn Bu- 
clanx en su libro Aluiostaiai, escrito nu Zaragoza 
hacia el aüo 1110. esto es, en liis postrinieríaw de 
la monarquía iira)io de Aragón v en los albores 
del idioma espariol e«T¡to, libro del cual existen tres 
oúdiceíi difeven tomen U.' puntuados, el uno llainndo de 
Leyden, el otro de NiVpoles, y el otro r[ue fué de Toledo 
y boj pertenece a la Hibliot^ca naciunnl. En ese eatá- 
1(^0 vienen al^iina^ voees que difieren de las espaiio- 
loit cu sentido ara^ni^s; ¡icrü nosotros hemos aprove- 
chado tíoluraeiite inedia docena de ellas, deseartando. 
como levemente diferentes, las que 2úlo dia'rcpaban en 
la urtog:rafia, y ilesecltando también por los mismos ú 
atroB motivoü las siguientes: xirueias ciruelas, rsitou- 
eha esponja, xahi¡fn bóIvíu, jioma de chene bellota, joíí- 
nich panizu. qw^xo y foi-iunc/ie queao, esparrkos e^m- 
rragofi, ««Vjuoíwnisijeros, )OorAí'puerejj,/(jí4íOjhongtJs. 
orégano, _/coí liigos. pí;uí«<íí(?.f pepinos, y .irlo 

[no sebo de ciervo, 
osotros encontramos eu loe tiempos ]irinntÍvo» ^ 
mucho mhá tarde, una constante movilidad en lai; 
vüce», qne las Iiace tomar todas las i)eriunlacionPB y 
combinaciones imaginables; nua dasaprensiún coniple- 
ta para ai:e]Jlar vocea extranjei-as ó ¡mra modificarlas á 
capricho; nim naturalidad iucnJta en los euriales, y aun 
eo ioa escritores, que los hace escribir como se habla. 
y hablar como habla el jiueblo: una falta casi absoluta 
de freno autoritario 6 siquiera convencional, que con- 
ite mantener h un liemiio en el idioma un gran nú- 
de palabras sinónimas y poeo menos que iguales 
eiifonÍB. De ellan, unas quedan i-n el caudal del 



rragos, 

■ntosc 
^win mi 



¡ílioiiií). otras ijuojeu ú duras penas conservarse, otras 
no ¿on en manera alguna permanentes y quizá muchas 
no son sino verdaderos descuidos de los copiantes 6 
malas lecciones de los paleógrafos. Entre laníiernOy 
hnterno, lantieno y h)iciemo, ¿quién no vé que hay 
que elegir y quién no sospecha que hay verdaderas 
erratas en lugar de verdaderas variantes? Lo mismo 
decimos de fnhifflana, mín^rana, íiuilgrana, melgrana 
y ítumgraim para significar la granada, y lo mismo de 
las veinte versiones que hallarán nuestros lectores en 
la voz riwrabalin. 

Nuestro trab.ijo, ya que no aspire ú dar esplendor al 
habla aragonesa, debe tender á limpiarla y fijarlaj y 
para esto se requiere un sistema concertado de exclu- 
siones; pero si esto no acomoda á los que ante todo 
quieren que todo se conserve, y á los que prefieren una 
obra voluminosa sobre una obra metódica, tómense el 
trabajo (que nunca será tan grande como el nuestro) de 
combinar la lectura del Vocabulario con la de esta T?i- 
/rodf'cciód, y en ésta hallarán hasta cierto punto el 
«oiiiplemento de aquél, y podrán acariciar el gran nú- 
mero de palabras que aquí vamos citando, unas para 
íij>oyarlas y otras para combatirlas y excluirlas. Más 
v(M'e:s dice el pueblo (y el no pueblo) zeicaj ciemOy han- 
r¿a, jumiperay mandurridy moIocotoncSj muñnelos^ 
hit ¡ero y eslegir, pecólas, denyuna, goler, dempues^ mo- 
'"foUna, capola:, derantarse, cnruena, desnminarj ande 
kihjuáí: . berÍKra, /(i(Oj carrucha, engin^y carlagon, 
f-erclUo*:, escuadría, prencipal, caramhelOy taciro (va- 
n'j^f á lafinitica. ale/isc,^, abeyítestaie, sincel, aMloí/ty 
j(iriíi¡f*nto y pyiguila, que sus correspondientes espaOo- 



Iba 6 nifig-üne^is, V iLi' cstiis ¡mlnlira,-^, ú otras ¡innvi- 
dns, suii mnoliHu las 'jiic hun empleado eii sus obras los 
autores caHtelIanos de más nota, lo cnal probaremofi 
mis adHnntc: pero como usadas por ellos, niinqiie ya 
destiRadaii por las personas cultas, no hc B]icllidan bíir- 
I«ri3iü08, 9ÍD0 que tienen Ja honrosa jubilación de anti- 
oíadss. 

En el mismo caso se hallan las irregularidades de los 
verbos, la colocación do las voces y todos los solecis- 
mos. Kn las clases populares, mt'is frecuente ijue el ha- 
blar bien es el decir (muchas veces A la antig-na): «ayer 
nos levanUmos (\ punto de dín;a '^esfábajms comíendu 
cuando llegó el correo de Madrid;» «nosotroa sem(/s 
proéex ¡lero honrados;» «mi marido nos hiijvi dos co- 
nejos;^ tá. la oración nos tnhmvs al piielilo;» itio sir 
ponqué sits queris tan nial;» «lio wíc se dA nn bledo;» 
tno fttJC escapará ei le apuntas bien;» 'ípam casarte 
eon y^.» como dice uim cojda castellana remedándonos 
en «on de burla; ir ¿es ítí que llegó en dos horas? locu- 
de sabor francés; ten salir de la cárcel nos rere- 
<¿ la que volvió la cnhcza se halló con su ene- 
> otenlau de «íí todo en casa;» « saffttr le puede 
c^rse con ella siendo tan rica;» "lagua á eslus higa- 
res;» "(doi* meses a/ arreo;» "ide nuches no hay que con- 
tar con ó1:í xpHíñendo de mí parte lo que pueda;» «no 
por querersen mucho han de cstnr juntos todo el din;» 
len jiueslo de ir A trabajar, se ftié A la taberna; u «en 
iffval de ir A Madrid, se quedó en Calatayud;» ije h dé 
V. y callaré,» «temiendo que llegasen A las manos, se 
fué de allí ffa/M fo» anl'S.» 

También se dice ir riaje, eftar viaje, hasta db aho- 



^^d* 
ÜK' 



90 

ra, ¿lo qué? y no le hace y conducir jyor (el) Ebro, jugar 
á la pelota j parar fuerte^ hacer duelo (por dar lástima) , 
campar por sus respetos y si7i parar {^or al momento) , 
el Juan (aunque esto es también usual en Castilla), de 
baldes, y otros plurales como éste por sus singulares: 
los chi7iches, las herpes, las alfileres, y otros cambios 
de género usados hasta por buenos escritores, como La 
Ouerba en vez de El ITuerva que dice Argensola en su 
Isabela. 

Desviaciones un poco más acentuadas ofrecen las ma- 
neras particulares de hablar de algunas comarcas; mas 
por lo mismo de formar una especie de subdialecto, no 
nos han parecido de precisa inclusión en nuestro catá- 
logo, aunque si de digna mención en este discurso; ta- 
los son algunas del llamado dialecto de Fonz, presunto 
cabeza de Ribagorza, en donde se* dice nusatros, tusa- 
tros, lleiigua, chem (gente), miro, eva (era), teniba, 
siñor, marcha:, qiieriz, qxiaii, habin, (habido-, to:^ 
;todos), con otras muchas usadas por todo el alto 
Aragón 6 irreducibles i*asi al aragonés general. Y, siu 
embargo, ciertas de esas maneras son vulgares aun allí 
en donde se habla más puro: en Salamanca, por ejem- 
plo, dicen los labriegos hizon. ira jan, tifvon y vinod^ 
por hicieron, trajeron, tuvieron y vinieron, y I). \'i- 
cente Lafucnte, que fué allí catedrático, nos decía que 
había anotado más de cien voces que calificaba de es- 
tupendas: en Toledo, ciudad muy preciada de la pureza 
de su habla (nos añadía), hay mala pronunciación y 
una jerga manchego-madrileíla: en Soria se habla co- 
mo en Calatayud y Tarazona, y eso que se propone 
competir con Burgos y Salamanca: en el dialecto del 



Vjeraú 86 dice desmedido, escachar, enftir-milarse, ex- 
patarrao, por mor, troncho, He. , como en Aragón . 

Oyendo, ¡(i-egriintnndo v estudiando so llegahau á 
sorprender otras pnlahras. que no bc snbe sí admitir de 
plano i-omo arag-ocesas, toda vez que no son castella- 
nas y en Aragón se ven alguna vez usadas, ú si recha- 
zarlas por extravagantes 6 ¡wr puramente individuales. 
Algo de arbitrario habríi habido en nosotros i)ara iii- 
cliiir linas y excluir otras; pero con esta salvedad, y 
dejando la resolución á los lectores , los cuales quizá 
lftm¡>oco se pondrían de acuerdo, nosotros liemos omi- 
tido voces como ístas: plegar por coger la peonza en la 
itiancí, dolceffon por grano despajado ¡lero todavía su- 
cio, brenca, por nada, cocho ¡¡or perro, engarafiu jior 
oropéndola, eseamallarse por canearae de andar sin nti- 
lidad ni objeto, escamocho por pretexto ó excusa, pí/írt- 
r/iera por cuidado O eiapoño, esmelicarst de reir por 
¡jerecerse de risa, garraachazo por golpe último con la 
peonza sobre el dinero ó liito, holUgar por mejorar nn 
, imfernio ó una cosecha, rehdicioa por agitación pú- 
X (se halla en documeuto del siglo xin), padriio y 
tMdriia, dolorinoí y chiquinos como diminutivos. 
pe4a por lámpara, baloto por alboroto (se usa en los 
Vatros), rf-tuerca por retuerza (contra toda eufoniai, 

•KtaSa por abrutado, zampuwts por torpe y desmaña- 
do, pesadizo jior hombre incómodo, deniba por fergenal 
ó rerrinal que definimos en nuestro Vocabulario, foga- 
rata por fogarada, estnrrujlado por descompuesto, y 

s muchas palabras que en su primera sílaba des su- 
men la letra inicial, si bien la Academia lo hace en 

comerse y otras. 



ii2 

Abramos otro párrafo para decir que la Academia, 
aunque no es infalible y aunque algo yerra, nos merece 
tal respeto y tal aprecio, no sabemos si por nuestro 
amor al principio de autoridad, ó porque somos en ella 
miembros correspondientes, que tenemos por ley la que 
ella consigna en su Diccionario, y que, casi abdicando 
nuestros fueros críticos, nos conformamos con lo que 
ella dice ex cdlhedra, aunque veamos que, de sus indi- 
viduos numerarios, cada uno escribe ubérrimamente á 
.su manera. Omitimos, pues, en nuestro Vocalario lo 
que ella define como español en el suyo; y por cierto 
que hay palabras de tal aire aragonés , que engañan 
cuando se oyen, y nos hubieran á nosotros sorprendi- 
do, como muchas han sorprendido á otros, si no vivié- 
ramos en este particular tan sobre aviso. Citaremos al- 
gunas. 

Regostado^ aficionado, engolosinado. 

Amanar, preparar 6 tener k mano. 

PandOj flojo, desmayado. 

Turar ^ durar, presorvnr: el aragonés Urren dice en 
«u Orlando: 

y porque más ture, 
los Evangelios juran. 

Perigallo, honda de cuerda. 
Puncha, púa, espina. 

Tedero, pié para recibir la tea, que en Aragón lla- 
man algunos teda. 
Grano, de uvas. 

Seso^ apoyo para las vasijas en el hogar. 
Amorrarse, encorvarse sobre algo. 



93 

Cansado t el que molesta. 
Aceriffuarse con miOj reducirle á la ruzóu. 
Morro, boca, hocico, etc. 
Itiba^ arriba, 
AmaiLÍa^ mucho. 
EmpaMVj fajar. 
I¡ avión i empujón. 
LagoterOj zalamero. 
Rejirmar^ asegurar, afianzar. 
Zangarriaiíay melancolía, accidente de calentura. 
Cequia^ acequia. 
Dia de haciend^iy de trabajo. 
Pejiguera^ cosa difícil y sin provecho. 
Cosque, coscorrón. 

liielca, barras metálicas: en Monzón 1547 se prohi- 
bieron exportar i)ara Francia.. 
Atosigar, ahogtir con prisas. 
Ambrolla, embrollo ó embrolla. 
Olera, cascajal. 
Juntas j empalmes. 
Por el cOiisignioUe, lo usa Argensola en su IsaAela: 

Mira que soy tu siervo, que soy viejo. 
y por el consigaiiente quien te ama. 

Modrego, desmanado. 

Alacar, abrochar. 

Atacado, iri*esoluto, embarazado. 

J'Jstniígne, maroma de esparto. 

Pardal, aldeano, bellaco y astuto. 

DespvMo, despoblación, despoblado. 

Cañamiza, dosj)erd¡cio del cánamo. 



ÍÍ4 

Mü/lUf muñeca. 

Apaño, dibposicióu para alg-una cosa. 

Tartera^ tortera. 

Nes^nerOy eiicai'g-ado de ¡fcsnio ó distrito. 

Cotu/HC^ condición, 

Barga y lo más pendiente de una subida. 

Izaga^ lugar de muchos juncos. 

F/iita, hacia. 

Llanas j planas de escrituras, cartapacios. 

Bolado y panal ó azucarillo. 

CaihdaVy cerrar la puerta. 

CiUiv, golpear, combatir. 

Libretico y librecico. castellanos, aunque no los trae 
la Academia. 

Palmo, que en Madrid se tiene por aragonés, rejm- 
tando como castellano su equivalente de cuarta. 

Pegar, castigar, aunque Pellicer lo nota como ara- 
gouesismo de Avellaneda. 

Escudilla, vasija jmra soj^a ó cualquier caldo. 

SeñaU sino (iu(í en Aragón es femenino y ^se dice tii 
fni seUah lo cual notó Pellicer. 

Memido y mondongo. 

Ansiiíay así. 

Toda Jtora y (od/) el dia^ siemj>re. 

V si contra nuestro sistema de conceder á Castilla 
cuanto la Academia le atribuye (sea cual fuere el ver- 
dadero origen do las voces) damos cabida á las cienlo 
ó algunas más académicas que Peralta incluye en ^:ll 
Edsayo de v.n Diccionario aragonés castellano, es, no 
tanto por ser ellas de más uso, si ya no de procedencia 
aragonesa, cuanto ])or respetar como base de nuestro 






■VocabalarÍQ, l'1 priiiiiT tnibajo que üc hizo cu cbc gé- 
nero; mw abi y lodo las seíialnmoB para descargo d'> 
nuestra resjionáubilidiid Hternria, con una letra parti- 
cular que Ins distinga, y estu dos iienn¡t« marcar a^i- 
iiii&mo las que como aragouetías ó províucialc» Íii(.'lu\e 
la Academia y las que se deben exclusivameiite á iiucs- 
(ru tal cual diligencia. 

Pero no hiiceiiios tanto, antea las excluimos por coni- 
pk-to, con mucliai;: de las vocea que en bu8 respectivas 
ultras de Historia Natural escribieron dod insi^netí botá- 
nicos , líeniardo C'icnfupíros en los primeros a5o8 del 
siglo XVII y 1). Ignacio de Aiíso (zaragozano) en los nl- 
tjDios del xvni. Eiste, ¿obre todo, a quien ae deben luuy 
curioso.'! \ eniditos tralfldod sobre bis producciones, la,-; 
icias, Us leyes, la Economía polí'ica y aun la Litrra 
de Arag^in , tuvo la advertencia de cousignw, lo- 
imo «n BU Sinopsis stirpium iadigenarnm Aragoniíf 
■1770:, que en su Iiitroditdio ad Oi-yctoffraphiam el 
:oa/offiattt Araff'tnia {l'iM), las voces puramente ara- 
^Qesas con que ae designaban y todavía se deaigiiau 
fii el piiis ^quc recorrii» lierboriaondo y estudiando su 
suelo y los animales que Ic ]iueblan~ los objetos some- 
lidoR á .til descri[«:¡6n. Eti consecuencia de su plan, cn- 
lificfj uuHS vecefi con la palabra Bcrnaciiíe ü provincial 
de Aragón, otras con la más exjiresiva de nostmtihis. 
\a& palabras que tvniu por exchisivamente aragonesas, 
distinguiéndolas de todas las restantes con la anteposi- 
cVm de la palabra //ispaius: } por sí pudiera dudarse de 
tjue desiguaba con aquellos autt'puestos los vocablos 
amgoueses: él mismo lo declara, nra en el Prólogo di- 
cúmdo A(f/ít}m rtia-M reí-nacida pr-mutia mstra m- 



9i> 

miJM, ora eu el ludice que titula Nomiiia hixpaiUca el 
oetnacttUí Arajonia. 

V decimos todo eato, porque parece después muy ex- 
traño (|ue persoua tau comi^eteute en todo aquello que 
emprendía, calificara de aragonesas palabras que pasau 
|)or castellanas , como asimilo j balsamina, cadillo, ca- 
momilUy cebadilla, ginuta, margarita^ regaliz, sosa, 
lum, anadón, andarlo, becada, calandria, chorlito, 
dogo, gaoilán, lechuza, pajarel, perdiguero, picaraza, 
polla de ag na, pulgón, saboga, lordo, Irigu^o, verde- 
rol V otras. Colocónos esto en la difícil alternativa, ó 
de aceptar i)or aragonesas bajo la fé de quien , puesto 
que lilólogo, al cabo no se distinguió como etimolog'i&- 
tn, i)alabnis que no sólo la Academia pero aun los ha- 
blistas castellanos han considerado de uso general en- 
tre los españoles, 6 de de.sairar, sino, el voto calificado 
de un literato dedicado con ardor á las ciencias natura- 
les y conocedor j)or ú mismo de los nombres con que 
la ciencia y el vulgo designan cada cual los objetos de 
la naturaleza. Pero nuestra imparcial .elección ha esta- 
do v.w favor del habla común española, no sólo por el 
ma>or rmüto (lue nos nier 'cen his muchas v buena.< 
auloriíliidi'.s (juc contradicen la absoluta de Asso. sino 
pííi' otra (.'onsideración que, favorable como lo es á 
Vragóii, nn podemos excusarnos de aducirla. 

De (va.^ voces, hoy todas castellanas, supuesto el ad- 
mitirlas romo tale>" la Academia, las hav. como balsti- 
niina, cadillo, calaadria, cebadilla, chorlito, dogo, 
gaviláiu gi'iic'^ía, pct'digicero, jyxdgón, regaliz, saboga 
y sosa, que ya í^e hallaban incluidas en la edición prin- 
rii'f tlcl nircioiiariñ jmblicadn en 17*26 por aquella 






irporacióu literaritt, y iio se concibe cómo pudo dea- 
entenderse de estn autoridad el rtaturnlista de Asso: 
pero bay otras, y ú lu uiuy bellas, como andario, 
asnalla, camomila, war^aí'iia, pajel, jñearaíit, polla 
de agua, tordo, tuca y verderol, que no tenían cabida 
en aquella edición '". que en Aragón eran ja muy 
Uáunles, y que hoy bíin ^jasado ul fondo coniím de ia 
Academia, sin que de nuestra parte quepa contra esto 
reclamación alyuna, como quiera que todos los idioniaa 
viven de esos cambios mutuos, ¡iriuci pal mente cuando 
la lengTja de una nación prevalece (como su ¡lolítica) 

il)te los dialectos de las provincias que vienen á cona- 
irla. 

jPero hay que considerar como aruffonesas algunas 
labras que. ei l)ien incluidas como castellanas en el 
Diccionario general de la Lengua, no puede uegnrae 
que son de' uso constante, popular, y, por decirlo asi, 
privilegiado en Aragón, mientras lo tienen muy raro ó 
ninguno fuera de él, pudienáo asegurarse desde ahora 
que, pasado algi'iu tiemiio, y cuando ya la Academia 
forme la convicción en que nosotros nos hallamos, ha- 
brá de conservarlas en su Diccionario con el carácter 
exclusivo de provinciales de Aragón '■^''. Aqui. en efec- 

(I) T«rraTO«, ciiyu Dlcrlunurji' et i'ubllrü rn rM, icrtoyú lan polalirns 
«afcWo, eaBia-niíra, mtrgarila, jm/artl j lonlu: la |irinif M de cxUu Vocea 
fMIoctuiílBao varios ediciours de la Acailcmia j'ra el Dlcclonarin ili- Vnl- 
bofoft, i-rru ilejo ds btIo dradv KBH. 

ti) En lü nUclío ilii ISS 1u ¡ nUbn Aut-o no «e luilU, a^ndtn wli cuino 
pnivinrial, taem coiori umíunCHu, ayUléo y atyutillnie como csaleUanas: 
KniitAisKt3i¡83lbi"vja]>tUUaiii,Uaeiijao anigoDfitas, nbailia y eacoví 
cuma eosUlluiiU, alaainie y argu4I¡ado á» uiot^onu ataoBua. Ka la idlCÉ^u 
■Ir ITMIioyirnlalms CDUlicKiliiRConiaiusj;i)iuiU4,itu«tli;3tuísh«ui)Ut»tnita 
tomie tos ediciones Buccainuiiotrnaiiuo Bilí no íi- hallan, coiuootnoTiiay 
«■vror y ijU* dn|iuÍH TimoG como CBElellimaii; ctroí, como í«i:iHin,i|ue ftUÍ 



98 

to, se dice suplicacio7íes ix)r barquillos, como en El Des-- 
den C071 el desdén; no viarra por no falla, como en las 
farsas de Lucas Fernandez; aturar, como en Berceo 
«Abrán con el diablo siempre á aturar,» y como en Lo- 
renzo de Segura, «Anda cuerno ruda que no quiere 
aturar:» amanta , amprar, arguello, arramblar y caño, 
malmeter, masar, paridera, punchar, rematado, ven- 
^V^y y oti*í*s varias '^^ que se usan frecuentemente en- 
tre nosotros, y de las cuales y otras ya notó Capniany 
que algunas, como aturar, cal, dita, malmeter, os tal 
y pudor, eran á un tiempo de Cataluña y de Castilla. 
De entre las palabras verdaderamente aragonesas 
aunque do apariencia castellana, de^ entre las palabras 
que, á cambio de otras citadas y consentidas como cas- 
tellanas, tenemos que revindicar como nuestras y sólo 
nuestras, citaremos más detenidamente, por ser de las 
más vulgares en nuestro pueblo llano y sólo en él, la 
famosa expresión impersonal 7io me cal (no te cal, no le 
cal) en significación de nó me importa, no me confite- 
ne, no ?ne es menester, no me cumple, no tengo qué, 
etc., cuya frase, que no traen ni Covarrubias, ni la 
AcadiMiiia en su Diccionario grande, ni el jesuita Te- 
rreros, ni Bcsal en su Diccionario manuscrito, se baila 
autorizada en nuestros días como castellana jior la 
Academia de la Lengua, pero usada como aragonesa 

st* indican romo ar:i;/(>n"'sas y ilrsinics Iwin sido nntumlizadas en Ca:stin>t. 
Kn la edición última ;lK72i alcjera está como castellana; aliron y acavoiln 
no se hallan sino en las últimas ediciones. 

,1) Entre ellas casi todas las (pie l>. Mariano Peralta inclu^'e en su En- 
s ii/n de un Dicci'nvn'U) oyivjo)i,cs-rcsicl!nno, suponiéndolas verduderan en tr 
ani;jrone.N;íS. y «¡ue nosotros a coyemos m v\ nuestro señulundolus con iin:i 
indicación particular, mas sin habernos atrevido a i^rual licencia, como 
<|U¡rra qu«' respetamos la autoridad le^rislativo de hi Academia. 



jK>v riolo iiiiesh-o» labriefj'os. — En el Po&hm del Cid, lia- 
blaiido éste de Ioíí Infantes sus yernos, dice, Cnriellos 
quijnier ca dellos poco i>ún cal, y más atrás, Si elre^ 
me lo quisiere lomar á vü non ndnchal (Damas Hinanl 
traduce al francés il iie vCeit chatU): ''' eu el Poema de 
AUyandro se lee, 

non te cal ca se veucires 
non te menguarán vasallos, 

y en otra parte, 

Mas quequier que él dipra 
á ini poco me cala: 

eii las iHjesías atríbuidaij á I>. Alonso el Sabio »'' tam- 
bién encontramos, 

10 si vos veis este íucf^o 
non vos otras cosiu-i calen: 

PD el Libro de Patronio, 

Ruégovos que me consejedes 

lo que viéredes que me cale mas de facer: 

i'ti el Laberinto de Juan de Mena, 

Mas al presente liablai- no me cale 
Verdad-Io permite, temor lo devieda: 

'l< i>i le roí nu vcut prrniU mun bii'n il nc m'rn cliaull -ZXi Veiiillo xur 
rux qui vuudra car il' cui ¡wu m'ru cliiiul. TnuS ilo UuDiax tlitiunl. 

•.T, Su Ivngnuja no I1«ue clertu mente tnln rl alrr' <)>■ nnll(;a«ilu<l ijur t'i- 
muffiair á BU ¿pnc»,;- Jc otra purtc Hun niurliOHlos i|iitlinn piirsto enilii- 
•la Ir Biitcntlf idnil Av nlfuniiK olims tlcl tey Sdlili-, oiitn- Iok cuiilr« n'ror- 
'Iniunsii IkTfriniD, D. TniuáNADl«Dtn)fñnrliPi>. Mnmlin.vt^iinlmiB. 



100 

en las })oeí>íad de A. Alvarez Villasandino, 

Ya no me cal 
pensar en al: 

en las farsas ó cuasi comedias de Lucas Fernandez »* os 
caledescmular: en la Lozana andaluza^ libro obsceno de 
Delicado, «no os cale burlar que castigan á los locos:» 
en los ^Icneninos de Lope de Rueda: c<no me cale hacer 
senas que calle»: y, lo que es mucho más notable, en 
las ei)ístolas del obispo Guevara, predicador de Car- 
los V, «no le cale vivir en Italia el que no tiene privan- 
za de rey para se defender.» 

Pero aunque las autoridades que llevamos citadas 
han i)odido influir en la Academia para la admisión 
de esa voz, que sin embargo no vemos incluida en el 
gran Diccionario de autoridades de aquella Coq)oraci6n, 
ni tampoco en el de Terreros publicado en 1786, debe- 
mos advertir que quienes la han conserv^ado sin inter- 
rupción son los aragoneses, desde que (a nuestro pare- 
cer) la lomaron de los ])rovenzales, en cuya i)oesia se 
halla usada rei)C't¡d".s voces, así como la tienen el idio- 
ma italiano v\\ caleré, el francés antiguo en chaloiTj el 
catalán en caldrér, y, aun forzando un poco la analo- 
gía, el latin ena^toc^r^, agitarse, moverse, pudiéndose 
decir, no me mueve, no me ajita^ no me domúia, no me da 
cuidado, no me irnporta. Del uso lemosin no puede du- 
darse al leer en una canción de Pedro IW^no 7?i' calffra* 
no uic seria ncco-ario, y en un poema anterior ^^"^ per- 

I. Tirnr por ohjrto la Cruzada rntUrc ¡os alUgcnxrx, (|uí? empozó en 1201 
y urubú vn V21U: fué cs(?rito en o\ mismo iifmi»o de los succ^50S: so atribuye 
II fiíiillrriuo t\i' Tvidiln, y se ha ¡ublicíulo oíiciulmcnlcen París en 1SJ7. 



lol 
teneeiente á los primeros aiíos del siglo xiii y publi- 
cado y traducido recientemeute por Fauriol, 

Per Dievk^ n^ ügs^ diíi lo coms, nons clame tx que nous cal^ 
Por Dios D.Hugo, dijo el Conde, no os quejéis, que no os conviene, 

y más adelante al verso 4844, 

A la vierediana quel soleilhs pren lombral 
el lato de la vila efiían a no men cal; 

esto es, «al medio dia, cuando el sol penetra en todo 
sombrío y los defensores de la ciudad están descuida- 
dos» ó «no están sobre las armas,» como viene á decir 
Fauriel, 6 «están en un no me imj)07*la^» si fuera posi- 
ble traducir así aquella expresión que de todos modos 
indica el abandono; y finalmcntCj verso 4913, 

Mas non ata Belcaires iemensa que nolh cal, 

que Fauriel traduce, «Mais que Bcaucaipe n' ait plus 
de crainte; il n' en doit pas avoir» y que en castellano 
se puede expresar diciendo, «Pero no tema Beaucaire, 
pues no debe, pues no le corresponde, pues no tiene 
motivo, pues no tiene por qué.» 

Haciendo punto en esta digresión, ya demasiado ex- 
tensa pero no inútil á nuestro propósito, y anudando 
el pensamiento de donde ha partido, tócanos manifes- 
tar que, señaladas las palabras usadas por autores ara- 
goneses mas no por eso aragonesas, é indicadas tam- 
bién las que á toda luz son de Aragón aunque todavía 
calificadas como castellanas, pudieran añadirse ciertas 
otras generalmente usadas en Aragón y que, á pesar 
de serlo en Castilla por escritores de nota, no tienen ca- 



litó 

hiela como castellanas en el Diccionario de la Lengua: 
tales son haldeta que usa Moratin en aquel verso de sus 
Naves de Cortes: 

de azul y negro las haldetas de ante; 

esma)i¡iamazos, que, sin el prepuesto privativo, leemos 
en aquellos versos del cancionero de Baena, 

A ty vianffamazo syn otra tonsura, 
por mí será dada muy gran penitencia; 

';Págs.447y481.) 

latuimrOy que tanto divierte á los castellanos cuando 
lo oyen á algún aragonés y que, sin embargo, no sólo 
es muy natural derivado de lamer ^ y muy parecido á 
lamistero y lamiscado, sino que se ve usado en el Arci- 
preste de Hita, 

La golosina tienes goloso lammero; 

a placer y que vemos en aquel romance: 

en corte del rey Alfonso 
Bernardo áiüacer vivia; 

pintar, que usan nuestros pastores por tallar, aunque 
justo es decir que la Academia lo liace sinónimo de 
escribir, e\j)l¡cando bien ambas versiones aquellos ver- 
sos euoautíidores de Gil Polo: 

mas serato cosa triste 

ver tu nombre allí pintado {señalado en mil 

robles). 

no creo yo que te asombre 
tanto el verte víñí pintada, etc.; 



103 

"¡nueso, ó bocado, que derivado de mor sus (de donde 
después almuerzo) se halla como provincial de Aragón 
y, no obstante, lo encontramos en el Poema del Cid: 

w 

Nol* pueden facer comer un mueso de pan, 

y en el de Alejandro aunque con varia lección, y en 
los poetas del Cancionero de Baena : 

E luego será de todo vengado 

el mueso podrido que dio el escoq^iún 



Mas freno sin mueso é chai)a 
vos daría aun emprestado; 

])etíora y carUatero que explican Berganza y Merino, 
dando kpemiora el significado de multa y prenda, y á 
caritas el de refección de bebida tras la colación y 
lección espiritual; tasíar, que si bien se halla en senti- 
do de tocar, derivado de tactuSy también tiene (»n Ber- 
ceo el de probar ó morder en aquel verso. 

Que de meior boceado non podriedes (asta)*: 

macelo, cuyo derivado macelario no incluyo la Acade- 
mia, pero sí en sus vocabularios los eruditos PP. Ber- 
ganza y Merino; vencejo, de vmculum, que aunque ad- 
mitido por la Academia en significación de ligadura, 
sobre todo para atar las haces de las mieses, lo decla- 
ra D. Tomás Antonio Sánchez privativo de Aragón al 
explicar el verso de Berceo, 



104 

Alzáronlo de tierra con un duro venceío; 

cutio, que en Arag^on significa constante, diario, no 
interrumpido, Conforme con su etimología, quotidie^ 
quolidianus, y que la Academia escribe y explica de 
otro modo, poniendo ciiúio, trabajo material, (^) y omi- 
tiendo absolutamente en su Diccionario el adjetivo cu- 
tiano (quotidiano) que leemos en el foemB.áe A leJandrOf 

Un pasar! ello que echaba un grant grito 
andaba cutiano redor de la tienda fito, 

y en Berceo , 

facie Dios por los omes mirados cutiano, 

y en el célebre Villasandino, 

Pues memento mev cutiano disanto; 

(l»íy partícula expletiva que se usa en la frase me dijo 
de antes sxt parecer, y en otras parecidas, y que tam- 
bién usan nuestros clásicos como Cervantes «tan bien 
barbado y tan sano como de antes,» y el obispo Gue- 
vara «y sus pueblos quedaron como de antes perdidos.» 
Añadiríamos á estas algunas otras palabras y frases 
que, siendo muy familiares en Aragón, y no teniendo 

(1) Vestida de color de j»rimavera 
en los días de cutio y los de fiesta; 

dice Cervantes en el cap. IV de su Viaje al Pammo, y en este sentido la 
Academia admita día de cutio como día de labor. 



atrit 

US" 



le exóticas ni nuevas, eatin excluidas no obstan- 
te del Dircionario de la Academia, por donde oficial- 
mente resultan no ser castellanas, mientras son positi- 
vamente, ya que no arag-ouesas, de uso aragonés; pero 
atribuyendo este silencio, no á decisión magistral sino 
i descuido inevitable de aquel sabio Cuerpo literario, 
adicionaremos el anterior catálogo ni aun con les 
que por ahora nos ocurren. Es la una líe^ar la co- 
ienie, trase que hemos oido & castellanos puros y que 
usa el Uuque de Rivas (i>oeta cordobés) en el romance 
último de su Aforo expósito , 



«le acaricia, le lleva la corriente.» 



18 otra ea la voz inedicina que no se define por la Aca- 
demia sino como «ciencia de i)recaver y curar las en- 
fermedades ilel cuerpo humano,» y que en sentido de 
medicamento dJ es en Aragón vulgarisima, .se usa niu- 
liOho por los facultativos y se lee con frecuencia en las 
Ordinadones del Hospital de Zaragoza 1056, siendo 
además común A la lengua italiana y al dialecto cata- 
lán, pero que no puede formar parte de nue.'ítro Diccio- 
nario cuando la vemos usada en todos los ujils distin- 
íoe escritores castellanos, desde Cervantes A Es- 
,, desde Quevedo hasta el poeta pojnilar True- 
mismo en fr. Luis de Granada que dice, sin las 
de los médicos y las medicinas, en Mcxia, 




aa Academin «n lu voi vitáieii 

,.jr tanto oo niimlta A tMiI/cíiw an s 

I,* nwjor lo luce Covnrroblos qun dice: •MUDlumA la 
co pTufísa )' ÍDI nmÉdíai íu* aplica al ■nftriM.» 



106 

como el bum médico sus ^nedicinas, eu Guevara, y lo 
poco que las medicinas le han aprovechado y en Rhúa, 
jue sana la he^nda con medicinas lenitivas. 

Pasando ahora á uno de los más notables g^rupos en 
que pueden dividirse las palabras aragonesas, digamos 
en honor suyo que este pueblo ha conservado un gran 
número de las que constituyeron el habla antigua cas- 
tellana, siendo ya consideradas como arcaismos, fuera 
de uso algunas, y no pocas que acá nos son del todo 
familiares, y que en parte componen el más usual vo- 
cabulario de la gente inculUí, cuyos modismos excitan 
hasta cierto punto la compasión de quien los oye, ig- 
norándose, aun por nosotros mismos, que así hablaron 
los padres del común idioma castellano. 

Seria, en efecto, un trabajo muy curioso el de reu- 
nir las voces, incorrectísimas hoy, de las clases última» 
del pueblo, y observar su perfecta identidad, no ya con 
las que se emplearon en los siglos primeros del habla, 
sino aun con muchas de los escritores que florecieron 
en el siglo xvi ^^\ Llegarían esas semejanzas hasta el 
punto de ser fácil componer todo un discurso, y áuu 
todo un libro, con palabras tomadas del antiguo cast<í- 
llano, (|ue sin embargo serían (exactamente las que usa 
con jiredilecoión el jíueblo aragonés; bien quemuchíis 



:J A tinos (If él. on 1&9'.Í, s<' furmaron ó imjtrimioron los Eatatutos tj Ur- 
diHaciones (fe los Montes // ihievíns de Zaragoza que nc re\n\\*Tlnüeron en ltí7¿ 
«Hin alterar ni miitlar sustancia, sino nlíTuno» vocablos unti^ruoR íjuí* se 
han ¡mosto oí lenfjuaje de ohonr,» y sin onihar^o on osa última oilición s«» 
Xt'U usadas las palabras, tuetad, turietido^ fi'fhiendo, itnbiar^ riexped, estaxt^ 
ruhaño y otras ¡mrocidas, así como on las Ordinncíofícs del Hospital de Zu- 
rarjoza, 177.\ se habla do rudillos lim])ias, y on ol Memorial de to<lo un Cn- 
tíKlrático de tool(>íría (I). Manuel Cavós, ITsV de que en la Universidad po- 
día resultar alfíunR tm^eria. 



107 

de ellas no dejan de ser comunes con el ya bárbaro dia- 
lecto que todavía conserva el estado llano en toda Es- 
pana, Sean ejemplo de esta observación, sin que por 
eso abultemos con ellas nuestro Diccionario, las i^slsn 
hrvíB niervo, oniecida, gomitar^ 6uticario, recominiór 
prolueTiffan^ Jílicidad, tnviendoy enireviniendo, abello- 
ta, guisiendo, previdencia, risisiir, pidir, dicir, rece- 
bir, vieda (veda), siguidilla, ambrolla j crocodilo (lati- 
no puro), virijícar, offepcion, asasinar, etc. Séanlo tam- 
bién weííWQ, trujo ^^^ y agora, escuro, enantes, dende, 
que los poetas dicen con frecuencia. Séanlo igualm^ente 
eslentinos, malmeter y ranear que usa Juan Lorenzo 
de Segura; emparar que se lee en Berceo; itilra, esto- 
ria, estruir y mandurria que emplea el arcipreste de 
Hita; churizo ^^\ previlegio y rétulo, que nos dice Co- 
varrubias; rábano y aspárrago que forman más con la 
etimología hebrea y latina; pedricado, que dice el rabí 
D. Santob; cantado, estentino y otras muchas que se 
ven en el Cancionero de Baena; empués, que dice Mar- 
cuello (pero también Berceo); agüelo y cudicia Aldrete; 
acontentar el autor del Diálogo de las lenguas; iftcon- 
vinientes, encorporar y muchas otras Zurita; nguridad 
Tirso de Molina; mesmamente el P. Isla; aguacil, as- 
pera/r, ceminterio, concencia, conocencia, dormiendo, 
enlroducion:, irnos (vamos), inorancia, jalara, sabo y 



(1) Es muy curiosa, sobro oslo vocablo la opinión del autor del Diálogo 
dé las lenguítt: dice que es más suave <it<^o que traxo, aunque on latín es 
iraxit y que «por la misma razón que ellos (los cortesanos, caballeros y ae^ 
ñores) escriben su tt'oaco escribo yo mi truxo,* y añade que escribe salivé y 
no saldi'é porque viene de salir. 

(2) Rosal pone en su Vocabulario churizo y no chorizo, é incluye algru. 
ñas palabras de las primeras que llevamos citadas. 



108 

saiti, (sé y sepa), estroperar, yforibu)ido el dramático 
Lucas Fernández; deciembre los Estatutos de Zaragoza 
en 1564; re^neifo, cumpletas, mochachos, rediculoy 
salvaje unas Relaciones jde Fiestas; perjmciales, de- 
sanchar y pedes tralíllos, el P. Martón; mienta y ojeh* 
to el analista Sayas; catredal el Conde de Villahermo- 
sa D. Martin; ar^nlloso, is (vais), devantar y atorgar 
D. Jerónimo Urrea en su novela inédita D. Clarisel 
de las Flores; probes, niervos , traducio y destmiciones 
el famoso poeta Herrera en su defensa propia contra el 
ataque del Preste Jacopín á ])ropósito de las Anotado- 
nes de Oarcilaso. 

Pero estas palabras no son otra cosa, aunque saluda- 
das con el nombre de barbarismos, sino ligeras desvia- 
ciones eufónicas de otras verdaderamente castellanas: 
las hay que siendo notadas en Castilla como arcaísmos, 
son en Aragón bastante corrientes, y de ellas citare- 
mos (aunque no hagamos uso de todas en el Dicciona- 
rio): abejera, aconsolar, afigir, afirmar^ almnestas^ 
aplegar y apoíicario, árcaz, asi/i, asista , asnmir, aza- 
rolla, baJturrerOy batifnlla, hatinwmto, bogeta, hfco, 
cadilloy caléndala, cabliera^ canso, capacear, casad/i, 
cocote, coda, espedo, fajo, fendilla, feriah fosal, inte- 
rese, marzapan, mayor domhria, mida, mueso, 'tiano, 
os taleros, oír i, pasturar, peaorar, tardano, tributa^ 
cióii, etc., de cuyo catálogo, que pudiéramos no sin difi- 
cultad enírrandecer. se deduce lo (lUC va hemos indica- 
do, es á saber, la religiosidad con que el pueblo ha 
guardado la antigua manera de hablar, haciendo en él 
la ignorancia las veces del respeto. 

No son menos recomendables, pues son igualmente 



B y pcrfeclaiin.'nte eonlbrmes cou la Índole ó genio 
3el idioma, las palabra» comjiuegtas que oeteuta el ara- 
fíooée. No liay para qué ilecir la belleza y el uümem 
que de los com|)iiestos resulta; ni la fecüidad con que 
lakngiia eapafioln los atlmíte, merced á sus termiua^ 
cienes vocales y & la buena proporción en que entran 
esta« letras; ni la condensación que producen, econo- 
mizando circunilo()UÍcp» y particular; ui el uso que du 
elloá hicieron la.s lenguas anticuas, prinoipalmeuW la 
griega: todo es demasiado conocido para neceHitar ex- 
planarlo, y mucho menos aqni en donde \x>r otra parte 
no tiene su principal asiento. Pues bien: de estas com- 
posiciones que deben tomarse, bÍ no ea en las ciencias, 
del fondo que ofrece el projijo idioma (según lo insinuó 
Kíayans con acierto, tomaudo cabalmente por ejemplo 
una voz aragonesa], hay algunas, entre las mucliae, 
que B cnda paso inventa la conversación, como n^íía- 
cibera, aguallevado, agwatidlo, ajottrriero, ajolio, 
alicáncano, allcorliido, antecoger, aalipoea, apaSíacttett- 
cos, arqiimesay arraiicasteffa, Hliazorro, boUaJado, 
cabaxquUi, carasol, casamudct, cisamoscas. conirayer- 
ba, eairccacar, escoiulecuca-v, gallipueníe, habarrot, 
kurtadineros, malbusca, imCacabra, malacau, mira- 
mar,paniquesa, rabiojo, íobreiueno, sob^recielo, Ira- 
ffocanlos, ínbaiequias . 

Y si de los compuestos pasamos á los derivados, que 
BOU una parte tan principal, y por ventura la más nu- 
merosa di* los idiomas, ¿cuántos nos encontraremos en 
Aragón, cuya mayor parte debieran adoptarse por la 
Academia? Permítasenos ofrecer de ellos una mueati-a, 
la cual, contribuyendo á esclarecer este punto, dejará 



lio 

tambiéu probado que en la couservacióu tenaz de sus 
modos de hablar, generalmente proceden los aragone- 
ses con una lógica instintiva, muy ajena de la especie 
de extraiieza depresiva con que son saludados sus 
provincialismos, Véanse sino, las palabras aceitero, adi- 
7ierar, afascalar, agramar y affuachviar, agüera^ aha^ 
jar y aladrada^ alaica, anzólelo j aflero^ apoMladOy ape- 
nar, aquebrazarse, arrancadero , arroberoj asolarse, 
azuleroj bajero, boalage, bohear, brazal, cabecero, cabe- 
zudo, cabreo, calo7'¿na, callizo, canalei'a, cantal, capo- 
lado, capucete, casera, comprero, collete, cresarse, cru- 
jida, caatemado, culturar, cunar, chorrada, defenecer, 
dentella, desbravar, descodar, desgana, encerroíia, en- 
gafetar, enzurizar, esbafar, escorchón, escorredero, 
estribera, frontinazo, galgueado, hetera, huetatero, 
jetazo, juguesca, lavado, manifacero, mañanada, má- 
sela, matacía, mitadenco, motada, ocheno, oleazafpa-' 
rejo, pastenco, j^educo, picoleta, plantero, pulgarillas, 
racimar, repaso, saquera, simoso, so)idormir, suda-- 
dero, tardada, ¿ernasco, tenderia, volandero. 

Hay otras machas palabras que difieren muy poco 
de las correspondientes casteHanas, resultado necesario 
de la varia eufonía de las provincias, á veces de la ma- 
yor ó menor fidelidad etimológica, y no pocas del sim- 
ple decurso de los tiempos, que refinan ó adulteran, 
pero no para todos, el idioma. Vocablos hay que va- 
rían la terminación, como abejero por abejaruco, an- 
chcza por anchura, apulíadar })or apuñear, azamriatc 
jx)r zanahoria, balsete por balsilla, bla'nqucro por blan- 
(j[ueador, capaza por cai)acho, cargadal \)0t cargazón, 
corrinche por corrincho, chaparrazo por chaparrón. 



dalla jjor dalle, exigidero |ior exi^ilile, /rioleuco por 
friolento, perera por peral, pescadero por pe.scadero, 
/íícorjxjr picazón, rocador \>oí TOC&Aero. Unos se hnu 
HÍiicopado fen Aragón, como «¿río pop averio, albadft 
j pcfT alborada, caríuarío por cartulario, censalista por 
I eeiuualista. coáar ¡tor cobijar, chapear jior chajiotear, 
) tniáa por medidu, zaiu/uihn por zangarullón: otro» al 
i coutrario, se liau alargado ])or epéntesis, como uliron 
\ |ior alón, biriua por biuza, cadiem jtor cadira, carra- 
í/a por carraca, fftfípeííí-¿(í** por einiwdrar, hilitrza ¡lor 
, hilaza, jarapotear por jaropear, marreqa por marga. 
|..^nra por paso, nsle/ttor por valor. Unos suprimen por 
\ a&TV^A la -siliilta inicial, como c/tparra por alca])ar!ir, 
I dttta^r adiila,y(i(Í7 por ^zaAix.javibravpoT enjambrar, 
(¿nzífo por apedreada . :afrait por azafrán; otros lii 
• tmian por prótesis, como amerar por nierar, asesteadc- 
L #* por fiCsteíidero, alrazar por trazcir. Uhüb pierden lii 
linat |tor apócope, como ahim, brócwl, caparros, espi- 
nal, jjor alumbre, bróculi, caparrosa y cupinacA: otros 
lu toman, como rondalla ]ior ronda, Algunos duplican 
tinii letra, como acerolla. sar ramplón, por acerola, sn- 
mpíón: otjos son anagramáticos, como amorgontcr y 
' arraclán, por fimugronar y alacrán: otrosobedeccnmris 
i al origen latino, como bn/oiieria. calonia, coiicello, 
PeKr¿o,^'«í»Crt por buhonería, caloña, concejo, corto, 
I) liorna: otros padecen la leve alteración que algunos 
i gramáticos llaman antitesis, como sucede en achacar- 
', albelloii, alcorzar, almadía, alganillas, ariidro, bo- 
IjS?, boltjü, cogullada, eitsundia, furrufalla^ (¡art'J'ii. 
vgata.jijalla, lezna, matidm'ria, pimolla, reslrojeru, 
\sn}%a4t, tamborinazo y vendema, ctivo? ei¡u¡valcncias 



112 

castellauas no es necesario enumerar. Otros, finalmen- 
te, se distinguen por su sílaba inicial es, que en Ara- 
gón suele preceder como privativa en lugar del ante- 
puesto deSj y aun aumentarse á la voz castellana, como 
se vé en esbafavy escafíarsej escrismar , esgarrar, es- 
patarrarse, estral, eslréoedes ^^^ y esvarar, bien que la 
lengua castellana es también abundante en esas vo- 
ces, la mayor parte anticuadas (y esto prueba nueva- 
mente en favor de Aragón lo que llevamos dicho), 
como escañar, esfogar, esfriar, espabilar, espalmar, 
espavorido, espedirse, espejar, espeluzar, esperezarse, 
espolvorear, esposado y estajo. 

También son de citar, y merecerían una interesante 
explicación individual, algunas palabras y modismos, 
que, sin separarse del idioma común, tienen valor nue- 
vo en Aragón , por estar tomados graciosamente en 
sentido figurado ó translaticio, cuya manera de ha- 
blar es uno de los más altos i)rimores de una lengua. 
Notaremos como ejemplo, acantalear, ajustarse, alba- 
rrano, andaderas, anieblado, armarse, fandango, as- 
nillo, bandearse, barbaridad, brazo de San Valero ^ , 



,1 Kilvévcdei^j Ilarzn y Ahujeros son los nómbresele sendas calles cu 
Zavag-oza. seg^ún sus azulejos que para nosotros sen documentos oficiales, 
como d¡rig"idos por el Ayuntamiento, y cabalmente colocados en 1770, 
cuando estaba en toda su plenitud la influencia castellana, y cuando ya se 
conocía la buena ortogrrafía, de (pie cuidaron poco nuestros mayores, ^'er- 
dad es (jue, si bien presidió en la nomenclatura de las calles un esj)íritu 
por decirlo así moderno, pues hay sobre treinta (lue recuerdan á otros Uin- 
tos personajes de las éi>ocas romana, árabe y cristiana, como Cineja, Be- 
nairc. Conde do Alperche, 1). Juan de Ara¿rón, los Urrcas y otros; en cuan- 
to á ortografía, dejan mucho que desear, notándose á veces que para una 
sola calle hay dos azulejos, con b y con f, lo cual también se observa en 
ambos costados á la ¡merta de la l'niversidad literaria. 

(•-.*) í?an Valero es patrón de Zarag-oza y su arzobisi»ado, y entre los ora- 



f 



11;^ 

('dnir la burredcra, ^ echar la le//, encabezadoj ea- 
callarse, dar carrete, JIorecer la almendrera, garras, 
f/orrido, giUton, gusanera, hercjia, indignarse la lla^ 
gajjulepeyjusepico^ lucero, lucidario, macerar, maza- 
da, morir á lósela, mostacilla, nazareno, j^i^^ff^^^l^f 
salida de pavana, tiorba y otras. 

A este grupo corresponden igualmente la palabra lo- 
ciño en que los arag'oneses toman la parte por el todo; 
las palabras azulejo, elástico y esponjado, que toman 
jjié do la cualidad sobresaliente del objeto para darle 
nombre; también talegazo y titada, cuya analogía con 
costalada, v monería no deja de ser curiosa; igualmen- 
te bigardo, que aplicándose primeramente á unos frai- 
\í:tj 00 la órdju de S. Francisco condenados por herejes 
en Alemania ó Italia, se extendió después á los de ma- 
la vida, concluyendo i)or significar en Aragón el man- 
cebo de grandes medros y de buena apariencia para el 
trabajo, pero que Lace vida inútil y ociosa; y finalmen- 
te las antonomásticas Jlorin, que asi se llamó por ser 
H.-ual en Florencia, según Merino; fredcrical, con 
motivo del manto que ufaron algunos Fadriques de 
Sicilia, según la explicación de Blancas; zaforas, voz 
moderna, suponemos que ocasionada por el longista 
Zaforas, en cuya casa se dice que sirvió como criado el 

(lorrs ílol pulpito era llamado antonífmáslicamenlc t'/ hrazo fucríe: asilo 
liemos oirtü en má» de una ocasión, adcmós de haberlo leido en una listo 
manuscrita de antonolna8ia^», escrita en el siglo pasado con variOK otros 
pai'eles de materia predicable. 

i.l) Léese en el arcipreste de Hita: 

Tenic buen abogado, ligero c .sotil era: 
¿"ligo que de la raposa es gran «barreUira. 

8 



114 
famoso Cabarrúis; piculin^ eu recuerdo de un famoso 
volteador de aquel nombre que, procedente de Caste- 
llón de la Plana, trabajó en Zaragoza muy á gusto de 
todos desde 1803 á 1815, según ^asamayof (^\ bien 
asi como en Castilla ejecutó sus habilidades en el siglo 
XVI el italiano Bumtin, de donde tomaron ese nombre 
los volatines en general, según lo hemos leído en al- 
gún trabajo etimológico y aun nos parece recordar que 
en alguna comedia de Lope, por más que en el Diccio- 
nario de la Academia no hayamos hallado esapalabm. 

Viniendo ahora á las etimologías, por demás está 
que repitamos lo que ya hemos indicado en este punto; 
ocioso es que digamos de nuevo lo que por otra parte 
de todos es sabido; las lenguas se forman por aluvión 
y por derivación, de lo cual nace su división en fami- 
lias, el parentesco estrecho que á muchas liga entre sí, 
la riqueza misma que ostentan, como se vé en la grie- 
ga con la acumulación de sus dialectos, en la latina con 
su imitación griega, en las germánicas y neo-latinas 
con la asimilación de sus afínes y con el contacto de los 
])ueblos conquistados y conquistadores, aliados y ene- 
migos. Pero si es un gran mérito filial, como lo es á 
nuestros ojos, la conservación cariñosa de las raices ó 
vores matrices, supuesta la necesaria y áuu oportuna 
reforma de la sintaxis, en Aragón hay por qué enva- 

• 

;i) D. Faustino Cusamayov pscribió y dejó manuscritos unos A/ios jwh- 
tinos é hiitlóyicns de Zavafjozay que pn 18 tomos comprenden totlüs los suce- 
sos ocurridos en la cajú lal de Ara^jún, desde 1182 ú IKW: lioy jíosee cstíi 
obra, si bien con la falta de dos tomos, la Ilibliotrca de la Universidad de 
Zaragoza, cuyo Rector, que era el autor de e&tc tral»a.jo, encontró nueve de 
aquellos que no pobcía ni tenía rcijistrados la Bibliotec». y rscribió ade- 
más h\ biojrrafía de Casamayor y el juicio crítico de sus Aünt ;/o/f/.>o.v. 



115 
mcerác en cati; imiilo, ¡juo^ son muchas luñ vocfs pro- 
ales que derivnn inmediatamente del idioma del 
) <". 

Unos hau couservado toda su estructura latiuit, co- 
mo limiBn-damus, articúlala, caléndala, pórtala, tesl¿- 
ficata.. exhihita, cancdala, extracta, inlamarhio, wKra- 
mariico, cisterm, /'¡ndeeUnatorio, paciscente y bona- 
«ero que, auuque tiene por su terminación aire espafiol, 
jíroccíle de la frase antlg-ua, líoaa vero quis demandan- 
üw sunt &ac, y expresa hoy como entonces la lista de 
B lúeaes a que se refiere la demanda. Otras son Wm- 
18, ó no han variadti sino la desinencia ó la ortogra- 
fia, como ápom, apotícario, ordio, cicKres, brisa, lujo- 
aa, uva. lucidarto, saiisa, eo/najuia, ercrer, convenido. 
. pi^rey motilar. Otras, aunque un poco máa deaenic- 
intíB, conaervan muy visible su procedencia, como 
tederaa, adimplemento, la Seo, coda,/al'^iiciales, olea- 
t, tuberas, ^fiemo, macelo, fariuelas, batifulla,/abear, 
iorra y fahahnes. Otras, en fin, aunque no de tan 
tcuestiouahle etimología, la tienen bastante lógica, y 
ide luBjfO mucho menos Tioienta de lo que suelen 
scarla muchos etimólogos, á quienes, por lo mismo 
BQO poseer nosotros su cauda!, no los imitaremos eier- 
¡nte en disiparlo: tales son ^ctó, ^í'/í!/" y jetar, de 
'are (y no ácjacere, como otros suponen); bexpie de 



J (II Al^iiiuE sun lí In vp( geitgas, jii.io lo Tvrtwimtl íb qui-, parí cnin ya 
d itc la tre^a latina, m tamanm iln éM« y no de ai|iié]lai, Ules »nn: 
arla, ioalar,f"littyliii,laca,u>Ja,laliiy\üe^num*K;n\i!aiii pwmnunlii 
n mus \>iiaa, toaui Imir'nar, cnmaila, niiaSii, ¡tnal-nna, y frgOn un 
mvy rnmjMUntí heUmiMA. ís/nyu y aiunir, k( blín r»ts última m ilr ofigiu 
itntir ni optiil¿n -itl saMo Marina, y ilrl laawtitv latmo seg^n la jirlifirm. 
|irTnii"ln«aitlma«fil<rlnniiii<lBla Aciilrmin. 



116 

viscusjfajo I y áun/ascal) de fax, origeu de haz, ha- 
cinar, etc.; huebra derivado de opera^ que debió pasar 
por opra, obra y uebra, acabando por recibir entre nos- 
otros uu sentido genérico ó trópico; aturar que Rosal -^ 
deriva de obturare*, emberar acaso de oer, primave- 
ra, por CHipezar ú colorear entonces algunas frutas, 
como se dice agostar al marcliitai'se de las plantas; exá- 
rico de exaro; concieto, de coiiceptas, deseo concebido; 
mullido de monéese, avisar, citar, obligar á compare- 
cer; velluiero. de vellif-^. lana; trincar de trincare^ 
beber, dar muestras de regocijo; eticante de in canln; 
aiiiüsta, de aaiba dudiu Aausta, según Monlau; tostar 
de tactns] mHe.9o, de morsns; ve^icejo de vinculas; rafo^ 
tal vez de rufas, rubio; témelo acaso de textulay tejue- 
la con que en lo antiguo se votaba; caritatero, proba- 
blemente de charitaSj á juzgar por el objeto de aquel 
cargo que suponemos equivalente al de limosnero; ba^- 
te. quizá de bastaga, transporte, ó de baster)ha, litera; 
calaMO/iar, no muy extraño á calamenthumj yerba; 
bandn^ que puedo provenir do pando, siendo tan cou- 
ibnnes las (lo.< Itítra.s labiales en (]Ue so diferencian ani- 



J J!l l)r. FmuriMo litl Uoáiil. mOdiro. nació on COnlobu, c.";luilió ou 
Salmiíincu y rsicribü') varias obras-, entro olla'* Oriffen .»/ c/í»to'o/7'« f^r lo 
/^<»í//"/ f<',?/.'//a/í(T que dividió on cuatro alfabetos: el i." de Aocablos crkIo- 
ilaiu's, el 2" de ninabrrs jirujiios do lucrares y iscrsonas, el U." de refranes y 
fónnulas y id 1," razón y caiisn do alfinnas rct&tnmbrra y opiniones rcci- 
liitlart. I^ licencia ijum iinjiriinir ewta obro so ex]iidió por diez aíios ca '^i 
do Oelnbro do lOd, pcn» no bübiéndoK' inii)rcso la obra, el autor pud«» 
í'ÍKidirla r.n b>s díit s d»- la de Aldndo lOOC y la d»'('ovarrubiaH IGIO. Fray 
Miííuel Zurita, crunifjta pMieral de aíruslinos rcroletoK y Académico ci»- 
rresipondionte de la Historia. eni]n"ondi6. cv)U destino á etta Corporación 
sabia, la copia do lo*< Alfabetos y labiog-.afía de Ro^;al. on cuyo trabajo, 
que hoy ;,^uarda inédito la Academia, le alentaron Campomanetí, Bnyer, 
Masdoii, Abad y I«'i>iorrn, Kodrij^'uoz úc Castro y I>. Iknito Oayoso. 



in 

lias voceí; Inqvefe, á Ivce como dice Rosal, minqiie esa 
palabra no la incluye la Academia corao aragonesa, si- 
no como castellana. 

Otra de las más copiosas fuentes de donde el idioma 
rspaíio] ha tomado iin gran número de palabras, es la 
lengua árabe que, correspondiendo á una civilización 
mny adelftiitoda sobre todas las de Europa, hubo de 
forzünios ú adoiitir. ron ^us raros conocimientos en las 
cieiioina y artes, las voces que servían á desaiTollarlos. 
No Be habW en Amgún aquel idioma como en oti-ns 
provincias, y es que tampoco no ftié tan larfrK Jn do- 
minación árabe, reconquistada Zaragoza en 1118 y 
Valencia (por W. Jaimei en 1238; pero fuélo tddavia 
lo bastante para imprimimos sii influencia: y sobre todo 
nos impusieron los árabes en adelante, aun después de 
sometidos, ese sunve yugo que, por lo mismo de no ser 
impuesto A la violencia sino en el seno de la paz, es. 
no sólo más duradero, pero ¿nn tan honroso i'i loscon- 
f)nistados como á loa conquistadores. Todavía subsis- 
ten, sobre todo en Valencia, ¡lero tambit-n eu .Vragftn 
y Aun en Navarra, y claro es que en mm-lios otros 
puntos de Espafia aun sin contarla Andalucía, prácticas 
agrícolas, costumbres indelebles, restos del traje, calles 
y barrios, y principalmente muchos vocablos de la len- 
iza árabe con que la nuestra ha venido k enriquecerse. 

Sobre las voces que son generales á toda España, y. 
que Marina enumera cuidadosamente hasta formar un 
catálogo de cerca de mil quinientas, »i bien algninaa de 
origen griego i'i oriental, pero siempre transmitidas á 
noítotros por los lirahes, tiene Aragún otras propias, de 
Ibh cuales citaremos ajada, ajadon, alamin. irlbm'ife. 



118 

aliaran, alco/iol, alfarda^ algorin^ ahneyíara, almud, 
almndly amelgar ^ antibo (de anteia, hincharse), arcaz, 
arguello, ariia^ aturar ^^\ badal, bailio, barrefio, bocal ^ 
boto, hicarán, eraje, gaya, gafete^ jauto, jebe, jeto, ji- 
menzar, lapo, márfega, márraga, mosse7i,rafallayra/e, 
sirga y zafran; á las cuales no dudamos en agregar 
las investigadas á ruego nuestro por un competente 
amigo ^, de entre los cuales son incuestionablemente 
árabes, según sus informes razonados, algif^za^ al- 
quinto, antosta, badina, bahurrero, cabidar, capleta, 
charada, fardacho, fizón, maigar, tabarda, tria, za- 
borra y zalear; muy verosímiles alf arrazar, alacet, 
arcén, buega, cija, libón y liza, y algún tanto dudosas, 
abollón, aribol, batneco, bistreta, boira, cara mullo, 
cibiaca, cocón, cospillo, cudujon, fejvdo,fres, güellasj 
jasco, lillas, pardina y pocho. 

En cuanto á la influencia provenzal, con decir que 
se sintió más ó menos aun en Castilla, no puede sor- 
prender que en Aragón fuese extraordinaria, y lo ad- 
mirable es, pero no menos cierto que aquí no resultase 
un dialecto como el catalán ó valenciano, y que alcan- 
zara á conservarse el idioma español, nacido como en 
Castilla pero independientemente de Castilla, y perfec- 
cionado lentamente, no sin algima intervención caste- 
llana, pero desde luego con más y mejores aunque no 
muy aprovechados elementos. 

.1; Asi romo a^cohar^ que seg'ún el mismo Marina en su posterior \ 
eruditísimo Ensayo hi<t'}fico autico sobre la legislación antigua, se escribe 
íi/ornr en los T'salges de Barcelona y aséuvar en el fuero de Alcalá, que es 
quien conservó en su intein*i^Ad la etimología árabe. 

;¿) D. Mariano Viscasillas, persona que en sus pocos a&os posee conocí - 
m lentos no comunes en los idioms sabios v orientales. 



El profesor D. Braulio Foz escribía en \&SeoÍsta de 
Cataluña (¡ue el catalán literario era el de algunos 
pueblos eutre el Cinca y el Segit-, especialmente en 
Tomarile, y aun t-l de pueblos de la Tierra-baja entre 
üataluiia y Valencia, habiendo sido su3 pobladores 
(despuéa de la Reconquista) aragoneses de llanos y 
inontaílaB. catalanes de las riberas del Segre y aun del 
centro dfi Cataluña y alg-unos antiguos pobladores. 

El mismo Sp, Foz publicó con alg'unas adiciones un 
coraptíndio de la Hixtoria de Aragón, hecho con esme- 
ni por A. S. (D. Antonio Sas), y en él, al tratar de 
la conquista de Valencia por el g-rau rey D. Jaime, se 
consigna que ¿ste diú fueros en sti leugua materna, 
que era la lemosina, por creer que aquel lenguaje lla- 
no aunque grosero seria del vulgo mejor entendido que 
la extrañeza y variedad de las otras lenguas de Espa- 
ün, á pesar de que los aragoneses auxiliares de aquella 
memorable empresa habían reclamado que aquellas 
leyes ae redactasen en la lengna aragonesa, «porque 
ésta, además de ser comi'in á todas las de España don- 
de los romanos introdujeron su lenguaje, como para 
los aragoneses pusieron escuelas en la ciudad de Hues- 
ca, la habían aprendido con mudia curiosidad y con- 
servádola menos incorrecta, v 

El Sr. Pera y Ramona, que .se ha ocupado bastante 
en este punto, y que preparaba una Historia de la leti- 
gua y literaiura calalana, nos escribía que él había de 
presentar ochocientas voces qiie, sin ser latinas, perte- 
nceierou á un tieni])o á seis de las lenguas neolatinas, y 
Hue, BÍgnioudo A Baynouard, había de probar que quizA 
los idiomas vulgares fueron anteriores al latín mismo: 



120 

añadía que una cuarta parte de las voco8 aragonesas 
eran puramente catalanas, para lo cual citaba embafar^ 
embastar^ empenta^ bresca, esparver, ewia^ esmuñirse^ 
espartar j espatarrarse, esquirol, estalonar, dot, brisa, 
brocal, barral, alherge^ á las horas ^ censal, encanta en- 
cantar, escariarse^ esclafar, escopetada^ escorxar^ escu- 
pinada, tría, gitar ^fregadera. En todo nos parece que 
hay algo de exageración, nacida de amor patrio: nos- 
otros, más parcos, diremos que, haciendo fondo común 
de las voces puramente lemosinas y délas catalanas, te- 
nemos principalmente de éstas buen número, siéndonos 
perfectamente comunes amosta, baga, banora, bar^^aly 
botiga, braga, bresca, corear, embafar, empentar, escal- 
feta, escalíbar^ esclafar, esg an^if arse,f alca, fuina.ga- 
llofa^garba, garraspa, ginjol, gosar, greuge.madrilla^ 
mas, mascara^ porgnesas, pudor, pumn, qmra, áraiiy 
sirga, taca, tastar, tonjad^, trena, trucar, reguero, 
veta, y, según puede verse en Kaynouard '^'^ adobar, 
aturar, borda, getar, rosigar, tetar, y alguna otra; y 
también son comunes al aragonés y al catalán, aun- 
que aquél les ha dado dosincncia 6 pronunciación caste- 
llanas, ajordar, calage, calibo^ filero, güito, maniface- 
ro, masobcro, tinelo, trc'iponfid, ele, y loson también, ó 
por su raiz ó por su semejanza, argadillo, cuqvera, es- 
pujador, fosqneta. garrauíp!, milonha. y alguna otra. 



