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Full text of "Diccionario historico-biografico del Peru"

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DICCIONARIO 



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FORMADO Y REDACTADO 




OR MaNU£L DE.ffENDIBURU 



PARTE PRIMERA 



i 



Ql-'K COK.Ii.E»I»ONDK A LA. KI*OeA. 

DE LA DOIIMACIOK ESPAMA. 



HifttoriA vrro téstia temporil m, hix 
v«ritatÍH, vita m«mori«,ina¿ÍBtra vitíu, 
nuntla vetustatíB. 

Cié. De oraiorfy lih, 2, cap, D. 



TOMO TBRCEM. 



LIMA: 

IMPBENTA DE J. FRANCISCO SOLIS, 

PLASDBLA DR SANTO TOMXS M<.> 855. 

1878. 



• . • ' • í 



. • 9 






D 



^ilPIBEBB «DILLERMO— Nació eu 1652 eu el condado de Somerset. 
Hizo do8 vii^es al rededor del mando: el 1? de 1673 á 1691: oomensó el 2? 
^n 14 de Enero de 1699 y volvió á Inglaterra en 1701. Eu 1704 empren- 
dió nuevas esoursiones que concluyó en 1711. Había publicado en Lón- 
dreSi en cinco volúmenee, la colección de sus vi%|e8. Se le debe tam- 
bién un tratado curioso de loe vientos, mareas y corrientes. Este viaje- 
ro vino al Pacífico en 1708 en nniou y de principal piloto, del corsario 
Wodes Soggiers que tantas hostilidades hizo en estas costas y que in- 
vadió y saqueó á Guayaquil en 1709. — ^Vóase Wodes. 

5A?AiiOS. — ^El Djeu D. Jos6 Manübt. — Médico natural de Lima. Fué 
nombrado primer catedrático de Botánica en 1796. Publicó en Pa- 
rís un tratado de enfermedades frecuentes en el reino del Perú. Cian- 
do Dávalos recibió la insignia doctoral en la Universidad de Montpe* 
ller, en el discurso que pronunció, afio 1788, dedicado á la Ciudad de Li- 
ma, la vindicó de las temerarias calumnias escritas por Cornelio Paw eu 
descrédito de los peruanos. — MMCurlo Peruano, tomo 3? pág. 122. Pa- 
peles varios, biblioteca de Lima, — ^tomo 2? pág 102. — Véase— -Pa'w^. 

•A?ALOS~El CAPrrxN D. Qxi. Bakikbz— natural de Baeza de Casti- 
lla, y que vino al Perú con el virey D. Antonio de Mendoza. Fundó la 
ciudad de Cuenca de orden del virey D. Andrés Hurtado de Mendosa 
marqués de Cafiete, en el aSLo 1557. Este mismo le ordenó la conquis- 
ta y reducción de Quijos y Macas, que llevó á efecto Davales. Fundó en 
Qu^OB la capital de Baeza en 1559; Arcliidona, Avila, Logroño y otros 
pueblos; y el de Sevilla del Oro, ó Macas, capital de este distrito. £1 mar- 
qués de Cafiete ea carta de 3 de Noviembre de 1556 dir^ida al rey, tca- 
iando de este luucionario se espresó así: ''Gil Ramírez Davales, va de 
^ justicia mayor á Quito y lleva un teniente letrado. Tengo informa- 
^ cioa de que es hombre de bien y de buena conciencia y c^ado toda 
** su vida con el virey D, Antonio de Mendosa. Lleva comisión de re- 
" formar aquella provincia por rasen de estar todo perdido: él creo lo 
'' hará bien, porque tuvo buen maestro. También tuve atención á que 
** está aquella provincia muy desviada de esta ciudad, porque hay mas 
'' de trescientss leguas de una parte á otra; y por esto le alargué la co- 
^ misión en esto, y en que pueda conocer y hacer Justicia en mil pesos: 
*^ mad délo que solia tener, por quitar molestia y costa á las partes y 
*'' que qfecute, y el apelación venga á la Audiencia." 

D. Gil Ramires Dávalos habia sido corregidor del Cusco en tiempo 
de las alteraciones ocurridas en Chnquisaca, (1563) y cuando los eu- 
comenderos pedían la revocación de una instrucción dada por la Au- 
diencia de Lima que estaba en oposición ásus intereses. Dávalos empc- 
fiado en cumplirla, rompió un memorial que acerca del asunto le pee- 






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sentó el capitán D. Francisco Hernández Girón, cuyo iiecho desairoéc^ 
ofendió tanto á este, qae se creyó había contribuido á precipitar la re- 
volución que á fines de ese mismo afio estalló en el Cnzco. Al tratar de 
ella los conjurados, pensaron en que Nnfio Hendióla se aoerease al oor- 
regidor Dárálos con un preteeto y le diese una pufialada. Esto no tuvo 
efectOi pero en el acto del lerantamienta, Davales ñié aprehendido y 
prirado de sus papeles: después sacándolo de la ciudad, lo abandona- 
ron á distancia de 20 leguas para que hiciera lo que quisiese, sin haber 
tocado en lo menor á sus propiedades. 

Gil Ramírez Davales se vino á Lima y militó en elejórcito del rey á 
órdenes de la Audiencia Gobernadora en la campofia que terminó con 
la derrota y muerte de Girón. 

El virey marqués de Cafiete dio cuenta al rey en carta de 3 de no-' 
viembre de 1556 de haber mandado i^usticiar á los 17 que fueron á 
prender á Gil Bamirez cuando la revoluciofi de Girón, y de estos diee? 
" espero cada día que venga el golpe, por que allí donde nacen las 
'* alteraciones, hay necesidad que allí parezca la ejeoueion de la Justi- 
" cia y el castigo " 

De la suerte posterior del capitán Gil Ramirez Davales no hemos po- 
dido recojer noticia alguna.— Véase Diaz de Pineda el capitán D. Gon- 
zalo— ráu0 Vaca de Vega^ D. IHego^^ CHrán, D, Franaiaeo J3termmde0, 

MfALOS T FI6IJEEM— D. DivGO— Escribió un libro que titula 
''Miscelánea AustraV' dividido en coloquios: dá razón de los árboles y 
abundantes plantas salutíferas del Perti. Calancha tomo 1? pág. 59. 

•AfALOS T RITEU— D. Juam— Conde de Casa Davales. Nació en 
Lima en ltí96. Era vindo y sin sücesiou el afio de 1755 y pretendiendo 
contraer segundo matrimonio con D? Mariana Bekunoe joven de 1^ 
afios de edad, encontró apoyo en una tia de esta, D? Margarita dé Mur- 
ga y Mnñatones, que era además su madrina y tutora, por haberla dejado 
en la cuna su finada madre D? Rosa de Salazar y Mufiatones viuda de D. 
Juan Bautista Belzuuce prior que fué del Tribnnaldel Consulado en 1748. 

El conde había heredado á su primera esposa y poseía la hacienda de 
Cali en el valle de Cafiete y otros considerables bienes. Apesar de sus 
cualidades personales, D? Mariana Belzuuce no fué gustosa del enlace 
á que BU tía la obligó con violencia. Negándose por completo á unirse 
á su marido, dio lugar á que el asunto se ventílase en los Tribunales 
Eclesíástioos: cansa célebre por muchas particularidades notables ea 
que defidndió, por parte de ella, la nulidad del matrimonio el sabio Juris- 
consulto D. Pedro José Bravo de Castilla. Corre impresa la importan- 
te alegaoion que escribió llena de doctrina y de pruebas, la oual es par- 
te del libro que con título de ''Colección Legal" de obras del misma 
autor, dio á luz en 1761 D. Felipe Colmenares Fernandez de Córdova. 

D. Juan Ensebio Davales caballero de la orden de Alcántara y que 
tenemos entendido era hermano del conde de Casa Dávalod, siguió la* 



DAV 3 

eürrera militar y tavo diferentes mandos de tropas en Lima: el afio de 

17S25 se hallaba de general reformado segnn aparece en un docomento 

de esa época— Fáu0 Casa VdvaJM, Conde d»— 
•ÁTALOS T RIUBEA— D. NigolXs— Táue Sania Ana de las Toms— 

Cande de — 

MTI^—Eduardo, natural de Flandes. Vino al Pacífico por el Estrecho 
de Magallanes con una fragata de treinta y seis cafiones (la Tigre) y 
otras dos de menos fuerza; todas con tripulación inglesa. El virey du- 
que de la Palata recibió aviso del presidente de Chile D. José de Garro 
en 12 de Marzo de 1684 de que dichas nares se dejaron ver en aquella cos- 
ta. Reuniéronse á David en las islas del Rey dos espediciones de filibus- 
teros franceses que hablan penetrado por el Darien y atravesado sucesi- 
Tamente el istmo de Panamá^ proveyéndose luego de embarcaciones. 
OoH «ste refuerzo y con un brulote que preparó, empezó á hostilizar la 
cesta y naves peruanas. £1 virey envió contra él una escuadra de cuatro 
biseles y dos brulotes que se aprestó con no poca demora y cuantiosos 
.gastos. Salió del Callao el 7 de Mayo de 1085: en ella iba el general de la 
mar del Sud D. Antonio Beas á órdenes do D. Tomás ParavicinO; cufia- 
do del virey y general qne era del Callao á quien acompafió alguna no- 
bleza de Lima, y como maestre de campo D. Santiago Pontejos qne habia 
«ido también general de marina. Después de desembarcar en el puerto 
Perico los caudales del rey y del comercio de Lima que debían enviarse á 
Portobelo, salió la armada en busca del enemigo; y encontrándola en las 
Inmediaciones de dichas islas del Rey, se empefió un combate el dia 8 de 
Junio de dicho afio, y cuando el pirata estaba ya muy apurado, faltó uni- 
dad en losespafioles, á cansa do haber muchos que mandasen. Merced á 
esto, el enemigo logró emprender la huida á qne se vio precisado. En» 
tónces se separaron de David los filibusteros, y se dirigieron unos á las 
costas de Méjico y otros alas de Chile, con intención de salir por el Es- 
trecho de Magallanes. — ^Véase deas, D. Antonio— Véase Filibusteros-^ 
Véase Marcerty. 

La escuadra espafiola se retiró á Paita y por un grave descuido se in- 
cendió la Capitana; perecieron 400 hombres, y solo salvó en nua tabla 
nn hijo del general Pontejos, llamado D. Pedro. En cuanto á David, oo- 
mo no le persiguieron regresó á continuar sos correrias; saqueó los puer- 
tos de Guayaquil y Paita, los de Santa y Casma y la ciudad de Safia en 4 
de Marzo de 1086. En ella murió el Dr. D. Andrés de Estrada de la pena 
que le ocasionó la pérdida del caudal que le fué robado. Estrada fué un 
sugeto de bastantes luces y mérito. En Casma, David hizo matar al cu« 
ra creyendo qne resistia declarar donde tenia su dinero. Segnidamento 
vino á Huanra donde hizo mas robos: tomó prisionero al alcalde D. Blas 
de la Carrera qne se le habia opu&<4to; pidió por su rescate una crecida 
cantidad, y como tardase en recibirla, le hizo cortar la cabeza que eo^ó 
de un peñol. T-ambien hizo morir á tiros de fusil al P. F. Francisco 



4 DAV I 

Fernandez de Casaaola. D«spuo6 de saquear la villa de Cállete, paaó á 
Pisco y desembarcó en Paracas en 11 de Junio de aquel alio. Los espa- 
Aoles saliendo del fuerte marcharon á contenerlo, y aunque le mataron 
. alguna gente, viendo la superioridad del pirata, se volvieron á sos trin- 
cheras, donde después de resistir el ataque que se les hito desde los te- 
chos de las bodegas, tuvieron que rendirse y quedar prisioneros, ha- 
biendo muerto un clérigo y otras personas. David les di6 luego libertad 
mediante veinticuatro mil pesos con que se contentó, despnes que habla 
exigido de ellos ochenta mil. £u momentos de pasar todo esto, acudid 
gente armada do los campos Teoinos, y se empefió nuevo y último tiro- 
teo en que ambas partes tuvieron pérdidas. David entonces dejó á Pis- 
co, y navegando hacia el Sud, encontró al navio mercante "Santa Cata- 
lina" que mandaba D. Gaspar Bernabé de Mansilla. Este se sostuvo por 
einoo horaa, y habiendo muerto en el combate, siguió peleando sn se- 
gundo D. José de Mendieta, hasta que no pndiendo hacer mas, varó el 
buque en la costa para que no lo tomara el enemigo. David abandonó 
en aeguida las aguas peruanas, porque supo que estaban próximos á sa- 
lir del Callao en demanda suya, los buques que habla armado el oomer- 
•lo de Lima, y se dirigió nuevamente á la costa del Norte. 

£1 puerto de Pisco tenia por gobernador á D. Juan de Villegas corre- 
gidor de lea y militar de crédito, y oomo hubiese hecho observaciones á 
la orden qne se le dio de enviar al Callao los oafiones de aquella batería^ 
el virey le hizo traer preso. Así es que cuando ocurrió el ataque de Da- 
vid entendió en dirigir la defensa el Justicia mayor nombrado D. Ven- 
tura de Izásegui déla orden do Calatrava. 

MTILA-^El ucenciado D. Antojo— Presbítero natural y vecino 
de Liipa. Un indígena llamado Juan Cordero, queriendo favorecer á loa 
indios qne salían curados del hospital de Santa Ana dándoles descanso 
y desahogo, emprendió, sin tenor muchos recursos, la obra de establecer 
un hospital de oonvaleoenoia. Muy al principió se hallaba, cuando acae- 
ció su muerte, y entonces el presbítero Dávila resolvió llevar á cabo la 
fundación de dicho hospital. Invirtió toda su fortuna en continuarla 
ftfbrica, pasó á vivir en la casa, y consiguió formar una especie de her- 
mandad do personas que con sus limosnas cooperaran á la realización 
del proyecto. El capitán D. Juan Bezerra había donado un local fh>nto- 
rizo al Cercado, y en él por devoción del citado Cordero se daba culto á 
la Virgen del Carmen, cuya denominación tomó el hospital que estaba 
al lado. Por Setiembre de 1668 principió Dávila la fábrica de una igle- 
sia; y en 1672 hizo cesión de todo á la comunidad de Belethmitas TBar^ 
bones) aprobada por auto de 2 de Marzo espedido por el gobernador del 
arzobispado Dr. D. Estovan de Ibarra.— Véase — Cruz— ^ Padre Rodri» 
go de la— Tomo 2?. pág. 465- 

Otra fundación verificó Dávila no monos importante á la humanidad: 
la de un hospital de convalecencia para los clérigos que se asistían eu 



» DAV 5 

el que Im^o el nombro do San Pedro se creó on 1594 por una hermandad 
de saoordotee bi^o 1a protección del arzobispo Santo Toribio. Aquella 
casa, objeto de loe desvelos de Dávila, estuYO situada en la calle de San- 
ta Clara á Meroedarias, donde ademas del claustro y celdas, fabricó una 
ciapilla. Este hospital se suprimió afioe después, á pesar de haberlo pro- 
tegido el Dr. D. Pedro Yillagomez provisor del arzobispado. — En el arti- 
culo ^'Biero — el Padre D. Alonso" damos razón de cómo se incorporó di- 
cha convalecencia al hospital de San Pedro, qTie desde tiempo antes se 
habla puesto á cargo de los padres de la Congregación de San Felipe 
Neri.— Vóase— Soto^-el capitán D. Juan E. de— 

MTILA— D. Pkdbo Franco-— No hemos podido descubrir con certeza 
si naeió en Lima, eomo han dicho algunos, ó en otro lugar del vireyna- 
tOy ni la familia á que perteneció entre las diferentes que llevan ese ape- 
llido. Alcedo en su diccionario geográfico americano indica que fué na- 
tural de Guayaquil. Publicó en 1767 en tres tomos, el oatilago de laa 
preciosidades que contenía su gabinete de historia natural tan celebra- 
do en Paris donde vivia. Disfrutó allí por veinte afios del aprecio de mu- 
chos sabios europeos, y después pasó á Espafia llamado por el rey Car- 
los 3? con el objeto de que fundase y fuese el primer director del gabi- 
nete de Historia Natural. Falleció en Madrid en 1775. El Padre Roselli 
escribió desde Boma un elogio de Dávila refiriéndose al catálogo ya cita- 
dO) para demostrar que era falso é injusto creer, que los espafiolesno te- 
nían noción alguna acercado las producciones de la naturaleza. ]Bn el 
gabinete de Dávila» ssgnn las noticias dadas por dicho Roselli y por 
Adanson, se encontraban reunidas admirablemente las mas raras y esti- 
mables prendas de los reinos animal, vegetal y mineral. £1 primero re- 
comienda en las notas de su Filos, tomo 4? pág. 184, las curiosidades ter- 
restres y marítimas, y la gran abundancia y ordenada clasificación en 
que se hallaban las piedras minerales ^: el segundo, que no quedó corto 
en sus alabanzas al peruano Dávila, d^o que sn museo era el mas rico 
que ningún particular hubo formado: que seria muy sensible que esa co- 
lecoSon fiíese desmembrada y dispersada en diversos otros, y que ojala 
la adquiriese algún soberano, tanto por sn magnificencia, cuanto por pro- 
curar el estudio de los infinitos objetos que encerraba. De la obra de 
Dávila y sn museo, se trata también en el "Ensayo de una biblioteca" 
de D. Juan Sempere y Quarinos, vol. 1? pág. 243. 

MVILA—Bbavodb LAGUNA— D. Fsrmando— natural de Limsr^a- 
balleio de la orden de Santiago. Siguió la oarrer.» de las armas en Espa- 
fia con buen crédito. Fué sargento general de batalla y mairiacal de 
campo, presidente y comandante general de tierra firme en 170S, y íSUle- 
ció en 1707. — Hace elogio de sn mérito militar D. José Easebio LUno 
Zanat^ 

Uf lUL Faloon^kl Dr D. Josi— natural do Huánuco.— Estudió en 
Lima y obtuvo por oposición casi todas las cátedras de la Universidad de 



6 DAT— DAZ 

Son Marcos de qao fué rector en 1675, y en cuyo salón principal esttf sn 
retrato. Ooapó la canongía doctoral én el Coro de esta Iglesia Metropo- 
litana; ascendió á la dignidad de chantre j desempefió el cargo de pro- 
visor y vicario general del arzobispado en 1671 y posteriormente. Sirvió 
de maestre de campo del claro de Lima por nombramiento de la aadien- 
cia gobernadora con motivo de la guerra con la Gran Bretafia en 1673, 
7 alistó 850 olérigod.— El Dr. Dávila Falcon fné muy caritativo y esti- 
mado por sn modestia: mereció macho crédito por su capacidad, Inoes 
y Jnicio. 

5AflLA 16 Avila] D. Oil González —natural de Avila—Fué fami- 
liar del cardenal Deza en Boma donde estudió con mucho aprovecha- 
miento, y ¿ sn regreso á Espafla tuvo mucha aceptación como literato. 
Se le hizo racionero de la catedral de Salamanca donde en breve publicó 
la ^'Historia de las antigüedades de Salamanca" alio de 1606, Nombrado 
cronista real de Castilla, sucedió en 1612 á D. Tomas Tamayo en igual 
cargo por lo tocante á las Indias. Dio á Inz en 1611, la ''Vida de D. Alon- 
so Tostado de Madrigal obispo de Avila.'' El *'Teatro de las grandezas de 
Madrid" publicado en 1625. ''Vida del rey de Castilla Henrique 3? 1638." 
'Teatro de las iglesias de Espafia" Madrid 1640: y por último el 'Tea- 
tro eclesiástico de las iglesias de las Indias occidentales" sus arzobis- 
pos y obispos, y cosas memorables, dedicado á Felipe 4?, impreso en dos 
tomos, en 1645 y 1649 y de cuya importante obra hemos tomado algunos 
datos para la presente. Dejó otras inéditas, entre ellas la vida de Feli- 
pe 3? Era Dávila un escritor incansable que atn^o los elojios y admira- 
clon de los sabios, que respetaron su talento y virtudes: fné el primero 
que escribió de la bistoria eclesiástica Americana. Lope de Vega honró 
BU nombre en el '^Laurel de Apolo." Falleció en 1658 á la edad de 88 afios. 

•AZA— D. CRiSTOVAír— Fné un distinguido pintor que tuvo Lima á 
fines del siglo XVII, de cuyo pincel se conservaron algunos cuadros, de 
ellos uno de gran mérito representando la huida á Egipto, el cnal exis- 
tia en la Catedral. 

0A2A T PiTAREOTO— Fr. Alejo— natural de Peñaranda en Espafia. 
Vino al Perú en 1535. Fundó el convento é iglesia de la Merced de Are- 
quipa de 1548, según opinión de muchos; y llevó un lienzo de Nuestra 
Sefiora de las Mercedes que estuvo colocado en el primer altar, y que 
aun se conserva en otro del templo. Se sabe que el sitio en que se halla 
el convento, lo dieron D. Francisco Rotamoso y su mc^er Da. Violante 
de la Torre y Padilla. El templo actual fné consagrado en 29 de Abril de 
1740, por el obispo auxiliar de Lima D. Fr. Francisco Galiano. En este 
convento hubo un colegio titulado de San Pedro Nolasco, en el cual es- 
tudiaron muchas personas not-ables; entre ellas, el obispo Gk>yeneofae 
y D. Hipólito Unánue. Véase— Durana~D. Pedro. 

MBSAU VELATOS— Conobdk la— Véase, Velayos. 

t»nE8A T IXMA SIJRCU M LA tLAlf A— El Dr. D. Francisco— Na- 



DEH-DEL 7 

taral d» M^ioo: Doctor en cánones en la nnivenidad de San LnoM y 
catedrático de retórica, maestre esencia de aqneUa catedral é inquisidor. 
Fué nombrado obispo de Huamanga, donde ingresó en 1711. Falleció 
anl729. 

MMUMLfcO f MTOUTO&— XL capitán Don FBAMCifloo— Véase, 
Poente j Sotomayor—Marqnés de la — 

ML€AM — D. Aocenii RoDRiousas— Cura de Hortaleaa en el arzobis- 
pado de Toledo, obispo de Panamá en 1725 y de la Paz en 1731, arzobis- 
po de Chaqnisaca en 1743. Fué promovido al arzobispado de Lima en 14 
de Junio de 1746, por muerte de D. Josa Antonio Cevallos, el caballero; 
y en dicho aQo&lleoió en 18 de Diciembre antes de llegar á esta capital, 
y cuando ya habia tomado posesión por poder. Nombróse en su lugar á 
D. Pedro Antonio Barroeta. 

MLIÍÍB0-D. Matxo— Kació en Getafe: taé colegial en Málaga y cate- 
drático de artes y escritura: cura de Santiago de Alcalá, de S. Vicente 
de Toledo y de 8. Pedro el Beal de Madrid, y examinador sinodal del 
anobispado de Toledo. Senunció el obispado de Cuba para que fuá 
presentado; después aceptó el de Huamanga, y se recibió en 1691. Mu- 
rió visitando su diócesis el dia 2 de Julio de 1695, á los 54 afios de edad. 

MELSABO— D. BupEitTo — Vino al Perú de comandante del primer 
batallón del regimiento de Nnmancia colocación que tenia desde 1916. 
Este cuerpo en su origen fué formado en la ciudad de Barinas el afto 
1813 por el teniente coronel D. Josó Yafiez. A la llegada del ejército es- 
pedicionario mandado por el teniente general D. Pablo MoriUo se for- 
maron varios cuerpos de línea con las bases de los que existían en el 
pais. Kumancia fué uno de ellos; y quedó organizado como regimiento 
de tres batallones á órdenes del coronel D. Sebastian de la Calzada des- 
pués brigadier. Morillo habia retenido en su <yeroito una división veni- 
da deEspaOacon destino al Perú á cargo del brigadier D. José Cante- 
rao; y á causa de esto le dirigió reclamaciones el virey Pezuela, y la so- 
licitud posterior de tropas en auxilio de este reino. £s mas que proba- 
ble que Morillo hubiese tenido prevención del rey para enviarlas, y asi 
dispuso la marcha del primer batallón de Nnmancia que se encontraba 
en Popayan, fuerte de 1500 hombres. Su venida fué anunciada por algún 
tiempo, pues tuvo que vencer un camino de centenares de leguas, atra- 
vesando territorio de la Nueva Granada y del reino de Quito. 

La entrada en Lima del batallón de Nnmancia en 6 de Julio en 1819 
avivó mucho las esperanzas de los realistas. Habia dejado en Palta su 
5? compafiia mandada por D. Blas Cerdefia, con motivo de las hostilida- 
des de la escuadra argentina que obedecía al Comodoro Brown. Tam- 
bién quedó de guarnición en Tresillo la 2? compafiia con su capitán Pi- 
neda. Esta apoyó el pronunciamiento de esa ciudad á flnes de 1890, 
proclamándose la Independencia por el brigadier Intendente marqués 
de Torre Tagle. Pineda prisionero fué fusilado en Lima un afio después, 



S Mi 

caando emprendió la fliga y se le tomó en ella. No había en el ejército 
cnerpo alguno de infanteria que padiera oompararse con el de Ñaman- 
oia. Tnyo crecida fhensa de Jóvenes zobnstoe, y en lo general de baena 
catatara: con ana instrucción inmejorable y nna destreza nanea vista 
en los ejercicios de fuego: bien aniformado y con adornos de plata 
en su banda y en los morriones de sus brillantes compafiias de prefe- 
rencia. Un dia de simulacro en Lima los fuegos de este batallón admi- 
raron de tal modo, que el coronel del regimiento del infantCi D. Joan 
Antonio Monet, se dirigió al comandante Delgado elogiándole el arma- 
mento, y este le contestó, "que eran superiores á él los qae lo maneja- 
ban." Casi todos los oficiales eran venezolanos y granadinos, habitua- 
dos como la tropa Á penosas fatigas en la larga guerra sostenida en 
en aquellos paises. Nunca en sus dilatados servicios en Colombia hablan 
intentado cosa alguna eu favor de la libertad americana; algunos de los 
capitanes eran muy conocidos por su adhesión á la causa española, y 
aau habian sido miembros de nn tribunal de purificación. Pero estan- 
do eu Lima se empeñaron varios oficiales en combinar los medios de ha- 
cer un gran servicio en la contienda abierta con la venida del ejército 
mandado por el general San Martin. El principal de ellod fué el capitán 
venezolano Lucen a á quien, estando agregado al cuerpo, se le dio la 
6? compañía á solicitud del comandante Delgado. Rodeaban á Lncena 
los oficiales snbaltemos Quasch, Izquierdo, Alzuro, Alclna, Campos, etc. 
Fomentaban sns ideas algunos sugetos que se pusieron en relación con 
ellos, porque trabajaban secretamente y de acuerdo con el general San 
Martin, En breve llegaron á trascenderse los proyectos que estaban 
en embrión, y el gobierno que los penetró, dispuso la prisión de aque- 
llos y los hizo encerrar en la fortaleza principal del Callao. De allf oon- 
sigoieron fugar, y en Lima les ocultaron las mismas personas con quie- 
nes celebraban sus acuerdos. El Dr. D. Femando López Aldana los filé 
mandando al ejército del general San Martin; y también protegió la ida 
de otros individuos que servían en clases de tropa, como Cuervo, Bns- 
tamonte, Torres y otros, que por pena estaban en el batallón, habiendo 
sido oficiales en los cuerpos independientes de Costa Firme. El capitán 
D. Carlos Ortega estuvo también ligado á Lucena, pero su complicidad 
pasó desapercibida. 

Parecía cortado del todo el mal que habría podido esperarse, y así lo 
creyó el comandante Delgado, mas como advirtiese que se desconfiaba 
de sa batallón, tuvo esplioacioncs con el virey, y fundado en la morali- 
dad y estricta disciplina de aquel, rechazó toda idea opuesta á sus con- 
vicciones, según las cuales garantizaba la consagración al servicio del 
ñy de cuantos le obedecían. El general García Camba, entonces co- 
mandante de escna^ion de Dragones del Perú, habla dirigido al virey 
Pezaela en 17 de agosto de 1890, ana esposicion relativa al estado poco 
lisoBijero del ejército en cuanto al jiersonal de los cuerpos y su estado de 



DEL 9 

tnstruocion. En ote papel tratando del batallen de Niimancia dijo: *<ba- 
*^ llano desatendido en sns nocesidadee y qne no se le hacia el aprecio 
** á qne era acreedor, puee por estar habituado á nna guerra tan sin 
** igual como la de Costa Firme, debía ser la columna de apoyo del 

■<< gobierno^' terminó con estas frases: ''¡Que de sospechas me ha- 

-cen recelar de su actual entnsiasmo'l 

liOB particulares que en Lima trabajaban ardientemente por la inde- 
pendencia, lejos de desanimarse, se entendieron con algunos otrss ofi- 
ciales de Numancia, notables por sn capacidad é "influencia, y se ocu- 
paron do trazar el modo de qne aquel biearro batallón se desprendiera 
integro del ejército español reanimando así los patrióticos deseos de los 
peruanos, y anmentandoel poder de las huestes auxiliares que capitanea- 
ba el infatigable y discreto general San Martin. Sus corresponsales do 
liima lo dieron á saber nna novedad de tan alta trascendencia como la 
qne se premeditaba, y que habla en la capital quienes abrirían sas av- 
caspara hacer cualquier gasto que la empresa demandase. 

£i mismo Garcia Camba en sus ''Memorias para la historia de las ar- 
mas españolas en el Perú'', refiere qne el batallón de Numancia fué des- 
tinado á formar la vanguardia del ejército acampado en Aznapuqüio; 
'' y que este puesto lo habia pedido su jefe B. Ruperto Delgado para 
** desmentir noblemente la mala opinión de algunos de sus oficiales.'' Pe- 
ro si esto era asf, ¿como podrá admitirse que en caso de duda so hiciese 
nna pmeba riesgosa, hasta el punto de dejar & ese cuerpo avanzado sin 
otro alguno de infantería, y unido solo ft dos escuadrones? El coronel 
D. Gerónimo Valdes Jefe de la vanguardia se adelantó á Chancay con el 
escuadrón Dragones de la Union, rl 2^ do Dragones del Perú y la oompa- 
íiia de cazadores do Numancia. Los Dragones de la Union fueron allí 
arroyados por nna fuerza de cazadores montados de los Andes, manda- 
da por el capitán D. Federico Brandzen; y en su fuga los apoyó y sal- 
vó la citada compafiia de Numancia, que protegió también al escuadrón 
de Dragones dol Perú. El virey reforzó la vanguardia con los batallo- 
nes Arequipa, í¡9 del Infante y dos piezas de artillería. Valdes marchó 
á situarse en Chancayllo. y cuando iba á moverse sobre Sayan, recibió 
ónlen para qne dichos batallones regresasen á Aznapnquio con los Dra- 
gones de la Union. Sabedor Valdes de qne existía en Pescadores una 
partida de Granaderos á caballo de los Andes, la atacó por dos puntos 
con los Dragones del Perú qne la sorprendieron, escapando muy pocov 
con el teniento D. Pascual Pringúeles. 

Al replegarse Valdes de Chancay al cuartel general, se lo incorporó 
otro escuadrón de Dragones del Perú con el teniente coronel Lauda zurl, 
y sin embargo de qne dos ó tres oficiales de Numancia se marcharon al 
ejército contrario, se anticipó con la caballería y dejó á sn retaguardia 
al batallón, sin qne le alarmara aquel síntoma de peligro. El escritor 
Camba se encontraba presente; y cualquiera podría inferír, qne el ade» 

2 



10 DEL 

laatardo coa los Dragones y uua sección de «rtiUerU par» forrajeaf en 
Trapiehe Vi^O| acaso toudria el objeto de precaverse de cualquier so- 
caso. Aai los cargos hechos al virey por esos mismos Jefoa, podriaa re- 
caer también sobre ellos. Yaldes habia pedido que Nnmanoia ocupara 
ia yangoardia, y al comanicikselo al oomandanto Delgado, le d^o que 
el YÍrey se negaba á ello por desconfiaara. |Como escribió pues Gamba 
^ae Vf^des ignoraba hubiese tales reoelosf Este batallón quedó oon la 
óiden de descansar al pié de la cuesta de Huachos para seguir su 
retirada eu la noche. Se detuvo unas horas mas á instancias de los ca- 
pitones que acordaron emprender su marcha de allí mismo pare unirse 
al ejército Libertador. Antes déla madrugada del 3 de diciembre de 
I820f el capitán D. Tomiís de Hores comunicó el movimiento que iba á 
efectuarse, al comandante D. Ruperto Delgado con quien tenia amistad 
intima, y le invito é insto para que él lo encabeasase. La repulsa de Del- 
gado fué tan terminante, que se convino en ir preso renunciando á la li- 
bertad que le otorgaban los oficiales para que se volviese á Lima: uno que 
otro oficial corrieron la misma suerte que el comandante. £1 batellon pa- 
.só Á Cbaneay y allí se emburcó en los trasportes que estaban preparados 
para recibirlo y llevarle al cuartel general de San Martin. Yaldes por 
unos prófugos que llegaron Á Trapiche Viejo supo tan infausta noticia, 
pero no marchó en poraeoucion del batallón y continuo su replegué al 
^cuartel general. 

Los capitanes (^ue teuia Numancia á su venida al Perú fueron, D. Mí" 
guel LetameuUi primer ayudante, D. Francisco Jiménez de la Compa- 
de Granaderos, D. Luis IJrdaneta de la 1? D. José Pineda de la 2?, 
D Miguel Delgado 3?, D. Carlos María Ortega 4% D. Blas CerdeliaG?, la 
iy> vacante, y cazadores D. Tomlís do Heres graduado de teniente coro- 
nel. Jiménez marchó á Quito con licencia: el virey Pezuela dio la com- 
pañía de Qrauaderoe al teniente coronel graduado D. Ramón Herrera, 
^iiya colocación resintió á varios oficiales que pidieron separarse del 
cuerpo, tales como Letamendl, Urdaneta y el teniente D. León de Fe- 
bres Cordero, quienes dados de biya consiguieron pase á Guayaquil y 
allí fueron colaboradores de la revolución de aquella provincia en fa- 
vor do la independencia. Los principales autoree del movimiento he- 
oho por el batoUon fueron D. Tomás Heres, que tomó el mando y D. 
Ramón Herrera, el cual en el último momento redigo al capitán Cerde- 
ILa á seguir la voluuted del cuerpo. Todos los demás oficiales se presta- 
ron con el mayor entusiasmo á un euceso que llenó de pavor á los rea- 
listas y de satisfacción y contento á los patriotas que en Lima arrostran- 
do peligros, habían promovido y fomentado la separación de Numan- 
cia del ejército espaHol. En 1? línea figuraron en aquel grandioso plan 
Jos Doctores D. Fernando López Aldana, D. Francisco Javier Mariate- 
.guiy D. Joaquín Paredes, algunas selioras, que como otras personas coo- 
j^xaroa rcnpecti vamente, y D. José Mansueto Mancilla que empleó recur^ 



DEl 11 

BOB de dinero suyo para algunos gastos, y creemos no le ftié reintegrado 
6 reconocido deapnee en su totalidad. 

£1 gdneral San Martin recibió bondadosamente al comandante D. 
Rnperto Delgado^ el cual se diri^^ió á Chile: nombró áHeres Coronel del 
batallón Numancia, á Herrera Teniente Coronel y á D. Miguel Delga- 
do Sargento Mayor. 

£1 historiador García Camba so espresa en los términos signientes (To- 
mo 1? pág. 355.; 

"La deserción del batallón de Numanoia, único de sa arma qae se de- 
'* Jó en la vanguardia, ciuzndo era notorio, y al vwoff 9e le kábia r ep r e s e n tado 
** el mal eepiritu de la mayor parte de en oJioUUidad, servia de grave apoyo 
'* á las coivJetnnis, fomentadas probablemente de intento por los inte- 
" resados en la desunión de los leales. Pero la Justicia con qnese des- 
'* confiaba de la oficialidad de Numancia, y las desastrosas consecnen- 
" cías de la perdidu de este cuerpo, han sido confirmadas por los mis- 
" moa enemigos. £1 3 de diciembre dk» Mr. /SMmmiimmi, el batallón de 
" Numancia con 050 plazas d^ó el servicio del virey de Lima para pa- 
" sar al de la patria, y se unió á nu destacamento del «¡Jéroito Liberta- 
'* dor enviado ú su encuentro á Retes en el valle de Chanoay. Preee- 
*' den temen te Labia habido al efecto una correspondencia secreta entre 
'* sns oficiales y San Martin, quien les hico muchas promesas qne dea- 
" pues no les cumplió. La perdida de ana parte tan importante del 
" ejército real, fué muy sensible á Peznela y á todos los españoles de 
*' Lima, y vino á servir de refuerzo muy considerable al ejército Li- 
" bertador." 

D. Ruperto Delgado recibió el grado de coronel en diciembre de 1819, 
con ocasión de los ataques hechos al Callao en aqnel alio por la escua- 
dra chilena mandada por Lord Coohrane. Cuando se le remitió á Chile 
en diciembre de 1820 pasó á Bn*3uos Aires y al Janeiro: regresó al Perú 
en ltí24, estuvo en Arequipa síl colocación, y el afio siguiente se diri- 
gió á £8pa0a. Delgado había sei-vido de subalterno en la marina, y en 
Colombia á órdenes de Monteverde, en cuya casa conoció de órdenansa 
ú un soldado del batallón de la leina llamado Morales, el cual corriendo 
el tiempo hizo una carrera rápida y fué uno de los últimos candil loe es* 
pafioles qne se hicieron notables en América. Morales ya mariscal de 
campo en £8pafía y nombrado para mandar en Canarias, encontró á 
Delgado en Madrid, lo llevó consigo en clase de Secretario: ascen- 
dió á brigadier en 1830 y se casó con una hijadeaquel. £u 1800 aun era 
Delgado Qobernador de la Gran Canaria, 

1IEL6AE— D. Martin— Vino al Perú en 1744 á ocuparse en la indus- 
tria minera. £1 Dr. Unanue en el discurso que pronunció al inangnrarse 
en 1792 el anfiteatro anatómico, titula á Delgar eminente cirujano: dice 
que sns aciertos le graiyearon nombre eterno, particularmente en las 
provincias del interior donde hizo curaciones admirables; y que fué el 



12 día 

primero que derramó entre nosotros las nueTM liíces de la Cimlia ense- 
fiando algunas de sus operaciones. 

DIAC^ Alonso— Yerno del gobernador qne ftié del Istmo D. Pedro 
Arias Dávila. Conquistador, veeino del Cuzco y uno de los princi- 
pales eómplioes de Francisco Hernández Girón en sn lerantamlento el 
afio de 1&53. Después de los choques de armas de Pncará se le admitió 
en el eampo realistai y le perdonaron los oidores, ignorando que ya Gi- 
rón habia huido délos suyos temeroso de que lo entregasen. Diaz volvió 
Á vivir en el Cuzco: ya en 1566 lo hizo poner en la cárcel el coiTegidor 
D. Bautista Mufioz, y se le dio garrote lo misttio que á otros de orden del 
virey marqués de Cállete, confiseándose todos sus bienes. 

No sabemos si este Alonso Díaz fué el mismo de qnien se dice que ma- 
taba á los indios abrazándolos, pues tenia unas fuerzas descomunales: 
asegúrase que aun hubo una orden de Carlos V. dirigida á que se le con- 
iubiera, y castigaran 8«s exesos. Hasta se oscribió que una vez cansa- 
do el caballo de Díaz, lo llevó sobre sus hombros con otros cnontos se- 
mejaiites: y el padre Rodrigo Valdes reftere $ 13 de su poema .'ojas 59, 
qneDiaz probando tatnsm con los indios, abogó á uno de ellos que era 
a&mmlo Inobador. 

MAZ^Fr* AirroMio— Religioso franciscano digno de recuerdo por su 
oapacidad y buenas cualidades. Siendo guardián en el convento de Li- 
ma dispuso y llevó á efecto la fábrica do un panteón en el interior 
de dicho convento. Tenia mas de 1000 varas en cuadro con bastantea 
nichos sus osarios etc. Acerca de esta obra escribió el Dr. D. Hipólito 
Unanne una relación que fué publicada en esta capital. 

l^IAZ — Fr. Gonzalo — ^lego de la Merced, nacido en Amarante de Por- 
tugal. Vivió en el convento del Callao donde murió el afio 1618. Fué 
hombre Justo, lleno de virtudes y sobresaliente en la caridad. Las co- 
munidades de Lima solicitaron su beatificación y al intento se siguie- 
ron informaciones que se enviaron á Roma. Escribió la vida de este re- 
ligioso, «1 maestro Fr. Melchor Prieto Vicario general de la Merced. 

MA2— Grrgorio — ^Portugués — ^Fué religado y ahorcado en Lima en 
13 de marzo d» 1 305 por sen teñe ia del Tribunal de la Inquisición. V t este 
auto de fé hubo 40 reos qne sufrieron las peuas á que se les condenó. 

DÍAZ — D. laxACio— índigena peruano, presbítero. Fué Dr. en Teolo- 
gía, Cura rector de la Catedral de Lima y secretario del Arzobispo D. 
Fr. Diego Morcillo en 1725. El cumplido desempeño de este último car- 
go y de los demás que obtuvo en su carrera, dieron lustre y ventajosa 
reputación á esce eclesi^í^tico de quien el distinguido literato D. José 
Eusobio Llano ZupatA hizo un elogio recomendándole como á otros es- 
tudiosos fndigeuas por su juicio y amor á las ciencias. 

MAZ-~D. Juan Antonio —vecino de Huancavelica. A la inmediación 
de esta ciudad hay un maniuitial de agua de calor moderado, y cuya na- 
turaleza üarruginosa la hace buena y muy eftcaz para la curación de mu- 



día 13 

clia«oufei'medadc8| siaesclasiondo las crónicas. Auuqne ]a calidad de 
eBta agaa no se descouocia, la iutemperie del lugar, y la falta de como- 
didad, presentaba para su uso no pocas dificultades. Por los afios 1788 
guiado Diaz por en espíritu de humanidad y beneficencia, se propuso 
liacer á su costa lo necesario para que dicha vertiente dotase unos ba- 
tios en forma regular. Fabricó dos habitaciones con solidez y los requi- 
sitos precisos para que tuviesen suficiente luz, abrigo y decencia. Cons- 
truyó dos tinas de fuerte arganiaza, y capaces por su tamafio de permitir 
que una persona se sentase en el interior cubriéndola el agua. Aprove- 
chó de las particularidades de la situación para disponer la obra do mo- 
do que no se estancase porción alguna de agua. Una tina la formó cer- 
cando el manantial, y la otra en bajo y á pocas varas de distancia, ha- 
ciendo que de aquel pasase agua competente, y entrase por el borde de 
la tina: ambas se desaguaban con prontitud y según con venia. 

Terminada tan recomendable obra, acordó Diaz que los productos 
que rindieran los bafios, se empleasen en gastos del culto del San- 
tísimo Sacramento. £u el alio de 1791, '^£1 Mercurio Peruano^' ala- 
bó la caridad generosa de D. Juan Antonio Diaz, y publicó una noti- 
cia circunstanciada de los enfermos de mas gravedad que en dichos Imh 
ños se hablan curado de diferentes padecimientos. 

^IkZ DE AftUS.— £1 bachiUer D. Garei. A su llegada al Perú el gober- 
nador Dt Francisoo Pizarro le hizo su camarero: no sabemos si ya era 
eclesiástico ó si se ordenó después. Mereció mucha estimación al cou^ 
qufstador, cerca del cual disfrutó de grande influencia. 

Cuando D, Diego Almagro regresó de Chile, ocupó el Cuzco por medio 
de la fuerza y mantuvo en prisión á Hernando y Gonzalo Pizarro, con- 
sultando el gobernador con muchas personas notables el afio 1537 que 
conducta debería observar en tales circunstancias, casi todas fueron do 
opinión que el gobernador debia irse con prontitud al Cuzco y enten- 
derse allí con Almagro en términos amistosos para evitar un rompimien- 
to. Pero el licenciado Gaspar £spinosa y Garci Diaz de Arias emitieron 
contrarío parecer diciendo: ''no era cordura que el gobernador se espu- 
''siese allí á ser muerto ó preso, pues todo podia esperarse de unosdecla- 
"rados enemigos. Que debia estarse en Lima para arreglar y reforzar sus 
'^ tropas, esperando el resultado de los pasos ya dados en solicitud de un 
"avenimiento." Pizarro siguió este dictamen, rogó á los concurrentes no 
le abandonasen, cencedió licencia á los que deseasen unirse al adelanta- 
do Almagro, y envió al Cuzco nuevos comisarios para tratar. Luego 
que so supo que Almagro había emprendido campaña sobre el Norte y 
que estaba ya en Nasca, se celebró otra junta á que también asistió Gar- 
ci Diaz de Anas; y en la cual se acordó hacer esfuerzos para impedir 
hubiese guerra civil, supuesto que Almagro aceptaba el partido de ape- 
lar a jueces arbitros que decidieran la cuestión de límites do la goboma 
clon dol marqués Pizarro. 



Tratáutlose de la ciitrcvÍBta ile Mnla á que ambos se Labían pl^eBta<}o 
debiendo lh)Tar cada nno docecaballeros annados/. Gonzalo Pizarro qiier 
^ab'ra llegado del Cuzco y Gnrci Díaz do Arias, dijeron sin embozo ''que 
'*debia aJIí tomarse preso á Almagro y remitirlo á España, para que se 
"precaTÍese el dcmwnamientode sangi'e^ y lo castigase el rey como can- 
**¿tador de tantos males.^ No pensf»x>u asf otros califíoaudo de ÍDdigno se- 
luejante procedimiento, qne violaba lafé qne era preciso guardar en ca- 
sos tales. A pesar de todo se vié salir de Littianna ñierza qne estnro em- 
boscada cerca de Malasfn duda con mal designio, Itabiéndoso f rostrado 
éste por la fnga de Almagro. £1 baohiller Dinz de Arias fné uno de los 
que acompañaron al marqu<5» cu esa malograda conferencia. £1 aQo de 
1539 estaba ya electo obispo do Quito, y en 1541 permaneoiendo todavía en 
liima, i-ecibió de una india el aviso de estar próxima la muerte del mar> 
qnés Pizarro á roanos]de asesinos. EstiO dato lo de8preei<S Chirci Díaz atri- 
buyendo el rumor qne se hizo sentir, á invenciones de indios hechiceros» 

£1 26 de Junio de ese afio al tiempo qite los oonjurados del partido de 
}ofl Almagres asaltaron la casa del gobernador, dirigidos por Juan de 
Rada, el obispo Diazde Arias se hallaba en ella con otros qne también 
habían ido Á visitarlo, y solo oaidaron de salvar susperstma». 

Después el virey Vela fu^ depuesto y espnlsado del paie por la andien- 
eia que se propuso segoir gobernando el Ferd: mas Gonzalo Pizarro ve- 
nta del Cuzco con tropa determinado á apoderarse del mando, y con este 
motivo los oidores reunieron nnajantaconsnltlva, la cual acordó so reco- 
nociese la autoridad de Gonzalo. Allí se hallaban los obispos de Lima y 
Cnzco y el electo de Qntto Garci Diazde Arias, quienes dando igual ]>a- 
recer se prestaron á la usurpaoion á mérito de las circunstancias. 

D. Antonio Alcedo en sn diccionario geográfico dice, que Diaz do 
Arias fué electo obispo en 1545, annque el cronista Herrera escribe que 
lo era en 1539, lo enal repite al referir los sucesos de 1541. El maestro 
Gil González Dtívila en sa ''Teatro de las iglesias de Indias" asienta qne 
no llegé á consagrarse y qne s« elección fué en 1550: está vifito qne en 
ambas noticias incurrid en error. La ciudad de San Francisco de Quito 
ñindada por el adelantado Velaloazar en 1534, la deelaró el rey muy no- 
ble y muy leal en 1541 y obispal por cédula de 6 de Enero de 1545: tenia 
por armas un castillo sobre dos montes, una cruz encima y dos águilas: 
SVL universidad de San Gregorio Mi^no, se ñindó por FeKpe II en 1586, y 
disfínité desde 1621 los privilegios de la de Salamanca. La real audien- 
cia se erigió en 1563, se estinguid en 1718 y fué restablecida el año 1739. 

£1 obispo D. Garci Diaz do Arias, consagrado en Lima, principió la 
íiíbrica de la iglesia catedral-, qne conelnyó el obispo I>. Fr. Pedro de la 
Pe&a; el costo se pagó portereeras partes, una la ciudad, otra los indios 
del distrito, y la reatante el rey. Diaz de Arias &neeió en 1569. 

VUZ W CABftBRá— t>. Fk. FfiANCiSGO-Obispo áe Trüimo.^Véaee 
Cabrera, 



día 15 

VUI^BUY — Capitón distingntdo cu el partido dd conqnistador D. 
Diego de Almagro cop quien vino al Perú. No ae halla por tanto en non^ 
iire en la relación de loe qno fueron premiados cuando Pizarro dietribn- 
yd el caudal reunido por Atahualpa para su rescate. Díaz pasó con Se- 
iMistian Velalcáiiar á las prorinoiasde Quito y ae hizo notar por sn aniqfo 
en las lachas sangrientas habidas con laa numerosas tropas de Eumifia- 
hni. £n nn reeenocimtento que hizo llevando á sas órdenes diez solda- 
dos de cabaUerfa. cargaron sobre él fuerzas considerables, de las cuales 
^ defendió peleando con ezesiva bravura; y habría perecido con su re« 
ilncida tropa en choque tan desigual, si nó es socorrido en los momentos 
4e mayor peligro. Estando en un punto avanzado cerca de Riobamba 
con Vasco Ghievara y tres espafioles mas, se vi<S en grandes apuros con 
un cuerpo de miles de indios cuyos ataques fueron tan terribles, que so- 
lo pudieron librar Diaz y sus compafieros por medio de grandes esfuer- 
zos de valor desesperado. Cuando Yelalcázar se contraia á descubrir el 
fiaradero de los jgrandee tesoros que se aseguraba tener Bumifiabuí, éste 
maniobraba en ana y otra dilección eludiendo los ataques de los casto- 
Uaooe. Diae cOn 60 caballos le acometió; mas él tomó dirección contra 
ría encaminándose á hacer ana sorpresa sobre Quito. De ella tuvo aviso 
Velalcázar por sus aliados los cafiaris, y emprendió un movimiento que 
jioao á Samifiahui en derrota, y después de perder no poca geute tuvo 
que internarse en las montañas de Yumbo y abandonando cuantas cosas 
valiosas llevaba.— Véase, Velalc^ar. 

Con motive de la invasión que hizo en el reino de Quito el adelantado 
D. Pedio Alvamdo con la faerza que trajo de Quatemala, acudió D. Die- 
go de Almagro á la defensa de ese territorio según acuerdo del gober- 
nador Pisacro. Hi«o se le reuniera Velalcázar, y envió á Ruy Diaz, con 
Fray Bartolomé de Servia y Diego Agüero á saludar á Alvarado y pro- 
mover el avenimiento qoe luego se pactó entre ambos caudillos, que- 
dando anrei^bbda satlafifectoriamente por el licenciado Caldera la cues- 
tión azarosa y trascendental ocasionad* por la venida de Alvarado.-<^ 
Véaae Almagro, 1. 1?, pág. lll-*-y Alvarado D. Pedro, en el mismo libro* 

Tratando D. Franoiaoo Pisarro de fundar en la cesta la eiadad que ha- 
bí» de ser la capital del Perú, dispuso que Ruy Diaz, Juan Tetlo y Alonso 
BÍAFtta de Don Benito, esplorasen y reconociesen promamente el terreno 
Aocvespondiente al eaoiqae del valle del Rimao, y persuadidos los eomi- 
zionados de su fertilidad, y de que reunia cuantas cualidades pudieran 
ap0teeerae, dieron cuenta de todo áPlsarro quien, aprobando su informe, 
xesolvió establecer ladidha mudad en el punto que «copa btgo el nom- 
ine de los Beyes en honor al emperador Carlos V y su madre D? Juana. 
HUoae lafnndaeion^oü las debidas fcirmalidades, estendiéndosela acta 
en que todo consta, y que suscribió también RuyJ Diaz, como testigo «1 
iones 18 de Baevo de 1535, no el día de la Epifanía como eqaivooadja-- 
juente escribió el cronista Herrero» 



16 día 

Haliáhaso en el Cuzco el capitau Rny Diaz á tiempo que prlneipia- 
roa la8 difleucioncs entro D. Diego de Almagro y ol marqués Pizarro, á 
mérito de la cédula real que coufírlé al primero la gobernación de la 
Nueira Toledo. Diaz cooperó á que no se alterase el orden en aquella 
oi«dad y sostuvo al gobernador Hernando de Soto, por preTencion del 
mismo Almagro para que así lo hiciese en uuion de sus mejores amigos. 
Celebrado nu pacto de amistad, y cuando D. Diego marchó á la eonquis- 
ta de Chile, Kuy Diaz vino á Lima con el objeto de encargarse de reunir 
gente y marchar con ella en seguimiento de Almagro: así lo verificó 
acompañándole en la campaña que se efectuó en aquel país. Garcilaso se 
equivoca al decir que Diaz quedó en el Cuzco con dicha comisión. A Ro- 
drigo Orgoñez fué á quien dejó allí para igual objeto, según espresa ol 
cronista Herrera con datos seguros. 

De regreso de Chile se halló D. Diego con el levantamiento hecho por 
el príncipe Manco lúea, y entrando en relación con él para atraerlo á su 
partido, envió á Rny Diaz y otros al valle de Yucay para arreglar la 
alianza que se proponía; pero el inca no estaba bien dispuesto á esa coa- 
lición, desde que veiaeu todos los españoles ásus naturales enemigos, y 
retuvo prisioneros á los comisionados: los indios les raparon cabello y 
barbas, atándolos desnudos á unos postes, los pintaron y con las ondas 
los tiraban fnitas. y les befaban de otras maneras, haciéndoles beber mu- 
cho licor. 

Almagro posesionado ya del Cuzco, rompió las hostilidades contra 
Manco Inca, y desde entonces Ruy Diaz sufrió mayores tormentos. An- 
tes de emprender campaña contra Pizarro habia determinado Almagro 
destruir al príncipe peruano, y mandó que Rodrigo Orgoñez lo persi- 
guiera con gran empeño. Kl encargo no podia hacerse á persona mas á 
propósito: tan tenaz y aguerrido soldado se internó en país desconocido 
l>or vias las mas fragosas, y de uno en otro encuentro feliz, concluyó por 
aniquilar y desbaratar el poder de numerosa indiada, sin que las cruelda- 
des y escarmientos que empleó, dejasen ni remota esperanza de que pu- 
diera restablecerse. Aprovechando Ruy Diaz de un momento favorable 
en el fragor de guerra tan desapiadada, logró fugar y reunirse á Orgoñez. 

Continuó militando en el ejército de Almagro en su venida & Chincha 
y retirada posterior al Cuzco. En la batalla de las Salinas su puesto fué 
•u la escolta del estandarte real, formada de distinguidos capitanes, aun- 
que Garcilaso dioe que comandó parte de la caballería. 

Pronunciada la victoria por Hernando Pizarro el 26 de Abril de 1&38 
en aquel campo infausto para Almagro, Ruy Diaz, que rendido iba ala 
grupa llevado por -un soldado amigo suyo, fué asesinado de una lanzada 
4lirigida por uno de los que infamando el triunfo, cometieron horribles 
venganzas contra los vencidos. 

DlAas DE PMEHA— El Capitán D, Goneat.o— Montañez. Servia con 
f). .Scbíistiau Vclalcazar ou el Nuevo Reino do Granada, y le envió á 






m 11 

hacer esploraciones para iuvostlgar la salida dul Rio Magdalena y ad- 
quirir noticias do los paiscs inmediatos. Llogó á entrar & los conocidos 
por Qaijos y Canelos en 1536 y faó el primero que los descubrió. Las no- 
ticias dadas por Pineda de haber muchas riquezas en aquellos lugares y 
de que sus habitantes usaban adornos de oro, animaron mas tarde á D. 
Qonzalo Pizarro para emprender la grande y trágica espedicion ú Cane- 
los y al Amazonas. 

£1 capitán D. Lorenzo Aldana enviado por el marquds Pizarro de Juez 
visitador, y con otras comisiones á Qaito y Popayan, nombró on 1539 á 
Diaz de Pineda, teniente gobernador de Quito: este cargo apenas pudd 
desempeñarlo por un corto tiempo durante el cual cumpliendo órdenes 
de Aldana persiguió y envió presos á Lima á D. Diego Sandoval y á D. 
Cristoval Daza seflalados amigos del adelantado Velalcazar. £n princi- 
pios del alio 40 salió D. Godzalo Pizarro á la conquista de los Canelos y 
en su compafifa D. Gonzalo Diaz Pineda, quien eü los muyeres apuros le 
hizo servicios de mucha consideración en que probó un sufrimiento sin lí- 
ihites para combatir la adversidad. £1 fué quien se adelantó inútilmen- 
te & buscar á D.)FrancÍ8co Orellana, y el que ctksi solo tuvo que conte- 
ner y escarmentar á los indios que lo atacaban en el rio. 

Después de esos sucesos memorables y hallándose Pineda en Lima en 
1544, ofreció sus servicios al virey D. Blasco Nullez Vela animándole pa- 
ra que formara tropas, como el medio do que abandonaran muchos sol- 
dados á D. Qonzalo Pizarro que estaba en ol Cuzco resuelto á revelarse. 
£1 virey le dio el mando de una coropanfa de infantería, y lo envió á 
Jauja con su sobrino Vela Nuflez y una fuerza montada en 35 mulos que 
hizo comprar en doce mil ducados. £1 objeto de esta partida era impe- 
dir que D. Pedro Puelles con una tropa do Haánuco se ñiese al Curco á 
unirse con Pizarro. Mas luego qno llegó ala cordillera, los principales 
que en ella iban, determinai'on pasarse á Pizarro. £1 primero que entró 
en este plan fué Pineda que era yerno de Puolles, bien que hizo el pa- 
I>clde ir forzado; y YelaNullez escapó por unacosnalidad, pues los con- 
jurados tuvieron resuelto matarle. £8tc lance fué uno de los que acredi- 
taron al severo virey, que no habla por entonces en quien depositar 
confianza alguna. 

D. Qonzalo Pizarro nombró al capitán Pineda en 1545 para que con 
D. (Jerónimo de Villegas fuesen ú recoger gente en Trujillo y PJura. A 
la sazón el virey que iba preso á Panamá enviado por la audiencia, ha- 
bia recui>erado su libertad, y desembarcando en Tumbez, emprendió so- 
bre Plnra. Pineda que estaba allí, y acababa do hacer aprehender y ma, 
tar al capitán Heredia en Bracamoros, tuvo que retirarse, y sabedor de 
que el virey enviaba una partida hacia Chachayoyas, dio sobro ella y la 
tomó matando al capitán D. Juan Percyra y á dos oñcialos. £1 virey 
con noticia de este hecho so dirigió á CoUiquén donde estaba Pineda y 
lo sorprendió. Pudo huir sin tropa á una montalia, y se dijo que aco8a<lo 
del hambre muriólo mismo que D. Hernando de Al varado por haber co- 

:3 



Í8 DIE— DIS 

mido unas ma]aa yerbas. Pero Garoilaso refiere que á los dos y al capi- 
tán D. Geróuiíuo Villegas los asesinaron irnos indios. — Véase Ddvalog^ 
D, Gil Bamtrez—Véaae Vaca de Vega—Véaae Meló áe Portugal. 

PIEJITK— Juan— Uno de los soldados conquistadores qne llegaron al' 
Perú después de la ocupación de Ci^amarca y continuó sirviendo en la» 
tropas comandadas por D. Diego Almagro. Después ^ue este íué <yecuta- 
do á consecuencia de Lbberle vencido Hernando Pizarro en la batalla 
de las Salinas^ Juan Diente so encontraba en Lima en la mayor miseria 
como todos los que pertenecieron al bando desgraciado de aquel cau- 
dillo. Puesta en obra la conspiración tramada contra el gobernador D. 
Francisco Pizarro^ mereciendo Diente toda confianza al capitán Juan 
de Bada, qne cóndilo á los asesinos en el asalto del Palacio, le dejó en 
la reserva* prevenida para ol caso de qué fuese necesaria. Muerto el 
niarqués y posesionado de la antoridiAd D. Diego Almagro, el hijo, fué 
elegido Diente por la fama que tenia de muy ligero é incansable en los 
caminos, para llevar comunicaciones á Guamanga al gobernador Vas- 
co de Guevara y al dei Cuzco Gabriel de Bo|as, para que se adhiriesen 
al nuevo gobierno y se le reconociese en aquellos- terriiborios. Su comí* 
sión prodigo bueiv efecto en Guamanga, y acto continuo se dirigió al 
Cuzco donde segus-sns instrucciones se mantuvo oculto en el convento 
de la Üérced durante cuatro dias. £1 gobernador Licenciado Antonio 
de la Gama habia marchado con mucbos vecinos y soldados á la provin- 
cia del Collado con motivo de la espedicion del capitán Pedro Alvatosi 
Holguin al territorio do los Chnnobos. Pero en el Cuzcooxistian en la- 
oscuridad como 80 militares del partido de Almagro. Con ellos contó 
Juan Diente, y el comendador de la Merced, quien haciéndose candi-' 
lio, pasó Á la plaza y vivando á Almagro exigió al Cabildo le reconocie- 
se, sometiendo la ciudad y sus pueblos al gobernante proclamade eu' 
Lima. 

Diente fué uno de los oficiales del ejército de D. Diego Almagro: hizo* 
la campafla contra las tropas realistas que reunió y mandó el Licencia- 
do D. Criiatoval Vaca de Castro Gobernador del Perú por ol rey. De- 
sempeñó cemislones de D. Diego reconociendo el campo contrario 
y sin que por su agilidad hubiesen podido tomarlo. Esta misma le 
sirvió para peraeguir con rara prontitud y tomar á uno de los esplo- 
radores- realistas U«unado Juan Garci«, el cual en el tormento confe- 
só iba de espía y llevando-comunicaciones de Vaca para varios del ban- 
do de D. Diego, por ouyo motivo fué ahorcado sin dilación. Hallóse 
Juan Diente en la batalla de Chupas, > perdida en 16 de noviembre de 
1542 por el partido de Almagro; y habiendo caído prisionero fué juzga- 
do sumariamente por el Licenciado Gama, y se le ahorcó y descuartizó 
en Guamanga como á todos los asesinos y cómplices en la muerte del' 
marqués Pizarro. 

DISCATILLO—D. Gabriel CarloiS— <le la orden do Calatrava. Levan- 
tó con uu solo arco el puente de piedra de Uchumayo cerca dcArequii». 



DOM-DON-DOR-DRA 19 

liaÜáDcloBe de corregidor en el siglo 17. Concunieron cou la mayor parte 
del gasto el obispo D. Antonio de León, los cabildos eclesiástico y secu- 
lar, y los vecinos. Perfecciónese el balnarte de la entrada de didho 
pnente en 1720 siendo corregidor D. Bartolomé Sánchez Mancliego. 

D01DIET — ^Mr. José db — Botánico sexnalieta y médico del rey de 
Francia. En 1778 Vino al Perú comisionado por sn g(/biemo en la espe- 
lición qne envió el rey Carlos III con los botánicos españoles D. Hipóli- 
to Rniz y D. José Pabón-Vóase Raíz D. Hipólito, en cuyo artíciílo damos 
-estensas noticias de esta espediciou y de la obra '*Flora Peruana.'' 

DOHOHTE T EOBLBM— El Dr. D. Melchor— Caballero de l& or- 
den de Calatraba. Estndió en el colegio de San Martin de Lima y Uni- 
versidad de San Marcos. Fnó oidor de esta real audiencia por los aQos 
1663. Creemos qne eran sobrinos suyos D. Luis Calvo Dómente Prior 
<lel tribunal del Consulado en 1677 y el hijo de este que también se lla- 
mó D. Luis [nacido en Lima], y fué fiscal y oidor de la misma audiendia. 

INNIlSTBfB— D. Manuel QRRQomo—Véa9e^Mogobamba del Pozo— 
marqnéi d&— 

KOIIC^^D. Marcos — Abogado en el Cuzco á principios de este tíiglo. 
Era protector de indioe, muy indinado á dios, y abrigaba vcfhementes 
«fíeseos de qne el Perú se librase de la dominación espa&ola. En 1805 
fué activo eolaborador de Agnilar y Ubalde en una conspiración cuyo 
«designio se estendia hasta restablecer el antiguo imperio peruano. l>es- 
cubierto el proyecto y presos aquellos y sus cómplices, se siguió un Jui- 
cio y fueron condenados los. dos autores á ia pena capital que se ejecu- 
tó en 5 de dieienbre: Dongo áia de tO afios de presidio y*confisoacion 
"Cíe iftenes. 

Véanse en el tomo 1? los artículos Agnilar D. José Gabriel pág. iS9, y 
Aviles D. Gabriel de, viroy, en la 483. En ellos hemos dado razón de 
mnchos pormenores acerca de este -suceso. 

DOBIá — D? Catalina María— En unión de sn marido el capitán 
D. Domingo Gómez de Silva, estableció en Lima á sus espensas un re- 
cogimient-o ó eolegio para ninas. Con la protección del obispo de Are- 
quipa D. Agustín de Ugarte y Sarabia, consiguió D? Catalina erigir en 
esa casa un monasterio del Carmen, bajo la regla y reforma de Santa 
Teresa. Sirvió al efecto la cédula que el rey Felipe IV habia dado á 
D. Diego Mayuelo en 13 de febrero de 1625 para crear nn convento do 
Carmelitas. Para la fundación dio D? Catalina sus bienes estimados en 
96 mil peeos, y el obispo 58 mil, dotando además dos capellanes con nu 
capital do 11 mil. Este prelado hizo venir de Bogotá tres religiosas 
Carmelitas para fundadoras. Se estableció la clausnra el 17 de diciem- 
bre de 1643, habiendo oouourrido el prebendado D. Miguel de Bobadilla 
«con 10 mil pesos, y el Licenciado D. Manuel Correa cou 6 mil. D» Cata- 
lina Doria ñié nombrada fundadora, asi como al obispo se le reconoció 
f>or patrón. 

AEACU—FRANCisco-Hsélebre marino Ingles. Nació en 1545, en €i 



20 DRA 

Condado do DcTonsbiro, 6 como han dicho otros, Á bordo de un ba« 
que. Fué capitán do navio á la odad de 22 afios, y el primero que vi- 
no ú, las costas hispano americanas en el afio do 1567 en el ''Navio Dra- 
gón" qne ora uno de los de la escuadra de Juan Hawkins á quien vul- 
garmente se le llamaba Achines. Saqueó la ciudad de Nombre de Dios, y 
otros lugares de la Castilla del Oro. Después de hacer algunas presas 
de oonsi de ración, se retiró á Inglaterra llevando crecidas cantidades de 
oro y plata. 

En 1577 el mismo Dracke, aprontó cinco embarcaciones en Plimouth 
protegido por la reina Isabel. Salió el 15 de noviembre aparentando un 
vi%je á Alejandría, y se encaminó al Pacífico. Penetró por el estrecho 
de Magallanes, esploró las costas de Chile en 1578, y en la latitud de Val- 
divia apresó un buque con la suma de 25 mil pesos en oro. En seguida 
intentó tomar Á Coquimbo, p«ro sus vecinos hicieron resistencia y lo 
obligaron á retirarse. Presentóse en el Callao cuando no habia de él 
antecedente ni noticia alguna: cortó las amarras de doce naves mer- 
can tes que habia en dicho puerto, y tomó una de ellas que estaba car- 
gada de plata con destino al Istmo. Del Callao espedicionó sobre el ca- 
bo de San Francisco donde apresó un navio á cuyo bordo encontró 19 
cajones con plata y 80 libras de oro. Tomó posesión de las costas de Ca- 
lifornia cuyo territorío denominó ''Nueva Albion.'^ Siguió hasta los 40 
grados Norte, ^scendió á las Molucas, tocó en la isla de Java, y do- 
blando luego el cabo de Buena Esperanza, regresó á Inglaterra en 1580. 
Presentó á la reina Isabel mas de 800 mil pesos. Durante su estación en 
el Pacífico, el virey D. Francisco Toled^ armó en el Callao once bu- 
ques que envió en persecución de DracUÍrá ordenas del general D. Pe- 
dro Sarmiento y de su almirante Antón Paulo Corso, quienes inútil- 
mente le esperaron en la boca del estrecho de l^gallanes. El buque en 
<q[ue Dracke vino, mandó el gobierno Inglés se conservase en Deptford, 
con una inscripción en el palo mayor para memoria del paso del estre- 
cho— Véase— Sarmiento Gamboa D. Pedro. 

Dracke después que en 1588^ siendo vice-almirante, atacó la bahía de 
Cádiz en la cnal hecho á pique 28 buques de la gran flota de Felipe II, 
armó en Inglaterra en 1595 por disposición de la reina 28 embarcaciones 
con el fin de apoderarse del Istmo y obrar en combinación con Ricardo 
Achines que anticipadamente habia sido enviado al Pacífico por el es- 
trecho de Magallanea. Tocó en Canarias donde fué rechazado: allí su- 
po que Kicardo habia sucumbido quedando prisionero. Se dirigió luego 
á Puerto Rico en solicitud do la escuadra de D. Sancho Pardo que lleva- 
ba caudales de Méjico para Espafia: hizo allí vigorosos ataques é incen- 
dió los buques que encontró fondeados; pero le contrarió la suerte per- 
diendo GOO hombres y al jefe superior Juan Achines muerto de una bala 
de caSlou: era este el padre de Ricardo. 

Sin embargo do estos reveses Dracke so vino á Nombre de Dios cuya 
l^blacion saqueó, obtuvo algunas ventajas é internó mil hombres en el 



DRA— DRU 21 

UtmOylos cuales enooutn)MK>n las tropas del país emboacadas y fortificadas 
en un cerro llamado Capirilla á órdenes de D. Diego de Amaya. Bato ha- 
bía hecho la defensa posible deteniendo á los enemigos hasta que le lle- 
garon refuerzos. Gobernaba en Panamá D. Alonso de Sotomayor y Andia, 
Á quien confirió este cargo el yiroy marqués de Oafiete, con noticia que 
tuyo de la espedicien do Dracke, á fin de que hubiese cu el Istmo perso- 
na capaz y competente para frustrar aquella invasión. D. Alonso, militar 
esperimentado en las guerras de Flandes y de Chile cuyo reino acaba- 
ba de mandar, tomó acertadas disposiciones y puso en acción todos los 
elementos con que podía contarse para que no fuese dudosa la yictoria. 
Envió muchos soUlados á engrosar las filas de P. Diego do Amaya, cu- 
brió el punto de CrnceSi fortificó el rio, hizo aprovechar los accidentes 
&yorables del terreno, y determinó se disputase el paso á los ingleses 
eligiendo la posición de Capirilla como la mas apropósito para recha- 
zarlos. £1 resultado correspondió á sus c(ílculos y esfuerzos: Amaya se 
aostuvo contra tres ataques del coronel Basbeli quien derrotado se re- 
stiró á Nombre de Dios. Dracke, que por entonces iba yaá penetrar por 
el rio do Chagres, desistió do su empresa y pasó á Portobelo, Estando 
fondeado allí, falleció súbitamente el di a 7 de iebrero de 1597. De su ar- 
mada batida en todas partes, solo regresaron cinco buques á Plimouth 
'^Véaw Aéhines Bicard^^VéoB&^OciedQ y Herrera, D. Lms AnUmÁod^-y 
Conde de la Granja. 

JE'ranciseo Pretty escribió la relación del viaje de Dracke por el estr^ 
cho de Magallanes dando vuelta al mundo: se imprimió en ingUs en 
1600 y la tradny*^ al francos Louvencourt. París 1G27 y 1641. £n la libra- 
ría de Barcia aparece otra obra sobre este mismo viaje tralugada en 
1629 por Nufio de Silva que la dio al virey de M^yico. 

£u el articulo Achines, tomo 1? pág 63, hemos dicho que su yerdade- 
ro apellido era ELawkins; y que le hemos mencionado con aquel, por 
jBeguir á los que escribieron sus hechos, y evitar las dudas que habría 
ocasionado tan sustancial variedad. 

DEUnOini — D. Diego— Comisionado del gobierno Inglés. Llegó al 
Callao el 22 de agosto de 1811 en el navio de guerra de su nación el 
Standart, mandado por Sir Carlos Elphinstone Fleming, brigadier ad 
honorem de la armada española. £1 gobierno pidió al de S. M. B. re- 
mitiese un buque do guerra al Pa<5Ífico para recoger y conducir á fu- 
ropa los caudales de la real hacienda y de particulares, que estuviesen 
detenidos Á cansa de la guerra. Destinado al efecto dicho navio, trajo 
á su bordo á Mr. Drummond, Comisario 6 intendente general de los 
ejércitos británicos en la Península, quien estaba autorizado para girar 
letras contra la Tesorería de Londres por las sumas que en el Callao se lo 
entregasen con destino á cualesquiera plazas mercantiles; además do 
otras que admitiese en metálico el buque en su registro. £8tableció el 
cambio á cincuenta y dos y medio peniques por peso fuerte, admitió las 
onzas de oro á diez y siete pesos dos reales, y fijó el plazo de 75 dias par» 



^2 DRÜ 

pai^r las letras en Lón clrcs. Con este motivo Drnnmiond pnblicd en Li- 
ma ciertos cálculos y esplicaciones para hacer comprender el mecanis- 
mo del cambio, y la compa ración de gastos de las remesas metálicas y 
de la compra de letras. En una junta de hacienda celebrada el 90 do 
Noviembre se concedió al comisionado inglés recibir también bamu de 
plata en cambio de letras, pagándose por aquellas los derechos corres- 
pondientes á la Gasa de Moneda. £1 Standart cerró el registro en Di- 
ciembre y salló para Europa el dia 17: el Tribunal del Consulado envió 
200 mil pesos por donativo del comercio de Lima. De las cajas reales so 
remitieron 30 mil pesos, 150 quintales pólvora de callón, 400 de estafio 
50 de pólvora de fusil, 27 de salitre refinado, y 512 de nitrato de Tarapa- 
cá: por cuenta del gobierno inglés 385,500 pesos, y de particulares mas 
de 2.000,000 de pesos con algunas otras producciones. Llegó-á Cádiz en 
27 de Abril de 1812. 

Este navio había estado antes en Teracnus y conducido á Espafia cau- 
dal considerable de Méjico. A su venida al Callao tocó en Valparaí- 
so el 25 de Julio, y exitó al gobierno de Cbile para que remitiese fon. 
4os del erario y de los particulares. A su bordo vino de Cadic D. José 
)f ignel Carrera que había militado en el ejército espafiol. Esto na- 
vio de g^aerra tri^ó al Callao un cargamento de mercaderías para nego- 
cio: la razón de ellas se publicó en la Gaceta de 3 de Setiembre. En la 
de 15 de Octubre están impresas las notas habidas entre el comandante 
del Standart y la autoridad suprema erigida ya en Chile; aquel pasó co- 
piado ellas al vírey Abascal. En sn primer oficio se ofreció para llevar á 
Espafia los diputados que debían ir á las cortes, sobre lo cual insistió en 
4)1 segundo. Fero el congreso de Chile contestó que «un no se sabia qno 
I>ersouas serian elegidas, y en cuanto á la remesa de caudales, ''que la 
^' imprevisión con que los anteriores mandatarios prodigaron la hacienda 
'' real en edificios de lujo y otros objetos de menor importancia, la habia 
<' dejado debilitada de nn modo, *'que habia sido necesario usar de los 
" exiguos ramos remisibles para costear un pié de ejército, no solo indis- 
** pensable para defender el reino de la fuerza armada del usurpador, 
*^ [Napoleón} sino, y muy especialmente, de sus maquinaciones é intri. 
" gas dírighlas á revolucionar estos dominios, cuya seguridad nos está 
" encargada para mantenerlos á nuestro desgraciado soberano; por con- 
<< siguiente, y á pesar de los mejores deseos, no contamos en el dia con 
" caudal alguno que poder enviar." [Segnn los historiadores chilo- 
** nos existia en arcas mas de millon'y medio de pesos.] ''No ha producido 
** hasta la fecha efecto alguno el aviso publicado al comercio para re- 
*'gistrar á bordo del Standart del mando de US. sus caudales: segura- 
" mQn;Ce 6s un efecto de estar tanto tiemi>o há interrumpida la comuni- 
** caciouj^iéiidolos i nesiMsrada esta preciosa ocasión. Sírvase US. creernos 
^* los mas iiitcresados onja justa causa que sostietie nuestra nación &." 

Fleming oii snúltimo oficio de 3 de Octubre escrito en Lima, dijo en- 
íre otras cosas al gobierno de Chile, que creía que la reunión de la asam- 



DíUI— DÜA— DUB-DUK áá 

f>lea nacional era un anuncio sognro del reetablccimieuto de la tranqni- 
lidady y que anuladas hm miras ambiciosas de algunos díscoíoSi volve- 
ríil ese país á entrar en la senda de su felicidad, gozando de la confian- 
za del gobierno espafiol. En seguida se propuse atribuir los errores de 
los incautos, á loa genios malignos que babian alterado el sosiego de ía 
Ajuérica, tuponiendo d la Gran Bretaña protectora de una independencia con 
que aZuotMoftan d hambrea incapaces de éJcamiHar'Jos poderosos obsUíados qne re- 
aistian unprincipio tan opuesto d la razón de la justícia, de la c&Hveniencia y de 
lapoUtioa. Que sería pues una absurda contradicción sostener en la alian- 
m con una mano los intereses de Espafia en Europa, y arruinarlos cou 
otra en América. Qoe no coñsideraÍMi Inglaterra Á las Américas españo- 
las, eon las disposiciones y dreunstandas indispensables para separarse de su 
metrópoli^ y que aun prescindiendo de los vínculos de justicia y reconoci- 
miento, no era este el deseo uí la epinion general de los habitantes. Ter- 
minó estos conceptos culpando de la inquietud reyoluciouaría á los mes- 
tizos, Cesta era la idea de Abascal, quien es de inferir tendría iu¿nencia 
en la comiNieicion de la nota del comandante inglés.} También atribuia 
la seducción á los norte americanos, por miras mercantiles; pero que el 
Gobierno Británico 'Oiabiayá declarado su oposición á todo procedimien- 
to que produjera la menor separación de las provincias de América de 
su metrópoli de Europa: en una palabra, que la integridad de la monar- 
quía española era el blanco á que aspiraba S, M. B.'' Así se engañan las 
naciones y los gobiernos, como se engañan los hombres en particular. 

PVAETE — SKBAjBTiAN~Fué quemado en Lima por Jn¿io el clía S3 de 
Enero de 1639 en el lugar conoeido por el Pedragaí [camino á Aman- 
caes^] En el auto de fé celebrado en aquella fecha hubo 80 reos, y 12 de 
ellos tuvieron la snerte de Dnarte. 

POEMS — Garcí Mkkdez dk— Portngués.— Se suicidó en la cárcel de 
la Inquisición de Lima en 1G24. Fué después ahorcado en estatua y que- 
mados sus huesos en 21 de Diciembre de 1625 por sentencia de dicho 
tribunal. En este auto de fé hubo 24 reos que sufrieron las penas á que 
se les condenó, 

PlIEftAft— Fs. Juan— misionero del Colegio de Ocopa. Salió de Sara- 
yacu el dia 14 de Hayo do 1792 acompañado de vatrios indios? nav^ó el 
Ucayalt y otros rios y llegó á Cumbazá del partido de Lamas, de cuya 
pueblo pasó á embardúrse en el Huallaga y deteniéndose en otros mu- 
chos, se vino á San Antonio de Playa grande. De allí siguió á Huánuco 
y entró en Lima el 14 de Agosto de dicho afiov Dueñas escribió una car- 
tft á su Prelado el Padre Sobrevida, y un diario de su eei>ediidon que se 
publicó en los Mercurios de Noviembre de 1792. En él trata no solo de 
su viije de Manea á Cumbazá y del descubrimiento de veintidós nacio- 
nes de gentUes de que no se habia tenido noticia, sino de las costumbres 
de los Panos y Conibos, y de los frutos y animales quemas abundan en 
las pampas del Sacramento y rio Ucayali. 
HlíMH— D. Fr. HitSLMCH-nattiral de I^imu, de la orden de la Merced 



24 DUR— ECH 

religioso do Inces y ocroditado sabor on ciencias eclesiásticas. Sa fia- 
dre faó un honrado ñirmacéntico de esta capital. Consideróse su mérito 
con la dignidad de obispo do la diócesis de Panamá, cuya silla ocupaba 
en 1816. No sabemos la ópoca de su fallecimiento. 

DVEill— D. Fn. Juan— natural de Lima, de la orden de la Merced — 
Fué arzobispo de Manila. No hemos xK)dido encontrar noticias de la car- 
rera de este religioso; mas su deudo el Padre Melendez en el prólogo do 
BU obra 'Hl'esoros verdaderos de Indias,'' hace mención de él, y dice que 
fué el primor prolado limeflo que hubo do esta provincia mercedaria. 

PUEAIIA—D. Clemente— natural do Arequipa. Siguió la carrera del 
foro, y fué oidor de la audiencia de Charcas. 

DCRAU A — el Dr. D. Juak Díaz — ^natural de Arequipa, hermano del an- 
terior. Cura de Pampacolca donde f ando diversas obras pías. Fué canó- 
nigo del coro de Arequipa y hombre de vida ejemplar. Reunia diaria- 
mente á los nifios de su barrio, los doctrinaba y los daba frecuentes 11- 
mosuae. 

^URAI A— EL Dn, D. Pedro Juan— natural de Arequipa, hijo de Don 
Juan Diaz Durana de la orden de Santiago y de Doña Aldonza Ortiz y 
Uriarto. Fué ol primer canónigo magistral que tuvo aquel coro en 1685. 
Ascendió en 1690 á la diguidad de tesorero y á la de arcediano en 169S. 
Se le eligió por obispo del Paraguay en 1719, do cuya silla no tomó po- 
sesión á causa de una larga enfermedad que padeció en España. Nom- 
bró coadjutor, que lo fué en 1724 D. José de Palos obispo tatiliense. Fa- 
lleció on Arequipa en 27 do Junio do 1729, habiendo cedido sus bienes 
para una capilla que construyó al costado de la iglesia de la Merced, 
Do&a Martina Taborga su sobrina, la cual dejó on 1757 á la Virgen de 
Mercedes que alU se venera, una memoria de misas con el capital de 
7,200 pesos. 



E. 



ECHAWE-— El Dr. D. Francisco Javier i>K~nació en Córdova de 
Tucumán. Hizo sn carrera on el coro de Lima desdo 1789 en que se le 
nombró medio racionero. Fué examinador Sinodal, juez visitador de 
capillas y patronatos: canónigo penitenciario en 1798, diguidad de teao- 
rero en 1810 y comisario subdelegado de Cruzada; arcediano en 1812, 
deán en 1814 y gobernador del arzobispado desde 1821. Habla sido 
rector de la Universidad de San Marcos en los años 1B03, 4, y 5, y tenia 
honores del concejo y cámara de Castilla. Aunque en 1826 se le presen- 
tó para obispo do TrvO^^^Of ^^ congreso de 1827 anuló, entre otros, su 
nombramiento. Falleció en 1831, cuando aun se hallaba en el gobierno 
del arzobispado y jubilado como deán. 

ECHARU--D, Jog^--Véaae— Salinas^-Marqués de-^ 



EJH 25 

MUfB I ACrní— D. FranciSOO— de la orden de Santiago, corregidor 
^l Cercado de Lima. En un libro impreso en Amberes en 1638 oon el 
títolo de '^Estrella de Lima conTerfeida en eoF, describió las grandezas 
de la capital del Perú; é kizo una relación histórica de su catedral, oon- 
ventoe, colegios, monasterios, hospitales, poníanos notables ¿t, con mo- 
Uto délas grandes fiestas qne habo en celebridad de la beatificación de 
Santo Torlbio en noviembre del afio 16S0. Se ha dicho, no sabemos si 
con fundamento, qneenla redacción de esta obra ínter riño el padre je- 
enifta José de Boendia. También dio á luz Eoháve un Compendio de 
la historia Eclesiástica de la iglesia de Lima. 

Creemos qnefíié de la misma familia de D. Francisco, el capitán D. Pe- 
dro Antonio de KcliavB y Rojas de la orden de Alcántara, literato y poeta, 
qne sirvió plaza de oidor de la andiencia de Lima desde 1716 hasta 1726. 

BOBTiBElAT BE V«MCBB A— El Coronel db Ejército D^^uax db— 
nacido en Anlestiaen el sefioríode Viscaya, casado con D? '|eia María 
de Santiago y Ulloa, natural de Yalparaiso. Hijos de este matrimonio y 
<le la ciudad de Lima, fueron D? Maria Josefa esposa de D. Manuel Son- 
pa y Aragotri qne nació en Madrid, sirvió de contador oficial real de 
Onamanga desde 1808 hasta 1813, y en 1820 y 21 comisario de marina 
como snatituto del marqnés .de Torre-Taglo qne lo era por ylnoulo 
de familia: D. Jnan de Echevarria capitán del regimiento de dragones 
de Cararayllo; y D^ Mariana casada con el coronel D. Demetrio O'hig- 
gins gobernador intendente de Qnamanga, sobrino del virey O'higgins 
narqnóB de Osóme y nno de sos herederor. D^ Mariana contrajo 2? loa* 
trimonlo con el brigadier D. Joeé Bernardo de Tagle marqués de Torre • 
Tagle. El coronel Echevarría fikUeció en esta capital en mayo de 1813. 

D? Ana Maria de Santiago y Ulloa era hija del maestre de campo D. 
Jnan, natural de Cabadesa fCastilla la Vieja] y de su esposa D^ Fran- 
eieea Oaroia de Lara nacida en Valparaíso. Otro hijo de D. Jnan, fué D, 
Ignacio de Santiago y Ulloa: óste sirvió el corregimiento de Guamalies 
que antes deeempefió su padre, el cual falleció en dicha provincia. D. 
Ignacio murió en la ciudad de San Salvador el 1? de Enero de 1798. Fun- 
dó un mayorazgo llamando á la sucecion á su sobrino D. Domin- 
go de la Cajiga y Ulloa, hgo del general del mismo nombre. El teniente 
de navio D. José de la Cajiga de la orden de San Hermenegildo pertene- 
ciente á esta familia, sirvió en la marina, y fué comandante de la fraga- 
ta armada Kesolnclon en 1818 y 19. A falta de>n citado sobrino llamó 
á loe hijos y descendientes de D. Juan de Echevarría y de su esposa D^ 
Ana María de Santiago y Ulloa: los bienes vinculados existían en Val- 



D^ Josefisk Tagle y Eolievarria es la Esposa del Dr. D. Manuel Ortiz de 
Cevallos ministro de hacienda de la república h^Jo del Dr. D. Ignacio, 
fiscal de la oorte saprema de Justicia y de D? Ramona García; y D? Je- 
sefi» Senra y Echevama fué casada con D. Manuel Ferreyros diputado, 
oons^Jero, y ministro de gobierno y relaciones esteriores. De los servi- 
cios de eetos fhneionarjoa tratamos en la parte 2? de esta obra. 

4 



26 ECH 

En 1a adtuma óm Lim^faé ooiiMU>r ea 1789, y 4 afioiT después tssorsm, 
D« JniiQ dd £cheTftrrí* que no sabemos si tendri» parentezco oon el co* 
lonel q«e encábexa el presente artículo. 

MBBfUtBIA— El I>b. D. Frahgi8CO Javimb. d¿— natural de Tam 
paeá: sn padre riño de Espafla con el yiray marqués de Oast^fasfete. 
Sigoió oon crédito la carrera eclesiástiea, y en 1792 se hallaba de candni- 
go doctoral del coro de Arequipa á mérito de oposición. £n 1796 ascen« 
dté á la dignidad de tesorero, y fué en seguida comisario de Cnusada. 
El afio de 1903, obtuvo la silla de arcediano. En el de 1816 era provisor 
y también vicario capitular. Falleció en 1826. £1 Dr. Echeverría fundé 
en Arequipa un hospital y casa de ejercicios para eclesiásticos. Sobrino 
sayo fné el Dr. D. Ildefonso de Zavala diputado, y ministro de hacienda 
do la república. 

■OBnERIA— D. BCiJfUKL Mísiano— Presbítero, natural de Quito. 
Fué superior de las misiones en Mainas y riberas del Marafton en 1766, coa 
el carácter de vicario y visitador. Trabijó en la predicación de las tri- 
bus salvóles y estudié y observé la naturaleza y eostumbres de esos pai~ 
Bss. En 1784 acabé sn obra ^Descripción de Mainas^ que no llegé á pu- 
blloaxae, y comprende el territorio de Ñapo y Canelos. A fines del siglo 
pasado regresé Echeverría á Quito en cuya catedral se le colocó de 
oanónigo. 

BCflEfBUUá— D. PABLO^-brigadier. Muy escasas son las noticias que 
podemos dar de^jla carrera y ser vicios de este Jefe cuya alta graduación y el 
fin desgraciado que tuvo, nos obligan á mencionarle en este artfionlo. 
Se ha dicho que nació en Chile, mas no tenemos certeoa de ello. Torren- 
te y Oaroia Camba en sus largas memorias acerca de la guerra del Alto* 
Pera, iqiesar de que recordaron á cada paso los nombres de los je&s del 
ejército que allí operó, no traen á consideración á D. Pablo Eehevema 
en ninguna función de armas, ni en h» nraohas esp ediciones pacoialea 
qne en ese territorio oourriecou por tantos afios. La única vez qua el 
5Í? historiador le nombra, es al dar razón de sn ascenso á brigadier, entro 
otros, el afio de 1823. Pero sabemos de positivo qne fué ayudante del 
regimiento de dragonea de Caravayllo; que siendo ya teniente eo* 
fonel se halló en la batalla de Yilnma en 1815, de ayudante del mayor 
general D. Miguel Tacón y que permaneció después sirviendo en el 
Alto Perú. 

El brigadier Echeverría mandaba la guarnición de Puno cuando se di6 
la batalla de Ayacuoho. Hecho allí el pronunciamiento de S7 de Diciem- 
bre de 1824, á onya cabeza se colocó al general Alvarado, quedó aquel 
Jefe en poder de los independientes: pero alcanzó la gracia de que se 1» 
comprendiera en la capitulación concedida en el campo de la victoria, al 
c|}éroito real vencido el 9 del mismo Diciembre. Habiendo logrado per- 
miso para pasar á Potosí ó Salta á unirse á sn familia, le detuvo el g#^ 
neral Olafieta con quien es sabido tenia relaciones antignas de anua* 
tad. Cometió la gravísima £slta de admitir la comisión que le dio d* 
pasar á Chiloé eú solioitnd 4» armamento, Usvaado al elboto una suma 



BHC 27 

de dinero: imart «rohipialagí» se conierraba sosteniendo la oaosa ««¡ja- 
lóla al mando del bHgadUr D, Antonio Qaintanilla. 

Coptamnoe de las gacetas de Liaia de SI y 24 de abril de 1895, las 
•ignisaAss claosolae qne espUoan la oaosa por qiié f aé f asilado Jfichever- 
ria el 6 de mayo en Arequipa. 

j^J* Ck»n fteha 11 de marzo anterior, el sefior gran mariseal de Ayacn- 
<< oho inolaye al ministerio de la gnerra copia del parte recibido del in- 
^' tendente de Arioa en qne se oomnuioa, qae por la lancha de D. lia* 
** nnel Sanchas, procedente de la guanera con escala en Iqniqae, se le 
*^ participó qne el bergantín inglés qne subió para Loa, habia rsgiesado 
'< á Iqoiqne conduciendo á su bordo ai brigadier español JEjchererria, 
*^ ék cual, Inego que saltó en tierra, fuó sorprendido por el mayor Abad, 
" y remitido Á disposición del gobierno de Tarapacá, habiendo pasado 
" inBMdiatamente á bordo de dicho buque el referido ; Abad, de donde 
" estrajo cantidad de dinero en plata y oro qne se calcula ser sobre cien 
*^ mil pesos, qne liebaba el espiesado brigadier por coenta del general 
** Olafleta para comprar fusiles en Chiloé y Chile. £1 seAor gran 
'^ mariscal ha mandado se c<mdujBca dicho dinero á Arequipa, quee^ 
** beigantin Congreso se apodere del bnqne inglés para qne sea Jnsga* 
** d0;yalse&or general Lara y prefecto de Arequipa, orden para qne 
" sea fusilado en cnanto llegue dicho brigadier, que habiéndose acogido 
^ en Pnno á la capitalacion de Ayacncho, f né tratado por el general 
" AlTaiado del modo mas generoso, y no solo se comprometió á no .to- 
'' mar las anuas oontra nosotros, sino qne ofreció al mismo general ha* 
** caraos servicios influyendo con Olaneta para terminar la guerra. Al 
*' pasar por el Desagaadero se lennió á las tropas enemigas y ofreció 
^* sus servicios áOlafieta, en que se ocupó activamente, prostituyendo 
'^ sn palabra y Juramentos. " 

'' Despnss de la pablicacion del número anterior, hemos adquirido 
** los siguientes datos, que publicamos sobre la conducta del brigadier 
^ espaüol D. Pablo Echeverría, que manifiestan la hipocresía de su 
*' cwtfoter, y qne el temor del peligro únicamente lo foneó á plegarse á 
'^ las cireanstaocias, cuando el teniente coronel Anglada reslisóla re- 
** vnlueion de Pnno protegida por la victoria de Ayacncho. " El 25 de 
« diciembre, dtoe el general Al varado, salló fngado para Arequipa el 
** general Maroto, y luego trató con el teniente coronel D. Francisco 
" Anglada de dar libertad á los prisioneros y hacer la revolución en 
^* este punto. Entretanto se cjeontabaa las medidas tomadas para este 
** proyecto, al oír tres tiros de oafLonf sellal en que había convenido con 
*< aquel oficial para avisar qne no habia novedad en el depósito, acudió 
« al comandante general de armas español D. Pablo de Bcheverria, y 
<* mand ando traer á sn presencia al benemérito Anglada, hecho cargo 
^ de las eireonstaneias en que se hallaba, avisado deque iban á sorpven- 
^ dar el onartellos coroneles D. Manuel Garcia Lemoyne y D. Pedio 
^ Antonio Caatrocon el teniente c(»onel D. Fermín de la Vega» sa 
'f avino á entiegarme el mando y Jurar la independencia. Con este 



28 ECH— EGA 

'' motiro el Sr. Alvarad» leoomtenda la oondacta de esto jele por sa 
^* banutnidad y sometimiento. £t gobierno dirigido por el dieoermiiiienlo 
'< de la esperíeneia y la verdadera posición de Echeverría en aquel 
'* aoontecimieDto, dijo en contestación al gran mariscal de Ayaenoho lo 
'' que sigue: 

^ En cuanto al brigadier Echeverría, como según lo que dice el ge. 
'' nersl Al varado, el obró forzado por las circunstanotas, y temiendo un 
« asalto del cuartel por los ofíoiolett, que nombra aquel general, parece 
" que no debe ser incluido en la capitulación de Ayacuoho: obre US' 
« eomo lo crea Justo y conveniente, admitiéndolo 6 nó al servicio; 6 
'' dándole algún destino, con tal que no sea ni Jefe, ni autoridad prin- 
'' cipal de ningún departamento ni provincia. £u fin sobre este par- 
'' ticnlar obre US. libremente. " 

No sabemos si Echeverría prestó realmente el Juramento que se indica, 
y si se le admitió al servicio: pero él no fué juzgado y sentenciado en la 
forma legaL £1 general en jefe en aqoellas oirounstaneias necesita 
dictar medidas muy enérgicas, porque existían las fuerzas de Olafieta en 
el Alto-Perú, y por las diversas tentativas de reacción que se trama- 
ron en el mismo Puno y otros puntos, 

ECHBfEEEIA— Zuluaoa D. Frakcijsco de— f'áiM— iSotp Aersioso— 
Morqwéaás — 

B¿Af A— El Dr. D. Juan— Nació en Lima en 1769 y fué bautizado 
el dia 27 de Junio en Santa Ana, ¿ cuya parroquia pertenece la calle do 
Granados en que moraba su familia. Sus padres D. Manuel Egafia na- 
tural del sefiorio de Yisoaya y bu madre D? Josefa del Bisooy hijade Li- 
ma y procedente de una distinguida casa, le dieron una educación es- 
merada y lucida. Contaba apenas siete a&os al ingresar D. Juan de 
alumno en el colegio Seminario de Santo Toribio: aUi completó con 
gran provecho los estudios de artes, dando en cuanto al idioma latino 
pruebas remarcables de bu inbeligenoia en cinco actuaciones qne le va- 
lieron elevados caliücativos. Llamado al profesorado por sus luces y 
precoz suficiencia, regentó la cátedra de Filosofía antes de cumplir 
dieziseis nfios. Era el mas joven de los maestros; pero su tino y talentos 
se acreditaron con el notable adelanto desús escolares. En cinco afioa 
posteriores desempefió los cargos de profesor en Teología y Leyes. 

Había perdido Egafta á su padre que fiUleoió dejándolo en la in- 
fancia, y su patrimonio desapareció también, envuelto en la quiebra de 
una casa de comercio de Lima. Llegaba D. Juan á la época en que 
debia pensar con discreción en su futura suerte, abriéndose por st 
mismo la senda que le eucuminaia á una posición ventajosa: el dicta- 
men de su madre fué que pasara á Espafia á solicitar una plaza de 
oidor. Admitido á la práctica forense y habiendo obtado en San Marcos 
de Lima los grados universitarios, determinó trasladarse á Madrid ha- 
ciendo su viaje por la vía de Chile. En Santiago le detuvo el regento de- 
la audiencia B. Francisco Antonio Moreno y Escanden, americano muy 
digno, qne habia sido oidor de Lima y profesaba estimaoion á Ega&a y su 



EGA 29 

fiunilia. En aqaella capital ejercidlA profesión de abogado brillando en 
este ejercicio su alto saber y probidad. Contrajo matrimonio con D^ 
Victoria Fables, y le fu6 muy grato avecindarse en el pafs que Inego 
tQTO motivos de acatar sn mérito, y de considerarlo por sns distingui- 
dos servicios. Egalla poseia las principales lenguas, lo habían nutrido 
losmas sabios autores: sn elocuencia forense era de un temple fino y 
penetrante, y sus conocimientos en otros ramos sirvieron bien á la li* 
teratnra Chilena. Como abogado, lo acreditaron sus alegaciones llenas 
de habilidad y doctrina, y su celo caritativo eu defender sin nin- 
guna retribución las cansas de los pobres y de los presos. 

Cuando en IdlO dio Chile el paso preparatorio para alcanzar sn li- 
bertad, fué Kga&a llamado por el cabildo para que cooperasa á sus , 
tareas: se le eligió representante para el primer congreso y en el se espi- 
dió con acierto en los dubates y trascendentales comisiones qne se le 
confiaron; entre ellas la formación de un plan do defensa, otro general 
de estudios, y la del proyecto de constitución en qne tuvo parte: por 
entonces Bgafia escribió una memoria sobre la con^euiencia de crear 
una asamblea americana. Nunca en la práctica de sus' servicios le aco- 
bardaron loe peligros de la revolución: no le dominaron las pasiones 
anárquicas, ni los opresores ni los demagogos pudieron sofoaar su voz 
ni sus opiniones, dirigidas esolnsivamente al bien de su patria adoptiva. 
Tal fué el norte de su conducta como hombre de influencia, como orador 
y como político. 

Era imposible que un personage de la altura de Egafia, que había si- 
do miembro del Senado y del poder I^ecutivo, pudiera librarse de la sa- 
na del partido reaccionario, y de las venganzas de los gobernantes espa- 
fióles qne victoriosos en la batallado Rancagoa, recuperaron su poder y 
lo ejercitaron con sin ignal crueldad. El qne intervino en la organización 
del censo de habitantes, y en los primeros ensayos estadísticos, en la de . 
nn plan de contribuciones, en la reforma de las rentas eclesiásticas, y 
en el establecimiento del instituto, tenia que ser en labora de los casti- 
gos una de las primeras víctimas escogidas para saciar rencores impla- 
cables. Egafia es verdad que debió ausentarse y precaverse en tan ter- 
rible crisis: no lo hizo, y quedó en Santiago espuesto á cuantas adver- 
sidades le deparara el infortunio. Fué encerrado en una prisión y se le 
condujo al presidio de la isla de Juan Fernandez, donde sin embargo 
de un real indulto se le continuó oprimiendo, bien qne se cortara la 
causa criminal á que estuvo sometido. Esperaba el ilustre cautivo ter- 
minar su existencia en aquella mansión de horror é impiedad: pero acu- 
dió á salvarla el glorioso triunfo del invicto general San Martin que 
en Chaeabuco restauró la libertad de Chile. Egafia la alcanzó inmedia- 
tamente, y volvió á la escena enaltecido con el nuevo prestigio que le 
dieran los padecimientos qne habia sobrellevado con admirable resig- 
Bacion. Siguió prestando importantes servicios, y cuando se trató de 
constituir el país, representó á la provincia de Santiago en la asamblea 
de Plenipotenoiarios que fijó la tb^rma de gobie]|po. Presidió el Con- 



30 EGA— EGU 

g»8o Coastífcayeute, y la comisión encargada de formar el proyecto á» 
opnstitucioiu Eutóncoja tu vieron mas realzo sos oouocimientos hiafeóii- 
ooB y politicosi porque aprovechó las lecoioues de la voTolnoion y ú» 
la esperieucia ea el estudio de la íudole naoional. Fué eleoto dipu- 
tado á un tiempo por varias provincias, y llenando su misión lo misaiD 
qne en el Senado, con sn acostumbrada integridad, disfrutó del apreei* 
genertd y del respeto á qiie lo hicieron acreedor su modestia y su des- 
prendimiento. No se le tildó nunca de ambicioso: sus triunfos loa ob- 
tuvo siempre por la libre espresion de la voluntad pdblica. 

Son conocidas muchas obras de D. Juan Egafia^ distingniéndoae 1» 
de '^Tratados Jurídicos" que comprende diferentes infames y memo- 
rias sobre puntos de jurisprudencia: sus *'I>iscursos Acsdémleoe" en di* 
versos actos universitarios: la ''Descripción geológica y mineial6gioa 
de Chile:" sus ''Memorias políticas ó colección de observaciones escri- 
tas desde el principio de la revolución americana, sobre varios olfatea 
de política y legislación; memorias que aumentó después con un trata- 
do sobre la tolerancia religiosa, y otro sobre las ventigas ó ineonve- 
nientes del sistema federal: el "Tratado de Educación"* con el plan de 
estudios formado para el instituto naoional de Chile; y otros trata-, 
dos de Gramática latina, de Geografta, de Historia, de Ideología, et04 
El "Examen instructivo de la Constitución política de Chile:" "las oar- 
tas Pehuenches," sátira» periódicas de sucesos y vicios de la r6Tolaoio&:, 
"Honima ó la inmortalidad del alma," romance moral: "El chileno con- 
solado en los presidios, ó fllosofia de la religión:" "Colección de poeaias 
líricas y dramáticas," entre las últimas, una traducción libre de la Ze- 
novia de Metastasio que compite con las belleaas del original. En to- 
das éllaa oomo dice el autor del "Correo literario y político de Londres, 
de 18S6," "se descubre nna generalidad de conocimientos muy pooo co- 
" man: sus pensamientos son profundos, so raciocinio sólido y enór- 
" gioo, su literatura escogida y copiosa, y su estilo fluido, correcto, ame* 
" no y elegante, 

£1 Dr. D. Juan Egafia falleció en Santiago el 13 de abril de 1836, 
cuando hacia afios se hallaba retirado de los negocios públicos. Sn hgo 
D. Mariano que figuró en altos puestos, hizo publicar en diea volame- 
nes la colección de obras de su respetable padre. 

Nos ha servido también para estos i^untes susointos, el estudio bio- 
gráfico presentado por el recomendable escritor nuestro D, A<»sclo Vi- 
llarán en el Club Literario de Lima en 1875. 

BQÜItt-Doña María— ráw0 ParrOf D. BmioUmá de Ur- 

Bfílfl nMlVlZA— Et« Cafitan D. Psdro db i^— nacido en Bilvao. 
Milftó en Italia > Flandes y vino ai Perú donde sirvió en la gnaniicion 
del presidio del CaPao. £1 virey D. Luis de Velasoo le nombró para la 
reducción de la provincia de Tipuani habitada por gente belicosa. Des- 
pn^ 4^ trabi^ar en e#e cargo, le hiap ^\ ▼i'ty maníaos de MonteeelanNi 
Qabeicnador y teniente de capitán general de loa Mo|os y de la con- 
quista de los Chnnchos, en que $e empleó desde 1616 hawta 1638, gastan- 



EGU— ELI 31 

^ de stt hacieikls mu de 800 mil fesos, en las difertutes entradas tin^ 
ejeeató y en la apertura de caminos. Falleció en Calacoto á doBde se 
liaMa trasladado á cansa de sos enfermedades. 

■USA^D. F1U2TGI0CO— Teniente de Navio. Tné encargado de ana 
espedioioa naval para esplorar las islas de Sandwich. Llevó á sos ór- 
denes nna Fragata y nnPaqaebot: este mandado per el teniente de na- 
vio D. Salvador Fldalgo. Pasaron á San Blas en 1789: de allí salieron 
el 3 de febrero de 1790 para el puerto de Notka qne debia fortalecerse 
y en el eaal apresaron nna balandra Inglesa de qne se hizo cargo el tSr 
niente deíhigata D» Mannel Qnimper. Esta espedioion reconoció aque- 
llas islas, descubrió algunas qne ann no eran conocidas, demarcó cana- 
les y pasos hasta entonces ignorados: estuvo en Juan de Fuca y se diri- 
gió después á Manila y á España — Véate — Qui9np§r, 

ELIZALPB— D. Antonio, y D. Jósó Matias, nacidos en el lugar de 
Oarzain, uno de los 14 de qne se compone el titulado ''noble valle 
y univeraidad de Bastan" en el obispado de Pamplona, roino de Na- 



Pertenecieron estos oaballoros por ambas líneas á las casas solares de 
Behevensea, Eltcáidea y Gfortairia radicadas en Locaros, y á las de Eohe- 
▼erria y Arratóa «n EUsondo, lugares del citado valle. Fueron sus pa- 
dres D. Juan Lorenso de Elicalde y D? Maria Josefa Arratóa dnefios de 
1* easa sc^ar de Echeverría, y sus ascendl^tes se cuentan entre los mas 
antiguos hijosdalgo, que ásu ves tuvieron cargos públicos de Jurados y 
diputadoa eomo erigíBarios de dicho Yalle. El vecindario de él sostuvo 
nú largo litigio ooBtra los reyes de Navarra sentenciado en 1440; y ga- 
nó la preeminencia de colocar en sus posesiones por escudo de armas el 
tijeánz escaq u e ad o de bUmeo y negro etc. D. Antonio de Elisalde nació 
en 15 de Junio de 1736 y su hermano altos después. Ambos vinieron al 
Pera y se eetableeteanm en la ciudad de Arequipa ocupados del comer- 
cio y negocios: allí compraron unos bienes que correspondían al mar- 
quesado de Selva Hermosa. Pasado algún tiempo se trasladaron á Li- 
ma, en euya veeindad pemumeeieron disíhiiando riquezas y el mas me- 
rseido concepto, por que fueron hombres benéficos, caritativos y de una 
homadea asendmda. 

D, Antonio^ cruzado de la orden militar de Santiago, contrito ma- 
trimooio con D? Juana Diaz, se&ora principal y posehedora de una for- 
tuna de ooosideiaeioB. Fué teniente coronel de Dragones de milicias 
del reino, regidor perpetuo del Cabildo de Lima desde 17d4. Alcalde 
offdfauffio de esta ei^ital en 17S7 y 86, eónsnl del tribunal del Consula- 
do en 1766 y 80, y prior del mismo en 1791 y 9S2. Sirvió la mayordomia 
del hospital de San Andrés con notorio celo, haciendo de su peculio fte- 
ouentes suplementos para sostMierlo, los cuales no se le reintegraroü 
ea sn totalidad. La casa de Elizálde era siempre de las primeras en to- 
da eragaeion para ojotos piadesee, ópor empréstitos para CKigemslaa 
ptfbUoaa y del gobierno: lecoaecia el Consulado fuertes sumas á su fií- 
▼or por impostcioaes de diysersas pr ooedencías. Aparte de lo etpuesto, D. 



32 EU 

Antonio Elizal^Ie desemporió comisiones de importancia en provecho do 
la ciudad: una de ellas fué la comisaría y administración, sin emo- 
lumento alguno, de la suutuosa obra del camino nneyo del Callao y 
sus portadas; en la cnal rigió una severa economía y orden estaUeci- 
dos por Elizalde, liabiendo sido el ingeniero facultativo D. Luis Bico, 
Coronel de este cuerpo. Esta comisión la coufírió á Elizalde el virey 
O'higgius marqués de Osorno en 1797. Concluyó dicha obra al pñnci- 
piar el aüo de 1800, y fué hecha á espeusas del tribunal del Cooisulado: 
su costo ascendió Á 343.600 pesos. En la portada del lado izquierdo 
existian las armas del Consulado y uu cuadro con la inscripción: 

Sumptibus 
cQjnmercii Limani consnlatns» 
curante 
D. Antonio de Elizalde 
Equite Anreato. 
Escribió el Dr. D. Hipólito Unanue un discurso lleno de elocaoncia y 
erudición acerca del camino del Callao, y las tres grandes puertas de 
entrada á la ciudad. Medía aquel 13|310 varas de longitud, desde 
dichas portadas hasta cien varas antes del glacis déla fortalesta '^Beal 
Felipe;'' y 36*20 de latitud, teniendo solo 8 los caminos laterales de an- 
dar Á pié. Dice Unanue, refiriendo que se nombró nn 'Comisario qne 
" reuniera á la inteligencia y exactitud en la inveroion de los caudales 
'' y su cuenta, el concepto y estimación universal;*' que ''el aplauso por 
'' la elección de Elizalde, hizo vaticinar el breve y feliz suceso de la 
'* empresa." Para mas por menores, véase el artículo ''O'higgins, B. 
Ambrosio. 

D. José Matías de Elizalde, capitán de Dragones de milictaii, obtuvo 
el priorato del tribunal del Consulado en 1797, el cargo de coi\jueE del 
de Alzadas de minería en ltí02, y correspondió dignamente á la confian- 
del gobierno en varias otras comisiones que se pusieron á su cuidado* 
Contrajo matrimonio con D? Francisca González y Fuente hermana 
del conde del Villar de Fuente, é hija del conde de Fuente González y de 
D? Sosa de la Fuente que era condesa viuda del Villar. Hijo de D. Jo- 
sé Matías y de su esposa, fué el teniente coronel D. Juan de Elizalde y 
González que en la Bepública sirvió de intendente de Lima y de vista 
de la aduana principal del Callao. Casó con D? Francisca de Santiago, 
y tuvieron á D. Juan Francisco de Elizalde actual oonmel de oaballeria 
de ejército. 

D. Juan Bautista de Elizalde sobrino de D. Antonio y D. José Matías, 
se avecindó en Guayaquil y contrajo matrímonio conD? Jose&dela 
Mar y Cortázar hermana del mariscal D. José de la Mar y sobrina del 
obispo de Cuenca D. José Ignacio Cortázar — Véase Mar. 

Iios Elizaldes en Lima pertenecieron á la clase elevada del comercio 
y de los propietarios de bienes raices. En su posision social se herma- 
naban las distinciones del nacimiento, que tanto se hacían valer enton- 
ces, con la naturaleza del ejercicio mercantil. Esto se vela mas en el 



ELI— ENC 33 

Perú que en Espaila, Por unaroal orden dictatla en el siglo 10 ae decla- 
ró "que se podia comerciar librcmeuto en ludias sin que esto giro se 
" opusiese á la calidad do las personas ni osclnyeso á los caballeros con- 
" decorados con las órdeiiea militares." Se dice que esta disposición tu- 
vo el olvjeto de quitar las impresionéis que habla en Espafla contra aque- 
lla industria, y que con rapidez iban ya cundiendo en América. 

EL1ZALVE — D. Jcan Gómez dé— Famoso dorador que vivió en Lima 
cii el siglo 17. Hizo obras de mucbo mérito que x>árticularmente se con- 
servaron en los templos. 

ElfCALADA TELLO DE CflIZSIAlV T TORRES— D. Juan Félix— natu- 
ral de Lima, caballero profeso déla orden de Santiago, seflor de Paudú- 
ró, conde de la Debesa de Velayos y marqués de Santiago. Fué alcal- 
de ordinario en 1785 y 85. Procurador general y regidor perpetuo del 
Cabildo de Lima: gobernador Subdelegado del Cercado desde 1809 hasta 
1812 en qne falleció por el mes de octubre. Cooperó é intervino con el 
conde del Portillo eii la reedificación de la Iglesia de Santa Ana á conse- 
cuencia del incendio que esta sufrió cu 22 de marzo de 1790. Cuando el 
vircy D. Maunel de Amat creó y disciplinó muchos cuerpos de milicias. 
en Lima y demás provincias del Perú, D. Juan Félix Encalada formó 
el batallón '^Granaderos de la reina madre'' que en 1762 mandó en clase 
de coronel. Estuvo casado con D? Juana Cevallos bija del conde do las 
Torres. Fueron sus b^os D. Juan, D. Domingo y D^ Juana Eucalada y 
Cevallos: esta casada con el último marqués de Casa Calderón. Su her- 
mano D. Andrés era canónigo do la Catedral de Lima. Véase Velayos — 
Véase Torres y Messia D, Fernando — Véase SantiagOj marqués de — 

EUCALADA— O. LoRkxzo— Regidor perpetuo del Cabildo de Lima su 
patria. Destruyendo una huerta de su prox^iedad en 178G, formó una ca- 
lle pública cerca de la Altamcda de Acbo, y destinó un terreno para que 
8é hiciese una capilla, la cual tiempos después y con el título do San Lo - 
renzo, fué fabricada por el abogado D. Lorenzo Soria. 

EUCIVA DÍAZ T PERLA— El Dr. D. Luis Gonzaga du la— Obispo 
de Arequipa. Nació en la ciudad de Palma en Canarias, en 24 do abril 
de 1754. Fueron sus padres D. Simón do la Encina natural de Arciniega 
en Viscaya, administrador do la rentado tabacos en aquellas islas, y D? 
Águeda Díaz y Perla ambos do conocida nobleza. El dia de San Vidal, 
<ju que D. Luis recibió el bautismo, el obispó de Canarias D. Valentín 
Moran le obsequió un pectoral do ricas esmeraldas encargando ú sus pa- 
Arefl se lo guardasen para cuando fuese obisx)o. Dedicáronlo á los ei>- 
tudids para que siguiese la carrera do la iglesia, y muy joven se incorpo- 
ró Á la familia del obispo D. Fr. Juan Bautista Ccivora sucesor de Mor 
flln. Dicho prelado le dio en breve el título do maestro á quo so había 
hecho acreedor, y lo con&ervó á su inmediación no obstante sus tareas 
en el seminario. Después do féner loa órdenes sacerdotales pasó á Cá- 
diz con el mi&lmo Cervérá y tiivo á su cargo las cátedras de latinidad y 
retorica en el Setninário do esa ciudad. Pasó mus tardo á Osuna en cuya 

Universidad se Qrvtdxíó do bachiller, licenciado y Dr. Regresó á su patria 

5 



34 ENC 

destiuado á servir los cargos do maestro de ceremonias y oaledráticofjí' 
en 6 de noviembte de 1780 obtiiYO uua silla do Racionero en el coro. La 
canongia magistral la alcahzó por oposición en 1781, afio en que se le 
nombró Rector del Seminario conciliar, y Vico Director de la Real So- 
ciedad económica de amigos del país. Fué secretario capitular y exami- 
nador sinodal: y tnvo muclias ocasiones de adriutrir con sus sermones y 
oraciones fúnebres la celebridad de que disfruté. So le ascendió Á la 
dignidad de maostro escuela do la misma iglesia catedral da Canarias» 
y después á la de arcediano. Hallándose de canónigo sirvió la secreta- 
ria de cámara del obispado, y desempeHó la comisión de consultor para 
la aprobación de lAA cátedras del Seminario. 

En 26 de setiembre de 1805 fué presentado xK)r el rey Carlos IV jiara 
el obispado de Arequipa vacante por renuncia de D. Pedro Josó Chaves 
de la Rosa, y la cédula real llegó á sus manos el dia de Saiy Vidal. Este 
nombramiento le sorprendió \iot que no lo esperaba ui lo Labia iire- 
tendido, pues ni apoderado tcuia cu la corte. Lo consagró cu 28 de 
setiembre de 1806 el obispo de Canarias D. Manuel Verdugo, y el pa- 
drino fnó el cabildo Eclesiástico. Pasados las circunstancias de la 
gúetra con Inglaterra, que lo detuvieron hasta 1808, se trasladó á Ma- 
di^id como vocal nombrado por su provincia para la juuta central del 
teiuo. Ocupada la Península por los franceses, tuvo que ocultarse y fu- 
gar figüTáúdose arriero y carbonero, con cuyos arbitrios pudo llegar Á 
Cádiz. De este puerto salió para el Callao el 16 de octubre de 1809 y 
arribó á su destino en el navio do guerra Sau Pedro Alcántara el 7 de 
marzo de Í810. 

Partió de Lima por tierra á Arequipa el 2 do mayo, y entró en esta 
ciudad el ÍO de julio día tía que se celebraba allí la fiesta de San Vidal. 
Fué recibido C€fa muchas demostraciones de regocijo como que hacia al- 
gunos afios que Arequipa carecía do prelado. Hizo sin demora útiles 
reformas en oí clero y cu el colegio Seminario cuyos estatutos mejoró. 
Con fecha 22 de febrero de 18Í1, espidió uua ][»astoral exitando á la 
nnion y concordia para que so sostubiese el dominio del rey, y se recha^ 
sasen las tentativas que para ía revoluciou de América se hacían poi 
agentes franceses enviados con tal intento. Luego emprendió la visitar 
y la verificó en los partidos de Moqnogua y A-riea. 

Hallábase en Moquegua cuando Arequipa fué ocupada; pbr las tro- 
pas que luchaban yá por la indc^Yondoncia del Perú á las órdenes del ge- 
neral D. Matea García Pnmacáhua y D. Vicente Angnlo, y que en 10 de 
noviembre de 1814 vencieron en Cangallo á las del rey mandadas por el 
general D. Francisco Picoaga y el intendente do Arequipa D. José Ga- 
briel Moscoso. Pnmacáhua recibió comunicaciones del obispo dirigida» 
ú que 80 atenuase el rigor con ía ciudad, y prodi\]erou buen efecto des^ 
do que aquel los acató y mandó poner en libertad á no pocas personasw 

So restituyó el obispo á Arequipa luego que supo la habia recuperad<» 
el general D. Juan Ramírez con tropas realistas ol 7 de diciembre da 
1^14. Acabaron sus dios el 18 do oncro de 1816 y fué sepultado en el 



ENC— ERA 35 

Panteón ele la ciudad poDiéndosole iiu humilde epitafio que él dejó es- 
crito. Hicieróusele solemnes exequias, y la oración fúnebre que pronun- 
ció su confesor Fr. Mateo Campla, Misionero del Colegio de propagan- 
da de Moquegua, se imprimió en Madrid en 1817 á costa de algunos cu- 
ras de la diócesis. £1 obispo Encina pasaba cinco mil pesos anuales de 
la renta del obispado de Áxequipai á su antecesor Chayes de la Rosa que 
desde su renuncia se restituyó á Espalia y vivió en Chiclana. 

EICIHAS—El Ds. D. Dikqo dk — natural do Lima, catedrático de ar- 
tes y rector de la real Universidad de San Marcos en 1636. Fuó cura de 
la parroquia do Santa Ana, canónigo penitenciario, tesorero, maestre 
escuela, chantre y arcediano de esta catedral. Fué varón sabio y do 
iejemplar virtud. jSe le eligió por obispo de Santiago de Chile en 1657, y 
falleció sin consagrarse el afio de 1659. Otro Diego de Encinas que fuó 
oficial mayor de I» secretaria de cámara del concejo de Indias, impri- 
mió eu Madrid en 1599,1a colección que en 4 tomos formó de reales órde- 
nes correspondientes al gobierno de la América desde su deseubripLÍen- 
to, y este fué uno de los mas útiles trabajos preparatorios para la reco- 
epilación de las leyes de ludias. • 

EEAVZO— D? Catalina 5 sea ijl Monja Aupbricz— Al ocupamos de 
esta mujer estraordtnaria, hemos determinado /ormar un -estracto sus- 
tancial de la historia que día misma escribió, y dio á luz X>. Joaquiu 
María Ferrer el a&o de 1829 en Paris. Obtuvo de D. Felipe Bauza Di- 
rector que fué del depósito hidrográfico do Madrid, un manuscrito co- 
jplado del que existe en la Academia Real de la Historia, colección do 
J). Juan Bautista Muñoz; quien lo habla hecho sacar en Sevilla en 1784 
de un tomo de papeles varios que tenia en aquel tiempo el poeta D. 
Cándido María Trigueros. Este puso á continuación algunas notas 
.acerca de la citada historia. Ferrer hizo imprimir también un apéndice 
con diferentes documentos que citaremos al terminar nuestra relacioq, 
dando cuenta de ciertas dudas y argumentos que se contieuen en, el pro- 
rlogo. Inserta Ferrer en su libro una comedia titulada "JCa Mo^a Alfe- 
rezi^ su autor J). Juan Pérez de MontaLvan, la cual se representó en Li- 
ma el afio de 1830, y no sabemos por qué se prohibió su repetición go- 
bernando el presidente D. Agustin.Gamorra. Según se dfjo entonces, pa* 
>rece que á los eclesiásticos disgustó apareciese en la escena una monja 
ile protagonista de aventuras y hechos criminales. Como quiera que sea, 
«e hizo en el teatro un desmedido aplauso^ y la autoridad tomó muy á 
mal que los alumnos del colegio militar exigiesen de una manera inmo- 
derada é irrespetuosa se representase otra vez el indicado drama. 

D? Catalina de Erauzo dice que su nacimiento fué en San Sebastian 
-de Guipúzcoa el afio de 1585, hija del capitán D. Miguel de Erauzo y da 
t>^ María Pérez de Galacraga y Arce, naturales y vecinos de dicha villa. 
Que en 1589 la hicieron entrar sus padres en el convento denominado 
"El antiguo/^ de religiosas dominicas. Que al cumplir quince años tra- 
tándose de su profesión, y estando ya eerca el fin de su noviciado, tuvo 
una desavenencia ruidosa con la monja D» Catalina de Aliri, que la maí- 



3G ERA 

trató do manes. Refiero qnc en lanoclio del 18 de marzo do 1600, estando 
la comunidad en el coro, fingió una indisposición, consignió tomar las lla- 
ves, 7 abriendo las puertas se salió del convento. So fué á la ciudad do 
Vitoria, estuvo tres meses sirviendo al Dr. Francisco de Serralta, cam- 
biados ya sus vestidos, y luego con un arriero marchó á Yalladolid don- 
de so acomodó de pajo de D. Juan de Idiaquez secret ario del rey, con el 
nombre supuesto de Francisco Loyola. Con motivo do haber visto á su 
padre, quo no la conoció, en casa do Idiaquez, y 03'endo que so lamenta- 
ba con oste do la fnga do su hija, resolvió huir inmediatamente, y lo hi- 
zo después do apoderarse de algunos doblones. So trasladó á Bilbao, 
volvió ít San Sebastian, y oyó misa en la iglesia de su mismo convento. 
Habia entrado ya el ano do H;03, y pasando al puerto de Pasages se em- 
barcó para San Lucar: allí sentó x>laza do grumete eu un galeón quo 
mandaba Estcvan Eguiüo, tio suyo, quien tampoco acertó á conocer- 
la. Navegó en la escuadra del general D. Luis Fernandez do Córdoba, y 
llegaron los buques á la punta do Araya en la costa de Cumanrí, dondo 
fuó destruida una pequeña armada do holandeses y una fortificación 
que hablan levantado on tierra. Siguió D" Catalina con Eguiíio íí Nom- 
bre do Dios, y cuando el galeón debia regresar á España, desertó ro- 
bándole quinientos pesos. 

So vino á Panamíí, y so colocó do dependiente de un comerciante lla- 
mado Juan do IJrquiza. Navegando para el Perd, sufrieron un nau- 
fragio en Manta, de que salv.iron ambos: pasando á l'aita encontra- 
ron un buque cuyo cargamento pertenecía Á dicho negociante. El dis- 
frazado dependiente se hizo cargo de una tienda eu Salía, dando cuen- 
tas satisfactorias ú. su patrón. Estando D? Catalina en la comedia, fuó 
molestada por un N. Reyes que la amenazó de cortarle la caraj y al si- 
guiente día so presentó á provocarla en la tienda. Ella tomó un cuchi- 
llo, hizo picar el filo hasta ponerlo como una sierra, y cinendosu espa- 
da se fuó á buscar íí Reyes í£ quien dijo '^asta es la cara que se corta."" Lo 
desgarró el rostro con aquella arma: pero luego se vio acometida do un 
amigo do Reyes y chocaron á espada, resultando que lo hizo caer con 
una grave herida. El corregidor D. Mendo de Quiñones sacó arrastran- 
do ú D? Catalina de la iglesia en que se habia refugiado, y la encerró 
en la cárcel poniéndola en un cepo. Después por reclamaciones de la 
aiitoridad eclesiástica, tuvo quo restituirla al templo, TTrquiza quo fa- 
vorocia ú una dama, quizo transarlo todo casando íí esta con su depen- 
diente por que era tia de la mujer del lastimíulo Reyes. D? Catalina so 
vio en apuros para librarse de las caricias de aquella, é hizo entender 
ú su protector que de ninguna manera se casarla. 

Pasó áTnijillo, y estando ocupada de manejar en otra tienda efectos 
de Urquiza, la asaltaron Reyes y dos mas, bien armados: D^ Catalina 
BO batió con los tres, mató íí uno, y acudiendo el corregidor D. Ordoño 
de Aguirro la tomó para llevarla á la cíírcel; mjis al pasar por la iglesia 
dejó que 5?.e entrase íí tomar asilo: <^1 era vizcaíno y le habló en vas- 
cuenco. 



ERA 37 

Urquiza la envió á Lima recomendada á D. Diego do Olartc merca- 
der muy rico, el mismo quo la tomo ú, su servicio poniendo bajo su ad- 
^nistracion una tienda do comercio. A los nueve meses la despidió 
por.baberla sorprendido con dos cuñadas suyas en actitud sospechosa. 
Entonces P? Catalina sentó plaza de soldado bajo el nombre do Alón- 
«o Diaz Ramirez de Guzman^ en una do las eompaüias que so forma- 
ban con destina á CbilCí recibiendo por sueldos doscientos ochenta pe- 
sos. Marchó con su capitán Gouzalo Rodríguez en la fuerza que condu- 
jo á Coucepcion el maestro de campo D. Diego Bravo de Sai'abia. Allí 
^ntró en campafia á órdenes del goberuador D. Alonso de Ribera, de 
qnien era secretario el capitán Miguel de Erauzo. Comprendió que era 
8u hermano, bien que él no podía conocerla habiéndola dejado de dos 
aQ08. Como al pasar lista notó que era de San Sebastian, le hizo mu- 
chas preguntas para saber de sus padres y de sus hermanas. D. Miguel 
consiguió tenerla á sn lado como ordenanza, pero rezeló de ella al repa- 
rar que frecuentaba cierta casa, y de esto provino so pusiese en asecho, 
y que al salir le diese de cintarxizos hiriéndola en una mano. 

Pasó desterrada á Paicabi donde permaneció tres afios con las armas 
en la mano y entrando en freeuentes refriegas: espedicionó á Valdivia 
y en nu fuerte choque los ludios mataron muchos espadóles inclusivo 
«1 alférez Á quien tomaron la bandera que llevaba. D!^ Catalina con 
dos soldados penetró en una gran multitud de ludios á cuyos golpea 
perecieron ambos, y ella mató á uu cacique, le quitó la bandera y 
volvió á los suyos á costa de mil peligros con tres flechazos y una 
herida de lanza. £1 jefe principal la nombró alférez, y como tal sirvió 
en la compafiia do Alonso Moreno, que después so dio al capitán Gouza- 
lo Rodríguez. Se halló en la batalla do Purén donde esto murió, suce* 
diéndole accidentalmente D? Catalina; concurrió ú otras acciones, re- 
cibió algunas heridas de flechas, tomó á uu cacique llamado Quispihuiui- 
cha, con quien batalló hasta derribarlo del caballo, y así rendido lo 
ahorcó de un árbol, hecho que desagradó al jefe de Ins tropas. 

Estuvo en l^acimiento y en el valle de Paren: pasados seis meses lo- 
gró licencia para volver á Concepción, y catando en una casa de juego,, 
fué insultada por nn oficial á quien hirió en el pecho. La tenían asegu- 
rada cuando entró el auditor do guerra y la tomó por el cuello; ella con 
BU daga le atravezó los carrillos, y espada en mano se a\>rió paso en- 
trándose en San Francisco, donde supo la muerte del oficial y dol au- 
ditor. Cercó la iglesia el gobernador D. Alonso García Remou, y así 
corrieron seis meses á pesar de que prometió premio al que so la pre- 
nentase. El tiempo fuó calmando el rigor: y se salió dol convento cou 
«I alférez D. Juan de Silva quo la llevó de padrino á uu desafio que te- 
nia con D. Francisco Rojas de la orden d« Santiago* 

Herido Silva se batieron también los padrinos, mariendo Rqjaa. Si- 
guió peleando D? Catalina con el compañero de este, sin advertir qi^e 
era an hermano Miguel Erauzo por la inucha oscuridad de la noche, y 
lo mat^ djs una estocada, ocultándose en el cpn vento de San Francia- 



38 ERA 

co. So lo seguía canaa como reo ansente, y con ol amparo de D. Jiiaii 
Poiice do Leou, tramontó la cordillera á costa de grandes penalidades. 
Dice qne entonces lloró por la ver. primera, rezó el rosario encomendán- 
dose á la Virgen y á San José. Después de mncho caminar, encontró 
quien la amparase, y llegó á una hacienda donde una sefiora mestiza 
le hizo muchos favores: de' cuyo trato resultó que la quisiese para ma- 
rido de su hija, ofreciéndole que gobernaría su casa. Escribe D? Cata- 
lina que la Joven era muy negra, fea y contraria á su gusto, que estuvo 
KÍempre por las buenas canis. No obstante, se recibió de la hacienda y 
se trasladó con la familia á Tucuman para que allí se hiciera el matri- 
monio: pero como era imposible efectuarlo, D? Catalina se fugó y no 
volvieron á verla. Antes había contraído amistad con el secretario del 
obispo y con un canónigo Cervantes, el cual la pretendía eficazmente 
para que se casase con su sobrina. Recibió diferentes obsequios y esta 
relación vino á parar, por la dificultad ante dicha, en que con doble mo- 
tivo huyese de Tucuman, alejándose á la mayor brevedad. 

Dirígiéndose á Potosí se juntiS con un soldado, y en el camino mataron 
á dos individuos de una partida de ladrones que les salió al encuentro. 
Estando D? Catalina ya en esa villa, se acomodó de camarero de un re- 
gidor de Chuquisaca ]lania<lo 'D. Juan López Arguijo, de quien en bre- 
ve se separó. Hubo en Potosí, un alzamiento capitaneado por Alonso 
Ibañez, y como el corregidor reunió gente, se alistó D? Catalina á sus ór- 
denes y se halló en un tremendo encuentro que ocasionó muchas muer- 
tes. Hicierónla después ayudante y marchó á los Mojos con el maestro 
de campo D. Bartolomé Alba á una cspedíciun que terminó desgracia- 
damente, por que este jefe murió sin haber jiodido vencer las dificulta- 
des que se le presentaron. 

De vuelta en Potosí so colocó en casa do D? Catalina de Chaves, la 
cual por un disgusto ocurrido en el templo, recibió una bofetada de D? 
Francisca Mamiolejo, esposa de un personaje nombrado D. Pedro de 
Andrade. Era corregidor D. Rafael Ortiz de Sotomayor de la orden do 
San Juan: este con los alcaldes favorecieron á D? Francisca en su sali- 
da de la iglesii^ mas no pudieron evitar qne la monja alférez pasando 
velozmente en traje de indio cerca de dicha señora, la diese una cuchi- 
llada que le cortó la cara de parte á parte. De este hecho sobrevinie- 
ron gravísimos exesos y persecuciones. D? Catalina de Chaves decla- 
ró en su misma casa al juez, que ella había herido á la Marmolejo. Pero 
80 descubrió que D? Catalina de Erauzo, con aquel disfraz, fhé' quien 
ejecutó el hecho, y cargada de prisiones sufría inconfesa ol rigor del 
tormento: el juez lo suspendió en virtud de una carta quo leyó para sí. 
El xirooeso continuó su curso, y la Erauzo salió condenada á servir diez 
afios en Chile sin sueldo. Este fallo se revocó por la audiencia de Char- 
cas de una manera misteriosa, dando á aquella por libre, y multando 
en las costas á la ofendida D? Francisca Marmolejo. 

Empleóse Inego en servir á un comerciante al cual proporcionó bue- 
nu ganancias. Tardó poco en ocurríríe, por cansa del juego, otro lauco 



úe armas cou nuo á qnien mató de uua estocada. Liioliaudo con ios al- 
caciles no se dejó prender, y ya herida ganó iglesia, do la que pudo 
ausentarse á los pocos días. Én Pomabamba (Bolívia^ tuvo por la mi»' 
ma ocasión del Juego nueva desavenencia, é hizo otra muerte. Reducida 
á prisión se dio sentenciii condenándola á morir. No quiso confesarse, 
subió á ía horca, y por la demora y j^ca práctica del verdugo, hubo 
tiempo para que llegase de Chuqnisaca upa óitlen del presidente D. 
Diego de Portugal, mandando suspender la ejoeuoion y que los autos 
con el reo se le remitiesen. Allí se dieroíi i>or falsas las declaraciones de 
los testigos, según confesión de ellos mismos, y 1)? Catalina alcanzó 
su libertad. 

Pasó á Cochabamba á hacer cobranzas^ y al dejar la ciudad para re- 
gresar 2¿ Chuqnisaca, es detenida por una mnjer que se arroja de uua 
ventana, y le pide la salve de su marido que quiere matarla, lia apoya- 
ban dos religiosos que rogaron al oficial la llevase, por que aquel la aca- 
baba de sorprender con un tal Calderón, sobrino del oí)isx>o, á quien íia- 
1>ia dejado muerto. D? Catalina la recibió y la eondujo sobre Ifls ancas 
de la muía que montaba: al segando día de camino avistaron al marido 
que iba á alcanzarlos, y les hizo varios tiros de escopeta; pero llevaba 
el caballo muy cansado y quedó atrás. Ya en la ciudad, el alférez entre- 
gó la novelesca mi]ger á su propia madre D? Maria Ülloa, que era mon- 
ja y fundadora de un monasterio; pero no bien lo hubo hecho, so encon- 
tró con el ofendido D. Pedro Chavárria [que este era su nombré] el mis* 
mo que desenvainó la espada y la atacó con furor, y sin previas razones. 
D. Catalina se defendió, y luchando ambos so introdnjeron en el templo, 
dentro del cual Chavarria la hizo dos heridas: mas ella sin perder ánimo 
fué estrechándolo hasta el altar principal y allí acertó á darle nna es- 
tocada. Unos fí-ailes tomaron á D? Catalina, la condujeron al conven t-o 
inmediato de San Francisco, patrocinándola durante cinco meses^ Clui- 
varria y su mnJer entraron por convenio en la vida monástica, y la £rau- 
zo quedó libre; componiéndose de este modo i)or medio de influencias 
interesadas, atentados que cansaron grandes escándalos. 

La religiosa Ülloa consiguió que el presidente de Charcas enviase á 
nna provincia áD? Catalina en calidad de juez en comisión, para juzgar 
al oficial Francisco Escobát que habia muerto á dos indios ale vosamente 
por robarlos, enterrándolos en su casa. Terminó la causa en que lo conde- 
nó á muerte, y aunque lo coíicedió apeíacion, la audiencia confirmó el 
fallo, y Escobar fné ahorcado. 

B? Catalina se dirigió á la Paz y en esta ciudad provocada por un 
eriado del corregidor que le arrojó nu sombrero á la cara, lo hirió coa 
una daga y resultó muerto. Lleváronla á la cárcel bien maltratada, y el 
juicio que se siguió finalizó con dos sentencias conformes. Estuvo en ca- 
pilla dos dias confesándose, y al darle la comunión hecho la forma en una 
de sus manos diciendo quQ ''se llamaba á Iglesia.'^ El alboroto fué gran- 
de: acudió el obispo D. Fr. Domingo Yalderrama con el gobernador: se 
encendieron muchas luces y condujeron bajo palio á D? Catalina oq pro- 



40 tu 

cesión basta úl Sagrario. Uu clérigo le tomó la hostia y la depositó; allí lo 
rasparon las manos y se las lavaron varias voces, dejándola cu el temx)lo. 
Todo esto escribo 1a monja alférez que lo bizo por consejo de un religio' 
80 do San Francisco. Pasado un mes pnilo fugar favorecida por uu clé- 
rigo, que con acuerdo del obispo le proporcionó dinero y una muía. 

Encaminóse al Cuzco, y en esta ciudad le atríbnyorou el asesina- 
to del corregidor B. Luis de Godoy, perpetrado por N. Carranza. Des- 
pués de cinco meses de prisión, averiguada la vci'dad del becbo, se le 
puso en libertad y se vino á la capital de Lhna. 