(1' En su Lcxique rornan, París 1K>; i\. Ifc^l, sfis volúmeues, ei primero 
de lüs rúales contiene, dcs] uós do unas hivest i if aciones filosóficas», una 
tfr'awiwa/vc rcmaine y variaM poesías j-rovonzales: los sig-uientes, un ih'c- 
tionaire de la langue des irouhadonrs conijmrí'e uccr les autres lanfjues de l^ 
Euro2€ latine, y v\ úlliino un vocabulario alfabético do los mibinas voces, 
para poder encontrar las dol Diccionorio de autoridades que se encuentran 
calificadas por familias. 



121 

Algunas dt esta» palabras pertenewu tambiéu & los 
otros idiomas neo-latinos, no siendo fácil decídip b¡ fue- 
ron elaboradas á un mismo tiempo, nt en coso contrario 
de qué parte estuvo la precedencia: pero de todo3 modoa 
es lo cierto que tasittr, por ejemplo, es común & los 
idjomafi araffonéa, catalán, francés é italiano, que Aoli- 
ga y gin^ol, Ira^pontin y kvaí falordia lo son á los tres 
lirimeros, que fuifui, muir, taca y Aun eseaJ/eta lo son 
al nragoní'S, al catalAn y al italiano. En cuanto n \m 
semejanzas del aragonés con el francés ó el italiano 
pnevien citarse, respecto i\ éste, gratar, ehemecar, fa- 
la^ufra Ule /ollegiarej , y aun iaáal y picota; y res- 
¡jecto á aquél acoplar, aguaitar (de ffuelter), alherge. 
argcni. beeardon. ehapelete, empachar, exparvel {de 
^ereier), fuina, guipar (de g^cpe abispa^, manchar, 
matonero, niqviloso (de ni/jne mueca), plantan, podía, 
■puchada, y algunas otras como gallón, que ¡a Acade- 
mia escribe gasón, tal vez por aproxiiuarla al ga:Qii 
francés, y mascnrar que, dest.sado lioy por filos, mas 
no por noBotros, usó sin embargo Babelais en ff(Oar- 
f^ntúal se viascaroyt le «e;.» 

Expuesto ya, sí bien concisamente y sin extendernos 
á observaciones paueg-iricaí», lo niAs preciso de saber 
para la inteligencia del habla aragonet-a en lo tocante á 
411 historia, bu etiuiolou:Ía, su projiiodad y aun sus ven- 
tlQRs, seguramente que complet-aria en gran parte nuea- 

Ktñ trabajo la exposición de los modismos, frases ó re- 
niies peculiares de Aragón; pero nos ha retraído de 
lita iden, no sólo la dificultad de llevarla i'i cabo con 

VAlgrún acierto, sino la consideración do que aquellas 
laneraa Uítuales de decir no alteran en nada el idioma 



122 

castellano, ni difieren \^si no es en los pueblos del So- 
montano '^^^] de la sintaxis común, ni marcan ninguna 
genialidad aragonesa, ni son otra cosa que combinacio- 
nes de las sin número que permite un idioma, y que to- 
dos los dias crea el gusto ó la improvisación individual. 
Todavía incluimos, sin embargo, en nuestro Diccio- 
nano algunas maneras provinciales, escogidas como 
de más corriente y general uso. Entre ellas no pueden 
tener cabida las que se apoyan en nombres propios, 
porque eso sería faltar á una especie de regla lexicolcV 
gica; pero, en nuestro deseo de que nada importante 
se ignore, hasta donde nosotros podamos investigarlo, 
agruparemos aqui las no muchas pero muy curiosa.^ 
locuciones de este género que para esta ocasión y lu- 
gar hemos apuntado: — Co7i B. Anión te topes ^ i\ guisa 
de maldición, en recuerdo de D. Antonio de Luna que 
asesinó al arzobispo de Zaragoza en los disturbios pro- 
movidos por el conde de Urgel, pretendiente de la co- 
rona vacante en Aragón ante el Parlamento de Caspe: 
Ya se 7nurió cl rey D, Jv.n,\^ frase proverbial alusiva 
al pródigo D. Juan II y dirigida contra los ambicioso.- 
de mercedes; Que rir,v: V'frgas, expresión con que s<» 
asusta á los niños, desde la jornada funesta en que 
aquél mandó prender y decapitar ú Lanuza. de orden de 
Felipe II; Viejo cjitii lu ^o-u/is d-: Fr, Pedro y sabido 
Oiiio el chiste dj Snuito, modismos que vemos reuni- 
dos en una poesía manuscrita recogida por Lezaún. 
siendo tradiciom^l la idea do Pedro Saputo desde el si- 

Iji ¡ai:«» .'rtt-ntal -ít" nu«'<vM y Iü oocí íontal y s.^;t.»n:r:i:»nal \W Hxr- 
bastro, qu** ^^vníraliutrili* <•» r.aman » a ol ya** ^i^ s - .Mi» <it Hi'^<'^ u Sf- 



g*Ió .rvn f"; Max listo qiie Cardona, como alusión al 
vizcoude de esto titulo, que, cuando su graude amig-o 
el infante D. Fernando fué mandado matar por el 
rey su hermano en 1363, huyó precipitadamente des- 
de Castellón íi Cardona, ¡jasaudo el Ehro por Ampos- 
Uí\ Más feo que Tí/o, corrupción de Picio; Peor pre 
Otta, qnizA degeneración de Gexías; Tiene más giit 
Zaporta, ciija esplendidez se consemí en '¿ameaza. 
en el palacio monumental de pu nombre, que des- 
pués se llamó de la Infanta por haberlo habitado la 
euposa del infiínte D. Luis; Mits mato gve Pican: Mas 
célebre qvr. Barceló por l/t mar, con alusión al mallor- 
quín Barceló,' famoso en el siglo pasado; Ser un Fie- 
íTabrás, tomado de Fier a bras, personaje caballeres- 
eo; Sabe más que Briján, por Bricán, nigromante ó 
hechicero como Merlin. según MiU; Más caro qiie el 
salmón de Aln^óii; En donde Cristo dió las U-es vo- 
ces, denotando un paraje extraviado ó lejano; Irse por 
Valde-Onrriana, por desviarse del camino natura, en 



ha Morito D. U. Pi 



E.U comed Ina qu» nquí Doa repr»nitDi> 
-hlelaron en el tA<¡ del illluvio: 
viejí» qut l»í bragna de Fr. Prnlrn, 
cabldus que il chiste de Suputo. 




HloeucIfiD qiiii pnnnnios na poi de é¡ 
*. h Qkriont, en trotida da di 
iililjo -qun ni CnrJonn con \trx lan Hito. p« 
•UHleJ ei un Jnvcn mis tiaXa qug rl minao Cnrduns y inta ralitu que 
Brijí»!' *n otro •elarfdi! Iincer Ibrtunn koIm mejor qii» Can1<iiiai> peni 
llarlMnbuacb m Ei -Vidn duohiiitiitt dkr, «iinn 
UMo que Cudm*:* Trurbik lia í«crila un eumlu draomlnndo £i 
tiMOanliHM, Ululuquaiiiuóvn KHpnñül Mr. lAlour. porque d 
"10 trí'luelrlo. 



1 Mrrlior 



ileeerla mk» 



124 

el jueg'o , en la conversación ó de otra manera ; Mas 
duro que el pié de Cristo^ lo cual se aplica á cosas ma- 
teriales como el pan, el queso, etc; Llamar á Cachano 
con dos tejas, por querer un imposible 6 apelar á quien 
no puede socorrernos; Lhver mis agua que aiaiido en- 
terraron a Zafra, en que la traducción exajerada dice 
que el ataúd iba sobrenadando; Salir de Herrera y en- 
Irar en Carbonera, ó ir de mal en peor, 6 caer de un 
peligro en otro: Grande comw el cantal de Alcorisa 6 
como la lola de San Ildefonso, esto último cuando se 
refiere á alguna patraña ó á cosa de poco tamaíío 
absoluto; Llano como la sala de Saii Jorge, con alu- 
sión al salón principal de la antigua Diputación '^•; 
El secreto de Aguilar, que la Academia dice de An- 
chítelo; El Tonto de Ateca; El BnUo de Alfocea; Per- 
dido co7no Carracuca, en sentido de no tener salvación: 
Es que empuja Perena, con alusión al Coronel de este 
nombre, que operaba hacia la parte de Huesca durante 
los sitios de Zaragoza, y á quien atribuían candida- 
monte que empujaba á los franceses, cuando éstos iban 
apretando el asedio: Jvsticia de Abmtdérar, con que sr 
designa la ley del embudo ó del encaje, si bien en su 
origen tradicional no tuvo ese significado, pues se cuen- 
ta la fábula de que. condenado á muerte el herrero 
iinico del ])ueblo. se sacrificó en su lugar á un tejedor, 
porque en el pueblo todavía quedaba otro de su oficio: 
Pinta de JusUhoL que se a])lica á varias cosas, })ero 
quizá ])roceda de los melones que de allí son famosos: 



1 Postorioriiioulc Audiencia; dfspiu'S »l«'striiitlo ]or l^s fmiiiN^<eh «-n 
los .'///('i.- y hoy Soininario conciliar. 



Afdt tonfo fue Pichóte: Siiella como la oa';a dt Hoques 
pai-a iDoIi'j&r á la aiujer demasiado iii(le)ieiidieiitc ó qiio 
lio VH acüfniíañadti como debe; No dijo más Modngoa 
iH anta, yuc se ajilica tú (jue coutesla di'scortéti y lacó- 
nicfUDeiite en sentido negativo; Judio de ¡a maia, cjiíe 
se dice como ijunto de comparación para inucLaá fra- 
ses, por ejemplo, «es caiiiiü de casarse con e! Judio do 
la maza»; De Mii/uel de Arcos, fjHe se emplea eii scii- 
Udo fevomlílf para uiucbu^ cosas, por ejemplo, ¡Farn 
iiim jugada buena; -Sol de Milán, (¡ue hoy ya uo suele 
iiplicuree bino como paite de ese rico vocabulario, cpn 
(juc Ins madres aeurieiau á sus Lijos, pero cjue ante» ee 
aplicaba también á las mujeres, y parece que tom6 orí- 
g«u déla marquesa de Lasan, a quieu, por su sobresa-' 
lieote hermosura y por su patria, so calilicó á fines del 
8ig-lu ¡iosado con uquc-l epíteto; La Mma de Froffa, 
<li«í se emplcn muchas veces jmra ivpresentar que !<; 
cayó li uno un peso iusoportuble; Ir con la fsqitim de 
los caracolas, con tilusióu ú uua calle de ZaragOiiii, 
y en signiticadón de que un reloj 6 cualquiera oti-a 
¡•osa, marchan mal 6 iio son íidL-di<j;ijoíi; ¡Ver de los de'- 
<ianchQ' refiriéndose al du Sau Pablo, boa ó cuchi- 
lla corva de su pendón parraqiiial. pura manifcstivr 
tine uno es arayonOs legitimo en sus cualidades dt- 
tTiitarudez y dHre/.u; Kstar escondido como el Uo 6'u- 
•lero, «éto es, en medio de la plaza; la Campana l'a- 
fera, asi llamada la princijial de la .Seo de Zurugo- 
ZH por estar dedicada á Sau Valero, y sin'e de c(jiu- 
jNiración en muchas iVases eu sentido de abultar uua 
«osa 4 de tratar de celebrarla; y, en fin, dando ya 
jianto en esto para no hacerlo ¡nterniiuabk', Va viene 



126 

Martinico, para indicar que va entrando el guefio á los 
niños, sobre cuya frase nos ocurre añadir que en el Li- 
bro de Patronio el diablo dice á uno, que en los apuros 
le llame con las palabras «acorredme, D. Martin:» en 
los Viajes de Marco Polo, 1519, se llama Martin al dia- 
blo y en algunas provincias de España se llama á los 
duendes Martinico» 

En lo que sí queremos detenernos algún tanto es en 
el gracioso diminutivo en icOj que consideramos más 
bien como un modismo que como una palabra, y que, 
si bien es manera de hablar muy castellana y aun no 
considerada como arcaismo por el Diccionario de la len- 
gua, pero es desusada y aun ridicula entre los castella- 
nos, al paso que muy general en todas Jas clases so- 
ciales de Aragón y de Navarra. Y decimos que muy 
general, porque liemos de confesar que un gran nú- 
mero de palabras de las que liemos citado como arago- 
nesas, y i)or ventura las más interesantes, como caly 
aturar, amprar y muchísimas otras, ya no se conser- 
van sino entre las clases ínfimas del pueblo; que tam- 
bién acá ha cundido entro las ])ersonas cultas el desdén 
hacia nuestras bellezas in*ovinciales; pero el diminuti- 
vo de que hablamos es universal, y ya no depende de 
la educación sino del nacimiento. 

El idioma espaíiol. rico en los diminutivos cual nin- 
g-ún otro, y desde luego muchísimo más que el hebreo,- 
el árabe, el griego y aun el latín y el italiano, como 
que reúne más de treinta diversas terminaciones ^^\ 

\1; ¿Que Irugiia puede, eu rfucto, prewntar, sin sus diminutivos( irn'f^u- 

larcs y Bubilerivados, que no son pocos en la española, las variadísimas 

'i'sinrn''iíis di' p^?}iinft!rn, n'.'ní'riflo, hot'Ho. jHilumhxo^ rohertizo. cscohe/fn. 




liabieiido luiltibra i^iie iwjpiuite ella sola iloce Jesínen' 
cins, claro es que no &\Aica todas esaa varíantea 6 au- 
mentos de final á todas lus palabras, ante» ae couforma 
TOn lo qu« cada una jwnnite '"; mas en medio de ser 
esto ciürto, lae eu ico, en Íllo y en ¿Ío son terminacio- 
nes generales que se aplican iudistiutamcute A caui to- 
dos ios nombres, habiendo entre ellas una verdadera 
síDonimia. 

Pero el diminntivo en ico tienu dos ventajas ¡neón- 
lestables, el uso preíerente que de é\ liicíeron los [la- 
dres de la lenguii, y su sig-nificación espedal c- ¡nti-in- 
aeeameute distinta de los de otras terminaciones. En 
loí escritores de nuestros orígenea, sobre cuyos senci- 
llo» versos parece qtie va^ba, como una fresca brisa 
sobre lati plantas cilvestre», el ambiente de la naturali- 
dad, (.-ru el diminutivo en ico el que dominaba en la 
expresión de los afectos 6 las apreciaciones, y por eso 
: w tuu general cu la poesía ¡jO]iular y eu la fjiniiliar di- 
«riores tiempos. 



tiVAÍatUiMCA riiiirtsito.tii 
a», tetfftít, fortlja, comj 
falo, ft-MliMla, JtfnnoM. j 



líl. Maruja, jiaimia, írüUtico. molécula, mi- 
igoitiii, lliiípimi. hílitetHi, Mlehc, raiutha , 
VKalttUQU otrai]ur bIu lUllcullSfl hulink 
m dllIsmelDl iQtit idioma (inscotn Kal)» un eolo nombra * 
las 1'tii'UiibtB [Ir fih'íne, Ubt-illo, Hbttit, ttbr*ílllii, llbrtlait, lH/raeo, llhtlii, 
fiS-arftn, iihi¡ray flbmfrie. (uieomo Lna doce qufl comunmente k citan 

SObMilt BdjdiVOcfliMiflldilulaUliVIl. 

7 (I) llny palatiriLH, por (ijninvlo d^moiiín, qup, porqua hito de duplicar en- 
"" " ' " 10 sufrrii taa blan Ina dlraluullvm ni ico, lilo, Ua como 

MͻdDi>[j ijo: tuij' olrax nut lifuio diminutivos di prfbrvnalB rara 
Mtv COnfutilAa con lu» hoiniVciiuiiM du lus utroE, como hora qu( admilf 
in ul ho\tjit í[ur, K] nu vn 1h rscrlturn, liínpii 
jBai|iat)lcBdu*nlniiranuiiclaQlAa: Lny, analmente . ptovlnelos i(Uc tir- 
MpndlIacelAaádslarmlnadoq dlnilnutlvon. cuma Inn de \ngl>a á lii* 



128 

¡Qué bien dicho está en una farsa de Lucas Fernandez, 

¡Oh, pastorcico iferrano! 
¿viste, hermano, 
un caballero pasar?; 

y en un romance sobre el moro Calainos, 

Bien veuí»a¡s, el francesico, 
de Francia la natural? 

¡Cuan propio e¿ déla poesía de Castillejo, último trova- 
dor íV los amores y la sátira, paladín de la poesía na- 
cional contra los petrarquistas, contra los luteranos 
í-omo él decía, cuan propios son de aquella poesía fácil 
y sentida aquellos versos, ya pertenecientes á una época 
jiiuy adelantada, en que se ¡unta con gracia inimitable 
á un vizcaíno borracho, inetamorfoseado en mosquito, 

tuvo con esto á la par 
una risica donosa. 

las pieriicis se lo mudaron 
en unas zanquitjis chicus. 
Jos brazos i:ii dos aliciis, 
(los ('orni'cicos ])or cejasl 

\i){i¿ bien sienta en Kodri^^o de Cota ó Juan de Men;i, 
•') quien quiera (pie esrribiesií ^ la primitiva Celesthia 
.que nosotros no luimos de desatar nuestras dudas con;o 
("1 editor de RaiveloiKí que atribuyó á aquellos dos tan 
mlinirable obni"; qué bien sienta aquella a**:lomeración 

1 yiir líi C'^lcslina no os de Juan «!'» Mcnn. do quirn en ofrcto no lo i»»- 

iMi". I') j'iuobíí. cnlro ulro . >. Auí"ni<'. 



graciosa de climiuutivüb, '^nezuelo, loquíto, augeUco, 
])CrUca, gimplecico, lobitos eu tal jfestico, llégate acá 
putico, etc.j ! ¡Qué eiicauto hay eu aquellas (?(;¿«i¿a¿fci' 
foiUecicas dejUasofin, que nod dice Feriiaudo de Rojasl 
jQué espoutaneidad tan uiuorosa eu b'ray Luis de Gra- 
MaA&,el patlicoqite mícs lueffo, se pone debajo de las alas 
de til, galluut. .. y lo misatit hace el corderko; eu Meu- 
doza. tas viañanicas de eeraao ti rf/rescar y ahmrzar; 
eu Santa Teresa, al jH'lmer airecico de persecución se 
pUrdeií estas foreckds; en Guevara, lo demás qae ca- 
U(l>ndiCQ mepedisíeseiilaore'a, elc.:eü Avila, cuando 
acousejs conscrfar esta cenlellica del celestial fueyo; en 
Lope, jjara quie» la coustelacióu dt- S. Telmo era niia 
eslrellka como un diamante í'^'. ¡Que difíciles son de 
luejorar aquellas, tajaücas snljüles de carne de ?item- 
hrillo. con que se ateudiu á la voracidad plebeya de 
Sandio el Gobernador, aquellos zapaticu-f para sus hi- 
jos que echaba de menos su mujer, y entre mucho-s 
pasajes de laGiTiNiLLA de Madrid, Wjucl Predosica, 
rMiita el romance que apii fí porque es muy iueno]; 
y cufia superior es en la misma novela, aquel cabo de 
itomaucc (■■'', Gitamea, que de her7/iosa te ptmdett dar 

,1) Ku uu lij.'Frg CdIuJio i|Uc si Diitor de e^lu Mein aria couniiffrü, na liii 
uiuuho, a lus dlminuiivos y soliri todo ni Icrmiundo im ieo. pUO tdmu de 
tttMaoloi'ldiultB, ftl.uua. Timonean, JkurrgiiL, Qurvrdo, CuldBrúa. Mun- 
ta> txItHlau y MIOinD; pudlendoafrccFrRC otras uim^bBB.alnm&siUflculUd 
■{iM la iIf abrir DueatroG elUiticiifi; | ero huy dulcilmunlr se lr> y rsriiim* <i 
ulnirunii Tci w oje ta Madrid. uuQi|ue s{ m Uuu, /.iinara, ValIsdoUd y 
pal#acia.|'iToin ainin'i»)>urli', tnu áe wkntu como tu Ari([6a. 

Ci¡ lUimuocí jh U«aia iy rooiiucí dc!w Uomarari oijucUa aj;rada1il« eotu- 
¡tantiOa JcCcni'auUs,pürniiis(¡iií iie liallu cut-rlUí '.'n rcdondlUí". Bm'fee- 
10, adriaindasull^rrioy do lu itln caDlulilc y |Kj|iul>r, i^vr is 1i int 
i.-uDaliliiyesufnndu,<1iid<)Ddiitomaiionibre.i]otiay sliianhrírílRnniaDMrii 
«apnftol «ri donds «o Tcrilit, Junto ol lupoorrlnio rarneieriatico del rmnaiicr, 
UrcdaQjtlla, la quintilla, clplíqucbmiIojotnH^oinliInnclono mStrlMu. 



130 

parabíeiieSf sobre el que le sigue, Hertnosila^ hen^iO' 
siía, la de las nianos de platal ¡Qué tono de familia- 
ridad, en aquella carta del Caballero de la Tenaza, 
ahora eSy y aun no acabo de santiguarme de la nota 
del billetico de esta maflana ^^^^ ; en aquello de Rueda, 
ffanosico vienes de burlas; en aquello de Cervantes, 
haciéndose algún tanto atrás, tornó una corridica! 

Y viniendo todavía mas á nuestros tiempos, cuando 
la lengua y la poesía tocaban el último grado de la 
perfección, el principio ya de su inminente decadencia, 
léanse nuestros grandes poetas dramáticos y líricos, y 
veremos que, cuando el asunto les consiente cierta fa- 
miliaridad, prefieren el ico, para denotarla más fielmen- 
te, como en los versos de Calderón, 

La ropilla ancha de espaldas, 
derribadica de hombros, 
V redondica de falda: 

V 

como en Morete , en quien todavía resulta más termi- 
nantemente nuettro aserto, cuando entre sus personaje^ 
de TRAMPA adp:lante pone á Jusepico y Manueltco 
pagcs^ á la manera de Quevedo que llama Pahlicns al 
héroe de su novela el Buscón ^ . 

Tan admitido era entre lor^ más serios escritores 



■ 1 ■ En el P. Isla, c? muyfreouonic t&c dimiuuti\o, y i)Uiiicraü citrtrsr de 
»i muchos ] asíijcp, .<in ¿alir de sus famosas Cortas (^e Juan de ¡a L'nci;t-^ 
como el «caíico curioso uc a-iuoUn dama púdicp.» que no consiente la últinii 
fdicion de la Academia. 

2) AlíTunoR personajes han pasado ú la historia con ese diminutivo de 
su nombre, como Arialico de AI^j^i'.. á quien dan á c-.-nocer de esc modc«. 
Zurita, B!o.n''as. Carbonell y otros autor*»?. 



13] 

lel diminutivo. f¡ué en el testamento iverdadcry ú 
falso) del Brocense, el mal inserta é iinpugTia con sii 
exijuisito natural buc» juicio el eeDor Marqu'^s de Mo- 
rante, en la excelente vida de aquel liunianista, iniltüoi- 
da como a¡iíndice al tomo V dp su Oalílago. hay una 
cláusula que dice: Kllem, Mando á Aníonita mi niela el 
mi Hffnum crncis con su rHxtalieo y las seis esmeraldas 
de que estñ cercado»; y, lo que es más reparable,. Cova- 
TTubina, cuyo lenguaje didictico ¡lareceqne habíade ex- 
todo diminutivo, dice, al cx]iUcar (bien ridieula- 
ite por cierto) la etimología del g'aviltin, ruasi yaci- 
por la astucia !/ sutileza con que lince presa en Iiis 
«ttacicaa: zny^ fraselc copiay prohíjala Academia en la 
primeray más completa impresión de su Diccionario '^\ 
Y para que se vea con otro géuero tle prueba, la im- 
portancia que tuvo ese diminutivo, obsérvese que hay 
palabras, tle que no ha quedado, sc^íinla .\cademia, 
sino el diminutivo en ico; por ejemplo: liolsico. caledco, 
áfíselico; /arandulici, sonetico, fuellecico y laiiíarrtco, 
i las cuales pueden añadirse las locuciones y refranes 
feí'oiiifo de iSan MnHin, nirtilanicas de Abril hienas 
ton de dormir, /tornero ahito saca :ütÍco, etc.: hay al- 
)?tni8s que no admiten otro "que él, como Perico, bo- 
rrico, gemidico.t y lloramicos, y sobre todo abanico. 
diottinntivo de abano (voz anticuada que se Ice en el ro- 
ice 1860 de la Colección Duránl y Anico nsual, poi- 



I ToiUTia tn U ültimn (ISJU; h vd ubuiIo, aiiii-juo rscdu-neDlv. '\ di- 
lo quo hiiblimoa; noiiotrtxi lo lifiiioB sorjircmlido en U iIpÜbIuíAd 
rujiara, que u •ajiijarúo i> barro •]ae ili-jn In ualiinili'Xi ralr* 
lupwrtMilBCUaliiuií-r eiliin)0,ctc,.> y en la <itptei-nai\\it •¡•n el arle de 
Meriblr*i< llnmatljial caque va bacín abaja y comiMinE otsunoa Itlrm 
«MM ni U ffl y la n.> 



ISi 

llana, puede decirse que han concurrido á eliminar de 
la literatura los elementos más útiles del idioma arago- 
nés, que viene á ser una variante, cuando no un com- 
plemento, del impropiamente llamado castellano. 

De las ventajas que á este mismo lleva, algo es lo 
que ya tenemos indicado, pero todavía podemos añadir 
tal cual observación, que se compadece muy bien con 
nuestro objeto. 

D. Fermín Caballero, en un breve artículo de perió- 
dico en que trata del lenguaje aragonés, manifestó que 
basta en la eufonia y en la acción ó ademán se revela- 
ba el carácter resuelto y franco de los aragoneses; elo- 
gió las locuciones deslizadas, rápidas y casi sincopadas, 
citando (llevado de sus aficiones geográficas) algunos 
pueblos de nombre esdrújulo y las palabras bánopa, 
márfega^ apoca ^ rónegoy tápara, múrgulaj tubera, má- 
rraga y bazar o (pero estas dos son españolas); y señaló 
carnerario como natural y claro; boíin/ado, predicadera ' 
y saca/uegos (este español) como expresivos; racimar, 
pozalear y arquimesa como buenos; frontinazo como 
irreemplazable; y (ernasco como diferente de recental, 
pues este solo marca la edad y aquél determina su na- 
turaleza comestible. Mucho hay que admirar, en efec- 
to, en el lenguaje aragonés. 

Hay palabras, como ababol, que, no desmereciendo 
en suavidad de sus respectivas castellanas, obedecen 
más á su etimología: hay otras, como abortin, que con- 
forman mejor con el genio de la lengua, si bien ya 
sabemos que por uno de los muchos secretos de la es- 
pafioln, los diminutivos tienen á veces desinencia au- 
mentativa [ix la hebrea y f4*rif^<ra'^ como sucede en «//«- 



kjf lie^aton, verdadera antitesis de oíros, como 
vleila que es aumentativo: hay otras, como remoU 
B", que son más concri-taa, pues en ese mismo ejem- 
!> vemos que Costilla liace síiióniuios ú remoldar y 
íar, mientras en Aragóu lo uno se refiere á los ár- 
B jr lo otro ú las ^ides: hay otras, como cortada y 
tpaítra, muy superiores & sus análogas corle y hue- 
Ifd, que en cast llano son ambiguas y confusas por 
B diversas sig-nificaciones: otras qm^ tienen más con- 
nidad con la lengua madre, como «ud. que respon- 
l'«n Cicerón y en Fedro, como entre los aragoneses. 
L ¡dea castellana de racimo; que en Columela toda- 
I expresa el que forman de sus propios cuerpos las 
lejas; y que en \'irgi¡io tiene la mAs genernl sig-nifi- 
eaeiÓD de cepa ú vid. ferl ití>a racemos: hay otras suti- 
lisímas. como respeludo y goiernud'>, que denotan, no 
ya la idea despectiva propia de ei» terminación, síuo 
una especie de falsa importancia, pues respetvdo quiere 
decir el que inspira cierto infundado respeto, no por 
lo que es en pí, sino por su edad, su figura y su ento- 
[ nación oraculosa. y gobernudo, no el que es realmente 
I met¿dico y ordenado, sino el que bulle mucho y pa- 
Irece eatar en todo, aunque positivamente no tenga tan- 
Bto gobierno, como agilidad y movimiento: hayotras do- 
lada» de gran propiedad y de muy buenas condicionas 
l'ufónicas, como agüera, alud, a-mada, brisa, caloyo, 
raje, jui^adfiro, mufaa^i. lloradera, red^iliiio, ttí-nafro'^^ 



) B«t« *ut tni Ib i|ii* á\(t origr» al Eniage it Ptralla, AaÉoo auuqu* 
«ip|«U Olcelonnrin nra(;oKí« que coaocrnioii, IlBblswi provlilo el 
or. MbtralB Irrcneilrit InioleTaDciÁ de la curte, con un cnlMoex) da ISU 
M *lMa>tu, qu* Ir beUití un «tloqo nmiifo; pM'o ttcapOsfle. í jienar i» 



13C 

y vuUurino: hay otras de excelente composición, 
como agnnciberaf agn^illevado^ ajo*arriero, ajolio^ ali- 
cortado^ hotinfiadOy cabecefuia, malbnsca, mataa^a y 
w^tacarij que no puede rehusar ningún gramático: hay 
otras perfectamente significativas y en igual grado 
concisas y aun irreemplazables, como los verbos al/a^ 
rrazar, amprar, antecojer, alreudafj boUear^ ceprenar ^ 
chemecaTy etUrecavary favear^ míiloar: y otrHS, que son 
de composición castellana, con cierta libertad francesa. 
A todas las cuales, que de suyo no tienen equivalencia 
en castellano, hay que añadir, porque tampoco no la 
tienen exacta, las palabras alfarda j almenara^ amel- 

m 

•sta preveDcióD, la palabra ¿ernotco, y la graciosa burla con que ftié talu- 
dada, le determinó á escribir aquella obrita, que en adelante utilizó Domin- 
guex para su Diccionario, así como Mellado para su ^icielopedia. Lo que 
decimos, de ser el de Peralta el único Diccionario, merece un poco de recti- 
ficación ó ampliación. D. Francisco Escuder, D. José Sieso de Bolea y don 
Blas Antonio Nasarrc, introdujeron en el Dicciona io de la Academia, oon 
su carácter de individuos de aquel cuerpo, los aragonesismos que en él se 
leen; pero, dicho sea en paz de la Academia, poco hamejora-lo ésta esapar- 
te de su obra, eu los ciento cincuenta años que ha tenido para estudiarla, 
y no obstante el auxilio que uosotros le hcmo.<^ ofr<>civlo con la primera edi- 
ción de nuestro Diccionario publica in, en 185 >, la cual pudo aprovechar 
para la última del suyo, que os de I.*^: el beneficiado D. Tomás Pascual 
Azpcitía, también académico, extractó autoriiades de voces aragonesas 
tomadas de los Fueros: D. José del Rey, natural de Jaca, escribió en 1738 
Ortogra/ia casttllana y aragonesa: D. Fraucisco de Paula Roa escribió, se- 
gtln Latassa, un Diccionario aragonés en dos tomos, formado con las pala- 
bras extrañas de los Fueros^ obra que no sería tan abultada como la des- 
cribe Latassa, el cual, para caliñcar los libros, solía verlos con cristales 
de aumento: D José Siesso y Bolea, autor de varias obras, que en general 
se conservan manuscritas, entre ellas un Diccionario español etimológico, 
escribij uno de voces provinciales de ArajTún, también con destino & la 
Academia (Biblioteca nacional a. HC). Pero entre tantos autores, nunca ha 
llegado esa Corporación al número áe seiscientas voces, y á veces ha su- 
primido algunas caprichusamente, bautizándolas sin voluntad de ellas, 
como españolas. Peralta, en fin, di6 en Palma, el año 1853, una reimprisión 
de su EfiUivjOy pero sin mejorar ia primera, sobre la cual no hay máa dife- 
rencia. 4ue una sola voz uumentnr*.<i y otra suprimida. 



1^; amosta, aatipoea, anlor, aptrcatm; apiirathimtn- 
ti, atraco, axobar, bimiardo, íoítoso, hoto, brasa!, ca- 
ieeero, eapacear. capJeta, cenero, cfrpú., convenido, CO' 
rreníla. n-njidfr, cwdvjon. fhnrrtidfí,, rmbernv, empeUre. 
fncáhetado, fai'iga, hablada, lorza, mantornar, mn- 
Hanada, viarraga, wasobero, modoso, oleasa, panieero, ■ 
picotear, racimo, rafi, ruello, saso, ttrdada, taste. té- 
melo, terrón, tinglado, vellutero, 'oenora, lahorra y 
sancochar; todas ó casi todas las cuales, y otras que 
»qni no citamos ni definimos para prueba, como quiem 
que lo eatAn en nuestro Diccionario, debieran adoptarse 
como propias en el idioma español, é igualmente las 
que ae citan en la EMCiCLorEotA española. ('', articula 
de Espalla. li}igmstic%, en cuva obra, qne no debe pa- 
recer sospechosa de provincialisrao, se defiende resuel- 
tamente al idioma aragonés y se inculpa gravemente 
á loa castellanos, por el escltisivismo con que proceden 
en materias de leuguaje, prefiriendo en muclios casos 
ostentar au pobreza, m¿s bien qne adoptar de ios dia- 
lectos espaBoles, aquello cu que éstos Íes superan. 

Hemos terminado la tarea que nos babiamos im- 
puesto, á la cual vamos ¿ dar cima, con una sola ob- 
servación. Puesto que se ha perdido literariamente, 
aÚD en las márgenes del Ebro, el habla aragonesa; 
puesto que lejos de iierfeccionarse ni aun conservarse 
estos dialectos, amenazan confundirse poco á poco en el 



(1) .íío^iiinrií, oilor, oiFunrííwa, ag\tii;\, al-ahilla. niuprar, iiiid»Ipila, 
Uif, boiro, bu raJitr, ranirv, corrtnliar, ei'tn, eonro, tuaiirrna, WKttlIhar, 
puq^ tiiajMnCD, mi<iJtro,paJiii, jirtiNi, prinm, rdwur, Innsadtra, ¡ahorra, 
!f %iiMí aeatiutlrar, adula í rinin, i¡iiii una tn rraUdiul eutallanaa. aua^ii* 
imUuUi, como KrB^seHLs. por Ptvalik. 



I iUfUhlBJI, CVLUV Hl^^un 



1S8 

idioma general ; bueno fuera que la lengua conquista- 
dora utilizara en beneficio común, esos restos lingüís- 
ticos, que de otro modo han de perderse, y entonces, 
ya que el vocabulario aragonés, ni se conservara sino 
en libros, como este ü otros de mejor desempeño, ni 
sirviera sino como una curiosidad filológica, contribui- 
rla por lo menos, á enriquecer el acerbo común de la 
sin par lengua española; y, á cambio de tantas glorias 
abdicadas en favor de la unidad ibérica, conservarla 
Aragón la de haber mejorado con su hermoso dialecto, 
el habla rica de Cervantes. 



/ 



ERÓNIMO BORAO. 



VOCABULARIO. 



i 



t 



I 

I 

I 

i 



\ 

i 



I, p., amapola: se suele llamar así, metiifóricamcn- 
le, al simple, ó de pocos alcances ó inluiidadas prelen- 
siones. 

abad, p., cura párroco: los SS. Savall y Penen , editores 
modernos de los Fueros de Aragón, en su Glosario, in- 
terpretan, ampliativamente, clérigo. 

tbadía, p-, casa del cura en algunos pueblos: en las últi- 
mas ediciones de la Academia está, como voz castellana. 

ibadiAdO. a., territorio de U abadía. 

abaratar, n.. se usa en la frase, á aliarcía canciones, para 
denotar, á vil precio, á bajo precio. 

abastar, n., abarcar. 

abasto (dar), n.. balitar; ser bastante ó sulicienteá alguna 
cosa, por ejemplo: tres amanuenses no daban abasto d 
copiar lo que él escribió; no daba cbasto á cortarle pan. 

ibafa^ar, n., agramar ó machacar aluvtas ú otras legum- 
bres, para que suelten el giano de la vaina: ll apalear las 
nuecfs, para que caigan del árbol. 

abatollar, n,, la mi!^masigDiñcdción. 

abdicar, a., revocar; voz forense. 

ab9|«r«, a., colmenar; voz anticuada que Id Academia 



142 A 

consigna como castellana , en su última edición : úsase 

también en Navarra. 
abejero, a., abejaruco. 
ablentar, p., aventar: en Navarra cblendar. 
abog^acion, abogacía: se usa en los fueros. 
abCj), zoquete, generalmente de madera de olmo, que entra 

en el taladro de la muela y en el cual encaja el propalo. 
abolorio, c, abolengo ó retracto gentilicio. 
abollón, a., botón de vides y plantas. 
abollonar, a., brotar de las vides el botón. 
abonico, n., bajito; con tiento. 
aborrecer, n., molestar; cansar; importunar; y asi se dice: 

le aborreció con tantas preguntas: \\ úsase también 

como reflexivo, p. c]r,ya me aborrezco con tanto lim^ 

piar la casa, 
abortin, n., abortón; feto de las rcses. 
abrahonar, c, ceñir por los brahoncs. 
abrevador, c, abrevadero. 
abrigo, n., abrigado; y asi suele decirse estar abrigo^ por 

ir abrigado. 
abrió, n., bestia: la Academia escribe averio, y en autores 

aragoneses se lee averia, como lambic'n en los fueros de 

Aragón. 
abrojos, p., planta; centaurea calcitruvc, . 
abnqarse, n., componerse; llevarse uno: se usa en la tyi- 

Y^TCÚon abrújese V. como pueda. 
acacharse, d., agacharse. 
acaloro, n., acaloramiento; sofocación. 
acampo, c dehesa. 
acantalear, c, caer granizo grueso: |l n.. llover mucho; 

diluviar. 
acapizarse, d.. asirse por las greñas. 
acarrazarse, n., echarse sobre uno, asiéndole fuertemente: 

tiene conexión con el verbo anterior y con el castellano 



I 

^^jjttrriy'íir. aunque es de mas enérgica significación: se 
usa en el participio pasivo y se aplica á las personas y 
animales, y sobre todo a! gato. 

aceitero, n., se aplica, como adjetivo, á los molinos en 
que se estruja la oliva, mientras en Castilla es sustanti- 
vo, que significa el que vende aceite y el cuerno en que 
lo guardan los pastores. 

acerarse, n., di'ccsc de los dientes, cuando padecen la sen- 
sación, llamada dentera. 

acere, n., planta; ccer campestre: la Academia incluyó 
esta palabra, como castellana, en su edición de 1822. en 
significación de árbol. « 

acerola, p., serba. 

acerolo, p-, serbal. 

aceroUa, n., acerola. 

acetre, aguamanil; |{ cu caslelUno calderedx; jj en catalán 
cetrill, alcuza, 

acitara, n., parece significar cantil, en la traducción que 
hace Briz del testamento de Ramiro I , como puede ver* 
se en nuestra Introducción : pero más bien es cobertor: 
cn portugués significó tapete, alccti/c. paño de ra^ y 
aun manto de lela precios^:, según un Elucidario de por- 
tuguesismns antiguos. 

acodarse, n,. clocausl. 

acOBSolado. el egoísta que por nada se aHijc ni molesta. 

aconsolar, consolar; Josc Navarro, poeta estimado del si- 
glo xvir, escribió una poesía titulada Aconsueta á Julia. 

acODtentar á uno, dejarle satisfecho. 

acoplar, a., uncir bestias, a carro ó arado. 

acñtadizos. d., cortaduras ó desperdicios de papel, guau- 
les, ele, 

acorzar. c, acortar. 

acotolar, d., aniquilar; acabar con algima cosa, especial- 
niente con los animales ó frutos de la tierra. 



BÜIar i: ■ Ur^ ar: «t|núr : tramitar ó actuar en lo» pioo^ 
a<K. cuiQO XKitario ó t&cribaiic. 




s.. yéabt AtTOb. 



I. de hecho, secún Savall t Penen. 
r, n.. cubilar. 

n.. cosa, 6 au-ncióo. que exige %a¡úsímoaáa iai- 
perma o g&sto iucTiuhk: y así te dice: mmqmtitmgo re- 
guiares rttOes, m embsrgo, ¡sm Latios ios acmiUerosl 
u D.. ponerse encogido, como im otíDo. 
véate L-^acojtrovApsi, que es más comúo. 
Junta, cooiputsu del Regente, d t^ciodela 
general Gobe^uckki, los Ministros de la Audiencia, 
otros que asistían en el Real nombre y ocho Olputadús 
por cada brazo, que tenían la vez y voz de la corte ge- 
neral. También se usa el verbo cdf^Uvr^ 6 acordar, ó 
resolver, en aquello en que esta Junta entendía. 
iiawiyrftrltr, n., acotar ó ñjar los términos de pastos 
comunes. Úsalo, entre otros. Cuenca, en sus Rkos 
hombres. 
adW ip riOt d., ^do 6 término común de pastos. 
•denprhrio, ademprio. 

adUUr, agregar. 

adimpleilientOi n., cumplimiento de la condición conte- 
nida en alguna escritura, sentencia, etc. 

adinerar^ n., reducir á dinero los efectos ó créditos; hacer 
efectivos los valores. 

a^Judioatura, 1 tigio. 

adoba, n., adobe. 

adolMur, n., preparar; ofrecer algún objeto, en ciertos cere- 
moniales, como se ve en Blancas, hablando de la coro- 
nación de Pedro I V , al menos el arzobispo le adobase 
ó adre:[c:sc Ici corona. En castellano, aderezar ó guisar, y 
aún reparar ó componer. 

fldor. d., turno en el riego. 



14S 



I, n., dote. 



kdrezos ó aderezos, aperos. 

adula, c hato de ganado mayor: n c, terreno que no tie- 
ne riego destinado: |[ n., cada una de las siete suertes de 
tierra que riega la acequia de la Almotilla, término de 
Zaragoza, en cada día de la semana; y así se dice «je 
yenáe un campo en la adula del miércoles^: tiene signi- 
licdción análoga, en algunos pueblos de Navarra , coran 
jíuede verse en el curioso Diccionario de anligSedades 
Je Navarra. 

advenma. a., mejora, que el cónyuge sobrcvivicnlc saca 
de los bienes del consorcio, antes de su ffivisión. 

adreracioHi rcducciónú instrumento público, con varías 
solemnidades, del lestamenio que se hizo, verbalmentc, ó 
sin las que eran necesarias: la Academia di! como anti- 
cuada, una significación análoga, pero menos concreta. 

adTerar. vcriticar la adveración de un testamento. 

adusto, n.. tieso; inflexible; (antigua menie, se decía liessc 
y hoy dice la plebe, lierco). 

'. gastar; robar; así en catalán, 
a., afán ó fatiga. 

a-, formar hacinas ó fascalcs, de á treinta hao». 

afi^. a., tijar; ant. 

afinoamento, a., ajuste que se liacía li los criiidos; ant. 

afirmar, a., habitar ó residir; ant. 

afirmarse, d., ajustarse ó contratarse los criados. 

afrecho, p.. salvado: se usa en Andalucía y Extremadura. 
sef;ún la .-Vcadcraia. 

abanarse, ponerse en ganas de hacer alguna cosa. 

ai^OSÍÍn. el tiempo y el empleo del mozo agostero. 

agramar, c, machacar lino, cíiñamo ú otra planta. 

agramila, n., agramadera. 

^iia, n., estar agua al ctieí/o; hallarse en grande aprieto; 
equivale á la frase de la Academia, estar acua á la gar- 



146 A 

grjiUz: II n., echar el agua de S, Gregorio , reprender 
con toda lisura y aún impertinencia: || n., sacar polvo 
del agtic, fr. equivalente, á sacar agua de las piedras. 
aguacibera, a., tierra sembrada en seco y regada después. 
aguachinar, a., cnguazar ó llenar de agua las tierras: || n., 
se dice del estómago, cuando esta descompuesto por so- 
bra de líquidos no digeridos; de las patatas, cuando no 
tienen carácter farináceo sino cri^alino; y en general de 
varios comestibles, cuando tienen propiedades análogas. 

aguada, n., rocío de la mañana. 

aguaitar, c, acechar: la Academia coloca esta voz entre 
las que, ya anticuadas, son hoy do uso de la gente vul- 
gar. En documentos antiguos de Navarra, se vé usado el 
verbo goaitar y aún el sustantivo goai, vigilante. Pue- 
de verse la voz guaytas. en la obra que escribió sobre el 
Fuero de Aviles el Sr. Guerra y Orbe. Leemos que en 
el siglo xn, un guaité ó centinela anunciaba el alba 
y el sol en la Provenza, para llamar al campo á los labra- 
dores. 

agua-llevado, n.. limpia en los canales ó acequias, que se 
practica, removiendo la tierra que ha cargado al fondo y 
soltando el agua, para que la arrastre en su corriente. 

aguatiello. d., abertura practicada en la pared, para dc.*^- 
pcdir el agua de los patios ó calles. 

agüera, a., zanja para encaminar el agua llevadiza á las 
heredades: || a., acequia para dirigir el agua pluvial á los 
campos. 

aguilarse, aplomarse: emperezarse en algún sitio, en que 
uno se encuentra á gusto: se usa en el Alto Aragón. 

aguilon, n.. se dice del madero que'pasa de 40 palmos. 

»guja, d.. altiler: tambie'n se llama al alhler. aguja de ca- 
beza: (| a., la púa tierna del árbol que sirve para ingertar. 

aguzar, a., azuzar. 

ahojar, a., comer los ganados la hoja de los árboles. 



L.. 



147 

'AOTcado. n.. tener huesa de ahorcado, liignilica ser muy 
afoniinado en (oda empresa. En el juego tlel dominó, la 
ficha doble que no puede colocarse, por haber jugado to- 
das las de su palo ó ni'imero. 
n., aligerado de ropa. 

n.. aligerarse de ropa; se acompaña con este 
*ustantivo. 

ahorro, dícesc del que LMmina solo: || voz de algunas loca- 
lidades. 

ahilerar, n., ahujcrcar: ll n.. ahujerar los oídos, cansará 
con la demasiada conversación ó bulla. 

ahDJero, n.. agujero: ]i también Inijero. 
'n, se usa en la frase, ir ti¡ aire de ¡u tierra, que signí' 
fica. ir por donde piensa uno ó tiene el instinto de que 
ha de llegar al pueblo que busca. 

t^ada. n.. azadu. 

a^oarriero. n.. guiso particular del bacalao, que consiste. 
en deshacerlo á menudas rajas y servirlo con ajo y es- 
pecias y sin espinas. 

ajo de culebra, n., planta; cUium roseum. 

^OliO. a., salsa de ojos y aceite, á que se pueden agregar 
vcmjs de huevo. 

ítjordar. a,, esforzar la voz; gritar hasta cnronquecer 

^justarse, a., arrimarse á alguna parle. 

alacena, nicho en el cementerio, según Marión. 

alacet J. fnndamcnto de un edificio. 

aladmo. cierta ex com unión que fulminahan los judíos, 

aladrada, a., surco abierto en la tierra con el arado. 

aladrar, arar la tierra, como en las montanas de Rilrgos, 
que es. á donde lo refiere la Academia. 

«ladro, c, arado. 

alaica, a., hormiga aluda. 

alalimón, juego de muchachos, que consisle, en una dnn- 



rcular, í 



mpañnda de un contar, que coroicn«i con 



148 A 

aquella palabra, la cual es corrupción de Hola lirón. A 
la comedia de Miguel Santos titulada, La Guarda cuida' 
dosa, preceden una Loa y un baile de la Maya, y en 
éste se halla, algo variado, ese juego que empieza: 

Hola lirón, lirón, 

De dónde penis de andaré? 

y después dice, exactamente, como hoy: 

— No tenemos dinero. 
— Nosotros los daremos. 
— De qué son los dineros? 
— De cascaras de hueros, etc. 

alambrado, alambrera. 

alambrar, la frase, ya viene alambrando por los Monte- 
POS., que significa, ya pasa la nube y asoma el sol por 
los cerros, nos ha sido comunicada, con algunas otras, 
por el distinguido escritor D. Vicente Lafuente. 

alambre, c, hilo de hierro: se usa en la Gran conquista 
de Ultramar, de D. Alonso el Sabio, publicada en Sa- 
lamanca en i5o3, y en Madrid en i858 por Gayangos. 

alambres, utensilios de metal que constituyen la espetera. 

alamín, n., guarda de aguas: se usa en los pueblos Hmí- 
iroícs con Navarra, en donde es más común esa voz. 
que la Academia incluye con otro significado: || n., espe- 
cie uc alguacil entre los sarracenos, el cual podía termi- 
nar las causas mínimas, que no cxccdian de dos sueldos. 

alargadera, n.. sarmiento amugronado ó que deja de po- 
darse, para amugronarlo. 

alaije, cierto tributo mencionado, en la escritura de com- 
pra del Almudí de Zaragoza por el Marque's de Perales. 
según nos lo asegura un conocido Abogado. 

alaton, a., almez y su fruto. 

alatonero , a . , almez . 

albada, a. , alborada ó música de las aldeas: || a. jabonera: 



A 149 

II n. , canto de la alborada; genero de composición 
poética . 

tlb«hae« de moate, n., planta. 

albala. lurmino de una ciudad, se^ún Yanguas; || caserío, 
en ese termino. 

albaneque, albaneja;antii:. 

albar [TiEnRA), n., licrra blanca ó de sembradura. 

albaran, a. , papel de alquiler: || a., ce'dulai || a., papel de 
obligación privada: || d., papeleta que acredita el cumpli- 
miento de parroquia; || n., factura del peso del carbón. 

•Ibardar, en la frase no dejarse albardar significa, no 
dejarse imponer. 

albarrano, n.. gitano: en Castilla albarráii, el que no tie- 
ne domicilio fijo: II n., id est quod exiranetts, iiice Miguel 
del Molino en su Repertorio. 

albelIOD. a., arbellónóarbollún: II c. albañal: || d., con- 
ducto subterráneo de piedra para dar salida a las aguas 
de los campos, sin perjuicio de la labor. 

alberca. depósito de aguas para podrir los cáñamos: tam- 
bién se usa el verbo aibercar. 

alber^, a., albaricoque. 

albergero. a., albaricoquero. 

albohol de Castilla, n.. planta salsugirosa y puivuruleiyn. 

albolg:a. .!., alholba; planta. 

alborocara. íi., madroño; arbusto. 

alcacer n.. alfalfa ú alfalfe, scgi'm Cuenca: en Casiüla ce- 
bada verde en yerba. 

llcaliiiete, n.. chismoso. 

alcahuetear, n., chismear; denunciar. 

alcaidado. n., alcaidía ó atcaidiado: hemos visto esa pala- 
bra, como cargo clerical. 

alcaide de la honor, d jefe de la casa de Mancebía. 

alcalá, tapiz según unos; cortinaje según otros; pabellón 
de cama y aún mosquitera, según Ducangc, pues define 



150 A 

velamentum ad prohibendos ctdices: según ese autor la 
verdadera lectura de esa voz es aleara ó alearía^ en cuyo 
caso la voz alcapia pudiera ser una fácil errata de copia 
ó impresión y quedaba definida, sin las dudas con que 
á continuación la explicamos. 

alcavia, Blancas dice: á las espaldas de dicho asentamien- 
to estaba un rico paño^ (suponemos que alude al dosel) 
una banda de oro éotra de tapete carmesí^ (las barras de 
Aragón) sobre una alcapia morisca de oro é sirgo^ que 
sería una alfombra ó alcalá. 

alcazaria, plaza-mercado de los judíos, cedijicium forum\ 
y según Miguel del lAolmo^ platea parva. 

alcobilla, a. , chimenea para calentarse: || n. , sala en que 
está colocada. 

aleonar, d., acortar. 

alcorce, n., atajo. 

aldaca, pecho de la espalda del carnero, que los moros 
pagaban al Sr. de Fontellas. 

aldraguero, n., chismoso; enredador; desocupado; busca 
ruidos : úsase principalmente, en los pueblos limítrofes 
con Navarra. Quizá de ultra gerere, meterse en nego- 
cios ajenos. 

alegrarse, a., gozan en est*e sentido y como forense anti- 
guo, lo consigna la Academia, entre las voces provincia- 
les de Aragón. 

alera, a., llanura en que se hallan las eras: i| d., alera fo- 
RAL, pastos comunes a dos ó más pueblos, con exclusión 
de viñas, huertas y sembrados: Uámanse IdiVnhxén pastos 
/orales, y son, para pastar los ganados de sol á sol. 

alfa, bóveda á ladrillo plano: generalmente se sobreponen 
dos ó más. 

alfalce, 

alfalfez.} a., alfalfa. 

alfaz, 



, contri buciún por el derecho de aguas de algún 
[¿rmino: la genlc rústica dice i veces Jardc: || n,, tributo 

~que pagaban algunos moros y judíos á los príncipes cris- 
liniios. se^ún Ducangc. 

alfordero. a., el que cobra el derecho de alfarda. 

alfardilla, a., pago por la limpia de acequias menores 

alfardon. a., anillo de hierro que va suelto cu el eje del 
carro, entre la clavija y la caja: {| d-, arandela. 

al&nna. a., alhargama; planta. 

al arrazar, a, ajustar por un tanto alzado, el pago de 
dic/.mo de todo fruto en verde 

aliendoz. n.. regaliz. 

alferraz, n., una de tas variedades del halcón. 

alfetna. n.. sedición; guerra intestina, según Ducnnge, 
;ipoyjJoenun documento de Sancho Ramírez de Pam- 
plona. 1073, en donde se lee cl/edina. 

aUíMdegero, n.. encargado de la alfóndiga 

alfóndísa. c. alhóndiga. 

alforado. caballo encubertado de aicro ó hierro* ó noble, 
^egúri Bofarull. 

algarazo, n., lluvia corta (rujiazo). 

algOiÍD, a,, atajadizo para colocar la aceiiuna, con sepa- 
ración de clase ó dueño, hasta prensarla: |{ d.. siiío para 
tener á mano la harina, cebada, etc. 

alguarin. a., cuarto bajo: j| a., pilón donde cae la harina 
que sale de lu muela, 

algoaza, a., bisagra ó gozne: n (del árabe ar-ra^a). 
algoinio. a,, cesto ó cesta. No se hulla en las últimas edi- 
ciones de la Academia. 

A, el agua que daba Tarazona á Tudela, ciertos días. 
lobea, no vemos en Ducange. ni en Dozy, ni en otro 
Gloscrio, esa palabra, pero la hallamos en un privilegio 
mes de 1093. unida siempre á las mezquitas, en esta 
Vlbrma: cum n>e!{qu¡ía el alliobeis eius....eí Mezquitas 



152 A 

de Saraniana cum alhobeis earum, y presumimos que 
significa distrito ó radio: también Ducange sospecha que 
sea sinónimo de Alfo\; según ese autor Alhob\eSy sig- 
nifica arces et castella. 

alhodera, n., en documento citado por Briz Martínez se 
lee : non ponam tibi alaquia aut alhodera qua Ubi te- 
rram tucm tollam. 

aliazira: no hemos hallado esta voz, ni en el inmenso Gi(h 
serio de Ducange y Carpantier, ni en el de Dozy y En- 
gelmann, ni en muchos otros, pero nos inclinamos á 
creer que significa almenara, ó desagüe, ó escorredero, á 
juzgar por estos pasajes de un privilegio de Sancho Ra- 
mírez á la Iglesia de Monte- Aragón , en 1086: cum tilo 
molino de Scmgarren cum totas suas alia^iras antíquas, 
de subtus illo de Sangarren; — cum illo solare de tilo 
molino quifuit subtus illo pueyo cum totas suas alia\i- 
ras antiquas de illa via que vadit ad osea usque /lumen 
et usque ad illas alia\iras de illo molino de Ahina- 
beendin, 

alicincano, n., piojo aludo; voz familiar: en Castilla, oí/i- 
ccno, piojo: \\ n., alguna cosa incómoda de que uno se 
liberta. 

alicas, porciones de terreno en el monte. 

alicortado, n., el que por algún contratiempo, ya no se ha- 
lla, ni en la disposición, ni con el animo, que antes tenía. 

alifara, a., convite o merienda: según Dozy, fué, sobre 
precio que daba el comprador; después la comida que le 
sustituyo; y luego toda comida de amigos. 

aliron, p., alón desplumado: solo se halla en las últimas 
ediciones de la Academia. 

aliviador, trozo de madera ó hierro, con que se da el tem- 
ple á la muela harinera ó se ponen, á conveniente distan- 
cia, la superior y la interior. 

algecería, c yesería. 



A 158 

aljecero, a., yesero. 

ayez, a., yeso: en Castilla yeso en piedra. 

acezar, c, yesar. 

a^ezon, c, yesón. 

almadía, a., armadía ó balsa de maderos: || d., conjunto de 

ellos para trasportarlos por el rio: || nombre de canoa 

india. 
afanarrega, n., la manta 6 piel de ínfima clase, con que se 

cubre á las bestias de carga. 



a., almáciga ó almástiga; especie de resina: 

alauurtec, ( ant., almastre. La Academia también 

almazaque, ( incluye mdsticis y los Fueros aragoneses 

) mastech. 

almeiiara, a., zanja que conduce al río, el agua sobrante 
de las acequias: canal para llevar el agua á un castillo: 
en Maccari, autor árabe que publicó Gayangos, significa 
canal ó acueducto. 

almendrera (florecer la), a., encanecer prematuramen- 
te, pues ese árbol echa pronto la fior, que es blanca. 

almooeda, el agua que, durante tres días al mes, disfruta* 
ban el río Queiles y sus regantes. 

almogávares, c. ,tropa irregular, muy famosa en Aragón. 

almucia, así se designa, en las Sinodales de García Fer- 
nández de Heredia, iSgB, á la muceta que llevaban só- 
brelos hombros, los eclesiásticos de la Corona de Aragón.* 

almud, p., medida que consiste, en la dozava parte de la 
fanega aragonesa. 

almudaina, Pretorio, según Ducange. 

almudí, p., albóndiga: || a., medida de seis cahices. 

almudin, a., almudí; en Aragón y Murcia. 

abnnertas (y mejor almuestas), a., impuesto sobre los 
granos vendidos en la Albóndiga. 

almudaina, n., zalmedina, ó zavalmedina , ó pretor urba- 
no, ó el mismb pretorio, según Ducange. 



154 A 

almudatafe, n.^ fiel de pesos y medidas: también almoda- 
\aje y almudaface: en latín bárbaro mostasafus y su 
oficio mostcsajía. 

almunia, n., torre con su heredamiento. 

almutacas, n., cargo ü oficio publico, que, tal vez por ha- 
llarse escrito con cedilla y s larga, venga á ser el de aU 
muta^^af: hállase como una de las firmas, en la escritura, 
pública testificada, á principios del siglo xvii, por el es- 
cribano Yagüe y relativa al suceso trágico de los Aman- 
tes de Teruel. 

\ a., almotacén ó fiel de pesos y medidas v 

almiiza, n., capillo; esclavina, ó muceta que también se 
designaba con el diminutivo almúcella: en catalán ¿7/- 
tnussa y crmussa^ tienen la misma significación. 

alongar, conceder moratoria. 

aloton, a., almeza; fruto del almez. 

alparcera, se dice de la mujer entrometida , encubridora, 
ociosa, y busca nidos; pero no tiene tanta significación 
como el castellano antiguo aparcera, que significa man- 
ceba, como si se indicara que iba á la parte con todos. 

alquez, c, medida de doce cántaros de vino. 

alquival, paramento de cielo ó pabellón de cama. 

-alud, a., caida de la nieve de los montes á los valles, en 
gran cantidad y con estrépito. 

aluda, piel para guantes. 

alu^rar, a., columbrar: ver con prontitud: proveer. 

alum, a., alumbre. 

alvalribiera, yerba del vidrio: quizá alvitrinira: voz 
usada por Ebn Buclarix, hacia 1 1 10, en Zaragoza: el GS- 
dice de Ñapóles se inclina á la primera de aquellas vo- 
ces, los de Madrid y Leyden se inclinan á la segunda. 

alvidríado, se aplica á la vasija vidriada ó barnizada en 



A 15& 

sus paredes interiores, para hacerla menos porosa. 

alvidriar, vidriar: la Academia incluye esta voz, como 
usada en algunas provincias. 

alzado, n., robo; hurto y en general, toda sustracción ma* 
liciosa. 

amagar, esconder. 

amagatorio, escondite. 

amalTOzarse, d.., aficionarse; cebarse. 

amalladar, n., malladar. 

amanta, c, mucho: la Academia escribe á manta y lo ha- 
ce sinónimo de la expresión como tierra: en el Libro de 
los cantares de Trueba se lee \yo tengo novios d manta. 
También se usa en los Proverbios ejemplares de Ruiz 
Aguilera. 

amdgado, a., la obra de amojonar la tierra. 

^^ . ' n., acción y efecto de amelgar. 

amelgamiento, \ ' ^ ^ 

amelgar, a., amojonar, en señal de derecho ó posesión: en 

Castilla abrir surcos para sembrar. 
amerar, a., merar; mezclar agua con vino ú otro líquido: 

dícese amerar la olla cuando se echa nuevamente, agua. 
amorgonar, a., amugronar ó tender los sarmientos bajo 

de tierra para que arraiguen. 
amosta, d., adverbio que denota lo que puede cogerse ó 

apararse con las dos manos juntas. 
ampara, a., embargo de bienes muebles. Usase también 

en Navarra. 
amparar, embargar bienes muebles. 
amparo, n., brizna; pizca: dícese no hay ni un amparo de 

cosecha; no ha quedado ni amparo de aceite. 
amprado, n., lo que se tiei\e ó lleva de prestado. 
anprar, a., tomar prestado: la Academia y el Diccionario 

aragonés de Peralta añaden, que significa también, pedir 

prestado. Timoneda en su Sobremesa dice: hipara ampa- 



156 A 

rarle un ducadoy que tenia grandísima necesidad de élfl) 
(Nótese su parentesco con el emprunter francés). 

ampras, quizá empréstitos ó adelantos. Muerto Femando 
el Católico hubo disturbios entre los Cerdanes, señores 
de Sobradiel y Pinseque y ansi la una parte como la 
otra facen amprasy ajustes de gentes así de d caballo 
como de á pié para facerse guerra desaforada, según 
informó Pedro de Cunchillos, nombrado para meter paz 
entre ellos. 

ampricia, n., sumaria; voz anticuada que, tomada de los 
fueros de Aragón, incluyó la Academia, en la edición 
príncipe de su Diccionario. 

amputar, n., suprimir; quitar: la Academia, en su Diccio- 
nario primitivo de 1726, incluye esta voz, como aragone- 
sa, en sentido figurado y cita aquellas palabras de nues- 
tros fueros amputando los tiempos supérfluos, 

ana, n., se dice en algunas localidades And que llegue y te 
escribiré^ que es como decir, asi que llegue, ó al punto 
que llegue, te escribiré. 

ancharía, a., anchura: en Castilla la de las telas entre los 
comerciantes ó mercaderes. 

ancheza, a., anchura; voz anticuada. 

andada, n., el terreno en que suele pastar un ganado, o 
en que pastó algún día determinado. 

andaderas, d., seca, sequilla ó hinchazón en las glándulas. 

andador, c, andén; calle ó paseo en los jardines. 

andalocio, d., lluvia de corta duración. 

andarío, n., ave. 

aneto, aneldo ó eneldo; yerba medicinal. (E. Buclarix). 

ang;anillas, n., angarillas ó aguaderas: || n., angarillas ó 

(1) Después hemos loido un Certamen celebrado en Benabarre, 1082, y on 
él unas octavas de doüa Magdalena Calasanz de Bardají con o<?te verso: 
Ampyú ti Ja CalalUna (fuente Hipocrene) /os criatales. 