Ajírestaba ít eso tiempo el virey marqués de Moutcsclaros la escua- 
dra destinada á batir las fuerzas navales holandesas que surcaban cí 
Pacífico al mando de Jorge Spilberg. D? Catalina en el acto tomó ser- 
vicio y se embarcó en el navio Almirante; aquel que en el combate em- 
peñado frento á CaTicte, fué destruido completamente. D? Catalina fué 
una de las muy pocas personas que no perdieron la vida y quedaron cu 
poder de los holandeses: poco después lo dieron' libertad en Paita. Ella 
se vino seguidamente á Lima, y xiasados siete meses emprendió viajo 
para el Cuzco. 

Alojóse allí en casa del tesorero Lope de Alcedo, y uo corrieron mu-* 
chos dias sin que esta rarísima mujer eutrífra en una nueva y singular 
aventura. Estando en una partida de jnego se le colocó al lado im es-* 
pafiol íi quien llamaban el Cid, muy animado de valiente y al mismo 
tiempo díscolo, de fatales antecedentes, y aspecto siniestro y espantoso. 
Por dos veces tomó el dinero de D? C atalina que se hallaba gananciosa; 
mas ni intentar hacerla por Ta tercera, le clavó la mano contra la mesa 
al golpe de un puñal. Salieron otros á defender al Cid y la Erauzo bre- 
gando con todos, ya en la calle y con tres heridas, recibió auxilio de 
dos viscainos. El lance se hizo terrible siendo cinca los contr atios: el 
Cid dio Á D? Catalina una puñalada en la espalda, y otro un puntazo 
en el costado izquierdo, cayendo á tierra y desangrándose en demasía. 
Viéndose sola, hace un estraordinario esfuerzo: levantase y dirígese al 
Cid, que la observaba desde la puerta de San Francisco: pudo pararle 
una estocada, y correspondiéndole con otra, que lo atravesó por el es- 
tómago, espiró á los pocos iustautcs. Llegó el corregidor D. Pedro dé 
Córdoba y notando el mal estado de D? Catalina, mandó que ante todo 
se confesase. Hízolo así con el padre Fr. Luis Ferrer, á quien le declaró 
sn verdadero sexo, por que á no dudarlo creyó morir. Conducida á la car 
sa del tesorero Alcedo pasó ]>or una larga y penosa curación: hubo en 
esta mucho acierto y esmerada asistencia, á lo cual debió su restable- 
cimiento. Temiendo de un lado á la justicia, y do otro á los amigos del 
muerto Cid, detenuinó ausentarse y lo llevó á efecto recibiendo mil po- 
sos del capitán Gaspar Carranza; de Alcedo uuas armas y tres muías, y 
de D. Francisco Arzaga tres negros esclavos. 

Púsose en marcha acompañada también do dos amigos viscainos. Etf 
cl i)ucnte del Apurimac la esiicraba un alguacil con varios hombres ar- 
mados. Intimósele prisión y quisieron asegurarla: pcró se travo tm saü- 



ERA 41 

^rieuto choque en qaé perecieron dos de loe negros, y dos del opnevto 
l>ando: D? Catalina mató al ministro de la jnsticia dándole un pistóle» 
taso, 7 siguió su camino libremente. Llegada á Huancavelica solo pe^ 
manéelo dos dias, por que estando en la plaza la saludó un alguaeil mien- 
tras que un negro la asió por la capa para detenerla: ella sacó una pía- 
tola, derriyó de un tiro al alguacil, y de una estocada al otro, aunqua 
ambos se defendieron. Luego montó en un buen caballo que un indio 
conduela de diestro y partió con precipitación para Guamanga. Per- 
siguiéronla tres hombres que no se atrevieron á acercársele, y desda 
el medio de un rio le intimaron se diese á prisión. Sacó sus armas, les con- 
testó que la tomarían después de muerta; y sin mas que esto, dijeron 
que eran mandados y que solo deseaban servirla. Continuó su camino 
dejándoles sobre una piedra tres doblones. 

No bien estaba en Guamanga procurando relaciones, el irresistible vi- 
cio de jugar la condujo á un garito. Allí la sorprendió el oorregidor D. 
Baltasar de Qnifiones y quiso capturarla: resistese D? Catalina y sien- 
do diñcil la salida, solo pudo escapar haciendo uso de sus pistolas. Befu- 
gióse en casa de un amigo, se vio sin recursos por que le tomanm en la 
posada todas sus pertenencias; y convencida de la necesidad de irse á 
otra parte, buscó arbitrios y emprendió su marcha. Encontrándola dos 
alguaciles á pesar de la noche, le preguntaron quien era, y al contestar 
''El Diablo," so arrojaron contra ^a. Saca su espada y armase un graa 
ruido que atngo al corregidor con auxilio de gente. D? Catalina halce 
caer á uno de un tiro: crece el einpefio, y aquel ordena que la maten; 
acércase el obispo D. Fr Agustín de Carvi^jal con hachas encendidas, in- 
terviene en la cuestión, y pide á la Erauzo le entregue sus armas. Nié- 
gase diciendo que la rodeaban muchos enemigos; el prelado insistió, pe- 
ro ella derrivó á uno de los que mas la apuraban. A las vocee del obispo 
y los que le servían, calmó un tanto la tempestad, y él tomando de un 
braso á D? Catalina, le hizo quitar las armas y la llevó á su casa: mandó 
curarle una herida y la encerró en un cuarto. Después de altercados 
con el corregidor, el prelado al siguiente dia dirigió muchas preguntas á 
D^ Catalina en cuyo ánimo fuerte pudieron tanto las amonestaciones y 
persuacion del obispo, que aquella indomable mi^er tuvo que rendirse 
ante las eficaces palabras que conmoviéndola, la hicieron comprender 
los peligros que coiria, y la segura perdición de su alma. 

Dióle cuenta de su vida con todos los horribles pormenores que deja- 
ron atónito al obispo: su sorpresa y espanto crecieron al oir la dedara- 
eion de que era mc^er, y las particularidades de su fuga del monasterio 
en que era religiosa novicia próxima ya á profesar. £1 prudente prela- 
do la exhortó en medio de sus lágrimas á que se confesase y volviese á 
la senda de qne se habia estraviado. D? Catalina viendo qne lo estraflo 
del caso inquietaba y hacia vacilar al obispo, le propuso la reoonooieseii 
las matrouas y comadres que quisiera, asegurándole nuevamente que 
conservaba su estado de virginidad. Verificóse así, y todo quedó ratifi- 
cado con Ja declaración jurada de aquellas; pasando D^ Catalina al con- 

6 



tí ERA 

f^Dto de 8»atft Clara en hábito de religiosa, después de hubene confe- 
sado y reoilNido la eucaristía, Faé llevada en públioo al lado del mismo 
•obispo Cacvi^l, quien falleció á los pocos meses. 

SÜ atsobispode lima D. Bartolomé Lobo Guerrero ordenó que la mon- 
ja Tiniese Á la csapital, y así se cumplió trayéndola seis clérigos, cuatro 
leUgiososy seis hombres armados. Entraron de noche, y á pesar de es- 
éo hubo mucho concurso de gentes movidas por la curiosidad. Hospedo- 
lael arsobispo obsequiándola con el mayor agrado, y al otro dia fué pre- 
gMrtaiH al viiey príncipe de Esquilache. Visitó los monasterios, y cuan- 
do el arzobispo le d^o eUgiese uno de ellos, se decidió por el de la Tri- 
nidad. £«n él permaneció dos años y cinco meses hasta que recibida de 
JEapaOa constancia autorizada de que D? Catalina no habia sido mooga 
profesa, se dejó á su voluntad prooeder como le conviniera. Ella delibe- 
ró salar del monasterio; volvió á Guamanga donde estuvo algunos dias, 
y la<^ venciendo un largo camino, se trasladó al Nuevo reino de Gra- 
nada. La asaltó una grave enfermedad de que pudo librarse, y en Cac- 
tageDase embarcó para España {IG2A.) En Cádiz estuvo ocho días y en- 
ooatró dos hermanos suyos que servían en la marina: todos estos vii^Jea 
loa hizo Testída de hombre cuyo tnye no abandonó. 

De Cádia toé á Sevilla, acomodóse con el conde de Javier y le acom- 
paAó á Pamplona. Allí se separó de él para ir á Boma con motivo del 
jubileo del afio Santo. En su tránsito por Turin, creyéndola espia la ta- 
Tieroo en prisión despojándola de cuanto llevaba: no resultando nin- 
ipm oargo contra ella, la pusieron en libertad, pero obligándola á vol- 
Tor aitrás eó pena de galeras. Caminó á pié y mendigando, hasta llegar 
á Tolosade Francia donde la favoreció el coude de Agrámente. 

En Madrid presentó al rey un relato de sus servicios y se le señaló la 
pensión vitalioia de ochocientos escudos. £1 memorial está en la pági- 
na 135 del libro publicado por D. Joaquín María Ferrer, á que nos refe- 
rimos al principio de este artículo; siguiendo á continuación de aquel 
las certificaciones de D. Luis de Céspedes Jeria Gobernador del Para- 
gaay, do D. Fianciseo Pérez de Navarrete, de D. Juan Cortés de Mon- 
loy nombrado gobernador de Veraguas, y del maestre de campo D. 
Joan Seoio de León: los tres primeros habían militado en Chile presen- 
ciando los servicios que D? Catalina prestó eu aquel país, y se hallaban 
á la sazón en la corte. Además, exhibió seis testigos cuyas deposiciones 
están también á fq|as 143 y siguientes. 

Trasladóse D^ Catalina Erauzo á BaiAelona, y antes llegar sufrió un 
aaalAo de malhechores que la dejaron casi desnuda. En esa ciudad reci- 
bio auxilioe del ex-virey del Perú marqués de Montesclaros, y como se 
enoohttase allí el rey, logró hablarle y le mandó dar treinta ducados ^ 
cuatro raciones de alférez reformado. Bepuesta en algo desús pérdidas^ 
parttópara (Genova: allí provocada con insultos inmotivados por un 
italiano^ se vio en la precisión de luchar con él haciéndolo caer de una 
estoeadah Al punto huyó y pudo embarcarse en la galera que la habi% 
trasport-ado. Pasó luego á Roma, vio al pontíñce Urbano VIII y le co- 



ERA 43 

mmiieó todas sus ayentnras. El popa le dio licencia para contimiar vis» 
tiendo el tn^e de hombre, le encargó perseverase en la misma honesti- 
dad, cuidando mncho de no ofender al prójimo, temiendo Á Dios y enm- 
pliendo sus mandamientoa Rodearon á D^ Catalina mnobas i>evBonas 
de todas gerarqnias, contemplándola como nn ser enteramente esteas» 
y raro en todas sns obras y particnlarídades. 

Diflfhító de distinciones, y dice la inscribieron entre los cladadaBO» 
romanos: se halló en la capilla de San Pedro el 29 de Jnnio de 1696 y pa» 
sando mes y medio se dirigió á Ñápeles. 

Aqní termina la vida de D^ Catalina de Eranzo escrita por ella miB» 
ma, y qne hemos reducido á un compendio lo mas abreviado posóle. 
Advertimos al lector, qne hemos encontrado em la citada histona equi- 
vocaciones, anacronismos, y falsos asertos que están en contradicción 
con diferentes fechas y hechos históricos, ya en cosas de la guerr»de 
Chile, ya en sucesos de Potosí, y hasta en lo relativo al combate naval 
con los holandeses. Nada hemos alterado ni anotado, por que el hacer* 
lo demandarla laboriosas rectificaciones, qne creemos innecesaiias y po- 
co provechosas. 

En el manuscrito de I>. Cándido Maiia Trigueros aparecen notas adi« 
cionales que aseguran estuvo D? Catalina en Sevilla por Julio de 1630, 
y en Vcracrnz el aTlo 1645. Copia varias noticias de nn cuaderno que 
conservaba titulado **apunte9 diarias de cosca do SevttlaJ'^ Consta en él qu« 
el rey y el pontífice la llamaban '*él alférez Iñ Catalina de Mrauáia^ qna 
pasó á Hójico en la flota del capitán Miguel de Echazarreta como tal 
alférez (1630): qne el padre Fr. Nicolás Benterfa dictó en 1693 una le^ 
lacion en el convento de Capnchinos de Sevilla, en la cual afirma hftber 
visto varias veces ala mon^a alférez bi^o el nombre de Antonio Eranzo 
£1645]: que tenia una rócua de muías en que con unos negros conducía 
cargas de efectos de Veracrnz á otras partes, y que á él mismo le llevó 
mercaderías cuando aun no era ftaile: que usaba daga y espada, y cal- 
cula tendría como 50 años. También se dice en las notas, remitiéndose á 
los datos escritos por Pedro de la Valle el peregrino, en el tomo 3? de 
su vi^Je [Boma 1626]: que el gran pintor Francisco Crecencio retrató 
allí á D? Catalina. Dá razón de su cuerpo y rostro, y asevera que ca- 
recia de pechos, por que según ella le contó, se habla aplicado de muy 
joven un remedio doloroso que le dio nn italiano, con el cual consiguió 
secárselos. En el libro de D. Joaquín María Ferrer que tenemos á la 
vista^ 86 halla un retrato de D* Catalina copiado del que hizo el pintor 
Pacheco en 1630 cuando estaba en Sevilla para pasar á Méjico. Ferrer 
inserta su partida de bautismo sacada del libro parroquial de la iglesia 
de S.Vicente de San Sebastian, y otros documentos qne prueban los gas- 
tos hechos por su padre para sostenerla, con posterioridad aX alio en que ella 
útienta haber abandonado su convento. 

£n su prólogo manifiesta dicho editor las serias dudas que le ocurren 
en cnanto á la identidad de la novicia Catalina Eranzo, con la miHer al 
ferez onyos hechos se consideran verdaderos. Proceden las sospechas do 



44. ERA 

F«R«r de no ooucordar la leoha del nacimiento aegun la partida de bao^ 
tierno, eon la fecha en que Df Catalina dice baber nacido. Y ademáe, 
qne aeegnrando haber fugado del monaeterio en 1600 á cansa de un gra- 
Te diagneto eon la moi^a Catalina Aliri, se opone á ello la constancia de 
báber profesado esta en 1605 segnn los libros del monasterio. Ayanca 
todaTia Ferrer, pnes llega á panto de maliciar qne la mtger alférez ha- 
biendo TÍTÍdo algún tiempo con el oficial Miguel de Eranzo en la guer- 
ra de Chile, sin darse á conocer, pudo acaso aprovechar de las noti- 
cias que le diera este oficial con respecto Á su familia, y animarse á usur- 
par en BU historia un nombre que no le pertonecia, Miguel £rauzo no 
es estrafio que no imaginara fuese su hermana, (á quien dejó muy nifia 
en su pais) cuando no le pasó por las mientes que fuese mnger aquel soU 
dado con quien se enemistó por efecto de unos zelos. Decimos esto sin 
destruir del todo las dudas de Ferrer fundadas en la contradicción de 
ciertas fechas. Tal vez procedió de engafio sufrido por D? Catalina al 
fijarlos a&os, ó de error de pluma. Hoy mismo, cuantas personas incur- 
ren en equivocaciones sem^ antes, cuantas no dan razón de su edad ni 
de los nombres de sus abuelos! El trabajo que tenemos entre manos, la 
presente obra, nos ha ofrecido de ello muchos ejemplos... 

Fuese 6 no falso el nombre, no puede ponerse en duda la existencia y 
hechos de la mujer alférez. Pero no por esto dejaremos de opinar y has- 
ta ser suspicaces como Ferrer, en una cuestión como la que ha dejado 
planteada. 4D* Catalina engafiaria al obispo de Guamanga al hacer sa 
confesión general? ¿Engafiaria al rey en su memorial al llamar á Mi- 
guel Erauzo su hermano legitimo, y al pedir la recompensa de sus ser- 
TÍciost ¿Engafiaria al papa á quien relacionó su origen y vidaf En el mi- 
do que hicieron dentro y fuera de Espa&a las cosas de la monja alférez 
¿es creíble que ni el monasterio, ni loe eclesiásticos, ni nadie de esa fa- 
milia denunciasen una impostura de tanta trascendenciaf Desde que se 
representó en los teatros de España la comedia de Montalvan, y desde 
1829 en qne publicó Ferrer su libro, ¿será posible que el silencio haya 
d^ado en el misterio la verdad, y no se haya descubierto la procedencia 
cierta de esa estraordinaria mqjer, y que no pertenecía á la casa de 
Eranzot 

Vamos á concluir este artículo que ya se estiende demasiado, y al ha- 
cerlo diremos que los vascongados son notables por su tenacidad, unión 
y provincialismo, y que de ahí viene su conocido adagio "primero paiaor 
no gne JHob," D. Joaquín María Ferrer era de Viscaya; y no sería estrafio 
que sus objeciones, dudas y argumentos, tuviesen el designio de alejar 
de una ó mas familias de San Sebastian, el disgusto, la nota y la mala 
suerte de haber tenido entre sus antepasados una m^j®' cuyos hechos 
atroces fueron opuestos á la moral y por tanto deshonrosos, aunque en 
su papel de soldado hubiere dado pruebas de mucha valentía. 

En apoyo de este juicio trascribiremos estas cláusulas del prólogo de 
Ferrer. 
■^ Mezcla estraHa de grandeza y de funestas inclinaciones, su valor es 



EKC i5 

** laa mas veoes irascibilidad ciega y feroz, su i agento travesara, y sin 
** merecer el nombre de grande, tiene qae contentarse con el de mi^jer 
'' extraordinaria y peregrínl^ y no paede reclamar aquella admiración, 
'* aqnella especie de culto qne las generaciones reconocidas tributan so- 
*^ lo al empleo dtil de los talentos, al nao Justo y benéfico de la fuerza, 
" al heroísmo de la virtud." 

" Su castidad es en mi dictamen el punto mas incontestable de su bis- 
*' toria, y sin embargo no es creíble* que la que tan constantemente ob- 
" serva, faé por respeto á los preceptos del Decálogo. ¿Como por prin- 
" cipios de moralidad podia respetar el que la prescribe, quien con tau 
" poco escrúpulo infringía los que íe siguen y precedenf No habla naci- 
'' do Catalina de Eranzo para refrenar sus ptisiones: la que no apareció, 
" fué porque no la tuvo.'' 

£1 maestro Gil González Pávila en la vida del rey Felipe III refiere 
sucintamente las aventaras de Do&a Catalina: dice ''que la conoció en 
''su posada en hábito de soldado, vio 'sus heridas y los documentos 
** que probaban sas servicios." 

BBC ILLA T nill42A— D. Atx>N80 dk— Nació en Madrid el 7 de Agosto 
de 1533, hijo del Dr. Fortunio Garoia de Ercilla del hábito de Santiago, 
del consejo y cámara del emperador Carlos Y, y de Dofia Leonor de Zú- 
fiiga sefiora de Bobadilla y guarda damas de la emperatriz Dofia Isabel. 

D. Alonso se crió en palacio de paje del principe D. Felipe. Después 
de estudiar coa mucho aprovechamiento, de viígar por varías naciones 
de Europa y de acompañar al príncipe en Bruselas y en Inglaterra, salló 
de Londres para el Perú con el adelantado D. Gerónimo Alderete, go- 
bernador de Chile que falleció en Taboga. El virey marqués de Cafiete 
con este motivo nombró para mandar en aquel reino á su hijo D, Gar- 
oia á quien acompafió D. Alonso de Ercilla entre otros distinguidos ca- 
balleros. Concurrió á las campañas de Arauco y adquirió macha repu- 
tación por su bizarra conducta en diversas acciones de guerra, habiendo 
sido uno de los que en la conquista de Chiloé penetró hasta los confines 
del archipiélago. 

Estando en la ciudad de la Imperial en unas fiestas con que se celebró 
la coronación del rey Felipe II, hubo una disputa entre Ercilla y otro 
oficial valeroso llamado D. Juan de Pineda, la cual subió de punto hasta 
tocar en el estremo de poner mano á las espadas. A vista do esto, désem- 
bainaron las suyas los concurrentes y se formó un alboroto estraordi- 
narío, resultando no pocas desgracias del choque ensangrentado de dos 
partidos. Fué muy dificil al gobernador D. Garcia restablecer el orden 
y la obediencia; mas habiéndolo conseguido, puso en prisión á Pineda y 
¿Ercilla, quienes en virtud de sentencia iban á ser degollados. Se ru- 
gió, pero no pudo probarse, qne la contienda habla sido simulada y su- 
puesta en su origen, para promover un motín diri^do á otros fines. ^ 

£1 gobernador temiendo las consecuencias de llevar á efecto aquel 
castigo en medio de militares altivos y aguerridos, interesados respecti- 
▼amente en favor de ambos reos, adoptó el temperamento de revocar el 



46 ERQ— ERR 

fallo Á tiempo que iba ya á efectuarse, y resolver que salíc^4C^ desterra- 
dos para el Perú. Al poco tiempo Ercilla regresó á España y contrajo 
matrimonio en 1570 con DoCa María do Bazan de la casa do los marque- 
ses de SanfA Cru?. Vvl6 caballero de ]a orden de Santiago y gentil hom- 
bre del emperador Maximiliano II: pero ya en 1580 se hallaba en Ma- 
drid retirado y quejoso de la fortuna. 

No solo se hizo célebre con las armas, pnes sns muchas letras é inago- 
table ingenio, se muestran con brillo en aquellos inmortales cantos que 
compuso bajo el título de "La Avancaua;" poema que encomió Cervan- 
tes, considerfíndolo una de las mas ricas prendas de la poesía española, 
y porel cual D. Juan do Guzman llamó á Ercilla el Homero hispano. 
Consta de tres partes: se imprimió por primera vez en Zaragosa en 1577 
y trata de las guerras sostenidas obstinadamente por los indios de Arau- 
co. Añadió después la segnnda, y ambas las dio á luz el aiío de 1578. Des- 
pués publicó las tres en 1590. El Dr. Cristoval Suarez do Figueroa que 
escribió la vida del gobernador D. Garcia Hurtado do Mendoza, censu- 
ra á Ercilla, le tilda de ingrato y atribuye á su reseutimlento el quo en 
"La Araucana'' no se hiciesen de D. Garcia los recuerdos íí que era acree- 
dor por sus hechos y alto merecimiento. Parece según el sentir de plu- 
mas imparciales, que no lo fué la do Figueroa, y que no tuvo razón ni 
fundamento en que apoyar sus asertos. 

No se sabe con fijeza la fecha de la muerto de D. Alonso; pero so cree 
€]^ue ocurrió en 1596, año en que el licenciado Mosquera le considera vi- 
vo y escribiendo otro poema de las victorias y hazafias de Don Alvaro 
Bazau marqués de Santa Cruz. Mellado dico que falleció en Madrid en 
1595 de edad de 70 aü os.— Véase nuestro artículo Pineda, D. Juan de — 
on el cual referimos con alguna mas ostensión, los sucesos ocurridos en 
Chile entre esto y D. Alonso de Ercilla. 

fiR^tmSlIlO— D. Francisco— Gobernador corregidor de la Paz en 1661. 
— Véase Benai'ides y de la Cueva — X>. Diego — Virey del Perú, tom. 29 pág. 27. 

ERRE A — D. José Antonio de — natural de Navarra, nno de los mas 
respetables vecinos de Lima por su distinguido mérito y acreditado 
amor á la humanidad. Fué caballero de la orden de Calatrava, regidor 
perpetuo del cabildo y teniente coronel de dragones de milicias discipli- 
nadas do esta capital. Prior del tribunal del consulado en 1801 y por 
algunos afios tesorero de la congregación de Nuestra Señora de la "O.'' 
Alcalde ordinario do esta capital en 1815 y 1816. Fué casado con Dofia 
Isabel del Fierro liga de D. Antonio Rodríguez del Fierro, cónsul de 
aquel tribunal en los años de 1767 á 1770, y prior en 1775, 76 y 77. Su hi- 
ja Doña Tomasa Errea fué casada con D. Pedro Abadía factor de la r jal 
compañía de Filipinas. D. José Antonio de Errea una de las víctimas de 
la bárbara costumbre de disparar cohetes, siifrió el g<>^pe del que le rd- 
TODtó en la cabeza ouando iba acompañando una procesión: esta desgra- 
cia vino á alterar sn razón, y ocasionó otra mayor qnefné sn violenta 
muerta el año de 1819. 

Era hermano de D. José Antonio, D. Juan Fermín de Errea, vecina 



ESC 47 

de Arequipa, casado con Dofia María Ana de la Fuente, de cayo matrí- 
nionlo nació DoQa Tadea de Errea esposa de su primo D. Mariano Ba- 
silio de la Fuente, padre de dos ooroneles del ejército de la repdblioa 
D. Federico j D. Mariano, y del Dr. D. Ramón de la Fuente diputado á 
congreso. D. Juan Fermín de Krrea era teniente coronel del regimiento 
de caballería de milicias de Arequipa y diputado de la sociedad mine- 
ralógica de dicha ciudad creada ' en 17d2. Falleció á principios del 
afio 1809. 

ESCALAJfTG— Doña Juana — Dirigía en Lima un establecimiento ea 
que se medicinaba á mujeres pobres, bi^o la denominación de Saa Juan 
de la Penitencia, y ocupaba el lugar en que se halla la universidad dit 
San Marcos que se trasladó Á dicho local el afio de 1576, dejando el que 
le pertenecía contiguo á la parroquia de San Marcelo y habia sido el 
primer convento de San Agustín. 

t>aremos noticia del origen de la casa llamada de San Juan de la Pe- 
nitencia. £1 virey D. Andrés Hurtado de Mendoza marqués de Caftete 
la fundó en 1556^ y al participarlo al emperador en carta de 3 de Noviem- 
bre de dicho afio le espuso lo siguiente: "Eix este reino hay cantidad de 
'' mestizas, dellas hijas de conquistadores y otras de pobladores que 
'' han muerto algunos dellos en servicio de V. M, que eon haberles Ul- 
'' tado sus padres, han padescido y padescen necesidad, así de bienes oo- 
" como de eusefiamiento, de buenas costumbres y recogimiento* Y para 
" questas se recojan y otras doncellas pobres, que de cada dia seo&es* 
" cen venir de Espafia, he ordenado que en esta ciudad db los Reyes se 
" ftmde una casa de rec<^imiento para ellas, intitulada San Juan de la 
** Penitencia, la cual para su fundación tiene solares y chácaras y algna 
*' ganado y servicio de negros, y mandas que algunas p^:«onas htti he^ 
'' ohopara esta obra, lo cual he mandado recoger para que se junte. Y 
'^ demás desto para ayuda al edificio, le libré en tributos vacos mili j 
^' quinientos pesos, y mili pesos cada afio de renta en ellos hasta que 
" otra eosa V. M. en ello provea. Y por la buena relación y vida do D5 
*' Catalina de Arguelles, viuda, mi\fer que fué del licenciado CepediS, se 
'' le ha dado á cargo esta casa para questé dentro en ella y imponga dé 
** buenas costumbres á Isfi que allí entraron. Y ansí se remedittáfi mu- 
<< chas huérfanas y se sacarán de allí para casar; y tenga V. M. por oier- 
" to qnesta es una obra y limosna muy grande, y que siendo Y. M. set^ 
" vido, habrá menester cinco ó seis mili pesos de renta en lo mismo." 

£1 virey conde de Nieva protegió y mejoró el citado recogimiento da 
enaefiaaza que también se conocía eon el nombre^ no muy análogo, de 
Gimnacio. La universidad dio dos mil pesos á Dofia Constanza de Ve- 
ga por ciertos derechos que le correspondían en esa finéis LaEsoalaata 
era sucesora de Dofia Catalina de Arguelles á quien el marqués qe Ca* 
fiete confió al principio la dirección de la casa de San Juan dé la Pd* 
niteneia. 

EI^ALAlttK— £l Dsu t), MANOBi^—natural de Lima, caballero de la 
orden de Santiago. Estudio eael iBal oolegio de San Martin« Paso á Mé- 



48 ESO 

Jico de oidor de aquella audiencia despaea de haber sido ñ^aldela del 
Nnevo reino de Qranada. 

BSCALARTE--COLOMBRES T MENDOZA^-el Dr. D. Mannel, hijo del an- 
terior y también nacido en Lima. Pasó con su padre á líbico: sirvió hw 
cátedras de retórica, vísperas y prima de cañones, y cuatro veces el rec- 
torado de la Universidad. Fue racionero, canónigo y dignidad de teso- 
rero, saperin tendente de la fabrica de esa iglesia Catedral. Abad electo 
eil cinco ocasiones y Inego perpetuo de la Congregación de San Pedro; 
Aindador de su hospital colegio y hospedería, comisarío subdelegado de 
Cnusada^ provisor y vicario general del arzobispado. Nombroseie obispo 
deDnrango, y tomó posesión de la silla en 1703. Promovido á la de Va- 
Uadolid de íf echoacán ingresó á esta diócesis en 1706. Muríó en Salva- 
tierra en 1706. 

B8CAL0KA T A€IJÍÉRO— D. Gaspar DB—Estndió en los colegios de Li- 
ma y universidad de San Marcos. Fué corregidor de Jaqja, gobernador 
de Castrovireyna, procurador general de la ciudad del Cuzco y oidor de 
la real audiencia de Chile. Escríbió la obra "GazopMlaoio Begium Perú- 
MowmP que se imprimió en Madrid en 1647, la primera parte en latin y la 
segunda en castellano. Abraza las materias de justicia, gobierno, ha- 
cienda y guerra en que están compendiadas las ordenanzas del virey D. 
Francisoo Toledo y otras. Dejó manuscrita ana obra intitulada ''Del ofi- 
cio del l^irey^ que Pinelo elogió en su "Biblioteca Indica.'' No sabemos 
con evidencia en que parte nació D. Gasp^ de Escalona. En el "Gaso- 
philacio^' sedioe que en Chuquisaoa: Echave en la "Estrella'' lo recuer- 
da como limeño. Este dato tiene en sn apoyo que Pinelo en el epitome 
de la biblioteca oriental y [occidental, asegura hablando de Escalona 
que filé natural de Lima y su condiscípulo. T á pesar de todo, un escri- 
tor muy moderno en un ensayo sobre la ''Historia de la literatura ecua- 
toriana," dice que Escalona nació en Riobamba y cita la autoridad de 
Alcedo que así lo indica en su diccionario geográfico americano. La 
misma noticia se encuentra en el "Besúmen de la historia del Ecua- 
dor" recientemente escrita por D. P. F. Cebállos, quien le coloca en la 
lista de h\jos de esa república distinguidos por sus luces y literatura. 

BCM)AI0OI ALOISIA— P%|e del marqués D. Francisco Pizarro. Murió 
al lado suyo defendiéndolo valerosamente en la puerta de las habita- 
doDM altas del palacio, el domingo 26 de Junio de 1541 en que asalta- 
ron y mataron al gobernador los partidarios de los Almagres capita- 
neados por Bada. 

BMAHIMH— D. Francisco Antonio— Clérigo seglar de la orden de 
San Cayetano, profesor de teología en su convento de Bfadrid. Fué 
obispo electo de Ampurias y después obispo de Concepción de hile 
donde se hallaba cuando el terremoto de Julio de 1790 arruinó esa ciu- 
dad, habiendo salido el mar por dos veces y hecho grandes estragos. En 
aquella catástrofe el obispo cuya vida corrió gran peligro, prodigó li- 
mosnas en audlio de las familias mas desgraciadas y pobres. Fué pro- 
síotidoen el misino aflo al obispado de Quito, no al de Tneoman como 



ESC 49 

dice 0«y, y antes de tomar posesión ascendió al arzobispado de Lima de 
qne se recibió en 13 de Febrero de 1732. Se le poso el palio por el obis- 
po D. ijidres Paredes Polaneo y Armendaris natural de Lima, que fué 
nombrado para Conoepoion y después para Qnito^ £1 alio 1735 propor- 
cionó masestension al beaterío de Amparadas ó Recogidas agregándole 
nn nucTo local. Pnso término y sosegó completamente los disturbios 
que por tres afios hubo en el convento de la Eucamaolon y que princi- 
piaron en 1729 con motivo de la elecciou de abadesa: escándalos y 
rencores que obligaron entonces al arzobispo D. Fr. Diego Morcillo á to- 
mar proTidenoias muy severas contra varias religiosas, pasándolas á 
otros conventos y empleando hasta fuerza armada. 

£1 arzobispo gobernó siete años dos meses y medio* Murió en 28 de 
Abril de 1739 y está sepultado en la bóveda de la Catedral. Dejó de obis- 
po auxiliar al Dr. D. Fr. Francisco Gutiérrez Galiano que lo era de fio- 
vsMzíJn partíhu». D. Josó Antonio Ceballos sucedió á £soandon en el sr- 
aobispado. 

BSC0BAE— Eii PRSSBÍTBRoD. Antonio— £mpezó á edificar á su costa 
la iglesia de Belén de la ciudad de Tr^jillo, que después de su muerto 
concluyó su hermano D. Andrés £scobar, caballero del hábito de San- 
tiago. £1 vecindario proporcionó por entonces recursos para las obras 
que se hicieron, mciJorando el hospital de San Sebastian que en 1680 se 
entregó al cuidado y dirección de los religiosos belethmitas. 

B8C0BAE T EOSAS— £L capitán D. Fbancisco— En el a&o 1678 se al- 
canzó licencia para fundar en Lima un beaterío de indígenas en un si- 
tio contiguo al templo de Copacabana erigido desde 1633. Este proyec* 
to vino á realizarse en 1692 mediante el apoyo de escobar, quien pro- 
poroiond recursos pecuniarios para la fábrica que fué necesario hacer. 
Era natural de Lambayeque, disfrutaba de riqueza, y á su generosidad, 
se debió la creación del beaterío, que tuvo por objeto la educación do 
nifias indígenas. Una cédula real de 28 de £nero de 1696 y diferentes 
otras resoluciones protectoras, dictadas por el virey y por el arzobispo 
de Lima, dieron estabilidad á la casa. La primera snperiora que hubo 
en ella, fué Francisca Mauchipula que vistió el hábito de San Agustín 
en oompa&ia de cuatro mugeres mas. £1 afto de 1733 era prelada Cata- 
lina de Jesús Hnaman, y practicó esforzadas diligencias para elevar 
ese recogimiento á Monasterio. Véase Sitaman-^VéMe GaUnlan, él P. Fr, 
AUnuQ B(mo9, 

BMMIE— 1>- Fr. Gerónimo Ds—Nactó en Toledo de donde fueron 
veeinos sus padres. Vino á Lima, tomó el hábito de San Agustín y pro- 
fesó en 1566: estudió artes y teología, y se empleó en predicar é instruir 
á los indios de los pueblos que están al norte de Trpjülo: se le había en- 
viado entre los primeros religiosos que pasaron á la hospedería de los 
Agustinos en el pueblo de Guadalupe donde está el santuario de la Vir- 
gen del mismo nombre. Allí se hicieron notables sus virtudes; y cuando 
obligado por la obediencia regresó á fispaña, el rey Felipe II instruido 

de su mérito le presentó para ol obispado do Nicaragua en 1592. Con- 

7 



50 ESC 

sagTOBe«n Kadridí y se embureó en Ssn Laoar para venir á sa igl«fliar 
Un temporal ooaaionó la arribada del buque que lo conduoia, al puerto* 
de CadlEy donde le asalté una enfermedad de que provino su muerte. 
XHóaele sepultura en aquella catedraK 

MWBAE—MAKUBLr— Maestro de obras y alarife de muchos eonoeí- 
aáentosi ejercía su profesión en Lima, su patria, en el siglo 17. Tratan- 
do el Tírey duque de la Patata de las murallas que oonstmyó en esta ca- 
pital, dieelo siguiente con respecto á Escobar en su relación do gobier- 
no.— ''El primero con quien hice asiento de tres mil raras de muralla y 
^ por donde se hiso regla y concurrió para las demás, fué Manuel de Es- 
" cobar alarife del primer crédito de esta ciudad; y pudiera tenerle en^ 
^ tre los muy maestros de Europa^ y he querido nombrarle y darle lugar 
^ en est^ relación, porque se le debe el haber ahorrado mucha hacienda 
^ en estas obras, que las redujo á predos muy moderados." 

BSCOBIE— D^ MarLl— esposa del conquistador Diego ChaTes ambos^ 
nacidos en Tn\|illo. Tr%jo de Ei^iafia medio almud de trigo,' y algunos 
han escrito que ñié el alio 1540. Se repartió dando de 20 á 40 granos á 
los agricultores de Lima y de diferentes lugares. El primero %ne se co^ 
Beohé fué en Cafiete. Durante tres a&os no se hizo pan de trigo, cuidán- 
dose solo de su propagación. Remitiéronse después algunas fanegas á 
Chile y otros puntos de Sud América. Progresó el cultivo de ese cereal y 
se ofertaba para Guayaquil, Panamá y algunos puertos mas. En los va^ 
lies de Xiima se daban 80,000" íSÉbnegas anualmente. Con motivo del ter- 
remoto de 1087 sobrevino la pérdida de las cosechas y la esterilidad da 
las tierras para la producción de aquella mies, siendo cierto que enton- 
ces subió la fanega á 25 y 30 $. Después proveyéndose el país de tri- 
gie de Chile, en lo cual llegó á interesarse mucho el provecho de los que 
allí aumentaron los sembrios, y las especulaciones del comercio de los 
Bavieros y panaderos, se frustraron todas las tentativas proyectadas pa- 
ra cufllivar el trigO' sin que hasta ahora haya podido emprenderse na- 
da serio para restablecerlo; pues esa esterilidad nopodia ser permanen^ 
te. Ijos agricultores dieron otro destino á sus tierras viéndose hostill- 
sados y sujetos á las poderosas influencias que estuvieron de por me- 
dio, sin poder prometerse utilidades en las sementeras de dicho grano 

En apoyo de nuestras opiniones citaremos hechos contemporáneos 
que no pueden ser objeto de duda. En la ''Gaceta de Lima" de 6 de Oc- 
tubre de 1813, consta que según examen y datos que tomó el cabildo, se 
trajeron en esosdlas del vaUe de Jat^a diez mil fanegas de trigo: que la 
cosecha de Cafiete y Chincha era por lo menos de cuarenta mil; y que 
las sementeras de las inmediaciones de esta capital por su buen estado, 
prometían muy favorables consecuencias. El virey Abascal con motivo 
de la guerra de Chile, habla dispuesto se sembrase dicho grano y se cul- 
tivase con esmero en diferentes provincias. Recordamos también, que 
como un efecto del disgusto de los especuladores interesados en el nego- 
cio de los trigos de íhera, circuló la torpe calumnia de que el virey se 
proponía negociar en este ramo de primera necesidad. {Cuánto puede la. 



ESG 51 

iiTÍdo8de loaqueeoneroiAitl á ellos debia aplioane aquel malJiíUiOf 
porque uingim ie«peto tenían Á nn pueblo con cuya sabaiatenoia tm- 
AoalMui. 

Dofia María Escobar por el gran seryioio qne hiao, y por loe presta* 
dos por en marido, obtayo en la proyincla de Lima un repartimiento de 
ind&oe que tenain6x3on la múrate de ambos: cuando Dofia María enviu- 
dó^ pasó á ayeoindarse en el Cosco, en cuya cindad aunque se cosecha- 
ba trigo en 1547, no se peimitia consumirlo en hacer pan« 

BSC01EJMI T ALABCOV— D. Jobjjs— natural de Jaén de Espa&a. Fui 
14)0 de los condes deCasalla. Entró en el colegio mayor de Cuenca en 
16 de Diciembre de 1762 donde biso progresos en el estudio de la Juris« 
prudencia civil y candnioa y en el de la historia y bellas letras. Mereció 
aprobación en diversas luneienes literarias en la universidad de JSida» 
manca, con motivo de su oposioion á la cátedra de fílosoña moral y en el 
acto público con qne en 9 de Abril de 1769 defendió el derecho natural 
y de gentes. En 1776 le confirió el f^^ plaasa de oidor de la audiencia de 
Charcas. Sirvió el gobierno político y militar de Potosí, las superinten- 
dencias de su casa de Moneda, banco, minas, mitas y ci^jas reales. Hi- 
zo arreglos en estos ramos, estableeió^ labor del oro, é incorporó en 1779. 
el banco de rescates á la corona* Este banco que habla sido creado en 
1747 y se hallaba en total estado de nulidad, progresó notablen^eate 
dando -cuantiosos provechos al fisco, y proveyendo á los mineros de ua-, 
merario, aaogue y útiles. Bi^o el Buuido de Escobedo Potosí se defendió 
de la rvFolncien de 1780. Esa población fué asilo de los Tceinos de otras 
pcovinoias. En ella biso disciplinar tropas, fhudir artillería y tomó al- 
gunas mas providencias. Se le nombró alcalde del crimen de la andien* 
oia de Lima en la cuál ascendió á oidor, y el rey Carlos III en 178S^ la 
nombró visitador general de los tribunales de justicia y real hacienda, 
de los vireynatos de Idma y Buenos Aires, intendente de ^érciio y su* 
perintendente subdelegado déla real hacienda del Perú con honores y 
antigüedad del siqpiremo conscjjo de Indias. Se recibió en Lima el 13 de 
Julio de 1784. Véase Croiz. Estaba ya oondecotado con la orden distin- 
guida de Carlos III. Fué gobernador político 6 intendente de la provin- 
cia deLima, y como tal presidía el cabildo en los afios de 1786 ^ 1787« 
Cvsóyfoépffesidentede la Junta superior de hacienda en el mismo pe- 
ríodo. En estos cargos biso muchas reformas, cooperó Á la pacifioadoa 
del Perú y al restablecimiento del orden y recaudación de la hacienda* 
Prohibió en 81 de Mayo de 1786 la elaboración de aguardiente de csfiay 
lámesela déla miel con la uba, después de tomar informes del pioto^- 
medleato y oabildos y de oir al ministerio fiscsL 

En 1787 obtuvo plasa efectiva en el conscjjo y en 3 de Agosto de 179S 
fué proMOvido á la eáfanara del núsmo. Eacobedo escribió un discurso 
^'sobie éltrabiOo de minas, beneficio de metales y medios de fbnentar- 
la/' Biotó una ''Instrucción de revisitss ó matriculas— otra para apro- 
bación de estas y cobransa de tributos.'' Un discurso ''sobre los aati* 
gaosfsipartimíentos de los conegidores y arbitrios para soooair ú los 



52 ESC— ESL 

indios tiu aqnel gravamen." Estas obras fueron impresas en Lima en 
1784. £1 reglamento de policía para esta capital lo espidió en 30 de Di- 
ciembre de 1786. En el mismo afio la ordenanza de minería adoptando 
para el Perú la de Nneva Espafia: las instrueoiones qne al tiempo del 
establecimiento de las intendencias dio á cada nno de los seis jefes de 
ellas con mnchas noticias de sus provincias.'' Las relaciones de lo obra- 
do en la visita general y superintendencia. '^Reflexiones políticas sobre 
el gobierno y comercio del Perú, origen de sns turbaciones y atraaos, y 
medios de remediarlos." etc. 

Escobedo en 1784 disminuyó mnchoe destinos innecesarios y gravosos 
qne proveía el cabildo de Lima, y solo dejó en pié los absolutamente pre> 
cisos. Espidió un reglamento para el mismo cabildo y lo aprobó el rey 
en 12 de Abril de 1786. Otro de arreglo para el gremio de pulperos, y 
para el de panaderos en 13 de Abril de 1787. También el qne pref^abael 
oeiemonial y gastos que deborian bacerse en el recibimiento de vireyes, 
ratificado por el rey en 10 de Marzo de 1788. Escobedo autorizó y man- 
dó levantar en 30 de Diciembre de 1785 el segundo délos tres emprésti- 
tos de que fueron responsables las ci^as reales y el estanco de tabacos 
con cuya renta se abonaban los intereses. 

Concluyó la visita general en el afio 1788, y Escobedo regresó á Espa- 
fia por el mes de Febrero en la fragata ^'Concordia." Para su vii^e pidió 
se le ^justasen loe babores Á que se creyó con derecbo por sus diferentes 
destinos, y las seis mesadas que le estaban acordadas de estraordinario. 
Hubo oposición por parte de los oficiales reales, que dijeron era prohibi- 
do disfirutar mas de un sueldo. El virey Groix templó el desagrado del 
visitador mandando, después de las tres repFssentaciones acostumbra- 
das, que se le pagase según solicitaba, dándose cuenta al rey. 

El afio de 1805 aun se bailaba D. Joije Escobedo presidiendo la 2? sala 
del supremo oonsejo de las Indias. 

E8C0BBDO— KL Dr. D. José Maioikl— Nació en Arequipa en 1788, hi- 
jo del Dr. D. Ramón Escobedo y de Dofia Haría Manuela Rodríguez de 
Olmedo; y hermano del teniente coronel graduado D. José Qregorio Es- 
cobedo, quien al firente del batallón Granaderos de reserva proclamó la 
independencia en Guayaquil en Octubre de 1820 é ingresó de coronel en 
el ejército de la república peruana. D. José Manuel estudió en el semi- 
nario de Arequipa y en la universidad de Chuquiaaca donde se graduó 
de doctor en leyes y cánones. Pasó á Espafia en compafiia de sn tío el 
Dr. D. Mariano Rodrigues Olmedo qne fué después arzobispo de Cuba. 
Obtuvo plaza de inquisidor en Valladolid: ocupó una canongía y la silla 
de dignidad de maestre escuela en el coro de Segovia. Era predicador do 
número del rey, juez de cruzi^, examinador y consultor de la Rota. 
No quiso admitir el obispado de Segorve para el ouál se le presentó. Es- 
taba condecorado con la cruz de Isabel la Católica, la flor de Uz de Fran- 
cia, y el escudo de fidelidad decretado en 1823 por Femando YlL^Féa^ 
9e Bodfiguez Olmedo, el Dr, D, Mañano, 

iSSLABA^D. Rafael— CabaUero do la orden de Alcántara, coronel do 



ESL— ESP 53 

«jéicito y primor teniente de gaardias españolas. Fné gobornador de 
ValdíTia por los afioe de 1723 á 1725, y en 1734 piesidente y capitán ge- 
Borai del Nuevo reino de Granada. Sus h^as nacidas en Lima, Dofla Jo- 
sefa y Dofia Mariana Eslaba y Cabero, faeron casadas la primera con D. 
Pedro Bou y de la Daga segundo marqués de Casa Boza; y la segunda 
oon D. Juan Felipe de Ometa y Oyague, contador de la real casa de mo- 
neda de Lima por Juro de lieredad. — Véase Cabero y Tagle — Don Ig- 
nacio. 

D, José de Eslaba hermano de D. Rafael Tino al Perú destinado á ser- 
vir un corregimiento. Mientras quedaba vacante le envió el virey de 
visitador de obrages Á las provincias do Quito. Eslaba era hombre hon- 
rado, y se indignó al ver que los duefios de aquellos querian sobornarle 
con dinero y obsequios. Escandalizado de esto, lleno de temores, por 
que á las tentativas de seducción siguieron amenazas contra su vida, y 
viendo que era inveriftoable la visita, devolvió al virey el nombramien- 
to é instrucciones, y tomó el hiSbito de la compafif a de Jesús, en cuyos 
claustros rnnri^ ejemplarmente. Befiérelo así en sus noticias secretas 
de América el general D. Antonio de Ulloa. 

BSLABA—D. 8KBA8TIAN— Señor de Eguillor, hermano del anterior, 
caballero de la orden de Santiago, eomendador de Fuente en la de Ca- 
latrava, gentil hombre de cámara del rey con entrada y ^eroicio. Sirvió 
con mucho crédito en el regimiento de guardias espaOolas de que fué 
capitán. Mandó después como coronel los regimientos de Asturias y 
Gastüla. Tenia el empleo de teniente general cuando vino de virey al 
Nuevo reino de Granada en 1740. Permaneció en Cartagena con motivo 
de la guerra de Inglatem. En aquel a&o defendió vigorosamente aque- 
lla plaza de la escuadra con que combatió sus fortalezas el almirante 
Wem<Mi, y del ejército inglés de nueve mil hombres que desembarcó al 
mando del brigadier Wentworth, y empefió diversos ataques en que sa- 
lieron victoriosas las armas espafiolas. Esta lucha que principió el 15 de 
Marzo duró mas de dos meses. Los ingleses vencidos y desengañados re- 
tiraron sus restos y oon diez y siete embarcaciones menos se dirigieron á 
Jamaica. £1 general Eslaba ñié ascendido por el rey á capitán general 
de ejército. Nombróle después virey del Perú y debió relevar al mar- 
qués de Villa Gaieiaen 1744; pero vino á Lima en lugar suyo D. José 
Antonio Manso de Velasco, y él pasó á España donde posteriormente 
fué ministro de la guerra. En 18 de Marzo de 1700 el rey Carlos m en 
honor á su memoria creó titulo de Castilla á su h\jo el coronel D. Gas- 
par Eslaba luyo la denominación de marqués de la Beal Defensa. 

BtPAETEA0— D. Baloombro— Nació el 27 de Octubre de 1793 en Gra- 
natula situada en el campo de Calatrava provincia de Ciudad real. Su 
padre Antonio Fernandez Espartero fué un humilde labrador y después 
tomó el oficio de carrocero: intentó dedicarlo á los estudios, y sin la 
gnerra provocada por Napoleón acaso habria sido religioso dominico co- 
iPDO un hermano suyo que lo tuvo en su compañía. 

Cuando el levimtamiento general de E'ipaña, santo plaza de^ soldftdp 



ESP 

distiiignido en el regimiento de Ciudad real y á los poooe días se ludió 
en la batalla de Ooafia perdida el 19 de Noviembre de 1809. Lnego per* 
teneoió á nua academia militar que ee formó en la isla de León, y de 
ella pasó de enb teniente al eaerpo de ingenieroe en Enero de 1812. En 
poaterioree exámenes no mereoió otro ealificativo que el de mediano^ y 
agregándose á esto nn inoidente personal eon uno de sus profesores, hu- 
bo de serle indispensable yolTer á servir en la infantería. Destinósele en 
1813 al regimiento proYlnoíal de Soria en euyas filas concurrió al blo- 
queo de Tortosa: la guerra peninsular tocaba ya su término. 

Por Febrero de 1815 incorporado al regimiento de Estremadura en 
clase de teniente, salió de Espalla con la espedicion que vinoá Qolom- 
bia al mando del teniente general D. Pablo Morillo. Aquel cuerpo con 
nn escuadrón de húsares de Femando Vil, otro de dragones de la unión 
y nnacompafiiade zapadores, continnaron vii^e al istmo formando á 
órdenes del brigadier D. Juan Manuel Pereira una dÍTision que se em- 
barcó en Panamá y llegó al Callao y á Lima en Setiembre de 1815. £1 
cuerpo marchó al Alto Pero y su coronel D. Mariano Ricafort ejerciendo 
la presidencia del Cusco en 1816^ creó el segundo batallón con cuyo mo- 
tivo ascendió Espartero á capitán, no sin la censura de algunos oficia- 
les. Didsele en seguida una compallia de aapadores, la cual al poco tiem* 
po fué incorporada al bataUon denominado del Centro en el ejército 
que operaba entonces en aquel territorio. Mandaba este cuerpo el coro- 
nel D. José Santos de la Her% mas tarde general y conde de Valmaeeda, 
y dependió temporalmente de una división qne obedeció al mariscal de 
campo Don Miguel Taeon, quien afios después gobernó en la Habana 
siendo teniente general y recibiendo el titulo de duque de la Union de 
Cuba y el collar del Toisón. 

Hallóse Espartero en esa ocasión en muchos encuentros de armas per- 
siguiendo en diversas direcciones á los Jefes de guerrillas que apoyados 
en las provincias bostiüsaban tenasmente á las fuerzas españolas. Es- 
tuvo en una espedicion á la Laguna, y en la defensa de Chuquisaca he- 
cha por las Hera en loe días 10 y 11 de Febrr«rode 1810. Continuó sus ser- 
vicios con bnena suerte en otras aooiones dirigidas por el brigadier 
O'Beyll), y en 1? de Agosto de 1817 ftié nombrado segundo comandante 
del mismo batallón Centro. En el Alto Pero la lucha se hacia intermi- 
nable, porque eran los pueblos los que áHernattvamente armaban y abri- 
gaban nuevos defensores de su cansa. Pareeia que emulando á la madre 
patria en la contienda con los franceses, quisieran imitarla ó llevarle 
ventaja en sus sacrificios por la independencia. T como dice el autor d 
la biografía de Espartero ''era una guerra sostenida siempre, aun en los 
" teiTitorios vencidos, por la propaganda de las ideas de libertad que 
« eon velocidad próspera enndian en el paii sin que fuese dado calcular 
" por las victorias los progresos de las armas: el pensamiento dominan- 
*^ te reprodncia los enemigos qne como el fénix surgían de sos propias 
*• cenizas." 

espartero actor no común en aquel sangriento escenario, dqfaba á eto- 



ESi» 55 

áoB atrás en ambición lo mismo qne en odio á los americauos, y por tan- 
to se desviria y descollaba entre otros qne se empeñaban en el estermf- 
nio de las tropas improvisadas por la insurrección. Así continuó hasta 
18S0 con tesón incansable; persigniendo y desbaratando guerrillas de 
gente eoleetioia y estrafia á la disciplina militar: servicios por cierto 
vulgares, porque se peleaba con seguridad de vencer, y en los cuales era 
mayor el mérito de superar las fatigas de tantas correrías, que el do 
cambiar tiros y dispersar paisanos: triunfos que en verdad no dan brillo 
á las armas ni Justa nombradla á los que las conducen. Pero no obstante 
ezajeró esos méritos en cuanto á Espartero la adulación de sus secta- 
rios en Espafia para darle lucidos antecedentes, sin perdonar los he- 
chos mas insignificantes y nimiedades que aun pasaron en el Perú sin re- 
üerirse, atribuyendo esclusivamente á Espartero otros en qne ni lo han 
mencionado los historiadores espafioles. 

El afio IdSO con motivo de la próxima salida de Chile del ejército 
mandado por el general San Martin, se aproximaron á la costa del sud 
algunos cuerpos del ejército del Alto Perú y bijaron otros á las provin- 
cias centrales y aun á Lima. El general en Jefe D. Juan Ramírez situó 
BU cuartel general en Puno, y dejó en las ceroanfas de la firontera argen- 
tina una fuerte división con título de vanguardia tf cargo del brigadier 
Olafieta, Por entonces venia Espartero sobre Oruro con el batallón Cen- 
tro; y sabedor de que allí se tramaba una conspiración, luego que ocupó 
esa villa, instruido xK>r un sargento de que el capitán de la 5? compafiia 
del cuerpo D. Pedro Nordenflich había hablado á aquel y á otros para su- 
blevar el batallón, reunió Espartero á sus oficiales anunciándoles el pe- 
ligro que habia, y editándolos á cumplir sus deberes con su lealtad nun- 
ca*desmentida. iSl no se dio por entendido de hallarse acusado dicho ca- 
pitán, y en la noche procedió á capturar en la población al gobernador 
D. Fermin de la Vega, á varios empleados y diferentes personas sospe- 
chosas y tildadas de complicidad en el plan de alzamiento que se decía 
existir. Oruro era una plaza fortificada donde se encerraba crecido par- 
que de armas, municiones y diversos artículos de guerra: contaban con 
el apoyo de algunas guerrillas que se hallaban no muy distantes, y los 
conjurados se prometían viniese de Salta un auxilio del general argenti- 
no Gñemes con quien se entendía el oaudiUo Chinchilla. Se dedo^o así 
de una earta interceptada, que loe mismos escritores espafioles han di- 
cho no prestaba toda la luz necesaria. 

Como qniera que sea, creemos que fué positivo el ooneierto revolucio- 
nario y que se emprendieron trabi^os secretos sobro el batallón Centro. 
Corria el mes de Diciembre de 1820 cuando se hioieron aquellas prisio- 
nes, y al amanecer fhé pasado por las armas el citado Nordenflich, de 
quien el denunciante aseguró hallarse resuelto á matar él mismo á Es- 
liartero; determinaolon qne si la tuvo, no es probable la confiara al ya 
citado sargento. Ko hubo tiempo, sin duda,, para formar un proceso en 
las horas qne trascurrieron, y menos para absolver citas y careos en un 
consejo de gnexra qne se dice sentenció al capitán que cuando mas pres- 



66 ESP 

tari» uua declaración. lia cansa so actaó eu segó ida, y senienciadott 
otros Á muerto, dio cuenta Espartero al general Ramírez, quien hizo 
suspender la ejecución conmutando la pena en afios de presidio. 

En la pomposa biografia de Espartero que leemos en la obra "Estado 
mayor general del ejército espafioF' pablieada en Madrid el afio 1851, se 
atribuye todo lo acaecido felizmente en Oruro al tino y providenoias 
oportunas de aquel comandante, y se dice "que iioTáenñichfiíté juzgada 
verhalmente por un consejo de guerra ordinario, porque uo pudo esperarse 
la reunión de un tribunal nuis competente, y que hubo de ser condenado á 
muerte como se efectuó." Nadie ignora que un capitán no podia ser juz- 
gado en consto ordinario. Mas el general Ramirez, en una nota qno pa- 
só al ministerio de guerra, dá cuenta de eses sucesos refiriendo que lue- 
go que tuvo aviso de la conspiración dispuso se formara un juiciO| 
comisionando al intento á su ayudante Don Benito Miranda. No hace 
mención de Espartero y silencia el nombre de Nordenflioh diciendo tan 
solo "que habia sido castigado el mas culpable, que él «tUor Mendozabal, 
fugó con anticipación, y que ee eeguia con Uu formaUdadea correspondien- 
tes la causa que seria muy voluminosa. Ese silencio es un aviso deque 
Nordeuflich fué fusilado sin forma de juicio, y no por delito infraganti. 
García Camba escribe de este hecho atentatorio, é inserta el citado ofi- 
cio de Ramírez, que trata ademas de otras materias. [Tomo 19 ptfg. 374.} 

Espartero ascendió ú primer comandante y á lo que entendemos no 
fué la recompensa de aquel servicio como dice su biógrafo y aparece en 
lo ostensible, sino eu atención á otras consideraciones. Muy sabido es 
que el general Ramírez, era desafecto al general Lia Sema, así como al 
general Canterac y coronel Valdes. Bien cuidaron estos de dejar en ^ 
ejército del Sud con Rjimirez los batallones numerosos y predilectos de 
Gerona y el Centro, cuyos comandantes Amellery Espartero y algunos 
otros jefes eran ardientes partidarios de Valdes y estaban en los seere- 
tos que habia de por medio. Así es que al ser depuesto en Enero do 
1821 el virey Peznela, los revolucionarios de Aznapuquio tenían seguri- 
dad, do que no se les opondría resistencia en los cuerpos del cargo do 
Ramírez, quien tardó poco en trasladarse á Espafia. El ascenso de Es- 
partero fué otorgado en 20 de Febrero de 1B21. Parte de este afio y del 
siguiente el batallón Centro cubrió la guarnición de Arequipa, y allí re- 
cibió Espartero el grado de coronel que le confiriera Ija Serna en 23 do 
Mayo de 1822. 

Con motivo de haber salido para Arica el ejército que mandaba el ge- 
neral Alvarado, se encargó al coronel Valdes el mando de una fuerza 
para que maniobrase en aquellas costas. Componíase de los batallones 
Gerona y Centro, cíiico escuadrones, dos piezas de artillería y una com- 
pañía de zapadores, con un total de 2,200 hombres. Espartero con parte 
de su batallón estuvo en el reconocimiento que hizo Valdez el 1.^ de 
Enero de 1823 cou la caballería sobre la vanguardia del ejército contra- 
rio, establecida en Calaña cerca de Tacna á órdenes del general D. Enrí* 
que Martínez. Allí se trabó un tiroteo y Valdes se puso en retiradA hír 



m S7 

^ lloqQega^: eotlm 4ifr«d^diCM?eB de énU^ vilU habo dÍM dfippu^ qii];q9 
«uonentros. Las tropas espafiolas el 19 se posesionaron de las in^c^si- 
Iftlea «t^oxMde V^kldiívia y o^^a% ^nK^^ánáos/^ allí 1« baMU de Toir^ta 
«nqqe el^enend AtwadoJMzoTígorosesatiHl^^.P'Dl^ndo inútilmente 
•qe niiie9s cpi^tííni f oenaf desplegadas en lo ele^cado de aquellas np^qmtar 
iMk Sipivi^evo eoB «a l^t#Uoi^ álofnsd ye^^aa en 1* ala izquierda^ 4o%- 
de eeaioeii to4a la ¿^««^ dn»$ el fuego mnehafi horas. 

U$tíM^ el geaeoMa Alv^xado s« nféreito ú, Samegn» sin ser |»er^egnida, 
j eeíaa ^ 91, se «pfoximase 1a dl7Ísí¡on de Yaldes reforzada por JUm^ l^t»- 
Uoisa Biugos y C«iitaJl>ciAy onatro esooadrones que llevó al í^^ eíl ge- 
Mral Cwilenie, Alvanido se nltu^ á la inmediación de Meqnegu^ ei^ cu« 
f% pesioioB fué buscado y vencido por superipies aricas. £1^ ^sta^ bata* 
Ha fispurleiQ 4. pesar de las bendas qao recibió en Torata, %uró Qon é\ 
«merp^ di» su inunde eu la opecaoioa que por las alturas ^ fl^ucA ^ver 
^bo dala Mnea de Alvaiado sé jecuto por la dÍTision del brigadier Ya)* 
des^ Puede verse el artículo Cantexao en que hemos beo)io w ^l9^ 
^^xaeto de la batalla de Hoquegua. CTomo 2? p¿g. 147,) 

A oons^ueneia de estas batallas el virey nombró ooroinel efectiva á 
Espurtero oon üociha 1? de Febrera de 1823, ocho meses escasos después 
4e h4ber xecibidaí el grado de esa clase. 

Deseinharasados los e^ka&oles de peligros en el Sud, emprendieron, 
una campa&a con numerosas tropas hacía el Norte y ocuparon en Junio 
la oapital^que el gobierno abandonó pasando al Callao con la poca fuer- 
za que había disponible. Trascurrió un mes que aprovecharon en estraer 
zeeuzsos á bosta de escandl^Qsas violencias; y como el ejército del Perd 
mandado por el gan^^ Santa Cruz habia desembarcado en Arica en el 
ml«mo Junio, y la división colombiana á órdenes del general Buere aa 
trasladaba también por el mar á la costa de Arequipa, tuvo Yaldes que 
salir el 5 de Julio con su división, y el general Canterac el 16 para vol- 
ver él territorio que se proponían recuperar. En ese ejército se encontró 
Espartero cou su batallón, que era uno de los que llevaba consigo. Yal- 
d«!sen las rápidas y memorables marchas que hacia, reponiendo en los 
depósitos la tropa que inevitablemente se le atrasaba por el cansancio. 

Coneurrió Espartero á la nueva campa&a que después de la batalla de 
Zc^ta perdida por Yaldes, emprendió el virey en persona sobre el fdto 
Perd piu» destruir el ejército del Qeneral Santa Crus, según sucedió no 
por e&eto de una batalla, sino porque habiendo logrado La Sema rea* 
II irse fon la división de Qlafieta en Sorasora el 15 de Setiembre, Santa 
Cruz se retiró de Oruro Á la costa de Moquegua con tal precipitación^ 
q^ quedó reducido su ejército Á 1,200 hombres, A mérito de tan inespe- 
rado desenlace prodigó el virey los aseensos de jefes superiores» nom- 
brando nueve mariscsJes de campo y diez y seis brigadieres. Algunos 
ao sehabia^ bailado en lacaanpafia» pero fué necesario respeti^ la anta- 
quedad para poder recompensar á los del partido dominante, entre éllofli 
^ Espartero que en siete a&os contados desde que era teniente^ y ouan- 

4(t lusabaha de seír coronel, aparecía de brigadier, sin mediar una bataU* 

8 



58 lESÍ 

en aqneÜM últimas oireunstaiioiM, ni Iwbene Imlladd en él campo ^ 
Zepito. 

£1 gobierno eonstitocional de EtpalUí enTi4 á loe nneree eeladoe de 
América plenfpotenoiarioe oon tí tolo de eomieionadee regioe- para pao«' 
ter mi annlsticio de dies y oefao mesee, dorante loé onales ambas par- 
tes diaentíersn tranquilamente y arribtfran á nna pas estable. En Bue- 
nos Aires á principios de 1823' ét oidor 1>. Antonio' Lnis PMeirm y el te- 
niente coronel D: Lniede la Bobla, i^ustaron nn convenio en este senti- 
do, y conforme á €1 reconoeieron la independencia en le eemeroial, res- 
tableciendo las relaciones y admitiendo en los puertos de Bspa&a 1* 
bandera argentina. Este hecho plausible irritó al Wrey La Sema y áloe 
miembros de la facción qne lo elertf en Aznapnifoio. Ellos eompOBÍaii 
el partido qne se tftnM liberal en el Perd, y aunque armonisaba oon él 
qne regia á la sazón loe destinos- de Espa&a, no iban á una en lo tocan- 
te á la América, porque los llamados liberales en el Perú no transigiai» 
con los disidentes aunque lo exijiera el mismo rey constitucional. Ra- 
bian tomado el liberalismo por demento pora eleyarse y para su biea 
particular, como le hicieron mas tarde en la misma EspaSa después de 
seryir al absolutismo de Femando Vil en nn x>eríodo intermedio de n» 
pocos afios. El Perú era yíctüna de la célebre logia de Yeldes y La ñer*' 
na, mientras el mismo rey autorizaba la suspensión de la guerra y laa 
negociaciones de conciliacíoD. 

El gobierno' de Buenos Aires acredité al general D. Juan Gregorio ñ» 
las Heras para entrar en relaciones con el rirey La Sema á fin de coope- 
rar á que en el Perú se aceptara la base del armisticio. Pero La Sem» 
eco de los hombres que lo dominaban, negé á las Heras el permiso quer 
solicité para venir al Cuzco, y contesté con necio orgullo fundado en sus 
Tíctorias, que no se prestoria á cosa alguna fhera del principio ds que^ 
se reconociese la potestad del rey de Espafia en el Perú. Hizo marchar 
á Salta á D. Baldomcro Espartero para que conferenciara con- las Hera» 
y terminara aquella gestión con la misma repulsa que se empleé cuando 
el presidente Blva Agüero y después Torre Tagle proyectaron por sor 
parte la suspensión de hostilidades. 

Al regresar Espartero de Salta á fines de Enero de 1824, encontré el 
Alto Perú en una gran agitación á causa de haberse defeccionado él ma- 
riscal de campo D. Pedro Olalieta que mandaba una división cuya fuer- 
za efectiva bien podía subir á cuatro mil hombres que ocupaban loa 
puntos* mas convenientes en aquellas provincias. Olafieta era un viscai- 
no terco y fanático: uniatf la mas refinada hipooresia laoodicia mas ve- 
hemente y no poca ambición á elevadoe puestos. Habia sido comeroían- 
te y contrabandista aun después de entrar en la profasion militar que 
tom6 cuando las invasiones de fos argentinos al principiar la lucha 
de la independencia. A fslta de los primeros caudillos realistas de 
esos tiempos, él se consideraba oomo cabeza de los antiguos milita- 
res que defendiendo al rey habian alcanzado memorables victorias cam- 
pales. Abrigaba profhndo édio y rencor á los modernos Jefes venidos d% 



BSP 59 

Eifttti lo» ooalMftüi hacer nada notable en lagnerr% despreoiában y 
,9ú moíaJban toipeDiente de aquellos beneméiltos, porqae no conocían la 
uueya tlfeticay ni Teetian como loa franceses, ni tenían las cualidades 
que el historiador Garoia Camba llama eompaaerismo» franqueza jsin 
marcial. £1 resentimiento oeviUo jr ceprimldodenoos, y la licencia y al* 
tives de loo otros que hasta les ridiculizaban con apodos, tenia de ante* 
mano separados los oorsaones y aleada la confianza de estos dos ban* 
4os. Eluno era protegido por La Sema, Caaterao y Yaldespara las co- 
locaciones y ssoensos, el .otro que habla seryido mucho y dado glorias á 
las banderasdel rey, era objeto de sospeches jr no pertenecía ala asocia- 
ción masónica que dirigia las cosas y que for fuera se consideraba una 
secta de henjes enemigos de la réMgion. 

Mientras subsistió el végimen constitucional, los partidarios de La 
Sema y Váldes [Espartero xuo de los mas notables J ostentaban las 
mas avanzadas ideas liberaLes, tachando Á los otros de ignorantes y ser- 
viles. Pero apenas Ucgó á noticia de Ola&eta que los ^ércitos franceses 
dominando la Espafla habían restablecido el imperio absoluto del trono^ 
y que el rey esterminaba á los constitucionales y las sectas diversas 
«readas por el liberalismo, aprovechó de protestos que abundan slem-: 
pre que se necesitan: negó la obediencia al virey y arrojó al general la 
Horade Potosí y al general Maroto de Chuquisaca; hizo proclamar y Ju« 
rar al rey absoluto antes que el virey recibiera para ello órdenes de 
Espa&a, y se dio el dictado de capitán general de las provincias del Río 
do la Plata. Lai^ foeraescribir eu este artículo todo lo que pasó en- 
tonces en el Alto Perú, y que tendrá su lugar propio al tratar de los 
principales actores de los^ucesos. 

Ola&eta en una proclama invocaba la religión titulándose él y los su- 
^os lístoM dtfeu9oret del aliar y del trono oomtra liberalea y kerefeSn Espartero 
contestó con otra proclama que publicó en Potosí eu 5 de Febrero de 
18S4 bi^o sufirma^ y la copiamos á coutinuacion sin saber con que tí- 
tulo y autoridad proclamara un jefe que pasaba de tránsito por dicha 
ciudad: los términos en que lo hizo dau idea del furor que le devoraba. 
''Viva la religión, el rey y la uaciou/' 
'' El infame Ola&eta, infatuado con las condecoraciones qae obtuvo, y 
^' á las qae nunca pudo considerarse diguo, acaba de cometer la trai- 
** cion mas horrible: él no obedece á la suprema autoridad del Perú, no 
** pertenece ya ni quiere pertenecer á la heroica nación espsfiola: quiere 
^' unirse con los insurgentes de la Plata, y sumergir estos pueblos en el 
^' caos de males en que aquellos se miran. La Divina Providencja que 
^' visiblemente nos protege, ha permitido que pur la casualidad mas ra- 
'* ra, llegasen á noticia del excelentísimo seDor virey, las tramas ¡ui- 
** cuas de este hipócrita, que para comprometernos tiene la osadía de 
^* escudarse oon el nombre sacrosanto de nuestra religión: él pretendo 
haceros ereer que la desprecian los jefes beneméritos que tantas prue- 
bas os han dado de sus virtudes: los supone enemigos de nuestro ado- 
f' rado monarca el sefior D. Fernando Vil, y nadie como vosotros pñe- 






60 ESP 

^ áé ddigmentir á este inpoeftor Inieno: ú TocietfM apelaB^to» ytmmu^ 
^ ilOBtM», ^üé viven titmquilttB ooü lá éegitritfád éé i^é Im lUMtofai 1» 
^* fitttlctft que tanto iáet«o«n.'' 

"EÁ tadron mas desoaiado, «I óMítrabaadist» ttfaé pttblkto, y éü fte, 
'' 'él tMdor Olteffeta, átMptMoBtÜ ¿Hay en b^Mrte de entire ToaetMi y «mi 
'' Véx^ti TíhttB de los males qne preparaba. SI iaaá VlrtttMO de lote tí- 
" te^es, el inmortal La Serna, mateh» á la eab«aade imeetHié bn^vvs 
^' batallones, y estoy seguro que tan inego come se avfste, eewe iáto ú 
*' ijrnptóna^ tía perdón los qne alucinados eon las promesas del ihas Infii* 
'' tee de los bombieSy sirven boy de instrumento á sos oHmeiMS, el MI- 
" dar Ttítírá cargado de confusión y cprotio, 9U$ i»mmida9 ploMas no vt^vdtém 
** á manohar mié BtuHo," 

^* ^taüAKOs: Ya restan may pocos dias paara que sepáis basta iqti» 
^ punto se estendian las maquiu aciones de un traidor bipóorita. Bl éac* 
" celen tÍBÍmo seftor vlrey os manübstará oon la ínmqneza y V«rdadqae 
" le son características, la trama horrenda que dlsponia aquel pérfido. 
" Quién os habla, es impulsado solo del amor qne ptoftsa tf los babilMua- 
" tés del Perú, y de la decisión con que ha defendido sfeita^fe los détre* 
" ohósde ta nación ■espafiola, los del rey y los de la reíHgion.-'Potosí 5 
^ de TebreVo de IdSU.^BaJdomsro B&parteto," 

&n los éOnciliábuloB del virey y sus fsToritos bien se comprendió que 
las acusaciones de Olafieta harian mucho eco en Espafia en la época de 
una reacción tan sangrienta contta los constitueionales. T oonoelmido 
la premiosa necesidad de un agente eficaz en la corte que diera realce S 
las Yioto^ias alcanzadas en el Perú, y que hiciera al rey las protestas mas 
solemnes de adhesión Á su poder absoluto, fué escogido Espartero por 
ser persona á propósito para desempefiar una comisión en qne el artifi- 
cio y la falta de sinceridad tenían qne res^nder del éxito. No se ocul- 
taba á la viveza del club de Valdes, qne el rey en último análisis tenia 
que fiar de los liberales del Perú á mas no poder, por el mal que ellos 
podian ejercitar aquí si agraviados se eutregaban al despecho. T por 
otra parte, el rencor y venganza de Femando VII se cebaban contra 
tantos que de cerca le hablan ofendido, mientras que los otros se halla- 
ban á una distancia inmensa que favorecia cnanto disfraz y falsedad 
qnisleran poner en juego para conservarse en sus puestos. Existía un 
decreto real de 1823 por el cual se declaraban nulos todos los actos del 
rey desde 7 de Marzo de 1820, y esto animó mas á Olafieta porque esa 
resolución comprendía al nombramiento de virey de La Sema y los as- 
censos dados por este. Olafieta se olvidó de qnejseparándose de La Sema 
pohia al Perú en el mas inminente peligro: tales son las cuestiones in- 
ternas y el desenfreno de las pasiones personales. 

Espartero recibió instrucciones y salió para Espafia inmediatamente; 
embarcándose en Qullca en el bergantín inglés ''Tiber'' el 5 de Jfuniode 
1824, llegó á Cádiz en 28 de Setiembre y á Madrid el 12 de Octubre. Dlé- 
le el rey una larga audiencia: se aproba^'n los actos de La Sema y se 
concedieron dife^ntes gracias á los que militaban en el Perú, fispsfte* 



ESP 61 

ro reeibió aoDÉbranúeiito da jefe del estado ikiaTor gouentl del ejercita, 
y paaattde á Bufdeoe «u^^ñdíó su vii^e de regreeo á mediados do Dl- 
otéttsli'rOé fteded el bnqae en el mismo puerto de Qailca el día 4 de Ma- 
yo de 1805; liaUa Isoabado el poder español en A)- acacho, y Espartero 
ooüdl&Oido < Arequipa faé enoerrado en rigurosa prisión. £1 habia ar- 
rojado ftl mar la eomspendeneia oficial de que era portador, (roservan- 
éó aligpuias eartas y gacetas para presentarlas si se le ezSjian. Al prin- 
tipio se títeyó eu Areqnfpa que Espartero tendría la suerte del brigadier 
Beliévarria fbsüado en esos días sin cansa bastante ni sentencia legal. 
Empleóse la inflneneia de Yarías personas cerca del general Bolívar, 
quien estnro resuelto á mantenerlo en la luisma isla de Estebes que po- 
co antes era la horrible mansión de los patriotas prisioneros. Dióse eu 
esos días un baile al general libertador, y de esa coyuntura aprovecha- 
ron aSgunas sefioras de Arequipa para pedir la libertad de Espartero y 
él permiso qlxe se le otorgó para regresar á España. 

Midamos almra la gratitud de este personaje recordando lo que su 
Idstorfador particular D. José Segundo Flores dice al dar el nombre de 
Mutas ú las arequipefias, con motivo de un caso que vamos á referir, el 
€ual se halla repetido en la obra ^'Estado mayor general'' en los siguien- 
tes términos: 

'' Loe ánimos de los vencedores, se encontraban tan mal dispuestos 
*' para la observancia de sentimientos humanitarios, que Espartero hu- 
*' bo de temer, con harta rason, recibir la muerte bajo el imperio san- 
" grlento de nu próximo suplicio: los furiosos independientes incitados 
'* por laperveiBÍdaddeideas que Bolívar les inspiraba, hallábanse en ol 
*' íktal período de la vengansa: la sed de sangre española habla pasado 
^' por entonces á constituir la esencia, el refinamiento de la moda, has*» 
" ta én el tocador de las damas. Ed horrible recordarlo; pero nada mas 
** eierto que el siguiente ejemplo, cuya mención hará comprender el de- 
^ senfreno de las pasiones dominantes.'' 

** £1 brigadier español Echevarría habia sido f asilado sin mas causa 
** que el capricho de sus verdugos, dos días después del arribo de Es- 
** partero, es decir, el 6 de Mayo. Publicábase á la sazón por los tnde- 
*' pendientes un periódico titulado *'La Estrella de Ayacucho;" y preoi- 
^' sámente en el propio dia en que redojeron á incomunicación á nues^ 
" tro personige, se leia el siguiente pitirafo, suscrito por varias señoras 
^' tf quienes con harta justicia, apellida ItlíenaB el ya citado Flores. " 

" ÍETemos leído varias amigas en una tertulia, el número 7 de "La Es- 
** trdla'' «le V, y su contenido no nos merece el mayor concepto, por eso 
'' tienen Uds. razón en llamamos tontas. En el artículo JwHeia del ¡ni' 
** gaátítrEehmMurria, al concluirle, largamos todas una carcjijada y dije 
" yo: ib los mmigoa lo* menos,*' 

" Tal era el cjemcplo que daba el bello sexo, la naturaleza dulce, la 
'' sensibilidad femenina, no hay que decir que los Jóvenes, los viejos y 
** Imsta loa niños ostaíban no menos sangrientamente dispuestos á la 
** venganza.'' 



62 KSP 



''CiwiuUmente eu Aquella mi»ma noche, se daba un gran Uaile en ob- 
" eeqoio de Bolívar, y decididos todos á hacer el último esftiecao, dU- 
** cutieron brcTemente los medios de convertir en provedio.dél iireso 
** aquella especial coyuntura. Solo las afecciones mas tiernas del oora* 
'* zon, estaban vírgenes é intactas en el catálogo de loaceonisos de los 
** leales amigos del brigadier; y por lo tanto á ellas se enoaminaion soi^ 
**' proyectos. Acertaron por fortuna en la elección del medio; y oon tan 
** feliz estrella se logró trabi^ar en este sentido, que al presentane al 
" jefe del estado, una esposicion verbal, elocuentemente tradueida por 
** los dulces labios de una persona tierna y compasiva, ganó de luego 
** Á luego, el favorable decreto que representaba la libertad de £s- 
" partero." 

No seria pues tanta la sed de venganza, ni nos esplicamos oomo las 
hienoi tuvieran generosidad hasta el punto de cons^uir con sus tiernos 
ruegos la libertad del prisionero!! Contradicción latente, y que él escri- 
tor no desconocerla, cuando en el último párrafo que hemos oopiado^ se 
nota el embarazo de su pluma y el modo confuso y oscuro de que usa, no 
diciendo francamente que el general Bollyar accedió á una súplica del 
bello sexo arequjpefio. 

Si el biógrafo del duque de la Victoria llenó veinte largos capítulos 
colmándolo de encomios en su carrera pública y en lo particular de su 
carácter, no estará de mas que nosotros para sostener la verdad en su 
lugar, hagamos mención de un hecho cierto que prueba el desafecto 
de Espartero á los peruanos. Un caballero americano por oonoeerlo y 
tratarlo, en época reciente al pasar por Logroño consiguió que le admi- 
tiera una visita, en la cual hablando acerca de cosas pasadas en el Perú 
se desató vituperando de la manera mas procaz á los hgos de este suer 
lo« El viajero le recordó la prueba de amistad que so le habia dado en 
Arequipa: pero él continuó en su propósito como si se tratara de hechos 
frescos que le hubieran ofendido personalmente; y lo único que llegó á 
conceder fué que en Arequipa no faltaban sefioraa estimables. Al curio- 
so que creyó ser acogido cortesmeute en la citada visita, le oimos referir 
el desaire que habia esperlmentado, arrepintiéndose de ese paso de ur- 
banidad que le ocasionó un rato bastante desagradable. 

El afortunado prisionero no perdió instantes en dirigirse á Quilca 
donde ganó mil onzas de oro en una partida de juego: fué estala pasión 
que le dominaba, y se refieren muchos casos eu que hizo crecidas ganan- 
cias que derrochaba con desprendida liberalidad. So embarcó eu la fra- 
gata francesa 'Telégrafo" el 1? de agosto de 1825 y entró en Burdeos á 
fines de noviembre. 

Debemos acercarnos ya al término del presente escrito por no tener 
objeto en el plan de nuestra obra llevarlo adelante con el relato de los 
posteriores servicios del brigadier Espartero y de su asombrosa eleva- 
ción. Contrajo matrimonio en Logroño con D? Jacinta Sicilia, hga úni- 
ca de un rico capitalista y propietario, y no llegó á entrar en activo ser- 



ESP 63 

vioio haito cil a&o de 1890 en que se la dio ti mando del regimiento de 

Soria. 

£1 ley «e penetró de qne loe Jefee procedentes del Perú no comprome- 
tídoe en loe eaoeeoe de Espafia dorante rigió la conetitnoion, debían ser 
ocnpadoeeonprefereneia por ser fáeil se adhiriesen á los principios de 
ea ábsoliito gobierno. Empezó á colocar á algnnos de alta categoria, y 
estos fáeron recomendando j llamando á otros, de modo qne al poco 
tiempo todos tnyieron distinguidas colocaciones, gracias al implacable 
rsneor de Femando VH oontra los generales y Jefes qne hablan figura- 
do hasta que feneció la constitución en 1823. Entre ellos habla altas in- 
teligeDcias, hombres de antiguos y esclarecidos serricios que vagaban 
proscritos en el estrangero ó Yivian en el país en la oscuridad y la mi - 
Mria» Llegaron mas tarde los de la logia del Perú á hacerse dueftos del 
reino eeeluyendo á cuantos no eran de igual procedencia, á manera de 
lo que aquí sucede con los partidos que se hacen duefioa del poder. 

Espartero al través de grayes dificultades, fi^rorecido de la suerte en 
no pocas ocasiones, slrrióndole su valor y su talento para dominar con 
audacia es loe lances intrincados de la política revolucionaria, no solo 
pudo conservarse reportando ventajas, sino sobreponerse átodoe sus su- 
periores, sin que ninguno de sus contemporáneos supiese atacarlo en el 
camino desús designios. El subió hasta el empleo de capitán general, le 
condecoraron el toisón de oro y las grandes cruces de todas las órdenes: 
obtuvo la dignidad de duque de la Victoria, autorizó el tratado de Ver- 
gara que puso término á la guerra en agosto de 1639, y gobernó la monar» 
quia como Begente. Fué Espartero una de esas figuras que aparecen de 
tiempo en tiempo para prueba del poder do la caprichosa fortuna. 

BSPAE8JH-EI. D. D. Gabriel dc— natural do Pamplona. Empezó sus 
estudios en 1642 en el colegio mayor del Arzobispo de la Universidad 
de Salamanca, foé Dr. en Teologia y canónigo de Pamplona. Se le pre« 
sentó para obispo de Guamanga en 1657: en 1658 para obispo de Tropi- 
llo, y antes de venir á América se le colocó, en setiembre de dicho alio, 
en el obispado de Badi^^* ^o ^'^^ P^<^ ^ d® Salamanca y luego al de 
Calahorra donde murió en 10 de enero de 1686. 

B8fBJ0— D. CASDORO^natural de Lima. Ahorcado en esta capital 
el dia 2 de enero de 1819, por haber sido uno de los principales actores 
de una revolución que se proyectó contra el gobierno espafiol — Véiue — 
•I úrííimlo-^Gamaf D, JoU^ 

nmi CAEBACA T ?BLASC9~El Licenciado D. Jüak dk— El maes- 
tro Gil González Dávila dice que nació en Lima, y fué Inquisidor fiscal 
de Yaleacia. No hemos podido hallar mas noticias acerca de este indi- 
viduo. 

BSFUALL— D. SÍANUEi/— El emperador nombró oficiales reales, de la 
Nueva Toledo, á Juan de Gnzman Contador, á N. Tuiegaoo veedor 
7 teeorsio 6 Espinall- quien llegó á Lima en Junio de 1537. £1 gober- 
nador D. Francisco Pizarro que se hallaba en el Guarco (Cerro KzaX) dio 
ócden al capitán Francisco Godoy para que prendiese y detuviese ú Es- 



64 BSP 

pinall dáudole la ciadad por cárcel, 6 ij^poniéiudolc pcoui de muerto en 
coso de desobedieccin. Se le impedia pasar á Terse oon D. Diego Alma- 
gro, temiendo trtjeae de la oorte a^gozíos encargos secietos; proTÍ Acu- 
cia propia de la suspicacia de Plzanro y que espUea bMlanteUMul* lo 
asaroeo de aquellas circanstancias. 

Bspinall al ver los grandes aprestos con qoe el gobernador ee pcepa* 
^ba para la goerra, le acons^^ qoe por ningún motíro quebrántasela 
pax, y que debia contraer toda sn atención á. destmir á Maneo lusa qoo 
acaudillaba á la saeon nomerosaabaadas 4e Indios al interior del OoMa^ 
Becibió tan mal Pizarro esto amonestooico, qae arrebatado por la ce- 
lera se tomó de las barbas sacudiéndolas una y otra tos. En la íBqnle- 
tud y ¿esconfianza que le atormentábaos perseguia las oonsiin&sacionaa 
y abría cuantas llegaban á sus maídos, asi fuesen panel miemo soy. 

Herrera y otros antiguos historiadores casi no se ocnpaa del tesoseco 
Manuel Espinall; mas no por estod^aremos de dar cuento de ciertos ba- 
chos suyos que no deben ulenciarse. Bl escribia constantemento al em- 
perador, y en sus cartas le participaba con sobra de firanquesa los tace- 
mos del Perú, haciéndole saber particularidades que no minisÉra laico- 
tura de las crónicas. Entre los documentos inéditos relatíToe á la Amé- 
rica que están publicándose en nnalniga cotoccicn de que axiston ya 
Tcinto tomos impresos en Madrid, figuran las Intoroeantes cartaade Ea* 
pinall que tonemos á la yista. 

£n una de ellas fecha en el Cuzco á 6 de enero da 1539 [tomo 3.^] sa- 
fiefe como "el padre BoTadiila d^o á D, Diego Almagro, oondciiéadase 
'* de la sin razón que pedia Pizarro, que si se ponía esto en sos manos, la 
" prometía por el hábito de Nuestra Seftora de la Meroed cuya prole* 
" sion él tenia, dele dar y sentenciar que fuese su gobemacioa el Cmso, 
" y que llegasen los límites basto veinto leguas de Lima porenaima 
" del cacique delGuarco> de Jayú poblado en Chincha donde álaea- 

" zon estoba Y D. Diego Almagro creyendo que tonia jnstioia, co- 

*^ mo á todos nos parecía y parece, y que el fhúle no era demonio coma 
" después se mostré, cebóse y holgóse desto, y parecióle muy m^et ca- 

" mino, y dióme cuenta de ello como tesorero del emperador To 

'* creyendo que no hobiera tanto mal debí^ un hábito ton bueno, na 
'' me pareció mal; y quiseme informar del fraile y de las palabras dicbaa 
" por él, las cuales ni mas ni menos me dgo como las dyo á D. Diega 
" Almagro, y aquí van representadas por la fé que debo á Dios y áT» 
" M. I: después dio la horrible y espantoble se&tonoia que ya Y. M. ha- 

'< bra sabido 

. Dice Espinal! "que la sentoncia de maerto de Hernando Pizarro con- 
" tra Almagro, fué un mandamiento irregular contra reglas, y orden da 
" hecho y contra derecho.... Y que de todo informarla á 8. M. D. Ahm- 
" so He^riquez al cual as refería: q«e se le dé entsta creenma por que 
" es persona qoe todo lo sabe muy bien, y de quien Y* M. se debe da 
" fiar, pues es hombre de cacto slngnlsi' y fidedigno y leal á la eorsna 
" real.'' Espiaall maniíesto al emperador loe trabióM V» htítóm pasada 



ESP 65 

y U« péididaa saftídas, pidiéndole meroedes.— Véase Heuriquez, D. 
Alonso. 

Esta esposioion la ratificó ea carta escrita al emperador ea Lima á 
90 de mayo del mismo afio 1589, y en otra de 15 de Juuio en que 
relató les sucesos de la guerra civil. £u esta afirma que Almagro 
*^ estuvo siempre dispuesto á la paz y no queria desagradar al rey.'' 
Cuenta que el gobernador Piuurro disculpándose del hecho de haberse 
situado mucha tropa emboscada á las inmediaciones de Mala al tiempo 
de su entrevista con Almagro, decia que esto lo hizo Gonzalo Pizarro 
9in m eon/oéMeñio, sacando al efecto trescientos hombres de las fuerzas 
que existian en Lima!! 

Espinail en esos momentos se trasladó á Chincha, y allí se reunió á 
D. Diego Alma^^. Marchó al Cuzco y después de la batalla de las Sa- 
linas, los del bando vencedor le robaron cuanto tenia; y al tomarse tam- 
bién el caudal del rey que estaba bijo su custodia, le dijeron "que el 
rey á nada tenía derecho desde que ellos lo habían ganado todo con sus 
Unsas." 

Hernando Pizarro mortificó tenazmente al tesorero Espinail, y le tuvo 
preso por que se avanzó á darle consejos después de su victoria. Y lue- 
go el gobernador á quien dirigió sus reconvenciones, sacó un pnlial y 
llenind<^ de injurias quiso arremeter contea el: en aquella misma esce- 
na Hernando deCevallos puso las manos á Espiaall insultándolo con la 
mayor vehemencia y amenazas, de todo lo cual dló parte el tesorero al 
emperador. El contenido de sus cartas, que hace poco hemos leido, en 
nada difiere de lo que dejamos escrito ea el artículo de D. Diego Alma- 
gro tomo IV pág. 102. Y eu cuanto ú, algunos otros hechos que aquellas 
revelan, aprovecharemos los datos cu nuestro articulo tocante á D. 
Francisco Pizarro. 

No sabemos qué tiempo permanecería Espinail en el Perli, y sifiillo- 
éió aquí. £1 cronista Herrera le llama Espinar, indicando su nomlnra* 
miento de tesorero, y que el virey Blasco Nufiez Yola le dio título de ca- 
pitán enviándolo á Are<iuipa á reunir tropa: comisión que no desempelló 
por que no se lo permitieron en dicha ciudad. 

BtraiAE Y MUMMO-^D. Fr. Juan— Obispo^natural de Lima. Fue- 
ron sus padres D. Juan Espinar y D? Francisca de Orozco: profesó en 
di couTento de Santo Domingo de esta ciudad en 29 de junio de 1603. 
Estudió artes y teología, leyéndolas después en Chuquisaca y en el Cuz- 
00 donde fué regente. Vino de prior á Guamanga; graduóse de presen- 
tado y de maestro; estuvo de Vicario ta oa^íe en Lima, y en 1633 pasó 
á EppaSa de procurador general de la provincia. Volvió de vicario ge- 
neral y visitador general de la de Quito. Fué promovido á obispo de 
Santa Marta en 1640. F^tUeció en 1652. 

UnSMiA Y flLLAYICBIClO— D. Luis dk— natural de Jevez de la íron- 
tec». Fué en Lima tf mediados del siglo XVU escultor muy acreditado, 
y trabi^aba en su arte sin embargo de pertenecer á una noble familia. 
•SrnMA Y riLLATMIIiaO^El general D. Nnfio, caballero de la 



66 ESP 

dnAende Aloántan^ natanJ de Jetes, aeflor de las hatttaa y m^yomiga 
de Cabra coja; general de la mar del Sun sa padre y abnelo fiíetoa 
de loe 24 de aqiuíla ciadad. Casó eon D? Juana Haría Pardo Flgaeíoa 
nafenial de Lima que falleoió en 1713 y ítiéhya de D. Baltaiar Pardo de 
Figoeraa de laóxdeu de Santiago, general déla mar del Bnr, y de Bf 
Juana de Sotomayor natural de Chaqnieaca deeoendiente de la oaaa de 
Ondegardo. Tuvo por hgae á D? Joeeía que eaed eon D. Diego Esquive! 
y Nayia de la tfrden de CaUtraya, marqués de San Lorenao de Yall^ 
Umbroso; á D? Meneia miger de D. Melchor Halo de Molina de la or- 
den de Calatrava marqués de MonterTÍoc^ y áW Isabel que easó oon 
D. Alvaro Naria Bolafios y Moscoso de la orden de Santiago oonde da 
Valle Oselle, abnelo de D. Pedro José Zirate marqués de Montemira. 
]>e las casas de Espinóla, Villayieenoio y Veles de Guevara, prooedeit 
los duques de San Lorenzo, y de la S? también los marqueses del Val* 
hermoso. D. NuAo íalleoió en 1704. 

K8FI1IM1— D. Aktonio— Comerciante. Fué quemado en Lima en 33 
de enero de 1639 por jodio y en virtud de sentencia del tribunal de la 
Inquisición, en el sitio llamado el pedregal inmediato ai camino de 
▲manoaes. En el auto de fé que en ese dia se celebró, hubo 80 reos y 11 
sofrieron igual pena. 

BSFUMA— El Dr. D. Fsrnanoo— Estudia en el real colegio de San 
Martin de Lim% y Universidad de San Marcos. Fué oidor de la aodien* 
eiade M^ioo, y después arcediano de la iglesia de Salamanca. 

BSPlI^Sir— F^EUNdsoo— Uno de los mas criminalee favoritoB de Gob«' 
salo Pisarro. Refiere el crdnista Antonio de Herrera que cuando este can» 
diUo entró en el Cusco después del triunfo de Guarina (1547) envió^ á Es* 
pinosa comisionado para recoger el tesoro que hubiese en ciertos luga- 
res del Perd alto, reuniendo también cuantos soldadoa encontraría y 
que cometió grandes exesos robando para si mas de 60 mil pesos;y haoien^ 
do ahorcar á tres ó cuatro personas á protesto de que eran desafeotaa al 
partido que él seguía. Pero Gonsalo, como todo revcduoionario^ daba 
abrigo y oonfiansa á hombres aviesos y desacreditados, porque estoa 
son instrumentos idóneos para loe trastornos, y no tienen cabida con 
los gobiernos que respetan la mocaL Espinosa en la oampafla de Gua- 
rina dice Gomara que fué comisionado para haoer preparativos fiírscH 
sos de víveres etc, en el territorio de Chuouito para hacer ereer á Dv 
Diego Centeno que por esa vía seria atacado por Pisarro. 

Sigamos á Gaioilaso en su recuerdo de ios hechos de Espinosa: 'To» 
" los eamiaos fué robando cuanto halló, que según aquel autor [el Pa-« 
" lentinol fueron mas de 60 mil ducados y mató dos espailolcey y una 
" dallos tenia indios; y en la villa de la Plata ahorcó un regidor y un 
" alguacil, todos cuatro á título de que hablan servido al ¡rey. T en 
^ el camino volviéndose al Cusco quemó vivos siete indios o«m aeha- 
*^ que de que hablan avisado de su ida á ciertos españolea que se ho- 
" yeron.'' 

Vencido Gonzalo Pisairo en la batalla de Sacsahaaoa^ [ 1549], Espino^ 



EáP 67 

m fué «lioreMlo en «1 Oazeo entre otros mnohot por disposición cUl go- 
bemdor D. Pedro de U Gasea. 

UPIMii— 'El JjütasciADO D. Gaspab dk— natural de Medina del 
Campo [Valladolid] hombre de buena oapaoidad y de genio pata em» 
presas militares. £1 a&o 1514 D. Pedro Arias Dávila oonoeido por éljua- 
todor» fbé nombrado por el rey gobernador del Darien, y en su oompafif a 
▼ino Espinosa en dase de aloalde mayor. A su llegada por el mes de 
jnUo dispuso se pregonase la residencia de Vasco Nufiez de Balboa su 
anteoesor, y que dicho alcalde formara la can¿a poniéndolo en prisión. 
Le pené este en algunos millares de castellanos por los agraYios hechos 
al bachiller Enciso y á otros, y también por la muerte de Diego Nicnesa; 
dándole por libre en cnanto á los demás cargos que se le hicieron. Este 
pcoeeso dio origen á muchas desaTcnencias y litigios, que en sentir de 
Espinosa podrían caber á cuarenta por Tccino si se repartieran entre 
todos. De aquf se originaron la alteración de los ánimos, el deseo de 
nmohos de regresar áE^aOa y la mengna de las fortunas por la codi- 
cia y abasos de jneoes, escribanos y agentes. El alcalde mayor habla 
^pMfído evitar la prisión de Tasco Nnfies por las acusaciones criminik 
les, poas no tenia mas culpa que cualquiera de los otros Jefes, Y cuando 
Pedrarias le mandó activar y concluir 1a residencia civil, Espinosa filé 
de dictáflsen que dejando aquel un proeorador, podía empleársele ea 
cualquiera comisión 6 mando. 

Pedrarias miraba mal á Tasco Nnfies envidiando sus servicios y prós- 
peros suceso^ y cuando el ley le biso Adelantado de la mar del Sur y 
gobernador de Panamá (aunque subordinado ú éí)y ya no pudo disfl»- 
car él ddio, y dispuso su prisión de que luego le libertó bi^o ciertas con- 
diciones. Pero nunca las voluntades estuvieron acordes, por que des- 
de que el rey escribió á Pedrarias honrase á Tasco Nufies y tomase su 
consc))o, le abocrecSó con mas vehemencia llegando á sospechar que bu* 
biese sobornado al alcalde mayor Espinosa, siendo así que sns condena- 
donsB le hablan reducido á pobreza. 

Deolarada por Pedrarias la guerra contra un caudillo llamado Poco- 
losa, ordenó al Licenciado saliese de Acia con una fuerza de inmutes y 
eáballos á fin de destruirlo: mas encontrando asolado el país, pidió se le 
enviase competente número de soldados para recuperar el mucho oro 
y las demás pérdidas esperimentadas por el capitán Gonzalo de Bada- 
Jos, haciendo escarmientos en los puntos que ocupaban los obstinados 
caciques Comagre y Pocorosa, Pedrarias destacó con tal projkSsito cien- 
to treinta hombres mandados por el Capitán Talenzuela. Espinosa aspi- 
rando á que se le debiese algún se&alado hecho para acreditar que las 
letnM no le impedían el uso de la lanza, se habia puesto cu camino sin 
eqpecar el refuerzo; y encentrando un cuerpo de tres mil indios dispues- 
tos á luchar, rompió sobre ellos cansándoles graves da&os. Se desvanda- 
ron en completa dispersión aterrorizados con los caballos y los estragos 
que haciaauaos filrioeos porros. Espinosa como Jurista gustaba de f¡ta> 
mar causas para Justificarse do loa crueldades qne poniaon obira lo mis- 



68 ESP 

mo que los eonqnistadorM aiilitares; y así ahorcó en «staTOs á miieho» 
indios, á otros les bizo cortar Ins narices y á no pocos las manos segan 
loe fallos qne resaltaban de aetnaciones iuicaas distantes de la los de 
la verdad. 

Invadió diferentes territorios, sorprendió poblaciones y peni|^ó een 
tenacidad á la gente do diversas parcialidades, consiguiendo se le lin* 
diesen los Jefes de ellas. Combatió con éxito favorable las resistencias 
qne se le opusieron, destrozando numerosas bandas de indios: por que 
incorporada la gente qne en su auxilio envió Pedrarias, se consideralMi 
invencible en cuantas ojieraciones emprendiera. Espinosa se empelló en 
recobrar la crecida cantidad de oro qne tuvo reunida el capitán Badi^oa 
y le quitaron los indios: para ello empleó con habilidad artificios y me^ 
didas sagaces, y ellos mismos le entregaron gran parte de ese tesoro 
computado en ochenta rail castellanos. 

Mientras el Licenciado Espinosa daba descanso á sus tropas en pue- 
blos abundantes de recursos de subsistencia, los caciqves de las inmedia* 
ciones, pensando siempre en libertarse de sus opresores, oonvinaron un 
plan para destruirlos y Tcngarse de tantos agravios sufKdos. Atacaxoo 
á Espinosa con veinte mil indios y mas orden y resolución que otras ve- 
ees; pero confiaron en el nómero, mientras que los espa&oles cautos y 
bien doctrinados, supieron aprovechar de sus armas en los momentos 
oportunos y arrollar y esparcir aquella muchedumbre. 

Penetró Espinosa en otros tierras, y trabando frecuentes combates ad- 
quirió porciones de oro, algunas canoas y prisioneros de distinción. I>e- 
terminó después de tantas agitaciones y peligros yol ver al Darlen; y al 
hacerlo hallaba sublevados con mas fuerza que antes los lugares de re- 
taguardia que habia creido dejar en completo sosiego. Fué sometiéndo- 
los de nuevo y se restituyó á los reales de Pedrarias con abundaztcia de 
riquezas, y mas de dos mil esclavos que se repartieron y se ganaban y 
perdian al juego, como lo hizo el gobernador con cien de estos desdicha- 
dos indios. Dejó Espinosa en Pamanáal capitón Hernán Ponce con la gen- 
te necesaria para sostenerse, en cumplimiento de orden de Pedrarias. 

£1 Licenciado Espinosa con menos apego á las funciones judiciales 
qne alas ventajas que alcanzara por medio de las armas, pidió al gober- 
nador le encomendara el descubrimiento de otros territorios. Hizo una 
larga carapafia, y según afirma en sus memorias, esploró muchas leguas 
de costa. 

Pedrarias después de las exitaciones y muestras de su incorregible odio 
áVasco Nufiez de Balboa, llegó á reconciliarse con él prometiéndole un» 
de sus hijas en matrimonio. Pero im> fué largo el tiempo que pasó manlfea- 
t lindóle amistad; pues renovado el encono con mas violencia, dio crédi- 
to alas acusaciones falsas de ciertos enemigos de aquel, figurando tro* 
taba de revelarse con la fuerza que comandaba en una espedicion qne 
tenia á su cargo. Estando Nnfies en las islas de las Perlas con cuatro 
biiqucn y trefleienf os hombren, reoibió carta de Pedrarias llamándolo con 



ESP 69 

Ufgenoia: él oliedacióel manduio sin tomer cosa alguna; mas Inego que 
Uc^ al Darien le hiao poner preso y ordenó al Licenciado Espinosa que 
procediera contra él con lodo el rigor de la jasticia por qne su ánimo ora 
qne perdiese la vida. 

Condoido el proceso, Espinosa infermó á Pedrorias qne merecia Bal- 
boa la pena de muerte, pero qne atendidos sus sefialadoe servicios d^bia 
perdonársele. Behosé el alcalde mayor sentenciarlo sino se le ordena- 
ba por escrito de nna manera espresa: Pedrarías acepté la condición 
propuesta y espidié su mandamiento en forma. Acumuláronse sobre el 
supuesto crimen de infidencia otros cargos antes fenecidos, y el adelan-^ 
tado Balboa fué degollado con horrible íeó'^^í^'ía 7 escándalo. [Véase 
Ñafies de Balboa. 

La gente de armas tenia afecto al licenciado Espinosa porque la tra- 
taba bien y era laigo en sos reoompensas. Tanto los militares como los 
que oomponian el Cabildo del Darien le consideraban como muy espedi- 
to y acertado en las empresas de la guerra. Era general [esoluidos los ami . 
gos del sacrificado Balboa] el parecer de qne debia nombrársele tenien- 
te gobemadoT^ y aunque tal deseo disgusté al receloso Pedrarias, quien 
no contando con los regidores para oponerse les privé de sos varas, as 
vié en el caso de ceder y dar á Espinosa el titulo que apesar de su fal* 
ta de voluntad no se atcevié á negarle. 

Dispuso Pedrarias qne Espinosa con la gente que le destiné, se 
contn^ese á formar la población de Panamá, que era indispensable 
existiera, para reunir allí los elementos que requerían las empresas 
que se proyectasen por la mar del sud. Después puso bigo su direc- 
ción 160 hombres para qne, en varias canoas y uno de los buques cons- 
truidos por Vasco No&es, espedicionase por la costa con el objeto de pe- 
netrar en el territorio doude se suponía existiera cantidad de oro resto, 
del qne adquirié el capitán Badajos. Se iutrodogo Espinosa por un ria 
con las canoas, y hecha la sorpresa qne se propaso, recogió el valor de. 
30,600 pesos de oro qne iban los indios á enterrar. Al retirarse para vol- 
ver al buque que habia quedado esperándolo, recibió del cacique un 
presente vslioso de oro por cuyo medio suplicaba, y lo cousiguié, se le 
devolviesen los indios qne Espinosa llevaba prisioneros. De regreso en 
Panamá á pesar del desagrado de los soldados, él y Pedrarias los obli- 
garon á trabjgar en la edificación de casas y demás necesario á la villa 
qne deseaban erigir, y cuya fundación antorizé Pedrarias con las debi- 
das formalidades, Cafio 1518. j En ose pais insalubre murieron en los pri- 
meros 28 aQos, machos miles do hombres, de fatales enfermedades. 

Pedrarias debia ser relevado por Lope de Sosa, mas este falleció el 
mismo diade sn llegada al Darien. Tr^go trescientos hombres en cuatro 
navios y su alcalde mayor era el licenciado Alarconcillo, el cual tenia 
instrucciones para tomar residencia á Pedrarias: este con sobrada razón . 
temía las consecuencias del Juicio. Por industrias del licenciado Qas- 
par Espinosa fué persuadido Alarconcillo de que por la muerte de. So- . 
aa no hablan espirado su poder y antoridad, y que le competía pn>- 



70 ESP 

otdArifonaaresaoaiiiftBlnqaaobBtMeqiiePecIrariMOoailnvAní mali- 
ciando. DUeronle que si no U aprobaba ol ley no ae perdeiia bum que el 
jftupék y la tinta. Alaxooncillo hombre mny InfBrior al aatnto Eepineea, 
filé enraelto por este y acaso sobornado. Divulgad» la tos de que se 
t»taba de reformar los repartimientos de indios, los qne los poseian y 
los que pretendían adquirirlos, sileneianm sos qnqfas, y así nadte pidl6 
cesa algona ni hnbo aenaaeiones en la citada zesidenoi» de Petadlas y 
deBipinosa. 

Salió de Panamá con dos narios el lieenoiado Espinosa y se dirigió á 
sejnsgar á los habitantes de nnas islas qne el cronista Herrera denesil- 
na del Zebaoo. Con nna gmesa partida marchó á sns órdenes él capi- 
tán Francisco Pizairo siguiendo la costa. Los de las idas no hioieron 
resistencia y dieron noticia de haber mucho oro en las sienas de Veía- 
gnas, donde dominaba un regulo llamado Unaca según la espredon del 
mismo escritor. Dirigióse Espinosa tf la costa, y al intemane todo filó 
luchar con ralerosos indios. Benniósele Hernando de Soto tf quien Pi- 
aano hiao adelantarse, y luego este mismo capitán: mas ad virtiendo Es- 
pinosa la escabrosidad del pais y lo numeroso y arrojado de los habi- 
tantes, quiso retixarse de noche. Al hacerio le ganaron unas posiciones 
venti^losas en las cuales se prometían detener tf los espsfiolcs y des- 
truirlos. Espinosa se abrió paso, peleando su tropa con estraordinacio 
avdor, y á esto se debió que salvara de un riesgo inminente y pudiera re- 
fligiaise en sus buques. Todavía entró en nuevas incursiones, tomó tier- 
I» en otro punto de la costa dnide aunque halló resistencias, pudo des- 
pués de algunas reftiegas lograr se le sometieran los Jefes de la indiada 
á quienes trató con benignidad. No fiíeion tan üsvorables los resultados 
de una espedicion que confió tf Francisco Ccmpa&on; pero Espinosa acu- 
dió tf favorecerlo por otro punto, atacó tf los indios y habiéndolos escar- 
mentado, retrocedió con tranquilidad para volverse al litoral del golfo 
de Perita. 

Con permiso de Pedrarias fundó Espinosa y mandó poblar la ciudad 
de Kattf donde quedó ftiersa tf órdenes de Compañón, regrestfndose ól tf 
Panamo por mandado del gobernador quien quiso ir tf aquel pais, y asf 
entendió por si mismo en su arreglo y seguridad. 

El licenciado Gaspar Espinosa, como es de suponer, poseía considera- 
bles riquezas, y aunque se ordenó que él, Pedrarias y los oficiales reales, 
restituyesen al erario lo tomado para sf en las entradas hedías en el ter- 
ritorio tf las cuales ellos no hubiesen concurrido personalmente, tal 
msndato taé uno de los muchos que no se cumplieron, como opuesto tf 
la avides y conveniencia de los insaciables funcionarios. 

En cinco naves llegaron de las indias tf una de las islas Azores muchos 
pasageros entre los cuáles se contaban algunos empleados y el licencia- 
do Espinosa que se dirigían tfEspafia. Llevaban al rey mas de 600,000 
pesos en piesas de oro, S|500 marcos de perlas y otros artículos enviar 
dos de las Antillas. Esperaron en aquella una flota armada que salió de 
San Lucar para convoyar tf dichas naves, que arribaron tf su destino li- 
bres de los peligros de enemigos que cruzaban los mares. 



ÉSP 71 

HalliUftM ea la corto el lioeneiado Bspitioaa dUírstsudo laa dkUn- 
cioneA que en aquel tiempo se haoian mas al oaiidal de liis Indias que 
al mececimieiito de las pezaonas. Conoedidle él emperodor escndo'de ar* 
mas paca blaaon de sa casa, él cual tendría en oampo dorado flechas y 
oaiabdasi endaia una eetEcUa, y por ocla oastillos y leones. 

Comisionó el rey á Espinosa paca que tomase residencia á los oidores 
de la isla de Santo Domingo, autoiiaándole para qne mientras ese Jai- 
oiodnrar% administrase Jastícia en anión del licenciado Znaso. Con- 
elnida la citada cansa» Gaspar Espinosa^qné algnn historiador ha dicho 
cta oidor de aquélla audiencia^ se vino á Panamá con el objeto de aten- 
der á sus particulares negocios. 

Hasta aqui hemos escrito de ligero acerca de los servicios y hechos del 
liceiiciado Espinosa en el Daden Paaamáy otros puntos. 

Con estos antecedentse, pasamos ya á rc^rir como figuró en los piin- 
elpios de la conquista dd Perú, adonde Tino después de establecido el 
gobierno de este pais, y luego intenino en las diferencias de Pisarro y 
Almagro hasta quellÁUeeióy sin haber podido arenirlos y arribar á una 
pas raoonable. 

Había regresado deEspafia D. Francisco Piaarro trayendo la real au* 
tmrisaeion y pacto celebrado en Toledo con la reina á 96de Julio de 1S29. 
Las concesiones otorgadas á Piaarro motiraron el resentimiento de D. 
Diego Almagro* que no contento con las qne á €1 fiíTorecian, ni creyén- 
dolas en Justa proporción á sus artigas y merecimientos, atribuyó á in- 
ooBsecuenoia y fblta de interés de su socio el que la reina no los hubiese 
nirelado dándoles igual poder y Tonti^as en las recompensas. Mucho 
taé él interés que tomó el licenciado Ostiptat Espinosa en reanudar la 
buena armonía «npeaando por desranecer las ideas de Almagro, que si 
Bo eran del todo exactas no carecían de regular ftandamento, atendidos 
loa derechos y sacrificios de Almagro y los compromisos que con él con- 
traerá Piaarro al pasar á Espafia, en los cuales descansó Almagro lle- 
no de confianaa» Espinosa trabi^ó en unión de D. Hernando Luque pa- 
ra que Piaarro di({ase á su compafiero la parto que tonia en la isla de Ta- 
boga^ qne nada pudiese solicitar del rey para sí ni para sus hermanos 
basto que Almagro tupiera un gobierno pn^io, estoblecido en torritorio 
maceado desde el ponto donde diviáieBe sus tétminos él que correspon- 
diera á Piaano: así mismo que todo el oro, plata, Joyas, naborías, cscla- 
wm, eta fuesen de loa doe y de Luque. Conseguido esto arreglo se pro* 
eedió á llorar á efecto la espedieion al Perdt pero subsistieron siempre 
loa vsBcorea secretos que no podían borrafse por las murmuraciones 6 
inaolettciaa de loa hermanos ds D. Francisco Piaarro. 

Llega la oportunidad de colocar en esto artículo un hecho histórico 
notable, no escrito colas crónicas impresas que conocemos.— Hernando 
da Lnque ea d cenTcnio celebrado por Plsarro Almi^gro y él, en 10 de 
llano da IfiM^no fiíémasquo lo que se llama comunmento ana téHaie 
finro. El vaidadarocontMlista y asociado ftié el licenciado Gaspar Es- 
pinosa que ic ralió dcLuquepuratooMr parto en la empresa y dio hw 



72 ESP 

30,000 pesOH de oro. CoubU de ana eacritura heolia ou Panamá á6 de 
A¿Mto de 1531 [ante el mismo eacribano qae aatorizó la de comp afiia 
en 15263 que Hernando de Laque refiriéndoee á esta, ''cede y traspasa la 
'' tercera parte qoepor en virtud le toca, en el licenciado Gaspar de£s- 
" pinosa (qne está presente y aoeptaj porque así es verdad que hizo y 
** efeotaó la dicha compaftia y contrato, por mandado y comisión del se- 
" fior licenciado Gaspar de Espinosa que presente está; y los ^fiOO ps. 
'' de oro de ley perfecta, los reeibió del dicho sefior licenciado y son sa- 
V yos, y hice la dicha compaDia con ellos á sa ruego para él y por su man- 
** dado. Testigos — AUm90 de Quiro9f Jnam DUu GuerrerOf Jwm de VaíU- 
** joBy vecinos de Panamá.'' 

Este instromentose encuentra en la obra inédita intitulada «'Noticia 
general del Perú, Tierra Firme y Chile por Francisco Lopes Caravan- 
tes, contador de cuentas en el trilynnal de la oontaduria mayor de las 
mismas provincias'': obra que estuvo en la librería del colegio mayor de 
C acuca de Salamanca, y después ha existido en la particular del rey. 
Pato tan notable silenciado 6 desconocido de los primitivos historíado- 
res,'aparece en los '^Españoles célebres" de Quintana, tomo S^pág. 357, 
2? edición: Madrid, 1841. 

Hernando de Laque fué presentado por obispo de Tumbes, y mien- 
tras se recibían sus bulas, le nombró la reina protector universal de los 
indios de dicha provincia con mil ducados aúnales de salario, que sal- 
drían de las rentas reales. Es cierto que su mucha actividad é influen- 
cia sirvieron en ocasiones á la empresa de Pizarro y Almibgro, espuesta 
á fracasar ante la oposición y dificultades creadas por el mismo gobier- 
no de Panamá. Luqne carecia de fortuna, bien qae tuviese allí baenas 
relaciones que en algunos apuros fueron muy útiles á sus socios. No vi- 
no al Perú por fslta de salud, y su inmediata muerte le privó de la par- 
te que le tocara con motivo del rescate de Atahualpa y demás adqui- 
siciones. 

Es regular qne el licenciado Gaspar Espinosa hiciera á Piearro las re- 
clamaciones á qae tenia derecho, según la declaración y cesión hecha 
por Lnque en la citada escritura de 1531, mas no hemos encontrado no* 
ticias de que se le hubiese indemnizado, ni de otros aprovechamientos 
qne es mas que probable optara, vista su amistad y adhesión á Pizairo. 
Cuando el levantamiento general de los indios en 1536 puso en asedio 
y conflicto la ciudad del Cuzco y luego la de Lima, el gobernador Pi- 
zarro pidió auxUio de gente armada á la isla de Santo Domingo, á Mé- 
jico y otros puntos. Gaspar de Espinosa reunió en Panamá 860 hombres 
armados, y sin perder tiempo alguno se presentó á la cabeza de ellos en 
la capital del Perú. Hablan cesado los horribles estragos de aquella re- 
belión acaudillada por el principe Manco Inca, pero principiaba la gnei^ 
ra de los mismos espafioles entre sí» D. Diego Almagro abandonando la 
conquista de Chile, volvió al Perú y se apoderó del Cuno aprístanando 
á los hermanos del gobernador Pizarro, y venciendo después en Aban- 
cay la fuerza que comandaba Alonso Alvarado. 



BSP 73 

- iKsanro determinó iir p^nioaalmeiitie al Ciumso á wk^néíM»6 ooik Alma- 
I^TOy pUm que pareeid biea 6 maehiis pecaonas qua reunid e& eoaauUa; 
BUMol baehiUer Garol Dias y eL Uoenoiado fispinAsa, lo repcobasoii dU 
oieiido aia mía UapradADoia de que podría reamltar au prisioft y tal vos. 
«amnoHe. 

• Adoptailo por Don Franoiaoo Pisarro el medio de las n^gociaoioaoa 
uianirat pnparaba bvl cgército, aorvid al Caxeo varios oottisionades pa- 
ra traftor oon Almagro: el pfflimtpal de ellos faé el lloenciado Espinosa, 
pw M Boti éadoee el mejor éctito del vivo inteves qae esto maniíestaliapor 
qno se efeetnase un arreglo paoifteo. Eaoonteó dlAealtades que se peo- 
poso áUanar, haetendo oompreader á Almagro qae de la guerra eivil no 
podía «Bperane sino la roina de todioe y él easéigo qae el regr impondri* 
ú los dos capitanes. Esoscírcalos fanestos qae en todo tiempo rodean, 
otegan 6 violentan á los qae mandan, para qae mas prodaotivas le» sean 
las ravneltas, pertarbaban las verdaderas iatenoionea do Almagro en 
aquella oeaslon oomo en otras varias. T así vléadoso íaerto y doo&o del 
Cosco, dnieo pantoque antes se disputaba, creyó sgitado poc los. sayos, 
q«o Espinosa al ofrecerle la posesión de la ciudad basta que el voy re- 
solviese, lo hacia guiado por el temor qae rodeara ¿ PíAurio al oonside- 
racBO mas débil que su adversario. Por olio esteadi6 Almagro su» ptetou- 
siones hasta el territorio de Chincha, y Espinosa al ooosoltar esta une*- 
va demanda eoA Hemaxido Piearro, á qaien se Le pexmÁti6 visitase en 
su prisión, oyó el parecer de este, reducido á que se accediese á todo coa 
tal que Éo le pusiese en libertad: el ftn prinsípal del gobernador eora res- 
catar ásus bermaooa á cualquier costa; pues por lo demás Pieano no 
negociaba de buena fé, ni habría cumplido el pacto que llegara á esti-* 
pularse, como mas tardo quedó oom^ncobado» Almagro por i^euaa sogea- 
ttones two la idea do que aun la oapital de Lima estaba faena del Umi- 
ta éa las dosesantas leguas ijadas á la gobernación de Pitfarro; y al tra- 
tar de formular y suscribir lo acordado, exigió que el vaUo de H^a foe- 
ao él punte de división y linde de ambos territorios. Espinosa asaltado 
de una grave enfermedad prestó su aquiescencia conviniendo en esta 41* 
tima condioions tal era su deseo do ly ustar la paas y evitar loa desastre*- 
O08 efectos de la guerra civil, oon cuyo designio habia apurado los reeur- 
sea do la persuasión y de lo» sanos consejos. A los pocos días fallesíó^ y 
Ahmigio tomando la o&nsiva de^ó el Cusco y abrió campafia iM^aitdo 6 
Chincha con su «[(ércttOL — Véate Almagro, iomo I? pág. 13^. 

BflFUfMA— D. Fb. JuaK--Obispo de Santiago do Chilc^Ftes Híez 
éeEtpmoMO. 

■sniMA IIK0BA1I#— El Du. D. Juan dk [conocido por el lanate* 
joj— •Naeió en el Cuzco, estudió en el seminario do 8. Antonio, fuácata- 
drátioo do artes y teología en él, cura rector de la catedral de dicba ciu- 
dad y oandaigo de so coro. Entre los brillautes ingenio» peruaQdo del 
«iglo XVII fué uuo de los mas sublimes, y oomo tal alcaaaó 1» admira- 
ción y alabansá que le tributaron los hombres de letra». Ehpinosa ooln- 

poeo interesantísimos sermones de los cuales formó uu volómen. Doaas 

10 



74 ESP 

poeeiMy qne meraoieron oelebrídad dentro y fuera del Perú, baii qaedá^ 
do algmiM copíaay notioiaa, ya que no ee encuentran reunidas las mn^ 
ohae en qne desplegó sns hermosos conceptos. Eiseribió también nn» 
obra de lógica, y la apología de D. Lnis de Góngora que en nn tomo pu- 
blicó en el Cuzco en 1662 dedicada al conde duque de Olivares. Esta tur 
To por objeto priBoipál refutar y confundir al portugués D. Manuel de 
Facía y Sonsa autor de amargas censuras y de inveetiyas contra el mé- 
rito de Góngora. £1 libro del Dr. Espinosa, que boy apenas se enenen- 
Ira y que tenemos á la risto^ defiende á J>, Luis con todo el poder que 
podia emplear la capacidad é inteligencia del ilustrado cuzquefio, á 
quien tanto debieron laa letras en el seminario de su paia y en el Perú, 
todo. En el arrebato de su entusiasmo per el poeta cordoyec dá ftn ásu 
•bra con estas palabras. 

** Salre t6 dirino poeta, espíritu btzano,^ cisne diücfsimo— Vivo ú pe- 
*' sar déla emulación, pues duras á despecho de la mortalidad — Coro- 
** nen el sagrado mármol de tus cenizas les mas hermosos lirios del He- 
" Íleon. Descansen tus gloriosos manes en serenísimas claridades: sir- 
** van á tus buesoede túmulo ambas cumbres del parnaso,, de antorcha» 
** todo el esplendor de los astros, de lágrimas todas las ondas de Agani- 
** pe, de epitafio la fama, de teatro el orbe, de triunfo la muerte, de re- 
" peso la eternidad." 

Con esto remató el hábil cuzqucño la apología del iiombre á quien 
Quintana llama el rey del romance castellano y las letrillas. 

El discurso de Espinosa está adornado de poesías en su elogio, com- 
puestas por sos compatriotas D. Francisco Valverde de la orden de Al- 
cántara y D. Diego de Loayza y Zarate cruzado de la misma érden, amr 
bos seminaristas y discípulos del autor de la apología. 

T el Dr. D. Frey Fulgencio Máldonado de la orden de flan Juan nata- 
ral de Lima, chantre de Arequipa, en la censura para la cual se le comi- 
sionó, se sirve de estas frases: 

" Y quien pudiera valiente defenderlos y conservarlos en 

sus sienes como el Dr. Juan de Espinosa MedranoT sugeto que [ayuda- 
do de perpetuas vigilias su caudaloso ingenio] ha llegado áser admira- 
ción de su patria: dando á ver ala envidia que desalumbrada suele con- 
citarse centra los hijo» de ella, [criollos los llaman con nombre de in- 
oógnita etimología] que donde crió Dios mas qailatados y copiosos los 
tesoros de la tierra, depositó también los ingenios del cielo." 

UPlfBUU^D. Fb. PftDRO Anobl — de la orden de San Francisco > 
nacido en Galicia, Fue misionero en Chile y uno de los fundadores del 
ool^o de propaganda de San Bartolomé. El virey Amat siendo allí 
presidente le recomendó al rey,' y se le nombró obispo de Concepción 
en 1768. Concurrió al 69 concilio provincial celebrado en Lima en 1772 
por el arzobispo D. Diego Antonio Parada, y predicó el dia 8 de Noviem- 
bre al abrirse la segunda acción de dicho sínodo. 

Este prelado, uno de los teólogos mas exaltados de su época, presenta 
UB dictamen en la oongregaoioM pública celebrada el 26 de Febrero de 



ESP— ESQ 75 

«^[Qel afio, aoeroa de las doctrinas llamadas naeyas, cspecialinenta la 
del regicidio y tiranicidio. Fa^ de sentir que el concillo representase al 
Papa contra el sistema probabilistico y le pidiera la prohibición <'de 
ese modo pernicioso de opinar." ^^^Qae se solicitara pora esto el apoyo 
** del rej, á quien tocaba por sa parte refrenar la licencia que se adyer- 
*^ ti% y que se proscribiesen todas las obras peijudiciales por su laxitud, 
** eligiéndose las que deberían seguirse esclnsivamente para el estudio 
'^ délas materias eclesiásticas." 

£1 concilio límense de 1772 se reuni<S á consecuencia de la cédula real 
de 21 de Agosto de 1769 denominada 'Tomo Reglo" en la cual se previ- 
no XK>r el punto 8?, que á tenor de otra de 12 de Agosto de 1766 cuídaJie 
«1 concilio y cada diocesano, de que no se enseQara eu las cátedras por 
autores de la estinguida compañía; y que se restableciese el estudio de 
las divinas letras, santos padres y concilios, desterrando las doctrinas 
laxas oecno menos segoraSi 6 infundiendo el amor y respeto al rey y á 
los superiores. 

£1 dictamen del obispo Esptlleyra, que traté estas cuestiones estensa- 
mente, combatiendo á los que t»quí mismo no pensaron como él, taé pu- 
blicado en esta ciudad en el citado año de 1772 por los religiosos de la 
orden de San Francisco. Falleció este prelado en 1778. 

£S<llíILACH£— Príncipe vb— Véase Borja y Aragón, D, FraneUeode^ 
Virejf del PeriL 

E8<tlJl?BL— D. Alonso— Mayordomo del arzobispo D. Fr. Diego Morci- 
llo. Fué asesinado en Lima el 16 de Juuio de 1717 en la calle del Mila- 
gro. Véase BáUetíeroa^D, Juan Manuel, 

EB<tI/If fit Y /AMAfA—D. DiKGo^-Nacié en el Cuzco en 11 de Agosto 
de 1638. Se crnzé de la drdeu do Santiago eu 1680 y fué creado marqués 
de San Lorenzo de Valle-Umbroso en 26 de Marzo do 1687. Poseía ma- 
yorazgo y cuantiosos bienes eu aquella ciudad y en la provincia de 
<2uispicanchi: en Lima la casa conocida por de Pilatos perteneció á di- 
cho mayonuBgo« Fueron también del Cuzco su padre D. Rodrigo de Es- 
quivel y Cáceres do la orden de Santiago, casado con Doña María Jara* 
va nacida eu Madrid; y su abuelo P. Rodrigo de Ksqnivel y Zúfiiga iué 
marido de D? Petronila de Cáceres natural de Arequipa, y en segundas 
nupcias de D? Constanza de la Cueva. Su visabnelo fué D. Rodrigo do 
£sqnivel y Cueva natural de Sevilla y uno de los conquistadores del 
Perú. D. Diego Esquivcl y Jara va casé con D? Quiomar de Navia Salas 
y Valdes que nació eu Cbuquisaca eu 1654 y murió en 1712, hermana de 
D? Luisa que casó cou el conde do la Laguna de Cliaiicacaye D. Pedro 
Peralta y Rios. Fueron hijas del oidor de Ch.irca8 D. Die^o de Navia, 
Bemaldo de Quiros, señor de la casa y torre do la villa do Navia en Es- 
paña su patria. Su madre fué D? Ana Aogela do Salas Vnldés y Zara- 
te nacida en el Cuzco como su padre D. Juan, sobrino del conquistador 
del Perú Hernando de Soto. Su madro D? Ana de Zarate fué natural de 
Chuquisaca. Esta fué hija de D. Diego Zarate Audía é Irarraza^al del 
^rden de Calatrava nacido en Chile, y de D? Leonor Maldonado natu- 



76 ESQ— EST 

Tai del Ctizco lifja del gobermkdtyr Jnmi Alwitz MaldoAado qwe moí^a» 
BalamBDCo, conqnistndor del Per6. El referida D. Diego de Záiste An- 
dia fandó nn tí nculo en A.yopaya con la condición de que el pooeedw 
balda de asar el apellido j armas de Zarate. Eeto eaeo tenia otro yíja- 
cnlo en Espafiai y D. Diego declaró que los Meses qne Tinculayaen Ayo- 
paya los liabo del gobernador D. Femando de Zarate en sefior. Fsé so- 
brino del abnelo paterno de D? Ana Angela de Salas Vald^, D. Per- 
nando de Salas obispo de Tari as diócesis en Espafia, presidente de Va- 
Iladolid y de Castilla, inqnisidor general y Ancobispo de Sevilla. Falle^ 
ció B. IMcgo Esqnivel y Jarava en el Cnsseo en 1709, — Véa$e, Vmlle Um- 
JtrMO — Marqués de Smi Lorento <te— 

BS^mSL T RiTIi— El Dr. D. Dmoo^natnrai del Cnzeo, hi)o del 
anterior y persona de mncho mérito, instrucción y llteratnra. Siguió 1» 
carrera eclesiástica, y fnó Dean de la iglesia del Onsoo. 

fiB<|VITEL— D? María— Vecina de Lima espesa del capitán Cristeval 
Sancbez Bilbao poseedores de regnlar í<Mrtana qne emplearon siem^ 
pre en beneficio de los pobres. Fueron fundadores del bospttal de San 
Diego á cuya í&brlca dieron principio el afio de 15H6, babiendelo estre- 
nado con BU capilla en 1591 en qne se recibió la correspondiente lieeneia 
del rey Felipe II. Dicba casa la destinaron á los convalecientes del hos- 
pital de San Andrés. En el de 1006. D? Mariai ya viuda, cedió dicho 
establecimiento y una huerta accesoria, á los frailes de San Juan de 
Dios, quienes edificaron por entonces su convento. Fundó también en 
1592 en un local contiguo al hospital de San Diego, una casa para reco- 
gimiento de mujeres qne se apartasen del mundo y la tituló de Santa 
Maria Magdalena. Pero habiendo después acudido muchas á vivir en 
ella, no bastaron las rentas, y fué preciso suprimirla. Tuvo dicha casa 
una capilla cuya torre se demolió por haber ganado nn pleito las mon- 
jas de la Encarnación, á quienes molestaban las campana»— 'FAwe Xe- 
peZy Fray Franeisoo, 

CSflUlfEL— El Ltcekctado— Corregidor de Potosí en 1646. Senten- 
ció á azotes á nn español hidalgo llamado N. Aguiíre, quien á los tres 
aHoe y cuatro meses lo asesinó en el Cuzco estando durmiendo— F^Aise 
Aguirre. — 

BSTiCIO— -GoMKZ DE— Vino al Perú el afio 1534 en la espedicion que 
trajo de Guatemala el adelantado D, Pedro Al varado, y está sn nombre 
entre los oficiales notables qne obedecían á este Jefe. 

Estado quedó en el Perú, mas no sabemos si militó en el partido de 
los Pizarros ó en el de los dos Almagres en las guerras de 1536 y 1542. 

Se encontraba en Piura en 1544 cuando el virey Blasco Nufiez Vela, 
recuperada su libertad, pidió desde Tumbez auxilio de gente á las pro^ 
vincias del Norte. Acudió al llamamiento Qomez de Estado en unión 
de otros que salieron de aquella ciudad, mas luego se separó del virey, 
y apareciendo en Quito dijo que iba de huida por salvarse de la persecu- 
ción de nna fuerza con qne se internaba desde Tumbez Hernando Ba- 
chicao. Allí solicitó se le diese gente pnra ir en socorro del virey, sien- 



EST 77 

lo s« verdftdaro intento alzarse coa la eindnd sometiéndola á Gonzalo 
Plzano. Heg<teele sa domanda por el alcalde Diego Torres que compren- 
dió sn malieia; y Blasco Nn5ez que se dirlgia á Qaito, al saber que Es- 
taoio prosnoT^la allí áUiorotos, enví<S al capitán Francisco Hernández Gi" 
ron para qns afirmase á los vecinos en sn adhesión á la causa del rej. 
Oltón flOMgd la ciadad j se dio trazas para engafiar á Estacio y sus ami- 
^gím^ qa» qneoian emprender la fiíga. £1 rirey ásu llegada á Quito, pré- 
Tia ttsa aotnaoion samaría, liUo ahoroac á Gómez de Estacio y á sus 
«ómpliees principales OJeda y CarTsjal. 

Gomara asienta que Estacio y Air aro Carvajal eran vecinos de Gua- 
yaquil, y que fueron aliercadoa por que proyectarooi matar al virey: lo 
^ue no sueeditf, por lademiucia que hizo un Sarmiento cuñado del mis- 
mo fistacia Dice también aquel autor, que Estacio cuando se separó del 
vlzey en Tnmbez, pasó -Á unirse á Baohicao y que viendo que llevaba 
poca fuerza, huyó de él y se dirigió á Quito. 

RSTACIO— Frat Juan— natural de Portugal. Carlos Y. en enero de 
1660 mandó al pzovinciál do san Agustín do Medina del Campo Fray 
FEsnoisco fleriano enviase al Perú doce frailes, y pasaron á Sevilla 
Fray Andrés Salazar, Gerónimo Melendez, Antonio Lozano, Joan de San 
Pedro, Diego Palomino, Andrés Ortega, Pedro Cepeda, Baltazar Melga- 
ndo, Juan del Cauto, Juan Chamorro, Francisco Frios, y Juan Bamirez. 

Tnjeron una instrucción fqne está en el tomo 2? de la colección de 
docanantoe inéditos que ae puhlica en Madrid) espedida por dicho 
prorineial en 14 de abril de 1650. En mayo eligieron á Salazar par 
ra que hieiese de prelado provisionalmente. Llegaron á Panamá y pa^ 
aaron alH tros meses. Desembarcaron después en Pacaonayo unos y en 
Paita otros, y se vinieron á pió hasta Lima. En el camino los encontró 
«1 padre Estacio que se dirigia á esta capital con el viroy D. Antonio 
de Mendoza de quien era confesor. Estacio había ido á Méjico en 1630. 
Fué definidor en 1545 y provincial cuando ya habia sido prior en Panu- 
oo. Trabi^ mnoho ea propagar la fé católica instruyendo á los indios 
«OQ caritativo celo. Aquellos religioeos celebraron su primer capitulo 
«a Lima el 19 desetiemhre de 1651 y eligieron provincial á Estacio. 

Los padres Juan da fian Pedro y Juan del Canto, f nerón á Hnamachn. 
«o á enseñar á los indios y destrair sus ídolos y adoratorios* Fundaron 
«in eooreato y trabajaron mucho en favor del oristíanismo. Después 
Ataron otros dos frailes, Lozano y Ramírez, con igual destino á dicha 
provincia. Escribieron una larga memoria de todas sus tareas, la cual 
ettá«n dicho tomo 8^ de documentoa; y dan cu ella razón de las creeu- 
oias y superstición de los hábitantea, sus costumbres y hechicerías. 

En eompaflia do los primeros frailes franciscanos había llegado á Li- 
ma Ftmy Agustín déla Santísima Trinidad religioso Agustino; y en la 
Bav0gaaion contrajo amistad con W Juana Cepeda sobrina de ÍS9^ 
Francisco Victoria Comisario y Superior de aquellos. Esta sefiora qoe 
«raoasada con D. Harnaa (Jeosalez de la Tona, poseyó gna iiqaex% y 
«6 constituyó eo pattona y pvotectota de los agustinos. 



78 EST 

Trajo el imdre Audres Salazar cédnla del emperador espedida eo Va* 
lladolid á 23 de mai*zo de 1550, erigiendo la proviocia peruana separa- 
da de la do Castilla: permitiendo la creación en el Perú de eonrentos 
de San Agustín costeándolos ol rey, que no habí a coucedido gracia igual 
á las demás órdenes religiosas. D? Juana Cepeda habla dado al padre 
Agustín de la Santísima Trinidad sitio y casa cerca de la suya, para 
que hiciese una capilla á Nuestra Sefiora de Gracia, y le proporcionó 
otros recursos, ofreciéndolos sin limitación para mas adelante. Hernán 
González alojó y mantuvo á los doce religiosos arriba citados: antes de 
esto ocurrió el fiülecimiento del dicho padre fray Agnstin. 

La audiencia Gobernadora hizo comprar, en el lugar que hoy ocupa 
la iglesia de Sau Marcelo, las casas de D. Juan Morales eu 1561 y otros 
solares mas que se a^ndicaron á la comunidad y pagó el Erario. £1 
gobierno suministró medios para levantar el templo y cubrir otros gas- 
tos durante los Teinte y dos afios que los agustinos habitaron en San 
Marcelo. 

El padre Baltazar Melgarejo predicaba en el real del ejército qne se 
oponia al de la revolución de 1553 acaudillada por Francisco Hernán- 
dez Girón. Irritado este con el mal que le hacían esos sermones, envió 
á Melgarejo la siguiente carta que merece copiarse. 

''Muy magnifico y reverendo señor. Sabido hó que Y. P. me hace mas 
« guerra con su lengua que no los soldados con sus armas; y estoy es- 
** pautado que no acordándose V. P. de nuestra amistad, y consideran- 
** do mi buen intento y que lo que pretendo es servicio de Dios, V. P. 
" me sea tan contrario. Merced recibiré que haya enmienda en el nego- 
** cío, por que de otra manera dándome Dios victoria, forzarme há Y. P. 
*' á que no mire nuestra amistad y quien vuestra paternidad es; cuya 
« muy magnifica y reverenda persona guarde. De este mi real de Pa- 
" chacamao besa la mano de Y. P. su servidor. — Francisco Hernández 
« Girón.»' 

Fray Juan Estado era hombre ejemplar en su comportamiento, acre- 
ditado como teólogo y muy respetado del pdblco. Pero luego dejó la co- 
menzada obra y el provincialato, y so volvió á Espafia en abril de 1553 
á entablar solicitudes y arreglos importantes á la orden en el Perú: con- 
siguió varias gracias y concesiones, algunas de ellas en favor de los in- 
dios. El rey le presentó para el obispado de Puebla de los Angeles de 
que no llegó á tomar posesión, habiendo fallecido antes de oonsagrarae, 
ol año 1553 en el caatillo de Garci-Mnfioz. En Lima quedó de vicario 
provincial fray Andrés Salazar que era el prior, y fué electo provincial 
en lugar de Estacio en el capítulo del alio 1554. 