A. Ib7 

n cuyo sentido emplea» aquella voz los fue- 
ros de Aragón. 

anhelantes n n., nombre de una Academia zaragozana del 
Siglo de oro, de que nos queda como muestra, el Mauso- 
leo que dedicó en i636, á Baltasar Andrés de Ustarroz. 
discípulo prcdikcto de Simón Abril. 

aníebltulo, n., entontecido; alelado; asustado: suspenso. 

anieblarse, n,, hallarse en cierto estado de distracción. 
Icicz ó aturdimiento. 

annotar. secuestrar, según el Glosario de Sav;ill y Penen, 

ansotano, el natural de Ansó en los Pirineos. 

aateecoger, a., coger las frutas antes de su madure/,. 

antibo. n., remolino de agua, á causa de detenerse en un 
canal para encaminarse A olro. Véase kntibo, que es más 
frecueute. 

aatiparte. apune de e.sto. Hemos nido algunas veces esta 
bella locución : Antiparte y atajando d V. sus buenas 
rabones. . . 

antipoca. a., escritura de reconocimiento de un censo y 
aiin de cualquiera crédito. 

ant^^OCar, a., reconocer un censo, en instrumento público: 
II a., volver á hacer una cosa obligatoria que estuvo en 
suspenso. 

astor, a., vendedora] cual se compró de buena fe una coso 
hurlada : II noticia ; por ciemplo: No he tenido antor de 
la riiui de esta noche. { En Alpartir.} 

antorcbera. d., velón de cobre: en Cuslüla candelercí ó 
araña en que ponían las antorchas. 

aotoria, a., hecho de descubrir al autor ó primer vende- 
dor de una cosa hurtada. 

antosta, a,, tabique; otros dicen e«/oííii.- il n., estiércol en- 
durecido del ganado. 

anzolero, a., el que fabrica ó vende anzuelos. 

I, n., el artesano que se ajusta para un año: es voz 



158 A 

generalmente usada entre los sastres, quienes denotan 
con ella, á uno que ni es mancebo, ni aprendiz. 
apabilado, n., decaído; desmerecido; alicaido. 
apabilarse) n., experimentar cierta congoja, ai sufrirla 
" impresión de miasmas pútridos ó deletéreos. 

apandar, n., procurar y conseguir la posición de algo: 
tiene significación, algún tanto parecida, con el acccparer 
francés, que algunos han españolizado, indebidamente. 
apaña-cuencos, n. , el que se dedica á componer vasijas de 
barro, para lo cual pasea las calles, anunciándose á gran- 
des gritos, de donde nace que al cantante de mucha voz. 
/ pero de mal gusto, suela designársele con esc nombre. 

r apañar, a., remendar ó componer lo que está roto: se usa 

también en Murcia, como la voz siguiente. 
apaño, a, remiendo; reparo ó composición. 
aparador, a., vasar: algunos dicen parador , 
aparatarse, n., se dice del horizonte ó de la atmósfera, 
cuando anuncian inminentemente la lluvia, piedra, nie- 
ve ó granizo: en el mismo sentido se dice, que el cielo 
está aparatado; vocablo que no incluimos, ya por ser un 
\- derivado, de los cuales solemos prescindir por demasia- 

do notorios, ya por incluirlo la Academia, aunque con 
** la definición general de preparado, dispuesto. 

aparatero, n., el que pondera, con exceso, la importancia 

de una cosa: en ocasiones es sinónimo de aparatoso; voz 

castellana anticuada. 

aparatos, n., grandes estremos en cosa que no merece tan- 

_ ta importancia: úsase generalmente en plural. 

""^ aparejo redondo, el traje propio de nuestras labradoras. 

aparicio, epifanía, según el Glosario de Savall y Penen. 
aparte, a., el espacio ó hueco que se deja entre dos pa- 
labras. 
' apatusca, n., juego que consiste, en tomar número de or- 

den, arrojando cada cual una moneda hacia un guijarro, 



A BB 

ito. y. apiladas ac|uéUas, golpearlas cada uno á su 

con una piedra [ciialquitra que sea la posición en 

jan quedado ii cada tiro ó suerte), y hacer suyas 

que al golpe jircsenicn el anverso: algunos dan esc 

nombre á otros juegos igualinenic sencillos. II En la F^^e• 

toncUiáit, breve poema de principios del siglo xvii.se lee: 

Piensas que es ¡gobernar el carro ftcnnoso 

jugar d la patuscct ó d Ur diuecn? 

tpattiSCO. n , voy. lamiiiar de desprecio, principalmente. 

contra los muchachos. 
ipeHidtnte, n.. d que presenta |,K'dimcnlQ para incoar el 

juicio de aprehensión ó inventario. 
apellido, a., causa ó proceso en que, por la conveniencia 
de su publicidad, pueden intervenir como testigos ó de- 
clarantes, cuantos quieran: [| n.^ pedimento en que se so- 
licitan los juicios Humados de aprehcnsi<'m c inventarío 
ipenamíento, intimación de pena; también apenado. 
apenar, a,, intimar una pena, ya señalada de antemano: 
Itiísase, principalmente, contra los que entran ú hacín 
'ar animales de pasto, en propiedad ajena. Se ha 
lilido con desacierto, en la última edición de la Aca- 
demiíi. 

l^tecorado. n., preso; ocup.idu; detenido: se aplica tam- 
bién li los ganados. 
apercazar. d.. coger con alguna diHi:ullad. 
apero, n., se dice ¡buen apero.', por el que no sirve para 

el objeto á que se le llama ódcslina. 
qiestañado, n.. se aplica en el lenguaje de carpintería, á 
lo que monta ó acahalla para asvgur.tr mis el encaje ó 
la defcns;i. como sucede en las puertas ó en las maderas 
de los balcones. 
apestañar, n., vocablo derivado ó sacado del anterior. 
apetencia, c, apetito: voz que el diccionario de Peralta 
iacluje. como aragonesa anticuada. 



I apeoai 

■teutrt 

|Min)ii 



leo A 

apezocar, n., chocar dos carruajes por ci pezón. 

aplastarse, n., fijarse ó detenerse demasiado en algún 
punto: es como se ve, acepción metafórica, pero muy 
general. 

aplegar, a., arrimar ó llegar una cosa á otra; congregar: 
en Castilla es voz anticuada, que significa, allegar ó re- 
coger. 

Í^K>ca, a., recibo ó carta de pago: || d., testimonio que dan 
los sacerdotes por las misas de encargo que han cele- 
brado. , 

^pocflgarae, aficionarse demasiado á alguna cosa y ape- 
nas salir de ella. 

apoticario, a., boticario: en Castilla se decía antes apote- 
cario, 

lyrehensión, a., juicio de los cuatro privilegiados, que 
consistía, en poner bajo la jurisdicción real la cosa apre- 
hendida, mientras se justificaba la verdadera pertenencia. 

apoftadar, a., apuñear; dar de puñadas. 

apu&egar, apuñear: lo hemos oido en este refrán, tanto 
te quiero que te apuñego: otros abuñegar, molestar con 
obsequios desmedidos. 

apuradamente, n.. cabalmente; puntualmente; casual- 
mente. 

apurar, n., poner á alguno en apuro, cualquiera dificultad 
ó hacienda. 

aipiebrazarse, d., formarse herpes ó quiebras, en pies ó 
manos. 

aquel, no tener ese aquel que es necesario; por carecer 
del juicio ó talento conveniente. 

aradro, a., arado ó aladro. 

aragonense, lo relativo á Aragón: usa esta voz Briz Mar- 
tínez. 

aragonito, cristalización de carbonato de sal^ abundante 
en Aragón; (voz científica). ' 




, araño; arañazo. 

arañon, a. .endrino, árbol y endrina, fruto;i:iruelosilvcscrc. 

arbanches, garbanzo.':-, se halla en Ebn BucLirix- 

arbCija, n., planta; Ir.lhyriis íiphccr.. 

artaollon, a,, arbollón ñ desaguadero de l'is est.ini^ucs. pa- 
lios, etc. 

lUrbiUos. inteí^linos de carnero, de unos cinco palmos, c^ue 
sirven para cmbuiidos. 

aroada, n.. arco li ojo de puente: el mismo nombre tenia 
en Navarra, como se puede ver. en el Diciioiic.rhi desús 
'.ntigHedades: crt. Capr.rruso. 
arcaduz. 

sistema de arcaduce.^ o sinipicmcnlc. arca- 
duz: e.sa terminación de participio . no se incluye en el 
Diccionario de la Academia. 

arcai. n., andas ó caja, en que se lleva á enterrar á los di- 
funtos: II estante ó anaijucl. si no es (lue sea urciin, como 
en cspaiíol, según estos dos textos de /). Clarisel de les 
íVür«, novela caballeresca de Jerónimo Urrca, que se 
^. conserva ine'dita en Zaragoza: |] Fi^o meter en su apo- 
sentó muchos ahcaces llenos de libros\ — Un graidc *k- 
TAZ que Heno de libros era. ' 

arcén, a., brocal de pozo. 

areia, derecho de tomar por nodriza a la íivrva. 

arcíprestado, n., arcípreslazgo ú arcipre&tadgo. 

ares y mares 'tenetií, n., poseer cuantiosos bienes; pero 
!;cn-jra¡mente, se usa irónica ó dubitalívamenie: también 
^e dice, contar tires y mcres. 

argadillo.a., cestón de mimbres: dfccseiambién.irri'íTi/yc 

argeat. a., pkia,- [voz antic. ■ 

ai^eotario, n., ayudante de cocina. * 

arguellado, c. desmedrado físicamente. 

arguellarse, a., quedar desmejorado y enfermizo: II d., no 
'blanquearla ropa lo que debiera: ||n., desmerecer la 



ie2 A 

ropa por extrema suciedad o descuido: || n., esUu: car- 
gada de censos alguna hacienda : esta acepción se halla, 
en la primera edición del Diccionario de la Academia. 

arguello, c, desmedro: || d., suciedad: || n. . muchedum- 
bre y carga de censos sobre una hacienda. 

arguelluz, n., respectivo de arguellado. 

arguiñO, n., espuerta de mimbres, mayor que el corvillo. 

aribár, n., aspar. 

aribo y aribcd, d., aspa. 

arienzo, a., adarme ó décima sexta parte de una onza. 

annadia, c, almadia. 

ama, a., vaso de colmena: también se usan anuzl y ar- 
nera^ en sentido de colmenar. 

arnés (jlstas dkl) , torneos que celebraba la Cofradía lic 
San Jorge de Zaragoza. 

aro (echar por el;, n., comer: engullir; embaular. 

arquero, el guardador del archivo, y aun de las cosas de 
mayor confianza: esto dice Martón, aludiendo á don 
.luán Collados, monje de Santa Engracia. 

arquimesa, a., papelera ó escritorio; || armario pequeño, 
que se coloca sobre una mesa y tiene varias divisiones: 
todo bajo llave, adornándole, comunmente, mucha Líber 
lie embutidos, ele. 

arquivero. archivero: así se titula el que lo fue de los Dii 
ques de Villahermosa en i-^/j, Jaan de Mongay: po- 
nemos esa palabra, por lo que aclara la elimolo::¡'a de isc 
cargo. 

arradan, n., alacrán: en Castilla, árbol. 

arramblar, c, llenar de arena, los arrovos ótorrentci.. la 
tierra que han cubierto en una avenida: || c, llevarse uno. 
con codicia, muchas cosas ó todas las de una especie. 

arrancadero, a., la parte más i^ruesa del canon de la es- 
copeta. 

arrancasiega, a., riña ó quimera de palabras injuriosas. 



A ir-a 

arritncura. n.. i,jui;¡u. pteiio: liligío: es voi ;inticuiidu y lo- 

muJ,i tic documenrob latinos. 
arre, n.. caballería de monta ó Je liro. 
urear, n., andar: marchar; partir: || p.. ej. arree á Ices- 

cuelc: (es de uso vulgar). 
•rreniatar- n.. rematar; dar término iJ lin á alguna cosa: 

II en la Crónica rimadc del Cid. v. 575. se lee, Cuantas 

íosas coinenscres. arhematahlas con tu mano. 
arreo, se dÍLewAí:ru«íirrffü. por un tumo ¿vuelta de beber. 
arrequÍTes- p.. adornos ú atavíos, 
arrimadillo, n.. friso pintado en la pared, que. comiin- 

nn.niL', es veteado y alzado, como una vara, desde el 

piso: en algunas partes es. la esteriltu ó friso arrimado ó 

clavado íí la pared. 
arrobadera. | , , 

arrobador ¡"-robadera. 
arrobar. ».. se usa en la frase, r.rrokzr Ir. íierrr, que sig- 

niticj, trasladarla de un punto á otro, dentro de la obra 

en que se (rabaja: || igualar Va tierra, después de pasada 

por reja, como preparación para la siembra. 
■rrobero, n., cargador o mozo de cordel, principalmente, 

para conducir aceite. 
arróbela, n.. medida de aceite de 24 Hbrus, á diferencia 

de lii arroba que es de %. 
amdillo. arrullo: en un libro manuscrito, que posee la 

t iiiversiJad de Zaragoza, se lee: 

Todo el aire j-un pobU'.mio 
con sus tiernos .utnLtiiLLos. 
Rrtar. a,, precisar; obligar. 
artatÍTO, n.. obligatorio: se lee en los a. a. aragoneses 

crclr.tíj'o. 
artíenlBta. n.. el conjunto de artículos ó proposiciones 

que se asientan en la demanda, como objeto de prueba, 
1 tramitación del proceso. 



164 4 

artiga, c.. liern». rcv:ien roluraila. 

artiquero^ el que cultiva las rj'íicízs. como dicen alguno?. 

ó las íirtigcs, como se dice cu castellano. 
arto, c, espino. 

artolas, aparejo, en forma de silletas, para caK'Igar. 
artos, p., cambronera. 
arzinto vivo, azoí.,aie. 
arzolla. a., planta; pero distinta de otra conocida, con ese 

nombre, en Castilla. 
asado, se usa en la :rase. que se j.\:S(: el í\scJüj para denotar 

que se pierde la oj^orlunidad: cruu un mente, se emplea 

en sentido irónico. 
asestadero, a., .sesteadero ó lugar donde sestea el ganado. 
asestar, n., sestear el ganado. 
asignados, los componentes la Junta de i^obierno en la 

universidad de Zaragoza: Pedro Melero dedicó su Cojn- 

pendió de los números jr proporciones, impreso por Cosí. 

en 1 535, al rixfou y ashínados de la i universidad. 
asignatura, Juma de Gobierno en la Universidad: ei^ 

Huesca la formaban, en 1473. el Obi.>po.un cp.nón^- 

:;o. el Prior d.- lo.. Junidc^s v \\u cin ^.hlano: v d^-r^puc*.. 

dos catedrático^. 
asin. a., así. 

asina, n., así: cu Ca-iina anlic. 
asisia. a., cláur ula de jm-"..>o. y |M-¡r,c¡j-:il.iiculc. \c. q- -^ 

contiene depos:."i('in de le>:¡<:i)s: jj a.. i\* íi?ncn'"o sol-rj >]- 

gún incidente. 
ainada, n. bonícavKr. burrada: en u-'ias dJcim.is ci;',?»»; i.-' 

P. Isla, con iv.C'l'vo del.: C Jvi iresnia vjue piLdic'^ lu el 

lío'^pital de Zar.í-jo.^a. afu» 1757. se lee: 

Ai? :;!:i.:Jr rs/d r fren! \i\ 
:\^SíirosL: i* rZwr/'/.i':. 
lloróse. y izrrcpcníidii 
de beber hecho tel '^Sívidc. 




para ahrmar < 



(a., ihsirumenlo Je < 

asnillo. \ asador, 

asol&rse. J.- adararse loslk'ores, bajando al Ibndo las par- 
tículas más gruesas. 

UOTSn, con frtaiencia; deriva de souvent , Irancés: en 
algunos localidades, recibe la significación diferente de. 
poco á poco: despacio. 

aspeado. mallraCido por la fatiga del camino; la Acade- 
mia admite despearse y algunos derivados. 

asqufllos, n., este diminutivo, que no incluye la Acade- 
mia, se halla usado en la frase, hacer csquilhs, que sig- 
nifica, desdeñar: no dar importancia á alguna cosa. 

Uiunir, a, traer á sí; avocau en CastÜhi. lomar en sí C, 
para sí; (voz antic); |¡ n,, insacular. 

asilinpto, n., insaculado. 

atabladera, p., tabla qtic, lirada por caballerías y puesta 
de plano, sirve para allanar la tierra, ya sembrada. 

atflóo. n.- rezago del ganado mas endeble, a' quien =e con- 
duce a pasto más cercano y abundante. 

atar, c, liar ó asegurar el contenido de un fardo ó paque- 
te: la Academia dice unir, ¡untar ó enlazar, una cosa 
con otra. 

atarantarse, alurdirsc; quedar atontado ó fuera de sí. 

atarugado, n.. encogido, falco de soltura, en sus modales. 

atarugarse, n., cortarse; perder la serenidad y el desem- 
barazo. 

atoque. n,. adorno; aliño: y así en un memorial dirigido al 
rey, pcir la ciudad de Zaraj^oza. se lee: en quien se hc- 
Uó la rerc/cd sertcillr , sin franjes ni atoqlts. 

atrazar, a., trazar; disponer el e'xito de alguna costi. 

atrazoalar. a., atresnalar, que en algunas partes es, orde- 
nar las haces en tresnales ó pirámides, hasta poder lle- 
varlas á la era. 

•trazo d., persona desaseada ú despreciable. 



160 A 

atreudar, n., dar en enfítéusis. 

atularios, n. , conjunto de cosas muebles; || ajuar de una 
persona; || colección de útiles de algún oficio ó profesión; 
y así se dice: venció la tanda j' tuvo que cargar con to- 
dos los ATLLXKios.-^yu góse cl pintory dejó en desorden 
todos sus ATiLARios. || Frecuentemente, se pronuncia, 
artularios. 

aturar, d., hacer parar ó detener las bestias: || n., hacer 
asiento en algún punto: || n., fijarse; y por eso se dice, el 
que d cuarenta años no atura, d cincuenta no adivinaja 
á sesenta desatina: \\ n., durar; en cuyo sentido, que es 
el aceptado por Rosal, leemos en un documento nava- 
rro, et este paramiento que ature d tanto tiempo cuanto 
fuere la voluntad del sennor rey. \\ En Castilla, sufrir el 
trabajo; tapar. 

auchar, azuzar: parece síncope de achuchar, como apli** 
cado, principalmente, á los perros: || en español, achu- 
char, es aplastar j y ahuchar, ahorrar, 

augetas, d., albricias ó gratificación que se dá á los cria- 
dos ü á los que traen algún presente: || d., pastel: li d., es- 
carola cocida: || c, con el nombre de augetas es voz cas- 
tellana y significa, la propina que dá al postillón, el que 
corre la posta. 

aun, escasamente; difícilmente; á duras penas: se dice. 
podrá tener ella unos quince años y aún. 

auron, gallo salvaje, según una relación m. de manjares, 
que copió Latassa. 

autos, n., actos: se dice entierro de uno, dos ó tres autos 
(ó actos), según se celebra la sola misa de entierro ó una 
ó dos más de honras. 

aventado, n., así ¡os auiamos jurado el dia de nuestro 
bien MENTADO coronamiento, dice Pedro IV, en el códi- 
ce de las Uniones. 

aventlÚ^: ^-^ por^'ión que puede sacar el cónyuge super- 



afc^atites de partir los bienes muebles. 

aTeateza, no te pongas en kwmttxs pudiéndola acusar, 
dijo el de Lumia su hijo el Conde de Rihagorza, que in- 
unló duelo con el Conde de Olivares, según Dormer. pá- 
gina 3oo de siis Anales. 

averar, multar; incursar en multa: asi lo declara, como 
provincial de Aragón, el Diccionario de Fernández 
Cuesta, pero no el de la Academia. 

STeríU, '¡\n duda, habere.s ú objetos mensurables de con- 
tratación, lín las Corles Je Zaragoza, 145Ó, se establece; 
el que metra ó meter Jí:rd dr.:pcs de Urna, ó atrás merca- 
derías o avehías: que á calidos [codos) se acostumbran 
vender, en el dito regno de Aragón, etc. 

■VeriO, a., bestia: /voz usada boy en Araf^ún, scfíiin l.i 
Academia). 

Mvetax. C-. aficionarse; cebarse. 

avinar. practicar un hoyo, al rededor de la cepa. 

avispado. V.. agudo: vivo: entendido; activo, 

avuebOS- l^- universidad (pueblo) de Zaragoza, pide al 
Rey mil sueldos por avikeos de repartimiento de /o.í 
moros, hemos leido en una colección de Privilegios de 
Aragón. 

STUgO, u-n voz con que (por el conirario, se designa, en el 
lenguaje familiar, ú unu persona torpe y obtusa, como 
con las palabras, ababol, membrillo, y otras. 

avutarda, n.. para denotar que uno está distraído ócnbá- 
bifl, se dice que está pensando en las wit^hb.is, 

axobar. n.. la heredad que. ademas de su dote, recibía la 
esposa por parte de su padre ó marido, y era perpetua- 
mente, p;ira ella y los suyos: llamábase, anliguamenic, 
excre.w 

azacanado, el que va hecho un azacán. 

azadeca. pecha de los moros sobre huevos y cabras. 

axalc^a, toalla. 



1C8 A 

azanoriate, a., zanahoria confítada: || a., cumplimientos 
y expresiones afectadas. 

azarolla, a., serba ó acerola; (antic.) 

azarollo, a., serbal, árbol; voz incluida en las últimas 
ediciones. 

azemUa, n., acémila, según el códice de los Pri:nlegios de 
le Unión: en dialecto valenciano, tropas ó bandas. 

azofra, n., correa ancha, que sostiene sobre el sillín de la 
caballería de varas, las del carro: || n., zofra en los dos 
sentidos de esta palabra: || n., parece ser, turno de aguas, 
según hemos deducido de algunos documentos, uno que 
recordamos de i238: ü alcuza grande . para aceite: || la- 
bor de tierra. 

azoflrar. n., concurrir con su trabajo á las obras públicas, 
que se llev^ á vecinal. 

azoQe, n., pocilga, en las dos acepciones de la Academia: 
es sustantivo masculino, y sólo usado, en algunas loca- 
lidades. 

azoque, leése c.\ogue. ^del árabe c^c), en sentido de plaza 
ó mercado, según Guerra y Orbe en su Fuero de Ayilés. 
pág5. 71 y 82. En Zaragoza se denomina del Aboque, una 
de sus calles moriscas. 

azota-perros, n.. perrero, ó persona destinada en las igle- 
sias, á ahu ventar los perros. 

aznche. madero con punta torrada, para clavarse en tierra. 

azud. c. presa para sacar agua de un río. 

azuda, c. noria. 

azulejo, n.. !apiJa ó losa, en jue se pinta ó imprime el 
nombre Je las calles ó plazas y el número de las casas: 
en Casti-ia. ladrillo vidriado, para frisos y otros objetas. 

azut. a.. 3.7.\:.¿. 

azutero. a., el .]iij cuida de la azuda. 



Bkbuorro, d., ¡oven que se atreve á mayores empresas 
tic las que su edad permite: il c, rústico; toscu. 

babosa, a. , cebolla añeja que, plantada, produce otra: {) 
a., cebolleta. 

bacía, n., gamella; artesa; ú en general, capacidad de ma- 
dera, en forma rectangular y oblonfja. cuyo destino es el 
de amasar, ó lavar la ropa 6 disponer el sustento de al- 
gunos animales: || n., letrina, retrete ó secreta, segiin 
Uucange, apoyado en Libértales bcrcin. ms. i283: |] n., 
volcar la bada, decir alguna sandez; deslucirse con al- 
guna ocurrencia impertinente: hacer de las suyas, 

bacinilla, bacía para el agua que se dá á la barba. 

baohoca. n.. se dice de cierta cla^u de judia, que no se 
conserva seca, y se come, comunmente, desgranada, á 
medio secar: || en Murcia bajvca. 

bad^. a., carne de la espalda y las costillas, hacia el pes- 
cuezo, en las rcses de abasto, 

badallar, bostezar. 

badarron, n., véase galacico. 

a., balsa ó charca de agua detenida en los auninos. 
„ lo mismo que badina. 

bl^. a., cuerda con que se asegura la carga sobre las ca- 
ballenas: || en Navarra, treboillc 

bagnera, l 

baguen-eta- ; d., baga. 

bagueta, ) 

bahurrero, a., cazador d:.- aves con la.!os ó redes: voz 



170 B 

tafle, a., juez ordinario en ciertos pueblos de señorío: 
usual en la antigua Coronilla. 

baüia, a., territorio en donde ejercía jurisdicción el baile. 

baüio, n., bailía 6 bailiazgo. 

bífero, a., prenda ó pieza que suele colocarse bajo de 
otra; como sqyc bajera^ sábana bajera, 

baladre, p., adelfa; planta silvestre que produce un fruio 
pequeño, esférico, negro y amargo. Esta voz, sirve para 
término de comparación, á todo lo amargo. 

balagOSte, balaustre ó barandilla: aunque parece, á primera 
vista, un barbarismo, á los cuales no siempre damos ca* 
bida, incluimos esta voz, por verla usada en Frailía, his- 
toriador inédito de la Universidad de Zaragoza. 

balda y baldón, aldabón. 

baldaqui, tela preciosa ó brocado de Bagdad. 

baldar, a., descabalar ó dejar incompleta una colección. 

baldorro, aldabón; en algunas localidades. 

baldrag^as, n., persona desinteresada, de buen carácter y 
de poca energía. 

baldres, valdes; piel suave: L. Fernández usa, valdrés. 

balsa de sangje, a., aquella en que, á fuerza de trabajo 
y cosía, se recoge el agua para ganados ó personas: si se 
hace en acampo propio, es privativa del ducño! si en 
monlcs comunes, no lo es, mientras no se cerque. 

balsete, n., balsilla. 

baUesta: se usa en la frase, sin decir cesta ó ballesla: mo- 
dismo que se lee en la Sirena métrica , coleccióíi ma- 
nuscrita de poesías, y que conviene, aunque no total- 
mente, coiT el castellano, decir unas veces cesta y otras 
ballesta. 

ballico, n., planta; avena fatua; ballueca: Olivan emplea 
esa voz, en su Manual de Agricultura. 

bailón, d., arroyo pequeño. 

balluarte. n.. especie de andas ó parihuelas, en que se con- 



B ni 

; un punto á otro, el material, y sobre todo, e] 
desperdicio de las obras: || también," ¿líX'""'^' como en 
Navarra . 

ballueca, c, especie de cizaña: Asso la describe comoara- 
tioiiesj, y es n)U)r nociva al ganado vacuno. 

b&acftda, II., sección voiaiiie de escotares, cuando ésios 
lOiirerían á votos, ciertas cátedras. 

banco regio, .\iidicncia real, según el Ghsurit) de Savall 
y Penen. 

banda, n., taja o ceñidor que se viste a! rededor del cuerpo. 

bandeador. columpio. 

bandear, jl, tocar á doblar las campanas. 

bandearse, n., pasarlo con decencia: || n., estar (como 
generalmente se dice) entre dos aguas; || n., columpiarse: 
en Castilla significa, mover á una y otra banda; antic. 

bando, I), comba; pandeo: se aplica, ya d los cuerpos co- 
locados horiüontalmcnie, cuya extensión y peso les da 
aigiiii pandeo, ya sobre todo, ¡i los que cslán puestos 
veriicalmenle, y que, no teniendo solidez proporciona- 
da» su altura, se cimbrean algún tanlo: || n., d todo ban- 
do, expresión que se usa, comunmente, en sentido mo- 
ral, para denotar que se hace alguna cosa descarada- 
mente, y arrostrando tcxlas sus últimas consecuencias. 
Se usa en la frase, echar d bando las campanas. 

bonova, a., colcha, ó cubierta de cama: en algunas partes 
banúa . 

banquéla, a., colmenar pequeño, sin cerca; sitio donde se 
ponen en linca las colmenas, sobre bancos. 

bsr^a. tableta de chocolate, que contiene tres onzas en 
cuatro porciones: || voz de algunas localidades. 

bv^, se dice pasar de barón, por nivelar la muela hari- 

barbadO- c. sarmiento con r:iices. dispuesto a la planta^ 
rió». 



172 B 

barbaridad, n., gran cantidad. 

barchilla, d., la duodécima parte de un cahíz de granos. 

bardino, n., se aplica al perro ii otro animal que tiene el 
pelo dé un color dudoso, entre plomizo y gris: también 
se dice bárdeno. 

bardo, d.. barro. 

bardoma. a., suciedad; porquería; lodo corrompido. 

bardonero, n., véase bordonkro y bordonvdor. que son 
más usados. 

barlenda, polipodio; planta: úsalo Ebn Buclarix. 

barlete, pieza de hierro, en figura de 7 ó de martillo, que 
atravesando el banco de carpintero, sirve para sujetar á 
él, las piezas que se labran. 

barote. n.. balaustre: también puede escribirse vcrote, 

barral, a., redoma grande de vidrio, capaz de una arroba 
de vino, próximamente. 

barranquear, no andar muy derecho en un asunto. 

barranquera, n., se aplica d cualquier género de peonza 
que, por tener mal limado el clavo ó la punta, dá vuel- 
tas, con poca suavidad. , 

barras, n., las cuatro bandas, listas ó palos rojos en cam- 
po de oro. con que blasona el reino de Aragón. 

baiTastra. portadera, principalmente, para piedras gran- 
iies. que se hace con horquillas de árboles y travesanos, 
de punta á punta. 

barrear, a., borrar ó cancelar lo escrito, pasando por en- 
cima una línea de tinta ó lápiz. 

barredera, n., se usa en la e.>wpresión ecíuzr Id ¿\:n'cdct\i , 
para denotar que se ha decidido, bruscanienie, la cues- 
tión; que se ha dado una salida: que ya no admite más 
opiniones. 

barrera, n.. corral de ganado al descubierlo. 

barreño, c, jofaina ó aljofaina. 

barriguera, n. especie de correa ó cincha. 



» 1T8 

ir. vender á njo: s¿ halla en doctiinentos oñdatC5. 

barros, n.: lodos: ambas son catlcllanas , pero, rratándusc ■ 
de la suciedad de las calles, en Aragón se prefiere la pri- 
mera, y en Castillii (como dice la Academia) h segunda. 

baña, iwrza: ¿rejiattic d hr.rday :{cr{c? 

basta, c, hilván. 

bastárdelo, a., nmderno-ttorrador, en qtic el escribano 6 
notario conservan los autos y escritunis. 

baste, p., especie de albarda ó aparejo. 

bata&hia, anís. 

bateaguas, c, paraguas: en la sétima cdici^'m dt.! Dic. de 
la AcnJemia, todavía, no su había incluido esia palabra. 
baltfUlla. a., batihoja ú batidor de oro; ant. 
battmleato, a., acción y efecto de batir, sobre todo 

1.1 moneda; anitc. 

batir, p-, verter; arrojar; desechan ll d,. derribar 6 dejür 

caer al suelo alguna cosa; la Academia, aunque párete 

coincidir con esta significación que, como sev¿, loma- 

s del Diccionario de Peralta, pero no se refiere .«¡ino 

F lí lo que se derriba ú viva fuerza; y, como prueba de 

Plttenosc considera castellana aquella palabra, los co- 

rtectorcs oficiales de los trozos selectos para uso de los 

Vtftstiluios de! Reino, la acusan de poco castiza, en cI verso 

>áe ErciUa. 

Que estuvo en punto de hatiklí. tü suelo; 

f proponen comn mas propia postrarle ó derribarte, 

l'apesar de hallarse en libro no aragonés, por ej., en ti 

' Amcdis de Gaulc. é Agrcjcs. h bítíó del caboHo: || n.. 

labrar moneda, en cuyo sentido usan tambián esa voz 

los Fueros de Navarra. 

lacndir los árboles; la .-Vcudemin con- 



■, varear o 
ñtügn^ bctcjí'r^ comu provincial. 

O, d., huevo hucn>: se usa también en Navarra, 
•■y existe, fuera de Pamplona, una fuente medicinal llama- 



(la el Hi'Aueco, con alusión al olor ingrato de sus aguas. 

btturro, n., se dice de los jornaleros del campo y gente 
menos acomodada; pero es voz familiar. 

Msaro, c, escoria de algunas sustancias: como cera, pez, 
etcétera. 

beber la toca, n.. impacientarse; irritarse; incomodarse 
fuertemente, principalmente, con los niños. 

bebida, a., el tiempo en que descansan los trabajadores, 
principalmente, en el campo, y en que toman algún bo- 
cado ó trago: || licor: es bastante usual el decir, ¿quiere 
V, vino ríincio ó bebida? 

becaracha, n., ave. 

beoardon, a., agachadiza: ave. 

belén, n., nacimiento ó representación del de J. C, por 

medio de figuras de bulto que se destacan, en el paisaje 

correspondiente: || n., desorden: confusión: ü n.. persona 

insípida: || esteren Belén , estar en bábia. 
bello, bella, n., alguno, alguna: voz local: || en Ordinccion 

de Pedro \\ sobre Coronaciones se lee: é ai I i esté un 

BFi. R \io mostrándose d sus gentes. 
bellorta. abrazadera vio hierro, para suictar el timón á la 

c,\nia del arado. 
bérbero, a., agracejo: arbu>lo y su truto: en Qistilla. es la 

oontccción vuic se hacj coü ia aszracocina. 
beren^ero. n.. Ducan¿:c lo incluye en su Gk^s*:nutr.. 

pero iiíiiorando si siiznitica KTÜna ó círculo de hierro. 

iwra la cabeza de los aiusriciados. 
bergaato. d.. cardenal: señal o hinchazón que deíA algún 

goljv. s«.^bre TevioJ.e latico. Fuera meior escribir j'er^trn/t*. 
berlanco. J. . berca:iT^ 

beratl. Kim!z: 'a Atavien'; ia vi:ee.e;ue hovseuívi en Ani^^ór 
berruge. aviusto. c-cc^ista yescarnór. 
besante ::. r-iv^rjcJa coi::>alen:e i tres niales > dos mar:.- 

\ev::scs ex>munc5: er, o.ísiclUnc* moo^di rorca de oro de 



B l'iB 

vetóle y cuatro ijiiilalcs: lu hubo ilc plata de tres sueldos 
y cuatro dineros catalanes. 

bescaiobre, n., creemos que bresciz: se halla esa voz en 
las Ordinrxiones de Abejeros, a las páginas 27 y otros. 

besque, a., liga; materia viscosa. 

bestiar, n., bestia; y también ganado mular ú caballiir, 

beiina. a., vino de color de oro do la uva lie este nombre, 
i|Uc es bcrmcjat pciiueña y de hollejo tierno. 

blasmo, n., blasmo; desdoro; vituperio; mala fam:i. 

bienes (.iPRF.neNDEii los), a., embarcarlos. 

Uenza. a., binza ó tela del huevo; \\ iclillu ú jvuiioilo del 
aierpn del animal. 

bigardon, n., el que es, desmesuradamente alto, en pro- 
porción á su edad: en Gistilla, c! vago i'i ocioso; en cuyo 
sentido también se usa en Aragón. 

Iñmardo. d., novillo; buey de dos ó tres años. 

birla, a., holo, en el juego de ellos. 

birlos, juego de los bolos. 

bklon. a. . ct bolo grande que se coloca en el centro de tos 
ilcmás. En Aragón he oído juega de los birlos; y la 
Andcmta pone niTit.o, (antic), bolo pcrc. jugar. 

bisalto, a., guisimte: es también provincial de Navarra. Lo 
ioicrprctíi, en su Gloscrio, e! Memorial histórico de la 
Academia de la Historia, tomo V. i851^. 

bisca, d., remusguillo; viento no muy lucrie, |)cro frió y 
penetra nic. 

biirtraer. d., sonsacar: || tomar a préstamo ó anticipo. 

biatreta, d., cantidad que, en lo anti^tuo. se adelantaba á 
un procurador; II los cslicrcoles, paja y abonos de una 
finca de importancia, que, comprendidos en el arriendo 
de ella, debe devolver el arrendatario á la conclusión del 
conlraln: || se usa en Tarazona y acaso deriva del 17j- 
tractum, diferido: aplazado: || en general, todo adclantu- 
iento de dinero, ó anticipación de paga, como dice la 



Í16 B 

Aciulv-inia. en su Diccionario de r.utoridcdes, (pues en 
los modernos no incluye esta voz}, el cual añade, que es 
voz baja usada en Aragón y tomada de Vistret. En 1 504. 
la Diputación pidió permiso al Justiciado, para tomar 
de la tabla de depósitos del Reinp, tres mil libras por 
vía de Vistretüf con destino á la reimpresión de los Anc- 
les de Zurita, y que para la restitución, tomaría los pla- 
zos y seguridades que convinieran con terceras personas. 

bitexja, n., aguamanil, según se lee en las leyes palatinas 
de Jaime II. 

blanco, cada una de las bandas de la barriga del cerdo 
que no tienen magro, y se usan generalmente, en la olla 
ó el cocido español. 

Uanquero, d., blanqueador. 

Meto, n., bledo; planta. 

boalag^. a., tributo que se pairaba de los bueyes. 

boalar a, dehesa boyal: (| n.. herbaje: || n., porción de 1%:- 
rreno, destinado al pasto de los ganados del abasto pií- 
blico ó al de las caballerías de labor de los vecinos. 

boca, (venir á) n.. reventarse ó abrirse un tumor: venir á 
supuración. 

bocal, a., presa ú fabrici de nuuo. }\ira atajar el agua ue 
un río. 

bocha, n., plañía: globidcru: r.lypuy.i: es lo mismo que 
cebollada: {| rama de árbol ó arbusto que se pone á los 
L;usanos de seda, para que suban á elaborar el capel. 

boché, pollino: en Navarra y Pertusa. 

bodoUiO. a., podón ó instrumento corvo tie acero, para po- 
dar cosas tuertes. 

bofo. d.. íb^b. 

bogúela, a., sardineta, voz antic. 

bohemiano, n.. gitano: en Castilla, es sinónimo de bohe- 
mo ó natural de Bohemia, y para signiñcar, entreoirás, 
la Iviea de gitano, se usa de la palabra bohemio. 



B 177 

boira, d.. niebla muy espesa. 

bojudones, d, especie de ^clas. 

bobulo. P-- pan de azúcar rolado: llámase umlijén, «- 
potijado. azucarillo y panal. 

boldiaca.a.. bolsilloólaltríqucra:dícese también, bolchcco 

bolea, d.. pelota jugada al aire: || d., mentira. 

boleta, n., L-ieria espede de buitre. 

boletero, n., encargado de distribuir las boletas de ido)a- 
miento. 

bolÍDChe. n.. judía redonda y 110 firanLie. de muy buen 
sabor: {| n., juegoqiic se compone, de un palo torneado, 
que por un extremo tiene una cazoleta y por otro una 
punta, y de una bola ahujereada y suspendida det cen- 
tro del palo por una cuerda: — consiste en elevar la bola, 
pero de suerte que caiga en la cazoleta ó se introduzca 
en la punta, á voluntad del jugador. Hemos visto desig- 
nado, alguna vez, ese juego en Castilla, con el nombre 
análogo de boliche: pero la Academia dá otras signlüca- 
ciones á esa voz. 

bolisa. Y-- pavesa; motilla en lu ropa ó notante en el aire. 

bolisen'a. n.. enredo; trapacería. 

bolisero, n., enredador; trapacero; y también taimado, y 
aficionado á naderías. 

bolo. a. . almohadilla oblonga, en que se hacen los eiicajes. 

bolomag^, planta: arrancar la bolomaga. espulsar á uno, 
trabajosamente. 

bolsear, a., (ormar pliegues y arrugas, en cualquiera tela, 

bolUgar, bolliciar, que como castellano antiguo define la 
Academia, 

bolliiiada, agua que sale con fuerza, después de represada. 

ItoUo, c, chichón. 

boIlOB. a., botón de la vid y otras plantas. 

bembona, cántara de tierra, de cabida de algunas arrobas, 
á propósito para guardar aceite. 



1*78 B 

bonavero. n., anotación ó relación de los bienes sobre que 
versa una demanda: suele acompañarse, sobre todo en el 
proceso de aprehensión, á la demanda misma ó apellido. 

bonetero, n., planta; evonymus europanis. 

boñiga, c, excremento del ganado vacuno. 

boque, d., macho cabrío. 

bor, la frase es, de bor en bor. y se usa, para indicar que 
una vasija está llena de agua: así como se dice de bote en 
bote, cuando un aposento, plaza, etc.. están totalmente 
llenos de gente. 

borda, p., choza: pajar: corraliza: provincial de Navarra 
en el primer sentido, según la Academia: en Cataluña 
menso y XdiVCihién, pernada. 

bordón, n.. bohordo. 

bordonador ó bordonero, el que tiraba bordones al ta- 
blado, lo cual se consideraba menos ditVcil. que el arro- 
jar lanzas. (Véase tablajero.) 

borgnfl. n., la paja apiñada, en forma de cono truncado 
y cubierta con un tejadillo, para libertarla de la lluvia. 

bomizo. vastago reciente en los árboles. 

borraz. tcLi de cánamo ó paño de coger olivas. 

borrico. la estrella pequeña en el tomo de fabricar seda, 
Li cual lc:".Ki la tercera parte Je los pr.:"i:os J.^- las dos es- 
trellas ^raiiiwS del i;obierno. se¿;ún Asso. en su Econo- 
v::r. politicr. de Ar.zfvu 22S . 

borroso, a., cl oñcial ^io jx^ca hablüJavi. 

borrufalla. a., ho":". rasca: fruslería: cosa de poca sus- 
tancia. 

bosanaya. n.. :"::op.ecia v-jV.e J.ufv'» tres a::os hasta el de 1212. 
sc^rún iir. Croníccn barcelonés, citado por DucanLrc. el 
ci:al i:"icl;.ve tair.I^iJ:"! las vjjes br.-ss^ri.zra v bosonrrra 
V e::a estas :\-'.ab:as .'j Pe.^ro 11 i ^r. ¡3j3: co}:.\'Jir::tS 

> o V \ >: .7 ur. n: iibcí . 



B i-m 

botarga, a-, dominguillo, cn la tiesta de toros. 

botcga. n., botija. 

botifuera, n., gratilicación. descuento ó regalo que se ha- 
ce al comprador: || n., cierto derecho que cobra por cán- 
taro, el medidor del vino: {| ti,, propina á los criados. 

botiga, p., tienda de mercader: la Academia trac como 
castellanas las palabras boliguero y botiguilla: en ita- 
liano se usa botegc: \\ d., taller de artista; acepción 
poco recibida. 

botinflado, d., hinchado: [| n., hombre desproporcionada- 
mente grueso y por algiín concepto repugnante. 

boto, a., pellejo para contener vino, aceite, ú otro licor: |[ 
n., judía bota: variedad que se di.stiitgue por ser más 
tierna, y estar fuera de la vaina. 

bOTaje, hemos Icido que era un tributo que se pagaba al 
principio de cada reinado, por el recen ocimien lo de se- 
ñorío sobre los ganados. 

bexadero ó buxadero, serbal, árbol; serbal de cazadores: 
conócese con ese nombre en los Pirineos. 

bozo, n., bozal, ó aparato de varia invención, que se pone 
á los perros cn el hocico, para impedir que muerdan. 

braga, a., metedor ó lienzo que se pone á los niños bajo 



cipa 



bragueta: se usa en la frase, más serio que bregúele, de 

ciego. 
brama, cencerrada á los viudos- novios, 
brasmar, n., en el Diccionario ine'dito de Rosal se lee, 
»¿í-<ismíir,dice el aragonés. del griego bmsmosóbrasmc, 
I lempestad del mar ó la demasiada risa ó ruido<: Al- 
rete lo deriva lambiúi del griego y lo hace equivalente 



brazal, a,, cauce ó sangría que se saca de un no 6 acequia, 
para riego de huertas y sembrados. 

o, n., se dice irónicamente, bra\o ác S. Velero [psí- 



180 B 

ivón Je Zaragoza^ por aquel, que tiene, poco poder, poca 

inriucncia. poca significación. 
bresca, a., panal de miel: en las últimas ediciones de su 

Diccionario, lo incluye la Academia, como castdlano: 

era vocablo usado por los poetas provenzales. 
brescadiUo. .\rgensoIa. describiendo un traje del si* 

glo XVII. dice: bordado todo el ccmpo de ccnutiilo y 

BREscvDiLLO v hojuclcis de phzUz. 
brino. lino en hebra. 
brisa, p.. orujo de las uvas. 

brocal, d.. bocal: azud, con aplic.:ción i los canales. 
brocul ó bro<ioil. d.. bróculi: col. 
bronco, nudo en la madera: voz del Pirineo. 
brochina. n.. vicntccillo sutil y trio que viene dd Guara ó 

de Moncayo. como el que Madrid recibe de Guad.i- 

rrama. 
brosquil, a., redil. 

brosta. mucho recado, especialmente de comer. 
brozas, n.. con este plural se designa, á cualquiera persona 

t.'TPC. desmañada, ó desaseada. 

4 






buCATán. .1 . Ixvjj:. 



buchona. r-'.v.r:j '-u*:r."r.j 
bufeta .".:... . \: .:.: *:..•..!.' j 



w'.- ^ 



*-*•-.■. --.. * -.«.^ V 



% --■ 



B Ifll 

a., especie de tela, como cameloce de aguas. 
bunn, a., bbhonero; ant. . 
bufonería, a., buhonería. 
buidador óbuirador, d.. latonero; operario en objetos tle 

latón: Ltzótur, ett. 
bulbo>castaña- n.. planta que Cienfuegos desi^^acon esc 

ntimlTc. y es, la llamada bumum bulbocastanum. 
bulquetada. n., la carga de un bulquete. 
balquetazo. n., golpe: caída: se usa lambicn en sentido 
moral, como sinónimo de desgracia ó cambio de fortuna. 
bu^uetd, n.n carro ligero que gira por medio de una cla- 
vija, y suelta de golpe la carga por la zaga: suele condu- 
cir escombros. Usase también en Navarra. 
iMltO. n.. almohada, sin la funda exterior, de lienzo blini- 
co: la Academia llama bulto, ala funda de la almohada: 
y almohada, al colchonciUo y d la funda blanca en que 
se mete. 
bollar, hollar 6 sellar con plomo los tejidos, en las adua- 
^^pi-oas: la Academia dá esta voz como navarra, pero es 
^^^VUmbién aragonesa, y en Cortes de Zaragoza de 143(1 se 
^^Pmispone, que los que introduzcan en el reino ciertas mcr- 
^^^ cadenas, sean tenidos bill.vb con bullas de piorno en los 
r primeros lugares ó puertos. 

buró, a.; greda; arcilla, 
burra, callosidad, generalmente en las manos , efecto de 

algún trabajo de rozamiento: también dlrko. 
burro, n.- espuenda ó margen. (Véase cofhkr Bi'niio}. 
busca, d., mola, 
buyador. a., latonero. 



\>^2 



c 



Cabal, J., peculio; pegujar de los hijos segundos. 

cabalero, el hijo que no es heredero. 

caballeada, n., contribución antigua en Aragón. 

caballería, a.-^ las rentas que señalaban los ricos-hombres 
á los caballeros que acaudillaban: había, caballerías de 
honor, de mesnada y otras. 

caballeros-pardos, n., los que, sin ser de antemano hi)o- 
dalgos ó nobles, se armaban, como francos, por carta 6 
por privilegio real, recibiendo en el hombro la pescoza- 
da: enCastilla, los que, sin ser nobles, no pechan y gozan 
preeminencias de hijo-dalgos, por privilegio del rey. 

caballón, d., lomo de tierra que divi.^e las eras de los 
huertos. 

cabañera, n., cañada 6 espacio señalado para la marcha de 
Kvi4:anados trashumantes, v]ue suele ser. de 6o á oo varas. 

cabece<ima. a., rcr^^ona á cuyo cuidado e<:ip. los rre^ros y 



cabecero, r 



r. 



. i:ua:\:.i J.j vinas: ^-ityfojf %*:ne^rur: 



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C 1K1 

que todos se hallan, indislintamente, escritos, conp y b. 

cabo. a., párrafo, división ó capítulo. 

cabo de ^nayta, el encargado de ejecutar las prisiones ó 

detenciones, en nombre de los Jurados de Zaragoza: era 

por lo visto, el jefe de la guardia municipal ó de los 

miembros de ese justicia. 

cabrear, n., echar las cabras los jugadores, para ver á 

Ljuie'n cíibrá pagarlo todo, como dice Rosa!. 
caitreo.. a., libro becerro ó de privilegios: || catálogo razo- 
nado de los papeles de un archivo; [[ arancel. 
cabrevacioa, a., acto y efecto de cabrevar. 
cafcrevar,. a., apear, en los terrenos realengos, las fincas 

sujetas al pago de los derechos del patrimonio reai. 
cabreve, a., apeo, en las bailias de dichas fincas. 
cabnioa, piel de cabra: en tí^qy no debíamos incluir esta 
vüií, pues la Academia consigna como españolas, cvr^i'- 
runa, piel de cordero, conejuna, piel de conejo, etc., pero 
no incluyendo aquélla, la admitimos aquí, para indicar 
que es de uso general, en los antiguos aranceles arugo- 
;(eses, como son también, cervuna, ccbrituna, boquina, 
'rellina, etc. 
d., envite falso, en ciertos juegos de naipes. 
caohilada. c, lechigada: la Academia escribe cachillada. 
cachirulo, n., fleco li adorno, generalmente, ordinario: || 
pañuelo de color para la cabeza, según V. la Fuente: || 
adorno felpado. 
cacho, c, gacho. 
cadejo, c, madeja. 
cadtello, e., cadillo. 

cadiera, d., escaño; banco de respaldo; la Academia es- 
cribe cadira, ant., silla. 
cadillo, a., cachorro; 11 c. flor del olivo, cuando sale el fru- 
to; en la sétima edición del Diccionario de la Acade- 
nñi, no se halla todavía esta voz. 



^^ que I 

^^EScha, 
I caohili 



lí^ c 

ado. 1.. madriguera: huronera, 
discurrir; cavilar. 



caviloso. 



n.. arcaduz, voz dórica v Jcn^üsjna: en citJiin 

igams. n.. cobarde, pusilinin^e. ó CK>m:> j>c¿ le Acade- 
mia, cagzáfy. 



n.. ci¿jlera. 



aojaría, se^n los Sres. Savii: v Peo¿3. «d $5u GtCr- 



a., cepo para rtco:er limosaa. 



irbol que proc;:ce ios o las ¿Lmes. 

c. importa: i:::¿rísa: úsi5¿ $¿é=:rr¿. e^ tercsra 



pcrscaa y $e erüpiea. uzivcr^zícnte. ecire las cLues so^ 
nos aconv^iaias d^ Arip:c. Ezzii i» rriTcnaies, ai- 
ñÍlo era usual esa palibn. s¿=f3 La ¿z ¿lzI^ksj . ag-oesSii^j 
1/ cuidad*?- y Li de dzlzer, c^áj^á^Xi^, revTtíirii: . 
La.. ca:\5n ó aav-u. 

v--^'c:jJ. 

real n . nr<;c^d d-i li rilir.irLi. sJíc ¿:^ Z,i- 



- ■ • 



■.v> ^-. 


i . • "^ 7 - ; 


eaUo de 


cabeza 




^-Ui. J> , 


±í •-. -^f 


-: f«.'C «... 


Cald06O : 


.-., -^ ->: 


^ '.;"Ni 


^ • ■• ■ ■ 


cafefidau 


^ 


caTiüc 


,^- 



' 



c la'^ 

calmar, n., escarmentar á alguno; dejarle mal parado. 

calmudo, n., calmoso. 

calomanco, a., calamaco ó tela de lana angosta, con un 
torcidillo, como jerga: antic. 

calonia, n., multa: la Academia admite en este sentido, 
las palabras caloniary caloña, 

calorina, n., calor tuerte y más bien seco: en Castilla 
calina, perp en significación, del va por cilio caliente, que 
enturbia la atmósfera : en idioma provenzal, calina^ 
calor. 

caloyo, d., recental; oabritillo destinado al regalo del pa- 
ladar. 

calliaso, a., callejuela; callejón. 

carnada, n., se usa en la frase hacer ó tener carnada^ para 
denotar que se madruga menos que, ordinariamente. 

camine, pago por la cama, ó por pernoctar: se usa en 
los documentos oficiales. 

camagu8te,n., escalera para cojer oliva; que es un palo raja- 
do hasta cierta altura y atravesado de otros , de suerte que 
ofrece base de apoyo y punta, para apoyar en las ramas. 

camal, d., rama. 

camalipa., liga ó listón para la pierna: parece tomado 
del patois. 

camarlengo, a., oficial de la Casa Real de Aragón, cuyas 
atribuciones y dependencia eran análogas, á las del Ca- 
marero en Castilla. 

camaton, n., (véase camero), cada manojillo de esparto de 
que consta el vencejo. 

camaz, tamarindo; antic. 

cambalache, n., (véase combalache, que aunque menos 
castellano, es más usual). 

cambra, Monte-Pío de setecientos cahices de trigo, que 
puso en Leciñena, D. Juan de Arruego, según F. José 
de Santo Domingo. 



18G G 

camena, n., cama rústica ó campestre, dispuesta con paja 
ó ramaje. 

camero, n.^ especie de colchón de que se sirven los pasto- 
res; y consiste, en dos pellejos unidos. 

camilera, cam aliga. 

camino (de), n., al momento; en el instante: la Academia 
admite esta frase, pero en sentido de, al paso, a! mismo 
tiempo. 

camorra, longaniza aderezada al horno, dentro de un pa- 
necillo. 

campar, d., solazarse: || c, descollar; sobresalir: || d., lu- 
cir el garbo; pasear con vanidad ü ostentación; vivir; y 
vivir holgadamente. 

campico, n. , diminutivo de campo, que incluimos aquí, 
no sólo por ser muy usual, sino aún más, porque la 
Academia no le da cabida , á pesar de admitir siempre 
como castellana y algunas veces como exclusiva , aque- 
lla terminación: verdad es que admite canipecico, 

campo, n., se dice, por excelencia, del de Cariñena, fa- 
moso por su viñedo. 

cana, p., medida dedos varas. Zurita dice.j^ rompieron 
más de cincuenta canas de iJiuro. 

canalera, a., canal en el tejado, y el agua que cae por 
ella, cuando llueve. 

canaleta, pieza de madera unida d la tolva, por donde pa- 
sa el grano á la muela. 

canción (poner en), n., inducirá alguna cosa; hacer con- 
sentir en algo. 

canchilagua, n., planta. 

cándara, a., zaranda. 

candarse, candarse el río, helarse. 

candilera, n., planta. 

candiletear, ir de una parte á otra, visitándolo todo, por 
pura curiosidad y no por precisión. 



C 187 

cudilefero, el ocioso y curiosón que quiere estar en iodo, 
candonga, n., goUeríu; salida intempesliva : en Castilla 

cañero, d., salvado grueso. 

cansar, n., usan de este verbo transitivo los pescadores, 
para expresar la acción de dar carrete ó proteger los mo- 
vimientos de un pescado prendido, á quien es preciso ta- 
tigar, para que, perdida la fuerza, se le pueda sacar á 
tierra . 

canso, a., cansado; voz ant. que se lee en la Crónica del 
Príncipe de Viana y que, según la Academia, usan hoy 
los rústicos de Aragón y Castilla la Vieja: || d-, canso, 
canse ó calso de aguja, ojo de aguja. 

cantal, a,, canto grande. 

Gantalazo,d., canto grande: || n.,golpe dado con un cantal. 

cántaro, a., nicdida de vino de unas 28 libras. 

cantero, a., parte ó pedazo de heredad. 

cantüagua, n., planta: ¡inum catkarticum. 

canto , n. , bizcocho ó pan bendito: 11 p. . cantero de pan: 
la Academia lo incluye, como provincial, de Extremadu- 
ra y Andalucía, y el aragonés D. Miguel A. Príncipe lo 
usa en sus Fábulas [i 17). 

cantón, callejón, en Caspe y otros puntos. 

cantonada . esquina; arcaísmo usado hoy en Aragón, se- 
gún la Academia. 

canutólo, n., juego que consiste, en colocar sobre un tuLx) 
de caña algunas monedas, y tirar con otras, procurando 
volcar con ellas el tubo y colocarlas cerca délas contrarias. 

cañada, a., medida de vino en Aragón y parte de Asturias. 

cañicerrada, n,, res que padece enfermedad inñamaioría 
en la cabeza. 

>, a., vivar: || c, cueva para enfriar y serenar el agua 

f para refrescar frutas, carne, vino ó cualquiera vianda. 

1 el inlerüsunte libro Calila é Dymna se lee: ef la 



188 C 

mugcr había fecho un caño desde su casa fasta ¡a ccUe: 
en el original árabe se lee agarbe ó mina subterránea, 
según Gayangos. Por más que la Academia y el texto 
citado, declaren castellana esta palabra, la verdad es, que 
los castellanos no la entienden y la ríen, como aragonesa. 

cañón, n., el esquilón que se pone á los machos cabríos, 
cuando trashuman, á la cabeza de los rebaños de ovejas 
y carneros: llévanlo á veces, estantes, en la estación del 
verano. 

cañuto, a.^ alfiletero. 

capa, (véase piedra). 

capacear, a., dar de capazos ó con la capa: antic. 

capacidad, n., poder; y así se dice, no hay capacidad de 
hacerle venir; no hay capacidad de reducirle. 

caparra, a., alcaparra: || p., garrapata. 

caparros, a., caparrosa. 

capaxa, a., capacho; espuerta para los molinos de aceite. 

capazo, c. esportilla. 

capel* d., capullo del gusano de seda. 

capelardente. c. tumba; capilla ardiente: catafalco. 

capítulo, a., cabildo. 

capleta. n.. lianza de bienes inventariados: /omnr íí c<:- 
plcUz, tomar con fianza: entregar en cabletci, entregar 
bajo fianza. Argensola dice: vuvutv sacar del ccistillu 

d CXPI.FNTA. 

caplevador. n.. el fianza de bienes inventariados. 

caplevadora. n.. adjetivo que se aplica á la fianza que 
se prestaba en los juicios y sobre los bienes inventa- 
riados: llamábase también. c.zblcrr.Jora y cableta. Fn 
Qistilla. cj/^/Zov:. es anticuado, con la siiniificación de 
fianza de s;meamiento: y en Berceoselee: tomaronÜs 
c^Bi.iKVvs ct bonos jLiJores. 

capolado, a., picadillo: es á la vez si^siantivo y adielivo. 

capolar. .- . ricar la carne. 



lo,d.,vcnia¡ti i.iuIunopordie;i,quescdLÍalqLiC]v- 
ga ciertas deudas, antes de vencido e! plazo: dícese, pues, 
ganar capsueldu ó ccpsyeldo, al pagar antieipadamenic, 

capucete, n., el a^to Je meter la cabeza en el agua por un 
mtimtnlo. y aun también todo el cuerpo. 

caracola, a., variedad de caracol, más pequeño que el co- 
miín y con la concha blanca. 

caracoleta, caracol illa: se aplica tambiún ese nombre, a la 
niña despejada, diminuta y traviesa. 

carada, dixr á r.lguno una carada, signiticu., recibirlo mal 
ó preseularlc mal semblante. 

caramullo, d., coimo. 

carasol, n,, paraje abrigado y protegido por el sol. 

cárcavo, n., la capacidad interior de los puentes, en los 
molinos, 

Carchesia. n., plantaL-. genisla scgilalUiÜs. 

cardelina, d., jilguero. 

cardón, t^^., árbol: |¡ d.. laurel silvestre. 

cardonera. cardón: se usa en las montanas de J3ca,coino 
sinónimo de acebo, 

carga, n.. peso de tres quintales: l) n, . medida de i5 cán- 
taros. 

cargadal, n., cargazón de tierra y olr<is sustancias, al fon- 
do de los ríos y acequias. 

cargadas, n.. se usa en la expresión Uerc.r se las cargadas. 
í\UQ significa, llevarse las culpas; cargar con la responsa- 
bilidad de alguna cosa. 

cargador, n., palo para sujetar en el, con facilidad inge- 
niosa, las cuerdas que amarran una carga. 
a., judía careta. 

•. d.. echar de menos á una persona ó sÍIÍo; sentir 
su ausencia: en Castilla, encariñar y encariñarse. 

Miriñarse, d.. sentir tristeza, por la ausencia de personas 

I'-. queridas ó por k cxtrañeza de lugares no conocidos. 



190 C 

caritateria, cargo ó prebenda en la Seo. que remonta, por 
lo menos, al siglo xv: también Charitateria. 

caritatero, a., el que obtenía cierta antigua dignidad, en 
la iglesia metropolitana de la Seo de Zaragoza. La edi- 
ción del Diccionario de la Academia de 1869, la dá como 
española. 

carian, a., cusios castri, seu illius Gubemator infeudc- 
tus, los cuales, fuera del condado de Ribagorza, se co- 
nocían, en otros puntos, con el nombre áQ castellanos. 
La Academia dice, que es el que, en algunas partes de 
la Corona de Aragón, tiene cierta jurisdicción y dere- 
chos, en algún territorio. 

carlania, a., dignidad: territorio y jurisdicción del Carian. 

oarmenar, n.. escarmentar á uno; haberle dado un golpe 
fuerte, un pellizco, etc.: en Castilla repeler: la Acade- 
mia admite la voz escarmenar. 
-carne, n., en el juego del marro, la presa que se hace en 
los contrarios. 

carnerario, a., osario. 

camerera, n.. esquila que llevan los cameros. 

camero, a., piel de camero curtiJa: '' n.. VASOcvRNEro, 
sepultura. 

carnuz. Cwimo mucrra y ya corrompida, y principalmente, 
el cadáver de al.:ún animal empozado i mondar: se usa 
decir, huele ^i t\:rn:Í7. 

carpeta, a., cubierta de carta ó plieizo. 

carrada, n.. carra ea: n.. achaquiento. 

carrada. J.. e-arraza ó ristra. 

carramanchones v . e>:ar sembré ur.a cosa i horc-ajiicLis 
ó perniabierro: por e;em.r!o: ponerse d e.zm:rr:r.nehcn¿s 
socre L: lumcr:: — también hemos o'do la \oz escjTTr.- 
mi.:nehe,Jc. viue siii embar;;o rro i::eiu:mos. 

carraña, d . ira: eno'o: J.. rer^na :^p.^.x'">j ,• estas t^i- 
sioncs. 



csmfiar, d., regañar. 

carrañón, d., y carrañoso, n., regañón. 

carraón, fruio cereal de escasa imporiancia. que se cria 
en (ierras pobres. 

carrasquilla, n., planta mcdiirinal, que se cria con abun- 
dancia, en los montes, y comuomcntc se emplea, con 
mucho éxito, para refrescar y disminuir la sangre. 

carraza, d., ristra. 

carrazo, d., racimillo; príncipalmenie, de uvas. 

carrazón, n., aparato para colocar y ayudar á h romana, 
en las grandes pesadas: || la misma romana. 

carrete i'd*r,\ n., dar pió, para que se hable mucho de una 
cosa, con objeto de enterarse de ella ó de comprometer, 
con sus explicaciones, al ijuc habla. 

carretillas, n., las cuatro variedades de la estirpe, medka- 
go poljrmorphc. 

carta de gracia, a., pacto de retrovendendo. en fuerza del 
.■ua!, el vendedor puede volver á adquirir la cosa vendi- 
, siempre que entregue el precio. || Carta de iiafez, la 
'laración del Privilegio gejteral dice: ítem, como 
CARTAS DE v\YV.z sc clítmen /cilsas por ra\on de su 
pocíi pena que y es puesta en el fuero contra aquellas 
que redar gueeen cquellas de fclso , etc. 

cartuario, n., cartulario ó libro becerro: úsala entre otro;^, 
Latitsíia, y b cita Ducange, apoyado en Moret. 

casa de labor. Granja-modelo; scpún se desprende de ha- 
ber publicado Jerónimo Ardid en el siglo xvn, Funda- 
ción de la CASA DK LABOH que ahora se llama de Adminis- 
tración, en Zaragoza. 

casa y tinelo, a., antepuesto el verbo tener, signiñca, dar 
de comer á todo el que quiera ir; tener mesa franca. 

Clisada, a., casa solar, de donde loma ori'gcn algt'm linaje; 
ant. 

1, p., solar; cdÍticÍo de casa arruinada. 



102 C 

casamuda, n., el acto de cambiar de domicilio ü habita- 
ción: II dícese, generalmente, estar de ca$amudc\ ocupes 
mucho la casámuda. Los fueros usan esta palabra, aun 
considerándola , como traslación de un pueblo á otro. 

casca, p., cascara. 

cascamiÚ^' ^-^ quebrantar una cosa, machacándola: [| n., 
metafóricamente, explicar con minuciosidad una cosa: 
insistir en ella, más de lo necesario. 

cascar, n., dedicarse con preferencia á una cosa, como se 
vé, en las frases, cascarle al pan: cascarle al Derecho 
romano, etc. 

cascucia, n., tunda; de cascar, voz castellana. 

casera, a., ama ó mujer de gobierno que sirve al hombre 
solo, principalmente, si es sacerdote. 

casero, n., el que ocupa alguna caseta, en portazgo y pon- 
tazgo. 

castellan. a., castellano ó gobernador de un castillo: 5C 
usa sólo, en la orden de S. Juan, en Aragón, hablando 
del Castellan de Amposta. 

casual, a., aplicase á las firmas ó decretos judiciales, ex- 
pedidos, al fin de impedir algún atentado. 

cataplasmero. n., el encargado, en el iiospital. de la con- 
fección y aplicación de las cataplasmas: i¡ n., zalamero: 
hazañero. 

catastro, oíicina y rci^lstro de la propiedad: || en español. 



contribución general. 



catorcen. n.. se dice, del madero que tiene veinte y ocho 
palmos de longitud: esa palabra suele usarse, compara- 
tivamente, diciendo de los niños robustos, pesa más que 
un catorcen. 

causar, a., hacer causa (') proceso. 

cavandéro. hombre del campo: || leemos esta palabra, en 
un papel ine'dito. copiado por Latassa. y que 1). Valcn- 
tin Carderera atribuye al deán Larrea. 



183 



. n., lebrillo- 



cazada, n., golpe decisivo ó mortal: y asi se dice, de una 
ci:^aJa pd abajo esa puerta: ¡qué lástima de cacada á 
ese perverso! 

cazamoscas, n., papamoscas: pertenece, entre los anima- 
les invertebrados, i la tlase de las aves, orden de los pá- 
jaros, familia de los denti- ros tros, genero de los papn- 
mostas. en cuyas numerosas variedades se cuenta, 

cazcarrias. véase zadhias. 

cazeno. metal parecido a plata, segün documento de lodi. 

cazuela, d.. cacharro. 

cazoelo. d., cacharro. 

ces^ja. cabra cjue aun no lu cumplido un año. 

cebada-marcial, n.. la ijue se siembra en Marzo, y se 
cria, por lo mismo, en menos tiempo. 

cebollada, n.. planta, descrita por As.so. 

cebollino, a., precedido de la palabra arráncale, signitica 
el iucpo de arráncale, nabo. 

cedacillo, n.. planta. bri:{a medie. 

cegallO- n., véase segallo. 

cegama n.. cegato. 

cela-cequias, n.. véase zahaceqlias y cvb.íciíqlia. 

cena del rey, a., tributo para la mesa del rey, equiva- 
lente en Aragón y Navarra al dcyantcr. conocido en 
Castilla: en Navarra se llamaba cena de salvedat y se 
daba también á los ricos-hombres, cuando llegaban á 
sus gobiernos. También se llama cenas recles. 

cencivera, cierta clase de uva menuda y temprana. Suele 
decirse, cuando la mora envera, cerca está la cencivera. 

ceoero, d,. terreno no pacido. 

centenar y centenero, d.. cuenda de madeia!<. 

censal, a., censual; ||a., censo. 

censalista, a., censualista. 

ceñar, d,. guiñar: hacer senas: se halla en documentos 



líM C 

aragoneses, que inserta el Memorial de la Academia de 
la Historia. 

cepilladizo. cepilladuras: lo hemos visto en algunos anun- 
cios; (Saldubense 21 de Noviembre de i8óo). 

cepren. d., palanca. 

ceprenar, d., mover ó sostener algo, con cualquiera pa- 
lanca ó cuña, 

cequiario. n., el oticial encargado del cuidado de las ce- 
quias. 

cerámico, n., escrupuloso; irresoluto: persona para poco. 

cercarse, acercarse: pudiera suprimirse aquí esta voz. por 
ser. al parecer, un barbarismo y excluirse en general 
éstos, pero hay alguna razón para incluirla: aquí se ve- 
rilica una aféresis, como en acontentar . cconsolado. et- 
cétera, se comete una prótesis. 

cercillo, c, zarcillo. 

ceremeña.. n., avugo, en algunas localidades. 

ceremeño. n., avuguero. 

cereño, fuerte: ^voz que se nos ha comunicado. 

cerchear.. n., ceder las vigas, que sustentan algún peso. 

cerpa. d.. con aplicación á la lana, se dice de la que puc- 
vio co;::cr5c con los dedos. 

cerrado, n.. bc aplica á la res que. pasando ex los cinco 
ai'ios. ya ha dentado y no dá a conocer la edad, por el 
:u':mcro de sus dientes. 

cerrar, n.. echar una res todos los dientes: la Academia 
'i:iiita esta .si.:niíieaei'Mi á las caballerías. 

cerro, n.. remate: te;adiH») ó vertedero, que corónala"^ 
tapias ó paredes, expuestas á la intemperie. 

cia. d.. >'\o. 

cibiaca, d.. andas: parihuela>. 

ciclón, n.. ciclan: ?: n.. la res i,r.e tiene u:í testículo inlcr- 
i'..^ V o::.> cxie*":. . ó amS s internos: 1. Academia lla- 
ir.. ••■.•;:/ • »J <.orc!e:v vie la piir.iera clase. 



C IKí 

\,n.. mansos domesticados : || úsase por los mon- 
tañeses, en sentido recto y figurado, como éntrelos 
latinos. 

ciento en un pié. n., clavel menor <.iuc el ordinario, el 
cual brota tn grupos y tiene el tallo más oscuro. 

cierrOt n., copo: en la primera acepción de esta palabra: 
II n.. uno de los lances, en el ¡ucgo del dominó: véase 
vscebrona). 

cqa. a., prisión ó calabozo angosto. 

cimbel, en la frase ácr cimbel sigiiitica. dar guerra: bus- 
car ruidos: provocar a' enojo. 

Cing'la, cincha; (voz aniic.i 

cintero, a., braguero. 

cíquiUiB. gavilán ó alcotán: lo hemos oido en Leci- 

Ctrcundncto, n.. se dice, de lo que queda desvaneci- 
do ó sin efecto, por trancurso de término: como el de- 
creto de .^^rsAc/ijion si no se ejecutaba en los treinta 
primeros días. 

ciriudo, d., libro de cerilla. 

OiSCO (MOvKit), n., armar pendencia ú discordia; andar 
alestricotc. 

cisterno. n.. se dice del artículo de propiedad, para los que 
ya litigaron (en el proceso dc/lpreAíMiiüJilenalgunodc 
los artículos anteriores; a dírcrencia del externo, que es 
para aquellos, que ó no litigaron ó deducen despuc's 
nuevo derecho. 

tiamor. d.. barranco ó valle que. con bs lluvias copiosa.*. 
Ibrma un grande arroyo. 

claraboya, n.. alabastro 

clarearse, n., tener mucho apetito. 

olaríica. n., se dice de la pedrczuela lisa y brillante. 

dauquiUador, a., el que antiguanicnie sellaba los cajones 
en la Aduana. 



lím c 

clauquUlar. a., sellar los cajones ó bultos en la Aduana: 
los catalanes decían cauquillador, canquillcr y cauqui- 
lia: también cloquillar. 

claustrillo, n., salón, destinadoen la Universidad, para to- 
da clase de ejercicios, en los grados, menos para la in- 
vestidura, que se dá, en el Teatro mayor. D. Manuel Vi- 
cente Aramburu le llama también Sala Capitular de la 
Universidad, 

clavellina, a., yerba ó planta de donde nacen los claveles. 

clavigera. a., abertura practicada en las tapias de los 
huertos, para que entre el agua. 

cleriguete. n.. cierta ánade, abundante en la estanca de 
Alean iz. 

clocarse, n.. ponerse en cuclillas. 

cloquetas (en), n.. en cuclillas. 

cobar, d., cobijar. 

coca, n.. cualquiera golosina que se ofrece a los niños. 

cocer (maldito de\ n.. se dice, del muchacho perverso, 
mal inclinado ó demasiado impaciente. 

cocinilla, p., alcobilla ó chimenea. 

coció, d., cuenco. 

cocón, n.. coco, en scnlido de fantasma que se figura, 
para meter miedo d los niños . 

cocona, d.. se denomina de esc modo a la nuez vana: ;; 
n.. salir Ir. nue:{ cocotuí'. frase con que se denota que 
algún negocio no ha correspondido al deseo, a' la proba- 
bilidad óá la esperanza. 

cocote, a., cogote: esa palabra está ya como castellana, 
en las últimas ediciones: Cervantes usa del verbo aco- 
cotar. 

cocha, n.. el perol en que se elaboran algunos efectos de 
confitería. 

cochamandrero. n.. entremetido: oHcíono: amioo de ma- 
nejarlo tovlo. 



l»a,, cola: es de uso general, en el lenguaje de la mú- 
sicii. 

codero- se aplica al labrador ó al campo, que son postre- 
ros en el riego. 

eodüo, se usa. en la frase, no tener hijo ni codiju, para in- 
dicar, que no se tiene descendencia, ni lamilia, á que uno 
est¿ obligado. 

fiO^r, c, caber: Ijn.. cojer ei liento ó tomar el liento, 
irase que equivale á la de lomar el corriente, que se ex- 
plica en &u lugar. 

cogullada, d.. cc^jada. 

ooizo, cogote. 

cola de rata, (véase v[KAZLF.L<ti. 

coladilla n-. pepiToria. 

colambre, n.. rasuras ó heces del vino; || n, . «Mr de co- 
tcmbrt' ó colambrijo, estar de colada. 

colaque, quizá, cerco ó aro: es voz que se usa en los aran- 
celes Qnilguos. 

colodro, ^ant, según la Academia de i8?3)a., medida para 
los líquidos: || n.. laza ancha de poca altura y srn asas: 
en español, colodra. 

(MtDete. d., alzacuello. 

collida, n.. en aquella misma coriyuéjeiía declaración 
en la lOLLiDA del común Jus esta forma, dice el Códice 
de los Privilegios de la Union. 

collilargo, n., variedad de las ánades: anas acula. 

comanda, n., obligación óescritura de préstamo. que, sobie 
ser muy privilegiada, no tiene término contra el acreedor. 

combalache, n., confabulación 6 acuerdo, generalmente 
en mal sentido: || tiene, cómese vé, alguna conexión con 
el cambalache castellano. 

comisario foral. n.. el encargado de administrar los bie- 
nes, en el juicio Je Aprehensión- 

.fOmpaüia de alpargata, n.. compañía de gente ruin, que 



ins c 

desampara a los demds, cuando más necesaria es su asis- 
tencia. Por ampliación, se dice, familiarmente, de cual- 
quiera. 

compás, n., distancia; {'Ordinaciones de Zcrago\c,J 

comprero, n.. comprador. 

compromis, n.. compromiso, en su acepción vulgar y en 
la lorcnse; el plural es. compromises. 

comunidades, cuerpos gubernativos (en Teruel, Daroca, 
Albarracin y Calatayud) compuestos de siete ú ocho so- 
lariegos trienales, presididos por el corregidor, para el 
gobierno económico y político, con jurisdicción ordina- 
ria. (Ponz, Viaje d España^ tomo XIII.l 

COncarar, n., confrontar: carear. 

Goncello, n., concejo. 

GOncieto, d., apetito, semejante al de las mujeres preñadas. 

cónclave ó condavi, cámara ó aposento. 

concomerse, n., (véase rkconcomkrsr). 

condenado, n.. perverso; violento; con relación al genio. 
carácter, maña, voz, etc. 

COndenaTr n., irritar; disgustar: enfadar: y así dice un 
poeta anónimo, que hemos visto m.s.: 

Diré yo que te condena 
que se grite contra el vicio. 

Herrera, (edición de 1870; dice: 

Y lo que más me condena 
^ es el bien de la memoria. 

conduz, se lee esta voz. en los Cabreos y parece significar, 
cierto genero de tela ó tejido. 

confitado, n., conserva de fruta en almíbar; confitura: l- 
crcido ó confiado en algún suceso favorable: es muy co- 
mún decir, por ej.. estaba muy confitado en heredar á 
un tío, pero se llevó chasco. 

confitar, n.. cocer las frutas en almíbar. 



ftidad. modo ú manera: hágame V. un sombrero 
ík esLi conformidad: de esa conj'ormidad, habiendo he- 
redado tentó, jc. pueden gastar lujo. 

COaiT^oe, aparato de madera (también se hace ya de liJer 
rro" de dos cucirones ó listones paralelos, etitre los cua- 
les se ponen piezas que se han encolado, para que, au- 
¡cta^ allí por tornillos, lleguen i trabarse con fuerza. 

conservación, n., distrito y l'ucrzas de que disponía, uida 
uno lie los Conservadores de la Unión. 

conservadores, n.. los jefes de la l'nian. ú digamos, su 
iunla presidencial ó directiva, 

consiente, n.. consenciente; el que consiente ú se hace ' 
cómplici; en alguna cosa, 

consonante (al), se usa en írases como éna: allí todos los 
gestos yan al consonunte; tenía buen cabal/o. buenc. es- 
cápele, y todo asi a¡ consonam h. 

constrecha, apremio: también cottstrej'tc. La Academia 
admite constreñir; apremiar ó compeler. 

consueta^ .1., añalejo, que contiene el orden de rezar el ofi- 
cio divino: II p.. apuntador, en las compañías teatrales. 

contomar, revolver la parva para que se Aaya trillando 
tuda por igual. 

COntomQIo. n., se usa en la frase, poner auno en un con- 
tamino, equivalente á la de ponerle en un aprieto, apu- 
ro ó compromiso. 

contra, n.. cuanto: y así se dicccon/rí! más pobre más ge- 
neroso: contra mas frió hace, másseagrora. 

contracarta, n,. escritura que limita los efccios de la co- 
manda. 

contra-finna. a-, inhibición contraria d la de la lírina. 

contra-íiriaante. a., la parle que tiene esa inhibición. 

contra-firmar , a., ^anar iiibibición contraria d la ilc üc- 
nia: sulIü decirse contrcfirmar de derecho. 

contramarcar, ^véase »arc«£. 



20i) c 

contraiiarientes. parientes remotos, 6 parientes de pa- 
rientes. 

CtmtnyerbtL. n., pedimento contrario al apellido, en el 
proceso de Aprehensión. 

contnmido. dolorido: sin bastante acción en los miembros, 
d causa de algún golpe ó fatiga. 

convenido, n., emplazado ó citado de una manera obli- 
gatoria: en Castilla se usó la frase parecida conpenir á 
cAguno enjuicio: ponerle demanda judicial. 

convenienciudo. el poltrón, amigo de demasiadas como- 
didades: se dice generalmente, convenenciudo. 

convenir, acusar ó demandar. 

convolar Á sEGiNDo MiTRiMONio-, d., contmer segundo 
matrimonio. 

colineta, a., palmeta ó golpe que dan los maestros, con el 
piano de la férula ó palmeta, en la palma de la mano: |! 
a., panecillo de cierta hechura: || n., augurar la coque- 
/iZ, adquirir un buen pasar seguro; (antes, meterse fraile.) 

conl. n., se dice/tno como un coral, del que es muy tes- 
tarudo ó muy suyo: la Academia lo refiere á la persona 
astuta y s;ii;az: el poeta aragonés Pedro Torrella dice: 

(A:r en mon sor 

\'os fort ^:mor Lin fine, e Lin corali.. 

Ozncivnero inedilu. pdg. 201.' 

Puede <ii;airicar av|UK t.:n del core.-^on: pero Lope dice 
cii los Tellos de Mcneses: 

Oh: ¿men nieto: :i'ive Dios! 
Que es fino como el cüwal. 

coralina- n.. pimiento rolo y picante: guindilla. 
corea, n., carcoma. 

corearse, d. so dice de Li madera, cuando la roe el gusano. 

cordel n., se d^cv ccrdel i\ziencL:no y cordel de punta de 

,.:io¿e. con aiu"<ión a d<^^ ^Mieiv< de cuerda, qu-j por su 



C Wl 

a elaboración tienen, proporcíonalménte. más re- 
sistencia que diameiro: || n., cañada ó cabañera. 

eorderetas (en), á horcajadas, una persona sobre oir«. 

COrdonctUo, el picado tino que se hace en la muela, para 
Ljue de muy pulverizada la harina. 

COrítatis :kn), n., en carnes; en cueros. 

cometa, n., guindilla; pimiento de Indias. 

corralizar. n.. encerrar ganado en los corrales. 

corredor, a., pregonero. 

corregiiela, n., enredadera; planta. 

correnciar, n., filtrarse el agua de un campo en otro. 

correndero. n., se dice del que muestra diligencia, cuan- 
do no es preciso. 

COrreotia, a., inundación artificial, cuando después de se- 
gar y antes de la primera labor, se llena el campo de 
aii^ua para que, pudríe'ndosc con et rastrojo y raices, sir- 
va de abono. — En italiano corriente del agua. 

Correntiar, a., hacer correntías. Hay ríos que. como el 
Nilo. sf desbordan, produciendo correntías naturales. 

correr-burro, n., extraviarse; perderse una cosa, general- 
mente por malicia de alguien. — Hemos visto esa trasc 
tnun artículo de La América, firmado por J. Ramírez. 

COrrible, n., corriente: se aplica á la moneda, segdn lo 
hemos visto, en documentos manuscritos. 

corriente, n., arroyo 6 centro déla calle: es sustantivo 
masculino: || n., se dice tomar el corriente ó tener to- 
rnado el corriente, para denotar que se toma el tiento á 
alguna cosa, ó que ya se comprende la marcha de los 
negocios en algún oficio. 

COrriache, d., corrincho; círculo de gente. 

corro, c-, corrincho: || n., trecho ó trozo de tierra, condes- 
tino al cultivo. 

corromper, n.. aburrir: importunar: disgustar; p. cj,. me 
jrrompe para que le ¡'ende la casa: m* corrompe hacién- 



:¿u-.^ C 

dome ycsíir: || n.. corromperse, asustarse: es voz local. 

OOrrotflla, yerba. 

OOrtadft, n.. rebanada: corte de pan, melón, sandía, etc. 

porte* n., se llamaba Corte del Justicia, á su Tribunal; 
compuesto de sus Lug;utenientes y Asesores. 

OOnr^f n.. una de las partes de que se compone el arado. 

OOrvatidll^ n.. una de las variedades del cuervo. 

OOrvülo. n.. espuerta de mimbres. 

OOMarana* a., torta muy delgada y seca, que se quiebra 
y cruje al mascarse. 

OOMOB: 1^, hombre entrado en días: viejo marrullero. 

MMuUo. hueso de b fruta: se usa en las montañas del 
Pirineo. 

COMro, d.) arroyo para regar los campos. 

OOAirar, buscar. 

OOM. d., calle que, por su anchura y extensión, suele ser 
la principal en algunas ciudades. 

cospillo, a., orujo de la aceituna, después de molida y 
prensada: se usa en la frase, mᣠbruto que el cospillo. 

OOSquyo, n., cosquillo; en algunas localidades. 

costumbre, n., en Aragón se usa, frecuentísimamente. 
como masculino: en italiano se usa costume como mas- 
culino, y costuma y costwnan\a, como femenino. 

cotonas (i:n), (véase, en cordkri:tas\ 

cotí, n., mallo; juego. 

COtildeque (de), d., clase ínfima, en un mismo título, de 
nombre, autoridad, dignidad, etc. 

coto, n., número de partidas, estipulado en algunos jue- 
gos, como límite ó como tipo, para las pérdidas y [:.i- 
nancias: se dice coto de tres^ dos: de cinco, tres, etc. 

COtorrero, cotorrera, n.. se dice del que ó de la que asis- 
te á toda diversión y quiere verlo y saberlo todo. 

cotorrón, cotorrona, n., la misma significación, y la d¿ 
hablador viesordenadü. 



, medir: viene de coiido . codü. 
cómelo, n., genero de tributo ó pecha , que hemos visto 

mencionado en una carta de franqueza, otorgada a i6 

de Marzo de iiSS. 
crabOB6ra, n., esquila que llevan los machos cabríos, que 

^a^ a la cabeza de los rebaños de primales y borregos. 
crebol. a., acebo; árbol. 
cretaallos. d.. cadena, de la ciinl pende la caldera puesta 

al fuego. 
cresarse. d. , corearse ; querarse ó pulverizarse la madera. 
cresta- parte superior del propalo, en donde entra lanaj'yií. 
criazón, n., cria, según vemos en un documerfto de i238, 

en donde dice CRWzottís de bestiar, :{o es de potro, de 

poiino, etc. La Academia dice que signiüca. familia. 
crio, n., niño; también se dice cria, sin diferencia de sexo. 
crucera, parece ser, cruz de la espada: en un cartel por el 

A. B. C, de Torrellas, se pone, entre las condiciones del 

duelo, espada de cuatro peímos, crickha ¡¡ana, 
erado, p., en algunas partes, la fruta sin sazón. 
crujida, n.. se dá este nombre, á las enfermedades graves, 

que han tenido un término feliz. 
cnqiUon. cierta variedad de la uva. 
cuaderna, a., la cuarta parte de alguna cosa, espccialíncn- 

te, de pan y dinero: l| d.- moneda de ocho maravedises: 
11 d., el prest de los presos. 
cuaire. n,, cuasi, en algunas localidades. 
caaüron, cada una de las piezas que resultan, de aserrar un 

madero por la cruz, que se traza ó se supone trazada, en 

la sección latitudinal: concuerda con el cuartón, que in- 

tluye la .Academia, y con el cabiró catalán. 
cui^vleche, n., planta muy común; galtum verum. 
cuajada, n., composición con leche y con el cuajo añeio 

del Cordero mamón. 
CUaliO- ciiaio' lo usa Ehn Buclaris. 



:m i C 

%*iMAUHrMNIf iii^uduiui) Jci 4 por lOo. que se daba en el 
v.^^oianaiii oc iljlauyuJ. al obispo por todo diezmo, y 
..^ i.iu.u t«^i .ícmJc el yut*rv otorgado por Alfonso el 
M.i. .u,.\ ..i -i asió. >c^ún el erudito D. Vicente 



I . 1^ • • k « 



.^. la. vis.a( (d s-uorta parte de la décima. 
. . • K .1 « '4¡Ayio ^:c csi operación . 
.-s^^-.a ..'-n. •;:"<: or:n as rectangulares. 
v; . t ^\|.»tír>*ou -lamre ¿ cuartos, que 
-.^«.••ai.ii ..c d VNauKnria. irse ó caerse 

<^^«^«^H««!«lM|ife ^ **^^ ^^ '^' ^^ «^^^ C7ir:i ¿s kxs tres 

.w.«.A.vy .-luir": diento Ttnciei toma 
•mxi^i./^', nuia^rfl que do m^aumos. por 
, , . . ^ :. ^^x•iS:illLz^k^dosco. 
.s^ .... ,-,.< orscir ¿¿ adverbio, se c-m:iuacQmo 

i.o«^ lu ftjr?" más. principal mane - alu- 

.. .w» .-¿"'O. cuya marca Lf . crcrz d ir- 
^.'H- ~% nc un d ccí m cT re > d í' i : inr ríe •" es 

.-■-*'^v. wTi lo anT:::LJC> 

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cuchara de pastor, n., planta; centaurec. conifera. 

cucharero, n., zurrón ó bolsa de piel, en ^ue los pastores 
lluv;in, no sólo las cucharas de palo que ellos mismos 
tallan, sino también otros útiles para comer: |¡ n., peque- 
ño aparador portátil, en que se colocan los cubiertos de 
palo, las especias y el almirez. 

cuchareta, renacuajo: animálculo inlusorio; muchacho 
cniremciido. 

cucharetear, meterse en lodo. 

cuchitril, n.. cuartucho: en Castilla, pocü(;;¡dtcerdoí. Je 
donde se ha lomado, metafóricamente, aquella signifi- 
cación. 

cndicion. acuñación de la moneda. (Fueros de Arc- 
gó„. 335.) 

ondea. Jaca pidió no dar peaje nt cudea. según leemos en 
una colección de Privilegias de Aragón. 

endino, n,, voz cariñosa, con que se designa ó lisonjea á 
los niños de corta edad, cuando ostentan su hermosura 
y sobre todo su precocidad ó sus hechizos. 

cad^}0o. n.. el ojo ó bolsa de la manta, (que en documen- 
tos oficiales hemos visto llamarse corujónj: el de cada la- 
do de la alforja; y aun el esportón: en castellano, co^jo». 

cuenco, u.. cuezo para colar: |{ a., canasta de colar. 

cuenta, n.. dicesc en cuenta de. por en ve^ de ó en ¡ugcr 
— ~ de. como Zurita . miiclto me duele que. teniéndoos en cukn- 
^^Tk de padre, me digáis semejantes palabras. Se usa en 
^■•frases como esta: Le vi tan necesitado que en clent\ fó 
B 4cvekta) de pedirle lo que me debia , le di de mi bolsillo. 

CoentO. n.,cl conjunto de treinta haces de Ic^n tloja. 
principalmente, romero. 

cuero, se usa en la frase, á torna cuera, dar peonada por 
otro, estando á la reciproca. 

cuesco, d., cospillo: en Castilla, la piedra redonda en que 

. ia. yjga aprieta los capachos. 



fm c 

cuezo, d., coció ó cuenco. 

CUgucia, cierto derecho contra los bienes de la adúltera: 
en Cataluña llámase cugur, en cut^ y cocuis al marido 
engañado; que es el cocu francés de Moliere. 

cuitar, d., reja para arar, cuando la tierra está seca. 

CQitre, n., buey: se usa en las Ordenan:{as agrarias de 
Zaragoza y en documentos navarros. 

colar (morcilla), n., morcón: || n.. morcilla ollar á mu- 
chos la ofrecen y á pocos la dan\ proverbio. 

culeca, n.. clueca: || n., torta, en cuya tapa se suelen po- 
ner huevos duros: en Valencia y Murcia mona, según 
la Academia. 

culera, n., la parte del pantalón correspondiente á las apo- 
sentadcras. 

culeraza, hombre descuidado. Hojo. desaseado, ialto de 
energía. , 

culo pi^arero (a \ se dice, para indicarle desnudo. 

culturar, a., cultivar; labrar la tierra. 

cullete, volteo, ó volteta. 

cumplido, n., la sala principal y gabinetes adyacentes en 
que se recibe á las visitas, que no son de confianza: ,¡ 
n.. cumplimiento: y así se dice. visíUzs de cumplido: re- 
laciones de cumplido: persona de cumplido. 

cunar, d.. mecer. 

cuquera, n., gusanera. 

curcullo. n., se dice del que está vioblado. encogido, ó 
hecho un ovillo: (i coscí llo. 

curcullon, n.. cada punta, generalmente atada, del fondo 
del saco ó talega. 

curcusido, zurcido (> remiendo, ejecutado torpemente: la 
Academia admite en este sentido, el verbo cusir, 

curro, manco de sólo la mano. 

CIUTUSCO, CL'SCLRKO. 

cursiera, parece, mantilla del caballo ó quizás los jaeces ó 



I ¡lo ce 



C 207 

arreos dé gala, como rienda!^, pretal, eti:.. Bartolomé Ar- 
gcnsola, en su descripción del torneo de i63o, usa esta 
voz, así, en los síguicnles pasaics; ccibaUo rucio con sitie 
j'CL USIER* del mismo raso: caballo cuya sH le. cdhsiera 
_j- codon eran de terciopelo verde: era un caballo morci- 
llo con sillcy guarniciones ct usier as j)i;nijj. bordadas 
de plata: caballo castaño aderezado can silla y guami- 
CL'KSiER.i. Hemos aglomerado estas citas, porc|Uc 
l^hs dos primeras, no casan completamente con las otras. 
., rabgn ó corto. Con la frase alábete curio que la 
cola te crece, se denota que no hay motivo puru cnfjrcir- 
se ó aliibarsc. 
cuscurro, n., mendrugo ó zoijuetc de pan: dt'ccse también 
cuycurro y currusco. 
I CotJtnO n., diario: constante: frecuente. 

I9lltio, n., constante; sin interrupción, 
1 



CH 



cháncharras-máncharras. 
L-.. dejar ai uno burlado, con umi 



Cbácbaras-máncfaaras . 

Cbafar >!.- machucaí 
salidj ijuc no esperaba. 

chafarrear, d.. hablar: platicar. 

chalac^ero- n.. campechano, franco y descuidado en su 
condiicja: alegre y poco propio en su vestir, 

chamarcal. n.. laguna accidental ó temporal. 

chanada, n.. percance; desgracia; averia: suele usarse en 
forma admirativa. 

chanchullo, d., bahorrina: conjunto de cosas desprecia- 
bles; II n,. confusión; desorden: revoltillo [órefollijo, que 
no incluye la Academia): tiene bastante conexión con U 



208 

voz chandrio: \\ n.. cualquiera composición ü opcTiftoia 
mecánica, mal ejecutada. 

chandra, n., ramera: es singular, que en Navarra s^eiüÍ- 
case, por el contrarío, mujer de buena opinióo. ó. ooino 
Yangüas dice, dueña. 

ckaadrio, n.. desbarajuste: cualquiera desgracia, ódes^ 
perfecto causados, principalmente, en los muebks ó ro- 
pas: en Navarra tiene el muy diferente ^gnlficado. «k- 
hombre apto y laborioso. 

ckiadro. d.. Sojo: desaseado, y nosotros aáadiaK)!^ «^Lí: 
haragán, ocioso y vago. 

d.. chapurren ó chubasco. 
^ n.. se aplica al que es grueso. íbmiik) y hilo 
de estatura: y no deja de tener conexiÓQ. coa las pala- 
bras castellanas chaparra y chaparro, que signiácao. k 
prímera, coche ancho que tema muy bajo el áidú ¿te- 
jadillo: y la se^nda. mata de encina de mucho tJLs'.c 
y poca altura. 

d.. chapolear. 

\. a., especie d¿ sombrero 6 boQete. 

signo ie prÍT!o^en:Xra. en les pn'nñpcs de Gc*^ 
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!ga. pisto: fritada: lísala el Sr. Foz, en una obra 
inédita. 

charapotCi n.. bebida repugnante ó mezcla de ingredien- 
tes, que producen conjunto desagradable. 

charla, n., ave; turdus pilaris. 

chairatre, n., hablador; ¡aciancioso. 

eharrar, d.. charlar: hablar con indiscreción. 

Chavisque, n.. lodazal; y por ampliación se aplica, á cual- 
quiera condimenlo mal pergeñado y á lo que esta rebo- 
sando en agua i'i otro liquido. 

ehcnnecar, d., quejarse sollozando. 

chemeco. d., quejido: sollozo. 

chepa, n., ¡orobado. 

cheso, el nalural de Hecho, en el Pirineo. 

dwto, n.. jeto. 

eUa, banda de terciopelo carmesí, que llevaban los Jura- 
dos de Zaragoza pendiente del hombro izquierdo, segiín 
Murillo. 

chicharro y chichorra, n.. chicharrón. 

chiflar, n,, comer: tragar; embaular: úsase, como recípro- 
co, en las Irascs, cómio se lo ha chibado todo, etc. 

chiflete, n., chismoso: el que con intención, generalmente 
maligna, denuncia algún hecho, al que puede casrigarlo: 
II n., chisme; y así se dice. _ya ha ida con el chiflete d 
mi padre. 

chifletear, n., chismear. 

chtfletero. n,, chocha perdis: || n.. chismoso: en los ma- 
nuscritos de D. Toma's Lczaun. y en un epigrama con- 
tra los frailes, que creemos suyo, se lee: 
Todos son aduladores 
y de todo chifletehos. 

chiba, jiba. 

cUI, pimienlc. 

cUbeta. jiboso. 

14 



210 

chilo, n., chillido: en Aragón es común, aun entre per- 
sonas cultas, el uso de chilar y sus derivados. 

chOladera, n., en la laguna de Gallocanta, es designada 
con aquel nombre, la ánade Penélope. 

chiquirrindin, n., chiquirritín. 

chirigol, d., pisto. 

chirnete, d., chichón. 

chitan, n., planta. 

chocalias, jocalias: usa esta voz el Conde de Villahermo 
sa, en carta á su Archivero; iSjy. 

chocar, n., agradar; gustar; excitar la hilaridad: || n., sor- 
prender; causar extrañeza. 

choldra, zambra: voz comunicada. 

choUazO; n., pescozón. 

chorar, n., hurtar: parece voz rufianesca ó de gcr- 
manía. 

chordon, c, frambuesa; zumo de fresas: también se dice, 
churdón. 

chorrada, n., caida ó exceso gracioso, en la medida de los 
líquidos. 

chorretear, n., pendonear. 
. chorrotero, n., pendonero. 

chorroton, n., pendonero; í| n., mancha considerable 
producida por algún líquido vertido: II n., el mismo acto 
de desprenderse, fortuitamente, algún hqiiido. 

chota, d., vaca: Jlp.. ternera. 

chotear, n., retozar; dar muestras de inquietud, travesu- 
ra y alegría. 

choto, n., berrinche. 

chovo, zurdo: úsase en Borja. 

chuflete, chiflete; chiflo ó silbato. 

chulapo, pilluelo. 

chulo, criado de labor, sin encargo determinado. 

chulla; a.. lonja de tocino. 



■ pegajoso; ó tojo lo que despide ó suda algún 
barniz, pringue ó líquido espeso. 

ehuparcensos, n., persona indusiriosa, entremetida y di- 
ligente, que lucra, sin aprensión, en toda clase de ne- 
gocios. 

ehnpa-lámparas. persona sucia 6 desaseada. 

charra, ganga; ave. 

churro, equivalente á Aragonés, entre los Valencianos. 

chumimpada. chorrada: volqúese nos ha comunicado, 
pero que nosotros, no hemos, por nuestra parte, oido. 




., dalle: || n., lengua de dalla ó lengua como una 
líi, equivalente á lengua viperina, 

ino, n., cierto género dcalbérchigo. 
daoce. paloteado y danza de espadas que, afectando traje 
pastoril ó de moros y cristianos, ejecutan los mozos en 
Zaragoza y otros pueblos de Aragón, con acompaña- 
miento de recitados en verso, para festejar al Santo pa-, 
trón del barrio ó localidad; la composición poética que 
se declama en estos bailes. El que quiera conocer su cor- 
te, puede ver un dancf nuestro, escrito para Lecinena 
é impreso en el tomo de nuestras Poesias- 
p]Mvdecara, n.. en el juego del dominó se dice, ífi;;r ii£ 
cara un punto ó ficha, cuando se pone aquél, como ex- 
tremo de línea: generalmente es. repitiendo ficha propia 
ó compañera, aunque á veces es jugada forzosa ó contra- 
•ducente, á provecho de los contrarios. 
nos. Jueces comunes á judíos, moros y cristianos, 
gijn Foz. 
;, d.. semilla parecida al Trigo que está en cierne; tam- 



212 D 

bien se usa en el mismo sentido la palabra ada:(C, 

de, n., partícula expletiva, a la manera francesa: se usa 
en la locución como de antes y otras. Lope de Vega em- 
pleó mucho esta partícula, á la manera aragonesa; y te- 
nemos á la vista algunos textos de Querer la propia deS' 
dicha y de Los Tellos de Meneses, También la usó d 
famoso Luis Quiñones de Benavente, en su entremés. 
El Abadejillo. 

debitorio, documento en que se responde de alguna deuda. 

decena, a., compañía de diez personas. 

defenecer, a., dar el ñniquito á una cuenta. 

defenecimiento, a., ajuste ó ñniquito de cuentas. 

degfieUO; c, degolladero. 

dcjjia, n., manda testamentaria; legado. 

dentera, d., apetito de comer alguna cosa, cuando es exci- 
tado por su presencia. 

derretido, n., manteca de puerco, que se conserva mucho 
tiempo, después de freida y depurada de los chicharro- 
nes y partes gruesas. 

desafiar, a., despedir el rey á un rico-hombre, ó des- 
naturalizarse éste, previas ciertas formalidades. 

desafidar, n.. lo mismo. 

desafiliación, n.. la acción de desañliar. 

desafiliar, n., desafíjar. 

desafio, a., la carta ó recado, en que el rey manifestaba 
la razón para despedir á un rico-hombre ó caballero, 
privándole de sus honores y feudos. 

desansado, sin asa. 

desar§uellarse. n.. cobrar lozanía y robustez: ¡! n.. des- 
empeñarse una casa. 

desasentarse, ausentarse de pueblo, corporación, etc. 

desbezar, n.. destetar: quitar el pecho á las criaturas: en 
Castilla, desbecerrar, destetar á los becerros; desi*ei{cr^ 
desacostumbrar. 



D £13 

descaí- d., retal; irazo de tda: || d.. el Tanto que se paga- 
ba en dinero, cuando en los die2mos, no llegaba al nú- 
mero la especie. 

descuerar, angostar el cajero de una acequia. 

descarcañar- n,, descarcañalar. 

descodar, a., desapuntar ó cortar; deshilvanarlas piezas 
de pafio. 

descornar, n., (véase escorkar, que es más usual). 

deseocantaracion, a., acción y efecto de desencan tarar. 

desembuñegarse , desenredarse de trampas ó deudas. 

desemparar, n.. quebrantar la cmpara. 

desenrollar, a., quitar la enrona de alguna parte. 

desespero, n., desesperación. 

desfachatadamente, n., desvergonzadamente: en Italia- 
no sj'acciaíamente. 

des&duitado, n,, insolente; descarado: en italiano s/cc- 
ciato. 

desfiwhatez, n., insolencia; desvergüenza: en italiano 
s/eicciamenlo; s/acctctagine; y sjacciate^^a. 

desfárgallado, n., desaseado ó descompuesto en el traje; 
desmazalado en la persona; extenso y mal distribuido, 
en las habitaciones. 

desfilurchar, n., deshilachar. 

desgallinarse. sollarse á hablar ú obrar: perder el encá» 
pimiento, que a'ntes se tenía. 

desgana, a,, desmayo; congoja. 

desgarrabandera, persona resuelta y poco cuidadosa de 
su persona. 

desgarro, n,, prenda ó pieza de hilo, para aprovecharla 
en paños, vendas, etc. 

desgay. d.. retal: ll d.. pane de diezmo pagada en me- 
tálico: usase también escav. 

deBgranadera, n., (véase judI* bachoca]. 

desgoay, a., retal. 



214 D 

deshecho, n., desgobierno; desorden; calamidad; y así 
se dice, esa casa es un deshecho, 

deshiladi», a., íiladiz ó seda, que se saca del capullo roto. 

desinsacular, a., sacar del cántaro ó bolsa alguno de los 
noipbres allí insaculados, con lo cual se le excluía de la 
elección. 

de^iuñir, d., desuncir. 

demadCjiado, d., flojo; desmazalado: son castellanas des- 
madejamiento y desmadejar. 

desmayo, n., sauce. 

desmote, n., la acción y efecto de desmotar la lana. 

desocupo, desocupación: ¡qué desocupo de hombre, estar 
todo el dia^ cortejando á las criadas! 

desoUador, a., sitio para desollar reses. 

despacienciar, acabar con la paciencia de uno: es muy 
diferente de impacientar; y aunque no hay motivo para 
que esa palabra sea puramente aragonesa, es lo cierto, 
que se usa aquí mucho, y que no está admitida como 
española, por la Academia. 

despartidero, n., punto de convergencia ó divergencia de 
dos carreteras; encuentro de dos vías cualesquiera. 

despesgado, desorientado del camino; descaminado. 

despedida, d., salida; desaguadero. 

4^spelletar, n., despellejar; desollar. 

despepitarse, n., desarrollarse; soltarse en la conversa- 
ción ó en los negocios. 

despidida, a., salida; desaguadero. 

destilada, n., pérdida ó extravío de alguna ó algunas reses. 

destsyar, n., deshacer el atajo del ganado. 

desterrarse, ausentarse mucha gente, en busca de alguna 
diversión ó espectáculo; y así se dice, Zaragoza toda, 
se ha desterrado para ir á ver las maniobras. 

destrados, a., tejido de lana ordinaria, que sirve para 
tapetes y alfombras. 




, n., destrozo: usa esta voz vulgar D. Agusón 
Aicayde en su Historia de los Sitios de Zarugo^íz: ya 
en su tiempo, tuvo un impugnador de sus noticias y de 
su lenguaje. 

destrOzatonnOS, destripaterrones: úsase aquella voz, en 
un pasquín, que se Bjó en Zaragoza, el 2 de Abril de 
1776, y que ha sido publicado en la Revista de Archi- 
vos, del "io de i unió de 1S74. 

desvezar- cortar los mugrones de las viñas, por la parte 
que se comunican con la cepa madre, 

detallo, n., número mínimo; y así se dice, y está mandado 
quena tenga acampo privativo, el que no posea el deta- 
llo de doscienlcs oyejas. 

devalles, hasta donde llega el agua, en su mayor altura. 

deverías- n., tributos personales, que los ríeos-hombres 
cobraban de cada casa de los llamados, antiguamenii:. 
vasallos deparada (Cuenca}, 

devorar, n., destrozar; romper. 

devoro, n., destrozo: á veces, se personifica á los niños 
que inutilizan muy pronto la ropa, diciendo, ¡qué de- 
voro de muchacho I 

dec|seteno, n., décimo-séptimo. 

dica, d., hasta. 

dichos, las coplas de los dances. 

dientes, n., dar y sobre todo ofrecer con dientes uiia co- 
sa, hacerlo de mala gana, 

diez y sietes, eran así llamados, según Argensola, los ju- 
dicantcs que fallaban en las causas, instruidas por los in- 
quisidores, contra los ministros de justicia. 

diezmador. a., perceptor de diezmos. 

dietas, en alguna parte hemos leido esta palabra, como si- 
nónimo de sesiones. 

dineral, a., medida pequeña de vino ó aceite, correspon- 
, diente al precio de un dinero. 



21C B 

dinerillo, a., moneda de cobre, de más de un ochavo y 
menos de un cuarto. 

dinero, a., ochavo: || n., moneda imaginaria de dos mara- 
vedises y dos tercios, ó sea la décima sexta parte de 
un sueldo. 

dir, decir: de uso del vulgo^ en algunas localidades. 

disante menor, n., nombre que da Cienfuegos á la plan- 
ta, que Asso designa, con el de arbeja. 

doblero, a., panecillo en forma circular y algo aplastado- 

docen, n., se dice del madero que tiene veinticuatro pal- 
mos de largo: llámase también doceno, 

dominicatuia, a., ciertos derechos del Señor temporal. 

doñeas, n., en documentos antiguos, como ya se ha visto 
en \osf.f. de la Unión, va precedido de la condicional 
si, y entonces significa con tal que. Rosal le dá los sig- 
nificados de ¿y pues? ^ ¿pues bien?; ¿clftn qué?; y lo 
hace correspondiente al denique latino, (á nuestro pare- 
cer con error), al dunque italiano, y al donchs catalán y 
valenciano. La Academia lo pone como antic, con la 
significación de pues, 

doncel^ p., ajenjo: usado también en Murcia. 

dorondon, d., boira ó niebla espesa y fria en el invierno. 

drapería, paños; telas. 

drog^uería, n., tienda de comestibles y otros objetos; aba- 
cería. 

drope, d., inaplicado; haragán. 

duelo, n., lástima: úsase en la expresión, hacer duelo una 
persona; por inspirar lástima. 

dula, d., adula: || n., despeñar la dula^ echarlo lodoá ro- 
dar: dar una salida brusca é incísperada á algún negocio. 

du'cillon, cierto vino de Cariñena. 

duncas, n., voz antic, que parece significar, con tal de; á 
no ser que: en el Diccionario de Antigüedades de Nava- 
rra se aplica del mismo modo, la palabra doncas, dado 



D 217 

caso que\ d no ser que\ y tiene alguna analogía con la lo- 

cución, también antigua^ fueras ende, 
dnrasiial, n., durazno ó duraznero; árbol. 
diiraaulla, d., durazno; fruto. 



E 



Ebro, d., se usa la expresión no estar f ara echar gatos al 
Ebro^ como equivalente á estar miserable; pasarlo con 
estrechez; no estar para derrochar: || n., comer mds que 
Ebro, devorar: ||n., ha de bajar mucha agua por el 
Ebro, ha de pasar mucho tiempo. 

ediadazo, tendido por poltronería: || voz expresiva que 
«incluimos, en representación de otraS; como largado, 
sentadero. 

edad, a., se dice estar en edad, por el tiempo en que aun 
no han cerrado las bestias. 

efemeron, fiebre; erupción ú otra perturbación en la sa- 
lud, que generalmente dura un solo día ó poco más, y 
suele acometer, con especialidad, á los niños. 

C|)ecutor, d., albacea. 

cgército, n., tributo, que se conoció con este nombre, en 
Aragón, según Blancas. 

élistico, n., almilla. 

embadiuar, d., encharcar. 

embafiur, d., empalagar. 

embarralar, n., meter el vino ú otro líquido en barra! y 
por extensión, en cualquiera otra redoma. 

embastar, c, hilvanar. 

embelecar, llenar de estorbos. || desembelecar, quitarlos. 

emberar, p., empezar la sazón de las frutas; tomar coIof; 
sobre todo las uvas. 



218 8 

embero, p.| el color que indica sazón en las frutas; y la 
misma uva ó grano. 

embochar, voz de Sericultura. 

embrosqnillar, a., meter el ganado en el redil. 

embuñeg^O, enredo; deuda. 

emologar, n., confirmar; ratificar ó aprobar; según se 
lee en las Ordinaciones de Abejeros^ i5o2li 

empachar, n., impedir: su participio pasivo se usa, en las 
Ordinaciones de Zaragoza: embargar. 

empacho, n., impedimento: se usa, en sentido de excep- 
ción ó amparo forense. 

empi\jada, mezcla de paja con agua, y á veces un poco de 
sal, para dar á las caballerías, cuando están enfermas. 

empandullo, d., pastel ensuciado; mala salida de un ne- 
gocio: II d., embolismo; embrollo. 

empandado, labrado á paneles ó entre paños. « 

empañetar, labrar una pieza de carpintería á paneles: la 
Academia, que admite entrepaño y entrepañado, omite 
entrepañar, 

empantiillo, (véase empandullo.) 

empapuzar, empapujar. 

empara, a., emparamento ó inventario. 

emparamento, a., acción y efecto de emparar, esto es. 
de inventariar ó secuestrar: hay proceso de empara- 
miento: \\n., guidáxico ó protección, según declaración 
en Cortes de Cataluña, i35i. 

emparancia, n., emparamento; emparatoria; manda- 
miento de secuestro. 

emparante, el que pide ó hace el secuestro. 

emparar, a., embargar ó secuestrar; y mejor, inventa- 
riar. 

empedrear, d., empedrar. 

empeltre, a., olivo ingertado. 

empenta., p., empujón; empellón. 



8 219 

empentar, a., empujar. 

empentón, empujón. 

empeñorar, dar en prenda. 

empümar, poner ó aplicar una bizma: || sacar á uno el di- 
ñero, con astucia ó mala fé; ó comprometerle en un ne-* 
godo, de pérdida segura. 

en, n., precediendo al infinitivo, como en castellano al ge- 
rundio, significa, luego que; después que; p. ej.: enre^ 
frescor departiremos; en pasar las fiestas^ lo veremos: || 
n., partícula relativa, usada, como en la lengua francesa, 
en las espresiones m' en voy^ por me voy de aquí; m' en 
canso, por me canso de esto. Tiene valor de después en 
varías locuciones, p. ej.: en que lleguemos allá, te dire- 
mos lo que ^q;^a; deshaciendo el solecismo, se diría bien, 
en llegando. — Significa también Don^ tratamiento usual 
en Cataluña y en los documentos lemosines, y no infre- 
cuente en los Aragoneses. 

enantamiento, actuación; procedimiento. 

enantar, n., Ducange interpreta /ignorare, procederé. El 
Códice de las Uniones de Aragón trae los siguientes pa- 
sajes: Elas spoliaciqnes que notorias no fuesen que em- 
biariades nuestro procurador por EVAHTJiK en aquellas 
ante ¡a Justicia de Aragón; y si enantaría ó querría 
ENANTAR pcrsonos Ó bicncs de algunos ^ etc.; que si no vie- 
ne el dia de Ramos por enantar en las cosas sobredi- 
tas^ etc. También hemos leído fué mandada cort de la 
dita Unidad por enantar en los ditos feitos. \\ Algunas 
veces parece, como, emplazar; citar; ó hacer compare- 
cer. (Véase el Privilegio general). 

enante, proceso. 

enarcade, mudo de estupor. 

enatúo, d., desmedrado; imperfecto de nacimiento: || d., 
de ánimo apocado y ruin. 

enavesar. d.. trasponer. 



220 E 

encabezado, n., el vino que se mezcla con aguardiente 
ú otro licor: || n., cabecero: 

encabezar y encabezarse, n., verbos de donde nace el 
participio anterior; y que también son usuales en Aragón. 

enoalzador, n., perseguidor. 

encalzar, n., perseguir, ponerse en persecución: encalccn 
e geten de la tierra al sobredito rey, se lee, en el Có- 
dice de los Privilegios de la Unión. 

encanarse, n., detenerse demasiado en la conversación; 
eternizarse hablando: || n., pasmarse á la fuerza del lloro 
ó de la risa: la Academia sólo admite el primer afecto, 
que á la verdad, es el más común y adecuado. 

encantar, d., vender en almoneda. 

encante y encantülo, d., lugar en que se venden las co- 
sas ya usadas, las viejas y las de desecho. 

encañizar, n., cubrir las bobedillas ó cualquiera otra 
obra, con cañizos. 

encarpetar, n., colocar papeles dentro de sobre ó carpeta. 

encarrañarse, d., irritarse; incomodarse. 

encartar, n., intentar acción criminal, contra el obligado 
en instrumento, en que se juraba, pagar y no pleitear. 
(Véase á Larripa en sus Procesos Jarales]. 

encensero, incensario: se lee, en documentos medio le- 
mosines, medio aragoneses. 

encercar, n., inquirir; investigar: esantic, y deducido de 
documentos latinos, y por consiguiente dudoso. 

encerrona, n., en el juego del dominó es, dejar por am- 
bas puntas,- un mismo número ó palo, cuando todos 
están jugados, en cuyo caso ya no pueden jugar las fichas 
que se tienen en la mano: — en general, se dá á este lance 
el nombre de cierro^ y cuando los tantos que se cuen- 
tan son muchos, entonces se llama encerrona. En Zara- 
goza es más usual que en otras partes y por consiguien- 
te, se halla muy adelantado el juego á que aludimos, de 



E 121 

avfo tecnicismo incluiremos cuatro ó cinco vocablos. 

eoeetar. d., decentar: || d.. empezar: la Academia escri- 
be encenW.r; para la primera significación, y aunque omi- 
te la segunda, pone la de encentcdor: el que encienta ó 
empieza alguna cosa. 

escomienda, depósito. 

encordadura, n.. conjunto de cuerdas de una guitarra ü 
otro instrumento de cuerda. 

encorrer. d.. correr tras alguno para cogerle: es verbo 
activo. 

eocortimieDto. n., vale tanto como entredicho, á juz- 
gar por el Códice de las Uniones en que se lee, que poda- 
mos soltar el dita seynor rey el encoktímiento de los 
ditos castieyllos é que non los alienemos. 
a., pasar hambre; sufrir. 
, harina disuelta ó mezclada con agua, que. 
dada á las vacas, les proporciona leche pronta. 

enfilar, n.. dirigir un asunto: || n., ingerirse. 

enñuTUSCarse, n., enfurruñarse. 

eng;afietar, n., enlazar los gafetes macho y hembra; abro- 
char. 

ensalzar, d., encorrer, 

engañoso, embustero: genei'almente se usa esa palabra 
con benignidad, y alude á cosas de poco momento. 

engarabitarse, n., encorvarse y entumecerse los dedos á 
impulso del frío ú alguna causa patológica: en Castilla, 
esa palabra significa, ponerse en alto, y ta dclinición que 
hemos dado conviene á la voz engarabatarse. 

engaidigiaa, d.. lagartija. 

encarroñarse, humillarse á tierra las mieses, por viento ó 
lluvia. 

eng'luciar, d., mirar con intensión; hacer gestos para con- 
seguir alguna golosina. 
'%, buhardilla ó^/3(í. 



224 X 

para cerrar ó disminuir alguna abertura; por ejemploi 
en los pozos negros. 

entrático, d., entrada de religioso en alguna comunidad: 
la Academia lo incluye, como provincial de Navarra. 

entrecavar, d., limpiar de yerbas la hortaliza. 

entrega, n., restitución in integrum, 

entriparrado, n., entripado; en ambos sentidos, recto y 
figurado. 

entrilMurrar, n., ocupar demasiado el estómago, algún 
manjar indigesto ó comido en abundancia. 

envasador, c, embudo: la Academia añade, que grande 
y propio para pellejos y toneles, esto es, para grandes 
capacidades. 

enzorisar, n., enzarzar ó poner guerra entre varias ¡Der- 
sonas, sembrando discordias: la Academia admite la voz 
primitiva :{uri:(a. 

efoipe, equipaje; ó más bien, el conjunto de ropas y te- 
las del que se casa ó establec'c. 

erage, a., miel virgen. 

ereta, n., era ó plantel de tierra, para cultivo de verduras. 

error de proceso, a., con que se nota que alguno es tan 
hábil que, aun convencido, se liberta de la pena que le 
imponen. 

esbafar. d., evaporar. 

esbandír, extender la ropa y agitarla en el agua, después 
de haberla pasado de jabón. 

esbanzar, romper el tiempo en lluvia ó aire. 

esbarrancada (fila', escapado de su cauce, por rompi- 
miento de éste. 

esbarrar, d.. asombrar; espantar la caza, caballerías, etc. 

esbarrígado, desbarrigado, pero no en el sentido de es- 
caso de barriga, como dice la Academia, sino en el de 
herido en el vientre: usa esa palabra el rey D. Martin 
en las Cortes de i338. 



. desbriznar ó entresacar de la flor los estam- 
bres de! azafrán. 

escabas, desperdicio del lino, como la agramiza lo es del 
cáñamo. 

escaceaTn n., desmenuzar la piedra, el yeso, la cal, etc.. 
para molerlos después, mas fácilmente. 

eaoacQar, d., cacarear. 

escachar, d., despachurrar : ó mejor, aplastar, machucar: 
[| d-, chasquear; dejar burlado. 

escachu&ar, n., igual signilicación que la anterior, pero 
de uso del vulgo. 

escjüerar , rellenar el hoyo, que se abrió para alguna plan- 
tación; voz local. 

estfalar, paso de montaña, generalmente angosto, retorci- 
do y áspero sobre roca, el cual ofrece un escalonado, 
unas veces puramente natural y otras empedrado, á tre- 
chos, de industria. 

escalera, c, peldaño; escalón. 

escalera hurtada, de caracol ó de ojo, como dice la Aca- 
demia. 

escalfecido, florecido, esto es, empezado á perder: se 
aplica á la fruta, al queso ó á cualquier comestible que 
se enmohece; según la Academia. 

escalfeta, c, braserillo. 

esoatiar, n., culturaró poner en cultivo, licna que había 
sido abandonada; y en este sentido lo usan las Obser- 
vancias y el erudito Cuenca. Peralta no incluye esta 
voz, pero sí la de escachar, (roturar^ que nosotros no 
hemos incluido, por suponerla error de imprenta, que se 
corrige con la voz t:scAi.iAu: úsase también, en antiguo» 
documentos de Navarra. 

esoalÍTar, d., sacar el rescoldo ó remover el fuego: 
en idioma provenzal, calivmi, quemar; escalfar, cd- 

f tentar: HECALiv\r!. volver d calentar: en catalán es- 



226 E 

calivar; escarbar y cocer al rescoldo. 

escalla, cierto fruto cereal, criado en tierra de poca fuerza, 
y propio para alimento de animales. 

escamochear, a., pavordear ó javardear ó hacer las abejas 
segunda cría, después de la principal; separándose de la 
madre, en corto número, con su maestra. 

escamocho, se aplica, al que es mal figurado ó desarro- 
llado y por otra parte, carece de animación y gracia. 

escampar, d., tender el estiércol por la tierra: || d., derra- 
mar granos ó semillas. 

escandallar, n., computar el valor de una partida de ga- 
nado, haciendo de él varios grupos, con las reses mas 
iguales; tirando desde otro corral ó aposento una piedra 
á cada grupo; pesando las reses, á quienes ha tocado Ada 
piedra; y calculando por el peso de cada una, el de su 
grupo: á veces se hace esta operación con el grupo mejor 
y con el peor , y á las demás reses se las hace desfilar, 
una á una, marcando como tipo, las que hacen un nú- 
mero dado; el diez, por ejemplo. En castellano tiene 
una significación análoga, pues equivale á sondear y por 
ampliación jL^ro^'íTr, examinar: en ixúxdino.scanda filiare, 
está mejor definido, pues responde, en sentido figurado, 
á inquirir-, averiguar', etc., como en Casti (Nov. IX\ 
Da scandagliar gli altriii talenti afondo. 

escandallo, n.. operación de escandallar: || n., la res que 
se saca como tipo: || n., A kscandallo, modo adverbial, 
para expresar que se vende un ganado, escandallándolo . 

escañarse, d., desgañitarse; ahogarse de una tos muy 
fuerte. 

escaño, d., íc retro. 

escaparrar, se usa en la trase, echar d uno d escaparrar. 
para denotar que se le despide de mala cara ó que se le 
contesta agriamente. 

escarabajo pelotero^ n.. insecto de los coleópteros. 



E a»i 

awariAtina.n.,cnrcrmcJadqucsude padecerse en laniñcz. 
escarmeatar. echar á las legumbres agua fría, cuando su- 
ben por el hervor. 
escarramanchones ia;, a., i horcajadaF. 

escay, retal; des^ay. • 

escla&r, n., machucar; chafar; quebrantar: [jmbícri se 
dice, esclafcr los huevos, por cascarlos, partirlos 6 
abrirlos. 

escobar, c, barrer. 

escobiiar. n., descubrir; alzar el velo i alguna cosa. 

escocido, escarmentado. 

escolano, n., ayudante del sacristán mayor, en el Hospi- 
tal de Zaragoza: |{ n.. especie de coadjutor: lo había tara- 
bien, llamado de la limosna, según se ve, en las Ordi- 
naciones de Pedro IV : ll sacristán ó acólito: listo: avis- 
pado. 

escolar, agotar ó desecar una agua dcicnida. 

escombra, n., escombro: la .academia admite esta voz. 
como el hecho-de escombrar. 

escombraduras. eavas. y las almuestas ó almucrtos, eran 
derechos en especie, que el rey cobraba del Almudí de 
Zaragoza: habla de ello Jiménez de Aragües, en el tra- 
tado sobre el Baile de Aragón. 

escomenzar, dar principio á una cosa: se halla en Lúeas 
Fernandez y no lo incluye la Academia. 

escondecucas, a., escondite; juego de muchachos. 

escopetada, d.. escopetazo. 

escorcar. n., véase, eskolur. 

escorcha, d., túrdiga: correa de cuero, ancha y sin curtir. 

escorchar, c, levantar la cortesía ó piel á alguna cosa; 
desollar. 

escordioUn, polludo ímplumc. 

escorchón, n.. desolladura. 

ic usa en la frase, cscucrn-:: te como pue- 



228 a 

das y en significación de componte como puedas: también 
se dice, me he descornado estudiando y otras locuciones 
como esta. En una colección de refranes, leemos: deiar- 
LO descornar; yroje de que se usa^ cuando no se quiere 
meter pa\. • 

eSMrredero, n., canal por donde se facilita la salida del 
agua sobrante de un riego 6 del término de una acequia: 
II n., el fondo de la vagina; voz de la gente inculta. 

eseorrediio, n., escorredero. 

aMMUrredor, n., escorredero: usa aquella voz el Conde de 
Sástago, en su lujosa obra sobre el Canal Imperiai de 
Aragón. 

esootolane, d., frotarse el cuerpo con la camisa, mo- 
viéndose. 

asoOBiete, a. , instrumento con que se sacan los escueznos. 

eierilMUio de rteim, n., oficio de la Casa real de Ara- 
gón, en el siglo xiv. 

eforimar, n., descrismar. 

etoiiagrerfaigado, derrengado; deshecho de fatiga. 

eseuatres, tributo: en un documento se lee, ^debiapor 
los EscuATRES dc la Iglesia,^ 

escudillar, d., echar el caldo en las sopas, el chocolate en 
los pocilios ó jicaras, etc.; || vaciar el puchero, en la fuen- 
te en que ha de servirse; y así se dice, escudillar las ju- 
días, la olla, las puches, etc. La Academia dice que es, 
vaciar el caldo, pero eso no explica la frase de Hurtado 
de Mendoza en su Lazarillo, me parecía más convenien- 
te hora de mandar poner la mesa y escudillar la olla, 
que de lo que me pedía\ \\ descubrir un secreto, v. g., 
yo le revelé mi plan y él lo escudilló alpunto^ en el tea- 
tro: II ESCUDILLAR LA SOPA, Calarla ó echar sobre ella el 
caldo; acepción que hemos visto en algún Diccionario. 

escueznar, a., sacar los escueznos. 

esouezno^a.-pulpaócarncdc la nuez tierna: úsaseen plural. 



Winitll ■gnjan. epíteto que algunos aplican á los sastres, 

y que usó, en un inlorme ante la Audiencia de Aragón, 
un Abogado de bastante nota, que pasaba por discípulo 
del famoso Almalilla. 

escupinata, n., escupetina; escupitina; escupidura. Cus- 
yaradice.escupecina. . 

eBdevenidor, venidero; el notario Benedcd, en 1 383, con- 
cluía su Acto publico sobre la Virgen de Leciñenct con 
estas palabras: ¡as sobreseí Uis cosas escripias é tes- 
tificadas en mi prolocolh, mesas en memoria del esde- 
vENinoB, 

esdevenimientos. rendimientos ó productos calculados. 

esfiladiz. n.. niadiz; desfíladiz; usan aquella voz los I. f. 

esforracinar- quitar los renuevos viciosos que salen de un 
árbol ó los sarmientos de las parras, para que las guías 
principales tomen la fuerza necesaria; la Academia in- 
cluye, en el mismo sentido, como Navarra, la voz esfo- 
rrocinar. 

esñlOinador, n., deshollinador. 

esfullinar. n.. deshollinar 

esgarrar, n.. desgarrar. 

esgarrifar, d., el efecto que nos causa la lima, cuando dá 
en falso.- H d., espeluznarse de horror. 

esgarron. n., desgarrón; rasgón. 

esgamipiado, desarrapado. 

esUuBÍnarse. n., empezar á gustar de una cosa; || ir lo- 
mnndo c! gusto á algo: || estrenarse, en ciertas diversio- 
nes y placeres . 

eEdava. n.. pendiente lisa, por donde resbala el agua. 

esmangamazos. n., se dice, de cualquiera persona de 
poco valer, principalmente, del estado llano: || equi- 
vale, muy aproximadamente, al castellano ceba can- 
tos. 

; n., disminuir la cantidad de algún líquido; y 



23IÍ) S 

se aplica, comunmente, á los que están ai fíi<go pan 
cocer: úsase también como refleiivOf y hay quienes 
lo pronuncian y escriben, desmediar. 

afanenfadon (morir de), por consunción: voz local. 

esmerado, n., líquido que ha disminuido en peáo y vo- 
lumen, por ebiülicion. 

esmerar, n., cons^^ir la disminución de un líquido, por 
medio de la ebullición: se usa también, como reflexivo. 

esmo, n., tino; tiento; y así se dice, perder el esmo: úsase 
mucho en el Alto Aragón. En catalán, se usa, esmo, 

eamollar, n., , quitar la cascara verde á las nueces, a^dh- 
ñas y otras fhitas: || n., desmoronarse las obras de tiem 
ó de construcción deleznable. 

eamerrfllado, n., desportillado. 

emosearie, n., desaparecer sin ser visto; ausentarse ma- 
liciosamente. 

eamnirse, d., deslizarse; escurrirse; zafarse. 

tWipaililla . n., juego de naipes; acaso el tresillo: entre los 
papeles manuscritos de Lezaun, hay una carta escrita 
en verso desde la Zaida, en que se lee: 

Mi mayor divertimiento 
es ei juego de espadilla, 
en el cual gano tres reales, 
en cuatrocientas partidas. 

espalmar, n., quitar el polvo á la ropa, frotándola con las 
manos: así las leyes palatinas de Jaime II de Mallorca, 
en las cuales también se halla spalmator^ según Du- 
cange. 

espanado, n., miserable; piojoso; perdido; hombre que 
no tiene sobre qué caerse muerto: es voz local. 

espartar, n., cubrir ó aforrar con esparto las vasijas de 
vidrio: se usa también en el adjetivo ó participio pasivo. 

esparvel, n., gavilán: también esparver. 



. » * 



I que 



despatarrarse: del mUmo modo pierden 
en Aragón la d los demás derivados; || n : 

Si hay un Barranchan 
que al mundo esPATAniiA. 
sentido metafórico, uno de los varios copleros 
que se desataron, cruelmente, contra la Sociedad Eco- 
nómica Arajjonesa, en 1785. 

especias, perfumes. 

espedera, n., espetera. 

espedo, a., asador. 

espenjador, n., pértigaú vara, i|uc tiene dientes de hierro 
úla¡)unta, y sirve para colgary descolgar cuali^uicrobjeto. 

esperreque, d., niño ú hombre mal sano ó regañón: |1 d.. 
cosa despreciable. 

espeso, el que abunda mucho en alguna pane, ¿se ciñe 
demasiado, á una compañía ó á un negocio: tiene pare- 
cido con caldosa. 

espichar, d., morir. 

espiella, espclta; escanda ó especie de trigo: lo hemos 
leído, en documentos oficiales, 

espinal, d., espinaca. ' 

eSpinalbO- n., cierto árbol infructífero. 

esponjado, p., azucarado; panal-, azucarillo. 

esportillarse, n., desportillarse. 

esportón, d., serón. 

espuenda, p,, margen de río ó campo: úsase también en 
Navarra: en otras partes espona. 

espunados, emplea esta voz el Rey D. Martín, en el Dis- 
curso de apertura de las Corles de 1 338, como se vé por 
e-sie pasaje: {cuántos afollados de su cuerpo? Assa^ 
<£ cuJníQs esvarrigcdos é espunados? 

espuntar n., ponerse en movimiento, los machos cabríos 
ú guiones de un rebaño. 