El padre Pedro Cepeda pasó á Espafia para traer mas religiosos, y on 
noviembre de 1559 llegó con once, entre los cuales vino fray Luis Ló- 
pez de Solisque después fué un gran obispo. £1 capítulo general que se 
celebró en la Península en 25 de mayo de 1657, remitió entonces al con- 
vento de Lima una instrucción con diferentes mandatos. Se prohibió 
que los frailes pidieran limosna para sus familias de España [como lo 



EST 79 

liociaiil ha¡o severas peuas, y perdiendo lo colectado. Be los previno no 
eacribierftn cartas al rey ni al consto. Luego en el capítulo qno se ce- 
lebró en Lima^ se dispuso entre muchas prescripciones relativas á la 
moral y deberes para con los indios, que los frailes no jugasen á ningún 
juego: que en las recreaciones fuesen muy medidos: que no tuviesen in- 
dias en su servicio, ni entrasen en sos casas ellas 6 ellos: que no vendie- 
sen ni trocasen cosa alguna: además otras advertencias tocantes á la vi- 
común. 

Los agustinos se establecieron luego en Tr^jillo, Chachapoyas y Cou- 
ohufloe. Para la continuación de la historia y progreso del convento de 
San Agnstin, remitimos al lector al artfonlo respectivo á fray Andrés 
Salasar. Y en la crónica agostina del padre Calancha hallará las vidaa 
de algunos de los primeros fundadores del convento de Lima. 

BSTACIO— *MANUSL~Ignoramos la época de su venida al Perú y si 
sirvió en las guerras anteriores al alio de 1544. 

Hallábase en Lima de alférez de la compafiia de Gonzalo Diaz de 
Pineda, cuando este capitán fué enviado por el virey Blasco Kullez Vela 
al interior, al frente de una partida con el objeto de impedir el paso á 
Pedro Puelles que con gente salia de Huánuoo en dirección á Huamanga 
para unirse á las tropas de Gonzalo Pizarro. Piaz era yerno de Puelles, 
y lejos do cumplir las órdenes que llevaba, se unió á este con casi todos 
BUS soldados simulando que lo conduelan contra su voluntad. Irritado 
el virey disolvió la compafiia que habla mandado Diaz, y el alférez £»- 
taoio arrastró la bandera de su cargo y la hizo pedazos diciendo, ''que 
la bandera de un traidor no merecía menos." 

£1 virey confirió el mando de la compafiia de Pineda á Gerónimo de 
la Sema, y ofreció dar otra á Estado. Pero cuando los oidores destitu- 
yeron al virey apropiándose ellos el gobierno, apareció Estacio con la 
misma bandera» que habia cosido con prolgidad, y vivando al citado 
Diaz, se incorporó á la revolución. El oidor Cepeda que presidia la au- 
diencia, le nombró capitán de una de las compañías de infantería que 
se organizaron entonces. Poco después Gonzalo Pizarro mandó á Esta- 
cio á Guayaquil en clase de autoridad. Francisco de Olmos que gober- 
naba por el mismo Pizarro en Puerto-Viejo, pasó á Guayaquil mató á 
Estacio y se cambió invocando la cansa de^ roy. 

B8TA010— D? KAKCKUk—natnrál de Lima. Entre las personas de su 
sexo interesadas con mas ardor por la independencia del Perú, ninguna 
la exedió en entusiasmo y audacia para espresarse libremente contra el 
gobierno espafiol y sus autoridades inferiores. Ella estaba en conniven- 
cia con cuantos individuos trabi^aban por aquella causa, ya seducien- 
do á la tropa, ya exitando á los oficiales para que hiciesen algún servi- 
cio, ó abandonasen las filas realistas; ya en fin favoreciendo á los que 
estaban en prisión por sus opiniones, y tramando el modo como pudie- 
ran ponerse en soltura. No habia conspiración ó proyecto de los patrio- 
tas en que no se mezclase, y así fué perseguida y roclusa en las cárceles, 
figurando siempre su nombro en los procesos qüo se formaron en virtud 



80 EST— EÜL 

de delaciones liechaA ni virey Peztteük En los úUinu» ft&os eatendiefod 
en est» oUsa d» joioloe, el mayor 4» plaza corottel Lanao y el áleald# 
del eyímen BerriozatMJ, quien poniendo en ejereieio su habftnal dtom* 
hostnisó á la liÉtaolo con diferente» abasos y arbitraviedades. Seco* 
monioaba esta coa el general San Martin al hacerse la eampafia sobre» 
liima, desempeñó encai*gos, y pfestó muy dtiles servicios-. Estableofée^ 
el gobierno independiente faé oensiderada según esos precedentes, y se 
le condecoro con una banda nacional y nna medalla de distinción^ 

■STEVAHÍ— £l Padub Okovhb, ds la. CoupaITia de Jsmn^^Naoi^^en 
Chachapoyas de padres nobles y ricos, y falleció on Quito de 89 afiosen 
et de 1638. D. Pablo Herrem en su ''Knsayo sobre la historia de la lite- 
ratura del lieuador/' dice que el padre Estovan hizo grandes- servicios 
á la humanidad distinguióndose su heroico y caritativo celo en una epi* 
demia de la cual murieron en Quito veinte mil personas. £1 padre Ifo- 
nnel Rodríguez en su '^Historia del Harafion'^ inserta la vida de este va- 
ton ejemplar, dando raeon de tínü mereeimientos y de la veneración en 
^ue se' le tuvo por sus muchas virtudes: le pone entre los misioneros de 
los indios Tumbos; y afiade que gobernó varias veces coma reOtor el co^ 
k^o dé la Compaflia en Quito. 

BSTUVA— El CAFrrAN D. Alonso d^^Fuó casado con D? Gerónim» 
Miranda, y viudo se ordenó de subdiacono. Fundó una capellania, y 
áiendoei prlmeií mayordomo y ecónomo de la iglesia Mattis de Moque*- 
gua la reedificó, costeando en ellala eapiUa de: San Antonio dePadna. 
Murió en 11 de mayo de 1610. Bstnda era hermano de D« Diego yiscar-^ 
ra primer corregidor que tuvo Moquegua. 

BSrEÍVA<iAllTB--MAKüm. Pa2->*^ ahotcd «n la cárcel de la Inqnisi- 
eióU) y faetón quomades sué hueso* en Lima el 29 de enero de 1639 per 
haber sido judio. En el auto de f6 que en ese dia se celebró hu^o 86 

niim— 'B. FISLIPB GAltcatÁ-^Teniente coronel de ejército capitán 
del regimiento Reíd de Lima. La involución hecha en el Cuzco por loe 
Angólos y el brigadier Pcanaealiuaen agosto de 1814, se estendió con ta- 
piéM^ á Gtfaitlattga; y para oontenet su progreso ei virey Abascal enrió á 
ésta étudad 120 soldados qué dejó en Lima el batallón Tala vera al enf 
barcarse para Chile. Fué mandándolos el teniente coronel de este caer' 
po D*. Vicente Gk>n^lez, quien sacó de Ouancavelica un tefuerzo de 100 
inilieianos y avanzó á Hnanta, donde trinnfó de los dioidentes en un» 
téflida aedon. Pero entre tanto hubo un temible desorden en Onancave- 
liea, cuyas claras tendencias eran colaborar en la obra prittcipiuda en 
el Cuzco. 

Abascal) demasiado previsor, comprendió que no debía dar tiempo á 
que la conmoción tomase cuerpo, causando como podía suceder, ufl mo- 
vimiento en el valle de Jar^ después de cortarse la comunicación y de 
quedas €kmtalez aislado y sin apoyo á su retaguardia. Para oponer un 
remedio oportuno hizo el virey salir para QuancaveÜea íOOhombUMdel 
regimiento Real, y eligió á Enlaté no soló para qué los mandase, sino 



EUL— EK— FAB— PAL 81 

'ptLTh que tomara t\ mando sapeKÍor político y militar de la provinoia, 
^euyo intendente gobernador era el teniente coronel >]>. Juan Viyea de la 
orden de CalatraTa. Esa tropa ñié la única de qae pudo dÍ4poner Abae- 
cal en ¡a eituacion en que se hallaba, y ee considera la mas crítica de 
la époea de su gobierno, como que el ejército del Alto Per6 tuvo que retí • 
farse para oombaMr la insurrección en la Pas, Puno, Arequipa y Cuzco. 

Enlate ú su paso por Jai^a tomó dos pieaas de á cuatro que allí exis- 
tian: desempefió su encaigo cumplidamente, y pacificado Guaocayelica 
ttaatuvo en quietud la proTinoia, aumentando su guarnición hasta 
que la Tiotoriadel general Bamires en Humaohiri y los triunfos de 
Gonsales, pusieron término á la lucha interior del Perú. Enlate gober- 
né en GuancaTelica hasta 1818 en que llegó el intendente nombrado 
'por el rey coronel D. José Montenegro hyo de Hoquegua, que después 
•aseendié á brigadier. 

BlSMWnUtt— D. Bernardo— natural de Toledo. Hgo de Juan £y- 
xaguirre y de D* Juana de los Beyes. Estudió ea el ool^io de San Mar- 
ün de Lima. Fué oonegiderde Quispicauchi. Habiendo tomado el es- 
-tado. sacerdotal, estuvo de inquisidor en Cartagena y después en Lima. 
Se le nombró Obispo de Panamá en 1655; y promovido al obispado del 
duxco, entró en esta ciudad en setiembre de 1663, consagró la catedral 
que habia quedado acabada desde 1664. Hallándose nombrado Arzobis- 
^ de Chuquisaca, falleció en 17 de marzo de 1670. 

■ VABBO M PiUCIOS— El Dil D. BartoIíOm¿ BBfiNA.RJ»o— Nació en 
Logroño. Faé cura en el Alto Perú. Canónigo de la iglesia de la Pas. 
Dean de Chuquisaca, y obispo de Santa Cruz de la Sierra. Trasladado á 
la silla episcopal de Guamanga en 25 de octubre de 1790 tomó posesión 
en SS9 de julio de 1792. Promulgó en enero de 1795 las constituciones 
de la diócesis sobre varios puntos de disciplina y contienen la supre- 
sión de algunas fiestas: reforma del abuso de esponer con frecuencia el 
sacramento: algunos mandatos sobre los matrimonios, tr^je de los clé- 
rigos, arreglo de monasterios ól. Falleció en 1796. 

PJJABJMI— El. J>R. £). FERNANDO— Fáu^ Vat^tuez Fajardo, 
FAJAHM— El Licíkciado D. Francisco Palma— Presbítero natu- 
ral de Lima. laprimió en esta ciudad sus sermones. Edificó en 1627 la 
hermita titulada Nuestra Señora de Buen Yi^ie que estuvo situada cer- 
cadel camino que conduce al Callao. Allí se establecieron los primeros re- 
ligiosos de San Francisco de Paula que vinieron á Lima en 1646 y cuan- 
do se trasladaron á su convento en 1711 fué destruida dicha hermita. 
. FALCOff— El Licenciado D. Francisco— Abogado residente en Li- 
ma á fines del siglo XVI, hombre de estraordinaria energía, defensor 
ardiente de los indios, y con un valor superior para arrostrar los odios 

de U» conquistadores y encomenderos. Escribió una representación re- 

11 



82 FAL 

^«tflida de maeíios fondamentos, citando tMohoa iniOiieAtíonablM de laa 
injiutioiaBí oprosion j roboa que te haoiaaá loaíndioa. Todcaaatoa 
agrayloe loa puso de maaiileato, oon maoba libertad y doreBa, al concilio 
Limenoe de 1582 presidido por Santo TortbiOi paca que ae dicibaBan ee- 
riaa proTÍdeneiaa de remedio, y se xoprimieaen de una nanem arma 
a<|aelloa deteetablM eízesoe. Falcon tenia poderes de difeientea oornn- 
nidadas de indios de las provincias del Perú, y ain^oinentó ain cansar- 
se en apoyo de «as aserciones. 

Para qne se vea el temple de este letrado, sa vigor y soltara para es- 
cribir atacando al gobierno espsffiol, copiáramos síganos paai^es de ñtt 
notable esposioion. 

'<La entrada de lo» espaftoles en estes reinos ímé ilíeíAa, y no liabo da- 
** recho para oonqatstarlos, ni cansa algnna de hacerles la gnerxa. T en 
" caso que la hnbiera, no se gaardó oon los naturales de dios laa 4SkOsaa, 
" qne dicen algunos sereqaieren para que por laiddatiia aelM pndie- 
^* ra hacer esta guerra, por que ni les amonestaron que la dejasen, ni 
** les dieron á entender qoe venian para ello y para su bien; antea vio- 
*' ron lo contrario, por que loe vieron entrar matando y robando y h*- 
** oiendo otros delitos/' 

Tor la bula de Alejandro VI no se concedió ú los reyes poder hacer 
^ la gnerra sino en loa casos que de dereoiio se puede haoer, ni menos 
** se les concedieron loe seBoríos ni haciendas de los natnralea de estas 
" partes. Y aunque en ellas se dice que los hace señores de estas partes, 
** y les concede todas las tierras y Jurisdicciones dellas, aquello se ha de 
** entender sobre los señoríos que los sefiores destas partes tenían 
** en ellos, á manera do imperio, para efecto de la predicación del evan^ 
** gelio; por lo cual no se les quitó á los dichos sefiores ni ¿ sus snceso- 
** res legítimos el sefiorio que tenían en ellos ni sus haciendas, ú ellos y 
** á todos los demás, ni se les pudo quitar, ni es de creer que taifnesa 
" la intención del papa.'' 

Bf^o estas bases pedía 'la xestituoion á los indios de sus bienes signar 
^ lo ofreció el emperador, y deben devolrerse á todos los sefiores 
*' y caciquee ñei pais aunque estén en poder de ODComend^ros. Las 
** encomiendas de Indios no han sido sino depóeitos por el tiempo que 
'* el rey quisiese, pues no podía dar indios en perpetuidad. Todo 
" lo que estos reinos produzcan al rey debía gastMse á beneficio de los 
** mismos indios, pues no hay derecho para sacar las rentas de ostos rei- 
'* nos para suplir las necesidades de loe otros, y antes debe el rey 
" satisfacer las necesidades de aquellos qne las producen .''....% los in- 
** cas podían quitar á los naturales las tierras, era dándolas á otros, na- 
** naturales también, pero no á los estrafios; así como el rey deOasti- 
** lia no las daría á estrangoros, por qne haría injuria á los de Castilla; 
** que los indios son dueffos y poseedoree legítimos, y en Castilla lo 
** qne se dá son tierras vacías y despobladas. 

Sobre este punto diserta largamente, y niega á los espafioles derecho 
aun para que los pastos y las aguas sean comunes, dándose leyes y coa- 



FAL 83 

tambres de los reino» de Eipafia. Segnn el L. Falooo, no debU formur- 
se mas {mobles de españoles que los Deoesarios "para sustentar j ha- 
cer espaldas á los predicadores del erangelio,^ y reprneba la fondaoiou 
de Chanoay loa y Camaná por haberse poblado en tierras de ealtíYo de 
los indios. Sostiene qne no podía exigirse á estos un tributo itaayor 
que el que pagaban á sus incas. 

Luego pasa á puntualizar los gravámenes antiguos que sufrian los in- 
dios, y que todos eran para beneficio de ellos mismos, dando las pruebas 
de que los espafioles les impusieron mayores tributos. Dijo "que el In- 
ca no mandaba el oro ni la plata á reinos estra&os^ y sobre todo esto 
se estieude mucho refiriendo las costumbres y leyes qne reglan en el 
imperio. Se dirige eu seguida á relatar todos los agravios qne recibian 
los indios, y se espresa largamente, come que la materia era tan abun- 
dante, con respecto al servicio personal. Defiende que no debían pagar 
tributo los indios ocupados eu reparar los caminos y puentes, pues no 
lo mandaban así los Incas. Lo mismo dice de los indios que se destina- 
ban á hacer y refaccionar iglesias, pues antes no tributaban nada los 
4ue trabi^aban en las huaeas y adoratorios; y que por el contrario de- 
bía dárseles Jornal. Se quejaba amargamente de qne se obligase álos 
indios á satisfacer el tributo en artículos de qne carecían en sus pueblos, 
y tenían qUe ir á buscar en otros. Decía que se les cobraba tributo aun 
«ñ tiempo de esterilidad. Lamentaba que se obligase á los indios á tra- 
bajar como esclavos en haciendas y minas de españoles; que los carga- 
ban como á bestias y los empleaban en hacer escavaciones en las hua- 
eas, en guardar ganados &. Qne á los alquilados no les abonaban el 
salario debido; y concluia afirmando qne todas estas defraudaciones 
exigtan resñtudon. Qne los engañaban y robaban descaradamente en los 
negocios que hacían, y que los gravaban en muchas cosas mas, como 
consecuencia del servicio personal. Que todo9 te hallaban en pecado y ñopo* 
4ian salvarse. Finalmente espone: "se les han quitado sus sefiorios, hon- 
" ra y libertad y tierras, tambos y pastos, montes y aguas, y se les sa- 
" can tributos incomportables; y son compelidos á labrar las tierras 
" que los espafioles les han toma<lo, y las minas, con color de decir que 
" no las pueden labrar ó no quieren, y andan tan fatigados trabajados 
^* y afligidos, qne aun qne supiesen y quisiesen entender en su doc- 
" trina y conversión, no tienen lugar para ello, y con ver los malos 
'' tratamientos que se les hacen, quieren mal á los espafioles y predica- 
'' dores, siendo como es una de las cosas que conviene mucho á la prs- 
" dicacion, que el predicador no sea odioso, para que le crean; y lo qns 
" peor es, tcu que se usa con ellos y se hace y tiene por lícito lo con- 
'* trario de lo que se les predica.'' 

Acompañó Falcon á su escrito una representación de los curacas y 
principales indios de las provincia de Yauyos, negándose á pagar dos 
tomines mas por cada tributario para poder asalariar un corregidor. 
La solicitud está firmada por Falcon como abogado de ellos, y entre 



84 FAL— PEB— FEL 

ÍQM claridadM que diee, indica ''que se pag;iia Me «neldo á ooet* del r^ff 
puee «lioe le {Migan tribato, por rasoí» del cual debía costear la adninie^ 
tracion de josiicia.^' Hace comparaeieoee eon loe tiempos de loe Ineasf 
y termina repitiendo qne es de todo ponte injusto é ilegal gravarloe eon 
eea nueva pensión: qne no pedian corregidor ai lo neeeeitabao, y qn» 
ellos podian elegir sns Jueces Sl, 

£n otra instancia hace Falcon una obetinada opeeieion á que se com- 
pela á los indios á alquilarse para el trabajo; y segnn inferimos de su te- 
nor, Falcon ejercía el protectorado de los indios, pues se lepedian infor- 
mes por el mismo virey, y él los espedía oficialmente. So creemos que' 
este individuo baya sido espafiol de nacimiento, ya por qne casi to- 
dos los protectores que conocemos fueron peruanos, ya por las ideaa 
que vertía, y el lengutje caustico qne empleaba al reprobar loe abusos.. 
Estas representaciones de Falcon que son muy difusas, se hallan en el 
tomo y. de la Colección de documentos inéditos que se publica ahora 
en Madrid. 

FEBLES— El Padrb Anpritb -JaBurrA—Imprimió en Lima en 176& 
un Diccionario titulado "Arte de la lengua general del Reino de Chile. 
FELIFE II— Rby dk EspaSa t Empbradob xyi dbl Perú— Nació 
en Valladolid en 21 de mayo de 1527 y lo bautisó el Arzobispo de Tole- 
do D. Alfonso de Fonseca en la iglesia de Santo Domingo. Fueron sus 
padres el emperador Carlos Y. y su primera esposa D* Isabel h\ia pri- 
mogénita de los reyes de Portugal. Se le Juré piinoipe en Madrid eu 
152d. Contrito matrimonio en marzo de 1545 con D? María h^a del rey 
de Portugal D, Juan III, en la cual tuvo al infante D. Carlos que, como 
después diremos, murió desgraciadamente. Enviudó Felipe II y celebró 
nuevo enlace en 1554 con D? María hija de Henrique Yin y heiedera del 
trono de Inglaterra. Carlos Y, en ese aSLo abdicó dando á su hilo D. Fe- 
^pe sus estados de Ñápeles y Sicilia, y en 1555 la soberanía de los Pai- 
ses Bj^os: le creó gran maestre de la orden del Toisón de oro y le cifló 
la corona de Espafia en 1556. Foé proclamado y Jurado en Lima en 525 
de Julio de dicho año; día en que circuló la primera sioneda acufiada 
en esta capital. 

Renovó Felipe la guerra con Francia que estalla atreguada por cinco 
anos, sirviéndolo de motivo las relaciones y apoyo armado que prestap 
ba Henrique II al pontífice Paulo lY enemigo declarado del monarca 
espafiol. Este se ligó con Inglaterra y Alemania y envió á Picardía un 
i^ército al mando del duque Filiberto de Savoya, quien derrotó com- 
pletamente á los franceses el día de San Lorenzo (10 de agosto de 1557) 
cerca de los muros de San Quintín, plaza fuerte que después tomó por 
asalto^ quedando prisioneros los duques de Enghien, de Montpensier y 
de Longeville, el marihcal de San Andrés, el príncipe de Mantua, etc. 
Esta esplendida victoria dio origen á la erección y fábrica del célebre 
monasterio de San Lorenzo del Escorial, en cuya obra maravillosa gas- 
tó Felipe II seis millones de ducados. 
£1 rey de Francia olvidó la generosidad con que Felipe se había pres- 



FEL 85 

tado á celebrar la paz, y empelló nueTas hostilidades en Flandes. La 
denota de Gravelinae [1558] eacamentó á Menrique II, y le convenci^i 
de qae era imposible vencer á la infantería eepafiola entonces la prime* 
ra á» EwBopa. Vl^ee forsado á promorer nn avenimiento, y se ijustd 
altitttado de CambieaisClddO), conforme al caal se restituyeron ambas 
partos las plasas que se babian tomado, con algunas otras condiciones 
imdispeasables. Acordóse también el matrimonio de Felipe II con la 
piÜMesa Isabel de Yalois, bga del rey Henrique y de Catalina de Medi- 
éis: coa este motivo se llamó Á la nneva reina Isabel i» la Pag. [1560.] 
Ifaria de Inglaterra, la segunda esposa de Felipe, babia fallecido en 
17 de noviembre de 1568. £1 rey deseó casarse con Isabel, hermana de 
Karia y heredera de sa corona, pensamiento que también tuyo el sobe* 
sano de IVaacia: pero Isabel retiró á este su amistad, y en cnanto á Fe- 
lipe, eontestó queria «star na coaarse por que tema niíióho eeorupulo en U 
de la diepenea del Papa. No debe silenciarse que Isabel de Valois estaba 
prometida al príncipe Carlos, primer h^o del mismo Felipe II. Este 
joven no pudo dominarse para mirar con indiferencia el matrimonio de 
aa padre. £1 cemervó sa pasión, y hallándose preso por diversas acn- 
saeíonesqae se le hicieron, se entregó á ciertas estravaganoias que oca- 
sionaron sa muerte en 84 de julio de 1568. Varios escritores dicen que 
el rey le hixo quitar la vida en la prisioa: otros afirman lo contrario, 
aduciendo fundamentos muy atendibles. Isabel de la Paz á consecuen- 
cia de un aborto, falleció en 3 de octubre de dicho afio y á la edad de 22. 

£n 1559, á 18 de agosto, terminó sus días el pontífice Paulo IV, cu- 
yas diferencias con el rey de Espafia se habían transado desde 1557, en 
que por el abatimiento de la Francia, quedó el papa abandonado á sus 
propias fuersas. Entonces desistió de sus pretensiones, prometiendo ser 
Jieotnü: pero en cambio consiguió se le pidiera perdón y se le devol- 
vieses las plazas tomadas al invadir los espafloles los estados de la 
Iglesia. £1 duque de Alba habia ultri^ado al Pontífice en cartas muy 
ofensivas y amenazantes: en ellas le dyo "no podia fiarse en su palabra, 

** oosa que el hombre mas biQO tenia por infamia ''que no podia 

'* aguantar mas sus malas fechorías "qne se olvidaba de que noció 

** pastor y se habia convertido en lobo "que su misión era mante- 

** ner la iglesia en paz sin hacer papel en el teatro del mundo "y 

^ que BO tenia facultad pata dar y quitar coronas y reinos "ni pa- 

*' ra adquirir dominios para sus deudos.... "que le prometía perla 

" sangre de sus venas, entregar Á Roma á manos del rigor "y no 

** podría su santidad librarse de las iras de algún soliUido ofendido de 
** las acciones fieras que con muchos habia hecho etc.^' 

En Flandes, el rigorismo desplegado contra los luteranos, la cobran- 
aa de la déoima, el establecimiento de la Inquisición, las aspiraciones 
4e ciertos grandes, y el implacable odio que tenían al cardenal Gram* 
bela, que como favorito del rey intervenía en el gobierno de aquellos 
estadosy hicieron estallar una espantosa rebelión dirigida por mncboa 
Boblas influyentes j audaces. Fué enviado para combatirla D. Ferniin- 



86 FEL 

do Alrarejs de Toledo, daqne de Alba. Este, ftindaiido el CoH99fod&hi tu- 
mulíOB ó tribunal de Ja 9an§r€y empleó nnn dnresa iiiiutl«da oontia Iob pro- 
teatantee, saorífioando enlospatibalos centenares deyíotímaa, «att« ella* 
los condes de Hom j Egmont degollados pablicamente en Bnuelas: asf 
la insurrección se hizo nacional y no qnedó hombre que no tomase las ar- 
mas. Felipe II qne habla desaforado á ios caballefoi del Tofoon, aiit(»ri- 
zaba las ejecuciones de las personas mas ilnstres: asombra leer las drd«> 
nes que diú para que fuese asesinado en secreto Flaris dellontmorency 
seflor de Moutigiiy j se hiciese creer que había muerto de una imprevis- 
ta enfermedad. 

Foreste tiempo, 1570, celebró Felipe II su cuarto matrimonio con Ana 
María de Austria, hija del emperador Maximilisíno II y de Maiia hija de 
Carlos V. También se hallaba esta princesa destinada para el príncipe 
D, Felipe hijo del rey: era nacida en Castilla y contaba veinticinco 
atios de edad. 

Apurado se viÓ el duque de Alba especialmente cuando el principe 
de Orange penetró en los Paises Bijos [I^T^J ^on un ejercito alemán 
y de acuerdo con el gabinete inglós. Pero no decayó su ánimo, y acu- 
diendo primero á la Frisia, atacó con tanto Auor en Qemnisen á Luis d« 
Nassau, que destruyó por entero el ejército que mandaba. T en seguida 
hostilizó acertadamente al de Orange por medio de ñiersas ambulantes^ 
que no le dejó sosiego en parte alguna, concluyendo por obligarlo á 
retirarse á Francia perdidas sus tropas. Acaeció en esta época la horri- 
ble matanza de los Hugonotes el dia de San Bartolomé, d4 de agosto de 
1572, dispuesta por los reyes de Francia, y que el duque de Alba aplau- 
dió en sus cartas á Felipe II, quien no era estrafio á aquel suceso. 

Las intrigas de la corte y la desentendencia del rey para con las de- 
mandas del duque, resintieron áeste, y envió su dimisión que le fué ad- 
mitida reemplazándole el comendador mayor D. Luis de Beqnesens 
(^1573^ quien poco atinado puso las cosas de Flandes de peor condición, 
por que adoptó una política opuesta á la de Alba, y la benignidad alen- 
tó la revelion que tomó mayores dimensiones. &icesos desgraciado» de 
armas hicieron perder toda la Zelanda, y la sublevación de las tropas 
espafiolas, que duró largos meses por íálta de pagas, nada oportuno 
permitió hacer. Entretanto asesinos ingleses asechaban á Beqnesens, 
y Felipe n autorizaba un crimen semejante eontra el principe de Orange. 
Los Paises Bijoé, casi integramente, constituyeron una república libre. 

Antes de estos sucesos la guerra interior habia estallado en 1508 acau- 
dillada por D. Femando de Valor elegido por los moriscos ó cristianos 
recien convertidos, rey de Cordova y Granada b«Jo el nombre de Aben- 
Humeya. Irritados por loatirlbiicos edictos que les forzaban á abando- 
nar sus trajes, idioma y costumbres, se abrigaron en la fragosidad do 
las Alpi^arras, y fué indispensable destinar fuerzas superiores para deii- 
truirlos. Aun asi duró la lucha tres afios, y no snoumbiermí los rebeldes 
hasta que D. Juan de Austria llevó el eacaigo de estennlniurlos. 

Orgulloso el emperador de Turquía con iu ercieicnte poder, habia m- 



FEL 87 

peAado sus etfoenpo» hoAtilea contra Eepafiapar» humillarla y abatir el 
oristiADiuDO. £1 afSunado pirata Dragut sitió en yano Uw plazas españo- 
las de Oran y Mazalqoivir, y SoUnutn II despechado con la péz4ida do 
la importante fortaleza del Pe&on de los Velez (1564,) ereyó yengarse 
atacando la isla de Malta: pero rechazadas yigorosamente sus tropas y 
balida sn escuadra, estos contrastes lo obligaron K desistir de su inten- 
to. La república de Venecia consiguió aliarse con el papa Fio Y y con 
Felipe n para resistir á los otomanos, preponderantes en la isU de Chi- 
pre. La contienda pasó á tomar un carácter de alta trsiscendencáa. Ken- 
niose una formidable.escnadra que por acuerdo común se puso K órd/s- 
nes de D. Jpan de Austria para operar coatca la todayia mas poderosa 
de los mahometanos. Salió D. Jnitn da Mesina oon doscientas ooho y^* 
las [1G71], y encontrando la armada de Selim, sucesor de SoUmaHf oom- 
puesta de trescientas nayes en el golfo de Gorinto ó Cepanto, se trabó 
cerca de Cefslonla nn encarnizado combate el 7 de Octubre, cuyos xp- 
saltados fueron el completo desbarato y ruina de los musulmanes. Fue- 
ron np^resadiis ciento treinta galeras y muertos yeintieinco mil turóos, 
quedando castíyos cinco mil: noyenta buques se hundieron en las aguas 
ó se incendiaron, rescsttéhidose doce mil cristianos que estaban conde- 
nados al remo. Hi los aliados, ni Felipe II snpieron aproy echar de triun» 
fo tan espléndido, ni impedir que la Sublime Puerta organijEase nneyíis 
y poderosas fuerzas nayales. 

i^mnlando Felipe n al autor de las glorias adquiridas en proyeeho de 
9li tgono, principió á desnegarlo no prestando apoyo á sus pretensiones; 
y Uf^ó la enyidifi á suge ri^rle un acto de innoble mezquindad. Prohibió 
d^ una maucíra, pura ól secreta, que se le diera el tratamiento de altexn^ 
y Isinquíetaba la idea 4b que adquiriese la soberanía de algún nneyo .es- 
ta49 qae yt^ se le proponía aun por él mismo pontífice. D. Juan snp# 
satísftcer lase^genoias de la guena, sacando los recursos necesarios 
del país eoemigo: ee dirigió á la importamte totalesa de la Ooleta en 
1^, se apoderó luego de la ciudad de Túnez estendiendo su dominio 
husta Biserta. ICas tarde los moros recuperaron Tunes y la Goletia, 
«pesar de las lectificaeiones que habla dejado preparadas ^ de Austria. 
Venecia en aquel mismo a&o, por miras niei:oantiles, i^nstó con el sultau 
uaap^ muy desyenti^^isa. 

£n estes cárounstanoiss fix4 cuando el rey mandó que D. Juan pesase 
á gobernar en Flandes, cuyo territorio en breye tuyieron que eya- 
cnar losespafloles firmándose el tratado de Gante [1577] y haciendo el 
principe su retirada á Kamur. Mas no tardó mucho en reunir nueya- 
meiite Iss trciías diseminadas, y renoyándose la lucha por la oposición 
del principe de Orange, alcaxuBó una glorioea yictoria en la batalla d# 
Gembloaz (\b7S.) Cxóeia la preparación del rey contra Don Juan, ali- 
man t ada por los cortssanos y no le prestó los auxilios que reelainabas 
90áf aquel triunfo, y la adquisición de yarias ciudades y placas, ao di»- 
nm los resultados que eran de esperarse. £1 rey le preyenia aegpeifM^ 
•ti» yes la paz: peco la ocasión no permitió hacerla honrosa. Por entón- 



88 FÉL 

te» ftté preso nú dMsIuo qae confesó estar destinado á matar á D. Jtímñ 
de Ánstria por ófden de dos empleados de la reina de Inglaterra. £1 se-' 
cretario Esoobede i{neajenciabaen Madrid los negocios de D. Joan, ñié 
mnerto alevosamente; y de este hecbo ejecntado de orden del primer mi- 
nistro Antonio Pérez, la toz general, no sin rason, designó oomo antor 
al mismo monarca. Aoaeeió en seguida el falleoimiento de Don Juan 
C1578)éaiisadopor Una grate enfemedad^ bien ijue se divulgara qne 
habla sido envenenado. 

Era D. Juan hijo natural de Caños ▼ habido en sn viudez de la empe- 
ratriz Dofia Isabel; fué su madre Dolía Bárbara Blomberg, j nació en 
Ratisbona. Felipe II lo hábia reoonocido solemnemente oomo hermtUKf 
suyo, condeoorándole oonel ooUardel Toisón: al morir solo tenia treinta 
7 tres afios. El rey le reemplazó con el archiduque de Parma Alejan- 
dro Famesio, el eual redigo varías provincias y atemorísó á la Holan- 
da; mas tomo Felipe II tampoco atendiese á sus demandas, se vio Far- 
nesio en amargos conflictos oprimido oomo se hallaba su cjéroito de es- 
traordiuarias privaciones: él sin embaigo continuó la guerra con hechos 
señalados de armas y arAMtrando la intervención Inglesa bi^o cuyo am- 
paro se pusieron los Estados. Debióse á esos esfuerzos que fracasasen las 
espediciones de tropas que oondajo el conde Leioester favorito de la rey- 
na Isabel; á quien esta reprobó admitiese la suprema autoridad á que lo 
elevaron los flamencos [1586.] 

A la muerte del rey D. Sebastian seguida de la de su sucesor el carde- 
nal Henrique [1580] se disputaba la coronado Portugal.entre Felipe II, 
la duquesa de Braganza, el duque de Saboya, Don Antonio el prior ds 
Crato, Catalina do Mediéis y el papa Gregorio XUL Muy luego queda- 
ron en la liza el rey Felipe y el prior, á quien los portugueses hablan 
aclamado rey á pesar de no ser hijo legítimo; y fué preciso acudir á las 
armas desde que los derechos del rey de Espafia sin disputa eran de ñie- 
jorley. Inglaterra y Francia celosas del engrandecimiento de Espato, 
protegieron al de Crato: pero Felipe llamó al duque de Alba que estaba 
confinado en Uceda, y este ganando una bataUa en Alcántara, y otra á 
orillas del Duero, hizo poner término á la cuestión contribuyendo á ella 
una victoria naval cerca de las islas Azores. Quedaron hajo el dominio 
espaDol Portugal y sus estados de Ultramar, Jurándose á Felipe II por 
rey en 11 de Setiembre de dicho afio. Afiadió á su escudo de armas las 
quinas portuguesas, ooncedió un amplio perdón y confirmó los privile- 
gios de los nuevos subditos, sin haber por esto alcanzado sn adhesión. 
£1 duque do Alba falleció en Lisboa el afio siguiente. 

Agraviado Felipe II de la reina Isabel i>or su ingerencia en los nego- 
cios de Flandes y otras ofensas, equipó en Lisboa en 1588 una armada 
de ciento treinta biseles y veinte mil hombres de desembarco, con el 
objeto de conquistar Inglaterra. Llamóse á esta flota la InoemelMé, y ha- 
bi|b motivos para esperar el buen éxito de la empresa á que era destina- 
da; entre ellos el descontento de Escoda por él suplicio de MariaStuard, 
y el odio de los católicos ingleses por la tiranía de los protestantes. Por 



ni 89 

kttaerie del marqués de Santa Cra¿ fué mandando la dspedicion él du- 
que de Medina Sidonia. La escuadra sofrió tres recios temporales que' 
destruyeron muchos bnqnes, cajrendo otros en poder de los británicos 
después de esforzados combates: los restantes resistiendo nna cuarta 
borrasca, arribaron dispersos y en muy mal estado á los puertos de Ss* 

La reina de Inglaterra protegiendo al Iñrior de Crato para subyugar á 
)Portugal| bijBO con este nn tratado, y mandó i órdenes del almirante 
Dracke una escuadra con tropas qne desembarcaron en aquellas oos" 
tas. Bechaeadas primero y oon heroísmo en la Comlia, luego recibieron 
mayores desengaños y caros escarmientos en las funciones de armas que 
hubo en territorio portngues, por lo cual se vieron forzadas á volverse 
ú Inglaterra (1589.) 

Continuaba Famesio oon venti^osos saoesos la guerra de FUmdes» 
cuando de orden de Felipe 11. tavo que acudir á Francia con sn ejército» 
Habla sido asesinado Henrique in. y debia sncederle Henrique de N a> 
vaira; mas siendo este protestante, fné aclamado como protector el rey 
católico [169(^.1 Al^andro Famesio hizo levantar el sitio qne Henrique 
tenia puesto i Paris, y en seguida socorrió á Euan donde entró vencedor. 
Volvió iFlandes y ñhlleció en circunstancias de que se preparaba á nue* 
vas operaciones sobre Francia. Los sucesos posteriores do Flandes, los 
mas de ellos adversos^ corresponden á las épocas en qne gobernaron el 
archiduque Ernesto, el cons())ero Hansfeldt y el conde de Faentes. 

El secretario de estado Antonio Peres principal favorito de Felipo 
II, sufrió nna larga prisión, lo mismo qne la princesa de Eboli, con mo- 
tivo de la muerte dada i Escobedo, secretario de D. Juan de Austria, 
según dyimos en otro lugari Peres era culpable de dicho asesinato, y 
puesto en tormento principió a rebelar secretos del rey á quien con fbn. 
damento la vos pdblica señalaba como autor de aquel hecho. Antonio 
Peres ayudado de Dona Juana Coello sn esposa, y con el vestido de es- 
ta, se salió de la cárcel y marchó á reíhgiarse en Zaragoza su país natal , 
donde reclamó los fueros y privilegios del reino de Aragón. El rey lo 
aborrecía interiormente» seloso de las distinciones con que era preferido 
por la princesa viuda do Evoli á quien él amaba con vehemencia. Hizo 
se le acusase de herejía, y la inquisición se apoderó de su persona; mas 
el pueblo aragonés so levantó, dió libertad á Pérez y le allanó su salida 
para Francia. Allf se complicó é intervino en las dosavenencias de Hen- 
rique IV. con Felipe II. y desempeñó comisiones en Inglaterra: mas ade« 
lante acabó sns dias agoviado por los infortunios. 

Encendida mas y mas la cólera del rey al saber los sucesos de 2aragO' 

za, envió doce milhombres al mando de D. Alonso Vargas: esta íherza 

envolvió al pueblo forzándolo á entrar en la obediencia de que so habia 

apartado. £1 Justicia mayor D. Juan de Lannza, qne apenas tenia vein* 

tiseis anos de edad, fué degollado en público por espreso mandato de Fe-* 

lipe II. sin procedente sentencia, ni forma alguna de Juicio. Siguieron 

otras muchas ejecuciones, muriendo pcrsonf^es notables, y todos los que 

13 



; 90 PEL 

iunoB ÜMitorM 6 cduiplioM de «qnellofl acrebsUM. El rej espidió un íif> 
dolió gvkpnl deépnee de hAbeiee eoneiimado tan horroroeos caetigoe; mí 
ee que el perdón tíbo á ser para la mnltltad deeoonoeida: Liao lo que 
.Carlea Y. acabadan la« lachas de las eomnnidades. Lu^go modifloó loe 
fueros de Aragón en cnanto tavo por eonyeniente, ábrogándoee la laonl- 
tad dé proveer á sn arbitrio la magistratora del Jasticia mayor. 
; AproTeohando D. Felipe de la gnerra y torbolencias en qne se halla^ 
ba la Francia^ trab%i6 por la abolición de la ley stfLica á fin de qne pn- 
diese optarla corona sn h^a Dofia Isabel; pero sns planes y mancos p<H 
lítlcos fiíeron descnbiertos. El príncipe Henriqne abjnró el calvinismo, 
con lo qné cesando todo pretesto de oposición á sos derechos, fué recono- 
cido rey de Francia. Henriqne IV. en breve dispuso la continuación de 
la gnerra sobre Flandes coligándose con Holanda 4 Inglaterra. En Ju- 
nio de 1606 una espedicion deciento cincuenta buques al mando del al" 
mirante lord Howard y del conde de Essez desembarcó tropas y tomó la 
ciudad de Cadis saqnelíndola completamente: la escuadra espaüola toé 
destruida á pesar de sn esforzada resistencia^ Las pérdidas se compu- 
^ron en mas do doscientos millones^ Deseoso de tomar vengan f a de nn 
desasiré de tanta magnitud, armó Felipe II. en el Ferrol una flota de 
oiei^to veintiocho naves, y la envió con 14,000 hombres i hostilisar en 
Irlanda á cargo de D. Martin de Padilla: pero su caerte fué tan deedi- 
ehad% qne una horrible borrasca acabó con mas de la mitad de los ba- 
ques ri587.) 

^ £1 ánimo fuerte del rey ya no pudo sobreponoise á tan considerables 
desgracias, qne unidas á los pesares domésticos labraron sn abatimlen^ 
to, y acrecentaron las dolencias que ya le oprimían: había perdido sn» 
hgos habidos en cuatro matrimonios, qoedándole solo el principe D. Fe- 
lipe y la infanta Dofia Isabel. T viendo próximo sn fin, quiso d<¿ar en 
quietud sus estados y abrió negociaciones de pas. Firmó un tratado con 
Henriqne lY. en Vervins [2 de^líayo de 1596] según el cual faeron devuel- 
tos mutuamente los teiritorios y piases conquistadas. Cuatro dias des- 
pués cedió el condado de Borgofia y los Países Bijos á Dofia Isabel y & 
sn futuro esposo el cardenal archiduque Alberto. 

Agravándeee loe padecimientes del rey Felipe II, se hizo trasladar al 
monasterio del Escorial: perdonó crecida número de delincnentes, dio 
libertad á muchos de sus enemigos, devolvió á ciertas üunilías los bie- 
nes confiscados, entre ellas la de Antonio Pérez. Falleció de 71 afios y 
Rieses después de cuarenta y des de reinado^ el 13- de setiembre de 1596, 
dando en sus últimos momentos acertados consejjos á su hyo y sucesor 
Felipe m. 

Hasta aquí lo qne hemoa escrito se contrae á dar razón en abreviada 
compendio de las guerras que la corona de EspaOa sostuvo para con- 
servar y ann estender los dominios que Carlee V. legó á sn hyo Felipe 
IL Tenemos que pasar adelante y entrar en otras tareas para cumplir 
con el lector, que ha de esperar le pr(^;K>rcionemo8 noticias del estad» 
interior de la monarquía, de su acción gubernativa y de diferentes sur 



FEL di 

««•o» hisiórieot que por va natandam m opondriAo i nuMtra de— n ten- 
^enci». Haremos en este terreno lo qne nos sea posible, sin omitir lo 
respeetlTO á la América y especialmente al Perú. 

Los inmensos valores que en oro y plata babia tributado el Nnero 
mondo i la metrópoli se eonsnmieron en oontinnas gnerras y atencio- 
nes esteriores, sirrieron de ineentiTo para acometer emprétoas porin- 
jastas qne fueran, fomentaron el li^o y la oormpeion de la oorte^ Uo- 
liando á tal estremo el denocbe y el desbaratO| que la naoion mas po- 
derosa de Enropa se enoontraba abatida por la pobresa; oprimiendo in 
gobierno áloe sdbditos para esquilmarlos bi^o reglas nada eqoitaUvas 
7 actos muchas Teces indecorosos. Al principiar el reinado do Felipa 
n. los gastos ordinarios montaban á trescientos noventa y tres millones 
setecientos cincuenta mil marayedis, y para cubrirlos no habla ñuto 
ingresos que doscientos yeinto mülones, resultando un dafteit en soló 
ese oljeto, de ciento setenta y tres millones tres c ientos clnenenta y ocho 
taül: calcúlese la importancia de los gastos estraordinarios en medio do 
esigeneias imprevistas y nuevas que causaban desmedidos egresos. 
* Heflerese que entre los arbitrios discurridos por él consejo de hacien<> 
da> se adoptó el de vender mil hidalguiaa ''á petsonas do todas nlises, 
sin ezepcion de delbcto do lini^^ ^^ ^nm máculas," sacándolas al mar* 
cado gradualmente á cinco mil ducados cada una, para que ftieso pron- 
te 7 seguro su despacho, y lá abundancia repentina no rebiri^bra sn va* 
lor estimativo. Se acordó vender también las Jurisdiodoaes per]petaas, 
loo terrenos baldíos do los pueblos, dejando á estos les absolntausaté 
necesarios: el acrecentamiento de otcios, de regimientos ó cabildos, Ja* 
radttrias y sscribanias do las ciudades y villas: tomar lo que de la cuar- 
ta de las iglesias se hubiese dejado de recibir en años pasados: eligir 
«mprestitcs forzosos á prelados particulares, pagándose onjurosóva^ 
salios; y tan íbnosos, que tratándose del obispo de Córdoba á quien so 
pedían veinte mil ducados, prevenía el rey ^ee le diese á entender que si 
no lo hacia de su voluntad, se emplearla con ál la violencia." Al ano- 
hispo de Tolode se le exigió ana gruesa cantidad, al de Sevilla ciento 
clnenenta mil ducados, al de Zaragoaa setenta mil, á cada uno de los 
consulados de Sevilla y Burgos setenta mil, A. Besolvióso vender der- 
las viUas á algunos grandes: deshacer el oontrato de los alambres que 
se habla celebrado con el papa, y venderlos á meroaderes al precio que 
se pudiera: pedir á los pueblos las ganancias que tnviessn de loa Oaea- 
besamlentos de diez afios anteriores: suspender los pagos á los aereado* 
res, dándoles I n t ere s es crecidos. PrcAIblóso la estraocion de dinero á 
Boma en metálico y cédulas, cualquiera qne fuese el motivo. FMipe H. 
desde Flandes ordenaba se adoptasen estos rscnreos "sin ningún géno^ 
ro de conrideracion," y aumentando las cantidades á los que so ésen- 
sasen. Al&adió otro por su parte, y fué el de tomar la mitad de las ren- 
tas eclesiásticas do Espafla q*ie el papa Julio ni. habia conoedldoantes 
temporalmente á Carica Y. para la guerra conta» los protsstaates. La 
-VnlaJiabia sido revocada^ pero el rey hizo que unajonta de teólogos doi 



92 F£L 

ülMM* que no podi» «lerofftne deaiMifis ile oonfirmadA por «1 vtuí»; 
a^riragA&clQ que b»bU dareeUo par» oobn» 1a dí«h* mitod d« fa» «ntnir 
das de las iglesias. Asi procedía Felipa II. ecbando á vq lado ea ard»- 
faeo eaWliteiio y su Taneraeioift ^ la igleeia y ¿ la Santa Seda, iude- 
inaa da eata ae apeM al arbiiño^ no «alo da lagiümar por dinero 4 loa hi- 
jas do loe elédgoe, sillo de darles earta da Ibídalgaia á uu pxaoio n4- 
dioo. Bate reoarao ofoiisivo i la moral y buenas oostambres» no piodig» 
la nlUidad paeoAiaria que ae bQaeab% porque aqoeUoa aabian iuganiac* 
•o pacaeonsagnir por olraa fesorlea asas mianiaa gracias á menor oosfciu 
FalpabaBoamncboa inconranieo^y perjaioios para realizar las Ten- 
IM y lodo iQdamisqneae invenid para sacar dinero; y sin embargo sa 
wpUrnrrw *dte]Ma arbitrioa jBStiftcKndose con las urgentes necesida^ 
daa del rey. Idegd á ofrecerse á los comereiaates los mas altos intasesea 
por las somaaqfbs se les tomaban, y juros á rason de veinte mu el mi*- 
Uan y aon ta^ eato nada bastaba para aliviar las penurias del goi> 
bloma* 

Cqalquiefa eraeria que laltaban las remesaB da oía y plata qna sa re- 
ctUan del Nuevo mundo: pero laa flotea llagaban ain interrupción con 
a^Mindantas oaudalas que deaapareeian sin percibirse las ventiyaa con 
qiM podían gaatarse. Mand6 Felipe IL embargar, y diapuso da loa per- 
taaeoiaatas á mercaderes, Ikpartioularee y difuntos. Así sa biso en 1506^ 
Mitasaada templos antariotes: mas la princesa gobernadora adviitien- 
<U» loa olaiMMPea qua se levantaban y él eacándalo que suscitaba esta eos* 
tambre, aproveobé de la ausencia delr^y, y de quaoobabia dado orden 
tarmúianta en cnanto á los envíos do América en 1558, para mandar no 
sa latUTieao eino una parte de ellos, dando por rason las quiebras del 
«omarcio y las amangaa ceasurse del público. 

Era al rey muy celoso de su autoridad en los negocios edesKsticos» 
y el ooQsqlo laal qne pacücipaba del mismo espíritu, le representó loa 
afeaos del Nuncio de su Santidad en la exacdan de derechos por dis* 
panaas y otros deiq[)acboa. Hísolo oon una energía estrafia para esoa 
llampos» proponiendo que al Nuncio ejeroiese gratis sus funciones: ''pof 
lar cierto que una de laa cosas mas escrupulosas y de mayor escándalo 
*^ an la criatiaodadi arad dispensar y despachar en lo eoleaiáatico por 
^ diaeco, lo cual no debiael monarca permitir se hiciera en su reino: 
^ que para sostener al Nunoio se aoordasen otros medios, 6 se recabasen 
^ laa^asmltadas de la Nunciatora en favor da un prelado espalüol y no 
'< aitfaagaro.'' 

J^ara qua sa conozca la intanoion popular da aquella época» refiírire- 
moaeéma en Itm eertes da 1558 en Valladolid, las primeras que en al reír 
nada da Felipe 11. se eaUbraran, se exigid con instancia qua el rey no re- 
sidiese fuera de f^i^palla» q^a se jurase al heredero del trono á la mayor 
brevedad, y que su palaeio se arreglase según las coatombrea de Casti- 
lla y no é usanza y estilo de Borgolia, por ser esto muy dispendioso é 
impropio. Que se revocanuí las órdenes dadas para la venta de oficioí^ 
jari|dv(>ciQnes, bidalguias y vasallos, cotos, dehesas, vijdaa y Ingarea.. 



Que «9 aUatttviera el xey do apodorjarse do los caudaLos de particaUro^ 
que iban de las Indias, pagándose lo ja tomado, 6 cuando meaoa reco- 
nociéndolo con provecko para los acreedores. Pidieron otras muchas 
cosas sobre materias admiuistratiyas y morales, una de estas qne los 
religiosos no entrasen á los monasterios de moiyas, aunque fuesen de 
rango superior. En las antiguas cortes, casi todo lo que soliaitaban los 
procnradores se otorgaba por loe rej'es: pero desde Carlos Y. comenzó 
la dMcntendencia, y Felipe II, cuyo carácter era reservado y misterío- 
BO, empleaba siempre palabras ambiguas y eludía las representaciones 
con formulas estudiadas que revelaban su oposición. 

Fundado en el progreso que hacian en Espa&a las doctrinas de la rs: 
íbrasa protestante, exortaba Carlos Y. desde su retiro al rey y al tribu- 
nal de la Inquisición, á no tenor piedad ni conmiseración con los herc^jes^ 
y á castigarlos con duro rigor sin exeptuar personas. Las bulas de Paula 
I Y, daban ancbo campo á los inquisidores paralas interpretaciones mas 
arbitrarias: facúlteseles para imponer pena de muerte á los que abjura- 
ran de la hernia **no de dmÍ9iMypura owoiMoia, tino por temor ád cost^ é 
librarte de loe caréeles/* ¿Quien se creería así salvo de la hoguera; quien por 
verdadero que fuese su arrepentimiento, estarla seguro de que no se^ le 
califlcase en un sentido oontrarioó dudoso! ''Yierdnse procesados per* 
** seniles ilustres por sus altos cargos, por su ciencia ó porsuouna> tan* 
" tos arsoblspos y obispos, abades, sacerdotes, frailes, monjas, marque* 
*' ees y grandes se&ores, magistrados, profesores, altos funcionarioa, 
" mezclados con mercaderes, artesanos, domésticos y otras gentes del 
** pueblo. Sometié á juicio la Inquisición á los arzobispos de iSranada 
** y Santiago, á los obispos de Lugo, de León, y de Almería, á teólogos iu- 
" signes que hablan dado lustre á España y á la iglesia catélica en el 
** Concilio de Trente. Fué denunciado y procesado por sospechoso de 
" luteranismo el mismo primado de la iglesia española, el arzobispo de 
" Toledo confesor de Felipe II. y que habia auxiliado en Yuste á Carlos 
'' Y. ea sus últimos instantes: de igual modo á los prelados y teólogos 
** que hablan aprobado al emperador sus "Comentarios al catecismo de 
<< la doctrina cristiana." [Fuente historia de Espa&a.] 

£n2l de ma^o de 1569 se verificó eu Yalladolid un auto de té con asis- 
tencia de la princesa gobernadora y todas las corporaciones. Compare- 
cieron treinta y un delincuentes, diezisels para ser reconciliados, catorce 
oondeuados á muerte por luteranos y uno en estatua: los mas eran hom- 
bres notables como el Dr. J). Agustín de Cazalla Canónigo de Salamanca^ 
predicador del emperador y del rey; y aunque él se confesó y arrepintió, 
se le dio garrote quemándose su cadáver: contáronse seis mi\)eres entre 
las personas que recibieron igual castigo, y otros murieron arrojados vi^ 
vos á las llamas» En todas las capitales de España hubo autos de fé se* 
roejautes, y en el mismo ano 58 otro, también en Yalladolid,. para agai- 
fli^ á Felipe II. en su vuelta de Flandes. Catorce fueron pasto del fuc- 
gQi y dieziseis sufrieron otras penas. Un caballero, Garlos de Seso, em* 
pareatado con descendientes del rey V* P^dro, al ponérsele ea la h<^ue- 



94 FEL 

n, reconvino á Felipe II ^pcr que éUjdba le <iuema$eti/* j el monarca 1# 
contestó. **Y ann ti «{ k^ fuera hereje como mr, yo mímio Imeria U» ktUí 
para qmemarh^* Maríeron también cuatro monjas cuyos cadávexes d<^ 
Tortf el ftiego. 

En noTlembie de aquel aflo espidió el rey una pragmática con el ob^ 
jeto de aislar á la Espafia de todas las potencias, para impedir el eon- 
tagio de las nuevas doctrinas religiosas. Prohibió á sus subditos, ecle- 
siásticos ó legos. Ir á estudiar, ensefior ó aprender, en ningún punto 
fuera del reino; porque, decia, ocasionaba esto faligas y gastos, distrac- 
ciones y otros inconyenientes: y que los que estuvieren en universida- 
des ó colegios estrangeros, regresasen K Espafia dentro de un brero 
término, penándose á los contraventores con estraftamlento y perdida 
de sus bienes. Este original mandato significaba el establecimiento de 
un cordón sanitario, cuyo resultado tenia que ser, no tan solo el de com- 
batir y evitar, según la Idea del rey, que penetrara la herejia (cuando 
ya circulaba en Espafia), sino la incomunicación con el resto del mun- 
do, estinguióndose el comercio literario y encarcelándose el pensamien- 
to y las inteligenciiis. 

Las flotas procedentes de Indias condojeron á la Península en 1560, 
ciento cuarenta y tres millones, novecientos dos mil trescientos sesenta 
maravedís; y se computaba el ingreso anual de la misma procedencia, 
en cuatrocientos cincuenta y un millones doscientos dooe mil treiu- 
y uno, fuera de valores en perlas, esmeraldas a^ofiíT &. El déficit era 
cuantioso, apesar de los arbitrios estraordinarios: mas no por esto se 
implantaban medidas económicas, ni el rey moderaba en nada los in- 
gentes gastos de su casa: los de la reina en 15(10, pasaban de ochenta 
mil ducados, y los del príncipe eran de cincuenta mil, lo mismo que los 
de D. Juan de Austria. Estas partidas con mas las del rey y la princesa, 
Bubian en 1562 hasta cuatrocientos quince mil ducados. 

Reiteraron las cortes de 1503 lo que en otras anteriores se habla pedi- 
do al rey, á saben que á las catedrales, colegios y monasterios de frailes, 
se les prohibiese comprar bienes raices, "parque eapoooe añoe aeria de éUoa 
el rdno eHtero can las mandae y ékmacUmes que ee lee hadan y loe kereueioi y 
euoeeionee" Pretendían las ciudades por medio de sus procuradores, ''que 
por cuanto tan grande acumulación de riquezas era may dafiosa á los ve- 
cinos pecheros, se resolviese que los conventos 6 iglesias vendiesen lo asi 
adquirido y que si no lo hiciesen, se encargaran los consejos de tasar loa 
bienes y de proceder á «u eni^enacion.'' Felipe II. á estas gestiones res- 
pondía: que de pronto no era posible hacer novedad en el particular. A 
solicitud de las mismas cortes se di^ una pragmática reprimiendo el lu- 
jo y otros perniciosos dispendios: el rey se negó á contener los avances 
y usurpaciones de autoridad que hacia la Inquisición, pues se abrogaba 
facultades en materias estrafias á su ministerio contra la herejía. 

El papa Pío IT. convocó de nuevo el Concilio de Trento para remediar 
lóS males que seguían afligiendo al mundo cristiano, restablecer la pac y 
unidad de la iglesia, y atender á los deseos de los principes católicos; 



FEL 95 

tetniendo por otra parte que loé fkanoeses con ocaeion do sus dUturbiq* 
teligioeoe, realUican el proyecto de celebraran Concilio nacional. Felipe 
II. ee opoeo mncho áqne el de Trente fhese una nueva iudiocion, queriendo 
qae ee deelarira ser la eonÜnmaóUm del anieriary con esto contradecía- las 
miras de los protestantes, evitando también cualquier detrimento de las 
anteriores decisiones. No consiguió su propósito apesar de los debates y 
ásperas contestaciones que mediaron. Abrióse el Concilio en 18 de eneb- 
ro de 1561^ y tratándose del permiso que se pedia para que los príncipes, 
obispos y teólogos protestantes que quisiesen, pudieran asistir al oon- 
óilio> Aló tan generosa esa venerable asamblea, que lo concedió amplio 
y sin limitaciones, no solo á los alemanes, sino á todos los que estuvie- 
sen separados de la comunión católica, de cualesquiera reinos ó lagares 
donde se ensenara ó creyera lo contrario á lo que ensefia y oree la San- 
ta Iglesia romana. Congregáronse doscientos cincuenta y cinco padree 
entre legados, cardenales, patriarcas, arzobispos, obispos, abades, pro- 
curadores de los ausentes, y generales de órdenes religiosas; con asis- 
tencia de loe embajadores de los naciones y otros personi^es. Este sa- 
crosanto Concilio dictó sabias declaraciones y decretos en lo relativo 
|d dogma y á la disciplina eclesiástica. En sus discuciones y delibera- 
óiones prevalecieron la prudencia y la cordura, pandóse la verdadera 
doctrina de la fé católica, y condenándose con dignidad las hendías 
que infestaban el orbe cristiano. Fué la obra mas grandiosa y benéfica 
del siglo XYI: funcionó basta 4 de diciembre de 1563, en cayo tiempo 
se celebraron nueve sesiones solemnes. 

Algo mas nos permitirán decir nuestros lectores acerca de las exigen- 
cias de la oortes, pocas veoes satisfechas por Felipe II. y negadas y apla^ 
sadas las mas, en términos estra&os por lo sucinto y desdefioso de las res- 
puestas. La institución habia sido herida y quebrantada por Carlos Y, 
y aunque Felipe d^ó reunir estas asambleas con frecuencia^ y en iqNk* 
ríencia les tributaba respetos, él las redigo al abatimiento por mas que 
espusieran las necesidades de los pueblos y sus agravios, ó pidiesen se 
guardaran sus ftieros y libertades, violadas con las invasiones del trono 
en los derechos y franquicias populares. Las cortes insistieron en que 
no se Impusieran ni cobraran tributos generales ni particulares, ni nue^ 
vas rentas ni derechos sin estar otoxgados y sancionados por la nación, 
suprimiéndose todos los gravámenes creados sin ese requisito. Se que- 
jaron de que para las guerras con los moriscos se nombrasen oi^itanes, 
siendo atribución propia de los ayuntamientos. Sóbrelas representacio- 
nes de las cortes contra las visitas nocturnas que hacían las justicias 
en los domicilios, y abusos que cometían, nada quiso Felipe II resolver: 
pero dio un reglamento para que se cumpliera en las casas de mancevia, 
y esto prueba que eran permitidas. 

Es digna de recordarse una petición de las cortes de 1673, para que 
no pudieran ser elegidos representantes los funcionarios públicos, '*]p9r-' 
ipu no tenían liberiad para proponer y votar ¡o comeeniente al bien M fsiao; y 
por^pte entre loe demae proewradoree eran tenidoe por eoepechoeoe; con^prenéia* 



&6 m 

éeáloB que ffoxábau aueldoé y mercedet de la oom real Tavieroii taiQt>ieíl 
pitBMktbUi9ffracUu ff MeentotfMe€(nrfMa élr€jf d Ufs qme m la» cortes Beroian 
d imeitUeireBeepenondlee, Felipe II. se negó de plimo áe«ta pretenoion, sin 
nsiir de Ift ambigüedad que acoatombralm en sns oontestaciones. He' 
nos Botado que se solieitaba venia de su Santidad para las lidias de to' 
ros: entonóos no se conocían toreros asalariados, y en estos espeotaonlos 
se ^reitaban los nobles en el manejo de loe caballos j las armas. 

Intentaron las cortee de 1576 suprimir las piaras de regidores perpe- 
tuos para que estos cargos fuesen electivos en cada afio como antes. PS' 
dieron se estableciesen colegios seminarios en todas las catedrales se^ 
gim lo dispuesto por el Concilio tridentlno. Beclamaron contra el abn^ 
so de fiílminar escomnniones hasta contra Infelicee que so podian satla- 
fkcer pequeñas deudas aun teniendo fiadores: pidieron que por nlngana 
deuda se escomnlgase, y qne los demandados no ftiesen conducidos a&-> 
te Jaeces eclesiásticos, sino ante los seglares. Las cortes de 1579 e^cigie^ 
ron de hucyo y con mas empefio la desamortización eclesiástica; pero el 
rey nna vez mas dio con estudio escusas para no proceder sobre esto 
sin detenimiento. También pidieron se abetnviese la Inquisición de CO' 
nocer en cansas agenas de su objeto, y de hacer prisiones que despueé 
servían de tacha contra las personas. 

Las rentas de Espafia en 1577 eran cuatro millones novecientos trece 
mil seiscientos sesenta y un ducados. Las del subsidio y del escusado 
asoéndian en 1578 á quinientos ochenta y un mil ciento cuarenta y nue- 
ve. Es digno de raencionane un arbitrio qne para desempeflar la ha- 
cienda propuso á Felipe II, Pedro Simón Abril. Consistia en demorar la 
provisión de obispados por nn afio, los beneficios curados medio, y todo 
lo demás tres afios por el término de veinte, para poder sacar un millón 
anual de los productos de esas vacantes eclesiásticas, cuyas rentas tan- 
to fiítigában al pueblo. Las urgencias de Felipe 11. duraron lo que stt 
reinado, lo mismo qne las qu^)as de las cortes que eran tan Justas como 
aquéllas positivas. 

Las de 1586 dieron una ley para qne las mujeres no se tapasen el ros- 
tro; y el rey la llevó á efecto imponiendo por la inobediencia tres mil 
maravedís de multa, "Ha venido á tal estremo [decían loe proeurado- 
" res] el uso de andar tapadas las mt^eres, que dello han resultada 
** grandes ofensas de Dios y notable dafio de la república, á causa de 
'' qne en aquella Ibrma no reconoce el padre á la hija, ni el marido á la 
** mi^r, ni el hermano á la hermana^ y tienen la libertad y tiempo y 
" lugar á BU voluntad, y dan ocasión á que los hombres se atrevan ala 
" h^a ó mujer del mas principal como á la del mas vil y bajo, lo que 
** no sería si diesen lugar, yendo descubiertas á que la luz dicimiere las 
*' unas de las otras, porque entonces cada una presumiría ser y sería de 
^ todos diferentemente tratada, y que se viesen düerentes obras en la» 
'' nnae que en las otras; de mas de lo cual se oscosarian grandes maMa' 
" desy saetUegios que los homhres testidos coma mujerts^ y tapados sIk poder 
^ ser emolidos f han Kecko y hacen AJ* 



FEL 97 

La literatara espaAola lachando con los embarazos y la4 peisecosio- 
bM, se abría paao y progresaba á despecho dol furor inquisitorial del 
«iglo XTI. y del yugo de un monarca sombrío y taciturno cuya snspica 
eia y deftoonfianza oprimía y atemorizaba los ingenios. En medio de tales 
inconTenlentes, propios para hacerlos desfallecer, vemos con admiración 
laa prodnociones de distinguidos autores que en el reinado de Felipe 11 
engalanaron nuestro idioma y dejaron clásicos monumentos de su inteli- 
gencia y limpieza de estüo. Fray Luis do León, Santa Teresa, Cervantes, 
Fray Luis de Qranada, los Herrera, Lope de Vega, Hurtado de Men- 
doza, Figueroa, el padre Mariana, los Argenzola, Ercilla, La Torre, 
Balbuena, Arias Montano á,» fueron las lumbreras cuyo esplendor dio 
el timbre de siglo de oro, al mismo en que la razón y la sabiduría eran 
sofocadas por un sistema el mas tiránico y calculado. 

No era este el único efecto del absolutismo: hallábase combinado con 
la represión de las doctrinas del protestantismo encomendada al san- 
griento y temerario brazo de la Inquisición. Para combatir la reforma 
«e empleaba nn rigor aterrante, dando principio por amedrentar á los 
hombres mas prominentes por su ilustración, para precaver sos desvíos 
y que decayera su prestigiosa influencia. £1 tribunal de la fé no respe- 
taba ni el mas elevado rango social, ni la alteza del linaje, ni la virtud 
mas acendrada. 

Si aerift largo enumerar los sabios que como teólogos, juristas, his- 
feoríadores, poetas, novelistas, autores dramáticos de>, descollaron y 
sirvieron de ornamento al siglo XYI; mas prolijo y difícil fuera dw 
coeiita de los que por cualquier frase, espresion 6 ide% sintieron el pe- 
«o de las calumnias é intezpretaclones malévolas de los agentes de la 
Inqoisioion. En el célebre proceso del arzobispo de Toledo Carrwiz», 
«ator de un catecismo cristiano, fueron envueltos multitud de prelados 
maestros y religiosos. Ocho venerables obispos, teólogos y doctores de 
los que asistieron al Concilio de Trento, estuvieron cansados en ese tri- 
bunal por sospechosos de Interanismo, inclusive los fundadores de la 
eempalUa de Jesús, instítnida contra Lutere; y en sus mismas obras 
impugnando la heregia de este, encontraba la malicia arbitrios para 
tildarlos como sospechosos. £1 arzobispo de Granada Guerrero, el ía- 
«gne teólogo Melchor Cano, Arias Montano, el padre Diego Laines, dos 
«OBÍoeores de Carlos Y. su secretario Fray Gerónimo Gradan, el dootí' 
simo Fray Luis de León, que padeció cinco afios en los cálabozoa del 
tiibimal» el padre Juan de Mariana, Antonio Pérez secretario de Felipe 
il, el padre fiípalda, A; todos fueron perseguidos, presos ó penados por 
la implacable inquisición. Se formaron tres procesos á FrayLoisde 
Granada» el último como á sospechoso de ser hereje alumbrado. £1 
mismo Sim Ignacio de Loyola estuvo preso en Salamanca por igual moti- 
TOS ú Sao Fvaaoisoo de Boija se le eignioió por el tribunal de Valladolid, 
y por el de Yalenoia al arzobispo Rivera. Santa Teresa, en fin, sufrió 

amenazas, acusada como estuvo de heregia por ilusiones y revelaciones 

13 



98 F£L 

imAgiuadMr y San José do CalAcanfl fundador de 1m mcuoIm plM, ■• 
rió pnoo en les oireeles tecretM haeta que pudo aloanxar abeolaolon. 

Cnando el inqniaidor general enoomendó al Jeenita Joan de Hariioii^ 
la caneara del libro *'ApologeUec^ de Arias Montano, pensaron trioníar, 
loi>de la eompa&ia y esperaron la reprobación de la obra. Pero Maria^ 
na informó que en la biblia poliglota de Amberee, annqne se notasen 
deCjMtoSy no por esto merecía objeciones teológicas, y qne no habia por- 
qnó pjobibirlai Losjesnitas se disgustaron con este motívo^ y mnoho 
nías con qne el mismo Mariana comisionado para el índice de 1683, dejase 
incluida en él la obra de San Francisco de BoiJorMarianaf aese por resen^ 
timiento ó por sos conTicciones, escribió nn libro con el título de "Ét^Wr 
meáadM de la Ooa^Mi€ia" que hasta después de su muerte no salió á los. 
£1 recibió graves desaires del Santo Oficio por sus escritos, uno de ellos 
el qne se contrae á la doctrina del regicidio que el parlamento de Paris 
mandó quenuur por mano del verdugo: estuvo procesado y largo tiempo 
preso y penitenciado. El parlamento francés suponía que la lectura do 
aquel libro habia determinado á RaTaillac á cometer el asesinato do 
Henrique IV. 

£1 rey F^pe II. dictó en su largo reinado crecido número de resolu- 
ciones y providencias gubernativas: no pocas fueron provechosas, y me- 
recen recordarse como conducentes á la ilustración y al m^oramiento 
administrativo. Construyó y plantificó el archivo de Simancas con su 
magnifica estanteria de piedra, principiando esta obra en 150^ Fundó 
la Universidad y colegios mayoreede Flandes, las esencias de Lovai* 
na y otras. Decretó y organizó los cuerpos de milicias de Castilla. Man- 
dó en 1575 que en todos los pueblos se trabi^ase la estadística general, 
obra necesaria para la distribución de los impuestos, como lo era para 
lá instrucción pública y para el conocimiento geográfico del territorio, 
su historia, sus producciones y sos exigencias, £sa resolución se circu- 
ló alas Américas con una ordenanza en trescientos cincuenta y cinco 
artículos, adoptándose la forma de un interrogatorio que vino impre- 
so y habia de servir de clave para las descripciones, relaciones y 
datos pedidos. £s un documento bien compuesto y acabado qne 
merece admirarse por la época en que se espidió, por sn minncioei- 
dad, previsión y tino en todas las preguntas. Se halla integro en 
el tomo 9? página 58 de la colección de inéditos qne está publicándose 
en' Madrid. Cumplióse en el Perd con bastante exactitud, y hemos visto 
en dicho tomo las tareas correspondientes á varias provincias^ ^feonta- 
das con cuidado y esmero; lo que prueba haberse empleado manos inte- 
ligentes, y que hubo empello en llenar el designio qne se proponía «1 
gobieiiio. Están todas las producciones naturales é industriales, loS va- 
lores do muchas de ellas, y los cambios entre unos territorios y otros: los 
precios de las plazas: la parte moral, la ñsica, política, militar y eeie* 
8i¿stica; los repartimientos, los encomenderos y rentas qne poseían: el 
censo de los habitantes con cuantas clasificaciones podrian desearse: 
los gastos de ja real hacienda^ los mnnicipales áí. 



FEL 99 

£11 «I bofque de Segoyia ¿ V3 de jallo de 1563 sancionó el rey 1m or- 
denanxM qne hablan de regir para loa nuevos desoubrimientoa 7 pobla<- 
ei^nes qne se fundasen. Contienen ciento cuarenta y nueve crtiouloB, 
eomo se ré en el tomo 8? página 484 de la colección ya citada de docu- 
mentos inéditos. Mandó que nadie pudiera descubrir ni hacer entradas 
sin real licencia, so pena de muerte y confiscación de bienes: en los oaaóa 
permitidos, la fundación de poblaciones se haria sin peijuicio de los in- 
dios. Qne en los vii^es por mar nunca fuese un buque solo, sino yarioa 
«on buenos pilotos, abundantes provisiones ác. Que al descubridor se 
le encargase la población y lo descubierto, y se le cumpliese lo paetado. 
Prohibid la estraccion de indios para otros puntos, so pena de muerte. 
Qne ninguna eepedicion se hiciese por estrangeroe ni á cesta déla real 
hacienda; Que no se usase el título de conquista, ni se hiciese fiíersa ni 
agravio á los indios. Que no se erigiesen poblaciones en el litoral por el 
peligro de corsarios, y por lo insalubre de las costas. Que de los nuevos 
pobladores se nombrasen las justicias y cabildos. Estableció reglas pa- 
ra- hacer los repartimientos de solares y tierras, debiendo llevaüise 
los labradores costeados por los empresarios. Designó las conoesionea 
que podian hacerse á los adelantados y á sus descendientes: Ua ¿¡m«1- 
tades qne tendrían para encomendar indios vacos, para hacer fortaleías 
y para'disfrutar de diferentes regalías. Para reprimir las reveliones, se 
preétarian auxilios de cuenta de la real hacienda. Se permitiria á aqua- 
líos dar ordenaueas provisionales para minas, y agricultura. Fyaronaa 
reglAs para administrar la Justicia, nombrar funcionarioa ¿l. Dio el tej 
lioeücia para que se llevasen esclavos y toda clase de artículos sin idM- 
nar derechos. Concedió que no se pagase alcabala por veinte afios. 
Ofreció recompensae, títulos y honores. En dicha ordenanza se haUaa 
los preceptos qne habrían de seguirse para las fábricas de casas y boé- 
pitales, formación de calles y plazas. Asimismo los qne detallaban el 
modo de catequizar á los habitantes y propagar el cristianismo, liber- 
tándolos temporalmente de tributos. 

Felipe II. á causa de las sediciones y frecuentes crímenes, duelos y 
abusos que* habia en el Perú; á fin de perseguirlos con fuertes castigos, 
mandó crear la Sala del Crimen de la audiencia de Lima que se instaló 
«n 1570. Ordenó se estableciese la audiencia de Charcas en 1569, y la de 
Quito en 1963. Qne la de Gaateraala se trasladase á Panamá; y en 1568 
que volviese á Guatemala, lo cual se verificó en 1570. Por cédula ébíH 
de agosto de 1565 dispuso se instituyese una audiencia en Conoepcion de 
Chile: efectuóse así en 1567, mas el aflo ' de 1573 la hizo estinguir, espre- 
sando dnioamente qne per caneas cuimpUderae á m real eerviáú» Nombró 
un juez de apelaciones sujeto en sus fallos á la revisión de la ChaíiciUe- 
riadeLimá, mandando agregar áesta los oidores cesantes. Después, 
•n 1609, se detenninó restablecer dicho tribunal en Santiago. 

En tuaato á las diócesis del territorio del vireinato del Perl y asun- 
tos eol^áOtieoa durante el reinado de Felipe II, haretnos memoria de 
la erección del obispado de Santiago de Chile en 1561: de la oteacieA 4ol 



100 FEL 

de Tncuinan (1570), y de que etx 1677 m autorizó la ftindacion de la Bíila 
•píMopal de TruJxUo, que por entóncea no tuvo efeeto. El pontifloa Pío 
IV detemünó en 1560 lo que por media anata ao habla de ero|SMP «a oa- 
da dióceeia de Indias: concedió por primera vex el anbeidio ecJeaiáatioo» 
7 el eaonsado en 1563, ratiflcándoae posteriormente. Por códnla 4a O da 
abril de 1557 mandó el rey qne sin lieencia del diooesano pndieaea Alin- 
dar igleitf as los dominicos, ai^tinosy firaneisoos» en los pnébloaqn» 
qoisieaeDy con solo permiso del Tirey. Con respecto á M^ieo habji^ día* 
puesto lo contrario. £1 afio de 1567 se empesó á dar la eomuaion álos 
reoe que iban á ser ^jnsti ciados; y en el de 1569 se determinó háblese ea* 
pillas dentro de las cárceles. Bu 1571 se declaró al anobispo de JUma 
primado del Perú. Un BreTC apoatólico de 1568 permitió qne los ín* 
dios pudiesen recibir las bendiciones nupciales y velarse en todo tiem- 
po del afio. Por otra resolución se íhonltó á los prelados de Amériea pa- 
va que pudiesen consagrar como óleo, y á falta de este, un bálsamo di- 
ferente del aceite. También concedió su Santidad (Ú&¿) que él Con- 
sto de las Indias mudase ó eomendase como mq|or le pareelese ]«i In- 
f arss de sreocion de las iglesias. En 1563 por una ordenanaa real, m 
dispuse que las audiencias conociesen de loe casos de foera% eomo «¡s 
bacia en las chancillerias de Valladolid y Granada. En el de 1566 se 
otorgó á los obispos de Indias el privilegio de dispensar la ilegitimi- 
dad para conferir todas las órdenes. Protegió el rey Felipe la venida al 
Pero de los regulares de la compa&la de Jesús que ingresaron en Lima 
en 1567; y pidió al general de la orden Francisco de Boija en 1560 remi- 
tiese nn ntimero mayor de padres Jesuítas. Mandó establecer el tribu- 
nal de la Inquisición por cédula de 7 de febrero de 1569, de acuerdo son 
el cardenal Espinosa Obispo de Sigüenxa presidente del oons^o de 
Castilla ó inquisidor general. El poder del Santo Oficio residente en Li- 
ma y fundado en 1570, se estendia desde Panamá y Quito hasta Tuca- 
man y Chile. La Inquisición ampliaba sus estragos uniformemente por 
todos los dominios de Espafia: en Lima celebró siete autos de fé en el 
reinado de Felipe II: damos noticias de ellos en los artículos correapon- 
dientes á los virey es que por entonces gobernaron el Perd. Pidió el rey 
al pepa en S3 de noviembre de 1566 ratificase con censuras la prohibi- 
ción de que los religiosos qne iban de América á Europa, llevasen oro, 
plata dt, pues para ello tenia causas muy Justas. Exigió en 18 de Julia 
de 1562 que los religiosos de Santo Domingo y San Agustín guardaren 
el voto de pobreza. En nna orden espedida en Portalegre á 5 de msr- 
20 de 1581, mandó qne á los indios que se bautizasen no se les cortas^ 
el cabello. Y por otra de 8 de diciembre de 1588, que las iglesisa parro- 
quiales se edificasen á costa del rey, de los vecinos y de los indios. P<v 
dian ser sacerdotee y monjas loa mestizos y las mestisas según las cédu- 
las reales dictadas en San Lorenzo á 31 de agosto y 98 de setieml^re ^ 
1588. En real orden de 27 de agosto de 1560 se previno á loa pieMos 
que por cansas leves no se fulminasen excomuniones, ni se coudlMSO á 
los Idgos en penas pecuniarias. Por otra de 13 de maya de 1577 jpi«U* 



F£L a^i 

hió ú los olérigos todA olaae de juego. £a la ordenanza del patronazgo 
(númanm^ 8 y 79) sMOidó exear el rey laa cnatro cauongias de oposición » 
dootondy peñitenoUna» magistral y lectoral, observándose para su pro- 
Tiaion loa jniaiiioa veqaiaitoe que eo £spafia y s^gun lo prescrito en 
al CSoQQÍUo de Trento. £n la n? 29 se declaró qne ningún clérigo podia 
ymar á na tiempo dos dignidades ni beneficios. Prohibió por cédula de 26 
4a muyo da 1580, que los frailes fuesen provisores; y por la de 19 del mia- 
mo mea eu el afio 1888, dispuso que á ningún religioso se le permitiese 
tnaar ¿las Indias parientes ni parientas. £n 1571 so facultó á los obis- 
poa da Amórioa pac% que dispensaran la irregularidad contraída por 
cualquier delito, como no fuese el homicidio voluntario, la simonía A, 
aon ciertas condiciones para los absaeltos. En 1572 el papa Pió Y. á so- 
ISeitod de Felipa IL dio nueva y mayor autorizaoion en cuanto á la dig- 
nidad patriarcal de laa Indias. £1 tribunal do la Santa Cruzada se man- 
dó instltiür en 1573; y en 1578 se dispuso que solamente por bienios se 
publkaae la bola: designóse la limosna que á todas las clases correspon- 
dió erogar comprendididos los indios que debian dar dos tomines de pla- 
ta eomo ios negros, mestizos y mulatos. Por una cédula de 29 marzo de 
1681 ooiiiirmaiido otras precedentes, se ordenó no se admitiesen colectó- 
las de eapolios. Por otra de 19 de marso de 1574 se habia dispuesto que 
sin lieeneia del soberano no se fundaran nuevos conventos ni casas reli- 
gioMa. Por la potestad eclesüstica se acordó en 1578, qne las causas de 
a^te foaro en las Indias se feneciesen en todos los grados é instancias, sin 
npelaeion ni raonzao á Roma. Un breve pontificio de 1583 facultó á los 
•bispoa de América y álos delegados que ellos nombrasen, para absolver 
á laa indioa an ambos fueros del crimen de herejia, no debiendo Jnzgar- 
loa al tribunal de la Inquisición por ser nuevos en la fé y de poca capaci- 
dad. Obtuvo el rey en 1577 una bula de Gregorio XIII para dividir la 
dióecaia del Cuaco, lo cual no llegó entonces á efectuarse por la tenaz 
opoaicion qne hizo el obispo D. Sebastian deLartann. Envió Felipe 11, á 
la Catedral de Lima dos bultos primorosos de la Virgen y de Santa Isabel, 
loa analea están en la capilla de la Visitación. Tanto en los concilios 
Umensea, cnanto en la recopilación de los leyes do ludias se ononentran 
Anabaa diaposioiones Justas y humanitarias en favor de la clase indíge- 
na: pero^ eomo algunas veces lo hemos dicho, no se les daba cumplimien- 
to, y laa autoridades en todos sus grados eran los primeros móviles de 
l4 xetiatenoia qne se les oponía. Los abusos y exesos hablan creado cos- 
tnmbxea, y estas nunca pudieron desarraigarse por que estaba en los in- 
tayeess del vecindario europeo y de los que gobemabau, infringir la^ 
«fedanea que espedían los reyes á una inmensa distancia; y por que los 
indioa oon aua propiedades, eran victimas de la codicia de todos prin- 
oipiando por sna párrocos y sus mismos caciques. Descubierta la exis- 
tan<nik del aiZOgoe en el Perú, Felipe IL tomó la resolución de hacer 
fiOIMadad de la corona todas las minas de esa clase que se encontrasen. 
m Tijray JX fVnnoiseo Toledo tri^ las órdenes qne en tal sentido se 
dietaivn; mtm toinando en consideración grares razones que de pronto 



• • •, 



m FEL 

impedían la ejecución de aquel mandato, se abstuto de proceder violeii- 
tamente, j se dedicó al examen de una materia que demandaba aco- 
piar datos y respetar ciertos derechos. Véase Toledo. 

En el primer afio de su reinado el astuto monarca prohibió la impre- 
sión de toda especie de libros escritos en América, sin preyio exáoiek 
y aprobación del consejo [31 de setiembre de 1566.] Quedó sentada esto 
base que era suficiente para desanimar á cuantos meditaran sobre loé in- 
conTenientes do la distancia, demoras y gastos crecidos, 'y deeeonflaMB 
de sus tareas por ignorar las miras, objetos y estension de las censaras. 
Aun para las gramáticas y vocabularios de idiomas del país, se estable- 
ció la odiosa condición de que los examinasen el ordinario y las au- 
diencias [ Anobre 8 de mayo de 1584.] 

Bn 2 de Junio de 1559 espidió ordenanzas sobre deberes de los alcal- 
des, funciones de los diputados de los gremios, establecimientos mer- 
cantiles, molinos, camicerias, obreros de albafiileria, tasa de manteni- 
mientos y otros ramos; en cuyos arreglos fueron atendidos los proyectos 
formados por el cabildo de Lima. En aquel alio, á 5 del mismo Junio, dio 
el rey una cédula para que los indios no pagasen derechos en sus liti- 
gios; y para que á los caciques y comunidades solo se les llevase la mi- 
tad de lo señalado en el arancel de Castilla. En 1559 mandó también 
que los vlreyes no pudiesen conceder privilegios de hidalguía. 

El afio de 1563 dio órdeñ para que se navegase el Piloomayo, pensan- 
do que por esa vía se comerciase entre el Alto Perú y el rio de la Plata; 
comunicándose con Espafia para introducir mercaderías. Felipe II. ha*- 
llándose en Londres dispuso que por el Istmo de Panamá viniese unil 
espedioion de tropa con destino á Chile, nombrando gobernador y ade- 
lantado á Gerónimo Alderete por muerte del conquistador Pedro Valdi- 
via. En el artículo Alderete hemos referido la tragedia de haberse in- 
cendiado el navio que le conducía con dicha fuerza, y que habiendo él 
salvado, murió de pesar en la isla deXaboga. Unas cédulas reales dé 
2S de mayo y 13 de Junio de 1564, se encargaron de f)untualizar lo que 
se prohibía á los oidores de las audiencias de Indias. No podfañ enten- 
der en armadas ni descubrimientos, entrar en contratos ni negocios de 
ningún género, so pena de perdimiento de empleo, confiscación de 1^ 
que hubiesen granjeado, y multa de mil ducados. Ko tendriaa huerta 
ni cato de recreo ñiera de las ciudades: no colocarían dinero á censo, ni 
poseerían chácaras, sembríos ni estancias de ganados: no se servirian 
de individuo alguno contra su voluntad: ni pondrían bienes en oabeia 
da otros: que estas órdenes se publicasen por medio do bandos, y el que 
no se quisiese sujetar á ellas renunciase su plaza. Sanoionó el rey en 
1564 las ordenanzas que habían de regir en las chaneiUerias y atidien- 
cias. Aquellas prohibiciones las amplió en varias cédulas, oomprelidiMi- 
do á los alcaldes del crímen y fiscales. En la de S3 de Julio de 1580 iñlrti- 
dó no se aoompafiosen de negociantes, ni ellos ni sus miyeree. En otra 
de .ese afio les previno que no recibieran dinero prestado, ni dá^BVás ni 
presentes, y lo mismo tus famiUae; y que no tuviesen amistada, de 



FEL 103 

intimtáad. £n la de 22 de m»yo de 1583 mandó no Tísitasen á nadie ñi 
asistiesen A desposorios ni entierros. Erales prohibido igaálmente ja- 
ttar. y el contraer matrimonio en sas distritos, lo mismo qne Á sns hijos. 
Desde X&51 D. Felipe gobernando en nombre de Carlos Y. habia or< 
denado qne en ningnna andieneia de América defendiesen cansas los 
Abogados qtie fuesen padres, hijos, yernos, snegros, hermanos, ni on- 
fiados de los oidores, 

£n 1» época de Felipe ÍI. se mantuvo Potosí en la mas alta preponde- 
rancia por la copiosa producción de sus minas de plata. Duraron yein- 
tienatro dias las fiestas con qne allí se celebró la jura del rey, gastán- 
dose sumas al parecer fabulosas. En 1559 se inyirtieron ciento cuaren- 
ta mil pesos de á nueve reales en las exequias del emperador Carlos V. 
Dio Felipe II á Potosí su mismo escudo de armas [1563] con dos leones, 
dos castillos, águila, corona imperial y las dos columnas. En ese afio 
mandó formar el cabildo de Cbuquisaca con las mismas preeminencias 
que el de Sevilla. T en el de 1599 invirtieron los de Potosí ciento trein- 
ta mil pesos de á ocho reales en las honras fánebres del rey Felipe. 

Con motivo de usarse en América espadas, verdugos, y estoques desde 
seis hasta nueve palmos de largo, (algunos militares eran seguidos de 
«nados que les llevaban las espadas) se espidió la cédula de 12 de julio 
de 1564, previniendo que para evitar los males que de ello resultaban, 
ae prohibiesen en lo absoluto tales armas hajo pena de perderlas y de 
pagar una multi^ debiendo limitarse á cinco cuartas de largo, cuando 
mas. Fundóse la casa de moneda de Lima de orden del rey dictada en 
1566; y en 1572 se trasladó á Potosí. Empesó entonces á aonfiaxse piezas 
de á oeho reales, de á cuatro [tostones] y de á dos, llamándolas moneda 
doble. Mas tarde se labraron reales y medios reales. £1 alio de 1566 or- 
denó Felipe II, dando por rason las necesidades de la corona, que sa 
vendiesen las esoríbanias del Perú con toda la vent%|a posible. T qne 
sa creease y diese al mejor postor el oficio de alférez mayor de cada 
ciudad [1592] para que llevase el pendón y fuese miembro del cabildo, 
precediendo á los regidores. Cuando el rey envió al conde de Nieva de 
▼Irey del Perú hi£p viniesen á su inmediación como comisionados espe- 
ciales para entender en arreglos de hacienda y suficientemente faonlta- 
dos^el licenciado Briviezca de Mufiatones del consejo y cámara, D. Diego 
de Vargas Carvigal, y. Ortega de Melgosa sirviendo de secretario D. 
Domingo Gamarra. Propusieron algunos arbitrios para proporoionar 
ingresos al Erario qne era lo que Felipe U. deseaba; mas no se les vio 
hacer cosas de provecho ni que organizasen sistema, alguno rentístioo. 
Cesaron luego las funciones de dicha comisión, pnes por orden de 11 de 
enero de 1564 se mandó regresasen sus miembros áEspaOa. 

Determinó el rey en cédula de 29 de agosto de 1563 loa límites tacrl- 
toriales de la audiencia de Charcas, y dentro de ellos quedaron Toon- 
man, Hqjos^ Chunches^ el Cuzco con toda su comprensión, cesando la 
jnrisdiecion de la audiencia de Lima, en lo tocante al Gnsco, y la del 
gobiehio de Chile en cuanto á Tncuman. En 1566 resolvió que el P«ra- 



104 ni 

gaay fneso distrito depeudieuto de 1» dicha audienoift áe Chattess; nwfi 
á esta que estendieee bu autoridad hasta Arequipa como lo pretendía» 
é igualmente el que se enviasen á Potosí ludios del Cuzco y de Chuoid- 
to, declarando el rey "que eso era contra su intención." Por oédola ña 
26 do mayo de 1573 derogó la que hahia espedido pora agregar la pro-' 
Tincia del Cuzco en lo judicial á la audiencia de Charcas, preTiniendtf 
Tohriese á pertenecer á la de Lima. Determinó en esta vez que el tenito* 
rio desde el Collado, inclusivo Ayaviri, Asillo, San Gabán y Caiabaya 
correspondiese á la Jurisdicción de Charcas. Después vino la oédnla 
fechada en Tordesillas á ^ de julio do 1592, mandando que el corregi- 
dor de Arica obedeciese las órdenes de la audiencia de Chnqulsaoa aun- 
que ese puerto y su distrito perteneciesen á Lima. 

En real orden de 23 de setiembre de 1565 dijo Felipe II al virey, que 
tenia noticia de quo los indios de la proviucia de Chueuito '* erao 
" ricos y con muchas granjerias en ganados minas &^ Que solo daban 
^* por tributo veintidós mil pesos y que era preciso contribuyesen mas 
'* cada afio, sin vejación alguna. Que- al efecto se enviase un comisio- 
" nado que examinándolo todo, hiciese nuevas tasas." Cumplióse esta 
prevención, y entendemos no haber tenido otro origen la elevad» cifra 
quo, como en ningún otro punto del Perd, tributaban aqueHos indí- 
genas. 

Como notable entre los abusos qne pueden oitame, y para dar un da- 
to mas del desorden y las deftvudaoiones qne ocurrían en el ramo da 
tributos vacos, recordaremos un hecho que acaso no se admita por al* 
gunos, creyéndolo dudoso. Los oficiales reales de Chuquisaoa Tendían 
los tributos futuros por la mitad de su valor, dando por lason la exi- 
gencia con que les cobraban las personas que tenían rentas situadas eik 
los dichos tributos. Enterado el rey espidió la Orden de 16 do abril da 
1566, para que la recaudación se practicase conforme á las tasas, que 
no se hicieran tales ventas, y qne después del eobro se pagase á los aera*- 
dores en prorata según lo que cada uno tuviese qne haber para evitar 
con esto "la gran letUm que rmulUáM contra ei Erario, 

En ese afio 66 se mandó que nadie pudiese traer al Perd armas da 
ninguna especie sin real licencia. Por códnla de 15 de Febrero do 1687 
se dispuso que de cada marco de plata se cobrase para el Key nn real 
con título de ''Befiorei^e^. ProUbió en despacho de 19 de dioíembre de 
1568, que los indios de clima frígido fuesen llevados á temperamentoa 
cálidos y al contrario. T por orden de 19 de Julio del mismo afio lialria 
determinado no se permitiera á los indios andar á oabaHo. Se vé en laa 
ordenanzas de las audiencias (n? 85) que era prohibido álos caeíqnea 
é indios principales el ir á Espafia sin licencia real: y en la 116 se en- 
cuentra una resolución para que los indios no pagasen dóoima. IMetd 
FeUpe n. varias otras providencias protectoras de los indios qne se ha- 
llan en las leyes recopiladas: mas el cumplimiento de ellas dependia 
del querer de las autoridades que solían Interpretarlas ó desentendéis 
se de su objeto, cuando chocaban con sus intereses y la conveniencia da 



Uft penonM iufluyeates. LaTolontod del Rey se manifeaii^l^s^ ordeuAn- 
4o no 80 cargase á los indios, no se les ol>li^a]ra Á prestar servicios per^q- 
iMtea, ni se iesocniMse sin darles la correspondiente paga, ya por Bi4ar 
jíOi ya por todo lo qne se les comprime. Hicieronse conminaciones (& los 
jcnriia y ¿loa vecino^ tan severas como inútiles, é imposiesonse pena^ 
•^^por lo regular qaedaban sin. ^eoncion. 

Dftremoa álgnna idea de los derechos de Aduana que se cobraban coi; 
#1 i^Qp&l^fie de tiímqftfrifug*^ palabra q.ae viepe 4^1 árabe y de los a?»^- 
Jiarifu drecandadores de rentas. £1 inipnesto de que tratamos (porto- 
jimA) sacándolo ^e lo que entraba y salia de Iqs puertos, lo fundaban 
ÍLm iHitígOM nuciónos en el reconocimiento dol seflorf o de elliMi y de la 
soguiridad de so# mares. £1 almojarifttzgo establecido en Eapafia se bi- 
no implantar ^ Aiiiérioa^ por diferentes órdenes que no rigieron antes 
del roin^o do Felipe II, y oonsistia en un tanto por ciento que se hjicia 
«toUyo por mitad, á la salida de los buques de la península y á su lle- 
gada á IndlaA. Venciendo dudas y obstáculos se pudo cobrar ein el Pa- 
ra X por ciento, y f^í lo encontró en práctica el virey Toledo, quien no 
^uo n^Fodad alguna apesar do órdenes que trs^o. £n 1501 determinó 
el rey se cobrase dos y medio de salida y lo mismo de outrada sobre los 
yrodo/ctoB de la tierra que se enviaban de unos puntos á otros dentro 
fáol misno pais. £1 virey y la audiencia de Lima representaron contra 
oste almojarifaa^o adioiooal; mas el rey ordenó en 1595 se cumpliese 
oon recaudarlo. Desde 1566 babia mandado Felipe II. acrecentar el de- 
jrocho principal de este nombre, á 15 por ciento en las raeroaderias, § á su 
atilda de £sparia y 10 á su importación en América; y á ^ por ciento en 
•los vinos, por mitad en ambos partes, diciendo, ''pues demás de lasegu- 
** ñdaden que nos tenemos y mantenemos los puertos y mares por don- 
** do salen y se navegan, las ganancias ó intereses que de las dichas xner- 
** oadyrias proceden, y los que las llevan y contratan han, y goz^n, son 
*^ tan grandes y continuas que sufren el dicho crecimiento d&." £1 rey au- 
mentaba así sus ingresos con pegnicio de los consumidores do América 
bostiliaados m^s y mas por los mercaderes. No pareciendo todavía bas- 
tantes estos derechos se creó otro por cédula de 3 de marzo de 1573 con 
él nombre de "Maberia, palabra que también vemos escrita en diversas 
partes jáveriOf y quo en opinión do Solorzano procede del latín h^b^re 
{teiim) y se aplica á las propiedades ó bienes quo en espatiol se llaman 
Ao^eref. Con aquel título so cobraba al comercio jjor rata el importe de 
|oo gaotos que pensionaban las flotas quo viígaban de Espalia al Istmo 
y del Callao á Panamá (ida y vuelta) custodiando mercaderías, cfiuda- 
ks dt. Véase, Alcedo D. Pionisio ou nuestro tomo 1? págiua 86« 

Paca trabajar en ol cultivo de la coca, los que especulaban en esto 

ramo» quisieron hubiese mita forzosa de indios: la pretencion origiiió 

.diferentes cuesUonos que tomaron mudio cuerpo, llegando á terinino 

4^ intentar con el mayor calor los oposicionistas, que se proscribiese 

^ liso déla coca y se S'^rancason de raíz las sementeras. Dijeron que 

4sX so estóigoiriau de un golpe las costumbres supersticiosas que abri- 

14 






}06 nt 

¿ftban iM indioi, por ser aqnellA planta objeio de sa yeaeracioH y etKÚaá 
de diferentes errores. Sosteníase esta idea, propia de la ignorancia 6 mar 
licia, desentendiéndose de qne el oro y la plata en cnanto á las fidsaa 
Creencias de loff indios, ofrecían los mismos íúconyenientes. Los iatei- 
lesados en los plantíos solicitaban llevar á esos desgraeiados, de lea 
climaa rígidos á los cálidos valles en qne se siembra y prog r es a la coóa^ 
siendo esto para los indios mas duro y temible qne Is asistencia á laa 
minas. Pero Felipe II. en nna cédula del afio 1569, qM entre otras cita 
Solorzano, prohibid del todo esas mitas á qne aspiraba la codicia en sb 
implacable desenfreno; codicia á la cnal se debíé no trioníksen lea qna 
porfiaban por arrasar completamente dicbos sembríos. No oo mpr e n dia» 
sin dada qne sin la coca, primera necesidad de los indios pemanor, 
no bnbieran podido contar con ellos ni en las minas ni en ningnik 
otro trabi\{o. Autorizó el rey el fomento de la coca por cedida de lS73v 
con tal qtie se empleasen indios voluortarios y bien- pagados. Solo Po*' 
tosí consnmia mas de cien mil cestos por alia, al precio de clnecpesos^ 
El padre Acosta dice que medio millón y Hatienzo el doMew hmeoem 
pagaba pbr alcabala 5 por ciento, con cnyaimpneste la gravé el virey 
Toledo. 

Cl afio de 1542 Rirl-Oomez Viilaloboff de orden del virey de Méfioo DI 
Antonio de Mendoza, espediciouó por el Océano Pacífico á reconocer las 
islas de Occidente, y estuvo en las Molncas y Filipinas qne parece ñiv- 
ron poeeidas antiguamente por los emperadores de la China, y qne Ma- 
gallanes habia esplorado en 1521, falleciendo en nna de ellas, la de Ceblr. 
Una armada que por disposición de Felipe IL apresté el vlrey do Nneva 
Éspafia D. Luis de Yelasco, navegó el mar de la India para descubrir 
nuevas islas al Poniente. Miguel López do Legaspi qne la mandaba, y 
á quien se dló después el título de Adelantado, examinó nna muohe- 
dumbre de ellas en el espacio de ochenta leguas pasado el Cabo de San 
Lázaro; y establecido el dominio de Bspafia en las principales, se les dí6 
la denominación de Filipinas en honor al nombre del monarca. 

£n real cédula de 1553 mandé CrtIos Y. fundar la Universidad de Lr- 
ma, confirmándola el papa Fio Y. en bula de 1571 con todos los privi- 
legios que tenia la do Saíamanca, y fué reconocida por real y pontificiar. 
£1 virey Toledo en virtud de dos cédulas de Felipe II. espedidas en CéO 
afio, suspendió á los priores de Santo Domingo del ejercicio y derecho 
al rectorado^ y ordenó la traslación de la escuela á otra localidad. Loa 
grados se darían en la catedral conforme á una real orden de 1575: y 
aunque Toledo intenté situar en Chancay la Universidad, Felipe H. re- 
solvió subsistiese en Lima. Dicho virey tr^{o encargo del monarca p»- 
ra protejerla y dotarla competentemente, y le sefiálé la renta de veinte 
mil trescientos doce pesos para establecer las cátedras. Aprobé el rey en 
I5B9 que los rectores tuviesen Jurisdicción sobre los doctores, maestros 
estudiantes y empleados, y aun para lo criminal dentre de las escuelas 
con apelación á la audiencia. Habia concedido- Felipe II. en 1588 á los 
doctores la exepcion de pechos, y otras regalías qnedi^ftataban los d^ 



PEL 107 

SAlamancft, j que los recibidos en U de Lima se iucorpora^an en Ia 
ottasin examen previo. En el general mayor se pnsierou inscripciones 
para memoria, j sobre ellas loe retratos del emperador y de los reyes 
Felipe n. y Felipe III. Tratando de la Unirersidad de San Marcos el rey 
en la cédala citada de 1588 d^o: "qne habla correspondido con macho 
'' frnto en bien nniTcrsal del reino, mediante el gran ^eroicio que te- 
^* niaa en las letras, de que habian resaltado sagetos de macha oonal- 
** deracion en todas íacnltades." Aprobó el mismo la fandacion del ea- 
leigio real de San Felipe y San Marcos de Lima, y el qae se estableció 
en el paeblo del Cercado en 1592 para la instracoion de los indios. 

£a el reinado de D. Felipe II. biso Alvaro de Mendafia sns espediciones 
al Oeste: en la primera salió del Callao en 1568 y descubrió las islas de 
Salomón; en la segunda larpó de Payta en 1596 con Pedro Femandec de 
^niróe, y encontró las islas que denominó Marquesas, tomando pose- 
sión de ellas. Conesponden taáibien á la época de esto rey las opera- 
riones hostiles hechas en el Pacífico y costa del Perú por las f aersas ña- 
rales del ^miranto Draeke en 1578, por las de Candlsh, ó Carendish 
en L567, y las de Hawkins, llamado Tulgarmento Achines, en 1594. 

ConCecha 15 de agosto de 1573, autoriaó Felipe II. al capitán Juan de 
Lozada con el objeto de que reuniera en Espa&a hasta cuatrocientos 
hombres entre patrones y eríados para que los trajese de auxilio é Chi- 
le. Cada uno habla de tener espada, daga, arcabuz, rodela, montura 
completa y herraduras; los criados, sendas espadas, espadas dagas, y ro- 
delas; y unos y otros las mas armas que qaisiesen. Hadan la Jornada 
¿ sa coeta, y por eso se les daba la licencia. Era permitido á Lozada 
completar su gento en Cartagena y Tierra Firme. £1 pasaje de Panamií 
al Callao y de esto ¿ Chile, los costearla el rey. Ea Lima se le provoe- 
ria de pólTora, salitre y plomo. Al veriflcarse la pacificación de Chüe, 
UUtk i poblar la provincia que se decía de Cesar ó de la Sal, donde se les 
lireforiria en los repartimientos de ella. Ninguno de los viageros podría 
desembarcar en los puertos de escala so pena de lauerte, y al llegar á 
ChHo eatregaria Lozada al gobierno la tropa y cuanto llevase. £1 paU 
diehod» Casar, ó nació» de los Cesares, según algunos, era aquel que se 
ereyó existir al sar de Chile y del cnal se con toban cosas improbables, 
amno su población de indios y mi\jeres españolas tomadas por los Arau- 
caiMM; Ó formada en opinión de otros, por los náufragos de la éspoclicion 
delahispode Plasencia que entró, al estrecho á mediados del siglo 
dieziseis. 

Si al proyectarse en Espafia la empresa de Lozada en 1573 había. no- 
ticia de ese pais de los Cesares, ¿en que tiempo pudo formarse con la 
mécela de razas que se indicaf Y todavia Alcedo refiere que l&% mi\|e- 
res escuelas eran las tomadas por los indios en la dostraccion de la 
eiodad de Osorao en 1599! El mismo autor asienta qne eh 16318 intentó 
deaeobrir dicho territorio el gobernador de Tiiouman D. Go^ró^imo {«ais 
de Cak^wa, pero que au designio quedó sin efectuarse. 
pM'aédnla de 24 de noviembre de 1577, prohibió Felipe I(. que en 



108 FEL 

América se usaflen coches ni carrozas, (laudo por pretesto que eaenatm' 
riaalos caballos y las muías, faltando laego par»* la defensa del patii 
y otros fines prefereutes. A los que coutrayiniesen ¿ este mandato lea 
impuso las penas de perder los coches j animales, sinjesepcion de ran^ 
go, y quinieutoe peso» de oro para el Jnes, el acusador y la cámara. És 
caso de reincidencia, esta suma se pagarla doble. Ordenó además que 
nadie pndiera sacar coches de España, ni hacerlos fabricar en Indias^ 
80 pena de doscientos pesos de oro y destierro perpetuo. 

Üdandó espulsar de los Amérícas á cuantos gitanos se eneontiíaseii,. 
con sus mn)ercs, hijos y criados, busciíndolos con la mayor diligencia; 
d fin de que no engañasen ni robasen á lo9 íihIím. Creería el rey qne esto lo 
hacían solo los gitáuos cuando contra ellos lanzaba esa prosoil pelen. 
£1 objerto era otro que se percibe fiíoilmente, y se did ese colorido para 
prueba del celo del gobierno en favor de los indios. 

Una real orden su fecha en Lisboa á 10 de febrero de 1582, se contra- 
Jo áque, bajo severas penas, todos los qne desde el Perú emprendiesen 
vi&jes por mar con cualquiera destino, se confesasen y comulgasen an- 
tes, "para con esta medicina del alma, enfrenar la libertad de los vicios, 
'' aplacar lajnsta ira do Dios, y evitar los naufragios que sncedian éu 
'' bastlgo de tantos delitos cometidos.'' 

£n aquel dicho año por órdenes de 18 y 26 de febrero prohibió á loa 
gobernadores, corregidores y alcaldes, que se casaran en sus distritos 
mientras tuviesen autoridad^ y á todos los empleados hacerlo con hijas 
de otros empleados. 

Besde 11 de enero do 1570 habia espedido códula para la creación del 
empleo de protomédico general del Perti, cuya autoridad y Jurisdicción 
privativa comprendía á Panamá, Portobelo &. En la ordenanza de 
poblaciones que Felipe II sancionó, dispuso que los liospltales se fit- 
bricasen al lado de los templos. Mandó también que en los caminos se 
estableeieson tambos para auxilio de los caminantes. Dio al cabildo de 
Lima x)ara propios (creemos que en 1568) la laguna y estanque del Ca* 
Ilao y las do Pachacamac. Determinó la formación, en el rastro, del Cdr- 
ral del Consejo, para recoger los ganados mostrencos que los religiosoa 
déla Merced tenian por costumbre apropiarse sin derecho alguno. Bn 
una códnla datada en San Lorenzo á 11 de agosto de 1573 preTino el 
rey al virey del Perú, tuviese en Chile persona nombrada para que rea- 
sumiese la autoridad por muerte del gobernador. En 11 de enero de 
1589 reiteró orden para qne el gobierno de Chile estuviese subordina* 
do al virey. Desde Lisboa declaró en 1573 y 1581 que se guardasen en 
Indias las leyes de España sobre pesos y medidas. No olvidó una prove- 
chosa determinación tocante á la Historia de las IndkaSy y pata que pudie- 
ra continuarse, mandó se enviasen al consejo todos los documentos y 
noticias concernientes á ella. En la Ordenanza de las audiencias bemos 
visto (nüm, 137) prohibido el escribir con abreviatnras. La imposieloii 
de los tributos se es tendí ó en 27 de abril de 1574 á los negros y miilatoe 
libres do ambos sexos. Felipe II. con respecto á los negros prófti|;<Mi ó 



FEL 109 

cimarronoa, espidió eii 1571 y 1574 órdenes por las cuales debían ser cas- 
tigados cou azotes y aun con pena de muerte en ciertos casos. Como di- 
ferentes mujeres reclamasen en Espafia de la ausencia de sus maridos 
pidiendo al rey remediase su situación, dispuso en el afio 1570 que á to. 
dos los casados que existiesen en el Perú se les obligase, y aun se les 
enviase ala península, Á hacer vida con sus mujeres. En cumplimiento' 
de una real orden de 1572 se resolvió que los naipes so estancasen. En 
27 de abtil y 28 de octubre de 1581, se dieron por el rey órdenes para 
que en Lima se fundiese artilleria gruesa y balerío, y se construyesen 
montajes navales: y para que se fabricasen navios en esta mar muy 
fuertes y artillados, á fin de que en casos de peligro pudiesen fletarse 
ó defenderse pot sí de enemigos, ó comprarlos el gobierno para llevar 
caudales y custodiar espediciones do comercio á Panamá, que era el 
destino ordinario de la armada del Sur. 

Los desacatos y disturbios causados por el obispo del Cuzco D. Se- 
bastian de Lartauu en el concilio límense de 1582, ocasionaron divisio- 
nes éntrelos prelados concurrentes. Los de Tucuman y Chuquisaca D. 
Fray Francisco Victoria y D. Alonso Kamirez Granero de Avales, eran 
partidarios de Lartauu, á quien se bacian graves acusaciones, y escri- 
bieron ala corte contra Santo Toribio que habia sido ultrajado por di« 
€ho Lartauu. Felipe II. les contestó dándoles una agria reprensión en 
códula do 2G de enero de 1586, que hemos leído, y en su final aparecen 
estas palabras: ''demás do que vuestra intención se manifiesta bien en 
*^ las razones do vuestra carta, que su mal término dá ocasión á que se 
" os advierta de la poca sustancia que tenéis, y mucha obligación á 
'' conservar la autoridad de vuestro metropolitano, de cuya persona y 
*' vida tratáis indignamente confesándola en la misma carta por incul- 
" pable &J' 

XjO obrado eu el referido concilio se remitió al consejo: y otorgada !• 
coiifírmaciou y «probación por Sixto V, ordenó Felipe II. en 18 de se- 
tiembre de 1591 se imprimiera y so le diese onmpUmionto. Admitido j 
llevado á efecto en toda la América del Sur, compxendió á cnatro meo- 
bispados y dieziocho obispados contándose los del Brasil. 

£1 iKmtífiee Gregorio XIII según lo dispuesto en el concilio Nieeno f 
lo «cordado en el de Trento con respecto á qne las pasonac y oirac fice* 
tas se cclobrascn en la debida oportunidad; ordenó y dispiiso una oop- 
VBCoion on el calendario,- Mgnn la cual quedase enmendado el yerro qas 
se habla ido CHperimentando á cansa del curso del Sol y do la Luna. V*- 
riAoóse suprimiendo de una res dios dias en el mes de oetnbre de IBCtt; 
y en BU conscenencia, el dia 5 so contó 15 en lugar de 6 continuando así 
la serie hasta fin del mes. Felipe il. por cédula espedida en Ara^jnns á 
hé de mayo de 1668, mandó que en octubre de este a&o se cumplieseis 
ptvteoiáo en iodos sos dominios; y que paia obviar eoufuslon yéodM 
ae taviese su pragmática saooton como di otada en cortes. 'Qué enio (fu* 
Aieial no por la dicha swpi es i on se álteftftsen loé plaios y i'téffnrines<t«a 



lio FEL 

antes se hubiesen dado, añadiéndose los diez días: peroqne estos se des- 
contasen en los sueldos, puesto que en ellos no habría trabi^o. 

La orden real espedida en San Lorenao á 14 de Junio de 1589, prohibió 
que los negros y mulatos tuTiesen indios en aa servicio. El virey Tole- 
do había tratado de remediar abuso tan notable y escandaloso. Man- 
dó Felipe II. que los hijos naturales habidos en mujeres indias, pudieran 
Bueedcr á sus padres en los repartimientos á falta de h^os legítimos. A 
instAnolas del virey D. Garoia Hartado de Mendosa marqués de Cafie- 
te, aumentó dos oidores á la audiencia de Lima, y ya fueron ocho distri- 
buidos en dos salas que aprobó en 1503. Fundada nuevamente la ciudad 
de la 8ant(sima Trinidad de Buenos Aires en 1581, mando el rey el afio 
siguiente que en ella se permitiese la introducción de mercaderías eu- 
ropeas con el límite de quinientas toneladas anuales para abastecer 
también al Paraguay y la provincia de Tncuman. Envió al virey una 
orden para que no consintiese en Lima mercachifles. Dio á Panamá el 
título de muy noble y muy leal (1581): el de ciudad i Castrovireyna 
(1594); y i la de Loja le concedió escudo especial de armas (1571). La 
casa de moneda que determinó hubiese en Panamá, funcionó poco tiem- 
po y fué suprimida. Para mayor respetabilidad de los miembros del 
consejo resolvió el rey (1579) usasen la barba larga y la toga talar, se* 
mejante á las ínfulas ó Latidavios de que usaron los senadores roma- 
nos. Hísose ostensiva á los oidores de América (Garnacha) y en 1581 á 
los fiscales que antes no se sentaban en el tribunal sino debido de Isü 
gradas de él y en el primer logar del escalio de los abogados. Mandó 
que los oidores y fiscales no fuesen elegidos para el rectorado de la uni- 
versidad (1589) Que él cargo de rector alternase, siéndolo por un afio 
persona secular, y por otro eclesiástico. Habia ordenado en San Loren- 
zo á 2S do Julio de 1579, que los vireyes favoreciesen y fomentasen los 
colegios para hijos de caciques, y que se fundasen en las principales ciu- 
dades. Por cédula de 19 de octubre de 1586 declaró que en vacante de 
virey la audiencia de Lima gobernase el reino integnunent>e, y estáa- 
dole si^etas las andienoias de Quitó, Tierra Firme y Charcas. 

En otra cédula firmada en el Pardo á 1? de noviembre de 1591, dispu- 
so se estableciese en el Perú el impuesto de la alcabala, derecho muy 
antiguó en Castilla y que era cobrado á todos por las compras y ven- 
Um de cualesquiera valores, y negocios sin exepolon. El titulóse origi- 
nó de la palabra hebrea Cávala ó en árabe Cávela que es como si se di* 
jera reogwiON ó cosa que ee iwtde: también se tomó ó derivó de allí la pala- 
bra ffoheUa con que se comprende cualquiera contribución ó exaocioa 
pública que viene del verbo gabal (ItmitArse), por que del limite y tasa 
dtf las mercaderías resultaba lo que por alcabala habia de cobrarse. 

El emperador habia libertado á las Indias de alcabala como nueva- 
mente conquistadas, y conforme á esto se vé en la eapitolaeion de la rei- 
na con D. Fr«i)oi4ioo Plsarro en 1589, que se ezeptnó al Perú de alcabala 
ti otro tributo por diez afios: "é mas adrante hasta que otra cosa maa- 
demos en contrario.'' Cuando Felipe II. sembró virey á D. Francisco 



Hl 



111 



l'oledo, 80 le encargó (1568) que procurase con prudouoia entablar di- 
cha gabela, pero el no tentó medio alguno do imponerla, y lo mismo hi- 
cieron sna Bueeaoree. En 1591 el rey, que trataba oon ansia do crear y 
aumentar rentas, ordenó á D. Qaroia marqués de Cállete procediese á 
«stableeer el citado derecho, enviándole el arancel á que debería suje- 
taiae y ajándola en un 2 por ciento sobre las yentas y roTentas. Llegtf 
ú conseguirlo este virey en 1604 después de vencer la resistencia que 
opuso la püOTineia de Quito. Véase el articulo Arana, D. Pedro en nues- 
tro tomo 1? página 311. La alcabala se mandó aumentar á 4 por ciento 
y aun á mas, con motivo de la formación de la armada de BarUvmUQ que 
ocasionó un impuesto especial que se reunió á aquella, lo mismo que 
otro posterior denominado '* Unh» de arwuun'* por los tres se cobraba un 6 
por dentó de que mas tarde se hizo rebina. Se arregló el ramo oon una 
matrícnla llamada encabesamiento y se encomendó su direoeion y cobro 
al tribunal del Consulado. Sn las demás ciudades se haoia también por 
contrata. Véase Boija, principe de Esquilaohe, en nuestro tomo II, pá- 
gina 71 — Véase Areche en el tomo 1? página 321. 

£1 virey Toledo con motivo de la venida de una armada inglesa al 
mando del almirante Dracke, envió á poeenonarse del estrecho de Ma- 
gallanes una ftiersa naval á cargo de D. Pedro Sarmiento Gamboa la 
cual BaUó del Callao en 1679. Dracko fué esperado en vano, por que hi- 
zo su regreso á Europa por el cabo de Buena Esperanza, y Sarxniento 
pasó á Espalia á dar cuenta de cnanto habla practicado en el estrecho. 
Felipe II. resuelto á poblarlo y fortificarlo, hizo salir de Cádiz una es- 
pedición de veinticuatro naves con dos mil quinientos hombres hijo la 
conducta del general Diego Flores de Valdes, trayendo á Sarmiento en 
calidad de almirante. Doce buques se regresaron y ocho perecieron á 
causa de una borrasca. Sanniento llegó á su destino en enero de 1583 y 
Inehó oon grandea obstáculos y contradicciones de que damos cuenta 
en el artículo que en esta obra le respecta. 

En varios casos ocurridos se vió que Felipe II. hizo anular algunas 
disposiciones de sus vireyes, concediendo encomiendas, y asf mandó 
en 1SG3 se incorporase á la corona con cnanto hubiere producido, un re- 
partimiento que foé de Hernán H«jia y que el conde de Nieva dio á 
Francisco Mendoza; porque, según dijo el rey, no tuvo facultad para 
adjudicarlo. En 1565 ordenó se quitase á D. Qarcia Hurtado hijo del 
virey marqués de Cafiete, el repartimiento de indios que perteneció á 
Lope de Mendieta, dando la misma razón de falta de autoridad, y pre- 
viniendo que esta renta se enviase Á Espafia para pagar á los del con- 
sejo de Indias. Con ignal motivo resolvió dejase D. Pedro de Córdoiva, 
sobrino del dicho virey, la encomienda que se le habla dado indebida- 
mente y perteneció á D. Alonso de Montemayor. 

Al juzgarse Us cuentas del tesorero de Charcas D. Diego de la Cuba 
se descubrió que por costumbre se daba en esas o^as al marco da plata 
un valor al pagar y otro cuando se cobraba. Felipe II. en el bosque da 
Segovia '< 13 de setiembre de 1565 dio orden para que con toda severidad 



112 FEL 

06 castiguen tales defraudaciones. Otro exesode mas tffaaoendeaekiUe^^ 
á conocimiento del rey algunos a&os después. Se habiaa Tendido oAeios 
6 oacgoe en ia misma provincia deCliarcas á nitos de poca edad^ permi- 
tiéndose que de pronto los sirviesen sus padres. Ignorábaae si aqueUfMi 
^su tiempo serian capases de desempefiavlos; entre esos desttnoa se kar 
liaban los de depodtarios de bienes de dif untos, y era.de esperarse sotee- 
'Viniesen graves airases. Con atención á todo mandó el rey se le disas 
notieia puntual de esos hechos paca dictar piovideocias de mmedio» 

Sn 1991 á 1? de noviembre espidió Felipe n en el Pardo una oédnla 
previttiendo al vivsy que ademas del tributo que loa indios ^1 Far€ 
XM^aban al rey 6 á sus encomenderos, le diesen una quinta parte de la 
misma contribución. Formóse un cuadro «xaeto por las matrículas ews- 
teatssi y según lo que por provincias quedó demostrado, el dicko quintil 
importó doeeientos ochenta y seis mil oohocientos ochenta y cuatro pa- 
00*. Eran tributarios trescientos once mil doscientos cinoneuta y siete 
[ea el afio 168S] y los tributos montslian á un millón cuatrocien- 
tos treinta y cuatro mil cuatrocientos veinte pesos, comprendieiido to- 
do el Alto Perd y el reino de Quito. Hemos visto estos datos en el tomo 
5? de la moderma coleocion de documentos inéditos. Para gravar de 
este modo 6 los indios no se alegó otra causal que las públicas necesi- 
dades diciendo: ''nos servirán por el tiempo de nuestra voluntad, con 
lo que montase ia quinta parte de sus tributos sin descuento alguno.' 
Vemos que se trató de perpetuar esta carga adicional impuesta á los 
indiosi pues en el código de Indias aparece al efecto Ja ley 16 título 5? 
libro 6? ratificando y mandando se cumpla aquella disposición. £n el 
eitado tomo 5? se halla también la tMa general de tribiitos que hizo 
el virey Toledo en 1575, y algunas matríoulaa parciales. No sabemos 
si el peso de oro y de plata era ensi^yado ó quintado, ó común, el cual 
valia menos. Véase Hurtado de Mendosa^ D, Oacoia» marqués de Ca- 
fiete. 

FoK cédulas de 15 de junio de 1592 y d de diciembre de 1593, mandó 
Felipa IL se instituyese en Lima el tribunid del Consulado para cono- 
eer y juzgar brevemente en asuntos de oconercio. Véase en nuestro to- 
mo 89 el attCenlo Borja, ^ncipe de Esquilache. 

El virey D. Francisco Toledo, como ee sabido, envió una espedioion 
ú las montaftas del Guaco dondo fué preso el principe heredero Tupao 
▲maaru. Conducido á esa ciudad donde el virey se hallaba, le sentenció 
é muerte y se le degolló públicamente, saliendo entonces espatriados 
■todos les descendientes de la casa real de los Incas. Toledo relevado 
del vtreynato vegresó á Espaüa, y al presentarse á Felipe II. este le di- 
jo 'Idos á descanaar á vuestra easa que yo os mandé á servir reyes y 
no á matar reyes;'' y dándole la espalda tuvo que retirarse el exvirey 
á qtüeu lo asaltó una enfermedad de que mny pronto falleoió. Amargó 
mas su pesadumbre que el conato le seenestrara sus bienes para que 
Tshitegtase lo qme en sus aneldos había percibido de exeso, tomando^ 
los en pesos ensayados de á doee reales, debiendo ser pesos de á ocho. 



FEI/ 113 

iMnando F«lipd II. BaitoloBié Medina inventó en Méjieo ^n'15a7 él 
beuefleiade ím plata por medio del axogne; y Pedro Fernandez Y elM«N» 
inatmido allí de este uñero sistema, riño al Perú lo introdujo y Ileró 
ú eÜMto en Piotosí ol alio (671. 

Sa observaiioia de lo pveaorlto por el oonoilio de Trento y lo prcrh»- 
nído en el Iiimense de 1662, el arsobispo Banto Torlblo Liso edlfioar el 
eolegio Bemf nario de liima, dedioáadolo á Santo Toribto Obispo de As- 
toif;at filé «I primero de sn olaaeen Amériea; y como pnoieee sobróla 
portada de la easa (que era ftandaeton suya) e^ «sondo de las armas de 
stt familia^ el Tirey D. ChtrdaHarqnés de Oaiiete, qne unnea estavo en 
¡mena intéligenola eon ol anobispo, mandó á su capitán de guardiss 
qne eon «n picapedrero hiciese destmlr po^ completo aquel escudo. 
Verificado aaf, el virey quiso nombrar el rector maestros y oolegiales 
del Bemtaario: mas FeÜ pe It. al saberlo ordenó en 30 de ot^nbre de 
lS8i se alwtanrlese de hacer esas provisiones. Apoyábase el vlrey en que 
el acAsgio era de patronato real, pues se %abia de sustentaír dementa, 
aanqne eclesJáBtÍca> dada por el rey de sns diezmos, de sns cajas y do 
loo benedcios de eus paironaogos. Bn otra cédula de 90 de mayo de 15!^ 
declaró que el gobierno y administración del colegio correspondian al 
anablspo, cuyo escodo debia ponerse en la puerta, es Is^or h^erior «f 
db las ariwsi rsals». Golooanmse estas, pero quedaron solas por que el 
anoMspo no Totvió < i^ar allí las suyas. 

Bntre las cuestiones que á menudo oonrriei^n con Banto Toribio, re- 
dudamos qne ftió acusado de comunicarse con d papa sobre asuntos en 
qne eran pMjudfcados los derechos del roy. En cédula 29 de mayo do 
1583 cnidó Felipe II. de dar las esplicaciones convenientes acerca del 
particular: dispuso que el virey llamase al ar2obi8i)o al real acuerdo; 
que en prcsewrfa do los oidores le bicftese entender el contenido do di- 
cha cédula en la cual ei& reprendido; concluyó previniendo "y de su 
reflfNiesta y demostración que hiciere me avisareis." El arsobispo con- 
testó, ''sea por amor de Dios: enojado estaba nuestro rey, satisfaremos- 
le." En otra real orden de 29 do diciembre de 1593 le dio las gracias al 
vlrey por sos providencias parala reforma de los derechos que indebida- 
mente exigían los ptfrroeos y notarios. Esto y otras varias cosas dieron 
nübgen á diferentes competencias y disgustos; y hemos visto una cédula 
espedida en Toledo á 7 de agosto de 1606 en que Felipe II. hieo nuk 
fuerte amonestación á la audiencia de Lima ''por no haber impuesto al 
arsobispo las penas á que era acreedor por infracciones de las reglas y 
leyes dal patronato real, y se guardase (dicha audiencia) de fUtar en lo 
sucesivo al deber do precisarlo á cumplir sus obligaciones.'' T en cé- 
dula de 2 junio del mismo afto habia mandado que ningún prelado en- 
trara debajo del palio qne cubriese al virey, ni qne le lloTasen la canda 
cuando se apersonase en la sala donde estuviese el virey, pues debían 
' llevarla suelta siempre que con él concurriesen. £n San Lorenso á 90 do 
setiembre de 1607 previno cl rey al arzobispo que no celobrarn concilios 

proviuoiales con fi^oucnoia, y que suspendióse el que intentaba reunir 

I.'» 



lU FEL 

pan 1508. VeaioB siu ombargo,qae»auqae demorado |>or la umBÍstmcim 
de loB obÍBpOB oonyocadoB, tuvo efeoto el ai&o 1601 — ^Veaae Santo Toribioi 

No podemos legar al olvido un arbitrio el moe origíaal tomado por 
Felipe n. para consegair dinero por medios eetraordinarioi. Ordenó ál 
▼irey D. Gareia Marqué» de Caftete que todos los estrangeros existen- 
tes en el Perú negociasen una campo9Íci9ñ^ y á los qne no se prestasen 
áella, se les bioiese salir del territorio. La composición consistía en 
erogar la cantídad de pesos que se les se&alafle para qoe se ks permitie- 
ra residir en el pais. Y que los montafiesee que quisiesen ser legiti- 
mados para conservar ú obtener cargos y- oficios ptlbUcos^ sUviesen al 
rey con la cuota ^*que era hiw kaotrlo," Se mandaron cumplir estas dis- 
posiciones en todas las provincias y produjeron sumas considerables 
de utilidad. 

Encargó el rey en el a&o de 1596 que se tomasen providencias para 
con^guir que los encomiendas fuesen reduciéndose basta donde lo per- 
mitiera la posibilidad. Kl destino de Protector de indios se daba por 
el virey anualmente ú un abogado particular. Fél^^ II. alteró esta cos- 
tumbre mandando en 1597 que bubiese nna plasa permanente de fiscal 
protector con tres mil pesos de sueldo, para defender loe derechos y 
cansas de los indios. Esta renta saldría del aumento de medio real 
sobre el tributo, según lo proyectó el virey D, Gareia con la mira de 
aborrar gastos y evitar demoras en las reclamaciones de dicbos indios. 

Espidió en Burgos ¿ 14 de setiembre de 1592 una cédula para conte- 
ner con grandes penas el criminal abuso que se bacía en el Perú de 
abrir y violar los cierros de las eartas sin perdonar ai las que al rey 
se escribían. 

En 1591 determinó cesase el comercio de Filipinas con el PertL 
En 1593 y 95 bubo otra prohibición semejante en cnanto al tráfico de 
Tierra Firme y Guatemala. Y en 1596 se ordenó por el mismo Felipe U. 
no so comerciase entre Méjico y el Perú, por que pe^ndicaba al giro 
mercantil de EspaOa por el Istmo, la introducción de efectos de la GM- 
na. Solo se exeptuarotí dos buques por afio, que podrían dirigirse del 
Callao ú Realejo y Sonsonate para el abasto de brea> alquitrán y taba- 
•o. Estas disposiciones arbitrarias y da&osas al Perú no fueron perma- 
nentes, y se derogaron mas tarde con diversas variaciones. También se 
dio una real orden en 1594 prehibieudo la entrada al Perú de gente y 
mercaderías por el rio de la Plata. En las instrucciones que Felipe 11. 
dio Á los vireyes Toledo y Yelasco, se les ordenó tuviesen cnidado de 
no consentir que en estos reinos se fabricasen palios ni se pUmtaeen 
vi&as "por muchas causas de gran consideración, principalmente por 
" que habiendo (en Espafia). provisión bastante de estas cosas, no se 
'* enflaqueciese el trato y comercio coa estes reinos.'' Considerando el 
rey qno convenia hubiese en Panamá no un Presidente letrado sino un 
militar de crédito, en cireunstaBcias de esperarse peligros de enemi- 
gos y armadas estrangoras, nombró en 1597 á D. Alonso de Sotomayor 
por Presidente y capitán General, y lo envió á dicho destino con dos- 



FEL 115 

éientoB soldados y muchas anuas y manioiones. Mandó asimismo qn» 
del Perú se remitiesen á Panamá bastimentos y artículos suficientes pa- 
ra su defensa. 

Felipe II. mandó dar en 1596 trescientos setenta y cinco mil maraTC- 
dis para labrar la Iglesia y convento de Dominicos del puerto del Ca- 
llao denominado de Nnestra Señora de Buenagnia, y sehabia fundado 
en 1567. Enyióde obsequio á Nuestra Sefiora de Guadalupe un Yestuario 
de mucho yalor por la abundancia de oostosas perlas que tenían sus bor- 
dados. 

Hemos dicho que el rey habia apelado al arbitrio de vender oficios 
para atesorar crecidas sumas de dinero que demandaban las guerras y 
los grandes dispendios de la corte, en época en que se hacían enormes 
gastos innecesarios y se desconocía todo sistema económico. En el Pe- 
rfi á virtud de órdenes reiteradas y estrechas, se Juntaron y remitievon 
á Espafia ochocientos cincuenta y cinco mil quinientos ochenta y ocho 
pesos, como producto de las ventas ó beneficios de plasas de alguaci- 
les, escribanos, depositarios, fundidores, ensayadores, alférez mayores, 
regidores, fieles ejecutores, procuradores, contadores, renunciaciones &, 
Con ocasión de este desorden que colocaba en los puestos á personas 
Bin conocimientos ni aptitudes para desempefiarlos, se observó que sa- 
lían ü hacer posturas y pt^^; individuos nada dignos á quienes falta- 
ban las cualidades necesarias. £1 virey B. García Marqués de Cafiete 
pidió á los cabildos listas de personas idóneas y espeditas para los car- 
gos que iban vendiéndose, y aumentó las plazas do los regidores. En 
Arequipa se dieron por mil pesos, en Ohuquisaca por dos mil, y en Po- 
tosí 80 abonaron por ocho de ellas, cincuenta y siete mil seiscientos 
ochenta ducados. 

Gobernando el virey D. Francisco Toledo, Felipe II. agitado por las 
urgencias del Erario con motivo de las guerras, le oxitó con la mayor 
eficacia en 15S6, para que recabase en todo el Perú un donativo volun- 
tario en auxilio de la corona. Toledo circuló sus órdenes y consiguió el 
objeto propuesto, distinguiéndose la ciudad de Arequipa tanto por el 
monto de la erogación, cuanto por qno las señoras se despojaron de sus 
joyas y otras prendas valiosas de su uso, entregándolas personalmente. 
Felipe II. dirigió con esta ocasión al cabildo de Arequipa una carta fe- 
chada á 29 de setiembre de 1587, manifestando su gratitud en particu- 
lar á las señoras, de quienes dijo ''habían imitado á las matronas roma- 
nas con acción tan heroica y digna de perpetua memoria." 

Podía inferirse que no quedara ya al gobierno do la metrópoli resor- 
te que tocar para estraer niimerario del Perú por medios estraOos, cuan- 
do se recibió orden real para establecer un nuevo arbitrio basado 
en la composición y venta de tierras. Pasaron á las provincias comi- 
sionados escogidos y á propósito para llevar á efecto el plan, que pro* 
dujo sumas cuantiosas por resultado de las diligencias practicadas y de 
las prevenciones del virey marqués de Cañete. 

Por último espidió Felipe II. dos cédnlns mnnifestando que estaba 



116 FEL 



•o li^obligaeiou ''de defender la religión oatólic» eontr» loe liMeJee qae 
revolviau Ift Europa," Los Uanialia ''preyarlcadona slstemáiíooe tan. 
*' perversos y detestables, que cansaban horror y espanto/' Qoaiél 
'* como byo obediente de la Aaata Iglesia le tocaba el cuidado da de- 
'' testar este monstruo pernicioso y da&oso tomando á su cargo la em- 
*' presa de destruirlo. Que buso juntar una amuida gruesa y de gran 
" poder para oonsoguir el intento, y que apesar de humildes megos, 
** continuas oraciones, ayunos y limosnas, Dioa por ocnltoa Jnieioa 
** había ca8tiga4lo á la cristiandad con el desastre que se había espa- 
<< rimentado. Y qne aunque éste y otros trsíb^as que se padaoian, con 
'^ que sn Santa Iglesia era afligida, mereeian naeatroa pesados^ eon- 
^' fisAdo en la divina bondad y miserioordía, habia determinado ppoaa- 
" guir la sobredicha empresa así por lo qne tocaba al bien universal 
** d» la cristiandad, nomo por otro9 fmm de grmkíñ tsyisrtesoia f csMidlra- 
** ejos que se habían mirado atentamente. (Prosigue) T como paxa po* 
'< derlohaoer es menester mueba sustancia y de mía rentas y patrimonio 
*' no se puede sacar, respecto de estar tan esaipelladas eThawstaa y casi 
** consumidas, es fuerza que me haya de valer de mis reinos»^., y Iw re- 
'* suelto avisar mi determinación á mis buenos y leales vasallos habí- 
" tantee y naturales de las Indias para^que acudan á tan precisa nece* 
" sidad con el amor qne me deben como á su rey y seDor natural qne 
'' tanto los estima, y se esf aereen á socorrerme como lo hicieron en 157&.'' 

Y que así mandaba se invitase & les pr^adoe, estado ecleeiástieo, 
ciudades, pueblos, encomenderos, personas particulares, tratantes» ca- 
ciquee é indios que necesitaban seguridad en sas haciendas y comercio 
** esterminando á los piratas herejes que era nna de las causea princi- 
** pales que le incitaban para su castigo, le hicieran un seüalado ser- 
** vicio grach$ameHte con lii largueza que caloraba; y odssias 2s jwwffs- 
** «M ia turna mojforpoe^lif que les pagaría ¿ los plazos qne señalasen.'' 
Qne los mineroe le anticipasen por cuenta de los quintos y azogues, al- 
guna buena cantidad de plata; los comerciantes con parte de sus can- 
dales> los indios con tributos adelantados A, 

Son muy curiosos los términos do esta drden, los estímulos, las ad- 
vertencias y trazas empleadas con el objeto de obtener el mas üavora- 
Vle resultado. En lo tocante al empréstito d^o el rey en otra cédula: 
''Babeie de hacer gran fuerza y diligencia procurando sea nna gran 
" snma, y la paga á los plazos mas largos." El vi rey trató el asunto en 
el real acuerdo en 9 de febrero de 1690: circuló órdenes, envió comisio- 
nados á todas partes, eligiendo personas caracterizadas y de actividad 
que llevaron instrucciones muy estudiadas: empleó loe términos mas 
■agaoes y la mayor- destreza para alcanzar el fin propneeto. 

No bacía mncho tiempo qne su antecesor el oondedel Villar habia 
oonse^do-otroempréstito cnyo importe remitió á Espafia. La ocasión 
no- era dada propicia; en Lima se'esperímentaba ana epidemia qae te« 
nia á todos on consternación, y el comercio sentía las conseeaeneias 
dababerseperdido efr navio Morganaqne- llevaba á su bordo puMide» 



FEL 117 

rabie canclAl. Apesar de los inconyeaientoBy se colectaron por el dona- 
tivo gratuito en todas las provincias, au millón caatrooientos vein* 
tiseU mil aeisoieotos oolio ducados. Además de esta- sama se reci- 
bieron alhajas, oro y plata labrada, machos artíoalos productos d6 
agricultura, y basta animales de servicio. 

£1 rey dié las gracias oon espresiones de mocho eontento en cédala 
dictada en San Lorenso á 25 de setiembre de 1591. A cansa de este do- 
nativo el cabildo de Lima esposo "qn^ la ciudad habia dado tanto, qna 
ya no tenia como hacer mas; y iine sos miembros eontribairian de lo 
soyo piopioJ' £u cnanto al empréstito que también se realiié, no he* 
mos conseguido pormenores. 

Pondremos fin á este dilatado artíoalo insertando la signients p«>vi« 
sion espedida por el rey Felipe II. á 2 de mayo de 1588, a&o de sn fnlle- 
oimiento; piohil»endo á consulta del consejo la representación de co- 
medias en sus reinos. 

"D. Felipe, por la gracia de Dios A, A vos el nuestro oonegidor do 

" la ciudad de sopadas que nos fnimos informados que en noiss* 

'' tros reinos hay muchos hombres y mc^^^ ftoe andan en eompaSia 
'' y tienen por oficio representar oomedias y no tienen otro alguno da 
" que sustentarse, de que se signen inoon venientes de consideración; 
" y visto por los de nuestro couseijo, fué acordado que debíamos man- 
*^ dar esta nuestra carta para vos en la dicha razón. £ nés tuvimoslo 
*' por bien. Por lo cual vos mandamos que por ahora no consintáis ni 
" deis lugar Á qae en esa ciudad ni su tierra las dichas compaüiaa re- 
*^ presenten en los lugares públicos destinados para ello, ni en ca* 
** sas particulares, ni en otra parto alguna, y no fagades ende al, sope- 
" na de la nuestra merced.'' 

"Dada en la villa de Madrid á 2 de mayo de 1508. £1 licenciado 
" S? Vasquez de Arco. £1 licenciado Nafiez de Bohorquez. £1 11- 
" oenoiado Tejada. £1 licenciado D. Juan do Acuña. £1 Dr. Alonso de 
" Anaya Pereyra.'' 

RtlPB III— R£Y DE £sPAKA y £mP£RÁDOR XVII DEL PERÚ-rhgo dol 
rey Felipe II y de su cuarta esposa Ana María do Austria. Ksu^ié en Ma- 
drid el 14 de abril de 1578: y le bautizó el cardenal D. Gaspar de Qnlro- 
ga. Fué reconocido y proclamado rey á la muerte de su padre en 13 de 
aetiembre de 1598, Quedé de heredero del tro do por fallecimiento do 
sus hermanos D. Carlos, D. Fernando y Diego. Se le habia Jurado prín- 
cipe en Portugal en 1583, en Castilla y León el afio siguiente, en Aragón 
Catalufia y Valencia el de 1565 y en Navarra el do 1586, siendo asf el 
primer príncipe heredero Jurado en toda fspafia. Como rey, lo fué en. 
Lima en 1599 con la solemnidad y suntuosos fios tas acostumbradas al 
celebrar la coronación de los monarcas. Felipe III. hizo su enlace ma- 
trimonial según lo dejé tratado el rey su padre, con la princesa Marga- 
rita de Austria nacida en 1584, hija do Carlos Aro)iiduque dé Gratz 
(Stiria) y de María de Baviora. Tiivo efecto en Ferrara el 13 de uoviem- 



118 FEL 

bre de 1598 antorizáiidolo perBonalmente ei pouiffíoe Clomente Vllf, y 
representando á Felipe III. el Arohidnqne Alberto. RatiflcoBe el matri- 
monio á 18 do abril de 1599 en Valencia, donde el rey sereanióánu 
esposa. 

Felipe II. se había esmerado an que su hijo recibiese la educación é 
iustmcoiou que conven ia al que estaba destinado á regir una nación 
poderosa. Dispuso que desde muy jdven presidiera nn consejo de Esta- 
do qao entendía en graves asuntos gubernativos, á fin de que se versa- 
ra é hiciera oapiíz de las cuestiones y negocios de la administración. Pe- 
ro el príncipe era indolente por carácter, de limitada capacidad y muy 
desidioso para que pudiera contraerse á serias tareas. Conocíalo así sn 
podro, quien pocos días antes de morir lamentándose de una desgracia 
de tanta entidad, decía al marqués de Castell Rodrigo, '^e temo que lo 
han de gobernar...''; y en otra ocasión esclamé: ''Dios me ha concedido 
tantos estados, y me niega un hijo idóneo para gobernarlos," 

Pronto llegó áser una palpable realidad el pronóstieo del rey finado. 
Felipe III. se puso completamente en manos de D. Francisco Sandoval 
y Rojas marqués de Denia, y le encargó la direecion de todos los nego- 
cios. La inteligencia y firmeza del laborioso Felipe II. f nerón reempla- 
zadas por la pereza y desentendencia del nuevo monarca, contraído solo 
á los entretenimientos de la caza, á las diversiones y festines, bien que 
se ocnpaso algo en prácticas religiosas y devociones, dando favor á lasi 
comunidades y fomento al culto. 

De la mayor trascendencia eran los males qne causaba la privanza 
del primer ministro, lo ilimitado de sn poder, sn excesiva avaricia, sus 
abusos en aprovechar y sacar ventilas pecuniarias para sí y sus deudos 
do cuantos asuntos administrativos manejara. Y mientras crecía la iu- 
dignaciou pública y el escándalo, el rey se esmeraba en prodigarle be- 
neficios, honores Incrativos, propiedades y dádivas, que concurrieron 
á hacerle rápidamente el mas poderoso entre los grandes. Le facnltó 
según afirman algunos escritores, para poder recibir cuantos pr€9ente9 se le 
dedicaran^ autorizando así la corrupción con mengua y vergüenza de la 
niagestad real. 

£} privado alejó de la corte, aun con elevadas colocaciones, á los 
personajes que estaba en su miras no se acercasen al i*ey, y distribuyó 
los primeros pnestos entro sus parientes, amigos y parciales. Era afa- 
ble y cortés en sn trato, sagaz y diestro para alucinar, y con sobrada 
hipocresía para hacerse del apoyo eclesiástico que adquirió protegieut 
do abiertamente la creación do conventos, iglesias y boaterios, dotán- 
dolos ó aumentando sus bienes. Pero le faltaba mucho en inteligencia 
juicio y probidad para llevar por buen sendero el peso del gobierno, y 
sacar del abatimiento á nna nación empeñada, devastada y herida 
de muerte cu su crédito. En lugar de hacer economías disminuyendo 
gastos en palacio y suprimiendo destinos innecesarios, se acrecentaron 
sin medida sobrecargando al sacrificado Erario para que vivieran á es- 
pensasdeél mtiltitud do holgazanes viciosos é ineptos. Los gastos do 



ftl 119 

ítk casa real quo on tiempo anterior subieroa á culatrocientos mil daca- 
doa, habían llegado á au millón treecientos mil. Y mientras pasaban es- 
tos crecidos dispendios se exigían á la nación servicios pecnniarios ca- 
éa Tes qne se juntaban en cortes los procaradores de los pueblos, y sa 
les manifestaba con gran exageración el atraso y ruinosa deficiencia de 
la hacienda. Para el matrimonio del rey se votaron ciento cincuenta mi- 
llones de maravedís; y otros tantos para chapines de la reina: las fies- 
tas, banquetes, Juegos y saraos oonsumieron sumas enormes. Las con> 
decoraciones y gracias se repartían con tal profusión, que á no dudarse, 
se habían distribuido en tres meses, mas délas que en diez aAos conce*- 
diera Felipe II. I«os grandes que hacían mayores dispendios en festejar 
al rey, recibían valiosos obsequios y los mas altos empleos de la mo- 
narquía, aunque para ello se despojara á los antiguos funcionarios 6 el 
mismo monarca les oblígase á renunciar. 

Afectado por muchos é inmerecidos desaires del rey, falleoió su maes- 
tro el arzobispo de Toledo D. García de Loayza. Di<5se la primera mitra 
de Espafia á D. Bernardo Sandoval tío del ministro valido marqués da 
Denia. Todo parecía poco á Felipe ni. para enoumbrarlo y enriquecer- 
lo mas. Era sumiller de corps y cabaUerizo mayor: dióle el señorío de 
diferentes villas, una escribanía que vendió en ciento setenta mil duca- 
dos, la encomienda mayor de Castilla con diezíseis mil de renta, la de 
Calatrava á su hijo con diez mil, y entre otros regalos que recibió fué 
uno el do cincuenta mil ducados en albricias de haberle comunicado 
la llegada de la flota de Méjico conduciendo caudales. A este paso el 
favorito invirtió en Valencia con motivo del matrimonio del rey mas 
de trescientos mil ducados, sin contarse el valor de las joyas que obse- 
quió: los gastos del rey en esas bodas montaron á novecientos cincuenta 
mil ducados, y los hechos por los grandes y sefiores á mas de tres millo- 
nes. Cualquiera habría creído que la situaoionde Espafia era lamas pros- 
pera, vent%josa y opulenta. Y al tiempo que tantas prodigalidades avis- 
maban á todos, el rey mostraba á las cortes su aflixion por «no tenoi. 
*' como sustentar su persona y categoría, porque no había heredado 
" siuo el nombre y las cargas de rey, vendida mucha parte de las ren- 
'' tas ordinarias del real patrimomio, y empollados los bienes restantes 
" por largos afios." 

Pasó Felipe UI. de Valencia á Barcelona donde se celebraron cortes 
que sirvieron al rey con un miUon de ducados, á la reina con cien mil 
y al duque de Lerma con diez míL De alU se dirigió á Aragón y no qui- 
so entnr en Zaragoza hasta que se quitaran de ciertos parajes las ca- 
bezas de algunos individuos lyustíciados de orden de Felipe U. por los 
anteriores disturbios, y se borrasen las inscripcÍMies infamantes que 
perpetuaban la memoria de culpas que debían olvidarse: había ya he- 
cho poner en libertad á la esposa é hijos de Antonio Pérez. Dispuso sa 
promulgase un perdón general por las pasadas revueltas; y autorizó 
una declaratoria en favor del difunto conde de Aranda macando que 
*us propiedades fuesen restituidas á su hijo. Con estos a«tos de repa- 



120 FEL 

flHÚoo, ei pueblo de Zamgoea quedó moy saUt&cho del rey Felipo qae 
juró gaardftr sns meneecavftdoe fueros; mae no le otoi^ la esforzada 
suplica qae interpuso para que se saprimiera el insoíMble tri banal de 
ia luqoisicion. Dieron los aragoneses nn aoxilio de doseientos mil du- 
cados, diez mil mas para la reina, seis mil para el doqne de Lerma y al- 
go iwra los secretaiioB que ya comensabsn á tomar dinero de los pne- 
t>los. 

Para la oelebraoion del matrintoaio del rey, se derribaron en Madrid 
mansamas enteras de easas, oen el fin de ensanchar lae oalles per donde 
había de transitar en sm entrada. Grandes ftieron las fieetas, desmesa- 
rados los gastos y^las gracias distribuidas. SI ministre predilecto reci> 
iiió entonces el título de duque de Lerma, su hijo el marqnesado de 
Cea, su nieto el condado do Ampndia: se biso donación del Cigarral á 
su tio el arzobispo: la reina regaló á la duquesa la ctn r r oza qae le habla 
obsequiado al pasar por Italia el duque de Mantni^ y la nombró cama- 
leca mayor despidiendo á la duquesa dé Gandía. Al de Iierma se le con- 
finó también el adrtaatamiente de Cazorla, en tanto que con la acu- 
maUwiou de riquezas compraba cada día Tillas y lugares que le forma- 
ban cnantiosas rentas. Las cortes de 1600 ofrecieron al rey dienooho 
millones que se harían efectiyos en 8<^8 afios^ y para que las ciudades 
lo i^robasen, visitó algunas de ellas, y en Valladolid hizo regidor per- 
petuo al daqne de Lerma con mas que tuviese el primer voto en ei re- 
gimiento. Por entonces visitando el monarca la Universidad de Sala- 
-sauíoca, un Dr. catedrático de prima de medicina puso por tema en un 
acto público **ñi habría' algún simple ócompaesto en la tierra paraper- 
*' petuar la vida de los reyes*'; y en nn grado de maestro tomó el gra- 
duando por tesis la proposición de qoe '%no podria ser rey y papa to- 
do Junto." (Gil González Dávila, vida y hechos de Felipe III. 

A protesto de remediar la miseria y de8i>oblacion de Castilla y la al- 
za ds los precios hasta en los artículos de subsistencia, ideó el dnqne 
de Lerma por fines particulares trasladar la capital de la monarquía á 
Valladolid. A los vecinos de mas iK>sibles no les bastaban sus entradas: 
los labradores comunes mas parecían mendigos: el hambre y las enfer- 
medades daban á las ]H>blaoiones un aspecto de tristeza y desespera- 
ción: el robo y la licenciosidad tomaban funestos ensanches. Estos ma* 
les leoonooian su origen en la esterilidad de algunos «nos, en lo exor- 
bitante de los tributos y en k» «eoHeúi kn^pikMAh áe loe négodamiM. La 
alarma que ocasionó en Madrid aquella mudansa filó en proporción de 
los mochos intereses que con ella se atacaban, y cteció el desoontento^ 
cuando se vio llevar á efecto tan desatinado plan. 

En Yailadolid donde d<»bia ocupar el rey las casas de su ministro, no 
habla edificios ea que ooloear los grandes establecimientos; y filé pre- 
«iso que la Chasoilleria, la Universidad y la Inquistcion se trasladasen 
á otros panjss, asi como las famosas ferias que allf se celebraban hu* 
bo que hacerlas en Burgos. Tratábate de levantar un sobervio palacio 
seal, en un sitio tiempo antes elegido por Carlos Y. con el mismo obietOv 



PEL 121 

Las corte» represéutarou úX rey lo ][>eiiiicí(>sa qae era la iusbitacion efe 
lasmiUchu. Muchas cladades protestaron enérgicamente contra ella 
pretendiendo limitarla coando menos, por lo daflo^ que etadía moral 3e la 
fuv&níudy y por qm itaha foiiiento al odo y dios tióU^s perjudUÁates d la agri- 
cttltura y día industria. 

Circulóse un despacho secreto á todas Iss autorid^les del reino páfa 
que se abriese en dia señalado (20 de abril de 1601). Llegada eéa feclia 
se descubrió que degun su óónténido, había do inventariarse én el ter- 
mino de diez dias la plata labrada qué hubiese en iglesias, éstibiéci- 
mientos y casas de particulares sin exépcion alguua, ^ con noticia dé 
su peso y otros datos. Estos inventarios deblau dirigirse al consejo por 
conducto dé los corregidores, siendo prohtt>ido ooin i>rar, vender 6 la- 
brar plata, pues se conservarla de manliáeSto hasta nueva orden. Taü 
estrada medida sembró el desagrado y prodnjb grandes agit'áclokíés, es- 
pecialmente en el clero que áe ocupó del asunto en los pulpitos, de- 
clamando con fogosidad contra semejante mandato y vaticinando lá rui- 
na de EspaSa. El duque de Lérma después de ocasionar tan asbroSas 
inquietudes, alzó el embargo de la plata dando satisfacción ft varios 
prelados: se había ocultado tanta, que según los inventarios la que apa- 
recía sumaba solo tres mUIones en todo el reino. 

Luego apeló el ministro al medio dé recoger donativos voluntarios. 
Los dieron los prelados, los grandes y todos los funcionarios, unos oh 
dinero^ otros en piezas de plata de ^ns vigilias. Nombraron l^e comisio- 
nes de vecinos por parroquias, acompafiados del cura y un reli^oso 
que pidieron limosma de puerta en puerta, siendo cincuenta reales la 
cuota menor quC so admiCia, Esto pasaba eu Espafia en 1601 onáhclo 
cruzábanlos ioiares las flotas que de América iban cargadas de cauda- 
les qtte antes de recibirse estahau invertidos aun en mayor escala. ''Ñó 
" tiene el rey (escribiá un testigo) con que pagar los gajes de éus criá- 
** dos ni se léé da ración, ni aun para 'el servicio de sn mesa hay con 
** que proveerse sino trayiSndolo fiado, y no se vé medio como en mu- 
** ohos dias pueda socorrerse de sus rentas per estar todas empeñadas.^' 
'f odo esto referimos de ligero para dar idea de los erroreé, inercia y 
corrupción de la época de uno de los reyes de la dinastía Austríaca 
mas nocivos á la Espafia, y al Perú donde no se recuerda nada que pu- 
diera acreditarlo do justo y bienhechor. 

Las sumas que se percibían por los donativos se entregaban al confe- 
sor dél rey, quien presenciaba las juntas de hacienda, (á falta de los con- 
iw>JÓ8 estinguidos) é intervenía en los pagos y cuentas: sistema singular 
péró ttdecuaido para que en medio de la pobreza los ruidosos gastos y lu- 
jo dé 1& casa real, siguieran absorbiendo cuanto ingreso estraordinario 
llegara ¿ conseguirse. Aóí, con motivo del nacimiento de la infanta D? 
Ana, repartió el rey á los grandeó y empleados, valiosos obsequios y 
rentas de muchos miles de ducados, distinguiendo á los deudos y favo- 
ritos del duque de Lerma; y con joyas y otros presentes á embijadores 

estránJeroB y á no nocas damas. Estos escándalos ao daban después 

16 



122 FEL 

qne los yeoinoB del reiuo de León emigrarou en gran número avergoír-' 
zados con su pobresa y no tener como agasajar á sos soberanos, y á tiem- 
po qne el rey ocurría á las cortes manifestando sus pennrías y solicitando 
se le hiciesen nueyos serricios. ¡Qne podria bastar en medio de tanto 
denoohe, yii^es y festejos, gaerras estemas por lo regnlar desgracia- 
das, y subsidios á Italia y Flandes! El rey pasaba su tiempo cacando^ 
jugando á la pelota ó á los naipes, mientras el ministro favorito acu- 
mulaba para si y su familia lo mas lucrativo, y los secretarios D. Pedro 
Franqueza y D. Rodrigo Calderón vendían cargos públicos, y sin rubor 
traficaban con todos los asuntos que giraban bago su alcance. 

No faltó un hombre de principios severos que se atreviera á escribir 
largamente de los errores antieconúmicos del gobierno. Bste ñié D. 
Ifiigo Ibafiez, quien en su critica no perdonó ningún hecho censurable, 
y reveló multitud de criminales abusos. Movió mucho alboroto en la 
corte, y aunque se esparció la voz de que estaba loco, se le encerró en 
una prisión con grillos y fué sentenciado á muerte; pero se le indult6 
por el duque de Iicrma y salió desterrado. 

Vamos á hacer memoria de un hecho que ocasionó espantosa mina; 
y fué el arbitrio que se tomó, para combatir la miseria, de duplicar ol 
precio de la moneda de cobre llamada de vellón. Se mandó qne la de 
dos maravedís valiera cuatro, y la de cuatro ocho, tanto la que se acufia- 
ra, como la vieja circulante, á la cual se pondria una marca. De este 
desacertado recurso se prometía el rey sacar seis millones, pero, como 
debia suceder, fué una verdadera calamidad. Doblóse el valor de todos 
los artículos y mercancías, y los comerciantes introdujeron tanto nume- 
xaxio de cobre contrahecho, que corrido cierto tiempo, en lugar de seis y 
medio millones de ducados que había cuando se liquidó la del reino, se 
háUó un aumento hasta de veintiocho millones. Cambiábase mucba mo- 
neda de vellón por poca de plata, y por consiguiente este metal fué 
desapareciendo de Espafia con velocidad. £1 cambio llegó á subir 
á cuarenta por ciento, y hubo corregidor que no pudiendo vender 
bulas (por que no se pagaban en cobre) suplicó al rey permitiera espen- 
derlas en moneda de vellón. El real de rellon, mitad del real de plata, 
compone ocho cuartos y medio, ó sean treinta y cuatro maravedís: 
mas sobre estos hubo antiguamente muchas diferencias» 

Los judíos conversos, ó cristianos nuevos de Portugal, ofrecieron al 
rey una fuerte suma, con la condición de que se solicitara á favor de 
ellos un breve pontificio absolviéndolos de sus delitos contra la fé y 
habilitándolos para servir destinos públicos. Tres arzobispos y varios 
otros personajes pasaron á la corte para oponerse á semejante propues- 
ta (1603). A pesar de ello venció el poder del dinero, y al a&o si- 
guiente llegó el breve de absolución en cambio de nn millón y ocho- 
cientos mil ducados. Los moriscos de Valencia y de otras partes con ese 
ejemplo, quisieron usar del mismo medio para obtener aquellas con- 
ceoiones. 

Por segunda vez se yió figurar un impostor haciendo creer que era el 



FEL 123 

deBaparecldo rey de Portugal D. Sebastiau. Tuvo prosélitos y alaoinó á 
muchos: llamábase Marco Tulio Garzón natural de la Calabria ulterior; y 
siguió los pasos y ficciones de aquel pastelero de Madrigal que en tiem- 
po de Felipe II. fué escarmentado. El calabrés murió eu la horca y se le 
descuartizó después de cortarle la mano derecha; dos frailes y otros de 
sus principales cómplices, tuvieron igual suerte. 

Las cortes en España venían ya á ser parte de un contrato del rey y loejpro- 
curadores en que estos le otorgaban auxilios, y al eoberano reporUa merce- 
des á loa q^e le servian con bus votos. En las celebradas en Valencia (1604) se 
dieron al duque de Lerma quince mil ducados y la pesca del almadraba 
que producía cuantiosa utilidad: otros grandes, algunos empleados y 
favoritos participaron también de las dádivas, mientras que el pueblo 
Indignado parecía ya dispuesto á alterarse. Un dia amaneció ahorcada 
la estatua de un rey de armas con las del rey pintadas en la cota y las 
de la ciudad colgando de los pies, con un cetro en la mano y un letrero 
muy atrevido é indecente. 

Los galeones que en 1604 Regaron do América, coudi:geron doce millo- 
nes en plata y moneda, y nueve millones mas en añil, grana, cochinilla, 
seda, perlas y esmeraldas; de todo lo cual tocaron al rey tres millones 
y medio. Estas remesas eran frecuentes, y el caudal que no pasaba á 
Flandes, lejos de aliviar las cargas del pueblo, servia para aQadlr rentaa 
& los grandes y funcionarios cercanos al trono; y para disiparlo en ban- 
quetes, bailes, torneos y mascaradas que se repetían con cualquier pro- 
testo. El rey pasaba su vida en festines y en el campo recorriendo pue- 
blos; y para que nadie interrumpiese sus distracciones, se vedaba el in- 
greso do toda persona al lagar en que se hallaba, é imponían ponaa 
que se hacían efectivas. 

Una diputación de Madrid hizo enérgicas representaciones para que 
la corte volviera á esa villa, manifestando los inmensos peij nietos que 
suítía con la impremeditada traslación á Valladolid. Ofreciéronse al 
rey doscientos cincuenta mil ducados y la sesta parte de los alquileres 
de las fincas por diez afios: al duque de Lerma las casas que fberon del 
marqués de Poza valuadas en cien mil ducados, y además pagar al 
marqués de Cea su hijo, el arrendamiento de las casas del marqués de 
Anfión y del licenciado Alvarez de Toledo que se destinarían para su ba- 
hitaclon. Ya se atendiesen las razones ó las dádivas que acompañaban 
á esta Justa solicitud, se resolvió que ei rey volviera á residir eu Madrid. 
Levantóse luego el clamor de Yalladolid donde á costa de pesados sa- 
críflcioB se habían trasladado muchas personas y construido costosos 
palacios para cambiar de domicilio. La mudanza déla corte áia an- 
tigua capital quedó realizada en 1606. Fueron incalculables los tra^ 
tomos y desordenes que sufrieron los negocios públicos, y los peijnloioa 
esperimentadoB por los particulares. Solo ol duque de Lerma salió ima- 
nando lo mismo que sus deudos, su hijo el primero, quo ya presidia los 
oonsejos en las enfermedades del padre, y se distinguía de éste on ter 
mas abandonado é indolente para las rosas del servicio. 



1 24 FEL 

La guerra de Flandes onerosísima 6 ititerminat>le, era panto de lio- 
iiorpara el rey de EspaOa que sostenía la soberanía de su hermana, cre- 
yendo couaegnír el sometimiento de las provincias que no había podido 
tiominar el laborioso y constante Felipe II.,aun sirviéndole como essabi- 
dq generales de primera nota. Esta Incba continuó cooperando en mucho 
á la decadencia de los recursos de la nación. D. Juan de Mendoza mar- 
(|aés de Guadalete y Almirante de Aragón , mandaba el ejército con el 
cual ocupó territorio sobre el Rhin y paso sitio Á Rbinberg qa^ en 
1598 tuvo que rendirse: asf so situó en comarcas neutrales de Cleves y 
(^ Westfalia pertenecientes á Alemania. Esta violación produjo que 
]os poderes agraviados intimasen al almirante que en el acto ovacna^ 
dicho/9 p^ia^j ^^ donde resultó ana nueva contienda que tomó muqbo 
caej;p9.por ambas partes. Después de sucesos de variado éxito, las fuer- 
zas aleonas se desvandaron y disolvieron en 1599. 
Frustnurouse las tentativas de paz en 1600, y el archiduque Alberto y 8]a 
esposa lograron restablecer la disciplina de sus tropas amotinadas, por 
üalta de pagas; recobraron algunos fuertes y vencieron an cuerpo de 
escoceses mandado por Ernesto de Nassau; pero á poco esporímentaron 
la foncata derrota de las Dunas en que fué herido Alberto y quedó pri- 
siones el almirante, triunfando el conde Mauricio de Nassau que en se- 
gnida sitió y recuperó á Rhinberg (1601). Reforzado el archiduque 
Albe^ con los tercios de Italia, determinó acometer la empresa de to- 
mar Ostende. 

Entre tanto la guerra de Espafia con Inglaterra y Holanda ocasiona- 
ba crecidos gastos, y había que empeQar frecuentes combates en los ma- 
res (¿ veces adversos) en la continua necesidad de proteger el tráfico y 
defender las espedícioaes que iban y venían de América y otras pose- 
sipnes. Agravaba esta exigencia otra muy premiosa; la de perseguir 
cocsarios berberiscos que motivaron operaciones costosas y sin fruto 
sobre las costas africanas. 

Queriendo el duque de Lorma acreditar su época de mando con nn 
acontecimiento notable, é imitar las tent-ativas de Felipe II. sin pen- 
sar en lo diverso de las circunstancias, armó una espedioion decinouen- 
ti^ navios á órdenes de D. Juan de Padilla para hacer ana invasión en 
Inglaterra. Pero desdichada como lo fueron las anteriores, una tormen- 
ta dispersó la escuadra, y los buques mas ó menos averiados se volvie- 
rp^ á Espafia. No sirvió este revés de escarmiento, aunque ana vez mas 
ftCaVfirjB^qne las borrascas se aliaban con los ingleses para preservarlojs 
d^iat lioQtilldades espaüolas. El de Lerma imaginando aprovechar de 
n9%;|i|^ncreccion de los católicos de Irlanda contra la tres veces exco- 
ti$0}gf daxeina Isabel^ meditó con Felipe III. prestar nn eminente aervi- 
c^p-á4aj:eygion . conquistando aquella isla ó apartándola del dominio 
b^^njlQq. Ffié ei>via4p D. Juan de Aguilar con seis mil hombres y 
QJlPpl^^,f^I^ílias para;; colonizarlas tierras que se adquiriesen. Ha- 
^.^.f^V9fíB,icqf el e^paf^ol se tituló general d^ía gu^rn^ ^^.^ 
exit© á los irland^^^ para que s^ 1^ uniegeja^á %^de Mifío^^tí^jiifS^^^ 



FEL 125 

los protestantes. Dioso nna batalla cerca da Baltimore y le fn6 fanosta 
por falta de suficiente cooperación de parte de los irlandeses: Aguilar re- 
gresó á Espatia en yirtnd de una honrosa capitulación. 

Al fallecimiento de Isabel en 1603, después de un reinado de casi me- 
dio siglo, subió al trono Jacobo I. hijo de la desgraciada María Stnard. 
El aDo siguiente celebró la paz Inglaterra con Espafia y Flandes. He- 
probándola el arzobispo de Valencia D. Juan do Rivera, fanático iato- 
lerante á pesar de ser hombro docto, escribió al rey uua larga carta 
llena de citas de la sagrada escritura y de los santos padres, proponién- 
dose demostrar las calamidades que habrían de e^perímontarse por ha- 
cer amistad, ó treguas siquiera, con herejes enemigos de la iglesia. Ma- 
nifestaba temer que con su trato y comunicación, muy luego los espa- 
fioles se convertirian también en herejes. 

Volviendo al plan de Ostende, plaza qne se consideraba ine^i^pugiia- 
ble, el archiduque Alberto la puso sitio, y sin embargo de su empefio y 
prodigiosos esfuerzos, se malograron sus tentativas y fué rechazado 
ol asalto que intentó. Sus tropas se amotinaron á causa de tan inútiles 
sacrljSoios; mas pudo sosegarlas empleando los mas crueles castigos. En- 
rique IV. de Francia favorecia á los de. Osteude, lo mismo que los prín- 
cipes protestantes de Alemania y la reina de Inglaterra (1601). El mar- 
qués de Spinola, genovés, y su hermano Federico, ofrecieron sus servi- 
cios á Felipe III. para esta guerra: el segundo los prestó en la part^ 
marítima quebrantando eu algo el poder de la Holanda: el otro qne 
era militar muy entendido y esperimentado, llevó de Italia ocho mil 
hombres, y después los aumentó haciendo crecidos gastos con su patri- 
monio. El archiduque sostenia la guerra contra Mauricio de Nassi^u, y 
viendo qne en Ostende se sufrían descalabros, encargó á Spinola délas 
operaciones del sitio [1603]. Iban cfitas en progreso, cuando Nassau re- 
conquistó la plaza de la Esclusa que tnvo qne capitular sin que valiera 
medio alguno para evitarlo. 

Spinola hizo cosas maravillosas sobre Ostende, sin que al conde Mau- 
ricio fue dado oponerse en medio de canales^ diques, trincheras y pan- 
tanos. AI fin el marqués consigue se rinda aquel coloso [1604] háblép- 
dose peleado admirablemouto eu mas de tres afios de asedio á costa dp 
muchos. caudales, de torrentes de sangre y de sucumbir cerca de ci^n 
mil hombres [Bentivoglio, guerra de Flandes.] 

Adquirió Spinola recursos pecuniarios de España, y refuerzos de. tro- 
pas de diferentes procedencias, prometiéndose continuar la guerra con 
mas ventajas: las obtuvo, pero no se libró de reveses de alguna consi- 
deración. Volvió á Espafia y no habiendo ya como auxiliarle, se trató 
de apelar á un empréstito: los comerciantes lo efectuaron desprecian- 
do la garantía del gobierno y aceptando la que otorgó el marqués óon 
BUS biene9. Provisto así volvió al teatro de la contienda y aleanzÓ triun- 
fon brillantes que realzaron mas sn asentada fama. 

Pero cnarenta y cinco aüos de luchas y desastres habían postrado 
las provincias, que abatidas y casi arruinadas, no era ostraño añbelaseú 



126 PEL 

la qulotiid y el reposo. Empezó sí hacerse conocer el deseo de ainbaa 
partes beligerantes de entrar eu nu periodo de paz y restablecimiento: 
el mismo Spinola lo apetecía convencido de que la iusurreccton era ines* 
tiuguible. Fray Juan Ney fu6 comisionado para esplorar los ánimos en 
los Países Bajos: el gobierno de estos sentó la precisa condición de que 
se reconociera la independencia y libertad de dichos estados. Accedió 
el archidnqne Alberto y en seguida el gabinete español: principióse por 
una suspensión de armas, y entre tanto los holandeses destruyeron una 
escuadra espariola en Gibraltar, por cuyo hecho se declaró que el armis- 
ticio comprendiera también lo respectivo á los mares. 

Las potencias europeas quisieron intervenir en estos tratos con sus 
miras particulares. £1 emperador de Alemania, los reyes de Inglaterra 
Francia y Dinamarca, el elector Palatino, el de Brandebargo, el Lau- 
grave de Hesse, y otros príncipes alemanes, todos se movieron y envia- 
ron sus embajadores á Holanda, haciéndose con esto una verdadera 
cuestión Europea en que los soberanos Inglés y Francés pretendieron 
aparecer ante el de España como necesarios mediadores. £1 príncipe 
Nassau era un ardiente enemigo de la paz y de todo proyecto de aco- 
modamiento, que atribuía á mala fé del gobierno español. Sin embargo, 
allanadas muchas dificultades y después de odiosos altercados, conclu- 
yó todo ajustándose el tratado de la tregua de doce años (9 de abril de 
1609). Reconocióse la independencia de las Provincias unidas, cesando 
las hostilidades en lo absolut-©, y estipulándose el libre comercio por 
mar y tierra. Tal fué la humillación de la España, que perdia los sacri- 
ficios hechos, y se sometía á cuanto le exigieron los países qiíe llamó re- 
beldes casi durante medio siglo 

Uno de los grandes acontecimientos del reinado de Felipe III. fué la 
espulsion de los moriscos del territorio español. Había quedado en pió 
una guerra muy antigua, que parecia no tener fin, y que cansaba gra- 
ves males al tráfico naval. Los corsarios y armadas berberiscas dañan- 
do al comercio, poniau al gobierno en la mayor agitación y le obliga- 
ban á sostener cruceros y fuerzas ligeras á costa de snbidos gastos. El 
almirante Doria salió de Sicilia para Argel con setenta galeras y diez mil 
hombres de desembarco; pero una tempestad y otros incidentes le pre- 
cisaron á retirarse, malograda su empresa. Felipe III. consiguió que el 
rey de Persia declarase la guerra al Sultán, y formó liga con el rey 
de Cuco para hostilizar á los turcos por la parte de África. La coopera- 
ción de España ton prometida y esperada, no fué la que debiera, y oca- 
sionó qu^as y amargas reconvenciones de ambos aliados, sin que su de- 
cisión hubiese producido ventilas por habérseles abandonado. 

Los moriscos de España particularmente los de Valencia, estaban 
acusados de complicidad en las empresas y actos hostiles de turcos y 
berberiscos contra la España. En esto se apoyó el duque do Lerma pa- 
ra íy-onsejar al rey la expatriación de los españoles descendientes do 
los morps. Estos constantemente habían sido mal tratados y oprimidos 
por causas religiosas: su catolicismo desde luego no era sólido, ni acer- 



FEL 127 

tadoB loB medioH que recaerla bu verdadera conver»tou. Siempre ee les 
imputaron cox^óuraciones políticas y otros exesos; pero ningún mo- 
narca se atrevió á tomar la terrible providencia de espelerlos, por que 
eran trabiyadores muy útiles, industriosos en todo ramo, y el reino los 
necesitaba para su progreso. 

Reservado estaba á Felipe III. tan temerario hecho, inducido por el 
duque de Lerma, que en otras ocasiones había acreditado su pro> 
fundo odio á los moriscos, y por el arsobispo de Valencia que escribió 
mucho al rey con igual propósito. La üital orden se dio, y al instan- 
te se tomaron todas las providencias preparatorias y de cautela, que 
fueron innumerables y costosas. La «jeoncton principió en Válenci» 
el S8 dé setiembre de 1609, remitiéndose á Berbería todos los moriscos 
existentes. Dióseles el tennino de tres días, imponiéndose á los que de- 
sobedeciesen la pena de muerte^ y no se les permitió sacar mas de lo 
que pudiesen llevar en sus oueriKM: prohibioeeles vender cosa alguna 
de sus bienes. Cualquiera que encontrare Á uno de ellos desmandado 
fuera de sn lugar, podía libremente desbaldarlo, prenderlo y hasta ma- 
tarlo. Los campos se llenaron de cristianos viejos que robaban y ma- 
taban á esos desdichados impunemente. £n vano los amparaban lo» 
grandes sefiores del reino que fueron opuestos Á la espulsion. 

Los moriseoe de varios lugares se levantaron y defendieron de un mo- 
do sangriento, y aun erigieron nn rey para que los acaudillara: intlti- 
lee esíkierzos, por que pronto quedaron destruidos y muertos lo mismo 
que sos miseree y nifios. Los espulsados de solo el reino de Valencia 
fueron mas de ciento cioenenta mil. 

A lo acaecido allí, siguió un edicto real para los de Andalucia 
y Muróla [1610] con diferentes condiciones: su número llegó á cerca de 
cíen mil personas: el de los moriscos de Aragón á setenta y cuatro mil^ 
los de Catalufia á eincuentíi mil, los de las dos Castillas á cien mil éi. 
Hay variedad de pareceres entre los escritores: algunos hacen subir la cí- 
íxa total á un millón de almas; mas como quiera que sea, se privó á Es- 
pafia de una crecida población agrícola, mercantil, industrial, produc- 
tora y la mas contribuyente. Se llevarían consigo los deportados dos 
millones de ducados, dejando plagado el reino de mucha moneda ftdsa 
y de ley b%|a: sus bienes inmuebles pasaron á ser propiedad del rey, y 
el dnquo de Lerma no se descuidó en apropiarse él y su familia una 
buena parte del producto de las ftncas de los moriscos. La espulsion 
produjo consecuencias Incalculables; y con rason el cardenal Richelieu 
la calificó ''de consejo el mas osado y bárbaro de que hacia mención la 
historia de todos los anteriores siglos." 

£1 rey á su regreso á Madrid continuó distraído en torneos, corridas 
de toros, procesiones y fiestas de iglesia, sin querer ocuparse de ningún 
asunto serio ni dar audiencia. Era prohibido, hasta con pena de azotes, 
ir á los lugares donde se encontraba, pues no podía pennitirso que 
persona alguna le perturbara en sus entretenimientos. El duque do 



128 FEL 

Lermft Be loa fouieutaba aau formando ciroo y teatro eu bu propio pa- 
raoio, y en su huerta una plaza para lidia de toros. 

Para eonaeguir de las cortes de 1607 nuevos servicios pecuniarios, se 
i&trodiiyenm en ellas el duque de Lerma y D. Rodrigo Calderón como 
representantes por Madrid y Yalladolid: atrayendo á los procuradores 
debües y sirviéndose de los vendidos, eonsigoieron se votasen diezisie- 
te y medio millones por siete afios. ¡Quíe fáeil ha sido siempre á los |;o- 
hósmós astutos, formar mayorias-eu los paítíamentos y am<^darlas á 
sus partieulares intereses! ^tas xjorten pttn oumplir oón el público ih- 
dijgnado, instaron por la diniinueien de los gástds de la casa mAI; pei^ 
teíQmetiiosamente como en anterior^ds ocasiones. Los procuradores de 
8«viUa se atrevieron ú exigir que el rey revocara la merced qne tenili 
heehi^al dnqne ministro del tmo por ciento sobre las mercaderins, qub 
le daba una nmta anual de doce cuentos de iharavedís; «si cerno la de 
dotfe mil ducados Sobre el producto de la cochinilla que se habla aplicado 
á otros caballeros de la cinara. Todas las rentas ordinarias futttrM es- 
taban afectas Á deudas per mas de doce millones; y cuando se quiso pii- 
vbr de la hipoteca £ los acreedores, se levantó una queja que descubría 
mas la nulidad del crédito y el exesivo déficit de la hacienda. 

El rey no íhé obsecuente á varias peticiones de los procuradores, en- 
tre ellaa Ih de qne las leyes y pragmáticas no se publicaran sin el asen- 
timiento délas cindades ^ voto en Cortes: qne no se diera lioeneia pa- 
ra íándar conventos nuevos por lo menos en dies afioí^ que cesara el 
abuso de otorgar cartas de naturaleza á les estrangeros para conferirles 
rentas y dignidades eclesiásticas; que los Jueces de este fuero se siyeta- 
sen á residencia como los civiles; y que los inquisidores se abstuviesen 
de procedimientos no conformes á sus atribuciones eselosivaB en las 
materias de fé. 

Convocáronse á los pocos meses las cortes disueltas eu 1611, par» ob- 
tenerlos cuatrocientos cincuenta millones de maravedís á que ascendía 
él servicio por los tres años venideros, y fué concedido á pesar de la re- 
pugnancia general: de suerte que las asambleas se Juntaban, podia de- 
eirscí solo para dar recursos, por que las pocas leyes sancionadas en- 
tonces, no se pregonaron hasta dei^ues de correr ocho a&os. De esto era 
en realidad responsable el duque de lícrma, cada vez mas aborrecido 
por su insaciable codicia; y en su afán de engrandecer á su familia habia 
eonsegnido el título de duque de Uceda para su h^o el marqués de Cea. 
Aparecieron muchos pasquines ultr%iantes en que se daba al ministro por 
autor y causa fundamental de la inmoralidad y corrupción de los fiíkvo- 
ritos y grandes funcionarios. Xa alarma y el descontento se propagaron 
con tal furor, que el mismo duque por distraer al menos, ya que no po- 
dia imponer silencio, dispuso la prisión de varios magnates de aqueUos 
que la voz pública sefialabacomo los defraudadores que mas hablan apro- 
vechado de la hacienda. Principióse por loscons^eros D. Alonso Ramires 
cié tarado y D. JPedro Franqueza conde de Villalonga, Á los cuales si- 
guieron otros que también se sometieron á Juicio. Se encontraron eu 



FEL 1-29 

»<ktf e&tiiB ingentes ^mli^» eii oto, plato, albinas y papales: poseía el 
primero quinientos cuarenta mil ducados en Ünoas y tierras foerade 
muchos otros bienes que no se tasaron. Para trasladar á palaeio el me- 
nije de su easa se enpleanm por mas de tvee días todos los carros lar- 
gM que llamaban del rey. 8e hallaron tesoros enterrados hastaien el 
oonrentode I» Meixsed, y se oegieron las aéemilas que'sn esposa euTÍa-» 
\m ú Yáleneía een itescientos mil daoados.' fil avtor de na» larga reía-, 
eton tocante á estos sneesoé dice: ^'Hanse hallado los libros de toda la. 
" hacienda, y así no se porde«á moehot Dios permita se descubra todo^ • 
** y á estos lltistrfsimos ladkoties onbra lá tierra, ó pormejor decir aus. 
** -cuerpos sustento el aire pendientes de uu» soga como lo hciu ntenes* 
** ter y todos deseamos, amen.^' 

ÍJÓB procesos dnraron afios^ pues solo tf Villalonga se le bioieíoá cua- 
trocientos sesenta y sieto cargos por el ftseal del consejo, fáera de les 
<|tte le formulóla inquisioieu. A Ramírez de Frado se le eondenó des- 
pués de muerto á devolver treseientos noventa y ocho mil seiseientos'se- , 
tenta y un ducados. La sentenova coiüfra ¥iUáloiig» le obligó á entre* 
^ar para la oitmara y real hacienda, un milloñ onátmeientos seis mil 
doscientos cincuenta y nueve ducados, con privación de todos los tátulos, 
oficios y mercedes que había reei<bido dé) rey, y reolusioa. perpetua. Pro- 
vechoso ejemplo digno de imitarse en todo país ouya mala suerte le haya 

colocado en eirccmsIttiioiBS semejantes! Gomo Lerma, D. Bedxigo Cal* 

deron y otros se hallaban en caso igual, se cuidó de distar muciías dsde- 

nes severas y detalladas contra loe exesos del 1<40' 

El rey ao faltaba á su ocstumbre de conKssar y comnlgiur eadaooho 
<Ba8 y de asistir á sos devociones y novenas, al paso que no cesaban sus 
entretenimientos cu profanos espeottfeutos. Falleció la reina en 3 de 
octubre de 1611 de un sobreparto; pero el rey no estuvo en liadiid al 
tiempo de sus funerales, por que Á los pocos dias de su viudos salió Á sus 
habituales espediciones de osea. 

Las potonoias de Italia se combinaban reservadamente para debilitar 
tü poderío de Espafia, y confiaban en la protoocion de Francia. Felipe 
in. gastaba enormes sumas en agentes secretos y pensiones pata conser- 
var partido y tener conocimiento de euanto allí se tramara^ Su gabine* 
te sostuvo al papa en sus contiendas con Yenecia. Enrique IV. no se can- 
saba de intentar la mengua de Espafia, ya apoyando á los protestantes 
idemanes, ya induciendo al duque Garios de Saboya para darle la Lom. 
bacdia y Secutar otros proyectos: pero su repentina muerto cortó el hi^ 
lo de todos sus propósitos (L610). Libre María de Mediéis de las contra- 
dicciones de Henrique, se llevó adelanto el plan del matiimonto del 
nuevo rey Luis XIII con W Ana hija de Felipe III. (madre de Luis XIV); 
y el del prüicipe D. Felipe de Espafia con la príneesa de Francia Isabel 
de Borbon. Arregladas estas bodas con designación de grandes dotes 
y otras dádivas, se efectuaron con la condición de rennncijur cada cual 
de los contrayentes sus derechos Á las coronas de Francia y Espafia 
resxiectivamente; á fin de que jamas ambos ti-ouos pudieran refundiis» 



}<3a FEL 

eÉ no» {M5i* Fmm Umim y tan it f w dS wgiw gMtoft «* votaioír «ar 

mdM4|M4»fifthQ;yiingDi6 iwqiikitMido U Ifaai«,aHurpó tenUon<M, 
tmd Im ainiaa titeláadote Ulievteéw^ y yrt ng ó fannar na» lig» con- 
itftBiptfbu Uft ^nnhijaiiw dft Felipe III. pMó l^hMen&e UrtiaMííMiíB» 
que el feshasfi ooa aitíviea. filray le deelevó fiíTcde de la Sebo^^-eoy» 
dwadoeBe¿^M*od<Bipe fln eQ m e fa i» to deliaiMi4B14iHPPCe glm 
itti^tfMitodedleúMetoaiU Imabcetf el merqnjfa de la Hixu^oe» abi» 
campana eon tteinta mil y le pone en- denMili^ peto no apnxTeoliaiidoi 
deia violozia, adalle mt eonveni» de penque Car^M negoció por me- 
diaeion de Veneeia é loglatecra garanM^^Mole FxaDcia. Felipe UX. lem- 
plasó á Hinojosa con el marqnés de Villatenoi^ qtM^en oon mnolia lia- 
bílidad TcncÁó y deahico al daqnef mae loe firanóesee ee iAteipnetetoo 
y Tino á i4<Mto«e pas en 1617, volviendo I» oeaae á en aoteiior ca- 
tado. Veneeia había fkvcveoido en todo al daqne Carlioa de Mioya,.y 
pana tomar vengansa eont» ViUafíninia» eft dwine de Oeona Yiiey de 
Nápoüee, y el embajador Beamar qne habían defiíndido tonto loe deapc- 
chee de Fiqftelia en Itolia^ invento calamnioeai aoaaaoioiiee eaponién' 
deloB efertonee de una eonepiraeion efimetra á en Boberaao. Kl de Oen^ 
na habia humillado á la intrigante Kepdbliea con mpetidoa inanlbe 
naaítfmoBy y por cao le malqwetoba. aeegnrando qne haMa querido el- 
xáne en eLjÉ&ne de Ntfpolea oon ayoda qee eoUoitoKa de ella miaam: d 
dnqiie de Oenna fiítf reemplamde lepentinamentoy por qoe también le 
acriminó d clero por algnnoa eneeoe en en ooadnoto. 

una noeva gnena qne po4feia llámame pniamento áüetríaca, fué pro- 
tegida por Felipe III. eonenmiendo caadalee por aaxiliar al emperador 
en cneetíonee religioeaa y de teoritorio. Envió vn cnerpo de tropee que 
oontribayó despuee do largae operaeiooce ^ la batalla de Praga (1680 > 
que sometió la BcdmoMa á Femando H, 

£1 valimiento del dnqne de Lcrma Uegó al último ponto de en altnca 
eeíai laófden qne cireelé Felipe III. pora qne todo dcepaobo firmado por 
el minletroy ee acatara y obedeciera como el eetavieee firmado poc él 
mismo. De eeto modo y con ton inaadito antorisaoion ee exoneró el in- 
delento monarca del trabejo de poDwr en firma en lee reeolucionee. 
Aeombra nn hecho como esto qne podo dar origen á inmeneoe atenta- 
dea; j es preciso deoír qne un poder como el de Lerma pndo eer mas 
fimeato ei en eaitfetor hnbieee eido inclinado á la peiverBÍdad. Foé otra 
en fiúAa capital digna de reprobasBeen cnalqniera, deteetoble en el hom- 
bre de eiitodo y minietroy origen de enconosa envidia y fnento de infini- 
tes matos, *n una pahdiray la mse desmedida codicia. Doefio deloe des» 
tinos y del Soberano, administrador sin reeponeabilidad, cnidó de ha* 
oer nna colosal fodiona dando pmebas lastimosas de la poca pnresa oon 
qne degradó sn elevada posición, y el reino entoro le miró como el an* 
tor de Sos inHartiuríes. 

Faé tal su «fecto y la preteeneia que daba á D. Rodrigo Calderón ^ 
qne teniéndolo á sa lado le hiso seovstorio del rey, le oreó eonde de 



FSL 13a 

U da'rft, te dio el htfbito aeBftBtIago oon Ja eneontenda de Oea&ftyie 
nonbró'capitaii delM guardias Alemana y Todesea» alguaeil jaayof de 
YiiSladoIid een dirensa preeuiíienciasy j ftieron laaohaa las aioeedea 
^ve le etoigó enri^pneeiéiidelo eoa fentas y ayndaa de eotta. Em D. Bo- 
idiKgo para el ministro, le qae este paca id rey: teda se hallalia someti- 
do á su fírivansa. Uníhkile y «na monja se Moicvon agentes y rapre^ 
éentanltes del ddio espantoso qt» 'dentro y ftmra de la oorie se eebalia 
oontra ambos potentados; 'se propusieron minavloe sin esensar medios, 
y eensf gvievon el apoyo de la reina eontra Oaldecon. Veneido el rey lo 
dsstitnytf de la secretaria, y el odmulo de aonsasiones qne sobre él re- 
calan se reagravó eon ana tan horrible eomo el haoerleaotordela 
muerte de la reina por ttn^^ de un eonrenenamiento. Letma qne entes 
tanto ceutinnaba Ibvoreeléndolo eon mas honores y dádivas, Usgo á 
«conferirte la embajada de los Paises B^foSy y á sn regreso se le eonsedió 
el titulo de marqués de fliste Iglesias <ldl4). 

£1 áborreeimiento tomaba por instantes rápidas ereeee: multipliea- 
rottse ios eéfaerzos con la cooperación del Jesnita Florencia y dsl domi- 
nicano l''ray Luis Aliaga confesor del rey, qne lo babia sido antes del 
daqne deLerma, á quien era deudor del puesto que oenpabay dono 
pocos seryicios y protección. Aliaga aspiraba á dominar á Felipe HI. y 
sus maniobras no se empleaban solo en dallar á Siete Igiesias, por quo 
iDgrato á bu benefactor, trabajaba también por derribarlo eon tü de- 
signio de que lo reemplaasara el duque de Uceda. A este le había oolma- 
mado de favores su padre el de Lerma, Introduciéndolo en la eámara y 
dándole el despacho de los asantes en sus enfermedades. Intentaba con 
esto afirmarse mas en su valimiento, á despecho de la envidia, y conti- 
nuarlo en BU fkmilla, sin imsginar que su hijo seria su mayor rivaly el 
enemigo qae mas trabajaría por derrocarlo. Uceda cortesano sstuto y li- 
sonjero, se hizo de la intimidad del soberano, sirviéndole en sus falaces 
designios el padre Aliaga y el conde de Olivares que era gentil hombre 
del príncipe D. Felipe, y odiaba al duque de Lerma y al marqués de 
8iete Iglesias por no haber estos accedido á que se cubriese de grande, 
tierma lo penetr(S todo y ad virtiendo ya tibieza en el rey, creyó des- 
baratar la conspiración acercando y familiarizando con el monarca á su 
yerno y sobrino el conde de Lemos: prometíase qne le ayudaría á derri- 
bar á su hijo, por qne entre ambos existían motivos do desavenencia 

que los separaba. 

£n estas circunstancias se esparció la voz de qtio D. Rodrigo Calde- 
rón había hecho asesinar eu camino público á un Francisco Jaura in- 
dividuo de la plebe. Los religiosos declamaron en los pdlpitos y ate- 
morizaron al débil monarca, consiguiendo que para salvar su concien- 
^ €ia dejase obrar á la Justicia. 

liOSAuevos privados desalojaron sin dillcultad al conde de Lomos ^ 
4«eee retiró depalaoio con permiso que le dio el rey, aceptando sn dss- 
pedátla de on mododesdeQoso y terminante. £1 duque de Lerma negoció 



132 FBL 

én Roma a1 «capelo de cardenal qne oolieiióde Paulo V. y sa le oiotgÁ>coix 
el titnlo de San Sixto. £eta dignidad calculó le preaerraria de loa U- 
foe de sos enemigoe, sirviéodelo no inenoa para defender sus reqietoay 
autoridad que decaían notablemente. Pero no le libró de los desaires que 
ja lo hacia el rey al eual era desagradable la vista de su antiguo priTado 
y le rehusaba su acostumbrada confiansa* Todo prometia una oerca- 
ua crisis; y llegado el momento de que esta se hieiese sentir, el prior del 
£scorial comonioO al duque de Ijorma orden del rey para que pudiera 
retirarse á descansar en donde quisiera y conforme á los deseos que en 
varias ocasiones le iiabia manifestado. Pasó ¿ despedirse de Felipe III. 
quien le acogió con mucha bondad, asegurándole quedaba en la misma 
estimación que siempre le habia tenido [4 de octubre de 1618.J 

£1 duque no descendió violentamente como bajaban los privados d» 
los reyes, pero arrastró en su desgracia ¿ muchos que salieron de la 
corte desocupando sus puestos. Los empleos que el duque tuvo pasarop 
Á su hijo el de Uceda, de cuyas ruines intrigas resultó un cambio de fa- 
voritos sin ningún provecho para la nación: ella siguió sacrificada á la 
misma codicia y viles pasiones de un nuevo círculo incapaz de pensa- 
mientos ni obras grandiosas. Desatáronse vehementes persecuciones 
céntralos amigos deLerma, y eu cuanto á D. Rodrigo Calderón se nom- 
bró un tribunal especial para juzgar délas numerosas y graves acri- 
minaciones que se le haciau, sin omitirse una orden secreta en lo res- 
pectivo Á sí fué cómplice de la muerto de la reina. Confiscáronse sus 
bÍAues y fué encerrado eu lafortAloza de Medina del Campo [1619j. Se 
le hicieron doscientos cuarenta y cuatro cargos por faltas y abusos co- 
metidos como secretario du cámara, por palabras de.desacato al re^^ 
por haber usado de hechizos etc. 

Declararon muchos testigosi mas no aparecieron pruebas legales de 
los hechos, y se calificaron de calumniosas varias acusaciones princi- 
palmente la relativa al envenenamiento de la reina. A pesar de esto 
se le dio tormento con permiso del mismo rey (1620); y lo sufrió oon 
grande entereza sin confesar cosa alguua. En atención á todo los jue- 
ces opinaron se le perdouase; pero la muerte de Felipe III. que parecía 
inclinado á favorecerlo, dejó al marqués de Siete Iglesias en manos de 
sus implacables enemigos que lo inmolaron luego que entró á reinar Fe- 
lipe IV. 

Omitiremos, por parecemos innecesaria, la memoria de diferentes ope- 
raciones navales contra turcos y berberiscos en que el pabellón espa- 
fiol alcanzó ventajosos sucesos: en uno de los triunfos contra las naves 
del rey de Marruecos, D. Rodrigo Silva tomó [1611] mas de tres mil 
cuerpos de libros árabes de poesía, medicina, filosofia etc, que se depo- 
Qitaron en la biblioteca del Escorial. Felipe III. reparó y fortificó mas 
loe muros de Qadiz que habían destruido los ingleses en 1596; y prinoi-* 
pió las obras del muelle y puerto de Qibraltar gastando mas de treaeien- 
tos mil ducados. Hizo levantar en la ostensión de setenta y tres Isgfias 
de costa^ desde los límites de Granada hasta loe de Portugaij cnarsiita 



FEL 133 

y cuatro torrc» ó pequeños eaatiUoe ¿eierto diatancia unos de otros, pa- 
ra defensa y seguridad contra agresiones de corsarios y de mayores ene- 
migos* £a la lodi» Oriental adquirid £spafia el reino de Pegu C1605;. 
Ceylan fué sometido eu 1608: se recnporaron las Molucas por el gober- 
nador de Filipinas; y nna escuadra holandesa qoed6 vencida en nn re- 
mdo oouUate. £n 1619 los hemanos Nodal y Diego BamiMs reconocie- 
ron el estreeUo que Uamaioa de San Vicente al sur de MagáUanes. 

Visitó Felipe IIL eJ. reino de Portugal con la pooa snerte de anmea- 
tar el desoontento de los portugueses en ves de docilitarse la antigua 
desafección á EspaUfC cou la presencia del soberano qne tampoco bi- 
so por oontentarloB. Un consejero le dirigió uu discurso de leUcitaoion 
en estilo hipecbólicO| y tratando de que Lisboa debia ser la capital de 
la moDorqvia le dijo: '^consiste en vosa Maestade facer cabeza do ano 
" imperio estta antiga é ilustre cidade mas digna de ele que todi^ as 
^' do mundo, assistendo aquí con su real Corte," 

£1 consejo de Castilla estado por el mismo rey, le representó la ne- 
cesida<lde moderar las contribuciones [1619] para impedir continuaca 
despoblándose el reino; qne el rey revocara como ixg astas y: becbss en 
dafio general de laBepdblica, lasmeroedea y donaciones que había pro- 
digado durante su reinado. Qne obligara (i los grandes seüores y títu- 
los á salir do la corte y permanecer en sus estados, labiar sus tierxaSf 
dar trabfyo y alimento á los pobres haciendo prodncir sus haciendas. 
Que hiciera lo mismo con los eelesiásticos que debian residir en sus 
iglesias. Que limpiara la corte de pretendientes que vivian en la va- 
gancia y malos entretenimientos. Qne se reprimiera el Inio en los vesti- 
dos y eu las casas, y que no hubiera tanta maltitud de psjes, escuderos 
criados [y entretenidos. Que el rey diera ejemplo y reformara su ca- 
sa, pues cansaba gastos tan inmensos que esedian en dos tercios á los 
del tiempo de Felipe 11. Que se dieran privilegios y absoluta liliertad 
4 los labradores. Por dltimo, que no se JTundAcan religiones ni monaste- 
rios, y se limitase el número de religiosos de uno y otro ñ%xo, en que ha* 
bia mnehos sin vocación y solo por «segurar el sustento. El rey, la rey- 
na» el duque de Lerma y muchos grandes. habian creado nuevos con- 
ventos. Según Qil González Dávila solo las órdenes de San Frauoiseo 
y Santo Domingo tenían treinta y dos mil frailes; y en dos obispados 
ánicamente (Calahorra y Pamj^oni^ existian veinticuatro mil clérigos. 
jCoántos habría en las demás religiones y di<ícesisf Ninguno do los 
dictámenes del consejo mereció atención al iudolente Felipe IIJ . que cui- 
dó de echarlos al olvido. 

Con motivo del falleciniieato del arzobispo de Toledo, presentó el rey 
para esta dignidad á su hijo Fernando que contaba solo diez aiios, y 
pidió paca él un capelo de cardonal qne le otorgó Paulo 5? £ 1619] jior los 
iaMÜoiot que daba desu virtud y costumbres. Felipe III. obsequió al con- 
dnetor de esta gracia «ou una pensión de tres mil ducados y diez mil de 
ayuda de costa. 

A unes de febrero de 1621 enfermó^graveraente el rey, hizo su óltiiva 



134 FEL 

«lísposioion dejando de tefitaraentarios al doqne de Lerma^ al de CJceda 
y otros. Dfoese que ea sos últlmoe momentoe Feltpe IIL «e Bentfa stor> 
mentado con la idea do no haber eam|ilido siu debeitaa de «oberaao por 
ra ioeroia, errores y deeenido. El eonde de Oli^atea hiao limar al prfa* 
cipa den Felipe tma orden pan qae al dnqae de Iiérma q«e estaba en 
camino, so le Mandase regresar á Yálladolfd: asi liao» son a&tteipaefon 
oficio de rey, mientras qne sn padre iba á morir sin Imber |[¡olie«iiitd». 
Falleeíó en 31 de mano del mismo alio á los onarenta y trss de edad y 
Teintidos y medio de reinado, quedando la monaiqnf a espallola en ta- 
meiHtable doosdenoia. 

Bemos leido qne Felipe 3? en nna olansnla de sn testamento wüenó 
ee qaitÉ»en los tilbatos qae el habla inrpiiesto, '*y ^iie ne M 4it9k*iié9t mi 

"tM $ol0 real en SMfvisdw iU rmiiaB vohnniarkuP que no podía ni déMa 

<<haeerBe por eet em^ de tafee vaeaíloe,^ 

En las leyes recopiladas de Indias se enOnentran algunas etrfMHdas 
en bien de los indios doraiite el reinado de Féli^ III., leyes qne si aere- 
ditan celo por la Justicia, se dictaban, pnede deoirse, á sabiendas de qne 
«Q oompÜmienito ofrecía en e¡í Perft segaros embarazos. En 30 de enero 
del006 Msolvió el rey, que los indios qae en adelaüte se redi\}esen, no pa- 
gasen tributo por diez afios. Con fecha 96 de miiyo de 1613, qae ios Jae- 
ces eolesiástiOOB no oondenaran á loe indios á que su serv^icio se Tendie- 
se por cierto número de afios; y en IS de mayo de 1619 qne no los sen- 
tenciasen d trabajar en obrajes: estos abusos eran muy frecuentes en 
los citados jTieOes. En 98 de marzo de 1690: Que fliesen preferidos pátn 
beneficios los eclesiásticos que maS se distinguiesen ea la conversión 4o 
los indios. Desde el alio 1600 habla ordenado q«e á ningún meroader se 
lé j^rmitiese estar mas de tres dias en ningún pueblo de indica. En 
1601 dispuso se moderase el exeso con que se ^Jíi^miíb hM tributos de loe 
que trabajaban en las minas: en 160^ fd de Junio; que no se oblígase ú 
los indios ¿pagar tributo por muertos y ausentes; y eomo aun á las mu- 
jeres sdlia también ezigtraeles tributo, mandd el rey en 10 de oétabre 
de 1618 que no se hiciera tal abuso; y que tampoco se cobrase á los in- 
dios quO estuviesen de alcaldes. Por drden de 19 de Julio de 1614 ^tt- 
WM á las ftudieqcias dar y quitar eacieazgos, pues debian pasaren he- 
retíoia dé padres alijos. En 99 de octubre de 1609 previno el rey, que 
d cualquiera que tuviese enoomicj^a no pudiera datado otra i^ii dejar 
la anterior; y en 19 de Junio de 1690 que no se dividiesen las encomiendas 
dando á los indios diferentes destinos. Que la mita no ezedlOra de la 
séptima parte, ocnpfSndose á los indios según su tumo. OOn fricha 80 do 
marzo <le 1609 determinó el rey no se emplease en estraer ni conducir 
nieve álos indios de Cauta y Hbamantanga; y en 96 de mayo de ese MK», 
qne no se repartiesen para el cultivo de la coca, vifias y olivares, y que 
ni á título de voluntarios se les hiciera trabajar en sacar |iérlas ni en 
los ingenios de azúcar. Por orden de 10 de octtibre de 1618 se Mriolvid 
que los contratos que para servir cu casas hiciesen los indios no |KSsa- 
sen de un ano, y qne las mujeres casadas no pndieseu conoertafie sino 



FEL 135 

^ anión de va» marido» Arfmimno qne no hul>i««o roparttmijenU» para 
hneriM, ediñcioa» agQ% lefi», etc. Que se lee pagaee el Jornal en dinero 
ynaenbeliida9»niiel, yerbadelFar%ga«yeto. Qne ¿Ipsindioenoaelee 
dieae algaoolia per dnioo ellmentoy y ^ne ningún» indi» BfkUev» de, iu 
pnehlo panteriar hjjo de eepa&ol teniendo el auyo vivo. Mientraa se dio- 
iaUan leyes eomo eataa benéfíeae y juatas, ee eepedian otcae nada eon* 
fonnea y nuw bien eetrañaa» cómelas de ^ de mayo de 1609 que peimitian 
repartimientos para el serTíoio de tamlios» zecnaa y oarreterias: y que 
continna/wn en laa mitaa y repartos importantes al bien comuQ. 

Tratando D. Juan de Soíorzano de la neeesidad de proteger á los in- 
diea como personas que no podian valer por sí y de todos sn&tan mal- 
trato y paijuiciosi recuerda una comparación de Gómez Amescu» respeo- 
to á loa espa&olee cuando fueron subyugados por los godos; qjoe Á. loa úk- 
timoe y mas plebeyos de estos los tenían en precio y estimaoion como á 
los notable^ y que ''así ahora entre los indios, los mas viles espaSoles 
ae tienen y reputan por mas dignoa de honra y distinción que loa indica 
por nobles qne sean/' 

£1 rey Felipe III. con noticia de los abusos y depredacionea que 
los protectores de indios cometían contra estos, espidid en la Ventoai- 
lia á 17 de octubre de 1614 una orden del tenor siguiente: 

'^£1 rey. Iluatre príncipe de Esquilaehe, primo, mi virey, gobernador y 
" ^M»p<t-^« general de las provincias del Perú: He sido informado que 
" los protectores de indios de esas provincias no acuden á las obliga- 
'* clones de sus oficios eomo deben, ni sirven mas que de cobrar sua 
** salarios, y recibir cuanto les dan kw indios, y cuando se ofrece hacer 
'' alguna petioíoB^ 6 solicitar algún negocio del mas pobre indio, no lo 
'' haeen sin que les den algo: y que si Juntamente eon ser proteotoces 
'' tuviesen la cobranza de los censos, y rentas de las comunidades, co- 
" mo se le» aneaiga algunas veces, seria mayor el dalo, porque por ha- 
'* cer retención en sí del dinero que cobran para sus grangeriaa, onan- 
'' do los indios han menester algún socorro para cumplir sus tasas, y 
** lo piden en 1» andienoia, loa protectores que lo habian de solicitar 
" de parte délos indios, lo contradicen: de lo cual me ha parecido ad- 
" vertiros, ordenaros, y mandaros, como lo hago, procuréis quejlaa per- 
** sonas que puaieiedes en esos oficios de protectores de los indios sean 
** cuales convengan, y que hagan sua oficios con la cristiandad, limpie- 
'' a» y puntualidad que son obligados, pues son los que han de Cavore^ 
u ^j^ j amparar á los indios." 

£n20 de agosto de 1620 Felipe III. escribid al mismo príncipe virey 
para que le infonnase si eonvendria dar toga y asiento entre loa oido- 
res de la audiencia de Lima al fiscal protector de indios, lo cual tuvo 
efecto par» mayor respetabilidad de ese puesto, que corriendo loa 
tiempos vino á ser desempefiado por el fiscal de lo oriminal. 

Faaaremoa á hacer memexia de dáíeventes dispoaieíonea di«^ftHas en 
tieoipo de Felipe III. oen respecto á asuntos eclesiásticos, civi- 
les y políticos. £1 a&o de 1607 se erigid en Lima el tribunal mayor 



13é FEL 

lio Cuentas del Perfi, Tierra Firme y Chile, con los fueros y prirílegíos 
dé la contadaria mayor de Castilla: las ordenanzas que did el rey en 
1605 se reformaron y ampliaron tres años después; antes se JuzgatoBn 
las cuentas por la audiencia. £1 obispado de Santa Critz de la Sierra 
en el Alto Perú, que se conoció con los nombres de Mizque y la Bnrratt- 
c%, fué mandado erigir en 4 de julio de 1605: su territorio perteneció á 
la diócesis de Charcas, fin dicho afio ordenó el rey establecer el giro de 
los buques llamados de ctrúo, para que trajeran al Istmo notitías y ór- 
denes. Podían conducir comestibles, pero no otros efectos de comercio. 
Felipe III. declaró en 1? de abril de 1604, quela tercera parte del costo 
de las iglesias que daba la real hacienda, se entendiese ser abonable solo 
por la vez primera de la fábrica de ellas. '!Bn 12 de febrero de 16D8 pro- 
hibió que los arzobispos y obispos hiciesen concierto con los caras so- 
bre la cuarta ñiiieral. Por orden de tres de octubre de 1604 mandó que 
los prelados no asistiesen á l«s autos de fó ni á la publicación de las 
Ihilaa. Por otra de 9 de febrero de 1621, qne se celebrasen cada afio con- 
cilios sinodales. Por la espedida en San Lorenzo á 15 de Enero de 1601 
resolvió qne ningún clérigo fhese alcalde, abogado ni escribano; y en 
otra dictada en Villacaatin (27 de febrero de 1610) prohibió que los cléri- 
gos tuviesen canoas y se ocupasen en la grangeria de las perlas. En San 
Lorenzo con fecha 3 de setiembre determinó que se recogiesen y envia- 
sen al consejo cuantas patentes sobre materias religiosas apareciesea 
sin el correspondiente pase. En orden de 28 de marzo de 1620 dispuso 
qñe los dos nevónos del rey se cobrasen de la gruesa de los diezmos, y 
no después de repartidos. Felipe III. celebró en 1601 y despachó en 
1610, la primera concordia que hubo con el tribunal de la Inquiísioiou 
para reprimir sus grandes abasos ofensivos á la autoridad real y á sus 
jiistioias. Véase en el tomo 2? nuestro artículo Cerezuela. 

La renta dada á la Universidad de Lima (20312 pesos) había decaído 
por la diminución de indios en las encomiendas qne le estaban adjudica- 
das. Por cédula dada en el Pardo á 22 de noviembre de 1613 mando que 
las cátedras se pagasen de los novenos reales de las iglesias metropolita- 
uas y catedrales de todo el Pero; reuniéndose así en las proporciones qne 
eOfiíiló, los catorce mil novecientos isets pesos, importe de aquel gasto. 
Y por despacho espedido en el Prado á 5 de marzo de 1603, habia resuel- 
to qne las cátedras se proveyesen por oposición y votos. En 11 de febrero 
de 1609 ordenó se recogiesen los libros publicados por herejes y que pu- 
dieran haberse introducido en el Perú. Mandó en 14 de agosto de 1620 
que las audiencias se conservasen, y continuasen funcionando aunque 
fuese con sólo un oidor. Una resolución de Felipe III. espedida en Al- 
mada á 1? de junio de 1619 se contrito á prevenid que en los casos de 
no haber herederos en América, se enviasen á Espafia los bienes de los 
difantos. 

' Por cédula del Escorial su fecha 19 de JuUo de 1614 resolvió que lod 
vireyes fuesen 'Capitanes generales de sus distritos en mar y tierra; j 
que ejerciesen el cargo de presidentes de la audiencia. En otra de la 



EBL: 137 

UüMft <i*ta ord«Dó que euiímse iiin piq{iir doraobiiB lo (|iie <9|ul» afto «« 
«n4«M «I Pwá pftm el yirey» &o pMaoilo «u vulpr de ooho mil dtt«a((l<M. 
IMcló ain feeolooion ea 2 de «goito d» 1614 ntífleMide Qtr» de Felifie 
H. pal* qae los Tíreyea á eo entrada ao Telvieaen á ]iaoer|o mió palio; ui 
teaipooo les pxeladoa de las dútoais <39 de A0osfte de IdO^). Ha 2 de mar- 
co-de ldl3 se dié una leaá érden baslft&to sftoi&a maudspdo se dii^WM 
á ios sai^etttaB mayoies gosar los sniro^eehswieotos que hu\>i«ire de 
las tablas de jaego en loe caerpos de goaidia» Otra de la misma feoha 
pceTÍBo se pagase en inaiio á los soldados y no se les aprswiase áreoo- 
aoeerdeodaa. Y por 1* do 18 de seiiembre de 161d se mandó que el pa- 
góse leo bieisse on dinero y no en ropa ni útiles: ya en 27 de junio de 
MOttse kabia prohibido qae á U tropa se Uersse derechos por los pa- 



En el alio de IS89 asfgaó el rey al cabildo de liiua los sUáosqae es- 
tan b^o los arcos de los portales on la plasa mayor. Y en 1004 le adjn* 
dieé el raase de pesas y medidas. En 16 de mayo do 1^09 moi«(anisó el 
tribnnál déla Cmsada. Ordenó en 10S1 qne los corregidores del Pera no 
hioiessn estanoo dei trigo y harina qne se lIsTában á Panamá: y en 
1614 habla dispuesto qne á esta oindad no entnwa ni se gastara en ella 
vino pemano: ignal cosa resolvió en 1615 respecto de Gkmtemala, eu 
onya pvovinoia se prohibió el eonsamo do dicho Tino. Segnn la orden 
nal de 17 da oe|iibre de 1617 el qne no era dnefio de minas no podia 
^«■der amtsles. £n otra de San Lorenzo á 19 de Julio de 1614 se deelá- 
vó que ^ praudeate de Panamá debía obedecer en todo si virey del Pe- 
ro. Prohibió el rty eu 14 de setiembre de 1619 se formasen procesos eh 
los sosos do motines y sedioiones de negros, ladrones y cimarrones, qne 
dísbian ser oastigádos id instante. Mandó en 10 de diciembre de 1618 
que los jueces no hioisnuí eooiposicion algnna entra partes por delitoi 
eiisrinaleSw Por resoluciones de 81 de diciembre de 1609 y 04 de enero 
de 1616 se deteiminó qne la sal y el solimán se eetancasen eu América. 
< Una «cal orden eepedida en Valladolid en 10 de agosto de 1608 previ* 
no qne'^^los élórígos y frailes qne se viniesen disfrasados como parti- 
culares ó en elase de soldados y marineros sé les remitiese precisamen- 
te á Espafla. Se prohibió en 7 de febrero de 1682 al virey del Pera y go- 
bstnádor de Buenos Aires dar licencia para qne por el rio de la Plata 
pasass á fispafia perscna algnna. Igualmente y bs^o pena de muerte 
jr peidüníeoto de bienes, se ordenó que nadie tratase ui ne go ciase con 
estranjeros (3 do octubre de 1014). En cnanto á estos habla una preven- 
ción de Felipe 111. dictada dtíede 1602 '<jpara qUe se limpiase la tierra de 
ertranjeros y gente sospechosa en oossé de la £é." En virtud de bula de 
11 de jnlio de 1608 el arsobispo ds Lima puso en Ohile un jues metropo- 
litano. Mandó el rey fhndar el obispado de la Pas separai^do so teifi- 
torio del de Charcas; y en virtud de bula de Paulo V. del alio 1905 qae 
ttma elbcto ion 1609. En este mismo afto quedó erigida on metropcüta- 
toa I* if^esia de Chuquisaoa. Felipe III. pidió al jpontfBce la creaniOflL 

de los obispados de Huamanga y Arequipa, desmembrando para ello la 

18 



138 F£Í 

Mtensa éiée&nB del Cuzco. Acordado aiif por Paulo V. en 1600, dio eS 
rey üMnItad para hacer las demareaoionee al yirey Montaeclaros pov 
cédula de 1612, y quedó ejeeutadc ea 1614.-^yéaBe Mendosa y Iiona. 

Felipe III. por cédula de 16 de abril de 1618, aprobó y oonfirmó la erec- 
ción y ftmdaoion del tribunal del conaulado de lÁma, y «oa la miaina 
fecha ordenó al virey príncipe de Eeqniladhe qae formaae laaordena»- 
zas segnn conviniese— FáoM «aies^ arHemlo Borfa y Aragtm tomo 2?. £i| 
etr» dada en Arai^aez á 26 de mayo de 1609 reprobó la condaota de loa 
espa&oleB q«e en América no qnerian trabi^^r en las mina% ni en la 
agricultanii ni en servir á otras persoDas» teniéndolo á menos y prefiríenr- 
do por vanidad el estar ociosos. Mandó se procnrase con empefio que 
aquéllos se empleasen en esas ocupaciones para que á su ^mplo hioieíaik 
lo mismo los criollos pobres y se aliviase en algo á los indios. Por orden 
espedida en Yinaroz (10 de mayo de 1599) mandó se permitíese en Indias 
pedir limosna por dos a&os para canonizar á San Isidro. EaVaUadolid 
con íiBoha 20 de Jnlio de 1600 previno al viiey enviase á FiíqMifla todos 
los frailes de cuyas órdenes no hubiese en el Perú conventos. £1 10 de 
febrero de 1601 dijo al virey Velasoe qoe había advertido por los pía- 
B08 de las catedrales en obra» que se edificaban con demasiada grande- 
za, y lo mandó reducir los gastos para que se construyesen con mode- 
ración y en términos convenibles. La Sede episcopal do Trujillo man- 
dada fundar desdo 1577 ratificándose la bula en 1609, quedó erigida en 
1616. En 1620 se establecierou los obispados de Buenos Aixea y Con- 
cepción de Clüle, cuya silla se trasladó de la Imperial en que estaba 
desde 1567. 

£u 1606 principió el régimen de sacarse confirmación real de las en- 
comiendas y otros nombramientoB de los vireyes. Declaró el rey que 
luego que un virey entrase en el territorio peruano se entendiese que ha- 
blan terminado las facultades de su antecesor (1615). En 17 de abril de 
1609 se ordenó que los b^ieficios curados se confiriesen por ofKwioioOr y 
que los vireyes como vice xmtrones los presentasen á propuesta de los 
prelados. Dictó el rey ea ese afio una nueva prohibición sobre el servicie 
personal de los indios estableciendo ciertas reglas. Por bula de 7 de di- 
ciembre de 1608 se dispuso que los prelados de Indias no se consagra- 
sen eu Espafia sino en este vireinato, por nn obispo y dos dignidades. 
£n 1610 se resolvió que el gobierno episcopal de Huamanga conooieEa 
de las apelaciones de íJEÜlos del arzobispo, y en tercera instancia el 
de Tn^iBo, 

£1 célebre navegante Pedro Fernandez de Qniros que acompaftó á 
Mendafia en el descnbrimlento de las islas Marquesas, consiguió de Fe- 
Upe III. órdenes que se espidieron pora que el virey le diese proteodon 
y apoyo en^ empresa de descubrir nn continente austral, para lo cual 
salió del Callao al frtkite de una espedioion (1605).— Fijase Qmkrm, 

£1 afio 1600 Oli vier de Nort con el almirante Yerazer entró al Paeffi- 
oo por el estrecho de Magallanes, hostilizó las costas de Chile y se retM 
por Filipinas. VéoM VéUuo» D, Imí», Virey del Ferú, Deseaba el ley tenes 



FEL 139 

«n Chile un ejército permanente de diez mil hombres y tomó allanas 
I^TOTideneias al intento. Deelaró <en 26 de Mayo de 1608) eBolaros á loa 
indios rebeldes tle aquel pais qne en el plazo de dos meses no se some- 
tiesen á la paK. No fué en el reinado de Felipe III. la espedieion de 
"Kort la única fáerza naral enemiga qne snreó el Pacifico. En 1615 pe- 
netró á este mar por el mismo estrecho el almirante holandés Joiga 
6pilberg con seis naves. Cansé notables dafios ea las costas y despves 
de nn combate se retiró á Filipinas. Bl afio de 1616 (segnn algunos 1618) 
entré también por Magallanes nn bnqne inglés mandado por GniUermo 
Fsren y se retiró despnes de hacer observaciones en el Litoral. Bn 1615 
Jaoobo Le Mayre y Gntllermo Schonten holandeses, descubrieron el 
estrecho qne recibió el nombre del primero; tomaron posesión y signie- 
ron su viaje á FHipinas. Esto dio lugar al reconocimiento qne el rey 
mandó hacer del eitado estrecho en 1617 al piloto Juan More!; y al que 
con mas esteneion dispuso practicasen en 1618 Bartolomé Garoi* Nodü 
eon BU hermano y éí piloto Diego Bamirez, quienes le denominaron 
San Vicente. 

En tiempo de Felipe III. hubo en Lima cuatro antoe de té, y en ellos 
fueron castigados por la Inquisición ciento dos reos. Hasta 1603 se- 
gún los libros reales se habían quintado en Potosí desde su descubri- 
miento, quinientos noventa y seis millones de plata ensayada de tre- 
ee y cuarto reales, fuera de lo estraido elandeetinamente, y de la plata 
labrada de ios templos y las casas particulares. Se asegura en los ''Ana- 
tes ée PotosP' qne las soberbias fiestas hechas en celebridad de la coro- 
nación de Friipe III. ocasionaron gastos ingentes calculados en seis mi- 
llones (creemos esto exi^erado): que se le dió de donativo voluntario en 
1607 la cantidad de seiscientos mil pesos, y que en los funerales de este 
rey se invirtieron ochenta mil pesos. 

VBUPB If — £by bb EgPAl^A, EhpíBuudor xvui del Pjcrú— Hgo de 
F^pe III. y de la reina Margarita de Austria. Nació en 1605 y siendo 
príneipe eootn^o matrimonio con Isabel de Borbon (hermana de Luis 
XIII) hya del rey de Francia Enrique IV . y de su esposa María de Medicie . 
Celebróse el contrato en 1612 y se llevó á efecto en 1615. Contaba Feli- 
p dieaíseis afioe de edad cuando por muerte de su padre subió al tro- 
no en 31 de marzo de 1621. £1 pueblo manifestó mucho contento, por- 
que siempre las mudanzas fomentan sus emociones, y la que mas le sa- 
iia&ee es el cambio de gobierno, sin fijar su conaideraciou on la perso- 
na que asciende al poder. 

El duque de Ueed% que en la privanza con Felipe 111. hahia desalo - 
do ¿ sn padre el de Lerma; fué despedido como merecía, reemplazándo- 
le en el favor el conde duque de Olivares quien dueüo de la voluntad 
del nuevo rey, fué tan nocivo á la nación por bus desaciertos, falta de 
probidad y dotes para el mando, como lo habia sido su antecesor. í>. Gas- 
par de Guzman Conde duque de Olivares era nacido en Roma donde 
estuvo de embaja^lor sn padre «yiie sirvió también el virreinato de Sici- 



140 PEÍ/ 

U»- Turo por ^3po9ii ú DflneB de Za&iga mi prima, li\Ja (Í%1 ftrigr del 
Perti CouAo de Kónterey q»e fitlleei^^Q LüMien pobres» el lAo de 1607, 
dcyeodo iNien» memorw por sn hoQcades y ooridad* Pava aaaiair eele 
matrimonio no atiimú o4ra miara al de OH vafea quíe Ja de aleaazar lagsan- 
dena de Eupafia, objeto dee» M»bi«Hon y que no había eoneegai^^ en al 
anterior reinado. Por carácter era eltivo» aetqto y tena»: teuia laocba 
Mg^oádacl» indofltria y diaaiaalo que eiipo emplear aUioioaad». al rey 
para eoueerrar sa poderosa iaAaebcia: á eeio se agregaba sa nataral £a- 
cundía para cepfeMuee bien y e«eribír con eloenencia» Hiendo may da- 
do á enltiTar la literatora y preetarla au palroeiaio. 

UnoB de los prímeroe aetoa i^ercidee en nombte del rey íaé la pviaion 
▼ioleata y ei proceso qne se formó á D. Pedro Tellex Girón Paqae ^ 
Osuna, dando color de eTideneia, á los ramoree y imaBacioaee qne ae le 
haeiao de haber querido almurae eon el reino de Náfolse y otfw eiime- 
iMB inventados por los venecíaooe: tenían bondo laaoor al heaubva eaú- 
neate qne de virey en Sicilia supo oontenerloe y deebaratar ana daalea 
les manejos contra £Upa&a. El célebre D. Francisco de <^eTedo por 
su intímidlid con el dnqtte, á eoya inmediación hábiaprestado nateibleé 
eervieiosy faé también prese, y como otrea eovpiandido en el jnioia. La 
opiaSan general se dsaplegó condenando estes beobea segaii ea eoetam- 
-bre da decidirse por los qne padeeen, anaqne en la proepoiidad habla- 
aea sido pasto de vnlgarea censuras y de mordaces aeriminaaÍáHiee> Niar 
gnn delito pndo probarse al duque de Osana; él Mleeii6 deMspetade 
alendo víctima del 4Sdio pertinaz de sus enemigos, quienes aenafon ei 
pase á la Jnstíeia para que sn causa no terminara debldamsiite. 

Todavia faé mas emel y osada la tenacidad eon que se oprimida D. 
'Bedrige Calderón marqnes de Siete Iglesias. Su muerte en el eadalaa 
no se efectuó por que la exigieran las probanaas legales de sa dilatad 
cauaa^ que no las hubo para la mayor parte de las acusaciones, sino 
porque estaban de pormediola envidia y la venganca dennaieroaoe 
adversarios émulos de en poder y riqnexas. Ne se le admitió apelaotoo 
alguna^ ni las recnsaoiones qne hiso de sus apasionados Jaeeee, Dego- 
lloaele publicamente en 21 de octubre de 1601, y mostré la naa grande 
' serenidad y estraordinario brío en lance tan terrible. Eeta tn^fedla y la 
del duque de Osuna lejos de ser de provecho á la ambleiati y mliaa del 
conde duque de Olivares, dañaron su fama acreditando que sa 
personal sé sobreponía á los cálculos reflexivos AtA hombre da 
Por lo demás como dice un historiador de uusstras diaa, '%i loa 
** de que Calderón era responsable hubieran sido casügadee ea 
'^ cotí igual severidad, muchos magnates habrían debido preeederle en 
" el camino del cadalso." 

Olivares no apeó de sn propósito de ir haciendo desaparecer < todas 
los p«MÓni^es amigos y deudos de los duqnes de Lenaa y Ueedi; fWeae 
causiCudoles la muerte por medio de duras prieioneB y petsecf mdea ee, 6 
condenabdoles á destieiros segnn su ai^itraría noluntad. Sali^dela 
corte y falleció en Zara{;ozñ el inquisidor general íhi^' Luis Aliaga qaa 



FBÍ. 141 

iMbia BídQ coufoflor do Fi^Upe 1 11. y del dnqoe de Lerma. Preao el de 
Ueeda en un Cnetillo se le obligó Á eutorar veinte umI daeadoe y ao le 
«leeterré por ocho años, folleeiendo después eu AleaU de Henaree, sin 
qne la desgracia do un mal ministro y peor hyo exitase el roen6r sentir 
jniento de compasión en el pneblo. De macbo sirvió en época tan asía^ 
ga al de Iierma el capelo de qoe en tiempo supo investirse, pnes estaña- 
do desterrado y oeroaao i morir de una grave enfemedad, aleansó s« 
libertad por interposición del papa y del colegio de cardenales; él ba- 
lda dsidsdo de honrar y servir constantemente á la silla apostéliea^ Pe- 
ro poco después salió nn decreto real may ofensivo al dnqne cardenal 
^niea tavo qne pagar al fisco setenta y dos. mil dnoados annáles, ''con 
mas el atiMo de veinte afios por las rentss y bienes qne adqniíió en sn 
ministerio? No piído resistir el peso de este deshonroso golpe y murió 
del agnda pesar qne contristó sn ánimo. 

Kl conde dnqne bioo gaindes mndansas^n los pnsstos públicos oonfi- 
riendo los mas elevados á sos parientes y lavoritos qne.ademss recibían 
oondeooiaeiffnes y otrss mercedes. A este paso las cortea convocada» en 
16S1 coa el ñu de reparar el estado lamentable de la hacienda, aeofdar 
rstt se recobrasen todas las enagoasásionee hechas arlritnurimente por el 
dnqne de Lerma en el reinado de^ Felipe IIX. Olivares para hacer ver 
qne en sa privanza le gn^i^ban sanas iaten^iones, y á fin de completar el 
desooncepto de sus antecesores, tqmó algunas determina^ionsa qne d^ 
pronto merecieron aceptación, peco desiHiss se disiparon las esperaosas 
formadas por el público en cnanto í sn acierto y buena fé. Creó noa 
Junta de "SqformMohm de ^mUtmiret^ y mandó se tomase vm^n ds k» 
bienes de los que habían sido ministros desde 1592, indagúAdose 1q qne 
poseían al tiempo de su nombramiento y lo adquirido dwpu0S por me- 
dios llfeitos. A los que lean estas lineas se les vendrá preoisamantc^ ú la 
memoria sin pensarlo, aquel gobierno que en nuestra Sepúblipa as lla- 
mó de la mccalidad en 1855» 

Mandóse qne en lo reñidero snantos obtuvicACD empleos ó cargos pá- 
bucea, antes de reaibir los. títulos, presBUtasen nu iurontario c^mpro- 
ba dq y Jnrado de todos sus bienesy en forma judloialt el caal #e hi|- 
háadehaQBrdenueyo siempre que asaendiadcn. á mayojres puertos y 
«naodo eesassa en ellos. J>ióse nna pragmática penal para prsof>Ter lirs 
acuUaalones y eonfimusas aimnladM, y con. esto se daba por consoioa^lA 
la obt» de restablecer la M^ralúM. £1 público aplssidia sin osasmh^ tofi 
salvi^4anM pivvideaeias, y nsposalia «n la seguridad de qufli qui»a l/|a 
dlataba coa tal rágor, no era posible Inenrriése en loa óviinenesd<c^de£cau- 
.daeisA.qttepffEseguiaopfitiiuafinoaoeeW. Otras órdenes ia enp^Mtomn 
para retecir el número de empleadosi disminuir el bUe y le» |paatos4A la 
nasa lealt para fbmeAtar los matiimonios, é impedir la salida de gente 
delreiacsse puso HmitjQ al eot^uato de estudiantes y se estiogaíd ja 
eostambce de dar el rey empleos en calidad de dotes matrimoniales- ^ 
eamo en nuestra madre patria cuando se peissguía «na idea, as iiaeia 
eott exageración para abandonarla á sn ves por otra aunque fuera CQp- 



142 FEL 

traria, se rió á los «ilcaldes de certe entrar á iuspeccionar las tiendas 
de los mercaderes y hacer qneniar en público los cnellos, valonas, pn- 
fios y otras prendas y galas de oso que estaban prohibidas por ser muy 
costosas y de las cnales había grandes existencias. 

El conde dnqne que se encaminaba á dominar al rey por entero, man- 
dó se le nombrara con el dictado de Felipe él grande; adnlacion qne cho> 
caba con la evidencia de no haber hecho el monarca cosa algnna qne le 
hiciera merecedor de semejante titnlo. Con esto y con residir el minis- 
tro valido dentro del mismo palacio y en las habitaciones del príncipe 
de Asturias, empezaron á circular agrias censuras, notándose que en 
BU vanidad y ostentoso manejo dejaba atrás al duque de Lerma. 
Los dos hermanos del rey no llevaban en paciencia la supremacía de 
Olivares, y conociendo este qne servían de embaraso á su influencia, ae 
propuso alejarlos de la corte, y trató de dar á entender al rey qne era 
peligroso los tuviese á su inmediación y hasta el qne vivieran en Espa- 
lla. Después denunció á Felipe IV. qne durante la enfermedad de que 
acababa delibrarse, se había forjado una misteriosa conjuración en qne 
se hacia figurar á dichos inflantes. Y para ofrecer una prueba de su des- 
prendimiento dijo al monarca, se retiraria del gobierno si su persona 
podía servir de obstáculo al restablepimiento de la quietud. 

Algunos procuradores del reino no se engi^fiaron al opinar qne las 
costumbres no se habían reformado, ni la industria alean sado mejoras, 
ni los pueblos recibido alivio en las cargas qne enfrian; de contado los 
doce millones con qne sirvieron las coriws en 1023, se aplicaron al fo- 
mento de las guerras que consumían gran parte de los recursos. En 
1626 las cortes de Valencia, CataluRa y Aragón negándose ti oponiendo 
dificultades á los exigencias del rey, en cuanto á contingentes de sol- 
dados y su mantención, suscitaron altercados ruidosos y tuvieron que 
sufrir ultn^es y serias amenazas del rey y su privado. 

Felipe IV. heredó de los reinados anteriores las costosas guerras que 
siguió sosteniendo con naciones estrafias, excitado por el conde dnqne 
de Olivares que le halagaba con la idea de que seria el monarca mas 
fuerte del mundo, ensanchando sus estados y dictando la ley á todas 
las potencias. Veremos como sucedió lo contrario, y Espa&a se empo- 
breció y aproximó mas á su ruina. La larga cuestión de la Valteiina foó 
una serie de alternativas, de abiertas hostilidades y de proyectos de 
avenimiento piM>ffioo. Luis XIII. tenia por ministro á un hombre emi- 
nente, Armando Juan Du Plesis, Cardenal duque de Richelien, cons- 
tante enemigo de la casa de Austria y de Espafia, por cuyo aba- 
timiento se desvivía con porfiado empefio. La Francia católica y un 
alto potentado de la iglesia aparecían pues favoreciendo el protestan- 
tismo y contrariando al pontífice, por dar pábulo á una enemistad di- 
rigida menos á impedir nuevos progresos de Espalia, que á debilitar y 
hacer caer su dominación en Italia. Luis quebrantó los convenios que 
llegaron á celebrarse con mediación del papa, ylse ligó á Snboya y Ve- 
necia pnra conseguir por medio de las armas se restituyera la Valt^Unn. 



PKL 143 

Á los grÍBOueH. Felipe IV. se confederó cou Iub prÍDcipea de Fairn», Mo- 
den» y Toscana y cou las ropiiblicae de Genova y Luca para levantar 
fneraae qne pudiesen competir con las franoesa« y suizas: ol clero espa* 
fiol se comprometió á mantener veinte mil hombres, y la nobleza con- 
tribuyó un millón de ducados. Por intrigas del gabinete espafiol se ar- 
maron los hugonotes franceses contra su soberano, mientras que Riche- 
lien hacia alianza con Holanda y pactaba en secreto coa el duque de 
Saboya darle Genova y qne el Milanecuido fuese para Francia. Invadido 
Monferrato y tomadas sus plazas por el de Saboya, el gobierno espa- 
fiol secuestró en 16S5]as propiedades de los franceses, y á su ejemplo el 
rey Luis hizo igual hostilidad á genoveses y espafioles. £1 marque de 
Santa Cruz con nna escuadra auxilió Á Genova y obligó al ejército fran- 
cés á retirarse: diferentes combates terrestres fueron prósperos á las 
armas de Espafta, y el territorio de Genova se recuperó prontamente. Bí- 
chelieu ad virtiendo lo que padecía su honra, pues se habla retirado da 
París el Nuncio, y se vieron libelos infamatorios en que se le apellida- 
ba ^^Fairiaroa de la» Atwa y Pont^ioe do I09 oafoiRMtM, empezó ya Á indi- 
narse á la paz y propuso negociaciones eu Madrid. Como Oli-vares tam- 
bién la deseaba, no se ofrecieron inconvenientes de notable peso. Firmó- 
se el tratado de Monzón (1622) según el cual so reconoció la libertad de 
la Val telina pagando un tributo ú los grisones, y estipulándose que en 
caso de ocurrir difícult^es respecto al ejercicio de la religión católica, 
se decidirían por la Santa Sede y el colegio do cardenales. Riohelieu ne- 
goció sin dar conocimiento al duque de Saboya ni al gobierno veneoia- 
oiano: España quedó sin el dominio de aquel país, bien que contase con 
sa gratitud por los enormes gastos hechos en esta contienda. 

Constantes los soberanos espaHoles de la dinastía de Carlos V. en es- 
poner sus ejércitos y gastar sus caudales en servicio de los intereses 
del Austria, renovó Felipe lY. la alianza celebrada por su padre con el - 
emperador Femando. Y á posar de ser bien triste la situación de Espa- 
lia, tomó parte activa en las. guerras contra los estados rebeldes por 
causas políticas y religiosas. £n esas luchas hubo batallas memorables 
como la de Fleurus (1622) en que Gonzalo Fernandez de Córdova, viz- 
nieto del gran capitau, acreditó su alta capacidad militar. 

Terminada la tregua de los doce afios, revivió la sangrienta coutien. 
da de largos tiempos, á consecuencia de haberse intimado á las Provin- 
cias unidas volviesen á su antigua obediencia. Las fuersas espafiolas 
do Flaudes se pusieron en actividad. Bicholieu logró que Francia é In- 
glaterra socorrieran con dinero á los holandeses. Las naves de Felipe 
IV. perseguían y capturaban á las contrarias; pero en cambio haeian 
estas da£os considerables hasta en América. Nos hemos admirado al 
▼er qne el historiador La Fuente asienta la gran falsedad de que Liina 
y el Callao' fueron saqueados por los holandeses (1624). Se refiera sin 
dada á la fuerte escuadra del almirante Jacobo Eremita Clerok qne fa- 
lleció en la isla de San Lorenzo después de ser rechazado por completo 
en sus briosos ataques al Callao, sin embargo de sus brulotes y de ha- 



144 V£L 

ber traído mil neincíMiUMii taouibrea de ámsmhmoo, JLia defeusa fué fae^ 
i*éioay pudiendo agregano que aun en Placo y ChiayaiquU aa malogranm 
ana aeOBMtidaa por U honroaik raaiateucift ^ue ae le opnao. < Véaae Cierek 
eH Bueatro tomo 29 paicina 394) El miamo hiatoríador TOlvieado á eqai' 
Toeane, aapoAe que O. Fadriqae de Toledo «frofó d lat h&kuUlmm 4e Gua- 
jfB^il, Pm$rto JUao y oirw Ula» en la Amérlea meridional; pero en eat% 
aaben todoa, no ae halla Paerio Rieo, ui Oni^aqail ea tola, ni I>. Widri- 
qve eataro en loa marea pentánoa. 

Ijaa ooaaa de Handea no m€||orai^n i>or la muerte de Jaoobo I. y del 
eonde Mauxieio de Naaaau doa implacablea enemigoa de £ apaSft (1616) 
Oorioa I. de Inglatenra lo fué raaa que aa padre por ana reaontímjentoa 
pefaonalaa, y áNaaaaa aoeedid an hermano Fedarioo Enrique tan ve< 
harnéate eu atta odíoa eomo entendido en loa nej^ioa de la gnerr». Sin 
embargo, tomó eata mejor aspecto caaikdo él marqnéa de Bpinola faiao 
londir 1* importante plaaa da Blb-eda á loa diea meaea de aaedio (1690). 
iM enemiatad de Carlos I. provenía de no haber podido realizar au ma- 
trimonio eon Ift InHuit» D^ Bfarin hermanm Ae Felipe IV. Bate enlaeo 
aé trald desde loa últimos aRoa de Felipe III. alendo Carlea pif ncipe 
de Galea; y ^é objeto de opinlonea de teologoa y diapenaa del Samo 
Pontífice. Bepngnaba al rey qne an hija ae dcepoaara con nn protes- 
tante, y por otra parte al solicitarlo el monarca inglea peilia ae deTol- 
Tieae al elector Palatino sa dendo, loa eatáidoa qae acababa de perder 
enlagnerrade Alemania. Carlos eatnro en Espafia, reetbió grandéii 
oibaeqnios, pero al formular el contrato lo interrumpieron repetidas ob- 
Jecfonea, y el rey Jaoobo le ordenó ae legveaaae á Londrea (16SS3). Da 
catea antecedentea reanltaron loa heohoa qne ya hemoa narrado, la ten- 
taitiira de nna armada inglesa contra Liaboa, y él deaembaroo de diea 
mH bembiea en Cadis, apoderándoae de ll^ torre de Pantal (ldB5>. Esta 
invaalon faé reohaaada luego, y loa inglcaea ae yolvierou á Plymoodh 
con peiéida «ottalderable. 

Siehe&iea aproTcchando de la pas de Monaon tuvo habilidad pata 
negociar con el conde duque de Olivares, que una eacuadra de mncuen- 
ta baqtiea hiciese la guerra en las coafeaa británicaa. El fin de Rt- 
chelieu era que Eepnfla perdiese su poder marítimo y lo eonaiguSó de 
sigan modo, parque esa eacuadra que salió en mala eetación, pasó por 
mvahaa peligros y aln obtener ventitf^ alguna volvió á refugiarOe en 
aaa pnartos, daapuea de ereciáoB gaatoa y pérdidas. Y entre tanto era 
tal al ampefia con que los holanáeaéa perseguían laa flotea eapáüolaa, 
qnm la llagada félta de alguna, se celebraba como un próspero suoeao. 
La iqiia entró en Oadis eu ieEÍ5 con dieaisda mlHoneé qué oondi^ de 
Anklaai dio motivo para que ae mandase por un decreto hacer una 
iaata anual eñ memoria da tan seAalado fiíkvor de la providencia. Pero 
ab acaació lo mismo con los giúeones que en 1687 IbaXL llevando un tn- 
g^Ma ÍMmdál; parque mienfortw 11^ éactiiidra eaplAola Ittohaba oontra loa 
ÜttWéntas en loa marás británicos, una armada holandesa ápreaaba cerca 
#e laa ialaa Terceras Soexoferidoa galeones proeedentea del nuevo mundo. 



FSL 145 

XI )Bonde duque de OliTana, cay» piesaataosa ainbioioii eetaTia de 
«merilo con ene roirM de engrandeoimiento, obligal» al *iey á tomar 
■erioe oompromiaos OD enanta» eaeatiooes snrgian, parüoalarraeato en 
Italia. El valgo eepaQol, qae lo Uabia y mnoho ama eu las olaaea áape- 
riores al pneblo, aostenia al observar lo deamedido de la privanza del 
ministro» qne ain dada daba Á Felipe IV. ciertoa brevi^ea que era voa 
eoman ee empleaban para eoDsegmr el completo alaeinamiento de ana 
persona y qne entregase á otra sa corazón y sn albedrio. 

Espafla tooMS parte activa en el litigio qne se formó por la snoesion 
al dooado de Mantna» para adquirirlo, ó cuando menos para quedarse 
son nna plaaa importante. SI duque de Saboya en esta vez se apartó 
de Francia y se unió á Olivares con intención de dividií^ el Monferratf. 
Hicieron la guerra en Italia onando los franceses cataban ocupados del 
sitio de la Bóchela, baluarte de los protestantes í quienes ¿favorecía y 
alentaba el ministro de laeatóUca España. Pero Sicbelieu en cuanto 
ee libró de aquel embarazo llevó á Saboya el ejército venoedori y Oli* 
vares retirando de los Países B^Jos al laarqnés de Spinola lo^envió á 
mandar el ejército de Italia, error qne fué causa de no pocos reveses 
de qne los holandeses supieron aprovecharse. Los franceses intimida; 
fOn al duque de Saboya 6 hicieron alianza con Veneoia, el papa y el 
duque de Mantua para la defensa contra los espafioles. £1 emperador 
de Austria introdujo dos ejércitos en Italia: Bichelien alcanzó di&ren- 
tes viotorias muriendo de pesar el duque do Saboya. La guerra tom^ 
mmeha actividad entre tantos contendientes, diezmándose los ejércitos 
por la peste y los combates. Cuando Espafia había obtenido notables 
ventajas, Spinola perdió el Jaicio y murió afectado de que su hijo no 
kubiese sabido defender de los franceses el paso do un puente. (1630). 
Seemplaeole el marques de Santa Cruz distinguido marino, pero no ge- 
neral esperimeatado en guerras terrestres. Al tormínar una tregua qnh 
se habla acordado, los franceses maniobraron sobre la gran plaza do 
Gasal y á pesar de ser superiores los espafioles, viose con asombro con* 
ssrtarse un armisticio, en virtud del cual se dió en depúeito á un comisa- 
rlo imperial la dicha fortaleza y las de Monforrato, retirándose el ejér- 
cito espafiol al Milanesado. Firmóse después (1631) en Qnerasco un 
tratado por todos los beligerantes: Espafia resultó sin Mantua ni Casal» 
pero sf quebrantada iM>r inmensos gastos; y la Francia adquirió la pla- 
sa importante de Piguerol que franqueaba las puertas de Italia. 

Tan tenaz el gabinete espaCol en sacrificar ú la nación sirviendo 
i loa intereses de la casa do Austria, como lo era Richelieu en humillar- 
la por todos medioB; luego que supo la alianza de Francia con el rey de 
Sneoia Gustavo Adolfo, qne habia declarado la guerra al imperio ha- 
ciendo el papel de libertador de los protestantes, el conde duque de 
Olivares nada tardó en destinar al socorro de Austria, las tropas qua 
hacían falta en Flandes y los recursos escasos de la agoviada Espafia. 

Al rey de Suecia se unió el duque de Si^onia, y ambos ayudados por 

la liga protestante de Leipsiok, conquistaron varias ciudades. Magun- 

19 



ítí Ffil 

4ft lie les entregó á peear de^ en gwunieion de eepafiblosc Gdstwro Ádol- 
ib derrotó ana ftierza eonaidenble de estoe, y eigaió Bits lioeülidada» 
de triunfo en trinnfi> eontra los imperiales, saqueando la Babisra j pe^^ 
ifetrando en Snabia. Dióse la eelel»re "batalla de Loteen en qne mnri^ 
Chistavo dejando yietorioeo á sn ejóreito. 

' Anseirte de Flandes el marqués de Spinola, sn sucesor el oaode d» 
Beig dejó perder algunas placas j entró en una conjuración contra Ea- 
pafia (1632) por la cual todo debia fracasar. Acudió alli el conde de 
OppeiüMfin con veinte mil austriaeos y faé batido por el principe de 
Orange delante de Maestrick, plaza que como otras se perdió donscou** 
thramente. Entonces se rió practicar el estralio desatino de posiar Um- 
ftterzas en manos de cuatro generales, alternando el mando entre eUoo- 
•euuinalmente (cosa semejante a la moderna organixaoion de nueatn^ 
principal aduana.) Los descalabros fueron consignientesy mas ninguno» 
bubo comparable con el de la escuadra de noTcnt» velas que con nua* 
(dios esfuerzos se envió á Zelanda y la destrosaron los bolandeseaapro^ 
sando unas naves y baciendo sumei^y otras. 

La guerra de Snecia y sus aliados continuo con mucbo empello (ISSS).- 
El rey de Hungría mandaba el ejército imperial y consiguió se le unió- 
m para bstir á los Suecos, el infante cardenal de Espa&a D. Femando 
Cteñnano de Felipe IV, el cual por muerte de la arobiduqnesa goberna'- 
dora de Flandes y por los desastres qne hemos narrado, pasaba cod^ 
diericlio mil espafioles á tomar posesión de aquel gobierno, D. Feman- 
do atravesó el Dannbio y llegó delante de Norlingft (1634,) á incorpo- 
ATse á los ejércitos católicos. Hubo allí una batalla sangrienta qno 
duró dos diss y los Suecos fneron vencidos completamente. 

- Bosesperado Ricfaelieu por las glorias de Austria y sabedor de que el 
eottde duque trataba de una tregna eon les bolandeses, malogró este pvo* 
2^octo, agitó al principe de Orange para que continuara la guerra oontr» 
España, bizo un tratado con Holanda obligándose la Francia á contri- 
bñir con trescientas mil libras, y á poner un cuerpo de tropas al servioio 
de la Bcptiblica. La guerra do Alemania se mantenía viva: y el caidenál 
Femando con sns tropas vencedoras fué recibido en Bruselas cott deci* 
^Bdo entusiasmo. Riebelieu-se confederó con varias potencias pata el oa- 
■crdeun rompimiento con Espafia, bnscó la aliaussa de los estados de Ita- 
IDs contra ei imperio y puso en pié un numeroso ejéioito^ El conde du» 
que biso esfhcrzo^ para levantar tropas y desviar á algunos gobierlio» 
de la alianza con Francia. Luis XIII declaró la gnerra á EftpaHa (IdK»). 
Bsunierónse franceses y holandeses y operaron sobro Flandes: el «gér- 
elto espafibl que estaba á cargo del príncipe Tomas de Saboya fué dar- 
sotado enría batalla de Avenne. 

Sin embargo de esta adversidad, la cuestión- de les Paisas Bijosno 
Aid por entonces resnHadoís finales ú Francia y Holanda, graeias al ti^ 
BO y acierto del Inílmte esMenal. Eik Alemania el ^éroito íhineás no 
pudo superar los obstáddos que le rodearon por la ssiianmion de algu- 
|M de los prteeipes eon^Bderador, y tHvo que npasar el Khlto por fttift 



FEL 147 

4t »ttm«nto« y volv«nM á «u temioño. Ignü. retirad» hixo deide FUai- 
4m él mariMal ChfttiUon. En Italia aignid la gaerra con aaerte Taiiai 
fmto áfiaaa de 1635 fueron darrotadaa en Horbegno las tropas espa&ola^ 
qve mandaba el conde de Cerbellon. La Inoba se encendió mas el a&o in- 
HMwliatn en qne D. Martín de Aragón venció on la célebre batalla de To< 
«toa é Atenas «npeñores francesas. 

Las operaciones del i^|óreito español en Flandss pnsieron á la mlsoA 
capital de Paria en agitación j peligro, habiendo sido necesarios graft- 
4as esfoerzos para detener y hacer variar sas planes á los generales qne 
lo mandaban (agosto de 1636.) Dejemos por nn momento los recnerdo^ 
4o Jas empresas guerreras qne tanto inflnyeron en la ruina del Eraxi^ 
«spaSoI; y variando do asunto contraigamonos á objetos tocantea á lo 
interior júUm costambrea de la época da qno tratamos. 

Loa deaatendidoa pueblos cuya decadencia cada dia era de mas entir 
4ad en loa ramos do agricultura é industria» desesperados de no hallar 
protaoeion en el gobierno, dieron en hacer representaciones á sus obtar 
pea y coras en demanda de apoyo y remedio para sos lamentables atrik* 
MS. £1 conde dnqae prohibia todo comercio con las naciones que esta- 
ban en gaerra con Espafta, «on^scéndose sus productos sin exeptuar i^ 
isa artfcnloa do subsistencia. Con esto se vio el reino en deplorable y 
aialada sitoaoion, quo la antoridad real hacia mas penosa con las pm,« 
«cauciones hostiles que empleaba para impedir el contrabando. Oliva* 
fsa deshilo de nn golpe el funesto arbitrio que adoptó el duque de Leis 
ma reinando Felipe III., de doblar el valor de la moneda de véUoBip 
i(1607) y la redijo á la mitad de él, ó sea á su antigua apreciación. Maa- 
dó-imponer tasa ^ é los agricultores para la venta de trigo, cebada 
y otras semillas y cereales, adacando la libertad del comercio y los prir 
vil^ios de los labradores. 

£1 rey babia ocurrido é la generoeidad de loe particulares para pe- 
der sobrellevar los cuantiosos gastos qne cansaban las guerrass solo el 
<cafdenal de Boija dio cincaenta mil escudos entre tantas otras eragasio* 
oai^ y Los grandes levantaban y mantenían regimientos á sn costa» Xias 
cortes de 1632 estuvieron muy reacias para otorgar subsidios qae/aai- 
pobreeiaa al pueblo y servían para enviar á Alemania cceoidos cánda- 
les. En 1634 votaron uno de seiacientos mil ducados por alio, qne sal- 
drían del derecho de sisa sobre varios artículos de consamo. El papa 
Urbano YllL concedió en 1633 seiscientos mil dnoados anuales sob» 
isa reatss edesiástioas y la cmsada para Vépolss qne imp<^rtaba coa- 
tnicientos mil. En 1636 se estableció el oso del papel sdMo destg* 
nándole coatro ries es. Mas todos estos ingresos no salvaron áEq^aO» 
de sn miseria y conflictos, porque siempre en sisa los gastos de la gnev* 
ra los absorvian.sin dar tregua á las aeoesidadas. 
. Pacaqneno fuesen solo laa guerras el asoée destmotor de paia tan ám» 
4(ebemado, so mala soerte le deparó otros males con qoe la natnimlsai 
jm brinda en ocasio n es á contriboir y hacer mas gravea loa ioIbrtailMto 
^n 1606 espantosas inundaciones cansaron pérdidas inmenani su oasMi 



148 FfiL 

ootDpifias y ganados, sobreviniendo el hambre y las epidemias: y miev* 
tras un horrible terremoto en Granada el alio 1689 devoró bombees y 
edificios, la oorte de Madrid festejaba con mascaradas y fiestas el naei- 
miento de nn infante y el que la reina saliese en público á oir misa. Ea 
1030 un incendio voraz consumió parte de la ciudad de ftan Sebastiaa», 
y en 1631 el íkiego destruyó en la plaza mayor de Madrid una manaaaa 
entera de valiosas fincas. Se llevó Á ese punto el sacramento de Ibm 
j^voquias y cuantas imágenes pudieron reunirse: en los balconea se oe^' 
lebraban misas delante de las llamas que causaban la general consterna^ 
clon. Esto no impidió que días después hubiese corridas de toros y oallaa 
en la citada plaza con asistencia del rey, quien no se movió de su asien- 
to en los momentos de asomar otro incendio en un punto inmediato. 

£1 ooode duque de Olivares que tenia dominado y distraído al rey 
oott poco honestas diversiones, puso en planta la rara y desconocida in* 
vención de crear comisiones consultivas para machos ramos administra- 
tivos, compuestas de amigos de su confianza, y con prescindenda de loa 
consejos y corporaciones. De este modo y con proyectos y dictámenes de- 
•antorisados, se daba movimiento al gobierno por medio de reuniones 
eventuales en que había muchos hombres incompetentes é indoctos, pero 
manejables para dar color de popular aceptación á nn artificio desnude 
de legalidad. Mandó el ministro favorito que en vez de acuerdos ptL 
bucos en los consejos, sus miembros dieran dictamen por escrito y so^ 
Hado: así se imponía de loa pareceres, y en las resoluciones que se dio* 
taban, por mucho tiempo'se creyó que se proeedia á tenor de lo opina* 
do por el mayor número de votos. 

En el reinado de Felipe IV. se repitieron los autos de fó en que Ate- 
ron castigados muchos portugueses. £1 Santo Oficio no perseguía solo 
la herética pravedad objeto único de su instituto: Juzgaba en materias 
de poligamia, magia y otras: fscultose en esta época á los inquisidores 
para conocer délas catusas de contrabando. Los autos mas notables 
ocurrieron en 10S6 y 1627, 1630, 32 y 36: en el último se introdi]úo un 
nuevo tormento que era clavar la mano de los reos en una media cruz 
de madera durante la relación del proceso y la lectura de la sentencia. 
T como se empleaba el recurso de acusar en la Inquisición á los peiBO> 
Bi^Jes caldos, enjuició este tribunal al maniués de Siete Iglesias por ha- 
ber encantado y dado hechizos á Felipe III.; al confesor del rey Fray 
Luis Aliaga, que había sido inquisidor general, por sospechoso de ma- 
terialismo; y á BU tumo el mismo conde duque fué causado por creer en 
la tttrologia Judleiaría. Pero ningún proceso cansó mayor ni mas rui- 
doso escándalo que ol seguido á Fray Francisco Garcia, benedictino con- 
fémxt dé las moteas de San Plácido, el cual declaró energumenas á la 
priora y veinticinco religiosas mas (1628). Ezorefzaba todos los dias él 
•onrvtoto sin que los conjuros prodt^eeen efecto: habla nn demonio Ha- 
aiaíao el ptr^griño que deoUn era el Jefe invencible de los demás. A los 
trw AiDos procedió la Inquisición contra las moi^as y su director. Sen- 
tra«iada la causa en 1633, ñié condenado aquel religioso £ varias penaé 



FEL 149 

terTÍbl«« después do haber snfrido tres oraelísimos tonnentos. A mas 
de ieuQnele por alambrado, fué convencido de onormos delitos come 
tidos en el confesonario y que el podor no permite referir, aunque lo 
haya heoho el historiador reciente de Espafia: repugna ciertamente es- 
cribir ni de lijero acerca de los sucesos ocurridos con las fingidas 
energnmenas que recibieron diferentes castigos. Tiempo después con 
apojo del conde duque se abrió el fenecido juioio, y atendidos podoro. 
sos influjos y las pmebas aducidos por la priora del monasterio, se dio 
sentencia absolutoria en favor de las religiosas por el consejo de la su- 
prema Inquisición el a&o de 1638. 

£n la corte los galanteos y las aventuras amorosas, daban campo á 
comentarios llenos de picante detracción, sin que de ellos se viera 
exenta la reina Du^bel por sus distinciones al conde de Villamcdiana- 
La rels^ada conducta del rey y sus impropios distracciones fomenta- 
das por el favorito Olivares, se estendierou al interior de los teatros 
entonces llamados corrales. De la tarailiaridad con los a43trices result9 
que uno de ellas, Maria Calderón, diese á luz uu hijo bastardo dol rey 
ú quien se puso el nombre de D. Juan de Austria. 

Tomemos de nuevo el hilo que d^amos al entrar en estos últimos re- 
latos; y volviendo al asunto do las guerras estrangeras, principiaremos 
por decir que las campañas ocurridas en Flandes y otros puntos en 1637 
tuvieron resultados ventajosos para Francia. Cuando en el a&o prece> 
dente la fortuna fué tan adversa á sus armas, intentó Bichelieu apelar 
á negociaciones de paz que debieron celebrarse en Colonia: pero se frus- 
traron i>orqne España y el imperio se opusieron á la concurrencia de 
la Holanda y de los principes protestantes de Alemania. Resentidos el 
monarca francos y su ministro, hicieron invadir nuevamente los Paises 
Bsyos y levantaron cuatro ejércitos para emprender distintas operacio- 
nes. £1 conde Uarcourt arrojó á los espafioles de las islas de Lorius; 
el duque de Lavalette sitió 6 hizo capitular á Landrecy: el principe de 
Oraugo auxiliado por los franceses cercó á Brada: el mariscal Chati llon 
tomaba varias plazas en el Lnxemburgo: el duque de Longuoville ha- 
cia conquistas en el Franco-condado: el de Weymar en la Alsacia, der- 
rotaba á Carlos de Loreua; los espafioles vencidos y perdiendo plazas 
en diversas partes abandouaiou la Guiena, y últimamente un cuer]K> 
de trece mil hombres enviado á Longuedoc con el duque de Carmana 
fué derrotado por el de Ilallnin. Tales sucesos se verificaron en el afio 
do 1637 en todo feliz parala Francia como hemos dicho. 

Suerte bien distintió tuvieron las armas espafioles en 1638. pues el car- 
denal Infante derrotó al principe de Orange, y el marqués de Leganés 
hi/.o rendir algunas plazas de Italia. £1 teritorio Guipuzcano fué inva- 
dido por un ejército trances que pasó el Bidasoa mandado por el prin- 
cipo Conde quien puso sitio á Fuonterabia, atacándola por mar y tier- 
ra. £1 arzobispo de Burdeos que mandaba la flota francesa, destruyó 
completamente eu Guetaria á la armada de Espafia destinada á favore- 
cer la plaza. £1 duque de Lavalette fué rechazado en una brecha y el ar- 



150 PEL 

m 

^o)n8^ á qaien Conde eneurgó el amito, snfrió un impetuoso ataqué 
de los espafloles que cantó la denota de las faenas de Franeía. 
> RiohMi^i) puso ea pió tres nn evos -ejércitos; pareoian inagotables el 
(Uror y los reonrsos qne ambas nisoiones empleaban para «atísfiMer 
Su enoayí iaamiento. La gnerra se hizo cada dia mas rigorosa en Flan* 
des y ea Italia: las rentajas alternaron oen loe reveses en operactonos 
de mayor ó menor importancia, como Aieron también los resultados* 
Ooudó invadió el Roaellon fortifíoó macho la plaaa de Salces qne se b« 
bia rendido y que después sitiaron los espafloles combatiendo oon gran 
tenacidad: Conde volvió á Narbona para reunir mas fnerraa oon Um 
cuales penetró en las líneas espadóles qne lachaban contra la plasa. 
Fué reehacado con muy crecida pérdida, á pesar de su formidables ata^ 
qne y hábiles disposiciones. Salces sin embargo, no capítulo hasta quo 
se agotaron sos recursos de snbsistenoia (1689). 

El arzosbíspo de Burdeos, almirante de la escuadra francesa del Océa- 
no, después de sns vanas tentativas delante de la Corufia, pasó al Fer- 
rel donde desembarcó una ítiersa que no llenó su objeto y salió escar- 
mentada. Luego, recorriendo la costa de Viscaya, puso en tierra dos 
rigimientos, dijo misa en Laredo, y se reembarcó con algún botín (1696). 
Siguió á Santander é incendió los astilleres: tenia sesenta buques, y 
cnando acometió á los puertos de Castilla, el arsobíspo de Burgos reu- 
nió gente de armas para encontrar al prelado marino^ y hacer posible 
habrían batallado estos dos jefes do la iglesia. La escuadra española do 
sesenta veles' con diez mil hombres de desembarco mandada por D. 
Antonio de Oquendo, tropezó en el ¿anal de la mancha con la holande- 
sa del almirante Tromp. Ambas combatieron reciamente en dos oca- 
siones: la de Oquendo quedó del todo envuelta y derrotada, perdiéndo- 
se la mayor parte de las naves y pereciendo ocho mil hombres. El con- 
de Mauricio de Nassan habla traído al Brasil (1637) una escuada y tro- 
pas con que sometió varias provincias. De cspana se enviaron cuaren- 
ta y seis bívjoles y cinco mil sóidos con D. Femando Mascarenhas pa- 
ra recobrar aquel territorio. Una epidemia acabó en el viajo con la mi- 
tad do la gente. Apesar de esto, se juntaron doce mil hombre: mas la 
coropaTlia holandesa de las Indias reforzó al conde Mauricio con otra 
fiota, la cual en varios combates desbarató la armada completamento- 
dejando aniquilado el poder marítimo de España. 

En Italia se rindieron al general francés conde de Harcourt diferentes 
ciudades y fortalezas (1640). £1 marqués de Leganés abandonó el sitio 
de Casal y huyó del ejército de Francia y Saboya con enorme ¡pérdida. 
Muchas operaciones y encuentros se sucedieron con varia suerte; y 
tanto las tropas do Turena como las espafíolas de Leganés, llegaron 
H verse hostigadas del hambre. Harceurt en 1640 oceptó'al principe To- 
más de Saboya una capitulación, y el Pi amonte quedó perdido pora Es- 
paña. La guerra en Flandes tuvo diversos alternativas; pero la rendi- 
ción (le Arr(¡8 dio ventajas al ejército Francés en aquel territorio; y el. 



FEL 151 

Cardenal Infante se uantaYO en la defenalva por la impericia y falta 
de cooperación del príncipe de Orange. 

£n el principado de CatalnUa había nn azaroso descontento en todas 
las clases, creado por las imprudencias del gobierno, cnyos actos depre- 
siTOS 7 desairoBOS tenían irritados los ánimos dejando percibir sínto- 
mas de alguna esploúon. Loe resentimientos se aumentaron con las ór- 
denes impolf ticas y las represiones Tíolentas que adoptaba el conde 
duque de Olivares, implacable enemigo de los catalanes. £1 desacerta- 
do ministro en todas sus providencias seguia el camino de la dureza y 
arbitrarias persecuciones. Este sistema ijeno de la cordura, el mismo 
carácter altivo de los catalanes, cuyos servicios en la guerra del Sose- 
llon no se correspondían, y los innumerables exesos de las tropas, pro- 
dujeren nn rompimiento entre estas y el paisanaje. Cortados los la- 
sos de la obediencia, 6 indignado el pueblo contra el virey conde de 
Santa Coloma, fué este asesinado, como mnchos soldados y castellanos, 
propagándose en Barcelona los atentados y desórdenes que el clero fo- 
mentaba. La rebelión se declaró, y cundiendo en todo el principado, se 
publicaron los motivos de ella, entre los cuales figuró la queja de no ha- 
berse oido nanea las reclamaciones, ni pensado en atenderlas en Jnsti- 
ticia bajo ningún punto de vista. El obispo de Gerona excomulgaba re- 
gimientos enteros del ejército, y las escenas sangrientas tomaban gran- 
des ensanches. En una J anta de ministros, prevaleciendo los dictáme- 
nes de Olivares, se resolvió hacer la guerra á Cataluña hasta qae se so- 
metiera, y faé nombrado general en jefe,y después virey, el marqués de 
los Velez. Preparanse los catalanes á la resistencia; piden socorro á 
Francia: enciéndese la lucha en el Rosellon, y el ejército consigue ven- 
tajas sobre los insurrectos del principado, ejecutando crueles castigos. 
Bichelieu envió fuerzas auxiliares con el general jy Espenan, pero no 
sostenido por mas tropas, tuvo que capitular entregando la plaza de 
Tarragona do que se había apoderado. Con este y otros sucesos, el fu- 
ror y la desesperación de los barceloneses se hicieron conocer en los he- 
chos mas criminales y horribles del populacho. 

El ejército ospafiol salió de Tarragona y avistó la capital del 
principado dirigiéndole una inútil intimación. Loe catalanes proclama- 
ron conde de Barcelona al rey Luís XIH. entregándose á la Francia; 
y el marqués de los Velez emprendió el ataque á la fortaleza de Hon- 
Jnioh, que obtuvo auxilios por mar y tierra, y cuya esforzadísima re- 
sistencia prodigo la inesperada derrota d^l ejército castellano. Sos 
diezmadas tropas fueron á rehacerse en Tarragona. El general firancéá 
conde de la Motte se posesionó del país circunvecino y puso sitio á la 
plaza, apoyado por la escuadra del arzobispo de Burdeos. Al mariscal 
de Brezé se le reconoció por lagar teniente de Francia en Catalulia. 
En el RosoUon tenia el mando de las armas espafiolas un americano 
ilustre, D. Rodrigo de Orozco marqués de Mortl&a natural de Chuquisa- 
oa, cuyos servicios y proezas encomió Peralta en los cantos de su ''Lima 
fiíndada.'' El marqués venció en refiida batalla á los franceses (LM); 



152 FEL 

pero Riohelien cuidó de euviar an unevo ejército al Rosellon, el caaf 
derrotó é biso prtsiouero iutegrameute el grueso cuerpo que conducía 
el marqués de Poyar para que ue reuniese £ Mortára. Tan terrible de- 
■astrcí debido á uua orden desacertada del ministro Olivares, causó gran 
contento en Barcelona y mayores impresiones de temor y aflicción en 
Hadrid. Mortára defendió heroicamente la plaza de Colinvre que se 
rindió solo por hambre y con muy honrosa capitulación. £1 Koselloa 
se perdió definitivamente para Espafia (1642); y el rey Luis XIII y su 
muiistro Richeliou no tardaron en presentarse en Perpignan que aca- 
baba de entregarse, y donde existia un inmenso depósito do armamento. 
Ija Motte, ya mariscal de Francia, fué rechazado vergonzosamente ou 
Tortosa, y sufrió quebrantos en varios puntos hasta retirarse'á Lérida. 
El marqués de la Hinojosa encerrado en Tarragona, alcanzó algunas 
ventajas sobre Jos franceses; descubrió una conspiración de frailes car- 
melitas que so dejaron matar en sus celdas antes de darse presos. La 
escuadra española de Dunkerque triunfó de la francesa en un glorioso 
combsíte; mas reforzada esta, se hizo poderosa y batiendo á aquella 
completamente, quedaron los de Francia dueños del mar. 

En Madrid se hicieron grandes sacrificios para organizar nn ejército; 
y en Cádiz se aprontó uua respetable escuadra. Se carecía absolutamen- 
te de recursos para los crecidos gastos que eran necesarios; mas la reina 
se desprendió de sus Joyas, y los grandes proporcionaron cuantiosas su- 
mas: hubo un rico comerciante que dio sin interés ochocientos mil es- 
cudos. Felipe IV. y Olivares marcharon á Zaragoza donde permanecie- 
ron como en uua temporada de recreo scgnn se daban á las diversiones. 
£1 ejército á órdenes del marqués de Leganés se dirigió á Cataluña, tu- 
vo nn encuentro muy serlo sin resultado decisivo; y por su impericia fué 
destituido del mando y sujeto ajuicio. Volvióse el rey á Madrid sin ha- 
ber empleado su autoridad en dar impulso á esa guerra; y lleno de ver- 
güenza empezó á conocer la incapacidad de su favorito. 

A fines de 1642, el mismo día en que el mariscal La Motte prestó en 
Barcelona juramento como virey de Catalufia, falleció el cardenal Ri- 
ohelieu á quien reemplazó en el gabinete francés el cardenal Mazarino. 
Detendremos aquí el curso de la contienda del principado, para tratar 
de asunto todavía mas trascendental y funesto: — la revolución de Por- 
tugal y sus consecuencias. No era en Portugal el sentimiento de haber 
perdido su nacionalidad, la tínica causa del disgusto que penetraba en 
todas las clases: existia otra aun mas eficaz, por que la originaba el 
amor propio herido profnndauíente con los actos do injusticia y menos- 
precio empicados por el gubiuruo siniestro é imprudente del conde du- 
que de Olivares. Dos favoritos suyos teuiuu esclavizada á la Vireina 
Margarita 4c Saboya duquesa viuda de Mautna: la opresión, los im- 
puestos desproporcionados, las violentas exacciones, la preferencia de 
los castellanos para los destinos públicos, y tantos otros agravios, mo- 
tivaron la dcsesperaeion qiao se hizo sentir con alarmantes sucesos. A 



FEL 153 

^reteftfao de rechazar ana nueva gabela, se alborotaron Tarioa distritos 
y se observaban síntomas de nu levantamiento geueraL 

Reprimiéronse en breve estos alborotos, y ademas de los duros oasti^- 
190S qne se dieron, Olivares impuso á todo el reino nn exeeivo tributo, 
7 aan qniso redooarlo á la condioion de provincia de Castilla. Había 
cobrado maf or andaoia el conde duqae por las mnckas mercedes iine 1« 
concedieron las cortes de 1638 en premio de la pacificación de aquel 
país. Dio orden para que las tropas poringnesas marcliasen á la guerra 
de CataluJIa con kM grandes y principales nobles, el primeio el duque 
de Braganza inmediato sucesor al trono que habia quedado de la anti- 
gua dinastía. Semejante providencia acompaHada de la amenazada 
«onliscaciiMi de bienes, fué vista con sumo desagrado, y el clero se pro< 
iraso mover los unimos á la resistenciu. Olivares en quien los desacier- 
tos eran babituales, pensando engallar al duque, le dio poder militar pa- 
ra defender la cesta de tentativas de los franceses, levantar tropas y 
mejorar las fortalezas; y ordenó «u secreto se le aprisionase aborde de la 
Armada 6 en tierra por medio de una trama alevosa. Rodeóse el de Bra- 
ganza de numerosos y activos partidarios, comprendió la perfidia del 
ardid que contca él se preparaba, y se hizo ñierto sirviéndose de loa 
mismos recnrsoB que so le hablan proporcionado. Y cuando aparentan- 
do tranquilidad volvió á su retiro de Yillaviciosa, estalló la revolución 
«Mnbinada por el arzobispo de Lisboa D. Rodrigo de Acuna y otros. 

Tratóse de formar una República, pero venció la idea monárquica 
prefiriendo entre otros al duque de Braganza para que ocupase el tro- 
no. El 1? de diciembre de 1640 se dio el premeditado golpe proolamíBa- 
dosele rey bi^o el nombi'C de Juan IV. £1 clero con el arzobispo á su 
cabeza tomó parte en ol levantamiento, siendo los Jesuítas los que mas 
inflayeron para su realización* Se dio muerte al ministro Vasconcellos, 
y el pueblo que en lances tales se complace en espectáculos sangrientos, 
cometió en medio de torpes algazaras, repugnantes exesos. La sensaeiou 
que estos acontecimientos causaron eu Madrid hizo acrecentar el odio 
á Olivares, avivé los temores de este, y también los desenga&os que ya 
esperimentaba el rey por los errores y estravios de su privado. 

£1 nuevo monarca D. Juan fué Jurado solemnemente, y al punto des- 
pachó embajadores á las cortes estrangeras enemigas del Austria: cele- 
bró tratado de alianza con Francia y fué reconocido por Inglaterra, 
Dinamarca y Suecia. En cuanto á Holanda, esta república ajustó una 
tregua de diez afios, y destinó una escuadra para que unida á la fhmcesa 
persiguiera las armadas espaf&olos. Parala Holanda no era posible otro 
arreglo, desde que los portugueses habrían de exigirle la restitución de 
sus dominios de la India. Por mas que los gobiernos de Portugal y 
Francia trabiúA''on en Roma, el papa se mantuvo inflexible y no reci- 
bió á los enviados de D. Juan. £1 príncipe D. Duarto hermano de 
este^ servia en Alemania con merecido crédito, y los agentes de Espafia 
exigieron su arresto. Negábase el emperador á una acción tan inlena y 

deshon r osa como reprobada en su corte: pero triunfando la exigencia 

20 



I 



154 ¥EL 

del gabinete espafiot, el principe faé preso en Ratisboua y encemáo eif 
la cindadela de Milán, donde murió sin qne so hermano pudiera }amá* 
rescatarle. 

Portugal se preparó para la guerra, y Espafia por en parte hacia loa 
mayores esfuerzos con igual fin: pero por su situación apurada en ma- 
teria de recursos, fueron insuficientes los que se reunían para órgani" 
tar va ejército numeroso, cuando por otra parto la contienda de Catar 
lufia absorria todos sus cuidados. Hubo ataques parciales, incurBlonea 
de poco ó ningún resultado pora los espaOoles, nrientraa los portugue- 
ses obtuvieron alguna» renti^as luchando eon ezesivo furor. Las an- 
tiguas posesione» de Asia, África y América se ibau ctefecoionando y 
prestaban obediencia al rey D. Juan IV. gobernadas como estaban por 
Jefes portugueses; de manera que Espafta i»erdió aquellos países trasma- 
rinos, con la misma rapidez con que los habia adquirido. Y aunque hubo 
una conspiración peligrosa para restablecer el dominio do Felipe IV. 
en Portugal, se frustró por oportunas denuncias: el arzobispo de Braga 
autor de ella fué soterrado en una prisión: el marqués de VUlnreal y el 
duque de Canainha degollados, y doseoartizados varios Jodies sos pritt>> 
cipales cómplices. Tratábase de iitcendiar el palacio de Lisboír y ase- 
sinan al rey (1641). Después aeaooiú*otro proyecto todavi» mas trascen» 
dental é injaatificable. A la cabeza de una conspiración estaba el mar- 
qués-de Ay amonto, el mismo que reveló la anterior y á sn tumo ñi^ 
igualmente delatado. Prooedia de acuerdo cou' el duque de Medina 81- 
donla que era hermano de la nueva reina de Portugal, pariente del 
conde duque de Olivares y también del de Ay amonte, quien le si^iri6 
la idea de hacerso proclamar rey de Andalucía. Descubierto el plan, 
' Medina Sidonia pidid perdón ú Felipe IV. y lo consiguió no sin que- 
branto en sus bienes: entonces por sugíBsttou de Olivares publicó su ce- 
lebre carta desafiando Á Dv Juan IV. Al marqués de Ayamonte so le lle- 
vó á Madrid con enga&o: se le ofiectó-perdoa como confesase su cri- 
men, y habieQd<do hecho, se le condenó al último suplicio. 

Mochos y grande» hablan sido los infortunios de Espa&a: su mor&P 
abatida, su erario en ruina, so» armas bnuMiladas en todas partes, rei- 
nos perdidos y hasta luchas intestinas en progreso como la de Catalu- 
ña; tal era la espantosa situación que tenia por origen el mal gobiemo 
de Felipe IV, cuya indolencia y disipación no conocian límites. P^ro ú 
la colpabilidad del débil monarca se unian el desacierto, los errores, 
los atontados y la indiscreta política del aciago &vorito Olivares. 
Bstaba en las oonviccioiies de todos, en la conoiencia de la nación en- 
tera, quA so» males su decaimiento y deshonra, reoonoeian por autor Bit 
ffttal ministJMV que era objeto d^ odio fundado é implacable eon quer 
le abrumaban todas las clases sociales. 

£n Italia fos mejore» amigos y aliados de Kbpa&a, y hasta los peqne^ 
fios príncipes sus vasallos, deiMkmparándola al ver sus infortunios, s» 
unian y coligaban con los fraooeses. £n Flandes la muerte del carde- 
ual Infante y otros infeUoes sucesos, eran anuncio de la» diesgraokM qu» 



«i 



FEL 155 

laego 86 esperimentarou. Entre tanto la corto segnia entregada á ban- 
quetes, feetioes, toroe y comedias con qno el favorito entretenía al fas- 
cinado rey. Se carecía de dinero para la gaerra, pero lo habla para 
eenstmir teatros y tucjorar los sitios reales; y si de los pueblos ya nada 
podía sacarse, se tomaba y gastaba la mitad -del caudal de particulares 
procedeate de las iLmérícas. El arte dramático prosperaba floreciendo 
los poeiss y los ingenios; pero en los lugares de las representaciones 
la liecBoía y el escándalo tocaban Á su colmo. La reina llegó á verse 
dominada por la pasión de las comedias, y mandaba sil varias en oca- 
siones, litesen buenas ó malA«. Los adaladores por darle otra diversión 
de que gustaba, hacían refiir Á las m eneres de malas costumbres, para 
que se insultasen y se arafiaseu ol rostro; y soltaban en la cazuela rep- 
tiles para osnstarias y que se divirtiese la reina con la gritería y el 
desorden. La inmoralidad y corriipoiou do aquel tiempo dieron c(|erox- 
cío á la pluma de D. Francisco do Quevedo, quien pintó los vicios y 
«Kcsosdo la corte con negros tintes, y dirigió al rey un memorial en 
verso en que se&alaba al conde duque como autor de la ruina y afrenta 
del reino. I/a venganza de Olivare» fué terrible: se acusó al poeta do 
Í4itelígenoía con los franceses, oncerráudole en San Marcos de León por 
cuatro aftos en un subterráneo, cargado de prisiones y sin comunica- 
ción alguna. ''Madrid hervía cu riSaa robos y asesinatos, pagábanse 
muertes y se desempellaba notoriamente el oftcio de matador: saqueá- 
banse los teta píos, galanteábanse en público las monjas ni mas ni mo- 
nos que mujeres particulares. Tal caballero rezando á la puerta de nna 
iglesia era acometido do asesinos, robado y muerto: tal otro llevaba 
" Á confiBsar Á su mig'er para quitarle la vida y que no se perdiera su 
^ alma...... este atacado cit la calle se acogía debido del palio del 

** Santísimo y allí mismo era asesinado En quince días hubo en 

^* Madrid ciento diez muertos de ambos sexos é¿, (Cánovas: Decaden- 
** «la do Espaaa}.'' 

Cuando todo esto sucedía, promulgaba el gobierno pragmáticas pro- 
Idbiendo el juramento fuera de actos judiciales; que las mujeres andu- 
vieran tapadas ó usasen guardm infante, y que los hombres llevasen gUo- 
d^fttf, cope(ef y rtoos en los cabellos! En 1643 mandó el conde duque que 
la moneda de vellón que oorria por doce y por ocho maravedís, valiera 
ea adelante dos, y la de seis, solo uno: temeraria arbitrariedad que cau- 
só gran confusión, y no podiendo venderse ni los artículos de primera 
neeesidad, no se encontraba que comer en Madrid. 