2¡& B 

Mpomar, chisporrotear 6 hacer chisporrotear. 
esqueje, n., se dice me(|Lfórica ó irónicamente^ del niño 

mal educado. 

esiiaila, c, cencerro. 

esiiuJlada, a., cencerrada. 

esquilador, se usa en la frase, ponerse como el chico del 
esquilador, para denotar que se ha comido, bebido 6 
tenido otro goce, hasta el exceso. 

esquflo, d., cencerro: || n., esquileo. 

esquimen (sacar el), sacar todo el partido posible de un 
negocio. 

esqnimenzar, derribar á golpe, el trigo respigado. 

esquiparte, pala para la limpia de las acequias. 

esquirol, a., ardilla. 

estabulado, n., se dice, del ganado metido en el establo. 

estabular, n., meter el ganado en el establo. 

estadal, p., librito de cerilla. 

estadalera, palmatoria: esto creemos, en vista de los sig- 
nificados de ESTADAL y del inventario de las joyas de la 
Universidad en 1 781; en que se menciona una de aque- 
llas, de peso de nueve onzas y cuatro arienzos. 

estsyadizo, n., división que se hace, en los grandes corra- 
les, para colocar las roses, con la separación conveniente. 

estalonar, n., quitar el talón á la media ü otro calzado: 
se dice del zapato que pd destalonado, cuando se le do- 
bla el talón, para llevarlo debajo del pié. 

estalviar, n., perdonar; voz aragonesa anticuada, según ei 
índice de Blancas: excusar; ahorrar; economizar: estose 
desprende de una Ordinacion de Pedro IV que dice, los 
príncipes terrenales son pilares de la Iglesia, é sson de- 
putados á defencion de aquella, no estalviando acampa- 
miento derramamiento^ de sangre de si ó de sus someros. 

estamento, a., cada estado 6 brazo, de los cuatro que con- 
currían á las Corles de Aragón. 



[ór, madero que se arrima á una pared ruin&- 
¡a, formando ángulo agudo con ella y afianzando en 



a, n., gran porción de agua estancada: es muy la- 
mosa en Aragón la de Alcañiz, célebre por sus buenas 
anguilas. 

esUtOCOS, n., terrenos acocados y vedados, ya de particu- 
lares, ya de propios: dehesas en que los ganados pueden 
entrar oicrlos meses del año. 

ettarel. medida de áridos: el monjeMarton habla de veinte 
mil «táreles de trigo, importados de la Isla dcCerdeña. 

estatuecer, n., estatuir: se vé que se usaba ese verbo, por 
las muchas veces en que se encuentra la tercera persona 
del indicativo eslaluece. 

estatutarios, n., procesos. 

estema, n., pena de mutilación; perdimiento de miembro. 

estemar, n., imponer la anterior pena, que tal vez se ex- 
tendería á la de marcar con hierro ardiente. O' Bcrceo 
en su poema de Santo Domingo dice : Hasta que de la 
lengua os haya estekado, que Janer interpreta prívado. 

estepilla, n., planta: llámase también i?.srrf^i//<T. 



(1) Estas dos palalii 
rid&d calLgrAflcn, en «1 



ID leda U podlili Rla- 
D la doBincu- 






n rflpotldMTccís. 
i9 Prii/ittsiol dt ¡a Union, i( 
tura Indudable de cllua y ui 
n d« ta vDi tsiima, nos baii convencido de i|u«, ni sou las 
nldebenirprpscntar Jomismn Idea qu« las de *;;i«hwmJoii 
1 dfflDon m&B adelADle y que por otra parto se hoUin, cu 
vmt'Uit nJtgiaiaaes del Rciati y ulrus tralado» Jurídicas. En cuD.iito ul slg- 
itifludOi nuil ha parecido que, nombrúndoae siempre esa pana, despuax Ae 
la df niuerls, y eonbrmando Unto unbiM vocablos cua Iob la linos de ttig- 
m» y mígmiH-e, q\u denaUnU lunrcii con hierro, do ero Tuera de camino 
atribuir i «laiTiu y iMeTii»!', la FC|iilvslenclB qnr te bemoa srílllado,— El- 
hemoH visto cao placer, i|U< OuoanRC, en su Oloi*arluin,lli- 



in urp reíais lan del tudocunrurme c«D la nuestra y nceron di 
batía cierto punWFii comprabaci'm. el infeulo raeoifrrutn 
dt Ulguel del Molino, impreiio en Zanf^n, 1S66. 






234 E 

esterno, n., (véase cisterno). 

asterza, n., cada uno de los trozos ó suertes en que se di- 
viden, para su arriendo ó aprovechamiento, algunos 
montes. 

estomizane, descalabrarse. 

estopencia, se dice en algunas localidades, j^o no |»:^o 
ESTOPENCiA de nada. 

estomQa, a., tala; juego de muchachos. 

estozar, despeñar. 

estral, n., destral: el diccionarista Rosal trae la palabra 
destraleja 6 achuela^ que ya el vulgo (dice) llama estra- 
leja. 

estrapalucio, n., baraúnda; ruido; desorden. 

estrébedes, d., trébedes. 

estremezo, a., estremecimiento. 

estrenas, c, augetas, en sentido de gratificación. 

estreñir, d., entornar ó medio cerrar una puerta: nunca 
hemos oido esta acepción. 

estreudes, d., trébedes. 

estreyto, n., obligado, según Blancas. 

estribera, n., se dice media de estribera^ por las que van 
sujetas al pié, con una trabilla ó como estribo, á mane- 
ra de los botines: equivale á la palabra peal: i| medias 
ó calcas de estribera, son las que solo cubren la pierna 
y rodean el pié, d manera de los botines, con una trabi- 
lla del mismo punto. 

estricallar, d., hacer pedazos. 

estripacuentos. n., el que suele interrumpir, importuna- 
mente, al que lleva la palabra: también destripa-cuentos. 

estropicio, n., desperfecto, desorden: Xdin\h\Qn estrupicio . 

esturdedizo, aturdido ó desmayado, á consecuencia de 
caidí ó golpe recibido: incluimos con poco gusto, esta 
palabra. 

esvararse: n., resbalarse: la Academia admite destarar, 



tuado en ese sentido: Peralta dice, esbarcr. 

eSTarixar. n., resbalar: se usa, principalmente, como re- 
ciproco. 

eSTarizon, n., resbalón. 

esvirar. J., bruiíir. 

exarico, n,, colono: se emplea esta voz, en los cuerpos de 
licrecho aragonés y se halla también en Blancas: || terre- 
no conquistado al enemigo, según donación á Veniela, 
en el siglo XII. 

excebir, exceptuar; poner bajo excepción. 

exesuir, ejecutar; voz forense. 

excibír, n,, eximir. 

exorex, a., aumento ó firma de dote, que consiste, en la 
cesión que hace el marido de una parle de sus propios 
bienes, para asegurar el dote de su muger. Asso escribe 
excriex: el plural es excre^. 

excusado, n., retrete: secreta. 

excuson, n., tiene el mismo significado que ybrron, y es' 
lambien voz local que se usa, principalmente , por la 
genu rústica en algunos pueblos del alto Aragón, en 
donde el lenguaje aragonés difiere del castellano mu- 
cho mas, que el que , comunmente, se habla en Aragón 
y se i!,;fine en este Diccionario. 

exhibíta, a,, exhibición, 

exigidero, a., exigible. 

exorna, derecho del señor contra la herencia del sieno 
que moría sin hijos, en edad hábil: vigente en Cataluña 
hasta el siglo xv. 

exporga, n., expurgo, 

exporgar, n,, eipurgar: || n., soltar los árboles y las vi- 
des, parte de su fruto naciente. 

extenuación, n., pena de muerte por hambre, sed y frío, 
que los señores feudales, de potestad absoluta, podían 
'mponcr á sus vasallos de signo seryicio. 



236 E 

extenuar, n., imponer la pena de muerte por hambre, 
sed y frío. 

extracta, a., traslado fiel de cualquiera escritura 6 ins- 
trumento público. 

extraer, a., sacar traslado de alguna escritura. 

extremar, limpiar la casa; principalmente, asear los pisos. 



F 



Fabeacien, a., acción y efecto de fabear. 

fkbeador, a., cada Consejero sacado de la bolsa de Jura- 
dos de Zaragoza, para votar á los que habían de entrar 
en suerte, para los oficios públicos. 

flibear, a., votar con habas ó bolas blancas y negras. 

fkboliBes, d., especie de habas pequeñas. 

fklnigiiera, había Casa fabriquera, en ciento dos pueblos 
realengos de Aragón, y sus diezmos eran para la fabrica 
de la Seo de Zaragoza, Catedral, todavía no concluida, 
pero S. M. tenía de ello el Real Noveno. — Hemos to- 
mado esta noticia de un Plan de los pueblos y diezma- 
torios del Arzobispado de Zaragoza, formado por don 
Ignacio Borao, padre del autor de este Diccionario. 

fabueño á., viento favonio. 

fkdi^a, a., derecho que se paga al señor del dominio di- 
recto, siempre que se enajena la cosa dada en enfiteusis. 

fagfieño, FA bueno'. 

fajar, poner á los niños la envoltura. 

fieros, envoltura para abrigar á los niños de pecho: en es- 
panol, tienen estas palabras significación mas concreta 

flsyo, a., haz: es también usual en el reino de Navarra. 

fala^era, d., deseo impertinente y estravagante. 

falca, a., cuña. 



7cTcrIo árbol infructífero. 

falcino. n.. vencejo; ave. 

faldeta. estar con ¡a faldeta remangada, indica, hallarse 
ó continuar en algún peligro ó responsabilidad. 

folenciales, n., excepcionales-, voz forense. i 

foiordia, a., cueaio ó fábula. 

folsa, a-, desván; zaquizaroí. 

fiunoso, infamatorio: injurioso; según el Glosario de Sa- 
vall y Penen. 

fandang^O, n.. pendencia; riña; desorden; confusión; y así 
se dice ;se ha armado buen fandango'. 

fan&rrU, fanfarrón. 

íaracha, espadilla para macerare! lino ó cáñamo: la Aca- 
demia usa farachab; pero no faracha. 

Caracbar. a., espadar el cáñamo ó lino. 

forbalás, rizos que guarnecen un traje, según una T^e/ttcion 
de fiestas A& 171 1 ¡conforma bien con el_^r<i/¿i castellano. 

fardacho, p., lagarto: también en otras partes, cngardaixo. 

fórfallas, n., planta, scor\oncra laciniata: tiene aquel 
nombre en solo algunas localidades. 

farfolloso, a., tartamudo: balbuciente; tartajoso. 

faríaetas. a., puches; gachas; polenta. 

farnaca. d., lebrato: || n,, como epíteto, sirve para designar 
á la mujer gruesa y poco airosa. 

farolero, n., se usa en las frases meterse á farolero, que 
signitica, lo mismo que la de meterse alguno donde no le 
llaman, ó en lo que no le toca, que explica la Academia. 

ferollista, n., leemos esta voz. en unos versos contra el 
Chichisbeo, y está tomada en tan mala parte, que viene, 
para confirmarlas y exagerarlas, después de otras expre- 
siones poco decentes, en que se designa al marido sufri- 
do ó consentido. 

ferrañlUar, farfullar; en su acepción metafórica. 

~, a., hacina de treinta haces de mieses: || n.. per- 



/ 

4 



240 F 

flliiidn|)o, n., andrajo; retal; retazo. 

ffliirclio, n., hilarcha. 

finemo, polluelo. 

findoz, d. , regaliz. 

firma, a., uno de los cuatro procesos forales ó juicios pri- 
vilegiados, por el cual se mantenía á alguno ^ la pose- 1 
sion de los bienes ó derechos, que se creía pertenecerle: 
es común, casual, simple, motivada, posesdíria, titular, 
etc.: II a., despacho que espedía el Tribunal al que 
se valía del juicio llamado firma: || a., firma tutelar h 
que se despacha en virtud de título como ley ó escritura 
pública: II n., firma de dote, los bienes que el marido 
señala á la mujer sobre su dote. 

firmales, dueñas ó doncellas muy bien guarnecidas de 
vestido de oro é sirgo é lana brostados de oro é cintas 
é FIRMALES ó cadenas de oro é de plata ^ dice un docu- 
mento antiguo. 

firmante, n., el que se acogía al privilegio de firma. 

firmar, n., solicitar por sí ó por otro, el privil^o de 
firma. 

firmaticia, n., provisión ó providencia én que se asegura- 
ba á alguno la posesión de bienes ó derechos. 

filero, d., resistero de sol. 

fito, fito, n., constante, no interrumpido: equivale al cii- 
tio cutio: II n., fito, de hito en hito. 

fizado, n., se dice del animal que se ha sido mordido ve- 
nenosamente, y principalmente, de la oveja que ha tela- 
do al morgaño. 

fizar, d., clavar el aguijón la abeja ú otro animal ponzo- 
ñoso. 

fizón, d., aguijón. 

flico, en la frase /wcer d dar y7zco significa, hacer mala 
salida. 

Aojar, n.; aflojar. 



F 241 

Ü030, n., falto de energía ü de salud: d que convalece. 

florada, a,, entre colmeneros, el tiempo ijuc dura una flor, 

florecido, véase escasfecido. 

florín de oro, d., moneda de su sueldos en 1439, y de 
ró en el reinado de Carlos I, según Merino: hoy equi- 
valente, según Yaiíguas, á 34 rs. En la Universidad de 
Salamanca, se calculaba la paga de los catedráticos por 
florines de Aragón, según nos lo ha comunicado, el no- 
table escritor D. Vicente Latuente. 

focÍD, focio, n., persona poco culta y de maneras bruscas. 

focba, n., gallina de agua. 

fogage, n., fuego; hogar; familia: en Castilla, contribu- 
ción repartida por fuegos ú hogares. 

focalizar, n., marcar con fuego el ganado. 

fog^arear, n., quemar: se dice de la leña. 

fondellon. c, , vino exquisito que tiene madre en la vasija: 
la -academia escribe bien Jbníiilloii. 

forado, agujero; castellano antiguo. 

ton^idos. cxpatriados: el Duque de Villahermosa dice en 
1 577, que los cristianos de Ribagari^a estaban forajidos 
ensus casas, y esto sale muy bien del latin_/bríiejii/o5."i 

fiurano, n., forastero: esta significación tiene también, en 
el lenguaje de la Germanía. 

forcadia, n,. horcón, 

fórideclinatoria, n., excepción declinatoria de fuero. 

forídicameote, á fuero; según lucro. 

forígar, agujerear: úsase en el bajo Aragón. 

forígon, jabuco. 

forlier, en un códice de oficios palatinos de Jaime II se 
ofrecen pintados varios de ellos, entre otros ú/oriertus, 
forlcrio ó aposentador, correspondiente al traversier 



sona mal vestida, y sobre todo, de mal talle. 

;, en sus Ilustraciones i Lúeas Fernandez, dice el 
ñor Cañete (pag. 71 ), que algunas Gitedrales de Aragón 
llamaban en el siglo xiv deis Fars ó Fasos, á loa maiti- 
nes de Jueves Santos; voz que vendría de farsa, por las 
preces rimadas que cerraban estos oficios. 
fMen, bobada; tontería. 

fllfUeto, FABUEÑO y FAGÜEÑO. 

hídgSí, n., voz forense, que aunque no parece sino una de 
las aplicaciones de aquella palabra castellana, se vé uas^ 
da en nuestros Xf- ^tiÍAÍnsc fatiga de derecho, para 
manifestar, dilación maliciosa, en la administración de 
{usticia. 

flÁgtr, n., la misma idea. 

féo^l^a, heces del vino, en pueblos hmítrofes á Navarra. 

IÍq|ado, d., bardo, pesado, con aplicación á las ropas: || n., 
ocupación demasiado incomoda, complicada ó material. 

f^vdM, d., pesadez. 

femado, n., lo abonado con estiércol. 

femar, n., abonau* un campo con estiércol. 

fematero, n., el que recoge y acarrea el estiércol. 

femera, a., estercolero: /émer¿ic/on se lee, en algún docu- 
mentó latino. 

femoral, sitio destinado á depositar ó abandonar los es- 
tiércoles. 

fenccjo, n., soguilla de esparto. 

fendilla, d., grieta. 

fenal, d., prado. 

fez, hacer; en el uso del vulgo. 

fergenal, d., campos que se comprenden á la redonda de 
un pueblo: díccsc también /^g'ma/ yfregenal, 

ferrete, n., se usa en la frase dar ferrete, para denotar la 
insistencia de una cosa, y así se dice , dar ferrete d ios 
libros^ por estudiarlos mucho. 



, la hoja ó hierro de la espada. En el famoso cartel 
lie desafio, dirigido por D Pedro Torrellas á Jerónimo 
Anca, desde Zaragoza, á 4 de Mayo de óii, que fuü el 
!rer duelo de España y dió asunto á la comedia de 
tirulo, esciita por Lope de Vega , se lee: con espa- 
'-(£) de cuatro palmos de ferhuza, a medida de vara de 
Aragón. 

fetilleros. en Fueros mss. de Aragón hemos leído esta pa- 
labra, creemos recordar que en sentido de adivinos. 

Cbbbco. n,, despectiva de feo, 

flaldades. rehenes: los castillos délas fulujues déla 
Union, leemos en los Privilegios de ésta, 

fltaza de riedra. n.. vale tanto como ñanza de desisti- 
miento ó desistencia y se escribe también hedba. En la 
compilación de nuestros_/y., fol. 95, se lee, debetdareji- 
dantíam de hedha, quod mimquiím demandet illumplei- 
tum de illf. ccusa de illum hominem. 

ficacio. cuidado, atención, y así, pon ftcaciom ¡o que ha- 
ces: quizá viene de eficacia. 

fideicomiso, n., se da nombre de tidcicomiso Toral al con- 
sorcio foral, por la semejanza de sus efectos. 

n., estiércol; dá la equivalencia de esta palabra el 
Glosario del Memorial histórico de la Academia de la 
íistofia: la de la Lengua incluye i fimo entre las pala- 
bras castellanas; .laume Roig en su ¿//¿re rff Consells 
usa también aquella voz: 

fierrabrás, n., travieso; desasosegado; inquieto; revoltoso. 

fila, d-, madero; viga: || n., rostro; semblante; en lenguaje 
familiar: II n.. escorredizo; ll n . , Kla de agua; hila de 
agua. 

fUarcbo. n., K11.111C110. 

flUmpiaS en las Ordénenlas del gremio de Torcedores de 
seda, itiii.se mencionan, al capitulo 43. i&s rocas de 
algodony de lino delgado , llamadas ntiMPi'As. 



■be;» 

^*^ bras 



244 P 

furris, n., tramposo; embrollón: es voz familiar. 

fiírmfldla, n., borrufalla. 

fusileros, n., en Aragón, un cuerpo especial de tropas, 
destinadas á la persecución de malhechores. 

fasta, n., ramaje para pasto de los rebaños, en las dehesas. 

fiístdolz, regaliz. 

ftaste, 2l, afuste cuarenten es, viga de cuarenta palmos. 

ftastet, campeche, según el Glosario de Savall y Penen. 

ftitesa, n., bagatela; cosa de poca entidad: parece nacer de 
fútil, y aunque no incluida en el Diccionario de la Aca- 
demia, se halla en otros, como el de Campuzano. En la 
edición de 1869, ha incluido la Academia, como espa- 
ñola, esta voz. 



G 



Gabarda, a., mosqueta silvestre; planta. 

gábote, d., volante ó rehilete; juego. 

gafarron, n., ave:||n., se dice del que habla mucho, 
principalmente, con alusión á los niños. 

gafete, c, corchete; voz usada en Aragón, en donde tam- 
bién significa, perro para cazar conejos, según Dozy. 

g^O, d., porción de manzana, naranja, etc. 

galacho, d., hoyo ó cortadura, que dejan las avenidas ó 
aguas derrumbadas. 

galafaton (coger en), n., coger á uno infraganti. 

galapatillo, insecto que ataca á las miescs. 

galas, agallas; antic. 

galce, n., marco ú aro y también rebajo. 

galdnifa, a., peonza: de este juego nacen otras palabras, 
aragonesas en general, que por su poca entidad no in- 
cluimos, como: (fuique y quica^o. cuando la peonza cae 
perpendicularmcnte sobre el dinero; garranchada yQ\^^Ln'• 



o 245 

do lo desparrama con el clavo; tripe, cuando con la ba- 
rriga, etc. 

galera, c. , casa de corrección para mujeres. 

;al£:ueado^ n., el animal que ha sufrido persecución de 
galgos, consiguiendo superarla. 

gallina ciega, n., ave; capHmulgus europceus. 

gallinero, c. , cazuela; localidad de teatro. 

gallipuente, a., puente que, llevando una acequia, sirve 
á la vez de paso. 

gaUofit, p., ai'ialejo. 

gaDODi a., césped arrancado délos prados, para hacer pa- 
redes, márgenes, bancos ü otras construf clones: oo se 
halla en las últimas ediciones de la Academia, aunque 
sí, como castellano, su derivado gallonada, tapia fabri- 
cada con céspedes. 

gallos (a), n., se usa en la frase, hervir á gallos, para ex- 
presar un hervor muy fuerte. 

gambada, zancada ó paso largo ó todo el movimiento que 
permite la pierna para avanzar ó para hacer montar con 
ella, algún obstáculo: || vuelta; excursión. 

gsna, d. , darle ú np diirle á uno la gana, querer ó no que- 
rer: II a., eslarde mata gana, hallarse indispuesto: {| 
a., mala gana, congoja. En este último sentido, lo usa 
Avellaneda en su Quijote. 

gandumbas, hombre de genio blando; carácter poco 
activo. 

ganoso, se emplea en el proverbio, mds vale hora ganosa 
que día perezoso. 

gaña, d., extremos de herradura, reja ó azada: cierta 
parte dentada ó en forma de sierra, que tienen en lo infe- 
rior de U cabeza, algunos pescados. 

garapatillo, n., insecto hemiptero: \\ n., enfermedad de 
los trigos, ocasionada por aquel insecto. 
~ tero, medidor oficial del vino y el aceite. 



gitül^t, oficina de medición de vino y aceite: es eos- 
lumbre en algunos pueblos, arrendar el garapito 6 e> 
cbtstvay de la medición oficial, y esto viene á ser para 
ellos un arbitrio municipal. 

gtrlia, a., gavilla de mieses. 

farter, garbear, a., formar las garbas ó recogerlas. 

(arbo (de), con abundancia ó prodigalidad; y así se dice, 
gastó de garbo ^ en aquellas fiestas, 

garohofii; alcachofa : así se lee, en un no despreciable 
poema de J. B. Felices, dedicado al torneo celebrado 
en Zaragoza, el año i63o. 

(argol, p., batueco ó huevo huero. 

I^arita, n., cubierto de madera, en donde se vende pes- 
cado: también las hay de quincalla, juguetes, etc. 

garlanda, probablemente, guirnalda ó diadema: en Or- 
denación para coronación de las reinas se lee, salvo que 
no lleve garnalda ni corona en la cabera. 

garnacha, a., uva y vino de cierta especie. 

garra, en la frase estirar la garra significa, morir. 

garrada, lo mismo que gambada. 

garrampa, d., calambre. 

garrapata, n., se dicede la sección más joven ó más 
desaplicada en las escuelas de niños, y por extensión, de 
la parle menos distinguida en cualquiera reunión. El li- 
brero Cabrerizo, en sus Memorias^ áxcQ.ya nos espera- 
ba medio pueblo y algunos soldados de garrapata. 

garras, n., piernas delgadas: usa esa voz el Fuero gene- 
ral de Navarra (el mss., no el impresol para denotar en 
general, las piernas. 

garraspa, d., escobajo. 

garrear, n., patalear; agitar y mover descompuestamente 

las piernas; ó por estar impedido, ó por dolof ó coraje. 
garrico. campo yermo: se lee, en antiguos documentos 

aragoneses. 



G 247 

ganob, p., algarroba. 
girron, a., calcañar; y así, al que lleva las medias caídas, 

se le dice que las lleva al garrón: codillo de la res. 
garroso, d., paiicuerto, 
garufo, d., garifo. 

garullada, n,, gurullada; garulla ó conjunto desordenado 
de gcnles: en la Fábula de Fineojr las Harpías, que se 
I halla recogida por Lezauu. en uno de sus lomos manuis- 
^^HMDs, se lee, 

^^^B' yjoda la garullada 

^^^H de los dioses del Olimpo. 

^^^BiSl. a., césped. 
^ta, ahujctas. 

^tamnsa, n., mogígata', hipócrita; mujer redomada: [¡ene 
alguna analogía con la voz gatatumba, que en castellano 
significa, simulación de obsequio, reverencia ó dolor. 
gataria, n., galera; planta: nepela catarla. 
^tatumba , n., hacer la gatatumba, hacerse el muerto: la 
Academia admite esa voz, con significación oigo diferente. 
fatuñada, n., arañada. 
gauda, gualda, según Glosario. 

gavia, n., expresión metal'órica. para motejar á uno de lo. 
co, travieso ó calavera: cordón de bomberos: se lo he- 
mos oido á un jefe de bomberos de incendios. 
gaviúo, d., pretil. 
gay ó gayo, d., arrendajo; ave. 

gaya, n., pieza triangular de tela, que se pone en las ca- 
misas y en otras prendas del trage, para dar ensanche, 
hacia la parte que el cuerpo lo requiere. 
gajrata, a., cayada ó cayado. 

gaznatazo, bofetón: análogamente, admite la Academia 
gaznatada. 

U-d., rentas generales: ||au]o, en la Universidad 
fe Zaragoza: suele usarse en plural y lo hemos leído, la 



248 G 

última vez, en un informe del Arquitecto D. Tibofcio 
Delcaso, sobre d estado en que el edificio se halkha 
en i8i3, después de haberlo vobdo los franceses: || 
a., aduana. 

>, a., aduanero. 

[, a., comunidad: II a., contribudon que se 
adeuda en las aduanas. Según Dormer se llama así, el 
adeudo arancelario, porque generalmente lo pagu todos 
y de todo lo que entra y sale de los reinos. 

generalidades: a., contribuciones públicas. 

I^enud. genio y geniazo: la Academia define solo, omio 
adjetivo. 

gente de In estope, alpargateros, sogueros y taloneras, 
según D. Vicente de la Fuente. 

geribefoes, Ji., gestos; guiños; visajes: contorsiones. 

ge m wm (ir á la), n., ejercer el oficio ó industria de ge- 

ROVERO. 

g e rob e r o, n., la persona, que en los pueblos de corto ve- 
cindario, se destina á acarrear de las ciudades ó pobla- 
ciones más próximas, las provisiones y demás objetos 
necesarios v convenientes: se usa en las localidades ra- 

vanas con Navarra. 

geiíL. a., grifo; espita: . c labios gruesos, boca y aun me- 
jillas: II d-, hinchar á uno le jeta, darle de mojicones. 

g^tar.n.. arrojar; lanzar: dícese también gitaryts anticua- 
do: defínelo Rosal en su Diccionario y lo deriva de agi- 
tare: véase Guerra y Orbe en su Fuero de Aviles, p.* 71 - 

gatazo, d.. bofetón. 

giguentena, d.. multa ó pena, por abuso en los riegos. 

jimenzar, d., sacudir agolpes, la simientedellinoócáñamo. 

giígol. d.. azofaifa. 

girolitos, n.. se usa en la frase, no merenga V. con giro- 
Utos, y equivale á no me venga V. con vanas disculpas; 
no me embrome 1 '. 



o 340 

glanero, d campo de árboles que producen los glancs. 

glanes, bellotas de una clase inferior, que se destinan so- 
lamente, á los animales. Incluimos esta voz, en plural, 
como siempre se usa; tanto por ser de empleo actual y 
frecuente; como por difírir en la escritura y significación, 
de la voz glande, que, anticuada, admite la Academia; 
como porque tiene sus derivados. 

gobernudo, n., se dice, de la persona de mucho gobierno 
ó de la que se alana en hacérselo todo. 

gócete, pieza accesoria de la lanza, á veces con picos, que 
se adaptaba á la manija: es voz que no incluye la Aca- 
demia en este sentido, sino en el de pieza del yelmo y 
sobre la cual remitimos á la palabra roguete: también 
significa sobaguera ó guarda-axila. 

gonda, en la Corona de Aragón, dice Quadrado, se daba 
este nombre italiano á la aljuba, ó pelote, ó quezote, que 
era una especie de tonelete. 

gerdaria, n., grosor. 

gorga, p-, Az., la olla ó remoHuo que hace el agua: (en 
edición i832 y siguientes). 

gorgojo, n., nombre que se aplica á los niños, para deno- 
tar, ó su pequenez ó su viveza. 

goríto, d.,ruin. 

gorrinera, a., choza en que se encierran los cerdos. 
, n., cucaracha; insecto. 
, puerco ó cochino: en Castilla, puerco de aun 
no cuatro meses. 

gorrón, n., ave muy conocida, durante el verano, en la 
laguna Je Gallocanta. 

gorronera, cárcel en que entra el gorrón ó eje de las puer- 
tas de calle, construidas con este giro y no con bisa- 
gras. 

g^war, n., atreverse: osar, decidirse á una co^: el poeta 
»nardo de Sors dice, 



252 6 

trascordados, menciona al cabo de gua.tta^ encargado de 
hacer las prisiones. 

gáéÜMB, d., ovejas. 

guerra, n., en el juego de dominó, el jugar tres ó más, ca- 
da uno para sí. 

gviar, conceder guiaje; se usa en los Fueros, 

gu^a, p., amosta; legumbre. 

gniyoiiea, d., especie de guisantes. 

gnüindijes, n., adornos superfinos ó impropios, en el 
traje de la mujer: Rosal define dingandujes por dijes^ 
de donde probablemente, se ha derivado la voz guilin- 
dujes, 

(uiiiea, tumulto; pendencia; alboroto: generalmente se 
dice, armar guinea, 

gningorria (á la}, d., con descuido; de cualquiera mane- 
ra: dícese sobre todo, de las prendas de vestir. 

guifiote, d., brisca real ó tute; juego de naipes. 

guipar, n., atisbar: en lo antiguo avispar: también signi- 
fica, divisar; brujulear; descubrir; apercibirse de algo; 
por ejemplo, le he guipado una seña^ le he guipado el as 
de oros. En el Mundo al revés^ novela de R. Aguilera, 
se lee, ha guipado, como dice ella en su jerga de Cuar- 
tel, á los dos amigos. 

guirlache, n., turrón compuesto de azúcar y almendra, 
sin machacar. 

guisopo, n., hisopo: Lucas Fernandez lo usa y la Acade- 
mia admite, el diminutivo guisopillo. 

guita (hacer la), halagar á uno. 

guitarro, n., se dice de uno que es de la enarca de los 
guitarros, cuando tiene menos estatura que la que co- 
rresponde á su edad. 

güito, a., mulo; macho; asno; y en general, toda caballería 
de carga que es coceadora ó espantadiza: la Academia, 
conviniendo en la idea, solo califica como falso, al ani- 



maj^üiTO. Macho güito, mal vidriero: expresión prover- 
bial, con que se indica, que para empresas delicadas, no 
conviene persona irreflexiva ó violenta: también se dice. 
y tiene mas claridad, macho güito, malo para el vidrie- 
ro, esto es. para el que acarrea esta mercancía. 

gliiton, n., término cariñoso, equivalente ai depícarillo ó 
pica nielo. 

g;urg:ú, n-, abubilla: también gurgute, borhule y puput. 

gusaoado. n., lo que está dañado ó agujereado por los 
gusanos. 

giisuiarse, n.. perderse ú horadarse las frutas ó árboles, i 
causa de los gusanos, 

leni, d., herida hecha en la cabeza. 



L^MUli 



H 



Habarroz, n.. guiso compuesto de arroz y habas, en igual 

proporción. 
haberas, desperdicios de las habas, después de trilladas. 
hatñlídoso, n., d que tiene habilidades, ó mas bien maña, 

para operaciones mecánicas: la Academia lo incluye 

como provincial de Andalucía. 
habilitadoies, n., compromisarios, que en número de 

diez y ocho, nueve por el rey y nueve por los brazos de 

las Cortes, examinaban los poderes de los Diputados ó 
las calidades de los que Iban sin letras, 

, n., locución ó frase impropia, incorrecta ó bár- 

hacer teña , cortarla: |i n., hacerse depencas. 
istirse á una cosa: hacer vino, venderlo: (i n,, hacer 
cebada ó trigo, cribarlos en la era, 
da, n., exclamación ó interjección, equivalente á la de 
[vamos!; ¡arriba! 



^^¿fUada, 

^H^maistin 



364 S 

hildar, n., pieza, en la falda del vesticlo. 
baUMa, n,, pieza que generalmente, rompe en la dnura 

y no baja mucho de ella: en Castilla ^dt/¿f y /aU$$a. 

i, n., hartazgo. 
1, a., tributo ó censo por el riego de tierras. 

Jueces ó zalmedinas de los judíos, según Pos. 
t, n., friolero. 

baodMIla, n., se dice del pelo delgado y flojo, que la 
Academia designa con el positivo hembra: (| n., trigo 
finoy menudo, quela Academia califica de provincial, de 
U Rioja. 

iMVlMda, n., jabonera; planta. 

]ieriM|}aiite, n., el ganado que herbajea: || n., el ganade- 
ro que tiene herbajando á su ganado. 

berime, a., tributo que se pagaba de los ganados, á cada 
monarca, al principio de su reinado. 

hendno, n., el que posee alguna heredad 6 finca rústica. 

bemgiá, n., cualquiera Calta, abuso, exceso de precio, ó 
todo lo que se separa algo de lo razonable; y por eso es 
palabra muy usual y poco ofensiva: también se usa en 
el mismo sentido, la palabra hereje. 

herencio^ n., herencia. 

hermandad, n., se llama en Aragón hermandad llana, á 
la absoluta^ en todos los bienes de los cónyuges. 

hermanos del hospital, asi se llamaba en Zaragoza, á los 
que muchos llamaban Orates y todos locos, según don 
Manuel Vicente Aramburu, en su Relación de Fiestas 
de 1765. 

herrero, n., ave, del orden de los pájaros. 

hiladfllo, c, cinta de algodón: la Academia dice que de 
hUo ó seda. 

hilana, d., hilaza: úsase en Navarra, asi como Jilar^c c 
i¡ar:(a. 



boa 

m 



a., hueca del hueso. 

Ulete, c. hilo delgado. 

hilo, n,, filo: el HILO de la espada, dice Zurita: la Acade- 
mia lo pone como anticuado: || a., hilo de palomar, bra- 
mante: [| n., hilada; y así se dice, tapia de uno, de dos 
hilos, por los cuerpos ó firmes que tiene. 

historiado, n., todo lo que tiene mucho ornato, ya sea 
mueble, prenda de vestido, etc.: la Academia aplica esta 
voz, á solo la pintura. 

hombre del oficio, oficial; ministro: es antic. 

hombres, n., el estado llano se dividía, en ciudadanos hon- 
rados, hombres dsl signo del rey ó de lugares realengos 
y hombres de signo iercícío ó de pueblos particulares. 

hombrizo, n., hombron. 

hODOr, n., ciudad, villa ó lugar que el rey daba y sóbrela 
cual ejerciacl Señor, jurisdicion: se dtxi&dar en honor: || 
p., el señorío y el reino del monarca, según la traducción 
[De hace Briz Martínez de un documento latino de 
io6i:||n., caballerías de honor, la nobleza que confc- 
los ricos-hombres: || n., bienes inmuebles. 

honim (hacerV n., convenir; contribuir al bienestar de 
uno; redondearle en sus intereses; p. cj.. buena honra le 
hi^o el dote de su mujer!; le hará mucha honra esa he- 
rencia. 

hODiado, n . . literalmente, se usii en significación de bueno; 
pero empleándose constantemente en sentido contrario 
ó irónico, equivale siempre á malo: por ejemplo, ¡qué 
trigo tan honrado!; ¡en qué moneda tan honrada mepa- 
gal; ¡qué Junción tan honrada tenemos esta nocAe/fD En 
Drrffnccío/ide PedroIV selee, sían entendidos tapetes 



;]) A pBtf iFDor |<sr«c« >iiir «spribiú QuíToJo FQ «u csrtaXVdiICsbB- 
llSTO do la TcaUft: /Annrnrfa Urmlnilla (M UAÍdO-' >- d« la tnianiD Kigaiñca- 
cionpwiot soren Aragón U (raso proverbliil; lan honrada t* Mariin eomo 



256 H 

et trapos mas bellos et mas honrados que aquellos déla 
sala ó palacio, 

hontciia, pena: en el término de Calatayud, segiin el G>- 
mendador Nuñez, al explicar el refrán, cuando bajr nie- 
blas en HONTEJAS, apareja tus tejas. 

horada, n., se usa en la expresión, d la hora horada^ para 
denotar que se llega a la hora precisa, y sin tiempo, para 
la preparación que algunos asuntos requieren. 

horas mayoros, véase mediodiada. 

horca pilera, a., aviento. 

hormi^erO; n., pájaro zancudo, de plumaje negro, que 
se alimenta de hormigas. 

hormiguillo, n., se usa en la frase, tener hormiguillo ^ 
para indicar de alguno, que está en continuo movimien- 
to, ó como dice la Academia, que es un azogue. 

homo, n., la casa ó establecimiento en que se amasa y 
vende el pan. 

horfadea, n., huertos: || n., hortalizas que en ellos se crian*, 
y por eso se dice, haber llegado el tiempo de los hortales. 

hoyu, d., terreno llano, dilatado, rodeado de montes. 

httObra, a., barbecho: tiene varias acepciones, en lenguaje 
figurado. 

huega, d., buega; mojen. 

huelga, robaron á un vecino de Farletc en el camino de 
Zaragoza y huklga de dicho pueblo y del de Perdigue- 
ra^ hemos leído en un periódico. 

huerta, p., tierra de regadío: en este sentido se usa, en el 
Poema del Cid^ v. i i8i, aludiendo á Valencia. 

huevatero, ra, n., el que vende huevos. 

huevo en agua, a., huevo pasado por agua. 

huevos bobos, tortilla con pan rallado, aderezada en cal- 
do: il huevos en cal:{oncillos, huevos duros, con caldo, 
ajo, perejil, etc. 

hurta-dineroS; a.; hucha; alcancía. 



IbOD, a., laguna formada de manantiafcs ¿arroyos, cau- 
sados por las nieves derrelidas: tiene alguna analogía 
con la palabra libom, y no se ha admitido por In Aca- 
denüia, sino en sus últimas ediciones. 

imbiirsacion, a., acción y efecto de imbursar 6 insacular. 

imbursar, a., insacular. 

tmplaz, n., úsase en la frase, de mi buen iivplaz. equiva- 
lente á de mi buen grado. 

impignoraciOD, hipoteca. 

impropiaciOD, falta de propiedad. 

ÍDdígnarse, d.. enconarse las liagaR ó heridas. 

ÍBÜUlte, p., corista de corta edad, en las catedrales y otras 
iglesias: seise. 

ínflerno. p., pilón, á donde van las aguas, que se han em- 
picado en escaldar la pasta de la aceituna: es provincial 
de Navarra y Aragón, y solo se halla como tal, en la úl- 
tima edición de la Academia. 

inflarse, morirse. 

ingenio, d., fábrica donde se elabora la cera; la Academia 
dice, que cualquiera máquina, en la mecánica ó la guerra. 

inquisidor, a., cada uno de las ¡ucees bienales, nombra- 
dos por c! rey, el lugarteniente ó los diputados, para in- 
quirir los contrafueros del V ice-Canciller, Regente de la 
Chancillería, Asesor del Gobernador y Oidores: || n., 
cada uno de los cuatros que instruían proceso contra el 
justicia ó sus lugartenientes, reservándolo ni faUode las 
Cortes, á quien lo presentaban. comoGRELCE. 

insolutumdacíon, dación en pago. 

íatermedios, n., campos ó trechos que están entre otros. 

totcstia, cierto derecho parecido al de exorguia. 



258 I 

intima, d., acto de apenar. 

intramarino, n., del tronco paterno: se dice bienes libres, 
intramarinos ó del tronco paterno. 

inventario, d., uno de los cuatro procesos forales, que 
consistía, en hacer la descripción ó embargo de los bie- 
nes muebles y papeles para que, al amparo de toda vio- 
lencia, dedujesen las partes su derecho. 

irasco, d., macho cabrío: la misma significación tiene, en 
Navarra. 

ivierno, n., invierno: conforma mejor con la etimología 
latina, así como las voces castellanas anticuadas, iiw^ 
nal é ivernar, 

izartigar, roturar de primeras, arrancando la maleza. 

ize, ese: en Fonz. 

izo, eso: en Fonz también. 

izte, el comendador Nuñez, en su hermosa Colección de 
Refranes^ trae este: no hay cabras y ya hay ixtb. || El 
Aragonés: ixte dicen lo que acá oxt cuando ojean el 
ganado: es casi lo del refrán, hijo no tenemos y nombre 
le ponemos. 



J 



Jábega, red gruesa de esparto, que allá la llaman jabi-xía, 
dice Pcllicer, al contar (con referencia á Alvaro Martínez 
de Toledo, capellán de Juan lí) que D. Bernardo de 
Cabrera, fue descolgado de la cárcel por una amiga, en 
aquel aparato, pero quedó suspendido á la mitad, y allí 
lo pasó afrentado todo el día: la Academia dá una signi- 
ficación muy análoga. 

jábrega. red de malla gruesa, que generalmente, se usa, 
para portear la paja. 



j 25n 

JalmgfO. n., especie de cabra monte's, de pelo algo mas fino, 

jaculltoría, n., se usa en lenguaje familiar, como eiiui- 
valente á las frases casteUanas, vnyc una embajadas- 
miren qué embajada! 

jada, a., azada. 

jadiar, a., cavar con la azada. 

jadico, azadica ó azada pequeña: diminutivo de jada, pero 
cambiado d sexo. 

jambar, n. aplanchar y dar !a última mano al pantalón, 
en la parte que cubre las piernas, 

jamborlier, a., camarero. 

jambrar, a., enjambrar. 

jaque, a,, cualquiera de los lados de las alforjas: también 
xeque: es árabe puro: || n., moneda de los reyes de Ara- 
gón, y así dice D. Pedro, mis jaques se mezclaron con 
sus lorneses [Lexique de Raynouard). 

jaquesa (libra), n.. véase lebra jaquesa. 

jarapote, a., jaropeo. 

jarapotear, a., jaropear ó dar jaropes: la Academia ín* 
irluye esta voz y la anterior como provinciales, igual- 
mente que de Aragón, de Andalucía. 

jarbar, distribuir el agua por horas. 

jarbe, el tiempo de riego que toca á un campo. 

jarcia, n., jauria de perros: ||n.. Aomireás jarcíaj, per- 
sona de conocimientos, de estudios . de noticias; en cuyo 
sentido se dice, tener muchas jarcies: \\ red de cuerda de 
malla, mas espesa que la de jábrega. 

jarmeotar, sarmentar: también ixarmcntar. 

jarrear, n., jaharrar. 

jarro, a., el que, y sobre todo, la que grita mucho, ha- 
blando sin propósito: || d., medida de vino: || c., ca- 
charro. 
J3SC0. d., desabrido; a'spero al paladar; falto de jugo. 

ndamio portátil, de mucha solidez y ele- 



260 J 

vacion, para trabajar en alto: difiere algo de las acepckh 
nes de la Academia. 

jmto, a., insípido: sin sal: en Murcia j¿ai¿/o. s^^n la 
Academia. 

Jebe, a., alumbre. 

jeta, a., véase geta. 

jetar, a., desatar algo en cosa líquida, por ejemplo, wi 
ajo en el guisado. 

jetaxo, a., mogicon. 

jeto, a., colmena vacía, untada de aguamiel, para que 
acudan á ella los enjambres. 

j^aBo. a., arbusto; bueno para el ganado: se escribe tam* 
bien xijallo y se pronuncia sisallo, 

jimeiizar, a., quitar a golpes^ la simiente del lino ó cáña- 
mo, para llevarlo i poner en agua. 

jisca, c, caña que se cría en lugares húmedos. 

jUar, a., arrojar: echar fuera. 

jocaüar. comprar las ropas á la novia. 

jocalias. n.. alhajas destinadas al culto divino: tiene co- 
nexión, con una de las acepciones que la Academia di, á 
la palabra miZ^onerta. Ducange amplía la significación 
é interpreta iiionilic:, gcmmce: cnmili, cheque id genus 
prctiosum. También Miguel del Molino, da C5a signi- 
ti cae ion. 

joparse, largarse de un punto: Jopo, largo de aquí:yo/o 
que he y leyc: frase. 

jordi^a. n.. ortiga. 

jorear. n.. orear. 

jota. c. sonata, canto y baile de Aragón. 

jovada. a., terreno cue ara en un día, un par de muías. 

jovenzano, n.. iovencito. 

juagar, n., en-uagar. 

Juan Devana, n.. Juan Lanas; marca, hombre afemi- 
iiado en sus inclinaciones. 



J 261 

!^, véase jovada. 

Jubero, n,, colono que no estaba obligado á los servicios 
Je huerta y cabalgada, con que se resistía á las invasio- 
nes repentinas (Cuenca). En Navarra le dan sus^. aná- 
loga significación. Mozo de carro, según documento 
aragone's de 1192. 

jubo, d., yugo. 

Judía, n., ave fría. 

jodia de sin hilo, variedad muy conocida de aquella le- 
gumbre. 

jadiar, n.. tierra sembrada de judías. 

judiera, n., la planta que produce el fruto Wñmadojudia. 

jadicante, a., cada uno de los diez y siete jueces, que fa- 
llaban sobre los ministros de justicia ó Jos lugartenientes 
del de Aragón, que habían sido denunciados, en sus ofi- 
cios: estos magistrados, también se llamaban die\y 
sietes. 

jndienco. n., despectivo de judío, que comunmente se usa, 
en sentido metafórico. 

Juez, jue^ caledrero, funcionario que residía en Madrid y 
entendía en lo relativo u provisión de cátedras y sus in- 
cidencias: de él tratan los Gestis. en el año 1741, sí bien 
esa voz era común á las demás Universidades, como pro- 
cedente del Consejo de Castilla: |¡ n.,jue^de la casa del 
rey, Canciller, según el Códice de las Uniones de Ara- 
gón: II a., jue^ de enquesta, Ministro togado que hacía 
inquisición y procedía de oficio, contra los de justicia y 
contra notarios y escribanos; || u.^jue^ medio, Justicia 
de Aragón : }Uf\ de la Zeca , quizás Director de la Ca- 
sa de Moneda: en lo^J'/. se trata de la Casa de ¡a Seca. 

jvgadero, n., coyuntura en los miembros. 

Joto, yugo. 

Jngvesca. n., partida de juego; generalmente improvisa- 
da y tumultuosa. 



262 J 

juicio, n., se dice, beberse el juicio y sorberse el juicio, 

. como en Castilla, tener el juicio en los talones^ con alu- 
sión, no á la verdadera locura, sino á la poca reñexion 
ó madurez, en algún asunto. 

julepe, n., se usa en la expresión de llevar un julepe^ para 
significar llevar una tunda ó haber sufrido mucha con- 
tradicción^ 6 haberse dado un mal rato\ sea caminando, 
sea desempeñando algún negocio. 

junta, n., yunta: || n., junta de cinco^ asi se denomina, 
la de acreedores censalistas de Zaragoza. 

juñidera, d., coyunda. 

juñir, d., uncir. 

jurado en cap, a., primer jurado, de entre los insaculados 
en otras bolsas de jurados, con cuarenta años cumplidos. 

juratoria, a., lámina de plata, con el Evangelio escrito, 
sobre la cual juraban los magistrados: también la había 
en la Universidad. 

juratorio, a., instrumento en que se hacía constar, el ju- 
ramento de los magistrados. 

jusano, n., inferior, según el índice de Blancas: léase 

YUSANO. 

jusepico, n., fraile de la orden de S. José:||n., hipó- 
crita; esto es, modesto y de gran compostura en la apa- 
riencia y por lo demás, capaz de toda travesura. 

jusmeterse, n., someterse: Jw^me^o, sometido. 

justícia, n., el presidente de la Casa de Ganaderos de Za- 
ragoza. 

Justicia de Aragón, a., magistrado supremo que, con 
cinco lugartenientes togados, hacía justicia, entre el rey y 
sus vasallos, y entre los eclesiásticos y los seculares, ex- 
pidiendo en nombre del rey. provisiones é inhibiciones y 
teniendo á su cuidado, la custodia de los fueros. Aunque 
este nombre se usa, como masculino, el Códice de losPri' 
rilegios de la Union^ le antepone siempre el artículo /a. 



^^tícia de las montañas, n., justicias ó ¡ucees creados 
^^^^p Jaca y otros puncos, con jurisdicdon completa para 
HHnjena ciase de delitos, sobre lodo para ladrones y ase- 
■ ~' smos: creáronse en las Cortes de Monzón, en i586, 
' justiciado, n., justiciazgo, dignidad y tribunal del Jus- 
ticia de Aragón: |¡ n., oficio del Justicia ó Presidente 
de la Casa de Ganaderos. 
justillo, d., corsé, ajustador en las mujeres: en algunas 

partes, _;'oííí7/o, chaleco. 
jntar, n., enjugar. 

jttvillo, n., novillo: || corrida de toro de ronda ó de esos 
que, con tas astas encendidas, se sueltan por la noche, en 



I iO! 



ios pueblos. 



L 



Labor, p-, simiente de los gusanos de seda: |¡ n., labor de 
agua, lluvia que cala, á la profundidad de la labor de 

surco ó azada. 

labores, a., precedida del verbo hacer, signiBca esa pala- 
bra, tomar las medidas convenientes, para la consecución 
de alguna cosa. 

lacba, n., se usa en la expresión, tener poca lacha, para 
manifesiar, poca aprehensión, poco fundamento. 

laeo, nogue ó fosa de piedra, en que se cristaliza el capa- 
rros (Asso, ^on, pol. 255.) 

lama, tela tejida de oro ó plata, dice la Academia; pero 
Argensola en su Descripción del Torneo de i6?o, con- 
creta !a significación de otra manera y dice, cincuenta 
lacayos vestidos de tela de plata a\ul, que dicen l*«a. 

latnbresO, lambrija. 

lambroto, n-- glotón; el que come desmedidamente y 
1.011 aían. 



264 I- 

lamin, a., golosina: se usa figuradamente, en sentido de 
cebo ó atractivo, cuando se dice, al lamín de la dote ca- 
yó en la trampa, 

laminar, a., laminear, n., lamer, golosinear ó golosmear 
como dice la última edición de la Academia. 

laminera^ a., abeja suelta que se adelanta á las demás, al 
olor del pasto y comida que le gusta. 

laminero, a., goloso: úsase también en Murcia. Léese en 
los Engaños de Lope de Rueda, y la Academia ha aca- 
bado por adoptarla como española, en su última edición 
de 1869. Se usa también, para calificar lo que excita co- 
dicia ó engolosina el gusto ó convida á retenerlo, v. g., 
yo no presto novelas^ porque son libros muy lamine-' 
ros, 

lampa, n., se usa en la frase, echarla de lampa 6 de tram- 
pa ó quizá de la hampa ^ con la que tiene indudable 
analogía, para indicar^ darse importancia, ponderar uno 
su posición 6 su fortuna ; vanidad ó confianza en sus 
medios, en sus riquezas, ó en sus empresas. 

lámpara, se usa en la frase, vale mas que la lámpara de 
Capuchinos y era de corcho. 

lampaza, n., lampazo; \AdiX\Xdi\ crecer como la lampaba, 
por desmesurada ó prematuramente. 

lantíerno, aladierna; arbusto: también lantemo y de otros 
modos. 

lapo, d., bofetón, mas bien que con fuerza, por venganza 
o desprecio: del latin alapc. 

largueza, listón ó cuairon. para travesanos ó entramados. 

laston, yerba seca. 

latifundo, n., parece designarse con esta palabra, en algu- 
nos documentos, el Patio de la Universidad: la significa- 
ción es, como se sabe, heredad; posesión extensa en el 
campo. 

latonero, a , almez: drbol. 



L 2C5' 

telo, n., lebrillo para lavar las ropas dentro de casa, á 
la ligera. 

laya, p-, instrumento con dos puntas de hierro, para 
labrar y remover la tierra. 

léchala, animal que todavía mama: generalmente se usa, 
con aplicación al ganado caballar. 

lechazo, gusano de seda que ito trabaja, si bien crece y 
toma color amarillento y no aspecto cristalino. 

lechecino. n., cerrojas; planta. 

lecherón, a., vasija en que los pastores recogen la leche: || 
a. , mantilla de bayeta ú otra lela de lana, en que se en- 
vuelve á los niños, luego de nacidos. 

legsijo, comentando Pulgar las Coplas de Mingo Revul- 
so, escritas por Rodrif^ Cota, define la voz mestas, 
ayuntamientos que facen tos pastores donde han sus 
consejos: y en un ejemplar de letra lortis, que tenemos 
á la vista se lee, por nota marginal, m. s., en Aragón 
decimos legajo. 

le^Z, Ti., la tierra que descubre un rio, acreciendo á la he- 
redad lindante, y así dicen las Ordinaciones de Zarago- 
:^a,pues que pueden regar las tales u-iias del río: tam- 
bién le llaman deja. 

lelez, n.. simplicidad; tontera. 

lengua de serpiente, rt., planta. 

lengudo. n., lenguaraz; largo de lengua; picudo. 

leñar, a., hacer ó cortar leña. 

leñazo, n., garrotazo. 

leqoela y letola. borra de algodón, según dice dubitati^'a- 
mente, un Glosario moderno. 

letras, a., certificación ó testimonio: || n., letras repetí- 
lorias, las que los jueces eclesiásticos dirigían al Jus- 
ticia, para que les devolviese la persona á quien había 
sacado de su poder, en Tuerza del proceso de haníff.s- 

TACION. 



26G L 

letrear, Aula de letrear se llamo en la Universidad ^ á la 

Escuela ó departamento de lectura. 
levada, la fracción de riego ó caño que se pide, para re- 
gar una pieza de tierra: viene á ser de unas cuatro tejas. 
levantal, n.^ devantal ó delantal: usa aquella palabra Co- 

varrubias, en la voz mandil. 
levantamiento, a., ajuste y finiquito de cuentas. 
ley, c, cariño*, fidelidad; amor; y así se dice, tener paca 

ó mucha ley: || d., no tener ley al pan que se come^ ser 

un descastado: || n., echar la ley y tomar algún bocado, 

á mitad de mañana. 
lezda, n.^ tributo que se pagaba en lo antiguo y que al* 

gunos escritores hacen sinónimo de peaje: en Navarra 

era muy conocido, si bien á veces tuvo otro significado, 

que nosotros entendemos ser, la oficina misma de la re- 

caudacion. 
lema, n., lesna. 
lianton, n., soguilla; ó, como se dice en Aragón, sogueta 

de esparto, para sujetar andamios, etc. 
libón, d., fuente donde borbolla el agua: || d., depósito 

de agua para una tuente. 
libra, c, peso, en los molinos de aceite: || c, libra jaque- 

sa^ moneda imaginaria de lo sueldos ó i8 rs., 28 mrs. 
libreta, n., libra de carne ó de pescado. 
licénciamiento, clausura de las Cortes. 
licenciar, declarar terminado el mandato de las Cortes y 

cerradas sus sesiones. 
liganton, soguilla: es todavía mas usado que lianton. 
liestra, d., planta silvestre. 
lifara, a., alifara. 
ligallero, n., individuo en la Junta de gobierno de la 

Casa-Mesta. 
ligallo. a., Mesta o Junta de Ganaderos ó reunión anual 

de dueños y pastores, en que antiguamente se dirimian 



L Tffl 

s controversias, sobre paso de ganados, etc.: [| n., ca- 
pitulo de ligallo, la reunión general para elección de 
oficios, e! tercer día de Resurrección. 
Uparza, n., legajo ó ligámun: usa de aquella palabra Briz 

Martínez. 
Ugona, 11-, azada. 
lulas, d., aguinaldos. 
limaCO, n., caracol sin concha. 
limitáneo, n,, título de algunos señores, á diferencia de 

provincia!, que distinguía á otros, 
Uriadura, n., véase HomaunA y rovura. 
lisiado, d., alicíonada, voz ant-, que creemos haber usado 

Zurita, alguna vez. 
litOD, d., almez; fruto. 
Ittonero, d., almez-, árbol. 

"Un, d., bramante: II de /í'cíwm, cuerda, cordón, urdim- 
k bre; en Pctronio se lee, de simí licium prolulií víirti 

s filis intortum ceryicemque yinxil meam. 
lo, en el modismo, d lo que. significa cuando; y aunque 
esto pertenece al lenguaje del vulgo, se usa entre perso- 
nas instruidas y le vemos, en el apreciable poema de don 
» Evaristo López La Al/onsiada^ en estos pasajes de los 
cantos I y VII: 
Y Á LO QUE el rubio sol cUiro y hermoso 
L Mas bello en el vacio resplandece 
^ : 

loacion. aprobación que damos á un aclo que requería y 

no tuvo, nuestro previo consentimiento, 
loar, prestar loacion. 
lobero, n.. d que mata y presenta un lobo, en la Casa de 

Ganaderos, 



i LO QDE el sol doraba en lo mas alto 
Ims cumbres de Israel, marcha al asalto. 



268 L 

loguero, el que ofrece ó acepta su trabajo por un precio, 
en el cultivo de los campos: la Academia define como 
castellanas antiguas, las palabras logar ^ loguer y logue- 
ro, pero estas dos últimas, solo, en sentido de salario. 

lomillo, c, solomillo. 

loiqa, d.; edificio público, para depositar artículos de co- 
mercio. 

loqjeta, antecoro, según Marton. 

lorca, n., nido en donde crian los conejos. 

loriga, aro de hierro para sostener los pucheros, en elh(^r. 

lorza, d., pliegue que se hace en los vestidos, para alargar* 
los, si conviene. 

loseta, c, trampa de ladrillo, piedra ó fosa pequeña, para 
coger ratones y pájaros: || n., morir d loseta^ perecer por 
el hundimiento de algún piso 6 por la caida de algún 
ladrillo ó teja, etc. 

lucerna, lucemario, n., tragaluz. 

lucero, d., libro becerro. 

luciar, d., apuntar la reja ó arado. 

lucidario, n., tratado en que se dilucida, explica ó enarra 

algún punto, generalmente histórico. 
luello^ a., grama que nace entre los trigos. 
lugarteniente, n., uno de los cinco asesores letrados, que 

auxiliaban al Justicia Mayor de Aragón: || n., el asesor 

del Justicia, en la Casa-Mesta de Zaragoza. 
luición, a., redención de censos. 
luir, a., redimir o quitar censos. 
luismo, a., láudemio. 
luminero, d., Mayordomo de Cofradía: || n., Presidente 

de las Juntas de parroquia. 

lumen domus, d., lucero. 
lunaf a., patio al descubierto. 

lupinos, n., nombre que se daba algunas veces, á los ma- 
rá vedis o morabctinos. 



luyete, c, pajiitla para encender. 

lurte, a., alud ó masa de nieve, desprendida & los valles, 
^^^«iesdc la cumbre de las montañas: esta voz no se halla,, ^ 
^^^MÍno en las últimas ediciones. 



LL 



Llaliercii. balsa. 

Ua^ (iNDiGNAnsR: la), a., enconarse; irritarse. 

llana, los cordoncillos^ generalmente diez, de regata á re- 
gata, en la muela. 

Üanería. n., departamento del Hospital de Zaragoza, para 
la conservación de trapos, vendajes, etc. 

Uanero, n., el encargado de custodiar y fneüiiar los ven- 
dajes, trapos, etc. fOrdinr.ciones 1755.) 

Uaute. llautero, n., el que tripula barcos dc' acarreo. 

llatacion, planta, 

Uavera, n., el ojo por donde entra la llave, para abrir la 
cerradura. 

nepaT ^-1 acción y efecto de recoger, allegar ó juntar: || 
d., hacer ia llega, recoger limosna, los traiks, ertmla- 
ños ó santeros. 

lleg;ar, c, recoger. 

llego, n., pliegue. 

Uiron, liton. 

llironero. litonero. 

lloradera, n,, especie de pasión dc ánimo, que se resuelve 
3 llanto, imposible de contener: el acto de llorar 
da é irresistiblemente: so dice, al saber le 
; su padre, te entró una u.oru>kka, que llegó 
tdamos cuidado. 



270 



M 



Haearra, accesión de frío ó calor: asi nbs lo ha comuni- 
cado un medico, refiriéndose á localidad determinada. 

rnteatmllo, torpe; obtuso. 

macelo, d., rastro. Ducange, aunque sin apoyarse en ci- 
tas aragonesas, incluye esa voz y las de macelator^ mar 
cellanus^ macellare, macellariuSy etc: en italiano se usan 
macellajo y macellaro, como carnicero; macello^ como 
matanza y carnicería; macellare, como degollar. 

macerar, n., sobar ó apretar la masa de que se hace d 
pan. 

macero, c, pertiguero; oficio de las iglesias. 

macho llano, n., cabrio castrado. 

madera, n., se usa en la frase tener mala madera^ para 
indicar el estado accidental de debilidad orgánica ó ner- 
viosa, ó de displicencia y flojedad en el ánimo. 

maderista, a., maderero. 

madraza, d., madrona. 

madrílla, a., boga; pez de río. 

madrillera, a., instrumento para pescar madrillas. 

maduro, pazguato. 

maestre racional, a., ministro real, que tenía la razón de 
la Hacienda, en cada reino. 

maestro racional, a., maestre racional ó Contador Ma- 
yor. 

mai§ar, d., entrecavar. 

mainatillo, n., apodo con que la gente vulgar denuesta 
á los jóvenes de regular fortuna, clase ó apariencia: es 
derivación de magnate. 

msye, n., lujoso; elegante: bien puesto de traje: en Cas- 



M 271 

Ua se refiere prindpaltnctue, al desgarro ó libertad de 

f maneras. 

, cuidado; zozobra: suele decirse en algunas lo- 
calidades, no te dé mal por no le dé cuidado: || n-, se usa 
en la frase, por mal que se cuide^ por mal que se líic/er- 
tó y otras, como reduplioativa causal ó en equivalencia 
de la palabra causa. 

malagana, a., industria para sentar los enjambres que 
salen de las colmenas. 

mala-TOZ, opinión judicial contra la propiedad, ó pose- 
sión, ó libertad de los bienes, sobre lo cual puede verse, 
entre otros pasajes, cl libro Vil de los ^'., titulo de pr*- 
scriptinnibus. 

malbusca, d., mujer inquieta, sagaz y astuta. 

maleta (pasar), pasar mal rato. 

malfarás, n. . sa dice, del muchacho travieso ó mal inten- 
cionado. 

mal-mandado, inobediente. 

malmeter, c, malbaratar; gastar; echar á perder. 

malo- mal, en sentido de adverbio; p, ej., me sabe malo, 
repulir dos veces las cosas. 

malperder, malgastarse ó disiparse alguna cosa. 

malqueda, aquel que no cumple lo que ofreció, ó lo que 
había derecho á esperar de él. 

mal-trabjga, n., haragán; perezoso para el trabajo. 

malvar, n., adulterar, amerar ó empeorar las condiciones 
de algim objelo, especialmente comestible; ][ n., ma- 

■ tearse ó empezar á contraer malos hábitos alguiia perso- 
la: en sentido muy scmejanle, pero no igual, vemos 

■ que toma aquel vocablo la Academia. 
, la Academia la dá como española y autores 

castellanos la usan, como puede recordarse en una bella 
obra de Castillejo, pero Avellaneda dice, tengo en el 

■ cuerpo tres de malvasia que llaman en esta tierra len 




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M 273 

edición de 1869, la dá como española, con la significación 
de persona revoltosa y que se mete en todo : en Aragón 
fué siempre usual. 

manifecero, manifacero: se usa con más frecuencia que 
esta palabra. 

manifestación, a., uno de los cuatro procesos Corales, 
que consiste, en avocar al tribunal del Justicia, y mo- 
dernamente i la Audiencia, la persona y proceso de 
quien se halla preso por el juez incompetente ó eclesiás- 
tico, hasta que examinado el punto, se ponía en libertad 
al preso ó se le entregaba á quien tuviese derecho de 
juzgarle. 

manifestar, ^., poner en libertad, por despacho del Justi- 
cia, á los que la pidieron para ser juzgados. 

manificio, manufactura; antic. 

manta, n., la prenda que completa el traje del pueblo, cu- 
briendo todo el cuerpo, á manera de capa; viene á ser, 
una tira ancha de grueso tejido, la cual tiene doblada 
por igual y cosida la tira de uno de los extremos, for- 
mando una bolsa. 

mantell, n., ropa rozagante, según el índice de Blancas. 

manteta, manto: el notario Beneded, i283, escribía, tiene 
(la imagen de la Virgen de Magallon) tma manteta, de 
carmesí terciopelo. 

mantornar, d., binar ó dar segunda labor á la tierra, des- 
pués del barbecho. 

mantudo (pollo), n., persona muy sensible al frío, ó que 
busca con frecuencia el abrigo. 

manzana, fruta: esperiega^ helada^ comadre y rayada^ 
morro de vaca^ cuero de dama, pero^ y otras variedades; 
unas comunes en España, y otras de nombre puramente 
aragonés, que no enumeramos. 

manzanita de dama, a., acerola. 

manzanilla de pastor, n.. planta. 