Ansiábase generalmente la caida de Olivares, y se fué formando nna 
disimulada tempestad que prodnjo memoriales dirigidos al rey acu- 
sando al Ministro de cuantos i ufurtuu íes agobiaban á la nación, y pi- 
diendo se lo apartase del manejo de los negocios. Y apenas se notó 
disgusto en el rey, y que empezaba á mostrarse tibio y desagradado con 
el favorito, cuando se rompieron lo3 díciues del sufrimiento y del temor: 
l¿i misma reina encabezó el plan ayudada de las damas mas respetan' 
bles, y de algunos prolados y magnates iiiflayeutes. Compr«>ndiendo el 



ái 



156 PEL 

cande daqno la gn^vedaddel peligro qae l4) itodeab», snplieó ál nj I» 
permitier» retirarse á descansar en LoeoheSy y al fin le fné otorgada %n 
solicitad <17 de enero de ld43). Honróle el rey en sn eaiday pnes al eoma- 
nioar á los ocnbs^os la separación de Olivaresy habló del celo y deiánte* 
ves con qne le había servido, prometiendo tomar sobre sí el peso delgo* 
bierno en adelanto. La exaltación y contonto público circnlaron en me* 
dio de entnstastas demostraciones de afecto al soberano. 8a8 enemigos 
escribieron sin cansarse cuanto podia dañarle^ y ezitor al rey para 
qne le condenara al fin tnyico que tovo D. Alvaro de Lnna. Casi snoe> 
de así, estondo al tenor de nna carto qne Felipe IV. escribió á Olivares, 
la cual le hizo perder el juicio por nnos dias, recuperándolo para sa 
mnerto qne acaeció en Toro el 2¡¿ de Jnlio de 1645. Había disfmtad» 
por eneldos, encomiendas y otras asignaciones, coatrocieutos cincnenta 
y dos mil dncados. La elección del Papa Inocencio X. babia costado £ 
Espafia, nn ingente caudal; y cuando se publicó nn escrito defendiendo 
al conde duque, fué prohibida bu circulación por que se ofendía al pon- 
tífice pintando dicha elección como simoniaca. 

La regencia de la reina de Francia (hermana de Felipe IT) por muer- 
to de Lnis XUI. parecía al»ir Á Espafia un hortzonto lisonjero; y se 
esperó y trato de que asf fuese, sentándose la base del matiimoDio- 
de la Infanta Mana Teresa con el Delfin (Luis XIV). Pero en los con- 
sijos de Felipe IV. prevaleció la idea de continuar la gpierra y activar- 
la en Catalnfia. En los Paises Bajos se habla sufrido nn torrible golpe 
de desgracia; pues á los pocos días del fallecimiento de Luis XIII, el 
principe Conde ganó la batolla de Rooroy, venciendo completamenta 
al antes victorioso general español D. Francisco de Meló, y tomando al- 
gunas plazas entre ellas la de Thionville. La reina regento de Francia 
celebró nueva alianza con los Estados generales de Holanda. 

Felipe IV. consiguió reunir nn ejército de veínto mil hombres pa- 
ra operar en Catalufia: las cortes de 1643 le concedieron un servicio 
de veinticuatro millones pagaderos en seis aQos; y el mismo rey deter- 
minó trasladarse como lo hizo al teatro de la guerra, encomendando el 
gobierno á la reina su esposa. £1 general en jefe D. Felipe de Silva qne 
habia recobrado la fortaleza de Monzón, derroto delante de Lérida á 
las tropas francesas del mariscal la Motto (1644): la plaza capituló des- 
pues, y Felipe IV. entró en ella. Tarragona rechazó con gloria los esfor- 
zados ataques de los franceses. El rey se volvió á Madrid á causa del 
fallecimiento do la reina Isabel el 6 de octubre: pero Á los pocos meses 
estaba ya en Zaragoza. Acudieron nuevas fuerzas de Francia y el con- 
de de Harcourt tomó la plaza de Rosas, batió luego al ejército espa&ol 
cerca de Balagnér, y pasó ¿ Barcelona para sofocar nna conspiración 
que se tramaba contra los franceses. El rey celebró cortes en Aragón y 
Valencia, dio el mando del ejército de Catalnfia al marqués de Leganés 
y se regresó á Madrid: su favorito era ya D. Lnis de Haro, no sin ge- 
neral reprobación. Leganés dio socorro á Lérida apurada por Harcourt, 
qnien tuvo que retirarse habiendo perdido gran parto de si^ ejército. 



FEL 157 

Felip6 IV. volvió con man fnersa á su vida disipadn y eflcandaloaa^ 
aUftQdonaado al valido las atencioDes del gobierno. Nombró ¿ sn hijo 
bastaxdo D. Joan de Austria Gtoneralísiiuo de loa raartís, imitando coa 
eate título el que ae dio al hijo do Carlos Y, corao si la igualdad de pro- 
cedeneia y el nombre pudieran nivelar sus cualidades. 

Pronto se vló en GatalnCa un refuerzo francés á cuya cabes» estaba 
Conde, quien puso segundo sitio á Liérida (1647). Todos los ataques que 
hiao resultaron frustrados: estos reveses y las enferuiedades que enfrian 
sus tropas, le obligaron á desistir de la empresa 7 repasó el Segre. Ra- 
bian sido tantos los exesos do las tropas francesas en CatiilutLa y los 
malos hechos de las autoridades, que se puroibiA con claridad estar la 
opinión general mas pronnnciiida contra la dominación estraña, que lo 
que antoB estuvo contra los castellanos: las exacciones, los abusos do 
los empleados y granjerias de los asoutiutas, marcaban una opresión 
que se hacia ya intolerable en medio del vejamen y desprecio con qno 
eran tratados y robados todos los natumles. £u sieto aflos la guerra 
üe Cataluña asi como la de Portugal, no concluía por la impotencia y 
desaciertos de la Espafia. 

£n los Paises Bi^os continuaba la lucha con ventilas sefialadas para 
los franceses y holandeses que se apoderaron de muchas placas. £1 Em- 
perador que tanto debía al rey de £sxMifia, intervino con un ejército 
que envió á Flandes á órdenes del archiduque Leopoldo. £8te fué ba- 
tido y desbaratado por Conde: desastre que acabó de convencer á la cor- 
te de Madrid, de que era ya imposible sostener la guerra de los Paisea 
B^jos. T después de prolongadas y diflciles negociaciones con los ple- 
nipotenciarios de diferentes naciones, se firmó en 24 de octubre de 
1648 la paz de Munster ó do Westfalia, reconociendo £spafia á los Pal- 
ees Bi^os por nación independieute. Asi terminó una guerra de ochen- 
ta afioe en que se consumieron los tesoros del Nuevo mundo, y se derra- 
maron torrentes do sangre. Las dos potencias quedaron con lo que po- 
seían, siendo libre para ambas la negociación y comercio con las Indias 
Orientales y Occidentales. £1 tratado se hizo sin conocimiento del car- 
denal Ifazarino. La corte de Francia, cnyo reino gobernaba una prince- 
aa espa&ola de la dinastía austríaca, no retrocedió en su plan de separar 
los intereses de las dos monarquías de esa rama, y la guerra de £spaCa. 
oon Francia continuó lo mismo que la de Portugal. 

Laa armas espa&olas iban tugando de la superioridad en qno estuvie- 
ron, £ medida que el gabinete francés consegnia menguar el poder in- 
fluyente que restaba á Felipe lY. sobre los principes de Italia. Tal era 
la tarea que ocupaba las ingeniosas intrigas del cardenal Mazarino; y 
«n 1047 cuando se unieron ú Francia el dnque y ol cardenal de Saboya 
antígnos aliados de EspaDa, perdió esta gran parte do su prestigio con 
las diferentes ciudades y fortalezas de que so apoderaron los íran- 



Por entonces estalló en BicUía una revolución del pueblo oprimido 
por .al rcelniamionto y por las nnehas gabelas que se le imponían, no 



158 FEL 

otMtante los privilegios ooneedldos por Carlos V, Al frente de «qnelln 
estnvo el calderero Jos6 Alesto, y la plebe so entregó á los mayores 
exesos. El virey marqués de los Velez pasó por enantas pretensiones 
tuvieron los sublevados, y pooo á poco se faé dominando la insnrrec- 
eion hasta quedar estiugnida. La que acaeció luego en Ñapóles fué de 
mayores dimensiones: se habia causado el pueblo de sufrir gravámenes 
exagerados y de ver enriquecerse á los fnnoiouarios cuya anterior poUrtf- 
zaconstabapor notoriedad. La corrupción era tan general, que en las 
tropas no se pagaba la.terceni parte de los soldados que figuraban en 
revista La opresión y las injusticias progresaban á una con la mise- 
ria y el descontento general; do que resultó uu levantamiento espauto* 
so contra el nuevo impuesto que se fijó á la fruta. Al frente del tumul- 
to se puso nu vendedor do pescado, Tomas Aniello de Amalfi, á quien 
el vulgo llamaba Masanidlo; joven audaz, deseoso do vengar la prisión 
do su mujer x>or haber defraudado uu subido tributo que gravaba so- 
bro la harina. Los atentados que se cometieron por las turbas fueron 
espantosos, y el virey duque de Arcos cu su confusión abolió los im- 
puestos; pero tuvo qno situarse en uu castillo para salvar del desorden. 
El Dr. Julio Qenovino, octogenario, furioso «lemagogo y habituado á 
las turbulencias, dio dirección al movimiento do las masas, consiguió so 
armasen mas de cien mil hombres y sacrificó no pocas víctimas. £1 vi- 
rey devolviendo al pueblo sus privilegios pensó calmar la tempestad 
asociado á Masauiello, poro no pudieron contener los saqueos, los in- 
cendios y otros inauditos crímenes. Desvanecida la cabeza do Masanie- 
lio, so convirtió en tirano del mismo pueblo, y ya pensó en mandar, te- 
ner palacio y adquirir riquezas. Aborrecióle la multitud por una re- 
pentina transición, y le mataron á pufialadas unos asesinos que se dijo 
haber sido pagados por el duquo de Arood. Muy luego la misma plebe 
honró su cadáver, le adoró como Á uu mártir, y prolongó los disturbios 
en que hubo grandes matanzas. 

A la llegada do la escuadra de D, Juan de Austria con tropas para 
combatir la rebelión, se rompió el fuego sobre la ciudad y se encarniza 
mss la lucha, que duró algunos dios, aclamando el pueblo la indepen- 
dencia del gobierno español. Y aunque batidos sucesivamente los amo* 
tinados empezaban ú desanimarse, tuvieron todavía arrojo para poner 
á su cabeza Á Enrique de Lorenaduque de Ghiisa, que como deseendien- 
te de la casa de Anjou alegaba derechos al trono de Ñapóles. Procla- 
móse la República, y el cardenal arzobispo Filomarino bendijo la espa> 
da do Guisa, como antes habia bendecido la de Masaniello. Continuó 
la guerra bajo mejor acuerdo, pero la escuadra francesa no prestó au- 
xilios al de Quisa por que esto desagradaba á Mazarino: después de un 
combate indeciso se regresó á Francia* La conducta del nuevo oaudillo 
disgustó á los napolitanos, y como las revoluciones que se prolongan 
desunen, fatigan y abren paso á la reacción, aparecieron ya síntomas 
claros de abatimiento. D.Juan de Austria reasumió el mando separando 
di virey Arcos, y Felipe IV. nombró pora este cargo al conde de Ofiate 



FEL 169 

que estaba de embsuador cu Roma. Estcatacú vigorosauíento la ciudad, 
y lod insurrectos escarmentados arrojaron lasi armas, termiuando así, 
y con la prisión de Gnisa, una revoluciou que ya duraba ocho meses, 
y x^or la cnal se infligieron horribles castigos. D. Augel deSaávedra Du- 
que de Rivas escribió con tino y juicio acerca de estos acontecimientos, 
hajo ei titulo de "Masaniello 6 la sublevación de Ñapóles.'' En esta obra 
hallaran nuestros lectores cuantos i>ormenores deseen, ya que no ^lode* 
lúos estendernos mas sobre el particular. 

Tratándose de promover la paz entre Espafia y Francia, el gabinete do 
esta potencia. frustró la esperanza de avenimiento al exigir la cesión 
absoluta de loá Paises Bajos, del Franco-condado y del Roaellon. Ma- 
zarino era ya muy odiado por los impuestos con que habia recargado el 
pais, y por que ademas era estrangero. Encendiéronse las luchas 
llamadas de Ja Fronde que causarpn horribles estragos: Espaüa atizaba 
la discordia, y el archiduque Leopoldo tomaba la ofensiva, 6 iba reco- 
brando el crédito de sus armas. Turena pasó á Flandes á ofrecer sus 
servicios álos espaüoles (1650). La guerra civil se encarnizaba en Fran- 
cia: la reina regento, y su hijo (declarado mayor de edad) estaban uni- 
dos á Mazariuo; y do otra parte, el parlamento, el coadjutor carde- 
nal do Retz, el x^rincipe Conde, el de Conti, el duque de Orloaus &,. Ma- 
zariuo tuvo que salir de Paris, y llegó Á ponerse á talla su cabeza 
(1651): poro luego volvió lo mismo que Turena, quien arrepentido so 
afilió á la causa del rey. Luis XIV, ahogando la guerra civil en qno 
los grandes dieron batallas cu la misma capital, entró triunfante en 
ella, y concedió una amnistía general. Condó se echó en los brazos do 
los españoles para poder vengarse de Mazariuo, y emigró ú Flaudcs coa 
no pocas tropas que reunió. Felipe IV. lo nombró generalísimo, y en- 
vió una escnadra con fuerza de desembarco Á Burdeos para proteger 
allí la insurrección; poro se retiró obligada por la flota del duque de 
Vendóme (1653) que cooperó á que los de Burdeos pidiesen la paz. 

Mientras que Mazariuo recobraba su ascendiente desembarazado de 
sus poderosos rivales, el gabinete de España en un manifiesto oscusó. 
su conducta con la necesidad do cruzar los artificios do un ministro 
italiano, opuesto al deseo que animaba al rey en favor del restableci- 
miento do las buenas relaciones con Francia. Luis XIV. fomentó perso- 
nalmente la guerra en Flandes: los generales espafioles no se enten- 
dían en medio de sus discordias y enemistades: descubrióse ou Paris, 
donde el odio á Mazariuo se agitaba de nuevo, una conspiración para 
asesinarlo; y el ejórcito español en su empresa sobre Atvúa fué derrota- 
do por Turena. Perdiéronse diferentes plazos, y el archiduque Leopol- 
do no conforme con el príncipe Condó, y abrumado por los desenga&oSy 
hizo su dimisión (1656) qno lo fué admitida, dándole por sucesor á D. 
Juan de Austria, el cual venció completamente al ejército francés ea 
Valenciennes. 

Habíase verificado en Inglaterra la terrible revolución que llevó al 
cadalso al rey Carlos I. el mismo qué, como hemos dicho en otro logar, 



160 F£L 

debió casarse con la bermaua de Felipe IV. Constitaida allí una Eeptf - 
blíeO) el Protector Cromwel fué reconocido por Espafia, Francia y ottaa 
naciones, que ¿ porfia procuraban sn amistad y apoyo: Francia las ven- 
eió alcanzando la pretlilecciou del Protector, quien laego se alió con 
Luis XIV. para arrancar varías ciudades y plazas á los espafieles. Felipe 
IV. hizo confiscar las mercaderías inglesas, prohibiendo todo comeroio 
con las islas británicas, como lo habla hecho respecto de Francia, y 
PortugaL No solo se dirigían las hostilidades á Flandes; que el desig- 
nio de Cromwel era apoderai*se do Méjico; y la escuadra inglesa so 
apropió )a isla de Jamaica, que nunca pudieron reconquistar los espa- 
les. Hízose de ella un gran depósito mercantil para sostener el contra- 
bando en M^ico y el Perú, al paso que las naves de Inglaterra asalta- 
ban los galeones, tomando las inmensas riqnezaa, que conducían peiio- 
dicameute á Espafia. 

Kl Protector mandó Á Flandes una fherte escuadra, y 12 mil soldados^ 
Luis XrV. y Tur^na dirigieron las operaciones: D. Juan de Austria, 
Conde, el duque de York (hermano de Carlos 1.) nombrado capitán ge- 
neral de la armada del Océano, y otros generales, sostenían la animada 
contienda en que frecuentes hechos de armas hicieron perder á la Es- 
pafia algunas plazas (1658). Los aliados contrarios acometieron, y em- 
pefiaron una batalla en las Dunas, lugar donde en tiempo anterior fira- 
casaron las armas de Castilla. No fué otra la suerte de ellas en esta 
ocasión; sufrieron una completa derrota, y tuvo por consecuencia la 
rendición de Ihinkerqne que quedó en poder de los ingleses. A D. 
Juan de Austria se le encomendó la guerra de Portugal, relevándole en 
Flandes el archiduque Segismundo (hermano de Leopoldo, que era 
éttperador por muerte de Fernando III): llevó 12 mil alemanes á sus 
órdenes, pero cesaron las hostilidades por que se trataba de negociar 
pfelimtnares de paz. 

Cataluña, donde la guerra se hacia ya sin ardor, estaba tocando con 
crueles deeengafios, las funestas consecuencias que sobrevienen á loa 
pueblos que llaman y se encregan al estrangero, creyendo librarse así 
de los males que reciben de gobiernos ipj netos pero lejitimos. Felipe IV. 
Conociendo el estado reaccionario de la opinión, nombró por Virey al 
marques de Mortára, é hizo esfuerzos para que se abriese nueva cam- 
pafia (1650) con 12 mil hombree. Mortára tomó á Flix y á Tortosa, y 
Bb dirigió á sitiar Barcelona, apoyado por el mar por una escuadra que 
mandaba D. Juan de Austria. Los combates fueron muchos, al paso 
que la Francia solo envió una certa división con el mariscal La Motte. 
Este se apoderó de la plata de los templos para atender á las primeras 
necesidades de las tropas, y el hambre en Barcelona empezó á espe- 
rimentarse con sus terribles efectos. A los 15 meses de sitio pidió la 
ciudad una capitulación que se concedió en términos honrosos, y con 
ana amnistía para todos los catalanes, sin otra ezepcion que la del 
caudillo Margarits La rendición de Barcelona elevó mas el crédito de 
Mortára. y se celebró con mucho entnciasmo, porque el rey la devolvió 
§00 íáeitM y privilegios. 



PEL 161 

Loe catalaDes se ofrecieron para reoonqnistar el Roeellon: pero el 
vey y hob mínisiroi» no sapieron aprovocliar de esta ventila: deetiuattm 
iM tropas tí Portugal y lelevarou indebidamente á Mortára cou D. Juan 
de Aastria. Los frauoesee introdajeron en el Principado 18 mil hom- 
bres, tomaron Figaeras y pusieron sitio á Gerona: mas eu el país solo les 
ayudaron los foragides y demás genie perdida. D. Juan do Ánstria luchó 
con apoyo de loe oatalaues; pero uo diaponiendo de na competente 
c^reito, aunque alcauaó algunas viotorias, también eeperimentó reve- 
ses: harto hice con sostenerse, siendo cierto qae tampoco los franceses 
contaban con fuerzas capaces de aspirar á triunfos decisivos. Fué en 
estáw cipcnustonciaa cuando el do Anstria pasó á gobernar en Flaudes, 
como tenemos diohoi volviemlo al vireiuato de Catalnlia el marqués 
de Mortára. Este dio impulso á la guerra, batió á los contrarios eu el pa- 
so del Flavia y después eu una refiidísima batalla á las orillas del Ter. 
Pero á la sazón Francia pensaba en la paz, tan necesaria á Espafia 
para contraerse mas á la Incha do Portugal que duraba ya siete afios, 
por que se había carecido de roou«*sos pura terminarla. 

Una oonspiraoioa urdida por personajes portugueses y españoles 
(1646) tuvo el designio de qae so casara d principo D. Toodosio con la 
Infanta Df Mana Teresa, única hija do Felipe IV. y que debía here- 
dar la corona de Castilla. Así so unirían ambos tronos paoiftcameu te: 
pero paMce que entraba como base del plan, dar muerte al rey para im- 
pedir que contrayendo segando matrimonio tuviese sucesión masculina. 
Descubierta la naqaiiiaeion fueron degollados en Madrid varios suje* 
tos notables^, y el duque de Hijar condenado á cárcel perpetua y á pa- 
gar diez mil dnoados. El príncipe Teodosio falleció eu 1651, y cinco 
a&oB después, su padre D. Juan IV. de Braganza, entrando á gobernar 
oa la minoridad de D. Alfonso VI. la reina viuda D? Luisa de Gazman 
natural de EspaSa. Desde entonces la guerra tomó impulso x>or la par- 
te de Port'sgal. 

£1 conde de San LoreoEO fhó batido por los españolee eü su asalto 
á Badajos, y ea otras funciones de armas: la plaza do Olivouza tw rin- 
dió por capitulación (1667), cansando este suceso gran alarma en Lis- 
boa. Igual suerte tuvieron los ataques hechos á la misma plaza bajo el 
Mando de D. Juan Meádez de Vaseonoellos, cu^^as fuerzas se vieron pre- 
eisadas á repasar el Guadiana. Colocóse por entonces al fronte del ejér-^ 
cito eepal&ol D. Luis de Haro Ministro y favorito de Felipe IV. quien 
había impedido qae el rey saliera á eampaQa, tenietxisu -de que gober- 
nase en Madrid la reina D? Mariana de Austria que le odiaba, como D? 
Isabel de Borbon habla aborrecido al conde duque de Olivares. Haro 
penetró en Portugal y puso sitio á la plaza de Elvas, contra el parecer 
del duque de San Gorman. Mandaba el qjórcito portugués el conde de 
Casta&ada, y acometió al de España que fué dorrotado salvándose sus 
restos en una retirada sobro Bad%jós (1669.) 

FiMioia y EspaAa llegaron ú desear vivamente la paz de que nocesi- 

taban, por que sus fuerzas agotadas, su erario arruinado, v nns pne- 

21 



162 PEL 

Um eaii sin vida, haoiMí impoaibla la oonUuuacioa de itiui gOAm oi» 
que duranto 26 afios habiaii earrtdo raodalea de saogre, España ímp 
oontaba oon el impsrío á oaosa dsl trabado quo ésto oelsbió eau Frau- 
•ii^ veíala alianza que en sn peijuieio se ajustó entre Inglatena jr 
Lnis ZIV.; se encontraba en sos territoríoe oon la gnerra de Portogal^ 
y eon la de Catalu&a aun no estíngnida; y apenas podía ya sostener 
sola los estados de Italia y Blaades. Creyendo Felipe IV. en una estra- 
tagema del cardenal M^"^"'"** para hacerle entender ^ne se trataba 
del enlace de Iiois XIV. ooo la ptinoesa Margarita de Saboya se apre* 
sufó Á proponerle el matrimonio oon so bga María Teresa» ofteolendo 
eiertM o<mdiciones aceptables para el ;4o8te de preliminares do pas« 

(1G59.) 
SeOalose para las conferencias la isla de los Faísaiies (rio Bidasoa)^ 

y por parte de Felipe IV. fcé nombrado plenipotenciario sn ñiTorit» 
B*. liuis ds Haro que liabia heredado ios titolos de marqnés del Carpió^ 
y conde dtrqae de OllTaree. No era el hombre que podia en manera al* 
gima medir sns fnersss intelectaates, y tacto poUtido con el eardianal 
Uranees, que lo envolvió en las negociaciones. Tres meses de platica» 
dieron por resaltado los 134 artiotiios del famoso tratado do los Piño- 
neos. 

Qnedó ostipnlado el matrimonio de Iaís-XIV. eob la h^a de Felipo IVr 
I>*Maria Teresa, qoe rennnciaria la soeesion á la monarquía espaficria enf 
virtnd de 4a promesa de darle eu dote 600 mil escudos. Bu el artlcak> 
respectivo al rey Felipe V. referiremoe los grandes snoesos qoe prodi^e- 
ronlas interpretaciones de esta oondicion. £1 matrimonio se efeotnó enr 
San Sebastian (os^yode 1660.) fispaSa cedió á Francia él nssellon, y 
todo el Artois; en Flandes y Henao difsrentes eindades» y plazas prii^ 
cipales: muchas mas en el Lnxemburgo^ dejando eu poder de los finan* 
ceses otras que habiau conquistado, y Dunkerque que estaba cedid» 
á Inglaterra. Francia devolvió ú Espafia algnnasde menor importan- 
cia en BorgoAa y en Italia, y deeisttó de sus pretensiones eu Catalana» 
Se atendieron los derechos de diversos príncipes, y se acordaron vario» 
arreglos: el Portugal quedó abandonado á si mismo en el protocolo de 
los Pirineos; y si Bspafka obtuvo de esta pat algon reposo, fué ú cost» 
de bastantes hnmiUsciones y ofirentoy que es la saerte que toca en ca> 
sos tales al menos fixerte. ▲ D. Lais de Haro le dio Felipe IV. el inme^ 
resido título de príucipe de la Pas. £1 cardonal Masariuo falleció sur 
1661 Á la edad de 59 a&os; dejando una fortuna segnn- se^d^o valor do 
800 millones, que -«in»á parar en su sobrina la oelebre Horteneia Man-- 
eini. Habia muerto Cromwely y ocupaba el trono de loglaten» el hgc»* 
del desgraciado Carlos L: Felipe IV. biso con él nn tratado recouo- 
ciendole la posesión de Dunkerque y la «lamaie% y restitayéndole loa 
bucles apresados en el mar de la India* 

Convenia á la política de Luis XTV. qoe Portugal no fuese recuperada 
por Espa&a; y Inego que se le pitlieron socorros, los franqnsó enviandi» 
al mariscal Schomberg para que mandara el ejército liositano acompa<- 



fEb 163 

Vado de tiu crecido ntfmero de oficiales inteKgentas. £1 monarca fran- 
cés eagirió á la corte de Liaboa la idea del enlace de la ialkata W Ca- 
talina, hermana de D. Alfoneo YL oon el rey de Inglaterra Oados II. á 
fin de que eete aestvvf era la caea de Braganaa. Iniciado él proyecto en 
Iiondres, se efteeié qne la princesa llevarla nn dote de qoinientas mil li- 
bras esterlinas; qne la plasa de Tánger en A&iea y la de Bombay en la 
India serian cedidas á Inglaterra; y el comercio se haria libremente por 
esta coa Portugal y sus colonias. Bn vano la corte de Bspaüa inopoaia 
«tros matrimonios al soberano británico, y aun prometiéndole dotar 
ú una princesa 4e Parma; peeo en él influyó mas qne todo la ventajo- 
sa perspectiva qne se presentaba á loe intoxeaes mercantites de la Qran 
Bietafia, y el couteato se tinaM eon el gabinete portngnós el a&o 1061. 

8e permitió al punto reclntar en Inglaterra diea mil infantes y tres 
mil caballos, comprar anuas y fletar nna escuadra. SspaHa por su par- 
te preparaba nn ejército al mando de D. Juan de Austria para llevar á 
«feeto el plan de someter á Portugal. Operaba por Galicia un cuerpo tf 
^Menes del marqués de Víana^ otro por Oaetilla eoA «1 duque de Osuní^ 
y D. Juan p«Mtraria por Estremadnra en aquel reino. Abierta la camp»- 
fia adquirid eete algunas plasas, é lüzo guerra de esteiminJo quemando 
fioblaeienes, destruyendo la agricultura^ ahorcando J^es pnsionem^ 
Bntre tanto Felipe I¥. espeñmentó gran pesar por la muerte de^su 
favorito D« Luis de Haro, y del -infante sa byo 4aioo TS^on D. Felipo. 
El rey, de su segundo enlace con D!^ Mariana de Austria, tuvo na prín- 
cipe (1061) que reiné de^mes bi^ el nombre de CaitoB IL 
Corriael tiempo, ylos «^rcitos en sus vajrladas oonvinaeionsa reoogia^ 
fiarefales resultados, alejándose d día de un acontecimiento decisivo. 
Atacaron los portugueses en Amegial sin qne D* Juan de Avstiia pu- 
diera evitarlo. La batalla fué sangrienta y sin éxito final: laa perdidas 
ido los de Espafta, que ezedleron á las que tuvieron los coatrarioSy llo- 
raron á ocho mil soldados con muchos oficiales notables por su ele- 
1^'odo rango y por su lini^e. Uno de eUes, el marqués de Liohe^ era hijo 
«de D. Luis de H!aro, y cuando este fallooiá, ofendido de que no se 1^ 
•dieran ciertos empleos de su padre, proyecté matar á Felipe 17. htir 
«leudólo Tolar en el teatro del Buen-retiro pojr medio de unos barriles 
«de pélvoca coloeados en una mina. Perdoné el rey ttn horrendo 4sri- 
anea, y Liche ks sirvió eon decidido oelo hastaeu muerte. 

Un almacén de pólvora en la plaaa de Arronohes se incendió haeisi^- 
do peseeer doB mil espafioles; y se sufrieron otros reveses oonsiguien- 
•tes á la perdida del tcrriterio adquirido antes do la batalla de Ame- 
Stal. Bl duque de Osuna quedé derrotado por la cobardía de sos tro- 
pas en el asalto á Castel-Bodrigo y en su retirada. Separosele del «^ér- 
ctto lo mismo qne é D. Juan do Austria, que biso renuncia del mando 
- quejándose do que no se le habian suministrado rspursos: la voz pdbli- 
•oa y él mismo, atribulan este abandono á malas artos de la reina que 
'leodiabay aoqueriaqueel hiio bastardo de su marido se cubriese de 
gleti^ en Portugal. Onina fué reducido ú prisión, y se le condené i ps- 



164 FEL 

^ar cien mil ducado» de mnlto. A eslíe poBO Felipe IV. se comprometí» 
ú Bostoiicr en Alemaiiin doce mil iufaote» y seis mil caballos, ya qoa 
lio [lodia enviar las tropas de Italia para socorrer al imperio qae pedia 
auxilios con motivo de guerra cou los Tarcos. Lais XIV. para prestar- 
lo f>or sn parto, exigió lo dinra el rey católico, y consiguió so maliciosa 
designio, cooperando á él la reina y su confesor el pailre Nithard á 
qnienes interesaba mas su pai» que la Bspafla, sacrifíca<la siempre á 
la^ conveniencias austríacas. £Ll soberano francos procedía en aquel 
sentido, según sus miras de poner embarazos á las operasiones sobre 

Portugal. 

Par» continuar esta guerra so remplaasd á D. Juan de Austria con ei 
ninrqii^ de Caracona, y se formó nuevo ^ército empleando los reato» 
de loA fiordos de ItnUa, Alemania, y Flaudes: pero no luU)0 tiempo pa- 
ra organizar una escuadra que rompiese las hostilidades marítimas 
contra Lisboa. Caracena puso sitio á Villavieiosa y los generales Ma- 
ri al va y Schomberg acudieron á impedirlo. Loe c^rcitos contendien- 
tes se avistaron, y el espaflol principió á combatir diñando las buena» 
posiciones que ocupaba: empellóse la mas terrible pelea qne duró ocha 
horas, y cesó con la retirada que bisco Caracena perdiendo sa artillería^ 
y quedando en el campo de Montes-claros cuatro mil moerios y heridoa 
y otros tantos prisioneros. (1G65.) ' 

Esta batalla produjo la definitiva emancipación de Portugal, y Feli- 
pe IV. qne al recibir tan funesta noticia esclamó afiijido, **cttimpla»e la 
rol untad (h Dios" no pudo sobrevivir á tantas adversidades, y se entre- 
gó á la mas profnnda molancolia. Falto de fuerzas, abatido su espíritu, 
y atormentado por los pesares y los remordimientos, le asaltó una mor- 
tal disenteria do la que falleció ol 17 de setiembre de 1665 Á los &^ 
afios de su edad, y ¿ los 44 de su reinado. Véase Carlos 11. tomo 29 pá- 
gina 180. 

Hemos recorrido en ligero compendio este poríodo de infortanios ri^ 
cios y degradación, para que fácilmente se puedan estudiarlos e&ctoa 
de un mal gobierno, y las cansas qne producen la deoadenoia y mina 
de las unciones. La perversión de las costumbres corrompe con asom- 
brosa rapidez, entroniza el lujo y la avaricia, levauta fortunas á costa 
del erario, que perece por que cunde y se generaliaa la propensión á 
devorarlo sin pararse en los medios. Todas las clases sociales se conta- 
gian sin que ni la austeridad militar quede exenta. En la época de fV 
lipe IV. oflcinles de alta gerarquia '41evaron>sn codicia hasta el punta 
** de hacer fígnrar en las revistas doble número de soldados, para eS" 
** pecular cou los sueldos y las provisiones de los qne se suponían y 

'' faltaban De aqnf el malograrse combates y perderse plassas^ coa 

** sorpresa del gobierno, qne por los partes de los generales, creía oon- 

** tar con mncbo mayor ntimero de combatientes ó defensores Imi- 

'' tado el ejemplo por los subalternos, so hacian vender hasta los vive- 
** res y las municiones y con estos elementos, 4como se ganarían 



FEL 165 

•* liataltaa, y dojarian do i>erder»e plazos y torritprioft? (La Fuente, JJú- 
iotia (le EapüM, 

£n medio do taiitos estravios y calamidades, la doliraute aúcion de 
Felipe IV. por las oomedias, no solo fomentó eu todas partes los tea- 
tros y las representacioiicSy sino qno puso eu actividad loa mas distru- 
giiidos talontoS) cuya dodioacion á componer dramas, hizo que esta 
parto de la literatura tomase encumbrado vuelo, con mengua de los 
estudios cioutífícos y los couocimientos filosóGcos. Al rey mismo se le 
proseutaba como autor do obras que so exivian ou los escenarios, y por 
seguirle y reproducir su pasioiii se esmeraban los poetas de entonces: que 
en la soaiedad redigan y so imprimeu las ideas de los gobernantes, las 
malas con uuiyor proutitud, como lo hemos visto on el Perú al difundir- 
se tanto el hábito do jugar. Kn el reimwU» de f'ültpe XV. siguiendo Á 
Lope do Vega, brotai'on los ingenios de Cul«leroi), Veloz do Guevara, 
Mental van, Tirso de Moliua, Morete, Eojas^ Alarcon, Solis &. Hasta á 
losoclesiásticos, los jesuítas y los frailes alcanzó el furor de escribir co- 
medias: la escuela espauol a tuvo famosos actores y sirvió de modele á 
otras nacioues inclusive la Francia. No dejó por eso do cultivarse la 
poesia épica y lírica, la novela, las obras de costumbres j otros ramos 
de Ips bellas letras. Los uombres do Quevedo, Molo, Moneada, Bioja, 
Janrogni. Espinosa, Villegas y otros^ alcanzaron honorífica fama por su 
mérito literario. 

Fue en oste mismo período cuando Goiígora por siugularizarso ia- 
ventó la afectada cultura que so coqocíjó por Gongorismo, y que on bre- 
ve abundó en secjtarios: ora un modo nuevo do lucir, aunque vicioso, 
que estragó con celeridad el gusto y la pjireza de la literatura clásica, 
por mxB que lo combatiera la crítica y les dardos de la sátira. No h^- 
bja libro, discurso ó sermón que no so llenase de palabras ampulosas y 
pedantescos retruécanos. Bartolomé Graciau quiso sujetar á reglas las 
libertades do aquella estravaganto uovedad. JBste autor describiendo 
la aproximación del estío dice: 

"Después quo eu el coleste anüteatro 

£1 ginete del dia 

Sobro Ficante toreó valieute 

Al luminoso toro 

Vibrando por reines rayos de oro; 

Aplaudiendo sus suertes 

£1 hermoso espectáculo de estrellas^ 

Turba do damas bellas^ 

<¿no á gozar de su talle alegre mora 

Encima los balconee de la Aurora. 

Después que en siugular metamorfosis 

Con talones de pluma 

Y con cresta de fuego 

A la gran multitud de astros lucientes, 

ijlallinas de los campos celestiales 



166 PEL 

Presidió gallo ol lioqnfrubio Febo, 
Entre los jhAIos del tindaHo huevo, A. 

Felipe IV. dio amplia proteooion á la pintura, sin esonsar gastos, y 
ella sinió á la vanidad del luonarcay enriqueciendo las galerías y mU'^ 
Reos con cuantos beclios de su reinado y pasages de su vida y familia 
])odian lisougearle, y fueron obra de los finos pinceles de Velasquez, 
Rnbens, Leonardo A, Descollaron otros artistas como Znrbarin en sus 
cuadros religiosos, Murillo, Espatioleto, AroUano, Cano y demás que ft* 
gnran con brillo al lado de estos esclarecidos genios. 

Es tiempo de que demos suscinta noticia de algunas cédulas espedi- 
das por Felipe ly. sobre asuntos del Perd; disposiciones que tenían 
fuerza de ley, y se hallan consignadas en el código de Indias. Las cita- 
remos en el orden que aparece en dicha recopilación. 

Que en reconocimiento de los particulares favores que recibía el rey 
de la virgen Santísima, se celebrase el Patrocinio oon fiesta y novenario. 

Que los Yireyes, ministros y todos los fieles, acompañasen al Santísi- 
mo Sacramento y se arrodillasen donde le encontraran, sin oscusarse 
por lodo, polvo ó lluvia, so pena de 000 maravedís, dos parteo para loa 
clérigos, y la tercera para la Justicia. Que nadie hiciese cruz ó figu- 
ra de Santo donde so pudiera pisar, bi^o multa de 150 maravedís. Que 
on peligro de muerte todos se confesasen y comulgasen. Que las Igle- 
sias que se fabricaran las costease la real hacienda, los indios, los enco- 
menderos y los vecinos. Que en cada catedral se suprimiese una canon- 
gia para salarios de inquisidores. Que el rendimiento del feble en las 
casas de moneda, se emplease en el Tino y aceite para las iglesias. Que 
se diesen medicinas y dietas á los monasterios. Que se hiciesen y oon- 
servasen casos de recogimiento para que se criaran las indias. Reglas 
para la administración de los hospitales de Sau Juan do Dios. Que tto 
se fundasen cofradías sin real licencia. Que no se admitiesen en las igle 
sias y conventos á los que no debiesen gozar do inmunidad. Que no so 
i^rigiese iglesia ni lugar pió, sin permiso del rey. Que en las presentacio- 
nes de prevendas se i»refirlese á los letrados graduados, y á los que hu- 
biesen servido en catedrales, doctrinas y estirpaeion de la idolatría. 
Que en las catedrales se presentasen dos juristas y dos teólogos para 
las canongias de oposición. Doctoral, Magistral, Lectoral y Penitencia- 
ria, conforme á los decretos del concilio trídentino. Forma en qae so 
hablan de proveer los beneficios curados. Que las doctrinas no pasa- 
sen de cuatrocientos indios, atendida la disposición de la tierra, y que 
no pudiesen estar vacantes mas de cuatro meses. Que los araobispoa y 
obispos hiciesen Juramento previo de no contravenir en tiempo algu- 
no, ni por ninguna manera, al patronazgo real. Que los prelados escu- 
sáran ordenar á tantos clérigos, como lo hacían, y especialmente á los 
defectuosos. Que los mismos velasen por la enseñanza y buen trata- 
miento de los indios. Que los prelados y Jueces eclesiásticos no pudie- 
sen sacar á los indios de sus pueblos. Que los obispos nombrasen cléri- 
gos y no religiosos para confesores de monjas. Que los prelados casti* 



FEL 167 

I 

gasen á los clérigos y docii'iueso» oalpadoi4e tratoB y graiu«riak Qae 
9o cecogieoea y uoae cjecataaeQ los breves y despachos qoe no halMosen 
pasado por el consejo. Qao los prelados no excouoigánm por causas le- 
ves, ni condenasen ú los legos en penas peeoniarias. Prohibiendo que 
loa predicadores dijeran en el pdlpUo espresiones qne iuquietanuí lov 
Ibiimos en lo tocante á las antorldadea y sos disposiciones. Lies ordené 
q|ae al principiar los sermones alavaaen la concepción iumaonlada. Qno 
los caras ensefiasen á los indios el idioma eepafiol y en él 1» doctrina 
cristiana. Qne en los conventos no hubiese pila bantismal, y qne kw 
prelados no bautizasen ni casasen. Que las zeligiones no tuviesen pal« 
penas ni negociasen en roses. Qne se cobrara la mesad» eolcsiéstlc* 
segnn las reglas que se pre4jafon« (IfiSS.) Que se procurase censegnic 
que los qne íalleoiesen en Indisái dejasen sus obras pías eu aqaeUos lu-» 
gares donde hubiesen adquirido sus bienes. Nueva coneocdia hecha per 
Felipe lY. con la Inquisición en 1633. Que no so permitiera eu América 
pedir limosna á los griegos, armenios, ni monjes del Sinay. Quo eu la 
universidad de Liana se fundase una cátedra de prima de teología de la 
drden de Santo Domingo con la renta de 1003 pesos en las vacantes ma- 
yores del reino (1643). Y otra de vísperas con 037 pesos en dicho ramo. 
Que se dotasen eu ella dos cátedras de medicina una de prima y otra do 
vísperas con el producto del estanco del Solimán. Que las cátedras se 
proveyesen por oposición, las de prima de teología» cañones y leyes en 
propiedad; las demás por cuatro aSos, y las de artes y filosófia por tres 
a&os. Qne el colegio de San Antonio del Cusco precediese al de Sau 
Bernardo. Que nadie tn^ese sin licencia libros impMsos que trataseis 
de asuntos de América. Kandó Felipe lY. guardar y cumplir las leyea 
recopiladas de Indias. Que los vireyes cumpliesen las cédalas teeibidaa 
por sus antecesores como si á dios fuesen dirigidas. Quo las audienoiaa 
se abstuviesen de representar inconvenientes de derecho en cases de 
€)iecncion de cédulas. Que para una misma audiencia no se paropusíssstt 
parientes deudos ni aUegados. Que no se proveyesen destlnoa en pa* 
rientes de cons^eros. Que en la provisión do empleos no interviniCÉe 
psecio ni ínteres de ningún género, so pena de grave castigo. Qué loa 
que habiendo servido destinos solicitasen otros, pieseutaaen testimonio 
do la residencia que hubiesen dado. Que de las érdenes del rey que pur 
diesen tener dos sentidos, se le pidiese declaración. Que los del con» 
cejo de Indias no recibiesen dádivas ó préstamos, ni ditosen cartas de 
recomendación. BatíAcando (Menee de Felipe II. mandó 6l rey Felipe 
ly. que el cronista mayor dd concho de Indias escribiera la histma 
de ellas, y fuese tcabi^ando en la historia natural. 

£n la ley 5? libro 2? título 15, determinó los límites de la jurisdicción 
de la audiencia de Lima, compuesta de ocho oidores cuatro aloatdes 
del crimen, un fiscal de lo civil, y otro de lo criminal, un alguacil m^ 
yor, y un teniente de gran canciller» Su distrito oompreadia ^'la costa 
''desde Paidt hasta Chile csolusive: por el interior desda Pinra, C^fa- 
" marca. Chachapoyas Moyobamba, y los Motilones indnsive, y hasta el 



168 FEL 

'' Collado escluoivo (por los términoe que se sefíalarotí á ía andicncia da 
** CTharcas) y la ciudad d«í Cnzco con loa auyoe iiiclosive, partiendo 
'* teimiooa por el aepteutrioQ con la audiencia de Quito. Por levanto 
^* €oit pfovincias no descubiertM, y por el poniente con la mar del Sud; 
** tani^udoee presente la declaratoria de la ley 14 del miiinio título, en 
** qae se ^aUa el prineipio del Collado en Ayarirí, Aeillo y Atoucaua, 
** siendo tamlneu de CTbarcas, Sauf^ban y Carabaya inclusiye.'' Qne 
los presidentes oidores y fiscales ito pmlieeon ser padrinos de laatrinMH 
nios ó bautismos dti entre ellos mismos. Que los dichos, y los contado* 
res mayores, uo asistiesen á fiestas, honras y entierros. Qoe sbs maje* 
res no interviniesen on negocios sayos ui ageao». Que los viroyea 
diñasen proceder á las andieucias en easos de justicia. Que los vireyea 
sirvieran sns cargos por tres años costados desde el día de la possoion: 
en cnatto reales órdenes lo dispuso asi Felipe IV. pero se procedía so- 
bre el particular de diversas maneras- Que dichos vireyes taviesea da 
salario treinta mil daeados, y además se les al>oi»aae seis meses de ve- 
nida y otros seis de regreso. Prohibió el rey que eu las tropas sentasen 
placa mnlatos, morenos ii i mestizos. Mandó qne en las plazas 6 presidio» 
hubiese eoatrs soldados con chirimías para qne aoompa&asen al San-- 
tfsimo Sacramento. Que & los soldados en niuguu caso se iurpiisiese pe- 
na de azotes ni do vergüenza pública. Que los vi reyes al terminar su 
periodo de mando, enviasen relaeiones de las cosas de su gobierno. Que 
á la ciudad de I*in» se le goaidasen onidadosamente todos sus privi- 
legio» y exenciones; y qne siempre fuese ennoblecida y aumentada, Qne 
el virey ó la Audiencia, no dieseu títulos de ciudad ó villa. Que par» 
él abasto de oamicerias no se admitiesen posturas á dórigos ni religio- 
sos. Que en ningpina eiudad ó villa se eligiesen mas de dos alcaldes or- 
dinarios. Que en las ventas, beneficio» y composiciones de tierras, no 
•e tocasen las de los indios y de comunidades, y sus aguas y riegos; tri 
las tierras en qne hubiesen hecho asequias ú otras obra» para Ibrtili- 
aarlas, y qne por ningiin motivo se les vendiesen ni eiiageDase». Que 
de los fondos de propios no se gastas» en recepciones do prelados, pre- 
sidentes ni oidores. Que el producto del derecho de dos pesos qne se co^ 
Iwabaen Lima por cada negro que ingresase, fuese para pagar al alcalde 
y onadrilleros de la Santa Hermandad. Qne los vireyes mandasen abrir 
eaminos y haeer pnentes donde conviniere. Qne los dueRos de vi&as lla- 
gasen d por ciento de los frutos. Qne el que tuviese trato de amasye 
é de hacer velas, no podiese ser pulpero. Que uo se echase figa en la 
plata para fundirla eu barras. Felipe IV. espidió nua ordenanza para 
loa ensayadores en 25 capítulos qne forman la ley 17 libro 49 título 22. 
Qne la moneda del Perú fuese del mismo valor peso y cuno de la de 
CastiUa.Qae los alcaldes ordinarios de Lima, uo pudiesen ser iiresos 
por los del crimen sin acuerdo d<d virey. Que los catedráticos de i>rima 
da medicina de la universidad de Lima fuesen los protemedioos. Que 
ninguna persona. pudiese curar sin título y licencia. Qu^os indios no 
vendiesen sus hijas para que contrajesen matrimonio, v^ue entre los 



FEL 169 

indios no yiyiesen espailolos moa tizos ni mulatos, aunque hubiesen com- 
prado tierras en sus pueblos. Que las ci^as de comuuidados estuviesen 
á cargo délos oficiales reales. Que las causas coutra corregidores sobre 
bienes de comunidades, se siguiesen criminalmente hasta pona de la [ 
vida: Que los encomenderos no tuviesen estancias ni obrajes en sus 
territorios, ni se sirviesen de indios. Que á los indios presos por em- 
briaguez, no so les cobrasen costas, derechos ni carcelivje. Que las ca- 
jas reales de Panamá diesen sus cuentas al tribunal de Lima. Que los 
contadores, ni sus hijos, pudiesen tener encomiendas. Que en la au- 
diencia hubiese coda semana junta de hacienda. Que siempre se cobra- 
se el tercio de las encomiendas que rentasen mas do ochocientos duca- 
dos. Que el oro y plata que so hallare siu quintar y marcar, los perdie- 
sen sus dueños, fuesen pifias, barras, vajillas, joyas &,, Que ú todo me- 
tal se cobrase tambiou el qniuto. Que para la cobranza de alcabalas 
y otras rentas, no se usase de censuras. Que del Rio de la Plata, Para- 
guay y Tueoman no pudiesen pasar esclavos al Perd. Que so vendie- 
sen los ofioios de alguaciles y las oscribanias de los pueblos de ludios. Que 
los vlreyes del Perú diesen los títulos y despachos de ventas y renun- 
ciaciones de las provincias de Quito y Charcas. Que se estancase la pi- 
mienta y fuese renta real su producto. La ley 18 libro 8? titulo 23, re- 
glamentó el uso y valor del papel sellado en el Perú (1638). £1 pliego 
del sello 1? valia 24 reales: del sello 29 doce reales: del sello 3? dos reales; 
y el del sello 4? medio real. £1 papel se renovaba por bienios. Que á los 
oficiales reales que no rindiesen sus cuentas á tiempo, y á los contado- 
res quo no se las tomasen, no se les pagaran salarios. Que se cobrara 
el derecho de Aberia de todo lo que se trajera de £spafia y so llevara 
de las Indias: que fuese el 12 por ciento por cada viaje ordinario, y por 
el oro 2 por ciento. Que no se admitiesen en la carrera de Indias mari- 
neros estrangeros. Mandó por ley especial Felipe IV. que el tribunal 
del consolado de Lima se llamase '^Universidad de Caridad;'' y que por 
cuanto la Santísima Virgen es madre de la caridad, y patrona de dicho 
consulado, autorizaba á este para que usase do las armas qno hemos 
puntualizado en nuestro tomo 2? página 67. 

Con motivo de trastornos y perjuicios esperimentados en las ferias 
de Portobelo, se prohibió en lo absoluto no solo la introducción en el 
Perú de efectos de China que se trajesen de los puertos mejicanos, sino 
también las mercaderias do Castilla que se trasportaban de Acapulco 
procedentes de Méjico. £1 objeto era que el Perú no comerciase ni re- 
cibiese mas artículos que los que se adquiriesen en Portobelo para que 
las negociaciones de Cádiz, siendo únicas, diesen mayores provechos. 

£1 afio de 1628 se publicó el sumario general de las leyes recopiladas 
para el gobierno do las Indias. £n 1621 se confirmó por una bula la re- 
solución de que en los colegios de la compañia de Jesús, que estuvie- 
sen mas de doscieu tas millas distantes de alguna Universidad en las 
Indias, se ganasen cursos y so diesen grados. Por otra declaración do 
1627 se dispuso que los grados que se obtuvieran fuera de las univer- 

22 



170 FEL 

Bídades de Lima y Méjico, solo valiesen en las Indias. La me$»Sñ qtm 
■e daba al rey desde 1G25 de los salarios de los empleos, enconriendas ete.r 
d^ó de cobrarse sustituyéndola en 1631 con el derecho de media ana- 
ta. Véase el tomo 29 de nuestra obra página 101. En el mismo afio se 
empezó á aplicar la tercera parte de las vacantes á la» iglesias, otra al 
prelado futuro y otra á obras pías que el rey distribuyese á eonmátm 
del Consto. Sancionó Felipe IV. las ordenanzas del Cons^ de Indias 
y su Junta interior de guerra (163€>). Vinculó perpetuamente en- la casa 
de Gnzman (Conde duque de Olivares] el oficio de gran oaneiiler y re- 
gistrador de las Indias {16XL) El rey declaró ser oaso de Juicio de la 
Inquisición el cautivar á indios del Paraguay los vecinos de San Pabla 
del Brasil; y dio cédula de libertad para todos los indiob que ftiesen es- 
clavos. 

Hemos visto en la obra eclesiástica del maestro Oil González que en 
1625 el arzobispo do Lima D. Gonzalo de Ocampo aplicó al rey una ohtm 
pía importante mas de veinticinco mil pesos y que Felipe IV. no acep- 
tándola, dispuso se emplease en esta capital en objetos piadosos. Di- 
vulgoso una noticia que dándose por cierta, hizo la mas desagradabla 
impresión. Se decía que según orden reservada del rey no se darlai» 
empleos civiles ni beneficios eclesiásticos á los naturales de Indias. La 
Universidad de Lima representó en 1646 quejándose de tan estrafia é in^^ 
Justa resolución; y el mismo Felipe IV. le escribió contestando que 
era enteramente falso aquel hecho; que por el contrario siempre aten» 
día álos americanos y premiaba sus méritos, como lo seguiría hacien- 
do, y que esperaba no se desalentasen en sus estudios. Previno se le pa- 
sase cada a&o una relación detallada de las peifsonas mas dignas en laa 
diferentes carreras. Atribuyéndose á los estrangeros un incendio ocor- 
rldo en Panamá, el cual después de estinguido revivió á los tres diaa 
con güfkTL fuerza, dispuao Felipe IV. que á cuantos pcMrtQgBeses existie- 
sen en el Istmo incluyendo Portobelo, se les confinase á distancia, ó se 
les enviase á Lima para qne fuesen diseminados en el territorio (1648.) 
VéMC Toledo y Leyva D. Pedi-o — Vlrey. 

Solorzano en su *ToHtioa indiana** refiriendo varias resoluciones con- 
minando á las autoridades para que los indios fuesen bien tratados y pro- 
tegidos, cita una de Felipe IV. en qne afiadió de sn propio pufio las si- 
guientes palabras. ''Quiero que me deis satisfacción á mi y al mtindo del 
" modo de tratar esos mis vasallos: y de no hacerlo, y de que en respoes- 
" ta no vea yo ejecutados ejemplares castigos en loe que hubieren exedi- 
" do en esta parte, me daré por deservido; y aseguraos, que aunque ne 
** lo remediéis, lo tengo de remediar, y mandaros hacer gran cargo de 
" las mas leves omisiones en esto, por ser contra Dios y contra mi y en 
** total destrucción de esos reinos; cuyos naturales estimo, y quier» 
" sean tratados como lo merecen vasallos que tanto sirven á la mo- 
" narquía y tanto la han engrandecido é ilustrado.'* Esta clase de ór- 
denes se dictarían do buena fé y con seria iuteocion de que se cumplie- 
ran para contener los infinitos abusos que se cometiau, y~que por 



FEL 171 

qao M -encalirieraii Uetgabiui á noticia del rey. Pero eran en el 
Perú casi inútiles, por qne con pocas exepciouea, no estaba en loa 
intereses de los que dominaban en los pueblos, y medraban Á costa do 
los Indies, hacerles justicia y respetar sus derechos y propiedades. 

Fueron yireyes en el reinado de Felipe IV. desde 1C21 Á 1665, el prín- 
cipe de Esquilaohe y por él la audiencia un corto tiempo: el marqnés ds 
Ckiadalcazar, el conde de Chinchón, el marqués de Mancéra, el conde de 
Salvatierra, el de Alba de Aliste y el de 8aatistevan. £n loe artículos 
correspondientes hacemos memoria de los servicios pecaniarios, donati- 
▼os, ezaecioaes é impuestos, cuyos productos pasaron á Espafia para 
contribuir á los gastos de las largas guerras de esa época^ y á los dispen- 
dios que motivaban el li^jo ostentoso, y la relajación de la corte: sacri- 
ficios estériles de la lealtad Peruana, en medio de las restriceiones y 
prohibiciones que impedian el desarrollo del comercio y de la in- 
tlnstria» 

Grandes fueron las erogaciones hechas por los mineros de Potosí en 
iuucilio del rey; y se cuenta en antiguos escritos de la misma villa Im- 
perial, qne se invirtieron cinco millones de pesos en los veintidós 
•dias en qne se celebró la coronación de Felipe IT. uniendo á estas fies- 
tas las extraordinarias dedicadas enténces á la inmaculada Concepción 
db María Santísima. 

Felipe lY. reprendié* ásperamente al presidente de Charcas Nestarea 
por no haber aceptado el ofrecimiento de cuatrocientos mil pesos que 
hizo, para q«e se le salvara de la pena de muerte, D. Francisco de la 
Bocha uno de los reos de falsificación de la moneda. £1 rey dyo ''que 
de nada le servia la vida de un hombre, y que debió percibirse esa su- 
ma para los muchos gastos de las guerras que sostenía.'' (1656). 

Desde el descubrimiento del mineral de Potosí hasta fin del reinado 
de Felipe IV. se habían recaudado por quintos 1480 millones de pesos 
<de á 13 y ^ reales, ^Calculábase en otro tanto lo que tocara Á la pla- 
ta que habla dejado de quintarse con defraudación clandestina de eso 
impnesto. 

Pondremos fin á este artículo diciendo unas palabras sobre su esten- 
cion. Cuando la crítica no es sincera, suele recaer sobre lo que mas me- 
rece aprobarse; y asi no ha faltado quien tache de difuso lo que hemos 
cscrifo en cnanto á algunos reyes. Los de EspaQa fueron emperadores 
del Perú, y todos sus hechos pertenecen á nuestra historia. Ella es pre- 
ciso haga constar los males ó bienes que recibiera la América de sos 
antigoos señores; el atraso y libertinaje de la metrópoli, la injusticia ó 
temeridad de guerras continuas, las mas veces dirigidas sin acierto: 
la falta de orden y probidad en la administración; la decadencia del 
crédito, y la ruina de la haciAuda: cosas todas trascendentales al Pe- 
rú y de funesta influencia respecto de su proaperidad y bienestar. De- 
ben pues ponerse al alcance de todos,- jiara que se aproveche la ense- 
fiausaque ofrecen, y qne muy pocos investigan en el estudio délas 
crónicas de la Nación do que dependimos por dilatado tiempo. 



1 72 FEL 

FELIPE ¥. DE BORBOf— nieto del rey Luis XIV é hijo 2? de Lnít, 
dcnomiuudo Mouscñor y gran Delfiu de Francia, y de María Ana prin- 
ceaa du Ba viera. Nació en Veroalles en 19 de noviembre do 1683. En el 
curso do la educación esmerada qne recibió, hizo conocer sa alta capa- 
cidad, y que se bailaba dotado de eminentes cnalidades: sn goberna- 
dor el duque do Bauviller elogiando su juicio y virtudes, decía no ha- 
ber encontrado nunca motivo para reprenderle. El Delñu tuvo tres bí- 
Job; cí IV Luíb duque do BorgoRa para quien su maestro el arzobispo 
de Cambray Fenelon escribió sus fábulas y las "Aventuras do Telema- 
co:" el 2? Felipe Duque de Anjou (Felipe V. de Espalia;) y el 3? Carloa 
Duque de Berri. 

La infanta de Espafia D? Maria Teresa primogénita de Felipe IV, 
borraaua mayor de Curios II. era esposa de Luis XIV y abuela de Feli- 
pe Duque do Anjou, y como hemos dicho en el artículo Carlos II. el testa- 
mento de este declaró ú, Felipe sucesor al trono de Espalla, prefiriéndole 
á las otras ramas de familia, por qne Felipe IV. no tuvo mas hijo que 
Carlos II. y las hembras tenían derecho á la corona á falta de varones. 
En este principio se fundaron los títulos del Duque de Anfon qne se 
creyeron superiores á los que alegaba el Emperador Leopoldo de Aus- 
tria; olvidando que la esposa de Luis XIV. había renunciado sus dere- 
chos á la corona de España. No conformándose Leopoldo con qne que- 
dase escluido su hijo el archiduque Carlos, tan lejos de reconocer á Fe- 
lipe y. promovió y sostuvo la gner/a qne se llamó de Buoeñon. Felipe V. 
de Borbon fué proclamado rey con gran solemnidad en Madrid, hacien- 
do lo mismo todas las ciudades de España. Su ingreso en la capital el 
18 do Febrero do 1701, se eelobró con extraordinario y general conten- 
to: se récibia á uu príncipe joven, afable y activo, cuya presencia for- 
maba contrasto con la del sombrío Carlos II. último víistago de la de- 
caída dinastía austríaca. Antes do entrar en Madrid escribió Felipe á 
la reina viuda D? Mariana do Neuburg obligándola á trasladarse al 
punto que eligiese para su residencia: había tenido sns desagrados con 
el cardenal Portocarrero y demás miembros de la junta que gobernó 
provisoriameiito la monarquía. El rey empezó por suprimir muchos 
empleos, y redujo á seis los cuarenta y dos gentiles hombres que exis- 
tían. Esta providencia, que disgustó á no x)0cas familias, unida al des- 
tierro de algunos peraonajes, al relevo de otros de los elevados puestos 
que ocupaban, y varías otras reformas, rebajas de sueldos &. desperta- 
ron salios ro.-í'Mitimieutos creando un espíritu de oposición al nuevo 
órdüu de cosas. Sucedo en ciertos países al advenimiento de distintos 
gobernantes, que los que sirven destinos amovibles, se aforran á ellos 
no queriendo íioau alternativos, como si no hubiese otros fnncionarios 
con los mismos ó mejores derechos, y como si después de gozar grandes 
medr^ en las colocaciones, debieran estas ser de su esclusiva propie- 
dad. Luis XIV. había dado á su nieto, por escrito, consejos muy opor- 
^ 'tunos y de sana política. Le previno amase á los españoles: no prefirie- 
se jamás á los aduladores; no emprendiese gnorra sino cuando se víesss 



FEL 173 

o\)1igndo Á ello; qno mandase en persona sus ejércitos, se contrajese al 
arreglo de la hacienda y comercio: qno escachase mncho sin decir na* 
dn. Qne sns vireyes y gobernadores faeeen españoles: qne confiase en 
el cardenal Portooarrero; pero qne no tuviese primer ministro ni favo- 
rito: qne no permitiera qne los franceses cometieran aboso algnoo, ui 
los apoyase contra espafioles: que se sirviese do los hombree sin haeer- 
los oonüdentes, y los despidiese por la menor falta. Qne vigilase á la 
reina vi'ida, qne recelase de los de en círculo^ no la dejase influir on los 
negocios, ni salir de España. Que no concediera gracias álos qne daban 
€Hnero por alcanzarlas; que arrojase plata al pneblo al entrar en Espa- 
ña. Qno no admitiese regalaos, qne conservase él mismo b^jo su llave 
sus papeles reservados; qne no se dejase gobernar y que fuese siempre 
amo &,, (Yilliam Coxe, ^'España bajo la casa do Borbon'') El anciano 
Lnis XIV. hablaba á sn nieto segnn su grande esperiencia, bien que no 
«e hubiese siempre regido por máximas tan acertadas. 

I>ió ocasión á mayor descontento el haberse declarado á los pares de 
Francia, los mismos honores y consideraciones qne Á los grandes do Es- 
paña; y como el duque de Arcos hiciese una fuerte reolamaoion contra 
esta novedad, se le intimó érden de pasar á servir en el ejército de Flan- 
des. Portocarrero fué imprudente en las reformas; persiguió á sns ad- 
versarios dándoles el dictado de austríacos, y servia ciegamente á Luis 
XIV. en todos sus deseos, sin consultar á veces el provecho de la Espa- 

- fia. El juramento de fidelidad prestado al rey en las cortes que al efec- 
to se convocaron, fué una inspiración del marqnés de Villena, y no del 
ministro cardenal ni de los miembros del gabinete. Portocarrero no te- 
nia luces suficientes para veqcer las dificultades que le abrumaban, y 
pidió á Lnis XIV. uua persona para que estableciera en España un 
plan de hacienda qne la diese organización y estingniese los abasos. El 
rey de Francia envió á Juan Orri hombre de oscuro nacimiento y 
annqne entendido y práctico, altivo y arrogante. Hizo esto diferentes 
reformas; pero ofendió á muchos y lastimó no pocos interoses, T oomo 
tuvo lá indiscreción de querer asimilarlo todo y oon violencia al siste- 
ma francés, chocó con los arraigados hábitos do la nación, y aumenté 
el desagrado en todas las clases. No hay cosa mas inpmdente que las 
violentas innovaciones en qne predomina (así lo vemos en nneattA 
reptíblica) mas el espíritu de imitación, ligereza y novedad, que el 
Jnicio ilustrado y sólido; único capaz do discernir lo útil y aceptable 
que pnede tomarse de fuera, sin peligro de tocar en la ojeenoielí een 
tristes y costosos desengaños. 
Lnis XIV. había negociado el matrimonio de sn nieto oca Uaria 

• Lnisa de Saboya hija del duque Víctor Amadeo, y se ratificó en Figoe- 
ras el 3 do noviembre de 1701. £1 rey de Francia dispuso regresaae al 
Piaroonte la numerosa concurrencia qne acompañó á la reina Lniw, 
eon el fin de alejar de esta toda influencia dañosa, y solo permitió el 
ingreso de Ana María princesa de los Ursinos en clase de camarera 
mayor. Los aragoneses y catalanes prendados del mérito personal de 



174 FEL 

Felipe V, le dieron ezeleiitea praeUas de adhesión y afecto: él Jaióen 
Zaragoza y Bareelona guardar los fueros > príviliegios de aquel reino 
y del principado. La de los Ursinos vino á «jeroer nn poder increiMe 
dominando el rey por medio do la rein% y así representó un gran papel 
en todos los negocios de España. Fué easadaoon Adrián de Talleyrand, 
y en segundas nupcias oon Flavio de Otaini Duque do Braeeiano de 
quien también envindó: mii^er extraordinaria por sn talento y enean- 
tos, amiga de íntima confianza de la celebre Madama de Maintenon. 

Partió Felipe Y. para Ñapóles y la reina para Madrid á encargarse 
del gobterno^n el cual seria auxiliada por una Junta de ministros y 
los presidentes de los consejos. A su tránsito por Zaragoaa asistió'^ 
los cortes que tuvieron los aragoneses; y apesar de sos 14 aftos de edad 
se condujo en el mando con una admirable discreción, intervinieiido 
en todos los negocios y dando pruebas de su modestia, acierto y desin- 
terés. Ella y la princesa de los Ursinos desarraigaron mmchas malaa 
costumbres, y moralizaron el palacio convirtiendolo en una mansión 
de virtud y recogimiento, Luis XIV. rebosando en satisfacción le es- 
cribía: *'No consejos sino elogios es lo que debo y quiero daros." 

Felipe y. fué reconocido en los Países bi^os, en Milán en Ñapóles y 
Portugal, mediante los esfuerzos de su abuelo que había ganado mi 
duque de Saboya con el matrimonio de su hi^a ya reina de Espafia, y 
así pudo situar en Mantua una guarnición francesa para ir aseguran- 
do la Italia. Respecto del imperio y las primeras potencias marítimas, 
bien comprendía Luis XIY. que no se conformarian oon el engrandeoi- 
miento que tomaba la Francia roñando en Espafia nn príncipe de la 
casa de Borbon. El emperador Leopoldo se negó abiertamente á Te- 
eonocer el testamento de Carlos II. diciendo no lo habla hecho eoo 
libertad, y que no tavo derecho para privar de los suyos ásu familia. 
Inglaterra y Holanda sin decidirse aun, se prepararon pai^ la goerra y 
ampliaron sus pactos de alianza. Pero Luis XIV. que se había antici- 
pado según su costumbre, y tenia listos sus ^ércitos, ocupó los Países 
Bi^s apoderándose de cuantas plazas guamecian los holandeses, y to- 
rnándoles quince mil hombres. Fué esto bastante para que Inglaterra 
y Holanda reconociesen á Felipe Y. intentando recabar ciertas eondi- 
eíones que Luis XIY. desdeñó con un silencioso y altivo desagrado. 

m emperador exitaba á varias potencias jMura romper las hostilida- 
des, enviaba emisarios á todas partes, y hacia fomentar el partido aos- 
trlaoo en Madrid donde habla no poco descontento causado por el car- 
denal Portocarrero. También remitía tropas á Italia y preparaba «na 
conjuración en Ñápeles donde era aborrecido d vitey dnqne de MíB^tina- 
eeli qnien aunque no gobernaba mal, carecía ya de prestigio por na 
juveniles desarreglos. Dominábale una pasión escandalosa á la canta- 
triz Angelina Oeorgina que había llevado de Roma como sirviente de 
sn esposa; por su mano pasaban todas las gracias, y á su infloeneia, di- 
ce Lebfüt, se atribuían las injusticias y las dilapidaciones. Medinaecli 
descubrió la conspiración en qne se trató de asesinarlo, y habiendo esla- 



FEL 175 

Uado á pesar de eoB precanoioneB, ñié sofocada por el dnqae de Popo] i, 
pereciendo aigimoe sediciosos que pusieron la bandera austríaca en lu- 
gares públicos y el retrato del arobidnqne Carlos. Al marqaés de Pes^ 
cara y al príncipe de Caserta se les acusó de alta traición confiscaudo- 
so sns' bienes: Medinaeeli faé relevado por el marqués de YiHena dn- 
qne de Esoalona. Estos snceeos obligaron á Febpe Y. á dejar Baroelo* 
na como tenemos dicho y dirigirse á Ñapóles oon una escnadray y acom- 
pallado de mnchos grandes. Allí ñié bien recibido; pero en el vnlgo s« 
«veyó no le asistfría el faror del cielo por qae cnando yisitó la capilla 
de la Catedral llamada del Tesoro, no se liqnidó de pronto, como otrÍMí 
▼eces 1» sangre del mártir y patrón San Genaro en la redoma qne guar- 
da im cabesa. El rey salia con el disgasto de no haber visto tan oelo- 
brado prodigio, pero lo presenció Inego qne faé llamado á ser testigo 
de éí. Indultó á loe reos de la revelación, perdonó deadas, suprimió ga* 
bolas, distribuyó muchos honores oon la misma largueza que en Batoe- 
lona; Juró también los ñieros y privilegios, halagó al olero y al pueblo 
hasta hacer á San Genaro patrón de Espafta en consorcio de Santiago; 
y sin embargo no cesaron las tramas criminales; por que en Ñapóles 
como en Catalnfia estos hechos legos de agradecerse sirvieron para que 
«lecierael orgullo de los qne recibían los beneficios. 

Felipe y. entró en Milán donde se le profesaba notable adhesten, y 
«B seguida ponióndose al frente del ejórcitofrancós-espafiol, en que mi- 
iitaban Vetidome, el Conde de Agoilar, cl príncipe de Yaudemont el 
marqnóa de Aytona y otros generales, combatió cerca del Pó con. un 
ouerpo del ejército alemán que mandaba el príncipe Eugenio y lo der- 
rotó completamente. La guerra desde este saceso se hiso sin descanao 
acaeciendo frecuentes batallas y encuentros en qne el rey se distinguió 
úcaátk paso. Luis XIY. provocaba y hostilizaba con imprudencia á las 
naciones Alertes, y tuvo el desacierto de reconocer como rey de la Qma 
Bretaña al hijo del destronado Jaoobo IL que habia &llecido en 17QL 
&t pueblo inglés se enfureció con este atentado que hería su indepea* 
deneia y derechos, y levantó el gríto de guerra contra la Franei«; el 
parlamento votó grandes auxilios, y Chiillermo m. envió á Holanda al 
eonde Marlboroogh oon un ejército preparándose el mismo para dirigir La 
campana. Lamuerte le sorprendió en medio de sus aprestos; peco llama* 
dft al trono la prínoesa Ana de Dinamarca hija de Jaoobo, protestante y 
«Mndga de Francia, confió la administración á ministros inteligentee 
que estrecharon la unión con Holanda cuanto lo exigían sus mina «i*' 
tevioree. 

Si Marlborough reunió en los Países Bajos 60 mil hombres, otios 
tantos mandaba allí el duque de Borgona; y Luis XIY. cubría además 
la finmtera átonaiia oon 45 mil, apesar de lo cual los franoeaes pevdiie^ 
ron varías placas. La guerra se proclamó en Yíena contra Lnia XIY. y 
Felipe Y. eomo áusurpadorea del trono de Eepafia, y se haoia ooi^ Tft- 
riaá» suerte según la capacidad de los genendea eontendienteflw Ei^ ju- 
lio de 1702 usa eaoaadra Angto-holaadesa de 60 buques de gueora y d# 



176 FEL 

trasporte, con 14 mil hombres mandados por el duque de Armond, apa- 
reció delante de Cádiz para tomar esta oiadad y procurar uu alzamien- 
to general, contando con los descontentos del gobierno y cou los adic- 
tos Á la dominación Austríaca. No había en Andalucía buques, tropas 
regladas, ni elementos de defensa: la alarma fué espantosa, y se agita- 
ba por momentos en proporción al conflicto: mas la reina con un espí- 
ritu varonil y con un despejo estraüo á su edad, se determinó á mar- 
char inmediatamente para reunir on persona los medios necesarios, y 
eonvinar la resistencia que atajara el progreso de las operaciones 
contrarias. Sus joyas y cuantos recursos pecuniarios tuvo disponi- 
bles, los entregó para los gastos: los grandes á su ejemplo se apresu- 
raron á formar tropas á su costa; los pueblos todos se decidieron á to- 
mar las armas, y el conde de Melgar Almirante de Castilla ofreció tam- 
bién sus servicios para encubrir su traición, pues él era autor de la em- 
presa estrangera contra su patria. Felizmente los jefes de la espedicioa 
entraron en desacuerdo sobre el modo de ejecutar sus operaciones, mal- 
gastaron los días y prefirieron emplearlos en saquear Rota y el puerto 
de Santa Maria, sin ezepcion de los lugares s^kgrados. Y así cuando ad- 
virtieron que por instantes crecían el poder y el entusiasmo en el paíSy 
se acobardaron y reembarcaron llevándose varios millones por fnit» 
de su pill^fe. 

La escuadra Anglo-holandesa combatió y destruyó en Vigo las ar- 
madas cspafiola y francesa que fondearon en este puerto procedentes 
de Amériea, sacrificándose muchas vidas en los buque^s que perecieron. 
Cuantioso fué el caudal perdido allí en oro, plata y mercaderías, por 
la decidla de no haberlo salvado todo á pesar de haber tenido sobrado 
tiempo. 

£1 rey se retiró de Italia, y llegó á Madrid en enero de 1703. £1 car- 
denal £strées Embajador de Francia se presentó en la corte no como un 
consejero, sino con el intento de gobernan se declaró enemigo de Ia 
princesa de los Ursinos, la cual para sostenerse luchaba no solo con la 
rivalidad del embiyador, sino con la de su sobrino el Abate Estrées, y las 
intrigas de Leuville y del confesor el jesuíta Daubeuton. La habilidad 
de esta mujer ingeniosa supo aprovechar de las imprudencias y pasos 
falsos del cardenal, que muy pronto fué aborrecido de los grandes y 
de los mismos reyes. Y cuando Luis XIV. escribía á su nieto en el sen- 
tido de que se desembarazara de algunas influencias, enojado ya con- 
tra la princesa, la reina tomó el arbitrio de escribir en ténninos senti- 
dos y hasta enérgicos en favor de aquella; y exigiendo al rey la sop«- 
laolon del embajador y de su sobrinow De su lado la de los Ursinos 
viendo vencido á Luis XIV, se empellaba en retirarse, si este no le daba 
orden formal en contrario. Sucedió lo mismo que ella con sos diestras 
maniobras habia urdido, y desde entonces, creciendo su asoendientev 
adquirió el mayor poder con que dirigió los mas graves y delicados 
negocios. Apartó al Abate Estrées, y lo convirtió en enemigo del oarde- 
Bal su tío logrando le sucediera en la embijada: por último, la cama- 



FEL 177 

lP0m wuüfw %«e TAlift mai q«e todos sua adversarlosy hizo ctter á Loa- 
TÜle, y ¿losaos cardenales; eorao que Portooarrero ee retÁr6 Tiendoae 
teiBíÜada y con ait poder ea rápida decadeooia. Luego ee.deeembara- 
MÓ de DaabeDioo^ y naa tarde del Abate á qaien ittteroeptó una eorrea- 
pondencia en qaoeonlaiaayer deelealtad la denigraba sin perdonar 
sa Tída eecreta. 

Felipe y. eemo gobemsAte, lo íné celoso y atinado ea mnebas de ana 
dispoaietones adninistratiraay y particnUbrmente en el ramo de hacien- 
da. 8e biso querer de los agricultores y demás clases: cancdló deudas 
atrasadas y dispensó diversas gracias, acreditando sos deseos de ate- 
nuar ios males y sofrimieatos de la nación, cansados por la incuria, 
abosos y errores de los anterioros gobiernos. Formó y organizó un ejór- 
cito sistemado b^|o los principios franceses, dio ordenanzas, introdi^o 
los usos modernos en táctica, armamento, uniformes, &.; sin omitir 
naohas prorideaeias para la creación de una armada naval. 

£1 emperador Leopoldo consiguió la alianza del rey de Portugal, que 
seconoció por rey de Espafia con el nombro de Carlos III. al arcbidn- 
qne Carlos. Este se trasladó á Lisboa donde ya estaba el almirante de 
Castilla poniendo en obra sus traidores designios: planes de emigrados 
que siempre viven de ilasiones, y creyendo que todo les sonrio acome- 
ten engafiados las mas desatinadas tentativa». 

Publicáronse escritos colmados de acriminaciones qno hicieron esta- 
llar odios antiguos, hasta entonces contenidos. £1 rey de Portugal exi- 
tado por los ingleses, se movía por el interés de adquirir varias provin- 
cias de las fronteras espa&olas prometidas por el emperador, lo misma 
que los reinos del Perú y Chile. £ntre tanto la guerra no tenia tregua 
en Alemania, Italia y los Países Bajos: los ^éroitos franceses y algu- 
nas tropas de EspaOa alcanzaron triunfos importantes. Felipe V. acu- 
só al rey de Portugal de sus hechos desleales, y se preparó para tomar 
la ofensiva en la lucha que ya era inevitable dentro de la misma Pe- 
DÍnsnla. Ilecibió un cuerpo de doce mil franceses bi^o el mando del du- 
que de Berwick, h\¡o natural de Jacobo IL de Inglaterra; también acu- 
dieron fuerzas de Milán y de los Pnises Bijos con generales de alta re- 
putación; y con estos superiores elementos, emprendió el rey personal- 
mente la campafia sobre Portugal en marzo de 1704. 

Principió las hostilidades tomando muchas plazas, obteniendo nó 
pocas ventajas, demoliendo fortalezas y tomando considerable número 
de prisioneros, piezas de artillería y armas inglesas eucfvjonadas. Esta 
primera campaüa hizo patente la decisión de los espa&oles, sn entu- 
siasmo y hazañas en favor de la cansa de su nuevo rey. De la» empre- 
sas marítimas á que luego se lanzaron los aliados, la hecha contra An- 
dalucía les fue del todo adversa. La escuadra del prínoipe Darmstad, 
austríaco al servicio ingles, halló apoyo en Barcelona; pero e} vírey 
Velasco lo obligó á reembarcarse, y con esta buena suerte se opuso ú 
que acudiesen tropas francesas para la defeusade CataluQa. Conüanza 
indiscreta por cierto, y que en breve prodigo sus precisas consecnen- 

33 



178 FEL 

eias. Darmétad coa bus tropM te diitgi6 á Qibmltir: «AomrtM U ^kttí 
«Dterameatd désgaameold» y la tomtf por MH^itulaeioo, quedando dta- 
de entonces en poder de ios ingleses. Una escaadnk franossa al 
mando del oondede Tolosa kijo natural do Lnis XIV. soatnTo «n reoio 
eottbate en las aginas de Málaga oon la Aagle-liotaadesa del Alnitan- 
te Book: ambas se creyeron victoriosas, á pesar de haberse retiiaéo 
sin éxito decisivo. £1 aHff<|nés de Villadarlas hiao esftierBO para rsoa^ 
perar Gtbtaltar, perdido por sn descuidada conducta en oompür laa tfr^ 
denes dadas por el rey para poner de antemano esa plaza en efftado de 
defensa. Todo resultó inútil por mar y tierrar Darmstad reforzado, ha- 
bla constmido fortiílcaciones con admirable presteza. Después se na^ 
logró otro rigoroBo ataque del mariscal de Tces6, sin embargo de ha^ 
ber contado con mayores elementos. Parto de la escuadra firancesa tMt* 
TO perdidas ocasionadas por una tormenta, y fracasó en xa» combate 
que empeñó con la del almirante Lake que llegó á dar socorro á Gl* 
bráltar. 

Pasando estaban tan notables sucesos, y las intrigas de palacio se^ 
guian BU curso con perjuicio de la buena administración, y amn de 
te mismas operaciones de la guerra. Lais XIV. resolvió separar de Im 
corte á la princesa de los Ursinos, y lo llevó á efecto sin que la feini^ 
liaría Luisa hubiera podido f mpediilo hallándose ausente el rey Féli* 
pe. Amenazó Luis XIV. con retirar sus ejércitos d^ando á Bspa&a 
abandonada á su propia suerte, si no saUapara Boma la camarera, par» 
que desapareciesen los desordenes y tu descontento. Envió de embija* 
dor en logar del Abate de Estrées al duque de Grammont, quien había 
de pertenecer al gabinete para dominado enteramente. La reina pene- 
tró al punto sus intenciones do cambiar el ministerio, escl oyendo á 
los adictos á la princesa; y el rey so vló forzado á pasar por tales no^ 
tedades para él desairosas, en atención 4 las circunstancias difícilce 
que se atravesaban con motivo de la pérdida de Gibraltar y del ejerci- 
tó que no pudo recuperarlo: el rey de Francia escribía por entonces d 
la esposa de su nietor '^Queréis á la edad de quince afios gobernar una 
vasta monarquía mal organizada? |Podeis seguir consejos mas desinte^ 
resados que los miosf Pronto verá el lector la inesperada variación 
que después de todo esto partió do las concepciones de aquella mtjer 
singular. 

Consiguió permanecer en Tolosa en lugar de pasar á Roma: el mismo 
Luis XIV. la alhagó, y se propaso ganarla: pidió un capelo de carde- 
nal para su hermano el Abate de La Tremovillo, nombrándole embala- 
dor cerca de la Santa 8ede; y dio á la princesa permiso para ir á Ver- 
salles ú dar sus descargos, lo cual valia tanto como quedar vencido 
por su inñt^ y artes seductoras. Ni Orammont, ni el confesor Daubeu- 
ton pudieron ya oosa alguna ocntra la voluntad de Felipe Y. y de su 
esposa. Ambos cayeron, y el mismo duque de Berwiclc fué relevado del 
mando del c^fército por el mariscal de Tessé, amigo de la princesa de 
loB Ursinos, Luis XIV. se propuso tenerla por confidente y goliemar 



FBIí 179 

p^r«i ^gaiio; y Miai)oió ftl vitjr ra xeMUieum de devolver sua puestos 
4 UioMiíi«xef% al mUgüyítco Orrí y á otroa qui^ antea deeia eran merece- 
davea da ia tUtima p#«a. 

Ua% flundaDsa de eata eapeoia ea la edad, lacea y eaperiencla de Luía 
Xiy. d«^ á todoa abaortoa. I^a yrinoeaa fué recibida en Yersajllea por el 
ílu^oA do Alva Eaibijador de Eapafta^ y aa caaa eatuvo tan oonoiMfnda 
4e loafoineroa penom^^ como el mUmo palacio: por último^ laa diatiu- 
oioneadeLaia Xrv. deapertaroa loa zeloa de madama de HalnteaonJ^om' 
brado embigador de Francia para la corte eapal&ola Mr. Amelot amigo 
de la de loa Urainoa, ae yo^tíó cata á Madrid diapneata y antorizada (co- 
mo. dÁpe Ija Foente) "paca dirífir el ^biemo á an antojo.'' Loa reyea, 
4 aa iq^roximacion aalicvon á encontrarla en Canillciiaa» y le brindaron 
aaiento en an carrosai agasiyoque ella tnvo la cordura de no aceptar. 
X«a enlcada de una reina en la corte no hubiera aido maa auntnoaa que 
2a auya, aegun el ampárate que ae empleó y la pública celebridad. Lula 
Sjy . eaaribi^ eri^erando ana grandea cnalidadei^ y prometiéndoae que 
mm» el remedio de loa malea de Bapaüa de que antea la haoia aui^ora ea- 
«luaiva. 

La altuaeion del Erario era tan deficiente, que faltaban recursoa pa- 
ta loa gaatoa de maa urgencia^ y on loa (y<Srcitoa ae hacían aentir penu- 
«iaa angaotioaaa que ponían en peligro la díactplina y el buen éciito da 
laa operaeionea. La célebre princeaa hacia ya un papel dilerentedeL 
que antea repreaentó. Ceuaaraba á loa grandea aua pcetenolonea de que- 
ttx «juagar al rey: y conaideraba muy dificil eatinguir laa diacoidiaa 
y loa bandea creadoa en an auaeneia. Amelot aeguia igual aenda y mur- 
muraba como la camarera ain moatrar aapiracíonea á gobernar. El mi- 
uiatto Oiri uo pudo hacer revivir aua anteriorea arregloa: todo proyeo- 
t» para levaatar fondea era rechazado; el que ae preparó para 4iar nue- 
iroaimpueatoa, caat motiva una rebelión, y en medio de laa contradiocio* 
Dca apenaa le Aié dable apelar al donativo de dea millonea de libras 
que ofreció el gobierno firancóa. Para colmo de malea empezaron á dea- 
eabrlrae teadenoiaa revoJuctonariaa y aun conapiracionea contra loa re- 
yaa, que daban aeguroa indicioa de que exiatian tramas aeeretas y acti- 
vaa del partido anatriaco, de lo cual surgió U triste neceaidad de de- 
cretar prisiones y penaa en que figuraron varios grandea» La piiaceaa 
«ntes enemiga del valioiionto francos, aeguia ya ^rinsipíos contrarios, 
y al^rigaH vivos receloa da loa espaJlolea. £1 embalador francos Uef ó 
Á proponar qua )aa principales plazas as oucomendaseí^ á guarniciones 
fsaAQceas; plan qne si nó reprobé el rey, tampoco lo admitiói y que alar< 
mó.^ varioa eens«Jeros que lo creyeron hamiUantey vergonzoso, ^ 
hiaiavow dimíaioo da aus empleos. 

Una OSpsdieion deciento setenta naves iugleaaa y bolandasaa salió 
de Fuftugal para proteger ia sublevación de laa provinciaa del Medi- 
tarraiiee, IbaancÜael arcbidoi]oe Carlos, y mandando las tropas al 
ganaffel inglés cpnda de PoterborougU. En unos puertea aiuguua vento- 
la alc^aaron;, en otiivea de^rabarcaroa agentes con comunioacioaea y 



180 FfiL 

armos para lovautar gnerrillds^ qne se emuponen pov lo refalar éb lúm 
bouibrea despreeiables que Btieleu acudir los primorofi euandio ae pro- 
nitievon las gaernis civiles. Hallaron prestación en Denia donáe te pfo«> 
clamó a) pretendiente, qne nombra comandante general y mariscal de 
campo á tm hombre escaro apellidado Baaset, reo prúfngo que eetaba 
condenado á maerte, y era á propósito para empresas revolocienarias^ 
que cundieron en el reino de Valencia y Inego en Aragón. El país cataba 
minado y las defecciones urdidas por algnuoa grandes, iuatiliaarcm las 
providencias de las autoridades. 

Cntalnfía odiaba á los franceses y al rey Felipe: sns pnebloa aiassia- 
buu la in8nri*eccion, y así en cuanto fondeó la gran escnadiv aliada en 
Barcelona y desembarcó sus tropas, se tío afluir el paisanaje de todaa 
partes decidido á favorecerlas. El virey Yelaaco careeta de faersas, y 
annque hizo la defensa hasta donde pudo, la plasa de Monjaioh fué (o^ 
mada por los ingleses á cansa de haber TOlado un almacén de pólTom: 
consecutivamente bombardeada la capital tuvo qne rendirse por capi- 
tulación. Carlos de Anstría fué proclamado rey de Bspafia y conde 
de Barcelona, eu cuya ciudad habiaii ocurrido espantosos crímenes. La 
revolución se propagaba eu Aragón, y la lucha entre las tropas y loa 
partidarios del pretendiente, se hacia en todos los pueblos destmetora 
'6 inacabable. En Zaragoza acuchilló el populacho á los soldados fk«ii- 
ceses, y tratóse también de asesinar al mariscal Tease. Felipe V. ord^ 
nó qne este y los cuerpos que mandaba posasen á la frontera de Catar 
Infla: dejó los exesos sin castigo con la mira de calmar la inquietad, 
XK>r que había resuelto entrar personalmente en campafla y no quería 
complicarla con la completa insurrección de Zaragoza. 

£1 general conde de las Torres encargado de luchar con la revolu- 
ción de Valencia, tomó varias plazas y tuvo qne emplear un rigor ex- 
cesivo en sus actos, vista la teuacidml délos rebeldes: le auxiliaba el 
obispo de Murcia con fuerzas de milicias. £1 general Peterborough al 
frente de tropas inglesas acudió Á nostener la insurrección, pero hiso de- 
sarmar á los frailes que unidos combatían en favor del pretendiente. 
En las fronteras de Aragón y Catalufia se hacia también la guevra 
con tal furor, que eran incendiados y saqueados los pueblos por loa 
caudillos de ambos partidos. 

Felipe V. salió de Madrid en febrero de 1706, dc)}«Ddo á la reina el 
gobierno de la monarquía. Hlso retirar sus tropas de Aragón, ae dirh 
gió al principado, y concertó un plan para obrar sobre Baroelona eu 
combinacioik de varios cueipos y con el apoyo de la escuadra del eimde 
de Tolosa. Llevaba el designio de tomar prisionero al arohiduque Car- 
los, y con esto poner término á la contienda. Los catalauee se mofaiem 
de un indulte que dio el rey, cálificfiudolo de síntoma del teBaar que 
decian le acompañaba. Felipe se presenta con su ejército delaute de 
'Barcelona: parecía ejecutarse el proyecto sin contradiooioiies, y el 6 de 
abril se emprendió el ataque ala fortaleza de Mo^Jnich donde estaba 
el archiduque. El t>Al» »« movió en masa defendiendo con oboeCMioa 



FEL 181 

la catisada los Anstriftcofi: y cuando el bombardeo prometía ya romper 
la mnnülay liegaron á la bata i a ciuctieuta y tres nayios de línea de loe 
aliados. Bl conde de Tolo8a eontemplando la interioridad de eu eeooa- 
dra, se retiró á los puertos de Francia: este golpe fanosto para los sl- 
iiadorea, y mas qae todo el desembarco de ocho miL honibres, obligó á 
Felipe V. á replegarse como lo hizo por el Bosellon. Se supo que los 
pottugaeeee avanzaban sobre Madrid sin haber faerzae que los conta* 
viesen. £n la retirada perdió el rey seis mil hombres, ciento seis oafiones 
veintisiete morleree, nn inmenso parque y muchos víveres; los cié* 
rigos y los frailes con los armas en la mano tomaron parte aetiva en 
los saccsos. El conde de las Torres en tales circunstancias abandonó 
del todo el territorio valenciano y se dirigió á fiíadrid coiksns restos. 

Los eacrítores españoles acusan á los generales franceses de qae tra* 
bsgaban por arrnintir la España y cine anu trataron de que Felipe V. pa- 
sara ú Fraaeia: añaden que Luis XIV. deseaba que su nieto se indinase 
eu favor de la paz que ideaban los aliados, bajo la base de dar á Felipe 
los estados que España poeeia en Italia, con les islas de Sicilia > Cexde- 
ñüf y al arcbidaque Carlos, la EspaQa con las Amérioas. Pero que Felipe 
y. con una constancia invencible respondió siempre que estaba resuelto 
á morir en Espafta. Atribniause esos proyectos Á su hermano el duque 
de Borgofia^ que se mostraba opuesto á la oontinuaeion de la guerra, 
y que portante el duque de Berwick no habia maniobrado debida y 
lealmente en la frontera portuguesa. Parecen temerarios estos juicioa 
y mas bien malicias acostumbradas en los reveses por los celosos espo- 
iloleS; á cuyo ejemplo en América los errores y el mal logro de las ax»- 
rosas operaciones de la guerra se creen siempre obra de la mala W No 
oousidefaban los compromisos y sacrifíoios de la* Francia en la lacha 
desiinial y peligrosa eu que estaba empeñada. Luego verá el lector al 
duque de Berwiok de vencedor eu la famosa batalla de Álmansa. £1 
ejército aliado de Portugal después de freciieutes adquisieiones, húo 
rendir á Ciudad Rodrigo, y sn general en jefe el marqués de las Minas 
emprendía sóbrela capital del reino. Se formaban tro3^as, se hacían 
grandes esfuerzos en las Audulucias y en otros reinos para combatir la 
adversa forlnna,.qne amenazaba de una manera tan ejecutiva la corona 
de Felipe V. Entró este en Madrid y dispuso la traslación de la reina eon 
los consejos y autoridades á Guadali^ara y después á Burgos. Los pue- 
blos que obedecían al rey se hallaban resueltos y entusiasmados eon 
shnigual ardimiento, hasta á sucumbir defendiendo los derechos de sa 
soberano. Madrid fué ocupada por los enemigos el 27 de Julio de 1706 y 
aclamaron al archiduque con el nombre de Carlos III. por rey de Espa- 
fia: los habitantes dieron muestras inequívocas de sa oposición y des- 
contento, y los de Toledo y Segobia tomaron las armas contra los alia- 
dos que los subyugaban. 

£1 rey alentaba hábil 6 ingeniosamente al pai8an%}e y alas tropas que 
se le reunían: Juró de nuevo perder la vida por España y corresponder 
sin limitación al afecto y á loesorricios qne se le consagraban. Los ^ua- 



182 FEl 

tf niaoa á% AndftlQciA haciendo pvodígíoi de patetolUwio OügMiUferoa 
teeíftta mil infantes j yeinte mil enballoa, mientnw qim eu Valencia 1m 
defeeeiones y loa deeaetree se sneedian rápidamente: el oond^e de SsAta 
Cms Gobernador de las galeras de Espato, en vez de ir á Aitíea al soeor- 
lo de Oran, se nnió á la escuadra inglesa del almirante Lake, proela- 
mando al archiduque, y haciendo perder la importante placa de Carta- 
gena. Tardó pooo el pretendiente Carlos en partir de Barcelona eon 
dirsooion á Madrid. Entró en Zaragoza donde fué reconocido por lej: 
todo Aragón se conmovió signiendo lo hecho en sn capital. Conotbió 
el arehidaqne el proyecto de combinar las operaciones del ejército que 
eondneiay eon las qne hicieran el de Valencia mandado por Peterbo- 
rongh y el dtfl marqués de las Minas. La situación de Felipe Y. fué 
ciertamente muy apurada hasta que se le Juntaron nuevos cuerpos fran- 
ceses enviados por Luis XIV. 

Tropas del rey volvieron á ocupar Madrid^ haciendo rendir 6 la guar- 
nición enemiga: el pueblo enfurecido quemó el estandarte austríaco y 
el retrato del archiduque. Este habia libado á Gnadalijara donde se 
le unieron algunos personiges de su partido; y luego que reconoció el 
oampo de D. Felipe y comprendió que no era tan fteil y sencillo el éxi- 
to de su imaginada empresa, ad virtiendo por la actitud de sus contra- 
dos que no rehusarían una batalla, tomó la resoluoiou do retirarse. De 
la Mancha y de Toledo recibió Felipe el auxilio de dieziseis mil hom- 
bres en mementos en que mandó al duque de Osuna con doscientos 
guardias para librar á la reina viuda de Carlos II. del rencor de los to- 
ledanos. OsunA lo ejecutó pasando por no peque&os ríesgos y coadu- 
eiendóla en seguida hasta Bayona. 

£1 ejército del archiduque y el de Portugal, hostilizados por todo el 
pais, se hallaban muy escasos de mantenimientos: perdían sus convoyes» 
se les cortaban las comunlcacionee y se les acosaba en sus mismos cam- 
pamentos. Pasaron al Tajo con muchas dificultades y se dirigieron al 
reine de Valencia perseguidos activamente por sus advérsanos con 
pérdida considerable dé soldados* Entre tanto la reina y todos los fau- 
etonaríos volvieron á Madrid, y la plaza de Cartagena se recobró por 
las tropas reales. Calculábanse en doce mil hombres las b%ias de los 
^vcitoa aliados en el curso de esta complicada campaCa. Pero en los 
estados de Flandes cuya conservación costaba tan grandes y contiona- 
doa saeríficioBy la fortuna llegó á ser tan adversa, que bien se temía de- 
jasen de pertenecer á la corona de Eepofia en el reinado del primer 
principe de la nneva dinastía de Borbon. £1 general inglés Marl- 
borongh unió su ejército á las tropas de Holanda y Prusia y nuochó al 
Bravante donde él mariscal Villeroy aceptó la batalla á qne fué provo- 
cado, sin esperar al maríscal Marsin qne iba á reforzarle con diez mil 
hombres: sufrió una derrota en Ramíllíers, perdió cincuenta piezas de 
artillería y ciento veinte banderas, y se rindieron Malinas y Bruselas. 
Guipan algunos escrítores españoles de este contraste á las órdenes da- 
das por el marqués Chamillard ministro de Luís XIV; agregando qne 



FBL 183 

obraba de acuetdo con el duque de Borgofia y madama MainteiKfb ptk* 
ta hacer firacasar eta campaft% á fin de dafiar á Felipe ¥., y qae oelí 
igaal designio penoadieron al rey de Franota para que faera á Flandiee 
el daqne de Vendóme que se hallaba defendiendo la Italia. D. Laie da 
BovjaMarqaéa de Garaoena entregó á los enemigos la plaza de Aibbecee: 
Marlboroogh pudo aaí enseñorearse de todo el Brayante espafiol. 

Los imperialistas oon el principe Engento y el daqne de Baboya, in- 
teresado ya por el Austria» obtayieron repetidas yenti^aa en Italia, f 
se pToeJamd al aMhidnque Carlos en el Milanesado. Luis XIV. deoaido 
por la edad y la üslta de salud, se dejó dominar de aquella fistal in« 
flaenoia; hiao un tratado secreto de neutralidad y retiró todas sus tro- 
pas de Italia; pero este pacto se quebrantó luego por los aliados, qnie* 
nes enviando un ejército á Káp^^es se apoderaron de este reino qué 
se adhirió á la oaosa del pretendiente. Beta serie de desgracias acen« 
teeióal mismo tiempo que dentro de E^aüa sucedía todo lo que aivi« 
Ua hemos contado (1306 1707.) 

El arquidnque salió de Valencia y se trasladó á Barcelona, dejando 
allí los ejércitos ingles y portugués con sus generales Oalloway y él 
marques de las Minas: estos recibieron por Alicante un ooneideraMe 
aumento do tropas. El dnque de Berwick situó el ejército Franco-Es- 
pafiol en Almansa: los aliados se adelantaron para que no llegara á 
tiempo un cuerpo de ejército trances que conducía el duque de Ot^ 
leans. Loe cspalloles ansiosos de combatir, murmuraban publicameuta 
á su general por que no daba la batalla, llegando á calumniarle de in* 
teligencia con los enemigos, por que era hermano de la reina Ana dé 
Inglaterra; pero Berwick se desentendía y disimulaba como si no se 
apercibiese de tales desacatos. En la corte se despertaron sospechas y 
se hieo apresurar la marcha del de Orleans para que tomase el mandé 
en jefe: mas las cosas se presentaron de otra manera. 

Benrick fué atacado en Almansa (96 de abril de 1707) y ganó la es- 
pléndida batalla de este nombre, en que los aliados perdieron toda su 
artillería y cien banderas, cinco mil muertos y doce mil prisioneiut^ 
con un número de generales, Jefes y oficiales que pasó de ochocientos. 
Salvó Berwick la monarquía con un suceso tan glorioso, y Felipe V. le 
dio el toisón de oro, le hiso grande de Espafia y Duque de Liria y dé 
Gerica, erigiéndose en Almansa un suntuoso monumento. 

Ocupóse por Berwick la ciudad de Valencia y en seguid^ marchó so. 
hre Zaragoza: Orleans hizo igual marcha con la división fi*ancesa y lato 
tropas que habia en Navarra. Sometida Zaragoza se dirigieron á Cata- 
lufta é hicieron rendir diferentes plazas, inclusive la de Lérida cuyo si- 
tio fué bien sostenido. El duque de Orleans pasó á Madrid y en nom- 
bre de Lais XTV. ñié padrino de bautismo del principe de Asturias que 
se titnló después Luis I. Felipe V. espidió un decreto aboliendo los An- 
tiguos fueros y privilegios aragoneses y valencianos; y snjetando estofe 
reinos ú las leyes de Castilla, estableció en ellos Chaneilleríáá y ñvr 
diencias reales y superintendencias de hacienda, suprimiendo el Con- 



184 FEL 

a^o de Aragea. La cindad de Jati va eo Talonéia, toé demolida por tm 
obetinado empefio al sostener eu dos ocasiones la insarreccíon. £u tk 
eegando asalto fiié la gente pasada á cneliillo, pereciendo hasta los 
frailes, mujeres y nifios que se defendieron armados con el apoyo de 
loe ingleses: fandose sobre las rainas una nueva oindad qoe se denomi- 
nó San Felipe. 

Lta importante plaza do Oran la perdió España en 1708: poseíala 
desde que la conquistó el cardenal Cisneros y servia de £reno á los mo- 
tos de Argel. Inglaterra no cesaba de enviar ref iierxoa A la Península 
y cuantiosos socorros pecuniarios. El archiduque Carlos efectuó su ma- 
trimonio con la princesa Isabel Cristina de Bmnswtoky conducida á 
Barcelona por la escuadra inglesa del almirante Lake. Por entonces el 
duque de Orleans puso sitio 6 biso rendir la plaza de Tortosa, sin que 
bastasen á evitarlo las tropas de lea aliados: y el general DaaCeldt ata» 
cando á Denla y Alicante, logró también se entregasen después de ce- 
ñidos combates. Entre tanto los oxeaos de los aliado» en CataluOa te- 
nían en agitación á los vecinos, quienes elevaron al archiduque Carlos 
fundadas quc^^as, y eu términos muy enérgicos, á causa de los robos* 
saqueos é insolencias de las tropas. 

La escuadra de Lake se apoderó de las islas de Cerdefia y de Menor- 
ca con las tropas que cóndilo y mandaba el general Stanhop. Los ale- 
manes se hicieron duellos en Ñápeles y Milán de las rentas y beneficios 
eclesiásticos menospreciando las censuras. Los derechos de la Santa 
Sede se atrepellaron de diversas maneras, y se exigió al papa el reco- 
nocimiento del pretendiente Carlos III. El católico emperador y rey 
de romanos, publicó en un manifiesto que la iglesia no tenia bienes 
temporales; que las donaciones de los emperadores eran nulas, y usur- 
pado todo lo que ademas poseía. Repetidas fueron las invasiones ar- 
madas en los Estados Pontificios, y Boma llegó á cerrar sus puertas ar- 
mándose los paisanos; viose el papa forzado á someterse á cuanta con- 
dicioa le fué impuesta en cambio de la paz, y sin restituírsele cosa al- 
guna. 

En 170Sno fueron tampoco felices las operaciones militares en loa 
Países Bi^os. Marlborongh y el príncipe Eugenio dieron sobre un cuer- 
po de treinta mil fhinceses en Oudenarde, haciendo eu él grandes es- 
tragos. Luego emprendieron el sitio de la cindadela de Lille reuniendo 
al intento grandes masas, y el mariscal Bouüers tuvo que capitular en 
virtud de órdeu que le dejó el duque de Borgofia al retirarse con el 
^éroito á Francia. Estos hechos por si solos bastaban para ratificar la 
idea generalizada, de que el duque, presunto sucesor de su abuelo Luis 
XIY, obraba en la guerra con el fin de obligarlo á hacer la paz, despo- 
jando á BU hermano Felipe de la corona de Espafia: por que la amistad 
de esta era ya una carga insoportable para la Francia, cansada de sa- 
crificios, esteunada, y con sus recursos casi agotados. Viose precisado 
Luis XIV. á entrar cu negociaciones secretas con loe estados generales 
do Holanda (1709); y annqne exigieron estos la cesión de la Espafia y de 



FEL 185 

ktf Indiasy no por «sta condición dejó el rey francés de prosegnir las 
conferencias: mas al tocar con Felipe V. en ya prestación se solicitaUa^ 
cleclaró este qne conservaría sn trono defendiéndolo hasta perder la vi- 
da, antes qne someterse á tan insolente exigencia. Los españoles estaban 
contentos con sn rey: lo sostenían con entusiasmo yolnntario, y de esto 
ínstmyó á LnU XIV. sn embi^ador Amelot con pmebas superabundan- 
tes. Sin embargo de todo las negociaciones segnian, y el rey de Francia 
«nsiatido la paz á cualquier precio, trabajaba por que su nieto se resig- 
nara á perder el trono. La princesa de los Ursinos snpo adquirir una 
correspondencia del duqne de Orleans con el general ingles Stanhope. 
Descubrióse, ó mejor dicho, se comprobó que los manejos del duqne, 
aspirante al cetro espafiol, eran efectivos: y la reclamación que hiso 
Felipe y. quejándose do tan desleales intrigas, fué de tal peso, qne abrió 
los ojos Luis KIY. y conoció que había sido imprudente en sus eonflan- 
zas con su sobrino el de Orleans. 

El rey Felipe convocó cortes, y reunidas en Madrid foó reconocido 
solemnemente por heredero de la corona el príncipe de Asturias D. Luis 
Femando. Escribió á su abuelo una enérgica carta corroborando la re- 
solnoion que tenia tomada, de perecer primero qne conformarse en nin- 
gún caso con la renuncia de sn corona. Hay en ese documento ideas 
elevadas, y resaltan las convicciones qne abrigaba el rey de la lealtad 
de los eepafioles, y del deber eu que se hallaba de no abandonarlos, y 
de corresponder á los sacrificios de sus subditos. 

El papa Clemente XL creyendo salir de sus conflictos con el imperio, 
imaginó que era buen espediente reconocer al archiduque Carlos bijo ol 
título de 910^ católico y no de rey de Espafia. Este medio ridiculo no sa- 
tisfizo á los alemanes y ofendió á Felipe Y. quien despidió al Nuncio y 
cerró el tribunal de la nnnciatura: prohibió toda comunicación con Ro-> 
ma, y con razón tomó otras providencias qne ocasionaron largas dis- 
ensiones con la Santa Sede. 

La princesa de los Ursinos acogiendo hábilmente la opinión reinante 
en la corte, se adhirió á ella, é hizo destituir al embi^ador Francés. A 
los españoles se les hacia ya insoportable la intervención francesa en el 
gobierno: quisieron hacerlo independiente y lo consiguieron en conni- 
vencia con la astuta camarera. Compusieron el gabinete los grandes del 
reino, y los derechos del monarca y de la nación fueron bien sostenidos 
en el Congreso de la Haya, donde el duque de Alva hizo las declaracio- 
nes y protestas convenientes. Los aliados no cejaron de su propósito, 
qne consistía en el reconocimiento del archiduque por rey de Espafia, 
de modo que uíugnn príncipe Borbon pudiera JamiSs reinar en parte 
alguna de la monarquía: que si á esto se negaba IfVlipe, el rey de Fran- 
cia se obligase, no solo á retirar sus tropas de Espafia^ sino tf reunir- 
se á los aliados para arrancar á su nieto la corona. 

Luis XIV. al leer tan atrevidas exigencias, se llenó de indignación, y 

volviendo á sn antigua entereza, declaró qne entre luchar con losestra- 

fios ó con sus hijos, no vacilaba en adoptar el primer partido, apelando 

al valor y lealtad do sus pueblos. Todos los españoles tomaron las ar- 

24 



186 FEL 

mas, y todas las clases sooialss dieron con decidida yolnutad sos recitr^ 
sos para la salvación del país. Luis XIY. formó cinco ejércitos nomero- 
sos con apoyo de todar la nación, para atender á flandes, al Bhin, al 
DelfinadOy al Bosellon, y á Catalofia: los aliados hicieron iguales pre* 
parativos. De las operaciones de estos numerosos cuerpos no trataremor,. 
para evitar estendemos en pormenores que no consideramos indispensa- 
Mes; y solo haremos mención de la batalla de Malplaquet en los Paises 
B%joe, una de las mas sangrientas y notables, en la cual perecieron mOr 
chos generales y Jefes^ perdiéndola los franceses sin d^ar de ser muy 
gloriosa para ellos. 

En Catalufia las dicordias entre el mariscal Bezons y el conde de 
Agnilar, cansaron la toma de Balaguer por los aliados: el primero aban- 
^uó el campo de batalla recelando 4» los españoles. Trasladóse Feli- 
po y. al teatro de la guerra 6 hizo que Bezous se retírase á Francia con 
BUS tropas. Este mariscal se decia trataba do entenderse con el general 
austríaco Staremberg paraalcanzar cousn apoyo que el duque do Orlcaas 
quedase cuando menos de rey de Aragón, dividiéndose así la monarquía 
entre Orleans y el archiduque Carlos. No pudo Felipe Y. hacer cosa do 
provecho con solo las tropas espafiolas, y deii^dolas á cargo del vi rey 
«le 17avaira príncipe deXilly, se regresó á Madrid. Empezó á dominarlo 
la melancolia, y el gobierno habría caido en una total inacción política^ 
sin la intervención de la animosa reina ayudada por la princesa de loa 
Ursinos. 

Los esfuerzos de las provincias fueron admirables, y el ejército reci- 
bió un gran aumento de cuerpos en circunstancias de haberse salvado 
de los emceros enemigos la flota (|ne llevó de las Amérieas un c«an> 
lioso caudal (1710)* Se determinó el rey á salir otra vez á campa&a, y 
el conde de Aguilar se retiró del servicio por que no se le otorgaron la& 
desacordadas pretenciones qne tnvo, después de rogarle la reina que 
continuara en el ejército. Este general tenia distinguidas cnalidadbB 
mezcladas con una altivez desmedida, y no era adicto á la reina y me- 
nos á la camarera mayor. El duque do Medinaoeli f aé separado del mi- 
nisterio y arrestado, por haberse descubierto su inteligencia con los 
enemigos, según las cartas que se le tomaron y que el mismo rey lo^ 
presentó: después acabó sus dias en el castillo de Pamplona. 

Felipe y. cometió el error de dar el mando del ejército al marqués da 
Villadarias, desconceptuado desde el funesto sitio de Gibraltar; y des> 
pues de encomendar el gobierno á la reina, marchó á ponerse al frente 
de los operaciones. Instado por yilla<larias y contra el parecer de mili^ 
tares do alto crédito, marchó sobre el enemigo que ocupaba posicionea 
impenetrables. En'breve tocando su desengafio se retiró el rey á Iieri- 
da, é.hizo empefiar una batalla en las alturas de Almenara. Fuele ad> 
versa la fortuno, y si al dejar el campo es perseguido, hubiera esperi- 
mentado una completa derroto. Encaminóse con el ejército á Zarago- 
za, donde el marqués de Bay nombrado ya para el mando en jefe, acep- 
tó otro combate á los aliados á cnya cabeza iba el conde de Stocem.- 



FEL 187 

iMflpe^ Bofri^ el ejército espafiol an notable desastre, y el rey Felipe se 
Tegreaó á Madrid: Bay con los restos se dirigió á Yalladolid. £1 archi- 
-dnqne Carlos perdió mnoho tiempo en Zaragoza, y no estrec|ió oporta- 
ñámente á sos desordenados contrarios. Movióse al fin, despnee de al* 
/gnnas vaeilaoiones, y siguiendo el dictamen del general inglés Stanho- 
pe, se trasladó á Madrid. £1 rey oon su familia y los fonoionarios sa- 
lieron de la capital, (9 de setiem'bre de 1710). £1 archiduque fué reoibi- 
'úo eon una frialdad mny marcada de parte del pueblo, cnyo silencio y 
otras sefiáles dieron á conocer el disgusto que allí dominaba. Madrid 
esperimentó las mas duras estorciones, y las familias de los grandes 
Aieron obligadas á ausentarse; el saqueo de los templos y otros escan- 
dalosos atropellamientos acabasen de exasperar á los tiranizados habir* 
iantes. 

Cuando Felipe Y. se trasladó á Yalladolid, deíó encargada de hosti- 
lizar á los aliados en las inmediaciones de Madrid, al coronel de Dra- 
gues D. José Yallejo natural de Lima, en cuya elogio emplea el mo- 
derno historiador de £spalla las palabras que nos ser¿ permitido co- 
piar aquí, sin peijucio de lo que con Justa satisfacción diremos en el 
artículo que le corresponde* ''No podía haberse hecho una eleceioii 
'** mas acertada para el objeto: porque era el D. José Vallcgo «1 tipo «las 
"*' acabado de esos intrépidos, hábiles é incansables gueaeroa, de esos 
*' famosos partidarios en que se ha señalado en todas épocas y tiempos 
^' el genio y el espíritu bélico espafiol. Correspondió el Yállcjo á su co- 
^' metido tan cumplidamente, y ejecuté tales y tantas proezas, que Us- 
*' gó á ser el terror de las tropas aliadas, con ser tan numerosas, y á po- 
"^ ner muchas veces en aprieto y conflicto ol mismo cuartel general del 
^' prf neipe austriaoo. De contado situándose en Madrid y Gnadalf^ara 
*' cortó las comunicaciones entra la corte y los reines de Aragón y 
'" Catalufla, interceptaba los -socorros y oogia los despachos, pliegos 
*' y cartas del archiduque y la archiduquesa, y al paso que á ellos los 
*' incomunicaba, él se ponía al corriente de todos sus pensamientos y 
*^ planes. Destmia las partidas que se enviaban ea «ii persecución, y 
■** siempre en continuo movimiento caminando dia y noche; y tan pron- 
''^ to en la Mancha como en tierra do Cneoca, en las cercanias de Tole- 
** do como eu las de Madrid, empleando mil estratagemas y ardides, 
" haciendo continuas emboscadas y sorpresas, apareciendo á las puer- 
^* tas de laeorte a\ en Jos bosques del Pardo cuando se le suponía mas le- 
-** Jos, destrozando destacamentos enemigos, asaltando convoyes de 
" equipages, niniilciones ó viveros, alentando ú los pueblos á la resisten- 
•*^ cia, acreciendo sus filas con oeuteiMires de paisanos resuofl tos y valero- 
•** sos que se le unían, y llegando á combatir y derrotar xsnerpos de hasta 
-" tres mil liombres eon el general Stanhope íí Ja cabeza^ como sucedió 
•^^ en los llanos do Alcald. Escribiéronse entónoeH, y se conservan^ y ¡éa 
'* tenemos ú la vists, «nnUitnd de roJacloues de las hnzHftns de Ya- 
^Hejo.^ 

Luis XIY. it soltcítiid de Felipe V, onvii» a Kspafia al ilnqit'e de Yendo- 



188 FEL 

me, qniou fué destinado á maudar las aniiaa como g^namlíaimo. hom 
grandes di rigieron todayia al rey de Francia^ Á exitacion de la prince- 
«a de los Ursinos, una carta en que de la manera mas eficaz le pedían 
el anxilio de tropas que reqaeria lo aparado do la Bítaaeioa. £1 eoade do 
Agnilar reorgaaiz4S los restos del ejército salvados de Zaragoza» y con 
pTontitiid BaraviUosa los aninenté hasta cuarenta batallones y oebenta 
oeenadroues bien armados y provistos de todo. £1 rey con uu corto ejér- 
cito impedía la comunicación de los aliados con Portugal: la reina con 
la corte se retiraron á Vitoria* . 

£1 archiduque Carlos se conveaeié de que su eansa no tenia apoyo 
alguno en las Castillas, y de que le era imposible nniíse á los de Porta- 
gal; falto de víveres, y abrumadas sus trepas por las tenaces acometi- 
das de Vallojo, y de Brucamonte, otro jefe de estraordiuario brío y pe- 
ricia, viendo perecer multitud de soldados á manos del paisani^e; de- 
terminó evacuar la capital á los cincuenta dias de haberla ocupado. 
Figuró que iba á trasladar sn corte á Toledo, y marchó por Zaragoza á 
Barcelona donde su presencia motivó el mayor dcsalieutoi. 

Al retirarse los aliados de Toledo y de Madrid quisieron saquearlas y 
aun incendiarlas los portugueses y catalanes; pero lo impidieron lo» 
generales Staremberg y Stauhope. Felipe V. volvió á Madrid y el 6 de 
diciembre marehó con Vendóme en persecución de los enemigoa. Con 
noticia de que el general Stanhope coa la retaguardia compuesta de 
ocho batallones y ocho escuadrones hacia noche en Bi'ihuega, villa de 
la Alcarria, adelantó Vendóme al general marqués de ValdecaHaa, natu- 
ral de Lima, con la caballería ligera, los dragones y granaderos y dea 
piezas do artillería. '^£xedi« el de ValdecaQas, dice el historiador La 
'* Fuente, á cuantos generales se conocieron en esta guerra, en la for- 
'' maciou de un ejéroito^ en la disciplina y regularidad de sus marchas. 
*' £jecutó el marqués su cometido con tal celeridad, que al amanecer 
'* de! 8 había logrado cortar á Stanhopo todas las salidas de Brihusga, 
" y comenzado á batir su alto aunque sencillo muro.. Besistianse los 
'' ingleses con la esperanza de ser pronto socorridos por Staremberg: el 
" conde de las Torres ejecutó el asalto que fué rudo y sangriento, y 1» 
^* entrada en la población costó reñidísimos ataques y gran número de 

" víctimas Vendóme y el conde de Agailar detuvieron entre tante 

** á Staremberg ''A las ocho de la noche pidió Stanhope oapitala- 

** cion y se le concedió por la urgencia del caso, quedando todos prisk^ 
** ñeros de guerra, inclusos los generales Stanhope, Hill y Carpentíer, 
" Jefes, oficiales &." 

£1 10 de diciembre se hallaba el ejército del rey dispuesto para un» 
batalla decisiva á la parte de Villaviciosa. Mandaba la derecha de la 
primera línea el ilustre limefio ValdecaQas, y á sus órdenes el general 
Armendaris marqués de Castellfnerte, que fué después virey del Perú, 
•1 conde de Montemar, &. Quiaba la izquierda el conde de Aguilar^ el 
centro el marqués de Toy: la segunda línea era dirigida por generales no 
menos acreditados, y el rey recorría ambas con ejemplar bixarria. Lie- 



PEL 189 

gó el matHento tío combatiri y Valdecafíaa arroyó la izquierda contraria 
quo mandaba Staremberg; mientras que la issqnierda y oeutro de loe es* 
pafiolee fueron por tres yeces rechazados y desordenados quedando Toy 
prísiouero do los portugueses. Vendóme perdió la esperanza de ganar 
la batalla, y separó al rey del campo, ordenando al oonde de Agnilar 
que retirara la infantería y la pusiera Á salvo, como lo hiso, luehandu 
con las exigencias de Valdeoañas en sentido opuesto. Vendoue no se 
«onvencÍA del triunfo, pero ValdecaSas á quien se debió, y los genera- 
les MabonJ, que acometió por su espalda Á Staroraberg, y Amesaga que 
arremetió furiosamente cou la caballería de la reijia, y desoompuso los 
cuadros enemigos, enviaron una intimación á Staremberg, el eoal con- 
testó se rendiría, si al reconocer el campo por la waQana, veia ser cier- 
to que en el ospafiol existieran treinta batallones y cincuenta escua- 
drones. 

Stareraberg aprovechando la oscuridad, fué retirindose en silencio. 
La victoria habia sido completa, y muy grandes los despojos tomados. 
Yallejo y Bracamente persiguieron á los fugitivos aliados; el primero 
presentó en breve mas de tres mil prisioneros. La batalla de VillaTÍ- 
. ciosa aseguró el cetro de Felipe Y. en los momentos en que estuvo en 
el mayor peligro de perderlo: diez afios duraba ya la contienda de £s- 
pafla y Francia con las potencias do Europa. El denodado Valdecafias 
vencedor de Yillaviciosa siguió en pos de los enemigos á Zarago- 
za y tras ellos se internó en CatalnOa, donde también penetró el 
duque de Noailles con el ejército francés del Boaelloo, el mismo que si- 
tió é hizo rendir U plaza y castillo de Gerona. Yaldeca&as toldó otras, 
y sometió todo el pais de Bivagorza; y los aliados no se atrevieron á es* 
perarle en Balaguer que abandonáis n después de tenerla may fortifiea- 
da. Staremberg á vista de esta y otras ventajas de consideración, y per- 
suadido de que no le era posible resistir á la superioridad de las anuas 
de Felipe Y, determinó pedir licencia para retirarse, pero no le fué eon- 
cedida. Los gobiernos holandés é ingles se negaron á enviar mas soldA- 
dos á EspaAa, limitándose á mantener la guerra en Flandes. 

El Delfin do Francia padre de Felipe Y. falleció en 1711. Tuvo igual 
«nerte el emperador de Alemania; y como este suceso llamaha al ttono 
al archiduque Carlos, lo cual creían las potencias marítimas facilitarla 
para después la división de la Espofia, la guerra perdió desde ese mo- 
mento su antiguo calor, y suspendió Felipe Y. ol sitio de Barcelona qlie 
tenia proyectado. £1 archiduque fué llamado á Yieua Á donde se tras- 
ladé, y Staremberg y Yendome no empreudieron operación alguna de 
importancia: el i>rlmero quedó de virey de Gatalufia y comprendía qne 
s«s fuerzas no podiau resistir uu ataque formal de parte de su adver- 
sario. 

Tampoco se dio en este año gran impulse á la gnena de Pertigal,, á 

pesar de haberse reforzado al marqués de Bay dcspnes del trivulb de 

Villavietosa. Felipe Y. marchó ú Zaragoza doud* entré con. la ssilM 

• ^ue de Yitoria salió á reanicsele. Impúsose ana oontribueion extr•o^■ 



190 FEL 

di liaría de on millón de pesos; se inoorporaton á la cofonn todas las 
Salinas del reino; hisosele tomar el papel selladOi y se sacaron hasta 
trescientas mil fanegas de trigo y otros granos. 

La campafia de 1710 en los Países Bi^os habla sido mny fatal para 
la Francia; y cuando esta se hallaba en el mayor abatimiento, la salva- 
roñólos triunfos de Felipe V, los sucesos de Alemania y las discordias 
de los aliados. La reina Ana de Inglaterra entró en negociaciones con 
Luis XIV. El rey de ElspaHa y la nación toda, eran un obstáculo inven- 
cible para cualquier avenimiento; por que rechasando toda idea de per- 
dida de territorio, querían la restitución de Gibraltar, y deMenorca. £1 
de Francia concedía á los ingleses hasta cuatro plaaas mercantiles en 
América, y la ocupación de Cadis por una guarnición Suiza. Indignado 
Felipe y. se negó á semejantes intentos: pero Francia é Inglaterra fir- 
maron al fin preliminares de paz, en los cuales fué reconocida la reina 
Ana y la sucesión protestan ce, acordada la demolición de Dunkerque, 
la cesión de Oibraltar, Menorca y San Oristoval, y el tráfico de negros 
por treinta aQos, ofreciéndose que también seria cedido el País Bajo es- 
pallol al Elector de Baviera. Lo mas estrafio era que los plenipotencia- 
rios de Felipe V. no tuviesen parte en unas conferencias en que se tra- 
taba de la suerte de España. La última resolución fué que en Utrech 
se celebrase un congreso de plenipotenciarios de todas las potencias be- 
ligerantes. 

La princesa de los Ursinos que siempre se manifestó desinteresada 
para con los reyes, quiso satis&cer la vanidad que era su pasión domi- 
nante, y les pidió nu territorio en Flaudes donde retirarse á vivir. Die- 
ronle el condado de la Boche que producía treinta mil pesos, para que 
lo poseyese como soberana y con el título de Alteza que ella apetecía; 
luego consiguió que Felipe V. por medio de la reina accediera á la se- 
sión del País B^Jo al Elector de Baviera, y por último alcanzó que el 
rey no iiisUüra por la admisión de sus plenipotenciarios en Utrech y 
diera sus poderes plenos á su abuelo para seguir y acabar la negociación. 

El archiduque Carlos fué elevado al trono imperial coronándose en 
Francfort (diciembre de 1711). Entre sus títulos figuraba siempro el de 
ney dé Espafia; y aunque hizo mucho por continuar la guerra contra 
Felipe Y, sus relaciones con Inglaterra estaban interumpidas: Marlbo- 
tough principal sosten de la guerra en los Países Bi^os había caido, y 
el principe Eugenio so retiró de Londres al malograrse su misión cerca 
de la reina Ana. 

Felipe y. tenia derechos ya inmediatos á la corona do Francia; y co- 
mo se le exigió perentoriamente se decidiese por ella ó por la de Espa- 
ña, eligió esta y suscribió su renuncia formal y absoluta al trono fran- 
cés, lo mismo que la de sus sucesores. Fué aprobado este acto solemne 
por el pariamento francés y por las cortes espa&olas (1712). 

Según el código. de los antiguos francos salios, solo los varones te- 
nían el derecho de sucesión á la tierra sálica ó lod (que rodeaba la casa) 
feudo de los guerreros en virtud del servicio militar. A la muerte de 



FEL 191 

Luis X. ee hito estensiva ess ley por primera vez á i a sacesion de la co- 
rona de Franóla. Felipe V. sin considerar qne en Espafia el derecho de 
las mujeroe era igoal al de los varones desde muchos siglos, y qne el sa- 
yo proeedia de nna hembra; qniso alterar el orden de la sucesión por 
medio de una nueva ley que escluyera á estas aunque estuviesen en 
grado mas próximo qne el de los varones; dejándolas solo derecho en el 
easo de eetiognirse totalmente la descendencia varonil en cualquiera 
de ambas líneas. Aunque Felipe conoeia que tnniafia novedad había de 
ser T?»<^i recibida, puso su plan en obra, y con mucha destreza arrancó 
el consentimiento de los conscjos'de Estado y de Castilla. Mandó des- 
pués que las ciudades diesen sus poderes especiales, á íiu de que las 
cortes pudieran ocuparse dt^l asunto. La ley presentada obtuvo apro- 
vacion, (1713) y Felipe V. estarla muy lejos de imaginar las terribles 
oonsecueneias qne dicha ley produjo á Espafia después de la muerte 
de Fernando VII. A esas cortes se presentaron también las renun- 
cias do los duques de Berry y de Orleans de todo derecho al trono es- 
pafiol. 

Volviendo á la paz de ütrech, se celebraron diferentes tratados que 
arreglaron los diversos intereses de las principales potenciafl*. EspaAa 
eencedió á Inglaterra la trata de los negros, y codió la Sicilia al dii<]ue 
de Saboya. El emperador quedó fuera de los pactos hechos, por su te- 
naz insistencia en no renunciar sus preteuciones sobre España, las lu- 
dias y el reino de Sicilia. 

El mariscal Villars al frente de cien mil hombres alcanzó muchas 
ventajas sobre los alemanes mandados por el príncipe Eugenio. Con- 
vencido este y el mismo emperador de la inutilidad do sus esfuer- 
zos, y creyendo necesaria la paz con Francia, la arreglaron ambos ge- 
nerales en Rastadt y fné sancionada en el Congreso de Badén, concur- 
riendo ministros de otras naciones (I7l()). Quedaron por el Audtria los 
Países Bajos, Cerdefía y lo qne ocupaba en Italia: se convino en no ha- 
blar mas del Establo que se pretendía para la princesa de los Ursinos, y 
en otros punt-os de varia importancia. 

Volvamos ahora á Catalufia. Por fallecimiento del generalísimo Luis 
de Borbon duque de Vendóme (Junio de 1712) en Vinaróz, se dio el man- 
do del ejército al príncipe de Tilly por haber pasado al gobierno de 
Aragón el marqnés do Valdecafías. Los ingleses evacuaron el principa- 
do en virtud de los preliminares do paz; golpe fatal partí los catalanes 
y para los austríacos. Staremberg fué rechazado en sns asaltos sobre 
Gerima: no pndo tomar la plaza y se retiró á Barcelona. ITna Junta de 
comisionados ingleses, españoles y aleinaneti, estipuló la entrega de esa 
capital y la de Tarragona interviniendo una escuadra británica. Pero 
los catalanes al verse abandonados de todos, no quisieron ceder sino 
continuar solos en la contienda: nombraron autoridades y declararon 
la guerra á Espafia y Francia. Staremberg drjó el víroinato y se em- 
barcó. Felipe V. confirió este cargo al dnqno de Popoli: la Inchase hi- 
zo sangrienta, y las crueldades empleadas i>or el vi rey, fueron tantas 



192 FEL 

Gorao los atentados y hechos atroces del paeblo, qae siempre despteeió 
loB indultos, y exigía la permaaeucia de sus fueros y privilegios. 

Rüí nelto el rey D. Felipe ó someter forzosamente á Baroalona, espe- 
ró llegase de Fraucia uu cuerpo de veinte mil hombres mandado por el 
duque de Berwick. Este mariscal atacó la ciudad, abriéronse brechas 
y dleronse terribles asaltos: pero los sitiados desechando las intímaeio- 
ueH y duras amenazas, dijeron que estaban decididos Á morir con las ar- 
mas eu la mano antes que rendirse. Berwick el 11 de setiembre de 1714 
dio un asalto general empleando cinenent» oompa&ias de granaderos, 
siguicndoUis por tres partes cuarenta batallones. La defensa fué ferós: 
espaQoles y franceses disputándose el peligro, plantamu sus estandar- 
tes en loa muros; mas ya dentro de la población fueron los choques de 
tul manera crueles, que cada paso costaba muchas víctimas. Despnes 
de hechos horrorosos, que muy largo seria referir, se entrega la cindad 
sin cíHidicion alguna. Berwick ofreció solo las vidas si se rendían las 
fortalezas de Monjuich y Cardona como se verificó. Tal fué en Catalo- 
fia el ñn de la célebre guerra de sucesión que duró trece afios de luchas 
espantosas y Jamas vistas: Jos catalanes perdieron sus fueros j esperi- 
meu taren las funestas consecuencias de su obstinación. 

La reina Maria Luisa falleció' en 14 de febrero de 1714: en Francia el 
duque de Berry hermano de Felipe V, y eu Inglaterra la reina Ana, éi 
quien sncedió Jorge I. de la casa de tLiunover, según los tratados de 
Utivcu, (|iii-ktaii«lo esbiiinriiidas las esperanzas de Jacobo el que tanto- 
haliiu protfgido Lai8 XIV. Muy sentida fué en Eepafia !a muerte de 
Maria Lni.sa «le Saboya; y la princesa de los Ursinos continuó en so in- 
ilnencia cerca del rey profnndamente afectado por aquella desgracia. 
Luis XIV. propuso á su nieto para nuevo enlace matrimonial anua 
princesa de Portngal ó de Baviera, ó bien una bija del príncipe Conde. 
Pero el astuto abate Alberuni qne era en Madrid encargado de negocios 
de Parma, manejó el plan de decidir al rey por la princesa Isabel Farne- 
sio hija del dnqne de Parma. La de los Ursinos se entendió con Alberonf, 
y tunmndo la iniciativa, calculó que con esto tendría propicia Á la nue- 
va reina: recabó también el consentimiento de Luis XIV. El CHsamien- 
to se hizo por poderes en Parma el 16 de setiembre de V714, á ¡H'snr de 
haber querido entorpecerlo la misma princesa de los Ursinos desagra- 
dada con los datos segui*os que habia ya adquirido del carácter de Isa- 
bel Furnesio: era tarde, pero no se equivocaba al calcular que se frus- 
trarían todos sus planes de dominación. 

La reina vio en su tránsito por Espalia á la viuda del rey Carlos IL 
y también á Alberoni. De ambos recibió los mas siniestros informes, y 
noticias de la princesa de los Urainos, la cual habia protegido mucho 
al citado Alberouí. Y cuando esta se adelantó á recibir á la reina, dio 
principio por hacer indicaciones en cnanto á la marcha, y aun sobre 
el traje y compostnra de la reina, qnien tomándolas por falta de res- 
peto y desacato, se encolerizo, llamó al jefe de la guardia, mandó po- 
ner á la de los Ursinos en un coche, y que la llevaran fuera del reino. 



FEL 193 

Abí Mábé la dilatada y odiosa aatotidad do »Ba mi^ altÍTa y ipodoea- 
•a, llena do goooo y oolmada do adalacioaoo. £1 roy la ir%íá oon frial* 
dad dotdofiooa, y olla paAando á Parió enfrió todas las amarguBas y dor 
«ongafios qao pareoon inhorontos á las prívanzao y faTocoado loa mor 
naroao. Era la roina Isabol Tíva do ImagiaaeíoQ, de anoha ÍDlolJgo«Qi% 
dee o oea do intorvenir on todoo loe Dogooioe^ y do baetaato ingonio pata 
iMcoreo amar del roy; y asf tomé on broTO ol miemo aaoondioolo qaotaTO 
an primera eopoea. La oaida de la camarera auiyor y la TaUoea iuflaou- 
oía dol italiano Alboroni, la persona do mae eonfianaa oon la teína, pff<i- 
dv^ron on la corto novedades y cambioe que motivaron ol al^|amlOttlo 
do notables lánoionarloe. 

Hisoeo la paz oon Portngal codiéudoso ú B^kafta ol torrítorio y oola- 
niadol Bacramonto en ol Rio de la Plata. 9o sometieron las islas, do H*- 
llorea é Ibiza. Felipe V. no olvidaba sos derechos á Ñipóles y Mllai^, 
ni ol emperador Carlos podia soportar qno el doqno de Saboja fneeo 
tey do Stcilíay en cayo pais la opinión geaoial se sofialaba por «« adhe- 
aion < Espalla: Garios ademas temía qno el rey Felipe apoyado por av 
naoTo matrimonio, reclamase algnn dia los dnoadoa de Parma y To^toft- 
aa. En 1? de setiembre do 1715 falleció Lnia XIY. beredaado la oovo«a 
do Francia sn bisnieto Luis, do edad de cinco aloe, último h^o del duqmo 
de Borgola: erigióse la regencia del dnqno de Oeloans, primer pHnoipe 
de la sangre» y qnien al Cjferooria, mas pareció rey abeolnto qne t^gent^ 

La reina y Alboroni daefios do la voluntad de Felipe Y. dirigieíoii 
todoe loe asuntos de la mooarqaia. £1 tratado qae se biso con Inglatei- 
ra, adicional del de Utreeb, oon esplicaeiones sobre pantos de oomeieio, 
lo arregló Albofoni sin considerar los iatereees de SspaQa. Acetes do 
eeto dice fray Nicolao de Jesns Velando on en ''Historia eiviF capttnlo 
XIII, qno Alboroni recibió de los ingleses nn obsequio de eien mil líbtas. 

La reina dio á las un príncipe que mas tarde frió el rey Garlos IU« y 
Alboroni faé su padrino en nombre del duque de Fanne« Mientras el 
emperador abrigaba los reoelos do que ya hemos hablado, loe planes do 
Alboroni so estendian ó restablecer el dominio del t^ católico ea loe 
Estados de Italia, < peear de lasestipulaoionos i^nstadas on Utiech. SI 
cuidó de tener congraeiado al Fon tífico con la mira de eer OetdeB%l; 
y eonsignió que las galeras de España y seis navios auxiliaran á Vene- 
cia y salvaran á Oorltt oprimida por ol Sultán; dq|ando con osto al pa- 
pa muy obligado y lleno do gratitud. Alboroni biso también que )a teí- 
na exonerara del cargo do ayo del principe tf su enemigo el cardenal 4e 
Giudioo, inquisidor general muy relacionado en Boma: esto renunoió 
sus empleos y se retiró de la corte dejando 4 Alboroni dne&oúnieo del 
poder. Arregló luego las antiguas dilerencias entre Espafia y ^oma, ad- 
mirando la sagacidad y sutileza con que menqjó este negocio: él eonsi- 
gnió el capolo y sacrificó Iss rogalies de la corona en las conceeionee 
bochas á voluntad del papa. 

£1 emperador envió tropas á Genova, y no cesaban sus aspinoíopcs so- 
bre Italia y Sicilia: al efecto celebró un tratado do alianza oon Iqgla- 

25 



térra, gañuitizándoM ambas partos laa adqniBioiouea qua UciaraB. "Bí 
rey Felipe se ofendió altamento, y el diesire y aadaz Alberoni sia tener 
earáoter de ministre, dispuso y eniendiór en la c^oeion de j^nuides 
aprestos militares ei^o objeto nadie penetraba. 8ali6 la escuadra de 
Barcelona oon cien trasportes y nosTe mil soldados, y Inego eironló up 
maniftesto de guerra al emperador. Bste se empe&ó en que se quitara 
el capelo á Alberoni, y el PontiAoe se ensa&ó contra él por haberle e»- 
gafado en sus promesas sespeoto á los tarcos. Lai espediciou se diri- 
gió' á Cerdeftff tomó las plazas fbertes, y el marinos de Lede dominó tor 
da la isla. 

lias intrigas y planes secretos de Alberoni teinatt ei» inquietud y 
s^arma á todas ias nacienesf él atizaba las discordias interiores, dese- 
chaba proposiciones, engallaba y alucinaba sin que gabinete alguna 
pudiera confiar en la buena fé de un hombre qué gobernaba ftk Espafia 
sin mas título que el de contente y fayosHo de los reyes. 

No se hizo esperar otro armamento, mas fuerte que el anterior, fo9- 
modo con actiridad estraordinaria y etir el silen<)io de su misterioeo de- 
signio. Partió de Barcelona (Junio de 1718) una respetable escuadra 
con un crecido cuerpo (Be ejército que reforsó el marquéa de Castellfner- 
te en Cerdefia, y slgniió su ramibo á Sicilia ¿ssembaroando en Salen to 
con' el Tirey nombrado marqués de Ijede, quien luego ocupé ¿ Pblerma: 
lorespalloles fneroit bien reeibidos, tomaron varias plazas y D. José 
YáUi^or se posesionó de Straeusa. Poco tardó en presentarse una escua- 
dra inglesa mandada por el almirante Byng (Tetnte navios el que me- 
nos de cincuenta callones) la eual protegió et pMO do tres mil alemaues 
á auxiliar la cindadela de Hesina. Byng propaso ana suspensión de ar- 
mas que no fué aceptada; y como se encontrase con la armada española 
en las aguas de Siraousa, aunque no habia declaración espreea de guer- 
ra, se mezclaron los boquea de una y «>tra parte, y combatieron quedan- 
do vencidas y apresados los de Espafia. 

Mientras tales sucesos pasaban, se hiao saber á Felipe Y. el tratado 
celebrado entre Austria, Inglaterra y Francia^ según el cual la SiciKa 
era cedida al emperador, dandoee por retorsión Parma y Toscana al 
principe Carlos b^o de Felipe y de Isabel FVimesio; también se adjudi- 
caba la Gerdefia á Victor Amadeo como compensación de la pérdida de 
Sicilia. Alberoni contestó que el rey estaba decidido por la guerra an- 
tes que aceptar tan degradantes proposiciones, y prorrumpió en amar- 
gas invectivas contra las potencias- aliadas. T alentado cea la 14«gada 
de doce millones de pesos procedentes do América^ formuló un últímahim 
preponiendo quedase Espafia con Gerdefia y Sicilia, se reconociese que 
Parma y Toscana no eran feudo del imperio, y se retirase á sus puertos 
la escuadra inglsea. Ningún gabinete procedía de buena fé, y todos lle- 
naron los mares de corsarios que causaron gravCsimos males al co- 
mercio. 