18 



2^4 M 

maña, manojo pequeño, dice la Academia, pero lo inclui- 
mos aquí, por haber visto en una Relación oficial de 
1818, que en Aragón estaba marcado taxativamente, 
pues había casilla de /ajos y su submúltiplo mañas, y se 
consignaban, por ejemplo, 10 fajos ^ 7 mañas. 
mañanada, n., principio de la mañana. 
maño: n., hermano; expresión cariñosa y familiar, aplica- 
da algunas veces á los amigos íntimos. 
maravedí, a., el tributo que de siete en siete años paga- 
ban al rey los aragoneses, cuya hacienda valiese diez 
maravedís de oro ó siete sueldos, que era su valor, en 
tiempo de Jaime el Conquistador. 
marcar, véase marcas. 

marcas, ocupaciones de bienes y mercaderías, para satis- 
facer de verdaderos o supuestos agravios ó daños, á lo 
cual los catalanes llamaban represalias: estos las pro- 
veyeron contra los aragoneses a todo el Principado, pe- 
deciendo los mercaderes los efectos de una embcra:{psi- 
sima ejecución, en grave daño de ambas Generalidades^ 
pues era preciso contramarcar j^ correr reciprocas las 
ocupaciones. Pedro IV y Fernando el Católico las te- 
nían prohibidas y la Diputación comisionó conlra ellas, 
en i522, á Pedro Molón, cerca del Virey. Diputados v 
Concelleres de Barcelona, lodo lo cual explica Sayas de- 
tenidamente, en sus Anales. 
marcelina. n.. macerina ó servicio de chocolate, comun- 
mente de plata, que consiste, en una bandejila. á la cual 
va adherido un pocilio, destinado a contener la jicara 
que es de la misma especie, pero |:ieza aparte. 
marcida. n.. se dice de la oliva fermentada: es voz locíd. 
marcil, se dice del cerdo de poco peso, como nacido en 

Marzo. 
m!?irco. n.. el armado de madera, en que se acondiciona y 
prensa el turrón de almendra: ;¡ n..la cantidad de turrón, 



t]ae se elabora en cada marco. 

mardano. d.. morueco que se deja para padre. 

márfe^, a., jergón de tela tosca: el Glosario de Dozy y 
Kngclmann interpreta, almohada. 

margiD, n., margen. 

marguia, n., margen de rios ó heredades: es femenino, y 
se vé usado, en las Ordinacioríes de Zaragoza. 

mari, n.. palabra que se antepone á otras muchas para 
denotar, frecuencia en alguna cosa: dícesc de uno mari- 
prisas, mar i-enredos, mari-apuros. como si se dijera, 
el hombre de las prisas, el hombre de los enredos, el 
hombre de los apuros. 

marino, m.. pescador: ant. 

maríquilla. n., márfega; voz local. 

marítima, n.. lo que non podemos sino en O.Ubalunri'- 
cerca la marítima, dijo Pedro IV. licenciando alas Cor- 
tes, en 24 de Octubre de i?47. 

, murmurar para sí, á media voz: rcfunfu- 



. tela basta de estopa y pelo de cabra. Blan- 
cas dice que, á la muerte de D, Juan, hijo de Fernando 
el Católico, vistieron los caballeros por luto márbaoa 
negra, que antes en Castilla era de jerga blanca, llama- 
da marga. Según Argensola. llamóse HjÍrráoa ó indrrc- 
gil. al luto. 

marrano, n., cerdo: || n., hombre zafio, abrutado: la Aca- 
demia, en i86(j, define como españolas, las dos acep- 
ciones de cerdo y persona sucia. 

márreg:»- a., marga; jergón. 

marrillo, p-, palo corto y algo grueso. 

marrón, cierta variedad de la castaña, principalmente en 
Navarra: se aplica también al color: es derivado, sin al- 
teración, del idioma francés. 
. fritada. 



276 M 

martujos (pasar), pasar disgustos 

marva, cierta clase de vino. 

marzear, n., se usa en la frase proverbial, si Mar:{0 no 
mar:{ea, Abril acantalea; y se entiende por marcear j 
reinar vientos fuertes y fríos. 

mas, d., casa de campo en secano: || n., tan; como se ve 
en las muchas y muy, vulgares locuciones, parecidas á 
esta, ¡qué pan mas blanco!: \\ n., ni más ni mangas^ ex- 
presión de asentimiento, pero tomada generalmente, en 
sentido contrario. 

masa, a., casa de labranza, con sus tierras y aperos: || n., 
plata en masa, plata en bruto ó sin labrar, no licuada 6 
derretida, que es la acepción castellana. 

masada, p., masía: también se usa la palabra masadero^ 
por el colono ó vecino de la masada: || n., lo que se 
amasa de una vez. 

masar, c, amasar. 

máscara, d., tizne. 

mascarar, d., tiznar. 

mascaron, n., tizne ó mancha, generalmente en la cara: 
II n., dibujo informe ó mal ejecutado: || n., persona ri- 
diculamente ataviada: || n.. mascaron de proa, persona 
de facciones exageradas. 

masero^ n., lienzo en que se acomodan los panes, para 
llevarlos á cocer. 

maseta, n., engrudo ó pasteta, para pegar cuerpos de fá- 
cil adherencia. 

masía, a., cortijo; masada ó casa de labor: por su etimo- 
logía griega significa, tierra pallada acerrada. 

masico, diminutivo de mas y este de masía: marcan tres 
grados en la propiedad. 

masobero^ d., el que vive en cortijo. 

mastín isleño, perro de una especial ferocidad: en i5io 
mandó el rey, que pena de 5o escudos, nadie llegase en 




Barcelona estos perros de ayuda, sino sus alguaciles, 
porque ejecutaban estragos increíbles: vinieron con los 
muíhos isleños (baleares), que por entooces, se traslada- 
ron á Barcelona. 

mastique, n., plaste. 

mUtO, a., el árbol donde se injiere otro: animal macho; 
acepción que hemos oido, en la provincia de Huesca. 

mastranzo nevado, n., mema silvestre ; planta. 

mastuerzo, n., majadero; persona inútil ó muy negada. 

mata de pelo, d., crencha. 

matacabra, d., granizo menudo y frío, que cae en el in- 
vierno. , 

matacán, n., cierta clase de liebres muy corredoras, tas 
iiuc se distinguen por su menor volumen y por una co- 
mo estrella, que llevan en la frente- 
matacía, u-, muerte ó matanza de animales para el con- 
sumo. 

matafalüa, anis: también mata/aluga y batafalúa: se 
halla en diversos cabreos. 

mata-gallepos, n., arsolla; planta. 

mata-poUo, n., planta. 

matapuerco, n., mondongo del cerdo, esto es, los embu- 
chados que de él se hacen, como, longaniza, morcilla, 
etc.: II n., la operación o faena del mondongo. 

matedas, n., papel pautado ú cartapacio: la Academia in- 
cluyeesa voz comoanticuada,en significación de muestra 
qui; se dá álos niños, para que imiten la forma de la letra. 

mayenco, d., deshielo de nieve en primavera. 

mayordombre, a., prohombre; veedor ó maestro que 
preside un gremio. 

mayordombría, a., oñcio de prohombre. 

mayordomo, u., en Zaragoza, cada uno de los ires jaeces 
que ejercían jurisdicción mercantil, en el palacio de la 
" "^putacion, después del medio día {M. Molino.) 



2^8 M 

maza, c, pértiga. 

mazacote, n., se dice de cualquiera objeto de arte no bien 
concluido y en que se ha procurado más la solidez^ que 
la elegancia y ligereza. 

mazada, n., pensamiento ó solución sin replica, que co* 
munmente, no brilla por su ingeniosidad, sino por su 
exactitud; y que suele proceder de persona taciturna ó no 
muy locuaz, y así se dice, fulano tiene unas ma:{adas¡ 

mazarron, n., el que defraudaba al fisco, dejando de pagar 
el peaje ü otro derecho de pasaje: así se infiere de los 
actos de Cortes en que se definía y penaba ese delito, 
é tomábanles por mazarrones sino pagaban: non sia api- 
do por mazarron tnas se sea tenido pa^ar el dicho pea- 
ge: II n., la misma pena en que incurrían los defrauda- 
dores, que era la pérdida de lo que transportaban y aun 
todas las cosas en que se cometía el fraude, como caba- 
llerías, barcas^ etc.: las ditas penas et mazarrones sian 
divididos et divididas segund se siguen\ esto es, por cuar^ 
tas partes entre el señor del territorio, el aprensor, el 
fisco y los funcionarios públicos. 

mazo^ n., badajo. 

mazonero, n., albañil. 

mazorril, n., mazorral. 

meadina, n., meada. 

mea-perros, n., planta. 

media, n., medida de granos, equivalente á la fanega ara- 
gonesa: en Castilla equivale á media fanega. 

medial, se usa en la frase, á mcdiciL para decir que se lle- 
va una finca o un negocio entre dos, por iguales partes. 

medialero, el que lleva á medias con otro, una finca: 
también se usan las voces, ter clero y á tercio. 

medianil, n.. tabique que divide dos casas o habitacio- 
nes ü departamentos: también se dice, de las tapias di- 
visorias de huertos y heredades. 



K 271) 

dividir por milad: léese en las leyes palati- 

ñas de Jaime II de Mallorca. 
Bediero. a., el que va á medias, en la administración de 

tierras ó cria de ganados. 
mediodiada, las horas próximas al mediodía: es voz que 

hemos oido á algunos labradores y que hallamos muy 

aceptable y muy en consonancia con las de mañanada, 

tardada, etc. 
meditar, n., recrear el ánimo, principalmente en la caza, 

scgiui Ducange, el cual incluye también la voz medila- 



\, miedo; pavor: se dice, le entró unamedrann, 
cucndo i'ió loi alguaciles! 
mfgana. U.. isla de rio. 
BMJer- dar vuelta á los lagares ó remover la brisa, ú poco 

de fermentar. 
m^estnos, cierta clase de maravedís, que menciona Asso. 
nelgmzo, mellizo; barbarismo de algunas localidades. 
melón de agua, p.. sandía. 
melsa. a, , bazo: )| n., flema-, calma: poltronería. 
memoria, p, se dice, caer ó dormir de metnoria, para de- 
notar, que en posición supina ó boca arriba. 
mena, mina de fierro: la Academia admite esta voz, cu 
¡sentido de mineral en bruto ú en sudo, pero la signifi- 
^M 'Mcion no es ídc'ntica y por eso Ponz, en su Viaje ar- 
^^■Hflfco, dice bien, d la izquierda salinas de ojos negros 
^HB'^^fi derecha minas de afierro: aqui las llaman hienas. 
^'UéBAra, mujer menor de edad. 

mensa, n.. algunos escritores usan esta palabra, como si- 
nónima Je prepositura , pero dando á ésta diferente va- 
lor que la Academia. 
mensurático. n..g(!nero de tributo, que también se llama- 
b,l mensuraje. 
MDUCeleS, a., los frutos Je poca monta que se percibían 



280 M 

del diezmo, para distinguirlos de los granos, acdte y 
vino: llamábaseles también minucias, 
menucier, n., repartidor de las viandas, para la mesa del 

rey. 

menttdfllo, a., moyuelo; salvado menudo. 

menudo, moneda submúltiplo del sueldo aragonés, que 
suponemos de medio dinero ó equivalente al maravedí. 
Se menciona en la cuenta del conñtero de la Universi- 
dad, de 1756. 

meon, vé^se lechazo. 

mera, n., marca para el ganado. 

merced, aunque la Academia la deñne, ei} el mismo sen- 
tido, que aquí nosotros le damos, esto es, en el de trata- 
miento de cortesía, en favor de aquellos que no tienen 
derecho á tratamiento superior, sin embargo, la frecuen- 
cia con que hoy en Aragón se usa, en frase como esta, 
su merced me ha dado esto para F., principalmente, si 
se habla de los padres ó personas de superior clase, y el 
habernos excitado á incluir esta palabra el erudito don 
Vicente Lafuente, añadiendo, que en su opinión, el prin- 
cipio de autoridad y la cohesión de la familia, fueron 
siempre mayores en Aragón que en Castilla, nos ha de- 
cidido á adoptar como aragonesa esa palabra, apesar de 
nuestro imparcial rigor en este punto. 

merendola, n., merendona. 

merinos, maravedís de cierto valor, que también se con- 
taban por medios. 

mermar, c, disminuirse alguna sustancia al calor. 

merzina, n., homicidio, según documento de Jaime I, ci- 
tado por Ducange. 

mesa, n., se dice mesa de sastre, por aquella en que falta 
accidentalmente el pan, como en Castilla se dice, mesa 
gallega. 

mesache, cha, n.. muchacho, muchacha; mozo. moza. 



meseguería, n., derecho que se pagaba por él paso de 
ganados trashumantes, junto á los sembrados, según se 
indinanacreerlolosilustradosaa.de )as Instituciones 
de Derecho aragonés, SS. Franco y Guillen: |1 n.. oficio 

del UESKCUERO. 

mesee;uerO: a., el que guarda las viñas. 

mesmameute, adverbio derivado de mesmo ó mismo, con 
igual significaeíon, v. g.,J'o mesmamente se ¡o dije, por 
yo mismo: significa lamh\íx\ precisamente ó punlval- 
mente: \, g., mesmamente aquei áia no estabayo en 
casa. 

mesnaderos, n., nobles de segunda clase, educados en el 
palacio real, según Zurita, en índices rerum ab Arago- 
nice Regibus gestarum, (Zaragoza. 1578), lib. I, pág. S2. 

mestura, a., trigo mezclado con centeno. 

misjja, la Academia admite esta palabra, como moneda de 
valor de medio dinero y la meaja como antigua de Cas- 
tilla, de ' |o maravedí: pero, así y todo, la incluimos co- 
mo aragonesa, pues en este sentido la han tratado varios 
autores. Guido Morel, en su Minerva Aragonitp, i536, 
la dá el valor de '¡n real ó 4 dineros jaqueses y lá tra- 
duce, Malcus yet obolus: hay también un discurso, 
{i663), sobre el óbolo aragonés, de valor de 4 dineros y 
3 partes de piala por una de cobre. 

miajas, n., la cantidad con que contribuye cada hermano, 
para los gastos de la cofradía, 

mi^jero, puchero pequeño. 

múgitina, diminutivo de muja, que por lo irregular in- 
cluimos. 

micer, n., título de alguna distinción, que sedíóun tiem- 
po, á los letrados. 

Bicero, n. , entremetido; persona que se pone en lo que no 
le importa; algunos derivan de la anterior, esta palabra. 
, medida. 



284 M 

moUon, carnero. 

molturar, moler, especialmente, la sal; también hemos 
leido molturacion, por moltura, en anuncios oficiales. 

mollete, parte mas carnosa del brazo ó la pierna, que 
la Academia consigna como provincial: moflete en 
francés. 

mollisca, caspa. 

mona, el gusano de seda que no continúa el capel, porque 
le corta el hilo alguna tempestad; ó el que desparrama 
el hilo y hay que encerrarle en una papeleta, en dónele 
hace el capel. 

momo, d., fisgón. 

momos, n., gestos ó visajes, con que se hace burla de al- 
guno. 

momerO; d., fisgón. 

moña, n., juego de naipes que consiste, en repartir toda la 
baraja, entre un número ilimitado de jugadores; descar- 
tarse estos de sus parejas; tomar cada uno, sucesivamen- 
te, del de su izquierda un naipe cubierto, para ver si reú- 
ne pares al descarte; y cuando queda una sola carta (pa- 
reja de otra, que sin ser vista de nadie, se ha quitado de 
la baraja, al empezar el juego), el que la tiene resulta 
mona y paga lo convenido: || n., maza, en sentido de col- 
gajo que se prende á los vestidos en Carnestolendas: es 
curioso de notar que ma^a y mona se dice, según la Aca- 
demia, por dos personas que suelen andar juntas: || n., 
mona de pascua , suele decirse, corWt/o; y otras veces, 
alegre como la mona de pascua, á semejanza, en el pri- 
mer caso, de la frase, hecho una mona, que admite la 
Academia. 

moncaino, n., lo derivado de la cordillera del Moncayo, 
como el viento, etc. 

monda, n., mondadura; desperdicio o piel de cualquiera 
fruta, legumbres, etc. 



loneda jaquesa. a., la que se labró en Jaca y ¡uraron 
,los reyes mantener, la cual lenía el busto del rey y una 
;rU2 patriarcal: en general se dice, de toda la moneda 
aragonesa que es imaginaria. 

Otoned^je, a., servicio de 12 dineros por libra jaquesa, 
cerca de un 4 por cíenlo, impuesto sobre los bienes mue- 
bles y raices por Pedro II. 

nioníortera,.n.. cada uno de lospalosó cestillasquc,des 
cansando en los ríllos, sirscn para contener vertical y 
paralelamente, las dos paredes de los tapiales. 

monis, a., masa de huevo y azúcar. 

monitorio, n,. provisión que expiden los tribunales para 
hacer cumplir sus decretos, contra la resistencia de los' 
jueces ó particulares eclesiásticos: en Castilla, monitoria 
., despacho que se obtiene del juzgado eclesiástico, para 
hacer comparecer á alguno. 

mootamiento. n.. valor; precio; estimación: y así se dice. 
no he percibido montamienío de un alfiler: esa signiñ- 
cacion da la Academia, á la palabra monta. 

montón {^), n., mucho; en gran cantidad; por ejemplo, 
llueve á montón: lo quiere á montón: la Academia in- 
cluye á montones, por abundante, excesivamente. 

moñaco, de muñeco. 

mora de zarza, n., el fruto apiñado que dá la zarza sil- 
vestre Castelar en Recuerdos de Italia dice, ¡as zarzas 
con cuyas moras se teñían las cejas y las mejilUis. 

morabatin, n., moneda, usada, antiguamente, en Aragón 
Para prueba de la variadísima lección que tienen al- 
gunas voces en los documentos antiguos, y de la difi- 
cultad de fijar á veces la verdadera, citaremos las que 
trac Ducange de esa palabra en su Glossarlum. Son: 
marabatinus. marahctinus, marcbitinus. ntarabocinus, 
Ptarabolinus . nuirabulinus . marabuntinus, marapeti- 
niu, maravedinus, marbatinus, marbotinus, marma- 



286 M 

tínus^ mcurabotinus. mirabutinus. morabatinus. mo- 
rabedis, morabetinus, morbotinus v morobatinus. 

moradura, n., lividez que queda en la epidermis, á con- 
secuencia de alguna contusión ó golpe: equimocc. 

moravetino, n., la misma moneda antes definida, y por 
otro nombre llamada, maravedí alfonsino. 

morcacho, d., mestura: en Castilla, mor cajo. 

morcal, n., intestino de carnero, vaca ó cefdo, en el cual 
se ponen los embuchados de morcilla, longaniza, etc. 

morcas, d., heces del aceite. 

morgaño, n., ratón campesino, muy hocicudo, que suele 
mamar de las ovejas, causándoles la muerte: su carácter 
venenoso ha dado origen al proverbio, si te pica el yaov.- 
Gk^o preven el escaño. 

morgón, d., mugrón de vid. 

morgonar, d., tender los sarmientos para que arraiguen. 

morgoñar, refunfuñar. 

morgoñon, mal humorado: quejumbroso; descontentadizo. 

moriega, hoy se dice en Aragón, tierra moriega, la que 
pertenecía á los moros, dice la Academia. 

moro, n., el médico Francisco del Rosal dice, que elanz- 
ganes llama mopos, por denuesto , á los que descienden 
de MOROS , así como en Ccstilla se llamen judíos á los 
que descienden de ellos ,r en Andalucía moriscos d los 
irnos V conversos d los oíros. 

morquera. d.. tomillo. 

morreras,, n.. manchas o erupción al rededor de los labios. 

morro, n., enfado; berrinche. 

morreodo, se dice del trigo, cuando está con tizón á la 
punta ó en el embrión. 

morrocotudo, n.. í^rande; formidable: temible: se usa, 
y solo vulgarmente, con algunos sustantivos, como en 
las frases, haj^ cuatro leguas morrocotudas: es un cr.pi- 
tal morrocotudo: es un juego morrocotudo, etc. 



morrón, culificalivo <Íc cieña variedad en los pimicn- 
los. 

mormdo, n.. aficionado a los manjares cuquisítos; prác- 
tico en gustarlos; el cjue se apercibe pronto de un buen 
ó mal condimento: es voz familiar: I| n., se aplica al que 
está enfadado, ó, como se dice metafóricamenle, con 
hocico. 

mortqar. n.,- amortajar. 

mortela, el que en la Milicia Nacional ó ciudadana, sut;- 
litufa habitualmente á otros, por dinero, en las guar- 
dias y retenes. 

nunlquelo, d.. párvulo muerto. 

morúgula, d., criadilla de tierra. 

mosen, a., título ó tratamiento equivalente á Don. que 
^^^ántes se daba á los nobles y hoy á los clérigos: abrevia- 
^^^Bui eulónica árabe de mi señor, ó quizá compuesto del 
^^^^■ncés mos, y gl lemosin en: según Gayangos este título 
^^^K()ió en Castilla á nobles extranjeros. 
I tDOSigon, n., se dice familiarmente, del niño arisco yior- 
pe. que no obedece por fallu de actividad y comprensión. 

mostacilla, n., abalorio menudo, para bordar. 

motacen- a,, almotacén ó fiel de pesos y medidas. 

motilar, c.. cortar el pelo. 

mozlemes. n., moros, según un documento latino en que 
Briz traduce mo^iesmes. 

muda, mudanza de casa: no vemos en la Academia bas- 
tante expresiva aquella palabra, para indicar ese acto, y 
por eso y por su gran uso en Aragón, la incluimos aquí. 

mudqares. n., moros que permanecieron en Zaragoza 
después de la Reconquista, según Blancas, pág. i3o de 
sus Coméntenos . 

mnel^picada- n., se usa en la frase, tener la muela pict-.- 
da. para indicar que se tiene buen apetito. 

n,, f^ov f! ojo de muelles se eniíende, no .-.olo 



288 H 

el que tiene suelto el vientre, sino "el que es fácil de 
lengua. 

muerdo, mueso 6 bocado: así lo hemos leido en algún 
documento. 

muermo, n., hombre pesado é importuno. 

muerras, Naval alegó que el rey les perjudicó en deman- 
darles sus MUERRAS y los po\os de las salinas, según 
Privilegios de Aragón. 

mueso, a., bocado; voz, anticuada que usaron mucho en 
otro tiempo, los escritores castellanos, como puede verse 
en nuestra Introducción, Entre ellos el autor del libro de 
^Paíronio ó Conde Lucanor, en el capítulo IX en que se 
dice, y endere:{aron entrambos el león, é paráronle tal 
d HUESOS y d coces, que por fuerza se huvo d encerrar 
en la casa donde salió: también muerdo. 

mu^, p., mojón, termino ó límite, y no montón, cúmu- 
lo ó acervo que interpreta Ducange, citando el libro VI 
de las Observancias de Aragón. • 

muir, a., ordeñar. 

muñido, n., emplazado; citado; obligado á comparecer en 
juicio: si MUÑIDOS á concello no viniesen, paguen etc., 
que dice Cuenca. 

mureño. montón de piedras que resulta, de la limpia de 
un campo. 

múrg^ula, d., cierta criadilla de tierra, de forma cónica. 

museo, n., jefe de la cocina y la despensa del rey, según 
se vé en las leyes palatinas de Jaime II de Mallorca. 

música, n., el conjunto de esquilas que se pone á los re- 
baños. 

mutafa, d., almotacén. 



N 



Ifacerae, a&rirsc ó desunirse la lela, por estar muy al 

borde la costura. 
nanO: n., se dice. Jbrtunadel nano, conalits.\oná\íiqueHU' 

siona demasiado, aunque poco impoTtantc en sí misma: 
II n., e¡ año de ¡a nanita, frase con que se denota la an- 
tigüedad de una cosa, como en Castilla se dice, el año 
de cuarenta, y en Aragón, el año uno ó el año ocho. 
Berceo escribe: decit que lis faredes viudas á las nanas, 
con lo cual parece indicar las jóvenes casadas. Juan Lo- 
renzo de Segura dice, Relroxol que era fijo de mala 
NAVA, esto es, madre ó mujer; y en otra parte, 
mas por toda la pérdida ti rey greciano, 
tanto dava por ella quanto por un nano. 

nantarse, d.. apresurarse. 

oarigotazos, juego de cartas entre muchachos, en que la 
pena es. recibir tantos golpes en la nariz con sus naipes, 
cuantos son los tantos que se pierden. 

aatiUa^ d., natillas; composición cocida de harina, leche, 
huevos y azúcar, hasta tomar alguna consistencia. 

natizo. n., caloyo: II n., enatizo. 

nsturaleza. n., fidelidad que el súbdilu dchc á su rey. 

SSTada. n-, nave de iglesia ú otro edificio: úsalo Blas- 
co de Lanuza. 

BaTaiJO, n.. balsa para el ganado. 

aaTtta, almadía; en tierra de Bícscas, 

lUTatoro, almadiero. 

naveaar, d., esnavesar. 

BlT^a, n., plancha ó barra de acero, colocada al ex- 
tremo del árbol y como base del rodillo harinero, para 
que este no se desgaste en la rotación; pieza de hierro 




que eatia eo el jRxJpaío, y sobre la cual descama U 

muela yolatidera 6 superior. 
nv^tir, o., Uíhuv^M de JB navua, abierta en la pieda 

en dtmde encaja. 
Bkja, d., galerúi, eo palacio, iglesia, etc. I 

■Mar—O. Q.,se-dicefeinÍliarmentB, ddqaeealáBniode 

sangra, ptáro, 6 desccHupostura en an tra|e. 
■eUara, lytlde púa kacer los hastias. 
iW^ftl, ni, <fiTO queyodBoe datct dase > jmtiwiWi* 

«ceinuiaa, coiiq>letaiDttitt oegns, que áí hút» te^tavloi 

años, tmaqfm ta m^ sesaifale í los tígaraáá-Bíaü^^ 
~ i,a.,frutoddiuq)ero. ^:' ■ '■ ts3 

«, d., dengoso; hráibre que se cBqdca en meno' 
dendas y repan» desfHVciables. 

aoble, a., tíñilo de honor qoe dá d rey y que en 1390 
sustituya ü de rico-kombre. 

at-OOM, d., nada; f>oca cosa. 

tg^JO, Q., nuez que todaría no se ha fiawilii injirlft 

■Otario de ei||a, a., notario dd nóment de Zaragaaci^i' 

■OtcUo, n., royal. f,'!.-!.-. 

BOTÍBOS (hacer), n., hacer pimienta, en sentido de no 
rtincurnr á la escuela. 

■oblo (tocar a), reprenderé recomendar una cosa, ss 
ésito: viene á ser como predicar en desierto; y así se 
dice, mandar á los niños qtte no hablen es, como tocúr 
J nublo. 

nnera, n.. se usa en d adagio, bien gtdsa ó/rie mi ¡mere 
con el pico de le aceitera, para denotar qoe no hay mé- 
rito en las empresas, cuando hay facilidad en los medios: 
se usa en la frase, entrar por el ojo de la naera, como 
si se dijera, por el ojo derecho. 

ntWTSS. n.. h.illamos que usa esta voz. una antigua escri- 
lura. rclatixa i los Amantes de Tcrud^ en la fras^ djbi 




áe nuevas, que signifíca, al cabo de rato; a la postre; al 
fin; después de todo^ etc. 
Bimcio, n., pregonero; Alguacil de la Curia eclesiástica. 



N 

Ñaira ó ñafla, cardenal ú sena) que deja alguna herida ó 
golpe: en catalán antiguo, nafres, significaba herídas, 
según Antonio Bof>irii11: en algunas parles, nafra, úl- 
cera de bestia. 

áaAa, enana: se aplica á cierta variedad de la rosa. 



O 



Obaga, punto en donde dá poco el sol. 

oblata, n., hogaza. 

óbolo, véase mi^ja. 

obrería, p., oficina, para Iqs negocios concernientes á la 

lábrica de cualquiera iglesia ó comunidad. 
obrero, n., uno de los primeros cargos, en las Juntas de 

parroquia. 
OCheno. n.. la octava parte: úsase, comunmente, como 

sustantivo. 
oclw. n.. pan dea libra. 
«dada, oleada, heces de aceite: la .\cadeniia lo incluye 

como provincial, en sentido de buena cosecha. 
oleaza. a., agua sucia, sobrante, después de sacado el 

aceite de la pila. 
oliva, p., aceituna. 

, olivo; árbol. 



292 O 

oUviUo, n., planta phillyrea angusti/bllioj descrita por 
Asso. 

onocífo, p., vencejo; ave. 

ohm, oso; en el Pirineo. 

opuestos, n., las partes litigantes. 

onuñones, a., precediendo romper las, como dice la Ac»* 
demia, ó corromper las^ como decimos noaotros, aígni- 
fíca, interrumpir el discurso, con alguna impertineiida. 

Macho, viento fresco, cuando es excesivo ; 7 eq>eciilmeBp 
te, cuando es extemporáneo. 

ordinaokwi, a., ordenanza* 

ordio, ordeo, a., cebada. 

orcsia (pan de), n., especie de pan de flor, cuya fomiñ se 
parece á la del bonete. 

orenza, tolva. 

orga, especie de pequeño yunque, para soportar la dalla, 
cuando se la afila, á golpe de martillo. 

orQlo, n., orilla; canto ó extremo de cualquiera tela: en 
Castilla solo se refiere aquella palabra, al canto delpafio, 
que es de lana más basta y se conoce también con d 
nombre de pendo, 

ortariza, campiña ó huerta, correspondiente á una pobla- 
ción: en la donación que de la Iglesia de las Santas Ma- 
sas, hizo el rey al Obispo de Jaca, en el siglo xi, dice, 
hoc donatibum fuit factum in tilo ortariza (sic) de Za- 
ragoza; renombre (dice Marton) que suena, cercanías 
de esta ciudad. 

orzayo, n. , el que acompaña ó lleva en sus brazos á niños 
de corta edad, como pudiera hacerlo la nodriza ó la ni- 
ñera: úsase más en Navarra. 

orzoyo, el pelo ó hebra de la seda para labrar el terciopelo: 
en las Ordenanias de los Torcedores de la seda^ 161 1 , se 
estableció, que el examinando de maestro, torciese une 
devanadera de orzoyo para terciopelos^ otra de sedilla 



o ^ñ 

para b-amas de mantos y otra (lépelos para tafetanes. 

OCtático, II., rehén, según Ducange. 

otilar, n., ahuilar el lobo: úsase esa voz, en algunos pue- 
blos del Somontano. 

otri, otrie. c otro: en el Conde Lucanor se lee, olvidan 
mucho aina lo que otri ha fecho por ellos: || d., hacien- 
da de otri, ropa ajena. 

•▼^era. n., esquila que se pone en los rebaños, i las ove- 
jas. 

', n., cortar; según se desprende de las Ordinacio- 
nes de Abejeros, 1494, en donde se lee, que nadie pueda 
oviTAR ni ranear, nifaer leña. 



PabOBtre, n.. preboste. 

pabOStria. n.. prebostazgo. 

pacentar, pageatar, a., apacentar. 

pacería, salario de los sobrej unieras ■ 

paÑscente. n., pactante. 

pachnchada, patochada; dicho ó hecho que no vale la 
pena y que denota sandez áiontería. 

padolamento, n., género de peso, según Ducange, apo- 
yado, en un documento de 1272. 

padrastros, n., mastranzos. 

pairo, muñeco ó pelele que se pone al toro ó novillo, para 
que cierre contra él: lo hemos oído, con referencia á 
Pina. 

pi^a. con la frase, trabajar por la paja se denota, haber 
hecho alguna cosa, con poca ó ninguna utilidad: hay 
quienes hacen con sus caballerías la faena de la trilla de 
"s ajena, reservándose para sí, toda la paja. 




P^ja-humo, se usa en la frase, dar á uno pc:ja-humo,^R 
indicar cjuc se le despide ó se le pone fuera de juego. 

pajarilla, a. . palomilla; insecto que destruye la ceboda- 

P9jar0tear, n., hacer vida alegre, ociosa y disipada: m- 
cen de ahí algunos derivados, como pajaroteo y pujan- 
tero: en Castilla ^^tirírtr y pajarero. 

P^uelas, hemos oido calificar así, á las viruelas locas ó 
erupciones parecidas. 

p^juz, pajuzo, a., paja medio podrida, desechada de las 
eras y los pesebres. 

pala, n., tira de cela en las camisas y otras prendas de 
vestir. 

palabriUa, n., el bozo que se hace con un cabo del ramal, 
para sujetar á las bestias 6 impedirles que comao ó 
muerdan. 
' paleta, n., el mancebo de albañil que maneja la Uaná y 
la paleta: II a., media-paleta, el oficial de albañil que 
sale de aprendiz y aun no gana gajes de mancebo: es 
también muy usual la aplicación de esa frase, á todo oti- 
cJo ó profesión, 

palo, línea ó hilada de sembrado, en donde éste at tú& 
distribuido en caballones. 

pallada, n., parvada. 

pallaso, n., maceta ó tiesto: úsase en el alto AraigoD, 
así como paellaso. 

pan, n., Rosal dice que tomó los nombres de sus precios, 
como en la Corona de Aragón las vuitenas, quaemas y 
otras suertes de panes: se usa en la locución, poñ de 
mi alforja, para manifestar que se ama la independen- 
cia, lo cual recuerda el verso del Dante, 

Oh come sa di sale il pane altrui! 

pandereta, n., panderete. 

panel, entrepaño; voz de carpintería: en francés ji 

panes, d., trigo en yerba. 



F 2&5 

riinutivo Je pan. Se conserva esa voz, en 
la denominación vulgar de una de las iglesias memora- 
bles de Zaragoza, la cual fué primitivamente, Palacio 
real de los árabes, con d nombre de a^uda; sirvió de 
hospedaje á Alfonso I, cuando rüconquistó la ciudad, cu 
1 8 de Diciembre de 1118; IJamói^e después San Juan de 
Jerusalem\ y hoy, y ya en tiempo de Blancas (pág. 119 
de sus ComentafiasJ, se da á conocer comunmente, con 
el título de San Juan de ¡os Pañetes. 

ptatSkBDgaeríü, privilegio concedido al monasterio de 
Santa Engracia, en 1643, que le autorizaba á tener una 
panadería arrendable á los horneros, la cual se abrió en 
efecto, en la calle de la Verónica y produjo quinientas 
libras anuales. 

panioero. n., el que tenía á su cuidado el servicio del pan 
en la Casa real: ^iinífwííi, panadería. 

pauíchaza, cu Borja y otros puntos, lo mismo que sopeta. 

paniquesa, d., comadreja: ¡{ n., niño ó niña de mucha vi- 
veaia y movilidad, 

panizar, el campo ó tabla sembrado de maíz. 

panizo, p., maíz. — Solían llamarle trigo de Indias, según 
Manon, en su Historia de Santa Engracia. 

panoUa. d., mazorca; panoja. 

panso. n., paso; seco; consumido: se aplica á las frutas, 

i' así como la voz pansada. En el Capbreu del peaje que 
se pagaba, en el puente de Luna, 1436, se dice, carga 
de PANSAS un sueldo: en el Glosario del Memorial histó- 
rico, tomo V., se lee pansa, cosa extendida ó expuesta 
al sol [ác pandere); uyas pansas, pasas. 

pantasma, n. , fantasma: es voz vulgar que se usa también 
metafóricamente. Lope de Rueda dice, hecho pantasma 
ó bausán: Quevedo escribió el entremés del Marido pan- 
tasma. 

¡paño!, exclamación de sorpresa: unas veces se usa solo 



296 P 

como interjección y otras en régimen, como n i HirtiT n. 
▼•g-1 ielpamdellumüfrexquiímseraHepmeii 
papéUgo, aparato á manera de embudo, para cjQger higos 
del árbol. 

», n.^ hazañero; finge-n^ocios. 
S n., el contrabandista que introdnoe en Eqiañi 
paquetes de contrabando, venciendo los Piríneoa. 

Mt, n., compuerta 6 tajadera, formada de ttdbias 



k presa que se hace en el agua Qorrienle» por 
medio de compuertas, 6 de otra manera, pan que, dis- 
minuido el curso, se aumente d nivel: véase sunao. 

pmr, n., se llaman gasins deparar la «wm, loa «pie ha 
ocasionado d proceso de aprbhbnsioii, desded apeflido 
hasta k reportación, j son de cuenta dd «pie ae opone 
, d aprehendimte, cuando obtiene sobre éste k vcnüja 
dd juicio: || n., disponer; prqMulu^ 7 asf ae dioe, parar 
la meas, en sentido de cubrirk con los manldes, ¿ como 
dice k Academia, de ponerla: || n.» «mUñr, toando se 
habk de los colchones* cojines, etc.: || n.« parar Jwertey 
mantenerse en buena salud: en Navarra se usó iterarse 
mal. sentirse mal. 

páranla, n. . palabra: es voz anticuada, de las induidas por 
Blancas, en su índice. 

pareo, p.. parce ó premio que dan algunos maestros, prin- 
cipalmente, en la Escuela Pía. y que sirve para obtener 
perdón de ciertos castigos. 

pardma. a., despoblado, esto es. yermo ó sitio, que en 
otro tiempo, tuvo población. Se haUa incluido* por pri- 
mera vez. en !a penúltima edición de k Academk: || n., 
prado. ' pa:io. D canónico El$p¿>ec<u//£5Air¿3 ^inédita) 
ic* Lz SíM.dici: que D. Hodierna yemJio i U Seo ai 1 1 52 
uíi^ rAsr:N \ v^ /mTío f*2r^ H^xspajil. y ea oira parte que 
W íA^sfiLu es kor pa^rdína s:n duda por despoblado}. 



P 2ff7 

pareflla. n., matrimonio: voz usada en el fuero de So- 
brarbe, para designar los hijos legítimos, que allí se lla- 
man, hijos de pKKEiLLÁ. 

par^o. d., poco limpio, en aderezar la comida: II n.. do- 
tado de cierta desaprensión y que todo lo lleva, por igual. 

puicionero. n., pastor que se ajusta con el ganadero, 
para servirle, durante la parición. 

parihuelas; n., parihuela. 

parizonar, n., parir el ganado. 

parra (subirse á la), n., ofenderse; picarse de alguna alu- 
sión. 

parranda (de), n., de jolgorio; de gran diversión , ociosi- 
dad ó pasatiempo. 

parrón, n., vasija grande, para ordeñar la leche, en las 
cabrerías. 

!, n., con la cuprcsion, ¿de qué parte? se máicsi que 
ninguna manera, y así se dice, ¿de qué parte He de te- 
"^merlé?: ¿de qué parte fia de triunfar? 

parrada, n., gran cantidad. 

pasadas [i todas), n., enajenación absoluta, sin condi- 
ciones de retracto ú otras: es Irase que se usa, en oposi- 
ción, con la de d carta de gracia. 

pasamán, d., pasamano. 

pasamanos, n., pasamano. 

pasamiento, o., pase de cuentas: ||n., pasar, en el sen- 
tido de la última acepción, que dá á esta palabra la Aca< 
demia- 

pasio, p., pasión, por la parte del Evangelio. 

pasionero, a., el sacerdote destinado en el Hospital de 
Zaragoza, á la asistencia espiritual de los enfermos. 

pastarello, mejilla: en .\cto público de ]i83, sobre apa- 
rición de la Virgen de Magallon leemos, que no se le des- 
pegaría la mano del pastarello. 

1 la Relación de las tiestas, que se celebraron en 



I parra 



296 P 

Zaragoza, con motivo de la concesión del rezo propio de 
la Virgen del Pilar, dice Escuder, agnus benditas que 
menos reverentemente se llaman pastas. 

pastenco, n., la res que se echa al pasto: suele hacerse 
la división de las que aun maman, en caloyos^ témaseos 
y pastencos, y i éstos se les llama también, corderos le^ 
chales. 

patríense, compatricio. Marton dice, mi patríense Dan 
Vicencio Blasco de Lanu\a\ y, aunque esto no tanto pa- 
rece un aragonesismo, cuanto una manera particular 
del autor, creemos que debe consignarse. 

pastron, n., bofetón ó puñada; voz familiar. 

patera, n., enfermedad del ganado, en las pezuñas. 

patio, n., portal cubierto. 

panl, d., pradería común. 

pavana, n., ^¿z//t¿2 ie/7¿zr¿ZAz¿2, es expresión que significa, 
réplica intempestiva, insuficiente ó grotesca: también, 
porte inesperado; desenlace poco delicado en algún 
asunto 

paviso, d., pavía: II d., tonto; lerdo. 

peal, n., se usa en la frase, poner á uno como un peal, 
equivalente i poner auno como un trapo, pero es exten- 
siva también, á los malos tratamientos de obra. 

pebre, p., pimienta: pebrete, guindilla fuerte. 

pecina, d., riña; contienda: alboroto. 

pecotoso. pecoso: pecotoso, señal de hermoso: proverbio. 

peculio, d., peculio; voz anticuada. 

pechas, la parte convexa ó más alta do la muela hari- 
nera, ó sea la más próxima al centro. 

pecho arriba, n.. á repecho. 

peder, n.. peer. 

pedrada, d.. pedrea; apedreada. 

pedregada, n.. pedrea. 

pedreña. d.. pedernal. 



peduco, n., calzado tosco, que se usa en las montañas. 

pegunta, pez: se lee muchas veces, en los Cabreas. 

peiron. n., columna ú obelisco, que contiene alguna ima- 
gen y que se halla, únicamente, á la entrada de las al- 
deas: llámase también jjüiVon. 

peladizo, n., piel que cubre la carne de las frutas: la 
gente vulgar dice, pelarlo. 

pela-cañas, viento fuerte y frío, 

pelele, c, pobrete; falto de inteligencia y de fortuna: 
simple, inútil, dice la Academia. 

pelindusca, n., ramera; mujer de mala vida. 

pelmuda, cambio de peio ó pluma, en los cuadrúpedos ó 
aves. 

pelmudar, verificar la pelmuda. 

pelón, escolar novato, que cursaba el primer año en la 
Universidad. 

pelttchon, n., pelo crespo ó descompuesto: se dice tam- 
bién del que lo lleva. 

pella, c. el cogollo de la col. 

pelicana, n., persona de malas prendas ó de mala vida: 
las rameras fueron llamadas pellejas [según Rosal) por- 
que vestían pieles de cabra roja ó zorra entre los pasto- 
res de Roma, y de ahí, verosímilmente, se ha derivado 
esa palabra, muy usada en Aragón. 

pellejero, n., entre ganaderos, el que se dedica á com- 
prar pieles de desecho ó de reses mortecinas. 

pelleta, p-, pelleja; piel. 

p^on, a., parte considerable de una cantidad: así se dice, 
j-a ha pagado un buen pellón; ¡e ha entrado un buen 
pellón con ¡a dote de su esposa. 

péname, u., pésame, 

penar, d., pesarle a uno; arrepentirse. 

peadyo, n., cualquier adorno pendiente, cuando se usa 
solo por vanidad; como las borlas de un bastón, las 



aoo p 

cruces de honor y los dijes de las señoras en d ciidlo, 
las orejas ó brazos. 

peadonear, n., disipar d tiempo; callejear; concurrir á 
todo lo que sea distracción. 

jj^endimero, n., haragán; vago; amigo de drrersiones. 7 
pasatiempos. 

peneqoe, c, borracho. 

penoaes, n., edictos ó decretos dd Rej, según Docaage. 

peAw ▼am y friies, en una curiosa descripción de 
Alvar García de Santa María se lee, qi^ las damas lle- 
vaban mujr fermosas tocaduras é peAas de martas é 
VEROS É GEiSEs, mii^ ojeitodos que bien parecía que se 
non ajeitaran d lumbre de paja.* No conviniendo al 
caso la etimología de penna^ en sentido de (dama, y 
siendo insufidente la significación académica de pena^ 
como adorno mujeril, compuesto de una cinta al cudlo, 
de la cual pendía alguna joya^ aqud traje ó adorno se 
explica difícilmente 7 ya Blancas no se lo explicó. Zurí* 
ta dice, que á la coronación de Alfonso IV, los caballeros 
iban con paños de oro y peAas veras, que era toda la 
gentileza de aquel tiempo j y después, que con peñas ve- 
ras ó armiños. El Canciller Ayala dice, que la reina 
Leonor llevaba paños blancos con peñas grises, y la 
reina María paños de jametes blancos con peñas veras é 
GRISES. De todo esto deducimos, que peñas veras é gri- 
ses signifícaba, pieles de armiño y marta, como cabos 
de aquellos ricos trajes recamados. 

pefiora, n.^ prisión: ||n., multa ó pena. 

pefiorado, Espés copia un Privilegio de 27 de Mayo de 
1299, por el cual los peregrinos á la Virgen del Pilar, no 
eran peñorados ni marcados en su persona ni bienes. 

peñerar, n., prender; y asi dice Cuenca, d los Señores de 
vasallos no se les péñora ó prende: \\ n., multar; ape- 
nar; dar ó tomar en prenda. 



P 3Úl 

peonía, a-, peonada; ¡ornal: lo que un peón trabaja, en 
un día. 

pera, fruta: la hay de bergamota, mala-cara, ó de invier- 
no, pera-pan, magdalena, de buen cristiano y otras 
niui.'has variedades, que no consignamos. 

percazar, d., apercazar ó coger coa diñcultad. 

perdigana, a., perdigón. 

perdipiero, d.. perdigón. 

pérduga. perdida: también se halla en las Colecciones le- 
■gislativas, perdúa. 

perejil, se usa en la írase, perejil de todas las salsas, para 
indicar, que uno se multiplica en todas partes. 

perera, A., peral. 

perhOTrescenciaS, género de recurso, que tenían para 
ante el Rey, los vasallos de los barones, contra éstos y 
contra los jueces ordinarios del territorio, que les pare- 
cían sospechosos: en las Cortes de Calatayud, celebradas • 
en i5i5 por la reina Germana, los ricos-hombres y se- 
ñores de vasallos, instaron contra ellos, según Argenso- 
la, en sus Anales. Mayans explica también esa voz, en 
su Vida de Antonio Agustín. 

perindola, n., perinola. 

peijudiciOBO, n., perjudicial. 

pernada, n., predio rúsiico, según Ducange. 

pernera, n., la pjrte del pantalón, que cubre cada pierna. 

pero, n., esta conjunción adversaliva, tiene alguna vez 
oñcios de partícula añrmativa, equivaliendo á sí; como, 
es fácil, pero muy fácil. 

perola. n.,cazo. 

perolon, n., perol grande; vasija de cobre ú otro metal, 
destinada á varios usos. 

perpagar, n., pagar completamente; voz anticuada. 

perrera, n., berrinche. 

perro, pora indicar que uno no hace Taita en alguna parte 




w 



6 negocio, se dice, que como los perros en mise. 

p6Scaterb, n. , pescadero; el que vende pescado. 

peseta de pilares, columnaria ó de cinco reales. 

petafio, n., persona ó cosa que sirve de estorbo: en NiVaí* 
rra se diccjíetotAo. 

yétate (uar fx), disponerse á marchar; abandonar el pue- 
blo en que se vive. 

petenar, d., retozar. 

pfltrería, n., barreño; aguamanil: Ícese en Leges palaiiua 
Jac. II, Maj. 

petniSOS, terreno peñascoso que algunas veces dá nom- 
bre á la demarcación, p. cj., ¡os Peirusos. entre l'ÍUo 
mayor y Perdiguera. 

IZ coca, n., jugo resinoso, un poco más grueso que la 
pez ordinaria: sir>'e comunracnic, para la formación de 
los barnices. 
* peíolaga, d., tronera; persona de poco asiento y mal de- 
porte. 

pía, el travesano, zoquete, piedra ó cualquier objeto, con 
que se calzan las rueda^ de un cuto pondo, pora que 
DO lo arrastren de pronto, los animales qoe de 41 tina: 
11 loseta para asegurar el banco, en que descansan el ro- 
dete y maquinaria de la muela harinera. 

piar, se aplica al carro, cuando se le pone alguna pía. 

^cachova, n., instrumento ó herramienta para demoler, 
de que generalmente usan los albañiles, y se distingue, 
en que el hierro tiene pico al un extremo y boca al otro. 

ptcajOM, n., el que se pica ó resiente, sin gran motivo y 
con bastante frecuencia. 

pica-peloa, n., se usa en la frase, estar áe pica-pelon. en 
equivalencia de estar contrapuntado. 

picaporte, n., Uavin con que se abre la puerta exterior de 
las habitaciones. 

picar, p., machacar; desmenuzar. 



P 303 

ia, n., pico de que usan los albañíles para demoler: 
|{ n., taza con que se sirve el caldo ú otros líquidos á los 
enfermos, que no pueden incorporarse en la cama. 

picor, p., picazón: escozor. 

picota, d.. piquera: i¡ n., no saber ni picota, no saber piz- 
ca: no conocer una ¡ota; no tener noticia alguna de lo 
que se trata. 

picotear, n., picar ó ir comiendo de poco en poco. 

picnlÍD, n., volatín; titerero, como otros dicen; buratin, 
como hay quien escribe, á la italiana, 

pichón, c, palomino ó polluelo de paloma. 

pié, d-, medida para la aceituna: || n., hacer pies, empe- 
zar á sostenerse el niño, sobre ellos: en Castilla se dice 
hacer piernas, en otro sentido. 

piedra, n., díjose. á piedrc perdida , en equivalencia de la 
expresión actual, d fuego graneado, como puede verse 
en Zurita: hoy se dice, en signiticacion, de apresurada- 
mente. — En un m.s. atribuido á Larrea se lee, (".xpre- 
siones descompuestas, como las del común populacho y 
gente de capay piedra. 

pierde, n., pérdida, y así se dice, es calle que no tiene 
pierde. 

pigre, a., tardo; negligente ó desidioso; conforma, más 
que el castellano jn/^^r o, con la etimolc^i'a latina. — Des- 
aplicaiio ó poco aprovechado en la escuela. 

picota, enfermedad de la viruela. 

pícela, n.. echadiza; indirecta. 

pigüesa. d., viruelas. 

pilla, a., pillaje. 

pQina, d., bizma: || d., trampa; deuda, 

O. n., guarda-cantón; poste: || n.. columna en que se 
Btponian al público los miembros de los malhechores, 
ruando estaba en uso, esa repugnante práctica: llamába- 
Ufilon de los cuartos. 



304 P 

pilotero, n., uno de los operarios, en las fábricas antiguas 
de papel. 

pimentón, p., pimiento. 

pimienta (hacer), n., tomarse vacación. 

pinada, pinar. 

pinchar, c, punzar. 

pinche, c, ayudante; marmitón de cocina. 

pinchón, d., punzón. 

pindonguera, pindonga 6 mujer callejera: también se 
usa en masculino y en la forma verbal. 

pinetas, volteretas. 

pinj^etas, n., se usa en la frase, estar enpinganetas^ que 
significa, estar en cuclillas; estar mal sentado ó acomoda- 
do; estar en peligro de caer: en Castilla, estar en pinga- 
nitos es, hallarse en puestos elevados ó en buena fortuna. 

pin|^, en la frase /7m^¿zr las canales significa, caer el 
agua pluvial en los tejados. 

ping^, n., sustantivo con que suele designarse, al que es 
demasiado suelto, haragán y desaseado: generalmente 
se aplica á la mujer. 

pinocha, d., panoja. En castellano, la hoja del pino. 

pinochera, n., la hoja que cubre la panoja 6 panocha. 

pinta, n., clarión. 

pintar, n., tallar; esculpir: así llaman los pastores, i los 
adornos que hacen en la madera, con cualquiera instru- 
mento cortante: || n., pintarla, figurar: gobernar; darse 
importancia. 

pintear, empezar á llover ó gotear. 

pinturrutear, n.. pintorrear; pintarrajar. 

pinero!, n., en Alean iz el pájaro loxia curyirostra . 

piñonada, piñonate. 

piñorar. c, sacar prendas, por algún adelanto que se ha 
hecho: dícese también /^eworjr, y ambas son voces an- 
ticuadas. 



„ n.,x Scc compañía de pipiriiaina^á hXropA 

de malos comediantes; y reunión de pipirijaina, á )a de 

poco pelo ó menor importancia de la que conviene. 
piquero, d., albañit; alarife. 
piqnete. n., esquila de poco volumen, que se pone en los 

rebaños, á los borregos ó corderos de desvezo. 
pimío, n., perinola pequeña y redonda, sin las iniciales, 

ni por consiguiente las suertes, que tiene la perinola 

común. 
pisadera, n., se dice de la reja, colocada en la acera de 

una calle, para dar ventilación y luz á algún sótano: 

puede aplicarse en genera!, como adjetivo, á todo lo 

que haya de ser pisado- 
písazo. n., pisada; pisotón; esta última palabra, todavía 

no se halla admitida por la Academia. 
pispi^O, epíteto despectivo que viene a significar, inútil; 

molesto; desmedrado. 
pitañar, n., casa de mala especie: vivienda csTraviada, 

sospechosa y de pobre apariencia. 
pitOn, a,, piedrezuela con que juegan los muchachos á 

los cantillos. 
pitOf, juegos de muchachos, con cinco bolitas de cristal, 

piedra ú otra materia; diferente del juego de la taba, que 

admite la Academia. 
pitoste, petoste. hombre importuno, desmañado y para 

poco, que suele estorbar con su presencia. 
piular, piar los pollos recién -nacidos ó muy jóvenes. 
pÍ2arra. n , encerado para verificar operaciones mate- 

ma'licas ó de otra ciencia, á la vista de muchos. 
pizco, c, pellizco. 

placer (a), a., despacio; poco á poco. 
plantar cara, hacer cara ó presentarse en ademan de re- 

s.stencia. 
idantero, n, simiente: |¡ tablar, destinado en la huerta, á 



306 P 

recibir semillas, hasta que de ellas nazcan las plantas y 
tómenlas creces suficientes, para ser remudadas a otra ta- 
bla, en donde adquieran con desahogo, todo su desarrollo. 

{danzón, d., estaca de olivo ú otro árbol. 

platada, n., el comestible contenido en un plato colmado. 

plañir, sentir ó deplorar; pero con valor de escasear, excu- 
sar, ahorrar, economizar: p. ej., no ha plañido ningún 
gasto en la enfermedad de su padre; no se plañe él 
por cien duros mds ó menos. También se usa en la frase, 
el que d un enemigo plañe ^ en sus manos muere, Eji la 
proposición del Rey D. Martin á las Cortes de Zarago- 
za de 1 388, se lee, según el historiador Murillo, si aveí 
plañidos vuestros cuerpos por vuestros señores; cierto 
podemos decir que non, 

plebania, cierta jurisdicción eclesiástica, como Isiplebania 
de Montalvan, 

plébano, cura párroco: la Academia lo incluye, como pro- 
vincial. 

plegadera, n.^ tablón que, colocado verticalmente ó de 
canto y arrastrado por una ó dos caballerías, va amon- 
tonando la mies en la era, dirigido por el labrador que 
lo sujeta con una esteva. 

plegado (en), por junto; según el Glosario de Savall y 
Penen. 

plegador, a., el que recoge limosna para alguna cofradía 
ó comunidad. 

plegar, d., hacer la llega: || n., concluir una cosa; quedar 
uno sin esperanza, y en este sentido se dice, ya hemos 
plegado: \\ recoger la parva, después de trillada, para es- 
perar á aventarla: || congregar: recaudar. 

pliega, n., llega. 

pliegue, n., se dice, ¡buen pliegue váá llevar ó d tener!, 
en sentido de ¡buena vida, buen fin vá á tener! 

pocear. d.. sacar agua de un pozo con pozales ó cubos. 



la, n.. ave: || n.. la bolsa que forma la camisa ú otra 
prenda á la parte del pecho. 

piHhM? n., lo que se contiene dentro de esa cavidad. 

pocho, c. páÜdo; descolorido: 1| n.. judias pochas, judías 
desgranaderas. 

jfOÍ0T. n.. úsase en la frase, es cosa que tne puede, como 
diciendo, que me incomoda, que me saca de mi. 

polpa, d.. pulpa. 

poUo, a., caballón ó margen á trechos, para que se deten- 
ga el agua: ||n.. gargajo. 

poUizo. vastago de un árbol. 

poota^ero, n.. el empleado á cuyo cargo estaba el cobro 
del derecho de pontazgo. 

pontarron. n., aumentativo despectivo de puente: |[ puen- 
te poco notable ó ya muy mal parado; !o usa Marton. 

porción, 11., tablilla de chocolate de una onza ó de tres 
cuartos. 

porche, c. poste; soportal. 

porg^adero. a., harnero: cedazo; zaranda ó criba, 
ir. d., aechar. 

18, d., aechaduras ó desperdicios, después de ae- 
chado ó cribado el trigo. 

porreton. n.. ave que no ha salido del nido y permanece 
todavía implume, 

portadera, n., vasija de madera para transportar las uvas 
Je !a caja al lagar. 

portal^a. tabla de a pulgada: equivale a jioríti leña, que la 
Academia define, la tabla que sirve para hacer puer tes. 

portata. n., acción de llevar, conducir, custodiar, instruir, 
tramitar, etc., y así se dice, jjor /ii pobtat* de procesos, 
en un Tratado de los Oficios y Salarios de la Corona, 

portegado, n.. pórtico de iglesia; voz local, que por nues- 
tra parle no hemos oido, pero nos ha sido comunicada 
por persona competente. 



306 P 

potador, n., posadero; mesonero. 

poM, c, parte gruesa de los líquidos que queda dti'el ksh 
do de la vasija. 

pOBtflfeiíá, n., postigo: así se desprende de una deidviir 
cion dada en 1 522 por la corte del Justicia, condéóftodp 
en 6o dineros á los que quiebren puerta ó postillenií. 

pote (color de), color quebrado 6 bajo en el rostro. 

potroiur, n., molestar; aburrir; cansar; apurar auno. , 

pgym, carnicera 6 peso de pan de tres libras: en español, 
un derecho que se paga en el homo común. 

posd, c, cubo de pozo: || cargar 6 llenar de agua alguna 
vasija. 

pMálear, d., revolver el agua de un pozo, subiendo 'j ba- 
jando sin objeto los pozales. 

predof, d., estimación del daño causado en los campos. 

predicaden, a., pulpito. 

preguens, tributo cereal, al Q>mendador de San Juan. 

preooninoioii, pregón; antic. 

prendada, n., apenamiento, ó intimación de alguna pena. 

prendar, n., apenar ó intimar alguna pena. 

presa, a., puchero de enfermo. 

proseo, melocotón. Entre los refranes de Hernán Nuñez 
se halla este, qtiatro son le bone bocone: prigigo^Jigo, 
fongo^ melone^ ó sea, cuatro son buenos bocados: pris- 
co^ higo, hongo, melón. 

presera, trampa para cazar: se halla usada en los Fue^ 
ros. 

presero, n., puchero de dos tazas de caldo. 

pr esguardarse, apercibirse. 

presquiUa, duraznilla. 

prestar, c, dar de sí; extenderse las telas: la Academia 
durante algunas ediciones, y desde luego en la de i832, 
consideró esta voz como aragonesa. 

prieto, p., mezquino; mísero; tacaño. 



p . :íütí 

privilegios, n.. leyes 6 rucro;> polídcos; L'ódigo constitu- 
cional de lüs aragoneses. 

probar, c, catar. 

probatina, n., prueba; ensayo; tentativa. 

proceso de cambra, n., d que se hacía en lugar escondi- 
do: se llamaba también de cámara y estaba prohibido 
en Aragón. 

procura, p., procuradoría. 

procuradori a., se dice procurc.dor astricto, del obligado 
á seguir ciertas causas, especialmente criminales, en las 
cuales nunca se procedía de oficio en Aragón. 

profierta, n., servicio extraordinario concedido por el rei- 
no al monarca, con el carácter de empréstito, según pue- 
de verse en Asso, Economía Política (pag. 490): [| pro- 
mesa: oferta; anlic, 

proaioredores, n., oliciaies destinados i agitar los nego- 
cios civiles y aun criminales y á suplir al Canciller ó 
Vice-Cancillcr en algunas funciones; siendo considerados 
como Consejeros del Rey : eran en número de cuatro; dos 
caballeros y dos doctores: todo según las Ordinactones 
de Pedro IV. 

proniutcia, a-, pronunciación ó publicación; ó acción y 
efecto de publicar alguna cosa. 

propalo, n.. barra cilindrica de hierro, que encaja por un 
extremo en el árbol y que termina por el otro en esqui- 
na, para recibir el rodillo del molino harinero: || pieza 
que encaja en el aboj y la navua. obrando de esta suer- 
te sobre la muela. 

propiamente, verdaderamente; se usa de preferencia para 
manifestar, con ese solo adverbio, la conformidad con lo 
que otro expone ú opina. 

pn^io (de), n., de intento; directamente; sin otro objeto: 
p. c¡., vuy de propio dsu casapara contárseJo. 

propoñdon, n., demanda de posesión en e) juicio de tir- 



310 • P 

ma: || n., discurso del trono al abrir las cortes; P/vpoth 
tío Curiarum, 

proa, bastante: catalán puro. 

pravin, n: , decreto de secuestro, que es la primera dili- 
gencia, en el juicio de aprehensión, 

pruebo, prueba: se usa en las montañas de Jaca, en fiases 
como esta: ¡as cepas han hecho buen pruebo en ese 0* 
rreno. 

pudir.d., heder. 

pudor, d., hedor; hedentina. ^ 

pnerte, n., en el juego de dominó, la ficha que por un ex- 
tremo presenta un número, del cual van todos jugados 
menos uno; y del que conserva ¿ste en su poder se dice, 
tener una puerta^ pues por allí, nadie si no él, puede ju- 
gar: II n., salir por la puerta de los carros^ salir vergon- 
zosamente de una casa, de un establecimiento, 6 de un 
negocio; en Castilla se dice, salir por ¡a puerta de tos 
perros^ por salir huyendo. 

pues, tiene un aire aragonés, equivalente á entonces; en 
este caso; esto supuesto; y análogo al done francés: por 
ejemplo, qué habia de hacer j pues? 

pueyo, cabezo. 

puga, p., púa. 

pugés, n., moneda que valía la cuarta parte de un dinero 
en tiempo de Carlos V, según Juan Gutiérrez, citado por 
el paleógrafo Merino. 

pulg^urillas, n., castañuelas. 

pnlienda, n., cospillo. 

pulseras, n., la carga que se sobrepone á los costados de 
cualquiera carro ó galera, atándosela con cuerdas, fuera 
de la escalera del carruaje: también toma aquel nombre, 
la misma red de cuerdas en que se contiene la carga. 

punchar, c, punzar. 

punchazo. d.. punzada. 



ptuichoii. d.. punzón. 

puntero, n., tripulante en los barcos del Canal Imperial, 
cuya maniobra consiste, en evitar que la embarcación 
cho^u^ contra las márgenes, lo cual previene, apoyando 
en ella unos largos remos, 

puntilloso, n. , el que tiene mucho punlillo ó una suscepti- 
bilidad exquisita. Aunque parece de etimología francesa, 
no debe de ser sino un derivado de /«níiV/o: la Acade- 
mia admite puntoso y puntuoso 

pUOtuantOn el destinado en la Universidad á dar puntos 
para los ejercidos ó á presidir los piques: en los Gestts 
leemos también, apuntuante. 

punza, púa; espina. 

pnfiazo, n., puñada; puñetazo (i), 

purna, d-, chispa: II n., teíifrmc/íTipMTTiíW, tener malas 
chanzas ó mal genio, ó mal carácter, ó poco aguante. 

puya, d.. poya: || subir una pendiente: úsase en las mon- 
tañas pirenaicas. 

puyada, n., regreso, principalmente, de los ganados iras- 
humantes. 



(II TfDcmoBá aquélla por tan caate llana, como & enlas dos paUbraH. 
paro na bnllindola rn al Diccionario de la Unsu», á praar d« srr el deriva- 
do man próilmo de la primitiva puiIo, y Blando por olra parla muy fra- 
curate tn Aragón, nos tiernos permitido incluirla como balgunaa, aunque 
noy pocsa, que se bsllan i-m cele caso. En lo drmiB, noaotroa do hrmoi da- 
do cBbidí^ & vocen qUF la Academia calIflcB do caaUlInnaa, [por mus aire 
BFBg'onáB que lea bayamoa encontrado, alna que hemoi traaladndo la* que 
da entre ellas Incluyü Peralta en sn Eiuaya, yaun eras, marcadas, plu« eo- 




<l 




I 



focmbias. n., cocía mas 6oa t{vc lacorann ydcnn 
color mas bajo, que algunos Uanun eUar. j onos. por 
d paú en que es abondaoR, cerqd ilr Mk^os. 

fMMrfta. a., puta de reqocsoa bjlüu y roccJaJocon 
huevos. >2Úcar y zumo ó eaencú de limón, cocido todo 
en c) horno, i fuego lento. 

fHfffBft acchuiu desmedrada y mencda. 

qoMtiM. R-, uno de los tnbutos que u exigían aniígua- 
menic, en Aragoa. 

fiJeoto, ta, n.. cómo! Se osa interrogatirt j admirativa- 
mente, sÍgni6cando d desprecio ó TÍiuperio. y así sedke, 
¡quiento ha quedado este gabmele!; qidento se ha puesto 
el tiempo!; frases que equivalen á cómo ha quedado (que 
mal) este gabinete, etc.: es muy usado en ciertas clases, 
perogeneralmente no muy conocido: II n., se usa ea la 
frase tal y quiento, equivalente átat y cual. En sus dos 
acepciones se usa con mucha frecuencia, bajo ta forma 
inierrc^tiva. 

fDÍDOll, d., almenara: II d., turno para e) riego. 

qoiltiis, cierto tributo: hallamos que lo cobraba el Du- 
que de Medinaceli, en algunos pueblos de Aragón. 



313 



R 



Rabada, d., rabadilla: || n., dar una rabada, separarse de 
uno bruscamente y en ademan hostil; dar á la conver- 
sación 6 á la disputa un giro inesperado é insolente. En 
sentido análogo, aunque mas concreto, la Academia 
usa rabotada. 

rabal, n., arrabal. 

rabático, n., género de pecha ó tributo que, con este nom- 
bre, vemos en varias escrituras de exenciones ó fran- 
quicias. 

rabatiil, cristiano, en Valencia la árabe. 

rabiojo, n., se dice, mirar de rabiojo^ á la manera que en 
Castilla mirar de reojo y ó mirar de rabo ó de rabillo 
de ojo. 

racimar, p., rebuscar; recoger los racimos que quedan 
después de vendimiada una viña. 

racimo, d., hijuela ó parte de una uva. 

racional, a., oficial de la Casa real de Aragón, equivalente 
á Contador mayor: || n., el empleado que examinaba, en 
la Cofradía de Abegeros, las cuentas del Receptor. 

racionero de mensa, n., el sacerdote que, desde la funda- 
ción de una pieza eclesiástica, tiene derecho á cierta par- 
te, en los productos de los bienes y obligación de cele- 
bración, coro, misa conventual, etc., como los demás 
capitulares. 

radia, n., parece ser, suelta ó libre, en aquel pasaje de un 
documento de Veruela, qui la agua lexare radia que 
no la tome á la Jila ond la prende ^pey te. etc. 

rader, n.. raer. 



914 H 

MÉMb, D-t mueraUe; avaro; poco dccprouUdw .a^XZafti 
Ihi raido, tiene muy otra «¿nificifim. 
, nucro. 
Il, n., granja; casa 6 predio en el ciin|r(^., 

lAfe, p-, alero de tejado: || n., extremidad de una cosa, y 
así se dice, cA rc.j'e de la mesíi, de le cerne, del pcpet. 

nd, n. , voz usada en algunos puntos de Aragón y Cata- 
fuña, que unas veces significa, á bien, grades que no im- 
porte, y otras tienen mas enérgica equivalencia, como en 
Pedro rai que tiene fincas, quien quede mal es su her- 
meno;yo mi poco importe Jo que importe es mi maJre: 
¡a escelera raí, ¡o que quiero tener hecho es los pisos. 

nlda, n. , raja de melón de tierra. 

nJlado. n., se dice, rcllcdo de viruelas^ por d que ba <\üt- 
dado señalado de ellas en el rostro. 

nllar las tripas, n., rallar, en la segunda acepción del 
Diccionerio de la Lengua. 

I»|l», a., alcarrwa. ^g^. ^ ■a-.-mupsi 

ndM^ se uaa en frues como esta: ¡os donm^osM iba 
todos en rama floja d ¡a ciudad. 

nmidlo, n., zarzal; matorral; etc. 

ranüllo, a., dinerillo. 

rampa, a., calambre. 

lampallos, d., pimpollos. 

ramulla, n., ramaje inútil: en castellano, rami^ti y ramojo. 

im, d., raiz: áíctsi, cortcr al rcn de tierra, por cortar 
á raiz. 

ranoira, n., queja; querella: voz antic. 

rancho, n., esquiladero. 

raoosa, n., la res baldada ó impedida de los remos. 

rape (Á), n., superficialmente; á fior de tierra. 

raro, n., enfermo; achaquiento; indispuesto; delicado. 

ras, d., paño de tapicería: también se decía, peños de 
ras y en plural races: en Zaragoza los hubo excelentes 



R 315 

en el Ayuntamiento, y los hay en la Seo y en S. Pablo; 
aquí sobre dibujos de Rafael de Urbino: viene de Ras 6 
Arras, ciudad de la Picardía, en donde se fabricaban 
los mejores (O. 

rasa, d., porción elevada de tierra de regadío, ó mejor, 
límite de dos campos desnivelados: || n., regacha prac- 
ticada á todo lo largo de las plantaciones de árboles, 
principalmente en los paseos. 

raaoañico, cantero ó trozo; aplicado al pan. 

rasca^mmas, n., persona descontentadiza y de difícil 
trato que se inquieta por todo y que dá importancia á 
bagatelas: también se dice, casca-miajas, 

rasera, n., rasero. — Mor de Fuentes, que, aunque arago- 
nés, era escritor afectadamente puro y hasta arcaico, si 
bien en las traducciones que corren como suyas, se des- 
mienten muchas veces eses cualidades; en la Serafina, 
decía, medirlos por ia jíASEnÁ general. 

rasmear, n., se dice del objeto que araña, rasca ú ofende 
al tacto con su aspereza: también se dice rasmeadura y 
rasmea\o; pero son palabras que solo se usan en la con- 
versación familiar. 

rasmia, afición; diligencia; fuerza ó voluntad para el traba- 
jo: li discreción ; buen ingenio para negocios ordinarios 
de la vida: |i roña ó malestar, que resulta de alguna enfer- 
medad. — Es como se vé, una palabra bastante indecisa. 

raso, d., lleno; colmado (2): || d., desvergonzado; desen- 
vuelto en el hablar, principalmente con aplicación á la 



(1) Pedro Fafur en sus Andanzas 6 viajes dice de ella: es muy gentil ci6- 
éUxt, e muy rica mayormente destos patios de paredes e tod ■ tapeceria, e pues- 
to que ya en otras partes los labran, pero con todo eso, bien se pM^esce la ven- 
tt^Ja de lo que se face en Ras. 

(2) Es usual en los f. f. de Navarra, uno de los cuales, contra los ladro- 
nesde res que lleva campanilla, dice, que fagan implir la campaneta de 
mierda de home, qib sea rasa, éfnga implir en la boca al ladrón. 



316 R 

mujer: II n., escaso ó mejor, enteramente al justo; por 
ejemplo, la tela ha venido rasa^ para indicar que nada 
ha sobrado: se aplica al que, y sobre todo á lo que, se 
muestra sacudido, desenvuelto y demasiado franco en 
hablar. 

rasonera, vasija, á manera de fuente oblonga ó en forma 
de barco, y generalmente de metal, á propósito para 
servir á la mesa ciertos asados ó pescados. 

raspa, c. escobajo de la uva: en algunas partes, gajo de 
uvas. 

rastra, c, ristra ó sarta. 

rastras (á), n., á la rastra. 

rastro, n., matadero. 

rayada, n., ráfaga de sol ó de luz:||n., cantidad poco 
abundante de líquido, que se vierte por el pico de la vi- 
na jera, ampolla, aceitera ú Qtra vasija semejante. 

rayera, abeja reina ó maestra en pollo. 

real, n., moneda imaginaria de 32 maravedises: dicese 
real ó real de plata. — Rosal hace diferencia de los reales 
de su tiempo, diciendo, que el de Portugal valía 40 ma- 
rá vedis menores, el de la Corona de Aragón 36 y el de 
Castilla 34 y antes 33. 

realtar, n., altar: se usa repetidamente, en las Ordina- 
ciones de Pedro IV: en latin retrocltcre. 

rebadan, n., rabadán. 

rebalva, n., ave del orden de los pájaros. 

rebaüo, multitud; montón: sq ¿\<:q, rcbcSio de ynuieres, 
de pleitos, de melones, etc. 

rebecar, d., pandear; inclinarse un árbol o rama al poso 
de la tVuta. 

reblar, d., titubear; retroceder; cejar: || d., hincar en la 
madera la punta de un clavo, cuando sale otro. 

rebol 1 n., lana o vellón corto. 

rebolería,. n., casa en que se preparaban las pieles: |j 



R 3n 

n. , fábrica de velas de sebo. La Universidad tuvo si- 
tuadas sus rentas algiin tiempo, sobre el producto de 
carnicerías y rebolerics ("Gestis, a?}. 

rebotiga, p., trastienda. • , 

reliTiUar, n., reburujar. ' 

rebullo, n., reburujon; rebujo. 

rebUEOSO, d., tomado de orín. 

reboscar. c, racimar. 

reblltar, LSrrea, en su celebrado Diálogo de la verdadera 
hopra militar, dice, ^ue rebltar es no cdinitir duelo 
por desprecio contra infames ó desiguales-, y rehvsur 
no admitirlo por la ley ó por foluntad contra exceptua- 
dos; V. g,, letrados, religiosos ú mujeres. 

rebutido, lleno; ocupado por completo: por ejemplo, 
Míe cposenio está rebutido de muebles. Usa esta voz 
3. M. Cuadrado en sus Recuerdos y Bellezas de Espeña. 

rebutir, aglomerar objetos ó cosas aun inmateriales, en 
alguna parte: p- e¡., su discurso estaba rebutido de me- 
táforas . 

recachimeU, lumbago ó dolor de ríñones: así se lo hemos 
oído á un miídico. 

recado (bl' es), d., mucho: la Academia parece admitir 
esla significación, no tanto en las definiciones que dá de 
aquella voz, como en el refrán, buen recado tiene mi 
padre el día que no hurta. 

recantnio, d,, barda de tapia. 

recardero, d., revendedor. 

recentar, n., contar, según se lee en una Escritura de 
principios del siglo xvii. 

recibidor, d., sala de recíbímientü; || d.. oficio honorífico 
de alguna encomienda: |j n,, antesala. 

recibir, testificar: se dice, j-ecibir un testamento, un con- 
trato, etc., por reducirlo á instrumento público. 

reclento, recinto n.. levadura. 



318 R 

recluido, n., incomunicado en la prisión. 

reduimiento, reclusión. 

recocho, agua madre, en el caldo del alumbre ( Asso, 255). 

recoiíiia, a., cuarto contiguo á la cocina y para desahogo 
de ella: no se halla en las primeras ediciones dúDiccuh 
nario de la Academia. 

reconcomerse, n., dominar el sentimiento ó despecho, de 
suerteque no aparezca en el semblante ni en las palabras. 

recorte, n., en el juego de dominó, colocación inesperada 
de ficha que presenta un punto, en que no se creía fuerte 
al jugador, el cual lo dá algunas veces, no porque le 
queden puntos como aquel, sino porque le ha de facili* 
tar las fichas que le convienen: cuando el recorte se hace 
tapando el que parecía ser su juego e inaugurando otro 
por ambas puntas, entonces se dice vulgafmentc, entre 
jugadores, volverse inglés. 

recursado, aquel contra quien se recurre. 

rechichivado, d., guisado que se pasa de fuego. 

redaño (echar el), trabajar á toda fatiga. 

redqa, rendija. 

redolino, a., bola hueca que contiene la cédula que ha 
de sortearse: turno para deshacer la aceituna. 

redoncho, n., círculo; voz familiar. 

refilón (de), n.. de pronto: de pasada: por ejemplo, nos he- 
mos visto de refilón: la Academia admite esta frase, pero 
solo en las últimas ediciones, como sinónimo de al 
soslayo. 

refinadora, refineta, n.. véase mu lo. 

refirmar, apoyar una cosa sobre otra; significación que 
nos parece diferente de la de asegurar ó afian:{aj\ que 
trae la Academia: Argensola dice en su tragedia Isabela: 
Y para refirmar los pies soeces . 
El oro servirá de nuestras cruces 
Haciendo de él labradas estriberas. 



B :n9 

refitolero, n., indiscreto; imprudente; curioso. 

reTrotar, n., trotar. 

reíroton, restregón; encuentro; estregón ó refregón. 

regacha, n., cauce angosto para el riego. 

regacbado. reg^acho. d., canal abierto por el agua de- 
rrumbada Je los montes: || en sentido de regata ó surco 
de agua para el riego, se usa, en la Gran conquista de 
Ultramcr de D. Alonso eJ Sabio, publicada en 1 858 por 
Gayangos. 

regata, picado mas grueso que el cordoncillo, en la muela, 
para que circule el aire y se despida bien la harina. 

regañado, se aplica al ojo hubltualmcmc sanguinolento 
por los bordes. 

regidorato. n., el cargo de regidor ó individuo del Regi- 
miento ó Ayuntamiento. 

regirar, n., estremecerse; sentir un movimlenio convulsivo. 

regirOD, n., estremecimiento general en el cuerpo. 

regla, n.. listón de los que usan los atbañiles y otros 
operarios para las alineaciones. 

regostado, satisfecho; harto; material y moralmente ha- 
blando. 

regular, !a frase, por un regular, que consideramos ara- 
gonesa, equivale á la castellana, por lo regular. 

rehaz, n., derrama ó reparto proporcional entre los re- 
gantes de un término, para los gastos extraordinarios 
de roturas de acequias ú otros. 

reinar, n.. bailar la peonza, el trompo, la perinola, etc. 

rf)}Íoeta. caracoliüa: lo hemos oido en Malón. 

rcgolado, n.. pórtico de la Iglesia: se usa eo algunas loca- 
lidades. 

rejuela, n.. pasta freída en la sartén, y que tiene, aunque 
remotamente, aquella forma. 

relicto, sobreviviente. 

rdttJeador. n.. la persona muy curiosa y escudriñadora. 



320 R 

relajear, n., la acción ó la propensión á enterarse de todo, 
á observar cuanto hay en una casa ó concurrencia, etc. 

remojón, sopa mojada en chocolate. 

remcdda, la faena de remoldar. 

remoldar, n., cortar las ramas viciosas de los árboles. 

remudar, n., sacar ciertas plantas del sementero y colocar- 
las en la disposición y á la distancia convenientes , para 
que rindan el fruto. 

remugar, a., rumiar. 

remulg^dor, podador ó remoldador. 

rendr^a, n., rendija; hendrija: sobre ser familiar aquella 
voz, la hemos visto usada en p>ocsías inéditas. 

reneg^on, n., renegador. 

repapo, n., Avellaneda en su Quijote, dice al capítulo IV, 
con que durmió aquella noche (Sancho) muy de re* 

PAPO. 

reparar, d., operación que se hace con el pan. 

repaso, n., la segunda prensada de la aceituna, que gene- 
ralmente es para el dueño del molino, en pago de la 
primera. 

repicoteado, adornado ó excesivo cié picos ü ondas. 

replegar, recaudar: antic, forense: || alzarse con todo: por 
ejemplo, entes de ¿ibcindomzr le cr.sc, replegó con todo 
lo que cllí había cu frutos y muebles. 

reposte, a., despensa. 

repostear, d., rei^islrar con curiosidad reprensible. 

repostero, n., disputador: temoso: aficionado á llevar á 
todos la contraria. 

reposten, n., respondón. Avellaneda dice, r es la mayor 
parlera y reposto na que hay en todas les parlerías y 
tierras de papa^cj'os :'cap. XXVI). Hemos oido mu- 
chas veces esa palabra, usada hoy sin distinción de 
clases. 

reprenda, aprehensión; retención. 



d-, resistir el freno; II d., repetir impcrtinen- 
una misma respuesta. 

repterio, n., reto, ^icusacion; y asi e\ Priyilegio general 
dice, (si alguno) sera reptado de traición.... sino que- 
rrá el acusador estar en su REPTERto, no sia tenido el 
acusado responder d otra demanda si le serdjeyla- 

repni, desecho; desperdicio: se aplica á cosas y perso- 
nas: en algunas partes rebui. 

requeda, las últimas campanadas que sedan, para marcar 
si las anteriores, eran primero, segundo ó tercer loque. 

requedar, marcar cada toque a) final de él. 

reqoilorios, n., adornos ó accesorios, en los objetos ma- 
teriales, y preámbulos, circunloquios, rodeos ó atavíos 
en la conversación. 

res, nada: también se dice, no res, redupllcativamentc. 
Aunque forastera, incluimos esta voz, por el uso cons- 
tante que tiene en Aragón, 

resacadores, n., los peritos que en las cacerías se desti- 
nan á ojear y hacer mover de sus cados ó escondites, á 
los animales de caza. 

resacar, n., la acción de dispersar y poner en carrera 
á las piezas de caza. 

resbalón (de), n., véase refiloN; con cuya frase tiene 
grande analogía. 

respetado, n., dícese de la persona cuyo exterior inspira 
respeto. 

re^^ar, n., coger los desperdicios ó restos de la cose- 
cha: en Castilla se limita á las mieses, obedeciendo á 
su etimología: en Aragón se dice también, de las olivas. 

rebufarse, n., alzarse ó ponerse de puntillas; esto es, 
sobre Us puntas de los pies. 

respingo, n., en la frase, dar ó pegar un respingo, signi- 
fica, crecer muy aprisa en estatura ú en fortuna. Se dice, 
echar un respingo, por reprender á uno fuertemente. 



322 R 

respnlero, respondón: también, respollon. 

restadura, n., punto que dan los sastres, para asegurar 
las carteras, bolsillos y otras piezas. 

resto, d., resistero de sol. 

restregón, n., estregón. 

restrcjera, n., rastrojera. 

retigo, n., retal; retazo: alguna vez se usa en sentido figu- 
rado, para apodar á los niños de corta edad. 

retastinarse, d., pasarse de fuego, el guisado ó asado. 

retavülo, n., instrumento de labranza, que consbte, en un 
palo terminado por un aro ó grande arco de círculo, y 
sirve á los mismos fines que la plegadei^a, 

retqar, n., rechinar: se dice de los dientes, cuando se ace- 
ran ó resienten por alguna impresión exterior del tacto 
ó el oido. 

retomarse, restablecerse. 

revés, c, bofetón; sornaviron. 

revisalsear, d., registrar; entrometerse. 

revisalserO; d., curioson; bachillero: la Academia se refie- 
re á solo el género femenino y escribe rabisalsera. 

revoltilla, n., suerte en el juego de pelota, que es, cuando 
en el saque ó resto se hace, que la pelota toque en la pa- 
red opuesta á la del juego. 

revoltillo, véase charanga. 

revoltina, d., motín; conmoción popular: tiene conexión 
con el revoltillo castellano, y con la trifulca aragonesa. 

rey de zarza, n., ave del orden de los pájaros. 

rezago, d., ganado endeble que se separa de los rebaños 
y se conduce en un grupo, aunque perteneciendo á va- 
rias clases. 

riada, c, avenida de río. — Jovellanos prefiere arriada: la 
Enciclopedia española cita como aragonés aquel vocablo. 

riba, a., ribazo; pendiente entre dos campos superior c 
inferior. 



, Tuja ó ribete oías ancho del ordinario, el cual 
usaban las mujeres en vestidos; sobre lo cual puso limi- 
laciones la ley suntuaria de i553. 

ricio, campo sembrado, con solo las espigas que en él que- 
daron, ya porque cayeron desgranadas, ya porque no se 
cosecharon. 

ricos-hombres, n., los personajes de la primera nobleza 
de Araron: unos se llamaron de naturaleza y otros de 
mesnada: de los primeros dice Blancas que procedían a 
duodecim ¡llis Senioribus qui in primo interregno Réi- 
publicce nostrce moderatores fuerunt. Ducange dice, riel 
Itomines, proceres apud aragonenses quos allí vulgo 
barones vocantur. 

ridiculo, n., bolsa de señora que soh'a usarse, como parle 
del traje, para llevar, como en la escarcela antigua, los 
útiles mas precisos. 

líedra, n., ve'asc FJANZA. 

riUo. n.. cada uno de los tres cilindros de hierro, que se 
colocan debajo de los tapiales, para sostenerlos y enla- 
zarlos. 

ríncoaera, se dice déla nuez, cuya carnees dcmasiadoseca. 

rínchar. contener el aliento. 

riostra, d,, aldaba. 

ristolero, alegre; risueño. 

roba, n.. arroba: se Ice en las Ordinaciones de Zaragoza, 
con aplicación á la Agrimensura. 

robadera, n., caja de madera, ó forrada de hierro, para 
trasladar la tierra que se arroba. 

robar, n., arrobar. 

robel. d.. lebrillo grande, en que se friega ó lava cual- 
quier objeto, dentro de casa: lo mismo que lavacio. Su- 
primido por Peralla, en su segunda edición. 

robellón, robellones, especie de hongos: en el sentido 
de seta úsase en el Alto Aragón. 



324 R 

rocador, n., rocadero ó cucurucho, para sujetar el copo 
á la rueca. 

rocero, se dice, de la persona demasiado familiar, en el 
trato con sus inferiores: || el que es aficionado á mu|eres6 
a tratos ó placeres, que están por debajo de su condición. 

rociada, arremetida. — El analista Sayas dice: y aunque 
ki:{o briosamente su deber, fué el entuvion (antuyion) 
de la ROCIADA tan recio, que le hicieron retirar conpér- 
dida del marjeny deljuertecillo. 

roélero, rodelero: en Zaragoza los hubo ciudadanos, que 
se distinguieron combatiendo el motin del hambre, en 
fin del siglo XVIII y que todavía lucieron, aunque en 
corto número, en los Sitios contra los franceses. 

rogaría, n., ruego; súplica; voz anticuada, usada con fre- 
cuencia, en el Códice de los Privilegios de la Union. — 
La Diputación de Aragón, en documento dirigido al 
Justicia sobre los Anales de Zurita^ é inserto en los 
Progresos de la Historia de Dormer, emplea esa pala- 
bra para indicar, que había recibido diferentes súplicas, 
en favor de la reimpresión de aquella obra. 

rolde, d., círculo: en Castilla, círculo ó grupo de gente: || 
hacer el rolde, coger con redes, los barbos que van á la 
orilla á deshovar, según el historiador D. Nicolás Sancho. 

romana (correrse la), exagerar alguna cosa. 

roncha, a., lonja de tocino, de carne y de algunos pesca- 
dos; tajada en redondo. 

rondalla, a., ronda de mozos. 

rÓne§0, d., descarnado. 

roñar, d., regañar. — En unas octavas que se escribieron 
contra las conclusiones de Economía política, año 1785, 
se lee, 

aunque roñen los socios consumados 
de la leonina Sociedad del día, 

roñon, d., regañón. 



I. n., regañón; llorón. 

rapador, n., ladrón en despoblado ó en cuadrilla: voz an- 
ticuada. 

ropería, n., robo en despoblado, según se desprende del 
Códice de la Union. 

rOQiiete, pieza de la lanza, ñjada á lo que creemos, en el 
borne ó extremo superior, para dar con ella en el con- 
trario, pero sin herirle, lo cual sucedía en los torneos 
y otros ejercicios caballerescos, en que las lanzas eran 
jostradas, galantes ó botas. No hallamos esta voz en el 
Diccionario de la Academia, pero sí en Argensola, 
quien dice de un torneador de su tiempo, que llevaba 
latt\a plateada, no solamente el asta, sino el koquetej' 
gócele. El valenciano Arólas en las Tranzaderas dice, 
de Gonzalo de Cuadros, contra D. Alvaro de Luna, 

El BOQUETE de la lan\a 
abrió la vista, encontróle 
en la frente y con pujan\a 
lodo el casco quebrantóle. O 

rorigon, mendrugo de pan; raigón de muela. 

rosada, c, escarcha. 

rosa de perro, ababol, en puntos fronterizos á Navarra. 



(I) Üespuea lie escrito y preparado liara lo proasa cato artículo, hemos 
visto eomiirobadas nuEstros conjeturaR coa uoa eipUcaclon, que podemos 
Uninar oBcfnt. En b1 catálogo de la Hcal Arraeria, CBcrito con rigvroao tM- 
qIcIhido, t^^iirs i \n enhcín, y dcspucü ec repite con TsrlBoleH muchas ve- 
cea, una laniB de torneo con royuale 6 hierro de lanía de tres pUDlAI, tígfo 
XV. Sato duaragimttiía esa |>alabra (y pcrmitsae éala, t qulea tal baraja 
de ellas lleva entre manos), pero no non decido i suprimirla, b1 bien elU 
y In de geetu confesamos que do pueden aosteneree como ara^uesas, por 
•olo nsarlas nuestros autores y no usarlas la Academia, pues éata ba pade- 
cido omisiones an&logasea Armería, como bordonaia, guanla-axil<t, brigan- 
Hna 6 laudaJ, litla ftrüfona, ntíierlciH-iIía, repif/adoi, gwirdarrmu, ale. — Dl- 
m para concluir, que ro^MM viene, según alffunoa, de roque 6 torre i1v 
I, y que lasbanceseB le llaman couriotiíroelMM. 



326 R 

roscada, n., colada, según las Ordimtciones del 
General de Ntra. Sra. de Gracia. 

roscadero, d., cuévano para conducir las frutas y ver- 
duras. 

rosigar, n., roer poco á poco alguna cosa: ü n., murmu- 
rar por lo bajo, mascullando para sí alguna frase: ff n., 
rosigar altares, pasar mucho tiempo de uno eo otro 
altar. 

roja, d., rubia; planta: ||c., enfermedad del trigo. 

rosral, n., lo que tira á rubio: ||n., especie de olivo, de 
inferior calidad al negral, y que no dá como éste, cose- 
cha anual, ni la aceituna completamente negra. 

royo, n., rubio; rojo; bermejo. 

rosrnda, n., rubia. 

foywa, n., véase moradura. 

rosa (de), n., modo adverbial para designar i la persona 
rocera ó que no tiene buena elección en sus compañías, 
ni en sus gustos: aplícase con especialidad, a la mujer 
que prodiga sin distinción sus favores, y así se expresa, 
en unas décimas á Jusepa la Cun^a, daifa de toda 
ROZA que ya dos yeces estuvo en la casa de la Galera. 

roza, el picado, hendidura o istria que se hace en una 
pared, para ahrmar sobre ello, un tabique: algo indica 
la Academia, en la palabra ro{ar. 

ruche, n., pollino. 

ruejo, a., rodillo de molino: || n., comulgar á uno con 
ruejos de molino, querer convencerle de una cosa in- 
crcible. 

ruello, a., rodillo de piedra para allanar las eras, antes 
de trillar. 

rufo, d., rozagante: vistoso: bien adornado. 

rujada. a., rociada: se halla en la última edición, pero 
no en la penúltima. 

rtgaT: a., rociar: no se halla en las últimas ediciones. 



, golpe de lluvia: se halla en la penúltima edi- 



s usual 



que 



lAl- 



cion, pero no en la ultima, aunque es mas u 
rujada: [| n,, reprensión agria. 

nyial, ruíian: se nos ha comunicado, como usada e 
partir. 

n^Ú»'' '^•' regar con agua. 

n^íazo, n., rujiada, en ambos sentidos. 

ntpia, n., en e) Códice de los Privilegios de la Union se 
lee, en Zaragoza han/eyto rupias e su/rien\as en los 
lugares é muytos maleficios é estregnimientos. 

rusú), d., candente. 

msientar, poner candente una cosa, principalmente, un 
utensilio de hierro. 

msieilte, c, candente. 

roso. n.. rusiente: ¡I n., pápalos rusos, los que se fabri- 
caban mas cerrados y consistentes que de ordinario: ve- 
mos usada esa voz por escritores castellanos, pero no 
por la Academia. 

ñutir, roer: se aplica especialmente á los ratones. 

rustrir, lo mismo que RUSTin: en Asturias, tostar el pan 
y mascarlo, cuando está tostado ó duro. 



* 



Sabanilla, c, pañuelo. 

sabido, n., sustantivo con que se denota, el sueldo ñjo de 
que uno dispone: equivale, en cierto modo, á situado, 
pero es mas concreto: se usa en las exp res iones ,Vi£nf un 
buen sabido; tiene un sabido de 5 rs., como indicando, 
que sin contar otras utilidades eventuales, 
a., saboga; sábalo, pez. 



328 8 

saca, a., derecho de saca^ retracto ó tanteo en favor de los 

parientes. 

sacadera, n., cuévano pequeño que se emplea, en las ope- 
raciones de la vendimia. 

sacaftaegos, c, eslabón. 

salceña, variedad de la uva. 

salchucho, n., zancocho. 

salmorrada, n., salmuera, que en Aragón se pronuncia 
salmuetTa. 

salobre, n., planta: se dá también ese nombre, á toda 
planta salsugínosa. 

salvado, se emplea en la frase, guardar en el arca del 
salvado^ para denotar que aunque se afecte riqueza, no 
se posee, y aunque se tenga propósito de ahorrar, no se 
logrará. 

salz, n., cierta especie de yerba. 

sámamelo, n., pez abdominal: || n., persona arisca, imbé- 
cil ó egoista: || barbo pequeño, que suele vivir en las 
balsas y generalmente, sirve de alimento á los barbos 
mayores: || torpe, obtuso y al mismo tiempo, con basta 
apariencia exterior. 

sampedrada, n., velada, ó mejor, aurora de San Pedro. 

sang^artesa, n., lagartija. 

sang^rimís, n., muchacho desmedrado, ó de pocas car- 
nes, ó de corta estatura. 

saiyuanada, n., velada de San Juan. « 

sansa, d., orujo de la oliva. 

santoral, n., catálogo de santos, especialmente, en el Ca- 
lendario: la Academia le dá la interpretación de libro de 
coro ó de sermones y vidas de santos: su verdadera sig- 
nificación es esta ultima. 

saque, n., se dice de uno que tiene buen saque ^ para de- 
notar que es comedor ó bebedor. 

saquera, c, aguja de coser sacos, como se dice también, 



■aguja espartera, y aguja de ensalmar. 

sarda, n,, ramaje bajo en el monte, como el de los tomi- 
llos, asnallos, ele. 

sargantana, d., lagartija: en Borja. sargantesa. — En un 
Cancionero de Londres se leen estos versos, sacados de 
I un Alfabeto de disparates, 
^^^^L Sus aves á las manyanas 

^^^^m serán itn par de sisones 

^^^■^ y de cuatro sargantanas 

le daremos los rynyones. 

sama, n., buena fortuna en el juego, ó sueric muy cons- 
tante, en cualquiera especulación: voz familiar. 

sarnoso, n., el ganancioso habitual mente, sobre todo en 
el juego. 

sarraixon, plantas. 

Sarrampion, d., sarampión. 

sarria, n., esportón. 

sarrio, c, cabra montes: \\ n., gamuza: quizá del francés, 
hará. 

saso, d-, Tierra ligera. 

sayonia, n., alguacilazgo: el Diccionario de la Academia 
no usa esta voz. pero incluye como anticuada, la primi- 
tiva de sayón. 

secano, n., se dice abogado de secano, por el que no tie- 
ne pleitos ó suñciencia. 

secarral, n., secaral; sequeral; sequedal. 

seco, n., en la frase, dejar d uno seco, signitica, dejarle 
muerto en el aclo, aunque esto, en verdad, no asegura- 
remos que sea exclusivamente aragonés. 

secen. n., madero que pasa de 3o palmos. 

Segrallo. n., cabrito des veza do, hasta llegará primal; como 
en el ganado lanar lo es, el borrego ó cordero desve 
tado. 



330 S 

seisen, seisena, moneda de plata de valor de medio real, 
que eran seis dineros de Aragón. Dice la Academia en k 
voz seisen: hacia ijyy hubo en Zaragoza grande per- 
turbación económica^ á causa de las seiseuasj' ramilios 
que se mandaron recoger. 

semejante, n., extremado, en magnitud, en número, en 
lujo, etc.; por ejemplo, ha hecho semejante /ortuna!; 
ha venido con semejante ostentación!; ha traído seme* 
jante vestido! 

semental, animal que se destina á cubrir á la hembra de 
su especie y se aplica principalmente, a la raza caballar: 
la Academia no incluye esta voz, sino la de garañón, y 
aun así, nosotros no incluimos de buen grado, esta pa- 
labra. 

semo, hueco; fofo; sin jugo; raquítico: se dice, trigo se- 
mo; piernas semas; ojos semos, etc. 

senabe, mostaza, según Glosario. 

séniores, n., los que tenían jurisdicción, y este nombre 
recibieron los ricos-hombres. 

senO; n., pecho. 

sense, n., tonto: es de uso local. 

sentido (costar un)^ n., costar mucho. 

señalero, n., alférez; porta-estandarte; abanderado: en 
documentos antiguos, seny alero. 

señar, a., hacer señas. 

señeras, señas: el notario Beneded, en i283, escribía, qué 
SKÑKRAs tenia esa imagen! 

seo, a., iglesia catedral: díccse la Seo^ aunque muchísi- 
mos autores escriben impropiamente Aseo; otros Seu; y 
antiguamente SeCy acercándose más á la etimología la- 
tina sedes. 

sema, cantera de piedra, según una donación hecha al 
Monasterio de VeruclQ; en los primeros tiempos de su 
fundación. 



s :m 

semdi20, n., serriii. 

serranía, n., se usa en la frase forense, sententia aá mo- 
dum serranía^ la cual se pronunciaba brevísima mente 
y sin gastos, previa sumisión de las parles, 

serreta, n., cadenilla que se pone en la boca á los caba- 
llos ú otros animales de monta, para refrenarlos. 

serrooes, n., planta ckenopodium. 

siete en rama, n,. planta; íorntentiUa erecta. 

signo, servicio (vasallos de); véase vasallos. 

sflletas, a-, jamugas. 

sfmoBO, n., terreno flojo y tjue fácilmente se desprende, 
por las tiltraciones ü otras causas, dejando abiertas si- 
mas ó concavidades. 

Síodico á tributar, n., el que tiene á su cargo en la 
municipalidad, el cuidado de la alineación y denuncia 
de los edificios. 

singular, a., particular; individuo; vecino. 

siqjnsticia, n., injusticia: hemos oído muchas veces esa 
voz (y á la gente rústica, el barbarismo destnjusticiaj y 
aunque no quiso usarla, probablemente, como tal sus- 
tantivo, Hurtado de Mendoza, no deja de prestarse a esa 
lectura aquel trozo del Lazarillo, que en una de sus edi- 
ciones hemos leido, mas con tanta gracia y donaire 
contaba el ciego mis ha\añas, que aunque yo estaba tan 
maitratadoy llorando, me parecía que hacia sinjusticia 
en no se las reír; y si bien ahí puede entenderse, me pa- 
recía que obraba sin justicia, pero no así en ta edición 
de Aribau ('Biblioteca de A. A. españolesj, en donde di- 
ce, me parecía que le hacia injusticía en no se las reir, 
y l,üego por nota, como variante, sin justicia, cuya va- 
riante, con el le, aprosima mucho esta frase, á la signili- 
cacion que habcmos dado. 

BÍBOdal, n.. se dice, del no muy competente testigo que es 
llamado á declarar, sobre sucesos antiguos, en que no 



332 8 

se presenta como ocular ó de ciencia cierta. 

siquiera, poco difíere de la significación d lo menos^ que 
consigna la Academia; pero en el corte, hay cierto arago- 
nesismo, cuando se dice, el hijo llegó bueno; me alegro 
siquiera. 

sin&iidad, multitud^ infinidad de cosas. 

sirga, c,y maroma. 

sirria, n., escremento del ganado, etc. 

sirrio, d., sirria; sirle. 

sisa, n.y sisón; ave. 

sisallo, n., planta; salsola vermiculata. 

sisardo, n., cuadrúpedo; capra rupicapra. 

sitiada, d., junta de gobierno, en los establecimientos de 
beneficencia. 

sitiado, a., sito; situado. 

sitio, a., aniversario. 

soba, d., cueva profunda, en dirección horizontal. 

SObater, d., agitar líquidos. 

sobirano, íi., supremo: es de los vocablos que reúne en 
su índice Blancas. 

sobrado, capataz de contrabandistas paqueteros. 

sobre-acemilero, n., el oñcial real que cuidaba de las 
acémilas, así como de los carros, barcas y suministro de 
cebada, cuando la corte se ponía en viaje. 

sobre-barato, muy barato. 

sobre-bueno, n., excelente; exquisito. 

sobre-cielo, n., toldo; techo formado de telas vistosas, á 
manera de pabellón, como se lee y explica en las Coro- 
naciones de Blancas: dosel, como dice éste en su índice 
de vocablos aragoneses: también es voz italiana, pero se 
escribe sopraciclo. 

sobre-cocinero, n., cada uno de los dos escuderos desti- 
nados al servicio de la mesa del rey, los cuales habían 
de ser caballeros. 



, circunscripciones territoriales, quizá t)a¡o 
el punto de vista tributario. Las Cortes de Tarazona de 
1495 legislaron sobre esto, de lo cual escribió Zurita. 
Expresa también el censo de población por fuegos, y 
así, en aquel ano, la sobrecogida ó sobrecullida de Zara- 
goza, tenia 3968 fuegos. 

sobrecuUidor, n,, recaudador de mas categoría que los 
cullidores ó cobradores. 

SObrejuntería, n., eraá manera de distrito ó departamen- 
10, á lo menos en tiempo de las Uniones de Aragón, las 
cuales nombraban dos conservadores, por cada lo^r^un- 
teriíi á sobrej untar ia. 

lObr^uoteroB, n., dependientes ó porteros. — Cuando la 
Vnion nombró al rey los oficiales de su casa, le dio so- 
brcjunleros de Alcaüiz , Tarazona, Jaca. Sobrarbc y 
Ribagorza, Transduerta y reino de Valencia. — Se dio 
este nombre, al Jefe de Junta ó Hermandad de distrito, 
contra bandidos ó extranjeros sospechosos. 

sofocación, sofoco, n., el acto de sofocarse 6 de disgus- 
tarse ó apasionarse vivamente. 

SOg:ueador. n,, agrimensor. 

soguear, a., medir con soga, 

soguería, a., conjunto de sogas. 

soguero, para indicar que uno desaprende ó se empeora, 
se dice que anda hacia atrás cama el soguero. 

sol de caracoles, n., el de poca fuerza y color siniestro, 
que generalmente sale, durante la lluvia ó poco después 
lie ella, sin que haya escampado. 
)., solana. 
e, n,, entre carpinteros, la parte de una pieza que 
monta ó apestaña sobre otra. 

solar, la porción que queda de la parva trillada en la era, 
por no ser fácil recogerla. 

, n., ramera; en hxin soldataria. — Incluida esta 



334 S 

palabra, por haberla leido en documentos aragoneses y 
no en el Diccionario de la Academia, debemos sin em< 
bargo, advertir, que después la hemos visto usada, en el 
G)ncilio toledano de 1324. 

solio (celebración de), n.^ reunión ó sesión solemne de los 
cuatro brazos de las Cortes aragonesas, en que se sancio- 
naba lo acordado en común ó por medio de los comisio- 
nados reunidos de cada brazo. 

somardon, marrullero; reservado ; egoista; poco comuni- 
cativo. 

somarrarse, d., adherirse un guisado, a las paredes de la 
vasija. 

somera, jumenta, según un moderno Glosario: otros lo 
aplican al burro y burra: es catalán puro. 

somarro, n., carne asada. 

somontano, n., el terreno colocado á la falda de alguna 
cordillera, como el de Moncayo. 

sondormir, n., dormir con sueño ligero. 

SOnsoneai*; susurrar (en Fonz). 

sopa, n., se usa en la frase d sopas hechas^ para indicar, 
que se ha llegado, cuando todo estaba dispuesto ó con- 
cluido. 

sopapo, d., re ves. 

sopas, d sopas hechas^ llegar cuando una cosa está ya 
terminada. 

sopero, n., especie de babero ó pañizuclo que se pone a' 
los niños al pecho, en equivalencia de la servilleta. 

sopeta. epispcrma alar de la semilla de ciertos árboles, ó 
sea. hojuela que cae con la flor en la primavera: || coger 
con sopetcs, tomar á uno, como suele decirse, con el 
hurto en la mano. 

soportales, portales; galería que forman las fachadas de 
una línea de calle ó plaza. 

soslevantado, equivale d solevantado ó soliviantado , que 



isa mucho y que sin embargo no incluye la 
Academia: en Ordinaciones de Pedro IV, el versículo 
del salmo 1 3o, Domine non est excltatum cor meum ñe- 
que dati sunt oculi mei, se traduce, Señor, non se es sos- 
levantado el mi coraron, nin ios mis güellos ne se son 
aiguliidos. 

SOSmesos. n.. vasallos; léese en muchos documentos, y 
es de los vocablos aragoneses reunidos por Blancas. 

SOStobar. sotobar. d., mullir. 

sota. ^., mujer deslenguada y sin vergüenza. 

BOta-cemilero. n., empleado real, dependiente del sobre- 
acomilcro. 

SOtera, una de las varias clases de azada, que se emplea 
ordinariamente, en entrecavar: hay también solero, se 
terico, etc. 

sudadero,, n., bache ó cubierto en que se encierra el ga- 
nado, para pasar desde él las reses al esquiladero: la 
Academia lo incluye como provincial de Extremadura, 
pero indicando ser el mismo esquiladero. 

Budar, n., en las expresiones, sudar pe\ coca, sudar el 
quilo, significa, sudar copiosamente, — Se usa mucho la 
frase: mas vale sudar que estornudar. 

sueldo, a., moneda imaginaria Je ocho cuarlos. 

Sa&ienza. n., véase hupías. 

sufrido, refrito ó muy frito. 

siUOSido, n., lo mermado y aun seco, por la acción del 
calor ó la del tiempo. 

Smnsirse. n., encogerse; reducirse en volumen: general- 
mente, se dice de los comestibles. 

Sitperlevador, n., caplevador: lo interpreta el Glosario 
del Memoriizl histórico español que publica la Acade- 
mia de la Historia, en su tomo 2." 

sopUcaciones, c. , barquillos: se usa con preferencia en Ara- 
gón y se ve empleada en las Ordinaciones de Pedro IV. 



3ai> S 

nrtida, salida, en sentido de acometida de los sitiados: 
Sayas dice, Leiya hace una surtida valerosa de ParitL 

surtir* salir, tn el sentido de esta frase, le surtió Irim m 
cstratajema: \\ emprender un viaje; y algunas veceSf re- 
tomar, 

IMOTl. n., se usa en la frase, subírsele á uno la jiUMt 
j /j cabc\a. para denotar que ha montado en odien ó 
que toma una resolución extrema: en Castilla, susajmt%^ 
lo que csti i la parte superior: en Navarra lo práziai 
6 cercano. ; 

nslítMMMi campODdiast^ n.. la que participa de la vul- 
gar Y tideicomisiria. que son las tres que en 
se cx>noccn. 



T 



k para cv^nvii::^.- e: cuc ur. niñ.-^ se suba i mayocci 
se cioc. 'k^j^ti l^ ri.\6:*ií tc^rnc^n izhzco. 
tabanque ^ .v » . -....rr .¿'¿r.:¿j: ¿ 'i ¿Imrj de uní 

tabarla * 



tabla .'.".> .".r.x\> >. r \ ::c; z*..: jJ.TvlIí'j' car- 

tabii^ie ... . 



^iginando prem 



337 



Sprcmio, el que hincaba la lanza en el tablado ó 
', el que lo pasaba de claro en claro, como puede verse en 
[ las Coronaciones de Blancas, el cual cita las reglas da- 
i, das para este juego, por el^Mera de Huesca de 1247, 
(|A>lero. c, mostrador. 
Jtllnillo, n., se dice, del que es rechoncho, fornido y tor- 

■ pe en sus movimientos: oíros dicen ¡abollo. 

■ toca, P', mancha. 
p^tafarra, d., alarre. 

rtafetan. se dice, como wi la/etan, por dejar suave una 
I cosa, ó dejar muy amansado ó convencido á alguno. 
rtlAtfia, n., género de tributo: escribíase también ío/u- 

reria. 
' tagarino, morisco de Aragón, según Cervantes. 
tiradera, a., compuerta para detener ó desviar el agua. 
' iajo, n., larca ó trabajo abundante: || n., sitio donde se ha 
de trabajar, y así se dice, acudir al tajo: || n., tajada: de 
ahí, tome K, ese es buen tajo. 
lagan, n., el resto de tronco ó vastago que queda en la 

vid, cuando se le ha arrancado una parte: es voz local. ' 
isla, d., tara. 

4ala-«eboUas, n., insecto, de los /t£mi)tf^os. 
talar, n., ensuciar la ropa y aun cualquiera otra cosa. 
talegazo d., costalada. 

taleguera, n., cereza, de carne mas dura que la ordinaria. 
talla, a., tara ó tarja. 

tallador, n., en una carlei-puebtc, concedida por los mon- 
jes de Veruela, interviene el que desempeñaba ese cargo 
ú oficio un el Monasterio, año i238. 
tamborinazo, n., tamborilazo; tamborilada; caida; golpe. 
tan y mientres, entre tamo ó mientras tanto; voz local. 
tana, en la frase, hacer á uno la tana, por contrariarle, 
dejarle buriado ó perjudicado. 

r y tañaTj curtir. 



338 T 

tanda, n., el arriendo de^fínca urbana, correspondiente á 
seis meses, desde S. Juan á Natividad ó vice-versa. 

tañerías, tañerías, n., tenerías. — Latassa usa, tañerías. 

tango, p., tanganillo; tángano. 

taño, d., nudo en la madera. 

tañado, n., boto sin pez, de que usan los pastores. 

tañedero, n., zanja que se hace de árbol á árbol^ cuando 
se quiere regar éstos y no, todo el campo en que están 
plantados. 

tañerse, n., afeitarse; en algunas localidades. 

tapa-conde, sencillo juego de niños, que consiste, ei^ for- 
mar una especie de tortilla de lodo y arrojarla con fuer- 
za sobre el suelo, para que produzca una detonación. 

tapara, a., alcaparra; alcaparrón. 

tape, tapón; tapa. 

tapia, n., se usa en la írase, sordo como una tapia^ para 
ponderar la extremada sordera de alguien. 

tapices de tierra, n., alfombras, según Blancas en su ín- 
dice de vocablos aragoneses. 

taquinero, a., jugador de taba. 

tardada, n.. el fin de la tarde: el anochecer. 

tardano, c tardío. — Varía un poco de la significación de 
tardío y siempre convienen las dos palabras; una para 
expresar lo absoluto y otra lo relativo. 

tarde, a., las primeras horas de la noche. 

tarea, n., la de chocolate es, generalmente, la cantidad de 
cuarenta y ocho libras, si bien puede ser mayor ó me- 
nor. En Castilla, tarea, es la obra que ha de hacerse en 
tiempo dado. 

taija, pieza de cobre de dos cuartos ó cuaderna: la Aca- 
demia la admite como provincial. 

tarquin, c, cieno en el fondo de las aguas estancadas. 

tarrancazo, tarranco, tarrancho. d.. garrancho. 

tarrandO; astilla pequeña de madera. 



tartir. n.. chistar; respirar: se usa casi siempre, con nega- 
ción: p. cj.. cayó al suelo sin tartir: le reprendió de ma- 
nera, que le dejó sin tartir. 

tarumba, n., se usa en las expresiones, volverse uno ta- 
rumba, ele, para manifestar que se le ha confundido, 
anonado, mareado ó aturdido. 

tetar, d.. probar: gustar; catar. 

testara, a., hoja gruesa del salvado. 

tastarin, cata del vino: se usa en la frase, dar tastarin á ¡a 
cuba. 

taste. n.. acción de probar una cosa, para conocer si gu^ 
la óeslá en sazón. 

tastüíado, n.. requemado; socarrado: la Academia admi- 
te la palabra tasto, en sentido de mal sabor de las vian- 
das pasadas ó revenidas. 

tutnrro, n. , tostón, en la acepción quinta de la Academia. 

tato, a., el hermano menor. — Se dá este nombre á cual- 
quier niño, y también a las criadas ó nodrizas ó niñeras, 
con relación á él. 

télHt- hacia, voz usada en Fonz. según D. Joaquin Moner. 

teda y treda, tea. 

t^ade agua, rt.. la cuarta pane de una fila, como en 
Navarra, 

tCijedera, n., insecto del orden de los hemipteros. 

t^edOr. TEJEDERA. 

ttjiUos, lecho. 

t^t<*CO' "'- tqon. 

telada, n.. se dice de varias personas, que son de una te- 
lada, para denotar que pertenecen á una misma banda, 
círculo ó pandilla, ó que conforman en gustos y opi* 
n iones. 

tetero, a. . cada palo en la;; barandas de los carros ó galeras. 

tema. n.. cuariiUa de papel: es en este sentido, femenino. 
pleollos, las cuñas ó zoquetes en que se templa el 



340 T 

alipicdor, en los antiguos molinos harineros. 

tempranillo^ n., fruto temprano: (| tempranilla^ uva tem 
prana. 

tenaja, n., tinaja: vemos usada aquella voz, en Castillejo, 
edición de D. Ramón Fernandez (que se supone ser 
Estala;. 

tendero, n., el que tiene tienda de aceite y vinagre y de 
algunos efectos comestibles y combustibles. 

tenencia, n., seguridad ante el juez ó señor por enemigos 
ó partes contendientes: voz anticuada. 

tensino, habitante ó natural del valle de Tena, en los Pi- 
rineos. 

tentón (a), n., á tientas. 

tercenal, a., fascal de treinta haces. 

tercerol, n., el que se distingue, en la procesión de Vier- 
nes Santo, por su túnica negra y su antifaz, que tam- 
bién usan los Hermanos de la Sangre de Cristo, y sobre 
todo los de la Orden tercera, de donde procede aquella 
palabra. 

terciar, c, dar la tercera reja á la tierra. 

terminado; mirador, en el último alto de un edificio: úsa- 
se en Teruel. 

tema. n.. el ancho de la tela; y así se dice, una sábcjuz de 
dos ternas; un vestido de seis ternas. 

temasco. d.. recental. 

temiceS; d.. gusanillos que produce la carne. cuanJ.o em- 
pieza á podrirse. 

temo, n., TERNA. 

terreta. n., el pais ó la patria, á que uno se reíiere, cuan- 
do está ausente. 

terretíemblo, n., terremoto. — En Murcia terretrenio. 
cuya palabra también se ve usada en las Ordinaciones 
de Pedro IV. — D. Agustin .\lcaydc, historiador de los 
Sitios de Zaragoza, refiriendo la explosión del almacén 



T 341 

de pálvora del Seminario dice: al estrépitoy tehretibn* 
Bt.o,todos los habitantes sal ¡eran despayor idos ala calle. 

t0nÍKO, n., lebrillo: la Academia admite esc como adje- 
tivo, equivalente á terreo. 

terudOi a-, bolita en cuyo hueco, va e! nombre ó número 
de los que entran en suerte. 

terzón, ds. a., novillo de tres años. 

terzones ó tarzooes, los seis partidos en que estuvo di- 
vi lidíi la Val de Aran, territorio de siete leguas en cua- 
dro, entre Gascuiía y Benasque: así lo dice Zayas en sus 
Anixles, yíS. 

tesa (regab á), regar, sin represar el agua. 

testarrazo, n.. trompazo; golpe; en Castilla, testarada^ 
golpe con la cabeza. 

festarro, n., mueble ú objeto que, por estar viejo ó in- 
completo, no tiene utilidad alguna: 11 n., persona enfer- 
miza ó inútil que no está para ninguna empresa. 

teitlficata, a., tesftmonio legalizado por escribano, en 
que se dá fé de alguna cosa. 

testinia, casco de madera de los guerreros francos. 

tetar, n., mamar: en Castilla significa al contrario, dar 
el pecho, lo mismo que atetar. — Raynouard cíta estos 
versos, tomados de un poema á la Magdalena: 
Vi !' enfant estar 
á la costa de sa maire 

é las /eíííííM TETAR. 

tetí-ciega, n., se dice de la oveja ú otra res, inútil de una 

teta. 
tiberio, n., bulla; escándalo; confusión; desorden, 
tiemblo, n.. rama de cierto árbol, á propósito para los 

aros de los cuevanos. 
tierra-blanca, n., la de sembradura, de cereales y toda )a 

que no es de arbolado. 

moriega, a., la que perteneció á los moros. 



342 T 

tiforte, el propenso á molestar á los demás con imperti- 
nencia. 

timba, n., juguesca; comilona ó cualquiera diversión tu- 
multuosa: hemos leido esa voz. en algún autor castella- 
no contemporáneo. 

timbre, yelmo con cimera, según Blancas, en Coronacio- 
nes, pág. 90. 

tintar, n., tomar tinta( mojar la pluma en tinta. 

tinglado, d., tablado que se arma alto y á la ligera. 

tina, n., buena suerte, principalmente en el juego: voz 
familiar, como su derivado tinoso. 

tio, se usa en la frase, no hay tio páseme el rio^ para in- 
dicar, que no valen excusas ó que no hay que esperar 
perdón. 

tiorba, n., vasija para recibir las aguas mayores y menores 
de los enfermos, que no pueden incorporarse en la cama. 

tipitear, n., andarse en dimes y diretes; barajarse de pa- 
labras: poco usado. * 

tirota, a., tira de piel sobada, que sirve para ajustar al- 
gunas prendas del traje. 

titada, d.. monería; acción afeminada; remedo imperti- 
nente. 

tito, n., sillico. 

toba, n., cueva rasgada entre peñascos: viene á signiíi- 
car, lo que la voz soba del Diccionario de Peralta. 

tobo, d., hueco; mullidü. 

tocaparte, n.. la porción que corresponde a cada uno 
de varios perceptores o habientes-derecho: l! n., tí la todz 
parte, modo adverbial que significa d prorrata ó d par- 
tes iguales, según los casos. 

tocar, n., empezar a rastrear el galgo: en la frase tocár- 
selas, significa, marcharse disimuladamente, por sor- 
presa; tomar las de Villadiego. 

tocata, n., sonata: ¡I n.. tunJa. 



T 3i3 

, cerdo; puerco. 

tocliar a,, cerrar la puerta con un palo redondo. 

tocho, a., cachiporra. 

tocón, arbusto en San Juan de la Peña, aunque no pue- 
do asegurar si es, como en castellano, la parte del árbol 
que queda en pié, después de cortado. 

toUag^ n., planta; erizo: llámase también toyaga. 

toncada, c.. capa de tierra: || d., paja alternada en fruto: 
1¡ n., en una tongada, de una vez. 

toni, n., estúpido; tonto; insustancial. 

tootin-tonteando, n., haciendo la desecha;afectandobon- 
homia; obrando á lo simple. — Hay maneras parecidas 
en otros verbos, como cogin-cogeando (después lo he 
visto en una zarzuela, creo que de Serra), malin-malean- 
da, á cuyo aire hemos leido en francés, dopin ciopant, 
cahin caka, etc. 



,, tontera; tontuna: tontería. 
toaton, n., aumentativo de tonto, que no incluye la Aca- 
demia y que leemos en las decimas contra el P. Isla 
(véase asnadaj, en donde se dice, 

que rto es lo mismo, tontón, 
^^_ que no es lo mismo, panarra, 

^^^b jdíirífar á Navarra 

^^^m que predicar d Aragón. 

, n., despectivo de tonto. 
, pan grande, 

., paliza; zurra; tunda. — La di una tollina /ero\, 
i en Lu^ y Sombra, voz que no trae cl Diccio- 
nario de la Academia de i832 y sí el de 1869. 
topiquero, en los Hospitales civil y militar de Zaragoza 
se llama así, á los practicantes que aplican remedios ex- 
teriores. 
toqpitear. n., diminutivo ó atenuante de tocar, aunque á 



toña, d., 
toñina. 1 

dice Scrr 



344 T 

veces tiene carácter de frecuentativo: también toqumtar. 
tormo, d., terrón de tierra <5 azúcar. 
tornallo, porción de tierra destinada á una especie de 

plantas y que se riega aparte. 

tornizo, n., castrón; mardano ó padre mal castrado. 

torno, n., el que sirve en los carruajes, para diticultar 
su movimiento en las bajadas. 

toro, toro de Juego que aquí llaman de ronda, dice el 
Dr. Antonio la Iglesia, en una Relación de fiestas ^ que 
hizo Epila á su señor, el Conde de Aranda. 

torre, p., quinta; granja; carmen; casa de recreo en el 
campo. — En Carta-puebla de Ejea, i i8o, ya se decía, et 
illa TORRE de Escoron, non habet nisi sex jubottas. 

torrero, colono ó encargado de una huerta ó granja. 

torta cañada, n., panecillo. 

tortera, n., vasija de barro en que se sirve la sopa, los 
asados y aun las verduras y otras viandas: en Castilla 
tiene significación mucho mas concreta. 

torzaliüo, n., torzal delgado; torzadillo. 

toza, a., chueca ó trozo que queda a la raiz del tronco. 

tozal, a., monte; collado: lugar algo eminente. 

tozar, a., topar ó dar el carnero con la cabeza: || a., por- 
fiar neciamente. 

tozolada, c tozolón: golpe en la cabeza. 

tozudo, c. testarudo; terco: obstinado: tenaz. 

tozoludo, testarudo. 

tozudear. portiar demasiado y obstinarse testarudamente, 
en una cosa. 

trag^acantOS. n.. alquitira: tragacanta. 

trallo. d., cuartón: rama gruesa de árbol. 

trancada, a., trancazo. 

tranco, n.. se u>a en la frase ./ tiwicos ó bc.rrancos. que 
si::nitica, lentamente: con trabajo: con dificultad: echan- 
¿o m.ino de toJo arbitrio. 



I, a., france ó remate en lo vendido á pública lici- 



, rematar. 

trapal, d.. paño tendido al pié del olivo, para recoger en 
el, la aceituna qtie se arranca. 

trapaleta, n., diminutivo de trápala: || n., persona que 
charla demasiado. 

tnq)eni, n., herida, de más anchura que peligro. 

trasca, d,, [lellejo grande de buey. 

trascolar, d.. trasegar. 

trascoD, d., pescuno, ó cuña para apretar la reja, la este- 
va y el dental. 

trasmadar, a., trasegar. 

traspootioes, a., colchones: usa. entre otros, esta palabra 
Fabiu Climcnte, en sus Escarmientos de Jacinto. 

tratadores, n., los Diputados nombrados por cada brazo, 
para conferenciar entre sí y con el rey, sobre los puntos 
allí tratados y que habían de recibir su aprobación y 
sanción definitiva. 

trasmudador, n., el que se dedica al oficio de trasegar. 

trasmudar, a., trasegar. 

trasnochar, n., hurtar. 

traviesa, n., paradero de tablas, estacas, cañas, etc., para 
contener ó desviar el agua. 

trazas, n., sustantivo aplicado, siempre en plural, al ha- 
zañero que es todo apariencias: úsase también en sus 
diminutivos, trabillas y trácelas. 

trazo, n.. despojo de res perdida. 

frecen, se dice de) madero que tiene 26 palmos ó poco 
mas de longitud. 

tremedal, d., páramo; montes despoblados. 

tremonolllo. d.. tomillo, 

trena, d.. trenza: |f a., bollo ó pan de esa figura: |jn., me- 
ter en trerjc, sujetar á uno, reducirle á razón, — Ayala 



346 T 

en el Rimado de Palacio parece indicar , adorno de ves- 
tido; como faja, galón ó lazo, en los versos, 

Pero si diese un panno de Melinas con sus trenas 
Valerle ha piedat. 

trencha, d., pretina. 

trenque, n., postigo: así hemos visto explicada la etimo- 
logía de la calle que conserva aquel nombre en Zarago- 
za. — En Murcia, defensa ó reparo de los rios. 

trenzadera, a., cinta de hilo. — Para decir, ¡qué borrache- 
ra trae!, se dice, ¡qué trenzadera! 6 ¡qué alpargata! 

treudero, n., lo que está sujeto al pago de algún treudo 
ó canon. 

treudo, n., pensión anual, de suyo irredimible, en reco- 
nocimiento directo de una cosa dada en tributación ó 
enfitcusis (^Gestis^ lo). — La Academia, que en 1822 le 
daba equivocadamente la significación de catastro^ en 
las últimas ediciones define mejor, aunque no del todo 
bien, tributo ó canon enfitéutico. 

treznar, a., atresnalar. 

tria, n., huella ó carril que abren en los caminos, las rue- 
das de los carruajes. 

triado, n., el camino que tiene trías: || n., camino muy 
frecuentado: ||n.. asunto 6 materia. que se han desen- 
vuelto muchas veces; y en este sentido es sinónimo de 
trillado. 

triar, n., formar carril o tría:||n.. triarse^ torcerse ü 
agriarse algún plato de leche. 

tribunal, n.. el de ¡os dic:{y siete, formado del seno de 
los cuatro brazos, juzgaba á los lugartenientes y curiales. 

tributación, a., enajenación de bienes raices que trans- 
fiere el dominio lUil, pagándose por el directo, cierto 
treudo: || d., reconocimiento de los límites concedidos á 
la Mesta. 



T 347 

, poner mojones en los límites señalados á la 

Mesta. 
triinito, 3., catastro. 
tricallon. pato unido á las cuerdas y al objeto que ha de 

arrasirarse. 
trifulca, 11., gran bulla; diversión; contienda; inquietud 

ó movimientu. 
trincar, a., saltar; correr; dar muestras de contento. 
tríngola. campanilla de cabestro: || d., campanilla de las 

ha imitaciones, en Barbastro. 
trioquis. trago: en alemán, Irinken. beber. 
tripaSn se usa en la (rase, hombre de tripas, para designar 

a! que es valiente en todo, y en la de hombre de malas 

tripas, para indicar al que es cruel ó vengativo. 
triplica, a., réplica á la segunda contradicción de la parte 

contraria. 
triplicar, a., responder en juicio á la duplica ó segunda 

contradicción. 
triunfa, patata: aunque nosotros no hemos oído esta voz, 

la incluimos, por ser el único aumento que, sobre la 

primera edición del Diccionario Aragonés de PcrAia, 

hemos observado en la segunda, la cual se imprimió en 

Palma en i853, si bien á nuestras manos no llegó, hasta 

después de publicado por primera vez, este nuestro, — 

Otros trun/a. 
trompiohon. d.. perinola, 
tronador, n., juguete de los muchachos, que consiste, en 

un plicfío de papel, cuyos pliegues se sueltan de pronto 

y producen una detonación. 
tronliron. calavera: troníironada, calaverada. 
tronzado, n., cansado; tullido, á consecuencia de una 

marcha penosa. 
tronzarse, n.. resentirse; fatigarse por el demasiado ejer- 
cicio. 



:^^ 



vemos en la Corona poética de A\ara., pág. 700» -i ^ní 
tnca, trueque. "aí** 

hli—l', d., gail|>car i. la puerta: || cambiar; barbarísmo de> 

mado de frVMT.. ^ - 

trapo (i>Kciit),n., (base en la frase, como «¿^^iferw Mm 
y «n ms equttalentes, para indicar, i^Qe ni» {MneoftiDO 
consigue nada de otra: jj n. , esquíkn qvese poM al Wr 
cho cabrío de mqor if>ariaocÍa , pan qi» aiiilbaaovÉI 
que ll«TOo los caÁones, como gub del rebaño^ ■}■ r'i 



I, a., vaaija para redUr A vino del lag»r-4^ 

cubas. -';:■<■% 

t raq — U , n-, esquila 6 truco de mttnor «oluaetu qMbdMBí 

le ponerse á algunas ovejas. "to j 

tfibeni, Mlbns, d., especie de criadHlaa de tiemi/nctña 

taUBa, n., tunda; tollina. i',!Q 

tuAufO, n., en unas apasionadas octavas innfiallw 

Conclusiones de Economía política, sostenidas ea «i^Blv 

bajo los auspicios de la Sociedad aragonesa, .se lee, 



Genovesi el tumbarbo_>' otros tales 

en signiñcacion de mandria ú otra parecida. 
torra, n. , ave que frecuenta la laguna de Gallocanta y que 

Asso llama desconocida. 
tnmuitela, capricho repentino; propósito extravagante. 



U 

Ultramarino, n., del tronco materno: lo hemos visto u 
do con alusión á los bienes, en lenguaje forense. 
,d, n., unión (yitero de la). 



U 348 

<, n., él que ñrmaba ó se alistaba para sostener los 
lucros, invocando el Privilegio de ta Union. 

niÚOD. n., privilegio que consislia, en firmar los nobles, 
y á veces la familia real y aun el rey, para permanecer 
en estado de insurrección, hasta que, reunidas las Cor- 
tes, se diese satisfacción al reino de las ofensas hechas tí 
los fueros; fué confirmado por Pedro III y Alfonso III 
y abolido por Pedro IV. 

universidades, además de las usuales acepciones, se ha- 
lla alguna \a¿ en sentido de Ciudades; y la verdad es, 
que el brazo de las Universidades se componía de re- 
presentantes de los pueblos de voto en Cortes, que eran 
en general Ciudades. 

untada, n., rebanada de pan mojada en aceite, manteca 
ú otra sustancia análoga. 

untamiento, n., unción; vocablo declarado aragonés por 
Blancas. 

untura, manteca: se lee en el zaragozano Ebn Buclaris. 

QSages, n., derecho consuetudinario, pero elevado á ley, 
constitución, ordenanza, fuero ó privilegio. 

nsin, husin. , nieve menuda, traida por el viento norte: su 
uso en el Alto Aragón. 

ora, a., racimo de uvas: || n., corno URtiufj, expresión con 
que se denota la muchedumbre de personas ó de cosas 
semejantes, agrupadas en poco espacio, como los granos 
en la uva. — Uva de quiebra tinajc , variedad de las uvas 
rojas, asi como la argelina y otras. Uva canina, uva de 
arra ó raposa. 



852 V 

Tela, p., toldo de tela burda y consistente: || n., especie 
de quitasol de grandes dimensiones, que se fija en tiem 
y sirve para preservarse de la intemperie, los vendedo- 
res ó feriantes. 
▼éUnterOi p., oficial que trabaja en seda. • 

▼onocilo, cuerda, generalmente de esparto, procedente de 
vincidum. — ^Admitida esta palabra por la Academia, 
como española, debiera omitirse aquí, según nuestro 
sistema; pero la incluimos, fundados en que D. FloieB- 
cio Janer, al explicar y ^osar aquel verso de Berceo, 
aleáronlo de tierra con un duro vencejo, hace notar que 
esta palabra, se conserva hoy en Aragón, lo cual indica, 
que es fuera de aquí, una voz desaparecida. 

▼radednria, vendería. 

▼endema, d., vendimia. 

▼endería, a., puesto público ó tienda, en donde se vende 
alguna cosa. 

Yenora, a., hilada de piedra ó ladrillo en las acequias, que 
colocada de trecho en trecho, sirve de señal á los que 
hacen las limpias. 

▼entano, n., ventanico ó ventanillo, según la Academia, 
que solo admite estos diminutivos, pero no su respec- 
tiva voz radical. 

vera, p., orilla. 

verdad, se dice, en sentido de eternidad ó de la otra vida, 
pues hemos oido frases como esta: le hallé inmopil sin 
color ^ sin pulsos j^ creí que ya estaba en la verdad, 

verdasco, verdusco, verduzco, d., látigo de cuero ó ra- 
ma de árbol. 

verde, en plural signifíca^ los alfalces, maices, etc.; y así 
se dice, aludiendo á ellos: este año han pintado mal los 
verdes. 

verde y seco, indica la totalidad de una fortuna ó una 
colección ; p . ej . , derrochó todo lo que tenia^ verde y seco. 