Inglaterra hizo su solemne declaratoria de guerra (1718) culpando al 
rey de Espafia de la iafraecion 4e la neutralidad de Italia que las na- 



F£I 195 

ioi<nreB^«e liabian eomprometido < sostener. Alberouí estaba en tratos con 
<9iiec¡a y Rasia para reetabléoer con Apoyo de Espaüa á Jacobo IIL en 
el trono británico, proyecto que se adelantó macho y qne debió ocasío* 
nar grandes aeontecimientos á no conrrír la muerte de Carlos XIL ÁjL 
mismo tiempo trabigaba en Franela contra la reg^encia del >duque de 
Orleans, enyo descrédito dié Uigar á una conepíraoion y peticiones i 
Felipe V. para qne tomara sobre sí d cargo de Regente. El gobierne 
francés declaró la guerra á Espafia por que el rey dié á luz un mani- 
fiesto que se calificó de sedicioso por sus térmiuos, y objetos Á qnese 
dirigia. 

En Biciiia las naves inglesas protegiéronla entrada de uuers« tropas 
alemanas: mas los espafioles faltos allí de escuadra, no por esto se des»- 
ientaron; por el contrario consiguieron Teat%|as de no poca importan- 
cia. Yictor Amadeo entró en la cuádruple alianza, conviniendo en ce- 
der al emperador la Sicilia en cambie del reino de CerdcRa. 

El in&tigable Alberoui preparó una flota que salió^ontra Inglaterra 
•con tropas y abundante parque, para insurreccieaar el país en favor del 
jrey Jacobo. ilalogroso la empresa por una tempestad de diez días, «que 
dispersó é hizo fracasar á muchas de las naves. También tuvo deegra- 
ciado éxito otra espedicion destinada por Alberoni á sublevar la JBre- 
tafia. Los franoeses invadieron Guipúzcoa diciendo librarian á Espafia 
del yugo de Alberoni. Felipe V. salié ú campalla y sin haber evitado la 
rendición de Fnenteombia y San Sebastian, se v«brié á Madrid, 

En Sicilia aeomularea fuerzas los austriaoos, llegando á quedar en 
inferioridad el c^féroito espa&ol: y aunque á pesar de esto triunfó en 
Francavilla, esperiraenté varios quebrantos, perdió plazas y apenas po- 
día ya sostenerse. Los ingleses vengándose do la tentativa eepaftola 
protectora del destronado Stuardo, bombardearon, tomaron y saquea- 
ron la-oindad y 'cindadela de Vigo: pero después de incendiar los bu- 
ques y arsenales, se reembarcaron. Por último para que nada faltara 
en la adversidad y pruebas por que pasaba la España, Holanda aban- 
donando su neutralidad, se adhirió á las demás potencias que formaban 
la cuádruple aliunsa. 

Felipe y. comprendiendo su situación, pensó ya seriamente en la gra- 
vedad de los apuros y compromisos en que le habían puesto la política 
siniestra y las intrigas de Alberoni. Conoció este la mudanza del rey 
por las sefiales que daba de su desagrado; y advirtiendo eu la reina 
jgnal disgusto, no puso en duda su próxima calda. En vano hiao esfuer- 
zos para evitarla: el rey ansiaba ya la paz, y los agentes estrangeros de- 
claraban que no podia haber esperanza de avenimiento, si antes no se 
alejaba de loa consejos y salia de Espafia Alberoni, cuyo iuflpjo y maías 
«rtes hablan encendido estas nnevas guerras. Determinó Felipe desha- 
cerse de él, y dio el decreto de 5 de diciembre de 1719 espulsaodole del 
reino: no se4c permitió hablar al rey ni á la reina, y se le pidieron éus 
papeles, de los cnales solo entregó los menos interesantes. Enelafio 
anterior se habla tratado reservadamente el plan de obatruir y cegar 



i 96 FEL '""''" 

MÉ infinas «le usognedé HníulcaTelioa: sobre este partiGulfíir piied« Ten* 
él articulo Alteodo, D» Dioniaio en mieatro tomo 1** pág. 85. 

tnVItado Felipe Y. por el golñerno úe loe Piuees Bi^oe párn entrar en 
Jñ alia&za, ee indetró t*a tenas oomo Alberoni: prutendió qoédane con 
Oérdelia y Sicilia, y que ke le leetitayeeen Gibraltalr y Menoroa. Pero 
oUitgaáo por la neieeeidad y la inflnenei» de la reina y de sa oonfetoer 
DaUbenton, di6 en acteetion al tratado eepin el cnal rennnotaria el rel- 
nío €e CerdeAa; ratifleaba ei desistimiento de todo dereeho á la eorona 
dé Franciai y Be apartaba de enalqniera preteneion en los Países Bi^oá 
y estados de Italia, inclusive Sicilia. £1 emperador abandonaría sus in- 
tentos sobíe el trono de Espafta é Indias, reconociendo á Felipe y sus 
MtceióVM ^or legítimos soberanos; y qne á falta de raroo en los daca- 
dos de Parma y Toseana, entrarían á sneeder les hijos de la reina áé 
Bfl(pafta&. (1720), 

£n estas circunstancias salid de Cadis una escuadra con dieaiseia 
mil hombreé eontralos Estados Berberiscos: fueron vencidas una y otra 
Vés y 'dispéTsadas las tropas de Msimieoos después de perder sus atrin^ 
ehMmtafentos. Dejando bien abasteeida y reforzada la plaza de OBat% 
r^gttüó i la Pénf nsula la Yiotoriosa espediolon. 

Üténtfas qué todas las potencias enviaron á Cambray sus pleaipo- 
Mieiaírios pata el ajuste definitivo de la paz, no lo hizo el emperador 
que Isé proponía crear obstáculos para eludir la reverston de los duca^ 
dos: y el regente de Franela se aprovechaba de estos tropieaoe para di- 
ftiri^ la eurtrega de Foenterrabia y San Sebastian. Pero al mismo tiem- 
po pvc^so al rey de Espalia el matrimonio de sus hyaa Luisa y Felipa, 
«on «1 príncipe de Asturias la primém, y con el infiuite D. Caries la so» 
guMia; y el d^ rey Luis XY. con la infanta Maria Ana Victoria de Es* 
pana que aun no contaba cuatro afios. El primero y el último de estos 
ijnlaces te llevaron á efecto en 1723, sin acuerdo de las coitos ni anuen» 
«¡a Miel eoflSejo de Estado. 

£l'emi»eirador en vid al fin á Cambray sus plenipotenciarios, y despuea 
dé nilevoe pvotestos y escusas, convino á instancias de las demás poten- 
cias en espedir las tan esquivadas letras eventuales de investidura da 
ios^incipes españoles pwa la sucesión de los ducados de Parma, Fla- 
«éricia y Toscana. 

Aun tíO terminado -el olijeto del Congreso de Cambray, «n que los in- 
Rieses apliMsaron la devolución de Oibraltar, por qne habían desagradado 
al parlafmasto las repetidas promesas hechas al «fecto por el rey Joije^ 
y por qtte f^llpe Y. rehusó dar en cambio la Florida ó la parte espa&o- 
la do la ISla*do Santo Domingo; un suceso de alta gravedad y i>or nadie 
imaiJíínado, causó el asombro universal que era consiguiente á sm eetra* 
lleaa y trascendencia. El rey Felipe hizo en 16 de eneso de 17S4 laso* 
lemiie y KCMkial abdieaolon de su corona eu su primogéhlto, qae butrón 
trekislr ht^o el nombte de Luis I, sin provio asentimiento de las oodM. 
Sifeo^sonioinir Mácese acto su resolución de vivir retirado de la pompa 
^MNidana^ tcooeiigranBíe al 'sorvicio de Dios; y se trasladó ooo la foía* 



PEL 197 

al sitio roal de San Ildefonso qne eligió piuft tn residencia, con la renta 
de seiectontos mil dnoados. £1 roy estaba agoviado por sus laii^as fati- 
gas y adversidades, con su espíritu abatido y dominándole una melan- 
colía (|ue bacía creer generalmente bailarse en mengua ^ estado de fla- 
queza su razón intelectual, trabigaday decaída en un reinado de vein- 
altres afios. 

£1 rey Luis I. nacido el 25 de agosto de 1707 se coronó á la edad de 
diezisiete afíos (15 de enero de 1724); pero él y sus ministros dependiau 
de Felii>e V. ^ne era qnien efectivamente gobernaba. £1 mariacal 
Tessé llegó de embajador de Francia, y como amigo secreto de los Bor- 
boues quiso recabar de Felipe su prestación á heredar en el trono fran- 
cés & Luís Xy. para Impedir que la oaSa de Orleans reinara como podía 
suceder si faltaba Luis que tenia mala salud y careóla de descendencia. 
Y como no fuese admititla tal sugestión, indicó Tessé que sei-ia necesa- 
rio anular el matrimonio de Luis XV. pues era urgente tuviese suce- 
aiou, y su esposa la lufanta de Espafla «olo contaba seis aflos. 

En la corte se formalizó au partido con la mira de emancipar al rey 
del predominio de su padre. La reina esposa de Luis observaba una 
«oudncta la mas vituperable y agena de su rango. Sus vivezas no se 
oorrigíeron per medio de consejos y reprensiones: fomentaban sus de- 
sarreglos las eamaristas y se calificaban sus desmanes de puerilidades 
anexas ¿ sn edad. Los escándalos obligaron al rey Á reoluirla, y lacón- 
aerró unos días en arresto basta que bizo protestas do enmienda. Algo 
se habló de un pian de divorcio, pues el rey después de muchos meses 
de matrimonio, no lo había consumado, y acerca de ello se reíeriau cu- 
riosas anécdotas. £n esto unas viruelas malignas que los médicos no 
asertaron Á cnrar> produjeron la pronta muerte de Luis X. (31 de agosto 
de 1724), quien hizo testsmento devolviendo la corona al rey su padre. 

£1 Infante D. Femando segundo hijo de Felipe V. tenia solo once 
afios y la situación del reino era bien crítica: estaba abierto el Congre- 
se de Cambray de que dependía la paz general. Surgieron varios pare- 
ceres y dificultades que ocuparon al -consejo, y que se cónsul tarou ¿ di- 
versas juntas de teólogos. Felipe habla renunciado el cetro en Luis, y 
«e sostenía por unos que debía recuperarlo y continuar goliernando aun 
IBara el caso de trasmitirlo después 4 D. Femando* Otros querían que 
«n la minoridad de éste gobernase D. Fel^e como Regante. Los deba- 
tes y las sutilezas terminaron al fin con la resolución tomada por ol an- 
ii^o rc(y de cefiir otra vez la corona; luego se recouoció y juró en cor- 
tes por príncipe de Asturias j heredero del trono, al Infante que tiempo 
después reinó con el nombre de Femando VI. (Noviembre de 1724). 

La Mina Isabel Famesio desesperada por los obstáculos qtw se ofre^ 
cían A 2a colocación de su hijo Carlos en los ducados, y desconfiando de 
los gabinetes aliados, tomó el arbitrio de entenderle directamente con 
el emperador, y al eíécto se vsliódel holandés Barou de Kíperda, de fa- 
milia oriunda de £spafia, católico y educado por los jesuítas,. persona- 
Je original y celebre como se verá en breve. Había militado cu la guer* 



Í98 FEL 

ra de «nceBion hasta la clase de coronel, era tniuístro de sn nación en 
Madrid convirtiéndose eu protestante, y como desleal é inquieto por 
carácter, fué en la corte espia de tres gobiernos á nn mismo tiempo. 
Dospues con la mira de figurar en España, rol vid á hacerse católico, y 
dijo al rey qnc sus virtudes le habían edificado, deseando emplearse en 
su servicio. Diole Felipe cargos de uo poca importanoia. 

Ril>erda se hieo de la confianza de la reina, y como tenia influen- 
cia secreta eu Viena, conociendo que Isabel deseaba reconciliarse con 
el emperador para arreglar la colocación de su hijo el Infante D. Carlos, 
propuso salir para aquella capital bsjo el disfraz de comerciante, y 
arreglar las cuestiones definitivamente, burlándose de las potencias 
mediadoras. Verificóse así, y de sns tratos con ol principe Eugenio y 
otros grandes, derramando el oro profusamente, resultó sn nombra- 
miento de ministro Plenipotenciario, en cuyo carácter aegocióeonel 
gabinete imperial, y aun conferenció sobre el matrimonio de Carica 
con la archiduquesa do Austria qne con maliciosa ligereza dio por arre- 
glado. 

Kutre tanto so deshizo en Francia el enlace de Luis XV. con la In- 
fanta de Espafia, casándole on seguida con la princesa Carlota de Po- 
lonia. Felipe y. anulando el proyectado matrimonio del Infante D. 
Carlos cou la hija del duque de Orleans, la remitió á Francia oon su 
hermaua la viuda de Luis I. y recibió á su hija Ana que de Paris le fué 
devuelta por ser de muy corta edad como lo era también aquella.(1725). 
El papa Benedicto XIII. practicó la bnena obra de hacer amainar los 
resentimientos creados por estos sucesos, y que ya preparaban oonsa- 
cnoucias funestas. 

Riperda ajustó un tratado de paz entre el emperador y el rey do Es- 
paña, cediendo este la Sicilia, y renunciando sus derechos < los Países 
Bajos y Estados de Italia. Beconocia aquel por rey de Espafia 6 Indias 
á Felipe V, y se adhería á lo antes estipulado sobre los Estados de Par- 
ma, Plasencia y Toscana, pudiendo tomnr el Infant-e D. Carlos posesión 
de ellos de. (30 de abril de 1725.) Celebráronse otros tratados de alian- 
za defensiva y de comercio, terminando así las obstinadas Incliaa da 
\eiuticuatro afios; y haciendo un solo hombre en pocos meses lo que no 
pudo efectuar eu cuatro afios ol Congreso de Cambray qne se disolvió 
sin concluir nada. Libróse á Riperda el título de duque y grande de Es- 
pafia; tan satisfecha había quedado de su comisionado la reina Isabel 
Farnesio. Pero siendo estos arreglos los mismos 6 mas bien inferiores 
áloB acordados en Cambray, creemos que lo único qne merecía aten • 
cion érala prontitud cou que calmaron la ansiedad y recelosa impa- 
ciencia de la reina. Y como era natural y consiguiente, los gabinetea 
europeos quedaron ofendidos y quejosos por la inconseonenoia del de Es- 
pafia, siundo parte y mucha en los desabrimientos, las enfáticas braba- 
tas del imprudente y jactancioso Riperda. Nombroaele secretarlo de 
Estado y negocios estrangeros en lugar del marqnós de Grimaldi: dán- 
dose á él y su familia habitaciones dentro del palacio. 



PEL 199 

Apoderado 4el iiiando y en poaesiou de k>« demás tki i ui aterios que se 
le confirierou, did r'ieuda á sus locos desvarios:. quiso implantar mu- 
chos proyectos de medidas yiolentas y absurdas, y disgustó Á todos al 
herir diferentes y delicados intereses. Comprometió al rey con todas 
las cortes, y con inaudita falsedad y calumniosas invenciones dislocó 1» 
armouia entre los ministros estrangeros, á quienes rebeló secretos mez- 
clados de terribles imposturas. La alarma de los gabinetes y sus recla- 
maciones y reciprocas quejas, perturbaron y alteraron la buena inteli- 
gencia. Sentimos no poder estondemos acerca de un personaje tan ori- 
ginal; siendo suficiente lo dicho para que el lector quede asombrado 
y se pregunte, qué gobierno, quó reyes, qué hombres de estado eran los 
de EspaQa, cuando un aventurero sin mas que su osadia y embrollos,'^ 
se había hecho duefio del gobierno embaucando y alucinando á todoaf 
De nada serviría la reciente lección recibida en EspaQa con las malda- 
des de Alberoni, otro estraogero muy semcgante ¿ Riperda! 

£1 rey se vio rodeado de reclamaciones, de desengaños y de vergneu- 
za, y se determinó á despedir al funesto ministro cuyas intrigas albo- 
loiaban la Europa. Mas él comprendiendo sn situación buscó un asilo 
que le negaron los ministros de Portugal y Holanda, y que encontró eti 
la legación británica. Acusado por el consejo, como reo de lesa magos- 
tad (lo veían ya caído) se le estrujo por medio de la fuerza y fué encer- 
rado en una prisión. A los quince meses fugó y no hallando acogida en 
parte algnua, annque se incorporó nuevamente á la iglesia protestan - 
te, pasó á Berbería y abrazó el islamismo denominándose Osmán. (1731): 
fué general en jefe por el emperador do Marruecos para la guerra con 
Espafia; y aun derrotó una fiíerza de la plaza de Centa á la cual puso 
sitio. Quiso crear y dirigir una nueva secta en que mezcló el cristia- 
nismo, el judaismo y el mahometismo, y habia llegado á trastornar la 
fé religiosa del empera4lor y su familia. Se retiró Riperda á Túnez don- 
de ayudó á otro aventurero que pretendía ser rey de Córcega; y por úl- 
timo murió en Tetuan en 1737, cuando trataba de ir á Roma á implo- 
rar el perdón de que necesitaba. 

Quedaron fermentando en Europa grandes desconfianzas y agitacio- 
nes qne amenazaban una general esplosion. Las quejas de Inglaterra 
contra Austria y Espafia por los tratados secretos de Rix^erda, y la pro- 
tección á la coropafiia de Ostende, subieron de punto por las alianzas 
proyectadas con las potencias del Norte; y que no se realizaron por la 
muerte de Catalina 2? Inglaterra envió una escuadra ú bloquear y hos- 
tilizar Portobelo» mandándola el almirante Hosier, y Felipe V. deso- 
yendo el dictamen de varios generales de elevados conocimientos, hizo 
poner sitio á Oibialtar con un ejército que encomendó al conde de las 
Torres. Grandes ataques se pusieron en ejecución, sin que ningún es- 
fuerzo prodivleso otro resultado que el desengafío de no poder tomar la 
plaza. (1727.) 

Uno de los propósitos en que mas insistió el gabinete espafiol, fué el de 
separar y desunir la Francia do la Inglaterra; mas el cardenal Flenry 



200 PEL 

preceptor que fué de Luis XV. y qae entró en el gabinete franca á ím 
edad de Betón ta y tres aQos, en lugar del dnqne de Borbon, declaró al 
embajador Walpole que estaba resuelto á respetar loe compit>mÍ808 de 
la liga de Hannovor. El papa intentó inútilmente mediar en favor de 
nna reconciliación qae evitara la guerra en que parecia envolverse to- 
d^ la Europa. La flota de Hosier dejando Portobelo se retiró á Jamai- 
ca por no poder sostenerse en aquel clima: con esto la armada espaflola 
pudo salir y llevar & España los caudales de América, (dieziocho millo- 
nes en oro y plata que ee recibieron en Cádiz y la CoruHa. No siempre 
se salvaron las armadas do galeones; con algunas se perdieron ftiertes 
sumas. La que mandaba el conde de Casa Alegre ñie vencida en ai> 
combate por la escuadra inglesa del viee almirante Wager en 8 de Ju- 
nio de 1708: se bundió la nave capitana S. José salvándose solo cinco 
hombres, y se rindió desarbolado el navio Gobierno con 5 millonee. 

El emperador acogió iñejor de lo que se esperaba la Invitación de 
Francia como mediadora de las diferencias de Austria con Inglaterra 
y Holanda; y se firmaron artículos preliminares acordando todas las 
potencias reunir nn Congreso en Soissons para celebrar el tratado defl* 
nitivo álos cuatro meses. Se estipuló la cesación de las hostilidades, y 
que 80 suspendiese por siete afios la oompafiia de Ostende &. £1 rey 
Jorje I? falleció en Ospaburg (1727) en la misma morada de su iiaoi- 
miento, y fué proclamado rey de la Gran Hretalla su hijo JorJe II. 
Felipe y. aprobó los preliminares en Madrid donde al intento se junta- 
ron los plonix>otenciarioe, y quedaron en vigencia las cosas pactadas en 
Utrecb. 

El rey Felipe enfermo y melancólico, disgustado del poder, y ator- 
mentado de escrúpulos, resolvió hacer nna segunda abdicación y reti- 
rarse otra vez á San Ildefonso; y para que la reyna no lo contrariara 
pensó en salirse ocultamente do Palacio. Escribió su decreto renun- 
ciando la corona; mas en cuanto la reyna lo sapo, recogió del Consejo 
aquel documento y lo destruyó: con esto no volvió á hablarse del 
asunto. 

Concertóse el matrimonio del Principe do Asturias D. Femando con 
la Infanta portuguesa D^ Barbara de Braganza, y del principe del Bm- 
zil con la Infanta espatiola D? Ana que debió ser esposa de Luis XV, 
los cuales enlaces se ▼erifícaron en Caya (1729). Los royes de EspaCa 
panarou á residir en Sevilla en circunstancias de que la Europa entera 
no iK>dia yn permanecer en un estado indefinible, porque no era de pas, 
de tregua, ni de guerra. En diclia ciudad se i^ustaron y firmaron los 
tratados de p<u, tinioi», amintad y defensa mutua entre Inglaterra, Francia, 
Holanda, y Espafia (9 de noviembre). Después de anularse las couse- 
clones hech.is por Espalla al emperador en los tratados de Viena, de 
restablecerse sobre el antiguo pié el oomereio de los ingleses en las In- 
dias ¿írf se estipuló que desde laego irían seis mil españoles á guarne- 
cer l^ pinzas áe los ducados de Parma, Piasencia y Toscana para ase- 
gurar la inmediata sucesión á £ftvor del In£ftute D. Carlos. 



— i 



FEL 201 

HX oamplimiento de este ^jiiebe tropecé en breve eou inoouviBiiimitM. 
fil empendoT, lúíAdo con Ana de Boái* snoeéora de Pedro 9?^ llenó do 
tropas la Italia, se confederé oon el Bey de Cerdefia, y M moairé deter* 
tninado á hacer la guerra. Las potencias signatarias del pacto de Be* 
villa no se movían, y el Cardenal de Fleory entorpecía oon sigilo y 
aplacaba las reclamaciones de Espalia. Pero ya en 1731 al gobierno in* 
glés 80 encargé de allanarlo todo secretamente, y lo kiao ain qna so 
apercibiera el Cardenal de lo que pasaba. Al fallecinioato del daqae 
de Parma Antonio Famesio, el emperador envié tropas y oeapé esa 
ducado y el de Plasencia) declarando que tomaba posesiim de ellos pa* 
ra el Infimte D. Carlos de Espatla. Una escuadra inglesa y otra espa- 
flola, oondt^eron á este Principe con siete mil hombres: desembaroaroa 
en Liorna, y las fuerzas alemanas hicieron su retirada del territorio 
délos ducados. 

Después de esto, Espafia llamó la atención de las naciones con los 
grandes aprcdtos que hizo para una empresa militar dé mucha entidad. 
Salieron de Alicante mas de seiscientas velas y trasportaron treinta 
mil hombres de armas, ciento diez cationes, sesenta morteros y un in- 
menso parque y provisión de víveres: mandaba la escuadra el general 
Corneo, y el ejército el general D. José Carrillo de Albornoz, Conde 
de Montemar (junio de 1732). La espedicion se dirigió á recuperar la 
plaza de Ortfn en la costa de África. Se hizo el desembarco batiendo 
y alejando las tropas de moros que pretendían impedirlo, y haoeno 
Alertes en la única aguada que habla inmediata; la guamicion del 
castillo do Mazalquivir se entregó por capitulación. Los moros aban- 
donaron Oran, y Montemar la ocupé, encontrando en ella crecidos de- 
pósitos de municiones y víveres, ciento treinta y ocho piesas de arti- 
Ueria, ochenta y siete do bronce y siete morteros. La escuadra regresó 
á Espafia con las tropas, deitpnes de haber fortificado y guarnecido su- 
]lci«Dtementc á Oráu: el rey dié á Montemar el collar del Toisón de oro. 
Mientras el rey de Inglaterra se ocupaba de eúiplear su mediación pa- 
ra calmar las inquietudes y remover las dificultades que todavía impe- 
dían la tranquila posesión de los ducados adquiridos por el Infante D. 
Carlos, la muerte del rey de Polonia ocasioné graves alteraciones en 
Europa. Luis XV. quería restablecer eu el trono á su suegro Estanislao: 
oponiase el emperador, y dividida la Polonia en bandos, Austria^ Ru- 
sia y Prusia i^ustarou un tratado para esoluir á Estanislao, y ocupa- 
ron aquel territorio con crecidas fuerzas. 

Los reyes de Espafía aprovechando de los sucesos que tenían distraí- 
dos los ^ércitos austríacos sobre el Rhin, formaron el plan de recupe- 
rar Ñapóles y Sicilia, estableciendo en ellos al Infante D. Carlos, á cu- 
yo fin se unirían las tropas de Espafia y Francia en virtud de un con- 
venio de alianza en que también entré el rey de Cerdefia para anexar 
líilan á sus dominios: acordóse cspeler de Italia á los alemanes y que 
los franceses llamasen la atención del emperador por el Rhin. Holanda 

oélebré un convenio de neutralidad con Frapcia (1733). Las potencias 
' 26 



20t tEL 

ooDÜMleíAdwi recouocierou Á Aogasio III. por rey de Polonia. Uu cgér^ 
cito de cnacenta mil franceaee pasó los Alpes con el mariscal VillarBy 
se nuid al roy de Cerdefia que tenia otros veinte mil soldados y consi^ 
galerón muchas Tlciorías. De Espafia saltó con un grueso cuerpo de 
^ército el conde de Mon temar y se dirigió ¿ Tosoana, donde el Infante 
D. Carlos se puso al freute de la espedicion que partió para Ñápeles. 
(1735), y conataba de cuarenta mil hombres. Los imperiales eran muy 
inferiores en número y no pudieron impedir la ooupaeion de Ñápeles 
f de todas laa plasae fuertes. Carlos fué proclamado rey con apoyo po- 
litizo de la naeioo, y por cesión de su padre Felipe Y. £1 virey aus- 
tríaco Yiscouti había reunido en Bary siete mil alemanes y aguardaba 
•eis mil croatas. Fortífieose en Bitonto y alU fué atacado por el conde 
de Mon temar con quince batallones, con tal ardor, que alcanzó una . 
espléndida victoría y ninguno del ejército contrario pudo salvarse, 
Montemar obtuvo la grandeza de Kspafia con título de duque, y partió 
para Bicilia con dieciocho mil infantes y dos mil caballos. Ocupó la ca^ 
pital y el reino se sometió todo rindiéndose diferentes plazas,, y aclama- 
ron .les pueblos á Carlos como su soberano^ 

Entre tanto la guerra era sangrienta en Lombardia, on el Khiu y en 
Polonia. Montemar pasó con veinticinco mil espaüoles y se nnió al 
<yército Franco-Sardo para acabar de arrojar de Italia á los alemanes co- 
mo sucedió. Inglaterra y Holanda instaron á los beligorautea para que 
aeeptaran su mediación, y gustaron un trat4ido solo con el empera- 
dor, según el cual el príncipe Estanislao renunciarla el trono de Polo- 
nia conservando el titulo de rey, poseyendo por sos dias el ducado de 
Lerena que Francia recibirla después: el emperador cedería Ñapó- 
les y Sicilia á favor del Infante D. Carlosy quien baria dejación de Par- 
ma, Plasencia y Toscana, &.. Qrande impresión causó este avenimiento 
á la reina Isabel Famesio que tenia que jtorder la iMírencia paterna do 
los ducados, en que proyectaba colocar á su segundo hijo Felipe. Pero 
Felipe y. abandonado de sus aliados, tuvo qne someterse á las estipn- 
laeionee de Viena (173G) veucioudose á sí mismo, pues ora natural la 
repugnancia que abrigaba contra dicho arreglo. 

Los nuevas discordias con la Santa Sedo tomaron rancho cuerpo por 
los graves exesos cometidos por las tropas españolas eu loe Estados 
pontificios. Felipe Y. pasó muy adelante en su rigor, y se despidieron 
los Nuncios en Madrid y Ñápeles. Las quejas del papa eran justas, y no 
merecia Clemente XII. tanta severidad, cuando había complacido al 
rey hasta el punto de hacer cardenal y arzobispo do Toledo al Infante 
D. Luis Antonio que no tenia mas de ocho a&os de edad, cou violación 
de los cánones y escándalo universal. Felipe Y. envió á América á los 
distinguidos marinos D. Joije Juan y D. Antonio UUoa (1736) para 
qne se uniesen á la comisioB oientíftca remitida al Ecuador por el rey 
de Francia. Yéase ülloa- 

£1 gabinete inglés hizo reiteradas reclanraciones sobre el trato duro 
y los VI jamones qnc sufrían en América los subditos de su nación. Agria- 



FEL 203 

.Tcmi9 loe ánimos con motivo de varias cnestiones ogitadss sobre mate- 
rias de interés comercial: los ingleses rehusaron la mediacíou francesa, 
y 1» guerra Ía6 inevitable desde que se querían exajeradas indemnisa- 
cionesy y esiinguir el derecho de visita á los buques británicos. Bstsí 
luch» fué muy popular en Espafia, y principiándose las hostilidades 
se hicieron numerosas presas con gravísimo dafio del comercio de am- 
bas naciones; mientras que la Francia entretenía á una escuadra in- 
glesa destinada á vigilar sus costas, por que se anunciaba el apresto 
de una espedicion francesa contra el territorio británico. 

Declaróse la guerra en octubre de 1739. £1 almirante Vemon man* 
dando otra escuadra y con trepas de desembarco, atacó y tomó Porto* 
belo (82 de noviembre). £1 gobierno español envió al Pacifico una ar- 
mada á órdenes del general D. José Pizarro, quien no pudo doblar el 
Cabo de Hornos y perdió casi todos los buques. Los ingleses reforza- 
ron á Vemon con otras naves y nueve mil hombres, y destinaron 
al mar del Sur al almirante Anson con varios biseles de guerra: trata- 
ban de incomunicar á £8pafiaconel Nuevo mundo, y privarla de los te- 
soros qae adquiría de la América. Vemon atacó á Cartagena y después 
de asaltar y posesionarse de varios fuertes, no pudo tomar la plaza á 
pesar de sus vigorosos ataques. La de&ndló el general D. Sebastian de 
Eslaba, virey del Nuevo Reino de Granada, quien rechazó á los inva* 
sores que con gran pérdida abandonaron la empresa retirándose á 
Jamaica. 

£n nuestro artículo Anson hemos dado puntual razón de sus corre* 
rías en ias costas de Chile y Perú, de cómo incendió y se propuso des* 
truir oí puerto de Paita después do saquearlo, con otras partioularida* 
des'uotables sobro esta espediciou. 

£1 Lifante JO. Carlos denominado Carlos VIL rey de las dos Sicilias, 
contrajo matrimonio en 1738 con la princesa Maria Amalia de Sajonia, 
hija del rey de Polonia Augusto UL sobrino del emperador. Siguió á 
fBltí enlace el del Infante D. Felipe eou Luisa Isabel primogénita ds 
Luis XV. de Francia (1739). 

Mientras Felipe V. persistia en su idea de abdicar la corona, la reina 
que le contrariaba en este designio, seguía en su antiguo tema de obte- 
ner posesiones en Italia para su hijo D. Felipe. No esperaba apoyo del 
papa Benedicto XIV sucesor de Clemente XIÍ; pero so animaron mu- 
cho sus esperanzas con motivo de la muerte del emperador Carlos VI, 
suceso que puso en movimiento muchas ambiciones y derechos al tro- 
no imperial. Felipe V. era uno de los pretendientes. Aprovechando 
de los trastornos en que se envolvía 1» Europa, el gobierno espafiol en* 
vio á Italia al duque de Mon temar con un pequefio ejército (1741). Tu- 
vo no pocas contrariedades por falta de rocuitios y habeise cambiado 
sus planes por el gabinete á cansa de rivalidades y emulaciones. £1 rey 
de Cerdelia se confederó con el Austria para cruzar los designios da 
£spaCa sobre el Milanosado, y precaver la Lvnibardia. £1 Infante O. 
Felipe pasó á Italia: ios fraiicrmtft faltaron á sus promesas de coopera- 



2Ó4 F£I 

clon, y el e¡étt\to eft|»flfioI m babí» dlsminiiidd mnobo por los d«MRfo- 
Bes. Una esonadra inglesa obligó al rey de Ñapóles á ser neatml, y á 
la Bflton Montemar faé ssonerado del mando. El general Gages que le 
leemplasó, á\6 itna batalla á los alemanes, cuyas consecneaciae fueros 
tener qae refagiarse ett Ñápeles apenas eon seis mil liombres. 

Bntonoes viendo ^nnoia en peligro sos intereses, biso alianiaoon Es- 
paña, comprometiéndose ú oonqnistar el Milauesndo par» el In&nte 
D. Felipe eon losdaeados de Parma y Plasencia; á declarar la gaerra á 
la Gran Bretaüa y contribuir á la recuperación de Menoroa y Glbraltar, 
Al fallecimiento del cardenal de Fleury entró ú sncederle el cardenal 
Tensin borobre emprendedor y atrevido que proyectó poner en Incba 
los partidos interiores del reino unido, protegiendo á Carlos Stnardo 
(el caballero de San Joije,) bijo del antiguo pretendiente. La escuadrü 
inglesa del almirante Ñorrís impidió el paso á la francesa, é biso vol- 
ver loe navios á sus puertos. £1 cardenal mandó salir de Tolón las ar- 
madas francesa y espaüola que luego combatieron tres días bast» der'« 
rotar á la escuadra inglesa del almirante Matbens. Con esto Espafia 
pudo introducir tropas en Italia, y el rey de Ñapóles que antes era nen** 
tral, acudió con diezisiete mil bombres á tomar parte en la guerra que 
estaba por decidirse, y combatió en Velletri obligando á los alemanes 
Á retirarse. 

Pasando estaban esta^ operaciones, y el Infante D. Felipe con sesen'* 
ta mil bombres en su mayor parte franceses, con el príncipe de Coati^ 
recbazaba al rey de Cerdefia y á los austríacos en el Piamoute. Reunié- 
ronse todas las fuerzas franco-bispano-genovesas, empe&aron muchos 
combates y tomaron posesión de los ducados de Plasencia Parma y 
demás de la casa de Famesio. En seguida tuvieron los Borbones otros 
triunfos: pero cuando la reina Isabel se lisonjeaba con ver la corona de 
Lombardia en las sienes de su hyo Felipe, la paz de Dresde entre Ma- 
na Teresa de Austria y los reyes de Pmsia y Polonia, desembarazó á la 
Emperatriz para enviar á Itii^ia treinta mil bombres. Esto dislocó los 
proyectos franceses, y la corte de Yersalles propuso al rey de Cerdell» 
Ciertas condiciones para que cesara la guerra. Este las aoeptó de mala 
té, pues nunca pensó en romper con la Austria. Los espafioles fueron 
perdiendo algunas de sus adquisiciones, y la Francia declaró a Felipe 
y. y á la reina que ya no era posible bacer mas en Italia, y que debían 
desistir de sus pretenoiones á Milán y Mantua. Convinieron en ello á 
mas no poder, y se conformaron con Parma y Plasencia. Este era el as- 
pecto que presentaban ya las tenaces aspiraciones de Isabel Famesio 
en favor de sus bijos, cuando el rey fué atacado de apoplegia y falleció 
violentamente el dia9 de julio de 1746, á la edad de sesenta y tres afios^ 
Véase el artículo Femando VI. hijo del primer matrimonio de Fblips 
V. y que entró Á reinar como principe de Asturias beredero del trono. 
' Hemos recorrido la larga época dol primero de los reyes de la oasa 
de Borbon, ó nean los cuarenta y cinco nfios de su gobierno, empleando 
eunnta concisión pemiite el claro relato de una serie de acontecimientos 



FEL 205 

llenos de interés bisióriro por su Alta importancia. Nuestra escabrosa 
tarea no ofrece particnlaridodes iii estudios d«>teuido8 que la harían en 
estremo pesada; nuestro intento es solo conmemorar sucesos que 
no convendría pasar en siloncio tratándose de los reyes de España; 
por que habiéndolo sido del Perú, sus hechos están ligados y pertenecen 
á la historia peruana. Ese periodo fué un permanente estado do guerra 
en que la ambición y las intrigas, las conquistas y las maquinaciones, 
los fú^^tee de paz y de alianza Á cada paso violados, mantuvieron á las 
potencias Europeas en nn torbellino de Indias destructoras, empeña- 
das casi siempre por la mala fé, y cuya cohesiou y encadenamiento no 
pcrmitiau tregua ni descanso. 

Felipe V. tenia una alma elevada, mas no el talento superior que 
hubiera podido brillar en las aciagas circunstancias de la monarquía; 
débil en someterse á influencias da&osas, y esclavo do las opinioues de 
sus dos mujeres; con ánimo fuerte para las omprc£ias y los contrastes, 
cuando la hipocondría no le dominaba haciéndolo indolente y apático. 
Fué nn rey contrariado por infinitos resortes que tuvieron parte en sus 
defectos, y que interrumpieron no pocas veces el ejercicio de las virtu- 
des del hombre honrado y de sanas inclinaciones. En su administra- 
«ion protegió las letras cnanto pudo, y se contrajo á cimentar la ins- 
trucción militar, con especialidad la del ramo de artillería y el progre- 
so de la marina. Relativanjente al comercio prevalecieron siempre, no 
tanto el atrazo en la ciencia económica, sino el empefio de rechazar el 
tráfico esterior i)ara evitar la salida do caudales al estrangero. Y para 
dar fomento á la iudustría nacional se combatió el lujo, y se mandó el es- 
clnsivo uso do las telas y artefactos del pais. Lamentase el historiador 
Velando de que por entonces ''so negociasen en Madrid para París casi 
** cien mil pesos en letras de cambio, por el coste do las vanidades de 
** los hombres, y por los adornos mujeriles que cu aquella corte y otras 
" se fabrican y traen á estos reinos.'' 

En cuanto alas Américas, consiguiente era no so permitiesen mas re- 
laciones comerciales que las que tenían por base el monopolio espafiol y 
él lucro privilegiado de los mercaderes de Sevilla y Cádiz; aunque laa 
colonias careciesen de los artículos roas necesarios, que si los obtenían 
era escasamente y á precios muy recargados. 

Se si^etó al pago de contribuciones los bienes que la iglesia y las cor- 
poraciones eclesiásticas adquiriesen, lo mismo que las fincas de los le- 
gos. Suprimiéronse los sueldos dobles, los de supemnmerarioB y de los 
que Tolnntaríamente vivían fuera de Espafia. Deyolvieronse á la oovo* 
aa muchas alh^fas regaladas á particulares por los reyes aaterioree: se 
suspendió el pago de las mercedes, y de las ayudas de costa: se impuso 
contribución á las tierras de labranza, y otra sobre los sueldos de los ml- 
niatios; se aumentó el precio del papel sellado, se estableció una c^»i- 
taoion sobre loa Teclnos, se vendieron empleos, se sobrecargaron loa 
aranceles de las aduanas, y se aumentó la renta del tabaco. Se hloi«nm 
Tariacíanea respecto del comercio da Améríea, para saear de él una nti- 



200 FEL 

lidad de fiéis millonos ds pesos anuales: se exigió el reinticiiico porcieuto 
■obre los caudales que se llevarau de las Indias. Se pidieron á loa 
reinos de América dos millones de pesos como subsidio. Se aplicó ai 
Erario el nno x>or ciento de las flotas y galeones (dieziocho millones da 
escudos). So prohibió conceder nuevas pensiones y pagar eróditoe atra- 
zados, y se reformaron diferentes gastos póblicos. ("Canga Arguelles, 
" Diccionario de Hacienda.'') El gasto anual de la casa real en tiempo 
de Carlos II. ascendia á once millones y medio de reales: en el de Feli- 
pe V. subió á mas de 35 por que no ronunoiaba Á otros gastos de ostenta- 
ción y esplendidez. La fábrica del sitio real de San Ildefonso, que com- 
petía con el de Yersalles, consumió centenares de millones sin necesi- 
dad alguna; 3' fueron también considerables los invertidos en la obra 
del nuevo palacio de Ma<lrid. 

Felipe V. creó el Beal Seminario do nobles, la Academia espaliola 
que propuso el marqués de Villenn, la Universidad de Cervéra con sus 
soberbios edificios, la Biblioteca real de ^ladrid, la Academia do la his- 
toria, la de Medicina y Ciriijia, y la de guardias marinas. Costeó el 
"Diario de los literatos" y fomentó diversas importantes publicaciones. 
Descolló eutre loe hombres notables por su sabiduría, que no fueron 
muchos en este reinado, el bencdictiuo Feyjuo autor del 'Teatro crítico*' 
y do las "Curtas eruditas,'' de quien dice un historiador que ''comenzó á 
" di.sipar la densa niebla de los errores y de las preocupaciones vulga- 
'' res; del pedantesco escolasticismo, y de las tradiciones absurdas que 
" como un torrente habiau anegado el campo de las ideas y oscurecido 
** la verdad/' Florecieron también Mifianu, el continuador de la historia 
do Eitpafia por Mariaua, Velando, el marqués de San Felipe, él de Monde- 
jar, Campo-Haso, Macauaz, Mayans y Ciscar, á quien Heinecio y Voltai- 
re alabaron con Bobra de razón; el Dean de Alicante Marti y otros filósofos 
y entendidos escritores del siglo XVIII mas peusiidor que poético, como 
dice La-Fueutc, así como el XVI lo fué do poesia. D. José Antonio Alva- 
rez de Abreu marqués de la Regalía, dedicó ú Felipe V. un libro que es- 
cribió sobro que era apócrifa la llamada Concordia do Burgos de 1512, 
y que los reyes tenian perfecto derecho para percibir los productos do 
las vacantes nniyores y menores de las Indias. Alegó muy sólidos fun- 
damentos en dicha obra, rica en erudición y reílcxioues acerca del pa- 
tronato real. 

La Inquisición en medio de las guerras que atormentaron á Espafia 
durante el reinado de Felipe V, se ocupaba de condouAi: obras y i^eme- 
guir ó sns autores. Contáronse hasta setecientos ochenta y dos autos 
de fé en quo fuenni castigadas con valladas penas mas de catorce mil 
personas. 

Fueron vi royes del Perú en dieho reiua<lo el ooude déla Mondo va, 
el marqués de Castell-dos-hus, el obispo D. Diego Ladion de Gue- 
rara, el arzobiepo D. Fray Diego Morcillo, el príncipe de Sanio Bnono, 
el marqués de Castell-foorte y el marqués de Villngarcta: la audiencia 



FEL 207 

{gobernó eii coHot petíodos por falleciinioiito del primero y segundo, j 
separación del tercero. 

Recorriendo las cédulas y órdenes reales espedidas por el rey Felipe 
V, hemos marcado algunas qne nos lian parecido dignas de recordarse, 
las cnal^como es sabido, so dictaron con posterioridad á la promulga- 
ción de las leyes de ludias. En 1701 se mandó qne no se proToyesen en- 
comiendas de indios en x>orsonas residentes en otras partes, pues los en- 
comenderos debian vivir en lus pueblos de sus repartimientos. Que el 
virey del Perú diese en propiedad los destinos do hacienda sacándolos 
á remate» 

170S. — Que los inquisidores no gozasen de fuero en deudas del £rario» 
1703. — Qne oi virey no permitiera se introdujesen en estos dominios 
religiosos estrangeroe ó espafioles, ni seglares sin licencia del rey. Qne 
se rematasen ios oficios de ensayadores mayores. Qno se cumpliese el 
breve de Clemente XI, prorogando por cinco afios la mesada eclesiásti- 
ca. Que los indios pudiesen tener y labrar minas de oro y plata. 

1704. — Qne no se permitiesen nuevas fundaciones ni erecciones do 
conventos y beateríos sin real licencia. 

1705. — Qne los religiosos y clérigos no pudiesen ocuparse en el bene- 
ficio de minas. Que x>ara dar posesión de empleos cclosiiisticos ó secu- 
lares, hiciesen constar los nombrados haber venido en buques de ban- 
dera espaflohi. Que los que hubiesen de servir destinos, no se acerca^ 
sen ni entrasen á los lugares de ellos, sino después de haber terminado 
sns antecesores. Qno no se entregasen los despachos de empleos, antos 
de qne los interesados hubiesen pagado la media anata. Que sojuzga- 
se con rigor á los testigos falsos y ú los falsos delatores en cansas civi- 
les y criminales. 

1708. — Qne los conventos donde hubiese monos do ocho religiosos do 
actual y continua asistencia, dejasen de serlo. Que se aumentase la la- 
bor de las minas, cuidando á los indios y sin consentir se les hicicso cs- 
torsíon ni violencia alguna. 

1709. — Que s^ conservasen y fomentasen las misiones con el niayot 
desvelo, castigando los vejámenes y agravios que sufriesen los indios. 
Que se declarasen vacantes las encomiendas y oficios vendibles que no 
tuviesen confirmación real. Que no se permitiese la introducción de 
libros de herejes, y biblias impresas en Londres. 

1710. — Que no se consintiese comercio alguno con naciones estran- 
gcras. Que se castigasen los exesos y crueldades con los esclavos, y que 
estos no anduviesen desnudos. 

1711.— Que so demoliesen los batanes, obrajes, trapiches &, que se 
hubiesen fabricado sin real licencia, prohibiéndose á los qne los tuvie- 
sen el trabi^ar con indios. Que los vicarios de la Merced no trajesen á 
Indias parientes frailes ni seglares. 

1713. — Qne se recogiesen todas las cosas singulares do piedras, ani- 
males; plantaff. yerbaci, frutas &, y se remitiesen á Kepafia con las no- 



208 PEL 

tioiaB correftpoudtenttífi. Qae á uingun cura se diese permiso para pK' 
sar á España. 

1713. — ^Que uo se pusiesen euibarasscs á los ministros del Santo Oficio 
en sns yisltas á los buques que fondeasen. Que el virey onidase de qoe 
los puertos y presidios de Chile estuyierau en buen estado de defensa^ 
Que se arrendase la labor y estaueo de la pólvora, menos en Chile. 

1714. — Que no se posesionase á ningún empleado que hubiese de ma* 
nejar fondos, sin poner antes espeditas sns fianzas. Que solo se padio' 
sen dar á espaQoles las patentes de corso. Que se prohibiese y castigase 
la fabricación del aguardiente de caña. Que el virey no tuviese facultad 
para suprimir cátedras. Prohibiendo á los curas llevasen derechos dobles 
por los cadáveres que se enterrasen en los conventos de San Francisco, 
00 pena de excomunión. 

1715.— Que el real de seELoref^e se pagase al mismo tiempo que el 
quinto. Que ningún obispo recibiese la mas leve oblación por snminia- 
trar el sacramento de la confirmación. 

1716. — Que el desafío era delito infame, y que los que interviniesen 
on él perdiesen sus empleos y honores. 

1717. — Que el virey tuviese en el mejor pió la plaza del Callao, y la 
visitase cuando menos seis veces al afio. Que los prelados en quienea 
recayese jurisdicción temporal, entendieran que los clérij^os uo podiaa 
ser alcaldes, escribanos ni abogados de causas seculares. Que el virey 
proveyese por vida los empleos militares de la plaza de Valdivia. Se 
mandó erigir el vireiuato de Santa Fé, ó Nuevo reino de Granada, que 
fué estiugnido eu 1722. 

1718. — Que no se permitiese la introducción de ropas y sedas de Chi- 
na, y se quemaran las que se encontrasen. Que se fomentasen las minas 
de cobre para la fundición de artillería de bronce en el Perú. Que se 
espulsase del pais á los clérigos que diesen mal ejemplo con su conducta. 
1719. — Que los registros puestos en cabeza de eolesiíCsticos, conven- 
tos ó comunidades, no estaban exentos de pagar los derechos de 
Aduana. 

1720. — Que se reprimierau los abasos do los corregldcA'es y sus violen- 
cias contra los indios en materias del repartimiento. Que en Chile se 
conservase un ejército de dos mil hombres: que de Lima se remitie- 
sen seiscientos reclutas, y ademas cien cada afio con el situado de 
200.012 ducados, la x>ólvora y el plomo necesarios. Que se reprendiese 
á los oidores y contadores mayores por la pasión de proteger los intere- 
ses de sus parientes. Que el virey del Perú dispusiese el restableci- 
miento de la audiencia de Quito. Que no se admitiesen en los puertos 
del Perú buques franceses, ni con el pretesto de mal tiempo, falta de 
bastimentos &, para evitar la introducción de una peste. Se reiteraron 
las órdenes prohibiendo el servicio personal de los indios. Que no se tra- 
tara ni comerciara con estrangeros que no tuviesen carta de natura- 
loza, y que se ospulsaso á los que careciesen de ella. 
1721. — Que se removiese de los corregimientos á las personas que los 



FEL 209 

tAitnvieson por traspaso do Iob propiotarios, sin liceúoia del rey. Qae ño 
80 ponnitíoñiti moMS de Juego á loo militareo* 

ITSS.^Que eo repTÜnioran los abasos de los oorregid^ires y ounfcs, qno 
aolo tenian el fin de atesorar á costa do los indios á quienes repartian 
■mías y gmeres ú miny sabidos precios. Qae el dia de Sau Antonio de 
Padna fuese fiesta de precepto. Que en Panamá se restableciese la au- 
dienciii oon subordinacton al rirey del Perú. 

1724.— ^oe el dia de San Joaquín fuese fiesta de fitecepto. 

178&.— -Qtie el viroy en loscoinisos y contrabandos en que fuese juez, 
uo se aplicase otra parte que aquella que por las leyes correspondiese 
á lee Jueces. Qae se moderwe el exese del lujo en los negros, mulatos y 
Msstixofey de que prevenian hurtos» y qde se procediese contra los sas- 
tres. Que se suprimiese el destino de teniente del maestre de campo 
geaéial y sa ayudante, y les de capitanes de las salas do armas de Gua- 
yaquil y de Arica. Que no se benefioiasea los oerregimtentos por los 
bmmIkm peijuicios que de ello resultaban. 

1796b^49é probibió nneTamcnte embarcar plata ú oto en los buques 
ingleses que traian negros. Que las cuentas fiscales de Chile se Jusga- 
sen y feneeiesen por el tribunal de ellas en Lima. Que él Virey del Perd 
tomase posesión jurídica de la isla de Juan Fernandez sin permitir que 
bttqaes estrax^Jeroe fondeasen en ella. 

1727.— Que el virey y el arzobispo castigasen ejemplarmente el aman- 
cebaaiiento de los sacerdotes que sustentaban familias enterad de mu- 
jeres é h\{es con grave escándalo; deponíándolos de sus beneficios y es- 
irafiándoJos del reino. Que el dia de San Isidro fuese fiesta de precepto. 

1796L— Que la plata se labrase con el cufio de las armas reales de cas- 
tillos y leenes y flores de lis al centro; y en el reverso las columnas ce- 
ranadas con la inscripción pUt» tUtra y dos mundos con la de wttñftte 
MM Msi. Que «1 doblón de á ocho escudos de oro valiese dieciseis pesos, 
el de á cuatro ocho, el sencillo cuatro, y el escudo dos pesos: que en es- 
ta conformidad se apreciase el oro en pasta, barras 6 polvos, siendo de 
Veintidós quilates. Que no se castígase con azoted sino en los casos de 
ley y en virtud do seuteucia. 

1729. — Que Ids otaras uo ejerciesen cargo alguno dependiente de la 
Inquisición. Que el virey vigilase que los protectores de indios cum- 
plieseu sus obligaciones en biou de estos. Que no se molestase al tribu- 
nal del Consulado por los quinten tos treinta y nueve mil pesos que de- 
bía al rey, por estar transado este crédito por ciento veinticinco mil en 
atención á sus setvicios. 

173D.-Que se pusiesen estancos de naipes en todas las ciudades y villas. 

1731,— Que se cumpliesen las nuevas ordenanzas para las casas de 
moneda. 

1732, — tdem las quo acababan de dictarse arreglando las mitas; (con- 
tenían buenas disposiciones pero uo se cUmplian.) 

1733.— Que en Guancavelica so pagase el azogue á ciucuenta y ocho 
pesos el quintal. 

27 



2ia fJEí 

1734.— Qne s6 prohibieMii loé jQ«go8 de éñVité. 

1735.— Que toda la plata contribuyeeo al Erario solo el díMilio en fíii^ 
gar del qníAto. Que se fiíiidaM en Lima viia eaea galbia pam las tti^ 
rea de mi^ títíx^ 

1737.— Que se diese ottenta al eoasejo de todoe kw xemaiea que se IhK 
Olesen de ramos y rentas reales. 

1738. — Que él yirey no prorogaae loa eonegímieiiloa'Bbi pseiria lasU* 
denoia, y pago do la media anatau 

1730.— Se ered BnoTamanta él^ Tireiilaio del Nuevo reino de Gcaastir 
del enal dependería la aadienoia de Panaditf; 

K40.— Qae Valdivia' eetnvieoe saleta al gobernador j oajritan gene- 
ral de Cuite, para qnese atendiera mtiotA sit defeasay q!aedando al -vif^ 
sey la Saperintendeneia en los asantes, y él dar loa aasoilios. 

1741.— Que no se permitiese WimpBesion de libro alguno que tratase 
de la bistoría de las Indias, sin pievf a lioeneia del Oonsqio* 

1743. — ^lostmccion en benefieio de los indios de las misiones del Para* 
guay: que avio pagasen nn peeo por tributo aanal: qoe knbiese esetie- 
las en sna pneblo^ que se d^pase á lee Jeeaiias en poaesion de las niisio-' 
nes eonqnistadas, ajn molestarlos en asunto alguno, ni eon Tisitae^epis^ 
copales^ 

Felipe y. dié en propiedad al colegio de San Martin una cátedra de 
artof» para maestros do la Universidad, llbndó estábleeor en esta, olUie- 
drasde prima y vísperas para la ensefiausa ds la doetrina de Esootir 
por los teálogos franoiseaaos« Deaignó seis mil pesos para la fundaeion 
4e las misiones de Ooopa. 

. A la sombra del asiento de negros y buqué de permiso en Fortobelo; 
aeigau los tratados de Utreeh, se baoia por loe ingleses con el mayor in- 
genio un eoantioao oontiabando onyos valoies, beatos leido es antiguas 
memorias, montaron é una suma-eomputada) mss ó menos, en d esoiei»- 
tos veinticuatro mUlones* 

RlilPE—iNCA — ^bijo del emperador Hiiain»' Capae, Fué uno de loa 
que habiendo salvado do las crueles persecimionos empleadas contra- 
la üunilia real por los capitanes de Atabnallpa, vívia en el Cuzco des- 
pués de la conquista, y allí murió envenenado. Befiere Garcilase en la^ 
página 102 tomo 3? de los "Comeiftaríos reales," que un indio llamad» 
B. Francisco capitaneaba á muchos paisanos sayoe cafiaris (de Cuenca} 
que sirvieron á los cspafiolos con la mayor deciaiou ea sus luchas con 
los indios cusquefios, y aun en sus guerras eiviles. Que dicho indivi- 
duo se habla ensoborvecido en estremo y se entregaba á frecuentea y 
repugnantes ezesos, uno de los cuales fué el atentado cometido en la 
persona de D. Felipe kica á quien atosigó con la mira de casarse con la 
mt^er de este, como lo oeusiguió valiéndose de influencias, de amena- 
zas y hasta de violencias. Este hecho quedó impune como otros del ca- 
pitán de los cafiaris, y. de ello quedaron absortos y cscaudaUsutdpsloe 
i&dios del Cuzco. 



FEL 211 

lMUnU# — ^LlMiiabftii Mf k» MpftfiolM aun Indio «fue les sirvió da 

Üntorprele. Canndo I> Franeitoo PizarrodeMnbriópor primera vtz la 

«oata de TnmbMy y «ntetSevi comiiuicaolon con ios principales indios de 

«qnelios lagares, qne le dieíou baena acogida, les pidió algnnos muoUa- 

«hos para que aprendiesen el oastellano, á fin de iiaeerse entender por 

medio de ellos á sn regreso. Pasieiou4os á sos órdenes, nno de los ona- 

les natnral de Poechos, al ser bantisado, cecibió el nombre de Felipe, é 

bizo Inego á Pisarro el servicio de avisarle qne les de la isla de Pmá te- 

Bian premeditodo el plan de cortar las amarras á las balsas j ahogar ú 

los eristiaoos. Begnn el ovouista Hortera, Pelillo aeompalló á Fisartis 

£ Bspafia y fué instraido en el idioma oastellano. 

Emprendida deapnes la eonqoiatay este interprete ayndó mnebo4( 
los espalloles, y oeapada CiOMnaMa, mavehó al lado de Hernando de 
Soto, ovando este de parto.de Pisanro fúo .£ verse coa Átahoallpa qne so 
hallaba en nnos bafkos á mny eattm distaneUk Están oontsstos los his- 
toriadores en qne Felipillo prendado de nna de las mqferss del Inca, y 
pensando en qne la muerte deteste abrida paso á sos deseos de apode- 
iiarse de aquella^ hinQ S los espalloles relatos nada fieles de las palabras 
vertidas por Átahoallpa en diferentes entrevistas en que él desempolvó 
en papel de interprete. Y además de esto, es comnn opinión qne el 
dieho Felipillo hiaoorew á Plzarro y á-otroa, qne el Inca Juntaba gente 
y haela aprestos sem^etos para destmir á los espalloles reonperando sn 
libertad: qne estas oalnmuias fneron bien aoeptadas, y qne contrlbny»- 
con para qne se tomase la tesolnoioa de dar mnarte al emperador; agri- 
gaado Qomára qne machos oreyeroo qne haolendo osto, salvarían sos 
^das del peligro en qne estaban. Pnede inlWias qne los espa&oles por 
disonlpaise del atentado cometido en la persona del Ineay diesen impor* 
iancia y exsgeraseu los informes de Felipillo, y qne por esto casi todos 
•los e»ciJtores cuidaron do referirlos, ponderando al mismo tiempo sus 
malos manejos. Acerca de esto dice el cronista Herrera; "y de no haber 
'' aguardado el gobernador la relación de Hernando de Soto, so puede 
^ Juzgar el flaco fuudaineuto qne quieren algunos que tomase el gober- 
^ nador para lamnerte del Inga, con las pasiones y embustes de Felipillo, 
'* por que no era tan precipitado D. Francisco Pisarro que hiciera tal 
" ejecución, si le conviniera A." Felipillo es acusado también de ha- 
'berse euteudido con cieiiios indios yanaconas y enemigos de Atahuallpaf 
para que atestiguasen cosas enteramente falsas y urdidas por él. 

D. Diego de Almagro le tuvo eu su compaQia durante sus operacio- 
nes contra las fuerzas de los Alvaradoe en el territorio de Quito: en esa 
campana Felipillo se pasó al batido de estos, y les dio razou del número 
de tropas que tenia Almagro, comunicándoles otras noticias y oAre- 
xiendose ¿ servirles de guia para qne le sorprendiesen. Al terminar la 
contienda mediante la concordia qne celebraron los caudillos, fiió res- 
tituido el interprete á D. Diego quien do le mostró enojo alguno. 

Cuéntase que Felipillo en el Cuzco inquietaba el ánimo de Manco In- 
ca, con quien tenia familiaridad, y do algunos indios que maquinal an 



200 PEL 

preceptor qiio fué de Lais XV. y qno entró eQ ol gabinete francáa á !• 
edad de setenta y tres afios, en lagar del dnqne de Borbon, declaró al 
embi^ador Walpole qne estaba resuelto ¿ respetar los compromisos de 
la liga de Hannovor. El papa Intentó inútilmente mediar en favor de 
nna reconciliación qne evitara la guerra en qne parecía enrol verse to- 
da la Europa. La flota de Hosier dejando Portobelo se retiró á Jamai- 
ca por no poder sostenerse en aquel clima: con esto la armada espalio] a 
pudo salir y llevar á Espafia los cándales de América, (diezlocho millo- 
nes en oro y plata qne se recibieron en Cádiz y la Comna. No siempre 
se salvaron las armadas do galeones: con algunas se perdieron ftiertes 
sumas. La que mandaba el conde de Casa Alegre ftie vencida es un 
combate por la escuadra inglesa del vlce almirante Wager en 8 de Ju- 
nio de 1708: se linndió la nave capitana S. José salvándose solo cinco 
hombres, y se rindió desarbolado el navio Gobierno con 5 millones. 

El emperador acogió iñejor de lo que se eeperaba la invitación de 
Francia como mediadora de las diferencias de Austria con Inglaterra 
y Holanda; y se firmaron artículos preliminares acordando todas las 
potencias reunir un Congreso en Soissons para celebrar el tratado defl' 
nitivo álos cnatro meses. Se estipuló la cesación de las hostilidades, y 
qne so suspendiese por siete afios la oompafiia de Ostende A, El rey 
Jorje I? falleció en Osnabnrg (17S7) en la misma morada de sa uaoi- 
iniontO; y fué proclamado rey de la Gran Bretafia su hijo JorJe n. 
Felipe Y. aprobó los preliminares en Madrid donde al intento se Junta- 
ron los plonii>otenciariQO, y quedaron en vigencia las cosas pactadas en 
Utrecb. 

El rey Felipe enfermo y melancólico, disgustado del poder, y ator- 
mentado de escrúpulos, resolvió hacer una segunda abdicación y reti- 
rarse otra vez á San Ildefonso; y para qne la reyna no lo contrariara 
pensó en salirse ocultamente de Palacio. Escribió su decreto renun- 
ciando la corona; mas en cuanto la reyna lo supo, recogió del Con8<jo 
aqnel documento y lo destruyó: con esto no volvió á hablarse del 
asunto. 

Concertóse el matrimonio del Príncipe do Asturias D. Femando con 
la Infanta portuguesa D^ Barbara de Braganza, y del principe del Brs- 
zil con la Infanta espaflola Df Ana que debió ser esposa de Luis XV, 
los cuales enlaces se verificaron en Caya (172S^). Los royes de Espafia 
pasaron á residir en Sevilla en circunstancias de que la Europa entera 
no podía yii permanecer en un estado indefinible, porque no era de paz» 
de tregua, ni de gnerra. En dicha ciudad se ivi^^taron y firmaron los 
tratatlos de paZf unionj amistad y defenéa muima entre Inglaterra, Francia, 
Holanda, y Espafia (9 de noviembre). Después de anulárselas oouse- 
ciones hechas por España al emperador en los tratados de Viena, de 
restablecerse sobre el antigno pié el comercio de los ingleses en las In- 
(lias de, se estipuló que desde luego irían seis mil españoles á guarne- 
cer U^ plazos áe los ducados de Parma, Plasencia y Toscana para asa- 
gurar la inmediata sucesión á &vor del Infante D. Carios. 



„ t 



P£L 201 

El cumplimiento de este ly tiste tropeeó ea breve eou Inoottvmlflntefl. 
MSI emperador, aliado con Ana de Rosia sueeiora de Pedro ftff llené á» 
tropas la Italia, se confederó con el Bey de Cerdefia, y se mostró deler- 
tninado á hacer la guerra. Las potencias signatarias del pacto de Be* 
▼illa no se movian, y el Cardenal de Flenry entorpecía con sigilo y 
«{daeaba las reclamaciones de España. Pero ya en 1731 el gobierno in- 
glés 80 encargó de allanarlo todo secretamente, y lo hiso sin que so 
apercibiera el Cardenal de lo qne pasaba. Al íalleciraiento del daqno 
de Parma Antonio Famesio, el emperador enrió tivpae y ocupó es« 
Aneado y el de Plasencia, declarando que tomaba posesión de ellos pa* 
ra el Iníknte D. Carlos de fispafla. Una escuadra inglesa y otra espa- 
liola, condujeron ú este Principe con siete mil hombres: desembarearon 
en Liorna, y las fuerzas alemanas hicieron sn retirada del territorio 
délos ducúsdos. 

Después de esto, Espafia llamó 1» atención de las naei.ones con los 
grandes aprestos que hizo para una empresa militar de mucha entidad. 
Salieron de Alicante mas de seiscientas velas y trasportaron treinta 
mil hombres de armas, ciento diez caAones, sesenta morteros y un in- 
menso parque y provisión de víveres: mandaba la escuadra el general 
Cornejo, y el ejército el general D. José Carrillo de Albornoz, Conde 
de Hontemar (junio de 1732). La espedicion se dirigió á recuperar la 
plaza de Oran en la costa de África. Se hizo el desembaroo batiendo 
y alejando las tropas de moros qne pretendían impedirlo, y haoene 
fhertes en la única agaada que habla inmediata; la guarnicioii del 
castillo de Mazalqnivir se entregó por capitulación. Los moros aban- 
donaron Oran, y Mon temar la ocupó, encontrando on ella crecidos do* 
pósitos de municiones y víveres, ciento treinta y ocho piezas de arti- 
Ueria, ochenta y siete do bronce y siete morteros. La escuadra regresó 
á Espafia con las tropas, después de haber fortiñcado y guarnecido su- 
ficientemente á Oráu: el rey dio á Montemar el collar del Toisón de oro. 
Mientras el rey de Inglaterra se ocupaba de emplear su mediación pa- 
ra calmar las inquietudes y remover las dificultades que todavía impe- 
dían la tranquila posesión de los ducados adquiridos por el Infante D. 
Carlos, la muerte del rey de Polonia ocasionó gravee alteraciones en 
Europa. Luis XV. quería restablecer en el trono á su suegro Estanislao: 
oponíase el emperador, y dividida la Polonia en bandos, Austria, Ru- 
sia y Prusia ajustaron nii tratado para esclnir á Estanislao, y ocupa- 
ron aquel territorio con crecidas fuerzas. 

Los reyes de Espafia aprovechando de los sucesos qu0 tenían distraí- 
dos los ejércitos austríacos sobre el Rhín, formaron el plan de recupe* 
rar Ñápeles y Sicilia, estableciendo en ellos al Infante D. Carlos, á cu- 
yo fin se unirían las tropas de Espafia y Francia en virtud de un con- 
venio de alianza en qne también entró el rey de Cerdefia para anexar 
Milán á sus dominios: acordóse cspeler de Italia á los alemanes y que 
los frmaceses llamasen la atención del emperador por el Rhín. Holanda 

flslebró un convenio de neutralidad con Francia (1733). Las potencias 
' 36 



202 FEL 

oonléderadi» recouocierou á Aogasto IIÍ. por rey de Polonia. Uu cj^r- 
cito de cuaceata mil francesee pasó los Alpes con el mariscal Villar»^ 
se unió al re^ de Gerdefia que Unia otros veinte mil soldados y consi» 
guieron machas victorias. De Espafia saltó con un grueso ouerpo de 
^ército el oonde de Montemar y se dirigió á Toscana, donde el Infante 
D. Carlos se puso al frente de la espedioion que partió para Ñápeles. 
(1735)| y constaba de cuareuta mil hombres. Los imperiales eran muy 
inferiores en número y no pudieron impedir la oonpacion de Ñapóles 
f de todas la» placas fuertes. Carlos fué proclamado rey con apoyo po- 
sitivo de la naeioo, y por eeeiou de su padre Felipe V. £1 virey aus* 
triaoo Visconti habia reanido en Bary siete mil alemanes y aguardaba 
•eis mil croatas. Fortificóse en Bitonto y allí fué atacado por el oonde 
de Montemar con quince batallones, con tal ardor, que alcanzó una . 
espléndida victoria y ninguno del ejército contrario pudo sslvarse. 
Montemar obtuvo la grandeza de Kspafia con título de duque, y partió 
para Sicilia coa dieziocho mil infantes y dos mil caballos. Ocupó la ca^ 
pital y el reino se sometió toda rindiéndose diferentes plazas^ y aclama* 
ron .les pueblos á Carlos como su soberano^ 

Entre tanto la guerra era sangrienta en Lombardia, en el Rhin y on 
Polonia. Montemar pasó con veinticinco mil espafioles y se unió al 
ijército Franco-Sardo para acabar de arrojar de Italia Á los alemanes co- 
mo sucedió. Inglaterra y Holanda iusiarou Á los beligerante» para que 
aceptaran su mediación, y .«v^ustaron nn tratado solo con el empera- 
dor, segnn el cual el príncipe Estanislao rcuauciaria el trono de Polo- 
nia conservando el título de rey, poseyendo por sos diaa el ducado de 
Lerena que Francia recibiría después: el emperador cedería Ñapó- 
les y Sicilia á favor del Infante D. Carlosy qnicn baria dqacion de Par- 
ma, Plasencia y Toscana, &. Grande impresión causó este avenimiento 
á la reina Isabel Famesio que tenia que perder la herencia paterna de 
los ducados, en que proyectaba colocar á su segundo hi\o Felipe. Pero 
Felipe V. abandonado de sus aliadoB, tuvo que soraetersc Á las ostipu- 
laeiones de Viena (I73G) venciéndose á si mismo, pues era natural la 
FBpugnancia que abrigaba contra dicho arreglo. 

Las nuevas discordias con la Santa Sedo tomaron mucho cuerpo po; 
los graves exesos cconetidos por las tropas españolas eu los Estados 
pontificios. Felipe Y. pasó mny adelante en su rigor, y se despidieron 
lo» Noueios en Madrid y Nápolcs. Las quejas del papa eran justas^ y no 
merocia Clemente XII. tanta severidad, cuando habia complacido al 
rey hasta el punto de hacer cardenal y arzobispo do Toledo al Infante 
D. Luis Antonio que no tenia mas de ocho afios de edad, con violación 
de lo» cánones y escándalo universal. Felipe Y. envió á América á los 
distinguidos marinos D. Joije Juau y D. Antonio Ulloa (1736) para 
que se uniesen á la comisioii »ientlñca remitida al Ecuador por el rey 
de Francia. Yéase Ulloa. 

El gabinete inglés hizo reiteradas reclanraciones sobro el trate duro 
y los vrji^mcncsqnc sufrían en América los subditos de su nación. Agria- 



FEL 203 

Tcmi9 1m ¿ninMM con motivo de varias cuestiones agitadas sobre mate- 
rias de interés comercial: los ingleses rebosaron la mediactou francesa, 
y la guerra taé incTitable desde qne se querian exajeradas Indemnisa- 
oionesy y estínguir el derecho de visita á los buques brittfoicos. Bsta 
lucha fué muy popular en Espafia, y principiándose las hostilidades 
se hicieron numerosas presas con gravísimo dafio del comercio de ara- 
bas naciones; mientras que la Francia entreteni* á una escuadra in- 
glesa destinada á vigilar sus costas, por que se anunciaba el apresto 
do una espedicion francesa contra el territorio británico. 

Peclarose la guerra en octubre de 1739. £1 almirante Vemon man- 
dando otra escuadra y cou trepas de desembarco, atacó y tomó Porto* 
belo (88 de noviembre). £1 gobierno espafiol envió al Pacífico una ar- 
mada á órdenes del general D. José Pizarro, quien no pudo doblar el 
CalK> de Hornos y perdió casi todos los buques. Los ingleses reforza- 
ron á Vemon con otras naves y nueve mil hombres, y destinaron 
al mar del 8ur al almirante Anson con varios bigeles de guerra; trata- 
ban de incomunicar á £spana con el Nuevo mondo, y privar!» de los te- 
soros quo adquiría de la América. Vemon atacó á Cartagena y después 
de asaltar y posesionarse de varios fuertes, no pudo tomar la plaza á 
pesar de sus vigorosos ataques. La defendió el general D. Sebastian de 
Eslaba, vi rey del Nuevo Reino de Granada, quien rechazó á los inva* 
sores quo con gran pérdida abandonaron la empresa retirándose á 
Jamaica. 

£u nuestro artículo Anson liemos dado puntual razón de sus corre* 
rías on las costas de Chile y Perú, de cómo incendió y se propuso des* 
trair el puerto de Paita después do saquearlo, cou otras particularída* 
des'uotables sobro esta espedicion. 

£1 Infante JO. Carlos denominado Carlos Vil. rey de las dos SicUias*, 
contrajo matrimonio en 1738 con la princesa María Amalia de Sajonia, 
hija del rey de Polonia Angnsto IlL sobrino del emperador. Siguió ¿ 
^6 to enlace el del luíante D. Felipe cou Luisa Isabel primogénita de 
Luis XV. de Francia (1739). 

Mientras Felipe V. persistía en su idea do abdicar la corona, la reina 
que le contrariaba en este designio, segoia en su antiguo tema de obte- 
ner posesiones en Italia para su hijo D. Felipe. No esperaba apoyo del 
papa Benedicto XIV sucesor de Clemente XII; pero so animaron ma- 
cho sus esperanzas con motivo de la muerte del emperador Carlos VI, 
suceso qne puso en movimiento muchas ambiciones y derechos al tro- 
no imperial. Felipe V. era uuo de los pretendientes. Aprovechando 
de los trastornos en que se envolvía la £aropa, el gobierno espafiol en* 
vio á Italia al duque de Mon temar con un peqnefio ejército (1741). Tu* 
yo no pocas contrariedades por falta de recursos y haberae cambiado 
sus planes por el gabinete á cansa de rivalidades y emnlaoiones. £1 rey 
de Conle&a se confederó con el Austria para cruzar los designios da 
KspaSa sobre el Milanesado, y precaver la Lunibanlia. £1 Infante O. 
Felipe pasó á Italia: ios fi-auci^sva fnltnron á sus promesas de co(»pera- 



204 F£I 

clon, y el ejétélto M|»flllol M babí» dimnimiidd nmobo por los d«MR{o« 
Bes. Una eeoaadrft inglesa obligó al rey de Ñapóles á ser neutral, y á 
la ñttton Montemar fué exonerado del mando. El general Gages que le 
leemplaeóy áió «na batalla á los alemanes^ cuyas consecuendas fueron 
tener que refugiarse eu Ñapóles apenas oon seis mil hombres. 

Bntonees riendo Granóla en peligro sus intereses» biso alianaaoon Es- 
paña, comprometiéndose á oonquistar el Milanesndo paru el In&nte 
D. Felipe con tes ducados de Parma y Plasencia; Á declarar la guerra á 
la Gran Bretaüa y contribuir á la recuperación de Menorca y CHbraHar, 
Al fallecimiento del cardenal de Fleury entró ú sncederle el cardenal 
Tensiu hombre emprendedor y atrevido que proyectó poner en lucha 
los partidos interiores del reino unido, protegiendo á Carlos Stuardo 
(el caballero de San Joije,) hijo del antiguo pretondiente. La escuadra 
inglesa del almirante Ñorris impidió el paso á la firancesa, é biso vol- 
ver los navios á sus puertos. £1 cardenal mandó salir de Tolón las ar* 
madas francesa y espaüola que luego combatieron tres dias hasta der-* 
rotar á la escuadra inglesa del almirante Mathens. Con esto Espalla 
pudo introducir tropas en Italia, y el rey de Ñápeles que antes era nou-> 
tral, acudió con diezisiete mil hombres á tomar parte en la guerra que 
estaba por decidirse, y combatió en Velletri obligando á los alemanea 
á retirarse. 

Pasando estaban esta» operaciones, y el Infiuite D. Felipe con seseU'* 
ta mil hombres en su mayor parte franceses, con el príncipe de Coatí, 
rechazaba al rey de Cerdefta y á los austríacos en el Piamoute. Beuníe- 
ronee todas las faersas ft>anco-hispano-genovesas, empefiaron muchos 
combates y tomaron posesión de los ducados de Plasencia Parma y 
demás de la casa de Famesio. En seguida tuvieron los Borbones otros 
triunfos: pero cuando la reina Isabel se lisonjeaba con ver la coronado 
Lombardia en las sienes de su hijo Felipe, la paz de Dresde entre Ma- 
ría Teresa de Austria y los reyes de Prusia y Polonia, desembarazó á la 
Emperatriz para enviar á Italia treinta mil hombres. Esto dislocó loa 
proyectos franceses, y la corte de Yersalles propuso al rey de CerdelUí 
eSertas condiciones para qne cesara la guerra. Este las aceptó de mala 
18, pues nunca pensó en romper oon la Austria. Los espafioles fueron 
perdiendo algunas de sns adquisiciones, y la Francia declaió a Fel^»o 
y. y á la reina que ya no era posible hacer mas en Italia, y que debiau 
desistir de sus pretenoiones á Milán y Mantua. Convinieron en ello Á 
mas no poder, y se conformaron con Parma y Plasencia. Este era el as- 
pecto qne presentaban ya las tenaces aspiraciones de Isabel Famesio 
en favor de sus hijos, cuando el rey fué atacado de apoplegia y falleció 
violentamente el dia9 de Julio de 1746, á la edad de sesenta y tres afios^ 
Vóase el artículo Femando VI. hijo del primer matrímonio de Felipe 
V. y que entró á reinar como príncipe de Asturias heredero del trono. 
' Hemos recorrido la larga época dol primero délos reyes do la oasa 
de Borbon, ó sean los cuarenta y cinco afios de sn gobierno, empleando 
cuanta concisión permite el claro relato de una serie deacontecimientoa 



FEL 205 

llenos de interés histórico por su alta importancia. Nuestra escabrosa 

tarea no ofrece particnlaridades ni estudios detenidos que la harian en 

estremo pesada; nuestro intento es solo conmemorar sucesos quo 

uo convendría pasar en silencio tratándose de los reyes de España; 

por que habiéndolo sido del Perú, sns hechos están ligados y pertenecen 

Á 1» historia peruana. Ese periodo fué un permanente estado do guerra 

«n que la ambición y las intrigas, las conquistas y las maquinaciones, 

los i^nstes de paz y de alianza á cada paso violados, mantuvieron á las 

potencias Europeas en nn torbellino <le luchas destructoras, empsüa- 

das casi siempre por la mala fé, y cuja cohesión y encadenamiento na 

permitian tregua ni descanso. 

Felipe V. tenia una alma elevada, mas no el talento superior que 
hubiera podido brillar en las aciagas circunstancias de la monarquía; 
débil en someterse á influencias da&osas, y esclavo do las opiniones do 
sns dos mujeres; con ánimo fuerte para las empresas y los con tras tes, 
cuando la hipocondría no le dominaba haciéndolo indolente y apático. 
Fué nu rey contrariado por infinitos resortes que tuvieron parte en sus 
defectos, y qne inten*umpieron no pocas veces el ejercicio de las virtu- 
des del hombre honrado y de sanas inclinaciones. En su administra- 
eion protegió las letras cuanto pudo, y se contrajo á ciment-ar la ins- 
trucción militar, con especialidad la del ramo de artillería y el progre- 
so de la marina. Relativanjente al comercio prevalecieron siempre, no 
tonto el atrazo en la ciencia económica, sino el empeño do rechazar el 
tráfico est«rior para evitar la salida do cándales al estrangero. Y para 
dar fomento á la industria nacional se combatió el hijo, y se mandó el es- 
elusivo uso de las telas y artefactos del pais. Lamentase el historiador 
Velando de qne por entonces "so negociasen en Madrid para Paris casi 
*' cien mil i>esos en letras de cambio, por el coste de las vanidades de 
'' los hombres, y por los adornos mujeriles que cu aquella corte y otras 
** se fabrícan y traen á estos reinos.'' 

En cuanto alas Américas, consiguiente era no se permitiesen mas re- 
laciones comerciales qne las que tenían por base el monopolio espafiol y 
el lucro privilegiado de los mercaderes de Sevilla y Cádiz; aunque laa 
colonias careciesen de los artículos roas necesarios, qne si los obtenían 
era escasamente y á precios muy recargados. 

Se si\jetó al pago de contribuciones los bienes que la iglesia y las cor- 
poraciones eclesiásticas adquiriesen, lo mismo que las fincas de los le- 
gos. Snprímieronse los sueldos dobles, los de supemnmerarloB y de los 
qne Toluntariamente vivían fuera de Espafia. Devolviéronse á la oovo* 
na muchas alh^fas regaladas á particulares por los reyes anteriores: se 
suspendió el pago de las mercedes, y de las ayndas de costa: se impuso 
eontribucion á las tierras de labranza, y otra sobre los sueldos de los mlr 
nistros; se aumentó él precio del papel sellado, se estableólo nna oapi-* 
taoion sobre los vecinos, se vendieron empleos, se sobrecargaron loa 
Aranceles de las aduanas, y se aumentó la renta del tabaco. Se hioi«nm 
Tariacianes respecto del comercio de América, para sacar de él no» uti- 



20G FEL 

lidad de Reis luillonos ds pesos aúnalos: se exigió el yeinticiiico porcieuto 
sobre los caudales que se llevai*au de las Indias. Se pidieron á loa 
reinos de América dos millones de ilesos como subsidio. Se aplicó ai 
Erario el nno por ciento de las flotas y galeones (dieziocho millonee de 
escudos). Se prohibió conceder nuevas pensiones y pagar créditos atra- 
z.idos, y se reformaron diferentes gastos públicos. ("Canga Arguelle^ 
** Diccionario de Hacienda.'^) £1 gasto anual de la casa real en tiempo 
de Carlos II. ascendía á once millones y medio de reales: en el de Foli- 
peV. subió á mas do 35 por que no renunciaba á otros gastos de ostenta- 
ción y esplendidez. La fábrica del sitio real de San Ildefonso, que com- 
petía con el de Versalles, consumió centenares de millones sin uscesi- 
dad alguna; y fueron también considerables los invertidos en la obra 
del nuevo palacio de Madrid. 

Felipe y. creó el Keal Seminario do nobles, la Academia española 
que propuso el marqués de Villenn, la Universidad de Cervéra con sus 
soberbios edificios, la Biblioteca real de Madrid, la Academia de la his- 
toria, la de Medicina y Cirujia, y la do guardias marinas. Costeó el 
"Diario de los literatos^' y fomentó diversas importantes publicaciones. 
Descolló entre los hombres notables por su sabiduría, que no fueron 
muchos en este reinado, el benedictino Feyjóo autor del '^Teatro crítico'^ 
y de las "Cartas eruditas/' de quien dice un historiador que "comenzó i( 
" disipar la densa niebla do los errores y de las preocupaciones vulga- 
" res; del pedantesco escolasticismo, y de las tradiciones absurdas quo 
'* como un torrente habían anegado el campo de las ideas y oscurecido 
" la vcrdiul.*' Florecieron también Mifiana, el contiuuador de la historia 
do España por Mariana, Velando, el marqués do San Felipe, él de Mondo- 
jar, Campo-Raso, Macanaz, Mayans y Ciscar, á quien Heinecio y Voltai- 
re alabaron con sobra do razón; el Dean de Alicante Marti y otros filósofos 
y entendidos cscrit^ores del siglo XVIII miis pensador quo poético, como 
dice La-Fueutc, así como el XVI lo fué de poesía. D. José Antonio Alva- 
rez do Abren marqués do la iiogalia, dedicó ú Felipe Y. un libro que es- 
cribió sobro que era apócrifa la llamada Concordia do Burgos de 1&12, 
y que los reyes tenían perfecto derecho para percibir los productos do 
las vacantes mayores y menores de las Indias. Alegó muy sólidos fun- 
damentos en dicha obra, rica en erudición y reÜcxiones acerca del pa- 
tronato real. 

La Inquisición en medio do las guerras que atormcutarou :í Espafia 
diuante el reinado do Felipe V, se ocupaba do condonar obras y perse- 
guir á sns autores. Contáronse basta setecientos ochenta y dos autos 
do fé en qno fueixni castigadas con variadas penas mas de catorce mil 
persouas. 

Fueron viroyes del Perú en diuho reiuatlo el coude déla Monclova, 
el marqués de Castell-dos^rius, el obispo D. Diego Ladrón de Gue- 
Tara, el arzobiepo D. Fray Diego Morcillo, el principe de Santo BaonOi 
el marqués de Castell-foerte y el marqués de VillHgarcia: la audiencia 



FEL 207 

^oImtuó tlü cortos petíodos por fiUleciinionio del primero y segundo, y 
aoparaciou del tercero. 

Becorríendo Ins cédalas y ¿rdones reales espedidas por el rey Felipe 
V, hemos marcado algunas que uos han parecido dif^nas de recordarse, 
las onal^,como es sabido, se dictaron con posterioridad á la promnlga- 
cioQ de las leyes de ludias. En 1701 se mandó que no se proYoyesen en- 
comiendas de indios en ]>ersouas residentes en otras partes, pues los en- 
comenderos debian TÍvir en los pueblos de sus repartimientos. Que el 
virey del Pora diese en propiedad los destinos de hacienda sacándolos 
á remate* 

170S.— Que los inquisidores no gozasen de fuero en dendas del KradOi 
1703. — Que ol virey no permitiera se introdqjesen en estos dominios 
religiosos estrangeros 6 españoles, ni seglares sin licencia del rey. Que 
se rematasen los oficios de ensayadores mayores. Que se cumpliese el 
breve de Clemente XI, prorog^ndo por cinco aAos la mesada eclesiásti- 
ca. Que los indios pudiesen tener y labrar minas de oro y plata. 

1704. — Que no se permitiesen nuevas fundaciones ni erecciones do 
conventos y beateríos sin real licencia. 

1705. — Qne los religiosos y clérigos no pndiescu ocuparse en el bene- 
ficio de minas. Qne para dar posesión de empleos eclesiásticos ó secu- 
lares, hiciesen constar los nombrados haber venido en buques de ban> 
dera española. Que los qne bnbiesen de servir destinos, no se acerca- 
sen ni entrasen il los logares de ellos, sino después de haber terminado 
sns antecesores. Qne no se entregasen los despachos de empleos, antes 
de qne los interesados hubiesen pagado la media anata. Que se juzgad- 
so con rigor á los testigos falsos y á los falsos delatores en cansas civi- 
les y criminales. 

1706. — Que los conventos donde hubiese menos de ocho religiosos do 
actual y continua asistencia, d^asen de serlo. Que se anmentasc la la- 
bor de las minas, cuidando á los indios y sin consentir se les hiciese cs- 
torsion ni violencia alguna. 

1709. — ^Que s^ conservasen y fomentasen las misiones con el mayor 
desvelo, castigando los vejámeues y agravios que sufriesen los indios. 
Que se declarasen vacantes las encomiendas y oficios vendibles que no 
tuviesen confirmación real. Que no se permitiese la introducción de 
libros de herejes, y biblias impresas en Londres. 

1710. — Qne no se consintiese comercio alguno con naciones estran- 
geras. Que se castigasen los exesos y crueldades con los esclavos, y que 
estos no anduviesen desnudos. 

1711.— Que se demoliesen los batanes, obrajes, trapiches &, que se 
hubiesen fabricado sin real licencia, prohibiéndose ú los que los tuvie- 
sen el trabigar con indios. Que los vicarios de la Merced no trajesen á 
Indias parientes frailes ni seglares. 

1712. — Qne se recogiesen todas las cosurs singulares do piedra;*, ani- 
malcS; plantan, yerbas, frutas &, y se remitiesen á Eepafia con las no- 



d20 FER 

campo eu Espaflft, em »Uf reoonooido como marqnés ele Feria. No tene« 
moB dfttoa para eépltcar la cansa de eslo; tal ves seria an acaerdo ea^ 
tro ambos antoriuido competentemente. — Vétae CanHI^-^D. Gñ9pmr-^ 
Véase ValdiUriaé— Véase CarrfílüáeAlbomwt^D. £)iey<^ Maumln 

nUíAnU~?D. DiBQO-— natural de Pátoncta cou onyo niotívo algu- 
nos aatores le llaman el Palentino. Estaro en el Perú teeíen la eon-r 
quista y sirviú en la cimipafia de 1554 contra D. Frauciseo Girón. Recibió 
Fernandez título de cronista del Ferd por el virey D. Andrés Hurtado 
do Mendoza Marqués de CaQete, y orden pana eeoribir los sucesos oear-t 
rldos desde que el presidente Gkhsoa partió paca BspaHa basta la caí- 
da de Girón. Restituido á BspaHa, y en posesión de abundantes mate* 
ríales y documentos, le estimuló el regente del consejo de Indias D. 
Francisco Tello de Sandoval para que or^gaiiisase una obra en qne se 
esteudiesen sus trabsjos á la época del primer virey 31aaoo Naftas 
Vela, levantamiento de Gonaalo Pisarro, y o|H)raeioaee y trinafos de 
Gasea. Venció Fernandes ambas tareas y pablieó su obra en Sevilla ooa 
real permiso en 1671 bijo el título de ''Primera y segunda parte de la 
historia del Perú:" dividida en libros. Moa el oonse)o prohibió su vei^ 
t^ como la hizo con la qne imprimió D. Francisco López Gomara» por 
l|o cfpef conveniente circulasen en América algunos ideas y relatos que 
eu aquel tlepiiK» qniaieron ocultarse. Ya en el siglo XVIII se permitiill 
]a reiinprosiou y libre i|8o de las citadas obras. 

Garciluso tiet)e fü Palei^'wo por autor apasionado, ó cuando menos 
por instrumento de {ijenas ipiras: cree qne recibió relaciones falsas ó 
equivocadas de muchos hechos y particularidades; y que eu esas oiscuns- 
taucias los escritores se vieron á veces precisados á separarse de la ver- 
dad al tratar de diferentes asuntos: sin embargo lo cita con frecuencia 
f se rige por muchos de sus asertos. 

Jm oleras del Palentino muy raras on el Perú, se han reimpreso en 
Lima ppr el coronel Odriozola, 1876. 

IPEEIIAIDES- el licenciado D. Juan. Fiscal de la audiencia de Lima» 
uo sabemos si por nombramiento real, ó por comisión de la misma au- 
llieucia que gobernó con motivo del regreso á Espafla del gobernador 
D. Po4ro de la Gasea; ó si viuo al Perú con el viroy D. Auionio de Men- 
doza que )g fué do Méjico. Esto nos parece lo mas probable, así como 
el que s^ destiuo i^o seria dado por despacho supremo. Seguu los hia- 
toriodorcs y los documentos que hornos investigado^ uo hubo fiscal en 
la primera audieucia que vino con el virey Blasco Nufiez Vela, ni en 
la seguiida que se organizó por Gasea con los nuevos oidores desigua- 
laos por el rey: desempefiabonse estas funciones por uu oidor ó por un 
letrado en comisión. Consta ademas do antiguos paL»eles y de las prí- 
initivas ordenanzas de las audiencias do Lima y Méjico, que las plazas 
propietarias de fiscales 4e Ip civil y crimiusl se crearon en 1563. Solor- 
zano dice lo mismo, y tratando de la palabra Fisco que prowne de 



FEK 221 

flM»» Ó sea la liga «on qno se casan Ioh pájaros, Is Uaina también ^oh^ 
áe ?# mal oiqKiftdiK eu otro lugajr espreaa que el cargo de fiscal se repur 
tA conio «a «al uecetariopor algnuoe autp|!«B. 

El licenoiado D. Jwau Femaudax (esoribeu el cronista lierreray Gar* 
«Uaaa y el Palentino) qne coando las tnrbnlonciaa 4e potosí y Cliaroaa 
mu. 13G3y la aadieaeia nombró corregidor de esa pro viada a} mariscal Al- 
vatado^ aatortsáadole para castigar ejemplarmente á loa compUcca da 
D. Bcimstian de Castilla y do la revoluciou eu que fvífi asesinado el gCb^ 
Ma ma dor D. Pedro Hinojosa. J31 mismo tribunal enTÍ<^ al fiscal Feraanr 
•dea para que entendiese en la causa que se Cormó, y le asesorase eu tai^ 
complicado juicio: Feniaude» «ondi^o h^ iustruccícues que babriau 
de servir de norma 6 los procedimientos de Alvarado. Hubo mas da 
sesenta presos y fueron castigados de muerte veinte individuos. 

Fsmandea era hombre de letras y clai^ iuteligenoiat Escribió uaa 
importanie '^^elocisa de 2m rfms m swy os $ue0dido9 en «2 Perú dsqraei de la 
amarle del cirejf 2k Aniétti^ delfendoea ydjS la$ otiaeoe de dsndepreoMtteroa*" 
usté cariosa documento de que no se ocuparon los historiadores» no se 
ftm conocido hasta la pubUcaciou, principiada en Madrid 1865, de la Cor 
¡eeeUm dopa^dtB fa^iüíos, tomo 39 página j^. Femaudez no sp^o reArin^ 
los sucesos con limpiesa de estilo y despejados sus relatos de digresio- 
nes encjosss, sino que sujetándolos á su Ano critecio, investigó las saur 
sss principales y Isa que dievon ooasl*u Inmediata ^ los tesatom os que 
sufrió el Perti hasta la muerte del oajj^itau D. Fcaaaísso Hatnandaa Oír 
Ton en tS64. Hemos ctt)Ído útil y paovcehoso cato escrito ^ne nos aervi? 
nC de mucha luz en el artf eula Qkoiu lo tenemos por na yirtruclor vacas 
para el estudio y conoctmieoto de cuanto acaeció en aquella gacrra d^ 
vlly última dA las de su espeeie en tiempo de la aatigna domiaaakm espa- 
ñola. IgooiaaMS cuando y en que lugar ftdlació el liceas^o Femandea. 



£l CAnxAxD. Jujjc-rUiio tU las primcdros vecinos 
^ne tuvo la ciudad de Lima. Fué alcalde de stt.«abildo en el aHo 154P 
y en d dfi ^7. fia había apoderado de^ gobierno del Perú Qonsalo V\t 
zarro» el ^ue venció en la batalla de Afiaquito al piimei: vún^ D. Blas- 
aa Sufisa Vela maefto aUl Ija eseuadi»'que «ataba eu Panamá á eargg 
daD. Pedio Hiuc^osa se había -sometido al liaanciado IX PiMlro de la 
Gasea Oohamador nombca4o por el Jiey, y parte de ella se adelantó 
pxesentásdosa en d Calbu>á órdenea de J). Lorenso Aldana. JhMoo «ut 
▼íó abosdo al alcalde Juan Fernandes par» que q/ncdass en rehenes y 
viniese á Urna algún comisionado qno esplicase las pretenciones da 
Aldaiuk Este lamitió ai capitaa Cristaval de la Pena, quien instó pan» 
que volvieron les de Qoosalo á la obediencia y se reconociese á Q^^ca- 
Nada Jagxó Pafta y eu cuanto se embarcó, regresó á Lima d irfiiald^ 
fteaandea quien engattó oompAetamente á Gonzalo, pepi^tió eu seciia- 
to muchas cartas, d indulto dado por Gasea y piros papdcf que au- 
uMptari^n la agitación qno ezlstiar acelerau^Ase con esto la remirada dp 
Pizarro al Sur, ppr que lo abandgn^ibfui ya.sus mejores soldado^. Ald^ 



222 FER 

na desembinre^ omi sn gente, entró en Lima y mandó á Femandes á 
hacerse cargo do lee bnqnee ou qne se le reconoció como jefe, preetande 
(i8Í Tin evos servicios d la paeifloacion del jiais, 

£1 capitán Jnan ForiMiudez poseía en Lima enatro solares, y en mío 
de elloÁ se hallaba nn oratorio detlieade á San Jnan de Letran de qnien 
era deroto. Híko donación de díeliee solares á la comnoídad de Santa 
Domingo para dar mayor amplitnd al eonrento qne estaba enldiiMS 
coiystniyendose, y al efecto el cabildo prestó Ja aatori2aeio& qne era 
Yiecesntia'. De este hecho no dá onmplida noticia la eróniea qne CMr^ 
h\6 el padre Meloiidoz, b!eñ qne lo refiera de nn modo confuso y iia- 
blando solo de dos solares. Pero nnestro aserto gnarda conformidad 
don le* qtfe dice la ''Estadística de Lima'' obra del Dr. Faontes, el enal 
iigrega qne los* donifnieos en recompensa, dieron á Femandes la poaa^ 
Mi<ñi y patrón sito déla capilla do San Jnan de Letran qoeeakáenel 
templo de Santo Domingo, y tiene todee los privilegios ooneedidos41a 
imagen qne se venera en Roma. £1 padre Melendes dice qne esos sitios 
eran la parte del convenio que abrasaba desde la Veraoraz hasta la 
X>ütiTta que está mas adelante en diroocien al aantnario de Santa Boao; 
y qne la douacio^n la aprobó el fey en )í& de octabre de 1649. 

PiUHAmM^JuAM— Estuvo en Cid«liMVOft cnando la lyeeacion de 
AtahnaUpa^ pero no se halla su uinnbra. en la lleta de los que partaoi- 
paioa dek tesoro raanido por el laea para bu xescate. Tal vea vino en- 
tre la geiile de D. Diego Almagio para Jm coal deatinó el conquistador 
.una canbidadqna iiohay notiola de bu a|»lieaoion por menor. Peíase 
sabe <|ne Fernt^ndea faé socio de D» Sebastian Benal casar» y que mar- 
ché e» «a* aompa&ia citando este reeibi^ óiden de volveine á San Mi- 
guel de SMnra para gobernar ea ese territorio. Allí ee aeiwró Femandea 
disgustado con aquel, y se embarcó para Guatemala donde se unió al 
adelarttade D. Pedro Al varado á quien pond€Rró mucho his ri^necsB^ol 
Pehl^anlmaudole para qne efectuara su ospadlciou y para que oeupaae 
e> rein<> de' Quito, die4endole que ao cataba doiainado por Piaarao i^i 
peHeiiécla á so goberiiaeion« 

CHtegtf^ae Alvarada* desemFbatoó eal^iieptó.VmoauvióaPeniaadcB 
eu'ñn galeón á Moonoaer la ao%ih del Sar del Peiá, (oalcttlando las dea- 
oiéataa legua» asignadas ú Pizarro; y le previno ^tomase p^eesian eoa 
las debidas 4brmálidadefr del territorio» que en mas adelantada latitod 
desonbrietfe. La canipafta de Al varado sobra Quito texvitiié poc la capí- 
'^nlaelon y convenio^ que celebró con- Dt. Diego Almagro aa 1634; y cuan- 
do en el ptkei*eo de Sangalla 1leg<^ esteatt^Mao ¿notiola^dsl pilota F^ifr- 
nandcs se vhio ií Pachacamae, donde be hallaba PiEarro^AsoUaitar el 
perdón <pie le concedió, nombrándolo capitán de la saisnia nave pan 
qne contfnuam'á su cargo. Almagro babea- mandado qae donde aeta* 
tnase á Fernandez le ahorcasen, pues ademaa de ana maksa an tecedantes, 
supo-la bomislou que le oonfirió Alvarado á la costa dei Sor^ pais 
f^ieto para establecer Ifc gebemaefóa del mismo Almagro. • 



IftíL ^$ 

Üolgnot» «1 lector qne el obispo Berldngft combioumlo por el cey^ se 
togveeó i PaimniádeeMiga&Ado (lo no poder kaeer nn njuste razonablo y 
propio en las Arferencias de Pisarro oon Almagro rospeoto al senalamf cu- 
to de los IfmHesde sns zespectiros territorios: y que autos déla mh- 
toooia dad» por ol oomendailor de la Merced BoUadilIa, fnea áchitro 
Boniteado tmt ambas partes, diferentes piloios enittiepsti su parecer 
aoorca de la latitod en qne se conoluian los doeeientas leguas de Piaac- 
ro, designando también Á cnal de los dos teriitoríos correspondería la 
cindad del Ciuoo. Kl voto de Juan Fernandez no era legal por sn enü' 
mistad con Almagra; perofné uno de los qne dieron dictamen en favor 
de Pízarro^ Véanse los artfcnlos Berlanga, Bobadilla y Almagro. 

So sobemos la saerte del piloto Fomandea despnes de los sneesos do 
1697 qne hemos recordado; mas es cierto que con tinao haoiendo vii^ea 
en laa ooetas del Paefñco; Snoontramos en Qay "Historia de Ohile/' 
tomo S?, que el piloto Jnau Femairdez fné el primero que abrevió la 
■avQgaoiou <lel Perli ú Chile, tomando altara para bnscar vientos gone* 
rales. Antes ae baoia por la costa y doraba cinco y seis meses: y dio» 
aqaM autor qne en sn ensayo descxibrió las islas qne llevan su nombre 
y toldé solo trointa dios desde el Callao; añadiendo qne le moleetó la 
Inqoisk^on, bien qno Inego reconoció las veodadcs CRpnostaapor el en- 
tendido piloto. 

£1 primer reconoeimionto de las islas de Jnau Fernaadea segnn Alf> 
ce<lo fné en 1663, v«intisiete arios despnes de la guerra' entre Fiaarroy 
Almagro. Bien alcansa el tiempo para que el descubridor hubiese sido 
el mismo piloto de qnlen tratamos; pero Qay lo mismo qne Mellailoeii 
•Q Diccionario, dicen que el descnbri miento ocurrió en 1571, agregaac> 
d segvndo que Feniamlez nació en Cartagena de Espafia el tillo S&36I 
en este caso es cbiro qne fné otro piloto del mismo uembro. 

nMAIBEE il«?AftBZ--D. Manuri.— Teniente coronel y el último 
gobernador qno tnvo la provincia de &f ainas — ^Véase Meló de Portugal-^ 
D. Pedro. 

nuiR»U M CA9TM AISRAHE T P«ETII«AL--P. Pbdro Ani-qnio 
— Virey del Perú, décimo conde de Icemos, Grande de Bspaa% marqués 
do Sarria y de Gatinara, dnqne de Tanrisane ác. Mny de ligero daremos 
idea <le sn antigua familia, oeíao conviene Á nuestra historia al tratar 
de las personas qne goberuarou cu el Perú. Desde 1328 Alonso XI. ha- 
bla hecha á D. Alvaro Nuftez Osorio Conde de Lemos, do Trastamara y 
Sarria, Per los enlace» de ceta caen, era «lo sangre real desdo el matri- 
monio de D. Fernán Bodrignez do Castro con D? Violente hija de D 
Sancho lY. Enrique IV. biso Á Mouforte de Lfcmos (Galicia) eabeca del 
CiNidado que dtó en 14&7 d D. Podro Alvar es de Osorio, sefior de Cabre- 
ra y <le Si veía, y á en esposa D? Beatria de Castro propietaria por su 
linaje del titulo de Lemos; y tuvo su familia gRindeza de primero ela- 
<». D. Pedro Fomande» do Castro Audrado y Poitugal séi^tiaw C^iidi: 



22Í FBR 

f Hftrqués do Siirriii) fué geatil hombre do táníaxA^ étníbkyador éá fio- 
ma^ Tírey de Ñapólos, preoideuie de loo oobo^úos do iDdias y de Italia/ 
B. Franoiooo, ootavo oondo, fué embajador en Roma y virey do Sioilia» 
manó ea 1037 estando do moi^o do San Bonito' ea Skthaganr. D. Podro 
Fernandos do Castró noreno eonde» fné insigne favoreoedor do lais mv" 
sas y do Migael de Cerrantes SaavodrA, quien faalMndose moribuido lo 
dedioó la obra del Porsílos en 19 de abril do 1616, onoabezando la oarla 
dOD estas palabras d>o nnas TÍojao coplas. 

Con las ansias de 1» moarte 
€ÍTa« sofior esta te eooríbo.'^ 

Él d^imo conde de qnieu' vammi á tratar, tino al Perú de TÍrey á Tos* 
tmnta y tres aílos do sir odaxl, con su espoea D* Ana do Boija hija del 
Octavo daqae de Qandia (Cssi^ dio San Franotaoo de Botja). Su h^o ma- 
yor que despaos fné oL uiAlecimo conde de tAmton y so llamaba D. Go-' 
niex Francisco, nació en Madrid en 16 do ootubro do 1666. Sirvió en la 
marina basta ser capitán genoñil* de las gáleos de Ñapóles en 1701 ^ 
gentil hombro do cámara de Felipe Y, Vi rey de Cordefia en 1702, y ea- 
pitan do gnardim do corps: ostavo coudolEíonulo desde 1600 con el oo^ 
llar dei Toisón de oro y la onoomiond» de Sanoti Spiritns en la orden 
de Alcántara: falleció en 30 do setiembre de Í741. Fué casado con lar 
hermana d«ll diiqvo del Infiantado: en segundas nnpoias con la hija del 
oondo de Qt^fol, y en teveoras oon la hija del duque de Bi^ár. 

MoníbMdtf el viroy del Perd en 1666 por foUeoimiento en ese alio del 
conde de SantisfcoTan, salló do Cadis en uno do los galeones mandados 
por él genenl Príncipe de Monte Sareho el 3 de manso do 1667. Besdtt 
Portobelo eseríbióal venerable Jesuíta limeHo Franolsoo delCasillto 
en 17 de Jnnio por encargo del marqués de Aytona; y as( comoBoaron 
los relaciones que estrechó tanto el virey con dicho Castillo. 

Entró en Lima en 91 de ncrviembre de 1667 y recibió el mando do la 
oudieneia gobernadora que presidia el oidor D. Bernardo Iturrioarra. 
Tuvo en está capital tres hyos: los dos primeros que ftieron D. Salvadat 
y D* Rosa, los bautizó el Arzobispo D. Pedro Villagomez (1668 y 1668), 
y el tercero D. Friraolsco de Boija, nació en 1673: do todos faé padrino 
el citado padre Castillo. 

Kn el articnlo del virey Benavldes oonder de SautlstOvau página 32 
de nuestro tomo S?, oftooimos escribir oon alguna amplitud acerca de 
la rebelión que principió en tiempo de dicho virey, oon gravísimos 
ateittados y escándalos, en el asiento de Layoacota de loe poderosos y 
celebres mineros D. José Salocdo y su hermano D. Gaspar. Para estin- 
l^nir aqnellos disturbios que cada día tomaban mas cuerpo, y hacer 
Castigos que escannen tasen á sus autores, comprendió el conde do Lomos 
desdo su llegada á Linfa, que ora indispensable su presencia en el oitado 
mineral; y así determinó ponerse en marcha á la mayor brevedad como 
lo hizo eiAbarcandose para Arica en Junio de 1668» Pasó á la provincia 
de Pauoarcolla oncamina^diose por Arequipa y con fuerzas competen tes*^ 



FBR 225 

Coottdo Be desoabrieron en 1657 laa uiinoa del corro de Laycacota 
^ímguna encantada ó laguna infernal) el principal asiento qao se formó ooii 
«1 nombre de San Luis de Alva, fuó la oapital de la antigua provincia 
de Pancarcella. £n la parte snperior de aquel cerro existía una laguna 
formada en lo antiguo por los indios, según se decioy con el fin de ocul- 
tar sus riquezas. Con noticias que uno de estos dio en secreto al maes- 
tre decampo D. José Salcedo> que se hallaba disgustado por los atrasos 
qae esperiraentaba en el cerro de San José, se deterninó á pasar con su 
gente á trabiyar en el de Laycacota. Hizo romper un crestón, y reco- 
Bociondo buenos metales, mandó barrenar la laguna; becbo lo cnal des- 
cubrió una Tailosa veta con cantidad grande de plata blanca que se 
ftié sacando á poca costa. Abriéronse las bocas de las "Animas** y do 
''Laycacota la bn^a^" encontrándose en menee de una cuadra metales 
ríqnisimos: de la segunda sacó en nna noche D, Gaspar Salcedo noven- 
ta y tres botas (bolsa piramidal de cuero,) avaluadas en cien mil pesos. 
Be la misma mina se estrajo un volumen de plata macisd) que hubo 
que desbastarlo mucho por que no cabía por el camino, y pesó siete 
fUTTobaii, tan limpia y sin mezcla, que pagado el quinto al rey so le pu- 
so la marca como á barra. A los lados de aquel famoso cerro están los do 
^'Caocbarani y San José," en que hubo activa labor y de considerable 
utilidad, particularmente en el primero. Y á la parte del Norte otro cer- 
ro llamado del ''Azogue,'' que se había esplotado en tiempo del vi rey 
conde de Alva de Liste» produciéndolo en abundancia, y exedieudo su 
calidad al de Hnanca vélica. £1 gobierno mandó cesasen absolutamen- 
te las laboras de este mineral; por que su progreso tenia que ser una 
amenaza á los intereses de las minas de azogue de Espafia» y por eso se 
trató mas tarde de cegar los socabones de Huancavelica. Por último, la 
opulencia del cerro de L^cacota llegó 4 tal punto que podría mirarse 
como fabulosa. 

Los hermanos Salcedo poseyeron inmensa riqueza, fueron may ge- 
nerosos y caritativos» y si bien disponían de un gran partido, no por 
esto se hallaban escudados contra los tiros de la envidia. Fueren creán- 
dose en la crecida población de los minerales diferencias y disturbios; 
luego tomaron cariícter de vi vas enemistades que se incrementaron hasta 
la formación de bandos armados de que brotó la anarquía con todos sus 
estragos. Era una imitación de las horrorosas escenas y combates de 
Potosí; y como en esta villa los desórdenes y atentados los cansaron 
siempre muchos díscolos y tercos vizcaínos, también fueron estos en 
Laycacota el origen primitivo de las turbulencias. El 24 de Junio de 
1665 hubo un sangriento choque entre le gente de Salcedo y la de otros 
minerales, cuyas casas destruyeron por medio del fuego, muriendo (í 
balazos Fray Simón de Miranda Comisario de Jerusalem, y D. Juan 
Campos. 

£1 gobernador D. Andrés Flores de la Parra, Oidor de la audiencia de 

Lima, hizo aprehender á varios individuos y dar garrote al oficial D. 

Francisco Zarate. £1 corregidor de Lampa D. Juan Salazar en ese a&u 

29 



^Sm FEK 

tuvo á sos dzdeuM Ift gente armada de Bftloedo en número de ochoeien'^ 
tas personas qne este mantenía á sn ooeta. El Tirey eonde de Baatíste^ 
Tan envió de gobernador & Pancaroolla á D: Ángel Peredo del ózden 
de Santiago que lo habia sido de Cüile interlnaoiente. Peredo no óbn^ 
eon el acierto y pradenoia que requerían las oireoostenoiaB; y sa par- 
eialidad contra Salcedo puso las oosas-de peor condición, priM^pitaAdo' 
l&eclioB violentos qne vinieron á parar en una completa rebelión con- 
tra la autoridad. El 18 de octnbre del mismo afio 1665 se levantó-nn 
tumulto de resistencia al nneva gobernador, pereciendo algunas per- 
sonas; y hemos leído qne se daban vocer de 'HiiiMni el ms2 gobierno, él rey 
y él papa f^* mas no lo aseguramos como cierto por contradecirse este he- 
cho en otros escritos. En manso de 1666 fnó asaltado el asiento de Ijay- 
eacota por la fuerza del partido de Sidoedo qne estaba en eaupalla y 
se componía de andaluces, criollos y otras naciones. Seempefid-att 
combate con los naturales de Burgos y Yiscaya y bobo muchos robos y 
muertos, fracasando entre estos el gobernador Peredo. 

La audiencia de Lima qne gobernaba por fálleci miento del vivey San^ 
tistevan no consiguió sosegar esta grave turbulencia: sus indultos no* 
prodi\jeron efecto, y menos ím mediación del obispo de Arequipa comi- 
sionado para procurar la paz y aplacar los ánimos y las enconadas pa^ 
sienes. D Gaspar Salcedo construyó un fuerte, nombró oficiales y fundid 
cañones. En tales circunstancias llegó á Pancaroolla el virey conde do 
Lemos, (1668) qnien contuvo los alborotos^ poso término á la Incha y 
abrió'un Juicio sumario-contra sus autores y cómplices, sirviéndole de- 
asesor el oidor de Lima SX Pedro García de Ovalle. Después de la pri- 
sión de muchos y de la fuga de mas de dos mil individuos, fueron Se- 
cutados cuarenta y dos en suplicios p&bltcos, inclusive el maestre de 
Campo D; José Salcedo, sus dependientes y principales amigos: hubo 
setenta llsmados por edictos y pregónos y condenados á muerte en re- 
beidia, uno de ellos J>, Gaspar Salcedo quien después fué conducido á" 
Lima; se le impuso la pena de 6 afLos dé destierro,- et pago de las costas^ 
procesales, y además 12 mil posos. 

Mandó el virey arrasar y asolar la población de Layoaoota que tenia 
mas de tres mil casas; y designó por capital de la provincia el pueblo 
dé Pbno, denominándolo San Carlos de Austria en honor de Carlos II. 
''el hechizado'' que entonces reinaba, y confiriéndole el tftulode villa. 
Está Puno á tres mil novecientos veintitrés metros sobre el nivel del 
mar, y en la latitud austral de quince grados, cincuenta minutos, vein- 
tiocho segundos. Espidió Lemos un indulto, qne mas tarde aprobó el 
consejo; no favorecía á todos, y por lo-mismo hubo mochos qne no se 
acogieron á él por desconfianza. Las poderosas minos de Salcedo nadie 
las disfrutó, pnes ol agua copiosa en que se anegaron no permitió esta^ 
blecer nuevos trabiyos. Visitó el virey la provincia de Chucuito fomen- 
tando el cnlto divino; detúvose en el Santuario de Copacabana; pasó- 
Xiie^o á 1» cindad del Ciizco, y de allí se regresó á Lima en 1669. 

En IVJLidi'lil representó al rey el capitán- D. Mateo Rodríguez de AX- 



FER 227 

«logálwr» enoMgado d« 1* defeoM de los Saloedo^ contra lae violenoiat 
j utrooM heelios del ooitdA doXiOinos, perpetrados con mauifieatalnírac- 
4»ioD de las leyes y de las ritualidades legales de los joioioB. Recusó al 
prosidenie del consejo de Indias Conde de Medellin por parcial y rola- 
•eionado oo& la casa de llenos; j también á los consejeros por diversas 
razones qne cuidó de alegar, solicitando que el rey nomlirase uua junta 
4e ministros qneeonsciera y faUara en los asuntos pendientes. Enta- 
pó sos demandas quejándose con Tehemancia de la sentencia del vi- 
rey contra los dos hermanos, <d®<^ntandola en D. José de una manera 
ignomioiosay y ea otras personas indebida é ii^nstamente. Protestó y 
reclamó del califtcativo dado á los Saloedo de reos de lesa magostad, 
punto en qne los vindicó completamente. Asimismo de la pérdida de 
mas de dos millones de pesca por resultado de la confiscación de sus 
propiedades ; hizo fuertes eacgos al corregidor Peredo; y concluyó do- 
nuneíando qne naos antes esencialísimos para la defensa y justifica- 
ción de B. José Salcedo, habian desaparecido malioiosamente de la 
«soríbamia de cámara del conato quedando perdidos y sin poder repo- 
Aeise» Por real disposioion ejecutoriada, se mandó devolver á D. Gas- 
|iar Saleado todos ios. bienes embargados, pa^jando las costas procesa- 
les» mas doce mil peses que pnso «en la tesorería reaL Diose orden para 
que esa. devolución se vwificase por jaez independiente del virey. Feli- 
sa Y. en 13 de novienbre de 1703, concedió título de marqués de Villa- 
xica de Salcedo al capitán D. José h^o natural del maestre de campo 
D. José Salcedo, libre perpetuamente de media anata por haber cedido 
al Erario ciento cuarenta aúX peses, y en atención á otros créditos qne 
se debían á «a ptkdre y aftaeíof , fuera de los servicios, préstamos y dona- 
tivos que habian hecho á la corona. Existe una obra intitulada*' Estate- 
ra jurídica en defensa del virey conde de Lemos y del Oidor O vallo sobre 
la muerte del maestre de campo D. José Salcedo:'' se' imprimió en 1679. 

Beferiremoa ahora un caso raro y estraSo que debe citarse como único 
en su especie. Al partir el virey para Puno encomendó el mando del 
Tjreiuato no á la audiencia, como hubiera sido arreglado á rosolucio- 
nea vigentes, sino á la joven su esposa D? Añade Borja. Lejos de re- 
probarlo y oponerse los oidores á semejante arbitraria uovodad, se so- 
metieron á ella, y tuvieron por gobernadora á una sonora por de- 
legación de su marido. {Cuantas en los modernos tiempos habrían de^ 
seado por presidente del Perú al conde de LemosI Como este hecho his- 
tórico» por su natnralesa merece comprobarse, diremos que se halla en 
nneatro poder un despacho en forma y original espedido por la condesa 
en favor do uu empleado del tribunal de Cuentas. Véase BorJa D? Ana 
tomo ÍIP página 73. 

£1 conde de Lemos que de una manera tan crncl hizo en Puno los rni- 
dosoa castigos de qne hemos hecho memoria, y nin haber tenido la me- 
nor misericordia con algunas de las víctimas do su rigor inneccsiirio 
é implacable, d^ó en Lima mnchos recuerdos de su vida mística 
;y do sn religiosidad llevada al último grado de la exsgoraciou. Y cu 



298 ÍER 

Terdiul Iiacia cosas estravagantes y basta rfclicola» qne tlesctecian <{e ta 
sensatos y manejo circunspecto de un mandatario de su gerarqnia. Es- 
tas costumbres y hechos, ciertamente no guardaban armonía con sua 
actos despóticos y violentos, reyestidos siempre de una renoorosa dure- 
za, incompatible con la caridad y la indulgencia qiio deben morigen^r el 
subido temple de la Justicia. 

Decía que á serle posible Anidaría ira colegio do la eompafiia de Je- 
sús en cxmU calle de Lima. Al venerable jesuíta Nieolás Mascardí, mi- 
sionero martirizado ]K>r los indios en Chile, le euvió- de limosna áo»> 
cientos ducados con un crecido námero de medallas y estampas de Nues- 
tra Seflora de los Desamparados. En su carta de 4 de Marzo de 1G72 
qne hemos vtstó, se espresó el virey como sigue: ''Muy envidioso me do- 
*' ja y. P. y quisiera po<ler asistirle como hermano coadjutor y cate- 

" quista; Yo mi padre Nicolás soy muy eodioieso, y no quiero do- 

y jar de tener mí logro seguro: en no dándome V. P. una alma para Je- 
" sncristo por cada medalla y cada estampa, do me contento. También 
** pido á y. P. me dé palabra do acordarse de m( delante de Nuestro 8e- 
'' fior en la misa, y hacerme partícipe de sus trabi^os, qne yo, aunque tan 
^ ruin, ofreceré á y. P. desde hoy ú la Santísima yíigen, por qne le al- 
" canee el espíritu do Nuestro padre San Francisco Javier. T plegué H 
'' Dios que cuando su divina magostad fuere servido, sea el mayor peda* 
** zo la oreja, por la predicación del Santo evangelio. Dichoso mil veces 
" y. P. si tal le sucede " 

El conde de Lemos por cada Individuo de los que sentenció á muerte 
eu Laycacota mandó aplicar treinta misas; qne serian mil doscientas se- 
senta, pues do aquellos se contaron cuarenta y dos. Lo mismo hacia por 
todos los reos que se ajusticiaban. Escribe el padre Buendia en la vi- 
da del venerable padre Castillo, que el virey hacia de sacristán en su 
capilla^ suplia por el organista, barría, sacudía las alfombras, atizaba 
las lámparas, componía los ramos de flores &, Que por una hora hacia 
oración, oía dos misas, y comulgaba diarrameiite. Que asistía Á cuan- 
tas fiestas, octavarios y distribuciones religiosas había en Lima: rezaba 
el oficio parvo de Nuestra Sefioray el oficio divino todos los días: el ro- 
sario ¿ coros con ^u familia, fuera de otras devocioues. Estableció en 
Lima la práctica de que todos se arrodillasen eu calles y plazas al anun- 
ciar la campana de la Catedral que en la misa mayor se alzaba el Santí- 
simo, y consiguió para los que tal demostración hiciesen, cuarenta diaa 
de indulgencia. Puso en planta en unión del arzobispo yillagomez el 
Jubileo diai'io en que por tumo se manifestaba el Sacramento en los 
templos. £1 hizo crear la costumbre de tocar plegarias Á las nueve de 
la noche por los que estuviesen en pecado mortal; y en los hospitales 
((110 visitaba servia de rodillas á los enfermos, besándoles las manos y 
«lejandoles limosna. Alojó eu palacio á varios prisioneros ingleses lo« 
grande qne dos abrazasen el catolicismo mediante la iustruooiou que 
IcH diú; mas á otro que falleció, lo lüzo arrojar al campo por que no po^ 
ilo vencer su resisteticia. 



• 



FER 220 

Protegió el virey lat» misionee del Marafion y las de Mojob, dando á 
estas quinientos dncatlos, ornamentos y otros objetos. £n unión de su 
oonfesor el padre Castillo se propuso fundar en Lima an recogimiento 
par» mujeres arrepentidas. Compró en once mil pesos un esi>aoioso so* 
lar á D. Femando de Córdova; (parte del actual monasterio de Santa 
Bosa) y gastó diez mil dosoieutos en fabricar el templo y la easa qne 
«Ijadieó Á dicba institución dedicada á la Purísima Concepeion de Ma- 
ría. La obra terminó en monos de dos años, y para la apertnra se to- 
caron varios inconvenientes; por que después de que mnoluis roigeres 
manifestaron al padre Castillo su resulucion de entrar al beat-erio, 
ala hora precisa daban escasas, y avergonzadas miraron como afren- 
toso el pertenecer á él. £1 virey y Castillo combatieron esta dificultad 
y lograron decidir á nueve con los cuales se hizo la fundación; la vi» 
reina les enviaba el diario alimento. £1 19 de marzo de 1670 se instaló 
el reeogimiento, llevándoselas imágenes en solemne y lucida prooesion, 
y el 28 de mayo tomaron aquellas el bábito: colectáronse muchas li- 
mosnas según disposiciones y exitaeion del virey que biso tomar parto 
en estos dtligenoias ¿ personas notables y al tribunal del Consulado. 

"£u procurar el bien de los pobres indios se mostró no menos cris- 
" tiano que celoso, mirando con lástima su vil cautiverio, que la opre* 
** sion y malos tratos de algunos los han reducido á veces á su ultima 
** perdición. Paradlo tenia señalados en las provincias sogetos desa* 
** pasionadoB y de verdad que le informaban de cuanto pedia remedio. 
'' Prevenía por cartas Á onras y corregidores solicitasen en todo el alir 
** vio de estos misersJAs, y se corrigiesen los abusos.'^ Buendia, vida 
del padre Castillo. 

£1 conde de Lemos dispuso la fnndacíou de nn hospital pora conva- 
leoenoia do los indios que se cnraban en el de Santa ima, aprovechan- 
do de acuerdo con el presbítero D. Antonio Dávtla, del hospital que 
con ignal fin habia esto formado en el local denominado después ''Bar* 
bones." Encargó el virey de la administración de esta easa á los heimar 
nos Belethmitas, cnya venida de Gnatemala habia el mismo pxetandir 
do y apoyado, haeiendo uo pocos gastos y recomendando luego al rey 
el establecimiento en el Perú de esta hospitalaria orden (1078). Yéaa» 
Craz, el Padre Bodrigo de la-*en nuestro tomo 2? p^ina 406. 

Hallábase el consejo de Indias eu rancha perplejidad con respecto á 
la mita de Potosí, en medio de informes y datos interesados á inexactos, 
cnando el conde de Lemos dictaminó que se estingniese, y ss trahi^a- 
sen las minas con solo indios velan tarios. £n decseto de 4 de noviem- 
bre de 1609 prohibió hubiese uuUúí de/aUrífu&rOf 6 snpemumerarios q^o 
servían para lleliar el vacio ds los qne por dinero se sustraían del ser- 
vicio, y de otros que se daban de bi^a. En tiempo de Lemos habia lle- 
gado á reducirse la mita de Potosí á mil ochocientos dieziseis indios, 
qne antes, gobernando el conde de Chinchen, se componía de cuatro 
mil ciento qnince. Este viroy habia impuesto, entro sus adicoiones, 100 
ludios ú La provincia de Chttmbivilcas: mas Lemos la libertó de esta 



230 FER 

carg» por qne sqih) que di<^oB indios se ftpHcalMín ál senriolo personal 
<1e los mineros y otros veoinos. 

El Yírey hizo ejecutar en la plasa de Lima á nn individuo qne mató 
apanaladas ánu sacerdote en lea laTf8|>era del terremoto de 1664. 
Persigoió la desenvoltura y el escándalo qne ocasionaba el nao de Cor- 
tos trajee y atavíos ajenos de la decencia: impuso penas á los transgre- 
sores y reprimió del mismo modo el Iv^o de la plebe. Dictó providen- 
cias contra los desórdenes qne había en Lnrin con motivo de las fiestas 
de San Miguel y comisionó allf á un oidor de la audiencia para qne im- 
pidiera y castigara los ezesos qne se cometían. Asignó á la casa de es- 
IKMiioB tres mil pesos anuales, lo cual aprobó el rey en 1671, y aumen- 
tó después esta pensión á cuatro mil, que se daban por mesadas. En 
tiempo de este virey se hicieron al rey en la capital de Lima cuantió- 
sos|donativos con ocasión de las guerras que agitaban á la metrópoli. 

En virtud de real orden dispuso Lemos que de la tesoreria de Lima 
se enviasen situados á Panamá, ú Chagres, Portobelo y Chepo por no 
haber en dichas placas recursos para pagar las gnamiciones (167S). Oum« 
pliendo oon otro mandato del rey (1670) estableció la celebridad anual 
del octavario de la Purísima en la Catedral de Lima, y con este motivo 
se hicieron suntuosas fiestas que ocasionaron considerables gastos. 

En el artículo Calafre que en nuestro tomo 2? se lee á la página 117, 
referimos como so fabricó al lado del Puente de Lima en 163B una capi- 
lla de que se encargaron los jesuítas, dedicada á Nuestra Sefiora de los 
Desamparados, de cuyo culto y de la predieacion continua se ocupaba 
eü padre Castillo, Allí concurría el virey oondÉMle Lemos á hacer ora- 
clon y Á los ejercicios de la "Escuela de Cristo" que fomentaba. Vamos 
ahora ú escribir de como se edificó el actual templo de esa sagrada ad- 
vocación. El citado padre en unión del virey, qu» por cierto no necesi- 
taba qne en materias de devoción y obras piadosas le inspirase ó ezi- 
tase persona alguna, combinaron el plan de levantar en aquel mismo 
sitio una iglesia digna del objeto á qne destinó Calafre la referida ea- 
pilla. Tomadas todas las providencias preparatorias, al abrirse los ci- 
mientos Lemos, cual otro Constantino en la Basílica de San Pedro, 
oon barreta en mano entre ios obreros los sirvió de guia para el traba- 
jo. Colocóse la primera piedra bendecida por el provincial de la Com- 
paflia el 29 de Junio de 1669, aniversario del natalicio del virey, que- 
dando debajo un cofre con monedas, doonmentos y varias curiosidades 
y también una gran lámina de plata con la insoripcion del caso y los 
nombres del pontífice Clemente IX, del rey Carlos II, del virey Lemos, 
nnobispo Villagomes, y de los padres que ejercían altos puertos en la 
Compaliia do Jesús, proposito general Juan Pablo de Oliva, provincial 
del Perú Luis Jacinto de Contreras y rector del colegio de San Pablo 
Ignacio de las Roelas. 

No pareeia fácil reunir fondos para esta obra. Mas el virey se dio 
trazas para adquirirlos, fuera de lo aueho qne gastó de su peculio. Pro- 
porcionó el padre Jesuíta Rodrigo de Valdes treinta mil peeoá que para 



PER 231 

obras piaa habis <1«tiiKlo el ooptador mayor D. Ajudres Madariaga d« la 
<írden de Santiago: el padre Pedro de Yelasco cedió diez mil ducados, el 
padre Joee Garrido donó tres mil pesos; el padre Pedro Hoscoso diez 
mil en plata y ocho negios para solo el trabi^o, el padre Jnan del Cam- 
po proporcionó también dinero para terminar la obra, y el padre Ja- 
otuto de Arme entrególa cantidad qae Juntó de limosnas dadas para 
laconolaaion de la fachada principal. Bl colegio máximo de San Pa- 
blo contribuyó con todo el material de cal y ladrillo (mas de quince mil 
ducados) &. Lomos visitaba diariamente la fábrica y empleaba sus 
brazos como ol mas humilde Jornalero: hizo cortar piedras de una veta 
de Jaspes que hnbo en la isla de San Lorenzo: iba al Callao á escoger 
las maderas, y con este motivo escribió al padre Castillo desde dicho 
puerto la carta siguiente (10 de febrero de 1G70), que dá suficiente idea 
del estado.de la cabeza de aquel hombre consagrado del todo á las cosas 
religiosas. 

''Padre de mi alma, tenga T. P. muy B. tan santos dias como yo le 
** deseo. Cruel noche de calor ha hecho la pasada y ahora que son las 
" seis y media está en su fuerza; algo so ha de padecer por cumplir la 
" obligación. Estoy esperando la persona que há de llevarlos palos de 
" amarillo, que como bneu esclavo me toca el solicitar lo que toca á 
" mi ama; y bien sabe su magostad que si fuera posible que la cal de 
" la obra de su santa capilla fuera amazada con mi sangre, no hubiera 
" dicha mayor para mí que aunque soy el mas ingrato hombre á núes- 
" «tro Dios, pero por su sacratísima madre y por su divina magestad 
*' primero (claro está) me dejara hacer pedaoicos, como la gloriosísima 
*' Santa Rosa decía. Guárdeme Dios, á Y. P. M. B. en su santa gracia 
" loe muchos afios que deseo y he menester. Hijo de V. P. M. B. El 
** Conde de Lemos.^ 

La imagen de Nuestra Sefiora de los Desamparados se depositó en la 
real capilla de Palacio: su advocación tuvo origen en Valencia, y esta 
ciudad era la jMitria de la vireina D? Ana de Boija, quien x>roveyó á la 
virgen de muy costosas vestiduras y alhajas, agregando muchas cosas 
de plata para servicio del altar. £1 culto que se le dio fué muy solem- 
ne: la escuela de Cristo se constituyó dentro del palacio, allí se hicie- 
ron sus distribuciones, se celebraron diferentes fiestas, fueron á vivir 
varios padres de la compañía, y la casa de gobierno parecia haberse 
trasformado en monasterio. 

Principiaba el afio 1671 cuando se recibió en Lima la infausta nueva 
de haber llegado á Chagres el filibustero inglés Juan Enrique Morgan 
con treinta y siete velas y dos mil hombres. 8e vino por el rio á Pana- 
má y haciéndola rendir á los cuatro días do resistencia, la saqueó to- 
mándose crecido caudal en oro, plata y perlas y llevándose algunos ne- 
gros esclavos. Hizo luego su retirada el 25 de febrero dejando la ciu- 
dad entregada á las llamas y se volvió á Jamaica. El obispo León es- 
cribió que este incendio lo verificaron los mismos del país creyendo 
ahuyentar á los enemigos y evita* sus robos. Dicho |>relado (véase su 



232 nn 

ftrtfoalo) fa6 después el encargado de hacer trasladar la ]>ot>Íiicíoii éé 
Panamá á otro pan^e, como so efectnó; y para lo cual el consulado de 
Lima liizo erogaciones que pasaron de trescientos mil pesos. La noti- 
cia de tan selialada desgracia tardó en venir á Lima, como tardaron 
también los aprestos que se hicieron para enriar nna espediefofi Á Pa- 
namá. Vencidas no pocas dificultades y despnes de machas rogatíyas, 
procesiones y actos religiosos dispuestos por el virey para el bnen éxi- 
to do la campafia, salieron del Callao dieziocho buques con cerca de 
tres mil hombres al mando del maestre de campo general Ü. Luis Iba- 
fiez de Segovia y Cárdenas primor marqués de Corpa. Esta fuerza to- 
flavia recibid aumento en Guayaquil: mas cuando llegó á Panamá pue- 
de decirse no tenia objeto, por que se habian consumado los hechos con 
mucha anticipación, y no existia ya peligro alguno. Fueron considera- 
bles los gastos que causó dicha espedlcion en la cual figuraron muchos 
caballeros de Lima que se ofrecieron á tomar parte en la empresa de 
espnlsar á los invasores, aun formando compañías á sn costa. Acudió 
gente do los provincias y no pocos se alistaron voluntarios y sin suel- 
do. El gobernador presidente y comandante general de Panamá D. 
Juan Pérez de Guzman habia servido como gobernador «le Puerto Rico 
y Cartagena, y recuperó la isla de Santa Catalina cuando en ocasión 
anterior la tomó Morgan. Sufrió un juicio de pesquisa dispuesto por Lie- 
mos en virtud de acusaciones que le hizo el decano de la audiencia D. 
Bernardo Trillo de Figueroa, entrando on su lugar interinamente D. 
Agustinde Bracamente. Se le repuso en sn destino, y después ocurrió la 
pérdida do Panamá que dio mérito á la dcstitucMon ordenaila por el mis- 
mo virey Lemos, quien lo hizo traer preso á Lima para juzgarlo, en- 
viando en su lugar al oidor de esta audiencia D. Francisco Miguel do 
Marichalar. 

Volveremos á los Desamparados cuyo templo de cuarenta y cuatro 
varflb de longitud y veintiuna de latitud, se contniyó con magnificen- 
cia en los objetos y en la calidad de las obras de toda especie que lo 
formaron. Ocho campanas fueron fundidas y las bendijo en un patio 
del palacio el obisiio de Popayau D. Cristoval Borualdo de Quirós. Con- 
cluyóse el edificio á loa dos allos siete meses de constante trabajo, y 
fué bendecido por el mismo prelado el dia dO de enero de 1672. En la 
misa que se celebró con i^ran solemnidad acababan de comulgar el con- 
de y la condesado Lemos cuando entró un soldado á pedirles albricias 
esparciendo el aviso de que habia llegaJo en esos momentos un correo 
de Espafia con la noticia de la canonización de Santa Rosa de Lima, y 
dü San Francisco de Borja ascendiente de la vireina y del mismo con- 
de. Para conducir á la virgen do los Desamparados á su nuevo templo, 
hubo en 2 de febrero de 1672 una procesión de tal manera suntuosa, 
que no se cuenta de ninguna otra igual magnificencia y esplendidez en 
altares, adornos, arcos en las esquinas, colgaduras Ól; en las muchas y 
valiosas andas, carros triunfales llevando diferentes emblemas (en 
uno iban loe hijos del virey ataviados como angeles), y en las costosas 



1f*fík 233 

i[leihostracionesd« un oBteutoso y desniedído lujo. Vciaaso eh el patio de 
{kalacio retratos de sautos y varoues insigues, do los royes, vireyes y 
arzoLispos; y eü lá plaza docoraciouos primorosas y de sabidos precio» 
}o misino que en las calles del tránsito en que los alfombrados, vasijas 
de plata y oro, tapices &, folihat)an nn ooncorso de admirables é inge« 
niosas invenciones. Por último, en parto de la callo do Mercaderes era 
él pavimento de barras de plata bien colocadas, pasando su valor de 
dos millones de ducados. Siguieron lucidas ñestas por ocUo dias en que 
á competencia los predicadores de las órdenes religiosas agotaux>n el 
lisnnto que las motivaba. Por remate de tanta celebridad, hubo autos 
sacramentides que se representaron sobre pasajes de la Sagrada Escri- 
tura. En uno de esos dias se hizo otra pomposa procesión en que los 
caballeros de la orden dfl» Santiago condujeron de la Catedral á los De- 
samparados á San Francisco de Soija qUe faabia sido trece en dicha or- 
den: iban todos con sus mantos capitulares é insignias. £n el quinto 
día se efectuó un certamen poético por el cual se repartieron por pre- 
mio mucbüs alhajas y piezas de plata. Acunáronse medallas en gran 
cantidad y se imprimieron estampas de la virgen de ospeciales gra- 
bados. 

Era tal el afecto de los condes de Lemos al instituto de la compafiia 
do Jesús, que en Monforte de Lemos fundaron á su costa un colegio 
^e jesuítas. T después de enriquecer el templo de los Desamparados 
de Lima con ornamentos, vasos sagrados y muchas cosas de plata, so- 
licitó el virey de la reina gobernadora licencia para erigir en el terre- 
no oontigno, como sucedió, la casa profesa de probación de la com- 
l^aala, habiendo tributado cincuenta mil ducados para su fundación y 
renta. 

Espulsados los jesuitas, la iglesia y convento de los Desamparados 
se destinaron á uu seminario de misioaeros: después hubo oapellanes 
tentados para sostener el culto. Se ha asegurado que las rentas pasa-, 
ban de dieziocho mil pesos: en épocas recientes algunos ingresos se han 
confundido y otros se han a^Undicado á establecimientos de instrucciou 
quedando aquellos reducidos á poco mus de mil pesos. El convento en 
Varias épocas sirvió de cuartel, y eu 1834 fué vendido á un particular. 
Guardause en el altar mayor de dicho templo dos urnas de reliquias de 
«autos y dos cartas escritas y ñrmadas por San Ignacio deLoyola y 
Bou Francisco de Boija. Al lado de la epístola se vé en la pared un ni- 
cho cubierto con una lápida en la cual se lee la inscripción siguiente: 
** Yacen dos huesos del V. P. Antonio Uniz de Montoya, uno del vene- 
** rabio Juan de Allosa, otro del V. P. Francisco del Castillo y el co- 
" razón del E. S. conde do Lomos vii-ey de estos reinos.^' Habia, y acaso 
existen en la sacristía un slUou y una mesa que se dice haber sido del vi- 
rey. También se ha escrito que este colocó en el templo la efigie de San 
Francisco Javier con uua cruz que llovó el Santo en sus (leregrinacio- 
Hüs. Puede ser que el conde hubiese adquirido de su familia estas pren- 
das; mas no que so Ins enviase San Francisco de Borja {(;omo indioa l^i 

30 



^4 FEll 

e^tadfrticft do Lima de 185B), por que este iniirid eu Roma ou 1572, 
un siglo autes de hallarse Lemos en el Per(i. 