V 353 

Bellran de Boro acusa á Alfonso II de Aragón, de arran- 
car la Provenza á su hermano Sancho y dice, 
Pucis ab cor du7^ 

Quan n ' ac pres lo vert e /' madur; 
que Mr. Millot traduce así, 

Apres en avoir tisé le vert et le sec. . 
lo cual parece indicar, que este modismo era también 
francés. 

ferodC' n.. cada uno de los nueve distritos, en que se di- 
vidía el reino de Aragón, para el efecto de hacer la 
cuestación ordinaria, en favor del Hospital de Zarago- 
za. — Se hacía y todavía se hace, en favor de las obras 
del templo del Pilar de Zaragoza, suspendidas desde el 
siglo pasado y en nuestros dias reemprendidas con vigor. 
tfOdBro, el encargado Je esa cuestación. 

rer^anto, véase berganto; se escribe mejor con v, co- 
rrespondiendo á su etimología. 

vergner. verbero, a., alguacil de vara; macero. 
Biynizo, véase rahulla. 

rta, d., trenzadera ó cinta de algodón: || d., hebra de 
hilo. 

Tilje, n., vez; y así se dice, este viaje no puede serviros: 
es voz del vulgo y tiene, como se vé, bastante mas lati- 
tud, que los significados de la Academia. 

fias pastoriles, n., las señaladas, en general, para tras* 
humar el ganado. 

adula: úsase también en Navarra: en Castilla 
¿jcírvíi, es cabra montes y cecera. hato de puercos ú 
otros ganados que van á la vez; así como vecería, mana- 
da de ganado, por lo común porcuno, perteneciente ¿ 
un vecindario. — Vecero está usado por muchos, entre 
otros por Bercco, en sentido de, cosa que se hace por 
tumo ó persona que la hace. 

rMM (dar), a., mimar. 




au . '^ 

A., núnudo; educado con demasiada líbertai- 

i, n., faombrecSlDs; plaan. 

viste, prohibidoii de saca de ganados, granos y otm 

- mereñidu, fueis del reino: los diputados, en las Cónct 

de MonsoD de i5a8, pidieron hacerlas dios, pooíc 

contestó que eso en n^ía i Dormer). 

vflhfcvf^B, befUquí: «s de uso general y exdusrvo a 

Angoo, á donde lo tnjeron tos franceses, en la invasiotí 

de 1808 J por dio oootcna un nombre, lan parecido ■) 

de püdrvqiibi, an que aquéllos le conocen. 

VflhBM 4s pmlfti D., lUmados de conyencitm ó caan- 

yeaío, por el que hMÍan de fcrvir á los infanxoocs. tía 

poseer nadi propio, feslilfníe y miserable coa^ciat. 

comodiced otmpo Vidal Je Canelbs: eran adscríptoft 

á h l^eii* 6 dttmfio. y equivalían, Tcgun Docxo^. 

. á los atbaí tmUH ó ^Uateñi. 

vfltan, !!■> puddo de Cono vecindario: tal vez stnóoima 
de mllDrrJO, pero ño carácter despectivo, y probablt- 
mcoie, majror que k aldea y aun d lu^r, al' cual prece- 
de en d Cdtfio* de Wk /./. de la IMitm. en donde ; 
habla mucho de las ciudi^Jcs. viüas. v;llebw, é luga- 
res de la jura de la dita uttiJaí. 
Tiaaters. n., insecto del orden co/níptero. 
▼iftinida, gramínea agreste, Urna de sutiles púas. 
. guarda de las huírUs. 
. violeta: alhelí. 

I, a. . pensión que lleva al convento d que profesa: 
II n.. pensicMi que se as^ura á uno por toda so vida, 
mediante la cesión que este hace de so hacienda ó paite 
de ella. Las cuales tíaten á violahio nVni inii jj ineí- 
naJeros. dice un documento antigoo: ñn dada. íodian- 
do. que cuidaban de su conservación ó sustento. 
vUay [kC n.. de soslayo. 
gjrtl—ii d.,dcsemfcoLsv:||d.. SDOsacar. Un., pa^pv^sa- 



T 365 

tisfacer una cantidad; en este sentido, que es casi igual 
al de deseinbalscr, usan de aquella palabra, las Ordina- 
ciones de la Casa de Ganaderos de Zaragoza, priJmulga- 
das en rSo5; á las cuales hemos acudido para comprobar 
algunas palabras de ganadería , si bíen allí no se hallan, 
todas las de nuestro Diccionario. 

viudedad, a. , usufructo que sobre los bienes del cónyuge 
finado, goza el superviviente, mientras continúa en la 
viudez. 

TÍzalero, d., dulero. 

TOOeador. n., pregonero. En algunas partes, se Id llama 
también yocíro, palabra con que por otra pártese de- 
signó al abogado, en Castilla y en Navarra. 

Tolada, d.. ráfaga de viento. 

volandera, n., se dice de la firma común, por su mucha 
generalidad, pues comprende iodos los jueces y lodos 
* los casos: || la firma volandera del Justicia, tenía ejecu- 
ción privilegiada. 

votador, caja ó urna para recibir los votos. En los Gestis 
de la Universidad, hay un inventario de ornamentos y 
joyas en 1698, en el cual consta, un botador de plata. 

vueltas, d-, techo; bóveda. 

gx. d., volcar. 
píoo, d., nasa de pieles para pescar. 



X 



Xaporcar. a., revolver el agua ii otro líquido: díccsc mas 

bien, chapurcar. 
zaiTO. 3-. véase jarro. 
■la, a., chia: insignia de la magistratura: ant. 
xfalflar, a., gritar con regocijo, 



356 



Y 



Taya, n., abuela: también es muy frecuente, sobretodo 
entre los niños, designarla con el nombre de lola^ que 
no incluimos. 

yerba, n., alfalfa: se toma el género por la especie. 

yerba del pico, n., planta. 

yerba corxonera, hipérico. 

yerba de pordioseros, n., planta. 

yeso, a., úsase la expresión layar de y eso ^ y significa, cu- 
brir de yeso una pared, bruñiéndola con la paleta. 

yunta, p., yugada. 



Z 



Zabacequias, d., el que cuida de los turnos en el riego 
y de multar, á los que contravienen á los estatutos ú or- 
denanzas. 

zabalmedina, n., zalmedina: lo hemos visto escrito de 
esa manera, en algunos documentos m.ss.^ y Ducange 
habla de él, usando* ademas los nombres de :[ahabnedi' 
na, salmedina y cephalmedina: en un Privilegio de 
Pedro II, en favor de los Jurados de Zaragoza, se lee, 
ca{almedina. 

zaborra, d., piedra pequeña: tiene alguna conexión con 
el saburra latino y sorra español, que significan la are- 
na gruesa, con que se lastraban las embarcaciones: il 
piedra sin labrar. 

zaborrero, d., albañil que trabaja con zaborras: ||d., 
poco diestro en algún oficio. 



z a» 

saborro. n., aubzon. 

zabiirrero, d., zaborrero. 

zafareche, a., estanque. 

tafariche. a., cantarera o sitio donde se ponen los cán- 
taros. 

zafbras, zaforoso, n., persona desmañada, sucia ó torpe. 

nfran, n., azafrán; así se lee en nuestros Fueros, pero 
en castellano solo se usa, como licencia poética. 

SíigO. después : también {aga. Kn Acto público del no- 
tario Benedcd, i2S3, se lee, entraron en ¡a Iglesia zago 
de él; é los sus enemigos zaga del. 

zagones, calzones de piel, que solo cubren la parte ante- 
rior: úsanlos los pastores, 

lagueramente, n.. últimamente: también se dice ¡a !(a- 
güera >>£{, cuya significación es aproximada á la de la 
Academia. 

Alacho, andrajo: se aplica despectivamente, á las per- 
sonas y se dice también, jioner tí uno como un ^{alacho. 

lalear, d.. manosear ó deslustrar alguna cosa. 

zalmedina, a., en lo antiguo, alcalde ó magistrado con 
iurisdiccion civil y criminal: era Juez ordinario de Za- 
ragoza y para el desempeño de su oficio, que era anual, 
tenía un Asesor. Algunos equiparan este cargo, al de 
Censor en Roma: [| d., era en lo antiguo, el alcaide de 
tas cárceles; y hoy, aquel preso que por sus circunstan- 
cias, es nombrado para cuidar del orden interior, en 
cada estancia: — viene de Cadi juez y Medina pobla- 
ción, íi' (Véase Nougués, AljaJeriaJ. 



(1) Brii Uartliuz dice, que áe xabal uilir ; malina ciudad, ; nílad* qua 
«n »i VÍEiBHiiBar, que Buslituyó al StSor 6 Juei ordlnariD, y que ese Fargo 
toé Instituidla CD HueacB por Pedro 1. & raizdcla recoaqa rata de eea ciudad, 
«¡gnwtBQdo coD él y cod g'''^°^^3 lieTedamieotos, & Lope FortunioDPa (Hii- 
m4*3utJHand>laPiiaa,Mb>:olV,c%p. XIV;. 



358 Z 

zalmedinado, n., dignidad y oficio del zalmedina, en n 

primera acepción. 

zamarrazo, n., golpe con palo, correa, etc.: || n., desgrada 
que uno sufre en su salud, su carrera ó su fortuna; 7 aií 
se dice de uno que ha quedado cesante, hoy le ka llega- 
do el \amarra\o ó ramalas[o: también vemos usada en 
palabra, en unas quintillas, escritas con motivo de las 
oposiciones verificadas en Zaragoza, para llenar la va- 
cante del catedrático P. Raulin. 

zamueco, n., mostrenco; majadero; drope. 

zancocliar, d., guisar con poca limpieza: en Castilla Jttf- 
cochar: || d, revolver; desgobernar. 

zancocho, d., empandullo, 

zanguüon, n., muchacho desproporcionadamente tito: I 
n., joven inútil y ocioso. 

zanquil, manquil , n., zurriburri. 

zapatero, n., en algunos juegos, el que no hace tanto t 
baza. 

zapo, n., sapo: || n., persona desmedrada, torpe ó desma- 
ñada. — Rosal dice, que los antiguos llamaban \apo^ al 
sapo y :[apico, al hombre chico. 

zaporrotazo, zapotazo, d., trompazo; talegazo. 

zapos-quedos, juego de muchachos. 

zaque, n., cuero en que se saca agua de los pozos, según 
el autor del Diálogo de las lenguas, quien cita esa pala- 
bra como aragonesa, diferenciando su significación de la 
de Castilla, en donde vale tanto, como cuero de vino. 

zaranda, d., fritada. 

zaragoci, cierta especie de ciruelas, que la Academia tra- 
duce, Cansar aw¿usLznus: en rigor, esta palabra, pura- 
mente española, no debiera incluirse aquí, como no he- 
mos incluido en su lugar, la uva aragonesa. 

zarcillo, a., arco de cuba. 

zarfe. n., criado que se toma en común, por personas 



z a&o 

que viajan ó pasan algún tiempo, fuera de su casa. 
lipa, n., se usa en la frase, anJcy á ^arpa ¡a greña, en 
signiticacion de andar á la greña. 
aarpear, n., equivale aproximadamente, á manotear y 
: II n., echar la zarpa. 

, n., revoltijo; conjunto desordenado de cosas 
y aun de ¡deas ó palabras: úsase también, en el mismo 
sentido, el verbo ^arrabuUar. 
nrrapastro. n., zarrapastroso; zarrapaslron. 
xarrías. manchas espesas de lodo ú otra suciedad, en los 

bordes de! traje. 
nvalachen, Juez mayor de ¡udíos v moros: úsala don 

B. Foz. 
xerigallo, d., pingajo: lld., joven indiscreto, que presu- 
me y se entremete mas de lo que debe, 
la, avispa: úsase en Borja y otros puntos. 
)Ca, d., choca. 
zofra, n., tributo que se imponía antiguamente, en el 
reino de Aragón: || n,, hacer Tfifra, trabajar para el co- 
mún ó á vecinal, en obras de construcción. 
n>De, azolle: se usa también, como término de compara- 
ción, para pintar una habitación estrecha y lóbrega. 
B>qiie, d., tarugo ó tronco de árbol, sobre el cual se cor- 
tan las carnes: [| tajo; tajador: || n., cepo para la limos- 
na, en tierra de Bicscas. 
SDrina, gallina con manchas blancas, en fondo canela. 
zorra, d., \orra de carne, piltrafa. 

zoniar, n,, el supuesto Avellaneda, autor aragone's, según 
la opinión común, usa de este verbo, en varios lugares 
de su Don Quijote, pero siempre en boca de Sancho. 
Una vez dice, porque áj'é que me zohrian _/i3 las tripas 
depura hambre {P. V. cap. IV.); y otra, había puesto 
¡a escudilla sobre las brasas, de manera que me iba zo- 
Kníxnuo por ei estómago abtijo (cap. X). Ambas frases 



360 Z 

se compadecen bastante, con las deñniciones de fwriar 
y ^urrir^ sonar ó resonar bronca y desapaciblemente 
alguna cosa. 

sote, c, ignorante; lerdo. 

zucrería, d., confitería; se halla excluida de la última edi- 
ción de la Academia, sin la justa causa, con que se ha 
omitido :{uderta, que estaba en la penúltima, indudabl^ 
mente, por error tipográfico. 

zucrero, n., confitero. 

zuda, n.; castillo, según Ducange. 

zonce, n., plegado en la tela. 

zoncir, n., fruncir; plegar ó recoger el borde de cualqui^ 
ra tela. 

zuriza, n., persona chismosa y mal intencionada, que in* 
dispone á unos con otros: tiene también, pero un poco 
ampliada, la significación de la Academia: || se dict ser 
un \uri{a^ al que es travieso ó aturrullado y mañero. 

zuro, d., corcho: el corazón de la panoja. 

zurraco, d., bolsón de dinero, y en general dinero muy 
escondido. 

zurrumbre, hedor queseexhala dealgunos animales ó de 
sus desperdicios. 



NOTAS. 



AlUl 

tal- 



Vtg. i, tola; V\aoHU> RiVktixs. Que la rúa expultada en ie09 
'1S1I, calliTaba cna fruto la lengua y la literalura de CastiiU, pruí- 
ilo muchaB trabujoa esoritoí ea ca«tel1ino, con caracteres ánbea; et 
Poma ái Jote y el del morÍBCo h qoien dÍ6 cuDit Rueda da Jalun. Sola 
Allill aabp, aef^un aGrnia «a el prúlog-o el autor, «1 cuidada que ente 
puso, bvtcando ttcrijitiirai y pape'ii in áiatriai partiioi y ribirat dii 
"(no, flKí >fl jior miedo dt la Inquliicion eitaian ptrdidaí g ofutcadat, 
la Uljor de au compil ación, hecha en uo-iio llano y ajincihlt, porqui 
Mt (WiHídoit y gusID it eaulliven en la mitnoria rotoí lan digniH át 
■atadat y mtmorailoÉ DiacCBSO DR U lux T DBaCBNDEOCU V 

.U, COUPDESTO t tC0PIt.&DO POB >L SIBHTO Y UÁS MBCüaiTlPO 08 
MnH^UA.D R\B1U*S, 4BÍ0ONÉ8, HÍTCUÍt. DB BU»D* 






, Va 



>a el poaniB, do UDieitenaiondedace mil ver- 
la de tstoH es, firabe y iuú»\útaaa, opesar del 



L(l) Prohla. 

~] nural di átala que sigalUcí orníioa, 
W.p) ItscriUWDiiilóBiniBúlniguitdc cristianos, 



toacqiiel«d«iy Ut alttrioMt 4 k Mftologfft dltt piMí é» 
HMiodo qoe eontlenen; j bvm quilates poétioot no «hí < 
•n woM pá^nas, trosos tan bettoa, cual la ámexipekm da k 
la boda de Hezim. 

lies ejemplares eziateo del poema de lliihamad Sabadaa: el urna le 
poeee, la Biblioteca Imperial de París, j el otro, el lliiseo Brítiueo. A 
D. Bogenio de Oeboa le debemos una deseripekm da la obt» dsl inte 
de Rueda, cuja desertpeion se lee, e& el CMéie^ racsMio de mmm m 
erU0t étpañoUtf que dio á la estampa en 1844, ü eaÜBenliaimo lilsnil^ 
á Horgan el haberlo vertido á la lengua de Millón, en presa j eon fi^ 
b«rtad, aunque incompletamente; 7 el baberlo publicado á Qnjaagos, 
al que tenemos que agradecer, noticias indíTiduales acerca dri mamia» 
crilo del morisco aragonés y de mucbos aljamiados, j quien, eont&aua-' 
dor de la gloria de Casiri j Conde, vale no menos qoe Dosy 7 ba pres- 
tsdo con su traducción de Ifakkari á Scbaek, una de las plumas ds ná- 
car con que éste escribió, su peregrino libro. 

Hé aquí el contenido del poema, según el satns SK-piufiMor di la 
Universidad de Madrid. 

Canto primero, en que se dedica este libro á sdb AUabí siiadef ds 
toda cosa. 

Canto segundo, en el cual se cuenta la crlason j fomaeioii dsl n«h 
do, basta la caida de nuestros primeros padres. 

Ssgunda historia: habla del engendramiento de Sis, segunda psite 
de la Los, 7 los que de él descendieron basta Moh. 

Canto tercero: trata del diluvio de Noh, 7 pasa á la varonía de la Lux 
hasta Bráhim, donde se camplió la seguoda edad del mundo. 

Historia de Bráhim: comienza desde su Dacimiento, y lo que le vino 
con el Rey Namerud . 

Segundo canto de la historia de Bráhim. 

Tercera historia de ídem. 

Canto cuarto de la historia de idem. 

Canto quinto de idem: cuéntase en este canto la línea de Izháq, pa- 
trón de los judíos y cristianos, y el asiento del pueblo de Israel. 

Historia cuarta del discurso de la luz de Muhamad. 

Historia de Hexim, hijo de Abdulmunefy bisabuelo de nuestro anaví 
Muhamad. 

Segundo canto ile la historia de Hezim: trata la conclusión de su ea • 
Sarniento la noche que envió Hexim á su hermano Almutálib á visitar 
á Zalma. 

Canto cuarto de la historia de Hezim: trata su muerte, y el naci- 
miento de Jaibacanas. 




303 
Historia de Abdulmotalib, sayo nombre se llama JaibacaiiCis, bija de 

Segunda eiDlo de la hiatoria de Abdulmulalib, 
C»Qlo leroero de ídem. 
,rwdffid.ín). 

« AbdulmaloUh, j del díscuraa d« la loi da Uuhnmsd, 
»gunda canto de U binloria de Abdulmutalib. 

vi MüliAmad: trata ea nacimiento' 
1 aeguado do la deolaracioa del hasrada Alcorán, y lu propie— 
le nuestro aoaví Muhamad. 
a torcera: trata el subimieato de los cieloBj en aal zumiento da 

de la decIaraeioQ do la oiorn (1) de Alhamdnlillshi. 
de la maerli> de ouestro anavf Mubamad, 

del dia del juicio, 
aegondo de la hiatoria del día del juicio. 
da las lunas dol aSo: euéntanse loa nyunaa, j Ha» blancos y 
[ue aa han de hacer, 7 Ina raciu {i) en cada día. 
lombres de Allah eo nr&bigo y sua declaraciooei alchemiadaa, 
ogoria al cabo. 

El poema & qus alude el Sr. Borao, es ÍDtereaante j debiera ñgn- 
slguno de loa lomas auci^aivos de cnla Biblioteca . 

I,- Diílooo db lis LaNQUia, oirá ái¡ liglo dr (no qv» 



^^■Ulrf bujT* al p, 
^^^B81 uso de e 
^^^^Hrfi por toda 
^^^BWudoaeWcÍJ 



¡1 oM de esta leo^fua (habla Valdéa de la latina] asi corrompida, 
por toda BspaBa, aegou 70 ¡lienao, hasU que al re; Rodrigo, en 
•Du de aeUc^eotot diei j nueve, poca maa 6 menos, desastradamen- 
te Ib perdi6 cuanda la conquietaron ciertos reye* moros que plisaran de 
Arrica; coo la venida de loa coales se comeDi6 i hablaren EapsBa la 
lengua arúbiga eiceplo en Aaturias, en Viicaja y en Lepaxcua, y 
en ■IgoDoa lugares Tuerlea de Aragón y CatalnBa, las oualee provin- 
cias tus moros no puilieron sojuigar, y asi allí se salvaroD muchas 
geatee de los criatanaa, formando por amparo y derension la aspereza 
do U tierra, sdiode consírvaron su religión, su libertad y so lengua!.» 

■ Afard 



s Alliamdullllclii 



9M 

oon el impreso; «eon U misme íelU de boje ú hojM y ein mis diforeo- 
eU, qae la de hsberse suprimido en alffuno que otro lugar, una 6 más 
palabras, siempre que se trataba del Papa d sus Cardenales,» afirmán- 
donos que el ejemplar de Londres, más antiguo que loe dos eonserrados 
•n nuestra Biblioteea Nacional, debió ser expurgado por algún Inqui- 
sidor ú otra persona autorisada por el Santo Ofido. 

De las ediciones citadas, la más correcta y más sabiamente dirigida, 
as, la de Usos. Bn ella intitúlase la obra, JHátogo dé fo Lifigna y no JM¿* 
togo d0 Uu LtnguaSf como escriben Mayans, Pidal, Mier, Hartienbuseh 
y Borao, pues no refiriéndose el libro á más idioma que al castellano, 
es más atinado el senrirse del singular que del plural, para denominarlo. 

Usoz no se atuTo, pues, á la ortog^rafía del manuscrito guardado en la 
Biblioteea Nacional. La edición dirigida por Mayans, es muy descuida- 
da é inexacta, en muchos pasiges Bn la actualidad ocúpase en prepa- 
rar una, que será esmeradísima, el ilustre Bduardo Boehmer, entusias- 
ta del inmortal amador de Julia Oonsaga. 

Duda Borao acerca de la paternidad del JHétago y tengo para mí qne 
es cosa averiguada.- El J)iálogo d$ la Lengua, (que Borao dice ser de nn 
autor anónimo, participando de la creencia de triarte y Hartzenbusch), 
obra admirabilísima, «por la natural sencillez de su estilo, por la pureza 
de su dicción» y por carácter iiarl a estas prendas, perteneciendo á una 
época de eteoláttiea y trabajosa tlo€vtf%cía; el Diálogo tft to L«n9ii(i,que es 
el espejo más limpio y qiie mejor retrata el estado de nuestro habla, en 
los días del Emperador; el Diálogo de la Lengua, modelo de diálogo, en- 
tretenido y agradable en todas sus páginas, en las que si hay errores, 
abundan los pasajes ingenioNos y la erudición y resplandecen la razón 
más sann y el criterio más elevado; el Dialogo dé laLengua^ pertenece al 
primero que sostuvo en España la caus i de la Reforma é intentó traer las 
doctrinas de ésta, al país de los Alfonsos y Fernandos. El erudito Rafael 
Floranes, en la pasada centuria, atribuyó aquel monumento literario á 
JuandeVcr^^ara. D. Pedro J. Pidal descubrió su autor; y hoyes tan sabido 
que lo fué el ilustre secretario del vircy de Ñapóles D. García de Toledo, 
como que Rodrigo Caro produjo, la Cfnicioná las Üuinaa de Itálica. 

Amador de los Rios, Usoz, D. Fermín Caballero y Boehmer, con razo- 
nes históricas, con argumentos filológicos y con atinadísimas conside- 
raciones, han demostrado, que el Diálogo de la Lengua perteneco á Juan 
de Valdés (1). Paróceme tan clara, dice el solitario de Barajas, la pa- 
ternidad do la obra y estoy tan convencido de cuanto so refiere á las 

(1) Mayaua, al publicar el Diálogo de la lengua, aunque lo dio por an<'>- 
nímo. debió sospechar acerca de su autor. D. Casiano Pelliccr, en su trata- 



365 
moJa que la libreno úb\ docto aapBtol, y el reato de U tirada 
obra loa Jttformitlai, 

18B5, Bophmer, Profeíor de tn üníverBÍdod de Slraal)ii-f{o, con el 
saeD de lectora A loa estudíanieB qae Bprendiemn el 
lUano, publicó en U*1!e (Sajonia) Isa dica ; aeia prinerna ptginaa 
Díáleao da la Li7i¡ na, baa ta loa palabra» incluaive fí e< luartís go- 
emotd-ena tnnnfra.. .; adornando dichas piginaa 
tlgunaa nolaa gmmaticalea. ttl ti mámenle, en 1873, la aociedad La 
liad lAtrira, hilo una aegunda edición de loa Origenti de Uayans, 
la que eacribií un prólogo de pscolilla el üualre Harlzeabuacli y 
Eduardo Uier, setenta j cuatro ddUs. 

lie airvíA S Mayana j Usol es, el qui? pnaee tu Bi- 
f tiene, la Hignalurn X-V.in (1). Cenata de 94 hdjae; 
de ello» en blanca; buena letra (al parecer de Hites de! lidio XTi) 
estado do coQaervacioD. Pallante la 79 ; la 83: eata última 
) utiliiñ Mayana. Indudablemente ea copia del verdadero 
original, que permaneció oculto, por acr obra de un hereje. Según dice 
elaruditoé infatigable alicantino |V), es la miama que pcrleneeifi al 
Droniata aragauéa Jerónimo do Zurita, comprada pera la fliblloleoii 
Beal, aieodo aquél Bibliolecano. CajA en poder del Coode de San 
Clemente, aefrun ae lee en el cap, IV de loe Progretot de la fiiilwja dtl 
rtine ái Aragón del Dr. Juan Francisco Andrea de Uatarroi; fué añadida 
j publicada por Diego Joseph Dornirr, arcediano de Sobrarbe (3) y psafi 
después ti una de laa bíbliotecaa de Zaragoia, donde la adquirid en 
17!iS Naaarre, quien la ofrecífiáau amigo Majana para que la publi- 
eaae j así lo hiio é9le,al aiguienle nflo. 

£1 precioBO manuacrito, rico diamaale itel Uuseo de Landrea queaír- 
vlG á Uajana ea, un tomo en 4° que contiene entre varias cosas, el 
Di&loí/e de ValdÉs j un «ilrncto del tratada de La Gaya ciincia que ee- 
Ctibid el Marquéa de Villana y eniíA al de Sanlillann, para introducir 
.lia Caniiilcrioi , de la índole de aquel de Barcelona, quo ntencio- 
uportantiaimo, Mariana j' oíros grsTBs historiadores. 
Sr. Oayaagos que lo ba visto, lo encuentra en un todo oonfurme 



JHÜiwau 
_ etibid el 
^^|^f:tnit 

n 0) "': 



para su uBo, y eatA 



Q) Mayans mandú aacnr nnn copla 
elisia tioy entre sus |>npctcs,en el Muaeo Británico. 
O!) Puí;». 179 j ISO, I, II, Madrid, 1737. 

(8) Loa VDSti(;ios lie la lllirprfs mauuacrila di< Jerónimo Zurita, núm. ?I, 
Dialoga dt lat liiguas, üsobni muy curiosa y digna de ser dada A la es- 
tampa, por contcnar mucbna reglas para hablar la lengua ea[iah(>la, A la 
lOlon. KBcrtbiúae, en Llempo d«l Ümporador CarloH V., y ^ards eelt 
, w,4. el Conde de 8. Clemfato. 



m». Y UBila Tnis aocrUda; puM ni ol 
al el oarrcato y da «iociteian fBtlgos& Crrvintcí de íiluiu'; ni Pedn 
Mexf*, tn» p'umAaD coma Sramv; ni el fettÍTa nMieo del Duque de 
OundU, Krnníiica de VilUlabni; ni dI hotoRubu Pedro da Rhan; ni 
«Qiititas manqkron oa ol ligio ivi Ib difloil CanuB literaria del diálo^; 
niagumi tuvo las dot«8 da Juan de Vt1d¿g, m produjo ana obrad«l mé- 
rito de In tuya, co U que, na obstaDlo U poi.'» amenidad de un aaunia 
detfrnnulKra, el inleriíE no decae y la animación y el movimiento estiln 
iMtcnldoB. Y al dar por terminada esta eeUi, be do oonsígnar que ma- 
reeeolearína de E«paíie. el aabio Dr. Uoehmer, tan «aootedordeU 
Yidft y escrito» del Uelerodoio de Cuenca. Al Profoior do lenguas ro- 
manees de Slrasburgo, debamos curiniu onticiu biogrftficM de Vald^ 
y de vario» trniaíoi de *9in, nncootradoj en la Imperial dn Viona, poc 
el ¡Doanaable inrectigador, qu* con sus vigilias, watiene el amor de 
■ua eompalriotas t la leugua do Xn* Luises y Mariana, a la aombra de 
la calada aguja, que fué un día eoaüdenle de Qoatbe. 

Pag. Id; ríalAiH»r>i(i la tltrra ác Aragun. Bn El de Uctabra de UI1, 
celebrú D . fedrn IV Boliii tle dospedida en Zaraguza, *d ol Uonaatcria 
de Prcdicndaras, Kn t\ que uonfirid la inveatídura áv goberoador del 
reino A su bennaua D. Jaime; bdoIo el juramento prestado ■ su hija; 
remitií al Justicia mucbas causas peodieutee; ístisfíio todas las peti- 
ciones; di& la rsii>D qoe Ip movia ft cerrar las CArtes; awgurA que toI- 
verín lo mis pronto pisitili' ñ celebrar nuevaa; declarando & inslaieías 
dd Jurado Eitñtal qaa, por la proiogadoa, no pndiM* nano» Mgnir 
diBo t loa fiteroa, layaa y liberUdea aragoaMM. 

Libre y* el rey de los de la Ünion, devueltot A £1 los caballera* de 
los rebeees y decidida & vencer t aquella por la fuerza, resolvió D. Pe- 
dro abandonarla ciudad, sin que Be atreviesen i acompabarls loa conse- 
jeros, nombiados por las Cortes, por temor deque los entregase ti ver- 
dugo, QO bien llegaran k Cale.lu3a, Salió el Cgrmiontoio precipitada- 
mente do Zaragoza: al llegar á la barca del Qállego, miró eiquivo iloa 
que le scompailaban y por eepararse de ellos lo máa pronto posible, ni 
esperar qaiao & que le penaran una cabalgadura; durmió en Pina, dan- 
de recibió el juramento de algunos parlidaríoB que te allegase D. Pedro 
de Luna,' y después de concertar algunas medidas contra la üniím, pro- 
■igilid su viaje bicia la tierra catalana. Al siguiente día, al ver deala- 
carse, allí lejos, entre ta bruma del horizonte, a Fraga, prorrumpió, en 
la exdaiDBoion, ti que alude el Sr, Borso:-A>ndi(atM*, dijo, tiempotta- 
ia d« Ualeí, bendita leu d» Dioi nuMlro Stñor, qitt nat lw¡ ptrmitido to- 
Ur tibrtí át tía tiit-ra traidora y ribtU; d* Aragón. Mat como Aojr Diot, 
que mi la han dt pagar, Hjh caromtnl: 



no U. Pedro el Caiolieo, D. Jai- 
7 como sntei el Conile RuDén 
los MeeeoBB de ía grio ramilik 
a Poitiers. >a taé £aU el AcIbd, 
la BB lee en libros muj sprecía- 
ililUs fueron de púrpura, á fner 
:> intérpretes mea antiguos que 
a de! Cid. 



ine al CbnguíiMifi»*, C Pedro III 
Bereogurr y D.* I>u1ce, ea, udd de 
de TiM, que «ucedió & Quillermo c 
por decirlo a«i, de toa trovadores, aag 
Wea, mpoBaíaproYBntal, cujBs'ioii 
lia nacida en eatancia paUciega, tul 
el I>iique de Ai^uiUnia, contaaipDr&ni 

LaB itraciaí encantadoras del estilo da Quillermo, que fué ud poeta 
■ioo profundo, fActl, gallardo, armonioso, suponen que recibi6 da 
Bui antepasadoi un itrio. Además él nos habla de la loulan, Domo 
sieado un género, ja conocido. Por Mío la geoerBlidftd da loa crílicút 
«ostivni^u, i[iie el.licenoiaso Conde de Poitiera, que insjiirú al Boceacio 
EQ desenfadado .Vaijcío di Lampurecehia, y que escribía i la reí que 
GuncioDeSi Is música de ollas, de lo que tenemos un recuerdo ea la Iragt- 
(Un dt Sania Ini>, ai ea el primer trovador de quieo quedan obra« eecH- 
Ms, fué precedido de numerosa legión de tiricos, cuyos poeiias aa han 
perdido. Tampoco ea el primer trovador «spaüol AlfoniO II' lo foA 
Bereoguer de P&lssol, cílebre por su liei'mo'ía figura, delicados mo- 
dalea, f^lauterfa eiquisttaT por eu destreza en el manejo de loa armas 
j por la duliura j sencilleí de eu Bcntímeatal laúd. Bernardo da 
Palasol, DBciú en el Roselloa, en los días del peadllimo Conde, Oau- 
fredo 111 ó bien sea, en 1n época del cuarto Hamoa Berenguer, padre 
del 1). Aironao que iroró. Ksle monarca, notable por sua bazaOss, 
por la felicidad que irradia aobre sus subditos, por su diligencia, por 
■u aagacidad, por eu aabldurfa, y no tanto por la virtud que le 
anpoDe el epíteto par qun le lo distingue, ei el Auguuto de la 
poesía provenial, pues tuvo esta, en el reinado de él, nu siglo de 
oto; jr es asi mismo el David profano de ella, parque untionó y 
eanCii amores. Casi todas sus leiulanti ai lian penlido. 6á1o se con- 
serva, UDB con Oiraldo da Borneil, i quien Ü. Alfonso amaba con 
muoha ternura; aira que ih\í supone pertenece al protector de Vidal 
j del HoDgD de Montaudou; y una eaneion amoraga. 

Filtro U,— Solo comparable i los Médicis, por el caricter de sos pro- 
leeciones, por la influencio que en su ínima ejercía todo cultivador do 
lu letras ; por su eiquisits organíiacion poética. Tan plensmonte in- 
fluyeran en él los troTadorea, que fué á Uuret, porque aaí plugo & lot 
álmitutíot de éstos. 

Sol poesiue sa han perdido. Soapíetiaao sea suya, k parle del diftlo- 
go que a él pertenece, en una (miíon mutilada, entre Uiraldo y el héroe 
deUa Ndtbs, 



La protección de D. Pedro TI á las letras, es de las mas fecandss eo« 
nocidas. No debiéramos otra cosa á su patrocinio, que el poema caba- 
lleresco de Jau/re y bastaría para decirlo así. 

2>. Jaime /.—Protector de los sabios de su tiempo, fundador de Uni- 
versidades, lo glories En Jaume, tuvo tiempo para ^errear, para acau- 
dalar las letras catalana;; con el oro y la púrpura de las orientales. Tan 
cariñoso Mecenas de los trovadores fué, que los acogió en sus estados, 
al verlos sin patria. Quadrio, Zurita y algún otro, afirman sin probarlo, 
que el ilustre Rey, fué trovador. 

No se conserva poesía alguna de él, ni se sabe que la escribiese. Lo 
que si fué, literato doctísimo, gran legislador, gran historiador, gran 
cronista. Su Chronira 6 comentan, comprensiva ¿0 tot» lo9 féttetles 
gratiet que Nostre Sennoi' li fev ^ es, uno de los tesoros mas ricos de U 
centuria del Campanile de Florencia y de la Divina Comedia, del Có- 
digo Alfonsino, del Cementerio de Pisa y de las catedrales. «Escrita 
con suma naturalidad y frescura, dice Amador de los Rios de esta obra, 
ofrece al par, el interés de un diario y la regularidad de una historia, 
esquivando á menudo los excesivos pormenores: la narración, familiar 
casi siempre, raya á veces en lo épico ó iniciado el Conquistador en el 
conocimiento de las Sagradas Letras, salpícala con frecuencia, de opor- 
tunas máximas y piadosos versículos, que acreditan su saber y su 
talento.» 

La Ci'ónica de D. Jaime, es el solio en que la lengua catalana, recibe 
la gcrarquía de literaria. Sencilla y pintoresca en su lenguaje, no des- 
deña en algunas de sus páginas la gala y el primor de la retórica, 
acreditando cuan bien conocía el raonarcn el idioma de Castilla, que ha- 
l)lal»an muchos (le sus vasallos. Kl cultivó, sin embargo, la lengua J-^ 
la inuchf'dumbn', • inas sonicjaute á l.i hablada en su niño?, y coiu > 
aiiuell:!. no cjeri-itaihi todavía on la prosa literaria». .Se ha dudado s->- 
hro la autenticidad d»» la /"/•... m'V/ d^' D Jaime, lo cual j)arect> imposi- 
ble, pues como á'w.<? el ilustre Rosseeuw Saint e Ililaire, basta leerla parn 
c/ju vencerse do lo contrario. Ninguno de los críticos (jue han hablado 
de l.>á provenzales, ntrihuyo:! 1). J;iime. historia escrita, en la lengua 
en ([uc cantaron h>.s trovad<*res, bontados en el tronco de los laurele.^ d-^ 
Pro venza ó en las justas en (|u<' era dama, la espiritual Isaura. No 
so conoce prosa mas unti;^ua ijue la (le este libro, en Cataluña, donde 
meri'cd a determinadas condiciones políticas, llego a constituir una li- 
teratura, lo cual (¡uiza no lo^r/> en su patria, la poesía seo-ada ou ñor. 
en 1'»^ maMecidos campos dcMuret. 

1'. Jaime fu»'» ad'^'mñs que autor do la Ch.-óni,' ¡^ del libro do la .'st7'/..'.Nv:, 
Al roinpilnrln, -tuvo presentes los tratados del ¡<i)}>i\n,^ y los /:?j,*/»?ifi,T- 



(Kl 

mf**rtTt 'I aatliffiM it XUxanért, traídos a1 Uabla vul^car, bijo los eleva- 
do* autpUÍQa de D Alfaneo X al S&bio. ■ Y h¿ iquí a dos rsjes, sietida 
' •! ano, el primer hiatariador vulgar da Círtilla, y el otro el primer ero- 

nütB da los caliUaes, en suligUedad y mérito. 
' Pudro ¡Jl — La única poesía de Pedro 111 que ^e coneerra. «• 

■1 ttrteHtHio escrito, eusudo la Francia, cap auxilio de la Iglesia, pre- 
' pMrú In invasiún que tan deadicbsda fui para Felipe el Atrevida. Dícese 
I qoa al retirarle lo« franceseH en derrota, elLeAuidaBdelasPaDizaBcom- 
puao UQ unnto de triuafo La Rritioa no ha pronunciado todavía sd ve- 
redicto, aoerca del eoalenida de verdad, de la aGrmaeion anterior. 
Y puesto qne he hablado de uno de loa reyes mis grandea de toda la 
■ bíMoría, no pu^da resistir é la teutscíon de trasladar aqui, el retrato 
Mculpido por un poeta sublime, enelbraocede sus inmortales ler- 
eottos. 

Quel clie par sí membruto 

D' o^i valor portA cuita la corda. 

tnfanl* D. Feám.-E.D 1337, celebrAae con verdadero fausto, la CO' 

■kin de AlfoDSo I V, en la que este recibíA de sí migmo y concedií á 

m infanitaDes, le orden de caballcrin. Terminadas los ceremonias 

rMigioaas, cantftrODse una'> composiciones del Infante D. Pedro, por los 

B&ouido a juglares (que nombra el Sr. Borao); por Ga Romaiet y Kn 

I<<luBllet J también por Kn Comí, que era el mejor cantor de Calaluba. 

, Bl primera ifíi un limnuito, explicativo en su miitncío. del sentido 

moral de la corona, in pmna y li urgn , atributos da la potestad real, 

Incido* por el monarca en aquel acto; el segundo iHir «n parlattl ntnnir 

rtitor hifaní E» Ptn aiiín novullamtnt fgtt 4 In 

t la ngimtnl gn« ( au Mnyor hjf Hm fir * la 

M da la lua cortt et it lou la* HV» offieiitl: aat (n I* itla ror- 

K Mtt lu tiMf pnrrintiti; y el tercero canlA una canee novtlla. So- 

i Harcdoto <le Peralada, ol Urden en que hiciAropso oír loa canlO' 

S vu alzadas Isa mesaa, Tuí, En Comi precediendo í, Monollel y 

m áa Romaset- 

18 oompoBÍciones, escribiúlas el virtuoso Conde de Riba- 
_ ñn de (lar útiles eosefíanias í su hermano y no por vana- 

gloria suya, que harto sabida ea la niod>*BU¡B del que, sepultado en el 
loto dd recuerdo de su capotis, en I:I5S. tomAel eordon sagrado de San 
PrBB.eisca, La forma eirgide por el InTenle D, Pedro faé, la qns etrac- 
l«riu au (dad y las obras todas que on ella produje el ingenio, 1a for- 
WA didlctlen, que ora udb necesidad de nuestra cultura, 
la poeaía catalana, acaudalada con los tesorosdelZiarniíiri 
' 9, ol sentímicntn Uel honor y el patriotismo. 



312 

MoraUn OMga qae Sa BomiMt, Bn Coñi y «n Homallci 
MD, «n Ift eoronmcioA da Alfonso IV, los oficios lndfa»ido»| al 
ttos, qualssobras dol infonte r § p r§mt uáron§§ , es n ist^ny tsUsi su psr Dn 
Pedro y por lot rieot AomftuM, w o sy s ^ s rf ot <# s | ^ iNiot / infisiss . Bslsa»* 
fsraotoiiy no rasonsdt por al ilustra posta, nMÍ6 iksMWitiils, pHi 
Ramón da Mnntaaar, tastigo da Tísta da laaoroaadant qnm dasoribssa 
sa praeiosa oróniea, dafina aon claridad, al saráetar da las «nsfsridar 
ñas cantadas y recitadas. No pudieron ser reprasentadasi porqna mIsí 
nian fonnas dramáticas. 

Bate pleito lo ha ganado 4 Uoratin, el mas grande de los hístnrisin 
res catalanes. 

Ptdro /K.— Tftnlase LHbrt á$ Im ordínáHimi á$ la nal Om» 4* ¿099$ 
ftu* jwr lo rtjf, Enptr§ itv «vy d' Arügó la obra á la anal debe él soIm» 
nombre de Ctrwmonio»o, y que, eogan se consigna en algonoa JT. Jft, 
trata del r§0im»H$ d« t^a lot 9íki$ á$ tm ntm eori. Dfeenos el sabio 
dor de loe Ríos, qne de este libro eztreetAse el tratado de lea 
cfofiMi que en el Códice del Bscorial airrede aptodiee, al da los dta 
de Femando ni, el Conqoiitador de Serilla. 

Bn la Biblioteca Baenrialenoe consferase, cono oro en psBOy «n 
Torsión castellana del siglo xti, dedioada al Principe O. Cátloo^ f^^ 
orlado M ignél Clemente. Bl del PuiM^ fué no eolo dado A loa míbmKm, 
sino que paleó, oon jalicedísima mano, él laod y aspir6 al lawoJU 
historiador. Sus Memoria» son nna antobiografia, cañateriadapsrla 
serera senoilleí qae distingue el ComtnmrioM Gonqnialador da Ha- 
lloroa; y en ellea esta admirablemente retratado el earaetarde aqasl 
monarca, que parece un anuncio de Feraando V. Lo que no enoontn- 
reis en las páginas del Cere9tionio»o es, la ruda ingenuidad, la franqoe- 
za bellísima, que cautivan en Mossen Diego Valere, en Oonialo F< á» 
Oviedo y en el Herodoto de Peralada, poeta á la vez de musa digna, 
generosa y varonil, aguerrido soldado. Canciller y maestro raeionaleD 
Galipoli, señor y alcayde en Gerba, que, solitario en la alquería d« 
Giluela, ciAcndo ya militares laureles, tejió para sus sienes la corona 
de oliva de las artes de la paz:— Ramón de Muntaner. La sinceridad de 
los libros de éste, no se halla en la Crónica de D. Pedro; ni tampoco es 
la soberanía de la verdad, tan plena en ésta, como en aquéllos. 

Sí; el celo de la verdad , no animaba de igual modo al pérfido y gran 
rey, ({ue al autor de la ízmof^ pretichanza á D. Jaime II y D. Alfonso, 
en 1321. Mil ejemplos podrían citarse para probarlo y entre ellos éste:— 
la noto de impío lanzada sobre Alfonso X por Colmenares, en su Hittoriá 
do ücuovia, y por Zurita, y aceptada por el P. Mariana y el P. Peijoó. 
obra fué do D. Pedro IV, según ha demostrado el Marqués de Mondéjar, 



373 

y obn qne ha am&rgaila no poco los manCB dsl mía sibio de loa revea 
d* Caslills, ya Tindicnrlo de injiietsa é igoorsotsa ii cuan dio n es; en 
coja tarea han Inaido do petgijeíla parte, Nicolás Anlniíio, Velniíiuoi, 
S«riiiiBnlD, BodriguL'i dtf Castro y Amador de loe Bioa. 

]-cra Ui£uel CarbODi^lt, poeln /traductor 6 iniiUidor de la Danta 
gtntnt it la ilueru, olviiiado par el iosigae Torree Amat en aa 
DiceienaTie, en eu obra Chroniqíui itt Swpanya, 1qcIu;A la de DoD 
redro el Cir*monioMo rlesaaturalizándola. Kl distinguidn literato Den 
Antonio Bofarull la ba demoetrado así, en la intradueoiou que prece- 
de i bu Ci-ínica dtl iiiii da Amgon D. Pedro IV ti Cértmoníaio ó itl 
Punyattl, tierita in íemoiiH, mejor diclia en calalan, f>Di- il laiimo m)-~ 
«orad (Bareslona, 1850). 

D- Pedro eu!tiv6 tatnhien el mirto de los trovadorea. Sus Terso*, 
(guardadas »e bailan, en ese tanria-Ktnfiiirvm, qua se llama Archivo d*j 
la Corona de Angón-, y aon peregrina moeatru del aenl-do didáctica de 
l*poe«l*erudil«de antoaces]' teatimania de que el Rey, pertenecía & 
U Escuela de Talain. Amat, Boulerisek j Lataasa, non dan cuenta de 
«Uoa y así miimo d« 1n carta dlrl^da por 1>. Fadro i su hijo D. Uarlia, 
Mmiütadole trea cotí». O. PrAspera Borarull di6 t conocer las poealaa 
del OrtmonroKi, en pUegoa lilog'rftfieoa, en 1638, y más larile publicft— 
Tonse, en ta Ciiliceion dt dceumtnloi ittéiiilrii del Arcbivo, por DDO de loa 
bftlifiGloa mis <lni'.tos de Rspabn, A i)uien tanta gralitu I itetie el renam- 
br« del vale catalán y castellano y prosinta latino, Cnrhonell, 

De la deciaion de D Pedro el de\ Pufial, en pro del impulao de que 
fueron pariidaríos el Vengador do Coradino. el Cbn'/ufiiailor, y el héroe 
de laa Navaa, mfirlir en Murel, tenemos la prueba mds gallarda, en el 
bifieianarlB ilt Kimni, que dc au orden eaei'ibÍ6 Jaime Marcb, cuyo ma- 
Duaerito aríginol, propiedad un día dt>1 hijo de aquel loco sublime, que 
•nganó un mando en la corona, en que )*a lueia el aol, entre sus dia- 
isaatet, billaee entre lo que resta de la Biblioteca de Femando Colon, 
«a la bannoaa catedral asTilUna. LAeea en el CAdiee. — •>■» i¡liroec*tS 
«m*t tnevaáemaile d¡K) dintroi in Barcilona por Junio de 1E>S6, y «I •fii- 
t«Í9 tale giiínientDI Ofltnla y oc'io üinerol. 

Juan /.— D. Jaime el Corviviilaáor inaugura aquel periodo de miada 
dos sigloK, ea que él escrihe sus Memorial, con sencilleí embelesadora 
y eon el Mntido moral mis elevada, el libro de la Saitieta, que es la pl- 
gioa m&s bermosa, que nunca ha inepirado el corntoni en que Monta- 
DBf polaalaliraparaeoaiíyliir éon itnyor en toltaiiwputcn de bey cor- 
ta BU plumo, con el eacbillo almogávar, para recrearnos eon orí^na- 
lidadea, como la ooronncion de Alfonso IV y con rt¡ épico crflnicn, qne 
ee uu deebado de naturalidad y gracia; en que el erudito j oircuaapeo- 



ín4 

to Úesclot produce las graves, sobrias é hidalgas páginas de las Cim- 
questes de Catalunya y sus monumentos históricos Marsilio y Puigfpar- 
dines y el Ceremonioso] en que viven Arnaldo de Vilanova y Raimundo 
Lulio; en que Francisco Xiraenez, el Obispo de Bina, inmortalízase 
por su Chrisíid^ Martorell por Tirante el Blanco^ Vidal de Beselu por 
la Dreita manera de trovar^ Mafre Ermenga\it por el Breriari de Amor^ 
Vidal de Castelnoudary por su Guillermo de Barre^ que conocemos por 
las vigilias de Pablo Meyer; en que el Rabbi-Jahudáh-bcn- Astnih 
extiende la influencia didáctico- simbólica en Cataluüa, con sus Pa- 
raí4le9 des Satis ; y en que los poetas se llaman Jaime Febrer, 
Domingo Mascó, Anverso y Jaime March que instituyeron (á lo8 
dos últimos me refiero) en Barcelona , la Academia de los Juegos 
florales, bajo los auspicios de D. Juan I, tan amador de la ciencii» 
gaya ó gaudiosa. De este noble Consistorio de la Gaya ciencia fué mante- 
nedor, en su primera restauración, el Marqués de Villena, uno de los 
hombres más grandes de la historia de Espafia; como que con justicia 
cifie la corona de Minerva y la tejida por Apolo, con el laurel de Daf- 
nia. Se ha dicho, refiriéndose al Arte de trovar de este insigne amador 
de la poesía de Provenza, que D. Juan I solicitó permiso del monarca 
francés, por medio de una embajada solemne, para que dos mantene- 
dores de la Academia de Tolo^a, viniesen ¿ Barcelona, á establecer un 
Consistorio, á imagen y semejanza dol de la ciudad, en cuyo limpio cie- 
lo, se cortaron las mantillas de seda de alguna de las literaturas moder- 
nas, y en la que los vates disputaban con ahygr'ia de corazón^ la violeta 
de oro. 'Siu^Kín ducumento cita D. Knriípie, pn apn'o de «u afirmación 
soberana, y en los conocidas, incluso en el diploma dado por el Atna- 
dov df la fjcntih<c'i á los poetas Anver.só y Jaime March noinV)rándoloá 
maestrci y defensores de la Gaya dortriua^ no se menta la embajada. 
Mas sea verdad ó no, lo que sí lo es, que en el ocaso del siglo xiv. pro- 
te{4'ido por ü. Juan I, establecióse en Hurcelona un Consistorio, fiel re- 
medo de acjuella fhxya compnyiyi de Trvbaíhtvs dr Tufosa, de la que 
fué iniciador y fundador priuc pal quizás, aquel Ramón do Vidal de 
Besalu que, como nuestro buen -\rcipreste de Hita, salpicó sus versos 
de picantes apólogos. 

Alfonso II, el Casto'., Pedro el dlólicd! , Jaime el Cou<jt'is{n(ioy.\ 
Pedro el Gtandí'!, Pedro ol Cereniouius(t.\ D Juan II; hó aquí seis 
monarcas arag'ontíses, h l.).< q\u! doben gratitud el laúd de marfil que 
sonase en las márgenes «Uíl r.o que dá (Mit.a, palacio y sepulcro de 
diamaut»' á la más s.Mitinit ntal de las llores y el /''>•^^i• 'jetfí di- To- 
losi'. sirviéndome do la fras.» de Cardinal. í^us nombres merecen ser 
recordados con cariñOj en Arles, donde quizás tuviel D.inte un.i de 



'■«tt vialones mis aublimea j se eneontrA In Venus iiue ha il«da A ea- 
noeer los oelu i los da Milo y MtdieU: en Nine* quo tiene, entre 
otroa BtraatíTes, el de bu belllsimn coloaoa; en tu fnlilB del Vantur; 
m los entinas paetijudns por Iradicíontis, cual ta de In Curelira-Hada 
y In Cubra rf* Oro; *n In pañii do Bnuai en los orillns del Onronii 
<r itel Rddiíao qur nlumbra ol to] de rosn, de (opacio é de púrpura, 
Mgun loa boma Jel día, que eatnaUn en Tnlesa, las torrea de S. Sa- 
tuntioo 6 lude In íglexiii.if* bi Cfliirodi que sirte de tumba ft Qo- 
dolin ,v 6 Clemenaia y que alumbra lodo ese país, de que es adorador, 
un jSvan ft quien el porrenir guarda la cornns de grna poeta, que 
obtendri, perseverando en su propAsito da merecerla Aludo i mi oa- 
rí&uin HUiijfo Hmilia AUare, que con pincel tan brioso, ha pintado la 
nunrlA de D Pedro II, en aquel Ouedalete de ti HÍEtoria de Proven- 
ía, que ae llama combate de Murot. 

i'ift- 36i -FiKrD d£ Cnisinyuíl — Acredítanos la existencia de unk 
puhluion hebrea, ea la margen mis célebre del Jalen. Compruíbaol^ 
preoioaoo documentos, que Amador de los itias exhibe, en su monumen- 
tal HUtúrin de loa Judíos. CendC dn Uonenu, considera t Calatayud, 
tCabn^l-Vthud/ como da orlgon hebreo, ai^niüeando bu nombre, Coi- 
$tíb> át ím Judío: Los historiadores y geAgrafos írabca. taponen m«- 
tiometano a Caladi Agub 6 bien sea al Canillo it> Á¡/vb. 

Kl Fven que motiva eaii nota, tiene deuda do agradecimiento, no 
manor, que coa el mslograilo Senchei Ruano el de Salamanca, con 
D. V. Lttuenle, uno de los hombres que mas han ilustradn en este siglo, 
el nombre de Aragón. 

Ftg 12, Fr. luíi da Atiago. El mía activo y discreto de los bihliAlilaa 
maderDoa, O. Bartolomí J, Gallardo, juntando la» poosias del maldiden- 
t> Vlllamedlena, que te rcrertan al antiguo Inquisidor, después da ha- 
ber leído y releid» el Qu(/i"', súspechú que Aliaga pudiese ser el enea- 
biarto Avellanaila. El amor propio de los doqtoa, venia picada desde el 
aiglo antrriocy ya Pellieer, había desembrotadoel camino, persiguiea- 
Ja la clave del euigma. La curiosidad quedo satisfecha muy Inego* 
D. Adolto de Castro, ya en \8\S, proaunciú el nombro del Conreaor ila 
Felipe III, como Rinúnimo de Avellaneda y atribuya el deseubrimiento, 
■w «in i|ae Oallardn ae agraviase, í Cavaleri, Como D. Cayetano Ro- 
taell, D. Aureliano Feruandei Querrá, en su biografía del P, Aliaga 
djoe y In razona, que el audat que oaá conUnuarel más original de lo« 
libroa, fué el ramoso aragauéa, que ijuevedo j'uigA y retcatí de mano 
nwNtra y del que nos dan noticias, Cabrera de Cúrdoba, Blosoo do 
• y U. IgnacioCamon, A quien debemos unas Mfmriít 
^ 3a ZwkKiiza. 



376 

Los eruditos m&s respetables, señalan hoy eon segaridad, los puajes 
de Aliaga y de Cervantes, que explican y comprueban la obaervacion 6 
conjetura indicada. 

Pag. 100, nota; Cansos ds la trozada contra ^Is sr^'ss d* Albegát. — Mu- 
cho se ha discutido, acerca de quién sea el autor de este poema, que 
me atreveré ¿ llamar carlovingio, por su ritmo y por su forma narrati- 
va y descriptiva. Raynouard , dando crédito á lo que la canción dice, en 
su comienzo, lo atribuye á Ouilheny vn eler qus fo en yavarra, & Tuésh 
noiritf pois vint á Alontalbá, 

Pauriel asegura, que el autor nació en la comarca meridional, exten- 
dida entre el Pirineo y el Ródano; Campillo sostiene, que fué eepdkol; 
Mil¿ sospecha, que fué un tal Guillermo, trovador errante, hijo de Es- 
paña, oriundo de Qascu&a y establecido, en un barrio franco, de Tude- 
la quizás; y Pablo Moyer, ha pronunciado la última palabra en esta cues- 
tión, probando, que la parte primera del poema es obra le Guillermo de 
Tudela, familiar del Conde Balduino; y que la segunda es obra de on 
trovador tolosano incógnito. 

Pag. 148, La Gran Conquista de CZ/framar.— «Bl reverso de D. Alfon- 
so el Sabio fué D. Sancho el Bravo, su hijo. Sus dos nombres los califi- 
can. Faltóle al padre la bravura que al hijo lo sobraba: hubiera hecho 
mucha falta al hijo, una parte siquiera de la sabiduría del padre.» 
Quéjase con justicia, el insigne Amador de los Rios, de que el no me- 
nos insigne Lafueute, llame indocto, al fundador de la gloriosa Uni- 
versidad do Alcalá, siendo monumentales las producciones escritas por 
la pluma (le oro de Sancho IV' ó traidas al habla do Castilla, por su 
mandato. Una ele éstas es, la Grand Conquista de Ultratuar, que casi 
todos los historiadores suponen publicada, con el nombre del más sabio 
y desventurado de los Revés. La Academia de la Historia, en un Infor' 
me luniinos.siino, la adjudicó al hijo de 1).' Violante, de acuerdo con lo 
que se lee en los códices mas viejos y on el iníinuscrito, que con solici- 
tud se guarda, en la Biblioteca Nacional y que es coetáneo ó muy 
poco posterior á D. Sancho. Dada esta circunstancia; dado que en las 
páginas de ü. Alfonso, no hay alusión alf^^una á la citada obra y sí en 
el Libro de los Castigos; es inneji^able, que fué familiar, antes de 12ií2, 
al rebelde sucesor del Conquistador de Murcia, la Estoria de Ultramar^ 
conocida después por el título de Grand Conquista] en cuyo trazado 
entraron muchas tradiciones romancescas de diversa índole, la Historia 
de Guillermo de Tiro, el S}icrnlu>n de Beauvais, del que S. Luis regaló 
un precioso ejemplar á 1). Alfonso, la Cránicn tui-jiina, declarada autén- 
tica por Calixto II, según Tirabos.'Jii y traducida al francés, ya en 
tiempos de t'eiipe Augusto, por M¡gu».'l de Harnes. 



377 

Bsto QO obstante, hay «n l« abra origÍn*>id>d, ya qus na alteza hi*- 
tíriea, como Puymaigre bs demostrada. Orig'"^' ^ °' Caballarn dal 
Ciace 7 bd «1 Ooilorccda, aon tan visibles laa líneas y el coatornu del 
^ua pintura el Tasea, como b aean, en el Qíottg, Los dalineamientoa de] 
genio rofnÉlic». 

Lo Oraitd Cnnqtiiita il§ Ultramar ea una prueba del eeplendor. 1 qU' I 
mtreod al «abjo hijo áe S. Fernando lleg-á la lengua, en tos días ¿a 
D. Sancha, y para no manchar plagiAndoW, las pUgiiiDi qus Ama- 
dor de los Ríos consa^a A enla obra, en la suya monumental, Ina 
reeomiendo al lector. 

Vig no. La CoroiUHa — Eal& deapreciativa fraie, inventada quiíts 
por algan émulo del Tanio menla. deaeoaa de que ae olvidara que Ara- 
gón trajo en lúe nupcias con Coatllla. piDgQe dote de reinos y marea, 
no goia ya del favor público. La unión de loa dos reinos, es universal- 
mente juzgada, como providencial. 

Pig, aCS; Coplai lie MinffO Rtrulgo.—En favor de In palernidnd ds 
Bodrigo Cola, no aoa muy sAlidss las raionee aleg-ndas; y la condi- 
doQ de conrergo de este, su fama de relapsa y la acritud coa que k 
trata en laa Coplni ft los judloa, no bncen muy veroaímil que el autor 
di! ellaa, sea el personaje iudicado. Asi opinan críticos muy sesudoa. 
No ba fallado quien baya alribuido tan amarga composición, al Konio 
espabo!, Juan de Mena. El Cronista y Secretario da cortas Istinss de 
D. Jnan II, muríé altos intea deque aquella fuese eacrita. El P. Mariana, 
refiriíndoaa í Hernandn del Pulgar dice, •Irovii unos coplas muy arti- 
fieioaaa qii« llaman de finito Revulso, en que calla su nombre por el 
peligro que lo corriera, etc ■ Sarmienta, aludiendo al Secretario de loa 
Reyes Conquista i o res da Granada, i^omenurista de loa Copiai, indica, 
que •sola et poeta ae pudo comentar i si mismo, con tanta claridad y 
no otro alguno , y solo el comendador pudo haber compuesto aquellas 

Bl Sr. Amador de los Rioa oree, que ea un miaterío, en la historia d« 
la Literatura, el nombre del autor, que con tat ingenio, sotiriiú k corte 
Mrrompida da D. Enrique el Impettiiu y censuro i Ib Egpaba, que coa 
inaedumbre, sufría tos escándalos del modo, 



3f78 

He terminado mi tarea, que no ha sido otra, que la de orde- 
nar los vocablos, contenidos en la primera edición de este Dic- 
cionario, teniendo á la vista un ejemplar impreso, abundante 
en adiciones de letra del autor; y los contenidos en un cuader- 
no, que encontróse entre los papeles de éste y en cuya primera 
lioja se lee, Apéndice para enriquecer la segunda edición del Dic- 
cionario de toces aragonesas publicado en 1859 por D, Jerónimo 
Borao. (Vocabulario^ inás de mil voces de aumento). En la Intro- 
ducción se han hecho las adiciones y enmiendas que Borao ape- 
tecía y que dejó consignadas, en el aludido ejemplar impreso y 
en un manuscrito, que la familia del eminente catedrático pro- 
porcionase, á la Comisión encargada de la parte directiva de 
esta Biblioteca. 

Kn el Prólogo que precede á este libro, no pretendo ofrecer 
novedades. Ni cómo! 

La filología crítica es una ciencia nueva, muy difícil en todas 
partes y principalmente en nuestra atmósfera de vida: el hori- 
zonte de sus indagaciones ha crecido: sus problemas en- 
lázansc, con los más altos de la filosofía y la historia: sus esta- 
dios, de tendencias las más severas, rechazan las indómitas 
fantasías. La filología crítica y la filología comparada, han 
enlazado de tal suerte la existencia espiritual de las edades, 
que la lengua Eva, ya nos satisfacemos con que lo sea la helé- 
nica, ni la latina, ni la Zeiul, ni la sánscrita, ni la védica; y 
sus arro<j:ancias son tales, ([ue han osado aspirar á reconstruir 
los idiomas primitivos del Asia. 

Laboriosas, con una laboriosidad incansable, ellas lian dado 
relieve material á las enseñanzas de la Metafísica y de la Filo- 
sofía de la historia; lian recogido la semilla primera de las len- 
guas; viajan sin cesar por el mundo aryo, por el semítico ó 
por el indo-germánico: si llegan á un sitio en el que la erudi- 
ción no se atreve á p:is!ir íuielaiite, toman la razón por guía y 

tienden el cable de la hipótesis cientíílca; y renuncio á 

continuar, porque la eniimenicion de sus merecimientos, sería 
interminable. Khívadas la filología y la lingiiística á la catego- 
ría de ciencias, nos han pagado tan merecida honra, recon- 
ciliando la historia moderna con la historia de la madre del 



3M 

hombre , de Ib que érnmos tiijoa de muldicion por el exclu- 
bítíbido greco-rom a do. Con la sinceridad propia de mi Rnr&c- 
ter declHro, que mi cabeza no es tan firme, que pueda coatcm- 
pltir esns alturas, ein senlir vértigos. G: "tJES si tengo ingenio 
pam comprender, el grttnde de unLeipsius, de im Schvvartz. 
de un Bunaen, de un Denfey, de un Gesenius, de un Furst; 
gmcins si para admirar el de iadianiatas como Pictet, Colebro- 
oclc d Eíawllson; gracias si para saber que Julien, Max. Mu- 
llera Knlíclicr han consagrado al estudio de la Gramática cbi- 
na, horas que uuuca serán baslante bendecidas; gmcias ai pars 
pedir la piilma do oro que merecen, loa Lenormant, Dundier, 
Fick, Bournouf, Hovelacque, Glaire.Regnier, Littre, Dieü. Gn- 
yangos. Moreno Nielo, los fliólogos en suma, que han conver- 
tido en ciclo-maestro, el aun no cerrado de la Cdad Moderna. 

Lo escaso y vulgar de mis eetudioa solo me ha consentido 
repetir, y no bien, anttguot juicios para refrescar antiguas 
im presiones. 

Y al soltar la pluma y dar gracias & Dios, que me ha permi- 
tido terminar mi faena, me pongo b¡ amparo de eso amigo 
oculto que se llama público, benévolo í fuer de ilustrado, con 
los grandes deseos y la buena voluntad. 

Zaragoza 23 de Diciembre de 1884. 

P. S. y G, 



L HomBiui^ i A.ngDU in 

n. D. Jerúnimo Bonti uij 

m. DiuiUDiiBriD út Tücw ArufimHafe xxxxt 

I., ] 

II -ÍP 

'VocABiüJJn^ 141 

XüTAf SGJ 



ERRATAS ZMPORTASTZS 



Lénw vil la }iá^. o-; Uioju 

Icni BQ euc Biivat..... 



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