Como dice Lorente ''la devoción tuvo scí e dad dorada eu el gobierno 
del conde de Lemos" de qáleu ñor hornos enoon timado la memoria que acer^ 
ca de su administración dcbi<5 dejar á su sncesor. Sin duda le asalta 
la xáuerte cuando. no teuiík Uubajado eso documento, á causa de Laber 
empleado el tiempo casi por entero en ejercicios religiosos. Correspon- 
den al período del conde de Lemos las grandes íiestas con que celebró 
Lima la beatificación de Santa Rosa en 1669, y las de an canonización 
en 1672. DeHcribIr los pormenores de tan esplendidas funciones, seria 
tepetir cansando al lector lo ya dicho en cuanto á las de la Tfrgen do 
los Desamparados. Mas no podiaü las bulas haber llegado en mejor 
época que la del conde do Lomos, á quien fóera imposible qne otro nin- 
gún Tirey sé aproximara en idear y dirigir pompas magestuosas y su- 
blimes en materias <íel culto. Nadie habría podido parecerse á 61 cu la 
inventiva y arte para movef y trasmitir á todios el fuego que lo anima- 
ba: hizo que toda la nobleza se presentase' llevando rosas de brillantes 
pendientes del cuello por una cadena de oro; y se vieron realizados 
tantos otros pensamientos suyos que hicierotí memorables la suntuost-' 
dad y los gastos que se practicaron. £1 fervor y entusiasmo piadoso 
de Lemos no satisfecho con haber desempeñado eou humildad lo» 
oficios de sacristán y de sirviente en el templo y los hospitales, hizo sa 
efecto en otra ocurrencia estra vagan te que tuvo, y fué la de hacer com- 
padre snyo Á un negro africano donado de San Francisco de cuya vir- 
tud se hablaba mucho, y que durante veinte aClos habia trabajado en la 
cocina del convento sin salir á la calle ni una sola vez. 

No se hablan olvidado la incnrsion y los estragos hechos en Panamifi 
por Morgan, cuando asomó otro peligro que con justa razón esparció 
fina alarma semejante á la anteriormente generaliza<la. Recibiéronse 
annncios de que una escuadra inglesa habia aparecido eu la costa al 
Snr de Chile: mas no bien circulaba esta noticia cuando se supo era si 
uó enteramente falsa, por lo menos muy exagorada. En efecto, habia 
fondeado en Yaldivia una fragata do cuarenta cañones, la cual pasó el 
estrecho de Magallanes en 1670 y venia de Jamaica. Desembarcó algu- 
na gente que fuó rechazada por el gobernador en función de armas, 
muriendo no pocos de los invasores, >' quedando entro los prisioneros 
el comandante del buque Carlos Enrique Clerke natural de San Malo. 
A este se le tr^jo Á Lima, fórmeselo cansa que duró muchos años y de- 
elaró ser eomisionado por el gobierno inglés para hacer esploraciones 
en el Pacífico. Véase sh artictUo en el tonwT^ página 395. £1 conde de Le- 
mos tomó li precancion varias providencias á fin de mejorar el estado 
de defensa de los puertos eu que habia el mas comx)leto abandono. 

La comunidad de San Agustín formaba casi siempre qne elogia pre- 
lado, un teatro de rnidosas discordias y atentados escandalosos, que 
obligaban ú la autoridad superior del reino á intervenir hasta con 
fuerza armada para restablecer el órdeu y la disciplina. Eu 1669 una 



FER 235 

minoría de Iob tnMea que intentaba combatir y aniquilar el va1im¡en<' 
to de los padres Urrutia, bnscó el amparo del conde do Lomos en la 
elección de nnero proTÍncIal. El virey tomó el asnnto asa cargo y des- 
pnea de sostener diferentes cnestiones, hizo desterrar del Perú al pre- 
lado enviandolo con nna escolta de soldados al pnerto del Callao. Lue- 
go llenó el convento de tropa y presentándose personalmente espnlsó 
á los principales amigos de los Urmtia, hizo cerrar las imertas y qre 
fie nombrara provincial al padre Lagonilla paisano snyo. Este habia 
sido sn designio, y aprorecbando del estado de anarqnia en qne ]a co- 
munidad se hallaba, lo consiguió por medio de nna votación violent» 
y nula. 

El conde de I^mos dió al puerto del Callao el título de ciudad el 
alio do 1(771: y según escribe Lorente mandó edificar la iglesia matriz 
de Csjnmarca. 

Estaba el virey contraído á disponer otras fiestas qne habrian sido 
tanto 6 mas suntuosas qne las precedentes, (las destinadas á celebrar la 
canonización de San Francisco de Boija y las del octavario de la Pnrf- 
sima Concepción) cuando le atacó una grave enfermedad que debia po- 
ner fin á sus días. Agravóse por momentos sin que los recursos de la 
medicina hubiesen alcanzado á evitar sn pronta muerte. Acaeció el 
día 6 de diciembre do 1672, alio en que contaba el treinta y ocho de su 
edad. Orden.ó y se cumplió exactamente, que no por sn falleoimiento 
se intemimplese la fiesta y celebridad del día 8 y los subsiguientes de- 
dicados á la virgen inmaculada. Así es que mientras el cadáver del 
«onde de Lemos estaba insepulto, los repiques, iluminación y funciones 
de Catedral se efectuaron como si no hubiera sucedido lo que debió ser 
un inconveniente para la realización de esa festividad que habría podi- 
do postergarse. 

Gobernó este virey cinco afíos quince días. Sn entierro fnd en el oo-> 
logio máximo do San Pablo (San Pedro hoy) el dia 10 de diciembre, y 
los padres j ermitas lo hicieron con tal magnificencia, que colgaron el 
templo de razo negro de seda con fhii^as de oro y presentaron en el 
catafalco un monumento de}plata. Lemos ordenó qoe sn corazón se de- 
positase á los pies de la imagen de los Desamparados. El padre Casti» 
lio escribió qne el conde decia ya en sos últimos instantes ''que el De- 
" monio no habia de entrar eu el aposento por que la virgen taparía 
^* la puerta con su manto, y qne esperaba ir al cielo á repicar las eam- 
" panas en la fiesta de la Purísima que allá se celebrara. Agrega qse 
" murió con una llave dorada del camarín de la Virgen, que á soliei- 
** tnd suya le ató bien en una mano, asegurando Lemos que esperaba 
'* abrir las puertas del cielo y que al efecto le enterrasen con ella.'' £1 
*< padre Boeudla refiere que el conde se apareció á una monja en Are- 
** qnipa (1676) entre penas de purgatorio, y en Lima á otms dos almas 
** santas casi al mismo tiempo.'' Que se i-epitieron muchos suft-agios y 
** penitencias hasta que el seflor reveló á una persona de mucha ora- 
" cion, la gloria del dichoso conde al abrigo de la Virgen,^* Concluye 



236 F£R 

" Bneiulia Uicioiulo} on CRtoiio se pretendo dar mas certklumbre qiic 1» 
'^ Immaiia falible.^' 

La condesa vinda de Lomos qne poseía una encomienda de indiofi 
en el Peni, volvió á España y falleció en 23 de .sctiombre de 170G. £1 
padre Castillo tuvo macho qne sufrir entro nUra^os y bnrlas desde qae 
faltó el conde de Lemos: atribnianle los decretos y la neveridad con 
qne el virey había reprimido el lojo, los vicios escandalosos y los des- 
manes de la gente inmoral. 

8e encargó del mando del vireinato la andiencia siendo deeano D. 
Alvaro de Ibarra natural de Lima, y al poco tiempo el oidor D. Tomaa 
Berjon de Cabiedes qne le snbsegnia en antigüedad. Los oidores come* 
tieron algunas tropelías en la persona del vicario general de Santo Do* 
mingo Fray Martin Melendez cnyas patentes re tenia la andiencia á pe- 
sar de ser legales y haber pasado por el consejo. Los religinsos hiei&» 
ion circular copia á los eonventoa de la orden, y este hecho eansó nota* 
ble discordia. Un alcalde del crimen estrajo del clanstro al vicario y Ip 
depoaitó en San Francisco por ocho dias. Kn seguida taé llevado á Pa* 
lacio. donde se lo obligó á reponer al provincial Carrasco á qaien había 
destituido. HIzolo así, y sin embargo se le envió confinado ü Hnánuco 
donde falleció. FéoM 9h artieálo. 

La audiencia otoigó licencia para que se formase nna congregaelon 
de clérigos bajo la regla de San Felipe Neri, á mérito de existir una 
hermandad de la Escuela de Cristo qne hacia sus ejercicios en la igle- 
sia del hospital de San Pedro. Salió para Roma á solicitar la aproba- 
ción el fandxtdor licenciado D. Alonso Biero ((ue fué después el primer 
Prepósito. Véato Micro, Ocupóse mucho la audiencia de mejorar el es- 
tado de atraso de la hacienda en cuyo manejo se advertían no pocoa 
desórdenes. Se adeudaban crecidas cantidades por sueldos ü las tropas^ 
á maestranzas, contratistas y otros acreedores, que fueron pagándose 
con los recursos qne ann quedaban de Ins eonfíseaciones de Laycacota, 
y en circnnstxuicias de haber anuncios de la misma corte acerca de pro- 
bables hostilidades estrangeros en las costas del Pacífico. Se hizo por 
esto urgente cubrir los situados de Valdivia, Chile y Panam^i, au- 
xiliar cou dinero y armas ú Cartagena y Guatemala, reparar las mnra^ 
lias c\el Callao, carenar los buques y construir lanchas de guerra. A 
todo atendió la audiencia, y pora reforzar la» guarniciones levantó seis 
coxupafiias de coracero»; organizó los milicias y hasta el clero tomó ar 
mas. Mandó pagar con puntualidad los azogues, y para frustrar las de- 
frauduciones dictó providencias contra Ips monederos falsos y los que 
alterabau la ley de las barras. 

En breve se disiparon los temores de invasión de enemigos estrafios 
cou la llegada del nuevo virey conde de Castellar, á quien la audiencia 
entregó el poder eu 15 de agosto de 1674, después de haber gobernado 
un aüo, ocho meses diez días. 

FEUiflíDCZ Dü CASTRA Y BOCAI«EIi— D. GxRÓNiMO— natnral del 



FER 237 

l^erto de Santa Maria, secretaría del rey, catMüleríso mayor del Tirey 
mi^rqQée de Castollfaerte. Escribió y publicó en Lima una obra titnla* 
da "Jara del rey Lnis I. aüo 1724. 

nRHAiniEZ DE CDEBOBA— Familia autigna de Lima descendiente 
de las de Eapafia ú qoo perteneció el célebre Gonzalo dnque de Terra- 
noTa conocido por el Gran capitán. Oon el virey D. Andrés Hurtado de 
Mendoza Marqués de Cañete vino al Porú D. Pedro Fernandez de Cor*- 
doba, y pasó á Ciiile con el gobernador D. García hijo de dicho virey, 
K qnieu acompafiaroii otros principales caballeros que se distinguieron 
en la gnerra de Arauco. D. Fernando de Córdoba y Figneroa natnrftl 
de Córdoba, Alcalde ordinario de Lima por cuatro veces, la primera en 
IGOl, casado desde 1588 con D? Juliana Ordofíez Portocarrero y Sand$> 
fnó hermano de D. Gómez, Señor de Belmouto y de la casa de los con- 
des de Priego. D? Juliana nació en Lima, y procedía de D. Francisco 
Sande de la orden de Calatrava, Presidente de Guatemala y del Knevo 
Beino de Granada, ú quien por Justiciero y temerario llamaron el Dr* 
Sangre. D. Lnis Fernandez de Córdoba fué alcalde de Lima en 1620 y 
1623; y ya lo Labia sido de la santa hermandad: era deudo cercano del 
virey marqués de Guadalcazar^ y casado oon D? Catalina Biarroqai d* 
Monte Hermoso, peruana. D. Lnis después de un litigio heredó el mar« 
qnesado, por muerte del virey y de su primogénito D. Francisco Anto-i 
nio que no dejó sucesión masculina. D. Francisco Fernandez de Cóváo^ 
ba, de la orden de Santiago, hijo de D. Luis y de D? Catalina, aaeió ea 
Hoánnoo, heredó el título y casó con D'^ Maria San tillan, hija de 0.. 
Pedro SantiUan Caballero de Sevilla, Alcalde de Lima en 1589 y de D? 
Mencia Cepeda y Villarroel, quienes fundaron en esta capital el mayo- 
ra^o denominado do Hnando. D? Mencia fué bija de D. Hernán Gon*- 
zalez de la Torro y de D? Juana Cepeda y Villarroel. Véase el artículo 
referente á D. nernan. 

Dicho D. Francisco y D? Maria San ti lian tuvieron áD? Luisa que 
casó con el marqués do Baides, cuya nieta foó P? Ana Sarmiento oon* 
desade Salvatierra, Marquesa de Baides, Grande do España: Á D. Luis 
qiio hederó el marquesado de Gnadalcazar y de quien trataremos en 
artículo separado; y á D? Catalina esposa do D. Antonio Feruaudez de 
Córdoba, hijo de D. Fernando á qnicu mencionamos al principio. Da 
este matrJmoMÍo nació D. Fernando de Córdoba que falleció en marcha 
para Haancavclica á donde iba de gobernador. Era este casado oon D^ 
Josefa .Fernandez de Córdoba, y fueron pail^es de D. Lorenzo, 
qnléu contrajo matrimoujo con D? Juana Zuazo y Villarroel. Sus hijas 
casaron, D? Mariana con D. Sebastian de Colmenares Conde de Polen* 
tinos, y D? Maria con D. Alonso Calderón de la Barca. — Véase Zuazo. 

D. Diego Fernandez de Córdoba Señor del Estado de Guadalcazari 
como sus ascendientes, y primer marqués de este nombre, vino (í Ijima 
de virey en ltí22. D. Luis Fernandez de Córdoba y Arce su sobrino, pa- 
só Á Chile de gol>erna<lor y presidente en 1635. Kn Moqnegna P. José 



Í38 PER 

Fornander, de Córdoba y Aj^ailar, ora en 1618 regidor do sn cabtíífo y 
teniente de corregidon jiorteneoia á la misma familia, y de él proee^ 
den los Fernandez do Córdoba de aquella provincia, enlazados eon lev 
Fernandez do Cornejo. 

FERI^AHDEZ DE CORDOTA— D. Di ROO— caballero de la orden de San* 
iiago, gentil hombre de cámara dol rey, primer marqués de Qaadalea- 
zar y Conde de Posadas por Felipe III. Señor dol Estado de Gnadalca- 
zar (Córdoba) y como sus ascendientes, de la autigna 6 ilustre familia 
de Córdoba á que perteneció Gonzalo Daqne de Terranova, conocido 
con el dictado de ^'Gran Capitán" por sns gloriosas bazaftas militates. 
. En el artícalo ''Fernandez do Córdoba," acabamos de hacer mención de 
las personas ramificarías con esta casa qne vivieron en el Perú encalle' 
zando otras, antes y después do la venida del personaje que nos ocupa. 

Eljmarqués de Gnadaleazar era virey de Nueva Espafla donde falle- 
ció su esposa D? Mariana do Riedercr de Paar, sefiora alemana. En la 
capital de M<yico bizo obras pitblicas de mncba utilidad. Felipe III. le 
nombró virey del Perfí, y hornos visto eu el "Gazofilacio'' de I>. Gaspar 
do Escalona unos artículos (parte de alguna instrncclon que el rey díó á 
Guadalcazar) proviniéndole ''procurareis que el beneficio do las minas, 
** que es lo principal, se prosiga, y adelante, ax'^i^'^^^^' jnm ello todo» 
" los medios mas eficaces, que el ingenio puede bailar y descubrir, así 
" en proveer de indios, como osto sea sin su sujeción, y molestia, bien 
" tratados, y pagados, que sobre esto os encargo la conciencia, desear- 

<^ gando lamia.'* En seguida le indicó: ¿de que arbitrios nnevos y 

sin perjncio se podrá usar; qué grangerias se podrían iutrodacir ék. 

La fecha de esta orden, 13 de diciembre de 1020, tres meses antes de 
morir Felipe IIT, prueba que no fné Felipe IV. quien eligió virey del Pe- 
rú á Guadalcazar, oorao dicen vari os cronistas, agregando que esto nom- 
bramiento lo hizo luego que subió al trono. Lo que entendemos es qne 
darla Orden para qne en su eonsecuencía se trasportase el marqués ai 
Perd. Véase el artícnlo, Boija y Aragón D. Francisco, Principe de Es- 
quí! acbe, página 71 tomo 2? cu lo referente á la salida de este del Perú 
sin haber esperado á su sucesor de quien ya tenia noticia. 

Hubo un solo ejemplo de que el virey del Peni pasase á serlo de Mé- 
jico: (D. Luis de Velaseo Marqués de Salinas): pero de este reino vluie* 
ron á Lima nueve en su mismo rango; uno de ellos el marqués de Gua- 
dalcazar qne entró cu esta capital el 25 de Julio de 1C22, recibiendo el 
mando de la audiencia gobenmdora que presidia ol oidor decano D. 
Juan Jiménez de Monta! vo. Creemos qne Guadalcazar fné el pi-imer 
virey á quien so dispensó el pago de dereobos de almojarifazgo por su 
oquipaje y domas pertenencias de familia, concediéndose 12 mil pesos 
para los gastos de su rece])cion. Se lo sefSalaron los treinta mil dneados 
de sueldo que disfVntó su antecesor (diez mil mas que los viroyes de 
Méjico) Trajo en su compafiia dos bijas suyas, D? Mariana y D? Brian- 
da que <lespnet regresaron con él á Eefpafia. 



HíL 



230 



Detjtno de los libros de docamentos oficiales qao existen en el archi<i 
Vo del antiguo cabildo de Lima, sacamos copia do la relación en que 
constan los preparativos, cercuioniasi fiestas & que se liicierou á la en* 
trada del virey marqués de Gnadalcazar, según la piáctica autorizada 
para este caso: en él principió á cumplirse la prohibición de que los vi- 
xeyes entrasen b^jo palio. Como esta relación, por su naturaleza y de- 
talles, no prestaría ningún inteircs Á los que se contriyeran á leerla, nos 
lia parecido bien esclnírla del cuerpo de esto artículo, y publicarla al 
final como un documento curioso 6 liistórioo que hace ver la nsaiiza ^ 
trámites acostumbrados ent<>nces. Consta en ese escrito que el virey 
entes de entrar en la capital^ y ¿ílaspUertas de ella, estando bajo de do- 
cel se arrodillaba á prestar nn juramento especial ante el cabildo. £i 
que se tomó al marqués de Guadalcazar nos dá á conocer los términos 
en que se liacia. 

'*£1 regidor Gkmzalo í'rieto de Abren dijo al virey :^ la ciudad de ios 
" reyes besa á Y. £. las manos, y está con el gusto, que es razón, do 
*^ tener Á V. E, tan cerca para servirle; y como todos los seCores Tire-| 
** yes que han gobernado este reino, antes de entrar en ella, hacen Ju> 
".ramentode guardar sus i)reem i nonct lis, suplica á Y. £. que en con- 
" formidad de esta costumbre mande continuarla y hacerlo" "A lo que 
" respondió; que baria el Juramento que se le pedia, de muy buena ga- 
'' na, y para verificarlo so hincó de rodillas. Encima del sitial, Alonso 
'' deCarriojí I^scribano mayor de cabildo, puso un cnici^o y unanisal, 
-" y abriendo éste dijo ásn S. E; Excnio. Señor ¿Y.E. Jura pot jDios nuestro 
" y seDor, y por Santa Mai'ia sU bendi ta madre, y por las palabras de los 
" saatos evangelios que están en este misal, y por este crucifíjo y se- 
'* fial de cruz, que guardará á esta ciudad de los Reyes, todos los fueros, 
*' franquezas, libertades, preeminencias y mercedes que los reyes núes- 
'* tros sefiores, le han hecho y concedido, y las que do nuevo le hicic- 
" rent A que respondió el virey: Así juro y prometo; y luego dicho ro- 
** gidor (Gonzalo Prieto do Abren le dijoí si así lo hiciere Y. E. Dio^ 
" nuestro sefior le ayude'' ¿l. 

El virey marqués de Gdadatcazar fué muy contraído al trabajo y áe* 
sentpeüo de sos deberes, y ló pmeba as{ el hecho de babor fortfiado ccí-'' 
leceioneKde cartas oficiales, consultas, informes y apuntes de las cosas 
y sncesoB qtte pasaron eii Méjico y en el Perd durante sus períodos res-, 
pectÍFos de mando desde 1612 hasta 1638. Se hallan en tres tomos M. S^ 
«u la librería de Barcia. 

Guadalcazar el alio de 1614 tuvo anuncios do que unos galeones ho- 
landeses se dirigían con designios Kostiles alas costss mejicanas del 
Pacífico. Lnogo puso todo erapeílo en fortificar Acapulco, y tanto esto' 
puerto como otros qucílaron espeditos para dofonderso. Disipado el uíb- 
ligro hizo salir del mismo Acapulco (marzo do 1615) la armada do tres 
bnqnes que tenia destinada á estonder eldescubriniicuto de California. 

Parte del afio do 1623 pasó el marques de Guadalcazar en proveer de 
elementos militares á los puertos del vireinato, estableciendo cu algü- 



24Ú fEl^ 

tOB baterías y onarteles; situó vigías en varios pautos, orgaaizó fuet*- 
2tm de milicia», hlze fandír artillería graesa, dispaso á los habitante» 
para la defensa del tetti torio y para privar de todo recurso ú los ene- 
migos. Los anuncios de una invasión estrangera, fueron en breve no- 
ticias ciertas del riesgo que amenazaba al Perú; y á mérito de ellas dí 
tii«y mnltiplicd stís providencias preparatorias y de arreglo de las 
ftienas que se improvisaron. ^ trasladó al Callao donde perñíaneoid 
4 meses, dejando encargado el despacho <te los asuntos de los indios al 
oidor D. Alberto Acuna. £1 Callao quedó completamente listo para una 
-Hgoroea resistencia, y los buques mercantes fueron encerrados en iti 
fondeadero por medio de cadenas de Úerro y de grandes maderos sóli- 
damente unidos. A principios de 1624 apareció delante de dicho puer- 
to ^ al abrigo de la isla de San Lorenzo donde ancló/ una escuadra ho» 
laBdeaa procedente de Amsterdan al mando del almirante Jacobo (He- 
temita) Clerk, la cual entró al Pacífico por el estrecho de Lo Mayre y 
0e detuvo en la isla de Juan Feítiandei combinando su plan de ataque 
al Callao para ocupar y saquear la capital de Lima. 

Eran once los buques con un total de doscientos noventa y cuatro 
cationes y mil seiscientos treinta y siete hombres de infauteria. Algún 
historiador de Chile asienta que fueron diez mil hombres; que esa ar- 
mada pasó por el Cabo-^e Hornos, y que se dejó ver en la costa chilenav 
0úf eitando á Carvallo y Quiroga agrega que á un ganadero que dio e 
aviso lo ahorcaron por impostor, y para sosegar la alarma que causó. 
El virey reunió en el Callao la iu&nteria española de línea y los nue- 
vos cuerpos de milicias: numerosos escuadrones de caballería cubrían la 
eosta para impedir el desembarco donde se intentase. En ol alistamien- 
to general que se hizO; hubo hasta compañías de cstudiautcs y do ccle- 
silísticos. Existían en el Callao solo dos buques do guerra, la Loreto y 

el San Bartolomé, por hallarse en Panamá otros dos qno salieron con- 
duciendo caudales: ]>ero el virey tuvo la previsión de armar las fuerza» 
sutiles necesarias. 

Los enemigos apresaron algunos buques mercantes y quemaron otro» 
en el puerto. Remitieron varias de sus naves couti-a los puertos de Piscos 
y Guayaquil: en el primero se les rechazó por el vecindario armado que 
se sostuvo con valentía dirigido por el correo mayor D. Diego Carva- 
jal y Vargas á quien envió allí el virey con tropa de las milicias de ca-^ 
balleria: tomaron parto los frailes en las trincheras, y murió uno de 
ellos, Fray Juan do Salas. En Guayaquil el capitán D. José Castro que 
estaba construyendo un galeón de guerra, hizo la mas osforzada defen- 
sSb Clerk lanzó sobre el Callao unbrulot que combatido desde el fuerte 
Guadalcazar lo llevó la corriente á la playa de Bocauegra donde reven- 
tó sin otro efecto que el estremecimiento que se esperimentó aun en la 
«api tal. Varios fueren los ataques que ompefió el enemigo, y todos loa 
vio frustrados por el valor y acierto do los que guardaban el puerto^ 
obedeciendo al animoso virey. Algunos griegos que el holandés teuiar 
catre la trípulacion, conspiraron contra él^ y quisieron asesinarlo. VieiH 



Aosé deeoabier tos lograron fugar míos pocos á quieues se los ñ\6 acogida 
en el Callao. Jacobo los i-oolamó proponiendo nn canje que el virey no 
aceptó, y entonces btzo ahorcar bárbaramente ú los ptisionoros espaüoles 
qne tenia en sn poder. Y Clerk desesperado en medio de sus tristes desen- 
gaños murió do la disenteria que padeció, sepultándosele en la misma isla 
de San Lorenzo; unos han escrito que el 2 de junio, ottos qUe en esta fe- 
cha arrojó el brulot. Hay también variedad de asertos sobre si las es- 
pediciones á Pisco y Guayaquil las envió Clerk antes ó después de ma- 
lograrse el brulot: lo primero es mas probable, pues aquel falleció con- 
uecutivamente. Cualesquiera que sean las diferencias, los holandescjs 
perdieron mucha gente en los cinco meses que duraron sus hostilida- 
des; y el que reemplazó en el mando á Jacobo, se retiró de estos mares 
y en la costa del Brasil tomó la ciudad de Bahia de Todos Santos, do 
donde desalojado mas tarde se regresó eon sus restos á Amsterdan. Dicen 
algunos historiadores que el virey Guadalcazar reunió veinte mil hom« 
bres á sus órdenes en ol Callao: croemos esto imposible atendido el nú- 
mero de habitantes que entonces tenia Lima, poco mas de 30 mil. Es 
cierto qne fuera de las tropas regladas, contó con cuerpos y compaüias 
de milicias en qué Sirvieron todas las personas distinguidas: el paisa- 
m^e suelto, armado y desarmado, que «e Juntó allf fuó crecido, y á esto 
atribuimos que se hubiese ponderado la fuerza empleada en la resis- 
tencia. 

£sta guerra de Jacobo I^ereniita Clerk se halla escrita cou sus deta- 
lles en el tomo 4? de los viajes de dicho almirante. Fray Buenaveutu- 
ttk Salinas y Córdoba también trató do olla cou particulares detalles, 
lo mismo qne B. Francisco Fernandez de Córdoba y el oidor de Lima 
D. Martin López de Iturgoyen. Mas el Virey casi no se-ucupó de tales 
sucesos eu la memoria que dejó á su sucesor el conde de Chinchón. Pe- 
to indica que el contador mayor Francisco López Caravantes llevó 
cuenta especial de todos los gastos hechos y de los aprestos militares 
que demandó la defensa del reino. D. Antonio de León Pinelo en su 
Biblioteca cita nna relación sobre el estado y actitud en que estuvo la 
ciudad de Trtyillo el afio 1624 con motivo de las hostilidades de los ho- 
landeses: se encuentra en la librería do Barcia. 

£1 virey en el mismo aQo de 1624 dictó ó hizo promulgar una piag- 
uiática para abolir la costumbre de andar tapadas las miyeres á pié ó 
■en carrmiúé* Los términos de olla, sus pormenores, y la dureza de las 
penas que contiene, nos han decidido Á copiarla íntegra para recuerdo 
de lo mucho que hizo el gobierno para estinguir ese nao pernicioso que, 
si bien echó profundas raices eu Lima, es evidente que procedió do 
£spa&a donde se eludieron siempre las leyes prohibitivas sobre el par- 
ticular. £1 concilio limeuso de lóS'2 empleó las censuras al resolver la 
corrección de aquella costumbre. Muchas miserea prefirieron no salir 
de sos casas, y otras so presentaron descubiertas en los templos con 

vestidos bordados de uro v pedrería que vallan hasta tres mil pesos. K L 

31 



242 YÉt 

t j«mpo gasió la rigidez y auu los mifimos decretos, cayendo oix olT¡d.ó lé 
iliemorable pragiuática de Guadalcazar. 

**J¿zi la ciadad de loa £üyes^¿ cuatro días del mea de didembre de 1624 
aHos, cl E:¿cmu. Scfior D. Dt^go Fernandez do Córdoba, marqaé3 de Gua- 
dalcazar, virey lugar teuioute del rey nuestro seiior, gobernador y ca- 
];itaii general de cfitos reinos del Perú, tierra firme y Cliile etc. d^o; 
que por cuanto es público y notorio XK>r dijetmiee letfee ^ jfragnuíticae de 
tí. M. estar ordenado y mandad o que ninguna miger de cualquier esta- 
do, calidad y condición que bea, jtueda ir ni andar tapado d roeíro en ma- 
nera alguna en todos sus reinos y sefiorios, sino que cuando salieren de 
casa, los hayan de llevar y lleven descubiertos, por los graves dafios 6 
inconveniente» que de lo eontraiio se habían seguido y esperimenta- 
do; y los se&ores virey es autccesores de S. £., atendiendo y consideran-* 
do la Justificación de lasdiclk» leyes y pragmáticas, y la mucha nece- 
sidad que habia de mandarlas cumplir y guardar en esta ciudad y en 
las demás de estas provincias del Forú^ han ido y fueron proveyendo 
para ello algunos autos del gobierno en diferentes tiempos y ocasio- 
nesi y por no haberse ejecutado con cl rigor, puntualidad y cuidado 
que el cuso requería, so ha ido x>oco á poco olvidando y menoaprecUutdo »a 
cmn^Umiento; y cl exeso de las dichas tapadas ha crecido tanto, que ha 
causado y causa graves daños y c^icáudalus en esta república y turban 
6 inquietan la asistencia y devoción de los templos y de las procesiones' 
y demos actos religiosos que so XH*ocuran hacer para aplacar la ira do 
Dios Kuüstro Scüur que x>er nuestros pecados nos ha enviado y envía 
lautas pérdidas y trabajos, y los enviará mayores, sino se pdne reme- 
dio en corregirlos y castigarlos, en cuya ocasión, los precUcadoree en loé 
pulpitos y oitá» jieTsouas grav es, prudentes y celosas del servicio dé 
!k)los, liiui hecho y hacen particular iustaucia con 8. £. para que del to- 
do mando quitar y quite el abusó dé dichas taxtadas; y últimamente los 
cabildos eclesiástico y seglar de esta ciudad, han pedido y suplicado lo 
mismo en memoriales que para ello han pi*üsentudo, proponieudo mu- 
chas y muy urgentes causas y razones, todo lo cual S. £. lo ha tratado, 
conferido y consultado con la Heal Audiencia y ha sido y es del propio 
X>arecer, sin haber nadie que siga cl contrario. Por tanto: deseando co- 
mo es Justo, acudir al remedio de los dallos € inconvenientes y á que ^ 
vuelva tf entablar y entable precisa 6 inviolablemente la guarda y ob- 
bcrvanicfs de las dichas leyes y pragmáticas reales, y cumpliendo y 
afiadietido lo que para su mejor y mas puntual cumplimiento léha par 
recido y parece ser necesario. 

Por cl teuor de este presento auto maudaba y mandó qne desde el 
Jueves que se contarán cinco días do esto presente mes y ofio, ninguna 
lui^er de cualquier estado, calidad y oondieion que sea, no x^ueda andar ni 
€8tar tapada cotí él manto, 6 en otra manera yendo por las calles de esta 
ciudad ó por la alameda y demás salidas de ella, así cuando fueren y 
anduvieren á pié como cu coches ó en sillas de manos, 6 cuando estu- 
viesen cu los balceiivs y ventanas, sino qne todas han de traer y trai« 



VER 243 

f^n ioB rostros deeeQbicTtos para qno pnetlan ser Yistni) j eonocklas y 
cada enftl sea «stiroada y tenida por (|ii¡en es, y por el buen ejemplo 
^ne dieren con sn proceder, y esto se faaya de guardar y gnarde mneho 
mas apretadantente cnando cstnUioren ea 7m igletiaf ó on los elanstros 
de ]oo conventos los días qne bay procesiones en ellos, pncs la oirennSi* 
tancia y decencia fiel tienpo y logar, reqaieren mayor honestidad y 
recate^ qse las qne contraviniendo á esta prohibición, fnesen halladas 
y aprendidas eetando tapadas, ó se probare y aveñgaaie con informa- 
ción bastante qne lo han estado, tenf^n ptrétído y pierdan por el mismo 
ciftBo él «Mato con que se taparen, .el cnal 8. 1$. aplica al alguacil ó .^o- 
pntor qno se le quitare 6 donnnoiare, y ademas de oso las condena en 
$0 jM»«Qf de 46 reales aplicados por tercias partos, cámara, Jues y de- 
nunciante, y en diez días de cárcel; con declaración qno la qne asi so 
bailare tapada «i fuere mm^ nobie^ lo cnal no se presume porque dcsi 
pues de publicado esto auto, las qne lo fueren han de tener esto por cas 
so de menos valer, sea lajpr¿«íoa y earoéleria en casa de un ^gnacil 6 al 
arbitrio del juez qne de la causa conociere; y si las tales tapadas fue* 
^n negras 6 mulatas 6 me^izas han do tener y tengan la pena misma 
pecuniaria y dd mantOy y treinta dio» de oánsel, y por la segunda vez la pro- 
pia pena, con masdeetierro de esta ciudad por vn eí$p; y cnando las dichas 
tapadas f*ieron en pool^es, ademas do la4 dichas penas qne se han do 
entender y ejecutar particulijkrQiente contra cada una de las que fueren 
C|i A, se han de femar y quitar y tomen y quUe» porperdídae loe mulo» del 
dicho coche, aplicado su precio y valor por torcías partes en la forma que 
va referida, aunque se pruebo y averigüe quelel coche no. e$ delaa que en el 
9e liaXtaeen tapadas, porqno desdo luego so advierte y aperc¡l>o á los 
flueflos de ellos qno prestándolos ü quien incurra en lo sq.s^dicho, les. 
lia do alcanzar esta parto de condenación. Que por e^ai^to la osperien- 
cía ha mostrado qne on los templos y lugares sagrqdos no están algunos 
hombres con la decencia, rcApeto y veneración que deben, so ponen ^ 
hablar pública y escandalosamente oo» las iqu/eraf, n^anda ansí mismo 
S. E. que de aquí en adelante ningnn liombro de cualquier estado, cali? 
ciad y condición qne sea, hablo ni platique con las dichas mvjeres en laa 
Iglesias ni sus cementerios, n\ en Iqs claustros de los conventos cuando 
nndan procesiones "poT fiWo^j pewfk de c\£n peson aplicados por tercias parr 
tes y la espada y daga yí^rdidíi qno se /iplica al algnacil 6 ejecutor, y de 
20 días de cdrcd, Y para que todo lo dicho tenga mejor y nías cnniplida 
«fecto, S. E. encarga á los sefiorcs alcaldes de corte de la Real Audiencia 
de esta cindad, y ordena y mnnda á Ion alcaldes ordinarios de eUa y á 
los alguaciles mayores y á sns tenientes del gobierno y porteros de vara, 
y á otros cualesquiera alguaciles qne la trajeren, annqno sea de comi- 
siones particulares, que tengan especial vigilancia y cuidado on seguir y 
Aprender y ea9t\gar\ti% tapndas en la f.irma reforíd.'), nín dispensar ni di- 
flimnlsr con ninguna por cnnsa ni respeto alguno, y qne cualesquiera 
personas pnedan dennnciar de ellas. Y que so les npliiine lo qne les per- 
teneciere de las dichas condenacíou<»s, y lo mismo se entienda en euan^ 



242 fÉt 

trampo gusió 1» rigidez y auu los mismos decretos, cayendo cu olvido ¿1^ 
lüemorable pragmática de Guodalcazar. 

^*Ku la ciadad de los li^yos^á cuatro días del mes de ditíembre de 1624 
uíío^f cl Excmu. Bofior D. Dtego Fernandez do Córdoba, marqués de Gua- 
dalcazar, virey lugar teuioute del rey uuestro seiior, gobernador y ca- 
X>itaii güueral do eatos reiuos del Perú, tierra firme y CUile etc. dgo: 
que i.K>r cuauto es público y uotorio jvoi d(;efente» leyes y j^ragmátioae de 
tí, M, estar ordenado y maudad o que ninguna mi\ier do cualquier esta- 
do, cali<lad y condición que ¿eu, jMiedair ni andar tapado et rostro en ma- 
nera alguna en todos sus reinos y seliorios, sino que cuando salieren de 
casa, los hayan de llevar y lleven descubiertos, por los graves daQos ó 
inconveniente» que de lo contraiio se habían seguido y esperimenta- 
do; y los seüores vireyes autccesorea de S. £., atendiendo y consideran-' 
do la Justificación de lasdiclkis leyes y pragmáticas, y la mucha nece- 
sidad que habia de mandarlas cumplir y guardar en esta ciudad y en 
las demás de estas provincias del Perú, han ido y fueron proveyendo' 
para oUo algunos antos del gobierno en diferentes tiempos y ocasio- 
nes; y por no haberse ejecutado con cl rigor, puntualidad y cuidado 
que el cuso requería, so ha ido poco á poco olvidando y menospreciando sa 
cumplimiento; y el exeso de las dichas tapadas ha crecido tanto, que ha 
cansado y causa graves daüos y c¿icáudalos en esta república y turban 
é inquietan la asistencia y devoción de los templos y de las procesiones' 
y demás actos religiosos que se procuran hacer para aplacar la ira de 
Dios Nuestro Sc&ur que itot nuestros pecados nos ha enviado y euvia 
tantas pérdidas y tfabig'os, y los enviará mayores, sino se pdne reme- 
dio en corregirlos y costigailos, en cuya ocasión, los predicadores eñ los 
jpií(pito« y otras personas grav es, itrudentes y celosas del servicio dé 
!Dios, liiui hecho y hacen particular instancia con S. £. para que del to- 
do mande quitar y quite el abusó dé dichas tax>adáS; y últimamente los 
cabildos eclesiástico y seglar de esta ciudad, han pedido y suplicado 16 
mismo en memoriales qao para ello hau presentado, proponiendo mu- 
chas y muy urgentes causas y razones, todo lo cual S. £. lo ha tratado^ 
conferido y consultado con la Keol Audiencia y ha sido y es del propio 
parecer, sin haber nadie que siga cl contrario. Por tanto: deseando co- 
mo es justo, acudir cl remedio de los da£os é inconvenientes y á que i» 
vuelva á entablar y entable precisa é inviolablemente la guarda y ob- 
bcrVancTs de las dichas h^y es y pragmáticas reales, y cumpliendo y 
añadiendo lo que para su mejor y mas puntual cumplimiento lé&a par 
recido y parece ser necesario. 

Por el tenor de este presente auto mandaba y mandó qno desde el 
Jueves que se contarán cinco dias do este presente mes y aiSo, ninguna 
mojer de cualquier estado, calidad y condición que sea, no pueda andar ni 
estar tapada con el manto, 6 en otra manera yendo x>or las calles de esta 
ciudad 6 por la alameda y demás salidas de ella, así cuando fueren y 
anduvieren á pié como cu coches ó en sillas de manos, 6 cuando estu- 
viesen cu los balcenc» y ventanas, sino que todas han de traer y trai^ 



7B11 243 

f^Ti Í4iB TostroB deecnbicTtos pnro qxio puedan sor Tistns y conocitlas jr 
xsacla enal sea estimada y tenida por f^níon es, y por el bnen ejemplo 
^ne dieren oon su proceder, y esto se faaya de guardar y gnarde mucho 
mas apretadamente cuando cstnbisren en hu igUtUu 6 en los olanstros 
de los coDTentos los días que hay procesiones en ellos, pnos la eircnnsr 
tanoía y deeenoia del tiempo y Ingar, reqaieren mayor honestidad y 
reeato; que las qne contraTÍniendo á esta prohibición, fnesen halladas 
y aprendidas estando tapadas, ó se probare y arerignare con informa- 
ción bastante qne lo han estado, tenffan perdido y pierdan i)or el mismo 
ciftBo él manió oon qne se taparen, isl cnal 8. ]$. aplica al algnaoil ó qio- 
pntor que se le quitare 6 donnnoiare, y ademas de eso Jas condena en 
$0 jM»«Qf de úQ reales aplicados por tercias partos, eíSmara, jaez y de- 
nnncianto, y en diez dias do cárcel; con declaración qno la qne asi so 
hallare tapada «i fuere nnnjer nMe, lo cnal no se presume porque dos-, 
pues de publicado esto auto, las qne lo fueren han de tener esto por cas 
so de menos Taler, sea lajpr¿««oa y earoéleria en casa de nn aguacil 6 al 
arbitrio del juez que de la causa conoejore; y si las tales tapadas fnc^ 
^n negras 6 mulatas 6 mestizas han do toner y tengan lajpeaa misma 
pecuniaria y del manto, y treinta dios de eároel, y por la segunda rez la pro- 
pia pena, con moa deetierro de eeia ciudad por un a^o; y cuando las dichas 
tapadas f*ieren en podres, ademas do la4 dichas penas qne se han do 
entender y ejecutar particularmente contra cada una de las que fueren 
en A, se )iao de iomar y quitar y tomen y qiUte» por perdídae las muías del 
dkiho eochef aplicado su precio y valor por tercias partes en la forma que 
VA referida, aunque se pruebo y averigüe quelel coohe no. es dotas que en el 
oe haUaaen tapadas, porque desdo luego so advierte y apercibo á los 
flneflos de ellos qno prestándolos á quien incurra en lo su.sodicho, le^. 
liA do alcanzar esta parte de condenación. Que por e^ai^to la osperíen- 
cia ha mostraclo qne en los templos y lugares sagrados no están algunos 
hombres con la decencia, rcRpeto y veneración que deben, so ponen i( 
hablar pública y escandalosamente con las nfujere^j manda ansi mismo 
8. E. que de oqní en adc1ant<e ningún hombro de cualquier estado, cali? 
«lad y condición qno sea, bable ni platique con las dieiuis mujeres en la^ 
S^lesiasni sus cementerios, ni en Iqs claustros do los conventos cuando 
4indan procesiones por eUoñf pena de cien pesos aplicados por tercias parr 
tes y la espada y daga perdida qne se fiplica al algnacil 6 ejecutor, y de 
20 días de cárcel. Y para que t.o<lo lo dicho tenga mejor y nías, cnmplidot 
«fecto, S. E. encarga á los seüorcs alcaldes de corte de la Real Audiencia 
de esta cindad, y ordena y manda á los alcnldea ordinarios de eUa y á 
Jos alguaciles mayores y lí sws tenientes del gobierno y porteros de vara, 
y á otros cualesquiera alguaciles qne la trajeren, annqno sea de comí- 
inioncs particulares, qne tengan cspecinl vigilancia y cuidado on seguir y 
ñprendery eaaff^or las tapadas en la f«)rma refíifííla, sin dispensar ni di- 
simular con ninguna por cansa ni rí»8peto alguno, y qne cnalesqniera 
personas puedan denunciar de ellas. Y que so los aplique lo qne les per- 
teneciere de las dichas con den ación <;s, y lo mismo se entienda en cuan- 



242 ¥M 

ti«ui2)0 gasió 1& rigidez y auu los mismos decretos, cayeudo cu olviáo íé 
iliemorable pragmática de Guodalcazar. 

*'Eu la ciadad de los Koyoslá cuatro días del niea de diciembre de 1624 
aíioiff cl Exorno. Señor D. Diego Feniandex de Córdoba, marqués de Qua- 
dalcazar, virey lugar toutoute del rey uueatro ae&or, gobernador y ca- 
];itau gcueral do catoa reiuos del Perúi tierra firme y Cliile etc. dgo; 
que porcuauto es pdiblico y notorio iK>r diferente» leyes y jfraffmdücae de 
a, M. estar ordenado y maudad o que ninguna mi:Jer do cualquier estia- 
dO; calidad y condición que beu, pueda ir ni andar lapada el rostro en ma- 
nera alguna en todos sus reinos y sefiorioSi sino que cuando salieren do 
casa» los Layan de llevar y lleven descubiertos, por los graves daños 6 
inconvenientes que de lo eontraiio se habían seguido y esperimonta- 
do; y los seüores vlreyes antecesores de S. £., atendiendo y cónsidenuí^* 
do la Justificación de laís dicbús leyes y pragmáticas, y la mucha nece- 
sidad que habia de mandarlas cumplir y guardar en esta ciudad y en 
las domas de estas provincia» del Porú^ han ido y fueron proveyendo' 
para ello algunos autos del gobierno en diferentes tiempos y ocasio- 
nes; y por no haberse ejecutado con el rigor, puntualidad y cuidado 
que el cuso requeriai so ha ido poco á poco olvidando y tnenosjprecioHdo sa 
cumplimiento; y el exeso do los dichos tapadas ha crecido tanto, que ha 
causado y causa graves dafioa y Cücáudalos en esta repdblica y turban 
6 inquietan la asistencia y devoción de los templos y de las procesiones' 
y demos actos religiosos que so procuran hacer para aplacar la ira do 
Dios Nuestro Sc&ur que por nuestros pecados nos ha enviado y envía 
tontos perdidos y tfobigos, y los enviará mayores, sino se pone renie- 
dio en corregirlos y castigarlos, en cuya ocasión, los preéUoadores eñ los 
púljntos y otsúñftevsouüs grav es, prudentes y celosas del servicio d^ 
Dios, lian hecho y hocen porticulor iustoucia con S. £. pora que del to- 
do mande quitor y quite el obuso de dfchas taxtodoS; y últimamente los 
cobildos eclesiástico y seglar do esta ciudad, hon pedido y sui^licado lo 
zuismo en memoriales qac para ello han ptesent;ido, proponiendo mu- 
chos y muy urgentes cousas y rozones, todo lo cual S. £. lo ha tratado^ 
conferido y consultado con la Heol Audiencia y ha sido y es del propio 
parecer, sin haber nadie que siga el contrario. Por tonto: deseoudo co- 
mo es Justo, acudir ol remedio de los daños € inconvenientes y á que ele 
vuelva IT entablar y entable precisa 6 inviolablemente la guarda y ob- 
bcrvOñcfa de las dichos leyes y pragmáticos reales, y cumpliendo y 
añadiciido lo que para su mejor y mas puntual cumplimiento Icf "fia p^ar 
recído y poroce ser necesario. 

Por el tcuor de este presente auto moudoba y mandó qne desde el 
J noves que se contarán cinco dias do este x>resente mes y año, ninguna 
mi^er do cualquier estado, calidad y condición que sea, no ¿meda andar ni 
€star tapada con él manto, 6 en otra manera yendo por los col les de esta 
ciudad ó por la alameda y demás salidas de ella, así cuando fueren y 
anduvieren á pié como en coches 6 en sillas de manos, 6 cuando cstn- 
TÍchcn cu los balceiK'H y ventanas, sino qne todos hon de troer y trai« 



FETt 243 

g^n ion Tosirofl descubtcitos para qxio puedan ser YistiiA j eonocHlnfi y 
£iula enal sea ostliiMula y tenida por qnion es, y por el bnen ejemplo 
i^ne dieren con un proceder, y esto se baya de guardar y gnarde mncho 
tnaa apretadamente cnando cstnbicren en Jat igletiat 6 en los olanstros 
de loe conTentos loe dios qne hay proee^ones en ellos, pncs la eircnnsr 
tanoia y decencia del tieiapo y Ingar, reqvíeren mayor honestidad y 
reoato: qse las qne eontraviniendo á esta prohibición, fnesen halladas 
y aprendidas estando tapadas, ó se pTQl>aTe y arerigoare con informa- 
ción bastante qne lo han estado, tengan perdido y pierdan por el mismo 
ciaao él maato con que se taparen, isl cnal 8. J$. aplica al algnaoíl ú «de* 
cntor que se le qnitare ó denunciare, y adenias de oso las condena cu 
^jM»«Qf de 4d reales aplicarlos por tercias partos, cíSmara, jacas y de- 
nunciante, y en diez días do cárcel; con declaración qno la qne asi so 
hallare tapada el fuere mnjer noble, lo cnal no se presume porque dos-, 
pues de publicado esto auto, las qne lo fueren han de tenor esto por oa^ 
ao de menos Talar, sea laprieion y earoeleria en casa do un ^Ignaoil 6 al 
arbitrio del juez qne de la causa conociere; y si las tales tapadas fac^ 
jren negras 6 mnlatas 6 mestizas han do toner y tengan lajpeaa niama 
pecuniaria y del manto, y treinta dios de oárcel, y por la segunda vez la pro- 
pia pena, con mae dceüerro de eela ciudad por nn aí^; y cuando las dichas 
tapadas f*iwcn en pocl^es^ ademas do las «JicUas penas qne so han do 
entender y ejecutar particuli|imiente contra cada una de las que fueren 
en ^, se )ian de fofR4ir y quitar y tomen y §iUlenporperdída9 las mulae del 
dkho oQekóf aplicado su precio y valor por tercias partos en la forma que 
va referida, aunque se pmebo y averigüe quelél coéhe no. es de loe que en el 
se hallasen tapadas, porque desdo Inego so advierto y apercilM) Á los 
duefios de ellos qno prestándolos á quien incurra en lo susodicho, le^ 
ha do alcanzar esta parte de condenación. Que por e^ai^to la osperíen- 
cia ha mostraclo qne en los tsmplos y lugares sagrt^dos no están algunos 
hombres con la decencia, rcRpeto y veneración que deben, se ponen ^ 
hablar pública y escandalosamente con las n^ujere^f n;anda ansi mismo 
8. E. qne de aquí en adelante ningnn hombro de cualquier estado, cali-> 
dad y condición qno sea, hablo ni platique con las diehas mujeres en la^ 
Sglesian ni sus cementerios, n\ en Iqs claustros de los conventos cuando 
andan procesiones jioT eWoñ, 'penti de cien pesos aplicados por torcías par- 
tes y la espada y daga perdida qno se fiplica al alguacil 6 cjocntor, y de 
20 días de cárcel. Y para qno todo lo dicho tonga mejor y mas cumplida 
efecto, 8. E. encarga á los seflorcs alcaldes de corte de la Real Audiencia 
de esta ciudad, y ordena y manda & Ion alcaldes ordinarios de ell.a y á 
los alguaciles mayores y á sus tenientes de! gobierno y porteros de vara, 
y á otros cualesquiera alguaciles qne la trajeren, annqno sea de comi- 
aionce particulares, qne tengan especial vigilancia y cuidado on seguir ¡f 
ñprendery eaetígarlM tapadas en la forma refitríd;), híu dispensar ni di- 
almnlsr con ninguna por cnnsa ni respeto alguno, y qne cunlcsqniera 
personas puedan denuncinr de ellas. Y que so les npliquo lo que les per- 
teneciere de las dichas condenac1n!i<;s, y lo mismo se entienda en cuan* 



244 FER 

to á los hombre» qno hablaven con mi\jereB en Inft ígledins. Y qno todo 
)o contenido en este aato se haya de guardar asi mismo en el pnerto del 
Callao de esta oindad y en las demás eiudade s, villas y logases de este 
reino donde S. £. lo m.andará enviar y pnb licar para el diebo efeeto y 
para qne nadie paeda pretender ignoranola se pregone pMimmmte Ina- 
go en esta oindad en la plaia de 011% y en las castro calles y demás par- 
tes acostumbradas, para qne venga á n otieia de todos, y asi proveyó 
mandó y firmó; £1 marqnés de Gnadaloajsar«— Ante mi, i>, Jom de Cáe§^ 
res y Vlloa.^ 

No era el marqn^i de Gnadalcazar favorecedor de la inqnisícfoa, con* 
tra la onal abrigaba fnertes prevenoiones qne desdén Inego no podía ma- 
niftstar en lo pAblioo. No fomentó ni apoyó las tiránicas ideas deaqnel 
tribnnal; mas el poder del virey no alcanzaba Á evitar los antos de fé y 
los snpHoios á qne eran condenadas diferentes víctimas. El único anta 
qne tnvo efecto en el tiempo de sn gobierno fhé el de 24 do diciembre 
de 1635 celebrado en la plaea mayor, y coya descripción se halla en una 
de los libros de documentos oficiales del antigua cabildo de Lima. Hn- 
bo veintionatro personas de ambos sexos convencidas de diversos deli- 
tos. Los portngneses Diego de Aranda y Jnan de Acnfia Noronha pere^ 
eieron en la hoguera: qnemiSronse los cadáveres de Garci Méndez de 
Bnefias qne se ahorcó el dia anterior, y del presbítero Manuel Nnfiez de 
Almeyda qnemnfló por no haber querido tomar alimentó desde qne en- 
tró en la prisión. Hallóse oon los penitenciados la célebre Inés de Cas- 
tro llamada la voladoraj y al arrojar al fnego sus papeles calificados de 
escritos heréticos, gritaba "echa floree.'' 

El vircy Guadal ca star prohibió en 1624 anduviesen los seglares en 
mochos y muías para íbmcntar de este modo laa crias do caballos, lo 
cual con otras providencias no había podido conseguirse. Recien ingre- 
só al vireinato dio orden (12 de Setiembre de 1622) para qne en Lima 
nadie vendiese géneros por las ca lies. Esto mismo dispuao afios antes e\ 
virey Toledo en virtud de una real ónien, y se percibe con claridad qne 
semejante providencia nació del influjo de los tenderos á quienes no 
con venia qno los mercach ifles llevasen á las casas efectos qne por lo re-^ 
guiar vendían Á precios equitativos, conformándose con moderada uti- 
lidad. Las dichos prohibiciones fueron violadas después porlosviro^ 
yes que concedían licencias para ese ejerc icio; exepcionns de suyo odio- 
sas y de qne no disfrutaban los qne carecían de favor. 

En la provincia de Moquegna dos partidos, á cual mss obstinado, te- 
nían dividido el vecindario, alt-ersda la buena armonía y aveces hasta 
la tranquilidad. Crecido número de personas habian edificado fincas y 
vivían en una población (Moqnegna) en qne deseaban se estableciese 
la capital. Formaban el otro bando los qne tenían sns poeesioues y ha* 
bit¡vbnn en la villa situada al otro lado del rio. Fné snfnndador el vi- 
rey príncipe de EHqnilache quien la denominó San Francisco de Boij* 
de EHqnilache y ocupaba la misma localidad del antiguo pueblo de Es- 



FER 245 

capngnA donde Ida primeros oonqnistadorcA erigieron la igleeii» parro* 
qiiial do San Sebaetian. 

Caneadoa ya de laa diaoordiaa qne habían oreado profhodaB enomia- 
tadea, loe prinetpalee mantenedores de tan irregniar sitaaoion tavieron 
el bnen sentido de dar oidos á loe sanos consejos de los misioneros je- 
Bsiitaa Diego de Baranda y Juan Bautista Cbaeon, qne estaban en Mo- 
qnegna oonpados de la predioaeion por encargo del obispo de Areqni- 
jM D. Fray Pedro Perea. Empeftados en qne la concordia se reetable* 
eieee coaatgnieTon qne los dos bandos se hablasen y amistasen, abra- 
zándose en la iglesia. Celebróse una transaoion qne se elevó á escritu- 
ra publica en 85 de Mayo de 1684, y por ana de sns prineipales olánsu- 
las se obligaron á estar y pasar por la sentencia qne el virey diese en el 
pleito qne ya doraba seis aflos. Comprometiéronse á qne en el caso de 
resolverse qne la villa subsistiese en el alto, no serían los del otro par> 
tido precisados á vivir allf oontra sn voluntad, ni á destruir sus fábrí- 
eaa. Y qne si la deoision era en sentido contrario, tendri an igual dere- 
cho y libertad los del bando de arriba. Xjos indios de repartimleiito 
serian comunes y aplicables á unos y otros proptetaríos. 

£1 marqués de Gnadalcasar espidió su folio en Abril de 1685, deter- 
minando que en la parte bi^a se fundase la capital con título de yilla 
de Santa Catalina de Guadaleaoar, valle de Moqnegua, provincia de 
Coleauyos. Ija población qne allí babia se llamaba pneblo de Moqnegua 
del patrimonio real del Perd, y el primer instrumento qne se estendió 
eon la nueva denominación ítaé en 10 de Mayo de 1625. Desde mucho 
antes era patrona de Moqnegua Santa Catalina de Alejandría, ignortfn» 
dose el origen de que la iglesia tnviese esa advocación. En su dia so 
solemnizaba después la fiesta paseando el estandarte del Cabildo [95 
de Noviembre.] Estos y otros datos tomamos hoce tiempo de los proto* 
oolos de la eseribania publica de Moquegna. 

En ese afio de 1085 llegó á tal estremo la necesidad de subsistencias 
en Conoepolon de Chile, qne siendo insnfioientes los auxilios qne se 
prestaban desde Santiago, se apeló al recurso de enviar á la ooeta del 
Perd en demanda de granos, y se compraron en abundancia. Conser- 
vábanse laa fronteras de aquel vaiuo bi^o un plan meramente defensi* 
yo y preeautorío qne so habia adoptado con meditación, pareciendo que 
convenía á las eireunstancias. No sabemos sieso sistema sería acorta* 
do; mas el virey €hiadaleasar lo interrumpió haciendo romper de nue- 
vo las hostilidades eontra loa araneanos. Sn decisión partió de aonerd^^ 
de la eorte, y esta querría estender á sns i|ias lejanas posesiones el es- 
píritu belicoso que la dominaba. El virey nombró en 1685 gobernador 
y presidente de Chile á su sobrino D. Luis de Córdoba y Arce, qne era 
general de la mar del Snd y del presidio del Callao, reemplazándolo en 
este puesto D. Femando Caatro. Aquel llegó á Concepción en Mayo de 
dicho afio, y emprendió diferentes operaciones en tan diOcil guena, do 
que reaultaron oonooidas ventilas. La real orden para que se tomara la 
ofensiva se dio en Abril, mas no se recibió hasta Enero de 1096. La 



?4IV FER 

fnoToX ImbU pftdeetclo on iiqii el ejército en Ia época de sn inaoéion, f 
Córdoba tuvo boAtonte qne hacer para restableoorla} se cnantaqne lo^ 
•oldadoe Jn^baa basta sos vestiiarioe. Fnera de los anziltos qne Ho- 
yó el citado gobernador, enyió el virey refaerzoe j pertrechos del Ca* 
llao en la fragata '^Trinidad'' qne entró en Yalpacaj^o ^ 87 de Bnero 
de 1028. Por determinación real, los indias qne ae tomasen pristoiio- 
ros desde la edad de diea aQos para adelante, qnedarian st^etos á la 
condición de esclavos: al poco tiempo había ya 1200 en este caso. Cor* 
^oba qne esperimentó despnes algunos reveses, dejó de mandar en 
Chile por Diclen^bre de i&2&. Véase ^n artíonlo. 

£1 alcalde D. Podro |ietloya y Guevara y en segnida el cabildo hicie- 
ron presente al virey el afio IGsM qne las partidas de negros boaales qnq 
ingresaban en Lima, carepiendo de tqdo abr^po, las tenían sns dnelloa 
ó consignatarios en los arrabales á toda intemperie, mientras iban 
vendiéudose dichos e^olayos. Para remediar tama&a inhumanidad y 
precaver á la población del contagio de ciertas enfermedades asquerosas 
que á veces tráia aquella pobre gente, y qne pretendía evitar el cabildoi 
proyectó Gnadaloai^ar que á sotavento de la eindad y fnera del pobla- 
do de abi^o del pnente, construyese el of^bildo cuatro barracones y^ los 
arrendase para qne sirviesen de alojamiento á los referidos negros afri- 
^sauos, los cuales serian alU asistidos de pronto en sns dolencias. Aun- 
que el virey mandó llevar ú efecto tan importanre designio» qníen lo 
completó y vio reaiisado, fué su sucesor el conde de Chinchón. £1 ca- 
bildo cobraba un peso por cada negro, y este impuesto se aplicó ¿ los 
gastos qne demandara' la refacción del pnente y tijamares dd rio, y 
^í lo aprobó el rey. 

]í<ula'ép<^acif)Felipeiy y sn privado el conde duque de Olivaros, 
parecía interminable la creación de impuestos y la ejecutiva y casi con- 
tinua solicitud de donativos y empréstitos, porque ios apnros del era- 
rio eran consiguientes áun^íjérieno interrumpida dognernis, dedis- 
I>endio8 ocasionados por el fausto chocante de la corte y por los abusoa 
y favores escandalosos. Participó el Pera de las consecuencias de se- 
inejantes desórdenes, como en otros artículos lo hemos dieho; y se repi- 
tieron las demandas de auxilios y las exacciones mas inconsideradas. 
4nnque en tiempo del marqués de Gni|dalcflzar dio ^1 reino do donati- 
vo gracioso 6ti8 mil pesos y la corona ábsorvió la tercera parte de los 
tributos de las encomiendas de indios, el virey fué n^ny medido, y evi- 
tó la subida de diversos gravámenes que se mandaron aereoontar. Y pa- 
i:a que los ya establecidos rindiesen mayores productos, tomó mncbas 
providencias á Un de reprimir las defraudaciones en que se ceba el cor 
Viaroio, particularmente cuando advierte descuido en los encargados de 
la vigilancia aduanera. Ifixo guardar la playa del Callao y los mismos 
buques, no permitiendo la carga y descarga sino en horas determina-: 
das en la claridad del dio, y que se hiciesen solo en el lugar designado 
luego se palpó el aumento de las entradas, justificándose la oportuni- 
dad de dichas disposiciones. El impuesto llamado ''ATeria" onyo pro* 



M 2^7 



4uci6 era de diez ó doce ii^il peaoe saUió á 40 luil; y eu el de «Iiáojari-^ 
iázgo tie eaperiiuoutó tambieu uu auiueuto couaiderabie: ú íidta deadua- 
na eetue derechos loa xecattdabau los oñcialee reales. 

^£u Potosí la luiueria liabia suHtido quebrautes á causa de lascouvul- 
siouesiutestinas de qao luego tratareuioS| y del desborde y per dldade las' 
fguas de laslaguuas de Sd(u Sebustiau que abasteoiau los iugeuioa. Deaou- 
brióse uu luincral eu el cerro de Bóuibou^ que el crouista Córdoba deuouü- 
XiaHuaucapetr,y at cda'l se dio el tíbulo de Sautisgo de Guadalcaisar, po- 
bláudolo D.'Frauciscol''eruaude2& de Córdoba cou el cantter de goberua. 
dor y aduíiuistrador geueral,y después el capitau D. Mai-tiu Ledesuia hixo 
la fuiidaclou formal de ese poblado, que alguu autor ba llamado ciudad, 
eu nuestro coiíoepto iudebidameute. Llegó ¿iuuigiuarse que esteiuiueral 
ieeiuplaasaria mas tarde al decaído emporio de la plata; babia ptíucipia- 
do por dar de quiutos seteuta y uueve mil pesos. I^otosí es[ierimeutabu 
por entóucos las desgracias de baber reveutailo eu 15 de Marco de 1626 
la laguua de Carioari, inundaudo y destruyeudo cieuto yeiuto cabesas 
do iugeuios y muchas cuadras de habitacioues de espaüoles y de ludios: 
las pérdidas eu x>iAas, plata sellada, Joyas, etc. se calcularou eu ocho 
i^iojies, ahogáudoflb seguu diceu mas de tres mil persouas* 

Con motivo de haber empezado á esplotarse uu uuevo miueral de 
azogue, que uu escritor Coutempoiliueo le llama Yauca, y el virey eu su' 
memoria Lauca, hubo real órdeu X'^ra despoblar Guaucavelioa (teutati- 
va reiterada eu tiempos posteriores cou la mira de proteger la produc- 
ción del azogue eu España) y axiaroutaudo creer que asi se darla impul- 
so al uueyameute descubierto, y ax^laudido siu hastaute fuudameuto, se 
aprovechaba la ocasioti'deuu protesto para liacer efectivo aquel desig-» 
nio. £1 prudente virey se abstuvo de cumplir uu maudato i^ue cuaudo 
menos merecia calificarse de ligero é incousal tú. La deuda de los azo- 
güeros crecía por efecto de las autici paciones y coudesceudeucias: á los 
que ncgociabau eu la uueVa mlua de Bombón 6' sea Sautiugo de Gua-' 
dalcazar, se les favoreció rebagaudo el quiuto al décimo. Por eutóuoes' 
hé vid que los galeones traían algún azogue espaüol, y se decía era con 
el objeto de que x>ttdiera sostenerse el beneficio de la plata. £1 virey 
disminuyó la estracciou del azogue hasta igarla eu 4,200 quiutales por 
a&o, y redujo la mita de G uauca vélica' á 800 indios, reÍNi^audo elpre* 
cío de dicho artículo eu tres pesos por quintal. 

Kl virey destituyó y mandó procesar á varios ensayadores por haber- 
se observado eu Kspa&a que las barras remitidas eu una espediciou de 
galeones se hallaban cbu ley deficiente. Propuso reducir la mita de Po- 
tosí a la sétima paite de loa indios espedí tos eu cada uno de los pue- 
blos desiguados para dicho servicio.' Pero aprobado por el rey no lo 11«- 
vó & efecto teniéndolo i)or peligroso; y dispuso se efectuase lenta y su^ 
eesivamente. Ko permitió Goadaloazar que trabi\jttseu de noche en loa 
aocabouea de Guaucavelioa como lo pretendían los miueros con infun- 
dadas y temerarias angestionea: pero Á pesar de las órdenea reales, elu- 
didas duade antea para que Á loa mitayos de Potosí se les pagase el vía- 



je de ida ^ regreso, se escasó de hacerlo, siu dada perla misma denieiti- 
placion y reeelos qoe habtau tenido los auterioree vireyes para no oom- 
prometerse eou los poderosos mineros. Dictó Gaadalcazar é hiso onmplir 
machas disposiciones conducentes al pronto remedió de los m alee oaii- 
sadofl por las iunndaoioues en la villa de Potosf. 

El arzobispo D. Goúsalo de Ocampo que llegó á Lima 6n.l625, encontré 
casi coneluida la dilatada y costosísima obra de la Catedral que oorrid 
á cargo del virey, el cual nombraba á nn oidor superintendente de ella* 
La^Gonsagró dicho prelado en 19 de Octubre en una. solemne fiesta, cuyas 
eltfsicas ceremonias duraron todo el día. La entrada del arzobispo se ce- 
lebró en esta capital con Jnegoe públicos en la plaza mayor. Presidíalos 
el vixey bi^o solio desde el balcón del palacio, y como se advirtiera qaé 
él prelado habla co locado en el suyo otro igual, se le indicó con la ma. 
fot atención qoe el t rofio era nna prero^ativa de solo el vireyreproBeD. 
tante del soberano, y no podía oohipartirla con nadie. Viendo el mar- 
qués de Guadalcazar que eran inútiles sus insinuaeiones apoyadas eu 
los dictámenes de lusgistradoe y aun de eeleeíástiooe de notable inStruo- 
cion, hizo intiioar al arzobispo orden espresa de quitar del balcón pú- 
blico el referido solio. Desagradóse mucho el prel ado y adoptó el medio 
de tomar su coohe^ d^ar el espectáculo y din girse fuera de la oludad. — 
Vóase Ooampo. Por entóuee^ se hallaban en construcoien las catedra- 
les del Oozoo, Arequipa y Guam anga . La prímexa se edificaba por con- 
trato hecho eu remate, las demás por admlu istraciou; y todas bijo la 
inspección dol virey. 

Los desastrosos atentados que eu Poto sí marcaban los hechos de los 
-iraseongadois y los vicu fias, que así se denominaban los dos principales 
bandos que desde muy atrás dividían a qn ella crecida población, á cada 
momento tomaban tan fatales dimen sienes que parecía imposible estis'' 
guirlos, pero ni siquiera contenerlo s. Continuos asesinatos, aseohanzaa 
contra la vida de muchas personas, combates y choques sangrientos^ 
robos públicos descarados, é indomables ren cores, todo esto fonnaba un 
súmalo de desgracias que alcanzaban al vecindario pacífico y laborio-* 
so victima de las mas iujus tificables turb ulencias. Ni las leyes, ni la re- 
ligión, ni la influencia de la autoridad, nada aplacaba el furor délos 
partidos siendo tan ineficaz la blandura y suavidad como el rigor mas ó 
menos arbit rario y cruel. Asi hablan trascurrido uno tras otro alguno» 
aPos, siu que las prov idenclas de 1 os vireyes ó de la audiencia de Ghar- 
eas produjeran esperanzas de paz y sociego. 

£1 alio de 16S9 en que llegó al Peiü el virey marqués de Gaadalca- 
zar, íüó muerto de noche en una calle y heeho pedaaoe per tres criollos 
(Beinoso, López y otro) el que hacia de ge ueral de los vascongados D. 
Juan de U rbieta, que peleó valerosamente á pesar de haberle abando. 
nado los que lo acompufiaban. Los hijos del pais y los de varias provin- 
cias de Eepafia, andaluces, estremefios, eto., componían el bando de los 
vicnfiaa, epíteto originado de los sombreros de lana de vionfia qoe por 
distintivo usalMUL todos ellos. En ese afio eom piaron maolu» áimas y 



]FEk 249 

)Keámponiau p:ira íletttniir á los vizcaitioa: organizaron eortipanias, y d« 
lofldoscieutoB hombres que tenían, ciento cincneuta eran criollos, paes 
á estos los movían y exitaban los europeos. Los contrarios tettnieron 
qniuientos, y exigían del cotregidor D. Francisco Sarmiento que los ca- 
pitanease. Los vasicongados qne lo instigaron fueron el capitán D. Fran- 
cisco Oyaname y el 24 D. Pedro Berastegiii: mas el corregidor no sc- 
atrevtó á hacerlo, riñó con Oyanume, le culpó do la inquietud de Poto- 
sí, rompió la puerta de uu almacén Cuya llave le había negado, y estra- 
jo de él quinientos arcabuces, den lanzas, etc. De estas ocurrencias es^ 
críbimos de ligero en el tomo 2?, artículo del virey príncipe de Esquila- 
che. V. Boija y Aragón. 

La guerra continuó siti etnbttrgo, porque todos los vizcaínos estaban 
ármailos. Los vícufias dieron i-epetidos asaltos á la casa de dicho Oya- 
uume que se hallaba fortalecida y hubo muchas muertes: por fin entra- 
ron y después de morir no pocos vascongados, huyeton mas de doscien- 
tos por un iK>stigo: heridos dé ambas partes so contaron doseieutos 
quince. La casa fué saqueada llevándose los vicnfias ocho mil marcos 
en piQas. Entonces quedó aniquilado el x>artido de los vizcaínos según 
n)ficren diferentes escritoí'es. 

En Mayo de 1623 llegó á Potosí el corregidor 1). Felipe Manrique en- 
viado por el virey Ouadalcazar: lo escoltaban trescientos hombres, de 
ellos ciento cincuenta eran vascongados que fué recogiendo en su mar- 
cha. Mandó ahorcar á tres de los caudillos vícufias que tomó descuida- 
dos. Los de este bando sabedores de que el virey había resuelto ester- 
niiuarlos; emigraron al valle de Ultí. Entableció Manrique un sistema 
de i>ersecuoion activa y comutió iufiuitas violencias y defraudaciones 
como parcial del bando guípnxcoano. En Ulti eligieron los vícufias por 
general á p. Francisco Castillo, criollo muy díscolo y alentado, posee- 
dor de gran riqueza, cou que pudo sostener á la gente que le obedecía. 

Castillo cou doce hombrea sorprendió en Potosí á Manrique, y deján- 
dolo por muerto pusieron fuego á su casa. La Audiencia envió desde 
Chuquisaca al oidor Cuellar el cual hizo un alistamiento numeroso, y 
por cinco meses dio sueldo de treinta pesos á cuatro mil individuos ar- 
mados: guardábanse en las cigas reales cat-orce millones de los vascon- 
gados y otros vecinos. De Cochabamba y Oruro so remitió auxilio de 
gente. Los vícufias de Ulti hacían sus acometidas á Potosí y Chuquisa- 
ca, en que mataban á muchos y robaban cuanto podían: asegáraseqne 
en los conventos de Potosí se ocultaron como veintiocho millones. Cas- 
tillo cou veinte hombros asaltó en Negro Tambo á un general Moneada 
que con cincuenta conducía un preso á disposición de la Audiencia: lo 
degollaron lo mismo que á sus soldados, y la noche siguiente peuetrai'on 
en Chuquisaca y arrojaron en la piara las cabezas. 

£1 virey recibió cédula real C1624) en que se le ordenaba acabase con 

los vícufias destruyendo sus casas. Publicada en Lima, y sabiéndose 

en Potosí BU contenido, Castillo reuuíó á todo el partido y determinó 

tomar Potosí, amarallarlo y allí defeuderse. Mas como las comuuida- 

32 



250 FER 

des religiosas, 7 todo el ▼eoindario inooentei se opusiesen oon maob» 
reflexiones y megos, desistió del plan j prometid procurar la amistad 
3 sosiego de todos. Promulgóse por Gnadalcasar un perdón general 
enviado á preTenciou por Felipe IV. y á él se acogieron los partido» 
eou actos de creible reeonciliaoion: la hija única de Castillo con sete- 
ciontofi mil pesos de dote, fué dada en matrimonio á D. Pedro h^fo del 
capitán vascongado ]>. Francisco Oyannme. Costó no poco tralu^o re- 
ducir algunas partidas de Vícufias que siguieron cometiendo atrooea 
esioroioues: Castillo fué nombrado por el virey alcalde provincial, y 
diole ol mando de un escuadrón, con que puso término final á la paci- 
ficación de entonces ahorcando á muchos (1625.) £1 marqués de 6na- 
dalcazar en su memoria de gobierno aseguró á su sucesor el conde 
de Chinchón, que quedaba arraigada la tranquilidad en Potosí sin ad- 
vertirse rastro alguno de las pasadas convulsiones. Agregó que habí» 
prohibido el uso de armas de fuog o y otras hasta las 60 leguas de dis- 
tancia en todas direcciones. £1 resultado no correspondió á la oonfian- 
sa del marqués, pues las luchas se renovaron con gran estrepito en 
tiempo del conde de Chinchón. 

£n el gobierno de Guadalcazar se efectuó la erección del monaste- 
rio de Santa Catalina de Lima (1624.) Véase Guerra de la Daga, D? 
Lncfa. Asimismo la fundación del colegio de San Pedro Nolasco que 
fué Universidad de la orden de kk Merced (1626.) Véase Calle y Here- 
dia, D. Fray Juan de la. £n este afio á 15 de noviembre, aprobó el vi- 
rey unas ordenanzas para los maestros de escuela, en que están los re^ 
quisitos que eran necesarios para serlo. ]>ió providencias para regu- 
larizar el servicio de los correos: nombró superí ntendente de este ram<^ 
al oidor D. Juan de la Celda, y mandó pagar cuan to se debia á los in- 
dios conductores ó chasquis. Ordenó se reedificaran los tambos que ha- 
bían ido desapareciendo en los caminos, y que se hiciese á costa de los 
Aiismos que los despoblaron. Qno so obligase á los encargados de ellos 
á cuidar las bestias de los pasajeros; y para el cumplimiento de esta» 
disposiciones comisionó al regidor D. Gonzalo Prieto de Abren. £n 
1627 llegaron las patentes cu virtud de las cuales se estableció en la 
religión de San Agustín la alternativa de prelados europeos y ameri- 
canos, á fin do conservarla discíplrua y la paz en la comunidad. Para 
ponerla en ojecuoion so coraisiono al padre maestro Roa: quiso oponer- 
se el vicario provincial Fruy Lacas Mendoza, y lo hizo empleando me- 
dio9 indebidos; por esta causa fué excomulgado. Sobrevinieron disen- 
ciones y alborotos que obligaron al virey á oir el dictamen do varios 
teólogos para tratar do la absolución que Rna negaba, y tuvo que dar- 
la luego que á ello se le precisó (1627.) £1 licenciado D. Francisco do 
Palma Fajardo fundó en la feligresía de San Marcelo la hermita de Nues- 
tra Sefiora de Buen Vi%je, al principio del camino del Callao. £1 papa 
Urbauo VIH. coocedió al rey la mesada eclesiástica, que era la renta da 
las prebendas y beneficios que hablan de percibir en el primer mes loa 
nombrados y pagaban al tiempo de la presentación (1628.) Sobre esto 



FER 251 

tinbo despnes Tarías eoafirmaoioDefi. £^ae ú fines At este alio la piibllr 
caeion qno se liissü en Lima del sumario de las leyes de Indias recopp> 
ladas por decisiones del consejo, y en que trablóaron D. Rodrigo de 
Agniar y D. Antonio de León Píuelo: la obra princijial no se dio á lase 
«niónees. En la época de 0aadalcazar -qnedd adjudicada nna eauongia 
«n el Coro de Lima> y en las demás catedrales, á beneficio del tribunal 
de la Inquisición. Prohibióse por entonces la internación en el Perú <le 
efectos de China procedentes de Méjico^ j la de mercaderios españolas 
.que se tn^esen de Acapulco. 

Se contrajo el virey Guadaloasar á coordinar y poner en práctica él 
Yégimen del tribuniü de Cuentas según las ordonauz as sancionadas 
poco antes. También regularizó el servicio de los galeones que estaba 
isasi interrumpido por los frecuentes registres sae Itos que se hablan 
Autorizado. Mandó restablecer el puente del Apurimac en el punto mas 
conveniente; y que se construyeran otros en varios Ingaree uno de ellos 
Al de Ohancay: revivió la antigua costumbre de que un oidor fuese á 
visitar el distrito de la audiencia con dos mil ducados de ayuda de 
costa sobre las condenaciones que hiciese, para remediarlos abusos de 
los españoles contra los indios, y de los corregidores y párrocos que los 
Tejaban y robaban. En el colegio real de San Felipe creó Guadalcazar 
una cátedra de Bigosto Viejo, destinando para rentarla el ramo de po- 
nas de cámara. £1 virey nombraba el rector y los alumnos de est^e co- 
legio, y concedía las bocas del do San Martin. Prorogó el tiempo pres- 
crito para el cobro del impuesto de la sisa, con el fin de emprender di- 
ferentes obras municipales que ora necesario hacer en Lima. En 1626 
dejaron los oidores mas modernos de despachar en el oficio fiscal, y so 
incorporaron al tribunal los primeros fiscales propietarios D. Juan 
Torrijos y D. Pedro Euciso. 

£?uando el virey pt^iicipe de Esquilacheno permitió qne la nievo y la 
bebida llamada *'A1oJa^ continuasen estancadas, perdió macho la con- 
servación y mejora de la alameda de Lima á la cual estaba adjudicado 
el producto de aquel ramo de ingreso por el virey marqnós de Montes 
Claros, principal promotor de la formación de dicho paseo. Mas el 
marqués de Guadalcazar no solo revivió el citado estanco en 31 de 
marzo de 1625 á petición del cabildo, sino qne lo declaró estable y per- 
manente mandando se sacase ese ramo á remate: con cuya medida la 
alameda fué refaccionada, se le puso una tercera pila y se pudo aten* 
4er á su cuidado, quedando un regular sobrante á bonoflcio de los pro- 
pios de la ciudad. El marqués do Guadalcazar despachaba los negocios 
sin asesor conocido, pero eu casos graves de derecho se consultaba con 
ülgnn oidor, ú otra persona docta. Para proceder con todo acierto di vi' 
dio los pretendientes en tros clases: la I? la compon ian los descendien- 
tes de los conquistadores y pobladores originarlos del reino: la 2* los 
beneméritos de Chile, y la 3? los quo hablan servido en la armada con 
ocasión do enemigos, comisiones y objetos de guerra. Ilabia ya en 
Aquel tiempo una junta superior para los asuntos de real hacienda la 



252 FER 

caal fiiiicioniili» nn día de cada semana: preaidiala el virey, y eran to-» 
cales el oidor mas autiguo, el fiscal de lo civil, un contador mayor y 
los oficiales reales: on los ciuios de mncha gravedad entraban en dícba 
Junta t<Mlos los oidores. 

Encomendó el virey al tribunal del Consulado por 15 afioe la reean- 
daciou dol impuesto de Alcabala, qne con esta pro videncia dio un au- 
mento dediex mil posos eu su producto. £1 rey al aprobarla redigo á 

9 el número de afios, Guadalcazar á causa de los .luuucios de una nue- 
va invasión de los holandeses, reserTÓ para onando este peligro hubie* 
so pasado, el proceder á cumplir una real ónleu que recibió para qne 
se creasen nuevos arbitrios indicados por el cons«*j<>, ú fin de reunir 350 
mil pesos que deberían enviarse estraordiuarianiente á España por el 
término de quince afíos. Mandó el virey visitadores para inspeccionar 
las cajas reales que eran ^ en todo el reino. 

Anteriormente en las nominas para la provisión de curatos solo se oa- 
locaban dos eclesi «esticos, y de ellos se elegianno por el virey. Después 
hubo real cédula previniendo fuesen tres los propuestos. Hieose lo mis- 
mo en las nominas de los provincialea para llenar los beneficios qne 
debian ser ocupados por religiosos. Hemos leidoeu la memoria de Gua^ 
dalcazar que las caaongias de oposición que establece el concilio de 
Trente, se crearon en Lima teniendo el rey la intención de favorecer 
ú los americanos dignos. En las demás catedrales no las habia en tiem- 
po de este virey, quien solicita se erigiesen en la de Cbuquisaca. 

Ilabia ordenado el rey que de las causas civiles y criminales de mi- 
litares de mar y tierra con goce de'sueldo, conociese el capitán general, 

10 mismo que de las del batallón Lima cuando estabiese en activo ser- 
vicio; y siempre con la asesoría de un oidor. Por la mucha ocupación 
de los oidores se nombró nn anditor general el cual sustanciaba estos 
juicios hasta ponerlos on estado de sentencia. Fué el primor auditor 
el oidor D. Cristoval Cacho de Santillana. 

Daba el virey los destinos militares sin que en ello interviniese el 
rey ni el consejo, pA'incipio ajusta<lo á la ra:con desde que la responsa- 
hilid;ul de todo gravitaba sobre la primera autoridad militar del reí* 
no. La fuerza veteraua estable y permanente constaba de 5 oompaf\iaa 
da infantería con 500 hombres qne hacían la guarnición del Callao y 
cubrían las de los buques de guerra. Guadalcazar aconsqjó á su sucesor 
se tubiese el mas exesivo cuidado con los negros en los casos de guer- 
ra, por el riesgo de que se sublevasen y ayudasen á los enemigos para 
alcanzar su libertad. Calculaba en 30 mil los existentes en el reino, y 
que de ellos 22 mil se hallarían en la provincia de Lima. 

Guadalcazar envió al rey durante su gobierno seis millones cincuen- 
ta y cinco mil cuatrocientos treinta y un ducados. La masa de plata 
en barras y labrada que pagó derechos en Potosí en dicho período, fué 
de dieziocho millones seiscientos noventa y seis mil doscientos treinta 
pesos: los quintos y el diezmo de la labrada importaron tres millones 
Ifovejnientos cincuenta y dos mil ciento oincnenta pesos» 



FER 253 

\jo9 ramos qne rentaban y proclaoian ingresos al erario rsal tn aqnel 
tiempo eras: qnintos de oro y plata, y nno y medio de ensaye y fundi« 
cion: Minas nueras. Quintos do cobre, estntio, fierro, plomo, latón y 
otros metales. Señoraje, Estaneo de naipes. Bienes vacantes y mos* 
trences, Almojarifazgo, Comisos, Novenos, Crnzada, Mesada, Media 
anata, Azogne, Desmontes, Perlas y aljófar. Esmeraldas y otras pie- 
dras. Tierras fósiles ó betuminosas, Ámbar, Acavache, Tesoros y hna- 
cas, Veneros y fuentes, Aberias, Presas, Alcabalas (y Union de armas 
después). Oficios vendibles y reuunciableSf Tierras, Encomiendas, Tri* 
bntos vacos. Tercios de encomiendas. Yanaconas, Penas de cámara, 
Nieve y aloja. Salinas y salitre, Pulperías, Estanco del solimán, En-^ 
tralla de negros, Dos por ciento de vinas, Papel sellado (después). Es* 
tanco de pimienta, Lana de vicnfla. Vacantes eclesiásticas. La media 
anata la pagaban, segun las reglas y cómputos establecidos en sus or* 
denanzas, los funcionarios y emplea«los, los letrados^ médicos, y en fiu 
to<1os los artesanos, 

Los índices por materias de los tomos de esta obra, guiaran al lector 
qne necesite conocer el origen y objeto de cada uno de los ramos físca* 
les quo acabamos de puntualizar. 

£1 afio 1626, á 14 de octubre, previno el rey al marqu<$s de Gnadalca* 
zar lo siguiente: *'He sido informado que mucbas veces concedéis espe* 
'' ras á las personas que son deudoras á mi real hacienda en mucho dii-r 
" lio suyo y de que resultan muchos pleitos y diferencias; y por que 
** conviene mirar mucho en esto, os mando qne de aqnf adelante en «s- 
'' ta materia de esperas procedáis conforme Á derecho y procuréis que 
** no sean dañosas á mi real hacienda, pues sabéis lo que importa i|ii* 
" rar por ella." Guadalcazar en orden á esto decia, qne las deudas eran 
fsrecidas y que era muy delicado el ejecutar mucho á los mineros, por qne 
seguiría la precisa paralización del trabajo y del beneficio de la plata» 

No hnbo gran progreso en las misiones abiertas y sostenidas en tiem- 
po de Guadalcazar para reducir ú los iudios al ürístianismo: pero loa 
jesuítas poco felices en Tucuman, alcanzaron algnnas ventajas en el 
Paraguay. Los religiosos de San Francisco en su» tarcas evangélicas 
por el interior do Huáuuco, no cousegnian al principiarlas los resulta- 
dos que después obtuvieron, y los de San Agustín perdieron tiempo en 
sus tentativas malogradas por territorios rebeldes de la provincia da 
Larecaja. El virey atribuía la ferocídaid de los salvajes en mucha par- 
te, á que los espafioles basián esclavos á Jos qne tornaban} y espidió 
providencias para reprimir tales ei^esos y qne U0 se provocase á los in- 
dios con ese y otros agravios. 

£1 marqués de Gna4la] cazar poseia en el Perú desdo antes de sn ve- 
nida, nna renta de seis mil ducados en tribntosdc indios. Gobernó 'seia 
aflos, cinco meses diezínneve dias: entregó el mando á sn sucesor el 
conde de Chinchón el 14 de enero de 1629 y se regresó á'Espafia. Habia 
heüho edificar nu palacio para sn residencia en la villa de Gnadalea- 



254 FER 

znrcnpital de so mayorazgo, cnatro leguas difitante de la oindad áe 
Córdoba. 

FfiUlAVMZ »B CMMEA— D. Franoisoo- natural de Hoáuueo, yá 
citado en el artículo relativo á eetos apellidos. Escribió un libro titu- 
lado "Perú con armas" que es una historia de lo que ea el mar del Sur 
sucedió con la escuadra y tropas holandesas que trajo para tomar el 
Callao en 1624 Jacobo Hermita Clerk. 

m 

FfiRirA»EZ PE COEDOBA T AECB— D. Luis— Sefior do Carpió, y 24 
de la ciudad de Córdoba. Habia servido como militar en las islas Fili- 
X>ina8: vino al Perú con su tio el vlrey marqués de Guadalcazar y era 
capitán de su guardia. Nombróle general de la mar del Sur y del pre- 
sidio del Callao, en cuyo cargo defendió dicho puerto de los ataques 
del almirante holandés Jacobo Hermita Clerk. Pasó á Chile de Presi- 
dente y Gobernador del reino, y llegó á Concepción en mayo de 1625, 
llevando refuerzos, parque y recursos para el ejército de aquelK'i fron- 
tera, y órdenes para renovar contra los indios Araucanos las hostil ida-i 
des que estaban en suspenso, haciéndose solo uua guerra defensiva. 
Después de prestar allí útiles servicios, restableciendo ante todo la dis- 
ciplina, que habia perdido bastante con la inacción, entregó el mando 
á su sucesor en diciembre de 1629 y se dirigió á Canarias donde fué go- 
bernador de estas islas. 

rBWránBZ EB COEE^BA— D^ Mabia— natural de Lima. Pocas y 
acaso ninguna otra persona de su sexo, reunió la piedad y fortuna en 
tan superior escala. Fué casada con el general D. Alonso Calderón de 
la Barca y Bolta, de la orden de Calatrava corregidor que habia sido 
del Cuzco. Era sefiora de Yaldemoro y poseia varios mayorazgos en 
Espa&a. Quedó viuda y sin hijo alguno, y empleó constantemente sn 
riqueza en objetos religiosos. 8on dignos de memoria algunos hechos 
que citaremos para dar idea de su ferviente devoción y de su singular 
largueza en aplicar caudales para el culto divino .y fomento de monas- 
terios. Ese era el espíritu dominante de su época; eso lo que hacían d 
competencia muchas personas de fortuna, y ella pensó distinguirse y 
sobreponerse á todas. Cuando por los afios de 1715 la sociedad entera 
se conmovía con los prodigios que se contaban del Santo cristo de los 
Milagros, y el rey Felipe V. en 8 de febrero de 1720 permitió se elevas^ 
á monasterio la casado beatas Nazarenas de Lima, bajo el título de 
Nazarenas Carmelitas Descalzas de San Joaquín, para lo cual Benedic- 
to Xin espidió la bula de 26 de agosto de 1727, D* María Fernandez 
de Córdoba dio en dinero sesenta mil pesos para que diez mil sirviesen 
de auxilio Á la fábrica del convento, y cincuenta mil fuesen impuestos 
á ñn de asegurarle renta estable. Pasaron de la comunidad del Carmen 
tres monjasi y quedó instalado el nuevo convento el 18 de marso de 
1730. Con motivo de la ruina causada por el terremoto de 1746, erogó 



FER 255 

veinte mil pesos para refaccionar elediñoioy ayudar ala nnevacona- 
tmccion del elegante templo en que el virey D. Manuel de Amat in- 
Tirtió mayor caudal, y cuyo estreno fué en 1771 habiendo contribuido 
la Universidad con cuatro mil pesos, y el religioso dominico Alonso 
Bullan con una crecida suma procedente de erogaciones de personas pu- 
dientes. — ^Véase Antufiano-— el capitán D. Sebastian. 

Fundó D? María y fabricó en fincas de su propiedad el afio 1752 una 
casa de «yercioios para migerés, y su capilla, entregando la dirección 
de todo á los padres de la compafiia de Jesús. £u edificar y dotar esta 
casa dejase conocer cuanto dinero emplearla, pues estableció renta para 
que se cubriesen Ioq gastos precisos al sosten del culto y de las personas 
concurrentes á dichos ejercicios. Cuando se estinguió la compafiia pidió 
aquella seOora se le entregase la cosa de cyercicioa y una chácara que pifa- 
ra esta había comprado en el pueblo de la Magdalena y couserya el nom- 
bre de ''Ejercicios.'' Accedió el virey á la solicitud con calidad de dar 
cuenta al rey y de estar á lo que él resolviese. £1 fallecimiento de D^ 
Maria ocurrió antes de saberse el resultado, pero ella otorgó un instru- 
mento público en 15 de octubre de 1768 declarando que si el rey daba 
su aprobación, quedase como propiedad de la Casa de f^ercicios la cha- 
cara déla Magdalena, y que en caso contrario, si Á dicha casa se le daba 
otro destino que no fuese el de los ejercicios, entonces la chácara citada 
se aplicase é incorporase á uu vinculo de familia que mandaba fundar . 
Después, en nu comnnicato especial dejó colocados cuatro mil pesos pa- 
ra que su x>roducto so emplease en decir misas en la capilla de la referi- 
da casa, y destinó los usufructos de unas tiendas accesorias para que en 
la misma se celebrase una fiesta el dia de Corpus anualmente. Esta cosa 
de ejercicios es la que dirigió tiempo después el presbítero D. Mateo 
Aguilar, distinguido orador. 

En 17 do octubre de 1768 dio D? Maria su poder para testar á su her- 
mana D? Mariana Condesa de Polentinos y á su sobrino D. Felipe Col- 
menares. Dejó solo en dinero cerca de cuatrocientos mil pesos. Dispu- 
so se le aplicasen dos mil misas. Asignó para la fiesta de San Joaquín en 
San Pedro, dos imposiciones de á seis mil pesca cada una, y mil para 
aceite de su lámpara. Dejó á los padres de la Buenamuerte veinticua- 
tro mil pesos para que cumpliesen varias prevenciones. A las Nazare- 
nas para otra fiesta de San Joaquín dies mil pesos. A cada uno de los 
monasterios de Lima, á cada beaterío y á cada uno de nueve conven- 
tos de frailes, la cantidad que les designó por igual. A las Trini tanas 
para la fiesta de San José, mil pesos, y otros mil para misas: dos mil á 
la ropería del hospital de la caridad, mil á cada uno de los ocho hospi- 
tales que indicó. A la Congregación de la O, dos mil cuatrocientos, y 
otras muchas asignaciones cuya relación haría mas pesado este artícu- 
lo; fuera de las gruesas sumas que destinó á que se repartiesen en mu- 
chas moigas y en el crecido número de criadas que tenia. A estas dc(}ó 
nna gran existencia de efisotos que había en un antiguo almacén de su 
casa» y al hospital de la Caridad una multitud de piezas de bramante. 



¿5G ('En 

Agregó una «ituii á las dOiiléMlican, jiara que reunidas todas le bicicseü 
liouras: legó á uno do sns negros todos saa papeles de música, y x^revi- 
)io que si se echasen de luenos algunas alhajas de plata, oro ó diaman- 
tes, no se le hiciese cargo por ellas á la ctiada que nombraba, y que se 
estuviera alo qite esta dijese. S!u todo lo relaeionado y con ciento cin~ 
cuenta mil pesos que destinó para que se fundase nn vínculo, y veiuti' 
cuatro mil parsi una meutoila secreta, repartió cerca de trescientos mil 
l^esdB. £u el poder para testar intervino el inquisidor decano D. Bartolo- 
íxíé López Orillo. Hizo por últinoío herederos á su hermana D* Mariana 
Condesa de Folentinos y después á los hijos de esta, uuo de ellos D 
l''*elii)e Colmenares, para quien fué el vínculo, y consiguió poseer Ine. 
go el título de marqués de Zelada de la Fuente como pariente de D? 
Rufina y D? Mariana Pl'ó y Colmenares. Ordenó también D? M&tiaque 
iiadie Iridíese cuentas á sus albacoas, pues si tal se hiciese, anulaba sus 
d isposiclones y los hacia herederos. Los mayorazgos de que no podia 
disx)oner aquí y en £8x>ana, pasarou á los sucesores que á ellos tenían 
derecha. 

D? Mencifl de Cepeda, hija de D? Juana Cepeda, fundó en Lima eí 
mayorazgo titulado de Úuando que constaba do Casas en la plazuela 
de San Agustín y calle de Plümereros, de las tierras de Huando en 
Chancay, y otras mas que el gobernador del Perú D. Lope García de Cas- 
tro dio eli 15G5 Á Hernán González de la Torre x>adre de dicha D? Mencia. 
Este mayorazgo recayó en D? María Fernandez de Córdoba después de 
litigios que tuvo con la marquesa de Baydes i)arienta suya: oiro pleito 
HOstUto durante cuarenta aflos el monasterio de la Encarnacioú contra 
ese mayorazgo sobre derecho ú censos que se decía estaban ya redimi- 
dos; y terminó por uha transacion que celebró D7 Maria dando seis míl 
pesos al referido convento. D? Maria falleció el dia 10 de octubre de 
1775 habiendo ulandado también se fundase nu mayorazgo de las casas 
que poeeifli en Madrid en la calle de la Luna x>roccdejites de la familia 
de San tillan una de las de su ascendencia, 

FEEIIAIIDBZ DE CÓRDOBA T SAIVTILLAJI— D. Luis— de la orden de 
Alcántara, natural de Lima, hermano de la marqnesa de Baydes, y de 
cuya ascendencia hemos dado ya razón. Fué alguacil mayor de corte de 
la Audiencia, ca»pi tan déla compañía de gentiles boubres lanzas del 
reino y alcalde ordinario de Lima en 1673. Heredó el mayorazgo titi- 
lado de Huando que fundaron sus abuelos 1>. Pedro Santillan y D* 
Mencia Cepeda, y el vinculo y marquesado de Guadalcazar, como he- 
mos dicho. Para tomar jioeesiou de él se tiTwladó á £8i)aSla. 

FBUAJIDEZ COEVBiO Y FBAIIAJIDBZ DE CÓRDOBA— D* Martina-- 
nacida en Looumba, avecindada en Moquegua y poseedora de cuantio- 
sos bienes: hija de I>. José Fernandez Cornejo y Renden, y de D? Ma- 
nuela Fernandez de Córdoba. Fué casada con el capitán D. José Car- 
los de Mendoza y Argnedas, y su hermana D? Maria Bernarda con 0I co- 



PER 257 

ÍR«t D. Tomáa Morouo Chócauo. D. Juié Carlos fué hermano de D. 
Blas Antonio de Mendoza cabeza do una casa respetable de Moquegua. 
B? Martina entroncada con familias may principales, fundó dotes en 
fiftvor de personas pertenecientes á ellas, y algunas obras pías, desti- 
nando á estes objetos ingentes capitales en bienes raices. Empleó 14 
mil pesos en la obra del templó de Santo 'Domingo, ibas de 50 mil x)«^ 
sos en la fábrica de la iglesia del hospital de Belén de dicha ciudad, 
y en edificar la portería, sacristía, campanario y nna bbtica. Su esporo 
B. José Carlos de Mendoza había contribuido con algunos miles de pe*- 
sos para la obra del Crucero ó enfermeria. Este hospital se mandó eri- 
gir por el rey en 1743, en atención á que los religiosos Beletmitas, des- 
de que tuTÍerou hospicio eu Moquegua, asistieron á los enfermos po¿ 
bres, y enseftaron gratis á los niftos ú leer, escribir y contar. 

rERSámEZ 0E COMEJO V REVDOll— D. Josa— natural do Locnm- 
ba, perteneciente á nna numerosa familia pudiente y notable estendi- 
da en el Perú y provincias argentinas. Fundó eu sus cuantiosas pro» 
piedades túaticúa una obra pia de mas de 200 mil posos de capital, eu 
cuya virtud se dá dote de á eeis mil pesos á coda parieuta suya que to^ 
ma estado. 

Su hermana D? Cipríana Fernandez de Cornejo fné «asada con el co» 
rbnel de ejército D, José Aranibar padre del Dr. D. Nioolás de quibn 
ya hemos escrito. También fué hermano suyo el coronel D. Juan Adrián 
Fernandez de Cornejo, ( nacido en Loenmba ) quien en 1790 acometió 
la empresa de surcar el Rio Bermejo para descubrir si era navega- 
ble desde la provincia de Tucuman, hasta su unión con el de la Plata; 
Cornejo principió sü esploraeion el 27 de junio embarcado en un Jabe- 
que con 26 hombres y dos canoas. En cuarenta y cuatro dias llegó á la 
reunión de los dos citados ríos, habiendo hecho sin el menor emba- 
razo uu vij^e de mas de 300 leguas. La espedí ciou de Cornejo fué pro- 
tegida espGcialiuento por D? Josefa Miono esposa del teniente geneoal 
D. Nicolás de Arredondo, virey de Buenos Aires* 

FBUIánBZ CRUZ»— 'El Dk. D. Ambrosio— natural de Lima donde hizo 
sus estadios graduándose en la Universidad de San Maroos. I^ercíó 
largos afios la abogacía con merecido buen nombre; y desde 1803 fué has- 
ta su muerte procurador general de dicha real escuela. El alio de 1810 
era decano del ilnsti^ colegio de abogados, y en 1815 le dio el rey hono- 
res de oidor de la audiencia de Lima. Una hija suya fué casada con D* 
Femando del Mazo propietario acaudalado, y uno de los vecinos nota- 
bles de esta capital tanto por sn genio emprendedor y progresista, co- 
mo per su carácter generoso y benéfico. 

FBUfAUDBJE K BEEEIIÍA— El Cafitan Gonzalo— y su hermana 
D^ Isidora hicieron donaciones y coutribnyeron con limosnas conside- 
rables, para que se fundase el convento de San Francisco de Huauía 

33 



25S FER 

^ue se erigió con permiso de Felipe III. y del virey príneipe de EequilA' 
ehe en 1618, oelebrmndoM en an iglesia lAprtmera mis» el dia 25 de di-* 
oiembre de dicho alio. D? María Fernandez de Heredia que tal ytó 
perteaeoió á eeta 'misma ÜEanilia, luso en 1681 donación de enatro mil 
pesos ftindando con ellos nn aniTersavio en favor de la oaea y beaterío' 
do Ámparadss ó Bocogidas de Lima.— r<^(*0S Crug, 2>. NieoUí$ de la— 



WUMMántí ■ILMBA»^— Varías personas- pertenecientes ú esta an* 
tigua familia de Moqnegaai se distinguieron empleando sos recurso» 
en objetos de beneficencia y fomento del culto. Cuando en 1786 se cred 
un hospital en dicha dudad con permiso del virey marqués de Castell- 
Alerte, lo ftindó y dotó, empleando nms de cien mil peaos, el presbítero^ 
D. Isidro Antonio h^o del capitán D. Agustín Fémaudes Ifaldonado y 
Viscarra Alcalde provincial y regidor perpetuo. Fué luego religioso 
Beletmita llamándose Fray Isidio del Espkitu Saute. Donó á dicho- 
hospital su hacienda de Locumbilla y otros bienes y preseas, inclusive' 
nn Ugnum cnroto. Falleció en 1732, y de su sepulcro que estaba en el pres- 
biterio de la iglesia Matriz, se trasladaran* sus restos á la del hospital 
cuando se concluyó. £1 patronato de esta casa reside en la familia del 
fundador. Este mismo Fray Isidro dio antes 3&00 peso» para la fibrío» 
de la iglesia de la eompa&ia(1718.) 

D* Paula Femandes Maldonado dejó en 1759 capitales para dotes y 
obras pias; entre ellos, el que estableció renta para cooperar al alimeiw 
to délos enfermos del hospital, presos de la cárcel, vestuario de estos & . 

El capitán D. Miguel Fernandez Maldonado contribuyó con 300 pe- 
sos mensuales para el trabijo de la iglesia Matriz en una de las veces 
en que se reedificó, oteoiendo que en caso de morir antes de que con- 
etuyera la obray se darían de sus Bienes^ cinco mU pesos para dicho- 

WUaiMUíE HáLAMWe Y CHOUtOCi— D. Pkdro R£mGio— naci- 
do en Moqnegua, y corregidor de esa provincia. Hizo construir á sua 
espensas la pila de la plaza de osa ciudad el afio 1772. £1 agua iba á la 
plaza por acequia desde un puquio que se adjudicó á la ciudad por el 
corregidor D. Tícente Julio Espinóla y Hbspigliosi en 1740. Los gastoa 
de la conservación de la pila los hacia el vecindario á prorata. 

raUUIMI M SimifiO— D. Dibgo— natural de Estremadura, Al- 
férez de ejército, vecino de Moqnegna. Dbjó su hacienda de Escápala- 
que y otros bienes, á su esposa W Antonia Zapata ordenando que des^ 
pues de sus dias pasasen á la comunidad de San Juan de Dios con la 
condición de que esta fundase un hospital para pobres en dicha ciu- 
dad, y que eu el caso de uo hacerlo quedasen osos bienes á beneficio 
del convento de Santo Domingo^ 

r£R]IAlllNCZ TECiSCO— 1>. PEDRO-Hasta mediados del siglo dieziseis 



FER 259 

fH» Be-conoeió eon perfeoeion el método de beneficiar la plata peroiedM» 
de la amalgamación y ó sea iacorporaoioii del aaeogne oou lae particalai 
orgeDteas de loe metalee molidos. Antes el 4»eneficio común se reducía 
á la fnndioion maaó menos complicada^ ó á la trituración j deposición 

délos metales en las máquinas hidrostáticas ''(Heronrio Pemane 

nlim. 9.) 

£1 aaogne pemano reelen desonbierto, y del enal los indios aprove- 
chaban nnicamente el bermellón, se estimó en alto grado desde qne se 
snpo qne en Nueva Espafla se beneficiaban con él los metales de plato. 
LlcTose á dicho reino en gran cantidadi y con esto comercio se enri* 
iinecieron aignnos. A poco tiempo de-circnlarenel Perú aquella no - 
jkiciay fné confirmada por Pedro Fernandess Velasco, quien Hegó de 
Méjico y d^o haber aprendido allí Á conocer por menor el m¿to<lo que se 
Aegniaen la práctica de aquella operación. Propuso ensenarlo y ponerlo 
en planto en el mineral de Potosí. Aoeptoda su oferta^ y con antori* 
suMíon del TÍrey D. Francisco Toledo, hizo esperimentos y dié pruebas 
iqne corre^ondieron iperfeotamento al fin que se deseaba, acreditán- 
dose su completo íustrnccion en lamatoria: (a&o 1571). Las remesas de 
asogne á Potosí f nerón considerables y las consecuencias de gran prove- 
cho: las minas no rendían ya los cuantiosos resultados qne al princi- 
pio, y con el asogue se reporté utilidad no solo de los metales-por po- 
bres qne fuesen, sino ann de los qne estoban desechados con el non*' 
bre de desmontes. 

El beneficio de la plata por medio del azogue lo ignoraron los Boma- 
nos y las postoriores naciones que lo hacian, como en mas remotos 
tiempos, dando al fuego ios metales una y otra ves hsato qne saliesen 
purificados de las fundiciones. De esto modo lo beneficiaban, los aati« 
gaos peruanos en las minas de Poroo antes y después de la conquista, 
lo mismo que en Potosí cuando su descubrimiento en 1545, y afios qua 
siguieron, llegando á toner mas de seis mil hornillas. El aumento de 
la producción del aaogne tocé en Hnansaveliea con la grave dificultad 
de carecene de lefia: entéoces x>or industria del minero Rodrigo Tor- 
res de Navarra se tenté el arbitrio de emplear la pi^a llamada lobo, 
que probé msjor que la leCa, y que abunda notoblemento, y crece mas 
mientras mas se corto é quema. Bendia Huaacavelica en esos tiem- 
pos de seis á sleto mil qulntoles de asogae que bastoban para el ooii- 
snmo de Potosí y otros minerales; y hay constancia de que á los do»* 
cientos diesinueve afios de sn descubrimiento, habla producido un mi- 
llón cuarenta mil ochocientos cincuenta y dos quintales, calen lado sn 
valor en sesenta y sleto millones seiscientos veintinueve mil trtscien- 
tes novento y seis pesos. 

El respetoble cronista D. Antonio de León Pinelo en sn "Biblioteca In« 
diea" dice qne en la ^libreria del rey," existia nna relación escrito por 
Carlos Cerso, quien asienta que Jnan Capeliln biso en Potosí el benefi- 
cio de la plata por medio del asogne, indicando hasta la merced y re- 
compensa que se le dié^ No podemos deducir de esta noticia, que la 



260 FER 

operación hecha par Capulín hubiese antecedido á hm praeiicxdas por 
Pedro Fernandez Volaeco. A este le reconocen todos los satoree por el 
primer introdnctor, y ni el padre Acosta ni D. Jnan de Solorzauo nonvr 
bran á CapeUin. No debemos dudar, sin embargo, do qne este efectna? 
cia también el beneficio sirviendo á Velasoc^ 6 posteriormente. Ignora? 
moe quien sea Carlos Corso y la fé qne merezca su manuscrito aunque 
Pinelo hable de su existencia. EL virey Toledo no habría tratado oon 
VelasoOy si antes se hubiese ensayado con buen éxito el nueyo método de 
emplear el azogue. Nada hemos podido ayeríguar de la snerte que cor- 
rió después dicho Velasoo, ni de los premios que se le asignarían. 

FEUAH^O VI— iRey de Espa&a y emperador XXIII. del Perú. Nació en 
Madrid el 10 de abril de 17123 hijo del rey Felipe Y. y de su primera esr 
posa la reina Maria Lnisa de Saboya. Fné reconocido y jurado princi- 
pe de Astnrias heredero del trono, en las cortes que se reunieron el 2& 
de noviembre de 1724. Contrajo matrimonio en 12 de enero de 1729 
eon la infanta D? María Bárbara de Braganza hija del rey de Portugal 
D. Juan V. y de an esposa D^ María Ana de Austria h^a del empera- 
dor I^eopoldo. Por mnerte de Felipe V. el 9 de junio de 1746 entró á 
reinar Fernando VI. á la edad de treinta y cuatro afios: había falleci- 
do su hermano mayor Luis L sin descendencia. Fné proclamado y j.a* 
rado en Lima el 23^ de setiembre de 1747. 

España era una nación aniquilada y exhausta por el casi permanen* 
te estado de guerra qne desde los reyes de la casa de Austria la había 
atormentado lo mismo que en la época de Felipe Y, sin otra diferen- 
eia que la de no haber dominado en esta la avaricia, la corrupción y las 
dilapidaolones que en aquellos reinados destruyeron el Erario y el 
orédito interior y esterior. Femando YL hombro reoto, moral, juicio- 
so y amante verdadero de sas pueblos, comprendió las cansas qne les 
hacian deegraoiados: y exento de ambición y libre del espirita de con- 
quista, biso proposito de conservar en paz la monarquía, respetar á 
todas las potencias de Enropa, y nunca hacerse participe de sus pra^ 
tenitíones. Estos yotos nacidos de la honradez, tuvieron en sí un gra» 
mérito, como formados por la sanidad de intención que debe guiar 
siempre á los bnenos gobernantes. Pero fué mucho mayor el que ad- 
quirié con la perseverancia en cumplirlos, sin qne le arredraran ni 
▼eacieran los obstáculos, las influencias, ni los estímulos mas tentador 
res. "Y así llenó su misión dando al mundo lecciones, y á la historia 
ejemplos irrefragables de que pedia evitarse la guerra sin mengua del 
decoro y los derechos de la corona^ y qne rechazándola, recibiria la na- 
ción los beneficios qne se prometiera de nn gobierno consagrado á 
trabajar por su prosperidad. 

Principió Femando YI. por conceder un amplio indulto á loe deser- 
tores y contrabandistas, y dar libertad á un crecido número de presos. 
Portóse mas qne generosamente con la reina segunda esposa de su pa^ 
^re, qne le habi;v tratado siempre si uó con aversión declarada, de un 



FER 261 

modo de«d«IL060 é irritante. La ayidez implacable de Isabel Fameeip 
lo absonría todo por oolooar y engrandecer á sus hijos, á costa de la 
sangre y los caudales de la nación consomidos en las mas tenacee lar 
chas. Confirmó el rey las donaciones que Felipe Y. la bahia Lecho: 
permitid qne conservara el palacio de San Ildefonso, y basta consintió 
qne residiese en la corte. Mostróse dispuesto en favor de sus liermanoe 
para sostener debidamente sus intereses; por último respetó á los 
ministros de su padre haciéndolos continuar en sos funciones, y fijó 
días de audiencia para cuantos quisieran ser atendidos en sus quejas 
ó solicitudes. 

Era consiguiente que en la política esteríor hubiese mudanzas, des- 
de que no la dirigía la ambiciosa Isabel: el rey necesitaba guiarse por 
la opinión pública, é inducido por sus propios sentimientos. T aunque 
escribió á Luis XV. que guardarla los empeños de su padre y apoyaría 
la cansa de su hermano D. Felipe en Italia, las negooiaciones privadas 
del gabinete francés con otras potencias, le abrieron paso para no ser 
tan estricto en el cumplimiento del último pacto que estaba vigente y 
de qne hicimos mención en el artículo de Felipe V. La guerra de Italia 
en estas circunstancias no era lisonjera sino desventajosa á Espafla y 
Francia. £1 rey envió do general en jefe al marqués de las Minas (muy 
desafecto á los franceses) y le previno que aunque estuviese á órdenes 
del Infante D. Felipe, no le concediese infiqjo alguno en la dirección 
del cijéroito. El general dispuso la retirada ú Genova y el abandono de 
la Italia. £1 que mandaba las tropas francesas no pudiendo sostenerse 
solo contra sardos y austriacos, siguió aquel ejemplo trasladándose á 
IProvenza. La £mperatri2 Marta Teresa pensó conquistar Ñápeles pero 
el gobierno inglés la hizo desistir de este proyecto. Con motivo de ha- 
berse revolucionado Genova contra los austríacos y tripnfado de sus 
f persas, volvieion Á Italia con D. Felipe los ejércitos espailol y fras- 
ees (1747.) 

£1 rey biso proposieiones secretas al gabinete británico, pero las per 
netró el gobierno de Luis XY. y la reina viuda Isabel Famesio. Esta 
arbitraba medios para malograr toda negoeiaolen á fin de que no se 
peijadioasen sus hyos; y aquel queriendo que £spa1la no se apartase 
de su alianxa, ofireeia ayudarla á subyugar la T osoana en provecho de 
D. Felipe. Carlos hermano de este y rey de Ñápeles, recabó de Femando 
FI. la promesa de llevar adelante los empeños de su padre en bien de 
ambos; y este en momentos en que el rey mandaba saliese Isabel 
de la eorte para vivir en la ciudad que eligiese. Hiso cesar en sus 
funciones al marqués de Yillarfas Decano del eoi^siiiJo de Estado, 
par» qne las desenipeQase D. José Carbi^al y Lancaster. Francia á la 
,eiial eoBvenia la paz por sus descalabros marítimos y el grave atraso 
de su erario, hizo á Inglaterra proposiciones para un arreglo,- y ellas 
ae basaban en principios semejantes á los de Espafia. Holanda siguió 
el ejemplo, hallándose tan quebrantada que no podia ya sobreponerse á 
)os peligros de la larg^ pontienda de los Países Bi^os. Reuniéronse los 



262 FER 

plenipotoTiciftrios en Breda y despnM en Aqnisgnn (Aix-U-Chs.peI1«) 
donde ae Ajustaron Ion preliminarefi y también el tratsilo definifivo. (18 
de octubre de 174ti) ñrmandolo Incgo el rey de EapaOa y la Empeva- 
triZ/ ^n este pacto Re ostipnlé la ceeion de Parma, Plaaeooia y Goas* 
talla al Infante D. Felipe, con olánsnlas de rerenion al Anetria si mo- 
ría sin hijos varones 6 heredaba el reino de Ñapóles ó el de Espafiai 
solo el rey do Ntfpoles protestó de esta eláusnla impuesta á su hermano, 
oonMderandola contraria á sns derechos. 

'< Jamas, dice un historiador estrangero, se v\ó nn tratado da pac que 
" menos mudanzas hiciera en la situación de las potencias beligeran- 
** tes anteriores á las hostilidades, después de una guerra porfiada que 

f ' estendió sus estragos sobre la mitad de Europa,, "Preguntase 

*^ ahora, allade. por quó la Inglaterra, la Espatla, la Holanda, la Fran* 
*' cía, la Italia, el Imperio, se han hecho una guerra tan tenax. Espa- 
** na no perdia nada, Inglaterra no ganó nada, Francia no ganó nada, 
ff Prusia y Cerdefia con serraron lo que hablan obtenido de la reina do 
" Hungría. Es verdad que al Tufante D. Felipe se dio Parma y Plasen- 
** c\a, pero Francia volvió los Países Bi4<>* ^ 1^ Emperatriz, y la Sa- 
f* boya a] rey de Cerdefia. Inglaterra volvió la isla del cabo Bretón, y 
•^'Fmnoia le cedió la Aeadla. |Mereoia esto la pena de verter tanta 
^' sangre, y de aumentar la dei|da pública con tantos milloneef" 

Otro tratado se celebró entre Inglaterra y Espafia (1749.) Esta se 
obligó á pagar á la compafiia del 8nr cien mil libras en Indemnisacion 
de no haberse cumplido en cuatro afios el convenio del asiento de ne- 
gros. Se conftrmaron los pactos anteriores sobre la navegación y eo* 
mercio de los ingleses en puertos españoles, y los subditos do ambas 
naciones pagarían los mismos derechos ^. La pas de Aqulsgran hizo 
descansar á la Europa de una guerra prolongada y destructora. Na^ 
4ie la deseó y aplaudió tanto como el filantrópico y bien intencio- 
nado Fernando VI. on unión de la reina su esposa, cuya política sana 
y dJsereta, no se apartó nunca de las convicoioaes del ray encamina- 
das visiblemente al bienestar y felicidad de la nación. 

Tenia Femando VI. el mas fino y certero tacto para los negooioa, 
ya que no la vasta instrucción de nn monarca sabio; y aunque profesar 
ba afecto á la familia francesa de Borbon, huía de caer bajo aii depea- 
deneia (tantas veces funesta para España) y decia en ocaaiones fue 
mmea oomsmtiria ser en el trono de Eepaña Firsy del de F)r«$ndm, Grande 
era la influencia de la reiua cimentada en la paz y la nantralidad qne 
vino á ser la Índole de este reinado y el programa de todos ana actoa, 
JD? Bárbara fnó amigado la soledad, melancólica como el rey, y des- 
lastró nn tanto su alto mérito, oou haberse hecho c(>diciosay avara. 
Sirvióse el rey con n^ncho arte de dos hombres eminentes diseordea en- 
tre'si, y de cuya circunstancia supo aprovecharse para mantener en el 
gabinete un equilibrio 4^1 anal á su Jálelo dependía no nniftrmar nanea 
los seatimientos del gobierno respecto de las naciones fuertes y d* en- 
• entrados interesas, D. José Carvi^al y Lanoaate^r nacido en Irlanda, 



ftoia1»le por stis luces y honradez acrisoladaí como pur lu modestia y 
deaprondimiento, era incÜDado á la Gran Bretafia pero en témiino* 
taaonables y jantoe; y D. Senon Somode^illa, marqués de la Bneenada, 
desafecto ó mas bieu contrarío á la corte británica y decidido partida' 
rio de la Franciii: sn capacidad y conocimientos eran tan remarcables, 
«orno sus servicios en todos les ramos admlnistratiros, deseoso de rí-* 
qaesaSy amante del It^, y un afauMtdo cortesano. 

Estos dos ministros daban giro & la máf^uina gubernativa, empteudlaií 
mejoras importantes, y adelantaban el pais de una maueía palpable 
acordes con las sanas ideas de los reyes. Gk>zaba también de iuduencift 
en los asuntos el padreJeeuitaRávago confesor del rey: llegó este á for- 
mar un partido independiente del gabinete, y resolvía diversos nego^ 
cios interiores prescindiendo de los ministros. Otro individuo de muy 
diversa profesión tenia en palacio amplio valimiento: el músico ita- 
liano ForinelU que como tal disfrutaba do alta reputación europetf, 
siendo su canto la predilecta distracción y acaso el único entretenía 
miento del rey. Isabel Farnosio lo hizo pasar i IVfadrid para que ali<' 
víase la hipocondría do Felipe Y, quien le asignó tres mil doblones do 
renta. Femando VI. le condecoró cou la Orden do Calatrava, y le hizo 
director de un teatro que se fundó en el Buen retiro. Farinelli nnncaf 
abusó ni negoció con sn influjo: taé circunspecto, favoreció á muchos, 
y alcanzó la mas merecida estimación cu la corte, y entro los repre^ 
sentantes de las demás potencias. 

Lu^o que se suscitaron cuestiones trasceudeu tales entro Francia é 
Inglaterra, los gabii«etes de ambas hicieron tenaces esfuerzos por 
atraerse j comprometer al do Espa&a. Femando VJt. estaba resentida 
de su primo Luis XV, por no haber aceptado para esposa del Dolfln 
á la Infanta Maria Antonia su hermana, y tanto por esta quqja, que era 
ptecis^ disipar con sagacidad, cuanto para conducir á buen término 
el designio de negociar una alianza, fué nombrado el duque Duras em- 
bajador cerca de la corte espa&ola. Conforme á las instrucciones de 
Lais XT, eu verdad muy reflexivas y calculadas^ este diplomático prin- 
cipió á ponerlas en obra, al parecer cou tiento y prudencia. Pero no 
tardó mocho en malograr su misión con insensata ligereza. Exitó ofl- 
cialmente los recelos y sospechas del gobierno, haciéndole ver que la 
Orau Breta&a tenia adoptado un plan do hostilidades sobre las colo- 
nias espafiolas de América, y que trabigaba seriamente po^ desunir 
y separar á los dos soberanos de la casa de Borbun: intentos propios 
de aquella potencia que sostuvo la mas porfiada guerra contra los de- 
reches de Felipe Y, á la corona de Espa&a. Y en seguida so avanzó 
á hacer anuncios del decaimiento del gobierno inglés en Madrid, de 
ser el rey muy propicio á la Francia, do su intimidad con Ensenada» 
FarinelU y el confesor Rávago; y de que Carvajal iba cediendo á la 
fiterz» de sus observaciones. Entre tanto el embiigador inglés Keene, 
hábil diplomático y conocedor del país y de la ^rte, comprendía la 



^64 tm 

falta de oordarft d» tu «oleg» y esperaba los resultados cou la cabn» 
de la inteligeuoia. 

Carvi^al en su adhesión á Inglaterra era medido j cauto: su lealtad 
ño admitía ni asomo de duda. Ensenada halagaba á la reina, tenia re- 
iaoiones con otros gabinetes, con la reina viuda, con Richelieu y 1» 
marquesa de Pompadour^ el favorito y la dama de Luis XV; al mismo 
tiempo que hacia por engallar á Farinelli y pensaba adormecer y alu- 
cinar á Keene, que demasiado lo peuetrliba. A despecho de la oposi- 
ción que hi so Ensenada, y de las reclamaciones francesas, ajustó el go- 
biemo espafioi (1752) un tratado de alianza defensiva con Austria y oí 
gran duque de Toseana para afianzar la neutralidad <Íe Italia, pudien- 
do adherirse á él l6s reyes de Cerdefia y Ñápeles y el príncipe de Far- 
iña. £1 de Ñapóles no lo hizo, y protestó considerando peijudicadoa 
los derechos de sus hijos, como lo habia ejecutado con el pacto de 
Aquisgran: este tropiezo se allanó por medio de transaciones y enla- 
ces de familia. 

El arreglo alentó al gabinete inglés para intentar que Espafia sé 
enemistase de un modo mauíñesto contra Francia. Fero tuvo que con- 
vencerse de que tremando VI. no se someterla á ninguna potencia, ha- 
llándose cada dia mas firme en sus propósitos de independencia y neu- 
tralidad, para no ofender á ninguna, y no dar lugar á ser ofendido. 
Quiso á pesar de esto el gobierno británico entrar en él tratado de 
lüianza de que acabamos de hablar, ponderando la conveniencia de sií 
amistad: pero Carvajal desengañó al embajador Keene diciendole que 
el rey creía bastante para conservar la tranquilidad de Itáífa, lo páíc- 
tado directamente con los poderes interesados en ella. Los hermanos 
de Fernando VI, Carlos y Felipe, olvidándose de la gratitud á que es- 
taban obligados para con ól, se decidieron por la política francesa as- 
pirando á la protección de Luis XV. El primero procuró también 
atraerse la amistad de Inglaterra, ofreciéndola ventajas comerciales 
en Ñápeles, y mantenerlas cuando ocupara el trono espaüol. ¡Conducta 
nada decorosa en el que nías tarde bajo el nombre de Carlos III| here- 
dó á Fernando VI. 9ééo el gabinete inglés le dio la lección de solici- 
tar el consentimiento del de Madrid antes de aceptar aquellas lisonje- 
ras promesas. ^ 

Las: relaciones de Espafia con la Santa Sede por mucho tiempo ha^ 
bianest^o sujetas á diferentes alternativas, emanadas de la imperfec- 
ción ó de la errada inteligencia de los arreglos varias veces ajustados. 
No encontrándose en ellos la claridad necesaria, y siendo deficienter 
los acuerdos en que nx> se reconocían esplicitamente los derechos y re- 
galías del patronato real, era inevitable que en la práctica y aplica- 
ción de diversos principios, apareciesen dudas y se empeñasen alterca- 
dos peijudiciales á la corona, no menos que opuestos á la respetabili- 
dad del jefe de la iglesia católica. A estas causales, en cuya esplicacion 
1)0 sabríamos espedirnos con propiedad y confianza, se agregaban los in- 
convenientes que nacían de la política insidiosa y de las luchas oosi con- 



FER 265 

iinuasde las iiaoioiioa fuertes, que ocasiouabau amarguras al Pontífice 
agraviado por todas las que, sin acatar sus derechos é iudependencia, 
querían fuese un instrumento servil de sus contradictorios y muda- 
bles intereses. 

Los resentimientos y el desacuerdo tuvieron «n termino conciliato- 
rio en el pontificado de Benedicto XIV. Celebróse el concordato de 
1753, y en él se declaró no haber controversia algnna sobre la perte- 
nencia del real patronato á los reyes católicos de las Espafias; dando 
una copiosa luz sobre muchos do los puntos y casos del ejercicio de 
sus prerogativas. Comprendió esta concordia diferentes acuerdos y es- 
tipulaciones de importancia, fundadas en principios y doctrinas de so- 
lidez incuestionable. Espidió el papa una constitución apostólica con- 
firmatoria del tratado, y en seguida un breve esplicandolo y haciendo 
algunas aclaraciones. £1 sabio jurisconsulto y canonista profundo 
Mayans y Ciscar, escribió sobre este concordato luminosas observado^ 
nes que ocnpan todo el tomo 25 del Semanario erudito de Valladares. 

Los gol)iernos inglés y francés empezaron á no disimular sus riva- 
lidades, y fueron encendiéndose á las claras en. las cuestiones sobre los 
límites de la Acadia ó Nueva Escocia, pais cedido por Francia á In- 
glaterra en les tratados de Utrech y de Aquisgran. Se esperaba por 
instantes un rompimiento á juzgar por el calor y las provocaciones 
que se advertían. Los dos gabinetes aspiraban á ser apoyados por la 
España, y el de París se proponía convertir en alianza los lazos de fa- 
milia. 

Al embsgador de Francia, que presentó las bases de un convenio pa- 
ra la mutua conservación y defensa de las posesiones de América y 
Europa, exigiendo contestación en nn brevísimo plazo, se le hizo en- 
tender que el rey estaba resuelto á vivir en paz con todos, dedicándo- 
se solo á promover el bieuestar de su nación;, pero que no abandona- 
ría á su primo si viese en peligro sus estados, como no dudaba lo hi- 
ciese él en caso igual. Irritado el embajador dijo al ministro Carvajal 
que ofendía á Luís XV. aa parciaUdad) mas él le contestó con fria cal- 
ma: '*Mi deber es servir al monarca católico y no al rey de Francia." 
Carvajal había resistido admitir nna de las tres grandes cruces de la or- 
den del Espíritu Santo que Luis XV. destinó á los ministros españoles. 

De otro lado el embajador Keene le instaba para estrechar la amis- 
tad de Inglaterra, como el medio de colocarse Espalia en posición de ui> 
temer las amenazas de la Francia. Sus gestiones hechas con suma ha- 
bilidad, ponían en apuros á Carvigal, quien no menos diestro, le dio es- 
cusas atendibles y bien combinadas con la misma conducta que obscr- 
yaba el rey en cnanto á las pretenciones firanoesas. 

La muerte inesperada del ministro Carvi^al en 8 de abril do VfbA 
hondamente sentida por los reyes y lamen Vada por la generalidad de 
los hombres de mérito, dejó en el gabinete un vacio que era muy difí- 
cil llenar. Ella dio origen ¿ no pocos proyectos é inducciones de qun 

Fernando VI. supo desembarazarse. Consultó el caso con el duque de» 

34 



266 FER 

Alva y con el condo do ValparaiBo, qnienes con noble BÍncerídad acon- 
sejaron á los reyes no so desviasen del sistema qne hasta entonces ha- 
l)ian seguido con tanto acierto, y qnepara ello no convendria en ningnn 
caso dar el ministerio vacante, ni de nna manera interina, al marqnés 
de la Ensenada óá alguna de sus hechuras. Yalparaiso snplicó so la 
dispensara de aceptarlo, como el rey se lo ordenaba; y propnso á D. Ri- 
cardo Wall que estaba de embajador en Inglaterra, diplomático esper- 
to, entendido y Á propósito para llevar por buena senda la máxima de 
Femando VI. de no dar cabida á las exigencias del gobierno francés, y 
conservar ileso sn principio de independiente neutralidad. Pusiéronse en 
Jnego poderosas intrigas cerca de la reina para evitar la mengua del in- 
flujo do £nseca<la, especialmente al tratarse del nombramiento de mi- 
nistro de hacienda. Mas la llegada de Wall robusteció los designios del 
rey, quien por algunas palabras dio lugar á qne se entreviera la caida 
próxima do Ensenada y del confesor Rávago. 

Los ingleses que jamas descuidan lo que ofrece ventajas á sn comercio, 
estudiando el modo de obtenerlas en Sud-América, persuadieron al rey 
do Portugal de que para evitar discordias y perpetuar la amistad con 
£spa&a, propusiese á Fernando VI. cederlo la Colonia del Sacramento 
en la embocadura del Kio de la Plata, á trueque de otras siete colonias 
espafiolna situadas á la margen septentrional de dicho rio, y ademas la 
provincia do Tuy en la Galicia confinante con Portugal. El rey consultó 
el caso al gobernador de Montevideo, el cual informó apoyando la solici- 
tud de aqnel monarca y de su hermana la reina do España. No hizo lo 
mismo el gobernador de Buenos Aires, quien manifestó que el cambió 
proyectado era eugafioso y contrario á los intereses do España. Los je- 
suítas del Paraguay representaron en igual seutido, y al reunirse los 
comisionados españoles, portugueses é ingleses para la demarcación do 
límites, se sublevaron los habitantes do las indicadas colonias negándose 
á pasar al dominio portngoes, y obligaron á los comisarios á retirarse. A 
pesar do todo se concluyó el ajuste x>royectado sin intervención del mi- 
nistro Ensenada que quedó sorprendido, y ocultando su resentimiento so 
adhirió al convenio: pero todo lo puso en noticia del rey Carlos do Ñapó- 
les presunto heredero de la corona de España. Este dirigió á su hermano 
nna protesta formal contra el tratado de las colonias, novedad que cau- 
só gran sensación á loa reyes y al consejo, y dio lugar á que se suspen- 
diese el cumplimiento de las estipulaciones. Se atribuyó también á En- 
senada la rebelión de los jesuítas del Paraguay que según cartas inter- 
ceptadas habla igualmente fomentado el padre Rávago. Los ingleses 
trabajaron para la caida do aquel ministro autorizados por la misma 
reina. Los partidarios do los jesuítas rechazan el cargo que se les hizo 
mas tarde para justificar su espulsiou; y lamentan que les hubiera fal- 
tado valor para oponerse á la arbitrariedad del gobierno en aquella 
ocasión en qne se dijo instigaron á los indios para hacerse independien- 
tes. Mas los enemigos de la compaüiaso avanzaron á asegurar que los 
p.-idrcs tuvierou <íl plan do reunir toda la provincia bajo el cetro de uuo 
de los hermanos coailjutorcs titulándole Nicolás I. 



FER 267 

Como qnienh qae ma^ él marque do 1» Ensenad» resuelto á ciHitra* 
riar la iuflaeuoia brifcáaioa eia oonocimieato del rey ai do ene colegas, 
y por medio del embajador en Paris, negooió seoretamente un proyeeto 
de alianaa indisolnble entre las dos ramas de la filmüia Borboii; se pro- 
veyó de informes de varias autoridades de América contra ciertos abn^ 
sos cometidos por los ingleses, adelantó sumas oreoidas de dinero á la 
eompaüia francesa déla India para Ibmentar las hostilidades contra In- 
glaterra en el Nucto Mundo, y en fin oonoertó con laeorte de Versalles un 
plan de ataque general á los establecimientos británicos eu el golfo do 
Méjico. £1 embalador Keene que deecubríó estos proyeotoe, y las ina- 
truceioaee dadas al virey de Nueva BspaOa para preparar una espedí- 
clon á Campeche, empelló en unión del ministro Wall y del duque de Al-* 
va todos sus esfuerzos contra Ensenada y el confesor Bávago. El plan fué 
hábilmente combinado y documentado, sin que los descargos y espli- 
caciouee del ministro que quiso oir el rey, sirvieran en ninguna forma 
para su vindicación. 

Femando YI, hizo arrestar al marqués de la Ensebada y conducirlo 
eecoltado á ia ciudad de Granada^ punto que designé para su destierro. 
Fueron presos y confinados algunos de sus amigos y otros si^etos á 
juicio. La secretaria de Marina é ludias se confirió al bailio Arriaga, 
la de guerra al capitán general Eslaba, y la de hacienda al oondo de 
YalpaniisOé Los enemigos de Ensenada intentaron se le abriese eanaa Se- 
gún el mérito que prestaba la naturaleaa de sos papeles privadost mas 
no lo permitió la reina por esensarle una grave eondMiaoion. Luego lo 
acusaron de eonension y malversación, fundándose en su exeslvo Injo 
y desmedidos gastos» ezig^ndo se confiscasen sus bienes. Inventarii^ 
dús estos, se les dio un valor exi^^'^'^o V^^ sabia á tres millones de pe^ 
sos en alhajas, oro y plata, meufge, pinturas, ropa, despensa, &, maS 
no se pasé adelante por iuterposieion de Farinelli y de la misma reina 
que consiguió se sefialase á Ensenada una pensión de doce mil escudos 
de v^on para que conservase la decencia del toisón de oro, y dándola 
también el carácter de limosna sin traer á cuenta sus servicios. 

£yeroitaronse muchas plumas en esparcir dUumnias torpes, acrimi- 
naciones y sarcasmos contra el caido ministro: desahogos do la cutí- 
di*y déla maledicencia acoetumbradoe en Eopafiaen ocasiones tales; y 
que se han imitado en América por ia natural herencia de los malos ins- 
tintos que campean siempre eu medio de una vergonzosa ignoraneia» 
Pero en verdad Ensenad» protegió las letras y los hombres ilustres, ocu- 
pándolos en investigaciones científicas é históricas dentro y fuera del 
reino. Hizo formar índices de los códigos arábigos de ia biblioteca del 
Escorial: mandó imprimir las observaciones astronómicas de D. Jorje 
Juan y la relación de su viaje: fundé en Cádiz el observatorio Astro* 
uómioo de Marina: enviaba eomisioaes para recoger cariosos objetos 
Antiguos: Feyjoo, Campomaues y otro» doctos «looutrarou eu el acogi- 
da y protección. Propuso organizar un código abrazando solo las leyee 
vigentes y aclaraado las complicadas y dndoease iustituyó la academia 



268 PER 

de nobles artes ele San Femando: reanimó la agricnltnra con aoerfa- 
das providencias, y aboliólos impnestos qne gravaban el tráfico interior 
de los frotes. Fné el restaurador de la marina qae llegó Á constar de 
poderosas escuadras. Creó los matríenlas de mar, espidió las ordenan- 
zas de arsenales: erigió el de Cartagena, y principió á formar el astille- 
ro del Ferrol: hizo construir la fortalesa de Figneras &,. Tal fué el mi- 
nistro que destituyó y confinó Femando VI, por qne su pasión por 
la Francia y su odio á Inglaterra, alteraban los principios de paz y 
neutralidad qne habia establecido en su reinado. 

£u vauo insistieron con abundancia de artificios los agentes de las 
dos naciones rivales para oonquistar la voluntad dul gabinete ospafiol: 
todas las tentativas hasta para el cambio de ministros, escollaron en 1» 
firmeza incontrastable de Femando VI, y de la reina: Farinelli llegó á 
decir ni embalador francés qne ól no era diplomático sino músico. Pre- 
tendióse en seguida por el rey cristianísimo hacer á EspaSa mediado- 
ra en sus desavenencias con Inglaterra; papel honroso qne esquivó 
Fernando por creer, no sin razón, qne le traería mas tardo compromi- 
sos con las dos potencias. Y cansado de tolerar el irregular comporta- 
miento del embajador Duras pidió fnese relevado, como no pudo dejar 
de hacerlo el gabinete de Versal les: el rey separó también de la corte 
al confesor Bávago en virtud de datos que á ello le obligaron. 

Estalló por fin el rompimiento entre luj^laterra y Francia; esta con- 
siguió la alianza de Austria y aquella la de Prnsia. Rusia y Snecia 
abrasaron la cansa francesa. Esta nación tomó la isla de Menorca lo 
cnal prodi\jo gran exitaoion en Londres, causando la mnerte en un su* 
plioio del almirante Byng, y la entrada de Pitt al ministerio. Francia y 
Austria ofrecieron el trono de Polonia para el príncipe de Parma D. 
Felipe: pero á pesar de los afanes de Isabel Famesio su madre, los re- 
yes de Espafia no quisieron sacrificar la paz por un interés semejante. 
Todavía hizo mas Luis XV. apoyado por la Emperatriz: propuso ceder 
Menorca y ayndar á su primo á recuperar Gibraltar, con tal qne este se 
adhiriese á la alianza contra Inglaterra. Ninguna de estas tentativas 
bastaron á fascinar al rey Fernando ni á la reina, cada dia mas firmes 
en sus inquebrantables propósitos. Igual negativa dieron á la última 
invitación del gabinete británico, qne prometía devolver Gibraltar con 
la condición precisa de aliarse Espafia en la contienda con Francia, y 
cooperar con sus fuerzas á la reconquista de Menorca. 

I^a reina D? Bárbara eeperímentaba nn penoso padecimiento qne se 
agravó con rapidez, sin que alcanzaran á evitar su fatal estremo los re- 
cnrsos de la medicina» Falleció en Aranjaez el 27 de agosto de 1758. £1 
rey no pudo hacerse superior al pesar que se apoderó de su corazón. 
Retiróse á Villavieiosa de Ódon con muy pocas personas: se entregó á 
la melancolía á qne de suyo tenia propensión: abandonó los negocios 
y las distracciones cansando una paralización en todo lo administrati- 
vo, pues negaba andiencia á sus mismos secretarios. Volvióse maniáti- 
co, y en su habitación vivia en medio de estra vagantes y ridiculas 



PER 269 

Mamm no ne ftlSmetiiaba ni flonnia, y Hun wicn<1¡mi«uto8 nerviosos y con< 
vtilBivos fneron consnmiondolo npresnrodaiiionte. Y ain embargo reeis-' 
ti6 cérea de un alio nnas penalidades qno al CfalM> le llevaron al sepulcro 
el 10 de agosto 1759. Reinó este pacifico, lienéfico y honrado monarca, 
no mas de trece años. Los empleó en hnir de guerras iigustas, en eco- 
nomizar la sangre y los sacrificios de sus pueblos, y proporcionarles los 
adelantos que no saborearon siquiera en los reinados de sus temerarios 
predecesores, que tuvieron en sus manos ios destinos de Kspafia duran- 
te largnisimos y lamentables períodos. 

Fenmndo VI. fué muy atinado al hacer nombramientos de funciona^ 
ríos de baeienda. Las reutas todos se aumentaron, y en 1750 exedian en 
mas de cinco millones de escudos de lo que importaron en 1742; porque 
arrancó el manejo de ellas de manos de subbastadores usureros y tirá-^ 
nicos, y esto habiendo hecho rebinas en muchos impuestos. Era mas 
que probable que según los planes de Ensenada acordados con el rey, 
quedasen regcdarizadas las entradas del Erario para acudir á las obli" 
gaoiooes ordinarias, y no bajasen de veintisiete millones de escudos 
anuales, sin incluir Iss utilidades dei giro de letras que pasaba de qul* 
nientos mil escudos de vellón gravitando sobre el estraugero. En la 
época de Femando VI, los caudales que se llevaban de Indias subieron 
áseis millones de cuatro en que antes se calculaban, y Ensenada nq 
creía diñcil montosen ú doce. 'Tero de tal manera se cubrían ya las 
** atenciones ordinarias con los recursos interiores del reino, que pro* 
" ponía al rey, ó que aquellos foudosse tnvieseu reservados para aXerU' 
" der esclnslvamente á las necesidades estraordiuarias que ocurriesen, 
f 6 que no se trajeran, ya por los riesgos que corrían en el mar, y no 
" poder asegurarse cuando llegarían, ya iH>r que podrían ser allá mas 
" titiles, 6 para reprimir las inquietudes internas, ó para sostener las 
'' guerras que naciones estrafías moviesen, ó para desempeñar las ren* 
** isa de aquellos mismos reinos que las tenian empegadas, como suce* 
** dia en el Perñ, por haberse traído á la metrópoli, sin cálculo ni pru» 
" dencia, todo lo que aquellas ricas minas producían" (Memoria de En* 
senada en el tomo 12 del Semanario enidito de Yallaflares y en la co- 
lección de Sampere.) Según Canga Arguelles en su ''Diccionario de Ha* 
eienda," las rentas provinciales de Castilla produjeron en 1758, sesen- 
ta y ocho millones de reales y la de aduanas treinta y cuatro, 

Al fallecimiento de Fernando VI. había un sobrante do trescientos 
millonea de reales; hecho que ae esperi mentaba por primera vez en Es- 
palia, y que puede servir de enseñanza para que los malos gobicnios 
comprendan sonrojados los bienes que producen la paz, la economía 
y la providad. Este rey mandó liquidar las deudas atrazadas hasta su 
advenimiento al trono á fin de ir satisfaciéndolas, como que señaló para 
la amortización de ellas dos millones seiscientos mil reales. Dio activo 
fomento á las fábricas y mnuufactnrns empleando en este objeto cre- 
cidas cantidades; y en 1751 existían en ejercicio en t«do el reino ca- 
torce mil seiscientos diez telares solo de tejidos de seda. To<lo esto se 



270 FÉR 

hacia á la sombra \le im iinpertnrbable stmego, pero sia olvidar qne 
uo debían mengnarHO los respetos de la üacion. Sosteníale una neutrali* 
dad armada é impoHonte para garantizarla de Jas asechanzas estrafias: 
consnmfa parte considerable de los ingresos nua marina de guerra ore* 
oída y bien organizada, y nu ejército de ciento treinta y tres batollo- 
noSy ocho mas de marina, sesenta y ooho esonadrones y mochos ener* 
pos de milicias disciplinada!!. 

Dictáronse pragmáticas y decretos para pemegair la vaganoi», el 
Juego y los abasos de las comunidades religiosas. Fué creada y dotada 
una academia de dibujo, y se establecieron premios > pensiones para 
los que en ol estranjero completasen sn iustmccton en los ramos de 
las bellas artos. Diose en fín apoyo á las empreeas y asociaciones lite- 
rarias qne se csteudieron bajo los anspioios gobernativos dentro y fue- 
ra de la corte: frecuentáronse los viajes cien tifíeos y oomisionea Á que 
se debieron positivos adelantos, y se practicaron curiosas investiga- 
ciones en todos los archivos para aprovecharlas en las tareaa históricas. 

La inquisición decayó notablemente en este i^inado, y no se vieron 
nms autos generales de fé; habiendo sido solo treinta y enatro los parti- 
culares, en los cuales apenas se contaron diez personas relajadas, No so 
hablaba ya do protestantes, moriscos ni Judaisant'Cs; pero el Santo Ofi- 
cio tuvo materia nueva en que ejercitar sos persecuciones, y fué est-a 
la francmasoueria que se habia introducido en Espafia; asociación mis* 
teriosa de que recelaron los católicos, y contra la cual lanzó Clemeuto 
XII. una bula de excomunión. 

Reinado tan paternal y favorecedor de la España no fué lo mismo 
para las AmóHcas. Hemos bnseado en vano pruebas y testimonios de 
actos do Justicia, equidad y beueñconcia que merecieran recordarse. 
Lo único qne en el Perú puede exitar gratitud al rey Femando VI, es 
que eu su época no se hizo sentir la insaciable codicia con qne en an- 
teriores tiempos se recargabiin los impuestos y se exigían uno tras- 
otro donativos gratuitos, prestamos y exacciones indebidas bajo dife- 
rentes formas y arbitrios mas ó menos odiosos. NI couoesioues genero- 
sas, ni x)roteccion á empresas ni obras públieas, ni gracias estraordina- 
rios con motivo del terremoto de 1746, nada hemos encontrado digno 
de grata memoria después de registrar abultadas colecciones de reales 
órdenes. Eutretauto se autorizó y legalizó el comemo de los corregi- 
dores con los indios conocido por repartimiento. Durante el gobierno 
tic Fernando VI. so edificó la fortaleza del Callao, y no hubo en el Perú 
otro vircy qne el teniente general D. José Antonio Manso Conde de 
Snperunda. En el artículo que le' respecta nos contraemos Á tratar de 
cnanto sucedió en su administración de dicztseis aSlos. 

Eu cnanto al presente, rostimos indicar algunas cédulas y órdenes 
reales de Fernando YI, que merecen no olvidarse y que como todas las 
que so espidieron entonces, no se hallan entre las leyes de Indias, por 
ser sus fechas posteriores tí la promulgación de dreho código. 

174B. Derogando la ónlen de 1742 qne permitía fletar y habilitar li* 



PER 271 

Í>remento embarcaciones para enviar del Perú á puertos de EspaHa fru- 
tos y prodneioues del país, oxeptuaudo el oro y la plata, y llevaudose 
también pasi^eros. 

1748. Qae el virey no hiciera novedad en la saces ion legal de los ca- 
cicazgos, ni los quitara Á unos por darlos á otros. Creando el archivo 
y 1» plaza de archivero del tribunal do Cuentas. Que se declarasen va- 
eaotes las prebendas de que no hubiesen tomado posesión los provis- 
tos en los plazos que se sefíalarou. 

1749. Que sin embargo de anterior prohibicioni se guardase la anti- 
gua costumbre de recibir á los vireyes b^jo palio la primera vez que 
ingresasen en la capital. Que el virey no concediese dispensas de edad 
para administrar bienes ni servir oficios. Que se publicase el breve del 
Seftor Benedicto XIV, par^ que los sacerdotes pudieran celebrar tres 
■lisas el día de difuntos con aplicación particular de solo una. Que el 
vivey y el arzobispo acordaran la provisión de los curatos que tenían 
los regalares y fuesen vacando, debiendo encargarse á clérigos dignos 
por sa mérito. Denegando el tratamiento de Alteza solicitado por el 
tribunal de Cuentas. 

1750. Que se cumpliesen las resoluciones dadas para que los estran- 
J«ros no so avecindaran en América, ni entraran en tratos ni comercio 
alguno sin real licencia, y qvLOÁ los contraventores se les obligara á sa- 
lir del pais. Que se liquidase la cuenta do las vacantes menores de las 
iglesias, entrando en arcas reales todo lo que tocare al rey sin que va- 
liesen las resistencias de los cabildos. 

1751. Que se había negado á los caciques é indios nobles la licencia 
que pretendían para ir á EspaRa cuando quisieran, y que el virey la 
concediese en particular cuando la pidiesen por justos motivos. Que so 
publicase el breve del papa Benedicto XIV. dispensando el trabajo ser- 
vil en los diaa festivos, oyendo misa en ellos. Que una junta del virey, 
cuatro oidores y el fiscal, instruida do los géneros que so necesitasen 
en los distritos, de sus precios y consumos, formase el arancel do la 
cantidad, número y valor á que se hubiesen de vender á los indios por 
los corregidores, j el modo y forma de ejecutarlo comprendiendo á los 
territorios de Charcas y Chile. Que el virey tuviese todas las faculta- 
des que correspondían al Superintendente general de real hacienda. 
Qao los vireyes formasen precisamente la relación de loe actos y ocur- 
rencias pasadas on su administración, para que el sucesor se hiciese 
capaz de todo. Que el virey suspendiera el cumplimiento do los despa- 
chos cuando hubiese demérito en los nombrados. Que los buques no 
arrivasen á Canarias, y que si alguno lo hiciese sin justificar un moti- 
vo urgente, fuese confiscado con la carga. 

1752. Modificando lo resuelto on 1749 que los vireyes dispensasen 

la menor edad cuando se hubiese cumplido los veintiún afios, pero con 
aprobación del consejo. Que los mismoH y los presidentes y goberna^o- 
ires no p^mitieaen qoe los curas se empleasen en servicio de la dig- 
nidad ni persona de sus prelados, ni obtuviesen cátedras ni otros en- 



272 ÍER 

targos que impulletieii la reiitdeucia en sus bdnefíoios. Áprobaudo U 
erección de )» cátedra de Anatomia en la Uui tersidad de Lima. Qa« no 
90 permitiese la impresión de papeles sobre asnntos peudientee eu los 
tribunales, sin ptevia licenoíai pena de doscientos dnoados j prÍTaciou 
lierpetna de oficio á los impresores. 

1754. Que á los indios yanaconas no les llevasen sus curas derecho 
alguno. Que no se consintiese, como antes, que en América circulase 
moneda no acnfiada en ella para estinguir el comercio de pesetas of»- 
tranjeras y españolas: y que se recogiese la existente por su valor 
efectivo. 

1755. Que el arzobispo entregase al virey con carta abierta firmada 
l>or él y su cabildo, los autos de las oposiciones Á las cauongias de oft- 
Cío. Que se fundase eu la Uuiversidad de Lima una cátedra de Teolo- 
gía moral sirviéndola uno de los religiosos de la Buena muerte. Que el 
arzobispo no debió escribir directamente al Nuncio del Papa, sino por 
Inedio del consejo sobro un br^ve pontificio, y que observase esto siem- 
pre que se ofreciese. Reprendiendo al arzobispo por haber pretendido 
llevar en las procesiones un capellán ademas del candatario. 

1756. Que cesase la contribución de tiras que pagaban los corregido- 
al reudir al tribunal sus cuentas. Que fuesen libres los indios y los ne- 
gros que huidos de las colonias estranjeras, pasasen al Perú; sin que 
se admitiese reclamación alguna. 

1757. Que el virey apremiase cou rigor á los oficiales reales de Buenos 
Aires para que remitiesen sus cuentas al tribunal de Lima para ser 
Juzgadas. Que los arrendamientos de las reutas reales so hiciesen á Id 
mas por cuatro 6 cinco afios, 

1758. Que no se consintiese que los curas aprehendiesen á persona 
alguna por deudas de derechos y obvenciones. Que se satisfaciese inme- 
diatamente lo que se debia por censos del capital de cuarenta y sei& 
mil ochocientos pesos perteneciente á los Santos lugares de Jemsaiem 
é impuestos eu la tesorería de Lima. Que no se guardasen las ordenan- 
zas del virey duque de la Palata en que se autorizaba á los corregido- 
res para celar las operaciones de los curas. Que el virey con los minis- 
tros acompafiados que nombrase, conociese de las causas mercantiles 
en que se apelase de los fallos del consulado y del tribunal de alzadas, 

1759. Que el virey al dar licencia á dos curas para qud acompa&aaen 
al arzobispo en su regreso á Espa&a, liabia obrado contra las leyes ca- 
nónicas y reales; y que si no hubiesen regresado se diesen por vacantes 
sus beneficios: que los frutos de ellos se aplicasen Á la fábrica de sus 
iglesias. 

Cuando el virey Manso dio cuenta de algunos arbitcios que habrá 
adoptado para emprender la reedificación de la Catedral de Lima des- 
truida por el terremoto de 1746, el rey Fernando VI. dciide luego apro- 
bó dichas medidas, que consistieron eu hacer uso de los espolios dispo- 
nibles por el fallecimiento de dos arzobispos. Mas cuando dicho virey 
solicitó auxilios en mayor escala, el ministro Ensenada le contestó 



<]f1i6 debían ooncnrrir á darlos el prolado f los prebendados, poY que 
no todo lo había de costear la real hacienda. Cou eeto llegó el caso de 
no haber dinero para oontinnar el trabijo; y para no parausarlo^ aplicó 
Manso en jnnta de hacienda el ramo do Tacantes mayores y menores 
de las iglesias del reino. 

Con itfotiTo de la demarcación de límites con el brasil, se enrío á 
Baenos Aires del erario pemano nn millón ochocientos mil pesos; y 
otras cwwttosas samas se remitieron á Portobelo paca la conslmeoiou 
de sns jfortaleaas. Bn el artículo Manso daremos no pocas pruebas do 
^ne Femando VI, el rey mas benéfico qae taro Espafi*, no lo foé para él 
Pertfycomo lo habríamos deseado para completar nuestros Justos eU^oSé 



YII — ^Bey de Espafia emperador XXVI. y último del Perú. 
Nació en San Lorenso del Escorial en 14 de optnbre de 1784, hyo del 
rey Garlos IV^ y de su esposa la roina María Lnisa de Panaa. Fué pro- 
clamado príncipe de Asturias en 23 de setienftoe de 1780. Habiendo ab- 
dieado la corona el rey su padre en Arai\|ue8 á 19 de marso de IQO&f 
principió Fernando so reinado en esafecha^ y se le Juró en Lima el 13 de 
octnbro del mismo a&o. Contn4<> meatrimonio con la princesa Maria 
Antonia de NáiKdes en 14 de abril de 1802, ¿ pesar de la opoáeion que 
biso el privado de los r«yes D. Manuel Godoy primer ministro, qnies 
por akgar de sns padres á Femando, intentaba se le enviase á Tildar 
por tres ó cuatro a&os para que hiciese estadio del mundo, completan- 
do su educación que se hallaba muy atrasada. Ltf princesa falleció eit 
1800^ y se cuenta que sufrió profundos disgustos á mérito de rumores ca- 
lumniosos ofensivos á ella, y cuyo origen se atribuía al círculo de Oo« 
doy: D? Maria Antonia conspiró sin cesar en unión de su madre la rei^ 
na de Ñápeles, á ftn de derrocar al favorito opresor y enemigo del prín- 
cipe Fernandoi Hioieronsele exequias en Lima, pronunciando una ele- 
gante oración el Dr. D. José Joaquín de Larri va, la cual se imprimiú 
precedida de nna Oda de D. José Joaquin de Olmedo. 

Habriamos de duplicar nuestro trabajo si en el presente artículo re- 
firiésemos sucesos y particularidades de que dimos razón exacta en el 
que corresponde al rey Carlos. Euoadenada la narración de hechos qun 
tanto x>crtenecen á este Boberano como Á su h^o Femando, nos fué in- 
dispensable hacerla por entero según aparece en nuestro tomó 3®, desde 
la página 208 hasta el ftual del citado artículo eoncemieate á Carlos 
IV. En él encontrará el lector lus cansas de la enemistad é indecible 
édío de Femando al ministro predilecto do sus padres, su falta de con- 
fianza y aun de sinceridad ooit estos, y sus qu^as continuas por la 
frialdad y poco aprecio con que ora tratado. Encontrará que el princi- 
pe escuchaba y se regía por las sugestiones de su maestro el canónigo 
D. Juan de Escoiqniz, del duque de San Carlos, y otros que corea de él 
infinian fomentando los disturbios de palacio y el aborrecimiento á D. 
Manuel Godoy, de quien eran implacables y simulados adversarios. Se 

enterará de como Femando se comunicaba secretamente con el empe- 

36 



27Í FÉBT 

ríMlor Napoleón, y solicitaba le diera por esposa á aba persona de sd* ' 
familia. Tomará ooiioeimiento de la pesquisa qne el rey mandó hacer 
de los papeles de su hijo, del arresto que le impuso, del proceso que 
roaodó formar contra él y sus cdnipliees en el Bseorial; del término que* 
tnvo el Juicio por mediación del mismo Godoy, y en virtud del peidon- 
qae predijeron las cartas que el príncipe escrilMó-- al rey y á la rein* 
con liumtllaoion y protestasde enmienda. 

JLIH hemos hecho también relato de los* prineípios é incidencias del- 
tumulto popular de Aranjuez, para impedir la marcha de los reyes á> 
Andalucía con motivo de la internación de los ejércitos fiwiceees en 
Espafia; y de la toma por sorpresa y con perfidia de las principales for- 
talezas. De ese tumulto desenfrenado no estaba inocente Femando, y 
se eneaminaba á^lacaida violenta de Godoy, su* prisión y la destituciotí 
decretada en eonsecuenoja de todo. Dimos igualmente noticia puutual 
de la abdicación hecha por Carlod IV. en íavor del príncipe D. Feman- 
do quien mandé procesar á Godoy confiscándole todos sus bienes. Cui- 
damos de recordar los ezesos á qne se entregó el poeljlo, la entrada deí^ 
gran duque Mnrat en Madrid, las^veigonzosas adulaciones que se le pro- 
digaron: la entrega deshonrosa que le hizo Femando, y oon ceremo- 
nial público, de la espada del rey Francisco I. vencido en Pavía: laa- 
quejas amargas de los reyes padres á Murat contra Femando pintando-' 
le su carácter siniestro, atribuyéndole la colaboración para destronar- 
los, el plan do asesinar á sa madre con otras degradantes esplicaciones. 
Bn seguida hemos manifestado la protesta de Garlos IV. anulando la ab« 
dicaoion, y todo cuanto antecedió á la marcha de Femando y á la de 
los reyes padres á Bayona. Últimamente, no omitimos la correspon- 
dencia que medió entre Carlos IV. Femando y Napoleón, las entre- 
vistas, los cargos horribles de aquellos reyes A su hyo, espresados en 
términos escandalosos: las remiucias qne hicieron de su corona en el 
emperador, y la cesión que otorgó Fernando de sus derechos en favoc^ 
del mismo; habiéudoiios detenido en puntualizáis loa por menores, las 
intrigas éinoidencias de tan asombrosos sucesos; sin olvidar los trata- 
dos qne se celebraron, eu los cuales constan los honores, asigtiaciones 
y rentas ^adas por Napoleón á los dos reyes, reina y príncipes de la fa« 
milla real de Espafia. 

Instinldo el lector de cuanto queda espnesto, se hallará en aptitnd- 
de ocuparse de lo que Tamos á referir con respecto al reinado de Fer- 
nando VII. 

Elevado al trono del modo que hemos dicho, en« 10 dé marzo de 1808 
formó su ministerio con el general D. Pedro Cevallos y elgeneral de ma- 
lina D. Frey Francisco Gil qne fué virey del Perú, y ambos ministros 
de Carlos IV: en el de hacienda reemplazó á D. Miguel C. Soler con D. 
Miguel J. de Azauza que habia sido virey dé Méjico, en el de guerra 
sustituyó al general Felin con el general D. Gonzalo O' Farríl, y en 
el de Gracia y Justicia al marqués Caballero con el consejero D« 
Sebastian Piñuela. Femando alzó la. confiscación y tnyo á la corte á 



FER 275 

lo6 oompiendidoB en el proceso del Eseoriali y los honró con dia- 
.tinoiones y sitos empleos. Persiguióse sin piedad á los partidarios do 
Godoy: tomáronse providencias destruyendo mucho de lo existente, y 
«entre ellas apareció la suspensión de la venta del sétimo de los bienes 
eclesitfsticos qno estaba concedida por bula pontüloia. 

▲1 marchar el rey para Francia á verso con su íntimo amigo y aliado, 
icoraoilamaba á Napoleón, d^ó encomendado el gobierno á una Junta 
presidida por su tio el IniaateP. Antonio. No bien emprendió su ca- 
«iino cuando Hnrat exigía de aquella.que á tenor de la protesta de Car- 
los IV. se le reconociese nuevamente por rey de Espafia; pero la juuta so 
mego oíbeciendo comunicarlo á Femando; pidió que D. Carlos no «jer- 
cíese en su tránsito para Bayona acto aJgnno de soberanía y que esto 
asunto quedase en secreto. 

Napoleón aprovechó la noticia del levantamiento del 2 de mayo de 
. 1808 para precipitar las cosas, y diciendo **no ma8 tregwuy" obligar á 
ios reyea á los aetos de renuncia y cesiou de la corona de que hemos 
dado cuenta. La altivez y las reclamaciones do Murat por hechos hos- 
tiles del paisanaje, al cual provocaban con sus estorsiones y vejámenes 
las mismas tropas francesas, tenían á la tímida junta en un estado 
■liien triste de perpl<\jidafl é inacción. Las consultas que hlso á Feman- 
do no las absolvió este con clara precisión, y un emisario que envió, 
hacia ver que su voluntad era que todo siguiese en armonía para no 
«comprometer la situación y la suerte del rey y de su círculo: pero á es- 
.te paso decia que Femando estaba resuelto á perderla vida antes do 
consentir en una renaucin inicua... >. y guardaba silencio sobre otros 
j>atttos.sustauc¡ales. En Madrid y sus alrededores, tenia Murat veintt- 
cineomil hombres, mientras que la guarnición española no pasaba de 
tres mil. Exigió áia junta marchaBon & Bayona por llamamiento de 
Cavíos IV, el Infante D. Francisco de Paula menor de edad y la 
mna de Etmria. El ofendido pueblo irritado y dispuesto para impe- 
dir la salida del luíante, formó grupos y se presentó en la plaza de pa- 
lacio alarmado y en actitud amenazante y resuelta. Y como arremetió- 
■ se de un ayudante de Murat que por casualidad salvó de la muerte, y 
prosignieae desahogando su rabia y desesperación, hizo armas contra 
las tropas francesas que rompieron sas fuegos sobre las turbas, sacri- 
ficando crecido número de víctimas por todas direcciones. Decidióse 
á prestar apoyo al paisauíje parte del cuerpo de artillería que había 
«atado vacilante: las descargas de tres piezas sacadas del cuartel, die- 
ron en tierra con mnchos enemigos; pero empeQada mas fuerza en la 
lucha, perecieron los capitanes Daoiz, Velarde y otros defendiendo el 
. parque. Murat hizo suspender la matanza á iustancius déla junta, que 
ák costa de un trabajo tenaz consiguió se sosogAseu y dispersasen las 
. masas del exaltado y furioso pueblo. En un bando que hizo pnblicar 
Mumt ei mismo día 2 de mayo, y que fué estrictamente cumplido, im- 
paso pena do muerte á los prisioneros armados, á los que auduvleasii 
después con armas ó las tnvieseu en sus casns, y á los qu^^ fuesen auto- 



276 PER 

i^ <l6 liboloa 6 los repariMMiL. Prevtnp que toda reunión que pi 
de ocho iiulividaos. aería disneli» á fosÜMOs: qne la población doudo 
fnose oMBiuado un franoos seria inceudiadl^ y qne loe amos responder 
riaii de sns criados, los empresarios de sns trabajadores, los padres de 
sus bijos, los prelados de sos frailes 6l, 

No solo salió para Bayona el Infante P. Fraiicisoo sino D. Antonip 
que presidia la jan ¿a. Era esto esoaso de capacidad y de aptitndes, y 
por tanto la persona menos aparento para gobernur. Al nareharse de- 
jó al Tocal mas caractoriaado de la j anta el signiento liillete: ''Al se- 
" fior Gil — ^A la j anta para su gobierno le pongo en sn noticia, eomo 
'< me he marchado á Bayona de orden del rey, y digo á dicha Jania 
" qae ella sigao en los mistaos términos como sí yo eetaTÍsse en eila. 
" Dios nos la dé buena. A dios sefiores, hasta el valle de Josafat. Am- 
" tonio Pascaall" La junta cuyos desaciertos y debilidades no toaiau 
límites, admitió en su seno al gran daque Murat que quiso presi^Urla. 
£1 mismo día en que esto pasaba en Madrid, dio Carlos IV. en Bayona 
ira decreto nombrando á Harat su lugar toniepto en Espáfia, y pan^ 
que presidiese la misma junta que gobernaba por Femando Vil. Esto 
por su parto espidió también en Bayona dos resoluoiones, en 5 de ma- 
yo: una diciendo á la junto "se hallaba sin libertad, y que la autorí- 
*' saba para ejercer en sn nombre las funciones de la soberanía; y que 
" las hostilidades deberían empezar desde que violentomente lo obH- 
" ¿aran á iutemarso en Francia.'' Eula otra mandaba al consejo "que 
" eouvocara las cortos del reino en el paraje mas seguro, para aton- 
" der ú la defensa do la monarquía y demás qne pudiera ocurrir." Msi^ 
el dia 6 comunicó á la misma junta "que había devuelto la corona al 
" rey su padre, y eucargáudole se sometiese en todo á las órdenes de) 
" antiguo monarca.'' Semejauto laberinto de inestrícables contradic- 
ciones, aturdió á los miembros de ella que carecían de la entereza y 
valor moral inseparables de los verdaderos hombres de Es todo. Ha- 
bían sido nombrados y representaban á D. FM'uando, eonsienton ei^ 
ser presididos por el lugar teuiento de D. Carlos, á quien nadie reco- 
nocía ni obMlecía ya en España; y echando á un lado los primeros man- 
datos de Fernando, que los facultaba sin limitacionee, se atuvieron á 
las seguudaa órdenes dol mismo quo habla anunciado hallarse sia li- 
bertad. 

Napoleón se apresuró á dar la corona de Espafia á su hermano José 
que era rey de Niipoles: autos la habia rehusado liuciano, otro herma- 
i)o suyo á quien se la ofreció prívadamento. Pero queriendo qne José 
fuese propuesto por la junto, los consejos y corporaciones de Madrid, 
encargó á Murat lo arreglase asf: y en efecto, hechas las peticionea del 
C.180 se cumplieron los deseos del emperador, quien al elegir á su her- 
mano, declaró solemnemente lo verificaba á solicitud de los eapafioles. 
Y habiendo detorminado dar una constitución á la monarquía que apa- 
reciese como obra de ellos mismos, dispuso hubiese en Bayona un 8t- 
ninlacro de cprtes con el título de "Asamblea de notables," é hico que 



f*BR 277 

>y9mt la oouvooAAe para el 15 de jnuio, espiíliendo la proclama sigaieu- 
te, qno digaiie lo qne so qniera, enoerraba otemos verdades. 

'^Españoles: despncs de nna larga agonía, vnestra uacion iba á pere- 
.** eer. He visto vaestros males y voy á remediarlos. Vaestra graiide- 
■** sa y vnestro poder haceu pacte del niio. Vaestros priucipes me kaa 
<< eedido todos sos dereobos á la coroua de Espafia. Yo no quiero rei- 
** nar eu vaestras provincias; itero quiero adqairir derecbos eternos ai 
^* amor y al reconocimiento de vaestra posteridad. Vaestra monarquía 
" es vieja, mi mUion ea rniovarlo; m/gforaré vuestras imsHUtieUmeaf y os haré 
*^ gogar^ si me ayudáis, de ím heuefUsios de iina reformOy sin que esperi- 
*' mentéis quebrantos, desórdenes y convulsiones. 

"IfispaOoles: ho hecho convocar una asamblea general de las diputacla- 
*' lies de las provincias y ciudadeá. Quiero asegurarme por mi mismo 
" de vuestros deseos y necesidades. Entonces depondré todos mis de« 
^^ reohoB, y colocaré, vuestra gloriosa coroua en las sienes de un otro 
" yo, garantizándoos al mismo tiempo una oQnstUudou que oondUe la so»- 
•'< te y saludable a^Ooridad del scherano, con las Ubertades y privilegios del pus- 
** bl^, Espafioles: recordad lo que han sido vuestros padres, y contem- 
.'* piad vnestro estado. No es vuesira la enZpa, sino del mal gobierno que os 
** ha regido; tened gran confianza en las circunstancias actuales, pues 
" yo quiero que mi memoria llegue hasta vuestros últimos nietos y ea- 
'* .clamen. Es el regenerador de nuestra patria" Napoleou." 

La asamblea había de qomponerse de ciento cincuenta individuos de 
Jos tres brazos, clero, nobleza y estado llano, elegidos unos por los ayun- 
tamientos, otros por sus corporaciones y otros designados por la Jun.- 
ta do gobierno: Napoleón fué de sentir la presidiese el ministro Aeanza. 

No se hizo esperar el levaptamiento de toda la nacio^ indignada nni- 
fomiemente al vor la perfidia con que los franceses le arrebat4iron sus 
.reyes, y las violencias con que se hacia una escandalosa usurpación. 
Unísono fué el resentimiento de los pueblos oprimidos y ultrijados 
con la^ demasías y vejámenes de un ejército estiaujero destinado á im- 
ponerles un soberano estraOo. £1 honor y el patriotismo ofoudidoe eu 
io mas vivo, inflamaron un Justo y auimoso entusiasmo eu todas las 
clases sociales; los pueblos en masa Juraron morir defendiendo sus^e- 
recbos y vengando la sangre derramada en Madrid. Y lejos de infundir- 
les temor las numerosas fuerzas del ^ne sometía naciones, daba y qui- 
taba tronos, le desafiaron á una lucha desigual en que arrostrarian to- 
do género de peligros y consecuencias. 

A todas las provincias se anticipé el principado de Asturias, aquel 
.pais moutafioso donde tuvo origen la gloriosa gaerra de siglos contra 
el inmenso poder del islamismo. £1 marqués de Santa Cruz de Marce- 
nado encabezó el alzamiento popular presidiendo nna Junta que se 
constituyó en autoridad suprema: tomáronse cien mil fusiles que habia 
depositados en Oviedo, se ari^ió la muchedumbre y se declaró la guer- 
ra á Napoleón. Pasaron emisarios á Inglaterra, cuyo gobierno ofreció 
apoyarla independencia española, y mando vestuarios, pertiechosy 



276 FER 

varios jefes para diil^r los movimientos. En Leen se prodnmó álPerr 
nando Vil. y se croo otra Jauta goberuativn presidida por el tmílio D. 
Antonio Yaldes General de Marina. 

Luego estalló la revolución en Santander (26 de mayo) no obstante 
haber Á poca distancia tropas francesas. 8e instaló una janta y á su 
frente figuró el obispo D. Rafael Menendez de Luarca qne se arrogó el 
titulo de regente soberano de Cantabria á nombre de Femando y eom 
tratamiento de alteza. Siguió Galicia comensaado la Conilla donde na 
talabartero Sinforoso LopcK acandiUó al pueblo y se apoderó del pala- 
.eio de la capitania general y del parque en que encontró cuarenta mil 
fusiles. Formóse la Junta presidida por el general D. Antonio AIced«, 
americano conocido por su mérito literario, y (^ue állf obró con tino y 
prudencia asociado á dos obispos. Rectbióreuse de Inglaterra cuantio- 
sos auxilios. Mas como parece imposible que en las coumosiones popu- 
lares por nobles ^^ue «ean sus designios, deje de haber escándalos y 
43r(menes qne manchen la historia de los sucesos, las turbulencias de 
Galicia en medio del desenfreno de la multitud ofrecen una prueba do 
«sta triste yer^lbd^ Fué asesinado un regidor en Orense: varios jefes 
«ufrieron pedradas y palos en la Corufia, y el capitán general l^'ilAngie- 
ri (hermano del autor de la '^Ciencia de la legislación/') fué muerto ale- 
vosamente en las calles Villa-franca. 

Segovia confiada en la escuela de artillería, se atrevió á hacer frente 
4 las tropas francesas, y los cadetes y los paisanos vencidos tuvieron 
qne darse á la fuga. El director del colegio D. Miguel Cevallos al ro- 
fugiarse en Valladolid (donde el pueblo pugnaba con el obstinado ge- 
neral Cuesta) pereció á manos de la turba que atribula á traición su- 
ya el desgraciado suceso de Segovia; calumnia do qne hay muchos 
ejemplos cuando c^mpeau á sus anchas la malicia y la ignorante y re- 
celosa multitud: el cadáver de Cevallos fué arrastrado por las calles 
y arrojado al rio. 

En Sevilla so hizo el cambio con apoyo de la guarnición, y se dio la 
presidencia de la jauta snprema de Espafia é Indias al antiguo minis- 
tro de hacienda D. Francisco Saavedra, y la vico-presidencia al Arzo- 
bispo de Laodicea. Yarii\s provincias se disgustaron con aquella dcixo- 
minacion y el titulo do alteza real. Deslustróse el pronunciamiento con 
el asesinato del conde de Águila arcabuceado después de atarlo á un 
balcón de la torro de Triana. Se adhirió el general Castalios con nus- 
vc mil hombres que mandaba en el campo de Gibraltar: coufíriósele el 
mando en Jefe del ejército que con actividad se reunía. Mandaba en 
Cádiz el general D. Francisco Solano Marqués del Socorro, quien cre- 
yendo temeraria la revolución contra el formidable ejército francés, no 
se prestó á ella y á que so declarase la guerra, sino obligado por los 
tumultos populares. Con estos precedentes habia dado margen á que 
se sospechase de él; y como un consejo de oficiales de marima observó 
que no podia atacarse á la escuadra francesa por hallarse interpolada 
4:ou la espafioii^ qno era factible pereciese, so encendió la cólera popa- 



FE» 279 

W lanzaiiilo&o la plebe á la casa de Solauo cuyntr x*^^^^^^^ destrozó á 
ea&ouazos. Fué tomado pac otra iumediata doude se acogió, y al conda- 
eirlo paia ser ahorcado, ana niauo aleve le asertó tal herida qae puso 
fin á BU existencia. Sucedió á Solauo él general Moría, quieu hizo coni- 
iMilir y rendir á la armada qoo coroaudaba el Almirante Bossilly. An- 
tea de eeie feliz acaecimiento la junta suprema de Sevilla declaróla' 
guerra á Francia (6 de Junio) prometiendo no soltar las armas íiasta 
qae el Rey Yolvlera á Espal&a libre y en la plenitud de sus derechos. 
Pera no debemos silenciarle dichajanta anunció que concluida la 
eentienda, "so convocarían cortes por Femando VII. para reformar 
" abusos y establecer las leyes que el tiempo y la esx*eriencia dictasen 
'^ para el pdblioo bien y feltoidad, y afiadla," cosas que sabemos hacer 
los espa&oleSy que las hemos heeho con otros pueblos sin necesidad de 
que vengan los franceses á enseñárnoslo...." Si así se condenaba el 
simnlacro de representación nacional convocado por Napoleón, se de- 
jaba comprender al mismo tiempo que ademas de la iudei>endeucla y 
de la defensa de la dinastía, abrigaba la clase ilustrada ideas de liber- 
tad y miras de alterar las formas del gobierno absoluto, entrando cu 
modificaoiones saludables y consonantes con las luces del siglo. 

A la Junta de Sevilla se subordinaron las otras con exepcion de la de 
Granada, ciudad que habituada ¿stf antigua grandeza, y no aviniéndo- 
se ooii aquella dependencia, x>rotendió obrar de su cuenta sin serme- 
nos en cnanto Á esfuerzos y sacrificios. Se decidió por la guerra, y pro- 
cediendo á organizar tropas, encargo el mando militar al general Re- 
diug, y stt instrucción al brigadier Abadia: una Junta de gobierno fun- 
cionó cou acierto y en breve contó oon una fuerza resxiatable. No fal- 
taron alH exesos de la acalorada nmltitud qoe asesinó á J>^ Pedro Tru- 
J4II0 ex-gobernador de Málaga d&. £u Es tremad ura el conde de la Tor- 
re del Fresno pereció también sin mas que suponérsele traidor por al- 
gún mal intencionado: en circunstancias de hallarse oculto le dio 
muerte la plebe y arrastró su cadáver. £n esa provincia erigida su 
junta gubernativa, se arreglaron veinte mil soldados sin embargo de 
enootttraroe la división francesa de Kellermann bastante inmediata y 
cubriendo la frontera do Poitugal. 

Cartagena levantó su bandera revolucionaria reemplazando al capi- 
tán general D. Francisco de Borja el general de marina D. Baltazar 
Hidalgo de Cisueros, y dando un lugar ou la Junta provincial al sabio 
marino D. Gabriel do Ciscar. Siguieron levantándose otras ciudades 
importantes del reino de Murcia, y en una de ellas fué miembro de la 
Junta el ilustre conde de Florida Blanca antiguo ministro de Carlos 
UI. £1 general BorJa fué asesinado, lo mismo que el corregidor de Vi- 
llena: hechos indignos que afearon un pronunciamiento tan patriótico, 
dejando fatal recuerdo de la ciega ferocidad de las turbas desborda- 
das. Así fttó también manchada de un modo lamentable la insurrec- 
ción do Valencia:^ una banda numerosa de frenéticos exitada por 
la tibieza que manifestaba la. audiencia, aclamó per caudillo á un veu- 



fso tM 



dedor de pajtaelas qne con el retrato de Ferniindo VII. y el de U virgen^ 
de Desainparadoe pendientes de nna cáfia, deelaró la guerra á Napo- 
león aCa<liendo iCbus desenfrenado» gritos los de y iva el rey y maeraír 
los traidores. La plebe anmentó su febril exaltaeion, nombró nu capitaír 
general y tomó la cindadela. 8e constituyó nná Junta de personas nota^ 
bles por la mediación de otras influyentes: pero un rumor falso, par» 
él cuál no &ltó alguna apariencia, hizo calificar de traidor en medio' 
del bullicio al Barón de Albalat qne acababa de ser elegido miembro' 
de la Junta. Consecutivamente ía multitud lo aoabó á pufialadas cor- 
tándolíB la cabeza qne fué presentada en nna pica. Un cauóníj^de San-' 
Isidro de Madrid, D. Baltasar Calvo; Jefe del bando Jesuíta y de ante- 
oedentes perversos, intentó ser miembro de la Jufata: pata ello se entre- 
gó en los brazos del feroz populacho, y desparramó la tos de haber en* 
dicha Junta traidores que estaban en connivencia con Mnrat. Se pro- 
ponia hacerse dnéfio de la«!tuacIon halagando á 1»" plebe con sus peí*- 
fidias, y aunque el país se inundase en sangre. Ofreció á los muchos 
franceses que estaban presos salvarlos y embarcarlos, induciéndolos á' 
fugar por uir postigo de la cindadela: la muchedumbre prevenida por 
él mismo penetró en ella y ató de dos en dos & esos desgraciados. Cal* 
YO se empellaba en vano para qué el capitán general los hiciese dego* 
llar por el verdugo. Acudieron las comunidades con el Santísimo Sa-^ 
oramento: no hubo misericordia ni Calvo oyó stíplicas: á su voz pere- 
cieroii ciento cuarenta y tres franceses, sin permitir se confesasen^ Ef 
canónigo se hizo ducAo de la cindadela, se tituló representante del pue- 
blo, y sobre el tema do haber traidores en la Junta, comenzó á ejercer 
funciones de áhtoridad suprema. Envió orden á nombre del rey ales-' 
pitan general conde de la Conquista para qne se le presentase, indicán- 
dole, que de no hacerlo se le lie varia por fuerza. Tuvo aquel la flaque- 
za do acudir al llamamiento: le intimó dejíis6 el puesto, advirtieodole 
qué el pueblo tenia elegidos los Jefos que debiau mandarlo. Calvo en 
el acto hizo varios nombramientos que no tuvieron efecto XM)r qne la 
^unta le dio un asiento de vocal de ella y lo atrajo á su sonó. Enton- 
ces se rodeó el palacio con gente de confianza, fué preso el canónigo 
y enviado á Mallorca (7 de junio) de donde se le tngo luego, y oida stt 
defensa se pronunció contra él sentencia de muerte que se ejecutó en 
la cárcel: en su cadáver espnesto al público, se colocó una inscripción 
análoga á sus crímenes. Habia heofao matar también á muchos otro»- 
paisanos franceses, entre estos mas de setenta qne murieron dentro de 
la plaza de toros. Por medio del suplicio de este monstruo' y un rigor 
inexorable con sus cómplices, pudo reprimirse la anarqnia en Valen- 
cia: en dos meses fueron ahorcados mas de doscientos foragidos. El nú- 
mero de franceses qne se asesinaron por los secuaces de Calvo, insti- 
gados por el mismo, llegó á trescientos treinta. 

Amenazada estaba la provincia de Valencia por las fuerzas del ma- 
riscal Moucey: mas por fortuna habia improvisado en unión de Carta- 
gena dos cuerpos do ejórotto, uno de quince mil hombres al mando del 



FEft 281 

«sodde de Cefviülou al onal se iigregaiou las tropas de Mmola, y otro 
de ocho mil lí ordenen del geueral Adoruo* 

Kl reino de Aragón uo era poeible quediSee atrás en las praeUas del 
naoionalismo, cuando siempre habla sido idólatra de sos regalías j de - 
sa liborlad. Apenas tuvo el pueblo de Zaragoza eonoeimiento de lo 
oenrrido en Bayona, tomó preso al eapiUui general y confirió el 
mando á D. José de Palofox, joven de grandes esperaneas y cuyos he- 
eboa acreditaron en breve lo atinado de la elección. Beunió las cortea 
'para dar sanción legal al movimiento, y autoridad al oandlUol MbcIio 
esto se disolvieron dejando seis comisionados de su seno para que apo- 
yasen al capitán geueral en el gobierno. Formáronse tropas oon^iu- 
cha actividad y se aprestaron todos los medios conducentes A una seria 
delbnsa. Diose un manifiesto haciendo responsables A Napoleón, su fa- 
milia y generales franceses, de la seguridad del rey y sus deudos: y de- 
clarando que en caso de atontarse contra sus vidas asaría la nación do 
su derecho electivo en favor del archiduque Carlos nieto de Carlos III, 
«t el pi-focipe de Sicilia, el Infante D. Pedro y demás herederos no es- 
tuviesen espediCos. 

£1 principado de Cataluña sin su capital y las poderosas fortalezas 
que ocupaban los franceses, carecía de un centro y de libertad de ac- 
ción para el desarrollo de sus sentimientos patrióticos. Y sin embargo 
la opinión quedó bien de manifiesto en diferentes pueblos que parcial- 
mente se levantaban y sufrían terribles contrastes. £u las islas Ba- 
leares el general Vives que las gobernaba y tenía á sus órdenes 4ieK 
mil hombros, se puso al frente de la revolución apetecida XM>r la volun- 
tad do todas sus x^l^lfteioues y x>or la escuadra que existia en Mahou. 
Igual pronunciamiento se hizo en Canarias, deponiendo al marqnós do 
Casa Cagigal y reemplazándole en la capitanía general con el teniente 
de rey D. Carlos O' Donnell. 

Hemos contenido nuestra pluma para poder trazar de una manera 
sumarísiuia el ouadro del levantamiento geucrol de Espafia en 1806 
contra la tiránica usurpación do Napoleón preparada oon irritantes in- 
trigas y llevada á su tórmiuo con los violentos y odiosos hechos que 
solo la mala fó pudo poner en ejecuoiou. SI las provincias Vascongadas 
y la Navarra tardaron en insurreocionarse, fuó por su situación limítrofe, 
y por que pesaban sobre ellos fuertes guamicioues francesas apoyadas 
en la inmosíou de las prítici pales x>lazas. Pero el reino de PortugiJ sub- 
yugado de antemano, cobró ánimo con el sacudimiento general de que 
le dieron ejemplo las proviuoias vevinas. Las tropas españolas que allí 
estaban á órdenes del general francés Junot, fueron separándose suce- 
sivamente y con intrépida resolución se restituyeron á Espolia dirigi- 
das por el general í^elestá y el marqués de Malaspiua. Entonces las 
provincias de Tras-os-Moiitos y de Entre-Duero y Mifio se sublevaron 
é hicieron cundir larevolnciuu ti Coimbra y otros pueblos do Boira, es- 
teBdiendose á los Algurbcs y á todo el Mcdiodia del reino. Juuot se en- 

eoutraha como Murat en £Hi»aña, y sin i^odcr evitar las rt'laciones que 

36 



•■D MlroQha]>iui ooa Inglaterra» ni loe anzílioft que eet& preperdoBAlift ir 
]m reTolaeion. 

HlenteM ee sabeegniaii tantos aoonteohnlentoe obra simultánea dir 
,l»Toliiiitad nacional, no efecto do combinaciones ni planes preeonce^ 
.bidios, sano del amor propio ofendido profundamente, se sancionaba e** 
Ba^fOBACB dies sesiones la eonstituoion política que deberi»re|pr etf 
Xspafiabiyo la dinastía que inauguraba el rey José Bonaparte. La tx» 
.eiibiéroii menos de cien individuos de los ciento' oincnenta nombrader 
.para representar los pueblos españoles sin poderes legales y comp^ 



Xk la mi^ma noche de llegar á- Bajona «A)s6 Bonapaiie pasaron ^ 
eomplimentarlo los espa&oles allí existentes divididos encnatco cnep-' 
pos, los grandes, los oons(dos, la Inquisición y Ios-militares; Pronnneió' 
«ii»aceagael daqne del Infantado espresando su satisfisocion y la ftli<^ 
eldad qne la EsxMi.Ha se prometía eu el reinado del nuevo monaicaf' 
7 todos los concurrentes al otro dia» enviaron á soa compatriotas nnv 
proclama exhortándolos á desistir de la revolución y reconocer á José^ 
dé- cuyas virtudes hicieron largo elogio. Este espidió an decreto mani-* 
.ftstando sus intenciones y cuales serian los principios de sa gobáemo.- 
"Ia conservación (decia entre otras cosas) de la Santa Bftligion de 
/' nuestros mayores, la integridad y la iudepeudeuoia de Ib'monarquia* 
''serán nuestros primeros deberes ¿^" 

Abierta 1* asamblea en Bayoui^ se leyó el decreto de Napoleón ce«- 
diendo á su hermano la corona de España, y la aceptación de José I. Sa* 
jpresentó el proyecto de constitución preparado por el enq^erador; y pa-- 
ra halagar á los pueblos se resolvió abolir el impuesto que gravaba el^ 
'«ino y el de loa frutos que no dieemabau. Propúsose estinguir él tri- 
bunal del Santo Oficio, pero la oposición fué mucha y no se pasó ade- 
lante. La hubo no menor en cnanto á la snprerton de conventos, y se* 
acordó únicamente disminuir su número. Tavo también* mala saerto 
la tentativa iniciada para' establecer la tolerancia religiosa. El 7 de Ju-- 
lio juraron la constitocion el rey José y los diputados. Luego la asam*> 
bloa reunida fué á saludar Á- Napoleón, quien Íes-contestó con un dis» 
eurso análogo á las circunstancias. 

La constitución fimdaba una monarquía hereditaria do varón en var- 
ían, por orden de primogenitura, reversible de la* rama de José á hie- 
de Luis y Gerónimo Bonaparte: uuuca la corona de Espa&a se podria 
rounir á la de Fraucia. Habría- un senado compuesto dé veinticnatro' 
iudividtios nombrados por el rey, encargado de proteger la libertad 
personal y la de Impreuta; con facultad dé susjiendér la constittaciou 
cu tiempos borrascosos, y par» adoptar medidas estraordin arias de se- 
guridad pública. Uña asamblea regislativa formada de la nobleza, el 
clero y el pueblo, teudria cieuto seseuta y dos diputados, de ellos vein- 
tíciuco seriau obispos y veiuticiuco grandes, designados por el rey: ser 
sonta y dos reprosentauies de las provincias de EspaQa é Indias^ quin- 
ce cajjitttliBla» 6 comerciantes y quince letrados por las oniv^rsidadcf 



28a 

3r4Niai6DoiaSy elegidos j^siu tetpeeiivM cla&w é corporaciones. L$, 
magistratura inamovible, nn iribanal snpremo 4e casación, y nn con^^ - 
^o de Estado regalador -mpremo de la administración. La asamblea 
se eongregaria cada tres afios á disootir las leyes y votar los presa- 
j;»aestos: las sesiones de o6rtes no serian públicas: la libertad de iss- 
|»renta principiaria tf existir dos aüos despaes de promulgada lo eoBs- 
^tadon y limitada á escritos qnc no faesen periddioos. Se snprimian 
los mayorazgos lo mismo qne el tormento: y en los Jnicios criminales 
Jiabria completa publicidad. En uno de los artículos constitociottalss 
se establéela nna perpetaa alianza ofensiva y defensiva macitima y ■ 
arrostre entre Espafiay Francia, ocurrencia estrafia é inaudita para li- 
gar á las dos naciones. 

Por entonces Femando YII, pasó á Napoleón desde Valencey la caria 
#qno vamos á copiar, con otra mas de la misma especie. 

*'Sefior: be recibido con snmo gusto la carta de Y. M. T. y R. de 15 
'" del corriente, y le doy gracias por las espresiones afectnosas con qne 
"^ me honra, y oon las cuales yo be contado siempre. Las repito á Y. 
'^ M. Y. y B. por sn bondad en favor de la solicitud del duque de San 
*' Carlos y de D. Pedro Macanaz qne tare ol honor de recomendar. Boy 
*" muy sinceramente oñ mi nombro y de mi hermano^ tio á Y.M. T. yB. 
<" la enhorabuena de la satisfacción de ver instalado < su querídÉ hsr- 
** mano el rey José en el trono do Espafia. Habiendo sido siempre ob- 
•'^ Jeto de todos nuestros deseos la felicidad de la generóse nación que 
'^ habita en tan dilatado terreno, no podemos ver á la cabeza de ella 
■" un monarca mas digno, ni mas propio por sus virtudes para asegU'^^ 
" rarsela, ni d^ar do participjir al mismo tiempo el grande consuelo 
" qne nos dá esta circunstancia. Deseamos el honor de profesar amis- 
^' tad con S. M., y c&tc afecto ha dictado ]a carta adjunta qne me atre^ 
" vo á incluir, rogando Y. M. Y. y B. que después de leida se digne 
" presentarla á S. M. Católica. Tina mediación tan respetable nos ase^ 
" gura que será recibida con la cordialidad que deseamos. Selíor, pcr- 
'' donad una libertad que nos tomamos por la confianza sin límites quS 
" Y. l^L Y. y R. nos ha inspirado, y asegtirado de nuestro afecto y respeto^ 
" permitid que yo renueve los mas sinceros 6 invariables sentimientos, 
" con los cnales tengo el honor do ser, de V. M. Y. y R. sn mas humilde 
" y muy atento servidor. Fernando. Valoncoy, íí de junio de 1906." 

En la carta á José Bonaparte que acompañaba ú esta, "le felicitaba 
" Fernando por su traslación del reino do Jííípolcs al do Espafia, reptt- 
" tando feliz á osta nación por ser gobernada por quien había mostra- 
" do ya su instrucción práctica en el arte de reinar; afiadiendo que to- 
*" maba también parte en las satisfiícciones de José, porque se consi- 
" doraba miembro do la augusta familia de Napoleón por haberle pe- 
-'^ dido una sobrina para esposa y esperar conseguirla.** Esta carta fué 
.leida en la asamblea por el presidente cu la sesión del dia 30, Y á es- 
.tas dos acompañó otra do los principales personajes qno constituían 



384 FER 

la comitiva ilc Fernando, pitraiaBda Jnnuneitio dé fidelidad al njr 
jMkS y concebida en los kmnüdes términos aiguientes: 

''Sefion todos los espafioles qoo componen la comitira de SS. AA. 
** RR. los príncipes Femando, Cario» y Antonio, noticiosos iM>r los fM- 
" peles pttbiieos de la instalación de la persona de Y. M. C. en el tro- 
" no do la patria de los eeponentes, con el consentimiento de toda la 
*' nación, procediendo consecnentes [Hl Toto nnánime, manifestado al 
" emperador y rey en la nota adjnntn, de permanecer españoles sin 
** snbstraerso de sns leyes en modo alf^nno, antes bien qneriendo eicm* 
" pre subsistir snmisos á ellas, consideran como obligación saya muy 
'' nfgente la de conformarse con el sistema adoptado por sn nación y 
" rendir como ella sns mas hnmtldes homenajes á Y. M. C, asegoran- 
" dolé también la misma inelinacion, el mismo respeto y la misma 
** lealtad qne lian manifestado al gobierno anterior, de la cnal bay 
" las pruebas mas distinguidas: y creyendo qne esta misma fidelidad 
« pasada será la garantía mas segnra de la sinceridad y Ao la adbcsiou 
^* qneakora manifiestan, Jurando como jaran obediencia álanneva 
^' constitaoion de sn pais, y fidelidad al rey de EspafiaJosél • 

"Una vez asegarados por este medio, de qne sirviendo á SS. AA. UR. 
'' serán considerados como vasallos fieles do Y, M. C. ) como espafioles 
'' verdaderos, prontos á obedecer ciegamente la volnntad de Y. M. C. 
" hasta en lo mas mínimo, si les qnisiese dar otro destino participa- 
" nín completamente de la satisfacción de todos sus compatriotas, ú 
** qnienes debe bacor dichosos para siempre nn monarca tan Jnsto, tan 
*' Imroano y tan grande en todo sentido como Y, M. C^. 

"£lloa dirigen á Dios los votos mas fervorosos y nnánimes para qne 
" se verifiqnen estas esperanzas, y para qne Dios se digne con8er\*ar 
** por mncbos afios la preciosa vida de Y. M. C. £n fin, con el mas pro- 
^* fnndo y mas sincero respeto, tienen el bonor de ponerso silos pies de 
'' Y. H. C. BUS mas Immildes servidores y fieles subditos, en nombro de 
'< tedas las personas do la comitiva de los príncipes. — ^£1 dnqne do San 
^ Carlos.-*D. Juan Kscoiquiz. — Gl marqués de Ayerbe. — ^£1 roarqnds 
" de Feria.— D. Antonio Correa,— D, Pedro Macana».— Yalencey 2í de 
<* Junio de 1808." 

Pero á todos se liabia niiticipado otro individuo de la real familia, el 
arzobispo de Toledo Cardenal Borbon, qne ya con fecba 22 de mayo 
babia escrito á Napoleón la cstrafía y singular carta siguiente: "Se- 
*^ fior: la cesión de la corona de Kspafia que ba becbo ú Y. M. Y. y R. 
" el rey Carlos I Y. mi angiisto soberano, y que ban ratificado SS. AA. 
** el principe de Asturias y los infantes D. Carlos y D. Antonio, me im- 
*' Xtone, según Dios, la dulce obligación de poner tí los pies de Y. M. Y. 
" y B. los homeuí^es de mi amor, fidelidad y respeto. Dígnese Y. M. 
*' de reconocerme x>or su roas fiel subdito, y comunicarme sus órdenes 
'' soberanas para esperimentar mi sumisión cordial y eficaz. — ^Dios 
" guarde Á Y, M, Y. y K. muchos anos para bien de la iglesia y del Ea- 
". tado.- Toledo 22 do mayo de ISOy.^Seüor, á L. P. de Y. M. Y. y tt. 



FER 285 

** un moa fiel sábdito Lniíi Bort>ODy Cartlcnal tic Kscalii, Arzobispo do 
" Toledo." 

Kl mérito j^ t4Srm¡nosclo estos peregríuo» docnmeiitos, nos «lisnolvcn 
«lo 1a obligación do liaccr acerca de olios la menor ocnsiira ó comento. 
¿También dirían el rey Fernando j los snyos qno fueron efecto do la 
fiierxaf ¡Para qnó catas jantiles osposicionesl ¿Que mal les habría so- 
lireyenfde de no Iiaoerlasf ' 

José Napoleón formó sn ministerio con D. Mariano Lnís Urqnijo, D* 
IMro Oovallos, D. Gaspar Melchor de Jovellanos, D. Miguel Jos6 de 
Azana», general D. José do Mazarredo, el conde de Cabarnlz, D. Se- 
iMwtiaa Piliaela y el general D. Gonxalo O' Farrib Jovellauos no acep- 
té el nombramiento. £1 dnqne del Infantado Coronel de Guardias^ el 
pffocípe de Castoll-franco Coronel de Guardias Walonas, el duque del 
Parqne Capitán de guardias, el eondo do Santa Coloma gentil bom- 
bre, el emide de Fernán Nones MontoroJ^ayor, el duqne de Híjar Gran 
Maestro de Ceremonias, el marqnés deAriza sumiller do Corps dr. 

Be pTOpésito Iwmos eserlto estos nombres para hacer una precisa 
Abeenraeion que antopondrcmos para no tener que emplearla roas ade- 
lanto en otros lugares. Estos grandes, estos hombres notables por su 
•laee y ms lasos vieron sn país penlido: no podían ni tenían qno csi>o^ 
rar de ana reyes: si sus dereehos eran legítimos, sus personas eran inc4t- 
pneesde gobernar é indignas de la eorona que con tíI bajeza liabian 
eedidonl eatmnJofo....|porqué pues se negará que los animé el amor pa- 
trio, y qno de bnona fé ereyeron qno el cambio do dinastCa seria el ro- 
enno if nieo y el mas poderoso para remediar los males de su nación? 
I9e habla visto pasar la eorona á la easa de Austria subordinándose al 
qne cenia la del Imperio aloman: se habla visto pasar de la casa de 
Austria á un principe francés de la de Borbon, no con mejor derecho 
qne el arahiduqne Carlos; y que aun asi la mayoría de los españoles se 
decidió por el nieto de Luis XIV, sosteniéndolo en una recia y prolon- 
gada locha, |Y seria posible imaginar que H razón y la conveniencia 
ae cegasen hasta el punto de desprceiar una constitución progresista y 
preferir el estúpido absolutismo de Fomandó al gobierno de un nuevo 
monarca qne ofrecía positivas ventajas? José carecía da derechos: el 
ee los hubiera creado, que el origen de las testas coronadas nunca fué 
otro que la fortuna y la fuerza: era hermano de nn poderoso empera- 
dor, de nn hombre ostraordinarío que dominaba mas de media Europa. 

Nneatro intento no es defemlcr la nueva dinastía, ni dar por buonss 
Miras laa intrigas, las incidías y ol doloso proceder de Napoleón: tene- 
mos otro mas noble y lo pondremos de manifiesto, sin necesidad do 
nbrlr el libro sobre delitos de infidelidad 4)ne. escribió Reinóse. |Por- 
qne ae «aliflealia de traidores ú los qno so unieron á José, y no á Carlos 
iV, Fernando Vil y sos hermanos y tíos? iPovqné nó A loa que snoesi- 
Tomento faltaron á Carlos y á su hijo, para después reconocer y f nrar 
á Napoleón, y i renglón seguido faltarlo también, como por ejemplo 
ilieofqnlK, Cevallos, San Carlos, Infantado y otros cuyas Armas se ^'bu 



236 FEH 

en nno de loa doonmontos (^ao acalMUiios de reimpirkuirT Ka que 
«ion ofreee la edad moderna caso siquiera de «eiaejanza á los que pM- 
«ent^ la EspaSat En cual no halnrian sido destc^nadoa semejankof 
re^es? 

No Beguiremos con otras reflexiones por mas <|«e alrandoo, y eooti- 
miemos nuestro relato liistdrioo acerca de una grande y boroiea con* 
tienda 4e los pueblos con las masas veteranas Tencedoras de agoetrif 
.dos ejércitos caropeos. 

El rey José salió de Bayona el 9 de Julio de 1808 oon sn comittTa ptu 
ramente espaüoia: en Vitoria dio nn manifiesto á la nación en tármii» 
nos satisfactorios y oportunos: el 80 llen^ a' Madrid y el S5 faé pxocIa*> 
mado oficialmente. En la capital y en el trlhisito en que estaba esca-t 
lonado el ejército francés, se hrzo percibir la frialdad y el desagrada 
del pueblo: fatal presagio para esperar que lejos de estingntcse la 1«« 
eba abierta, ella seria mas -violenta y terrible. 

El moderno historiador de Espafia dá noticia de la inteligencia, oatT 
^era y antecedentes do José Bon aparte. Haoe una prolija recomendar 
clon de su mérito personal y de sns cualidades morales» deolaraada 
falsas no pocas aserciones migares en opuesto seutido, que dictó 6 aeep- 
1>6 ciegamente la opinión general para deAonra y menosprecio del 
monarca usurpador. En efecto, José abrigaba las mejores intenciones^ 
no era sanguinario nt de tendenoia» despóticas: tomó importantes pro- 
Tidencios en obsequio al bien general, y pronto empeaó á contraria* 
al emperador en lo tocante á las contribuciones de carácter penal que 
se babian impuesto á ciertas provincias. En una de sns priuems oaj> 
tas decia á su hermanos ''el hecho es que no hay un cspaliol que semo 
** muestre adicto, á exepoion de los que vii^an conmigo. ...se esooiideii 
f* espantados por la opinión unánime de sus compatriotas." En otras so 
espresó en estos términos: 'Tareoe, repito, que nadie os ha dicho la 

^ verdad exacta, y yo no debo ocultárosla Para salir lo mejor 

f* posible de esta tarea repugnante á un hombre destinado á reinar, es 
** preciso se despleguen grandes fuerzas á fiu^de impedir mas subleva- 
** ciones, y que haya menos sangre que verter y menos lágrimas que 
** enjugar. De cualquier modo que se resuelvan los negocios de Espa- 
** na, su rey no puede hacer mas que gemir, porque hay que conquisa 

/' tar por la fuerza No me asusta mi posición, pui> os única en la 

'' historia: no tengo aquí un solo partidario.... No seftor, estáis en na 
f* enor: vuestra gloria se hundirá en Espafta.'^ (Memorias del rey José 
publicadas por A. Dn Casse con una oolocoion numerosa de docu- 
mentos.) 

Para do prolongar indebidamente este artículo haciendo mención de 
los innumerables encuentros de armas ocurridos en la laxga é implaca- 
ble guerra de Espafia con los qjércitos franceses, esonaaremoe porneno- 
xes que difícilmente agotaríamos, y nos ocuparemos solo de los sucesos 
militaros mas notables, á fin de marcar el curso y él desenlaea de los 
acontecimientos. Y para no repetir á coda paso que Ifts tropiui frfkiict- 



FER 287 

cometían los moa desaforados e>Le608 contra hombrea y ttivgeres, 
diremos una tok por todas que impasieron desmedidas multas, ó sa- 
quearon las poblaciones, incendiaron, asesinaroíi y dieron rienda süel- 
ta á los mas escandalosos atentados, sín salvar los templos ni los mo- 
úastorios de los ñUn^f^^ S ^^ ^ raptiia. La venganza era rudispensa- 
Ue, y los espaltoles cuando las ocasione» lo permitiaú, mataban fran* 
IMes sin misericordia, ó íes baeian sccfürir todo género de males, 

£1 general Cuesta con la» tropas de Valladolid sufrió un revés con- 
niderablo en Cabeson y el general Pálaíóx otro* en taragoza: entre tatf* 
4o la placa de Oenma reehasá con bizarría un formidable asalto de los 
ftaneeses. £1 mariscal llonoey con ocho mil hombres marohd contra 
iTalencia arrollando cuanto encontró al paso. La ciudad no atendió tf 
«1 lAtimacion, se defendió beroicmnente de briosos y sucesivos ata- 
ques, y Mo^cey tuvo que retirarse con pérdida de dos mil soldado»* 
ñinxat hábia smviado al general Dnpont á destruir el levantamiento 
Áe Sevilla llevando cinco mil inüsutes y seis mil caballos, doa regi- 
mientos suizo» y quinientos marinos de la guardia del l^mperador^ To^ 
mó sin combate íbrmal la ciudad de Córdoba y la de Jaén, cometiendo 
mi ambas atroces iniquidades. For entonces Murat salió de Madrid 
para Francia á causa de eniermedad, y fué reemplazado por el general 
flavary, qiíieu reforzó á líoncoy y Dupont. EA general Cuesta vencido 
en Cabezón pidió tropas á Galicia. Tenia allf el general Blake vetnti* 
siete mil infantes, treinta piezas do artilleria y muy poca caballeria. 
La Junta so convino en anxiliar á Caesta, pero con varias preven- 
ciones secretas y precautorias que Blake no cumplió del todo por con- 
descendiente y se puso á órdenes de Caesta. Marcbó sobre ellos el ma- 
Üscal Bessiere» con quince mil infantei y mil qninientos caballos: los 
halló divididos entre Bio-seco y Palacios, y los batió sin grave dificul- 
tad salvando soto una de lits divisiones de Blake qtte estaba á dis- 
tancia.^ 

Dnpont situado en Andufar fué acometido por el ejército de Anda- 
lueia que constaba de veinticinco mil infantes y dos mií caballos. £1 
mismo Castalios que lo mandaba, marchó de frente en busca del ene^ 
migo; el general Eediu^f natural de Suiza con seis mil bombees de Gra- 
nada se dirigió Á Bailen sostenido por la división de Coupigni. Trabó- 
se una sangrienta batalla el 19 de julio de 1808 y la victoria muy dis- 
Ilutada se declaró por los espafioles aun sin haber entrado en combate 
la reserva de diez mil hombres, ni la fuerza que en Andigar estuvo 
con Castalios. Destrozados los íranceses, Dupont jiidió una tregua, 4 
intentó que se le permitiera retirarse á Madrid: casi lo consigne, pero 
ocurrieron incidentes á él desfavorables; un inmenso, número de paisa- 
no» cercaba y oprimía á los franceses, y Dupont atolondrado con la in- 
jtimacion que so le hizo do rendirse para no perecer, firmó la capitnla- 
.cion de Audujar el dia 22. Las tropas de Dupont quedaron prisioneras 
.de guerra, y en número de ocho mil doscientos cuarenta y dos hombres 
.desfilaron después de entregar sus armas. Las de los generales Yedel y 



¿38 FEH 

Dnfoar qtio eran nueve mil soldados, depositaron el 24 ch Bailen bu kt* 
inaiñento, sds «abatios y cnareuia piezas, debiendo ser trasportadas á 
l^rftücia. Ambas nkasas marcharon escoltadas á los paertos de Ándala- 
eia: más en Cadi¿ el general Horla no enmplid la capltalacimí, encer- 
ró Á todos en fortalezas y pontones, aprobándolo la suprema Jnnta de 
Sevilla; y íúe)^o fheron entregados cmno prlsionertM á merced del go- 
bierno i uglésü 

Atónitos el iey José y el fdneM Savary abaadoliaKNi Madrid 3r se 
retiraron sobre el Ébro, para eéperar refaerzos de Franeia. Igtial mo- 
vimiento bliclerun las divisiones de Bessieres y Verdter que con las tra- 
pas do liadfid formaban sesenta y dos büI iMMubres, sin 1* reserrade 
Bayona. 

£1 sitio dirigido eontra Zaragoza i>or el general Leíbvre y eontinuii* 
do por el general Verdier, fué oontrarestado por una resiÜl^ni^A lierél- 
ca y jamas vista. La ciudad hizo prodigios en su valerosa defensa, dan- 
do cotr sus esfuerzos ejemplos imperecederos do lo qoe es capajfi de al- 
canzar la unidad do sentimientos y el patriotismo elovado á la eumbie 
de su poder y abnegación. Los fhtuceses á conseonencia de su desastM 
tu Bailen, Icvautaron el sitio y so retiraron abandon<tudo no pocas pie> 
2a8 do gruesa artillería. 

La guerra en Catalnfta por momentos tomaba mas cuerpo! milea de 
hombres la sostenían con ventaja en partidas diversos de somatenes 
que atcrrubau á los franceses. Tomaron mas regularidad las operaelo* 
nos con la llegada do cinco mil soldados de las Baleares oondaoidospor 
el maniuós del Palacio nombrado Capitán general del Principado. Es- 
te determinó dar auxilio ú la plaza de Gerona apnrada por los ataqnea 
do los generales Duhesme y Reillé. Los sitiados hicieron nna salida de 
singular atrevimiento y destruyeron nna poderosa batería fhmeess, 
mientras que do la marina recibían el apoyo de la fragata Inglesa Impe- 
riosa que mandaba Lord Oochraue, la cual con sus faegos atormenta 
ú los enemigos en consorcio do varios buques catalanes. Dnhesme y 
Reillé desistiendo de su empresa se retiraron este ú Figueras y aquel 
d Barcelona. 

£1 gobierno inglés se declaró en favor de Espafia y socorrió á Porta* 
gal con los diez mil hombros que tuvo antes destinados á Invadir nues- 
tra América, los que desembarcaron á órdenes del teniente general Slr 
Arthuro Wellcsley, después Duque de Wollington. Habian de rennir- 
sele las tropas del general Si>eucer enviadas por el gobernador de Oi- 
braltar Sir Hew Dalrymple, y once mil ingleses procedentes de Snecla 
al mando de Slr Yolin-Moore. Quedaría asf formado un ejército de 
treinta mil hombres á cargo de Hew Dalrj'mpley de segundo Sir Hsny 
Burrard, tocando el tercer lugar á Wellcsley por ser mas moderno. Mas 
este so apresuró Á abrir la campafia incorporando nna división portu- 
guesa (agüuto do 1808.) y como cl general francés Jiiuut tenia sus fuer- 
zas dtseniiuadasy le fué batida una división de cinco mil hombros. Lue- 
go Juntó doce mil y se determinó á atacar á los ingleses antes que lie- 



FER 289 

gétéñ laB tfopM M Báltico. Wellington caai no tenia caUaUeria^ y atl 
taTO que batine en Vimeíro donde derrotó á los franoeees. Jnnot rea- 
ftüó en Lisboa sns restes y propaso nn armistioío. El almirante ingl^ 
Cotton no conTÍno en qne esa capital fuese neutral para los rosos que 
tenían allí nna esonadra. Iban á romperse las hostilidades coando Jn- 
not coDTinOy á mas no poder, y aceptó las bases, qne f nerón entregar á 
los Ingleses todas lasplaeas inertes: las tropas francesas serian traslada- 
das á Francia con sns armas, artillería y caballos: garantías de segn- 
lidad para los franceses residentes en Portugal y para los portugueses 
comprometidos: los prisioneros espafioles serian entregados á los ingle- 
aee, quienes negociarían la libertad de los franceses detenidos en £a* 
pafia. 

Portugueses y espafioles se dieron por ofendidos con el tratado, qno 
en Londres cansó mucha indignación por que no quedaron prisioneros 
)os franceses. Se biso comparecer en Londres á los generales, se exami- 
nó su conducta por una comisión que declaró no haber mérito para 
formación de cansa, y la convención fné «gecutada. £n Portugal se res- 
tableció la regencia nombrada i»or el príncipe D. Joan. 

Después de no pocos tropiesos entre las Juntas provinciales y el con- 
sejo de Castilla, se erigió en Arapjues el 25 de setiembre de 1806 una 
junta suprema central gubernativa del reino, presidida por el anciano 
conde de I^lorída-blanca y compuesta de dos diputados nombrados por 
cada una de las de provincia. Préstesele juramento de obediencia por 
el consejo y las referídas juntáis. La Central principió por darse el tra- 
tamiento de magestad; el de alteza á su presidente y el de exelencia á 
sus miembros; decorándose cada uno con una placa en que so repre- 
sentaban dos mundos, y por sefialarse el sueldo de ciento veinte mil 
reales por individuo. Ademas de su falta de actividad, se atngo el dis- 
gusto general con algunas medidas conducentes á conservar el abso- 
lutismo. Suspendióse la venta de bienes de manos muertas, se permi- 
tió volver 6 Espalia á los jesuítas, se nombró inquisidor general, se- 
pusieron travas ala Imprenta A. Censuróse á lajunta de tardía en 
las providencias militares, y en no hacer levantar quinientos mil in- 
fantes y cincuenta mil caballos. 

Acosta de esfuerzos estraordinaríos y de convinaciones maravillosa- 
mente ejecutadas, en qne basta casualidades felices intervinieron, se 
logró embarcar en una escuadra Inglesa la mayor parte de la división 
«palióla qne estaba en Dinamarca 6 órdenes del marquós de la Boma- 
oa. Fué restituida á su país contando en sus filas nueve mil hombrea 
de los catorce mil que había tenido. 

Las provincias Vascongaclas y la Navarra donde la Insnrrsceioii M 
habla demorado, rompieron sns hostilidades arrostrando peligros y vs- 
▼eses, comprimidas como estaban por ftaerzas enemigas. Hubo en ICa- 
drid nn consejo de generales, y se organizaron cuatro cjórcitos incon- 
sistentes qne se desparramaron por diferentes direcciones para situar* 

se en los puntos designados, áeedtí los cuales se desprendieran distin- 

37 



290 PER 

tus dirislonos á oenpar otros: línea eatensa para nn total de menos ñe 
setenta mil hombres, treinta mil al mando de Blake y treinta y seis 
mil al de Castalios, para operar contra nn enemigo concentrado y maa 
fnerte en todos respectos. 

Napoleón despnes de verse con el emperador de Bnsia en Erfhrt (el 
enal reeoooció á José por Rey de Espafia) y de invitar ambos al gabi- 
nete ingles para un avenimiento, recibieron de él por to¿a respuesta 
qne estaba resnelto á no abandonar la eansa de Espafia y de sn legfti* 
ma monarquía. Kapoleon determinó tomar personalmente el mando de 
los ejércit<» de Espafia, y al salir de París anunció al cuerpo Legíalati^ 
TO- que lo hacia para coronar en Madrid con la ayuda de Dios á su her- 
mano el rey José, y plantar sns tfgnilas sobre las fortalezas de Lisboa. 
Bnvió á Espafia numerosas y aguerridas fuerzas con los renombrado» 
maríscales Víctor, Mortier, Ney y Saint Cyn organizó ocho cuerpos 
con la f aerza de veintidós á treinta y cuatro mil hombres: los cuatro 
testantes los mandaban los maríscales Bessieres, Moncey, Lefevre y el 
general Juuot, en todo doscientos núl infantes y cincuenta mil ca- 
ballos. 

Los ejércitos espafioles empezaron á esper inientar reveses parcialeai 
el primer desastre lo sufrieron laa tropas do Blake en Espinosa de los 
Monteros y otras subsiguientes acciones. El maríscal Soult relevé á 
Bessieres que fné colocado al frente de la caballería. Luego acaeció en 
Qamonal la derrota del ejército de Estremadura que mandaba el conde 
de Belveder. En Burgos Napoleón concedió una amnistía general para 
cuantos dep asieran las armas y renunciaran la alianza de los ingleses, 
éxeptuando á los dnqueer del Infantado, Medinaceli, Hijar, Osuna, al 
marqués de Santa Cruz de Viso, ¿ los condes de Fernán NnTlez y de 
Altamira, al príncipe de Castell -franco, á D. Pedro Covallos y al obispo 
de Santander Quevedo; mandandp que luego que fuesen aprehendidos 
se les pasase por las armas y se confiscaran todos sus bienes. 

Siguióse la perdida de la batalla de Tudela que obligó á Castafios á 
retirarse de Aragón con los restos do su ejército del centro, dejando al 
euemigo treinta piezas de artillería, dos mil prisioneros, y dos mil mas 
en sus posteriores movimientos. En Sigueuza fué relevado Castafios 
con el general Peña, pasaudo á Madrid á ejercer la presidencia de la 
Junta militar. Por uoriembre de 1808 llegaron á Salamanca veinte mil 
ingleses y en la Corufia hablan desembarciulo diez mil. 

La Junta Central encargando la defensa de Madrid al general Moría 
y al marqués do Castelar^ so retiró á Badajos. El mismo Napoleón man- 
dó forzar el i>a8o de Somosierra: empollada la batalla fueron destrui- 
das las fuerzas del general San Juan por las de la guardia imperial 
conducidas por el gcueral Segur (el autor de la historia de Pedro el 
Grande, do la de Carlos VIII y la de Napoleón y el grande ejército en 
Rusia.) Según entendidos militares, esta batalla fné para la caballería 
iiuo do los mas brillantes y audaces hechos que puedou contarse on sns 
faetos. 



¥m 291 

£1 pueblo de Madrid tomó los «mas, y el marqués de Ferales hom« 
bro muy querido y popular, fué asesinado por el paisanaje furioso que 
por haber visto arena en unos cartucbos, le imputó uu delito de que era 
inocente; cosas frecuentes de la desenfrenada plebe! Principió el ata* 
qne á hk capital tomando los franceses el Buen Betiro: Napoleón inti- 
mó Á las autoridades se rindiesen, y al cabo tuvieron que hacerlo con- 
siguiendo una ventajosa capitulación. £1 emperador situado en Cha- 
martin ejercia el poder en toda su plenitud sin ocuparse de su berniiv- 
no, quien viéndose desairado al llegar de Sorgos se situó en el Prado. 
£1 4 de diciembre decretó Napoleón la disolución del consejo de Cas- 
t illa; suprimió el tribunal de la Inquisición: redujo el número de con- 
ventos á la tercera parte &.. José no pudiendo ya disimular su disgoa- 
to, pasó á su hermano la carta siguiente: "Sefior: Urqugo me comnnicA 
** las medidas legislativas tomadas por V. M. lia vergüenza cubre mi 
'' frente delante de mis pretendidos subditos. Suplico á V. M. admita 
*^ mi renuncia á todos los derechos que me habiais dado al trono de 
*^ £spa&a. Preferiria siempre la honra y la probidad Á un poder ooni- 
*' prado á tanta costa. A pesar de todo seré siempre voeatro mas afeo- 
'' to hermano, vuestro mas tierno amigo. Y uelvo á ser vuestro subdito, 
*^ y espero vuestras órdenes para irme donde sea del agrado de V. M/' 
Napoleón renovó la cesión de la corona de Sspafia que decia pertene- 
oerle por derecho de conquista; y mandó que al rey se le prestara un 
Juramento especial de fidelidad. 

La capitulación de Madrid produjo en Talavera dispersiones y moti- 
nes do tropa y paisani^e qno no pudieron contener los Jefes á quienes 
la multidad proclamó traidores (recurso frecuente de malvados y dís- 
colos:] la plebe capitaneada por un furibuubo fraile, asesinó al general 
San Juan colgando de un árbol su cadáver. £n Ciudad Beal fué 
muerto en otro tumulto el canónigo D. Juau Duro, en Malagon D, Mi- 
guel G. Soler que habia sido ministro de Carlos lY, y en Badajos va- 
rios jefes fueron inmolados al furor popular. La junta Central resolvió 
establecerse en Sevilla donde entró el 17 de diciembre, priisidida por 
el marqués de Astorga con motivo del fallecimiento do Florida*blanca. 

Nada llamaba mas 1a atención de Napoleón que el ejército inglee, 
por interesarle demasiado destruirlo prontamente: y sin embargo seguía 
gobernando como soberano do España. Nombró al rey José su lugar 
teniente, revistó setenta mil hombres, y dejando dies mi 1 en Madrid, se 
puso en marcha sobre Guadarrama, 

El geueral inglés Moore perplejo con las derrotas de los espafiole^y 
amagado ya por el mariscal Soult y por el mismo emperador, se decidió 
X)or una retirada en la cual hubo desórdeucs y pérdidas, relajada ^va It^ 
disciplina. £utre tanto Napoleón alarmado coa do^agradables noticias 
que recibió sobre la actitud del Austria, rcgrobó á Paris dejando á Jo- 
sé en posesión de su trono. Moore se decidió ú combatir contra supe- 
riores fuerzas y murió en la batalla: sns restos ro reembarcaron en la 
CoruQa, cuya ciudad ocuparon los franceses así como el Ferrol, apode- 



1292 -FER 

nttido8é de siete navios, tres ftagatas y otvoe boques. Las tropas del 
duque del Infantado fueron batidas en Ueles, y eon lo que pudo sal- 
var pasó á refugiarse én Sierra 'Morena. 

* Bl general Dnhesme se' hallaba en los mayoreá^ &t>nros en Baroelona 
eoando llegó con veiiítieinoo mil hombres él general Qonvion Saint Cyr 
y Be situó en Figueras. Luego hizo rendir la plaza de Rosas, después 
'de alejar las naves inglesas de Cochrane; y sin esperar nada se encami* 
Yió contra las tropas que en mayor número mandaba el general Vivea: 
las derrotó completamente presentándose victorioso dolante de Bar- 
celona. Descansó dos dias y marchó Á deshacer las que reorganizaba 
Keding á la derecha del Llobregati lo cual consiguió desbaratándolas 
del todo en Mólins del rey: era Saint Cyr Justamente reputado como 
uno de los primeros tácticos del siglo. 

2aragoza fué sitiada por segunda vez y su defensa asombró al mun- 
do: állf se peleó desesperadamente con un grande ^ército dirigido por 
los primeros generales de Franola, y resistiendo con singular brabura 
él fuego de la artillería que destruyó lo principal de la ciudad. Diez* 
nadas sus fVierzas como sus habitantes, atormentados por el hambre y 
•una cruel epidemia, y después de perderse cincuenta mil personas, tu- 
vo al fin que aceptar una capitulación que por varias veces habla re- 
éhaiado 'eon hevoismo. La ^justaron el mariscal Lannes y el genera^ 
Palafoz el 21 de febrero de 1809, rindiéndose diez mil inftmtes y dos 
mil ginetes: tropa y vecindario quedarían desarmados, jurarían obe- 
diencia al rey José, ó pasarían á Francia como prisioneros. 

La cansa espafiola estaba á punto de sucumbir, y así lo considera- 
ron no pocas de las juntas de gobierno.' Los actoá de sumisión de auto- 
ridades, ayuntamientos, prelados &, fueron oficialmente manifestados 
por muchas ciudades y i>oblacloues, menos por débil flaqueza que por 
los desengafios, las circunstancias aflictivas y peligrosas, y las conmi- 
naciones y amenazas. £1 nuevo rey espedía decretos los mas de ellos 
benéficos, condonando deudas, protegiendo las industrias Sr, |>ero la 
* éfervesencia nacional no los aceptaba ni los iigradecia en manera al^ 
guna. Intentó formar regimientos de espa&oles y ño lo consiguió; por- 
- que estos en cuanto se veían equipados desertaban para marcharse ^ 
la revolución. Se espidió también ún decretó penal contra los obispos 
renitentes y desafectos. 

Inglaterra y £spafia celebraron un tratado de subsidios y reconoci- 
miento del rey Femando Vil. (1809); obligándose Espalia á no ceder á 
Francia territorio alguno, y á no hacer la paz sino de común acuerdo. 
' Las provincias todas con indecible entusiasmo y actividad, traba- 
Jaron por rehacer y aumentar sus abatidos ejércitos. El general Cues- 
ta contaba ya con veintidós mil hombres, y habiendo presentado bata- 
lla al mariscal Víctor que tenia dieziocho mil, pagó cara la confianza 
que tuvo en sus no muy disciplinadas tropas, y fué derrotado en Me- 
dellln con perdida de doce mil hombres. 

La junta Central y otras de provincia, se negaron á escuchar propo- 



f£It 283 

liciones depAz qae les foéron dirigidas pur el gobierno d& José I. y 
por varice generales íraneeses. Jovellanos reebazó las tentativas que 
para atraerlo le hizo el general Sebastian!. £1 mariseal Bonlt empeüir 
do en someter á Portugal , ocupó después de ana batalla la eindad de 
Oporto. Se sospechó que este general ambicionaba para si el trono de la 
liusitania septentrional; y aun Napoleón tuvo conocimiento del pro- 
yecto, cuando le escribió ^'que se había hecho reo de lesa magostad pe^* 
ro que lo perdonaba" Descubrióse en Oporto la sociedad secreta de loa 
"Filadelfos'' que llevaba el designio do destronar Á Napoleón y resto* 
blecer en Francia la república. 

Desembarcó el general Wellesley en Portugal, y en mayo de 1809 ocu- 
pó á Coimbra con uu ejórcito ingles, al cual se reunieron las tropas por- 
tuguesas que se hablan reorganizado en alto número. Emprendió sna 
operaciones contra Soult, que forzado á retirarse, abandonó su artille- 
ria y carros, marchando precipitadamente hasta Lugo para ponerse en 
contacto con el mariscal Ney. En Galicia habia cundido tanto la T»> 
▼olueion, que se formaron guerrillas de fuerza eonslderable, y conduci- 
das por sus caudillos particulares, haef an la guerra sin descanso: reme*- 
daban la organización de los regimientos, y se atrevieron á poner sitio 
4 Vigo y l^Tuy. Hallábase en una de estas columnas el Alférez D. Pa- 
blo Morillo, qne obtuvo un triunfo en el puente de San Payo; y oomo 
apretada la guarnición de Yigo (mil trescientos hombree) se veia pred- 
aada á capitular, no queriendo el comandante de ella entregar sus ar- 
mas al paisanige, exigió que un Jefe militar se apersonase para entea^ 
derse con él. Hizo lo así el alférez Morillo titulándose coronel, intimó ren- 
dición y la plaza capituló con los honores de la guerra, pero quedando 
prisioneros los franceses. Aquel fué después el general Morillo, caudillo 
de la terrible guerra de Colombia que le valió los títulos de Conde do 
Cartagena y Marqués de la Puerta. Los gallegos llegaron á tener diez-!' 
Iséis mil hombres y derrotaron una división francesa ocupando la cía- 
dad de Santiago en que Morillo penetró antes que ningún otro. La 
guerra se hizo sin cesar en Asturias y Ghüicia, habiendo sido reehaeado 
el mariscal Ney en el puente de San Payo. Soult se habia retirado á 
Castilla, y Ney por esto se vio obligado á ejecutar el mismo movimiento. 

En todas las provincias hubo gruesas bandas de paisanos armados 
qne hostilizaban á ios invasores sin dejaries un dia de quietud, ni oomu- 
idcaoion que no les interceptasen^ La junta Central se propaso regala- 
rizar estas guerrillas dándoles organización y jefes aparentes: figurab» 
en las de Castilla D. Juan Martin Diez conocido por el Empecinado, 
quien entonces ñié nombrado capitán. A la parte de Catalnfta el genenül 
fiediug fjgié batido por Saint Cyr en Yallá, y se refugió en Tarragona 
dpi^de murió Á ponsecuencla de las heridas que habia recibido. 
^ Aprovechando el Austria de la prolongada Incba de I^spafia, que tor 
nÍA eñ, serios apuros álos primeros, mariscales y alas fuerzas loaa 
aguerridas del ejército francés, declaró por cuarta vez la guerra á Na* 
j^Ieon, y lo obligó á separarse del teatro de operaciones de la Penínsa- 



294 FfiR 

la, tfOgOA iudioamoe antes. Foco tardó el emperador eu poaer término 
é la nueva oou tienda; franqueó el Dauuvio, triunfó en EasLing y Wskr 
gram y preoiaó al Austria á aolioitar la paz de Altemburgo. 

La junta Cential eu tonto que los provincioe cobraban mayor calor 
0n eu ealoreada defensa, convocó ú cortes bajo los formas y autiguoe 
principios do la monarquia, resolución que fué recibida con frialdad, 
por que otros eran ya lou designios indicados por el voto general en 
Auanto á la representación nacional. Tampoco agradó el decreto por el 
cual la junta refundió los consc^jos supremos en uno solo, denominan* 
dolo de España é Indias. Mandó en otro confiscar los bienes de los que 
se llamaban afrancesados, mencionando á los principales de ellos. 
Los plazas fuertes de Joca y Monzón cayeron en poder de los franceses, 
la primera por industrias de un mal fraile llamado el padre Consolación: 
la de Mequinenza rechazó tres veces los ataques del mariscal Mortier. 
£1 mariscal Suche t eeperimentó en Alcafiiz un considerable revés que 
lo obligó á retirarse $ Zaragoza: siguióle el general Blake y á pesar del 
número mayor do tropas con que este contaba, fué derrotado en las in. 
mediaciones do dicha ciudad. Emprendió entonces otra campaña mor- 
fihando á CataluCa. 

. Después de operaciones complicadas del ejército Anglo- hispano y 
de algunos desaciertos y aun inobediencia del mariscal Soult, se ha- 
bían juntado el ^ército español del general Cuesta con treinta y cua« 
tro mil hombrcS; y el inglés y portugués fuerte de veintidós mil. El rey 
José en persona oon el mariscal Jourdan por segundo, contaba con cin- 
cuenta mil hombres de las divisiones de Víctor y Sebastiani. Empeñóse 
%k 28 de julio de 1809 la famosa batalla de Talavera eu que los mas re- 
nidos choques produjeron la completa victoria que elevó al general We- 
Uealey al rango de capitán general de España, nombrándole el go- 
bierao británico visconde de Vellington. La junta Central dló muchaa 
recompensas, entre ellas la grau cruz de Carlos III. al geuend Cuesta., 
ISoult, Mortier y Ney maniobraron entonces sobre los aliados, alean* 
aando algunos ventigas, el segundo tomando el puente del Arzobispo 
en muy reñido ataque, el tercero batiendo la división inglesa de Wil- 
son. El ejército del general español Venegos con treinta mil hombres 
iiabia penetrado hasta Aran juez. El rey José se dirigió sobre él oon las 
fuerzas salvadas de Talavera: emprendió su ataque el general Sebas- 
tiani, trabóse una batalla en Almonacid, que fué muy sostenida; mas 
Yenegas salió vencido y casi dispersos sus restos, perdió cuatro mil 
hombres y diezisels cañones, y para poder rehacerse no paró haaisk Sier- 
ra-morena. 

José en Madrid estiuguió todas las grandezas y títulos de Castilla 
para que después valíescu solo los que él concediese: decretó la cesa- 
ción de todos los funcionarios y empleados públicos para que pidieran 
su reposición al nuevo mouarca: suprimió todas las órdenes religiosas 
y tomó muchas otras providencias, bien tiránicas^ ó civilizadoras. Míen- 



FER 29S 

traspasaban tantos notables sncesos, la resistencia de la plaza deOeirona 
cansaba la misma admiración qne el memorable sitio de Zaragoza. Aüf 
hnbo recios y frecuentes ataques, desgracias y ventajas alternadas: un» 
gnarnicion peqnetia haciendo esfuerzos gigantescos contra un ejército 
crecido que la estrechaba. Acudió Blake con sus tropas á socorrer á Oe-<' 
roña y lo consiguió empleando atinadas maniobras. Malogróse un terrí-> 
ble asalto emprendido por Saint Cyr: no así otro posterior del mariscal 
Augereau que le reemplazó en el mando. El hambre, las enfermedades 
comunes, la epidemia que se propagó, la muerte de mas de diez mil 
personas, todo dio lugar á una indispensable capitulación que se flrmd 
en 10 de diciembre de 1809. 

La poca activid ad de los franceses permitió algún respiro no apro- 
yechado en diferentes provincias, á cansa de las rivalidades de los gene^ 
rales y de los altercados de las juntas. Si el gabinete británico hubiera 
reforzado su ejército de Portugal, en bre^e la guerra de Espafia habría 
tomado otro aspecto: mas no sucedió asf por haber hecho una espedi- 
cion á Ñápeles y otra á las agna^ del Escalda, ambsA sin fruto alguno. 
£1 duque del Parque venció' en Tamames á la división del general Mar- 
chand y se unió en seguida al general Ballesteros que llegó á Salaman- 
ca con ocho mil hombres. El general Eguia sucesor de Cuesta salió 
con el ejército do Estremadura para la Mauoha, dejaudo en la primera 
doce mil soldados qne creyó bastantes para asegurar esa provincia: con- 
taba con cincuenta y un <nil hombres y cincuenta y cinco piezas de ar- 
tillería: pero al aproximarse las divisiones francesas de Víctor y Sebas- 
tfani se retiró á Sierra-morena. En la junta Central predominaba el 
plan nada acertado de espedicionar á Madrid, y fué relevado Eguia por 
él general Areizaga que apoyaba aquella idea, por mas que Welliug- 
ton la creía desatinada. Se puso Areizaga en movimiento y llegó á si- 
tuarse en Ocafia; peidió algunos días vacilando y haciendo varías hiar- 
chas inútiles, con lo que dio tiempo á que los franceses se reforzasen. 
Atacáronlo en Ocafia él rey José y loe míCMécales Soult y Mortler con 
tilinta y cuatro mil hombres: la batalla fué desastrosa por que perdió 
Areizaga catorce mil hombros, treinta banderas y cuarenta cafiones, y 
tus restos dispersos y sin gobierno, se desbandaron en su fuga hacia 
Bierra-morena (19 de noviembre de 1809). El duque de Alburquerque 
eon los doce mil hombres de Estremadura que conduela á Talavera, tu- 
ro que retroceder á Tmjillo: y el del Parque sostuvo una acción en 
Medina del Campo contra diez mil franceses; mas fué luego buscado en 
Carpió por el general Kellerman, y desconcertadas sus tropas no pard 
hasta Alba de Tormed. Allf fué sorprendido y arrollado salvando solo 
una división mandada por el general Mendizabal: perdiéronse quince 
cafiones, seis banderas y tres mil hombres. 

La junta Central se hallaba mas que desprestigiada á cansa de sus 
desaciertos, y aborrecida por los ambiciosos y descontentos que turra- 
ban el orden y apetecían mudanzas. El consejo mismo adicto al anti- 
gno régimen, la censuró y ataeó su legitimidad y la de las juntas pro 



296 ¥ER 

TindáleSé De esta manera la emnlaoion, enconos é intereBea penonaletf/ 
pnaieron el teatro gnbematiTO y polítieo á ponto de ser devorado por 
la anarqnia. Se deeeaba nna Regeneia y la conTOcatoria de cortee en 
medio de los infortnnios: conspirábase contra la Central y se intentalm 
enviar á Filipinas á varios de sus miembros. £1 embi^Jador inglés la hí* 
zo oonvencerse de sn situación, y de la necesidad imperiosa que había do 
concentrar la suprema autoridad en menor número de individuos para 
que hubiese energía y unidad de acoion. Emitiéronse muchas opinio- 
nes, y al fin se nombró una comisión ^ecutiva (19 de noviembre.) 8e con- 
vocaron cortes para el 1? de líarzo de 1810; mas la comisión nada avan- 
zaba en la principal y urgente atención de remediar conflictos^ míen* 
iras que sn mismo presidente el marqués de la Bomana intentaba ele- 
varse á la regencia. 

Pasaban en Espafia sucesos tan trascendentales y alarmantes, á tienH 
po que Femando Vil, escribía al tirano do su patria y de su familia la 
siguiente carta de plácemes por las victorias que había slcanzado á 
eosta de la misma nación que estaba sacrificándose por reeonquistarie 
el trono que había perdido. 

''Se&or. — ^El placer que he tenido viendo en los papeles públicos las 
^ victorias con que la providenoia corona sucesivamente la augusta 
" frente de Y. M.T^ y R., y el grande Ínteres que tomamos mi hermano 
'' mi tío y yo en la satisfiscciou de Y. M. T. nos estimulan á felicitarla 
" con el respeto, el amor, la sinceridad y reconocimiento en que vivimos 
" b%|o la protección de Y. M. Y. y B. 

"Mi hermano y mi tío me encargan que ofresBca ¿ Y. M. su respetuoso 
" homenige, y se unen al que tíene el honor de ser con la mas alta y 
" respetuosa consideración, 8e&or, de Y. M. T. y B. el mas humilde y 
" roas obediente servidor.— Fernando.— Yalencey, 6 de agosto de 1009^ 
(Monitor del 5 de febrero de 1810). 

Napoleón resolvió marchase para Espa&a nn refuerzo de cien mil 
hombres, y el rey José se pfiso en campafia sobre Andsluof a. Lss tro- 
pas espallolas eran insuficientes para detenerlo: por tanto foé débil su 
oposición en diversos puntos que intentaron defender; y retirándose 
después de signaos contrastes, pocos restos pudieron ponerse en salvo 
con variadas direcciones. £1 duque de Alburquerque se replegó á Sevi« 
lia con nueve mil hombres, y de allí á la isla de Leen protegiendo la 
marcha del gobierno Central. El mariscal Yietor ocupó Sevilla toman- 
do en ella inmensos recursos* José se paseaba en triunfo por las Aa« 
dalucias y era bien recibido en algunas ciudades^ Acompañábale Sonlt, 
mientras queMorfeier observaba la parte de Estremadura. Yietor conté* 
nido en la isla Gaditana se proponía bloquearla, y Sebastianí se eoo- 
traia á Granada y Málsga. 

Ia Junta Central se desprendió en la iria de León del jioder snpra- 
mo. ^ de enero de 1810) y lo trasmitió á un Consí^ de Begenoia en qna 
figuraron el obispo Qnevedo y el general Castafios, el americano Lsrdi- 
zabal y otros dos, recibiendo de la junta estensas instrucciones en qua 



FES f^l 

«ftáetenulnábft reiiáir oottas, dando lepresentAoion á las Amérii»». El 
modo prescrito para elegir dipatados de estas y de las proTiacias domi- 
nadas por los firanoeses, era la rennioa de sas natarales qne en cnal* 
•qaier» número se iLsIlasen presentes, y que la snerte designase á aqno* 
Uos. Este modo eateafto de eomponer nna representación nacional su- 
pletoria) tüé imitado en Lima en 1^33, lo mismo qne otras oosas ino*. 
portnnas, y el encargar el poder qiecntiro á una J anta qne aqní no pn» 
do dar impulso á la gnerra: asnnto que debió preterir 6 todo, prescin- 
diendo por patriotismo de las pasiones de partido y de los ensanches 
deia Itbertad. Á la oonvoeatoria de las cortes se opnso el consejo ar- 
djsfitemente -como adicto al régimen absolnto. y eonsigaió que do 
pnmto se diera de mano al proyecto. 

lAtvgenciasedacidaá tres miembros se contrito entonces ¿ fortificar 
!a isla de León y Cádiz, 6 mandar formar nuevos ejércitos y < proou- 
far recursos, tomando, ú no poder mas^ una actividad puramente de* 
fensiva. 

Kl rey José, en medio de las ventajas de su sitoacion esperimentaba. 
la amargura y la vergüenza de ser despreciado por el emperador que 
desde París mandaba en EspaSa^ obedeciéndole sus mariscales que mi- 
raban en menos á José y le trataban de igual á igual. Formé Napoleón 
gobiernos militares en Cataluña, Aragón, Kavarra y Vizcaya, ordenán- 
doles se entendiesen solo con él, pues esas provincias debían incorporar- 
se ¿Francia en indemnización de los grandes servicios prestados á £s- 
psAa. Este plan irrisorio, ó sea una locura de la ambición, t-enia que pro- 
ducir inmensos males á su propio autor y á la causa de su hermano. Por 
Último puso á caigo de sus generales la administración y manejo de ren- 
tas de las provincias, fijando la única cantidad de que habría de dis- 
poner el I9y. Desesperado José escribió á su esposa en estos térmi- 
nos •..•.''iQue quiere de mi y de la Espafiaf Queme anuncie de una vez 
** su ToluBtad, y no estaré man tiempo colocado enfcre lo que parece 
^ que soy, y lo que soy en realidad, en un pais en qne las provincias 
^ «smetid^ están é merced de los generales, que ponen los tributos 
** qne seles antoja, y tienen orden de no oirme. Si el emperador quie- 
*' re disgustarme de Espafia, es menester renunciar á ella en el acto: 
** no quiero en este caso sino retirarme. Basta el ensayo de dos reinos, 
^ y no qtiiero el tercero; por que deseo vivir tranquilo, y adqui- 
^' rir una hacienda en Francia, lejos de París, 6 ser tratado como rey 
" y oomo hermano... ..Peseo, pne8> que prepares los medios para qne 
" podamos vivir independientes en un retiro, y ser justos con los qne 
" me han servido bien/' (Memorias del rey José). Napoleón por cierto 
no había de enmendarse: desoyó las reclamaciones é hizo de Burgos y 
ds Yálladolid otros dos gobiernos militares. 

La gooRa continuaba con mas furor, fatigando al ejército francos ds 
todos msdos las guerrillas que iban en rápido aumento y hacían es- 
fosnos admirables. Malogróse al mariscal Suchet una esj^edicion sobre 

Valenoia y se retiró á Aragón. O'Donnell sufrió una derrota en Vich y 

38 



^2Úé FER 

fio pfido socorrer la piara denostalríohqiietcivo qtre rendirse por faltar 
do mantenimientos. Intentó en seguida dar auxilio á Lérida y faé bati- 
do por Snchet, qaíen tomó esta plaza oon mnchos elementos de gaerra^ 
y también la de Meqninensa. 

Se pensó con seriedad en qae Femando YII fngase de Valenoey, y el 
gobierno ing^lós acogió un proyecto del Bacon de KoUy que principió á 
ejecutarse: mas denunciado este por sn secretario, al instante se le pu- 
so en arresto. T habiéndose negado á realizar la tentativa de acuerdo 
con la policía francesa, so decidió á continuar preso antes de cometer 
semejante felonf a. £1 ministro Foncbé entonces se valió db un tal Ri- 
cbard proveyéndole de los documentos tomados á Eolly. Femando re- 
chazó el plan, delató al qne con apariencia de buena fé se lo propuso^ 
y escribió al gobernador Berthemy entre otras cosas lo que vamos ¿ 
copiar (4 de abril 1810). ''Lo que ahora ocupa mi atención es para mi 
" un objeto del mayor interés. Mi mayor deseo es ser h^ adoptivo de Sr 
" M. el emperador, nuestro soberano. To me creo merecedor de esta 
'' adopción, que verdaderamente haría la felicidad de mi vida, tanto por 
'^ mi amor y afecto á la sagrada i>ersona de S.M. como por mi sumisión 
'* y entera obediencia á sus intenciones y deseos." -No debe sorprender 
éirtie hecho del que celebró en el mismo Valencey el segundo matrimo* 
nio de Napoleón con fiestas y banquetes después de enviarle nna carti¿ 
de congratulación, qne como otras anteriores se imprimió en París, t 
Femando sin comprender el objeto de estas publicaciones, en vez d» 
sonrojarse escribia á Napoleón; *'Sefior, las cartas publicadas en el Mo- 
'' nitor han dado á conocer al mundo entero los sentimientos de per- 
" fecto amor de que estoy penetrado á favor de V. M. Y. y R., y al pro» 

" pió tiempo mi vive deseo de ser vuestro hijo adoptivo Permitid^ 

" pueSy Sefior, que deposite en vuestro seno los pensamientos dé nñ eora- 
" zon que, no vacilo en decirlo, es digno de perteoeceros por los lazos 
*' de la adopción. Que Y. M. T. y B. se digne nnir mi destino al de nna 
" princesa flrancesa de su eleeoion, y cumplirá el mas ardiente de mi» 
" votos. Con esta unión, ademas de mi ventura personal, lograré li^ 
''dulce certidumbre de que toda Europa se convencerá de mi inalte- 
** rabie respetó ú la voluntad de V. M. Y. y qne V. M. se digna p^ar 
" con algún retorno tan sinceros sentimientos.... (3 de mayo)'' Acaso 
imaginó que por medió de ese mtctrimouio le seria devuelta la ooronit 
que el mismo habiá cedido. Estos documentos no estaban al alcance 
del pueblo espaflol, y muchas de las personas que llegaron á lesrlos, 
tuviéronlos entonces por apócrifos. Pero el consejero conde de Toire- 
muzqniz los presentó al Oousojo diciendo: "que sabii* qne el empera- 
"^ dor de los franceses tenia decretado el enlace de Femando VII, oon 
" la hija de su hermano José, intruso rey de Espafia, declarándole en 
" sn virtud principe de Astnrias con derecho á la corona de Eapafta, 
** aun cuando su horiuano tenga hijo varón, con la cualidad de qme «a 
*' lo sucesivo no se ha de nombrar Fernando de Borbou, sino Femando 
« Napoleón, por haberle declarados, M.Y. su hfjo adtfptívo á ooniep^ 



*^ «uenoia de la carta qae Fernando Vil. le habla eacrito/' (Sesión de 
OdejaniodeíaiO.) 

£1 consejo oyó sobre este grave asunto á los fiscales, y resolvió exi- 
tar á la regencia para que espidiera nn manifiesto en términos qne pn< 
dieran tranqnilisar los ánimos y que entre tanto no tepernUU^ la salida 

de buquee para América Lo mas notable fué que el mismo consejo que 

habla embarazado antes la renuion de cortes, con este motivo, y lleno 
4a temores, opinó qne en el acto se convocasen, por ser el ünio^ reme- 
dio capas de salvar el país de los unevos artificios de Napoleón, y que 
también se decretara la libertad de in^prenta como útil y necesaria en 
las drconstancias. 

En cnanto á la idea de ocultar de pronto á la América cosas tan es« 
Uafias y miserables, diremos qne el consejo no contaba con lo qne era 
«apaz de inventar la astucia del virey del Perú Abascal, para contener 
y engañar á la confiada sociedad qne no penetrando sus miras, dejó que 
«e sostuviera en su absoluto poder á la sombra de los ilusorios dere- 
<}hos de Femando. 

Entramos ahora á referir los hechos militares de Wellington y Has- 
«ena eu la oampa&a.de Portugal: dos, generales á cual mas entendido. 
y cuya sangre fria y prudencia estaban si nivel de su audacia para 
emplear según los casos la calma reflexiva, ó los impetuosos ataques^ 
£1 francés habiendo casi destruido la plaza de Ciudad Bodrigo, la ocur 
pó por capitulación: Welliugton no quiso auxiliarla por mas que se le 
invitó. Masseua podía disponer de cien mil hombre^ y tomó también la 
plaza de Almeida: Welliugton tenia treinta mil ingleses y cuarenta 
mil portugueses, manteniéndose á la defensiva por medio de sus rople* 
gues y calculadas maniobras. Aprovechó la demora de los franceses eu 
Ahneida y ocupó la sierra de B asaco, montaña agria y escabrosa en 
jine Massena y Ney f nerón rechazados con pérdida de cuatro mil hom- 
bre retinándose áCoimbra,. Wellington liabla oatudiado y fortificado 
laa poaicÍQnes ó líneas de Torres-Yedras que cubreu (í Lisboa, y marchó 
Á signarse eu ellas. Quedó absorto Massena al reconocer alturas escar- 
padas con barrancos prolaudos á su pié, empalizados y erizados de oa- 
fiones: distribuyó sns tropas eu los puntos cercanos, separados por un, 
estenso vall|>. £nvió al general Foy Á París pidiendo refuerzos y espe- 
jó los qne ya estaban en movimiento. WeUiugton seguro en aquellas 
jQ^fiilidables trincheras y teniendo libre el mar, fué u unión tando sus 
Jaropas coQ otras procedentes de Inglaterra y Cadi/., y ocho mil hombres 
4^ Estremadura ¿í órdenes del marqués de la Komana; Uei;ó ajan tai; 
pu. las líneas seiscientos oafionos y ciento, treinta mil hombres, inclusi- 
ye las milicias do 4^i8boj^. Contaba con recursos y lo esperaba todo de 
ífjH Jn&pasíble firmeza: a^í corrió un mes dur¿\uttí el cual Masseua á 
ouieu escaseaban los víveres, no pudo empreudcr serias uperacion^s^ si- 
jm resistir 4i los constantes hostilidades de lau guerrillas apoyadas ea 
9^ p%is del todo, enemigo y resuelto. Xo ora dable que el mariscal Mor« 
t>m ae s«!pa(a«^d«.^stcemadara hostigado como so vela por las divi^ 



300 PE» 

Bicfaw qne por esa parte liaoian la guerra. Betirose Masseua obligado 
por el hambre y las eufermedadeei j ocapó otros puütoe abastecidos á 
su retaguardia, para esperar auxilios suficientes que era inevitable tar- 
dasen en incorporársele. 

La lacha en tauto cobraba mayores creces en Andalueia y demás 
provincias: en Cádiz sitiadores y sitiados mejorabau sus fortificaclone» 
y preparativos de ataque y defensa. £n Cataluña los mariscales Su- 
chet y Macdonald no pudieron obtener las ventigas que se babian pro- 
puesto: el general O' Donnell con sus fuerzas alcanzó varios triunfos, 
valiéndole uno de ellos el título de conde de La Bisbál. Tomó á lo» 
franceses diezisiete piezas y mil doscientos prisioneros entre ellos un 
general y sesenta oficiales. Pero la plaza importante de Tortosa des- 
pués de un largo sitio se entregó al mariscal Su chet, quedando prisio- 
neros los seis mil ochocientos hombres de su guarnición. 

Beunieronse las cortes en la isla de León el 2á de setiembre de 1S10 
para funcionar en un solo estamento; y según los poderes que se orde- 
nó recibiesen los representantes, estaban autorizados para resolver eou 
plena, libre y absoluta facultad sobre ouantae materias se propusieran 
en dichas cortes. Las primeras determinaciones que se adoptaron fhe- 
ron, que se reconociera y Jurara de nuevo á Fernando Vil. por legitimo 
rey; declarando nula y sin valor la cesión de la corona que m dacia he- 
<dia en favor de Napoleón, por haber mediado violencia y faltarle el 
consentimiento de la nación: que el poder ejecutivo se cjjeroiese bi^o 
responsabilidad, y el Judicial quedara independiente; que gozasen de 
inviolabilidad los diputados, &. La formula del Juramente ofreoió di- 
ñoultades ruidosas en la regencia y en el consejo, pues hubo personas do 
su seno que de pronto se negaron á reconocer la soberania de que apa- 
recían investidas las cortes. Besolviose que los representantes no pu- 
diesen admitir, ni pedir para otros, empleos, gracias ni condeeoraoio- 
nes, y qne las ya recibidas fuesen nulas: que la regencia no intervi- 
niese en las elecciones, pues un ministro habia dado órdenes para que 
lo nombraran diputado; lo mismo que al oficial mayor de su secretan». 

Eligióse nueva regencia compuesta de seto tres individuos, el gene^ 
ral Blake, el Jefe de escuadra D. Gabriel Ciscar y el capitán de fraga- 
ta 1). Pedro Agar, americano, director de la academia de Guardias ma- 
rinas. Disipáronse las tentativas que se hicieron para que se nombra» 
ra Regente á la hermana de Femando Y II. D? Cariota Joaquina Ptla- 
eesa del Brasil, y después al cardenal arzobispo de Toledo D. I4tí«da 
Borbou, tío del rey y sqgeto incapaz para desempeliar ese puesto. Laa 
cortes sancionaron el decreto de 15 de octubre de ISIO estableeiendo la 
igualdad de derechos entre americanos y europeos, y otorgando una ple- 
na amnistía, con cuyas gracias se pensó contener el vuelo de la revolu- 
eiou en el Nuevo Mundo, que tenia hondas raices y era el efecto precisa 
de causas lejanas y conocidas de todos. Tarde era ya par% que remedi a — 
el gobierno eapafiol la esplosion que el mismo habia preparado. A^ae^ . 
Uas coneeaiaaea ineficaces ooetaron debate* aonleradoe, edUnatfMfl 



F£K 301 

como íkvor y di»tingaida merced, segau lo diceu moderno» escritores» 
aan Ion mas Uastrados, dando 6 conocer su poca inteligencia eu las co- 
sas de América. Los reyes habiau favorecido hasta con las armas la 
independencia de los Estados Unidos del Norte por odio á los ingleses: 
se habiau negado despaes á formar monarquías indepeadieutes tu soa 
dominios americanos con principes de su juiama dinastía!! 

Diose la ley de libertad de la imprenta por seCénta votos contra 
treinta y dos: hubo exaltada oposición por parte de los qae sostuvie- 
ron era contraria á la religión católlcaí apostólica romana,. á la obe- 
diencia á las leyes, á la paz de las familias, Sl. En cuanto á los esori« 
tos sobre asuntos religiosos^ se acordó la previa censura de los prala-% 
dos, arrancándola, no sin trabi^o, del dominio del Santo Oftoio. Loa Jal* 
dos no se sometieron á jurados, sino á los Jueces ordinarios en coaiito 
á las penas; que en lo tocante al hecho habiau de conocer unas Jnntaa 
provinciales. 

Mucho tiempo perdieron las cortes queriendo ocuparse de asuntes 
que no le conipetian, y de cosas cuya nimiedad é insignificancia haci» 
desatender y posponer negocios tan importan tes, como las penurias de 
la hacienda y la guerra que desolaba el pais. Esto mismo sucedió en 
la primera asamblea peruana de 1822, y eu ambas los intereses peise* 
nales dteson parecidos resultados; mas hemos encontrado la difereneia 
de que aquí se formó con tres diputados el Poder £yecativo, y allá loa 
defensores de semejante idea no consiguieron verla realizada. 

Dictóse una ley prohibiendo á los reyes de Espa&a contraer matriz 
monio sin conocimiento y aprobación de las cortes; declarándose qtte 
si estuviesen prisioneros ó cautivos, ño podrían celebrar pactos da aift- 
guna especie sin consentimiento de la nación, los cnales seriau nulos y 
de ningún valor. Esta ley tenia origen y aludia á los hechos de Ftt^ 
nando Vil; pero en ella se silenció su nombre. El eufiado.dsPorta^ 
gal solicitó inútilmente se autorizara y publicara la revoeaeion ds 1» 
ley sálica hecha eu las cortes de 1789, y se reconociera el derecho da la 
Infsnta D? Csrlota Joaquiua á suceder en la corona de EspaSU* Se. 
designaron catorce diputados para que formasen un proyecto de coas* 
tltaetou, entre ellos el de Lima I). Vicente Morales Duarez; y la asam- 
blea resolvió por entonces trasladarse á Cádiz, donde Atnoionó bi^e 
los fuegos de la artilleria francesa y los peligros de una ef^demia. 

Volvamos á la gnerra que no cesaba de hacerse en todo el tsffiltsrlo 
espafioi y portugués. Massena, á quien dejamos alejado un teato éB 
las temidas posiciones de Torres Vedras, debió ser Mbrzada por 8aQli¿ 
Este tardó en salir de Sevilla hasta enero de 1611, y maishaadasSB 
disgusto se ocapó de atacar las pLasas de Olivenza y Badijosc tomé lá 
primera con mas de tres mil hombres: la segunda tenia nueva mSl y ■# 
sostuvo con brahnra hasta que muerto el gobernador, capiiii]4 el qjam 
Is sucedió entregando un parque eonsiderabla Antes de sais hák^ psv^ 
Undos combates de diversas divisiones espafiolas, y el mas teaseen* 
étmM teminó son la darrsl^ ds anars mil hembms M csasn! 



302 FU 

MmUsalMl. á qaien ataoá Mortior en su ciuiipo oiitre los ríos Guadia- 
Dft y Gevoia. También oeroa do Cadis^ como on otros pantos de Anda- 
laoi», lu&bo enoueatros que no dieron felices resultados. 

MMseoay ala poder batir á los aliados, hizo una penosísima retirada 
á CoAÜlla aalrando oaarenta y cinco mil hombres de los setenta mil 
que llegó á tener al principiar su larga campaña sobre Portugal. We- 
Uiagtonlial>iaxeoH>ido un refuerzo de diez mil soldados ingleses y en- 
viado al territorio espafiol con una división al general Beresford.. Paso- 
sa este en oombinacion con el general Castados que ya mandaba el ejér- 
cito de Estremadura: el primero atacó y recobró la plaza de Olí venza 
y la de Campomayor. Massena reforzado por Besaieres emprendió ope^ 
xaeiones con la mira de socorrer la de Almeida qae sitiaba el general 
Speneer. Wellington marchó á encontrarlo y después de muchas ma- 
mobras de ambos, se reconcentró el inglés en Fuentes de Oüoro. La 
batalla que allí se empeñó fué reñidísima durante un día, y Massena 
|ilé«bligado¿ retirarse. Este, relevado por el mariscal Marmontfué 
UamiMle 4 Francia;, como lo hablan sido Mortier, Junot y otros. 

Elgenecal Blake Presidente de la regencia partió con doce milhom- 
Vea para Estremadura y se reunió con Castaños y Beresford que sitia- 
ban^ Bad^os, Soult con veintiséis mil soldados había vuelto á Estre- 
madora para auxiliar á esta plaza cuyo sitio fué levantado. Los alia- 
4a« pa^avQiL Á situarse á la Albuera contando treinta y un mil hom- 
bres ingleses^ portugueses y españoles; acordaron mandase en Jefe el 
general que mayor fuerza tuviese á sus órdenes, y este fué Beresford* 
]^pe fcanceses acometieron y lacharon con admirable tenacidad: el 
combátese hizo terrible y sangriento: en un lado y otro alternaron 
laa venlí^»^ parciales hasta que rechazadas ppr completo las fuerzas 
de Soult, quedaron vencedoras las de los aliados. Tal fué la memora^ 
I4e batalla de Albuera que costó á los franceses la perdida de siete 
vríl hombree (10 de mayo de 1811) y en que perecieron cuatro generar 
les, dos de cada parte. Soult y Marmont se juntaron después en Bada- 
Joe: elpriaierp regvesó á Sevilla, así como Blake á Cadis, replegandose 
lee aÚAA<M ^ Yelvos. La regencia distribuyó todas las fuerzas españo- 
lee ep eeia ejércitos: Cataluña, Aragón y Valencia, Murcia, Cádiz, Es- 

La guerra en CataluSla seguia con encarnizado furor, y después do 
mveliQ^^mbates y operaciones parciales cqu varia fortana^ nada aeae- 
lli^ ef |neí%%te al sitie qae Saohet sostuvo contra la plaza de Tarrago- 
na. Lf^s be^os terribles que allí se vieron, rivalizaron con los herói- 
ffyjSWjge^oe, de Zaragoza y .Geronat l^roQhas abiertas á mucha costei 
«f^tee ri^etidóa con mortandad inmensa; aquel fué un teatro de san- 
gre^ ruin% y desolación; Tarragona tuvo que rendirse ante inauditos 
ettiri|9^tos.y desgHboie^, deiipaes de pelear en i^ callea y piases con 
dase^pejjado arrojo y sin igual tenacid^. Cayeren ocho mil hombree 
p^isiomvQs, habiendi) mmerto. cuatro milh^bitante^ y perdido los íraii» 
ee^.eieti| j^^U eoldMles* Suohet á q«ien p^Ufn ^esiietcei .lo Y«Uefoa al 



PBH 303 

bastón ü© uiari0CAl ilel Imperio, hizo demoler los muros de Tan»gttna 
de órtten do Napoleón. Nada tardó en asaltar 61 mismo cor tropas lige- 
ras las quebradas roeas y escarpadas alturas del Santuario de Monser^ 
rafc que defendía ol Barón *de Eróles; y seguidamente tomó la fifrtaímm 
de Figueras en que aprisionó nías de dos mfl soldados. 

Eratal la ineansable actividad de las crecientes y atrevidas guerri- 
llas, 4|no se batiiin denodadamente con las diVieiones francesas, EMpoii 
y^Iirna en ]a sierra de Arlaban deshizo una que escoltaba un valioso 
eonroy tomando Á su jefe y ochocientos prisioneros, rescatando mil 
ingleses y espatloles que se llevaban á Francia, y apoderándose d« 
éftetos oaloulados en cuatro millones de reales. Los eontomotf del 
mtftolio Madrid eran aeometi^os con tal velooidad que se hacia peltgR»* 
80 pasear f aera de la población. 

£1 rey José disgustado por los desaires y humillaciones que reéIMa 
do parte del emperador, conocía su precaria y asarosa suerte, y en fa- 
no so esforzaba por obtener la gracia de los indomables espaaoles has^ 
ta el ponto de permitirles las diversiones antes prohibidas de ballaiída 
mascaras y corridas de toros. 

Aproveehaado José de la ocasión del nacimiento del rey de Bomtt, de 
quien debia ser padrino de bautismo, se trasladó prontameaite á Pa« 
ris con el fln de tenor una seria esplicaeion oon Napoleón y reaimciar 
la corona de Espal&a. El emperador consiguió disnadirle de esto pro- 
pósito, y que se regresara después de ofrecerle que haria cesar Idagó» 
btemos militares y le asistiria con un millón de francos mensualm^nito. 
Jjo aseguró qoe el gobierno ingles estaba llano á reconocerle, y evaooa- 
ría el Portug^ si era restablecida la dinastfa de Braganza y se telira- 
ban los ejércitos frauoeses de Espalla. José imbnido por Napoleón tra- 
tó de convocar cortes, no dbmo las^ establecía la constltncion d^Ba' 
ymia, sino sobre bases do otra amplitud, y eligiéndose ^ los boniMM 
mas Inportantes de todas opiniones y partidos. Envió á Cádiz tm agen- 
te para qno acerca de este proyecto, tanteara la regonéla y las cortea 
con la mira de abrir negociaciones sobro el particulan pero el emisa- 
rio se toIvíó enteramente desengañado de la inutilidad de snsdili* 
genoias. 

Encomendó Napoleón al mariscal 8uchet la conquista de Yaleiieia y 
este la emprendió sin detenerse. Hallábase en dieho reino ol g9mn$X 
Blake Presidente déla Junta de Segenoia, y tenia á sos ófdenes laa 
fuerzas del segundo y tercer qiéreite eepaQol: este tUtimo diaminaMo 
por sabsecnentos reveses que eáperímentó hostilizado por laa Auiaaa 
que contra él maniobraron según disposición del mariscal SooltqoA 
estaba en Granada. £1 15 áe setiembre de Idll se presentó 8nohet en laa 
inmediaciones de Valencia con veintidós mil hombres, contando Blatas 
oon menor número disponible de combatientea. El general fraaoéa 
principió por sitiar ú Sagnnto, fortaleza muy cercana á Mnrviedro, qna 
no ae encontraba en estado de una formal defensa, y euoexraba trsa 
mil hombres^ antea habla batido aa brecha el oattillo de Oropesa. Bla^ 



304 FSft 

ko niió de Valencia á sooorfer á Segante: m$B ee rió eWgado á con* 
batir 7 no pudo realijutr en plan, por qne enfrió una derrota en qne 
perdió cinco mil eokiadoe y doce eafionea. Sagnnto capitnló el 36 de 
oetabre despnee de una reñida y honroea reefeieneia* 

Soeliet inmediataoiente dirigió ene operaciones eolH« Valencia: Bl*> 
ke deteminó rettranoi y al hacerlo ee encontró contrariado por lee 
fraBceeee qne hablan recibido oportnnos refaerzoe* Impedido paia Ue- 
Tar á flfeolo la eraelon, regroeó á la ciudad y tuvo qne rendirse por 
fUtarle elementoe •uftoientee, y no háHaree la placa preparada paim la 
reeiatenclai Arreglada la capitulación, la ocnpó Sncbet con tieinta y 
cinco mil hombree, saliendo de ella diesiseis mil como prisioneros de 
guerra (19 de enero de 1818.) Fué bien recibido el francés por nna co- 
misión de Tceinos notables que le arengó eu términos indignos y de re* 
pugnante bf^eea. 

Las cortea entw tanto seguían imperturbables en sus tareas relémis* 
tas, pensando constituir el pais según el espíritu de la poUtica que do^ 
minaba la mayoria de loe representantes. Dictaron leeoluciones de im« 
portancia acordes con los progresos del siglo, emanada^ de la necesidad 
de estltpar errores y costumbres perniciosas, y de respetar los dersehos 
de les hjMabres. 

Ea el reglamento espedido ajando las atribuciones del poder ejeeu- 
UTO, prohibieron que fuesen ministros ó mandasen ejército, *1os ascen- 
dientes ó descendientes, y los parientes dentro del segundo grado de 
los IndiTiduos del consto de regencia." Esta prescripción no era nne* 
tu: la encontramos en las leyes de los antiguos Qalos según las cuales 
no se podía nombrar de magistrados á dos de una misma fSunilia, ni 
pennitir tuviesen asiento en el Benado; y el pueblo depuso á Vedeliaco 
del gobierno por qne proclamó á su hermano por sucesor. ("Historia y 
leyes de los antiguos Galos." ''Comen tarios de Julio Cesar.") Asf por 
dei^graeia hemos yisto en el Perú al medio siglo de practicas de un sis- 
tema libre, y por primera vez, que un presidente entregara el ministo* 
rio á su hermano, y aun trabsjara por que le sucediese en el poder 
constitucional; hechos que han cansado á la nación los mas funestos 
efectos. 

Las cortes acordaron en favor de los americanos algunas conceeiones 
de quchemos dado cuenta en el articulo Felin. Hicieron el xiriroer en- 
sayo de proyectar un presupuesto general de ingresos y gastos, eneon- 
trasdo qne la deuda pdblioa pasaba de siete mil millonee, y sus réditos 
Tvnoidos de doscientos dieeinucTe: y ine las entradas se calculaban en 
doscientos cincuenta y -cinco: cuando el gasto «nual era de mildos- 
eientos millones, sin incluir subministres, en especies, ni las remesss 
de América. Dictáronse muchas providencias para aliviar la aflictiva 
situación de la hacienda y hacer frente á las neoeeidades mas premio- 
sas. Acudióse á la venta de bienes nacionales, á contribuciones estra- 
cvdinarias, K los esptrfios y vacantes eolesitfsticas, á la plata de los tem> 
píos y de los particnlaree, á tomar sumas del gobierno inglés pagado- 



FfiR 305 

raa eu Lim», Sl. Sl. Pretendía este gabinete que se permitiese él oomet- 
cio libre con América á las naves británicas, indicando que por este 
medio se lograría apagar el fuego de la insorreccion que progresaba en 
las provincias del Nuevo Mundo. 

£1 emperador de Busia preparándose ya para nn rompimiento con- 
tra Napoleón, pedía á la Espafia prolongase todavía un año su resisten- 
cia, y se le contestó de una manera mas qno afirmativa. Suprimiendo 
las cortes los grados militares de que tanto se abusaba, crearon la drden 
de San Femando con el objeto de premiar las acciones distinguidas. 
A este mismo tiempo la libertad de la imprenta se desbordaba, apenas 
establecida, con publicaciones sediciosas y con temerarias calumnias 
y personalidades dirigidas á las mismas cortes, sus actos y los de la Be- 
gencia, Fzincipiaron las discusiones del proyecto de Constitución que á 
fines de 1811 presentó la comisión encargada de formarlo. 

El coronel Mina en Aragón no dejaba respirar á los generales fran- 
ceses, como eu otras provincias el Empecinado y demás caudillos de 
voluntarios organizados en crecido número. Mina, otras veces victorio- 
so, acometió á una división enemiga y duello del campo bizo prisioneros 
seiscientos soldados, diozisioto oficiales y un jefe. En la frontera por- 
tuguesa düerentes combates escarmentaron también Á los invasores,, 
especialmente en Arroyo-MuUuos donde los aliados sorprendieron en 
sa marcha al general Girard y le tomaron mil cuatrocientos prisione- 
ros, entre ellosjefes de alta graduación, fuera de cuatrocientos muer- 
tos. £1 gobernador dol castillo de Felliscola se entregó con mil hom^ 
bree do su guarnición luego que un general francés le requirió para 
que se sometiese al convenio que le propuso. Wellington no desperdi- 
ció la oportunidad que le oñrecia la retirada de Marmont bacía Casti- 
lla y puso sitio á la plaza do Ciudad Bodrigo: aproximábase la guerra 
con Busia, y Napoleón había hecho retirar de Espafia las tropas de la 
guardia imperial. El general luglós se apresuró á batir aquella forta- 
leza, y practicadas dos brechas, el asalto produjo la rendición de mil' 
setecientos franceses después de fracasar casi otros tantos: esperimen- 
taron los aliados considerables pérdidas y murieron dos generales in- 
gleses. Las cortes premiaron ú, Wellington con la dignidad de Qrando 
de Espafia y el título do duque de Ciudad Bodrigo. Luego pasando éí 
Guadiana emprendió el duque el asedio de Badsgos cuyos ataques ftie- 
ron muy sangrientos y obstinados, quedando en las brechas cinco mil 
ingleses. El gobernador francés despucs de una resistencia desespera- 
da, tuvo que rendirse con los restos de la fuerza que le obedecía. We- 
llington condecorado con la gran cruz do la orden de San Fernand^i 
abasteció y mejoró ambiis fuitalezas poniéndolas á disposición del go- 
bierno espafiol. 

La guerra eu todas las provincias tomaba ya un carácter de espan- 
tosa ferocidad, y eu alguuos so cometieron actos los mas inhumanos y 
atroces. Los franceses cerca de Segobia tomaron á cuatro individuos de 

la junta provincial de Burgos y los ahorcaron en Soria con algunos 

39 



306 Wí 

ñas. Ktie hdobo dio margen á otro ignalmente eseandaloso: el cnm 
Merino gaerríllero notable y osado, qae nada tenía de blando, hizo fvL-' 
BÍIar pot TÍa de represalia á mas de cien de los franceses que bábis 
eaptnrado. Espor y Mina derrotó oerca de Sangüesa (enero de 1812) 
«na faerte columna qne mandaba el general Abbe Gobernador de Pam- 
plona tomándole cuatrocientos hombres y dos oafionea^ Por abril sor- 
prendió en el paoblo de Salinas un valioso convoy qne iba defendido 
por dos mil hombres: despaes de nn recio ataqne se apoderó de él^ 
aprisionando ciento cincuenta franceses y dos banderas, después de 
matar seiscientos, entre ellos nn secretario del rey José, llamado Des- 
landes, que llevaba correspondencia para París. A ese tiempo fnó ba- 
tida y dispersada la fuerza del £mx)ecinado,. quien perdió mas de mil 
hombres y casi cae á manos del general Gui que logró sorpr enderle 
sirviéndose de la deslealtad de algunos. £1 Barón de Eróles saín(5r 
también en Boda (Aragón) nn contraste que le costó la perdida de mil 
eombatientes, después de defenderse por machas horas. Volvióse á Ca- 
taluña, cuyo territorio habia dividido Napoleón en cuatro departa- 
mentos, los cuales reconocían 'por gobierno supremo el del mariscal 
Snchet, que lo ejercía igualmente en Aragón y Valencia: por entonces 
aun tenían los franceses en España doscientos treinta mil soldados. Y 
d emperador cambiando de conducta lespecto de su hermano Josó, Te 
eonñrió, bi^o sus instrucciones^ el mando de loe ejiércitos: pero yario» 
generales rehusaron obedecerle alegando diferentes razones, 6 haciendo- 
raler pretestos iigastiñcables. La mudanza de Napoleón procedía no 
del convencimiento de no poder dirigir de lejos las operaciones de Es- 
paña, sino de la guerra qne iba á emprender en Rusia sin perjuicio do 
eontinnar la de la Península: ambas mas tarde hablan de traerTe fft 
completa destrucción de su desmedido poder. L»as provincias de Espib- 
fía ocupadas por los franceses, perecían de hambre en estas eircnnstan^ 
etas: compadecíala miseria de los pueblos donde casi absolutamente fal- 
taban los medios de subsistirr Madrid sola perdió en pocos meses vein- 
té mil personas. 

Pasemos otra vez iílaa cortes. En 1812 nombraron nueva Begencia com- 
puesta de cinco individuos que fueron .los generales duque del Infan- 
tado, D. Juan María VUlavicencio y el conde de La BisbaJ, y los Oonae- 
/eros D. Joaquín de Mosquera y Figueroa y I>. Ignacio Bodrignez de 
fiivas. Terminado el debate del proyecto de constítncion quedó esta 
Sancionada, promulgándose el dia 19 de marzo. No abordaremos la ta- 
rea dé dar razón del contenido de esta ley fundamental, por hallarse al 
alcance de las personas ilustradas^ y para que uo se detenga nuestra 
pluma en particularidades que no creemos deban dar mayores dimen- 
siones al presente artículo. Bien fXcil será encontrar nn ejemplar de 
dicha constitución, á cuantos deseen su lectura, y conocer por entero 
sns principios y especiales preceptos. Las cortes continuaron fnncto- 
nanéo, «in embargo de haberse convocado á elecciones para que se reu- 
niera fu 1813 el congreso anual ordinario. 



PER 307 

Wellington resolvió lanzarse sobre Castilla la vieja, y Marmont carecía 
de fuerza saficieüte para impedírselo. Necesitaba el rey José ser auxilia- 
do de los demás ejércitos para resistir á los aliados y defeudor Madrid. 
Ki Soalt ni Snchet obedecieron sas órdenes, y Marmont acometido por 
Wellington se retiré mas allá de Salamanca, dejando á su espalda for< 
tifioaciones que el general inglés asalté é hizo rendir, demoliéndolas 
en seguida. 

Reforzado Marmont con una división procedente de Asturias, y con 
diez mil hombres del Norte, repasé el Duero determinado á conte- 
ner á los aliados y empeSar una batalla. Después de varios días de 
maniobras, el general francés con cuarenta y siete mU hombres, se 
«itaé eu las elevadas alturas conocidas por los Arapiles. Era mayor eu 
número el' ejército aliado, y Wellington aprovechando de una fiíJto de 
su adversario, hizo un formidable ataque, y de colina en colina iñié 
arrollando las masas francesas, envolviendo al mismo tiempo su eaba- 
Ueria. Marmont eu persona no pudo restablecer sus lineas, y habiendo 
recibido dos balazos, lo mismo que su segundo Bonnet, estos contra- 
tiempos, siempre fotales, anonadaron mas á sus tropas, que perdieron 
el brio y se pusieron en retirada con desorden y precipitación. Xa ba- 
talla de los Arapiles, é de Salamanca como otros la nombran, ñié mny 
sangrienta y de consecuencias funestas para la causa francesa. Queda- 
ron en el campo siete mil prisioneros y once oafiones, fuera de muerto» 
y heridos; mas los aliados sufrieron también perdidas de gran conside^ 
ración. £1 gobierno inglés concedió á Wellington mercedes y honores'^ 
y las cortes espafiolas le condecoraron oon la orden del Toisón de orou. 

El rey José que se había movido htfoia el Termes para dar auxilio i 
Marmont, se encontró con las fuerzas vencidas qne se alejaban des*- 
concertadas con el objeto de ganar el Ebro. Retrooedió y volvió á Mft^ 
drid (5 de agosto), pero Wellington ocupaba ya Vulladolid encami- 
nándose á la capital sin detenerse. £1 rey la abandonó dirigiéndose é 
Valencia: su marcha fué larga y llena de penalidades y privaciones: se 
la haeian mas embarazosa les emigrados; y los cuerpos de espafloléÉ 
que habia formado, se desbarataban por la deserción para ir reunién- 
dose á las guerrillas. Los aliados penetraron eu Madrid rindiéndose la 
guarnición que permanecía en el Buen Retiro: se apoderaron de mu- 
chos fusiles y de ciento ochenta y nueve piezas de artillería. Se promul- 
gó y juró la constitución, espidiéndose un indulto en favor de los qnei^ 
presentasen arrepentidos do haber obedecido al gobierno intruso. 

Bl Empecinado hizo rendir la guarnición francesa de Guadalat^ni. 
Wellington salió de Madrid y se le unió el sesto ejército espaüol mu- 
dado por Oastaftos con la fuerza de dieziseis mil hombres. Empefioaé 
en tomar las fortalezas de Burgos, y fué tres veces rechazado en te 
-1)f<eelias, k» cual, y la perdida de dos mil soldados, le hicieron abAnde- 
nar su intento. Laseortesála sazón nombraban al duque de Ciudad 
Rodrigo ^22 de setiembre) generalfsimo de todos los ejércitos espaliolM» 
sometiendo Á su autoridad las provincias conforme ú las ordcnanzaitf itii- 



308 FER 

litares. Esta oonoesion, heeka sin dada con ol fin do dar nnidad j ri- 
gor al mando para el pronto término do la gneiray promovió agrias 
censaras dentro y fuera de los cortes, y mayor desagrado en algunos 
militares espaSoles de gerarqnia; paes bnbo generales qoe dejaron sos 
puestos antes qne someterse al poder de nn estrai\jero auxiliar. 

Ia>s franceses reuniendo foerzas que ocndieron de diferentes provin- 
cias, tomaron en breve la ofensiva con cuarenta mil borobres á cayo 
frente estaba el general Soubam. Wellington fué replegandose, no sin 
verse en ocasiones alcanzado y precisado á sostener ene neutros parcia- 
les, con cuyo motivo bi20 destruir mucbos paentes de poblaciones no- 
tables. Y annqne el generalísimo disponía de setenta y cinco mil 
bombres, no pudo hacer rostro alas fuerzas del rey José, dsdde qne ani- 
da0 y oombiñadas con los ejércitos de Sonlt y Snobet, con qnienes es- 
tuvo en Valencia, formaban noventa mil combatientes con ciento vein- 
te piezas de artillería. Pasaron tan adelanto en sa retirada los aliados, 
qne no se detuvieron basta entrar en Portugal; y los fjran ceses se es* 
tendieron en varias provincias sin babor intentado segnir en persecu- 
ción de aquellos: José se restituyó Á la capital. 

Cuando SouU se dirigió por Córdoba á Valencia con el fin de acudir al 
llamamiento dol rey según hemos referido, hizo levantar ei sitio de 
Cádiz, y abandonó á Sevilla el 27 de agosto de 1812: sn retaguardia fué 
acometida en el puente de Triana perdiendo dos piezas y doscientos 
soldados. Allí figuré el jefe escoses Downie á quien la marquesa de la 
Conquista había obsequiado la espada de su ascendiente el conquista- 
dor del Perú D. Francisco Pizarro: (creemos que roas bien seria esta es- 
jpada la desn hermano Hernando.) £n nna liquidación qne se hizo de los 
caudales gastados por los franceses en Sevilla durante los dos a&oe 
de la dominación de SouU, resaltó la suma de seiscientos millones de 
véales, como valor de las rentas colectadas y de exacciones hechas es- 
traordinaríamonte, faera de impuestos de las autoridades subalternas 
tomados sin cuenta ni razoir, de la plata y oro de los templos, y del 
pvecio de muchos cuadros con pinturas de gran mérito enviadas á Pa- 
ria ó sustraídas de diferentes maneras. 

£1 general D. José O* Donnell que á la parto de Valencia mandaba^ 
los ejércitos segundo y tercero, como en otro lugar indicamos, había si- 
do atacado en Castalia por los franceses, qnienes pusieron en derrota 
á dos divisiones que se retiraron á Alicante habiendo perdido ochocien- 
tos muertos y heridos, dos mil ochocientos prisioneros, dos cafLones, 
tM9 bandei^as y crecido parque. Este snceso causó estremada irrita- 
ción en las cortes y s